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If you are not located in the United States, you +will have to check the laws of the country where you are located before +using this eBook. + +Title: La desheredada + +Author: Benito Pérez Galdós + +Release Date: July 2, 2008 [eBook #25956] +Last Updated: October 2, 2023 + +Language: Spanish + +Character set encoding: UTF-8 + +Produced by: Chuck Greif + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA *** + + + + +La desheredada + +Benito Pérez Galdós + + + + +Primera parte + + +_Saliendo a relucir aquí, sin saber cómo ni por qué, algunas dolencias +sociales, nacidas de la falta de nutrición y del poco uso que se viene +haciendo de los benéficos reconstituyentes llamados_ =Aritmética=, +=Lógica=, =Moral= _y_ =Sentido Común=, _convendría dedicar estas +páginas... ¿a quién? ¿al infeliz paciente, a los curanderos y +droguistas que, llamándose filósofos y políticos, le recetan uno y otro +día?... No; las dedico a los que son o deben ser verdaderos médicos: a +los maestros de escuela._ + +B. P. G. + +Madrid.--Enero de 1881. + + + + + PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE + + ISIDORA RUFETE, _protagonista._ + MARIANO RUFETE, _su hermano._ + LA SANGUIJUELERA, _tía._ + AUGUSTO MIQUIS, _estudiante de Medicina._ + JOAQUÍN PEZ, _Marqués viudo de_ + SALDEORO, _hijo de_ + DON JUAN MANUEL JOSÉ DEL PEZ, _Director general en el + Ministerio de Hacienda._ + DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _espejo de los vagos._ + DOÑA LAURA, _su esposa_ + MELCHOR DE RELIMPIO _hijos_ + EMILIA, _hijos_ + LEONOR, _hijos_ + LA MARQUESA DE ARANSIS. + EL MAJITO, _niño._ + ZARAPICOS, _pícaros_ + GONZALETE, _pícaros_ + TOMÁS RUFETE. + EL SEÑOR DE CANENCIA. + MATÍAS ALONSO, _conserje de la casa de Aransis._ + UN CONCEJAL. + UN COMISARIO DE BENEFICENCIA. + MI TÍO EL CANÓNIGO _(que no sale)._ + + _Hombres y mujeres del pueblo, niños, Peces de ambos sexos, + criados, guardias civiles, etc._ + + _La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872._ + + + + +Capítulo I + +Final de otra novela + + +=--I--= + +«...¿Se han reunido todos los ministros?... ¿Puede empezar el +Consejo?... ¡El coche, el coche, o no llegaré a tiempo al Senado!... +Esta vida es intolerable... ¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza +de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación, +paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos +humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas? +Te llamas _Envidiópolis_, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo, +simpatizas con todo lo que cae... ¿Cuánto va? Diez millones, +veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas +treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco +céntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidarás, pícara; ya te +pillé, ya no te me escapas, ¡oh cantidad temblorosa, escurridiza, +inaprehensible, como una gota de mercurio! Aquí te tengo dentro del +puño, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te +pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: _Subvención personal..._ +Permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su +Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la +Constitución... No me importan los murmullos. Mandaré despejar las +tribunas... ¡A votar, a votar! ¿Votos a mí? ¿Queréis saber con qué +poderes gobierno? Ahí los tenéis: se cargan por la culata. He aquí mis +votos: me los ha fabricado Krupp... Pero ¿qué ruido es este?¿Quién +corretea en mi cerebro? ¡Eh!, ¿quién anda arriba?... Ya, ya; es la gota +de mercurio, que se ha salido de su gaveta...». + +El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresión +atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden +al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han +llegado a perder la normalidad de la fisonomía, y con ella la +inscripción aproximada de la edad. ¿Hállase en el punto central de la +vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el +llamear de sus ojos, ¿anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora +imbecilidad? No es fácil decirlo, ni el espectador, oyéndole y viéndole, +sabe decidirse entre la compasión y la risa. Tiene la cabeza casi +totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a +trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo +y colgante, parece haber crecido y ablandádose recientemente, y no cesa +de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza +con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es pálido su rostro, +la piel papirácea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente +corva la espalda. Su voz sonora regalaría el oído si su palabra no fuera +un compuesto atronador de todas las maneras posibles de reír, de todas +las maneras posibles de increpar, de los tonos del enfático discurso y +del plañidero sermón. + +Acércase a él un señor serio y bondadoso, pónele la mano en el hombro +con blandura y cariño, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada +fisonomía, en sus negras pupilas, en el caído labio, y volviéndose a un +joven que le acompaña, dice a este: + +«Bromuro potásico, doble dosis». + +Sigue adelante el médico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio, +tratando de convencer al tronco de un árbol. Porque la escena pasa en un +gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve +alguno que puedan facilitar la evasión. Árboles no muy grandes, +plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pájaros, +dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una +hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de +polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos +lentos y rígidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes. +Este da vueltas alrededor de dos árboles, trazando con su paso infinitos +ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadísimo sin sudar +y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceño, huyendo con indecible +zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica +la oreja al polvo para oír hablar a los antípodas, y su cara de idiota, +plantada en el suelo, es como un amarillo melón que se ríe. Un tercero +canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinóptico de los +ejércitos europeos, con división de armas y los respectivos soberanos o +jefes, todo lo cual debe ser puesto en música. + +El médico va de uno a otro, interrogándoles, contemporizando +graciosamente con las manías de ellos, sin dejar de hacer objeciones +discretas a cada una. Ya se detiene a echar un párrafo con aquel, de +rostro estúpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y +amuletos; ya habla rápidamente con un viejecillo encanijado y risueño +que, paseándose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis +en la mano, parece filósofo anacoreta o Diógenes del Cristianismo, por +el abandono de su traje y la unción bondadosa de su fisonomía. Es un +sacerdote que tuvo mucho seso. Está meditando ahora la carta que ha de +dirigir al Papa en este día, siguiendo una costumbre que se repite +infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada año, y ya +lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor, +échale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversación, y por +último pregunta si ha sido echada al correo su epístola del día +anterior, a lo que contesta el médico que sí, y que forzosamente Su +Santidad anda muy distraído en Roma cuando no se digna contestar a +comunicaciones de tanta importancia. + +Vuelve el médico hacia donde está el que en los primeros renglones hemos +descrito, y antes de llegar a él dice al practicante: + +«Este desgraciado Rufete va a pasar a _Pobres_, porque hace tres meses +que su familia no paga la pensión de segunda. Él no se dará cuenta del +cambio de situación. Si se exacerba esta tarde, será preciso +encerrarle». + +Poniéndole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete: + +«Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos, +siempre que usted no se me salga de las vías legales... El país le hará +justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos +cuantos meses, ¡qué bien nos vendría a los dos! Nos dedicaríamos a curar +radicalmente ese constipado... + +--No es constipado--replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con +la cabeza--. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurriéndose... +Ahora está aquí, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien +izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas... + +--Ya, ya sé... Yo quisiera que no se ocupase usted más de esa cantidad, +puesto que está segura. + +--No, no está segura--dice Rufete, demostrando terror--. No sabe usted +qué guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus +infamias. Cuando un verdadero genio se empeña en subir a la gloria, la +envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como +una montaña, y le doy a usted una reputación más grande que el mundo... +Adiós; me voy al Congreso. ¿No sabe usted que se han sublevado los +maceros?... Abur, abur». + +El médico hace a su compañero la expresiva seña de _no tiene remedio_, y +pasa adelante. + + +=--II--= + +No consta si fue aquel día o el siguiente cuando trasladaron al infeliz +Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero +había tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el +segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrón, de un +rancho. ¡Ay! Cualquiera que despertara súbitamente a la razón y se +encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres +que sólo tienen de humano la figura, y se viera en un corral más propio +para gallinas que para enfermos, volvería seguramente a caer en +demencia, con la monomanía de ser bestia dañina. ¡En aquellos locales +primitivos, apenas tocados aún por la administración reformista, en el +largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra, +donde se revuelcan los imbéciles y hacen piruetas los exaltados, allí, +allí es donde se ve todo el horror de esa sección espantosa de la +Beneficencia, en que se reúnen la caridad cristiana y la defensa social, +estableciendo una lúgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es +hospital y presidio! ¡Allí es donde el sano siente que su sangre se +hiela y que su espíritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad +aprisionada por enferma, observando cómo los locos refinan su locura con +el mutuo ejemplo, cómo perfeccionan sus manías, cómo se adiestran en +aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos +ordena! + +Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie +alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... ¡Y considerar +que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageración o +el extremo irritativo de nuestras múltiples particularidades morales o +intelectuales... que todos, cuál más, cuál menos, tenemos la +inspiración, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos +entramos de lleno en los sombríos dominios de la ciencia alienista! +Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos +desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de +la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates +somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la +variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la mañana lo +despertamos en la aridez de una sola. ¡Oh! Leganés, si quisieran +representarte en una ciudad teórica, a semejanza de las que antaño +trazaban filósofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o +religioso, no, no habría arquitectos ni fisiólogos que se atrevieran a +marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. «Hay muchos cuerdos +que son locos razonables». Esta sentencia es de Rufete. + +El cual no se dio cuenta de aquella caída brusca desde las grandezas de +pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean +demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito +sentimiento que rarísima vez habita en los manicomios: la amistad. +Aquello parece a veces una Bolsa de contratación de manías. Hay demanda +y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual está bastante +ocupado consigo mismo para cuidarse de los demás. El egoísmo ha llegado +aquí a su grado máximo. Los imbéciles yacen por el suelo. Parece que +están pastando. Algunos exaltados cantan en un rincón. Hay grupos que se +forman y se deshacen, porque si no amistad, hay allí misteriosas +simpatías o antipatías que en un momento nacen o mueren. + +Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean +atentos como polizontes que espían el crimen. Son los inquisidores del +disparate. No hay compasión en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni +caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la +tutela del Estado, ninguno es tan antipático como el domador de locos. +Carcelero--enfermero es una máquina muscular que ha de constreñir en sus +brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da +de comer sin cariño, los acogota si es menester, vive siempre prevenido +contra los ataques, carga como costales a los imbéciles, viste a los +impedidos; sería un santo si no fuera un bruto. El día en que la ley +haga desaparecer al verdugo, será un día grande si al mismo tiempo la +caridad hace desaparecer al loquero. + +Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los +funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la prensa; eran +también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el +comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura +rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las +peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores +tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si +él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tan alta posición para dar +gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos +investigadores le decían: «Somos la envidia que te mancha para bruñirte +y te arrastra para encumbrarte». + +Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta +atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra, +es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la +región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba +Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su +poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso, +cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras +faraónicas. + +Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer, +despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales, +arzobispos, archipámpanos, y después..., ¡ah!, después tenía que echar +miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba +en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre +las manos, y así pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar +del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz +contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil, +sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se +escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partículas del +metal líquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso +pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, +con sus graciosas crías los 75 céntimos. + +Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente teóricos. Había +sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que +respondían en principio a la idea de camisa, de levita, de pantalón; +pero más era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que +subsistían. ¡Hacía tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!... +Últimamente le pusieron una blusa azul. Pero una mañana se comió la +mitad. Era el más indócil y peor educado de todos los habitantes de la +casa. No obstante, sobre aquellos harapos se ponía todos los días una +corbata no mala, liándosela con arte y esmero delante de la pared, hecha +espejo de un golpe de imaginación. Aquel negro dogal sobre la carne +desnuda del estirado cuello, impedíale a veces los movimientos; pero +llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer. + +Cuando anochecía o cuando el tiempo era malo, Rufete era el último que +dejaba el patio. Comúnmente los loqueros se veían en el caso de llevarle +a la fuerza. Dormía en una sala baja, húmeda, con rejas a un largo +pasillo, el cual las tenía a la huerta. Desde los duros camastros veíase +la espesura del arbolado; pero, al través de las rejas dobles, la +alegría del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o +casi perdida, con un efecto de país bordado en cañamazo. En el +dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos. +Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro +día. Algunos dormían con los ojos abiertos. Oíase desde la sala la +murmuración del chorro de una fuente, la cual con tal constancia +estimulaba el oído, que Rufete se pasaba horas enteras en conversación +tirada con el agua charlatana en estos o parecidos términos: «En todo lo +que Su Señoría me dice, señor chorro, hay mucha parte de razón y mucho +que no puede admitirse. Subí al poder empujado por el país que me +llamaba, que me necesitaba. El primer escalón fue mi mérito, el segundo +mi resolución, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... ¿Pero qué +habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cállese +usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que +se calle». + +Y colérico se abalanzaba a la reja, ponía el oído, hacía señales de +conformidad o denegación, oprimía los barrotes. La fluida elocuencia del +chorro no tenía fin jamás. Era como uno de esos oradores incansables que +siempre están hablando de sí mismos. La aurora le encontraba engolfado +en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: «No me +convence, no me convence Su Señoría». + +¡La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun allí son hermosos +el risueño abrir de ojos del día y la primera mirada que cielo y tierra, +árboles y casas, montes y valles se dirigen. Allí los pájaros +madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las +parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por allí los +mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el +propio airecillo picante que menea los árboles, que orea el campo, que +estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegría, el +buen apetito, la sazón y la salud, derrama también por todas las zonas +del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las +moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus +remotos viajes atmosféricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso +excitante según su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o +dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados. +Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados +dislates, hablan más alto, ríen más fuerte, se arrastran y se embrutecen +más; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche, +aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con +urbanidad refinada; quién pide papel y tinta para escribir la carta, ¡la +indispensable carta del día!; quién se lanza a la carrera, huyendo de un +perseguidor que aparece montado en el caballo del día, y todo aquel +carnavalesco mundo comienza con brío su ordinaria existencia. + +La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y +estrépito de escobazos corre por salas y pasillos, confundiéndose con el +sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la +capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar +los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostén del asilo por +estar encargadas de su régimen doméstico, van y vienen con actividad de +madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus +blancas tocas aladas, respetables y respetadas como enseña de paz, se +ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes +de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan +lumbre; en la despensa llena de víveres; en el lavadero, donde ya saltan +los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el +patio de mujeres, en la región de las locas, que es el departamento de +trabajo más penoso y de las dificultades más terribles. + +¡Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado +de mundo. Los hombres inspiran lástima y terror; las hijas de Eva +inspiran sentimientos de difícil determinación. Su locura es, por lo +general, más pacífica que en nosotros, excepto en ciertos casos +patológicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la +parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o +treinta hembras con murmullo de coquetería, de celos, de cháchara +frívola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni términos claros, +ni pausa, ni variedad. Óyese desde lejos, cual disputa de cotorras en la +soledad de un bosque... Las hay también juiciosas. Algunas pensionistas, +tratadas con esmero, están tranquilas y calladas en habitación clara y +limpia, ocupándose en coser, bajo la vigilancia y dirección de dos +hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores +secas o con plumas de gallina. Sonríen con estupidez o clavan en el +visitante extraviados ojazos. + +También la _hermosa mitad_ tiene sus jaulas de dobles rejas. No serían +mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver +dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y oír la voz ronca de +una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay +una que corre por pasillos y salas buscan _do su propia persona._ + +Volvamos al patio de varones pobres. Aquel día faltaba en él Rufete. +Creeríase que había crisis. Poco después de amanecer se dirigió al +loquero y le dijo: «Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie». +Después cayó en un marasmo profundo. Enmudeció. El chorro de la fuente +preguntaba por él y ninguno de los asilados allí presentes sabía darle +razón. + +Lleváronle a la enfermería. El médico mandó que le dieran una ducha, y +fue llevado en brazos a la inquisición de agua. Es un pequeño balneario, +sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. Allí dan +lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza, +todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presión formidable, y sus +golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o +en láminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo, +atacan encarnizados con el áspero chirrido del acero. Rufete, que ya +conocía el lugar y la maquinaria, se defendió con fiero instinto. Le +embrazaron, oprimiéndole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a +la pared, y allí, sin defensa posible, desnudo, recibió la acometida. +Poco después yacía aletargado en una cama con visibles apariencias de +bienestar. Al fin, durmió profundamente. + + +=--III--= + +A la misma hora que esto pasaba, una joven llegó a la puerta del +establecimiento. Quería ver al señor Director, al señor facultativo, +quería ver a un enfermo, a su señor padre, a un tal don Tomás Rufete; +quería entrar aunque se lo vedaran; quería hablar con el señor capellán, +con las hermanas, con los loqueros; quería ver el establecimiento; +quería entregar una cosa; quería decir otra cosa... + +Estos múltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados +atropelladamente y con turbación por la muchacha, que era más que +medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero +calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y ponía extraordinario ardor en +la expresión de su deseo. Sus ojos expresivos habían llorado, y aún +lloraban algo todavía. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del +trabajo, oprimían un lío de ropa seminueva, mal envuelta en un pañuelo +rojo. Rojo era también el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente +liado debajo de la barba a estilo de Madrid. ¿Con qué prenda se cubría? +¿Sotana, mantón, gabán de hombre? No: era una prenda híbrida, un arreglo +del ruso al español, un cubrepersona de corte no muy conforme con el +usual patrón. Ello es que su pañuelo rojo, sus lágrimas acabadas de +secar, su gabán raído y de muy difícil calificación en indumentaria, su +agraciado rostro, su ademán de resignación, sus botas mayores que los +pies y ya entradas en días, inspiraban lástima. + +No le fue difícil llegar al despacho del señor Director. Al verle y +darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas +lágrimas a los ojos y la garganta se le obstruyó de tal modo, que tuvo +que callarse. El Director, hombre compasivo, la mandó sentar, rogándole +que se calmase. + +«Hace tres meses que no se ha pagado la pensión--dijo ella al cabo, +metiendo la mano en alguna parte de su extraña vestimenta». + +Porque el gabán tenía un bolsillo hondo. Su autora había sido pródiga en +esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sacó un +paquete de papel que parecía contener dinero. + +«Luego, luego veremos--dijo el Director, resistiéndose a tomar la +suma--. ¡Ah! ¿También trae ropa? Veo que no se descuida usted... Está +bien, bien. El pobre D. Tomás tenía ya mucha falta... Déjelo usted ahí. +Luego... Siéntese usted y descanse. + +--¿Pero no le veré ahora mismo?--preguntó ella con ansiedad. + +--No es fácil, no es fácil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a +las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete está +sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa». + +La del ruso cruzó las manos, y miró al techo. + +«El señor facultativo está haciendo ahora la visita... Le hablaremos, +veremos lo que dice. Si él consiente... Pero no lo consentirá. No +conviene que usted vea a su señor padre ahora. Más tarde... Siéntese +usted, tranquilícese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con él hace +bastante tiempo. Usted se llama... + +--Isidora, para servir a usted... ¡Pobrecito papá! Si no me le dejan +ver, dígale usted que estoy aquí, que está aquí su Isidorita, que viene +a darle un beso, que mañana traeré a Mariano, mi hermanito... ¡Ah Dios +mío!; pero él no entenderá, no entenderá nada. ¡Pobre hombre! ¿Y no hay +esperanzas de que vuelva a la razón?». + +El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores. +Parecía empeñado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de +cansancio, se sentó en una banqueta. Habiéndole recomendado con frases +convencionales, si bien generosas, la resignación y una tranquilidad que +era imposible, el Director salió. + +No se quedó sola la joven en el despacho. En un ángulo de este había una +mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un +hombre escribía, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso +esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafía española. La +mesa estaba llena de papeles que parecían estados, listas de nombres, +cuentas con infinitas baterías de números. Un alto estante repleto de +papeles y libros rayados indicaba que aquel buen señor de pluma y suma +ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difícil +administración del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo, +del ya fenecido covachuelista, conservado allí cual muestra del +metódico, rutinario y honradísimo personal de nuestra primitiva +burocracia. Era de edad provecta, pequeño, arrugadito, bastante moreno y +totalmente afeitado como un cura. Cubría su cabeza con un bonetillo +circular, ni muy nuevo ni muy raído, contemporáneo de los manguitos +verdes atados a sus codos. Escribía con trazos tan seguros, uniformes y +ordenados, que parecía escribientil máquina. Sin alzar los ojos del +papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los +dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorbía +una gran porción de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no hacía +caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas +oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversación. +Siendo al fin más fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompió el +silencio de esta manera: + +«Señorita, ¿se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay más +remedio que conformarse con su santa voluntad». + +A Isidora (¿por qué ocultarlo?) le gustó que la llamaran señorita. Pero +como su ánimo no estaba para vanidades, fijó toda su atención en las +palabras consoladoras que había oído, contestando a ellas con una mirada +y un hondísimo suspiro. + +«Esta casa--añadió el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y +dulce, que llegaba al alma--no es una casa de divertimiento; es un asilo +triste y fúnebre, señorita. Yo me hago cargo, sí, señorita, me hago +cargo de su dolor de usted...». + +Y se envasó en el cuerpo, aspirándola por entre los dientes, otra gran +cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojándola y +sacudiéndola a golpecitos metódicos, prosiguió así: + +«Pero no debe esperarse de este pícaro mundo otra cosa que penas, +¡ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una niña, y +todavía... vamos, todavía no conoce más que las flores que suelen +adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande más, +más...». + +Isidora dio otro suspiro. Grandísimo consuelo le infundían las palabras +sensatas y filosóficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces +tuvo por sacerdote. + +«¿Es usted...._por casualidad_ sacerdote?--le preguntó con timidez. + +--No, señora--repuso el otro, escribiendo un poco--. Soy seglar. Hace +treinta y dos años que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al +asunto, el mundo, señorita, es un valle de lágrimas. Váyase usted +acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el +seno de la religión verdadera, y sabemos que hay un _más allá_, sabemos +que en ese _más allá_, señorita, nos aguarda el premio de nuestros +afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido...». + +El anciano se conmovió un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir +lágrimas de sus ojos. Llevándose a ellos la punta del pañuelo rojo, +exclamó: + +«¡Mi pobre enfermo!... + +--¡Ah!... ¡qué bello es el dolor de una hija!--dijo el bebedor de aire +soltando resueltamente la pluma--, ¡cuán meritorio a los ojos de Aquel +que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore +usted, llore usted; no seré yo quien trate de combatir su pena con +consuelos triviales. Lo único que le diré es que la religión y el tiempo +la curarán de este mal: la religión elevando su espíritu y haciéndole +ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado +seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia +seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas +nuestras heridas y cerrándolas poco a poco. Usted es aún muy joven. +Puede ser que el Señor le reserve aquí en la tierra algo de lo que, por +no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted será esposa de algún +hombre honrado, madre de familia, dignísima abuela...». + +Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo así: + +«¿Le molesta a usted el humo del tabaco? + +--¡Oh! no, señor; no, señor. + +--Más cómodamente estará usted en el sillón que en ese banco. ¿Por qué +no se sienta usted allí? + +--No, señor; muchas gracias. Aquí estoy bien». + +Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen señor, +realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no sé +qué de tierno, paternal y simpático que en su semblante había, +cautivaban a la dolorida joven, inspirándole tanta admiración como +gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digámoslo así, con +las corrientes de bondad que afluían de sus ojos. Había en su mirar +tanta compasión, un interés tan puro y cristiano, que la pobre joven se +felicitó interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en +momentos de aflicción. Pensándolo así y dando gracias a Dios por un +socorro moral de tanta valía, se sintió tocada del deseo de confiarse, +de abrir un poco su corazón para mostrar sus penas. Era naturalmente +expansiva, y las circunstancias la ponían en el caso de serlo más aún +que de ordinario. + +«¿Conoce usted a mi padre?--preguntó. + +--Sí, hija mía, le conozco y me da mucha lástima... Bastante se ha hecho +en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manías... Pero Dios no +ha querido. Contra Él no se puede nada. Consolémonos todos pensando en +que la grandiosa armonía del mundo consiste en el cumplimiento de la +voluntad soberana». + +Esta sentencia afectó a la de Rufete, haciéndole pensar en lo cara que a +ella sola le costaba la armonía de todos. Enjugándose otra vez las +lágrimas, dijo así: + +«¡Y si viera usted qué bueno ha sido siempre!... ¡Cuánto nos quería! No +tenía más que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte, +sino que aspiraba a más, a más. Es que el pobrecito tenía talento, se +encontraba siempre en último lugar debiendo estar en el primero... ¡Hay +en el mundo cada injusticia...! Por eso él no se conformaba nunca, y +estaba siempre de mal humor y se enojaba y reñía con mi madre. Como era +caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero, +padecía lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi +todos los días y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de +tres Gobiernos de provincia y no llegó a gobernador por intrigas de los +del partido. Mi madre le decía: «¡Ah!, mejor te valdría haber aprendido +un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me +caigo, hoy me levanto...». ¡Pero quia!; él sabía de oficina más que la +_Gaceta_, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas +cosas de gobernar, todos los que le oían estaban asombrados. Su padre, +mi abuelito, había sido también de oficina. El pobre murió de mala +manera. ¿Le conoció usted?... + +--No, hija mía. Siga usted, que la oigo con mucho interés. + +--Fue, en no sé qué tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas, +hablaba mucho, y para él todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando +yo era niña jugaba con el morrión de mi abuelo... ¡Qué cosas!... Oiga +usted... El que llamo mi padre fue más listo que el que llamo mi abuelo. +¡Oh!, sí, era caballero y tenía talento. En el partido le temían. Él +mismo lo decía: «Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volveré +loco...» ¡Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las +sesiones del Congreso y hacía mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la +oposición. Salía de Madrid con recados secretos. No hablaba más que de +la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., ¿me entiende usted?». + +El anciano, después de tragarse la mitad de la atmósfera del cuarto, +hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre +conocedor de las debilidades de sus semejantes. + +«La última vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que +no se podía esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mamá cayó +enferma; mi padre entró de corrector de pruebas en una imprenta donde se +hacía un periódico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches +junto a un quinqué de petróleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil +discursos, artículos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la mañana +(porque el trabajo duraba toda la noche) y volvía a casa, no descansaba, +no, señor. ¿Qué creerá usted que hacía? Pues ponerse a escribir. Todos +los días entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. ¿Qué +creerá usted que escribía? + +--Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por +ahí empiezan muchos. + +--¡Quia!; no, señor. Escribía decretos, leyes y reales órdenes. Aunque +al salir de su cuarto cerraba siempre, yo hallé una noche medios de +abrir, y vimos todo. Mi mamá y yo decíamos: «Quizás esté copiando para +traernos algo de comer». ¡Qué chasco nos llevamos!; todo se volvía: +_Artículo primero_, tal cosa; _artículo segundo_, tal cosa. Y luego: +_Quedo encargado de la ejecución del presente decreto_. Hacía preámbulos +atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando +con mucho cuidado, y a cada legajo le ponía un letrero diciendo: _Deuda +Pública_, o _Clases Pasivas_, _Aduanas_, _Banco_, _Amillaramientos_. +También ponía en ciertos paquetes rótulos que no entendíamos, porque +eran ya locura manifiesta, y decían: _Ruinas_, o bien _Fanatismo_, +_Barbarie_, _Urbanización de Envidiópolis_, _Vidrios rotos_, _Sobornos_, +_Subvención Personal_, y así por este estilo. «¡Ay Dios mío!--dijimos +mamá y yo--; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre está +loco». Estuvimos llorando toda la noche. + +--Todo sea por Dios--dijo, con emoción el viejo, al ver que Isidora se +interrumpía para llorar--. Pero ¿qué es eso, hija mía, comparado con lo +que Cristo padeció por nosotros? + +--Mi madre murió en aquellos días--prosiguió Isidora, casi completamente +ahogada por el llanto--. Aquel día, ¡oh Dios mío, qué día!, mi padre +hizo los disparates más atroces; no lloró, no se afectó nada. Cuando mi +madre expiró en mis brazos, él dio dos o tres paseos por el cuarto, y +mirándome con unos ojos..., ¡Jesús, qué ojos!..., me dijo: «Se le harán +los honores de tenienta generala muerta en campaña...». No puedo +recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aquí. Un +pariente bastante acomodado que teníamos en el Tomelloso se condolió de +mí y ofreció dar la pensión de segunda. Yo me fui a la Mancha con él, y +mi hermanito se quedó aquí con una tía de mi madre. Pasado algún tiempo, +mi tío el canónigo se olvidó de pagar la pensión. Es el mejor de los +hombres; pero tiene unas rarezas...». + +Desde la mitad de esta relación, ya tenía Isidora que beberse las +lágrimas entre palabra y palabra. El bendito señor que la oía, +enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos +pasos para vencer su emoción. + +«Todo sea por Dios--dijo liando nerviosamente otro cigarrillo--. Noble +criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un +páramo... + +--Y todo cuanto he padecido ha sido injusto--añadió ella prontamente, +sorbiendo también una regular porción de aire, porque todo es contagioso +en este mundo--. No sé si me explicaré bien; quiero decir que a mí no me +correspondía compartir las penas y la miseria de Tomás Rufete, porque +aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y +no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy...». + +Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la +llevase, sin pensarlo, a una revelación indiscreta. Pero el escribiente, +con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres +perspicaces, se apoderó de la idea apenas indicada, y dijo así: + +«Sí, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase +más elevada; sólo que circunstancias largas de referir la hicieron +descender... ¡Cosas de Nuestro Padre que está en los Cielos! Él sabrá +por qué lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la +postre, siempre son para nuestro bien. Usted, señorita--añadió tras +breve pausa, quitándose cortesanamente la gorra--, no ve, no puede ver +en el infelicísimo Rufete más que un padre putativo, tal y como el Santo +Patriarca San José lo era de Nuestro Señor Jesucristo». + +¡De qué manera tan clara relampagueó el orgullo en el semblante de +Isidora al oír aquellas palabras! Su rubor leve pasó pronto. Sus labios +vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegación impuesta por las +conveniencias. + +«Yo no quisiera hablar de eso--dijo tomando un tonillo enfático de calma +y dignidad, que no hacía buena concordancia con su ruso--. ¡Respeto +tanto al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso él tanto a mí y +a mi hermanito!..., ¡fuimos tan mimados cuando éramos niños!... Nos +hacía el gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y él tenía +una buena colocación (porque estaba en Propiedades del Estado), vivíamos +muy bien. En aquella época Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con +un lujo... ¡Dios de mi vida! Como él no tenía más idea que aparentar, +aparentar, y ser persona notable... + +--Hija mía--dijo el anciano con vivacidad--, una de las enfermedades del +alma que más individuos trae a estas casas es la ambición, el afán de +engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de +querer subir atropellando a los que están arriba, no por la escalera del +mérito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la +violencia, como si dijéramos, empujando, empujando...». + +No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observación, que +indicaba tanto juicio como experiencia, marchó con acompasado y no muy +lento andar hacia el rincón opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora +en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de +cordoncillo; pero su pena y la situación en que estaba la reclamaron, y +volvió a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto. +Cuando alzó los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en dirección +de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en dirección del ángulo. Sin +advertir que el buen señor estaba muy agitado, sin duda por hacerse +generosamente partícipe de las penas que había oído referir, Isidora se +distraía un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que +embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espíritu para que +dé un par de vueltas o paseos por el campo de la distracción, y se +fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un +largo período de antesala, ayudan este fenómeno del alma. + +Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el +pasar y repasar del anciano escribiente había algo de oscilación de +péndulo; como, además, del propio interior de Isidora se derivaba una +dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues, +un ratito contemplando la habitación. ¡Qué bonito era el mapa de España, +todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de números +que subían creciendo, de rengloncitos estadísticos que bajaban +achicándose, de círculos y banderolas señalando pueblos, ciudades y +villas! En la región azul que representaba el mar, multitud de barquitos +precedidos de flechas marcaban las líneas de navegación, y por la gran +viñeta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los +faros, y además muelles llenos de fardos, chimeneas de fábricas, ruedas +dentadas, globos geográficos, todo presidido por un melenudo y furioso +león y una señora con las carnes bastante más descubiertas de lo que la +honestidad exige... ¡Qué silencio tan hondo y suave se aposentaba en la +sosegada estancia, y cómo se sentía el ambiente puro del campo! Sólo +cuando se abría la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas +y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. ¡Y cuántos y +cuán bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual +gallardeaba un busto de yeso! Aquel señor blanco sin niñas en los ojos, +con los hombros desnudos como una dama escotada, debía de ser alguno de +los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en él, en el estante de +los libros y en el mapa gráfico--estadístico se cifraba toda la +sabiduría de los siglos. + +En este reconocimiento del lugar empleó Isidora menos de un minuto. De +pronto se fijó en el anciano, que seguía pasando por delante de ella con +rapidez creciente, y se asombró de ver la agitación de sus manos, el +temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy +distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simpática. Parándose +ante Isidora, exclamó con palabra torpe y muy conmovida: + +«Señora, nunca hubiera creído esto en una persona como usted. + +--¡Yo!--murmuró Isidora, llena de espanto. + +--¡Sí!--dijo el otro alzando la voz--, usted me está insultando; usted +me está insultando». + +El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitación +creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levantó buscando la +puerta; corrió hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre +tanto el anciano gritaba: + +«Insultándome, sí, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de +padre... ¡Oh, Señor! Perdónala, perdónala, Señor, porque no sabe lo que +se dice». + +Isidora salió al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante +comprendió la causa de su miedo. Sonriendo, la tomó de la mano para +obligarla a entrar. + +«El pobre Canencia...--dijo--. Cosa rara... Hace tanto tiempo que está +tranquilo... Pero es un ángel, es incapaz de hacer el menor daño». + +Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino +emoción, y dos lágrimas rodaban por sus mejillas. + +«También usted me insulta, señor Director--dijo oprimiéndose el pecho, y +con la entonación y los ademanes de un cómico mediano--. No puedo más, +no puedo más... ¡Adiós, adiós, ingratos!». + +Y salió escapado. + +«Eso le pasa pronto--indicó el Director a Isidora, que aún no había +vuelto de su espanto--. Es un bendito; hace treinta y dos años que está +en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres años, sin la más +ligera perturbación. Sus accesos no son más que lo que usted ha visto. +Principia por decir que tiene dos máquinas eléctricas en la cabeza y +luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por +la huerta, y al cabo de un rato está ya sereno. Trabaja bien, me ayuda +mucho, y, como usted habrá visto si le ha oído, es de encargo para dar +consejos. Parece un santo y un filósofo. Yo le quiero al pobre Canencia. +Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste +que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y +hoy menos que nunca». + +El Director dio un gran suspiro, expresión oficial de sus sentimientos +compasivos, e Isidora quedose fría, aguardando terribles noticias. ¡Cómo +miraba al buen señor, deletreando en su cara, y qué bien le decía esta +que no esperara nada bueno! + +«Yo quisiera verle...--balbució Isidora. + +--Eso es imposible. ¡Verle!, ¿y para qué?... Mal, muy mal está el pobre +Rufete--afirmó el Director, moviendo la cabeza--. Llénese usted de +paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si +no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a +descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi +familia en ese estado, desearía...». + +Trabajo le costó a Isidora admitir la funesta verdad que se le quería +anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer +aquel nudo que en su garganta se formaba, habló con medias palabras de +esta manera: + +«Quién sabe... Todavía... Pero yo quiero verle. + +--Vamos, que no... Ya...». + +El buen señor estaba impaciente. Tenía que hacer. + +«Siéntese usted...--murmuró acercando un sillón--. ¿Quiere usted que le +traiga un vaso de agua?». + +Isidora no decía nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de +yeso. Lo examinó bien y estúpidamente, viéndole con claridad, por esa +atracción rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce +sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por +algún tiempo asociado a la noticia misma... + + +=--IV--= + +Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentísimo +Canencia, ocurría no lejos de allí un hecho que, con ser muy triste, no +afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran éstos el Director +facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el +capellán y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se +trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fácil +y término decidido. El enfermo apenas tenía movimiento y vida más que en +la cabeza; no padecía nada; se iba por rápida y llana pendiente, sin +choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa. + +«Muere bien»--dijo en voz baja el médico. + +El paciente dio un gran suspiro, abrió los ojos, miró a todos uno por +uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas +recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que +más que nada era profundísima lástima de sí mismo, pronunció estas +palabras: «Caballeros, ¿es cierto lo que me figuro?... ¿Es cierto que +estoy en Leganés?». + +El médico le quiso consolar con palabras campechanas. + +«Hombre, no sea usted tonto...; si está usted en su casa... Vamos, que +se va usted a poner bueno». + +El enfermo movió tristemente la cabeza. Permaneció largo rato mudo. +Después tomó la mano del cura, la besó... Quiso hablar, no pudo, se le +vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de +voluntad, pudo decir a media voz: + +«Mis hijos..., la marquesa...». + +Y calló para siempre. Médico y aprendiz observaron con la atención y la +frialdad de la ciencia aquel caso de tránsito, y después se fueron a +extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestándoles con más +lástima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El +aprendiz de médico declaró al punto conocerla, y alegrándose de que allí +estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y +del compromiso de consolarla y darle algún socorro si lo había menester. + +Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y allí pasó lo que +referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender +la certeza de su desdicha, cuando entró en el despacho un mozo como de +veinticuatro años, el cual, llegándose a ella con muestras de confianza, +le dijo: + +«¿Conque usted por aquí, Isidora?... ¡Y en qué momento tan triste!... +¿Pero no me conoce usted? ¿Tan desmemoriada estamos, Isidora? ¿No se +acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al +Tomelloso a buscar a su tío de usted, el señor Canónigo, para salir +juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. ¿No se acuerda +usted tampoco de mi hermano Alejandro? ¿No se acuerda de que algunas +veces, por vacaciones, íbamos acompañando a mi padre?... Pues hace cinco +años que estoy aquí estudiando Medicina. ¿Y cómo está su señor tío? +¿Hace mucho que ha dejado usted aquel célebre Tomelloso?...». + +Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena; +le miraba y le reconocía. Sí, su memoria se iba iluminando ante aquella +fisonomía que con ninguna otra podía confundirse. Aquel semblante pálido +y moreno, tan moreno y tan pálido que parecía una gran aceituna; aquella +brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca, +cuyos dientes blanquísimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja +ancha, tan negra y espesa que parecía cinta de terciopelo, y aquellos +ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la ironía +del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras, +aquel abandono en el vestir, y, por último, la desenfadada manera de +insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el +hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente +de Isidora ideas mil y recuerdos de una época en que la infancia se +confundía con la adolescencia, época de tonterías, de miedos, de +inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable. +No acertó a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de +la situación, y poniéndose todo lo serio que podía, cosa en él de +grandísima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido: + +«Lo primero es que usted salga de esta casa...; ¡ay, qué casa!... Nada +hay que hacer aquí. Si va usted a Madrid tendré mucho gusto en +acompañarla». + +Isidora manifestó deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que +había traído para pagar los atrasos de la pensión de Rufete, pero el +Director no lo consintió. En cuanto a las ropas, tanto instó al +bondadoso señor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando +las gracias en nombre de los demás enfermos pobres que tanto las +necesitaban. + +Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazón y se alejaron +silenciosos del tristísimo pueblo, en el cual casi todas las casas +albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatán Miquis, respetando +su dolor, tan sólo indicó esto: + +«En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranvía». + +Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis creyó oportuno distraer a su +compañera de viaje, porque, realmente, ¿a qué conducía aquel llorar +continuo, si nada podía remediarse? Era preciso hacer frente al dolor, +fiero enemigo que se ceba en los débiles; convenía sobreponerse, pues... +hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como +siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habló de la belleza del +primaveral día (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de +Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invitó a Isidora +a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol +y la jornada iba a ser un poco larga. + +Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, él contemplativo, +dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de +ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban. + +«Isidora... + +--¿Qué? + +--No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. ¿Es cierto o +no que en el Tomelloso nos tuteábamos?». + + + + +Capítulo II + +La Sanguijuelera + + +En el domicilio de su pariente y padrino, don José de Relimpio (de quien +se hablará cuando sea menester), pasó Isidora la noche de aquel día de +abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar +a Encarnación y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios más +excéntricos de Madrid. La que llamaremos todavía, por respeto a la +rutina, hija de Rufete, tenía la costumbre de representarse en su +imaginación, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que +fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera +que la interesase, visita, entrevista, escena, diversión, desde mediodía +o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario +relieve y color, desarrollándose con sus cuadros, lugares, perspectivas, +personas, figuras, actitudes y lenguaje. Así, mucho antes del alba, +Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su tía y de +su hermano; los veía como si los tuviera delante; hablaba con ellos +preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oía las +inflexiones de la voz de cada uno. + +Las ocho serían cuando salió para hacer verdadero lo imaginado; pero +como tenía que ir desde la calle de Hernán Cortés a la de Moratines, en +el barrio de las Peñuelas, deteniéndose y preguntando por no conocer muy +bien a Madrid, ya habían dado las diez cuando entró por el conocido y +gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difícil desde allí dar con la +morada de su tía. A mano derecha hay una vía que empieza en calle y +acaba en horrible desmonte, zanja, albañal o vertedero, en los bordes +rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta vía, +Isidora hizo rápido examen del lugar en que se encontraba, y que no era +muy de su gusto. Tenía, juntamente con el don de imaginar fuerte, la +propiedad de extremar sus impresiones, recargándolas a veces hasta lo +sumo; y así, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba +al punto en colosal; lo pequeño se le hacía minúsculo, y lo feo o bonito +enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderación. + +Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y +desconchadas, los letreros innobles, los rótulos de torcidas letras, los +faroles de aceite amenazando caerse; al ver también que multitud de +niños casi desnudos jugaban en el fango, amasándolo para hacer bolas y +otros divertimientos; al oír el estrépito de machacar sartenes, los +berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias +tirando de carros atascados, y el susurro de los transeúntes, que al dar +cada paso lo marcaban con una grosería, creyó por un momento que estaba +en la caricatura de una ciudad hecha de cartón podrido. Aquello no era +aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada +por vía de limpieza para que no corrompiera el centro. + +Y siguiendo en su manía de recargar las cosas, como viera correr por la +calle--zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias +industrias tintóreas, al punto le pareció que por allí abajo se +despeñaban arroyuelos de sangre, vinagre y betún, junto con un licor +verde que sin duda iba a formar ríos de veneno. Alzose con cuidadosa +mano las faldas, y avanzó venciendo su repugnancia. No tuvo que andar +mucho para encontrar la puerta que buscaba. Sí, allí era. Bien reconocía +la muestra que años atrás estaba en la calle de la Torrecilla, y que +decía clarito, con azules caracteres, _Cacharrería_. Reconoció también +una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde, +jeroglíficamente, se anunciaba un importante comercio. ¡Cómo recordaba +Isidora haber visto en su niñez la redoma pintada, en cuyo círculo +aparecían nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que +servían de insignia industrial a Encarnación Guillén, conocida en +distintos barrios con el nombre de _la Sanguijuelera_! + +La puerta tenía una trampilla en la parte baja, la cual parecía servir +de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de +balcón en caso de que por allí, cosa no imposible, pasasen procesiones +cívicas o religiosas. Isidora se había figurado que su tía (o más bien +tía de su supuesta madre) estaría en la puerta; pero esto, como otras +muchas cosas de las que imaginaba, no resultó cierto. Asomose a la +tienda, y de un golpe de vista abarcó la menguada granjería, sacando +consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnación +Guillén. ¡Cómo había descendido la infeliz de grado en grado, desde su +gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en +tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de +cacharros ordinarios! Y los anélidos que componían su escudo, ¿dónde +estaban? ¡Oh!, no podían faltar; allí se los veía en enormes botellas, +con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados, +aburridos, quietos, como si acecharan una víctima y esperasen a que +entrara por la puerta. Isidora admiró después el orden y aseo con que +todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste. + +Los pucheros de Alcorcón, los jarros de Talavera y Andújar, los botijos +y la cristalería de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de +limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni +faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre +cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de +Encarnación era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba, +y que contenía diversidad de artículos, compañeros infalibles del ramo +de cacharrería. En un hueco había flor de malva, en otro cercano +violetas secas, más allá greda para limpiar, adormideras, cerillas de +cartón. Seguía el pimentón molido, que sirve para pintar la comida del +pueblo, y luego los cañamones, de que se sustentan los pajarillos +presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban +algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los +vasares. Entre tanta chuchería, Isidora encontró otro antiguo conocido, +otra amistad de su infancia. Era un cartel que decía: + + Ojo al Cristo. + Aquí murió el fiar + y el prestar también murió, + y fue porque le ayudó + a morir el mal pagar. + +Isidora sabía de memoria esta composición epigramática de su tía, que +terminaba así: + + Si fío, + aventuro lo que es mío. + Y si presto, + al pagar ponen mal gesto. + Pues para librarme de esto, + ni doy, ni fío, ni presto. + +Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada más. Isidora +gritó: «¡Tía, tía!». + +Apareció entonces _la Sanguijuelera_, y tía y sobrina se abrazaron y +besaron. La joven callaba llorando; la anciana empezó a charlar desde el +primer momento, porque no había situación en que pudiese guardar +silencio, y antes se la viera muerta que muda. + +«¡Oh quimerilla!..., ya estás aquí... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche +supe que cerró el ojo Tomás... No te aflijas, paloma. Más vale así... +¿Qué vas a sacar de esos sentimientos? Siéntate... Espera que quite +estos botijos... Si Tomás ya no vivía ¡el pobre! Bien lo dije yo hace +cinco mil domingos: «Este acabará en Leganés». Nunca tuvo la cabeza +buena, hija, y con sus locuras despachó a tu madre, aquella santa, +aquella pasta de ángel, aquel coral de las mujeres... ¡Pobre Francisca, +niña mía! + +--¿Y Mariano?--dijo Isidora, que extrañaba no ver allí a su hermano. + +--Está en el trabajo... Le he puesto a trabajar. ¡Hija, si me comía un +carcañal!... Es más malo que Anás y Caifás juntos. No puedo hacer +carrera de él. ¡Vaya, que ha salido una pieza _colunaria_!... Yo le +llamo _Pecado_, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del +demonio. Me tiene asada el alma. ¿Sabes dónde está? Pues le puse en la +fábrica de sogas de ese que llaman _Diente_, ¿estás?, y me trae +dieciocho reales todas las semanas... + +--¿Y no va a la escuela?--preguntó Isidora expresando no poco disgusto. + +--¡Escuela! Que si quieres... ¿Y quién le sujeta a la escuela? Bueno es +el niño. Ahí le puse en esa de los _Herejes_, donde dicen la misa por la +tarde y el rosario por la mañana. Daban un panecillo a cada muchacho, y +esto ayuda. Pero aguárdate; un día sí y otro no, me hacía novillos el +tunante. Después le puse en los _Católicos_ de ahí abajo, y se me +escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a +trabajar. ¡Qué puñales!..., no están los tiempos para mimos. Estoy muy +mal de acá, hija. Ya ves este escenario. ¿Te acuerdas de mi +establecimiento de la calle de la Torrecilla? ¡Aquéllos sí que eran +tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumbó; tu papaíto, que de +Dios goce, ¡tres puñales, me trajo a esta miseria! ¡Ya ves qué polla +estoy!; sesenta y ocho años, chiquilla, sesenta y ocho miércoles de +Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir +nunca de cristos a porras. Hoy ganado y mañana perdido. Todo se hace sal +y agua. Eso sí, siempre tiesa como un ajo, y todavía, aquí dónde me ves, +le acabo de dar una patada a la muerte porque el año pasado tuve una +ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva +aclararon el modo de hablar, y aquí me tienes. Soy la misma +_Sanguijuelera_, más saludable que el tomillo, más fuerte que la puerta +de Alcalá, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del +oro, más fiera que el león del Retiro, si se ofrece, resignada con la +mala suerte, sin deber nada a nadie, y más charlatana que todos los +cómicos de Madrid». + +Era Encarnación Guillén la vieja más acartonada, más tiesa, más ágil y +dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenómeno común en las personas +de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura, +que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante +aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequeña, redonda, arrugada +y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movían los +músculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fría +que se daba todas las mañanas. Sus ojos, que habían sido grandes y +hermosos, conservaban todavía un chispazo azul, como el fuego fatuo +bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finísimas rayas curvas +que se estiraban o se contraían conforme iban saliendo las frases de la +boca, se guarnecía de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales +se entretejía el más gracioso peinado de esterilla que llevaron momias +en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a +quien no se podría dar con propiedad el nombre de moño. Dos palillos mal +forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de +moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos +manos de esqueleto, con las falanges tan ágiles que parecían sueltas, no +paraban en su fantástico girar alrededor de la frase, cual comentario +gráfico de sus desordenados pensamientos. Vestía una falda de diversos +pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso, +cual madero bifurcado en dos piernas. Tenía actitudes de gastador y paso +de cartero. + +Era mujer de buena índole, aunque de genio tan turbulento y díscolo, que +nadie que junto a ella estuviese podía vivir en paz. No había tenido +hijos ni había sido casada. Crió a una sobrina, a quien quiso a su +manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal +sobrina casó con Rufete, resultando de esta unión una desgraciada +familia y el violentísimo odio que _la Sanguijuelera_ profesaba a todos +los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa +y apocada con un hombre que tenía la más destornillada cabeza del orbe, +consumió diferentes veces las economías y la paciencia de Encarnación, +que era trabajadora y comerciante, y tenía sus buenas libretas del Monte +de Piedad. «Todo se lo comió ese descosido de Rufete--decía--, ese +holgazán con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo +agua una noche para sacarle de la cárcel, cuando aquel feo negocio de +los billetes de lotería. La cacharrería de la calle de la Torrecilla se +resquebrajó después, y pieza por pieza se la fueron tragando el médico y +el boticario, cuando cayó Francisca en la cama con la enfermedad que se +la llevó. He ido mermando, mermando, y aquí me tienen, ¡qué puñales!, en +este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos +locales, con aquellas anaquelerías y aquel mostrador donde había un +cajón de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de +urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se +repican las campanas cuando se ve una peseta..., ¡qué puñ...!». + +Francisca murió; Rufete fue encerrado en Leganés. De los dos hijos, +Encarnación recogió al pequeñuelo, e Isidora partió al Tomelloso a vivir +al amparo de su tío el Canónigo. De lo demás, algo sabe el lector, y el +resto, que es mucho y bueno, irá saliendo. + +«¿Sabes que estás muy cesanta?»--dijo _la Sanguijuelera_, observando el +vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que +desear. + +Isidora contestó con tristeza que su tío el Canónigo no era hombre de +muchas liberalidades. Después _la Sanguijuelera_ observó con malicia el +rostro y talle de la joven, diciéndole: + +«Pero estás guapa. Pues no lo parecías... Cuando niña tenías un +empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., ¡qué casa!... Era la +jaula del león..., pues andabas por allí en pernetas con un mal +faldellín. Parecías el Cristo de las enagüillas. ¡Qué flaqueza!, ¡qué +color! Yo decía que te habían destetado con vinagre y que te daban tu +ración en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., ¡qué +duras carnes!--añadió pellizcándola en diferentes partes de su cuerpo--. +Y en la cara tienes ángel. De ojos no andamos mal. ¡Qué bonitos dientes +tienes! Veremos si te duran como los míos. Mírate en este espejo». + +Y le enseñó su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad. +Isidora se aburría un poco. Mirando con tristeza a la calle, preguntó: + +«¿En dónde está trabajando Mariano? Yo quiero verle. + +--Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos +allá. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando más que un molino de +viento... ¡Señá Agustina!...». + +Gritó desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su +vecina, salió impaciente. No tardó cinco minutos en volver acompañada de +una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente +vestida, pero peinada con increíble esmero. Aquella gente tiene su lujo, +su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables +trapos, no pueden faltar el moñazo empapado en grasa y bandolina, ni los +rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de +negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa +bata de lana roja con cuadros negros, que parecía haber servido de +alfombra en un salón de baile de Capellanes. + +«Guárdeme la tienda un ratito--le dijo _la Sanguijuelera_--, que voy con +mi sobrina a un recado... ¿No conocía usted a mi sobrina? ¿Ve usted qué +moza?... Isidora, esta señora es una amiga..., pared por medio. Se llama +la señora _A ti suspiramos_, porque no resuella como no sea para +lamentarse. Verdad es que ella está enferma, su marido es borracho, su +padre ciego, y la casa, ¡qué puñales!, no está empedrada con +pesetas...». + +Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con +esto anunciaba un relato sentidísimo de sus desgracias. Pero _la +Sanguijuelera_, cortándole la palabra, se echó un mantón sobre los +hombros y salió con su sobrina, tomando el camino de la calle de las +Amazonas, adonde llegaron pronto. + + + + +Capítulo III + +Pecado + + +«Ese tunante de _Pecadillo_--dijo _la Sanguijuelera_ metiéndose por un +portal obscuro--no sospecha que viene a verle su hermana. No te +conocerá. Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qué..., ¿no ves? +Agárrate a mí, que yo veo en lo negro como las lechuzas». + +Atravesaron un antro. Encarnación empujó una puerta. Halláronse en +extraño local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de +mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda recibía la luz +de un patio estrecho, elevadísimo, formado de corredores sobrepuestos, +de los cuales descendía un rumor de colmena, indicando la existencia de +pequeñas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La +escasa claridad que de aquella abertura, más que patio, venía, llegaba +tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista +para distinguir los objetos; y aun después de ver bien, no se podía +abarcar todo el recinto, sino la zona más cercana a la puerta, porque lo +demás se perdía en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran +túnel, del cual no se distinguía sino la parte escasamente iluminada por +la boca. El fondo se perdía en la indeterminada cavidad fría de un +callejón tenebroso. En la parte clara de tan extraño local había grandes +fardos de cáñamo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo +por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal +torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa áspera, +filamentos mil que después de flotar por el aire, como espectros de +insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aquí y allá, sobre +la ropa, el cabello y la nariz de las personas. + +En el eje de aquel túnel que empezaba en luz y se perdía en tinieblas, +había una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del día y del +momento. El cáñamo se retorcía con áspero gemir, enroscándose lentamente +sobre sí mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejándose de la +torsión violenta, y en toda su magnitud rectilínea había un +estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios +del espectador, cual si también, al través de las carnes, los +conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsión +semejante. Isidora lo sentía de esta manera, porque era muy nerviosa, y +solía ver en las formas y movimientos objetivos acciones y +estremecimientos de su propia persona. + +Miraba sin comprender de dónde recibía su horrible retorcedura la soga +trabajada. Allá en el fondo de aquella cisterna horizontal debía de +estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atención, y en +efecto, del fondo invisible venía un rumor hondo y persistente como el +zumbar de las alas de colosal moscardón, zumbido semejante al de +nuestros propios oídos, si tuviéramos por cerebro una gran bóveda +metálica. + +«Es la rueda--dijo _la Sanguijuelera_, adivinando la curiosidad de su +sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable +industria. + +--¡La rueda! ¿Y Mariano, dónde está?». + +Miraba a todos lados y no veía ser vivo. Pero de pronto apareció un +hombre, que salía de la oscuridad andando hacia atrás muy lentamente y +con paso tan igual y uniforme como el de una máquina. En su cintura se +enrollaba una gran madeja de cáñamo, de la cual, pasando por su mano +derecha y manipulada por la izquierda, salía una hebra que se convertía +instantáneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel +hombre del paso atrás, ovillo animado y huso con pies, era el principal +obrero de la fábrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga. + +«¿No está D. Juan?»--le preguntó _la Sanguijuelera_ extrañando no ver +allí al dueño del establecimiento. + +El huso vivo movió bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse +expresarlo de otro modo. + +«¿Pero dónde está mi hermano?»--preguntó Isidora con angustia. + +La anciana señaló a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: «En la +rueda». + +Isidora echó a andar hacia adentro, dando la mano a su tía. A causa de +los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse +mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. ¡Oh! La soga era larga, +la caverna parecía interminable. En lo obscuro, aun se veía la cuerda +blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres +anduvieron un poco más, dejaron de ver la soga; pero oyeron más fuerte +el zumbar de la rueda acompañado de ligeros chirridos. Se adivinaba el +roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de +las transmisiones, de donde obtenían su girar las roldanas, en las +cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se podía ver. + +«¡Mariano, hermanito!--exclamó Isidora, que creía sentir su garganta +apretada por uno de aquellos horribles dogales--. ¿En dónde estás? ¿Eres +tú el que mueve esa rueda? ¿No estás cansado?». + +No se oyó contestación. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su +marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como +quien escucha. + +«_Pecado_, ¿qué tal te va?»--gritó con bufonesco estilo _la +Sanguijuelera_. + +Y añadió, volviéndose a su sobrina: + +«Es un holgazán. Así criará callos en las manos, y sabrá lo que es +trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... ¿Qué +crees tú? Es buen oficio... No podía hacer carrera de este gandul. Todo +el día jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane +para zapatos. Tiene más malicias que un Iscariote». + +Desde el comienzo de este panegírico, redoblose bruscamente la marcha +del mecanismo, y acreció el ruido hasta ser tal que parecían +multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes. + +«¡Mariano!--gritó Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad--. +¡Para, para un momento y ven acá! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy +Isidora. ¿No me conoces ya?». + +El ruido volvió a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa. + +«No puede pararse el trabajo»--dijo Encarnación. + +Pero como realmente se detenía, oyose un grito del huso viviente que +dijo: «¡Aire! ¡Aire a la rueda!». + +Y en efecto, la rueda volvió a tomar su aire primero, su paso natural. +Las dos mujeres callaron, consternada y atónita la joven, aburrida la +vieja. Como había pasado algún tiempo desde su llegada al término de la +caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la +silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las +extrañas aberraciones ópticas de la retina cuando cerramos los ojos +deslumbrados por una luz muy viva. + +«¿Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los +ojos de _Pecado_...». + +Isidora vio, en efecto, dos pequeñas ascuas. Su hermano la miraba. + +«Pronto serán las doce--indicó la anciana--. Esperemos a que levanten el +trabajo, y nos iremos los tres a comer». + +La hora del descanso no se hizo esperar. Soltó el obrero el cáñamo, +parose la rueda, y el que la movía salió lentamente del fondo negro, +plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho +hermoso y robusto, como de trece años. Isidora le abrazó y le besó +tiernamente, admirándose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la +fuerza de sus brazos, y afligiéndose mucho al notar su cansancio, el +sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su +respiración. + +«Es un gañán--dijo Encarnación examinándole la ropa con tanta severidad +coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...--.Ya +me ha roto los calzones... Ya verás, Holofernes, ya verás». + +Turbado por la presencia y los cariños de su hermana, a quien no +conocía, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atención +semejante a la estupidez. Por último, dijo así con aspereza, remedando +el hablar francote y brutal de la gente del bronce: + +«Chicáaaa..., no me beses más, que no soy santo. + +--A casa»--dijo _la Sanguijuelera_, saltando sobre el cáñamo. + +Aquel día añadió Encarnación a su olla algo extraordinario. Comieron en +la trastienda, que más bien era pasillo por donde la tienda se +comunicaba con un patio. Durante el festín, que tuvo su añadidura de +pimientos y su contera de pasas, no habría sido fácil explicar cómo con +una sola boca podía _la Sanguijuela_ engullir medianamente y hablar más +que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni hacía +más que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su +hermano. + +«Ya ves qué lindo buitre me ha puesto Dios en casa--decía Encarnación--. +Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. Él come y yo soy quien +se harta; sí, me harto de trabajar para su señoría. Pero oye, león, +¿dirás algún día: «Ya no quiero más»?». + +_Pecado_ devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al +pesebre, después de un día de atroz trabajo. + +«Y tú, linda mocosa, ¿no comes?--añadió la vieja--. ¿O es que te has +vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos +ordinarios? Vamos, que para otro día te pondré alas de ángel... Se +conoce que allá en el Tomelloso se estila mucha finura». + +Isidora no contestó. Parecía que estaba atormentada de una idea. Cuando +se acabó la comida y se marchó _Pecado_ para jugar un poco antes de +volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su tía, que +a toda prisa levantaba manteles, le dijo: + +«Tía Encarnación, tengo que hablar con usted una cosa. + +--Aunque sean cuatro». + +Como quien se quita una máscara, Isidora dejó su aspecto de sumisa +mansedumbre, y en tono resuelto pronunció estas palabras: + +«No quiero que mi hermano trabaje más en ese taller de maromas; no +quiero y no quiero. + +--Le señalarás una renta--replicó la anciana con ironía--¡Le pondrás +coche! Y para mis pobres huesos, ¿no habrá un par de almohadones? + +--No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas +decentes... + +--Ya lo creo... + +--Pues claro. + +--Pues turbio. + +--Somos personas decentes. + +--Y príncipes de Asturias. + +--Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi +hermano vaya a la escuela. + +--Y al colegio. + +--Eso es, al colegio--replicó Isidora marcando sus afirmaciones con el +puño sobre la endeble mesa--Yo lo quiero así..., y nada más». + +¡Qué fierecilla! ¡Cómo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qué +fuertemente respiraba, y qué enérgica expresión de voluntad tomó su +fisonomía! Todo esto lo pudo observar _la Sanguijuelera_ sin dejar su +ocupación. Amoscándose un poco, le dijo: + +«¿Sabes que estás cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A +ver, echa aquí lo que tengas en el bolsillo. ¿Crees que la gente se +mantiene con cañamones? ¿Crees que hay colegios de a ochavo como los +buñuelos? ¡Qué puño!... Dame guita y verás. + +--Tengo para no pordiosear. + +--¿Te ha dado el Canónigo? + +--Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con +decencia. + +--¡Ah!, canóniga..., tú pitarás... Hablemos claro». + +Y se sentó, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la +mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguardó las +explicaciones de su sobrina. + +«Tía...--murmuró esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa +grave que iba a decir--. Usted sabe que yo y Mariano... ¿Pero usted no +lo sabe? + +--No sé sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habría perdido +el mundo con que os hubierais quedado por allá..., en el Limbo. Venís de +Tomás Rufete, y ya sé que de mala cepa no puede venir buen sarmiento. + +--A eso voy, tía, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como +yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Tomás Rufete. + +--Justo, justo; mi Francisca, mi ángel os parió por obra del Espíritu +Santo, o del demonio. + +--¿Para qué andar con farsas? No somos hijos de D. Tomás Rufete ni de +D.ª Francisca Guillén. Esos dos señores, a quienes yo quiero mucho, +muchísimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo +ser nuestros papás y llamándonos hijos, porque el mundo..., ¡qué mundo +este!». + +_La Sanguijuelera_ cambió bruscamente de disposición y de tono. No +palideció, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los +pergaminos; pero abrió los ojos, y empuñando el brazo de su sobrina, le +golpeó el codo contra la mesa, y le dijo con ira: + +«¿De dónde has sacado esas andróminas? ¿Quién te ha metido esa estopa en +la cabeza? + +--Mi tío el Canónigo. + +--Me parece a mí que tu tío el Canónigo... + +--Él me ha contado todo--afirmó Isidora con acento de profundísima +convicción--. Usted se hace de nuevas, tía; usted me oculta lo que +sabe... No se haga usted la tonta. ¿Es la primera vez que una señora +principal tiene un hijo, dos, tres, y viéndose en la precisión de +ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y +ellos se crían y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta +que de repente un día, el día que menos se piensa, se acaban las farsas, +se presentan los verdaderos padres?... Eso, ¿no se está viendo todos los +días? + +--En sesenta y ocho años no lo he visto nunca... Me parece que tú te has +hartado de leer esos librotes que llaman novelas. ¡Cuánto mejor es no +saber leer! Mírate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para +mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acábame el cuento. +Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una señorita principal os +dio a criar, y desapareció... + +--¡Usted lo sabe, usted lo sabe!--exclamó la joven rebosando alegría. + +--No sé más sino que te caes de boba. Eres más sosa que la capilla +protestante. + +--Mi madre--declaró Isidora poniéndose la mano en el corazón, para +comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo--, mi +madre... fue hija de una marquesa». + +Como un petardo que estalla, así reventó en estrepitosa risa _la +Sanguijuelera_, apretándose la cintura y mostrando sus dos filas de +dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y después le acometió una tos +de hilaridad que le hizo suspender el diálogo por más de un cuarto de +hora. Algo confusa, Isidora esperó a que su tía volviese en sí de aquel +síncope burlesco para seguir hablando. Por último, dijo con malísimo +humor: + +«¡Qué bien finge usted! + +--Perdone vuecencia--replicó Encarnación en el tono más cómico del +mundo--. Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia +tendrá que hacer diligencias y buscar papeles. + +--Tengo papeles..., ¡y qué papeles! + +--¿Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendrá que +untar escribanos. + +--No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho. + +--Vuestra serenísima majestad cogerá una herencia, porque sin herencia +todo sería pulgas, ¿verdad, hermosa? + +--Mi madre no vive. Mi abuela sí. + +--¡Ah!, ¿la abuelita de tu vuecencia vive? ¿Y quién es la señora +pindonga? + +--No se burle usted, tía. Esto es muy serio--declaró Isidora tocada en +lo más vivo de su orgullo--. Es usted lo más atroz... Yo que venía a que +me diese pormenores y su parecer... + +--Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma--repuso _la Sanguijuelera_ +levantándose--. Pues tú has querido que yo te dé pormenores..., pobre +almita mía...». + +En el rincón del pasillo había una larga caña que servía para descolgar +los cacharros. Encarnación revolvió sus ojos buscándola. + +«Vaya que ha sido una picardía haberle ocultado a estos angelitos que +salieron del vientre de una marquesa». + +Y tomó la caña. + +«¡Quién será el dragón que ha querido birlarlos la herencia!... ¡A ese +tunante le sacaría yo las entrañas!... Cuidado que engañar así a mis +niños, haciéndolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad allá, pillos, +que mi niña es duquesa y mi niño es vizconde... ¡Re-puñales!». + +Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las +cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los +pequeños, sin dejar por eso de quererles, componían, con la verbosidad +infinita, el carácter de Encarnación _la Sanguijuelera_. Su flaca pero +fuerte mano empuñó la caña, y descargándola sin previo anuncio sobre la +cabeza de su sobrina, la rompió al primer golpe. Puso el grito en el +cielo la víctima, exclamando: «¡Pero, tía!...». La vieja recogió y unió +los dos pedazos de la caña, de lo que resultaba que podía pegar más a +gusto, y ¡zas!, emprendió una serie de cañazos tan fuertes, tan bien +dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora, +que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gemía, se dejaba +caer en el suelo, se arrastraba, escondía la cabeza, se revolvía. Y en +tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo, +encendíase más en furia a cada golpe, y los acompañaba de estas +palabras: + +«¡Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puños, cachas!... Cabeza llena de +viento... Vivirás en las mentiras como el pez en el agua, y serás +siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de +chiflados... ¡Ah, puño!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de +solfeos cada día te quitaría el polvo. Toma vanidad, toma lustre». + +Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir, +subdiácono), un rasguño o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su +verdugo, aunque lo intentó devolviendo cólera por cólera, hubo de +rendirse al fin, y sucumbió diciendo con gemido: «Por Dios, tía, no me +pegue usted más». + +En sus veinte años, Isidora tenía menos fuerza que la sexagenaria +Encarnación. Sin aliento yacía en tierra la víctima, recogiendo sus +faldas y sacudiéndoles la tierra, tentándose en partes diversas para ver +si tenía sangre, fractura o contusión grave, mientras _la +Sanguijuelera_, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba +los vencedores pedazos de caña y alargaba su mano generosa a la víctima +para ayudarla a levantarse. + +«¡Cómo se conoce--dijo al fin la sobrina con vivísimo tono de +desprecio--que no es usted persona decente! + +--¡Más que tú, marquesa del pan pringao!--gritó la vieja, esgrimiendo de +tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de +metérselos por los ojos. + +--Usted no es mi tía. Usted no tiene mi sangre. + +--Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado, +harta de miseria. Mira, como vuelvas aquí, ¿sabes lo que hago? + +--¿Qué?--preguntó Isidora, sintiéndose con más fuerzas para rechazar un +nuevo ataque. + +--Pues si vuelves aquí, cojo la escoba... y te barro ¡qué puño!, te echo +a la calle como se echa el polvo y cáscaras de fruta». + +Isidora no dijo nada, y recobrándose marchó hacia la puerta. Abierta con +trémula mano la trampilla, salió andando aprisa, cuesta arriba, en busca +de la ronda de Embajadores, que debía conducirla a país civilizado. +Temía que la vieja iría detrás injuriándola, y no se equivocó. _La +Sanguijuelera_, echando la cabeza fuera de la puerta, la despedía con +una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle. +Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de +amarillos dientes descubiertos hasta la raíz por estúpido asombro, +bustos envueltos en pañuelos de distintos colores; y más de cuatro +andrajosos chiquillos saltaron detrás de Isidora para festejarla con +gritos y cabriolas. + +Sin detenerse, la joven lanzó desde lo profundo de su alma, llena de +pena y asco, estas palabras: + +«¡Qué odioso, qué soez, qué repugnante es el pueblo!». + + + + +Capítulo IV + +El célebre Miquis + + +=--I--= + +Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente +salud. Tan sólo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a +veces la hacían pasar de claro en claro las noches. La causa de esto +parecía ser como una sed de su espíritu, que se fomentaba, sin +aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar +hechos que pasarían, que tendrían que pasar, que no podían menos de +tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda +vida encajada en la vida fisiológica y que se desarrollaba potente, +construida por la imaginación, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni +un accesorio. + +En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos +y personas. Intervenía en aquellos, hablaba con estas. Las funciones +diversas de la vida se cumplían detalladamente, y había maternidad, +amistades, sociedad, viajes, todo ello destacándose sobre un fondo de +bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apócrifa a la primera +auténtica, érale menos fácil de lo que parece. Era necesario que las de +Relimpio, con quienes vivía, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy +grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la máquina de +coser, o que su padrino, el bondadosísimo D. José de Relimpio, le +contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se +entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera +en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricación +mental de su segunda vida. + +Cinco días después de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena +con _la Sanguijuelera_, levantose Isidora más tarde que de costumbre, +por haber dormido la mañana, y se arregló aprisa. Aquel día estrenaba +unas botas. ¡Qué bonitas eran y qué bien le sentaban! Esto pensó ella +poniéndoselas y recreándose en la pequeñez y configuración graciosa de +sus pies, y dijo para sí con orgullo: «Hoy, al menos, no me verá con el +horrible calzado roto que traje del Tomelloso». La vergüenza que sintió +al mirar las botas viejas que en un rincón estaban, también muertas de +vergüenza, no es para referida. Juró dar aquellos miserables despojos al +primer pobre que a la puerta llegase. + +Púsose su vestidillo negro, que a toda prisa se había hecho aquellos +días, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirándose al espejo con +movimientos de pájaro, y se dispuso a salir. Antes abrió el balcón, y +mirando a la calle, dijo: «Allí está ya. ¡Qué puntual y qué caballero +es!». + +Salió. Las de Relimpio le preguntaron que dónde iba. + +«Voy en busca de mi tía»--repuso ella. + +Y bajando la escalera decía para sí: + +«He tenido que mentir. Cuando yo esté en mi posición, en mi verdadera +posición, no diré jamás una mentira. ¡Cuánto me repugna lo que no es +verdad!... ¿Pero qué pensaría esa gente si yo les dijera que voy de +paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo +que quería enseñarme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro, +la Castellana». + +Y volvió a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta +historia dicen que eran de becerro mate con caña de paño negro cruzada +de graciosos pespuntes. + +«Me han costado tres duros--pensó Isidora en los últimos peldaños--. Con +siete del vestido son diez; seis que di a doña Laura a cuenta, son +dieciséis. Aún me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela. +Después el tío me mandará más, y después...». + +Isidora vivía en el 23 de la calle de Hernán Cortés. Miquis se paseaba +desde la lechería a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba +embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el día era claro y +hermoso, se sentía fresco. + +Saludáronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme +a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los +demás, pensaba así durante los primeros pasos: «Ahora me va a decir que +parezco otra, que me he transformado desde que estoy aquí...». + +Pero también se equivocó esta vez, como otras muchas, porque Miquis +habló de cosa muy distinta. + +«Me parece--dijo--que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las +regiones etéreas. ¿No entiendes? En el paraíso del Teatro Real. + +--Sí, allá van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan +mucho, cosen a máquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito +con balcón a la calle. Antes no sé si lo ocupaba un señor sacerdote. +Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. José es el +tipo más célebre del mundo». + +Isidora rompió a reír, y después, haciendo gala de uno de sus talentos +más brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se +explicó así: + +«¿No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidarías. Es un +galán viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece +cabello de ángel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de +almíbar; qué sé yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro +con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio, +según dicen. Cose a máquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es +lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos +en un libro grande, ¿sabes?... Es preciso que le conozcas. + +--¿Hace falta médico en la casa? + +--Hombre, sí. Doña Laura se queja de un dolor..., no sé dónde. + +--Pues entraré contigo. Iré a hacerte una visita de ceremonia, diciendo +que me manda tu tío el de Tomelloso. + +--Ya veremos el modo de que entres». + +Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque +Isidora se detenía ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y +vario que en ellos hay siempre. También era motivo de sus detenciones el +deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las +mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para +ver si van tan bien como suponen o pretenden. + +En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy +distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho más +altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios +llenos de chucherías. Sin haber adquirido por lecturas noción alguna del +verdadero arte, ni haber visto jamás sino mamarrachos, comprendía la +superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiración +silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallándolos todos, o casi +todos, tan acabados y perfectos, que se prometió ir con frecuencia al +edificio del Prado para saborear más aquel goce inefable que hasta +entonces le fuera desconocido. Preguntó a Miquis si también en aquel +sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como +el estudiante le contestara que sí, se asombró mucho de ello. + +Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano +cambiarse con el insulso rótulo de _Parque de Madrid_. Allí las +emociones de Isidora fueron una alegría casi infantil, un deseo vivo de +correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las +acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de +dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque +desvirtuada por la corrección, despertaba en su impresionable espíritu +instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto +comprendió que aquello era un campo urbano, una ciudad de árboles y +arbustos. Había calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por allí +andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire, +ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con +guantes, sombrilla, bastón. Prontamente se acostumbró el espíritu de +ella a considerar el Retiro (que sólo conocía por vagos recuerdos de su +niñez) como una ingeniosa adaptación de la Naturaleza a la cultura; +comprendió que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido +también civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos +deseos de correr y columpiarse, pensó gravemente de este modo: «Para +otra vez que venga, traeré yo también mis guantes y mi sombrilla». + +Después de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al +estanque grande, que es un mar de bolsillo, como decía Miquis. Este la +llevó luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que +están entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre +como un niño, porque también en él, parroquiano constante del Retiro, +hacía sentir su influjo la vegetación nueva de Primavera, los juegos del +sol entre las ramas, el meneo de las hojas acariciándose, y aquel +ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo +atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quitó +arrojándola por tierra. Hizo después una almohada de ella y se tendió en +el suelo. Isidora se sentó frente a él. + +«¿Oyes los pájaros?--dijo Miquis--Son ruiseñores». + +Isidora había oído hablar de los ruiseñores como cifra y resumen de toda +la poesía de la Naturaleza; pero no los había oído. Estos artistas no +iban nunca por la Mancha. Puso atención, creyendo oír odas y canciones, +y su semblante expresaba un éxtasis melancólico, aunque a decir verdad +lo que se oía era una conversación de miles de picos, un galimatías +parlamentario--forestal, donde el músico más sutil no podría encontrar +las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis +se echó a reír, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa +situación en que ambos se encontraban, dijo de improviso: + +«Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martín +Alonso desde las dos hasta las cinco. Éramos tres alumnos. Le ayudábamos +a hacer la autopsia de un viejo que murió de corazón. ¡Si vieras, +chica!...». + +Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror. + +«Es el trabajo más bonito--añadió Miquis--. Tonta, ¿por qué no se ha de +hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... ¿Qué sería de la vida +si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Cirugía, chica. O he +de ser un gran cirujano, o nada. Verás. Cuando el doctor no estaba allí, +cogíamos uno de los brazos del muerto, y ¡zas!, nos pegábamos bofetadas +unos a otros...». + +Isidora dio un grito. + +«Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un músculo +con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraña...». + +Isidora se levantó, echando a correr y metiéndose un dedo en cada oído. + +«Aguarda, ruiseñora, no hablaré más de esto». + +Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se +quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas +de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud. +Miquis cogía una rama seca, y acercándose cautelosamente por detrás de +la joven, se la pasaba por la cara y decía con voz lúgubre: «¡La mano +del muerto!». + +Isidora daba un chillido; después reían los dos. Miquis cantaba trozos +de ópera, corrían un poco; escondíase él tras las espesas matas de +aligustre, para que ella le buscase; encontrábanse fácilmente; se cogían +las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura +del día y del lugar, donde todo parecía recién criado, como en aquellos +días primeros de la fabricación del mundo, en que Dios iba haciendo las +cosas y las daba por buenas. + + +=--II--= + +Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es +hoy un médico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante +aprovechadísimo, aunque revoltoso, igualmente fanático por la Cirugía y +por la Música, ¡qué antítesis!, dos extremos que parecen no tocarse +nunca, y sin embargo se tocan en la región inmensa, inmensamente +heterogénea del humano cerebro. Recordaba las melodías patéticas, los +graciosos ritornelos y las cadencias sublimes allá en la cavidad +taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de +nuestros semejantes. Él, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la +sublime conjuración de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos, +pensaba en la aponeurosis del gran supinador. Él, posado sobre los +libros, como un ave sobre su empolladura, soñaba con un monumento +colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista +de lo ideal. Aquel monumento debía rematarse con un grupo sintético: +¡Beethoven abrazado con Ambrosio Paré! + +Nació en una aldea tan célebre en el mundo como Babilonia o Atenas, +aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo +inteligencia superior, que en aquella edad era todavía un desordenado +instinto genial. Su aplicación no era constante como la de las +medianías, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros, +emprendía penosos estudios y practicaba con ardor la cirugía, como lo +abandonaba todo para leer partituras al piano, tocándolo con pocos dedos +y menos nociones de Música. Pero en estas alternativas de trabajo y +holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que +llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magníficos frutos. + +Todas las teorías novísimas le cautivaban, mayormente cuando eran +enemigas de la tradición. El transformismo en ciencias naturales y el +federalismo en política le ganaron por entero. Tenía gran facilidad de +dicción. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las +ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de +voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y +como poseía extraordinaria retentiva, lo mismo era para él repetir un +_allegro_ lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos +sobre Medicina o Filosofía naturalista. + +Su carácter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en +punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropósitos y en +charlar voluble, compuesto ya de hipérboles, ya de pedanterías +burlescas, que ciertamente no indicaban que él fuese pedante, sino que, +por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, hacía +pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases +obscuras de la fraseología científica, y las intercalaba de paradojas de +su propia cosecha, graciosas y originales. + +Aún hoy, que es un hombre de saber sólido, no ha perdido Miquis aquellas +mañas, y nos divierte con sus chuscas habladurías. A veces parece querer +zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace más que mofarse de +lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni +la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tenía por +vivienda y que era una caverna de disputas, se oía su voz declamatoria, +diciendo estas o parecidas cosas: «... porque, señores, a todas horas +estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatésicas, +determinan la depauperación general, la propagación de los vicios +herpético y tuberculoso, que son, señores, permitidme decirlo así, la +carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su +ruina...». O bien, elevándose a lo teórico, gritaba: «Reconociendo, +señores, la revolución que las ciencias naturales, y especialmente la +Química, han hecho en la materia médica moderna, no conviene afirmar que +la Química, señores, forma un sistema médico por sí sola, porque antes +que las leyes químico--orgánicas están las leyes vitales. Volved la +vista, señores, a Paracelso, Helmoncio y Agrícola, y ¿qué hallaréis, +señores?...». + +Isidora vio un araña que se descolgaba de un hilo, un pájaro que llevaba +pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la +atmósfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en +poesía, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron reír a +Miquis. Hablando y hablando, Augusto llegó a decir: + +«Señores, evolución tras evolución, enlazados el nacer y el morir, cada +muerte es una vida, de donde resulta la armonía y el admirable plan del +Cosmos». + +¡El Cosmos! ¡Qué bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora! +¡Cuánto daría por saber qué era aquello del Cosmos!..., porque +verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse. + +«¿Quieres saber lo que es eso, tonta?--le preguntó Miquis--. Vamos, veo +que eres un pozo de ignorancia. + +--No sé más que leer y escribir; deseo aprender algo más, porque sería +muy triste para mí encontrarme dentro de algún tiempo tan ignorante como +ahora. Enséñame tú. Yo me pongo a pensar que será esto de morirse. Pues +el nacer también... + +--También tiene bemoles--añadió Augusto en tono sumamente enfático--, +porque, señores, debemos principiar declarando que todo el mundo se +compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se +sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actúan según las +mismas leyes, desde el átomo invisible hasta la inmensa multitud de +cuerpos celestes, conservándose invariables en el conjunto de su efecto +total... ¿Te has enterado? + +--El demonio que te entienda... ¡Qué jerga! + +--¡Qué bonitos ojos tienes! + +--Tonto... Vamos a ver las fieras. + +--No me da la gana. ¿Qué más fiera que tú? + +--El león. + +--¡Leoncitos a mí!... Esos dos hoyuelos que te abrió Natura entre el +músculo maseter y el orbicular me tienen fuera de mí... No te pongas +seria, porque desaparecen los hoyuelos. + +--Vámonos de aquí--dijo Isidora con fastidio. + +--Estamos en el lugar más recogido del laboratorio de la Naturaleza. +Señores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos. +Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de +las nuevas vidas. Ved, señores, cómo de los infinitos huevecillos +acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas +su primer paso y su primer zumbido. ¿No oís cómo estrenan sus +trompetillas esos niños alados, que vivirán un día y en un día +alborotarán la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, señores, la +nueva generación se os anuncia con una fuerte emisión de aromas +mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de +vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de +una parte a otra, porque la atmósfera es mediadora, tercera o Celestina +de invisibles amores. Sentís afectado por estas emanaciones lo más +íntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cómo al +influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus +primeras galas, cómo se atavían las margaritas mirándose en el espejo de +aquel arroyo, cómo se acicalan... + +--Cállate... Pues no tendrías precio para catedrático... + +--Para catedrático--poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el +día en que yo sea médico, voy a poner una cátedra para explicar... + +--¿Qué? + +--Para dar una lección de armonía de la Naturaleza--dijo Miquis, +mirándola a los ojos--, y explicar esos radios de oro que nacen en tu +pupila y se extienden por tu iris... Déjame que lo observe de cerca... + +--¡Qué pesado! Quita... enséñame las fieras. + +--Vamos, mujer, esposa mía, a ver esas alimañas--dijo Augusto en tono de +paciencia--. Desde que me casé contigo me traes sobre un pie. Eras tan +amable de polla, ahora de casada tan regañona y exigente... Vamos, +vamos, y me pondré un tigre en cada dedo... ¿Qué más? Se te antoja una +jirafa. ¡Isidora, Isidorilla!». + +Ambos se detuvieron mirándose entre risas. + +«Si no me das un abrazo me meto en la jaula del león... Quiero que me +almuerce. O tu amor o el suicidio. + +--Si pareces un loco. + +--El suicidio es la plena posesión de sí mismo, porque al echarse el +hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos +señores mamíferos. + +--¿Qué son mamíferos?--preguntó Isidora, firme en su propósito de +instruirse. + +--Mamíferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de +la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de +lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querré más. Cada +disparate te hará subir un grado en el escalafón de la belleza. Sostén +que tres y dos son ocho, y superarás a Venus. + +--Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben +todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de +todo..., ¿me entiendes? + +--¿Sabes coser? + +--Sí. + +--¿Sabes planchar? + +--Regularmente. + +--¿Sabes zurcir? + +--Tal cual. + +--Y de guisar, ¿cómo andamos? + +--Así, así. + +--Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay +más que hablar. + +--Pues a mí no me convienes tú. + +--_¡Boa constrictor!_ + +--¿Qué es eso? + +--Tú. + +--Pero que, ¿es cosa de Medicina? + +--Es una culebra. + +--¿La veremos aquí?... Entremos. ¿Es esto la Casa de Fieras? + +--¿Quieres ver al oso? Aquí me tienes. + +--Sí que lo eres»--dijo Isidora riendo con toda su alma. + +Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba +mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las +inquietas y feroces hienas, el águila meditabunda, los pintorreados +leopardos, los monos acróbatas y el león monomaníaco, aburridísimo, +flaco, comido de parásitos, que parece un soberano destronado y cesante. +Vieron también las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las +descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos +canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la +curiosidad de Isidora, poca impresión hizo en su espíritu la menguada +colección zoológica. Más que admiración, produjéronle lástima y +repugnancia los infelices bichos privados de libertad. + +«Esto es espectáculo para el pueblo--dijo con desdén--. Vámonos de aquí. + +--Aunque enamorado--indicó Miquis al salir--, estoy muerto de hambre. Lo +divino no quita lo humano. Amémonos y almorcemos». + + +=--III--= + +También Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si darían +por terminado el paseo en aquel punto, yéndose cada cual a su casa; pero +al fin Miquis hizo triunfar su propósito de almorzar en uno de los +ventorrillos cercanos a los Campos Elíseos. No eran ciertamente modelo +de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasión de advertir al +tomar posesión de una mesa coja y trémula, de una silla ruinosa, y al +ver los burdos manteles y el burdísimo empaque de la mujer sucia y +ahumada que salió a servirles. + +Compareció sobre el mantel una tortilla fláccida que, por el color, más +parte tenía de cebolla que de huevo, y Miquis la dividió al punto. El +vino que llegó como escudero de la tortilla era picón y negro, cual +nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado +fuerte, que siguió a la tortilla, y que sin duda debía la anterior +calificación a la dureza de la carne que lo componía, no gustó a Isidora +más que el local, el vino y la dueña del puesto. Con desprecio mezclado +de repugnancia observó la pared del ventorrillo, que parecía un mal +establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que +publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el +ajuar todo, los cajones verdes con matas de _evónymus_, cuyas hojas +tenían una costra de endurecido polvo, el aspecto del público de capa y +mantón que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez, +la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando +salmuera... + +«¡Qué ordinario es esto!--exclamó, sin poderse contener--. Vaya, que me +traes a unos sitios... + +--¡Bah, bah!... ¿No te gusta conocer las costumbres populares? A mí me +encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno +de los buenos _restaurants_ de Madrid... Perdóname por hoy... Tenías +carita de hambre atrasada. + +--Esto no es para mí--dijo Isidora con remilgo. + +--¡Impertinencia, tienes nombre de mujer!--exclamó el estudiante, a un +tiempo riendo y mascando--¡Descontentadiza, exigente! ¿A qué vienen esos +melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos; +manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados, +mocosos, descalzos; y por mi parte sé decir que no me avergüenzo de +haber dormido la siesta en un surco húmedo, junto a la panza de un +cerdo. Usted, señora duquesa, viene sin duda de altos orígenes, y ha +gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha +mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un +ventorrillo, entre honradas chaquetas y más honrados mantones. La +humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ríos más +orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso, +de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ríos. De todo +lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las niñas de mis ojos. + +--Vámonos--dijo Isidora con fastidio. + +--Vámonos a Puerto Rico--replicó Miquis, después de pagar el gasto--. +Vámonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches, +aristócrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la +cabeza... Pero será para comérmela». + +¡Con qué inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja, +por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragón a +Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies +raquítica; subían a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que +vacían los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras; +pasaban junto a las cabañas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas +o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petróleo; +luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban +vueltas a los tejares; se detenían, se sentaban, volvían a andar un +poco, sin prisa, sin fatiga. + +Miquis, a ratos, hacía burlescos encarecimientos del paisaje. +«Allá--decía--las pirámides de Egipto, que llamamos tejares; aquí el +despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. ¡Qué vegetación! +Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas +malvas vírgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable +lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofía, el +Escorial... ¡Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. ¡Qué +hermoso es el mundo! ¡Qué bella está la tarde! ¡Cómo alumbra el sol! +¡Qué linda eres y yo qué feliz!». + +Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algún guardia civil +acompañando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban +también hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidísima por el suelo +la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla +que charla. Miquis empezó contándole su historia de estudiante, toda de +peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba +Leyes, había muerto algún tiempo antes, de una enfermedad terrible. +Augusto despuntaba, desde muy niño, por la Medicina, y jamás vaciló en +la elección de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al +mes, y él sabía arreglarse. ¡Había tenido diez y siete patronas! +Entregábale las mesadas, y tenía además el encargo de vigilarle y darle +consejos, un hombre de posición humilde y sanas costumbres, bastante +viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo +manchego se llamaba Matías Alonso y era conserje de la casa de Aransis. + +Al oír este nombre Isidora palideció, y el corazón saltó en el pecho. Su +espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las +indiscreciones que podría cometer. Después salió a relucir el tema más +común en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del +porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habló seriamente, sin +dejar su expresión irónica, por ser la ironía, más que su expresión, su +cara misma. Él esperaba ser un facultativo de fama y operador +habilísimo. Llevaría un sentido por cada operación, y viviría con lujo, +sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna, +que tantos sacrificios hacía para darle carrera. En cuanto esta fuese +concluida pensaba el buen Miquis hacer oposición a una plaza de +hospitales. + +«En los hospitales--decía--, en esos libros dolientes es donde se +aprende. Allí está la teoría unida a la experiencia por el lazo del +dolor. El hospital es un museo de síntomas, un riquísimo atlas de casos, +todo palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y +entre todos forman un cuerpo de doctrina. Allí se estudian mil especies +de vidas amenazadas y mil categorías de muertes. Las infinitas maneras +de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas +clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que +el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos +nace, así como la planta de flores hermosas y aromáticas es simplemente +una transformación de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas +en la tierra y en el estiércol». + +Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdeñar espectáculo +triste, ni dolencia asquerosa, ni agonía tremenda, porque de todas estas +miserias había de nutrir su saber. Después vendrían las visitas bien +remuneradas, las consultas pingües. Él se dedicaría a una especialidad. +Al fin completaría sus satisfacciones abonándose a diario a la Ópera, +para que su espíritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se +restaurase en las frescas auras de un arte divino. + +Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. ¡Pero le era tan +difícil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posición particular, +su delicadeza, no le permitían hablar mucho de ellos. ¡Oh!, si dijera +todo lo que podía decir, Miquis se asombraría, se quedaría hecho un +poste. ¡Pero no, no podía explicarse con claridad! La cosa era grave. +Quizás entre el presente triste y el porvenir brillante habrían de +mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escándalos, +revelaciones, proclamación de hechos hasta entonces secretos, y que +llenarían de asombro a la buena sociedad, a la _buena sociedad_, fijarse +bien, de Madrid. Entretanto, únicamente se podía decir que ella no era +lo que parecía, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su +tiempo madurarían las uvas; a su tiempo se sabría el apellido, la casa, +el título... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los días, pero +alguna vez... + +Pasó un naranjero. + +«¿Son de cáscara fina?--preguntó Miquis al comprar cuatro naranjas--. +Toma, cómete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez +de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas... + +--Así es--prosiguió Isidora con cierta fatuidad mal disimulada--, que si +me preguntas cosas que no sean de lo que ahora está pasando, quizás no +te podré contestar. ¿Qué sé yo lo que será de mí? ¿Conseguiré lo que +deseo y lo que me corresponde? ¡Hay tanta picardía en este mundo! + +--Verdaderamente que sí--dijo Augusto en el tono más enfáticamente +burlesco que usar sabía--. El mundo es una sentina, una cloaca de +vicios. En él no hay más que dolor y falsía. Malo es el mundo, malo, +malo, malo. ¡Duro en él! En cambio nosotros somos muy buenos; somos +ángeles. La culpa toda es del pícaro mundo, de ese tunante. Es el gato, +hija mía, el gato, autor de todas las fechorías que ocurren en... el +Cosmos. ¡Ah, mundo, pillín, si yo te cogiera!... Pero ven acá, alma mía; +puesto que vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime: +allá, en esos Olimpos, ¿te acordarás del pobre Miquis? + +--¿Pues no me he de acordar? Serás entonces un médico célebre. + +--¡Y tan célebre!... Vamos a lo principal. ¿Y tendrás a menos ser esposa +de un Galeno? + +--¿De un qué?... ¿De una notabilidad?... ¡Oh, no! Poco entiendo de cosas +del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con... + +--Con las reinas, con las emperatrices. + +--Y sobre todo chico--añadió Isidora--, de algo ha de valer que nos +conozcamos ahora. Y lo que es a mí...». + +¡Cuánta ternura brilló en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba +con los suyos! + +«Lo que es a mí... no me han de imponer un marido que no sea de mi +gusto, aunque esté más alto que el sol. + +--¡Bendita sea tu boca!--exclamó Augusto, apoderándose de las dos manos +de ella--. ¡Ay!, prenda, ¡qué frías tienes las manos! + +--¡Y las tuyas, qué calientes!». + +Isidora volvió a pensar en que nunca más saldría a la calle sin guantes. + +«¿Querrás siempre a este pobre Miquis, que te quiere más?... Desde que +te vi en Leganés, me estoy muriendo, no sé lo que me pasa, no estudio, +no duermo, no puedo apartar de mí esos ojos, ese perfil divino y todo lo +demás». + +Ella empezó a comer otra naranja, y él la miraba embebecido. Nunca le +había parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el +ácido de la fruta, tenían un carmín intensísimo, hasta el punto de que +allí podían ser verdad los rubíes montados en versos de que tanto han +abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad +y finísimo esmalte, mordían los dulces cascos como Eva la manzana, pues +desde entonces acá el mundo no ha variado en la manera de comer fruta. +Saboreando aquella, Isidora ponía en movimiento los dos hoyuelos de su +cara, que ya se ahondaban, ya se perdían, jugando en la piel. La nariz +era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, según decía +Miquis, de la misma sustancia con que Dios había hecho el crepúsculo de +la tarde. + +Miquis intentó abrazarla. Isidora había despuntado un casquillo con +intención de comérselo. Variando de idea al ver las facciones de su +amigo tan cerca de las suyas, alargó un poco la mano y puso el pedazo de +naranja entre los dientes de Miquis. Él se comió lo que era de comer y +retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de +frío. + +Isidora se levantó bruscamente, y echó a correr por el sendero. + +Corrieron, corrieron... + +«¡Ya te cogí!--exclamó Augusto, fatigadísimo y sin aliento, apoderándose +de ella--. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno. + +--Formalidad, formalidad, señor doctorcillo--dijo Isidora, poniéndose +muy seria. + +--¡Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo +tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo, +ni las Ordenanzas de Aduanas. + +--Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis. + +--El juicio está claro, señorita. Yo sé lo que me digo. Oye bien. Por mi +padre, que es lo que más quiero, juro que me caso contigo. + +--¡Huy, qué prisa!... + +--Está dicho. + +--¡Mira éste! + +--Un Miquis no vuelve atrás; _un re non mente_; la palabra de un Miquis +es sagrada. + +--¡Bah, bah! + +--Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un +tobosino no puede ser traidor. + +--Pero puede ser tinaja. + +--No te rías; esto es serio. Estamos hablando de la cosa más grave, de +la cosa más trascendental». + +Y era verdad que estaba serio. + +«No nos detengamos aquí--dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba +un sitio para sentarse--. Hace fresco. + +--Sigamos. En otra parte hablaremos mejor. + +--¿A dónde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa. + +--Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena. + +--Sí, sí, a la Castellana. Mi tío el Canónigo me decía que es cosa sin +igual la Castellana. + +--Escribiré mañana a tu tío el Canónigo. + +--¿Para qué? + +--Para pedirte. Agárrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me +caso... Sí, estudiante y todo. Mi padre pondrá el grito en el cielo; +pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona +del Omnipotente...». + +Las risas de Isidora oíanse desde lejos. Al llegar al barrio de +Salamanca guardaron más compostura y desenlazaron sus brazos. Descendían +por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor +continuo que de abajo venía. + + +=--IV--= + +«¿Hay aquí algún torrente?--preguntó a Miquis. + +--Sí, torrente hay... de vanidad. + +--¡Ah! ¡Coches!... + +--Sí, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria +arrastrada». + +Isidora no volvía de su asombro. Era el momento en que la aglomeración +de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La +obstrucción del paseo impacientaba a los cocheros, dando algún descanso +a los caballos. Miquis veía lo que todo el mundo ve: muchos trenes, +algunos muy buenos, otros publicando claramente el _quiero y no puedo_ +en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza +especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente +tronada; veía las elegantes damas, los perezosos señores, acomodados en +las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha +sonrisa, vistosa confusión de colores y líneas. Pero Isidora, para quien +aquel espectáculo, además de ser enteramente nuevo, tenía particulares +seducciones, vio algo más de lo que vemos todos. Era la realización +súbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida. +Habíala soñado, la había visto, como ven los místicos el Cielo antes de +morirse. Así la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando +dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de +los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como +a los del artista la inverosímil figura del hipogrifo. Los bustos de las +damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta +cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas, +las pieles, producían ante su vista un efecto igual al que en cualquiera +de nosotros produciría la contemplación de un magnífico fresco de +apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y +flotantes paños. + +¡Qué gente aquella tan feliz! ¡Qué envidiable cosa aquel ir y venir en +carruaje, viéndose, saludándose y comentándose! Era una gran recepción +dentro de una sala de árboles, o un rigodón sobre ruedas. ¡Qué bonito +mareo el que producían las dos filas encontradas, y el cruzamiento de +perfiles marchando en dirección distinta! Los jinetes y las amazonas +alegraban con su rápida aparición el hermoso tumulto; pero de cuando en +cuando la presencia de un ridículo simón lo descomponía. + +«Debían prohibir--dijo Isidora con toda su alma--que vinieran aquí esos +horribles coches de peseta. + +--Déjalos... En ellos van quizás algunos prestamistas que vienen a +gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El +simón de hoy es el _landau_ de mañana... Esto es una noria; cuando un +cangilón se vacía otro se llena». + +Apareció un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo. + +«El Rey Amadeo--dijo Miquis--El Rey. Mira, mira, Isidora... No me +quitaré yo el sombrero como esos tontos. + +--Si apenas le saludan...--observó Isidora con lástima--. Pues cuando +vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesía. Mí tío el Canónigo dice que +está excomulgado este buen señor; pero el Rey es Rey». + +Pasado su primer arrobamiento, Isidora empezó a ver con ojos de mujer, +fijándose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos. + +«¡Qué variedad de sombreros! ¡Mira este, mira aquel, Miquis!... ¡Vaya un +vestidito! Y tú, ¿por qué no montas a caballo, para parecerte a aquel +joven?... + +--Es un cursi. + +--Y tú un veterinario... ¡Qué hermosas son las mantillas blancas! Es +moda nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo +que es cosa de política. Mi tío el Canónigo decía... + +--Hazme el favor de no nombrarme más a tu tío el Canónigo, quiero decir, +a mi querido tío... Esto de las mantillas blancas es una manifestación, +una protesta contra el Rey extranjero. + +--¡Qué salado! Si yo tuviera una mantilla blanca también me la pondría. + +--Y yo te ahorcaría con ella. + +--¡Ordinario! + +--Tonta. + +--Esta gente--afirmó Isidora con mucho tesón--sabe lo que hace. Es la +gente principal del país, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la +que puede, la que sabe. + +--Trampas, fanatismo, ignorancia, presunción. + +--¿Pues y tú?..., grosero, salvaje, pedante... + +--Isidora, mira que eres mi mujer. + +--¿Yo mujer de un albéitar?... + +--Isidora, mira que te cojo... y ni tu tío el Canónigo te saca de mis +manos. + +--Basta de bromas. ¡Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros +gustos son diferentes. + +--Su gusto de usted, señora, se amoldará al gusto mío. Eso se lo +enseñará a usted mi secretario, que es una vara de fresno. + +--¡A mí tú!--exclamó ella con brío, deteniéndose y mirándole. + +--No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de mí lo que +gustes... + +--Eso ya es otra cosa... + +--Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrás tres +coches, catorce sombreros y la mar de vestidos... + +--¡Si yo no me caso contigo!...»--declaró la joven en un momento de +espontaneidad. + +Había en su expresión un tonillo de lástima impertinente, que poco más o +menos quería decir: «¡Si yo soy mucho para ti, tan pequeño!». + +«Falta saberlo. Te casarás por fuerza. Te obligaré. Tú no me conoces. +Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beberé tu sangre... + +--¿Qué es eso de Han de Islandia?--preguntó ella en su prurito de +ilustrarse. + +--Han de Islandia es berenjenas. Déjese usted de sabidurías. Coser, +planchar y espumar el puchero. + +--No espumaré yo el tuyo, paleto. + +--¡Marquesa de pañuelo de hierbas! + +--Sacamuelas». + +Los dos se echaron a reír. + +«No te quiero--murmuró Isidora. + +--Pues me echo a llorar. + +--No te quiero ni pizca, ni esto. + +--Pues yo te adoro. Mientras más me desdeñas, más me gustas. Cuando +pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no sé qué me da... Se me +antoja robarte. + +--¡Y cuánta gente a pie!--exclamó ella sin hacer caso de las gracias de +Augusto. + +--Aquí, en días de fiesta, verás a todas las clases sociales. Vienen a +observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre +cada una, para asaltarse. El caso es subir al escalón inmediato. Verás +muchas familias elegantes que no tienen qué comer. Verás gente +dominguera que es la fina crema de la cursilería, reventando por parecer +otra cosa. Verás también despreocupados que visten con seis modas de +atraso. Verás hasta las patronas de huéspedes disfrazadas de personas, y +las costureras queriendo pasar por señoritas. Todos se codean y se +toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres +ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de +alcanzar una posición superior, principia por aparentarla. Las +improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no +hay un solo número uno que no quiera elevarse a la categoría de dos. El +dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el +cuatro dice: «Si yo soy cinco», y así sucesivamente. + +--Ya se van los coches»--dijo Isidora, que apenas había oído la charla +de su amigo. + +Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna, +los carruajes rompen filas y se dirigen hacía el Prado. Es tan +reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora. +Isidora notó la confusión del desfile al galope, tomándose unos a otros +la delantera, escurriéndose los más osados entre el tumulto; y oía con +delicia el chasquido de látigos, el _¡eh!_... de los cocheros, y aquel +profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo húmedo entre +los crujidos de la grava. Ella habría deseado correr también. Su +corazón, su espíritu, se iban con aquel oleaje. Allá lejos brillaban ya +no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se +forma con el vaho de la población, las evaporaciones del riego y el +continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban +iluminando hasta formar una claridad fantástica, cual irradiación +lumínica del suelo mismo. Viendo cómo los coches se perdían en aquel +fondo, Isidora apresuró el paso. + +«Vámonos por aquí--dijo Miquis, desviándola de los paseos para subir +hacia el Saladero y acortar camino. + +--¡Jesús!, siempre me llevas por lo más feo, por donde no se encuentran +más que tíos. ¿Hay también aquí ventorrillos? + +--¿Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda. + +--No, no, no. Basta de paseos. Esto no está bien... ¡Qué se dirá de mí! +Para calaverada, basta. + +--¡Maldita sea la hora en que nací!--gruñó el estudiante--. ¿Dejarte +ahora, separarnos?... ¿Vas a tu casa? + +--Sí, hombre. ¡Qué dirán! + +--¡Oh!, sí, ¡qué dirán los marqueses de Relimpio! + +--No son marqueses, pero son personas honradas. + +--¿Quieres ir esta noche al Teatro Real?». + +¡El teatro Real! Otro golpe mágico en el corazón y en la mente de la +sobrina del Canónigo. + +«Pero a eso que llamas paraíso, ¿van personas?... + +--¿Personas decentes?... Lo más decente de Madrid, la flor y nata». + +Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche, +convinieron en que este convidaría también a las niñas de Relimpio. A +esto debía anteceder la presentación reglamentaria de Augusto en el +domicilio de D.ª Laura, para lo que se acordó, tras cortas vacilaciones, +una mentirijilla venial. Isidora diría que al volver a su casa desde la +de su tía se había encontrado al joven, amigo íntimo, deudo y aun +pariente lejano del señor Canónigo. Era, no ya estudiante, sino médico +hecho y derecho, y bien podía prestar servicios tan excelentes como +gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud. + +Despidiéronse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le +parecían nunca bastante fuertes. Isidora subió sumamente fatigada. Las +de Relimpio le dijeron que había venido a visitarla un caballero de muy +buen porte. Entró la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratísima +sorpresa. Sobre la cómoda había una tarjeta con el pico doblado. + + + + +Capítulo V + +Una tarjeta + + +El corazón quería salírsele del pecho al ver los bonitos caracteres que +decían: + +_El marqués viudo de Saldeoro_. + +Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los +ojos del sortilegio que sin duda contenían las letras negras del nombre +y las pequeñitas de las señas: _Jorge Juan, 13_. Las emociones varias +que se sucedieron en Isidora, las cosas que pensó en rápido giro de la +mente, no son para contadas. Todo se resolvió en alegría, de la que se +derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos +expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero +que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo +más pronto posible, el día siguiente. + +Su buen tío había escrito a dos principales señores de Madrid, hijo y +padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave +negocio de reclamar su posición y herencia. ¡Cosa extraña y digna de +gratitud! Una de las personas a quienes venía recomendada, el hijo, el +marqués de Saldeoro, de cuya gallardía y proezas galantes habían llegado +noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino +que, dando una prueba más de su acatamiento al bello sexo, apresurábase +a visitarla en tan humilde morada... + +Y como la impresionable joven, cuando se entretenía en ver las cosas por +su faz risueña y en hacer combinaciones felices llegaba a límites +incalculables, empezó a ver llano y expedito el camino que antes le +pareciera dificultoso; pensó que se le abrirían voluntariamente las +puertas que creyó cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien. +Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad +en su mente al marqués de Saldeoro, favorito de las damas, según decían +lenguas mil; le tuvo delante, le oyó hablar agradecida, le preguntó +ruborizada; construyó, si así puede decirse, con material de +presunciones y elementos fantásticos, la visita personal que al +siguiente día no podía menos de realizarse. + +Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a +quien adornado suponía de seductoras cualidades, fueron un desdén muy +vivo hacia el pobre Miquis y una vergüenza de las escenas de aquel día. +El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla +cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las +carreritas, se reprodujeron en su imaginación como un sabor amargo y +malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Habían sido aquellas +aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posición futura, que +diera cualquier cosa porque no hubieran pasado. + +Tan metida en sí misma estaba con estos bochornos y aquellas alegrías, +que apenas comió. Como recordara en la mesa que debía hablar algo de +Augusto para preparar su presentación, dijo que era un estudiante pobre, +un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, más músico +que médico y más médico que fino. Cuando Augusto llegó, negose Isidora a +ir al teatro, porque le había dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron +ir tampoco, y el buen estudiante quedó en la situación más desairada del +mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba, +hasta dominar las situaciones más difíciles, bien pronto cautivó a la +familia con sus donaires. Doña Laura propuso jugar a la brisca; trajo D. +José de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestífera +llama del petróleo mal encendido, formaron el más alegre corrillo que +vieron casas de huéspedes. + +Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se +encerró. + +«Ese pobre Miquis--decía--es un buen muchacho, pero tan ordinario... +¡Pobrecillo!, me da lástima de él; pero ¿qué puedo hacer? ¿Puedo hacer +yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?... +Está que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegraré mucho de +que sea un hombre de provecho. Necesitará protección de las personas +acomodadas, y en lo que de mí dependa...». + +Se acostó, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el +horno siempre encendido de su imaginación a la visita del día siguiente +y a las consecuencias de la visita. El marqués de Saldeoro entraba; ella +le recibía medio muerta de emoción, le hablaba temblando; él le +respondía finísimo. ¡Y qué claramente le veía! Ella rebuscaba las +palabras más propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde +se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha... +Él era el más cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy +agradecida... Él dejaría su sombrero en un sillón... Ella tendría +cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo +mejor de la visita hubiera una catástrofe... Él había de dirigirle +alguna galantería discreta... Ella tenía que prever todas las frases de +él para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones... +¡Cielo santo!, y aún faltaba una larga noche y la mitad de un larguísimo +día para que aquel desvarío fuera realidad... + +Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... ¡Qué pensaría el +caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no podía mirar +sin sentir pena las tres láminas que ornaban las paredes empapeladas de +su cuarto. Aquí una vieja estampa sentimental representaba la _Princesa +Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo_; +allí el cuadro del _Hambre_; enfrente, dos amantes escuálidos, +esmirriados y de pie muy pequeño, él de casaca con mangas de pemil, ella +con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si +D.ª Laura no se incomodase, Isidora arrojaría a la calle las tres +laminotas... Pues, ¿y la cómoda con su cubierta de hule manchado? Más +valía no verla... Pero ella se levantaría temprano y fregotearía bien la +cómoda, el lavabo de tres patas y haría maravillas de orden y +limpieza... Después compraría una corbata bonita... Rogaría a D.ª Laura +que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de +percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasaría al siguiente +día, pensó los sucesos del tercer día y los del otro y los del mes +próximo, y los del año venidero, y los de dos, tres o cuatro años más. + +Dejémosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la +noche, cuando todo ruido cesara en la casa. ¿Era aquello felicidad o +martirio? Dice Miquis, y quizás dice bien, que no existiría ni siquiera +el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al +niño el juguete, el consuelillo de esperarla. + + + + +Capítulo VI + +¡Hombres! + + +=--I--= + +Aquella buena mujer que pared por medio de _la Sanguijuelera_ vivía, +tenía por consorte a un rico mercader americano. Entiéndase bien que lo +de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico), +y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Américas que +están de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pingües y +lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la +procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y +residuos de carbón en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por +fétidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para +nada. + +Modesto Rico tenía un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas, +hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y +tinteros de cobre. Era además lañador y lañaba de lo lindo. Ganaba poco, +y este poco se lo quitaba su afición a la horchata de cepas. Animal más +digno de desprecio y lástima no se ha visto ni verá. Una y otra vez en +el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, hacía sus +cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o +simplemente con la mano, más dura que granito. + +Pues de esta unión había nacido un niño, el más bonito, el más gracioso, +el más esbelto, el más engañador y salado que en el barrio había. +Contaba a la sazón diez años, que parecían doce, según estaba el rapaz +de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la +cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ángel chapado a lo +granuja, las mejillas dos rosas con rocío de fango; y su frente clara, +despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar +besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y +gallardía de su cuerpo alto y delicado, estaba más orgullosa de él su +madre que si hubiera parido un príncipe. Hablaba el lenguaje de su edad, +con graciosos solecismos, comiéndose medio idioma y deshuesando el otro +medio. Si en el Cielo hay algún idioma o dialecto, el oír cómo lo +destrozan los ángeles será el mayor regocijo y entretenimiento del Padre +Eterno. + +Hacía grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban también +_Palo--con--ojos_) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa +apropiada a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza +no le permitía el lujo más ansiado de su corazón. Pero allá Dios le daba +a entender, con guiñapos del Rastro y otros arreglados por ella, +conseguía vestirle a su placer, y se recreaba en él; mirábase en aquel +espejo que era su vida y sus amores; se henchía de satisfacción oyendo +los encomios que del muchacho hacían las vecinas. Para los domingos +tenía un pantalón azul, más bien recortado que corto, unas botas usadas, +de segunda mano, o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre +cuidaba de planchar el sábado. Pero lo más lindo era una chaquetilla de +felpa roja, tan raída como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias +una faja hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas, +con lo que el muchacho parecía un sol, más que un príncipe, algo de +sobrenatural en belleza y gallardía, como un Niño Jesús vestido de +torero. Desde que apareció por primera vez en la calle de Moratines, le +pusieron por apodo _el Majito_, y así se llamó toda su vida. Su nombre +era Rafael. Decían los vecinos que todas aquellas galas habían sido de +niños muertos y de despojos allegados, sabe Dios cómo, del obscuro borde +de la tumba. No nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razón las +murmuradoras, ello es que _el Majito_ estaba majísimo con aquellos +arreos. + +Lo que vamos a contar pasó en un domingo. _El Majito_ salió brincando de +su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa +_Palo--con--ojos_; mas no era fácil que el regocijo se pintase en su +cara, por tenerla casi toda cubierta con un pañuelo, a causa del dolor +de muelas y de la hinchazón que estaba sufriendo aquel día. Y aun así no +faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto, +ni la canastilla y peinas. Era la carátula más grotesca que imaginarse +puede, pues uno de los lados de su rostro parecía calabaza, y era tal el +peso, que no separaba de aquella parte la mano. + +_El Majito_ se metió de un salto en la tienda de _la Sanguijuelera_. +Esta solía mimarle y le obsequiaba unas veces con piñones y otras con +azotes. + +«Hola, lagartijilla, ¿ya estás aquí?... No enredes en la tienda, porque +vas a cobrar. + +--¿Y _Pecado_? + +--En el taller... Dios le tenga allá...». + +Aquel día, aunque era festivo, el soguero tenía trabajo hasta las doce. +No había querido ir Mariano; pero su severa tía le cogió por una oreja, +y... ¡Valiente holgazán! + +«¿Y _Pecado_?--volvió a preguntar _el Majito_. + +--Te digo que está en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me +la rompes, vas a ver. ¡Eh, eh! No te encarames, o te vas de aquí más +pronto que la vista. + +--¿En dónde está _Pecado_?». + +Para preguntar, los sabios y los chicos. _La Sanguijuelera_, cansada de +responder a la misma pregunta, le cogió con una mano los dos carrillos, +estrujándoselos, con lo que la boca del _Majito_ resultó como una +guinda. Le dio un beso en ella, diciéndole: «¡Qué pesado eres..., y qué +rebonito!». + +«¡Suéltame, vieja!--exclamó Rafael, limpiándose la cara. + +--Eso es, frótate, bobo... Y me has llenado de babas. + +--¿Y _Pecado_? + +--¡Toma _Pecado_!». + +Y le arreó dos nalgadas. Como un jilguero saltó _el Majito_, y de un +brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y +con un tercer brinco se metió en el aposento donde Encarnación vivía, el +cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difícilmente +se podría determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal +laberinto, lo que allí había; pero _el Majito_, que conocía el local +como un ratón conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subió +a eminencias que parecían camas; descendió a negros abismos que parecían +arcones abiertos; trepó por las gastadas graderías de un estante viejo; +se arrastró por suelos polvorientos; metió su brazo por tortuosas +grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda +buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurría y deslizaba en +silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio +una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergió como el +nadador en persecución de la perla. + +Era un rincón obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes +apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartón, de cuero, de +metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos +militares, desechados por inútiles en la liquidación de un bazar de +juguetes. _El Majito_ miró y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles +ojos veían en la obscuridad aquel montón de cosas. Era un cuadro en las +profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos +entre el lívido verdor del agua. Las arañas se paseaban sobre los +objetos, pero Rafael no les tenía miedo. Las correderas entraban y +salían por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero _el Majito_ +tampoco las tenía miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y +eligiendo. Fuerte cosa era decidir cuál objeto tomaría. Por último, +decidido, tiró de una brillante empuñadura y sacó un sable. Después +revolvió el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto +el corazón de ratero y tomó lo que brillaba. Era un sombrero que parecía +escudilla, un ros de cartón, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de +papel dorado pegadas en redondo. _El Majito_, que tan poco sabía del +mundo, sabía que los tres entorchados son la insignia del capitán +general, y que esta es la jerarquía más alta del ejército. ¡Vaya usted a +averiguar dónde esos diablos de chicos aprenden estas cosas! + +Se puso el ros y vio que era bueno. Empuñó el sable. Era un palito +pinchante amarrado a una empuñadura de metal, que en su origen parecía +haber sido asa de un brasero de cobre. Había en la prenda militar una +fabricación tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como +falta de medios. Autor y dueño de aquellos arreos era, como se habrá +comprendido, el famoso _Pecado_, gran amigo de cosas de guerra, y que +desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes +mecánicas. Él apandaba, no se sabe dónde, aunque es de presumir que +fuera de sus viajes por las Américas, restos de juguetes, pedazos de +hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una +navaja rota y un enorme guijarro que servía de martillo y de piedra de +afilar, hacía maravillas. + +En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa +de rapiña, sino que lo cogió en la calle, en el momento de caer de un +balcón, arrojado por unos niños. Era pieza lastimosa; pero ¡cómo se +trasformó en sus hábiles manos! Púsole visera que no tenía para lo cual +le bastó media suela de una zapatilla; lo moldeó y le dio forma, que +casi había perdido; adornole con una vistosa placa, que sacó de la chapa +circular de un botecillo de betún, y por último, con ciertos tirajos de +papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapán, le puso +sus tres entorchados. ¡Muy bien! ¡Así se hacen las cosas! El ros tuvo en +sus orígenes plata y oro, insignias de comandante. _Pecado_ le hizo +ganar de un salto la mayor jerarquía militar con una prontitud que +envidiaría la misma _Gaceta_..., ¡hala! + +Dejemos a _Majito_ con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano, +en actitud tan belicosa, que si le viera el sultán de Marruecos +convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se +limpió el polvo y las telarañas que no querían desprenderse de la felpa +de su chaqueta, y dando después tres o cuatro brincos, se puso en la +calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: «Soy _Plin_». + +¡Ser Prim! ¡Ilusión de los hijos del pueblo en los primeros albores de +la ambición, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el +alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoñar, casi +insensible, de las pasiones! Esta ilusión, que era entonces común en las +turbas infantiles, a pesar de la reciente trágica muerte del héroe, se +va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enérgica figura. Pero +aún hoy persiste algo de tan bella ilusión; aún se ven zamacucos de +cinco años, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que +quieren ser Prim o ser O’Donnell. ¡Lástima grande que esto se acabe, y +que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que +los gárrulos motes de los toreros! + +Ya lo hicimos--dijo Encarnación mirando al _Majito_--. Apandó los +chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees». + +_El Majito_ se dejó ir con grave paso por la calle de Moratines abajo. +Era el día ventoso, frío y seco, hijo maldito de la malditísima +primavera de Madrid. La pluma del ros del _Majito_ (porque una pluma de +pavo tenía) se torcía con la fuerza del viento. La cola de las gallinas +que andaban por la calle se doblaba también, obligándolas a dar tumbos +entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas, +se ponía horizontal; balanceábanse las bacías de cobre colgadas en la +puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se +rompían las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus +gorras y sombreros, los curas apenas podían andar; todo lo flotante +tendía a tomar la horizontal, y en medio de esta desolación relativa, +_el Majito_ avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente +convencido de la importancia de sus funciones. + +En la calle de Ercilla tenía ya un séquito de seis muchachos; en la del +Labrador, ya se le había incorporado una partida de diez y siete, entre +hembras y varones, siendo las primeras, ¡cosa extraña!, las que más +bulla metían. Los tres chicos del capataz de la fundición de hierro +salieron batiendo marcha sobre una plancha de latón, y pronto se +agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del +tendero, tañendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en +descargar golpes a compás sobre una lata de petróleo. Eran estos +enemigos del género humano pequeñuelos y sucios. Calzaban botas +indescifrables, pues no se podía decir a ciencia cierta dónde acababa la +piel y empezaba el cordobán. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza +a los pies. Si la basura fuera una condecoración, los nombres de +aquellos caballeritos se cogerían toda la _Guía de forasteros_. + +Al desembocar el ya crecido ejército en la plaza de las Peñuelas, centro +del barrio, agregose una chiquillería formidable. Eran los dos nietos de +la _Tía Gordita_, los cuatro hijos de Ponce el buñolero, las del +sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la +unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jamás. Había caras +lívidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres. +El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de +cabezas, inscribiendo la predestinación del crimen. Los cráneos +achatados, los pómulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponían +una máscara de antipatía sobre las siempre interesantes facciones de la +niñez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba, +cañas, varas, con esa rapidez puramente española, que no es otra cosa +que el instinto de armarse; y sin saber cómo surgieron picudos gorros de +papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron +distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una página de la +historia contemporánea, puesta en aleluyas en un olvidado rincón de la +capital. Fueran los niños hombres y las calles provincias, y la aleluya +habría sido una página seria, demasiado seria. Y era digno de verse cómo +se coordinaba poco a poco el menudo ejército; cómo sin prodigar órdenes +se formaban columnas; cómo se eliminaba a las hembras, aunque alguna +hubo tan machorra que defendió a pescozones su puesto y jerarquía. + +Crecía el estrépito, engrosaban las haces. ¿De dónde había salido toda +aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la +España futura, tal que si no la quitaran el sarampión, las viruelas, las +fiebres y el raquitismo, nos daría una estadística considerable dentro +de pocos años. Eran la alegría y el estorbo del barrio, estímulo y apuro +de sus padres, desertores más bien que alumnos de la escuela, un plante +del que saldrían quizás hombres de provecho y sin duda vagos y +criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran niños, y +tenían la fisonomía común a todos los niños, la cual, como la de los +pájaros, no determina bien los años de vida. La variedad de estaturas +más bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los años +transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir +pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a +modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de +vidrio encarnado, y con un fácil movimiento de succión le hacían entrar +en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con +presteza increíble. + +El militar paseo tenía por música, además del estruendo de las latas, el +reír inmenso de la bandada, el pío pío mezclado de voces prematuramente +roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca +de un niño nos recuerdan al feo abejón cuando sale zumbando del cáliz de +la azucena. Había en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las +patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; había +quien, mudando los dientes, escupía por el colmillo; había quien llevaba +una colilla de cigarro detrás de la oreja y una caja de fósforos en un +hueco, que no bolsillo, de la ropa. Había piernas blancas desnudas +asomándose a las ventanas de un pantalón que a pedazos se caía; había +zancas negras, esbeltas cinturas ceñidas por sucia cuerda o por tirajo +informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron +mangas; blusas que aún se acordaban de haber sido chalecos; gorras +peludas que fueron, ¡ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animación +principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de +alegrías divertidísimo. Con aquel lenguaje mudo decía claramente el +infantil ejército: «¡Ya somos hombres!». ¡Cuántas pupilas negras +brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de +iniciativa! ¡En cuántas actitudes se observaban pinitos de fiereza! +¡Allí la envidia, aquí la generosidad, no lejos el mando, más allá el +servilismo, claros embriones de egoísmo en todas partes! En aquel +murmullo se concentraban los chillidos para decir: «Somos granujas; no +somos aún la humanidad, pero sí un croquis de ella. España, somos tus +polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil». + + +=--II--= + +Llegaron a la vía férrea de circunvalación que corta el barrio, sin +valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro +como con un pariente. Sintieron silbar la máquina, y los condenados se +pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que +venía. Lo azuzaban, lo escarnecían, hasta que apareció la locomotora en +la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El +tren de mercancías pasó, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y +ellos a un lado y otro de la vía le saludaban con espantosa rechifla, le +amenazaban con puños y palos, le trataban de tú, remedaban con insolente +escarnio los bufidos de la máquina, el desengonzado movimiento de las +bielas, y por último pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El +tren les hacía tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareció +dejando atrás su humo y su ruido. + +Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con _el Majito_ a la +cabeza. ¡Ah! Todavía mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posición, +que tiempo vendrá en que las grandezas se humillen y las altas torres se +desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital +del Niño Jesús y los collados áridos que rodean el barranco. Allí no hay +casas todavía, es decir, no hay miseria. ¿Quién diréis que salió a +recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar próximo, y que todas +las mañanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enfática que +tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los miró; ellos le +miraron y se detuvieron. Hizo él la rueda y les echó una arenga, es +decir, que después de soltar dos o tres estornudos, que son la +interjección natural del pavo, les soltó esa carcajada que parece +ladrido. Los chicos se echaron a reír en inmenso coro, y el animal +volvió a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo «amados +compatricios míos...» con el cuello rojo cual la esencia del bermellón, +el moco tieso, las carúnculas inyectadas como un orador herpético. Más +gritaban ellos, más gargajeaba él. A cada voz respondía con sus +estornudos y su carcajada. Parecían aclamaciones a la patria, _vivas_ +contestados con _hurras_. Después dio media vuelta y marchó delante. Era +esa caricatura militar de antaño que se llamaba tambor mayor. El viento +le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era +el puro emblema de la vanidad. No le faltaban más que las cruces, la +palabra y la edad provecta para ser quien yo me sé. + +Había llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para +justificar su existencia. ¿Qué haría? ¿Una simple fiesta militar, o +dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la +confusión indicaban que la falange se hacía a sí misma aquella pregunta. +Bien pronto nadie se entendía allí. La discordia descompuso las filas, y +todo eran empujones, codazos, gritos. No había uno que no quisiera ser +Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qué, ¿_el Majito_ +no habían mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que +parecía un vómito de sonidos, exclamaba: «¡Abaa... jojojo _el Majito_!». + +«Miá este--dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en +jefe con el codo, así como los pollos embisten con el ala--. Dice que me +ponga detrás... Si no te callas, puñales, te pego la bofetá del siglo. + +--Pega, hombre, pega--chilló Rafael preparándose a recibirle, animoso, +imponente, con el puño cerrado, y presentando también el codo y +antebrazo como un escudo--. Vamos, hombre... + +--No vus perdáis, muchachos; no vus perdáis--dijo en tono conciliador el +del herrero, interponiéndose. + +--Ponte atrás, ¡coles!--gritó _el Majito_--. ¡Qué coles! Si no te pones +atrás, verás... + +--Que no me da la gana, hombre... + +--Achúchale, achúchale--dijeron algunos que querían ver reñir al +_Majito_ con el hijo del carbonero. + +--No vus perdáis, muchachos--volvió a decir el otro, sin soltar de la +boca sucia el caramelo largo. + +--¡Que le achuche, que le achuche!»--graznaron varios, arremolinándose. + +_El Majito_ y _Colilla_, que así se llamaba el del carbonero, se +sacudieron el primer golpe en los hombros. + +«¡Leña! + +--¡Atiza!». + +A los primeros golpes cayó a tierra el ros. Más pronto que la vista lo +cogió Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y echó a correr hacia +abajo, en dirección a las Yeserías. Allí le detuvieron dos muchachos que +subían del río; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la +puso. Mirose en un charco verdoso, y estalló en risa. En tanto la +refriega había cesado, y _el Majito_, con la cara soplada, los ojos +encendidos, el corazón hirviendo de rabia, se había subido a una colina +de las inmediatas al barranco, y desde allí gritaba que iba a matar a +uno y a reventar a seis si no le devolvían su sombrero. + +Los que subían del río eran como de doce años, descalzos, negros, +vestidos de harapos. El uno traía una espuerta de arena. Los dos +mostraban grandes manojos de una hierba que se cría en aquellas +praderas. Es una liliácea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto +silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se +chupa, ¡y es dulce! + +«¡Matacandiles!»--chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a +recibir a los dos individuos, conocidos en la república de las picardías +con los nombres de _Zarapicos_ y _Gonzalete_. + +«¿A cómo?--preguntó una voz. + +--A cinco. + +--¡Qué coles!..., a cuatro. + +--¡A cinco! El que no dé cinco no chupa. + +--Maldita sea tu madre..., ¡a cuatro! + +Y empezó un regatear febril, una disputa de contratación que retrasaba +las ventas. Pero ¿qué se vendía y qué se compraba allí? Los matacandiles +que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio +infantil, ¿se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario +lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metálico el +segundo término del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por +alfileres. + +_Zarapicos_ y _Gonzalete_ eran comerciantes. No daban un paso por +aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que +sacaran de él alguna ganancia. ¡Bien por los hombres guapos! Vivían de +sus obras y de sus manos; su casa era la capital de España, ancha y +ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincón de casa +de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por +medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos, +los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos. +Habían llegado cada uno a Madrid por distinta vía y puerta; _Zarapicos_, +por el Norte; _Gonzalete_, por el Sur. Tenían padres; pero ya no se +acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Después habían visto que +Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna +habían unido otras industrias. + +_Zarapicos_ fue durante algún tiempo lazarillo de un ciego; _Gonzalete_ +sirvió a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le +presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria +y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por +su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariñosa amistad. Ambos +aspiraban a vender _La Correspondencia_ o _El Imparcial_, pero ¡ay! +ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no están al alcance de +todos los individuos. Eran demasiado granujas todavía, demasiado +novatos, demasiado pobres, y no tenían capital para garantizar las +primeras manos. Uno de ellos logró vender _El Cencerro_ los lunes; otro +merodeaba contraseñas en las puertas de los teatros. Eran dos +millonarios en capullo. _Zarapicos_ decía a _Gonzalete_: «Verás, verás +cómo semús cualquier cosa». + +Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenían que pasar por +humillante aprendizaje y penoso noviciado. ¡Recoger colillas! Ved aquí +un empleo bastante pingüe. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y +exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafés, +consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran niños, necesitaban +juego como el pez necesita agua, y así por las tardes se iban al río a +recoger matacandiles. Allí se presentaba inopinadamente algún bonito +recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en +los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurría con +frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del +Sur, y ¡cuántas veces, junto a las fábricas, podían recogerse pedazos de +lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendían en el +Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto _Zarapicos_ como +_Gonzalete_ pudieran tocarse el titulado pantalón para sentir sonar algo +como retintín de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no +gastaban un ochavo en comer. Dos veces al día la guarnición de Palacio +da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven +los platos de latón. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman +_piri_, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de +guardia, y se la disputan a coscorrones. + +Después de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el +río. Si tenían ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la +ropa; si no, tiraban hacia las Yeserías. Aquel día cogieron tantos +matacandiles, que apenas podían llevarlos. Por la mucha abundancia, +_Zarapicos_ fijó en cinco alfileres el precio de la docena de +matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once, +manteniéndose firme este precio durante toda una semana. + +Lo mismo _Zarapicos_ que _Gonzalete_ tenían las solapas de sus deformes +chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que sólo asomaban la +cabeza. El borde de la tosca tela parecía claveteado como un mueble... +Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros +chupaban y pagaban. Muchos tenían repuesto de alfileres; otros corrían a +sus casas, encontraban a sus madres peinándose al sol, en las puertas de +las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban. + +En tanto _el Majito_, desde la cumbre de una eminencia formada por +escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que +iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvían su +sombrero. ¡Qué vergüenza! _Zarapicos_ lo tenía puesto, y estaba tan +contento de su adquisición, que amenazó al _Majito_ con subir y sacarle +las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo metía +apenas se sentían las chillonas voces provocativas. _El Majito_, cansado +de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanzó una piedra en medio +de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elástico +brazo, parecía un gallito de veleta, obedeciendo más al viento que al +coraje. _Gonzalete_, al recibir la piedra en un hombro, gritó: +«¡Repuñales! ¡Maldita sea tu sangre!». + +Entonces _Zarapicos_ tiró al _Majito_; la piedra silbó en el aire y no +hirió al muchacho, que al punto disparó la segunda suya. +Instantáneamente, sin que se dieran órdenes ni se concertara cosa +alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del _Majito_, +sin darse la razón de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban, +soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil +que venía. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con +el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacían con una celeridad +inconcebible. + +Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden +Público, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y +lúgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hábil movimiento, +nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. _El Majito_ y +los suyos ocupaban la altura, _Zarapicos_ y su mesnada el llano. Piedra +va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de +carrillos y los chichones como puños. Mientras mayor era el estrago, +mayor el denuedo: «¡Leña!, ¡atiza!, ¡dale!». ¡Qué ardientes gritos de +guerra! Ni las moscas se atrevían a pasar por el espacio en que se +cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanzó a una mujer y la +detuvo en su camino, obligándola a retirarse con la mano en un ojo. +Muchos chiquillos se retiraron también berraqueando, porque el dolor les +enfriaba los ánimos, dando al traste en un punto con todo su coraje. + +El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera +zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en +despeñadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza. +Después no es otra cosa que una sucesión de muladares, forma intermedia +entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que +juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado +de la pendiente. Allí se ven paredes hechas con la muestra de una tienda +o el encerado negro de una clase de Matemáticas; techos de latas +claveteadas; puertas que fueron portezuelas de ómnibus, y vidrieras sin +vidrios de antiquísimos balcones. Todo es allí vejez, polilla; todo está +a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de +ruinas. Al fin de aquella barriada está lo que queda de la antigua +Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por +lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este +precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen +montones de escombros y vertederos de derribos. + +La línea de circunvalación atraviesa esta soledad. Parte del suelo es +lugar estratégico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros, +por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres. +Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde él se ven +las altas chimeneas y los ventrudos gasómetros de la fábrica cercana; +pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o +tres huertecillas de coles, el cual sirve de unión entre la plaza de las +Peñuelas y la Arganzuela. En este recodo el transeúnte cree encontrarse +lejos de toda vivienda humana. Sólo hay allí una choza guardada por un +perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los +plantíos de coles. + +Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes +muchachos se corrieron desde las Peñuelas a la Arganzuela, lugar que ni +hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfacción. + +¡Zas, zas!, iban y venían los pedruscos del campo del _Majito_ al campo +de _Zarapicos_ y viceversa. Ocupaba el primero, como hábil capitán, las +alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban +por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habíalos seguido el +pavo, y colocándose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la +perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a +degüello. Más enfurecidos ellos cuanto mayor era el número de los que se +retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus +brazos, al parecer descoyuntados, elásticos, flexibles como una banda de +cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni _Zarapicos_ se acordaba +ya de los matacandiles, ni _Gonzalete_ de los alfileres. Morir matando +era su ilusión. Estaban ebrios, y los más intrépidos se reían de los +pucheros de los desanimados... + +De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejército un +movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron +«_¡Pecado!_», y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por él venía, +descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido +como los demás, el cual a cada paso lanzaba una interjección y amenazaba +con el puño. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida, +capitán de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la +granujería, angelón respetado y temido por su fuerza casi varonil, por +su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. Así no hubo +en el cotarro uno solo que no temblara al oírle gritar: «¡Estarvus +quietos!.., ¡vus voy a reventar!...». + + +=--III--= + +Detuviéronse las manos ardientes que empuñaban la piedra, y todos le +miraron. Fundábase la superioridad de _Pecado_ en la fuerza, de donde +venía la justicia, es decir, que solía dirimir contiendas de chicos, +unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones, +aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con más +frecuencia usaba. + +«¿Por qué vos zurráis?»--preguntó ceñudo, tremendo. + +_El Majito_ había salido a su encuentro. _Pecado_ era para él más que un +amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor +homérico de que dio pruebas en la altura, se trocó en llanto de +desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lágrimas, +y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclamó: + +«Picos..., mi sombrero... Yo soy _Plim_.». + +En vez de llorar, el desvergonzado _Zarapicos_ se echó a reír como un +sátiro. Con inflamados ojos miró _Pecado_ su querido ros en la cabeza de +aquel monstruo de la rapacidad, y poniéndose los brazos en jarra, habló +así: + +«¿Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a +patás. + +--¡Ladrón!»--chilló _el Majito_, sintiéndose otra vez más valiente por +la presencia de Mariano. + +Al oírse llamar con nombre tan infamante, _Zarapicos_, que era un rapaz +honrado, aunque pobre, no pudo contener el ímpetu de su ira, y echando +la mano al cuello del insolente _Majito_, le derribó en tierra, +diciendo: + +«¡Figuerero!..., ¡coles!, ¡te deslomo!». + +Pero _el Majito_ supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en +pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoquín. + +«Suéltalo»--le dijo prontamente _Pecado_ con voz y gesto de prudencia. + +_El Majito_ soltó la piedra refunfuñando feroces amenazas de asesinato. +Volviéndose a los desvergonzados comerciantes, _Pecado_ les dijo con +imperioso ademán, en que había tanta energía como orgullo: + +«Dirvos. + +--No nos da la gana. + +--Dirvos, digo.... y venga mi sombrero. + +--Miale, miale... ¿Te quieres callar? El sombrero es mío». + +Al oír _Pecado_ una afirmación tan contraria a los sagrados derechos de +propiedad, no se pudo contener más. Huyó de su corazón la generosidad, +de su espíritu la prudencia, y arremetió a _Zarapicos_ con tal empuje +que este dio algunos pasos atrás, y habría caído en tierra si no fuera +también un muchachote robusto. Lucharon, ¡ay!, con varonil fiereza. Las +bofetadas se sucedían a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De +cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos, +cayeron rodando. _Zarapicos_ debajo, _Pecado_ encima. _Pecado_ vencía, y +machacó sobre su víctima con ferocidad. El niño rabioso supera en +barbarie al hombre. ¿Habéis visto reñir a dos pájaros? El tigre es un +animal blando al lado de ellos. + +Bien molido estaba _Zarapicos_, cuando acercó a coger entre sus dientes +un dedo de _Pecado_. ¡Oh! ¡Con qué inefable delicia apretó las quijadas! +Mariano dio agudísimo grito, y saltó como gallo herido. El otro se +levantó. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergüenza, totalmente +embadurnado de fango y lágrimas. Al mismo tiempo reía y lloraba. +_Pecado_ se cegó; no veía nada; llevó la mano a la cuerda que sujetaba +sus calzones a la cintura. La última injuria que cambiaron fue referente +a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir, +arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes +les ha mecido. + +«Tu madre es una _acá_ y una _allá_. + +--Tu madre es esto o lo otro». + +_Pecado_ no dijo ni oyó más; sacó de la cintura una navajilla, +cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces había +sido juguete, y con él atacó a _Zarapicos_. Del golpe, el infeliz +chiquillo cayó seco. + +¡Hombres ya! + +Silencio terrorífico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo. +Al principio no comprendían la realidad abominable del hecho. Cuando la +comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo +horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro, +dolorido, que indica en ellos la intuición de las grandes desdichas. + +Aquello no era una travesura; era algo más. Aquello de que estaba +manchado _Zarapicos_ no era el almagre de que se pintaban alguna vez +para jugar; era sangre, ¡sangre! _Zarapicos_ no jugaba al muerto; no +hacía gestos para hacer reír a sus compañeros; no decía con voz doliente +¡madre! para representar una comedia; era que se moría realmente... +Temblando, pálido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea +de su acción, _Pecado_ arrojó el arma que había sido juguete. El +instinto le mandaba huir, y huyó. + +Alborotose en un instante el barrio de las Peñuelas. Salieron todas las +mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los +hombres corrían también. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la +calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un señor concejal y +un comisario de Beneficencia, que a la sazón paseaban por el barrio +eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar +del atentado. ¡Horror y escándalo! + +Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres gruñían; +_la Sanguijuelera_ misma salió de su tienda a buen paso, medio muerta de +terror y vergüenza, y por todas partes no se oía sino: «_Pecado_, +_Pecado_». + +La Arganzuela se llenó de gente. Unos corrían en busca del juez; otros +decían que el juez no le encontraría vivo; los más hablaban de llevarle +a la Casa de Socorro, y todos decían: «¡_Pecado_!». + +Vino corriendo el boticario con árnica y vendajes, diciendo también: +«¡_Pecado_!». El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que +por ser hombre muy grueso no podía seguirle aprisa), hacía, siguiendo a +la multitud, las consideraciones más sustanciosas sobre un hecho que, si +bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad +de Madrid. + +«Van siete casos de esta naturaleza en diez años--decía el comisario de +Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la +celeridad del paso. + +--Terrible es el matador hombre; pero el matador niño, ¿qué nombre +merece?... Dicen que este tiene trece años. + +--¡Qué país! + +--¡Pero qué país! + +--En Málaga son frecuentes estos casos. + +--Y en Madrid lo van siendo también. + +--¡Y nos ocupamos de escuelas! ¡Presidios es lo que hace falta! + +--Escuelas penitenciarias, o cárceles escolares... Es mi tema». + +Cuando llegaron al sitio de la catástrofe, los dos señores, dignísimos +representantes de lo más meritorio y venerable que hay en los pueblos +modernos, se echaron recíprocamente el uno sobre el otro estas +dramáticas exclamaciones: + +«¡Esto es espantoso! + +--Esto parte el corazón + +--Escuelas, Sr. de Lamagorza. + +--Presidios, Sr. D. Jacinto. + +--Yo digo que jardines Froebel. + +--Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil +Remington. + +--Pero qué, ¿se lo llevan ya? + +--No está muerto; pero parece grave. + +--¡Golpe más bien dado!--murmuró un chulo--. Ese chico es de _buten_. + +--¡Vaya, que la madre que parió tal patíbulo!--apuntó una de estas que +llaman del partido. + +--El asesino, el asesino, ¿dónde está?--gritó el concejal dándose gran +importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos--. +Guardias, busquen ustedes al criminal... ¡Qué País!... Pero guardias..., +los del Orden Público, ¿dónde están?». + +Pero ya la Guardia Civil había comenzado sus pesquisas. Los chicos, que +en estas cosas suelen ser más diligentes que los hombres, indicaban la +dirección que siguió _Pecado_ en su fuga. Las opiniones eran diversas. +Unos decían que se había refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros +que había tomado por la vía férrea adelante. Un naranjero, que con su +comercio portátil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se había +acercado al lugar de la pelea, aseguró haber visto al matador saltar la +tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas +que rodean el arroyo. Fundada era la declaración del naranjero. +Acercáronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinándose sobre la +punta de los pies, otros subiéndose a una piedra, miraron por encima de +las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse +en un ángulo. _Pecado_ miró con receloso espanto la hilera de cabezas +que en el borde de la tapia se le aparecía, y ante aquella visión de +pesadilla se sintió domeñado, aunque no cobarde. Terrible coro de +amenazas e injurias brotó de aquella fila de bocas, y más de cincuenta +brazos se extendían rígidos por encima de la tapia. Pero el alma de +_Pecado_ se componía de orgullo y rebeldía. Su maldad era todavía una +forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en +querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia +crecía, trájole a tal extremo. De esta manera, un muñeco abandonado a +sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo +con infernal delicia. A _Pecado_ se le conquistaba fácilmente con +hábiles ternuras. Era tan bruto, que _el Majito_ mismo, con un poco de +mimo y otro poco de esa adulación que algunos chicos manejan como nadie, +le tenía por suyo. Pero de ningún modo se le conquistaba con la fuerza. + +Así, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio +amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la +provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia +civil; cuando notó la saña con que le perseguía la muchedumbre, en quien +de una manera confusa entreveía la imagen de la sociedad ofendida, +sintió que nacían serpientes mil en su pecho, se consideró menos niño, +más hombre, y aun llegó a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan +tremendas como desconocidas para él hasta entonces, la venganza, la +protesta, la rebelión, la terquedad de no reconocerse culpable, +penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lágrimas +de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la ganó por entero el +instinto de defensa. Entrevió, como un--ideal glorioso, el burlar a toda +aquella gente, escapándose y aumentando el daño antes causado con otros +daños mayores. + +Esta era la situación moral de _Pecado_ cuando el comisario de +Beneficencia, llevado de un celo que nunca será encomiado bastante, se +empinó como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por +encima de la tapia, dirigió al criminal su autorizada y en cierto modo +paternal palabra, diciendo: + +«Mequetrefe, sal pronto de ahí, o verás quién soy». + +¡Cuánto habría dado el criminal por que cada mirada suya fuera una +saeta! Quería despedir muertes por los ojos. Cogió un ladrillo, y +apuntando a la por tantos títulos respetabilísima cabeza del apóstol de +la Beneficencia oficial, lo disparó con tan funesta puntería, que el +buen señor gordo gritó: «¡Carástolis!», y estuvo a punto de caer +desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cayó. + +¡Víctima ilustre ciertamente! + +¿Nos atrevemos a decir que la agresión inicua y casi sacrílega de que +había sido objeto el señor comisario, provocó algunas sonrisas y aun +risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que +había tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digámoslo, sí, para +eterno baldón de la clase chulesca. + +_Zarapicos_ fue llevado en gravísimo estado a la Casa de Socorro, y la +nueva víctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y +ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benéfica que sólo para +alivio de los menesterosos existía. + +«¡Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... ¡Vaya un monstruo!... +¡Carástolis! ¡Ay!, ¡ay! Sr. Lamagorza, este truhán me ha matado... ¡Qué +país!, ¡qué país!». + +Alguien apoyaba por allí cerca estas sentidas razones con otras +igualmente enérgicas, que revelaban una indignación fulminante. Era el +pavo, que avanzó haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el señor +comisario herido. En tanto _Pecado_, rápido como el pensamiento, se +subió al cobertizo y se dejó caer en el arroyo por una vertical de más +de cinco metros, deslizándose por la escabrosa superficie de tierra. +Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el público para +cogerle; pero él se escurrió por el borde del arroyo, metió los pies en +el agua cuando le faltó el terreno, y buscó un refugio en el agujero +negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada +limpia desembocaba. + +«Que le cojan ahora--dijo una mujer del pueblo, que después de la +descalabradura del señor comisario, simpatizaba, ¡oh vilipendio!, con el +criminal. + +--¡Que venga la guardia de la alcantarilla!»--exclamó el concejal +inflamado de coraje. + +Los guardias civiles y los de Orden Público trataron de remontar el +arroyo; pero venía muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun +las botas mismas. + +«¿Quién pesca ahora a ese condenado? + +--Hay una reja que no le dejará internarse. Ha de estar a cuatro o cinco +varas de la boca». + +Miraban todos y no le veían. Un guardia civil arriesgó las botas, +acercándose a la boca. Llevaba fusil. + +«Allí está--gritó--. Le veo los ojos». + +El guardia distinguía dos luceros en la obscuridad. Desde allí _Pecado_ +atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa. + +«¡Granuja!--gritó el civil--, sal de ahí o te hago fuego. + +--¡Fuego, fuego!»--clamó a lo lejos la voz del comisario, a quien +piadosas chulapas ponían una venda. + +_Pecado_ había entrado con ánimo de no parar hasta verse en lugar +seguro, aunque tuviera que ir a las entrañas de la tierra. Pero la +obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazón, aún no +suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose +entre dos especies de muerte, y vaciló... Le consolaba que los guardias +no podían entrar a cogerle. ¿Y si le hacían fuego?... Entonces se achicó +tanto, que volvió a ser niño y a tener miedo. Dirigió la mente a ciertas +ideas confusas de su tierna niñez; pero aquellas ideas estaban tan +borradas, tan lejanas, que poco o ningún alivio encontró en ellas. De +Dios no quedaba en él más que un nombre. Era como un rótulo escrito +sobre un arca vacía, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los +ricos tesoros. Nada sabía; su tía le hablaba poco de Dios, y el maestro +de escuela le había dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca +pudo comprender bien. Las nociones de su tía y las palabras del maestro +se le habían olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y +aquella vida errante de juegos, raterías y miseria. + +Sin saber cómo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo +chillaba dentro de él que se lo decía. Era criminal, y sus perseguidores +tenían razón en perseguirle, y aun en matarle atándole en un palo y +estrangulándole. Esto le hizo estremecer de espanto, ¡a él que había +visto una y otra ejecución en el Campo de Guardias sin conmoverse!... +Pero aunque se reconoció bien perseguido, su orgullo estaba allí para +aconsejarle no entregarse... ¡Fuera miedo!... Desgraciadamente para él, +estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas +físicas. Estaba cansado; en todo el día no había comido más que el +currusco de pan que le dio su tía al ir al trabajo. ¡Y había dado tantas +vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... ¡Y corrió +tanto después para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!... +¡Tenía un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y +muy señor mío. A estas insufribles molestias se unió el frío. Sus pies +desaparecían en el agua, y desde lo interior del cañón de ladrillo venía +un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. ¿Qué haría? + +Determinose entonces en él ese fenómeno de observación retrospectiva que +suele acompañar a las situaciones de gran perplejidad. El espíritu +turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que +han precedido inmediatamente a la situación terrible. Espantose de no +haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la mañana con +el apuro y desasosiego de la tarde. ¡Qué lástima haber vivido aquel +día!... ¡Qué lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No +había ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto, +porque él daba a la rueda y su tía cobraba. Pero al fin, con gusto o sin +él, allá fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertiría en el +Canal o en la Arganzuela. Había estado toda la mañana esperando con +mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las +vueltas de la odiosa rueda. Creíase motor del misterioso reloj del +tiempo. Dale que le dale, había llegado al fin la hora, y la manivela, +que para él era parte de sus propias manos, se había quedado sola en el +taller, quieta y muda. + +Sin decir adiós al maestro, porque el maestro no le saludaba a él a +ninguna hora, _Pecado_ había salido y bajado a saltos por la Ribera de +Curtidores. + +Aún le parecía ver los puestos rastreros y las manos recogiendo +cachivaches. Era día de toros. Aquellos barrios estaban muy animados. +Todo lo recordaba perfectamente; todo lo veía, como si lo tuviera +delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se +acordaba de que, al llegar a la Ronda, le había detenido el paso un +perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca. +El muchacho, impaciente y atrevido, atravesó por debajo de la panza de +una de las mulas, que por más señas era torda. Después vio un entierro; +luego encontró a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y +él..., él las había administrado un par de nalgadas a cada una, porque +eran muy bonitas... Representábase luego la llegada a su casa; recordaba +que su tía, antes de darle de comer, le había anunciado el hurto del +ros, y que él, sin poderse contener al oír tan atroz noticia, abandonó +la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanzó por el barranco +abajo en busca de la cuadrilla. Lo demás, por ser más reciente y +desagradable, se le representaba con matices aún más vivos. El +ensangrentado cuerpo de _Zarapicos_ no se quitaba ya de delante de sus +ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas +del egoísmo para producir una reacción; pero si estos ganaban algún +terreno, al punto lo perdían. Los sofismas hacían grandes esfuerzos por +destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas más hojas le +arrancaban, más lozanas las echaba ella. + +«¡Date, date, canallita!--gritó el guardia--, o te dejo seco». + +_Pecado_ miró al guardia. No, no se entregaría. Antes morir que +entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbró +el presidio, como en sus sueños infantiles había vislumbrado otras veces +el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, ¿qué podía hacer +más que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a +quien Mariano admiraba mucho por su gallardía y su simpático rostro. Se +llamaba Mateo González, y servía en el puesto de la calle del Labrador. +_Pecado_ le imitaba en el modo de andar. En sus sueños de ambición, no +se le ocurría jamás ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante +famoso, sino ser Mateo González. + +Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. _Pecado_ le vio desaparecer, +y por un momento tembló de alegría. Pero no le dio tiempo el guardia a +regocijarse, porque otra vez apareció por el arroyo adelante. En vez de +fusil, traía dos naranjas en la mano derecha. + +«¡Eh, Marianín!--gritó inclinándose para verle mejor y mostrarle lo que +llevaba--. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... ¿Ves? Si sales, te +doy estas dos naranjas». + +_Pecado_ dio un salto hacia fuera y se arrojó en brazos del guardia. + +«¡Ah tunante...!»--dijo este con alegría, echándole la zarpa al cuello y +dejándose arrebatar las naranjas. + + +=--IV--= + +Consagremos un recuerdo de consideración y lástima, en el último renglón +de esta tragedia, al digno señor comisario de Beneficencia, autor de +tantos y tan hermosos expedientes. Él solo sería capaz, si le dejaran, +de elevar en pocos años a una altura increíble, dentro de los archivos +nacionales, esos grandiosos monumentos papiráceos en que se cifra +nuestra bienandanza. Sería preciso tener corazón de estuco para no +afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceñida +por un pañuelo, corriendo en coche simón hacia la Casa de Socorro de la +calle de Embajadores, donde por la noche se vistió de la luz de los +serafines el pobrecito _Zarapicos_. + +_La Correspondencia_ recogió en el Juzgado de guardia una nota del +suceso de aquel día, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo. +Cuando lo leyeron los amigos que acompañaban al señor de Lamagorza en su +casa, y cuando este les refirió detalles del hecho, oyéronse las +exclamaciones más ardientes sobre el estado moral e intelectual del +país; se recordaron otros hechos análogos ocurridos antes en Madrid, +Valencia y Málaga, y por último se declaró con unanimidad muy +satisfactoria que era preciso hacer algo, ¡algo, sí!, y consagrar muchos +ratos y no pocas pesetas a la curación del cuerpo social. Como la prensa +alarmada acalorase el asunto en los días sucesivos, se formaron juntas, +se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies +de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron +los oradores; y otros, que ávidos estaban de dar sus nombres al público, +adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece. + +Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de +penitenciarías, de sistemas teóricos, prácticos, mixtos, sencillos y +complejos, celulares y panoscópicos, docentes y correccionales, fueron +cayendo en el olvido, como los juguetes del niño, abandonados y rotos +ante la ilusión del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos días fue +un proyecto urbano más práctico y además esencialmente lucrativo. +Ocupáronse de él juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y +con tanto espíritu de realidad, que al poco tiempo se alzó grandiosa, +provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza +de Toros. + + + + +Capítulo VII + +Tomando posesión de Madrid + + +La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe +terrible. Precisamente, cuando supo el extraño caso, hallábase en la más +lisonjera situación de espíritu que un alma juvenil puede apetecer. +Todas sus ideas tenían como un tinte de aurora; detrás de cuanto +pensaba, creía notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo +para contenerse en su alma, salía por los sentidos afuera y matizaba de +extrañas claridades todos los objetos. Nada veía que no fuera para ella +precioso, seductor, magnífico o por cualquier concepto interesante, y +hasta un carro de muertos que encontró al salir de la casa, más que por +fúnebre, le chocó por suntuoso. + +Había salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, había +salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible, +espejo de tantas alegrías, con sus calles llenas de luz, sus mil +tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los +domingos por la mañana, si esta es de abril o mayo, los encantos de +Madrid se multiplican; crecen la animación y el regocijo; hay bulla que +no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada +paso halla el transeúnte bandadas de lindas pollas, de cintura bien +ceñida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en +mano, joviales y coquetuelas. + +Las campanas dijeron algo a Isidora, y entró a oír misa en San Luis, en +cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedían a las +misas, y los fieles se dividían en tandas. Unos se marchaban cuando +otros caían de rodillas. Allí se persignaba una tanda entera, aquí se +ponía en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del +sacrificio, sonaban sin interrupción. + +«¡Qué bueno es el Señor--pensaba Isidora delante de la Hostia--, que me +allana mi camino y me manifiesta su protección, desde el primer paso que +doy para lograr mi puesto verdadero...! No podía ser de otra manera, +porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo +no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante +mí, resultaría una injusticia, una barbaridad...». + +Y luego, cuando el sacerdote consumía: + +«Bendito sea el Señor que me ha deparado la ayuda del marqués de +Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... ¡Y +qué hermosos ojos tiene, qué guapo es y con qué elegancia viste! Aquello +es vestirse; lo demás es taparse... ¡Qué bien habla, y cómo se interesa +por mí! Tiene razón cuando me dice: «¡Oh!, esté usted tranquila, que si +esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ahí tenemos los +tribunales. ¡Es asunto ganado!». ¡Oh! Sí, los tribunales. ¡Qué bonitos +son los tribunales!... Todo será cuestión de algunos meses. Después...». + +Por la mente de Isidora pasaba una visión tan espléndida, que a solas y +en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa +muchacha sonreía. + +«No es caso nuevo ni mucho menos--decía--. Los libros están llenos de +casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas veces...! ¿Y +qué cosa hay más linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy +pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa +joven, que es bonita como los ángeles y, por supuesto, honrada, más +honrada que los ángeles, llora mucho y padece, porque unos pícaros la +quieren infamar; y luego, en cierto día, se para una gran carretela en +la puerta, y sube una señora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y +hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que +la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde +calavera? Por lo cual de repente cambia de posición la niña, y habita +palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza, +la pretendía, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. ¿Pies, para +qué os quiero?». + +Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la señal de la cruz +sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un +Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que parecía decir: «Abur, +Dios». + +En la puerta, las vendedoras de flores entorpecían el paso de la gente, +y alargaban sus manos con puñados de rosas y otras florecillas, +gritando: «Un ramito de olor...». «Cuatro cuartos de rosas». Isidora +compró rosas para acompañarse de su delicado aroma por todo el camino +que pensaba recorrer. Al punto empezó a ver escaparates, solicitada de +tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a +la calle salía, y origen de vivísimos apetitos que conmovían su alma, +dándole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de +contemplar su faz en el vidrio para ver qué tal iba, devoraba con sus +ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda. + +¡Cuántas invenciones del capricho, cuántas pompas reales o +superfluidades llamativas! Aquí las soberbias telas, tan variadas y +ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad; +allí las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mérito, en los +estuches negros...; más lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas, +chucherías que enamoran la vista por su extrañeza, objetos en que se +adunan el arte inventor y la dócil industria, poniendo a contribución el +oro, la plata, el níquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina, +el azabache, el ámbar, el latón, el caucho, el coral, el acero, el raso, +el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrín, la porcelana y hasta el +cuerno...; después los comestibles finos, el jabalí colmilludo, la +chocha y el faisán asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil +y mil cosas aperitivas que Isidora desconocía y la mayor parte de los +transeúntes también...; más adelante los peregrinos muebles, las +recamadas tapicerías, el ébano rasguñado por el marfil, el roble tallado +a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de +matrimonio, y por último, bronces, cerámicas, relojes, ánforas, +candelabros y otros prodigios sin número que parecen soñados, según son +de raros y bonitos. + +El hechizo que estas brillantes instalaciones producían en el ánimo de +Isidora era muy particular. Más que como objetos enteramente nuevos para +ella, los veía como si fueran recobrados después de un largo destierro. +El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducían a mirar +todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y decía: +«Con esas pieles me abrigaré yo en mi coche; en mi casa no habrá otros +muebles que esos; pisaré esas alfombras; las amas de cría de mis niños +llevarán esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usará +esas petacas, bastones, escribanías, fosforeras, alfileres de corbata; y +cuando alguno esté enfermo en casa, se tomará esas medicinas tan buenas, +guardadas en tan lindas cajas y botecillos». + +Por mirarlo todo, deteníase también a contemplar las encías con que los +dentistas anuncian su arte, las caricaturas políticas de los periódicos, +colgados en las vidrieras de los cafés, los libros, los cromos, los +palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las +condecoraciones, las fotografías, los dulces y hasta los comercios +ambulantes en que todo es _a real_. + +Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella +saliera de su destierro social, ¡qué gusto ir de tienda en tienda, mirar +todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el +objeto comprado, volver al día siguiente...! Entró en una tienda de +paraguas a comprar una sombrilla. ¡Le pareció tan barata!... Todo era +barato. Después compró guantes. ¿Cómo iba a salir sin guantes, cuando +todo el mundo los llevaba? Sólo los pordioseros privaban a sus manos del +honor de la cabritilla. Isidora hizo propósito de usarlos +constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro, +se le afinarían las manos hasta rivalizar con la misma seda. + +Después de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentación de +comprar un imperdible. ¡Cayó en la cuenta de que le hacía tanta +falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio, +vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos, +habrían de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no +tardó en enamorarse de un portamonedas. ¿Cómo podía pasarse sin aquella +útil prenda, tan necesaria cuando se tiene algún dinero? No había cosa +peor, según ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo, +expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uñas de los +rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, siguió viendo +cosas, y a cada instante emigraban de él las pesetas y los duros, ya +para tomar algo de perfumería, ya para horquillas, ¡de que tenía tanta +falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su +elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se podía pasar sin papel +de cartas, ¡ni de qué servía un papel que no tuviera timbre!... + +«Aún me queda bastante--dijo al regresar a su casa--para poner a Mariano +en un colegio y comprarle algo de ropa...». + +Hacía cuentas mentalmente; pero las cifras sustraídas eran tan rebeldes +a su espíritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordándose sabía +darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organización +mental para la aritmética les hace formar un grupo aparte en la especie +humana), veía siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente +flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores +arrastraría a la humanidad a grandes catástrofes, si no lo contrapesara +el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio. + +Isidora se había dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa +indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del +portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que +encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso sí: corazón más blando ni +que más fácilmente se enterneciera con ajenas lástimas y desdichas no +existió jamás. En su mano había quizás un vicio fisiológico, y decimos +vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el +acto de la aprehensión, o por la aprehensión formada (que en esto hay +graves diferencias entre los doctores), la suya parecía hecha para el +acto contrario, y no habría tenido razón de ser, si el dar no existiera. + +Entró en su casa tarde, cargada de compras, porque añadió a las +indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a +D. José Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las +rosas. Púsolas en un vaso con agua fresca, almorzó, y escribió dos +cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafía, ocho +plieguecillos del timbrado papel, y habría gastado más si no le dieran a +la sazón la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y salió +agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la cárcel y +ver el partido que debía tomar. Entonces cayó en la cuenta de que +necesitaría gastar algún dinero, y segura de tener bastante, registró +los huequecillos rojos del portamonedas, contó, revisó, pasó las piezas +de una parte a otra; pero por más vueltas que daba y trasiegos que +hacía, resultaba siempre que apenas tenía dos docenas de pesetas. ¿En +dónde estaba lo demás? ¿La habían robado? + +Por un momento creyose Isidora víctima de los infinitos timadores que +hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la +fuerza incontrastable de la Aritmética, que a veces se impone a sus +mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidación neta de +todo y declarose ratero de sí misma. Su siempre viva imaginación veía +las monedas que había tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los +tres duros algo anticuados y por lo mismo más valiosos. ¿En dónde +estaban? Poco a poco fue recordando que la primera había caído en tal +tienda, la segunda más allá, y que a ocupar su lugar venían pesetas +gastadas y algún duro flamante que parecía de lata. Cuando el manirroto +suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo +numismático, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la +idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la +necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceñudos +números cargados de lógica y ponen las cosas en su lugar. + +Nada sacó en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un +nuevo gasto en coches y tranvías. Acompañábala D. José Relimpio, el cual +mostró tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad +como a todas, le obsequió con un paquete de puros de a medio real. +Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, él tieso y humeante, D.ª +Laura recibió a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo: + +«Quita allá; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. ¡Contenta me +tienes! Tú, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees +que no hace falta nada más. Mejor trabajaras...». + + + + +Capítulo VIII + +Don José y su familia + + +=--I--= + +A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales +figuras de esta historia de verdad y análisis. Reconoced al punto el +original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por +Isidora. El bigotito de cabello de ángel, de un dorado claro y húmedo; +los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y +risueña, con dos pómulos teñidos de color rosa, marchita; el mirar +complaciente, la actitud complaciente, y todo él labrado en la pasta +misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el +Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel +ramillete de confitería, que llevaba entre los hombres el letrero de +José de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante. +Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo. +Era un hombre que no servía para nada. + +Tenía sesenta años. Procedía de honrada y decentísima familia. Había +sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia, +viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Había sido +empleado en Rentas, pero cumplía tan mal y se tomaba tan largas +vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro, +y se arruinó la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y +por razón de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas +entraban sin pagar. Fue marido de D.ª Laura, y gastó el reducido +patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades. + +Doña Laura, mujer de áspera naturaleza, agriada por la vejez y por el +cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le decía +con dramático acento: + +«Hombre inútil, hombre--muñeco. El día en que me casé contigo debió el +Señor haberme llevado de este mundo. ¿Para qué sirves tú, como no sea +para comer? + +--Soy tenedor de libros»--respondía D. José, satisfecho de una razón +que, a su juicio, excusaba todas las demás razones; y consideraba para +sí cuán lejos está de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia +en que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien +porque se dedicó resueltamente a ello, lo cierto era que D. José conocía +la Partida Doble como conoció Newton las Matemáticas y Colón la Náutica. +Hay afinidades verdaderamente extrañas entre el espíritu humano y los +distintos modos del saber, y aquel que por su organización parece no +prendarse de las cosas ideales y halagüeñas, encuentra en las arideces +de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia, +emprendió el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran +los más del año, y si no lo dejara a la mitad, habría sido un monumento +de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Teneduría tenía escritos +substanciosos tratados, y era de ver con qué inspirada sagacidad +explicaba la _Banca en comisión_, las _Cuentas de Resaca_, la _Gruesa +ventura a cobrar_, las _Fianzas_ y _Avales_, los _Depósitos_ y +_Mercaderías_. Suspendió el trabajo al llegar a ocuparse del precioso +tema de _Mi cuenta_, _Su cuenta_ y _Cuenta común_, y es lástima que en +tan interesante punto lo suspendiese. + +Lo extraño era que siendo D. José poseedor de los más escondidos +secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento +de sus fondos y el manejo de la casa no merecían que se emplease en +ellos una gota de tinta; pero D. José, que tratándose de hacer números +iba siempre más allá de las necesidades, tenía en su cuarto el libro +_Mayor_, el _Diario_, el _Diario provisional_, el _Mayor de mercancías_, +el de _Caja_, el de _Cuentas corrientes_, el de _Efectos a cobrar_, el +de _Facturas_, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas ponía más +números que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qué +sustancia sacaba de ello. + +Pero lo que más a D.ª Laura enfurecía era que, con ser viejo y cascado, +se mirase tanto al espejo. En efecto; además de que en su cuarto, a +solas, se pasaba las horas muertas mirándose, no entraba en pieza alguna +donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin él, se +echase una visual para examinar su empaque, y atusarse después el +bigote, o poner mano en los contados cabellos que venían flébiles y +pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla. + +«Eso es, mírate bien--le decía D.ª Laura--, para que no te olvides de +esa cara preciosa. ¡Lástima que no vengan los pintores a sacar tu figura +de gorrión mojado!». + +Don José se reía con esto. ¡Era tan bueno!... Si la miel es condición y +substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, más que +hombre, un merengue andando. Riendo decía a su cara consorte: + +«No todos tenemos la suerte de conservarnos como tú, que estás tan +hermosa y frescachona como cuando te conocí. + +--Calla, Sardanápalo. + +--La verdad por delante. Todavía, todavía... Vamos, que alguien daría un +resbalón. + +--Quita, quita--clamaba la señora con expresión de asco--. ¿Me tomas por +esas...?». + +Don José había sido un galanteador de primera. No lo podía remediar: +estaba en su naturaleza, en su doble condición de tenedor de libros y de +galán joven, y así, ya casado y viejo, no veía mujer bonita en la calle +sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre +sus amigos, solía llevar la conversación desde los temas trillados a los +motivos de amor y aventuras; y todo se volvía almíbar, hablando de pies +pequeños, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una +mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aquí y +eran pura charla, porque su timidez le ponía grillos para pasar a cosas +mayores. + +Pero aun en aquellos días de vejez y decadencia, cuando salía a tomar el +sol, embozado en su raída capita, iba a los lugares más concurridos de +muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a +seguirla con su paso vacilante, sin malicia, sólo por _rutina del +oficio_, como solía decir; y siempre que en sitio y ocasión de +apreturas, como parada militar y procesión de Corpus, se hallaba en +contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le salía a los labios, +toda acaramelada y jaleosa, para decir: «¡Cómo me gusta usted, +señora!... ¡Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee». + +Este libertino platónico era tío de Isidora en tercer grado, por ser +primo segundo de Tomás Rufete; y además la había sacado de pila. La +había visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos había profetizado, +con la seguridad de un conocedor profundo en teneduría de destinos +humanos, que la niña sería una hermosa mujer, quizás elegante y famosa +dama. ¡Cuánto se alegró de volver a verla ya crecida, y cuánto +compadeció sus desgracias, y con qué puro interés se ofreció a ella para +servirla en todo lo que hubiese menester! + +La familia Relimpio vivía pobremente, porque D. José, con ser tan +maestro en números, no había sacado de ellos ninguna sustancia. Doña +Laura conservaba una casa y una viña en Dolores, que le daban mil reales +al año. Las niñas trabajaban para las camiserías. Tenían máquina, y +cosiendo noche y día, velando mucho y quedándose sin vista, allegaban de +cinco a siete reales diarios. Melchor, el varón, no había llevado hasta +entonces un solo céntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de +ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en él grandes esperanzas. +Melchor, recién salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo +de saber como vestido de presunción, había de ser pronto un personaje, +una notabilidad. ¿No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el +axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algún axioma. + +Para pagar con desahogo la casa, la familia tenía que ceder un gabinete +a caballero decente, sacerdote, o señora viuda sin hijos. Durante tres +años proporcionáronle este alivio distintos sujetos. Vacó dos meses el +gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios, +y a más los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio +se habría resentido bastante. + +Pero las cosas vienen según Dios quiere, y no según nuestro gusto y +conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para +lo cual le inspiró aquel desordenado apetito de compras, antes +mencionado. Él se sabría los motivos de esto. Doña Laura, que gustaba de +meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas, +decía que este le había mandado a Isidora, como una plaga de Egipto, +para probar su paciencia. + +En suma, la de Rufete se quedó sin un cuarto, y su tío el Canónigo +mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. ¡Ay!, esa +gente de provincias cree que una onza es un millón. ¡Un mes llevaba la +pobre de grandes apuros, haciendo diligencias inútiles en pro de su +hermano, que en la cárcel seguía, y privada de todo, viendo tantas cosas +bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no +sólo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la +comida, sino que, por añadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad +a D.ª Laura. Diósela esta con el gesto menos gracioso que se puede +imaginar; pero la esperanza de un nuevo envío del Canónigo, a todos +consolaba. Remolón era el buen señor, y transcurrió otro mes sin que +entrase por las puertas la ansiada libranza. Áspera y recelosa D.ª +Laura, invitó a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. ¿No tenía +manos? ¿No sabía coser? ¿No trabajaban como negras aquellas dos +señoritas decentes, Emilia y Leonor? + +Isidora era hábil en la costura y en prepararla, pero no sabía manejar +la máquina. En esto era consumada maestra Emilia, la más inteligente y +trabajadora de las dos hermanas. Había llegado a amar la máquina como se +quiere a un animal querido; conocía los secretos de su maravilloso +artificio, y había hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la +engrasaba con cariño, la recorría con interés fraternal, para ver si +alguna parte o miembro de ella necesitaba reparación, y todos los días +cosía en ella con presteza increíble. Cuando llegaba la hora del reposo +la cubría y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos +costureras, una de hierro y otra de carne, hacían los pespuntes más +preciosos, largos o menudos, según fuera menester. Además de esto, +Emilia, a quien inspiraba sin duda el espíritu venturoso de Elías Howe, +dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar, +marcar y coser bastillas. + +Don José conocía regularmente la máquina (que era la _Canadiense_ de +Raymond) y sabía prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le +apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, él no se daba a +partido, bien porque le parecía impropio de varón aquel trabajo, bien +porque creyera (y esto es lo más probable) que una cuenta bien llevada +aprovechaba a la familia más que todas las costuras del mundo. A él que +no le sacaran de apuntar números, de leer _La Correspondencia_, hacer +cigarrillos y charlar. Todo lo demás era ocupación denigrante. Una noche +de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el +comedor, como de costumbre, D. José empezó a mover la máquina. + +«Papá--le dijo Emilia--, ya que no nos ayuda usted, al menos enseñe a +coser a Isidora». + +Don José quería tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse próximo a +ella, que aceptó gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco éxito. +Isidora no podía comprender aquel endiablado mete y saca de hilo +superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge +en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rápida +esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan, +se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse +después que pasa una vigésima parte de segundo. + +¡Lástima que Isidora no tuviera su espíritu aquella noche en disposición +de atender a las sabias enseñanzas de su padrino! Estaba aburridísima. +Habían pasado tres meses sin que su situación variara sensiblemente. El +Canónigo la había mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas +algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros. +Mariano continuaba en la cárcel, y la causa seguía adelante. El interés +que el público y la prensa habían mostrado por aquel grave suceso, +quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos +de pena añadía la de Rufete el ningún adelanto que en tantos días había +tenido el principal y más interesante negocio de su vida, con más otras +cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no +nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distraída estaba, de tal +modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maña de +reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y +figura de distintas personas, que no atendía a la lección más que con +los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor +forma de atención posible. + +Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado +como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada +de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre +cosas que las hacían reír. Doña Laura había abierto la ventana que daba +a un denegrido patio, por donde subía el vaho infecto de una cuadra de +caballos de lujo instalada en el fondo de él; y acomodándose en un +sólido sillón que, como señora gruesa, tenía para su exclusivo uso, se +quedó dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las +dos hermanas, tenía Relimpio máquina y discípula, y sobre aquel círculo +amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lámpara su media +luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servían no cesaban de +recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petróleo, a +la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era +darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o +para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin +acobardarse por la pestilencia del petróleo ni por la penumbra de su +avara luz, seguían trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley +de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de +mañana. + +«Ahora voy a enseñarte a llenar una canilla--decía D. José--. ¿Ves este +carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de +hilo, para lo cual se pone aquí, y con el mismo volante de la máquina se +le hace dar vueltas y...». + +Isidora fijaba los ojos en la operación; pero ¡cuán lejos andaba su +pensamiento! + +«¡Qué triste vida!--decía para sí--. La deshonra que ha echado Mariano +sobre mí me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que +Dios me desampara... Una persona me demostró interés. ¿Por qué no viene +a verme ya? ¿Qué ha pasado? ¿Qué piensa de mí?...». + +«Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la +lanzadera. Ajajá. Fíjate bien en la maña con que hay que ponerla. Pif, +ya está. Ahora viene lo más delicado. De esto depende el coser bien o el +coser mal. Atiende, hija; pon aquí tus cinco sentidos. Hay que pasar la +punta del hilo por estos agujeritos, ¿ves? + +--Será preciso que yo le escriba. ¿No me recomendó mi tío a él y a su +padre?... Pues le escribiré. Así no puedo vivir. ¡Qué triste es el +verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola, +sin amigos, sin amparo... + +--Cojo la punta del hilo, sacándola por la izquierda de la canilla, la +meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya está. Mira... +Ahora mi señor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy +bien, y después allá va por el tercero. En seguida..., que no se te +olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y +ya está. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganchó el hilo de +abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante +con los faroles. Niñas, tela. + +--Hace cerca de veinte días que no viene a verme. ¿Se habrá ido a +veranear sin despedirse de mí?... ¿Creerá que soy una impostora?... Esta +idea me mata. + +--Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dándole una vuelta al +tornillo..., atiende bien..., y después de aflojar un poco el hilo +superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas... + +--¡Qué idea me ocurre! Iré a su casa... No, eso no debe ser... Le +escribiré con cualquier pretexto... Quizás no sea preciso... El corazón +me dice que vendrá mañana... ¡Oh! Dios de mi vida, si viniera...». + + +=--II--= + +Doña Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclamó +con ira: «Siempre mirándote al espejo». + +«Mujer--dijo, riendo D. José sin dejar su obra--. Si no me miro al +espejo, si estoy cosiendo...». + +Las niñas sonreían. Algo azarada D.ª Laura despertaba del todo, y decía: +«No, no estaba dormida. Yo sé lo que me digo». + +Había en el comedor un reloj de pared que era el Matusalén de los +relojes. Su mecanismo tenía, al andar, son parecido a choque de huesos o +baile de esqueletos. Su péndulo descubierto parecía no tener otra misión +que ahuyentar las moscas, que acudían a posarse en las pesas. Su muestra +amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De +repente, cuando más descuidada estaba la familia, dejó oír un rumor +amenazante. Allí dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta +fanfarronería de ásperas ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once +golpes de cencerro. + +Doña Laura se levantó y las niñas dejaron la costura. La criada tomó el +dinero de la compra. Isidora desapareció, mientras Emilia guardaba la +máquina. Don José tenía la costumbre de acostarse una hora más tarde que +su señora y niñas, y esa hora la empleaba en leer _La Correspondencia_, +deleite sin el cual no podía pasar, y después de hacer cigarrillos de +papel, valiéndose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de +agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan +después de picadura. Echose al cuerpo el periódico, leyendo con +extremada atención las conferencias de hombres políticos, y repasando al +fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la máquina de +pitillos, meditaba sobre los sucesos del día y sobre política general. +No carecía de convicciones arraigadas en materia de gobernación del +reino. Declarábase enemigo de todos los partidos; sostenía que los +españoles debían unirse para bien de la patria, y entonces se acabarían +las trapisondas y las revoluciones. Sentía por las glorias de su patria +un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1.ª Que los ingleses +no nos devolvieran Gibraltar. 2.ª Que los ministros tuvieran treinta mil +reales de cesantía. 3.ª Que no se hubiera levantado un monumento a +Méndez Núñez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se había +enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las +ocasiones. «Nada, nada--decía--; este D. Amadeo es una persona decente». + +Cuando el reloj dio las doce, retirose D. José, dejando _La +Correspondencia_ sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba +siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendió a Relimpio, cuando se +acercó al lecho conyugal, ver a su cara mitad todavía despierta. + +«¿Estás en vela, chica?--le dijo quitándose su gorrete--. Acabo de leer +el periódico... ¡Qué cosas pasan! ¡Cómo marean a ese pobre señor! Yo +sigo en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente. + +--Déjame en paz. ¡Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa... +Valiente mocosa se nos ha posado encima. + +--Quia, quia, mujer. Es una huérfana... + +--¿Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal +juicio; pero creo que acabará mal tu dichosa ahijadita. No le gusta +trabajar, no hace más que emperifollarse, escribir cartas, pasear y +lavarse. Eso sí; más agua gasta ella en un día que toda la familia en +tres meses. + +--Quia, quia. Déjala que se lave. Pues también trabaja. Esta noche ha +tomado con tanta atención y empeño la lección de costura, que dentro de +poco coserá en máquina mejor que yo. + +--Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendrá mal fin. ¡Y qué humos, bendito +Dios, qué pretensiones! ¡Y qué morros nos pone a veces, después que la +estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos días para +poderle hablar. + +--Es una huérfana. ¿Crees tú que el Canónigo la desamparará? No, yo no +lo creo. + +--Fíate del Canónigo y no corras. Lo más gracioso..., no sé cómo me río, +es que ella está echando chispas de rabia porque no puede gastar en +bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastaría un lujo asiático, +y tendría lacayos colorados como ese Rey... + +--El cual, la verdad por delante, es la persona más decente... + +--¡Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y +el día menos pensado la voy a plantar a usted en la calle. + +--¡Laura!--exclamó tímidamente D. José, ya acostado. + +--Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el +alquiler. No quiero líos en mi casa. + +--¿Líos...? ¡Quia! + +--Líos, sí; ¿pues qué quieren decir las visitas del marqués de Saldeoro? +¿Sabes quién es ese danzante? + +--Una persona decentísima, un caballero, un joven...--murmuró Relimpio +aletargándose. + +--Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas +cosas, señorita doña Isidora. Tú, Relimpio, como eres tan alma de Dios, +no te fijas; yo sí. Ese marquesito, o lo que sea, vino aquí un día y +estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvió a la semana +siguiente, y la encerrona fue más larga, ¿te enteras? Después siguió +viniendo cada tres o cuatro días. ¡Oh, cómo se le conoce en la cara a +esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! Tú +eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrás de la puerta a +escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados; +pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he oído reír, sí, +reír mucho, pero ¿de qué...? Aquí hay algo, Relimpio; aquí hay algo». + +Don José, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a +estarlo, murmuró claramente estas dulces palabras, que salieron de sus +labios envueltas en una sonrisa: + +«¡Y qué guapa es...! + +--Quita allá, quita, esperpento. ¡Contenta me tienes!... + +--Nada, mujer; decía que D. Amadeo es una persona... + +--¡Quita, quita...! + +--¡Quia, quia...!». + + +=--III--= + +Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al +principio de la vida común, fueron enfriándose poco a poco. Isidora no +disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en +posición social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse. +Se creía tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de +prendas de vestir, de la elección de un color, flores o adorno +cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdén +compasivo. «Estas pobres cursis--decía para sí--de despepitan por +imitarme, y no pueden conseguirlo». + +Algo de verdad había en esto. Isidora tenía una maestría singular y no +aprendida para arreglarse. Con ella nació, como nace con el poeta la +inspiración, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo más bello, +sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, así como +la destreza de sus manos para colocar sobre sí misma cualquier adorno. +Poseía la rarísima afición a la sencillez, que comúnmente no se halla en +las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la +civilización primitiva o de la muy refinada cultura. Las niñas de don +José, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella, +consultándole sobre todos los arreglos de trapos que hacían. Su pobreza +les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de +la sociedad, a excepción de la jornalera, vistan de la misma manera, y +como hay un verdadero delirio en los pequeños por imitar el modo de +presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado +de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un +prócer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes, +desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que más de una vez dieron +chasco a los poco versados en fisonomías y tipos matritenses. + +Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino, +delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con +un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una +pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada día le tocaba a +una sola niña salir a paseo con D.ª Laura. Mas a fuerza de trabajar, de +desvelos y de casi inverosímiles economías, lograron vestirse y calzarse +ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda, +arreglados por ellas, bajo la inspección de Isidora, con despojos y +reliquias de otros sombreros que conseguían de balde en una tienda para +la cual trabajaban. ¿Qué mujer no tiene sombrero en los años que corren? +Sólo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavío; +pero día llegará, al paso que vamos, en que también lo usen. La +humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las +confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi. + +Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las niñas de D. José +se habrían horrorizado de que se les propusiera casarse con un hábil +mecánico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doña Laura +misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo +pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que +Emilia se casase con un médico, de estos chicos listos que salen ahora, +por cuya razón no veía con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a +Leonor, a quien su madre suponía dotada de un talento no común, le +vendría bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa así. + +En el paraíso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana, +tenían estas dos niñas finas su círculo de mozuelos galanteadores y +estudiantes y empleados de esas categorías ínfimas que rayan en lo +microscópico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando, +particularmente Leonor, lo que ni en sueños podían tener; y como eran +agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caían en el +lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusión de +clases en la moneda falsa de la igualdad. + +Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su +madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara allí de los Cuatro +Evangelios que de la próxima ascensión del joven Relimpio a una posición +coruscante. ¿Cómo no, si Melchor era, según D.ª Laura, lo más selecto +del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la +figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a +la gloria o a la riqueza, Melchor debía empinarse más que ningún otro +porque tenía la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era +el primer fruto del matrimonio de D. José con D.ª Laura, y aún decían +malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su +edad no pasaba de veintiséis años. Tenía la barba negra, los ojos ídem, +el pelo ídem, el entendimiento ídem; mas su filiación era difícil en lo +tocante a la primera de estas señas personales, pues muy a menudo +variaba la ornamentación capilar de su cara; de modo que si este mes se +le veía con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al año +siguiente aparecía con bigote solo; después con bigote y perilla, como +si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la +caprichosa inconstancia de sus pensamientos. + +Con ser primogénito y hombre, era el Benjamín y el niño mimado de la +casa. Todos los sacrificios parecían pocos, y se le había acostumbrado a +la humillación de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirábanle +D. José y D.ª Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o +por misterioso intento de la Providencia, había nacido del vientre de +aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tenía +razón Melchor, y las niñas podían carecer de lo más preciso para que +Melchor disfrutara de lo superfluo. Doña Laura comía mal o no comía para +que su hijo fumase bien. A D. José se le negaba el vino en la mesa para +que Melchor pudiese tomar café y no hacer un mal papel entre sus amigos. +En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de +los padres. Allí, por el contrario, le hacían a D. José chaquetas de los +gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de éste pasaban, después +de usadas, a decorar el cuello paterno. + +El bolsillo de D. José estaba siempre más limpio que patena, porque era +hombre tan derrochador que, si allegaba algún cuarto, cometía la vil +acción de comprar castañas y sentarse a comérselas en un banco del +Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera +media docena de pesetas, reunidas por D.ª Laura, Dios sabe cómo, con mil +apuros, con el enfermizo velar de las niñas y el ahorro llevado a +límites increíbles. + +Melchor había seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo, +tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no podía +degradarse en oficios mecánicos y bajos menesteres. Darle carrera poco +lucida habría sido contrariar sus altos destinos. Tenía doña Laura un +hermano, que era y es afamado ortopédico de Madrid, hombre que ha +labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que +Melchor, de quien era padrino, llegó a los quince, quiso llevarle +consigo y enseñarle aquel honrado oficio; pero tanto D.ª Laura como D. +José consideraron esto como un insulto. ¡Melchor ortopedista, arreglador +de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan +feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doña Laura oyó las +proposiciones de su hermano, no ya con indignación, sino con asco. El +joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tenía su barniz +literario, reíase de su tío el ortopédico. Sólo la idea de ir a trabajar +con él en aquella odiosa tienda le sublevaba. ¿Cómo podían entenderse él +y su tío, él tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su tío +un hombre tosco y rudo que sólo sabía hacer suspensorios y cazar, un +bárbaro que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas, y que cuando se puso el +primer tranvía hablaba de la _tripulación_ de los coches, en vez de +decir trepidación? + +Salió Melchor de la Universidad hecho, como decía Miquis, _un pozo de +ignorancia_. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tenía que +quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna sabía una +palabra. + +Se trató entonces de _lanzarle_. Era un bonito bajel, recién hecho y +pintado, al cual no faltaba ya más que hacerle flotar en el mar sin fin +de las ambiciones. El diputado por Monóvar le consiguió un destino en la +Dirección de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entendía tanto +como de cantar la epístola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho. +Desgraciadamente pasó algunos años alternando entre colocaciones +miserables y calamitosas cesantías. El joven se desesperaba, viendo la +desproporción grande entre su posición real y la artificial, que se +había creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de +vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la +familia. + +No tenía amor al estudio, porque oía decir constantemente que el estudio +de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le había +suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de +repertorio, por lo cual no era de los más callados en los cafés. +Disputaba sobre política, y aun metió su cuarto a espadas en ella, +escribiendo en algún periodiquejo. Era de notar que siempre lo hacía en +tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus +trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos +cuartos. + +Fue colocado, y durante una temporada corta se dedicó al espiritismo. Se +le veía en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del +Limbo, y llegó a adquirir esas convicciones tenaces que sólo se +encuentran en los prosélitos de los sistemas más absurdos. Muchas horas +de la noche pasaba en su casa en tétrica conversación con las patas de +las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, según él, le +decían este y el otro espíritu; y aunque tales majaderías no agradaban +mucho a D.ª Laura, por ser remachada católica, la bendita señora no le +decía una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las +telarañas de aquella ridícula doctrina. + +Pero pasó el tiempo, y con él el espiritismo de Melchor, dejando el +puesto a otros ideales más prácticos. Veía transcurrir los años sin que +sus medios pecuniarios estuvieran en armonía con sus pretensiones, ni +con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era +rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos, +tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la +fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las +levitas sembró la desesperación en el linaje humano. + +Padecía con esto Melchor horriblemente, y cada día sufría una +humillación nueva. El lujo de los demás le azotaba la cara. Paseaba. +¿Por qué era suyo el cansancio y de los demás el coche? ¿Por qué razón +el sentía el amor, y era otro el que tenía la querida? Iba al teatro. +¿Por qué era suya la afición a la música y ajeno el palco? Estas +cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la +fragua. Para colmo de pena, oía la historia de fortunas improvisadas. En +el café, en los círculos todos, se referían maravillosos cuentos, como +los de magia. Aquí un pobrete audaz había redondeado colosal ganancia en +pocos meses. Allá una idea feliz, engendrando el más pingüe de los +negocios, había hecho poderoso al que un año antes era mendigo. Mil +agentes bullían en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas +combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los +servicios y las contratas, de que resultaban los únicos milagros del +siglo XIX. + +Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las +semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba +a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrábalo de perlas D.ª +Laura; trataba él de llevarlo a la práctica, y entonces, de las +dificultades venía la muerte del plan y el engendro de otro. + +Primero tratábase de una cosa muy sencilla: «Son habas contadas, +mamá»--decía él. Consistía en combinar un sistema de anuncios con un +sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en +ellas. El plan era soberbio. Produciría millones, con tal que todos los +tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los +industriales facilitasen los anuncios. Ya se había entendido él con un +litógrafo que le haría las primeras tarjetas crómicas. + +A estas habas contadas sucedieron otras. Tratábase de una red de +tranvías aéreos. ¿El capital? Seguridad tenía de encontrarlo cuando los +banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad +de millones que podía dar de sí el negocio, y los tranvías aéreos se +quedaron en los aires. Después se trató..., también habas contadas..., +de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fósforos, luego de +montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros +delirios y extravagancias. + +Entre tantas combinaciones no se le ocurrió al joven Relimpio la más +sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesión u +oficio, con lo que podía ganar, desde un peseta para arriba, cualquier +dinero. Pero él fanatizado por lo que oía decir de fortunas rápidas y +colosales, quería la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni +conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la +mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los días a que +nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y +grandísima confusión reinaba en su espíritu. En su mente lo inverosímil +luchaba en sombrío pugilato con lo posible. ¿Saldría de este batallar +alguna idea grande, algún plan jamás soñado de otro alguno? Las visiones +de la riqueza real se peleaban dentro de él con las imágenes del +bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto más +revoltosos cuanto más distantes de ser saciados. + +Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada, +fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; ponía los codos sobre la +mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y así se +quedaba media hora o más en reposada meditación. Si había entrado +fumando, que era lo más probable, consagraba su atención a curar, +ennegrecer o _culotar_ (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de +espuma de mar, empeño que le traía muy atareado a diferentes horas del +día. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el +café oía más de un elogio por la perfección e igualdad de ella. Hay +orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era +disculpable, porque la pipa iba pareciéndose al ébano más puro y +reluciente, y el artista, después de arrojar sobre ella, +distribuyéndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el +pañuelo, y se miraba después en aquel espejo de azabache... Cuando +concluía de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de +donde no salía hasta la una del siguiente día. + +Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella +hermosura tan ponderada por D.ª Laura parecíale a ella ordinaria, y los +modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas +cualidades morales y mentales con que, en opinión de la familia, estaba +agraciado por Dios, Isidora no comprendía nada. Parecíale el más +desaforado holgazán, el más bárbaro egoísta del mundo. + + + + +Capítulo IX + +Beethoven + + +=--I--= + +El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro, +es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas señoriales +construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de +que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde +o temprano se fijaría el Rey en otra parte, hacían, en vez de casas, +enormes pabellones o tiendas de campaña, empleando en vez de lienzo y +tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artística de tales +caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades +interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los +señores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya +en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces. + +La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior, +fuera de su puerta almohadillada, por la cual entrarían sin inclinarse +los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular. +Interiormente conserva bastantes obras de mérito, como tapices, muebles +y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo +extraordinario. El abandono en que sus dueños la tienen nótase desde la +puerta al tejado, pues aunque todo está en orden y bien defendido de la +polilla, hay allí olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo +que quieran los que se empeñan en que ha de ser bueno todo lo que no es +moderno, el interés artístico de los salones de Aransis no pasa de +mediano. + +Desde el 63 todo estaba cerrado allí; sólo se abría los días de +limpieza. La casa tenía por habitantes el silencio, que se aposentaba en +las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueño, y la +obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la +luz metía sus dedos de rosa, arañando las tapicerías. De noche, ni +ruido, ni claridad, ni espíritu viviente moraban allí. + +Un día de otoño del 72 alegrose de súbito el palacio; abriéronse puertas +y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media +docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dormía sobre los +muebles. Luego sucedió traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y +preparación de luces. En medio de este alboroto, oíanse las notas +sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al día +siguiente, hubo estruendo de baúles descargados, oficiosa actividad de +lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal +inmenso, desnudo, vacío. Una señora de cabello entrecano y gallarda +estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trémula de frío, subió la +escalera, dando el brazo a un señor cacoquimio, y pasó de pieza en +pieza, sin parar hasta aquella donde debía reposar del viaje. +Acompañábanla, además del señor cacoquimio, un jovencito como de catorce +años, que llevaba tras sí, atado de una cadena, un enorme perro negro, y +cerraban la comitiva dos criadas jóvenes y guapas, que no tenían facha +de gente española. + +La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, vivía de asiento en París, en +Londres durante la temporada o _season_, parte del verano en un puerto +de Bretaña, y algunos inviernos solía venir a España para templar su +salud, no muy buena, en el clima de Córdoba, donde tenía casa y +posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco días, de paso para +Córdoba o Granada. Aquel año efectuaba su viaje a fines de septiembre, y +mostrándose, sin saber por qué, menos cariñosa que otras veces con su +patria, había dicho al entrar en la casa: «Esta vez no estaré sino tres +días». Era lunes. + +Descansó hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompañaba se +puso al piano para tocar dificilísimos ejercicios, y no lo dejó hasta la +hora de comer. Recibió luego la señora muchas visitas, comió con el +señor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salomó, el +apoderado de la casa y dos personas más, y retirose a su alcoba después +de rezar mucho. + +Empleó casi todo el día siguiente en devolver visitas y se encerró a las +cuatro. No quería recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la +repelía arrojando sobre su alma una sombra triste y lúgubre, y al mismo +tiempo la llamaba a sí y la retenían los amorosos recuerdos. Llegó la +temprana noche. La marquesa había resuelto abrir el cuarto de su hija +difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve años +antes. En tan largo espacio de tiempo no había permitido la madre que +fuese abierta por nadie la fúnebre alcoba; no había querido abrirla ella +misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero +en aquella ocasión decidiose a quebrantar su propósito. Ya desde París +había traído la idea de realizar aquel acto tristísimo. Su deseo +procedía de una piedad entrañable, del temor mismo, que a veces nos +estimula robando su aguijón a la curiosidad. + +«Lo abriré esta noche»--, pensó dando un gran suspiro, y después de +comer se trasladó a un hermoso gabinete, la mejor y más rica pieza de la +casa. En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba +mañana y tarde el jovencito que había venido con la señora; en otro el +espejo de la gran chimenea reproducía con misteriosa indecisión la +cavidad adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos +cortinas, pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa, +puerta en la cual se echaba de menos un epitafio. + +De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mérito y algunos +retratos de señores de antaño, de esos que están metidos en cincelada +armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, señal de +mando. Los muebles no eran de lo más moderno. Pertenecían a los tiempos +del tisú y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su +afectada estructura griega la disolución de los Quinientos y los +_senatus consultus_ de Bonaparte. Aunque no hacía frío, la humedad de la +desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea. + +El joven, más bien niño, entró jugando con el perro, a quien llamaba +_Saúl_. + +«No alborotes, hijo--indicó la señora, molesta por el ruido--; deja en +paz a _Saúl_». + +Poco después estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y +parecía un león de ébano. Su hermosa cabeza destacábase soberbia, +inteligente, a un tiempo cariñosa y fiera, sobre el ramaje de colores de +la alfombra, y sus ojos devolvían en chispas vivísimas la lumbre de la +chimenea. + +Trató de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo +hacía, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al +fin sonó el chasquido de la metálica lengua al recogerse. Empujada, +cedió la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostró el ámbito +negro, del cual salía un aliento de humedad estacionada, que se nutre de +las tinieblas, de la quietud, de la soledad. + +La marquesa, que se había detenido en el umbral, paralizada del temor y +respeto que aquel interior, no abierto en nueve años, le infundía, +retrocedió un instante; tomó una de las dos lámparas que en el gabinete +había, y resuelta, con devoción y ánimo, penetró en la habitación, cuya +puerta de par en par abrió. + +«Hija de mi alma, ya te hemos perdonado»--murmuró a manera de rezo, al +dar los primeros pasos. + +En el centro había una mesa, sobre la cual dejó la señora la lámpara. +Sentose en un sillón junto a la mesa, y cruzando las manos empezó a +llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la +estancia, los muebles y cortinas, y fijándola en algunos con la saña que +a veces emplea contra sí misma el alma dolorida. La sed de ver se nutría +del temor de ver, englobándose uno en otro, miedo y apetito, para que el +alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyéronse las +notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y +sencillo de escaso interés musical, pero que semejaba una advertencia, +el _érase una vez_ del cuento maravilloso. + +La marquesa no hacía caso de aquella música que estaba cansada de oír. +Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenómeno de agilidad y +de buen gusto. Había sido discípulo y era ya émulo de los primeros +pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al +muchacho a estudiar diez horas al día. Sin hacerle caso aquella noche, +ni aun darse cuenta de lo que el niño tocaba, la ilustre señora, +solicitada de otros pensamientos y emociones más crudas y reales que las +que produce la música, seguía mirando todo. No había visto aquellos +objetos desde el día en que expiró su hija. La muerte estampaba su sello +triste en todo. La falta de luz había dado a la tela de los muebles +tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido +sobre todo una neblina áspera y gris que no podía ser tocada sin +estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permanecía un jarrón con +flores que fueron naturales y frescas nueve años antes. Eran ya un +indescriptible harapo cárdeno, que al ser tocado, caía en partículas +secas y sonantes, como los despojos de cien otoños. En los muebles +finísimos de caprichosa construcción, los dorados se habían vuelto +negros. Un armario ropero de triple luna tenía las puertas +entreabiertas, y de su seno de cedro se veían salir desordenados +vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riquísimos, todo ajado y +descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que parecía +próximo a caer; si se le tocaba, en menudas partículas como las flores +de antaño. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumería podrida y +descompuesta por la vejez, salía de aquellos despojos. Veíanse también +por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un +corsé cuyo cordón suelto describía rúbricas por el suelo. + +Mirando esto, la marquesa recordó el más triste detalle de aquel día +triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyéndose bien por una de +esas raras alucinaciones del temperamento, que son la más tremenda +ironía de la muerte, había tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en +aquel instante engañosas fuerzas, se había vestido con febril ansiedad +diciendo que ya no estaba mala y que iría al teatro aquella noche. +Después había sentido de súbito como una puñalada en el corazón, y cayó +al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron +arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y +poco después dejó de existir. + +Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llevó a la marquesa a +contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato +de mujer, en cuyo agraciado rostro hacía contraste la sonrisa de los +labios frescos con la melancolía de los ojos pardos, debajo de las cejas +más galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresión de +enamorada y de burlona, y allí se echaba de ver el sentimiento hondo y +fuerte, mal disimulado con la hipocresía de un carácter superficialmente +picaresco. + +La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. ¡Era tan parecido; era la +pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distinción, +elegancia y gracia del original! ¡Qué admirable aquella circumpostura +del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval, +antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! ¡Qué palidez tan +encantadora! ¡Qué armonía entre lo enfermizo y las inexplicables +seducciones! ¡Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qué +airosa, qué viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon +en un murmullo de dolor estas palabras: + +«¡Pobre hija mía! ¡Pobre pecadora!». + +Y diciendo esto, levantose de la caja del piano próximo un murmullo +vivo, que pronto fue un lamento, expresión de iracundas pasiones. Era la +elegía de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de +estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se +trocaban en los acentos más patéticos que pudiera echar de sí la voz +misma de la desesperación. Una sola idea, tan sencilla como +desgarradora, aparecía entre el vértigo de mil ideas secundarias, y se +perdía luego en la más caprichosa variedad de diseños que puede concebir +la fantasía, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono +menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se +presentaba bañada en luz resplandeciente. El día sucedía a la noche y la +claridad a las sombras en aquella expresión del sentimiento por el +órgano musical, tanto más intenso cuanto más vago. + +De modulación en modulación, la idea única se iba desfigurando sin dejar +de ser la misma, a semejanza de un histrión que cambia de vestido. Su +cuerpo subsistía, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el +matiz duro de la constancia; a veces, en sus trémolos la vacilación y la +duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el +sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y +guerrera en las altas octavas dobles, proclamándose vencedora y rebelde. +Sentíase después acosada por bravío tumulto de arpegios, escalas +cromáticas e imitaciones, y se la oía descender a pasos de gigante, +huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyérase que todo iba a +concluir; pero un soplo de reacción atravesaba la escala entera del +piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocían, como se +reconocían, como se reconocerán y juntarán los huesos de un mismo +esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo +triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de +otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: «Yo fui +pasión, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui también arrepentimiento, +expiación, redención, luz y Paraíso». + + +=--II--= + +La marquesa, que no había dejado de mirar el rostro de su hija hasta que +las lágrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvió a rezar, y mientras +pronunciaba una oración especialmente consagrada a las ánimas, pensaba +así: + +«Dios te habrá perdonado, pobre alma querida, como te perdoné yo». + +Y empezó a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como +reflejo del cariño herido, otros punzantes y terribles como la imagen +del honor vulnerado. Recordó que si las faltas de la hija habían sido de +estas que en los términos sociales no tienen excusa, la severidad de la +madre había sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa +sintió algo que podría llamarse el remordimiento del deber. ¿Había sido +cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se +hicieron públicas, puso a la señora a punto de morir de indignación y +vergüenza. ¡Qué bien recordaba esto, y cómo se renovaban su iras con las +memorias, enardeciéndole la sangre! Ella entonces encerró a su hija, con +todo el rigor que la palabra indica. Habíala recluido en aquella +habitación, de donde no salía nunca, ni tenía comunicación alguna con el +exterior. Vivió como emparedada seis meses. ¿De que murió? No se sabía +bien. Murió de encierro, y fue víctima de la inquisición del honor. + +¡Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba +forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social, +por las manos duras de la religión. No cabían en ella las viles +condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la +civilización. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permitía +engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella +más que lo preciso, sin usar jamás frase cariñosa ni vocablo atento. La +buena señora recordaba, como se recuerda la impresión de una quemadura, +estas palabras de fuego dichas por su hija el día antes de caer enferma: +«Mamá, mátame con cuchillo; no me mates con tus miradas». + +De súbito la enfermedad, incubada perezosamente, estalló, +desarrollándose con rapidez en seis días. Desde el primero anunciose un +fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedió al instante, como el +hielo que se funde. ¡Qué bien recordaba, al cabo de nueve años, la +expresión de la cara del médico, las medicinas, los antojillos de la +enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya pedía flores, +ya helados que no había de tomar. De pronto pedía todos los libretos de +ópera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran +parte del almacén de música de Romero. «Pájaros, pájaros...». Le +llevaron media plaza de Santa Ana. «¡Oh! ¡Tengo que contestar tantas +cartas...!» Y se ponía a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que +eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla más pronto de +raíz, se alimentaba su fiebre galopante. + +«Moriste como una pobre mártir--pensó la marquesa, rezando otra vez--. +Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa +imagen de Nuestro Redentor». + +Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La +frase tenía un segundo miembro. Bien podría creerse que un alma dolorida +preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz +celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza. +Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armónico tenía +cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase melódica. A +esta seguían remedos, ahora pálidos, ahora vivos, sombras diferentes que +iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las +sabias formas laberínticas del canon sucedieron a la sencillez soberana, +de donde resultó que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos +ejemplares de una misma cosa formábase un bello trenzado de peregrino +efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio, +juntando los encantos de la mística pura a los retruécanos de la +erudición teológica. Bruscamente, una modulación semejante a un hachazo +variaba, con el tono, el número, el lenguaje, el sentido. Estrofa +amorosa, impregnada de candor pastoril, aparecía luego, y después el +festivo rondó, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y +esfuerzos de gimnasta. Enmascarándose festivamente, agitaba cascabeles. +Se subía, con gestos risibles, a las más agudas notas de la escala, como +sube el mono por una percha; descendía de un brinco al pozo de los +acordes graves, donde simulaba refunfuños de viejo y groserías de +fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos +burlescos del muchacho herido, y saltaba de súbito pregonando el placer, +el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos. + +Abriendo el pupitre de un escritorio de ébano, la marquesa revolvía +papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y temían encontrar +las cosas; fijáronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto +algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectáculo de +oprobio. «Se quemará todo esto»--dijo poniendo a un lado el paquete +execrable. Después halló un pliego en que estaba empezada una carta. La +enferma había tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas, +las dejaba. En algunas sólo se veían deformes garabatos, hechos al +rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban +ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algún +papel la melancolía había repetido muchas veces una misma palabra, +trazándola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta +ser como puntos. + +«Se quemará todo»--volvió a decir la marquesa, haciendo un montón de lo +que se destinaba a la hoguera. + +Revolviendo más, encontró un retrato. La señora puso muy mala cara al +verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvió a mirar la aborrecida +imagen, porque el odio tiene también sus embebecimientos. No bastaba +destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo. +La marquesa rompió en menudos pedazos el retrato. + +¡Cómo se reía entonces Beethoven! Su alegría era como la de Mephisto +disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de +lágrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no ponía +atención y seguía rebuscando. + +«¿Qué será esto?»--pensó al tomar un paquetito atado con cinta de color +de rosa. + +Desdobló el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que decía: +«Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por mí». + +La marquesa lloraba de nuevo. Su mano halló al instante un paquete más +chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequeña, con un papel que decía: +«Para mi niño, que hoy cumple cinco años. 12 de abril de 1863. Deseo que +sea bueno y piense en mí». + +La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudió el perro negro y +puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirándola de hito +en hito con sus ojos negros y cariñosos, a cuya dulzura nada podía +compararse. Dejó de oírse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su +mundo de sentimientos y de formas, desapareció en el silencio como una +viva luz tragada por las tinieblas. Acudió el niño músico, y asustado de +ver a la señora tan afligida, le preguntó la causa de su duelo. La +marquesa le besó en la frente, le tomó después la mano, buscó en ella un +dedo... + +«¿Es para mí esa sortija?--preguntó el muchacho. + +--Para ti. Quizás sea demasiado pequeña... Pero en el meñique bien puede +entrar. Ya está. No la pierdas. + +--¿Es regalo tuyo? + +--Sí». + +Y poco después se volvía a cerrar la triste alcoba, y retirándose +personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristísima. Y al +día siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron +con chisporroteo, que parecía una protesta contra la Inquisición, +papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas. +Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro +presenciaba con atención solemne aquel acto, retratando en sus pupilas +de endrina la llama movible que se comía, sin hartarse, las páginas del +ignorado drama. Cuando la llama se extinguía, lamiendo las últimas +cenizas, _Saúl_ bostezó con soberano fastidio. + +Y no hubo más. El piano sonó también casi todo aquel día, y al siguiente +la señora marquesa, acompañada del caballero cacoquimio, del niño +músico, de las dos criadas extranjeras y del perro, partió para Córdoba; +y el caserón de Aransis se quedó otra vez solo, frío, obscuro, mudo, +como inagotable arca de tristezas que, después de saqueada, conserva aún +tristezas sin número. + + + + +Capítulo X + +Sigue Beethoven + + +El caserón, no obstante, tenía su alegre nota. Como la voz del grillo en +una grieta del sepulcro, así era la voz del conserje Alonso, cantando +peteneras en su habitación cercana al portal y en el patio. Era un +hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Vivía allí con su +mujer enferma, de la cual no tenía hijos, y la mitad del día se la +pasaba trabajando en carpintería, por pura afición, bien haciendo marcos +de láminas, para lo que tenía especiales aptitudes, bien arreglando +muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qué +funciones había desempeñado en la casa en su juventud. Creemos que fue +montero, porque siempre acompañaba al marqués de Aransis en sus +excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la +desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino +sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros +añadía una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de +conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis. +Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que querían colocar su +dinero en fondos públicos. Y ved aquí un banquero que pasaba horas +largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y +chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de +inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en +Madrid. + +Estaba una mañana el buen hombre en el patio, cuando se abrió la puerta +y aparecieron tres personas. Una de ellas saludó con mucha afabilidad a +Alonso, el cual dijo así: + +«¡Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer +tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas +distraidillo. + +--¡Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... ¿Y cómo está +Rafaela?¿Qué tal va con las píldoras? + +--Pues no va mal. Hoy, como está el día tan bueno, le dije: «Anda, +mujer, anda a que te dé un poco el aire». Y con efecto, ha salido. Ya +sabes que un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Hará +dinero, porque estos catalanes saben ganarlo. ¿No le has oído nombrar? +Juan Bou, litógrafo. Está viudo; necesita quien le ayude a arreglar su +casa..., y con efecto, Rafaela ha ido allá... Es calle de Juanelo. Yo +debía haber ido también, y con efecto... + +--Con efecto--dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo--, +veníamos... Ya me parece que hablé a usted de ello la semana pasada. +Estos dos amigos, esta señorita y este caballero, desean ver el palacio +de Aransis. Cuentan que es tan hermoso...». + +Alonso era complaciente. Entró en su vivienda, sacó un manojo de llaves, +y señalando la escalera, dijo con formas respetuosas: + +«Pasen los señores. Verán lo que hay». + +Miquis, presentando a los que le acompañaban, no pudo reprimir sus +instintos de malignidad zumbona, y habló así con afectada finura: + +«El Sr. D. José de Relimpio y Sastre, ¡consejero de Estado!». + +Don José se inclinó turbado, sin atreverse a contestar. + +«Y su sobrina, la señorita de Rufete, que acaba de llegar de París...». + +Isidora miró a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se +atrevió a seguir. El conserje echó una mirada a la poco flamante levita +de D. José y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse +completa armonía entre el vestido y las personas. O quizás, hecho a las +burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones. +Subieron. + +«Esto es del género Luis XV--dijo con ínfulas de cicerone instruido, +enseñándoles la primera sala--. La decoró el señor marqués viejo. Aquí +todo es antiguo». + +Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como +descontenta de sí misma, se ha convenido en que sólo lo antiguo es +bueno, Miquis, que hacía el papel de artista magistralmente, empezó a +manifestar esa admiración lela de viajero entusiasta, y a lanzar +exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedándose +una buena pieza de tiempo con la boca abierta. + +«Esto es maravilloso--decía--. Vaya con las patitas de las consolas... +¡Qué elegancia de curvas! ¿Y esas cortinas con amorcillos y +guirnaldas?... ¡Pero dónde llega el techo...! ¡María Santísima! Yo me +estaría toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos niños +que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. José, en +que hoy por hoy no se hacen más que mamarrachos. Aquí tenemos un salón +que usted debía tomar por modelo para el palacio que está usted +construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted allí una pieza +tan grande; pero mucho se puede hacer todavía mandando tirar algún +tabique». + +Don José le daba con disimulo codazos y más codazos para que cesara en +sus burlas. También Relimpio creía de su deber honrar la casa que +visitaban, embobándose de admiración y lanzando interjecciones cada vez +que el bueno de Alonso señalaba un espejo, un cuadrito o el biombo de +cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara. + +«Y a ti, Isidora, ¿qué te parecen estas maravillas?--prosiguió Augusto, +cuando pasaban a otra sala--. Probablemente no te llamarán mucho la +atención, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de +aquel París... Mira, mira estos retratos de caballeros y señoras de los +siglos XVI y XVII... ¡Qué nobles fisonomías! Aquel que empuña un canuto, +semejante a los de los licenciados del ejército, debe de ser algún +guerrero ilustre. ¡Vaya unos nenes! Aquella señora de empolvado pelo, +¡cuán hermosa es y qué bien está dentro de su tonelete! ¿Y aquella +monja?... + +--Es el retrato de sor Teodora de Aransis--indicó Alonso con respeto--, +superiora del convento de San Salomó, donde murió ya muy anciana y en +olor de santidad hace diez años. + +--¡Guapa monja! ¿Qué tal, D. José?». + +Don José dijo al oído de Miquis: + +«¡Si pestañeara!...». + +Pasaron de sala en sala, cada vez más admirados; Miquis, enfático y +grandilocuente; D. José, repitiendo como un eco las exclamaciones de su +amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraños a las +emociones del arte; mirándolo todo con cierta ansiedad mezclada de +respeto, que más bien parecía el devoto arrobamiento que inspiran las +reliquias sagradas. + +Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan +delante Alonso e Isidora, D. José se llegó a Miquis y en voz baja le +dijo: + +«Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: ¡Lo que es el mundo!... +¡Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad +que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir +en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una +revolución grande, atroz. + +--Eso digo yo, Sr. D. José. ¿Por qué todo esto no ha de ser nuestro? A +ver, ¿qué razón hay? ¿Qué pecado hemos cometido usted y yo para no vivir +aquí? + +--Justamente: ese es mi tema. + +--Hay que decir las cosas muy claritas. + +--Que venga esa revolución, que venga. ¿Somos iguales, sí o no? + +--Sí--afirmó Miquis con acento de Mirabeau. + +--Así es que yo no me explico...». + +La mente de D. José caía en un mar de confusiones, hundiéndose más a +medida que veía más objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir +emitiendo juicios muy filosóficos sobre aquella revolución próxima, +cuando Miquis acertó a ver el piano. Verlo, correr hacia él, abrirlo, +hojear los papeles de música, y dar con su dura mano un acorde en la +octava central, fue cosa de un instante. + +Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo +revuelto, lo obscuro, tenía algo de mar; allí estaba su turbulento genio +escondido debajo de mil líneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que +parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rítmica hinchazón de +las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difíciles, +sólo es dado navegar al músico experto. También estaba allí la nave, +admirable construcción de Erard. No faltaba más que el piloto, el +músico, el intérprete, bastante hábil para lanzarse al abismo con ánimo +valeroso y manos seguras. Miquis sentía la inspiración en su mente; pero +sus dedos, tan adiestrados en la cirugía, apenas acertaban a manejar +torpemente algunas teclas, esto es, que no sabían apartarse de la +orilla. + +Pero tocó. Apenas podía leer la enmarañada escritura del autor de +_Prometeo_. Los sonidos equivocados, que eran los más, le desgarraban +los oídos. El tono era difícil, y anunciaba sus asperezas una sarta de +infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para +alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su +anhelo, de su furor músico, Miquis tocaba. Pero ¡qué sonidos roncos, qué +acordes sesquipedales, qué frases truncadas, qué lentitud, qué tanteos! +Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesía sublime fuera rebajada +a pueril aleluya. + +En tanto, Alonso abría la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral +de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona +muerta allí nueve años antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la +quema de papeles, de la piedad de la señora marquesa... + +«Y con efecto--añadió tocándose la punta de la nariz con la ídem del +dedo índice--; dicen, y yo estoy en que será verdad, que para el año que +viene se hará aquí una capilla... ¡Qué guapa era la señorita! ¿No es +verdad?». + +Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lástima; +Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas +femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual crecía, +dándole tantas congojas, que retiró su vista del cuadro y se apartó de +allí para no dar a conocer lo que sentía. + +Ninguno de los presentes conocía el secreto de su vida. No quería +confiarlo a D. José, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por +excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al +saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis había estado en Madrid +tres días y que ella, por ignorarlo, no se había presentado a la noble +señora. ¡Qué contrariedad tan penosa! Pasados algunos días, como +sintiese cada vez más vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no +quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se valió de Miquis, +cuya amistad con el guardián de la casa le era conocida. ¡Qué día aquel! +Todo cuanto allí vio le había causado profundísimas emociones; pero el +retrato, ¡cielos piadosos!, habíala dejado muerta de asombro y amor. + +«¡Si pestañeara!--dijo para sí aquel calaverón incorregible de D. José +Relimpio--. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonomía no me es +desconocida». + +Alonso seguía dando noticias discretas y mostrando algunas +preciosidades, a lo que atendía con mucha urbanidad el padrino de +Isidora. Pero esta no veía ni oía nada. Se había quedado de color de +cera, y temblaba de frío. Por un instante sintiose a punto de perder el +conocimiento, y a su turbación uníase, para hacerla más honda, el miedo +de darla a conocer ridículamente. Se sentó; hizo firme propósito de +serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz música de Augusto le +rompía el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo +lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y +recién castigado. + +«Música alemana, ¿eh?--indicó Relimpio con airecillo de suficiencia--. +Señor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba... + +--¡Pobre Beethoven mío!--exclamó el estudiante dejando de tocar y +haciendo un gesto de desesperación--. ¡Qué lejos estabas de caer entre +mis dedos! + +--Me parece que debemos marcharnos--dijo el tenedor de libros ofreciendo +un pitillo a Alonso, que respondió: «No lo gasto»--. ¿Nos vamos, +Augusto? + +--A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la +embajada inglesa...». + +Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de +paso lo que ya detenidamente habían admirado. Isidora se quedó atrás. +¡Qué ansiosas miradas! Sin duda querían recoger y guardar en sí las +preciosidades y esplendores del palacio... Cuando llegó a la última sala +se oprimió el corazón, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras, +sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambición, exclamó: +«¡Todo es mío!». + + + + +Capítulo XI + +Insomnio número cincuenta y tantos + + +«¡Qué hermoso palacio, Dios de mi vida! ¡Cuánto habrá costado todo +aquello! ¡Pensar que es mío por la Naturaleza, por la ley, por Dios y +por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios +no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie después +mejor el bien que me destina. Si así no fuera, Dios hubiera hecho que yo +me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazón no puede +engañarme, el corazón me dice que cuando yo me presente a ella, cuando +me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi +verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi +abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lágrimas. ¡Es tan +buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, ¡qué fiel y honrado +parece!... Siempre, siempre seguirá en la casa, con su pata de palo, que +va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles están en regla. Debo +tomar el tren y marcharme a Córdoba. ¿Y con qué dinero, Virgen +Santísima? Vaya, que mi tío se porta... Tantas promesas y tan poca +substancia. ¡Ah! ¡Señor Canónigo, cómo se conoce la avaricia! Temo +presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no están +decentes, ya mi vestido está muy _cesante_, como dice _la +Sanguijuelera_. Tanta vergüenza tengo de mí, que quisiera no hubiese +espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la +una. Yo debería dormirme. ¡Si Dios quisiera darme un poquito de +sueño!... Me volveré de este otro lado. + +»Ya siento un poco de sueño. Detrás de los ojos noto pesadez... Si no +fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha +pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueñecito, ven... ¿Pero cómo he de +dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja, +doliéndome. Está visto, no me dormiré hasta las dos. ¡Pobre, infeliz +hermano! ¡Qué afrenta tan grande para mí y para él! No, mientras esto no +se arregle y Mariano salga de la cárcel no diré una palabra, no daré un +solo paso, no veré a mi abuela... ¡Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer, +infeliz mil veces! ¿Cómo quieres dormir con tanta culebrilla en el +pensamiento? Aquí, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual +una madre grande y enroscada está pariendo sin cesar... El palacio, mi +abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego +aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme más... ¡Qué hermosos, +qué divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareció +verla viva, que me miraba y se reía, diciéndome cosas de esas que se les +dicen a los hijos. Madre querida, mándame un beso y con él un poco de +sueño. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar +de mi cabeza tanta y tanta cosa. ¡Si se lograra dormir cerrando mucho +los ojos; si se pudiera olvidar apretándose las sienes!... Me volveré de +este otro lado. ¿Para qué, si al instante me he de cansar también? Más +vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contándome cuentos. +¡Jesús, qué negro está mi cuarto! Si no duermo, vale más que encienda +luz y me levante, y abra el balcón y me asome a él... Pero no, tendré +frío, me constiparé, cogeré una inflamación, una erisipela. ¡Ay, qué +horror! Me pondré tan fea..., y es lástima, ¡porque soy tan guapa, me +estoy poniendo... divina! Aquí, recogida una en sí, y en esta soledad +del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una +decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se +le dicen nunca. ¡Qué hermosa soy! Cada día estoy mejor. Soy cosa rica, +todos lo afirman y es verdad... ¡Dios de mi vida, las dos! Este +chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su +pipa. El asno bonito se acuesta...¡Las dos, y yo despierta!... + +»¡Qué silencio en la casa! Me volveré de este otro lado... ¡Oh!, ¡qué +calor tengo! Me deslizaré a esta otra parte que está más fresca. Tengo +un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, ¿pues no me estoy +riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santísima, +sueño, sueño, olvido... Esta es otra; ¿por qué me palpita el corazón? Lo +mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido, +este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... ¡Jesús, madre +mía! ¿Qué siento? ¡Pasos en mi cuarto! ¡Alguien ha entrado!... ¡Ah!, no, +no hay nada: es como una pesadilla... ¡Cómo sudo, y qué sudor tan frío! +¡Si al menos me durmiera! ¿Pero cómo, si el corazón sigue palpitando +fuerte?... Tengamos serenidad. Corazón, estate quieto. No bailes tanto, +que me dueles... ¡Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... ¡Qué +cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el +pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, ¿por +qué no he de tener yo talento? Sí que lo tengo. Eso, antes que los +demás, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mamá mía, no has +echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que +salga de esa maldita cárcel, que se afine, que se pulimente, que se +instruya... ¡Dios me valga! ¡Las tres! + +»¿Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo. +Daré otra vuelta y cerraré los ojos; los apretaré aunque me duelan... +¿Por qué no puedo estar quieta un ratito largo? ¿Qué es esto que salta +dentro de mí? ¡Ah!, son los nervios, los pícaros nervios, que cuando el +corazón toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. ¡Qué suplicio! Me +muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, ¡qué +hermoso será! ¡Cuándo verás en ti, garganta mía, enroscada una serpiente +de diamantes, y tú, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan, +sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro, +el tórtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ahí están +esas cursis de Emilia y Leonor... ¡Cómo me agradan los terciopelos y las +felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro +con hojas de Otoño resulta lindísimo... El buen gusto nace con la +persona... + +»Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el +sueño. Al fin descansaré: bien lo necesito... Ya llegan los convidados, +mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran +ya. ¡Cuánta sonrisa, cuánto brillante, qué variedad de vestidos, qué +bulla magnífica! y... en fin, ¡qué cosa tan buena! Hay una tibieza en el +aire que me desvanece; me zumban los oídos, y en los espejos veo un +temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha +de morirse, porque no hay más remedio, que se muera aquí. ¡Jesús, qué +cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiración. Eso bien se conoce. +Acaba de llegar Joaquín y se dirige hacia mí... ¿Qué campanas son estas? +¡Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, sí estoy en mi +cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me +volveré de este otro lado... + +»El tal marqués viudo de Saldeoro está loco por mí; pero no seré tonta, +no le daré a conocer que me gusta... ¡Y cómo me gusta!... En fin, +suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. ¿Soy acaso como esas +cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se +rinde el corazón sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es +indiferente y el marqués viudito te encanta, no des a entender tu +preferencia... ¡Los hombres! ¡Ah!... que se fastidien. Se dice que son +muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo +que ambiciono para marido; y él me jura que lo será... ¡Jesús, qué cosa +tan buena! ¡Qué hermosa figura, qué modales, qué manera de vestir tan +suya...! Pero yo me pregunto una cosa: ¿dirá que me quiere porque sabe +que voy a ser riquísima?... Mucho cuidado, mujer; no te fíes, no te +fíes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para +ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo +aceptaría... ¡Humillarme yo!... Antes morir... ¡Las cinco, Virgen del +Carmen, y yo despierta! + +»No quiero pensar en Joaquín, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en +mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meteré la +cabeza debajo de la almohada. ¡Ah!, esto me da algún descanso... Hace +dos semanas que no veo a Joaquín, y me parece que hace mil años. ¡Estuve +tan fuerte aquel día!... ¡Me fingí tan incomodada! Verdad es que él fue +atrevido, atrevidísimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se +hace... Estaba fuera de sí. ¡Qué ojos, qué fuerza la de sus manos! ¡Pero +qué seria estuve yo!... Con cuánta frialdad le despedí..., y ahora me +muero porque vuelva... ¡Jesús, acaban de dar las cinco y ya dan las +seis! Esto no puede ser. Ese reloj está borracho... Tengamos calma. +Siento mucho sueño. Al fin el cansancio me hará dormir. Si yo no +pensase... ¡Qué felices deben de ser los burros!... Firme, mujer; +mientras más apasionado esté Joaquín, más fría y tiesa tú... Ya siento a +D.ª Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto. +¡Es de día y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi +cabeza, los doy, Señor, por un poco de sueño. Señor, dame sueño y déjame +tonta... + +»Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto +empezarán los pregones. Mañana, ¿qué digo mañana?, hoy es miércoles, 17. +¿Recibiré carta y libranza de mi tío? Mi tío no es; pero así le llamo. +¡El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doña Laura riñe con la +criada... ¡Maldita sea D.ª Laura! El día en que tenga con qué pagar a +esa mujer feroz, será el más alegre de mi vida... ¡Las siete ya! Quiero +dormir, aunque no despierte más. Esta cama es un potro, un suplicio. Si +dentro de un rato no duermo, me levantaré. No puedo estar así. En mi +cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. ¿Si se +morirá la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte será un +despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. ¡Cómo entra +el sol por mi cuarto! El pícaro va derecho a iluminar mis pobres botas, +que ya no sirven para nada. También da de lleno en mi vestidillo para +hacerle, con tantísima luz, más feo de lo que es. ¡Qué miserable estoy, +Dios mío! Esto no puede seguir así; no seguirá. Voy a escribir a mi tío, +a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaquín... ¡Las ocho, Dios de mi vida! +Me levanto. Dormiré mañana a la noche». + + + + +Capítulo XII + +Los Peces (sermón) + + +=--I--= + +Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles de ánima viviente... + +Y crió Dios las grandes ballenas, y toda ánima que vive y se mueve, que +reprodujeron las aguas según sus especies... Y vio Dios que era bueno. + +Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la +mar... + +(_Génesis_, cap. I, versículos 20, 21 y 22.) + +Amados hermanos míos: Feliz mil veces _la postrera de las tierras hacia +donde el sol se pone_, esta nuestra España, que concibió en su seno y +crio a sus pechos a D. Manuel José Ramón del Pez, lumbrera de la +Administración, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la +política, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos +cofradías, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipaón, indispensable en +las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para +acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un +empréstito, la nariz más fina para olfatear un negocio, servidor de sí +mismo y de los demás, enciclopedia de chistes políticos, apóstol nunca +fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio +de nuestra gloriosa apatía nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar +reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeñador mayor +por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que +vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque +más que hombre es una generación, y más que persona es una era, y más +que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y +compendio de una media España. + +Don Manuel José Ramón Pez andaba, en la época a que se refiere este +nuestro panegírico, entre los cincuenta y los sesenta años. Desde su +tierna edad servía en esta maternal Administración española. De niño +había tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que +también eran Peces por la rama materna. Más adelante se gobernó solo, y +casi siempre desempeñó elevados y ubérrimos destinos, con intervalos de +cesantías; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba +reputación de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque +esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea +puramente relativa. De sus principios políticos no queremos hablar, +porque no hay para qué. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer +que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenían por +atributo primero una adaptación tan maravillosa como la de los líquidos +a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios +líquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesión, pues +también los hay gaseosos. Si un carácter ha de formarse de una sola +pieza y de una sola substancia, descartando las demás como puramente +ornamentales, el carácter de D. Manuel se componía de una sola y +homogénea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre, +por la ley de gravitación social, a los poderosos. + +Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdicción de lo humano, que no +se consiguiera por mediación de Pez, y de aquí que Pez estuviera en +aquellos días de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo está de +ex--votos un santo milagroso. La recomendación es entre nosotros una +segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos +expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a +cumbres altísimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el +trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de +la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa +forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendación. + +No como una segunda fase de su carácter servicial, sino como una +ampliación de él, tenía don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea +protección decidida, incondicional, una protección frenética y +delirante, a la copiosísima, a la inacabable, a la infinita familia de +los Peces. En aquellos días, amados hermanos míos, desempeñaba una de +las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para +ministro. En los mismos días veríais repartidos por toda la redondez de +la Península número considerable de funcionarios que por llevar el claro +nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o +séptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Había cuatro o +cinco Peces entre los oficiales generales del ejército, todos con buenos +lotes en direcciones o capitanías generales. Los magistrados y jueces y +promotores fiscales del género Pez se contaban por centenares, +distribuidos en toda la España. Para que en todas las jerarquías hubiera +algún miembro de esta omnisciente familia de bendición, también había un +obispo pisciforme, y hasta doce canónigos y beneficiados que pastaban en +el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras públicas, capataces, +recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas, +inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, séptimos y +quincuagésimos de Gobiernos de provincia, el número era tal que ya no se +podía contar. Invoquemos el texto divino: _Crescite et multiplicamini, +et replete aguas maris_. + +De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que +hablar, porque allí los había hasta de las más bajas categorías. Sin +contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D. +Manuel era evidente, aunque remotísimo, coleaban mil y mil Pececillos, +sólo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el +apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya +de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristán. Para +decirlo todo de una vez, y concretándonos al distrito perpetuo de D. +Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos míos, recordemos +la opinión que acerca de esta gente formó el _Apóstol de las Escuelas_, +Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiológicos sacó la +clasificación siguiente: Orden de los _Malacopterigios abdominales_. +Familia, _Barbus voracissimus_. Especie, _Rémora vastatrix_. + + +=--II--= + +Amados hermanos míos: si de la Mancha pasamos, pues todo es España, a la +Dirección de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectáculo no menos +patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipaón +(que de Dios goza), había tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando +al hijo mayor, Joaquín Pez, de quien se hablará cuando le toque; +descartando también a las dos señoritas de Pez, ya casaderas, quedaban +cuatro pimpollos. Luis, de veintiséis años, tenía treinta mil reales en +la Secretaría del Ministerio; Antoñito, de veintidós Navidades, gozaba +veinticuatro en una Dirección limítrofe; Federico, de diez y nueve, se +dignaba prestar sus servicios al lado del papá por la remuneración de +catorce mil reales; Adolfito, de quince, había admitido un bollo de ocho +mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no había recibido +aún la credencial; pero la recibiría en justo galardón de su celo +persiguiendo a los ratoncillos que roían los papeles de la oficina. + +No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una +breve excursión al campo de la Aritmética. Es una observación o problema +que el público ha formado muchas veces ante ciertas antítesis, que, a +fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel +era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia +propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tenía bienes +raíces de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no debía +de tener tampoco economías. Sumando su sueldo con el sueldo de los +pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis +mil duros. Problema: ¿por qué misteriosas alquimias pasaba esta cantidad +para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales, +buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la +familia, lujosos vestidos de baile para las niñas, landó, palco a primer +turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano, +imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel +percibía de algunas compañías de ferrocarriles, quedaba la mitad del +gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados +preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por +ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y +corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se +rasca, porque ya no le escuece. + +Introduzcámonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta +redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este +matrimonio dichoso, y de esta prole dichosísima. Los tiempos eran +prósperos. Tocaba entonces estar arriba. El árbol fecundísimo del poder +protegía con su plácida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano +para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De +situación tan bella procedía en todos aquel deseo febril de goces y el +delirio de llamar la atención, de parecer mucho más de lo que realmente +eran. La señora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas +casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos habían de ser +millonarios, y además, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas +(dañadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) habían hecho suyas las +ideas de su endiosada mamá, y aún iban más lejos, y soñaban con +príncipes, ¿por qué no con reyes? + +Eran dos niñas preciosas, de hermosura delicada y frágil, de esa que +luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y +luego se disipa en el primer año de matrimonio; rubias, delgadas, +quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucían demasiado grandes en +la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser +traídas y llevadas por su mamá de salón en salón, de teatro en teatro, +de fiesta en fiesta, parecían fatigadas, pero no hartas de frívolos +pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba +que estas tales niñas apenas podían esconder, bajo el barniz de la +urbanidad, el desprecio que sentían hacia todo lo que fuera o pareciese +inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caía de la boca la +palabra _cursi_, aplicándola a este o aquel que no viviese inmergido en +el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no +comprendían las tontuelas que ellas caían también debajo del fuero de la +cursilería, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y +que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente +superior. Aquellas niñas, mil veces dichosas, no habían visto el mundo +sino por su lado frívolo; no conocían la sociedad ni su mecanismo, ni +sus orbes y gravitación admirables. Su instrucción se circunscribía a un +poco de Catecismo, una tintura de Historia, ¡y qué Historia!, algunos +brochazos de Francés y un poco de Aritmética. Pero ¿de que servían los +rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no +les cabía en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del +duque de Tal poseía en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de +malicia como de sindéresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para +ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no podía entrar la +comparación entre los diez millones de renta del duque de Tal y los +cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponiéndole Pez, y +Pez grandísimo. _Creavit Deus Cete grandia_ (los grandes cetáceos). + +Dejémoslas en paz. Eran dichosas. ¿A qué conturbar su felicidad, +picoteándola con números? Que gocen de la vida, de los verdes años. +Ocupémonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina +sino cuando le daba la gana; que había encargado un velocípedo a Londres +y había extendido él mismo la orden para que el administrador de la +Aduana de Irún lo dejase pasar sin derechos, ¡qué rasgo de genio! «Tú +irás muy lejos, niño», le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel +rasgo valía una cartera. ¡Genialidad infantil que anunciaba el embrión +de un hombre de Estado español! + +Ocupémonos también, amados hermanos míos, de Federico y Antoñito Pez, +que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filósofo (muchos +filósofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. ¡Ah! +La Economía política es una ilusión que se pierde siempre a los veinte +años. Federico se había distinguido en esos círculos de sabiduría +temprana donde centenares de ángeles juegan al discurso. Era oradorcito. +Allí era de oír lo siguiente: «El señor que me ha precedido en el uso de +la palabra...». Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es +moda que los niños de teta usen sombrero. Las controversias de los +menudos filósofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento +y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita +por Federico sobre no sé qué, pasó desde la tribuna a la prensa, +apareció en una Revista; el niño se creció; inscribiose en un círculo +más nombrado; hízose oír; le aplaudieron. Primero hablaba y luego +gritaba. Ensordecía los pasillos. Llegó a envanecerse con su facilidad +de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodríguez. Hubo de volverse +loco porque le dijeron que aún mamaba. ¡Disparate! El no mamaba sino del +presupuesto. + +Antoñito, que era el filósofo, empleaba las horas de oficina en hacer +revistas musicales para un periódico de teatros. La Filosofía y la +Música tienen un alma de diez y nueve años, una afinidad que parece +parentesco. Son dos cuerdas distintas del laúd de la tontería. Antoñito, +que había hecho en su cabeza una especie de pasta filosófica, amasando +al padre Taparelli con Augusto Comte, era además un wagnerista +furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jamás de los jamases había +oído música de Wagner. En sus artículos llamaba a todas las cantantes +_divas_, y a toda las obras _spartitos_. Era severísimo con los artistas +cuando no le daban butaca. + +Ocupémonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filósofo, ni +economista, ni músico; era jinete. Había comenzado una carrera militar, +pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasión eran los +caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba +que no tuviéramos hipódromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su +cerebro tan limpio de Aritmética, que no acertaba a comprender por qué +él tenía un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de +Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban +la cuadra de la calle de San Dámaso. He aquí una contradicción económica +ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habría tenido +quizás algo que decir. Iba nuestro galán centauro a la oficina lo menos +que podía. Estaba agregado a la Comisión de empleados que redactaban las +nuevas Ordenanzas de Aduanas. ¿Para qué había de molestarse este digno +funcionario en asistir a su trabajo si él no sabía lo que era comercio; +si no sabía lo que era un puerto; si no había visto otra mar que el mar +sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento, +lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohólica, arancel, y +demás cosas que atañen al tráfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en +la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle. +Amados hermanos míos, tiempo es ya de que digamos con el ángel. _¡Ave, +María!_ + + +=--III--= + +Sorprendamos a D. Manuel José Ramón Pez (o del Pez) cuando, recién +abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de +varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenían con él relación +misteriosa, sólo de él conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados +los lentes o quevedos, afeitada y descañonada ya la barbilla violácea, +bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de +estopa, revolvía cartas, consultaba notas, hojeaba _memorándums_, +ordenaba _in mente_ lo que no tenía orden, hacía cálculos, esbozaba +proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su +cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que parecía +hecha con tiralíneas; abismábase en meditaciones; después, tarareando +una cancioncilla, pasaba la vista por los periódicos de la mañana, daba +algunas órdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y +diversiones. + +A cada instante era visitado el despacho por un ángel que entraba +retozando. ¡Qué cháchara suplicatoria y qué mendicidad mezclada de +regocijo! «Papá, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco +de la Comedia... Papá, no olvides que hoy se renueva el abono del +Real... Papaíto, págame esta cuenta de Bach... Papá, el sastre... Papá, +la modista... Papa, la florista... Papá, la cuenta de Arias... Papá, +nuestros abanicos... Papá, el caballo... Papá, papá, papá...». Era un +pío pío que no cesaba. Por fortuna don Manuel José Ramón era la imagen +viva de la Providencia, según generosamente daba y repartía, sin +quejarse, sin regañar; antes bien, regodeándose de ver tanto gusto y +apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. También +él era feliz, porque si algún bien positivo hay en el mundo, es el que +sienten mano y corazón en el momento de dar algo. + +Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gentío fosco, +siniestro, una turba preguntona y exigente, que quería hablar con el +señor, ver al señor, decir dos palabritas al señor. Sonaba a cada +instante la campanilla, y entraba uno más. Eran los desfavorecidos de la +fortuna, pretendientes, cesantes de distintas épocas, de la época de Pez +y de la época del antecesor de Pez. Algunas bocas famélicas pedían pan; +otras no pedían más que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad, +pedían para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban +atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedían _para cuando +hubiese una vacante_. Con este gentío calagurritano se mezclaban los +postulantes de otra esfera, personajes y señorones que pasaban al +despacho desde que llegaban. El criado no podía contener a la turba +impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tenía en sus maneras el +ímpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropelló en cierta ocasión al +criado, se metió por el pasillo adelante, entró sin anunciarse en el +despacho, y encarándose con D. Manuel, dijo con lágrimas y gestos de +teatro: «Señor, soy viuda de un Pez». + +Don Manuel repartía promesas, limosnas, a veces credenciales de poca +monta, y para todos tenía un consuelo, una palabra o un duro. Era +bondadoso y muy bien educado. Había en su mente, junto a la idea de su +derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con +la humanidad cesante y desposeída. + +Por concluir nuestro panegírico con un hecho concreto de la vida del +santo, diremos que una mañana D. Manuel mandó que no entrase nadie. +Estaba fatigado. Quería ir pronto a la oficina, donde tenía cita con el +marqués de Fúcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro, +haciéndole un préstamo. + +«¡Ah!, se me olvidaba...--murmuró, echando la vista sobre una carta--. +Francisco, dile al señorito Joaquín que suba». + +Joaquín Pez, el mayor de los Pececillos, tenía treinta y cuatro años. Se +había casado por amor con la hija única de la marquesa de Saldeoro. +Quedose viudo a los ocho años de matrimonio, no exento de alborotos, y +cuando las cosas de esta relación ocurren estaba asombrosamente +consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se +distinguía; física la una, moral la otra. Era su corazón bueno y +cariñoso. Era su figura y rostro de lo más apuesto, hermoso y noble que +se pudiera imaginar. Tenía toda la belleza que es compatible con la +dignidad del hombre, y a tales perfecciones se añadían un aire de +franqueza, una agraciada despreocupación, o sí se quiere más claro, una +languidez moral muy simpática a ciertas personas, una cháchara frívola, +pero llena de seducciones, y por último, maneras distinguidísimas, humor +festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que +corresponde a un tipo de galán del siglo XIX, que es un siglo muy +particular en este ramo de los galanes. + +Y hablemos ahora, amados hermanos míos, del defecto de Joaquín Pez, +defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofía, por la Iglesia, por +los Santos Padres y hasta por la gente de poco más o menos. Este defecto +era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de +ánimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones +físicas y sociales del Pez, bien se comprenderá que este vicio del alma +había de tener por expresión sintomática el desenfreno de las pasiones +amorosas. + +Disculpémosle. Era tan guapo, tenía tanto partido, que más que el tipo +del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era +en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorbían su +atención, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la +herencia de su esposa, pero muy mermado ocho años después. Cuando le +conocemos, Joaquín estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los +terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que +no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en +cabañas o andurriales. + +Ya os oigo decir, amados míos, que estas cacerías, lejos de fortificar +al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua; +pero nuestro vigoroso Pez no había llegado aún, cuando le conocimos, al +grado de envilecimiento que es el término de las pasiones locas. Su +vicio era todavía un vicio del corazón, intervenido con la fantasía. Aún +persistían en él ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos, +con sus melancolías, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba +a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuación con +fantasmagorías y esfuerzos de iluminismo, de que nacían, aunque por modo +artificioso, afectos parecidos a la ternura. + +Vivía solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal +ocupaban sus padres. Levantábase tarde, almorzaba con su familia, y +después de la una rara vez le volvían a ver sus padres hasta el día +siguiente. + +«Pero, hombre, ¿has visto?--le dijo el papá Pez, prejuzgando con su +tonillo burlón el asunto de que iba a tratar--. Otra carta del Canónigo +en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal +Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., ¡qué +tonterías!, en su pretensión... Dice que son nietos de la marquesa de +Aransis; que él lo probará ante los Tribunales. ¿Tú crees esto? + +--Yo..., yo, verdaderamente...--manifestó Joaquín con aquella indolencia +que de su cuerpo a su pensamiento se extendía--. No lo afirmo ni lo +niego. + +--Logomaquias, hombre--dijo D. Manuel apartando de sí con desprecio la +carta de su amigo el Canónigo, cacique y faraute de los Peces en buena +parte de la Mancha--. Esto es novela... ¡Nietos de la marquesa de +Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... ¿Conoces tú a esa +Isidora? + +--Sí. + +--¿Y ella sostiene...? + +--Como el Evangelio. + +--Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor +salen con la patochada de tener por papás a duques o príncipes, no +pueden pasar en el día, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca. +Admitámoslo en las novelas; ¡pero en la realidad...! En fin, sea lo que +quiera, es preciso atender al Canónigo, que nos sirve bien. Entérate. +Dice que pongamos a disposición de la muchacha algunas cantidades. En lo +que no le haré el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la +marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos diciéndoselo a su +apoderado, el marqués de Onésimo... Logomaquias, hombre... + +--Yo me encargaré de esto--replicó decididamente Joaquín--. Ya he visto +a esa hija de reyes. Es una muchacha simpática, discreta y buena, que +merece, sí, merece, sin duda algo más de lo que posee». + +Cuando Isidora llegó a Madrid, recibió don Manuel una carta del Canónigo +recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que +tanto había hecho reír al señor Director. Por encargo de este, Joaquín +la visitó; encontrola guapa el primer día, el segundo muy guapa, y el +tercero deliciosísima, con lo que la diputó por suya. Trazó las primeras +paralelas; halló resistencia; trazó las segundas y halló más +resistencia, una tenacidad que anunciaba el heroísmo. De aquí vino +aquella retirada hábil que desconcertó, como antes se dijo, a la joven, +no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada. +¡Cuán cierto es que el ocio enerva y rinde al más aguerrido ejército +antes que el fuego y las balas! + +Las dotes militares de Joaquín, más que de general de tropas regladas, +eran de guerrillero hábil en golpes de mano. Viene esto de la índole de +los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a +esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitán de partidas, +desde que habló con su padre, ideó, pues, la emboscada más hábil que +concertaron guerrilleros en el mundo. No pondría sitio. Enviaría un +parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo +caía en el lazo, si pasaba el río de la Prudencia y se ponía bajo los +fuegos del desfiladero de la Audacia... + +En el capítulo siguiente veréis, ¡oh amados feligreses!, lo que pasó. + + + + +Capítulo XIII + +¡Cursilona! + + +Serían las cuatro cuando Isidora, acompañada de su padrino, llegó al +portal de la casa de Joaquín Pez. Su ansiedad era grande, porque había +recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, después de +declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la señorita de +Rufete a venir a su casa, donde sería enterada de una comunicación del +Canónigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente +importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle +de Hernán Cortés a la de Jorge Juan no cabrían en este volumen, aunque +fuese doble. ¡De qué manera y con qué fecundidad de imaginación dio vida +en su mente a la entrevista próxima a verificarse! Al llegar al portal, +y al decir a D. José: «dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva +aquí dentro de media hora», ya había ella desarrollado en sí misma cien +visiones distintas de lo que había de pasar. Cuando ella entraba, salían +las dos niñas de Pez con su mamá para subir al coche que las esperaba en +la calle. ¡Qué elegantes! Isidora las miró bien; pero iba ella, a su +parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera +escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y +mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de +engrandecerse no era un deseo tan sólo, sino una reclamación. Su pobreza +no le parecía desgracia, sino injusticia, y el lujo de los demás +mirábalo como cosa que le había sido sustraída, y que tarde o temprano +debía volver a sus manos. + +Las niñas de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta +las examinó bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crítica +acerba, las desnudó, les quitó los sombreros, censuró aquellos talles de +araña, y concluyó por considerar en su mente lo que resultaría si la más +guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta +se pusiera los de la chica de Pez. + +Entró en casa de Joaquín, y el criado la encerró en un gabinete mientras +pasaba recado al señorito. ¡Qué hermosos y finos muebles, qué cómodos +divanes, qué lucientes espejos, qué blanda alfombra, qué graciosas +figuras de bronce, qué solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos +de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qué magníficas estampas +de mujeres bellas! La escasa erudición de Isidora no le permitía saber +si aquellas señoras eran de la Mitología o de dónde eran; pero la +circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido +le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. ¡Y qué bonito el armario +de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban +en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jamás leídos! +«Pero ¿qué harán en los rincones aquellos dos señores flacos? ¡Ah! Esa +pareja se ve mucho por ahí. Son Mefistófeles y D. Quijote, según ha +dicho Miquis. Yo no haré nunca la tontería de tener en mi casa nada que +se vea mucho por ahí. Vamos, que aún puedo yo dar lecciones a esta +gente». Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de +Velázquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qué haría +nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entró Joaquín. + +«¡Albricias!--le dijo de buenas a primeras, tomándole las dos manos y +apretándoselas mucho--. Papá ha tenido una carta del Canónigo... Papá se +propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglará... Esto va +bien. ¿No lo dije yo?». + +Isidora quedó tan turbada por esta irrupción brusca de buenas noticias, +que no acertó a decir nada. Miraba embebecida a Joaquín. Pasada la +primera impresión de las noticias, lo que dominó en el espíritu de la +joven fue la vergüenza de que Joaquín, tan admirador de ella, la viese +mal vestida. Había estado dos horas arreglándose para disimular su mala +facha. Venía compuesta con galana sencillez, respirando aseo y +coquetería; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no +podían disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, ¡y +esto era lo más atroz!, la desgraciadísima vejez y mucho uso de las +botas, que no sólo estaban usadas y viejas, sino ¡rotas! Lo que Isidora +padecía con esto no es decible. Cuidadosamente escondía bajo las faldas +sus pies, tan pequeños como mal calzados, para que Joaquín no se los +viera. + +Pero ya él se los había visto, sin perder por eso el amor, o llámese +como se quiera, que sentía; antes bien, exaltándose más. Por efecto de +esas aberraciones del gusto que marcan el tránsito de la pasión al +vicio, Joaquín la amaba más con aquel atavío grosero; y si estuviera +completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella +sublimado el ideal del momento. + +«¿Y cuándo hablará su papá de usted a la marquesa?--preguntó Isidora ya +más dueña de sí--. La marquesa está en Córdoba... + +--¿En Córdoba?... Ya--murmurró Joaquín, a quien no le importaba gran +cosa que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase--. Eso no +importa. La marquesa vendrá... ¡Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo +mejor. Tenemos orden del señor Canónigo para entregar a usted las +cantidades que necesite. Usted dirá. + +--¡Las cantidades que necesite!»--repitió Isidora embelesada, viendo en +su imaginación una cascada de dinero. + +¡Tener dinero! ¡Qué alborozo! Parecía que en su alma, como en alegre +selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil +encantadores pajarillos. ¡De tal modo se le anunciaban las necesidades +satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras +satisfacciones más, traídas por la soberana virtud del oro! + +Conocedor Joaquín de la manera de tocar ciertos registros del alma +humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del +hombre, y más aún de la mujer, llegose a la chimenea, tomó de ella una +cajita, abriola y mostró a los ojos admirados de Isidora porción +cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de +billetes de Banco. + +«No sé lo que habrá aquí--dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos, +y afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad +con los millones--. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dirá». + +El efecto fue inmenso. Atónita y embobada estaba la de Rufete, paseando +su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien +la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes +pequeños, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hipérbole, +creía ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente +del dorado Pactolo. + +«Usted dirá--repitió él, hojeando los cuadernillos de billetes como si +fueran libritos de papel de fumar--. Mi parecer es que usted, por quien +es y por la posición que ocupará, no debe seguir viviendo en aquella +casa. Usted debe tomar una casa para sí y su hermano, ponerse en otro +pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... ¿Quiere usted +que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles, +modista...?». + +Joaquín la miró. ¡Qué guapa era! Isidora le oía como si oyera una +descripción del Paraíso a quien realmente ha estado en él. Luego, cuando +Joaquín la miró tan de cerca que ella podía contarle los pelos de la +barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, creyó ver al +mismo ángel de la puerta del Paraíso mostrando las llaves de él... Por +un instante Isidora no hizo más que saltar la mirada de la cajita al +rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiración que por el +joven sentía se acrecentaba hasta parecer cariño entrañable. ¡Era tan +seductor su modo de mirar!... ¡Tenía un no sé qué tan distinto de todos +los demás hombres!... Así lo pensó Isidora, sintiendo herida y +traspasada toda aquella parte de su corazón que dejaba libre el orgullo. + +«Usted dirá»--volvió a indicar Joaquín, dejando a un lado la cajita y +tomando las manos de Isidora. + +Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaquín se le hizo más guapo, +más seductor, más caballero, revistiéndose de todas las perfecciones +imaginables. + +«¿Me porto mal--dijo él con voz blanda--; me porto mal en pago de la +ofensa que usted me hizo despidiéndome y diciéndome que no podía +quererme?». + +Isidora fluctuaba entre el reír y el temer. Se reía y estaba pálida. +Después sintió frío. + +«Yo bien sé lo que pasará cuando usted llegue al fin de su +camino--prosiguió él--. En vez de quererme entonces como ha prometido, +me despreciará... ¡Será usted entonces tan superior a mí!...». + +La perfidia en estas palabras era tanta, que no cabía debajo de todos +los pliegues del disimulo. + +Isidora, además de reír, además de temer, además de tener frío, se +sentía como mecida en un vagoroso y aéreo columpio. La cara hermosísima +del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilación de resplandores +celestes que van y vienen. ¿Cómo no, si de pronto empezó a oír retahíla +de palabras ardientes, que jamás oyera ella sino en sueños? Joaquín la +tuteaba, Joaquín se extralimitaba de palabra. Rápidamente conoció +Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de +dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su +debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte, +era causa de todos sus males: el orgullo. Se salvó por su defecto, así +como otros se salvan por su mérito. No es fácil definir lo que +rápidamente pensó, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que +dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a +defenderla. Ello es que saltó del asiento con tal rapidez, que no pudo +Joaquín detenerla, y con velocidad de pájaro se puso en la puerta. El +violento palpitar de su seno, cortándole la respiración, apenas le +permitió decir: + +«No quiero nada, no quiero nada». + +Evidentemente, referíase al contenido de la cajilla. Joaquín corrió tras +ella, diciendo: «Formalidad, formalidad». Pero la de Rufete, valiente y +decidida, trató de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su +ligereza de gorrión, su prontitud para correr de un punto a otro, +perseguida, mas no alcanzada. Corrió a la ventana, que por ser de piso +bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyándose en el +alféizar, vuelta hacia dentro, dijo así con animosa voz: + +«Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aquí y pido +socorro». + +Quedose parado el Pez; reflexionó un instante. De repente su amor se +deshizo en despecho y su despecho en risa. + +«¿Escenita?... ¿Gritar en la calle? ¡Qué ridiculez! Usted se empeña en +que hagamos el oso». + +La ira retozaba en sus labios. Miró a Isidora con tanto enojo, que esta +se turbó y creyó haber sido desconsiderada y excesivamente altanera. +Después el joven abrió la puerta. Indicó a Isidora la salida, dejando +escapar de sus labios, trémulos de ira, esta palabreja: + +«_¡Cursilona!..._» + +Tres minutos después, Isidora se unía a don José en la esquina de la +calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbación, alegre +de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada, +diciendo para sí: + +«Me ofende por que soy huérfana, y me insulta porque soy pobre; y a +pesar de todo...». + + + + +Capítulo XIV + +Navidad + + +=--I--= + +Al día siguiente recibió Isidora una carta de Joaquín incluyéndole +algunos billetes de Banco, y pidiéndole perdones mil por el caso del día +anterior. Decíale que si alguna palabra áspera y malsonante salió de sus +labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no +dicha. Finalmente, le pedía permiso para verla de nuevo en casa de +Relimpio. Agradeció ella con toda su alma el desagravio, y sus +aflicciones de aquel día se le disiparon con la grata vista del pan +bendito, o llámese papel--moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si +perdonó fácilmente a Joaquín la injuria intentada contra su honor, tuvo +que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera +llamado _cursilona_. Tal es la condición humana, que a veces el rasguño +hecho al amor propio duele más que la puñalada asestada contra la honra. +El marqués viudo la visitó dos días después, y su comedimiento, después +de las audacias referidas, la cautivaba más, o si se quiere de otro modo +más claro, su comedimiento tenía la virtud de hacer disculpable y aun +amable la osadía pasada; que así se contradicen los corazones en su +lógica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de +ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionándose tanto a +ella, que llegó un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la +formalidad de su cariño. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente. +Don Manuel Pez y el marqués de Onésimo habían escrito a la marquesa de +Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestaría +pronto y a gusto de todos. También llevaba buen camino lo de la causa +criminal de Mariano. Joaquín bebía los vientos para que le soltase el +juez, aunque fuera bajo fianza, por razón de la irresponsabilidad que le +daban sus pocos años. Isidora visitaba a su hermano dos veces por +semana, llevándole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la +cárcel a _la Sanguijuelera_, que iba con fin semejante; y ambas se +trataban de palabras, distinguiéndose la vieja por la procacidad de su +lenguaje y erizado de _puños_ y el ningún respeto que a su sobrina +tenía. + +Llegó Navidad, llegaron esos días de niebla y regocijo en que Madrid +parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que +se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la +calentura de la lotería y el tétanos de las propinas. Todo lo que es +espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se +eclipsa. La conmemoración más grande del mundo cristiano se celebra con +el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla. +Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en +nacimiento sacrílegos. Los cómicos hacen su agosto; la gente de mal +vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergüenza; los borrachos se +multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las +palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos días habría +bastante ponzoña para inficionar una generación entera. No hay más que +un pensamiento: la orgía. No se puede andar por las calles, porque se +triplica en ellas el tránsito de la gente afanada, que va y viene +aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor +se siente uno abofeteado por una cabeza de capón o pavo que a nuestro +lado pasa. + +Las confiterías y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una +abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estómago. No +bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montañas de +mazapán, canteras de turrón, donde el hacha del alicantino corta y +recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderías inundan de cuanto Dios crió +en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia +sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubíes. En +los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la +baratura declara la inferioridad del género. Hay una caliza dulzona que +se vende por turrón, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la +Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapán cuanto abunda el cascajo. La +escala gradual de la gastronomía abraza desde los refinamientos de +Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la +pasta de higos pasados que se vende en una tabla portátil hacia las +Yeserías. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y +substancias de cosa pescada, desde el ruso _caviar_ hasta el escabeche y +el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego. + +Una familia podrá morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche +Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias +más refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a +la hucha. ¿Cómo podían faltar los de Relimpio a esta tradicional +costumbre? También ellos, pobres y siempre alcanzados, tenían su pavo +como el que más, gracias a los estirones que D.ª Laura daba al dinero, y +tenían, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se +presentarían engalanados de olorosos ajos y limón. Don José era el +hombre más venturoso de Madrid desde el día 22. Ocupábase en recorrer +los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias +auténticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratábase +de esto en Consejo, y D. José decía con gravedad: «Todo está por las +nubes. Veremos mañana». El 23, D. José y D.ª Laura tomaban un berrinche +porque no les había caído la lotería, fenómeno extraño que todos los +años se reproducía infaliblemente. Opinaba D.ª Laura que todos los +premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotería era un puro +engaño; pero más juicioso D. José, aseguraba que el número jugado era +muy bonito y que no habían faltado más que dos unidades (¡que te +quemas!) para que tocara premio. Concluían ambos por exclamar con +cristiana paciencia: «Otro año será». + +Pero llegaba la mañana del 24, y entonces D. José era la imagen de la +felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y +con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don José llevaba el +cesto y D.ª Laura el dinero, y aquí era el recorrer tiendas, el mirar +todo, el preguntar precios, no arriesgándose a la empresa de sus compras +hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba +enterado de los puntos donde era legítimo el turrón de Alicante y +Jijona, donde era más barato el mazapán, más dulces las granadas y más +gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortísima +cantidad. + +Los comentarios de él sobre la calidad de las cosas compradas no tenían +término. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vacía, +él doblado bajo el grato peso de la cesta, ¿quién no se conmovería +viéndole sacar todo con amor para enseñarlo a las chicas, y poner cada +cacho de turrón ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qué clase +pertenecía cada uno, y regañando si algún ignorante confundía el de yema +con el de nieve? Lo que no podía sufrir D.ª Laura era que él probase de +todo para darlo por bueno, y con este motivo había ruidosas peloteras; +pero él aseguraba que todo estaba riquísimo, que todo era gloria, y con +esto y con recoger D.ª Laura las compras para guardarlas con siete +llaves, concluían las cuestiones. Después, D. José se metía también en +la cocina para ayudar y dar más de un consejo; que algo se le entendía +de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las niñas dejaban la +costura aquel día; no se pensaba más que en la cena, y entre componerse +para ir al Teatro Martín con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les +pasaba la tarde. + +Don José, a quien las horas se le hacían siglos, no pensaba en apuntar +en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel día. Por +la tarde ocupábase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor +muy pequeño para tan gran festín. Después se miraba diez y nueve veces +al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a +los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y +tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba +infantil y por ésta con alegres chillidos aclamado. + +A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asistía nunca, +desde muchos años, el señorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos +de censurar esto, D.ª Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre +los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel +haría en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados, +artistas y empleados de cierta categoría. Probablemente, aquel año iría +a cenar en casa de un marqués. + +En cambio les acompañaba el ortopédico, hermano de D.ª Laura, y el hijo +de este, llamado Juan José. ¡Ah! El ortopédico era saladisímo para una +cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el más gracioso del mundo +en cuanto bebía dos vasos de vino; decía los disparates más chuscos que +se podrían imaginar. Él y Relimpio, que también perdía la chaveta en +cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el año +entero, eran los héroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban +riendo como locos, y por fin rompían a llorar. En suma, que era preciso +llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los +comensales. Los únicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un +poeta presentado por este en la casa, llamado Sánchez Berande, el cual +hacía monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor. + +Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor +pequeño para tanto gentío. Don José, que se pintaba sólo para arreglar +un banquete, contemplaba su obra con legítimo orgullo, y se recreaba en +el brillo de la loza y la cristalería, en la muchedumbre de luces, en el +adorno y opulencia de la mesa. Después esparcía miradas de felicitación +por toda la capacidad de la sala, por la sillería de reps que había sido +desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las +bandejas de latón y demás chucherías... Todo estaba bien, perfectamente +bien. Hasta el retrato del dueño de la casa, al óleo, detestable, +colgado en la pared principal, rebosaba satisfacción en su acaramelado +semblante. «Estoy hablando», decía Relimpio siempre que lo miraba. +Frente al retrato había una laminota, en la cual D.ª Laura se inspiraba +siempre para increpar a su marido. Era Sardanápalo quemándose con sus +queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro +fotografías de niños muertos. Eran los hijos que se le habían malogrado +a D.ª Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujías del próximo +festín, los pobrecitos tenían cara de muy desconsolados por haberse ido +del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche. + + +=--II--= + +Isidora no cabía en sí de júbilo. Aquel día, el 24, soltarían a Mariano. +Ella misma iba a sacarle de la horrenda cárcel. ¡Oh! ¡Si no se hallara +muy mal de dinero, aquel día habría sido uno de los más felices de su +vida! ¿En qué había gastado lo que le diera dos meses antes el marqués +de Saldeoro por cuenta del Canónigo? Verdaderamente ella no lo sabía. +Había pagado a doña Laura, se había comprado ropa... ¿Pero lo demás +dónde estaba? Isidora reflexionó. + +En perfumería había adquirido lo bastante para tres años. ¿Y de qué le +servían aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el +_cabás_ de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compró por la sola razón +de comprarlas. ¡Eran tan bonitas!... Pues ¿y aquel vaso de imitación de +Sajonia, de qué le servía?... ¿Y las botellas para poner cebollas de +jacinto? + +Más necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid, +las cinco novelas y la jaula, aunque todavía le faltaba el pájaro. +Estaba muy desconsolada por no tener un buen baño; ¿pero cómo podía +satisfacer este gusto en casa tan pequeña? Luego, la maldita D.ª Laura +se ponía frenética por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no +podía disfrutar de una hermosa pila de mármol, en cambio se había +provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja +finísima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las +novelas, de un _antucás_, de pendientes de tornillo con brillantes +falsos, de un juego de la cuestión romana y de algo más, tan lindo como +caprichoso. Mucha, muchísima falta le hacía un buen mundo para poner la +ropa; pero ya lo compraría más adelante. Tampoco estaba bien de ropa +blanca; pero tiempo habría de hacerse un hermoso equipo. + +Gozosa, daba la última mano a su atavío para salir en busca del hermano. +La orden del juez para soltarlo debía de estar ya en las oficinas de la +cárcel. Salió radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino +de la calle de Hortaleza, porque le daba vergüenza de pasar por cierta +tienda donde debía algunas cantidades, poca cosa en verdad. + +Ya anochecía cuando Isidora regresó acompañada de su hermano, el cual, +vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D. +José Relimpio con ciertos asomos de severidad, dándole una palmada en el +hombro y diciendole: «Hombre, veremos cómo te portas ahora». Pero D.ª +Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentaría a su mesa, +aunque bajase Cristo a mandarlo. Oyó esto Isidora con rabia; mas +conteniéndose, devoró tal afrenta y se amordazó la boca para que no +saliesen las palabras que del corazón le brotaban. Encerrose con el +chico en su cuarto, le lavó y vistió, para lo que tenía apercibida gran +cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observó en los ojos de +Isidora una lágrima, más bien que del sentimiento, nacida del despecho, +y le dijo: + +«¿Por qué lloras? ¿Por lo que ha dicho esa tía bruja? + +--¡Gente ordinaria!...--murmuró Isidora. + +--¿Por qué no le contestaste?--dijo Mariano con extraña rudeza. + +--No me rebajo yo a tanto. + +--¡Puño!». + +Mariano dio un puñetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le echó +un sermón sobre su detestable maña de decir a cada paso palabras +malsonantes, y aunque el muchacho alegó, para defenderse, que también +las decían los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a +castigar las malas palabras como si fueran malas acciones. + +«Ahora, señorito--le dijo con severidad--, ha de andar usted derecho. +Pase que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tenía poco menos +que en la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades, +Mariano, de que no quiero acordarme... Echémosles una losa encima. Pero +ahora ya han cambiado las cosas. Eres un bárbaro, y vas a empezar a +desbastarte. Tú no seas tonto; principia por convencerte de que eres +persona decente, y así tendrás dignidad. De nuestra tía Encarnación, +hazte cuenta de que no existe, porque no la volverás a ver. Eres ya otra +persona». + +Oyó atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometió a sí mismo +hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de +caballería y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto +Isidora cayó en la cuenta de que Mariano y ella habían de cenar aparte +aquella noche, pues si el chico no podía sentarse a la mesa de los +Relimpios, tampoco ella se sentaría por nada del mundo. Al punto +determinó salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. ¡Muy +bien, excelente idea! ¡Mariano y ella cenarían tan ricamente en su +cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria! + +Pero sobrevino la más grande contrariedad que en vísperas de un banquete +puede ocurrir. Isidora no tenía dinero. Entre las múltiples propiedades +de este metal, ella había notado principalmente una, la de acabarse en +los momentos en que más falta hacía. El portamonedas no contenía más que +un par de pesetas y algunos cuartos. Buscó y rebuscó Isidora en todos +los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasión +parecida había encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el +fondo de un cajón de la cómoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro +apareció aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvió que la +cena fuese una modesta colación, más propia de día de ayuno que de noche +de Navidad. Aunque a D.ª Laura nada debía, antes muriera que pedirle +dinero, después del atroz desaire recibido de ella. No se atrevía +tampoco a acudir a Joaquín Pez. + +Salió. Mariano se quedó solo. Por no ser excesivo el número de sillas +que en el cuarto había, estaba sentado en un baúl bajo. A su lado, en un +rincón, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante. +Eran los cartapacios y protocolos que Tomás Rufete había emborronado +durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta +que sus hijos los recogieran, por si algo había de interés entre tal +balumba de desatinos. Isidora los había llevado del desván a su cuarto, +y allí los puso con ánimo de someterlos a un examen cualquier día. +Mariano leyó, no sin trabajo, los rótulos que decían: «_Desolación... +Hacienda pública... Desfalcos... Muerte... Latrocinio..._», y otras +cosas extravagantes. Como ninguna distracción sacaba de ver letreros, +empezó luego a revolver todo lo que su hermana tenía sobre la cómoda, y +después lo que en el primer cajón había. Todo lo revisaba, lo examinaba +por dentro y por fuera; hojeó las novelas, levantó de las botellas las +cebollas de jacintos para ver las raíces, abrió el estuche de los +tornillos de diamantes americanos, revolvió la caja y los sobres de +papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de +ver el tintero y la pluma, tomó esta y trazó sobre un plieguecillo, con +no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas +contorsiones con el codo y la muñeca, estas palabras: _Mariano Rufete, +alias Pecado_. Contempló satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza, +echó una rúbrica que parecía el dibujo de un puñal. Se echó a reír como +un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigió su atención al +tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en él había, +metiendo en todos las narices y diciendo «¡qué bueno!» o «¡qué rico!». +Se puso pomada, se perfumó con esencias y se lavó las manos, sonriendo +de gusto al ver cómo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar +del jabón. + +«¡Eh!, ya me has revuelto todo--dijo Isidora al entrar de la calle--. +¡Jesús, qué desorden! Mira, te voy a pegar». + +Mariano reía. + +«¿Y qué has escrito aquí? _Mariano Rufete, alias Pecado_... ¿Qué es eso +de _Pecado_? ¡Como yo vuelva a oírte dándote a ti mismo esos apodos...! + +--Como los toreros--observó estúpidamente Mariano sin cesar de reír. + +--A ver... ¿Es que no quieres ser persona decente?... ¿Pero qué haces, +gandul? ¿Te enjugas las manos en mi vestido? Quita allá, asqueroso. ¿No +ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las +personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con +cafres». + +Y diciendo esto, de un pañuelo que cogido por las cuatro puntas traía, +sacó sucesivamente varios pedazos de turrón y algunos puñados de +cascajo, castañas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la +cómoda la última porción de tan variados bastimentos, lanzó de su pecho +un suspiro enorme. + +«¿Todo eso has traído?--preguntó Mariano--. ¿Y el pavo? Yo quiero pavo. + +--Cenarás lo que te den--replicó ella pasando de la pena al enfado--. Es +una mala educación pedir lo que no hay. + +--El año pasado--dijo Mariano con rudeza y desdén--mi tía _la +Sanguijuelera_ tenía besugo, y pimientos encarnados, y turrón de frutas, +y lombarda, y una granada de este tamaño. Yo me la comí toda. ¡Estaba +más rica...!». + +Ceñuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sentó en una silla +alta y ella en otra baja. + +«Mañana será otro día--dijo ella--. Eso de atracarse la Noche Buena es +propio de gente ordinaria. Ya te enseñaré yo a ser caballero... Vaya que +está rico este turrón. Pruébalo...». + +No se hacia de rogar _Pecado_, antes engullía sin cumplimiento. En la +sala de la casa había empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque +esperaban a Miquis. La entrada de este se conoció desde el retiro de los +Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante después +Isidora vio que se abría suavemente la puerta de su cuarto y que entraba +la irónica fisonomía del estudiante. + +«Vengo a tener el gusto de saludar a la señora archiduquesa--dijo este, +sombrero en mano, con ceremoniosa cortesía--. Bien se ve que estamos ya +en plena aristocracia. Esta noche se _queda usted en casa_; quiero +decir, que recibe usted a sus amigos... + +--Toma--le dijo Isidora ofreciéndole una bellota--. Es lo mejor que te +puedo ofrecer. + +--Gracias, marquesa--repuso Miquis sentándose--. Es delicioso el +obsequio. Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. ¿Por qué no cenas con +nosotros? + +--Nosotros--manifestó Isidora ahogada por la pena y el despecho--no +somos dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de +almendras. + +--¡Ay, chiquilla! ¡Cuánto más me gustan tus bellotas!... Pero no llores. +De buena gana te acompañaría... Pero es tan tiránica la sociedad... + +--Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan +contentos... Mejor es así. Cada uno en su casa». + +Augusto la contempló en silencio, asombrado de su hermosura, que cada +día iba en dichoso aumento, enriqueciéndose con un encanto nuevo. + +«Aquí viene bien aquello de _a tus pies, marquesa_»--dijo, levantándose. + +Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo +el cuarto, añadió: + +«Estás perfectamente instalada, marquesa. Magnífico gabinete. Aquí los +arcones de roble; ahí el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny, +tapices de los Gobelinos, porcelanas de Sèvres, y de Bernardo Palissy... +Muy bien. Bronces, acuarelas...». + +Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su +pena profundísima. Pero se sintió herida en lo más vivo de su alma +cuando Miquis, después de transformar el humilde cuarto en aristocrático +gabinete, dijo con el mismo tono de encomio: + +«Bien se conoce en esta rica instalación el buen gusto del marqués viudo +de Saldeoro. Adiós, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio». + + +=--III--= + +Cuando Augusto se marchó, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos +en su propia falda. + +«¿Quién es ése?--le preguntó Mariano. + +--Un tipo, un mequetrefe--repuso ella sin mirar a su hermano, señales +claras por donde manifestaba estar aún dentro de la esfera de atracción +del pensamiento que la dominaba. + +--Dame más turrón, marquesa--exclamó el muchacho. + +--¿Por qué me llamas así?--preguntó Isidora bruscamente, despertando de +su mental sueño. + +--¿Es apodo? ¡Puño!... ¿Y por qué te pone motes ese gatera? + +--Mariano, cuidado cómo se habla. + +--¡Se burla de ti!--gritó _Pecado_ con aquel arrebato de infantil +fanfarronería que en él parecía cólera de hombre. + +--Yo te juro que no se burlará más»--dijo ella con los ojos húmedos de +lágrimas. + +Mariano la miró, diciendo: + +«Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa. +Que venga a mí con bromas; verá cómo le saco las entrañas... + +--Mariano, loco, bruto y salvaje--gritó ella, despertando otra vez en su +letargo de pena y despecho--. Si te oigo hablar así otra vez... + +--No dije nada, nada... Dame turrón». + +La algazara de la sala crecía, y por las palabras sueltas, los plácemes +y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, así +como por los olores culinarios que invadían toda la casa, se podía saber +a qué altura andaba el festín. Se sintió sucesivamente la aparición del +besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don José lo recibió +cantando la Marcha real. Después se oyeron las ruidosas cuestiones a que +dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedían a las risas, y +los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocían los +efectos del Valdepeñas y del Cariñena en la torpe lengua del ortopédico, +que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacreóntico de D. José +Relimpio, que no decía cosa alguna derecha y con sentido. + +La criada entró en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias +lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendiéronsele a Mariano con +luces mil los ojos, y no parecía sino que cada destello de su mirar era +un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al +agradecimiento ni al perdón, vio con repugnancia aquel tardío obsequio. +Aunque comprendió que este había nacido en el bondadoso corazón de +Emilia, siempre veía en él como un mensaje de lástima. Rechazó la fineza +diciendo: + +«Que muchas gracias y que no queremos nada. + +--Chica, chica, tú eres tonta--gruñó Mariano con su rudeza propia, +exacerbada hasta el salvajismo. + +--Si no te callas, te pego. + +--Yo quiero cenar--afirmó él con brutal terquedad, echando a un lado la +cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa. + +--Eso es, rómpete la cabeza. + +--Mala hermana, ¡no das de cenar a tu hermanito! Mira tú, mejor estaba +en la cárcel... + +--Como vuelvas a nombrar... + +--¡Nombro!... ¡Puño! + +--Como vuelvas a decir... + +--¡Puño!--repitió el bergante alzando la mano. + +--¡Alzas la mano!..., ¡a mí!..., a tu hermana. + +--Yo me quiero ir con mi tía. + +--Si vuelves a nombrar... + +--¡Mala hermana..., marquesa!...». + +_Pecado_ hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de +ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos +engañamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba +embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puños y los +medianos antecedentes del señorito Rufete. Dominado este por la actitud +de su hermana y por el cariño que le tenía, se contuvo. Echado de bruces +sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos hacía, a +Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atención hosca de uno +de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo. + +El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don José hacía el amor a +su mujer echándole ternísimos requiebros entre los aplausos de los +divertidos comensales. Doña Laura llamaba a su marido Sardanápalo. El +ortopédico había empezado a cantar villancicos, acompañándose de golpes +dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Sólo Emilia y Leonor +conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a +Sánchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopédico +alborotaban también, el primero con sus discursos, el segundo con sus +cantorrios de tangos y malagueñas. Después se hizo una grande y solemne +pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Creíase +destinado a la inmortalidad; tenía un buen tomo preparado para darlo a +la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, había de todo: +elegías, odas, pequeños poemas, poemas grandes, epigramas, doloras, +_suspirillos germánicos_, sáficos y octavas reales. La sala parecía +tribuna del Congreso, que se hundía con los aplausos al terminar Berande +su recitación. + +«Versos--dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atención. + +--¿Te gustan los versos?--preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su +hermano un síntoma de decencia. + +--Sí--replicó el muchacho--; me sé de memoria los de _Francisquillo el +Sastre_, que empiezan: + + Salga el acero a brillar, + pues soy hijo del acero... + +--Calla, bruto; esas son barbaridades. + +--También sé los del _Valeroso Portela_, que dicen: + + Escuchen, señores míos, + les diré de Juan Portela, + el ladrón más afamado + de la gran Sierra Morena. + +--Calla, hijo, calla por Dios. Me estás envenenando con tus horribles +coplas. Ningún joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto está bien +para el pueblo, para el populacho. ¿Sabes tú lo que es el populacho? + +--Mi tía _la Sanguijuelera_--contestó el chico con tan graciosa +naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa. + +--Ya aprenderás mil cosas que no sabes. Y dime ahora, ¿qué aspiración +tienes tú?... ¿Qué quieres ser?... + +--Yo no quiero ser nada--repuso él con apatía. + +--Es preciso que estudies y que trabajes. No volverás a la fábrica de +sogas. Irás a un colegio. ¿Qué carrera quieres seguir?». + +Mariano meditó un instante. Después dijo con resolución: + +«La de tener mucho dinero. + +--¿Y para qué quieres tú el dinero? + +--Toma..., _mia_ ésta... Pues para ser rico. + +--Pero es preciso que seas algo. + +--Rico... + +--¿Y en qué gastarías el dinero? + +--En comer lomo, granadas, turrón y en beber buen vino. Tendré un +caballo y me vestiré todo de seda. + +--¿No te gustaría militar y llegar a general? + +--Sí, sí--afirmó _Pecado_, despidiendo de sus ojos brillo de animación y +alegría--. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., así..., ¡toma! + +--No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras +preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillería. + +--¡Artillero, artillero!--gritó _Pecado_, dando golpes en la mesa--. Ya +me verás, cañonazo va, cañonazo viene... ¡Bum, bum! + +--Dispararías cuando fuera menester... + +--No, no, siempre... Al que me hiciera algo, ¡zas!...». + +A esto llegaban cuando volvió la criada trayendo un plato con varios +pedazos de turrón, de parte de la señorita Emilia y del señorito Miquis. +No considerándose aún desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a +admitirlos; pero Mariano se abalanzó al plato más pronto que la vista, y +arrebatando el turrón, empezó a engullir con tanta prisa, que no pudo su +hermana evitarlo. + +«¡Malcriado..., glotón!--le dijo cuando otra vez se quedaron solos--. +¿No has comido ya bastante?». + +Mariano negó con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca. + +«Te pondré interno en un colegio». + +Mariano hizo con los dedos una señal que quería decir: «Me escaparé». + +«No te escaparás. ¿Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro +muy rígido. + +--De la bofetada que le pego--dijo Mariano pudiendo ya articular algunas +palabras--, va volando al tejado. + +--¡Fanfarrón!...». + +En la sala, la cena parecía tocar a su fin. Todas las clases de turrón +habían sido probadas, así como las granadas y las ruedas de naranjas +espolvoreadas de azúcar. Relimpio, con la última copa de cariñena, dio +con su cuerpo en tierra. «¡A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!», +gritaba con torpe lengua el insigne galán rodando debajo de la mesa. +Muertos de risa los demás, le cogieron por los cuatro remos para +llevarle a la cama, y él iba cantando el _Kirie_ _eleisón_ con voz de +sochantre, y los demás riendo y vociferando, de lo que resultaba el más +grotesco cuadro y música que se pudiera imaginar. + +«¡Cuánta grosería! ¡Qué gente tan ordinaria!»--exclamó Isidora. + +Poco después llegó Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la +soledad en que se había quedado en noche de tanta alegría. Mas, no dando +su brazo a torcer Isidora, replicó que había estado perfectamente en su +cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y +cuando Isidora le mandó que se recogiera, por ser ya más de medianoche, +el maldito muchacho se le plantó delante y le dijo con sus bruscos +modos: + +«Dame dinero. + +--¿Y para qué quieres tú dinero, tunante? Acuéstate. + +--Me acostaré; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te +quiero... + +--¿Para qué lo necesitas? + +--Para ir mañana a los toros. + +--Si ahora no hay toros, mentecato. + +--Pero hay novillos y mojiganga. + +--¿Y cómo sabes eso? + +--Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero. + +--Mañana te daré unos cuartitos... + +--¿Cuartitos? Tú eres rica--dijo pasando la vista con malicioso examen +por los diversos objetos que Isidora poseía--. Tú tienes dinero, porque +has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre». + +Al decir esto se desnudaba para acostarse. + +«Yo también soy pobre--afirmó Isidora--; pero con el tiempo, tal vez +dentro de poco, tú y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y +aún más. + +--La señorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de +hambre--gruñó él, acostado ya. + +--No seas tonto. Cállate y duerme. + +--Si mañana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya sé yo +cómo se pide. Me lo ha enseñado un chico. + +--¿Qué estás diciendo, cafre? + +--Que pediré limosna. Verás. + +--No me sofoques... A un colegio, a un colegio. + +--Ya me estoy durmiendo... Hasta mañana. + +--¿No rezas, herejote?». + +Mariano murmuró algo que no era fácil descifrar, y se durmió +sosegadamente. Todavía quedaba en él algo de niño. Su hermana le +contempló un instante movida de un sentimiento extraño en que se +combinaban el cariño y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya +casi le tocaba con sus labios, se apartó diciendo: «Temo que se +despierte y me pida lo que no puedo darle». + + + + +Capítulo XV + +Mariano promete + + +A la siguiente mañana, no repitió Mariano sus exigencias de la noche de +Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltón, inquieto y +condescendiente. Gozosa también Isidora de verle sin las siniestras +genialidades de la pasada noche, hízole mil caricias, le vistió, le +arregló, púsole una elegante corbata, que ha días tenía para él, le +peinó, sacándole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado +y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo: +«Ahora sí que estás hecho una persona decente». Él se miraba riendo, y +decía una y otra vez... «Quia, quia; ese no soy yo». + +Después salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano +quería que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su +bolsillo, le tapara la boca más de una vez; pero nada tenía, y los dos +se volvieron a casa cariacontecidos. Él se preguntaba que de qué servía +tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si +entre los dos no tenían ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano +salió solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvió ya muy +entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata +hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera +imposible. Mariano confesó, con loable franqueza, que había estado +jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que +redoblándose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que +duelen poco. Lo más extraño es que el muchacho, con ser tan bravío y +rebelde, no se defendió de los azotes, ni hizo ademán de volver golpe +por golpe, ni chistó siquiera... Por la noche ya habían hecho las paces; +él prometía ser bueno, y fino y persona decente. Exigió que su hermana +le llevara al teatro, ella lo prometió así; mas como no pudiese cumplir +al siguiente día por la causa que fácilmente conocerá el lector, se +enfureció el chico, pidió dinero, negóselo ella, hablaron más de la +cuenta, y él puso término a la disputa con esta amenazadora frase: + +«¡Dinero! Ya sé yo cómo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo +han enseñado». + +Isidora no hizo caso. El día de Inocentes salió un rato. Al volver, +Mariano había revuelto todo el cajón alto de la cómoda. + +«¿Qué haces?--preguntole su hermana, previniendo algún desastre. + +--¿Aciértame que tengo aquí?»--le dijo Mariano mostrándole su puño +cerrado. + +Isidora trató de abrir el puño del muchacho; pero este apretaba tan +fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron +moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano +hacía de su mano un arca de hierro. + +«Abre la mano, ábrela. + +--No quiero. + +--¿Qué tienes ahí?... ¿Qué has cogido?». + +Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puño cerrado. +Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: «Abur, chica». + +Al punto echó Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque +falsos, valían cuatro duros. ¡Cuántas lágrimas derramó aquel día! +Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio. + +Una noche, cuando menos se le esperaba, apareció al fin avergonzado, +compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo pródigo. Con la +alegría de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como +cumplía, y le perdonó. Tenía Mariano entre sus maldades, desarrolladas +por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la +franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos +con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo +cuanto había hecho en la semana lo contó puntualísimamente; pero ninguna +parte de aquella Odisea de travesuras causó tan penoso efecto en el alma +de la señorita de Rufete como estas palabras: + +«Estuve en casa de mi tía Encarnación, ¿sabes?..., y mi tía Encarnación +y la tía _Palo--con--ojos_ comían juntas; y mí tía Encarnación me dijo: +«Anda, pillete, anda con tu hermana a que te dé de comer y te vista de +señorito, pues bien puede hacerlo». Entonces mi tía Encarnación y la tía +_Palo--con--ojos_ se pusieron a hablar de ti, y mi tía Encarnación dijo +que tú tienes un novio marqués que te da mucho dinero». + +Isidora se quedó yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje +habría sido ocasión de que entrara más en malicia el chico, harto +malicioso ya, fingió tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el +alma, y se echó a reír. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo +punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el +tránsito brusco del candor al cinismo, le dijo: + +«Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien sé lo que hacéis para tener +siempre dinero. Los chicos me lo han dicho». + +Risas, azotes, lágrimas sucedieron a esta declaración; pero también +paces al siguiente día. Isidora, que recibió del marqués de Saldeoro +otra visita platónica y una nueva remisión de fondos por cuenta, al +parecer, del Canónigo, salió de aquella sombría situación de escaseces y +apuros; pagó sus deudas, compró un Diccionario de la Lengua castellana y +llevó a su hermano al teatro, de lo que este recibió tanto gusto, que en +algunos días apareció como transformado, encendida la imaginación por +las escenas que había visto representar, y manifestando vagas +inclinaciones al heroísmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta +Isidora de esto, comprendió cuánto influye en la formación del carácter +del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce, +la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea. + +Animada Isidora al ver que no carecía su hermano de algún fundamento +bueno y sólido para construir en él la persona decente, determinó que no +corriera un día más sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el +señorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebaño de chicos +en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete +la sujeción, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el +de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto +afán como de buscar aventuras. La mortificación de su amor propio al ver +que le eran muy superiores niños de menos edad que él, aumentaba el +horror que hacia el colegio y su maldito profesor sentía. Era casi un +hombre, y en todas las clases ocupaba el último lugar. Era el burro +perpetuo, burla y mofa de los demás chicos. Su barbarie llegó a ser +proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y +pataleo los dislates que decía en sus lecciones, y el maestro mismo, +cargando sobre él el peso de su desdén pedagógico, solía decir, +reprendiendo a cualquiera de los alumnos: «Eso no se le ocurre ni al +mismo Rufete. Eres más tonto que Rufete». + +La poca estimación que se le tenía mató en él sus escasos deseos de +aprender. Concluyó por despreciar el colegio como el colegio le +despreciaba a él, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual +aumentó de tal modo que, sin saberlo su hermana, dejó de asistir un mes +entero al estudio. En aquellos días de aventuras y pilladas y +esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido interés en seguir los pasos +de este desgraciado chicuelo le habría visto encaramándose en la verja +de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del +ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en +el río entre las lavanderas. En sus compañías, que al llegar al colegio +fueron de niños decentes, descendió poco a poco hasta el más bajo nivel, +concluyendo por incorporarse a las turbas más compatibles con su fiereza +y condición picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a +puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban +su pandilla; y como Mariano solía tener algún dinero, eran de ver su +boga y popularidad entre esta chulería menuda, que sin cesar se ofrece a +nuestra vista por calles y caminos con escándalo de la moral, con +bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y +sujetar estos presidios sueltos del porvenir. + + + + +Capítulo XVI + +Anagnórisis + + +¡Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaquín visitó una tarde a +Isidora para anunciarle que la señora marquesa de Aransis había llegado +de Córdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en +Isidora la dejó alelada por breve rato, y en su aturdimiento no hacía +más que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera +puesto ya en él todos los afectos disponibles de su gran corazón, +bastaría aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero +Joaquín dijo más. La señora marquesa de Aransis se había dignado fijar +el día siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir +a la señorita de Rufete. Esta se ruborizó de golpe por la idea sola de +aproximarse a la marquesa. ¡Qué minuto de asombro y congoja dulce! +Después el marqués viudo habló algo de los graves sucesos políticos del +día; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos +los políticos y no se enteró de nada. + +Cuando se quedó sola, ¡qué cosas pensó y dijo! Y por la noche, ¡cómo se +anticipó a los sucesos! ¡Con qué vigor y fuerza de fantasía construyó en +su mente la persona de la marquesa, a quien nunca había visto, y qué +bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos harían, +abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos +propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las +altas esferas que ella no conocía sino por ese brillo lejano, ese eco y +ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose +dueña del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias +al Señor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por +la sociedad; rezó, se espiritualizó, bañó su alma, si así puede decirse, +en ondas de honradez y virtud; la aromatizó con esencias sacadas de la +dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos +grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y +consolar afligidos y menesterosos; y desde esta región de la +beneficencia se precipitó a escape hacia los ensueños del lujo, en un +carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre +nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada +y moribunda en el abismo de rosas de un sueño dulce. + +Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. ¡Oh! La +luz de aquel día, de aquel jueves, 11 de febrero, tenía para ella un +tinte sonrosado y divino, lleno de poesía y de esperanza, como si todo +el día fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba +la hora de su dignificación gloriosa; la hora de una de las más grandes +justicias que había visto la tierra. En el tiempo había aquel día un +monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde. + +Isidora empezó a arreglarse desde muy temprano. ¿Cómo iría? No era +conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio +bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le +parecía chocarrero y de mal gusto. Tampoco convenía presentarse con +desaliño, anunciándose como demasiado influida por la baja condición en +que tan injustamente había vivido. El desaseo y abandono serían de muy +mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada +y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a +otro esplendoroso. Así se mostraría merecedora del nuevo puesto, +demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la mañana +la pasó en estos pensamientos. También meditó si convendría o no llevar +consigo a Mariano, decidiéndose por la negativa, por temor a que la +comprometiese con su salvajismo. Tiempo habría de presentarle y también +de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendría a ser +caballero digno de su escogido linaje. + +Cuando se acercaba la hora, púsose la de Rufete su vestido de merino +negro, tan decente que no se podía pedir más, muy bien cortado y hecho; +pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo, +embelesándose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se había de +congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en +el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que compartía +y derramaba su abundante cabello castaño alrededor de la frente, detrás +de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su +rostro matices de poesía crepuscular, como si todo él estuviese formado +con tintas y rasgos tomados de la melancolía y sosiego de la tarde. Sus +ojos eran pardos y de un mirar cariñoso con somnolencias de siesta o +fiebre de insomnio, según los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya +la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le +conocía el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis decía que había +en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones. +También decía que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino +nadaban como nereidas la imaginación soñadora, la indolencia, la +ignorancia del cálculo positivo y el desconocimiento de la realidad. + +Mirose mucho al espejo y se puso el velo. ¡Bien, bien! Su dignidad, su +hermosura, su derecho mismo, resplandecían más en la decencia correcta y +limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. ¡Bien, muy bien! +Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con +la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavío, que por +ella quizás se dividen las clases sociales. + +Dieron las tres. Tomó de una gaveta, donde muy guardados estaban, los +papeles que su tío le había dado, y que eran testimonio de su derecho +incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro +documento interesantísimo. Pasó la vista por ellos, aunque ya se los +sabía de memoria, y los guardó. No los necesitaba, sin duda, porque la +cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsión o delicadeza. +Al salir echó sobre su pobre aposento una mirada de lástima en que +también había algo de gratitud. Le parecía tan excesivamente humilde, +que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo +con su presencia. La princesa de Poniatowsky parecía más triste al verla +partir, y los del cuadro del _Hambre_ se volvían más flacos y +macilentos. ¡Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueños +y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los +muros venerables del palacio de Aransis. + +Al salir se despidió mentalmente de las de Relimpio. Les echó una +rociada de desprecio. Así puede decirse, pues tal era su idea. Se +figuraba que tenía en la mano una de aquellas mangas de riego que había +visto en las calles, y que, apuntándola a D.ª Laura, arrojaba sobre +ella, en forma de inundación, todo el desdén que puede caber en un +corazón tan grande como el depósito del Campo de Guardias. Sólo +exceptuaba de este chaparrón al bueno de D. José, para quien destinaba +_in mente_ la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don José, como +siempre, la acompañó aquella tarde. + +Serían las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida +que se acercaba Isidora a los barrios próximos a San Pedro iba sintiendo +turbación tan grande, que creyó le faltarían las fuerzas para llegar +allá. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos +marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusión. El +tiempo estaba también turbado. No sabía si apresurarse o detenerse. No +quería llegar ni antes ni después de la hora. Al fin vio en el extremo +de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcón, el primero de larga +fila de balcones, y se detuvo mirándolo. Allí era: tuvo miedo, frío y +ganas de llorar... + +Despidiose de D. José, el cual no comprendía por qué su ahijada le +mandaba retirarse. + +«¿Pero qué? ¿Te quedas aquí?... ¿No vuelves a casa?... + +--No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabrá usted todo. +Adiós. + +--A ti te pasa algo. ¡Qué pálida estás!... Pero aguarda... + +--Adiós, adiós». + +Dejándole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del +palacio. El gran sobresalto de su alma crecía a cada paso. ¡Oh! Sin +duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta llegó a imaginar +que estaría en un balcón esperándola. Miró y no había nadie. La casa +estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en +sí mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal +entreabierta. Isidora, al tocarla, sintió como un valor repentino. El +contacto de su propiedad le devolvía el dominio de sí misma. ¡Revelación +magnética de su derecho! + +Con voz clara preguntó al conserje por la marquesa. El cojo, como si la +esperara, la invitó a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera +había otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abrió con +mucho respeto una mampara. Esto animó a Isidora. Dentro de ella se reía +un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una máquina. Su corazón no +era corazón, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer +criado le salió al encuentro, y diciéndole: «Pase usted», la llevó de +sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: «La señora saldrá al +instante». + +Isidora se sentó. Instante único, tremendo; ángel con el pie levantado y +las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigirá su vuelo al +suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta; +espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace +o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de +aquel, no conocido todavía, en que se acabará el mundo... ¡Ah!, la +puerta del gabinete se abría... Isidora vio entrar una dama de cabello +casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como +reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acertó a +contestar al saludo afectuoso de la señora. No sabía lo que le pasaba. +Se levantó, volvió a sentarse. No podía asegurar si dijo o no dijo algo. +Se sentía morir. ¡El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la +marquesa no la había abrazado..., la marquesa no había parado mientes en +su fisonomía!... Las dos se miraron. + +Entonces Isidora vio que la marquesa sacó unos lentes de oro, y +aplicándolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada, +fría, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para +despertar admiración. Isidora creyó que la señora había estado mirándola +siglo y medio, año más, año menos. + +Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes salió una palabra. + +«El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me +escribió a Córdoba diciéndome que usted..., parece que asegura...». + +¡Cosa rara! También parecía turbada la marquesa. Pero lo que más pasmó y +confundió a Isidora fue no ver en la digna señora señales de +enternecimiento. + +«Es usted, según creo--dijo esta--, una joven que se llama Isidora, hija +de un tal Rufete... + +--No, señora--manifestó Isidora recobrando en un punto su valor, y +usando un lenguaje en que se combinaba hábilmente la energía con la +urbanidad--. He llevado y llevo ese nombre, que no es el mío. Don Tomas +Rufete ha pasado, hasta que murió por padre mío, y por tal le tuve y le +quise; pero yo me llamo Isidora de Aransis». + +La marquesa la interrumpió con un gesto de enojo. Volvió a mirarla +fijamente y palideció. + +«Me han asegurado--dijo--que usted pretende pasar por hija de mi +desgraciada Virginia. ¿Es cierto que usted lo cree así? + +--¡Oh!, ¡que si lo creo!--exclamó Isidora echándose a llorar--. Si no lo +creyera, no viviría... + +--Parece--indicó la marquesa--que esa creencia en usted es sincera; +parece que es una convicción arraigada y profunda... No puede usted +figurarse--añadió con cierto cariño--lo que me ha dado que pensar esta +idea de usted. Cuando me escribieron dándome cuenta de una joven que se +llamaba mi nieta, estuve muchos días preocupada con esto... He tenido +mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle +que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios +de la condición moral de las personas, desde luego aseguro que al +declararse usted nieta mía, no la ha movido ningún interés maligno. +Usted es sincera y honrada, usted tiene la convicción... + +--Señora--exclamó Isidora cayendo de rodillas a los pies de la +aristócrata--. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de +la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre». + +Le besó las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los +besos, con la más santa y sincera afección que es dado imaginar. Pero +aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de +enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su ánimo, y dijo con +sequedad: + +«Pero ¿qué es esto?... Levántese usted, hija... No puedo consentir... +Usted no me ha entendido bien...». + +Isidora se levantó. Creía que la marquesa quería llevar las cosas por el +terreno de las explicaciones frías antes de entregarse a las expansiones +del sentimiento. + +«Usted no me ha entendido bien--replicó la de Aransis, viendo cómo +Isidora se enjugaba las lágrimas luego que se sentó--. He dicho tan sólo +que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y +bondad que noto en su fisonomía... (es usted muy hermosa...) me ha +parecido desde un principio digna de interés y consideración. Usted sin +duda no ha venido aquí a representar una comedia; usted se declara hija +de mi desgraciada hija porque así lo cree, fundada en motivos y +circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razón, +hija mía, hay inmensa distancia, y así, señorita, no puedo menos de +manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que está usted +completamente equivocada». + +Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazón todas +las cataratas del Niágara, no habría experimentado sensación más +dolorosa de choque duro y frío. Quedó convertida en estatua, y sus +lágrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le salió a +los ojos. _¡Completamente equivocada!_ Decirle esto a ella era lo mismo +que decirle: «Tú no existes, tú eres una sombra; menos aún, un ente +convencional». ¡Tan profundas raíces tenía en su alma aquella creencia! + +«Yo no sé--prosiguió la marquesa con frialdad--cómo ha llegado usted a +adquirir ese absurdo convencimiento; no sé, ni quiero saberlo, por qué +serie de circunstancias, de _qui pro quo_ y de falsas apariencias, ha +llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su +error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de +seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que sí puedo +asegurar a usted, y lo aseguro porque lo sé, es que ha sido usted +atrozmente engañada, hija mía, y espero que no insistirá en ello después +de lo que acabo de manifestar». + +Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no +alumbrase. Era toda convicción, y la fe de su alto origen resplandecía +en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a +su voluntad y sólida base a su conciencia. El que apagase aquella +antorcha de su alma, habría extinguido en ella todo lo que tenía de +divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al oír a la marquesa creía +escuchar los términos más terribles de la injusticia humana. La pena que +con esto sintiera la colmó de confusión y espanto en los primeros +momentos; pero después su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia. +Su ira surgió como una espada que se desenvaina, y le dio concisa +elocuencia para decir: + +«Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo +nacimos de doña Virginia de Aransis. Se nos podrá arrebatar lo que es +nuestro; se nos podrá negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre; +pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defenderá. + +--En vista de esa terquedad--dijo la marquesa esforzándose en no llevar +la cuestión a un terreno dramático y en huir de las declamaciones--me +arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin +malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos niños de mi +infeliz hija, la hembra murió, el varoncito vive y está a mi lado. Si +insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o capítulos de +novelas, me veré obligada a tenerla a usted o por impostora o por +demente... + +--Tengo documentos--exclamó Isidora mostrando sus papeles. + +--No quiero verlos. Supongo qué pruebas son esas. Yo las tengo +clarísimas para probar lo que he dicho. + +--Y yo..., ¡yo también probaré!--balbució Isidora con el corazón, hecho +pedazos, en los labios--. ¡Ah! ¡Qué desgraciada soy, señora! Yo me +muero». + +Rompió a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma, +tuvo lástima de ella. + +«He empleado con usted palabras muy duras--le dijo--. Pero usted ha +tenido la culpa, hija mía. Usted ha sido engañada. No será quizás +impostora. Hablará usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de +su credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiéseme sus +penas, porque penas hay, lo sospecho. ¿Quién ha metido a usted en la +cabeza esas historias? Cuénteme usted todo. Después, si necesita algo, +si usted se ve en alguna necesidad... + +--Hasta aquí he vivido arrojada de mi casa, de mi posición, privada de +mi verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nací me +pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna». + +La marquesa no creyó deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las +últimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y +mirando a la pobre joven con más lástima que cólera, le dijo: + +«Si tan convencida está usted, acuda usted a los Tribunales. + +--Acudiré--exclamó Isidora con firme convicción. + +--Entretanto, es inútil que disputemos aquí. Puede usted retirarse». + +La marquesa intentó tirar del cordón de la campanilla. Con un movimiento +inesperado, Isidora la detuvo, y postrándose ante ella, exclamó con viva +explosión de sentimientos nobles: + +«Señora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibiría +usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi +derecho, y yo la adoro porque creo en él. No hay odio en mi corazón ni +puede haberlo para la madre de mi madre... Déjeme usted besar sus +manos». + +La marquesa parecía muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro, +apartaba de sí a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiración más +audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separó su velo para mostrar +más completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. ¿Qué +destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del +timbre de su voz al decir: + +«¿Para qué leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho. +Soy el retrato vivo de mi madre». + +La marquesa la miró otra vez palideciendo. ¿Cruzó por la mente de la +noble señora un rayo de duda?... ¿Vaciló su firme creencia? ¡Quién puede +saberlo! A sus ojos asomaron las lágrimas. + +«No interprete usted mis lágrimas como una concesión--dijo a Isidora--. +Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido...». + +Volvió a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada +por aquel mirar profundo, se estremeció de esperanza. La hermosura de la +joven, su distinción innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto, +hicieron en la noble dama profunda impresión. + +«En cuanto al parecido--continuó esta--, nada tengo que decir, porque si +alguno hay, es puramente casual... Me hará usted un favor en retirarse». + +Tiró de la campanilla, y se alejó serenamente sin prisa y sin cólera, +como nos alejamos después de aplastar un insecto. + +Isidora se encontró sola en el gabinete. Un lacayo apareció en la +puerta. Era señal de que la ponían bonitamente en la de la calle. +Levantose y salió. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad +terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del +palacio se iban quedando atrás, como se desvanece el mundo cuando nos +morimos. + +Cuando bajaba la escalera, un lacayo subía. Tomola este por una de las +infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la +marquesa, y le dijo: «¡Qué bonita es usted, prenda!». + +Puede juzgarse cómo estaría su espíritu, cuando este ultraje apenas le +hizo impresión. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el +cual al pasar la miró con atención picaresca. Ambos le hicieron un frío +saludo. Salió sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle. +Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. José de +Relimpio. Isidora despertó al choque y dijo: + +«¿Pero está usted aquí? + +--Sí, hija mía--replicó el galán viejo muy conmovido--. El corazón me +decía que habías de salir pronto, y esperé... No me podía acostumbrar a +la idea de no volver a verte... ¿Qué quieres tú?... Yo tomo cariño a las +personas con mucha facilidad... Aquí se me ha pasado el tiempo mirando +como un bobo a los balcones y diciendo: «Ella ha de salir, ella ha de +salir». + + + + +Capítulo XVII + +Igualdad.--Suicidio de Isidora + + +Isidora no ponía atención en las cariñosas palabras de D. José. Sintió +en su cerebro una impresión extraña, como el rastro aéreo de inmensa +caída desde la altura a los más hondos términos que el pensamiento puede +concebir. ¡Y qué manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que +están debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio +general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la +luz eran de otro modo. La gente y las casas también se habían +transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora, +era punto menos que otra persona. + +«¿Pero a dónde vamos, hija?»--preguntó Relimpio viendo que andaban y +desandaban calles, subían costanillas, y divagaban pasando muchas veces +por un mismo sitio. + +Isidora no le contestaba y adelante seguía, llevándolo como rodrigón. +Ella miraba al suelo, él el cielo. Sin saber cómo, halláronse en las +Vistillas. Caía la tarde. Don José llamo la atención de su ahijada hacia +la magnificencia del crepúsculo que desde aquel despejado sitio se +gozaba; alzó los ojos ella y miró, arrojando un suspiro tan grande sobre +el inmenso paisaje que a su vista tenía que parecía querer llenarlo de +tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonías entre su +estado moral y la Naturaleza, la hermosísima retirada y apagamiento del +día no eran extraños al occidente que había en su alma. Los destellos de +oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundían dejando tras sí +un rastro pálido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa +uniforme y sin contornos, se alejaba, desvaneciéndose en el fondo del +firmamento, donde al fin quedaría como el espectro de un mundo. +Marcábanse las curvas del río por jirones de niebla desvanecida, +vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado +de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos. + +«¡Qué feísimo es esto!»--murmuro Isidora con ira que indicaba cierta +hostilidad contra la Naturaleza. + +Entonces el patriarcal D. José se puso a admirar la belleza del cielo, +que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyección +abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata, +caía del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante +del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago +apuntar de la idea en el cerebro. Don José desparramó su vista por toda +la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrónomo a un +astro que brillaba más a cada instante, dijo lacónicamente: + +«¡Júpiter!». + +Isidora también miro, pero con escarnio y desdén. + +«¡Qué horrible está la luna!»--murmuró. + +Y la comparó al corte de una uña. Volviéndose a su embelesado padrino, +que osó hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha +displicencia: + +«¿Y qué tengo yo que ver con Júpiter?... ¿Qué me va a dar a mí +Júpiter?». + +Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrás él. + +«A ti te pasa algo... ¿Qué tienes?--le dijo el maestro de Teneduría. + +--¡Qué le importa a usted! Si no quiere usted acompañarme, puede dejarme +sola. + +--¡Pues no faltaba más!... Hasta el fin del mundo...». + +Una sombra lúgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la +vista, y vieron la mole del viaducto en construcción, un bosque de +andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro. + +«Cuando este puente se acabe--dijo Relimpio en tono de mucha +autoridad--, no servirá sino para que se arrojen de él los +desesperados». + +Isidora miró con desprecio al puente, y repuso: + +«¡Quia! Eso es muy bajo». + +Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media +docena de hombres entre humo y vapores alcohólicos, salió una +exclamación que así decía: «Ya todos somos iguales», cuya frase hirió de +tal modo el oído, y por el oído el alma de Isidora, que dio algunos +pasos atrás para mirar al interior del despacho de vinos. + +«Se confirma lo que esta mañana se decía--murmuró D. José demostrando +una gran pesadumbre--. El Rey se va, renuncia a la corona, y a mí no hay +quien me quite de la cabeza que es la persona más decente... + +--Todos somos iguales»--afirmó Isidora repitiendo la frase. + +Y la frase parecía volar multiplicada, como una bandada de frases, +porque a cada paso oían: «Todos somos iguales... El Rey se va». Salían +estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban +mujeres y chicos en las puertas de algunas casas. + +Mientras D. José dejaba oír con tímida voz consideraciones prudentes y +juiciosas sobre el suceso del día, Isidora pensaba que aquello de ser +todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento +excepcional de esos que hacen época en la vida de los pueblos, y se +alegró en lo íntimo de su alma, considerando que habría cataclismo, +hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos +colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento +moral de Isidora, no la consolaba. A la momentánea alegría siguió +agudísima pena. Por un instante se sintió invadida de un dolor tan +grande, que llegó a pensar en que no debía vivir más tiempo. Pero esta +desesperación también duró poco. Todos los medios de apartarse +voluntariamente de la vida le parecían dolorosos, antipáticos y aun +cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la +ataba aún a la vida, aunque no fuera más que la curiosidad de goces y +satisfacciones que no había probado todavía... No, morir, no. Tiempo +había para eso. + +A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y recibía su calor +central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y +del ver y del gustar. Había sofocado una vida para fomentar otra. Cuando +esta moría, justo es que aquella resucitara. + +De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba +cansadísima y quería sentarse. No sólo tenía necesidad de reposo, sino +de meditación, pues tanto como su desengaño la mortificaba aquella noche +la idea de tener que volver a casa de D.ª Laura. No; decididamente allá +no volvería aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco frío y +duro. En tanto don José miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que +en su interior ocurría; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de +piedra. En ningún balcón se veía luz. Todo estaba cerrado y sombrío como +el disimulo que precede a las grandes resoluciones. + +«¡Pobre señor!--exclamó Relimpio ofreciendo a la dinastía extranjera el +homenaje de un suspiro--. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en +su caso...». + +Después de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas, +Isidora dijo esto a su buen padrino: + +«Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todavía. + +--¡Marcharme!, ¡dejarte sola!... Tú estás loca--replicó él no sabiendo +renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada. + +--Es que no puedo ir a casa todavía... Márchese usted, que si no le +reñirá D.ª Laura. + +--Déjala... Yo te acompañaré adonde quieras. No faltaría más...; ¡ir tú +sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo +digo con franqueza, porque yo no soy ningún anacoreta. A los pícaros +españoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No +puedes andar sola de noche. Estás cada día más guapa, y por dondequiera +que vas llamas la atención. + +--¡Llamo la atención!--, pensó ella, y se levantó decidida. + +--¿A dónde vamos, hija? + +--No lo sé todavía». + +Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animación convidan a +los placeres y a intentar gratas aventuras, sintió la joven que se +amenguaba su profundísimo pesar, como el dolor agudo que cede a la +energía narcótica del calmante. Se sintió halagada por el contacto de la +sociedad; percibió en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces +simpáticas llamándola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y +como la humana soberbia afecta desdeñar lo que no puede obtener, en su +interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones +despedazadas y muertas. Ella también despreciaba una corona. También +ella era una reina que se iba. + +Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazón siempre +alborozado, le comunicó su vivir rápido y anheloso. Allí se cruzan las +ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o +sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un +encanto, abierto bazar, exposición de alegrías y amenidades sin cuento. +Los teatros llaman con sus rótulos de gas, las tiendas atraen con el +charlatanismo de sus escaparates, los cafés fascinan con su murmullo y +su tibia atmósfera en que nadan la dulce pereza y la chismografía. El +vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las +seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente. + +Isidora observó que en ella renacía, dominando su ser por entero, aquel +su afán de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar +diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor +fisiológico y dar satisfacción a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo +vigoroso y el alma soñadora. Se miraba en los cristales, y se detenía +larguísimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba +mientes en el susurro de los grupos, que decían: «El Rey se aburre, el +Rey se va». + +A la entrada de la calle de la Montera la animación era, como siempre, +excesiva. Es la desembocadura de un río de gente que se atraganta +contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella +noche, sin saber por qué, el choque de las multitudes y aquel +frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil +impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujón, de las cosas +vistas y deseadas. El piso húmedo, untado de una especie de jabón negro, +era resbaladizo; pero ella se sostenía bien, y en caso de apuro se +colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Subían +los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando +sangre, y su enorme pesadez estremecía el suelo. Los carreteros +apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban +para evitar el desorden y los atropellos. Deteníanse los vehículos +atarugados, y la gente, refugiándose en las aceras, se estrujaba como en +los días de pánico. La tienda del viejo Schropp detenía a los +transeúntes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de máscaras, +disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas, +y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el +escaparate del Marabini, lleno de magníficos brillantes, manifestaba al +público tentadoras riquezas. + +«Dejemos esto, chica--dijo D. José a su ahijada, que miraba embebecida +las joyas--. Esto no es para nosotros». + +De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol. + +«¿Otra vez? + +--Quiero ir hacia el Congreso--declaró ella. + +--Ya..., ¿para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no +sea que por artes del demonio...». + +Menudeaban los grupos, todos pacíficos. No eran hordas de descamisados, +sino bandadas de curiosos. Se oía decir aquí y allí: «La República, la +República», pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de +aquella cosa grande y temida. No había entusiasmo ni embriaguez +revolucionaria, ni amenazas. La República entraba para cubrir la vacante +del Trono, como por disposición testamentaria. No la acompañaron las +brutalidades, pero tampoco las victorias. Diríase que había venido de la +botica tras la receta del médico. Se le aceptaba como un brebaje de +ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte. + +¡Cuánta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso, +donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el +café de la Iberia, que es el Parnasillo de los políticos, dan a esta +calle, en días o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su +padrino siguieron la corriente. ¡Cuántos hombres, y también cuántas +mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magnético conductor +de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el +roce de hombros y brazos, entró en ella y la sacudió. + +«Déjeme usted sola--dijo a su padrino--. Yo tengo que hacer. Le va a +reñir a usted doña Laura. + +--Deja a D.ª Laura que se la lleve el demonio--exclamó Relimpio, a quien +la idea de no acompañar a su sobrina le ponía furioso--. ¡Hay por aquí +tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y +decirte flores. Esto es indecoroso, y no sería extraño que yo tuviera un +lance». + +¡Ay Isidora! ¿Qué significó ese susurro de carcajadas que sentiste +dentro de ti?... ¿Era que empezaba a comprender la posibilidad de +consolarse sin renunciar a sus ideas? ¡Oh, no! Antes morir que abandonar +sus sagrados derechos. «¡Las leyes!--pensó--. ¿Para qué son las leyes?». +Esta idea le infundió algún contento. Sí; ella confundiría el necio +orgullo de su abuela; ella subiría por sus propias fuerzas, con la +espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecían. Si su +abuela no quería admitirla de grado, ella, ¿qué tal?..., ella echaría a +su abuela del trono. Venían días a propósito para esto. ¿No éramos ya +todos iguales? El pueblo había recogido la corona arrojada en un rincón +del Palacio y se la había puesto sobre sus sienes duras. ¡Bien, bien, +bien! Y se aplaudió a sí misma, se palmoteó con esas manos inmateriales, +que para apoyar sus discursos tiene el corazón. ¡Pleito! Esta palabra, +anunciadora de una gran idea, se le quedó fija en la mente desde +entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y +jueces, y pirámides de papel en cuya cúspide brillaba deslumbrante y +cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil. + +En la calle de Floridablanca el gentío era más espeso; pero los curiosos +no hacían nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban +vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida República, como se habría +hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las +Cortes pasaba se traslucía fuera. + +Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. José demasiado +humilde para que la joven dejase de oír una y otra vez algunas fórmulas +equívocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educación y de +la falta de respeto a las mujeres. + +«Vámonos a casa--dijo Relimpio algo amostazado--. Yo no me puedo +contener. Soy una pólvora. Tú no conoces mi genio. Pues bien, me estás +comprometiendo. + +--Váyase usted, que yo me quedo--replicó ella impávida. + +--¿Pero estás loca?... + +--No estoy loca. Es que... + +--Pero ¿tú buscas a alguien? ¿Esperas a alguien?». + +Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequeña por donde entra y +sale toda la política de España. + +«Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez». + +Isidora no le hizo caso. De repente avanzó hacia la calle del Sordo, +mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del +Congreso. Uno de ellos se distinguía por su gabán claro. + +«¿Al fin nos vamos?--preguntó D. José con alegría. + +--No se enfade usted conmigo, padrinito--dijo Isidora mirándole--. Le +quiero a usted mucho». + +Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se había fijado en los +tres señores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al +llegar al extremo de la calle, D. José, que gozaba mucho por los +recuerdos históricos, se paró y dijo con voz lúgubre: + +«Aquí mataron a D. Juan Prim. Todavía están en la pared las señales de +las balas». + +Isidora no miró las señales de los proyectiles. Miraba a los tres +caballeros, que se habían detenido algo más arriba, junto al jardín de +Casa--Riera. Parecía que se despedían. En efecto, dos siguieron hacia la +Presidencia, y el del gabán claro bajó por la calle de Alcalá. + +¡Instante tremendo, que no olvidaría jamás D. José Relimpio aunque +viviera mil años! Cuando el señor del gabán claro pasó por la trágica +esquina, Isidora echó a correr, llegose a él, se le colgó del brazo. +Hubo exclamaciones de sorpresa y alegría... Después siguieron juntos, y +se perdieron en la niebla. + +«¡Ah!--murmuró D. José con vivo dolor--. Es el marqués viudo de +Saldeoro... ¡Ingrata!... ¡Y qué hermosa!». + +El pobre señor se apoyó en la esquina: su desconsuelo era grande. Pensó +que no la vería más. Vuelta la cara a la pared, ¿qué hizo durante el +rato que permaneció allí?... ¿Lloró? Quién lo sabe. Tal vez estampó una +lágrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la página más +deshonrosa de la historia contemporánea. + + + + +Capítulo XVIII + +Últimos consejos de mi tío el Canónigo + + +¡Qué lástima no ser poeta épico para expresar, con la elocuencia propia +del caso, el enojo de D.ª Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la +ira de los dioses, hallábase a dos dedos de ella! Todo por que la +señorita Isidora no se conducía decorosamente. Don José estaba +profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida +ahijada. Y si alguna tímida palabreja salía de su boca, D.ª Laura se le +quería comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba +era que se había quedado fuera de casa en la noche del 11. «Nada, +nada--dijo la iracunda señora a su marido del modo más imperioso--. +Esa... _Sardanápala_ no tiene que poner más los pies en mi casa. Si la +ves, dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su +padre». + +Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mandó por su equipaje. +¡Temblad, humanos!..., ¡ponía casa! El furor de D.ª Laura creció, y en +ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras, +como las olas de un mar embravecido. Relimpio no podía disimular una +aflicción honda que tenía su asiento en la región cardíaca. Parecía +atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groserías de la +ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no +dijeron nada. + +Y tú, ¡oh lector!, ¿qué dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia +por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner +casa la de Rufete no puede atribuirse aún a sospechosos motivos; sabe, +pues hay obligación de que se te diga todo, que el mismo día 12 por la +mañana recibió nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En +la una, su tío el Canónigo se despedía de ella para el otro mundo y le +daba mil consejos de mucha substancia, amén de un legadillo para que +ambos huérfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiación y +herencia, si ya no estaban en posesión de ambas cosas. La otra carta +anunciaba la muerte del santo varón. + +El cual, hora es ya decirlo, no era tal Canónigo ni cosa que lo valiera, +sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos años +se había aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona +y sibarítica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano--Quijada, primo +carnal de Tomás Rufete, había sido mayordomo de una casa grande, y +después administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda +de nadie, se retiró a su pueblo, donde vivió célibe, entre primas y +sobrinos, más de treinta años, dedicado a la caza, a la gastronomía y a +la lectura de novelas. Tenía ciertos hábitos de grandeza, y en su modo +de hablar y de escribir distinguíase tanto de sus convecinos, que antes +que lugareño parecía de lo más refinado y discreto de la corte. Era muy +avaro y sumamente excéntrico. Omitiendo las mil aseveraciones +contradictorias que corrían por toda la Mancha acerca de su +caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas +chifladuras, dejaremos que se nos muestre él mismo en la carta que +escribió a Isidora, y que copiamos a la letra: + +«El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873. + +»Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya +este pecador, a quien llamaste tío y que más que tío ha sabido ser padre +tuyo, estará en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas. +Aquella dolencia que ni el médico de este pueblo ni el de Argamasilla +entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitándome la +respiración de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el +alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta señora ha de estar dentro +de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no +poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin +movimiento, y el Sr. Rodríguez Araña, secretario del Ayuntamiento, me +hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en +tu hermano, a quienes supongo ya en pacífica posesión del marquesado. + +»Por tu última carta veo que esperabas aviso de la señora marquesa de +Aransis. Esa buena señora os habrá reconocido como nietos, porque no +puede ser de otra manera. Ojalá fuera tan seguro que he de alcanzar la +gloria eterna, como lo es que tú y Mariano nacisteis de aquella hermosa +y sin ventura Virginia, de quien sacaste tú la figura y rostro de tal +manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella +resucitada. Pero si por artes de algún enemigo o tontunas de la marquesa +(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado +la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu +cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente está tu +derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el +caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y +tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran +fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la señora +marquesa echándote los brazos al cuello y comiéndote a besos. Si las +cosas han pasado de otra manera, trata de que la señora te reconozca por +el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si +tienes en él algún lunar o seña por donde la marquesa venga en +conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he leído casos +semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero vellón o cosa así han +bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre +y como tales se abrazaran. De esto están llenas las historias. + +»Para que lo gocéis, si es que ya estáis en vuestro trono, o para que +siga el pleito, si no lo estáis, os dejo un legado que no es cosa mayor. +Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado, +persona a quien conoces y seguramente tendrás por la misma +caballerosidad. + +»Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te +vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con +los demás son el peligro de los ricos y la sangría de las bolsas. Cásate +con persona de tu condición, pues si lo haces con quien por debajo de ti +esté, te expones a que el peso de tu cónyuge te tire hacia abajo y no te +deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, más vale que te +unas con quien te sea superior, que también hay príncipes y duques por +estas tierras. + +»No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas, +que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia +intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados +del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a +los que nada tienen. + +»Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre +tus sedas el paño burdo de tus primeros años, habrá tontos que se rían +de ti. Instrúyete bien en las cosas que no has podido aprender en la +pobreza. Tú eres lista y harás grandes progresos. No olvides de darte +algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa +fácil y que se aprende con un poco de paciencia. + +»Para no descubrirte, muéstrate al principio circunspecta y callada, que +con esto pasarás por modesta, y la modestia es virtud que en todas +partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspección, dedícate +a observar lo que hacen los demás para aprenderlo y hacerlo tú misma +luego que te vayas soltando. Observa cómo saludan, cómo manejan el +abanico, cómo dan el brazo, cómo se sientan a la mesa y ponen el abrigo. +Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular +estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada +maestra. + +»Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la +desaparición de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la +humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo. +Siempre habrá clases. Por más que aseguren que esta igualdad se ha +iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las +personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a mí no me +entra eso. ¿La educación general traerá al fin la uniformidad de +modales? Patarata. ¿Los salones de la aristocracia se abren a todo el +mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro +perro con ese hueso. Dicen que las señoras de la grandeza cantan +flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofía. Esa no +cuela. Yo no lo creeré aunque lo vea. Si en algún momento de inundación +social ha podido pasar eso, las cosas volverán a su cauce. + +»Haz lo posible por distinguirte de los demás sin humillar a nadie, se +entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras +ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una +bofetada, dala con mano de algodón perfumado, que así duele más. + +»Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo así, el +sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad +de un alto señor como en sus guisos y manera de presentarlos y +servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen círculo de +convidados que sazonen la comida con las especias finísimas del ingenio +discreto; especias, hija mía, que más bien son flores de aroma delicado. +Mira bien a quién convidas. No sientes parásitos a tu mesa, que estos, +después de vivir a tu costa, te criticarán. Elige diariamente un pequeño +número de comensales, graves sin afectación, ingeniosos sin descaro, +festivos sin chocarrería, y que coman sin gula y beban sin embriaguez, +honrando tu casa y celebrando tu mesa. + +»Mucho te hablaría de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello. +Solamente te diré, que pues la moda quiere que el arte francés con sus +invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra +cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de +restablecer usos culinarios que están ya vencidos. Adopta la cocina +francesa, toma un buen jefe y provéete de cuanto la moda y la +especulación traen de remotos países. Pero has de saber que es de buen +gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y así, no +hay cosa de más chispa que sorprender un día a tus convidados con un +plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado +de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una +exhibición hábil de fruslerías francesas, no sólo no te será vituperado, +sino que te valdrá grandes alabanzas. + +»Vístete con primor. Huye tanto de la vulgaridad poniéndote lo que todas +se pongan, como de la excesiva singularidad poniéndote lo que a nadie se +le haya ocurrido usar. Hay un término medio, delicadísimo, muy difícil +de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente +elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la +extravagancia; procura que en tus atavíos, sin que falte lo común y +corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalísimo, +que no puedan imitar los demás, y habrás logrado el objeto. + +»Sé siempre buena católica cristiana, que lo primero es salvar el alma. +Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin +fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afán a las prácticas +religiosas; trata a los curas con consideración, y dales para que coman, +que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea +novenas y alguna que otra función; pero sin pasar de ahí ni abrir tu +puerta a los señores de hábito negro, los cuales, si les dejaras, pronto +imperarían en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dirá la +gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya +no hay santos ni cosa que lo valga. + +»De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida +conyugal, cosa que, según oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo +quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningún punto +poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe +matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de +los perversos usos del día, se hastíe un poco de ti, y busque +entretenimiento y variedad en otras mujeres. ¡Atroz desaire que te +producirá no pocos sofocones y te pondrá a dos dedos del mayor peligro +en que jamás se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas +llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado +por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltará poco para caer en +pecado igual al suyo. Cuidado, hija mía, mucho cuidado. A su poligamia +contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta, +resiste, y no degrades tu corazón dándolo a algún mequetrefe que lo tome +por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y +desocupados. Consérvate digna, recatada, siempre señora inexpugnable; +que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventará, +y entonces podrás volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro +marido que te considere más y te atienda mejor que el primero. + +»Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado +las más importantes, no digo más, porque las fuerzas me faltan. +Acuérdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de +invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto +aquí, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habré cerrado +mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrírmelos a los de la +gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdón de +mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me +importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me +despido de mis amigos, y recibe tú el último pensamiento y el suspiro +último de tu amantísimo tío (o cosa tal), + +SANTIAGO QUIJANO QUIJADA». + +Madrid.--Junio de 1881. + +FIN DE LA PRIMERA PARTE + + * * * * * + + + + +Segunda parte + + + PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE + + ISIDORA RUFETE, _protagonista._ + MARIANO RUFETE, _su hermano._ + AUGUSTO MIQUIS, _doctor en Medicina._ + JOAQUÍN PEZ. + DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _tenedor de libros._ + MELCHOR DE RELIMPIO, _arbitrista._ + EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAÑO. + LA SANGUIJUELERA. + DON ALEJANDRO SÁNCHEZ BOTÍN, _padre de la Patria._ + JUAN BOU, _litógrafo._ + JUAN JOSÉ CASTAÑO, _ortopedista._ + MUÑOZ Y NONES, _notario._ + MADAMA EPONINA, _modista._ + RIQUÍN, _niño._ + EL MAJITO. + MODESTO RICO, _tratante de vinos._ + PALO--CON--OJOS. + GAITICA. + DIVERSOS PECES. + DIVERSOS PÁJAROS. + UN GRAN PERSONAJE _(que no habla)._ DIVERSOS PERSONAJES _(que no + hablan tampoco)._ + + _Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un + oficial de litografía, hombres y mujeres del pueblo, porteros, + tropa, etc._ + + _La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875._ + + + + +Capítulo I + +Efemérides + + +La República, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la +Restauración, tantas formas políticas, sucediéndose con rapidez, como +las páginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron +sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos +de Tomás Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia +(trocándose en feliz para el efecto de la composición de este libro) +juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir +adelante. Aconteció que por causa de una fuerte neuralgia necesitó este +la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los +primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposición y +altísimo porvenir. Enfermo y médico charlaban de diversas cosas. Un día, +cuando ya se había iniciado la convalecencia, recayó la conversación en +los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no podía +haber un tema más gustoso, habló largamente de Isidora, diciendo, entre +otras cosas, lo siguiente: + +«Está ahora esa mujer..., vamos..., está guapísima, encantadora. Parece +que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado +considerablemente en gracia, en belleza, en expresión. Se me figura que +será una mujer célebre. Vive en la misma casa donde se instaló hace dos +años, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.--¡Un hijo! +¿Qué me cuenta usted?--Lo que usted oye. Ya tiene dos años. Es algo +monstruoso; lo que llamamos un _macrocéfalo_, es decir, que tiene la +cabeza muy grande, deforme. ¡Misterios de la herencia fisiológica! Su +madre me pregunta si toda aquella gran testa estará llena de talento. Yo +le digo que su delirante ambición y su vicio mental le darán una +descendencia de cabezudos raquíticos... El chico es gracioso y de una +precocidad alarmante... + +»Pasando a otra cosa, yo tengo para mí que el marqués viudito está más +tronado que la nación española. Sus deudas se remontan como el águila +ávida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales, +carecer es morir, y pasarán por toda clase de ignominias antes que +decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipación. Por +desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten, +cándidos que les fíen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca +mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a +veces toman sin pedir. + +»Yo pregunto: ¿No habrá algún día leyes para enfrenar la alta vagancia? +¿No se crearán algún día palacios correccionales? ¿No establecerán las +generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a +raya la demagogia azul, dándole de comer? Yo pregunto también: Puesto +que tanto se ha hablado del derecho a la vida, ¿existirá también el +derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la +alta vagancia nos pedirá algún día los casinos costeados por el Estado. +Lógica, lógica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo: +«Estáis tocando el violón, porque el comunismo existe entre nosotros con +tan profundas raíces como la religión: es nuestra segunda Fe. No falta +más que perfilarlo, darle la última mano, y ponerlo bien clarito en las +leyes, tal como lo está en nuestras costumbres». + +»Ahora bien, señores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la +sociedad toda. Hagamos una revolución para destruir el comunismo, y esto +es lo práctico, porque hacer revolución por establecerlo es como si +encendiéramos el gas de las calles en pleno día. Revolución, pues. +Suprimamos la Administración, que es una hipocresía del reparto +universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numérica del +_restaurant_ nacional; suprimamos las contribuciones, que son el +almacenaje omnímodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido +esto, lo demás, ejército, gobierno, armada..., se suprimirá por sí +mismo. Entonces diremos: _todo acabó_; _nadie se encarga de nada_... Que +cada cual salga por donde pueda. Fúndese una sociedad nueva entre el +estruendo de los palos. ¿Qué tal? Sí, señores, el comunismo no muere +sino ahogado en un océano de negaciones. Luego se unirán el interés y la +fuerza para crear el nuevo derecho». + +Todos los que conozcan a Miquis verán que no exageramos ni añadimos nada +al poner aquí sus festivas paradojas. + +Efectivamente, Isidora vivía al fin de la calle de Hortaleza en un +número superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande. +Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, están +fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes +pequeños con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando +a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas +luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de +yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada +la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden +y simetría. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se +había formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa +yuxtaposición del verdadero hogar doméstico, labrado poco a poco por la +paciencia y el cariño de una o dos generaciones. Allí se veían piezas +donde el exceso de muebles apenas permitía el paso, y otras donde la +desnudez casi rayaba en pobreza. Algún mueble soberbio se rozaba con +otro de tosquedad primitiva. Había mucho procedente de liquidaciones, +manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable. +Casi todo lo restante procedía de esas almonedas apócrifas, verdaderos +baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duración. + +La sala lucía sillería de damasco amarillo rameado; en imitación de palo +santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase más +inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas +aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y +de piezas tan frágiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a +él con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La +consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus +agujas una sola vez. El mármol de ella se escondía bajo una instalación +abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel cañamazo y +todo lo más deleznable, vano y frágil que imaginarse puede... A Isidora +no gustaba esta sala, que era, según ella, el tipo y modelo de la sala +cursi. Había sido comprada _in solidum_ por Joaquín en una liquidación, +y provenía de una actriz que no pudo disfrutarla más de un mes. Isidora +tenía propósito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas +horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado había lo +bastante para media docena de casullas, y aún sobraba algo para vestir +un santo y ponerle de tiros largos. + +En el gabinete próximo a la sala estaba casi constantemente la heroína +de esta historia. A la izquierda de la chimenea tenía su armario de +luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros días de uso, +pero que pronto empezó a perder su brillo y a desvencijarse, +manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido +en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcón, estaba el +tocador, mueble precioso, pero muy usado. Había pertenecido a una casa +grande que liquidó por quiebra. Un escritorio pequeño con gavetillas y +algún secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro +para la cómoda. Sobre esta se elevaba un montón de cosas revueltas, en +cuya ingente masa podían distinguirse cajas de sombreros y cajas de +sobres estropeados, libros, líos de ropa, un álbum de retratos, un +Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartón. + +En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de ébano y roble, había +varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la +perfección de la fotografía y la belleza de la figura. Parecía una +duquesa, y ella misma admiraba allí, en ratos de soledad, su continente +noble, su hermosura melancólica, su mirada serena, su grave y natural +postura. En la pared no había ninguna lámina religiosa; todas eran +profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha +inundado las tiendas de cromos; canónigos glotones, cartujos que catan +vinos, el clérigo francés que se come la ostra y el que muestra el +gusano en la hoja; además, borrachos laicos y algunas majas y chulos que +entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto había sido adquirido por +Joaquín, que se reía mucho contemplando al fraile embobado junto a la +muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacían maldita +gracia los cromos frailescos. Encontrábalos groseros, de mal gusto y +ordinarios, por ser cosa de estampa que se veía en todas partes. ¡Cuándo +realizaría ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al óleo, +de los primeros pintores! + +Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si +había sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma +nos lo dirá. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro +meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia, +y para ello aprovechemos las efemérides verbales de D. José de Relimpio, +cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable. + +1873. _1.º de marzo_.--Instalación de Isidora en su casa de la calle de +Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqués +viudo de Saldeoro. Escándalo. Pronuncia D.ª Laura su célebre frase: «Ya +veía yo venir esto». Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina +militar.--_La Sanguijuelera_ visita a los de Relimpio y califica la +conducta de su sobrina con palabras que a pluma más hipócrita no podría +velar con los disimulos del lenguaje. + +_Abril_.--Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardías se +encuentran frente a frente y del choque resulta una página histórica. No +corre la sangre.--Primera cuestión entre Isidora y Joaquín por la manera +de invertir el dinero heredado del Canónigo. Isidora gasta sin +substancia una buena parte de él en los preliminares de su pleito. Se +permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que +privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los +fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia +incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas +necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se +atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.--Célebre +discurso de Pi. + +_Junio_.--Reúnense las Cortes Constituyentes. La guerra toma +proporciones alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas +consecuencias de la desgraciada acción de Eraul.--Joaquín Pez marcha a +Biarritz. Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el +paradero de su hermano, que ha desaparecido del colegio en que +estaba.--Consternación. Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel +Llagostera. La guerra, la política, ofrecen un espectáculo de confusión +lamentable. Don José de Relimpio manifiesta con gran seso que la +cesantía de treinta mil reales que disfrutan los ex ministros españoles +es la causa de estas tremolinas. + +_Julio_.--Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crímenes, +desbordamiento general del furor político.--Doña Laura cae gravemente +enferma.--La guerra civil crece. Cada día le nace una nueva cabeza y un +rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a +su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atención y +se hacen acerca de ella novelescos comentarios.--Ministerio Salmerón. + +_Septiembre_.--Cartagena, excursiones de las fragatas. ¡Oh! Don José les +perdonaría a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje +de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de +nuestro territorio, retenido por la pérfida Inglaterra. Si viviera +Méndez Núñez, otro gallo nos cantara.--Horrores del cura Santa +Cruz.--Doña Laura, como si fuera símbolo humano de la unidad y el honor +de la patria, sucumbe en aquellos tristes días. Antes de morir tiene el +inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de +tercera clase.--Célebre apóstrofe de D. Manuel Pez contra las +improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en +desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situación tan +triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino, +iguala a Isaías en gravedad elegíaca y arrebato poético. Verifícase en +toda España una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y +por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.--Dispersión +de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; está algo +desfigurada, pero, según sus cuentas, en diciembre concluirá +aquello.--Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se había +entibiado ni un punto la noble simpatía que por su ahijada sentía, se va +a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaña cuando +está sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando +la memoria de sus cualidades, deja escapar melancólicos suspirillos. + +_Diciembre_.--Castelar reorganiza el Ejército. La patria da un suspiro +de esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se +dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que +son más duros de lo que se creía los cimientos de la unidad nacional. El +24, Nochebuena, Isidora da a luz un niño, a quien ponen por nombre +Joaquín.--Háblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del +feroz Samaniego. + +1874. _Enero_.--El día 3 Pavía destruye la República sin disparar un +tiro. Desaloja el salón del Congreso y pone en las calles cañones que no +hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.--_La Sanguijuelera_, que +permanece adicta al antiguo régimen y no cree que hay más reina que +Isabel II, da un viva al príncipe Alfonso. Célebre apotegma de D. Manuel +María Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad +armonizada con el orden. Este varón insigne ocupa otra vez la Dirección +con beneplácito de los Peces, los cuales, multiplicándose de nuevo, +colean en todo el país. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que +la Administración nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos. +Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las +ruinas de las fortunas que desaparecen, elévanse las colosales riquezas +de los contratistas. El Tesoro público hace milagros.--La provincia que +gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez +a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora sí que +son habas contadas. Trátase de comprar habichuelas podridas y arroz +picado para vendérselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus +milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos +centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo régimen, tomando una +actitud completamente pisciforme. + +_Marzo_.--San Pedro Abanto. Inmenso interés despiertan en toda España el +estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqués viudo de +Saldeoro. Los últimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no +le bastaría para pagar. Toma por modelo al Tesoro público y recibe +dinero al trescientos por ciento. Renuévanse las discordias entre +Joaquín e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral +de la de Rufete por su situación social, su penuria y la poca esperanza +de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el +bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la +información. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeño de +las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya +gastadísima promesa de casarse con ella.--Sangrientos combates del 25, +26 y 27, que ocupan la atención pública. Hay muchos liberales que, por +ser enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra +estos truena en patriótica indignación don José de Relimpio, el cual se +compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre él alfileres, sigue y +escudriña y estudia con sublime anhelo los movimientos militares. + +_Mayo_.--Bilbao es libre. Alegría, repiques, farolitos. Crece a los ojos +del país la gran figura militar del marqués del Duero.--Mariano Rufete, +que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su +conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus +adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de +lo más escogido. Su hermana daría cuanto tiene (menos los ideales) por +verle corregido.--Emilia Relimpio se casa con su primo Juan José, hijo +del ortopedista; Leonor, ilícitamente unida a un sargento primero, +desaparece de Madrid. Don José, recordando los grandiosos pensamientos +de D.ª Laura acerca del himeneo de las niñas con célebres médicos y +oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama +una lágrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive +constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el niño de +Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don José +le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. _La Sanguijuelera_, que +algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cariño al cabezudito: le +coge, le zarandea, le da gritos, y le llama _¡rico!, ¡riquín!_... De +donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo +todos le llaman _Riquín_. + +_Junio_.--Muerte del general Concha. Pánico y luto. Retirada. La patria, +que creía próxima su salvación, gime. Augusto Miquis expone con su +acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Según él, la mejor +manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D. +Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En España, el primer paso para +la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene. +El carlismo establecido no podrá durar un mes. Desde el momento en que +se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundirá por su propio +peso y caerá hecho polvo. + +_Diciembre_.--La guerra sigue. La Restauración toca a las puertas de la +patria con el aldabón de Sagunto. Asombro. La Restauración viene sin +batalla, como había venido la República. La Providencia y el Acaso +juegan al ajedrez sobre España, que siempre ha sido un tablero con +cuarteles de sangre y plata.--Entusiasmo de _la Sanguijuelera_, que cada +día simpatiza menos con la demagogia. Dice que los señores son siempre +señores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo +Soberano y aun medita una arenga. + +1875.--Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz +que reina en la ortopedia. El padre de Juan José se ha retirado del +trabajo, y no se ocupa más que de cultivar la huerta que ha comprado en +Pinto. Juan José está al frente del establecimiento, y bajo su hábil +mano este se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora +quisiera un aparato para que la cabeza de _Riquín_ no creciera tanto. +Juan José, que algo entiende de Medicina, se ríe y receta al hijo +reconstituyentes y a la madre un Manual de Doctrina +Cristiana.--Consternación. Los Peces grandes y chicos se ven desterrados +de las claras aguas de sus plazas y oficinas. Bien quisieran ellos +aclamar también al Rey nuevo; pero la disciplina del partido les impone, +¡ay!, una consecuencia altamente nociva a sus intereses. Tienen que +poner un freno a sus agallas. Además, la lucha por la existencia, ley de +las leyes, ha llevado a los Pájaros al Gobierno, y estos no encuentran +en la Administración bastantes ramas en que posarse. Algunos Peces de +menor tamaño y del género _voracissimus_ quedan en oficinas obscuras. +Son Peces alados, transición zoológica entre las dos clases, pues la +triunfante tuvo en situaciones anteriores sus avecillas con +escamas.--Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de los toros. +Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida está en gran +peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de +Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinación a la secta de +los mormones. Riñas y escándalos, acompañados de no pequeños +apuros.--Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en España +el despecho es una idea política, se alegran de las ventajas de los +carlistas.--Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la información +de pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de +conciliación, presenta su demanda.--Miquis gana por oposición la plaza +de médico--director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es +novio de la hija del honrado notario Muñoz y Nones.--Sábese por buen +conducto que Leonor tiene una casa de huéspedes en La Coruña.--Ocúpase +la prensa de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido, +como irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si será +mandado a presidio, y efectivamente, la _Gaceta_ le nombra... oficial +primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurrección, +para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a +España. Habas contadas. Él se traerá de seguro las tres cuartas partes +de la Isla, o las Antillas todas, dejando vacío el Mejicano Golfo. + + + + +Capítulo II + +Liquidación + + +=--I--= + +«Isidorita Rufete, ¿conoces tú el equilibrio de sentimientos, el ritmo +suave de un vivir templado, deslizándose entre las realidades comunes de +la vida, las ocupaciones y los intereses? ¿Conoces este ritmo que es +como el pulso del hombre sano? No; tu espíritu está siempre en estado de +fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolviéndose en +depresiones terribles, y tu alegría loca no cede sino ahogándose en +tristezas amargas. ¿Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? Sí; +antes perderás la vida que la convicción de tu derecho. Bien; sea. Pero +deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te +atormentes, construyendo en tu espíritu una segunda vida ilusoria y +fantástica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes +interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que +están privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso +es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hábitos repugnantes, como +la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad. +El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmón, y ¡ay de ti si +llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad +lo que ahora quieres gozar, en sueños, contraviniendo a las leyes del +tiempo y del sentido común! + +»Sostienes que ese vicio, aberración o como quiera llamarle Miquis, es +una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Después de +un día de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para +consolarte... das un baile. ¡Qué gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus +apetitos determinando en ti una gran excitación cerebral, de la cual +irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que +tú misma llegas a tenerla por verdad. Te engañas con tus propias farsas, +desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseñas a tus nervios a +falsificar las sensaciones y a obrar por sí mismos, no como receptores +de la impresión, sino como iniciadores de ella. ¡Bonito juego! +¡Violación de los órdenes de la Naturaleza! + +»Mira, Isidorita; tu vida social está bastante desarreglada; pero tu +vida moral lo está más aún. El principal de tus desórdenes es el amor +desaforado que sientes por Joaquín Pez. Le amas con lealtad y +constancia, prendada más bien de la gracia y nobleza de su facha que de +lo que en él constituye y forma el ser moral. Bien dices tú que ya el +amor no es ciego, sino tonto. Tienes razón: ya se le conoce el largo +trato que ha tenido con los malos poetas. ¿Por qué no haces un +esfuercito para desprenderte del cariño que tienes a Pez? Por ahí debe +empezar tu reforma. Tú le adoras y no le estimas. Él te ama y tampoco te +estima gran cosa. Considera cuánto perjudican a tus planes de +engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu +porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues según tú, no +hay más remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mírate bien +en ese espejo social que se llama opinión, y considera si con tu actual +trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una +familia ilustre. Tonta, ¿has creído alguna vez en la promesa de que +Joaquín se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando está +mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o +no con él, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fíes, +no te fíes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la +indulgencia. Se dan casos de estos. + +»Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te +llevará lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu +peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de +dónde viene; lo sueltas sin saber a dónde va. Jamás se te ha ocurrido +coger un lápiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de +papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No +haces cuentas más que con la cabeza, ¡y tu cabeza es tan inepta para +esto!... La Aritmética, hija, no cabe dentro de la jurisdicción de la +fantasía, y tú fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente +el activo y empequeñeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres +ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus +débiles cálculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender +las deudas sagradas. + +»Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazón; pero te perturba +lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conociéndote el flaco y +tu índole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: ¿qué has +hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dejó D. Santiago +Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educación +de Mariano, y.... confiésalo, que si es un misterio para todo el mundo, +no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no +hay para qué. Más de la mitad de aquel dinero te lo ha distraído Joaquín +Pez». + +Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor, +lo escrito vale. + + +=--II--= + +Una mañana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego. +Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal +actividad, indicaban que algo muy grave ocurría. Se sentaba, leía una +carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugándola en el +bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete, +repetía la lectura, la lágrima y el estrujamiento del dichoso papel... +¿Qué es eso, señora? ¿Qué pasa? + +Desde el gabinete se veía toda la cavidad de la alcoba, donde la gran +cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del +techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con +otro cuarto, del cual venían dos voces distintas, pero acordadas en un +tono de candorosa alegría. Era la una dulce, angelical y ternísima. Era +la otra cascada y a veces chillona. ¡Vaya con la pareja! _Riquín_ y D. +José de Relimpio jugaban arrastrándose por el suelo. Caballo y jinete se +besaban, locos de regocijo, en la confusión de las caídas leves. + +Abriose de pronto la puerta de la sala, y entró... nada menos que _la +Sanguijuelera_. + +«Gracias a Dios que viene usted, tía--le dijo Isidora reconviniéndola--. +Siéntese usted; tenemos que hablar detenidamente. + +--¡Hablar detenidamente!--exclamó la vieja puesta en jarras--. No digas +más; ya entiendo tus _detenidamentes_. Ya sé que es para pedir dinero. +Sí, en cuanto llegó a casa tu D. José y vi su cara de carnero a medio +morir, dije: «Ojo al Cristo...». Pues mira, hija, toca a otra puerta». + +Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su tía por el camino de las +bromas. Con la concisión de los grandes apuros, dijo que era cuestión de +vida o muerte para ella reunir en aquella mañana cierta suma, y que +contaba con la generosidad de su tía, a quien otras veces había pedido +caudales, reembolsándoselos con buenos intereses. + +«Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay. +Ya sabes que _aquí murió el fiar_... Pues sí; que están unos tiempos +divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, ¿en qué piensa +que no te da...? + +--Lea usted--replicó Isidora alargando la carta con un gesto y tono que +se usan mucho en los dramas. + +--¡Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro. + +--Pues dice... En fin, hemos reñido. Él está mal. Probablemente tendrá +que irse con un empleo a La Habana... ¿Qué le parece a usted eso? + +--Sopas en queso. ¿A mí qué más me da que se vaya a La Habana o a +_Sierra--Ullones_, o al Infierno? + +--En fin, hemos reñido. Todo se acabó. No hablemos más de eso. Hoy tengo +un gran compromiso. + +--¡Anda, anda, frutilla temprana!... ¡En la que te has metido!--dijo +Encarnación encendida de ira--. ¿Y qué vas a hacer ahora? Ya no tienes +salvación, ya estás perdida. Bien me lo temí y bien te lo dije cuando te +vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo--añadió señalando del modo más +insinuante su ojo derecho--; aquí dentro hay mucho quinqué. Pues, claro, +a esto habías de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. ¡Y quieres que te +dé dinero!... Anda, anda, castaña pilonga, que otra cosa podrá faltarte +ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu tía; no te acuerdes más de +esta perla vieja de la honradez». + +Las groserías de su tía Encarnación enfadaban atrozmente a Isidora. +Queriendo concluir pronto, expuso en términos tan concretos como +pavorosos su situación, y luego hizo una protesta enérgica de sus ideas +morales. Ella quería y se proponía ser honrada. Las reticencias de su +tía la herían en lo más vivo del alma. + +«No vengas con andróminas--replicó la cacharrera--. Tú podrás tener +buenas ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrás. ¡El +pasito, hija! ¡Repuñales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese +hombre... Es un lameplatos. Siento que no esté aquí para despotricarme +con él y decirle las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un +real partido por medio. + +--No, no creo que usted me vea en tales agonías y no me favorezca. + +--¿Yo?... ¿Y de dónde lo voy a sacar? + +--Del arca. + +--No estás tú mal arca de Noé. + +--¡Tía! + +--¡Si debes más que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...! +Suponte tú, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas, +arañando aquí y allá, reúna mil reales... + +--Mil reales es muy poco. + +--¿Pues qué?... ¿Creías que te iba a dar un ojo de buey?--gritó la vieja +riendo a todo reír--. ¡Mira ésta!... + +--Yo quería lo menos dos mil--dijo Isidora con terror. + +--¡Jo... sús! ¡Los dos mil los tienes tú en el canto de la memoria! Yo +los quisiera para mí. En fin, y _mismamente_..., si me prometes +devolvérmelos pronto, podré buscarte mil... ¡Ay! arrastrada, ¿en qué +gastas tú el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsejé... Yo te +decía: «Guarda, aprovéchate; sácale a ese hombre el redaño y ve poniendo +en el Monte para el día de mañana...». Pero tú, grandísima pandorga, con +gastar y gastar... Aquí parece que siempre está la gata de parto, según +se gasta y derrocha. + +--¡Tía, dos mil! + +--Dos mil puñales... + +--Ande usted... + +--No, no te caerá esa breva. + +--No la dejaré a usted en paz hasta que me los dé... + +--Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana. + +--Pues vengan los mil; pero pronto, al momento». + +Instantáneamente formó Isidora un plan distinto del que había hecho +contando con los dos mil. + +«Te los traeré para las doce. ¡Ay! ¿En qué parará esto?... + +--Antes de las doce, si puede ser. Váyase usted pronto para que vuelva +pronto... Coja usted un coche. + +--Venga la peseta. + +--Tome usted la peseta. + +--Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy +a dar sin recibo. + +--¿Otra peseta?... Ahí va. Váyase usted pronto. ¡Ay!, ¡qué día +está!--dijo Isidora mirando con tristeza al balcón, cuyos cristales, +azotados por la lluvia, sonaban con estrépito de perdigonada. + +--¡Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a _Riquín_. + +--Después, después. + +--¡Jo... sús! ¡Qué prisa!... Agur, agur». + +Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sacó de la cómoda un +cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas +había varios papeles o cédulas guardadas con cierto orden y +clasificación. No debían de ser ciertamente billetes de Banco, porque +Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y ponía cara de mal +humor. Después de pasar revista a su tesoro negativo, gritó: «D. José», +y como D. José, a causa del ruido que él mismo hacía, jugando con +Joaquín, no pudiera oír la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a +llamarle por la puerta de la alcoba. + +«¡Venga usted acá, por Dios!... + +--¡Hija, no te había oído!». + +Veríais entonces aparecer al gran D. José, fatigado de tanto andar a +cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y +tan risueño y bondadoso como antaño. Traía en brazos a _Riquín_, que era +muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal +que le privara de los encantos de la niñez, antes bien daba risa verle +erguir su cabezota con cierto aire de valentía, como un hijo de Atlante +predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes +pesos. + +«Deje usted al niño... _Riquín_, hijito; vas a irte un rato con +Ramona... ¡Ramona!». + +El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello está por saber) declaró +con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su +dignidad se hacía pasando de los brazos de D. José a los de la niñera. +Pero no le valieron sus artimañas. Cargó con él la moza, y D. José y su +ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas. + +«Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo. + +--¡Cuánta papeleta!»--exclamó el santo varón cruzando sus manos con +ademán piadoso. + +Isidora las pasaba, las leía, las iba contando. ¡Ay! Cuando se entregaba +a la Aritmética, su cara se volvía lúgubre y desconcertada, cual si +estuviera sometida a la acción de fenómenos morbosos. La Aritmética +tenía para ella algo de enfermedad cimótica, y así, desde que absorbía +con su atención aquellos miasmas deletéreos llamados números, se ponía +pálida y se le alteraba el pulso. ¡Y pensar que no puede haber dinero +sin que haya cifras! Los hombres lo empequeñecen todo. Desdichadas las +almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la +fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relación, +gravedad. Verdaderamente, ¿qué cosa más contraria a lo infinito y a lo +ideal que aquellos nefandos papeles? + +«Esta es del Monte--murmuró Isidora con el corazón oprimido--. Esta... +¿a ver?.... es la de mi calabrote. + +--El calabrote está en la calle del Clavel--manifestó Relimpio con el +aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones +de fondos realizadas en todo el año. + +--Es verdad... ¿Y el brillante? + +--También, hija. ¿No te acuerdas? Lo llevé el mes pasado. Del Monte ha +de haber cinco papeletas. + +--Justo, cinco... Hay además ocho... + +--Tu reloj... Si no recuerdo mal, está en treinta duros. ¿Pero qué te +pasa hoy? ¿Vas a sacar todo? + +--¿A sacar?--repitió Isidora, herida por aquella ironía como por un +porrazo. + +--¿Qué cálculos haces?». + +Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de +aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya más +que en trabajos matemáticos. + +«Ya comprendo, hija--dijo él entre dos suspiros. + +--¿Cuánto darán por esto?--preguntó ella, mostrando aquellas cédulas que +por su nombre debían ser montaraces. + +--Eso no puedo decirlo. Se las llevaré a Rodríguez, el de la calle de +Cádiz. Es amigo mío...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se +corren mucho». + +Isidora se llevó las manos a las orejas. + +«¿Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer daño. Yo te los +destornillaré». + +Y con suma delicadeza realizó la operación, gozoso de que sus dedos +jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su +ahijada. + +«Ya están aquí. + +--Pongámoslos en el estuche. + +--Estos te los regaló cuando vino al mundo _Riquín_. Por estos te +darán... darán...». + +Se cogió entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y +hundiendo la barba en el pecho, metía los ojos debajo de las cejas. + +«En fin..., yo hablaré con Rodríguez... Es amigo mío..., buena persona. + +--¡Dos mil quinientos!--murmuró la joven ensimismada en sus cálculos, +como un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor +febril. + +--Veremos... Quizás se pueda... + +--Ahora--dijo Isidora con resolución alargando la mano hacia el chaleco +del buen hombre--, venga el reloj... + +--¿El mío?... ¿Y la cadena? + +--Todo». + +Algo se desconcertó el viejo al verse privado del uso de aquella prenda, +no de mucha valía, que Isidora le había regalado el 19 de marzo del año +anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para él, no dijo +más que lo siguiente: + +«Déjamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darán diez y ocho o veinte. +Recordarás que la otra vez... + +--Ahora los cubiertos de plata. + +--¿Los...? + +--Sí--afirmó ella levantándose con expresión triunfante--. Creo que está +vencida la situación por hoy. Pero la semana que entra... + +--Dios dirá. + +--La semana que entra--declaró Isidora--vendo la sala. + +--¡Vendes la sala! + +--Sí. Pásese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla. +Veremos lo que da». + +Después echó una mirada de cariñoso desconsuelo al armario de luna. + +«¿Y el armario también? + +--También. + +--¿Y la cama dorada?». + +Isidora meditó un rato. Después dijo: + +«No; me quedo con la cama». + +En esto andaban cuando reapareció _la Sanguijuelera_. Entró sacudiéndose +el mantón, calado de agua. + +«¡Jo... sús, qué tiempo! Llueven capuchinos de bronce. + +--Pero ¿no ha venido usted en coche? + +--¿Por quién me tomas, tonta? La peseta del coche es para mí, por el +mandado. Tengo más salud que el Botánico, hija, y ando más que un molino +de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son +ochocientos... Nueve duros en plata... + +--Falta un duro. + +--¡Reparona! ¿Qué más da? + +--Son novecientos ochenta--declaró D. José, haciendo gala de su saber de +cuentas. + +--¿Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su +carne en este garfio. + +--La equidad, amiga D.ª Encarnación... + +--¡Amiga, doña!... Diga usted, tío Lilaina, ¿en qué bodegón hemos comido +juntos? ¿Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a mí? + +--Falta un duro--repitió Isidora. + +--Total, que no he podido reunir más. Aquí está el papel para el +recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene. + +--Mejor será para el otro mes. + +--Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene». + +Don José empezó a extender el recibo. + +«Bien clarito, señor escribano... ¡Hola, hola!, ¿está aquí tu +Holofernes?... ¡Vida! ¡Gloria!». + +Había entrado _Riquín_ paso a paso, porque sus piernas eran cortas y +débiles. Se le había desatado el faldellín, corriéndose por la cintura +abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes +de él asomaban sus patitas vacilantes. Traía empuñado en ambas manos el +bastón de D. José, y caminaba derecho a _la Sanguijuelera_, todo risas y +alegría, con la evidente intención de darle un palo. Ella se dejó pegar, +le cogió luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el +muchacho empezó a gruñir y a defenderse a cabezadas. + +«Dale un palo a tu madre; anda, pégale... + +--No, no, no se pega--dijo Isidora, atándole en su sitio la falda--. No +le gusta más que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los +brazos... + +--_Riquín_, hijo mío, dile: «Yo voy a ser un hombre de puños...». ¡Leña +a ella!... Como te coja... Cuidado como riñen a mi cabezudito. + +--El médico me ha dicho que ahora se le desarrollará bien el +cuerpo--afirmó Isidora contemplándole con satisfacción de madre. + +--Pues si no... ¡Y qué bonito es, qué rico, qué galán! ¡Le quiero +más...! ¡Qué tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un +mocoso, ya se me cae la baba». + +Isidora reía. Cogió a _Riquín_ y le hartó de besos. + +«¡Pobrecito mío! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la +cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento. + +--¿Sabes lo que te digo?--manifestó _la Sanguijuelera_ en tono de +misterio--. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te rías. Sí; +por lo que sabe, parece que tiene cuatro años. + +--No, mi niño no es un fenómeno; mi niño no es el Anticristo--dijo +Isidora oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo +conveniente, pero muy hermosa. + +--Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. ¿Ves +esa cabeza? ¡Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es +cosa mala. + +--No diga usted disparates. + +--Anticristo o lo que seas--exclamó Encarnación volviendo a tomarle en +sus brazos--, me tienes boba. Te voy a comer». + +Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, después +de tomar su recibo, _la Sanguijuelera_, sin soltar a _Riquín_, dijo a +Isidora: + +«¡Pero qué alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no +se lo has comprado... ¡Anda, mala madre! Yo se lo compraré, yo, yo. +¿Verdad, hijo?... + +--Ven acá, ven acá, que la tía se marcha. + +--Oye tú..., dame una peseta. + +--¿Para qué? + +--Vaya que estás lela... Para el pandero». + +Diole Isidora la peseta, y _la Sanguijuelera_ se fue gruñendo. + + +=--III--= + +Decir cómo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos +días; contar cómo las feroces prenderas llegaban, venían, tasaban, +huían, llevándose en las garras, cuál un dorado reloj, cuál la alfombra +o lavabo, sería lacerar el corazón de nuestros lectores. Isidora, que no +sabía regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los +negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecían, después de +pedir tímidamente un poco más. Así, pieza tras pieza, se desmontaba la +casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vacía, se iba agrandando. El +frío y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y +tristísimos huecos que los muebles dejaban tras sí. + +Cuando hubo concluido, la sala era un páramo. Para estar en ella habría +sido necesario proveerse de tiendas de campaña. El gabinete conservaba +su alfombra, la cómoda, un espejo pequeño y algunas sillas. La cama +dorada de la alcoba permanecía como núcleo y fundamento de la casa. +Interiormente habían desaparecido la sillería y aparador de nogal +tallado del comedor; subsistían intactos el cuarto de _Riquín_, el del +baño, parte principal de la casa; el que solía ocupar D. José Relimpio +cuando allí pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y +doncella habían sido despedidas; no quedaba más que la niñera, a quien +Isidora revistió de las más extensas atribuciones. + +«He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador--dijo Isidora a su +padrino la noche del último día de liquidación--. Estoy tranquila. Me +queda esto». + +Dio un gran suspiro mostrando un papel donde había varías monedas y un +sucio billete de Banco. + +«¿Cuánto es? + +--Vamos a contar»--dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito +del gabinete, mueble de hierro pintado que se salvó por milagro. + +Don José puso la luz en el velador y tomó asiento. + +«¡Si hay aquí un dineral! El billete es de doscientos...; veinte, +cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos. + +--Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se verá si soy mujer +de gobierno. Principio quieren las cosas... Señor don José--añadió en el +tono especial de las cuentas galanas--, desde hoy en adelante trabajaré. + +--Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres años, hija--replicó +el anciano con las narices hinchadas por esa satisfacción vanidosa que +acompaña a las ideas felices--¡Si es mi tema! Tú tienes grandes +habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economía y trabajo, +aquí me tienes para ayudarte. + +--He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi +pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y +después y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser +honrada, honradísima, por respeto a mi nombre, a mi familia... ¡Ah!, mi +familia--añadió, suspirando otra vez...--. ¡Si me hubieran acogido con +amor, no habría dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, ¿no es +verdad, padrino? + +--Sí, sí, hija mía, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa... +¿Con qué cuentas para mantenerte? ¿Qué te queda de lo que te dejó tu +tío? + +--Nada--replicó con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos +un significativo movimiento que representaba el vacío--. ¡Pero +trabajaré! ¿No tengo yo manos?». + +Y diciendo esto se le representaron en la imaginación figuras y tipos +interesantísimos que en novelas había leído. ¿Qué cosa más bonita, más +ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su +pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pasó +de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se casó con +el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba también +de otra que había pasado algunos años haciendo flores, y de otra cuyos +finos dedos labraban deslumbradores encajes. ¿Por qué no había de ser +ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. ¡La honrada pobreza y la +lucha con la adversidad cuán bellas son! Pensó, pues, que la costura, la +fabricación de flores o encajes le cuadraban bien, y no pensó en ninguna +otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber leído que ninguna +de aquellas heroínas se ocupara de menesteres bajos, de cosas +malolientes o poco finas. + +«¡A trabajar, a trabajar!--exclamó inundada de aquel entusiasmo que tan +fácilmente se posesionaba de su alma. + +--Yo te ayudaré. Si tuviéramos ahora la máquina... harías camisas de +hombre... + +--¿Camisas de hombre? Eso no me gusta. + +--O ropa blanca de señoras... Cosa rica, cosa buena. + +--Mejor sería... Yo pensaré. + +--Confecciones, sombreros... ¿Qué tal? Tú tienes un gusto... + +--Gusto sí. + +--Consulta con Emilia. Ella te dará buenos consejos + +--Yo lo pensaré; yo meditaré sobre esto y lo decidiré pronto. Ahora +vamos a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economía. + +--Perfectamente; muy bien pensado y dicho.--exclamó Relimpio, dando todo +su asentimiento a tan hermosa idea--. Si no, acuérdate de lo que hacía +mi pobre Laura con lo poco que se ganaba. Hacía milagros. + +--Por consiguiente, de aquí en adelante, gastar poquito y, sobre todo, +saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. ¿Creerá usted +que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho +siempre con mi cabeza. Así ha salido ello. + +--¡Oh! Malo, malo... La primera condición del orden es una buena +contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo +digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo +Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya +verás, ya verás qué libros. + +--Todo lo apuntaremos--dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un +niño juega con una mariposa--. Se dice, por ejemplo: hay que gastar +tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo... + +--Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. ¿Tomas criada? + +--Pienso pasarme con Ramona. + +--Admirable. Yo te auxiliaré en todo... Ramona es buena y humilde, pero +algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya, +ya. Yo te la instruiré en dos palotadas. Mira, pon atención y verás cómo +puedo ayudarte. Yo--dijo marcando por los dedos las distintas funciones +que desempeñaría--te haré la compra; yo... te aviaré las luces; yo... te +haré todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar +cuentas, tomar localidades en algún teatro, etc...; yo coseré a máquina +si decides comprar una; yo apuntaré en mis libros todos los gastos e +ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un +pobre; yo..., por último, cuidaré a _Riquín_ y le pasearé y entretendré +todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales. + +--Bueno, bueno. + +--Y también entiendo de limpiar metales, de componer algo de +carpintería; hasta de cocina entiendo un poco... Ea, señora--dijo +restregándose las manos una con otra con tanta fuerza que a poco más +saca lumbre--, empecemos. Disponga usted la compra de mañana. + +--Un duro. + +--Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de +mimos. Comerá usted lo que haya. + +--Hay que traer carbón. + +--Eso es aparte. + +--Y cerillas. + +--Las compraré al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo +lo que se pueda, para lo cual destinará usted una cantidad que se carga +a la cuenta del mes. Quédese el diario en diez reales, y deme usted seis +duros para el por mayor. Adelante. ¿Qué principio traigo? + +--Langosta. + +--¡Un ojo de la cara! + +--No importa. Por una vez... + +--¿Qué postre? + +--¿Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos. + +--Eso es caro; pero yo lo sacaré barato. Regatearemos, sí señora; +regatearemos. + +--El queso de Italia, la cabeza de jabalí y las salchichas de Bolonia me +gustan. + +--Todo eso, traído al por mayor, puede obtenerse... en buenas +condiciones. + +--No tomaremos Champagne. Es muy caro. + +--Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones». + +No prolongaremos la relación circunstanciada de lo que hablaron aquella +noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. José se retiró +muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafín, y soñó que +estaba en la contaduría de una casa grande, donde había catorce +empleados y más de cien libros. Ingresos y gastos ascendían a millones; +pero todo iba al pelo. Era D. José como un director de orquesta, sólo +que los músicos eran escribientes y las notas números. Resultaba una +sinfonía de orden, que mecía en embriagador arrobamiento el espíritu del +tenedor de libros. + +Al día siguiente, cuando Isidora se levantó, ya estaba su padrino de +vuelta de la compra. Traía el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y +mostrándoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del género. + +«El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de +cuentas--dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeño.--El Mayor, +el Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del +orden es una contabilidad perfecta... ¿Ves? Aquí está la langosta. Te +permito este lujo. Aquí está la carne. No compré las ciruelas. +Conténtese usted con dátiles. Tampoco he traído Champagne porque no lo +hallé en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azúcar, +que no pude comprar porque se me acabó el dinero... ¡Ah!, un mazo de +cigarros para mí. + +--Muy bien--dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva +a los libros de cuentas--. Todo está muy bien». + +Don José tuvo que salir a la calle dos veces más porque era preciso +traer garbanzos, azúcar y huevos. Después volvió a salir porque no había +sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tomó nota de +diversas cosas que se pudieran adquirir... _en buenas condiciones_. + +Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tenía +una vida tan arreglada y económica, Isidora fue a vestir a _Riquín_ y a +endulzar con él la tristeza que no podía vencer. Más tarde se bañó, +costumbre a que no podía renunciar. La peinadora vino luego y se +distrajo con ella un rato. Érale difícil adquirir el hábito de peinarse +por sí misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de +ocupación que más le convendría; pero sus grandes cavilaciones no +llevaron luz ninguna a la confusión y perplejidad que en su mente +reinaba. + +En tanto D. José se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las +cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apuntó +gastos e ingresos, sin olvidar lo más mínimo; _cargó y abonó_; dibujó +preciosos números, tiró líneas con regla, hizo cuentas de _varios a +varios_, de _imprevistos_, de _suplidos_ y de _deudores varios_. En +esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los +cigarros que con el dinero de Isidora se había comprado. + + + + +Capítulo III + +Entreacto con la Iglesia + + +Un mes no completo había transcurrido de esta vida honrada y económica, +sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qué profesión, arte u oficio +había de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de +D. José, ya repletos de números, no contenían más que partidas fallidas, +y daba dolor ver en sus garabateadas páginas el triste papel que hacían +los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe. + +Veamos cómo pasaba el tiempo la dueña de la casa. Entre bañarse, +peinarse, vestir y arreglar a _Riquín_, se le iba la mañana. Por la +tarde, si no tenía que ir a casa del procurador, solía matar el fastidio +en las iglesias, de donde resultó que en aquel periodo oyó más sermones +y rezó más novenas que en el resto de su vida. Distraíase con estas +superficiales devociones, y aun llegó a figurarse que se había +perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su +niñez, y se deleitaba con las formas de religión, por pura novelería. +Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo +dentro de la Iglesia. Más que el sermón ampuloso, más que el brillo del +altar, más que la poesía del templo y las imágenes expresivas, la +cautivaba el señorío que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando +había novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia, +de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su +pecho la cinta de la cofradía, Isidora no faltaba, y desde el rincón de +una capilla observaba todo con interés profundo, más atenta a las +Magdalenas que venían con el bálsamo que a Jesús mismo. Causábale +admiración y envidia la señora del petitorio, que no cesaba de +repiquetear con una moneda en la bandeja de plata. + +Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para +mirar a las niñas y ser de ellas mirados. Había sonsonete de rezos y +rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de +lujo en la calle, no permitían oír con claridad el sermón. ¿Pero qué le +importaba a Isidora el sermón, aunque saliera de labios elocuentes? Lo +que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel +santo varón que no cabía en el púlpito, sino el aspecto y brillo del +público, de aquel público que, si hubiera revisteros de iglesia, sería +_distinguido_, _elegante_ y _numeroso_, como el de los teatros. ¡Oh! +¡Dios de mi vida! ¡Qué injusticia tan grande! La pobre señorita Isidora +no debía verse olvidada en un rincón, al lado de cuatro viejas rezonas, +sino en la gran nave, donde luciera como merecía, o pidiendo en la mesa +de petitorio entre dos velas. ¡Qué bien repicaría ella en la bandeja, y +que maña se daría para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros! +La belleza de las postulantes aguza la caridad. + +Una tarde notó que un señor la miraba con insistencia. Sus ojos, +distraídos de cuanto en la iglesia había, pasaban por delante del orador +(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo +de la capilla donde ponerse solía. A la tarde siguiente observó que +aquel señor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy +guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la +cofradía, y que él se quedaba entre la masa de hombres. Seguía +mirándola, y ella le miraba alguna vez sin otro móvil que el de la +curiosidad. El caballero, en verdad, no tenía nada de simpático; era muy +descarado, bastante feo, morenísimo, de edad entre los cuarenta y cinco +y los cincuenta. Mientras Isidora hacía estas y otras observaciones, +notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por +los caballeretes, y que ellas solían mirarlos también con afectada +distracción, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos +dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecería una +gran tela de araña. ¡Mísera humanidad! + +Tercera tarde. Cuando Isidora salió, ya anochecido, vio en la puerta al +señor mirón. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresuró +la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen +desempeño de su cargo, se creyó en el deber de manifestarle seriamente +el horroroso déficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe, +encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un piélago +tempestuoso donde naufragaba el frágil esquife del Haber. ¡Oh! ¡Fugaz +curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no +era más que humo. No sólo se había concluido el dinero, sino que se +debía a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda +venían todos los días a dar tormento con su grosero pedir. Don José los +recibía con bondadosa sonrisa, les enseñaba los libros de cuentas por el +forro, y les decía: «No hay cuidado, señores; estamos esperando fondos, +y ya no pueden tardar». + +Isidora padecía horriblemente con este género de vida, pues su carácter, +su nobleza, no se avenían con las trampas. Gastar mucho, sí, pero pagar +sin dilación era su ideal. Había llegado a carecer de lo más preciso. La +limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crédito, apurado ya, +faltaba. ¡Qué habría sido de ella si sobre estos horrores no apareciera +un sol de vida y esperanza! ¡Ganar el pleito! La idea de un triunfo +próximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el +procurador le decía que había tarea para mucho tiempo, su +descorazonamiento rayaba en desesperación. En su casa se entretenía con +el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., ¿pero en qué? +Convencíase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la +puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los +tormentos de zozobra y vergüenza seguían horas y noches enteras de +tristeza y desaliento. El nuevo día llegaba acompañado de la escasez, de +la privación, de la miseria... + +No se sabe cómo se puso al habla con Isidora el señor mirón; pero es +indudable que se puso. Manifestó el caballero que conocía los +antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se +presentó con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad +desvalida. ¡Era tan rico!... ¡Pero tan antipático!... + +¡Pobrecito D. José! Ahora sí que eres el más infeliz de los hombres. No +sólo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de +patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la +casa de tu ahijada. ¡Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen +fieras... José, eres un mártir. + + + + +Capítulo IV + +A o b... Palante + + +=--I--= + +Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano +hizo la vida de señorito holgazán, rebelde al estudio, duro al trabajo, +blando a la disipación y al juego. Su precocidad para dar gusto a los +sentidos revelaba que había de ser muy menguada en él la vida del +espíritu. Diríase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin +ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvarío; pues si ella +vivía de una aspiración insensata a las cosas altas, poniendo, como dice +San Agustín, su nido en las estrellas, él se inclinaba por instinto a +las cosas groseras y bajas. Recibía gusto especial del desaliño, y +recogía con lamentable asimilación todas las palabras necias y bárbaras +para darse, usándolas desvergonzadamente, aires de matón. Pronto +comprendió Isidora que su hermano no sería nunca persona decente, y que +no había bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al +principio podía dominarle, valiéndose del amor, más tarde el amor de +Mariano se enfrió; con el cariño huyó el respeto, y ya no fue posible +contener la impetuosa inclinación del muchacho a la vida vagabunda y +aborrecimiento del estudio. Pasado algún tiempo de luchas, empezó a +tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde +suena un lenguaje soez sólo puede haber malas acciones y pensamientos +poco delicados. Donde cantan las ranas, ¿qué ha de haber sino charcos y +cieno? + +Cuando _Pecado_ curó de las heridas que le hizo el novillo de Getafe, +Isidora se armó de valor, echole un sermón, y le dijo muy clarito que no +volvería a tener un cuarto si él mismo no lo ganaba. Quedó, pues, +convencido que aprendería un oficio; pero hasta en aquella ocasión +excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos +aristocráticos, porque no consintió que su hermano fuera zapatero, ni +albañil, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo +sobre a cuál industria le dedicaría, vino en determinar que sería +grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan +las publicaciones ilustradas y de las magníficas reproducciones de los +Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita +fingir parentescos con el arte. + +Buscando por ahí, buscando por acá, no se hallaban otros talleres que +los de litografía. Miquis tomó con empeño el asunto, y habló al cuñado +de Matías Alonso, un tal Juan Bou, que se había establecido +recientemente, y tenía, entre otras cualidades, la de ser muy severo con +sus oficiales. Consintió Bou en admitir a Mariano, de cuyas +inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y +sacara de él, si era posible, un obrero hábil y laborioso. + +Juan Bou era un barcelonés duro y atlético, de más de cuarenta años, +dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que +distinguen al pueblo catalán; saludable como un toro, según su propia +expresión; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en +copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto áspero pelo dos +ojos desiguales, el uno vivísimo, dotado de un ligero movimiento +rotatorio, el otro fijo y sin brillo; más abajo, y puesta como al acaso, +una nariz ciclópea; más arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo +algunos golpes de escoplo para ser como las demás frentes humanas; ítem, +una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, según decía, del _beso de +una bala_... + +Podía pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y +también por bandido de las leyendas. Tenía en sus extremidades altas dos +manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la +tosquedad de aquellas manazas creería que eran delicadísimas para el +dibujo. Su estructura basta las hacía más propias para la maroma de la +vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una +fragua, y siempre tenía tos; pero una tos tan bronca y sofocante que, +cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo +encendido; creeríase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba +fuera, mientras el apagado se escondía en lo más hondo de la órbita. + +Tenía dos géneros de fanatismo: el del trabajo, pues no podía estar +inactivo, y el de la política. Deliraba por los derechos del pueblo, las +preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta +palabra ¡pueblo! una serie de teorías a cuál más extravagantes. +Realmente estas teorías no eran suyas. Una generación se había embobado +con ellas, mirándolas como pan bendito. Pero Juan Bou las había +sublimado en su mente indocta, convirtiéndolas en una fórmula de brutal +egoísmo. Según él, muchos miembros importantes del organismo social no +tenían derecho a ser comprendidos dentro de esa designación sublime y +redentora: ¡el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de +callos, no éramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los +comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una +tiranía, y de aquella tiranía nació el obrero--sol: Juan Bou, que decía: +«El pueblo soy yo». + +En Barcelona había logrado fundar un buen establecimiento de litografía. +Pero sus economías y el establecimiento mismo naufragaron por las +liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se +había casado. Su señora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del +país, como vosotros los que esto leéis. ¡Quién le metería en la cabeza a +Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De +semejante vampiro, ¿qué podía nacer sino una hembra disipadora, +antojadiza, levantada de cascos? Enviudó Juan al fin, y para rehacer su +peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento +del 68, encendiose el ánimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de +discreto charlatán; creyó que el mundo se iba a volver del revés, y que +la sociedad alteraría sus elementos inmortales; vio la eterna columna +con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imaginó +que de allí en adelante se andaría con la cabeza y se pensaría con los +pies; y llevado de estas ideas, tomó parte en todos los motines, trabajó +en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, moró en +calabozos y arrastró durante algún tiempo vida penosa y miserable. + +Cuando los acontecimientos políticos le dieron respiro, vino a +establecerse a Madrid, donde vivía su hermana, casada con el conserje de +la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros +acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cayó enfermo, +tuvo que abandonar las luchas políticas, y en octubre del 73 estaba +definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su superstición +redentorista. + +Oyéndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. Él no era sólo un +apóstol, era un mártir. La fama no tenía trompetas ni figles bastantes +para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las +celebridades del partido liberal no habían hecho nada... ¡Farsa, pura +farsa! Él lo había hecho todo, y su gran vanidad no conocía freno cuando +daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo sabía. Éranle familiares +cosas y personas, y fácilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos +tenían el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas +de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Después +venían los decretos, todos de _Artículo único_. ¡Si sabría él lo que +tenía que hacer, un hombre que había leído tanto, un hombre que arrastró +grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... Así como el +soldado muestra sus heridas, él mostraba la huella de las esposas en sus +manos... ¡Había comido ratas! ¿Qué más títulos necesitaba para gobernar +el mundo? + +Sus primeros años de trabajo en Madrid fueron muy felices, y ganó +bastante dinero. Entonces había algo de renacimiento industrial, y +empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles +con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares +de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos +de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fósforos. ¡Qué +iniciativa la suya! Fue el primero que imaginó hacer en gran escala las +cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que él nadie +había hecho el siguiente cálculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que +son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo +que haya 70.000 que renueven el papel tan sólo una vez al mes, poniendo +sólo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras +se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales. +Ensayó, y bien pronto las cacharrerías todas de Madrid expendían papel +picado, que en comparación del antiguo era un modelo de elegancia, pues +tenía figuras de majas, toreros y tipos populares. + +El único vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotería. No +había extracción en que no comprase su par de décimos. Era para él este +juego nacional una forma hipócrita de la administración socialista. +Tenía muy mala suerte; pero no desmayaba, y sabía escoger siempre los +números más bonitos. Con todo, no había tenido más ganancias que las de +su trabajo. Así, desde que sacó adelante el negocio de las cenefas, +estableciose en la calle de Juanelo, donde tenía un taller grande, +aunque incómodo. Compró algunas piedras más de gran tamaño, una hermosa +máquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de +reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo +que algo de imprenta no venía mal como auxilio de la litografía, +adquirió cajas y máquinas, y se quedó con todas las existencias de una +casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de +planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan. +Montó también esta especulación en gran escala, y los ciegos pudieron +comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las +cacharrerías, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores +ambulantes se surtían por muy poco dinero de aleluyas del antiguo +repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o españoles, moros +o cristianos. + +El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas +piezas, que se habían ido agregando poco a poco, según las necesidades +de ensanche lo pedían. Ocupaba la imprenta destinada a romances y +aleluyas la peor y más lóbrega parte. Todo allí era viejo, primitivo y +mohoso. La máquina, sonando como una desgranadora de maíz, tenía +quejidos de herido y convulsiones de epiléptico. Consagrada durante seis +años a tirar un periódico rojo, subsistía en ella un resto, un dejo de +la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus +rodillos y su tambor. Las cajas, donde yacía en pedazos de plomo el caos +de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta. +Habían servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el +aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La +horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo podía cortar un +librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ángulo más +sombrío de la sucia estancia, que más parecía una bodega o sótano que +taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad, +vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se +podría sospechar que el tal Arte había sido encarcelado allí para expiar +las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer. + + +=--II--= + +En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje. +Primero le había puesto Juan Bou a copiar dibujos fáciles con tinta +autógrafa; pero mostró tan escasa disposición para esto, que le confirmó +a la imprenta, mandándole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas, +sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente +por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le +cogió miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta convicción de que +la obediencia y el trabajo le convenían por el momento más que la +holganza y la maldad. En poco tiempo adquirió alguna destreza, al amparo +de un cajista viejo casi inválido y de un chico listísimo, a quien años +atrás conocimos y conoció mejor Mariano con el nombre de _Majito_. Este +ganaba cuatro reales, y _Pecado_ tan sólo dos; pero aquella honrada +ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legítimo +orgullo, el cual bien podía con el tiempo, ser base sobre que se +construyera la dignidad de que carecía. + +El rigor del castigo y la obligación de ocuparse en un ejercicio +sedentario y monótono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a +Mariano taciturno; palideció su rostro y adelgazó su cuerpo. A los +cuatro meses ya componía él solo, si no con ligereza, con exactitud, las +leyendas de las aleluyas, que eran en número fabuloso. Se las sabía +todas de memoria y le bastaba ver la tosca viñeta para adivinar y +componer en seguida los pareados. Él y su compañero _el Majito_ se +disparaban a cada instante los versillos, aplicándolos a cualquier idea +o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita +de la _Vida del hombre flaco_, a saber: _El verlo en paños +menores--causaba risa, señores_, como aquella de la _Vida de don +Espadón_, que dice: _Todo el día está bailando--y a su dama +acariciando._ El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una +especie de proceso psicológico que enlaza el bostezo con el arte, a +poner en música los tales pareados, y cuando _el Majito_ cantaba los de +la _Procesión del Viernes Santo_, que dicen: _Muchos niños en +seguida--van con velita encendida_, le contestaba _Pecado_: _Delante van +con decencia--los de la Beneficencia._ + +También sabían de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de +matones, guapezas, robos, asesinatos, anécdotas del patíbulo. + +Cuando Mariano ganó tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus +progresos, atendió sus reclamaciones. El muchacho aborrecía la caja. +Quería trabajar en litografía; pero como no tenía aptitud ni pulso para +el dibujo, quiso ser estampador. Púsose a ello, ayudando al oficial de +la prensa y máquina, y bien pronto conoció Bou que Mariano había +escogido bien. Aprendió a manejar con habilidad el ácido y la grasa, y +también sabía marcar con precisión. La máquina gustaba tanto a _Pecado_, +que siempre que podía no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus +ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y +coyunturas un sudor negro y craso, sentía que se le comunicaba el +vértigo de ella, y por momentos se suponía también compuesto de piezas +de hierro que marchaban a su objeto con la precisión fatal de la +Mecánica. + +A pesar de sus baladronadas políticas y de su aspecto feroz, Juan Bou, +el _ursus spelæus_, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un +buenazo, un alma de Dios. Tenía corazón tierno, bondadoso y sensible, y +no podía ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba +picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se comía a los +niños crudos, cuando le volvía el buen humor su dicción se fluidificaba, +adornándose con toda la hojarasca de la fanfarronería. Conversaba +familiarmente con los muchachos, mostrándoles, ya la expresión seductora +de sus sabidurías políticas, ya los dramáticos pasajes de su historia de +mártir. + +Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis +reales, era, ¡cosa rara!, el oficial con quien más simpatizaba Juan Bou. +¿Había entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe +bien. No se sabe tampoco cuál de estas dos cosas engendra la simpatía. +Conste, sin embargo, que también Mariano era fanfarrón, y que en el +trato de seis meses con Bou se le había comunicado la idolatría del ente +Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del país, _que chupan la sangre del +obrero_, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en +las manos, Mariano creía aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que +hacía era envidiarlos, pues la envidia suele usar la máscara del odio. + +En el fondo de su alma, _Pecado_ anhelaba ser también sanguijuela y +chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se +desvivía por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y +por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distinguía +radicalmente de su maestro, amantísimo del trabajo. Bou no quería galas, +ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quería era que todos +fuésemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en +la mano; que no hubiera más que talleres y se cerraran los lugares de +holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera más que jornales; +que cada cual no fuera propietario nada más que de la cuchara con que +había de comer la sopa nacional. + +En la sala donde estaba la máquina, tenía Bou su mesa de trabajo, y en +esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera +giratorio, con cuyo mecanismo él le daba vueltas como si fuera un papel. +A poca distancia veíase la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y +se hacían los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la +charla, hablaba sin ton ni son, escapándose de él el discurso y la +palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un +_intellectus_ lleno de roturas. Mariano tenía en su laconismo una +brutalidad sentenciosa. + +«¿Que habláis ahí, muchachos?--dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel +día de bonísimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta. + +--Este--replicó el estampador con el sentimiento de modestia que le +inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabiduría del +maestro--, este dice que el año que viene ya no trabaja más. + +--Eso lo dirá la correa--manifestó Bou sonriendo y sin levantar los ojos +de la piedra--. ¿Y qué vas a comer si no trabajas?... Me parece que tú +eres de casta de sanguijuela... Y algo he oído yo. No sé quién me dijo +si eres noble o no eres noble... + +--Dice este--prosiguió el estampador, gozoso de que el maestro pensase +como él--que cuando su hermana gane el pleito, será caballero. + +--¿El pleito?... ¿Sabéis como haría yo que se ganaran de una vez todos +los pleitos?--dijo Bou, regocijándose con el efecto que sus admirables +ideas causaban en los dos muchachos--. Pues mandaría pegar fuego a todos +los archivos, a la escribanía _A_ y a la escribanía _B_. Total, que no +dejaría un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que +liquidar..., ¿estáis? Hay que decir: «Hasta aquí llegó la cosa»..., y +_palante_... Yo diría a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados +y demás pillería: «¿Queréis almorzar? Pues ahí tenéis la azada, el +arado, el escoplo o lo que más os convenga. Pero con papeles no se come +aquí, señores...». ¿Que no querían? Pues hacia un estanque de tinta, los +ahogaba en él..., y _palante_. + +--Dice este--repitió el oficial, que se pirraba por delatar los +disparates de su amigo--que todos no son iguales y que él está ya +cargado de ser pobre. + +--No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del +trabajo--afirmó Juan Bou incorporándose y dejando ver el esplendor +lumínico de su ojo rotatorio, que parecía una rueda de fuegos +artificiales--. ¡Pobre!¿Qué ere decir esto? Es una necedad, una... +lucubración contraria a los grandes principios. ¿Tienes satisfechas tus +necesidades? Sí. ¿Tienes hambre? No. ¿Estás vestido? Sí. Pues eres tan +rico como el duque _A_ o el conde _B_, o quizá más». + +Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco +Aurelio le ponía, pasó por gradación suave a otro más acentuado, más +enérgico, si bien no más elocuente, diciendo: + +«Todo lo demás es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su +sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares +amasados con las lágrimas del pobre. Ved esos que andan por ahí, toda +esa chuma de esos señores y holgazanes. ¿De qué viven? De nuestro +trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta, +ellos no hacen más que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros +llenos de bobadas... Comparémonos ahora. Nosotros somos las abejas, +ellos los zánganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la +comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lástima, +como a los perros... Pero todo se andará, tunantes, todo se andará; +vendrá la cosa y haremos cuentas, sí, la gran cuenta, el Juicio Final de +la humanidad. ¡Oh, pillos!, también nosotros tenemos nuestro valle de +Josafat. Allí se os aguarda. Allí estaremos. Con un pedazo de lápiz +tamaño así, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es +la liquidación fácil, porque es la última... y _palante_». + +Mariano y su colega le oían absortos. + +«Dice este--continuó el estampador, incansable en la denuncia--que él ha +de poder poco o ha de soltar pronto la blusa. + +--Vamos a ver--manifestó el maestro volviendo a su trabajo--; explícanos +lo que tú piensas... ¿A qué aspiras tú? ¿Qué deseas tú? + +--¿Yo?--dijo Mariano con terrible laconismo--. Tener dinero. + +--¡Tener dinero! El dinero es una fórmula, un medio de cambio--declaró +con olímpica suficiencia Juan Bou--. ¿Y si llega un día en que no haya +dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor +dicho, el servicio _A_ y el servicio _B_ se cambien directamente sin +necesidad de ese intermediario? + +--Chúpate esa--dijo por lo bajo el estampador a compañero. + +--Sí, se suprimirá el dinero, que no sirve más que para negocios +indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarán suprimidos los +ladrones... y _palante_». + +Ambos abrieron medio palmo de boca. + +«Pero el dinero--se aventuró a decir Mariano--no se ha de quitar hoy ni +mañana... + +--Quién sabe... La cosa está mal. Dicen que esto se va. Me escriben de +Barcelona que se está trabajando... + +--El dinero no se suprime--afirmó _Pecado_ rebelándose tenazmente contra +la incontrovertible sabiduría del maestro. + +--Hombre, que sí. + +--Pues yo quiero ser rico. + +--¡Ser rico! ¿Y qué es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional, +acémila. Hay por ahí unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo, +lo que es de todos, del común, y el día en que se diga: «Ea, bastante ha +durado la mamancia...», va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros +diremos: «A ver, señor duque de Tal, ¿de dónde sacó usted las tierras +_A_ y las dehesas _B_? Señor banquero Cuál, ¿de dónde sacó usted los +millones _A_ y _B_ que tiene en el Banco?».--«Hombre, dirán ellos, pues +yo...».--«Valientes pillos están ustedes, acaparadores, por no decir +otra cosa...». Conque ya ves. No habrá entonces dinero, ni Banco, ni +Bolsa; no habrá más que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito +un jamón, el comestible _A_ o el comestible _B_: me voy a la tienda, y +me encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ahí va, y +venga. El sastre hará pantalones al zapatero, y el zapatero le hará +zapatos al sastre. Es un organismo sencillísimo, brutos. Vosotros no +habéis estudiado la cosa, no habéis trabajado por la cosa, no habéis +estado en calabozos, no habéis comido ratas desabridas... Se trata de un +organismo; ¿sabéis lo que es un organismo?». + +Ambos callaron. Creían que se trataba de un organillo; pero no se +atrevían a decirlo. + +«Este dice también--añadió el denunciador sin poder contener la +risa--que quiere ser célebre. + +--¡Célebre! Ta, ta, ta--exclamó Juan Bou, radiante, al considerar el +triunfo que a su oratoria se preparaba--. ¿Conque célebre y todo..., es +decir, hombre grande? ¡Valiente papamoscas! ¿Y qué entiendes tú por +celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman +poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no +han hecho más que matar gente. Los otros han engañado y extraviado a la +humanidad, contándola mil mentiras y embelecos. Cógeme a tal o cual +guerrero, al poeta _A_ o al prosista _B_. ¿Qué han hecho por el pueblo? +Nada. Su celebridad se acabará también, porque se suprimirá la Historia. +Se hará una Historia nueva, en que no figuren más que los que han +inventado una máquina o perfeccionado la herramienta _A_ o _B_. Esos sí, +esos sí que tendrán estatuas. + +--¿Y quién... va a hacer las estatuas?--preguntó con gran viveza de +pensamiento Mariano. + +--Toma--dijo Bou, reponiéndose después de desconcertarse un poco--, los +escultores. Habrá escultores que harán las estatuas de los obreros +célebres, de los padres de la patria, y se les pagará con comestibles, +mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si tú quieres ser +célebre inventando la dirección de los globos, o cosa así, entonces nada +te digo. Por ahí, por ahí... Pero no envidies a los personajes del día, +a esas sanguijuelas del pueblo. Mira tú qué tipos. ¿Prim?, un tunante. +¿O’Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olózaga, Castelar, +Sagasta, Cánovas. Parlanchines todos. ¿Y ese Thiers de Francia? Otro que +tal. Cuando toquen a barrer, veréis cómo queda esto... Nada, nada; +aplícate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes, +comerás y vestirás con tu trabajo. Toma y daca... y _palante_. + +--Pero este dice que quiere ser célebre, aunque para ello tenga que +hacer una barbaridad. + +--Hombre, hombre, ¿tú quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo, +hombre, dalo. No te faltará ocasión, cuando se grite «abajo la tiranía», +pórtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como +dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que mañana +quizá se mire como una gran acción. Nada, hombre..._palante_, +_palantito_...». + +Siguió hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de +audaces juicios, que los muchachos le oían como si fuera una sibila. + +«Lo que yo quiero es moneda--volvió a decir Mariano con rudeza concisa. + +--¡Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como tú el célebre +Erostrato. + +--¿Quién? + +--Uno que pegó fuego--dijo Bou reventando de erudición--a un templo... +no sé si de Babilonia, de Venecia o de dónde. + +--¿Y sacó dinero? + +--Vuelta con el dinero. + +--Con dinero se tiene todo. + +--Y tú quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de +esos pillos, lo mismo que la sanguijuela _A_ o la sanguijuela _B_. + +Mariano gruñía, dando a conocer, con bárbaro modo, su ardiente anhelo de +ser sanguijuela. + +«Ea, bastante se ha charlado--dijo el maestro echando un vistazo a la +prensa--._Palante_... Sacadme esos reportes ahora mismo». + +Y siguió un silencio sólo turbado por los rumores de la actividad +taciturna. Oíase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo +negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que +aunque buen catalán tenía un oído infernal, destrozaba entre dientes _La +Marsellesa_, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Después +escupía unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco +rato. Se había contagiado de la afición de sus aprendices a cantorrear +los pareados de las aleluyas, y así, sin pensarlo, cantaba con la música +de Rouget de L’Isle estos versos: _Muchos niños pequeñitos--van vestidos +de angelitos_. + + + + +Capítulo V + +Entreacto en el café + + +Mariano pasó algún tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna +digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empezó a +fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se +pasaba horas y más horas en el café del Sur. Por el afán de aumentar su +peculio había contraído el vicio del juego, frecuentando innobles +garitos, o agregándose a los nefandos círculos que al aire libre, en las +puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se +aturdía y perdía casi siempre. Cuando ganaba se permitía lujos +desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las +funciones desde la primera a la última, convidarse a chuletas con tomate +en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y +costureras, donde danzaba y hacía conquistas. Cuando las ganancias +habían sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba +trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando +por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para +que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase +superior fuese más completa, tenía sus pequeñas deudas con el mozo del +café y con los amigos. + +Ya faltase todo el día al taller de Bou, ya asistiese puntualmente, +nunca dejaba de ir al café del Sur. A veces no estaba más que un rato, a +veces cuatro o cinco horas. Se le veía solo, en blusa azul y gorra, con +los codos sobre la mesa, el vaso de café delante y en la boca un puro de +a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estúpida somnolencia. + +¿Pero quién es aquel señor que abre la puerta del café y esparce su +vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano +viene hacia él, y se le sienta enfrente? ¿Quién ha de ser sino el +bendito D. José? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas +que está pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados +de cierta melancolía de funeral; ved también sus mejillas, antes +competidoras de las rosas y claveles, ahora pálidas y surcadas de +arrugas. ¿Qué le pasa? Él nos lo dirá. Durante algún tiempo su único +consuelo ha sido agregarse a Mariano en el café del Sur y frente a él +exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antaño; y así +como las ovejas (dicho está por los poetas) se olvidaban de pacer para +escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar +el café por atender a lo que D. José le refería. + +«Hoy tampoco la he podido ver--dijo aquel día (abril de 1876)--. Ese Sr. +Botín es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al +balcón... Te digo que me gustaría que el señor Botín y yo nos viéramos +un día las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo +padre, y debo velar por ella... ¡Luego el pobre _Riquín_ estará tan +solo, extrañará tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como +antes!... Porque has de saber que _Riquín_ no quiere a nadie más que a +mí; me quiere más que a su propia madre. Lo que es a Botín no le puede +ver». + +Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el +regocijo de la venganza. ¡_Riquín_ no quería al otro! ¡Oh placer de los +dioses! + +«Mi hermana tiene la culpa--dijo Mariano--. Ese tío Botín es una fiera. +¿Por qué no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de +aquellas cosas que pasan, ¡puño!... Él es rico; ella se ve mal... Si +trabajara como yo, viviría como es debido... De consiguiente, yo no +pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no +volviera. De consiguiente, ese Botín no quiere que ni yo, ni usted, ni +mi tía Encarnación vayamos allá. No quiere estorbos. Yo no voy, porque +suponga usted que nos encontramos Botín y yo, hablamos, y sin saber +cómo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reñimos. Total, que me +hago cuenta de que no tengo tal hermana. + +--Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella +quisiera--indicó Relimpio embuchándose el café, mientras el otro se +rompía las mandíbulas para sacar humo del duro cigarro--Pero quia, quia. +Tiene que valerse de mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses +de esta vida y no sé cómo aguanta. ¿Al teatro? Que si quieres... Los +domingos la hace ir a misa, y aquí paz... Dicen que ese señor es +mojigato. + +--Es rico--afirmó Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que +empleaba siempre para expresar aquella idea. + +--Riquísimo. Gana millones. Si le dejan se come a España en menos que +pía un pollo. ¿Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una +persona decente, le escribiría un anónimo a su señora contándole los +devaneos... Pero no está en mi sangre, no. La señora de Botín es condesa +o baronesa; él es conde o barón consorte, ¿te enteras? Ella es, según +dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar +un hospital. + +--Sanguijuelas del país y del pobre que trabaja, ¡repuño!... Ellos +gastan lo nuestro... Pero ya, ya verán, ¡puño! El mejor día... de +aquellas cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y _palante_... Ahora +nos toca a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta +como es debido. + +--Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue +D. Amadeo, ¡y aquel sí era persona decente!, esto está perdido. Es +verdad que se acabó la guerra; pero ¿cómo se acabó? A fuerza de dinero. +Esta gente es atroz. Aquí no hay administración, ni se llevan los libros +de cuentas del Estado como manda la Teneduría. Mira tú; mientras no se +suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no +sé cómo no se les ocurren estas cosas... Señor, que no podemos con la +Hacienda, que hay déficit. ¿Pues qué más tiene usted que quitar tanto +empleado vagabundo?... Señor, que la política... Pues fuera política... +Si quisieran, todo lo arreglarían bien. Con ir dejando a un lado a los +piratas y colocando a la gente honrada... Mira tú, es bien fácil. A +ver... ¿D. Fulano es un hombre honrado? Sí señor. Pues venga acá. ¿Y D. +Zutano? También. Venga. Ea, ya me tienes la Administración arreglada. Yo +sé que los tunantes chillarían; pero que chillaran hasta reventar». + +Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volvía D. José a la +monotonía de sus lamentos pastoriles. Durante varios días repitió las +mismas cosas... La había visto un momento... Estaba desmejorada y +triste... _Riquín_ tampoco era feliz... En mayo añadió a tan enfadosos +temas uno que era más agradable a la concupiscencia de Mariano. + +«¿Sabes--le dijo--que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio? +Llegó aquí el mes pasado. Por cierto que me cogió desprevenido. Yo le +creía en la Habana. Pero el Capitán General le quitó el destino a los +veinte días de haber tomado posesión de él y me lo embarcó para la +Península... Intrigas políticas... envidias y miserias. + +--De aquellas cosas que pasan...--murmuró Mariano, demostrando +perspicacia--. Don Melchor tendría las uñas un poco largas; de +consiguiente... + +--Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez. + +--Sí; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse allí entre tanto +dinero..., de consiguiente... + +--Hombre, no. + +--Total, que se volvió para acá sin un real. + +--No tanto. Algo ha traído... Pues te contaré el negocio, que es grande, +tremendo. Es un secreto que ha descubierto. + +--¡Un secreto!... Y lo guardará... como es debido. + +--No, lo pone a disposición de todo el mundo. Ha hecho unos +prospectitos, ¿sabes? Luego ha puesto un anuncio en los periódicos, +diciendo que el que quiera saber el secreto del negocio mande veinte +reales en sellos. Ajajá. No puedes figurarte los sellos que han entrado +en casa. Pero ya se va cansando la gente y vienen pocas cartas. + +--¿Pero el secreto...? + +--No sé cuál es. + +--¿Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal +secreto...? + +--Yo no sé... Desde que tomó la casa en la calle de los Abades, donde +vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artículos en un periódico. La +ha tomado con las compañías de ferrocarriles y otras empresas gordas, y, +¡si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las +está matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas útiles, +por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso sí, +yo creo que si esto se dice un día y otro día, al fin hemos de lograrlo. +Y si no, guerra, guerra con los ingleses. ¡Ah! ¿No hicimos lo del +Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contaré, pues lo sé como si lo +hubiera visto». + +Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante capítulo de +Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba más su +espíritu, adormeciéndole en cálculos voluptuosos y combinaciones de +riquezas y placeres. + +Algunos días después, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D. +José. + +«Ayer--dijo--estuvo D. Melchor hablando más de dos horas con Juan Bou. +Ha inventado una rifa para los pobres. Está unido con otros señores, y +de consiguiente, tiene autorización del Gobierno, como es debido. +¡Recontrapuño, qué negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte. + +--Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad. +Es una idea humanitaria. Ya no habrá más pobres por las calles... +Volviendo a lo mismo, Marianín, te diré que la vi ayer en misa. Por la +tarde fui a sacar al niño a paseo. ¡Ah!¿No sabes? Lo del pleito va bien. +Hombre, si te veremos al fin...». + +Mariano se desperezó y después que hubo estirado bien sus extremidades, +descargó el puño sobre la mesa, diciendo: + +«¡Maldita sea la Biblia!». + +Isidora, que vivía en la calle de las Huertas, salía con frecuencia al +balcón, y si veía a su padrino paseándose de arriba abajo y echando con +disimulo un vistazo al piso segundo, sentía pena y lástima. Unas veces +le hacía señales de que entrase, otras de que no entrase, y D. José +obedecía con humildad. Llamole un día con agraciado gesto, desde dentro, +alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal. +Relimpio subió. + +¡Cómo le palpitaba el corazón! Entró, cogió en sus brazos al niño, diole +mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con él, entró en la +sala. Isidora vestía una bata azul de corte elegantísimo. Acababa de +peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber +quién era, podría dudar que pertenecía a la clase más elevada de la +sociedad. Contemplola D. José, más que con amor, con veneración, con +fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco faltó para que +se la hincara delante. + +«Estás, estás...--le dijo turbado por la emoción--, que pareces una +diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... ¡_Riquín_!, hijo +mío, sol, dame más besos... ¡Bendita sea tu madre!». + +Mucho se alegraba también Isidora de ver a su padrino; pero un asunto +urgentísimo les separaría muy pronto. + +«¿No viene hoy ese bruto?--dijo Relimpio. + +--No; hoy habla en el Congreso. + +--¿De modo que me estaré aquí hasta anochecida? + +--No, porque tengo que hacer, tengo que salir...». + +¡Don José puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron +como la llama de la exhausta lámpara colgada delante del santo. + +«Tengo que hacer--dijo Isidora, sacando una carta--. Y usted me va a +hacer el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaquín». + +Don José dio un gran suspiro. Puso la cara más desconsolada y agoniosa +del mundo, la cara que pondría toda persona a quien se obligara a beber +un vaso de vinagre. + +«¿De veras que no estás hoy en casa? + +--No. Si usted quiere, puede venir a jugar con _Riquín_. + +--Le sacaré a paseo. Está bueno el día. ¿Qué te parece? + +--Muy bien. + +--Pues voy, voy a hacer tu encargo»--murmuró el viejo, consolándole la +idea de pasear al niño. + +Isidora salió. Su traje realizaba el difícil prodigio, no a todas +concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era +selecto, nada chillón, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y +en sus maneras la más clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por +dondequiera que iba hacía sombra de blasones. Y sin embargo, por +desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban sabían +que no era una _lady_. + +¡Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el +pensamiento y por las acciones, ¿qué era?... La sentencia es difícil. + + + + +Capítulo VI + +Escena vigésimaquinta + +=Aposento no muy grande, cómodo, bien amueblado y a media luz= + +=ISIDORA Y JOAQUÍN= + + +JOAQUÍN.--=(Con admiración)= ¡Pero qué guapa estás, o mejor dicho, qué +hermosa eres!... Joya digna de un rey, ¿por qué estás condenada a +encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posición mediana, obsura y +equívoca? ¡Tremendas ironías del destino! Fíate de que el nacimiento y +el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo +traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te +entristezcas. Hoy es día de alegría y juntos los dos aquí olvidaremos +todas nuestras penas... Cada día me es más difícil vivir sin ti. + +ISIDORA.--=(Con coquetería)= ¡Embustero!... Me quieres cuando me +necesitas, cuando eres desgraciado. ¡Desde que prosperas un poco, +¡adiós!, ya no te acuerdas de mí! Yo no debía hacerte caso; pero mi +debilidad es más fuerte que mi fortaleza, ¿entiendes?... ¿Quién no tiene +un castigo en el mundo? Mi castigo eres tú. En vez de darme enfermedades +o de volverme fea, Dios me ha dicho: «Quiérele»; y ya ves, te quiero y +padezco. El corazón me dice que será constante. Te amaré siempre, +mientras viva. Mi corazón es de una pieza. No puede amar sino a uno +solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mío, me hastían; +les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que +viniere, a mi amor me atengo. No sé cómo hay mujeres que adoran hoy a +este y mañana al otro. Yo no soy así. =(Con tristeza.)= ¿No es verdad que +nací para ser honrada? + +JOAQUÍN.--Y para mí. =(Entusiasmándose por grados.)= Sólo yo te comprendo, +sólo yo. Los demás te juzgarán mal quizás. Yo, que te conozco, sé que +eres un ángel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para +mí y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. ¡Y qué ingrato he +sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de +las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad. + +ISIDORA.--=(Mirándole a los ojos.)= ¿Estás satisfecho de mí? + +JOAQUÍN.--Te idolatro. + +ISIDORA.--¿Me he portado bien? + +JOAQUÍN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas están +donde deben estar... ¡Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en +su alma esa chispa, ese no sé qué, signo de elevación sobre el nivel +común, está preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no +es en ti un defecto, es una inspiración santa. + +ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que... + +JOAQUÍN.--Desecha las ideas convencionales. Cada acción tiene un punto +de vista desde el cual debe juzgársela, lo cual prueba la gran variedad +de las perspectivas del alma humana... + +ISIDORA.--Yo siento algún remordimiento... + +JOAQUÍN.--Porque no has hecho un análisis frío del hecho en sí y te +dejas llevar de la rutina. + +ISIDORA.--=(Gozosa.)= ¿Te pusiste contento cuando recibiste mi carta? + +JOAQUÍN.--La besé mil veces, y aun creo que se me escapó una lágrima, +cosa en mí desusada. + +ISIDORA.--Ya ves que cumplí mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu +compromiso y me decías que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro, +te dije: «Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de +salvar...». No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi +alma, como un acto de estos atrevidos y difíciles, en que entren la +generosidad y el peligro. Nací para estar arriba, muy arriba. + +JOAQUÍN.--En las estrellas te pondría yo. + +ISIDORA.--Las cosas bajas y fáciles, las pasiones mezquinas no caben en +mí. Tú me habías hecho muchas picardías; pues ahora verás... Yo soy así. +La idea de devolverte bien por mal me daba alegría y valor para vencer +las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba, +discurría, hacía cuentas. A medianoche no había dormido aún; estaba +sola. Podía pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana. +Llegó la mañana. ¿Qué creerás que hice? La cantidad era enorme. ¡Mil +duritos! ¿De dónde había de sacar yo ese dineral? Pues verás... Vendí +mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqué doce mil reales. +Compré otros diamantes falsos para que él no conociera el engaño. +Después empeñé la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu +suerte, él me había dado cierta cantidad para renovar parte de la +sillería..., pues al montón con ella. En fin, mi tía Encarnación me +proporcionó el resto... Y aquí vienen los escozores que siento en mi +conciencia... + +JOAQUÍN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espíritu.)= Eres una +chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu +gran corazón. + +ISIDORA.--=(Con monería.)= Déjame, que yo me entiendo. Te diré la verdad +pura. Por engañarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien +aborrezco con toda mi alma. No me merece... ¡Pero hay tantas clases de +traición!... Te diré... + +JOAQUÍN.--=(Azotándola con cariño.)= Pero ven acá, tonta... + +ISIDORA.--=(Abofeteándole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las +traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en mí que las rechaza. +Te diré: con gusto o sin gusto mío, él me da cuanto necesito. Es verdad +que los tornillos eran míos; me los habías regalado tú. Pero el alfiler +me lo dio él..., y el dinero para la sillería... Ya ves. + +JOAQUÍN.--Déjame hablar ahora. + +ISIDORA.--=(Tapándole la boca.)= Aguarda. + +JOAQUÍN.--=(Quitándose a viva fuerza la mordaza y besándola mucho.)= +Déjame hablar a mí. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces +más dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del país +se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastaría para pagar una +de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que +he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quería ya, yo te +amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy +tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazón y deuda +de bolsillo. Te pagaré religiosamente. + +ISIDORA.--¡Pagarme! ¡Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para +eso. Si en algo estimas el beneficio que de mí has recibido, ya sabes la +recompensa que quiero. + +JOAQUÍN.--=(Amoscado.)= ¿Cuál? + +ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaquín... + +JOAQUÍN.--=(Sintiéndose atacado de sordera.)= No te oigo. + +ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo. + +JOAQUÍN.--¡Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)= +En estos días me hallo en tal situación, que no podré celebrar ningún +acto civil... ¡Ay!, querida mía, confesor mío, para ti no debo tener +secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido +un calavera, un disipador; merezco lo que me está pasando. Yo tenía una +regular fortuna. ¿Sabes tú cómo se me ha ido de entre las manos? Pues yo +tampoco lo sé, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te +juro que vivo con economía... Malditos sean los usureros, fieras +desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad +indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da +un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te +debo que no haya caído una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez... +¿Pero qué sucederá? Que dentro de poco llegará otro vencimiento. +Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Papá +me ha hablado seriamente el otro día. Hemos hecho un balance. Le he +descubierto todos mis líos; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto +que no tengo más remedio que irme a la Habana. + +ISIDORA.--¡A la Habana! + +JOAQUÍN.--Sí, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el único +remedio. Los españoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras +naciones. ¿Qué país tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar +los desastres de sus hijos? + +ISIDORA.--¡Ya! + +JOAQUÍN.--Me iré a la perla de las Antillas, como decimos por acá. +¿Quieres ir conmigo? + +ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te diré...; ir contigo sería mi +dicha. Yo te cuidaría si caías malo, y te desviaría de tus calaveradas, +porque allá... Pero no puedo, no puedo salir de aquí. Tengo que estar a +la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganaré si tengo +paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la réplica, y luego que la +señora presente su dúplica, vendrá la prueba... Ya ves, me voy enterando +de estas cosas fastidiosas. + +JOAQUÍN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo... + +ISIDORA.--Es el principal móvil de mi vida. Cuando consiento en +separarme de ti por pleitear, figúrate si es cosa de importancia. + +JOAQUÍN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aquí. +Cuando yo venga, ¡toma!, de seguro te encontraré en pacífica posesión de +la casa de Aransis. + +ISIDORA.--¡Dios te oiga!... Yo también lo creo así. + +JOAQUÍN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha. + +ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recíprocamente su +confianza.)= ¿Y cuándo te vas? + +JOAQUÍN.--No lo sé. Dejaré pasar el verano. Papá y el ministro han +hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, allá, entre +bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando papá era Director, +servía a este señor en cuanto le pedía, y ahora para el Ministro no hay +mejor recomendación que la de mi padre. + +ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. ¿Por qué no +tratas de remediarte aquí? ¿Por qué no trabajas en algo? + +JOAQUÍN.--¿Aquí? ¡Trabajar aquí!... Tú te has caído de un nido. En +España no se recompensa el mérito. ¡Qué país! Es claro; yo trabajaría, +yo me dedicaría a algo; pero ¿qué pasa? Los escritores, los artistas, +los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que +trabaje el obispo. No hay más medio de ganar dinero aquí que metiéndose +en negocios patrocinados por el Gobierno. Pídele datos de esto a tu +señor Sánchez Botín. Es un genio. + +ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Está muy hueco +con el discurso que pronunció ayer. Es de..., de la Comisión. ¿No se +dice así? + +JOAQUÍN.--De la Comisión, justo. Todavía no he leído su discurso. = +(Incorpórase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo +de necedades soporíferas. Cuando hablaba, no había seis diputados en el +salón, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores +versados en administración producen estos efectos de narcótico. Papá +mismo, cuando habla de esto, es el puro beleño. Pero ayer era el único +que logró estar despabilado durante la oración fúnebre--administrativa +de Sánchez Botín. + +ISIDORA.--Pues él dice que apabulló a tu padre. + +JOAQUÍN.--¡Qué gracia! Verás. =(Amenaza leer.)= + +ISIDORA.--Por Dios, dejo eso. + +JOAQUÍN.--Oye qué admirable estilo. =(Lee.)= «Los señores que se sientan +en esos bancos...». + +ISIDORA.--¡Por la Virgen Santísima! + +JOAQUÍN.--Si esto es muy divertido. =(Sigue leyendo.)= «... no quieren +acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la +Comisión...». + +ISIDORA.--=(Arrebatando el papel de manos de Joaquín.)= Si tú le +estuvieras oyendo a todas horas... + +JOAQUÍN.--Es un bruto que merecía el desprecio si no mereciera el +presidio. Su discurso es el colmo de la sabiduría. Dice que en tiempo +de papá eran mayores los escándalos y las irregularidades... Voy a +contarte en dos palabras las gradas de Botín. + +ISIDORA.--=(Tristemente.)= ¿Será tarde? =(Hace un gorro con el +periódico en que está el discurso de Botín.)= + +JOAQUÍN.--No, querida; es temprano. + +ISIDORA.--Paréceme que entra poca luz, que anochece... + +JOAQUÍN.--Es que se ha nublado. + +ISIDORA.--Mira el reloj. + +JOAQUÍN.--No me da la gana. + +ISIDORA.--¡Qué horas tan felices si no fueran tan cortas! =(Acaba el +gorro de papel y se lo pone.)= ¿Qué tal? + +JOAQUÍN.--=(Dando su aprobación expresivamente.)= ¡Mona!... Pues te +contaré las gracias de Botín. + +ISIDORA.--¡Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. ¡Si él supiera +las mías!... + +JOAQUÍN.--Hace unos quince años Sánchez Botín era un zascandil. Andaba +por ahí con un gabán perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus +disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba +cosas de poco valor en las oficinas. Empezó a levantar cabeza, +trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragón. Hacía diabluras, +resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas. +Después le colocaron en el Ministerio, y casó con la de Castroponce, que +le aportó dos millones. Hízose diputado y gerente del ferrocarril de +Albarracín. Aquí empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el +ministro y allá se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figúrate, +la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compañías de +ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios. + +ISIDORA.--=(Bostezando.)= ¡Qué cosas! + +JOAQUÍN.--Tú no entenderás esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel +que se llama Inscripciones, el cual está en la Caja de Depósitos. Botín +se arregla para sacarlo, da una pequeña parte al Ayuntamiento, y con el +resto y la subvención van construyendo el ferrocarril sin adelantar una +peseta. El Gobierno les da prórrogas. + +ISIDORA.--=(Cerrando dulcemente los ojos.)= ¡Qué picardía! + +JOAQUÍN.--=(Con verbosidad.)= Pero esta tostada, con ser un negocio +inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de +pan los abonarés de los soldados de Cuba, que llegan aquí muertos de +miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede +pagarles; pero Botín ha reunido millones en esos abonarés, y el mejor +día se los admite el Gobierno en pago de un empréstito... Pues en las +subastas no te digo nada. Ahí es donde están las ricas tostadas. Él hace +lo que quiere. Es un bajá administrativo, mejor dicho, un sultán que +tiene las rentas públicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el +Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que +no se puede presentar nadie... Pero ¿qué es eso?... =(Poniéndole la mano +en la frente.)= ¿Isidora?... Se ha dormido... ¡Qué hermosa está! ¡Qué +cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... ¡Isidora! + +ISIDORA.--=(Despertando.)= Me dormí arrullada por las gracias de Botín. +¿Será tarde? Ahora sí que anochece. + +JOAQUÍN.--Es que es un chubasco, tonta. El cielo está negro. + +ISIDORA.--Es hora de marcharme. Mira el reloj. + +JOAQUÍN.--Para que te desengañes. =(Mira el reloj.)= ¿Ves? Todavía me +debes una hora, según lo convenido. + +ISIDORA.--¡Una hora! =(Con pena.)= Sesenta minutos me separan de la +presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginación. Es una +pesadilla que me atormenta noche y día. ¡Cuándo despertaré de ese +hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. «Buenas +noches»--, buenas noches. «¿Dónde has estado? Tú has salido...». Aquí de +mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir +mentiras; pero desde que vivo con él me he adiestrado de tal modo en +ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para +mentir... Pues te diré. Entra él; como entienda que he salido sin su +permiso. ¡María Santísima! Él gasta en mí su dinero a la calladita; y me +compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me +vea. Quiere que me ponga guapa para él solo. Basta que cualquier persona +me mire para que él se enfade, porque cree que con los ojos se le roba +algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me dé a conocer en la +calle, porque no gusta de escándalos, y se asusta de que esto se +descubra. Dice que aquí no estamos en París, y que es preciso no chocar, +no dar motivo a la murmuración, no faltar a las buenas apariencias +sociales. Es un egoistón y un hipócrita... Lo primero que me encarga es +que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo +al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son +la base del orden social, me lo lee con entonación grave..., ¡si le +oyeras!, y me dice con toda su alma: «Yo no puedo desmentir estas ideas. +Conque mucho cuidado...». En teatros no hay que pensar. Alguna vez me +permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a +los anfiteatros. Ni aun allí me deja libre, porque le veo atisbándome +desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la +costa, o algún hombre sospechoso cerca de mí... En fin, es un tipo +insufrible. ¡Qué celoso, Dios mío! Si me ve asomada al balcón, ya se le +figura no sé qué. ¡Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me está +sacando a relucir su dinero. ¡Qué tonillo toma! =(Remedando voz de +hombre.)= «Señora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser +para mí...». ¡Para él! Él quisiera que yo fuera un vaso de agua para +beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en +mis pensamientos. + +JOAQUÍN.--=(Con desprecio.)= ¡Zopenco! + +ISIDORA.--¡Y cuánto me hace padecer! Si me río, cree que me burlo de él; +si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si +me canso, me llama _fría_, _pedazo de mármol_. Me toma cuenta del +respirar, y si doy un suspiro, ¡ay Dios mío!, ya está armada la +tempestad. ¡Y cómo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces +quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto +y celoso que enamorado. Mi tía Encamación dice que es el papamoscas de +Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me río de él, no lo puedo +remediar. =(Ríe.)= Cuidado que es feo, ¿no es verdad? No tiene más que la +figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. ¿Has visto +aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puñetazos? + +JOAQUÍN.--Pues pocos habrá de más pretensiones. Dicen que en los escaños +del Congreso está siempre mirándose el pie, porque lo tiene muy pequeño. +La verdad es que otro más antipático no ha nacido... + +ISIDORA.--Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que +causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros... +Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos +duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le +desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobillón +inglés. =(Ríe.)= Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar +tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace +cuando se pone a echarme sermones, y a reírse de mi pleito y de mi +nacimiento. Un día por poco le pego... Cuando está por moralizar, me +dice que si me porto bien haré mi suerte con él; que hay muchos modos de +ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todavía. =(Da un gran +suspiro.)= «Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te protegeré. +Te casarás con un criado mío, que es ni pintado para el caso. =(Con gran +indignación.)= Y una vez que estés casada te daré un estanco». ¡Un +estanco! =(Riendo con estrépito.)= Ese animal no sé qué se figura... Habla +muy poco de su mujer. Dice que es un ángel; pero que se ha hecho muy +mística, y que él, respetando mucho el misticismo, ha tenido que buscar +fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. Una +cosa me agrada de él... para que veas que todo no ha de ser malo... +Quiere mucho a mi Joaquín, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a +cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto sólo +hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningún modo +quererle ni estimarle. + +JOAQUÍN.--Has hecho de él la gran pintura. No tiene delicadeza ni +verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus +atractivos y te ofrezcas más rica y sabrosa a sus insaciables +apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria +del género humano; me parecen hechos con algo puramente material y +grosero que sobró después de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser +destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la +transición del hombre al bruto, y fabricó a Botín. + +ISIDORA.--=(Riendo.)= Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el rebuzno, +¿qué hay? Un discurso de Botín. + +JOAQUÍN.--¡Bravísimo!... Vamos, cuando me comparo con él... Permíteme +que me alabe en presencia de ese bárbaro egoísta. Yo vivo de lo ideal, +yo sueño, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos +platónicos. En otro tiempo, ¿quién sabe lo que hubiera sido yo? Quizás +un D. Juan Tenorio; quizás uno de esos grandes místicos que han escrito +cosas tan sublimes... Ahora, ¿qué soy? Un desgraciado, por lo mismo que +me estorba lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me +congratulo de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, ¿pero por +qué? Porque no he sabido poner freno a mi fantasía; porque no he podido +cerrar y soldar mi corazón, vaso riquísimo que cuanto más se derrama, +más se llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he +derrochado una fortuna. ¡Desventajas de la constante aspiración a lo +infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! ¿Ves mis +calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. ¡Oh!, ¡quién +hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habría +conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he +sabido distinguir a Júpiter de Neptuno... ¿Ves cómo estoy? ¿Ves mi +ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a +nadie. Joaquín Pez pedirá limosna antes que comerciar con el hambre y la +desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre +sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin +prendarme de ella. =(Isidora le da un pellizco.)= ¡Ay! Será debilidad, +será lo que quieras. Yo lo llamo _abundantia cordis_, opulencia del +corazón. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la +generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza... +¿Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que +volveré de allá tan pobre como estoy aquí. Yo no sirvo para esto. No soy +como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmética. Yo no la entiendo. +Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado, +¡y ella se venga haciéndome unas perradas!... + +ISIDORA.--=(Con efusión de amor.)= Menos en lo de querer al por mayor, +¡cuánto nos parecemos! Yo también veo lo infinito, yo también deliro, yo +también sueño, yo también soy generosa, yo también quisiera tener un +caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme +siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme +yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo, +porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza; +una montaña de dinero; luego otra montaña de honradez, y al mismo tiempo +una montaña, una cordillera de amor legítimo...; eso es lo que quiero. +¡Oh, Dios de mi vida! =(Llevándose las manos a la cabeza.)= ¿Llegará esto +a ser verdad? + +JOAQUÍN.--¿Pues no ha de llegar a serlo?... Abrázame fuerte. + +ISIDORA.--Ahora sí que es tarde. =(Alarmándose.)= Me voy, me voy. + +JOAQUÍN.--Todavía... + +ISIDORA.--Sí, ya han encendido el gas. =(Mira al techo.)= Mira los dibujos +que hacen en el techo la sombra de los árboles de la calle y el +resplandor de los faroles. + +JOAQUÍN.--Sí. Sonó la hora triste. Y ahora, ¿qué día...? + +ISIDORA.--¡Ay!, tontín, ¿sabes que no lo puedo decir? =(Arreglándose +aprisa.)= Se me figura que nuestro dragón está receloso. Me vigila mucho. +Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor día descubre mis +gracias... + +JOAQUÍN.--No lo creas... + +ISIDORA.--¡Ah!, es muy tuno... Sí, yo creo que nos sigue la pista. Estoy +viendo que cualquier día regañamos, y le mando a paseo. Sin ir más +lejos, mañana habrá cuestión. ¿No es mañana San Isidro? + +JOAQUÍN.--Sí. + +ISIDORA.--Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romería, que nunca he +visto, y él se empeña en que no he de ir... Allá veremos. ¡Dios de mi +vida, qué tarde! + +JOAQUÍN.--¿Y cuándo te veré? + +ISIDORA.--Te avisaré con mi padrino, =(Despídense con manifestaciones de +ardiente cariño.)= + +JOAQUÍN.--Abur, chiquilla. + +ISIDORA.--_Riquín_, adiós. =(Al salir.)= No me olvides. + +JOAQUÍN.--=(Solo.)= ¡Bendita sea ella! Vale infinitamente más que yo. + + + + +Capítulo VII + +Flamenca Cytherea + + +La unión nefanda de estos dos vocablos, bárbaro el uno, helénico el +otro, merece la execración universal; pero no importa. Adelante. + +Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr. +(tenía la Gran Cruz) D. Alejandro Sánchez Botín, Isidora fue a la +pradera de San Isidro, acompañada de su doncella, de _Riquín_, de D. +José de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Sátiro no podía +resistir ya el anhelo de expansión, de correr libremente, de ser dueña +de sí misma un día entero, y, principalmente de darse el gusto de la +desobediencia. Haciéndole rabiar gozaba más que divirtiéndose ella. Ya +se aplacaría el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no +se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y +bien podía suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias +llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convenía un +golpe de Estado. + +Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella +mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era +regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas +sirviendo de caballo a _Riquín_, ya vestido desde el amanecer de Dios, y +Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de +mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien +dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran +dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las +fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de +buenos autores había visto Isidora caprichos semejantes, y también en +una célebre zarzuela y en una ópera. Si esto pensaba cuando la doncella +y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y +pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, quedó +prendada de sí misma, se miró absorta y se embebeció mirándose, ¡tan +atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfonía +de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente +rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube. +No le faltaba nada, ni el mantón de Manila, ni el pañuelo de seda en la +cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de +gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los +ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar. +En medio de Madrid surgía, como un esfuerzo de la Naturaleza que a +muchos parecería aberración del arte de la forma, la Venus flamenca. Don +José estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sáficos +la novísima encarnación de la huéspeda de Gnido y Pafos. + +Salieron gozosos, acomodándose en una carretela que alquiló Isidora..., +y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sentía un regocijo febril y +salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era un motivo de grata +sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre +de la alegría, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un +ventorrillo. Nunca había comido Isidora cosas tan ricas. ¡Cuánto rieron +viendo cómo se atracaba Mariano! Don José compró dos pitos, uno para +_Riquín_ y otro para él, y ambos estuvieron pita que te pitarás todo el +santo día. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habría comprado +lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compró más +que cuatro. De todas las fruslerías hizo acopio, y los bolsillos de la +pandilla llenáronse de avellanas, piñones, garbanzos torrados, +pastelillos y cuanto Dios y la tía Javiera criaron. Nunca como entonces +le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole, +por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si +hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres +sin número les daba lo que salía en la mano. A todos los cojos, +estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda. +Por último, se le antojó también pitar, y compró el más largo, el más +floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella también +pitaron. + +Visitó la ermita y el cementerio, y por último, no queriendo acabar el +día sin experimentar todas las emociones que ofrecía la pradera, visitó +una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenómenos para +asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana, +el cordero con seis patas, las serpientes, _os ratas tigres provenientes +do Japao_, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba, +recibía una ovación. Preguntaban todos quién era, y oía una algarabía +infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanterías, desde la +más fina a la más grosera. Cuando se retiró estaba embriagada de todo +menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de +placer, de sorpresa, de polvo, de gentío, de pitazos, de coches, de ayes +de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo. +Cuando llegó a su casa le dolía la cabeza; acordose entonces de Botín, a +quien de seguro encontraría, esperándola airado, y entonces cayó un velo +negro sobre sus alegrías. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de +ella azoradas, corriéndosele del corazón a los labios y dejándole un +sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban. + +Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, según su +costumbre, lo que le había de decir Botín y lo que ella había de +contestarle. Decididamente le pondría cara de perro; él echaría su +sermón de costumbre sobre el escándalo, y después se aplacaría. Llegaron +jadeantes al piso segundo. Don José, que cargaba a _Riquín_ dormido, iba +detrás pitando todavía. + +Entró en la sala y vio luz en el gabinete. Allí estaba sin duda. Pasó +adelante y le halló sentado en una butaca fumando. Desde la primera +mirada comprendió Isidora que la gresca sería fenomenal. Botín (a quien +no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba pálido, con +cierta hinchazón en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afectó +indiferencia, dejándose caer en el sillón con la pesadez propia de su +cansancio. Como entraron también irreflexivamente Relimpio y Mariano, +Botín hizo un gesto de expulsión, diciendo: «No quiero aquí a nadie». + +«Con permiso...»--balbució D. José. + +Quedáronse solos los dos amantes. Isidora, viéndose en el trance de +hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreció el pito a +Botín, diciéndole con sorna: + +«Te he feriado. Toma el pito del Santo». + +Botín rompió en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arrojó al suelo con +ira. + +«Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso». + +Botín vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o más bien la +pasión que despertaba en él la traza chulesca de Isidora. Fuertes +razones había sin duda para que venciera la cólera. + +«Mucho me enfada--dijo con cierta gravedad parlamentaria--que haya usted +ido sin mi permiso a la romería. Pero hubiera perdonado fácilmente esa +falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aquí desde las cuatro +esparándola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera +infame». + +Isidora palideció. Subiendo la escalera había previsto la disputa; pero +en esta resultaba una espantable cosa que ella no había previsto. + +«De una manera infame--repitió Sánchez Botín--. Acabemos. Me gustan las +cosas claras y los juicios rápidos. ¿Dónde están los pendientes de +tornillo? + +--Aquí están--dijo Isidora llevándose la mano a la oreja. + +--¡Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... ¿Y el +alfiler, la cadena, el medallón...? + +--Esas prendas son mías y puedo disponer de ellas a mi gusto--dijo +Isidora prontamente, dueña ya de sí misma. + +--Las ha empeñado usted. + +--Las he _pignorado_--replicó ella con aplomo y burla--, como dicen +ustedes los hombres de negocios. + +--Sé por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo... + +--Usted me dio el dinero. Yo preferí emplearlo en otra cosa». + +Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe. + +«Se turba usted... + +--No me turbo, no»--dijo ella subiéndose de un salto a la cúspide de su +orgullo y contemplando desde allí la cólera mezquina de Botín. + +Durante la pausa lúgubre que siguió a esta última frase, Isidora +revolvió su mente hacia el origen de aquella escena; consideró con +vergüenza y despecho que su infidelidad había sido descubierta, y pasó +revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal +descubrimiento. ¡Ah!, las indiscreciones de Joaquín Pez, la falta de +prudencia... Bien conocía ella que el viudito no era hombre para guardar +secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lío... Pensó en +las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman +invisible tela de araña en torno de toda existencia equívoca e inmoral; +y la ignominia de un hecho tan poco noble abatió por un instante el +orgullo de su alma. + +«Hace usted un bonito uso de mi dinero»--dijo Botín. + +Isidora iba a contestar lo siguiente: «¿Y para qué me lo da usted?». +Pero su conciencia se alborotó, y sintiose llena de perplejidad, que +nacía del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la +cólera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta, +enérgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestión moral. +Encontrola en estas palabras: + +«Usted me es muy antipático. Déjeme usted en paz. + +--¡Y tiene el atrevimiento de despedirme!--exclamó Botín con sarcasmo--. +Usted que estaba muerta de miseria cuando yo...». + +Isidora sentía que venían llamas a su lengua. No pudo contenerse, y +abrasó a Botín con estas palabras: + +«Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente +más...». + +Botín, cubriéndose con su calma egoísta y dando a la disputa un giro +tranquilo, que era como los círculos que hace la serpiente, dijo así: + +«No quiero incomodarme. Veremos quién desaloja... Isidora, he sabido +todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se +acabó... Usted se lo ha ganado... Usted pierde más que yo. + +--Me está usted mareando. Déjeme usted en paz. + +--A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas +las alhajas que he dado a usted y que no estén... pignoradas, váyamelas +usted entregando». + +Isidora se quitó con nerviosa presteza las sortijas; sacó de una cajita +varios objetos de oro, y todo lo tiró a los pies de Botín. + +«Bien, bien--dijo el padre de la patria, no desdeñándose de inclinarse +para recoger lo que estaba por el suelo--. Ahora quítese usted el mantón +de Manila». + +Isidora se lo quitó, y haciéndolo como un lío se lo tiró a la cara. + +«¿Quiere usted que le entregue todos mis vestidos? + +--No es preciso que me los entregue usted--replicó Botín con calma +feroz--. Yo me haré cargo de ellos. Quítese usted el que lleva puesto». + +Bien pronto la Cytherea se quedó en enaguas. + +«Es lástima que no se lleve usted también mis botas--dijo Isidora +sentándose y apoderándose con verdadera furia de uno de sus pies para +descalzarlo--. Llévelas usted para que las use su señora». + +Y se quitó una bota. + +«No, no tanto--dijo Botín--; conserve usted su calzado». + +Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando +en su alcoba se puso otras botas. + +En aquel instante, Botín tuvo que dar a su pasión una nueva batalla; +pero el caso era tan grave, que la dignidad llevó la mejor parte. Apartó +los ojos de la despojada imagen que delante tenía, y para verla lo menos +posible, levantose, y con atención de prendero avaro, abrió el armario +de luna y las gavetas de la cómoda, entró en la alcoba, registró todo +como un curial que embarga o inventaría. Isidora en tanto arrojaba las +preciosas botas en medio del gabinete, y después hacía lo mismo con su +peineta. + +«Bien--dijo Botín, sentándose otra vez y mirándose su pie pequeño como +hacía en el Congreso--. Ahora póngase usted el vestidito que usaba +cuando iba a rezar a la iglesia con tanta devoción. + +--Lo he dado. Yo no guardo pingos». + +Botín volvió a la alcoba. Tomó de una percha una bata, y ofreciéndola a +Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: «Póngase usted este». + +Volvió la cara para no verla, para no ver las lágrimas gruesas que +corrían por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como +ardiente volcán bramaba en su pecho. + +Sin decir nada, vistiose ella. Botín tomó entonces un tonillo +conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en +medio de los bosques. Tenía algo de hombre, si bien nada de caballero. + +«Puede usted disponer de toda la ropa blanca--murmuró--. Mande usted por +ella mañana. + +--No quiero nada--replicó Isidora, bebiéndose sus lágrimas de fuego, +pálida, trémula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiración de +drama; se volvió a él, le echó rodadas de desprecio por los ojos y le +dijo: «Soy la vengadora de los licenciados de Cuba». + +Botín se sonreía como un demonio que ha ganado un alma. + +«Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted. + +--Todavía--dijo Botín haciendo esfuerzos para reír, y golpeándose con el +bastón el pie bonito--, todavía tiene usted algo que agradecerme. Puede +usted llevarse todo lo del niño. + +--Mi hijo no necesita nada». + +Isidora corrió hacia adentro. En la cocina, Mariano dormía, reclinado +sobre la mesa. En el comedor, D. José y la doncella asistían a _Riquín_, +que había vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el +hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia. + +«Le ha hecho daño la comida--dijo el tenedor de libros. + +--Tiene algo de calentura»--indicó la doncella, tocándole las mejillas. + +Isidora le examinó. Sus lágrimas volvieron a correr + +«Don José--dijo resuelta--. Cargue usted a _Riquín_. Envolvedlo bien en +un mantón. Nos vamos ahora mismo. + +--¡Ahora!»--exclamó D. José con espanto. + +En la puerta del comedor apareció Botín. Después se paseó en el pasillo. +Si Isidora estuviera fuerte en Mitología, le habría comparado al +Minotauro vagando por las obscuras galerías del laberinto de Creta. +Volvió la bestia al gabinete, y desde allí llamó con voz fuerte: +«¡Isidora, Isidora!». Y viendo que esta no acudía, salió otra vez al +pasillo y dijo en tono más humanitario: + +«No llevemos las cosas hasta el último extremo. _Riquín_ está malo. +Puedes quedarte aquí hasta mañana». + +Pero Isidora iba y venía recogiendo algunas cosas _enteramente suyas_. + +«Quédate, mujer, quédate hasta mañana». + +Entró ella en la alcoba. Botín se paseaba con lento andar en el +gabinete. + +«Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta +mañana. Además...». + +La miró atentamente, mientras ella revolvía en la cómoda. La miró +embelesado, ¿a qué negarlo?, y algo confuso le dijo: + +«Y mañana podrás llevarte todos tus vestidos». + +Isidora no le contestó, ni le miró siquiera. Pero él seguía dando +paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitológicamente +hablando, se mordía su propia cola. + +«Estas mujeres locas--murmuró gruñendo--, si comprendieran su interés; +si supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona +decente... Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti, +reflexiona, acuérdate de lo que muchas veces te he dicho. ¿Por qué no +has de entrar en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte, +proporcionándote un estanco...». + +Isidora salió sin concederle ni una mirada. Él fue tras ella. Desde la +sala repitió en voz alta: + +«Puedes contar con el estanco...». + +No recibió contestación. De repente oyó el golpe de la puerta cerrándose +con violencia. Todos, menos la doncella, habían salido. + + + + +Capítulo VIII + +Entreacto en la calle de los Abades + + +=--I--= + +«¿A dónde vamos?--preguntó Isidora cuando salieron a la calle. + +--¡Qué pregunta!... A mi casa--replicó don José, estrechando a _Riquín_ +entre sus brazos con ardiente cariño--. Abades, 40. No parece sino que +hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo +Dios. En casa no te faltará nada. Melchor la ha puesto muy guapamente». + +Y en medio de la turbación que el repentino desalojamiento le producía, +D. José sintió íntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al +sentirla tan cerca de sí, sometida a su generoso amparo. Siempre que +hacía algo en beneficio de ella, el pobre señor se crecía y se hinchaba; +que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle, +él delante, ella detrás, porque la estrechez de las aceras no les +permitía caminar juntos. + +Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Había hecho de la sala despacho +y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lámpara con pantalla +verde que derramaba un círculo de claridad sobre la mesa. Un hombre +acompañaba a Melchor, trabajando con él en la misma mesa. Del cerebro +del hombre descendía al pupitre una invisible corriente de cálculos que +al tocar el papel se condensaba en números, como al influjo de la helada +la humedad de la atmósfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levantó +un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle +su casa. Después se volvió a sentar, y requiriendo la benéfica pluma, +entonces consagrada a la humanidad doliente, siguió su trabajo. + +Rápida ojeada bastó a Isidora para observar a Melchor, que +definitivamente se había dejado toda la barba y tenía un aspecto muy +vistoso, aunque nunca simpático; para observar también al hombre de los +números, que la miró con cierto azoramiento de bestia taurina al +hallarse en medio del redondel. Vio también la desamparada sala con su +estante, formando como nichos de cementerio, donde yacían ordenados +papeles. Un plano de Madrid acompañaba al de la Península. Hacían ambos +el papel emblemático de los planos de minas o ferrocarriles en las +oficinas de explotación. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban +figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo +mendigos al Asilo; el frontón mismo del Asilo ideal con columnas griegas +y un sol con la insignia triangular de Jehová, difundían por toda la +sala la idea de que allí se trabajaba para aliviar la suerte de los +menesterosos. Las palabras _Rifas_, _Grandes rifas_, _Tres sorteos +mensuales_, _seis millones_, impresas en colores, revoloteaban por las +paredes cual bandadas de pájaros tropicales; y como el papel en que +aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasía loca de Isidora no +había de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de +selva americana alumbrada por la luna. Después vio el resto de la casa, +que era de construcción reciente, mas con tan sórdido aprovechamiento +del terreno, que más parecía madriguera que humana vivienda. Don José +destinó a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa, +y al punto se ocupó en desalojarle. Él se iría al aposento de la +muchacha y la muchacha dormiría Dios sabe dónde. Era interior el cuarto, +y tan vasto, que a Isidora le pareció un sepulcro. Don José iba y venía +cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella +a _Riquín_, díjole Isidora: + +«Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la +habitación, la muchacha y yo nos entenderemos». + +La muchacha era una alcarreña de esas que acababan de llegar al mercado +de criadas, y traía frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la +torpeza de manos y de cabeza. Todo lo hacía al revés. Tenía buena +voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecían no haberse +desprendido de su rechoncho cuerpo desde que nació, y sus greñas mal +peinadas, de color de barbas de maíz, despedían un olor a pomada de +baratillo, más desagradable que su aliento. Isidora sentía hacia ella +repulsión invencible; no la podía mirar, no la podía tocar, y al +sentirla cerca, se estremecía de horror. Antes moriría de hambre que +comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era +su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan señorita. +«No, no--exclamó la joven con angustia--. Yo no nací para pobre, yo no +puedo ser pobre». + +Dios la amparó en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber +lanzado la exclamación dolorosa, salida de lo más vivo de sus entrañas, +llegó su cara doncella. Traía en un gran lío toda la ropa de _Riquín_ y +algo de la del ama. + +«La fiera--dijo--me mandó sacar todo esto. Está bramando. ¡Ay señorita!, +si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliación... Yo lo +siento. Está arrepentido de su barbaridad. Yo quería traer más; pero no +me dejó. Mañana llamará a las prenderas... ¡Ay! ¡Qué lástima! ¡Qué +riqueza hay allí!». + +Agustina se ofreció a seguir a su servicio, e Isidora lo aceptó con +gozo, aunque no tenía en sus bolsillos una sola moneda. ¡Terrible +contradicción! Ella no podía ser pobre, y sin embargo lo era. + +Ocupándose de arreglar la habitación y de procurarse algunas +comodidades, ¡cuántas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar +esto y lo otro. Tal cosa había quedado en la tercera gaveta de la +cómoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no había remedio. Por +cada objeto que no tenía, Isidora echaba a volar media docena de +suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables +esferas de lo pasado. + +_Riquín_ parecía mejor. Dormía tranquilamente, y su respiración fácil +sonaba como el eco de músicas serafinescas tañidas a la parte allá de lo +visible. + +Miquis y D. José tardaban. Isidora pasó a la sala porque Melchor le +había dicho que tenía que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos. +Podía disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algún +médico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de él, del +benéfico y filantrópico Melchor, corrían los gastos de botica. Lo +principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las +manos, pues estaba en casa de parientes que la querían de veras y donde +nada la faltaría... En tanto el hombre corpulento que hacía números no +quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y parecía pasmado, fascinado por +religiosa o mitológica visión. + +Como el gran Relimpio hablara entonces de médicos y ensalzase a Miquis, +el hombrazo dijo: + +«¡Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fría. Le conozco mucho. Asiste +a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de +Aransis». + +Isidora no esperaba oír citar su casa ilustre, y se inmutó un poco. Sin +dejar de mirarla, el hombrón prosiguió así: + +«Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... ¡Ah!, bien decía +yo. Ya me acuerdo. Un día..., hace años, estaba yo con mi hermana en el +portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es... +Bien decía yo que no era la primera vez... Después he tratado mucho a +Miquis. Es simpático. Como él tiene instrucción y yo... algo entiendo de +ciertas cosas, discutimos sobre la cuestión _A_ o la cuestión _B_. Yo le +aprieto de firme y él se defiende con retóricas... + +--Vamos, vamos a concluir esto--dijo Melchor con impaciencia--. Tenemos +que de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de +la Administración seis mil quinientos...». + +Isidora no oyó más, porque llegaron Miquis y D. José. El médico venía de +frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de +cierta casa de tono. Precursoras y compañeras de su fama eran las +relaciones, y la entrada que iba teniendo en los más escogidos círculos +de la sociedad. + +Examinado _Riquín_, le recetó un calomelano. Era cosa ligera, una +indigestión, y probablemente al venidero día estaría como si tal cosa. +Hablando después con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo así: + +«Siento ese percance, porque no hallarás otra fiera como esa. No hay dos +Botines en el mundo. Si los hubiera, ¿dónde estaría ya nuestra querida +patria? Desde Pirene a Calpe habría sido devorada, y todos los españoles +nos agitaríamos en una cárcel de tela, ¡ay!, en los bolsillos de ese +afanador de naciones... ¡Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero +tú no haces números, y en esta época el que no hace números está +perdido. + +--Déjame a mí de números. ¿A dónde vas ahora?». + +El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los +brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa +riquísima en que se sentaría y las personas cultas y elegantes con +quienes había de estar en roce familiar y discreto gran parte de la +noche. Era esta la clase de imaginaciones que más fácilmente se moldeaba +en su cerebro. Miquis lo conocía y le pasaba la miel por los labios, +contándole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describiéndole +aquellos apartados mundos donde ella no podía penetrar sino con la +fantasía, mejor aún, con su ferviente anhelo. + +«Hace pocas noches--le dijo--comí en casa de la duquesa con tu Pez. +Parece que se va a nadar a la Habana, porque aquí se queda en seco. Le +han escamado los usureros. ¿Sabes que me da lástima? Es lo que llaman un +buen muchacho, servicial, amable, cariñoso, débil, y que no hace daño a +nadie más que a sí mismo». + +Isidora, turbada y nerviosa, varió la conversación y fingió ganas de +reír. + +«¡Ah!, me han dicho que te casas. ¿Es verdad? + +--Eso dicen, sí. Y cuando el río suena, boda lleva. + +--¿Con la del notario? + +--Con la de Muñoz y Nones. + +--Bien sabes tú arrimarte a buen árbol. Es rica. + +--Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y +vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazón. Esto +no lo hacemos ya más que los pastores y yo... + +--¿Y es bonita? + +--Para mí no hay otra que se le iguale. + +--«Mejorando lo presente», se dice. + +--Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama. + +--¿Por qué no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a +declarar como testigo. Además es el notario de la casa de Aransis. + +--¡Culebra! Quieres corromper al ave fénix de los notarios. + +--No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de +Aransis. Con eso me basta. + +--No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que él, por sí solo, +desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido +los señores de pluma y sello... Muñoz y Nones ofrece a la admiración de +la humanidad el siguiente fenómeno: es un hombre que ha hecho una +fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como +corresponde a la materia de que está hecha. Mi suegro desacredita y +niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo acá, se ha +tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales +y, por añadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de +nariz y de uñas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha +desaparecido, y en prueba de ello ahí tienes a mi suegro, que es +honrado, franco, liberal, y además guapo, simpático, amabilísimo y de +agradable trato. En estos tiempos de renovación social las figuras +antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para +cada arte o profesión Así verás hoy un juez de primera instancia que +parece un Guardia de Corps; verás un barítono que parece un alcalde de +Casa y Corte; verás marinos que parecen oidores, y hasta podrás ver un +filósofo que se confundiría con un canónigo. Dígolo porque Muñoz y Nones +parece un diplomático. Tiene inclinaciones de gran señor y hábitos de +_sportman_. ¡Lástima que no haya abierto nunca más libro que la _Ley de +Enjuiciamiento civil_! Por lo demás, en la honradez es un lince, y tiene +por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos. +Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas +partes sino malos acciones, egoísmo y rapacidad. ¡Error, disparate! El +mundo se pudriría si le faltase en un momento el desinfectante de la +virtud, cuya acción enérgica se nota en todas partes, en las más altas +así como en las más bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy +aburriendo... + +--Quedamos en que recomendarás a tu suegro mi pleito. + +--Quedamos en que es inútil. + +--Bobalicón. + +--Serpiente de cascabel, abur». + + +=--II--= + +Después que se fue Miquis entró Mariano, que buscaba a su hermana para +que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar allí a su +maestro, que al verle se desconcertó, porque hacía una semana que no +aparecía por el taller. Levantose contra él una tempestad de censuras. +Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones +morales, Melchor le llamó vago, pillete y predestinado al presidio, y +hasta su amigo y compañero de café, Relimpio, promulgó sobre la vagancia +los conceptos más severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su +hermana dinero, Mariano se retiró a un banco de palo que en el estrecho +recinto había, y allí permaneció larguísimo rato solo, callado, hecho un +ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un +perro que roe y voltea un solo hueso después de haberle quitado hasta la +última hilacha de carne. + +El afán de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales +que tan grande parte tenían en el ser moral de Mariano, y que habían de +tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la +palabra, en el hijo de D. José Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre +cristalizan, por decirlo así, en envidia, que es unipersonal y +antropomórfica. + +Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde allí el rasguear +de las plumas que en la sala hacían tan lucrativos números, se +preguntaba por qué razón tenía el señorito Melchor sombrero de copa y él +no; por qué motivo el señorito Melchor vestía bien y él andaba de blusa; +por qué causa el señorito Melchor comía en los cafés, galanteaba +bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras él, +el pobre _Pecado_, comía y fumaba casi como los mendigos, y tenía por +amigos a otros tan pobres y desgraciados como él. La soledad en que +vivía le despabiló antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer +cálculos, no era común en los chicos amparados por padres o parientes +cariñosos. Porque el abandono y el vivir entregado a sí propio, +favorecen el crecimiento moral en el niño. De la índole nativa depende +que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los +colosos del trabajo, así como los grandes criminales, han nutrido su +espíritu en una niñez solitaria. El árbol salvaje, juguete de los +vientos en deshabitado país, adquiere un vigor notorio. + +Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni sabía +apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quería vivir con su +tía Encarnación porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque +le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones. +Gustaba de albergarse en fementidas casas de huéspedes de los barrios +del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de +tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y comía en las +tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de +voluntad, que es propio de los vagos; aguzó su ingenio, precipitó su +desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender +que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la +adquisitividad, del disimulo y de la adaptación. No se explican de otro +modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperación de +la Policía y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y +veinte años. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un +prodigio de agudeza, un archivo de triquiñuelas jurídicas y un burlador +hábil de la Policía. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe +más mundo y más Economía política que los doctores recién incubados en +la Universidad. + +Hallábase Mariano a la sazón a punto de consumar su sabiduría en +aritmética parda; se le había desarrollado ya el genio de los cálculos, +el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la +adaptación, del disimulo y de la doblez. + +Después de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del +recibimiento, asistió de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por +hipocresía. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con él aquellos +días, que no sabía qué hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria, +que hasta llegó a llamarle hijo y a departir con él como de igual a +igual. + +«Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero tú mismo +conoces que el trabajo es la vida, la religión del pueblo... Voy a +hacerte una proposición. ¿Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy +solo. Te daré un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no +hay lujo, pero no falta nada de lo necesario». + +Después le hacía acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a +las que Mariano no sabía qué contestar. Si su hermana vivía contenta, si +se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesón, si +iba al teatro. Además, el maestro Juan Bou parecía reventar de gozo... +Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegría; unos la +atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se +había sacado el premio gordo de la Lotería. Pero Juan Bou desconcertaba +todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volvía +triste y daba unos suspiros que habrían partido la piedra litográfica si +esta fuera un poco menos dura. Creyérase que se incomodaba consigo mismo +y que quería echar de sí una mala idea. Algunos días trabajaba poco, y +más de una vez ocurrió que se retrasaran y embrollaran los dibujos _A_ o +_B_ por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente +desusada en hombre tan metódico para el trabajo. + +Otro suceso digno de llamar la atención ocurrió por aquellos días. Juan +Bou notó que la contabilidad en la empresa de las Rifas benéficas no +marchaba con toda la limpieza que debía esperarse, y ya fuera por +obedecer a su conciencia, ya por ceder al egoísmo, que le aconsejaba no +comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando +a toda participación en ella. Quedose, sí, con los trabajos de +litografía, que le habían de pagar religiosamente, según convenio. Desde +entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas. + +Entrado el mes de junio, Mariano notó con envidioso asombro que Melchor +avanzaba rápidamente por el camino de la prosperidad. Salía en coche de +dos caballos, acompañado de señorones; comía siempre fuera de casa; +recibía regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le +traía ropas y más ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de +tanto pensar en la creciente prosperidad del señorito Melchor, _Pecado_ +perfeccionaba su _intellectus_, enriqueciéndolo con luces nuevas acerca +de la propiedad, de la adquisición del número y de la cantidad, luces o +ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y +el vago apuntar del plan artístico en la mente del poeta, al pasar de +niño a hombre. + +Por San Juan dejó de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su +hermana, y como esta no quisiese dárselo, se enfureció, trabáronse de +palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, él le dijo algún vocablo +malsonante, lloró Isidora, intervino con más celo que autoridad don +José, y, por fin, el chico salió de la casa gruñendo así: + +«No me quieres dar nada. Pues me lo dará Gaitica...». + +Desde aquella noche Mariano desapareció. Le buscaron y no fue hallado +por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de él. + + +=--III--= + +Con estas y otras cosas, Isidora cayó en grave tristeza. Sus insomnios +se repetían casi todas las noches, atormentándola con el alternado +suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y +de terror o desengaño. Un pensamiento, referente a cosa muy práctica, la +punzaba y afligía, y era el siguiente: + +«Por cierto que en mes y medio que llevo aquí, Melchor me ha ido +facilitando, facilitando cantidades, que será preciso pagarle algún +día... Es tan cómodo el sistema para mí, que sin saberlo cómo, me estoy +empeñando en dinerales. Me basta decir a D. José mis necesidades; D. +José corre a la sala, habla con él, y del fondo de Rifas... ¡Dios mío!, +¿a cuánto subirá ya? Yo no lo sé, porque no apunto nada. Aquí vendrían +bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntará, de fijo, y pensará +cobrarme, pero ¿de qué manera?...». + +Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y decía: + +«Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado. +Pero hasta que pase el verano no habrá nada. El abogado me da grandes +esperanzas. ¡Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar +del lazo que me tiende!...». + +Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, decía: + +«¡Pobre Bou! Es el animal más cariñoso que conozco. Le quiero como se +quiere al burro en que salimos a paseo». + +El barrio en que su mala suerte la había traído a vivir, era para la de +Rufete atrozmente antipático. Algunas tardes salía con _Riquín_ y D. +José a dar una vuelta por la calle del Mesón de Paredes, el Rastro y +calle de Toledo, y sentía tanta tristeza como repugnancia. El calor era +ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las +aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en +todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de +grosería que su compañero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez +de las aceras, obligando al transeúnte a contradanzar constantemente del +arroyo a las baldosas, añadía nueva incomodidad a la molestia de la +bulla, del mal olor y del polvo. + +Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto, +solía dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol «para +respirar un poco de civilización». Pero no se aventuraba mucho por los +barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de +objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era +como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazón. +La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la +llevaban a las afueras, con gran gusto de D. José, que amaba el campo y +los retozos pastoriles. + +Julio hacía de Madrid una sartén. _Riquín_ fue atacado de las tos +ferina, y era preciso llevarle a otra parte. ¡Pobrecito Anticristo! Daba +pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin +aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo +instante... Pero su mamá carecía de recursos para el viaje, de lo que +recibía grandísima pena. Joaquín Pez estaba en Francia, y ni siquiera +escribía... Afortunadamente (y quién sabe sí desgraciadamente), Melchor +se brindó de muy buen grado a resolver el difícil problema. ¡Porque la +pobre carecía de tantas cosas! No tenía ningún vestido propio para +viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del +verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus +bailes y fiestas. _Riquín_ estaba casi desnudo. + +«Nada, nada--dijo Melchor en tono paternal--; yo no puedo consentir que +carezcas... Pues no faltaba más...». + +Empezaron a funcionar las modistas, y estas, así como la elección de +telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distraída y +excitada durante algunos días. La vanidad le hacía vivir doble y la +engañaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza. +Volvió a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de +cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse +con su hermosa imagen delante del espejo. ¿Qué es la vida? Un juguete. + +Melchor decidió que fuese al Escorial, y él quiso acompañarla. A Isidora +no le hacía maldita gracia la compañía; pero las circunstancias, ¡ay!, +con su abrumadora lógica, la obligaron a aceptarla. Hallábase en las +unas de su insidioso prestamista, y no podía evadirse. Fue víctima de +una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cayó en +una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. Aún podía +salvarse rompiendo por todo, declarándose insolvente y resignándose a la +indigencia; pero _Riquín_ tenía la tos ferina, estaba como un hilo, +amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el +fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, según Isidora decía, +llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios +defectos. + +Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa. +¡Atroz destierro y pesadumbre para D. José! Según el bien meditado plan +del sesudo Melchor, este iría y vendría, residiendo algunos días en El +Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitían abandonar +la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don José +iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor +quedaba en Madrid. ¡Qué feliz aquel día! ¡Diez horas con Isidora y con +_Riquín_! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza +sombría y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo hacía en los términos +más desfavorables para el aprovechado joven. ¡Y qué ardientes deseos +tenía de volver a Madrid! _Riquín_, ya muy mejorado, saltaba y corría +por el campo, y en sus mejillas renacían los frescos colores de la +salud. Todo el día lo pasaba D. José embelesado, y no hartaba sus ojos +de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaña, se +sentaban, hacían vida de idilio, semejante a la que D. José había visto +pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba +Relimpio a Madrid y a su casa; dormía como un santo y soñaba que era +pájaro y que cantaba posadito en la rama de un árbol. También _Riquín_ +era pájaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo aéreo. +Isidora era una avecilla melancólica. Todos cantaban; pero D. José era +el que cantaba más y el que a la rama más alta subía. + +A mediados de septiembre regresó Isidora a Madrid, dejando fama en la +colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurrió en la vida de Melchor +un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se +hundieron como por escotillón, sin que se supiera la causa. Juan Bou +decía que los señores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos, +culebras y otras alimañas en la gestión del joven Relimpio. Lo cierto +fue que un día vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo +el material de la oficina. Melchor se despidió por la tarde de su padre +y de Isidora, diciéndoles que allí les quedaba la casa, que hicieran de +ella lo que gustaran, porque él se iba a Barcelona a emprender un nuevo +negocio. + +Quedáronse, pues, solos los tres: Isidora, _Riquín_ y el viejo, y véase +por donde vino a ser casi real el sueño ornitológico de D. José: los +tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pájaros, porque no +tenían más que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera +darles para pasar del hoy al mañana. El mundo se diferencia de los +bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas +tenían casa, pero no con qué pagarla, pues Melchor había dejado las +arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros +de moneda alguna. «Dios aprieta, pero no ahoga», dijo Relimpio. Isidora, +para atender a las apremiantes necesidades de cada día, empezó a +despojarse de su ropa. No era la primera vez que tenía que desnudarse +para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cómoda a la +cocina, por conducto de las prenderas. Últimamente, en un triste y +húmedo día de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. ¡Era +el último plato! + + + + +Capítulo IX + +La caricia del oso + + +En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados +habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su +equipaje, como el buque náufrago que arroja su carga para mantenerse una +hora más sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches después +del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa +catástrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar +sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un +galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no +fuese áspera, y así, hablando del pueblo y de la liquidación social, +usaba términos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salían +de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser émulo de +los ruiseñores. En esto se conocía la pasta de su corazón. + +Miquis había hecho del buen litógrafo infinitas definiciones. Era, según +nuestro amigo, un tonel con marca de _alcohol_ y lleno de agua; un oso +torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable; +un cardo con cáliz de azucena; un gorrión vestido de camello, y un +epigrama escrito en octavas reales. Oírle contar sus épicas luchas por +la causa del pueblo era el gran pasmo de D. José y de _Riquín_; pero +Isidora no contenía fácilmente la risa. + +Las galanterías de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso +mostrar el cariño a su amo matándole una mosca sobre la frente. Alguna +vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y +naturalidad. Era como esos mascarones trágicos que en el arte decorativo +aparecen echando flores de sus bocas monstruosas. + +Una de las deferencias más expresivas que Bou tenía con Isidora y su +padrino, era ofrecerles participación en los billetes de Lotería que +jugaba; pero como había tanta falta de dinero en la casa, rara vez se +realizaba la operación. El oso quería ceder gratuitamente la parte de +billete, pero Isidora no lo consentía. Las demás atenciones eran +acompañarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a +_Riquín_ y darles de noche larga y cariñosa tertulia. ¡Era blandamente +obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intención de decirle +algo delicado y difícil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba +Juan Bou callado y suspirante. Parecía que su misma fiereza nutría su +timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatábase a charlar de +cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus +ganancias, y hacía planes de vida regalada y espléndidamente metódica. +Además tenía noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y +esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadísimo, aunque algo +le faltaba, sí, algo le faltaba para ser completamente feliz. + +También hacía mención de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que seguía +enferma, y al oír mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmovía +y alteraba. Repetidas veces la invitó Bou a visitar juntos el palacio de +Aransis, cuyas bellezas él no había visto; pero Isidora se excusaba +siempre por miedo a la exacerbación de sus sentimientos en presencia de +aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida. + +Un día que la Rufete venía de casa de su prendera, encontró al litógrafo +en la calle del Duque de Alba. + +«Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana--le dijo--. Está peor, y +anoche le han dado los Sacramentos. ¿Quiere usted venir?». + +El primer impulso de ella fue rechazar la compañía de Bou; pero con tal +empeño redobló este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no +quiso ser esquiva con él en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra +parte, la misma emoción que temía la solicitaba con fuerza misteriosa. +Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad +de ellas, indefinible simpatía del humano corazón con lo patético. Como +la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, así el alma +siente la atracción alevosa del drama. + +Llegaron. Rafaela mejoró aquel día, y los Sacramentos, dando reposo y +alegría a su espíritu, habían amansado el mal. Alonso parecía contento y +con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron +largo rato en la salita de la portería, hablando de enfermedades en +general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Mataró, +patria de los Bous, de los médicos, del remedio _A_ o _B_... Realmente, +Isidora no tomaba parte en la conversación sino con monosílabos de +cortés aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la +observación de la portería de su casa, y en admirar la confortable +humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincón de un palacio de +ricos. La estera, la cómoda, los muebles, desecho glorioso de la +anterior generación de Aransis, y sobre todo las múltiples láminas de +santos y vírgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de +ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusión, la ocuparon +todo el tiempo que allí estuvo. Cansado de hablar y enormemente +satisfecho de la mejoría de su hermana, levantose Bou del sofá de paja, +emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirándose, dijo: + +«Matías, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba». + +Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso miró a Isidora con +atención recordativa. + +«Me parece--indicó--que he visto aquí otra vez a esta señorita... En +fin, suban ustedes y vean lo que hay». + +Juan Bou subió la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia +era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subió corriendo y en el +último peldaño esperó a su amigo, echándole una mirada triste y una +sonrisa discreta y amistosa, a la cual se podía dar atrevida +interpretación de burla. La persona del bravo catalán se componía de dos +partes: su cuerpo atlético, liado en una americana de cuadros, y un +bastón roten, cuyo puño, formado de un asta de ciervo, se encorvaba, +ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptación, ya para +apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una +especie de batuta de la palabra. Jamás, fuera de casa, se separaban el +bastón y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, según los casos. +Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma más vulgar, +ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte +estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie. + +Y al subir canturriaba entre dientes. ¿En qué consiste que es tan +difícil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin +saber lo que decía, Bou entonó a murmullos no sabemos qué música con +letra de aleluyas. Isidora no podía contener la risa oyéndole cantar: +_Vienen luego los ciriales--con las mangas parroquiales_. + +«¡Cómo me canso de subir escaleras!--dijo el oso torcaz llegando +arriba--. Cuando se reforme la sociedad, se suprimirán los escalones. +Piso bajo todo el mundo». + +Abrió la primera puerta y entraron; y mientras Bou seguía franqueando +puertas, Isidora hacía lo mismo con los balcones para que entrase la +luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creeríase que todo el +contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado. +Despertaba todo, abriéndose cual ojos soñolientos, y la luz, acometiendo +las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapicerías, muebles +y cuadros. + +«Anda, anda, ¿quién será este animal?--decía el litógrafo parándose ante +los retratos--. ¡Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo creí que era +usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, señor, no nos +comemos la gente... Toma; también hay aquí una monja. ¡Y es guapa...! +Buena pieza sería usted, hermana. ¡Qué tiempos! Siento que se hayan +ustedes muerto, señores, porque así no verán cómo vamos a arreglar a las +sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... ¡Ah!, usted, +el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted, +caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el día de +la justicia, no nos miraría con esos ojos... ¡Quia!, se le pondría una +escoba en la mano; mi señor cruzado barrería las calles..., y +_palante_». + +Después, volviéndose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de +su amigo, miraba a la calle al través de los vidrios, le dijo: + +«Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los +afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que +representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa +trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos +palacios llenos de vicios y crímenes, sí, de crímenes, no me arrepiento +de lo dicho. ¡Maldita casta!... Isidora, ¿no piensa usted como yo? Por +ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una +mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa más que una silla +dura en que sentarse, mientras estos tíos..., estos tíos, por no decir +otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada, +pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles +blandos, que ellos no saben fabricar». + +Y uniendo la acción a la palabra, se recostó, mejor dicho, se dejó caer +sobre un sillón de muelles en los cuales se hundía su pesado cuerpo. + +«_Voto va Deu_, ¡qué blando es esto!, ¡qué comodidad!--exclamó riéndose +de su propia malicia--. ¡Valientes pícaros! Ya os daría yo en vez de +sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintería... ¡Hala, y +darle al mazo!». + +Tan groseras chocarrerías irritaron a Isidora. ¡Y el pobre Juan Bou tan +inocente del efecto que producían sus ladridos! A cada instante decía: +«¿No piensa usted como yo?», y andando de un lado para otro, se tiraba +con violencia en sillas y sofás para probar su blandura, se arrodillaba +en el cojín de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se +reía como un salvaje, ponía el dedo en los bronces, acariciaba las +mejillas de las ninfas doradas, decía chicoleos a las damas retratadas, +y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastón +sobre el piso, como deseando que también la alfombra recibiese, con el +lenguaje de los palos, la expresión contundente de la ira del pueblo... +En tanto Isidora no le podía mirar. Creía ver en sus palabras, en sus +actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su +bastón, erigido en intérprete del populacho, la profanación más odiosa. +Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborrecía, le +execraba, y habría dado algo de gran valor por poder plantarle en la +calle, después de mandar que le rompieran su bastón en las costillas. + +«¡Y qué cortinas!--decía Bou tocándolas de un modo irreverente con el +roten--. Esta gente no gusta de tener frío. ¡Toma!, el frío se ha hecho +para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay +dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los +pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., ¿no opina usted como +yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que +vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. ¿No +cree usted lo mismo?». + +La de Rufete, por no contestarle con la severidad que merecía, no decía +nada, y hacía como que miraba las porcelanas. Bou admiró también +aquellas mil chucherías que no servían para nada; las tocaba, las cogía +en la mano y las volvía a poner con violencia en su sitio, a riesgo de +romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha +importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, después a +gritos; pero Isidora no respondía. + +Pasó Bou a otra sala; de allí a un hermoso gabinete, del gabinete a una +recatada y obscura alcoba, y allí creyó distinguir a la que buscaba. La +escasa claridad no permitía a Juan Bou ver los objetos. Avanzó, empezó a +ver bien, y en efecto, allí estaba Isidora, sentada junto a una cama en +la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo, +lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor +tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su +monótona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y +después hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso. +¿Está usted mala? ¿Tiene usted algo? + +Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tomó una silla y se sentó junto +a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le causó +grande aflicción. Había recordado súbitamente que Isidora pleiteaba con +una casa noble. ¡Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, sí, +recordaba haber oído vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba +de su pleito sin nombrar jamás a la marquesa. Sin duda las cosas +importunas dichas por Bou al visitar las salas habían ofendido a la +joven, que se suponía heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia. + +«¿Está usted enojada conmigo por las tonterías que he dicho? ¿Se ha +resentido usted?...». + +Isidora negó con la cabeza. + +«¡Ah! ¡Ya sé, ya sé!»--exclamó él con regocijo, variando de +pensamientos. + +Creyó penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga. +Había entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel +día los ahogos pecuniarios habían llegado a su mayor grado, y la infeliz +e interesante joven se veía amenazada de un conflicto grave. ¡Oh! ¡Qué +bella ocasión se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral +que ha tiempo meditaba! ¡Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento +podía atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola, +hemisferios diversos de un solo mundo infinito. + +Algo había en el lugar solitario y recogido, así como en la pena de +Isidora, que le incitó a no retardar más tiempo su generosa resolución. +¡Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le había parecido +hermosa, en aquella le pareció punto menos que sobrenatural, engalanada +con la divina expresión de su pena. Lástima y amor juntos, ¡qué poder +tan grande sois! + +«Isidora, Isidora»--dijo balbuciente la hidra sin hiel. + +Después se calló por algún tiempo. Pasó un cuarto de hora, que fue para +él un cuarto de siglo. Deshaciéndose todo en un suspiro colosal, volvió +a decir: «Isidora». + +Esta le miró sin hablarle, fijando en la ciclópea catadura de Bou sus +ojos empañados por las lágrimas. Bou sintió que su corazón se partía en +una porción de pedazos, y se expresó así con acongojada voz: + +«Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar +las mías. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a +usted...». + +Isidora, con su penetración admirable, comprendió todo. Tuvo una visión. +Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le +lamía las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo +alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al +allanamiento de las moradas aristocráticas por la irritada y siempre +sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas +las clases, el fiero populacho quería infamar las grandes razas +emparentándose con ellas. + +«Mis intenciones han sido siempre buenas--dijo el catalán, que, +imposibilitado de remontarse al drama, caía en la vulgaridad--. Primero +me agradó usted; después me hizo soñar; hízome pensar después. Tornose +esto en una necesidad del corazón, y como estoy solo, como no me gusta +estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy +trabajador, gano bastante y holgura... ¡Desde que la vi a usted me gustó +tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: «¿Quién será?...». En fin, +que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted... +Vamos, ya lo dije... y _palante_». + +Isidora, estupefacta, no sabía en qué términos responder. Tenía que +contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel bárbaro le +causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no debía +recibir el desaire con crudeza y desvío. Ella valía infinitamente más +que él, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida podía +hacerla inferior. ¡En qué vacilación tan grande estaba! En su alma el +asco era inseparable del agradecimiento. ¿Cómo contestarle y expresar en +una frase el desprecio y la consideración?... ¡Que un ganso semejante se +atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de +palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... ¡cuán sencillo y +generoso! Ofrecía su mano con verdadera intención y creencia firme de +hacer un bien. ¡Si el pobre no alcanzaba más; si era un zopenco; si +ignoraba con quién hablaba...! Isidora buscó rápidamente las frases más +convenientes, y al fin dijo: + +«Señor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposición; yo le aprecio +a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no +admitir..., porque quiero a otro hombre. + +--¡Quiere a otro hombre!--repuso con aturdimiento el litógrafo--. +Después que nos casemos le olvidará usted, y me querrá a mí. Yo soy muy +bueno». + +Isidora sonrió. + +«Yo soy bueno, aunque así, al pronto, meto miedo, por estas ideas que +tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me esté mal el +decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de +hablar tan tremendo. Eso sí, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre +que valgo para cualquier cosa, y en Cataluña basta que yo me presente +para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y +gano; espero una herencia... No le faltará a usted nada. + +--Quiero a otro hombre--repitió Isidora, creyendo que esta afirmación +daba a tan penoso asunto el corte brusco que más convenía. + +--Y ahora--dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta--, ¿lloraba usted +por ese...?». + +La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el +aborrecimiento de Juan a los más altos límites. + +«Sí, sí; por él»--repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se +callaba el monstruo y la dejaba en paz. + +Y como se desgaja la peña del monte y rodando cae al llano y aplasta y +destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez, +rodeado de muerte y silencio, así se desprendió del alma de Juan Bou su +esperanza; rodó, hizo estrago, produjo cólera y despecho; pero bien +pronto todo quedó en atonía dolorosa y muda. Miraba al suelo y su +respiración sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada +rato está más lejos. La cólera fue instantánea. Pasó dejando el +abatimiento en el alma y la confusión en el cerebro del coloso. Y en el +cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de +un canto acompañado de sílabas. ¿Por qué esas músicas pegajosas, que +toman posesión del oído y de los labios, insisten en su fastidioso +dominio cuando el alma azarada, después de una catástrofe, se desmaya en +duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, sí, que entre el oído, el cerebro +y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que decía: _Los +curas van alumbrando--el Miserere rezando_. + +Isidora había secado sus lágrimas. Para poner fin a tan fastidiosa +escena, lo mejor era marcharse. + +«Yo no puedo detenerme más»--dijo andando lentamente hacia la puerta. + +Bou no contestó nada, ni hizo movimiento alguno. + +«¿Viene usted?». + +Al decir esto, la miró desconsolado. Isidora sintió provocación de risa, +pero se contuvo. + +«Nos iremos»--dijo Bou levantándose con tanta pesadez, que parecía +haberse hecho de bronce. + +Isidora iba delante, él detrás, Salieron y bajaron sin decirse nada. En +la puerta de la calle, el desairado amante manifestó que se quedaría un +rato más en casa de su hermana. + +«Me ha matado usted--dijo al despedir a la ingrata--. Creo que estoy +malo. Maldita sea mi suerte». + +Y cuando ella se alejó, el bárbaro, mirándola desde el portal, pensaba +cosas tristísimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados +brotaban en burbujas sueltas. + +«¡Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... ¿Soy +acaso un chisgarabís, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?... +Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan útil a la humanidad; yo que tengo +estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: ¿Por qué es tan guapa?... El +demonio le hizo a ella la hermosura y a mí los ojos... ¡Despreciarme a +mí!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si +el hombre no tuviera que nacer de ella, debería ser suprimida». + + + + +Capítulo X + +Las recetas de Miquis + + +=--I--= + +Día de prueba fue el siguiente. No sólo estaban agotados todos los +recursos, sino también todas las combinaciones para vencer los apuros +del momento. No había crédito, no había materia pignorable. ¡Oh +situación horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora, +_Riquín_ y D. José tenían hambre. + +Inspirado por la desesperación, D. José tuvo una idea, ¡oh rasgo de +humanidad y de amor! Se le ocurrió salir disfrazado a pedir limosna, +seguro de encontrar almas generosas. No llegó esto a efectuarse porque +se opuso resueltamente Isidora. ¿Pero qué harían? ¿Pedir a Emilia? De +ninguna manera. Antes acudir a la limosna. ¿A quién, a quién, ¡Dios de +mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades? + +Alguien se presentó en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase +para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos +anticipos eran tales, que la joven los rechazó, espantada. El loco amor +al lujo y las comodidades eran los puntos débiles de Isidora; su +necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y +castillos; pero no obstante estas desventajas, resistía batiéndose con +el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza +tomó en esto, que cortó los vuelos a la tentación, diciendo: «Antes +pediré limosna». ¡Oh!, si Joaquín estuviese en Madrid, no pasaría ella +tan crueles angustias. Pero a París, donde estaba, le había escrito +siete veces en tres meses sin obtener contestación. Volvíase con el +pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que, +cercano a las llamas, busca un escape, un sostén, una cuerda... ¡Ah, +cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una +persona, y la esperanza rieló en la superficie de su ennegrecido +espíritu. + +Era de noche. Al día siguiente pondría en ejecución su pensamiento. Por +fortuna, D. José había tenido la inmensa suerte de encontrar aquella +tarde a un bondadoso amigo que le facilitó la cantidad precisa para un +mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habría con qué +desayunarse a la venidera mañana, pasó tranquila la noche. A las once +del siguiente día llamaba a una puerta. + +«¿Está el doctor Miquis?». + +¡Qué suerte! Estaba. Pasó la joven al despacho, y allí, sola con el +médico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazón, +rompió a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar, +preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no podía decir más que +esto, que repitió tres veces: + +«Dame de comer y no me toques». + +Augusto se puso serio, comprendiendo que la situación de su amiga no era +para tratada en broma. Hablaron. Él, aunque joven, tenía el arte de la +interrogación, y ella comprendía cuán ventajosas le serían la +espontaneidad y franqueza. Así, al cuarto de hora de confesión, ya +Miquis sabía los últimos episodios de la vida de ella, el viaje al +Escorial, la penuria, la declaración de Bou, las proposiciones de +aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formuló +Isidora la síntesis de su problema, diciendo: «¿Qué debo hacer para +poder vivir?», Miquis se quedó en silencio un buen rato, y después le +contestó así: + +«No te apures, no te apures. Veremos. Estás enferma, estás llagada. Tu +mal es ya profundo, pero no incurable». + +La inspiración brotó en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugirió +una idea, y con la idea estas palabras: + +«Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo». + +Isidora llenó el despacho con un suspiro. Era el quejido de su +enfermedad, ya extendida y profunda. + +«Manos a la obra--dijo Augusto con gran solemnidad--. ¿Quieres que te +cure? Responde ¿sí o no? + +--Sí. + +--Pues bien: ¿Estás dispuesta a ponerte a mis órdenes, y a hacer +ciegamente lo que yo te mande? + +--Sí, sí--replicó ella con ansiedad doliente. + +--Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires. + +--¿Me mandas al campo? + +--No... Mejor dicho, sí, te mando a un valle urbano». + +Y llevándola al balcón, le mostró la casa de enfrente. En el piso bajo +veíanse unas rejas, por entre cuyos hierro salían matas de tiestos, +colocados dentro en una tabla. La casa hacía esquina, y el cuarto bajo a +que correspondían las rejas tenía por la otra calle una tienda con dos +vitrinas. Pero esto no se veía desde el balcón de Miquis, aunque se +adivinaba, mirando un rótulo que en áureas letras decía: _Castaño, +ortopedista_. Otra grande y aparatosa muestra, colgada más arriba, en el +piso principal de la misma casa, decía: _Eponina, modista_. Como Isidora +la mirase, díjole Miquis: + +«Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que +está abajo. + +--Sí; Ahí viven Emilia y Juan. ¡Qué felices son! + +--Pues en esa casa, en ese establecimiento salutífero vas a vivir desde +mañana. + +--¡Oh! ¡Si vieras qué envidia les tengo! Pero no, no me admitirán. + +--¿Te negarán ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo +al mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los +días. + +--Entonces tú les pedirás que me admitan... + +--Hoy mismo; pero ya comprenderás que les he de responder de tu buena +conducta. Cuidado... + +--¡Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz... + +--Bien--dijo Miquis, retirándose del balcón--. Ahora viene lo mejor. Una +vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de +nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu +espíritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el +valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te +administre una infusión de principios morales, para lo cual, como tu +estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. ¡Oh! ¡Si tuvieras +buena voluntad...! + +--La tendré. + +--Ahora viene lo gordo, hija. Después de entonarte, paso a recetarte el +gran emético, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la +tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo +y regenerarte por completo. + +--¿Cuál es la medicina? + +--Pues que te cases con Juan Bou». + +Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso +una cara..., ¡Jesús, qué cara! + +«Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. ¿No has oído +decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la +vida? + +--Sí lo he oído; pero te diré... + +--Pues considera si en tu situación puede haber para ti fortuna mayor +que el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas +un Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa +una mirada atrás, otra delante, y di si mi medicamento no está +perfectamente indicado. + +--Yo no sé si será eficaz o no--dijo Isidora con tristeza y confusión--. +Podrá serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestión de +matrimonio, el gusto y el amor son lo primero... + +--Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un +monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de +sus bravatas, tiene el corazón más bondadoso y tierno del mundo. + +--Lo sé, lo sé...; pero... quita allá, por la Virgen Santísima; yo no +seré su mujer. No lo pienses... Este caso mío no es como otros +casos--dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento +expresase la convicción firmísima de su alma--. Para juzgar las cosas +conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada más que lo que +parezco, la cosa no tenía duda; pero tú bien sabes que sostengo un +pleito de filiación con una familia poderosa; tú debes considerar que el +mejor día gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y +a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son míos y me +pertenecen. Pues bien, ¿te parece bonito que al tomar posesión de mi +casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me +lucía... Miquis, tú estás lelo: yo no sé dónde tienes el talento, cuando +dices ciertas cosas. + +--¡El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiológico que me +trae a la memoria otra de las más importantes medicinas que te voy a +recetar. + +--¿Cuál? + +--Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseñanza +primaria; después sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por +último viene la extirpación del cáncer, que es la idea del marquesado». + +Isidora creía escuchar el mayor de los insultos. + +«Si de ese modo quieres curarme--dijo con altivez--, renuncio a tus +medicinas. + +--Entendámonos--añadió Miquis rectificando--. Si tus derechos no son una +farsa, si hay algo de serio y legítimo en eso, enhorabuena que siga +adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la +idea de ocupar una posición superior, que no vivas anticipadamente en +ella con la imaginación, sino que tengas paciencia y reposo de +espíritu... ¿Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y +sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en +que todos vivimos. ¿No quieres? ¿No aceptas mi plan? + +--No lo acepto, no--dijo Isidora de muy mal humor--. Es un plan tonto. + +--¡Ah mimosa! ¿Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebeldía? Pues +no tenerte lástima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra común +en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu +deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabarás en +un hospital. + +--Bien, me agrada eso. O en lo más alto o en lo más bajo. No me gustan +términos medios. + +--Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... ¿Conque quedamos +en eso? + +--¿En qué? + +--En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como +incurable y hacerte el amor. + +--¡Qué disparates dices! + +--¿Vámonos al Retiro?... ¿Te acuerdas de aquellos paseítos, del Museo, +de las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos? + +--Bien me acuerdo... Déjate de tonterías. + +--No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te decía. No +habrá aquello de «me caso contigo». Entonces te lo decía; pero no +pensaba hacerlo, no creas... + +--Ya lo suponía. + +--¡Y la verdad es que me gustabas muchísimo!... Y si he de serte franco, +creía hacer contigo la gran conquista. Yo quería acreditarme entre mis +compañeros, y decía para mí: «Esta no se me escapa.» ¡Y qué +traidoramente se me escapó! Hoy nos encontramos otra vez. Tú, después de +dar mil vueltas, vienes a mí... Pues mira, simplona, te juro que en este +momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los +puntos..., y si no fuera por esta...». + +Se levantó, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostró a +Isidora. + +«¡Ah!, tu novia... Ya sé que te casas pronto, maulón. ¿Sabes que no vale +nada? + +--Te pego si lo vuelves a decir. Vale más que tú. No es muy guapa; pero +es un ángel. + +--Si no vale dos cominos--dijo Isidora riéndose descaradamente ante el +retrato. + +--¿Qué entiendes tú de eso? Esta, esta que ves aquí es mi salvaguardia +contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta, +¿la ves bien?, por esta con quien me casaré el lunes, Dios mediante, me +libro del peligro de tenerte ante mí, y me hago un señor héroe, y +atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo, +aunque no quieras... Esta tarde misma hablaré con Emilia, y mañana te +irás a vivir con esa gente, para que aprendas, víbora, para que veas, +pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien». + +A cada frase daba un paso hacia ella, amenazándola con el retrato. Ya +Isidora se había serenado bastante, y no veía las cosas tan tétricamente +como antes. Él, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de médico, +el énfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradación rápida, el Miquis +de antaño, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrería +metafórica y su corazón repleto de bondad. + +«No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas--dijo Isidora +repentinamente--. ¿Me las dejas escribir aquí, en tu mesa? + +--Sí, sí, ángel ponzoñoso»--contestó Augusto, en cuya alma retoñaban +devaneos estudiantiles. + +Precipitadamente sacó papel, sobres. Isidora se sentó en el sillón de la +mesa de despacho, él la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la +joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se +paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con +expresión entremezclada de asombro y miedo, diciendo para sí: + +«Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin dárteme a +conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartón que se +llama severidad de principios». + +Y volvió al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar. + +«Pero si me caso el lunes, y hoy es miércoles... ¡En qué ocasión se le +ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre, +_homo sapiens de Linneo_, no te deslices, coge una piedra y date con +ella en el pecho como San Jerónimo. Honradez, tienes cara de perro...». + +Isidora dejó de escribir, poniendo la pluma a un lado. + +«Voy a descansar un ratito. + +--Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto... +Estás en tu casa... + +--Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podías haber puesto +ese esqueleto en otra parte. ¡Qué horror! + +--Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana. + +--¿De quién serían esos pobres huesos?... + +--Son de mujer. Quizás una tan hermosa como tú... Mírate en ese espejo. + +--Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. ¡Y cuánto librote! A +ver. ¡Jesús, que títulos! Todo Medicina. ¡Qué lástima de dinero empleado +en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque tú no sabes nada, +Miquis; eres un ignorante, un tonto. + +--Quizás estás diciendo la más profunda verdad que ha salido de esos +labios, de esas envenenadas rosas. Sí, soy un mentecato. Desprecia a +Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permitió que ese tesoro +fuera para todos menos para él. El simple y desventurado Miquis ha sido +un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su +lado pasó, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la +vida, y Miquis volvió los ojos para contemplar embebecido, ¡ay!, la +rugosa faz de los catedráticos. La ocasión de vivir, de gozar, de ver +cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias +veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en +toda ocasión hermosa, se iba a descuartizar cadáveres... ¡Y este Miquis +se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud +y entra en la madurez de la vida, en el régimen, en la rutina y método! +Para él se acabó lo imprevisto; se acabarán los deliciosos disparates. +¡Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro, +amas de cría. Terrible cosa es recibir el adiós a la libertad, y ver la +espalda a la juventud fugitiva. ¡Bienaventurados los chiquillos, porque +de ellos es la vida! + +--Tienes una bonita casa--dijo Isidora sin hacerle caso--. ¿Cuánto te +cuesta? + +--A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. ¿Han concluido tus +cartas? + +--Voy a concluirlas». + +Y él volvió a pasearse y a mirarla... ¡Qué hermosa estaba! ¿Quién lo +metía a él a moralista ni a redentor de samaritanas? Soltó una carcajada +en lo recóndito de su ser, allí donde su alma contemplaba atónita la +imagen de la ocasión. «Pero me caso el lunes, el lunes...». Miró el +retrato de su novia... + +De pronto suena la campanilla, entra un señor y pasa a la sala... Es el +papá de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene. +Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una +hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la +fundación de la Penitenciaría para jóvenes delincuentes. + +Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Está aturdido; la +visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una +paliza; pero está fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa. +Está pálida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del +pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qué comer aquella tarde. + +«¡Cuánto has tardado! Es pesadito ese señor. En fin, amigo, yo siento +molestarte. Acuérdate de lo que te dije al entrar». + +Miquis hace una rápida exploración en su alma, encuentra en ella algún +desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. «Soy un hombre +sublime--dice para sí--, un hombre de honor y de caridad, soy también un +hombre que se casa el lunes». + +Isidora le había dirigido al entrar una súplica angustiosa, elocuente +expresión salida de los más sagrados senos del alma humana. Juntando el +quejido de la necesidad a la súplica del pudor, Isidora le había dicho: +«Dame de comer y no me toques». + +Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnánimo corazón le +dice: + +«Mañana estarás en casa de Emilia». + + +=--II--= + +La admitieron. ¡Tanto pesaba en aquella casa la recomendación de Miquis, +que había salvado del _croup_ al niño mayor, y de los peligros de la +dentición al más pequeño! + +Ya sabe el lector cómo Emilia de Relimpio se casó con su primo, el hijo +del ortopédico, que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas; matrimonio +degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.ª +Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadísimo, siempre que la +interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral +y práctico. Juan José Castaño era tan hábil como su padre, y le superaba +en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte +ortopédico. Sostenía el crédito del establecimiento y ganaba mucho +dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es +una vieja máquina que se desvencija y deshace, hallándose cada día más +necesitada de remiendos y puntales, o llámense muletas, cabestrillos, +fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos +dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y +alguien echa la culpa a las armas de precisión; pero, cualquiera que sea +la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como +el de la Artillería. Son dos ciencias complementarias como la Filosofía +y el Alienismo. + +En su pacífica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente +corazón, se había curado de aquellas tonterías de aparentar y suponerse +persona encumbrada. No volvió a ponerse sombrero más que cuando iba de +viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las niñas de Pez, las +cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las niñas de +los duques de Tal. Poseía un sólido bienestar; ella, su marido y sus +hijos satisfacían plenamente sus necesidades, y de añadidura tenían +buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y además, como +perspectiva risueña, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que +el viejo guardaba. En suma, Emilia había tomado un magnífico sitio en el +anfiteatro de la vida, donde tantos están en pie o pésimamente sentados. +Su marido era sencillo, bueno, cariñoso, sin más defecto que el querer +hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en +riña con sus oficiales. + +Por más que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no +podía remediar que le fueran antipáticos el establecimiento, la tienda, +llena de feísimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus +oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuosísima, modelo de +dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un +cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller. + +Este juicio no excluía el agradecimiento que tenía a Juan José y a +Emilia. ¡Insigne mérito y bondad había en ellos al admitirla, cuando, si +la despreciaran, estaban en su derecho! Y véase aquí la eficaz +influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro días de estar allí, +el espíritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad +placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de +los feos objetos, y notaba en sí una tranquilidad, un gozo que hasta +entonces le fueron desconocidos. _Riquín_ hizo tan buenas migas con los +dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo +el santo día lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e +inventando diabluras. Don José era el que parecía menos feliz. Estaba +triste, según decía, por la falta de ocupación. Castaño, que no +necesitaba tenedurías, le empleó en llevar recados y cobrar cuentas; +pero aunque el buen señor desempeñaba estos encargos con docilidad, bien +se le conocía que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a +Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese +menester. + +Miquis solía pasar por allí, pero estaba muy poco tiempo. Como vivía +enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacían +reír a Isidora, a Emilia y al mismo D. José taciturno. He aquí una +muestra: + +«RÉCIPE.--_Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de +máquinas de coser, c. s. Mézclese y agítese s. a. Para tomar a todas +horas._ + +DOCTOR MIQUIS». + +«¿Ves?--decía Emilia, riendo--. Te manda que trabajes y me ayudes a +coser en la máquina. Este Miquis es lo más salado... ¡Y qué razón tiene! +Ocuparte en algo es lo que más te conviene. Cuando se pone la atención +en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonterías». + +Bien lo comprendía la enferma; así, desde el primer día empezó a +adiestrarse en la soberbia máquina de Singer que Emilia poseía. ¡Bien, +bien! Con un poco de aplicación llegaría a dominarla. Al siguiente, otro +papelito: + +«RÉCIPE.--_De la infusión de raíz del olvido, 25 gramos. De esencia de +modestia, 7 toneladas. Disuélvase en agua de goma, añádase la +ipecacuana, o sea Juan Bou, y háganse 40.000 píldoras para tomar una +cada segundo, con observación._ + +DOCTOR MIQUIS. + +_Nota_. El cual entra mañana en capilla. Cantad la salve de los presos». + +Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente +lección contenida en ellas. Hizo propósito firme de trabajar, de poner +en olvido ciertas cosas, originarias de su perdición, y de acortar los +orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareció diciendo: + +«Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa +para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se dé un +atracón de lectura. Le recomiendo el _Bertoldo_, el _Año cristiano_ o +las _Páginas de la Infancia_. Adiéstrese en contar para que se +familiarice con las cantidades. En esto le podrá servir el águila de +Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a +la enferma que si va Juan Bou (_alias_ Ipecacuana), le reciba con +amabilidad. El pobre está triste, aunque espera una herencia. + +»_Nota_. El patíbulo de miel está armado en la capilla de los +Desamparados. Orad por Miquis». + +Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. ¡Qué +algazara! Los tres chicos corrieron hacia él, y mientras uno se le +colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le +aclamaban como si el joven doctor fuera el más divertido de los +juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le +felicitaban, ya le hacían burla, mientras él, tan pronto hacía el +panegírico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subió +luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la célebre modista +Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda, +que en pocos años había hecho gran clientela. La vecindad fue causa de +que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la +francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castaño subían al taller +de modas. Isidora ya tenía conocimiento con Eponina, porque esta le hizo +algunos vestidos en los prósperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina +del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta subía mostrábale sus +galanas obras, pidiéndole parecer, de lo que Isidora recibía mucho +gusto, si bien este se desvanecía con el desconsuelo de ver tantas cosas +ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el +cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caía en +profunda tristeza... + +De esta manera pasaron algunos días. Miquis les envió los dulces de la +boda, acompañados de estos renglones: + +«Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso ataúd de la luna de +miel, el inmolado Miquis saluda a los señores de Castaño y a la señora +de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha +contravenido mis prescripciones higiénicas, remontándose al taller de +madama Eponina, y probándose varios vestidos de baile para ver su buen +efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el +alejamiento absoluto de los centros miasmáticos. En los ratos que tenga +libres, dedíquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou, +para lo cual dicho se está que ha de emplear dos varas de cañamazo. Eso +no importa. Yo regalo el cañamazo y las lanas. La enferma irá a +convalecer a la sombra del árbol de la Ipecacuana, ese árbol milagroso, +señoras, que está plantado en la litografía de la calle de Juanelo, y +que ansía estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien +reyes.--Saluda a todos el más novel de los maridos y el más feliz de los +médicos.--MIQUIS». + +Ya no se reía Isidora de las cartas y recetas. Desde el día anterior +estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castaño +la repentina tristeza de su amiga a que se veía apremiada por el +procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con +habilidad; mas ninguna explicación categórica pudieron obtener de su +taciturna melancolía. Un accidente habían notado que les hizo caer en +desagradables sospechas: D. José, al volver de la calle, habló en +secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y +tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos +notaron que Relimpio salía y entraba con frecuencia, como si trajera y +llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente +palabras breves y cautelosas. Cuatro días pasaron así, cuando Isidora +salió para ir, según dijo, a casa de su procurador, y como al otro día y +al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron +en creer que Isidora no merecía la caritativa hospitalidad que le habían +dado. + +Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. José fortalecía de +tal modo su discreción, que en esta no hallaba el más breve resquicio la +curiosidad de su hija. ¡José, eres una alhaja! + + +=--III--= + +Y en tanto, excesivamente distraída de sus trabajos, Isidora visitaba +con frecuencia el taller de Eponina, y allí se encantaba contemplando +los magníficos vestidos, entre los cuales a la sazón había tres de +baile. Eran para una joven condesa que tenía la misma estatura y talle +de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el +efecto. ¡Ave María Purísima!... Púsose el primero; estaba encantadora. +Púsose el segundo. ¡Oh, arrebataba! El tercero..., ¡Cristo!, el tercero +caía tan bien a su cuerpo y figura, que sólo la idea de tener que +quitárselo le daba escalofríos. Contemplose en el gran espejo, +embelesada de su hermosura... Allí, en el campo misterioso del cristal +azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que +había algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro +de la noche. Isidora encontraba mundos de poesía en aquella reproducción +de sí misma. ¡Qué diría la sociedad si pudiera gozar de tal imagen! +¡Cómo la admirarían, y con qué entusiasmo habían de celebrarla las +lenguas de la fama! ¡Qué hombros, qué cuello, qué... todo! ¿Y tantos +hechizos habían de permanecer en la obscuridad, como las perlas no +sacadas del mar? No, ¡absurdo de los absurdos! Ella era noble por su +nacimiento, y si no lo fuera, bastaría a darle la ejecutoria su gran +belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatías por toda cosa +elegante y superior. + +Queda, pues, sentado que era noble. ¿Por qué no era suyo, sino prestado, +aquel traje, y había que quitárselo en seguida, sin poder siquiera, como +los cómicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina +verdadera. Se miraba y se volvía a mirar sin hartarse nunca, y giraba el +cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qué, ¿iba a entrar +realmente en el salón de baile? Su mentirosa fantasía, excitándose con +enfermiza violencia, remedaba lo auténtico hasta el punto de engañarse a +sí misma. + +De repente oyéronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala +inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis. + +«Pase usted, doctor--dijo la modista--, y verá usted cosa buena. Usted +no estorba nunca». + +Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo hacía que no pagaba al +médico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista. +Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente +con Augusto, y le permitía entrar en su taller a todas horas y bromear +con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turbó un momento. Después +se echó a reír. + +«¿Te asombra de verme vestida de baile?--le dijo--. Sé que me has de +reñir; pero, vamos, sé franco. ¿Estoy bien así, sí o no?». + +Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su +sorpresa y embeleso, dijo: + +«Estás..., no ya hermosa, ni guapa, sino... ¡divina! + +--Vamos, que te he hecho tilín. + +--A un ahorcado no se le hace tilín tan fácilmente; pero... Abismo de +flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello... +Pero no, ¡fuera simplezas! El médico, el médico es el que habla ahora». + +Y esgrimió el bastón ante la imagen hechicera de la dama vestida de +baile. + +«Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te +salvarás, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte. + +--Siéntese usted, Augusto; deje usted el sombrero»--dijo Eponina con +melosa urbanidad. + +Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, después en otra, +luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma. + +«Pues mira--le dijo Isidora con cierto descaro--, no me riñas, porque +con tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de +curar, ni quiero curarme. + +--Ya lo sé que no quieres. ¿Piensas que no estoy enterado de tus malos +pasos de estos días? A los médicos no se nos escapa nada. ¿Quieres que +te lo cuente?». + +Isidora se turbó otra vez. + +«Pues oye: la semana pasada llegó de Francia Joaquín Pez en el estado +más deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han +caído encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle +más y le ha echado de su casa... + +--Es verdad, es verdad--dijo la de Rufete con emoción, preparándose a +derramar lágrimas. + +--El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para +luchar con su destino, ha recurrido a ti. Sé que te ha buscado; que te +mandó un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, ¿sí o +no? + +--Es cierto. + +--Se ha refugiado en una miserable casa de huéspedes donde no hay más +que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace +cuatro días; has ido después varias veces... Lo sé por el ama de la +casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis más +desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qué pasos das +y entre qué gente vas a meterte. + +--Es verdad lo que has dicho. ¿Cómo es que todo lo sabes y todo lo +averiguas?--dijo Isidora, rompiendo a llorar--. Augusto, ten compasión +de mí. No, no me digas cosas... Él está perseguido, huye de la justicia, +y ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece +seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me +riñas a mí porque no he querido abandonarle en la desgracia. + +--Perdóneme usted, amiguita--indicó Eponina con bondad--, me va usted a +estropear el vestido; me lo está usted mojando con sus lágrimas. + +--Me lo quitaré--replicó Isidora haciendo un gesto de niña mimosa--. +Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje». + +Alejose un rato el médico. Cuando volvió, ya Isidora había tomado su +forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: «Ya tengo +otra vez la librea de la miseria». + +Eponina salió, dejándolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia +Miquis, y cruzando las manos delante de él, le dijo con acento de +intenso dolor: + +«¡Amigo, estoy desesperada! + +--¿Qué tienes?--le preguntó él, sintiendo ante aquella pena y aquellas +lágrimas una cobardía dulce. + +--¡Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces +hace tiempo. + +--¿Bueno yo?...--dijo Augusto con ironía--. A ver, ¿qué quieres? + +--Necesito..., ¿tendré que decírtelo?..., necesito dinero. + +--Ya... + +--Yo no puedo estar así. Váyanse al diablo tus recetas. Te diré..., yo +quiero vivir y esto no es vivir. + +--Dinero para el Pez. + +--No, no; lo necesito para mi procurador y para mí. Estoy vestida de +harapos... No me riñas, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la +vida. Sé que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qué sé yo... No +entiendo tus medicinas. Te diré... Dios no quiere favorecerme, Dios me +persigue, me ha declarado la guerra... + +--¡Qué pillín! + +--Yo quiero ir por los buenos caminos, y Él no me deja--prosiguió +Isidora con tanta agitación que parecía demente--. Veremos si al fin me +favorece. Te diré...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando +lo gane, tomaré posesión de mi casa... Mucho siento no poder llegar a +ella con todo el honor que mi casa merece..., pero ¿qué hacer ya? +Entretanto, amigo, la miseria me es antipática, es contraria a mi +naturaleza y a mis gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble. + +--Isidora--declaró Augusto con seriedad--, al nacer te equivocaste de +patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y +no cabes aquí. ¿Quieres el último consejo? Pues vete a París. Allí +encontrarás tu puesto. Aquí te degradarás demasiado. Aquí no las +gastamos de tanto lujo como tú». + +Levantose para marcharse. + +«No, no te vas--dijo ella deteniéndole con fuerza por un brazo--; no te +vas sin decirme si puedo contar contigo. + +--¿Para qué?»--murmuró el médico temblando. + +¡Sentía un frío...! + +«Yo necesito una cantidad--dijo Isidora febril, los labios secos. + +--No puedo... complacerte--repuso el joven, dejándose caer en una silla. + +--Sí puedes, sí puedes. ¡Augusto, por amor de Dios!..., socórreme, +socórreme. Te diré... + +--Si es nada más que un socorro...». + +Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rápida ojeada interior su +situación. ¡Se había casado seis días antes, estaba en la luna de +miel!... ¡Ser traidor a su joven y amable esposa! «No, no, no», gritó +para sí, y luego, en voz alta: + +«Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo +no te puedo amparar... Busca en otra parte... + +--¡Ah! ¡Qué amigos estos!--exclamó ella en lo último de la angustia--¡Y +luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradación! +Bueno, bueno; me perderé, me arrastraré». + +Miquis cerró los ojos para no verla. Si la veía un momento más estaba +perdido... Por lo que, sin añadir una palabra, echó a correr fuera del +gabinete y de la casa. + +Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sintió +rápidos y leves pasos detrás de sí. Al mismo tiempo oyó que le llamaban. +Una mujer corría tras él. Al reconocer a Isidora, el pobre médico tembló +de nuevo. + +«Tengo un recelo--le dijo Isidora agitadísima, la voz balbuciente, la +expresión turbada y agoniosa--. No me has comprendido... Habrás creído +tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres... +No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque..., +te diré... + +--¡Honrada! + +--Sí, sí. No me comprendes. Sí me socorres, yo te pagaré..., dinero por +dinero. + +--Déjame en paz--dijo Miquis retirándose. + +--No, no te vas--replicó ella deteniéndole con fuerza--. Estoy +desesperada. Necesito... En último caso, paso por todo. + +--Soy pobre. + +--La desesperación es ley, Augusto. Te hablaré con el corazón; te +diré... Yo no quiero más que a un hombre. Por él doy la vida, y en +último caso el honor... Di, ¿me favoreces? + +--Lo que necesitas, ¿es para comer? + +--No; necesito mucho. + +--No puedo, no puedo». + +«Augusto, Augusto--exclamó ella colgándosele del brazo--. Mi necesidad +es tan grande, que no puedo tener tesón ni dignidad, ni nobleza. Yo no +te quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo». + +Pausa. Miquis la miraba pestañeando. Sobre ambos, un farol de gas +alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad +desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batían con +furor. ¡Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satanás! + +«Soy pobre--repitió Miquis, haciendo un esfuerzo--; vete a París. + +--¡Augusto!». + +Augusto sintió cólera. Aprovechándose de aquel movimiento del alma, +desprendió su brazo de la mano de Isidora, y con toda energía le dijo: + +«Dios te ampare». + +Ya estaba distante cuando oyó esta voz sarcástica: «¡Farsante!». + +Aquella misma noche desapareció Isidora de la casa de sus buenos amigos, +dejándoles un papelito que decía: + +«Emilia, Juan José, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra +casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lástima de mí». + + + + +Capítulo XI + +Otro entreacto + + +En el famoso pleito de filiación había terminado la prueba; varios +testigos habían declarado y ambas partes respondido a infinitas +preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba +en torno a las ramas de aquel árbol de escaso fruto; se había presentado +el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguiría la +sentencia, y con esto la demandante se las prometía muy felices. Verdad +que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algún recuerdo de su +niñez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar +noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa. + +Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo +extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Canónigo y de Tomás +Rufete, confirmaba la pretensión de Isidora. Un tal Arias depuso en +términos diametralmente opuestos, y D. José de Relimpio, llamado +también, declaró en términos categóricos a favor de la que llamaba su +ahijada; mas su declaración, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca +de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, él no sabía +gran cosa. Sabía, sí, y esto no podía dudarlo, que en 1851 había sacado +de pila a una niña, hija de Tomás Rufete. A los seis meses no cabales, +Relimpio y Rufete riñeron por cuestión de una pequeña herencia y +estuvieron siete años sin hablarse ni tener trato ni comunicación +alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias +volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en +casa de Rufete había dos niños, Isidora y un varoncillo de dos años. +Tomás dijo a Relimpio con misterio que su hija había muerto y que +aquella que vivía y el niño se los había dado a criar una dama que no +nombró. Don José, que no había visto a Isidora desde la edad de seis +meses, no podía, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso +lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre siguió llamándola +ahijada, y desde entonces comenzó el cariño de que tan grandes pruebas +diera más tarde. En cuanto a Francisca Guillén, nunca pudo Relimpio +obtener de ella una declaración terminante acerca de las dos criaturas +que pasaban por suyas. Cuando Tomás estaba en el Tomelloso, la buena +mujer aventurábase a decir algo, que llenaba de gran confusión a D. +José; pero cuando el otro volvía, todo eran vaguedades y misterios. + +Esto era lo que Relimpio sabía, y estos breves datos y sus +conversaciones, no largas, con Tomás y Francisca, debieron de haber +constituido su declaración; pero, llevado de un sentimiento de +caballeresca protección a la desgracia, hizo las afirmaciones más +conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de +Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan José tenían noticia alguna. +Tres veces en dos días había ido la pícara a ver a _Riquín_, porque la +ortopedista no se lo había querido entregar; pero ni con preguntas +capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Debía +de saberlo don José; mas también guardaba fielmente el secreto. Tristeza +tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella +parecía habérsele aumentado la cuenta de los años, extremando su vejez. +Casi todo el día lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella +anunciábase con suspiros. Había perdido el apetito, dormía muy mal y +tenía los sueños más raros del mundo. Soñaba que se batía en duelo de +honor con Pez, Botín y otros caballeros, y que a todos les mataba, +sacándoles hasta la postrera gota de sangre. ¡Horror de los horrores! + +Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido +nuestro, el gran Bou, veía de súbito compensadas sus desdichas amorosas +con una gran ventura en cuestión de intereses. ¡Oh! Si la ingrata se +aviniera a dar el deseado _sí_, el Obrero--Sol sería un ejemplo de +hombre venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Diríase +que la Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana +Fortuna, se había propuesto abrumarle de bienes positivos, negándole los +que su corazón apetecía, y le colmaba de frutos riquísimos sin dejarle +ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de +Aransis empezó la tal Providencia a divertirse con él. En el espacio de +quince o veinte días le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y +dábale por otros tres gollerías o momios pecuniarios a cuál más valioso. +Primero: aseguró un buen negocio contratando cierto trabajo de +impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibió una +herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sacó un segundo +premio de lotería, importando cinco mil duros. ¿Qué tal? Aun con ser +estos embolsos un estorbo más para llegar a la deseada liquidación +social, Bou se guardó su dinero y se puso muy contento, considerando en +lo más escondido de su mente, que bien podía aplazarse la tal +liquidación, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera, +el dinero de la gente honrada. + +Miquis, que le apreciaba y se reía con él, fue a darle la enhorabuena, y +le encontró en su taller trabajando como siempre. Bou se levantó, saludó +a gritos, estrujó la mano de su amigo, y después fue acometido de una +tos tan violenta, que su cara parecía un cuero de vino, y el ojo +rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada órbita y caerse al +suelo. + +«Ese alquitrán, hombre, ese alquitrán... + +--Déjese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me +sacarían un cuarto. Que coman yerba..., ¡hala! Y a ustedes los médicos, +si yo arreglara el mundo, los pondría a que me barrieran las calles, a +que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las +alcantarillas... Ahí es donde están las enfermedades. + +--Pues a los litógrafos los pondría yo a que me afeitaran todas las +ranas que se pudieran coger... Pero vamos al caso... ¿Convida usted o no +convida? + +--Sí, señor; convido a una copita... y nada más. + +--¡Qué miserable! Yo esperaba un banquete regio. + +--No me gustan aparatos ni bulla. + +--Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos... + +--Pues _palante_--exclamó el catalán, disparando su risa--, y aunque sea +de doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada más». + +Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la había recibido con calma +y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguiría trabajando, +con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba, +tenía el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, porque +_¡voto va Deu!_, no hay dinero más soso que el que uno deja a sus +herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder +contar por allá algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene +la liquidación, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a +uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es +bueno, magnífica cosa, sí señor, admirable en extremo; y los holgazanes +que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, sí +señor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasión de +introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de +los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el +género de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideración el día en +que se ajusten cuentas. Él (Juan Bou) había pensado esto, y sacado en +consecuencia que las teorías puras no resuelven la cuestión social; es +preciso estudiar prácticamente los excesos de la holgazanería. + +Aprobó Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energía excitó a su +amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin +quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la +ocasión de ser dichoso no se presenta siempre, aprovéchese cuando viene, +que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas. + +«Supongo--añadió--que andaremos en coche y a caballo, que tendremos +buena mesa y palco en el Real». + +Echose a reír Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el +oso, ni ponerse en ridículo como un indianete sin seso; que tan sólo +obsequiaría a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, trataría de +ver qué sabor tiene la sangre del pueblo. + +Después nombró Miquis a la ingrata, y oído su nombre, se puso tan serio +el otro, que parecía haber perdido en un instante todo su contento. No +habrían dejado aquí un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no +hubiera entrado D. José, el cual se turbó al ver al médico. Bou, también +algo turbado, pidió perdón a Miquis y se fue con Relimpio a un +despachito cercano, donde Augusto les oyó secretearse. + +«Le ha traído una carta o recadillo--pensó el doctor, proponiéndose no +darse por entendido--. Ya, ya...». + +Don José salió, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es +más probable que llevara lo primero, y al salir habló a Miquis del +tiempo, de política, de Cánovas y de que las tropelías de los ingleses +en el campo de Gibraltar daban motivo a España para exigir de Albión que +nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostró +conforme con estas patrióticas ideas y le dejó marchar, compadecido de +su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo +declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente +noche, fue D. José vestido con su levitita anticuada y su corbata azul +de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los demás +comensales pudieran comunicarle su alegría. Era tan flojo de cerebro, +que en cuanto bebía dos copas se ponía perdido, y he aquí que al probar +el Champagne, el buen tenedor de libros, después de haber dado varias +pruebas de no ser dueño de sus ideas, se dirigió a Juan Bou y con lengua +solemne aunque torpe, le dijo: + +«¡Caballero, usted me dará una satisfacción, o me veré obligado a llevar +la cuestión a un terreno...!». + +Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero +de D. José, se puso éste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a +la dicción enfática, añadió: + +«Porque usted se empeña en mancillar el honor de una joven de altísima +familia, y yo no permito, ¿lo entiende usted?, no permito... ¡yo que soy +su segundo padre...! + +--Tiene razón--dijo Miquis--. Esto no puede quedar así. El lance es +inevitable. + +--Inevitable--gritó Relimpio descargando el puño sobre la mesa y +rompiendo un plato--. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la +hora del alba... + +--_Al matutino albore_...». + +Lo más particular fue que Bou, que también era hombre incapaz de llevar +con aplomo tres copas de vino blanco, empezó a disparatar. Primero se +rió mucho, después todo su empeño era abrazar a D. José y llamarle su +amigo. Relimpio, por el contrario, más se enfurecía a cada instante. Los +otros le incitaban, y sabe Dios cómo habría concluido el lance si el +catalán, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole +de su cuerpo en tierra. + +Levantose en esto D. José y señalando con dramático acento el cuerpo que +parecía cadáver, dijo: + +«¡La suerte me ha sido favorable, caballeros, señal de mi derecho! ¡Le +he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella +hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel +serafín...». + +Dio tres o cuatro pasos en falso, giró como un trompo, y fue a caer en +un diván de hule, donde Miquis le mojó la cara. + + + + +Capítulo XII + +Escenas + + +=--I--= + +JOAQUÍN.--=(Solo, paseándose meditabundo por la habitación, que es de +bajo techo, sucia, con feísimos y ordinarios muebles, todo en desorden.) += Ni un día más durará esta vida. Protesto con toda mi energía de ser +racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal +deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse +entregándole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la +vergüenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad. +Este es el dilema, _the question_, como decía el otro: o vivir sin +decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse. +Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y +fijándolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran +parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--¿Eres +tú, imagen que aquí veo, la de Joaquín Pez? Te desconozco. Tú no eres +yo. Yo era hermoso, y tú, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin +barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegría y la felicidad y los +tuyos están mortecinos y sin brillo. ¿Cómo puedo creer que el hombre +mejor vestido de Madrid sea este que aquí veo dentro de esta levitita +abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos +y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado más que +un café y un poco de pan, no puede ser el Joaquín Pez que yo conocí. = +(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir así +es peor que cien muertes. + +»Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prenderán, me +meterán en la cárcel... ¡Qué iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un +desgraciado, un hombre débil que no conoce el orden; soy un tonto; no +tengo sentido común, no sé arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto +se diga de mí en este sentido es justo. ¡Pero acusarme de estafador!... +Que en París contraigo deudas; que me vengo a España con intención de +pagar; que un francés sale escapado detrás de mí persiguiéndome; que le +entretengo unos días; que me endosan unas letras para que las cobre; que +las cobro y pago al francés; que los acreedores de aquí, envidiosos de +ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me +embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y riñe conmigo y +me retira su apoyo; que el dueño de las letras me exige su dinero; que +no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomándolo +por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un +prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas +intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan +de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En mí hay error; +pero mala fe, jamás. La ligereza, ¿será hermana del crimen?... + +»He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra mí +hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal +contra el infeliz caído; es la venganza de la cursilería contra el que +fue ídolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo +del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirán de +mí; no, no me humillaré; no haré el mamarracho. Es preciso acabar +dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae según su natural +condición. Caeré con catástrofe, como las torres, y los que oigan el +estrépito de mi fin dirán: «Este es un hombre»... =(Acércase a un rincón +en que hay una percha, de la cual pende un gabán. Toca la tela, +reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aquí +estás, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardaré en el cajón de +la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de +las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche, +tú y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la +mañana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma +en desesperación. Esto ya no es vivir. Hágome cuenta de que ya se acabó +todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas +personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la más derrengada +mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la fórmula vulgar de +«A nadie se acuse de mi muerte». Diré a mi padre que... Siento pasos. +Isidora viene. Esta desgraciada es el único ser que ha tenido la +abnegación de unirse a mí y ampararme cuando me ha visto abandonado por +todos. ¡Oh corazón generoso! Ha querido confortar mis penas con sus +ilusiones y mi desesperación con su esperanza. Cuando la veo, me dan +ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con +ella. Aquí está...». + + +=--II--= + +ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y +trae un lío de ropa. Siéntase en un sofá inválido que se inclina más de +un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaquín, +espera que este le dirija la palabra.)= ¡Dios mío, qué escalera! + +JOAQUÍN.--Más grande es la del Paraíso; al menos así lo dicen, que yo no +la he visto. + +ISIDORA.--¿Ha venido mi padrino? + +JOAQUÍN.--No he tenido el gusto de ver a su señoría. + +ISIDORA.--¡Cuánto he andado, cuánto he corrido hoy!... He vuelto a casa +de Emilia para ver a _Riquín_. He querido traérmele, temiendo que les +molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se +conmueve.)= + +JOAQUÍN.--Has hecho bien en dejarle allí. En ninguna parte estará mejor. + +ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= ¡Ay! Dios de mi vida, ¡qué angustia! Por +fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para +defenderlo de un brusco movimiento de Joaquín.)=--No, no te doy un +cuarto. Déjame, que yo iré arreglando las cosas. Por de pronto es +preciso que salgas de aquí. Esta casa es una pocilga, y ¡qué vecindad, +qué huéspedes, qué patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos +y demás gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, ¿no +hallaste otro sitio mejor en que meterte? + +JOAQUÍN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidísimo, me dejé +conducir por un amigo, Pepe Nules. + +ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho días que has estado aquí. Yo +no he estado más que tres. El gasto es poco. Hoy te haré traer comida +buena de la fonda. + +JOAQUÍN.--No te apures por eso...; lo mismo me da. + +ISIDORA.--Y mañana irás a una casa más decente. + +JOAQUÍN.--=(Con indiferencia.)= ¿Para qué? + +ISIDORA.--Para que vivas con más decoro. + +JOAQUÍN.--¡Ideas convencionales! + +ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomaría una casita, y nos íbamos +a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he +reflexionado, y eso no puede ser. + +JOAQUÍN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... = +(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pájaros, que no +conocen la acuñación de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No +hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido +en la sociedad multitud de ideas erróneas. Son los falsificadores de la +vida, y por esto deberían ir todos a presidio. + +ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= ¿Y si yo te dijese +que tengo probabilidades de reunir algún dinero? + +JOAQUÍN.--Tu dinero nos serviría para ir pasar dos días, tres. Luego +volveríamos a la misma situación de miseria, y como tus riquezas no +habían de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me +hallo... + +ISIDORA.--=(Con cariño.)= ¿Y si yo pudiera...? + +JOAQUÍN.--Ta, ta, ta. Tú vives de ilusiones. Aquí tenemos otra vez la +fantasmagoría del pleito. Siempre crees que mañana te duermes Isidora y +te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No sé cómo, con tu +buen talento, vives así, engañada por el deseo. + +ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro. + +JOAQUÍN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para mí. + +ISIDORA.--Si quieres que no riñamos, no me hables del pleito con ese +desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que tú la tengas también. El +procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardará algún tiempo, +porque mi abuela apelará; pero de que lo gano, no te quede la menor +duda. + +JOAQUÍN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarán tres, +cuatro o cinco años antes que lo ganes. Ayúdame a sentir. Ni cómo he de +remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todavía +no se han acuñado. + +ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refería precisamente al pleito. Yo +pensaba conseguirte el dinero con un préstamo. + +JOAQUÍN.--¡Un préstamo! =(Con estupor.)= + +ISIDORA.--En fin, yo me entiendo... No te desesperes... + +JOAQUÍN.--No creo ya en los préstamos, como no creo en los milagros. =(Da +media vuelta y se pasea otra vez.)= + +ISIDORA.--=(Aparte, y después de mirar un rato a Joaquín).= Es preciso +sobreponerse a la desgracia... Arreglaré el cuarto que parece una +leonera. + +=Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora coloca +las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. Cuando +limpia el espejo, se mira un poco, y dice:= «Parezco que sé yo qué. +=(Alto.)= Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda. + +JOAQUÍN.--Como tú quieras. El comer bien o el comer mal me es +indiferente; pero, pues tú lo quieres, comamos bien, que nada se pierde +en ello. + +ISIDORA.--=(Sentándose fatigada.)= La miseria, hijo, me espanta. No tengo +un vestido decente que ponerme... ¿Pues y tú? ¡Y a esto llaman vivir!... + +JOAQUÍN.--La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre +galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a +los amantes más finos y más exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo, +en un cuchitril, donde no tengan más que el consabido _pan y cebolla_, y +a los dos días se arañan la cara. La miseria es enemiga del alma humana. +Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el +arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sintética del mal. Oye, oye, +Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad... +Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mándalo traer +pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre. + +=Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de +la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaquín demuestra más apetito que +Isidora.= + +ISIDORA.--=(De sobremesa.)= ¿Qué tal? + +JOAQUÍN.--Los langostinos estaban muy buenos; el _bistec_ me ha +rejuvenecido. ¡Bendita seas tú, que siempre tienes ideas grandes! Eso de +sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es +noble, lo mismo el corazón que la cabeza. Dejaremos una botella para +mañana, porque la economía es la primera de las virtudes; no, la +segunda, que la primera es cuidarse bien. + +ISIDORA.--Alguna otra sorpresa he de darte todavía. Dime, ¿mereces tú lo +que hago por ti? + +JOAQUÍN.--No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres +un ángel..., no de esos ángeles desabridos que pintan en los cuadros y +en las poesías, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente, +sino un ángel mundano que derrama sobre el corazón del desgraciado +bálsamo eficaz. En una palabra, eres un ángel práctico. Bien se conoce +en todas tus acciones la nobleza. Podrás equivocarte, cometer faltas; +pero ser innoble, jamás. No sé si me explicaré diciendo que tienes la +elegancia del alma. + +ISIDORA.--Tienes razón. Seré cualquier cosa; seré... mala si se quiere, +pero ordinaria jamás. + +JOAQUÍN.--Indudablemente eso está en la sangre. ¡Por vida de...! Si no +ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el +cielo. ¡Ay! Isidora, no sé por qué el Champagne da a mi alma un vigor +que ya no tenía. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas +agradables. Isidora, Isidora, mujer mía. =(La abraza tiernamente.)= +Entretengámonos un momento con ilusiones... + +ISIDORA.--=(Riendo.)= Mejor es soñar que ver. + +JOAQUÍN.--Ganarás el pleito... Yo me casaré contigo... + +ISIDORA.--=(Entristeciéndose súbitamente.)= En lo primero creo, en lo +segundo no. Esa ilusión es demasiado bonita para que pueda engañar. + +JOAQUÍN.--¿Por qué lo dices?... ¿Porque te lo he prometido muchas veces, +y nunca lo he cumplido? Ahora... + +ISIDORA.--Ni ahora ni nunca. Tú no te casarás conmigo. =(Derrama unas +lágrimas.)= + +JOAQUÍN.--El mundo es olvidadizo, tontuela. + +ISIDORA.--Pero no tan olvidadizo que... + +JOAQUÍN.--Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y +Suiza. + +ISIDORA.--O por Inglaterra y Escocia. =(Con toda su alma.)= ¿Sabes que de +tanto oír hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a +Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus +parques... Aquello sí que es grandeza. Te diré... Luego haría una +excursión por Escocia, ¡donde hay unos lagos preciosos y unas +montañas...! Por allí andan las _ladys_ visitando grutas, escudriñando +ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente +inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botín, +que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacían feliz. + +JOAQUÍN.--Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia. + +ISIDORA.--Calla, calla. Te diré... Iré yo sola, o contigo, si quieres +acompañarme... Porque no me casaré, Joaquín; viviré soltera riéndome del +mundo. + +JOAQUÍN.--¡Soltera! Si yo no me casara contigo, tendrías ocho mil +pretendientes por semana. + +ISIDORA.--=(Decidida.)= A todos les daría con mi puerta dorada en los +hocicos. ¡Soltera, libre! Vestiré muy bien, protegeré las artes, seré +una gran señora. Te diré... Mi casa va a tener que ver, porque no +entrará en ella nada que no sea de lo más escogido. No has de ver ni +cosas vulgares, ni tapicerías chillonas, ni objetos de mal gusto, ni +cosa alguna que se vea en otra parte. Compraré cuadros de los grandes +maestros, y tapices y antigüedades, y todo lo que sea curioso sin dejar +de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las +bellezas comunes. + +JOAQUÍN.--¡Bendito sea tu talento! + +ISIDORA.--En mi casa no entrarán los tontos; eso puedo jurártelo. Me +rodearé de hombres discretos, distinguidos. En fin, será mi casa la +academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesía y de la +inteligencia. Daré conciertos de música clásica. + +JOAQUÍN.--=(Con un poco de malicia.)= ¿La has oído? ¿Te gusta? + +ISIDORA.--Yo no sé si la he oído o no; pero puedo asegurar que me gusta. +Te diré... ¿Hay una música en que no se oigan esos mil sonsonetes de +ópera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los +cantantes de afición? Pues esa es mi música. Lo que te puedo asegurar es +que un día fui al salón del Conservatorio a oír los cuartetos y me gustó +tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con +guante blanco. ¡Qué sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un +cielo que también era salón. + +JOAQUÍN.--=(Con arrobamiento.)= ¡Isidora, tú eres noble! + +ISIDORA.--Te diré... Oyendo aquella música, yo me olvidaba de todo y +bendecía a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no +entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrarás en ella, y te +desafío a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los +grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formaré una buena +colección. También tendré contemporáneos, siempre que sean muy +escogidos. Tres o cuatro veces nada más he estado en el Museo. ¡Qué +cosas, hijo! Aquello sí es grande. Con el talento que hay colgado de +aquellas paredes había para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo +me figuraba que había pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte +del Buen Retiro. Unas veces creía que estaba cubierta de brocados y +otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es +belleza; chico, aquella es gracia. Yo decía: eso lo siento yo, esto es +cosa mía, esto me pertenece... + +JOAQUÍN.--=(Con entusiasmo.)= ¡Eres noble, eres noble! + +DON JOSÉ.--=(Entrando súbitamente, produce, con la irrupción inesperada +de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su +ahijada.)= Aquí estoy. + +ISIDORA.--¡Ah!... Don José... + +DON JOSÉ.--=(Aprovechando el momento en que Joaquín vuelve la espalda, da +un papelito a Isidora.)= Toma. + +ISIDORA.--=(Guardando el papelito.)= Padrinito, ahora debe usted +retirarse. Es de noche y estará usted cansado. Mañana le necesito. Pero +no se moleste usted en subir. Aguárdeme en la puerta y me acompañará a +varios sitios donde he de ir. =(Despidiéndose con una mirada cariñosa.)= +Abur. + +DON JOSÉ.--=(Con cierta reconcentración shakespeariana.)= La sangre que +destila de mi corazón amarga mis labios. =(Exit.)= + + +=--III--= + +=Es de noche. Agonizante luz de un quinqué con pantalla torcida y sucia +alumbra la estancia. JOAQUÍN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de +fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se +reclina en el sofá y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla +consigo misma.= + +«Decididamente optaré por el canelo con combinación níquel, por el azul +de ultramar y por el negro con combinación de brochado, oro y +cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien. +¡Ay Jesús!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de +francés... Supongamos que cuando menos se piensa, mañana, o la semana +que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien +porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y +me dice... Hace días que me estoy figurando esto y nada tendría de +particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me +llama el mejor día; voy allá, subo, entro, espero un ratito en el +gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las +aprieta mucho y me dice: «Basta de pleitos, hija; abracémonos». Y me +abraza, y yo me echo a llorar, y ella también, y todo queda concluido, y +yo en la casa y en posesión de lo que es mío... Supongamos esto, que es +lo más natural, lo más lógico. ¡Qué alegría tan grande, Dios de mi vida! +Entonces sí que podré tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin +humillarme. Sacudiré la tierra que se haya pegado a las suelas de mis +botas, y diré: «Ya no más, ya no más lodo de las calles». El cristal más +puro no podrá compararse entonces a mi conciencia. Seré tan honrada como +los ángeles... Levantaré mi frente... =(Se interrumpe y da un gran +suspiro.)= + +»¿Pero podré levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida +pasada... y presente? Esto me vuelve loca. ¡Maldita sea la necesidad, +que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia +del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que +son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan +el alma... ¡Que venga Dios en persona a sacarme de este círculo maldito! +Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro... +¡Oh Dios!, ¡quién fuera cursi, quién fuera populacho!... Me pasaría la +vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un +jergón asqueroso; me casaría con un cafre hediondo, tendría un chiquillo +cada año, viviría como una bestia, toda imbécil, toda sucia...; ¡pero +sería feliz como son felices los que no conocen el dinero!... ¿Qué es +mejor, ser una piedra, que se está donde la ponen, o ser una criatura +racional que quiere ir a alguna parte? ¡No sé, no sé! ¡Benditos sean los +adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya, +vaya, qué duro es este sofá. Y el pobre Joaquín, ¡qué profundamente +duerme! ¡Buena falta le hace! ¡Cuánto has padecido estos días, +desgraciado mártir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno. +Has gozado mucho, demasiado quizás, y ahora lo estás pagando. Los muy +felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por +eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la +felicidad que se me adeuda... =(Suspira y se aflige.)= Sí, sí; no hay +debajo del sol una persona más desgraciada. Y, no me digan que soy mala. +Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si +no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no +haría lo mismo... =(Se da un golpe en la frente.)= + +»Cuando pienso lo que me espera mañana, me dan ganas de matarme. Y al +mismo tiempo, ¡vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que +llegue mañana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia +de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor +me echa hacia atrás; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa +hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El sí y el no me +vuelven igualmente loca. =(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos +muerde el pañuelo. Larga pausa.)= ¡Y cómo duermes tan tranquilo!... Si yo +no te quisiera tanto, podría suprimir uno de los principales motivos que +tengo para dar este mal paso, y quizás, quizás hallaría otros medios... +Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte así... Y para +que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te has portado +conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te diré..., yo soy +así; Dios mío, ¿por qué me hiciste noble? ¿Por qué no me hiciste nacer +de vil populacho? ¿Por qué no me hiciste canalla de la cabeza a los +pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el alma?... =(Gran +pausa, durante la cual se adormece.)= No, no; me decidiré por el azul +Ultramar con combinación rosa y plata... + +=(Otra pausa, durante la cual amanece.)=»Es de día; me levantaré y saldré +sin que él me vea. Aún es demasiado temprano. Procuraré no hacer +ruido... Le dejaré el dinero suelto que me queda aquí y dos palabras +escritas con este lápiz. =(Escribe; pone sobre la mesa el papel y algunas +monedas.)= Vaya, ya es tiempo. =(Afligidísima.)= ¡No poderle decir adiós! +¡Qué vida, qué humanidad! Me voy, porque si despierta, no tendré valor +para salir. =(Vase.)= + +JOAQUÍN.--=(Despertando, ya entrado el día.)= Isidora, Isidora... No +está. Se ha ido. Me levantaré. Como estoy vestido, mi _toilette_ no +ofrece grandes dificultades. ¿Habrá por aquí el lujo de un peine? Es +posible. =(Levántase y da algunos pasos por la habitación.)= ¡Que +claridad! ¡Qué feo y antipático es el día! Prefiero la noche, tapadora +y discreta. ¡Ah!, la señora de la casa, antes de marcharse, ha dejado +aquí sus disposiciones. =(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el +papelito, y lee.)= Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que +almuerce hoy. = (Lee.)= «Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te +apures. No volveré hasta la noche, porque tengo que hacer». Esta pobre +Isidora, ¡qué buena es! Si no fuera la maldita manía del pleito, que no +ganará nunca, sería una muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que +manda la señora. La fiera patrona no me envenenara con sus guisotes. +Voy a llamar, a pedir agua, a lavarme, y después esperaremos. Luego que +almuerce dictaré mis últimas disposiciones, y en cuanto llegue la +noche, la querida noche... + +=Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada, +arréglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.= + +»Me olvidé de la botella de Champagne que está en aquel armario. No me +importa que se la beba otro. En mi testamento la dejaré a los huéspedes +de esta casa para que la vacíen por mi salvación eterna... Ya que estoy +solo escribiré a papá y a Isidora. =(Se sienta y escribe.)= ¡Buenos +cosas le digo a mi señor padre!... Si los deslices del hijo han sido +grandes, el padre no tiene aún motivos para dudar de su buena fe... +Jamás he cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y además un +efecto preciso de la mala, de la perversa educación que he recibido. +¿Por qué educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta +mil reales? ¿Por qué desde niño me enseñaban a competir con los hijos +de los grandes de España? ¿Por qué no me dieron una carrera, por qué no +me aplicaron a cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que +es la escuela de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron +en la vanidad, y la vanidad me conduce a este fin desastroso. =(Sigue +escribiendo con agitación, se pone pálido y, al concluir, su mano +tiembla.)= + +»Ahora escribiré a Isidora, a quien no veré más. La única persona por +quien siente emociones cariñosas mi corazón es ella. ¡Cuánto más vales +tú que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han +simpatizado, porque son similares. Tú, como yo, fuiste educada en la +idea de igualar a los superiores... =(Escribe.)= «Querida y adorable +amiga: Próximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el +mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvación; tú +puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese +pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera +casarse contigo, cásate, aunque sea muy bruto». =(Hablando.)= No, no +miento nada al decir que la quiero con todo mi corazón. Su lealtad +conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvíos prueban +la grandeza de su alma. =(El personaje redacta largos párrafos amorosos y +llena cuatro carillas de papel...)= ¡Ah!, me olvidaba de lo principal, de +_Riquín_, mi hijo. ¡En esta hora triste me ha entrado un amor por él!... +¡Si estuviera aquí me lo comería a besos!. Le reconoceré. = (Escribe otro +larguísimo párrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)= En fin, esto es +hecho. Ahora, ánimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso abismo de la +eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me perdonará mi +crimen. ¡Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar la befa de +mi honor! Pronto anochecerá. No vacilo más. =(Se dirige a la percha, saca +el revólver y lo examina.)= Aquí está. Me parece un juez de hierro que me +condena sin permitirme defensa ni apelación. + +UNA VOZ.--=(Que suena cavernosa detrás de la puerta, acompañada de dos +golpecitos.)= ¿Se puede? + +JOAQUÍN.--Adelante. + +DON JOSÉ.--=(Entrando.)= Buenas tardes. + +JOAQUÍN.--¿Viene usted en busca de Isidora? No está. + +DON JOSÉ.--No, vengo de parte de ella. Esta carta... + +JOAQUÍN.--=(Tomando la carta con mano temblorosa.)= ¿A ver?... ¿En dónde +está Isidora? + +DON JOSÉ.--=(Con sequedad.)= Hace un rato estaba en una tienda de la calle +del Carmen, escogiendo telas para vestidos. + +JOAQUÍN.--=(Estupefacto)= ¡Telas! =(Abre la carta, que es voluminosa. +Dentro del pliego aparecen risueños algunos billetes de Banco; Joaquín +palidece.)= ¿Qué es esto? =(Se sienta y lee. Palidece más y luego se pone +encarnado y vuelve a palidecer.)= + +DON JOSÉ.--=(Aparte, mirando a Joaquín con expresión de poca simpatía.)= +No lloro porque soy hombre. Mi corazón concluirá por ser como las rocas +en que bate el mar. + +JOAQUÍN.--=(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)= ¡Estoy salvado! +La cantidad es redonda... ¿Pero aceptaré esto? ¿De dónde procede?... ¿Es +una vileza aceptarlo? Sí que lo es; pero las circunstancias... ¡El +abismo!... Supongamos que un desventurado está al borde del precipicio y +se le presenta el demonio de la infamia y le alza en sus manos. No, no; +antes rodar al fondo del abismo. =(Alto.)= Don José vaya usted allá, y +devuelva esto a Isidora. + +DON JOSÉ.--=(Aparte y tétricamente, coincidiendo en sus expresiones sin +sospecharlo, con Otelo.)= Oh flor graciosa y bella, ¿por qué has nacido? + +JOAQUÍN.--=(Vacilando.)= No, no; deshonra por deshonra... Pesémoslas ambas +en la balanza de la fría razón. ¿Cuál pesa más? ¡Oh!, no hay que +vacilar. Esta lleva en sí la imposición del acontecimiento, del hecho +real. Tomaré el dinero... Me he salvado. Pero ¿por qué no estoy tan +contento como debiera? =(Alto.)= Don José, ¿con quién ha hablado hoy +Isidora?... ¿En dónde ha estado? + +DON JOSÉ.--No lo sé... =(Aparte, lleno siempre de espíritu +shakespeariano.)=--¡Estúpido! ¿cómo quieres que te lo diga? No me +atreveré a decirlo ni aun a vosotras, ¡oh castas estrellas! + +JOAQUÍN.--Usted nunca sabe nada. Usted está siempre en Babia. =(Aparte.)= +¡Malditas sean las circunstancias!... Me engañaré a mí mismo, haciéndome +creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser +humano, que fácilmente se le engaña... Pero discutamos esto; abordemos +la cuestión con filosofía. Si este dinero ha venido a mí por una vía +poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha vía. Los +procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y +sacrílego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya +en sí una dosis tan grande de lógica, que no necesita argumentaciones +retóricas. =(Alto.)= ¿No piensa usted lo mismo, hombre de Dios? + +DON JOSÉ.--=(Como quien despierta de un sueño.)= ¿Yo?... Yo no pienso. + +JOAQUÍN.--=(Volviendo a mirar con cariño los billetes.)= ¡Y la cantidad es +redondita! ¡Pobre Isidora! ¿Cómo no amarla? No sé qué daría porque +ganara el pleito. Pero no, no lo ganará. Sólo los pillos tienen suerte. +¡Don José, señor don José! + +DON JOSÉ.--=(Pasándose la mano por la frente y el cráneo como para +detener una idea que intenta escaparse.)= ¿Qué?... + +JOAQUÍN.--Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne. + +DON JOSÉ.--=(Con repugnancia.)= Gracias, no..., me mareo. =(Vacilando.)= +Pero, sí, venga; así se olvida. + +JOAQUÍN.--¿Tiene usted muchas penas que olvidar? + +DON JOSÉ.--=(Mirándole con ojos dulzones.)= ¿Yo?... ¿Penas yo? =(Contrae +horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisión de un +suspiro.)= + +JOAQUÍN.--=(Escanciando.)= Ahí va. + +DON JOSÉ.--=(Bebe.)= ¡Cómo pica la maldita! =(Apenas ha llegado a su +estómago la primer gota del precioso líquido, inclina la cabeza y cierra +los ojos, diciendo.)= ¡Mundo miserable! + +JOAQUÍN.--¿Qué?... ¿Por tan poca cosa? + +DON JOSÉ.--=(Levántase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la +actitud trágica.)= Sí, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras. +¡Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo! + +JOAQUÍN.--=(Soltando la risa.)= ¡Don Pepe! + +DON JOSÉ.--=(Cuadrándose.)= A sable o a pistola, como usted quiera. Me es +igual. De todas maneras sabré castigar su infamia. ¡Usted, un hombre +ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel +lirio! =(Da algunas vueltas por la habitación, perseguido por espectros.)= +No, no os tengo miedo, no. Pez, Botín, Melchor, Bou, no os temo. Os +mataré a todos, os haré polvo. Soy el defensor de la virginidad +ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... ¡Vamos, al +momento, al momento, me bato con los cuatro! + +JOAQUÍN.--=(Le empuja hacia el sofá.)= ¡Pobre hombre! + +DON JOSÉ.--=(Cayendo en el sofá como un talego.)= Me habéis matado, porque +sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los tres; pero +a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no puedo +perdonarte. =(Se desvanece.)= + +JOAQUÍN.--=(Disponiéndose a salir.)= Ahí te quedarás hasta que te pase. + + +=--IV--= + +=Mutación. La escena representa un aposento semi--elegante que parece ser +fonda.= + + +ISIDORA.--=(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado +golpes una mano indiscreta.)= ¿Quién es? + +DON JOSÉ.--=(Levantándose de un sillón en que yace soñoliento.)= Si es +visita, me retiraré. + +UN SEÑOR.--=(Entrando sombrero en mano y dirigiéndose a Isidora.)= ¿Es +usted doña Isidora Rufete? + +ISIDORA.--=(Trémula.)= Servidora... + +AQUEL SEÑOR.--=(Avanzando, seguido de otro individuo poco simpático y +nada cortés.)= Señora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a +prender a usted de orden del juez del Hospicio. =(Muestra el auto de +prisión.)= + +ISIDORA.--=(Aterrada.)= ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está usted seguro?... + +EL ESCRIBANO.--=(Volviendo a mostrar el auto.)= Vea usted... Conque si +tiene usted la bondad de seguirme... + +DON JOSÉ.--=(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser +hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)= ¡Qué +picardía! + +EL ESCRIBANO.--=(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de +su extraordinaria perplejidad.)= Ya sabría usted que la parte contraria +pidió que se sacara el tanto de culpa... + +ISIDORA.--=(Confusa y mareada.)= Sí. + +EL ESCRIBANO.--Y el juez ha encontrado el fundamento. + +ISIDORA.--Pues daré fianza... + +EL ESCRIBANO.--Precisamente... en el delito de que se trata no puede +concederse fianza. + +ISIDORA.--¡Delito! ¿Está usted seguro de lo que dice? + +EL ESCRIBANO.--El pleito es ahora causa criminal... + +ISIDORA.--=(Iracunda.)= ¿Y de qué me acusan? + +EL ESCRIBANO.--De falsificación. + +ISIDORA.--¿Falsificadora yo?... =(Fuera de sí.)= + +DON JOSÉ.--=(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y +contrayéndose todo.)= No te pierdas, José. + +ISIDORA.--Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no +consentirá que me pierdan ni que me deshonren. =(Llora.)= ¡Y a esto llaman +justicia, ley! =(Sobreponiéndose al dolor y secando sus lágrimas de tal +modo que parece que se abofetea.)= Yo probaré mi inocencia... Esto me +faltaba, esto; ser mártir. =(Aparte, con entereza y orgullo.)= Bien venida +sea esta noble corona. El martirio me purificará de mis culpas, y hará +que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan ver hasta los +ciegos. =(Alto.)= Vamos, cuando usted quiera. + + + + +Capítulo XIII + +En el Modelo + + +=--I--= + +La irritación y la vergüenza, unidas a un desorden nervioso que casi la +privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche +en un estado parecido al sonambulismo. Veía las cosas, las tocaba, +preguntaba, y aun respondía como cediendo a una fuerza mecánica. No +estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le +pasaba; iba y venía medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre +jaqueca y manía, sorprendiéndose de ver cómo brillaban instantáneas, +sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relámpagos de alegría. +Rindiola el cansancio después de medianoche; se acostó vestida, cerró +los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivió +bajo su cráneo, entre la vibración de los nervios encefálicos, todo lo +acaecido desde que el escribano se presentó en su casa para prenderla. +Veíase en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiñones, +donde está el vulgar y triste edificio llamado _Modelo_ con descarada +impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual había un +soldado de guardia, y más a la izquierda un grupo de pobres disputándose +las sobras del rancho de las presas. + +Isidora y el escribano entraban en un vestíbulo nada espacioso; salía a +recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de +cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de +pesados cerrojos, sobre la cual se leía en letras negras la palabra +_Rastrillo_. Una mujer de edad madura abría la puerta, Isidora pasaba, +subía por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el +letrero de la _Sala primera_; y echando la vista por el hueco, veía un +claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol, +el más bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar. +La idea sola de tener que vivir entre aquella gente había horrorizado a +la de Rufete. Pero ella tenía fondos; ella pagaría una habitación +decente, y viviría con ciertas comodidades y completo decoro los pocos +días que, a su parecer, habría de permanecer en aquel tremendo asilo. + +Una señora mayor, bondadosa y amable, la acompañaba, y precedíala una +celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco +y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se +destinaba, el cual tenía una ventana enrejada a la calle, un camastrón +de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco después entraba la +celadora, quien, con formas de adulación artera y llamándola _señorita_, +ofreció servirla y acompañarla. Isidora la miraba con repulsión. Llegada +la noche le servían una cena, que no quiso probar, y al fin, sola, +encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recostó +en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o más, la +serie de impresiones y sucesos que hemos referido. + +Por la mañana, despertáronla los gritos y desaforadas blasfemias de una +mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de +un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la próxima +_Sala primera_, y el _tan tan_ de la campana de Montserrat, iglesia del +convento que hoy es prisión del bello sexo. Y si el alma humana en las +situaciones de gran tribulación se ve siempre sacudida por ráfagas de +inexplicable alegría, que más bien parecen protesta aislada de algún +nervio rebelde contra el dolor, en Isidora había un motivo para que +aquellas ráfagas de alegría fueran algo más duraderas y eficaces, porque +la prisión, con ser tan odiosa, había venido a librarla de otra +esclavitud atrozmente repulsiva. + +«Casi me alegro de esto--decía--, porque si no estuviera aquí estaría ya +muerta de horror y asco...». + +Además, la prisión no podía durar, porque los jueces, ¡cosa evidente!, +habrían de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita +demandante. Dios le había deparado sin duda aquel trance para probarla y +darle de improviso, cuando más afligida estuviese, el alegrón de ganar +el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos más +en carácter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad +de idealizar las cosas para obtener los más dulces confortamientos. ¿No +ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son +perseguidos, inspiran lástima, los inocentes que sufren tormento de la +Justicia, ¡cuánto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas +sensibles! Era inocente, sufría persecuciones inauditas; luego tenía +bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba +aquella mañana para figurarse que todo Madrid la compadecía, que era el +ídolo de multitudes, que se hacía interesantísima, que era un tipo +novelesco, y aun que salían por aquí y por allá bravos caballeros +dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso. + +¡Pero qué feo, qué desmantelado el cuarto! ¡Qué cama, que muebles, qué +desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante, +como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tenía pronta una idea, +amparose de una bellísima, que le valió de mucho para consolarse. ¿Con +quién creerá el lector que se comparó? Con María Antonieta en la +Conserjería. Era ni más ni menos que una reina injuriada por la canalla. +Determinó, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la +realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicísima señora, con +lo que se crecía a sus propios ojos, y se veía idealizada por el +martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los +padecimientos. El día lo pasó en estas cavilaciones, acordándose mucho +del Delfín, de Joaquín Pez y de otras personas. Mandáronle ropas, y Juan +Bou, a quien pidió un libro de entretenimiento, le envió _Los +Girondinos_, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora leyó en el +libro y deshojó las flores, dándose el gusto de pisotearlas. Le +recordaban cosas muy desagradables la osadía y desparpajo de la canalla +profanadora. + +Empezó el sumario. Cuando bajaba a prestar declaración a la salita de +rojo dosel, que está junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a +las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su +derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba, +preciso es decirlo, al mismo señor juez dignísimo y al escribano. En +todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al +bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que +se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban +comentándola tres o cuatro horas. Quién aseguraba que era una duquesa +perseguida por su marido; quién la tenía por una cualquiera de esas +calles de Dios; y alguna, que la conocía verdaderamente, refería parte +de su vida y milagros, añadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a +solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repetía en su +mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual +contestación, revolvía lo cierto con lo dudoso, la acusación de la ley +con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas +presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro +que, desde la acusación por falsificadora, se había abierto ante sus +ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrábase en +la plenitud de la verdad. Los documentos se le habían entregado tal y +como estaban; y ella no había añadido ni quitado cosa alguna, ni tenía +noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su tío el +Canónigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor +de ellos, Tomás Rufete... Al llegar a este punto de su cavilación, +Isidora fruncía el ceño y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo +dudoso. ¿Pero a qué martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la +marquesa de Aransis, la curia infame y el señorío prepotente eran los +verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a +una huérfana noble, a un ángel desvalido. Pero Dios los castigaría, Dios +volvería por los fueros de la verdad y de la inocencia. ¡Pues no faltaba +más! + +Durante el sumario, la incomunicación no fue tan rigurosa como la ley +ordena, porque los cerrojos de nuestras cárceles se ablandan fácilmente. +Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se captó las +simpatías de las compasivas mujeres que guardaban a sus compañeras. Así +pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a _Riquín_ y a D. +José, a su tía _la Sanguijuelera_ y a Miquis. El día mismo en que cesó +la incomunicación fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y +substancioso coloquio. El simpático doctor sintió viva emoción cuando +vio aparecer detrás de las dobles rejas del locutorio aquella figura +hermosa, aquel rostro pálido, con expresión de noble conformidad. + +«Isidora, gran mujer--le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones--. +Estás guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del +Código penal. Como sigas así, la curia, en vez de tomarte declaraciones, +te las hará, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una +escalera de birretes. + +--Déjate de tonterías--replicó ella apoyando los codos en la reja +interior y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud +de aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el +locutorio--. ¡Ay, Miquis, esto es morir! + +--Con tu permiso, eso es vivir. ¿Pues qué creías tú?... La vida toda es +cárcel, sólo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos están +entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero +vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que serán para +ti alegres o tristes, según como las tomes. + +--Dímelas pronto. + +--Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado también de la marquesa». + +Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso interés. + +«La marquesa llegó ayer, de paso para Córdoba. La buena señora se pone +nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisión». +«Muñoz y Nones--dijo la señora a mi suegro--, yo quiero que usted +arregle esto. Tómelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada, +demuéstrele lo inútil de su tenacidad, y ofrézcale en mi nombre lo que a +usted le parezca, con tal que me deje en paz». + +--¿Eso le dijo?... + +--Sí; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la +falsificación ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andréu, compañero +y amigo de mi suegro. ¿Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificación +no está hecha por ti». + +Isidora callaba. Hasta que el diálogo tomó otro giro, estuvo como una +estatua, fijos en Miquis los ojos: + +«Oyes. ¿Sabes que te me estás pareciendo a la pantera del Retiro? ¿Por +qué me miras así y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario +de la casa de Aransis, vendrá a hablarte; te anuncio esa grata visita. +Te ofrecerá la libertad, la declaración de tu inocencia, y _ainda mais_, +una gratificación, un socorro. Pobrecita, has sido víctima de un grande +y tremendo engaño. Broma más pesada no se ha dado ni se dará. Quién fue +el autor de ella, tú lo sabrás... Pero qué, ¿te has vuelto muda? ¿Eres +de piedra? ¿A dónde miras? ¿Estas gozando de alguna visión? ¿Estás en +éxtasis?». + +Él también se callaba y la miraba. Metió la mano por la reja exterior e +hizo algunas castañetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la +atención a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no decía nada. + +«Voy a hablarte de otra cosa--añadió Miquis--. Ayer he tenido una grata +sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando oí una voz que decía: +«Señorito Miquis, señorito Miquis». Volvime y vi a tu tía, la sin par +_Sanguijuelera_. «¿No sabe usted--me dijo--que hemos encontrado a la +fiera perdida?...». «¿A quién?». «A _Pecado_». Allá en su lengua +especial me contó que le habían dado noticias de tu hermano otros +muchachos. Ha vivido algún tiempo en un tejar detrás de la nueva Plaza +de Toros. ¡Pobre chico! Fuimos allá, y dos mujeres que encontramos y que +no se recomiendan por su fisonomía, nos dijeron que, habiendo caído +enfermo con calenturas, le habían llevado al hospital. + +--¡Al hospital!--repitió Isidora saliendo de su letargo. + +--Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos +convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque está poco +menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en +el tejar y de sus correrías y altas hazañas, antes de caer enfermo, +supimos algo que contaremos cuando tengas más tranquilidad de +espíritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou. +Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que +pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma. + +--Augusto--murmuró Isidora gravemente, apartándose de la reja--, es la +hora de reglamento. Dispénsame que te despida. Estoy fatigada. Adiós. +Vuelve mañana». + +Y se marchó _como una reina_, según dijo Miquis para sí, viéndola +internarse en la cárcel. Y él se salió a la calle: repitiendo: «¡Gran +mujer, gran mujer!». + + +=--II--= + +¡Falsificación! ¡Profanación de aquella santa escritura de la cual +emanaba el más santo de los derechos! Si había delito, ¿quién era el +autor de él? ¿El Canónigo o Tomás Rufete? ¡Enorme, endiablada +confusión!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la +infeliz presa fue que su abogado le dijo un día estas palabras: + +«Desde el tanto de culpa la cuestión ha variado por completo. La casa de +Aransis y el Sr. Muñoz y Nones tratan de probar la falsedad de un +documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos +quedaremos en el aire, hija mía. El pleito toma un giro tal que +difícilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los +mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de +que la falsificación resulte evidente, creo fácil probar que no ha sido +usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe. +En resumen: seguridades de éxito en la causa criminal; seguridades de un +fracaso en el pleito de filiación. Ya sabe usted que en la prueba hemos +estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niñez que nos +favorecieran, y por resultar muy débiles los testimonios de otras +personas». + +Y dicho esto, el abogado, frío, honrado y cruel, se despidió dando un +suspiro, último tributo de la ley al volverse hostil. + +«¡También, también me han corrompido a mi abogado!--exclamó Isidora +cuando se quedó sola--. ¡Bien, seré mártir; que me maten de una vez, que +acaben conmigo, que me lleven al cadalso!». + +Pasada la crisis de ira, estuvo dos días sin salir del lecho; apenas +hablaba; no tenía fuerzas para nada; sentíase también algo idiota como +su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura +frase a la justicia humana, exaltándose, para caer después prontamente +en el desánimo y derramar abundantes lágrimas. Su sueño era entonces +breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno +de obstáculos. Unas veces se le aparecía _Riquín_, ladeando con gracia +la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado. +Y el pícaro Anticristo la miraba, echándose el fusilillo a la cara con +infantil gracejo, y ¡zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el +acto; acudían otros chicos, camaradas de _Riquín_, y entre risotadas y +gritos la cogían y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa +de la multitud, que decía: «¡La marquesa, la marquesa!». + +Otras veces era gran señora, y estaba en su palacio, cuando de repente +veía aparecer un esqueleto de niño, con la cabeza muy abultada, y los +huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto +traía su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegándose +ella, movía la gran cabeza y se reía y hablaba. Pero Isidora, sin poder +entender sus palabras, temblaba de espanto al oírlas. Luego se borraba +el niño del campo de los sueños, y aparecía Joaquín en mitad de una +orgía, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se +paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y +prorrumpían en carcajadas. Ella se reía también; pero, ¡cosa rara!, se +reía de hambre. La debilidad contraía sus músculos haciéndola reír..., y +por aquí seguía de disparate en disparate hasta que despertaba y volvía +al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueños. + +A los tres meses de aquella tristísima vida, a la cual llegó a +acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus +guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo, +permitiéndole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicación. +La conducta de Isidora en la cárcel era irreprensible: no daba +escándalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se +había hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su +intimidad, se hacían lenguas de su buen corazón, finura y agradable +trato. No tenía poca parte en esto la generosidad de la procesada y su +prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacían. Lo +peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de día en día, +marchaba a su completa extinción y acabamiento. Siempre que en esto +pensaba, Isidora sentía trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo +futuro para ver si por alguna parte había señales de cosa metálica. +Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou +iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su +antipatía, era lento antídoto del veneno de la pasión de él, y así, o +por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraía y apartaba de +aquel gran peligro de su vida. + +«Calavera de un día--decía para sí--, vuelve a tu choza y no pierdas la +chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas +infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la +cárcel, ¡pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo +llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si +conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los +burgueses. ¡Valientes pillos! Pero aquello es vivir...». + +_La Sanguijuelera_ iba casi todos los días a ver a su sobrina. Cuando le +llevó a Mariano, Isidora se afligió grandemente, porque estaba tan +flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conocía. La +fiebre le había dejado en los puros huesos, y la piel se le +transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espíritu +mismo, había dejado el mal huellas quizás más profundas, porque hablaba +poco, contestaba tardíamente, cual si necesitara mucho tiempo para +recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su +hermana con espantados ojos. + +«Ya ves--dijo Isidora, sin saber qué términos emplear para dar una +explicación de su estado miserable--. Ya ves a dónde me han traído las +picardías, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando +idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley... +Y tú, ¿qué has hecho? Cuéntame. ¡Has estado malo! ¿Ves? Si no hubieras +salido de casa de la tía, ella te habría cuidado bien. ¡Qué tremenda +lección!». + +Mariano no decía nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto +miraba al suelo como al rostro de su hermana. + +«¿No me dices nada?--preguntó ella impaciente--. ¿Te has vuelto mudo? +Esa cara, ese mirar, ¿qué son?, ¿arrepentimiento o señal de mayor +barbarie? ¡Ah! Mariano, Mariano; el único consuelo que podría tener yo +ahora es verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa +cabeza, abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contéstame...». + +Y, dándole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza. + +«Su señoría gasta ahora pocas palabras--dijo Encarnación--. Le hemos de +poner dentro de un cántaro en un cuarto obscuro, como a las maricas, +para enseñarle a hablar... ¿Quieres ver tú que pronto se despabila el +pájaro? Pues enséñale el cañamón. Verás...». + +Metiendo la mano en su bolsillo, sacó una peseta y la mostró al +muchacho, cuyos ojos soñolientos se reanimaron de súbito, y alzó la mano +hacía la moneda, diciendo con un gruñido: + +«_Pa mí_. + +--Sí, para ti estaba»--dijo, riendo _la Sanguijuelera_, guardándose la +moneda con más viveza que un prestidigitador. + +Mariano miró a su hermana, la cual, compadecida, echó mano a la +faltriquera, y sacando dos pesetas dióselas al chico. + +«Para ti..., pero con la condición de que has de contarme lo que has +hecho en todo este tiempo, cómo caíste enfermo, cómo has vivido, quién +te ha dado de comer...». + +Con gran prontitud se guardó _Pecado_ su dinero, y alzando los hombros y +echando de sí un enorme suspiro, pronunció torpemente estas palabras: + +«Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no +me ha pasado nada. + +--Nos hemos enterado. + +--Tiene seco el entendimiento--indicó _la Sanguijuelera_--. La calentura +le abrasó los sesos. Dice el señorito Miquis que le dé baños en el río. +Oye tú--añadió alzando la voz, como cuando se habla con un sordo--: +¿quieres trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?». + +Como si nada oyera, Mariano se levantó desperezándose, y dijo: + +«Me voy. + +--Alto ahí, amiguito--replicó Encarnación siguiéndole--. Has de +arrastrar una calza como los pollos. No saldrás sin mi compañía». + +Pero Mariano no le hacía caso y salió. La vieja fue detrás de él, +gritando: + +«Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo también +tengo buenos remos». + +Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz +hermano, y decía: + +«¡Imbécil, imbécil!... Así no sentirá nada... Y yo, cada vez con más +talento para pensar, para comparar... ¡Qué desgraciada soy, y él qué +feliz!». + + +=--III--= + +Tres días después volvió Mariano solo. Parecía más ágil, más +despabilado, más dueño de su pensamiento y de su palabra. + +«¿Vienes solo?--le preguntó Isidora, asombrada de que no le acompañara +su tía. + +--Solito. + +--¿Y tu tía Encarnación? + +--¿La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito +que me lleven y me traigan. + +--¿Has ido al trabajo? + +--Sí. + +--¡Mentiroso! + +--Mira--dijo _Pecado_ abriendo su mano y mostrando algunas pesetas. + +--¿Quién te ha dado eso? + +--_Gaitica_. + +--¿Gai...? + +--Tica, tica. ¿No lo conoces? Es un caballero, un amigo mío. + +--¿Y por qué te ha dado ese dinero? + +--Porque me lo gané. + +--¿Cómo?». + +Mariano guardó las monedas para dejar desembarazada la mano, metió esta +luego por una abertura de su pantalón y... + +«¿Aquí no nos ve nadie?...--preguntó receloso mirando a las paredes y a +la puerta. + +--Nadie. + +--Porque si me guipan...». + +Y sacó del bolsillo un objeto cilíndrico, largo, como de media tercia, +de dos pulgadas de diámetro. Era un canuto fuertemente liado con +bramante. + +«¿Qué es eso? + +--Un petardo. + +--¡Ah!, ¿eso que estalla?--exclamó Isidora con espanto--. ¡Y va a +estallar aquí!... + +--Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para +esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando +reventó cayeron todos los cristales de dos casas. + +--¿Y te ocupas en eso? ¡Bárbaro!... No lo digo porque me importe nada +que el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondría, +si pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos +los palacios de esa gente egoísta que nos quita lo nuestro. + +--Lo pondremos--replicó Mariano, haciendo de la malignidad y de la +estupidez una sola expresión. + +--Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez +de hacerla con cañones. ¿Qué resulta? Que suena mucho, que se asustan +los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas +personas, y nada más. ¡Simplezas y pamplinas! + +--Pondremos uno de este tamaño--dijo _Pecado_, expresando con la +distancia de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista--. +Hay en Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que debía ser +para nosotros, ¿eh? + +--Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan +nuestro nombre, nuestra representación social; nos meten en calabozos +inmundos, nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo +que roban. El mundo está perdido. Si no sale alguien que le vuelva del +revés y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba... + +--Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo--repitió Mariano con el gozo +de quien ha encontrado la fórmula de un pensamiento que no ha sabido +expresar--. ¿Sabes?... ¡Cosas que pasan! Ayer he visto al señorito +Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos señoras, dos tías, ¿eh?, y +un caballero. Parecía un marqués. + +--No le nombres delante de mí--dijo Isidora cerrando los ojos. + +--¡Cuánto ha robado!--exclamó el muchacho con cierta efusión--. ¡Y +nosotros tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos! + +--¡Oh!--exclamó Isidora sintiendo un nudo en la garganta--. Dios nos +protegerá. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por +ahora...; pero esto ha de cambiar. ¿Quién sabe lo que pasará el mejor +día? Yo he leído que los soberbios serán humillados y los humildes +ensalzados». + +Interpretación tan singular del texto evangélico cayó en el cerebro de +Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y +fructificaron en él las ideas más extrañas. + +«Ellos nos han quitado lo que es nuestro, ¿verdad, hermana?». + +Isidora rompió a llorar. + +«Sí, sí, sí--dijo entre lágrimas y sollozos--. Picardía tras picardía, +nos han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... ¿Cómo? +Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. Tú y yo +tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han +quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una cárcel. Pues +contigo harán lo mismo, y nos ahorcarán, si pueden». + +Oía Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de +elocuencia. + +«Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos pertenecía. Pues +ya ves: cárcel, infamia, pobreza. Tú y yo seremos mendigos o Dios sabe +qué. ¡Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo +mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a +nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman +pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos +vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero, +tienen la conciencia de los jueces... Que me den a mí el dinero, aunque +sólo sea por ocho días, y verán lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya +ves, nos abrasan, nos matan. ¿Qué es la ley? Una engañifa, una farsa. +Los que la representan, ¿qué son sino ladrones? La autoridad..., ¡ah!, +¡qué gracia me hace a mí la autoridad! Es la comedia de las comedias, +mal representada para engañarnos, para explotarnos. + +--Les pondremos un petardo, ¿eh? + +--¿Uno? ¡Cuatro mil; un millón!... Tú eres un infeliz, chico, y no sabes +lo mala que es esa gente». + +Siguieron hablando de esto, y al día siguiente hablaron de lo mismo, +porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba +fácilmente. A medida que sus ilusiones decaían, determinábase en su alma +un cambio de sentimientos; simpatizaba más con el pueblo, a quien creía +oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo más +extraño era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiéramos llamar +coquetería de la desgracia, seguía encariñada con el bonito papel de +María Antonieta en la Conserjería. Pero en aquel caso la buena reina +estaba martirizada por la cruel y egoísta aristocracia, de donde venía +que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los +descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo, +unida a todo el despecho de su corazón, le hubiera hecho tolerar la +grosería y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba +vida en su mente a una gallarda utopía, es decir, a la existencia +posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida. +Pero esto, ¿no era una atrevida excursión al porvenir? Algo de genial +había en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, solía poner +fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: «¡Qué talento +tengo y qué cosas me ocurren!». + + + + +Capítulo XIV + +De aquellas cosas que pasan... + + +=--I--= + +Desde que Mariano empezó a entonarse, su tía Encarnación no podía hacer +carrera de él. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente +ineficaces contra él. Más le habría gustado a la buena mujer verle +travieso, enredador e indomable como en su niñez, que observar aquella +indolencia taciturna, aquella tétrica quietud, semejante al acecho de +las bestias carnívoras, en las cuales la paciencia es precursora de la +ferocidad. + +«¿En qué piensas, animal?--le decía bruscamente--. ¿Vas a inventar la +pólvora o qué? Eres un talego. ¿Por qué te estás dos horas mirando al +suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano, +¡puñales! ¿Vas a hacer el Almanaque del empedrado? ¡Qué poste! Tu +hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. Tú llevas otro camino, +pero llegarás al mismo fin. ¿Por qué no trabajas? + +--Porque no me da la gana..., _hala_...--respondía Mariano saliendo de +su somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco. + +--Pues ve a que te mantenga el obispo. + +--No necesito que usted me mantenga. Tengo de acá. + +--¡Anda, anda, chaval desorejado!... ¡Y con qué tipos te ajuntarás tú +para allegar eso! ¿Qué diabluras haces? ¿En qué te ocupas por las +noches? ¿Qué llevas aquí debajo de la blusa? + +--El copón. + +--¡Jo... sús! ¡Qué blasfemias dices! Mira, mira, tú y yo haremos malas +migas. Si sigues así, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El día en +que te den garrote iré a verte. + +--_¡Aur!..._»--murmuró _Pecado_ con gutural sonido. + +Y se marchó despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada, +la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos +días, dando a su teórico paseo una dirección determinada, íbase a casa +de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro, +por quien conservaba ligera inclinación, parecida al afecto. Llegó al +taller un día (enero del 77) y encontró al buen catalán festivo y +engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos. + +«Hola, tagarote, ¿qué buscas por aquí?--le dijo, tocado de aquella +verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos--. +Siéntate. Pues todavía mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez +ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratón acabado de nacer... Te +digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aquí no se gastan +cumplidos. Conque cuéntame: ¿trabajas o no?». + +Mariano quiso contestar que no trabajaría más a jornal; pero Bou tenía +tantas ganas de decir algo, que le cortó la palabra con la suya +inagotable, diciéndole así: + +«Aprovecho esta ocasión para decirte que tu hermana es una loca, una mal +agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza +destornillada. Yo la quise como yo sé querer, y me hubiera casado con +ella. ¡_Voto va Deu_, de buena me he librado! Porque tu hermana es una +calamidad. Ahí la tienes en la cárcel por terca, porque se ha empeñado +en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdiácono. En fin, +ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mío; y no +creas lo que dicen por ahí, no; no es cierto que yo me gastara con ella +lo que me saqué a la lotería y la herencia de mi tío. En total, no me +pellizcó arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quitó de +entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico, +hay Providencia. Mi dinero se salvó en un papel, el auto de prisión; +porque trapitos por aquí, trapitos por allá, el caprichito _A_, la +chuchería _B_, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en +una mañana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su +corazón, lleno de apetitos, está escrito con letras de oro «¡abajo los +ricos!». Buena pieza, sí. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve +aquella cara, ¿cómo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos +ojos divinos, donde tienen su madriguera los ángeles, ¡cómo ha de pensar +que estos ángeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba +ciego, yo estaba tonto. Cuando me mandó la primera carta con su padrino, +pidiéndome socorros, me pareció que se me abrían las puertas del cielo. +Esta es la mía, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella +aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglábamos +una casita; yo estaba embobado; quería probar las delicias del mundo, +cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se quedó con la +copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gusté, +tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, señores, conozco +sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; sé lo que +cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipación inmoral +de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla +abajo. ¿Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. ¿Se hace el mal?, pues +nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si +eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que +ha hecho tu hermana conmigo. La saqué de la miseria, la vestí, la calcé, +le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abría la boca y +yo abría el bolsillo, y _palante_ siempre. Pues mira el pago. Dice que +soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de +flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y +me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas +cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me +importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con +qué pagar el cuarto en la cárcel. La pondrán en aquellas grandiosas +salas, donde podrá pasearse y comer y dormir con aquellas lindas +duquesas y baronesas que están allá por hurtos, lesiones y otras +gracias. Bien merecido. Ella no te preguntará por mí. Si te pregunta, le +dices que el señor _Ipecacuana_ (así me llama) está contento de haberla +perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el +sentido común, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes, +que buscaré una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del +pueblo, me río de su aristocracia estúpida, y que me alegraría de que +todos los aristócratas y chupadores juntos no tuvieran más que un solo +pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez». + +Más hubiera dicho, pero la tos, que por lo homérica, tenía cierta +semejanza con la risa de los dioses, le invadió de súbito y allí fue +Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derramó abundante lloro, +mientras el otro, más cerrado que arca de avaro, no daba señales de +existencia. + +«Y ahora--continuó Bou, gozoso del mutismo de Mariano--, si quieres que +te dé consejos, te los daré. Porque tú tan callado, tú tan sombrío, no +vienes a que te dé trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga +millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres +trabajar, no trabajes. En este mundo, el que más trabaja tiene +probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotería +o alguna herencia. Tú eres listo; busca un negocio atrevido, emprende +algo, especula con la candidez de los demás. Yo he visto mucho mundo, y +sé que los más pillos son los que tienen más dinero. Cuando tú lo +tengas, gástalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darán el +suyo; así es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea +con un gran escándalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para +decir: «¡Qué bárbaro es!». Aquí hay dos papeles, el de víctima o el de +verdugo. ¿Cuál vale más? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se +pueda. El pueblo está sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay +en la nación. No hay más que dos caminos: o acabar de una vez con todos +los grandes, lo cual no es fácil, o meterse entre ellos y aprender sus +marrullerías y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar +_palantito_. + +--Yo--dijo Mariano con súbita animación--quiero que se hable de mí. + +--¡Que hablen de ti!..., pues mete ruido. + +--Lo que es ruido..., ya lo meto--replicó Mariano. + +--¿Cómo? ¿Con un cencerro? + +--Con esto--dijo Mariano mostrando un canuto. + +--¡Ah! ¡Tunante!...--exclamó Bou muy asombrado de ver el instrumento +músico que el chico mostraba--. Conque tú te ocupas... Pues mira: desde +hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende +al pueblo. ¡Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores +y demás escoria! Oye tú, mírame a la cara. ¿Me ves bien? Pues este que +aquí ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio +al Poder público; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que +represente la autoridad usurpada y la ley tiránica, lo hace cara a cara, +a pecho descubierto, poniéndose entre el peligro y la inmortalidad, +entre el verdugo y la gloria. ¡Pero disparar cohetes en la sombra, +asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden público!... +Reflexiona, hijo mío--añadió, después de una pausa, con tonillo de +propaganda evangélica que sabía adoptar en ciertos casos--; reflexiona +en que si quieres educar tus virtudes cívicas, y llegar al grado de +estimación pública a que hemos llegado los que estamos llenos de +heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido +ratas...». + +Dios sabe a dónde habría llegado por este brillante camino, si Mariano +no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado +fisiológico en que se encontraba, su lúgubre atonía se interrumpió +bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de ironía +dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como +alma que lleva el diablo. + +«Este chico tiene algo»--dijo Bou para sí. + +Olvidándose luego del muchacho, siguió pausadamente los pasos contados +de su metódica vida; paseó un poco por la tarde, comió después, fue al +café, regresó a su casa, y cuando se estaba acostando, ¡ay Dios!, oyose +un estrépito tal, que no parecía sino que reventaba una mina junto a la +casa y que esta se venía abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido +dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos +mil, la puerta de la casa saltó del quicio, y el vecindario, +alarmadísimo, salía gritando a la calle con pánico horrible... + +¡Ah pillete aristócrata!--dijo Bou serenándose al comprender lo que +era--. ¡Si te cojo!...». + + +=--II--= + +Y algunos días después de esto, Mariano estaba en la encrucijada que +llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vías que allí concurren, +sin saber cuál escoger para entrar por ella. Oigámosle: + +«¿Iré a casa de mi tía? No, que llama a los de Orden público y me cogen. +¿Iré a ver a mi hermana? No, que estará allí _Gaitica_. ¿A dónde iré?... +Dejémonos ir. Por aquí, por la Carrera abajo, veré la gente que va a +paseo, veré los coches, subiré al Retiro, y me estaré allí toda la +tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de +nada... Ya empieza a pasar la pillería. Allá va un coche..., y otro y +otro. Toma, aquel es de ministro. _Chupa--gente_, ¿sabe el coche? +_Oigasté_, ¿y si le dijeran: «Suelte lo que no es suyo?...». Ahí va +otro. ¡Cuánto habrá robado ese hombre para llevar cocheros con tanto +galón!... Anda, anda, y allí va un cochero montado en el caballo de la +derecha, con su gorrete azul y charretera... ¡Eh!, y en el coche van dos +señoras... ¡Vaya unas tías, y cómo se revuelcan en los cojines! _Oigan +ustés_, ¿de dónde han sacado tanto encaje? Y qué abrigaditas con sus +pieles... Pues yo tuve anoche mucho frío, y ando con los zapatos rotos. +Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado. +¡Valientes tías!... Subiré por el Dos de Mayo. Por aquí va mucha gente a +pie. + +»Este Retiro es bonito; sólo que..., de aquellas cosas que pasan, +habiendo tantos que tienen frío, el pueblo debía venir aquí a cortar +leña... Entro por este paseo de los muñecos de piedra con las manos y +las narices rotas. ¡Qué feos son!... Hola, hola, ¿niñitos con guantes? +¡Y cuántos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la +criada había para vestir a cuatro mil pobres... El papá debe de haber +robado mucho. Está gordo como un lechón... De consiguiente, que lo abran +en canal... Tomemos por aquí a la derecha, para ir a la Casa de +Fieras... Pero no entraré; estoy cansado de verlas. ¡Puño, cuánto coche! +Allá va D. Melchor acompañando a dos niñas. Sí, para ti estaban, bruto. +Son las niñas de Pez. Y el Sr. Pez va también con la gran tripa llena de +billetes de Banco, que ha tragado... Más coches, más coches, más. Bien +dice el maestro que lo bueno sería que toda esta gente no tuviera más +que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente, +todos viviríamos al pelo... Pero ¿qué es aquello que viene allí? ¡Ah!, +ya sé. Primero un batidor a caballo. Después el gran coche con seis +caballos... Puño, y toda esa gente de galones, ¿para qué sirve? Miale, +miale, cómo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella también +saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habrá que vus arregle. +Yo lo que digo es que muerto el perro se acabó la rabia, y que muerta la +cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que +les vean mejor. Ahora vuelven para acá; ya vus hemos visto bien. + +»¡Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazón, ¿a dónde +iríais a parar todos? Todos os pasaríais al partido de los pobres. +¡Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. ¡Abajo los +ladrones!... Puño, vienen más coches, todos con tías brujas o con mozas +guapas muy tiesas. Ya, ya; ¿sombrillita para que el sol no les queme las +caras? Pues yo, tías brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos +rotos, y la blusa rota, muerto de frío; con que... ¡Eh!... ¿Quién es +aquel que va a caballo? ¿No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de +persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos +días ha ganado al juego muchos miles. Ladrón, ruletero, chulapo, +ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a mí y no me saluda; +¿apostamos? Aquí viene; me acercaré para que me vea. Le hablaré en +flamenco. «Buenas tardes, zeñó Zurupa». + +Esto decía Mariano acercándose a un jinete que avanzaba por la orilla +del paseo, montado en un caballo español puro, de cuello corvo y +movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre +bromas y veras, sacudió el siniestro brazo, y con el látigo, quizás sin +pensarlo, le cruzó la cara, diciéndole: «_Granujilla_...». + + +=--III--= + +En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles +y la catadura ordinaria de sus habitaciones, parecía ser la misma en que +Joaquín e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta +historia quedan contadas, halláronse juntos otro día Mariano y el +caballero (llámase así porque iba a caballo) designado con el nombre de +_Gaitica_. Entró Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin +saludarle le dijo: + +«Vengo _a_ por aquello. + +--¡Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roío niño». + +Sacó tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arrojó sobre la mesa. + +«El otro día--dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje--me dio +usted un latigazo. + +--Niño, fue sin querer. Pues qué, ¿a un roío caballero como tú se le dan +latigazos?... ¡Taco, y qué orgullo vas echando!... ¡Roer! Átame esa +mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algún día necesitas una roía +peseta, vente acá. Si algún día no tienes qué comer, no faltará acá un +roío pedazo de pan que darte. Comerás las sobras de la mesa. Eres un +roío gandul, un roío holgazán, un roío bergante, y acabarás en presidio. + +--Como usted--dijo Mariano con descaro. + +--¡Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roío puntapié vas a +parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules +me cargan, ¡taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la +ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre +formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillería; hombre de +negocios, hombre que se puede poner delante del rey, sí, señor; porque +es un hombre que paga la contribución, un hombre de orden, de ley, que +no gusta de oír hablar del roío pueblo ni de la roía revolución; un +hombre, en fin, más honrado que Dios, más caritativo que la roía +Biblia». + +Mariano le oía espantado y con despecho. ¡También _Gaitica_, aquel ser +de la última gradación moral, aquel hombre a quien _Pecado_ consideraba +como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeño capital, +adquirido en infames juegos de azar, y quería revestirse de la dignidad +del burgués pacífico, del propietario conservador, y clasificarse entre +los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo +último que a Mariano le quedaba que ver. + +«Sí--prosiguió aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano +más hábil lo hará después--, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a +tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos días, cuando he +ido al Modelo a ver a una prima que está allí por unas roías lesiones... +Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le +había acabado el dinero y tenía que pasar a la sala común. ¡Roer!, ¡un +hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arreglé con el alcaide el +pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar +las roías pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es +muy buena y muy señora. Voy a visitarla todos los días y a ofrecerle mis +servicios. ¡Oh!, no es como tú, que eres de lo que llaman un parásito, +la polilla del orden social, un vago. Tú y tus compañeros debéis ser +exterminados, porque la roía sociedad..., en fin, yo me entiendo. +Márchate. ¡Roer!, ¿qué haces ahí como una estatua? Tú no tienes +inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur». + +En el cerebro de Mariano se repercutían, como vibraciones de una +campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos +auténticos del célebre _Gaitica_. Conocido de todo Madrid, este tipo ha +venido a nuestra narración por la propia fuerza de la realidad. El +narrador no ha hecho más que limpiar todo lo posible su lenguaje al +transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosería y bestialidad, para +no dejar sino la escoria absolutamente precisa. + +Cuando Mariano se retiró aquella noche a su miserable alojamiento, +después de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin +tomar alimento, sufrió un ataque epiléptico. Parecía que se desbarataba +en horrorosas convulsiones, y se mordió las manos y se golpeó todo, +quedándose maltrecho. Por fin le pasó, Dios sabe cómo, y al volver en sí +encontrose con una gran novedad en su cerebro: tenía una idea; pero una +idea grande, clara, categórica, sinceramente adherida a su inteligencia. +No durmió en toda la noche, no comió nada a la mañana siguiente. Tenía +momentos de gran temblor y confusión, y otros en que una actividad +febril obligábale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse +en nada más que en los coches que iban y venían. + +Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su +vida y el pasto de su idea. Rompió toda clase de relaciones, dejó de ver +a su hermana, a su tía, a Bou, a _Gaitica_, y con quien únicamente +cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que vivía con él y estaba +casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pasó también sin +dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de +entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro +de él, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque +epiléptico, y cuando le pasó, disparataba cual si hubiera perdido la +razón. Durmió luego profundamente; levantose alegre, salió, y +dirigiéndose al Rastro detúvose en un puesto a comprar algo. Regateó con +discreción y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que había +comprado, lo escondió, lo agazapó debajo del colchón, diciendo estas +palabras: + +«Estáte quieta, ahí, quieta». + + + + +Capítulo XV + +¿Es o no es? + + +=--I--= + +¡Generoso señor aquel que evitó a Isidora la angustia y el bochorno de +la sala común, apresurándose a pagar la miserable cuota! ¿Quién era +aquel ser benéfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente? +La agraciada no le conocía más que de haberle visto dos o tres veces en +el cuarto de su vecina (una tal Antoñita Surupa, que por ciertos +porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la +impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan +superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al día siguiente de +aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de él, +Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban _Gaitica_ en círculos que +apenas es lícito nombrar, visitó solemnemente a Isidora. + +Según él mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre +de gran mérito, que todo se lo debía a sí mismo, pues abandonado de sus +nobles padres y desheredado por sus nobilísimos abuelos (¡miserias y +bribonadas del mundo y de la ley!), había tenido que crearse una +posición con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes halló Isidora +en su nuevo amigo para sentir hacia él simpatía y antipatía, en +porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y +abandonado, víctima del egoísmo de sus padres, le hacía sobremanera +interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo más soez y +chabacano que imaginarse podría. Su figura hermosa, juvenil y hasta +cierto punto elegante, que recordaba la de Joaquín Pez, perdía todas sus +ventajas con lo que del alma salía a los labios de tan singular +criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversación. Por +momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. Él, +hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y +persecuciones de que había sido víctima, cautivaba más la atención de la +prisionera. + +La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castaño no la +visitaban ya; Bou había roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Sólo +eran constantes D. José y _la Sanguijuelera_, que llevaba a _Riquín_. +Joaquín Pez, cuyo trato en aquella soledad habría sido muy grato a +Isidora, estaba en la Habana, desde donde le había escrito algunas +cartas cariñosas. _Riquín_, Encarnación y Relimpio eran, pues, los +únicos que llevaban la alegría, la distracción y la esperanza a la +triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando +con la bondad de la celadora. + +Miquis fue a verla un día para anunciarle la visita definitiva de Muñoz +y Nones. + +«Oye tú, gran mujer--le dijo--: mañana viene mi querido suegro. Recíbelo +como se merece. Le hablé de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo +posible. Te hablará largo de tu pleito y de tu causa criminal, y +poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las hará ver claras y sin +telarañas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las +cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades +valen más que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son +verdad pura. Lo que él te diga tómalo como el Evangelio. Si trata de +encarrilarte por el camino _A_ o el camino _B_ (aquí de nuestro +_Ipecacuana_), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a +un lado, como se deja una corona de teatro después de acabada la +representación. Así como se hace examen de conciencia antes de confesar, +haz ahora examen de tonterías para que las abjures todas. Acopia sentido +común y ensáyate toda esta noche en apreciar la extensión verdadera, el +número y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasía +quiera llevarte a una apreciación falsa de la realidad, date un gran +pellizco..., y por último, no coquetees delante de mi suegro, porque, +aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y +podría suceder...». + +La primera impresión de Isidora al ver entrar a Muñoz y Nones fue muy +grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la +Naturaleza en figura, modales, gracia de expresión y don de gentes. Su +edad no pasaba de cincuenta años, y vestía con pulcritud y corrección. +Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la +fundación de una _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_, le +caracterizaba, en primer término. Era además hombre que miraba con +extraordinaria penetración a las personas con quienes hablaba, y que +para aprobar y afirmar decía siempre: _Mucho, mucho_, y para negar +empleaba irrevocablemente la frase _no hay tal cosa, ni ese es el +camino_. No usaba más que una comparación. Para él, todo era... _como la +luz del mediodía_. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en +invierno, significaba algo, Muñoz y Nones era un hombre singularísimo en +esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre +grueso de otro, Muñoz y Nones debe ser puesto en la categoría de los que +viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y +un mucho simpático, acabará de pintarle por fuera. Su franqueza le había +valido algunos disgustos, pero también grandes triunfos, porque el culto +de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales +no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la +esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con +sus éxitos, decía el gran notario que _también la honradez es negocio_. + +«La señora marquesa--dijo Muñoz después de los saludos--está en las +mejores disposiciones respecto a usted. No sé si sabrá usted que esa +señora es un ángel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo +yo, y basta. Imagínese usted el ser más bondadoso, más prudente, más +sensible y cariñoso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginación +será siempre inferior a la marquesa de Aransis. + +--No lo dudo--replicó Isidora, contrariada, porque habría querido oír +hablar mal de su abuela, dado que lo fuese--. La señora marquesa será +muy buena, aunque en este caso mío... + +--Pero, criatura--dijo Muñoz sin poderse contener--, ¿todavía no se ha +curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... ¿Todavía cree +usted pertenecer a la casa de Aransis? + +--¿Acaso me han probado lo contrario? + +--¡Probado!... ¡Si está más claro que la luz del mediodía! No se trata +ya del pleito de filiación, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada. +Empéñese usted en seguirlo adelante, y consumirá su vida, su dinero y su +salud inútilmente». + +Isidora sudaba. + +«¿De modo--dijo esforzándose en vencer su abatimiento y espolear sus +ánimos decaídos--, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la +falsificación? + +--¿Conque paparrucha?... ¡Ay niña, niña, usted no sabe lo que se dice! +La falsificación es tan clara, tan evidente como la luz del mediodía. El +Tribunal lo ha declarado categóricamente. El pleito de filiación carece +de base y se cae, como un castillo de naipes». + +Isidora sintió que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto +daba vueltas, que Muñoz y Nones se reproducía en infinitas imágenes o +copias del mismo Muñoz y Nones. + +«Explíquese usted...--balbució con voz dolorida, cerrando los ojos--No +puedo entender... + +--Pues muy sencillo... ¿Pero se pone usted mala? Un vasito de agua... + +--No es nada. Usted qué entiende de estas cosas... + +--Mucho, mucho. La falsificación existe. Que usted no es autora de ella, +no tiene duda, pues se perpetró ese delito, según todas las apariencias, +cuando usted tenía tres años. + +--Entonces... + +--Su padre de usted, Tomás Rufete, era un hombre ligero, de costumbres +desordenadas. Le conocí, le tuve de escribiente. Muchas veces le presté +dinero que no me devolvió; pero esto no hace al caso ni ese es el +camino... + +--¡Mi padre!... ¿Usted está seguro de que era mi padre?--exclamó Isidora +sacando fuerzas no se sabe de dónde--. Estas cosas no se pueden apreciar +así, señor mío. + +--¿Pues no se han de poder apreciar, señora mía? Yo me contento con +decir que la casa de Aransis no ha tenido parte mínima en echarla a +usted al mundo. Dos chicos nacieron de una señorita desgraciada... + +--¿Usted la conoció?--dijo Isidora con energía apelando a un recurso de +gran efecto. + +--Sí. + +--¿Me ha mirado usted bien?». + +Muñoz y Nones, que ya la había mirado bien, consecuente con la dulce +afición declarada por Miquis, la volvió a mirar. + +«En efecto--dijo sonriendo--, es usted muy guapa. + +--¿Y no halla usted semejanza...? + +--En la Naturaleza--replicó Muñoz muy serio--se observan fenómenos de +semejanza... Sin embargo, usted y Virginia sólo se parecen como dos +mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo..., +pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco». + +Isidora no pudo contener su dolor. Se echó a llorar. + +«Aunque se aflija, para mí la verdad es lo primero. No hay semejanza ni +ese es el camino. + +--¡Oh! Señor Muñoz--dijo ella con extraordinario énfasis--; si usted en +esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que +es usted el hombre más malo, el mayor monstruo... + +--Crea usted lo que quiera. ¿Tengo yo fama de monstruo? + +--No, no. Diré a usted...». + +Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese +rodeada de púas, movía los brazos queriendo expresar con ellos una +convicción más enérgica que la que expresaban los labios. + +«De modo que según usted, según usted, señor Nones, yo soy, yo soy... +una cualquiera. + +--Según lo que usted entienda por _una cualquiera_. Lo que yo afirmo es +que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido víctima +de un gran engaño. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a +averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Tomás Rufete, +logrando engañar primero a D. Santiago Quijano y después a su hija... + +--¿Conoció usted a mi tío el Canónigo? + +--Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres más +sencillos, hablemos claramente, más tonto que han comido pan en el +mundo. Le traté mucho. ¡Qué hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer +que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha +una panadería. También le hicimos creer que la baba del conejo era +venenosa, y consultó cuatro médicos y se cauterizó un brazo. Se le daban +las bromas más extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco +valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armábamos una camorra por +cualquier tontería. Uno de nosotros se fingía agraviado. Los demás +acalorábamos la disputa. No había más remedio que batirse. Quijano hacía +de tripas corazón. Le llevábamos al campo del honor, donde con mucho +miedo, pero con tesón muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas +como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extraño +es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las +estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escribía clásicamente, leía +novelas, era muy apasionado de las cosas aristocráticas, se sabía de +memoria el _Becerro_, y tenía en la punta de la uña todos los linajes de +España. Juzgue usted si ese santo varón era que ni pintado para sostener +un bromazo que Tomás Rufete quiso dar a sus hijos. + +--Esas historias, señor Nones--dijo Isidora aparentando una firmeza que +no tenía--, nada me prueban. + +--Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel +de Artillería, cuya nombre debe usted saber, se presentó en el despacho +de Andréu, primo y compañero mío, hace quince años, y le habló de un +asunto penoso y delicado. Al día siguiente Andréu había extendido un +documento que llamamos _acta de reconocimiento_. En él reconocía como +hijos suyos a una niña... (paciencia..., déjeme usted concluir), a una +niña y un niño, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada +joven que, digámoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de +fisonomía, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento hacía +constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y +deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual vivía... ¿sabe usted +dónde? + +--¿Yo qué he de saber?»--replicó Isidora con desvío y detestable humor. + +Muñoz y Nones se levantó. Dirigiéndose a la reja, y mirando hacia la +calle, señaló una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las +Comendadoras. + +«¿Quién vivía en aquella casa? + +--Yo. + +--Tomás Rufete tenía por vecino en el piso tercero a un licenciado de la +Guardia civil. ¿Se acuerda usted? + +--Yo no. + +--¿Tampoco recuerda usted cuando se quemó esa casa? + +--De eso tengo una idea; era yo muy niña. Mi hermanito empezaba a andar +entonces. + +--Mucho, mucho. Cuando se quemó la casa, Nicolás Font... + +--¿El guardia civil? + +--Estaba enfermo de gravedad. Lo que pasó aquel día no lo sé. Font muere +más tarde; la niña también; la viuda se va a vivir a Getafe; el niño es +recogido más adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se +presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su +padre difunto, en una tradición de familia y en varios documentos. Las +partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron +de ser substraídas de casa de Font el día del incendio. Pero hay otro +documento: el acta hecha por Andréu. En ella aparece una novedad y es +que el nombre de Nicolás Font aparece sustituido por el de Tomás Rufete. +La falsificación está hecha con suma habilidad, y las circunstancias le +favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por +su papá, y que es tan papá de usted como mío; han muerto la mujer de +Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andréu. Se busca en el +protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitución o enmienda. +Tomás Rufete vivió en gran intimidad con un escribiente de mi +compañero... ¿Va usted atando cabos?... + +--Yo no ato ningún cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones--dijo Isidora, +dándose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del +notario. + +--Ahora lo veremos. Se busca al cómplice de Tomás Rufete, a quien Andréu +despidió hace años por infiel. Es medio químico y muy hábil; pero su +principal habilidad está en huir de la justicia. Se entrega el documento +original a los peritos calígrafos y químicos, y al instante la falsedad +salta a la vista. Hecha con precipitación, es mucho más grosera que la +de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de +filiación ha presentado testimonios tan débiles; como la prueba ha sido +tan flojísima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a +usted, es casi seguro que irá a presidio por delito de usurpación de +estado civil. + +--Yo no soy falsificadora--afirmó Isidora quedándose como una muerta... + +--¡Qué gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un +derecho, y con testimonios débiles y documentos apócrifos trata de +usurpar un puesto que no le corresponde». + +La de Rufete estaba humillada y abatida. Difícilmente entraba en su +cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas +sostenía, resultaba un decaimiento parecido a la agonía de morir. Nones +la miraba en silencio, esperando una palabra. + +«Dígame usted--murmuró ella al fin con temor--, ¿qué tengo que hacer +para evitar... eso de ir a presidio? + +--Declarar que ha sido engañada; descargar su responsabilidad sobre su +señor papaíto, reconocer que no tiene derecho alguno... + +--¿Y quién me asegura que no lo tengo?...»--volvió a decir, +reaccionándose. + +El instinto de conservación de su error era tan grande, que este +necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muñoz y Nones +tomó su sombrero. + +«No se vaya usted, no--dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras +dudas--. Hábleme algo más. No estoy convencida, pero dudo. ¡Oh! Si me +muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta +fe, ¡qué dichosa sería! Señor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto +lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engañar. +Júreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi +derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizás pueda +yo empezar a acostumbrarme a esta idea... + +--¡Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No +hay motivo para tanta aflicción ni ese es el camino. Una existencia +humilde y sin los desasosiegos de la ambición, puede hacerla a usted +dichosa. La señora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un +auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestión un corte +rápido y decisivo. La señora está disgustadísima; aborrece el escándalo +y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es traído y llevado +por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La señora no +duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera aún, +consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus +esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a +los pleiteantes tercos, y usted, empeñándose en seguir adelante, puede +prolongar el litigio sin ningún fruto para usted y con cien +probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y +le doy a usted unos días de término para que lo piense bien. Mi yerno me +ha dicho qué tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque +ofuscada por desvaríos y falsas apreciaciones de la vida. Si usted +lograra ver cada cosa como es realmente, estábamos de la otra parte. +Conque... ánimo. Y para concluir: sé que tiene usted un hermanito que es +una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando +inauguremos la _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_. Le +reformaremos, y usted... trate de reformarse». + + +=--II--= + +¿Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista, +el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida. +Olvidada de molestias y humillaciones de la cárcel, no tenía seso ni +corazón más que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de él; +porque sí, era un problema semejante a una llaga, un problema que la +enloquecía como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una +úlcera abierta en lo más delicado y profundo de sus entrañas. La +pavorosa duda tenía alternativas y lances de batalla. Ya vencía la +convicción, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario, +triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de +sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenían +tantas ideas, tantas fórmulas de investigación, tantos ni tan variados +argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella +tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres días +sucesivos. Porque diabólica era ciertamente la claridad e insistencia +conque surgían en su mente todos los argumentos negativos de su derecho. +Ella quería rechazarlos, y ellos crecían fortaleciéndose, vestidos con +la inmaculada vestidura de lo evidente. Sí, su tío el Canónigo era +tonto. ¿No podía dar ella mil testimonios de sus necias credulidades? +Ella misma le había imbuido algunas veces ideas sumamente extrañas. + +Como D. José, su tío el Canónigo daba calor en su entendimiento a las +ideas más absurdas, las fomentaba y se engreía con ellas. Su tío, +engañado por Rufete, había representado con ella la comedia funesta que +tan desgraciada la había hecho. ¡Cuántas veces en las noches del +invierno él la embelesaba diciéndole que sería marquesa, que tendría +palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de +_Las mil y una noches_! Él la había enseñado a no trabajar, a esperarlo +todo de una herencia, a soñar con grandezas locas, a enamorarse de +fantasmagorías. Habíale llenado la cabeza de frivolidades, habíale +educado en la contemplación mental de un orden de vida muy superior a su +verdadero estado. Él, cuando ella se cansaba, le decía: «Tendrás coche». +Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le decía: «Tendrás +veinte modistas a tus órdenes». Decíale: «¡Qué palacio el tuyo!», y +otras expresiones que encendían más y más en ella el volcán de ambición +que ardía en su pecho... Sí, su tío era tonto, tonto rematado, un hombre +calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la +realidad, el apóstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional +que engendra en su estado morboso el pensamiento humano. + +Luego pensaba en su padre. Sí, sí, Tomás Rufete era un hombre +desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la +envidia. Bien podía ser verdad lo que Nones decía, y Tomás autor de +aquel dramático sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por +obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en +calidad de transacción. Esto era razonable. ¿Qué demonio de lógica se +escondía dentro de estas ideas, dándoles cuerpo y vida?... También +pensaba en su madre. ¿Por qué siempre que Tomás Rufete hablaba de la +marquesa, de los niños de la marquesa y de la indudable herencia y +estado de estos niños, Francisca Guillén bajaba la cabeza, se ponía de +mal humor y no añadía palabra alguna a las expresiones de su marido? Su +madre, pues indudablemente debía darle ya este nombre, era una mujer +honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. Él le había impuesto su +infame comedia, y ella, por miedo y quizás por la ilusión de que sus +hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. ¿Por qué su tía +(pues ya no había duda de que era su tía) se burlaba siempre del +marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. José, que en la +declaración de la prueba había dado por amor a ella testimonio +favorable, también dudaba, sí, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien +se le conocía al tenedor de libros que no tenía fe en lo de Aransis, +porque hablaba poco de esto y siempre en términos indecisos. + +Al tercer día de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy +poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora +llegó al colmo de la crisis. Una noche, hallándose sola, corrió furiosa +a la reja, se agarró a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que +alborotaron la calle, decía: + +«Y, sin embargo, soy noble. ¡Jueces, notarios, abuela, gente toda que me +tenéis aquí, yo soy noble!». + +Luego recorría de un ángulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza, +gritando: + +«Soy noble, soy noble. No me quitaréis mi nobleza, porque es mi esencia, +y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino». + +Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajéronle algo +de comer para combatir el desvarío combatiendo la debilidad; pero ella +tiró los platos y despidió a las mujeres. + +«A mí no se me presenta ese bodrio. Eso no es para mí--exclamaba--. Que +me traigan mi baño. ¡Yo no puedo vivir sin baño! Que me saquen de esta +pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaquín...». + +Todo fue inútil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritación +trajo a la mañana siguiente el agotamiento y con él la remisión de un +mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar +alimento. Se quitó el vestido, diciendo que no podía tener encima tales +harapos, y pidió una y otra vez su baño, su querido baño. Por último, le +trajeron a _Riquín_, y viéndole y acariciándole, descendió lentamente, +en alas del cariño materno, de las borrascosas alturas en que su razón +estaba tan nublada. + + + + +Capítulo XVI + +Las ideas de Mariano.--La síntesis + + +_La Sanguijuelera_ acompañó a su sobrina a la siguiente mañana, +obsequiándola con una retahíla de preciosos consejos que debieran +reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabiduría +humana. + +«Lo de tu herencia es ya sal y agua. Después de tantos mareos y bascas, +has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a +vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo más obligación que +mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte. +Cuando te vi en malos andares, te negué un ochavo y te saqué lo que +pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para +este sol cabezudo del mundo... ¿Vas a ser honrada, sí o no? Mira, tienes +varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o +te vas en busca de aquel Sr. Botín de otros tiempos y le pides el +estanco que te prometió. Pondremos estanco y cacharrería en dos tiendas +juntas de una buena calle, y no habrá quien nos tosa... Pero en mi casa +no entran pantalones; ¿te conviene? Otra cosa te propongo. ¿Quieres ser +ama de cura? Yo conozco un capellán de monjas, ancianito, buen +cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un +gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me está diciendo +siempre que le busque un ama de fundamento... Decídete; ¿estampería, +estanco o religión con llaves?». + +Isidora no contestó nada, porque ni siquiera oía lo que Encarnación +hablaba. Después nombraron a Mariano. + +«Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios. +Está viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de +Ministriles que más parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un +almacén de vinos, y _Palo--con--ojos_ va al río. Vivirían si él no +bebiera tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le +pega a la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al +suelo». + +Isidora se echó a reír. En el mismo instante, _Riquín_ le daba +bofetadas. + +«No se pega, no se pega. + +--Anda, cáscale duro... Déjale que pegue. Este va a tener más talento... +Le criaremos para cura de escopeta y perro. Verás qué sermones salen de +esa cabezota. ¿Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa... +¡Leña a los herejes y protestantes; duro, firme!». + +Acto seguido, Encarnación cogió al niño por un brazo y se dispuso a +salir. + +«¿A dónde va usted? + +--A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la +gala de la corte de España, que es la primera del orbe mundo. Pero +ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la +Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos +las dos libras y en que había más religión, más aquel, más principios, +en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y había más respeto +a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello +era ser Majestad, aquello era señoría y grandeza. Entonces se daban +vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan señora, con +aquel aire... ¡Y con qué cariño miraba ella al pueblo! Parecía que iba +diciendo: «Aquí tenéis a vuestra madre...». ¡Pero ahora...! Pasa la +corte, y todo el mundo _mutis_. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los +pobres están más pobres, y la _Minificencia_ no puede recoger a tantos. +¡La libertad!... Pillería, chica, pillería. Entonces había más señorío, +créelo, y donde hay señorío corre el dinero y vive el pobre. Conque +abur, abur». + +Encarnación salió con _Riquín_, encaminándose hacia el centro de Madrid. +Era día de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario +precisar. Las calles del centro estaban animadísimas. La gente circulaba +alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegría propiamente madrileñas, +arremolinándose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que +llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras, +mostraban damas hermosas. El mujerío, la militar música y el cielo de +Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurrían a +dar a la solemnidad su expresión característica. + +_La Sanguijuelera_, que había visto y gozado un número infinito de +funciones de tal especie desde la entrada de María Cristina hasta la de +D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado, +hallaba en aquel espectáculo desinteresados placeres. Encarnaba en sí la +novelería, la bullanga y el entusiasmo monárquico del antiguo pueblo de +Madrid. Ella conocía, como se conocen los muebles de la casa, todos los +coches de Palacio, el de carey, el de nácar, el de los globos, y hasta +de los paramentos y arneses podía dar circunstanciada noticia. Conocía +también como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de +los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras +particularidades que interesaban más a la gente antigua que a la +moderna. En cuanto a elegir los sitios más propios y cómodos para verlo +todo, nadie la igualaba. + +En la calle Mayor encontró a su antigua vecina _Palo--con--ojos_. Esta y +Encarnación, que alzó en sus brazos a _Riquín_, se colocaron en la +embocadura del callejón de San Ginés, lugar donde no era grande la +aglomeración de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de +corrida o apretujones. + +«Todavía es temprano. Tenemos para un rato--dijo Angustias desatándose y +liándose el pañuelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la +gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico. + +--¿Y mi bergante? + +--Esta mañana salió muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando +porque le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar, +con la corbata negra y amarilla que se compró la semana pasada. + +--Anda, anda. + +--Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no sé de dónde ha sacado los +cuartos. Yo le dije, digo: «¿Has descargado la borrica?»; y él me dijo, +dice: «Váyase usted al acá y al allá». Pues por ahí te pudras. Está..., +vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco +veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco, +las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar +vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no sé qué va a ser de él. No +trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted... +¡Modesto, consejos! Él, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a +los pies... + +--Todo sea por Dios»--dijo Encarnación, y más iba a decir; pero en aquel +momento oyéronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo +expectante unido a las frases sueltas «Ya vienen, ya vienen». Gran +estupefacción de _Riquín_, que nunca había visto cosa más bonita; +éxtasis de _la Sanguijuelera_, que no cerraba el pico un momento al paso +de la comitiva o procesión real, poniendo un comentario a cada parte de +ella. + +«¡Qué viejecitos están ya los reyes de armas!... ¿Ve usted? Ahora vienen +los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados... +Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos. +Mire usted qué guapos chicos... Ahora viene el coche de nácar..., +penachos verdes. ¿Quién será este señor con tanto morrión y tanta cruz? +Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos... +Ahora viene lo bueno... ¡Qué preciosas van!..., penachos rojos». + +Y así continuó, despachándose a su gusto con progresivo entusiasmo, +hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesión. + +«¿Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?»--dijo luego, no saciada +aún del goce de aquel variado y teatral espectáculo. + +Arremolinose la gente; la tropa maniobró, y entre la revuelta +muchedumbre, _Palo--con--ojos_ distinguió a un individuo que iba en +dirección a la Plaza Mayor. + +«¡Allá va, allá va!--gritó señalando. + +--¿Quién? + +--El bergante. + +--Sí, él es... ¡Mariano, _Pecado_...!». + +Pero Mariano que las vio y oyó los gritos de su tía, se hizo el tonto y +apretó el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco +después estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de +aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una +fingida roca, forma un globo elástico, cuyas paredes se ahuecan y se +deprimen según las bate más o menos el aire. En la movible costra +líquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imágenes del +jardín y de los transeúntes. Completaba la fascinación del globito de +agua un bullido juguetón, en el cual cualquier poeta habría podido oír, +con buena voluntad, las risotadas de los niños de las náyades. Mariano +puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos, +y estuvo mirando el extraño surtidor... Dios sabe cuánto tiempo. + +Así como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo +futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas +aún, _Pecado_, cuando se sentía dispuesto a la meditación, resucitaba lo +próximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya +recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio, +pues, todo lo que había hecho aquel día, casi tan a lo vivo como si aún +estuviera pasando. Se había levantado muy temprano después de una noche +de desvelos y tortura; habíase puesto su camisa limpia y las demás +prendas que estrenaba, mostrando un empeño particular en aparecer con la +facha más decente que le fuera posible; había salido y tomado café en un +puesto de la calle del Ave María, y después se fue a vagar por las +calles. A eso de las diez almorzó en una taberna jamón con tomate, que +estaba muy rico, y después había comprado un periódico y leído la mitad +de él, indignándose con todas las picardías que denunciaba, y +participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno. + +Más tarde paseó por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los +cuarteles venía. Bonito estaba todo; pero él lo miraba con desdén y, +sobre la impresión recibida, ponía un pensamiento de melancólica burla y +sarcasmo. En un balcón había visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado, +junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de allí, uno +de los Peces (él no los conocía bien, pero debía de ser Luis Pez) +acompañaba en otro balcón a la familia del duque de Tal. Siguió +adelante, y a la vuelta de una esquina encaró con el nunca bien +ponderado _Gaitica_, que venía a caballo, hecho un potentado, un +sátrapa. La extraviada imaginación de Mariano veía a este personaje cual +si fuese un resumen de todas las altas categorías y la cifra del +encumbramiento personal. «¡Cuánta pillería!», exclamó para sí. + +Todos triunfaban y vivían regaladamente escalando cada día un lugar más +elevado, mientras él, el pobre y desvalido _Pecado_, permanecía siempre +en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni +fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la +muchedumbre. ¿Por qué era esto, cuando él valía más que toda aquella +granujería de levita? Él, según las creencias firmes de su hermana, +había nacido de sangre noble. Le habían sustraído lo suyo, le habían +despojado de todo, arrojándole desnudo y miserable al seno del +populacho, como se arroja al basurero un despojo inútil. ¿Quién sabía si +muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores, +eran suyas? ¿Quién sabía si el dinero de que debían de tener llenos los +bolsillos todos aquellos caballeros y damas procedía de riquezas que en +rigor de la ley le pertenecían a él? ¿Y a quien se dirigía para reclamar +lo suyo? A nadie, porque desde el primero al último todos eran +grandísimos pícaros. + +La nación en masa, ¿qué nación?, la sociedad entera estaba confabulada +contra él. ¿Qué tenía que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a +ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera él +solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. ¿Cómo? Por su +mente rondaba tiempo hacia una idea que resolvía la cuestión. La idea y +el propósito de ejecutarla se habían apoderado de él juntamente, +dominándole y llenándole por entero. Idea y propósito eran como una +llaga estimulante en el cerebro, la cual le dolía y le comunicaba un +vigor extraño. Repetidas veces había puesto en ejecución su pensamiento, +¿pero cómo?, en sueños, y también alguna vez despierto, cediendo como a +una fuerza automática y fatal que no era su propia fuerza. En estos +casos de repetición o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y +orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondeándose para ver +cuándo había aparecido en él aquella idea y aquel propósito, calculaba +que los tenía desde antes de nacer. ¡Tan viejos, tenaces y arraigados le +parecían! + +Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme +tesón que en aquel momento tenía, su miedo sería grande. Estaba viendo +el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el +orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No sentía miedo, +sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensación rara +de no dormir nunca, de no reposar jamás, de un alerta eterno. Detrás del +punto negro que tenía delante y que ya estaba cerca, veía seguro y claro +un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se +ocuparía de él dentro de poco le embriagaba, le hacía sonreír con cierto +modo diabólico y jactancioso. La aberración de su pensamiento le llevaba +a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia +parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le +ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y múltiple el +enemigo, ¿cómo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de él una +sola persona? + +Rumor de voces, cornetas y músicas anunciaban que el gran cortejo volvía +de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad--Rodrigo ganó la +calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos, +uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal +modo, que no veía más que una masa movible y desvaída, semejante a los +cambiantes y contorsiones del globo de agua que había estado mirando +momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyándose en un farol, dijo +para sí: «Que me da, que me da». Era el ataque epiléptico, que se +anunciaba; pero tanto pudo su excitación, que lo echó fuera, irguió la +cabeza, se sostuvo firme... + +Pasó un momento. Nunca había sentido más energía, más resolución, más +bríos. El ruido de las músicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro +coche. Cuando llegó el que esperaba, Mariano era todo ojos. Miró bien... +En el acto sacó de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con +mano no muy firme, salió el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y +estupor en la muchedumbre, gritos, pánico, sacudidas. La bala se +estrelló en la pared de enfrente sin hacer daño a nadie, y el autor del +infame atentado cayó en una trampa, la indignación pública, cuyo +engranaje de brazos y manos le oprimía, como si quisiera pulverizarle. + + + + +Capítulo XVII + +Disolución + + +=--I--= + +La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelería, penetró +en los últimos y más apartados rincones de Madrid, en los palacios y en +las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo sabía, se enteraron del +caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los +presos de la cárcel. Las presas fueron las últimas en saber la +ocurrencia. Lo que agradecerían las cien lenguas del Modelo aquel pasto +riquísimo no es para dicho. Comentáronlo de infinitos modos. Una gitana +aseguró que ella lo había soñado la noche anterior y otra hacía gala de +un entusiasmo monárquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla +para que entrase en vías razonables. La piedad aconsejaba no se revelase +a Isidora un suceso que debía de impresionarla terriblemente; pero a sus +amigas les faltó tiempo para decírselo. Ella no lo quería creer; decía +que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco +se fue convenciendo, y últimamente razonaba el caso de este modo: + +«Sí, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se +vuelve contra mí, Dios me deja de su mano». + +Y diciéndolo, le entró una pena y una desesperación tal, que si no +enderezara su espíritu en el mismo instante por la vía religiosa, habría +estado en peligro de perder la razón. Pidió a la celadora con vivas +instancias la llave del coro, y se fue a él sola, decidida a hacer un +acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su +seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando +al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreció a +la tensión de su espíritu un alivio dulce y lento; pero cuando más +recogida estaba, se le desvaneció la cabeza, inclinose de un lado, y no +teniendo tiempo para asirse a la reja, cayó al suelo sin sentido. + +Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en sí fue la vuelta de la +desesperación y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religión, +sino de la libertad, y decía: + +«Que me saquen de aquí. Señor Nones, yo firmaré lo que usted quiera con +tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi baño, mi casa, +vestirme como debo, y ser honrada y feliz». + +Después, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano, +increpaba a este con las frases más duras. Algo había en lo íntimo de su +ser que representaba como una tímida aprobación del intento de Mariano, +si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la +barbarie no hallarían jamás en su espíritu benevolencia ni simpatía. Su +hermano era un bandido incorregible; ella era una mártir angelical. Lo +que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza, +porque el papel de María Antonieta en la Conserjería, con ser muy +poético, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la +falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios +a su naturaleza aristocrática, y la misma corona del martirio, con todo +su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan +horriblemente, que prefería, sí, prefería mil veces un sombrero de +última moda. Pero, ¿y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no creía +en ellos. ¡Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida +se daña y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun +suponiendo que su dogma fuera verdadero, ¿qué podía obtener de su +insistencia? Nada, porque las leyes todas se habían conjurado contra +ella, y la condenarían y la encerrarían en un presidio. Libertad, pues, +y adiós para siempre la ilusión de toda su vida, el sostén y fundamento +de su ser moral; adiós nobleza, marquesado, fortuna... + +Mas ¿por qué afligirse tanto, si en sí misma hallaba Isidora indecibles +consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procuraría ser siempre muy +señora. ¿Acaso el verdadero señorío no puede existir sin títulos y +grandes riquezas? Sí, sí; sería muy señora, muy honrada, muy decente, +arreglaría sus cosas, trabajaría (¡otra vez!), pondría el mayor orden en +todos los actos de su vida, educaría admirablemente a su hijo, se +casaría con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor +ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. «Adelante, +adelante--dijo--; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice +Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en +las adversidades. La mía no se dejará vencer de la desesperación. Plan +magnífico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer +exclusivamente práctica, eso es, práctica». ¡Oh, qué tarde! + +Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio +entrar a D. José, el cual venía muy erguido, con los ojos animadísimos, +la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresión particular y +desusada que alarmó a Isidora. Sentándose en el único sillón que en la +celda había, el anciano la contempló con éxtasis. ¿Qué había en él? +¿Estupidez o desvarío? Isidora le observó con tanta lástima como +sorpresa, diciendo: «¡Padrino...!». + +Relimpio la miró como se mira una visión celeste, y poniendo los ojos en +blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el +delirio de la inspiración poética, murmuró con arrullo estas palabras: + +«¡Hurí, hurí..., nadie osará ya mancillar tu blancura! Los dragones +todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien +perteneces y que te pertenece». + +Inmediatamente le entró como un acceso congestivo, inclinó la cabeza, +cerró los ojos y empezó a roncar desaforadamente. Asustadísima, Isidora +le mojó la cabeza, le llamó a voces, a gritos: «¡Padrino, padrino!». + +Anunciado por un suspiro, reapareció en la persona de D. José el +conocimiento de sí mismo. Abrió el viejo los ojos, suspiró más, y al ver +a Isidora y hacerse cargo de su situación, se avergonzó un poco. + +«Ya me ha pasado--dijo frotándose la frente con la palma de la mano--. +¿Ha sido breve?... ¿He dicho muchos disparates?... No me riñas, no me +riñas. + +--¿Pero qué es eso? + +--Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras +debilidades, hija... ¡Miseria humana! He contraído un pequeño vicio; +pero no ha sido por relajación, no; ha sido por tristeza, por la fuerza +de mis desgracias sin número. Creo que me comprenderás». + +Isidora, en efecto, no comprendía nada. + +«Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos +morales, del corazón--dijo Relimpio con la voz más débil y balbuciente +que se puede oír--. Cierto día unos amigos me hicieron tomar Champagne. +¿Qué creerás? Hubo en mí una revolución, me entró el mareo, y con el +mareo pasé a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre, +fui un caballero, un joven, un héroe, qué sé yo... ¿No es cosa buena ser +algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los +efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como +profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ¡ay!, a la miseria +humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca... + +--¡Don José! ¡Don José de mi alma! + +--No me riñas; te digo que no me riñas. ¡Ser algo durante diez minutos! +Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesaré todo +con tal que no me riñas. Me he comprado una botella de eso que llaman +_fine Champagne_, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando +siento que se me desgarra el corazón y se me retuerce toda el alma, me +tomo mi copita... + +--¡Padrino! + +--Somos frágiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el +mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas +más bellas, arriesgadas y sublimes... + +--¡Por María Santísima!--exclamó ella poniéndole la mano en la boca. + +--En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al +entrar, creí que entraba en un encantado y hermosísimo palacio; las +presas me parecieron unas ninfas muy aéreas, unas como animadas flores, +hijas del viento, ¿qué tal? La escalera, una escalera de plata y la +celadora, un ángel... + +--¡Jesús, basta, basta!... + +--Basta, sí; ya pasó, ya pasó. Hablaré ahora de lo que quieras. + +--Es que yo no me fío de esa cabeza... Sin embargo, óigame usted, +padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la +persecución de los malos. ¡Qué infames picardías! ¿Debo o no debo +hacerlo? Respecto a mis derechos, ¿los tengo yo? ¿Son un delirio o una +verdad? Usted que conoció a mis padres, que debió de estar al corriente +de lo que pasaba en su casa, dígame al fin de una vez y con completa +sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad. + +--Hija, querida hija mía--repuso el viejo con una torpeza de palabra y +de pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral--. ¿Sabes lo +que me pasa?... + +--¿Qué? + +--Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa +anterior a la época en que viniste a vivir a mi casa de la calle de +Hernán Cortés. Ayer estuve todo el día preocupado con una idea, y es que +yo fui un lince en Partida doble. + +--Sí, sí. + +--¿Pues creerás que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime, +madre de todas las demás ciencias, y no podía?... + +--¡Pobre padrino, pobre padrino!... ¿Se ha enterado usted de la acción +de Mariano? + +--Sí, hija. ¡Qué deshonra! + +--¡Qué deshonra!... Dios se ha vuelto contra mí, me ha dejado de su +mano. Pero yo me haré mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora, +me casaré... + +--¡Casarte!--exclamó el viejo con espanto. + +--Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreció su mano, y +aunque me gusta poco, es un hombre de mérito... + +--¿Casarte...? con el monstruo, con el dragón...». + +Y obedeciendo a una fuerza superior que nacía no se sabe en qué parte de +su turbado ser, el tembloroso anciano marchó hacia la puerta. ¿Iba en +busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada +en la frente, se echó a reír, y mirando a Isidora con gozo, dijo: + +«¡Maldita memoria mía! Ya no me acordaba... + +--¿De qué? + +--Tranquilízate, José. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un +herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; él mismo me lo ha +dicho». + +Isidora meditó. + + +=--II--= + +La primera entrevista que tuvo con _la Sanguijuelera_ después del +atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no había visto nunca +llorar a su tía, la cual, envejecida considerablemente en aquellos +tristes días, traía un mantón negro echado por la cabeza, con lo que su +aspecto era harto lúgubre y repulsivo. No decía sino: «¡Qué pena, qué +bochorno!», y de sus apergaminados labios habían huido los donaires +quizás para siempre. Parecía que se duplicaba, con la común desgracia, +el cariño que a su sobrina tenía y que deliraba por _Riquín_. En los +días sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora +acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla +ventajosamente, le decía una y otra vez: + +«Decídete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene, +porque así matas de un tiro dos pájaros, _verbo y gracia_: que te +colocas y que salvas el alma, porque en la compañía de aquel santo varón +te harás, aunque no lo quieras, una santa mujer... ¡Ay qué pena, qué +bochorno!». + +No parecía la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a +pesar del risueño horizonte espiritual que le señalaba su tía. + +«El honor de la familia--decía luego Encarnación--está en los calabozos +del Saladero y ha de tener que ver con los señores de la Paz y Caridad. +Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, ¡puñales!, +escondámonos donde nadie nos vea, metámonos en un rincón y vivamos +tranquilas, diciéndole al Señor: «Señor, nosotras no fuimos, nosotras no +tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno; +pero él se juntó con los pícaros... y sacó de su cabeza otras +picardías». Conque hija, vente a vivir conmigo y olvídate de tus +locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta +Cerrada». + +No estaba aún completamente decidida Isidora a comprar la libertad con +la renuncia total de sus pretensiones. Muñoz y Nones le hizo otra +visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan +endebles, que el hábil notario los destruía con poco esfuerzo. En cuanto +al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas +esperanzas, y el único consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana +del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de +este pesarían algo en la balanza de la Justicia. + +Un mes después de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora +había perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no +quedaba en su alma sino una grande y disolvente ironía. Ya no creía en +si misma, o lo que es lo mismo, ya no creía en nada. Deshojada poco a +poco por una lógica al principio tímida y por último irresistible, +aquella vistosa flor de su presunción aristocrática, la cual, a falta de +otras morales, desempeñaba en su alma un papel defensivo de primer +orden, quedó completamente seca, muerta y más propia para irrisorio +sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un día llevó Muñoz +un papel, firmolo Isidora, después de negarse resueltamente a aceptar el +auxilio que le ofrecía la marquesa, y a las dos semanas el juez decretó +la absolución libre. + +«¿A dónde vas ahora?»--pregunto con interés de padre D. José de +Relimpio. + +Isidora tenía un papel en que había apuntado varias cantidades. Era +mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contraídas en la +prisión. + +«No se preocupe usted de eso, niña--dijo una voz, la voz áspera y +antipática de un ser humano (por la figura) que apareció en la estancia +cuando la joven fijaba su atención toda en el funesto papel--. ¿A qué +hora sale usted? ¿A las tres? Dígolo por traer una carretela para +llevarla a usted a mi casa. ¿Usted se entera?». + +Isidora, sentada y apoyando la sien en el puño, parecía estar con su +pensamiento en el más lejano de los mundos posibles. + +«Si usted no aceptara, me ofendería--prosiguió el ser humano a quien +Relimpio miraba (dígase de paso) con la expresión más hostil--. Mi casa +es una casa--palacio. ¿Usted se entera? No le haré a usted compañía esta +tarde, porque voy a comer con _Frascuelo_ y el marqués de Torbiscón... +Oigasté, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltará un roío +pedazo de pan. Una persona que sale de la cárcel no puede hallarse en +disposición de atender a las primeras necesidades. Así, cuando usted +entre por aquella puerta, hallará una modista y un chico de la tienda de +sombreros que irá con muestras..., ¿usted se entera?... Tengo allí el +gran cuarto de baño; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a +mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha +de su amiga. Adiós... Abur, Pepillo». + +Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de +D. José de Relimpio, que este, furioso ya por oírse llamar _Pepillo_, no +pudo contener su indignación, y cuando el ser humano estuvo fuera, +exclamó: + +«¡Canalla!... ¿Pero es posible, hija, que tú, tú, aceptes?... + +--Provisionalmente--dijo Isidora, como si despertara de un desagradable +sueño--. ¡Estoy tan mal...! Necesito...». + +¡Necesito! ¡Cómo sonó este verbo en el cerebro del santo varón! Lo había +oído tantas veces en momentos terribles, que era para él como una voz de +alarma que le erizaba el cabello y le detenía la circulación de la +sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese allí la botella, +quizás, quizás la apurase valientemente de un trago. + +¡Libertad, comodidades, buena ropa, baño, casa, lujo, dinero!... Así +como a D. José le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora +le atacaba el mismo mal con sólo la probabilidad de hacer efectivas las +ideas expresadas por aquellos mágicos vocablos. Cada ser tiene sus +imanes. + +¡Oh pena de las penas! Cuando D. José la vio salir y entrar en la +carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir... +¡Oh, qué horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cínica lumbrera que +no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan +contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que +el error tiene también sus leyes, y que en la marcha del universo cada +prurito aspira a su satisfacción y la consigue, resultando la armonía +total, y este claro--obscuro en que consiste toda la gracia de la +humanidad y todo el chiste del vivir. + +Pero el buen viejo no podía ver aquello. Su espíritu se enardecía, sus +sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza +contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir allí su +preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba +marearse, sí, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal. +Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que +no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y +se metió en la primera taberna que encontró al paso. + + +=--III--= + +Y un día Emilia y Juan José Castaño vieron entrar en su casa a la gran +Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un señorío, con +un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve +visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la +madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo _Riquín_, que +recogido y amparado en casa de Castaño durante los cinco meses de +prisión, miraba a Emilia como madre y a los niños de aquella como sus +hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolución de Isidora de +llevarse a su hijo, no se atrevió a poner resistencia; pero Juan José, +hablando con firmeza y tesón, dijo que no entregaría a Joaquinito, +porque Isidora, con su mala conducta, perdía los derechos de madre, y +que él estaba decidido a llevar la cuestión a los Tribunales, seguro de +que el juez le autorizaría para retener al desgraciado niño en su poder. + +Irritada Isidora, manifestó que no admitía tales ideas, y ya se agriaba +la cuestión, cuando abriose una puerta y apareció un señor obispo..., +digo, era _Riquín_, el cual traía en la cabeza una gran mitra de papel, +y echando la bendición graciosamente con su mano derecha, cantó en el +latín más estropajoso que se ha oído jamás: _Dominis vobiscum_. + +Conviene hacer constar que los dos chicos de Castaño tenían loca afición +a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy común en la infancia de +estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestación +pueril. En el comedor de la casa tenían su magnífico altar, y cada día +ponían en él un objeto nuevo, bien araña, bien cáliz o manga--cruz. Por +distintas partes de la casa se veían retablos diminutos, sagrarios y +hasta púlpitos improvisados con sillas. Últimamente habían hecho +casullas de papel, y decían sus misas como unos canónigos, echando cada +latín que metía miedo y observando todas las reglas de aquel acto con +notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copón una +huevera, no era motivo de escándalo, porque la inocencia lo santificaba +todo con su carácter altamente divino. _Riquín_ hacía al principio de +sacristán; pero empezó a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo +también sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y +el mucho ruido con que a menudo se disputaban allí las jerarquías +eclesiásticas, exigían en ocasiones la intervención de Emilia, que más +de una vez se prestó a ser monaguillo para apaciguar los ánimos y +llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel día, que era domingo, +_Riquín_ había sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando +de pontificial cuando su mamá y Juan José disputaban. + +«Ven--le dijo Isidora sentándole sobre sus rodillas, dándole muchos +besos--, y te haré una casulla de oro y un altar de plata». + +El chiquillo la miraba espantado. + +«Que él decida--indicó Juan José tomando al muchacho y poniéndole en +medio de la sala--. _Riquín_, ¿quieres irte con tu madre?». + +Tan fuertemente negó con su cabezota, que se le cayó la mitra. En +realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su +diócesis para irse con una mala mujer... + +«¿Que no, dices que no?». + +El chico dijo entonces claramente: + +«No _quielo_». + +Y echó a correr para dentro. + +«No vale, no vale, eso no vale--gritó Isidora con afán--. Mi hijo vendrá +conmigo». + +A esto siguieron algunas lágrimas, y tomando entonces Castaño un tono +conciliador, manifestó a la afligida madre que estando el niño en la +ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aquí. Quizás ella, por +sus muchas ocupaciones de señora principal, no podría cuidar y atender a +Su Ilustrísima como merecía, y así, quedándose él donde estaba, ganaban +todos: los ortopedistas, porque conservaban a _Riquín_, a quien miraban +como hijo; Isidora, porque estaría más ancha y podría campar por sus +respetos libremente, y _Riquín_ porque no se vería separado de su +cabildo. Isidora cedió, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su +hijo cuando quisiera. + +Y en efecto, venía dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo +golosinas para _Riquín_ y sus camaradas, y además velas de cera, cálices +de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazón, mitras, estolas, y por +último un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no había +más que pedir. Algunas veces se encontraba allí con _la Sanguijuelera_, +que también a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas +regañaban, si bien Encarnación había perdido el humor festivo, y estaba +muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante +la deshonra que había caído sobre la familia. Cuando se hablaba de esto, +las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundían sus almas en un +solo sentimiento. + +Miquis no vivía ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente +a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castaño preguntaba +con mucho interés por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete +salió de la cárcel, Emilia, dando noticia al médico de las observaciones +que hacía en la persona de aquella, le decía una noche: + +«Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado +tanto... Y parece que va descendiendo, que cada día baja un escaloncito. +La primera vez parecía una gran señora: traía un vestido de gro negro y +un sombrero, que ya, ya... Poco después venía vestida de merino y con +mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareció que +su traje tenía algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el +lunes de la semana pasada vino muy pálida y quejándose del pecho, con la +voz ronca. El sábado creí observar en su cara algunos cardenales, y +traía una mano liada. Ayer, señor doctor, vino con pañuelo a la cabeza, +con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo más salado de +todo fue... que me pidió dos reales... Debe de andar mal. Como +siempre..., ¡qué carácter y qué vida!». + +Después hablaron del ser humano con quien Isidora vivía, y acerca de él +dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron +mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y +empresario de ganchos, un caballero de condición tan especial, que si le +mandaran a presidio (y no le mandarían), los asesinos y ladrones se +creerían deshonrados con su compañía. + +«Nuestra pobre amiga--dijo Augusto--, llevada de su miserable destino, o +si se quiere más claro, de su imperfectísima condición moral, ha +descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender más +todavía. Su hermano y ella han corrido a la perdición: él ha llegado, +ella llegará. Distintos medios ha empleado cada uno: él ha ido con trote +de bestia, ella con vuelo de pájaro; pero de todos modos y por todas +partes se puede ir a la perdición, lo mismo por el suelo polvoroso que +por el firmamento azul». + +Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y +otras que omitimos, Isidora estuvo muchos días sin presentarse en la +casa de Emilia. Don José también se había eclipsado, por lo que estaban +los de Castaño disgustadísimos y llenos de temor. Un día, por fin, entró +Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo: + +«Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana. + +--¿Qué hay, pero qué...? ¿está mala?--preguntó Miquis encasquetándose el +sombrero y tomando el bastón. + +--No, señor..., sí, señor..., quiero decir que no está buena, aunque +tampoco está enferma, porque ya se levanta. + +--Es decir, que ha estado mala. + +--Sí, señor. + +--¿Y por qué no me avisó usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de +todos los demonios? + +--Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted +para que le quite de la cabeza... + +--¿Qué le he de quitar, hombre? + +--Una idea--dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle. + +--¿Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: ¿usted +está en su sano juicio, o se ha mareado hoy? + +--No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja. +Desde que vivimos juntos... + +--¿Cómo? + +--Sí; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo..., +perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no +cansar, ese basurero animado, la abandonó después de darle tantos +golpes, que por poco la mata; después de cruzarle la cara... mire usted, +por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue +grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel +rostro celestial, aquel encantador palmito...». + +Se limpió una lágrima con la mano. + +«Pues sí; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que +pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tomó un cuarto en la calle de +Pelayo, número 93, piso cuarto, puerta número 6, y allí ha estado un mes +retirada del mundo sin tratarse con nadie más que conmigo..., pero +honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo +más sagrado...». + +Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una +condecoración, los ojos en blanco, protestó el anciano de su honesta +conducta. + +«Lo creo, hombre, lo creo. + +--Yo la acompañé, yo la asistí, mientras se curaba; yo la he servido... +¡Qué días, qué noches! Yo: «Voy a llamar a Miquis»; y ella: «No llame +usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una +persona anónima, yo no existo». En fin, esta mañana me dijo unas cosas +que me han partido el corazón. + +--¿Qué cosas?--preguntó Miquis deteniéndose en el portal de la casa y +mirando atentamente al desgraciado viejo. + +--¡Ay!, ¡no puedo repetirlas!»--exclamó Relimpio llorando como un niño. + + +=--IV--= + +Augusto subió y entró en la casa. Si pasmada y llena de turbación se +quedó Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven médico al +ver en deplorable facha y catadura a la que conoció en forma tan +distinta. No sólo había perdido grandemente en el aspecto general de su +persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura +había padecido bastante, a causa del decaimiento general, y más aún del +chirlo que tenía en la mandíbula inferior, bajo la oreja izquierda. +Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido +permitía ver sus bellas formas enflaquecidas. Dejó la plancha y se sentó +en un miserable sofá de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y +después dijo así: + +«No quería que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de él y +hallarme en mejor posición, porque todavía... A ver, ¿qué tal me +encuentras? + +--Muy mal, muy mal. + +--¿He perdido mucho? ¿No me respondes? He estado muy mala, ¡qué +puño!...». + +Miquis no dijo nada. La sorpresa que le causó la voz ronca de Isidora, y +más que la voz oír algunas expresiones que de la boca de ella se +escaparon, túvole perplejo y mudo por breve rato. + +«Te encuentro muy variada; tú no eres Isidora. + +--Te diré... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea +que me hacía ser señora, me dio tal rabia, que dije: «Ya no necesito +para nada la dignidad, ni la vergüenza». ¿Tú te enteras?... Por una idea +se hace una persona decente, y por otra roía idea se encanalla. Pero no +creas, todavía hay algo en mí que no perderé nunca, algo de nobleza, +aunque me esté mal el decirlo... Mira tú, chavó, qué quieres..., el aire +hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te +asombres de que muerda alguna vez... + +--Sí, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, ¿qué es +lo que te queda de nobleza? + +--No sé, no sé...--dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su +corazón y en su pensamiento--. Me queda el delirio por las cosas buenas, +la generosidad... ¿Sabes? Ayer no tenía más que dos duros; esta mañana +vino una amiga a llorarse aquí..., total, que quedé sin un cuarto. + +--¿Necesitas algo?»--dijo Augusto llevándose la mano al bolsillo. + +Y sacó algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alargó su mano +hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo: + +«No; todavía soy noble. + +--¿En qué consiste tu nobleza? + +--En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...». + +Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De +súbito lanzó una exclamación no muy delicada y dijo: + +«¿Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero». + +Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tomó de la mano de su amigo. + +«¿De qué te espantas, bobo?... ¿de mis nuevas maneras? Ahora soy así. Te +diré... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entrañas; quererlos, +nunca. Sois muy antipáticos; os desprecio a todos. + +--¿Vas a meterte monja...? + +--¿De veras?... ¡Qué sombra! ¿Monja yo? + +--Ya sabes que Joaquín Pez ha venido de la Habana, casado con una +americana muy rica. Da gusto verle, según está de contento y +satisfecho». + +Isidora palideció. Después dijo: + +«Ya lo sabía... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de +San Luis y pasó él en coche. Me vio, pero el tunante fingió que no me +veía. El corazón me dio un brinco; aquella noche lloré, pero ya me voy +dominando y concluiré por aborrecerle también. Es un tipo. + +--Pero _Gaitica_... + +--¡Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a +las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que sólo de mirarle +se te ensucian los ojos... + +--Y sin embargo, le has querido. + +--¿Yo?... Hombre, tú estás malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con +decirte que me acordaba de Juan Bou y este me parecía un ramillete de +rosas... ¡Pobre _Gaitica_! El día de la disputa ¡le escupí más...! Es un +hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una +zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qué +quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeñada en ser bueno, y +Dios, la Providencia y mi roío destino empeñados en que he de ser mala. +Salí de la cárcel, le debía dinero, no tenía sobre qué caerme muerta, me +llevó a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho más de cuanto +necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los +trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se +me fue dando a conocer el hombre. Principió por escatimarme los gastos. +Cada día me parecía la vida más triste y él más horroroso. Y no lo digo +por su cara, que no es mala, aunque sí de un tipillo afeminado que no me +gusta. ¿Le conoces? Ya ves qué carita de Pascua, qué patillas de +azafrán, y qué barba afeitadita y qué labios de carmín. Aquellas +mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de +oro el tal es en el trato. Coge la desvergüenza, la traición, la rapiña, +la crueldad, júntalo todo, añádele toda la basura que puedas encontrar, +revuelve, haz un muñeco, sopla, dale vida y tendrás al que ha sido mi +señor y dueño durante tres meses: peor que Bou, peor que Botín y que +Joaquín, el cual era ya más malo que Judas. En fin, los hombres sois +todos unos. Hay que vengarse, perdiéndoos a todos y arrastrándoos a la +ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas. + +«Isidora, Isidora--le dijo Augusto con profunda pena--: valdría mil +veces más que te murieras. + +--No pienso en tal cosa... Te diré. Cuando estaba en la cárcel quise +matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando _Gaitica_ +me maltrató y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla, +también tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperación en que +quise suicidarme. Pero después me he serenado. Eso de matarse se deja +para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir, +vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrás... Lo quiere el mundo, pues +adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer +puñales. Yo me basto y me sobro. ¿No era yo noble? ¿No tenía buenas +inclinaciones? ¿Pues por qué me cerraron la puerta? + +--Pobre mujer, todavía, todavía es tiempo... + +--¿De qué? + +--De adoptar una vida arreglada. Yo te buscaré trabajo. + +--No sé hacer nada. + +--Yo te pasaré una pequeña pensión... + +--Dirán que soy tu querida. Concluiré por serlo... + +--Búscate un modo de vivir. Vete con tu tía... + +--No hay _tu tía_, no, no...; déjame. ¿Para que has venido acá? Ni +falta... Aire, aire. No necesito consejos. + +--Aborreces a Surupa, y, sin embargo, ¡cuánto se te ha pegado de él! +Cuando recuerdo cómo eras y cómo eres, cómo hablabas y cómo hablas, no +sé qué me da. + +--Así es el mundo: unos se quedan y otros se van. Yo me fui, ¿te enteras? +Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe más que en tu imaginación. +Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre. + +--Pues aquella era mi buena amiga--dijo Augusto con tesón--; esta me +repugna». + +Isidora se conmovió al oír esto, pero disimulaba bien, esforzándose por +una inexplicable modificación de su orgullo en parecer peor de lo que +era. + +«Y no teniendo nada que hacer aquí--dijo Miquis levantándose--, me +retiro». + +Isidora le miró de un modo que indicaba deseos de que no se marchara; +pero después se inclinó de hombros. + +«Ya me han humillado tanto--murmuró entre dos suspiros--, que el ver +salir al último amigo no me causa impresión. + +--Señor D. Augusto de mi alma--dijo a la sazón Relimpio, que hasta +entonces, testigo mudo y doliente, no se había atrevido a decir nada--; +no se marche usted y exhórtela, predíquele, y amonéstele para que se le +quite... eso... de la cabeza. + +--¿Qué? + +--Eso. + +--¿Y qué es eso? + +--El disparate que quiere hacer. Vea usted cómo calla y se sonríe la +pícara... A mí me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir. + +--¿Suicidio? + +--Por ahí... + +--No, no es suicidio--exclamó el anciano con desesperación, arrancándose +(o tratando de arrancarse, que es más verosímil) un mechón de +cabellos--. ¿Ve usted? Se ríe... Y que no diga que lo hace por no tener +qué comer. Yo... aún puedo trabajar». + +Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de +carbón sobre que se calentaban las planchas. Parecía que de aquel +rescoldo ardiente y melancólico tomaba sus ideas. + +«Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas--dijo el médico +inclinándose hacía ella y mirándola de cerca. + +--¿Sabes lo que te digo?--replicó Isidora con el tono insolente que se +le había pegado de la sociedad gaitesca--. ¿Sabes lo que te digo? Que no +me vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazón se +me ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha». + +Levantose, y murmurando no se sabe qué palabras, aunque es de suponer no +serían de las más finas, tomó el pesado hierro y se puso a planchar con +verdadera furia. Miquis se fue sin añadir una palabra, y D. José le +siguió hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y +suplicante. + +«Don Augusto de mi alma--le dijo--, por Dios, no la abandone usted... +Mire usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero...». + + + + +Capítulo XVIII + +Muerte de Isidora.--Conclusión de los Rufetes + + +Aunque Augusto no manifestó su propósito, lo tenía, y muy firme, de no +abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba. +Volvió al día siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos días +lúgubres que anublan la perpetua alegría de los meses de Madrid, uno de +esos días, por desgracia no muy raros, en que el vecindario está +tristísimamente impresionado por una terrible solución de la justicia +humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones +patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy +remota. + +Y en la tarde del día anterior, una mujer vestida de negro con un mantón +echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada +por la aflicción, acechaba en las proximidades del Palacio Real la +salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza débil, +aunque poseía el más vivo fervor monárquico que ha existido quizás en el +presente siglo. Su idea del poder, de la misión providencial de los +reyes, y principalmente la semejanza que suponía entre el soberano +visible y el Rey de los cielos, dábanle un poco de aliento. Por eso +cuando salió el coche, avanzó ella a escape sin temor de ser atropellada +por los caballos, llegó hasta la portezuela, y con la presteza del +asesino que alarga el puñal, alargó un papel arrollado en forma de +canuto. El papel cayó en el coche, y las dos personas que iban en este +se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. ¡Oh dicha! Leían el +memorial, o al menos pasaban la vista por él. ¿Quién sabe si accederían +a lo que en él con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba? +Así como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es +el perdón. ¡El perdón! Ved aquí el punto de semejanza y parentesco con +la divinidad. «¿Para qué servirían los reyes--dijo _la Sanguijuelera_ +concretando sus ideas monárquicas--, si no sirvieran para indultar?». + +La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche, +había lanzado con él una exclamación, que sintetizaba su respetuoso +cariño hacia el primer personaje de la Nación, y su pena acerba y +desgarradora: «Rey mío... Niño--Dios de España, piedad para un +desgraciado loco». + +Había invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para +interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que había realizado, y con +cierta confianza en el éxito, se dirigió lentamente hacia el Saladero. +¡Largo y tremendo día, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen +pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. _La +Sanguijuelera_ esperaba, esperaba, y el indulto no aparecía. La infeliz +mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no sabía que el +Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, según el arreglo que hemos +hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo +la sentencia que el perdón. + +Hemos dicho que Augusto volvió a la casa de Isidora. Encontrola en el +estado más deplorable, sentada en un rincón del cuarto, tras un sofá +viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre sí +misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos índices se tapaba los +oídos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplábala Augusto +sin saber por dónde empezar su empresa caritativa, cuando D. José se le +acercó y con voz cautelosa le dijo: + +«Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Día tremendo es hoy...; ya puede +usted suponer por qué está tan afligida». + +Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qué arreglar una +buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se +acostase. Ella no decía más que esto: «¡Hoy!, ¡hoy!». + +Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y +añadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio +preparó la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases más +escogidas, con los pensamientos más cristianos que le sugería su rica +imaginación; pero toda su dialéctica, engalanada de formas poéticas y de +bonitas paradojas, no logró llevar la serenidad al perturbado espíritu +de la pobre mujer. Esta le dijo: + +«Mañana, mañana me tocará a mí». + +Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el día. Miquis y D. +José le hacían mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche +Augusto, después de prescribirle el reposo, se retiró seguro de hallarla +mejor al día venidero, lo que no resultó cierto, porque a la siguiente +mañana encontró el médico en su infeliz enferma el mismo silencio, la +mismo apatía lúgubre y la propia indiferencia del día precedente. +Isidora, no obstante, comió con mediano apetito, y Miquis no hallaba en +ella síntomas claros de enfermedad. Don José suspiraba a cada instante; +iba y venía sin cesar de una parte a otra de la casa con gran +desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, después de su tercera visita, +se retiraba, D. José cuchicheó con él en la escalera. + +«No nos abandone usted, señor doctor--le dijo angustiadísimo--. Hemos de +estar con cien ojos... Hay moros por la costa... + +--¿Qué es eso? + +--Que aunque parece que no habla, habla, sí, señor; hoy a las doce +estuvo aquí una mujer que la viene persiguiendo hace días... Es un +dragón, ¿me entiende usted?... Pues Isidora charló largamente con ella. +No pude entender lo que decían, porque me mandó salir fuera; pero +hablaban con animación, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por +un rayo, le enseñaba, ¡ay!, muestras de vestidos. + +--Veremos; habrá que hacer algo decisivo--dijo Augusto bajando +pausadamente los últimos escalones--. Mañana temprano vendré con Emilia, +_Riquín_ y Encarnación. Trataremos de llevárnosla a cualquier parte». + +Don José movió la cabeza con expresión de profundísima incredulidad, y +cerrando la puerta con llave, se guardó ésta en el bolsillo. + +Isidora dormía, al parecer, sosegadamente; D. José, que desde algún +tiempo antes se había sometido a un meritorio régimen de sobriedad en +alimento y lecho, se recostó vestido en un sofá de paja, frontero a la +cama de su ahijada, el cual le servía de punto de acecho o vigilancia +para no perder ni el más ligero movimiento de la enferma. Toda la noche +ardía una vela, puesta dentro de una jofaina. Así, desde que Isidora +parecía intranquila, D. José se levantaba diligente y acudía junto a +ella. + +Las diez serían cuando Relimpio, que había descabezado un sueñecillo, +despertó con sobresalto porque oyó la voz de Isidora. ¿Había alguien en +la habitación? No, no había nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don +José la miraba sin moverse de su duro y martirizante sofá; pero su +atención se trocó en asombro al ver que la joven se levantaba, se +vestía, aunque a la ligera, echándose la bata, se calzaba y se dirigía +al mezquino tocador próximo a su lecho. Un terror acongojante y como +supersticioso que se amparó del bueno de D. José, le impedía moverse y +hablar. Le parecía contemplar una escena de sonambulismo, o quizás ser +víctima de un fenómeno óptico, formado y como vaciado en su propia +mente. «Puede ser--se dijo--que esto que veo sea un sueño mío y que la +pobrecita esté tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y +enredando en el tocador». + +Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se miró largo rato en +el espejo. Aunque este era pequeño y malo, ella quería verse, no sólo el +rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes más extrañas y violentas, +ladeándose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que +fácilmente salían al exterior las formas intachables de su talle y todo +el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don José se quedó lelo, +frío, inerte, cuando oyó estas palabras, pronunciadas claramente por +Isidora: + +«Todavía soy guapa..., y cuando me reponga seré guapísima. Valgo mucho, +y valdré muchísimo más». + +Luego empezó a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que +estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas formó +un lío. Entonces el santo varón hizo un esfuerzo para vencer su inercia +terrorífica, se sacudió todo y con una fuerte voz dijo: + +«Niña mía, ¿a dónde vas? + +¡Ay!--exclamó ella sobresaltada, dando un chillido--. Me ha asustado +usted. Yo creí que estaba sola». + +¡Sola! Según eso, D. José era un mueble. Esta idea causó al infeliz +viejo grandísima aflicción. + +«¿Pero qué haces, mujer? ¿Te has vuelto loca? Estás enferma y te +levantas así... + +--¿Enferma yo?--dijo Isidora echándose a reír con descaro--. Usted sí +que lo está, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy +buena y sana. + +--¿Pero a dónde vas? + +--A la calle. + +--¡A la calle! ¿Y qué vas a hacer en la calle? ¿Necesitas algo? Yo +saldré. + +--Ea, ea, no sea usted majadero. Acuéstese usted, duerma si tiene sueño, +y déjeme a mí, que yo sé lo que tengo que hacer. No dependo de nadie, +¿estamos? Soy dueña de mi voluntad, ¿estamos?». + +La determinación firme que revelaban estas palabras llevó al bendito D. +José a las más elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la +confusión. Antes que él pudiera decir algo, Isidora prosiguió de este +modo: + +«Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con +sus cuidados tontos...». + +Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazón de +Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorporó en el macizo +lecho y habló así: + +«Hija mía, yo te quiero más que a las niñas de mis ojos. Me intereso por +ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal +alguno... + +--Yo también le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer +lo que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, ¿estamos? + +--Todo sea por Dios--dijo Relimpio, conociendo que había llegado la +ocasión de mostrar energía--. Sospecho que vas a mala parte, sospecho +que te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; tú eres lo +que más amo, te quiero más que a mis hijas, porque te quiero de dos +maneras, como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como +sospecho, quieres perderte, quieres infamarte, no lo consentiré mientras +tenga un aliento de vida; primero te rogaré, te suplicaré aunque me sea +menester ponerme de rodillas delante de ti». + +Hallábase tan acongojado, que la frase se le retortijó en la garganta, y +juzgando que más que las palabras serían elocuentes las actitudes, se +hincó delante de su ahijada, y le tomó las manos para besárselas, y +luego que pasó un rato en estas mímicas, conmovidos ella y él, pudo +articular Relimpio estas palabras: + +«Niña mía, no des ese paso, detente... + +--¡Qué desgracia!...--murmuró ella llevándose la mano a los ojos, como +para disimular una lágrima--. ¿Y quién me va a mantener? + +--¡Yo!--exclamó Relimpio dándose un golpe tan fuerte en el pecho que +este resonó en hueco como una caja. + +--¡Usted!... ¡Ay, qué gracia! ¡Si usted más está para que le mantengan +que para mantener! + +--Trabajaré. + +--Sí, y comeremos cañamones... Padrino, padrino, déjeme usted en paz; no +se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo +hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrás». + +El anciano había vuelto al sofá, donde estaba reclinado, sin fuerzas +para seguir adelante en la lucha. + +«Mira--le dijo, echando lumbre por los ojos--, yo puedo trabajar...; +pediré un destino y me lo darán... + +--¡Qué inocencia! + +--Y con lo que yo gane y algo que te darán Emilia y Miquis, viviremos +tan ricamente. + +--Sí, muy ricamente--replicó Isidora con terrible ironía--. ¡Miserias, +harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para +los tórtolos simples que lo quieran. + +--Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no +trates de borrarlos con una vergüenza mayor--dijo Relimpio, sintiéndose +dotado por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosófica +que no era propia de él--. Lo mejor es que borres lo pasado con una +conducta ejemplar. ¿Quieres un nombre, una posición? Pues yo te daré +ambas cosas. Óyeme--añadió solemnemente--; yo me casaré contigo; y para +que no interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo más +que en el nombre y mirarte como una hija». + +Por lástima del pobre viejo no se echó a reír Isidora con el desenfado +que había adquirido últimamente. En la pérdida de tantas nobles +cualidades conservaba algo de piedad. + +«¿Conque nombre y posición?--dijo--; gracias, gracias; es usted muy +bueno. ¿Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre +mí? ¡Qué puño!... Si pudiera desbautizarme y no oír más con estas orejas +el nombre de Isidora, lo haría... Me aborrezco; quiero concluir, ser +anónima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie +de mis acciones. + +--¡Isidora!... + +--Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre». + +¡No pronunciarle más, cuando a él le parecía tan dulce, tan armonioso, +cifra y compendio de la melodía infinita! Echó D. José un gran suspiro y +tras él estas palabras: + +«Ha sido una tontería que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo +caduco. Tú no puedes vivir sin amor. ¿Cómo habías de quererme a mí, que +sólo tengo juventud en el corazón?... Óyeme...». + +Cada vez que decía «óyeme» tomaba una actitud sacerdotal y el tono más +solemne del mundo. + +«Óyeme. Tú has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la +Habana. De todos tus amantes, él era el más simpático, el más caballero. +Antes que verte caminar a la última degradación, consiento en que +reanudes tus amores con él. No me gusta esto, pero antes que lo otro... +yo me entiendo. ¿Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le +busque, que le hable de ti?... Odiosa misión, hija mía; pero si con ella +te aparto de la ignominia final, creeré realizar una acción meritoria. + +--¿Joaquín, ese pillo?... Le diré a usted... Siempre que le veo, me da +un vuelco el corazón. Le quise y aún me parece que podría volver a +quererle... Pero déjele usted donde está. Yo estoy mejor así. Es un +canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. José. Yo me +marcho... + +--Por Dios, mujer... + +--He dado mi palabra. + +--Esas palabras no se cumplen. ¿De modo que no te veré más? + +--Vendré por aquí... No se mueva usted de esta casa. Yo le daré algo +para que se mantenga y pague el alquiler...». + +Relimpio tembló con sudor frío. + +«Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos. +Conque... abur, abuelo...». + +Corrió hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como +de costumbre, retrocedió para buscarla. + +«No, no te doy la llave; no saldrás mientras yo viva»--exclamó D. José, +haciéndose superior a sí mismo y mostrando la energía que a veces surge +del flaco ánimo de los débiles, como en ciertos momentos de crisis las +sublimidades brotan del cerebro de los tontos. + +Isidora le miró con ira, y respiró fuerte apretando contra el talle el +lío de ropa. + +«¡La llave, la llave! + +--No saldrás sino pasando sobre mi cadáver»--gritó con cavernosa voz +Relimpio, sintiéndose héroe de teatro. + +Y al decirlo, oprimía contra su pecho la llave para protegerla de un +ataque de su enemiga. + +«Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas--dijo la de Rufete +encolerizada--. Venga la llave, o la tomaré dondequiera que la +encuentre. Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he +vuelto loba. Ya no soy noble, Sr. D. José; ya no soy noble. + +--Pero aunque no seas noble, no serás capaz de ultrajar a tu pobre +viejo, a tu padre...». + +Acompañadas de lágrimas, estas palabras eran harto elocuentes. + +«Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las +simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos...». + +Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera +su deseo y propósito, avanzó las manos contra el viejo, le atenazó los +brazos, le sacudió un momento... ¡Ay!, ¡ay! Relimpio sintió que sus +brazos se volvían de algodón. Como si el roce de la piel de Isidora +fuese un contacto mortífero, se quedó echo una momia. Y mientras ella le +quitaba la llave, él, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no +podía defenderse, ni sabía detenerla, ni era dueño de ninguna de las +energías de su ser, como no fuera de la voz, pues allá casi entre +dientes pudo articular tres sílabas y decir: «¡Bribona!...». + +Isidora marchó hacía la puerta. Bruscamente arrepentida de su acción, +retrocedió hacia el sofá donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le +miró un sí es no es conmovida (todavía era algo noble), y poniéndole la +mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo: + +«Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar. +Este es mi destino...; quizás no nos veremos más... Adiós». + +Tuvo la singularísima piedad de inclinar sobre él su rostro y darle un +rápido beso sobre las venerables canas. Él no tuvo fuerzas ni espíritu +más que para verla salir. Salió, efectivamente, veloz, resuelta, con +paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo +que le ha solicitado con atracción invencible, así cayó ella despeñada +en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco +después en la superficie social todo estaba tranquilo. + +Don José se levantó, anduvo como desconcertada máquina hasta un +aposentillo interior donde tenía sus trastos, y tanteando con las +temblorosas manos en la obscuridad, encontró una botella. Apuró del +contenido de ella porción bastante, y al tratar de volver al sofá, las +piernas le faltaron y cayó rodando en mitad del aposento. + +Como la puerta había quedado abierta, Miquis, Emilia y _Riquín_ entraron +sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, según cálculos +aproximados, debía de ser la de las nueve de la mañana del día +siguiente. Y como vieran a don José tendido en el suelo sin compañía, al +punto coligió Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corría +veloz al socorro de su padre, que parecía como a dos dedos de la muerte, +Augusto hizo un rapidísimo reconocimiento de la habitación, buscando a +Isidora. ¡No estaba! + +«¡Se ha ido, se ha ido!»--exclamó poniéndose de rodillas junto al pobre +viejo para prestarle algún auxilio. + +Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sofá, donde le +tendieron, y él entonces entreabrió los ojos y los labios echando una +mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La +notabilísima alteración de las facciones del anciano alarmó a Miquis, el +cual respondía con muda expresión de desconsuelo a las apremiantes +interrogaciones de Emilia. + +«¿Pero esto es embriaguez... o qué?...»--preguntó la atribulada hija. + +Y al oírlo D. José se reanimó de súbito, como la llama moribunda que se +revuelca en las tinieblas; echó su espíritu un resplandor de vida, y +moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo +pausadamente estas palabras: + +«La hurí ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya». + +A la sazón entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los +servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones, +veía que los remedios serían inútiles. Cerca ya del fin, el espíritu de +D. José volvió a relampaguear, diciendo con expresión enamorada y +caballeresca: + +«La amé y la serví... Fui su paladín... Mas ved aquí que la ingrata +abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos, +recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para +reyes, no para vosotros. Ha caído en vuestro cieno por la temeridad de +querer remontarse a las alturas con alas postizas». + +Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lágrimas. Miquis la llevó +a un cercano aposento, y en él la encerró con el pobre _Riquín_, que +también lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen +Relimpio, el cual ocurrió media hora más tarde, y fue tranquilo y suave. +Su muerte remedó el dulce acceso de embriaguez que le transportaba, +mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las +delicias de una vida apócrifa, compuesta con extraños fingimientos de +juventud, pasión y energía. ¿Entraba al fin en un mareo eterno? ¿Iba ya +derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y +amparo de la hurí en las edades sin término y en los espacios sin +medida? José, eres un ángel. + +Abrazando estrechamente a _Riquín_ y cubriéndole de besos la cara, +Emilia le decía: + +«Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la madre que te falta. +Aquella mamá tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volverá; se +ha caído al fondo, hijo mío, al fondo... Ya lo entenderás más adelante». + + + + +Capítulo XIX + +Moraleja + + +Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura, no os fiéis +de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no +lo consigáis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo +mejor, creedme, lo mejor será que toméis una escalera. + +Madrid.--Junio de 1881 + +FIN DE LA NOVELA + + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA *** + +Updated editions will replace the previous one--the old editions will +be renamed. + +Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright +law means that no one owns a United States copyright in these works, +so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the +United States without permission and without paying copyright +royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part +of this license, apply to copying and distributing Project +Gutenberg™ electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG™ +concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, +and may not be used if you charge for an eBook, except by following +the terms of the trademark license, including paying royalties for use +of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for +copies of this eBook, complying with the trademark license is very +easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation +of derivative works, reports, performances and research. Project +Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may +do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected +by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark +license, especially commercial redistribution. + +START: FULL LICENSE + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase “Project +Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full +Project Gutenberg™ License available with this file or online at +www.gutenberg.org/license. + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project +Gutenberg™ electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg™ +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. 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Hart was the originator of the Project +Gutenberg™ concept of a library of electronic works that could be +freely shared with anyone. For forty years, he produced and +distributed Project Gutenberg™ eBooks with only a loose network of +volunteer support. + +Project Gutenberg™ eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in +the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not +necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper +edition. + +Most people start at our website which has the main PG search +facility: www.gutenberg.org. + +This website includes information about Project Gutenberg™, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/25956-0.zip b/25956-0.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..ff80c08 --- /dev/null +++ b/25956-0.zip diff --git a/25956-h/25956-h.htm b/25956-h/25956-h.htm new file mode 100644 index 0000000..cf1c886 --- /dev/null +++ b/25956-h/25956-h.htm @@ -0,0 +1,16726 @@ +<!DOCTYPE html> +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> +<head> + <meta charset="UTF-8"> + <title> + La desheredada | Project Gutenberg + </title> + <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover"> + <style> + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + p.head {text-indent:0%; + text-align:center; + font-size:110%; + } + .r {text-align: right; + margin-right:25%; + } + h1 {text-align: center; + clear: both; + font-size:300%; + } + h3 {text-align: center; + clear: both; + margin-top:15%; + } + h2 {text-align: center; + clear: both; + margin-top:10%; + } + .top15 {margin-top: 15%;} + hr { width: 90%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + color:black; + } + hr.full { width: 100%; + margin-top: 5%; + margin-bottom: 5%; + border: solid black; + height: 5px; } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + ul {list-style-type: none;border:none; + padding:2%; + text-indent:-1em; + margin-left:5%; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .bbox {border:4px double black; + margin-top: 15%; + margin-left: 15%; + margin-right: 15%; + } + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + .poem {margin-left:25%; + white-space:nowrap; + text-indent: 0%; + } + + table { + margin-left: auto; + margin-right: auto; +} +table.autotable { border-collapse: collapse; } +table.autotable td, +table.autotable th { padding: 0.25em; } + +.tdl {text-align: left;} +.tdc {text-align: center;} + </style> + </head> +<body> + + + +<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of La desheredada, by Benito Pérez Galdós</div> +<div style='display:block; margin:1em 0'> +This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and +most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions +whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms +of the Project Gutenberg License included with this eBook or online +at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you +are not located in the United States, you will have to check the laws of the +country where you are located before using this eBook. +</div> +<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: La desheredada</div> +<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Benito Pérez Galdós</div> +<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: July 2, 2008 [EBook #25956]<br> +[Most recently updated: October 2, 2023]</div> +<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> +<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> +<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Chuck Greif</div> +<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***</div> + + +<hr class="full"> + +<h1>La desheredada</h1> + +<h2>Benito Pérez Galdós</h2> + + +<div class="bbox"> +<ul> +<li><a href="#Primera_parte"><b>Primera parte</b></a> +<ul> +<li><a href="#Capitulo_I"><b>Capítulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_II"><b>II, </b></a> +<a href="#Capitulo_III"><b>III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IV"><b>IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_V"><b>V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VI"><b>VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VII"><b>VII, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIII"><b>VIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_IX"><b>IX, </b></a> +<a href="#Capitulo_X"><b>X, </b></a> +<a href="#Capitulo_XI"><b>XI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XII"><b>XII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIII"><b>XIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIV"><b>XIV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XV"><b>XV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVI"><b>XVI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVII"><b>XVII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIII"><b>XVIII</b></a></li> +</ul></li> + +<li><a href="#Segunda_parte"><b>Segunda parte</b></a> +<ul> +<li><a href="#Capitulo_Ia"><b>Capítulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIa"><b>II, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIIa"><b>III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IVa"><b>IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_Va"><b>V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIa"><b>VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIa"><b>VII, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIIa"><b>VIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_IXa"><b>IX, </b></a> +<a href="#Capitulo_Xa"><b>X, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIa"><b>XI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIIa"><b>XII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIIIa"><b>XIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIVa"><b>XIV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVa"><b>XV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIa"><b>XVI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIIa"><b>XVII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIIIa"><b>XVIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIXa"><b>XIX</b></a></li> +</ul> +</li> +</ul> +</div> + + + +<h3><a name="Primera_parte" id="Primera_parte"></a>Primera parte</h3> + + +<p><i>Saliendo a relucir aquí, sin saber cómo ni por qué, algunas dolencias +sociales, nacidas de la falta de nutrición y del poco uso que se viene +haciendo de los benéficos reconstituyentes llamados</i> <b>Aritmética</b>, +<b>Lógica</b>, <b>Moral</b> <i>y</i> <b>Sentido Común</b>, <i>convendría dedicar estas páginas... +¿a quién? ¿al infeliz paciente, a los curanderos y droguistas que, +llamándose filósofos y políticos, le recetan uno y otro día?... No; las +dedico a los que son o deben ser verdaderos médicos: a los maestros de +escuela.</i></p> + +<p class="r">B. P. G.</p> + +<p>Madrid.—Enero de 1881.</p> + +<hr> + +<table class="autotable"> +<tr><td colspan="2" class="tdc">PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdc"> </td></tr> +<tr><td>ISIDORA RUFETE,</td><td><i>protagonista.</i></td></tr> +<tr><td>MARIANO RUFETE,</td><td><i>su hermano.</i></td></tr> +<tr><td>LA SANGUIJUELERA,</td><td><i>tía.</i></td></tr> +<tr><td>AUGUSTO MIQUIS,</td><td><i>estudiante de Medicina.</i></td></tr> +<tr><td>JOAQUÍN PEZ,</td><td><i>Marqués viudo de</i></td></tr> +<tr><td>SALDEORO,</td><td><i>hijo de</i></td></tr> +<tr><td>DON JUAN MANUEL JOSÉ DEL PEZ,</td><td><i>Director general en el Ministerio de Hacienda.</i></td></tr> +<tr><td>DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE,</td><td><i>espejo de los vagos.</i></td></tr> +<tr><td>DOÑA LAURA,</td><td><i>su esposa</i></td></tr> +<tr><td>MELCHOR DE RELIMPIO,</td><td><i>hijos</i></td></tr> +<tr><td>EMILIA,</td><td><i>hijos</i></td></tr> +<tr><td>LEONOR,</td><td><i>hijos</i></td></tr> +<tr><td>LA MARQUESA DE ARANSIS.</td><td></td></tr> +<tr><td>EL MAJITO,</td><td><i>niño.</i></td></tr> +<tr><td>ZARAPICOS,</td><td><i>pícaros</i></td></tr> +<tr><td>GONZALETE,</td><td><i>pícaros</i></td></tr> +<tr><td>TOMÁS RUFETE.</td><td></td></tr> +<tr><td>EL SEÑOR DE CANENCIA.</td><td></td></tr> +<tr><td>MATÍAS ALONSO,</td><td><i>conserje de la casa de Aransis.</i></td></tr> +<tr><td>UN CONCEJAL.</td><td> </td></tr> +<tr><td>UN COMISARIO DE BENEFICENCIA.</td><td> </td></tr> +<tr><td>MI TÍO EL CANÓNIGO <i>(que no sale).</i></td><td></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>Hombres y mujeres del pueblo, +niños, Peces de ambos sexos, criados, guardias civiles, etc.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872.</i></td></tr> +</table> + +<hr> +<h3><a name="Capitulo_I" id="Capitulo_I"></a>Capítulo I</h3> + +<p class="head">Final de otra novela</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>«...¿Se han reunido todos los ministros?... ¿Puede empezar el +Consejo?... ¡El coche, el coche, o no llegaré a tiempo al Senado!... +Esta vida es intolerable... ¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza +de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación, +paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos +humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas? +Te llamas <i>Envidiópolis</i>, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo, +simpatizas con todo lo que cae... ¿Cuánto va? Diez millones, +veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas +treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco +céntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidarás, pícara; ya te +pillé, ya no te me escapas, ¡oh cantidad temblorosa, escurridiza, +inaprehensible, como una gota de mercurio! Aquí te tengo dentro del +puño, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te +pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: <i>Subvención personal...</i> +Permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su +Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la +Constitución... No me importan los murmullos. Mandaré despejar las +tribunas... ¡A votar, a votar! ¿Votos a mí? ¿Queréis saber con qué +poderes gobierno? Ahí los tenéis: se cargan por la culata. He aquí mis +votos: me los ha fabricado Krupp... Pero ¿qué ruido es este?¿Quién +corretea en mi cerebro? ¡Eh!, ¿quién anda arriba?... Ya, ya; es la gota +de mercurio, que se ha salido de su gaveta...».</p> + +<p>El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresión +atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden +al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han +llegado a perder la normalidad de la fisonomía, y con ella la +inscripción aproximada de la edad. ¿Hállase en el punto central de la +vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el +llamear de sus ojos, ¿anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora +imbecilidad? No es fácil decirlo, ni el espectador, oyéndole y viéndole, +sabe decidirse entre la compasión y la risa. Tiene la cabeza casi +totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a +trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo +y colgante, parece haber crecido y ablandádose recientemente, y no cesa +de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza +con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es pálido su rostro, +la piel papirácea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente +corva la espalda. Su voz sonora regalaría el oído si su palabra no fuera +un compuesto atronador de todas las maneras posibles de reír, de todas +las maneras posibles de increpar, de los tonos del enfático discurso y +del plañidero sermón.</p> + +<p>Acércase a él un señor serio y bondadoso, pónele la mano en el hombro +con blandura y cariño, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada +fisonomía, en sus negras pupilas, en el caído labio, y volviéndose a un +joven que le acompaña, dice a este:</p> + +<p>«Bromuro potásico, doble dosis».</p> + +<p>Sigue adelante el médico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio, +tratando de convencer al tronco de un árbol. Porque la escena pasa en un +gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve +alguno que puedan facilitar la evasión. Árboles no muy grandes, +plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pájaros, +dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una +hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de +polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos +lentos y rígidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes. +Este da vueltas alrededor de dos árboles, trazando con su paso infinitos +ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadísimo sin sudar +y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceño, huyendo con indecible +zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica +la oreja al polvo para oír hablar a los antípodas, y su cara de idiota, +plantada en el suelo, es como un amarillo melón que se ríe. Un tercero +canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinóptico de los +ejércitos europeos, con división de armas y los respectivos soberanos o +jefes, todo lo cual debe ser puesto en música.</p> + +<p>El médico va de uno a otro, interrogándoles, contemporizando +graciosamente con las manías de ellos, sin dejar de hacer objeciones +discretas a cada una. Ya se detiene a echar un párrafo con aquel, de +rostro estúpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y +amuletos; ya habla rápidamente con un viejecillo encanijado y risueño +que, paseándose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis +en la mano, parece filósofo anacoreta o Diógenes del Cristianismo, por +el abandono de su traje y la unción bondadosa de su fisonomía. Es un +sacerdote que tuvo mucho seso. Está meditando ahora la carta que ha de +dirigir al Papa en este día, siguiendo una costumbre que se repite +infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada año, y ya +lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor, +échale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversación, y por +último pregunta si ha sido echada al correo su epístola del día +anterior, a lo que contesta el médico que sí, y que forzosamente Su +Santidad anda muy distraído en Roma cuando no se digna contestar a +comunicaciones de tanta importancia.</p> + +<p>Vuelve el médico hacia donde está el que en los primeros renglones hemos +descrito, y antes de llegar a él dice al practicante:</p> + +<p>«Este desgraciado Rufete va a pasar a <i>Pobres</i>, porque hace tres meses +que su familia no paga la pensión de segunda. Él no se dará cuenta del +cambio de situación. Si se exacerba esta tarde, será preciso +encerrarle».</p> + +<p>Poniéndole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete:</p> + +<p>«Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos, +siempre que usted no se me salga de las vías legales... El país le hará +justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos +cuantos meses, ¡qué bien nos vendría a los dos! Nos dedicaríamos a curar +radicalmente ese constipado...</p> + +<p>—No es constipado—replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con +la cabeza—. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurriéndose... +Ahora está aquí, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien +izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas...</p> + +<p>—Ya, ya sé... Yo quisiera que no se ocupase usted más de esa cantidad, +puesto que está segura.</p> + +<p>—No, no está segura—dice Rufete, demostrando terror—. No sabe usted qué +guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus +infamias. Cuando un verdadero genio se empeña en subir a la gloria, la +envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como +una montaña, y le doy a usted una reputación más grande que el mundo... +Adiós; me voy al Congreso. ¿No sabe usted que se han sublevado los +maceros?... Abur, abur».</p> + +<p>El médico hace a su compañero la expresiva seña de <i>no tiene remedio</i>, y +pasa adelante.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>No consta si fue aquel día o el siguiente cuando trasladaron al infeliz +Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero +había tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el +segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrón, de un +rancho. ¡Ay! Cualquiera que despertara súbitamente a la razón y se +encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres +que sólo tienen de humano la figura, y se viera en un corral más propio +para gallinas que para enfermos, volvería seguramente a caer en +demencia, con la monomanía de ser bestia dañina. ¡En aquellos locales +primitivos, apenas tocados aún por la administración reformista, en el +largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra, +donde se revuelcan los imbéciles y hacen piruetas los exaltados, allí, +allí es donde se ve todo el horror de esa sección espantosa de la +Beneficencia, en que se reúnen la caridad cristiana y la defensa social, +estableciendo una lúgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es +hospital y presidio! ¡Allí es donde el sano siente que su sangre se +hiela y que su espíritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad +aprisionada por enferma, observando cómo los locos refinan su locura con +el mutuo ejemplo, cómo perfeccionan sus manías, cómo se adiestran en +aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos +ordena!</p> + +<p>Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie +alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... ¡Y considerar +que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageración o +el extremo irritativo de nuestras múltiples particularidades morales o +intelectuales... que todos, cuál más, cuál menos, tenemos la +inspiración, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos +entramos de lleno en los sombríos dominios de la ciencia alienista! +Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos +desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de +la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates +somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la +variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la mañana lo +despertamos en la aridez de una sola. ¡Oh! Leganés, si quisieran +representarte en una ciudad teórica, a semejanza de las que antaño +trazaban filósofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o +religioso, no, no habría arquitectos ni fisiólogos que se atrevieran a +marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. «Hay muchos cuerdos +que son locos razonables». Esta sentencia es de Rufete.</p> + +<p>El cual no se dio cuenta de aquella caída brusca desde las grandezas de +pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean +demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito +sentimiento que rarísima vez habita en los manicomios: la amistad. +Aquello parece a veces una Bolsa de contratación de manías. Hay demanda +y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual está bastante +ocupado consigo mismo para cuidarse de los demás. El egoísmo ha llegado +aquí a su grado máximo. Los imbéciles yacen por el suelo. Parece que +están pastando. Algunos exaltados cantan en un rincón. Hay grupos que se +forman y se deshacen, porque si no amistad, hay allí misteriosas +simpatías o antipatías que en un momento nacen o mueren.</p> + +<p>Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean +atentos como polizontes que espían el crimen. Son los inquisidores del +disparate. No hay compasión en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni +caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la +tutela del Estado, ninguno es tan antipático como el domador de locos. +Carcelero—enfermero es una máquina muscular que ha de constreñir en sus +brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da +de comer sin cariño, los acogota si es menester, vive siempre prevenido +contra los ataques, carga como costales a los imbéciles, viste a los +impedidos; sería un santo si no fuera un bruto. El día en que la ley +haga desaparecer al verdugo, será un día grande si al mismo tiempo la +caridad hace desaparecer al loquero.</p> + +<p>Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los +funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la prensa; eran +también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el +comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura +rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las +peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores +tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si +él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tan alta posición para dar +gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos +investigadores le decían: «Somos la envidia que te mancha para bruñirte +y te arrastra para encumbrarte».</p> + +<p>Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta +atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra, +es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la +región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba +Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su +poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso, +cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras +faraónicas.</p> + +<p>Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer, +despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales, +arzobispos, archipámpanos, y después..., ¡ah!, después tenía que echar +miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba +en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre +las manos, y así pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar +del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz +contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil, +sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se +escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partículas del +metal líquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso +pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, +con sus graciosas crías los 75 céntimos.</p> + +<p>Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente teóricos. Había +sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que +respondían en principio a la idea de camisa, de levita, de pantalón; +pero más era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que +subsistían. ¡Hacía tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!... +Últimamente le pusieron una blusa azul. Pero una mañana se comió la +mitad. Era el más indócil y peor educado de todos los habitantes de la +casa. No obstante, sobre aquellos harapos se ponía todos los días una +corbata no mala, liándosela con arte y esmero delante de la pared, hecha +espejo de un golpe de imaginación. Aquel negro dogal sobre la carne +desnuda del estirado cuello, impedíale a veces los movimientos; pero +llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer.</p> + +<p>Cuando anochecía o cuando el tiempo era malo, Rufete era el último que +dejaba el patio. Comúnmente los loqueros se veían en el caso de llevarle +a la fuerza. Dormía en una sala baja, húmeda, con rejas a un largo +pasillo, el cual las tenía a la huerta. Desde los duros camastros veíase +la espesura del arbolado; pero, al través de las rejas dobles, la +alegría del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o +casi perdida, con un efecto de país bordado en cañamazo. En el +dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos. +Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro +día. Algunos dormían con los ojos abiertos. Oíase desde la sala la +murmuración del chorro de una fuente, la cual con tal constancia +estimulaba el oído, que Rufete se pasaba horas enteras en conversación +tirada con el agua charlatana en estos o parecidos términos: «En todo lo +que Su Señoría me dice, señor chorro, hay mucha parte de razón y mucho +que no puede admitirse. Subí al poder empujado por el país que me +llamaba, que me necesitaba. El primer escalón fue mi mérito, el segundo +mi resolución, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... ¿Pero qué +habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cállese +usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que +se calle».</p> + +<p>Y colérico se abalanzaba a la reja, ponía el oído, hacía señales de +conformidad o denegación, oprimía los barrotes. La fluida elocuencia del +chorro no tenía fin jamás. Era como uno de esos oradores incansables que +siempre están hablando de sí mismos. La aurora le encontraba engolfado +en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: «No me +convence, no me convence Su Señoría».</p> + +<p>¡La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun allí son hermosos +el risueño abrir de ojos del día y la primera mirada que cielo y tierra, +árboles y casas, montes y valles se dirigen. Allí los pájaros +madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las +parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por allí los +mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el +propio airecillo picante que menea los árboles, que orea el campo, que +estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegría, el +buen apetito, la sazón y la salud, derrama también por todas las zonas +del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las +moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus +remotos viajes atmosféricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso +excitante según su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o +dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados. +Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados +dislates, hablan más alto, ríen más fuerte, se arrastran y se embrutecen +más; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche, +aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con +urbanidad refinada; quién pide papel y tinta para escribir la carta, ¡la +indispensable carta del día!; quién se lanza a la carrera, huyendo de un +perseguidor que aparece montado en el caballo del día, y todo aquel +carnavalesco mundo comienza con brío su ordinaria existencia.</p> + +<p>La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y +estrépito de escobazos corre por salas y pasillos, confundiéndose con el +sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la +capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar +los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostén del asilo por +estar encargadas de su régimen doméstico, van y vienen con actividad de +madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus +blancas tocas aladas, respetables y respetadas como enseña de paz, se +ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes +de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan +lumbre; en la despensa llena de víveres; en el lavadero, donde ya saltan +los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el +patio de mujeres, en la región de las locas, que es el departamento de +trabajo más penoso y de las dificultades más terribles.</p> + +<p>¡Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado +de mundo. Los hombres inspiran lástima y terror; las hijas de Eva +inspiran sentimientos de difícil determinación. Su locura es, por lo +general, más pacífica que en nosotros, excepto en ciertos casos +patológicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la +parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o +treinta hembras con murmullo de coquetería, de celos, de cháchara +frívola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni términos claros, +ni pausa, ni variedad. Óyese desde lejos, cual disputa de cotorras en la +soledad de un bosque... Las hay también juiciosas. Algunas pensionistas, +tratadas con esmero, están tranquilas y calladas en habitación clara y +limpia, ocupándose en coser, bajo la vigilancia y dirección de dos +hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores +secas o con plumas de gallina. Sonríen con estupidez o clavan en el +visitante extraviados ojazos.</p> + +<p>También la <i>hermosa mitad</i> tiene sus jaulas de dobles rejas. No serían +mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver +dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y oír la voz ronca de +una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay +una que corre por pasillos y salas buscan <i>do su propia persona.</i></p> + +<p>Volvamos al patio de varones pobres. Aquel día faltaba en él Rufete. +Creeríase que había crisis. Poco después de amanecer se dirigió al +loquero y le dijo: «Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie». +Después cayó en un marasmo profundo. Enmudeció. El chorro de la fuente +preguntaba por él y ninguno de los asilados allí presentes sabía darle +razón.</p> + +<p>Lleváronle a la enfermería. El médico mandó que le dieran una ducha, y +fue llevado en brazos a la inquisición de agua. Es un pequeño balneario, +sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. Allí dan +lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza, +todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presión formidable, y sus +golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o +en láminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo, +atacan encarnizados con el áspero chirrido del acero. Rufete, que ya +conocía el lugar y la maquinaria, se defendió con fiero instinto. Le +embrazaron, oprimiéndole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a +la pared, y allí, sin defensa posible, desnudo, recibió la acometida. +Poco después yacía aletargado en una cama con visibles apariencias de +bienestar. Al fin, durmió profundamente.</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>A la misma hora que esto pasaba, una joven llegó a la puerta del +establecimiento. Quería ver al señor Director, al señor facultativo, +quería ver a un enfermo, a su señor padre, a un tal don Tomás Rufete; +quería entrar aunque se lo vedaran; quería hablar con el señor capellán, +con las hermanas, con los loqueros; quería ver el establecimiento; +quería entregar una cosa; quería decir otra cosa...</p> + +<p>Estos múltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados +atropelladamente y con turbación por la muchacha, que era más que +medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero +calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y ponía extraordinario ardor en +la expresión de su deseo. Sus ojos expresivos habían llorado, y aún +lloraban algo todavía. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del +trabajo, oprimían un lío de ropa seminueva, mal envuelta en un pañuelo +rojo. Rojo era también el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente +liado debajo de la barba a estilo de Madrid. ¿Con qué prenda se cubría? +¿Sotana, mantón, gabán de hombre? No: era una prenda híbrida, un arreglo +del ruso al español, un cubrepersona de corte no muy conforme con el +usual patrón. Ello es que su pañuelo rojo, sus lágrimas acabadas de +secar, su gabán raído y de muy difícil calificación en indumentaria, su +agraciado rostro, su ademán de resignación, sus botas mayores que los +pies y ya entradas en días, inspiraban lástima.</p> + +<p>No le fue difícil llegar al despacho del señor Director. Al verle y +darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas +lágrimas a los ojos y la garganta se le obstruyó de tal modo, que tuvo +que callarse. El Director, hombre compasivo, la mandó sentar, rogándole +que se calmase.</p> + +<p>«Hace tres meses que no se ha pagado la pensión—dijo ella al cabo, +metiendo la mano en alguna parte de su extraña vestimenta».</p> + +<p>Porque el gabán tenía un bolsillo hondo. Su autora había sido pródiga en +esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sacó un +paquete de papel que parecía contener dinero.</p> + +<p>«Luego, luego veremos—dijo el Director, resistiéndose a tomar la suma—. +¡Ah! ¿También trae ropa? Veo que no se descuida usted... Está bien, +bien. El pobre D. Tomás tenía ya mucha falta... Déjelo usted ahí. +Luego... Siéntese usted y descanse.</p> + +<p>—¿Pero no le veré ahora mismo?—preguntó ella con ansiedad.</p> + +<p>—No es fácil, no es fácil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a +las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete está +sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa».</p> + +<p>La del ruso cruzó las manos, y miró al techo.</p> + +<p>«El señor facultativo está haciendo ahora la visita... Le hablaremos, +veremos lo que dice. Si él consiente... Pero no lo consentirá. No +conviene que usted vea a su señor padre ahora. Más tarde... Siéntese +usted, tranquilícese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con él hace +bastante tiempo. Usted se llama...</p> + +<p>—Isidora, para servir a usted... ¡Pobrecito papá! Si no me le dejan ver, +dígale usted que estoy aquí, que está aquí su Isidorita, que viene a +darle un beso, que mañana traeré a Mariano, mi hermanito... ¡Ah Dios +mío!; pero él no entenderá, no entenderá nada. ¡Pobre hombre! ¿Y no hay +esperanzas de que vuelva a la razón?».</p> + +<p>El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores. +Parecía empeñado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de +cansancio, se sentó en una banqueta. Habiéndole recomendado con frases +convencionales, si bien generosas, la resignación y una tranquilidad que +era imposible, el Director salió.</p> + +<p>No se quedó sola la joven en el despacho. En un ángulo de este había una +mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un +hombre escribía, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso +esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafía española. La +mesa estaba llena de papeles que parecían estados, listas de nombres, +cuentas con infinitas baterías de números. Un alto estante repleto de +papeles y libros rayados indicaba que aquel buen señor de pluma y suma +ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difícil +administración del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo, +del ya fenecido covachuelista, conservado allí cual muestra del +metódico, rutinario y honradísimo personal de nuestra primitiva +burocracia. Era de edad provecta, pequeño, arrugadito, bastante moreno y +totalmente afeitado como un cura. Cubría su cabeza con un bonetillo +circular, ni muy nuevo ni muy raído, contemporáneo de los manguitos +verdes atados a sus codos. Escribía con trazos tan seguros, uniformes y +ordenados, que parecía escribientil máquina. Sin alzar los ojos del +papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los +dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorbía +una gran porción de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no hacía +caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas +oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversación. +Siendo al fin más fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompió el +silencio de esta manera:</p> + +<p>«Señorita, ¿se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay más +remedio que conformarse con su santa voluntad».</p> + +<p>A Isidora (¿por qué ocultarlo?) le gustó que la llamaran señorita. Pero +como su ánimo no estaba para vanidades, fijó toda su atención en las +palabras consoladoras que había oído, contestando a ellas con una mirada +y un hondísimo suspiro.</p> + +<p>«Esta casa—añadió el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y +dulce, que llegaba al alma—no es una casa de divertimiento; es un asilo +triste y fúnebre, señorita. Yo me hago cargo, sí, señorita, me hago +cargo de su dolor de usted...».</p> + +<p>Y se envasó en el cuerpo, aspirándola por entre los dientes, otra gran +cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojándola y +sacudiéndola a golpecitos metódicos, prosiguió así:</p> + +<p>«Pero no debe esperarse de este pícaro mundo otra cosa que penas, +¡ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una niña, y +todavía... vamos, todavía no conoce más que las flores que suelen +adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande más, +más...».</p> + +<p>Isidora dio otro suspiro. Grandísimo consuelo le infundían las palabras +sensatas y filosóficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces +tuvo por sacerdote.</p> + +<p>«¿Es usted....<i>por casualidad</i> sacerdote?—le preguntó con timidez.</p> + +<p>—No, señora—repuso el otro, escribiendo un poco—. Soy seglar. Hace +treinta y dos años que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al +asunto, el mundo, señorita, es un valle de lágrimas. Váyase usted +acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el +seno de la religión verdadera, y sabemos que hay un <i>más allá</i>, sabemos +que en ese <i>más allá</i>, señorita, nos aguarda el premio de nuestros +afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido...».</p> + +<p>El anciano se conmovió un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir +lágrimas de sus ojos. Llevándose a ellos la punta del pañuelo rojo, +exclamó:</p> + +<p>«¡Mi pobre enfermo!...</p> + +<p>—¡Ah!... ¡qué bello es el dolor de una hija!—dijo el bebedor de aire +soltando resueltamente la pluma—, ¡cuán meritorio a los ojos de Aquel +que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore +usted, llore usted; no seré yo quien trate de combatir su pena con +consuelos triviales. Lo único que le diré es que la religión y el tiempo +la curarán de este mal: la religión elevando su espíritu y haciéndole +ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado +seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia +seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas +nuestras heridas y cerrándolas poco a poco. Usted es aún muy joven. +Puede ser que el Señor le reserve aquí en la tierra algo de lo que, por +no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted será esposa de algún +hombre honrado, madre de familia, dignísima abuela...».</p> + +<p>Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo así:</p> + +<p>«¿Le molesta a usted el humo del tabaco?</p> + +<p>—¡Oh! no, señor; no, señor.</p> + +<p>—Más cómodamente estará usted en el sillón que en ese banco. ¿Por qué no +se sienta usted allí?</p> + +<p>—No, señor; muchas gracias. Aquí estoy bien».</p> + +<p>Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen señor, +realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no sé +qué de tierno, paternal y simpático que en su semblante había, +cautivaban a la dolorida joven, inspirándole tanta admiración como +gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digámoslo así, con +las corrientes de bondad que afluían de sus ojos. Había en su mirar +tanta compasión, un interés tan puro y cristiano, que la pobre joven se +felicitó interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en +momentos de aflicción. Pensándolo así y dando gracias a Dios por un +socorro moral de tanta valía, se sintió tocada del deseo de confiarse, +de abrir un poco su corazón para mostrar sus penas. Era naturalmente +expansiva, y las circunstancias la ponían en el caso de serlo más aún +que de ordinario.</p> + +<p>«¿Conoce usted a mi padre?—preguntó.</p> + +<p>—Sí, hija mía, le conozco y me da mucha lástima... Bastante se ha hecho +en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manías... Pero Dios no +ha querido. Contra Él no se puede nada. Consolémonos todos pensando en +que la grandiosa armonía del mundo consiste en el cumplimiento de la +voluntad soberana».</p> + +<p>Esta sentencia afectó a la de Rufete, haciéndole pensar en lo cara que a +ella sola le costaba la armonía de todos. Enjugándose otra vez las +lágrimas, dijo así:</p> + +<p>«¡Y si viera usted qué bueno ha sido siempre!... ¡Cuánto nos quería! No +tenía más que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte, +sino que aspiraba a más, a más. Es que el pobrecito tenía talento, se +encontraba siempre en último lugar debiendo estar en el primero... ¡Hay +en el mundo cada injusticia...! Por eso él no se conformaba nunca, y +estaba siempre de mal humor y se enojaba y reñía con mi madre. Como era +caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero, +padecía lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi +todos los días y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de +tres Gobiernos de provincia y no llegó a gobernador por intrigas de los +del partido. Mi madre le decía: «¡Ah!, mejor te valdría haber aprendido +un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me +caigo, hoy me levanto...». ¡Pero quia!; él sabía de oficina más que la +<i>Gaceta</i>, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas +cosas de gobernar, todos los que le oían estaban asombrados. Su padre, +mi abuelito, había sido también de oficina. El pobre murió de mala +manera. ¿Le conoció usted?...</p> + +<p>—No, hija mía. Siga usted, que la oigo con mucho interés.</p> + +<p>—Fue, en no sé qué tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas, +hablaba mucho, y para él todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando +yo era niña jugaba con el morrión de mi abuelo... ¡Qué cosas!... Oiga +usted... El que llamo mi padre fue más listo que el que llamo mi abuelo. +¡Oh!, sí, era caballero y tenía talento. En el partido le temían. Él +mismo lo decía: «Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volveré +loco...» ¡Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las +sesiones del Congreso y hacía mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la +oposición. Salía de Madrid con recados secretos. No hablaba más que de +la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., ¿me entiende usted?».</p> + +<p>El anciano, después de tragarse la mitad de la atmósfera del cuarto, +hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre +conocedor de las debilidades de sus semejantes.</p> + +<p>«La última vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que +no se podía esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mamá cayó +enferma; mi padre entró de corrector de pruebas en una imprenta donde se +hacía un periódico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches +junto a un quinqué de petróleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil +discursos, artículos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la mañana +(porque el trabajo duraba toda la noche) y volvía a casa, no descansaba, +no, señor. ¿Qué creerá usted que hacía? Pues ponerse a escribir. Todos +los días entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. ¿Qué +creerá usted que escribía?</p> + +<p>—Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por +ahí empiezan muchos.</p> + +<p>—¡Quia!; no, señor. Escribía decretos, leyes y reales órdenes. Aunque al +salir de su cuarto cerraba siempre, yo hallé una noche medios de abrir, +y vimos todo. Mi mamá y yo decíamos: «Quizás esté copiando para traernos +algo de comer». ¡Qué chasco nos llevamos!; todo se volvía: <i>Artículo +primero</i>, tal cosa; <i>artículo segundo</i>, tal cosa. Y luego: <i>Quedo +encargado de la ejecución del presente decreto</i>. Hacía preámbulos +atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando +con mucho cuidado, y a cada legajo le ponía un letrero diciendo: <i>Deuda +Pública</i>, o <i>Clases Pasivas</i>, <i>Aduanas</i>, <i>Banco</i>, <i>Amillaramientos</i>. +También ponía en ciertos paquetes rótulos que no entendíamos, porque +eran ya locura manifiesta, y decían: <i>Ruinas</i>, o bien <i>Fanatismo</i>, +<i>Barbarie</i>, <i>Urbanización de Envidiópolis</i>, <i>Vidrios rotos</i>, <i>Sobornos</i>, +<i>Subvención Personal</i>, y así por este estilo. «¡Ay Dios mío!—dijimos +mamá y yo—; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre está +loco». Estuvimos llorando toda la noche.</p> + +<p>—Todo sea por Dios—dijo, con emoción el viejo, al ver que Isidora se +interrumpía para llorar—. Pero ¿qué es eso, hija mía, comparado con lo +que Cristo padeció por nosotros?</p> + +<p>—Mi madre murió en aquellos días—prosiguió Isidora, casi completamente +ahogada por el llanto—. Aquel día, ¡oh Dios mío, qué día!, mi padre hizo +los disparates más atroces; no lloró, no se afectó nada. Cuando mi madre +expiró en mis brazos, él dio dos o tres paseos por el cuarto, y +mirándome con unos ojos..., ¡Jesús, qué ojos!..., me dijo: «Se le harán +los honores de tenienta generala muerta en campaña...». No puedo +recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aquí. Un +pariente bastante acomodado que teníamos en el Tomelloso se condolió de +mí y ofreció dar la pensión de segunda. Yo me fui a la Mancha con él, y +mi hermanito se quedó aquí con una tía de mi madre. Pasado algún tiempo, +mi tío el canónigo se olvidó de pagar la pensión. Es el mejor de los +hombres; pero tiene unas rarezas...».</p> + +<p>Desde la mitad de esta relación, ya tenía Isidora que beberse las +lágrimas entre palabra y palabra. El bendito señor que la oía, +enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos +pasos para vencer su emoción.</p> + +<p>«Todo sea por Dios—dijo liando nerviosamente otro cigarrillo—. Noble +criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un +páramo...</p> + +<p>—Y todo cuanto he padecido ha sido injusto—añadió ella prontamente, +sorbiendo también una regular porción de aire, porque todo es contagioso +en este mundo—. No sé si me explicaré bien; quiero decir que a mí no me +correspondía compartir las penas y la miseria de Tomás Rufete, porque +aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y +no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy...».</p> + +<p>Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la +llevase, sin pensarlo, a una revelación indiscreta. Pero el escribiente, +con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres +perspicaces, se apoderó de la idea apenas indicada, y dijo así:</p> + +<p>«Sí, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase +más elevada; sólo que circunstancias largas de referir la hicieron +descender... ¡Cosas de Nuestro Padre que está en los Cielos! Él sabrá +por qué lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la +postre, siempre son para nuestro bien. Usted, señorita—añadió tras breve +pausa, quitándose cortesanamente la gorra—, no ve, no puede ver en el +infelicísimo Rufete más que un padre putativo, tal y como el Santo +Patriarca San José lo era de Nuestro Señor Jesucristo».</p> + +<p>¡De qué manera tan clara relampagueó el orgullo en el semblante de +Isidora al oír aquellas palabras! Su rubor leve pasó pronto. Sus labios +vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegación impuesta por las +conveniencias.</p> + +<p>«Yo no quisiera hablar de eso—dijo tomando un tonillo enfático de calma +y dignidad, que no hacía buena concordancia con su ruso—. ¡Respeto tanto +al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso él tanto a mí y a mi +hermanito!..., ¡fuimos tan mimados cuando éramos niños!... Nos hacía el +gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y él tenía una buena +colocación (porque estaba en Propiedades del Estado), vivíamos muy bien. +En aquella época Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con un lujo... +¡Dios de mi vida! Como él no tenía más idea que aparentar, aparentar, y +ser persona notable...</p> + +<p>—Hija mía—dijo el anciano con vivacidad—, una de las enfermedades del +alma que más individuos trae a estas casas es la ambición, el afán de +engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de +querer subir atropellando a los que están arriba, no por la escalera del +mérito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la +violencia, como si dijéramos, empujando, empujando...».</p> + +<p>No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observación, que +indicaba tanto juicio como experiencia, marchó con acompasado y no muy +lento andar hacia el rincón opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora +en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de +cordoncillo; pero su pena y la situación en que estaba la reclamaron, y +volvió a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto. +Cuando alzó los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en dirección +de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en dirección del ángulo. Sin +advertir que el buen señor estaba muy agitado, sin duda por hacerse +generosamente partícipe de las penas que había oído referir, Isidora se +distraía un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que +embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espíritu para que +dé un par de vueltas o paseos por el campo de la distracción, y se +fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un +largo período de antesala, ayudan este fenómeno del alma.</p> + +<p>Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el +pasar y repasar del anciano escribiente había algo de oscilación de +péndulo; como, además, del propio interior de Isidora se derivaba una +dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues, +un ratito contemplando la habitación. ¡Qué bonito era el mapa de España, +todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de números +que subían creciendo, de rengloncitos estadísticos que bajaban +achicándose, de círculos y banderolas señalando pueblos, ciudades y +villas! En la región azul que representaba el mar, multitud de barquitos +precedidos de flechas marcaban las líneas de navegación, y por la gran +viñeta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los +faros, y además muelles llenos de fardos, chimeneas de fábricas, ruedas +dentadas, globos geográficos, todo presidido por un melenudo y furioso +león y una señora con las carnes bastante más descubiertas de lo que la +honestidad exige... ¡Qué silencio tan hondo y suave se aposentaba en la +sosegada estancia, y cómo se sentía el ambiente puro del campo! Sólo +cuando se abría la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas +y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. ¡Y cuántos y +cuán bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual +gallardeaba un busto de yeso! Aquel señor blanco sin niñas en los ojos, +con los hombros desnudos como una dama escotada, debía de ser alguno de +los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en él, en el estante de +los libros y en el mapa gráfico—estadístico se cifraba toda la sabiduría +de los siglos.</p> + +<p>En este reconocimiento del lugar empleó Isidora menos de un minuto. De +pronto se fijó en el anciano, que seguía pasando por delante de ella con +rapidez creciente, y se asombró de ver la agitación de sus manos, el +temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy +distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simpática. Parándose +ante Isidora, exclamó con palabra torpe y muy conmovida:</p> + +<p>«Señora, nunca hubiera creído esto en una persona como usted.</p> + +<p>—¡Yo!—murmuró Isidora, llena de espanto.</p> + +<p>—¡Sí!—dijo el otro alzando la voz—, usted me está insultando; usted me +está insultando».</p> + +<p>El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitación +creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levantó buscando la +puerta; corrió hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre +tanto el anciano gritaba:</p> + +<p>«Insultándome, sí, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de +padre... ¡Oh, Señor! Perdónala, perdónala, Señor, porque no sabe lo que +se dice».</p> + +<p>Isidora salió al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante +comprendió la causa de su miedo. Sonriendo, la tomó de la mano para +obligarla a entrar.</p> + +<p>«El pobre Canencia...—dijo—. Cosa rara... Hace tanto tiempo que está +tranquilo... Pero es un ángel, es incapaz de hacer el menor daño».</p> + +<p>Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino +emoción, y dos lágrimas rodaban por sus mejillas.</p> + +<p>«También usted me insulta, señor Director—dijo oprimiéndose el pecho, y +con la entonación y los ademanes de un cómico mediano—. No puedo más, no +puedo más... ¡Adiós, adiós, ingratos!».</p> + +<p>Y salió escapado.</p> + +<p>«Eso le pasa pronto—indicó el Director a Isidora, que aún no había +vuelto de su espanto—. Es un bendito; hace treinta y dos años que está +en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres años, sin la más +ligera perturbación. Sus accesos no son más que lo que usted ha visto. +Principia por decir que tiene dos máquinas eléctricas en la cabeza y +luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por +la huerta, y al cabo de un rato está ya sereno. Trabaja bien, me ayuda +mucho, y, como usted habrá visto si le ha oído, es de encargo para dar +consejos. Parece un santo y un filósofo. Yo le quiero al pobre Canencia. +Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste +que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y +hoy menos que nunca».</p> + +<p>El Director dio un gran suspiro, expresión oficial de sus sentimientos +compasivos, e Isidora quedose fría, aguardando terribles noticias. ¡Cómo +miraba al buen señor, deletreando en su cara, y qué bien le decía esta +que no esperara nada bueno!</p> + +<p>«Yo quisiera verle...—balbució Isidora.</p> + +<p>—Eso es imposible. ¡Verle!, ¿y para qué?... Mal, muy mal está el pobre +Rufete—afirmó el Director, moviendo la cabeza—. Llénese usted de +paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si +no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a +descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi +familia en ese estado, desearía...».</p> + +<p>Trabajo le costó a Isidora admitir la funesta verdad que se le quería +anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer +aquel nudo que en su garganta se formaba, habló con medias palabras de +esta manera:</p> + +<p>«Quién sabe... Todavía... Pero yo quiero verle.</p> + +<p>—Vamos, que no... Ya...».</p> + +<p>El buen señor estaba impaciente. Tenía que hacer.</p> + +<p>«Siéntese usted...—murmuró acercando un sillón—. ¿Quiere usted que le +traiga un vaso de agua?».</p> + +<p>Isidora no decía nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de +yeso. Lo examinó bien y estúpidamente, viéndole con claridad, por esa +atracción rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce +sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por +algún tiempo asociado a la noticia misma...</p> + + +<p class="head"><b>—IV—</b></p> + +<p>Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentísimo +Canencia, ocurría no lejos de allí un hecho que, con ser muy triste, no +afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran éstos el Director +facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el +capellán y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se +trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fácil +y término decidido. El enfermo apenas tenía movimiento y vida más que en +la cabeza; no padecía nada; se iba por rápida y llana pendiente, sin +choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa.</p> + +<p>«Muere bien»—dijo en voz baja el médico.</p> + +<p>El paciente dio un gran suspiro, abrió los ojos, miró a todos uno por +uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas +recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que +más que nada era profundísima lástima de sí mismo, pronunció estas +palabras: «Caballeros, ¿es cierto lo que me figuro?... ¿Es cierto que +estoy en Leganés?».</p> + +<p>El médico le quiso consolar con palabras campechanas.</p> + +<p>«Hombre, no sea usted tonto...; si está usted en su casa... Vamos, que +se va usted a poner bueno».</p> + +<p>El enfermo movió tristemente la cabeza. Permaneció largo rato mudo. +Después tomó la mano del cura, la besó... Quiso hablar, no pudo, se le +vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de +voluntad, pudo decir a media voz:</p> + +<p>«Mis hijos..., la marquesa...».</p> + +<p>Y calló para siempre. Médico y aprendiz observaron con la atención y la +frialdad de la ciencia aquel caso de tránsito, y después se fueron a +extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestándoles con más +lástima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El +aprendiz de médico declaró al punto conocerla, y alegrándose de que allí +estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y +del compromiso de consolarla y darle algún socorro si lo había menester.</p> + +<p>Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y allí pasó lo que +referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender +la certeza de su desdicha, cuando entró en el despacho un mozo como de +veinticuatro años, el cual, llegándose a ella con muestras de confianza, +le dijo:</p> + +<p>«¿Conque usted por aquí, Isidora?... ¡Y en qué momento tan triste!... +¿Pero no me conoce usted? ¿Tan desmemoriada estamos, Isidora? ¿No se +acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al +Tomelloso a buscar a su tío de usted, el señor Canónigo, para salir +juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. ¿No se acuerda +usted tampoco de mi hermano Alejandro? ¿No se acuerda de que algunas +veces, por vacaciones, íbamos acompañando a mi padre?... Pues hace cinco +años que estoy aquí estudiando Medicina. ¿Y cómo está su señor tío? +¿Hace mucho que ha dejado usted aquel célebre Tomelloso?...».</p> + +<p>Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena; +le miraba y le reconocía. Sí, su memoria se iba iluminando ante aquella +fisonomía que con ninguna otra podía confundirse. Aquel semblante pálido +y moreno, tan moreno y tan pálido que parecía una gran aceituna; aquella +brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca, +cuyos dientes blanquísimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja +ancha, tan negra y espesa que parecía cinta de terciopelo, y aquellos +ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la ironía +del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras, +aquel abandono en el vestir, y, por último, la desenfadada manera de +insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el +hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente +de Isidora ideas mil y recuerdos de una época en que la infancia se +confundía con la adolescencia, época de tonterías, de miedos, de +inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable. +No acertó a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de +la situación, y poniéndose todo lo serio que podía, cosa en él de +grandísima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido:</p> + +<p>«Lo primero es que usted salga de esta casa...; ¡ay, qué casa!... Nada +hay que hacer aquí. Si va usted a Madrid tendré mucho gusto en +acompañarla».</p> + +<p>Isidora manifestó deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que +había traído para pagar los atrasos de la pensión de Rufete, pero el +Director no lo consintió. En cuanto a las ropas, tanto instó al +bondadoso señor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando +las gracias en nombre de los demás enfermos pobres que tanto las +necesitaban.</p> + +<p>Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazón y se alejaron +silenciosos del tristísimo pueblo, en el cual casi todas las casas +albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatán Miquis, respetando +su dolor, tan sólo indicó esto:</p> + +<p>«En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranvía».</p> + +<p>Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis creyó oportuno distraer a su +compañera de viaje, porque, realmente, ¿a qué conducía aquel llorar +continuo, si nada podía remediarse? Era preciso hacer frente al dolor, +fiero enemigo que se ceba en los débiles; convenía sobreponerse, pues... +hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como +siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habló de la belleza del +primaveral día (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de +Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invitó a Isidora +a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol +y la jornada iba a ser un poco larga.</p> + +<p>Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, él contemplativo, +dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de +ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban.</p> + +<p>«Isidora...</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. ¿Es cierto o no +que en el Tomelloso nos tuteábamos?».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_II" id="Capitulo_II"></a>Capítulo II</h3> + +<p class="head">La Sanguijuelera</p> + + +<p>En el domicilio de su pariente y padrino, don José de Relimpio (de quien +se hablará cuando sea menester), pasó Isidora la noche de aquel día de +abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar +a Encarnación y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios más +excéntricos de Madrid. La que llamaremos todavía, por respeto a la +rutina, hija de Rufete, tenía la costumbre de representarse en su +imaginación, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que +fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera +que la interesase, visita, entrevista, escena, diversión, desde mediodía +o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario +relieve y color, desarrollándose con sus cuadros, lugares, perspectivas, +personas, figuras, actitudes y lenguaje. Así, mucho antes del alba, +Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su tía y de +su hermano; los veía como si los tuviera delante; hablaba con ellos +preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oía las +inflexiones de la voz de cada uno.</p> + +<p>Las ocho serían cuando salió para hacer verdadero lo imaginado; pero +como tenía que ir desde la calle de Hernán Cortés a la de Moratines, en +el barrio de las Peñuelas, deteniéndose y preguntando por no conocer muy +bien a Madrid, ya habían dado las diez cuando entró por el conocido y +gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difícil desde allí dar con la +morada de su tía. A mano derecha hay una vía que empieza en calle y +acaba en horrible desmonte, zanja, albañal o vertedero, en los bordes +rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta vía, +Isidora hizo rápido examen del lugar en que se encontraba, y que no era +muy de su gusto. Tenía, juntamente con el don de imaginar fuerte, la +propiedad de extremar sus impresiones, recargándolas a veces hasta lo +sumo; y así, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba +al punto en colosal; lo pequeño se le hacía minúsculo, y lo feo o bonito +enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderación.</p> + +<p>Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y +desconchadas, los letreros innobles, los rótulos de torcidas letras, los +faroles de aceite amenazando caerse; al ver también que multitud de +niños casi desnudos jugaban en el fango, amasándolo para hacer bolas y +otros divertimientos; al oír el estrépito de machacar sartenes, los +berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias +tirando de carros atascados, y el susurro de los transeúntes, que al dar +cada paso lo marcaban con una grosería, creyó por un momento que estaba +en la caricatura de una ciudad hecha de cartón podrido. Aquello no era +aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada +por vía de limpieza para que no corrompiera el centro.</p> + +<p>Y siguiendo en su manía de recargar las cosas, como viera correr por la +calle—zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias +industrias tintóreas, al punto le pareció que por allí abajo se +despeñaban arroyuelos de sangre, vinagre y betún, junto con un licor +verde que sin duda iba a formar ríos de veneno. Alzose con cuidadosa +mano las faldas, y avanzó venciendo su repugnancia. No tuvo que andar +mucho para encontrar la puerta que buscaba. Sí, allí era. Bien reconocía +la muestra que años atrás estaba en la calle de la Torrecilla, y que +decía clarito, con azules caracteres, <i>Cacharrería</i>. Reconoció también +una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde, +jeroglíficamente, se anunciaba un importante comercio. ¡Cómo recordaba +Isidora haber visto en su niñez la redoma pintada, en cuyo círculo +aparecían nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que +servían de insignia industrial a Encarnación Guillén, conocida en +distintos barrios con el nombre de <i>la Sanguijuelera</i>!</p> + +<p>La puerta tenía una trampilla en la parte baja, la cual parecía servir +de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de +balcón en caso de que por allí, cosa no imposible, pasasen procesiones +cívicas o religiosas. Isidora se había figurado que su tía (o más bien +tía de su supuesta madre) estaría en la puerta; pero esto, como otras +muchas cosas de las que imaginaba, no resultó cierto. Asomose a la +tienda, y de un golpe de vista abarcó la menguada granjería, sacando +consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnación +Guillén. ¡Cómo había descendido la infeliz de grado en grado, desde su +gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en +tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de +cacharros ordinarios! Y los anélidos que componían su escudo, ¿dónde +estaban? ¡Oh!, no podían faltar; allí se los veía en enormes botellas, +con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados, +aburridos, quietos, como si acecharan una víctima y esperasen a que +entrara por la puerta. Isidora admiró después el orden y aseo con que +todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste.</p> + +<p>Los pucheros de Alcorcón, los jarros de Talavera y Andújar, los botijos +y la cristalería de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de +limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni +faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre +cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de +Encarnación era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba, +y que contenía diversidad de artículos, compañeros infalibles del ramo +de cacharrería. En un hueco había flor de malva, en otro cercano +violetas secas, más allá greda para limpiar, adormideras, cerillas de +cartón. Seguía el pimentón molido, que sirve para pintar la comida del +pueblo, y luego los cañamones, de que se sustentan los pajarillos +presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban +algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los +vasares. Entre tanta chuchería, Isidora encontró otro antiguo conocido, +otra amistad de su infancia. Era un cartel que decía:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 1.5em;">Ojo al Cristo.</span><br> +Aquí murió el fiar<br> +y el prestar también murió,<br> +y fue porque le ayudó<br> +a morir el mal pagar.<br> +</p> + +<p>Isidora sabía de memoria esta composición epigramática de su tía, que +terminaba así:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 1.5em;">Si fío,</span><br> +aventuro lo que es mío.<br> +Y si presto,<br> +al pagar ponen mal gesto.<br> +Pues para librarme de esto,<br> +ni doy, ni fío, ni presto.<br> +</p> + +<p>Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada más. Isidora +gritó: «¡Tía, tía!».</p> + +<p>Apareció entonces <i>la Sanguijuelera</i>, y tía y sobrina se abrazaron y +besaron. La joven callaba llorando; la anciana empezó a charlar desde el +primer momento, porque no había situación en que pudiese guardar +silencio, y antes se la viera muerta que muda.</p> + +<p>«¡Oh quimerilla!..., ya estás aquí... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche +supe que cerró el ojo Tomás... No te aflijas, paloma. Más vale así... +¿Qué vas a sacar de esos sentimientos? Siéntate... Espera que quite +estos botijos... Si Tomás ya no vivía ¡el pobre! Bien lo dije yo hace +cinco mil domingos: «Este acabará en Leganés». Nunca tuvo la cabeza +buena, hija, y con sus locuras despachó a tu madre, aquella santa, +aquella pasta de ángel, aquel coral de las mujeres... ¡Pobre Francisca, +niña mía!</p> + +<p>—¿Y Mariano?—dijo Isidora, que extrañaba no ver allí a su hermano.</p> + +<p>—Está en el trabajo... Le he puesto a trabajar. ¡Hija, si me comía un +carcañal!... Es más malo que Anás y Caifás juntos. No puedo hacer +carrera de él. ¡Vaya, que ha salido una pieza <i>colunaria</i>!... Yo le +llamo <i>Pecado</i>, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del +demonio. Me tiene asada el alma. ¿Sabes dónde está? Pues le puse en la +fábrica de sogas de ese que llaman <i>Diente</i>, ¿estás?, y me trae +dieciocho reales todas las semanas...</p> + +<p>—¿Y no va a la escuela?—preguntó Isidora expresando no poco disgusto.</p> + +<p>—¡Escuela! Que si quieres... ¿Y quién le sujeta a la escuela? Bueno es +el niño. Ahí le puse en esa de los <i>Herejes</i>, donde dicen la misa por la +tarde y el rosario por la mañana. Daban un panecillo a cada muchacho, y +esto ayuda. Pero aguárdate; un día sí y otro no, me hacía novillos el +tunante. Después le puse en los <i>Católicos</i> de ahí abajo, y se me +escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a +trabajar. ¡Qué puñales!..., no están los tiempos para mimos. Estoy muy +mal de acá, hija. Ya ves este escenario. ¿Te acuerdas de mi +establecimiento de la calle de la Torrecilla? ¡Aquéllos sí que eran +tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumbó; tu papaíto, que de +Dios goce, ¡tres puñales, me trajo a esta miseria! ¡Ya ves qué polla +estoy!; sesenta y ocho años, chiquilla, sesenta y ocho miércoles de +Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir +nunca de cristos a porras. Hoy ganado y mañana perdido. Todo se hace sal +y agua. Eso sí, siempre tiesa como un ajo, y todavía, aquí dónde me ves, +le acabo de dar una patada a la muerte porque el año pasado tuve una +ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva +aclararon el modo de hablar, y aquí me tienes. Soy la misma +<i>Sanguijuelera</i>, más saludable que el tomillo, más fuerte que la puerta +de Alcalá, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del +oro, más fiera que el león del Retiro, si se ofrece, resignada con la +mala suerte, sin deber nada a nadie, y más charlatana que todos los +cómicos de Madrid».</p> + +<p>Era Encarnación Guillén la vieja más acartonada, más tiesa, más ágil y +dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenómeno común en las personas +de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura, +que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante +aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequeña, redonda, arrugada +y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movían los +músculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fría +que se daba todas las mañanas. Sus ojos, que habían sido grandes y +hermosos, conservaban todavía un chispazo azul, como el fuego fatuo +bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finísimas rayas curvas +que se estiraban o se contraían conforme iban saliendo las frases de la +boca, se guarnecía de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales +se entretejía el más gracioso peinado de esterilla que llevaron momias +en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a +quien no se podría dar con propiedad el nombre de moño. Dos palillos mal +forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de +moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos +manos de esqueleto, con las falanges tan ágiles que parecían sueltas, no +paraban en su fantástico girar alrededor de la frase, cual comentario +gráfico de sus desordenados pensamientos. Vestía una falda de diversos +pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso, +cual madero bifurcado en dos piernas. Tenía actitudes de gastador y paso +de cartero.</p> + +<p>Era mujer de buena índole, aunque de genio tan turbulento y díscolo, que +nadie que junto a ella estuviese podía vivir en paz. No había tenido +hijos ni había sido casada. Crió a una sobrina, a quien quiso a su +manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal +sobrina casó con Rufete, resultando de esta unión una desgraciada +familia y el violentísimo odio que <i>la Sanguijuelera</i> profesaba a todos +los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa +y apocada con un hombre que tenía la más destornillada cabeza del orbe, +consumió diferentes veces las economías y la paciencia de Encarnación, +que era trabajadora y comerciante, y tenía sus buenas libretas del Monte +de Piedad. «Todo se lo comió ese descosido de Rufete—decía—, ese +holgazán con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo +agua una noche para sacarle de la cárcel, cuando aquel feo negocio de +los billetes de lotería. La cacharrería de la calle de la Torrecilla se +resquebrajó después, y pieza por pieza se la fueron tragando el médico y +el boticario, cuando cayó Francisca en la cama con la enfermedad que se +la llevó. He ido mermando, mermando, y aquí me tienen, ¡qué puñales!, en +este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos +locales, con aquellas anaquelerías y aquel mostrador donde había un +cajón de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de +urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se +repican las campanas cuando se ve una peseta..., ¡qué puñ...!».</p> + +<p>Francisca murió; Rufete fue encerrado en Leganés. De los dos hijos, +Encarnación recogió al pequeñuelo, e Isidora partió al Tomelloso a vivir +al amparo de su tío el Canónigo. De lo demás, algo sabe el lector, y el +resto, que es mucho y bueno, irá saliendo.</p> + +<p>«¿Sabes que estás muy cesanta?»—dijo <i>la Sanguijuelera</i>, observando el +vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que +desear.</p> + +<p>Isidora contestó con tristeza que su tío el Canónigo no era hombre de +muchas liberalidades. Después <i>la Sanguijuelera</i> observó con malicia el +rostro y talle de la joven, diciéndole:</p> + +<p>«Pero estás guapa. Pues no lo parecías... Cuando niña tenías un +empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., ¡qué casa!... Era la +jaula del león..., pues andabas por allí en pernetas con un mal +faldellín. Parecías el Cristo de las enagüillas. ¡Qué flaqueza!, ¡qué +color! Yo decía que te habían destetado con vinagre y que te daban tu +ración en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., ¡qué +duras carnes!—añadió pellizcándola en diferentes partes de su cuerpo—. Y +en la cara tienes ángel. De ojos no andamos mal. ¡Qué bonitos dientes +tienes! Veremos si te duran como los míos. Mírate en este espejo».</p> + +<p>Y le enseñó su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad. +Isidora se aburría un poco. Mirando con tristeza a la calle, preguntó:</p> + +<p>«¿En dónde está trabajando Mariano? Yo quiero verle.</p> + +<p>—Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos +allá. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando más que un molino de +viento... ¡Señá Agustina!...».</p> + +<p>Gritó desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su +vecina, salió impaciente. No tardó cinco minutos en volver acompañada de +una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente +vestida, pero peinada con increíble esmero. Aquella gente tiene su lujo, +su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables +trapos, no pueden faltar el moñazo empapado en grasa y bandolina, ni los +rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de +negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa +bata de lana roja con cuadros negros, que parecía haber servido de +alfombra en un salón de baile de Capellanes.</p> + +<p>«Guárdeme la tienda un ratito—le dijo <i>la Sanguijuelera</i>—, que voy con +mi sobrina a un recado... ¿No conocía usted a mi sobrina? ¿Ve usted qué +moza?... Isidora, esta señora es una amiga..., pared por medio. Se llama +la señora <i>A ti suspiramos</i>, porque no resuella como no sea para +lamentarse. Verdad es que ella está enferma, su marido es borracho, su +padre ciego, y la casa, ¡qué puñales!, no está empedrada con +pesetas...».</p> + +<p>Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con +esto anunciaba un relato sentidísimo de sus desgracias. Pero <i>la +Sanguijuelera</i>, cortándole la palabra, se echó un mantón sobre los +hombros y salió con su sobrina, tomando el camino de la calle de las +Amazonas, adonde llegaron pronto.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_III" id="Capitulo_III"></a>Capítulo III</h3> + +<p class="head">Pecado</p> + + +<p>«Ese tunante de <i>Pecadillo</i>—dijo <i>la Sanguijuelera</i> metiéndose por un +portal obscuro—no sospecha que viene a verle su hermana. No te conocerá. +Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qué..., ¿no ves? Agárrate a mí, +que yo veo en lo negro como las lechuzas».</p> + +<p>Atravesaron un antro. Encarnación empujó una puerta. Halláronse en +extraño local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de +mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda recibía la luz +de un patio estrecho, elevadísimo, formado de corredores sobrepuestos, +de los cuales descendía un rumor de colmena, indicando la existencia de +pequeñas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La +escasa claridad que de aquella abertura, más que patio, venía, llegaba +tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista +para distinguir los objetos; y aun después de ver bien, no se podía +abarcar todo el recinto, sino la zona más cercana a la puerta, porque lo +demás se perdía en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran +túnel, del cual no se distinguía sino la parte escasamente iluminada por +la boca. El fondo se perdía en la indeterminada cavidad fría de un +callejón tenebroso. En la parte clara de tan extraño local había grandes +fardos de cáñamo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo +por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal +torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa áspera, +filamentos mil que después de flotar por el aire, como espectros de +insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aquí y allá, sobre +la ropa, el cabello y la nariz de las personas.</p> + +<p>En el eje de aquel túnel que empezaba en luz y se perdía en tinieblas, +había una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del día y del +momento. El cáñamo se retorcía con áspero gemir, enroscándose lentamente +sobre sí mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejándose de la +torsión violenta, y en toda su magnitud rectilínea había un +estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios +del espectador, cual si también, al través de las carnes, los +conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsión +semejante. Isidora lo sentía de esta manera, porque era muy nerviosa, y +solía ver en las formas y movimientos objetivos acciones y +estremecimientos de su propia persona.</p> + +<p>Miraba sin comprender de dónde recibía su horrible retorcedura la soga +trabajada. Allá en el fondo de aquella cisterna horizontal debía de +estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atención, y en +efecto, del fondo invisible venía un rumor hondo y persistente como el +zumbar de las alas de colosal moscardón, zumbido semejante al de +nuestros propios oídos, si tuviéramos por cerebro una gran bóveda +metálica.</p> + +<p>«Es la rueda—dijo <i>la Sanguijuelera</i>, adivinando la curiosidad de su +sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable +industria.</p> + +<p>—¡La rueda! ¿Y Mariano, dónde está?».</p> + +<p>Miraba a todos lados y no veía ser vivo. Pero de pronto apareció un +hombre, que salía de la oscuridad andando hacia atrás muy lentamente y +con paso tan igual y uniforme como el de una máquina. En su cintura se +enrollaba una gran madeja de cáñamo, de la cual, pasando por su mano +derecha y manipulada por la izquierda, salía una hebra que se convertía +instantáneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel +hombre del paso atrás, ovillo animado y huso con pies, era el principal +obrero de la fábrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga.</p> + +<p>«¿No está D. Juan?»—le preguntó <i>la Sanguijuelera</i> extrañando no ver +allí al dueño del establecimiento.</p> + +<p>El huso vivo movió bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse +expresarlo de otro modo.</p> + +<p>«¿Pero dónde está mi hermano?»—preguntó Isidora con angustia.</p> + +<p>La anciana señaló a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: «En la +rueda».</p> + +<p>Isidora echó a andar hacia adentro, dando la mano a su tía. A causa de +los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse +mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. ¡Oh! La soga era larga, +la caverna parecía interminable. En lo obscuro, aun se veía la cuerda +blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres +anduvieron un poco más, dejaron de ver la soga; pero oyeron más fuerte +el zumbar de la rueda acompañado de ligeros chirridos. Se adivinaba el +roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de +las transmisiones, de donde obtenían su girar las roldanas, en las +cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se podía ver.</p> + +<p>«¡Mariano, hermanito!—exclamó Isidora, que creía sentir su garganta +apretada por uno de aquellos horribles dogales—. ¿En dónde estás? ¿Eres +tú el que mueve esa rueda? ¿No estás cansado?».</p> + +<p>No se oyó contestación. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su +marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como +quien escucha.</p> + +<p>«<i>Pecado</i>, ¿qué tal te va?»—gritó con bufonesco estilo <i>la +Sanguijuelera</i>.</p> + +<p>Y añadió, volviéndose a su sobrina:</p> + +<p>«Es un holgazán. Así criará callos en las manos, y sabrá lo que es +trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... ¿Qué +crees tú? Es buen oficio... No podía hacer carrera de este gandul. Todo +el día jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane +para zapatos. Tiene más malicias que un Iscariote».</p> + +<p>Desde el comienzo de este panegírico, redoblose bruscamente la marcha +del mecanismo, y acreció el ruido hasta ser tal que parecían +multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes.</p> + +<p>«¡Mariano!—gritó Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad—. +¡Para, para un momento y ven acá! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy +Isidora. ¿No me conoces ya?».</p> + +<p>El ruido volvió a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa.</p> + +<p>«No puede pararse el trabajo»—dijo Encarnación.</p> + +<p>Pero como realmente se detenía, oyose un grito del huso viviente que +dijo: «¡Aire! ¡Aire a la rueda!».</p> + +<p>Y en efecto, la rueda volvió a tomar su aire primero, su paso natural. +Las dos mujeres callaron, consternada y atónita la joven, aburrida la +vieja. Como había pasado algún tiempo desde su llegada al término de la +caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la +silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las +extrañas aberraciones ópticas de la retina cuando cerramos los ojos +deslumbrados por una luz muy viva.</p> + +<p>«¿Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los +ojos de <i>Pecado</i>...».</p> + +<p>Isidora vio, en efecto, dos pequeñas ascuas. Su hermano la miraba.</p> + +<p>«Pronto serán las doce—indicó la anciana—. Esperemos a que levanten el +trabajo, y nos iremos los tres a comer».</p> + +<p>La hora del descanso no se hizo esperar. Soltó el obrero el cáñamo, +parose la rueda, y el que la movía salió lentamente del fondo negro, +plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho +hermoso y robusto, como de trece años. Isidora le abrazó y le besó +tiernamente, admirándose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la +fuerza de sus brazos, y afligiéndose mucho al notar su cansancio, el +sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su +respiración.</p> + +<p>«Es un gañán—dijo Encarnación examinándole la ropa con tanta severidad +coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...—.Ya +me ha roto los calzones... Ya verás, Holofernes, ya verás».</p> + +<p>Turbado por la presencia y los cariños de su hermana, a quien no +conocía, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atención +semejante a la estupidez. Por último, dijo así con aspereza, remedando +el hablar francote y brutal de la gente del bronce:</p> + +<p>«Chicáaaa..., no me beses más, que no soy santo.</p> + +<p>—A casa»—dijo <i>la Sanguijuelera</i>, saltando sobre el cáñamo.</p> + +<p>Aquel día añadió Encarnación a su olla algo extraordinario. Comieron en +la trastienda, que más bien era pasillo por donde la tienda se +comunicaba con un patio. Durante el festín, que tuvo su añadidura de +pimientos y su contera de pasas, no habría sido fácil explicar cómo con +una sola boca podía <i>la Sanguijuela</i> engullir medianamente y hablar más +que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni hacía +más que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su +hermano.</p> + +<p>«Ya ves qué lindo buitre me ha puesto Dios en casa—decía Encarnación—. +Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. Él come y yo soy quien +se harta; sí, me harto de trabajar para su señoría. Pero oye, león, +¿dirás algún día: «Ya no quiero más»?».</p> + +<p><i>Pecado</i> devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al +pesebre, después de un día de atroz trabajo.</p> + +<p>«Y tú, linda mocosa, ¿no comes?—añadió la vieja—. ¿O es que te has +vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos +ordinarios? Vamos, que para otro día te pondré alas de ángel... Se +conoce que allá en el Tomelloso se estila mucha finura».</p> + +<p>Isidora no contestó. Parecía que estaba atormentada de una idea. Cuando +se acabó la comida y se marchó <i>Pecado</i> para jugar un poco antes de +volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su tía, que +a toda prisa levantaba manteles, le dijo:</p> + +<p>«Tía Encarnación, tengo que hablar con usted una cosa.</p> + +<p>—Aunque sean cuatro».</p> + +<p>Como quien se quita una máscara, Isidora dejó su aspecto de sumisa +mansedumbre, y en tono resuelto pronunció estas palabras:</p> + +<p>«No quiero que mi hermano trabaje más en ese taller de maromas; no +quiero y no quiero.</p> + +<p>—Le señalarás una renta—replicó la anciana con ironía—¡Le pondrás coche! +Y para mis pobres huesos, ¿no habrá un par de almohadones?</p> + +<p>—No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas decentes...</p> + +<p>—Ya lo creo...</p> + +<p>—Pues claro.</p> + +<p>—Pues turbio.</p> + +<p>—Somos personas decentes.</p> + +<p>—Y príncipes de Asturias.</p> + +<p>—Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi +hermano vaya a la escuela.</p> + +<p>—Y al colegio.</p> + +<p>—Eso es, al colegio—replicó Isidora marcando sus afirmaciones con el +puño sobre la endeble mesa—Yo lo quiero así..., y nada más».</p> + +<p>¡Qué fierecilla! ¡Cómo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qué +fuertemente respiraba, y qué enérgica expresión de voluntad tomó su +fisonomía! Todo esto lo pudo observar <i>la Sanguijuelera</i> sin dejar su +ocupación. Amoscándose un poco, le dijo:</p> + +<p>«¿Sabes que estás cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A +ver, echa aquí lo que tengas en el bolsillo. ¿Crees que la gente se +mantiene con cañamones? ¿Crees que hay colegios de a ochavo como los +buñuelos? ¡Qué puño!... Dame guita y verás.</p> + +<p>—Tengo para no pordiosear.</p> + +<p>—¿Te ha dado el Canónigo?</p> + +<p>—Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con +decencia.</p> + +<p>—¡Ah!, canóniga..., tú pitarás... Hablemos claro».</p> + +<p>Y se sentó, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la +mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguardó las +explicaciones de su sobrina.</p> + +<p>«Tía...—murmuró esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa +grave que iba a decir—. Usted sabe que yo y Mariano... ¿Pero usted no lo +sabe?</p> + +<p>—No sé sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habría perdido +el mundo con que os hubierais quedado por allá..., en el Limbo. Venís de +Tomás Rufete, y ya sé que de mala cepa no puede venir buen sarmiento.</p> + +<p>—A eso voy, tía, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como +yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Tomás Rufete.</p> + +<p>—Justo, justo; mi Francisca, mi ángel os parió por obra del Espíritu +Santo, o del demonio.</p> + +<p>—¿Para qué andar con farsas? No somos hijos de D. Tomás Rufete ni de D.ª +Francisca Guillén. Esos dos señores, a quienes yo quiero mucho, +muchísimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo +ser nuestros papás y llamándonos hijos, porque el mundo..., ¡qué mundo +este!».</p> + +<p><i>La Sanguijuelera</i> cambió bruscamente de disposición y de tono. No +palideció, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los +pergaminos; pero abrió los ojos, y empuñando el brazo de su sobrina, le +golpeó el codo contra la mesa, y le dijo con ira:</p> + +<p>«¿De dónde has sacado esas andróminas? ¿Quién te ha metido esa estopa en +la cabeza?</p> + +<p>—Mi tío el Canónigo.</p> + +<p>—Me parece a mí que tu tío el Canónigo...</p> + +<p>—Él me ha contado todo—afirmó Isidora con acento de profundísima +convicción—. Usted se hace de nuevas, tía; usted me oculta lo que +sabe... No se haga usted la tonta. ¿Es la primera vez que una señora +principal tiene un hijo, dos, tres, y viéndose en la precisión de +ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y +ellos se crían y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta +que de repente un día, el día que menos se piensa, se acaban las farsas, +se presentan los verdaderos padres?... Eso, ¿no se está viendo todos los +días?</p> + +<p>—En sesenta y ocho años no lo he visto nunca... Me parece que tú te has +hartado de leer esos librotes que llaman novelas. ¡Cuánto mejor es no +saber leer! Mírate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para +mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acábame el cuento. +Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una señorita principal os +dio a criar, y desapareció...</p> + +<p>—¡Usted lo sabe, usted lo sabe!—exclamó la joven rebosando alegría.</p> + +<p>—No sé más sino que te caes de boba. Eres más sosa que la capilla +protestante.</p> + +<p>—Mi madre—declaró Isidora poniéndose la mano en el corazón, para +comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo—, mi +madre... fue hija de una marquesa».</p> + +<p>Como un petardo que estalla, así reventó en estrepitosa risa <i>la +Sanguijuelera</i>, apretándose la cintura y mostrando sus dos filas de +dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y después le acometió una tos +de hilaridad que le hizo suspender el diálogo por más de un cuarto de +hora. Algo confusa, Isidora esperó a que su tía volviese en sí de aquel +síncope burlesco para seguir hablando. Por último, dijo con malísimo +humor:</p> + +<p>«¡Qué bien finge usted!</p> + +<p>—Perdone vuecencia—replicó Encarnación en el tono más cómico del mundo—. +Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia tendrá +que hacer diligencias y buscar papeles.</p> + +<p>—Tengo papeles..., ¡y qué papeles!</p> + +<p>—¿Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendrá que untar +escribanos.</p> + +<p>—No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho.</p> + +<p>—Vuestra serenísima majestad cogerá una herencia, porque sin herencia +todo sería pulgas, ¿verdad, hermosa?</p> + +<p>—Mi madre no vive. Mi abuela sí.</p> + +<p>—¡Ah!, ¿la abuelita de tu vuecencia vive? ¿Y quién es la señora +pindonga?</p> + +<p>—No se burle usted, tía. Esto es muy serio—declaró Isidora tocada en lo +más vivo de su orgullo—. Es usted lo más atroz... Yo que venía a que me +diese pormenores y su parecer...</p> + +<p>—Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma—repuso <i>la Sanguijuelera</i> +levantándose—. Pues tú has querido que yo te dé pormenores..., pobre +almita mía...».</p> + +<p>En el rincón del pasillo había una larga caña que servía para descolgar +los cacharros. Encarnación revolvió sus ojos buscándola.</p> + +<p>«Vaya que ha sido una picardía haberle ocultado a estos angelitos que +salieron del vientre de una marquesa».</p> + +<p>Y tomó la caña.</p> + +<p>«¡Quién será el dragón que ha querido birlarlos la herencia!... ¡A ese +tunante le sacaría yo las entrañas!... Cuidado que engañar así a mis +niños, haciéndolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad allá, pillos, +que mi niña es duquesa y mi niño es vizconde... ¡Re-puñales!».</p> + +<p>Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las +cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los +pequeños, sin dejar por eso de quererles, componían, con la verbosidad +infinita, el carácter de Encarnación <i>la Sanguijuelera</i>. Su flaca pero +fuerte mano empuñó la caña, y descargándola sin previo anuncio sobre la +cabeza de su sobrina, la rompió al primer golpe. Puso el grito en el +cielo la víctima, exclamando: «¡Pero, tía!...». La vieja recogió y unió +los dos pedazos de la caña, de lo que resultaba que podía pegar más a +gusto, y ¡zas!, emprendió una serie de cañazos tan fuertes, tan bien +dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora, +que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gemía, se dejaba +caer en el suelo, se arrastraba, escondía la cabeza, se revolvía. Y en +tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo, +encendíase más en furia a cada golpe, y los acompañaba de estas +palabras:</p> + +<p>«¡Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puños, cachas!... Cabeza llena de +viento... Vivirás en las mentiras como el pez en el agua, y serás +siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de +chiflados... ¡Ah, puño!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de +solfeos cada día te quitaría el polvo. Toma vanidad, toma lustre».</p> + +<p>Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir, +subdiácono), un rasguño o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su +verdugo, aunque lo intentó devolviendo cólera por cólera, hubo de +rendirse al fin, y sucumbió diciendo con gemido: «Por Dios, tía, no me +pegue usted más».</p> + +<p>En sus veinte años, Isidora tenía menos fuerza que la sexagenaria +Encarnación. Sin aliento yacía en tierra la víctima, recogiendo sus +faldas y sacudiéndoles la tierra, tentándose en partes diversas para ver +si tenía sangre, fractura o contusión grave, mientras <i>la +Sanguijuelera</i>, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba +los vencedores pedazos de caña y alargaba su mano generosa a la víctima +para ayudarla a levantarse.</p> + +<p>«¡Cómo se conoce—dijo al fin la sobrina con vivísimo tono de +desprecio—que no es usted persona decente!</p> + +<p>—¡Más que tú, marquesa del pan pringao!—gritó la vieja, esgrimiendo de +tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de +metérselos por los ojos.</p> + +<p>—Usted no es mi tía. Usted no tiene mi sangre.</p> + +<p>—Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado, +harta de miseria. Mira, como vuelvas aquí, ¿sabes lo que hago?</p> + +<p>—¿Qué?—preguntó Isidora, sintiéndose con más fuerzas para rechazar un +nuevo ataque.</p> + +<p>—Pues si vuelves aquí, cojo la escoba... y te barro ¡qué puño!, te echo +a la calle como se echa el polvo y cáscaras de fruta».</p> + +<p>Isidora no dijo nada, y recobrándose marchó hacia la puerta. Abierta con +trémula mano la trampilla, salió andando aprisa, cuesta arriba, en busca +de la ronda de Embajadores, que debía conducirla a país civilizado. +Temía que la vieja iría detrás injuriándola, y no se equivocó. <i>La +Sanguijuelera</i>, echando la cabeza fuera de la puerta, la despedía con +una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle. +Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de +amarillos dientes descubiertos hasta la raíz por estúpido asombro, +bustos envueltos en pañuelos de distintos colores; y más de cuatro +andrajosos chiquillos saltaron detrás de Isidora para festejarla con +gritos y cabriolas.</p> + +<p>Sin detenerse, la joven lanzó desde lo profundo de su alma, llena de +pena y asco, estas palabras:</p> + +<p>«¡Qué odioso, qué soez, qué repugnante es el pueblo!».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IV" id="Capitulo_IV"></a>Capítulo IV</h3> + +<p class="head">El célebre Miquis</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente +salud. Tan sólo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a +veces la hacían pasar de claro en claro las noches. La causa de esto +parecía ser como una sed de su espíritu, que se fomentaba, sin +aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar +hechos que pasarían, que tendrían que pasar, que no podían menos de +tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda +vida encajada en la vida fisiológica y que se desarrollaba potente, +construida por la imaginación, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni +un accesorio.</p> + +<p>En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos +y personas. Intervenía en aquellos, hablaba con estas. Las funciones +diversas de la vida se cumplían detalladamente, y había maternidad, +amistades, sociedad, viajes, todo ello destacándose sobre un fondo de +bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apócrifa a la primera +auténtica, érale menos fácil de lo que parece. Era necesario que las de +Relimpio, con quienes vivía, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy +grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la máquina de +coser, o que su padrino, el bondadosísimo D. José de Relimpio, le +contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se +entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera +en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricación +mental de su segunda vida.</p> + +<p>Cinco días después de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena +con <i>la Sanguijuelera</i>, levantose Isidora más tarde que de costumbre, +por haber dormido la mañana, y se arregló aprisa. Aquel día estrenaba +unas botas. ¡Qué bonitas eran y qué bien le sentaban! Esto pensó ella +poniéndoselas y recreándose en la pequeñez y configuración graciosa de +sus pies, y dijo para sí con orgullo: «Hoy, al menos, no me verá con el +horrible calzado roto que traje del Tomelloso». La vergüenza que sintió +al mirar las botas viejas que en un rincón estaban, también muertas de +vergüenza, no es para referida. Juró dar aquellos miserables despojos al +primer pobre que a la puerta llegase.</p> + +<p>Púsose su vestidillo negro, que a toda prisa se había hecho aquellos +días, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirándose al espejo con +movimientos de pájaro, y se dispuso a salir. Antes abrió el balcón, y +mirando a la calle, dijo: «Allí está ya. ¡Qué puntual y qué caballero +es!».</p> + +<p>Salió. Las de Relimpio le preguntaron que dónde iba.</p> + +<p>«Voy en busca de mi tía»—repuso ella.</p> + +<p>Y bajando la escalera decía para sí:</p> + +<p>«He tenido que mentir. Cuando yo esté en mi posición, en mi verdadera +posición, no diré jamás una mentira. ¡Cuánto me repugna lo que no es +verdad!... ¿Pero qué pensaría esa gente si yo les dijera que voy de +paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo +que quería enseñarme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro, +la Castellana».</p> + +<p>Y volvió a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta +historia dicen que eran de becerro mate con caña de paño negro cruzada +de graciosos pespuntes.</p> + +<p>«Me han costado tres duros—pensó Isidora en los últimos peldaños—. Con +siete del vestido son diez; seis que di a doña Laura a cuenta, son +dieciséis. Aún me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela. +Después el tío me mandará más, y después...».</p> + +<p>Isidora vivía en el 23 de la calle de Hernán Cortés. Miquis se paseaba +desde la lechería a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba +embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el día era claro y +hermoso, se sentía fresco.</p> + +<p>Saludáronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme +a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los +demás, pensaba así durante los primeros pasos: «Ahora me va a decir que +parezco otra, que me he transformado desde que estoy aquí...».</p> + +<p>Pero también se equivocó esta vez, como otras muchas, porque Miquis +habló de cosa muy distinta.</p> + +<p>«Me parece—dijo—que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las +regiones etéreas. ¿No entiendes? En el paraíso del Teatro Real.</p> + +<p>—Sí, allá van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan +mucho, cosen a máquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito +con balcón a la calle. Antes no sé si lo ocupaba un señor sacerdote. +Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. José es el +tipo más célebre del mundo».</p> + +<p>Isidora rompió a reír, y después, haciendo gala de uno de sus talentos +más brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se +explicó así:</p> + +<p>«¿No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidarías. Es un +galán viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece +cabello de ángel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de +almíbar; qué sé yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro +con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio, +según dicen. Cose a máquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es +lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos +en un libro grande, ¿sabes?... Es preciso que le conozcas.</p> + +<p>—¿Hace falta médico en la casa?</p> + +<p>—Hombre, sí. Doña Laura se queja de un dolor..., no sé dónde.</p> + +<p>—Pues entraré contigo. Iré a hacerte una visita de ceremonia, diciendo +que me manda tu tío el de Tomelloso.</p> + +<p>—Ya veremos el modo de que entres».</p> + +<p>Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque +Isidora se detenía ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y +vario que en ellos hay siempre. También era motivo de sus detenciones el +deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las +mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para +ver si van tan bien como suponen o pretenden.</p> + +<p>En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy +distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho más +altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios +llenos de chucherías. Sin haber adquirido por lecturas noción alguna del +verdadero arte, ni haber visto jamás sino mamarrachos, comprendía la +superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiración +silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallándolos todos, o casi +todos, tan acabados y perfectos, que se prometió ir con frecuencia al +edificio del Prado para saborear más aquel goce inefable que hasta +entonces le fuera desconocido. Preguntó a Miquis si también en aquel +sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como +el estudiante le contestara que sí, se asombró mucho de ello.</p> + +<p>Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano +cambiarse con el insulso rótulo de <i>Parque de Madrid</i>. Allí las +emociones de Isidora fueron una alegría casi infantil, un deseo vivo de +correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las +acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de +dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque +desvirtuada por la corrección, despertaba en su impresionable espíritu +instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto +comprendió que aquello era un campo urbano, una ciudad de árboles y +arbustos. Había calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por allí +andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire, +ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con +guantes, sombrilla, bastón. Prontamente se acostumbró el espíritu de +ella a considerar el Retiro (que sólo conocía por vagos recuerdos de su +niñez) como una ingeniosa adaptación de la Naturaleza a la cultura; +comprendió que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido +también civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos +deseos de correr y columpiarse, pensó gravemente de este modo: «Para +otra vez que venga, traeré yo también mis guantes y mi sombrilla».</p> + +<p>Después de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al +estanque grande, que es un mar de bolsillo, como decía Miquis. Este la +llevó luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que +están entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre +como un niño, porque también en él, parroquiano constante del Retiro, +hacía sentir su influjo la vegetación nueva de Primavera, los juegos del +sol entre las ramas, el meneo de las hojas acariciándose, y aquel +ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo +atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quitó +arrojándola por tierra. Hizo después una almohada de ella y se tendió en +el suelo. Isidora se sentó frente a él.</p> + +<p>«¿Oyes los pájaros?—dijo Miquis—Son ruiseñores».</p> + +<p>Isidora había oído hablar de los ruiseñores como cifra y resumen de toda +la poesía de la Naturaleza; pero no los había oído. Estos artistas no +iban nunca por la Mancha. Puso atención, creyendo oír odas y canciones, +y su semblante expresaba un éxtasis melancólico, aunque a decir verdad +lo que se oía era una conversación de miles de picos, un galimatías +parlamentario—forestal, donde el músico más sutil no podría encontrar +las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis +se echó a reír, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa +situación en que ambos se encontraban, dijo de improviso:</p> + +<p>«Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martín +Alonso desde las dos hasta las cinco. Éramos tres alumnos. Le ayudábamos +a hacer la autopsia de un viejo que murió de corazón. ¡Si vieras, +chica!...».</p> + +<p>Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror.</p> + +<p>«Es el trabajo más bonito—añadió Miquis—. Tonta, ¿por qué no se ha de +hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... ¿Qué sería de la vida +si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Cirugía, chica. O he +de ser un gran cirujano, o nada. Verás. Cuando el doctor no estaba allí, +cogíamos uno de los brazos del muerto, y ¡zas!, nos pegábamos bofetadas +unos a otros...».</p> + +<p>Isidora dio un grito.</p> + +<p>«Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un músculo +con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraña...».</p> + +<p>Isidora se levantó, echando a correr y metiéndose un dedo en cada oído.</p> + +<p>«Aguarda, ruiseñora, no hablaré más de esto».</p> + +<p>Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se +quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas +de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud. +Miquis cogía una rama seca, y acercándose cautelosamente por detrás de +la joven, se la pasaba por la cara y decía con voz lúgubre: «¡La mano +del muerto!».</p> + +<p>Isidora daba un chillido; después reían los dos. Miquis cantaba trozos +de ópera, corrían un poco; escondíase él tras las espesas matas de +aligustre, para que ella le buscase; encontrábanse fácilmente; se cogían +las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura +del día y del lugar, donde todo parecía recién criado, como en aquellos +días primeros de la fabricación del mundo, en que Dios iba haciendo las +cosas y las daba por buenas.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es +hoy un médico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante +aprovechadísimo, aunque revoltoso, igualmente fanático por la Cirugía y +por la Música, ¡qué antítesis!, dos extremos que parecen no tocarse +nunca, y sin embargo se tocan en la región inmensa, inmensamente +heterogénea del humano cerebro. Recordaba las melodías patéticas, los +graciosos ritornelos y las cadencias sublimes allá en la cavidad +taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de +nuestros semejantes. Él, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la +sublime conjuración de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos, +pensaba en la aponeurosis del gran supinador. Él, posado sobre los +libros, como un ave sobre su empolladura, soñaba con un monumento +colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista +de lo ideal. Aquel monumento debía rematarse con un grupo sintético: +¡Beethoven abrazado con Ambrosio Paré!</p> + +<p>Nació en una aldea tan célebre en el mundo como Babilonia o Atenas, +aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo +inteligencia superior, que en aquella edad era todavía un desordenado +instinto genial. Su aplicación no era constante como la de las +medianías, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros, +emprendía penosos estudios y practicaba con ardor la cirugía, como lo +abandonaba todo para leer partituras al piano, tocándolo con pocos dedos +y menos nociones de Música. Pero en estas alternativas de trabajo y +holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que +llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magníficos frutos.</p> + +<p>Todas las teorías novísimas le cautivaban, mayormente cuando eran +enemigas de la tradición. El transformismo en ciencias naturales y el +federalismo en política le ganaron por entero. Tenía gran facilidad de +dicción. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las +ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de +voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y +como poseía extraordinaria retentiva, lo mismo era para él repetir un +<i>allegro</i> lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos +sobre Medicina o Filosofía naturalista.</p> + +<p>Su carácter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en +punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropósitos y en +charlar voluble, compuesto ya de hipérboles, ya de pedanterías +burlescas, que ciertamente no indicaban que él fuese pedante, sino que, +por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, hacía +pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases +obscuras de la fraseología científica, y las intercalaba de paradojas de +su propia cosecha, graciosas y originales.</p> + +<p>Aún hoy, que es un hombre de saber sólido, no ha perdido Miquis aquellas +mañas, y nos divierte con sus chuscas habladurías. A veces parece querer +zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace más que mofarse de +lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni +la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tenía por +vivienda y que era una caverna de disputas, se oía su voz declamatoria, +diciendo estas o parecidas cosas: «... porque, señores, a todas horas +estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatésicas, +determinan la depauperación general, la propagación de los vicios +herpético y tuberculoso, que son, señores, permitidme decirlo así, la +carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su +ruina...». O bien, elevándose a lo teórico, gritaba: «Reconociendo, +señores, la revolución que las ciencias naturales, y especialmente la +Química, han hecho en la materia médica moderna, no conviene afirmar que +la Química, señores, forma un sistema médico por sí sola, porque antes +que las leyes químico—orgánicas están las leyes vitales. Volved la +vista, señores, a Paracelso, Helmoncio y Agrícola, y ¿qué hallaréis, +señores?...».</p> + +<p>Isidora vio un araña que se descolgaba de un hilo, un pájaro que llevaba +pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la +atmósfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en +poesía, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron reír a +Miquis. Hablando y hablando, Augusto llegó a decir:</p> + +<p>«Señores, evolución tras evolución, enlazados el nacer y el morir, cada +muerte es una vida, de donde resulta la armonía y el admirable plan del +Cosmos».</p> + +<p>¡El Cosmos! ¡Qué bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora! +¡Cuánto daría por saber qué era aquello del Cosmos!..., porque +verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse.</p> + +<p>«¿Quieres saber lo que es eso, tonta?—le preguntó Miquis—. Vamos, veo +que eres un pozo de ignorancia.</p> + +<p>—No sé más que leer y escribir; deseo aprender algo más, porque sería +muy triste para mí encontrarme dentro de algún tiempo tan ignorante como +ahora. Enséñame tú. Yo me pongo a pensar que será esto de morirse. Pues +el nacer también...</p> + +<p>—También tiene bemoles—añadió Augusto en tono sumamente enfático—, +porque, señores, debemos principiar declarando que todo el mundo se +compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se +sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actúan según las +mismas leyes, desde el átomo invisible hasta la inmensa multitud de +cuerpos celestes, conservándose invariables en el conjunto de su efecto +total... ¿Te has enterado?</p> + +<p>—El demonio que te entienda... ¡Qué jerga!</p> + +<p>—¡Qué bonitos ojos tienes!</p> + +<p>—Tonto... Vamos a ver las fieras.</p> + +<p>—No me da la gana. ¿Qué más fiera que tú?</p> + +<p>—El león.</p> + +<p>—¡Leoncitos a mí!... Esos dos hoyuelos que te abrió Natura entre el +músculo maseter y el orbicular me tienen fuera de mí... No te pongas +seria, porque desaparecen los hoyuelos.</p> + +<p>—Vámonos de aquí—dijo Isidora con fastidio.</p> + +<p>—Estamos en el lugar más recogido del laboratorio de la Naturaleza. +Señores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos. +Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de +las nuevas vidas. Ved, señores, cómo de los infinitos huevecillos +acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas +su primer paso y su primer zumbido. ¿No oís cómo estrenan sus +trompetillas esos niños alados, que vivirán un día y en un día +alborotarán la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, señores, la +nueva generación se os anuncia con una fuerte emisión de aromas +mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de +vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de +una parte a otra, porque la atmósfera es mediadora, tercera o Celestina +de invisibles amores. Sentís afectado por estas emanaciones lo más +íntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cómo al +influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus +primeras galas, cómo se atavían las margaritas mirándose en el espejo de +aquel arroyo, cómo se acicalan...</p> + +<p>—Cállate... Pues no tendrías precio para catedrático...</p> + +<p>—Para catedrático—poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el día +en que yo sea médico, voy a poner una cátedra para explicar...</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—Para dar una lección de armonía de la Naturaleza—dijo Miquis, mirándola +a los ojos—, y explicar esos radios de oro que nacen en tu pupila y se +extienden por tu iris... Déjame que lo observe de cerca...</p> + +<p>—¡Qué pesado! Quita... enséñame las fieras.</p> + +<p>—Vamos, mujer, esposa mía, a ver esas alimañas—dijo Augusto en tono de +paciencia—. Desde que me casé contigo me traes sobre un pie. Eras tan +amable de polla, ahora de casada tan regañona y exigente... Vamos, +vamos, y me pondré un tigre en cada dedo... ¿Qué más? Se te antoja una +jirafa. ¡Isidora, Isidorilla!».</p> + +<p>Ambos se detuvieron mirándose entre risas.</p> + +<p>«Si no me das un abrazo me meto en la jaula del león... Quiero que me +almuerce. O tu amor o el suicidio.</p> + +<p>—Si pareces un loco.</p> + +<p>—El suicidio es la plena posesión de sí mismo, porque al echarse el +hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos +señores mamíferos.</p> + +<p>—¿Qué son mamíferos?—preguntó Isidora, firme en su propósito de +instruirse.</p> + +<p>—Mamíferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de +la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de +lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querré más. Cada +disparate te hará subir un grado en el escalafón de la belleza. Sostén +que tres y dos son ocho, y superarás a Venus.</p> + +<p>—Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben +todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de +todo..., ¿me entiendes?</p> + +<p>—¿Sabes coser?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Sabes planchar?</p> + +<p>—Regularmente.</p> + +<p>—¿Sabes zurcir?</p> + +<p>—Tal cual.</p> + +<p>—Y de guisar, ¿cómo andamos?</p> + +<p>—Así, así.</p> + +<p>—Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay más +que hablar.</p> + +<p>—Pues a mí no me convienes tú.</p> + +<p>—<i>¡Boa constrictor!</i></p> + +<p>—¿Qué es eso?</p> + +<p>—Tú.</p> + +<p>—Pero que, ¿es cosa de Medicina?</p> + +<p>—Es una culebra.</p> + +<p>—¿La veremos aquí?... Entremos. ¿Es esto la Casa de Fieras?</p> + +<p>—¿Quieres ver al oso? Aquí me tienes.</p> + +<p>—Sí que lo eres»—dijo Isidora riendo con toda su alma.</p> + +<p>Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba +mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las +inquietas y feroces hienas, el águila meditabunda, los pintorreados +leopardos, los monos acróbatas y el león monomaníaco, aburridísimo, +flaco, comido de parásitos, que parece un soberano destronado y cesante. +Vieron también las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las +descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos +canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la +curiosidad de Isidora, poca impresión hizo en su espíritu la menguada +colección zoológica. Más que admiración, produjéronle lástima y +repugnancia los infelices bichos privados de libertad.</p> + +<p>«Esto es espectáculo para el pueblo—dijo con desdén—. Vámonos de aquí.</p> + +<p>—Aunque enamorado—indicó Miquis al salir—, estoy muerto de hambre. Lo +divino no quita lo humano. Amémonos y almorcemos».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>También Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si darían +por terminado el paseo en aquel punto, yéndose cada cual a su casa; pero +al fin Miquis hizo triunfar su propósito de almorzar en uno de los +ventorrillos cercanos a los Campos Elíseos. No eran ciertamente modelo +de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasión de advertir al +tomar posesión de una mesa coja y trémula, de una silla ruinosa, y al +ver los burdos manteles y el burdísimo empaque de la mujer sucia y +ahumada que salió a servirles.</p> + +<p>Compareció sobre el mantel una tortilla fláccida que, por el color, más +parte tenía de cebolla que de huevo, y Miquis la dividió al punto. El +vino que llegó como escudero de la tortilla era picón y negro, cual +nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado +fuerte, que siguió a la tortilla, y que sin duda debía la anterior +calificación a la dureza de la carne que lo componía, no gustó a Isidora +más que el local, el vino y la dueña del puesto. Con desprecio mezclado +de repugnancia observó la pared del ventorrillo, que parecía un mal +establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que +publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el +ajuar todo, los cajones verdes con matas de <i>evónymus</i>, cuyas hojas +tenían una costra de endurecido polvo, el aspecto del público de capa y +mantón que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez, +la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando +salmuera...</p> + +<p>«¡Qué ordinario es esto!—exclamó, sin poderse contener—. Vaya, que me +traes a unos sitios...</p> + +<p>—¡Bah, bah!... ¿No te gusta conocer las costumbres populares? A mí me +encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno +de los buenos <i>restaurants</i> de Madrid... Perdóname por hoy... Tenías +carita de hambre atrasada.</p> + +<p>—Esto no es para mí—dijo Isidora con remilgo.</p> + +<p>—¡Impertinencia, tienes nombre de mujer!—exclamó el estudiante, a un +tiempo riendo y mascando—¡Descontentadiza, exigente! ¿A qué vienen esos +melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos; +manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados, +mocosos, descalzos; y por mi parte sé decir que no me avergüenzo de +haber dormido la siesta en un surco húmedo, junto a la panza de un +cerdo. Usted, señora duquesa, viene sin duda de altos orígenes, y ha +gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha +mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un +ventorrillo, entre honradas chaquetas y más honrados mantones. La +humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ríos más +orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso, +de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ríos. De todo +lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las niñas de mis ojos.</p> + +<p>—Vámonos—dijo Isidora con fastidio.</p> + +<p>—Vámonos a Puerto Rico—replicó Miquis, después de pagar el gasto—. +Vámonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches, +aristócrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la +cabeza... Pero será para comérmela».</p> + +<p>¡Con qué inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja, +por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragón a +Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies +raquítica; subían a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que +vacían los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras; +pasaban junto a las cabañas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas +o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petróleo; +luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban +vueltas a los tejares; se detenían, se sentaban, volvían a andar un +poco, sin prisa, sin fatiga.</p> + +<p>Miquis, a ratos, hacía burlescos encarecimientos del paisaje. +«Allá—decía—las pirámides de Egipto, que llamamos tejares; aquí el +despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. ¡Qué vegetación! +Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas +malvas vírgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable +lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofía, el +Escorial... ¡Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. ¡Qué +hermoso es el mundo! ¡Qué bella está la tarde! ¡Cómo alumbra el sol! +¡Qué linda eres y yo qué feliz!».</p> + +<p>Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algún guardia civil +acompañando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban +también hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidísima por el suelo +la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla +que charla. Miquis empezó contándole su historia de estudiante, toda de +peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba +Leyes, había muerto algún tiempo antes, de una enfermedad terrible. +Augusto despuntaba, desde muy niño, por la Medicina, y jamás vaciló en +la elección de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al +mes, y él sabía arreglarse. ¡Había tenido diez y siete patronas! +Entregábale las mesadas, y tenía además el encargo de vigilarle y darle +consejos, un hombre de posición humilde y sanas costumbres, bastante +viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo +manchego se llamaba Matías Alonso y era conserje de la casa de Aransis.</p> + +<p>Al oír este nombre Isidora palideció, y el corazón saltó en el pecho. Su +espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las +indiscreciones que podría cometer. Después salió a relucir el tema más +común en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del +porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habló seriamente, sin +dejar su expresión irónica, por ser la ironía, más que su expresión, su +cara misma. Él esperaba ser un facultativo de fama y operador +habilísimo. Llevaría un sentido por cada operación, y viviría con lujo, +sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna, +que tantos sacrificios hacía para darle carrera. En cuanto esta fuese +concluida pensaba el buen Miquis hacer oposición a una plaza de +hospitales.</p> + +<p>«En los hospitales—decía—, en esos libros dolientes es donde se aprende. +Allí está la teoría unida a la experiencia por el lazo del dolor. El +hospital es un museo de síntomas, un riquísimo atlas de casos, todo +palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y +entre todos forman un cuerpo de doctrina. Allí se estudian mil especies +de vidas amenazadas y mil categorías de muertes. Las infinitas maneras +de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas +clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que +el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos +nace, así como la planta de flores hermosas y aromáticas es simplemente +una transformación de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas +en la tierra y en el estiércol».</p> + +<p>Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdeñar espectáculo +triste, ni dolencia asquerosa, ni agonía tremenda, porque de todas estas +miserias había de nutrir su saber. Después vendrían las visitas bien +remuneradas, las consultas pingües. Él se dedicaría a una especialidad. +Al fin completaría sus satisfacciones abonándose a diario a la Ópera, +para que su espíritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se +restaurase en las frescas auras de un arte divino.</p> + +<p>Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. ¡Pero le era tan +difícil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posición particular, +su delicadeza, no le permitían hablar mucho de ellos. ¡Oh!, si dijera +todo lo que podía decir, Miquis se asombraría, se quedaría hecho un +poste. ¡Pero no, no podía explicarse con claridad! La cosa era grave. +Quizás entre el presente triste y el porvenir brillante habrían de +mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escándalos, +revelaciones, proclamación de hechos hasta entonces secretos, y que +llenarían de asombro a la buena sociedad, a la <i>buena sociedad</i>, fijarse +bien, de Madrid. Entretanto, únicamente se podía decir que ella no era +lo que parecía, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su +tiempo madurarían las uvas; a su tiempo se sabría el apellido, la casa, +el título... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los días, pero +alguna vez...</p> + +<p>Pasó un naranjero.</p> + +<p>«¿Son de cáscara fina?—preguntó Miquis al comprar cuatro naranjas—. +Toma, cómete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez +de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas...</p> + +<p>—Así es—prosiguió Isidora con cierta fatuidad mal disimulada—, que si me +preguntas cosas que no sean de lo que ahora está pasando, quizás no te +podré contestar. ¿Qué sé yo lo que será de mí? ¿Conseguiré lo que deseo +y lo que me corresponde? ¡Hay tanta picardía en este mundo!</p> + +<p>—Verdaderamente que sí—dijo Augusto en el tono más enfáticamente +burlesco que usar sabía—. El mundo es una sentina, una cloaca de vicios. +En él no hay más que dolor y falsía. Malo es el mundo, malo, malo, malo. +¡Duro en él! En cambio nosotros somos muy buenos; somos ángeles. La +culpa toda es del pícaro mundo, de ese tunante. Es el gato, hija mía, el +gato, autor de todas las fechorías que ocurren en... el Cosmos. ¡Ah, +mundo, pillín, si yo te cogiera!... Pero ven acá, alma mía; puesto que +vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime: allá, en +esos Olimpos, ¿te acordarás del pobre Miquis?</p> + +<p>—¿Pues no me he de acordar? Serás entonces un médico célebre.</p> + +<p>—¡Y tan célebre!... Vamos a lo principal. ¿Y tendrás a menos ser esposa +de un Galeno?</p> + +<p>—¿De un qué?... ¿De una notabilidad?... ¡Oh, no! Poco entiendo de cosas +del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con...</p> + +<p>—Con las reinas, con las emperatrices.</p> + +<p>—Y sobre todo chico—añadió Isidora—, de algo ha de valer que nos +conozcamos ahora. Y lo que es a mí...».</p> + +<p>¡Cuánta ternura brilló en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba +con los suyos!</p> + +<p>«Lo que es a mí... no me han de imponer un marido que no sea de mi +gusto, aunque esté más alto que el sol.</p> + +<p>—¡Bendita sea tu boca!—exclamó Augusto, apoderándose de las dos manos de +ella—. ¡Ay!, prenda, ¡qué frías tienes las manos!</p> + +<p>—¡Y las tuyas, qué calientes!».</p> + +<p>Isidora volvió a pensar en que nunca más saldría a la calle sin guantes.</p> + +<p>«¿Querrás siempre a este pobre Miquis, que te quiere más?... Desde que +te vi en Leganés, me estoy muriendo, no sé lo que me pasa, no estudio, +no duermo, no puedo apartar de mí esos ojos, ese perfil divino y todo lo +demás».</p> + +<p>Ella empezó a comer otra naranja, y él la miraba embebecido. Nunca le +había parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el +ácido de la fruta, tenían un carmín intensísimo, hasta el punto de que +allí podían ser verdad los rubíes montados en versos de que tanto han +abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad +y finísimo esmalte, mordían los dulces cascos como Eva la manzana, pues +desde entonces acá el mundo no ha variado en la manera de comer fruta. +Saboreando aquella, Isidora ponía en movimiento los dos hoyuelos de su +cara, que ya se ahondaban, ya se perdían, jugando en la piel. La nariz +era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, según decía +Miquis, de la misma sustancia con que Dios había hecho el crepúsculo de +la tarde.</p> + +<p>Miquis intentó abrazarla. Isidora había despuntado un casquillo con +intención de comérselo. Variando de idea al ver las facciones de su +amigo tan cerca de las suyas, alargó un poco la mano y puso el pedazo de +naranja entre los dientes de Miquis. Él se comió lo que era de comer y +retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de +frío.</p> + +<p>Isidora se levantó bruscamente, y echó a correr por el sendero.</p> + +<p>Corrieron, corrieron...</p> + +<p>«¡Ya te cogí!—exclamó Augusto, fatigadísimo y sin aliento, apoderándose +de ella—. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno.</p> + +<p>—Formalidad, formalidad, señor doctorcillo—dijo Isidora, poniéndose muy +seria.</p> + +<p>—¡Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo tiempo +ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo, ni las +Ordenanzas de Aduanas.</p> + +<p>—Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.</p> + +<p>—El juicio está claro, señorita. Yo sé lo que me digo. Oye bien. Por mi +padre, que es lo que más quiero, juro que me caso contigo.</p> + +<p>—¡Huy, qué prisa!...</p> + +<p>—Está dicho.</p> + +<p>—¡Mira éste!</p> + +<p>—Un Miquis no vuelve atrás; <i>un re non mente</i>; la palabra de un Miquis +es sagrada.</p> + +<p>—¡Bah, bah!</p> + +<p>—Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un +tobosino no puede ser traidor.</p> + +<p>—Pero puede ser tinaja.</p> + +<p>—No te rías; esto es serio. Estamos hablando de la cosa más grave, de la +cosa más trascendental».</p> + +<p>Y era verdad que estaba serio.</p> + +<p>«No nos detengamos aquí—dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba un +sitio para sentarse—. Hace fresco.</p> + +<p>—Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.</p> + +<p>—¿A dónde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.</p> + +<p>—Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.</p> + +<p>—Sí, sí, a la Castellana. Mi tío el Canónigo me decía que es cosa sin +igual la Castellana.</p> + +<p>—Escribiré mañana a tu tío el Canónigo.</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—Para pedirte. Agárrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me +caso... Sí, estudiante y todo. Mi padre pondrá el grito en el cielo; +pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona +del Omnipotente...».</p> + +<p>Las risas de Isidora oíanse desde lejos. Al llegar al barrio de +Salamanca guardaron más compostura y desenlazaron sus brazos. Descendían +por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor +continuo que de abajo venía.</p> + + +<p class="head"><b>—IV—</b></p> + +<p>«¿Hay aquí algún torrente?—preguntó a Miquis.</p> + +<p>—Sí, torrente hay... de vanidad.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Coches!...</p> + +<p>—Sí, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria arrastrada».</p> + +<p>Isidora no volvía de su asombro. Era el momento en que la aglomeración +de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La +obstrucción del paseo impacientaba a los cocheros, dando algún descanso +a los caballos. Miquis veía lo que todo el mundo ve: muchos trenes, +algunos muy buenos, otros publicando claramente el <i>quiero y no puedo</i> +en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza +especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente +tronada; veía las elegantes damas, los perezosos señores, acomodados en +las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha +sonrisa, vistosa confusión de colores y líneas. Pero Isidora, para quien +aquel espectáculo, además de ser enteramente nuevo, tenía particulares +seducciones, vio algo más de lo que vemos todos. Era la realización +súbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida. +Habíala soñado, la había visto, como ven los místicos el Cielo antes de +morirse. Así la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando +dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de +los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como +a los del artista la inverosímil figura del hipogrifo. Los bustos de las +damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta +cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas, +las pieles, producían ante su vista un efecto igual al que en cualquiera +de nosotros produciría la contemplación de un magnífico fresco de +apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y +flotantes paños.</p> + +<p>¡Qué gente aquella tan feliz! ¡Qué envidiable cosa aquel ir y venir en +carruaje, viéndose, saludándose y comentándose! Era una gran recepción +dentro de una sala de árboles, o un rigodón sobre ruedas. ¡Qué bonito +mareo el que producían las dos filas encontradas, y el cruzamiento de +perfiles marchando en dirección distinta! Los jinetes y las amazonas +alegraban con su rápida aparición el hermoso tumulto; pero de cuando en +cuando la presencia de un ridículo simón lo descomponía.</p> + +<p>«Debían prohibir—dijo Isidora con toda su alma—que vinieran aquí esos +horribles coches de peseta.</p> + +<p>—Déjalos... En ellos van quizás algunos prestamistas que vienen a +gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El +simón de hoy es el <i>landau</i> de mañana... Esto es una noria; cuando un +cangilón se vacía otro se llena».</p> + +<p>Apareció un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo.</p> + +<p>«El Rey Amadeo—dijo Miquis—El Rey. Mira, mira, Isidora... No me quitaré +yo el sombrero como esos tontos.</p> + +<p>—Si apenas le saludan...—observó Isidora con lástima—. Pues cuando +vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesía. Mí tío el Canónigo dice que +está excomulgado este buen señor; pero el Rey es Rey».</p> + +<p>Pasado su primer arrobamiento, Isidora empezó a ver con ojos de mujer, +fijándose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos.</p> + +<p>«¡Qué variedad de sombreros! ¡Mira este, mira aquel, Miquis!... ¡Vaya un +vestidito! Y tú, ¿por qué no montas a caballo, para parecerte a aquel +joven?...</p> + +<p>—Es un cursi.</p> + +<p>—Y tú un veterinario... ¡Qué hermosas son las mantillas blancas! Es moda +nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo que +es cosa de política. Mi tío el Canónigo decía...</p> + +<p>—Hazme el favor de no nombrarme más a tu tío el Canónigo, quiero decir, +a mi querido tío... Esto de las mantillas blancas es una manifestación, +una protesta contra el Rey extranjero.</p> + +<p>—¡Qué salado! Si yo tuviera una mantilla blanca también me la pondría.</p> + +<p>—Y yo te ahorcaría con ella.</p> + +<p>—¡Ordinario!</p> + +<p>—Tonta.</p> + +<p>—Esta gente—afirmó Isidora con mucho tesón—sabe lo que hace. Es la gente +principal del país, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la que +puede, la que sabe.</p> + +<p>—Trampas, fanatismo, ignorancia, presunción.</p> + +<p>—¿Pues y tú?..., grosero, salvaje, pedante...</p> + +<p>—Isidora, mira que eres mi mujer.</p> + +<p>—¿Yo mujer de un albéitar?...</p> + +<p>—Isidora, mira que te cojo... y ni tu tío el Canónigo te saca de mis +manos.</p> + +<p>—Basta de bromas. ¡Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros +gustos son diferentes.</p> + +<p>—Su gusto de usted, señora, se amoldará al gusto mío. Eso se lo enseñará +a usted mi secretario, que es una vara de fresno.</p> + +<p>—¡A mí tú!—exclamó ella con brío, deteniéndose y mirándole.</p> + +<p>—No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de mí lo que +gustes...</p> + +<p>—Eso ya es otra cosa...</p> + +<p>—Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrás tres +coches, catorce sombreros y la mar de vestidos...</p> + +<p>—¡Si yo no me caso contigo!...»—declaró la joven en un momento de +espontaneidad.</p> + +<p>Había en su expresión un tonillo de lástima impertinente, que poco más o +menos quería decir: «¡Si yo soy mucho para ti, tan pequeño!».</p> + +<p>«Falta saberlo. Te casarás por fuerza. Te obligaré. Tú no me conoces. +Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beberé tu sangre...</p> + +<p>—¿Qué es eso de Han de Islandia?—preguntó ella en su prurito de +ilustrarse.</p> + +<p>—Han de Islandia es berenjenas. Déjese usted de sabidurías. Coser, +planchar y espumar el puchero.</p> + +<p>—No espumaré yo el tuyo, paleto.</p> + +<p>—¡Marquesa de pañuelo de hierbas!</p> + +<p>—Sacamuelas».</p> + +<p>Los dos se echaron a reír.</p> + +<p>«No te quiero—murmuró Isidora.</p> + +<p>—Pues me echo a llorar.</p> + +<p>—No te quiero ni pizca, ni esto.</p> + +<p>—Pues yo te adoro. Mientras más me desdeñas, más me gustas. Cuando +pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no sé qué me da... Se me +antoja robarte.</p> + +<p>—¡Y cuánta gente a pie!—exclamó ella sin hacer caso de las gracias de +Augusto.</p> + +<p>—Aquí, en días de fiesta, verás a todas las clases sociales. Vienen a +observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre +cada una, para asaltarse. El caso es subir al escalón inmediato. Verás +muchas familias elegantes que no tienen qué comer. Verás gente +dominguera que es la fina crema de la cursilería, reventando por parecer +otra cosa. Verás también despreocupados que visten con seis modas de +atraso. Verás hasta las patronas de huéspedes disfrazadas de personas, y +las costureras queriendo pasar por señoritas. Todos se codean y se +toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres +ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de +alcanzar una posición superior, principia por aparentarla. Las +improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no +hay un solo número uno que no quiera elevarse a la categoría de dos. El +dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el +cuatro dice: «Si yo soy cinco», y así sucesivamente.</p> + +<p>—Ya se van los coches»—dijo Isidora, que apenas había oído la charla de +su amigo.</p> + +<p>Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna, +los carruajes rompen filas y se dirigen hacía el Prado. Es tan +reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora. +Isidora notó la confusión del desfile al galope, tomándose unos a otros +la delantera, escurriéndose los más osados entre el tumulto; y oía con +delicia el chasquido de látigos, el <i>¡eh!</i>... de los cocheros, y aquel +profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo húmedo entre +los crujidos de la grava. Ella habría deseado correr también. Su +corazón, su espíritu, se iban con aquel oleaje. Allá lejos brillaban ya +no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se +forma con el vaho de la población, las evaporaciones del riego y el +continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban +iluminando hasta formar una claridad fantástica, cual irradiación +lumínica del suelo mismo. Viendo cómo los coches se perdían en aquel +fondo, Isidora apresuró el paso.</p> + +<p>«Vámonos por aquí—dijo Miquis, desviándola de los paseos para subir +hacia el Saladero y acortar camino.</p> + +<p>—¡Jesús!, siempre me llevas por lo más feo, por donde no se encuentran +más que tíos. ¿Hay también aquí ventorrillos?</p> + +<p>—¿Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda.</p> + +<p>—No, no, no. Basta de paseos. Esto no está bien... ¡Qué se dirá de mí! +Para calaverada, basta.</p> + +<p>—¡Maldita sea la hora en que nací!—gruñó el estudiante—. ¿Dejarte ahora, +separarnos?... ¿Vas a tu casa?</p> + +<p>—Sí, hombre. ¡Qué dirán!</p> + +<p>—¡Oh!, sí, ¡qué dirán los marqueses de Relimpio!</p> + +<p>—No son marqueses, pero son personas honradas.</p> + +<p>—¿Quieres ir esta noche al Teatro Real?».</p> + +<p>¡El teatro Real! Otro golpe mágico en el corazón y en la mente de la +sobrina del Canónigo.</p> + +<p>«Pero a eso que llamas paraíso, ¿van personas?...</p> + +<p>—¿Personas decentes?... Lo más decente de Madrid, la flor y nata».</p> + +<p>Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche, +convinieron en que este convidaría también a las niñas de Relimpio. A +esto debía anteceder la presentación reglamentaria de Augusto en el +domicilio de D.ª Laura, para lo que se acordó, tras cortas vacilaciones, +una mentirijilla venial. Isidora diría que al volver a su casa desde la +de su tía se había encontrado al joven, amigo íntimo, deudo y aun +pariente lejano del señor Canónigo. Era, no ya estudiante, sino médico +hecho y derecho, y bien podía prestar servicios tan excelentes como +gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud.</p> + +<p>Despidiéronse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le +parecían nunca bastante fuertes. Isidora subió sumamente fatigada. Las +de Relimpio le dijeron que había venido a visitarla un caballero de muy +buen porte. Entró la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratísima +sorpresa. Sobre la cómoda había una tarjeta con el pico doblado.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_V" id="Capitulo_V"></a>Capítulo V</h3> + +<p class="head">Una tarjeta</p> + + +<p>El corazón quería salírsele del pecho al ver los bonitos caracteres que +decían:</p> + +<p><i>El marqués viudo de Saldeoro</i>.</p> + +<p>Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los +ojos del sortilegio que sin duda contenían las letras negras del nombre +y las pequeñitas de las señas: <i>Jorge Juan, 13</i>. Las emociones varias +que se sucedieron en Isidora, las cosas que pensó en rápido giro de la +mente, no son para contadas. Todo se resolvió en alegría, de la que se +derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos +expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero +que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo +más pronto posible, el día siguiente.</p> + +<p>Su buen tío había escrito a dos principales señores de Madrid, hijo y +padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave +negocio de reclamar su posición y herencia. ¡Cosa extraña y digna de +gratitud! Una de las personas a quienes venía recomendada, el hijo, el +marqués de Saldeoro, de cuya gallardía y proezas galantes habían llegado +noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino +que, dando una prueba más de su acatamiento al bello sexo, apresurábase +a visitarla en tan humilde morada...</p> + +<p>Y como la impresionable joven, cuando se entretenía en ver las cosas por +su faz risueña y en hacer combinaciones felices llegaba a límites +incalculables, empezó a ver llano y expedito el camino que antes le +pareciera dificultoso; pensó que se le abrirían voluntariamente las +puertas que creyó cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien. +Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad +en su mente al marqués de Saldeoro, favorito de las damas, según decían +lenguas mil; le tuvo delante, le oyó hablar agradecida, le preguntó +ruborizada; construyó, si así puede decirse, con material de +presunciones y elementos fantásticos, la visita personal que al +siguiente día no podía menos de realizarse.</p> + +<p>Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a +quien adornado suponía de seductoras cualidades, fueron un desdén muy +vivo hacia el pobre Miquis y una vergüenza de las escenas de aquel día. +El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla +cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las +carreritas, se reprodujeron en su imaginación como un sabor amargo y +malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Habían sido aquellas +aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posición futura, que +diera cualquier cosa porque no hubieran pasado.</p> + +<p>Tan metida en sí misma estaba con estos bochornos y aquellas alegrías, +que apenas comió. Como recordara en la mesa que debía hablar algo de +Augusto para preparar su presentación, dijo que era un estudiante pobre, +un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, más músico +que médico y más médico que fino. Cuando Augusto llegó, negose Isidora a +ir al teatro, porque le había dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron +ir tampoco, y el buen estudiante quedó en la situación más desairada del +mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba, +hasta dominar las situaciones más difíciles, bien pronto cautivó a la +familia con sus donaires. Doña Laura propuso jugar a la brisca; trajo D. +José de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestífera +llama del petróleo mal encendido, formaron el más alegre corrillo que +vieron casas de huéspedes.</p> + +<p>Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se +encerró.</p> + +<p>«Ese pobre Miquis—decía—es un buen muchacho, pero tan ordinario... +¡Pobrecillo!, me da lástima de él; pero ¿qué puedo hacer? ¿Puedo hacer +yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?... +Está que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegraré mucho de +que sea un hombre de provecho. Necesitará protección de las personas +acomodadas, y en lo que de mí dependa...».</p> + +<p>Se acostó, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el +horno siempre encendido de su imaginación a la visita del día siguiente +y a las consecuencias de la visita. El marqués de Saldeoro entraba; ella +le recibía medio muerta de emoción, le hablaba temblando; él le +respondía finísimo. ¡Y qué claramente le veía! Ella rebuscaba las +palabras más propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde +se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha... +Él era el más cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy +agradecida... Él dejaría su sombrero en un sillón... Ella tendría +cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo +mejor de la visita hubiera una catástrofe... Él había de dirigirle +alguna galantería discreta... Ella tenía que prever todas las frases de +él para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones... +¡Cielo santo!, y aún faltaba una larga noche y la mitad de un larguísimo +día para que aquel desvarío fuera realidad...</p> + +<p>Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... ¡Qué pensaría el +caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no podía mirar +sin sentir pena las tres láminas que ornaban las paredes empapeladas de +su cuarto. Aquí una vieja estampa sentimental representaba la <i>Princesa +Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo</i>; +allí el cuadro del <i>Hambre</i>; enfrente, dos amantes escuálidos, +esmirriados y de pie muy pequeño, él de casaca con mangas de pemil, ella +con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si +D.ª Laura no se incomodase, Isidora arrojaría a la calle las tres +laminotas... Pues, ¿y la cómoda con su cubierta de hule manchado? Más +valía no verla... Pero ella se levantaría temprano y fregotearía bien la +cómoda, el lavabo de tres patas y haría maravillas de orden y +limpieza... Después compraría una corbata bonita... Rogaría a D.ª Laura +que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de +percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasaría al siguiente +día, pensó los sucesos del tercer día y los del otro y los del mes +próximo, y los del año venidero, y los de dos, tres o cuatro años más.</p> + +<p>Dejémosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la +noche, cuando todo ruido cesara en la casa. ¿Era aquello felicidad o +martirio? Dice Miquis, y quizás dice bien, que no existiría ni siquiera +el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al +niño el juguete, el consuelillo de esperarla.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VI" id="Capitulo_VI"></a>Capítulo VI</h3> + +<p class="head">¡Hombres!</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Aquella buena mujer que pared por medio de <i>la Sanguijuelera</i> vivía, +tenía por consorte a un rico mercader americano. Entiéndase bien que lo +de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico), +y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Américas que +están de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pingües y +lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la +procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y +residuos de carbón en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por +fétidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para +nada.</p> + +<p>Modesto Rico tenía un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas, +hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y +tinteros de cobre. Era además lañador y lañaba de lo lindo. Ganaba poco, +y este poco se lo quitaba su afición a la horchata de cepas. Animal más +digno de desprecio y lástima no se ha visto ni verá. Una y otra vez en +el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, hacía sus +cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o +simplemente con la mano, más dura que granito.</p> + +<p>Pues de esta unión había nacido un niño, el más bonito, el más gracioso, +el más esbelto, el más engañador y salado que en el barrio había. +Contaba a la sazón diez años, que parecían doce, según estaba el rapaz +de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la +cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ángel chapado a lo +granuja, las mejillas dos rosas con rocío de fango; y su frente clara, +despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar +besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y +gallardía de su cuerpo alto y delicado, estaba más orgullosa de él su +madre que si hubiera parido un príncipe. Hablaba el lenguaje de su edad, +con graciosos solecismos, comiéndose medio idioma y deshuesando el otro +medio. Si en el Cielo hay algún idioma o dialecto, el oír cómo lo +destrozan los ángeles será el mayor regocijo y entretenimiento del Padre +Eterno.</p> + +<p>Hacía grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban también +<i>Palo—con—ojos</i>) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa apropiada +a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza no le +permitía el lujo más ansiado de su corazón. Pero allá Dios le daba a +entender, con guiñapos del Rastro y otros arreglados por ella, conseguía +vestirle a su placer, y se recreaba en él; mirábase en aquel espejo que +era su vida y sus amores; se henchía de satisfacción oyendo los encomios +que del muchacho hacían las vecinas. Para los domingos tenía un pantalón +azul, más bien recortado que corto, unas botas usadas, de segunda mano, +o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre cuidaba de +planchar el sábado. Pero lo más lindo era una chaquetilla de felpa roja, +tan raída como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias una faja +hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas, con lo que +el muchacho parecía un sol, más que un príncipe, algo de sobrenatural en +belleza y gallardía, como un Niño Jesús vestido de torero. Desde que +apareció por primera vez en la calle de Moratines, le pusieron por apodo +<i>el Majito</i>, y así se llamó toda su vida. Su nombre era Rafael. Decían +los vecinos que todas aquellas galas habían sido de niños muertos y de +despojos allegados, sabe Dios cómo, del obscuro borde de la tumba. No +nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razón las murmuradoras, +ello es que <i>el Majito</i> estaba majísimo con aquellos arreos.</p> + +<p>Lo que vamos a contar pasó en un domingo. <i>El Majito</i> salió brincando de +su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa +<i>Palo—con—ojos</i>; mas no era fácil que el regocijo se pintase en su cara, +por tenerla casi toda cubierta con un pañuelo, a causa del dolor de +muelas y de la hinchazón que estaba sufriendo aquel día. Y aun así no +faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto, +ni la canastilla y peinas. Era la carátula más grotesca que imaginarse +puede, pues uno de los lados de su rostro parecía calabaza, y era tal el +peso, que no separaba de aquella parte la mano.</p> + +<p><i>El Majito</i> se metió de un salto en la tienda de <i>la Sanguijuelera</i>. +Esta solía mimarle y le obsequiaba unas veces con piñones y otras con +azotes.</p> + +<p>«Hola, lagartijilla, ¿ya estás aquí?... No enredes en la tienda, porque +vas a cobrar.</p> + +<p>—¿Y <i>Pecado</i>?</p> + +<p>—En el taller... Dios le tenga allá...».</p> + +<p>Aquel día, aunque era festivo, el soguero tenía trabajo hasta las doce. +No había querido ir Mariano; pero su severa tía le cogió por una oreja, +y... ¡Valiente holgazán!</p> + +<p>«¿Y <i>Pecado</i>?—volvió a preguntar <i>el Majito</i>.</p> + +<p>—Te digo que está en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me +la rompes, vas a ver. ¡Eh, eh! No te encarames, o te vas de aquí más +pronto que la vista.</p> + +<p>—¿En dónde está <i>Pecado</i>?».</p> + +<p>Para preguntar, los sabios y los chicos. <i>La Sanguijuelera</i>, cansada de +responder a la misma pregunta, le cogió con una mano los dos carrillos, +estrujándoselos, con lo que la boca del <i>Majito</i> resultó como una +guinda. Le dio un beso en ella, diciéndole: «¡Qué pesado eres..., y qué +rebonito!».</p> + +<p>«¡Suéltame, vieja!—exclamó Rafael, limpiándose la cara.</p> + +<p>—Eso es, frótate, bobo... Y me has llenado de babas.</p> + +<p>—¿Y <i>Pecado</i>?</p> + +<p>—¡Toma <i>Pecado</i>!».</p> + +<p>Y le arreó dos nalgadas. Como un jilguero saltó <i>el Majito</i>, y de un +brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y +con un tercer brinco se metió en el aposento donde Encarnación vivía, el +cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difícilmente +se podría determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal +laberinto, lo que allí había; pero <i>el Majito</i>, que conocía el local +como un ratón conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subió +a eminencias que parecían camas; descendió a negros abismos que parecían +arcones abiertos; trepó por las gastadas graderías de un estante viejo; +se arrastró por suelos polvorientos; metió su brazo por tortuosas +grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda +buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurría y deslizaba en +silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio +una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergió como el +nadador en persecución de la perla.</p> + +<p>Era un rincón obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes +apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartón, de cuero, de +metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos +militares, desechados por inútiles en la liquidación de un bazar de +juguetes. <i>El Majito</i> miró y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles +ojos veían en la obscuridad aquel montón de cosas. Era un cuadro en las +profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos +entre el lívido verdor del agua. Las arañas se paseaban sobre los +objetos, pero Rafael no les tenía miedo. Las correderas entraban y +salían por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero <i>el Majito</i> +tampoco las tenía miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y +eligiendo. Fuerte cosa era decidir cuál objeto tomaría. Por último, +decidido, tiró de una brillante empuñadura y sacó un sable. Después +revolvió el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto +el corazón de ratero y tomó lo que brillaba. Era un sombrero que parecía +escudilla, un ros de cartón, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de +papel dorado pegadas en redondo. <i>El Majito</i>, que tan poco sabía del +mundo, sabía que los tres entorchados son la insignia del capitán +general, y que esta es la jerarquía más alta del ejército. ¡Vaya usted a +averiguar dónde esos diablos de chicos aprenden estas cosas!</p> + +<p>Se puso el ros y vio que era bueno. Empuñó el sable. Era un palito +pinchante amarrado a una empuñadura de metal, que en su origen parecía +haber sido asa de un brasero de cobre. Había en la prenda militar una +fabricación tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como +falta de medios. Autor y dueño de aquellos arreos era, como se habrá +comprendido, el famoso <i>Pecado</i>, gran amigo de cosas de guerra, y que +desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes +mecánicas. Él apandaba, no se sabe dónde, aunque es de presumir que +fuera de sus viajes por las Américas, restos de juguetes, pedazos de +hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una +navaja rota y un enorme guijarro que servía de martillo y de piedra de +afilar, hacía maravillas.</p> + +<p>En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa +de rapiña, sino que lo cogió en la calle, en el momento de caer de un +balcón, arrojado por unos niños. Era pieza lastimosa; pero ¡cómo se +trasformó en sus hábiles manos! Púsole visera que no tenía para lo cual +le bastó media suela de una zapatilla; lo moldeó y le dio forma, que +casi había perdido; adornole con una vistosa placa, que sacó de la chapa +circular de un botecillo de betún, y por último, con ciertos tirajos de +papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapán, le puso +sus tres entorchados. ¡Muy bien! ¡Así se hacen las cosas! El ros tuvo en +sus orígenes plata y oro, insignias de comandante. <i>Pecado</i> le hizo +ganar de un salto la mayor jerarquía militar con una prontitud que +envidiaría la misma <i>Gaceta</i>..., ¡hala!</p> + +<p>Dejemos a <i>Majito</i> con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano, +en actitud tan belicosa, que si le viera el sultán de Marruecos +convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se +limpió el polvo y las telarañas que no querían desprenderse de la felpa +de su chaqueta, y dando después tres o cuatro brincos, se puso en la +calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: «Soy <i>Plin</i>».</p> + +<p>¡Ser Prim! ¡Ilusión de los hijos del pueblo en los primeros albores de +la ambición, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el +alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoñar, casi +insensible, de las pasiones! Esta ilusión, que era entonces común en las +turbas infantiles, a pesar de la reciente trágica muerte del héroe, se +va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enérgica figura. Pero +aún hoy persiste algo de tan bella ilusión; aún se ven zamacucos de +cinco años, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que +quieren ser Prim o ser O'Donnell. ¡Lástima grande que esto se acabe, y +que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que +los gárrulos motes de los toreros!</p> + +<p>Ya lo hicimos—dijo Encarnación mirando al <i>Majito</i>—. Apandó los +chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees».</p> + +<p><i>El Majito</i> se dejó ir con grave paso por la calle de Moratines abajo. +Era el día ventoso, frío y seco, hijo maldito de la malditísima +primavera de Madrid. La pluma del ros del <i>Majito</i> (porque una pluma de +pavo tenía) se torcía con la fuerza del viento. La cola de las gallinas +que andaban por la calle se doblaba también, obligándolas a dar tumbos +entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas, +se ponía horizontal; balanceábanse las bacías de cobre colgadas en la +puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se +rompían las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus +gorras y sombreros, los curas apenas podían andar; todo lo flotante +tendía a tomar la horizontal, y en medio de esta desolación relativa, +<i>el Majito</i> avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente +convencido de la importancia de sus funciones.</p> + +<p>En la calle de Ercilla tenía ya un séquito de seis muchachos; en la del +Labrador, ya se le había incorporado una partida de diez y siete, entre +hembras y varones, siendo las primeras, ¡cosa extraña!, las que más +bulla metían. Los tres chicos del capataz de la fundición de hierro +salieron batiendo marcha sobre una plancha de latón, y pronto se +agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del +tendero, tañendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en +descargar golpes a compás sobre una lata de petróleo. Eran estos +enemigos del género humano pequeñuelos y sucios. Calzaban botas +indescifrables, pues no se podía decir a ciencia cierta dónde acababa la +piel y empezaba el cordobán. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza +a los pies. Si la basura fuera una condecoración, los nombres de +aquellos caballeritos se cogerían toda la <i>Guía de forasteros</i>.</p> + +<p>Al desembocar el ya crecido ejército en la plaza de las Peñuelas, centro +del barrio, agregose una chiquillería formidable. Eran los dos nietos de +la <i>Tía Gordita</i>, los cuatro hijos de Ponce el buñolero, las del +sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la +unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jamás. Había caras +lívidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres. +El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de +cabezas, inscribiendo la predestinación del crimen. Los cráneos +achatados, los pómulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponían +una máscara de antipatía sobre las siempre interesantes facciones de la +niñez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba, +cañas, varas, con esa rapidez puramente española, que no es otra cosa +que el instinto de armarse; y sin saber cómo surgieron picudos gorros de +papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron +distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una página de la +historia contemporánea, puesta en aleluyas en un olvidado rincón de la +capital. Fueran los niños hombres y las calles provincias, y la aleluya +habría sido una página seria, demasiado seria. Y era digno de verse cómo +se coordinaba poco a poco el menudo ejército; cómo sin prodigar órdenes +se formaban columnas; cómo se eliminaba a las hembras, aunque alguna +hubo tan machorra que defendió a pescozones su puesto y jerarquía.</p> + +<p>Crecía el estrépito, engrosaban las haces. ¿De dónde había salido toda +aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la +España futura, tal que si no la quitaran el sarampión, las viruelas, las +fiebres y el raquitismo, nos daría una estadística considerable dentro +de pocos años. Eran la alegría y el estorbo del barrio, estímulo y apuro +de sus padres, desertores más bien que alumnos de la escuela, un plante +del que saldrían quizás hombres de provecho y sin duda vagos y +criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran niños, y +tenían la fisonomía común a todos los niños, la cual, como la de los +pájaros, no determina bien los años de vida. La variedad de estaturas +más bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los años +transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir +pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a +modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de +vidrio encarnado, y con un fácil movimiento de succión le hacían entrar +en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con +presteza increíble.</p> + +<p>El militar paseo tenía por música, además del estruendo de las latas, el +reír inmenso de la bandada, el pío pío mezclado de voces prematuramente +roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca +de un niño nos recuerdan al feo abejón cuando sale zumbando del cáliz de +la azucena. Había en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las +patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; había +quien, mudando los dientes, escupía por el colmillo; había quien llevaba +una colilla de cigarro detrás de la oreja y una caja de fósforos en un +hueco, que no bolsillo, de la ropa. Había piernas blancas desnudas +asomándose a las ventanas de un pantalón que a pedazos se caía; había +zancas negras, esbeltas cinturas ceñidas por sucia cuerda o por tirajo +informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron +mangas; blusas que aún se acordaban de haber sido chalecos; gorras +peludas que fueron, ¡ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animación +principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de +alegrías divertidísimo. Con aquel lenguaje mudo decía claramente el +infantil ejército: «¡Ya somos hombres!». ¡Cuántas pupilas negras +brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de +iniciativa! ¡En cuántas actitudes se observaban pinitos de fiereza! +¡Allí la envidia, aquí la generosidad, no lejos el mando, más allá el +servilismo, claros embriones de egoísmo en todas partes! En aquel +murmullo se concentraban los chillidos para decir: «Somos granujas; no +somos aún la humanidad, pero sí un croquis de ella. España, somos tus +polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Llegaron a la vía férrea de circunvalación que corta el barrio, sin +valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro +como con un pariente. Sintieron silbar la máquina, y los condenados se +pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que +venía. Lo azuzaban, lo escarnecían, hasta que apareció la locomotora en +la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El +tren de mercancías pasó, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y +ellos a un lado y otro de la vía le saludaban con espantosa rechifla, le +amenazaban con puños y palos, le trataban de tú, remedaban con insolente +escarnio los bufidos de la máquina, el desengonzado movimiento de las +bielas, y por último pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El +tren les hacía tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareció +dejando atrás su humo y su ruido.</p> + +<p>Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con <i>el Majito</i> a la +cabeza. ¡Ah! Todavía mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posición, +que tiempo vendrá en que las grandezas se humillen y las altas torres se +desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital +del Niño Jesús y los collados áridos que rodean el barranco. Allí no hay +casas todavía, es decir, no hay miseria. ¿Quién diréis que salió a +recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar próximo, y que todas +las mañanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enfática que +tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los miró; ellos le +miraron y se detuvieron. Hizo él la rueda y les echó una arenga, es +decir, que después de soltar dos o tres estornudos, que son la +interjección natural del pavo, les soltó esa carcajada que parece +ladrido. Los chicos se echaron a reír en inmenso coro, y el animal +volvió a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo «amados +compatricios míos...» con el cuello rojo cual la esencia del bermellón, +el moco tieso, las carúnculas inyectadas como un orador herpético. Más +gritaban ellos, más gargajeaba él. A cada voz respondía con sus +estornudos y su carcajada. Parecían aclamaciones a la patria, <i>vivas</i> +contestados con <i>hurras</i>. Después dio media vuelta y marchó delante. Era +esa caricatura militar de antaño que se llamaba tambor mayor. El viento +le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era +el puro emblema de la vanidad. No le faltaban más que las cruces, la +palabra y la edad provecta para ser quien yo me sé.</p> + +<p>Había llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para +justificar su existencia. ¿Qué haría? ¿Una simple fiesta militar, o +dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la +confusión indicaban que la falange se hacía a sí misma aquella pregunta. +Bien pronto nadie se entendía allí. La discordia descompuso las filas, y +todo eran empujones, codazos, gritos. No había uno que no quisiera ser +Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qué, ¿<i>el Majito</i> +no habían mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que +parecía un vómito de sonidos, exclamaba: «¡Abaa... jojojo <i>el Majito</i>!».</p> + +<p>«Miá este—dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en +jefe con el codo, así como los pollos embisten con el ala—. Dice que me +ponga detrás... Si no te callas, puñales, te pego la bofetá del siglo.</p> + +<p>—Pega, hombre, pega—chilló Rafael preparándose a recibirle, animoso, +imponente, con el puño cerrado, y presentando también el codo y +antebrazo como un escudo—. Vamos, hombre...</p> + +<p>—No vus perdáis, muchachos; no vus perdáis—dijo en tono conciliador el +del herrero, interponiéndose.</p> + +<p>—Ponte atrás, ¡coles!—gritó <i>el Majito</i>—. ¡Qué coles! Si no te pones +atrás, verás...</p> + +<p>—Que no me da la gana, hombre...</p> + +<p>—Achúchale, achúchale—dijeron algunos que querían ver reñir al <i>Majito</i> +con el hijo del carbonero.</p> + +<p>—No vus perdáis, muchachos—volvió a decir el otro, sin soltar de la boca +sucia el caramelo largo.</p> + +<p>—¡Que le achuche, que le achuche!»—graznaron varios, arremolinándose.</p> + +<p><i>El Majito</i> y <i>Colilla</i>, que así se llamaba el del carbonero, se +sacudieron el primer golpe en los hombros.</p> + +<p>«¡Leña!</p> + +<p>—¡Atiza!».</p> + +<p>A los primeros golpes cayó a tierra el ros. Más pronto que la vista lo +cogió Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y echó a correr hacia +abajo, en dirección a las Yeserías. Allí le detuvieron dos muchachos que +subían del río; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la +puso. Mirose en un charco verdoso, y estalló en risa. En tanto la +refriega había cesado, y <i>el Majito</i>, con la cara soplada, los ojos +encendidos, el corazón hirviendo de rabia, se había subido a una colina +de las inmediatas al barranco, y desde allí gritaba que iba a matar a +uno y a reventar a seis si no le devolvían su sombrero.</p> + +<p>Los que subían del río eran como de doce años, descalzos, negros, +vestidos de harapos. El uno traía una espuerta de arena. Los dos +mostraban grandes manojos de una hierba que se cría en aquellas +praderas. Es una liliácea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto +silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se +chupa, ¡y es dulce!</p> + +<p>«¡Matacandiles!»—chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a +recibir a los dos individuos, conocidos en la república de las picardías +con los nombres de <i>Zarapicos</i> y <i>Gonzalete</i>.</p> + +<p>«¿A cómo?—preguntó una voz.</p> + +<p>—A cinco.</p> + +<p>—¡Qué coles!..., a cuatro.</p> + +<p>—¡A cinco! El que no dé cinco no chupa.</p> + +<p>—Maldita sea tu madre..., ¡a cuatro!</p> + +<p>Y empezó un regatear febril, una disputa de contratación que retrasaba +las ventas. Pero ¿qué se vendía y qué se compraba allí? Los matacandiles +que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio +infantil, ¿se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario +lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metálico el +segundo término del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por +alfileres.</p> + +<p><i>Zarapicos</i> y <i>Gonzalete</i> eran comerciantes. No daban un paso por +aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que +sacaran de él alguna ganancia. ¡Bien por los hombres guapos! Vivían de +sus obras y de sus manos; su casa era la capital de España, ancha y +ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincón de casa +de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por +medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos, +los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos. +Habían llegado cada uno a Madrid por distinta vía y puerta; <i>Zarapicos</i>, +por el Norte; <i>Gonzalete</i>, por el Sur. Tenían padres; pero ya no se +acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Después habían visto +que Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna +habían unido otras industrias.</p> + +<p><i>Zarapicos</i> fue durante algún tiempo lazarillo de un ciego; <i>Gonzalete</i> +sirvió a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le +presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria +y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por +su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariñosa amistad. Ambos +aspiraban a vender <i>La Correspondencia</i> o <i>El Imparcial</i>, pero ¡ay! +ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no están al alcance de +todos los individuos. Eran demasiado granujas todavía, demasiado +novatos, demasiado pobres, y no tenían capital para garantizar las +primeras manos. Uno de ellos logró vender <i>El Cencerro</i> los lunes; otro +merodeaba contraseñas en las puertas de los teatros. Eran dos +millonarios en capullo. <i>Zarapicos</i> decía a <i>Gonzalete</i>: «Verás, verás +cómo semús cualquier cosa».</p> + +<p>Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenían que pasar por +humillante aprendizaje y penoso noviciado. ¡Recoger colillas! Ved aquí +un empleo bastante pingüe. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y +exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafés, +consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran niños, necesitaban +juego como el pez necesita agua, y así por las tardes se iban al río a +recoger matacandiles. Allí se presentaba inopinadamente algún bonito +recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en +los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurría con +frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del +Sur, y ¡cuántas veces, junto a las fábricas, podían recogerse pedazos de +lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendían en el +Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto <i>Zarapicos</i> como +<i>Gonzalete</i> pudieran tocarse el titulado pantalón para sentir sonar algo +como retintín de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no +gastaban un ochavo en comer. Dos veces al día la guarnición de Palacio +da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven +los platos de latón. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman +<i>piri</i>, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de +guardia, y se la disputan a coscorrones.</p> + +<p>Después de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el +río. Si tenían ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la +ropa; si no, tiraban hacia las Yeserías. Aquel día cogieron tantos +matacandiles, que apenas podían llevarlos. Por la mucha abundancia, +<i>Zarapicos</i> fijó en cinco alfileres el precio de la docena de +matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once, +manteniéndose firme este precio durante toda una semana.</p> + +<p>Lo mismo <i>Zarapicos</i> que <i>Gonzalete</i> tenían las solapas de sus deformes +chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que sólo asomaban la +cabeza. El borde de la tosca tela parecía claveteado como un mueble... +Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros +chupaban y pagaban. Muchos tenían repuesto de alfileres; otros corrían a +sus casas, encontraban a sus madres peinándose al sol, en las puertas de +las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban.</p> + +<p>En tanto <i>el Majito</i>, desde la cumbre de una eminencia formada por +escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que +iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvían su +sombrero. ¡Qué vergüenza! <i>Zarapicos</i> lo tenía puesto, y estaba tan +contento de su adquisición, que amenazó al <i>Majito</i> con subir y sacarle +las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo metía +apenas se sentían las chillonas voces provocativas. <i>El Majito</i>, cansado +de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanzó una piedra en medio +de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elástico +brazo, parecía un gallito de veleta, obedeciendo más al viento que al +coraje. <i>Gonzalete</i>, al recibir la piedra en un hombro, gritó: +«¡Repuñales! ¡Maldita sea tu sangre!».</p> + +<p>Entonces <i>Zarapicos</i> tiró al <i>Majito</i>; la piedra silbó en el aire y no +hirió al muchacho, que al punto disparó la segunda suya. +Instantáneamente, sin que se dieran órdenes ni se concertara cosa +alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del <i>Majito</i>, +sin darse la razón de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban, +soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil +que venía. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con +el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacían con una celeridad +inconcebible.</p> + +<p>Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden +Público, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y +lúgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hábil movimiento, +nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. <i>El Majito</i> y +los suyos ocupaban la altura, <i>Zarapicos</i> y su mesnada el llano. Piedra +va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de +carrillos y los chichones como puños. Mientras mayor era el estrago, +mayor el denuedo: «¡Leña!, ¡atiza!, ¡dale!». ¡Qué ardientes gritos de +guerra! Ni las moscas se atrevían a pasar por el espacio en que se +cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanzó a una mujer y la +detuvo en su camino, obligándola a retirarse con la mano en un ojo. +Muchos chiquillos se retiraron también berraqueando, porque el dolor les +enfriaba los ánimos, dando al traste en un punto con todo su coraje.</p> + +<p>El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera +zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en +despeñadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza. +Después no es otra cosa que una sucesión de muladares, forma intermedia +entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que +juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado +de la pendiente. Allí se ven paredes hechas con la muestra de una tienda +o el encerado negro de una clase de Matemáticas; techos de latas +claveteadas; puertas que fueron portezuelas de ómnibus, y vidrieras sin +vidrios de antiquísimos balcones. Todo es allí vejez, polilla; todo está +a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de +ruinas. Al fin de aquella barriada está lo que queda de la antigua +Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por +lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este +precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen +montones de escombros y vertederos de derribos.</p> + +<p>La línea de circunvalación atraviesa esta soledad. Parte del suelo es +lugar estratégico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros, +por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres. +Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde él se ven +las altas chimeneas y los ventrudos gasómetros de la fábrica cercana; +pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o +tres huertecillas de coles, el cual sirve de unión entre la plaza de las +Peñuelas y la Arganzuela. En este recodo el transeúnte cree encontrarse +lejos de toda vivienda humana. Sólo hay allí una choza guardada por un +perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los +plantíos de coles.</p> + +<p>Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes +muchachos se corrieron desde las Peñuelas a la Arganzuela, lugar que ni +hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfacción.</p> + +<p>¡Zas, zas!, iban y venían los pedruscos del campo del <i>Majito</i> al campo +de <i>Zarapicos</i> y viceversa. Ocupaba el primero, como hábil capitán, las +alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban +por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habíalos seguido el +pavo, y colocándose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la +perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a +degüello. Más enfurecidos ellos cuanto mayor era el número de los que se +retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus +brazos, al parecer descoyuntados, elásticos, flexibles como una banda de +cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni <i>Zarapicos</i> se acordaba +ya de los matacandiles, ni <i>Gonzalete</i> de los alfileres. Morir matando +era su ilusión. Estaban ebrios, y los más intrépidos se reían de los +pucheros de los desanimados...</p> + +<p>De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejército un +movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron +«<i>¡Pecado!</i>», y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por él venía, +descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido +como los demás, el cual a cada paso lanzaba una interjección y amenazaba +con el puño. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida, +capitán de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la +granujería, angelón respetado y temido por su fuerza casi varonil, por +su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. Así no hubo +en el cotarro uno solo que no temblara al oírle gritar: «¡Estarvus +quietos!.., ¡vus voy a reventar!...».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Detuviéronse las manos ardientes que empuñaban la piedra, y todos le +miraron. Fundábase la superioridad de <i>Pecado</i> en la fuerza, de donde +venía la justicia, es decir, que solía dirimir contiendas de chicos, +unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones, +aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con más +frecuencia usaba.</p> + +<p>«¿Por qué vos zurráis?»—preguntó ceñudo, tremendo.</p> + +<p><i>El Majito</i> había salido a su encuentro. <i>Pecado</i> era para él más que un +amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor +homérico de que dio pruebas en la altura, se trocó en llanto de +desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lágrimas, +y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclamó:</p> + +<p>«Picos..., mi sombrero... Yo soy <i>Plim</i>.».</p> + +<p>En vez de llorar, el desvergonzado <i>Zarapicos</i> se echó a reír como un +sátiro. Con inflamados ojos miró <i>Pecado</i> su querido ros en la cabeza de +aquel monstruo de la rapacidad, y poniéndose los brazos en jarra, habló +así:</p> + +<p>«¿Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a +patás.</p> + +<p>—¡Ladrón!»—chilló <i>el Majito</i>, sintiéndose otra vez más valiente por la +presencia de Mariano.</p> + +<p>Al oírse llamar con nombre tan infamante, <i>Zarapicos</i>, que era un rapaz +honrado, aunque pobre, no pudo contener el ímpetu de su ira, y echando +la mano al cuello del insolente <i>Majito</i>, le derribó en tierra, +diciendo:</p> + +<p>«¡Figuerero!..., ¡coles!, ¡te deslomo!».</p> + +<p>Pero <i>el Majito</i> supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en +pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoquín.</p> + +<p>«Suéltalo»—le dijo prontamente <i>Pecado</i> con voz y gesto de prudencia.</p> + +<p><i>El Majito</i> soltó la piedra refunfuñando feroces amenazas de asesinato. +Volviéndose a los desvergonzados comerciantes, <i>Pecado</i> les dijo con +imperioso ademán, en que había tanta energía como orgullo:</p> + +<p>«Dirvos.</p> + +<p>—No nos da la gana.</p> + +<p>—Dirvos, digo.... y venga mi sombrero.</p> + +<p>—Miale, miale... ¿Te quieres callar? El sombrero es mío».</p> + +<p>Al oír <i>Pecado</i> una afirmación tan contraria a los sagrados derechos de +propiedad, no se pudo contener más. Huyó de su corazón la generosidad, +de su espíritu la prudencia, y arremetió a <i>Zarapicos</i> con tal empuje que +este dio algunos pasos atrás, y habría caído en tierra si no fuera +también un muchachote robusto. Lucharon, ¡ay!, con varonil fiereza. Las +bofetadas se sucedían a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De +cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos, +cayeron rodando. <i>Zarapicos</i> debajo, <i>Pecado</i> encima. <i>Pecado</i> vencía, y +machacó sobre su víctima con ferocidad. El niño rabioso supera en +barbarie al hombre. ¿Habéis visto reñir a dos pájaros? El tigre es un +animal blando al lado de ellos.</p> + +<p>Bien molido estaba <i>Zarapicos</i>, cuando acercó a coger entre sus dientes +un dedo de <i>Pecado</i>. ¡Oh! ¡Con qué inefable delicia apretó las quijadas! +Mariano dio agudísimo grito, y saltó como gallo herido. El otro se +levantó. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergüenza, totalmente +embadurnado de fango y lágrimas. Al mismo tiempo reía y lloraba. +<i>Pecado</i> se cegó; no veía nada; llevó la mano a la cuerda que sujetaba +sus calzones a la cintura. La última injuria que cambiaron fue referente +a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir, +arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes +les ha mecido.</p> + +<p>«Tu madre es una <i>acá</i> y una <i>allá</i>.</p> + +<p>—Tu madre es esto o lo otro».</p> + +<p><i>Pecado</i> no dijo ni oyó más; sacó de la cintura una navajilla, +cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces había +sido juguete, y con él atacó a <i>Zarapicos</i>. Del golpe, el infeliz +chiquillo cayó seco.</p> + +<p>¡Hombres ya!</p> + +<p>Silencio terrorífico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo. +Al principio no comprendían la realidad abominable del hecho. Cuando la +comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo +horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro, +dolorido, que indica en ellos la intuición de las grandes desdichas.</p> + +<p>Aquello no era una travesura; era algo más. Aquello de que estaba +manchado <i>Zarapicos</i> no era el almagre de que se pintaban alguna vez +para jugar; era sangre, ¡sangre! <i>Zarapicos</i> no jugaba al muerto; no +hacía gestos para hacer reír a sus compañeros; no decía con voz doliente +¡madre! para representar una comedia; era que se moría realmente... +Temblando, pálido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea +de su acción, <i>Pecado</i> arrojó el arma que había sido juguete. El +instinto le mandaba huir, y huyó.</p> + +<p>Alborotose en un instante el barrio de las Peñuelas. Salieron todas las +mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los +hombres corrían también. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la +calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un señor concejal y +un comisario de Beneficencia, que a la sazón paseaban por el barrio +eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar +del atentado. ¡Horror y escándalo!</p> + +<p>Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres +gruñían; <i>la Sanguijuelera</i> misma salió de su tienda a buen paso, medio +muerta de terror y vergüenza, y por todas partes no se oía sino: +«<i>Pecado</i>, <i>Pecado</i>».</p> + +<p>La Arganzuela se llenó de gente. Unos corrían en busca del juez; otros +decían que el juez no le encontraría vivo; los más hablaban de llevarle +a la Casa de Socorro, y todos decían: «¡<i>Pecado</i>!».</p> + +<p>Vino corriendo el boticario con árnica y vendajes, diciendo también: +«¡<i>Pecado</i>!». El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que +por ser hombre muy grueso no podía seguirle aprisa), hacía, siguiendo a +la multitud, las consideraciones más sustanciosas sobre un hecho que, si +bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad +de Madrid.</p> + +<p>«Van siete casos de esta naturaleza en diez años—decía el comisario de +Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la +celeridad del paso.</p> + +<p>—Terrible es el matador hombre; pero el matador niño, ¿qué nombre +merece?... Dicen que este tiene trece años.</p> + +<p>—¡Qué país!</p> + +<p>—¡Pero qué país!</p> + +<p>—En Málaga son frecuentes estos casos.</p> + +<p>—Y en Madrid lo van siendo también.</p> + +<p>—¡Y nos ocupamos de escuelas! ¡Presidios es lo que hace falta!</p> + +<p>—Escuelas penitenciarias, o cárceles escolares... Es mi tema».</p> + +<p>Cuando llegaron al sitio de la catástrofe, los dos señores, dignísimos +representantes de lo más meritorio y venerable que hay en los pueblos +modernos, se echaron recíprocamente el uno sobre el otro estas +dramáticas exclamaciones:</p> + +<p>«¡Esto es espantoso!</p> + +<p>—Esto parte el corazón</p> + +<p>—Escuelas, Sr. de Lamagorza.</p> + +<p>—Presidios, Sr. D. Jacinto.</p> + +<p>—Yo digo que jardines Froebel.</p> + +<p>—Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil +Remington.</p> + +<p>—Pero qué, ¿se lo llevan ya?</p> + +<p>—No está muerto; pero parece grave.</p> + +<p>—¡Golpe más bien dado!—murmuró un chulo—. Ese chico es de <i>buten</i>.</p> + +<p>—¡Vaya, que la madre que parió tal patíbulo!—apuntó una de estas que +llaman del partido.</p> + +<p>—El asesino, el asesino, ¿dónde está?—gritó el concejal dándose gran +importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos—. Guardias, +busquen ustedes al criminal... ¡Qué País!... Pero guardias..., los del +Orden Público, ¿dónde están?».</p> + +<p>Pero ya la Guardia Civil había comenzado sus pesquisas. Los chicos, que +en estas cosas suelen ser más diligentes que los hombres, indicaban la +dirección que siguió <i>Pecado</i> en su fuga. Las opiniones eran diversas. +Unos decían que se había refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros +que había tomado por la vía férrea adelante. Un naranjero, que con su +comercio portátil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se había +acercado al lugar de la pelea, aseguró haber visto al matador saltar la +tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas +que rodean el arroyo. Fundada era la declaración del naranjero. +Acercáronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinándose sobre la +punta de los pies, otros subiéndose a una piedra, miraron por encima de +las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse +en un ángulo. <i>Pecado</i> miró con receloso espanto la hilera de cabezas que +en el borde de la tapia se le aparecía, y ante aquella visión de +pesadilla se sintió domeñado, aunque no cobarde. Terrible coro de +amenazas e injurias brotó de aquella fila de bocas, y más de cincuenta +brazos se extendían rígidos por encima de la tapia. Pero el alma de +<i>Pecado</i> se componía de orgullo y rebeldía. Su maldad era todavía una +forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en +querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia +crecía, trájole a tal extremo. De esta manera, un muñeco abandonado a +sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo +con infernal delicia. A <i>Pecado</i> se le conquistaba fácilmente con +hábiles ternuras. Era tan bruto, que <i>el Majito</i> mismo, con un poco de +mimo y otro poco de esa adulación que algunos chicos manejan como nadie, +le tenía por suyo. Pero de ningún modo se le conquistaba con la fuerza.</p> + +<p>Así, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio +amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la +provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia +civil; cuando notó la saña con que le perseguía la muchedumbre, en quien +de una manera confusa entreveía la imagen de la sociedad ofendida, +sintió que nacían serpientes mil en su pecho, se consideró menos niño, +más hombre, y aun llegó a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan +tremendas como desconocidas para él hasta entonces, la venganza, la +protesta, la rebelión, la terquedad de no reconocerse culpable, +penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lágrimas +de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la ganó por entero el +instinto de defensa. Entrevió, como un—ideal glorioso, el burlar a toda +aquella gente, escapándose y aumentando el daño antes causado con otros +daños mayores.</p> + +<p>Esta era la situación moral de <i>Pecado</i> cuando el comisario de +Beneficencia, llevado de un celo que nunca será encomiado bastante, se +empinó como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por +encima de la tapia, dirigió al criminal su autorizada y en cierto modo +paternal palabra, diciendo:</p> + +<p>«Mequetrefe, sal pronto de ahí, o verás quién soy».</p> + +<p>¡Cuánto habría dado el criminal por que cada mirada suya fuera una +saeta! Quería despedir muertes por los ojos. Cogió un ladrillo, y +apuntando a la por tantos títulos respetabilísima cabeza del apóstol de +la Beneficencia oficial, lo disparó con tan funesta puntería, que el +buen señor gordo gritó: «¡Carástolis!», y estuvo a punto de caer +desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cayó.</p> + +<p>¡Víctima ilustre ciertamente!</p> + +<p>¿Nos atrevemos a decir que la agresión inicua y casi sacrílega de que +había sido objeto el señor comisario, provocó algunas sonrisas y aun +risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que +había tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digámoslo, sí, para +eterno baldón de la clase chulesca.</p> + +<p><i>Zarapicos</i> fue llevado en gravísimo estado a la Casa de Socorro, y la +nueva víctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y +ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benéfica que sólo para +alivio de los menesterosos existía.</p> + +<p>«¡Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... ¡Vaya un monstruo!... +¡Carástolis! ¡Ay!, ¡ay! Sr. Lamagorza, este truhán me ha matado... ¡Qué +país!, ¡qué país!».</p> + +<p>Alguien apoyaba por allí cerca estas sentidas razones con otras +igualmente enérgicas, que revelaban una indignación fulminante. Era el +pavo, que avanzó haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el señor +comisario herido. En tanto <i>Pecado</i>, rápido como el pensamiento, se +subió al cobertizo y se dejó caer en el arroyo por una vertical de más +de cinco metros, deslizándose por la escabrosa superficie de tierra. +Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el público para +cogerle; pero él se escurrió por el borde del arroyo, metió los pies en +el agua cuando le faltó el terreno, y buscó un refugio en el agujero +negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada +limpia desembocaba.</p> + +<p>«Que le cojan ahora—dijo una mujer del pueblo, que después de la +descalabradura del señor comisario, simpatizaba, ¡oh vilipendio!, con el +criminal.</p> + +<p>—¡Que venga la guardia de la alcantarilla!»—exclamó el concejal +inflamado de coraje.</p> + +<p>Los guardias civiles y los de Orden Público trataron de remontar el +arroyo; pero venía muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun +las botas mismas.</p> + +<p>«¿Quién pesca ahora a ese condenado?</p> + +<p>—Hay una reja que no le dejará internarse. Ha de estar a cuatro o cinco +varas de la boca».</p> + +<p>Miraban todos y no le veían. Un guardia civil arriesgó las botas, +acercándose a la boca. Llevaba fusil.</p> + +<p>«Allí está—gritó—. Le veo los ojos».</p> + +<p>El guardia distinguía dos luceros en la obscuridad. Desde allí <i>Pecado</i> +atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa.</p> + +<p>«¡Granuja!—gritó el civil—, sal de ahí o te hago fuego.</p> + +<p>—¡Fuego, fuego!»—clamó a lo lejos la voz del comisario, a quien piadosas +chulapas ponían una venda.</p> + +<p><i>Pecado</i> había entrado con ánimo de no parar hasta verse en lugar +seguro, aunque tuviera que ir a las entrañas de la tierra. Pero la +obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazón, aún no +suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose +entre dos especies de muerte, y vaciló... Le consolaba que los guardias +no podían entrar a cogerle. ¿Y si le hacían fuego?... Entonces se achicó +tanto, que volvió a ser niño y a tener miedo. Dirigió la mente a ciertas +ideas confusas de su tierna niñez; pero aquellas ideas estaban tan +borradas, tan lejanas, que poco o ningún alivio encontró en ellas. De +Dios no quedaba en él más que un nombre. Era como un rótulo escrito +sobre un arca vacía, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los +ricos tesoros. Nada sabía; su tía le hablaba poco de Dios, y el maestro +de escuela le había dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca +pudo comprender bien. Las nociones de su tía y las palabras del maestro +se le habían olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y +aquella vida errante de juegos, raterías y miseria.</p> + +<p>Sin saber cómo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo +chillaba dentro de él que se lo decía. Era criminal, y sus perseguidores +tenían razón en perseguirle, y aun en matarle atándole en un palo y +estrangulándole. Esto le hizo estremecer de espanto, ¡a él que había +visto una y otra ejecución en el Campo de Guardias sin conmoverse!... +Pero aunque se reconoció bien perseguido, su orgullo estaba allí para +aconsejarle no entregarse... ¡Fuera miedo!... Desgraciadamente para él, +estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas +físicas. Estaba cansado; en todo el día no había comido más que el +currusco de pan que le dio su tía al ir al trabajo. ¡Y había dado tantas +vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... ¡Y corrió +tanto después para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!... +¡Tenía un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y +muy señor mío. A estas insufribles molestias se unió el frío. Sus pies +desaparecían en el agua, y desde lo interior del cañón de ladrillo venía +un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. ¿Qué haría?</p> + +<p>Determinose entonces en él ese fenómeno de observación retrospectiva que +suele acompañar a las situaciones de gran perplejidad. El espíritu +turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que +han precedido inmediatamente a la situación terrible. Espantose de no +haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la mañana con +el apuro y desasosiego de la tarde. ¡Qué lástima haber vivido aquel +día!... ¡Qué lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No +había ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto, +porque él daba a la rueda y su tía cobraba. Pero al fin, con gusto o sin +él, allá fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertiría en el +Canal o en la Arganzuela. Había estado toda la mañana esperando con +mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las +vueltas de la odiosa rueda. Creíase motor del misterioso reloj del +tiempo. Dale que le dale, había llegado al fin la hora, y la manivela, +que para él era parte de sus propias manos, se había quedado sola en el +taller, quieta y muda.</p> + +<p>Sin decir adiós al maestro, porque el maestro no le saludaba a él a +ninguna hora, <i>Pecado</i> había salido y bajado a saltos por la Ribera de +Curtidores.</p> + +<p>Aún le parecía ver los puestos rastreros y las manos recogiendo +cachivaches. Era día de toros. Aquellos barrios estaban muy animados. +Todo lo recordaba perfectamente; todo lo veía, como si lo tuviera +delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se +acordaba de que, al llegar a la Ronda, le había detenido el paso un +perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca. +El muchacho, impaciente y atrevido, atravesó por debajo de la panza de +una de las mulas, que por más señas era torda. Después vio un entierro; +luego encontró a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y +él..., él las había administrado un par de nalgadas a cada una, porque +eran muy bonitas... Representábase luego la llegada a su casa; recordaba +que su tía, antes de darle de comer, le había anunciado el hurto del +ros, y que él, sin poderse contener al oír tan atroz noticia, abandonó +la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanzó por el barranco +abajo en busca de la cuadrilla. Lo demás, por ser más reciente y +desagradable, se le representaba con matices aún más vivos. El +ensangrentado cuerpo de <i>Zarapicos</i> no se quitaba ya de delante de sus +ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas +del egoísmo para producir una reacción; pero si estos ganaban algún +terreno, al punto lo perdían. Los sofismas hacían grandes esfuerzos por +destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas más hojas le +arrancaban, más lozanas las echaba ella.</p> + +<p>«¡Date, date, canallita!—gritó el guardia—, o te dejo seco».</p> + +<p><i>Pecado</i> miró al guardia. No, no se entregaría. Antes morir que +entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbró +el presidio, como en sus sueños infantiles había vislumbrado otras veces +el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, ¿qué podía hacer +más que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a +quien Mariano admiraba mucho por su gallardía y su simpático rostro. Se +llamaba Mateo González, y servía en el puesto de la calle del Labrador. +<i>Pecado</i> le imitaba en el modo de andar. En sus sueños de ambición, no +se le ocurría jamás ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante +famoso, sino ser Mateo González.</p> + +<p>Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. <i>Pecado</i> le vio desaparecer, +y por un momento tembló de alegría. Pero no le dio tiempo el guardia a +regocijarse, porque otra vez apareció por el arroyo adelante. En vez de +fusil, traía dos naranjas en la mano derecha.</p> + +<p>«¡Eh, Marianín!—gritó inclinándose para verle mejor y mostrarle lo que +llevaba—. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... ¿Ves? Si sales, te +doy estas dos naranjas».</p> + +<p><i>Pecado</i> dio un salto hacia fuera y se arrojó en brazos del guardia.</p> + +<p>«¡Ah tunante...!»—dijo este con alegría, echándole la zarpa al cuello y +dejándose arrebatar las naranjas.</p> + + +<p class="head"><b>—IV—</b></p> + +<p>Consagremos un recuerdo de consideración y lástima, en el último renglón +de esta tragedia, al digno señor comisario de Beneficencia, autor de +tantos y tan hermosos expedientes. Él solo sería capaz, si le dejaran, +de elevar en pocos años a una altura increíble, dentro de los archivos +nacionales, esos grandiosos monumentos papiráceos en que se cifra +nuestra bienandanza. Sería preciso tener corazón de estuco para no +afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceñida +por un pañuelo, corriendo en coche simón hacia la Casa de Socorro de la +calle de Embajadores, donde por la noche se vistió de la luz de los +serafines el pobrecito <i>Zarapicos</i>.</p> + +<p><i>La Correspondencia</i> recogió en el Juzgado de guardia una nota del +suceso de aquel día, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo. +Cuando lo leyeron los amigos que acompañaban al señor de Lamagorza en su +casa, y cuando este les refirió detalles del hecho, oyéronse las +exclamaciones más ardientes sobre el estado moral e intelectual del +país; se recordaron otros hechos análogos ocurridos antes en Madrid, +Valencia y Málaga, y por último se declaró con unanimidad muy +satisfactoria que era preciso hacer algo, ¡algo, sí!, y consagrar muchos +ratos y no pocas pesetas a la curación del cuerpo social. Como la prensa +alarmada acalorase el asunto en los días sucesivos, se formaron juntas, +se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies +de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron +los oradores; y otros, que ávidos estaban de dar sus nombres al público, +adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece.</p> + +<p>Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de +penitenciarías, de sistemas teóricos, prácticos, mixtos, sencillos y +complejos, celulares y panoscópicos, docentes y correccionales, fueron +cayendo en el olvido, como los juguetes del niño, abandonados y rotos +ante la ilusión del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos días fue +un proyecto urbano más práctico y además esencialmente lucrativo. +Ocupáronse de él juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y +con tanto espíritu de realidad, que al poco tiempo se alzó grandiosa, +provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza +de Toros.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VII" id="Capitulo_VII"></a>Capítulo VII</h3> + +<p class="head">Tomando posesión de Madrid</p> + + +<p>La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe +terrible. Precisamente, cuando supo el extraño caso, hallábase en la más +lisonjera situación de espíritu que un alma juvenil puede apetecer. +Todas sus ideas tenían como un tinte de aurora; detrás de cuanto +pensaba, creía notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo +para contenerse en su alma, salía por los sentidos afuera y matizaba de +extrañas claridades todos los objetos. Nada veía que no fuera para ella +precioso, seductor, magnífico o por cualquier concepto interesante, y +hasta un carro de muertos que encontró al salir de la casa, más que por +fúnebre, le chocó por suntuoso.</p> + +<p>Había salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, había +salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible, +espejo de tantas alegrías, con sus calles llenas de luz, sus mil +tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los +domingos por la mañana, si esta es de abril o mayo, los encantos de +Madrid se multiplican; crecen la animación y el regocijo; hay bulla que +no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada +paso halla el transeúnte bandadas de lindas pollas, de cintura bien +ceñida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en +mano, joviales y coquetuelas.</p> + +<p>Las campanas dijeron algo a Isidora, y entró a oír misa en San Luis, en +cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedían a las +misas, y los fieles se dividían en tandas. Unos se marchaban cuando +otros caían de rodillas. Allí se persignaba una tanda entera, aquí se +ponía en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del +sacrificio, sonaban sin interrupción.</p> + +<p>«¡Qué bueno es el Señor—pensaba Isidora delante de la Hostia—, que me +allana mi camino y me manifiesta su protección, desde el primer paso que +doy para lograr mi puesto verdadero...! No podía ser de otra manera, +porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo +no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante +mí, resultaría una injusticia, una barbaridad...».</p> + +<p>Y luego, cuando el sacerdote consumía:</p> + +<p>«Bendito sea el Señor que me ha deparado la ayuda del marqués de +Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... ¡Y +qué hermosos ojos tiene, qué guapo es y con qué elegancia viste! Aquello +es vestirse; lo demás es taparse... ¡Qué bien habla, y cómo se interesa +por mí! Tiene razón cuando me dice: «¡Oh!, esté usted tranquila, que si +esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ahí tenemos los +tribunales. ¡Es asunto ganado!». ¡Oh! Sí, los tribunales. ¡Qué bonitos +son los tribunales!... Todo será cuestión de algunos meses. Después...».</p> + +<p>Por la mente de Isidora pasaba una visión tan espléndida, que a solas y +en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa +muchacha sonreía.</p> + +<p>«No es caso nuevo ni mucho menos—decía—. Los libros están llenos de +casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas veces...! ¿Y +qué cosa hay más linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy +pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa +joven, que es bonita como los ángeles y, por supuesto, honrada, más +honrada que los ángeles, llora mucho y padece, porque unos pícaros la +quieren infamar; y luego, en cierto día, se para una gran carretela en +la puerta, y sube una señora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y +hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que +la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde +calavera? Por lo cual de repente cambia de posición la niña, y habita +palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza, +la pretendía, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. ¿Pies, para +qué os quiero?».</p> + +<p>Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la señal de la cruz +sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un +Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que parecía decir: «Abur, +Dios».</p> + +<p>En la puerta, las vendedoras de flores entorpecían el paso de la gente, +y alargaban sus manos con puñados de rosas y otras florecillas, +gritando: «Un ramito de olor...». «Cuatro cuartos de rosas». Isidora +compró rosas para acompañarse de su delicado aroma por todo el camino +que pensaba recorrer. Al punto empezó a ver escaparates, solicitada de +tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a +la calle salía, y origen de vivísimos apetitos que conmovían su alma, +dándole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de +contemplar su faz en el vidrio para ver qué tal iba, devoraba con sus +ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda.</p> + +<p>¡Cuántas invenciones del capricho, cuántas pompas reales o +superfluidades llamativas! Aquí las soberbias telas, tan variadas y +ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad; +allí las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mérito, en los +estuches negros...; más lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas, +chucherías que enamoran la vista por su extrañeza, objetos en que se +adunan el arte inventor y la dócil industria, poniendo a contribución el +oro, la plata, el níquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina, +el azabache, el ámbar, el latón, el caucho, el coral, el acero, el raso, +el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrín, la porcelana y hasta el +cuerno...; después los comestibles finos, el jabalí colmilludo, la +chocha y el faisán asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil +y mil cosas aperitivas que Isidora desconocía y la mayor parte de los +transeúntes también...; más adelante los peregrinos muebles, las +recamadas tapicerías, el ébano rasguñado por el marfil, el roble tallado +a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de +matrimonio, y por último, bronces, cerámicas, relojes, ánforas, +candelabros y otros prodigios sin número que parecen soñados, según son +de raros y bonitos.</p> + +<p>El hechizo que estas brillantes instalaciones producían en el ánimo de +Isidora era muy particular. Más que como objetos enteramente nuevos para +ella, los veía como si fueran recobrados después de un largo destierro. +El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducían a mirar +todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y decía: +«Con esas pieles me abrigaré yo en mi coche; en mi casa no habrá otros +muebles que esos; pisaré esas alfombras; las amas de cría de mis niños +llevarán esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usará +esas petacas, bastones, escribanías, fosforeras, alfileres de corbata; y +cuando alguno esté enfermo en casa, se tomará esas medicinas tan buenas, +guardadas en tan lindas cajas y botecillos».</p> + +<p>Por mirarlo todo, deteníase también a contemplar las encías con que los +dentistas anuncian su arte, las caricaturas políticas de los periódicos, +colgados en las vidrieras de los cafés, los libros, los cromos, los +palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las +condecoraciones, las fotografías, los dulces y hasta los comercios +ambulantes en que todo es <i>a real</i>.</p> + +<p>Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella +saliera de su destierro social, ¡qué gusto ir de tienda en tienda, mirar +todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el +objeto comprado, volver al día siguiente...! Entró en una tienda de +paraguas a comprar una sombrilla. ¡Le pareció tan barata!... Todo era +barato. Después compró guantes. ¿Cómo iba a salir sin guantes, cuando +todo el mundo los llevaba? Sólo los pordioseros privaban a sus manos del +honor de la cabritilla. Isidora hizo propósito de usarlos +constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro, +se le afinarían las manos hasta rivalizar con la misma seda.</p> + +<p>Después de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentación de +comprar un imperdible. ¡Cayó en la cuenta de que le hacía tanta +falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio, +vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos, +habrían de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no +tardó en enamorarse de un portamonedas. ¿Cómo podía pasarse sin aquella +útil prenda, tan necesaria cuando se tiene algún dinero? No había cosa +peor, según ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo, +expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uñas de los +rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, siguió viendo +cosas, y a cada instante emigraban de él las pesetas y los duros, ya +para tomar algo de perfumería, ya para horquillas, ¡de que tenía tanta +falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su +elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se podía pasar sin papel +de cartas, ¡ni de qué servía un papel que no tuviera timbre!...</p> + +<p>«Aún me queda bastante—dijo al regresar a su casa—para poner a Mariano +en un colegio y comprarle algo de ropa...».</p> + +<p>Hacía cuentas mentalmente; pero las cifras sustraídas eran tan rebeldes +a su espíritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordándose sabía +darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organización +mental para la aritmética les hace formar un grupo aparte en la especie +humana), veía siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente +flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores +arrastraría a la humanidad a grandes catástrofes, si no lo contrapesara +el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio.</p> + +<p>Isidora se había dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa +indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del +portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que +encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso sí: corazón más blando ni +que más fácilmente se enterneciera con ajenas lástimas y desdichas no +existió jamás. En su mano había quizás un vicio fisiológico, y decimos +vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el +acto de la aprehensión, o por la aprehensión formada (que en esto hay +graves diferencias entre los doctores), la suya parecía hecha para el +acto contrario, y no habría tenido razón de ser, si el dar no existiera.</p> + +<p>Entró en su casa tarde, cargada de compras, porque añadió a las +indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a +D. José Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las +rosas. Púsolas en un vaso con agua fresca, almorzó, y escribió dos +cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafía, ocho +plieguecillos del timbrado papel, y habría gastado más si no le dieran a +la sazón la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y salió +agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la cárcel y +ver el partido que debía tomar. Entonces cayó en la cuenta de que +necesitaría gastar algún dinero, y segura de tener bastante, registró +los huequecillos rojos del portamonedas, contó, revisó, pasó las piezas +de una parte a otra; pero por más vueltas que daba y trasiegos que +hacía, resultaba siempre que apenas tenía dos docenas de pesetas. ¿En +dónde estaba lo demás? ¿La habían robado?</p> + +<p>Por un momento creyose Isidora víctima de los infinitos timadores que +hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la +fuerza incontrastable de la Aritmética, que a veces se impone a sus +mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidación neta de +todo y declarose ratero de sí misma. Su siempre viva imaginación veía +las monedas que había tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los +tres duros algo anticuados y por lo mismo más valiosos. ¿En dónde +estaban? Poco a poco fue recordando que la primera había caído en tal +tienda, la segunda más allá, y que a ocupar su lugar venían pesetas +gastadas y algún duro flamante que parecía de lata. Cuando el manirroto +suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo +numismático, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la +idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la +necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceñudos +números cargados de lógica y ponen las cosas en su lugar.</p> + +<p>Nada sacó en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un +nuevo gasto en coches y tranvías. Acompañábala D. José Relimpio, el cual +mostró tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad +como a todas, le obsequió con un paquete de puros de a medio real. +Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, él tieso y humeante, D.ª +Laura recibió a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo:</p> + +<p>«Quita allá; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. ¡Contenta me +tienes! Tú, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees +que no hace falta nada más. Mejor trabajaras...».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VIII" id="Capitulo_VIII"></a>Capítulo VIII</h3> + +<p class="head">Don José y su familia</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales +figuras de esta historia de verdad y análisis. Reconoced al punto el +original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por +Isidora. El bigotito de cabello de ángel, de un dorado claro y húmedo; +los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y +risueña, con dos pómulos teñidos de color rosa, marchita; el mirar +complaciente, la actitud complaciente, y todo él labrado en la pasta +misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el +Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel +ramillete de confitería, que llevaba entre los hombres el letrero de +José de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante. +Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo. +Era un hombre que no servía para nada.</p> + +<p>Tenía sesenta años. Procedía de honrada y decentísima familia. Había +sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia, +viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Había sido +empleado en Rentas, pero cumplía tan mal y se tomaba tan largas +vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro, +y se arruinó la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y +por razón de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas +entraban sin pagar. Fue marido de D.ª Laura, y gastó el reducido +patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades.</p> + +<p>Doña Laura, mujer de áspera naturaleza, agriada por la vejez y por el +cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le decía +con dramático acento:</p> + +<p>«Hombre inútil, hombre—muñeco. El día en que me casé contigo debió el +Señor haberme llevado de este mundo. ¿Para qué sirves tú, como no sea +para comer?</p> + +<p>—Soy tenedor de libros»—respondía D. José, satisfecho de una razón que, +a su juicio, excusaba todas las demás razones; y consideraba para sí +cuán lejos está de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia en +que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien porque +se dedicó resueltamente a ello, lo cierto era que D. José conocía la +Partida Doble como conoció Newton las Matemáticas y Colón la Náutica. +Hay afinidades verdaderamente extrañas entre el espíritu humano y los +distintos modos del saber, y aquel que por su organización parece no +prendarse de las cosas ideales y halagüeñas, encuentra en las arideces +de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia, +emprendió el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran +los más del año, y si no lo dejara a la mitad, habría sido un monumento +de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Teneduría tenía escritos +substanciosos tratados, y era de ver con qué inspirada sagacidad +explicaba la <i>Banca en comisión</i>, las <i>Cuentas de Resaca</i>, la <i>Gruesa +ventura a cobrar</i>, las <i>Fianzas</i> y <i>Avales</i>, los <i>Depósitos</i> y +<i>Mercaderías</i>. Suspendió el trabajo al llegar a ocuparse del precioso +tema de <i>Mi cuenta</i>, <i>Su cuenta</i> y <i>Cuenta común</i>, y es lástima que en +tan interesante punto lo suspendiese.</p> + +<p>Lo extraño era que siendo D. José poseedor de los más escondidos +secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento +de sus fondos y el manejo de la casa no merecían que se emplease en +ellos una gota de tinta; pero D. José, que tratándose de hacer números +iba siempre más allá de las necesidades, tenía en su cuarto el libro +<i>Mayor</i>, el <i>Diario</i>, el <i>Diario provisional</i>, el <i>Mayor de mercancías</i>, +el de <i>Caja</i>, el de <i>Cuentas corrientes</i>, el de <i>Efectos a cobrar</i>, el +de <i>Facturas</i>, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas ponía más +números que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qué +sustancia sacaba de ello.</p> + +<p>Pero lo que más a D.ª Laura enfurecía era que, con ser viejo y cascado, +se mirase tanto al espejo. En efecto; además de que en su cuarto, a +solas, se pasaba las horas muertas mirándose, no entraba en pieza alguna +donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin él, se +echase una visual para examinar su empaque, y atusarse después el +bigote, o poner mano en los contados cabellos que venían flébiles y +pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla.</p> + +<p>«Eso es, mírate bien—le decía D.ª Laura—, para que no te olvides de esa +cara preciosa. ¡Lástima que no vengan los pintores a sacar tu figura de +gorrión mojado!».</p> + +<p>Don José se reía con esto. ¡Era tan bueno!... Si la miel es condición y +substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, más que +hombre, un merengue andando. Riendo decía a su cara consorte:</p> + +<p>«No todos tenemos la suerte de conservarnos como tú, que estás tan +hermosa y frescachona como cuando te conocí.</p> + +<p>—Calla, Sardanápalo.</p> + +<p>—La verdad por delante. Todavía, todavía... Vamos, que alguien daría un +resbalón.</p> + +<p>—Quita, quita—clamaba la señora con expresión de asco—. ¿Me tomas por +esas...?».</p> + +<p>Don José había sido un galanteador de primera. No lo podía remediar: +estaba en su naturaleza, en su doble condición de tenedor de libros y de +galán joven, y así, ya casado y viejo, no veía mujer bonita en la calle +sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre +sus amigos, solía llevar la conversación desde los temas trillados a los +motivos de amor y aventuras; y todo se volvía almíbar, hablando de pies +pequeños, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una +mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aquí y +eran pura charla, porque su timidez le ponía grillos para pasar a cosas +mayores.</p> + +<p>Pero aun en aquellos días de vejez y decadencia, cuando salía a tomar el +sol, embozado en su raída capita, iba a los lugares más concurridos de +muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a +seguirla con su paso vacilante, sin malicia, sólo por <i>rutina del +oficio</i>, como solía decir; y siempre que en sitio y ocasión de +apreturas, como parada militar y procesión de Corpus, se hallaba en +contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le salía a los labios, +toda acaramelada y jaleosa, para decir: «¡Cómo me gusta usted, +señora!... ¡Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee».</p> + +<p>Este libertino platónico era tío de Isidora en tercer grado, por ser +primo segundo de Tomás Rufete; y además la había sacado de pila. La +había visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos había profetizado, +con la seguridad de un conocedor profundo en teneduría de destinos +humanos, que la niña sería una hermosa mujer, quizás elegante y famosa +dama. ¡Cuánto se alegró de volver a verla ya crecida, y cuánto +compadeció sus desgracias, y con qué puro interés se ofreció a ella para +servirla en todo lo que hubiese menester!</p> + +<p>La familia Relimpio vivía pobremente, porque D. José, con ser tan +maestro en números, no había sacado de ellos ninguna sustancia. Doña +Laura conservaba una casa y una viña en Dolores, que le daban mil reales +al año. Las niñas trabajaban para las camiserías. Tenían máquina, y +cosiendo noche y día, velando mucho y quedándose sin vista, allegaban de +cinco a siete reales diarios. Melchor, el varón, no había llevado hasta +entonces un solo céntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de +ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en él grandes esperanzas. +Melchor, recién salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo +de saber como vestido de presunción, había de ser pronto un personaje, +una notabilidad. ¿No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el +axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algún axioma.</p> + +<p>Para pagar con desahogo la casa, la familia tenía que ceder un gabinete +a caballero decente, sacerdote, o señora viuda sin hijos. Durante tres +años proporcionáronle este alivio distintos sujetos. Vacó dos meses el +gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios, +y a más los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio +se habría resentido bastante.</p> + +<p>Pero las cosas vienen según Dios quiere, y no según nuestro gusto y +conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para +lo cual le inspiró aquel desordenado apetito de compras, antes +mencionado. Él se sabría los motivos de esto. Doña Laura, que gustaba de +meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas, +decía que este le había mandado a Isidora, como una plaga de Egipto, +para probar su paciencia.</p> + +<p>En suma, la de Rufete se quedó sin un cuarto, y su tío el Canónigo +mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. ¡Ay!, esa +gente de provincias cree que una onza es un millón. ¡Un mes llevaba la +pobre de grandes apuros, haciendo diligencias inútiles en pro de su +hermano, que en la cárcel seguía, y privada de todo, viendo tantas cosas +bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no +sólo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la +comida, sino que, por añadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad +a D.ª Laura. Diósela esta con el gesto menos gracioso que se puede +imaginar; pero la esperanza de un nuevo envío del Canónigo, a todos +consolaba. Remolón era el buen señor, y transcurrió otro mes sin que +entrase por las puertas la ansiada libranza. Áspera y recelosa D.ª +Laura, invitó a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. ¿No tenía +manos? ¿No sabía coser? ¿No trabajaban como negras aquellas dos +señoritas decentes, Emilia y Leonor?</p> + +<p>Isidora era hábil en la costura y en prepararla, pero no sabía manejar +la máquina. En esto era consumada maestra Emilia, la más inteligente y +trabajadora de las dos hermanas. Había llegado a amar la máquina como se +quiere a un animal querido; conocía los secretos de su maravilloso +artificio, y había hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la +engrasaba con cariño, la recorría con interés fraternal, para ver si +alguna parte o miembro de ella necesitaba reparación, y todos los días +cosía en ella con presteza increíble. Cuando llegaba la hora del reposo +la cubría y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos +costureras, una de hierro y otra de carne, hacían los pespuntes más +preciosos, largos o menudos, según fuera menester. Además de esto, +Emilia, a quien inspiraba sin duda el espíritu venturoso de Elías Howe, +dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar, +marcar y coser bastillas.</p> + +<p>Don José conocía regularmente la máquina (que era la <i>Canadiense</i> de +Raymond) y sabía prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le +apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, él no se daba a +partido, bien porque le parecía impropio de varón aquel trabajo, bien +porque creyera (y esto es lo más probable) que una cuenta bien llevada +aprovechaba a la familia más que todas las costuras del mundo. A él que +no le sacaran de apuntar números, de leer <i>La Correspondencia</i>, hacer +cigarrillos y charlar. Todo lo demás era ocupación denigrante. Una noche +de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el +comedor, como de costumbre, D. José empezó a mover la máquina.</p> + +<p>«Papá—le dijo Emilia—, ya que no nos ayuda usted, al menos enseñe a +coser a Isidora».</p> + +<p>Don José quería tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse próximo a +ella, que aceptó gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco éxito. +Isidora no podía comprender aquel endiablado mete y saca de hilo +superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge +en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rápida +esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan, +se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse +después que pasa una vigésima parte de segundo.</p> + +<p>¡Lástima que Isidora no tuviera su espíritu aquella noche en disposición +de atender a las sabias enseñanzas de su padrino! Estaba aburridísima. +Habían pasado tres meses sin que su situación variara sensiblemente. El +Canónigo la había mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas +algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros. +Mariano continuaba en la cárcel, y la causa seguía adelante. El interés +que el público y la prensa habían mostrado por aquel grave suceso, +quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos +de pena añadía la de Rufete el ningún adelanto que en tantos días había +tenido el principal y más interesante negocio de su vida, con más otras +cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no +nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distraída estaba, de tal +modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maña de +reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y +figura de distintas personas, que no atendía a la lección más que con +los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor +forma de atención posible.</p> + +<p>Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado +como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada +de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre +cosas que las hacían reír. Doña Laura había abierto la ventana que daba +a un denegrido patio, por donde subía el vaho infecto de una cuadra de +caballos de lujo instalada en el fondo de él; y acomodándose en un +sólido sillón que, como señora gruesa, tenía para su exclusivo uso, se +quedó dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las +dos hermanas, tenía Relimpio máquina y discípula, y sobre aquel círculo +amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lámpara su media +luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servían no cesaban de +recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petróleo, a +la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era +darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o +para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin +acobardarse por la pestilencia del petróleo ni por la penumbra de su +avara luz, seguían trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley +de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de +mañana.</p> + +<p>«Ahora voy a enseñarte a llenar una canilla—decía D. José—. ¿Ves este +carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de +hilo, para lo cual se pone aquí, y con el mismo volante de la máquina se +le hace dar vueltas y...».</p> + +<p>Isidora fijaba los ojos en la operación; pero ¡cuán lejos andaba su +pensamiento!</p> + +<p>«¡Qué triste vida!—decía para sí—. La deshonra que ha echado Mariano +sobre mí me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que +Dios me desampara... Una persona me demostró interés. ¿Por qué no viene +a verme ya? ¿Qué ha pasado? ¿Qué piensa de mí?...».</p> + +<p>«Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la +lanzadera. Ajajá. Fíjate bien en la maña con que hay que ponerla. Pif, +ya está. Ahora viene lo más delicado. De esto depende el coser bien o el +coser mal. Atiende, hija; pon aquí tus cinco sentidos. Hay que pasar la +punta del hilo por estos agujeritos, ¿ves?</p> + +<p>—Será preciso que yo le escriba. ¿No me recomendó mi tío a él y a su +padre?... Pues le escribiré. Así no puedo vivir. ¡Qué triste es el +verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola, +sin amigos, sin amparo...</p> + +<p>—Cojo la punta del hilo, sacándola por la izquierda de la canilla, la +meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya está. Mira... +Ahora mi señor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy +bien, y después allá va por el tercero. En seguida..., que no se te +olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y +ya está. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganchó el hilo de +abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante +con los faroles. Niñas, tela.</p> + +<p>—Hace cerca de veinte días que no viene a verme. ¿Se habrá ido a +veranear sin despedirse de mí?... ¿Creerá que soy una impostora?... Esta +idea me mata.</p> + +<p>—Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dándole una vuelta al +tornillo..., atiende bien..., y después de aflojar un poco el hilo +superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas...</p> + +<p>—¡Qué idea me ocurre! Iré a su casa... No, eso no debe ser... Le +escribiré con cualquier pretexto... Quizás no sea preciso... El corazón +me dice que vendrá mañana... ¡Oh! Dios de mi vida, si viniera...».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Doña Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclamó +con ira: «Siempre mirándote al espejo».</p> + +<p>«Mujer—dijo, riendo D. José sin dejar su obra—. Si no me miro al espejo, +si estoy cosiendo...».</p> + +<p>Las niñas sonreían. Algo azarada D.ª Laura despertaba del todo, y decía: +«No, no estaba dormida. Yo sé lo que me digo».</p> + +<p>Había en el comedor un reloj de pared que era el Matusalén de los +relojes. Su mecanismo tenía, al andar, son parecido a choque de huesos o +baile de esqueletos. Su péndulo descubierto parecía no tener otra misión +que ahuyentar las moscas, que acudían a posarse en las pesas. Su muestra +amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De +repente, cuando más descuidada estaba la familia, dejó oír un rumor +amenazante. Allí dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta +fanfarronería de ásperas ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once +golpes de cencerro.</p> + +<p>Doña Laura se levantó y las niñas dejaron la costura. La criada tomó el +dinero de la compra. Isidora desapareció, mientras Emilia guardaba la +máquina. Don José tenía la costumbre de acostarse una hora más tarde que +su señora y niñas, y esa hora la empleaba en leer <i>La Correspondencia</i>, +deleite sin el cual no podía pasar, y después de hacer cigarrillos de +papel, valiéndose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de +agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan +después de picadura. Echose al cuerpo el periódico, leyendo con +extremada atención las conferencias de hombres políticos, y repasando al +fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la máquina de +pitillos, meditaba sobre los sucesos del día y sobre política general. +No carecía de convicciones arraigadas en materia de gobernación del +reino. Declarábase enemigo de todos los partidos; sostenía que los +españoles debían unirse para bien de la patria, y entonces se acabarían +las trapisondas y las revoluciones. Sentía por las glorias de su patria +un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1.ª Que los ingleses +no nos devolvieran Gibraltar. 2.ª Que los ministros tuvieran treinta mil +reales de cesantía. 3.ª Que no se hubiera levantado un monumento a +Méndez Núñez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se había +enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las +ocasiones. «Nada, nada—decía—; este D. Amadeo es una persona decente».</p> + +<p>Cuando el reloj dio las doce, retirose D. José, dejando <i>La +Correspondencia</i> sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba +siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendió a Relimpio, cuando se +acercó al lecho conyugal, ver a su cara mitad todavía despierta.</p> + +<p>«¿Estás en vela, chica?—le dijo quitándose su gorrete—. Acabo de leer el +periódico... ¡Qué cosas pasan! ¡Cómo marean a ese pobre señor! Yo sigo +en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente.</p> + +<p>—Déjame en paz. ¡Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa... +Valiente mocosa se nos ha posado encima.</p> + +<p>—Quia, quia, mujer. Es una huérfana...</p> + +<p>—¿Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal +juicio; pero creo que acabará mal tu dichosa ahijadita. No le gusta +trabajar, no hace más que emperifollarse, escribir cartas, pasear y +lavarse. Eso sí; más agua gasta ella en un día que toda la familia en +tres meses.</p> + +<p>—Quia, quia. Déjala que se lave. Pues también trabaja. Esta noche ha +tomado con tanta atención y empeño la lección de costura, que dentro de +poco coserá en máquina mejor que yo.</p> + +<p>—Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendrá mal fin. ¡Y qué humos, bendito +Dios, qué pretensiones! ¡Y qué morros nos pone a veces, después que la +estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos días para +poderle hablar.</p> + +<p>—Es una huérfana. ¿Crees tú que el Canónigo la desamparará? No, yo no lo +creo.</p> + +<p>—Fíate del Canónigo y no corras. Lo más gracioso..., no sé cómo me río, +es que ella está echando chispas de rabia porque no puede gastar en +bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastaría un lujo asiático, +y tendría lacayos colorados como ese Rey...</p> + +<p>—El cual, la verdad por delante, es la persona más decente...</p> + +<p>—¡Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y +el día menos pensado la voy a plantar a usted en la calle.</p> + +<p>—¡Laura!—exclamó tímidamente D. José, ya acostado.</p> + +<p>—Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el +alquiler. No quiero líos en mi casa.</p> + +<p>—¿Líos...? ¡Quia!</p> + +<p>—Líos, sí; ¿pues qué quieren decir las visitas del marqués de Saldeoro? +¿Sabes quién es ese danzante?</p> + +<p>—Una persona decentísima, un caballero, un joven...—murmuró Relimpio +aletargándose.</p> + +<p>—Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas +cosas, señorita doña Isidora. Tú, Relimpio, como eres tan alma de Dios, +no te fijas; yo sí. Ese marquesito, o lo que sea, vino aquí un día y +estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvió a la semana +siguiente, y la encerrona fue más larga, ¿te enteras? Después siguió +viniendo cada tres o cuatro días. ¡Oh, cómo se le conoce en la cara a +esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! Tú +eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrás de la puerta a +escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados; +pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he oído reír, sí, +reír mucho, pero ¿de qué...? Aquí hay algo, Relimpio; aquí hay algo».</p> + +<p>Don José, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a +estarlo, murmuró claramente estas dulces palabras, que salieron de sus +labios envueltas en una sonrisa:</p> + +<p>«¡Y qué guapa es...!</p> + +<p>—Quita allá, quita, esperpento. ¡Contenta me tienes!...</p> + +<p>—Nada, mujer; decía que D. Amadeo es una persona...</p> + +<p>—¡Quita, quita...!</p> + +<p>—¡Quia, quia...!».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al +principio de la vida común, fueron enfriándose poco a poco. Isidora no +disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en +posición social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse. +Se creía tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de +prendas de vestir, de la elección de un color, flores o adorno +cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdén +compasivo. «Estas pobres cursis—decía para sí—de despepitan por +imitarme, y no pueden conseguirlo».</p> + +<p>Algo de verdad había en esto. Isidora tenía una maestría singular y no +aprendida para arreglarse. Con ella nació, como nace con el poeta la +inspiración, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo más bello, +sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, así como +la destreza de sus manos para colocar sobre sí misma cualquier adorno. +Poseía la rarísima afición a la sencillez, que comúnmente no se halla en +las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la +civilización primitiva o de la muy refinada cultura. Las niñas de don +José, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella, +consultándole sobre todos los arreglos de trapos que hacían. Su pobreza +les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de +la sociedad, a excepción de la jornalera, vistan de la misma manera, y +como hay un verdadero delirio en los pequeños por imitar el modo de +presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado +de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un +prócer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes, +desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que más de una vez dieron +chasco a los poco versados en fisonomías y tipos matritenses.</p> + +<p>Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino, +delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con +un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una +pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada día le tocaba a +una sola niña salir a paseo con D.ª Laura. Mas a fuerza de trabajar, de +desvelos y de casi inverosímiles economías, lograron vestirse y calzarse +ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda, +arreglados por ellas, bajo la inspección de Isidora, con despojos y +reliquias de otros sombreros que conseguían de balde en una tienda para +la cual trabajaban. ¿Qué mujer no tiene sombrero en los años que corren? +Sólo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavío; +pero día llegará, al paso que vamos, en que también lo usen. La +humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las +confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi.</p> + +<p>Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las niñas de D. José +se habrían horrorizado de que se les propusiera casarse con un hábil +mecánico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doña Laura +misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo +pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que +Emilia se casase con un médico, de estos chicos listos que salen ahora, +por cuya razón no veía con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a +Leonor, a quien su madre suponía dotada de un talento no común, le +vendría bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa así.</p> + +<p>En el paraíso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana, +tenían estas dos niñas finas su círculo de mozuelos galanteadores y +estudiantes y empleados de esas categorías ínfimas que rayan en lo +microscópico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando, +particularmente Leonor, lo que ni en sueños podían tener; y como eran +agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caían en el +lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusión de +clases en la moneda falsa de la igualdad.</p> + +<p>Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su +madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara allí de los Cuatro +Evangelios que de la próxima ascensión del joven Relimpio a una posición +coruscante. ¿Cómo no, si Melchor era, según D.ª Laura, lo más selecto +del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la +figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a +la gloria o a la riqueza, Melchor debía empinarse más que ningún otro +porque tenía la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era +el primer fruto del matrimonio de D. José con D.ª Laura, y aún decían +malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su +edad no pasaba de veintiséis años. Tenía la barba negra, los ojos ídem, +el pelo ídem, el entendimiento ídem; mas su filiación era difícil en lo +tocante a la primera de estas señas personales, pues muy a menudo +variaba la ornamentación capilar de su cara; de modo que si este mes se +le veía con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al año +siguiente aparecía con bigote solo; después con bigote y perilla, como +si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la +caprichosa inconstancia de sus pensamientos.</p> + +<p>Con ser primogénito y hombre, era el Benjamín y el niño mimado de la +casa. Todos los sacrificios parecían pocos, y se le había acostumbrado a +la humillación de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirábanle +D. José y D.ª Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o +por misterioso intento de la Providencia, había nacido del vientre de +aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tenía +razón Melchor, y las niñas podían carecer de lo más preciso para que +Melchor disfrutara de lo superfluo. Doña Laura comía mal o no comía para +que su hijo fumase bien. A D. José se le negaba el vino en la mesa para +que Melchor pudiese tomar café y no hacer un mal papel entre sus amigos. +En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de +los padres. Allí, por el contrario, le hacían a D. José chaquetas de los +gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de éste pasaban, después +de usadas, a decorar el cuello paterno.</p> + +<p>El bolsillo de D. José estaba siempre más limpio que patena, porque era +hombre tan derrochador que, si allegaba algún cuarto, cometía la vil +acción de comprar castañas y sentarse a comérselas en un banco del +Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera +media docena de pesetas, reunidas por D.ª Laura, Dios sabe cómo, con mil +apuros, con el enfermizo velar de las niñas y el ahorro llevado a +límites increíbles.</p> + +<p>Melchor había seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo, +tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no podía +degradarse en oficios mecánicos y bajos menesteres. Darle carrera poco +lucida habría sido contrariar sus altos destinos. Tenía doña Laura un +hermano, que era y es afamado ortopédico de Madrid, hombre que ha +labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que +Melchor, de quien era padrino, llegó a los quince, quiso llevarle +consigo y enseñarle aquel honrado oficio; pero tanto D.ª Laura como D. +José consideraron esto como un insulto. ¡Melchor ortopedista, arreglador +de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan +feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doña Laura oyó las +proposiciones de su hermano, no ya con indignación, sino con asco. El +joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tenía su barniz +literario, reíase de su tío el ortopédico. Sólo la idea de ir a trabajar +con él en aquella odiosa tienda le sublevaba. ¿Cómo podían entenderse él +y su tío, él tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su tío +un hombre tosco y rudo que sólo sabía hacer suspensorios y cazar, un +bárbaro que llamaba <i>cláusulas</i> a las cápsulas, y que cuando se puso el +primer tranvía hablaba de la <i>tripulación</i> de los coches, en vez de +decir trepidación?</p> + +<p>Salió Melchor de la Universidad hecho, como decía Miquis, <i>un pozo de +ignorancia</i>. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tenía que +quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna sabía una +palabra.</p> + +<p>Se trató entonces de <i>lanzarle</i>. Era un bonito bajel, recién hecho y +pintado, al cual no faltaba ya más que hacerle flotar en el mar sin fin +de las ambiciones. El diputado por Monóvar le consiguió un destino en la +Dirección de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entendía tanto +como de cantar la epístola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho. +Desgraciadamente pasó algunos años alternando entre colocaciones +miserables y calamitosas cesantías. El joven se desesperaba, viendo la +desproporción grande entre su posición real y la artificial, que se +había creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de +vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la +familia.</p> + +<p>No tenía amor al estudio, porque oía decir constantemente que el estudio +de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le había +suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de +repertorio, por lo cual no era de los más callados en los cafés. +Disputaba sobre política, y aun metió su cuarto a espadas en ella, +escribiendo en algún periodiquejo. Era de notar que siempre lo hacía en +tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus +trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos +cuartos.</p> + +<p>Fue colocado, y durante una temporada corta se dedicó al espiritismo. Se +le veía en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del +Limbo, y llegó a adquirir esas convicciones tenaces que sólo se +encuentran en los prosélitos de los sistemas más absurdos. Muchas horas +de la noche pasaba en su casa en tétrica conversación con las patas de +las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, según él, le +decían este y el otro espíritu; y aunque tales majaderías no agradaban +mucho a D.ª Laura, por ser remachada católica, la bendita señora no le +decía una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las +telarañas de aquella ridícula doctrina.</p> + +<p>Pero pasó el tiempo, y con él el espiritismo de Melchor, dejando el +puesto a otros ideales más prácticos. Veía transcurrir los años sin que +sus medios pecuniarios estuvieran en armonía con sus pretensiones, ni +con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era +rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos, +tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la +fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las +levitas sembró la desesperación en el linaje humano.</p> + +<p>Padecía con esto Melchor horriblemente, y cada día sufría una +humillación nueva. El lujo de los demás le azotaba la cara. Paseaba. +¿Por qué era suyo el cansancio y de los demás el coche? ¿Por qué razón +el sentía el amor, y era otro el que tenía la querida? Iba al teatro. +¿Por qué era suya la afición a la música y ajeno el palco? Estas +cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la +fragua. Para colmo de pena, oía la historia de fortunas improvisadas. En +el café, en los círculos todos, se referían maravillosos cuentos, como +los de magia. Aquí un pobrete audaz había redondeado colosal ganancia en +pocos meses. Allá una idea feliz, engendrando el más pingüe de los +negocios, había hecho poderoso al que un año antes era mendigo. Mil +agentes bullían en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas +combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los +servicios y las contratas, de que resultaban los únicos milagros del +siglo XIX.</p> + +<p>Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las +semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba +a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrábalo de perlas D.ª +Laura; trataba él de llevarlo a la práctica, y entonces, de las +dificultades venía la muerte del plan y el engendro de otro.</p> + +<p>Primero tratábase de una cosa muy sencilla: «Son habas contadas, +mamá»—decía él. Consistía en combinar un sistema de anuncios con un +sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en +ellas. El plan era soberbio. Produciría millones, con tal que todos los +tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los +industriales facilitasen los anuncios. Ya se había entendido él con un +litógrafo que le haría las primeras tarjetas crómicas.</p> + +<p>A estas habas contadas sucedieron otras. Tratábase de una red de +tranvías aéreos. ¿El capital? Seguridad tenía de encontrarlo cuando los +banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad +de millones que podía dar de sí el negocio, y los tranvías aéreos se +quedaron en los aires. Después se trató..., también habas contadas..., +de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fósforos, luego de +montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros +delirios y extravagancias.</p> + +<p>Entre tantas combinaciones no se le ocurrió al joven Relimpio la más +sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesión u +oficio, con lo que podía ganar, desde un peseta para arriba, cualquier +dinero. Pero él fanatizado por lo que oía decir de fortunas rápidas y +colosales, quería la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni +conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la +mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los días a que +nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y +grandísima confusión reinaba en su espíritu. En su mente lo inverosímil +luchaba en sombrío pugilato con lo posible. ¿Saldría de este batallar +alguna idea grande, algún plan jamás soñado de otro alguno? Las visiones +de la riqueza real se peleaban dentro de él con las imágenes del +bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto más +revoltosos cuanto más distantes de ser saciados.</p> + +<p>Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada, +fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; ponía los codos sobre la +mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y así se +quedaba media hora o más en reposada meditación. Si había entrado +fumando, que era lo más probable, consagraba su atención a curar, +ennegrecer o <i>culotar</i> (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de +espuma de mar, empeño que le traía muy atareado a diferentes horas del +día. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el +café oía más de un elogio por la perfección e igualdad de ella. Hay +orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era +disculpable, porque la pipa iba pareciéndose al ébano más puro y +reluciente, y el artista, después de arrojar sobre ella, +distribuyéndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el +pañuelo, y se miraba después en aquel espejo de azabache... Cuando +concluía de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de +donde no salía hasta la una del siguiente día.</p> + +<p>Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella +hermosura tan ponderada por D.ª Laura parecíale a ella ordinaria, y los +modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas +cualidades morales y mentales con que, en opinión de la familia, estaba +agraciado por Dios, Isidora no comprendía nada. Parecíale el más +desaforado holgazán, el más bárbaro egoísta del mundo.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IX" id="Capitulo_IX"></a>Capítulo IX</h3> + +<p class="head">Beethoven</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro, +es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas señoriales +construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de +que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde +o temprano se fijaría el Rey en otra parte, hacían, en vez de casas, +enormes pabellones o tiendas de campaña, empleando en vez de lienzo y +tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artística de tales +caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades +interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los +señores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya +en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces.</p> + +<p>La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior, +fuera de su puerta almohadillada, por la cual entrarían sin inclinarse +los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular. +Interiormente conserva bastantes obras de mérito, como tapices, muebles +y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo +extraordinario. El abandono en que sus dueños la tienen nótase desde la +puerta al tejado, pues aunque todo está en orden y bien defendido de la +polilla, hay allí olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo +que quieran los que se empeñan en que ha de ser bueno todo lo que no es +moderno, el interés artístico de los salones de Aransis no pasa de +mediano.</p> + +<p>Desde el 63 todo estaba cerrado allí; sólo se abría los días de +limpieza. La casa tenía por habitantes el silencio, que se aposentaba en +las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueño, y la +obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la +luz metía sus dedos de rosa, arañando las tapicerías. De noche, ni +ruido, ni claridad, ni espíritu viviente moraban allí.</p> + +<p>Un día de otoño del 72 alegrose de súbito el palacio; abriéronse puertas +y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media +docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dormía sobre los +muebles. Luego sucedió traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y +preparación de luces. En medio de este alboroto, oíanse las notas +sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al día +siguiente, hubo estruendo de baúles descargados, oficiosa actividad de +lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal +inmenso, desnudo, vacío. Una señora de cabello entrecano y gallarda +estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trémula de frío, subió la +escalera, dando el brazo a un señor cacoquimio, y pasó de pieza en +pieza, sin parar hasta aquella donde debía reposar del viaje. +Acompañábanla, además del señor cacoquimio, un jovencito como de catorce +años, que llevaba tras sí, atado de una cadena, un enorme perro negro, y +cerraban la comitiva dos criadas jóvenes y guapas, que no tenían facha +de gente española.</p> + +<p>La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, vivía de asiento en París, en +Londres durante la temporada o <i>season</i>, parte del verano en un puerto +de Bretaña, y algunos inviernos solía venir a España para templar su +salud, no muy buena, en el clima de Córdoba, donde tenía casa y +posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco días, de paso para +Córdoba o Granada. Aquel año efectuaba su viaje a fines de septiembre, y +mostrándose, sin saber por qué, menos cariñosa que otras veces con su +patria, había dicho al entrar en la casa: «Esta vez no estaré sino tres +días». Era lunes.</p> + +<p>Descansó hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompañaba se +puso al piano para tocar dificilísimos ejercicios, y no lo dejó hasta la +hora de comer. Recibió luego la señora muchas visitas, comió con el +señor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salomó, el +apoderado de la casa y dos personas más, y retirose a su alcoba después +de rezar mucho.</p> + +<p>Empleó casi todo el día siguiente en devolver visitas y se encerró a las +cuatro. No quería recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la +repelía arrojando sobre su alma una sombra triste y lúgubre, y al mismo +tiempo la llamaba a sí y la retenían los amorosos recuerdos. Llegó la +temprana noche. La marquesa había resuelto abrir el cuarto de su hija +difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve años +antes. En tan largo espacio de tiempo no había permitido la madre que +fuese abierta por nadie la fúnebre alcoba; no había querido abrirla ella +misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero +en aquella ocasión decidiose a quebrantar su propósito. Ya desde París +había traído la idea de realizar aquel acto tristísimo. Su deseo +procedía de una piedad entrañable, del temor mismo, que a veces nos +estimula robando su aguijón a la curiosidad.</p> + +<p>«Lo abriré esta noche»—, pensó dando un gran suspiro, y después de comer +se trasladó a un hermoso gabinete, la mejor y más rica pieza de la casa. +En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba mañana +y tarde el jovencito que había venido con la señora; en otro el espejo +de la gran chimenea reproducía con misteriosa indecisión la cavidad +adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos cortinas, +pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa, puerta en la +cual se echaba de menos un epitafio.</p> + +<p>De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mérito y algunos +retratos de señores de antaño, de esos que están metidos en cincelada +armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, señal de +mando. Los muebles no eran de lo más moderno. Pertenecían a los tiempos +del tisú y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su +afectada estructura griega la disolución de los Quinientos y los +<i>senatus consultus</i> de Bonaparte. Aunque no hacía frío, la humedad de la +desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea.</p> + +<p>El joven, más bien niño, entró jugando con el perro, a quien +llamaba <i>Saúl</i>.</p> + +<p>«No alborotes, hijo—indicó la señora, molesta por el ruido—; deja en paz +a <i>Saúl</i>».</p> + +<p>Poco después estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y +parecía un león de ébano. Su hermosa cabeza destacábase soberbia, +inteligente, a un tiempo cariñosa y fiera, sobre el ramaje de colores de +la alfombra, y sus ojos devolvían en chispas vivísimas la lumbre de la +chimenea.</p> + +<p>Trató de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo +hacía, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al +fin sonó el chasquido de la metálica lengua al recogerse. Empujada, +cedió la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostró el ámbito +negro, del cual salía un aliento de humedad estacionada, que se nutre de +las tinieblas, de la quietud, de la soledad.</p> + +<p>La marquesa, que se había detenido en el umbral, paralizada del temor y +respeto que aquel interior, no abierto en nueve años, le infundía, +retrocedió un instante; tomó una de las dos lámparas que en el gabinete +había, y resuelta, con devoción y ánimo, penetró en la habitación, cuya +puerta de par en par abrió.</p> + +<p>«Hija de mi alma, ya te hemos perdonado»—murmuró a manera de rezo, al +dar los primeros pasos.</p> + +<p>En el centro había una mesa, sobre la cual dejó la señora la lámpara. +Sentose en un sillón junto a la mesa, y cruzando las manos empezó a +llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la +estancia, los muebles y cortinas, y fijándola en algunos con la saña que +a veces emplea contra sí misma el alma dolorida. La sed de ver se nutría +del temor de ver, englobándose uno en otro, miedo y apetito, para que el +alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyéronse las +notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y +sencillo de escaso interés musical, pero que semejaba una advertencia, +el <i>érase una vez</i> del cuento maravilloso.</p> + +<p>La marquesa no hacía caso de aquella música que estaba cansada de oír. +Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenómeno de agilidad y +de buen gusto. Había sido discípulo y era ya émulo de los primeros +pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al +muchacho a estudiar diez horas al día. Sin hacerle caso aquella noche, +ni aun darse cuenta de lo que el niño tocaba, la ilustre señora, +solicitada de otros pensamientos y emociones más crudas y reales que las +que produce la música, seguía mirando todo. No había visto aquellos +objetos desde el día en que expiró su hija. La muerte estampaba su sello +triste en todo. La falta de luz había dado a la tela de los muebles +tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido +sobre todo una neblina áspera y gris que no podía ser tocada sin +estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permanecía un jarrón con +flores que fueron naturales y frescas nueve años antes. Eran ya un +indescriptible harapo cárdeno, que al ser tocado, caía en partículas +secas y sonantes, como los despojos de cien otoños. En los muebles +finísimos de caprichosa construcción, los dorados se habían vuelto +negros. Un armario ropero de triple luna tenía las puertas +entreabiertas, y de su seno de cedro se veían salir desordenados +vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riquísimos, todo ajado y +descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que parecía +próximo a caer; si se le tocaba, en menudas partículas como las flores +de antaño. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumería podrida y +descompuesta por la vejez, salía de aquellos despojos. Veíanse también +por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un +corsé cuyo cordón suelto describía rúbricas por el suelo.</p> + +<p>Mirando esto, la marquesa recordó el más triste detalle de aquel día +triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyéndose bien por una de +esas raras alucinaciones del temperamento, que son la más tremenda +ironía de la muerte, había tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en +aquel instante engañosas fuerzas, se había vestido con febril ansiedad +diciendo que ya no estaba mala y que iría al teatro aquella noche. +Después había sentido de súbito como una puñalada en el corazón, y cayó +al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron +arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y +poco después dejó de existir.</p> + +<p>Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llevó a la marquesa a +contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato +de mujer, en cuyo agraciado rostro hacía contraste la sonrisa de los +labios frescos con la melancolía de los ojos pardos, debajo de las cejas +más galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresión de +enamorada y de burlona, y allí se echaba de ver el sentimiento hondo y +fuerte, mal disimulado con la hipocresía de un carácter superficialmente +picaresco.</p> + +<p>La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. ¡Era tan parecido; era la +pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distinción, +elegancia y gracia del original! ¡Qué admirable aquella circumpostura +del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval, +antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! ¡Qué palidez tan +encantadora! ¡Qué armonía entre lo enfermizo y las inexplicables +seducciones! ¡Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qué +airosa, qué viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon +en un murmullo de dolor estas palabras:</p> + +<p>«¡Pobre hija mía! ¡Pobre pecadora!».</p> + +<p>Y diciendo esto, levantose de la caja del piano próximo un murmullo +vivo, que pronto fue un lamento, expresión de iracundas pasiones. Era la +elegía de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de +estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se +trocaban en los acentos más patéticos que pudiera echar de sí la voz +misma de la desesperación. Una sola idea, tan sencilla como +desgarradora, aparecía entre el vértigo de mil ideas secundarias, y se +perdía luego en la más caprichosa variedad de diseños que puede concebir +la fantasía, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono +menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se +presentaba bañada en luz resplandeciente. El día sucedía a la noche y la +claridad a las sombras en aquella expresión del sentimiento por el +órgano musical, tanto más intenso cuanto más vago.</p> + +<p>De modulación en modulación, la idea única se iba desfigurando sin dejar +de ser la misma, a semejanza de un histrión que cambia de vestido. Su +cuerpo subsistía, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el +matiz duro de la constancia; a veces, en sus trémolos la vacilación y la +duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el +sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y +guerrera en las altas octavas dobles, proclamándose vencedora y rebelde. +Sentíase después acosada por bravío tumulto de arpegios, escalas +cromáticas e imitaciones, y se la oía descender a pasos de gigante, +huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyérase que todo iba a +concluir; pero un soplo de reacción atravesaba la escala entera del +piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocían, como se +reconocían, como se reconocerán y juntarán los huesos de un mismo +esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo +triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de +otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: «Yo fui +pasión, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui también arrepentimiento, +expiación, redención, luz y Paraíso».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>La marquesa, que no había dejado de mirar el rostro de su hija hasta que +las lágrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvió a rezar, y mientras +pronunciaba una oración especialmente consagrada a las ánimas, pensaba +así:</p> + +<p>«Dios te habrá perdonado, pobre alma querida, como te perdoné yo».</p> + +<p>Y empezó a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como +reflejo del cariño herido, otros punzantes y terribles como la imagen +del honor vulnerado. Recordó que si las faltas de la hija habían sido de +estas que en los términos sociales no tienen excusa, la severidad de la +madre había sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa +sintió algo que podría llamarse el remordimiento del deber. ¿Había sido +cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se +hicieron públicas, puso a la señora a punto de morir de indignación y +vergüenza. ¡Qué bien recordaba esto, y cómo se renovaban su iras con las +memorias, enardeciéndole la sangre! Ella entonces encerró a su hija, con +todo el rigor que la palabra indica. Habíala recluido en aquella +habitación, de donde no salía nunca, ni tenía comunicación alguna con el +exterior. Vivió como emparedada seis meses. ¿De que murió? No se sabía +bien. Murió de encierro, y fue víctima de la inquisición del honor.</p> + +<p>¡Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba +forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social, +por las manos duras de la religión. No cabían en ella las viles +condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la +civilización. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permitía +engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella +más que lo preciso, sin usar jamás frase cariñosa ni vocablo atento. La +buena señora recordaba, como se recuerda la impresión de una quemadura, +estas palabras de fuego dichas por su hija el día antes de caer enferma: +«Mamá, mátame con cuchillo; no me mates con tus miradas».</p> + +<p>De súbito la enfermedad, incubada perezosamente, estalló, +desarrollándose con rapidez en seis días. Desde el primero anunciose un +fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedió al instante, como el +hielo que se funde. ¡Qué bien recordaba, al cabo de nueve años, la +expresión de la cara del médico, las medicinas, los antojillos de la +enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya pedía flores, +ya helados que no había de tomar. De pronto pedía todos los libretos de +ópera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran +parte del almacén de música de Romero. «Pájaros, pájaros...». Le +llevaron media plaza de Santa Ana. «¡Oh! ¡Tengo que contestar tantas +cartas...!» Y se ponía a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que +eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla más pronto de +raíz, se alimentaba su fiebre galopante.</p> + +<p>«Moriste como una pobre mártir—pensó la marquesa, rezando otra vez—. +Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa +imagen de Nuestro Redentor».</p> + +<p>Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La +frase tenía un segundo miembro. Bien podría creerse que un alma dolorida +preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz +celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza. +Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armónico tenía +cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase melódica. A +esta seguían remedos, ahora pálidos, ahora vivos, sombras diferentes que +iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las +sabias formas laberínticas del canon sucedieron a la sencillez soberana, +de donde resultó que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos +ejemplares de una misma cosa formábase un bello trenzado de peregrino +efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio, +juntando los encantos de la mística pura a los retruécanos de la +erudición teológica. Bruscamente, una modulación semejante a un hachazo +variaba, con el tono, el número, el lenguaje, el sentido. Estrofa +amorosa, impregnada de candor pastoril, aparecía luego, y después el +festivo rondó, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y +esfuerzos de gimnasta. Enmascarándose festivamente, agitaba cascabeles. +Se subía, con gestos risibles, a las más agudas notas de la escala, como +sube el mono por una percha; descendía de un brinco al pozo de los +acordes graves, donde simulaba refunfuños de viejo y groserías de +fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos +burlescos del muchacho herido, y saltaba de súbito pregonando el placer, +el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos.</p> + +<p>Abriendo el pupitre de un escritorio de ébano, la marquesa revolvía +papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y temían encontrar +las cosas; fijáronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto +algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectáculo de +oprobio. «Se quemará todo esto»—dijo poniendo a un lado el paquete +execrable. Después halló un pliego en que estaba empezada una carta. La +enferma había tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas, +las dejaba. En algunas sólo se veían deformes garabatos, hechos al +rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban +ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algún +papel la melancolía había repetido muchas veces una misma palabra, +trazándola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta +ser como puntos.</p> + +<p>«Se quemará todo»—volvió a decir la marquesa, haciendo un montón de lo +que se destinaba a la hoguera.</p> + +<p>Revolviendo más, encontró un retrato. La señora puso muy mala cara al +verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvió a mirar la aborrecida +imagen, porque el odio tiene también sus embebecimientos. No bastaba +destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo. +La marquesa rompió en menudos pedazos el retrato.</p> + +<p>¡Cómo se reía entonces Beethoven! Su alegría era como la de Mephisto +disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de +lágrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no ponía +atención y seguía rebuscando.</p> + +<p>«¿Qué será esto?»—pensó al tomar un paquetito atado con cinta de color +de rosa.</p> + +<p>Desdobló el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que decía: +«Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por mí».</p> + +<p>La marquesa lloraba de nuevo. Su mano halló al instante un paquete más +chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequeña, con un papel que decía: +«Para mi niño, que hoy cumple cinco años. 12 de abril de 1863. Deseo que +sea bueno y piense en mí».</p> + +<p>La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudió el perro negro y +puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirándola de hito +en hito con sus ojos negros y cariñosos, a cuya dulzura nada podía +compararse. Dejó de oírse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su +mundo de sentimientos y de formas, desapareció en el silencio como una +viva luz tragada por las tinieblas. Acudió el niño músico, y asustado de +ver a la señora tan afligida, le preguntó la causa de su duelo. La +marquesa le besó en la frente, le tomó después la mano, buscó en ella un +dedo...</p> + +<p>«¿Es para mí esa sortija?—preguntó el muchacho.</p> + +<p>—Para ti. Quizás sea demasiado pequeña... Pero en el meñique bien puede +entrar. Ya está. No la pierdas.</p> + +<p>—¿Es regalo tuyo?</p> + +<p>—Sí».</p> + +<p>Y poco después se volvía a cerrar la triste alcoba, y retirándose +personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristísima. Y al +día siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron +con chisporroteo, que parecía una protesta contra la Inquisición, +papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas. +Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro +presenciaba con atención solemne aquel acto, retratando en sus pupilas +de endrina la llama movible que se comía, sin hartarse, las páginas del +ignorado drama. Cuando la llama se extinguía, lamiendo las últimas +cenizas, <i>Saúl</i> bostezó con soberano fastidio.</p> + +<p>Y no hubo más. El piano sonó también casi todo aquel día, y al siguiente +la señora marquesa, acompañada del caballero cacoquimio, del niño +músico, de las dos criadas extranjeras y del perro, partió para Córdoba; +y el caserón de Aransis se quedó otra vez solo, frío, obscuro, mudo, +como inagotable arca de tristezas que, después de saqueada, conserva aún +tristezas sin número.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_X" id="Capitulo_X"></a>Capítulo X</h3> + +<p class="head">Sigue Beethoven</p> + + +<p>El caserón, no obstante, tenía su alegre nota. Como la voz del grillo en +una grieta del sepulcro, así era la voz del conserje Alonso, cantando +peteneras en su habitación cercana al portal y en el patio. Era un +hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Vivía allí con su +mujer enferma, de la cual no tenía hijos, y la mitad del día se la +pasaba trabajando en carpintería, por pura afición, bien haciendo marcos +de láminas, para lo que tenía especiales aptitudes, bien arreglando +muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qué +funciones había desempeñado en la casa en su juventud. Creemos que fue +montero, porque siempre acompañaba al marqués de Aransis en sus +excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la +desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino +sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros +añadía una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de +conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis. +Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que querían colocar su +dinero en fondos públicos. Y ved aquí un banquero que pasaba horas +largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y +chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de +inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en +Madrid.</p> + +<p>Estaba una mañana el buen hombre en el patio, cuando se abrió la puerta +y aparecieron tres personas. Una de ellas saludó con mucha afabilidad a +Alonso, el cual dijo así:</p> + +<p>«¡Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer +tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas +distraidillo.</p> + +<p>—¡Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... ¿Y cómo está +Rafaela?¿Qué tal va con las píldoras?</p> + +<p>—Pues no va mal. Hoy, como está el día tan bueno, le dije: «Anda, mujer, +anda a que te dé un poco el aire». Y con efecto, ha salido. Ya sabes que +un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Hará dinero, porque +estos catalanes saben ganarlo. ¿No le has oído nombrar? Juan Bou, +litógrafo. Está viudo; necesita quien le ayude a arreglar su casa..., y +con efecto, Rafaela ha ido allá... Es calle de Juanelo. Yo debía haber +ido también, y con efecto...</p> + +<p>—Con efecto—dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo—, +veníamos... Ya me parece que hablé a usted de ello la semana pasada. +Estos dos amigos, esta señorita y este caballero, desean ver el palacio +de Aransis. Cuentan que es tan hermoso...».</p> + +<p>Alonso era complaciente. Entró en su vivienda, sacó un manojo de llaves, +y señalando la escalera, dijo con formas respetuosas:</p> + +<p>«Pasen los señores. Verán lo que hay».</p> + +<p>Miquis, presentando a los que le acompañaban, no pudo reprimir sus +instintos de malignidad zumbona, y habló así con afectada finura:</p> + +<p>«El Sr. D. José de Relimpio y Sastre, ¡consejero de Estado!».</p> + +<p>Don José se inclinó turbado, sin atreverse a contestar.</p> + +<p>«Y su sobrina, la señorita de Rufete, que acaba de llegar de París...».</p> + +<p>Isidora miró a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se +atrevió a seguir. El conserje echó una mirada a la poco flamante levita +de D. José y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse +completa armonía entre el vestido y las personas. O quizás, hecho a las +burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones. +Subieron.</p> + +<p>«Esto es del género Luis XV—dijo con ínfulas de cicerone instruido, +enseñándoles la primera sala—. La decoró el señor marqués viejo. Aquí +todo es antiguo».</p> + +<p>Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como +descontenta de sí misma, se ha convenido en que sólo lo antiguo es +bueno, Miquis, que hacía el papel de artista magistralmente, empezó a +manifestar esa admiración lela de viajero entusiasta, y a lanzar +exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedándose +una buena pieza de tiempo con la boca abierta.</p> + +<p>«Esto es maravilloso—decía—. Vaya con las patitas de las consolas... +¡Qué elegancia de curvas! ¿Y esas cortinas con amorcillos y +guirnaldas?... ¡Pero dónde llega el techo...! ¡María Santísima! Yo me +estaría toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos niños +que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. José, en +que hoy por hoy no se hacen más que mamarrachos. Aquí tenemos un salón +que usted debía tomar por modelo para el palacio que está usted +construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted allí una pieza +tan grande; pero mucho se puede hacer todavía mandando tirar algún +tabique».</p> + +<p>Don José le daba con disimulo codazos y más codazos para que cesara en +sus burlas. También Relimpio creía de su deber honrar la casa que +visitaban, embobándose de admiración y lanzando interjecciones cada vez +que el bueno de Alonso señalaba un espejo, un cuadrito o el biombo de +cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara.</p> + +<p>«Y a ti, Isidora, ¿qué te parecen estas maravillas?—prosiguió Augusto, +cuando pasaban a otra sala—. Probablemente no te llamarán mucho la +atención, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de +aquel París... Mira, mira estos retratos de caballeros y señoras de los +siglos XVI y XVII... ¡Qué nobles fisonomías! Aquel que empuña un canuto, +semejante a los de los licenciados del ejército, debe de ser algún +guerrero ilustre. ¡Vaya unos nenes! Aquella señora de empolvado pelo, +¡cuán hermosa es y qué bien está dentro de su tonelete! ¿Y aquella +monja?...</p> + +<p>—Es el retrato de sor Teodora de Aransis—indicó Alonso con respeto—, +superiora del convento de San Salomó, donde murió ya muy anciana y en +olor de santidad hace diez años.</p> + +<p>—¡Guapa monja! ¿Qué tal, D. José?».</p> + +<p>Don José dijo al oído de Miquis:</p> + +<p>«¡Si pestañeara!...».</p> + +<p>Pasaron de sala en sala, cada vez más admirados; Miquis, enfático y +grandilocuente; D. José, repitiendo como un eco las exclamaciones de su +amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraños a las +emociones del arte; mirándolo todo con cierta ansiedad mezclada de +respeto, que más bien parecía el devoto arrobamiento que inspiran las +reliquias sagradas.</p> + +<p>Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan +delante Alonso e Isidora, D. José se llegó a Miquis y en voz baja le +dijo:</p> + +<p>«Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: ¡Lo que es el mundo!... +¡Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad +que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir +en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una +revolución grande, atroz.</p> + +<p>—Eso digo yo, Sr. D. José. ¿Por qué todo esto no ha de ser nuestro? A +ver, ¿qué razón hay? ¿Qué pecado hemos cometido usted y yo para no vivir +aquí?</p> + +<p>—Justamente: ese es mi tema.</p> + +<p>—Hay que decir las cosas muy claritas.</p> + +<p>—Que venga esa revolución, que venga. ¿Somos iguales, sí o no?</p> + +<p>—Sí—afirmó Miquis con acento de Mirabeau.</p> + +<p>—Así es que yo no me explico...».</p> + +<p>La mente de D. José caía en un mar de confusiones, hundiéndose más a +medida que veía más objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir +emitiendo juicios muy filosóficos sobre aquella revolución próxima, +cuando Miquis acertó a ver el piano. Verlo, correr hacia él, abrirlo, +hojear los papeles de música, y dar con su dura mano un acorde en la +octava central, fue cosa de un instante.</p> + +<p>Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo +revuelto, lo obscuro, tenía algo de mar; allí estaba su turbulento genio +escondido debajo de mil líneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que +parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rítmica hinchazón de +las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difíciles, +sólo es dado navegar al músico experto. También estaba allí la nave, +admirable construcción de Erard. No faltaba más que el piloto, el +músico, el intérprete, bastante hábil para lanzarse al abismo con ánimo +valeroso y manos seguras. Miquis sentía la inspiración en su mente; pero +sus dedos, tan adiestrados en la cirugía, apenas acertaban a manejar +torpemente algunas teclas, esto es, que no sabían apartarse de la +orilla.</p> + +<p>Pero tocó. Apenas podía leer la enmarañada escritura del autor de +<i>Prometeo</i>. Los sonidos equivocados, que eran los más, le desgarraban +los oídos. El tono era difícil, y anunciaba sus asperezas una sarta de +infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para +alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su +anhelo, de su furor músico, Miquis tocaba. Pero ¡qué sonidos roncos, qué +acordes sesquipedales, qué frases truncadas, qué lentitud, qué tanteos! +Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesía sublime fuera rebajada +a pueril aleluya.</p> + +<p>En tanto, Alonso abría la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral +de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona +muerta allí nueve años antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la +quema de papeles, de la piedad de la señora marquesa...</p> + +<p>«Y con efecto—añadió tocándose la punta de la nariz con la ídem del dedo +índice—; dicen, y yo estoy en que será verdad, que para el año que viene +se hará aquí una capilla... ¡Qué guapa era la señorita! ¿No es verdad?».</p> + +<p>Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lástima; +Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas +femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual crecía, +dándole tantas congojas, que retiró su vista del cuadro y se apartó de +allí para no dar a conocer lo que sentía.</p> + +<p>Ninguno de los presentes conocía el secreto de su vida. No quería +confiarlo a D. José, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por +excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al +saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis había estado en Madrid +tres días y que ella, por ignorarlo, no se había presentado a la noble +señora. ¡Qué contrariedad tan penosa! Pasados algunos días, como +sintiese cada vez más vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no +quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se valió de Miquis, +cuya amistad con el guardián de la casa le era conocida. ¡Qué día aquel! +Todo cuanto allí vio le había causado profundísimas emociones; pero el +retrato, ¡cielos piadosos!, habíala dejado muerta de asombro y amor.</p> + +<p>«¡Si pestañeara!—dijo para sí aquel calaverón incorregible de D. José +Relimpio—. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonomía no me es +desconocida».</p> + +<p>Alonso seguía dando noticias discretas y mostrando algunas +preciosidades, a lo que atendía con mucha urbanidad el padrino de +Isidora. Pero esta no veía ni oía nada. Se había quedado de color de +cera, y temblaba de frío. Por un instante sintiose a punto de perder el +conocimiento, y a su turbación uníase, para hacerla más honda, el miedo +de darla a conocer ridículamente. Se sentó; hizo firme propósito de +serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz música de Augusto le +rompía el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo +lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y +recién castigado.</p> + +<p>«Música alemana, ¿eh?—indicó Relimpio con airecillo de suficiencia—. +Señor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba...</p> + +<p>—¡Pobre Beethoven mío!—exclamó el estudiante dejando de tocar y haciendo +un gesto de desesperación—. ¡Qué lejos estabas de caer entre mis dedos!</p> + +<p>—Me parece que debemos marcharnos—dijo el tenedor de libros ofreciendo +un pitillo a Alonso, que respondió: «No lo gasto»—. ¿Nos vamos, Augusto?</p> + +<p>—A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la +embajada inglesa...».</p> + +<p>Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de +paso lo que ya detenidamente habían admirado. Isidora se quedó atrás. +¡Qué ansiosas miradas! Sin duda querían recoger y guardar en sí las +preciosidades y esplendores del palacio... Cuando llegó a la última sala +se oprimió el corazón, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras, +sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambición, exclamó: +«¡Todo es mío!».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XI" id="Capitulo_XI"></a>Capítulo XI</h3> + +<p class="head">Insomnio número cincuenta y tantos</p> + + +<p>«¡Qué hermoso palacio, Dios de mi vida! ¡Cuánto habrá costado todo +aquello! ¡Pensar que es mío por la Naturaleza, por la ley, por Dios y +por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios +no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie después +mejor el bien que me destina. Si así no fuera, Dios hubiera hecho que yo +me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazón no puede +engañarme, el corazón me dice que cuando yo me presente a ella, cuando +me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi +verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi +abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lágrimas. ¡Es tan +buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, ¡qué fiel y honrado +parece!... Siempre, siempre seguirá en la casa, con su pata de palo, que +va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles están en regla. Debo +tomar el tren y marcharme a Córdoba. ¿Y con qué dinero, Virgen +Santísima? Vaya, que mi tío se porta... Tantas promesas y tan poca +substancia. ¡Ah! ¡Señor Canónigo, cómo se conoce la avaricia! Temo +presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no están +decentes, ya mi vestido está muy <i>cesante</i>, como dice <i>la +Sanguijuelera</i>. Tanta vergüenza tengo de mí, que quisiera no hubiese +espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la +una. Yo debería dormirme. ¡Si Dios quisiera darme un poquito de +sueño!... Me volveré de este otro lado.</p> + +<p>»Ya siento un poco de sueño. Detrás de los ojos noto pesadez... Si no +fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha +pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueñecito, ven... ¿Pero cómo he de +dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja, +doliéndome. Está visto, no me dormiré hasta las dos. ¡Pobre, infeliz +hermano! ¡Qué afrenta tan grande para mí y para él! No, mientras esto no +se arregle y Mariano salga de la cárcel no diré una palabra, no daré un +solo paso, no veré a mi abuela... ¡Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer, +infeliz mil veces! ¿Cómo quieres dormir con tanta culebrilla en el +pensamiento? Aquí, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual +una madre grande y enroscada está pariendo sin cesar... El palacio, mi +abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego +aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme más... ¡Qué hermosos, +qué divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareció +verla viva, que me miraba y se reía, diciéndome cosas de esas que se les +dicen a los hijos. Madre querida, mándame un beso y con él un poco de +sueño. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar +de mi cabeza tanta y tanta cosa. ¡Si se lograra dormir cerrando mucho +los ojos; si se pudiera olvidar apretándose las sienes!... Me volveré de +este otro lado. ¿Para qué, si al instante me he de cansar también? Más +vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contándome cuentos. +¡Jesús, qué negro está mi cuarto! Si no duermo, vale más que encienda +luz y me levante, y abra el balcón y me asome a él... Pero no, tendré +frío, me constiparé, cogeré una inflamación, una erisipela. ¡Ay, qué +horror! Me pondré tan fea..., y es lástima, ¡porque soy tan guapa, me +estoy poniendo... divina! Aquí, recogida una en sí, y en esta soledad +del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una +decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se +le dicen nunca. ¡Qué hermosa soy! Cada día estoy mejor. Soy cosa rica, +todos lo afirman y es verdad... ¡Dios de mi vida, las dos! Este +chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su +pipa. El asno bonito se acuesta...¡Las dos, y yo despierta!...</p> + +<p>»¡Qué silencio en la casa! Me volveré de este otro lado... ¡Oh!, ¡qué +calor tengo! Me deslizaré a esta otra parte que está más fresca. Tengo +un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, ¿pues no me estoy +riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santísima, +sueño, sueño, olvido... Esta es otra; ¿por qué me palpita el corazón? Lo +mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido, +este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... ¡Jesús, madre +mía! ¿Qué siento? ¡Pasos en mi cuarto! ¡Alguien ha entrado!... ¡Ah!, no, +no hay nada: es como una pesadilla... ¡Cómo sudo, y qué sudor tan frío! +¡Si al menos me durmiera! ¿Pero cómo, si el corazón sigue palpitando +fuerte?... Tengamos serenidad. Corazón, estate quieto. No bailes tanto, +que me dueles... ¡Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... ¡Qué +cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el +pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, ¿por +qué no he de tener yo talento? Sí que lo tengo. Eso, antes que los +demás, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mamá mía, no has +echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que +salga de esa maldita cárcel, que se afine, que se pulimente, que se +instruya... ¡Dios me valga! ¡Las tres!</p> + +<p>»¿Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo. +Daré otra vuelta y cerraré los ojos; los apretaré aunque me duelan... +¿Por qué no puedo estar quieta un ratito largo? ¿Qué es esto que salta +dentro de mí? ¡Ah!, son los nervios, los pícaros nervios, que cuando el +corazón toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. ¡Qué suplicio! Me +muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, ¡qué +hermoso será! ¡Cuándo verás en ti, garganta mía, enroscada una serpiente +de diamantes, y tú, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan, +sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro, +el tórtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ahí están +esas cursis de Emilia y Leonor... ¡Cómo me agradan los terciopelos y las +felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro +con hojas de Otoño resulta lindísimo... El buen gusto nace con la +persona...</p> + +<p>»Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el +sueño. Al fin descansaré: bien lo necesito... Ya llegan los convidados, +mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran +ya. ¡Cuánta sonrisa, cuánto brillante, qué variedad de vestidos, qué +bulla magnífica! y... en fin, ¡qué cosa tan buena! Hay una tibieza en el +aire que me desvanece; me zumban los oídos, y en los espejos veo un +temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha +de morirse, porque no hay más remedio, que se muera aquí. ¡Jesús, qué +cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiración. Eso bien se conoce. +Acaba de llegar Joaquín y se dirige hacia mí... ¿Qué campanas son estas? +¡Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, sí estoy en mi +cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me +volveré de este otro lado...</p> + +<p>»El tal marqués viudo de Saldeoro está loco por mí; pero no seré tonta, +no le daré a conocer que me gusta... ¡Y cómo me gusta!... En fin, +suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. ¿Soy acaso como esas +cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se +rinde el corazón sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es +indiferente y el marqués viudito te encanta, no des a entender tu +preferencia... ¡Los hombres! ¡Ah!... que se fastidien. Se dice que son +muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo +que ambiciono para marido; y él me jura que lo será... ¡Jesús, qué cosa +tan buena! ¡Qué hermosa figura, qué modales, qué manera de vestir tan +suya...! Pero yo me pregunto una cosa: ¿dirá que me quiere porque sabe +que voy a ser riquísima?... Mucho cuidado, mujer; no te fíes, no te +fíes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para +ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo +aceptaría... ¡Humillarme yo!... Antes morir... ¡Las cinco, Virgen del +Carmen, y yo despierta!</p> + +<p>»No quiero pensar en Joaquín, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en +mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meteré la +cabeza debajo de la almohada. ¡Ah!, esto me da algún descanso... Hace +dos semanas que no veo a Joaquín, y me parece que hace mil años. ¡Estuve +tan fuerte aquel día!... ¡Me fingí tan incomodada! Verdad es que él fue +atrevido, atrevidísimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se +hace... Estaba fuera de sí. ¡Qué ojos, qué fuerza la de sus manos! ¡Pero +qué seria estuve yo!... Con cuánta frialdad le despedí..., y ahora me +muero porque vuelva... ¡Jesús, acaban de dar las cinco y ya dan las +seis! Esto no puede ser. Ese reloj está borracho... Tengamos calma. +Siento mucho sueño. Al fin el cansancio me hará dormir. Si yo no +pensase... ¡Qué felices deben de ser los burros!... Firme, mujer; +mientras más apasionado esté Joaquín, más fría y tiesa tú... Ya siento a +D.ª Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto. +¡Es de día y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi +cabeza, los doy, Señor, por un poco de sueño. Señor, dame sueño y déjame +tonta...</p> + +<p>»Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto +empezarán los pregones. Mañana, ¿qué digo mañana?, hoy es miércoles, 17. +¿Recibiré carta y libranza de mi tío? Mi tío no es; pero así le llamo. +¡El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doña Laura riñe con la +criada... ¡Maldita sea D.ª Laura! El día en que tenga con qué pagar a +esa mujer feroz, será el más alegre de mi vida... ¡Las siete ya! Quiero +dormir, aunque no despierte más. Esta cama es un potro, un suplicio. Si +dentro de un rato no duermo, me levantaré. No puedo estar así. En mi +cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. ¿Si se +morirá la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte será un +despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. ¡Cómo entra +el sol por mi cuarto! El pícaro va derecho a iluminar mis pobres botas, +que ya no sirven para nada. También da de lleno en mi vestidillo para +hacerle, con tantísima luz, más feo de lo que es. ¡Qué miserable estoy, +Dios mío! Esto no puede seguir así; no seguirá. Voy a escribir a mi tío, +a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaquín... ¡Las ocho, Dios de mi vida! +Me levanto. Dormiré mañana a la noche».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XII" id="Capitulo_XII"></a>Capítulo XII</h3> + +<p class="head">Los Peces (sermón)</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles de ánima viviente...</p> + +<p>Y crió Dios las grandes ballenas, y toda ánima que vive y se mueve, que +reprodujeron las aguas según sus especies... Y vio Dios que era bueno.</p> + +<p>Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la +mar...</p> + +<p>(<i>Génesis</i>, cap. I, versículos 20, 21 y 22.)</p> + +<p>Amados hermanos míos: Feliz mil veces <i>la postrera de las tierras hacia +donde el sol se pone</i>, esta nuestra España, que concibió en su seno y +crio a sus pechos a D. Manuel José Ramón del Pez, lumbrera de la +Administración, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la +política, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos +cofradías, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipaón, indispensable en +las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para +acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un +empréstito, la nariz más fina para olfatear un negocio, servidor de sí +mismo y de los demás, enciclopedia de chistes políticos, apóstol nunca +fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio +de nuestra gloriosa apatía nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar +reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeñador mayor +por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que +vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque +más que hombre es una generación, y más que persona es una era, y más +que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y +compendio de una media España.</p> + +<p>Don Manuel José Ramón Pez andaba, en la época a que se refiere este +nuestro panegírico, entre los cincuenta y los sesenta años. Desde su +tierna edad servía en esta maternal Administración española. De niño +había tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que +también eran Peces por la rama materna. Más adelante se gobernó solo, y +casi siempre desempeñó elevados y ubérrimos destinos, con intervalos de +cesantías; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba +reputación de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque +esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea +puramente relativa. De sus principios políticos no queremos hablar, +porque no hay para qué. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer +que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenían por +atributo primero una adaptación tan maravillosa como la de los líquidos +a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios +líquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesión, pues +también los hay gaseosos. Si un carácter ha de formarse de una sola +pieza y de una sola substancia, descartando las demás como puramente +ornamentales, el carácter de D. Manuel se componía de una sola y +homogénea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre, +por la ley de gravitación social, a los poderosos.</p> + +<p>Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdicción de lo humano, que no +se consiguiera por mediación de Pez, y de aquí que Pez estuviera en +aquellos días de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo está de +ex—votos un santo milagroso. La recomendación es entre nosotros una +segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos +expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a +cumbres altísimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el +trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de +la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa +forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendación.</p> + +<p>No como una segunda fase de su carácter servicial, sino como una +ampliación de él, tenía don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea +protección decidida, incondicional, una protección frenética y +delirante, a la copiosísima, a la inacabable, a la infinita familia de +los Peces. En aquellos días, amados hermanos míos, desempeñaba una de +las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para +ministro. En los mismos días veríais repartidos por toda la redondez de +la Península número considerable de funcionarios que por llevar el claro +nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o +séptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Había cuatro o +cinco Peces entre los oficiales generales del ejército, todos con buenos +lotes en direcciones o capitanías generales. Los magistrados y jueces y +promotores fiscales del género Pez se contaban por centenares, +distribuidos en toda la España. Para que en todas las jerarquías hubiera +algún miembro de esta omnisciente familia de bendición, también había un +obispo pisciforme, y hasta doce canónigos y beneficiados que pastaban en +el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras públicas, capataces, +recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas, +inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, séptimos y +quincuagésimos de Gobiernos de provincia, el número era tal que ya no se +podía contar. Invoquemos el texto divino: <i>Crescite et multiplicamini, +et replete aguas maris</i>.</p> + +<p>De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que +hablar, porque allí los había hasta de las más bajas categorías. Sin +contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D. +Manuel era evidente, aunque remotísimo, coleaban mil y mil Pececillos, +sólo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el +apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya +de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristán. Para +decirlo todo de una vez, y concretándonos al distrito perpetuo de D. +Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos míos, recordemos +la opinión que acerca de esta gente formó el <i>Apóstol de las Escuelas</i>, +Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiológicos sacó la +clasificación siguiente: Orden de los <i>Malacopterigios abdominales</i>. +Familia, <i>Barbus voracissimus</i>. Especie, <i>Rémora vastatrix</i>.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Amados hermanos míos: si de la Mancha pasamos, pues todo es España, a la +Dirección de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectáculo no menos +patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipaón +(que de Dios goza), había tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando +al hijo mayor, Joaquín Pez, de quien se hablará cuando le toque; +descartando también a las dos señoritas de Pez, ya casaderas, quedaban +cuatro pimpollos. Luis, de veintiséis años, tenía treinta mil reales en +la Secretaría del Ministerio; Antoñito, de veintidós Navidades, gozaba +veinticuatro en una Dirección limítrofe; Federico, de diez y nueve, se +dignaba prestar sus servicios al lado del papá por la remuneración de +catorce mil reales; Adolfito, de quince, había admitido un bollo de ocho +mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no había recibido +aún la credencial; pero la recibiría en justo galardón de su celo +persiguiendo a los ratoncillos que roían los papeles de la oficina.</p> + +<p>No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una +breve excursión al campo de la Aritmética. Es una observación o problema +que el público ha formado muchas veces ante ciertas antítesis, que, a +fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel +era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia +propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tenía bienes +raíces de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no debía +de tener tampoco economías. Sumando su sueldo con el sueldo de los +pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis +mil duros. Problema: ¿por qué misteriosas alquimias pasaba esta cantidad +para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales, +buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la +familia, lujosos vestidos de baile para las niñas, landó, palco a primer +turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano, +imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel +percibía de algunas compañías de ferrocarriles, quedaba la mitad del +gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados +preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por +ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y +corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se +rasca, porque ya no le escuece.</p> + +<p>Introduzcámonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta +redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este +matrimonio dichoso, y de esta prole dichosísima. Los tiempos eran +prósperos. Tocaba entonces estar arriba. El árbol fecundísimo del poder +protegía con su plácida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano +para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De +situación tan bella procedía en todos aquel deseo febril de goces y el +delirio de llamar la atención, de parecer mucho más de lo que realmente +eran. La señora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas +casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos habían de ser +millonarios, y además, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas +(dañadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) habían hecho suyas las +ideas de su endiosada mamá, y aún iban más lejos, y soñaban con +príncipes, ¿por qué no con reyes?</p> + +<p>Eran dos niñas preciosas, de hermosura delicada y frágil, de esa que +luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y +luego se disipa en el primer año de matrimonio; rubias, delgadas, +quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucían demasiado grandes en +la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser +traídas y llevadas por su mamá de salón en salón, de teatro en teatro, +de fiesta en fiesta, parecían fatigadas, pero no hartas de frívolos +pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba +que estas tales niñas apenas podían esconder, bajo el barniz de la +urbanidad, el desprecio que sentían hacia todo lo que fuera o pareciese +inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caía de la boca la +palabra <i>cursi</i>, aplicándola a este o aquel que no viviese inmergido en +el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no +comprendían las tontuelas que ellas caían también debajo del fuero de la +cursilería, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y +que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente +superior. Aquellas niñas, mil veces dichosas, no habían visto el mundo +sino por su lado frívolo; no conocían la sociedad ni su mecanismo, ni +sus orbes y gravitación admirables. Su instrucción se circunscribía a un +poco de Catecismo, una tintura de Historia, ¡y qué Historia!, algunos +brochazos de Francés y un poco de Aritmética. Pero ¿de que servían los +rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no +les cabía en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del +duque de Tal poseía en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de +malicia como de sindéresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para +ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no podía entrar la +comparación entre los diez millones de renta del duque de Tal y los +cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponiéndole Pez, y +Pez grandísimo. <i>Creavit Deus Cete grandia</i> (los grandes cetáceos).</p> + +<p>Dejémoslas en paz. Eran dichosas. ¿A qué conturbar su felicidad, +picoteándola con números? Que gocen de la vida, de los verdes años. +Ocupémonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina +sino cuando le daba la gana; que había encargado un velocípedo a Londres +y había extendido él mismo la orden para que el administrador de la +Aduana de Irún lo dejase pasar sin derechos, ¡qué rasgo de genio! «Tú +irás muy lejos, niño», le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel +rasgo valía una cartera. ¡Genialidad infantil que anunciaba el embrión +de un hombre de Estado español!</p> + +<p>Ocupémonos también, amados hermanos míos, de Federico y Antoñito Pez, +que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filósofo (muchos +filósofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. ¡Ah! +La Economía política es una ilusión que se pierde siempre a los veinte +años. Federico se había distinguido en esos círculos de sabiduría +temprana donde centenares de ángeles juegan al discurso. Era oradorcito. +Allí era de oír lo siguiente: «El señor que me ha precedido en el uso de +la palabra...». Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es +moda que los niños de teta usen sombrero. Las controversias de los +menudos filósofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento +y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita +por Federico sobre no sé qué, pasó desde la tribuna a la prensa, +apareció en una Revista; el niño se creció; inscribiose en un círculo +más nombrado; hízose oír; le aplaudieron. Primero hablaba y luego +gritaba. Ensordecía los pasillos. Llegó a envanecerse con su facilidad +de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodríguez. Hubo de volverse +loco porque le dijeron que aún mamaba. ¡Disparate! El no mamaba sino del +presupuesto.</p> + +<p>Antoñito, que era el filósofo, empleaba las horas de oficina en hacer +revistas musicales para un periódico de teatros. La Filosofía y la +Música tienen un alma de diez y nueve años, una afinidad que parece +parentesco. Son dos cuerdas distintas del laúd de la tontería. Antoñito, +que había hecho en su cabeza una especie de pasta filosófica, amasando +al padre Taparelli con Augusto Comte, era además un wagnerista +furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jamás de los jamases había +oído música de Wagner. En sus artículos llamaba a todas las cantantes +<i>divas</i>, y a toda las obras <i>spartitos</i>. Era severísimo con los artistas +cuando no le daban butaca.</p> + +<p>Ocupémonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filósofo, ni +economista, ni músico; era jinete. Había comenzado una carrera militar, +pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasión eran los +caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba +que no tuviéramos hipódromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su +cerebro tan limpio de Aritmética, que no acertaba a comprender por qué +él tenía un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de +Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban +la cuadra de la calle de San Dámaso. He aquí una contradicción económica +ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habría tenido +quizás algo que decir. Iba nuestro galán centauro a la oficina lo menos +que podía. Estaba agregado a la Comisión de empleados que redactaban las +nuevas Ordenanzas de Aduanas. ¿Para qué había de molestarse este digno +funcionario en asistir a su trabajo si él no sabía lo que era comercio; +si no sabía lo que era un puerto; si no había visto otra mar que el mar +sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento, +lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohólica, arancel, y +demás cosas que atañen al tráfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en +la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle. +Amados hermanos míos, tiempo es ya de que digamos con el ángel. <i>¡Ave, +María!</i></p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Sorprendamos a D. Manuel José Ramón Pez (o del Pez) cuando, recién +abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de +varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenían con él relación +misteriosa, sólo de él conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados +los lentes o quevedos, afeitada y descañonada ya la barbilla violácea, +bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de +estopa, revolvía cartas, consultaba notas, hojeaba <i>memorándums</i>, +ordenaba <i>in mente</i> lo que no tenía orden, hacía cálculos, esbozaba +proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su +cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que parecía +hecha con tiralíneas; abismábase en meditaciones; después, tarareando +una cancioncilla, pasaba la vista por los periódicos de la mañana, daba +algunas órdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y +diversiones.</p> + +<p>A cada instante era visitado el despacho por un ángel que entraba +retozando. ¡Qué cháchara suplicatoria y qué mendicidad mezclada de +regocijo! «Papá, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco +de la Comedia... Papá, no olvides que hoy se renueva el abono del +Real... Papaíto, págame esta cuenta de Bach... Papá, el sastre... Papá, +la modista... Papa, la florista... Papá, la cuenta de Arias... Papá, +nuestros abanicos... Papá, el caballo... Papá, papá, papá...». Era un +pío pío que no cesaba. Por fortuna don Manuel José Ramón era la imagen +viva de la Providencia, según generosamente daba y repartía, sin +quejarse, sin regañar; antes bien, regodeándose de ver tanto gusto y +apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. También +él era feliz, porque si algún bien positivo hay en el mundo, es el que +sienten mano y corazón en el momento de dar algo.</p> + +<p>Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gentío fosco, +siniestro, una turba preguntona y exigente, que quería hablar con el +señor, ver al señor, decir dos palabritas al señor. Sonaba a cada +instante la campanilla, y entraba uno más. Eran los desfavorecidos de la +fortuna, pretendientes, cesantes de distintas épocas, de la época de Pez +y de la época del antecesor de Pez. Algunas bocas famélicas pedían pan; +otras no pedían más que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad, +pedían para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban +atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedían <i>para cuando +hubiese una vacante</i>. Con este gentío calagurritano se mezclaban los +postulantes de otra esfera, personajes y señorones que pasaban al +despacho desde que llegaban. El criado no podía contener a la turba +impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tenía en sus maneras el +ímpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropelló en cierta ocasión al +criado, se metió por el pasillo adelante, entró sin anunciarse en el +despacho, y encarándose con D. Manuel, dijo con lágrimas y gestos de +teatro: «Señor, soy viuda de un Pez».</p> + +<p>Don Manuel repartía promesas, limosnas, a veces credenciales de poca +monta, y para todos tenía un consuelo, una palabra o un duro. Era +bondadoso y muy bien educado. Había en su mente, junto a la idea de su +derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con +la humanidad cesante y desposeída.</p> + +<p>Por concluir nuestro panegírico con un hecho concreto de la vida del +santo, diremos que una mañana D. Manuel mandó que no entrase nadie. +Estaba fatigado. Quería ir pronto a la oficina, donde tenía cita con el +marqués de Fúcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro, +haciéndole un préstamo.</p> + +<p>«¡Ah!, se me olvidaba...—murmuró, echando la vista sobre una carta—. +Francisco, dile al señorito Joaquín que suba».</p> + +<p>Joaquín Pez, el mayor de los Pececillos, tenía treinta y cuatro años. Se +había casado por amor con la hija única de la marquesa de Saldeoro. +Quedose viudo a los ocho años de matrimonio, no exento de alborotos, y +cuando las cosas de esta relación ocurren estaba asombrosamente +consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se +distinguía; física la una, moral la otra. Era su corazón bueno y +cariñoso. Era su figura y rostro de lo más apuesto, hermoso y noble que +se pudiera imaginar. Tenía toda la belleza que es compatible con la +dignidad del hombre, y a tales perfecciones se añadían un aire de +franqueza, una agraciada despreocupación, o sí se quiere más claro, una +languidez moral muy simpática a ciertas personas, una cháchara frívola, +pero llena de seducciones, y por último, maneras distinguidísimas, humor +festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que +corresponde a un tipo de galán del siglo XIX, que es un siglo muy +particular en este ramo de los galanes.</p> + +<p>Y hablemos ahora, amados hermanos míos, del defecto de Joaquín Pez, +defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofía, por la Iglesia, por +los Santos Padres y hasta por la gente de poco más o menos. Este defecto +era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de +ánimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones +físicas y sociales del Pez, bien se comprenderá que este vicio del alma +había de tener por expresión sintomática el desenfreno de las pasiones +amorosas.</p> + +<p>Disculpémosle. Era tan guapo, tenía tanto partido, que más que el tipo +del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era +en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorbían su +atención, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la +herencia de su esposa, pero muy mermado ocho años después. Cuando le +conocemos, Joaquín estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los +terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que +no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en +cabañas o andurriales.</p> + +<p>Ya os oigo decir, amados míos, que estas cacerías, lejos de fortificar +al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua; +pero nuestro vigoroso Pez no había llegado aún, cuando le conocimos, al +grado de envilecimiento que es el término de las pasiones locas. Su +vicio era todavía un vicio del corazón, intervenido con la fantasía. Aún +persistían en él ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos, +con sus melancolías, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba +a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuación con +fantasmagorías y esfuerzos de iluminismo, de que nacían, aunque por modo +artificioso, afectos parecidos a la ternura.</p> + +<p>Vivía solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal +ocupaban sus padres. Levantábase tarde, almorzaba con su familia, y +después de la una rara vez le volvían a ver sus padres hasta el día +siguiente.</p> + +<p>«Pero, hombre, ¿has visto?—le dijo el papá Pez, prejuzgando con su +tonillo burlón el asunto de que iba a tratar—. Otra carta del Canónigo +en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal +Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., ¡qué +tonterías!, en su pretensión... Dice que son nietos de la marquesa de +Aransis; que él lo probará ante los Tribunales. ¿Tú crees esto?</p> + +<p>—Yo..., yo, verdaderamente...—manifestó Joaquín con aquella indolencia +que de su cuerpo a su pensamiento se extendía—. No lo afirmo ni lo +niego.</p> + +<p>—Logomaquias, hombre—dijo D. Manuel apartando de sí con desprecio la +carta de su amigo el Canónigo, cacique y faraute de los Peces en buena +parte de la Mancha—. Esto es novela... ¡Nietos de la marquesa de +Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... ¿Conoces tú a esa +Isidora?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Y ella sostiene...?</p> + +<p>—Como el Evangelio.</p> + +<p>—Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor salen +con la patochada de tener por papás a duques o príncipes, no pueden +pasar en el día, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca. +Admitámoslo en las novelas; ¡pero en la realidad...! En fin, sea lo que +quiera, es preciso atender al Canónigo, que nos sirve bien. Entérate. +Dice que pongamos a disposición de la muchacha algunas cantidades. En lo +que no le haré el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la +marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos diciéndoselo a su +apoderado, el marqués de Onésimo... Logomaquias, hombre...</p> + +<p>—Yo me encargaré de esto—replicó decididamente Joaquín—. Ya he visto a +esa hija de reyes. Es una muchacha simpática, discreta y buena, que +merece, sí, merece, sin duda algo más de lo que posee».</p> + +<p>Cuando Isidora llegó a Madrid, recibió don Manuel una carta del Canónigo +recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que +tanto había hecho reír al señor Director. Por encargo de este, Joaquín +la visitó; encontrola guapa el primer día, el segundo muy guapa, y el +tercero deliciosísima, con lo que la diputó por suya. Trazó las primeras +paralelas; halló resistencia; trazó las segundas y halló más +resistencia, una tenacidad que anunciaba el heroísmo. De aquí vino +aquella retirada hábil que desconcertó, como antes se dijo, a la joven, +no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada. +¡Cuán cierto es que el ocio enerva y rinde al más aguerrido ejército +antes que el fuego y las balas!</p> + +<p>Las dotes militares de Joaquín, más que de general de tropas regladas, +eran de guerrillero hábil en golpes de mano. Viene esto de la índole de +los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a +esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitán de partidas, +desde que habló con su padre, ideó, pues, la emboscada más hábil que +concertaron guerrilleros en el mundo. No pondría sitio. Enviaría un +parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo +caía en el lazo, si pasaba el río de la Prudencia y se ponía bajo los +fuegos del desfiladero de la Audacia...</p> + +<p>En el capítulo siguiente veréis, ¡oh amados feligreses!, lo que pasó.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIII" id="Capitulo_XIII"></a>Capítulo XIII</h3> + +<p class="head">¡Cursilona!</p> + + +<p>Serían las cuatro cuando Isidora, acompañada de su padrino, llegó al +portal de la casa de Joaquín Pez. Su ansiedad era grande, porque había +recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, después de +declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la señorita de +Rufete a venir a su casa, donde sería enterada de una comunicación del +Canónigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente +importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle +de Hernán Cortés a la de Jorge Juan no cabrían en este volumen, aunque +fuese doble. ¡De qué manera y con qué fecundidad de imaginación dio vida +en su mente a la entrevista próxima a verificarse! Al llegar al portal, +y al decir a D. José: «dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva +aquí dentro de media hora», ya había ella desarrollado en sí misma cien +visiones distintas de lo que había de pasar. Cuando ella entraba, salían +las dos niñas de Pez con su mamá para subir al coche que las esperaba en +la calle. ¡Qué elegantes! Isidora las miró bien; pero iba ella, a su +parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera +escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y +mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de +engrandecerse no era un deseo tan sólo, sino una reclamación. Su pobreza +no le parecía desgracia, sino injusticia, y el lujo de los demás +mirábalo como cosa que le había sido sustraída, y que tarde o temprano +debía volver a sus manos.</p> + +<p>Las niñas de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta +las examinó bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crítica +acerba, las desnudó, les quitó los sombreros, censuró aquellos talles de +araña, y concluyó por considerar en su mente lo que resultaría si la más +guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta +se pusiera los de la chica de Pez.</p> + +<p>Entró en casa de Joaquín, y el criado la encerró en un gabinete mientras +pasaba recado al señorito. ¡Qué hermosos y finos muebles, qué cómodos +divanes, qué lucientes espejos, qué blanda alfombra, qué graciosas +figuras de bronce, qué solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos +de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qué magníficas estampas +de mujeres bellas! La escasa erudición de Isidora no le permitía saber +si aquellas señoras eran de la Mitología o de dónde eran; pero la +circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido +le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. ¡Y qué bonito el armario +de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban +en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jamás leídos! +«Pero ¿qué harán en los rincones aquellos dos señores flacos? ¡Ah! Esa +pareja se ve mucho por ahí. Son Mefistófeles y D. Quijote, según ha +dicho Miquis. Yo no haré nunca la tontería de tener en mi casa nada que +se vea mucho por ahí. Vamos, que aún puedo yo dar lecciones a esta +gente». Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de +Velázquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qué haría +nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entró Joaquín.</p> + +<p>«¡Albricias!—le dijo de buenas a primeras, tomándole las dos manos y +apretándoselas mucho—. Papá ha tenido una carta del Canónigo... Papá se +propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglará... Esto va +bien. ¿No lo dije yo?».</p> + +<p>Isidora quedó tan turbada por esta irrupción brusca de buenas noticias, +que no acertó a decir nada. Miraba embebecida a Joaquín. Pasada la +primera impresión de las noticias, lo que dominó en el espíritu de la +joven fue la vergüenza de que Joaquín, tan admirador de ella, la viese +mal vestida. Había estado dos horas arreglándose para disimular su mala +facha. Venía compuesta con galana sencillez, respirando aseo y +coquetería; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no +podían disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, ¡y +esto era lo más atroz!, la desgraciadísima vejez y mucho uso de las +botas, que no sólo estaban usadas y viejas, sino ¡rotas! Lo que Isidora +padecía con esto no es decible. Cuidadosamente escondía bajo las faldas +sus pies, tan pequeños como mal calzados, para que Joaquín no se los +viera.</p> + +<p>Pero ya él se los había visto, sin perder por eso el amor, o llámese +como se quiera, que sentía; antes bien, exaltándose más. Por efecto de +esas aberraciones del gusto que marcan el tránsito de la pasión al +vicio, Joaquín la amaba más con aquel atavío grosero; y si estuviera +completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella +sublimado el ideal del momento.</p> + +<p>«¿Y cuándo hablará su papá de usted a la marquesa?—preguntó Isidora ya +más dueña de sí—. La marquesa está en Córdoba...</p> + +<p>—¿En Córdoba?... Ya—murmurró Joaquín, a quien no le importaba gran cosa +que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase—. Eso no importa. La +marquesa vendrá... ¡Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo mejor. +Tenemos orden del señor Canónigo para entregar a usted las cantidades +que necesite. Usted dirá.</p> + +<p>—¡Las cantidades que necesite!»—repitió Isidora embelesada, viendo en su +imaginación una cascada de dinero.</p> + +<p>¡Tener dinero! ¡Qué alborozo! Parecía que en su alma, como en alegre +selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil +encantadores pajarillos. ¡De tal modo se le anunciaban las necesidades +satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras +satisfacciones más, traídas por la soberana virtud del oro!</p> + +<p>Conocedor Joaquín de la manera de tocar ciertos registros del alma +humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del +hombre, y más aún de la mujer, llegose a la chimenea, tomó de ella una +cajita, abriola y mostró a los ojos admirados de Isidora porción +cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de +billetes de Banco.</p> + +<p>«No sé lo que habrá aquí—dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos, y +afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad +con los millones—. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dirá».</p> + +<p>El efecto fue inmenso. Atónita y embobada estaba la de Rufete, paseando +su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien +la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes +pequeños, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hipérbole, +creía ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente +del dorado Pactolo.</p> + +<p>«Usted dirá—repitió él, hojeando los cuadernillos de billetes como si +fueran libritos de papel de fumar—. Mi parecer es que usted, por quien +es y por la posición que ocupará, no debe seguir viviendo en aquella +casa. Usted debe tomar una casa para sí y su hermano, ponerse en otro +pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... ¿Quiere usted +que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles, +modista...?».</p> + +<p>Joaquín la miró. ¡Qué guapa era! Isidora le oía como si oyera una +descripción del Paraíso a quien realmente ha estado en él. Luego, cuando +Joaquín la miró tan de cerca que ella podía contarle los pelos de la +barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, creyó ver al +mismo ángel de la puerta del Paraíso mostrando las llaves de él... Por +un instante Isidora no hizo más que saltar la mirada de la cajita al +rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiración que por el +joven sentía se acrecentaba hasta parecer cariño entrañable. ¡Era tan +seductor su modo de mirar!... ¡Tenía un no sé qué tan distinto de todos +los demás hombres!... Así lo pensó Isidora, sintiendo herida y +traspasada toda aquella parte de su corazón que dejaba libre el orgullo.</p> + +<p>«Usted dirá»—volvió a indicar Joaquín, dejando a un lado la cajita y +tomando las manos de Isidora.</p> + +<p>Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaquín se le hizo más guapo, +más seductor, más caballero, revistiéndose de todas las perfecciones +imaginables.</p> + +<p>«¿Me porto mal—dijo él con voz blanda—; me porto mal en pago de la +ofensa que usted me hizo despidiéndome y diciéndome que no podía +quererme?».</p> + +<p>Isidora fluctuaba entre el reír y el temer. Se reía y estaba pálida. +Después sintió frío.</p> + +<p>«Yo bien sé lo que pasará cuando usted llegue al fin de su +camino—prosiguió él—. En vez de quererme entonces como ha prometido, me +despreciará... ¡Será usted entonces tan superior a mí!...».</p> + +<p>La perfidia en estas palabras era tanta, que no cabía debajo de todos +los pliegues del disimulo.</p> + +<p>Isidora, además de reír, además de temer, además de tener frío, se +sentía como mecida en un vagoroso y aéreo columpio. La cara hermosísima +del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilación de resplandores +celestes que van y vienen. ¿Cómo no, si de pronto empezó a oír retahíla +de palabras ardientes, que jamás oyera ella sino en sueños? Joaquín la +tuteaba, Joaquín se extralimitaba de palabra. Rápidamente conoció +Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de +dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su +debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte, +era causa de todos sus males: el orgullo. Se salvó por su defecto, así +como otros se salvan por su mérito. No es fácil definir lo que +rápidamente pensó, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que +dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a +defenderla. Ello es que saltó del asiento con tal rapidez, que no pudo +Joaquín detenerla, y con velocidad de pájaro se puso en la puerta. El +violento palpitar de su seno, cortándole la respiración, apenas le +permitió decir:</p> + +<p>«No quiero nada, no quiero nada».</p> + +<p>Evidentemente, referíase al contenido de la cajilla. Joaquín corrió tras +ella, diciendo: «Formalidad, formalidad». Pero la de Rufete, valiente y +decidida, trató de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su +ligereza de gorrión, su prontitud para correr de un punto a otro, +perseguida, mas no alcanzada. Corrió a la ventana, que por ser de piso +bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyándose en el +alféizar, vuelta hacia dentro, dijo así con animosa voz:</p> + +<p>«Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aquí y pido +socorro».</p> + +<p>Quedose parado el Pez; reflexionó un instante. De repente su amor se +deshizo en despecho y su despecho en risa.</p> + +<p>«¿Escenita?... ¿Gritar en la calle? ¡Qué ridiculez! Usted se empeña en +que hagamos el oso».</p> + +<p>La ira retozaba en sus labios. Miró a Isidora con tanto enojo, que esta +se turbó y creyó haber sido desconsiderada y excesivamente altanera. +Después el joven abrió la puerta. Indicó a Isidora la salida, dejando +escapar de sus labios, trémulos de ira, esta palabreja:</p> + +<p>«<i>¡Cursilona!...</i>»</p> + +<p>Tres minutos después, Isidora se unía a don José en la esquina de la +calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbación, alegre +de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada, +diciendo para sí:</p> + +<p>«Me ofende por que soy huérfana, y me insulta porque soy pobre; y a +pesar de todo...».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIV" id="Capitulo_XIV"></a>Capítulo XIV</h3> + +<p class="head">Navidad</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Al día siguiente recibió Isidora una carta de Joaquín incluyéndole +algunos billetes de Banco, y pidiéndole perdones mil por el caso del día +anterior. Decíale que si alguna palabra áspera y malsonante salió de sus +labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no +dicha. Finalmente, le pedía permiso para verla de nuevo en casa de +Relimpio. Agradeció ella con toda su alma el desagravio, y sus +aflicciones de aquel día se le disiparon con la grata vista del pan +bendito, o llámese papel—moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si +perdonó fácilmente a Joaquín la injuria intentada contra su honor, tuvo +que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera +llamado <i>cursilona</i>. Tal es la condición humana, que a veces el rasguño +hecho al amor propio duele más que la puñalada asestada contra la honra. +El marqués viudo la visitó dos días después, y su comedimiento, después +de las audacias referidas, la cautivaba más, o si se quiere de otro modo +más claro, su comedimiento tenía la virtud de hacer disculpable y aun +amable la osadía pasada; que así se contradicen los corazones en su +lógica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de +ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionándose tanto a +ella, que llegó un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la +formalidad de su cariño. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente. +Don Manuel Pez y el marqués de Onésimo habían escrito a la marquesa de +Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestaría +pronto y a gusto de todos. También llevaba buen camino lo de la causa +criminal de Mariano. Joaquín bebía los vientos para que le soltase el +juez, aunque fuera bajo fianza, por razón de la irresponsabilidad que le +daban sus pocos años. Isidora visitaba a su hermano dos veces por +semana, llevándole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la +cárcel a <i>la Sanguijuelera</i>, que iba con fin semejante; y ambas se +trataban de palabras, distinguiéndose la vieja por la procacidad de su +lenguaje y erizado de <i>puños</i> y el ningún respeto que a su sobrina tenía.</p> + +<p>Llegó Navidad, llegaron esos días de niebla y regocijo en que Madrid +parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que +se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la +calentura de la lotería y el tétanos de las propinas. Todo lo que es +espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se +eclipsa. La conmemoración más grande del mundo cristiano se celebra con +el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla. +Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en +nacimiento sacrílegos. Los cómicos hacen su agosto; la gente de mal +vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergüenza; los borrachos se +multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las +palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos días habría +bastante ponzoña para inficionar una generación entera. No hay más que +un pensamiento: la orgía. No se puede andar por las calles, porque se +triplica en ellas el tránsito de la gente afanada, que va y viene +aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor +se siente uno abofeteado por una cabeza de capón o pavo que a nuestro +lado pasa.</p> + +<p>Las confiterías y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una +abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estómago. No +bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montañas de +mazapán, canteras de turrón, donde el hacha del alicantino corta y +recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderías inundan de cuanto Dios crió +en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia +sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubíes. En +los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la +baratura declara la inferioridad del género. Hay una caliza dulzona que +se vende por turrón, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la +Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapán cuanto abunda el cascajo. La +escala gradual de la gastronomía abraza desde los refinamientos de +Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la +pasta de higos pasados que se vende en una tabla portátil hacia las +Yeserías. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y +substancias de cosa pescada, desde el ruso <i>caviar</i> hasta el escabeche y +el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.</p> + +<p>Una familia podrá morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche +Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias +más refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a +la hucha. ¿Cómo podían faltar los de Relimpio a esta tradicional +costumbre? También ellos, pobres y siempre alcanzados, tenían su pavo +como el que más, gracias a los estirones que D.ª Laura daba al dinero, y +tenían, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se +presentarían engalanados de olorosos ajos y limón. Don José era el +hombre más venturoso de Madrid desde el día 22. Ocupábase en recorrer +los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias +auténticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratábase +de esto en Consejo, y D. José decía con gravedad: «Todo está por las +nubes. Veremos mañana». El 23, D. José y D.ª Laura tomaban un berrinche +porque no les había caído la lotería, fenómeno extraño que todos los +años se reproducía infaliblemente. Opinaba D.ª Laura que todos los +premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotería era un puro +engaño; pero más juicioso D. José, aseguraba que el número jugado era +muy bonito y que no habían faltado más que dos unidades (¡que te +quemas!) para que tocara premio. Concluían ambos por exclamar con +cristiana paciencia: «Otro año será».</p> + +<p>Pero llegaba la mañana del 24, y entonces D. José era la imagen de la +felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y +con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don José llevaba el +cesto y D.ª Laura el dinero, y aquí era el recorrer tiendas, el mirar +todo, el preguntar precios, no arriesgándose a la empresa de sus compras +hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba +enterado de los puntos donde era legítimo el turrón de Alicante y +Jijona, donde era más barato el mazapán, más dulces las granadas y más +gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortísima +cantidad.</p> + +<p>Los comentarios de él sobre la calidad de las cosas compradas no tenían +término. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vacía, +él doblado bajo el grato peso de la cesta, ¿quién no se conmovería +viéndole sacar todo con amor para enseñarlo a las chicas, y poner cada +cacho de turrón ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qué clase +pertenecía cada uno, y regañando si algún ignorante confundía el de yema +con el de nieve? Lo que no podía sufrir D.ª Laura era que él probase de +todo para darlo por bueno, y con este motivo había ruidosas peloteras; +pero él aseguraba que todo estaba riquísimo, que todo era gloria, y con +esto y con recoger D.ª Laura las compras para guardarlas con siete +llaves, concluían las cuestiones. Después, D. José se metía también en +la cocina para ayudar y dar más de un consejo; que algo se le entendía +de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las niñas dejaban la +costura aquel día; no se pensaba más que en la cena, y entre componerse +para ir al Teatro Martín con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les +pasaba la tarde.</p> + +<p>Don José, a quien las horas se le hacían siglos, no pensaba en apuntar +en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel día. Por +la tarde ocupábase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor +muy pequeño para tan gran festín. Después se miraba diez y nueve veces +al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a +los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y +tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba +infantil y por ésta con alegres chillidos aclamado.</p> + +<p>A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asistía nunca, +desde muchos años, el señorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos +de censurar esto, D.ª Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre +los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel +haría en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados, +artistas y empleados de cierta categoría. Probablemente, aquel año iría +a cenar en casa de un marqués.</p> + +<p>En cambio les acompañaba el ortopédico, hermano de D.ª Laura, y el hijo +de este, llamado Juan José. ¡Ah! El ortopédico era saladisímo para una +cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el más gracioso del mundo +en cuanto bebía dos vasos de vino; decía los disparates más chuscos que +se podrían imaginar. Él y Relimpio, que también perdía la chaveta en +cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el año +entero, eran los héroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban +riendo como locos, y por fin rompían a llorar. En suma, que era preciso +llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los +comensales. Los únicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un +poeta presentado por este en la casa, llamado Sánchez Berande, el cual +hacía monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor.</p> + +<p>Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor +pequeño para tanto gentío. Don José, que se pintaba sólo para arreglar +un banquete, contemplaba su obra con legítimo orgullo, y se recreaba en +el brillo de la loza y la cristalería, en la muchedumbre de luces, en el +adorno y opulencia de la mesa. Después esparcía miradas de felicitación +por toda la capacidad de la sala, por la sillería de reps que había sido +desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las +bandejas de latón y demás chucherías... Todo estaba bien, perfectamente +bien. Hasta el retrato del dueño de la casa, al óleo, detestable, +colgado en la pared principal, rebosaba satisfacción en su acaramelado +semblante. «Estoy hablando», decía Relimpio siempre que lo miraba. +Frente al retrato había una laminota, en la cual D.ª Laura se inspiraba +siempre para increpar a su marido. Era Sardanápalo quemándose con sus +queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro +fotografías de niños muertos. Eran los hijos que se le habían malogrado +a D.ª Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujías del próximo +festín, los pobrecitos tenían cara de muy desconsolados por haberse ido +del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Isidora no cabía en sí de júbilo. Aquel día, el 24, soltarían a Mariano. +Ella misma iba a sacarle de la horrenda cárcel. ¡Oh! ¡Si no se hallara +muy mal de dinero, aquel día habría sido uno de los más felices de su +vida! ¿En qué había gastado lo que le diera dos meses antes el marqués +de Saldeoro por cuenta del Canónigo? Verdaderamente ella no lo sabía. +Había pagado a doña Laura, se había comprado ropa... ¿Pero lo demás +dónde estaba? Isidora reflexionó.</p> + +<p>En perfumería había adquirido lo bastante para tres años. ¿Y de qué le +servían aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el +<i>cabás</i> de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compró por la sola razón +de comprarlas. ¡Eran tan bonitas!... Pues ¿y aquel vaso de imitación de +Sajonia, de qué le servía?... ¿Y las botellas para poner cebollas de +jacinto?</p> + +<p>Más necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid, +las cinco novelas y la jaula, aunque todavía le faltaba el pájaro. +Estaba muy desconsolada por no tener un buen baño; ¿pero cómo podía +satisfacer este gusto en casa tan pequeña? Luego, la maldita D.ª Laura +se ponía frenética por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no +podía disfrutar de una hermosa pila de mármol, en cambio se había +provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja +finísima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las +novelas, de un <i>antucás</i>, de pendientes de tornillo con brillantes +falsos, de un juego de la cuestión romana y de algo más, tan lindo como +caprichoso. Mucha, muchísima falta le hacía un buen mundo para poner la +ropa; pero ya lo compraría más adelante. Tampoco estaba bien de ropa +blanca; pero tiempo habría de hacerse un hermoso equipo.</p> + +<p>Gozosa, daba la última mano a su atavío para salir en busca del hermano. +La orden del juez para soltarlo debía de estar ya en las oficinas de la +cárcel. Salió radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino +de la calle de Hortaleza, porque le daba vergüenza de pasar por cierta +tienda donde debía algunas cantidades, poca cosa en verdad.</p> + +<p>Ya anochecía cuando Isidora regresó acompañada de su hermano, el cual, +vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D. +José Relimpio con ciertos asomos de severidad, dándole una palmada en el +hombro y diciendole: «Hombre, veremos cómo te portas ahora». Pero D.ª +Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentaría a su mesa, +aunque bajase Cristo a mandarlo. Oyó esto Isidora con rabia; mas +conteniéndose, devoró tal afrenta y se amordazó la boca para que no +saliesen las palabras que del corazón le brotaban. Encerrose con el +chico en su cuarto, le lavó y vistió, para lo que tenía apercibida gran +cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observó en los ojos de +Isidora una lágrima, más bien que del sentimiento, nacida del despecho, +y le dijo:</p> + +<p>«¿Por qué lloras? ¿Por lo que ha dicho esa tía bruja?</p> + +<p>—¡Gente ordinaria!...—murmuró Isidora.</p> + +<p>—¿Por qué no le contestaste?—dijo Mariano con extraña rudeza.</p> + +<p>—No me rebajo yo a tanto.</p> + +<p>—¡Puño!».</p> + +<p>Mariano dio un puñetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le echó +un sermón sobre su detestable maña de decir a cada paso palabras +malsonantes, y aunque el muchacho alegó, para defenderse, que también +las decían los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a +castigar las malas palabras como si fueran malas acciones.</p> + +<p>«Ahora, señorito—le dijo con severidad—, ha de andar usted derecho. Pase +que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tenía poco menos que en +la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades, Mariano, +de que no quiero acordarme... Echémosles una losa encima. Pero ahora ya +han cambiado las cosas. Eres un bárbaro, y vas a empezar a desbastarte. +Tú no seas tonto; principia por convencerte de que eres persona decente, +y así tendrás dignidad. De nuestra tía Encarnación, hazte cuenta de que +no existe, porque no la volverás a ver. Eres ya otra persona».</p> + +<p>Oyó atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometió a sí mismo +hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de +caballería y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto +Isidora cayó en la cuenta de que Mariano y ella habían de cenar aparte +aquella noche, pues si el chico no podía sentarse a la mesa de los +Relimpios, tampoco ella se sentaría por nada del mundo. Al punto +determinó salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. ¡Muy +bien, excelente idea! ¡Mariano y ella cenarían tan ricamente en su +cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria!</p> + +<p>Pero sobrevino la más grande contrariedad que en vísperas de un banquete +puede ocurrir. Isidora no tenía dinero. Entre las múltiples propiedades +de este metal, ella había notado principalmente una, la de acabarse en +los momentos en que más falta hacía. El portamonedas no contenía más que +un par de pesetas y algunos cuartos. Buscó y rebuscó Isidora en todos +los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasión +parecida había encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el +fondo de un cajón de la cómoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro +apareció aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvió que la +cena fuese una modesta colación, más propia de día de ayuno que de noche +de Navidad. Aunque a D.ª Laura nada debía, antes muriera que pedirle +dinero, después del atroz desaire recibido de ella. No se atrevía +tampoco a acudir a Joaquín Pez.</p> + +<p>Salió. Mariano se quedó solo. Por no ser excesivo el número de sillas +que en el cuarto había, estaba sentado en un baúl bajo. A su lado, en un +rincón, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante. +Eran los cartapacios y protocolos que Tomás Rufete había emborronado +durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta +que sus hijos los recogieran, por si algo había de interés entre tal +balumba de desatinos. Isidora los había llevado del desván a su cuarto, +y allí los puso con ánimo de someterlos a un examen cualquier día. +Mariano leyó, no sin trabajo, los rótulos que decían: «<i>Desolación... +Hacienda pública... Desfalcos... Muerte... Latrocinio...</i>», y otras +cosas extravagantes. Como ninguna distracción sacaba de ver letreros, +empezó luego a revolver todo lo que su hermana tenía sobre la cómoda, y +después lo que en el primer cajón había. Todo lo revisaba, lo examinaba +por dentro y por fuera; hojeó las novelas, levantó de las botellas las +cebollas de jacintos para ver las raíces, abrió el estuche de los +tornillos de diamantes americanos, revolvió la caja y los sobres de +papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de +ver el tintero y la pluma, tomó esta y trazó sobre un plieguecillo, con +no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas +contorsiones con el codo y la muñeca, estas palabras: <i>Mariano Rufete, +alias Pecado</i>. Contempló satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza, +echó una rúbrica que parecía el dibujo de un puñal. Se echó a reír como +un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigió su atención al +tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en él había, +metiendo en todos las narices y diciendo «¡qué bueno!» o «¡qué rico!». +Se puso pomada, se perfumó con esencias y se lavó las manos, sonriendo +de gusto al ver cómo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar +del jabón.</p> + +<p>«¡Eh!, ya me has revuelto todo—dijo Isidora al entrar de la calle—. +¡Jesús, qué desorden! Mira, te voy a pegar».</p> + +<p>Mariano reía.</p> + +<p>«¿Y qué has escrito aquí? <i>Mariano Rufete, alias Pecado</i>... ¿Qué es eso +de <i>Pecado</i>? ¡Como yo vuelva a oírte dándote a ti mismo esos apodos...!</p> + +<p>—Como los toreros—observó estúpidamente Mariano sin cesar de reír.</p> + +<p>—A ver... ¿Es que no quieres ser persona decente?... ¿Pero qué haces, +gandul? ¿Te enjugas las manos en mi vestido? Quita allá, asqueroso. ¿No +ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las +personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con +cafres».</p> + +<p>Y diciendo esto, de un pañuelo que cogido por las cuatro puntas traía, +sacó sucesivamente varios pedazos de turrón y algunos puñados de +cascajo, castañas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la +cómoda la última porción de tan variados bastimentos, lanzó de su pecho +un suspiro enorme.</p> + +<p>«¿Todo eso has traído?—preguntó Mariano—. ¿Y el pavo? Yo quiero pavo.</p> + +<p>—Cenarás lo que te den—replicó ella pasando de la pena al enfado—. Es +una mala educación pedir lo que no hay.</p> + +<p>—El año pasado—dijo Mariano con rudeza y desdén—mi tía <i>la Sanguijuelera</i> +tenía besugo, y pimientos encarnados, y turrón de frutas, y lombarda, y +una granada de este tamaño. Yo me la comí toda. ¡Estaba más rica...!».</p> + +<p>Ceñuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sentó en una silla +alta y ella en otra baja.</p> + +<p>«Mañana será otro día—dijo ella—. Eso de atracarse la Noche Buena es +propio de gente ordinaria. Ya te enseñaré yo a ser caballero... Vaya que +está rico este turrón. Pruébalo...».</p> + +<p>No se hacia de rogar <i>Pecado</i>, antes engullía sin cumplimiento. En la +sala de la casa había empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque +esperaban a Miquis. La entrada de este se conoció desde el retiro de los +Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante después +Isidora vio que se abría suavemente la puerta de su cuarto y que entraba +la irónica fisonomía del estudiante.</p> + +<p>«Vengo a tener el gusto de saludar a la señora archiduquesa—dijo este, +sombrero en mano, con ceremoniosa cortesía—. Bien se ve que estamos ya +en plena aristocracia. Esta noche se <i>queda usted en casa</i>; quiero +decir, que recibe usted a sus amigos...</p> + +<p>—Toma—le dijo Isidora ofreciéndole una bellota—. Es lo mejor que te +puedo ofrecer.</p> + +<p>—Gracias, marquesa—repuso Miquis sentándose—. Es delicioso el obsequio. +Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. ¿Por qué no cenas con nosotros?</p> + +<p>—Nosotros—manifestó Isidora ahogada por la pena y el despecho—no somos +dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de +almendras.</p> + +<p>—¡Ay, chiquilla! ¡Cuánto más me gustan tus bellotas!... Pero no llores. +De buena gana te acompañaría... Pero es tan tiránica la sociedad...</p> + +<p>—Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan +contentos... Mejor es así. Cada uno en su casa».</p> + +<p>Augusto la contempló en silencio, asombrado de su hermosura, que cada +día iba en dichoso aumento, enriqueciéndose con un encanto nuevo.</p> + +<p>«Aquí viene bien aquello de <i>a tus pies, marquesa</i>»—dijo, levantándose.</p> + +<p>Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo +el cuarto, añadió:</p> + +<p>«Estás perfectamente instalada, marquesa. Magnífico gabinete. Aquí los +arcones de roble; ahí el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny, +tapices de los Gobelinos, porcelanas de Sèvres, y de Bernardo Palissy... +Muy bien. Bronces, acuarelas...».</p> + +<p>Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su +pena profundísima. Pero se sintió herida en lo más vivo de su alma +cuando Miquis, después de transformar el humilde cuarto en aristocrático +gabinete, dijo con el mismo tono de encomio:</p> + +<p>«Bien se conoce en esta rica instalación el buen gusto del marqués viudo +de Saldeoro. Adiós, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Cuando Augusto se marchó, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos +en su propia falda.</p> + +<p>«¿Quién es ése?—le preguntó Mariano.</p> + +<p>—Un tipo, un mequetrefe—repuso ella sin mirar a su hermano, señales +claras por donde manifestaba estar aún dentro de la esfera de atracción +del pensamiento que la dominaba.</p> + +<p>—Dame más turrón, marquesa—exclamó el muchacho.</p> + +<p>—¿Por qué me llamas así?—preguntó Isidora bruscamente, despertando de su +mental sueño.</p> + +<p>—¿Es apodo? ¡Puño!... ¿Y por qué te pone motes ese gatera?</p> + +<p>—Mariano, cuidado cómo se habla.</p> + +<p>—¡Se burla de ti!—gritó <i>Pecado</i> con aquel arrebato de infantil +fanfarronería que en él parecía cólera de hombre.</p> + +<p>—Yo te juro que no se burlará más»—dijo ella con los ojos húmedos de +lágrimas.</p> + +<p>Mariano la miró, diciendo:</p> + +<p>«Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa. +Que venga a mí con bromas; verá cómo le saco las entrañas...</p> + +<p>—Mariano, loco, bruto y salvaje—gritó ella, despertando otra vez en su +letargo de pena y despecho—. Si te oigo hablar así otra vez...</p> + +<p>—No dije nada, nada... Dame turrón».</p> + +<p>La algazara de la sala crecía, y por las palabras sueltas, los plácemes +y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, así +como por los olores culinarios que invadían toda la casa, se podía saber +a qué altura andaba el festín. Se sintió sucesivamente la aparición del +besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don José lo recibió +cantando la Marcha real. Después se oyeron las ruidosas cuestiones a que +dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedían a las risas, y +los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocían los +efectos del Valdepeñas y del Cariñena en la torpe lengua del ortopédico, +que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacreóntico de D. José +Relimpio, que no decía cosa alguna derecha y con sentido.</p> + +<p>La criada entró en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias +lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendiéronsele a Mariano con +luces mil los ojos, y no parecía sino que cada destello de su mirar era +un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al +agradecimiento ni al perdón, vio con repugnancia aquel tardío obsequio. +Aunque comprendió que este había nacido en el bondadoso corazón de +Emilia, siempre veía en él como un mensaje de lástima. Rechazó la fineza +diciendo:</p> + +<p>«Que muchas gracias y que no queremos nada.</p> + +<p>—Chica, chica, tú eres tonta—gruñó Mariano con su rudeza propia, +exacerbada hasta el salvajismo.</p> + +<p>—Si no te callas, te pego.</p> + +<p>—Yo quiero cenar—afirmó él con brutal terquedad, echando a un lado la +cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.</p> + +<p>—Eso es, rómpete la cabeza.</p> + +<p>—Mala hermana, ¡no das de cenar a tu hermanito! Mira tú, mejor estaba en +la cárcel...</p> + +<p>—Como vuelvas a nombrar...</p> + +<p>—¡Nombro!... ¡Puño!</p> + +<p>—Como vuelvas a decir...</p> + +<p>—¡Puño!—repitió el bergante alzando la mano.</p> + +<p>—¡Alzas la mano!..., ¡a mí!..., a tu hermana.</p> + +<p>—Yo me quiero ir con mi tía.</p> + +<p>—Si vuelves a nombrar...</p> + +<p>—¡Mala hermana..., marquesa!...».</p> + +<p><i>Pecado</i> hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de +ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos +engañamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba +embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puños y los +medianos antecedentes del señorito Rufete. Dominado este por la actitud +de su hermana y por el cariño que le tenía, se contuvo. Echado de bruces +sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos hacía, a +Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atención hosca de uno +de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo.</p> + +<p>El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don José hacía el amor a +su mujer echándole ternísimos requiebros entre los aplausos de los +divertidos comensales. Doña Laura llamaba a su marido Sardanápalo. El +ortopédico había empezado a cantar villancicos, acompañándose de golpes +dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Sólo Emilia y Leonor +conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a +Sánchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopédico +alborotaban también, el primero con sus discursos, el segundo con sus +cantorrios de tangos y malagueñas. Después se hizo una grande y solemne +pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Creíase +destinado a la inmortalidad; tenía un buen tomo preparado para darlo a +la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, había de todo: +elegías, odas, pequeños poemas, poemas grandes, epigramas, doloras, +<i>suspirillos germánicos</i>, sáficos y octavas reales. La sala parecía +tribuna del Congreso, que se hundía con los aplausos al terminar Berande +su recitación.</p> + +<p>«Versos—dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atención.</p> + +<p>—¿Te gustan los versos?—preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su +hermano un síntoma de decencia.</p> + +<p>—Sí—replicó el muchacho—; me sé de memoria los de <i>Francisquillo el +Sastre</i>, que empiezan:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 1.5em;">Salga el acero a brillar,</span><br> +pues soy hijo del acero...<br> +</p> + +<p>—Calla, bruto; esas son barbaridades.</p> + +<p>—También sé los del <i>Valeroso Portela</i>, que dicen:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 1.5em;">Escuchen, señores míos,</span><br> +les diré de Juan Portela,<br> +el ladrón más afamado<br> +de la gran Sierra Morena.<br> +</p> + +<p>—Calla, hijo, calla por Dios. Me estás envenenando con tus horribles +coplas. Ningún joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto está bien +para el pueblo, para el populacho. ¿Sabes tú lo que es el populacho?</p> + +<p>—Mi tía <i>la Sanguijuelera</i>—contestó el chico con tan graciosa +naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.</p> + +<p>—Ya aprenderás mil cosas que no sabes. Y dime ahora, ¿qué aspiración +tienes tú?... ¿Qué quieres ser?...</p> + +<p>—Yo no quiero ser nada—repuso él con apatía.</p> + +<p>—Es preciso que estudies y que trabajes. No volverás a la fábrica de +sogas. Irás a un colegio. ¿Qué carrera quieres seguir?».</p> + +<p>Mariano meditó un instante. Después dijo con resolución:</p> + +<p>«La de tener mucho dinero.</p> + +<p>—¿Y para qué quieres tú el dinero?</p> + +<p>—Toma..., <i>mia</i> ésta... Pues para ser rico.</p> + +<p>—Pero es preciso que seas algo.</p> + +<p>—Rico...</p> + +<p>—¿Y en qué gastarías el dinero?</p> + +<p>—En comer lomo, granadas, turrón y en beber buen vino. Tendré un caballo +y me vestiré todo de seda.</p> + +<p>—¿No te gustaría militar y llegar a general?</p> + +<p>—Sí, sí—afirmó <i>Pecado</i>, despidiendo de sus ojos brillo de animación y +alegría—. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., así..., ¡toma!</p> + +<p>—No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras +preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillería.</p> + +<p>—¡Artillero, artillero!—gritó <i>Pecado</i>, dando golpes en la mesa—. Ya me +verás, cañonazo va, cañonazo viene... ¡Bum, bum!</p> + +<p>—Dispararías cuando fuera menester...</p> + +<p>—No, no, siempre... Al que me hiciera algo, ¡zas!...».</p> + +<p>A esto llegaban cuando volvió la criada trayendo un plato con varios +pedazos de turrón, de parte de la señorita Emilia y del señorito Miquis. +No considerándose aún desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a +admitirlos; pero Mariano se abalanzó al plato más pronto que la vista, y +arrebatando el turrón, empezó a engullir con tanta prisa, que no pudo su +hermana evitarlo.</p> + +<p>«¡Malcriado..., glotón!—le dijo cuando otra vez se quedaron solos—. ¿No +has comido ya bastante?».</p> + +<p>Mariano negó con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca.</p> + +<p>«Te pondré interno en un colegio».</p> + +<p>Mariano hizo con los dedos una señal que quería decir: «Me escaparé».</p> + +<p>«No te escaparás. ¿Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro +muy rígido.</p> + +<p>—De la bofetada que le pego—dijo Mariano pudiendo ya articular algunas +palabras—, va volando al tejado.</p> + +<p>—¡Fanfarrón!...».</p> + +<p>En la sala, la cena parecía tocar a su fin. Todas las clases de turrón +habían sido probadas, así como las granadas y las ruedas de naranjas +espolvoreadas de azúcar. Relimpio, con la última copa de cariñena, dio +con su cuerpo en tierra. «¡A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!», +gritaba con torpe lengua el insigne galán rodando debajo de la mesa. +Muertos de risa los demás, le cogieron por los cuatro remos para +llevarle a la cama, y él iba cantando el <i>Kirie</i> <i>eleisón</i> con voz de +sochantre, y los demás riendo y vociferando, de lo que resultaba el más +grotesco cuadro y música que se pudiera imaginar.</p> + +<p>«¡Cuánta grosería! ¡Qué gente tan ordinaria!»—exclamó Isidora.</p> + +<p>Poco después llegó Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la +soledad en que se había quedado en noche de tanta alegría. Mas, no dando +su brazo a torcer Isidora, replicó que había estado perfectamente en su +cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y +cuando Isidora le mandó que se recogiera, por ser ya más de medianoche, +el maldito muchacho se le plantó delante y le dijo con sus bruscos +modos:</p> + +<p>«Dame dinero.</p> + +<p>—¿Y para qué quieres tú dinero, tunante? Acuéstate.</p> + +<p>—Me acostaré; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te +quiero...</p> + +<p>—¿Para qué lo necesitas?</p> + +<p>—Para ir mañana a los toros.</p> + +<p>—Si ahora no hay toros, mentecato.</p> + +<p>—Pero hay novillos y mojiganga.</p> + +<p>—¿Y cómo sabes eso?</p> + +<p>—Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero.</p> + +<p>—Mañana te daré unos cuartitos...</p> + +<p>—¿Cuartitos? Tú eres rica—dijo pasando la vista con malicioso examen por +los diversos objetos que Isidora poseía—. Tú tienes dinero, porque has +comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre».</p> + +<p>Al decir esto se desnudaba para acostarse.</p> + +<p>«Yo también soy pobre—afirmó Isidora—; pero con el tiempo, tal vez +dentro de poco, tú y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y +aún más.</p> + +<p>—La señorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de +hambre—gruñó él, acostado ya.</p> + +<p>—No seas tonto. Cállate y duerme.</p> + +<p>—Si mañana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya sé yo +cómo se pide. Me lo ha enseñado un chico.</p> + +<p>—¿Qué estás diciendo, cafre?</p> + +<p>—Que pediré limosna. Verás.</p> + +<p>—No me sofoques... A un colegio, a un colegio.</p> + +<p>—Ya me estoy durmiendo... Hasta mañana.</p> + +<p>—¿No rezas, herejote?».</p> + +<p>Mariano murmuró algo que no era fácil descifrar, y se durmió +sosegadamente. Todavía quedaba en él algo de niño. Su hermana le +contempló un instante movida de un sentimiento extraño en que se +combinaban el cariño y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya +casi le tocaba con sus labios, se apartó diciendo: «Temo que se +despierte y me pida lo que no puedo darle».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XV" id="Capitulo_XV"></a>Capítulo XV</h3> + +<p class="head">Mariano promete</p> + + +<p>A la siguiente mañana, no repitió Mariano sus exigencias de la noche de +Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltón, inquieto y +condescendiente. Gozosa también Isidora de verle sin las siniestras +genialidades de la pasada noche, hízole mil caricias, le vistió, le +arregló, púsole una elegante corbata, que ha días tenía para él, le +peinó, sacándole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado +y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo: +«Ahora sí que estás hecho una persona decente». Él se miraba riendo, y +decía una y otra vez... «Quia, quia; ese no soy yo».</p> + +<p>Después salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano +quería que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su +bolsillo, le tapara la boca más de una vez; pero nada tenía, y los dos +se volvieron a casa cariacontecidos. Él se preguntaba que de qué servía +tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si +entre los dos no tenían ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano +salió solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvió ya muy +entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata +hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera +imposible. Mariano confesó, con loable franqueza, que había estado +jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que +redoblándose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que +duelen poco. Lo más extraño es que el muchacho, con ser tan bravío y +rebelde, no se defendió de los azotes, ni hizo ademán de volver golpe +por golpe, ni chistó siquiera... Por la noche ya habían hecho las paces; +él prometía ser bueno, y fino y persona decente. Exigió que su hermana +le llevara al teatro, ella lo prometió así; mas como no pudiese cumplir +al siguiente día por la causa que fácilmente conocerá el lector, se +enfureció el chico, pidió dinero, negóselo ella, hablaron más de la +cuenta, y él puso término a la disputa con esta amenazadora frase:</p> + +<p>«¡Dinero! Ya sé yo cómo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo +han enseñado».</p> + +<p>Isidora no hizo caso. El día de Inocentes salió un rato. Al volver, +Mariano había revuelto todo el cajón alto de la cómoda.</p> + +<p>«¿Qué haces?—preguntole su hermana, previniendo algún desastre.</p> + +<p>—¿Aciértame que tengo aquí?»—le dijo Mariano mostrándole su puño +cerrado.</p> + +<p>Isidora trató de abrir el puño del muchacho; pero este apretaba tan +fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron +moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano +hacía de su mano un arca de hierro.</p> + +<p>«Abre la mano, ábrela.</p> + +<p>—No quiero.</p> + +<p>—¿Qué tienes ahí?... ¿Qué has cogido?».</p> + +<p>Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puño cerrado. +Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: «Abur, chica».</p> + +<p>Al punto echó Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque +falsos, valían cuatro duros. ¡Cuántas lágrimas derramó aquel día! +Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio.</p> + +<p>Una noche, cuando menos se le esperaba, apareció al fin avergonzado, +compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo pródigo. Con la +alegría de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como +cumplía, y le perdonó. Tenía Mariano entre sus maldades, desarrolladas +por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la +franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos +con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo +cuanto había hecho en la semana lo contó puntualísimamente; pero ninguna +parte de aquella Odisea de travesuras causó tan penoso efecto en el alma +de la señorita de Rufete como estas palabras:</p> + +<p>«Estuve en casa de mi tía Encarnación, ¿sabes?..., y mi tía Encarnación +y la tía <i>Palo—con—ojos</i> comían juntas; y mí tía Encarnación me dijo: +«Anda, pillete, anda con tu hermana a que te dé de comer y te vista de +señorito, pues bien puede hacerlo». Entonces mi tía Encarnación y la +tía <i>Palo—con—ojos</i> se pusieron a hablar de ti, y mi tía Encarnación dijo +que tú tienes un novio marqués que te da mucho dinero».</p> + +<p>Isidora se quedó yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje +habría sido ocasión de que entrara más en malicia el chico, harto +malicioso ya, fingió tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el +alma, y se echó a reír. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo +punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el +tránsito brusco del candor al cinismo, le dijo:</p> + +<p>«Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien sé lo que hacéis para tener +siempre dinero. Los chicos me lo han dicho».</p> + +<p>Risas, azotes, lágrimas sucedieron a esta declaración; pero también +paces al siguiente día. Isidora, que recibió del marqués de Saldeoro +otra visita platónica y una nueva remisión de fondos por cuenta, al +parecer, del Canónigo, salió de aquella sombría situación de escaseces y +apuros; pagó sus deudas, compró un Diccionario de la Lengua castellana y +llevó a su hermano al teatro, de lo que este recibió tanto gusto, que en +algunos días apareció como transformado, encendida la imaginación por +las escenas que había visto representar, y manifestando vagas +inclinaciones al heroísmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta +Isidora de esto, comprendió cuánto influye en la formación del carácter +del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce, +la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea.</p> + +<p>Animada Isidora al ver que no carecía su hermano de algún fundamento +bueno y sólido para construir en él la persona decente, determinó que no +corriera un día más sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el +señorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebaño de chicos +en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete +la sujeción, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el +de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto +afán como de buscar aventuras. La mortificación de su amor propio al ver +que le eran muy superiores niños de menos edad que él, aumentaba el +horror que hacia el colegio y su maldito profesor sentía. Era casi un +hombre, y en todas las clases ocupaba el último lugar. Era el burro +perpetuo, burla y mofa de los demás chicos. Su barbarie llegó a ser +proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y +pataleo los dislates que decía en sus lecciones, y el maestro mismo, +cargando sobre él el peso de su desdén pedagógico, solía decir, +reprendiendo a cualquiera de los alumnos: «Eso no se le ocurre ni al +mismo Rufete. Eres más tonto que Rufete».</p> + +<p>La poca estimación que se le tenía mató en él sus escasos deseos de +aprender. Concluyó por despreciar el colegio como el colegio le +despreciaba a él, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual +aumentó de tal modo que, sin saberlo su hermana, dejó de asistir un mes +entero al estudio. En aquellos días de aventuras y pilladas y +esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido interés en seguir los pasos +de este desgraciado chicuelo le habría visto encaramándose en la verja +de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del +ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en +el río entre las lavanderas. En sus compañías, que al llegar al colegio +fueron de niños decentes, descendió poco a poco hasta el más bajo nivel, +concluyendo por incorporarse a las turbas más compatibles con su fiereza +y condición picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a +puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban +su pandilla; y como Mariano solía tener algún dinero, eran de ver su +boga y popularidad entre esta chulería menuda, que sin cesar se ofrece a +nuestra vista por calles y caminos con escándalo de la moral, con +bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y +sujetar estos presidios sueltos del porvenir.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVI" id="Capitulo_XVI"></a>Capítulo XVI</h3> + +<p class="head">Anagnórisis</p> + + +<p>¡Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaquín visitó una tarde a +Isidora para anunciarle que la señora marquesa de Aransis había llegado +de Córdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en +Isidora la dejó alelada por breve rato, y en su aturdimiento no hacía +más que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera +puesto ya en él todos los afectos disponibles de su gran corazón, +bastaría aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero +Joaquín dijo más. La señora marquesa de Aransis se había dignado fijar +el día siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir +a la señorita de Rufete. Esta se ruborizó de golpe por la idea sola de +aproximarse a la marquesa. ¡Qué minuto de asombro y congoja dulce! +Después el marqués viudo habló algo de los graves sucesos políticos del +día; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos +los políticos y no se enteró de nada.</p> + +<p>Cuando se quedó sola, ¡qué cosas pensó y dijo! Y por la noche, ¡cómo se +anticipó a los sucesos! ¡Con qué vigor y fuerza de fantasía construyó en +su mente la persona de la marquesa, a quien nunca había visto, y qué +bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos harían, +abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos +propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las +altas esferas que ella no conocía sino por ese brillo lejano, ese eco y +ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose +dueña del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias +al Señor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por +la sociedad; rezó, se espiritualizó, bañó su alma, si así puede decirse, +en ondas de honradez y virtud; la aromatizó con esencias sacadas de la +dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos +grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y +consolar afligidos y menesterosos; y desde esta región de la +beneficencia se precipitó a escape hacia los ensueños del lujo, en un +carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre +nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada +y moribunda en el abismo de rosas de un sueño dulce.</p> + +<p>Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. ¡Oh! La +luz de aquel día, de aquel jueves, 11 de febrero, tenía para ella un +tinte sonrosado y divino, lleno de poesía y de esperanza, como si todo +el día fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba +la hora de su dignificación gloriosa; la hora de una de las más grandes +justicias que había visto la tierra. En el tiempo había aquel día un +monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde.</p> + +<p>Isidora empezó a arreglarse desde muy temprano. ¿Cómo iría? No era +conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio +bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le +parecía chocarrero y de mal gusto. Tampoco convenía presentarse con +desaliño, anunciándose como demasiado influida por la baja condición en +que tan injustamente había vivido. El desaseo y abandono serían de muy +mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada +y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a +otro esplendoroso. Así se mostraría merecedora del nuevo puesto, +demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la mañana +la pasó en estos pensamientos. También meditó si convendría o no llevar +consigo a Mariano, decidiéndose por la negativa, por temor a que la +comprometiese con su salvajismo. Tiempo habría de presentarle y también +de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendría a ser +caballero digno de su escogido linaje.</p> + +<p>Cuando se acercaba la hora, púsose la de Rufete su vestido de merino +negro, tan decente que no se podía pedir más, muy bien cortado y hecho; +pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo, +embelesándose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se había de +congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en +el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que compartía +y derramaba su abundante cabello castaño alrededor de la frente, detrás +de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su +rostro matices de poesía crepuscular, como si todo él estuviese formado +con tintas y rasgos tomados de la melancolía y sosiego de la tarde. Sus +ojos eran pardos y de un mirar cariñoso con somnolencias de siesta o +fiebre de insomnio, según los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya +la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le +conocía el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis decía que había +en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones. +También decía que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino +nadaban como nereidas la imaginación soñadora, la indolencia, la +ignorancia del cálculo positivo y el desconocimiento de la realidad.</p> + +<p>Mirose mucho al espejo y se puso el velo. ¡Bien, bien! Su dignidad, su +hermosura, su derecho mismo, resplandecían más en la decencia correcta y +limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. ¡Bien, muy bien! +Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con +la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavío, que por +ella quizás se dividen las clases sociales.</p> + +<p>Dieron las tres. Tomó de una gaveta, donde muy guardados estaban, los +papeles que su tío le había dado, y que eran testimonio de su derecho +incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro +documento interesantísimo. Pasó la vista por ellos, aunque ya se los +sabía de memoria, y los guardó. No los necesitaba, sin duda, porque la +cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsión o delicadeza. +Al salir echó sobre su pobre aposento una mirada de lástima en que +también había algo de gratitud. Le parecía tan excesivamente humilde, +que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo +con su presencia. La princesa de Poniatowsky parecía más triste al verla +partir, y los del cuadro del <i>Hambre</i> se volvían más flacos y +macilentos. ¡Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueños +y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los +muros venerables del palacio de Aransis.</p> + +<p>Al salir se despidió mentalmente de las de Relimpio. Les echó una +rociada de desprecio. Así puede decirse, pues tal era su idea. Se +figuraba que tenía en la mano una de aquellas mangas de riego que había +visto en las calles, y que, apuntándola a D.ª Laura, arrojaba sobre +ella, en forma de inundación, todo el desdén que puede caber en un +corazón tan grande como el depósito del Campo de Guardias. Sólo +exceptuaba de este chaparrón al bueno de D. José, para quien destinaba +<i>in mente</i> la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don José, como +siempre, la acompañó aquella tarde.</p> + +<p>Serían las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida +que se acercaba Isidora a los barrios próximos a San Pedro iba sintiendo +turbación tan grande, que creyó le faltarían las fuerzas para llegar +allá. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos +marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusión. El +tiempo estaba también turbado. No sabía si apresurarse o detenerse. No +quería llegar ni antes ni después de la hora. Al fin vio en el extremo +de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcón, el primero de larga +fila de balcones, y se detuvo mirándolo. Allí era: tuvo miedo, frío y +ganas de llorar...</p> + +<p>Despidiose de D. José, el cual no comprendía por qué su ahijada le +mandaba retirarse.</p> + +<p>«¿Pero qué? ¿Te quedas aquí?... ¿No vuelves a casa?...</p> + +<p>—No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabrá usted todo. +Adiós.</p> + +<p>—A ti te pasa algo. ¡Qué pálida estás!... Pero aguarda...</p> + +<p>—Adiós, adiós».</p> + +<p>Dejándole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del +palacio. El gran sobresalto de su alma crecía a cada paso. ¡Oh! Sin +duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta llegó a imaginar +que estaría en un balcón esperándola. Miró y no había nadie. La casa +estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en +sí mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal +entreabierta. Isidora, al tocarla, sintió como un valor repentino. El +contacto de su propiedad le devolvía el dominio de sí misma. ¡Revelación +magnética de su derecho!</p> + +<p>Con voz clara preguntó al conserje por la marquesa. El cojo, como si la +esperara, la invitó a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera +había otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abrió con +mucho respeto una mampara. Esto animó a Isidora. Dentro de ella se reía +un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una máquina. Su corazón no +era corazón, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer +criado le salió al encuentro, y diciéndole: «Pase usted», la llevó de +sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: «La señora saldrá al +instante».</p> + +<p>Isidora se sentó. Instante único, tremendo; ángel con el pie levantado y +las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigirá su vuelo al +suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta; +espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace +o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de +aquel, no conocido todavía, en que se acabará el mundo... ¡Ah!, la +puerta del gabinete se abría... Isidora vio entrar una dama de cabello +casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como +reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acertó a +contestar al saludo afectuoso de la señora. No sabía lo que le pasaba. +Se levantó, volvió a sentarse. No podía asegurar si dijo o no dijo algo. +Se sentía morir. ¡El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la +marquesa no la había abrazado..., la marquesa no había parado mientes en +su fisonomía!... Las dos se miraron.</p> + +<p>Entonces Isidora vio que la marquesa sacó unos lentes de oro, y +aplicándolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada, +fría, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para +despertar admiración. Isidora creyó que la señora había estado mirándola +siglo y medio, año más, año menos.</p> + +<p>Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes salió una palabra.</p> + +<p>«El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me +escribió a Córdoba diciéndome que usted..., parece que asegura...».</p> + +<p>¡Cosa rara! También parecía turbada la marquesa. Pero lo que más pasmó y +confundió a Isidora fue no ver en la digna señora señales de +enternecimiento.</p> + +<p>«Es usted, según creo—dijo esta—, una joven que se llama Isidora, hija +de un tal Rufete...</p> + +<p>—No, señora—manifestó Isidora recobrando en un punto su valor, y usando +un lenguaje en que se combinaba hábilmente la energía con la urbanidad—. +He llevado y llevo ese nombre, que no es el mío. Don Tomas Rufete ha +pasado, hasta que murió por padre mío, y por tal le tuve y le quise; +pero yo me llamo Isidora de Aransis».</p> + +<p>La marquesa la interrumpió con un gesto de enojo. Volvió a mirarla +fijamente y palideció.</p> + +<p>«Me han asegurado—dijo—que usted pretende pasar por hija de mi +desgraciada Virginia. ¿Es cierto que usted lo cree así?</p> + +<p>—¡Oh!, ¡que si lo creo!—exclamó Isidora echándose a llorar—. Si no lo +creyera, no viviría...</p> + +<p>—Parece—indicó la marquesa—que esa creencia en usted es sincera; parece +que es una convicción arraigada y profunda... No puede usted +figurarse—añadió con cierto cariño—lo que me ha dado que pensar esta +idea de usted. Cuando me escribieron dándome cuenta de una joven que se +llamaba mi nieta, estuve muchos días preocupada con esto... He tenido +mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle +que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios +de la condición moral de las personas, desde luego aseguro que al +declararse usted nieta mía, no la ha movido ningún interés maligno. +Usted es sincera y honrada, usted tiene la convicción...</p> + +<p>—Señora—exclamó Isidora cayendo de rodillas a los pies de la +aristócrata—. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de +la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre».</p> + +<p>Le besó las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los +besos, con la más santa y sincera afección que es dado imaginar. Pero +aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de +enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su ánimo, y dijo con +sequedad:</p> + +<p>«Pero ¿qué es esto?... Levántese usted, hija... No puedo consentir... +Usted no me ha entendido bien...».</p> + +<p>Isidora se levantó. Creía que la marquesa quería llevar las cosas por el +terreno de las explicaciones frías antes de entregarse a las expansiones +del sentimiento.</p> + +<p>«Usted no me ha entendido bien—replicó la de Aransis, viendo cómo +Isidora se enjugaba las lágrimas luego que se sentó—. He dicho tan sólo +que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y +bondad que noto en su fisonomía... (es usted muy hermosa...) me ha +parecido desde un principio digna de interés y consideración. Usted sin +duda no ha venido aquí a representar una comedia; usted se declara hija +de mi desgraciada hija porque así lo cree, fundada en motivos y +circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razón, +hija mía, hay inmensa distancia, y así, señorita, no puedo menos de +manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que está usted +completamente equivocada».</p> + +<p>Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazón todas +las cataratas del Niágara, no habría experimentado sensación más +dolorosa de choque duro y frío. Quedó convertida en estatua, y sus +lágrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le salió a +los ojos. <i>¡Completamente equivocada!</i> Decirle esto a ella era lo mismo +que decirle: «Tú no existes, tú eres una sombra; menos aún, un ente +convencional». ¡Tan profundas raíces tenía en su alma aquella creencia!</p> + +<p>«Yo no sé—prosiguió la marquesa con frialdad—cómo ha llegado usted a +adquirir ese absurdo convencimiento; no sé, ni quiero saberlo, por qué +serie de circunstancias, de <i>qui pro quo</i> y de falsas apariencias, ha +llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su +error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de +seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que sí puedo +asegurar a usted, y lo aseguro porque lo sé, es que ha sido usted +atrozmente engañada, hija mía, y espero que no insistirá en ello después +de lo que acabo de manifestar».</p> + +<p>Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no +alumbrase. Era toda convicción, y la fe de su alto origen resplandecía +en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a +su voluntad y sólida base a su conciencia. El que apagase aquella +antorcha de su alma, habría extinguido en ella todo lo que tenía de +divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al oír a la marquesa creía +escuchar los términos más terribles de la injusticia humana. La pena que +con esto sintiera la colmó de confusión y espanto en los primeros +momentos; pero después su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia. +Su ira surgió como una espada que se desenvaina, y le dio concisa +elocuencia para decir:</p> + +<p>«Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo +nacimos de doña Virginia de Aransis. Se nos podrá arrebatar lo que es +nuestro; se nos podrá negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre; +pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defenderá.</p> + +<p>—En vista de esa terquedad—dijo la marquesa esforzándose en no llevar la +cuestión a un terreno dramático y en huir de las declamaciones—me +arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin +malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos niños de mi +infeliz hija, la hembra murió, el varoncito vive y está a mi lado. Si +insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o capítulos de +novelas, me veré obligada a tenerla a usted o por impostora o por +demente...</p> + +<p>—Tengo documentos—exclamó Isidora mostrando sus papeles.</p> + +<p>—No quiero verlos. Supongo qué pruebas son esas. Yo las tengo clarísimas +para probar lo que he dicho.</p> + +<p>—Y yo..., ¡yo también probaré!—balbució Isidora con el corazón, hecho +pedazos, en los labios—. ¡Ah! ¡Qué desgraciada soy, señora! Yo me +muero».</p> + +<p>Rompió a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma, +tuvo lástima de ella.</p> + +<p>«He empleado con usted palabras muy duras—le dijo—. Pero usted ha tenido +la culpa, hija mía. Usted ha sido engañada. No será quizás impostora. +Hablará usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de su +credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiéseme sus +penas, porque penas hay, lo sospecho. ¿Quién ha metido a usted en la +cabeza esas historias? Cuénteme usted todo. Después, si necesita algo, +si usted se ve en alguna necesidad...</p> + +<p>—Hasta aquí he vivido arrojada de mi casa, de mi posición, privada de mi +verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nací me +pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna».</p> + +<p>La marquesa no creyó deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las +últimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y +mirando a la pobre joven con más lástima que cólera, le dijo:</p> + +<p>«Si tan convencida está usted, acuda usted a los Tribunales.</p> + +<p>—Acudiré—exclamó Isidora con firme convicción.</p> + +<p>—Entretanto, es inútil que disputemos aquí. Puede usted retirarse».</p> + +<p>La marquesa intentó tirar del cordón de la campanilla. Con un movimiento +inesperado, Isidora la detuvo, y postrándose ante ella, exclamó con viva +explosión de sentimientos nobles:</p> + +<p>«Señora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibiría +usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi +derecho, y yo la adoro porque creo en él. No hay odio en mi corazón ni +puede haberlo para la madre de mi madre... Déjeme usted besar sus +manos».</p> + +<p>La marquesa parecía muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro, +apartaba de sí a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiración más +audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separó su velo para mostrar +más completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. ¿Qué +destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del +timbre de su voz al decir:</p> + +<p>«¿Para qué leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho. +Soy el retrato vivo de mi madre».</p> + +<p>La marquesa la miró otra vez palideciendo. ¿Cruzó por la mente de la +noble señora un rayo de duda?... ¿Vaciló su firme creencia? ¡Quién puede +saberlo! A sus ojos asomaron las lágrimas.</p> + +<p>«No interprete usted mis lágrimas como una concesión—dijo a Isidora—. +Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido...».</p> + +<p>Volvió a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada +por aquel mirar profundo, se estremeció de esperanza. La hermosura de la +joven, su distinción innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto, +hicieron en la noble dama profunda impresión.</p> + +<p>«En cuanto al parecido—continuó esta—, nada tengo que decir, porque si +alguno hay, es puramente casual... Me hará usted un favor en retirarse».</p> + +<p>Tiró de la campanilla, y se alejó serenamente sin prisa y sin cólera, +como nos alejamos después de aplastar un insecto.</p> + +<p>Isidora se encontró sola en el gabinete. Un lacayo apareció en la +puerta. Era señal de que la ponían bonitamente en la de la calle. +Levantose y salió. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad +terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del +palacio se iban quedando atrás, como se desvanece el mundo cuando nos +morimos.</p> + +<p>Cuando bajaba la escalera, un lacayo subía. Tomola este por una de las +infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la +marquesa, y le dijo: «¡Qué bonita es usted, prenda!».</p> + +<p>Puede juzgarse cómo estaría su espíritu, cuando este ultraje apenas le +hizo impresión. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el +cual al pasar la miró con atención picaresca. Ambos le hicieron un frío +saludo. Salió sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle. +Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. José de +Relimpio. Isidora despertó al choque y dijo:</p> + +<p>«¿Pero está usted aquí?</p> + +<p>—Sí, hija mía—replicó el galán viejo muy conmovido—. El corazón me decía +que habías de salir pronto, y esperé... No me podía acostumbrar a la +idea de no volver a verte... ¿Qué quieres tú?... Yo tomo cariño a las +personas con mucha facilidad... Aquí se me ha pasado el tiempo mirando +como un bobo a los balcones y diciendo: «Ella ha de salir, ella ha de +salir».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVII" id="Capitulo_XVII"></a>Capítulo XVII</h3> + +<p class="head">Igualdad.—Suicidio de Isidora</p> + + +<p>Isidora no ponía atención en las cariñosas palabras de D. José. Sintió +en su cerebro una impresión extraña, como el rastro aéreo de inmensa +caída desde la altura a los más hondos términos que el pensamiento puede +concebir. ¡Y qué manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que +están debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio +general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la +luz eran de otro modo. La gente y las casas también se habían +transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora, +era punto menos que otra persona.</p> + +<p>«¿Pero a dónde vamos, hija?»—preguntó Relimpio viendo que andaban y +desandaban calles, subían costanillas, y divagaban pasando muchas veces +por un mismo sitio.</p> + +<p>Isidora no le contestaba y adelante seguía, llevándolo como rodrigón. +Ella miraba al suelo, él el cielo. Sin saber cómo, halláronse en las +Vistillas. Caía la tarde. Don José llamo la atención de su ahijada hacia +la magnificencia del crepúsculo que desde aquel despejado sitio se +gozaba; alzó los ojos ella y miró, arrojando un suspiro tan grande sobre +el inmenso paisaje que a su vista tenía que parecía querer llenarlo de +tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonías entre su +estado moral y la Naturaleza, la hermosísima retirada y apagamiento del +día no eran extraños al occidente que había en su alma. Los destellos de +oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundían dejando tras sí +un rastro pálido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa +uniforme y sin contornos, se alejaba, desvaneciéndose en el fondo del +firmamento, donde al fin quedaría como el espectro de un mundo. +Marcábanse las curvas del río por jirones de niebla desvanecida, +vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado +de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos.</p> + +<p>«¡Qué feísimo es esto!»—murmuro Isidora con ira que indicaba cierta +hostilidad contra la Naturaleza.</p> + +<p>Entonces el patriarcal D. José se puso a admirar la belleza del cielo, +que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyección +abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata, +caía del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante +del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago +apuntar de la idea en el cerebro. Don José desparramó su vista por toda +la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrónomo a un +astro que brillaba más a cada instante, dijo lacónicamente:</p> + +<p>«¡Júpiter!».</p> + +<p>Isidora también miro, pero con escarnio y desdén.</p> + +<p>«¡Qué horrible está la luna!»—murmuró.</p> + +<p>Y la comparó al corte de una uña. Volviéndose a su embelesado padrino, +que osó hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha +displicencia:</p> + +<p>«¿Y qué tengo yo que ver con Júpiter?... ¿Qué me va a dar a mí +Júpiter?».</p> + +<p>Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrás él.</p> + +<p>«A ti te pasa algo... ¿Qué tienes?—le dijo el maestro de Teneduría.</p> + +<p>—¡Qué le importa a usted! Si no quiere usted acompañarme, puede dejarme +sola.</p> + +<p>—¡Pues no faltaba más!... Hasta el fin del mundo...».</p> + +<p>Una sombra lúgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la +vista, y vieron la mole del viaducto en construcción, un bosque de +andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro.</p> + +<p>«Cuando este puente se acabe—dijo Relimpio en tono de mucha autoridad—, +no servirá sino para que se arrojen de él los desesperados».</p> + +<p>Isidora miró con desprecio al puente, y repuso:</p> + +<p>«¡Quia! Eso es muy bajo».</p> + +<p>Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media +docena de hombres entre humo y vapores alcohólicos, salió una +exclamación que así decía: «Ya todos somos iguales», cuya frase hirió de +tal modo el oído, y por el oído el alma de Isidora, que dio algunos +pasos atrás para mirar al interior del despacho de vinos.</p> + +<p>«Se confirma lo que esta mañana se decía—murmuró D. José demostrando una +gran pesadumbre—. El Rey se va, renuncia a la corona, y a mí no hay +quien me quite de la cabeza que es la persona más decente...</p> + +<p>—Todos somos iguales»—afirmó Isidora repitiendo la frase.</p> + +<p>Y la frase parecía volar multiplicada, como una bandada de frases, +porque a cada paso oían: «Todos somos iguales... El Rey se va». Salían +estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban +mujeres y chicos en las puertas de algunas casas.</p> + +<p>Mientras D. José dejaba oír con tímida voz consideraciones prudentes y +juiciosas sobre el suceso del día, Isidora pensaba que aquello de ser +todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento +excepcional de esos que hacen época en la vida de los pueblos, y se +alegró en lo íntimo de su alma, considerando que habría cataclismo, +hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos +colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento +moral de Isidora, no la consolaba. A la momentánea alegría siguió +agudísima pena. Por un instante se sintió invadida de un dolor tan +grande, que llegó a pensar en que no debía vivir más tiempo. Pero esta +desesperación también duró poco. Todos los medios de apartarse +voluntariamente de la vida le parecían dolorosos, antipáticos y aun +cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la +ataba aún a la vida, aunque no fuera más que la curiosidad de goces y +satisfacciones que no había probado todavía... No, morir, no. Tiempo +había para eso.</p> + +<p>A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y recibía su calor +central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y +del ver y del gustar. Había sofocado una vida para fomentar otra. Cuando +esta moría, justo es que aquella resucitara.</p> + +<p>De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba +cansadísima y quería sentarse. No sólo tenía necesidad de reposo, sino +de meditación, pues tanto como su desengaño la mortificaba aquella noche +la idea de tener que volver a casa de D.ª Laura. No; decididamente allá +no volvería aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco frío y +duro. En tanto don José miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que +en su interior ocurría; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de +piedra. En ningún balcón se veía luz. Todo estaba cerrado y sombrío como +el disimulo que precede a las grandes resoluciones.</p> + +<p>«¡Pobre señor!—exclamó Relimpio ofreciendo a la dinastía extranjera el +homenaje de un suspiro—. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en +su caso...».</p> + +<p>Después de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas, +Isidora dijo esto a su buen padrino:</p> + +<p>«Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todavía.</p> + +<p>—¡Marcharme!, ¡dejarte sola!... Tú estás loca—replicó él no sabiendo +renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada.</p> + +<p>—Es que no puedo ir a casa todavía... Márchese usted, que si no le +reñirá D.ª Laura.</p> + +<p>—Déjala... Yo te acompañaré adonde quieras. No faltaría más...; ¡ir tú +sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo +digo con franqueza, porque yo no soy ningún anacoreta. A los pícaros +españoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No +puedes andar sola de noche. Estás cada día más guapa, y por dondequiera +que vas llamas la atención.</p> + +<p>—¡Llamo la atención!—, pensó ella, y se levantó decidida.</p> + +<p>—¿A dónde vamos, hija?</p> + +<p>—No lo sé todavía».</p> + +<p>Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animación convidan a +los placeres y a intentar gratas aventuras, sintió la joven que se +amenguaba su profundísimo pesar, como el dolor agudo que cede a la +energía narcótica del calmante. Se sintió halagada por el contacto de la +sociedad; percibió en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces +simpáticas llamándola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y +como la humana soberbia afecta desdeñar lo que no puede obtener, en su +interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones +despedazadas y muertas. Ella también despreciaba una corona. También +ella era una reina que se iba.</p> + +<p>Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazón siempre +alborozado, le comunicó su vivir rápido y anheloso. Allí se cruzan las +ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o +sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un +encanto, abierto bazar, exposición de alegrías y amenidades sin cuento. +Los teatros llaman con sus rótulos de gas, las tiendas atraen con el +charlatanismo de sus escaparates, los cafés fascinan con su murmullo y +su tibia atmósfera en que nadan la dulce pereza y la chismografía. El +vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las +seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente.</p> + +<p>Isidora observó que en ella renacía, dominando su ser por entero, aquel +su afán de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar +diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor +fisiológico y dar satisfacción a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo +vigoroso y el alma soñadora. Se miraba en los cristales, y se detenía +larguísimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba +mientes en el susurro de los grupos, que decían: «El Rey se aburre, el +Rey se va».</p> + +<p>A la entrada de la calle de la Montera la animación era, como siempre, +excesiva. Es la desembocadura de un río de gente que se atraganta +contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella +noche, sin saber por qué, el choque de las multitudes y aquel +frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil +impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujón, de las cosas +vistas y deseadas. El piso húmedo, untado de una especie de jabón negro, +era resbaladizo; pero ella se sostenía bien, y en caso de apuro se +colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Subían +los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando +sangre, y su enorme pesadez estremecía el suelo. Los carreteros +apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban +para evitar el desorden y los atropellos. Deteníanse los vehículos +atarugados, y la gente, refugiándose en las aceras, se estrujaba como en +los días de pánico. La tienda del viejo Schropp detenía a los +transeúntes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de máscaras, +disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas, +y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el +escaparate del Marabini, lleno de magníficos brillantes, manifestaba al +público tentadoras riquezas.</p> + +<p>«Dejemos esto, chica—dijo D. José a su ahijada, que miraba embebecida +las joyas—. Esto no es para nosotros».</p> + +<p>De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol.</p> + +<p>«¿Otra vez?</p> + +<p>—Quiero ir hacia el Congreso—declaró ella.</p> + +<p>—Ya..., ¿para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no +sea que por artes del demonio...».</p> + +<p>Menudeaban los grupos, todos pacíficos. No eran hordas de descamisados, +sino bandadas de curiosos. Se oía decir aquí y allí: «La República, la +República», pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de +aquella cosa grande y temida. No había entusiasmo ni embriaguez +revolucionaria, ni amenazas. La República entraba para cubrir la vacante +del Trono, como por disposición testamentaria. No la acompañaron las +brutalidades, pero tampoco las victorias. Diríase que había venido de la +botica tras la receta del médico. Se le aceptaba como un brebaje de +ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte.</p> + +<p>¡Cuánta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso, +donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el +café de la Iberia, que es el Parnasillo de los políticos, dan a esta +calle, en días o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su +padrino siguieron la corriente. ¡Cuántos hombres, y también cuántas +mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magnético conductor +de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el +roce de hombros y brazos, entró en ella y la sacudió.</p> + +<p>«Déjeme usted sola—dijo a su padrino—. Yo tengo que hacer. Le va a reñir +a usted doña Laura.</p> + +<p>—Deja a D.ª Laura que se la lleve el demonio—exclamó Relimpio, a quien +la idea de no acompañar a su sobrina le ponía furioso—. ¡Hay por aquí +tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y +decirte flores. Esto es indecoroso, y no sería extraño que yo tuviera un +lance».</p> + +<p>¡Ay Isidora! ¿Qué significó ese susurro de carcajadas que sentiste +dentro de ti?... ¿Era que empezaba a comprender la posibilidad de +consolarse sin renunciar a sus ideas? ¡Oh, no! Antes morir que abandonar +sus sagrados derechos. «¡Las leyes!—pensó—. ¿Para qué son las leyes?». +Esta idea le infundió algún contento. Sí; ella confundiría el necio +orgullo de su abuela; ella subiría por sus propias fuerzas, con la +espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecían. Si su +abuela no quería admitirla de grado, ella, ¿qué tal?..., ella echaría a +su abuela del trono. Venían días a propósito para esto. ¿No éramos ya +todos iguales? El pueblo había recogido la corona arrojada en un rincón +del Palacio y se la había puesto sobre sus sienes duras. ¡Bien, bien, +bien! Y se aplaudió a sí misma, se palmoteó con esas manos inmateriales, +que para apoyar sus discursos tiene el corazón. ¡Pleito! Esta palabra, +anunciadora de una gran idea, se le quedó fija en la mente desde +entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y +jueces, y pirámides de papel en cuya cúspide brillaba deslumbrante y +cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil.</p> + +<p>En la calle de Floridablanca el gentío era más espeso; pero los curiosos +no hacían nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban +vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida República, como se habría +hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las +Cortes pasaba se traslucía fuera.</p> + +<p>Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. José demasiado +humilde para que la joven dejase de oír una y otra vez algunas fórmulas +equívocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educación y de +la falta de respeto a las mujeres.</p> + +<p>«Vámonos a casa—dijo Relimpio algo amostazado—. Yo no me puedo contener. +Soy una pólvora. Tú no conoces mi genio. Pues bien, me estás +comprometiendo.</p> + +<p>—Váyase usted, que yo me quedo—replicó ella impávida.</p> + +<p>—¿Pero estás loca?...</p> + +<p>—No estoy loca. Es que...</p> + +<p>—Pero ¿tú buscas a alguien? ¿Esperas a alguien?».</p> + +<p>Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequeña por donde entra y +sale toda la política de España.</p> + +<p>«Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez».</p> + +<p>Isidora no le hizo caso. De repente avanzó hacia la calle del Sordo, +mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del +Congreso. Uno de ellos se distinguía por su gabán claro.</p> + +<p>«¿Al fin nos vamos?—preguntó D. José con alegría.</p> + +<p>—No se enfade usted conmigo, padrinito—dijo Isidora mirándole—. Le +quiero a usted mucho».</p> + +<p>Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se había fijado en los +tres señores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al +llegar al extremo de la calle, D. José, que gozaba mucho por los +recuerdos históricos, se paró y dijo con voz lúgubre:</p> + +<p>«Aquí mataron a D. Juan Prim. Todavía están en la pared las señales de +las balas».</p> + +<p>Isidora no miró las señales de los proyectiles. Miraba a los tres +caballeros, que se habían detenido algo más arriba, junto al jardín de +Casa—Riera. Parecía que se despedían. En efecto, dos siguieron hacia la +Presidencia, y el del gabán claro bajó por la calle de Alcalá.</p> + +<p>¡Instante tremendo, que no olvidaría jamás D. José Relimpio aunque +viviera mil años! Cuando el señor del gabán claro pasó por la trágica +esquina, Isidora echó a correr, llegose a él, se le colgó del brazo. +Hubo exclamaciones de sorpresa y alegría... Después siguieron juntos, y +se perdieron en la niebla.</p> + +<p>«¡Ah!—murmuró D. José con vivo dolor—. Es el marqués viudo de +Saldeoro... ¡Ingrata!... ¡Y qué hermosa!».</p> + +<p>El pobre señor se apoyó en la esquina: su desconsuelo era grande. Pensó +que no la vería más. Vuelta la cara a la pared, ¿qué hizo durante el +rato que permaneció allí?... ¿Lloró? Quién lo sabe. Tal vez estampó una +lágrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la página más +deshonrosa de la historia contemporánea.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIII" id="Capitulo_XVIII"></a>Capítulo XVIII</h3> + +<p class="head">Últimos consejos de mi tío el Canónigo</p> + + +<p>¡Qué lástima no ser poeta épico para expresar, con la elocuencia propia +del caso, el enojo de D.ª Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la +ira de los dioses, hallábase a dos dedos de ella! Todo por que la +señorita Isidora no se conducía decorosamente. Don José estaba +profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida +ahijada. Y si alguna tímida palabreja salía de su boca, D.ª Laura se le +quería comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba +era que se había quedado fuera de casa en la noche del 11. «Nada, +nada—dijo la iracunda señora a su marido del modo más imperioso—. Esa... +<i>Sardanápala</i> no tiene que poner más los pies en mi casa. Si la ves, +dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su padre».</p> + +<p>Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mandó por su equipaje. +¡Temblad, humanos!..., ¡ponía casa! El furor de D.ª Laura creció, y en +ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras, +como las olas de un mar embravecido. Relimpio no podía disimular una +aflicción honda que tenía su asiento en la región cardíaca. Parecía +atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groserías de la +ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no +dijeron nada.</p> + +<p>Y tú, ¡oh lector!, ¿qué dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia +por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner +casa la de Rufete no puede atribuirse aún a sospechosos motivos; sabe, +pues hay obligación de que se te diga todo, que el mismo día 12 por la +mañana recibió nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En +la una, su tío el Canónigo se despedía de ella para el otro mundo y le +daba mil consejos de mucha substancia, amén de un legadillo para que +ambos huérfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiación y +herencia, si ya no estaban en posesión de ambas cosas. La otra carta +anunciaba la muerte del santo varón.</p> + +<p>El cual, hora es ya decirlo, no era tal Canónigo ni cosa que lo valiera, +sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos años +se había aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona +y sibarítica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano—Quijada, primo +carnal de Tomás Rufete, había sido mayordomo de una casa grande, y +después administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda +de nadie, se retiró a su pueblo, donde vivió célibe, entre primas y +sobrinos, más de treinta años, dedicado a la caza, a la gastronomía y a +la lectura de novelas. Tenía ciertos hábitos de grandeza, y en su modo +de hablar y de escribir distinguíase tanto de sus convecinos, que antes +que lugareño parecía de lo más refinado y discreto de la corte. Era muy +avaro y sumamente excéntrico. Omitiendo las mil aseveraciones +contradictorias que corrían por toda la Mancha acerca de su +caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas +chifladuras, dejaremos que se nos muestre él mismo en la carta que +escribió a Isidora, y que copiamos a la letra:</p> + +<p>«El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873.</p> + +<p>»Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya +este pecador, a quien llamaste tío y que más que tío ha sabido ser padre +tuyo, estará en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas. +Aquella dolencia que ni el médico de este pueblo ni el de Argamasilla +entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitándome la +respiración de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el +alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta señora ha de estar dentro +de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no +poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin +movimiento, y el Sr. Rodríguez Araña, secretario del Ayuntamiento, me +hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en +tu hermano, a quienes supongo ya en pacífica posesión del marquesado.</p> + +<p>»Por tu última carta veo que esperabas aviso de la señora marquesa de +Aransis. Esa buena señora os habrá reconocido como nietos, porque no +puede ser de otra manera. Ojalá fuera tan seguro que he de alcanzar la +gloria eterna, como lo es que tú y Mariano nacisteis de aquella hermosa +y sin ventura Virginia, de quien sacaste tú la figura y rostro de tal +manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella +resucitada. Pero si por artes de algún enemigo o tontunas de la marquesa +(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado +la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu +cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente está tu +derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el +caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y +tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran +fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la señora +marquesa echándote los brazos al cuello y comiéndote a besos. Si las +cosas han pasado de otra manera, trata de que la señora te reconozca por +el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si +tienes en él algún lunar o seña por donde la marquesa venga en +conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he leído casos +semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero vellón o cosa así han +bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre +y como tales se abrazaran. De esto están llenas las historias.</p> + +<p>»Para que lo gocéis, si es que ya estáis en vuestro trono, o para que +siga el pleito, si no lo estáis, os dejo un legado que no es cosa mayor. +Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado, +persona a quien conoces y seguramente tendrás por la misma +caballerosidad.</p> + +<p>»Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te +vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con +los demás son el peligro de los ricos y la sangría de las bolsas. Cásate +con persona de tu condición, pues si lo haces con quien por debajo de ti +esté, te expones a que el peso de tu cónyuge te tire hacia abajo y no te +deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, más vale que te +unas con quien te sea superior, que también hay príncipes y duques por +estas tierras.</p> + +<p>»No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas, +que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia +intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados +del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a +los que nada tienen.</p> + +<p>»Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre +tus sedas el paño burdo de tus primeros años, habrá tontos que se rían +de ti. Instrúyete bien en las cosas que no has podido aprender en la +pobreza. Tú eres lista y harás grandes progresos. No olvides de darte +algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa +fácil y que se aprende con un poco de paciencia.</p> + +<p>»Para no descubrirte, muéstrate al principio circunspecta y callada, que +con esto pasarás por modesta, y la modestia es virtud que en todas +partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspección, dedícate +a observar lo que hacen los demás para aprenderlo y hacerlo tú misma +luego que te vayas soltando. Observa cómo saludan, cómo manejan el +abanico, cómo dan el brazo, cómo se sientan a la mesa y ponen el abrigo. +Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular +estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada +maestra.</p> + +<p>»Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la +desaparición de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la +humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo. +Siempre habrá clases. Por más que aseguren que esta igualdad se ha +iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las +personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a mí no me +entra eso. ¿La educación general traerá al fin la uniformidad de +modales? Patarata. ¿Los salones de la aristocracia se abren a todo el +mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro +perro con ese hueso. Dicen que las señoras de la grandeza cantan +flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofía. Esa no +cuela. Yo no lo creeré aunque lo vea. Si en algún momento de inundación +social ha podido pasar eso, las cosas volverán a su cauce.</p> + +<p>»Haz lo posible por distinguirte de los demás sin humillar a nadie, se +entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras +ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una +bofetada, dala con mano de algodón perfumado, que así duele más.</p> + +<p>»Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo así, el +sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad +de un alto señor como en sus guisos y manera de presentarlos y +servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen círculo de +convidados que sazonen la comida con las especias finísimas del ingenio +discreto; especias, hija mía, que más bien son flores de aroma delicado. +Mira bien a quién convidas. No sientes parásitos a tu mesa, que estos, +después de vivir a tu costa, te criticarán. Elige diariamente un pequeño +número de comensales, graves sin afectación, ingeniosos sin descaro, +festivos sin chocarrería, y que coman sin gula y beban sin embriaguez, +honrando tu casa y celebrando tu mesa.</p> + +<p>»Mucho te hablaría de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello. +Solamente te diré, que pues la moda quiere que el arte francés con sus +invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra +cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de +restablecer usos culinarios que están ya vencidos. Adopta la cocina +francesa, toma un buen jefe y provéete de cuanto la moda y la +especulación traen de remotos países. Pero has de saber que es de buen +gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y así, no +hay cosa de más chispa que sorprender un día a tus convidados con un +plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado +de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una +exhibición hábil de fruslerías francesas, no sólo no te será vituperado, +sino que te valdrá grandes alabanzas.</p> + +<p>»Vístete con primor. Huye tanto de la vulgaridad poniéndote lo que todas +se pongan, como de la excesiva singularidad poniéndote lo que a nadie se +le haya ocurrido usar. Hay un término medio, delicadísimo, muy difícil +de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente +elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la +extravagancia; procura que en tus atavíos, sin que falte lo común y +corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalísimo, +que no puedan imitar los demás, y habrás logrado el objeto.</p> + +<p>»Sé siempre buena católica cristiana, que lo primero es salvar el alma. +Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin +fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afán a las prácticas +religiosas; trata a los curas con consideración, y dales para que coman, +que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea +novenas y alguna que otra función; pero sin pasar de ahí ni abrir tu +puerta a los señores de hábito negro, los cuales, si les dejaras, pronto +imperarían en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dirá la +gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya +no hay santos ni cosa que lo valga.</p> + +<p>»De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida +conyugal, cosa que, según oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo +quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningún punto +poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe +matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de +los perversos usos del día, se hastíe un poco de ti, y busque +entretenimiento y variedad en otras mujeres. ¡Atroz desaire que te +producirá no pocos sofocones y te pondrá a dos dedos del mayor peligro +en que jamás se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas +llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado +por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltará poco para caer en +pecado igual al suyo. Cuidado, hija mía, mucho cuidado. A su poligamia +contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta, +resiste, y no degrades tu corazón dándolo a algún mequetrefe que lo tome +por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y +desocupados. Consérvate digna, recatada, siempre señora inexpugnable; +que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventará, +y entonces podrás volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro +marido que te considere más y te atienda mejor que el primero.</p> + +<p>»Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado +las más importantes, no digo más, porque las fuerzas me faltan. +Acuérdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de +invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto +aquí, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habré cerrado +mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrírmelos a los de la +gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdón de +mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me +importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me +despido de mis amigos, y recibe tú el último pensamiento y el suspiro +último de tu amantísimo tío (o cosa tal),</p> + +<p>SANTIAGO QUIJANO QUIJADA».</p> + +<p>Madrid.—Junio de 1881.</p> + +<p class="c">FIN DE LA PRIMERA PARTE</p> + + + +<hr> +<h2 class="top15"><a name="Segunda_parte" id="Segunda_parte"></a>Segunda parte</h2> + +<table class="autotable"> +<tr><td colspan="2" class="tdc">PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdc"> </td></tr> +<tr><td>ISIDORA RUFETE,</td><td><i>protagonista.</i></td></tr> +<tr><td>MARIANO RUFETE,</td><td><i>su hermano.</i></td></tr> +<tr><td>AUGUSTO MIQUIS,</td><td><i>doctor en Medicina.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">JOAQUÍN PEZ.</td></tr> +<tr><td>DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE,</td><td><i>tenedor de libros.</i></td></tr> +<tr><td>MELCHOR DE RELIMPIO,</td><td><i>arbitrista.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAÑO.</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">LA SANGUIJUELERA.</td></tr> +<tr><td>DON ALEJANDRO SÁNCHEZ BOTÍN,</td><td><i>padre de la Patria.</i></td></tr> +<tr><td>JUAN BOU,</td><td><i>litógrafo.</i></td></tr> +<tr><td>JUAN JOSÉ CASTAÑO,</td><td><i>ortopedista.</i></td></tr> +<tr><td>MUÑOZ Y NONES,</td><td><i>notario.</i></td></tr> +<tr><td>MADAMA EPONINA,</td><td><i>modista.</i></td></tr> +<tr><td>RIQUÍN,</td><td><i>niño.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">EL MAJITO.</td></tr> +<tr><td>MODESTO RICO,</td><td><i>tratante de vinos.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">PALO—CON—OJOS.</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">GAITICA.</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">DIVERSOS PECES.</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">DIVERSOS PÁJAROS.</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl">UN GRAN PERSONAJE <i>(que no habla).</i> DIVERSOS PERSONAJES <i>(que no hablan +tampoco).</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un oficial de +litografía, hombres y mujeres del pueblo, porteros, tropa, etc.</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875.</i></td></tr> +</table> + + +<h3><a name="Capitulo_Ia" id="Capitulo_Ia"></a>Capítulo I</h3> + +<p class="head">Efemérides</p> + + +<p>La República, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la +Restauración, tantas formas políticas, sucediéndose con rapidez, como +las páginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron +sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos +de Tomás Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia +(trocándose en feliz para el efecto de la composición de este libro) +juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir +adelante. Aconteció que por causa de una fuerte neuralgia necesitó este +la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los +primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposición y +altísimo porvenir. Enfermo y médico charlaban de diversas cosas. Un día, +cuando ya se había iniciado la convalecencia, recayó la conversación en +los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no podía +haber un tema más gustoso, habló largamente de Isidora, diciendo, entre +otras cosas, lo siguiente:</p> + +<p>«Está ahora esa mujer..., vamos..., está guapísima, encantadora. Parece +que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado +considerablemente en gracia, en belleza, en expresión. Se me figura que +será una mujer célebre. Vive en la misma casa donde se instaló hace dos +años, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.—¡Un hijo! +¿Qué me cuenta usted?—Lo que usted oye. Ya tiene dos años. Es algo +monstruoso; lo que llamamos un <i>macrocéfalo</i>, es decir, que tiene la +cabeza muy grande, deforme. ¡Misterios de la herencia fisiológica! Su +madre me pregunta si toda aquella gran testa estará llena de talento. Yo +le digo que su delirante ambición y su vicio mental le darán una +descendencia de cabezudos raquíticos... El chico es gracioso y de una +precocidad alarmante...</p> + +<p>»Pasando a otra cosa, yo tengo para mí que el marqués viudito está más +tronado que la nación española. Sus deudas se remontan como el águila +ávida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales, +carecer es morir, y pasarán por toda clase de ignominias antes que +decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipación. Por +desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten, +cándidos que les fíen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca +mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a +veces toman sin pedir.</p> + +<p>»Yo pregunto: ¿No habrá algún día leyes para enfrenar la alta vagancia? +¿No se crearán algún día palacios correccionales? ¿No establecerán las +generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a +raya la demagogia azul, dándole de comer? Yo pregunto también: Puesto +que tanto se ha hablado del derecho a la vida, ¿existirá también el +derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la +alta vagancia nos pedirá algún día los casinos costeados por el Estado. +Lógica, lógica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo: +«Estáis tocando el violón, porque el comunismo existe entre nosotros con +tan profundas raíces como la religión: es nuestra segunda Fe. No falta +más que perfilarlo, darle la última mano, y ponerlo bien clarito en las +leyes, tal como lo está en nuestras costumbres».</p> + +<p>»Ahora bien, señores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la +sociedad toda. Hagamos una revolución para destruir el comunismo, y esto +es lo práctico, porque hacer revolución por establecerlo es como si +encendiéramos el gas de las calles en pleno día. Revolución, pues. +Suprimamos la Administración, que es una hipocresía del reparto +universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numérica del +<i>restaurant</i> nacional; suprimamos las contribuciones, que son el +almacenaje omnímodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido +esto, lo demás, ejército, gobierno, armada..., se suprimirá por sí +mismo. Entonces diremos: <i>todo acabó</i>; <i>nadie se encarga de nada</i>... Que +cada cual salga por donde pueda. Fúndese una sociedad nueva entre el +estruendo de los palos. ¿Qué tal? Sí, señores, el comunismo no muere +sino ahogado en un océano de negaciones. Luego se unirán el interés y la +fuerza para crear el nuevo derecho».</p> + +<p>Todos los que conozcan a Miquis verán que no exageramos ni añadimos nada +al poner aquí sus festivas paradojas.</p> + +<p>Efectivamente, Isidora vivía al fin de la calle de Hortaleza en un +número superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande. +Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, están +fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes +pequeños con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando +a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas +luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de +yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada +la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden +y simetría. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se +había formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa +yuxtaposición del verdadero hogar doméstico, labrado poco a poco por la +paciencia y el cariño de una o dos generaciones. Allí se veían piezas +donde el exceso de muebles apenas permitía el paso, y otras donde la +desnudez casi rayaba en pobreza. Algún mueble soberbio se rozaba con +otro de tosquedad primitiva. Había mucho procedente de liquidaciones, +manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable. +Casi todo lo restante procedía de esas almonedas apócrifas, verdaderos +baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duración.</p> + +<p>La sala lucía sillería de damasco amarillo rameado; en imitación de palo +santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase más +inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas +aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y +de piezas tan frágiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a +él con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La +consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus +agujas una sola vez. El mármol de ella se escondía bajo una instalación +abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel cañamazo y +todo lo más deleznable, vano y frágil que imaginarse puede... A Isidora +no gustaba esta sala, que era, según ella, el tipo y modelo de la sala +cursi. Había sido comprada <i>in solidum</i> por Joaquín en una liquidación, +y provenía de una actriz que no pudo disfrutarla más de un mes. Isidora +tenía propósito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas +horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado había lo +bastante para media docena de casullas, y aún sobraba algo para vestir +un santo y ponerle de tiros largos.</p> + +<p>En el gabinete próximo a la sala estaba casi constantemente la heroína +de esta historia. A la izquierda de la chimenea tenía su armario de +luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros días de uso, +pero que pronto empezó a perder su brillo y a desvencijarse, +manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido +en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcón, estaba el +tocador, mueble precioso, pero muy usado. Había pertenecido a una casa +grande que liquidó por quiebra. Un escritorio pequeño con gavetillas y +algún secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro +para la cómoda. Sobre esta se elevaba un montón de cosas revueltas, en +cuya ingente masa podían distinguirse cajas de sombreros y cajas de +sobres estropeados, libros, líos de ropa, un álbum de retratos, un +Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartón.</p> + +<p>En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de ébano y roble, había +varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la +perfección de la fotografía y la belleza de la figura. Parecía una +duquesa, y ella misma admiraba allí, en ratos de soledad, su continente +noble, su hermosura melancólica, su mirada serena, su grave y natural +postura. En la pared no había ninguna lámina religiosa; todas eran +profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha +inundado las tiendas de cromos; canónigos glotones, cartujos que catan +vinos, el clérigo francés que se come la ostra y el que muestra el +gusano en la hoja; además, borrachos laicos y algunas majas y chulos que +entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto había sido adquirido por +Joaquín, que se reía mucho contemplando al fraile embobado junto a la +muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacían maldita +gracia los cromos frailescos. Encontrábalos groseros, de mal gusto y +ordinarios, por ser cosa de estampa que se veía en todas partes. ¡Cuándo +realizaría ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al óleo, +de los primeros pintores!</p> + +<p>Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si +había sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma +nos lo dirá. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro +meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia, +y para ello aprovechemos las efemérides verbales de D. José de Relimpio, +cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable.</p> + +<p>1873. <i>1.º de marzo</i>.—Instalación de Isidora en su casa de la calle de +Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqués +viudo de Saldeoro. Escándalo. Pronuncia D.ª Laura su célebre frase: «Ya +veía yo venir esto». Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina +militar.—<i>La Sanguijuelera</i> visita a los de Relimpio y califica la +conducta de su sobrina con palabras que a pluma más hipócrita no podría +velar con los disimulos del lenguaje.</p> + +<p><i>Abril</i>.—Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardías se +encuentran frente a frente y del choque resulta una página histórica. No +corre la sangre.—Primera cuestión entre Isidora y Joaquín por la manera +de invertir el dinero heredado del Canónigo. Isidora gasta sin +substancia una buena parte de él en los preliminares de su pleito. Se +permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que +privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los +fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia +incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas +necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se +atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.—Célebre +discurso de Pi.</p> + +<p><i>Junio</i>.—Reúnense las Cortes Constituyentes. La guerra toma proporciones +alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas consecuencias +de la desgraciada acción de Eraul.—Joaquín Pez marcha a Biarritz. +Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el paradero de su +hermano, que ha desaparecido del colegio en que estaba.—Consternación. +Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel Llagostera. La guerra, la +política, ofrecen un espectáculo de confusión lamentable. Don José de +Relimpio manifiesta con gran seso que la cesantía de treinta mil reales +que disfrutan los ex ministros españoles es la causa de estas +tremolinas.</p> + +<p><i>Julio</i>.—Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crímenes, +desbordamiento general del furor político.—Doña Laura cae gravemente +enferma.—La guerra civil crece. Cada día le nace una nueva cabeza y un +rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a +su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atención y +se hacen acerca de ella novelescos comentarios.—Ministerio Salmerón.</p> + +<p><i>Septiembre</i>.—Cartagena, excursiones de las fragatas. ¡Oh! Don José les +perdonaría a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje +de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de +nuestro territorio, retenido por la pérfida Inglaterra. Si viviera +Méndez Núñez, otro gallo nos cantara.—Horrores del cura Santa Cruz.—Doña +Laura, como si fuera símbolo humano de la unidad y el honor de la +patria, sucumbe en aquellos tristes días. Antes de morir tiene el +inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de +tercera clase.—Célebre apóstrofe de D. Manuel Pez contra las +improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en +desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situación tan +triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino, +iguala a Isaías en gravedad elegíaca y arrebato poético. Verifícase en +toda España una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y +por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.—Dispersión +de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; está algo +desfigurada, pero, según sus cuentas, en diciembre concluirá +aquello.—Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se había +entibiado ni un punto la noble simpatía que por su ahijada sentía, se va +a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaña cuando +está sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando +la memoria de sus cualidades, deja escapar melancólicos suspirillos.</p> + +<p><i>Diciembre</i>.—Castelar reorganiza el Ejército. La patria da un suspiro de +esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se +dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que +son más duros de lo que se creía los cimientos de la unidad nacional. El +24, Nochebuena, Isidora da a luz un niño, a quien ponen por nombre +Joaquín.—Háblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del +feroz Samaniego.</p> + +<p>1874. <i>Enero</i>.—El día 3 Pavía destruye la República sin disparar un +tiro. Desaloja el salón del Congreso y pone en las calles cañones que no +hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.—<i>La Sanguijuelera</i>, que +permanece adicta al antiguo régimen y no cree que hay más reina que +Isabel II, da un viva al príncipe Alfonso. Célebre apotegma de D. Manuel +María Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad +armonizada con el orden. Este varón insigne ocupa otra vez la Dirección +con beneplácito de los Peces, los cuales, multiplicándose de nuevo, +colean en todo el país. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que +la Administración nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos. +Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las +ruinas de las fortunas que desaparecen, elévanse las colosales riquezas +de los contratistas. El Tesoro público hace milagros.—La provincia que +gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez +a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora sí que +son habas contadas. Trátase de comprar habichuelas podridas y arroz +picado para vendérselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus +milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos +centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo régimen, tomando una +actitud completamente pisciforme.</p> + +<p><i>Marzo</i>.—San Pedro Abanto. Inmenso interés despiertan en toda España el +estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqués viudo de +Saldeoro. Los últimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no +le bastaría para pagar. Toma por modelo al Tesoro público y recibe +dinero al trescientos por ciento. Renuévanse las discordias entre +Joaquín e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral +de la de Rufete por su situación social, su penuria y la poca esperanza +de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el +bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la +información. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeño de +las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya +gastadísima promesa de casarse con ella.—Sangrientos combates del 25, 26 +y 27, que ocupan la atención pública. Hay muchos liberales que, por ser +enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra +estos truena en patriótica indignación don José de Relimpio, el cual se +compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre él alfileres, sigue y +escudriña y estudia con sublime anhelo los movimientos militares.</p> + +<p><i>Mayo</i>.—Bilbao es libre. Alegría, repiques, farolitos. Crece a los ojos +del país la gran figura militar del marqués del Duero.—Mariano Rufete, +que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su +conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus +adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de +lo más escogido. Su hermana daría cuanto tiene (menos los ideales) por +verle corregido.—Emilia Relimpio se casa con su primo Juan José, hijo +del ortopedista; Leonor, ilícitamente unida a un sargento primero, +desaparece de Madrid. Don José, recordando los grandiosos pensamientos +de D.ª Laura acerca del himeneo de las niñas con célebres médicos y +oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama +una lágrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive +constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el niño de +Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don José +le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. <i>La Sanguijuelera</i>, que +algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cariño al cabezudito: le +coge, le zarandea, le da gritos, y le llama <i>¡rico!, ¡riquín!</i>... De +donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo +todos le llaman <i>Riquín</i>.</p> + +<p><i>Junio</i>.—Muerte del general Concha. Pánico y luto. Retirada. La patria, +que creía próxima su salvación, gime. Augusto Miquis expone con su +acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Según él, la mejor +manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D. +Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En España, el primer paso para +la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene. +El carlismo establecido no podrá durar un mes. Desde el momento en que +se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundirá por su propio +peso y caerá hecho polvo.</p> + +<p><i>Diciembre</i>.—La guerra sigue. La Restauración toca a las puertas de la +patria con el aldabón de Sagunto. Asombro. La Restauración viene sin +batalla, como había venido la República. La Providencia y el Acaso +juegan al ajedrez sobre España, que siempre ha sido un tablero con +cuarteles de sangre y plata.—Entusiasmo de <i>la Sanguijuelera</i>, que cada +día simpatiza menos con la demagogia. Dice que los señores son siempre +señores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo +Soberano y aun medita una arenga.</p> + +<p>1875.—Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz que +reina en la ortopedia. El padre de Juan José se ha retirado del trabajo, +y no se ocupa más que de cultivar la huerta que ha comprado en Pinto. +Juan José está al frente del establecimiento, y bajo su hábil mano este +se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora quisiera un +aparato para que la cabeza de <i>Riquín</i> no creciera tanto. Juan José, +que algo entiende de Medicina, se ríe y receta al hijo reconstituyentes +y a la madre un Manual de Doctrina Cristiana.—Consternación. Los Peces +grandes y chicos se ven desterrados de las claras aguas de sus plazas y +oficinas. Bien quisieran ellos aclamar también al Rey nuevo; pero la +disciplina del partido les impone, ¡ay!, una consecuencia altamente +nociva a sus intereses. Tienen que poner un freno a sus agallas. Además, +la lucha por la existencia, ley de las leyes, ha llevado a los Pájaros +al Gobierno, y estos no encuentran en la Administración bastantes ramas +en que posarse. Algunos Peces de menor tamaño y del género <i>voracissimus</i> +quedan en oficinas obscuras. Son Peces alados, transición zoológica +entre las dos clases, pues la triunfante tuvo en situaciones anteriores +sus avecillas con escamas.—Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de +los toros. Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida está en +gran peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de +Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinación a la secta de +los mormones. Riñas y escándalos, acompañados de no pequeños +apuros.—Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en España el +despecho es una idea política, se alegran de las ventajas de los +carlistas.—Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la información de +pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de conciliación, +presenta su demanda.—Miquis gana por oposición la plaza de +médico—director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es novio +de la hija del honrado notario Muñoz y Nones.—Sábese por buen conducto +que Leonor tiene una casa de huéspedes en La Coruña.—Ocúpase la prensa +de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido, como +irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si será +mandado a presidio, y efectivamente, la <i>Gaceta</i> le nombra... oficial +primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurrección, +para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a +España. Habas contadas. Él se traerá de seguro las tres cuartas partes +de la Isla, o las Antillas todas, dejando vacío el Mejicano Golfo.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IIa" id="Capitulo_IIa"></a>Capítulo II</h3> + +<p class="head">Liquidación</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>«Isidorita Rufete, ¿conoces tú el equilibrio de sentimientos, el ritmo +suave de un vivir templado, deslizándose entre las realidades comunes de +la vida, las ocupaciones y los intereses? ¿Conoces este ritmo que es +como el pulso del hombre sano? No; tu espíritu está siempre en estado de +fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolviéndose en +depresiones terribles, y tu alegría loca no cede sino ahogándose en +tristezas amargas. ¿Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? Sí; +antes perderás la vida que la convicción de tu derecho. Bien; sea. Pero +deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te +atormentes, construyendo en tu espíritu una segunda vida ilusoria y +fantástica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes +interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que +están privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso +es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hábitos repugnantes, como +la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad. +El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmón, y ¡ay de ti si +llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad +lo que ahora quieres gozar, en sueños, contraviniendo a las leyes del +tiempo y del sentido común!</p> + +<p>»Sostienes que ese vicio, aberración o como quiera llamarle Miquis, es +una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Después de +un día de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para +consolarte... das un baile. ¡Qué gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus +apetitos determinando en ti una gran excitación cerebral, de la cual +irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que +tú misma llegas a tenerla por verdad. Te engañas con tus propias farsas, +desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseñas a tus nervios a +falsificar las sensaciones y a obrar por sí mismos, no como receptores +de la impresión, sino como iniciadores de ella. ¡Bonito juego! +¡Violación de los órdenes de la Naturaleza!</p> + +<p>»Mira, Isidorita; tu vida social está bastante desarreglada; pero tu +vida moral lo está más aún. El principal de tus desórdenes es el amor +desaforado que sientes por Joaquín Pez. Le amas con lealtad y +constancia, prendada más bien de la gracia y nobleza de su facha que de +lo que en él constituye y forma el ser moral. Bien dices tú que ya el +amor no es ciego, sino tonto. Tienes razón: ya se le conoce el largo +trato que ha tenido con los malos poetas. ¿Por qué no haces un +esfuercito para desprenderte del cariño que tienes a Pez? Por ahí debe +empezar tu reforma. Tú le adoras y no le estimas. Él te ama y tampoco te +estima gran cosa. Considera cuánto perjudican a tus planes de +engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu +porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues según tú, no +hay más remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mírate bien +en ese espejo social que se llama opinión, y considera si con tu actual +trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una +familia ilustre. Tonta, ¿has creído alguna vez en la promesa de que +Joaquín se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando está +mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o +no con él, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fíes, +no te fíes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la +indulgencia. Se dan casos de estos.</p> + +<p>»Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te +llevará lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu +peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de +dónde viene; lo sueltas sin saber a dónde va. Jamás se te ha ocurrido +coger un lápiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de +papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No +haces cuentas más que con la cabeza, ¡y tu cabeza es tan inepta para +esto!... La Aritmética, hija, no cabe dentro de la jurisdicción de la +fantasía, y tú fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente +el activo y empequeñeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres +ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus +débiles cálculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender +las deudas sagradas.</p> + +<p>»Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazón; pero te perturba +lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conociéndote el flaco y +tu índole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: ¿qué has +hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dejó D. Santiago +Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educación +de Mariano, y.... confiésalo, que si es un misterio para todo el mundo, +no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no +hay para qué. Más de la mitad de aquel dinero te lo ha distraído Joaquín +Pez».</p> + +<p>Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor, +lo escrito vale.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Una mañana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego. +Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal +actividad, indicaban que algo muy grave ocurría. Se sentaba, leía una +carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugándola en el +bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete, +repetía la lectura, la lágrima y el estrujamiento del dichoso papel... +¿Qué es eso, señora? ¿Qué pasa?</p> + +<p>Desde el gabinete se veía toda la cavidad de la alcoba, donde la gran +cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del +techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con +otro cuarto, del cual venían dos voces distintas, pero acordadas en un +tono de candorosa alegría. Era la una dulce, angelical y ternísima. Era +la otra cascada y a veces chillona. ¡Vaya con la pareja! <i>Riquín</i> y D. +José de Relimpio jugaban arrastrándose por el suelo. Caballo y jinete se +besaban, locos de regocijo, en la confusión de las caídas leves.</p> + +<p>Abriose de pronto la puerta de la sala, y entró... nada menos que <i>la +Sanguijuelera</i>.</p> + +<p>«Gracias a Dios que viene usted, tía—le dijo Isidora reconviniéndola—. +Siéntese usted; tenemos que hablar detenidamente.</p> + +<p>—¡Hablar detenidamente!—exclamó la vieja puesta en jarras—. No digas +más; ya entiendo tus <i>detenidamentes</i>. Ya sé que es para pedir dinero. +Sí, en cuanto llegó a casa tu D. José y vi su cara de carnero a medio +morir, dije: «Ojo al Cristo...». Pues mira, hija, toca a otra puerta».</p> + +<p>Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su tía por el camino de las +bromas. Con la concisión de los grandes apuros, dijo que era cuestión de +vida o muerte para ella reunir en aquella mañana cierta suma, y que +contaba con la generosidad de su tía, a quien otras veces había pedido +caudales, reembolsándoselos con buenos intereses.</p> + +<p>«Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay. +Ya sabes que <i>aquí murió el fiar</i>... Pues sí; que están unos tiempos +divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, ¿en qué piensa +que no te da...?</p> + +<p>—Lea usted—replicó Isidora alargando la carta con un gesto y tono que se +usan mucho en los dramas.</p> + +<p>—¡Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro.</p> + +<p>—Pues dice... En fin, hemos reñido. Él está mal. Probablemente tendrá +que irse con un empleo a La Habana... ¿Qué le parece a usted eso?</p> + +<p>—Sopas en queso. ¿A mí qué más me da que se vaya a La Habana o a +<i>Sierra—Ullones</i>, o al Infierno?</p> + +<p>—En fin, hemos reñido. Todo se acabó. No hablemos más de eso. Hoy tengo +un gran compromiso.</p> + +<p>—¡Anda, anda, frutilla temprana!... ¡En la que te has metido!—dijo +Encarnación encendida de ira—. ¿Y qué vas a hacer ahora? Ya no tienes +salvación, ya estás perdida. Bien me lo temí y bien te lo dije cuando te +vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo—añadió señalando del modo más +insinuante su ojo derecho—; aquí dentro hay mucho quinqué. Pues, claro, +a esto habías de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. ¡Y quieres que te +dé dinero!... Anda, anda, castaña pilonga, que otra cosa podrá faltarte +ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu tía; no te acuerdes más de +esta perla vieja de la honradez».</p> + +<p>Las groserías de su tía Encarnación enfadaban atrozmente a Isidora. +Queriendo concluir pronto, expuso en términos tan concretos como +pavorosos su situación, y luego hizo una protesta enérgica de sus ideas +morales. Ella quería y se proponía ser honrada. Las reticencias de su +tía la herían en lo más vivo del alma.</p> + +<p>«No vengas con andróminas—replicó la cacharrera—. Tú podrás tener buenas +ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrás. ¡El pasito, +hija! ¡Repuñales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese hombre... Es un +lameplatos. Siento que no esté aquí para despotricarme con él y decirle +las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un real partido por +medio.</p> + +<p>—No, no creo que usted me vea en tales agonías y no me favorezca.</p> + +<p>—¿Yo?... ¿Y de dónde lo voy a sacar?</p> + +<p>—Del arca.</p> + +<p>—No estás tú mal arca de Noé.</p> + +<p>—¡Tía!</p> + +<p>—¡Si debes más que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...! +Suponte tú, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas, +arañando aquí y allá, reúna mil reales...</p> + +<p>—Mil reales es muy poco.</p> + +<p>—¿Pues qué?... ¿Creías que te iba a dar un ojo de buey?—gritó la vieja +riendo a todo reír—. ¡Mira ésta!...</p> + +<p>—Yo quería lo menos dos mil—dijo Isidora con terror.</p> + +<p>—¡Jo... sús! ¡Los dos mil los tienes tú en el canto de la memoria! Yo +los quisiera para mí. En fin, y <i>mismamente</i>..., si me prometes +devolvérmelos pronto, podré buscarte mil... ¡Ay! arrastrada, ¿en qué +gastas tú el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsejé... Yo te +decía: «Guarda, aprovéchate; sácale a ese hombre el redaño y ve poniendo +en el Monte para el día de mañana...». Pero tú, grandísima pandorga, con +gastar y gastar... Aquí parece que siempre está la gata de parto, según +se gasta y derrocha.</p> + +<p>—¡Tía, dos mil!</p> + +<p>—Dos mil puñales...</p> + +<p>—Ande usted...</p> + +<p>—No, no te caerá esa breva.</p> + +<p>—No la dejaré a usted en paz hasta que me los dé...</p> + +<p>—Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana.</p> + +<p>—Pues vengan los mil; pero pronto, al momento».</p> + +<p>Instantáneamente formó Isidora un plan distinto del que había hecho +contando con los dos mil.</p> + +<p>«Te los traeré para las doce. ¡Ay! ¿En qué parará esto?...</p> + +<p>—Antes de las doce, si puede ser. Váyase usted pronto para que vuelva +pronto... Coja usted un coche.</p> + +<p>—Venga la peseta.</p> + +<p>—Tome usted la peseta.</p> + +<p>—Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy a +dar sin recibo.</p> + +<p>—¿Otra peseta?... Ahí va. Váyase usted pronto. ¡Ay!, ¡qué día está!—dijo +Isidora mirando con tristeza al balcón, cuyos cristales, azotados por la +lluvia, sonaban con estrépito de perdigonada.</p> + +<p>—¡Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a <i>Riquín</i>.</p> + +<p>—Después, después.</p> + +<p>—¡Jo... sús! ¡Qué prisa!... Agur, agur».</p> + +<p>Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sacó de la cómoda un +cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas +había varios papeles o cédulas guardadas con cierto orden y +clasificación. No debían de ser ciertamente billetes de Banco, porque +Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y ponía cara de mal +humor. Después de pasar revista a su tesoro negativo, gritó: «D. José», +y como D. José, a causa del ruido que él mismo hacía, jugando con +Joaquín, no pudiera oír la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a +llamarle por la puerta de la alcoba.</p> + +<p>«¡Venga usted acá, por Dios!...</p> + +<p>—¡Hija, no te había oído!».</p> + +<p>Veríais entonces aparecer al gran D. José, fatigado de tanto andar a +cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y +tan risueño y bondadoso como antaño. Traía en brazos a <i>Riquín</i>, que era +muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal +que le privara de los encantos de la niñez, antes bien daba risa verle +erguir su cabezota con cierto aire de valentía, como un hijo de Atlante +predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes +pesos.</p> + +<p>«Deje usted al niño... <i>Riquín</i>, hijito; vas a irte un rato con +Ramona... ¡Ramona!».</p> + +<p>El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello está por saber) declaró +con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su +dignidad se hacía pasando de los brazos de D. José a los de la niñera. +Pero no le valieron sus artimañas. Cargó con él la moza, y D. José y su +ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas.</p> + +<p>«Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo.</p> + +<p>—¡Cuánta papeleta!»—exclamó el santo varón cruzando sus manos con ademán +piadoso.</p> + +<p>Isidora las pasaba, las leía, las iba contando. ¡Ay! Cuando se entregaba +a la Aritmética, su cara se volvía lúgubre y desconcertada, cual si +estuviera sometida a la acción de fenómenos morbosos. La Aritmética +tenía para ella algo de enfermedad cimótica, y así, desde que absorbía +con su atención aquellos miasmas deletéreos llamados números, se ponía +pálida y se le alteraba el pulso. ¡Y pensar que no puede haber dinero +sin que haya cifras! Los hombres lo empequeñecen todo. Desdichadas las +almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la +fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relación, +gravedad. Verdaderamente, ¿qué cosa más contraria a lo infinito y a lo +ideal que aquellos nefandos papeles?</p> + +<p>«Esta es del Monte—murmuró Isidora con el corazón oprimido—. Esta... ¿a +ver?.... es la de mi calabrote.</p> + +<p>—El calabrote está en la calle del Clavel—manifestó Relimpio con el +aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones +de fondos realizadas en todo el año.</p> + +<p>—Es verdad... ¿Y el brillante?</p> + +<p>—También, hija. ¿No te acuerdas? Lo llevé el mes pasado. Del Monte ha de +haber cinco papeletas.</p> + +<p>—Justo, cinco... Hay además ocho...</p> + +<p>—Tu reloj... Si no recuerdo mal, está en treinta duros. ¿Pero qué te +pasa hoy? ¿Vas a sacar todo?</p> + +<p>—¿A sacar?—repitió Isidora, herida por aquella ironía como por un +porrazo.</p> + +<p>—¿Qué cálculos haces?».</p> + +<p>Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de +aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya más +que en trabajos matemáticos.</p> + +<p>«Ya comprendo, hija—dijo él entre dos suspiros.</p> + +<p>—¿Cuánto darán por esto?—preguntó ella, mostrando aquellas cédulas que +por su nombre debían ser montaraces.</p> + +<p>—Eso no puedo decirlo. Se las llevaré a Rodríguez, el de la calle de +Cádiz. Es amigo mío...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se +corren mucho».</p> + +<p>Isidora se llevó las manos a las orejas.</p> + +<p>«¿Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer daño. Yo te los +destornillaré».</p> + +<p>Y con suma delicadeza realizó la operación, gozoso de que sus dedos +jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su +ahijada.</p> + +<p>«Ya están aquí.</p> + +<p>—Pongámoslos en el estuche.</p> + +<p>—Estos te los regaló cuando vino al mundo <i>Riquín</i>. Por estos te +darán... darán...».</p> + +<p>Se cogió entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y +hundiendo la barba en el pecho, metía los ojos debajo de las cejas.</p> + +<p>«En fin..., yo hablaré con Rodríguez... Es amigo mío..., buena persona.</p> + +<p>—¡Dos mil quinientos!—murmuró la joven ensimismada en sus cálculos, como +un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor febril.</p> + +<p>—Veremos... Quizás se pueda...</p> + +<p>—Ahora—dijo Isidora con resolución alargando la mano hacia el chaleco +del buen hombre—, venga el reloj...</p> + +<p>—¿El mío?... ¿Y la cadena?</p> + +<p>—Todo».</p> + +<p>Algo se desconcertó el viejo al verse privado del uso de aquella prenda, +no de mucha valía, que Isidora le había regalado el 19 de marzo del año +anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para él, no dijo +más que lo siguiente:</p> + +<p>«Déjamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darán diez y ocho o veinte. +Recordarás que la otra vez...</p> + +<p>—Ahora los cubiertos de plata.</p> + +<p>—¿Los...?</p> + +<p>—Sí—afirmó ella levantándose con expresión triunfante—. Creo que está +vencida la situación por hoy. Pero la semana que entra...</p> + +<p>—Dios dirá.</p> + +<p>—La semana que entra—declaró Isidora—vendo la sala.</p> + +<p>—¡Vendes la sala!</p> + +<p>—Sí. Pásese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla. +Veremos lo que da».</p> + +<p>Después echó una mirada de cariñoso desconsuelo al armario de luna.</p> + +<p>«¿Y el armario también?</p> + +<p>—También.</p> + +<p>—¿Y la cama dorada?».</p> + +<p>Isidora meditó un rato. Después dijo:</p> + +<p>«No; me quedo con la cama».</p> + +<p>En esto andaban cuando reapareció <i>la Sanguijuelera</i>. Entró sacudiéndose +el mantón, calado de agua.</p> + +<p>«¡Jo... sús, qué tiempo! Llueven capuchinos de bronce.</p> + +<p>—Pero ¿no ha venido usted en coche?</p> + +<p>—¿Por quién me tomas, tonta? La peseta del coche es para mí, por el +mandado. Tengo más salud que el Botánico, hija, y ando más que un molino +de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son +ochocientos... Nueve duros en plata...</p> + +<p>—Falta un duro.</p> + +<p>—¡Reparona! ¿Qué más da?</p> + +<p>—Son novecientos ochenta—declaró D. José, haciendo gala de su saber de +cuentas.</p> + +<p>—¿Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su +carne en este garfio.</p> + +<p>—La equidad, amiga D.ª Encarnación...</p> + +<p>—¡Amiga, doña!... Diga usted, tío Lilaina, ¿en qué bodegón hemos comido +juntos? ¿Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a mí?</p> + +<p>—Falta un duro—repitió Isidora.</p> + +<p>—Total, que no he podido reunir más. Aquí está el papel para el +recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene.</p> + +<p>—Mejor será para el otro mes.</p> + +<p>—Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene».</p> + +<p>Don José empezó a extender el recibo.</p> + +<p>«Bien clarito, señor escribano... ¡Hola, hola!, ¿está aquí tu +Holofernes?... ¡Vida! ¡Gloria!».</p> + +<p>Había entrado <i>Riquín</i> paso a paso, porque sus piernas eran cortas y +débiles. Se le había desatado el faldellín, corriéndose por la cintura +abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes +de él asomaban sus patitas vacilantes. Traía empuñado en ambas manos el +bastón de D. José, y caminaba derecho a <i>la Sanguijuelera</i>, todo risas y +alegría, con la evidente intención de darle un palo. Ella se dejó pegar, +le cogió luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el +muchacho empezó a gruñir y a defenderse a cabezadas.</p> + +<p>«Dale un palo a tu madre; anda, pégale...</p> + +<p>—No, no, no se pega—dijo Isidora, atándole en su sitio la falda—. No le +gusta más que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los +brazos...</p> + +<p>—<i>Riquín</i>, hijo mío, dile: «Yo voy a ser un hombre de puños...». ¡Leña a +ella!... Como te coja... Cuidado como riñen a mi cabezudito.</p> + +<p>—El médico me ha dicho que ahora se le desarrollará bien el +cuerpo—afirmó Isidora contemplándole con satisfacción de madre.</p> + +<p>—Pues si no... ¡Y qué bonito es, qué rico, qué galán! ¡Le quiero más...! +¡Qué tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un mocoso, ya +se me cae la baba».</p> + +<p>Isidora reía. Cogió a <i>Riquín</i> y le hartó de besos.</p> + +<p>«¡Pobrecito mío! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la +cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento.</p> + +<p>—¿Sabes lo que te digo?—manifestó <i>la Sanguijuelera</i> en tono de +misterio—. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te rías. Sí; +por lo que sabe, parece que tiene cuatro años.</p> + +<p>—No, mi niño no es un fenómeno; mi niño no es el Anticristo—dijo Isidora +oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo conveniente, +pero muy hermosa.</p> + +<p>—Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. ¿Ves +esa cabeza? ¡Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es +cosa mala.</p> + +<p>—No diga usted disparates.</p> + +<p>—Anticristo o lo que seas—exclamó Encarnación volviendo a tomarle en sus +brazos—, me tienes boba. Te voy a comer».</p> + +<p>Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, después +de tomar su recibo, <i>la Sanguijuelera</i>, sin soltar a <i>Riquín</i>, dijo a +Isidora:</p> + +<p>«¡Pero qué alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no +se lo has comprado... ¡Anda, mala madre! Yo se lo compraré, yo, yo. +¿Verdad, hijo?...</p> + +<p>—Ven acá, ven acá, que la tía se marcha.</p> + +<p>—Oye tú..., dame una peseta.</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—Vaya que estás lela... Para el pandero».</p> + +<p>Diole Isidora la peseta, y <i>la Sanguijuelera</i> se fue gruñendo.</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Decir cómo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos +días; contar cómo las feroces prenderas llegaban, venían, tasaban, +huían, llevándose en las garras, cuál un dorado reloj, cuál la alfombra +o lavabo, sería lacerar el corazón de nuestros lectores. Isidora, que no +sabía regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los +negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecían, después de +pedir tímidamente un poco más. Así, pieza tras pieza, se desmontaba la +casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vacía, se iba agrandando. El +frío y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y +tristísimos huecos que los muebles dejaban tras sí.</p> + +<p>Cuando hubo concluido, la sala era un páramo. Para estar en ella habría +sido necesario proveerse de tiendas de campaña. El gabinete conservaba +su alfombra, la cómoda, un espejo pequeño y algunas sillas. La cama +dorada de la alcoba permanecía como núcleo y fundamento de la casa. +Interiormente habían desaparecido la sillería y aparador de nogal +tallado del comedor; subsistían intactos el cuarto de <i>Riquín</i>, el del +baño, parte principal de la casa; el que solía ocupar D. José Relimpio +cuando allí pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y +doncella habían sido despedidas; no quedaba más que la niñera, a quien +Isidora revistió de las más extensas atribuciones.</p> + +<p>«He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador—dijo Isidora a su +padrino la noche del último día de liquidación—. Estoy tranquila. Me +queda esto».</p> + +<p>Dio un gran suspiro mostrando un papel donde había varías monedas y un +sucio billete de Banco.</p> + +<p>«¿Cuánto es?</p> + +<p>—Vamos a contar»—dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito +del gabinete, mueble de hierro pintado que se salvó por milagro.</p> + +<p>Don José puso la luz en el velador y tomó asiento.</p> + +<p>«¡Si hay aquí un dineral! El billete es de doscientos...; veinte, +cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos.</p> + +<p>—Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se verá si soy mujer de +gobierno. Principio quieren las cosas... Señor don José—añadió en el +tono especial de las cuentas galanas—, desde hoy en adelante trabajaré.</p> + +<p>—Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres años, hija—replicó el +anciano con las narices hinchadas por esa satisfacción vanidosa que +acompaña a las ideas felices—¡Si es mi tema! Tú tienes grandes +habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economía y trabajo, +aquí me tienes para ayudarte.</p> + +<p>—He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi +pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y +después y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser +honrada, honradísima, por respeto a mi nombre, a mi familia... ¡Ah!, mi +familia—añadió, suspirando otra vez...—. ¡Si me hubieran acogido con +amor, no habría dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, ¿no es +verdad, padrino?</p> + +<p>—Sí, sí, hija mía, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa... +¿Con qué cuentas para mantenerte? ¿Qué te queda de lo que te dejó tu +tío?</p> + +<p>—Nada—replicó con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos un +significativo movimiento que representaba el vacío—. ¡Pero trabajaré! +¿No tengo yo manos?».</p> + +<p>Y diciendo esto se le representaron en la imaginación figuras y tipos +interesantísimos que en novelas había leído. ¿Qué cosa más bonita, más +ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su +pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pasó +de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se casó con +el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba también +de otra que había pasado algunos años haciendo flores, y de otra cuyos +finos dedos labraban deslumbradores encajes. ¿Por qué no había de ser +ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. ¡La honrada pobreza y la +lucha con la adversidad cuán bellas son! Pensó, pues, que la costura, la +fabricación de flores o encajes le cuadraban bien, y no pensó en ninguna +otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber leído que ninguna +de aquellas heroínas se ocupara de menesteres bajos, de cosas +malolientes o poco finas.</p> + +<p>«¡A trabajar, a trabajar!—exclamó inundada de aquel entusiasmo que tan +fácilmente se posesionaba de su alma.</p> + +<p>—Yo te ayudaré. Si tuviéramos ahora la máquina... harías camisas de +hombre...</p> + +<p>—¿Camisas de hombre? Eso no me gusta.</p> + +<p>—O ropa blanca de señoras... Cosa rica, cosa buena.</p> + +<p>—Mejor sería... Yo pensaré.</p> + +<p>—Confecciones, sombreros... ¿Qué tal? Tú tienes un gusto...</p> + +<p>—Gusto sí.</p> + +<p>—Consulta con Emilia. Ella te dará buenos consejos</p> + +<p>—Yo lo pensaré; yo meditaré sobre esto y lo decidiré pronto. Ahora vamos +a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economía.</p> + +<p>—Perfectamente; muy bien pensado y dicho.—exclamó Relimpio, dando todo +su asentimiento a tan hermosa idea—. Si no, acuérdate de lo que hacía mi +pobre Laura con lo poco que se ganaba. Hacía milagros.</p> + +<p>—Por consiguiente, de aquí en adelante, gastar poquito y, sobre todo, +saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. ¿Creerá usted +que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho +siempre con mi cabeza. Así ha salido ello.</p> + +<p>—¡Oh! Malo, malo... La primera condición del orden es una buena +contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo +digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo +Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya +verás, ya verás qué libros.</p> + +<p>—Todo lo apuntaremos—dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un +niño juega con una mariposa—. Se dice, por ejemplo: hay que gastar +tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo...</p> + +<p>—Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. ¿Tomas criada?</p> + +<p>—Pienso pasarme con Ramona.</p> + +<p>—Admirable. Yo te auxiliaré en todo... Ramona es buena y humilde, pero +algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya, +ya. Yo te la instruiré en dos palotadas. Mira, pon atención y verás cómo +puedo ayudarte. Yo—dijo marcando por los dedos las distintas funciones +que desempeñaría—te haré la compra; yo... te aviaré las luces; yo... te +haré todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar +cuentas, tomar localidades en algún teatro, etc...; yo coseré a máquina +si decides comprar una; yo apuntaré en mis libros todos los gastos e +ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un +pobre; yo..., por último, cuidaré a <i>Riquín</i> y le pasearé y entretendré +todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales.</p> + +<p>—Bueno, bueno.</p> + +<p>—Y también entiendo de limpiar metales, de componer algo de carpintería; +hasta de cocina entiendo un poco... Ea, señora—dijo restregándose las +manos una con otra con tanta fuerza que a poco más saca lumbre—, +empecemos. Disponga usted la compra de mañana.</p> + +<p>—Un duro.</p> + +<p>—Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de +mimos. Comerá usted lo que haya.</p> + +<p>—Hay que traer carbón.</p> + +<p>—Eso es aparte.</p> + +<p>—Y cerillas.</p> + +<p>—Las compraré al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo lo +que se pueda, para lo cual destinará usted una cantidad que se carga a +la cuenta del mes. Quédese el diario en diez reales, y deme usted seis +duros para el por mayor. Adelante. ¿Qué principio traigo?</p> + +<p>—Langosta.</p> + +<p>—¡Un ojo de la cara!</p> + +<p>—No importa. Por una vez...</p> + +<p>—¿Qué postre?</p> + +<p>—¿Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos.</p> + +<p>—Eso es caro; pero yo lo sacaré barato. Regatearemos, sí señora; +regatearemos.</p> + +<p>—El queso de Italia, la cabeza de jabalí y las salchichas de Bolonia me +gustan.</p> + +<p>—Todo eso, traído al por mayor, puede obtenerse... en buenas +condiciones.</p> + +<p>—No tomaremos Champagne. Es muy caro.</p> + +<p>—Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones».</p> + +<p>No prolongaremos la relación circunstanciada de lo que hablaron aquella +noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. José se retiró +muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafín, y soñó que +estaba en la contaduría de una casa grande, donde había catorce +empleados y más de cien libros. Ingresos y gastos ascendían a millones; +pero todo iba al pelo. Era D. José como un director de orquesta, sólo +que los músicos eran escribientes y las notas números. Resultaba una +sinfonía de orden, que mecía en embriagador arrobamiento el espíritu del +tenedor de libros.</p> + +<p>Al día siguiente, cuando Isidora se levantó, ya estaba su padrino de +vuelta de la compra. Traía el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y +mostrándoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del género.</p> + +<p>«El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de +cuentas—dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeño.—El Mayor, el +Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del +orden es una contabilidad perfecta... ¿Ves? Aquí está la langosta. Te +permito este lujo. Aquí está la carne. No compré las ciruelas. +Conténtese usted con dátiles. Tampoco he traído Champagne porque no lo +hallé en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azúcar, +que no pude comprar porque se me acabó el dinero... ¡Ah!, un mazo de +cigarros para mí.</p> + +<p>—Muy bien—dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva a +los libros de cuentas—. Todo está muy bien».</p> + +<p>Don José tuvo que salir a la calle dos veces más porque era preciso +traer garbanzos, azúcar y huevos. Después volvió a salir porque no había +sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tomó nota de +diversas cosas que se pudieran adquirir... <i>en buenas condiciones</i>.</p> + +<p>Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tenía +una vida tan arreglada y económica, Isidora fue a vestir a <i>Riquín</i> y a +endulzar con él la tristeza que no podía vencer. Más tarde se bañó, +costumbre a que no podía renunciar. La peinadora vino luego y se +distrajo con ella un rato. Érale difícil adquirir el hábito de peinarse +por sí misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de +ocupación que más le convendría; pero sus grandes cavilaciones no +llevaron luz ninguna a la confusión y perplejidad que en su mente +reinaba.</p> + +<p>En tanto D. José se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las +cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apuntó +gastos e ingresos, sin olvidar lo más mínimo; <i>cargó y abonó</i>; dibujó +preciosos números, tiró líneas con regla, hizo cuentas de <i>varios a +varios</i>, de <i>imprevistos</i>, de <i>suplidos</i> y de <i>deudores varios</i>. En +esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los +cigarros que con el dinero de Isidora se había comprado.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IIIa" id="Capitulo_IIIa"></a>Capítulo III</h3> + +<p class="head">Entreacto con la Iglesia</p> + + +<p>Un mes no completo había transcurrido de esta vida honrada y económica, +sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qué profesión, arte u oficio +había de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de +D. José, ya repletos de números, no contenían más que partidas fallidas, +y daba dolor ver en sus garabateadas páginas el triste papel que hacían +los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe.</p> + +<p>Veamos cómo pasaba el tiempo la dueña de la casa. Entre bañarse, +peinarse, vestir y arreglar a <i>Riquín</i>, se le iba la mañana. Por la +tarde, si no tenía que ir a casa del procurador, solía matar el fastidio +en las iglesias, de donde resultó que en aquel periodo oyó más sermones +y rezó más novenas que en el resto de su vida. Distraíase con estas +superficiales devociones, y aun llegó a figurarse que se había +perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su +niñez, y se deleitaba con las formas de religión, por pura novelería. +Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo +dentro de la Iglesia. Más que el sermón ampuloso, más que el brillo del +altar, más que la poesía del templo y las imágenes expresivas, la +cautivaba el señorío que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando +había novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia, +de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su +pecho la cinta de la cofradía, Isidora no faltaba, y desde el rincón de +una capilla observaba todo con interés profundo, más atenta a las +Magdalenas que venían con el bálsamo que a Jesús mismo. Causábale +admiración y envidia la señora del petitorio, que no cesaba de +repiquetear con una moneda en la bandeja de plata.</p> + +<p>Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para +mirar a las niñas y ser de ellas mirados. Había sonsonete de rezos y +rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de +lujo en la calle, no permitían oír con claridad el sermón. ¿Pero qué le +importaba a Isidora el sermón, aunque saliera de labios elocuentes? Lo +que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel +santo varón que no cabía en el púlpito, sino el aspecto y brillo del +público, de aquel público que, si hubiera revisteros de iglesia, sería +<i>distinguido</i>, <i>elegante</i> y <i>numeroso</i>, como el de los teatros. ¡Oh! +¡Dios de mi vida! ¡Qué injusticia tan grande! La pobre señorita Isidora +no debía verse olvidada en un rincón, al lado de cuatro viejas rezonas, +sino en la gran nave, donde luciera como merecía, o pidiendo en la mesa +de petitorio entre dos velas. ¡Qué bien repicaría ella en la bandeja, y +que maña se daría para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros! +La belleza de las postulantes aguza la caridad.</p> + +<p>Una tarde notó que un señor la miraba con insistencia. Sus ojos, +distraídos de cuanto en la iglesia había, pasaban por delante del orador +(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo +de la capilla donde ponerse solía. A la tarde siguiente observó que +aquel señor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy +guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la +cofradía, y que él se quedaba entre la masa de hombres. Seguía +mirándola, y ella le miraba alguna vez sin otro móvil que el de la +curiosidad. El caballero, en verdad, no tenía nada de simpático; era muy +descarado, bastante feo, morenísimo, de edad entre los cuarenta y cinco +y los cincuenta. Mientras Isidora hacía estas y otras observaciones, +notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por +los caballeretes, y que ellas solían mirarlos también con afectada +distracción, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos +dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecería una +gran tela de araña. ¡Mísera humanidad!</p> + +<p>Tercera tarde. Cuando Isidora salió, ya anochecido, vio en la puerta al +señor mirón. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresuró +la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen +desempeño de su cargo, se creyó en el deber de manifestarle seriamente +el horroroso déficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe, +encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un piélago +tempestuoso donde naufragaba el frágil esquife del Haber. ¡Oh! ¡Fugaz +curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no +era más que humo. No sólo se había concluido el dinero, sino que se +debía a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda +venían todos los días a dar tormento con su grosero pedir. Don José los +recibía con bondadosa sonrisa, les enseñaba los libros de cuentas por el +forro, y les decía: «No hay cuidado, señores; estamos esperando fondos, +y ya no pueden tardar».</p> + +<p>Isidora padecía horriblemente con este género de vida, pues su carácter, +su nobleza, no se avenían con las trampas. Gastar mucho, sí, pero pagar +sin dilación era su ideal. Había llegado a carecer de lo más preciso. La +limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crédito, apurado ya, +faltaba. ¡Qué habría sido de ella si sobre estos horrores no apareciera +un sol de vida y esperanza! ¡Ganar el pleito! La idea de un triunfo +próximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el +procurador le decía que había tarea para mucho tiempo, su +descorazonamiento rayaba en desesperación. En su casa se entretenía con +el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., ¿pero en qué? +Convencíase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la +puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los +tormentos de zozobra y vergüenza seguían horas y noches enteras de +tristeza y desaliento. El nuevo día llegaba acompañado de la escasez, de +la privación, de la miseria...</p> + +<p>No se sabe cómo se puso al habla con Isidora el señor mirón; pero es +indudable que se puso. Manifestó el caballero que conocía los +antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se +presentó con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad +desvalida. ¡Era tan rico!... ¡Pero tan antipático!...</p> + +<p>¡Pobrecito D. José! Ahora sí que eres el más infeliz de los hombres. No +sólo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de +patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la +casa de tu ahijada. ¡Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen +fieras... José, eres un mártir.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IVa" id="Capitulo_IVa"></a>Capítulo IV</h3> + +<p class="head">A o b... Palante</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano +hizo la vida de señorito holgazán, rebelde al estudio, duro al trabajo, +blando a la disipación y al juego. Su precocidad para dar gusto a los +sentidos revelaba que había de ser muy menguada en él la vida del +espíritu. Diríase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin +ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvarío; pues si ella +vivía de una aspiración insensata a las cosas altas, poniendo, como dice +San Agustín, su nido en las estrellas, él se inclinaba por instinto a +las cosas groseras y bajas. Recibía gusto especial del desaliño, y +recogía con lamentable asimilación todas las palabras necias y bárbaras +para darse, usándolas desvergonzadamente, aires de matón. Pronto +comprendió Isidora que su hermano no sería nunca persona decente, y que +no había bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al +principio podía dominarle, valiéndose del amor, más tarde el amor de +Mariano se enfrió; con el cariño huyó el respeto, y ya no fue posible +contener la impetuosa inclinación del muchacho a la vida vagabunda y +aborrecimiento del estudio. Pasado algún tiempo de luchas, empezó a +tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde +suena un lenguaje soez sólo puede haber malas acciones y pensamientos +poco delicados. Donde cantan las ranas, ¿qué ha de haber sino charcos y +cieno?</p> + +<p>Cuando <i>Pecado</i> curó de las heridas que le hizo el novillo de Getafe, +Isidora se armó de valor, echole un sermón, y le dijo muy clarito que no +volvería a tener un cuarto si él mismo no lo ganaba. Quedó, pues, +convencido que aprendería un oficio; pero hasta en aquella ocasión +excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos +aristocráticos, porque no consintió que su hermano fuera zapatero, ni +albañil, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo +sobre a cuál industria le dedicaría, vino en determinar que sería +grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan +las publicaciones ilustradas y de las magníficas reproducciones de los +Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita +fingir parentescos con el arte.</p> + +<p>Buscando por ahí, buscando por acá, no se hallaban otros talleres que +los de litografía. Miquis tomó con empeño el asunto, y habló al cuñado +de Matías Alonso, un tal Juan Bou, que se había establecido +recientemente, y tenía, entre otras cualidades, la de ser muy severo con +sus oficiales. Consintió Bou en admitir a Mariano, de cuyas +inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y +sacara de él, si era posible, un obrero hábil y laborioso.</p> + +<p>Juan Bou era un barcelonés duro y atlético, de más de cuarenta años, +dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que +distinguen al pueblo catalán; saludable como un toro, según su propia +expresión; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en +copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto áspero pelo dos +ojos desiguales, el uno vivísimo, dotado de un ligero movimiento +rotatorio, el otro fijo y sin brillo; más abajo, y puesta como al acaso, +una nariz ciclópea; más arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo +algunos golpes de escoplo para ser como las demás frentes humanas; ítem, +una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, según decía, del <i>beso de +una bala</i>...</p> + +<p>Podía pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y +también por bandido de las leyendas. Tenía en sus extremidades altas dos +manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la +tosquedad de aquellas manazas creería que eran delicadísimas para el +dibujo. Su estructura basta las hacía más propias para la maroma de la +vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una +fragua, y siempre tenía tos; pero una tos tan bronca y sofocante que, +cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo +encendido; creeríase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba +fuera, mientras el apagado se escondía en lo más hondo de la órbita.</p> + +<p>Tenía dos géneros de fanatismo: el del trabajo, pues no podía estar +inactivo, y el de la política. Deliraba por los derechos del pueblo, las +preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta +palabra ¡pueblo! una serie de teorías a cuál más extravagantes. +Realmente estas teorías no eran suyas. Una generación se había embobado +con ellas, mirándolas como pan bendito. Pero Juan Bou las había +sublimado en su mente indocta, convirtiéndolas en una fórmula de brutal +egoísmo. Según él, muchos miembros importantes del organismo social no +tenían derecho a ser comprendidos dentro de esa designación sublime y +redentora: ¡el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de +callos, no éramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los +comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una +tiranía, y de aquella tiranía nació el obrero—sol: Juan Bou, que decía: +«El pueblo soy yo».</p> + +<p>En Barcelona había logrado fundar un buen establecimiento de litografía. +Pero sus economías y el establecimiento mismo naufragaron por las +liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se +había casado. Su señora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del +país, como vosotros los que esto leéis. ¡Quién le metería en la cabeza a +Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De +semejante vampiro, ¿qué podía nacer sino una hembra disipadora, +antojadiza, levantada de cascos? Enviudó Juan al fin, y para rehacer su +peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento +del 68, encendiose el ánimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de +discreto charlatán; creyó que el mundo se iba a volver del revés, y que +la sociedad alteraría sus elementos inmortales; vio la eterna columna +con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imaginó +que de allí en adelante se andaría con la cabeza y se pensaría con los +pies; y llevado de estas ideas, tomó parte en todos los motines, trabajó +en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, moró en +calabozos y arrastró durante algún tiempo vida penosa y miserable.</p> + +<p>Cuando los acontecimientos políticos le dieron respiro, vino a +establecerse a Madrid, donde vivía su hermana, casada con el conserje de +la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros +acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cayó enfermo, +tuvo que abandonar las luchas políticas, y en octubre del 73 estaba +definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su superstición +redentorista.</p> + +<p>Oyéndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. Él no era sólo un +apóstol, era un mártir. La fama no tenía trompetas ni figles bastantes +para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las +celebridades del partido liberal no habían hecho nada... ¡Farsa, pura +farsa! Él lo había hecho todo, y su gran vanidad no conocía freno cuando +daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo sabía. Éranle familiares +cosas y personas, y fácilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos +tenían el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas +de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Después +venían los decretos, todos de <i>Artículo único</i>. ¡Si sabría él lo que +tenía que hacer, un hombre que había leído tanto, un hombre que arrastró +grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... Así como el +soldado muestra sus heridas, él mostraba la huella de las esposas en sus +manos... ¡Había comido ratas! ¿Qué más títulos necesitaba para gobernar +el mundo?</p> + +<p>Sus primeros años de trabajo en Madrid fueron muy felices, y ganó +bastante dinero. Entonces había algo de renacimiento industrial, y +empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles +con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares +de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos +de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fósforos. ¡Qué +iniciativa la suya! Fue el primero que imaginó hacer en gran escala las +cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que él nadie +había hecho el siguiente cálculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que +son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo +que haya 70.000 que renueven el papel tan sólo una vez al mes, poniendo +sólo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras +se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales. +Ensayó, y bien pronto las cacharrerías todas de Madrid expendían papel +picado, que en comparación del antiguo era un modelo de elegancia, pues +tenía figuras de majas, toreros y tipos populares.</p> + +<p>El único vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotería. No +había extracción en que no comprase su par de décimos. Era para él este +juego nacional una forma hipócrita de la administración socialista. +Tenía muy mala suerte; pero no desmayaba, y sabía escoger siempre los +números más bonitos. Con todo, no había tenido más ganancias que las de +su trabajo. Así, desde que sacó adelante el negocio de las cenefas, +estableciose en la calle de Juanelo, donde tenía un taller grande, +aunque incómodo. Compró algunas piedras más de gran tamaño, una hermosa +máquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de +reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo +que algo de imprenta no venía mal como auxilio de la litografía, +adquirió cajas y máquinas, y se quedó con todas las existencias de una +casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de +planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan. +Montó también esta especulación en gran escala, y los ciegos pudieron +comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las +cacharrerías, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores +ambulantes se surtían por muy poco dinero de aleluyas del antiguo +repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o españoles, moros +o cristianos.</p> + +<p>El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas +piezas, que se habían ido agregando poco a poco, según las necesidades +de ensanche lo pedían. Ocupaba la imprenta destinada a romances y +aleluyas la peor y más lóbrega parte. Todo allí era viejo, primitivo y +mohoso. La máquina, sonando como una desgranadora de maíz, tenía +quejidos de herido y convulsiones de epiléptico. Consagrada durante seis +años a tirar un periódico rojo, subsistía en ella un resto, un dejo de +la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus +rodillos y su tambor. Las cajas, donde yacía en pedazos de plomo el caos +de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta. +Habían servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el +aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La +horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo podía cortar un +librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ángulo más +sombrío de la sucia estancia, que más parecía una bodega o sótano que +taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad, +vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se +podría sospechar que el tal Arte había sido encarcelado allí para expiar +las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje. +Primero le había puesto Juan Bou a copiar dibujos fáciles con tinta +autógrafa; pero mostró tan escasa disposición para esto, que le confirmó +a la imprenta, mandándole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas, +sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente +por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le +cogió miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta convicción de que +la obediencia y el trabajo le convenían por el momento más que la +holganza y la maldad. En poco tiempo adquirió alguna destreza, al amparo +de un cajista viejo casi inválido y de un chico listísimo, a quien años +atrás conocimos y conoció mejor Mariano con el nombre de <i>Majito</i>. Este +ganaba cuatro reales, y <i>Pecado</i> tan sólo dos; pero aquella honrada +ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legítimo +orgullo, el cual bien podía con el tiempo, ser base sobre que se +construyera la dignidad de que carecía.</p> + +<p>El rigor del castigo y la obligación de ocuparse en un ejercicio +sedentario y monótono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a +Mariano taciturno; palideció su rostro y adelgazó su cuerpo. A los +cuatro meses ya componía él solo, si no con ligereza, con exactitud, las +leyendas de las aleluyas, que eran en número fabuloso. Se las sabía +todas de memoria y le bastaba ver la tosca viñeta para adivinar y +componer en seguida los pareados. Él y su compañero <i>el Majito</i> se +disparaban a cada instante los versillos, aplicándolos a cualquier idea +o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita +de la <i>Vida del hombre flaco</i>, a saber: <i>El verlo en paños +menores—causaba risa, señores</i>, como aquella de la <i>Vida de don +Espadón</i>, que dice: <i>Todo el día está bailando—y a su dama acariciando.</i> +El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una especie de proceso +psicológico que enlaza el bostezo con el arte, a poner en música los +tales pareados, y cuando <i>el Majito</i> cantaba los de la <i>Procesión del +Viernes Santo</i>, que dicen: <i>Muchos niños en seguida—van con velita +encendida</i>, le contestaba <i>Pecado</i>: <i>Delante van con decencia—los de la +Beneficencia.</i></p> + +<p>También sabían de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de +matones, guapezas, robos, asesinatos, anécdotas del patíbulo.</p> + +<p>Cuando Mariano ganó tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus +progresos, atendió sus reclamaciones. El muchacho aborrecía la caja. +Quería trabajar en litografía; pero como no tenía aptitud ni pulso para +el dibujo, quiso ser estampador. Púsose a ello, ayudando al oficial de +la prensa y máquina, y bien pronto conoció Bou que Mariano había +escogido bien. Aprendió a manejar con habilidad el ácido y la grasa, y +también sabía marcar con precisión. La máquina gustaba tanto a <i>Pecado</i>, +que siempre que podía no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus +ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y +coyunturas un sudor negro y craso, sentía que se le comunicaba el +vértigo de ella, y por momentos se suponía también compuesto de piezas +de hierro que marchaban a su objeto con la precisión fatal de la +Mecánica.</p> + +<p>A pesar de sus baladronadas políticas y de su aspecto feroz, Juan Bou, +el <i>ursus spelæus</i>, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un +buenazo, un alma de Dios. Tenía corazón tierno, bondadoso y sensible, y +no podía ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba +picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se comía a los +niños crudos, cuando le volvía el buen humor su dicción se fluidificaba, +adornándose con toda la hojarasca de la fanfarronería. Conversaba +familiarmente con los muchachos, mostrándoles, ya la expresión seductora +de sus sabidurías políticas, ya los dramáticos pasajes de su historia de +mártir.</p> + +<p>Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis +reales, era, ¡cosa rara!, el oficial con quien más simpatizaba Juan Bou. +¿Había entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe +bien. No se sabe tampoco cuál de estas dos cosas engendra la simpatía. +Conste, sin embargo, que también Mariano era fanfarrón, y que en el +trato de seis meses con Bou se le había comunicado la idolatría del ente +Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del país, <i>que chupan la sangre del +obrero</i>, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en +las manos, Mariano creía aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que +hacía era envidiarlos, pues la envidia suele usar la máscara del odio.</p> + +<p>En el fondo de su alma, <i>Pecado</i> anhelaba ser también sanguijuela y +chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se +desvivía por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y +por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distinguía +radicalmente de su maestro, amantísimo del trabajo. Bou no quería galas, +ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quería era que todos +fuésemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en +la mano; que no hubiera más que talleres y se cerraran los lugares de +holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera más que jornales; +que cada cual no fuera propietario nada más que de la cuchara con que +había de comer la sopa nacional.</p> + +<p>En la sala donde estaba la máquina, tenía Bou su mesa de trabajo, y en +esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera +giratorio, con cuyo mecanismo él le daba vueltas como si fuera un papel. +A poca distancia veíase la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y +se hacían los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la +charla, hablaba sin ton ni son, escapándose de él el discurso y la +palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un +<i>intellectus</i> lleno de roturas. Mariano tenía en su laconismo una +brutalidad sentenciosa.</p> + +<p>«¿Que habláis ahí, muchachos?—dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel +día de bonísimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta.</p> + +<p>—Este—replicó el estampador con el sentimiento de modestia que le +inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabiduría del +maestro—, este dice que el año que viene ya no trabaja más.</p> + +<p>—Eso lo dirá la correa—manifestó Bou sonriendo y sin levantar los ojos +de la piedra—. ¿Y qué vas a comer si no trabajas?... Me parece que tú +eres de casta de sanguijuela... Y algo he oído yo. No sé quién me dijo +si eres noble o no eres noble...</p> + +<p>—Dice este—prosiguió el estampador, gozoso de que el maestro pensase +como él—que cuando su hermana gane el pleito, será caballero.</p> + +<p>—¿El pleito?... ¿Sabéis como haría yo que se ganaran de una vez todos +los pleitos?—dijo Bou, regocijándose con el efecto que sus admirables +ideas causaban en los dos muchachos—. Pues mandaría pegar fuego a todos +los archivos, a la escribanía <i>A</i> y a la escribanía <i>B</i>. Total, que no +dejaría un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que +liquidar..., ¿estáis? Hay que decir: «Hasta aquí llegó la cosa»..., y +<i>palante</i>... Yo diría a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados +y demás pillería: «¿Queréis almorzar? Pues ahí tenéis la azada, el +arado, el escoplo o lo que más os convenga. Pero con papeles no se come +aquí, señores...». ¿Que no querían? Pues hacia un estanque de tinta, los +ahogaba en él..., y <i>palante</i>.</p> + +<p>—Dice este—repitió el oficial, que se pirraba por delatar los disparates +de su amigo—que todos no son iguales y que él está ya cargado de ser +pobre.</p> + +<p>—No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del trabajo—afirmó +Juan Bou incorporándose y dejando ver el esplendor lumínico de su ojo +rotatorio, que parecía una rueda de fuegos artificiales—. ¡Pobre!¿Qué +ere decir esto? Es una necedad, una... lucubración contraria a los +grandes principios. ¿Tienes satisfechas tus necesidades? Sí. ¿Tienes +hambre? No. ¿Estás vestido? Sí. Pues eres tan rico como el duque <i>A</i> o +el conde <i>B</i>, o quizá más».</p> + +<p>Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco +Aurelio le ponía, pasó por gradación suave a otro más acentuado, más +enérgico, si bien no más elocuente, diciendo:</p> + +<p>«Todo lo demás es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su +sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares +amasados con las lágrimas del pobre. Ved esos que andan por ahí, toda +esa chuma de esos señores y holgazanes. ¿De qué viven? De nuestro +trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta, +ellos no hacen más que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros +llenos de bobadas... Comparémonos ahora. Nosotros somos las abejas, +ellos los zánganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la +comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lástima, +como a los perros... Pero todo se andará, tunantes, todo se andará; +vendrá la cosa y haremos cuentas, sí, la gran cuenta, el Juicio Final de +la humanidad. ¡Oh, pillos!, también nosotros tenemos nuestro valle de +Josafat. Allí se os aguarda. Allí estaremos. Con un pedazo de lápiz +tamaño así, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es +la liquidación fácil, porque es la última... y <i>palante</i>».</p> + +<p>Mariano y su colega le oían absortos.</p> + +<p>«Dice este—continuó el estampador, incansable en la denuncia—que él ha +de poder poco o ha de soltar pronto la blusa.</p> + +<p>—Vamos a ver—manifestó el maestro volviendo a su trabajo—; explícanos lo +que tú piensas... ¿A qué aspiras tú? ¿Qué deseas tú?</p> + +<p>—¿Yo?—dijo Mariano con terrible laconismo—. Tener dinero.</p> + +<p>—¡Tener dinero! El dinero es una fórmula, un medio de cambio—declaró con +olímpica suficiencia Juan Bou—. ¿Y si llega un día en que no haya +dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor +dicho, el servicio <i>A</i> y el servicio <i>B</i> se cambien directamente sin +necesidad de ese intermediario?</p> + +<p>—Chúpate esa—dijo por lo bajo el estampador a compañero.</p> + +<p>—Sí, se suprimirá el dinero, que no sirve más que para negocios +indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarán suprimidos los +ladrones... y <i>palante</i>».</p> + +<p>Ambos abrieron medio palmo de boca.</p> + +<p>«Pero el dinero—se aventuró a decir Mariano—no se ha de quitar hoy ni +mañana...</p> + +<p>—Quién sabe... La cosa está mal. Dicen que esto se va. Me escriben de +Barcelona que se está trabajando...</p> + +<p>—El dinero no se suprime—afirmó <i>Pecado</i> rebelándose tenazmente contra +la incontrovertible sabiduría del maestro.</p> + +<p>—Hombre, que sí.</p> + +<p>—Pues yo quiero ser rico.</p> + +<p>—¡Ser rico! ¿Y qué es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional, +acémila. Hay por ahí unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo, +lo que es de todos, del común, y el día en que se diga: «Ea, bastante ha +durado la mamancia...», va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros +diremos: «A ver, señor duque de Tal, ¿de dónde sacó usted las tierras +<i>A</i> y las dehesas <i>B</i>? Señor banquero Cuál, ¿de dónde sacó usted los +millones <i>A</i> y <i>B</i> que tiene en el Banco?».—«Hombre, dirán ellos, pues +yo...».—«Valientes pillos están ustedes, acaparadores, por no decir otra +cosa...». Conque ya ves. No habrá entonces dinero, ni Banco, ni Bolsa; +no habrá más que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito un +jamón, el comestible <i>A</i> o el comestible <i>B</i>: me voy a la tienda, y me +encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ahí va, y +venga. El sastre hará pantalones al zapatero, y el zapatero le hará +zapatos al sastre. Es un organismo sencillísimo, brutos. Vosotros no +habéis estudiado la cosa, no habéis trabajado por la cosa, no habéis +estado en calabozos, no habéis comido ratas desabridas... Se trata de un +organismo; ¿sabéis lo que es un organismo?».</p> + +<p>Ambos callaron. Creían que se trataba de un organillo; pero no se +atrevían a decirlo.</p> + +<p>«Este dice también—añadió el denunciador sin poder contener la risa—que +quiere ser célebre.</p> + +<p>—¡Célebre! Ta, ta, ta—exclamó Juan Bou, radiante, al considerar el +triunfo que a su oratoria se preparaba—. ¿Conque célebre y todo..., es +decir, hombre grande? ¡Valiente papamoscas! ¿Y qué entiendes tú por +celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman +poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no +han hecho más que matar gente. Los otros han engañado y extraviado a la +humanidad, contándola mil mentiras y embelecos. Cógeme a tal o cual +guerrero, al poeta <i>A</i> o al prosista <i>B</i>. ¿Qué han hecho por el pueblo? +Nada. Su celebridad se acabará también, porque se suprimirá la Historia. +Se hará una Historia nueva, en que no figuren más que los que han +inventado una máquina o perfeccionado la herramienta <i>A</i> o <i>B</i>. Esos sí, +esos sí que tendrán estatuas.</p> + +<p>—¿Y quién... va a hacer las estatuas?—preguntó con gran viveza de +pensamiento Mariano.</p> + +<p>—Toma—dijo Bou, reponiéndose después de desconcertarse un poco—, los +escultores. Habrá escultores que harán las estatuas de los obreros +célebres, de los padres de la patria, y se les pagará con comestibles, +mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si tú quieres ser +célebre inventando la dirección de los globos, o cosa así, entonces nada +te digo. Por ahí, por ahí... Pero no envidies a los personajes del día, +a esas sanguijuelas del pueblo. Mira tú qué tipos. ¿Prim?, un tunante. +¿O'Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olózaga, Castelar, +Sagasta, Cánovas. Parlanchines todos. ¿Y ese Thiers de Francia? Otro que +tal. Cuando toquen a barrer, veréis cómo queda esto... Nada, nada; +aplícate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes, +comerás y vestirás con tu trabajo. Toma y daca... y <i>palante</i>.</p> + +<p>—Pero este dice que quiere ser célebre, aunque para ello tenga que hacer +una barbaridad.</p> + +<p>—Hombre, hombre, ¿tú quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo, +hombre, dalo. No te faltará ocasión, cuando se grite «abajo la tiranía», +pórtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como +dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que mañana +quizá se mire como una gran acción. Nada, hombre...<i>palante</i>, +<i>palantito</i>...».</p> + +<p>Siguió hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de +audaces juicios, que los muchachos le oían como si fuera una sibila.</p> + +<p>«Lo que yo quiero es moneda—volvió a decir Mariano con rudeza concisa.</p> + +<p>—¡Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como tú el célebre +Erostrato.</p> + +<p>—¿Quién?</p> + +<p>—Uno que pegó fuego—dijo Bou reventando de erudición—a un templo... no +sé si de Babilonia, de Venecia o de dónde.</p> + +<p>—¿Y sacó dinero?</p> + +<p>—Vuelta con el dinero.</p> + +<p>—Con dinero se tiene todo.</p> + +<p>—Y tú quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de +esos pillos, lo mismo que la sanguijuela <i>A</i> o la sanguijuela <i>B</i>.</p> + +<p>Mariano gruñía, dando a conocer, con bárbaro modo, su ardiente anhelo de +ser sanguijuela.</p> + +<p>«Ea, bastante se ha charlado—dijo el maestro echando un vistazo a la +prensa—.<i>Palante</i>... Sacadme esos reportes ahora mismo».</p> + +<p>Y siguió un silencio sólo turbado por los rumores de la actividad +taciturna. Oíase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo +negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que +aunque buen catalán tenía un oído infernal, destrozaba entre dientes <i>La +Marsellesa</i>, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Después +escupía unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco +rato. Se había contagiado de la afición de sus aprendices a cantorrear +los pareados de las aleluyas, y así, sin pensarlo, cantaba con la música +de Rouget de L'Isle estos versos: <i>Muchos niños pequeñitos—van vestidos +de angelitos</i>.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_Va" id="Capitulo_Va"></a>Capítulo V</h3> + +<p class="head">Entreacto en el café</p> + + +<p>Mariano pasó algún tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna +digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empezó a +fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se +pasaba horas y más horas en el café del Sur. Por el afán de aumentar su +peculio había contraído el vicio del juego, frecuentando innobles +garitos, o agregándose a los nefandos círculos que al aire libre, en las +puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se +aturdía y perdía casi siempre. Cuando ganaba se permitía lujos +desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las +funciones desde la primera a la última, convidarse a chuletas con tomate +en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y +costureras, donde danzaba y hacía conquistas. Cuando las ganancias +habían sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba +trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando +por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para +que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase +superior fuese más completa, tenía sus pequeñas deudas con el mozo del +café y con los amigos.</p> + +<p>Ya faltase todo el día al taller de Bou, ya asistiese puntualmente, +nunca dejaba de ir al café del Sur. A veces no estaba más que un rato, a +veces cuatro o cinco horas. Se le veía solo, en blusa azul y gorra, con +los codos sobre la mesa, el vaso de café delante y en la boca un puro de +a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estúpida somnolencia.</p> + +<p>¿Pero quién es aquel señor que abre la puerta del café y esparce su +vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano +viene hacia él, y se le sienta enfrente? ¿Quién ha de ser sino el +bendito D. José? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas +que está pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados +de cierta melancolía de funeral; ved también sus mejillas, antes +competidoras de las rosas y claveles, ahora pálidas y surcadas de +arrugas. ¿Qué le pasa? Él nos lo dirá. Durante algún tiempo su único +consuelo ha sido agregarse a Mariano en el café del Sur y frente a él +exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antaño; y así +como las ovejas (dicho está por los poetas) se olvidaban de pacer para +escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar +el café por atender a lo que D. José le refería.</p> + +<p>«Hoy tampoco la he podido ver—dijo aquel día (abril de 1876)—. Ese Sr. +Botín es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al +balcón... Te digo que me gustaría que el señor Botín y yo nos viéramos +un día las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo +padre, y debo velar por ella... ¡Luego el pobre <i>Riquín</i> estará tan +solo, extrañará tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como +antes!... Porque has de saber que <i>Riquín</i> no quiere a nadie más que a +mí; me quiere más que a su propia madre. Lo que es a Botín no le puede +ver».</p> + +<p>Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el +regocijo de la venganza. ¡<i>Riquín</i> no quería al otro! ¡Oh placer de los +dioses!</p> + +<p>«Mi hermana tiene la culpa—dijo Mariano—. Ese tío Botín es una fiera. +¿Por qué no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de +aquellas cosas que pasan, ¡puño!... Él es rico; ella se ve mal... Si +trabajara como yo, viviría como es debido... De consiguiente, yo no +pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no +volviera. De consiguiente, ese Botín no quiere que ni yo, ni usted, ni +mi tía Encarnación vayamos allá. No quiere estorbos. Yo no voy, porque +suponga usted que nos encontramos Botín y yo, hablamos, y sin saber +cómo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reñimos. Total, que me +hago cuenta de que no tengo tal hermana.</p> + +<p>—Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella quisiera—indicó +Relimpio embuchándose el café, mientras el otro se rompía las mandíbulas +para sacar humo del duro cigarro—Pero quia, quia. Tiene que valerse de +mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses de esta vida y no sé +cómo aguanta. ¿Al teatro? Que si quieres... Los domingos la hace ir a +misa, y aquí paz... Dicen que ese señor es mojigato.</p> + +<p>—Es rico—afirmó Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que +empleaba siempre para expresar aquella idea.</p> + +<p>—Riquísimo. Gana millones. Si le dejan se come a España en menos que pía +un pollo. ¿Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una +persona decente, le escribiría un anónimo a su señora contándole los +devaneos... Pero no está en mi sangre, no. La señora de Botín es condesa +o baronesa; él es conde o barón consorte, ¿te enteras? Ella es, según +dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar +un hospital.</p> + +<p>—Sanguijuelas del país y del pobre que trabaja, ¡repuño!... Ellos gastan +lo nuestro... Pero ya, ya verán, ¡puño! El mejor día... de aquellas +cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y <i>palante</i>... Ahora nos toca +a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta como es +debido.</p> + +<p>—Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue +D. Amadeo, ¡y aquel sí era persona decente!, esto está perdido. Es +verdad que se acabó la guerra; pero ¿cómo se acabó? A fuerza de dinero. +Esta gente es atroz. Aquí no hay administración, ni se llevan los libros +de cuentas del Estado como manda la Teneduría. Mira tú; mientras no se +suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no +sé cómo no se les ocurren estas cosas... Señor, que no podemos con la +Hacienda, que hay déficit. ¿Pues qué más tiene usted que quitar tanto +empleado vagabundo?... Señor, que la política... Pues fuera política... +Si quisieran, todo lo arreglarían bien. Con ir dejando a un lado a los +piratas y colocando a la gente honrada... Mira tú, es bien fácil. A +ver... ¿D. Fulano es un hombre honrado? Sí señor. Pues venga acá. ¿Y D. +Zutano? También. Venga. Ea, ya me tienes la Administración arreglada. Yo +sé que los tunantes chillarían; pero que chillaran hasta reventar».</p> + +<p>Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volvía D. José a la +monotonía de sus lamentos pastoriles. Durante varios días repitió las +mismas cosas... La había visto un momento... Estaba desmejorada y +triste... <i>Riquín</i> tampoco era feliz... En mayo añadió a tan enfadosos +temas uno que era más agradable a la concupiscencia de Mariano.</p> + +<p>«¿Sabes—le dijo—que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio? Llegó +aquí el mes pasado. Por cierto que me cogió desprevenido. Yo le creía en +la Habana. Pero el Capitán General le quitó el destino a los veinte días +de haber tomado posesión de él y me lo embarcó para la Península... +Intrigas políticas... envidias y miserias.</p> + +<p>—De aquellas cosas que pasan...—murmuró Mariano, demostrando +perspicacia—. Don Melchor tendría las uñas un poco largas; de +consiguiente...</p> + +<p>—Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez.</p> + +<p>—Sí; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse allí entre tanto +dinero..., de consiguiente...</p> + +<p>—Hombre, no.</p> + +<p>—Total, que se volvió para acá sin un real.</p> + +<p>—No tanto. Algo ha traído... Pues te contaré el negocio, que es grande, +tremendo. Es un secreto que ha descubierto.</p> + +<p>—¡Un secreto!... Y lo guardará... como es debido.</p> + +<p>—No, lo pone a disposición de todo el mundo. Ha hecho unos prospectitos, +¿sabes? Luego ha puesto un anuncio en los periódicos, diciendo que el +que quiera saber el secreto del negocio mande veinte reales en sellos. +Ajajá. No puedes figurarte los sellos que han entrado en casa. Pero ya +se va cansando la gente y vienen pocas cartas.</p> + +<p>—¿Pero el secreto...?</p> + +<p>—No sé cuál es.</p> + +<p>—¿Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal +secreto...?</p> + +<p>—Yo no sé... Desde que tomó la casa en la calle de los Abades, donde +vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artículos en un periódico. La +ha tomado con las compañías de ferrocarriles y otras empresas gordas, y, +¡si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las +está matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas útiles, +por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso sí, +yo creo que si esto se dice un día y otro día, al fin hemos de lograrlo. +Y si no, guerra, guerra con los ingleses. ¡Ah! ¿No hicimos lo del +Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contaré, pues lo sé como si lo +hubiera visto».</p> + +<p>Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante capítulo de +Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba más su +espíritu, adormeciéndole en cálculos voluptuosos y combinaciones de +riquezas y placeres.</p> + +<p>Algunos días después, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D. +José.</p> + +<p>«Ayer—dijo—estuvo D. Melchor hablando más de dos horas con Juan Bou. Ha +inventado una rifa para los pobres. Está unido con otros señores, y de +consiguiente, tiene autorización del Gobierno, como es debido. +¡Recontrapuño, qué negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte.</p> + +<p>—Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad. Es +una idea humanitaria. Ya no habrá más pobres por las calles... Volviendo +a lo mismo, Marianín, te diré que la vi ayer en misa. Por la tarde fui a +sacar al niño a paseo. ¡Ah!¿No sabes? Lo del pleito va bien. Hombre, si +te veremos al fin...».</p> + +<p>Mariano se desperezó y después que hubo estirado bien sus extremidades, +descargó el puño sobre la mesa, diciendo:</p> + +<p>«¡Maldita sea la Biblia!».</p> + +<p>Isidora, que vivía en la calle de las Huertas, salía con frecuencia al +balcón, y si veía a su padrino paseándose de arriba abajo y echando con +disimulo un vistazo al piso segundo, sentía pena y lástima. Unas veces +le hacía señales de que entrase, otras de que no entrase, y D. José +obedecía con humildad. Llamole un día con agraciado gesto, desde dentro, +alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal. +Relimpio subió.</p> + +<p>¡Cómo le palpitaba el corazón! Entró, cogió en sus brazos al niño, diole +mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con él, entró en la +sala. Isidora vestía una bata azul de corte elegantísimo. Acababa de +peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber +quién era, podría dudar que pertenecía a la clase más elevada de la +sociedad. Contemplola D. José, más que con amor, con veneración, con +fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco faltó para que +se la hincara delante.</p> + +<p>«Estás, estás...—le dijo turbado por la emoción—, que pareces una +diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... ¡<i>Riquín</i>!, hijo +mío, sol, dame más besos... ¡Bendita sea tu madre!».</p> + +<p>Mucho se alegraba también Isidora de ver a su padrino; pero un asunto +urgentísimo les separaría muy pronto.</p> + +<p>«¿No viene hoy ese bruto?—dijo Relimpio.</p> + +<p>—No; hoy habla en el Congreso.</p> + +<p>—¿De modo que me estaré aquí hasta anochecida?</p> + +<p>—No, porque tengo que hacer, tengo que salir...».</p> + +<p>¡Don José puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron +como la llama de la exhausta lámpara colgada delante del santo.</p> + +<p>«Tengo que hacer—dijo Isidora, sacando una carta—. Y usted me va a hacer +el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaquín».</p> + +<p>Don José dio un gran suspiro. Puso la cara más desconsolada y agoniosa +del mundo, la cara que pondría toda persona a quien se obligara a beber +un vaso de vinagre.</p> + +<p>«¿De veras que no estás hoy en casa?</p> + +<p>—No. Si usted quiere, puede venir a jugar con <i>Riquín</i>.</p> + +<p>—Le sacaré a paseo. Está bueno el día. ¿Qué te parece?</p> + +<p>—Muy bien.</p> + +<p>—Pues voy, voy a hacer tu encargo»—murmuró el viejo, consolándole la +idea de pasear al niño.</p> + +<p>Isidora salió. Su traje realizaba el difícil prodigio, no a todas +concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era +selecto, nada chillón, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y +en sus maneras la más clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por +dondequiera que iba hacía sombra de blasones. Y sin embargo, por +desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban sabían +que no era una <i>lady</i>.</p> + +<p>¡Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el +pensamiento y por las acciones, ¿qué era?... La sentencia es difícil.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VIa" id="Capitulo_VIa"></a>Capítulo VI</h3> + +<p class="head">Escena vigésimaquinta</p> + +<p class="c"><b>Aposento no muy grande, cómodo, bien amueblado y a media luz</b></p> + +<p class="c"><b>ISIDORA Y JOAQUÍN</b></p> + + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con admiración)</b> ¡Pero qué guapa estás, o mejor dicho, qué +hermosa eres!... Joya digna de un rey, ¿por qué estás condenada a +encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posición mediana, obsura y +equívoca? ¡Tremendas ironías del destino! Fíate de que el nacimiento y +el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo +traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te +entristezcas. Hoy es día de alegría y juntos los dos aquí olvidaremos +todas nuestras penas... Cada día me es más difícil vivir sin ti.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con coquetería)</b> ¡Embustero!... Me quieres cuando me +necesitas, cuando eres desgraciado. ¡Desde que prosperas un poco, +¡adiós!, ya no te acuerdas de mí! Yo no debía hacerte caso; pero mi +debilidad es más fuerte que mi fortaleza, ¿entiendes?... ¿Quién no tiene +un castigo en el mundo? Mi castigo eres tú. En vez de darme enfermedades +o de volverme fea, Dios me ha dicho: «Quiérele»; y ya ves, te quiero y +padezco. El corazón me dice que será constante. Te amaré siempre, +mientras viva. Mi corazón es de una pieza. No puede amar sino a uno +solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mío, me hastían; +les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que +viniere, a mi amor me atengo. No sé cómo hay mujeres que adoran hoy a +este y mañana al otro. Yo no soy así. <b>(Con tristeza.)</b> ¿No es verdad +que nací para ser honrada?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Y para mí. <b>(Entusiasmándose por grados.)</b> Sólo yo te +comprendo, sólo yo. Los demás te juzgarán mal quizás. Yo, que te +conozco, sé que eres un ángel de bondad. La responsabilidad de tus +faltas las tomo para mí y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. +¡Y qué ingrato he sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones +que son propias de las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu +generosidad.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Mirándole a los ojos.)</b> ¿Estás satisfecho de mí?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Te idolatro.</p> + +<p>ISIDORA.—¿Me he portado bien?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Como una princesa, como una reina. No todas las coronas están +donde deben estar... ¡Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en +su alma esa chispa, ese no sé qué, signo de elevación sobre el nivel +común, está preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no +es en ti un defecto, es una inspiración santa.</p> + +<p>ISIDORA.—Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Desecha las ideas convencionales. Cada acción tiene un punto de +vista desde el cual debe juzgársela, lo cual prueba la gran variedad de +las perspectivas del alma humana...</p> + +<p>ISIDORA.—Yo siento algún remordimiento...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Porque no has hecho un análisis frío del hecho en sí y te dejas +llevar de la rutina.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Gozosa.)</b> ¿Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?</p> + +<p>JOAQUÍN.—La besé mil veces, y aun creo que se me escapó una lágrima, +cosa en mí desusada.</p> + +<p>ISIDORA.—Ya ves que cumplí mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu +compromiso y me decías que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro, +te dije: «Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de +salvar...». No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi +alma, como un acto de estos atrevidos y difíciles, en que entren la +generosidad y el peligro. Nací para estar arriba, muy arriba.</p> + +<p>JOAQUÍN.—En las estrellas te pondría yo.</p> + +<p>ISIDORA.—Las cosas bajas y fáciles, las pasiones mezquinas no caben en +mí. Tú me habías hecho muchas picardías; pues ahora verás... Yo soy así. +La idea de devolverte bien por mal me daba alegría y valor para vencer +las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba, +discurría, hacía cuentas. A medianoche no había dormido aún; estaba +sola. Podía pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana. +Llegó la mañana. ¿Qué creerás que hice? La cantidad era enorme. ¡Mil +duritos! ¿De dónde había de sacar yo ese dineral? Pues verás... Vendí +mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqué doce mil reales. +Compré otros diamantes falsos para que él no conociera el engaño. +Después empeñé la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu +suerte, él me había dado cierta cantidad para renovar parte de la +sillería..., pues al montón con ella. En fin, mi tía Encarnación me +proporcionó el resto... Y aquí vienen los escozores que siento en mi +conciencia...</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con escepticismo y fortaleza de espíritu.)</b> Eres una +chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu +gran corazón.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con monería.)</b> Déjame, que yo me entiendo. Te diré la verdad +pura. Por engañarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien +aborrezco con toda mi alma. No me merece... ¡Pero hay tantas clases de +traición!... Te diré...</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Azotándola con cariño.)</b> Pero ven acá, tonta...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Abofeteándole con amor.)</b> Escucha, idiota... Digo que las +traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en mí que las rechaza. +Te diré: con gusto o sin gusto mío, él me da cuanto necesito. Es verdad +que los tornillos eran míos; me los habías regalado tú. Pero el alfiler +me lo dio él..., y el dinero para la sillería... Ya ves.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Déjame hablar ahora.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Tapándole la boca.)</b> Aguarda.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Quitándose a viva fuerza la mordaza y besándola mucho.)</b> +Déjame hablar a mí. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces +más dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del país +se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastaría para pagar una +de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que +he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quería ya, yo te +amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy +tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazón y deuda +de bolsillo. Te pagaré religiosamente.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Pagarme! ¡Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para +eso. Si en algo estimas el beneficio que de mí has recibido, ya sabes la +recompensa que quiero.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Amoscado.)</b> ¿Cuál?</p> + +<p>ISIDORA.—Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaquín...</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Sintiéndose atacado de sordera.)</b> No te oigo.</p> + +<p>ISIDORA.—Que reconozcas a nuestro hijo.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Ah!, ya...; eso es corriente. <b>(Disimulando su contrariedad.)</b> +En estos días me hallo en tal situación, que no podré celebrar ningún +acto civil... ¡Ay!, querida mía, confesor mío, para ti no debo tener +secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido +un calavera, un disipador; merezco lo que me está pasando. Yo tenía una +regular fortuna. ¿Sabes tú cómo se me ha ido de entre las manos? Pues yo +tampoco lo sé, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te +juro que vivo con economía... Malditos sean los usureros, fieras +desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad +indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio <b>(Da +un gran suspiro.)</b>, he podido salvar el honor por el momento. A ti te +debo que no haya caído una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez... +¿Pero qué sucederá? Que dentro de poco llegará otro vencimiento. +Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Papá +me ha hablado seriamente el otro día. Hemos hecho un balance. Le he +descubierto todos mis líos; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto +que no tengo más remedio que irme a la Habana.</p> + +<p>ISIDORA.—¡A la Habana!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Sí, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el único +remedio. Los españoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras +naciones. ¿Qué país tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar +los desastres de sus hijos?</p> + +<p>ISIDORA.—¡Ya!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Me iré a la perla de las Antillas, como decimos por acá. +¿Quieres ir conmigo?</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Reflexionando seriamente.)</b> Te diré...; ir contigo sería mi +dicha. Yo te cuidaría si caías malo, y te desviaría de tus calaveradas, +porque allá... Pero no puedo, no puedo salir de aquí. Tengo que estar a +la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganaré si tengo +paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la réplica, y luego que la +señora presente su dúplica, vendrá la prueba... Ya ves, me voy enterando +de estas cosas fastidiosas.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Si lo ganaras... <b>(Afectando confianza.)</b> Yo creo...</p> + +<p>ISIDORA.—Es el principal móvil de mi vida. Cuando consiento en separarme +de ti por pleitear, figúrate si es cosa de importancia.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con seriedad.)</b> Y yo lo comprendo... No debes salir de aquí. +Cuando yo venga, ¡toma!, de seguro te encontraré en pacífica posesión de +la casa de Aransis.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Dios te oiga!... Yo también lo creo así.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.</p> + +<p>ISIDORA.—Cosa clara. <b>(Se abrazan para comunicarse recíprocamente su +confianza.)</b> ¿Y cuándo te vas?</p> + +<p>JOAQUÍN.—No lo sé. Dejaré pasar el verano. Papá y el ministro han +hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, allá, entre +bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando papá era Director, +servía a este señor en cuanto le pedía, y ahora para el Ministro no hay +mejor recomendación que la de mi padre.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con mucho mimo.)</b> Pero yo siento que te vayas. ¿Por qué no +tratas de remediarte aquí? ¿Por qué no trabajas en algo?</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Aquí? ¡Trabajar aquí!... Tú te has caído de un nido. En España +no se recompensa el mérito. ¡Qué país! Es claro; yo trabajaría, yo me +dedicaría a algo; pero ¿qué pasa? Los escritores, los artistas, los +industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que trabaje +el obispo. No hay más medio de ganar dinero aquí que metiéndose en +negocios patrocinados por el Gobierno. Pídele datos de esto a tu señor +Sánchez Botín. Es un genio.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con malignidad.)</b> Es un genio... inaguantable. Está muy hueco +con el discurso que pronunció ayer. Es de..., de la Comisión. ¿No se +dice así?</p> + +<p>JOAQUÍN.—De la Comisión, justo. Todavía no he leído su discurso. <b> +(Incorpórase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)</b> Es un hatajo +de necedades soporíferas. Cuando hablaba, no había seis diputados en el +salón, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores +versados en administración producen estos efectos de narcótico. Papá +mismo, cuando habla de esto, es el puro beleño. Pero ayer era el único +que logró estar despabilado durante la oración fúnebre—administrativa de +Sánchez Botín.</p> + +<p>ISIDORA.—Pues él dice que apabulló a tu padre.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Qué gracia! Verás. <b>(Amenaza leer.)</b></p> + +<p>ISIDORA.—Por Dios, dejo eso.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Oye qué admirable estilo. <b>(Lee.)</b> «Los señores que se sientan +en esos bancos...».</p> + +<p>ISIDORA.—¡Por la Virgen Santísima!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Si esto es muy divertido. <b>(Sigue leyendo.)</b> «... no quieren +acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la +Comisión...».</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Arrebatando el papel de manos de Joaquín.)</b> Si tú le +estuvieras oyendo a todas horas...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Es un bruto que merecía el desprecio si no mereciera el +presidio. Su discurso es el colmo de la sabiduría. Dice que en tiempo de +papá eran mayores los escándalos y las irregularidades... Voy a contarte +en dos palabras las gradas de Botín.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Tristemente.)</b> ¿Será tarde? <b>(Hace un gorro con el periódico +en que está el discurso de Botín.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—No, querida; es temprano.</p> + +<p>ISIDORA.—Paréceme que entra poca luz, que anochece...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Es que se ha nublado.</p> + +<p>ISIDORA.—Mira el reloj.</p> + +<p>JOAQUÍN.—No me da la gana.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Qué horas tan felices si no fueran tan cortas! <b>(Acaba el +gorro de papel y se lo pone.)</b> ¿Qué tal?</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Dando su aprobación expresivamente.)</b> ¡Mona!... Pues te +contaré las gracias de Botín.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. ¡Si él supiera las +mías!...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Hace unos quince años Sánchez Botín era un zascandil. Andaba +por ahí con un gabán perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus +disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba +cosas de poco valor en las oficinas. Empezó a levantar cabeza, +trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragón. Hacía diabluras, +resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas. +Después le colocaron en el Ministerio, y casó con la de Castroponce, que +le aportó dos millones. Hízose diputado y gerente del ferrocarril de +Albarracín. Aquí empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el +ministro y allá se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figúrate, +la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compañías de +ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Bostezando.)</b> ¡Qué cosas!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Tú no entenderás esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel que +se llama Inscripciones, el cual está en la Caja de Depósitos. Botín se +arregla para sacarlo, da una pequeña parte al Ayuntamiento, y con el +resto y la subvención van construyendo el ferrocarril sin adelantar una +peseta. El Gobierno les da prórrogas.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Cerrando dulcemente los ojos.)</b> ¡Qué picardía!</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con verbosidad.)</b> Pero esta tostada, con ser un negocio +inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de +pan los abonarés de los soldados de Cuba, que llegan aquí muertos de +miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede +pagarles; pero Botín ha reunido millones en esos abonarés, y el mejor +día se los admite el Gobierno en pago de un empréstito... Pues en las +subastas no te digo nada. Ahí es donde están las ricas tostadas. Él hace +lo que quiere. Es un bajá administrativo, mejor dicho, un sultán que +tiene las rentas públicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el +Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que +no se puede presentar nadie... Pero ¿qué es eso?... <b>(Poniéndole la mano +en la frente.)</b> ¿Isidora?... Se ha dormido... ¡Qué hermosa está! ¡Qué +cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... ¡Isidora!</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Despertando.)</b> Me dormí arrullada por las gracias de Botín. +¿Será tarde? Ahora sí que anochece.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Es que es un chubasco, tonta. El cielo está negro.</p> + +<p>ISIDORA.—Es hora de marcharme. Mira el reloj.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Para que te desengañes. <b>(Mira el reloj.)</b> ¿Ves? Todavía me +debes una hora, según lo convenido.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Una hora! <b>(Con pena.)</b> Sesenta minutos me separan de la +presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginación. Es una +pesadilla que me atormenta noche y día. ¡Cuándo despertaré de ese +hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. «Buenas +noches»—, buenas noches. «¿Dónde has estado? Tú has salido...». Aquí de +mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir +mentiras; pero desde que vivo con él me he adiestrado de tal modo en +ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para +mentir... Pues te diré. Entra él; como entienda que he salido sin su +permiso. ¡María Santísima! Él gasta en mí su dinero a la calladita; y me +compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me +vea. Quiere que me ponga guapa para él solo. Basta que cualquier persona +me mire para que él se enfade, porque cree que con los ojos se le roba +algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me dé a conocer en la +calle, porque no gusta de escándalos, y se asusta de que esto se +descubra. Dice que aquí no estamos en París, y que es preciso no chocar, +no dar motivo a la murmuración, no faltar a las buenas apariencias +sociales. Es un egoistón y un hipócrita... Lo primero que me encarga es +que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo +al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son +la base del orden social, me lo lee con entonación grave..., ¡si le +oyeras!, y me dice con toda su alma: «Yo no puedo desmentir estas ideas. +Conque mucho cuidado...». En teatros no hay que pensar. Alguna vez me +permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a +los anfiteatros. Ni aun allí me deja libre, porque le veo atisbándome +desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la +costa, o algún hombre sospechoso cerca de mí... En fin, es un tipo +insufrible. ¡Qué celoso, Dios mío! Si me ve asomada al balcón, ya se le +figura no sé qué. ¡Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me está +sacando a relucir su dinero. ¡Qué tonillo toma! <b>(Remedando voz de +hombre.)</b> «Señora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser +para mí...». ¡Para él! Él quisiera que yo fuera un vaso de agua para +beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en +mis pensamientos.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con desprecio.)</b> ¡Zopenco!</p> + +<p>ISIDORA.—¡Y cuánto me hace padecer! Si me río, cree que me burlo de él; +si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si +me canso, me llama <i>fría</i>, <i>pedazo de mármol</i>. Me toma cuenta del +respirar, y si doy un suspiro, ¡ay Dios mío!, ya está armada la +tempestad. ¡Y cómo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces +quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto +y celoso que enamorado. Mi tía Encamación dice que es el papamoscas de +Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me río de él, no lo puedo +remediar. <b>(Ríe.)</b> Cuidado que es feo, ¿no es verdad? No tiene más que +la figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. ¿Has visto +aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puñetazos?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Pues pocos habrá de más pretensiones. Dicen que en los escaños +del Congreso está siempre mirándose el pie, porque lo tiene muy pequeño. +La verdad es que otro más antipático no ha nacido...</p> + +<p>ISIDORA.—Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que +causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros... +Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos +duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le +desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobillón +inglés. <b>(Ríe.)</b> Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar +tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace +cuando se pone a echarme sermones, y a reírse de mi pleito y de mi +nacimiento. Un día por poco le pego... Cuando está por moralizar, me +dice que si me porto bien haré mi suerte con él; que hay muchos modos de +ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todavía. <b>(Da un gran +suspiro.)</b> «Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te protegeré. +Te casarás con un criado mío, que es ni pintado para el caso. <b>(Con gran +indignación.)</b> Y una vez que estés casada te daré un estanco». ¡Un +estanco! <b>(Riendo con estrépito.)</b> Ese animal no sé qué se figura... +Habla muy poco de su mujer. Dice que es un ángel; pero que se ha hecho +muy mística, y que él, respetando mucho el misticismo, ha tenido que +buscar fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. +Una cosa me agrada de él... para que veas que todo no ha de ser malo... +Quiere mucho a mi Joaquín, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a +cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto sólo +hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningún modo +quererle ni estimarle.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Has hecho de él la gran pintura. No tiene delicadeza ni +verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus +atractivos y te ofrezcas más rica y sabrosa a sus insaciables +apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria +del género humano; me parecen hechos con algo puramente material y +grosero que sobró después de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser +destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la +transición del hombre al bruto, y fabricó a Botín.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Riendo.)</b> Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el +rebuzno, ¿qué hay? Un discurso de Botín.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Bravísimo!... Vamos, cuando me comparo con él... Permíteme que +me alabe en presencia de ese bárbaro egoísta. Yo vivo de lo ideal, yo +sueño, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos platónicos. +En otro tiempo, ¿quién sabe lo que hubiera sido yo? Quizás un D. Juan +Tenorio; quizás uno de esos grandes místicos que han escrito cosas tan +sublimes... Ahora, ¿qué soy? Un desgraciado, por lo mismo que me estorba +lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me congratulo +de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, ¿pero por qué? Porque +no he sabido poner freno a mi fantasía; porque no he podido cerrar y +soldar mi corazón, vaso riquísimo que cuanto más se derrama, más se +llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he +derrochado una fortuna. ¡Desventajas de la constante aspiración a lo +infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! ¿Ves mis +calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. ¡Oh!, ¡quién +hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habría +conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he +sabido distinguir a Júpiter de Neptuno... ¿Ves cómo estoy? ¿Ves mi +ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a +nadie. Joaquín Pez pedirá limosna antes que comerciar con el hambre y la +desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre +sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin +prendarme de ella. <b>(Isidora le da un pellizco.)</b> ¡Ay! Será debilidad, +será lo que quieras. Yo lo llamo <i>abundantia cordis</i>, opulencia del +corazón. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la +generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza... +¿Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que +volveré de allá tan pobre como estoy aquí. Yo no sirvo para esto. No soy +como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmética. Yo no la entiendo. +Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado, +¡y ella se venga haciéndome unas perradas!...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con efusión de amor.)</b> Menos en lo de querer al por mayor, +¡cuánto nos parecemos! Yo también veo lo infinito, yo también deliro, yo +también sueño, yo también soy generosa, yo también quisiera tener un +caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme +siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme +yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo, +porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza; +una montaña de dinero; luego otra montaña de honradez, y al mismo tiempo +una montaña, una cordillera de amor legítimo...; eso es lo que quiero. +¡Oh, Dios de mi vida! <b>(Llevándose las manos a la cabeza.)</b> ¿Llegará +esto a ser verdad?</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Pues no ha de llegar a serlo?... Abrázame fuerte.</p> + +<p>ISIDORA.—Ahora sí que es tarde. <b>(Alarmándose.)</b> Me voy, me voy.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Todavía...</p> + +<p>ISIDORA.—Sí, ya han encendido el gas. <b>(Mira al techo.)</b> Mira los +dibujos que hacen en el techo la sombra de los árboles de la calle y el +resplandor de los faroles.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Sí. Sonó la hora triste. Y ahora, ¿qué día...?</p> + +<p>ISIDORA.—¡Ay!, tontín, ¿sabes que no lo puedo decir? <b>(Arreglándose +aprisa.)</b> Se me figura que nuestro dragón está receloso. Me vigila +mucho. Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor día descubre +mis gracias...</p> + +<p>JOAQUÍN.—No lo creas...</p> + +<p>ISIDORA.—¡Ah!, es muy tuno... Sí, yo creo que nos sigue la pista. Estoy +viendo que cualquier día regañamos, y le mando a paseo. Sin ir más +lejos, mañana habrá cuestión. ¿No es mañana San Isidro?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Sí.</p> + +<p>ISIDORA.—Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romería, que nunca he +visto, y él se empeña en que no he de ir... Allá veremos. ¡Dios de mi +vida, qué tarde!</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Y cuándo te veré?</p> + +<p>ISIDORA.—Te avisaré con mi padrino, <b>(Despídense con manifestaciones de +ardiente cariño.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—Abur, chiquilla.</p> + +<p>ISIDORA.—<i>Riquín</i>, adiós. <b>(Al salir.)</b> No me olvides.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Solo.)</b> ¡Bendita sea ella! Vale infinitamente más que yo.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIa" id="Capitulo_VIIa"></a>Capítulo VII</h3> + +<p class="head">Flamenca Cytherea</p> + + +<p>La unión nefanda de estos dos vocablos, bárbaro el uno, helénico el +otro, merece la execración universal; pero no importa. Adelante.</p> + +<p>Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr. +(tenía la Gran Cruz) D. Alejandro Sánchez Botín, Isidora fue a la +pradera de San Isidro, acompañada de su doncella, de <i>Riquín</i>, de D. +José de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Sátiro no podía +resistir ya el anhelo de expansión, de correr libremente, de ser dueña +de sí misma un día entero, y, principalmente de darse el gusto de la +desobediencia. Haciéndole rabiar gozaba más que divirtiéndose ella. Ya +se aplacaría el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no +se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y +bien podía suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias +llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convenía un +golpe de Estado.</p> + +<p>Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella +mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era +regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas +sirviendo de caballo a <i>Riquín</i>, ya vestido desde el amanecer de Dios, y +Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de +mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien +dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran +dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las +fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de +buenos autores había visto Isidora caprichos semejantes, y también en +una célebre zarzuela y en una ópera. Si esto pensaba cuando la doncella +y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y +pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, quedó +prendada de sí misma, se miró absorta y se embebeció mirándose, ¡tan +atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfonía +de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente +rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube. +No le faltaba nada, ni el mantón de Manila, ni el pañuelo de seda en la +cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de +gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los +ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar. +En medio de Madrid surgía, como un esfuerzo de la Naturaleza que a +muchos parecería aberración del arte de la forma, la Venus flamenca. Don +José estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sáficos +la novísima encarnación de la huéspeda de Gnido y Pafos.</p> + +<p>Salieron gozosos, acomodándose en una carretela que alquiló Isidora..., +y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sentía un regocijo febril y +salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era un motivo de grata +sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre +de la alegría, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un +ventorrillo. Nunca había comido Isidora cosas tan ricas. ¡Cuánto rieron +viendo cómo se atracaba Mariano! Don José compró dos pitos, uno para +<i>Riquín</i> y otro para él, y ambos estuvieron pita que te pitarás todo el +santo día. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habría comprado +lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compró más +que cuatro. De todas las fruslerías hizo acopio, y los bolsillos de la +pandilla llenáronse de avellanas, piñones, garbanzos torrados, +pastelillos y cuanto Dios y la tía Javiera criaron. Nunca como entonces +le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole, +por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si +hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres +sin número les daba lo que salía en la mano. A todos los cojos, +estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda. +Por último, se le antojó también pitar, y compró el más largo, el más +floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella también +pitaron.</p> + +<p>Visitó la ermita y el cementerio, y por último, no queriendo acabar el +día sin experimentar todas las emociones que ofrecía la pradera, visitó +una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenómenos para +asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana, +el cordero con seis patas, las serpientes, <i>os ratas tigres provenientes +do Japao</i>, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba, +recibía una ovación. Preguntaban todos quién era, y oía una algarabía +infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanterías, desde la +más fina a la más grosera. Cuando se retiró estaba embriagada de todo +menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de +placer, de sorpresa, de polvo, de gentío, de pitazos, de coches, de ayes +de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo. +Cuando llegó a su casa le dolía la cabeza; acordose entonces de Botín, a +quien de seguro encontraría, esperándola airado, y entonces cayó un velo +negro sobre sus alegrías. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de +ella azoradas, corriéndosele del corazón a los labios y dejándole un +sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban.</p> + +<p>Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, según su +costumbre, lo que le había de decir Botín y lo que ella había de +contestarle. Decididamente le pondría cara de perro; él echaría su +sermón de costumbre sobre el escándalo, y después se aplacaría. Llegaron +jadeantes al piso segundo. Don José, que cargaba a <i>Riquín</i> dormido, iba +detrás pitando todavía.</p> + +<p>Entró en la sala y vio luz en el gabinete. Allí estaba sin duda. Pasó +adelante y le halló sentado en una butaca fumando. Desde la primera +mirada comprendió Isidora que la gresca sería fenomenal. Botín (a quien +no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba pálido, con +cierta hinchazón en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afectó +indiferencia, dejándose caer en el sillón con la pesadez propia de su +cansancio. Como entraron también irreflexivamente Relimpio y Mariano, +Botín hizo un gesto de expulsión, diciendo: «No quiero aquí a nadie».</p> + +<p>«Con permiso...»—balbució D. José.</p> + +<p>Quedáronse solos los dos amantes. Isidora, viéndose en el trance de +hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreció el pito a +Botín, diciéndole con sorna:</p> + +<p>«Te he feriado. Toma el pito del Santo».</p> + +<p>Botín rompió en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arrojó al suelo con +ira.</p> + +<p>«Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso».</p> + +<p>Botín vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o más bien la +pasión que despertaba en él la traza chulesca de Isidora. Fuertes +razones había sin duda para que venciera la cólera.</p> + +<p>«Mucho me enfada—dijo con cierta gravedad parlamentaria—que haya usted +ido sin mi permiso a la romería. Pero hubiera perdonado fácilmente esa +falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aquí desde las cuatro +esparándola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera +infame».</p> + +<p>Isidora palideció. Subiendo la escalera había previsto la disputa; pero +en esta resultaba una espantable cosa que ella no había previsto.</p> + +<p>«De una manera infame—repitió Sánchez Botín—. Acabemos. Me gustan las +cosas claras y los juicios rápidos. ¿Dónde están los pendientes de +tornillo?</p> + +<p>—Aquí están—dijo Isidora llevándose la mano a la oreja.</p> + +<p>—¡Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... ¿Y el +alfiler, la cadena, el medallón...?</p> + +<p>—Esas prendas son mías y puedo disponer de ellas a mi gusto—dijo Isidora +prontamente, dueña ya de sí misma.</p> + +<p>—Las ha empeñado usted.</p> + +<p>—Las he <i>pignorado</i>—replicó ella con aplomo y burla—, como dicen ustedes +los hombres de negocios.</p> + +<p>—Sé por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo...</p> + +<p>—Usted me dio el dinero. Yo preferí emplearlo en otra cosa».</p> + +<p>Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe.</p> + +<p>«Se turba usted...</p> + +<p>—No me turbo, no»—dijo ella subiéndose de un salto a la cúspide de su +orgullo y contemplando desde allí la cólera mezquina de Botín.</p> + +<p>Durante la pausa lúgubre que siguió a esta última frase, Isidora +revolvió su mente hacia el origen de aquella escena; consideró con +vergüenza y despecho que su infidelidad había sido descubierta, y pasó +revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal +descubrimiento. ¡Ah!, las indiscreciones de Joaquín Pez, la falta de +prudencia... Bien conocía ella que el viudito no era hombre para guardar +secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lío... Pensó en +las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman +invisible tela de araña en torno de toda existencia equívoca e inmoral; +y la ignominia de un hecho tan poco noble abatió por un instante el +orgullo de su alma.</p> + +<p>«Hace usted un bonito uso de mi dinero»—dijo Botín.</p> + +<p>Isidora iba a contestar lo siguiente: «¿Y para qué me lo da usted?». +Pero su conciencia se alborotó, y sintiose llena de perplejidad, que +nacía del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la +cólera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta, +enérgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestión moral. +Encontrola en estas palabras:</p> + +<p>«Usted me es muy antipático. Déjeme usted en paz.</p> + +<p>—¡Y tiene el atrevimiento de despedirme!—exclamó Botín con sarcasmo—. +Usted que estaba muerta de miseria cuando yo...».</p> + +<p>Isidora sentía que venían llamas a su lengua. No pudo contenerse, y +abrasó a Botín con estas palabras:</p> + +<p>«Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente +más...».</p> + +<p>Botín, cubriéndose con su calma egoísta y dando a la disputa un giro +tranquilo, que era como los círculos que hace la serpiente, dijo así:</p> + +<p>«No quiero incomodarme. Veremos quién desaloja... Isidora, he sabido +todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se +acabó... Usted se lo ha ganado... Usted pierde más que yo.</p> + +<p>—Me está usted mareando. Déjeme usted en paz.</p> + +<p>—A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas las +alhajas que he dado a usted y que no estén... pignoradas, váyamelas +usted entregando».</p> + +<p>Isidora se quitó con nerviosa presteza las sortijas; sacó de una cajita +varios objetos de oro, y todo lo tiró a los pies de Botín.</p> + +<p>«Bien, bien—dijo el padre de la patria, no desdeñándose de inclinarse +para recoger lo que estaba por el suelo—. Ahora quítese usted el mantón +de Manila».</p> + +<p>Isidora se lo quitó, y haciéndolo como un lío se lo tiró a la cara.</p> + +<p>«¿Quiere usted que le entregue todos mis vestidos?</p> + +<p>—No es preciso que me los entregue usted—replicó Botín con calma feroz—. +Yo me haré cargo de ellos. Quítese usted el que lleva puesto».</p> + +<p>Bien pronto la Cytherea se quedó en enaguas.</p> + +<p>«Es lástima que no se lleve usted también mis botas—dijo Isidora +sentándose y apoderándose con verdadera furia de uno de sus pies para +descalzarlo—. Llévelas usted para que las use su señora».</p> + +<p>Y se quitó una bota.</p> + +<p>«No, no tanto—dijo Botín—; conserve usted su calzado».</p> + +<p>Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando +en su alcoba se puso otras botas.</p> + +<p>En aquel instante, Botín tuvo que dar a su pasión una nueva batalla; +pero el caso era tan grave, que la dignidad llevó la mejor parte. Apartó +los ojos de la despojada imagen que delante tenía, y para verla lo menos +posible, levantose, y con atención de prendero avaro, abrió el armario +de luna y las gavetas de la cómoda, entró en la alcoba, registró todo +como un curial que embarga o inventaría. Isidora en tanto arrojaba las +preciosas botas en medio del gabinete, y después hacía lo mismo con su +peineta.</p> + +<p>«Bien—dijo Botín, sentándose otra vez y mirándose su pie pequeño como +hacía en el Congreso—. Ahora póngase usted el vestidito que usaba cuando +iba a rezar a la iglesia con tanta devoción.</p> + +<p>—Lo he dado. Yo no guardo pingos».</p> + +<p>Botín volvió a la alcoba. Tomó de una percha una bata, y ofreciéndola a +Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: «Póngase usted este».</p> + +<p>Volvió la cara para no verla, para no ver las lágrimas gruesas que +corrían por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como +ardiente volcán bramaba en su pecho.</p> + +<p>Sin decir nada, vistiose ella. Botín tomó entonces un tonillo +conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en +medio de los bosques. Tenía algo de hombre, si bien nada de caballero.</p> + +<p>«Puede usted disponer de toda la ropa blanca—murmuró—. Mande usted por +ella mañana.</p> + +<p>—No quiero nada—replicó Isidora, bebiéndose sus lágrimas de fuego, +pálida, trémula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiración de +drama; se volvió a él, le echó rodadas de desprecio por los ojos y le +dijo: «Soy la vengadora de los licenciados de Cuba».</p> + +<p>Botín se sonreía como un demonio que ha ganado un alma.</p> + +<p>«Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted.</p> + +<p>—Todavía—dijo Botín haciendo esfuerzos para reír, y golpeándose con el +bastón el pie bonito—, todavía tiene usted algo que agradecerme. Puede +usted llevarse todo lo del niño.</p> + +<p>—Mi hijo no necesita nada».</p> + +<p>Isidora corrió hacia adentro. En la cocina, Mariano dormía, reclinado +sobre la mesa. En el comedor, D. José y la doncella asistían a <i>Riquín</i>, +que había vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el +hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia.</p> + +<p>«Le ha hecho daño la comida—dijo el tenedor de libros.</p> + +<p>—Tiene algo de calentura»—indicó la doncella, tocándole las mejillas.</p> + +<p>Isidora le examinó. Sus lágrimas volvieron a correr</p> + +<p>«Don José—dijo resuelta—. Cargue usted a <i>Riquín</i>. Envolvedlo bien en un +mantón. Nos vamos ahora mismo.</p> + +<p>—¡Ahora!»—exclamó D. José con espanto.</p> + +<p>En la puerta del comedor apareció Botín. Después se paseó en el pasillo. +Si Isidora estuviera fuerte en Mitología, le habría comparado al +Minotauro vagando por las obscuras galerías del laberinto de Creta. +Volvió la bestia al gabinete, y desde allí llamó con voz fuerte: +«¡Isidora, Isidora!». Y viendo que esta no acudía, salió otra vez al +pasillo y dijo en tono más humanitario:</p> + +<p>«No llevemos las cosas hasta el último extremo. <i>Riquín</i> está malo. +Puedes quedarte aquí hasta mañana».</p> + +<p>Pero Isidora iba y venía recogiendo algunas cosas <i>enteramente suyas</i>.</p> + +<p>«Quédate, mujer, quédate hasta mañana».</p> + +<p>Entró ella en la alcoba. Botín se paseaba con lento andar en el +gabinete.</p> + +<p>«Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta +mañana. Además...».</p> + +<p>La miró atentamente, mientras ella revolvía en la cómoda. La miró +embelesado, ¿a qué negarlo?, y algo confuso le dijo:</p> + +<p>«Y mañana podrás llevarte todos tus vestidos».</p> + +<p>Isidora no le contestó, ni le miró siquiera. Pero él seguía dando +paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitológicamente +hablando, se mordía su propia cola.</p> + +<p>«Estas mujeres locas—murmuró gruñendo—, si comprendieran su interés; si +supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona decente... +Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti, reflexiona, +acuérdate de lo que muchas veces te he dicho. ¿Por qué no has de entrar +en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte, proporcionándote +un estanco...».</p> + +<p>Isidora salió sin concederle ni una mirada. Él fue tras ella. Desde la +sala repitió en voz alta:</p> + +<p>«Puedes contar con el estanco...».</p> + +<p>No recibió contestación. De repente oyó el golpe de la puerta cerrándose +con violencia. Todos, menos la doncella, habían salido.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIIa" id="Capitulo_VIIIa"></a>Capítulo VIII</h3> + +<p class="head">Entreacto en la calle de los Abades</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>«¿A dónde vamos?—preguntó Isidora cuando salieron a la calle.</p> + +<p>—¡Qué pregunta!... A mi casa—replicó don José, estrechando a <i>Riquín</i> +entre sus brazos con ardiente cariño—. Abades, 40. No parece sino que +hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo +Dios. En casa no te faltará nada. Melchor la ha puesto muy guapamente».</p> + +<p>Y en medio de la turbación que el repentino desalojamiento le producía, +D. José sintió íntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al +sentirla tan cerca de sí, sometida a su generoso amparo. Siempre que +hacía algo en beneficio de ella, el pobre señor se crecía y se hinchaba; +que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle, +él delante, ella detrás, porque la estrechez de las aceras no les +permitía caminar juntos.</p> + +<p>Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Había hecho de la sala despacho +y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lámpara con pantalla +verde que derramaba un círculo de claridad sobre la mesa. Un hombre +acompañaba a Melchor, trabajando con él en la misma mesa. Del cerebro +del hombre descendía al pupitre una invisible corriente de cálculos que +al tocar el papel se condensaba en números, como al influjo de la helada +la humedad de la atmósfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levantó +un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle +su casa. Después se volvió a sentar, y requiriendo la benéfica pluma, +entonces consagrada a la humanidad doliente, siguió su trabajo.</p> + +<p>Rápida ojeada bastó a Isidora para observar a Melchor, que +definitivamente se había dejado toda la barba y tenía un aspecto muy +vistoso, aunque nunca simpático; para observar también al hombre de los +números, que la miró con cierto azoramiento de bestia taurina al +hallarse en medio del redondel. Vio también la desamparada sala con su +estante, formando como nichos de cementerio, donde yacían ordenados +papeles. Un plano de Madrid acompañaba al de la Península. Hacían ambos +el papel emblemático de los planos de minas o ferrocarriles en las +oficinas de explotación. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban +figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo +mendigos al Asilo; el frontón mismo del Asilo ideal con columnas griegas +y un sol con la insignia triangular de Jehová, difundían por toda la +sala la idea de que allí se trabajaba para aliviar la suerte de los +menesterosos. Las palabras <i>Rifas</i>, <i>Grandes rifas</i>, <i>Tres sorteos +mensuales</i>, <i>seis millones</i>, impresas en colores, revoloteaban por las +paredes cual bandadas de pájaros tropicales; y como el papel en que +aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasía loca de Isidora no +había de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de +selva americana alumbrada por la luna. Después vio el resto de la casa, +que era de construcción reciente, mas con tan sórdido aprovechamiento +del terreno, que más parecía madriguera que humana vivienda. Don José +destinó a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa, +y al punto se ocupó en desalojarle. Él se iría al aposento de la +muchacha y la muchacha dormiría Dios sabe dónde. Era interior el cuarto, +y tan vasto, que a Isidora le pareció un sepulcro. Don José iba y venía +cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella +a <i>Riquín</i>, díjole Isidora:</p> + +<p>«Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la +habitación, la muchacha y yo nos entenderemos».</p> + +<p>La muchacha era una alcarreña de esas que acababan de llegar al mercado +de criadas, y traía frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la +torpeza de manos y de cabeza. Todo lo hacía al revés. Tenía buena +voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecían no haberse +desprendido de su rechoncho cuerpo desde que nació, y sus greñas mal +peinadas, de color de barbas de maíz, despedían un olor a pomada de +baratillo, más desagradable que su aliento. Isidora sentía hacia ella +repulsión invencible; no la podía mirar, no la podía tocar, y al +sentirla cerca, se estremecía de horror. Antes moriría de hambre que +comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era +su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan señorita. +«No, no—exclamó la joven con angustia—. Yo no nací para pobre, yo no +puedo ser pobre».</p> + +<p>Dios la amparó en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber +lanzado la exclamación dolorosa, salida de lo más vivo de sus entrañas, +llegó su cara doncella. Traía en un gran lío toda la ropa de <i>Riquín</i> y +algo de la del ama.</p> + +<p>«La fiera—dijo—me mandó sacar todo esto. Está bramando. ¡Ay señorita!, +si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliación... Yo lo +siento. Está arrepentido de su barbaridad. Yo quería traer más; pero no +me dejó. Mañana llamará a las prenderas... ¡Ay! ¡Qué lástima! ¡Qué +riqueza hay allí!».</p> + +<p>Agustina se ofreció a seguir a su servicio, e Isidora lo aceptó con +gozo, aunque no tenía en sus bolsillos una sola moneda. ¡Terrible +contradicción! Ella no podía ser pobre, y sin embargo lo era.</p> + +<p>Ocupándose de arreglar la habitación y de procurarse algunas +comodidades, ¡cuántas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar +esto y lo otro. Tal cosa había quedado en la tercera gaveta de la +cómoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no había remedio. Por +cada objeto que no tenía, Isidora echaba a volar media docena de +suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables +esferas de lo pasado.</p> + +<p><i>Riquín</i> parecía mejor. Dormía tranquilamente, y su respiración fácil +sonaba como el eco de músicas serafinescas tañidas a la parte allá de +lo visible.</p> + +<p>Miquis y D. José tardaban. Isidora pasó a la sala porque Melchor le +había dicho que tenía que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos. +Podía disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algún +médico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de él, del +benéfico y filantrópico Melchor, corrían los gastos de botica. Lo +principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las +manos, pues estaba en casa de parientes que la querían de veras y donde +nada la faltaría... En tanto el hombre corpulento que hacía números no +quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y parecía pasmado, fascinado por +religiosa o mitológica visión.</p> + +<p>Como el gran Relimpio hablara entonces de médicos y ensalzase a Miquis, +el hombrazo dijo:</p> + +<p>«¡Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fría. Le conozco mucho. Asiste +a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de +Aransis».</p> + +<p>Isidora no esperaba oír citar su casa ilustre, y se inmutó un poco. Sin +dejar de mirarla, el hombrón prosiguió así:</p> + +<p>«Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... ¡Ah!, bien decía +yo. Ya me acuerdo. Un día..., hace años, estaba yo con mi hermana en el +portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es... +Bien decía yo que no era la primera vez... Después he tratado mucho a +Miquis. Es simpático. Como él tiene instrucción y yo... algo entiendo de +ciertas cosas, discutimos sobre la cuestión <i>A</i> o la cuestión <i>B</i>. Yo le +aprieto de firme y él se defiende con retóricas...</p> + +<p>—Vamos, vamos a concluir esto—dijo Melchor con impaciencia—. Tenemos que +de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de la +Administración seis mil quinientos...».</p> + +<p>Isidora no oyó más, porque llegaron Miquis y D. José. El médico venía de +frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de +cierta casa de tono. Precursoras y compañeras de su fama eran las +relaciones, y la entrada que iba teniendo en los más escogidos círculos +de la sociedad.</p> + +<p>Examinado <i>Riquín</i>, le recetó un calomelano. Era cosa ligera, una +indigestión, y probablemente al venidero día estaría como si tal cosa. +Hablando después con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo así:</p> + +<p>«Siento ese percance, porque no hallarás otra fiera como esa. No hay dos +Botines en el mundo. Si los hubiera, ¿dónde estaría ya nuestra querida +patria? Desde Pirene a Calpe habría sido devorada, y todos los españoles +nos agitaríamos en una cárcel de tela, ¡ay!, en los bolsillos de ese +afanador de naciones... ¡Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero +tú no haces números, y en esta época el que no hace números está +perdido.</p> + +<p>—Déjame a mí de números. ¿A dónde vas ahora?».</p> + +<p>El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los +brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa +riquísima en que se sentaría y las personas cultas y elegantes con +quienes había de estar en roce familiar y discreto gran parte de la +noche. Era esta la clase de imaginaciones que más fácilmente se moldeaba +en su cerebro. Miquis lo conocía y le pasaba la miel por los labios, +contándole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describiéndole +aquellos apartados mundos donde ella no podía penetrar sino con la +fantasía, mejor aún, con su ferviente anhelo.</p> + +<p>«Hace pocas noches—le dijo—comí en casa de la duquesa con tu Pez. Parece +que se va a nadar a la Habana, porque aquí se queda en seco. Le han +escamado los usureros. ¿Sabes que me da lástima? Es lo que llaman un +buen muchacho, servicial, amable, cariñoso, débil, y que no hace daño a +nadie más que a sí mismo».</p> + +<p>Isidora, turbada y nerviosa, varió la conversación y fingió ganas de +reír.</p> + +<p>«¡Ah!, me han dicho que te casas. ¿Es verdad?</p> + +<p>—Eso dicen, sí. Y cuando el río suena, boda lleva.</p> + +<p>—¿Con la del notario?</p> + +<p>—Con la de Muñoz y Nones.</p> + +<p>—Bien sabes tú arrimarte a buen árbol. Es rica.</p> + +<p>—Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y +vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazón. Esto +no lo hacemos ya más que los pastores y yo...</p> + +<p>—¿Y es bonita?</p> + +<p>—Para mí no hay otra que se le iguale.</p> + +<p>—«Mejorando lo presente», se dice.</p> + +<p>—Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama.</p> + +<p>—¿Por qué no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a +declarar como testigo. Además es el notario de la casa de Aransis.</p> + +<p>—¡Culebra! Quieres corromper al ave fénix de los notarios.</p> + +<p>—No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de +Aransis. Con eso me basta.</p> + +<p>—No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que él, por sí solo, +desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido +los señores de pluma y sello... Muñoz y Nones ofrece a la admiración de +la humanidad el siguiente fenómeno: es un hombre que ha hecho una +fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como +corresponde a la materia de que está hecha. Mi suegro desacredita y +niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo acá, se ha +tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales +y, por añadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de +nariz y de uñas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha +desaparecido, y en prueba de ello ahí tienes a mi suegro, que es +honrado, franco, liberal, y además guapo, simpático, amabilísimo y de +agradable trato. En estos tiempos de renovación social las figuras +antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para +cada arte o profesión Así verás hoy un juez de primera instancia que +parece un Guardia de Corps; verás un barítono que parece un alcalde de +Casa y Corte; verás marinos que parecen oidores, y hasta podrás ver un +filósofo que se confundiría con un canónigo. Dígolo porque Muñoz y Nones +parece un diplomático. Tiene inclinaciones de gran señor y hábitos de +<i>sportman</i>. ¡Lástima que no haya abierto nunca más libro que la <i>Ley de +Enjuiciamiento civil</i>! Por lo demás, en la honradez es un lince, y tiene +por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos. +Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas +partes sino malos acciones, egoísmo y rapacidad. ¡Error, disparate! El +mundo se pudriría si le faltase en un momento el desinfectante de la +virtud, cuya acción enérgica se nota en todas partes, en las más altas +así como en las más bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy +aburriendo...</p> + +<p>—Quedamos en que recomendarás a tu suegro mi pleito.</p> + +<p>—Quedamos en que es inútil.</p> + +<p>—Bobalicón.</p> + +<p>—Serpiente de cascabel, abur».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Después que se fue Miquis entró Mariano, que buscaba a su hermana para +que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar allí a su +maestro, que al verle se desconcertó, porque hacía una semana que no +aparecía por el taller. Levantose contra él una tempestad de censuras. +Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones +morales, Melchor le llamó vago, pillete y predestinado al presidio, y +hasta su amigo y compañero de café, Relimpio, promulgó sobre la vagancia +los conceptos más severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su +hermana dinero, Mariano se retiró a un banco de palo que en el estrecho +recinto había, y allí permaneció larguísimo rato solo, callado, hecho un +ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un +perro que roe y voltea un solo hueso después de haberle quitado hasta la +última hilacha de carne.</p> + +<p>El afán de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales +que tan grande parte tenían en el ser moral de Mariano, y que habían de +tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la +palabra, en el hijo de D. José Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre +cristalizan, por decirlo así, en envidia, que es unipersonal y +antropomórfica.</p> + +<p>Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde allí el rasguear +de las plumas que en la sala hacían tan lucrativos números, se +preguntaba por qué razón tenía el señorito Melchor sombrero de copa y él +no; por qué motivo el señorito Melchor vestía bien y él andaba de blusa; +por qué causa el señorito Melchor comía en los cafés, galanteaba +bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras él, +el pobre <i>Pecado</i>, comía y fumaba casi como los mendigos, y tenía por +amigos a otros tan pobres y desgraciados como él. La soledad en que +vivía le despabiló antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer +cálculos, no era común en los chicos amparados por padres o parientes +cariñosos. Porque el abandono y el vivir entregado a sí propio, +favorecen el crecimiento moral en el niño. De la índole nativa depende +que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los +colosos del trabajo, así como los grandes criminales, han nutrido su +espíritu en una niñez solitaria. El árbol salvaje, juguete de los +vientos en deshabitado país, adquiere un vigor notorio.</p> + +<p>Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni sabía +apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quería vivir con su +tía Encarnación porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque +le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones. +Gustaba de albergarse en fementidas casas de huéspedes de los barrios +del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de +tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y comía en las +tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de +voluntad, que es propio de los vagos; aguzó su ingenio, precipitó su +desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender +que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la +adquisitividad, del disimulo y de la adaptación. No se explican de otro +modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperación de +la Policía y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y +veinte años. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un +prodigio de agudeza, un archivo de triquiñuelas jurídicas y un burlador +hábil de la Policía. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe +más mundo y más Economía política que los doctores recién incubados en +la Universidad.</p> + +<p>Hallábase Mariano a la sazón a punto de consumar su sabiduría en +aritmética parda; se le había desarrollado ya el genio de los cálculos, +el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la +adaptación, del disimulo y de la doblez.</p> + +<p>Después de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del +recibimiento, asistió de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por +hipocresía. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con él aquellos +días, que no sabía qué hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria, +que hasta llegó a llamarle hijo y a departir con él como de igual a +igual.</p> + +<p>«Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero tú mismo +conoces que el trabajo es la vida, la religión del pueblo... Voy a +hacerte una proposición. ¿Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy +solo. Te daré un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no +hay lujo, pero no falta nada de lo necesario».</p> + +<p>Después le hacía acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a +las que Mariano no sabía qué contestar. Si su hermana vivía contenta, si +se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesón, si +iba al teatro. Además, el maestro Juan Bou parecía reventar de gozo... +Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegría; unos la +atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se +había sacado el premio gordo de la Lotería. Pero Juan Bou desconcertaba +todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volvía +triste y daba unos suspiros que habrían partido la piedra litográfica si +esta fuera un poco menos dura. Creyérase que se incomodaba consigo mismo +y que quería echar de sí una mala idea. Algunos días trabajaba poco, y +más de una vez ocurrió que se retrasaran y embrollaran los dibujos <i>A</i> o +<i>B</i> por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente +desusada en hombre tan metódico para el trabajo.</p> + +<p>Otro suceso digno de llamar la atención ocurrió por aquellos días. Juan +Bou notó que la contabilidad en la empresa de las Rifas benéficas no +marchaba con toda la limpieza que debía esperarse, y ya fuera por +obedecer a su conciencia, ya por ceder al egoísmo, que le aconsejaba no +comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando +a toda participación en ella. Quedose, sí, con los trabajos de +litografía, que le habían de pagar religiosamente, según convenio. Desde +entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas.</p> + +<p>Entrado el mes de junio, Mariano notó con envidioso asombro que Melchor +avanzaba rápidamente por el camino de la prosperidad. Salía en coche de +dos caballos, acompañado de señorones; comía siempre fuera de casa; +recibía regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le +traía ropas y más ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de +tanto pensar en la creciente prosperidad del señorito Melchor, <i>Pecado</i> +perfeccionaba su <i>intellectus</i>, enriqueciéndolo con luces nuevas acerca +de la propiedad, de la adquisición del número y de la cantidad, luces o +ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y +el vago apuntar del plan artístico en la mente del poeta, al pasar de +niño a hombre.</p> + +<p>Por San Juan dejó de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su +hermana, y como esta no quisiese dárselo, se enfureció, trabáronse de +palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, él le dijo algún vocablo +malsonante, lloró Isidora, intervino con más celo que autoridad don +José, y, por fin, el chico salió de la casa gruñendo así:</p> + +<p>«No me quieres dar nada. Pues me lo dará Gaitica...».</p> + +<p>Desde aquella noche Mariano desapareció. Le buscaron y no fue hallado +por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de él.</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Con estas y otras cosas, Isidora cayó en grave tristeza. Sus insomnios +se repetían casi todas las noches, atormentándola con el alternado +suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y +de terror o desengaño. Un pensamiento, referente a cosa muy práctica, la +punzaba y afligía, y era el siguiente:</p> + +<p>«Por cierto que en mes y medio que llevo aquí, Melchor me ha ido +facilitando, facilitando cantidades, que será preciso pagarle algún +día... Es tan cómodo el sistema para mí, que sin saberlo cómo, me estoy +empeñando en dinerales. Me basta decir a D. José mis necesidades; D. +José corre a la sala, habla con él, y del fondo de Rifas... ¡Dios mío!, +¿a cuánto subirá ya? Yo no lo sé, porque no apunto nada. Aquí vendrían +bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntará, de fijo, y pensará +cobrarme, pero ¿de qué manera?...».</p> + +<p>Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y decía:</p> + +<p>«Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado. +Pero hasta que pase el verano no habrá nada. El abogado me da grandes +esperanzas. ¡Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar +del lazo que me tiende!...».</p> + +<p>Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, decía:</p> + +<p>«¡Pobre Bou! Es el animal más cariñoso que conozco. Le quiero como se +quiere al burro en que salimos a paseo».</p> + +<p>El barrio en que su mala suerte la había traído a vivir, era para la de +Rufete atrozmente antipático. Algunas tardes salía con <i>Riquín</i> y D. +José a dar una vuelta por la calle del Mesón de Paredes, el Rastro y +calle de Toledo, y sentía tanta tristeza como repugnancia. El calor era +ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las +aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en +todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de +grosería que su compañero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez +de las aceras, obligando al transeúnte a contradanzar constantemente del +arroyo a las baldosas, añadía nueva incomodidad a la molestia de la +bulla, del mal olor y del polvo.</p> + +<p>Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto, +solía dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol «para +respirar un poco de civilización». Pero no se aventuraba mucho por los +barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de +objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era +como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazón. +La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la +llevaban a las afueras, con gran gusto de D. José, que amaba el campo y +los retozos pastoriles.</p> + +<p>Julio hacía de Madrid una sartén. <i>Riquín</i> fue atacado de las tos +ferina, y era preciso llevarle a otra parte. ¡Pobrecito Anticristo! Daba +pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin +aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo +instante... Pero su mamá carecía de recursos para el viaje, de lo que +recibía grandísima pena. Joaquín Pez estaba en Francia, y ni siquiera +escribía... Afortunadamente (y quién sabe sí desgraciadamente), Melchor +se brindó de muy buen grado a resolver el difícil problema. ¡Porque la +pobre carecía de tantas cosas! No tenía ningún vestido propio para +viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del +verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus +bailes y fiestas. <i>Riquín</i> estaba casi desnudo.</p> + +<p>«Nada, nada—dijo Melchor en tono paternal—; yo no puedo consentir que +carezcas... Pues no faltaba más...».</p> + +<p>Empezaron a funcionar las modistas, y estas, así como la elección de +telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distraída y +excitada durante algunos días. La vanidad le hacía vivir doble y la +engañaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza. +Volvió a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de +cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse +con su hermosa imagen delante del espejo. ¿Qué es la vida? Un juguete.</p> + +<p>Melchor decidió que fuese al Escorial, y él quiso acompañarla. A Isidora +no le hacía maldita gracia la compañía; pero las circunstancias, ¡ay!, +con su abrumadora lógica, la obligaron a aceptarla. Hallábase en las +unas de su insidioso prestamista, y no podía evadirse. Fue víctima de +una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cayó en +una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. Aún podía +salvarse rompiendo por todo, declarándose insolvente y resignándose a la +indigencia; pero <i>Riquín</i> tenía la tos ferina, estaba como un hilo, +amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el +fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, según Isidora decía, +llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios +defectos.</p> + +<p>Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa. +¡Atroz destierro y pesadumbre para D. José! Según el bien meditado plan +del sesudo Melchor, este iría y vendría, residiendo algunos días en El +Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitían abandonar +la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don José +iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor +quedaba en Madrid. ¡Qué feliz aquel día! ¡Diez horas con Isidora y con +<i>Riquín</i>! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza +sombría y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo hacía en los términos +más desfavorables para el aprovechado joven. ¡Y qué ardientes deseos +tenía de volver a Madrid! <i>Riquín</i>, ya muy mejorado, saltaba y corría +por el campo, y en sus mejillas renacían los frescos colores de la +salud. Todo el día lo pasaba D. José embelesado, y no hartaba sus ojos +de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaña, se +sentaban, hacían vida de idilio, semejante a la que D. José había visto +pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba +Relimpio a Madrid y a su casa; dormía como un santo y soñaba que era +pájaro y que cantaba posadito en la rama de un árbol. También <i>Riquín</i> +era pájaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo aéreo. +Isidora era una avecilla melancólica. Todos cantaban; pero D. José era +el que cantaba más y el que a la rama más alta subía.</p> + +<p>A mediados de septiembre regresó Isidora a Madrid, dejando fama en la +colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurrió en la vida de Melchor +un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se +hundieron como por escotillón, sin que se supiera la causa. Juan Bou +decía que los señores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos, +culebras y otras alimañas en la gestión del joven Relimpio. Lo cierto +fue que un día vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo +el material de la oficina. Melchor se despidió por la tarde de su padre +y de Isidora, diciéndoles que allí les quedaba la casa, que hicieran de +ella lo que gustaran, porque él se iba a Barcelona a emprender un nuevo +negocio.</p> + +<p>Quedáronse, pues, solos los tres: Isidora, <i>Riquín</i> y el viejo, y véase +por donde vino a ser casi real el sueño ornitológico de D. José: los +tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pájaros, porque no +tenían más que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera +darles para pasar del hoy al mañana. El mundo se diferencia de los +bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas +tenían casa, pero no con qué pagarla, pues Melchor había dejado las +arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros +de moneda alguna. «Dios aprieta, pero no ahoga», dijo Relimpio. Isidora, +para atender a las apremiantes necesidades de cada día, empezó a +despojarse de su ropa. No era la primera vez que tenía que desnudarse +para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cómoda a la +cocina, por conducto de las prenderas. Últimamente, en un triste y +húmedo día de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. ¡Era +el último plato!</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_IXa" id="Capitulo_IXa"></a>Capítulo IX</h3> + +<p class="head">La caricia del oso</p> + + +<p>En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados +habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su +equipaje, como el buque náufrago que arroja su carga para mantenerse una +hora más sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches después +del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa +catástrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar +sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un +galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no +fuese áspera, y así, hablando del pueblo y de la liquidación social, +usaba términos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salían +de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser émulo de +los ruiseñores. En esto se conocía la pasta de su corazón.</p> + +<p>Miquis había hecho del buen litógrafo infinitas definiciones. Era, según +nuestro amigo, un tonel con marca de <i>alcohol</i> y lleno de agua; un oso +torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable; +un cardo con cáliz de azucena; un gorrión vestido de camello, y un +epigrama escrito en octavas reales. Oírle contar sus épicas luchas por +la causa del pueblo era el gran pasmo de D. José y de <i>Riquín</i>; pero +Isidora no contenía fácilmente la risa.</p> + +<p>Las galanterías de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso +mostrar el cariño a su amo matándole una mosca sobre la frente. Alguna +vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y +naturalidad. Era como esos mascarones trágicos que en el arte decorativo +aparecen echando flores de sus bocas monstruosas.</p> + +<p>Una de las deferencias más expresivas que Bou tenía con Isidora y su +padrino, era ofrecerles participación en los billetes de Lotería que +jugaba; pero como había tanta falta de dinero en la casa, rara vez se +realizaba la operación. El oso quería ceder gratuitamente la parte de +billete, pero Isidora no lo consentía. Las demás atenciones eran +acompañarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a +<i>Riquín</i> y darles de noche larga y cariñosa tertulia. ¡Era blandamente +obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intención de decirle +algo delicado y difícil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba +Juan Bou callado y suspirante. Parecía que su misma fiereza nutría su +timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatábase a charlar de +cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus +ganancias, y hacía planes de vida regalada y espléndidamente metódica. +Además tenía noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y +esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadísimo, aunque algo +le faltaba, sí, algo le faltaba para ser completamente feliz.</p> + +<p>También hacía mención de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que seguía +enferma, y al oír mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmovía +y alteraba. Repetidas veces la invitó Bou a visitar juntos el palacio de +Aransis, cuyas bellezas él no había visto; pero Isidora se excusaba +siempre por miedo a la exacerbación de sus sentimientos en presencia de +aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida.</p> + +<p>Un día que la Rufete venía de casa de su prendera, encontró al litógrafo +en la calle del Duque de Alba.</p> + +<p>«Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana—le dijo—. Está peor, y +anoche le han dado los Sacramentos. ¿Quiere usted venir?».</p> + +<p>El primer impulso de ella fue rechazar la compañía de Bou; pero con tal +empeño redobló este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no +quiso ser esquiva con él en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra +parte, la misma emoción que temía la solicitaba con fuerza misteriosa. +Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad +de ellas, indefinible simpatía del humano corazón con lo patético. Como +la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, así el alma +siente la atracción alevosa del drama.</p> + +<p>Llegaron. Rafaela mejoró aquel día, y los Sacramentos, dando reposo y +alegría a su espíritu, habían amansado el mal. Alonso parecía contento y +con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron +largo rato en la salita de la portería, hablando de enfermedades en +general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Mataró, +patria de los Bous, de los médicos, del remedio <i>A</i> o <i>B</i>... Realmente, +Isidora no tomaba parte en la conversación sino con monosílabos de +cortés aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la +observación de la portería de su casa, y en admirar la confortable +humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincón de un palacio de +ricos. La estera, la cómoda, los muebles, desecho glorioso de la +anterior generación de Aransis, y sobre todo las múltiples láminas de +santos y vírgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de +ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusión, la ocuparon +todo el tiempo que allí estuvo. Cansado de hablar y enormemente +satisfecho de la mejoría de su hermana, levantose Bou del sofá de paja, +emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirándose, dijo:</p> + +<p>«Matías, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba».</p> + +<p>Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso miró a Isidora con +atención recordativa.</p> + +<p>«Me parece—indicó—que he visto aquí otra vez a esta señorita... En fin, +suban ustedes y vean lo que hay».</p> + +<p>Juan Bou subió la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia +era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subió corriendo y en el +último peldaño esperó a su amigo, echándole una mirada triste y una +sonrisa discreta y amistosa, a la cual se podía dar atrevida +interpretación de burla. La persona del bravo catalán se componía de dos +partes: su cuerpo atlético, liado en una americana de cuadros, y un +bastón roten, cuyo puño, formado de un asta de ciervo, se encorvaba, +ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptación, ya para +apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una +especie de batuta de la palabra. Jamás, fuera de casa, se separaban el +bastón y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, según los casos. +Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma más vulgar, +ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte +estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie.</p> + +<p>Y al subir canturriaba entre dientes. ¿En qué consiste que es tan +difícil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin +saber lo que decía, Bou entonó a murmullos no sabemos qué música con +letra de aleluyas. Isidora no podía contener la risa oyéndole cantar: +<i>Vienen luego los ciriales—con las mangas parroquiales</i>.</p> + +<p>«¡Cómo me canso de subir escaleras!—dijo el oso torcaz llegando arriba—. +Cuando se reforme la sociedad, se suprimirán los escalones. Piso bajo +todo el mundo».</p> + +<p>Abrió la primera puerta y entraron; y mientras Bou seguía franqueando +puertas, Isidora hacía lo mismo con los balcones para que entrase la +luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creeríase que todo el +contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado. +Despertaba todo, abriéndose cual ojos soñolientos, y la luz, acometiendo +las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapicerías, muebles +y cuadros.</p> + +<p>«Anda, anda, ¿quién será este animal?—decía el litógrafo parándose ante +los retratos—. ¡Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo creí que era +usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, señor, no nos +comemos la gente... Toma; también hay aquí una monja. ¡Y es guapa...! +Buena pieza sería usted, hermana. ¡Qué tiempos! Siento que se hayan +ustedes muerto, señores, porque así no verán cómo vamos a arreglar a las +sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... ¡Ah!, usted, +el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted, +caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el día de +la justicia, no nos miraría con esos ojos... ¡Quia!, se le pondría una +escoba en la mano; mi señor cruzado barrería las calles..., y +<i>palante</i>».</p> + +<p>Después, volviéndose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de +su amigo, miraba a la calle al través de los vidrios, le dijo:</p> + +<p>«Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los +afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que +representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa +trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos +palacios llenos de vicios y crímenes, sí, de crímenes, no me arrepiento +de lo dicho. ¡Maldita casta!... Isidora, ¿no piensa usted como yo? Por +ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una +mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa más que una silla +dura en que sentarse, mientras estos tíos..., estos tíos, por no decir +otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada, +pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles +blandos, que ellos no saben fabricar».</p> + +<p>Y uniendo la acción a la palabra, se recostó, mejor dicho, se dejó caer +sobre un sillón de muelles en los cuales se hundía su pesado cuerpo.</p> + +<p>«<i>Voto va Deu</i>, ¡qué blando es esto!, ¡qué comodidad!—exclamó riéndose +de su propia malicia—. ¡Valientes pícaros! Ya os daría yo en vez de +sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintería... ¡Hala, y +darle al mazo!».</p> + +<p>Tan groseras chocarrerías irritaron a Isidora. ¡Y el pobre Juan Bou tan +inocente del efecto que producían sus ladridos! A cada instante decía: +«¿No piensa usted como yo?», y andando de un lado para otro, se tiraba +con violencia en sillas y sofás para probar su blandura, se arrodillaba +en el cojín de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se +reía como un salvaje, ponía el dedo en los bronces, acariciaba las +mejillas de las ninfas doradas, decía chicoleos a las damas retratadas, +y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastón +sobre el piso, como deseando que también la alfombra recibiese, con el +lenguaje de los palos, la expresión contundente de la ira del pueblo... +En tanto Isidora no le podía mirar. Creía ver en sus palabras, en sus +actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su +bastón, erigido en intérprete del populacho, la profanación más odiosa. +Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborrecía, le +execraba, y habría dado algo de gran valor por poder plantarle en la +calle, después de mandar que le rompieran su bastón en las costillas.</p> + +<p>«¡Y qué cortinas!—decía Bou tocándolas de un modo irreverente con el +roten—. Esta gente no gusta de tener frío. ¡Toma!, el frío se ha hecho +para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay +dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los +pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., ¿no opina usted como +yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que +vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. ¿No +cree usted lo mismo?».</p> + +<p>La de Rufete, por no contestarle con la severidad que merecía, no decía +nada, y hacía como que miraba las porcelanas. Bou admiró también +aquellas mil chucherías que no servían para nada; las tocaba, las cogía +en la mano y las volvía a poner con violencia en su sitio, a riesgo de +romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha +importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, después a +gritos; pero Isidora no respondía.</p> + +<p>Pasó Bou a otra sala; de allí a un hermoso gabinete, del gabinete a una +recatada y obscura alcoba, y allí creyó distinguir a la que buscaba. La +escasa claridad no permitía a Juan Bou ver los objetos. Avanzó, empezó a +ver bien, y en efecto, allí estaba Isidora, sentada junto a una cama en +la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo, +lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor +tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su +monótona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y +después hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso. +¿Está usted mala? ¿Tiene usted algo?</p> + +<p>Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tomó una silla y se sentó junto +a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le causó +grande aflicción. Había recordado súbitamente que Isidora pleiteaba con +una casa noble. ¡Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, sí, +recordaba haber oído vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba +de su pleito sin nombrar jamás a la marquesa. Sin duda las cosas +importunas dichas por Bou al visitar las salas habían ofendido a la +joven, que se suponía heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia.</p> + +<p>«¿Está usted enojada conmigo por las tonterías que he dicho? ¿Se ha +resentido usted?...».</p> + +<p>Isidora negó con la cabeza.</p> + +<p>«¡Ah! ¡Ya sé, ya sé!»—exclamó él con regocijo, variando de pensamientos.</p> + +<p>Creyó penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga. +Había entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel +día los ahogos pecuniarios habían llegado a su mayor grado, y la infeliz +e interesante joven se veía amenazada de un conflicto grave. ¡Oh! ¡Qué +bella ocasión se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral +que ha tiempo meditaba! ¡Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento +podía atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola, +hemisferios diversos de un solo mundo infinito.</p> + +<p>Algo había en el lugar solitario y recogido, así como en la pena de +Isidora, que le incitó a no retardar más tiempo su generosa resolución. +¡Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le había parecido +hermosa, en aquella le pareció punto menos que sobrenatural, engalanada +con la divina expresión de su pena. Lástima y amor juntos, ¡qué poder +tan grande sois!</p> + +<p>«Isidora, Isidora»—dijo balbuciente la hidra sin hiel.</p> + +<p>Después se calló por algún tiempo. Pasó un cuarto de hora, que fue para +él un cuarto de siglo. Deshaciéndose todo en un suspiro colosal, volvió +a decir: «Isidora».</p> + +<p>Esta le miró sin hablarle, fijando en la ciclópea catadura de Bou sus +ojos empañados por las lágrimas. Bou sintió que su corazón se partía en +una porción de pedazos, y se expresó así con acongojada voz:</p> + +<p>«Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar +las mías. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a +usted...».</p> + +<p>Isidora, con su penetración admirable, comprendió todo. Tuvo una visión. +Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le +lamía las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo +alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al +allanamiento de las moradas aristocráticas por la irritada y siempre +sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas +las clases, el fiero populacho quería infamar las grandes razas +emparentándose con ellas.</p> + +<p>«Mis intenciones han sido siempre buenas—dijo el catalán, que, +imposibilitado de remontarse al drama, caía en la vulgaridad—. Primero +me agradó usted; después me hizo soñar; hízome pensar después. Tornose +esto en una necesidad del corazón, y como estoy solo, como no me gusta +estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy +trabajador, gano bastante y holgura... ¡Desde que la vi a usted me gustó +tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: «¿Quién será?...». En fin, +que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted... +Vamos, ya lo dije... y <i>palante</i>».</p> + +<p>Isidora, estupefacta, no sabía en qué términos responder. Tenía que +contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel bárbaro le +causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no debía +recibir el desaire con crudeza y desvío. Ella valía infinitamente más +que él, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida podía +hacerla inferior. ¡En qué vacilación tan grande estaba! En su alma el +asco era inseparable del agradecimiento. ¿Cómo contestarle y expresar en +una frase el desprecio y la consideración?... ¡Que un ganso semejante se +atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de +palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... ¡cuán sencillo y +generoso! Ofrecía su mano con verdadera intención y creencia firme de +hacer un bien. ¡Si el pobre no alcanzaba más; si era un zopenco; si +ignoraba con quién hablaba...! Isidora buscó rápidamente las frases más +convenientes, y al fin dijo:</p> + +<p>«Señor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposición; yo le aprecio +a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no +admitir..., porque quiero a otro hombre.</p> + +<p>—¡Quiere a otro hombre!—repuso con aturdimiento el litógrafo—. Después +que nos casemos le olvidará usted, y me querrá a mí. Yo soy muy bueno».</p> + +<p>Isidora sonrió.</p> + +<p>«Yo soy bueno, aunque así, al pronto, meto miedo, por estas ideas que +tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me esté mal el +decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de +hablar tan tremendo. Eso sí, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre +que valgo para cualquier cosa, y en Cataluña basta que yo me presente +para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y +gano; espero una herencia... No le faltará a usted nada.</p> + +<p>—Quiero a otro hombre—repitió Isidora, creyendo que esta afirmación daba +a tan penoso asunto el corte brusco que más convenía.</p> + +<p>—Y ahora—dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta—, ¿lloraba usted por +ese...?».</p> + +<p>La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el +aborrecimiento de Juan a los más altos límites.</p> + +<p>«Sí, sí; por él»—repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se +callaba el monstruo y la dejaba en paz.</p> + +<p>Y como se desgaja la peña del monte y rodando cae al llano y aplasta y +destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez, +rodeado de muerte y silencio, así se desprendió del alma de Juan Bou su +esperanza; rodó, hizo estrago, produjo cólera y despecho; pero bien +pronto todo quedó en atonía dolorosa y muda. Miraba al suelo y su +respiración sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada +rato está más lejos. La cólera fue instantánea. Pasó dejando el +abatimiento en el alma y la confusión en el cerebro del coloso. Y en el +cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de +un canto acompañado de sílabas. ¿Por qué esas músicas pegajosas, que +toman posesión del oído y de los labios, insisten en su fastidioso +dominio cuando el alma azarada, después de una catástrofe, se desmaya en +duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, sí, que entre el oído, el cerebro +y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que decía: <i>Los +curas van alumbrando—el Miserere rezando</i>.</p> + +<p>Isidora había secado sus lágrimas. Para poner fin a tan fastidiosa +escena, lo mejor era marcharse.</p> + +<p>«Yo no puedo detenerme más»—dijo andando lentamente hacia la puerta.</p> + +<p>Bou no contestó nada, ni hizo movimiento alguno.</p> + +<p>«¿Viene usted?».</p> + +<p>Al decir esto, la miró desconsolado. Isidora sintió provocación de risa, +pero se contuvo.</p> + +<p>«Nos iremos»—dijo Bou levantándose con tanta pesadez, que parecía +haberse hecho de bronce.</p> + +<p>Isidora iba delante, él detrás, Salieron y bajaron sin decirse nada. En +la puerta de la calle, el desairado amante manifestó que se quedaría un +rato más en casa de su hermana.</p> + +<p>«Me ha matado usted—dijo al despedir a la ingrata—. Creo que estoy malo. +Maldita sea mi suerte».</p> + +<p>Y cuando ella se alejó, el bárbaro, mirándola desde el portal, pensaba +cosas tristísimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados +brotaban en burbujas sueltas.</p> + +<p>«¡Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... ¿Soy +acaso un chisgarabís, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?... +Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan útil a la humanidad; yo que tengo +estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: ¿Por qué es tan guapa?... El +demonio le hizo a ella la hermosura y a mí los ojos... ¡Despreciarme a +mí!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si +el hombre no tuviera que nacer de ella, debería ser suprimida».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_Xa" id="Capitulo_Xa"></a>Capítulo X</h3> + +<p class="head">Las recetas de Miquis</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Día de prueba fue el siguiente. No sólo estaban agotados todos los +recursos, sino también todas las combinaciones para vencer los apuros +del momento. No había crédito, no había materia pignorable. ¡Oh +situación horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora, +<i>Riquín</i> y D. José tenían hambre.</p> + +<p>Inspirado por la desesperación, D. José tuvo una idea, ¡oh rasgo de +humanidad y de amor! Se le ocurrió salir disfrazado a pedir limosna, +seguro de encontrar almas generosas. No llegó esto a efectuarse porque +se opuso resueltamente Isidora. ¿Pero qué harían? ¿Pedir a Emilia? De +ninguna manera. Antes acudir a la limosna. ¿A quién, a quién, ¡Dios de +mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades?</p> + +<p>Alguien se presentó en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase +para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos +anticipos eran tales, que la joven los rechazó, espantada. El loco amor +al lujo y las comodidades eran los puntos débiles de Isidora; su +necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y +castillos; pero no obstante estas desventajas, resistía batiéndose con +el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza +tomó en esto, que cortó los vuelos a la tentación, diciendo: «Antes +pediré limosna». ¡Oh!, si Joaquín estuviese en Madrid, no pasaría ella +tan crueles angustias. Pero a París, donde estaba, le había escrito +siete veces en tres meses sin obtener contestación. Volvíase con el +pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que, +cercano a las llamas, busca un escape, un sostén, una cuerda... ¡Ah, +cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una +persona, y la esperanza rieló en la superficie de su ennegrecido +espíritu.</p> + +<p>Era de noche. Al día siguiente pondría en ejecución su pensamiento. Por +fortuna, D. José había tenido la inmensa suerte de encontrar aquella +tarde a un bondadoso amigo que le facilitó la cantidad precisa para un +mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habría con qué +desayunarse a la venidera mañana, pasó tranquila la noche. A las once +del siguiente día llamaba a una puerta.</p> + +<p>«¿Está el doctor Miquis?».</p> + +<p>¡Qué suerte! Estaba. Pasó la joven al despacho, y allí, sola con el +médico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazón, +rompió a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar, +preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no podía decir más que +esto, que repitió tres veces:</p> + +<p>«Dame de comer y no me toques».</p> + +<p>Augusto se puso serio, comprendiendo que la situación de su amiga no era +para tratada en broma. Hablaron. Él, aunque joven, tenía el arte de la +interrogación, y ella comprendía cuán ventajosas le serían la +espontaneidad y franqueza. Así, al cuarto de hora de confesión, ya +Miquis sabía los últimos episodios de la vida de ella, el viaje al +Escorial, la penuria, la declaración de Bou, las proposiciones de +aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formuló +Isidora la síntesis de su problema, diciendo: «¿Qué debo hacer para +poder vivir?», Miquis se quedó en silencio un buen rato, y después le +contestó así:</p> + +<p>«No te apures, no te apures. Veremos. Estás enferma, estás llagada. Tu +mal es ya profundo, pero no incurable».</p> + +<p>La inspiración brotó en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugirió +una idea, y con la idea estas palabras:</p> + +<p>«Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo».</p> + +<p>Isidora llenó el despacho con un suspiro. Era el quejido de su +enfermedad, ya extendida y profunda.</p> + +<p>«Manos a la obra—dijo Augusto con gran solemnidad—. ¿Quieres que te +cure? Responde ¿sí o no?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Pues bien: ¿Estás dispuesta a ponerte a mis órdenes, y a hacer +ciegamente lo que yo te mande?</p> + +<p>—Sí, sí—replicó ella con ansiedad doliente.</p> + +<p>—Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires.</p> + +<p>—¿Me mandas al campo?</p> + +<p>—No... Mejor dicho, sí, te mando a un valle urbano».</p> + +<p>Y llevándola al balcón, le mostró la casa de enfrente. En el piso bajo +veíanse unas rejas, por entre cuyos hierro salían matas de tiestos, +colocados dentro en una tabla. La casa hacía esquina, y el cuarto bajo a +que correspondían las rejas tenía por la otra calle una tienda con dos +vitrinas. Pero esto no se veía desde el balcón de Miquis, aunque se +adivinaba, mirando un rótulo que en áureas letras decía: <i>Castaño, +ortopedista</i>. Otra grande y aparatosa muestra, colgada más arriba, en el +piso principal de la misma casa, decía: <i>Eponina, modista</i>. Como Isidora +la mirase, díjole Miquis:</p> + +<p>«Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que +está abajo.</p> + +<p>—Sí; Ahí viven Emilia y Juan. ¡Qué felices son!</p> + +<p>—Pues en esa casa, en ese establecimiento salutífero vas a vivir desde +mañana.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Si vieras qué envidia les tengo! Pero no, no me admitirán.</p> + +<p>—¿Te negarán ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo al +mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los días.</p> + +<p>—Entonces tú les pedirás que me admitan...</p> + +<p>—Hoy mismo; pero ya comprenderás que les he de responder de tu buena +conducta. Cuidado...</p> + +<p>—¡Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz...</p> + +<p>—Bien—dijo Miquis, retirándose del balcón—. Ahora viene lo mejor. Una +vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de +nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu +espíritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el +valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te +administre una infusión de principios morales, para lo cual, como tu +estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. ¡Oh! ¡Si tuvieras +buena voluntad...!</p> + +<p>—La tendré.</p> + +<p>—Ahora viene lo gordo, hija. Después de entonarte, paso a recetarte el +gran emético, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la +tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo +y regenerarte por completo.</p> + +<p>—¿Cuál es la medicina?</p> + +<p>—Pues que te cases con Juan Bou».</p> + +<p>Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso +una cara..., ¡Jesús, qué cara!</p> + +<p>«Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. ¿No has oído +decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la +vida?</p> + +<p>—Sí lo he oído; pero te diré...</p> + +<p>—Pues considera si en tu situación puede haber para ti fortuna mayor que +el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas un +Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa una +mirada atrás, otra delante, y di si mi medicamento no está perfectamente +indicado.</p> + +<p>—Yo no sé si será eficaz o no—dijo Isidora con tristeza y confusión—. +Podrá serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestión de +matrimonio, el gusto y el amor son lo primero...</p> + +<p>—Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un +monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de +sus bravatas, tiene el corazón más bondadoso y tierno del mundo.</p> + +<p>—Lo sé, lo sé...; pero... quita allá, por la Virgen Santísima; yo no +seré su mujer. No lo pienses... Este caso mío no es como otros +casos—dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento +expresase la convicción firmísima de su alma—. Para juzgar las cosas +conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada más que lo que +parezco, la cosa no tenía duda; pero tú bien sabes que sostengo un +pleito de filiación con una familia poderosa; tú debes considerar que el +mejor día gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y +a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son míos y me +pertenecen. Pues bien, ¿te parece bonito que al tomar posesión de mi +casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me +lucía... Miquis, tú estás lelo: yo no sé dónde tienes el talento, cuando +dices ciertas cosas.</p> + +<p>—¡El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiológico que me +trae a la memoria otra de las más importantes medicinas que te voy a +recetar.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseñanza +primaria; después sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por +último viene la extirpación del cáncer, que es la idea del marquesado».</p> + +<p>Isidora creía escuchar el mayor de los insultos.</p> + +<p>«Si de ese modo quieres curarme—dijo con altivez—, renuncio a tus +medicinas.</p> + +<p>—Entendámonos—añadió Miquis rectificando—. Si tus derechos no son una +farsa, si hay algo de serio y legítimo en eso, enhorabuena que siga +adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la +idea de ocupar una posición superior, que no vivas anticipadamente en +ella con la imaginación, sino que tengas paciencia y reposo de +espíritu... ¿Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y +sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en +que todos vivimos. ¿No quieres? ¿No aceptas mi plan?</p> + +<p>—No lo acepto, no—dijo Isidora de muy mal humor—. Es un plan tonto.</p> + +<p>—¡Ah mimosa! ¿Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebeldía? Pues +no tenerte lástima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra común +en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu +deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabarás en +un hospital.</p> + +<p>—Bien, me agrada eso. O en lo más alto o en lo más bajo. No me gustan +términos medios.</p> + +<p>—Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... ¿Conque quedamos +en eso?</p> + +<p>—¿En qué?</p> + +<p>—En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como +incurable y hacerte el amor.</p> + +<p>—¡Qué disparates dices!</p> + +<p>—¿Vámonos al Retiro?... ¿Te acuerdas de aquellos paseítos, del Museo, de +las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos?</p> + +<p>—Bien me acuerdo... Déjate de tonterías.</p> + +<p>—No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te decía. No habrá +aquello de «me caso contigo». Entonces te lo decía; pero no pensaba +hacerlo, no creas...</p> + +<p>—Ya lo suponía.</p> + +<p>—¡Y la verdad es que me gustabas muchísimo!... Y si he de serte franco, +creía hacer contigo la gran conquista. Yo quería acreditarme entre mis +compañeros, y decía para mí: «Esta no se me escapa.» ¡Y qué +traidoramente se me escapó! Hoy nos encontramos otra vez. Tú, después de +dar mil vueltas, vienes a mí... Pues mira, simplona, te juro que en este +momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los +puntos..., y si no fuera por esta...».</p> + +<p>Se levantó, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostró a +Isidora.</p> + +<p>«¡Ah!, tu novia... Ya sé que te casas pronto, maulón. ¿Sabes que no vale +nada?</p> + +<p>—Te pego si lo vuelves a decir. Vale más que tú. No es muy guapa; pero +es un ángel.</p> + +<p>—Si no vale dos cominos—dijo Isidora riéndose descaradamente ante el +retrato.</p> + +<p>—¿Qué entiendes tú de eso? Esta, esta que ves aquí es mi salvaguardia +contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta, +¿la ves bien?, por esta con quien me casaré el lunes, Dios mediante, me +libro del peligro de tenerte ante mí, y me hago un señor héroe, y +atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo, +aunque no quieras... Esta tarde misma hablaré con Emilia, y mañana te +irás a vivir con esa gente, para que aprendas, víbora, para que veas, +pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien».</p> + +<p>A cada frase daba un paso hacia ella, amenazándola con el retrato. Ya +Isidora se había serenado bastante, y no veía las cosas tan tétricamente +como antes. Él, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de médico, +el énfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradación rápida, el Miquis +de antaño, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrería +metafórica y su corazón repleto de bondad.</p> + +<p>«No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas—dijo Isidora +repentinamente—. ¿Me las dejas escribir aquí, en tu mesa?</p> + +<p>—Sí, sí, ángel ponzoñoso»—contestó Augusto, en cuya alma retoñaban +devaneos estudiantiles.</p> + +<p>Precipitadamente sacó papel, sobres. Isidora se sentó en el sillón de la +mesa de despacho, él la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la +joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se +paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con +expresión entremezclada de asombro y miedo, diciendo para sí:</p> + +<p>«Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin dárteme a +conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartón que se +llama severidad de principios».</p> + +<p>Y volvió al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar.</p> + +<p>«Pero si me caso el lunes, y hoy es miércoles... ¡En qué ocasión se le +ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre, +<i>homo sapiens de Linneo</i>, no te deslices, coge una piedra y date con +ella en el pecho como San Jerónimo. Honradez, tienes cara de perro...».</p> + +<p>Isidora dejó de escribir, poniendo la pluma a un lado.</p> + +<p>«Voy a descansar un ratito.</p> + +<p>—Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto... +Estás en tu casa...</p> + +<p>—Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podías haber puesto +ese esqueleto en otra parte. ¡Qué horror!</p> + +<p>—Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana.</p> + +<p>—¿De quién serían esos pobres huesos?...</p> + +<p>—Son de mujer. Quizás una tan hermosa como tú... Mírate en ese espejo.</p> + +<p>—Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. ¡Y cuánto librote! A +ver. ¡Jesús, que títulos! Todo Medicina. ¡Qué lástima de dinero empleado +en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque tú no sabes nada, +Miquis; eres un ignorante, un tonto.</p> + +<p>—Quizás estás diciendo la más profunda verdad que ha salido de esos +labios, de esas envenenadas rosas. Sí, soy un mentecato. Desprecia a +Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permitió que ese tesoro +fuera para todos menos para él. El simple y desventurado Miquis ha sido +un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su +lado pasó, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la +vida, y Miquis volvió los ojos para contemplar embebecido, ¡ay!, la +rugosa faz de los catedráticos. La ocasión de vivir, de gozar, de ver +cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias +veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en +toda ocasión hermosa, se iba a descuartizar cadáveres... ¡Y este Miquis +se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud +y entra en la madurez de la vida, en el régimen, en la rutina y método! +Para él se acabó lo imprevisto; se acabarán los deliciosos disparates. +¡Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro, +amas de cría. Terrible cosa es recibir el adiós a la libertad, y ver la +espalda a la juventud fugitiva. ¡Bienaventurados los chiquillos, porque +de ellos es la vida!</p> + +<p>—Tienes una bonita casa—dijo Isidora sin hacerle caso—. ¿Cuánto te +cuesta?</p> + +<p>—A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. ¿Han concluido tus +cartas?</p> + +<p>—Voy a concluirlas».</p> + +<p>Y él volvió a pasearse y a mirarla... ¡Qué hermosa estaba! ¿Quién lo +metía a él a moralista ni a redentor de samaritanas? Soltó una carcajada +en lo recóndito de su ser, allí donde su alma contemplaba atónita la +imagen de la ocasión. «Pero me caso el lunes, el lunes...». Miró el +retrato de su novia...</p> + +<p>De pronto suena la campanilla, entra un señor y pasa a la sala... Es el +papá de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene. +Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una +hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la +fundación de la Penitenciaría para jóvenes delincuentes.</p> + +<p>Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Está aturdido; la +visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una +paliza; pero está fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa. +Está pálida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del +pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qué comer aquella tarde.</p> + +<p>«¡Cuánto has tardado! Es pesadito ese señor. En fin, amigo, yo siento +molestarte. Acuérdate de lo que te dije al entrar».</p> + +<p>Miquis hace una rápida exploración en su alma, encuentra en ella algún +desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. «Soy un hombre +sublime—dice para sí—, un hombre de honor y de caridad, soy también un +hombre que se casa el lunes».</p> + +<p>Isidora le había dirigido al entrar una súplica angustiosa, elocuente +expresión salida de los más sagrados senos del alma humana. Juntando el +quejido de la necesidad a la súplica del pudor, Isidora le había dicho: +«Dame de comer y no me toques».</p> + +<p>Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnánimo corazón le +dice:</p> + +<p>«Mañana estarás en casa de Emilia».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>La admitieron. ¡Tanto pesaba en aquella casa la recomendación de Miquis, +que había salvado del <i>croup</i> al niño mayor, y de los peligros de la +dentición al más pequeño!</p> + +<p>Ya sabe el lector cómo Emilia de Relimpio se casó con su primo, el hijo +del ortopédico, que llamaba <i>cláusulas</i> a las cápsulas; matrimonio +degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.ª +Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadísimo, siempre que la +interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral +y práctico. Juan José Castaño era tan hábil como su padre, y le superaba +en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte +ortopédico. Sostenía el crédito del establecimiento y ganaba mucho +dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es +una vieja máquina que se desvencija y deshace, hallándose cada día más +necesitada de remiendos y puntales, o llámense muletas, cabestrillos, +fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos +dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y +alguien echa la culpa a las armas de precisión; pero, cualquiera que sea +la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como +el de la Artillería. Son dos ciencias complementarias como la Filosofía +y el Alienismo.</p> + +<p>En su pacífica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente +corazón, se había curado de aquellas tonterías de aparentar y suponerse +persona encumbrada. No volvió a ponerse sombrero más que cuando iba de +viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las niñas de Pez, las +cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las niñas de +los duques de Tal. Poseía un sólido bienestar; ella, su marido y sus +hijos satisfacían plenamente sus necesidades, y de añadidura tenían +buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y además, como +perspectiva risueña, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que +el viejo guardaba. En suma, Emilia había tomado un magnífico sitio en el +anfiteatro de la vida, donde tantos están en pie o pésimamente sentados. +Su marido era sencillo, bueno, cariñoso, sin más defecto que el querer +hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en +riña con sus oficiales.</p> + +<p>Por más que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no +podía remediar que le fueran antipáticos el establecimiento, la tienda, +llena de feísimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus +oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuosísima, modelo de +dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un +cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller.</p> + +<p>Este juicio no excluía el agradecimiento que tenía a Juan José y a +Emilia. ¡Insigne mérito y bondad había en ellos al admitirla, cuando, si +la despreciaran, estaban en su derecho! Y véase aquí la eficaz +influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro días de estar allí, +el espíritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad +placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de +los feos objetos, y notaba en sí una tranquilidad, un gozo que hasta +entonces le fueron desconocidos. <i>Riquín</i> hizo tan buenas migas con los +dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo +el santo día lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e +inventando diabluras. Don José era el que parecía menos feliz. Estaba +triste, según decía, por la falta de ocupación. Castaño, que no +necesitaba tenedurías, le empleó en llevar recados y cobrar cuentas; +pero aunque el buen señor desempeñaba estos encargos con docilidad, bien +se le conocía que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a +Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese +menester.</p> + +<p>Miquis solía pasar por allí, pero estaba muy poco tiempo. Como vivía +enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacían +reír a Isidora, a Emilia y al mismo D. José taciturno. He aquí una +muestra:</p> + +<p>«RÉCIPE.—<i>Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de máquinas +de coser, c. s. Mézclese y agítese s. a. Para tomar a todas horas.</i></p> + +<p>DOCTOR MIQUIS».</p> + +<p>«¿Ves?—decía Emilia, riendo—. Te manda que trabajes y me ayudes a coser +en la máquina. Este Miquis es lo más salado... ¡Y qué razón tiene! +Ocuparte en algo es lo que más te conviene. Cuando se pone la atención +en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonterías».</p> + +<p>Bien lo comprendía la enferma; así, desde el primer día empezó a +adiestrarse en la soberbia máquina de Singer que Emilia poseía. ¡Bien, +bien! Con un poco de aplicación llegaría a dominarla. Al siguiente, otro +papelito:</p> + +<p>«RÉCIPE.—<i>De la infusión de raíz del olvido, 25 gramos. De esencia de +modestia, 7 toneladas. Disuélvase en agua de goma, añádase la +ipecacuana, o sea Juan Bou, y háganse 40.000 píldoras para tomar una +cada segundo, con observación.</i></p> + +<p>DOCTOR MIQUIS.</p> + +<p><i>Nota</i>. El cual entra mañana en capilla. Cantad la salve de los presos».</p> + +<p>Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente +lección contenida en ellas. Hizo propósito firme de trabajar, de poner +en olvido ciertas cosas, originarias de su perdición, y de acortar los +orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareció diciendo:</p> + +<p>«Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa +para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se dé un +atracón de lectura. Le recomiendo el <i>Bertoldo</i>, el <i>Año cristiano</i> o +las <i>Páginas de la Infancia</i>. Adiéstrese en contar para que se +familiarice con las cantidades. En esto le podrá servir el águila de +Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a +la enferma que si va Juan Bou (<i>alias</i> Ipecacuana), le reciba con +amabilidad. El pobre está triste, aunque espera una herencia.</p> + +<p>»<i>Nota</i>. El patíbulo de miel está armado en la capilla de los +Desamparados. Orad por Miquis».</p> + +<p>Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. ¡Qué +algazara! Los tres chicos corrieron hacia él, y mientras uno se le +colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le +aclamaban como si el joven doctor fuera el más divertido de los +juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le +felicitaban, ya le hacían burla, mientras él, tan pronto hacía el +panegírico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subió +luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la célebre modista +Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda, +que en pocos años había hecho gran clientela. La vecindad fue causa de +que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la +francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castaño subían al taller +de modas. Isidora ya tenía conocimiento con Eponina, porque esta le hizo +algunos vestidos en los prósperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina +del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta subía mostrábale sus +galanas obras, pidiéndole parecer, de lo que Isidora recibía mucho +gusto, si bien este se desvanecía con el desconsuelo de ver tantas cosas +ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el +cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caía en +profunda tristeza...</p> + +<p>De esta manera pasaron algunos días. Miquis les envió los dulces de la +boda, acompañados de estos renglones:</p> + +<p>«Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso ataúd de la luna de +miel, el inmolado Miquis saluda a los señores de Castaño y a la señora +de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha +contravenido mis prescripciones higiénicas, remontándose al taller de +madama Eponina, y probándose varios vestidos de baile para ver su buen +efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el +alejamiento absoluto de los centros miasmáticos. En los ratos que tenga +libres, dedíquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou, +para lo cual dicho se está que ha de emplear dos varas de cañamazo. Eso +no importa. Yo regalo el cañamazo y las lanas. La enferma irá a +convalecer a la sombra del árbol de la Ipecacuana, ese árbol milagroso, +señoras, que está plantado en la litografía de la calle de Juanelo, y +que ansía estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien +reyes.—Saluda a todos el más novel de los maridos y el más feliz de los +médicos.—MIQUIS».</p> + +<p>Ya no se reía Isidora de las cartas y recetas. Desde el día anterior +estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castaño +la repentina tristeza de su amiga a que se veía apremiada por el +procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con +habilidad; mas ninguna explicación categórica pudieron obtener de su +taciturna melancolía. Un accidente habían notado que les hizo caer en +desagradables sospechas: D. José, al volver de la calle, habló en +secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y +tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos +notaron que Relimpio salía y entraba con frecuencia, como si trajera y +llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente +palabras breves y cautelosas. Cuatro días pasaron así, cuando Isidora +salió para ir, según dijo, a casa de su procurador, y como al otro día y +al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron +en creer que Isidora no merecía la caritativa hospitalidad que le habían +dado.</p> + +<p>Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. José fortalecía de +tal modo su discreción, que en esta no hallaba el más breve resquicio la +curiosidad de su hija. ¡José, eres una alhaja!</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Y en tanto, excesivamente distraída de sus trabajos, Isidora visitaba +con frecuencia el taller de Eponina, y allí se encantaba contemplando +los magníficos vestidos, entre los cuales a la sazón había tres de +baile. Eran para una joven condesa que tenía la misma estatura y talle +de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el +efecto. ¡Ave María Purísima!... Púsose el primero; estaba encantadora. +Púsose el segundo. ¡Oh, arrebataba! El tercero..., ¡Cristo!, el tercero +caía tan bien a su cuerpo y figura, que sólo la idea de tener que +quitárselo le daba escalofríos. Contemplose en el gran espejo, +embelesada de su hermosura... Allí, en el campo misterioso del cristal +azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que +había algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro +de la noche. Isidora encontraba mundos de poesía en aquella reproducción +de sí misma. ¡Qué diría la sociedad si pudiera gozar de tal imagen! +¡Cómo la admirarían, y con qué entusiasmo habían de celebrarla las +lenguas de la fama! ¡Qué hombros, qué cuello, qué... todo! ¿Y tantos +hechizos habían de permanecer en la obscuridad, como las perlas no +sacadas del mar? No, ¡absurdo de los absurdos! Ella era noble por su +nacimiento, y si no lo fuera, bastaría a darle la ejecutoria su gran +belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatías por toda cosa +elegante y superior.</p> + +<p>Queda, pues, sentado que era noble. ¿Por qué no era suyo, sino prestado, +aquel traje, y había que quitárselo en seguida, sin poder siquiera, como +los cómicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina +verdadera. Se miraba y se volvía a mirar sin hartarse nunca, y giraba el +cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qué, ¿iba a entrar +realmente en el salón de baile? Su mentirosa fantasía, excitándose con +enfermiza violencia, remedaba lo auténtico hasta el punto de engañarse a +sí misma.</p> + +<p>De repente oyéronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala +inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis.</p> + +<p>«Pase usted, doctor—dijo la modista—, y verá usted cosa buena. Usted no +estorba nunca».</p> + +<p>Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo hacía que no pagaba al +médico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista. +Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente +con Augusto, y le permitía entrar en su taller a todas horas y bromear +con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turbó un momento. Después +se echó a reír.</p> + +<p>«¿Te asombra de verme vestida de baile?—le dijo—. Sé que me has de +reñir; pero, vamos, sé franco. ¿Estoy bien así, sí o no?».</p> + +<p>Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su +sorpresa y embeleso, dijo:</p> + +<p>«Estás..., no ya hermosa, ni guapa, sino... ¡divina!</p> + +<p>—Vamos, que te he hecho tilín.</p> + +<p>—A un ahorcado no se le hace tilín tan fácilmente; pero... Abismo de +flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello... +Pero no, ¡fuera simplezas! El médico, el médico es el que habla ahora».</p> + +<p>Y esgrimió el bastón ante la imagen hechicera de la dama vestida de +baile.</p> + +<p>«Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te +salvarás, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte.</p> + +<p>—Siéntese usted, Augusto; deje usted el sombrero»—dijo Eponina con +melosa urbanidad.</p> + +<p>Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, después en otra, +luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma.</p> + +<p>«Pues mira—le dijo Isidora con cierto descaro—, no me riñas, porque con +tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de curar, ni +quiero curarme.</p> + +<p>—Ya lo sé que no quieres. ¿Piensas que no estoy enterado de tus malos +pasos de estos días? A los médicos no se nos escapa nada. ¿Quieres que +te lo cuente?».</p> + +<p>Isidora se turbó otra vez.</p> + +<p>«Pues oye: la semana pasada llegó de Francia Joaquín Pez en el estado +más deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han +caído encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle +más y le ha echado de su casa...</p> + +<p>—Es verdad, es verdad—dijo la de Rufete con emoción, preparándose a +derramar lágrimas.</p> + +<p>—El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para +luchar con su destino, ha recurrido a ti. Sé que te ha buscado; que te +mandó un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, ¿sí o +no?</p> + +<p>—Es cierto.</p> + +<p>—Se ha refugiado en una miserable casa de huéspedes donde no hay más que +toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace +cuatro días; has ido después varias veces... Lo sé por el ama de la +casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis más +desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qué pasos das +y entre qué gente vas a meterte.</p> + +<p>—Es verdad lo que has dicho. ¿Cómo es que todo lo sabes y todo lo +averiguas?—dijo Isidora, rompiendo a llorar—. Augusto, ten compasión de +mí. No, no me digas cosas... Él está perseguido, huye de la justicia, y +ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece +seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me +riñas a mí porque no he querido abandonarle en la desgracia.</p> + +<p>—Perdóneme usted, amiguita—indicó Eponina con bondad—, me va usted a +estropear el vestido; me lo está usted mojando con sus lágrimas.</p> + +<p>—Me lo quitaré—replicó Isidora haciendo un gesto de niña mimosa—. +Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje».</p> + +<p>Alejose un rato el médico. Cuando volvió, ya Isidora había tomado su +forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: «Ya tengo +otra vez la librea de la miseria».</p> + +<p>Eponina salió, dejándolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia +Miquis, y cruzando las manos delante de él, le dijo con acento de +intenso dolor:</p> + +<p>«¡Amigo, estoy desesperada!</p> + +<p>—¿Qué tienes?—le preguntó él, sintiendo ante aquella pena y aquellas +lágrimas una cobardía dulce.</p> + +<p>—¡Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces +hace tiempo.</p> + +<p>—¿Bueno yo?...—dijo Augusto con ironía—. A ver, ¿qué quieres?</p> + +<p>—Necesito..., ¿tendré que decírtelo?..., necesito dinero.</p> + +<p>—Ya...</p> + +<p>—Yo no puedo estar así. Váyanse al diablo tus recetas. Te diré..., yo +quiero vivir y esto no es vivir.</p> + +<p>—Dinero para el Pez.</p> + +<p>—No, no; lo necesito para mi procurador y para mí. Estoy vestida de +harapos... No me riñas, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la +vida. Sé que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qué sé yo... No +entiendo tus medicinas. Te diré... Dios no quiere favorecerme, Dios me +persigue, me ha declarado la guerra...</p> + +<p>—¡Qué pillín!</p> + +<p>—Yo quiero ir por los buenos caminos, y Él no me deja—prosiguió Isidora +con tanta agitación que parecía demente—. Veremos si al fin me favorece. +Te diré...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando lo gane, +tomaré posesión de mi casa... Mucho siento no poder llegar a ella con +todo el honor que mi casa merece..., pero ¿qué hacer ya? Entretanto, +amigo, la miseria me es antipática, es contraria a mi naturaleza y a mis +gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble.</p> + +<p>—Isidora—declaró Augusto con seriedad—, al nacer te equivocaste de +patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y +no cabes aquí. ¿Quieres el último consejo? Pues vete a París. Allí +encontrarás tu puesto. Aquí te degradarás demasiado. Aquí no las +gastamos de tanto lujo como tú».</p> + +<p>Levantose para marcharse.</p> + +<p>«No, no te vas—dijo ella deteniéndole con fuerza por un brazo—; no te +vas sin decirme si puedo contar contigo.</p> + +<p>—¿Para qué?»—murmuró el médico temblando.</p> + +<p>¡Sentía un frío...!</p> + +<p>«Yo necesito una cantidad—dijo Isidora febril, los labios secos.</p> + +<p>—No puedo... complacerte—repuso el joven, dejándose caer en una silla.</p> + +<p>—Sí puedes, sí puedes. ¡Augusto, por amor de Dios!..., socórreme, +socórreme. Te diré...</p> + +<p>—Si es nada más que un socorro...».</p> + +<p>Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rápida ojeada interior su +situación. ¡Se había casado seis días antes, estaba en la luna de +miel!... ¡Ser traidor a su joven y amable esposa! «No, no, no», gritó +para sí, y luego, en voz alta:</p> + +<p>«Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo +no te puedo amparar... Busca en otra parte...</p> + +<p>—¡Ah! ¡Qué amigos estos!—exclamó ella en lo último de la angustia—¡Y +luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradación! +Bueno, bueno; me perderé, me arrastraré».</p> + +<p>Miquis cerró los ojos para no verla. Si la veía un momento más estaba +perdido... Por lo que, sin añadir una palabra, echó a correr fuera del +gabinete y de la casa.</p> + +<p>Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sintió +rápidos y leves pasos detrás de sí. Al mismo tiempo oyó que le llamaban. +Una mujer corría tras él. Al reconocer a Isidora, el pobre médico tembló +de nuevo.</p> + +<p>«Tengo un recelo—le dijo Isidora agitadísima, la voz balbuciente, la +expresión turbada y agoniosa—. No me has comprendido... Habrás creído +tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres... +No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque..., +te diré...</p> + +<p>—¡Honrada!</p> + +<p>—Sí, sí. No me comprendes. Sí me socorres, yo te pagaré..., dinero por +dinero.</p> + +<p>—Déjame en paz—dijo Miquis retirándose.</p> + +<p>—No, no te vas—replicó ella deteniéndole con fuerza—. Estoy desesperada. +Necesito... En último caso, paso por todo.</p> + +<p>—Soy pobre.</p> + +<p>—La desesperación es ley, Augusto. Te hablaré con el corazón; te diré... +Yo no quiero más que a un hombre. Por él doy la vida, y en último caso +el honor... Di, ¿me favoreces?</p> + +<p>—Lo que necesitas, ¿es para comer?</p> + +<p>—No; necesito mucho.</p> + +<p>—No puedo, no puedo».</p> + +<p>«Augusto, Augusto—exclamó ella colgándosele del brazo—. Mi necesidad es +tan grande, que no puedo tener tesón ni dignidad, ni nobleza. Yo no te +quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo».</p> + +<p>Pausa. Miquis la miraba pestañeando. Sobre ambos, un farol de gas +alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad +desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batían con +furor. ¡Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satanás!</p> + +<p>«Soy pobre—repitió Miquis, haciendo un esfuerzo—; vete a París.</p> + +<p>—¡Augusto!».</p> + +<p>Augusto sintió cólera. Aprovechándose de aquel movimiento del alma, +desprendió su brazo de la mano de Isidora, y con toda energía le dijo:</p> + +<p>«Dios te ampare».</p> + +<p>Ya estaba distante cuando oyó esta voz sarcástica: «¡Farsante!».</p> + +<p>Aquella misma noche desapareció Isidora de la casa de sus buenos amigos, +dejándoles un papelito que decía:</p> + +<p>«Emilia, Juan José, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra +casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lástima de mí».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIa" id="Capitulo_XIa"></a>Capítulo XI</h3> + +<p class="head">Otro entreacto</p> + + +<p>En el famoso pleito de filiación había terminado la prueba; varios +testigos habían declarado y ambas partes respondido a infinitas +preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba +en torno a las ramas de aquel árbol de escaso fruto; se había presentado +el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguiría la +sentencia, y con esto la demandante se las prometía muy felices. Verdad +que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algún recuerdo de su +niñez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar +noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa.</p> + +<p>Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo +extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Canónigo y de Tomás +Rufete, confirmaba la pretensión de Isidora. Un tal Arias depuso en +términos diametralmente opuestos, y D. José de Relimpio, llamado +también, declaró en términos categóricos a favor de la que llamaba su +ahijada; mas su declaración, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca +de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, él no sabía +gran cosa. Sabía, sí, y esto no podía dudarlo, que en 1851 había sacado +de pila a una niña, hija de Tomás Rufete. A los seis meses no cabales, +Relimpio y Rufete riñeron por cuestión de una pequeña herencia y +estuvieron siete años sin hablarse ni tener trato ni comunicación +alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias +volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en +casa de Rufete había dos niños, Isidora y un varoncillo de dos años. +Tomás dijo a Relimpio con misterio que su hija había muerto y que +aquella que vivía y el niño se los había dado a criar una dama que no +nombró. Don José, que no había visto a Isidora desde la edad de seis +meses, no podía, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso +lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre siguió llamándola +ahijada, y desde entonces comenzó el cariño de que tan grandes pruebas +diera más tarde. En cuanto a Francisca Guillén, nunca pudo Relimpio +obtener de ella una declaración terminante acerca de las dos criaturas +que pasaban por suyas. Cuando Tomás estaba en el Tomelloso, la buena +mujer aventurábase a decir algo, que llenaba de gran confusión a D. +José; pero cuando el otro volvía, todo eran vaguedades y misterios.</p> + +<p>Esto era lo que Relimpio sabía, y estos breves datos y sus +conversaciones, no largas, con Tomás y Francisca, debieron de haber +constituido su declaración; pero, llevado de un sentimiento de +caballeresca protección a la desgracia, hizo las afirmaciones más +conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de +Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan José tenían noticia alguna. +Tres veces en dos días había ido la pícara a ver a <i>Riquín</i>, porque la +ortopedista no se lo había querido entregar; pero ni con preguntas +capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Debía +de saberlo don José; mas también guardaba fielmente el secreto. Tristeza +tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella +parecía habérsele aumentado la cuenta de los años, extremando su vejez. +Casi todo el día lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella +anunciábase con suspiros. Había perdido el apetito, dormía muy mal y +tenía los sueños más raros del mundo. Soñaba que se batía en duelo de +honor con Pez, Botín y otros caballeros, y que a todos les mataba, +sacándoles hasta la postrera gota de sangre. ¡Horror de los horrores!</p> + +<p>Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido +nuestro, el gran Bou, veía de súbito compensadas sus desdichas amorosas +con una gran ventura en cuestión de intereses. ¡Oh! Si la ingrata se +aviniera a dar el deseado <i>sí</i>, el Obrero—Sol sería un ejemplo de hombre +venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Diríase que la +Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana +Fortuna, se había propuesto abrumarle de bienes positivos, negándole los +que su corazón apetecía, y le colmaba de frutos riquísimos sin dejarle +ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de +Aransis empezó la tal Providencia a divertirse con él. En el espacio de +quince o veinte días le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y +dábale por otros tres gollerías o momios pecuniarios a cuál más valioso. +Primero: aseguró un buen negocio contratando cierto trabajo de +impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibió una +herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sacó un segundo +premio de lotería, importando cinco mil duros. ¿Qué tal? Aun con ser +estos embolsos un estorbo más para llegar a la deseada liquidación +social, Bou se guardó su dinero y se puso muy contento, considerando en +lo más escondido de su mente, que bien podía aplazarse la tal +liquidación, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera, +el dinero de la gente honrada.</p> + +<p>Miquis, que le apreciaba y se reía con él, fue a darle la enhorabuena, y +le encontró en su taller trabajando como siempre. Bou se levantó, saludó +a gritos, estrujó la mano de su amigo, y después fue acometido de una +tos tan violenta, que su cara parecía un cuero de vino, y el ojo +rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada órbita y caerse al +suelo.</p> + +<p>«Ese alquitrán, hombre, ese alquitrán...</p> + +<p>—Déjese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me +sacarían un cuarto. Que coman yerba..., ¡hala! Y a ustedes los médicos, +si yo arreglara el mundo, los pondría a que me barrieran las calles, a +que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las +alcantarillas... Ahí es donde están las enfermedades.</p> + +<p>—Pues a los litógrafos los pondría yo a que me afeitaran todas las ranas +que se pudieran coger... Pero vamos al caso... ¿Convida usted o no +convida?</p> + +<p>—Sí, señor; convido a una copita... y nada más.</p> + +<p>—¡Qué miserable! Yo esperaba un banquete regio.</p> + +<p>—No me gustan aparatos ni bulla.</p> + +<p>—Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos...</p> + +<p>—Pues <i>palante</i>—exclamó el catalán, disparando su risa—, y aunque sea de +doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada más».</p> + +<p>Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la había recibido con calma +y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguiría trabajando, +con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba, +tenía el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, +porque <i>¡voto va Deu!</i>, no hay dinero más soso que el que uno deja a sus +herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder +contar por allá algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene +la liquidación, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a +uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es +bueno, magnífica cosa, sí señor, admirable en extremo; y los holgazanes +que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, sí +señor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasión de +introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de +los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el +género de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideración el día en +que se ajusten cuentas. Él (Juan Bou) había pensado esto, y sacado en +consecuencia que las teorías puras no resuelven la cuestión social; es +preciso estudiar prácticamente los excesos de la holgazanería.</p> + +<p>Aprobó Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energía excitó a su +amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin +quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la +ocasión de ser dichoso no se presenta siempre, aprovéchese cuando viene, +que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas.</p> + +<p>«Supongo—añadió—que andaremos en coche y a caballo, que tendremos buena +mesa y palco en el Real».</p> + +<p>Echose a reír Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el +oso, ni ponerse en ridículo como un indianete sin seso; que tan sólo +obsequiaría a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, trataría de +ver qué sabor tiene la sangre del pueblo.</p> + +<p>Después nombró Miquis a la ingrata, y oído su nombre, se puso tan serio +el otro, que parecía haber perdido en un instante todo su contento. No +habrían dejado aquí un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no +hubiera entrado D. José, el cual se turbó al ver al médico. Bou, también +algo turbado, pidió perdón a Miquis y se fue con Relimpio a un +despachito cercano, donde Augusto les oyó secretearse.</p> + +<p>«Le ha traído una carta o recadillo—pensó el doctor, proponiéndose no +darse por entendido—. Ya, ya...».</p> + +<p>Don José salió, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es +más probable que llevara lo primero, y al salir habló a Miquis del +tiempo, de política, de Cánovas y de que las tropelías de los ingleses +en el campo de Gibraltar daban motivo a España para exigir de Albión que +nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostró +conforme con estas patrióticas ideas y le dejó marchar, compadecido de +su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo +declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente +noche, fue D. José vestido con su levitita anticuada y su corbata azul +de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los demás +comensales pudieran comunicarle su alegría. Era tan flojo de cerebro, +que en cuanto bebía dos copas se ponía perdido, y he aquí que al probar +el Champagne, el buen tenedor de libros, después de haber dado varias +pruebas de no ser dueño de sus ideas, se dirigió a Juan Bou y con lengua +solemne aunque torpe, le dijo:</p> + +<p>«¡Caballero, usted me dará una satisfacción, o me veré obligado a llevar +la cuestión a un terreno...!».</p> + +<p>Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero +de D. José, se puso éste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a +la dicción enfática, añadió:</p> + +<p>«Porque usted se empeña en mancillar el honor de una joven de altísima +familia, y yo no permito, ¿lo entiende usted?, no permito... ¡yo que soy +su segundo padre...!</p> + +<p>—Tiene razón—dijo Miquis—. Esto no puede quedar así. El lance es +inevitable.</p> + +<p>—Inevitable—gritó Relimpio descargando el puño sobre la mesa y rompiendo +un plato—. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la hora del +alba...</p> + +<p>—<i>Al matutino albore</i>...».</p> + +<p>Lo más particular fue que Bou, que también era hombre incapaz de llevar +con aplomo tres copas de vino blanco, empezó a disparatar. Primero se +rió mucho, después todo su empeño era abrazar a D. José y llamarle su +amigo. Relimpio, por el contrario, más se enfurecía a cada instante. Los +otros le incitaban, y sabe Dios cómo habría concluido el lance si el +catalán, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole +de su cuerpo en tierra.</p> + +<p>Levantose en esto D. José y señalando con dramático acento el cuerpo que +parecía cadáver, dijo:</p> + +<p>«¡La suerte me ha sido favorable, caballeros, señal de mi derecho! ¡Le +he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella +hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel +serafín...».</p> + +<p>Dio tres o cuatro pasos en falso, giró como un trompo, y fue a caer en +un diván de hule, donde Miquis le mojó la cara.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIIa" id="Capitulo_XIIa"></a>Capítulo XII</h3> + +<p class="head">Escenas</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Solo, paseándose meditabundo por la habitación, que es de +bajo techo, sucia, con feísimos y ordinarios muebles, todo en desorden.) +</b> Ni un día más durará esta vida. Protesto con toda mi energía de ser +racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal +deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse +entregándole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la +vergüenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad. +Este es el dilema, <i>the question</i>, como decía el otro: o vivir sin +decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse. +Opto por morir. <b>(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y +fijándolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran +parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)</b>—¿Eres +tú, imagen que aquí veo, la de Joaquín Pez? Te desconozco. Tú no eres +yo. Yo era hermoso, y tú, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin +barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegría y la felicidad y los +tuyos están mortecinos y sin brillo. ¿Cómo puedo creer que el hombre +mejor vestido de Madrid sea este que aquí veo dentro de esta levitita +abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos +y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado más que +un café y un poco de pan, no puede ser el Joaquín Pez que yo conocí. <b> +(Da media vuelta y sigue paseando.)</b> Me repugno, me doy asco. Vivir así +es peor que cien muertes.</p> + +<p>»Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prenderán, me +meterán en la cárcel... ¡Qué iniquidad! <b>(Se conmueve.)</b> Soy un +desgraciado, un hombre débil que no conoce el orden; soy un tonto; no +tengo sentido común, no sé arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto +se diga de mí en este sentido es justo. ¡Pero acusarme de estafador!... +Que en París contraigo deudas; que me vengo a España con intención de +pagar; que un francés sale escapado detrás de mí persiguiéndome; que le +entretengo unos días; que me endosan unas letras para que las cobre; que +las cobro y pago al francés; que los acreedores de aquí, envidiosos de +ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me +embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y riñe conmigo y +me retira su apoyo; que el dueño de las letras me exige su dinero; que +no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomándolo +por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un +prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas +intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan +de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En mí hay error; +pero mala fe, jamás. La ligereza, ¿será hermana del crimen?...</p> + +<p>»He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra mí +hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal +contra el infeliz caído; es la venganza de la cursilería contra el que +fue ídolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo +del bien vestir. <b>(Dando un gran suspiro.)</b> Yo juro que no se reirán de +mí; no, no me humillaré; no haré el mamarracho. Es preciso acabar +dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae según su natural +condición. Caeré con catástrofe, como las torres, y los que oigan el +estrépito de mi fin dirán: «Este es un hombre»... <b>(Acércase a un rincón +en que hay una percha, de la cual pende un gabán. Toca la tela, +reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)</b> Aquí +estás, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardaré en el cajón de +la mesa <b>(Lo hace.)</b> para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de +las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche, +tú y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la +mañana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma +en desesperación. Esto ya no es vivir. Hágome cuenta de que ya se acabó +todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas +personas. <b>(Se sienta en una claudicante silla, junto a la más +derrengada mesa que es posible ver, y escribe.)</b> Suprimiremos la fórmula +vulgar de «A nadie se acuse de mi muerte». Diré a mi padre que... Siento +pasos. Isidora viene. Esta desgraciada es el único ser que ha tenido la +abnegación de unirse a mí y ampararme cuando me ha visto abandonado por +todos. ¡Oh corazón generoso! Ha querido confortar mis penas con sus +ilusiones y mi desesperación con su esperanza. Cuando la veo, me dan +ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con +ella. Aquí está...».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y +trae un lío de ropa. Siéntase en un sofá inválido que se inclina más de +un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaquín, +espera que este le dirija la palabra.)</b> ¡Dios mío, qué escalera!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Más grande es la del Paraíso; al menos así lo dicen, que yo no +la he visto.</p> + +<p>ISIDORA.—¿Ha venido mi padrino?</p> + +<p>JOAQUÍN.—No he tenido el gusto de ver a su señoría.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Cuánto he andado, cuánto he corrido hoy!... He vuelto a casa +de Emilia para ver a <i>Riquín</i>. He querido traérmele, temiendo que les +molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... <b>(Se +conmueve.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—Has hecho bien en dejarle allí. En ninguna parte estará mejor.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Suspirando fuerte.)</b> ¡Ay! Dios de mi vida, ¡qué angustia! Por +fin he logrado reunir... <b>(Lleva la mano a su bolsillo como para +defenderlo de un brusco movimiento de Joaquín.)</b>—No, no te doy un +cuarto. Déjame, que yo iré arreglando las cosas. Por de pronto es +preciso que salgas de aquí. Esta casa es una pocilga, y ¡qué vecindad, +qué huéspedes, qué patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos +y demás gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, ¿no +hallaste otro sitio mejor en que meterte?</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con desaliento.)</b> Perseguido, aterrado, aturdidísimo, me dejé +conducir por un amigo, Pepe Nules.</p> + +<p>ISIDORA.—Pues ya tengo para pagar los ocho días que has estado aquí. Yo +no he estado más que tres. El gasto es poco. Hoy te haré traer comida +buena de la fonda.</p> + +<p>JOAQUÍN.—No te apures por eso...; lo mismo me da.</p> + +<p>ISIDORA.—Y mañana irás a una casa más decente.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con indiferencia.)</b> ¿Para qué?</p> + +<p>ISIDORA.—Para que vivas con más decoro.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Ideas convencionales!</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Pensativa.)</b> Ayer te dije que tomaría una casita, y nos +íbamos a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he +reflexionado, y eso no puede ser.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... <b> +(Riendo.)</b> Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pájaros, que no +conocen la acuñación de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No +hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido +en la sociedad multitud de ideas erróneas. Son los falsificadores de la +vida, y por esto deberían ir todos a presidio.</p> + +<p>ISIDORA.—No te desesperes. <b>(Sonriendo con dulzura.)</b> ¿Y si yo te dijese +que tengo probabilidades de reunir algún dinero?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Tu dinero nos serviría para ir pasar dos días, tres. Luego +volveríamos a la misma situación de miseria, y como tus riquezas no +habían de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me +hallo...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Con cariño.)</b> ¿Y si yo pudiera...?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Ta, ta, ta. Tú vives de ilusiones. Aquí tenemos otra vez la +fantasmagoría del pleito. Siempre crees que mañana te duermes Isidora y +te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No sé cómo, con tu +buen talento, vives así, engañada por el deseo.</p> + +<p>ISIDORA.—Vamos, hoy todo lo ves negro.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Es que todo se ha vuelto ya retinto para mí.</p> + +<p>ISIDORA.—Si quieres que no riñamos, no me hables del pleito con ese +desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que tú la tengas también. El +procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardará algún tiempo, +porque mi abuela apelará; pero de que lo gano, no te quede la menor +duda.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarán tres, +cuatro o cinco años antes que lo ganes. Ayúdame a sentir. Ni cómo he de +remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todavía +no se han acuñado.</p> + +<p>ISIDORA.—Al darte esperanzas, no me refería precisamente al pleito. Yo +pensaba conseguirte el dinero con un préstamo.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Un préstamo! <b>(Con estupor.)</b></p> + +<p>ISIDORA.—En fin, yo me entiendo... No te desesperes...</p> + +<p>JOAQUÍN.—No creo ya en los préstamos, como no creo en los milagros. <b>(Da +media vuelta y se pasea otra vez.)</b></p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Aparte, y después de mirar un rato a Joaquín).</b> Es preciso +sobreponerse a la desgracia... Arreglaré el cuarto que parece una +leonera.</p> + +<p><b>Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora +coloca las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. +Cuando limpia el espejo, se mira un poco, y dice:</b> «Parezco que sé yo +qué. <b>(Alto.)</b> Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Como tú quieras. El comer bien o el comer mal me es +indiferente; pero, pues tú lo quieres, comamos bien, que nada se pierde +en ello.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Sentándose fatigada.)</b> La miseria, hijo, me espanta. No tengo +un vestido decente que ponerme... ¿Pues y tú? ¡Y a esto llaman vivir!...</p> + +<p>JOAQUÍN.—La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre +galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a +los amantes más finos y más exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo, +en un cuchitril, donde no tengan más que el consabido <i>pan y cebolla</i>, y +a los dos días se arañan la cara. La miseria es enemiga del alma humana. +Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el +arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sintética del mal. Oye, oye, +Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad... +Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mándalo traer +pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre.</p> + +<p><b>Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de +la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaquín demuestra más apetito que +Isidora.</b></p> + +<p>ISIDORA.—<b>(De sobremesa.)</b> ¿Qué tal?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Los langostinos estaban muy buenos; el <i>bistec</i> me ha +rejuvenecido. ¡Bendita seas tú, que siempre tienes ideas grandes! Eso de +sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es +noble, lo mismo el corazón que la cabeza. Dejaremos una botella para +mañana, porque la economía es la primera de las virtudes; no, la +segunda, que la primera es cuidarse bien.</p> + +<p>ISIDORA.—Alguna otra sorpresa he de darte todavía. Dime, ¿mereces tú lo +que hago por ti?</p> + +<p>JOAQUÍN.—No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres un +ángel..., no de esos ángeles desabridos que pintan en los cuadros y en +las poesías, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente, sino +un ángel mundano que derrama sobre el corazón del desgraciado bálsamo +eficaz. En una palabra, eres un ángel práctico. Bien se conoce en todas +tus acciones la nobleza. Podrás equivocarte, cometer faltas; pero ser +innoble, jamás. No sé si me explicaré diciendo que tienes la elegancia +del alma.</p> + +<p>ISIDORA.—Tienes razón. Seré cualquier cosa; seré... mala si se quiere, +pero ordinaria jamás.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Indudablemente eso está en la sangre. ¡Por vida de...! Si no +ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el +cielo. ¡Ay! Isidora, no sé por qué el Champagne da a mi alma un vigor +que ya no tenía. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas +agradables. Isidora, Isidora, mujer mía. <b>(La abraza tiernamente.)</b> +Entretengámonos un momento con ilusiones...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Riendo.)</b> Mejor es soñar que ver.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Ganarás el pleito... Yo me casaré contigo...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Entristeciéndose súbitamente.)</b> En lo primero creo, en lo +segundo no. Esa ilusión es demasiado bonita para que pueda engañar.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Por qué lo dices?... ¿Porque te lo he prometido muchas veces, +y nunca lo he cumplido? Ahora...</p> + +<p>ISIDORA.—Ni ahora ni nunca. Tú no te casarás conmigo. <b>(Derrama unas +lágrimas.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—El mundo es olvidadizo, tontuela.</p> + +<p>ISIDORA.—Pero no tan olvidadizo que...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y +Suiza.</p> + +<p>ISIDORA.—O por Inglaterra y Escocia. <b>(Con toda su alma.)</b> ¿Sabes que de +tanto oír hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a +Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus +parques... Aquello sí que es grandeza. Te diré... Luego haría una +excursión por Escocia, ¡donde hay unos lagos preciosos y unas +montañas...! Por allí andan las <i>ladys</i> visitando grutas, escudriñando +ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente +inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botín, +que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacían feliz.</p> + +<p>JOAQUÍN.—Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia.</p> + +<p>ISIDORA.—Calla, calla. Te diré... Iré yo sola, o contigo, si quieres +acompañarme... Porque no me casaré, Joaquín; viviré soltera riéndome del +mundo.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Soltera! Si yo no me casara contigo, tendrías ocho mil +pretendientes por semana.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Decidida.)</b> A todos les daría con mi puerta dorada en los +hocicos. ¡Soltera, libre! Vestiré muy bien, protegeré las artes, seré +una gran señora. Te diré... Mi casa va a tener que ver, porque no +entrará en ella nada que no sea de lo más escogido. No has de ver ni +cosas vulgares, ni tapicerías chillonas, ni objetos de mal gusto, ni +cosa alguna que se vea en otra parte. Compraré cuadros de los grandes +maestros, y tapices y antigüedades, y todo lo que sea curioso sin dejar +de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las +bellezas comunes.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¡Bendito sea tu talento!</p> + +<p>ISIDORA.—En mi casa no entrarán los tontos; eso puedo jurártelo. Me +rodearé de hombres discretos, distinguidos. En fin, será mi casa la +academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesía y de la +inteligencia. Daré conciertos de música clásica.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con un poco de malicia.)</b> ¿La has oído? ¿Te gusta?</p> + +<p>ISIDORA.—Yo no sé si la he oído o no; pero puedo asegurar que me gusta. +Te diré... ¿Hay una música en que no se oigan esos mil sonsonetes de +ópera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los +cantantes de afición? Pues esa es mi música. Lo que te puedo asegurar es +que un día fui al salón del Conservatorio a oír los cuartetos y me gustó +tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con +guante blanco. ¡Qué sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un +cielo que también era salón.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con arrobamiento.)</b> ¡Isidora, tú eres noble!</p> + +<p>ISIDORA.—Te diré... Oyendo aquella música, yo me olvidaba de todo y +bendecía a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no +entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrarás en ella, y te +desafío a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los +grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formaré una buena +colección. También tendré contemporáneos, siempre que sean muy +escogidos. Tres o cuatro veces nada más he estado en el Museo. ¡Qué +cosas, hijo! Aquello sí es grande. Con el talento que hay colgado de +aquellas paredes había para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo +me figuraba que había pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte +del Buen Retiro. Unas veces creía que estaba cubierta de brocados y +otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es +belleza; chico, aquella es gracia. Yo decía: eso lo siento yo, esto es +cosa mía, esto me pertenece...</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Con entusiasmo.)</b> ¡Eres noble, eres noble!</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Entrando súbitamente, produce, con la irrupción inesperada +de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su +ahijada.)</b> Aquí estoy.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Ah!... Don José...</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Aprovechando el momento en que Joaquín vuelve la espalda, da +un papelito a Isidora.)</b> Toma.</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Guardando el papelito.)</b> Padrinito, ahora debe usted +retirarse. Es de noche y estará usted cansado. Mañana le necesito. Pero +no se moleste usted en subir. Aguárdeme en la puerta y me acompañará a +varios sitios donde he de ir. <b>(Despidiéndose con una mirada cariñosa.)</b> +Abur.</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Con cierta reconcentración shakespeariana.)</b> La sangre que +destila de mi corazón amarga mis labios. <b>(Exit.)</b></p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p><b>Es de noche. Agonizante luz de un quinqué con pantalla torcida y sucia +alumbra la estancia. JOAQUÍN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de +fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se +reclina en el sofá y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla +consigo misma.</b></p> + +<p>«Decididamente optaré por el canelo con combinación níquel, por el azul +de ultramar y por el negro con combinación de brochado, oro y +cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien. +¡Ay Jesús!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de +francés... Supongamos que cuando menos se piensa, mañana, o la semana +que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien +porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y +me dice... Hace días que me estoy figurando esto y nada tendría de +particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me +llama el mejor día; voy allá, subo, entro, espero un ratito en el +gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las +aprieta mucho y me dice: «Basta de pleitos, hija; abracémonos». Y me +abraza, y yo me echo a llorar, y ella también, y todo queda concluido, y +yo en la casa y en posesión de lo que es mío... Supongamos esto, que es +lo más natural, lo más lógico. ¡Qué alegría tan grande, Dios de mi vida! +Entonces sí que podré tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin +humillarme. Sacudiré la tierra que se haya pegado a las suelas de mis +botas, y diré: «Ya no más, ya no más lodo de las calles». El cristal más +puro no podrá compararse entonces a mi conciencia. Seré tan honrada como +los ángeles... Levantaré mi frente... <b>(Se interrumpe y da un gran +suspiro.)</b></p> + +<p>»¿Pero podré levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida +pasada... y presente? Esto me vuelve loca. ¡Maldita sea la necesidad, +que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia +del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que +son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan +el alma... ¡Que venga Dios en persona a sacarme de este círculo maldito! +Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro... +¡Oh Dios!, ¡quién fuera cursi, quién fuera populacho!... Me pasaría la +vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un +jergón asqueroso; me casaría con un cafre hediondo, tendría un chiquillo +cada año, viviría como una bestia, toda imbécil, toda sucia...; ¡pero +sería feliz como son felices los que no conocen el dinero!... ¿Qué es +mejor, ser una piedra, que se está donde la ponen, o ser una criatura +racional que quiere ir a alguna parte? ¡No sé, no sé! ¡Benditos sean los +adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya, +vaya, qué duro es este sofá. Y el pobre Joaquín, ¡qué profundamente +duerme! ¡Buena falta le hace! ¡Cuánto has padecido estos días, +desgraciado mártir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno. +Has gozado mucho, demasiado quizás, y ahora lo estás pagando. Los muy +felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por +eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la +felicidad que se me adeuda... <b>(Suspira y se aflige.)</b> Sí, sí; no hay +debajo del sol una persona más desgraciada. Y, no me digan que soy mala. +Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si +no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no +haría lo mismo... <b>(Se da un golpe en la frente.)</b></p> + +<p>»Cuando pienso lo que me espera mañana, me dan ganas de matarme. Y al +mismo tiempo, ¡vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que +llegue mañana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia +de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor +me echa hacia atrás; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa +hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El sí y el no me +vuelven igualmente loca. <b>(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos +muerde el pañuelo. Larga pausa.)</b> ¡Y cómo duermes tan tranquilo!... Si +yo no te quisiera tanto, podría suprimir uno de los principales motivos +que tengo para dar este mal paso, y quizás, quizás hallaría otros +medios... Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte +así... Y para que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te +has portado conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te +diré..., yo soy así; Dios mío, ¿por qué me hiciste noble? ¿Por qué no me +hiciste nacer de vil populacho? ¿Por qué no me hiciste canalla de la +cabeza a los pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el +alma?... <b>(Gran pausa, durante la cual se adormece.)</b> No, no; me +decidiré por el azul Ultramar con combinación rosa y plata...</p> + +<p><b>(Otra pausa, durante la cual amanece.)</b>»Es de día; me levantaré y +saldré sin que él me vea. Aún es demasiado temprano. Procuraré no hacer +ruido... Le dejaré el dinero suelto que me queda aquí y dos palabras +escritas con este lápiz. <b>(Escribe; pone sobre la mesa el papel y +algunas monedas.)</b> Vaya, ya es tiempo. <b>(Afligidísima.)</b> ¡No poderle +decir adiós! ¡Qué vida, qué humanidad! Me voy, porque si despierta, no +tendré valor para salir. <b>(Vase.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Despertando, ya entrado el día.)</b> Isidora, Isidora... No +está. Se ha ido. Me levantaré. Como estoy vestido, mi <i>toilette</i> no +ofrece grandes dificultades. ¿Habrá por aquí el lujo de un peine? Es +posible. <b>(Levántase y da algunos pasos por la habitación.)</b> ¡Que +claridad! ¡Qué feo y antipático es el día! Prefiero la noche, tapadora y +discreta. ¡Ah!, la señora de la casa, antes de marcharse, ha dejado aquí +sus disposiciones. <b>(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el papelito, +y lee.)</b> Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que almuerce hoy. <b> +(Lee.)</b> «Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te apures. No volveré +hasta la noche, porque tengo que hacer». Esta pobre Isidora, ¡qué buena +es! Si no fuera la maldita manía del pleito, que no ganará nunca, sería +una muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que manda la señora. La +fiera patrona no me envenenara con sus guisotes. Voy a llamar, a pedir +agua, a lavarme, y después esperaremos. Luego que almuerce dictaré mis +últimas disposiciones, y en cuanto llegue la noche, la querida noche...</p> + +<p><b>Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada, +arréglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.</b></p> + +<p>»Me olvidé de la botella de Champagne que está en aquel armario. No me +importa que se la beba otro. En mi testamento la dejaré a los huéspedes +de esta casa para que la vacíen por mi salvación eterna... Ya que estoy +solo escribiré a papá y a Isidora. <b>(Se sienta y escribe.)</b> ¡Buenos +cosas le digo a mi señor padre!... Si los deslices del hijo han sido +grandes, el padre no tiene aún motivos para dudar de su buena fe... +Jamás he cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y además un +efecto preciso de la mala, de la perversa educación que he recibido. +¿Por qué educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta +mil reales? ¿Por qué desde niño me enseñaban a competir con los hijos de +los grandes de España? ¿Por qué no me dieron una carrera, por qué no me +aplicaron a cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que es +la escuela de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron en la +vanidad, y la vanidad me conduce a este fin desastroso. <b>(Sigue +escribiendo con agitación, se pone pálido y, al concluir, su mano +tiembla.)</b></p> + +<p>»Ahora escribiré a Isidora, a quien no veré más. La única persona por +quien siente emociones cariñosas mi corazón es ella. ¡Cuánto más vales +tú que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han +simpatizado, porque son similares. Tú, como yo, fuiste educada en la +idea de igualar a los superiores... <b>(Escribe.)</b> «Querida y adorable +amiga: Próximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el +mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvación; tú +puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese +pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera +casarse contigo, cásate, aunque sea muy bruto». <b>(Hablando.)</b> No, no +miento nada al decir que la quiero con todo mi corazón. Su lealtad +conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvíos prueban +la grandeza de su alma. <b>(El personaje redacta largos párrafos amorosos +y llena cuatro carillas de papel...)</b> ¡Ah!, me olvidaba de lo principal, +de <i>Riquín</i>, mi hijo. ¡En esta hora triste me ha entrado un amor por +él!... ¡Si estuviera aquí me lo comería a besos!. Le reconoceré. <b> +(Escribe otro larguísimo párrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)</b> +En fin, esto es hecho. Ahora, ánimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso +abismo de la eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me +perdonará mi crimen. ¡Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar +la befa de mi honor! Pronto anochecerá. No vacilo más. <b>(Se dirige a la +percha, saca el revólver y lo examina.)</b> Aquí está. Me parece un juez de +hierro que me condena sin permitirme defensa ni apelación.</p> + +<p>UNA VOZ.—<b>(Que suena cavernosa detrás de la puerta, acompañada de dos +golpecitos.)</b> ¿Se puede?</p> + +<p>JOAQUÍN.—Adelante.</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Entrando.)</b> Buenas tardes.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Viene usted en busca de Isidora? No está.</p> + +<p>DON JOSÉ.—No, vengo de parte de ella. Esta carta...</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Tomando la carta con mano temblorosa.)</b> ¿A ver?... ¿En dónde +está Isidora?</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Con sequedad.)</b> Hace un rato estaba en una tienda de la +calle del Carmen, escogiendo telas para vestidos.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Estupefacto)</b> ¡Telas! <b>(Abre la carta, que es voluminosa. +Dentro del pliego aparecen risueños algunos billetes de Banco; Joaquín +palidece.)</b> ¿Qué es esto? <b>(Se sienta y lee. Palidece más y luego se +pone encarnado y vuelve a palidecer.)</b></p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Aparte, mirando a Joaquín con expresión de poca simpatía.)</b> +No lloro porque soy hombre. Mi corazón concluirá por ser como las rocas +en que bate el mar.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)</b> ¡Estoy +salvado! La cantidad es redonda... ¿Pero aceptaré esto? ¿De dónde +procede?... ¿Es una vileza aceptarlo? Sí que lo es; pero las +circunstancias... ¡El abismo!... Supongamos que un desventurado está al +borde del precipicio y se le presenta el demonio de la infamia y le alza +en sus manos. No, no; antes rodar al fondo del abismo. <b>(Alto.)</b> Don +José vaya usted allá, y devuelva esto a Isidora.</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Aparte y tétricamente, coincidiendo en sus expresiones sin +sospecharlo, con Otelo.)</b> Oh flor graciosa y bella, ¿por qué has nacido?</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Vacilando.)</b> No, no; deshonra por deshonra... Pesémoslas +ambas en la balanza de la fría razón. ¿Cuál pesa más? ¡Oh!, no hay que +vacilar. Esta lleva en sí la imposición del acontecimiento, del hecho +real. Tomaré el dinero... Me he salvado. Pero ¿por qué no estoy tan +contento como debiera? <b>(Alto.)</b> Don José, ¿con quién ha hablado hoy +Isidora?... ¿En dónde ha estado?</p> + +<p>DON JOSÉ.—No lo sé... <b>(Aparte, lleno siempre de espíritu +shakespeariano.)</b>—¡Estúpido! ¿cómo quieres que te lo diga? No me +atreveré a decirlo ni aun a vosotras, ¡oh castas estrellas!</p> + +<p>JOAQUÍN.—Usted nunca sabe nada. Usted está siempre en Babia. <b>(Aparte.)</b> +¡Malditas sean las circunstancias!... Me engañaré a mí mismo, haciéndome +creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser +humano, que fácilmente se le engaña... Pero discutamos esto; abordemos +la cuestión con filosofía. Si este dinero ha venido a mí por una vía +poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha vía. Los +procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y +sacrílego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya +en sí una dosis tan grande de lógica, que no necesita argumentaciones +retóricas. <b>(Alto.)</b> ¿No piensa usted lo mismo, hombre de Dios?</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Como quien despierta de un sueño.)</b> ¿Yo?... Yo no pienso.</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Volviendo a mirar con cariño los billetes.)</b> ¡Y la cantidad +es redondita! ¡Pobre Isidora! ¿Cómo no amarla? No sé qué daría porque +ganara el pleito. Pero no, no lo ganará. Sólo los pillos tienen suerte. +¡Don José, señor don José!</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Pasándose la mano por la frente y el cráneo como para +detener una idea que intenta escaparse.)</b> ¿Qué?...</p> + +<p>JOAQUÍN.—Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne.</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Con repugnancia.)</b> Gracias, no..., me mareo. <b>(Vacilando.)</b> +Pero, sí, venga; así se olvida.</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Tiene usted muchas penas que olvidar?</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Mirándole con ojos dulzones.)</b> ¿Yo?... ¿Penas yo? <b>(Contrae +horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisión de un +suspiro.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Escanciando.)</b> Ahí va.</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Bebe.)</b> ¡Cómo pica la maldita! <b>(Apenas ha llegado a su +estómago la primer gota del precioso líquido, inclina la cabeza y cierra +los ojos, diciendo.)</b> ¡Mundo miserable!</p> + +<p>JOAQUÍN.—¿Qué?... ¿Por tan poca cosa?</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Levántase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la +actitud trágica.)</b> Sí, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras. +¡Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo!</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Soltando la risa.)</b> ¡Don Pepe!</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Cuadrándose.)</b> A sable o a pistola, como usted quiera. Me es +igual. De todas maneras sabré castigar su infamia. ¡Usted, un hombre +ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel +lirio! <b>(Da algunas vueltas por la habitación, perseguido por +espectros.)</b> No, no os tengo miedo, no. Pez, Botín, Melchor, Bou, no os +temo. Os mataré a todos, os haré polvo. Soy el defensor de la virginidad +ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... ¡Vamos, al +momento, al momento, me bato con los cuatro!</p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Le empuja hacia el sofá.)</b> ¡Pobre hombre!</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Cayendo en el sofá como un talego.)</b> Me habéis matado, +porque sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los +tres; pero a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no +puedo perdonarte. <b>(Se desvanece.)</b></p> + +<p>JOAQUÍN.—<b>(Disponiéndose a salir.)</b> Ahí te quedarás hasta que te pase.</p> + + +<p class="head"><b>—IV—</b></p> + +<p><b>Mutación. La escena representa un aposento semi—elegante que parece ser +fonda.</b></p> + + +<p>ISIDORA.—<b>(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado +golpes una mano indiscreta.)</b> ¿Quién es?</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Levantándose de un sillón en que yace soñoliento.)</b> Si es +visita, me retiraré.</p> + +<p>UN SEÑOR.—<b>(Entrando sombrero en mano y dirigiéndose a Isidora.)</b> ¿Es +usted doña Isidora Rufete?</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Trémula.)</b> Servidora...</p> + +<p>AQUEL SEÑOR.—<b>(Avanzando, seguido de otro individuo poco simpático y +nada cortés.)</b> Señora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a +prender a usted de orden del juez del Hospicio. <b>(Muestra el auto de +prisión.)</b></p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Aterrada.)</b> ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está usted seguro?...</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—<b>(Volviendo a mostrar el auto.)</b> Vea usted... Conque si +tiene usted la bondad de seguirme...</p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser +hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)</b> ¡Qué +picardía!</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—<b>(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de +su extraordinaria perplejidad.)</b> Ya sabría usted que la parte contraria +pidió que se sacara el tanto de culpa...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Confusa y mareada.)</b> Sí.</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—Y el juez ha encontrado el fundamento.</p> + +<p>ISIDORA.—Pues daré fianza...</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—Precisamente... en el delito de que se trata no puede +concederse fianza.</p> + +<p>ISIDORA.—¡Delito! ¿Está usted seguro de lo que dice?</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—El pleito es ahora causa criminal...</p> + +<p>ISIDORA.—<b>(Iracunda.)</b> ¿Y de qué me acusan?</p> + +<p>EL ESCRIBANO.—De falsificación.</p> + +<p>ISIDORA.—¿Falsificadora yo?... <b>(Fuera de sí.)</b></p> + +<p>DON JOSÉ.—<b>(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y +contrayéndose todo.)</b> No te pierdas, José.</p> + +<p>ISIDORA.—Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no +consentirá que me pierdan ni que me deshonren. <b>(Llora.)</b> ¡Y a esto +llaman justicia, ley! <b>(Sobreponiéndose al dolor y secando sus lágrimas +de tal modo que parece que se abofetea.)</b> Yo probaré mi inocencia... +Esto me faltaba, esto; ser mártir. <b>(Aparte, con entereza y orgullo.)</b> +Bien venida sea esta noble corona. El martirio me purificará de mis +culpas, y hará que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan +ver hasta los ciegos. <b>(Alto.)</b> Vamos, cuando usted quiera.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIIIa" id="Capitulo_XIIIa"></a>Capítulo XIII</h3> + +<p class="head">En el Modelo</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>La irritación y la vergüenza, unidas a un desorden nervioso que casi la +privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche +en un estado parecido al sonambulismo. Veía las cosas, las tocaba, +preguntaba, y aun respondía como cediendo a una fuerza mecánica. No +estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le +pasaba; iba y venía medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre +jaqueca y manía, sorprendiéndose de ver cómo brillaban instantáneas, +sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relámpagos de alegría. +Rindiola el cansancio después de medianoche; se acostó vestida, cerró +los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivió +bajo su cráneo, entre la vibración de los nervios encefálicos, todo lo +acaecido desde que el escribano se presentó en su casa para prenderla. +Veíase en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiñones, +donde está el vulgar y triste edificio llamado <i>Modelo</i> con descarada +impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual había un +soldado de guardia, y más a la izquierda un grupo de pobres disputándose +las sobras del rancho de las presas.</p> + +<p>Isidora y el escribano entraban en un vestíbulo nada espacioso; salía a +recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de +cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de +pesados cerrojos, sobre la cual se leía en letras negras la palabra +<i>Rastrillo</i>. Una mujer de edad madura abría la puerta, Isidora pasaba, +subía por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el +letrero de la <i>Sala primera</i>; y echando la vista por el hueco, veía un +claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol, +el más bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar. +La idea sola de tener que vivir entre aquella gente había horrorizado a +la de Rufete. Pero ella tenía fondos; ella pagaría una habitación +decente, y viviría con ciertas comodidades y completo decoro los pocos +días que, a su parecer, habría de permanecer en aquel tremendo asilo.</p> + +<p>Una señora mayor, bondadosa y amable, la acompañaba, y precedíala una +celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco +y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se +destinaba, el cual tenía una ventana enrejada a la calle, un camastrón +de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco después entraba la +celadora, quien, con formas de adulación artera y llamándola <i>señorita</i>, +ofreció servirla y acompañarla. Isidora la miraba con repulsión. Llegada +la noche le servían una cena, que no quiso probar, y al fin, sola, +encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recostó +en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o más, la +serie de impresiones y sucesos que hemos referido.</p> + +<p>Por la mañana, despertáronla los gritos y desaforadas blasfemias de una +mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de +un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la próxima +<i>Sala primera</i>, y el <i>tan tan</i> de la campana de Montserrat, iglesia del +convento que hoy es prisión del bello sexo. Y si el alma humana en las +situaciones de gran tribulación se ve siempre sacudida por ráfagas de +inexplicable alegría, que más bien parecen protesta aislada de algún +nervio rebelde contra el dolor, en Isidora había un motivo para que +aquellas ráfagas de alegría fueran algo más duraderas y eficaces, porque +la prisión, con ser tan odiosa, había venido a librarla de otra +esclavitud atrozmente repulsiva.</p> + +<p>«Casi me alegro de esto—decía—, porque si no estuviera aquí estaría ya +muerta de horror y asco...».</p> + +<p>Además, la prisión no podía durar, porque los jueces, ¡cosa evidente!, +habrían de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita +demandante. Dios le había deparado sin duda aquel trance para probarla y +darle de improviso, cuando más afligida estuviese, el alegrón de ganar +el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos más +en carácter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad +de idealizar las cosas para obtener los más dulces confortamientos. ¿No +ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son +perseguidos, inspiran lástima, los inocentes que sufren tormento de la +Justicia, ¡cuánto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas +sensibles! Era inocente, sufría persecuciones inauditas; luego tenía +bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba +aquella mañana para figurarse que todo Madrid la compadecía, que era el +ídolo de multitudes, que se hacía interesantísima, que era un tipo +novelesco, y aun que salían por aquí y por allá bravos caballeros +dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso.</p> + +<p>¡Pero qué feo, qué desmantelado el cuarto! ¡Qué cama, que muebles, qué +desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante, +como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tenía pronta una idea, +amparose de una bellísima, que le valió de mucho para consolarse. ¿Con +quién creerá el lector que se comparó? Con María Antonieta en la +Conserjería. Era ni más ni menos que una reina injuriada por la canalla. +Determinó, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la +realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicísima señora, con +lo que se crecía a sus propios ojos, y se veía idealizada por el +martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los +padecimientos. El día lo pasó en estas cavilaciones, acordándose mucho +del Delfín, de Joaquín Pez y de otras personas. Mandáronle ropas, y Juan +Bou, a quien pidió un libro de entretenimiento, le envió <i>Los +Girondinos</i>, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora leyó en el +libro y deshojó las flores, dándose el gusto de pisotearlas. Le +recordaban cosas muy desagradables la osadía y desparpajo de la canalla +profanadora.</p> + +<p>Empezó el sumario. Cuando bajaba a prestar declaración a la salita de +rojo dosel, que está junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a +las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su +derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba, +preciso es decirlo, al mismo señor juez dignísimo y al escribano. En +todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al +bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que +se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban +comentándola tres o cuatro horas. Quién aseguraba que era una duquesa +perseguida por su marido; quién la tenía por una cualquiera de esas +calles de Dios; y alguna, que la conocía verdaderamente, refería parte +de su vida y milagros, añadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a +solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repetía en su +mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual +contestación, revolvía lo cierto con lo dudoso, la acusación de la ley +con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas +presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro +que, desde la acusación por falsificadora, se había abierto ante sus +ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrábase en +la plenitud de la verdad. Los documentos se le habían entregado tal y +como estaban; y ella no había añadido ni quitado cosa alguna, ni tenía +noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su tío el +Canónigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor +de ellos, Tomás Rufete... Al llegar a este punto de su cavilación, +Isidora fruncía el ceño y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo +dudoso. ¿Pero a qué martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la +marquesa de Aransis, la curia infame y el señorío prepotente eran los +verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a +una huérfana noble, a un ángel desvalido. Pero Dios los castigaría, Dios +volvería por los fueros de la verdad y de la inocencia. ¡Pues no faltaba +más!</p> + +<p>Durante el sumario, la incomunicación no fue tan rigurosa como la ley +ordena, porque los cerrojos de nuestras cárceles se ablandan fácilmente. +Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se captó las +simpatías de las compasivas mujeres que guardaban a sus compañeras. Así +pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a <i>Riquín</i> y a D. +José, a su tía <i>la Sanguijuelera</i> y a Miquis. El día mismo en que cesó la +incomunicación fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y +substancioso coloquio. El simpático doctor sintió viva emoción cuando +vio aparecer detrás de las dobles rejas del locutorio aquella figura +hermosa, aquel rostro pálido, con expresión de noble conformidad.</p> + +<p>«Isidora, gran mujer—le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones—. +Estás guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del +Código penal. Como sigas así, la curia, en vez de tomarte declaraciones, +te las hará, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una +escalera de birretes.</p> + +<p>—Déjate de tonterías—replicó ella apoyando los codos en la reja interior +y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud de +aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el locutorio—. +¡Ay, Miquis, esto es morir!</p> + +<p>—Con tu permiso, eso es vivir. ¿Pues qué creías tú?... La vida toda es +cárcel, sólo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos están +entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero +vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que serán para +ti alegres o tristes, según como las tomes.</p> + +<p>—Dímelas pronto.</p> + +<p>—Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado también de la marquesa».</p> + +<p>Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso interés.</p> + +<p>«La marquesa llegó ayer, de paso para Córdoba. La buena señora se pone +nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisión». +«Muñoz y Nones—dijo la señora a mi suegro—, yo quiero que usted arregle +esto. Tómelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada, demuéstrele +lo inútil de su tenacidad, y ofrézcale en mi nombre lo que a usted le +parezca, con tal que me deje en paz».</p> + +<p>—¿Eso le dijo?...</p> + +<p>—Sí; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la +falsificación ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andréu, compañero +y amigo de mi suegro. ¿Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificación +no está hecha por ti».</p> + +<p>Isidora callaba. Hasta que el diálogo tomó otro giro, estuvo como una +estatua, fijos en Miquis los ojos:</p> + +<p>«Oyes. ¿Sabes que te me estás pareciendo a la pantera del Retiro? ¿Por +qué me miras así y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario +de la casa de Aransis, vendrá a hablarte; te anuncio esa grata visita. +Te ofrecerá la libertad, la declaración de tu inocencia, y <i>ainda mais</i>, +una gratificación, un socorro. Pobrecita, has sido víctima de un grande +y tremendo engaño. Broma más pesada no se ha dado ni se dará. Quién fue +el autor de ella, tú lo sabrás... Pero qué, ¿te has vuelto muda? ¿Eres +de piedra? ¿A dónde miras? ¿Estas gozando de alguna visión? ¿Estás en +éxtasis?».</p> + +<p>Él también se callaba y la miraba. Metió la mano por la reja exterior e +hizo algunas castañetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la +atención a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no decía nada.</p> + +<p>«Voy a hablarte de otra cosa—añadió Miquis—. Ayer he tenido una grata +sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando oí una voz que decía: +«Señorito Miquis, señorito Miquis». Volvime y vi a tu tía, la sin par +<i>Sanguijuelera</i>. «¿No sabe usted—me dijo—que hemos encontrado a la fiera +perdida?...». «¿A quién?». «A <i>Pecado</i>». Allá en su lengua especial me +contó que le habían dado noticias de tu hermano otros muchachos. Ha +vivido algún tiempo en un tejar detrás de la nueva Plaza de Toros. +¡Pobre chico! Fuimos allá, y dos mujeres que encontramos y que no se +recomiendan por su fisonomía, nos dijeron que, habiendo caído enfermo +con calenturas, le habían llevado al hospital.</p> + +<p>—¡Al hospital!—repitió Isidora saliendo de su letargo.</p> + +<p>—Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos +convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque está poco +menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en +el tejar y de sus correrías y altas hazañas, antes de caer enfermo, +supimos algo que contaremos cuando tengas más tranquilidad de +espíritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou. +Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que +pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma.</p> + +<p>—Augusto—murmuró Isidora gravemente, apartándose de la reja—, es la hora +de reglamento. Dispénsame que te despida. Estoy fatigada. Adiós. Vuelve +mañana».</p> + +<p>Y se marchó <i>como una reina</i>, según dijo Miquis para sí, viéndola +internarse en la cárcel. Y él se salió a la calle: repitiendo: «¡Gran +mujer, gran mujer!».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>¡Falsificación! ¡Profanación de aquella santa escritura de la cual +emanaba el más santo de los derechos! Si había delito, ¿quién era el +autor de él? ¿El Canónigo o Tomás Rufete? ¡Enorme, endiablada +confusión!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la +infeliz presa fue que su abogado le dijo un día estas palabras:</p> + +<p>«Desde el tanto de culpa la cuestión ha variado por completo. La casa de +Aransis y el Sr. Muñoz y Nones tratan de probar la falsedad de un +documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos +quedaremos en el aire, hija mía. El pleito toma un giro tal que +difícilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los +mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de +que la falsificación resulte evidente, creo fácil probar que no ha sido +usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe. +En resumen: seguridades de éxito en la causa criminal; seguridades de un +fracaso en el pleito de filiación. Ya sabe usted que en la prueba hemos +estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niñez que nos +favorecieran, y por resultar muy débiles los testimonios de otras +personas».</p> + +<p>Y dicho esto, el abogado, frío, honrado y cruel, se despidió dando un +suspiro, último tributo de la ley al volverse hostil.</p> + +<p>«¡También, también me han corrompido a mi abogado!—exclamó Isidora +cuando se quedó sola—. ¡Bien, seré mártir; que me maten de una vez, que +acaben conmigo, que me lleven al cadalso!».</p> + +<p>Pasada la crisis de ira, estuvo dos días sin salir del lecho; apenas +hablaba; no tenía fuerzas para nada; sentíase también algo idiota como +su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura +frase a la justicia humana, exaltándose, para caer después prontamente +en el desánimo y derramar abundantes lágrimas. Su sueño era entonces +breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno +de obstáculos. Unas veces se le aparecía <i>Riquín</i>, ladeando con gracia +la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado. +Y el pícaro Anticristo la miraba, echándose el fusilillo a la cara con +infantil gracejo, y ¡zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el +acto; acudían otros chicos, camaradas de <i>Riquín</i>, y entre risotadas y +gritos la cogían y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa +de la multitud, que decía: «¡La marquesa, la marquesa!».</p> + +<p>Otras veces era gran señora, y estaba en su palacio, cuando de repente +veía aparecer un esqueleto de niño, con la cabeza muy abultada, y los +huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto +traía su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegándose +ella, movía la gran cabeza y se reía y hablaba. Pero Isidora, sin poder +entender sus palabras, temblaba de espanto al oírlas. Luego se borraba +el niño del campo de los sueños, y aparecía Joaquín en mitad de una +orgía, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se +paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y +prorrumpían en carcajadas. Ella se reía también; pero, ¡cosa rara!, se +reía de hambre. La debilidad contraía sus músculos haciéndola reír..., y +por aquí seguía de disparate en disparate hasta que despertaba y volvía +al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueños.</p> + +<p>A los tres meses de aquella tristísima vida, a la cual llegó a +acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus +guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo, +permitiéndole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicación. +La conducta de Isidora en la cárcel era irreprensible: no daba +escándalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se +había hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su +intimidad, se hacían lenguas de su buen corazón, finura y agradable +trato. No tenía poca parte en esto la generosidad de la procesada y su +prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacían. Lo +peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de día en día, +marchaba a su completa extinción y acabamiento. Siempre que en esto +pensaba, Isidora sentía trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo +futuro para ver si por alguna parte había señales de cosa metálica. +Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou +iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su +antipatía, era lento antídoto del veneno de la pasión de él, y así, o +por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraía y apartaba de +aquel gran peligro de su vida.</p> + +<p>«Calavera de un día—decía para sí—, vuelve a tu choza y no pierdas la +chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas +infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la +cárcel, ¡pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo +llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si +conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los +burgueses. ¡Valientes pillos! Pero aquello es vivir...».</p> + +<p><i>La Sanguijuelera</i> iba casi todos los días a ver a su sobrina. Cuando le +llevó a Mariano, Isidora se afligió grandemente, porque estaba tan +flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conocía. La +fiebre le había dejado en los puros huesos, y la piel se le +transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espíritu +mismo, había dejado el mal huellas quizás más profundas, porque hablaba +poco, contestaba tardíamente, cual si necesitara mucho tiempo para +recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su +hermana con espantados ojos.</p> + +<p>«Ya ves—dijo Isidora, sin saber qué términos emplear para dar una +explicación de su estado miserable—. Ya ves a dónde me han traído las +picardías, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando +idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley... +Y tú, ¿qué has hecho? Cuéntame. ¡Has estado malo! ¿Ves? Si no hubieras +salido de casa de la tía, ella te habría cuidado bien. ¡Qué tremenda +lección!».</p> + +<p>Mariano no decía nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto +miraba al suelo como al rostro de su hermana.</p> + +<p>«¿No me dices nada?—preguntó ella impaciente—. ¿Te has vuelto mudo? Esa +cara, ese mirar, ¿qué son?, ¿arrepentimiento o señal de mayor barbarie? +¡Ah! Mariano, Mariano; el único consuelo que podría tener yo ahora es +verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa cabeza, +abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contéstame...».</p> + +<p>Y, dándole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza.</p> + +<p>«Su señoría gasta ahora pocas palabras—dijo Encarnación—. Le hemos de +poner dentro de un cántaro en un cuarto obscuro, como a las maricas, +para enseñarle a hablar... ¿Quieres ver tú que pronto se despabila el +pájaro? Pues enséñale el cañamón. Verás...».</p> + +<p>Metiendo la mano en su bolsillo, sacó una peseta y la mostró al +muchacho, cuyos ojos soñolientos se reanimaron de súbito, y alzó la mano +hacía la moneda, diciendo con un gruñido:</p> + +<p>«<i>Pa mí</i>.</p> + +<p>—Sí, para ti estaba»—dijo, riendo <i>la Sanguijuelera</i>, guardándose la +moneda con más viveza que un prestidigitador.</p> + +<p>Mariano miró a su hermana, la cual, compadecida, echó mano a la +faltriquera, y sacando dos pesetas dióselas al chico.</p> + +<p>«Para ti..., pero con la condición de que has de contarme lo que has +hecho en todo este tiempo, cómo caíste enfermo, cómo has vivido, quién +te ha dado de comer...».</p> + +<p>Con gran prontitud se guardó <i>Pecado</i> su dinero, y alzando los hombros y +echando de sí un enorme suspiro, pronunció torpemente estas palabras:</p> + +<p>«Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no +me ha pasado nada.</p> + +<p>—Nos hemos enterado.</p> + +<p>—Tiene seco el entendimiento—indicó <i>la Sanguijuelera</i>—. La calentura le +abrasó los sesos. Dice el señorito Miquis que le dé baños en el río. Oye +tú—añadió alzando la voz, como cuando se habla con un sordo—: ¿quieres +trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?».</p> + +<p>Como si nada oyera, Mariano se levantó desperezándose, y dijo:</p> + +<p>«Me voy.</p> + +<p>—Alto ahí, amiguito—replicó Encarnación siguiéndole—. Has de arrastrar +una calza como los pollos. No saldrás sin mi compañía».</p> + +<p>Pero Mariano no le hacía caso y salió. La vieja fue detrás de él, +gritando:</p> + +<p>«Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo también +tengo buenos remos».</p> + +<p>Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz +hermano, y decía:</p> + +<p>«¡Imbécil, imbécil!... Así no sentirá nada... Y yo, cada vez con más +talento para pensar, para comparar... ¡Qué desgraciada soy, y él qué +feliz!».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Tres días después volvió Mariano solo. Parecía más ágil, más +despabilado, más dueño de su pensamiento y de su palabra.</p> + +<p>«¿Vienes solo?—le preguntó Isidora, asombrada de que no le acompañara su +tía.</p> + +<p>—Solito.</p> + +<p>—¿Y tu tía Encarnación?</p> + +<p>—¿La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito +que me lleven y me traigan.</p> + +<p>—¿Has ido al trabajo?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¡Mentiroso!</p> + +<p>—Mira—dijo <i>Pecado</i> abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.</p> + +<p>—¿Quién te ha dado eso?</p> + +<p>—<i>Gaitica</i>.</p> + +<p>—¿Gai...?</p> + +<p>—Tica, tica. ¿No lo conoces? Es un caballero, un amigo mío.</p> + +<p>—¿Y por qué te ha dado ese dinero?</p> + +<p>—Porque me lo gané.</p> + +<p>—¿Cómo?».</p> + +<p>Mariano guardó las monedas para dejar desembarazada la mano, metió esta +luego por una abertura de su pantalón y...</p> + +<p>«¿Aquí no nos ve nadie?...—preguntó receloso mirando a las paredes y a +la puerta.</p> + +<p>—Nadie.</p> + +<p>—Porque si me guipan...».</p> + +<p>Y sacó del bolsillo un objeto cilíndrico, largo, como de media tercia, +de dos pulgadas de diámetro. Era un canuto fuertemente liado con +bramante.</p> + +<p>«¿Qué es eso?</p> + +<p>—Un petardo.</p> + +<p>—¡Ah!, ¿eso que estalla?—exclamó Isidora con espanto—. ¡Y va a estallar +aquí!...</p> + +<p>—Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para +esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando +reventó cayeron todos los cristales de dos casas.</p> + +<p>—¿Y te ocupas en eso? ¡Bárbaro!... No lo digo porque me importe nada que +el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondría, si +pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos los +palacios de esa gente egoísta que nos quita lo nuestro.</p> + +<p>—Lo pondremos—replicó Mariano, haciendo de la malignidad y de la +estupidez una sola expresión.</p> + +<p>—Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez +de hacerla con cañones. ¿Qué resulta? Que suena mucho, que se asustan +los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas +personas, y nada más. ¡Simplezas y pamplinas!</p> + +<p>—Pondremos uno de este tamaño—dijo <i>Pecado</i>, expresando con la distancia +de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista—. Hay en +Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que debía ser para +nosotros, ¿eh?</p> + +<p>—Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan nuestro +nombre, nuestra representación social; nos meten en calabozos inmundos, +nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo que +roban. El mundo está perdido. Si no sale alguien que le vuelva del revés +y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba...</p> + +<p>—Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo—repitió Mariano con el gozo de +quien ha encontrado la fórmula de un pensamiento que no ha sabido +expresar—. ¿Sabes?... ¡Cosas que pasan! Ayer he visto al señorito +Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos señoras, dos tías, ¿eh?, y +un caballero. Parecía un marqués.</p> + +<p>—No le nombres delante de mí—dijo Isidora cerrando los ojos.</p> + +<p>—¡Cuánto ha robado!—exclamó el muchacho con cierta efusión—. ¡Y nosotros +tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos!</p> + +<p>—¡Oh!—exclamó Isidora sintiendo un nudo en la garganta—. Dios nos +protegerá. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por +ahora...; pero esto ha de cambiar. ¿Quién sabe lo que pasará el mejor +día? Yo he leído que los soberbios serán humillados y los humildes +ensalzados».</p> + +<p>Interpretación tan singular del texto evangélico cayó en el cerebro de +Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y +fructificaron en él las ideas más extrañas.</p> + +<p>«Ellos nos han quitado lo que es nuestro, ¿verdad, hermana?».</p> + +<p>Isidora rompió a llorar.</p> + +<p>«Sí, sí, sí—dijo entre lágrimas y sollozos—. Picardía tras picardía, nos +han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... ¿Cómo? +Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. Tú y yo +tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han +quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una cárcel. Pues +contigo harán lo mismo, y nos ahorcarán, si pueden».</p> + +<p>Oía Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de +elocuencia.</p> + +<p>«Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos pertenecía. Pues +ya ves: cárcel, infamia, pobreza. Tú y yo seremos mendigos o Dios sabe +qué. ¡Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo +mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a +nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman +pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos +vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero, +tienen la conciencia de los jueces... Que me den a mí el dinero, aunque +sólo sea por ocho días, y verán lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya +ves, nos abrasan, nos matan. ¿Qué es la ley? Una engañifa, una farsa. +Los que la representan, ¿qué son sino ladrones? La autoridad..., ¡ah!, +¡qué gracia me hace a mí la autoridad! Es la comedia de las comedias, +mal representada para engañarnos, para explotarnos.</p> + +<p>—Les pondremos un petardo, ¿eh?</p> + +<p>—¿Uno? ¡Cuatro mil; un millón!... Tú eres un infeliz, chico, y no sabes +lo mala que es esa gente».</p> + +<p>Siguieron hablando de esto, y al día siguiente hablaron de lo mismo, +porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba +fácilmente. A medida que sus ilusiones decaían, determinábase en su alma +un cambio de sentimientos; simpatizaba más con el pueblo, a quien creía +oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo más +extraño era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiéramos llamar +coquetería de la desgracia, seguía encariñada con el bonito papel de +María Antonieta en la Conserjería. Pero en aquel caso la buena reina +estaba martirizada por la cruel y egoísta aristocracia, de donde venía +que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los +descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo, +unida a todo el despecho de su corazón, le hubiera hecho tolerar la +grosería y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba +vida en su mente a una gallarda utopía, es decir, a la existencia +posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida. +Pero esto, ¿no era una atrevida excursión al porvenir? Algo de genial +había en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, solía poner +fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: «¡Qué talento +tengo y qué cosas me ocurren!».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XIVa" id="Capitulo_XIVa"></a>Capítulo XIV</h3> + +<p class="head">De aquellas cosas que pasan...</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>Desde que Mariano empezó a entonarse, su tía Encarnación no podía hacer +carrera de él. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente +ineficaces contra él. Más le habría gustado a la buena mujer verle +travieso, enredador e indomable como en su niñez, que observar aquella +indolencia taciturna, aquella tétrica quietud, semejante al acecho de +las bestias carnívoras, en las cuales la paciencia es precursora de la +ferocidad.</p> + +<p>«¿En qué piensas, animal?—le decía bruscamente—. ¿Vas a inventar la +pólvora o qué? Eres un talego. ¿Por qué te estás dos horas mirando al +suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano, +¡puñales! ¿Vas a hacer el Almanaque del empedrado? ¡Qué poste! Tu +hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. Tú llevas otro camino, +pero llegarás al mismo fin. ¿Por qué no trabajas?</p> + +<p>—Porque no me da la gana..., <i>hala</i>...—respondía Mariano saliendo de su +somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco.</p> + +<p>—Pues ve a que te mantenga el obispo.</p> + +<p>—No necesito que usted me mantenga. Tengo de acá.</p> + +<p>—¡Anda, anda, chaval desorejado!... ¡Y con qué tipos te ajuntarás tú +para allegar eso! ¿Qué diabluras haces? ¿En qué te ocupas por las +noches? ¿Qué llevas aquí debajo de la blusa?</p> + +<p>—El copón.</p> + +<p>—¡Jo... sús! ¡Qué blasfemias dices! Mira, mira, tú y yo haremos malas +migas. Si sigues así, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El día en +que te den garrote iré a verte.</p> + +<p>—<i>¡Aur!...</i>»—murmuró <i>Pecado</i> con gutural sonido.</p> + +<p>Y se marchó despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada, +la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos +días, dando a su teórico paseo una dirección determinada, íbase a casa +de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro, +por quien conservaba ligera inclinación, parecida al afecto. Llegó al +taller un día (enero del 77) y encontró al buen catalán festivo y +engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos.</p> + +<p>«Hola, tagarote, ¿qué buscas por aquí?—le dijo, tocado de aquella +verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos—. +Siéntate. Pues todavía mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez +ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratón acabado de nacer... Te +digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aquí no se gastan +cumplidos. Conque cuéntame: ¿trabajas o no?».</p> + +<p>Mariano quiso contestar que no trabajaría más a jornal; pero Bou tenía +tantas ganas de decir algo, que le cortó la palabra con la suya +inagotable, diciéndole así:</p> + +<p>«Aprovecho esta ocasión para decirte que tu hermana es una loca, una mal +agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza +destornillada. Yo la quise como yo sé querer, y me hubiera casado con +ella. ¡<i>Voto va Deu</i>, de buena me he librado! Porque tu hermana es una +calamidad. Ahí la tienes en la cárcel por terca, porque se ha empeñado +en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdiácono. En fin, +ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mío; y no +creas lo que dicen por ahí, no; no es cierto que yo me gastara con ella +lo que me saqué a la lotería y la herencia de mi tío. En total, no me +pellizcó arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quitó de +entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico, +hay Providencia. Mi dinero se salvó en un papel, el auto de prisión; +porque trapitos por aquí, trapitos por allá, el caprichito <i>A</i>, la +chuchería <i>B</i>, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en +una mañana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su +corazón, lleno de apetitos, está escrito con letras de oro «¡abajo los +ricos!». Buena pieza, sí. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve +aquella cara, ¿cómo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos +ojos divinos, donde tienen su madriguera los ángeles, ¡cómo ha de pensar +que estos ángeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba +ciego, yo estaba tonto. Cuando me mandó la primera carta con su padrino, +pidiéndome socorros, me pareció que se me abrían las puertas del cielo. +Esta es la mía, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella +aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglábamos +una casita; yo estaba embobado; quería probar las delicias del mundo, +cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se quedó con la +copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gusté, +tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, señores, conozco +sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; sé lo que +cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipación inmoral +de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla +abajo. ¿Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. ¿Se hace el mal?, pues +nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si +eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que +ha hecho tu hermana conmigo. La saqué de la miseria, la vestí, la calcé, +le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abría la boca y +yo abría el bolsillo, y <i>palante</i> siempre. Pues mira el pago. Dice que +soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de +flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y +me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas +cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me +importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con +qué pagar el cuarto en la cárcel. La pondrán en aquellas grandiosas +salas, donde podrá pasearse y comer y dormir con aquellas lindas +duquesas y baronesas que están allá por hurtos, lesiones y otras +gracias. Bien merecido. Ella no te preguntará por mí. Si te pregunta, le +dices que el señor <i>Ipecacuana</i> (así me llama) está contento de haberla +perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el +sentido común, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes, +que buscaré una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del +pueblo, me río de su aristocracia estúpida, y que me alegraría de que +todos los aristócratas y chupadores juntos no tuvieran más que un solo +pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez».</p> + +<p>Más hubiera dicho, pero la tos, que por lo homérica, tenía cierta +semejanza con la risa de los dioses, le invadió de súbito y allí fue +Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derramó abundante lloro, +mientras el otro, más cerrado que arca de avaro, no daba señales de +existencia.</p> + +<p>«Y ahora—continuó Bou, gozoso del mutismo de Mariano—, si quieres que te +dé consejos, te los daré. Porque tú tan callado, tú tan sombrío, no +vienes a que te dé trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga +millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres +trabajar, no trabajes. En este mundo, el que más trabaja tiene +probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotería +o alguna herencia. Tú eres listo; busca un negocio atrevido, emprende +algo, especula con la candidez de los demás. Yo he visto mucho mundo, y +sé que los más pillos son los que tienen más dinero. Cuando tú lo +tengas, gástalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darán el +suyo; así es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea +con un gran escándalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para +decir: «¡Qué bárbaro es!». Aquí hay dos papeles, el de víctima o el de +verdugo. ¿Cuál vale más? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se +pueda. El pueblo está sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay +en la nación. No hay más que dos caminos: o acabar de una vez con todos +los grandes, lo cual no es fácil, o meterse entre ellos y aprender sus +marrullerías y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar +<i>palantito</i>.</p> + +<p>—Yo—dijo Mariano con súbita animación—quiero que se hable de mí.</p> + +<p>—¡Que hablen de ti!..., pues mete ruido.</p> + +<p>—Lo que es ruido..., ya lo meto—replicó Mariano.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿Con un cencerro?</p> + +<p>—Con esto—dijo Mariano mostrando un canuto.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Tunante!...—exclamó Bou muy asombrado de ver el instrumento +músico que el chico mostraba—. Conque tú te ocupas... Pues mira: desde +hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende +al pueblo. ¡Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores +y demás escoria! Oye tú, mírame a la cara. ¿Me ves bien? Pues este que +aquí ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio +al Poder público; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que +represente la autoridad usurpada y la ley tiránica, lo hace cara a cara, +a pecho descubierto, poniéndose entre el peligro y la inmortalidad, +entre el verdugo y la gloria. ¡Pero disparar cohetes en la sombra, +asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden público!... +Reflexiona, hijo mío—añadió, después de una pausa, con tonillo de +propaganda evangélica que sabía adoptar en ciertos casos—; reflexiona en +que si quieres educar tus virtudes cívicas, y llegar al grado de +estimación pública a que hemos llegado los que estamos llenos de +heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido +ratas...».</p> + +<p>Dios sabe a dónde habría llegado por este brillante camino, si Mariano +no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado +fisiológico en que se encontraba, su lúgubre atonía se interrumpió +bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de ironía +dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como +alma que lleva el diablo.</p> + +<p>«Este chico tiene algo»—dijo Bou para sí.</p> + +<p>Olvidándose luego del muchacho, siguió pausadamente los pasos contados +de su metódica vida; paseó un poco por la tarde, comió después, fue al +café, regresó a su casa, y cuando se estaba acostando, ¡ay Dios!, oyose +un estrépito tal, que no parecía sino que reventaba una mina junto a la +casa y que esta se venía abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido +dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos +mil, la puerta de la casa saltó del quicio, y el vecindario, +alarmadísimo, salía gritando a la calle con pánico horrible...</p> + +<p>¡Ah pillete aristócrata!—dijo Bou serenándose al comprender lo que +era—. ¡Si te cojo!...».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>Y algunos días después de esto, Mariano estaba en la encrucijada que +llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vías que allí concurren, +sin saber cuál escoger para entrar por ella. Oigámosle:</p> + +<p>«¿Iré a casa de mi tía? No, que llama a los de Orden público y me cogen. +¿Iré a ver a mi hermana? No, que estará allí <i>Gaitica</i>. ¿A dónde iré?... +Dejémonos ir. Por aquí, por la Carrera abajo, veré la gente que va a +paseo, veré los coches, subiré al Retiro, y me estaré allí toda la +tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de +nada... Ya empieza a pasar la pillería. Allá va un coche..., y otro y +otro. Toma, aquel es de ministro. <i>Chupa—gente</i>, ¿sabe el coche? +<i>Oigasté</i>, ¿y si le dijeran: «Suelte lo que no es suyo?...». Ahí va +otro. ¡Cuánto habrá robado ese hombre para llevar cocheros con tanto +galón!... Anda, anda, y allí va un cochero montado en el caballo de la +derecha, con su gorrete azul y charretera... ¡Eh!, y en el coche van dos +señoras... ¡Vaya unas tías, y cómo se revuelcan en los cojines! <i>Oigan +ustés</i>, ¿de dónde han sacado tanto encaje? Y qué abrigaditas con sus +pieles... Pues yo tuve anoche mucho frío, y ando con los zapatos rotos. +Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado. +¡Valientes tías!... Subiré por el Dos de Mayo. Por aquí va mucha gente a +pie.</p> + +<p>»Este Retiro es bonito; sólo que..., de aquellas cosas que pasan, +habiendo tantos que tienen frío, el pueblo debía venir aquí a cortar +leña... Entro por este paseo de los muñecos de piedra con las manos y +las narices rotas. ¡Qué feos son!... Hola, hola, ¿niñitos con guantes? +¡Y cuántos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la +criada había para vestir a cuatro mil pobres... El papá debe de haber +robado mucho. Está gordo como un lechón... De consiguiente, que lo abran +en canal... Tomemos por aquí a la derecha, para ir a la Casa de +Fieras... Pero no entraré; estoy cansado de verlas. ¡Puño, cuánto coche! +Allá va D. Melchor acompañando a dos niñas. Sí, para ti estaban, bruto. +Son las niñas de Pez. Y el Sr. Pez va también con la gran tripa llena de +billetes de Banco, que ha tragado... Más coches, más coches, más. Bien +dice el maestro que lo bueno sería que toda esta gente no tuviera más +que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente, +todos viviríamos al pelo... Pero ¿qué es aquello que viene allí? ¡Ah!, +ya sé. Primero un batidor a caballo. Después el gran coche con seis +caballos... Puño, y toda esa gente de galones, ¿para qué sirve? Miale, +miale, cómo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella también +saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habrá que vus arregle. +Yo lo que digo es que muerto el perro se acabó la rabia, y que muerta la +cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que +les vean mejor. Ahora vuelven para acá; ya vus hemos visto bien.</p> + +<p>»¡Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazón, ¿a dónde +iríais a parar todos? Todos os pasaríais al partido de los pobres. +¡Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. ¡Abajo los +ladrones!... Puño, vienen más coches, todos con tías brujas o con mozas +guapas muy tiesas. Ya, ya; ¿sombrillita para que el sol no les queme las +caras? Pues yo, tías brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos +rotos, y la blusa rota, muerto de frío; con que... ¡Eh!... ¿Quién es +aquel que va a caballo? ¿No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de +persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos +días ha ganado al juego muchos miles. Ladrón, ruletero, chulapo, +ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a mí y no me saluda; +¿apostamos? Aquí viene; me acercaré para que me vea. Le hablaré en +flamenco. «Buenas tardes, zeñó Zurupa».</p> + +<p>Esto decía Mariano acercándose a un jinete que avanzaba por la orilla +del paseo, montado en un caballo español puro, de cuello corvo y +movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre +bromas y veras, sacudió el siniestro brazo, y con el látigo, quizás sin +pensarlo, le cruzó la cara, diciéndole: «<i>Granujilla</i>...».</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles +y la catadura ordinaria de sus habitaciones, parecía ser la misma en que +Joaquín e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta +historia quedan contadas, halláronse juntos otro día Mariano y el +caballero (llámase así porque iba a caballo) designado con el nombre de +<i>Gaitica</i>. Entró Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin +saludarle le dijo:</p> + +<p>«Vengo <i>a</i> por aquello.</p> + +<p>—¡Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roío niño».</p> + +<p>Sacó tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arrojó sobre la mesa.</p> + +<p>«El otro día—dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje—me dio +usted un latigazo.</p> + +<p>—Niño, fue sin querer. Pues qué, ¿a un roío caballero como tú se le dan +latigazos?... ¡Taco, y qué orgullo vas echando!... ¡Roer! Átame esa +mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algún día necesitas una roía +peseta, vente acá. Si algún día no tienes qué comer, no faltará acá un +roío pedazo de pan que darte. Comerás las sobras de la mesa. Eres un +roío gandul, un roío holgazán, un roío bergante, y acabarás en presidio.</p> + +<p>—Como usted—dijo Mariano con descaro.</p> + +<p>—¡Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roío puntapié vas a +parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules +me cargan, ¡taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la +ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre +formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillería; hombre de +negocios, hombre que se puede poner delante del rey, sí, señor; porque +es un hombre que paga la contribución, un hombre de orden, de ley, que +no gusta de oír hablar del roío pueblo ni de la roía revolución; un +hombre, en fin, más honrado que Dios, más caritativo que la roía +Biblia».</p> + +<p>Mariano le oía espantado y con despecho. ¡También <i>Gaitica</i>, aquel ser +de la última gradación moral, aquel hombre a quien <i>Pecado</i> consideraba +como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeño capital, +adquirido en infames juegos de azar, y quería revestirse de la dignidad +del burgués pacífico, del propietario conservador, y clasificarse entre +los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo +último que a Mariano le quedaba que ver.</p> + +<p>«Sí—prosiguió aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano +más hábil lo hará después—, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a +tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos días, cuando he +ido al Modelo a ver a una prima que está allí por unas roías lesiones... +Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le +había acabado el dinero y tenía que pasar a la sala común. ¡Roer!, ¡un +hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arreglé con el alcaide el +pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar +las roías pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es +muy buena y muy señora. Voy a visitarla todos los días y a ofrecerle mis +servicios. ¡Oh!, no es como tú, que eres de lo que llaman un parásito, +la polilla del orden social, un vago. Tú y tus compañeros debéis ser +exterminados, porque la roía sociedad..., en fin, yo me entiendo. +Márchate. ¡Roer!, ¿qué haces ahí como una estatua? Tú no tienes +inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur».</p> + +<p>En el cerebro de Mariano se repercutían, como vibraciones de una +campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos +auténticos del célebre <i>Gaitica</i>. Conocido de todo Madrid, este tipo ha +venido a nuestra narración por la propia fuerza de la realidad. El +narrador no ha hecho más que limpiar todo lo posible su lenguaje al +transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosería y bestialidad, para +no dejar sino la escoria absolutamente precisa.</p> + +<p>Cuando Mariano se retiró aquella noche a su miserable alojamiento, +después de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin +tomar alimento, sufrió un ataque epiléptico. Parecía que se desbarataba +en horrorosas convulsiones, y se mordió las manos y se golpeó todo, +quedándose maltrecho. Por fin le pasó, Dios sabe cómo, y al volver en sí +encontrose con una gran novedad en su cerebro: tenía una idea; pero una +idea grande, clara, categórica, sinceramente adherida a su inteligencia. +No durmió en toda la noche, no comió nada a la mañana siguiente. Tenía +momentos de gran temblor y confusión, y otros en que una actividad +febril obligábale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse +en nada más que en los coches que iban y venían.</p> + +<p>Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su +vida y el pasto de su idea. Rompió toda clase de relaciones, dejó de ver +a su hermana, a su tía, a Bou, a <i>Gaitica</i>, y con quien únicamente +cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que vivía con él y estaba +casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pasó también sin +dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de +entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro +de él, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque +epiléptico, y cuando le pasó, disparataba cual si hubiera perdido la +razón. Durmió luego profundamente; levantose alegre, salió, y +dirigiéndose al Rastro detúvose en un puesto a comprar algo. Regateó con +discreción y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que había +comprado, lo escondió, lo agazapó debajo del colchón, diciendo estas +palabras:</p> + +<p>«Estáte quieta, ahí, quieta».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVa" id="Capitulo_XVa"></a>Capítulo XV</h3> + +<p class="head">¿Es o no es?</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>¡Generoso señor aquel que evitó a Isidora la angustia y el bochorno de +la sala común, apresurándose a pagar la miserable cuota! ¿Quién era +aquel ser benéfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente? +La agraciada no le conocía más que de haberle visto dos o tres veces en +el cuarto de su vecina (una tal Antoñita Surupa, que por ciertos +porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la +impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan +superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al día siguiente de +aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de él, +Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban <i>Gaitica</i> en círculos que +apenas es lícito nombrar, visitó solemnemente a Isidora.</p> + +<p>Según él mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre +de gran mérito, que todo se lo debía a sí mismo, pues abandonado de sus +nobles padres y desheredado por sus nobilísimos abuelos (¡miserias y +bribonadas del mundo y de la ley!), había tenido que crearse una +posición con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes halló Isidora +en su nuevo amigo para sentir hacia él simpatía y antipatía, en +porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y +abandonado, víctima del egoísmo de sus padres, le hacía sobremanera +interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo más soez y +chabacano que imaginarse podría. Su figura hermosa, juvenil y hasta +cierto punto elegante, que recordaba la de Joaquín Pez, perdía todas sus +ventajas con lo que del alma salía a los labios de tan singular +criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversación. Por +momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. Él, +hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y +persecuciones de que había sido víctima, cautivaba más la atención de la +prisionera.</p> + +<p>La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castaño no la +visitaban ya; Bou había roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Sólo +eran constantes D. José y <i>la Sanguijuelera</i>, que llevaba a <i>Riquín</i>. +Joaquín Pez, cuyo trato en aquella soledad habría sido muy grato a +Isidora, estaba en la Habana, desde donde le había escrito algunas +cartas cariñosas. <i>Riquín</i>, Encarnación y Relimpio eran, pues, los +únicos que llevaban la alegría, la distracción y la esperanza a la +triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando +con la bondad de la celadora.</p> + +<p>Miquis fue a verla un día para anunciarle la visita definitiva de Muñoz +y Nones.</p> + +<p>«Oye tú, gran mujer—le dijo—: mañana viene mi querido suegro. Recíbelo +como se merece. Le hablé de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo +posible. Te hablará largo de tu pleito y de tu causa criminal, y +poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las hará ver claras y sin +telarañas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las +cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades +valen más que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son +verdad pura. Lo que él te diga tómalo como el Evangelio. Si trata de +encarrilarte por el camino <i>A</i> o el camino <i>B</i> (aquí de nuestro +<i>Ipecacuana</i>), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a +un lado, como se deja una corona de teatro después de acabada la +representación. Así como se hace examen de conciencia antes de confesar, +haz ahora examen de tonterías para que las abjures todas. Acopia sentido +común y ensáyate toda esta noche en apreciar la extensión verdadera, el +número y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasía +quiera llevarte a una apreciación falsa de la realidad, date un gran +pellizco..., y por último, no coquetees delante de mi suegro, porque, +aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y +podría suceder...».</p> + +<p>La primera impresión de Isidora al ver entrar a Muñoz y Nones fue muy +grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la +Naturaleza en figura, modales, gracia de expresión y don de gentes. Su +edad no pasaba de cincuenta años, y vestía con pulcritud y corrección. +Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la +fundación de una <i>Penitenciaría para jóvenes delincuentes</i>, le +caracterizaba, en primer término. Era además hombre que miraba con +extraordinaria penetración a las personas con quienes hablaba, y que +para aprobar y afirmar decía siempre: <i>Mucho, mucho</i>, y para negar +empleaba irrevocablemente la frase <i>no hay tal cosa, ni ese es el +camino</i>. No usaba más que una comparación. Para él, todo era... <i>como la +luz del mediodía</i>. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en +invierno, significaba algo, Muñoz y Nones era un hombre singularísimo en +esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre +grueso de otro, Muñoz y Nones debe ser puesto en la categoría de los que +viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y +un mucho simpático, acabará de pintarle por fuera. Su franqueza le había +valido algunos disgustos, pero también grandes triunfos, porque el culto +de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales +no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la +esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con +sus éxitos, decía el gran notario que <i>también la honradez es negocio</i>.</p> + +<p>«La señora marquesa—dijo Muñoz después de los saludos—está en las +mejores disposiciones respecto a usted. No sé si sabrá usted que esa +señora es un ángel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo +yo, y basta. Imagínese usted el ser más bondadoso, más prudente, más +sensible y cariñoso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginación +será siempre inferior a la marquesa de Aransis.</p> + +<p>—No lo dudo—replicó Isidora, contrariada, porque habría querido oír +hablar mal de su abuela, dado que lo fuese—. La señora marquesa será muy +buena, aunque en este caso mío...</p> + +<p>—Pero, criatura—dijo Muñoz sin poderse contener—, ¿todavía no se ha +curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... ¿Todavía cree +usted pertenecer a la casa de Aransis?</p> + +<p>—¿Acaso me han probado lo contrario?</p> + +<p>—¡Probado!... ¡Si está más claro que la luz del mediodía! No se trata ya +del pleito de filiación, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada. +Empéñese usted en seguirlo adelante, y consumirá su vida, su dinero y su +salud inútilmente».</p> + +<p>Isidora sudaba.</p> + +<p>«¿De modo—dijo esforzándose en vencer su abatimiento y espolear sus +ánimos decaídos—, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la +falsificación?</p> + +<p>—¿Conque paparrucha?... ¡Ay niña, niña, usted no sabe lo que se dice! La +falsificación es tan clara, tan evidente como la luz del mediodía. El +Tribunal lo ha declarado categóricamente. El pleito de filiación carece +de base y se cae, como un castillo de naipes».</p> + +<p>Isidora sintió que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto +daba vueltas, que Muñoz y Nones se reproducía en infinitas imágenes o +copias del mismo Muñoz y Nones.</p> + +<p>«Explíquese usted...—balbució con voz dolorida, cerrando los ojos—No +puedo entender...</p> + +<p>—Pues muy sencillo... ¿Pero se pone usted mala? Un vasito de agua...</p> + +<p>—No es nada. Usted qué entiende de estas cosas...</p> + +<p>—Mucho, mucho. La falsificación existe. Que usted no es autora de ella, +no tiene duda, pues se perpetró ese delito, según todas las apariencias, +cuando usted tenía tres años.</p> + +<p>—Entonces...</p> + +<p>—Su padre de usted, Tomás Rufete, era un hombre ligero, de costumbres +desordenadas. Le conocí, le tuve de escribiente. Muchas veces le presté +dinero que no me devolvió; pero esto no hace al caso ni ese es el +camino...</p> + +<p>—¡Mi padre!... ¿Usted está seguro de que era mi padre?—exclamó Isidora +sacando fuerzas no se sabe de dónde—. Estas cosas no se pueden apreciar +así, señor mío.</p> + +<p>—¿Pues no se han de poder apreciar, señora mía? Yo me contento con decir +que la casa de Aransis no ha tenido parte mínima en echarla a usted al +mundo. Dos chicos nacieron de una señorita desgraciada...</p> + +<p>—¿Usted la conoció?—dijo Isidora con energía apelando a un recurso de +gran efecto.</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Me ha mirado usted bien?».</p> + +<p>Muñoz y Nones, que ya la había mirado bien, consecuente con la dulce +afición declarada por Miquis, la volvió a mirar.</p> + +<p>«En efecto—dijo sonriendo—, es usted muy guapa.</p> + +<p>—¿Y no halla usted semejanza...?</p> + +<p>—En la Naturaleza—replicó Muñoz muy serio—se observan fenómenos de +semejanza... Sin embargo, usted y Virginia sólo se parecen como dos +mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo..., +pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco».</p> + +<p>Isidora no pudo contener su dolor. Se echó a llorar.</p> + +<p>«Aunque se aflija, para mí la verdad es lo primero. No hay semejanza ni +ese es el camino.</p> + +<p>—¡Oh! Señor Muñoz—dijo ella con extraordinario énfasis—; si usted en +esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que +es usted el hombre más malo, el mayor monstruo...</p> + +<p>—Crea usted lo que quiera. ¿Tengo yo fama de monstruo?</p> + +<p>—No, no. Diré a usted...».</p> + +<p>Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese +rodeada de púas, movía los brazos queriendo expresar con ellos una +convicción más enérgica que la que expresaban los labios.</p> + +<p>«De modo que según usted, según usted, señor Nones, yo soy, yo soy... +una cualquiera.</p> + +<p>—Según lo que usted entienda por <i>una cualquiera</i>. Lo que yo afirmo es +que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido víctima +de un gran engaño. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a +averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Tomás Rufete, +logrando engañar primero a D. Santiago Quijano y después a su hija...</p> + +<p>—¿Conoció usted a mi tío el Canónigo?</p> + +<p>—Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres más +sencillos, hablemos claramente, más tonto que han comido pan en el +mundo. Le traté mucho. ¡Qué hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer +que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha +una panadería. También le hicimos creer que la baba del conejo era +venenosa, y consultó cuatro médicos y se cauterizó un brazo. Se le daban +las bromas más extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco +valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armábamos una camorra por +cualquier tontería. Uno de nosotros se fingía agraviado. Los demás +acalorábamos la disputa. No había más remedio que batirse. Quijano hacía +de tripas corazón. Le llevábamos al campo del honor, donde con mucho +miedo, pero con tesón muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas +como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extraño +es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las +estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escribía clásicamente, leía +novelas, era muy apasionado de las cosas aristocráticas, se sabía de +memoria el <i>Becerro</i>, y tenía en la punta de la uña todos los linajes de +España. Juzgue usted si ese santo varón era que ni pintado para sostener +un bromazo que Tomás Rufete quiso dar a sus hijos.</p> + +<p>—Esas historias, señor Nones—dijo Isidora aparentando una firmeza que no +tenía—, nada me prueban.</p> + +<p>—Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel +de Artillería, cuya nombre debe usted saber, se presentó en el despacho +de Andréu, primo y compañero mío, hace quince años, y le habló de un +asunto penoso y delicado. Al día siguiente Andréu había extendido un +documento que llamamos <i>acta de reconocimiento</i>. En él reconocía como +hijos suyos a una niña... (paciencia..., déjeme usted concluir), a una +niña y un niño, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada +joven que, digámoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de +fisonomía, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento hacía +constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y +deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual vivía... ¿sabe usted +dónde?</p> + +<p>—¿Yo qué he de saber?»—replicó Isidora con desvío y detestable humor.</p> + +<p>Muñoz y Nones se levantó. Dirigiéndose a la reja, y mirando hacia la +calle, señaló una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las +Comendadoras.</p> + +<p>«¿Quién vivía en aquella casa?</p> + +<p>—Yo.</p> + +<p>—Tomás Rufete tenía por vecino en el piso tercero a un licenciado de la +Guardia civil. ¿Se acuerda usted?</p> + +<p>—Yo no.</p> + +<p>—¿Tampoco recuerda usted cuando se quemó esa casa?</p> + +<p>—De eso tengo una idea; era yo muy niña. Mi hermanito empezaba a andar +entonces.</p> + +<p>—Mucho, mucho. Cuando se quemó la casa, Nicolás Font...</p> + +<p>—¿El guardia civil?</p> + +<p>—Estaba enfermo de gravedad. Lo que pasó aquel día no lo sé. Font muere +más tarde; la niña también; la viuda se va a vivir a Getafe; el niño es +recogido más adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se +presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su +padre difunto, en una tradición de familia y en varios documentos. Las +partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron +de ser substraídas de casa de Font el día del incendio. Pero hay otro +documento: el acta hecha por Andréu. En ella aparece una novedad y es +que el nombre de Nicolás Font aparece sustituido por el de Tomás Rufete. +La falsificación está hecha con suma habilidad, y las circunstancias le +favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por +su papá, y que es tan papá de usted como mío; han muerto la mujer de +Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andréu. Se busca en el +protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitución o enmienda. +Tomás Rufete vivió en gran intimidad con un escribiente de mi +compañero... ¿Va usted atando cabos?...</p> + +<p>—Yo no ato ningún cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones—dijo Isidora, +dándose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del +notario.</p> + +<p>—Ahora lo veremos. Se busca al cómplice de Tomás Rufete, a quien Andréu +despidió hace años por infiel. Es medio químico y muy hábil; pero su +principal habilidad está en huir de la justicia. Se entrega el documento +original a los peritos calígrafos y químicos, y al instante la falsedad +salta a la vista. Hecha con precipitación, es mucho más grosera que la +de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de +filiación ha presentado testimonios tan débiles; como la prueba ha sido +tan flojísima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a +usted, es casi seguro que irá a presidio por delito de usurpación de +estado civil.</p> + +<p>—Yo no soy falsificadora—afirmó Isidora quedándose como una muerta...</p> + +<p>—¡Qué gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un +derecho, y con testimonios débiles y documentos apócrifos trata de +usurpar un puesto que no le corresponde».</p> + +<p>La de Rufete estaba humillada y abatida. Difícilmente entraba en su +cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas +sostenía, resultaba un decaimiento parecido a la agonía de morir. Nones +la miraba en silencio, esperando una palabra.</p> + +<p>«Dígame usted—murmuró ella al fin con temor—, ¿qué tengo que hacer para +evitar... eso de ir a presidio?</p> + +<p>—Declarar que ha sido engañada; descargar su responsabilidad sobre su +señor papaíto, reconocer que no tiene derecho alguno...</p> + +<p>—¿Y quién me asegura que no lo tengo?...»—volvió a decir, +reaccionándose.</p> + +<p>El instinto de conservación de su error era tan grande, que este +necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muñoz y Nones +tomó su sombrero.</p> + +<p>«No se vaya usted, no—dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras +dudas—. Hábleme algo más. No estoy convencida, pero dudo. ¡Oh! Si me +muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta +fe, ¡qué dichosa sería! Señor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto +lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engañar. +Júreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi +derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizás pueda +yo empezar a acostumbrarme a esta idea...</p> + +<p>—¡Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No +hay motivo para tanta aflicción ni ese es el camino. Una existencia +humilde y sin los desasosiegos de la ambición, puede hacerla a usted +dichosa. La señora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un +auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestión un corte +rápido y decisivo. La señora está disgustadísima; aborrece el escándalo +y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es traído y llevado +por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La señora no +duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera aún, +consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus +esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a +los pleiteantes tercos, y usted, empeñándose en seguir adelante, puede +prolongar el litigio sin ningún fruto para usted y con cien +probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y +le doy a usted unos días de término para que lo piense bien. Mi yerno me +ha dicho qué tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque +ofuscada por desvaríos y falsas apreciaciones de la vida. Si usted +lograra ver cada cosa como es realmente, estábamos de la otra parte. +Conque... ánimo. Y para concluir: sé que tiene usted un hermanito que es +una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando +inauguremos la <i>Penitenciaría para jóvenes delincuentes</i>. Le +reformaremos, y usted... trate de reformarse».</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>¿Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista, +el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida. +Olvidada de molestias y humillaciones de la cárcel, no tenía seso ni +corazón más que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de él; +porque sí, era un problema semejante a una llaga, un problema que la +enloquecía como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una +úlcera abierta en lo más delicado y profundo de sus entrañas. La +pavorosa duda tenía alternativas y lances de batalla. Ya vencía la +convicción, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario, +triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de +sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenían +tantas ideas, tantas fórmulas de investigación, tantos ni tan variados +argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella +tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres días +sucesivos. Porque diabólica era ciertamente la claridad e insistencia +conque surgían en su mente todos los argumentos negativos de su derecho. +Ella quería rechazarlos, y ellos crecían fortaleciéndose, vestidos con +la inmaculada vestidura de lo evidente. Sí, su tío el Canónigo era +tonto. ¿No podía dar ella mil testimonios de sus necias credulidades? +Ella misma le había imbuido algunas veces ideas sumamente extrañas.</p> + +<p>Como D. José, su tío el Canónigo daba calor en su entendimiento a las +ideas más absurdas, las fomentaba y se engreía con ellas. Su tío, +engañado por Rufete, había representado con ella la comedia funesta que +tan desgraciada la había hecho. ¡Cuántas veces en las noches del +invierno él la embelesaba diciéndole que sería marquesa, que tendría +palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de +<i>Las mil y una noches</i>! Él la había enseñado a no trabajar, a esperarlo +todo de una herencia, a soñar con grandezas locas, a enamorarse de +fantasmagorías. Habíale llenado la cabeza de frivolidades, habíale +educado en la contemplación mental de un orden de vida muy superior a su +verdadero estado. Él, cuando ella se cansaba, le decía: «Tendrás coche». +Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le decía: «Tendrás +veinte modistas a tus órdenes». Decíale: «¡Qué palacio el tuyo!», y +otras expresiones que encendían más y más en ella el volcán de ambición +que ardía en su pecho... Sí, su tío era tonto, tonto rematado, un hombre +calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la +realidad, el apóstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional +que engendra en su estado morboso el pensamiento humano.</p> + +<p>Luego pensaba en su padre. Sí, sí, Tomás Rufete era un hombre +desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la +envidia. Bien podía ser verdad lo que Nones decía, y Tomás autor de +aquel dramático sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por +obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en +calidad de transacción. Esto era razonable. ¿Qué demonio de lógica se +escondía dentro de estas ideas, dándoles cuerpo y vida?... También +pensaba en su madre. ¿Por qué siempre que Tomás Rufete hablaba de la +marquesa, de los niños de la marquesa y de la indudable herencia y +estado de estos niños, Francisca Guillén bajaba la cabeza, se ponía de +mal humor y no añadía palabra alguna a las expresiones de su marido? Su +madre, pues indudablemente debía darle ya este nombre, era una mujer +honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. Él le había impuesto su +infame comedia, y ella, por miedo y quizás por la ilusión de que sus +hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. ¿Por qué su tía +(pues ya no había duda de que era su tía) se burlaba siempre del +marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. José, que en la +declaración de la prueba había dado por amor a ella testimonio +favorable, también dudaba, sí, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien +se le conocía al tenedor de libros que no tenía fe en lo de Aransis, +porque hablaba poco de esto y siempre en términos indecisos.</p> + +<p>Al tercer día de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy +poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora +llegó al colmo de la crisis. Una noche, hallándose sola, corrió furiosa +a la reja, se agarró a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que +alborotaron la calle, decía:</p> + +<p>«Y, sin embargo, soy noble. ¡Jueces, notarios, abuela, gente toda que me +tenéis aquí, yo soy noble!».</p> + +<p>Luego recorría de un ángulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza, +gritando:</p> + +<p>«Soy noble, soy noble. No me quitaréis mi nobleza, porque es mi esencia, +y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino».</p> + +<p>Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajéronle algo +de comer para combatir el desvarío combatiendo la debilidad; pero ella +tiró los platos y despidió a las mujeres.</p> + +<p>«A mí no se me presenta ese bodrio. Eso no es para mí—exclamaba—. Que me +traigan mi baño. ¡Yo no puedo vivir sin baño! Que me saquen de esta +pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaquín...».</p> + +<p>Todo fue inútil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritación +trajo a la mañana siguiente el agotamiento y con él la remisión de un +mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar +alimento. Se quitó el vestido, diciendo que no podía tener encima tales +harapos, y pidió una y otra vez su baño, su querido baño. Por último, le +trajeron a <i>Riquín</i>, y viéndole y acariciándole, descendió lentamente, +en alas del cariño materno, de las borrascosas alturas en que su razón +estaba tan nublada.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIa" id="Capitulo_XVIa"></a>Capítulo XVI</h3> + +<p class="head">Las ideas de Mariano.—La síntesis</p> + + +<p><i>La Sanguijuelera</i> acompañó a su sobrina a la siguiente mañana, +obsequiándola con una retahíla de preciosos consejos que debieran +reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabiduría +humana.</p> + +<p>«Lo de tu herencia es ya sal y agua. Después de tantos mareos y bascas, +has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a +vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo más obligación que +mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte. +Cuando te vi en malos andares, te negué un ochavo y te saqué lo que +pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para +este sol cabezudo del mundo... ¿Vas a ser honrada, sí o no? Mira, tienes +varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o +te vas en busca de aquel Sr. Botín de otros tiempos y le pides el +estanco que te prometió. Pondremos estanco y cacharrería en dos tiendas +juntas de una buena calle, y no habrá quien nos tosa... Pero en mi casa +no entran pantalones; ¿te conviene? Otra cosa te propongo. ¿Quieres ser +ama de cura? Yo conozco un capellán de monjas, ancianito, buen +cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un +gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me está diciendo +siempre que le busque un ama de fundamento... Decídete; ¿estampería, +estanco o religión con llaves?».</p> + +<p>Isidora no contestó nada, porque ni siquiera oía lo que Encarnación +hablaba. Después nombraron a Mariano.</p> + +<p>«Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios. +Está viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de +Ministriles que más parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un +almacén de vinos, y <i>Palo—con—ojos</i> va al río. Vivirían si él no bebiera +tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le pega a +la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al +suelo».</p> + +<p>Isidora se echó a reír. En el mismo instante, <i>Riquín</i> le daba +bofetadas.</p> + +<p>«No se pega, no se pega.</p> + +<p>—Anda, cáscale duro... Déjale que pegue. Este va a tener más talento... +Le criaremos para cura de escopeta y perro. Verás qué sermones salen de +esa cabezota. ¿Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa... +¡Leña a los herejes y protestantes; duro, firme!».</p> + +<p>Acto seguido, Encarnación cogió al niño por un brazo y se dispuso a +salir.</p> + +<p>«¿A dónde va usted?</p> + +<p>—A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la +gala de la corte de España, que es la primera del orbe mundo. Pero +ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la +Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos +las dos libras y en que había más religión, más aquel, más principios, +en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y había más respeto +a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello +era ser Majestad, aquello era señoría y grandeza. Entonces se daban +vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan señora, con +aquel aire... ¡Y con qué cariño miraba ella al pueblo! Parecía que iba +diciendo: «Aquí tenéis a vuestra madre...». ¡Pero ahora...! Pasa la +corte, y todo el mundo <i>mutis</i>. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los +pobres están más pobres, y la <i>Minificencia</i> no puede recoger a tantos. +¡La libertad!... Pillería, chica, pillería. Entonces había más señorío, +créelo, y donde hay señorío corre el dinero y vive el pobre. Conque +abur, abur».</p> + +<p>Encarnación salió con <i>Riquín</i>, encaminándose hacia el centro de Madrid. +Era día de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario +precisar. Las calles del centro estaban animadísimas. La gente circulaba +alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegría propiamente madrileñas, +arremolinándose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que +llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras, +mostraban damas hermosas. El mujerío, la militar música y el cielo de +Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurrían a +dar a la solemnidad su expresión característica.</p> + +<p><i>La Sanguijuelera</i>, que había visto y gozado un número infinito de +funciones de tal especie desde la entrada de María Cristina hasta la de +D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado, +hallaba en aquel espectáculo desinteresados placeres. Encarnaba en sí la +novelería, la bullanga y el entusiasmo monárquico del antiguo pueblo de +Madrid. Ella conocía, como se conocen los muebles de la casa, todos los +coches de Palacio, el de carey, el de nácar, el de los globos, y hasta +de los paramentos y arneses podía dar circunstanciada noticia. Conocía +también como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de +los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras +particularidades que interesaban más a la gente antigua que a la +moderna. En cuanto a elegir los sitios más propios y cómodos para verlo +todo, nadie la igualaba.</p> + +<p>En la calle Mayor encontró a su antigua vecina <i>Palo—con—ojos</i>. Esta y +Encarnación, que alzó en sus brazos a <i>Riquín</i>, se colocaron en la +embocadura del callejón de San Ginés, lugar donde no era grande la +aglomeración de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de +corrida o apretujones.</p> + +<p>«Todavía es temprano. Tenemos para un rato—dijo Angustias desatándose y +liándose el pañuelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la +gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico.</p> + +<p>—¿Y mi bergante?</p> + +<p>—Esta mañana salió muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando porque +le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar, con la +corbata negra y amarilla que se compró la semana pasada.</p> + +<p>—Anda, anda.</p> + +<p>—Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no sé de dónde ha sacado los +cuartos. Yo le dije, digo: «¿Has descargado la borrica?»; y él me dijo, +dice: «Váyase usted al acá y al allá». Pues por ahí te pudras. Está..., +vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco +veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco, +las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar +vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no sé qué va a ser de él. No +trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted... +¡Modesto, consejos! Él, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a +los pies...</p> + +<p>—Todo sea por Dios»—dijo Encarnación, y más iba a decir; pero en aquel +momento oyéronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo +expectante unido a las frases sueltas «Ya vienen, ya vienen». Gran +estupefacción de <i>Riquín</i>, que nunca había visto cosa más bonita; +éxtasis de <i>la Sanguijuelera</i>, que no cerraba el pico un momento al paso +de la comitiva o procesión real, poniendo un comentario a cada parte de +ella.</p> + +<p>«¡Qué viejecitos están ya los reyes de armas!... ¿Ve usted? Ahora vienen +los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados... +Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos. +Mire usted qué guapos chicos... Ahora viene el coche de nácar..., +penachos verdes. ¿Quién será este señor con tanto morrión y tanta cruz? +Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos... +Ahora viene lo bueno... ¡Qué preciosas van!..., penachos rojos».</p> + +<p>Y así continuó, despachándose a su gusto con progresivo entusiasmo, +hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesión.</p> + +<p>«¿Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?»—dijo luego, no saciada +aún del goce de aquel variado y teatral espectáculo.</p> + +<p>Arremolinose la gente; la tropa maniobró, y entre la revuelta +muchedumbre, <i>Palo—con—ojos</i> distinguió a un individuo que iba en +dirección a la Plaza Mayor.</p> + +<p>«¡Allá va, allá va!—gritó señalando.</p> + +<p>—¿Quién?</p> + +<p>—El bergante.</p> + +<p>—Sí, él es... ¡Mariano, <i>Pecado</i>...!».</p> + +<p>Pero Mariano que las vio y oyó los gritos de su tía, se hizo el tonto y +apretó el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco +después estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de +aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una +fingida roca, forma un globo elástico, cuyas paredes se ahuecan y se +deprimen según las bate más o menos el aire. En la movible costra +líquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imágenes del +jardín y de los transeúntes. Completaba la fascinación del globito de +agua un bullido juguetón, en el cual cualquier poeta habría podido oír, +con buena voluntad, las risotadas de los niños de las náyades. Mariano +puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos, +y estuvo mirando el extraño surtidor... Dios sabe cuánto tiempo.</p> + +<p>Así como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo +futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas +aún, <i>Pecado</i>, cuando se sentía dispuesto a la meditación, resucitaba lo +próximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya +recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio, +pues, todo lo que había hecho aquel día, casi tan a lo vivo como si aún +estuviera pasando. Se había levantado muy temprano después de una noche +de desvelos y tortura; habíase puesto su camisa limpia y las demás +prendas que estrenaba, mostrando un empeño particular en aparecer con la +facha más decente que le fuera posible; había salido y tomado café en un +puesto de la calle del Ave María, y después se fue a vagar por las +calles. A eso de las diez almorzó en una taberna jamón con tomate, que +estaba muy rico, y después había comprado un periódico y leído la mitad +de él, indignándose con todas las picardías que denunciaba, y +participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno.</p> + +<p>Más tarde paseó por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los +cuarteles venía. Bonito estaba todo; pero él lo miraba con desdén y, +sobre la impresión recibida, ponía un pensamiento de melancólica burla y +sarcasmo. En un balcón había visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado, +junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de allí, uno +de los Peces (él no los conocía bien, pero debía de ser Luis Pez) +acompañaba en otro balcón a la familia del duque de Tal. Siguió +adelante, y a la vuelta de una esquina encaró con el nunca bien +ponderado <i>Gaitica</i>, que venía a caballo, hecho un potentado, un +sátrapa. La extraviada imaginación de Mariano veía a este personaje cual +si fuese un resumen de todas las altas categorías y la cifra del +encumbramiento personal. «¡Cuánta pillería!», exclamó para sí.</p> + +<p>Todos triunfaban y vivían regaladamente escalando cada día un lugar más +elevado, mientras él, el pobre y desvalido <i>Pecado</i>, permanecía siempre +en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni +fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la +muchedumbre. ¿Por qué era esto, cuando él valía más que toda aquella +granujería de levita? Él, según las creencias firmes de su hermana, +había nacido de sangre noble. Le habían sustraído lo suyo, le habían +despojado de todo, arrojándole desnudo y miserable al seno del +populacho, como se arroja al basurero un despojo inútil. ¿Quién sabía si +muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores, +eran suyas? ¿Quién sabía si el dinero de que debían de tener llenos los +bolsillos todos aquellos caballeros y damas procedía de riquezas que en +rigor de la ley le pertenecían a él? ¿Y a quien se dirigía para reclamar +lo suyo? A nadie, porque desde el primero al último todos eran +grandísimos pícaros.</p> + +<p>La nación en masa, ¿qué nación?, la sociedad entera estaba confabulada +contra él. ¿Qué tenía que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a +ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera él +solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. ¿Cómo? Por su +mente rondaba tiempo hacia una idea que resolvía la cuestión. La idea y +el propósito de ejecutarla se habían apoderado de él juntamente, +dominándole y llenándole por entero. Idea y propósito eran como una +llaga estimulante en el cerebro, la cual le dolía y le comunicaba un +vigor extraño. Repetidas veces había puesto en ejecución su pensamiento, +¿pero cómo?, en sueños, y también alguna vez despierto, cediendo como a +una fuerza automática y fatal que no era su propia fuerza. En estos +casos de repetición o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y +orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondeándose para ver +cuándo había aparecido en él aquella idea y aquel propósito, calculaba +que los tenía desde antes de nacer. ¡Tan viejos, tenaces y arraigados le +parecían!</p> + +<p>Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme +tesón que en aquel momento tenía, su miedo sería grande. Estaba viendo +el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el +orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No sentía miedo, +sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensación rara +de no dormir nunca, de no reposar jamás, de un alerta eterno. Detrás del +punto negro que tenía delante y que ya estaba cerca, veía seguro y claro +un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se +ocuparía de él dentro de poco le embriagaba, le hacía sonreír con cierto +modo diabólico y jactancioso. La aberración de su pensamiento le llevaba +a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia +parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le +ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y múltiple el +enemigo, ¿cómo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de él una +sola persona?</p> + +<p>Rumor de voces, cornetas y músicas anunciaban que el gran cortejo volvía +de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad—Rodrigo ganó la +calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos, +uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal +modo, que no veía más que una masa movible y desvaída, semejante a los +cambiantes y contorsiones del globo de agua que había estado mirando +momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyándose en un farol, dijo +para sí: «Que me da, que me da». Era el ataque epiléptico, que se +anunciaba; pero tanto pudo su excitación, que lo echó fuera, irguió la +cabeza, se sostuvo firme...</p> + +<p>Pasó un momento. Nunca había sentido más energía, más resolución, más +bríos. El ruido de las músicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro +coche. Cuando llegó el que esperaba, Mariano era todo ojos. Miró bien... +En el acto sacó de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con +mano no muy firme, salió el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y +estupor en la muchedumbre, gritos, pánico, sacudidas. La bala se +estrelló en la pared de enfrente sin hacer daño a nadie, y el autor del +infame atentado cayó en una trampa, la indignación pública, cuyo +engranaje de brazos y manos le oprimía, como si quisiera pulverizarle.</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIIa" id="Capitulo_XVIIa"></a>Capítulo XVII</h3> + +<p class="head">Disolución</p> + + +<p class="head"><b>—I—</b></p> + +<p>La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelería, penetró +en los últimos y más apartados rincones de Madrid, en los palacios y en +las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo sabía, se enteraron del +caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los +presos de la cárcel. Las presas fueron las últimas en saber la +ocurrencia. Lo que agradecerían las cien lenguas del Modelo aquel pasto +riquísimo no es para dicho. Comentáronlo de infinitos modos. Una gitana +aseguró que ella lo había soñado la noche anterior y otra hacía gala de +un entusiasmo monárquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla +para que entrase en vías razonables. La piedad aconsejaba no se revelase +a Isidora un suceso que debía de impresionarla terriblemente; pero a sus +amigas les faltó tiempo para decírselo. Ella no lo quería creer; decía +que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco +se fue convenciendo, y últimamente razonaba el caso de este modo:</p> + +<p>«Sí, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se +vuelve contra mí, Dios me deja de su mano».</p> + +<p>Y diciéndolo, le entró una pena y una desesperación tal, que si no +enderezara su espíritu en el mismo instante por la vía religiosa, habría +estado en peligro de perder la razón. Pidió a la celadora con vivas +instancias la llave del coro, y se fue a él sola, decidida a hacer un +acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su +seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando +al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreció a +la tensión de su espíritu un alivio dulce y lento; pero cuando más +recogida estaba, se le desvaneció la cabeza, inclinose de un lado, y no +teniendo tiempo para asirse a la reja, cayó al suelo sin sentido.</p> + +<p>Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en sí fue la vuelta de la +desesperación y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religión, +sino de la libertad, y decía:</p> + +<p>«Que me saquen de aquí. Señor Nones, yo firmaré lo que usted quiera con +tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi baño, mi casa, +vestirme como debo, y ser honrada y feliz».</p> + +<p>Después, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano, +increpaba a este con las frases más duras. Algo había en lo íntimo de su +ser que representaba como una tímida aprobación del intento de Mariano, +si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la +barbarie no hallarían jamás en su espíritu benevolencia ni simpatía. Su +hermano era un bandido incorregible; ella era una mártir angelical. Lo +que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza, +porque el papel de María Antonieta en la Conserjería, con ser muy +poético, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la +falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios +a su naturaleza aristocrática, y la misma corona del martirio, con todo +su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan +horriblemente, que prefería, sí, prefería mil veces un sombrero de +última moda. Pero, ¿y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no creía +en ellos. ¡Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida +se daña y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun +suponiendo que su dogma fuera verdadero, ¿qué podía obtener de su +insistencia? Nada, porque las leyes todas se habían conjurado contra +ella, y la condenarían y la encerrarían en un presidio. Libertad, pues, +y adiós para siempre la ilusión de toda su vida, el sostén y fundamento +de su ser moral; adiós nobleza, marquesado, fortuna...</p> + +<p>Mas ¿por qué afligirse tanto, si en sí misma hallaba Isidora indecibles +consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procuraría ser siempre muy +señora. ¿Acaso el verdadero señorío no puede existir sin títulos y +grandes riquezas? Sí, sí; sería muy señora, muy honrada, muy decente, +arreglaría sus cosas, trabajaría (¡otra vez!), pondría el mayor orden en +todos los actos de su vida, educaría admirablemente a su hijo, se +casaría con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor +ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. «Adelante, +adelante—dijo—; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice +Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en +las adversidades. La mía no se dejará vencer de la desesperación. Plan +magnífico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer +exclusivamente práctica, eso es, práctica». ¡Oh, qué tarde!</p> + +<p>Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio +entrar a D. José, el cual venía muy erguido, con los ojos animadísimos, +la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresión particular y +desusada que alarmó a Isidora. Sentándose en el único sillón que en la +celda había, el anciano la contempló con éxtasis. ¿Qué había en él? +¿Estupidez o desvarío? Isidora le observó con tanta lástima como +sorpresa, diciendo: «¡Padrino...!».</p> + +<p>Relimpio la miró como se mira una visión celeste, y poniendo los ojos en +blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el +delirio de la inspiración poética, murmuró con arrullo estas palabras:</p> + +<p>«¡Hurí, hurí..., nadie osará ya mancillar tu blancura! Los dragones +todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien +perteneces y que te pertenece».</p> + +<p>Inmediatamente le entró como un acceso congestivo, inclinó la cabeza, +cerró los ojos y empezó a roncar desaforadamente. Asustadísima, Isidora +le mojó la cabeza, le llamó a voces, a gritos: «¡Padrino, padrino!».</p> + +<p>Anunciado por un suspiro, reapareció en la persona de D. José el +conocimiento de sí mismo. Abrió el viejo los ojos, suspiró más, y al ver +a Isidora y hacerse cargo de su situación, se avergonzó un poco.</p> + +<p>«Ya me ha pasado—dijo frotándose la frente con la palma de la mano—. ¿Ha +sido breve?... ¿He dicho muchos disparates?... No me riñas, no me riñas.</p> + +<p>—¿Pero qué es eso?</p> + +<p>—Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras +debilidades, hija... ¡Miseria humana! He contraído un pequeño vicio; +pero no ha sido por relajación, no; ha sido por tristeza, por la fuerza +de mis desgracias sin número. Creo que me comprenderás».</p> + +<p>Isidora, en efecto, no comprendía nada.</p> + +<p>«Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos +morales, del corazón—dijo Relimpio con la voz más débil y balbuciente +que se puede oír—. Cierto día unos amigos me hicieron tomar Champagne. +¿Qué creerás? Hubo en mí una revolución, me entró el mareo, y con el +mareo pasé a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre, +fui un caballero, un joven, un héroe, qué sé yo... ¿No es cosa buena ser +algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los +efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como +profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ¡ay!, a la miseria +humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca...</p> + +<p>—¡Don José! ¡Don José de mi alma!</p> + +<p>—No me riñas; te digo que no me riñas. ¡Ser algo durante diez minutos! +Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesaré todo +con tal que no me riñas. Me he comprado una botella de eso que llaman +<i>fine Champagne</i>, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando +siento que se me desgarra el corazón y se me retuerce toda el alma, me +tomo mi copita...</p> + +<p>—¡Padrino!</p> + +<p>—Somos frágiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el +mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas +más bellas, arriesgadas y sublimes...</p> + +<p>—¡Por María Santísima!—exclamó ella poniéndole la mano en la boca.</p> + +<p>—En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al +entrar, creí que entraba en un encantado y hermosísimo palacio; las +presas me parecieron unas ninfas muy aéreas, unas como animadas flores, +hijas del viento, ¿qué tal? La escalera, una escalera de plata y la +celadora, un ángel...</p> + +<p>—¡Jesús, basta, basta!...</p> + +<p>—Basta, sí; ya pasó, ya pasó. Hablaré ahora de lo que quieras.</p> + +<p>—Es que yo no me fío de esa cabeza... Sin embargo, óigame usted, +padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la +persecución de los malos. ¡Qué infames picardías! ¿Debo o no debo +hacerlo? Respecto a mis derechos, ¿los tengo yo? ¿Son un delirio o una +verdad? Usted que conoció a mis padres, que debió de estar al corriente +de lo que pasaba en su casa, dígame al fin de una vez y con completa +sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad.</p> + +<p>—Hija, querida hija mía—repuso el viejo con una torpeza de palabra y de +pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral—. ¿Sabes lo que +me pasa?...</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa +anterior a la época en que viniste a vivir a mi casa de la calle de +Hernán Cortés. Ayer estuve todo el día preocupado con una idea, y es que +yo fui un lince en Partida doble.</p> + +<p>—Sí, sí.</p> + +<p>—¿Pues creerás que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime, +madre de todas las demás ciencias, y no podía?...</p> + +<p>—¡Pobre padrino, pobre padrino!... ¿Se ha enterado usted de la acción de +Mariano?</p> + +<p>—Sí, hija. ¡Qué deshonra!</p> + +<p>—¡Qué deshonra!... Dios se ha vuelto contra mí, me ha dejado de su mano. +Pero yo me haré mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora, me +casaré...</p> + +<p>—¡Casarte!—exclamó el viejo con espanto.</p> + +<p>—Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreció su mano, y +aunque me gusta poco, es un hombre de mérito...</p> + +<p>—¿Casarte...? con el monstruo, con el dragón...».</p> + +<p>Y obedeciendo a una fuerza superior que nacía no se sabe en qué parte de +su turbado ser, el tembloroso anciano marchó hacia la puerta. ¿Iba en +busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada +en la frente, se echó a reír, y mirando a Isidora con gozo, dijo:</p> + +<p>«¡Maldita memoria mía! Ya no me acordaba...</p> + +<p>—¿De qué?</p> + +<p>—Tranquilízate, José. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un +herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; él mismo me lo ha +dicho».</p> + +<p>Isidora meditó.</p> + + +<p class="head"><b>—II—</b></p> + +<p>La primera entrevista que tuvo con <i>la Sanguijuelera</i> después del +atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no había visto nunca +llorar a su tía, la cual, envejecida considerablemente en aquellos +tristes días, traía un mantón negro echado por la cabeza, con lo que su +aspecto era harto lúgubre y repulsivo. No decía sino: «¡Qué pena, qué +bochorno!», y de sus apergaminados labios habían huido los donaires +quizás para siempre. Parecía que se duplicaba, con la común desgracia, +el cariño que a su sobrina tenía y que deliraba por <i>Riquín</i>. En los +días sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora +acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla +ventajosamente, le decía una y otra vez:</p> + +<p>«Decídete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene, +porque así matas de un tiro dos pájaros, <i>verbo y gracia</i>: que te +colocas y que salvas el alma, porque en la compañía de aquel santo varón +te harás, aunque no lo quieras, una santa mujer... ¡Ay qué pena, qué +bochorno!».</p> + +<p>No parecía la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a +pesar del risueño horizonte espiritual que le señalaba su tía.</p> + +<p>«El honor de la familia—decía luego Encarnación—está en los calabozos +del Saladero y ha de tener que ver con los señores de la Paz y Caridad. +Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, ¡puñales!, +escondámonos donde nadie nos vea, metámonos en un rincón y vivamos +tranquilas, diciéndole al Señor: «Señor, nosotras no fuimos, nosotras no +tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno; +pero él se juntó con los pícaros... y sacó de su cabeza otras +picardías». Conque hija, vente a vivir conmigo y olvídate de tus +locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta +Cerrada».</p> + +<p>No estaba aún completamente decidida Isidora a comprar la libertad con +la renuncia total de sus pretensiones. Muñoz y Nones le hizo otra +visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan +endebles, que el hábil notario los destruía con poco esfuerzo. En cuanto +al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas +esperanzas, y el único consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana +del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de +este pesarían algo en la balanza de la Justicia.</p> + +<p>Un mes después de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora +había perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no +quedaba en su alma sino una grande y disolvente ironía. Ya no creía en +si misma, o lo que es lo mismo, ya no creía en nada. Deshojada poco a +poco por una lógica al principio tímida y por último irresistible, +aquella vistosa flor de su presunción aristocrática, la cual, a falta de +otras morales, desempeñaba en su alma un papel defensivo de primer +orden, quedó completamente seca, muerta y más propia para irrisorio +sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un día llevó Muñoz +un papel, firmolo Isidora, después de negarse resueltamente a aceptar el +auxilio que le ofrecía la marquesa, y a las dos semanas el juez decretó +la absolución libre.</p> + +<p>«¿A dónde vas ahora?»—pregunto con interés de padre D. José de Relimpio.</p> + +<p>Isidora tenía un papel en que había apuntado varias cantidades. Era +mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contraídas en la +prisión.</p> + +<p>«No se preocupe usted de eso, niña—dijo una voz, la voz áspera y +antipática de un ser humano (por la figura) que apareció en la estancia +cuando la joven fijaba su atención toda en el funesto papel—. ¿A qué +hora sale usted? ¿A las tres? Dígolo por traer una carretela para +llevarla a usted a mi casa. ¿Usted se entera?».</p> + +<p>Isidora, sentada y apoyando la sien en el puño, parecía estar con su +pensamiento en el más lejano de los mundos posibles.</p> + +<p>«Si usted no aceptara, me ofendería—prosiguió el ser humano a quien +Relimpio miraba (dígase de paso) con la expresión más hostil—. Mi casa +es una casa—palacio. ¿Usted se entera? No le haré a usted compañía esta +tarde, porque voy a comer con <i>Frascuelo</i> y el marqués de Torbiscón... +Oigasté, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltará un roío +pedazo de pan. Una persona que sale de la cárcel no puede hallarse en +disposición de atender a las primeras necesidades. Así, cuando usted +entre por aquella puerta, hallará una modista y un chico de la tienda de +sombreros que irá con muestras..., ¿usted se entera?... Tengo allí el +gran cuarto de baño; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a +mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha +de su amiga. Adiós... Abur, Pepillo».</p> + +<p>Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de +D. José de Relimpio, que este, furioso ya por oírse llamar <i>Pepillo</i>, no +pudo contener su indignación, y cuando el ser humano estuvo fuera, +exclamó:</p> + +<p>«¡Canalla!... ¿Pero es posible, hija, que tú, tú, aceptes?...</p> + +<p>—Provisionalmente—dijo Isidora, como si despertara de un desagradable +sueño—. ¡Estoy tan mal...! Necesito...».</p> + +<p>¡Necesito! ¡Cómo sonó este verbo en el cerebro del santo varón! Lo había +oído tantas veces en momentos terribles, que era para él como una voz de +alarma que le erizaba el cabello y le detenía la circulación de la +sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese allí la botella, +quizás, quizás la apurase valientemente de un trago.</p> + +<p>¡Libertad, comodidades, buena ropa, baño, casa, lujo, dinero!... Así +como a D. José le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora +le atacaba el mismo mal con sólo la probabilidad de hacer efectivas las +ideas expresadas por aquellos mágicos vocablos. Cada ser tiene sus +imanes.</p> + +<p>¡Oh pena de las penas! Cuando D. José la vio salir y entrar en la +carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir... +¡Oh, qué horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cínica lumbrera que +no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan +contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que +el error tiene también sus leyes, y que en la marcha del universo cada +prurito aspira a su satisfacción y la consigue, resultando la armonía +total, y este claro—obscuro en que consiste toda la gracia de la +humanidad y todo el chiste del vivir.</p> + +<p>Pero el buen viejo no podía ver aquello. Su espíritu se enardecía, sus +sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza +contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir allí su +preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba +marearse, sí, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal. +Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que +no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y +se metió en la primera taberna que encontró al paso.</p> + + +<p class="head"><b>—III—</b></p> + +<p>Y un día Emilia y Juan José Castaño vieron entrar en su casa a la gran +Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un señorío, con +un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve +visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la +madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo <i>Riquín</i>, que +recogido y amparado en casa de Castaño durante los cinco meses de +prisión, miraba a Emilia como madre y a los niños de aquella como sus +hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolución de Isidora de +llevarse a su hijo, no se atrevió a poner resistencia; pero Juan José, +hablando con firmeza y tesón, dijo que no entregaría a Joaquinito, +porque Isidora, con su mala conducta, perdía los derechos de madre, y +que él estaba decidido a llevar la cuestión a los Tribunales, seguro de +que el juez le autorizaría para retener al desgraciado niño en su poder.</p> + +<p>Irritada Isidora, manifestó que no admitía tales ideas, y ya se agriaba +la cuestión, cuando abriose una puerta y apareció un señor obispo..., +digo, era <i>Riquín</i>, el cual traía en la cabeza una gran mitra de papel, +y echando la bendición graciosamente con su mano derecha, cantó en el +latín más estropajoso que se ha oído jamás: <i>Dominis vobiscum</i>.</p> + +<p>Conviene hacer constar que los dos chicos de Castaño tenían loca afición +a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy común en la infancia de +estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestación +pueril. En el comedor de la casa tenían su magnífico altar, y cada día +ponían en él un objeto nuevo, bien araña, bien cáliz o manga—cruz. Por +distintas partes de la casa se veían retablos diminutos, sagrarios y +hasta púlpitos improvisados con sillas. Últimamente habían hecho +casullas de papel, y decían sus misas como unos canónigos, echando cada +latín que metía miedo y observando todas las reglas de aquel acto con +notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copón una +huevera, no era motivo de escándalo, porque la inocencia lo santificaba +todo con su carácter altamente divino. <i>Riquín</i> hacía al principio de +sacristán; pero empezó a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo +también sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y +el mucho ruido con que a menudo se disputaban allí las jerarquías +eclesiásticas, exigían en ocasiones la intervención de Emilia, que más +de una vez se prestó a ser monaguillo para apaciguar los ánimos y +llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel día, que era domingo, +<i>Riquín</i> había sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando +de pontificial cuando su mamá y Juan José disputaban.</p> + +<p>«Ven—le dijo Isidora sentándole sobre sus rodillas, dándole muchos +besos—, y te haré una casulla de oro y un altar de plata».</p> + +<p>El chiquillo la miraba espantado.</p> + +<p>«Que él decida—indicó Juan José tomando al muchacho y poniéndole en +medio de la sala—. <i>Riquín</i>, ¿quieres irte con tu madre?».</p> + +<p>Tan fuertemente negó con su cabezota, que se le cayó la mitra. En +realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su +diócesis para irse con una mala mujer...</p> + +<p>«¿Que no, dices que no?».</p> + +<p>El chico dijo entonces claramente:</p> + +<p>«No <i>quielo</i>».</p> + +<p>Y echó a correr para dentro.</p> + +<p>«No vale, no vale, eso no vale—gritó Isidora con afán—. Mi hijo vendrá +conmigo».</p> + +<p>A esto siguieron algunas lágrimas, y tomando entonces Castaño un tono +conciliador, manifestó a la afligida madre que estando el niño en la +ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aquí. Quizás ella, por +sus muchas ocupaciones de señora principal, no podría cuidar y atender a +Su Ilustrísima como merecía, y así, quedándose él donde estaba, ganaban +todos: los ortopedistas, porque conservaban a <i>Riquín</i>, a quien miraban +como hijo; Isidora, porque estaría más ancha y podría campar por sus +respetos libremente, y <i>Riquín</i> porque no se vería separado de su +cabildo. Isidora cedió, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su +hijo cuando quisiera.</p> + +<p>Y en efecto, venía dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo +golosinas para <i>Riquín</i> y sus camaradas, y además velas de cera, cálices +de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazón, mitras, estolas, y por +último un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no había +más que pedir. Algunas veces se encontraba allí con <i>la Sanguijuelera</i>, +que también a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas +regañaban, si bien Encarnación había perdido el humor festivo, y estaba +muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante +la deshonra que había caído sobre la familia. Cuando se hablaba de esto, +las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundían sus almas en un +solo sentimiento.</p> + +<p>Miquis no vivía ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente +a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castaño preguntaba +con mucho interés por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete +salió de la cárcel, Emilia, dando noticia al médico de las observaciones +que hacía en la persona de aquella, le decía una noche:</p> + +<p>«Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado +tanto... Y parece que va descendiendo, que cada día baja un escaloncito. +La primera vez parecía una gran señora: traía un vestido de gro negro y +un sombrero, que ya, ya... Poco después venía vestida de merino y con +mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareció que +su traje tenía algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el +lunes de la semana pasada vino muy pálida y quejándose del pecho, con la +voz ronca. El sábado creí observar en su cara algunos cardenales, y +traía una mano liada. Ayer, señor doctor, vino con pañuelo a la cabeza, +con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo más salado de +todo fue... que me pidió dos reales... Debe de andar mal. Como +siempre..., ¡qué carácter y qué vida!».</p> + +<p>Después hablaron del ser humano con quien Isidora vivía, y acerca de él +dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron +mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y +empresario de ganchos, un caballero de condición tan especial, que si le +mandaran a presidio (y no le mandarían), los asesinos y ladrones se +creerían deshonrados con su compañía.</p> + +<p>«Nuestra pobre amiga—dijo Augusto—, llevada de su miserable destino, o +si se quiere más claro, de su imperfectísima condición moral, ha +descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender más +todavía. Su hermano y ella han corrido a la perdición: él ha llegado, +ella llegará. Distintos medios ha empleado cada uno: él ha ido con trote +de bestia, ella con vuelo de pájaro; pero de todos modos y por todas +partes se puede ir a la perdición, lo mismo por el suelo polvoroso que +por el firmamento azul».</p> + +<p>Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y +otras que omitimos, Isidora estuvo muchos días sin presentarse en la +casa de Emilia. Don José también se había eclipsado, por lo que estaban +los de Castaño disgustadísimos y llenos de temor. Un día, por fin, entró +Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo:</p> + +<p>«Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana.</p> + +<p>—¿Qué hay, pero qué...? ¿está mala?—preguntó Miquis encasquetándose el +sombrero y tomando el bastón.</p> + +<p>—No, señor..., sí, señor..., quiero decir que no está buena, aunque +tampoco está enferma, porque ya se levanta.</p> + +<p>—Es decir, que ha estado mala.</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—¿Y por qué no me avisó usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de +todos los demonios?</p> + +<p>—Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted +para que le quite de la cabeza...</p> + +<p>—¿Qué le he de quitar, hombre?</p> + +<p>—Una idea—dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle.</p> + +<p>—¿Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: ¿usted está +en su sano juicio, o se ha mareado hoy?</p> + +<p>—No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja. Desde +que vivimos juntos...</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Sí; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo..., +perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no +cansar, ese basurero animado, la abandonó después de darle tantos +golpes, que por poco la mata; después de cruzarle la cara... mire usted, +por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue +grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel +rostro celestial, aquel encantador palmito...».</p> + +<p>Se limpió una lágrima con la mano.</p> + +<p>«Pues sí; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que +pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tomó un cuarto en la calle de +Pelayo, número 93, piso cuarto, puerta número 6, y allí ha estado un mes +retirada del mundo sin tratarse con nadie más que conmigo..., pero +honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo +más sagrado...».</p> + +<p>Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una +condecoración, los ojos en blanco, protestó el anciano de su honesta +conducta.</p> + +<p>«Lo creo, hombre, lo creo.</p> + +<p>—Yo la acompañé, yo la asistí, mientras se curaba; yo la he servido... +¡Qué días, qué noches! Yo: «Voy a llamar a Miquis»; y ella: «No llame +usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una +persona anónima, yo no existo». En fin, esta mañana me dijo unas cosas +que me han partido el corazón.</p> + +<p>—¿Qué cosas?—preguntó Miquis deteniéndose en el portal de la casa y +mirando atentamente al desgraciado viejo.</p> + +<p>—¡Ay!, ¡no puedo repetirlas!»—exclamó Relimpio llorando como un niño.</p> + + +<p class="head"><b>—IV—</b></p> + +<p>Augusto subió y entró en la casa. Si pasmada y llena de turbación se +quedó Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven médico al +ver en deplorable facha y catadura a la que conoció en forma tan +distinta. No sólo había perdido grandemente en el aspecto general de su +persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura +había padecido bastante, a causa del decaimiento general, y más aún del +chirlo que tenía en la mandíbula inferior, bajo la oreja izquierda. +Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido +permitía ver sus bellas formas enflaquecidas. Dejó la plancha y se sentó +en un miserable sofá de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y +después dijo así:</p> + +<p>«No quería que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de él y +hallarme en mejor posición, porque todavía... A ver, ¿qué tal me +encuentras?</p> + +<p>—Muy mal, muy mal.</p> + +<p>—¿He perdido mucho? ¿No me respondes? He estado muy mala, ¡qué +puño!...».</p> + +<p>Miquis no dijo nada. La sorpresa que le causó la voz ronca de Isidora, y +más que la voz oír algunas expresiones que de la boca de ella se +escaparon, túvole perplejo y mudo por breve rato.</p> + +<p>«Te encuentro muy variada; tú no eres Isidora.</p> + +<p>—Te diré... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea +que me hacía ser señora, me dio tal rabia, que dije: «Ya no necesito +para nada la dignidad, ni la vergüenza». ¿Tú te enteras?... Por una idea +se hace una persona decente, y por otra roía idea se encanalla. Pero no +creas, todavía hay algo en mí que no perderé nunca, algo de nobleza, +aunque me esté mal el decirlo... Mira tú, chavó, qué quieres..., el aire +hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te +asombres de que muerda alguna vez...</p> + +<p>—Sí, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, ¿qué es +lo que te queda de nobleza?</p> + +<p>—No sé, no sé...—dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su corazón +y en su pensamiento—. Me queda el delirio por las cosas buenas, la +generosidad... ¿Sabes? Ayer no tenía más que dos duros; esta mañana vino +una amiga a llorarse aquí..., total, que quedé sin un cuarto.</p> + +<p>—¿Necesitas algo?»—dijo Augusto llevándose la mano al bolsillo.</p> + +<p>Y sacó algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alargó su mano +hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo:</p> + +<p>«No; todavía soy noble.</p> + +<p>—¿En qué consiste tu nobleza?</p> + +<p>—En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...».</p> + +<p>Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De +súbito lanzó una exclamación no muy delicada y dijo:</p> + +<p>«¿Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero».</p> + +<p>Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tomó de la mano de su amigo.</p> + +<p>«¿De qué te espantas, bobo?... ¿de mis nuevas maneras? Ahora soy así. Te +diré... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entrañas; quererlos, +nunca. Sois muy antipáticos; os desprecio a todos.</p> + +<p>—¿Vas a meterte monja...?</p> + +<p>—¿De veras?... ¡Qué sombra! ¿Monja yo?</p> + +<p>—Ya sabes que Joaquín Pez ha venido de la Habana, casado con una +americana muy rica. Da gusto verle, según está de contento y +satisfecho».</p> + +<p>Isidora palideció. Después dijo:</p> + +<p>«Ya lo sabía... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de +San Luis y pasó él en coche. Me vio, pero el tunante fingió que no me +veía. El corazón me dio un brinco; aquella noche lloré, pero ya me voy +dominando y concluiré por aborrecerle también. Es un tipo.</p> + +<p>—Pero <i>Gaitica</i>...</p> + +<p>—¡Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a +las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que sólo de mirarle +se te ensucian los ojos...</p> + +<p>—Y sin embargo, le has querido.</p> + +<p>—¿Yo?... Hombre, tú estás malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con +decirte que me acordaba de Juan Bou y este me parecía un ramillete de +rosas... ¡Pobre <i>Gaitica</i>! El día de la disputa ¡le escupí más...! Es un +hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una +zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qué +quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeñada en ser bueno, y +Dios, la Providencia y mi roío destino empeñados en que he de ser mala. +Salí de la cárcel, le debía dinero, no tenía sobre qué caerme muerta, me +llevó a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho más de cuanto +necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los +trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se +me fue dando a conocer el hombre. Principió por escatimarme los gastos. +Cada día me parecía la vida más triste y él más horroroso. Y no lo digo +por su cara, que no es mala, aunque sí de un tipillo afeminado que no me +gusta. ¿Le conoces? Ya ves qué carita de Pascua, qué patillas de +azafrán, y qué barba afeitadita y qué labios de carmín. Aquellas +mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de +oro el tal es en el trato. Coge la desvergüenza, la traición, la rapiña, +la crueldad, júntalo todo, añádele toda la basura que puedas encontrar, +revuelve, haz un muñeco, sopla, dale vida y tendrás al que ha sido mi +señor y dueño durante tres meses: peor que Bou, peor que Botín y que +Joaquín, el cual era ya más malo que Judas. En fin, los hombres sois +todos unos. Hay que vengarse, perdiéndoos a todos y arrastrándoos a la +ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas.</p> + +<p>«Isidora, Isidora—le dijo Augusto con profunda pena—: valdría mil veces +más que te murieras.</p> + +<p>—No pienso en tal cosa... Te diré. Cuando estaba en la cárcel quise +matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando <i>Gaitica</i> +me maltrató y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla, +también tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperación en que +quise suicidarme. Pero después me he serenado. Eso de matarse se deja +para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir, +vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrás... Lo quiere el mundo, pues +adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer +puñales. Yo me basto y me sobro. ¿No era yo noble? ¿No tenía buenas +inclinaciones? ¿Pues por qué me cerraron la puerta?</p> + +<p>—Pobre mujer, todavía, todavía es tiempo...</p> + +<p>—¿De qué?</p> + +<p>—De adoptar una vida arreglada. Yo te buscaré trabajo.</p> + +<p>—No sé hacer nada.</p> + +<p>—Yo te pasaré una pequeña pensión...</p> + +<p>—Dirán que soy tu querida. Concluiré por serlo...</p> + +<p>—Búscate un modo de vivir. Vete con tu tía...</p> + +<p>—No hay <i>tu tía</i>, no, no...; déjame. ¿Para que has venido acá? Ni +falta... Aire, aire. No necesito consejos.</p> + +<p>—Aborreces a Surupa, y, sin embargo, ¡cuánto se te ha pegado de él! +Cuando recuerdo cómo eras y cómo eres, cómo hablabas y cómo hablas, no +sé qué me da.</p> + +<p>—Así es el mundo: unos se quedan y otros se van. Yo me fui, ¿te enteras? +Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe más que en tu imaginación. +Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre.</p> + +<p>—Pues aquella era mi buena amiga—dijo Augusto con tesón—; esta me +repugna».</p> + +<p>Isidora se conmovió al oír esto, pero disimulaba bien, esforzándose por +una inexplicable modificación de su orgullo en parecer peor de lo que +era.</p> + +<p>«Y no teniendo nada que hacer aquí—dijo Miquis levantándose—, me +retiro».</p> + +<p>Isidora le miró de un modo que indicaba deseos de que no se marchara; +pero después se inclinó de hombros.</p> + +<p>«Ya me han humillado tanto—murmuró entre dos suspiros—, que el ver salir +al último amigo no me causa impresión.</p> + +<p>—Señor D. Augusto de mi alma—dijo a la sazón Relimpio, que hasta +entonces, testigo mudo y doliente, no se había atrevido a decir nada—; +no se marche usted y exhórtela, predíquele, y amonéstele para que se le +quite... eso... de la cabeza.</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—Eso.</p> + +<p>—¿Y qué es eso?</p> + +<p>—El disparate que quiere hacer. Vea usted cómo calla y se sonríe la +pícara... A mí me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir.</p> + +<p>—¿Suicidio?</p> + +<p>—Por ahí...</p> + +<p>—No, no es suicidio—exclamó el anciano con desesperación, arrancándose +(o tratando de arrancarse, que es más verosímil) un mechón de cabellos—. +¿Ve usted? Se ríe... Y que no diga que lo hace por no tener qué comer. +Yo... aún puedo trabajar».</p> + +<p>Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de +carbón sobre que se calentaban las planchas. Parecía que de aquel +rescoldo ardiente y melancólico tomaba sus ideas.</p> + +<p>«Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas—dijo el médico +inclinándose hacía ella y mirándola de cerca.</p> + +<p>—¿Sabes lo que te digo?—replicó Isidora con el tono insolente que se le +había pegado de la sociedad gaitesca—. ¿Sabes lo que te digo? Que no me +vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazón se me +ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha».</p> + +<p>Levantose, y murmurando no se sabe qué palabras, aunque es de suponer no +serían de las más finas, tomó el pesado hierro y se puso a planchar con +verdadera furia. Miquis se fue sin añadir una palabra, y D. José le +siguió hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y +suplicante.</p> + +<p>«Don Augusto de mi alma—le dijo—, por Dios, no la abandone usted... Mire +usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero...».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIIIa" id="Capitulo_XVIIIa"></a>Capítulo XVIII</h3> + +<p class="head">Muerte de Isidora.—Conclusión de los Rufetes</p> + + +<p>Aunque Augusto no manifestó su propósito, lo tenía, y muy firme, de no +abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba. +Volvió al día siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos días +lúgubres que anublan la perpetua alegría de los meses de Madrid, uno de +esos días, por desgracia no muy raros, en que el vecindario está +tristísimamente impresionado por una terrible solución de la justicia +humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones +patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy +remota.</p> + +<p>Y en la tarde del día anterior, una mujer vestida de negro con un mantón +echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada +por la aflicción, acechaba en las proximidades del Palacio Real la +salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza débil, +aunque poseía el más vivo fervor monárquico que ha existido quizás en el +presente siglo. Su idea del poder, de la misión providencial de los +reyes, y principalmente la semejanza que suponía entre el soberano +visible y el Rey de los cielos, dábanle un poco de aliento. Por eso +cuando salió el coche, avanzó ella a escape sin temor de ser atropellada +por los caballos, llegó hasta la portezuela, y con la presteza del +asesino que alarga el puñal, alargó un papel arrollado en forma de +canuto. El papel cayó en el coche, y las dos personas que iban en este +se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. ¡Oh dicha! Leían el +memorial, o al menos pasaban la vista por él. ¿Quién sabe si accederían +a lo que en él con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba? +Así como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es +el perdón. ¡El perdón! Ved aquí el punto de semejanza y parentesco con +la divinidad. «¿Para qué servirían los reyes—dijo <i>la Sanguijuelera</i> +concretando sus ideas monárquicas—, si no sirvieran para indultar?».</p> + +<p>La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche, +había lanzado con él una exclamación, que sintetizaba su respetuoso +cariño hacia el primer personaje de la Nación, y su pena acerba y +desgarradora: «Rey mío... Niño—Dios de España, piedad para un +desgraciado loco».</p> + +<p>Había invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para +interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que había realizado, y con +cierta confianza en el éxito, se dirigió lentamente hacia el Saladero. +¡Largo y tremendo día, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen +pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. <i>La +Sanguijuelera</i> esperaba, esperaba, y el indulto no aparecía. La infeliz +mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no sabía que el +Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, según el arreglo que hemos +hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo +la sentencia que el perdón.</p> + +<p>Hemos dicho que Augusto volvió a la casa de Isidora. Encontrola en el +estado más deplorable, sentada en un rincón del cuarto, tras un sofá +viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre sí +misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos índices se tapaba los +oídos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplábala Augusto +sin saber por dónde empezar su empresa caritativa, cuando D. José se le +acercó y con voz cautelosa le dijo:</p> + +<p>«Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Día tremendo es hoy...; ya puede +usted suponer por qué está tan afligida».</p> + +<p>Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qué arreglar una +buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se +acostase. Ella no decía más que esto: «¡Hoy!, ¡hoy!».</p> + +<p>Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y +añadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio +preparó la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases más +escogidas, con los pensamientos más cristianos que le sugería su rica +imaginación; pero toda su dialéctica, engalanada de formas poéticas y de +bonitas paradojas, no logró llevar la serenidad al perturbado espíritu +de la pobre mujer. Esta le dijo:</p> + +<p>«Mañana, mañana me tocará a mí».</p> + +<p>Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el día. Miquis y D. +José le hacían mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche +Augusto, después de prescribirle el reposo, se retiró seguro de hallarla +mejor al día venidero, lo que no resultó cierto, porque a la siguiente +mañana encontró el médico en su infeliz enferma el mismo silencio, la +mismo apatía lúgubre y la propia indiferencia del día precedente. +Isidora, no obstante, comió con mediano apetito, y Miquis no hallaba en +ella síntomas claros de enfermedad. Don José suspiraba a cada instante; +iba y venía sin cesar de una parte a otra de la casa con gran +desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, después de su tercera visita, +se retiraba, D. José cuchicheó con él en la escalera.</p> + +<p>«No nos abandone usted, señor doctor—le dijo angustiadísimo—. Hemos de +estar con cien ojos... Hay moros por la costa...</p> + +<p>—¿Qué es eso?</p> + +<p>—Que aunque parece que no habla, habla, sí, señor; hoy a las doce estuvo +aquí una mujer que la viene persiguiendo hace días... Es un dragón, ¿me +entiende usted?... Pues Isidora charló largamente con ella. No pude +entender lo que decían, porque me mandó salir fuera; pero hablaban con +animación, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por un rayo, le +enseñaba, ¡ay!, muestras de vestidos.</p> + +<p>—Veremos; habrá que hacer algo decisivo—dijo Augusto bajando +pausadamente los últimos escalones—. Mañana temprano vendré con Emilia, +<i>Riquín</i> y Encarnación. Trataremos de llevárnosla a cualquier parte».</p> + +<p>Don José movió la cabeza con expresión de profundísima incredulidad, y +cerrando la puerta con llave, se guardó ésta en el bolsillo.</p> + +<p>Isidora dormía, al parecer, sosegadamente; D. José, que desde algún +tiempo antes se había sometido a un meritorio régimen de sobriedad en +alimento y lecho, se recostó vestido en un sofá de paja, frontero a la +cama de su ahijada, el cual le servía de punto de acecho o vigilancia +para no perder ni el más ligero movimiento de la enferma. Toda la noche +ardía una vela, puesta dentro de una jofaina. Así, desde que Isidora +parecía intranquila, D. José se levantaba diligente y acudía junto a +ella.</p> + +<p>Las diez serían cuando Relimpio, que había descabezado un sueñecillo, +despertó con sobresalto porque oyó la voz de Isidora. ¿Había alguien en +la habitación? No, no había nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don +José la miraba sin moverse de su duro y martirizante sofá; pero su +atención se trocó en asombro al ver que la joven se levantaba, se +vestía, aunque a la ligera, echándose la bata, se calzaba y se dirigía +al mezquino tocador próximo a su lecho. Un terror acongojante y como +supersticioso que se amparó del bueno de D. José, le impedía moverse y +hablar. Le parecía contemplar una escena de sonambulismo, o quizás ser +víctima de un fenómeno óptico, formado y como vaciado en su propia +mente. «Puede ser—se dijo—que esto que veo sea un sueño mío y que la +pobrecita esté tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y +enredando en el tocador».</p> + +<p>Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se miró largo rato en +el espejo. Aunque este era pequeño y malo, ella quería verse, no sólo el +rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes más extrañas y violentas, +ladeándose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que +fácilmente salían al exterior las formas intachables de su talle y todo +el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don José se quedó lelo, +frío, inerte, cuando oyó estas palabras, pronunciadas claramente por +Isidora:</p> + +<p>«Todavía soy guapa..., y cuando me reponga seré guapísima. Valgo mucho, +y valdré muchísimo más».</p> + +<p>Luego empezó a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que +estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas formó +un lío. Entonces el santo varón hizo un esfuerzo para vencer su inercia +terrorífica, se sacudió todo y con una fuerte voz dijo:</p> + +<p>«Niña mía, ¿a dónde vas?</p> + +<p>¡Ay!—exclamó ella sobresaltada, dando un chillido—. Me ha asustado +usted. Yo creí que estaba sola».</p> + +<p>¡Sola! Según eso, D. José era un mueble. Esta idea causó al infeliz +viejo grandísima aflicción.</p> + +<p>«¿Pero qué haces, mujer? ¿Te has vuelto loca? Estás enferma y te +levantas así...</p> + +<p>—¿Enferma yo?—dijo Isidora echándose a reír con descaro—. Usted sí que +lo está, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy buena +y sana.</p> + +<p>—¿Pero a dónde vas?</p> + +<p>—A la calle.</p> + +<p>—¡A la calle! ¿Y qué vas a hacer en la calle? ¿Necesitas algo? Yo +saldré.</p> + +<p>—Ea, ea, no sea usted majadero. Acuéstese usted, duerma si tiene sueño, +y déjeme a mí, que yo sé lo que tengo que hacer. No dependo de nadie, +¿estamos? Soy dueña de mi voluntad, ¿estamos?».</p> + +<p>La determinación firme que revelaban estas palabras llevó al bendito D. +José a las más elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la +confusión. Antes que él pudiera decir algo, Isidora prosiguió de este +modo:</p> + +<p>«Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con +sus cuidados tontos...».</p> + +<p>Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazón de +Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorporó en el macizo +lecho y habló así:</p> + +<p>«Hija mía, yo te quiero más que a las niñas de mis ojos. Me intereso por +ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal +alguno...</p> + +<p>—Yo también le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer lo +que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, ¿estamos?</p> + +<p>—Todo sea por Dios—dijo Relimpio, conociendo que había llegado la +ocasión de mostrar energía—. Sospecho que vas a mala parte, sospecho que +te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; tú eres lo que +más amo, te quiero más que a mis hijas, porque te quiero de dos maneras, +como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como sospecho, quieres +perderte, quieres infamarte, no lo consentiré mientras tenga un aliento +de vida; primero te rogaré, te suplicaré aunque me sea menester ponerme +de rodillas delante de ti».</p> + +<p>Hallábase tan acongojado, que la frase se le retortijó en la garganta, y +juzgando que más que las palabras serían elocuentes las actitudes, se +hincó delante de su ahijada, y le tomó las manos para besárselas, y +luego que pasó un rato en estas mímicas, conmovidos ella y él, pudo +articular Relimpio estas palabras:</p> + +<p>«Niña mía, no des ese paso, detente...</p> + +<p>—¡Qué desgracia!...—murmuró ella llevándose la mano a los ojos, como +para disimular una lágrima—. ¿Y quién me va a mantener?</p> + +<p>—¡Yo!—exclamó Relimpio dándose un golpe tan fuerte en el pecho que este +resonó en hueco como una caja.</p> + +<p>—¡Usted!... ¡Ay, qué gracia! ¡Si usted más está para que le mantengan +que para mantener!</p> + +<p>—Trabajaré.</p> + +<p>—Sí, y comeremos cañamones... Padrino, padrino, déjeme usted en paz; no +se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo +hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrás».</p> + +<p>El anciano había vuelto al sofá, donde estaba reclinado, sin fuerzas +para seguir adelante en la lucha.</p> + +<p>«Mira—le dijo, echando lumbre por los ojos—, yo puedo trabajar...; +pediré un destino y me lo darán...</p> + +<p>—¡Qué inocencia!</p> + +<p>—Y con lo que yo gane y algo que te darán Emilia y Miquis, viviremos tan +ricamente.</p> + +<p>—Sí, muy ricamente—replicó Isidora con terrible ironía—. ¡Miserias, +harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para +los tórtolos simples que lo quieran.</p> + +<p>—Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no trates +de borrarlos con una vergüenza mayor—dijo Relimpio, sintiéndose dotado +por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosófica que no +era propia de él—. Lo mejor es que borres lo pasado con una conducta +ejemplar. ¿Quieres un nombre, una posición? Pues yo te daré ambas cosas. +Óyeme—añadió solemnemente—; yo me casaré contigo; y para que no +interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo más que en +el nombre y mirarte como una hija».</p> + +<p>Por lástima del pobre viejo no se echó a reír Isidora con el desenfado +que había adquirido últimamente. En la pérdida de tantas nobles +cualidades conservaba algo de piedad.</p> + +<p>«¿Conque nombre y posición?—dijo—; gracias, gracias; es usted muy bueno. +¿Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre mí? +¡Qué puño!... Si pudiera desbautizarme y no oír más con estas orejas el +nombre de Isidora, lo haría... Me aborrezco; quiero concluir, ser +anónima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie +de mis acciones.</p> + +<p>—¡Isidora!...</p> + +<p>—Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre».</p> + +<p>¡No pronunciarle más, cuando a él le parecía tan dulce, tan armonioso, +cifra y compendio de la melodía infinita! Echó D. José un gran suspiro y +tras él estas palabras:</p> + +<p>«Ha sido una tontería que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo +caduco. Tú no puedes vivir sin amor. ¿Cómo habías de quererme a mí, que +sólo tengo juventud en el corazón?... Óyeme...».</p> + +<p>Cada vez que decía «óyeme» tomaba una actitud sacerdotal y el tono más +solemne del mundo.</p> + +<p>«Óyeme. Tú has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la +Habana. De todos tus amantes, él era el más simpático, el más caballero. +Antes que verte caminar a la última degradación, consiento en que +reanudes tus amores con él. No me gusta esto, pero antes que lo otro... +yo me entiendo. ¿Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le +busque, que le hable de ti?... Odiosa misión, hija mía; pero si con ella +te aparto de la ignominia final, creeré realizar una acción meritoria.</p> + +<p>—¿Joaquín, ese pillo?... Le diré a usted... Siempre que le veo, me da un +vuelco el corazón. Le quise y aún me parece que podría volver a +quererle... Pero déjele usted donde está. Yo estoy mejor así. Es un +canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. José. Yo me +marcho...</p> + +<p>—Por Dios, mujer...</p> + +<p>—He dado mi palabra.</p> + +<p>—Esas palabras no se cumplen. ¿De modo que no te veré más?</p> + +<p>—Vendré por aquí... No se mueva usted de esta casa. Yo le daré algo para +que se mantenga y pague el alquiler...».</p> + +<p>Relimpio tembló con sudor frío.</p> + +<p>«Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos. +Conque... abur, abuelo...».</p> + +<p>Corrió hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como +de costumbre, retrocedió para buscarla.</p> + +<p>«No, no te doy la llave; no saldrás mientras yo viva»—exclamó D. José, +haciéndose superior a sí mismo y mostrando la energía que a veces surge +del flaco ánimo de los débiles, como en ciertos momentos de crisis las +sublimidades brotan del cerebro de los tontos.</p> + +<p>Isidora le miró con ira, y respiró fuerte apretando contra el talle el +lío de ropa.</p> + +<p>«¡La llave, la llave!</p> + +<p>—No saldrás sino pasando sobre mi cadáver»—gritó con cavernosa voz +Relimpio, sintiéndose héroe de teatro.</p> + +<p>Y al decirlo, oprimía contra su pecho la llave para protegerla de un +ataque de su enemiga.</p> + +<p>«Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas—dijo la de Rufete +encolerizada—. Venga la llave, o la tomaré dondequiera que la encuentre. +Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he vuelto +loba. Ya no soy noble, Sr. D. José; ya no soy noble.</p> + +<p>—Pero aunque no seas noble, no serás capaz de ultrajar a tu pobre viejo, +a tu padre...».</p> + +<p>Acompañadas de lágrimas, estas palabras eran harto elocuentes.</p> + +<p>«Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las +simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos...».</p> + +<p>Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera +su deseo y propósito, avanzó las manos contra el viejo, le atenazó los +brazos, le sacudió un momento... ¡Ay!, ¡ay! Relimpio sintió que sus +brazos se volvían de algodón. Como si el roce de la piel de Isidora +fuese un contacto mortífero, se quedó echo una momia. Y mientras ella le +quitaba la llave, él, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no +podía defenderse, ni sabía detenerla, ni era dueño de ninguna de las +energías de su ser, como no fuera de la voz, pues allá casi entre +dientes pudo articular tres sílabas y decir: «¡Bribona!...».</p> + +<p>Isidora marchó hacía la puerta. Bruscamente arrepentida de su acción, +retrocedió hacia el sofá donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le +miró un sí es no es conmovida (todavía era algo noble), y poniéndole la +mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo:</p> + +<p>«Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar. +Este es mi destino...; quizás no nos veremos más... Adiós».</p> + +<p>Tuvo la singularísima piedad de inclinar sobre él su rostro y darle un +rápido beso sobre las venerables canas. Él no tuvo fuerzas ni espíritu +más que para verla salir. Salió, efectivamente, veloz, resuelta, con +paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo +que le ha solicitado con atracción invencible, así cayó ella despeñada +en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco +después en la superficie social todo estaba tranquilo.</p> + +<p>Don José se levantó, anduvo como desconcertada máquina hasta un +aposentillo interior donde tenía sus trastos, y tanteando con las +temblorosas manos en la obscuridad, encontró una botella. Apuró del +contenido de ella porción bastante, y al tratar de volver al sofá, las +piernas le faltaron y cayó rodando en mitad del aposento.</p> + +<p>Como la puerta había quedado abierta, Miquis, Emilia y <i>Riquín</i> entraron +sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, según cálculos +aproximados, debía de ser la de las nueve de la mañana del día +siguiente. Y como vieran a don José tendido en el suelo sin compañía, al +punto coligió Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corría +veloz al socorro de su padre, que parecía como a dos dedos de la muerte, +Augusto hizo un rapidísimo reconocimiento de la habitación, buscando a +Isidora. ¡No estaba!</p> + +<p>«¡Se ha ido, se ha ido!»—exclamó poniéndose de rodillas junto al pobre +viejo para prestarle algún auxilio.</p> + +<p>Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sofá, donde le +tendieron, y él entonces entreabrió los ojos y los labios echando una +mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La +notabilísima alteración de las facciones del anciano alarmó a Miquis, el +cual respondía con muda expresión de desconsuelo a las apremiantes +interrogaciones de Emilia.</p> + +<p>«¿Pero esto es embriaguez... o qué?...»—preguntó la atribulada hija.</p> + +<p>Y al oírlo D. José se reanimó de súbito, como la llama moribunda que se +revuelca en las tinieblas; echó su espíritu un resplandor de vida, y +moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo +pausadamente estas palabras:</p> + +<p>«La hurí ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya».</p> + +<p>A la sazón entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los +servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones, +veía que los remedios serían inútiles. Cerca ya del fin, el espíritu de +D. José volvió a relampaguear, diciendo con expresión enamorada y +caballeresca:</p> + +<p>«La amé y la serví... Fui su paladín... Mas ved aquí que la ingrata +abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos, +recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para +reyes, no para vosotros. Ha caído en vuestro cieno por la temeridad de +querer remontarse a las alturas con alas postizas».</p> + +<p>Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lágrimas. Miquis la llevó +a un cercano aposento, y en él la encerró con el pobre <i>Riquín</i>, que +también lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen +Relimpio, el cual ocurrió media hora más tarde, y fue tranquilo y suave. +Su muerte remedó el dulce acceso de embriaguez que le transportaba, +mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las +delicias de una vida apócrifa, compuesta con extraños fingimientos de +juventud, pasión y energía. ¿Entraba al fin en un mareo eterno? ¿Iba ya +derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y +amparo de la hurí en las edades sin término y en los espacios sin +medida? José, eres un ángel.</p> + +<p>Abrazando estrechamente a <i>Riquín</i> y cubriéndole de besos la cara, +Emilia le decía:</p> + +<p>«Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la madre que te falta. +Aquella mamá tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volverá; se +ha caído al fondo, hijo mío, al fondo... Ya lo entenderás más adelante».</p> + + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIXa" id="Capitulo_XVIXa"></a>Capítulo XIX</h3> + +<p class="c">Moraleja</p> + + +<p>Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura, no os fiéis +de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no +lo consigáis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo +mejor, creedme, lo mejor será que toméis una escalera.</p> + +<p class="top15">Madrid.—Junio de 1881</p> + +<p class="c">FIN DE LA NOVELA</p> + + + +<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***</div> +<div style='text-align:left'> + +<div style='display:block; margin:1em 0'> +Updated editions will replace the previous one—the old editions will +be renamed. +</div> + +<div style='display:block; margin:1em 0'> +Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright +law means that no one owns a United States copyright in these works, +so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United +States without permission and without paying copyright +royalties. 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Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..f710566 --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #25956 (https://www.gutenberg.org/ebooks/25956) diff --git a/old/25956-8.txt b/old/25956-8.txt new file mode 100644 index 0000000..4f25880 --- /dev/null +++ b/old/25956-8.txt @@ -0,0 +1,16531 @@ +The Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Prez Galds + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La desheredada + +Author: Benito Prez Galds + +Release Date: July 2, 2008 [EBook #25956] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + + + + +La desheredada + +Benito Prez Galds + + + + +Primera parte + + +_Saliendo a relucir aqu, sin saber cmo ni por qu, algunas dolencias +sociales, nacidas de la falta de nutricin y del poco uso que se viene +haciendo de los benficos reconstituyentes llamados_ =Aritmtica=, =Lgica=, +=Moral= _y_ =Sentido Comn=, _convendra dedicar estas pginas... a quin? +al infeliz paciente, a los curanderos y droguistas que, llamndose +filsofos y polticos, le recetan uno y otro da?... No; las dedico a +los que son o deben ser verdaderos mdicos: a los maestros de escuela._ + +B. P. G. + +Madrid.--Enero de 1881. + + + + PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE + + ISIDORA RUFETE, _protagonista._ + MARIANO RUFETE, _su hermano._ + LA SANGUIJUELERA, _ta._ + AUGUSTO MIQUIS, _estudiante de Medicina._ + JOAQUN PEZ, _Marqus viudo de_ + SALDEORO, _hijo de_ + DON JUAN MANUEL JOS DEL PEZ, _Director general en el + Ministerio de Hacienda._ + DON JOS DE RELIMPIO Y SASTRE, _espejo de los vagos._ + DOA LAURA, _su esposa_ + MELCHOR DE RELIMPIO _hijos_ + EMILIA _hijos_ + LEONOR _hijos_ + LA MARQUESA DE ARANSIS. + EL MAJITO, _nio._ + ZARAPICOS _pcaros_ + GONZALETE _pcaros_ + TOMS RUFETE. + EL SEOR DE CANENCIA. + MATAS ALONSO, _conserje de la casa de Aransis._ + UN CONCEJAL. + UN COMISARIO DE BENEFICENCIA. + MI TO EL CANNIGO _(que no sale)._ + + _Hombres y mujeres del pueblo, nios, Peces de ambos sexos, + criados, guardias civiles, etc._ + + _La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872._ + + + + +Captulo I + +Final de otra novela + + +=--I--= + +...Se han reunido todos los ministros?... Puede empezar el +Consejo?... El coche, el coche, o no llegar a tiempo al Senado!... +Esta vida es intolerable... Y el pas, ese bendito monstruo con cabeza +de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegacin, +paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos +humillados! Pero ya te arreglar yo, pas de las monas. Cmo te llamas? +Te llamas _Envidipolis_, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo, +simpatizas con todo lo que cae... Cunto va? Diez millones, +veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas +treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco +cntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidars, pcara; ya te +pill, ya no te me escapas, oh cantidad temblorosa, escurridiza, +inaprehensible, como una gota de mercurio! Aqu te tengo dentro del +puo, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te +pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: _Subvencin personal..._ +Permtame Su Seora que me admire de la despreocupacin con que Su +Seora y los amigos de Su Seora confiesan haber infringido la +Constitucin... No me importan los murmullos. Mandar despejar las +tribunas... A votar, a votar! Votos a m? Queris saber con qu +poderes gobierno? Ah los tenis: se cargan por la culata. He aqu mis +votos: me los ha fabricado Krupp... Pero qu ruido es este?Quin +corretea en mi cerebro? Eh!, quin anda arriba?... Ya, ya; es la gota +de mercurio, que se ha salido de su gaveta.... + +El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresin +atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden +al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han +llegado a perder la normalidad de la fisonoma, y con ella la +inscripcin aproximada de la edad. Hllase en el punto central de la +vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el +llamear de sus ojos, anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora +imbecilidad? No es fcil decirlo, ni el espectador, oyndole y vindole, +sabe decidirse entre la compasin y la risa. Tiene la cabeza casi +totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a +trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo +y colgante, parece haber crecido y ablanddose recientemente, y no cesa +de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza +con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es plido su rostro, +la piel papircea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente +corva la espalda. Su voz sonora regalara el odo si su palabra no fuera +un compuesto atronador de todas las maneras posibles de rer, de todas +las maneras posibles de increpar, de los tonos del enftico discurso y +del plaidero sermn. + +Acrcase a l un seor serio y bondadoso, pnele la mano en el hombro +con blandura y cario, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada +fisonoma, en sus negras pupilas, en el cado labio, y volvindose a un +joven que le acompaa, dice a este: + +Bromuro potsico, doble dosis. + +Sigue adelante el mdico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio, +tratando de convencer al tronco de un rbol. Porque la escena pasa en un +gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve +alguno que puedan facilitar la evasin. rboles no muy grandes, +plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pjaros, +dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una +hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de +polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos +lentos y rgidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes. +Este da vueltas alrededor de dos rboles, trazando con su paso infinitos +ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadsimo sin sudar +y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceo, huyendo con indecible +zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica +la oreja al polvo para or hablar a los antpodas, y su cara de idiota, +plantada en el suelo, es como un amarillo meln que se re. Un tercero +canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinptico de los +ejrcitos europeos, con divisin de armas y los respectivos soberanos o +jefes, todo lo cual debe ser puesto en msica. + +El mdico va de uno a otro, interrogndoles, contemporizando +graciosamente con las manas de ellos, sin dejar de hacer objeciones +discretas a cada una. Ya se detiene a echar un prrafo con aquel, de +rostro estpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y +amuletos; ya habla rpidamente con un viejecillo encanijado y risueo +que, pasendose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis +en la mano, parece filsofo anacoreta o Digenes del Cristianismo, por +el abandono de su traje y la uncin bondadosa de su fisonoma. Es un +sacerdote que tuvo mucho seso. Est meditando ahora la carta que ha de +dirigir al Papa en este da, siguiendo una costumbre que se repite +infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada ao, y ya +lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor, +chale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversacin, y por +ltimo pregunta si ha sido echada al correo su epstola del da +anterior, a lo que contesta el mdico que s, y que forzosamente Su +Santidad anda muy distrado en Roma cuando no se digna contestar a +comunicaciones de tanta importancia. + +Vuelve el mdico hacia donde est el que en los primeros renglones hemos +descrito, y antes de llegar a l dice al practicante: + +Este desgraciado Rufete va a pasar a _Pobres_, porque hace tres meses +que su familia no paga la pensin de segunda. l no se dar cuenta del +cambio de situacin. Si se exacerba esta tarde, ser preciso +encerrarle. + +Ponindole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete: + +Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos, +siempre que usted no se me salga de las vas legales... El pas le har +justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos +cuantos meses, qu bien nos vendra a los dos! Nos dedicaramos a curar +radicalmente ese constipado... + +--No es constipado--replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con +la cabeza--. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurrindose... +Ahora est aqu, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien +izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas... + +--Ya, ya s... Yo quisiera que no se ocupase usted ms de esa cantidad, +puesto que est segura. + +--No, no est segura--dice Rufete, demostrando terror--. No sabe usted +qu guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus +infamias. Cuando un verdadero genio se empea en subir a la gloria, la +envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como +una montaa, y le doy a usted una reputacin ms grande que el mundo... +Adis; me voy al Congreso. No sabe usted que se han sublevado los +maceros?... Abur, abur. + +El mdico hace a su compaero la expresiva sea de _no tiene remedio_, y +pasa adelante. + + +=--II--= + +No consta si fue aquel da o el siguiente cuando trasladaron al infeliz +Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero +haba tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el +segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrn, de un +rancho. Ay! Cualquiera que despertara sbitamente a la razn y se +encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres +que slo tienen de humano la figura, y se viera en un corral ms propio +para gallinas que para enfermos, volvera seguramente a caer en +demencia, con la monomana de ser bestia daina. En aquellos locales +primitivos, apenas tocados an por la administracin reformista, en el +largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra, +donde se revuelcan los imbciles y hacen piruetas los exaltados, all, +all es donde se ve todo el horror de esa seccin espantosa de la +Beneficencia, en que se renen la caridad cristiana y la defensa social, +estableciendo una lgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es +hospital y presidio! All es donde el sano siente que su sangre se +hiela y que su espritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad +aprisionada por enferma, observando cmo los locos refinan su locura con +el mutuo ejemplo, cmo perfeccionan sus manas, cmo se adiestran en +aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos +ordena! + +Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie +alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... Y considerar +que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageracin o +el extremo irritativo de nuestras mltiples particularidades morales o +intelectuales... que todos, cul ms, cul menos, tenemos la +inspiracin, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos +entramos de lleno en los sombros dominios de la ciencia alienista! +Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos +desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de +la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates +somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la +variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la maana lo +despertamos en la aridez de una sola. Oh! Legans, si quisieran +representarte en una ciudad terica, a semejanza de las que antao +trazaban filsofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o +religioso, no, no habra arquitectos ni fisilogos que se atrevieran a +marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. Hay muchos cuerdos +que son locos razonables. Esta sentencia es de Rufete. + +El cual no se dio cuenta de aquella cada brusca desde las grandezas de +pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean +demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito +sentimiento que rarsima vez habita en los manicomios: la amistad. +Aquello parece a veces una Bolsa de contratacin de manas. Hay demanda +y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual est bastante +ocupado consigo mismo para cuidarse de los dems. El egosmo ha llegado +aqu a su grado mximo. Los imbciles yacen por el suelo. Parece que +estn pastando. Algunos exaltados cantan en un rincn. Hay grupos que se +forman y se deshacen, porque si no amistad, hay all misteriosas +simpatas o antipatas que en un momento nacen o mueren. + +Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean +atentos como polizontes que espan el crimen. Son los inquisidores del +disparate. No hay compasin en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni +caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la +tutela del Estado, ninguno es tan antiptico como el domador de locos. +Carcelero--enfermero es una mquina muscular que ha de constreir en sus +brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da +de comer sin cario, los acogota si es menester, vive siempre prevenido +contra los ataques, carga como costales a los imbciles, viste a los +impedidos; sera un santo si no fuera un bruto. El da en que la ley +haga desaparecer al verdugo, ser un da grande si al mismo tiempo la +caridad hace desaparecer al loquero. + +Rufete hua maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los +funcionarios eran para l la oposicin, la minora, la prensa; eran +tambin el pas que le vigilaba, le peda cuentas, le preguntaba por el +comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura +rutinaria y pobre, por el crdito muerto. Pero ya le pondra l las +peras a cuarto al seor pas, representado en aquellos dos seores +tiesos, que en todo queran meterse, que todo lo queran saber, como si +l, el eminentsimo Rufete, estuviera en tan alta posicin para dar +gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos +investigadores le decan: Somos la envidia que te mancha para bruirte +y te arrastra para encumbrarte. + +Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta +atraccin de un trozo de pared, de un ngulo, de una mancha de sombra, +es un resto de la simpata local que aquellos infelices llevan a la +regin de tinieblas en que vive su espritu. Constantemente se agitaba +Rufete en un ngulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su +poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso, +cayndose, y la lluvia, manchando, haban bosquejado all mil figuras +faranicas. + +Cuando Rufete se cansaba de andar, sentbase. Tena mucho que hacer, +despachar mil asuntos, or a una turba de secretarios, generales, +arzobispos, archipmpanos, y despus..., ah!, despus tena que echar +miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba +en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hunda la cara entre +las manos, y as pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar +del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situacin, el infeliz +contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fcil, +s, muy fcil; lo terrible era el pico de aquella suma. Por qu se +escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partculas del +metal lquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso +pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, +con sus graciosas cras los 75 cntimos. + +Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente tericos. Haba +sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que +respondan en principio a la idea de camisa, de levita, de pantaln; +pero ms era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que +subsistan. Haca tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!... +ltimamente le pusieron una blusa azul. Pero una maana se comi la +mitad. Era el ms indcil y peor educado de todos los habitantes de la +casa. No obstante, sobre aquellos harapos se pona todos los das una +corbata no mala, lindosela con arte y esmero delante de la pared, hecha +espejo de un golpe de imaginacin. Aquel negro dogal sobre la carne +desnuda del estirado cuello, impedale a veces los movimientos; pero +llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer. + +Cuando anocheca o cuando el tiempo era malo, Rufete era el ltimo que +dejaba el patio. Comnmente los loqueros se vean en el caso de llevarle +a la fuerza. Dorma en una sala baja, hmeda, con rejas a un largo +pasillo, el cual las tena a la huerta. Desde los duros camastros vease +la espesura del arbolado; pero, al travs de las rejas dobles, la +alegra del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o +casi perdida, con un efecto de pas bordado en caamazo. En el +dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos. +Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro +da. Algunos dorman con los ojos abiertos. Oase desde la sala la +murmuracin del chorro de una fuente, la cual con tal constancia +estimulaba el odo, que Rufete se pasaba horas enteras en conversacin +tirada con el agua charlatana en estos o parecidos trminos: En todo lo +que Su Seora me dice, seor chorro, hay mucha parte de razn y mucho +que no puede admitirse. Sub al poder empujado por el pas que me +llamaba, que me necesitaba. El primer escaln fue mi mrito, el segundo +mi resolucin, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... Pero qu +habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cllese +usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que +se calle. + +Y colrico se abalanzaba a la reja, pona el odo, haca seales de +conformidad o denegacin, oprima los barrotes. La fluida elocuencia del +chorro no tena fin jams. Era como uno de esos oradores incansables que +siempre estn hablando de s mismos. La aurora le encontraba engolfado +en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: No me +convence, no me convence Su Seora. + +La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun all son hermosos +el risueo abrir de ojos del da y la primera mirada que cielo y tierra, +rboles y casas, montes y valles se dirigen. All los pjaros +madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las +parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por all los +mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el +propio airecillo picante que menea los rboles, que orea el campo, que +estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegra, el +buen apetito, la sazn y la salud, derrama tambin por todas las zonas +del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las +moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus +remotos viajes atmosfricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso +excitante segn su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o +dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados. +Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados +dislates, hablan ms alto, ren ms fuerte, se arrastran y se embrutecen +ms; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche, +aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con +urbanidad refinada; quin pide papel y tinta para escribir la carta, la +indispensable carta del da!; quin se lanza a la carrera, huyendo de un +perseguidor que aparece montado en el caballo del da, y todo aquel +carnavalesco mundo comienza con bro su ordinaria existencia. + +La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y +estrpito de escobazos corre por salas y pasillos, confundindose con el +sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la +capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar +los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostn del asilo por +estar encargadas de su rgimen domstico, van y vienen con actividad de +madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus +blancas tocas aladas, respetables y respetadas como ensea de paz, se +ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes +de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan +lumbre; en la despensa llena de vveres; en el lavadero, donde ya saltan +los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el +patio de mujeres, en la regin de las locas, que es el departamento de +trabajo ms penoso y de las dificultades ms terribles. + +Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado +de mundo. Los hombres inspiran lstima y terror; las hijas de Eva +inspiran sentimientos de difcil determinacin. Su locura es, por lo +general, ms pacfica que en nosotros, excepto en ciertos casos +patolgicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la +parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o +treinta hembras con murmullo de coquetera, de celos, de chchara +frvola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni trminos claros, +ni pausa, ni variedad. yese desde lejos, cual disputa de cotorras en la +soledad de un bosque... Las hay tambin juiciosas. Algunas pensionistas, +tratadas con esmero, estn tranquilas y calladas en habitacin clara y +limpia, ocupndose en coser, bajo la vigilancia y direccin de dos +hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores +secas o con plumas de gallina. Sonren con estupidez o clavan en el +visitante extraviados ojazos. + +Tambin la _hermosa mitad_ tiene sus jaulas de dobles rejas. No seran +mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver +dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y or la voz ronca de +una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay +una que corre por pasillos y salas buscan _do su propia persona._ + +Volvamos al patio de varones pobres. Aquel da faltaba en l Rufete. +Creerase que haba crisis. Poco despus de amanecer se dirigi al +loquero y le dijo: Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie. +Despus cay en un marasmo profundo. Enmudeci. El chorro de la fuente +preguntaba por l y ninguno de los asilados all presentes saba darle +razn. + +Llevronle a la enfermera. El mdico mand que le dieran una ducha, y +fue llevado en brazos a la inquisicin de agua. Es un pequeo balneario, +sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. All dan +lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza, +todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presin formidable, y sus +golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o +en lminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo, +atacan encarnizados con el spero chirrido del acero. Rufete, que ya +conoca el lugar y la maquinaria, se defendi con fiero instinto. Le +embrazaron, oprimindole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a +la pared, y all, sin defensa posible, desnudo, recibi la acometida. +Poco despus yaca aletargado en una cama con visibles apariencias de +bienestar. Al fin, durmi profundamente. + + +=--III--= + +A la misma hora que esto pasaba, una joven lleg a la puerta del +establecimiento. Quera ver al seor Director, al seor facultativo, +quera ver a un enfermo, a su seor padre, a un tal don Toms Rufete; +quera entrar aunque se lo vedaran; quera hablar con el seor capelln, +con las hermanas, con los loqueros; quera ver el establecimiento; +quera entregar una cosa; quera decir otra cosa... + +Estos mltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados +atropelladamente y con turbacin por la muchacha, que era ms que +medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero +calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y pona extraordinario ardor en +la expresin de su deseo. Sus ojos expresivos haban llorado, y an +lloraban algo todava. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del +trabajo, opriman un lo de ropa seminueva, mal envuelta en un pauelo +rojo. Rojo era tambin el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente +liado debajo de la barba a estilo de Madrid. Con qu prenda se cubra? +Sotana, mantn, gabn de hombre? No: era una prenda hbrida, un arreglo +del ruso al espaol, un cubrepersona de corte no muy conforme con el +usual patrn. Ello es que su pauelo rojo, sus lgrimas acabadas de +secar, su gabn rado y de muy difcil calificacin en indumentaria, su +agraciado rostro, su ademn de resignacin, sus botas mayores que los +pies y ya entradas en das, inspiraban lstima. + +No le fue difcil llegar al despacho del seor Director. Al verle y +darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas +lgrimas a los ojos y la garganta se le obstruy de tal modo, que tuvo +que callarse. El Director, hombre compasivo, la mand sentar, rogndole +que se calmase. + +Hace tres meses que no se ha pagado la pensin--dijo ella al cabo, +metiendo la mano en alguna parte de su extraa vestimenta. + +Porque el gabn tena un bolsillo hondo. Su autora haba sido prdiga en +esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sac un +paquete de papel que pareca contener dinero. + +Luego, luego veremos--dijo el Director, resistindose a tomar la +suma--. Ah! Tambin trae ropa? Veo que no se descuida usted... Est +bien, bien. El pobre D. Toms tena ya mucha falta... Djelo usted ah. +Luego... Sintese usted y descanse. + +--Pero no le ver ahora mismo?--pregunt ella con ansiedad. + +--No es fcil, no es fcil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a +las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete est +sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa. + +La del ruso cruz las manos, y mir al techo. + +El seor facultativo est haciendo ahora la visita... Le hablaremos, +veremos lo que dice. Si l consiente... Pero no lo consentir. No +conviene que usted vea a su seor padre ahora. Ms tarde... Sintese +usted, tranquilcese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con l hace +bastante tiempo. Usted se llama... + +--Isidora, para servir a usted... Pobrecito pap! Si no me le dejan +ver, dgale usted que estoy aqu, que est aqu su Isidorita, que viene +a darle un beso, que maana traer a Mariano, mi hermanito... Ah Dios +mo!; pero l no entender, no entender nada. Pobre hombre! Y no hay +esperanzas de que vuelva a la razn?. + +El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores. +Pareca empeado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de +cansancio, se sent en una banqueta. Habindole recomendado con frases +convencionales, si bien generosas, la resignacin y una tranquilidad que +era imposible, el Director sali. + +No se qued sola la joven en el despacho. En un ngulo de este haba una +mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un +hombre escriba, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso +esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafa espaola. La +mesa estaba llena de papeles que parecan estados, listas de nombres, +cuentas con infinitas bateras de nmeros. Un alto estante repleto de +papeles y libros rayados indicaba que aquel buen seor de pluma y suma +ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difcil +administracin del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo, +del ya fenecido covachuelista, conservado all cual muestra del +metdico, rutinario y honradsimo personal de nuestra primitiva +burocracia. Era de edad provecta, pequeo, arrugadito, bastante moreno y +totalmente afeitado como un cura. Cubra su cabeza con un bonetillo +circular, ni muy nuevo ni muy rado, contemporneo de los manguitos +verdes atados a sus codos. Escriba con trazos tan seguros, uniformes y +ordenados, que pareca escribientil mquina. Sin alzar los ojos del +papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los +dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorba +una gran porcin de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no haca +caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas +oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversacin. +Siendo al fin ms fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompi el +silencio de esta manera: + +Seorita, se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay ms +remedio que conformarse con su santa voluntad. + +A Isidora (por qu ocultarlo?) le gust que la llamaran seorita. Pero +como su nimo no estaba para vanidades, fij toda su atencin en las +palabras consoladoras que haba odo, contestando a ellas con una mirada +y un hondsimo suspiro. + +Esta casa--aadi el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y +dulce, que llegaba al alma--no es una casa de divertimiento; es un asilo +triste y fnebre, seorita. Yo me hago cargo, s, seorita, me hago +cargo de su dolor de usted.... + +Y se envas en el cuerpo, aspirndola por entre los dientes, otra gran +cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojndola y +sacudindola a golpecitos metdicos, prosigui as: + +Pero no debe esperarse de este pcaro mundo otra cosa que penas, +ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una nia, y +todava... vamos, todava no conoce ms que las flores que suelen +adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande ms, +ms.... + +Isidora dio otro suspiro. Grandsimo consuelo le infundan las palabras +sensatas y filosficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces +tuvo por sacerdote. + +Es usted...._por casualidad_ sacerdote?--le pregunt con timidez. + +--No, seora--repuso el otro, escribiendo un poco--. Soy seglar. Hace +treinta y dos aos que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al +asunto, el mundo, seorita, es un valle de lgrimas. Vyase usted +acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el +seno de la religin verdadera, y sabemos que hay un _ms all_, sabemos +que en ese _ms all_, seorita, nos aguarda el premio de nuestros +afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido.... + +El anciano se conmovi un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir +lgrimas de sus ojos. Llevndose a ellos la punta del pauelo rojo, +exclam: + +Mi pobre enfermo!... + +--Ah!... qu bello es el dolor de una hija!--dijo el bebedor de aire +soltando resueltamente la pluma--, cun meritorio a los ojos de Aquel +que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore +usted, llore usted; no ser yo quien trate de combatir su pena con +consuelos triviales. Lo nico que le dir es que la religin y el tiempo +la curarn de este mal: la religin elevando su espritu y hacindole +ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado +seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia +seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas +nuestras heridas y cerrndolas poco a poco. Usted es an muy joven. +Puede ser que el Seor le reserve aqu en la tierra algo de lo que, por +no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted ser esposa de algn +hombre honrado, madre de familia, dignsima abuela.... + +Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo as: + +Le molesta a usted el humo del tabaco? + +--Oh! no, seor; no, seor. + +--Ms cmodamente estar usted en el silln que en ese banco. Por qu +no se sienta usted all? + +--No, seor; muchas gracias. Aqu estoy bien. + +Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen seor, +realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no s +qu de tierno, paternal y simptico que en su semblante haba, +cautivaban a la dolorida joven, inspirndole tanta admiracin como +gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digmoslo as, con +las corrientes de bondad que afluan de sus ojos. Haba en su mirar +tanta compasin, un inters tan puro y cristiano, que la pobre joven se +felicit interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en +momentos de afliccin. Pensndolo as y dando gracias a Dios por un +socorro moral de tanta vala, se sinti tocada del deseo de confiarse, +de abrir un poco su corazn para mostrar sus penas. Era naturalmente +expansiva, y las circunstancias la ponan en el caso de serlo ms an +que de ordinario. + +Conoce usted a mi padre?--pregunt. + +--S, hija ma, le conozco y me da mucha lstima... Bastante se ha hecho +en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manas... Pero Dios no +ha querido. Contra l no se puede nada. Consolmonos todos pensando en +que la grandiosa armona del mundo consiste en el cumplimiento de la +voluntad soberana. + +Esta sentencia afect a la de Rufete, hacindole pensar en lo cara que a +ella sola le costaba la armona de todos. Enjugndose otra vez las +lgrimas, dijo as: + +Y si viera usted qu bueno ha sido siempre!... Cunto nos quera! No +tena ms que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte, +sino que aspiraba a ms, a ms. Es que el pobrecito tena talento, se +encontraba siempre en ltimo lugar debiendo estar en el primero... Hay +en el mundo cada injusticia...! Por eso l no se conformaba nunca, y +estaba siempre de mal humor y se enojaba y rea con mi madre. Como era +caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero, +padeca lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi +todos los das y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de +tres Gobiernos de provincia y no lleg a gobernador por intrigas de los +del partido. Mi madre le deca: Ah!, mejor te valdra haber aprendido +un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me +caigo, hoy me levanto.... Pero quia!; l saba de oficina ms que la +_Gaceta_, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas +cosas de gobernar, todos los que le oan estaban asombrados. Su padre, +mi abuelito, haba sido tambin de oficina. El pobre muri de mala +manera. Le conoci usted?... + +--No, hija ma. Siga usted, que la oigo con mucho inters. + +--Fue, en no s qu tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas, +hablaba mucho, y para l todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando +yo era nia jugaba con el morrin de mi abuelo... Qu cosas!... Oiga +usted... El que llamo mi padre fue ms listo que el que llamo mi abuelo. +Oh!, s, era caballero y tena talento. En el partido le teman. l +mismo lo deca: Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volver +loco... Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las +sesiones del Congreso y haca mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la +oposicin. Sala de Madrid con recados secretos. No hablaba ms que de +la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., me entiende usted?. + +El anciano, despus de tragarse la mitad de la atmsfera del cuarto, +hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre +conocedor de las debilidades de sus semejantes. + +La ltima vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que +no se poda esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mam cay +enferma; mi padre entr de corrector de pruebas en una imprenta donde se +haca un peridico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches +junto a un quinqu de petrleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil +discursos, artculos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la maana +(porque el trabajo duraba toda la noche) y volva a casa, no descansaba, +no, seor. Qu creer usted que haca? Pues ponerse a escribir. Todos +los das entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. Qu +creer usted que escriba? + +--Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por +ah empiezan muchos. + +--Quia!; no, seor. Escriba decretos, leyes y reales rdenes. Aunque +al salir de su cuarto cerraba siempre, yo hall una noche medios de +abrir, y vimos todo. Mi mam y yo decamos: Quizs est copiando para +traernos algo de comer. Qu chasco nos llevamos!; todo se volva: +_Artculo primero_, tal cosa; _artculo segundo_, tal cosa. Y luego: +_Quedo encargado de la ejecucin del presente decreto_. Haca prembulos +atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando +con mucho cuidado, y a cada legajo le pona un letrero diciendo: _Deuda +Pblica_, o _Clases Pasivas_, _Aduanas_, _Banco_, _Amillaramientos_. +Tambin pona en ciertos paquetes rtulos que no entendamos, porque +eran ya locura manifiesta, y decan: _Ruinas_, o bien _Fanatismo_, +_Barbarie_, _Urbanizacin de Envidipolis_, _Vidrios rotos_, _Sobornos_, +_Subvencin Personal_, y as por este estilo. Ay Dios mo!--dijimos +mam y yo--; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre est +loco. Estuvimos llorando toda la noche. + +--Todo sea por Dios--dijo, con emocin el viejo, al ver que Isidora se +interrumpa para llorar--. Pero qu es eso, hija ma, comparado con lo +que Cristo padeci por nosotros? + +--Mi madre muri en aquellos das--prosigui Isidora, casi completamente +ahogada por el llanto--. Aquel da, oh Dios mo, qu da!, mi padre +hizo los disparates ms atroces; no llor, no se afect nada. Cuando mi +madre expir en mis brazos, l dio dos o tres paseos por el cuarto, y +mirndome con unos ojos..., Jess, qu ojos!..., me dijo: Se le harn +los honores de tenienta generala muerta en campaa.... No puedo +recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aqu. Un +pariente bastante acomodado que tenamos en el Tomelloso se condoli de +m y ofreci dar la pensin de segunda. Yo me fui a la Mancha con l, y +mi hermanito se qued aqu con una ta de mi madre. Pasado algn tiempo, +mi to el cannigo se olvid de pagar la pensin. Es el mejor de los +hombres; pero tiene unas rarezas.... + +Desde la mitad de esta relacin, ya tena Isidora que beberse las +lgrimas entre palabra y palabra. El bendito seor que la oa, +enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos +pasos para vencer su emocin. + +Todo sea por Dios--dijo liando nerviosamente otro cigarrillo--. Noble +criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un +pramo... + +--Y todo cuanto he padecido ha sido injusto--aadi ella prontamente, +sorbiendo tambin una regular porcin de aire, porque todo es contagioso +en este mundo--. No s si me explicar bien; quiero decir que a m no me +corresponda compartir las penas y la miseria de Toms Rufete, porque +aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y +no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy.... + +Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la +llevase, sin pensarlo, a una revelacin indiscreta. Pero el escribiente, +con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres +perspicaces, se apoder de la idea apenas indicada, y dijo as: + +S, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase +ms elevada; slo que circunstancias largas de referir la hicieron +descender... Cosas de Nuestro Padre que est en los Cielos! l sabr +por qu lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la +postre, siempre son para nuestro bien. Usted, seorita--aadi tras +breve pausa, quitndose cortesanamente la gorra--, no ve, no puede ver +en el infelicsimo Rufete ms que un padre putativo, tal y como el Santo +Patriarca San Jos lo era de Nuestro Seor Jesucristo. + +De qu manera tan clara relampague el orgullo en el semblante de +Isidora al or aquellas palabras! Su rubor leve pas pronto. Sus labios +vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegacin impuesta por las +conveniencias. + +Yo no quisiera hablar de eso--dijo tomando un tonillo enftico de calma +y dignidad, que no haca buena concordancia con su ruso--. Respeto +tanto al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso l tanto a m y +a mi hermanito!..., fuimos tan mimados cuando ramos nios!... Nos +haca el gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y l tena +una buena colocacin (porque estaba en Propiedades del Estado), vivamos +muy bien. En aquella poca Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con +un lujo... Dios de mi vida! Como l no tena ms idea que aparentar, +aparentar, y ser persona notable... + +--Hija ma--dijo el anciano con vivacidad--, una de las enfermedades del +alma que ms individuos trae a estas casas es la ambicin, el afn de +engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de +querer subir atropellando a los que estn arriba, no por la escalera del +mrito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la +violencia, como si dijramos, empujando, empujando.... + +No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observacin, que +indicaba tanto juicio como experiencia, march con acompasado y no muy +lento andar hacia el rincn opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora +en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de +cordoncillo; pero su pena y la situacin en que estaba la reclamaron, y +volvi a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto. +Cuando alz los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en direccin +de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en direccin del ngulo. Sin +advertir que el buen seor estaba muy agitado, sin duda por hacerse +generosamente partcipe de las penas que haba odo referir, Isidora se +distraa un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que +embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espritu para que +d un par de vueltas o paseos por el campo de la distraccin, y se +fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un +largo perodo de antesala, ayudan este fenmeno del alma. + +Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el +pasar y repasar del anciano escribiente haba algo de oscilacin de +pndulo; como, adems, del propio interior de Isidora se derivaba una +dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues, +un ratito contemplando la habitacin. Qu bonito era el mapa de Espaa, +todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de nmeros +que suban creciendo, de rengloncitos estadsticos que bajaban +achicndose, de crculos y banderolas sealando pueblos, ciudades y +villas! En la regin azul que representaba el mar, multitud de barquitos +precedidos de flechas marcaban las lneas de navegacin, y por la gran +vieta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los +faros, y adems muelles llenos de fardos, chimeneas de fbricas, ruedas +dentadas, globos geogrficos, todo presidido por un melenudo y furioso +len y una seora con las carnes bastante ms descubiertas de lo que la +honestidad exige... Qu silencio tan hondo y suave se aposentaba en la +sosegada estancia, y cmo se senta el ambiente puro del campo! Slo +cuando se abra la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas +y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. Y cuntos y +cun bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual +gallardeaba un busto de yeso! Aquel seor blanco sin nias en los ojos, +con los hombros desnudos como una dama escotada, deba de ser alguno de +los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en l, en el estante de +los libros y en el mapa grfico--estadstico se cifraba toda la +sabidura de los siglos. + +En este reconocimiento del lugar emple Isidora menos de un minuto. De +pronto se fij en el anciano, que segua pasando por delante de ella con +rapidez creciente, y se asombr de ver la agitacin de sus manos, el +temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy +distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simptica. Parndose +ante Isidora, exclam con palabra torpe y muy conmovida: + +Seora, nunca hubiera credo esto en una persona como usted. + +--Yo!--murmur Isidora, llena de espanto. + +--S!--dijo el otro alzando la voz--, usted me est insultando; usted +me est insultando. + +El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitacin +creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levant buscando la +puerta; corri hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre +tanto el anciano gritaba: + +Insultndome, s, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de +padre... Oh, Seor! Perdnala, perdnala, Seor, porque no sabe lo que +se dice. + +Isidora sali al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante +comprendi la causa de su miedo. Sonriendo, la tom de la mano para +obligarla a entrar. + +El pobre Canencia...--dijo--. Cosa rara... Hace tanto tiempo que est +tranquilo... Pero es un ngel, es incapaz de hacer el menor dao. + +Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino +emocin, y dos lgrimas rodaban por sus mejillas. + +Tambin usted me insulta, seor Director--dijo oprimindose el pecho, y +con la entonacin y los ademanes de un cmico mediano--. No puedo ms, +no puedo ms... Adis, adis, ingratos!. + +Y sali escapado. + +Eso le pasa pronto--indic el Director a Isidora, que an no haba +vuelto de su espanto--. Es un bendito; hace treinta y dos aos que est +en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres aos, sin la ms +ligera perturbacin. Sus accesos no son ms que lo que usted ha visto. +Principia por decir que tiene dos mquinas elctricas en la cabeza y +luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por +la huerta, y al cabo de un rato est ya sereno. Trabaja bien, me ayuda +mucho, y, como usted habr visto si le ha odo, es de encargo para dar +consejos. Parece un santo y un filsofo. Yo le quiero al pobre Canencia. +Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste +que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y +hoy menos que nunca. + +El Director dio un gran suspiro, expresin oficial de sus sentimientos +compasivos, e Isidora quedose fra, aguardando terribles noticias. Cmo +miraba al buen seor, deletreando en su cara, y qu bien le deca esta +que no esperara nada bueno! + +Yo quisiera verle...--balbuci Isidora. + +--Eso es imposible. Verle!, y para qu?... Mal, muy mal est el pobre +Rufete--afirm el Director, moviendo la cabeza--. Llnese usted de +paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si +no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a +descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi +familia en ese estado, deseara.... + +Trabajo le cost a Isidora admitir la funesta verdad que se le quera +anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer +aquel nudo que en su garganta se formaba, habl con medias palabras de +esta manera: + +Quin sabe... Todava... Pero yo quiero verle. + +--Vamos, que no... Ya.... + +El buen seor estaba impaciente. Tena que hacer. + +Sintese usted...--murmur acercando un silln--. Quiere usted que le +traiga un vaso de agua?. + +Isidora no deca nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de +yeso. Lo examin bien y estpidamente, vindole con claridad, por esa +atraccin rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce +sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por +algn tiempo asociado a la noticia misma... + + +=--IV--= + +Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentsimo +Canencia, ocurra no lejos de all un hecho que, con ser muy triste, no +afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran stos el Director +facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el +capelln y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se +trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fcil +y trmino decidido. El enfermo apenas tena movimiento y vida ms que en +la cabeza; no padeca nada; se iba por rpida y llana pendiente, sin +choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa. + +Muere bien--dijo en voz baja el mdico. + +El paciente dio un gran suspiro, abri los ojos, mir a todos uno por +uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas +recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que +ms que nada era profundsima lstima de s mismo, pronunci estas +palabras: Caballeros, es cierto lo que me figuro?... Es cierto que +estoy en Legans?. + +El mdico le quiso consolar con palabras campechanas. + +Hombre, no sea usted tonto...; si est usted en su casa... Vamos, que +se va usted a poner bueno. + +El enfermo movi tristemente la cabeza. Permaneci largo rato mudo. +Despus tom la mano del cura, la bes... Quiso hablar, no pudo, se le +vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de +voluntad, pudo decir a media voz: + +Mis hijos..., la marquesa.... + +Y call para siempre. Mdico y aprendiz observaron con la atencin y la +frialdad de la ciencia aquel caso de trnsito, y despus se fueron a +extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestndoles con ms +lstima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El +aprendiz de mdico declar al punto conocerla, y alegrndose de que all +estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y +del compromiso de consolarla y darle algn socorro si lo haba menester. + +Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y all pas lo que +referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender +la certeza de su desdicha, cuando entr en el despacho un mozo como de +veinticuatro aos, el cual, llegndose a ella con muestras de confianza, +le dijo: + +Conque usted por aqu, Isidora?... Y en qu momento tan triste!... +Pero no me conoce usted? Tan desmemoriada estamos, Isidora? No se +acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al +Tomelloso a buscar a su to de usted, el seor Cannigo, para salir +juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. No se acuerda +usted tampoco de mi hermano Alejandro? No se acuerda de que algunas +veces, por vacaciones, bamos acompaando a mi padre?... Pues hace cinco +aos que estoy aqu estudiando Medicina. Y cmo est su seor to? +Hace mucho que ha dejado usted aquel clebre Tomelloso?.... + +Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena; +le miraba y le reconoca. S, su memoria se iba iluminando ante aquella +fisonoma que con ninguna otra poda confundirse. Aquel semblante plido +y moreno, tan moreno y tan plido que pareca una gran aceituna; aquella +brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca, +cuyos dientes blanqusimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja +ancha, tan negra y espesa que pareca cinta de terciopelo, y aquellos +ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la irona +del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras, +aquel abandono en el vestir, y, por ltimo, la desenfadada manera de +insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el +hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente +de Isidora ideas mil y recuerdos de una poca en que la infancia se +confunda con la adolescencia, poca de tonteras, de miedos, de +inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable. +No acert a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de +la situacin, y ponindose todo lo serio que poda, cosa en l de +grandsima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido: + +Lo primero es que usted salga de esta casa...; ay, qu casa!... Nada +hay que hacer aqu. Si va usted a Madrid tendr mucho gusto en +acompaarla. + +Isidora manifest deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que +haba trado para pagar los atrasos de la pensin de Rufete, pero el +Director no lo consinti. En cuanto a las ropas, tanto inst al +bondadoso seor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando +las gracias en nombre de los dems enfermos pobres que tanto las +necesitaban. + +Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazn y se alejaron +silenciosos del tristsimo pueblo, en el cual casi todas las casas +albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatn Miquis, respetando +su dolor, tan slo indic esto: + +En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranva. + +Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis crey oportuno distraer a su +compaera de viaje, porque, realmente, a qu conduca aquel llorar +continuo, si nada poda remediarse? Era preciso hacer frente al dolor, +fiero enemigo que se ceba en los dbiles; convena sobreponerse, pues... +hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como +siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habl de la belleza del +primaveral da (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de +Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invit a Isidora +a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol +y la jornada iba a ser un poco larga. + +Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, l contemplativo, +dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de +ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban. + +Isidora... + +--Qu? + +--No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. Es cierto o +no que en el Tomelloso nos tutebamos?. + + + + +Captulo II + +La Sanguijuelera + + +En el domicilio de su pariente y padrino, don Jos de Relimpio (de quien +se hablar cuando sea menester), pas Isidora la noche de aquel da de +abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar +a Encarnacin y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios ms +excntricos de Madrid. La que llamaremos todava, por respeto a la +rutina, hija de Rufete, tena la costumbre de representarse en su +imaginacin, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que +fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera +que la interesase, visita, entrevista, escena, diversin, desde medioda +o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario +relieve y color, desarrollndose con sus cuadros, lugares, perspectivas, +personas, figuras, actitudes y lenguaje. As, mucho antes del alba, +Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su ta y de +su hermano; los vea como si los tuviera delante; hablaba con ellos +preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oa las +inflexiones de la voz de cada uno. + +Las ocho seran cuando sali para hacer verdadero lo imaginado; pero +como tena que ir desde la calle de Hernn Corts a la de Moratines, en +el barrio de las Peuelas, detenindose y preguntando por no conocer muy +bien a Madrid, ya haban dado las diez cuando entr por el conocido y +gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difcil desde all dar con la +morada de su ta. A mano derecha hay una va que empieza en calle y +acaba en horrible desmonte, zanja, albaal o vertedero, en los bordes +rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta va, +Isidora hizo rpido examen del lugar en que se encontraba, y que no era +muy de su gusto. Tena, juntamente con el don de imaginar fuerte, la +propiedad de extremar sus impresiones, recargndolas a veces hasta lo +sumo; y as, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba +al punto en colosal; lo pequeo se le haca minsculo, y lo feo o bonito +enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderacin. + +Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y +desconchadas, los letreros innobles, los rtulos de torcidas letras, los +faroles de aceite amenazando caerse; al ver tambin que multitud de +nios casi desnudos jugaban en el fango, amasndolo para hacer bolas y +otros divertimientos; al or el estrpito de machacar sartenes, los +berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias +tirando de carros atascados, y el susurro de los transentes, que al dar +cada paso lo marcaban con una grosera, crey por un momento que estaba +en la caricatura de una ciudad hecha de cartn podrido. Aquello no era +aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada +por va de limpieza para que no corrompiera el centro. + +Y siguiendo en su mana de recargar las cosas, como viera correr por la +calle--zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias +industrias tintreas, al punto le pareci que por all abajo se +despeaban arroyuelos de sangre, vinagre y betn, junto con un licor +verde que sin duda iba a formar ros de veneno. Alzose con cuidadosa +mano las faldas, y avanz venciendo su repugnancia. No tuvo que andar +mucho para encontrar la puerta que buscaba. S, all era. Bien reconoca +la muestra que aos atrs estaba en la calle de la Torrecilla, y que +deca clarito, con azules caracteres, _Cacharrera_. Reconoci tambin +una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde, +jeroglficamente, se anunciaba un importante comercio. Cmo recordaba +Isidora haber visto en su niez la redoma pintada, en cuyo crculo +aparecan nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que +servan de insignia industrial a Encarnacin Guilln, conocida en +distintos barrios con el nombre de _la Sanguijuelera_! + +La puerta tena una trampilla en la parte baja, la cual pareca servir +de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de +balcn en caso de que por all, cosa no imposible, pasasen procesiones +cvicas o religiosas. Isidora se haba figurado que su ta (o ms bien +ta de su supuesta madre) estara en la puerta; pero esto, como otras +muchas cosas de las que imaginaba, no result cierto. Asomose a la +tienda, y de un golpe de vista abarc la menguada granjera, sacando +consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnacin +Guilln. Cmo haba descendido la infeliz de grado en grado, desde su +gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en +tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de +cacharros ordinarios! Y los anlidos que componan su escudo, dnde +estaban? Oh!, no podan faltar; all se los vea en enormes botellas, +con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados, +aburridos, quietos, como si acecharan una vctima y esperasen a que +entrara por la puerta. Isidora admir despus el orden y aseo con que +todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste. + +Los pucheros de Alcorcn, los jarros de Talavera y Andjar, los botijos +y la cristalera de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de +limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni +faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre +cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de +Encarnacin era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba, +y que contena diversidad de artculos, compaeros infalibles del ramo +de cacharrera. En un hueco haba flor de malva, en otro cercano +violetas secas, ms all greda para limpiar, adormideras, cerillas de +cartn. Segua el pimentn molido, que sirve para pintar la comida del +pueblo, y luego los caamones, de que se sustentan los pajarillos +presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban +algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los +vasares. Entre tanta chuchera, Isidora encontr otro antiguo conocido, +otra amistad de su infancia. Era un cartel que deca: + + Ojo al Cristo. + Aqu muri el fiar + y el prestar tambin muri, + y fue porque le ayud + a morir el mal pagar. + +Isidora saba de memoria esta composicin epigramtica de su ta, que +terminaba as: + + Si fo, + aventuro lo que es mo. + Y si presto, + al pagar ponen mal gesto. + Pues para librarme de esto, + ni doy, ni fo, ni presto. + +Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada ms. Isidora +grit: Ta, ta!. + +Apareci entonces _la Sanguijuelera_, y ta y sobrina se abrazaron y +besaron. La joven callaba llorando; la anciana empez a charlar desde el +primer momento, porque no haba situacin en que pudiese guardar +silencio, y antes se la viera muerta que muda. + +Oh quimerilla!..., ya ests aqu... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche +supe que cerr el ojo Toms... No te aflijas, paloma. Ms vale as... +Qu vas a sacar de esos sentimientos? Sintate... Espera que quite +estos botijos... Si Toms ya no viva el pobre! Bien lo dije yo hace +cinco mil domingos: Este acabar en Legans. Nunca tuvo la cabeza +buena, hija, y con sus locuras despach a tu madre, aquella santa, +aquella pasta de ngel, aquel coral de las mujeres... Pobre Francisca, +nia ma! + +--Y Mariano?--dijo Isidora, que extraaba no ver all a su hermano. + +--Est en el trabajo... Le he puesto a trabajar. Hija, si me coma un +carcaal!... Es ms malo que Ans y Caifs juntos. No puedo hacer +carrera de l. Vaya, que ha salido una pieza _colunaria_!... Yo le +llamo _Pecado_, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del +demonio. Me tiene asada el alma. Sabes dnde est? Pues le puse en la +fbrica de sogas de ese que llaman _Diente_, ests?, y me trae +dieciocho reales todas las semanas... + +--Y no va a la escuela?--pregunt Isidora expresando no poco disgusto. + +--Escuela! Que si quieres... Y quin le sujeta a la escuela? Bueno es +el nio. Ah le puse en esa de los _Herejes_, donde dicen la misa por la +tarde y el rosario por la maana. Daban un panecillo a cada muchacho, y +esto ayuda. Pero agurdate; un da s y otro no, me haca novillos el +tunante. Despus le puse en los _Catlicos_ de ah abajo, y se me +escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a +trabajar. Qu puales!..., no estn los tiempos para mimos. Estoy muy +mal de ac, hija. Ya ves este escenario. Te acuerdas de mi +establecimiento de la calle de la Torrecilla? Aqullos s que eran +tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumb; tu papato, que de +Dios goce, tres puales, me trajo a esta miseria! Ya ves qu polla +estoy!; sesenta y ocho aos, chiquilla, sesenta y ocho mircoles de +Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir +nunca de cristos a porras. Hoy ganado y maana perdido. Todo se hace sal +y agua. Eso s, siempre tiesa como un ajo, y todava, aqu dnde me ves, +le acabo de dar una patada a la muerte porque el ao pasado tuve una +ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva +aclararon el modo de hablar, y aqu me tienes. Soy la misma +_Sanguijuelera_, ms saludable que el tomillo, ms fuerte que la puerta +de Alcal, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del +oro, ms fiera que el len del Retiro, si se ofrece, resignada con la +mala suerte, sin deber nada a nadie, y ms charlatana que todos los +cmicos de Madrid. + +Era Encarnacin Guilln la vieja ms acartonada, ms tiesa, ms gil y +dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenmeno comn en las personas +de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura, +que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante +aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequea, redonda, arrugada +y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movan los +msculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fra +que se daba todas las maanas. Sus ojos, que haban sido grandes y +hermosos, conservaban todava un chispazo azul, como el fuego fatuo +bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finsimas rayas curvas +que se estiraban o se contraan conforme iban saliendo las frases de la +boca, se guarneca de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales +se entreteja el ms gracioso peinado de esterilla que llevaron momias +en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a +quien no se podra dar con propiedad el nombre de moo. Dos palillos mal +forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de +moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos +manos de esqueleto, con las falanges tan giles que parecan sueltas, no +paraban en su fantstico girar alrededor de la frase, cual comentario +grfico de sus desordenados pensamientos. Vesta una falda de diversos +pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso, +cual madero bifurcado en dos piernas. Tena actitudes de gastador y paso +de cartero. + +Era mujer de buena ndole, aunque de genio tan turbulento y dscolo, que +nadie que junto a ella estuviese poda vivir en paz. No haba tenido +hijos ni haba sido casada. Cri a una sobrina, a quien quiso a su +manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal +sobrina cas con Rufete, resultando de esta unin una desgraciada +familia y el violentsimo odio que _la Sanguijuelera_ profesaba a todos +los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa +y apocada con un hombre que tena la ms destornillada cabeza del orbe, +consumi diferentes veces las economas y la paciencia de Encarnacin, +que era trabajadora y comerciante, y tena sus buenas libretas del Monte +de Piedad. Todo se lo comi ese descosido de Rufete--deca--, ese +holgazn con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo +agua una noche para sacarle de la crcel, cuando aquel feo negocio de +los billetes de lotera. La cacharrera de la calle de la Torrecilla se +resquebraj despus, y pieza por pieza se la fueron tragando el mdico y +el boticario, cuando cay Francisca en la cama con la enfermedad que se +la llev. He ido mermando, mermando, y aqu me tienen, qu puales!, en +este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos +locales, con aquellas anaqueleras y aquel mostrador donde haba un +cajn de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de +urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se +repican las campanas cuando se ve una peseta..., qu pu...!. + +Francisca muri; Rufete fue encerrado en Legans. De los dos hijos, +Encarnacin recogi al pequeuelo, e Isidora parti al Tomelloso a vivir +al amparo de su to el Cannigo. De lo dems, algo sabe el lector, y el +resto, que es mucho y bueno, ir saliendo. + +Sabes que ests muy cesanta?--dijo _la Sanguijuelera_, observando el +vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que +desear. + +Isidora contest con tristeza que su to el Cannigo no era hombre de +muchas liberalidades. Despus _la Sanguijuelera_ observ con malicia el +rostro y talle de la joven, dicindole: + +Pero ests guapa. Pues no lo parecas... Cuando nia tenas un +empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., qu casa!... Era la +jaula del len..., pues andabas por all en pernetas con un mal +faldelln. Parecas el Cristo de las enagillas. Qu flaqueza!, qu +color! Yo deca que te haban destetado con vinagre y que te daban tu +racin en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., qu +duras carnes!--aadi pellizcndola en diferentes partes de su cuerpo--. +Y en la cara tienes ngel. De ojos no andamos mal. Qu bonitos dientes +tienes! Veremos si te duran como los mos. Mrate en este espejo. + +Y le ense su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad. +Isidora se aburra un poco. Mirando con tristeza a la calle, pregunt: + +En dnde est trabajando Mariano? Yo quiero verle. + +--Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos +all. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando ms que un molino de +viento... Se Agustina!.... + +Grit desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su +vecina, sali impaciente. No tard cinco minutos en volver acompaada de +una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente +vestida, pero peinada con increble esmero. Aquella gente tiene su lujo, +su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables +trapos, no pueden faltar el moazo empapado en grasa y bandolina, ni los +rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de +negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa +bata de lana roja con cuadros negros, que pareca haber servido de +alfombra en un saln de baile de Capellanes. + +Gurdeme la tienda un ratito--le dijo _la Sanguijuelera_--, que voy con +mi sobrina a un recado... No conoca usted a mi sobrina? Ve usted qu +moza?... Isidora, esta seora es una amiga..., pared por medio. Se llama +la seora _A ti suspiramos_, porque no resuella como no sea para +lamentarse. Verdad es que ella est enferma, su marido es borracho, su +padre ciego, y la casa, qu puales!, no est empedrada con +pesetas.... + +Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con +esto anunciaba un relato sentidsimo de sus desgracias. Pero _la +Sanguijuelera_, cortndole la palabra, se ech un mantn sobre los +hombros y sali con su sobrina, tomando el camino de la calle de las +Amazonas, adonde llegaron pronto. + + + + +Captulo III + +Pecado + + +Ese tunante de _Pecadillo_--dijo _la Sanguijuelera_ metindose por un +portal obscuro--no sospecha que viene a verle su hermana. No te +conocer. Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qu..., no ves? +Agrrate a m, que yo veo en lo negro como las lechuzas. + +Atravesaron un antro. Encarnacin empuj una puerta. Hallronse en +extrao local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de +mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda reciba la luz +de un patio estrecho, elevadsimo, formado de corredores sobrepuestos, +de los cuales descenda un rumor de colmena, indicando la existencia de +pequeas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La +escasa claridad que de aquella abertura, ms que patio, vena, llegaba +tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista +para distinguir los objetos; y aun despus de ver bien, no se poda +abarcar todo el recinto, sino la zona ms cercana a la puerta, porque lo +dems se perda en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran +tnel, del cual no se distingua sino la parte escasamente iluminada por +la boca. El fondo se perda en la indeterminada cavidad fra de un +callejn tenebroso. En la parte clara de tan extrao local haba grandes +fardos de camo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo +por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal +torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa spera, +filamentos mil que despus de flotar por el aire, como espectros de +insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aqu y all, sobre +la ropa, el cabello y la nariz de las personas. + +En el eje de aquel tnel que empezaba en luz y se perda en tinieblas, +haba una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del da y del +momento. El camo se retorca con spero gemir, enroscndose lentamente +sobre s mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejndose de la +torsin violenta, y en toda su magnitud rectilnea haba un +estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios +del espectador, cual si tambin, al travs de las carnes, los +conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsin +semejante. Isidora lo senta de esta manera, porque era muy nerviosa, y +sola ver en las formas y movimientos objetivos acciones y +estremecimientos de su propia persona. + +Miraba sin comprender de dnde reciba su horrible retorcedura la soga +trabajada. All en el fondo de aquella cisterna horizontal deba de +estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atencin, y en +efecto, del fondo invisible vena un rumor hondo y persistente como el +zumbar de las alas de colosal moscardn, zumbido semejante al de +nuestros propios odos, si tuviramos por cerebro una gran bveda +metlica. + +Es la rueda--dijo _la Sanguijuelera_, adivinando la curiosidad de su +sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable +industria. + +--La rueda! Y Mariano, dnde est?. + +Miraba a todos lados y no vea ser vivo. Pero de pronto apareci un +hombre, que sala de la oscuridad andando hacia atrs muy lentamente y +con paso tan igual y uniforme como el de una mquina. En su cintura se +enrollaba una gran madeja de camo, de la cual, pasando por su mano +derecha y manipulada por la izquierda, sala una hebra que se converta +instantneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel +hombre del paso atrs, ovillo animado y huso con pies, era el principal +obrero de la fbrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga. + +No est D. Juan?--le pregunt _la Sanguijuelera_ extraando no ver +all al dueo del establecimiento. + +El huso vivo movi bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse +expresarlo de otro modo. + +Pero dnde est mi hermano?--pregunt Isidora con angustia. + +La anciana seal a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: En la +rueda. + +Isidora ech a andar hacia adentro, dando la mano a su ta. A causa de +los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse +mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. Oh! La soga era larga, +la caverna pareca interminable. En lo obscuro, aun se vea la cuerda +blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres +anduvieron un poco ms, dejaron de ver la soga; pero oyeron ms fuerte +el zumbar de la rueda acompaado de ligeros chirridos. Se adivinaba el +roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de +las transmisiones, de donde obtenan su girar las roldanas, en las +cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se poda ver. + +Mariano, hermanito!--exclam Isidora, que crea sentir su garganta +apretada por uno de aquellos horribles dogales--. En dnde ests? Eres +t el que mueve esa rueda? No ests cansado?. + +No se oy contestacin. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su +marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como +quien escucha. + +_Pecado_, qu tal te va?--grit con bufonesco estilo _la +Sanguijuelera_. + +Y aadi, volvindose a su sobrina: + +Es un holgazn. As criar callos en las manos, y sabr lo que es +trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... Qu +crees t? Es buen oficio... No poda hacer carrera de este gandul. Todo +el da jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane +para zapatos. Tiene ms malicias que un Iscariote. + +Desde el comienzo de este panegrico, redoblose bruscamente la marcha +del mecanismo, y acreci el ruido hasta ser tal que parecan +multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes. + +Mariano!--grit Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad--. +Para, para un momento y ven ac! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy +Isidora. No me conoces ya?. + +El ruido volvi a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa. + +No puede pararse el trabajo--dijo Encarnacin. + +Pero como realmente se detena, oyose un grito del huso viviente que +dijo: Aire! Aire a la rueda!. + +Y en efecto, la rueda volvi a tomar su aire primero, su paso natural. +Las dos mujeres callaron, consternada y atnita la joven, aburrida la +vieja. Como haba pasado algn tiempo desde su llegada al trmino de la +caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la +silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las +extraas aberraciones pticas de la retina cuando cerramos los ojos +deslumbrados por una luz muy viva. + +Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los +ojos de _Pecado_.... + +Isidora vio, en efecto, dos pequeas ascuas. Su hermano la miraba. + +Pronto sern las doce--indic la anciana--. Esperemos a que levanten el +trabajo, y nos iremos los tres a comer. + +La hora del descanso no se hizo esperar. Solt el obrero el camo, +parose la rueda, y el que la mova sali lentamente del fondo negro, +plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho +hermoso y robusto, como de trece aos. Isidora le abraz y le bes +tiernamente, admirndose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la +fuerza de sus brazos, y afligindose mucho al notar su cansancio, el +sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su +respiracin. + +Es un gan--dijo Encarnacin examinndole la ropa con tanta severidad +coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...--.Ya +me ha roto los calzones... Ya vers, Holofernes, ya vers. + +Turbado por la presencia y los carios de su hermana, a quien no +conoca, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atencin +semejante a la estupidez. Por ltimo, dijo as con aspereza, remedando +el hablar francote y brutal de la gente del bronce: + +Chicaaa..., no me beses ms, que no soy santo. + +--A casa--dijo _la Sanguijuelera_, saltando sobre el camo. + +Aquel da aadi Encarnacin a su olla algo extraordinario. Comieron en +la trastienda, que ms bien era pasillo por donde la tienda se +comunicaba con un patio. Durante el festn, que tuvo su aadidura de +pimientos y su contera de pasas, no habra sido fcil explicar cmo con +una sola boca poda _la Sanguijuela_ engullir medianamente y hablar ms +que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni haca +ms que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su +hermano. + +Ya ves qu lindo buitre me ha puesto Dios en casa--deca Encarnacin--. +Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. l come y yo soy quien +se harta; s, me harto de trabajar para su seora. Pero oye, len, +dirs algn da: Ya no quiero ms?. + +_Pecado_ devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al +pesebre, despus de un da de atroz trabajo. + +Y t, linda mocosa, no comes?--aadi la vieja--. O es que te has +vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos +ordinarios? Vamos, que para otro da te pondr alas de ngel... Se +conoce que all en el Tomelloso se estila mucha finura. + +Isidora no contest. Pareca que estaba atormentada de una idea. Cuando +se acab la comida y se march _Pecado_ para jugar un poco antes de +volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su ta, que +a toda prisa levantaba manteles, le dijo: + +Ta Encarnacin, tengo que hablar con usted una cosa. + +--Aunque sean cuatro. + +Como quien se quita una mscara, Isidora dej su aspecto de sumisa +mansedumbre, y en tono resuelto pronunci estas palabras: + +No quiero que mi hermano trabaje ms en ese taller de maromas; no +quiero y no quiero. + +--Le sealars una renta--replic la anciana con irona--Le pondrs +coche! Y para mis pobres huesos, no habr un par de almohadones? + +--No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas +decentes... + +--Ya lo creo... + +--Pues claro. + +--Pues turbio. + +--Somos personas decentes. + +--Y prncipes de Asturias. + +--Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi +hermano vaya a la escuela. + +--Y al colegio. + +--Eso es, al colegio--replic Isidora marcando sus afirmaciones con el +puo sobre la endeble mesa--Yo lo quiero as..., y nada ms. + +Qu fierecilla! Cmo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qu +fuertemente respiraba, y qu enrgica expresin de voluntad tom su +fisonoma! Todo esto lo pudo observar _la Sanguijuelera_ sin dejar su +ocupacin. Amoscndose un poco, le dijo: + +Sabes que ests cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A +ver, echa aqu lo que tengas en el bolsillo. Crees que la gente se +mantiene con caamones? Crees que hay colegios de a ochavo como los +buuelos? Qu puo!... Dame guita y vers. + +--Tengo para no pordiosear. + +--Te ha dado el Cannigo? + +--Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con +decencia. + +--Ah!, canniga..., t pitars... Hablemos claro. + +Y se sent, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la +mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguard las +explicaciones de su sobrina. + +Ta...--murmur esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa +grave que iba a decir--. Usted sabe que yo y Mariano... Pero usted no +lo sabe? + +--No s sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habra perdido +el mundo con que os hubierais quedado por all..., en el Limbo. Vens de +Toms Rufete, y ya s que de mala cepa no puede venir buen sarmiento. + +--A eso voy, ta, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como +yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Toms Rufete. + +--Justo, justo; mi Francisca, mi ngel os pari por obra del Espritu +Santo, o del demonio. + +--Para qu andar con farsas? No somos hijos de D. Toms Rufete ni de +D. Francisca Guilln. Esos dos seores, a quienes yo quiero mucho, +muchsimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo +ser nuestros paps y llamndonos hijos, porque el mundo..., qu mundo +este!. + +_La Sanguijuelera_ cambi bruscamente de disposicin y de tono. No +palideci, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los +pergaminos; pero abri los ojos, y empuando el brazo de su sobrina, le +golpe el codo contra la mesa, y le dijo con ira: + +De dnde has sacado esas andrminas? Quin te ha metido esa estopa en +la cabeza? + +--Mi to el Cannigo. + +--Me parece a m que tu to el Cannigo... + +--l me ha contado todo--afirm Isidora con acento de profundsima +conviccin--. Usted se hace de nuevas, ta; usted me oculta lo que +sabe... No se haga usted la tonta. Es la primera vez que una seora +principal tiene un hijo, dos, tres, y vindose en la precisin de +ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y +ellos se cran y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta +que de repente un da, el da que menos se piensa, se acaban las farsas, +se presentan los verdaderos padres?... Eso, no se est viendo todos los +das? + +--En sesenta y ocho aos no lo he visto nunca... Me parece que t te has +hartado de leer esos librotes que llaman novelas. Cunto mejor es no +saber leer! Mrate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para +mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acbame el cuento. +Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una seorita principal os +dio a criar, y desapareci... + +--Usted lo sabe, usted lo sabe!--exclam la joven rebosando alegra. + +--No s ms sino que te caes de boba. Eres ms sosa que la capilla +protestante. + +--Mi madre--declar Isidora ponindose la mano en el corazn, para +comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo--, mi +madre... fue hija de una marquesa. + +Como un petardo que estalla, as revent en estrepitosa risa _la +Sanguijuelera_, apretndose la cintura y mostrando sus dos filas de +dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y despus le acometi una tos +de hilaridad que le hizo suspender el dilogo por ms de un cuarto de +hora. Algo confusa, Isidora esper a que su ta volviese en s de aquel +sncope burlesco para seguir hablando. Por ltimo, dijo con malsimo +humor: + +Qu bien finge usted! + +--Perdone vuecencia--replic Encarnacin en el tono ms cmico del +mundo--. Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia +tendr que hacer diligencias y buscar papeles. + +--Tengo papeles..., y qu papeles! + +--Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendr que +untar escribanos. + +--No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho. + +--Vuestra serensima majestad coger una herencia, porque sin herencia +todo sera pulgas, verdad, hermosa? + +--Mi madre no vive. Mi abuela s. + +--Ah!, la abuelita de tu vuecencia vive? Y quin es la seora +pindonga? + +--No se burle usted, ta. Esto es muy serio--declar Isidora tocada en +lo ms vivo de su orgullo--. Es usted lo ms atroz... Yo que vena a que +me diese pormenores y su parecer... + +--Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma--repuso _la Sanguijuelera_ +levantndose--. Pues t has querido que yo te d pormenores..., pobre +almita ma.... + +En el rincn del pasillo haba una larga caa que serva para descolgar +los cacharros. Encarnacin revolvi sus ojos buscndola. + +Vaya que ha sido una picarda haberle ocultado a estos angelitos que +salieron del vientre de una marquesa. + +Y tom la caa. + +Quin ser el dragn que ha querido birlarlos la herencia!... A ese +tunante le sacara yo las entraas!... Cuidado que engaar as a mis +nios, hacindolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad all, pillos, +que mi nia es duquesa y mi nio es vizconde... Re-puales!. + +Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las +cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los +pequeos, sin dejar por eso de quererles, componan, con la verbosidad +infinita, el carcter de Encarnacin _la Sanguijuelera_. Su flaca pero +fuerte mano empu la caa, y descargndola sin previo anuncio sobre la +cabeza de su sobrina, la rompi al primer golpe. Puso el grito en el +cielo la vctima, exclamando: Pero, ta!.... La vieja recogi y uni +los dos pedazos de la caa, de lo que resultaba que poda pegar ms a +gusto, y zas!, emprendi una serie de caazos tan fuertes, tan bien +dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora, +que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gema, se dejaba +caer en el suelo, se arrastraba, esconda la cabeza, se revolva. Y en +tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo, +encendase ms en furia a cada golpe, y los acompaaba de estas +palabras: + +Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puos, cachas!... Cabeza llena de +viento... Vivirs en las mentiras como el pez en el agua, y sers +siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de +chiflados... Ah, puo!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de +solfeos cada da te quitara el polvo. Toma vanidad, toma lustre. + +Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir, +subdicono), un rasguo o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su +verdugo, aunque lo intent devolviendo clera por clera, hubo de +rendirse al fin, y sucumbi diciendo con gemido: Por Dios, ta, no me +pegue usted ms. + +En sus veinte aos, Isidora tena menos fuerza que la sexagenaria +Encarnacin. Sin aliento yaca en tierra la vctima, recogiendo sus +faldas y sacudindoles la tierra, tentndose en partes diversas para ver +si tena sangre, fractura o contusin grave, mientras _la +Sanguijuelera_, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba +los vencedores pedazos de caa y alargaba su mano generosa a la vctima +para ayudarla a levantarse. + +Cmo se conoce--dijo al fin la sobrina con vivsimo tono de +desprecio--que no es usted persona decente! + +--Ms que t, marquesa del pan pringao!--grit la vieja, esgrimiendo de +tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de +metrselos por los ojos. + +--Usted no es mi ta. Usted no tiene mi sangre. + +--Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado, +harta de miseria. Mira, como vuelvas aqu, sabes lo que hago? + +--Qu?--pregunt Isidora, sintindose con ms fuerzas para rechazar un +nuevo ataque. + +--Pues si vuelves aqu, cojo la escoba... y te barro qu puo!, te echo +a la calle como se echa el polvo y cscaras de fruta. + +Isidora no dijo nada, y recobrndose march hacia la puerta. Abierta con +trmula mano la trampilla, sali andando aprisa, cuesta arriba, en busca +de la ronda de Embajadores, que deba conducirla a pas civilizado. +Tema que la vieja ira detrs injurindola, y no se equivoc. _La +Sanguijuelera_, echando la cabeza fuera de la puerta, la despeda con +una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle. +Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de +amarillos dientes descubiertos hasta la raz por estpido asombro, +bustos envueltos en pauelos de distintos colores; y ms de cuatro +andrajosos chiquillos saltaron detrs de Isidora para festejarla con +gritos y cabriolas. + +Sin detenerse, la joven lanz desde lo profundo de su alma, llena de +pena y asco, estas palabras: + +Qu odioso, qu soez, qu repugnante es el pueblo!. + + + + +Captulo IV + +El clebre Miquis + + +=--I--= + +Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente +salud. Tan slo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a +veces la hacan pasar de claro en claro las noches. La causa de esto +pareca ser como una sed de su espritu, que se fomentaba, sin +aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar +hechos que pasaran, que tendran que pasar, que no podan menos de +tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda +vida encajada en la vida fisiolgica y que se desarrollaba potente, +construida por la imaginacin, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni +un accesorio. + +En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos +y personas. Intervena en aquellos, hablaba con estas. Las funciones +diversas de la vida se cumplan detalladamente, y haba maternidad, +amistades, sociedad, viajes, todo ello destacndose sobre un fondo de +bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apcrifa a la primera +autntica, rale menos fcil de lo que parece. Era necesario que las de +Relimpio, con quienes viva, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy +grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la mquina de +coser, o que su padrino, el bondadossimo D. Jos de Relimpio, le +contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se +entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera +en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricacin +mental de su segunda vida. + +Cinco das despus de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena +con _la Sanguijuelera_, levantose Isidora ms tarde que de costumbre, +por haber dormido la maana, y se arregl aprisa. Aquel da estrenaba +unas botas. Qu bonitas eran y qu bien le sentaban! Esto pens ella +ponindoselas y recrendose en la pequeez y configuracin graciosa de +sus pies, y dijo para s con orgullo: Hoy, al menos, no me ver con el +horrible calzado roto que traje del Tomelloso. La vergenza que sinti +al mirar las botas viejas que en un rincn estaban, tambin muertas de +vergenza, no es para referida. Jur dar aquellos miserables despojos al +primer pobre que a la puerta llegase. + +Psose su vestidillo negro, que a toda prisa se haba hecho aquellos +das, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirndose al espejo con +movimientos de pjaro, y se dispuso a salir. Antes abri el balcn, y +mirando a la calle, dijo: All est ya. Qu puntual y qu caballero +es!. + +Sali. Las de Relimpio le preguntaron que dnde iba. + +Voy en busca de mi ta--repuso ella. + +Y bajando la escalera deca para s: + +He tenido que mentir. Cuando yo est en mi posicin, en mi verdadera +posicin, no dir jams una mentira. Cunto me repugna lo que no es +verdad!... Pero qu pensara esa gente si yo les dijera que voy de +paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo +que quera ensearme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro, +la Castellana. + +Y volvi a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta +historia dicen que eran de becerro mate con caa de pao negro cruzada +de graciosos pespuntes. + +Me han costado tres duros--pens Isidora en los ltimos peldaos--. Con +siete del vestido son diez; seis que di a doa Laura a cuenta, son +diecisis. An me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela. +Despus el to me mandar ms, y despus.... + +Isidora viva en el 23 de la calle de Hernn Corts. Miquis se paseaba +desde la lechera a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba +embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el da era claro y +hermoso, se senta fresco. + +Saludronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme +a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los +dems, pensaba as durante los primeros pasos: Ahora me va a decir que +parezco otra, que me he transformado desde que estoy aqu.... + +Pero tambin se equivoc esta vez, como otras muchas, porque Miquis +habl de cosa muy distinta. + +Me parece--dijo--que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las +regiones etreas. No entiendes? En el paraso del Teatro Real. + +--S, all van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan +mucho, cosen a mquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito +con balcn a la calle. Antes no s si lo ocupaba un seor sacerdote. +Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. Jos es el +tipo ms clebre del mundo. + +Isidora rompi a rer, y despus, haciendo gala de uno de sus talentos +ms brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se +explic as: + +No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidaras. Es un +galn viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece +cabello de ngel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de +almbar; qu s yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro +con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio, +segn dicen. Cose a mquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es +lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos +en un libro grande, sabes?... Es preciso que le conozcas. + +--Hace falta mdico en la casa? + +--Hombre, s. Doa Laura se queja de un dolor..., no s dnde. + +--Pues entrar contigo. Ir a hacerte una visita de ceremonia, diciendo +que me manda tu to el de Tomelloso. + +--Ya veremos el modo de que entres. + +Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque +Isidora se detena ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y +vario que en ellos hay siempre. Tambin era motivo de sus detenciones el +deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las +mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para +ver si van tan bien como suponen o pretenden. + +En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy +distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho ms +altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios +llenos de chucheras. Sin haber adquirido por lecturas nocin alguna del +verdadero arte, ni haber visto jams sino mamarrachos, comprenda la +superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiracin +silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallndolos todos, o casi +todos, tan acabados y perfectos, que se prometi ir con frecuencia al +edificio del Prado para saborear ms aquel goce inefable que hasta +entonces le fuera desconocido. Pregunt a Miquis si tambin en aquel +sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como +el estudiante le contestara que s, se asombr mucho de ello. + +Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano +cambiarse con el insulso rtulo de _Parque de Madrid_. All las +emociones de Isidora fueron una alegra casi infantil, un deseo vivo de +correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las +acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de +dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque +desvirtuada por la correccin, despertaba en su impresionable espritu +instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto +comprendi que aquello era un campo urbano, una ciudad de rboles y +arbustos. Haba calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por all +andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire, +ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con +guantes, sombrilla, bastn. Prontamente se acostumbr el espritu de +ella a considerar el Retiro (que slo conoca por vagos recuerdos de su +niez) como una ingeniosa adaptacin de la Naturaleza a la cultura; +comprendi que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido +tambin civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos +deseos de correr y columpiarse, pens gravemente de este modo: Para +otra vez que venga, traer yo tambin mis guantes y mi sombrilla. + +Despus de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al +estanque grande, que es un mar de bolsillo, como deca Miquis. Este la +llev luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que +estn entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre +como un nio, porque tambin en l, parroquiano constante del Retiro, +haca sentir su influjo la vegetacin nueva de Primavera, los juegos del +sol entre las ramas, el meneo de las hojas acaricindose, y aquel +ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo +atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quit +arrojndola por tierra. Hizo despus una almohada de ella y se tendi en +el suelo. Isidora se sent frente a l. + +Oyes los pjaros?--dijo Miquis--Son ruiseores. + +Isidora haba odo hablar de los ruiseores como cifra y resumen de toda +la poesa de la Naturaleza; pero no los haba odo. Estos artistas no +iban nunca por la Mancha. Puso atencin, creyendo or odas y canciones, +y su semblante expresaba un xtasis melanclico, aunque a decir verdad +lo que se oa era una conversacin de miles de picos, un galimatas +parlamentario--forestal, donde el msico ms sutil no podra encontrar +las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis +se ech a rer, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa +situacin en que ambos se encontraban, dijo de improviso: + +Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martn +Alonso desde las dos hasta las cinco. ramos tres alumnos. Le ayudbamos +a hacer la autopsia de un viejo que muri de corazn. Si vieras, +chica!.... + +Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror. + +Es el trabajo ms bonito--aadi Miquis--. Tonta, por qu no se ha de +hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... Qu sera de la vida +si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Ciruga, chica. O he +de ser un gran cirujano, o nada. Vers. Cuando el doctor no estaba all, +cogamos uno de los brazos del muerto, y zas!, nos pegbamos bofetadas +unos a otros.... + +Isidora dio un grito. + +Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un msculo +con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraa.... + +Isidora se levant, echando a correr y metindose un dedo en cada odo. + +Aguarda, ruiseora, no hablar ms de esto. + +Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se +quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas +de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud. +Miquis coga una rama seca, y acercndose cautelosamente por detrs de +la joven, se la pasaba por la cara y deca con voz lgubre: La mano +del muerto!. + +Isidora daba un chillido; despus rean los dos. Miquis cantaba trozos +de pera, corran un poco; escondase l tras las espesas matas de +aligustre, para que ella le buscase; encontrbanse fcilmente; se cogan +las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura +del da y del lugar, donde todo pareca recin criado, como en aquellos +das primeros de la fabricacin del mundo, en que Dios iba haciendo las +cosas y las daba por buenas. + + +=--II--= + +Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es +hoy un mdico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante +aprovechadsimo, aunque revoltoso, igualmente fantico por la Ciruga y +por la Msica, qu anttesis!, dos extremos que parecen no tocarse +nunca, y sin embargo se tocan en la regin inmensa, inmensamente +heterognea del humano cerebro. Recordaba las melodas patticas, los +graciosos ritornelos y las cadencias sublimes all en la cavidad +taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de +nuestros semejantes. l, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la +sublime conjuracin de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos, +pensaba en la aponeurosis del gran supinador. l, posado sobre los +libros, como un ave sobre su empolladura, soaba con un monumento +colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista +de lo ideal. Aquel monumento deba rematarse con un grupo sinttico: +Beethoven abrazado con Ambrosio Par! + +Naci en una aldea tan clebre en el mundo como Babilonia o Atenas, +aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo +inteligencia superior, que en aquella edad era todava un desordenado +instinto genial. Su aplicacin no era constante como la de las +medianas, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros, +emprenda penosos estudios y practicaba con ardor la ciruga, como lo +abandonaba todo para leer partituras al piano, tocndolo con pocos dedos +y menos nociones de Msica. Pero en estas alternativas de trabajo y +holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que +llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magnficos frutos. + +Todas las teoras novsimas le cautivaban, mayormente cuando eran +enemigas de la tradicin. El transformismo en ciencias naturales y el +federalismo en poltica le ganaron por entero. Tena gran facilidad de +diccin. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las +ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de +voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y +como posea extraordinaria retentiva, lo mismo era para l repetir un +_allegro_ lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos +sobre Medicina o Filosofa naturalista. + +Su carcter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en +punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropsitos y en +charlar voluble, compuesto ya de hiprboles, ya de pedanteras +burlescas, que ciertamente no indicaban que l fuese pedante, sino que, +por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, haca +pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases +obscuras de la fraseologa cientfica, y las intercalaba de paradojas de +su propia cosecha, graciosas y originales. + +An hoy, que es un hombre de saber slido, no ha perdido Miquis aquellas +maas, y nos divierte con sus chuscas habladuras. A veces parece querer +zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace ms que mofarse de +lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni +la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tena por +vivienda y que era una caverna de disputas, se oa su voz declamatoria, +diciendo estas o parecidas cosas: ... porque, seores, a todas horas +estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatsicas, +determinan la depauperacin general, la propagacin de los vicios +herptico y tuberculoso, que son, seores, permitidme decirlo as, la +carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su +ruina.... O bien, elevndose a lo terico, gritaba: Reconociendo, +seores, la revolucin que las ciencias naturales, y especialmente la +Qumica, han hecho en la materia mdica moderna, no conviene afirmar que +la Qumica, seores, forma un sistema mdico por s sola, porque antes +que las leyes qumico--orgnicas estn las leyes vitales. Volved la +vista, seores, a Paracelso, Helmoncio y Agrcola, y qu hallaris, +seores?.... + +Isidora vio un araa que se descolgaba de un hilo, un pjaro que llevaba +pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la +atmsfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en +poesa, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron rer a +Miquis. Hablando y hablando, Augusto lleg a decir: + +Seores, evolucin tras evolucin, enlazados el nacer y el morir, cada +muerte es una vida, de donde resulta la armona y el admirable plan del +Cosmos. + +El Cosmos! Qu bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora! +Cunto dara por saber qu era aquello del Cosmos!..., porque +verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse. + +Quieres saber lo que es eso, tonta?--le pregunt Miquis--. Vamos, veo +que eres un pozo de ignorancia. + +--No s ms que leer y escribir; deseo aprender algo ms, porque sera +muy triste para m encontrarme dentro de algn tiempo tan ignorante como +ahora. Ensame t. Yo me pongo a pensar que ser esto de morirse. Pues +el nacer tambin... + +--Tambin tiene bemoles--aadi Augusto en tono sumamente enftico--, +porque, seores, debemos principiar declarando que todo el mundo se +compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se +sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actan segn las +mismas leyes, desde el tomo invisible hasta la inmensa multitud de +cuerpos celestes, conservndose invariables en el conjunto de su efecto +total... Te has enterado? + +--El demonio que te entienda... Qu jerga! + +--Qu bonitos ojos tienes! + +--Tonto... Vamos a ver las fieras. + +--No me da la gana. Qu ms fiera que t? + +--El len. + +--Leoncitos a m!... Esos dos hoyuelos que te abri Natura entre el +msculo maseter y el orbicular me tienen fuera de m... No te pongas +seria, porque desaparecen los hoyuelos. + +--Vmonos de aqu--dijo Isidora con fastidio. + +--Estamos en el lugar ms recogido del laboratorio de la Naturaleza. +Seores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos. +Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de +las nuevas vidas. Ved, seores, cmo de los infinitos huevecillos +acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas +su primer paso y su primer zumbido. No os cmo estrenan sus +trompetillas esos nios alados, que vivirn un da y en un da +alborotarn la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, seores, la +nueva generacin se os anuncia con una fuerte emisin de aromas +mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de +vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de +una parte a otra, porque la atmsfera es mediadora, tercera o Celestina +de invisibles amores. Sents afectado por estas emanaciones lo ms +ntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cmo al +influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus +primeras galas, cmo se atavan las margaritas mirndose en el espejo de +aquel arroyo, cmo se acicalan... + +--Cllate... Pues no tendras precio para catedrtico... + +--Para catedrtico--poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el +da en que yo sea mdico, voy a poner una ctedra para explicar... + +--Qu? + +--Para dar una leccin de armona de la Naturaleza--dijo Miquis, +mirndola a los ojos--, y explicar esos radios de oro que nacen en tu +pupila y se extienden por tu iris... Djame que lo observe de cerca... + +--Qu pesado! Quita... ensame las fieras. + +--Vamos, mujer, esposa ma, a ver esas alimaas--dijo Augusto en tono de +paciencia--. Desde que me cas contigo me traes sobre un pie. Eras tan +amable de polla, ahora de casada tan regaona y exigente... Vamos, +vamos, y me pondr un tigre en cada dedo... Qu ms? Se te antoja una +jirafa. Isidora, Isidorilla!. + +Ambos se detuvieron mirndose entre risas. + +Si no me das un abrazo me meto en la jaula del len... Quiero que me +almuerce. O tu amor o el suicidio. + +--Si pareces un loco. + +--El suicidio es la plena posesin de s mismo, porque al echarse el +hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos +seores mamferos. + +--Qu son mamferos?--pregunt Isidora, firme en su propsito de +instruirse. + +--Mamferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de +la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de +lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querr ms. Cada +disparate te har subir un grado en el escalafn de la belleza. Sostn +que tres y dos son ocho, y superars a Venus. + +--Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben +todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de +todo..., me entiendes? + +--Sabes coser? + +--S. + +--Sabes planchar? + +--Regularmente. + +--Sabes zurcir? + +--Tal cual. + +--Y de guisar, cmo andamos? + +--As, as. + +--Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay +ms que hablar. + +--Pues a m no me convienes t. + +--_Boa constrictor!_ + +--Qu es eso? + +--T. + +--Pero que, es cosa de Medicina? + +--Es una culebra. + +--La veremos aqu?... Entremos. Es esto la Casa de Fieras? + +--Quieres ver al oso? Aqu me tienes. + +--S que lo eres--dijo Isidora riendo con toda su alma. + +Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba +mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las +inquietas y feroces hienas, el guila meditabunda, los pintorreados +leopardos, los monos acrbatas y el len monomanaco, aburridsimo, +flaco, comido de parsitos, que parece un soberano destronado y cesante. +Vieron tambin las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las +descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos +canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la +curiosidad de Isidora, poca impresin hizo en su espritu la menguada +coleccin zoolgica. Ms que admiracin, produjronle lstima y +repugnancia los infelices bichos privados de libertad. + +Esto es espectculo para el pueblo--dijo con desdn--. Vmonos de aqu. + +--Aunque enamorado--indic Miquis al salir--, estoy muerto de hambre. Lo +divino no quita lo humano. Ammonos y almorcemos. + + +=--III--= + +Tambin Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si daran +por terminado el paseo en aquel punto, yndose cada cual a su casa; pero +al fin Miquis hizo triunfar su propsito de almorzar en uno de los +ventorrillos cercanos a los Campos Elseos. No eran ciertamente modelo +de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasin de advertir al +tomar posesin de una mesa coja y trmula, de una silla ruinosa, y al +ver los burdos manteles y el burdsimo empaque de la mujer sucia y +ahumada que sali a servirles. + +Compareci sobre el mantel una tortilla flccida que, por el color, ms +parte tena de cebolla que de huevo, y Miquis la dividi al punto. El +vino que lleg como escudero de la tortilla era picn y negro, cual +nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado +fuerte, que sigui a la tortilla, y que sin duda deba la anterior +calificacin a la dureza de la carne que lo compona, no gust a Isidora +ms que el local, el vino y la duea del puesto. Con desprecio mezclado +de repugnancia observ la pared del ventorrillo, que pareca un mal +establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que +publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el +ajuar todo, los cajones verdes con matas de _evnymus_, cuyas hojas +tenan una costra de endurecido polvo, el aspecto del pblico de capa y +mantn que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez, +la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando +salmuera... + +Qu ordinario es esto!--exclam, sin poderse contener--. Vaya, que me +traes a unos sitios... + +--Bah, bah!... No te gusta conocer las costumbres populares? A m me +encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno +de los buenos _restaurants_ de Madrid... Perdname por hoy... Tenas +carita de hambre atrasada. + +--Esto no es para m--dijo Isidora con remilgo. + +--Impertinencia, tienes nombre de mujer!--exclam el estudiante, a un +tiempo riendo y mascando--Descontentadiza, exigente! A qu vienen esos +melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos; +manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados, +mocosos, descalzos; y por mi parte s decir que no me avergenzo de +haber dormido la siesta en un surco hmedo, junto a la panza de un +cerdo. Usted, seora duquesa, viene sin duda de altos orgenes, y ha +gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha +mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un +ventorrillo, entre honradas chaquetas y ms honrados mantones. La +humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ros ms +orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso, +de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ros. De todo +lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las nias de mis ojos. + +--Vmonos--dijo Isidora con fastidio. + +--Vmonos a Puerto Rico--replic Miquis, despus de pagar el gasto--. +Vmonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches, +aristcrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la +cabeza... Pero ser para comrmela. + +Con qu inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja, +por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragn a +Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies +raqutica; suban a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que +vacan los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras; +pasaban junto a las cabaas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas +o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petrleo; +luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban +vueltas a los tejares; se detenan, se sentaban, volvan a andar un +poco, sin prisa, sin fatiga. + +Miquis, a ratos, haca burlescos encarecimientos del paisaje. +All--deca--las pirmides de Egipto, que llamamos tejares; aqu el +despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. Qu vegetacin! +Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas +malvas vrgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable +lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofa, el +Escorial... Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. Qu +hermoso es el mundo! Qu bella est la tarde! Cmo alumbra el sol! +Qu linda eres y yo qu feliz!. + +Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algn guardia civil +acompaando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban +tambin hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidsima por el suelo +la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla +que charla. Miquis empez contndole su historia de estudiante, toda de +peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba +Leyes, haba muerto algn tiempo antes, de una enfermedad terrible. +Augusto despuntaba, desde muy nio, por la Medicina, y jams vacil en +la eleccin de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al +mes, y l saba arreglarse. Haba tenido diez y siete patronas! +Entregbale las mesadas, y tena adems el encargo de vigilarle y darle +consejos, un hombre de posicin humilde y sanas costumbres, bastante +viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo +manchego se llamaba Matas Alonso y era conserje de la casa de Aransis. + +Al or este nombre Isidora palideci, y el corazn salt en el pecho. Su +espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las +indiscreciones que podra cometer. Despus sali a relucir el tema ms +comn en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del +porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habl seriamente, sin +dejar su expresin irnica, por ser la irona, ms que su expresin, su +cara misma. l esperaba ser un facultativo de fama y operador +habilsimo. Llevara un sentido por cada operacin, y vivira con lujo, +sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna, +que tantos sacrificios haca para darle carrera. En cuanto esta fuese +concluida pensaba el buen Miquis hacer oposicin a una plaza de +hospitales. + +En los hospitales--deca--, en esos libros dolientes es donde se +aprende. All est la teora unida a la experiencia por el lazo del +dolor. El hospital es un museo de sntomas, un riqusimo atlas de casos, +todo palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y +entre todos forman un cuerpo de doctrina. All se estudian mil especies +de vidas amenazadas y mil categoras de muertes. Las infinitas maneras +de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas +clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que +el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos +nace, as como la planta de flores hermosas y aromticas es simplemente +una transformacin de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas +en la tierra y en el estircol. + +Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdear espectculo +triste, ni dolencia asquerosa, ni agona tremenda, porque de todas estas +miserias haba de nutrir su saber. Despus vendran las visitas bien +remuneradas, las consultas pinges. l se dedicara a una especialidad. +Al fin completara sus satisfacciones abonndose a diario a la pera, +para que su espritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se +restaurase en las frescas auras de un arte divino. + +Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. Pero le era tan +difcil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posicin particular, +su delicadeza, no le permitan hablar mucho de ellos. Oh!, si dijera +todo lo que poda decir, Miquis se asombrara, se quedara hecho un +poste. Pero no, no poda explicarse con claridad! La cosa era grave. +Quizs entre el presente triste y el porvenir brillante habran de +mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escndalos, +revelaciones, proclamacin de hechos hasta entonces secretos, y que +llenaran de asombro a la buena sociedad, a la _buena sociedad_, fijarse +bien, de Madrid. Entretanto, nicamente se poda decir que ella no era +lo que pareca, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su +tiempo maduraran las uvas; a su tiempo se sabra el apellido, la casa, +el ttulo... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los das, pero +alguna vez... + +Pas un naranjero. + +Son de cscara fina?--pregunt Miquis al comprar cuatro naranjas--. +Toma, cmete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez +de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas... + +--As es--prosigui Isidora con cierta fatuidad mal disimulada--, que si +me preguntas cosas que no sean de lo que ahora est pasando, quizs no +te podr contestar. Qu s yo lo que ser de m? Conseguir lo que +deseo y lo que me corresponde? Hay tanta picarda en este mundo! + +--Verdaderamente que s--dijo Augusto en el tono ms enfticamente +burlesco que usar saba--. El mundo es una sentina, una cloaca de +vicios. En l no hay ms que dolor y falsa. Malo es el mundo, malo, +malo, malo. Duro en l! En cambio nosotros somos muy buenos; somos +ngeles. La culpa toda es del pcaro mundo, de ese tunante. Es el gato, +hija ma, el gato, autor de todas las fechoras que ocurren en... el +Cosmos. Ah, mundo, pilln, si yo te cogiera!... Pero ven ac, alma ma; +puesto que vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime: +all, en esos Olimpos, te acordars del pobre Miquis? + +--Pues no me he de acordar? Sers entonces un mdico clebre. + +--Y tan clebre!... Vamos a lo principal. Y tendrs a menos ser esposa +de un Galeno? + +--De un qu?... De una notabilidad?... Oh, no! Poco entiendo de cosas +del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con... + +--Con las reinas, con las emperatrices. + +--Y sobre todo chico--aadi Isidora--, de algo ha de valer que nos +conozcamos ahora. Y lo que es a m.... + +Cunta ternura brill en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba +con los suyos! + +Lo que es a m... no me han de imponer un marido que no sea de mi +gusto, aunque est ms alto que el sol. + +--Bendita sea tu boca!--exclam Augusto, apoderndose de las dos manos +de ella--. Ay!, prenda, qu fras tienes las manos! + +--Y las tuyas, qu calientes!. + +Isidora volvi a pensar en que nunca ms saldra a la calle sin guantes. + +Querrs siempre a este pobre Miquis, que te quiere ms?... Desde que +te vi en Legans, me estoy muriendo, no s lo que me pasa, no estudio, +no duermo, no puedo apartar de m esos ojos, ese perfil divino y todo lo +dems. + +Ella empez a comer otra naranja, y l la miraba embebecido. Nunca le +haba parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el +cido de la fruta, tenan un carmn intenssimo, hasta el punto de que +all podan ser verdad los rubes montados en versos de que tanto han +abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad +y finsimo esmalte, mordan los dulces cascos como Eva la manzana, pues +desde entonces ac el mundo no ha variado en la manera de comer fruta. +Saboreando aquella, Isidora pona en movimiento los dos hoyuelos de su +cara, que ya se ahondaban, ya se perdan, jugando en la piel. La nariz +era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, segn deca +Miquis, de la misma sustancia con que Dios haba hecho el crepsculo de +la tarde. + +Miquis intent abrazarla. Isidora haba despuntado un casquillo con +intencin de comrselo. Variando de idea al ver las facciones de su +amigo tan cerca de las suyas, alarg un poco la mano y puso el pedazo de +naranja entre los dientes de Miquis. l se comi lo que era de comer y +retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de +fro. + +Isidora se levant bruscamente, y ech a correr por el sendero. + +Corrieron, corrieron... + +Ya te cog!--exclam Augusto, fatigadsimo y sin aliento, apoderndose +de ella--. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno. + +--Formalidad, formalidad, seor doctorcillo--dijo Isidora, ponindose +muy seria. + +--Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo +tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo, +ni las Ordenanzas de Aduanas. + +--Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis. + +--El juicio est claro, seorita. Yo s lo que me digo. Oye bien. Por mi +padre, que es lo que ms quiero, juro que me caso contigo. + +--Huy, qu prisa!... + +--Est dicho. + +--Mira ste! + +--Un Miquis no vuelve atrs; _un re non mente_; la palabra de un Miquis +es sagrada. + +--Bah, bah! + +--Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un +tobosino no puede ser traidor. + +--Pero puede ser tinaja. + +--No te ras; esto es serio. Estamos hablando de la cosa ms grave, de +la cosa ms trascendental. + +Y era verdad que estaba serio. + +No nos detengamos aqu--dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba +un sitio para sentarse--. Hace fresco. + +--Sigamos. En otra parte hablaremos mejor. + +--A dnde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa. + +--Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena. + +--S, s, a la Castellana. Mi to el Cannigo me deca que es cosa sin +igual la Castellana. + +--Escribir maana a tu to el Cannigo. + +--Para qu? + +--Para pedirte. Agrrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me +caso... S, estudiante y todo. Mi padre pondr el grito en el cielo; +pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona +del Omnipotente.... + +Las risas de Isidora oanse desde lejos. Al llegar al barrio de +Salamanca guardaron ms compostura y desenlazaron sus brazos. Descendan +por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor +continuo que de abajo vena. + + +=--IV--= + +Hay aqu algn torrente?--pregunt a Miquis. + +--S, torrente hay... de vanidad. + +--Ah! Coches!... + +--S, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria +arrastrada. + +Isidora no volva de su asombro. Era el momento en que la aglomeracin +de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La +obstruccin del paseo impacientaba a los cocheros, dando algn descanso +a los caballos. Miquis vea lo que todo el mundo ve: muchos trenes, +algunos muy buenos, otros publicando claramente el _quiero y no puedo_ +en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza +especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente +tronada; vea las elegantes damas, los perezosos seores, acomodados en +las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha +sonrisa, vistosa confusin de colores y lneas. Pero Isidora, para quien +aquel espectculo, adems de ser enteramente nuevo, tena particulares +seducciones, vio algo ms de lo que vemos todos. Era la realizacin +sbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida. +Habala soado, la haba visto, como ven los msticos el Cielo antes de +morirse. As la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando +dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de +los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como +a los del artista la inverosmil figura del hipogrifo. Los bustos de las +damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta +cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas, +las pieles, producan ante su vista un efecto igual al que en cualquiera +de nosotros producira la contemplacin de un magnfico fresco de +apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y +flotantes paos. + +Qu gente aquella tan feliz! Qu envidiable cosa aquel ir y venir en +carruaje, vindose, saludndose y comentndose! Era una gran recepcin +dentro de una sala de rboles, o un rigodn sobre ruedas. Qu bonito +mareo el que producan las dos filas encontradas, y el cruzamiento de +perfiles marchando en direccin distinta! Los jinetes y las amazonas +alegraban con su rpida aparicin el hermoso tumulto; pero de cuando en +cuando la presencia de un ridculo simn lo descompona. + +Deban prohibir--dijo Isidora con toda su alma--que vinieran aqu esos +horribles coches de peseta. + +--Djalos... En ellos van quizs algunos prestamistas que vienen a +gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El +simn de hoy es el _landau_ de maana... Esto es una noria; cuando un +cangiln se vaca otro se llena. + +Apareci un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo. + +El Rey Amadeo--dijo Miquis--El Rey. Mira, mira, Isidora... No me +quitar yo el sombrero como esos tontos. + +--Si apenas le saludan...--observ Isidora con lstima--. Pues cuando +vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesa. M to el Cannigo dice que +est excomulgado este buen seor; pero el Rey es Rey. + +Pasado su primer arrobamiento, Isidora empez a ver con ojos de mujer, +fijndose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos. + +Qu variedad de sombreros! Mira este, mira aquel, Miquis!... Vaya un +vestidito! Y t, por qu no montas a caballo, para parecerte a aquel +joven?... + +--Es un cursi. + +--Y t un veterinario... Qu hermosas son las mantillas blancas! Es +moda nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo +que es cosa de poltica. Mi to el Cannigo deca... + +--Hazme el favor de no nombrarme ms a tu to el Cannigo, quiero decir, +a mi querido to... Esto de las mantillas blancas es una manifestacin, +una protesta contra el Rey extranjero. + +--Qu salado! Si yo tuviera una mantilla blanca tambin me la pondra. + +--Y yo te ahorcara con ella. + +--Ordinario! + +--Tonta. + +--Esta gente--afirm Isidora con mucho tesn--sabe lo que hace. Es la +gente principal del pas, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la +que puede, la que sabe. + +--Trampas, fanatismo, ignorancia, presuncin. + +--Pues y t?..., grosero, salvaje, pedante... + +--Isidora, mira que eres mi mujer. + +--Yo mujer de un albitar?... + +--Isidora, mira que te cojo... y ni tu to el Cannigo te saca de mis +manos. + +--Basta de bromas. Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros +gustos son diferentes. + +--Su gusto de usted, seora, se amoldar al gusto mo. Eso se lo +ensear a usted mi secretario, que es una vara de fresno. + +--A m t!--exclam ella con bro, detenindose y mirndole. + +--No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de m lo que +gustes... + +--Eso ya es otra cosa... + +--Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrs tres +coches, catorce sombreros y la mar de vestidos... + +--Si yo no me caso contigo!...--declar la joven en un momento de +espontaneidad. + +Haba en su expresin un tonillo de lstima impertinente, que poco ms o +menos quera decir: Si yo soy mucho para ti, tan pequeo!. + +Falta saberlo. Te casars por fuerza. Te obligar. T no me conoces. +Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beber tu sangre... + +--Qu es eso de Han de Islandia?--pregunt ella en su prurito de +ilustrarse. + +--Han de Islandia es berenjenas. Djese usted de sabiduras. Coser, +planchar y espumar el puchero. + +--No espumar yo el tuyo, paleto. + +--Marquesa de pauelo de hierbas! + +--Sacamuelas. + +Los dos se echaron a rer. + +No te quiero--murmur Isidora. + +--Pues me echo a llorar. + +--No te quiero ni pizca, ni esto. + +--Pues yo te adoro. Mientras ms me desdeas, ms me gustas. Cuando +pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no s qu me da... Se me +antoja robarte. + +--Y cunta gente a pie!--exclam ella sin hacer caso de las gracias de +Augusto. + +--Aqu, en das de fiesta, vers a todas las clases sociales. Vienen a +observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre +cada una, para asaltarse. El caso es subir al escaln inmediato. Vers +muchas familias elegantes que no tienen qu comer. Vers gente +dominguera que es la fina crema de la cursilera, reventando por parecer +otra cosa. Vers tambin despreocupados que visten con seis modas de +atraso. Vers hasta las patronas de huspedes disfrazadas de personas, y +las costureras queriendo pasar por seoritas. Todos se codean y se +toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres +ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de +alcanzar una posicin superior, principia por aparentarla. Las +improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no +hay un solo nmero uno que no quiera elevarse a la categora de dos. El +dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el +cuatro dice: Si yo soy cinco, y as sucesivamente. + +--Ya se van los coches--dijo Isidora, que apenas haba odo la charla +de su amigo. + +Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna, +los carruajes rompen filas y se dirigen haca el Prado. Es tan +reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora. +Isidora not la confusin del desfile al galope, tomndose unos a otros +la delantera, escurrindose los ms osados entre el tumulto; y oa con +delicia el chasquido de ltigos, el _eh!_... de los cocheros, y aquel +profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo hmedo entre +los crujidos de la grava. Ella habra deseado correr tambin. Su +corazn, su espritu, se iban con aquel oleaje. All lejos brillaban ya +no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se +forma con el vaho de la poblacin, las evaporaciones del riego y el +continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban +iluminando hasta formar una claridad fantstica, cual irradiacin +lumnica del suelo mismo. Viendo cmo los coches se perdan en aquel +fondo, Isidora apresur el paso. + +Vmonos por aqu--dijo Miquis, desvindola de los paseos para subir +hacia el Saladero y acortar camino. + +--Jess!, siempre me llevas por lo ms feo, por donde no se encuentran +ms que tos. Hay tambin aqu ventorrillos? + +--Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda. + +--No, no, no. Basta de paseos. Esto no est bien... Qu se dir de m! +Para calaverada, basta. + +--Maldita sea la hora en que nac!--gru el estudiante--. Dejarte +ahora, separarnos?... Vas a tu casa? + +--S, hombre. Qu dirn! + +--Oh!, s, qu dirn los marqueses de Relimpio! + +--No son marqueses, pero son personas honradas. + +--Quieres ir esta noche al Teatro Real?. + +El teatro Real! Otro golpe mgico en el corazn y en la mente de la +sobrina del Cannigo. + +Pero a eso que llamas paraso, van personas?... + +--Personas decentes?... Lo ms decente de Madrid, la flor y nata. + +Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche, +convinieron en que este convidara tambin a las nias de Relimpio. A +esto deba anteceder la presentacin reglamentaria de Augusto en el +domicilio de D. Laura, para lo que se acord, tras cortas vacilaciones, +una mentirijilla venial. Isidora dira que al volver a su casa desde la +de su ta se haba encontrado al joven, amigo ntimo, deudo y aun +pariente lejano del seor Cannigo. Era, no ya estudiante, sino mdico +hecho y derecho, y bien poda prestar servicios tan excelentes como +gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud. + +Despidironse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le +parecan nunca bastante fuertes. Isidora subi sumamente fatigada. Las +de Relimpio le dijeron que haba venido a visitarla un caballero de muy +buen porte. Entr la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratsima +sorpresa. Sobre la cmoda haba una tarjeta con el pico doblado. + + + + +Captulo V + +Una tarjeta + + +El corazn quera salrsele del pecho al ver los bonitos caracteres que +decan: + +_El marqus viudo de Saldeoro_. + +Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los +ojos del sortilegio que sin duda contenan las letras negras del nombre +y las pequeitas de las seas: _Jorge Juan, 13_. Las emociones varias +que se sucedieron en Isidora, las cosas que pens en rpido giro de la +mente, no son para contadas. Todo se resolvi en alegra, de la que se +derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos +expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero +que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo +ms pronto posible, el da siguiente. + +Su buen to haba escrito a dos principales seores de Madrid, hijo y +padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave +negocio de reclamar su posicin y herencia. Cosa extraa y digna de +gratitud! Una de las personas a quienes vena recomendada, el hijo, el +marqus de Saldeoro, de cuya gallarda y proezas galantes haban llegado +noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino +que, dando una prueba ms de su acatamiento al bello sexo, apresurbase +a visitarla en tan humilde morada... + +Y como la impresionable joven, cuando se entretena en ver las cosas por +su faz risuea y en hacer combinaciones felices llegaba a lmites +incalculables, empez a ver llano y expedito el camino que antes le +pareciera dificultoso; pens que se le abriran voluntariamente las +puertas que crey cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien. +Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad +en su mente al marqus de Saldeoro, favorito de las damas, segn decan +lenguas mil; le tuvo delante, le oy hablar agradecida, le pregunt +ruborizada; construy, si as puede decirse, con material de +presunciones y elementos fantsticos, la visita personal que al +siguiente da no poda menos de realizarse. + +Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a +quien adornado supona de seductoras cualidades, fueron un desdn muy +vivo hacia el pobre Miquis y una vergenza de las escenas de aquel da. +El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla +cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las +carreritas, se reprodujeron en su imaginacin como un sabor amargo y +malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Haban sido aquellas +aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posicin futura, que +diera cualquier cosa porque no hubieran pasado. + +Tan metida en s misma estaba con estos bochornos y aquellas alegras, +que apenas comi. Como recordara en la mesa que deba hablar algo de +Augusto para preparar su presentacin, dijo que era un estudiante pobre, +un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, ms msico +que mdico y ms mdico que fino. Cuando Augusto lleg, negose Isidora a +ir al teatro, porque le haba dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron +ir tampoco, y el buen estudiante qued en la situacin ms desairada del +mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba, +hasta dominar las situaciones ms difciles, bien pronto cautiv a la +familia con sus donaires. Doa Laura propuso jugar a la brisca; trajo D. +Jos de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestfera +llama del petrleo mal encendido, formaron el ms alegre corrillo que +vieron casas de huspedes. + +Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se +encerr. + +Ese pobre Miquis--deca--es un buen muchacho, pero tan ordinario... +Pobrecillo!, me da lstima de l; pero qu puedo hacer? Puedo hacer +yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?... +Est que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegrar mucho de +que sea un hombre de provecho. Necesitar proteccin de las personas +acomodadas, y en lo que de m dependa.... + +Se acost, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el +horno siempre encendido de su imaginacin a la visita del da siguiente +y a las consecuencias de la visita. El marqus de Saldeoro entraba; ella +le reciba medio muerta de emocin, le hablaba temblando; l le +responda finsimo. Y qu claramente le vea! Ella rebuscaba las +palabras ms propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde +se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha... +l era el ms cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy +agradecida... l dejara su sombrero en un silln... Ella tendra +cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo +mejor de la visita hubiera una catstrofe... l haba de dirigirle +alguna galantera discreta... Ella tena que prever todas las frases de +l para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones... +Cielo santo!, y an faltaba una larga noche y la mitad de un largusimo +da para que aquel desvaro fuera realidad... + +Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... Qu pensara el +caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no poda mirar +sin sentir pena las tres lminas que ornaban las paredes empapeladas de +su cuarto. Aqu una vieja estampa sentimental representaba la _Princesa +Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo_; +all el cuadro del _Hambre_; enfrente, dos amantes esculidos, +esmirriados y de pie muy pequeo, l de casaca con mangas de pemil, ella +con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si +D. Laura no se incomodase, Isidora arrojara a la calle las tres +laminotas... Pues, y la cmoda con su cubierta de hule manchado? Ms +vala no verla... Pero ella se levantara temprano y fregoteara bien la +cmoda, el lavabo de tres patas y hara maravillas de orden y +limpieza... Despus comprara una corbata bonita... Rogara a D. Laura +que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de +percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasara al siguiente +da, pens los sucesos del tercer da y los del otro y los del mes +prximo, y los del ao venidero, y los de dos, tres o cuatro aos ms. + +Dejmosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la +noche, cuando todo ruido cesara en la casa. Era aquello felicidad o +martirio? Dice Miquis, y quizs dice bien, que no existira ni siquiera +el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al +nio el juguete, el consuelillo de esperarla. + + + + +Captulo VI + +Hombres! + + +=--I--= + +Aquella buena mujer que pared por medio de _la Sanguijuelera_ viva, +tena por consorte a un rico mercader americano. Entindase bien que lo +de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico), +y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Amricas que +estn de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pinges y +lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la +procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y +residuos de carbn en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por +ftidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para +nada. + +Modesto Rico tena un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas, +hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y +tinteros de cobre. Era adems laador y laaba de lo lindo. Ganaba poco, +y este poco se lo quitaba su aficin a la horchata de cepas. Animal ms +digno de desprecio y lstima no se ha visto ni ver. Una y otra vez en +el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, haca sus +cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o +simplemente con la mano, ms dura que granito. + +Pues de esta unin haba nacido un nio, el ms bonito, el ms gracioso, +el ms esbelto, el ms engaador y salado que en el barrio haba. +Contaba a la sazn diez aos, que parecan doce, segn estaba el rapaz +de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la +cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ngel chapado a lo +granuja, las mejillas dos rosas con roco de fango; y su frente clara, +despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar +besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y +gallarda de su cuerpo alto y delicado, estaba ms orgullosa de l su +madre que si hubiera parido un prncipe. Hablaba el lenguaje de su edad, +con graciosos solecismos, comindose medio idioma y deshuesando el otro +medio. Si en el Cielo hay algn idioma o dialecto, el or cmo lo +destrozan los ngeles ser el mayor regocijo y entretenimiento del Padre +Eterno. + +Haca grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban tambin +_Palo--con--ojos_) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa +apropiada a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza +no le permita el lujo ms ansiado de su corazn. Pero all Dios le daba +a entender, con guiapos del Rastro y otros arreglados por ella, +consegua vestirle a su placer, y se recreaba en l; mirbase en aquel +espejo que era su vida y sus amores; se hencha de satisfaccin oyendo +los encomios que del muchacho hacan las vecinas. Para los domingos +tena un pantaln azul, ms bien recortado que corto, unas botas usadas, +de segunda mano, o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre +cuidaba de planchar el sbado. Pero lo ms lindo era una chaquetilla de +felpa roja, tan rada como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias +una faja hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas, +con lo que el muchacho pareca un sol, ms que un prncipe, algo de +sobrenatural en belleza y gallarda, como un Nio Jess vestido de +torero. Desde que apareci por primera vez en la calle de Moratines, le +pusieron por apodo _el Majito_, y as se llam toda su vida. Su nombre +era Rafael. Decan los vecinos que todas aquellas galas haban sido de +nios muertos y de despojos allegados, sabe Dios cmo, del obscuro borde +de la tumba. No nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razn las +murmuradoras, ello es que _el Majito_ estaba majsimo con aquellos +arreos. + +Lo que vamos a contar pas en un domingo. _El Majito_ sali brincando de +su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa +_Palo--con--ojos_; mas no era fcil que el regocijo se pintase en su +cara, por tenerla casi toda cubierta con un pauelo, a causa del dolor +de muelas y de la hinchazn que estaba sufriendo aquel da. Y aun as no +faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto, +ni la canastilla y peinas. Era la cartula ms grotesca que imaginarse +puede, pues uno de los lados de su rostro pareca calabaza, y era tal el +peso, que no separaba de aquella parte la mano. + +_El Majito_ se meti de un salto en la tienda de _la Sanguijuelera_. +Esta sola mimarle y le obsequiaba unas veces con piones y otras con +azotes. + +Hola, lagartijilla, ya ests aqu?... No enredes en la tienda, porque +vas a cobrar. + +--Y _Pecado_? + +--En el taller... Dios le tenga all.... + +Aquel da, aunque era festivo, el soguero tena trabajo hasta las doce. +No haba querido ir Mariano; pero su severa ta le cogi por una oreja, +y... Valiente holgazn! + +Y _Pecado_?--volvi a preguntar _el Majito_. + +--Te digo que est en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me +la rompes, vas a ver. Eh, eh! No te encarames, o te vas de aqu ms +pronto que la vista. + +--En dnde est _Pecado_?. + +Para preguntar, los sabios y los chicos. _La Sanguijuelera_, cansada de +responder a la misma pregunta, le cogi con una mano los dos carrillos, +estrujndoselos, con lo que la boca del _Majito_ result como una +guinda. Le dio un beso en ella, dicindole: Qu pesado eres..., y qu +rebonito!. + +Sultame, vieja!--exclam Rafael, limpindose la cara. + +--Eso es, frtate, bobo... Y me has llenado de babas. + +--Y _Pecado_? + +--Toma _Pecado_!. + +Y le arre dos nalgadas. Como un jilguero salt _el Majito_, y de un +brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y +con un tercer brinco se meti en el aposento donde Encarnacin viva, el +cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difcilmente +se podra determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal +laberinto, lo que all haba; pero _el Majito_, que conoca el local +como un ratn conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subi +a eminencias que parecan camas; descendi a negros abismos que parecan +arcones abiertos; trep por las gastadas graderas de un estante viejo; +se arrastr por suelos polvorientos; meti su brazo por tortuosas +grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda +buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurra y deslizaba en +silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio +una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergi como el +nadador en persecucin de la perla. + +Era un rincn obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes +apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartn, de cuero, de +metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos +militares, desechados por intiles en la liquidacin de un bazar de +juguetes. _El Majito_ mir y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles +ojos vean en la obscuridad aquel montn de cosas. Era un cuadro en las +profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos +entre el lvido verdor del agua. Las araas se paseaban sobre los +objetos, pero Rafael no les tena miedo. Las correderas entraban y +salan por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero _el Majito_ +tampoco las tena miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y +eligiendo. Fuerte cosa era decidir cul objeto tomara. Por ltimo, +decidido, tir de una brillante empuadura y sac un sable. Despus +revolvi el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto +el corazn de ratero y tom lo que brillaba. Era un sombrero que pareca +escudilla, un ros de cartn, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de +papel dorado pegadas en redondo. _El Majito_, que tan poco saba del +mundo, saba que los tres entorchados son la insignia del capitn +general, y que esta es la jerarqua ms alta del ejrcito. Vaya usted a +averiguar dnde esos diablos de chicos aprenden estas cosas! + +Se puso el ros y vio que era bueno. Empu el sable. Era un palito +pinchante amarrado a una empuadura de metal, que en su origen pareca +haber sido asa de un brasero de cobre. Haba en la prenda militar una +fabricacin tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como +falta de medios. Autor y dueo de aquellos arreos era, como se habr +comprendido, el famoso _Pecado_, gran amigo de cosas de guerra, y que +desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes +mecnicas. l apandaba, no se sabe dnde, aunque es de presumir que +fuera de sus viajes por las Amricas, restos de juguetes, pedazos de +hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una +navaja rota y un enorme guijarro que serva de martillo y de piedra de +afilar, haca maravillas. + +En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa +de rapia, sino que lo cogi en la calle, en el momento de caer de un +balcn, arrojado por unos nios. Era pieza lastimosa; pero cmo se +trasform en sus hbiles manos! Psole visera que no tena para lo cual +le bast media suela de una zapatilla; lo molde y le dio forma, que +casi haba perdido; adornole con una vistosa placa, que sac de la chapa +circular de un botecillo de betn, y por ltimo, con ciertos tirajos de +papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapn, le puso +sus tres entorchados. Muy bien! As se hacen las cosas! El ros tuvo en +sus orgenes plata y oro, insignias de comandante. _Pecado_ le hizo +ganar de un salto la mayor jerarqua militar con una prontitud que +envidiara la misma _Gaceta_..., hala! + +Dejemos a _Majito_ con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano, +en actitud tan belicosa, que si le viera el sultn de Marruecos +convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se +limpi el polvo y las telaraas que no queran desprenderse de la felpa +de su chaqueta, y dando despus tres o cuatro brincos, se puso en la +calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: Soy _Plin_. + +Ser Prim! Ilusin de los hijos del pueblo en los primeros albores de +la ambicin, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el +alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoar, casi +insensible, de las pasiones! Esta ilusin, que era entonces comn en las +turbas infantiles, a pesar de la reciente trgica muerte del hroe, se +va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enrgica figura. Pero +an hoy persiste algo de tan bella ilusin; an se ven zamacucos de +cinco aos, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que +quieren ser Prim o ser O'Donnell. Lstima grande que esto se acabe, y +que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que +los grrulos motes de los toreros! + +Ya lo hicimos--dijo Encarnacin mirando al _Majito_--. Apand los +chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees. + +_El Majito_ se dej ir con grave paso por la calle de Moratines abajo. +Era el da ventoso, fro y seco, hijo maldito de la malditsima +primavera de Madrid. La pluma del ros del _Majito_ (porque una pluma de +pavo tena) se torca con la fuerza del viento. La cola de las gallinas +que andaban por la calle se doblaba tambin, obligndolas a dar tumbos +entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas, +se pona horizontal; balancebanse las bacas de cobre colgadas en la +puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se +rompan las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus +gorras y sombreros, los curas apenas podan andar; todo lo flotante +tenda a tomar la horizontal, y en medio de esta desolacin relativa, +_el Majito_ avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente +convencido de la importancia de sus funciones. + +En la calle de Ercilla tena ya un squito de seis muchachos; en la del +Labrador, ya se le haba incorporado una partida de diez y siete, entre +hembras y varones, siendo las primeras, cosa extraa!, las que ms +bulla metan. Los tres chicos del capataz de la fundicin de hierro +salieron batiendo marcha sobre una plancha de latn, y pronto se +agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del +tendero, taendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en +descargar golpes a comps sobre una lata de petrleo. Eran estos +enemigos del gnero humano pequeuelos y sucios. Calzaban botas +indescifrables, pues no se poda decir a ciencia cierta dnde acababa la +piel y empezaba el cordobn. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza +a los pies. Si la basura fuera una condecoracin, los nombres de +aquellos caballeritos se cogeran toda la _Gua de forasteros_. + +Al desembocar el ya crecido ejrcito en la plaza de las Peuelas, centro +del barrio, agregose una chiquillera formidable. Eran los dos nietos de +la _Ta Gordita_, los cuatro hijos de Ponce el buolero, las del +sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la +unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jams. Haba caras +lvidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres. +El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de +cabezas, inscribiendo la predestinacin del crimen. Los crneos +achatados, los pmulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponan +una mscara de antipata sobre las siempre interesantes facciones de la +niez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba, +caas, varas, con esa rapidez puramente espaola, que no es otra cosa +que el instinto de armarse; y sin saber cmo surgieron picudos gorros de +papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron +distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una pgina de la +historia contempornea, puesta en aleluyas en un olvidado rincn de la +capital. Fueran los nios hombres y las calles provincias, y la aleluya +habra sido una pgina seria, demasiado seria. Y era digno de verse cmo +se coordinaba poco a poco el menudo ejrcito; cmo sin prodigar rdenes +se formaban columnas; cmo se eliminaba a las hembras, aunque alguna +hubo tan machorra que defendi a pescozones su puesto y jerarqua. + +Creca el estrpito, engrosaban las haces. De dnde haba salido toda +aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la +Espaa futura, tal que si no la quitaran el sarampin, las viruelas, las +fiebres y el raquitismo, nos dara una estadstica considerable dentro +de pocos aos. Eran la alegra y el estorbo del barrio, estmulo y apuro +de sus padres, desertores ms bien que alumnos de la escuela, un plante +del que saldran quizs hombres de provecho y sin duda vagos y +criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran nios, y +tenan la fisonoma comn a todos los nios, la cual, como la de los +pjaros, no determina bien los aos de vida. La variedad de estaturas +ms bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los aos +transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir +pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a +modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de +vidrio encarnado, y con un fcil movimiento de succin le hacan entrar +en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con +presteza increble. + +El militar paseo tena por msica, adems del estruendo de las latas, el +rer inmenso de la bandada, el po po mezclado de voces prematuramente +roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca +de un nio nos recuerdan al feo abejn cuando sale zumbando del cliz de +la azucena. Haba en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las +patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; haba +quien, mudando los dientes, escupa por el colmillo; haba quien llevaba +una colilla de cigarro detrs de la oreja y una caja de fsforos en un +hueco, que no bolsillo, de la ropa. Haba piernas blancas desnudas +asomndose a las ventanas de un pantaln que a pedazos se caa; haba +zancas negras, esbeltas cinturas ceidas por sucia cuerda o por tirajo +informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron +mangas; blusas que an se acordaban de haber sido chalecos; gorras +peludas que fueron, ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animacin +principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de +alegras divertidsimo. Con aquel lenguaje mudo deca claramente el +infantil ejrcito: Ya somos hombres!. Cuntas pupilas negras +brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de +iniciativa! En cuntas actitudes se observaban pinitos de fiereza! +All la envidia, aqu la generosidad, no lejos el mando, ms all el +servilismo, claros embriones de egosmo en todas partes! En aquel +murmullo se concentraban los chillidos para decir: Somos granujas; no +somos an la humanidad, pero s un croquis de ella. Espaa, somos tus +polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil. + + +=--II--= + +Llegaron a la va frrea de circunvalacin que corta el barrio, sin +valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro +como con un pariente. Sintieron silbar la mquina, y los condenados se +pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que +vena. Lo azuzaban, lo escarnecan, hasta que apareci la locomotora en +la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El +tren de mercancas pas, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y +ellos a un lado y otro de la va le saludaban con espantosa rechifla, le +amenazaban con puos y palos, le trataban de t, remedaban con insolente +escarnio los bufidos de la mquina, el desengonzado movimiento de las +bielas, y por ltimo pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El +tren les haca tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareci +dejando atrs su humo y su ruido. + +Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con _el Majito_ a la +cabeza. Ah! Todava mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posicin, +que tiempo vendr en que las grandezas se humillen y las altas torres se +desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital +del Nio Jess y los collados ridos que rodean el barranco. All no hay +casas todava, es decir, no hay miseria. Quin diris que sali a +recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar prximo, y que todas +las maanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enftica que +tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los mir; ellos le +miraron y se detuvieron. Hizo l la rueda y les ech una arenga, es +decir, que despus de soltar dos o tres estornudos, que son la +interjeccin natural del pavo, les solt esa carcajada que parece +ladrido. Los chicos se echaron a rer en inmenso coro, y el animal +volvi a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo amados +compatricios mos... con el cuello rojo cual la esencia del bermelln, +el moco tieso, las carnculas inyectadas como un orador herptico. Ms +gritaban ellos, ms gargajeaba l. A cada voz responda con sus +estornudos y su carcajada. Parecan aclamaciones a la patria, _vivas_ +contestados con _hurras_. Despus dio media vuelta y march delante. Era +esa caricatura militar de antao que se llamaba tambor mayor. El viento +le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era +el puro emblema de la vanidad. No le faltaban ms que las cruces, la +palabra y la edad provecta para ser quien yo me s. + +Haba llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para +justificar su existencia. Qu hara? Una simple fiesta militar, o +dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la +confusin indicaban que la falange se haca a s misma aquella pregunta. +Bien pronto nadie se entenda all. La discordia descompuso las filas, y +todo eran empujones, codazos, gritos. No haba uno que no quisiera ser +Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qu, _el Majito_ +no haban mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que +pareca un vmito de sonidos, exclamaba: Abaa... jojojo _el Majito_!. + +Mi este--dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en +jefe con el codo, as como los pollos embisten con el ala--. Dice que me +ponga detrs... Si no te callas, puales, te pego la bofet del siglo. + +--Pega, hombre, pega--chill Rafael preparndose a recibirle, animoso, +imponente, con el puo cerrado, y presentando tambin el codo y +antebrazo como un escudo--. Vamos, hombre... + +--No vus perdis, muchachos; no vus perdis--dijo en tono conciliador el +del herrero, interponindose. + +--Ponte atrs, coles!--grit _el Majito_--. Qu coles! Si no te pones +atrs, vers... + +--Que no me da la gana, hombre... + +--Achchale, achchale--dijeron algunos que queran ver reir al +_Majito_ con el hijo del carbonero. + +--No vus perdis, muchachos--volvi a decir el otro, sin soltar de la +boca sucia el caramelo largo. + +--Que le achuche, que le achuche!--graznaron varios, arremolinndose. + +_El Majito_ y _Colilla_, que as se llamaba el del carbonero, se +sacudieron el primer golpe en los hombros. + +Lea! + +--Atiza!. + +A los primeros golpes cay a tierra el ros. Ms pronto que la vista lo +cogi Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y ech a correr hacia +abajo, en direccin a las Yeseras. All le detuvieron dos muchachos que +suban del ro; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la +puso. Mirose en un charco verdoso, y estall en risa. En tanto la +refriega haba cesado, y _el Majito_, con la cara soplada, los ojos +encendidos, el corazn hirviendo de rabia, se haba subido a una colina +de las inmediatas al barranco, y desde all gritaba que iba a matar a +uno y a reventar a seis si no le devolvan su sombrero. + +Los que suban del ro eran como de doce aos, descalzos, negros, +vestidos de harapos. El uno traa una espuerta de arena. Los dos +mostraban grandes manojos de una hierba que se cra en aquellas +praderas. Es una lilicea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto +silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se +chupa, y es dulce! + +Matacandiles!--chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a +recibir a los dos individuos, conocidos en la repblica de las picardas +con los nombres de _Zarapicos_ y _Gonzalete_. + +A cmo?--pregunt una voz. + +--A cinco. + +--Qu coles!..., a cuatro. + +--A cinco! El que no d cinco no chupa. + +--Maldita sea tu madre..., a cuatro! + +Y empez un regatear febril, una disputa de contratacin que retrasaba +las ventas. Pero qu se venda y qu se compraba all? Los matacandiles +que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio +infantil, se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario +lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metlico el +segundo trmino del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por +alfileres. + +_Zarapicos_ y _Gonzalete_ eran comerciantes. No daban un paso por +aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que +sacaran de l alguna ganancia. Bien por los hombres guapos! Vivan de +sus obras y de sus manos; su casa era la capital de Espaa, ancha y +ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincn de casa +de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por +medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos, +los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos. +Haban llegado cada uno a Madrid por distinta va y puerta; _Zarapicos_, +por el Norte; _Gonzalete_, por el Sur. Tenan padres; pero ya no se +acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Despus haban visto que +Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna +haban unido otras industrias. + +_Zarapicos_ fue durante algn tiempo lazarillo de un ciego; _Gonzalete_ +sirvi a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le +presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria +y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por +su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariosa amistad. Ambos +aspiraban a vender _La Correspondencia_ o _El Imparcial_, pero ay! +ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no estn al alcance de +todos los individuos. Eran demasiado granujas todava, demasiado +novatos, demasiado pobres, y no tenan capital para garantizar las +primeras manos. Uno de ellos logr vender _El Cencerro_ los lunes; otro +merodeaba contraseas en las puertas de los teatros. Eran dos +millonarios en capullo. _Zarapicos_ deca a _Gonzalete_: Vers, vers +cmo sems cualquier cosa. + +Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenan que pasar por +humillante aprendizaje y penoso noviciado. Recoger colillas! Ved aqu +un empleo bastante pinge. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y +exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafs, +consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran nios, necesitaban +juego como el pez necesita agua, y as por las tardes se iban al ro a +recoger matacandiles. All se presentaba inopinadamente algn bonito +recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en +los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurra con +frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del +Sur, y cuntas veces, junto a las fbricas, podan recogerse pedazos de +lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendan en el +Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto _Zarapicos_ como +_Gonzalete_ pudieran tocarse el titulado pantaln para sentir sonar algo +como retintn de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no +gastaban un ochavo en comer. Dos veces al da la guarnicin de Palacio +da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven +los platos de latn. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman +_piri_, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de +guardia, y se la disputan a coscorrones. + +Despus de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el +ro. Si tenan ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la +ropa; si no, tiraban hacia las Yeseras. Aquel da cogieron tantos +matacandiles, que apenas podan llevarlos. Por la mucha abundancia, +_Zarapicos_ fij en cinco alfileres el precio de la docena de +matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once, +mantenindose firme este precio durante toda una semana. + +Lo mismo _Zarapicos_ que _Gonzalete_ tenan las solapas de sus deformes +chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que slo asomaban la +cabeza. El borde de la tosca tela pareca claveteado como un mueble... +Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros +chupaban y pagaban. Muchos tenan repuesto de alfileres; otros corran a +sus casas, encontraban a sus madres peinndose al sol, en las puertas de +las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban. + +En tanto _el Majito_, desde la cumbre de una eminencia formada por +escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que +iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvan su +sombrero. Qu vergenza! _Zarapicos_ lo tena puesto, y estaba tan +contento de su adquisicin, que amenaz al _Majito_ con subir y sacarle +las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo meta +apenas se sentan las chillonas voces provocativas. _El Majito_, cansado +de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanz una piedra en medio +de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elstico +brazo, pareca un gallito de veleta, obedeciendo ms al viento que al +coraje. _Gonzalete_, al recibir la piedra en un hombro, grit: +Repuales! Maldita sea tu sangre!. + +Entonces _Zarapicos_ tir al _Majito_; la piedra silb en el aire y no +hiri al muchacho, que al punto dispar la segunda suya. +Instantneamente, sin que se dieran rdenes ni se concertara cosa +alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del _Majito_, +sin darse la razn de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban, +soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil +que vena. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con +el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacan con una celeridad +inconcebible. + +Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden +Pblico, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y +lgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hbil movimiento, +nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. _El Majito_ y +los suyos ocupaban la altura, _Zarapicos_ y su mesnada el llano. Piedra +va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de +carrillos y los chichones como puos. Mientras mayor era el estrago, +mayor el denuedo: Lea!, atiza!, dale!. Qu ardientes gritos de +guerra! Ni las moscas se atrevan a pasar por el espacio en que se +cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanz a una mujer y la +detuvo en su camino, obligndola a retirarse con la mano en un ojo. +Muchos chiquillos se retiraron tambin berraqueando, porque el dolor les +enfriaba los nimos, dando al traste en un punto con todo su coraje. + +El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera +zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en +despeadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza. +Despus no es otra cosa que una sucesin de muladares, forma intermedia +entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que +juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado +de la pendiente. All se ven paredes hechas con la muestra de una tienda +o el encerado negro de una clase de Matemticas; techos de latas +claveteadas; puertas que fueron portezuelas de mnibus, y vidrieras sin +vidrios de antiqusimos balcones. Todo es all vejez, polilla; todo est +a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de +ruinas. Al fin de aquella barriada est lo que queda de la antigua +Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por +lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este +precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen +montones de escombros y vertederos de derribos. + +La lnea de circunvalacin atraviesa esta soledad. Parte del suelo es +lugar estratgico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros, +por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres. +Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde l se ven +las altas chimeneas y los ventrudos gasmetros de la fbrica cercana; +pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o +tres huertecillas de coles, el cual sirve de unin entre la plaza de las +Peuelas y la Arganzuela. En este recodo el transente cree encontrarse +lejos de toda vivienda humana. Slo hay all una choza guardada por un +perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los +plantos de coles. + +Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes +muchachos se corrieron desde las Peuelas a la Arganzuela, lugar que ni +hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfaccin. + +Zas, zas!, iban y venan los pedruscos del campo del _Majito_ al campo +de _Zarapicos_ y viceversa. Ocupaba el primero, como hbil capitn, las +alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban +por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habalos seguido el +pavo, y colocndose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la +perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a +degello. Ms enfurecidos ellos cuanto mayor era el nmero de los que se +retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus +brazos, al parecer descoyuntados, elsticos, flexibles como una banda de +cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni _Zarapicos_ se acordaba +ya de los matacandiles, ni _Gonzalete_ de los alfileres. Morir matando +era su ilusin. Estaban ebrios, y los ms intrpidos se rean de los +pucheros de los desanimados... + +De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejrcito un +movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron +_Pecado!_, y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por l vena, +descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido +como los dems, el cual a cada paso lanzaba una interjeccin y amenazaba +con el puo. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida, +capitn de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la +granujera, angeln respetado y temido por su fuerza casi varonil, por +su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. As no hubo +en el cotarro uno solo que no temblara al orle gritar: Estarvus +quietos!.., vus voy a reventar!.... + + +=--III--= + +Detuvironse las manos ardientes que empuaban la piedra, y todos le +miraron. Fundbase la superioridad de _Pecado_ en la fuerza, de donde +vena la justicia, es decir, que sola dirimir contiendas de chicos, +unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones, +aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con ms +frecuencia usaba. + +Por qu vos zurris?--pregunt ceudo, tremendo. + +_El Majito_ haba salido a su encuentro. _Pecado_ era para l ms que un +amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor +homrico de que dio pruebas en la altura, se troc en llanto de +desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lgrimas, +y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclam: + +Picos..., mi sombrero... Yo soy _Plim_.. + +En vez de llorar, el desvergonzado _Zarapicos_ se ech a rer como un +stiro. Con inflamados ojos mir _Pecado_ su querido ros en la cabeza de +aquel monstruo de la rapacidad, y ponindose los brazos en jarra, habl +as: + +Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a +pats. + +--Ladrn!--chill _el Majito_, sintindose otra vez ms valiente por +la presencia de Mariano. + +Al orse llamar con nombre tan infamante, _Zarapicos_, que era un rapaz +honrado, aunque pobre, no pudo contener el mpetu de su ira, y echando +la mano al cuello del insolente _Majito_, le derrib en tierra, +diciendo: + +Figuerero!..., coles!, te deslomo!. + +Pero _el Majito_ supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en +pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoqun. + +Sultalo--le dijo prontamente _Pecado_ con voz y gesto de prudencia. + +_El Majito_ solt la piedra refunfuando feroces amenazas de asesinato. +Volvindose a los desvergonzados comerciantes, _Pecado_ les dijo con +imperioso ademn, en que haba tanta energa como orgullo: + +Dirvos. + +--No nos da la gana. + +--Dirvos, digo.... y venga mi sombrero. + +--Miale, miale... Te quieres callar? El sombrero es mo. + +Al or _Pecado_ una afirmacin tan contraria a los sagrados derechos de +propiedad, no se pudo contener ms. Huy de su corazn la generosidad, +de su espritu la prudencia, y arremeti a _Zarapicos_ con tal empuje +que este dio algunos pasos atrs, y habra cado en tierra si no fuera +tambin un muchachote robusto. Lucharon, ay!, con varonil fiereza. Las +bofetadas se sucedan a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De +cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos, +cayeron rodando. _Zarapicos_ debajo, _Pecado_ encima. _Pecado_ venca, y +machac sobre su vctima con ferocidad. El nio rabioso supera en +barbarie al hombre. Habis visto reir a dos pjaros? El tigre es un +animal blando al lado de ellos. + +Bien molido estaba _Zarapicos_, cuando acerc a coger entre sus dientes +un dedo de _Pecado_. Oh! Con qu inefable delicia apret las quijadas! +Mariano dio agudsimo grito, y salt como gallo herido. El otro se +levant. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergenza, totalmente +embadurnado de fango y lgrimas. Al mismo tiempo rea y lloraba. +_Pecado_ se ceg; no vea nada; llev la mano a la cuerda que sujetaba +sus calzones a la cintura. La ltima injuria que cambiaron fue referente +a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir, +arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes +les ha mecido. + +Tu madre es una _ac_ y una _all_. + +--Tu madre es esto o lo otro. + +_Pecado_ no dijo ni oy ms; sac de la cintura una navajilla, +cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces haba +sido juguete, y con l atac a _Zarapicos_. Del golpe, el infeliz +chiquillo cay seco. + +Hombres ya! + +Silencio terrorfico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo. +Al principio no comprendan la realidad abominable del hecho. Cuando la +comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo +horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro, +dolorido, que indica en ellos la intuicin de las grandes desdichas. + +Aquello no era una travesura; era algo ms. Aquello de que estaba +manchado _Zarapicos_ no era el almagre de que se pintaban alguna vez +para jugar; era sangre, sangre! _Zarapicos_ no jugaba al muerto; no +haca gestos para hacer rer a sus compaeros; no deca con voz doliente +madre! para representar una comedia; era que se mora realmente... +Temblando, plido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea +de su accin, _Pecado_ arroj el arma que haba sido juguete. El +instinto le mandaba huir, y huy. + +Alborotose en un instante el barrio de las Peuelas. Salieron todas las +mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los +hombres corran tambin. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la +calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un seor concejal y +un comisario de Beneficencia, que a la sazn paseaban por el barrio +eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar +del atentado. Horror y escndalo! + +Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres gruan; +_la Sanguijuelera_ misma sali de su tienda a buen paso, medio muerta de +terror y vergenza, y por todas partes no se oa sino: _Pecado_, +_Pecado_. + +La Arganzuela se llen de gente. Unos corran en busca del juez; otros +decan que el juez no le encontrara vivo; los ms hablaban de llevarle +a la Casa de Socorro, y todos decan: _Pecado_!. + +Vino corriendo el boticario con rnica y vendajes, diciendo tambin: +_Pecado_!. El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que +por ser hombre muy grueso no poda seguirle aprisa), haca, siguiendo a +la multitud, las consideraciones ms sustanciosas sobre un hecho que, si +bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad +de Madrid. + +Van siete casos de esta naturaleza en diez aos--deca el comisario de +Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la +celeridad del paso. + +--Terrible es el matador hombre; pero el matador nio, qu nombre +merece?... Dicen que este tiene trece aos. + +--Qu pas! + +--Pero qu pas! + +--En Mlaga son frecuentes estos casos. + +--Y en Madrid lo van siendo tambin. + +--Y nos ocupamos de escuelas! Presidios es lo que hace falta! + +--Escuelas penitenciarias, o crceles escolares... Es mi tema. + +Cuando llegaron al sitio de la catstrofe, los dos seores, dignsimos +representantes de lo ms meritorio y venerable que hay en los pueblos +modernos, se echaron recprocamente el uno sobre el otro estas +dramticas exclamaciones: + +Esto es espantoso! + +--Esto parte el corazn + +--Escuelas, Sr. de Lamagorza. + +--Presidios, Sr. D. Jacinto. + +--Yo digo que jardines Froebel. + +--Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil +Remington. + +--Pero qu, se lo llevan ya? + +--No est muerto; pero parece grave. + +--Golpe ms bien dado!--murmur un chulo--. Ese chico es de _buten_. + +--Vaya, que la madre que pari tal patbulo!--apunt una de estas que +llaman del partido. + +--El asesino, el asesino, dnde est?--grit el concejal dndose gran +importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos--. +Guardias, busquen ustedes al criminal... Qu Pas!... Pero guardias..., +los del Orden Pblico, dnde estn?. + +Pero ya la Guardia Civil haba comenzado sus pesquisas. Los chicos, que +en estas cosas suelen ser ms diligentes que los hombres, indicaban la +direccin que sigui _Pecado_ en su fuga. Las opiniones eran diversas. +Unos decan que se haba refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros +que haba tomado por la va frrea adelante. Un naranjero, que con su +comercio porttil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se haba +acercado al lugar de la pelea, asegur haber visto al matador saltar la +tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas +que rodean el arroyo. Fundada era la declaracin del naranjero. +Acercronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinndose sobre la +punta de los pies, otros subindose a una piedra, miraron por encima de +las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse +en un ngulo. _Pecado_ mir con receloso espanto la hilera de cabezas +que en el borde de la tapia se le apareca, y ante aquella visin de +pesadilla se sinti domeado, aunque no cobarde. Terrible coro de +amenazas e injurias brot de aquella fila de bocas, y ms de cincuenta +brazos se extendan rgidos por encima de la tapia. Pero el alma de +_Pecado_ se compona de orgullo y rebelda. Su maldad era todava una +forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en +querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia +creca, trjole a tal extremo. De esta manera, un mueco abandonado a +sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo +con infernal delicia. A _Pecado_ se le conquistaba fcilmente con +hbiles ternuras. Era tan bruto, que _el Majito_ mismo, con un poco de +mimo y otro poco de esa adulacin que algunos chicos manejan como nadie, +le tena por suyo. Pero de ningn modo se le conquistaba con la fuerza. + +As, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio +amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la +provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia +civil; cuando not la saa con que le persegua la muchedumbre, en quien +de una manera confusa entrevea la imagen de la sociedad ofendida, +sinti que nacan serpientes mil en su pecho, se consider menos nio, +ms hombre, y aun lleg a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan +tremendas como desconocidas para l hasta entonces, la venganza, la +protesta, la rebelin, la terquedad de no reconocerse culpable, +penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lgrimas +de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la gan por entero el +instinto de defensa. Entrevi, como un--ideal glorioso, el burlar a toda +aquella gente, escapndose y aumentando el dao antes causado con otros +daos mayores. + +Esta era la situacin moral de _Pecado_ cuando el comisario de +Beneficencia, llevado de un celo que nunca ser encomiado bastante, se +empin como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por +encima de la tapia, dirigi al criminal su autorizada y en cierto modo +paternal palabra, diciendo: + +Mequetrefe, sal pronto de ah, o vers quin soy. + +Cunto habra dado el criminal por que cada mirada suya fuera una +saeta! Quera despedir muertes por los ojos. Cogi un ladrillo, y +apuntando a la por tantos ttulos respetabilsima cabeza del apstol de +la Beneficencia oficial, lo dispar con tan funesta puntera, que el +buen seor gordo grit: Carstolis!, y estuvo a punto de caer +desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cay. + +Vctima ilustre ciertamente! + +Nos atrevemos a decir que la agresin inicua y casi sacrlega de que +haba sido objeto el seor comisario, provoc algunas sonrisas y aun +risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que +haba tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digmoslo, s, para +eterno baldn de la clase chulesca. + +_Zarapicos_ fue llevado en gravsimo estado a la Casa de Socorro, y la +nueva vctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y +ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benfica que slo para +alivio de los menesterosos exista. + +Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... Vaya un monstruo!... +Carstolis! Ay!, ay! Sr. Lamagorza, este truhn me ha matado... Qu +pas!, qu pas!. + +Alguien apoyaba por all cerca estas sentidas razones con otras +igualmente enrgicas, que revelaban una indignacin fulminante. Era el +pavo, que avanz haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el seor +comisario herido. En tanto _Pecado_, rpido como el pensamiento, se +subi al cobertizo y se dej caer en el arroyo por una vertical de ms +de cinco metros, deslizndose por la escabrosa superficie de tierra. +Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el pblico para +cogerle; pero l se escurri por el borde del arroyo, meti los pies en +el agua cuando le falt el terreno, y busc un refugio en el agujero +negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada +limpia desembocaba. + +Que le cojan ahora--dijo una mujer del pueblo, que despus de la +descalabradura del seor comisario, simpatizaba, oh vilipendio!, con el +criminal. + +--Que venga la guardia de la alcantarilla!--exclam el concejal +inflamado de coraje. + +Los guardias civiles y los de Orden Pblico trataron de remontar el +arroyo; pero vena muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun +las botas mismas. + +Quin pesca ahora a ese condenado? + +--Hay una reja que no le dejar internarse. Ha de estar a cuatro o cinco +varas de la boca. + +Miraban todos y no le vean. Un guardia civil arriesg las botas, +acercndose a la boca. Llevaba fusil. + +All est--grit--. Le veo los ojos. + +El guardia distingua dos luceros en la obscuridad. Desde all _Pecado_ +atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa. + +Granuja!--grit el civil--, sal de ah o te hago fuego. + +--Fuego, fuego!--clam a lo lejos la voz del comisario, a quien +piadosas chulapas ponan una venda. + +_Pecado_ haba entrado con nimo de no parar hasta verse en lugar +seguro, aunque tuviera que ir a las entraas de la tierra. Pero la +obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazn, an no +suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose +entre dos especies de muerte, y vacil... Le consolaba que los guardias +no podan entrar a cogerle. Y si le hacan fuego?... Entonces se achic +tanto, que volvi a ser nio y a tener miedo. Dirigi la mente a ciertas +ideas confusas de su tierna niez; pero aquellas ideas estaban tan +borradas, tan lejanas, que poco o ningn alivio encontr en ellas. De +Dios no quedaba en l ms que un nombre. Era como un rtulo escrito +sobre un arca vaca, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los +ricos tesoros. Nada saba; su ta le hablaba poco de Dios, y el maestro +de escuela le haba dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca +pudo comprender bien. Las nociones de su ta y las palabras del maestro +se le haban olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y +aquella vida errante de juegos, rateras y miseria. + +Sin saber cmo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo +chillaba dentro de l que se lo deca. Era criminal, y sus perseguidores +tenan razn en perseguirle, y aun en matarle atndole en un palo y +estrangulndole. Esto le hizo estremecer de espanto, a l que haba +visto una y otra ejecucin en el Campo de Guardias sin conmoverse!... +Pero aunque se reconoci bien perseguido, su orgullo estaba all para +aconsejarle no entregarse... Fuera miedo!... Desgraciadamente para l, +estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas +fsicas. Estaba cansado; en todo el da no haba comido ms que el +currusco de pan que le dio su ta al ir al trabajo. Y haba dado tantas +vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... Y corri +tanto despus para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!... +Tena un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y +muy seor mo. A estas insufribles molestias se uni el fro. Sus pies +desaparecan en el agua, y desde lo interior del can de ladrillo vena +un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. Qu hara? + +Determinose entonces en l ese fenmeno de observacin retrospectiva que +suele acompaar a las situaciones de gran perplejidad. El espritu +turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que +han precedido inmediatamente a la situacin terrible. Espantose de no +haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la maana con +el apuro y desasosiego de la tarde. Qu lstima haber vivido aquel +da!... Qu lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No +haba ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto, +porque l daba a la rueda y su ta cobraba. Pero al fin, con gusto o sin +l, all fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertira en el +Canal o en la Arganzuela. Haba estado toda la maana esperando con +mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las +vueltas de la odiosa rueda. Crease motor del misterioso reloj del +tiempo. Dale que le dale, haba llegado al fin la hora, y la manivela, +que para l era parte de sus propias manos, se haba quedado sola en el +taller, quieta y muda. + +Sin decir adis al maestro, porque el maestro no le saludaba a l a +ninguna hora, _Pecado_ haba salido y bajado a saltos por la Ribera de +Curtidores. + +An le pareca ver los puestos rastreros y las manos recogiendo +cachivaches. Era da de toros. Aquellos barrios estaban muy animados. +Todo lo recordaba perfectamente; todo lo vea, como si lo tuviera +delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se +acordaba de que, al llegar a la Ronda, le haba detenido el paso un +perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca. +El muchacho, impaciente y atrevido, atraves por debajo de la panza de +una de las mulas, que por ms seas era torda. Despus vio un entierro; +luego encontr a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y +l..., l las haba administrado un par de nalgadas a cada una, porque +eran muy bonitas... Representbase luego la llegada a su casa; recordaba +que su ta, antes de darle de comer, le haba anunciado el hurto del +ros, y que l, sin poderse contener al or tan atroz noticia, abandon +la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanz por el barranco +abajo en busca de la cuadrilla. Lo dems, por ser ms reciente y +desagradable, se le representaba con matices an ms vivos. El +ensangrentado cuerpo de _Zarapicos_ no se quitaba ya de delante de sus +ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas +del egosmo para producir una reaccin; pero si estos ganaban algn +terreno, al punto lo perdan. Los sofismas hacan grandes esfuerzos por +destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas ms hojas le +arrancaban, ms lozanas las echaba ella. + +Date, date, canallita!--grit el guardia--, o te dejo seco. + +_Pecado_ mir al guardia. No, no se entregara. Antes morir que +entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbr +el presidio, como en sus sueos infantiles haba vislumbrado otras veces +el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, qu poda hacer +ms que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a +quien Mariano admiraba mucho por su gallarda y su simptico rostro. Se +llamaba Mateo Gonzlez, y serva en el puesto de la calle del Labrador. +_Pecado_ le imitaba en el modo de andar. En sus sueos de ambicin, no +se le ocurra jams ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante +famoso, sino ser Mateo Gonzlez. + +Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. _Pecado_ le vio desaparecer, +y por un momento tembl de alegra. Pero no le dio tiempo el guardia a +regocijarse, porque otra vez apareci por el arroyo adelante. En vez de +fusil, traa dos naranjas en la mano derecha. + +Eh, Mariann!--grit inclinndose para verle mejor y mostrarle lo que +llevaba--. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... Ves? Si sales, te +doy estas dos naranjas. + +_Pecado_ dio un salto hacia fuera y se arroj en brazos del guardia. + +Ah tunante...!--dijo este con alegra, echndole la zarpa al cuello y +dejndose arrebatar las naranjas. + + +=--IV--= + +Consagremos un recuerdo de consideracin y lstima, en el ltimo rengln +de esta tragedia, al digno seor comisario de Beneficencia, autor de +tantos y tan hermosos expedientes. l solo sera capaz, si le dejaran, +de elevar en pocos aos a una altura increble, dentro de los archivos +nacionales, esos grandiosos monumentos papirceos en que se cifra +nuestra bienandanza. Sera preciso tener corazn de estuco para no +afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceida +por un pauelo, corriendo en coche simn hacia la Casa de Socorro de la +calle de Embajadores, donde por la noche se visti de la luz de los +serafines el pobrecito _Zarapicos_. + +_La Correspondencia_ recogi en el Juzgado de guardia una nota del +suceso de aquel da, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo. +Cuando lo leyeron los amigos que acompaaban al seor de Lamagorza en su +casa, y cuando este les refiri detalles del hecho, oyronse las +exclamaciones ms ardientes sobre el estado moral e intelectual del +pas; se recordaron otros hechos anlogos ocurridos antes en Madrid, +Valencia y Mlaga, y por ltimo se declar con unanimidad muy +satisfactoria que era preciso hacer algo, algo, s!, y consagrar muchos +ratos y no pocas pesetas a la curacin del cuerpo social. Como la prensa +alarmada acalorase el asunto en los das sucesivos, se formaron juntas, +se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies +de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron +los oradores; y otros, que vidos estaban de dar sus nombres al pblico, +adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece. + +Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de +penitenciaras, de sistemas tericos, prcticos, mixtos, sencillos y +complejos, celulares y panoscpicos, docentes y correccionales, fueron +cayendo en el olvido, como los juguetes del nio, abandonados y rotos +ante la ilusin del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos das fue +un proyecto urbano ms prctico y adems esencialmente lucrativo. +Ocupronse de l juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y +con tanto espritu de realidad, que al poco tiempo se alz grandiosa, +provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza +de Toros. + + + + +Captulo VII + +Tomando posesin de Madrid + + +La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe +terrible. Precisamente, cuando supo el extrao caso, hallbase en la ms +lisonjera situacin de espritu que un alma juvenil puede apetecer. +Todas sus ideas tenan como un tinte de aurora; detrs de cuanto +pensaba, crea notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo +para contenerse en su alma, sala por los sentidos afuera y matizaba de +extraas claridades todos los objetos. Nada vea que no fuera para ella +precioso, seductor, magnfico o por cualquier concepto interesante, y +hasta un carro de muertos que encontr al salir de la casa, ms que por +fnebre, le choc por suntuoso. + +Haba salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, haba +salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible, +espejo de tantas alegras, con sus calles llenas de luz, sus mil +tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los +domingos por la maana, si esta es de abril o mayo, los encantos de +Madrid se multiplican; crecen la animacin y el regocijo; hay bulla que +no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada +paso halla el transente bandadas de lindas pollas, de cintura bien +ceida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en +mano, joviales y coquetuelas. + +Las campanas dijeron algo a Isidora, y entr a or misa en San Luis, en +cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedan a las +misas, y los fieles se dividan en tandas. Unos se marchaban cuando +otros caan de rodillas. All se persignaba una tanda entera, aqu se +pona en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del +sacrificio, sonaban sin interrupcin. + +Qu bueno es el Seor--pensaba Isidora delante de la Hostia--, que me +allana mi camino y me manifiesta su proteccin, desde el primer paso que +doy para lograr mi puesto verdadero...! No poda ser de otra manera, +porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo +no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante +m, resultara una injusticia, una barbaridad.... + +Y luego, cuando el sacerdote consuma: + +Bendito sea el Seor que me ha deparado la ayuda del marqus de +Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... Y +qu hermosos ojos tiene, qu guapo es y con qu elegancia viste! Aquello +es vestirse; lo dems es taparse... Qu bien habla, y cmo se interesa +por m! Tiene razn cuando me dice: Oh!, est usted tranquila, que si +esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ah tenemos los +tribunales. Es asunto ganado!. Oh! S, los tribunales. Qu bonitos +son los tribunales!... Todo ser cuestin de algunos meses. Despus.... + +Por la mente de Isidora pasaba una visin tan esplndida, que a solas y +en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa +muchacha sonrea. + +No es caso nuevo ni mucho menos--deca--. Los libros estn llenos de +casos semejantes. Yo he ledo mi propia historia tantas veces...! Y +qu cosa hay ms linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy +pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa +joven, que es bonita como los ngeles y, por supuesto, honrada, ms +honrada que los ngeles, llora mucho y padece, porque unos pcaros la +quieren infamar; y luego, en cierto da, se para una gran carretela en +la puerta, y sube una seora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y +hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que +la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde +calavera? Por lo cual de repente cambia de posicin la nia, y habita +palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza, +la pretenda, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. Pies, para +qu os quiero?. + +Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la seal de la cruz +sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un +Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que pareca decir: Abur, +Dios. + +En la puerta, las vendedoras de flores entorpecan el paso de la gente, +y alargaban sus manos con puados de rosas y otras florecillas, +gritando: Un ramito de olor.... Cuatro cuartos de rosas. Isidora +compr rosas para acompaarse de su delicado aroma por todo el camino +que pensaba recorrer. Al punto empez a ver escaparates, solicitada de +tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a +la calle sala, y origen de vivsimos apetitos que conmovan su alma, +dndole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de +contemplar su faz en el vidrio para ver qu tal iba, devoraba con sus +ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda. + +Cuntas invenciones del capricho, cuntas pompas reales o +superfluidades llamativas! Aqu las soberbias telas, tan variadas y +ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad; +all las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mrito, en los +estuches negros...; ms lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas, +chucheras que enamoran la vista por su extraeza, objetos en que se +adunan el arte inventor y la dcil industria, poniendo a contribucin el +oro, la plata, el nquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina, +el azabache, el mbar, el latn, el caucho, el coral, el acero, el raso, +el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrn, la porcelana y hasta el +cuerno...; despus los comestibles finos, el jabal colmilludo, la +chocha y el faisn asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil +y mil cosas aperitivas que Isidora desconoca y la mayor parte de los +transentes tambin...; ms adelante los peregrinos muebles, las +recamadas tapiceras, el bano rasguado por el marfil, el roble tallado +a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de +matrimonio, y por ltimo, bronces, cermicas, relojes, nforas, +candelabros y otros prodigios sin nmero que parecen soados, segn son +de raros y bonitos. + +El hechizo que estas brillantes instalaciones producan en el nimo de +Isidora era muy particular. Ms que como objetos enteramente nuevos para +ella, los vea como si fueran recobrados despus de un largo destierro. +El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducan a mirar +todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y deca: +Con esas pieles me abrigar yo en mi coche; en mi casa no habr otros +muebles que esos; pisar esas alfombras; las amas de cra de mis nios +llevarn esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usar +esas petacas, bastones, escribanas, fosforeras, alfileres de corbata; y +cuando alguno est enfermo en casa, se tomar esas medicinas tan buenas, +guardadas en tan lindas cajas y botecillos. + +Por mirarlo todo, detenase tambin a contemplar las encas con que los +dentistas anuncian su arte, las caricaturas polticas de los peridicos, +colgados en las vidrieras de los cafs, los libros, los cromos, los +palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las +condecoraciones, las fotografas, los dulces y hasta los comercios +ambulantes en que todo es _a real_. + +Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella +saliera de su destierro social, qu gusto ir de tienda en tienda, mirar +todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el +objeto comprado, volver al da siguiente...! Entr en una tienda de +paraguas a comprar una sombrilla. Le pareci tan barata!... Todo era +barato. Despus compr guantes. Cmo iba a salir sin guantes, cuando +todo el mundo los llevaba? Slo los pordioseros privaban a sus manos del +honor de la cabritilla. Isidora hizo propsito de usarlos +constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro, +se le afinaran las manos hasta rivalizar con la misma seda. + +Despus de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentacin de +comprar un imperdible. Cay en la cuenta de que le haca tanta +falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio, +vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos, +habran de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no +tard en enamorarse de un portamonedas. Cmo poda pasarse sin aquella +til prenda, tan necesaria cuando se tiene algn dinero? No haba cosa +peor, segn ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo, +expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uas de los +rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, sigui viendo +cosas, y a cada instante emigraban de l las pesetas y los duros, ya +para tomar algo de perfumera, ya para horquillas, de que tena tanta +falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su +elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se poda pasar sin papel +de cartas, ni de qu serva un papel que no tuviera timbre!... + +An me queda bastante--dijo al regresar a su casa--para poner a Mariano +en un colegio y comprarle algo de ropa.... + +Haca cuentas mentalmente; pero las cifras sustradas eran tan rebeldes +a su espritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordndose saba +darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organizacin +mental para la aritmtica les hace formar un grupo aparte en la especie +humana), vea siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente +flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores +arrastrara a la humanidad a grandes catstrofes, si no lo contrapesara +el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio. + +Isidora se haba dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa +indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del +portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que +encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso s: corazn ms blando ni +que ms fcilmente se enterneciera con ajenas lstimas y desdichas no +existi jams. En su mano haba quizs un vicio fisiolgico, y decimos +vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el +acto de la aprehensin, o por la aprehensin formada (que en esto hay +graves diferencias entre los doctores), la suya pareca hecha para el +acto contrario, y no habra tenido razn de ser, si el dar no existiera. + +Entr en su casa tarde, cargada de compras, porque aadi a las +indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a +D. Jos Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las +rosas. Psolas en un vaso con agua fresca, almorz, y escribi dos +cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafa, ocho +plieguecillos del timbrado papel, y habra gastado ms si no le dieran a +la sazn la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y sali +agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la crcel y +ver el partido que deba tomar. Entonces cay en la cuenta de que +necesitara gastar algn dinero, y segura de tener bastante, registr +los huequecillos rojos del portamonedas, cont, revis, pas las piezas +de una parte a otra; pero por ms vueltas que daba y trasiegos que +haca, resultaba siempre que apenas tena dos docenas de pesetas. En +dnde estaba lo dems? La haban robado? + +Por un momento creyose Isidora vctima de los infinitos timadores que +hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la +fuerza incontrastable de la Aritmtica, que a veces se impone a sus +mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidacin neta de +todo y declarose ratero de s misma. Su siempre viva imaginacin vea +las monedas que haba tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los +tres duros algo anticuados y por lo mismo ms valiosos. En dnde +estaban? Poco a poco fue recordando que la primera haba cado en tal +tienda, la segunda ms all, y que a ocupar su lugar venan pesetas +gastadas y algn duro flamante que pareca de lata. Cuando el manirroto +suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo +numismtico, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la +idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la +necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceudos +nmeros cargados de lgica y ponen las cosas en su lugar. + +Nada sac en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un +nuevo gasto en coches y tranvas. Acompabala D. Jos Relimpio, el cual +mostr tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad +como a todas, le obsequi con un paquete de puros de a medio real. +Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, l tieso y humeante, D. +Laura recibi a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo: + +Quita all; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. Contenta me +tienes! T, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees +que no hace falta nada ms. Mejor trabajaras.... + + + + +Captulo VIII + +Don Jos y su familia + + +=--I--= + +A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales +figuras de esta historia de verdad y anlisis. Reconoced al punto el +original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por +Isidora. El bigotito de cabello de ngel, de un dorado claro y hmedo; +los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y +risuea, con dos pmulos teidos de color rosa, marchita; el mirar +complaciente, la actitud complaciente, y todo l labrado en la pasta +misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el +Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel +ramillete de confitera, que llevaba entre los hombres el letrero de +Jos de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante. +Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo. +Era un hombre que no serva para nada. + +Tena sesenta aos. Proceda de honrada y decentsima familia. Haba +sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia, +viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Haba sido +empleado en Rentas, pero cumpla tan mal y se tomaba tan largas +vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro, +y se arruin la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y +por razn de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas +entraban sin pagar. Fue marido de D. Laura, y gast el reducido +patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades. + +Doa Laura, mujer de spera naturaleza, agriada por la vejez y por el +cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le deca +con dramtico acento: + +Hombre intil, hombre--mueco. El da en que me cas contigo debi el +Seor haberme llevado de este mundo. Para qu sirves t, como no sea +para comer? + +--Soy tenedor de libros--responda D. Jos, satisfecho de una razn +que, a su juicio, excusaba todas las dems razones; y consideraba para +s cun lejos est de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia +en que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien +porque se dedic resueltamente a ello, lo cierto era que D. Jos conoca +la Partida Doble como conoci Newton las Matemticas y Coln la Nutica. +Hay afinidades verdaderamente extraas entre el espritu humano y los +distintos modos del saber, y aquel que por su organizacin parece no +prendarse de las cosas ideales y halageas, encuentra en las arideces +de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia, +emprendi el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran +los ms del ao, y si no lo dejara a la mitad, habra sido un monumento +de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Tenedura tena escritos +substanciosos tratados, y era de ver con qu inspirada sagacidad +explicaba la _Banca en comisin_, las _Cuentas de Resaca_, la _Gruesa +ventura a cobrar_, las _Fianzas_ y _Avales_, los _Depsitos_ y +_Mercaderas_. Suspendi el trabajo al llegar a ocuparse del precioso +tema de _Mi cuenta_, _Su cuenta_ y _Cuenta comn_, y es lstima que en +tan interesante punto lo suspendiese. + +Lo extrao era que siendo D. Jos poseedor de los ms escondidos +secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento +de sus fondos y el manejo de la casa no merecan que se emplease en +ellos una gota de tinta; pero D. Jos, que tratndose de hacer nmeros +iba siempre ms all de las necesidades, tena en su cuarto el libro +_Mayor_, el _Diario_, el _Diario provisional_, el _Mayor de mercancas_, +el de _Caja_, el de _Cuentas corrientes_, el de _Efectos a cobrar_, el +de _Facturas_, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas pona ms +nmeros que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qu +sustancia sacaba de ello. + +Pero lo que ms a D. Laura enfureca era que, con ser viejo y cascado, +se mirase tanto al espejo. En efecto; adems de que en su cuarto, a +solas, se pasaba las horas muertas mirndose, no entraba en pieza alguna +donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin l, se +echase una visual para examinar su empaque, y atusarse despus el +bigote, o poner mano en los contados cabellos que venan flbiles y +pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla. + +Eso es, mrate bien--le deca D. Laura--, para que no te olvides de +esa cara preciosa. Lstima que no vengan los pintores a sacar tu figura +de gorrin mojado!. + +Don Jos se rea con esto. Era tan bueno!... Si la miel es condicin y +substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, ms que +hombre, un merengue andando. Riendo deca a su cara consorte: + +No todos tenemos la suerte de conservarnos como t, que ests tan +hermosa y frescachona como cuando te conoc. + +--Calla, Sardanpalo. + +--La verdad por delante. Todava, todava... Vamos, que alguien dara un +resbaln. + +--Quita, quita--clamaba la seora con expresin de asco--. Me tomas por +esas...?. + +Don Jos haba sido un galanteador de primera. No lo poda remediar: +estaba en su naturaleza, en su doble condicin de tenedor de libros y de +galn joven, y as, ya casado y viejo, no vea mujer bonita en la calle +sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre +sus amigos, sola llevar la conversacin desde los temas trillados a los +motivos de amor y aventuras; y todo se volva almbar, hablando de pies +pequeos, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una +mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aqu y +eran pura charla, porque su timidez le pona grillos para pasar a cosas +mayores. + +Pero aun en aquellos das de vejez y decadencia, cuando sala a tomar el +sol, embozado en su rada capita, iba a los lugares ms concurridos de +muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a +seguirla con su paso vacilante, sin malicia, slo por _rutina del +oficio_, como sola decir; y siempre que en sitio y ocasin de +apreturas, como parada militar y procesin de Corpus, se hallaba en +contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le sala a los labios, +toda acaramelada y jaleosa, para decir: Cmo me gusta usted, +seora!... Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee. + +Este libertino platnico era to de Isidora en tercer grado, por ser +primo segundo de Toms Rufete; y adems la haba sacado de pila. La +haba visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos haba profetizado, +con la seguridad de un conocedor profundo en tenedura de destinos +humanos, que la nia sera una hermosa mujer, quizs elegante y famosa +dama. Cunto se alegr de volver a verla ya crecida, y cunto +compadeci sus desgracias, y con qu puro inters se ofreci a ella para +servirla en todo lo que hubiese menester! + +La familia Relimpio viva pobremente, porque D. Jos, con ser tan +maestro en nmeros, no haba sacado de ellos ninguna sustancia. Doa +Laura conservaba una casa y una via en Dolores, que le daban mil reales +al ao. Las nias trabajaban para las camiseras. Tenan mquina, y +cosiendo noche y da, velando mucho y quedndose sin vista, allegaban de +cinco a siete reales diarios. Melchor, el varn, no haba llevado hasta +entonces un solo cntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de +ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en l grandes esperanzas. +Melchor, recin salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo +de saber como vestido de presuncin, haba de ser pronto un personaje, +una notabilidad. No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el +axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algn axioma. + +Para pagar con desahogo la casa, la familia tena que ceder un gabinete +a caballero decente, sacerdote, o seora viuda sin hijos. Durante tres +aos proporcionronle este alivio distintos sujetos. Vac dos meses el +gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios, +y a ms los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio +se habra resentido bastante. + +Pero las cosas vienen segn Dios quiere, y no segn nuestro gusto y +conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para +lo cual le inspir aquel desordenado apetito de compras, antes +mencionado. l se sabra los motivos de esto. Doa Laura, que gustaba de +meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas, +deca que este le haba mandado a Isidora, como una plaga de Egipto, +para probar su paciencia. + +En suma, la de Rufete se qued sin un cuarto, y su to el Cannigo +mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. Ay!, esa +gente de provincias cree que una onza es un milln. Un mes llevaba la +pobre de grandes apuros, haciendo diligencias intiles en pro de su +hermano, que en la crcel segua, y privada de todo, viendo tantas cosas +bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no +slo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la +comida, sino que, por aadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad +a D. Laura. Disela esta con el gesto menos gracioso que se puede +imaginar; pero la esperanza de un nuevo envo del Cannigo, a todos +consolaba. Remoln era el buen seor, y transcurri otro mes sin que +entrase por las puertas la ansiada libranza. spera y recelosa D. +Laura, invit a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. No tena +manos? No saba coser? No trabajaban como negras aquellas dos +seoritas decentes, Emilia y Leonor? + +Isidora era hbil en la costura y en prepararla, pero no saba manejar +la mquina. En esto era consumada maestra Emilia, la ms inteligente y +trabajadora de las dos hermanas. Haba llegado a amar la mquina como se +quiere a un animal querido; conoca los secretos de su maravilloso +artificio, y haba hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la +engrasaba con cario, la recorra con inters fraternal, para ver si +alguna parte o miembro de ella necesitaba reparacin, y todos los das +cosa en ella con presteza increble. Cuando llegaba la hora del reposo +la cubra y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos +costureras, una de hierro y otra de carne, hacan los pespuntes ms +preciosos, largos o menudos, segn fuera menester. Adems de esto, +Emilia, a quien inspiraba sin duda el espritu venturoso de Elas Howe, +dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar, +marcar y coser bastillas. + +Don Jos conoca regularmente la mquina (que era la _Canadiense_ de +Raymond) y saba prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le +apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, l no se daba a +partido, bien porque le pareca impropio de varn aquel trabajo, bien +porque creyera (y esto es lo ms probable) que una cuenta bien llevada +aprovechaba a la familia ms que todas las costuras del mundo. A l que +no le sacaran de apuntar nmeros, de leer _La Correspondencia_, hacer +cigarrillos y charlar. Todo lo dems era ocupacin denigrante. Una noche +de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el +comedor, como de costumbre, D. Jos empez a mover la mquina. + +Pap--le dijo Emilia--, ya que no nos ayuda usted, al menos ensee a +coser a Isidora. + +Don Jos quera tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse prximo a +ella, que acept gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco xito. +Isidora no poda comprender aquel endiablado mete y saca de hilo +superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge +en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rpida +esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan, +se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse +despus que pasa una vigsima parte de segundo. + +Lstima que Isidora no tuviera su espritu aquella noche en disposicin +de atender a las sabias enseanzas de su padrino! Estaba aburridsima. +Haban pasado tres meses sin que su situacin variara sensiblemente. El +Cannigo la haba mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas +algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros. +Mariano continuaba en la crcel, y la causa segua adelante. El inters +que el pblico y la prensa haban mostrado por aquel grave suceso, +quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos +de pena aada la de Rufete el ningn adelanto que en tantos das haba +tenido el principal y ms interesante negocio de su vida, con ms otras +cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no +nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distrada estaba, de tal +modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maa de +reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y +figura de distintas personas, que no atenda a la leccin ms que con +los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor +forma de atencin posible. + +Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado +como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada +de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre +cosas que las hacan rer. Doa Laura haba abierto la ventana que daba +a un denegrido patio, por donde suba el vaho infecto de una cuadra de +caballos de lujo instalada en el fondo de l; y acomodndose en un +slido silln que, como seora gruesa, tena para su exclusivo uso, se +qued dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las +dos hermanas, tena Relimpio mquina y discpula, y sobre aquel crculo +amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lmpara su media +luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servan no cesaban de +recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petrleo, a +la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era +darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o +para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin +acobardarse por la pestilencia del petrleo ni por la penumbra de su +avara luz, seguan trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley +de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de +maana. + +Ahora voy a ensearte a llenar una canilla--deca D. Jos--. Ves este +carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de +hilo, para lo cual se pone aqu, y con el mismo volante de la mquina se +le hace dar vueltas y.... + +Isidora fijaba los ojos en la operacin; pero cun lejos andaba su +pensamiento! + +Qu triste vida!--deca para s--. La deshonra que ha echado Mariano +sobre m me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que +Dios me desampara... Una persona me demostr inters. Por qu no viene +a verme ya? Qu ha pasado? Qu piensa de m?.... + +Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la +lanzadera. Ajaj. Fjate bien en la maa con que hay que ponerla. Pif, +ya est. Ahora viene lo ms delicado. De esto depende el coser bien o el +coser mal. Atiende, hija; pon aqu tus cinco sentidos. Hay que pasar la +punta del hilo por estos agujeritos, ves? + +--Ser preciso que yo le escriba. No me recomend mi to a l y a su +padre?... Pues le escribir. As no puedo vivir. Qu triste es el +verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola, +sin amigos, sin amparo... + +--Cojo la punta del hilo, sacndola por la izquierda de la canilla, la +meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya est. Mira... +Ahora mi seor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy +bien, y despus all va por el tercero. En seguida..., que no se te +olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y +ya est. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganch el hilo de +abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante +con los faroles. Nias, tela. + +--Hace cerca de veinte das que no viene a verme. Se habr ido a +veranear sin despedirse de m?... Creer que soy una impostora?... Esta +idea me mata. + +--Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dndole una vuelta al +tornillo..., atiende bien..., y despus de aflojar un poco el hilo +superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas... + +--Qu idea me ocurre! Ir a su casa... No, eso no debe ser... Le +escribir con cualquier pretexto... Quizs no sea preciso... El corazn +me dice que vendr maana... Oh! Dios de mi vida, si viniera.... + + +=--II--= + +Doa Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclam +con ira: Siempre mirndote al espejo. + +Mujer--dijo, riendo D. Jos sin dejar su obra--. Si no me miro al +espejo, si estoy cosiendo.... + +Las nias sonrean. Algo azarada D. Laura despertaba del todo, y deca: +No, no estaba dormida. Yo s lo que me digo. + +Haba en el comedor un reloj de pared que era el Matusaln de los +relojes. Su mecanismo tena, al andar, son parecido a choque de huesos o +baile de esqueletos. Su pndulo descubierto pareca no tener otra misin +que ahuyentar las moscas, que acudan a posarse en las pesas. Su muestra +amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De +repente, cuando ms descuidada estaba la familia, dej or un rumor +amenazante. All dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta +fanfarronera de speras ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once +golpes de cencerro. + +Doa Laura se levant y las nias dejaron la costura. La criada tom el +dinero de la compra. Isidora desapareci, mientras Emilia guardaba la +mquina. Don Jos tena la costumbre de acostarse una hora ms tarde que +su seora y nias, y esa hora la empleaba en leer _La Correspondencia_, +deleite sin el cual no poda pasar, y despus de hacer cigarrillos de +papel, valindose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de +agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan +despus de picadura. Echose al cuerpo el peridico, leyendo con +extremada atencin las conferencias de hombres polticos, y repasando al +fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la mquina de +pitillos, meditaba sobre los sucesos del da y sobre poltica general. +No careca de convicciones arraigadas en materia de gobernacin del +reino. Declarbase enemigo de todos los partidos; sostena que los +espaoles deban unirse para bien de la patria, y entonces se acabaran +las trapisondas y las revoluciones. Senta por las glorias de su patria +un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1. Que los ingleses +no nos devolvieran Gibraltar. 2. Que los ministros tuvieran treinta mil +reales de cesanta. 3. Que no se hubiera levantado un monumento a +Mndez Nez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se haba +enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las +ocasiones. Nada, nada--deca--; este D. Amadeo es una persona decente. + +Cuando el reloj dio las doce, retirose D. Jos, dejando _La +Correspondencia_ sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba +siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendi a Relimpio, cuando se +acerc al lecho conyugal, ver a su cara mitad todava despierta. + +Ests en vela, chica?--le dijo quitndose su gorrete--. Acabo de leer +el peridico... Qu cosas pasan! Cmo marean a ese pobre seor! Yo +sigo en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente. + +--Djame en paz. Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa... +Valiente mocosa se nos ha posado encima. + +--Quia, quia, mujer. Es una hurfana... + +--Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal +juicio; pero creo que acabar mal tu dichosa ahijadita. No le gusta +trabajar, no hace ms que emperifollarse, escribir cartas, pasear y +lavarse. Eso s; ms agua gasta ella en un da que toda la familia en +tres meses. + +--Quia, quia. Djala que se lave. Pues tambin trabaja. Esta noche ha +tomado con tanta atencin y empeo la leccin de costura, que dentro de +poco coser en mquina mejor que yo. + +--Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendr mal fin. Y qu humos, bendito +Dios, qu pretensiones! Y qu morros nos pone a veces, despus que la +estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos das para +poderle hablar. + +--Es una hurfana. Crees t que el Cannigo la desamparar? No, yo no +lo creo. + +--Fate del Cannigo y no corras. Lo ms gracioso..., no s cmo me ro, +es que ella est echando chispas de rabia porque no puede gastar en +bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastara un lujo asitico, +y tendra lacayos colorados como ese Rey... + +--El cual, la verdad por delante, es la persona ms decente... + +--Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y +el da menos pensado la voy a plantar a usted en la calle. + +--Laura!--exclam tmidamente D. Jos, ya acostado. + +--Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el +alquiler. No quiero los en mi casa. + +--Los...? Quia! + +--Los, s; pues qu quieren decir las visitas del marqus de Saldeoro? +Sabes quin es ese danzante? + +--Una persona decentsima, un caballero, un joven...--murmur Relimpio +aletargndose. + +--Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas +cosas, seorita doa Isidora. T, Relimpio, como eres tan alma de Dios, +no te fijas; yo s. Ese marquesito, o lo que sea, vino aqu un da y +estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvi a la semana +siguiente, y la encerrona fue ms larga, te enteras? Despus sigui +viniendo cada tres o cuatro das. Oh, cmo se le conoce en la cara a +esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! T +eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrs de la puerta a +escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados; +pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he odo rer, s, +rer mucho, pero de qu...? Aqu hay algo, Relimpio; aqu hay algo. + +Don Jos, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a +estarlo, murmur claramente estas dulces palabras, que salieron de sus +labios envueltas en una sonrisa: + +Y qu guapa es...! + +--Quita all, quita, esperpento. Contenta me tienes!... + +--Nada, mujer; deca que D. Amadeo es una persona... + +--Quita, quita...! + +--Quia, quia...!. + + +=--III--= + +Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al +principio de la vida comn, fueron enfrindose poco a poco. Isidora no +disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en +posicin social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse. +Se crea tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de +prendas de vestir, de la eleccin de un color, flores o adorno +cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdn +compasivo. Estas pobres cursis--deca para s--de despepitan por +imitarme, y no pueden conseguirlo. + +Algo de verdad haba en esto. Isidora tena una maestra singular y no +aprendida para arreglarse. Con ella naci, como nace con el poeta la +inspiracin, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo ms bello, +sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, as como +la destreza de sus manos para colocar sobre s misma cualquier adorno. +Posea la rarsima aficin a la sencillez, que comnmente no se halla en +las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la +civilizacin primitiva o de la muy refinada cultura. Las nias de don +Jos, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella, +consultndole sobre todos los arreglos de trapos que hacan. Su pobreza +les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de +la sociedad, a excepcin de la jornalera, vistan de la misma manera, y +como hay un verdadero delirio en los pequeos por imitar el modo de +presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado +de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un +prcer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes, +desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que ms de una vez dieron +chasco a los poco versados en fisonomas y tipos matritenses. + +Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino, +delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con +un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una +pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada da le tocaba a +una sola nia salir a paseo con D. Laura. Mas a fuerza de trabajar, de +desvelos y de casi inverosmiles economas, lograron vestirse y calzarse +ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda, +arreglados por ellas, bajo la inspeccin de Isidora, con despojos y +reliquias de otros sombreros que conseguan de balde en una tienda para +la cual trabajaban. Qu mujer no tiene sombrero en los aos que corren? +Slo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavo; +pero da llegar, al paso que vamos, en que tambin lo usen. La +humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las +confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi. + +Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las nias de D. Jos +se habran horrorizado de que se les propusiera casarse con un hbil +mecnico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doa Laura +misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo +pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que +Emilia se casase con un mdico, de estos chicos listos que salen ahora, +por cuya razn no vea con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a +Leonor, a quien su madre supona dotada de un talento no comn, le +vendra bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa as. + +En el paraso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana, +tenan estas dos nias finas su crculo de mozuelos galanteadores y +estudiantes y empleados de esas categoras nfimas que rayan en lo +microscpico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando, +particularmente Leonor, lo que ni en sueos podan tener; y como eran +agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caan en el +lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusin de +clases en la moneda falsa de la igualdad. + +Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su +madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara all de los Cuatro +Evangelios que de la prxima ascensin del joven Relimpio a una posicin +coruscante. Cmo no, si Melchor era, segn D. Laura, lo ms selecto +del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la +figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a +la gloria o a la riqueza, Melchor deba empinarse ms que ningn otro +porque tena la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era +el primer fruto del matrimonio de D. Jos con D. Laura, y an decan +malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su +edad no pasaba de veintisis aos. Tena la barba negra, los ojos dem, +el pelo dem, el entendimiento dem; mas su filiacin era difcil en lo +tocante a la primera de estas seas personales, pues muy a menudo +variaba la ornamentacin capilar de su cara; de modo que si este mes se +le vea con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al ao +siguiente apareca con bigote solo; despus con bigote y perilla, como +si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la +caprichosa inconstancia de sus pensamientos. + +Con ser primognito y hombre, era el Benjamn y el nio mimado de la +casa. Todos los sacrificios parecan pocos, y se le haba acostumbrado a +la humillacin de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirbanle +D. Jos y D. Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o +por misterioso intento de la Providencia, haba nacido del vientre de +aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tena +razn Melchor, y las nias podan carecer de lo ms preciso para que +Melchor disfrutara de lo superfluo. Doa Laura coma mal o no coma para +que su hijo fumase bien. A D. Jos se le negaba el vino en la mesa para +que Melchor pudiese tomar caf y no hacer un mal papel entre sus amigos. +En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de +los padres. All, por el contrario, le hacan a D. Jos chaquetas de los +gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de ste pasaban, despus +de usadas, a decorar el cuello paterno. + +El bolsillo de D. Jos estaba siempre ms limpio que patena, porque era +hombre tan derrochador que, si allegaba algn cuarto, cometa la vil +accin de comprar castaas y sentarse a comrselas en un banco del +Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera +media docena de pesetas, reunidas por D. Laura, Dios sabe cmo, con mil +apuros, con el enfermizo velar de las nias y el ahorro llevado a +lmites increbles. + +Melchor haba seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo, +tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no poda +degradarse en oficios mecnicos y bajos menesteres. Darle carrera poco +lucida habra sido contrariar sus altos destinos. Tena doa Laura un +hermano, que era y es afamado ortopdico de Madrid, hombre que ha +labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que +Melchor, de quien era padrino, lleg a los quince, quiso llevarle +consigo y ensearle aquel honrado oficio; pero tanto D. Laura como D. +Jos consideraron esto como un insulto. Melchor ortopedista, arreglador +de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan +feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doa Laura oy las +proposiciones de su hermano, no ya con indignacin, sino con asco. El +joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tena su barniz +literario, rease de su to el ortopdico. Slo la idea de ir a trabajar +con l en aquella odiosa tienda le sublevaba. Cmo podan entenderse l +y su to, l tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su to +un hombre tosco y rudo que slo saba hacer suspensorios y cazar, un +brbaro que llamaba _clusulas_ a las cpsulas, y que cuando se puso el +primer tranva hablaba de la _tripulacin_ de los coches, en vez de +decir trepidacin? + +Sali Melchor de la Universidad hecho, como deca Miquis, _un pozo de +ignorancia_. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tena que +quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna saba una +palabra. + +Se trat entonces de _lanzarle_. Era un bonito bajel, recin hecho y +pintado, al cual no faltaba ya ms que hacerle flotar en el mar sin fin +de las ambiciones. El diputado por Monvar le consigui un destino en la +Direccin de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entenda tanto +como de cantar la epstola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho. +Desgraciadamente pas algunos aos alternando entre colocaciones +miserables y calamitosas cesantas. El joven se desesperaba, viendo la +desproporcin grande entre su posicin real y la artificial, que se +haba creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de +vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la +familia. + +No tena amor al estudio, porque oa decir constantemente que el estudio +de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le haba +suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de +repertorio, por lo cual no era de los ms callados en los cafs. +Disputaba sobre poltica, y aun meti su cuarto a espadas en ella, +escribiendo en algn periodiquejo. Era de notar que siempre lo haca en +tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus +trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos +cuartos. + +Fue colocado, y durante una temporada corta se dedic al espiritismo. Se +le vea en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del +Limbo, y lleg a adquirir esas convicciones tenaces que slo se +encuentran en los proslitos de los sistemas ms absurdos. Muchas horas +de la noche pasaba en su casa en ttrica conversacin con las patas de +las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, segn l, le +decan este y el otro espritu; y aunque tales majaderas no agradaban +mucho a D. Laura, por ser remachada catlica, la bendita seora no le +deca una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las +telaraas de aquella ridcula doctrina. + +Pero pas el tiempo, y con l el espiritismo de Melchor, dejando el +puesto a otros ideales ms prcticos. Vea transcurrir los aos sin que +sus medios pecuniarios estuvieran en armona con sus pretensiones, ni +con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era +rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos, +tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la +fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las +levitas sembr la desesperacin en el linaje humano. + +Padeca con esto Melchor horriblemente, y cada da sufra una +humillacin nueva. El lujo de los dems le azotaba la cara. Paseaba. +Por qu era suyo el cansancio y de los dems el coche? Por qu razn +el senta el amor, y era otro el que tena la querida? Iba al teatro. +Por qu era suya la aficin a la msica y ajeno el palco? Estas +cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la +fragua. Para colmo de pena, oa la historia de fortunas improvisadas. En +el caf, en los crculos todos, se referan maravillosos cuentos, como +los de magia. Aqu un pobrete audaz haba redondeado colosal ganancia en +pocos meses. All una idea feliz, engendrando el ms pinge de los +negocios, haba hecho poderoso al que un ao antes era mendigo. Mil +agentes bullan en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas +combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los +servicios y las contratas, de que resultaban los nicos milagros del +siglo XIX. + +Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las +semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba +a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrbalo de perlas D. +Laura; trataba l de llevarlo a la prctica, y entonces, de las +dificultades vena la muerte del plan y el engendro de otro. + +Primero tratbase de una cosa muy sencilla: Son habas contadas, +mam--deca l. Consista en combinar un sistema de anuncios con un +sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en +ellas. El plan era soberbio. Producira millones, con tal que todos los +tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los +industriales facilitasen los anuncios. Ya se haba entendido l con un +litgrafo que le hara las primeras tarjetas crmicas. + +A estas habas contadas sucedieron otras. Tratbase de una red de +tranvas areos. El capital? Seguridad tena de encontrarlo cuando los +banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad +de millones que poda dar de s el negocio, y los tranvas areos se +quedaron en los aires. Despus se trat..., tambin habas contadas..., +de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fsforos, luego de +montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros +delirios y extravagancias. + +Entre tantas combinaciones no se le ocurri al joven Relimpio la ms +sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesin u +oficio, con lo que poda ganar, desde un peseta para arriba, cualquier +dinero. Pero l fanatizado por lo que oa decir de fortunas rpidas y +colosales, quera la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni +conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la +mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los das a que +nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y +grandsima confusin reinaba en su espritu. En su mente lo inverosmil +luchaba en sombro pugilato con lo posible. Saldra de este batallar +alguna idea grande, algn plan jams soado de otro alguno? Las visiones +de la riqueza real se peleaban dentro de l con las imgenes del +bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto ms +revoltosos cuanto ms distantes de ser saciados. + +Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada, +fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; pona los codos sobre la +mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y as se +quedaba media hora o ms en reposada meditacin. Si haba entrado +fumando, que era lo ms probable, consagraba su atencin a curar, +ennegrecer o _culotar_ (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de +espuma de mar, empeo que le traa muy atareado a diferentes horas del +da. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el +caf oa ms de un elogio por la perfeccin e igualdad de ella. Hay +orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era +disculpable, porque la pipa iba parecindose al bano ms puro y +reluciente, y el artista, despus de arrojar sobre ella, +distribuyndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el +pauelo, y se miraba despus en aquel espejo de azabache... Cuando +conclua de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de +donde no sala hasta la una del siguiente da. + +Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella +hermosura tan ponderada por D. Laura parecale a ella ordinaria, y los +modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas +cualidades morales y mentales con que, en opinin de la familia, estaba +agraciado por Dios, Isidora no comprenda nada. Parecale el ms +desaforado holgazn, el ms brbaro egosta del mundo. + + + + +Captulo IX + +Beethoven + + +=--I--= + +El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro, +es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas seoriales +construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de +que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde +o temprano se fijara el Rey en otra parte, hacan, en vez de casas, +enormes pabellones o tiendas de campaa, empleando en vez de lienzo y +tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artstica de tales +caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades +interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los +seores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya +en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces. + +La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior, +fuera de su puerta almohadillada, por la cual entraran sin inclinarse +los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular. +Interiormente conserva bastantes obras de mrito, como tapices, muebles +y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo +extraordinario. El abandono en que sus dueos la tienen ntase desde la +puerta al tejado, pues aunque todo est en orden y bien defendido de la +polilla, hay all olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo +que quieran los que se empean en que ha de ser bueno todo lo que no es +moderno, el inters artstico de los salones de Aransis no pasa de +mediano. + +Desde el 63 todo estaba cerrado all; slo se abra los das de +limpieza. La casa tena por habitantes el silencio, que se aposentaba en +las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueo, y la +obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la +luz meta sus dedos de rosa, araando las tapiceras. De noche, ni +ruido, ni claridad, ni espritu viviente moraban all. + +Un da de otoo del 72 alegrose de sbito el palacio; abrironse puertas +y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media +docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dorma sobre los +muebles. Luego sucedi traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y +preparacin de luces. En medio de este alboroto, oanse las notas +sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al da +siguiente, hubo estruendo de bales descargados, oficiosa actividad de +lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal +inmenso, desnudo, vaco. Una seora de cabello entrecano y gallarda +estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trmula de fro, subi la +escalera, dando el brazo a un seor cacoquimio, y pas de pieza en +pieza, sin parar hasta aquella donde deba reposar del viaje. +Acompabanla, adems del seor cacoquimio, un jovencito como de catorce +aos, que llevaba tras s, atado de una cadena, un enorme perro negro, y +cerraban la comitiva dos criadas jvenes y guapas, que no tenan facha +de gente espaola. + +La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, viva de asiento en Pars, en +Londres durante la temporada o _season_, parte del verano en un puerto +de Bretaa, y algunos inviernos sola venir a Espaa para templar su +salud, no muy buena, en el clima de Crdoba, donde tena casa y +posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco das, de paso para +Crdoba o Granada. Aquel ao efectuaba su viaje a fines de septiembre, y +mostrndose, sin saber por qu, menos cariosa que otras veces con su +patria, haba dicho al entrar en la casa: Esta vez no estar sino tres +das. Era lunes. + +Descans hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompaaba se +puso al piano para tocar dificilsimos ejercicios, y no lo dej hasta la +hora de comer. Recibi luego la seora muchas visitas, comi con el +seor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salom, el +apoderado de la casa y dos personas ms, y retirose a su alcoba despus +de rezar mucho. + +Emple casi todo el da siguiente en devolver visitas y se encerr a las +cuatro. No quera recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la +repela arrojando sobre su alma una sombra triste y lgubre, y al mismo +tiempo la llamaba a s y la retenan los amorosos recuerdos. Lleg la +temprana noche. La marquesa haba resuelto abrir el cuarto de su hija +difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve aos +antes. En tan largo espacio de tiempo no haba permitido la madre que +fuese abierta por nadie la fnebre alcoba; no haba querido abrirla ella +misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero +en aquella ocasin decidiose a quebrantar su propsito. Ya desde Pars +haba trado la idea de realizar aquel acto tristsimo. Su deseo +proceda de una piedad entraable, del temor mismo, que a veces nos +estimula robando su aguijn a la curiosidad. + +Lo abrir esta noche--, pens dando un gran suspiro, y despus de +comer se traslad a un hermoso gabinete, la mejor y ms rica pieza de la +casa. En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba +maana y tarde el jovencito que haba venido con la seora; en otro el +espejo de la gran chimenea reproduca con misteriosa indecisin la +cavidad adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos +cortinas, pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa, +puerta en la cual se echaba de menos un epitafio. + +De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mrito y algunos +retratos de seores de antao, de esos que estn metidos en cincelada +armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, seal de +mando. Los muebles no eran de lo ms moderno. Pertenecan a los tiempos +del tis y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su +afectada estructura griega la disolucin de los Quinientos y los +_senatus consultus_ de Bonaparte. Aunque no haca fro, la humedad de la +desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea. + +El joven, ms bien nio, entr jugando con el perro, a quien llamaba +_Sal_. + +No alborotes, hijo--indic la seora, molesta por el ruido--; deja en +paz a _Sal_. + +Poco despus estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y +pareca un len de bano. Su hermosa cabeza destacbase soberbia, +inteligente, a un tiempo cariosa y fiera, sobre el ramaje de colores de +la alfombra, y sus ojos devolvan en chispas vivsimas la lumbre de la +chimenea. + +Trat de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo +haca, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al +fin son el chasquido de la metlica lengua al recogerse. Empujada, +cedi la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostr el mbito +negro, del cual sala un aliento de humedad estacionada, que se nutre de +las tinieblas, de la quietud, de la soledad. + +La marquesa, que se haba detenido en el umbral, paralizada del temor y +respeto que aquel interior, no abierto en nueve aos, le infunda, +retrocedi un instante; tom una de las dos lmparas que en el gabinete +haba, y resuelta, con devocin y nimo, penetr en la habitacin, cuya +puerta de par en par abri. + +Hija de mi alma, ya te hemos perdonado--murmur a manera de rezo, al +dar los primeros pasos. + +En el centro haba una mesa, sobre la cual dej la seora la lmpara. +Sentose en un silln junto a la mesa, y cruzando las manos empez a +llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la +estancia, los muebles y cortinas, y fijndola en algunos con la saa que +a veces emplea contra s misma el alma dolorida. La sed de ver se nutra +del temor de ver, englobndose uno en otro, miedo y apetito, para que el +alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyronse las +notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y +sencillo de escaso inters musical, pero que semejaba una advertencia, +el _rase una vez_ del cuento maravilloso. + +La marquesa no haca caso de aquella msica que estaba cansada de or. +Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenmeno de agilidad y +de buen gusto. Haba sido discpulo y era ya mulo de los primeros +pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al +muchacho a estudiar diez horas al da. Sin hacerle caso aquella noche, +ni aun darse cuenta de lo que el nio tocaba, la ilustre seora, +solicitada de otros pensamientos y emociones ms crudas y reales que las +que produce la msica, segua mirando todo. No haba visto aquellos +objetos desde el da en que expir su hija. La muerte estampaba su sello +triste en todo. La falta de luz haba dado a la tela de los muebles +tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido +sobre todo una neblina spera y gris que no poda ser tocada sin +estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permaneca un jarrn con +flores que fueron naturales y frescas nueve aos antes. Eran ya un +indescriptible harapo crdeno, que al ser tocado, caa en partculas +secas y sonantes, como los despojos de cien otoos. En los muebles +finsimos de caprichosa construccin, los dorados se haban vuelto +negros. Un armario ropero de triple luna tena las puertas +entreabiertas, y de su seno de cedro se vean salir desordenados +vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riqusimos, todo ajado y +descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que pareca +prximo a caer; si se le tocaba, en menudas partculas como las flores +de antao. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumera podrida y +descompuesta por la vejez, sala de aquellos despojos. Veanse tambin +por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un +cors cuyo cordn suelto describa rbricas por el suelo. + +Mirando esto, la marquesa record el ms triste detalle de aquel da +triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyndose bien por una de +esas raras alucinaciones del temperamento, que son la ms tremenda +irona de la muerte, haba tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en +aquel instante engaosas fuerzas, se haba vestido con febril ansiedad +diciendo que ya no estaba mala y que ira al teatro aquella noche. +Despus haba sentido de sbito como una pualada en el corazn, y cay +al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron +arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y +poco despus dej de existir. + +Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llev a la marquesa a +contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato +de mujer, en cuyo agraciado rostro haca contraste la sonrisa de los +labios frescos con la melancola de los ojos pardos, debajo de las cejas +ms galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresin de +enamorada y de burlona, y all se echaba de ver el sentimiento hondo y +fuerte, mal disimulado con la hipocresa de un carcter superficialmente +picaresco. + +La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. Era tan parecido; era la +pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distincin, +elegancia y gracia del original! Qu admirable aquella circumpostura +del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval, +antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! Qu palidez tan +encantadora! Qu armona entre lo enfermizo y las inexplicables +seducciones! Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qu +airosa, qu viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon +en un murmullo de dolor estas palabras: + +Pobre hija ma! Pobre pecadora!. + +Y diciendo esto, levantose de la caja del piano prximo un murmullo +vivo, que pronto fue un lamento, expresin de iracundas pasiones. Era la +elega de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de +estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se +trocaban en los acentos ms patticos que pudiera echar de s la voz +misma de la desesperacin. Una sola idea, tan sencilla como +desgarradora, apareca entre el vrtigo de mil ideas secundarias, y se +perda luego en la ms caprichosa variedad de diseos que puede concebir +la fantasa, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono +menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se +presentaba baada en luz resplandeciente. El da suceda a la noche y la +claridad a las sombras en aquella expresin del sentimiento por el +rgano musical, tanto ms intenso cuanto ms vago. + +De modulacin en modulacin, la idea nica se iba desfigurando sin dejar +de ser la misma, a semejanza de un histrin que cambia de vestido. Su +cuerpo subsista, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el +matiz duro de la constancia; a veces, en sus trmolos la vacilacin y la +duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el +sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y +guerrera en las altas octavas dobles, proclamndose vencedora y rebelde. +Sentase despus acosada por bravo tumulto de arpegios, escalas +cromticas e imitaciones, y se la oa descender a pasos de gigante, +huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyrase que todo iba a +concluir; pero un soplo de reaccin atravesaba la escala entera del +piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocan, como se +reconocan, como se reconocern y juntarn los huesos de un mismo +esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo +triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de +otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: Yo fui +pasin, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui tambin arrepentimiento, +expiacin, redencin, luz y Paraso. + + +=--II--= + +La marquesa, que no haba dejado de mirar el rostro de su hija hasta que +las lgrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvi a rezar, y mientras +pronunciaba una oracin especialmente consagrada a las nimas, pensaba +as: + +Dios te habr perdonado, pobre alma querida, como te perdon yo. + +Y empez a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como +reflejo del cario herido, otros punzantes y terribles como la imagen +del honor vulnerado. Record que si las faltas de la hija haban sido de +estas que en los trminos sociales no tienen excusa, la severidad de la +madre haba sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa +sinti algo que podra llamarse el remordimiento del deber. Haba sido +cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se +hicieron pblicas, puso a la seora a punto de morir de indignacin y +vergenza. Qu bien recordaba esto, y cmo se renovaban su iras con las +memorias, enardecindole la sangre! Ella entonces encerr a su hija, con +todo el rigor que la palabra indica. Habala recluido en aquella +habitacin, de donde no sala nunca, ni tena comunicacin alguna con el +exterior. Vivi como emparedada seis meses. De que muri? No se saba +bien. Muri de encierro, y fue vctima de la inquisicin del honor. + +Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba +forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social, +por las manos duras de la religin. No caban en ella las viles +condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la +civilizacin. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permita +engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella +ms que lo preciso, sin usar jams frase cariosa ni vocablo atento. La +buena seora recordaba, como se recuerda la impresin de una quemadura, +estas palabras de fuego dichas por su hija el da antes de caer enferma: +Mam, mtame con cuchillo; no me mates con tus miradas. + +De sbito la enfermedad, incubada perezosamente, estall, +desarrollndose con rapidez en seis das. Desde el primero anunciose un +fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedi al instante, como el +hielo que se funde. Qu bien recordaba, al cabo de nueve aos, la +expresin de la cara del mdico, las medicinas, los antojillos de la +enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya peda flores, +ya helados que no haba de tomar. De pronto peda todos los libretos de +pera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran +parte del almacn de msica de Romero. Pjaros, pjaros.... Le +llevaron media plaza de Santa Ana. Oh! Tengo que contestar tantas +cartas...! Y se pona a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que +eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla ms pronto de +raz, se alimentaba su fiebre galopante. + +Moriste como una pobre mrtir--pens la marquesa, rezando otra vez--. +Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa +imagen de Nuestro Redentor. + +Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La +frase tena un segundo miembro. Bien podra creerse que un alma dolorida +preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz +celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza. +Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armnico tena +cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase meldica. A +esta seguan remedos, ahora plidos, ahora vivos, sombras diferentes que +iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las +sabias formas labernticas del canon sucedieron a la sencillez soberana, +de donde result que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos +ejemplares de una misma cosa formbase un bello trenzado de peregrino +efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio, +juntando los encantos de la mstica pura a los retrucanos de la +erudicin teolgica. Bruscamente, una modulacin semejante a un hachazo +variaba, con el tono, el nmero, el lenguaje, el sentido. Estrofa +amorosa, impregnada de candor pastoril, apareca luego, y despus el +festivo rond, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y +esfuerzos de gimnasta. Enmascarndose festivamente, agitaba cascabeles. +Se suba, con gestos risibles, a las ms agudas notas de la escala, como +sube el mono por una percha; descenda de un brinco al pozo de los +acordes graves, donde simulaba refunfuos de viejo y groseras de +fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos +burlescos del muchacho herido, y saltaba de sbito pregonando el placer, +el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos. + +Abriendo el pupitre de un escritorio de bano, la marquesa revolva +papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y teman encontrar +las cosas; fijronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto +algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectculo de +oprobio. Se quemar todo esto--dijo poniendo a un lado el paquete +execrable. Despus hall un pliego en que estaba empezada una carta. La +enferma haba tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas, +las dejaba. En algunas slo se vean deformes garabatos, hechos al +rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban +ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algn +papel la melancola haba repetido muchas veces una misma palabra, +trazndola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta +ser como puntos. + +Se quemar todo--volvi a decir la marquesa, haciendo un montn de lo +que se destinaba a la hoguera. + +Revolviendo ms, encontr un retrato. La seora puso muy mala cara al +verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvi a mirar la aborrecida +imagen, porque el odio tiene tambin sus embebecimientos. No bastaba +destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo. +La marquesa rompi en menudos pedazos el retrato. + +Cmo se rea entonces Beethoven! Su alegra era como la de Mephisto +disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de +lgrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no pona +atencin y segua rebuscando. + +Qu ser esto?--pens al tomar un paquetito atado con cinta de color +de rosa. + +Desdobl el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que deca: +Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por m. + +La marquesa lloraba de nuevo. Su mano hall al instante un paquete ms +chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequea, con un papel que deca: +Para mi nio, que hoy cumple cinco aos. 12 de abril de 1863. Deseo que +sea bueno y piense en m. + +La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudi el perro negro y +puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirndola de hito +en hito con sus ojos negros y cariosos, a cuya dulzura nada poda +compararse. Dej de orse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su +mundo de sentimientos y de formas, desapareci en el silencio como una +viva luz tragada por las tinieblas. Acudi el nio msico, y asustado de +ver a la seora tan afligida, le pregunt la causa de su duelo. La +marquesa le bes en la frente, le tom despus la mano, busc en ella un +dedo... + +Es para m esa sortija?--pregunt el muchacho. + +--Para ti. Quizs sea demasiado pequea... Pero en el meique bien puede +entrar. Ya est. No la pierdas. + +--Es regalo tuyo? + +--S. + +Y poco despus se volva a cerrar la triste alcoba, y retirndose +personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristsima. Y al +da siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron +con chisporroteo, que pareca una protesta contra la Inquisicin, +papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas. +Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro +presenciaba con atencin solemne aquel acto, retratando en sus pupilas +de endrina la llama movible que se coma, sin hartarse, las pginas del +ignorado drama. Cuando la llama se extingua, lamiendo las ltimas +cenizas, _Sal_ bostez con soberano fastidio. + +Y no hubo ms. El piano son tambin casi todo aquel da, y al siguiente +la seora marquesa, acompaada del caballero cacoquimio, del nio +msico, de las dos criadas extranjeras y del perro, parti para Crdoba; +y el casern de Aransis se qued otra vez solo, fro, obscuro, mudo, +como inagotable arca de tristezas que, despus de saqueada, conserva an +tristezas sin nmero. + + + + +Captulo X + +Sigue Beethoven + + +El casern, no obstante, tena su alegre nota. Como la voz del grillo en +una grieta del sepulcro, as era la voz del conserje Alonso, cantando +peteneras en su habitacin cercana al portal y en el patio. Era un +hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Viva all con su +mujer enferma, de la cual no tena hijos, y la mitad del da se la +pasaba trabajando en carpintera, por pura aficin, bien haciendo marcos +de lminas, para lo que tena especiales aptitudes, bien arreglando +muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qu +funciones haba desempeado en la casa en su juventud. Creemos que fue +montero, porque siempre acompaaba al marqus de Aransis en sus +excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la +desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino +sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros +aada una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de +conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis. +Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que queran colocar su +dinero en fondos pblicos. Y ved aqu un banquero que pasaba horas +largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y +chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de +inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en +Madrid. + +Estaba una maana el buen hombre en el patio, cuando se abri la puerta +y aparecieron tres personas. Una de ellas salud con mucha afabilidad a +Alonso, el cual dijo as: + +Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer +tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas +distraidillo. + +--Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... Y cmo est +Rafaela?Qu tal va con las pldoras? + +--Pues no va mal. Hoy, como est el da tan bueno, le dije: Anda, +mujer, anda a que te d un poco el aire. Y con efecto, ha salido. Ya +sabes que un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Har +dinero, porque estos catalanes saben ganarlo. No le has odo nombrar? +Juan Bou, litgrafo. Est viudo; necesita quien le ayude a arreglar su +casa..., y con efecto, Rafaela ha ido all... Es calle de Juanelo. Yo +deba haber ido tambin, y con efecto... + +--Con efecto--dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo--, +venamos... Ya me parece que habl a usted de ello la semana pasada. +Estos dos amigos, esta seorita y este caballero, desean ver el palacio +de Aransis. Cuentan que es tan hermoso.... + +Alonso era complaciente. Entr en su vivienda, sac un manojo de llaves, +y sealando la escalera, dijo con formas respetuosas: + +Pasen los seores. Vern lo que hay. + +Miquis, presentando a los que le acompaaban, no pudo reprimir sus +instintos de malignidad zumbona, y habl as con afectada finura: + +El Sr. D. Jos de Relimpio y Sastre, consejero de Estado!. + +Don Jos se inclin turbado, sin atreverse a contestar. + +Y su sobrina, la seorita de Rufete, que acaba de llegar de Pars.... + +Isidora mir a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se +atrevi a seguir. El conserje ech una mirada a la poco flamante levita +de D. Jos y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse +completa armona entre el vestido y las personas. O quizs, hecho a las +burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones. +Subieron. + +Esto es del gnero Luis XV--dijo con nfulas de cicerone instruido, +ensendoles la primera sala--. La decor el seor marqus viejo. Aqu +todo es antiguo. + +Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como +descontenta de s misma, se ha convenido en que slo lo antiguo es +bueno, Miquis, que haca el papel de artista magistralmente, empez a +manifestar esa admiracin lela de viajero entusiasta, y a lanzar +exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedndose +una buena pieza de tiempo con la boca abierta. + +Esto es maravilloso--deca--. Vaya con las patitas de las consolas... +Qu elegancia de curvas! Y esas cortinas con amorcillos y +guirnaldas?... Pero dnde llega el techo...! Mara Santsima! Yo me +estara toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos nios +que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. Jos, en +que hoy por hoy no se hacen ms que mamarrachos. Aqu tenemos un saln +que usted deba tomar por modelo para el palacio que est usted +construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted all una pieza +tan grande; pero mucho se puede hacer todava mandando tirar algn +tabique. + +Don Jos le daba con disimulo codazos y ms codazos para que cesara en +sus burlas. Tambin Relimpio crea de su deber honrar la casa que +visitaban, embobndose de admiracin y lanzando interjecciones cada vez +que el bueno de Alonso sealaba un espejo, un cuadrito o el biombo de +cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara. + +Y a ti, Isidora, qu te parecen estas maravillas?--prosigui Augusto, +cuando pasaban a otra sala--. Probablemente no te llamarn mucho la +atencin, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de +aquel Pars... Mira, mira estos retratos de caballeros y seoras de los +siglos XVI y XVII... Qu nobles fisonomas! Aquel que empua un canuto, +semejante a los de los licenciados del ejrcito, debe de ser algn +guerrero ilustre. Vaya unos nenes! Aquella seora de empolvado pelo, +cun hermosa es y qu bien est dentro de su tonelete! Y aquella +monja?... + +--Es el retrato de sor Teodora de Aransis--indic Alonso con respeto--, +superiora del convento de San Salom, donde muri ya muy anciana y en +olor de santidad hace diez aos. + +--Guapa monja! Qu tal, D. Jos?. + +Don Jos dijo al odo de Miquis: + +Si pestaeara!.... + +Pasaron de sala en sala, cada vez ms admirados; Miquis, enftico y +grandilocuente; D. Jos, repitiendo como un eco las exclamaciones de su +amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraos a las +emociones del arte; mirndolo todo con cierta ansiedad mezclada de +respeto, que ms bien pareca el devoto arrobamiento que inspiran las +reliquias sagradas. + +Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan +delante Alonso e Isidora, D. Jos se lleg a Miquis y en voz baja le +dijo: + +Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: Lo que es el mundo!... +Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad +que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir +en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una +revolucin grande, atroz. + +--Eso digo yo, Sr. D. Jos. Por qu todo esto no ha de ser nuestro? A +ver, qu razn hay? Qu pecado hemos cometido usted y yo para no vivir +aqu? + +--Justamente: ese es mi tema. + +--Hay que decir las cosas muy claritas. + +--Que venga esa revolucin, que venga. Somos iguales, s o no? + +--S--afirm Miquis con acento de Mirabeau. + +--As es que yo no me explico.... + +La mente de D. Jos caa en un mar de confusiones, hundindose ms a +medida que vea ms objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir +emitiendo juicios muy filosficos sobre aquella revolucin prxima, +cuando Miquis acert a ver el piano. Verlo, correr hacia l, abrirlo, +hojear los papeles de msica, y dar con su dura mano un acorde en la +octava central, fue cosa de un instante. + +Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo +revuelto, lo obscuro, tena algo de mar; all estaba su turbulento genio +escondido debajo de mil lneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que +parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rtmica hinchazn de +las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difciles, +slo es dado navegar al msico experto. Tambin estaba all la nave, +admirable construccin de Erard. No faltaba ms que el piloto, el +msico, el intrprete, bastante hbil para lanzarse al abismo con nimo +valeroso y manos seguras. Miquis senta la inspiracin en su mente; pero +sus dedos, tan adiestrados en la ciruga, apenas acertaban a manejar +torpemente algunas teclas, esto es, que no saban apartarse de la +orilla. + +Pero toc. Apenas poda leer la enmaraada escritura del autor de +_Prometeo_. Los sonidos equivocados, que eran los ms, le desgarraban +los odos. El tono era difcil, y anunciaba sus asperezas una sarta de +infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para +alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su +anhelo, de su furor msico, Miquis tocaba. Pero qu sonidos roncos, qu +acordes sesquipedales, qu frases truncadas, qu lentitud, qu tanteos! +Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesa sublime fuera rebajada +a pueril aleluya. + +En tanto, Alonso abra la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral +de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona +muerta all nueve aos antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la +quema de papeles, de la piedad de la seora marquesa... + +Y con efecto--aadi tocndose la punta de la nariz con la dem del +dedo ndice--; dicen, y yo estoy en que ser verdad, que para el ao que +viene se har aqu una capilla... Qu guapa era la seorita! No es +verdad?. + +Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lstima; +Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas +femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual creca, +dndole tantas congojas, que retir su vista del cuadro y se apart de +all para no dar a conocer lo que senta. + +Ninguno de los presentes conoca el secreto de su vida. No quera +confiarlo a D. Jos, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por +excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al +saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis haba estado en Madrid +tres das y que ella, por ignorarlo, no se haba presentado a la noble +seora. Qu contrariedad tan penosa! Pasados algunos das, como +sintiese cada vez ms vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no +quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se vali de Miquis, +cuya amistad con el guardin de la casa le era conocida. Qu da aquel! +Todo cuanto all vio le haba causado profundsimas emociones; pero el +retrato, cielos piadosos!, habala dejado muerta de asombro y amor. + +Si pestaeara!--dijo para s aquel calavern incorregible de D. Jos +Relimpio--. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonoma no me es +desconocida. + +Alonso segua dando noticias discretas y mostrando algunas +preciosidades, a lo que atenda con mucha urbanidad el padrino de +Isidora. Pero esta no vea ni oa nada. Se haba quedado de color de +cera, y temblaba de fro. Por un instante sintiose a punto de perder el +conocimiento, y a su turbacin unase, para hacerla ms honda, el miedo +de darla a conocer ridculamente. Se sent; hizo firme propsito de +serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz msica de Augusto le +rompa el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo +lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y +recin castigado. + +Msica alemana, eh?--indic Relimpio con airecillo de suficiencia--. +Seor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba... + +--Pobre Beethoven mo!--exclam el estudiante dejando de tocar y +haciendo un gesto de desesperacin--. Qu lejos estabas de caer entre +mis dedos! + +--Me parece que debemos marcharnos--dijo el tenedor de libros ofreciendo +un pitillo a Alonso, que respondi: No lo gasto--. Nos vamos, +Augusto? + +--A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la +embajada inglesa.... + +Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de +paso lo que ya detenidamente haban admirado. Isidora se qued atrs. +Qu ansiosas miradas! Sin duda queran recoger y guardar en s las +preciosidades y esplendores del palacio... Cuando lleg a la ltima sala +se oprimi el corazn, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras, +sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambicin, exclam: +Todo es mo!. + + + + +Captulo XI + +Insomnio nmero cincuenta y tantos + + +Qu hermoso palacio, Dios de mi vida! Cunto habr costado todo +aquello! Pensar que es mo por la Naturaleza, por la ley, por Dios y +por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios +no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie despus +mejor el bien que me destina. Si as no fuera, Dios hubiera hecho que yo +me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazn no puede +engaarme, el corazn me dice que cuando yo me presente a ella, cuando +me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi +verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi +abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lgrimas. Es tan +buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, qu fiel y honrado +parece!... Siempre, siempre seguir en la casa, con su pata de palo, que +va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles estn en regla. Debo +tomar el tren y marcharme a Crdoba. Y con qu dinero, Virgen +Santsima? Vaya, que mi to se porta... Tantas promesas y tan poca +substancia. Ah! Seor Cannigo, cmo se conoce la avaricia! Temo +presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no estn +decentes, ya mi vestido est muy _cesante_, como dice _la +Sanguijuelera_. Tanta vergenza tengo de m, que quisiera no hubiese +espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la +una. Yo debera dormirme. Si Dios quisiera darme un poquito de +sueo!... Me volver de este otro lado. + +Ya siento un poco de sueo. Detrs de los ojos noto pesadez... Si no +fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha +pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueecito, ven... Pero cmo he de +dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja, +dolindome. Est visto, no me dormir hasta las dos. Pobre, infeliz +hermano! Qu afrenta tan grande para m y para l! No, mientras esto no +se arregle y Mariano salga de la crcel no dir una palabra, no dar un +solo paso, no ver a mi abuela... Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer, +infeliz mil veces! Cmo quieres dormir con tanta culebrilla en el +pensamiento? Aqu, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual +una madre grande y enroscada est pariendo sin cesar... El palacio, mi +abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego +aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme ms... Qu hermosos, +qu divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareci +verla viva, que me miraba y se rea, dicindome cosas de esas que se les +dicen a los hijos. Madre querida, mndame un beso y con l un poco de +sueo. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar +de mi cabeza tanta y tanta cosa. Si se lograra dormir cerrando mucho +los ojos; si se pudiera olvidar apretndose las sienes!... Me volver de +este otro lado. Para qu, si al instante me he de cansar tambin? Ms +vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contndome cuentos. +Jess, qu negro est mi cuarto! Si no duermo, vale ms que encienda +luz y me levante, y abra el balcn y me asome a l... Pero no, tendr +fro, me constipar, coger una inflamacin, una erisipela. Ay, qu +horror! Me pondr tan fea..., y es lstima, porque soy tan guapa, me +estoy poniendo... divina! Aqu, recogida una en s, y en esta soledad +del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una +decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se +le dicen nunca. Qu hermosa soy! Cada da estoy mejor. Soy cosa rica, +todos lo afirman y es verdad... Dios de mi vida, las dos! Este +chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su +pipa. El asno bonito se acuesta...Las dos, y yo despierta!... + +Qu silencio en la casa! Me volver de este otro lado... Oh!, qu +calor tengo! Me deslizar a esta otra parte que est ms fresca. Tengo +un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, pues no me estoy +riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santsima, +sueo, sueo, olvido... Esta es otra; por qu me palpita el corazn? Lo +mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido, +este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... Jess, madre +ma! Qu siento? Pasos en mi cuarto! Alguien ha entrado!... Ah!, no, +no hay nada: es como una pesadilla... Cmo sudo, y qu sudor tan fro! +Si al menos me durmiera! Pero cmo, si el corazn sigue palpitando +fuerte?... Tengamos serenidad. Corazn, estate quieto. No bailes tanto, +que me dueles... Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... Qu +cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el +pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, por +qu no he de tener yo talento? S que lo tengo. Eso, antes que los +dems, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mam ma, no has +echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que +salga de esa maldita crcel, que se afine, que se pulimente, que se +instruya... Dios me valga! Las tres! + +Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo. +Dar otra vuelta y cerrar los ojos; los apretar aunque me duelan... +Por qu no puedo estar quieta un ratito largo? Qu es esto que salta +dentro de m? Ah!, son los nervios, los pcaros nervios, que cuando el +corazn toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. Qu suplicio! Me +muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, qu +hermoso ser! Cundo vers en ti, garganta ma, enroscada una serpiente +de diamantes, y t, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan, +sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro, +el trtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ah estn +esas cursis de Emilia y Leonor... Cmo me agradan los terciopelos y las +felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro +con hojas de Otoo resulta lindsimo... El buen gusto nace con la +persona... + +Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el +sueo. Al fin descansar: bien lo necesito... Ya llegan los convidados, +mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran +ya. Cunta sonrisa, cunto brillante, qu variedad de vestidos, qu +bulla magnfica! y... en fin, qu cosa tan buena! Hay una tibieza en el +aire que me desvanece; me zumban los odos, y en los espejos veo un +temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha +de morirse, porque no hay ms remedio, que se muera aqu. Jess, qu +cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiracin. Eso bien se conoce. +Acaba de llegar Joaqun y se dirige hacia m... Qu campanas son estas? +Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, s estoy en mi +cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me +volver de este otro lado... + +El tal marqus viudo de Saldeoro est loco por m; pero no ser tonta, +no le dar a conocer que me gusta... Y cmo me gusta!... En fin, +suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. Soy acaso como esas +cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se +rinde el corazn sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es +indiferente y el marqus viudito te encanta, no des a entender tu +preferencia... Los hombres! Ah!... que se fastidien. Se dice que son +muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo +que ambiciono para marido; y l me jura que lo ser... Jess, qu cosa +tan buena! Qu hermosa figura, qu modales, qu manera de vestir tan +suya...! Pero yo me pregunto una cosa: dir que me quiere porque sabe +que voy a ser riqusima?... Mucho cuidado, mujer; no te fes, no te +fes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para +ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo +aceptara... Humillarme yo!... Antes morir... Las cinco, Virgen del +Carmen, y yo despierta! + +No quiero pensar en Joaqun, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en +mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meter la +cabeza debajo de la almohada. Ah!, esto me da algn descanso... Hace +dos semanas que no veo a Joaqun, y me parece que hace mil aos. Estuve +tan fuerte aquel da!... Me fing tan incomodada! Verdad es que l fue +atrevido, atrevidsimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se +hace... Estaba fuera de s. Qu ojos, qu fuerza la de sus manos! Pero +qu seria estuve yo!... Con cunta frialdad le desped..., y ahora me +muero porque vuelva... Jess, acaban de dar las cinco y ya dan las +seis! Esto no puede ser. Ese reloj est borracho... Tengamos calma. +Siento mucho sueno. Al fin el cansancio me har dormir. Si yo no +pensase... Qu felices deben de ser los burros!... Firme, mujer; +mientras ms apasionado est Joaqun, ms fra y tiesa t... Ya siento a +D. Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto. +Es de da y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi +cabeza, los doy, Seor, por un poco de sueo. Seor, dame sueo y djame +tonta... + +Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto +empezarn los pregones. Maana, qu digo maana?, hoy es mircoles, 17. +Recibir carta y libranza de mi to? Mi to no es; pero as le llamo. +El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doa Laura rie con la +criada... Maldita sea D. Laura! El da en que tenga con qu pagar a +esa mujer feroz, ser el ms alegre de mi vida... Las siete ya! Quiero +dormir, aunque no despierte ms. Esta cama es un potro, un suplicio. Si +dentro de un rato no duermo, me levantar. No puedo estar as. En mi +cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. Si se +morir la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte ser un +despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. Cmo entra +el sol por mi cuarto! El pcaro va derecho a iluminar mis pobres botas, +que ya no sirven para nada. Tambin da de lleno en mi vestidillo para +hacerle, con tantsima luz, ms feo de lo que es. Qu miserable estoy, +Dios mo! Esto no puede seguir as; no seguir. Voy a escribir a mi to, +a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaqun... Las ocho, Dios de mi vida! +Me levanto. Dormir maana a la noche. + + + + +Captulo XII + +Los Peces (sermn) + + +=--I--= + +Dijo tambin Dios: Produzcan las aguas reptiles de nima viviente... + +Y cri Dios las grandes ballenas, y toda nima que vive y se mueve, que +reprodujeron las aguas segn sus especies... Y vio Dios que era bueno. + +Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la +mar... + +(_Gnesis_, cap. I, versculos 20, 21 y 22.) + +Amados hermanos mos: Feliz mil veces _la postrera de las tierras hacia +donde el sol se pone_, esta nuestra Espaa, que concibi en su seno y +crio a sus pechos a D. Manuel Jos Ramn del Pez, lumbrera de la +Administracin, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la +poltica, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos +cofradas, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipan, indispensable en +las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para +acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un +emprstito, la nariz ms fina para olfatear un negocio, servidor de s +mismo y de los dems, enciclopedia de chistes polticos, apstol nunca +fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio +de nuestra gloriosa apata nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar +reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeador mayor +por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que +vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque +ms que hombre es una generacin, y ms que persona es una era, y ms +que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y +compendio de una media Espaa. + +Don Manuel Jos Ramn Pez andaba, en la poca a que se refiere este +nuestro panegrico, entre los cincuenta y los sesenta aos. Desde su +tierna edad serva en esta maternal Administracin espaola. De nio +haba tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que +tambin eran Peces por la rama materna. Ms adelante se gobern solo, y +casi siempre desempe elevados y ubrrimos destinos, con intervalos de +cesantas; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba +reputacin de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque +esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea +puramente relativa. De sus principios polticos no queremos hablar, +porque no hay para qu. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer +que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenan por +atributo primero una adaptacin tan maravillosa como la de los lquidos +a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios +lquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesin, pues +tambin los hay gaseosos. Si un carcter ha de formarse de una sola +pieza y de una sola substancia, descartando las dems como puramente +ornamentales, el carcter de D. Manuel se compona de una sola y +homognea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre, +por la ley de gravitacin social, a los poderosos. + +Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdiccin de lo humano, que no +se consiguiera por mediacin de Pez, y de aqu que Pez estuviera en +aquellos das de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo est de +ex--votos un santo milagroso. La recomendacin es entre nosotros una +segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos +expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a +cumbres altsimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el +trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de +la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa +forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendacin. + +No como una segunda fase de su carcter servicial, sino como una +ampliacin de l, tena don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea +proteccin decidida, incondicional, una proteccin frentica y +delirante, a la copiossima, a la inacabable, a la infinita familia de +los Peces. En aquellos das, amados hermanos mos, desempeaba una de +las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para +ministro. En los mismos das verais repartidos por toda la redondez de +la Pennsula nmero considerable de funcionarios que por llevar el claro +nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o +sptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Haba cuatro o +cinco Peces entre los oficiales generales del ejrcito, todos con buenos +lotes en direcciones o capitanas generales. Los magistrados y jueces y +promotores fiscales del gnero Pez se contaban por centenares, +distribuidos en toda la Espaa. Para que en todas las jerarquas hubiera +algn miembro de esta omnisciente familia de bendicin, tambin haba un +obispo pisciforme, y hasta doce cannigos y beneficiados que pastaban en +el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras pblicas, capataces, +recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas, +inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, sptimos y +quincuagsimos de Gobiernos de provincia, el nmero era tal que ya no se +poda contar. Invoquemos el texto divino: _Crescite et multiplicamini, +et replete aguas maris_. + +De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que +hablar, porque all los haba hasta de las ms bajas categoras. Sin +contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D. +Manuel era evidente, aunque remotsimo, coleaban mil y mil Pececillos, +slo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el +apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya +de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristn. Para +decirlo todo de una vez, y concretndonos al distrito perpetuo de D. +Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos mos, recordemos +la opinin que acerca de esta gente form el _Apstol de las Escuelas_, +Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiolgicos sac la +clasificacin siguiente: Orden de los _Malacopterigios abdominales_. +Familia, _Barbus voracissimus_. Especie, _Rmora vastatrix_. + + +=--II--= + +Amados hermanos mos: si de la Mancha pasamos, pues todo es Espaa, a la +Direccin de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectculo no menos +patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipan +(que de Dios goza), haba tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando +al hijo mayor, Joaqun Pez, de quien se hablar cuando le toque; +descartando tambin a las dos seoritas de Pez, ya casaderas, quedaban +cuatro pimpollos. Luis, de veintisis aos, tena treinta mil reales en +la Secretara del Ministerio; Antoito, de veintids Navidades, gozaba +veinticuatro en una Direccin limtrofe; Federico, de diez y nueve, se +dignaba prestar sus servicios al lado del pap por la remuneracin de +catorce mil reales; Adolfito, de quince, haba admitido un bollo de ocho +mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no haba recibido +an la credencial; pero la recibira en justo galardn de su celo +persiguiendo a los ratoncillos que roan los papeles de la oficina. + +No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una +breve excursin al campo de la Aritmtica. Es una observacin o problema +que el pblico ha formado muchas veces ante ciertas anttesis, que, a +fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel +era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia +propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tena bienes +races de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no deba +de tener tampoco economas. Sumando su sueldo con el sueldo de los +pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis +mil duros. Problema: por qu misteriosas alquimias pasaba esta cantidad +para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales, +buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la +familia, lujosos vestidos de baile para las nias, land, palco a primer +turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano, +imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel +perciba de algunas compaas de ferrocarriles, quedaba la mitad del +gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados +preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por +ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y +corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se +rasca, porque ya no le escuece. + +Introduzcmonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta +redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este +matrimonio dichoso, y de esta prole dichossima. Los tiempos eran +prsperos. Tocaba entonces estar arriba. El rbol fecundsimo del poder +protega con su plcida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano +para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De +situacin tan bella proceda en todos aquel deseo febril de goces y el +delirio de llamar la atencin, de parecer mucho ms de lo que realmente +eran. La seora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas +casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos haban de ser +millonarios, y adems, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas +(daadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) haban hecho suyas las +ideas de su endiosada mam, y an iban ms lejos, y soaban con +prncipes, por qu no con reyes? + +Eran dos nias preciosas, de hermosura delicada y frgil, de esa que +luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y +luego se disipa en el primer ao de matrimonio; rubias, delgadas, +quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucan demasiado grandes en +la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser +tradas y llevadas por su mam de saln en saln, de teatro en teatro, +de fiesta en fiesta, parecan fatigadas, pero no hartas de frvolos +pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba +que estas tales nias apenas podan esconder, bajo el barniz de la +urbanidad, el desprecio que sentan hacia todo lo que fuera o pareciese +inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caa de la boca la +palabra _cursi_, aplicndola a este o aquel que no viviese inmergido en +el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no +comprendan las tontuelas que ellas caan tambin debajo del fuero de la +cursilera, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y +que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente +superior. Aquellas nias, mil veces dichosas, no haban visto el mundo +sino por su lado frvolo; no conocan la sociedad ni su mecanismo, ni +sus orbes y gravitacin admirables. Su instruccin se circunscriba a un +poco de Catecismo, una tintura de Historia, y qu Historia!, algunos +brochazos de Francs y un poco de Aritmtica. Pero de que servan los +rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no +les caba en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del +duque de Tal posea en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de +malicia como de sindresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para +ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no poda entrar la +comparacin entre los diez millones de renta del duque de Tal y los +cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponindole Pez, y +Pez grandsimo. _Creavit Deus Cete grandia_ (los grandes cetceos). + +Dejmoslas en paz. Eran dichosas. A qu conturbar su felicidad, +picotendola con nmeros? Que gocen de la vida, de los verdes aos. +Ocupmonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina +sino cuando le daba la gana; que haba encargado un velocpedo a Londres +y haba extendido l mismo la orden para que el administrador de la +Aduana de Irn lo dejase pasar sin derechos, qu rasgo de genio! T +irs muy lejos, nio, le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel +rasgo vala una cartera. Genialidad infantil que anunciaba el embrin +de un hombre de Estado espaol! + +Ocupmonos tambin, amados hermanos mos, de Federico y Antoito Pez, +que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filsofo (muchos +filsofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. Ah! +La Economa poltica es una ilusin que se pierde siempre a los veinte +aos. Federico se haba distinguido en esos crculos de sabidura +temprana donde centenares de ngeles juegan al discurso. Era oradorcito. +All era de or lo siguiente: El seor que me ha precedido en el uso de +la palabra.... Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es +moda que los nios de teta usen sombrero. Las controversias de los +menudos filsofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento +y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita +por Federico sobre no s qu, pas desde la tribuna a la prensa, +apareci en una Revista; el nio se creci; inscribiose en un crculo +ms nombrado; hzose or; le aplaudieron. Primero hablaba y luego +gritaba. Ensordeca los pasillos. Lleg a envanecerse con su facilidad +de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodrguez. Hubo de volverse +loco porque le dijeron que an mamaba. Disparate! El no mamaba sino del +presupuesto. + +Antoito, que era el filsofo, empleaba las horas de oficina en hacer +revistas musicales para un peridico de teatros. La Filosofa y la +Msica tienen un alma de diez y nueve aos, una afinidad que parece +parentesco. Son dos cuerdas distintas del lad de la tontera. Antoito, +que haba hecho en su cabeza una especie de pasta filosfica, amasando +al padre Taparelli con Augusto Comte, era adems un wagnerista +furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jams de los jamases haba +odo msica de Wagner. En sus artculos llamaba a todas las cantantes +_divas_, y a toda las obras _spartitos_. Era seversimo con los artistas +cuando no le daban butaca. + +Ocupmonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filsofo, ni +economista, ni msico; era jinete. Haba comenzado una carrera militar, +pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasin eran los +caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba +que no tuviramos hipdromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su +cerebro tan limpio de Aritmtica, que no acertaba a comprender por qu +l tena un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de +Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban +la cuadra de la calle de San Dmaso. He aqu una contradiccin econmica +ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habra tenido +quizs algo que decir. Iba nuestro galn centauro a la oficina lo menos +que poda. Estaba agregado a la Comisin de empleados que redactaban las +nuevas Ordenanzas de Aduanas. Para qu haba de molestarse este digno +funcionario en asistir a su trabajo si l no saba lo que era comercio; +si no saba lo que era un puerto; si no haba visto otra mar que el mar +sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento, +lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohlica, arancel, y +dems cosas que ataen al trfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en +la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle. +Amados hermanos mos, tiempo es ya de que digamos con el ngel. _Ave, +Mara!_ + + +=--III--= + +Sorprendamos a D. Manuel Jos Ramn Pez (o del Pez) cuando, recin +abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de +varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenan con l relacin +misteriosa, slo de l conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados +los lentes o quevedos, afeitada y descaonada ya la barbilla violcea, +bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de +estopa, revolva cartas, consultaba notas, hojeaba _memorndums_, +ordenaba _in mente_ lo que no tena orden, haca clculos, esbozaba +proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su +cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que pareca +hecha con tiralneas; abismbase en meditaciones; despus, tarareando +una cancioncilla, pasaba la vista por los peridicos de la maana, daba +algunas rdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y +diversiones. + +A cada instante era visitado el despacho por un ngel que entraba +retozando. Qu chchara suplicatoria y qu mendicidad mezclada de +regocijo! Pap, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco +de la Comedia... Pap, no olvides que hoy se renueva el abono del +Real... Papato, pgame esta cuenta de Bach... Pap, el sastre... Pap, +la modista... Papa, la florista... Pap, la cuenta de Arias... Pap, +nuestros abanicos... Pap, el caballo... Pap, pap, pap.... Era un +po po que no cesaba. Por fortuna don Manuel Jos Ramn era la imagen +viva de la Providencia, segn generosamente daba y reparta, sin +quejarse, sin regaar; antes bien, regodendose de ver tanto gusto y +apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. Tambin +l era feliz, porque si algn bien positivo hay en el mundo, es el que +sienten mano y corazn en el momento de dar algo. + +Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gento fosco, +siniestro, una turba preguntona y exigente, que quera hablar con el +seor, ver al seor, decir dos palabritas al seor. Sonaba a cada +instante la campanilla, y entraba uno ms. Eran los desfavorecidos de la +fortuna, pretendientes, cesantes de distintas pocas, de la poca de Pez +y de la poca del antecesor de Pez. Algunas bocas famlicas pedan pan; +otras no pedan ms que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad, +pedan para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban +atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedan _para cuando +hubiese una vacante_. Con este gento calagurritano se mezclaban los +postulantes de otra esfera, personajes y seorones que pasaban al +despacho desde que llegaban. El criado no poda contener a la turba +impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tena en sus maneras el +mpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropell en cierta ocasin al +criado, se meti por el pasillo adelante, entr sin anunciarse en el +despacho, y encarndose con D. Manuel, dijo con lgrimas y gestos de +teatro: Seor, soy viuda de un Pez. + +Don Manuel reparta promesas, limosnas, a veces credenciales de poca +monta, y para todos tena un consuelo, una palabra o un duro. Era +bondadoso y muy bien educado. Haba en su mente, junto a la idea de su +derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con +la humanidad cesante y desposeda. + +Por concluir nuestro panegrico con un hecho concreto de la vida del +santo, diremos que una maana D. Manuel mand que no entrase nadie. +Estaba fatigado. Quera ir pronto a la oficina, donde tena cita con el +marqus de Fcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro, +hacindole un prstamo. + +Ah!, se me olvidaba...--murmur, echando la vista sobre una carta--. +Francisco, dile al seorito Joaqun que suba. + +Joaqun Pez, el mayor de los Pececillos, tena treinta y cuatro aos. Se +haba casado por amor con la hija nica de la marquesa de Saldeoro. +Quedose viudo a los ocho aos de matrimonio, no exento de alborotos, y +cuando las cosas de esta relacin ocurren estaba asombrosamente +consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se +distingua; fsica la una, moral la otra. Era su corazn bueno y +carioso. Era su figura y rostro de lo ms apuesto, hermoso y noble que +se pudiera imaginar. Tena toda la belleza que es compatible con la +dignidad del hombre, y a tales perfecciones se aadan un aire de +franqueza, una agraciada despreocupacin, o s se quiere ms claro, una +languidez moral muy simptica a ciertas personas, una chchara frvola, +pero llena de seducciones, y por ltimo, maneras distinguidsimas, humor +festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que +corresponde a un tipo de galn del siglo XIX, que es un siglo muy +particular en este ramo de los galanes. + +Y hablemos ahora, amados hermanos mos, del defecto de Joaqun Pez, +defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofa, por la Iglesia, por +los Santos Padres y hasta por la gente de poco ms o menos. Este defecto +era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de +nimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones +fsicas y sociales del Pez, bien se comprender que este vicio del alma +haba de tener por expresin sintomtica el desenfreno de las pasiones +amorosas. + +Disculpmosle. Era tan guapo, tena tanto partido, que ms que el tipo +del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era +en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorban su +atencin, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la +herencia de su esposa, pero muy mermado ocho aos despus. Cuando le +conocemos, Joaqun estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los +terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que +no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en +cabaas o andurriales. + +Ya os oigo decir, amados mos, que estas caceras, lejos de fortificar +al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua; +pero nuestro vigoroso Pez no haba llegado an, cuando le conocimos, al +grado de envilecimiento que es el trmino de las pasiones locas. Su +vicio era todava un vicio del corazn, intervenido con la fantasa. An +persistan en l ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos, +con sus melancolas, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba +a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuacin con +fantasmagoras y esfuerzos de iluminismo, de que nacan, aunque por modo +artificioso, afectos parecidos a la ternura. + +Viva solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal +ocupaban sus padres. Levantbase tarde, almorzaba con su familia, y +despus de la una rara vez le volvan a ver sus padres hasta el da +siguiente. + +Pero, hombre, has visto?--le dijo el pap Pez, prejuzgando con su +tonillo burln el asunto de que iba a tratar--. Otra carta del Cannigo +en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal +Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., qu +tonteras!, en su pretensin... Dice que son nietos de la marquesa de +Aransis; que l lo probar ante los Tribunales. T crees esto? + +--Yo..., yo, verdaderamente...--manifest Joaqun con aquella indolencia +que de su cuerpo a su pensamiento se extenda--. No lo afirmo ni lo +niego. + +--Logomaquias, hombre--dijo D. Manuel apartando de s con desprecio la +carta de su amigo el Cannigo, cacique y faraute de los Peces en buena +parte de la Mancha--. Esto es novela... Nietos de la marquesa de +Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... Conoces t a esa +Isidora? + +--S. + +--Y ella sostiene...? + +--Como el Evangelio. + +--Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor +salen con la patochada de tener por paps a duques o prncipes, no +pueden pasar en el da, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca. +Admitmoslo en las novelas; pero en la realidad...! En fin, sea lo que +quiera, es preciso atender al Cannigo, que nos sirve bien. Entrate. +Dice que pongamos a disposicin de la muchacha algunas cantidades. En lo +que no le har el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la +marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos dicindoselo a su +apoderado, el marqus de Onsimo... Logomaquias, hombre... + +--Yo me encargar de esto--replic decididamente Joaqun--. Ya he visto +a esa hija de reyes. Es una muchacha simptica, discreta y buena, que +merece, s, merece, sin duda algo ms de lo que posee. + +Cuando Isidora lleg a Madrid, recibi don Manuel una carta del Cannigo +recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que +tanto haba hecho rer al seor Director. Por encargo de este, Joaqun +la visit; encontrola guapa el primer da, el segundo muy guapa, y el +tercero deliciossima, con lo que la diput por suya. Traz las primeras +paralelas; hall resistencia; traz las segundas y hall ms +resistencia, una tenacidad que anunciaba el herosmo. De aqu vino +aquella retirada hbil que desconcert, como antes se dijo, a la joven, +no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada. +Cun cierto es que el ocio enerva y rinde al ms aguerrido ejrcito +antes que el fuego y las balas! + +Las dotes militares de Joaqun, ms que de general de tropas regladas, +eran de guerrillero hbil en golpes de mano. Viene esto de la ndole de +los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a +esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitn de partidas, +desde que habl con su padre, ide, pues, la emboscada ms hbil que +concertaron guerrilleros en el mundo. No pondra sitio. Enviara un +parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo +caa en el lazo, si pasaba el ro de la Prudencia y se pona bajo los +fuegos del desfiladero de la Audacia... + +En el captulo siguiente veris, oh amados feligreses!, lo que pas. + + + + +Captulo XIII + +Cursilona! + + +Seran las cuatro cuando Isidora, acompaada de su padrino, lleg al +portal de la casa de Joaqun Pez. Su ansiedad era grande, porque haba +recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, despus de +declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la seorita de +Rufete a venir a su casa, donde sera enterada de una comunicacin del +Cannigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente +importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle +de Hernn Corts a la de Jorge Juan no cabran en este volumen, aunque +fuese doble. De qu manera y con qu fecundidad de imaginacin dio vida +en su mente a la entrevista prxima a verificarse! Al llegar al portal, +y al decir a D. Jos: dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva +aqu dentro de media hora, ya haba ella desarrollado en s misma cien +visiones distintas de lo que haba de pasar. Cuando ella entraba, salan +las dos nias de Pez con su mam para subir al coche que las esperaba en +la calle. Qu elegantes! Isidora las mir bien; pero iba ella, a su +parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera +escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y +mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de +engrandecerse no era un deseo tan slo, sino una reclamacin. Su pobreza +no le pareca desgracia, sino injusticia, y el lujo de los dems +mirbalo como cosa que le haba sido sustrada, y que tarde o temprano +deba volver a sus manos. + +Las nias de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta +las examin bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crtica +acerba, las desnud, les quit los sombreros, censur aquellos talles de +araa, y concluy por considerar en su mente lo que resultara si la ms +guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta +se pusiera los de la chica de Pez. + +Entr en casa de Joaqun, y el criado la encerr en un gabinete mientras +pasaba recado al seorito. Qu hermosos y finos muebles, qu cmodos +divanes, qu lucientes espejos, qu blanda alfombra, qu graciosas +figuras de bronce, qu solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos +de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qu magnficas estampas +de mujeres bellas! La escasa erudicin de Isidora no le permita saber +si aquellas seoras eran de la Mitologa o de dnde eran; pero la +circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido +le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. Y qu bonito el armario +de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban +en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jams ledos! +Pero qu harn en los rincones aquellos dos seores flacos? Ah! Esa +pareja se ve mucho por ah. Son Mefistfeles y D. Quijote, segn ha +dicho Miquis. Yo no har nunca la tontera de tener en mi casa nada que +se vea mucho por ah. Vamos, que an puedo yo dar lecciones a esta +gente. Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de +Velzquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qu hara +nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entr Joaqun. + +Albricias!--le dijo de buenas a primeras, tomndole las dos manos y +apretndoselas mucho--. Pap ha tenido una carta del Cannigo... Pap se +propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglar... Esto va +bien. No lo dije yo?. + +Isidora qued tan turbada por esta irrupcin brusca de buenas noticias, +que no acert a decir nada. Miraba embebecida a Joaqun. Pasada la +primera impresin de las noticias, lo que domin en el espritu de la +joven fue la vergenza de que Joaqun, tan admirador de ella, la viese +mal vestida. Haba estado dos horas arreglndose para disimular su mala +facha. Vena compuesta con galana sencillez, respirando aseo y +coquetera; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no +podan disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, y +esto era lo ms atroz!, la desgraciadsima vejez y mucho uso de las +botas, que no slo estaban usadas y viejas, sino rotas! Lo que Isidora +padeca con esto no es decible. Cuidadosamente esconda bajo las faldas +sus pies, tan pequeos como mal calzados, para que Joaqun no se los +viera. + +Pero ya l se los haba visto, sin perder por eso el amor, o llmese +como se quiera, que senta; antes bien, exaltndose ms. Por efecto de +esas aberraciones del gusto que marcan el trnsito de la pasin al +vicio, Joaqun la amaba ms con aquel atavo grosero; y si estuviera +completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella +sublimado el ideal del momento. + +Y cundo hablar su pap de usted a la marquesa?--pregunt Isidora ya +ms duea de s--. La marquesa est en Crdoba... + +--En Crdoba?... Ya--murmurr Joaqun, a quien no le importaba gran +cosa que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase--. Eso no +importa. La marquesa vendr... Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo +mejor. Tenemos orden del seor Cannigo para entregar a usted las +cantidades que necesite. Usted dir. + +--Las cantidades que necesite!--repiti Isidora embelesada, viendo en +su imaginacin una cascada de dinero. + +Tener dinero! Qu alborozo! Pareca que en su alma, como en alegre +selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil +encantadores pajarillos. De tal modo se le anunciaban las necesidades +satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras +satisfacciones ms, tradas por la soberana virtud del oro! + +Conocedor Joaqun de la manera de tocar ciertos registros del alma +humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del +hombre, y ms an de la mujer, llegose a la chimenea, tom de ella una +cajita, abriola y mostr a los ojos admirados de Isidora porcin +cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de +billetes de Banco. + +No s lo que habr aqu--dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos, +y afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad +con los millones--. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dir. + +El efecto fue inmenso. Atnita y embobada estaba la de Rufete, paseando +su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien +la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes +pequeos, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hiprbole, +crea ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente +del dorado Pactolo. + +Usted dir--repiti l, hojeando los cuadernillos de billetes como si +fueran libritos de papel de fumar--. Mi parecer es que usted, por quien +es y por la posicin que ocupar, no debe seguir viviendo en aquella +casa. Usted debe tomar una casa para s y su hermano, ponerse en otro +pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... Quiere usted +que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles, +modista...?. + +Joaqun la mir. Qu guapa era! Isidora le oa como si oyera una +descripcin del Paraso a quien realmente ha estado en l. Luego, cuando +Joaqun la mir tan de cerca que ella poda contarle los pelos de la +barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, crey ver al +mismo ngel de la puerta del Paraso mostrando las llaves de l... Por +un instante Isidora no hizo ms que saltar la mirada de la cajita al +rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiracin que por el +joven senta se acrecentaba hasta parecer cario entraable. Era tan +seductor su modo de mirar!... Tena un no s qu tan distinto de todos +los dems hombres!... As lo pens Isidora, sintiendo herida y +traspasada toda aquella parte de su corazn que dejaba libre el orgullo. + +Usted dir--volvi a indicar Joaqun, dejando a un lado la cajita y +tomando las manos de Isidora. + +Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaqun se le hizo ms guapo, +ms seductor, ms caballero, revistindose de todas las perfecciones +imaginables. + +Me porto mal--dijo l con voz blanda--; me porto mal en pago de la +ofensa que usted me hizo despidindome y dicindome que no poda +quererme?. + +Isidora fluctuaba entre el rer y el temer. Se rea y estaba plida. +Despus sinti fro. + +Yo bien s lo que pasar cuando usted llegue al fin de su +camino--prosigui l--. En vez de quererme entonces como ha prometido, +me despreciar... Ser usted entonces tan superior a m!.... + +La perfidia en estas palabras era tanta, que no caba debajo de todos +los pliegues del disimulo. + +Isidora, adems de rer, adems de temer, adems de tener fro, se +senta como mecida en un vagoroso y areo columpio. La cara hermossima +del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilacin de resplandores +celestes que van y vienen. Cmo no, si de pronto empez a or retahla +de palabras ardientes, que jams oyera ella sino en sueos? Joaqun la +tuteaba, Joaqun se extralimitaba de palabra. Rpidamente conoci +Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de +dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su +debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte, +era causa de todos sus males: el orgullo. Se salv por su defecto, as +como otros se salvan por su mrito. No es fcil definir lo que +rpidamente pens, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que +dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a +defenderla. Ello es que salt del asiento con tal rapidez, que no pudo +Joaqun detenerla, y con velocidad de pjaro se puso en la puerta. El +violento palpitar de su seno, cortndole la respiracin, apenas le +permiti decir: + +No quiero nada, no quiero nada. + +Evidentemente, referase al contenido de la cajilla. Joaqun corri tras +ella, diciendo: Formalidad, formalidad. Pero la de Rufete, valiente y +decidida, trat de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su +ligereza de gorrin, su prontitud para correr de un punto a otro, +perseguida, mas no alcanzada. Corri a la ventana, que por ser de piso +bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyndose en el +alfizar, vuelta hacia dentro, dijo as con animosa voz: + +Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aqu y pido +socorro. + +Quedose parado el Pez; reflexion un instante. De repente su amor se +deshizo en despecho y su despecho en risa. + +Escenita?... Gritar en la calle? Qu ridiculez! Usted se empea en +que hagamos el oso. + +La ira retozaba en sus labios. Mir a Isidora con tanto enojo, que esta +se turb y crey haber sido desconsiderada y excesivamente altanera. +Despus el joven abri la puerta. Indic a Isidora la salida, dejando +escapar de sus labios, trmulos de ira, esta palabreja: + +_Cursilona!..._ + +Tres minutos despus, Isidora se una a don Jos en la esquina de la +calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbacin, alegre +de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada, +diciendo para s: + +Me ofende por que soy hurfana, y me insulta porque soy pobre; y a +pesar de todo.... + + + + +Captulo XIV + +Navidad + + +=--I--= + +Al da siguiente recibi Isidora una carta de Joaqun incluyndole +algunos billetes de Banco, y pidindole perdones mil por el caso del da +anterior. Decale que si alguna palabra spera y malsonante sali de sus +labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no +dicha. Finalmente, le peda permiso para verla de nuevo en casa de +Relimpio. Agradeci ella con toda su alma el desagravio, y sus +aflicciones de aquel da se le disiparon con la grata vista del pan +bendito, o llmese papel--moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si +perdon fcilmente a Joaqun la injuria intentada contra su honor, tuvo +que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera +llamado _cursilona_. Tal es la condicin humana, que a veces el rasguo +hecho al amor propio duele ms que la pualada asestada contra la honra. +El marqus viudo la visit dos das despus, y su comedimiento, despus +de las audacias referidas, la cautivaba ms, o si se quiere de otro modo +ms claro, su comedimiento tena la virtud de hacer disculpable y aun +amable la osada pasada; que as se contradicen los corazones en su +lgica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de +ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionndose tanto a +ella, que lleg un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la +formalidad de su cario. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente. +Don Manuel Pez y el marqus de Onsimo haban escrito a la marquesa de +Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestara +pronto y a gusto de todos. Tambin llevaba buen camino lo de la causa +criminal de Mariano. Joaqun beba los vientos para que le soltase el +juez, aunque fuera bajo fianza, por razn de la irresponsabilidad que le +daban sus pocos aos. Isidora visitaba a su hermano dos veces por +semana, llevndole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la +crcel a _la Sanguijuelera_, que iba con fin semejante; y ambas se +trataban de palabras, distinguindose la vieja por la procacidad de su +lenguaje y erizado de _puos_ y el ningn respeto que a su sobrina +tena. + +Lleg Navidad, llegaron esos das de niebla y regocijo en que Madrid +parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que +se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la +calentura de la lotera y el ttanos de las propinas. Todo lo que es +espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se +eclipsa. La conmemoracin ms grande del mundo cristiano se celebra con +el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla. +Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en +nacimiento sacrlegos. Los cmicos hacen su agosto; la gente de mal +vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergenza; los borrachos se +multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las +palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos das habra +bastante ponzoa para inficionar una generacin entera. No hay ms que +un pensamiento: la orga. No se puede andar por las calles, porque se +triplica en ellas el trnsito de la gente afanada, que va y viene +aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor +se siente uno abofeteado por una cabeza de capn o pavo que a nuestro +lado pasa. + +Las confiteras y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una +abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estmago. No +bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montaas de +mazapn, canteras de turrn, donde el hacha del alicantino corta y +recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderas inundan de cuanto Dios cri +en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia +sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubes. En +los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la +baratura declara la inferioridad del gnero. Hay una caliza dulzona que +se vende por turrn, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la +Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapn cuanto abunda el cascajo. La +escala gradual de la gastronoma abraza desde los refinamientos de +Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la +pasta de higos pasados que se vende en una tabla porttil hacia las +Yeseras. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y +substancias de cosa pescada, desde el ruso _caviar_ hasta el escabeche y +el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego. + +Una familia podr morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche +Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias +ms refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a +la hucha. Cmo podan faltar los de Relimpio a esta tradicional +costumbre? Tambin ellos, pobres y siempre alcanzados, tenan su pavo +como el que ms, gracias a los estirones que D. Laura daba al dinero, y +tenan, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se +presentaran engalanados de olorosos ajos y limn. Don Jos era el +hombre ms venturoso de Madrid desde el da 22. Ocupbase en recorrer +los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias +autnticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratbase +de esto en Consejo, y D. Jos deca con gravedad: Todo est por las +nubes. Veremos maana. El 23, D. Jos y D. Laura tomaban un berrinche +porque no les haba cado la lotera, fenmeno extrao que todos los +aos se reproduca infaliblemente. Opinaba D. Laura que todos los +premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotera era un puro +engao; pero ms juicioso D. Jos, aseguraba que el nmero jugado era +muy bonito y que no haban faltado ms que dos unidades (que te +quemas!) para que tocara premio. Concluan ambos por exclamar con +cristiana paciencia: Otro ao ser. + +Pero llegaba la maana del 24, y entonces D. Jos era la imagen de la +felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y +con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don Jos llevaba el +cesto y D. Laura el dinero, y aqu era el recorrer tiendas, el mirar +todo, el preguntar precios, no arriesgndose a la empresa de sus compras +hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba +enterado de los puntos donde era legtimo el turrn de Alicante y +Jijona, donde era ms barato el mazapn, ms dulces las granadas y ms +gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortsima +cantidad. + +Los comentarios de l sobre la calidad de las cosas compradas no tenan +trmino. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vaca, +l doblado bajo el grato peso de la cesta, quin no se conmovera +vindole sacar todo con amor para ensearlo a las chicas, y poner cada +cacho de turrn ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qu clase +perteneca cada uno, y regaando si algn ignorante confunda el de yema +con el de nieve? Lo que no poda sufrir D. Laura era que l probase de +todo para darlo por bueno, y con este motivo haba ruidosas peloteras; +pero l aseguraba que todo estaba riqusimo, que todo era gloria, y con +esto y con recoger D. Laura las compras para guardarlas con siete +llaves, concluan las cuestiones. Despus, D. Jos se meta tambin en +la cocina para ayudar y dar ms de un consejo; que algo se le entenda +de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las nias dejaban la +costura aquel da; no se pensaba ms que en la cena, y entre componerse +para ir al Teatro Martn con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les +pasaba la tarde. + +Don Jos, a quien las horas se le hacan siglos, no pensaba en apuntar +en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel da. Por +la tarde ocupbase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor +muy pequeo para tan gran festn. Despus se miraba diez y nueve veces +al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a +los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y +tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba +infantil y por sta con alegres chillidos aclamado. + +A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asista nunca, +desde muchos aos, el seorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos +de censurar esto, D. Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre +los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel +hara en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados, +artistas y empleados de cierta categora. Probablemente, aquel ao ira +a cenar en casa de un marqus. + +En cambio les acompaaba el ortopdico, hermano de D. Laura, y el hijo +de este, llamado Juan Jos. Ah! El ortopdico era saladismo para una +cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el ms gracioso del mundo +en cuanto beba dos vasos de vino; deca los disparates ms chuscos que +se podran imaginar. l y Relimpio, que tambin perda la chaveta en +cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el ao +entero, eran los hroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban +riendo como locos, y por fin rompan a llorar. En suma, que era preciso +llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los +comensales. Los nicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un +poeta presentado por este en la casa, llamado Snchez Berande, el cual +haca monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor. + +Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor +pequeo para tanto gento. Don Jos, que se pintaba slo para arreglar +un banquete, contemplaba su obra con legtimo orgullo, y se recreaba en +el brillo de la loza y la cristalera, en la muchedumbre de luces, en el +adorno y opulencia de la mesa. Despus esparca miradas de felicitacin +por toda la capacidad de la sala, por la sillera de reps que haba sido +desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las +bandejas de latn y dems chucheras... Todo estaba bien, perfectamente +bien. Hasta el retrato del dueo de la casa, al leo, detestable, +colgado en la pared principal, rebosaba satisfaccin en su acaramelado +semblante. Estoy hablando, deca Relimpio siempre que lo miraba. +Frente al retrato haba una laminota, en la cual D. Laura se inspiraba +siempre para increpar a su marido. Era Sardanpalo quemndose con sus +queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro +fotografas de nios muertos. Eran los hijos que se le haban malogrado +a D. Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujas del prximo +festn, los pobrecitos tenan cara de muy desconsolados por haberse ido +del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche. + + +=--II--= + +Isidora no caba en s de jbilo. Aquel da, el 24, soltaran a Mariano. +Ella misma iba a sacarle de la horrenda crcel. Oh! Si no se hallara +muy mal de dinero, aquel da habra sido uno de los ms felices de su +vida! En qu haba gastado lo que le diera dos meses antes el marqus +de Saldeoro por cuenta del Cannigo? Verdaderamente ella no lo saba. +Haba pagado a doa Laura, se haba comprado ropa... Pero lo dems +dnde estaba? Isidora reflexion. + +En perfumera haba adquirido lo bastante para tres aos. Y de qu le +servan aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el +_cabs_ de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compr por la sola razn +de comprarlas. Eran tan bonitas!... Pues y aquel vaso de imitacin de +Sajonia, de qu le serva?... Y las botellas para poner cebollas de +jacinto? + +Ms necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid, +las cinco novelas y la jaula, aunque todava le faltaba el pjaro. +Estaba muy desconsolada por no tener un buen bao; pero cmo poda +satisfacer este gusto en casa tan pequea? Luego, la maldita D. Laura +se pona frentica por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no +poda disfrutar de una hermosa pila de mrmol, en cambio se haba +provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja +finsima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las +novelas, de un _antucs_, de pendientes de tornillo con brillantes +falsos, de un juego de la cuestin romana y de algo ms, tan lindo como +caprichoso. Mucha, muchsima falta le haca un buen mundo para poner la +ropa; pero ya lo comprara ms adelante. Tampoco estaba bien de ropa +blanca; pero tiempo habra de hacerse un hermoso equipo. + +Gozosa, daba la ltima mano a su atavo para salir en busca del hermano. +La orden del juez para soltarlo deba de estar ya en las oficinas de la +crcel. Sali radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino +de la calle de Hortaleza, porque le daba vergenza de pasar por cierta +tienda donde deba algunas cantidades, poca cosa en verdad. + +Ya anocheca cuando Isidora regres acompaada de su hermano, el cual, +vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D. +Jos Relimpio con ciertos asomos de severidad, dndole una palmada en el +hombro y diciendole: Hombre, veremos cmo te portas ahora. Pero D. +Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentara a su mesa, +aunque bajase Cristo a mandarlo. Oy esto Isidora con rabia; mas +contenindose, devor tal afrenta y se amordaz la boca para que no +saliesen las palabras que del corazn le brotaban. Encerrose con el +chico en su cuarto, le lav y visti, para lo que tena apercibida gran +cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observ en los ojos de +Isidora una lgrima, ms bien que del sentimiento, nacida del despecho, +y le dijo: + +Por qu lloras? Por lo que ha dicho esa ta bruja? + +--Gente ordinaria!...--murmur Isidora. + +--Por qu no le contestaste?--dijo Mariano con extraa rudeza. + +--No me rebajo yo a tanto. + +--Puo!. + +Mariano dio un puetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le ech +un sermn sobre su detestable maa de decir a cada paso palabras +malsonantes, y aunque el muchacho aleg, para defenderse, que tambin +las decan los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a +castigar las malas palabras como si fueran malas acciones. + +Ahora, seorito--le dijo con severidad--, ha de andar usted derecho. +Pase que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tena poco menos +que en la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades, +Mariano, de que no quiero acordarme... Echmosles una losa encima. Pero +ahora ya han cambiado las cosas. Eres un brbaro, y vas a empezar a +desbastarte. T no seas tonto; principia por convencerte de que eres +persona decente, y as tendrs dignidad. De nuestra ta Encarnacin, +hazte cuenta de que no existe, porque no la volvers a ver. Eres ya otra +persona. + +Oy atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometi a s mismo +hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de +caballera y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto +Isidora cay en la cuenta de que Mariano y ella haban de cenar aparte +aquella noche, pues si el chico no poda sentarse a la mesa de los +Relimpios, tampoco ella se sentara por nada del mundo. Al punto +determin salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. Muy +bien, excelente idea! Mariano y ella cenaran tan ricamente en su +cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria! + +Pero sobrevino la ms grande contrariedad que en vsperas de un banquete +puede ocurrir. Isidora no tena dinero. Entre las mltiples propiedades +de este metal, ella haba notado principalmente una, la de acabarse en +los momentos en que ms falta haca. El portamonedas no contena ms que +un par de pesetas y algunos cuartos. Busc y rebusc Isidora en todos +los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasin +parecida haba encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el +fondo de un cajn de la cmoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro +apareci aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvi que la +cena fuese una modesta colacin, ms propia de da de ayuno que de noche +de Navidad. Aunque a D. Laura nada deba, antes muriera que pedirle +dinero, despus del atroz desaire recibido de ella. No se atreva +tampoco a acudir a Joaqun Pez. + +Sali. Mariano se qued solo. Por no ser excesivo el nmero de sillas +que en el cuarto haba, estaba sentado en un bal bajo. A su lado, en un +rincn, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante. +Eran los cartapacios y protocolos que Toms Rufete haba emborronado +durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta +que sus hijos los recogieran, por si algo haba de inters entre tal +balumba de desatinos. Isidora los haba llevado del desvn a su cuarto, +y all los puso con nimo de someterlos a un examen cualquier da. +Mariano ley, no sin trabajo, los rtulos que decan: _Desolacin... +Hacienda pblica... Desfalcos... Muerte... Latrocinio..._, y otras +cosas extravagantes. Como ninguna distraccin sacaba de ver letreros, +empez luego a revolver todo lo que su hermana tena sobre la cmoda, y +despus lo que en el primer cajn haba. Todo lo revisaba, lo examinaba +por dentro y por fuera; hoje las novelas, levant de las botellas las +cebollas de jacintos para ver las races, abri el estuche de los +tornillos de diamantes americanos, revolvi la caja y los sobres de +papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de +ver el tintero y la pluma, tom esta y traz sobre un plieguecillo, con +no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas +contorsiones con el codo y la mueca, estas palabras: _Mariano Rufete, +alias Pecado_. Contempl satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza, +ech una rbrica que pareca el dibujo de un pual. Se ech a rer como +un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigi su atencin al +tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en l haba, +metiendo en todos las narices y diciendo qu bueno! o qu rico!. +Se puso pomada, se perfum con esencias y se lav las manos, sonriendo +de gusto al ver cmo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar +del jabn. + +Eh!, ya me has revuelto todo--dijo Isidora al entrar de la calle--. +Jess, qu desorden! Mira, te voy a pegar. + +Mariano rea. + +Y qu has escrito aqu? _Mariano Rufete, alias Pecado_... Qu es eso +de _Pecado_? Como yo vuelva a orte dndote a ti mismo esos apodos...! + +--Como los toreros--observ estpidamente Mariano sin cesar de rer. + +--A ver... Es que no quieres ser persona decente?... Pero qu haces, +gandul? Te enjugas las manos en mi vestido? Quita all, asqueroso. No +ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las +personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con +cafres. + +Y diciendo esto, de un pauelo que cogido por las cuatro puntas traa, +sac sucesivamente varios pedazos de turrn y algunos puados de +cascajo, castaas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la +cmoda la ltima porcin de tan variados bastimentos, lanz de su pecho +un suspiro enorme. + +Todo eso has trado?--pregunt Mariano--. Y el pavo? Yo quiero pavo. + +--Cenars lo que te den--replic ella pasando de la pena al enfado--. Es +una mala educacin pedir lo que no hay. + +--El ao pasado--dijo Mariano con rudeza y desdn--mi ta _la +Sanguijuelera_ tena besugo, y pimientos encarnados, y turrn de frutas, +y lombarda, y una granada de este tamao. Yo me la com toda. Estaba +ms rica...!. + +Ceuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sent en una silla +alta y ella en otra baja. + +Maana ser otro da--dijo ella--. Eso de atracarse la Noche Buena es +propio de gente ordinaria. Ya te ensear yo a ser caballero... Vaya que +est rico este turrn. Prubalo.... + +No se hacia de rogar _Pecado_, antes engulla sin cumplimiento. En la +sala de la casa haba empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque +esperaban a Miquis. La entrada de este se conoci desde el retiro de los +Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante despus +Isidora vio que se abra suavemente la puerta de su cuarto y que entraba +la irnica fisonoma del estudiante. + +Vengo a tener el gusto de saludar a la seora archiduquesa--dijo este, +sombrero en mano, con ceremoniosa cortesa--. Bien se ve que estamos ya +en plena aristocracia. Esta noche se _queda usted en casa_; quiero +decir, que recibe usted a sus amigos... + +--Toma--le dijo Isidora ofrecindole una bellota--. Es lo mejor que te +puedo ofrecer. + +--Gracias, marquesa--repuso Miquis sentndose--. Es delicioso el +obsequio. Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. Por qu no cenas con +nosotros? + +--Nosotros--manifest Isidora ahogada por la pena y el despecho--no +somos dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de +almendras. + +--Ay, chiquilla! Cunto ms me gustan tus bellotas!... Pero no llores. +De buena gana te acompaara... Pero es tan tirnica la sociedad... + +--Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan +contentos... Mejor es as. Cada uno en su casa. + +Augusto la contempl en silencio, asombrado de su hermosura, que cada +da iba en dichoso aumento, enriquecindose con un encanto nuevo. + +Aqu viene bien aquello de _a tus pies, marquesa_--dijo, levantndose. + +Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo +el cuarto, aadi: + +Ests perfectamente instalada, marquesa. Magnfico gabinete. Aqu los +arcones de roble; ah el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny, +tapices de los Gobelinos, porcelanas de Svres, y de Bernardo Palissy... +Muy bien. Bronces, acuarelas.... + +Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su +pena profundsima. Pero se sinti herida en lo ms vivo de su alma +cuando Miquis, despus de transformar el humilde cuarto en aristocrtico +gabinete, dijo con el mismo tono de encomio: + +Bien se conoce en esta rica instalacin el buen gusto del marqus viudo +de Saldeoro. Adis, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio. + + +=--III--= + +Cuando Augusto se march, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos +en su propia falda. + +Quin es se?--le pregunt Mariano. + +--Un tipo, un mequetrefe--repuso ella sin mirar a su hermano, seales +claras por donde manifestaba estar an dentro de la esfera de atraccin +del pensamiento que la dominaba. + +--Dame ms turrn, marquesa--exclam el muchacho. + +--Por qu me llamas as?--pregunt Isidora bruscamente, despertando de +su mental sueo. + +--Es apodo? Puo!... Y por qu te pone motes ese gatera? + +--Mariano, cuidado cmo se habla. + +--Se burla de ti!--grit _Pecado_ con aquel arrebato de infantil +fanfarronera que en l pareca clera de hombre. + +--Yo te juro que no se burlar ms--dijo ella con los ojos hmedos de +lgrimas. + +Mariano la mir, diciendo: + +Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa. +Que venga a m con bromas; ver cmo le saco las entraas... + +--Mariano, loco, bruto y salvaje--grit ella, despertando otra vez en su +letargo de pena y despecho--. Si te oigo hablar as otra vez... + +--No dije nada, nada... Dame turrn. + +La algazara de la sala creca, y por las palabras sueltas, los plcemes +y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, as +como por los olores culinarios que invadan toda la casa, se poda saber +a qu altura andaba el festn. Se sinti sucesivamente la aparicin del +besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don Jos lo recibi +cantando la Marcha real. Despus se oyeron las ruidosas cuestiones a que +dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedan a las risas, y +los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocan los +efectos del Valdepeas y del Cariena en la torpe lengua del ortopdico, +que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacrentico de D. Jos +Relimpio, que no deca cosa alguna derecha y con sentido. + +La criada entr en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias +lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendironsele a Mariano con +luces mil los ojos, y no pareca sino que cada destello de su mirar era +un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al +agradecimiento ni al perdn, vio con repugnancia aquel tardo obsequio. +Aunque comprendi que este haba nacido en el bondadoso corazn de +Emilia, siempre vea en l como un mensaje de lstima. Rechaz la fineza +diciendo: + +Que muchas gracias y que no queremos nada. + +--Chica, chica, t eres tonta--gru Mariano con su rudeza propia, +exacerbada hasta el salvajismo. + +--Si no te callas, te pego. + +--Yo quiero cenar--afirm l con brutal terquedad, echando a un lado la +cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa. + +--Eso es, rmpete la cabeza. + +--Mala hermana, no das de cenar a tu hermanito! Mira t, mejor estaba +en la crcel... + +--Como vuelvas a nombrar... + +--Nombro!... Puo! + +--Como vuelvas a decir... + +--Puo!--repiti el bergante alzando la mano. + +--Alzas la mano!..., a m!..., a tu hermana. + +--Yo me quiero ir con mi ta. + +--Si vuelves a nombrar... + +--Mala hermana..., marquesa!.... + +_Pecado_ hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de +ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos +engaamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba +embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puos y los +medianos antecedentes del seorito Rufete. Dominado este por la actitud +de su hermana y por el cario que le tena, se contuvo. Echado de bruces +sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos haca, a +Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atencin hosca de uno +de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo. + +El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don Jos haca el amor a +su mujer echndole ternsimos requiebros entre los aplausos de los +divertidos comensales. Doa Laura llamaba a su marido Sardanpalo. El +ortopdico haba empezado a cantar villancicos, acompandose de golpes +dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Slo Emilia y Leonor +conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a +Snchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopdico +alborotaban tambin, el primero con sus discursos, el segundo con sus +cantorrios de tangos y malagueas. Despus se hizo una grande y solemne +pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Crease +destinado a la inmortalidad; tena un buen tomo preparado para darlo a +la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, haba de todo: +elegas, odas, pequeos poemas, poemas grandes, epigramas, doloras, +_suspirillos germnicos_, sficos y octavas reales. La sala pareca +tribuna del Congreso, que se hunda con los aplausos al terminar Berande +su recitacin. + +Versos--dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atencin. + +--Te gustan los versos?--preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su +hermano un sntoma de decencia. + +--S--replic el muchacho--; me s de memoria los de _Francisquillo el +Sastre_, que empiezan: + + Salga el acero a brillar, + pues soy hijo del acero... + +--Calla, bruto; esas son barbaridades. + +--Tambin s los del _Valeroso Portela_, que dicen: + + Escuchen, seores mos, + les dir de Juan Portela, + el ladrn ms afamado + de la gran Sierra Morena. + +--Calla, hijo, calla por Dios. Me ests envenenando con tus horribles +coplas. Ningn joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto est bien +para el pueblo, para el populacho. Sabes t lo que es el populacho? + +--Mi ta _la Sanguijuelera_--contest el chico con tan graciosa +naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa. + +--Ya aprenders mil cosas que no sabes. Y dime ahora, qu aspiracin +tienes t?... Qu quieres ser?... + +--Yo no quiero ser nada--repuso l con apata. + +--Es preciso que estudies y que trabajes. No volvers a la fbrica de +sogas. Irs a un colegio. Qu carrera quieres seguir?. + +Mariano medit un instante. Despus dijo con resolucin: + +La de tener mucho dinero. + +--Y para qu quieres t el dinero? + +--Toma..., _mia_ sta... Pues para ser rico. + +--Pero es preciso que seas algo. + +--Rico... + +--Y en qu gastaras el dinero? + +--En comer lomo, granadas, turrn y en beber buen vino. Tendr un +caballo y me vestir todo de seda. + +--No te gustara militar y llegar a general? + +--S, s--afirm _Pecado_, despidiendo de sus ojos brillo de animacin y +alegra--. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., as..., toma! + +--No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras +preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillera. + +--Artillero, artillero!--grit _Pecado_, dando golpes en la mesa--. Ya +me vers, caonazo va, caonazo viene... Bum, bum! + +--Dispararas cuando fuera menester... + +--No, no, siempre... Al que me hiciera algo, zas!.... + +A esto llegaban cuando volvi la criada trayendo un plato con varios +pedazos de turrn, de parte de la seorita Emilia y del seorito Miquis. +No considerndose an desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a +admitirlos; pero Mariano se abalanz al plato ms pronto que la vista, y +arrebatando el turrn, empez a engullir con tanta prisa, que no pudo su +hermana evitarlo. + +Malcriado..., glotn!--le dijo cuando otra vez se quedaron solos--. +No has comido ya bastante?. + +Mariano neg con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca. + +Te pondr interno en un colegio. + +Mariano hizo con los dedos una seal que quera decir: Me escapar. + +No te escapars. Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro +muy rgido. + +--De la bofetada que le pego--dijo Mariano pudiendo ya articular algunas +palabras--, va volando al tejado. + +--Fanfarrn!.... + +En la sala, la cena pareca tocar a su fin. Todas las clases de turrn +haban sido probadas, as como las granadas y las ruedas de naranjas +espolvoreadas de azcar. Relimpio, con la ltima copa de cariena, dio +con su cuerpo en tierra. A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!, +gritaba con torpe lengua el insigne galn rodando debajo de la mesa. +Muertos de risa los dems, le cogieron por los cuatro remos para +llevarle a la cama, y l iba cantando el _Kirie_ _eleisn_ con voz de +sochantre, y los dems riendo y vociferando, de lo que resultaba el ms +grotesco cuadro y msica que se pudiera imaginar. + +Cunta grosera! Qu gente tan ordinaria!--exclam Isidora. + +Poco despus lleg Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la +soledad en que se haba quedado en noche de tanta alegra. Mas, no dando +su brazo a torcer Isidora, replic que haba estado perfectamente en su +cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y +cuando Isidora le mand que se recogiera, por ser ya ms de medianoche, +el maldito muchacho se le plant delante y le dijo con sus bruscos +modos: + +Dame dinero. + +--Y para qu quieres t dinero, tunante? Acustate. + +--Me acostar; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te +quiero... + +--Para qu lo necesitas? + +--Para ir maana a los toros. + +--Si ahora no hay toros, mentecato. + +--Pero hay novillos y mojiganga. + +--Y cmo sabes eso? + +--Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero. + +--Maana te dar unos cuartitos... + +--Cuartitos? T eres rica--dijo pasando la vista con malicioso examen +por los diversos objetos que Isidora posea--. T tienes dinero, porque +has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre. + +Al decir esto se desnudaba para acostarse. + +Yo tambin soy pobre--afirm Isidora--; pero con el tiempo, tal vez +dentro de poco, t y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y +an ms. + +--La seorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de +hambre--gru l, acostado ya. + +--No seas tonto. Cllate y duerme. + +--Si maana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya s yo +cmo se pide. Me lo ha enseado un chico. + +--Qu ests diciendo, cafre? + +--Que pedir limosna. Vers. + +--No me sofoques... A un colegio, a un colegio. + +--Ya me estoy durmiendo... Hasta maana. + +--No rezas, herejote?. + +Mariano murmur algo que no era fcil descifrar, y se durmi +sosegadamente. Todava quedaba en l algo de nio. Su hermana le +contempl un instante movida de un sentimiento extrao en que se +combinaban el cario y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya +casi le tocaba con sus labios, se apart diciendo: Temo que se +despierte y me pida lo que no puedo darle. + + + + +Captulo XV + +Mariano promete + + +A la siguiente maana, no repiti Mariano sus exigencias de la noche de +Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltn, inquieto y +condescendiente. Gozosa tambin Isidora de verle sin las siniestras +genialidades de la pasada noche, hzole mil caricias, le visti, le +arregl, psole una elegante corbata, que ha das tena para l, le +pein, sacndole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado +y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo: +Ahora s que ests hecho una persona decente. l se miraba riendo, y +deca una y otra vez... Quia, quia; ese no soy yo. + +Despus salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano +quera que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su +bolsillo, le tapara la boca ms de una vez; pero nada tena, y los dos +se volvieron a casa cariacontecidos. l se preguntaba que de qu serva +tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si +entre los dos no tenan ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano +sali solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvi ya muy +entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata +hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera +imposible. Mariano confes, con loable franqueza, que haba estado +jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que +redoblndose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que +duelen poco. Lo ms extrao es que el muchacho, con ser tan bravo y +rebelde, no se defendi de los azotes, ni hizo ademn de volver golpe +por golpe, ni chist siquiera... Por la noche ya haban hecho las paces; +l prometa ser bueno, y fino y persona decente. Exigi que su hermana +le llevara al teatro, ella lo prometi as; mas como no pudiese cumplir +al siguiente da por la causa que fcilmente conocer el lector, se +enfureci el chico, pidi dinero, negselo ella, hablaron ms de la +cuenta, y l puso trmino a la disputa con esta amenazadora frase: + +Dinero! Ya s yo cmo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo +han enseado. + +Isidora no hizo caso. El da de Inocentes sali un rato. Al volver, +Mariano haba revuelto todo el cajn alto de la cmoda. + +Qu haces?--preguntole su hermana, previniendo algn desastre. + +--Acirtame que tengo aqu?--le dijo Mariano mostrndole su puo +cerrado. + +Isidora trat de abrir el puo del muchacho; pero este apretaba tan +fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron +moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano +haca de su mano un arca de hierro. + +Abre la mano, brela. + +--No quiero. + +--Qu tienes ah?... Qu has cogido?. + +Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puo cerrado. +Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: Abur, chica. + +Al punto ech Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque +falsos, valan cuatro duros. Cuntas lgrimas derram aquel da! +Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio. + +Una noche, cuando menos se le esperaba, apareci al fin avergonzado, +compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo prdigo. Con la +alegra de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como +cumpla, y le perdon. Tena Mariano entre sus maldades, desarrolladas +por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la +franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos +con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo +cuanto haba hecho en la semana lo cont puntualsimamente; pero ninguna +parte de aquella Odisea de travesuras caus tan penoso efecto en el alma +de la seorita de Rufete como estas palabras: + +Estuve en casa de mi ta Encarnacin, sabes?..., y mi ta Encarnacin +y la ta _Palo--con--ojos_ coman juntas; y m ta Encarnacin me dijo: +Anda, pillete, anda con tu hermana a que te d de comer y te vista de +seorito, pues bien puede hacerlo. Entonces mi ta Encarnacin y la ta +_Palo--con--ojos_ se pusieron a hablar de ti, y mi ta Encarnacin dijo +que t tienes un novio marqus que te da mucho dinero. + +Isidora se qued yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje +habra sido ocasin de que entrara ms en malicia el chico, harto +malicioso ya, fingi tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el +alma, y se ech a rer. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo +punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el +trnsito brusco del candor al cinismo, le dijo: + +Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien s lo que hacis para tener +siempre dinero. Los chicos me lo han dicho. + +Risas, azotes, lgrimas sucedieron a esta declaracin; pero tambin +paces al siguiente da. Isidora, que recibi del marqus de Saldeoro +otra visita platnica y una nueva remisin de fondos por cuenta, al +parecer, del Cannigo, sali de aquella sombra situacin de escaseces y +apuros; pag sus deudas, compr un Diccionario de la Lengua castellana y +llev a su hermano al teatro, de lo que este recibi tanto gusto, que en +algunos das apareci como transformado, encendida la imaginacin por +las escenas que haba visto representar, y manifestando vagas +inclinaciones al herosmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta +Isidora de esto, comprendi cunto influye en la formacin del carcter +del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce, +la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea. + +Animada Isidora al ver que no careca su hermano de algn fundamento +bueno y slido para construir en l la persona decente, determin que no +corriera un da ms sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el +seorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebao de chicos +en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete +la sujecin, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el +de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto +afn como de buscar aventuras. La mortificacin de su amor propio al ver +que le eran muy superiores nios de menos edad que l, aumentaba el +horror que hacia el colegio y su maldito profesor senta. Era casi un +hombre, y en todas las clases ocupaba el ltimo lugar. Era el burro +perpetuo, burla y mofa de los dems chicos. Su barbarie lleg a ser +proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y +pataleo los dislates que deca en sus lecciones, y el maestro mismo, +cargando sobre l el peso de su desdn pedaggico, sola decir, +reprendiendo a cualquiera de los alumnos: Eso no se le ocurre ni al +mismo Rufete. Eres ms tonto que Rufete. + +La poca estimacin que se le tena mat en l sus escasos deseos de +aprender. Concluy por despreciar el colegio como el colegio le +despreciaba a l, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual +aument de tal modo que, sin saberlo su hermana, dej de asistir un mes +entero al estudio. En aquellos das de aventuras y pilladas y +esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido inters en seguir los pasos +de este desgraciado chicuelo le habra visto encaramndose en la verja +de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del +ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en +el ro entre las lavanderas. En sus compaas, que al llegar al colegio +fueron de nios decentes, descendi poco a poco hasta el ms bajo nivel, +concluyendo por incorporarse a las turbas ms compatibles con su fiereza +y condicin picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a +puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban +su pandilla; y como Mariano sola tener algn dinero, eran de ver su +boga y popularidad entre esta chulera menuda, que sin cesar se ofrece a +nuestra vista por calles y caminos con escndalo de la moral, con +bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y +sujetar estos presidios sueltos del porvenir. + + + + +Captulo XVI + +Anagnrisis + + +Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaqun visit una tarde a +Isidora para anunciarle que la seora marquesa de Aransis haba llegado +de Crdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en +Isidora la dej alelada por breve rato, y en su aturdimiento no haca +ms que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera +puesto ya en l todos los afectos disponibles de su gran corazn, +bastara aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero +Joaqun dijo ms. La seora marquesa de Aransis se haba dignado fijar +el da siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir +a la seorita de Rufete. Esta se ruboriz de golpe por la idea sola de +aproximarse a la marquesa. Qu minuto de asombro y congoja dulce! +Despus el marqus viudo habl algo de los graves sucesos polticos del +da; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos +los polticos y no se enter de nada. + +Cuando se qued sola, qu cosas pens y dijo! Y por la noche, cmo se +anticip a los sucesos! Con qu vigor y fuerza de fantasa construy en +su mente la persona de la marquesa, a quien nunca haba visto, y qu +bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos haran, +abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos +propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las +altas esferas que ella no conoca sino por ese brillo lejano, ese eco y +ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose +duea del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias +al Seor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por +la sociedad; rez, se espiritualiz, ba su alma, si as puede decirse, +en ondas de honradez y virtud; la aromatiz con esencias sacadas de la +dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos +grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y +consolar afligidos y menesterosos; y desde esta regin de la +beneficencia se precipit a escape hacia los ensueos del lujo, en un +carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre +nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada +y moribunda en el abismo de rosas de un sueo dulce. + +Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. Oh! La +luz de aquel da, de aquel jueves, 11 de febrero, tena para ella un +tinte sonrosado y divino, lleno de poesa y de esperanza, como si todo +el da fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba +la hora de su dignificacin gloriosa; la hora de una de las ms grandes +justicias que haba visto la tierra. En el tiempo haba aquel da un +monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde. + +Isidora empez a arreglarse desde muy temprano. Cmo ira? No era +conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio +bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le +pareca chocarrero y de mal gusto. Tampoco convena presentarse con +desalio, anuncindose como demasiado influida por la baja condicin en +que tan injustamente haba vivido. El desaseo y abandono seran de muy +mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada +y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a +otro esplendoroso. As se mostrara merecedora del nuevo puesto, +demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la maana +la pas en estos pensamientos. Tambin medit si convendra o no llevar +consigo a Mariano, decidindose por la negativa, por temor a que la +comprometiese con su salvajismo. Tiempo habra de presentarle y tambin +de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendra a ser +caballero digno de su escogido linaje. + +Cuando se acercaba la hora, psose la de Rufete su vestido de merino +negro, tan decente que no se poda pedir ms, muy bien cortado y hecho; +pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo, +embelesndose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se haba de +congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en +el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que comparta +y derramaba su abundante cabello castao alrededor de la frente, detrs +de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su +rostro matices de poesa crepuscular, como si todo l estuviese formado +con tintas y rasgos tomados de la melancola y sosiego de la tarde. Sus +ojos eran pardos y de un mirar carioso con somnolencias de siesta o +fiebre de insomnio, segn los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya +la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le +conoca el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis deca que haba +en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones. +Tambin deca que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino +nadaban como nereidas la imaginacin soadora, la indolencia, la +ignorancia del clculo positivo y el desconocimiento de la realidad. + +Mirose mucho al espejo y se puso el velo. Bien, bien! Su dignidad, su +hermosura, su derecho mismo, resplandecan ms en la decencia correcta y +limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. Bien, muy bien! +Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con +la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavo, que por +ella quizs se dividen las clases sociales. + +Dieron las tres. Tom de una gaveta, donde muy guardados estaban, los +papeles que su to le haba dado, y que eran testimonio de su derecho +incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro +documento interesantsimo. Pas la vista por ellos, aunque ya se los +saba de memoria, y los guard. No los necesitaba, sin duda, porque la +cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsin o delicadeza. +Al salir ech sobre su pobre aposento una mirada de lstima en que +tambin haba algo de gratitud. Le pareca tan excesivamente humilde, +que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo +con su presencia. La princesa de Poniatowsky pareca ms triste al verla +partir, y los del cuadro del _Hambre_ se volvan ms flacos y +macilentos. Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueos +y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los +muros venerables del palacio de Aransis. + +Al salir se despidi mentalmente de las de Relimpio. Les ech una +rociada de desprecio. As puede decirse, pues tal era su idea. Se +figuraba que tena en la mano una de aquellas mangas de riego que haba +visto en las calles, y que, apuntndola a D. Laura, arrojaba sobre +ella, en forma de inundacin, todo el desdn que puede caber en un +corazn tan grande como el depsito del Campo de Guardias. Slo +exceptuaba de este chaparrn al bueno de D. Jos, para quien destinaba +_in mente_ la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don Jos, como +siempre, la acompa aquella tarde. + +Seran las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida +que se acercaba Isidora a los barrios prximos a San Pedro iba sintiendo +turbacin tan grande, que crey le faltaran las fuerzas para llegar +all. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos +marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusin. El +tiempo estaba tambin turbado. No saba si apresurarse o detenerse. No +quera llegar ni antes ni despus de la hora. Al fin vio en el extremo +de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcn, el primero de larga +fila de balcones, y se detuvo mirndolo. All era: tuvo miedo, fro y +ganas de llorar... + +Despidiose de D. Jos, el cual no comprenda por qu su ahijada le +mandaba retirarse. + +Pero qu? Te quedas aqu?... No vuelves a casa?... + +--No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabr usted todo. +Adis. + +--A ti te pasa algo. Qu plida ests!... Pero aguarda... + +--Adis, adis. + +Dejndole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del +palacio. El gran sobresalto de su alma creca a cada paso. Oh! Sin +duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta lleg a imaginar +que estara en un balcn esperndola. Mir y no haba nadie. La casa +estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en +s mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal +entreabierta. Isidora, al tocarla, sinti como un valor repentino. El +contacto de su propiedad le devolva el dominio de s misma. Revelacin +magntica de su derecho! + +Con voz clara pregunt al conserje por la marquesa. El cojo, como si la +esperara, la invit a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera +haba otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abri con +mucho respeto una mampara. Esto anim a Isidora. Dentro de ella se rea +un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una mquina. Su corazn no +era corazn, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer +criado le sali al encuentro, y dicindole: Pase usted, la llev de +sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: La seora saldr al +instante. + +Isidora se sent. Instante nico, tremendo; ngel con el pie levantado y +las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigir su vuelo al +suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta; +espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace +o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de +aquel, no conocido todava, en que se acabar el mundo... Ah!, la +puerta del gabinete se abra... Isidora vio entrar una dama de cabello +casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como +reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acert a +contestar al saludo afectuoso de la seora. No saba lo que le pasaba. +Se levant, volvi a sentarse. No poda asegurar si dijo o no dijo algo. +Se senta morir. El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la +marquesa no la haba abrazado..., la marquesa no haba parado mientes en +su fisonoma!... Las dos se miraron. + +Entonces Isidora vio que la marquesa sac unos lentes de oro, y +aplicndolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada, +fra, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para +despertar admiracin. Isidora crey que la seora haba estado mirndola +siglo y medio, ao ms, ao menos. + +Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes sali una palabra. + +El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me +escribi a Crdoba dicindome que usted..., parece que asegura.... + +Cosa rara! Tambin pareca turbada la marquesa. Pero lo que ms pasm y +confundi a Isidora fue no ver en la digna seora seales de +enternecimiento. + +Es usted, segn creo--dijo esta--, una joven que se llama Isidora, hija +de un tal Rufete... + +--No, seora--manifest Isidora recobrando en un punto su valor, y +usando un lenguaje en que se combinaba hbilmente la energa con la +urbanidad--. He llevado y llevo ese nombre, que no es el mo. Don Tomas +Rufete ha pasado, hasta que muri por padre mo, y por tal le tuve y le +quise; pero yo me llamo Isidora de Aransis. + +La marquesa la interrumpi con un gesto de enojo. Volvi a mirarla +fijamente y palideci. + +Me han asegurado--dijo--que usted pretende pasar por hija de mi +desgraciada Virginia. Es cierto que usted lo cree as? + +--Oh!, que si lo creo!--exclam Isidora echndose a llorar--. Si no lo +creyera, no vivira... + +--Parece--indic la marquesa--que esa creencia en usted es sincera; +parece que es una conviccin arraigada y profunda... No puede usted +figurarse--aadi con cierto cario--lo que me ha dado que pensar esta +idea de usted. Cuando me escribieron dndome cuenta de una joven que se +llamaba mi nieta, estuve muchos das preocupada con esto... He tenido +mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle +que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios +de la condicin moral de las personas, desde luego aseguro que al +declararse usted nieta ma, no la ha movido ningn inters maligno. +Usted es sincera y honrada, usted tiene la conviccin... + +--Seora--exclam Isidora cayendo de rodillas a los pies de la +aristcrata--. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de +la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre. + +Le bes las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los +besos, con la ms santa y sincera afeccin que es dado imaginar. Pero +aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de +enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su nimo, y dijo con +sequedad: + +Pero qu es esto?... Levntese usted, hija... No puedo consentir... +Usted no me ha entendido bien.... + +Isidora se levant. Crea que la marquesa quera llevar las cosas por el +terreno de las explicaciones fras antes de entregarse a las expansiones +del sentimiento. + +Usted no me ha entendido bien--replic la de Aransis, viendo cmo +Isidora se enjugaba las lgrimas luego que se sent--. He dicho tan slo +que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y +bondad que noto en su fisonoma... (es usted muy hermosa...) me ha +parecido desde un principio digna de inters y consideracin. Usted sin +duda no ha venido aqu a representar una comedia; usted se declara hija +de mi desgraciada hija porque as lo cree, fundada en motivos y +circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razn, +hija ma, hay inmensa distancia, y as, seorita, no puedo menos de +manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que est usted +completamente equivocada. + +Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazn todas +las cataratas del Nigara, no habra experimentado sensacin ms +dolorosa de choque duro y fro. Qued convertida en estatua, y sus +lgrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le sali a +los ojos. _Completamente equivocada!_ Decirle esto a ella era lo mismo +que decirle: T no existes, t eres una sombra; menos an, un ente +convencional. Tan profundas races tena en su alma aquella creencia! + +Yo no s--prosigui la marquesa con frialdad--cmo ha llegado usted a +adquirir ese absurdo convencimiento; no s, ni quiero saberlo, por qu +serie de circunstancias, de _qui pro quo_ y de falsas apariencias, ha +llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su +error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de +seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que s puedo +asegurar a usted, y lo aseguro porque lo s, es que ha sido usted +atrozmente engaada, hija ma, y espero que no insistir en ello despus +de lo que acabo de manifestar. + +Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no +alumbrase. Era toda conviccin, y la fe de su alto origen resplandeca +en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a +su voluntad y slida base a su conciencia. El que apagase aquella +antorcha de su alma, habra extinguido en ella todo lo que tena de +divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al or a la marquesa crea +escuchar los trminos ms terribles de la injusticia humana. La pena que +con esto sintiera la colm de confusin y espanto en los primeros +momentos; pero despus su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia. +Su ira surgi como una espada que se desenvaina, y le dio concisa +elocuencia para decir: + +Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo +nacimos de doa Virginia de Aransis. Se nos podr arrebatar lo que es +nuestro; se nos podr negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre; +pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defender. + +--En vista de esa terquedad--dijo la marquesa esforzndose en no llevar +la cuestin a un terreno dramtico y en huir de las declamaciones--me +arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin +malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos nios de mi +infeliz hija, la hembra muri, el varoncito vive y est a mi lado. Si +insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o captulos de +novelas, me ver obligada a tenerla a usted o por impostora o por +demente... + +--Tengo documentos--exclam Isidora mostrando sus papeles. + +--No quiero verlos. Supongo qu pruebas son esas. Yo las tengo +clarsimas para probar lo que he dicho. + +--Y yo..., yo tambin probar!--balbuci Isidora con el corazn, hecho +pedazos, en los labios--. Ah! Qu desgraciada soy, seora! Yo me +muero. + +Rompi a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma, +tuvo lstima de ella. + +He empleado con usted palabras muy duras--le dijo--. Pero usted ha +tenido la culpa, hija ma. Usted ha sido engaada. No ser quizs +impostora. Hablar usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de +su credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiseme sus +penas, porque penas hay, lo sospecho. Quin ha metido a usted en la +cabeza esas historias? Cunteme usted todo. Despus, si necesita algo, +si usted se ve en alguna necesidad... + +--Hasta aqu he vivido arrojada de mi casa, de mi posicin, privada de +mi verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nac me +pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna. + +La marquesa no crey deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las +ltimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y +mirando a la pobre joven con ms lstima que clera, le dijo: + +Si tan convencida est usted, acuda usted a los Tribunales. + +--Acudir--exclam Isidora con firme conviccin. + +--Entretanto, es intil que disputemos aqu. Puede usted retirarse. + +La marquesa intent tirar del cordn de la campanilla. Con un movimiento +inesperado, Isidora la detuvo, y postrndose ante ella, exclam con viva +explosin de sentimientos nobles: + +Seora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibira +usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi +derecho, y yo la adoro porque creo en l. No hay odio en mi corazn ni +puede haberlo para la madre de mi madre... Djeme usted besar sus +manos. + +La marquesa pareca muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro, +apartaba de s a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiracin ms +audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separ su velo para mostrar +ms completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. Qu +destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del +timbre de su voz al decir: + +Para qu leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho. +Soy el retrato vivo de mi madre. + +La marquesa la mir otra vez palideciendo. Cruz por la mente de la +noble seora un rayo de duda?... Vacil su firme creencia? Quin puede +saberlo! A sus ojos asomaron las lgrimas. + +No interprete usted mis lgrimas como una concesin--dijo a Isidora--. +Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido.... + +Volvi a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada +por aquel mirar profundo, se estremeci de esperanza. La hermosura de la +joven, su distincin innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto, +hicieron en la noble dama profunda impresin. + +En cuanto al parecido--continu esta--, nada tengo que decir, porque si +alguno hay, es puramente casual... Me har usted un favor en retirarse. + +Tir de la campanilla, y se alej serenamente sin prisa y sin clera, +como nos alejamos despus de aplastar un insecto. + +Isidora se encontr sola en el gabinete. Un lacayo apareci en la +puerta. Era seal de que la ponan bonitamente en la de la calle. +Levantose y sali. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad +terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del +palacio se iban quedando atrs, como se desvanece el mundo cuando nos +morimos. + +Cuando bajaba la escalera, un lacayo suba. Tomola este por una de las +infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la +marquesa, y le dijo: Qu bonita es usted, prenda!. + +Puede juzgarse cmo estara su espritu, cuando este ultraje apenas le +hizo impresin. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el +cual al pasar la mir con atencin picaresca. Ambos le hicieron un fro +saludo. Sali sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle. +Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. Jos de +Relimpio. Isidora despert al choque y dijo: + +Pero est usted aqu? + +--S, hija ma--replic el galn viejo muy conmovido--. El corazn me +deca que habas de salir pronto, y esper... No me poda acostumbrar a +la idea de no volver a verte... Qu quieres t?... Yo tomo cario a las +personas con mucha facilidad... Aqu se me ha pasado el tiempo mirando +como un bobo a los balcones y diciendo: Ella ha de salir, ella ha de +salir. + + + + +Captulo XVII + +Igualdad.--Suicidio de Isidora + + +Isidora no pona atencin en las cariosas palabras de D. Jos. Sinti +en su cerebro una impresin extraa, como el rastro areo de inmensa +cada desde la altura a los ms hondos trminos que el pensamiento puede +concebir. Y qu manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que +estn debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio +general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la +luz eran de otro modo. La gente y las casas tambin se haban +transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora, +era punto menos que otra persona. + +Pero a dnde vamos, hija?--pregunt Relimpio viendo que andaban y +desandaban calles, suban costanillas, y divagaban pasando muchas veces +por un mismo sitio. + +Isidora no le contestaba y adelante segua, llevndolo como rodrign. +Ella miraba al suelo, l el cielo. Sin saber cmo, hallronse en las +Vistillas. Caa la tarde. Don Jos llamo la atencin de su ahijada hacia +la magnificencia del crepsculo que desde aquel despejado sitio se +gozaba; alz los ojos ella y mir, arrojando un suspiro tan grande sobre +el inmenso paisaje que a su vista tena que pareca querer llenarlo de +tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonas entre su +estado moral y la Naturaleza, la hermossima retirada y apagamiento del +da no eran extraos al occidente que haba en su alma. Los destellos de +oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundan dejando tras s +un rastro plido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa +uniforme y sin contornos, se alejaba, desvanecindose en el fondo del +firmamento, donde al fin quedara como el espectro de un mundo. +Marcbanse las curvas del ro por jirones de niebla desvanecida, +vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado +de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos. + +Qu fesimo es esto!--murmuro Isidora con ira que indicaba cierta +hostilidad contra la Naturaleza. + +Entonces el patriarcal D. Jos se puso a admirar la belleza del cielo, +que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyeccin +abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata, +caa del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante +del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago +apuntar de la idea en el cerebro. Don Jos desparram su vista por toda +la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrnomo a un +astro que brillaba ms a cada instante, dijo lacnicamente: + +Jpiter!. + +Isidora tambin miro, pero con escarnio y desdn. + +Qu horrible est la luna!--murmur. + +Y la compar al corte de una ua. Volvindose a su embelesado padrino, +que os hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha +displicencia: + +Y qu tengo yo que ver con Jpiter?... Qu me va a dar a m +Jpiter?. + +Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrs l. + +A ti te pasa algo... Qu tienes?--le dijo el maestro de Tenedura. + +--Qu le importa a usted! Si no quiere usted acompaarme, puede dejarme +sola. + +--Pues no faltaba ms!... Hasta el fin del mundo.... + +Una sombra lgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la +vista, y vieron la mole del viaducto en construccin, un bosque de +andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro. + +Cuando este puente se acabe--dijo Relimpio en tono de mucha +autoridad--, no servir sino para que se arrojen de l los +desesperados. + +Isidora mir con desprecio al puente, y repuso: + +Quia! Eso es muy bajo. + +Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media +docena de hombres entre humo y vapores alcohlicos, sali una +exclamacin que as deca: Ya todos somos iguales, cuya frase hiri de +tal modo el odo, y por el odo el alma de Isidora, que dio algunos +pasos atrs para mirar al interior del despacho de vinos. + +Se confirma lo que esta maana se deca--murmur D. Jos demostrando +una gran pesadumbre--. El Rey se va, renuncia a la corona, y a m no hay +quien me quite de la cabeza que es la persona ms decente... + +--Todos somos iguales--afirm Isidora repitiendo la frase. + +Y la frase pareca volar multiplicada, como una bandada de frases, +porque a cada paso oan: Todos somos iguales... El Rey se va. Salan +estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban +mujeres y chicos en las puertas de algunas casas. + +Mientras D. Jos dejaba or con tmida voz consideraciones prudentes y +juiciosas sobre el suceso del da, Isidora pensaba que aquello de ser +todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento +excepcional de esos que hacen poca en la vida de los pueblos, y se +alegr en lo ntimo de su alma, considerando que habra cataclismo, +hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos +colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento +moral de Isidora, no la consolaba. A la momentnea alegra sigui +agudsima pena. Por un instante se sinti invadida de un dolor tan +grande, que lleg a pensar en que no deba vivir ms tiempo. Pero esta +desesperacin tambin dur poco. Todos los medios de apartarse +voluntariamente de la vida le parecan dolorosos, antipticos y aun +cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la +ataba an a la vida, aunque no fuera ms que la curiosidad de goces y +satisfacciones que no haba probado todava... No, morir, no. Tiempo +haba para eso. + +A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y reciba su calor +central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y +del ver y del gustar. Haba sofocado una vida para fomentar otra. Cuando +esta mora, justo es que aquella resucitara. + +De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba +cansadsima y quera sentarse. No slo tena necesidad de reposo, sino +de meditacin, pues tanto como su desengao la mortificaba aquella noche +la idea de tener que volver a casa de D. Laura. No; decididamente all +no volvera aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco fro y +duro. En tanto don Jos miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que +en su interior ocurra; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de +piedra. En ningn balcn se vea luz. Todo estaba cerrado y sombro como +el disimulo que precede a las grandes resoluciones. + +Pobre seor!--exclam Relimpio ofreciendo a la dinasta extranjera el +homenaje de un suspiro--. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en +su caso.... + +Despus de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas, +Isidora dijo esto a su buen padrino: + +Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todava. + +--Marcharme!, dejarte sola!... T ests loca--replic l no sabiendo +renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada. + +--Es que no puedo ir a casa todava... Mrchese usted, que si no le +reir D. Laura. + +--Djala... Yo te acompaar adonde quieras. No faltara ms...; ir t +sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo +digo con franqueza, porque yo no soy ningn anacoreta. A los pcaros +espaoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No +puedes andar sola de noche. Ests cada da ms guapa, y por dondequiera +que vas llamas la atencin. + +--Llamo la atencin!--, pens ella, y se levant decidida. + +--A dnde vamos, hija? + +--No lo s todava. + +Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animacin convidan a +los placeres y a intentar gratas aventuras, sinti la joven que se +amenguaba su profundsimo pesar, como el dolor agudo que cede a la +energa narctica del calmante. Se sinti halagada por el contacto de la +sociedad; percibi en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces +simpticas llamndola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y +como la humana soberbia afecta desdear lo que no puede obtener, en su +interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones +despedazadas y muertas. Ella tambin despreciaba una corona. Tambin +ella era una reina que se iba. + +Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazn siempre +alborozado, le comunic su vivir rpido y anheloso. All se cruzan las +ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o +sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un +encanto, abierto bazar, exposicin de alegras y amenidades sin cuento. +Los teatros llaman con sus rtulos de gas, las tiendas atraen con el +charlatanismo de sus escaparates, los cafs fascinan con su murmullo y +su tibia atmsfera en que nadan la dulce pereza y la chismografa. El +vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las +seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente. + +Isidora observ que en ella renaca, dominando su ser por entero, aquel +su afn de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar +diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor +fisiolgico y dar satisfaccin a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo +vigoroso y el alma soadora. Se miraba en los cristales, y se detena +largusimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba +mientes en el susurro de los grupos, que decan: El Rey se aburre, el +Rey se va. + +A la entrada de la calle de la Montera la animacin era, como siempre, +excesiva. Es la desembocadura de un ro de gente que se atraganta +contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella +noche, sin saber por qu, el choque de las multitudes y aquel +frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil +impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujn, de las cosas +vistas y deseadas. El piso hmedo, untado de una especie de jabn negro, +era resbaladizo; pero ella se sostena bien, y en caso de apuro se +colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Suban +los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando +sangre, y su enorme pesadez estremeca el suelo. Los carreteros +apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban +para evitar el desorden y los atropellos. Detenanse los vehculos +atarugados, y la gente, refugindose en las aceras, se estrujaba como en +los das de pnico. La tienda del viejo Schropp detena a los +transentes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de mscaras, +disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas, +y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el +escaparate del Marabini, lleno de magnficos brillantes, manifestaba al +pblico tentadoras riquezas. + +Dejemos esto, chica--dijo D. Jos a su ahijada, que miraba embebecida +las joyas--. Esto no es para nosotros. + +De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol. + +Otra vez? + +--Quiero ir hacia el Congreso--declar ella. + +--Ya..., para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no +sea que por artes del demonio.... + +Menudeaban los grupos, todos pacficos. No eran hordas de descamisados, +sino bandadas de curiosos. Se oa decir aqu y all: La Repblica, la +Repblica, pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de +aquella cosa grande y temida. No haba entusiasmo ni embriaguez +revolucionaria, ni amenazas. La Repblica entraba para cubrir la vacante +del Trono, como por disposicin testamentaria. No la acompaaron las +brutalidades, pero tampoco las victorias. Dirase que haba venido de la +botica tras la receta del mdico. Se le aceptaba como un brebaje de +ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte. + +Cunta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso, +donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el +caf de la Iberia, que es el Parnasillo de los polticos, dan a esta +calle, en das o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su +padrino siguieron la corriente. Cuntos hombres, y tambin cuntas +mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magntico conductor +de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el +roce de hombros y brazos, entr en ella y la sacudi. + +Djeme usted sola--dijo a su padrino--. Yo tengo que hacer. Le va a +reir a usted doa Laura. + +--Deja a D. Laura que se la lleve el demonio--exclam Relimpio, a quien +la idea de no acompaar a su sobrina le pona furioso--. Hay por aqu +tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y +decirte flores. Esto es indecoroso, y no sera extrao que yo tuviera un +lance. + +Ay Isidora! Qu signific ese susurro de carcajadas que sentiste +dentro de ti?... Era que empezaba a comprender la posibilidad de +consolarse sin renunciar a sus ideas? Oh, no! Antes morir que abandonar +sus sagrados derechos. Las leyes!--pens--. Para qu son las leyes?. +Esta idea le infundi algn contento. S; ella confundira el necio +orgullo de su abuela; ella subira por sus propias fuerzas, con la +espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecan. Si su +abuela no quera admitirla de grado, ella, qu tal?..., ella echara a +su abuela del trono. Venan das a propsito para esto. No ramos ya +todos iguales? El pueblo haba recogido la corona arrojada en un rincn +del Palacio y se la haba puesto sobre sus sienes duras. Bien, bien, +bien! Y se aplaudi a s misma, se palmote con esas manos inmateriales, +que para apoyar sus discursos tiene el corazn. Pleito! Esta palabra, +anunciadora de una gran idea, se le qued fija en la mente desde +entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y +jueces, y pirmides de papel en cuya cspide brillaba deslumbrante y +cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil. + +En la calle de Floridablanca el gento era ms espeso; pero los curiosos +no hacan nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban +vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida Repblica, como se habra +hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las +Cortes pasaba se trasluca fuera. + +Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. Jos demasiado +humilde para que la joven dejase de or una y otra vez algunas frmulas +equvocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educacin y de +la falta de respeto a las mujeres. + +Vmonos a casa--dijo Relimpio algo amostazado--. Yo no me puedo +contener. Soy una plvora. T no conoces mi genio. Pues bien, me ests +comprometiendo. + +--Vyase usted, que yo me quedo--replic ella impvida. + +--Pero ests loca?... + +--No estoy loca. Es que... + +--Pero t buscas a alguien? Esperas a alguien?. + +Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequea por donde entra y +sale toda la poltica de Espaa. + +Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez. + +Isidora no le hizo caso. De repente avanz hacia la calle del Sordo, +mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del +Congreso. Uno de ellos se distingua por su gabn claro. + +Al fin nos vamos?--pregunt D. Jos con alegra. + +--No se enfade usted conmigo, padrinito--dijo Isidora mirndole--. Le +quiero a usted mucho. + +Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se haba fijado en los +tres seores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al +llegar al extremo de la calle, D. Jos, que gozaba mucho por los +recuerdos histricos, se par y dijo con voz lgubre: + +Aqu mataron a D. Juan Prim. Todava estn en la pared las seales de +las balas. + +Isidora no mir las seales de los proyectiles. Miraba a los tres +caballeros, que se haban detenido algo ms arriba, junto al jardn de +Casa--Riera. Pareca que se despedan. En efecto, dos siguieron hacia la +Presidencia, y el del gabn claro baj por la calle de Alcal. + +Instante tremendo, que no olvidara jams D. Jos Relimpio aunque +viviera mil aos! Cuando el seor del gabn claro pas por la trgica +esquina, Isidora ech a correr, llegose a l, se le colg del brazo. +Hubo exclamaciones de sorpresa y alegra... Despus siguieron juntos, y +se perdieron en la niebla. + +Ah!--murmur D. Jos con vivo dolor--. Es el marqus viudo de +Saldeoro... Ingrata!... Y qu hermosa!. + +El pobre seor se apoy en la esquina: su desconsuelo era grande. Pens +que no la vera ms. Vuelta la cara a la pared, qu hizo durante el +rato que permaneci all?... Llor? Quin lo sabe. Tal vez estamp una +lgrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la pgina ms +deshonrosa de la historia contempornea. + + + + +Captulo XVIII + +ltimos consejos de mi to el Cannigo + + +Qu lstima no ser poeta pico para expresar, con la elocuencia propia +del caso, el enojo de D. Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la +ira de los dioses, hallbase a dos dedos de ella! Todo por que la +seorita Isidora no se conduca decorosamente. Don Jos estaba +profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida +ahijada. Y si alguna tmida palabreja sala de su boca, D. Laura se le +quera comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba +era que se haba quedado fuera de casa en la noche del 11. Nada, +nada--dijo la iracunda seora a su marido del modo ms imperioso--. +Esa... _Sardanpala_ no tiene que poner ms los pies en mi casa. Si la +ves, dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su +padre. + +Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mand por su equipaje. +Temblad, humanos!..., pona casa! El furor de D. Laura creci, y en +ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras, +como las olas de un mar embravecido. Relimpio no poda disimular una +afliccin honda que tena su asiento en la regin cardaca. Pareca +atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groseras de la +ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no +dijeron nada. + +Y t, oh lector!, qu dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia +por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner +casa la de Rufete no puede atribuirse an a sospechosos motivos; sabe, +pues hay obligacin de que se te diga todo, que el mismo da 12 por la +maana recibi nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En +la una, su to el Cannigo se despeda de ella para el otro mundo y le +daba mil consejos de mucha substancia, amn de un legadillo para que +ambos hurfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiacin y +herencia, si ya no estaban en posesin de ambas cosas. La otra carta +anunciaba la muerte del santo varn. + +El cual, hora es ya decirlo, no era tal Cannigo ni cosa que lo valiera, +sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos aos +se haba aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona +y sibartica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano--Quijada, primo +carnal de Toms Rufete, haba sido mayordomo de una casa grande, y +despus administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda +de nadie, se retir a su pueblo, donde vivi clibe, entre primas y +sobrinos, ms de treinta aos, dedicado a la caza, a la gastronoma y a +la lectura de novelas. Tena ciertos hbitos de grandeza, y en su modo +de hablar y de escribir distinguase tanto de sus convecinos, que antes +que lugareo pareca de lo ms refinado y discreto de la corte. Era muy +avaro y sumamente excntrico. Omitiendo las mil aseveraciones +contradictorias que corran por toda la Mancha acerca de su +caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas +chifladuras, dejaremos que se nos muestre l mismo en la carta que +escribi a Isidora, y que copiamos a la letra: + +El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873. + +Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya +este pecador, a quien llamaste to y que ms que to ha sabido ser padre +tuyo, estar en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas. +Aquella dolencia que ni el mdico de este pueblo ni el de Argamasilla +entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitndome la +respiracin de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el +alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta seora ha de estar dentro +de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no +poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin +movimiento, y el Sr. Rodrguez Araa, secretario del Ayuntamiento, me +hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en +tu hermano, a quienes supongo ya en pacfica posesin del marquesado. + +Por tu ltima carta veo que esperabas aviso de la seora marquesa de +Aransis. Esa buena seora os habr reconocido como nietos, porque no +puede ser de otra manera. Ojal fuera tan seguro que he de alcanzar la +gloria eterna, como lo es que t y Mariano nacisteis de aquella hermosa +y sin ventura Virginia, de quien sacaste t la figura y rostro de tal +manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella +resucitada. Pero si por artes de algn enemigo o tontunas de la marquesa +(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado +la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu +cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente est tu +derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el +caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y +tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran +fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la seora +marquesa echndote los brazos al cuello y comindote a besos. Si las +cosas han pasado de otra manera, trata de que la seora te reconozca por +el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si +tienes en l algn lunar o sea por donde la marquesa venga en +conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he ledo casos +semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero velln o cosa as han +bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre +y como tales se abrazaran. De esto estn llenas las historias. + +Para que lo gocis, si es que ya estis en vuestro trono, o para que +siga el pleito, si no lo estis, os dejo un legado que no es cosa mayor. +Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado, +persona a quien conoces y seguramente tendrs por la misma +caballerosidad. + +Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te +vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con +los dems son el peligro de los ricos y la sangra de las bolsas. Csate +con persona de tu condicin, pues si lo haces con quien por debajo de ti +est, te expones a que el peso de tu cnyuge te tire hacia abajo y no te +deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, ms vale que te +unas con quien te sea superior, que tambin hay prncipes y duques por +estas tierras. + +No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas, +que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia +intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados +del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a +los que nada tienen. + +Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre +tus sedas el pao burdo de tus primeros aos, habr tontos que se ran +de ti. Instryete bien en las cosas que no has podido aprender en la +pobreza. T eres lista y hars grandes progresos. No olvides de darte +algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa +fcil y que se aprende con un poco de paciencia. + +Para no descubrirte, mustrate al principio circunspecta y callada, que +con esto pasars por modesta, y la modestia es virtud que en todas +partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspeccin, dedcate +a observar lo que hacen los dems para aprenderlo y hacerlo t misma +luego que te vayas soltando. Observa cmo saludan, cmo manejan el +abanico, cmo dan el brazo, cmo se sientan a la mesa y ponen el abrigo. +Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular +estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada +maestra. + +Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la +desaparicin de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la +humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo. +Siempre habr clases. Por ms que aseguren que esta igualdad se ha +iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las +personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a m no me +entra eso. La educacin general traer al fin la uniformidad de +modales? Patarata. Los salones de la aristocracia se abren a todo el +mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro +perro con ese hueso. Dicen que las seoras de la grandeza cantan +flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofa. Esa no +cuela. Yo no lo creer aunque lo vea. Si en algn momento de inundacin +social ha podido pasar eso, las cosas volvern a su cauce. + +Haz lo posible por distinguirte de los dems sin humillar a nadie, se +entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras +ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una +bofetada, dala con mano de algodn perfumado, que as duele ms. + +Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo as, el +sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad +de un alto seor como en sus guisos y manera de presentarlos y +servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen crculo de +convidados que sazonen la comida con las especias finsimas del ingenio +discreto; especias, hija ma, que ms bien son flores de aroma delicado. +Mira bien a quin convidas. No sientes parsitos a tu mesa, que estos, +despus de vivir a tu costa, te criticarn. Elige diariamente un pequeo +nmero de comensales, graves sin afectacin, ingeniosos sin descaro, +festivos sin chocarrera, y que coman sin gula y beban sin embriaguez, +honrando tu casa y celebrando tu mesa. + +Mucho te hablara de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello. +Solamente te dir, que pues la moda quiere que el arte francs con sus +invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra +cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de +restablecer usos culinarios que estn ya vencidos. Adopta la cocina +francesa, toma un buen jefe y provete de cuanto la moda y la +especulacin traen de remotos pases. Pero has de saber que es de buen +gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y as, no +hay cosa de ms chispa que sorprender un da a tus convidados con un +plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado +de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una +exhibicin hbil de frusleras francesas, no slo no te ser vituperado, +sino que te valdr grandes alabanzas. + +Vstete con primor. Huye tanto de la vulgaridad ponindote lo que todas +se pongan, como de la excesiva singularidad ponindote lo que a nadie se +le haya ocurrido usar. Hay un trmino medio, delicadsimo, muy difcil +de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente +elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la +extravagancia; procura que en tus atavos, sin que falte lo comn y +corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalsimo, +que no puedan imitar los dems, y habrs logrado el objeto. + +S siempre buena catlica cristiana, que lo primero es salvar el alma. +Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin +fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afn a las prcticas +religiosas; trata a los curas con consideracin, y dales para que coman, +que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea +novenas y alguna que otra funcin; pero sin pasar de ah ni abrir tu +puerta a los seores de hbito negro, los cuales, si les dejaras, pronto +imperaran en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dir la +gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya +no hay santos ni cosa que lo valga. + +De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida +conyugal, cosa que, segn oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo +quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningn punto +poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe +matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de +los perversos usos del da, se haste un poco de ti, y busque +entretenimiento y variedad en otras mujeres. Atroz desaire que te +producir no pocos sofocones y te pondr a dos dedos del mayor peligro +en que jams se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas +llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado +por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltar poco para caer en +pecado igual al suyo. Cuidado, hija ma, mucho cuidado. A su poligamia +contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta, +resiste, y no degrades tu corazn dndolo a algn mequetrefe que lo tome +por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y +desocupados. Consrvate digna, recatada, siempre seora inexpugnable; +que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventar, +y entonces podrs volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro +marido que te considere ms y te atienda mejor que el primero. + +Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado +las ms importantes, no digo ms, porque las fuerzas me faltan. +Acurdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de +invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto +aqu, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habr cerrado +mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrrmelos a los de la +gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdn de +mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me +importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me +despido de mis amigos, y recibe t el ltimo pensamiento y el suspiro +ltimo de tu amantsimo to (o cosa tal), + +SANTIAGO QUIJANO QUIJADA. + +Madrid.--Junio de 1881. + +FIN DE LA PRIMERA PARTE + + * * * * * + + + + +Segunda parte + + + PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE + + ISIDORA RUFETE, _protagonista._ + MARIANO RUFETE, _su hermano._ + AUGUSTO MIQUIS, _doctor en Medicina._ + JOAQUN PEZ. + DON JOS DE RELIMPIO Y SASTRE, _tenedor de libros._ + MELCHOR DE RELIMPIO, _arbitrista._ + EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAO. + LA SANGUIJUELERA. + DON ALEJANDRO SNCHEZ BOTN, _padre de la Patria._ + JUAN BOU, _litgrafo._ + JUAN JOS CASTAO, _ortopedista._ + MUOZ Y NONES, _notario._ + MADAMA EPONINA, _modista._ + RIQUN, _nio._ + EL MAJITO. + MODESTO RICO, _tratante de vinos._ + PALO--CON--OJOS. + GAITICA. + DIVERSOS PECES. + DIVERSOS PJAROS. + UN GRAN PERSONAJE _(que no habla)._ DIVERSOS PERSONAJES _(que no hablan + tampoco)._ + + Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un oficial de + litografa, hombres y mujeres del pueblo, porteros, tropa, etc._ + + _La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875._ + + + + +Captulo I + +Efemrides + + +La Repblica, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la +Restauracin, tantas formas polticas, sucedindose con rapidez, como +las pginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron +sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos +de Toms Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia +(trocndose en feliz para el efecto de la composicin de este libro) +juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir +adelante. Aconteci que por causa de una fuerte neuralgia necesit este +la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los +primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposicin y +altsimo porvenir. Enfermo y mdico charlaban de diversas cosas. Un da, +cuando ya se haba iniciado la convalecencia, recay la conversacin en +los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no poda +haber un tema ms gustoso, habl largamente de Isidora, diciendo, entre +otras cosas, lo siguiente: + +Est ahora esa mujer..., vamos..., est guapsima, encantadora. Parece +que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado +considerablemente en gracia, en belleza, en expresin. Se me figura que +ser una mujer clebre. Vive en la misma casa donde se instal hace dos +aos, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.--Un hijo! +Qu me cuenta usted?--Lo que usted oye. Ya tiene dos aos. Es algo +monstruoso; lo que llamamos un _macrocfalo_, es decir, que tiene la +cabeza muy grande, deforme. Misterios de la herencia fisiolgica! Su +madre me pregunta si toda aquella gran testa estar llena de talento. Yo +le digo que su delirante ambicin y su vicio mental le darn una +descendencia de cabezudos raquticos... El chico es gracioso y de una +precocidad alarmante... + +Pasando a otra cosa, yo tengo para m que el marqus viudito est ms +tronado que la nacin espaola. Sus deudas se remontan como el guila +vida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales, +carecer es morir, y pasarn por toda clase de ignominias antes que +decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipacin. Por +desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten, +cndidos que les fen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca +mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a +veces toman sin pedir. + +Yo pregunto: No habr algn da leyes para enfrenar la alta vagancia? +No se crearn algn da palacios correccionales? No establecern las +generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a +raya la demagogia azul, dndole de comer? Yo pregunto tambin: Puesto +que tanto se ha hablado del derecho a la vida, existir tambin el +derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la +alta vagancia nos pedir algn da los casinos costeados por el Estado. +Lgica, lgica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo: +Estis tocando el violn, porque el comunismo existe entre nosotros con +tan profundas races como la religin: es nuestra segunda Fe. No falta +ms que perfilarlo, darle la ltima mano, y ponerlo bien clarito en las +leyes, tal como lo est en nuestras costumbres. + +Ahora bien, seores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la +sociedad toda. Hagamos una revolucin para destruir el comunismo, y esto +es lo prctico, porque hacer revolucin por establecerlo es como si +encendiramos el gas de las calles en pleno da. Revolucin, pues. +Suprimamos la Administracin, que es una hipocresa del reparto +universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numrica del +_restaurant_ nacional; suprimamos las contribuciones, que son el +almacenaje omnmodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido +esto, lo dems, ejrcito, gobierno, armada..., se suprimir por s +mismo. Entonces diremos: _todo acab_; _nadie se encarga de nada_... Que +cada cual salga por donde pueda. Fndese una sociedad nueva entre el +estruendo de los palos. Qu tal? S, seores, el comunismo no muere +sino ahogado en un ocano de negaciones. Luego se unirn el inters y la +fuerza para crear el nuevo derecho. + +Todos los que conozcan a Miquis vern que no exageramos ni aadimos nada +al poner aqu sus festivas paradojas. + +Efectivamente, Isidora viva al fin de la calle de Hortaleza en un +nmero superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande. +Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, estn +fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes +pequeos con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando +a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas +luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de +yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada +la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden +y simetra. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se +haba formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa +yuxtaposicin del verdadero hogar domstico, labrado poco a poco por la +paciencia y el cario de una o dos generaciones. All se vean piezas +donde el exceso de muebles apenas permita el paso, y otras donde la +desnudez casi rayaba en pobreza. Algn mueble soberbio se rozaba con +otro de tosquedad primitiva. Haba mucho procedente de liquidaciones, +manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable. +Casi todo lo restante proceda de esas almonedas apcrifas, verdaderos +baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duracin. + +La sala luca sillera de damasco amarillo rameado; en imitacin de palo +santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase ms +inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas +aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y +de piezas tan frgiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a +l con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La +consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus +agujas una sola vez. El mrmol de ella se esconda bajo una instalacin +abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel caamazo y +todo lo ms deleznable, vano y frgil que imaginarse puede... A Isidora +no gustaba esta sala, que era, segn ella, el tipo y modelo de la sala +cursi. Haba sido comprada _in solidum_ por Joaqun en una liquidacin, +y provena de una actriz que no pudo disfrutarla ms de un mes. Isidora +tena propsito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas +horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado haba lo +bastante para media docena de casullas, y an sobraba algo para vestir +un santo y ponerle de tiros largos. + +En el gabinete prximo a la sala estaba casi constantemente la herona +de esta historia. A la izquierda de la chimenea tena su armario de +luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros das de uso, +pero que pronto empez a perder su brillo y a desvencijarse, +manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido +en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcn, estaba el +tocador, mueble precioso, pero muy usado. Haba pertenecido a una casa +grande que liquid por quiebra. Un escritorio pequeo con gavetillas y +algn secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro +para la cmoda. Sobre esta se elevaba un montn de cosas revueltas, en +cuya ingente masa podan distinguirse cajas de sombreros y cajas de +sobres estropeados, libros, los de ropa, un lbum de retratos, un +Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartn. + +En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de bano y roble, haba +varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la +perfeccin de la fotografa y la belleza de la figura. Pareca una +duquesa, y ella misma admiraba all, en ratos de soledad, su continente +noble, su hermosura melanclica, su mirada serena, su grave y natural +postura. En la pared no haba ninguna lmina religiosa; todas eran +profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha +inundado las tiendas de cromos; cannigos glotones, cartujos que catan +vinos, el clrigo francs que se come la ostra y el que muestra el +gusano en la hoja; adems, borrachos laicos y algunas majas y chulos que +entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto haba sido adquirido por +Joaqun, que se rea mucho contemplando al fraile embobado junto a la +muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacan maldita +gracia los cromos frailescos. Encontrbalos groseros, de mal gusto y +ordinarios, por ser cosa de estampa que se vea en todas partes. Cundo +realizara ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al leo, +de los primeros pintores! + +Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si +haba sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma +nos lo dir. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro +meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia, +y para ello aprovechemos las efemrides verbales de D. Jos de Relimpio, +cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable. + +1873. _1. de marzo_.--Instalacin de Isidora en su casa de la calle de +Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqus +viudo de Saldeoro. Escndalo. Pronuncia D. Laura su clebre frase: Ya +vea yo venir esto. Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina +militar.--_La Sanguijuelera_ visita a los de Relimpio y califica la +conducta de su sobrina con palabras que a pluma ms hipcrita no podra +velar con los disimulos del lenguaje. + +_Abril_.--Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardas se +encuentran frente a frente y del choque resulta una pgina histrica. No +corre la sangre.--Primera cuestin entre Isidora y Joaqun por la manera +de invertir el dinero heredado del Cannigo. Isidora gasta sin +substancia una buena parte de l en los preliminares de su pleito. Se +permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que +privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los +fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia +incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas +necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se +atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.--Clebre +discurso de Pi. + +_Junio_.--Renense las Cortes Constituyentes. La guerra toma +proporciones alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas +consecuencias de la desgraciada accin de Eraul.--Joaqun Pez marcha a +Biarritz. Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el +paradero de su hermano, que ha desaparecido del colegio en que +estaba.--Consternacin. Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel +Llagostera. La guerra, la poltica, ofrecen un espectculo de confusin +lamentable. Don Jos de Relimpio manifiesta con gran seso que la +cesanta de treinta mil reales que disfrutan los ex ministros espaoles +es la causa de estas tremolinas. + +_Julio_.--Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crmenes, +desbordamiento general del furor poltico.--Doa Laura cae gravemente +enferma.--La guerra civil crece. Cada da le nace una nueva cabeza y un +rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a +su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atencin y +se hacen acerca de ella novelescos comentarios.--Ministerio Salmern. + +_Septiembre_.--Cartagena, excursiones de las fragatas. Oh! Don Jos les +perdonara a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje +de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de +nuestro territorio, retenido por la prfida Inglaterra. Si viviera +Mndez Nez, otro gallo nos cantara.--Horrores del cura Santa +Cruz.--Doa Laura, como si fuera smbolo humano de la unidad y el honor +de la patria, sucumbe en aquellos tristes das. Antes de morir tiene el +inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de +tercera clase.--Clebre apstrofe de D. Manuel Pez contra las +improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en +desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situacin tan +triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino, +iguala a Isaas en gravedad elegaca y arrebato potico. Verifcase en +toda Espaa una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y +por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.--Dispersin +de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; est algo +desfigurada, pero, segn sus cuentas, en diciembre concluir +aquello.--Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se haba +entibiado ni un punto la noble simpata que por su ahijada senta, se va +a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaa cuando +est sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando +la memoria de sus cualidades, deja escapar melanclicos suspirillos. + +_Diciembre_.--Castelar reorganiza el Ejrcito. La patria da un suspiro +de esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se +dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que +son ms duros de lo que se crea los cimientos de la unidad nacional. El +24, Nochebuena, Isidora da a luz un nio, a quien ponen por nombre +Joaqun.--Hblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del +feroz Samaniego. + +1874. _Enero_.--El da 3 Pava destruye la Repblica sin disparar un +tiro. Desaloja el saln del Congreso y pone en las calles caones que no +hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.--_La Sanguijuelera_, que +permanece adicta al antiguo rgimen y no cree que hay ms reina que +Isabel II, da un viva al prncipe Alfonso. Clebre apotegma de D. Manuel +Mara Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad +armonizada con el orden. Este varn insigne ocupa otra vez la Direccin +con beneplcito de los Peces, los cuales, multiplicndose de nuevo, +colean en todo el pas. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que +la Administracin nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos. +Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las +ruinas de las fortunas que desaparecen, elvanse las colosales riquezas +de los contratistas. El Tesoro pblico hace milagros.--La provincia que +gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez +a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora s que +son habas contadas. Trtase de comprar habichuelas podridas y arroz +picado para vendrselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus +milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos +centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo rgimen, tomando una +actitud completamente pisciforme. + +_Marzo_.--San Pedro Abanto. Inmenso inters despiertan en toda Espaa el +estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqus viudo de +Saldeoro. Los ltimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no +le bastara para pagar. Toma por modelo al Tesoro pblico y recibe +dinero al trescientos por ciento. Renuvanse las discordias entre +Joaqun e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral +de la de Rufete por su situacin social, su penuria y la poca esperanza +de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el +bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la +informacin. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeo de +las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya +gastadsima promesa de casarse con ella.--Sangrientos combates del 25, +26 y 27, que ocupan la atencin pblica. Hay muchos liberales que, por +ser enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra +estos truena en patritica indignacin don Jos de Relimpio, el cual se +compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre l alfileres, sigue y +escudria y estudia con sublime anhelo los movimientos militares. + +_Mayo_.--Bilbao es libre. Alegra, repiques, farolitos. Crece a los ojos +del pas la gran figura militar del marqus del Duero.--Mariano Rufete, +que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su +conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus +adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de +lo ms escogido. Su hermana dara cuanto tiene (menos los ideales) por +verle corregido.--Emilia Relimpio se casa con su primo Juan Jos, hijo +del ortopedista; Leonor, ilcitamente unida a un sargento primero, +desaparece de Madrid. Don Jos, recordando los grandiosos pensamientos +de D. Laura acerca del himeneo de las nias con clebres mdicos y +oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama +una lgrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive +constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el nio de +Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don Jos +le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. _La Sanguijuelera_, que +algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cario al cabezudito: le +coge, le zarandea, le da gritos, y le llama _rico!, riqun!_... De +donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo +todos le llaman _Riqun_. + +_Junio_.--Muerte del general Concha. Pnico y luto. Retirada. La patria, +que crea prxima su salvacin, gime. Augusto Miquis expone con su +acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Segn l, la mejor +manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D. +Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En Espaa, el primer paso para +la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene. +El carlismo establecido no podr durar un mes. Desde el momento en que +se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundir por su propio +peso y caer hecho polvo. + +_Diciembre_.--La guerra sigue. La Restauracin toca a las puertas de la +patria con el aldabn de Sagunto. Asombro. La Restauracin viene sin +batalla, como haba venido la Repblica. La Providencia y el Acaso +juegan al ajedrez sobre Espaa, que siempre ha sido un tablero con +cuarteles de sangre y plata.--Entusiasmo de _la Sanguijuelera_, que cada +da simpatiza menos con la demagogia. Dice que los seores son siempre +seores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo +Soberano y aun medita una arenga. + +1875.--Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz +que reina en la ortopedia. El padre de Juan Jos se ha retirado del +trabajo, y no se ocupa ms que de cultivar la huerta que ha comprado en +Pinto. Juan Jos est al frente del establecimiento, y bajo su hbil +mano este se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora +quisiera un aparato para que la cabeza de _Riqun_ no creciera tanto. +Juan Jos, que algo entiende de Medicina, se re y receta al hijo +reconstituyentes y a la madre un Manual de Doctrina +Cristiana.--Consternacin. Los Peces grandes y chicos se ven desterrados +de las claras aguas de sus plazas y oficinas. Bien quisieran ellos +aclamar tambin al Rey nuevo; pero la disciplina del partido les impone, +ay!, una consecuencia altamente nociva a sus intereses. Tienen que +poner un freno a sus agallas. Adems, la lucha por la existencia, ley de +las leyes, ha llevado a los Pjaros al Gobierno, y estos no encuentran +en la Administracin bastantes ramas en que posarse. Algunos Peces de +menor tamao y del gnero _voracissimus_ quedan en oficinas obscuras. +Son Peces alados, transicin zoolgica entre las dos clases, pues la +triunfante tuvo en situaciones anteriores sus avecillas con +escamas.--Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de los toros. +Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida est en gran +peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de +Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinacin a la secta de +los mormones. Rias y escndalos, acompaados de no pequeos +apuros.--Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en Espaa +el despecho es una idea poltica, se alegran de las ventajas de los +carlistas.--Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la informacin +de pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de +conciliacin, presenta su demanda.--Miquis gana por oposicin la plaza +de mdico--director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es +novio de la hija del honrado notario Muoz y Nones.--Sbese por buen +conducto que Leonor tiene una casa de huspedes en La Corua.--Ocpase +la prensa de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido, +como irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si ser +mandado a presidio, y efectivamente, la _Gaceta_ le nombra... oficial +primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurreccin, +para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a +Espaa. Habas contadas. l se traer de seguro las tres cuartas partes +de la Isla, o las Antillas todas, dejando vaco el Mejicano Golfo. + + + + +Captulo II + +Liquidacin + + +=--I--= + +Isidorita Rufete, conoces t el equilibrio de sentimientos, el ritmo +suave de un vivir templado, deslizndose entre las realidades comunes de +la vida, las ocupaciones y los intereses? Conoces este ritmo que es +como el pulso del hombre sano? No; tu espritu est siempre en estado de +fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolvindose en +depresiones terribles, y tu alegra loca no cede sino ahogndose en +tristezas amargas. Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? S; +antes perders la vida que la conviccin de tu derecho. Bien; sea. Pero +deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te +atormentes, construyendo en tu espritu una segunda vida ilusoria y +fantstica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes +interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que +estn privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso +es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hbitos repugnantes, como +la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad. +El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmn, y ay de ti si +llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad +lo que ahora quieres gozar, en sueos, contraviniendo a las leyes del +tiempo y del sentido comn! + +Sostienes que ese vicio, aberracin o como quiera llamarle Miquis, es +una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Despus de +un da de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para +consolarte... das un baile. Qu gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus +apetitos determinando en ti una gran excitacin cerebral, de la cual +irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que +t misma llegas a tenerla por verdad. Te engaas con tus propias farsas, +desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseas a tus nervios a +falsificar las sensaciones y a obrar por s mismos, no como receptores +de la impresin, sino como iniciadores de ella. Bonito juego! +Violacin de los rdenes de la Naturaleza! + +Mira, Isidorita; tu vida social est bastante desarreglada; pero tu +vida moral lo est ms an. El principal de tus desrdenes es el amor +desaforado que sientes por Joaqun Pez. Le amas con lealtad y +constancia, prendada ms bien de la gracia y nobleza de su facha que de +lo que en l constituye y forma el ser moral. Bien dices t que ya el +amor no es ciego, sino tonto. Tienes razn: ya se le conoce el largo +trato que ha tenido con los malos poetas. Por qu no haces un +esfuercito para desprenderte del cario que tienes a Pez? Por ah debe +empezar tu reforma. T le adoras y no le estimas. l te ama y tampoco te +estima gran cosa. Considera cunto perjudican a tus planes de +engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu +porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues segn t, no +hay ms remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mrate bien +en ese espejo social que se llama opinin, y considera si con tu actual +trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una +familia ilustre. Tonta, has credo alguna vez en la promesa de que +Joaqun se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando est +mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o +no con l, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fes, +no te fes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la +indulgencia. Se dan casos de estos. + +Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te +llevar lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu +peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de +dnde viene; lo sueltas sin saber a dnde va. Jams se te ha ocurrido +coger un lpiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de +papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No +haces cuentas ms que con la cabeza, y tu cabeza es tan inepta para +esto!... La Aritmtica, hija, no cabe dentro de la jurisdiccin de la +fantasa, y t fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente +el activo y empequeeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres +ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus +dbiles clculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender +las deudas sagradas. + +Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazn; pero te perturba +lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conocindote el flaco y +tu ndole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: qu has +hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dej D. Santiago +Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educacin +de Mariano, y.... confisalo, que si es un misterio para todo el mundo, +no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no +hay para qu. Ms de la mitad de aquel dinero te lo ha distrado Joaqun +Pez. + +Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor, +lo escrito vale. + + +=--II--= + +Una maana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego. +Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal +actividad, indicaban que algo muy grave ocurra. Se sentaba, lea una +carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugndola en el +bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete, +repeta la lectura, la lgrima y el estrujamiento del dichoso papel... +Qu es eso, seora? Qu pasa? + +Desde el gabinete se vea toda la cavidad de la alcoba, donde la gran +cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del +techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con +otro cuarto, del cual venan dos voces distintas, pero acordadas en un +tono de candorosa alegra. Era la una dulce, angelical y ternsima. Era +la otra cascada y a veces chillona. Vaya con la pareja! _Riqun_ y D. +Jos de Relimpio jugaban arrastrndose por el suelo. Caballo y jinete se +besaban, locos de regocijo, en la confusin de las cadas leves. + +Abriose de pronto la puerta de la sala, y entr... nada menos que _la +Sanguijuelera_. + +Gracias a Dios que viene usted, ta--le dijo Isidora reconvinindola--. +Sintese usted; tenemos que hablar detenidamente. + +--Hablar detenidamente!--exclam la vieja puesta en jarras--. No digas +ms; ya entiendo tus _detenidamentes_. Ya s que es para pedir dinero. +S, en cuanto lleg a casa tu D. Jos y vi su cara de carnero a medio +morir, dije: Ojo al Cristo.... Pues mira, hija, toca a otra puerta. + +Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su ta por el camino de las +bromas. Con la concisin de los grandes apuros, dijo que era cuestin de +vida o muerte para ella reunir en aquella maana cierta suma, y que +contaba con la generosidad de su ta, a quien otras veces haba pedido +caudales, reembolsndoselos con buenos intereses. + +Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay. +Ya sabes que _aqu muri el fiar_... Pues s; que estn unos tiempos +divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, en qu piensa +que no te da...? + +--Lea usted--replic Isidora alargando la carta con un gesto y tono que +se usan mucho en los dramas. + +--Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro. + +--Pues dice... En fin, hemos reido. l est mal. Probablemente tendr +que irse con un empleo a La Habana... Qu le parece a usted eso? + +--Sopas en queso. A m qu ms me da que se vaya a La Habana o a +_Sierra--Ullones_, o al Infierno? + +--En fin, hemos reido. Todo se acab. No hablemos ms de eso. Hoy tengo +un gran compromiso. + +--Anda, anda, frutilla temprana!... En la que te has metido!--dijo +Encarnacin encendida de ira--. Y qu vas a hacer ahora? Ya no tienes +salvacin, ya ests perdida. Bien me lo tem y bien te lo dije cuando te +vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo--aadi sealando del modo ms +insinuante su ojo derecho--; aqu dentro hay mucho quinqu. Pues, claro, +a esto habas de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. Y quieres que te +d dinero!... Anda, anda, castaa pilonga, que otra cosa podr faltarte +ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu ta; no te acuerdes ms de +esta perla vieja de la honradez. + +Las groseras de su ta Encarnacin enfadaban atrozmente a Isidora. +Queriendo concluir pronto, expuso en trminos tan concretos como +pavorosos su situacin, y luego hizo una protesta enrgica de sus ideas +morales. Ella quera y se propona ser honrada. Las reticencias de su +ta la heran en lo ms vivo del alma. + +No vengas con andrminas--replic la cacharrera--. T podrs tener +buenas ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrs. El +pasito, hija! Repuales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese +hombre... Es un lameplatos. Siento que no est aqu para despotricarme +con l y decirle las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un +real partido por medio. + +--No, no creo que usted me vea en tales agonas y no me favorezca. + +--Yo?... Y de dnde lo voy a sacar? + +--Del arca. + +--No ests t mal arca de No. + +--Ta! + +--Si debes ms que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...! +Suponte t, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas, +araando aqu y all, rena mil reales... + +--Mil reales es muy poco. + +--Pues qu?... Creas que te iba a dar un ojo de buey?--grit la vieja +riendo a todo rer--. Mira sta!... + +--Yo quera lo menos dos mil--dijo Isidora con terror. + +--Jo... ss! Los dos mil los tienes t en el canto de la memoria! Yo +los quisiera para m. En fin, y _mismamente_..., si me prometes +devolvrmelos pronto, podr buscarte mil... Ay! arrastrada, en qu +gastas t el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsej... Yo te +deca: Guarda, aprovchate; scale a ese hombre el redao y ve poniendo +en el Monte para el da de maana.... Pero t, grandsima pandorga, con +gastar y gastar... Aqu parece que siempre est la gata de parto, segn +se gasta y derrocha. + +--Ta, dos mil! + +--Dos mil puales... + +--Ande usted... + +--No, no te caer esa breva. + +--No la dejar a usted en paz hasta que me los d... + +--Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana. + +--Pues vengan los mil; pero pronto, al momento. + +Instantneamente form Isidora un plan distinto del que haba hecho +contando con los dos mil. + +Te los traer para las doce. Ay! En qu parar esto?... + +--Antes de las doce, si puede ser. Vyase usted pronto para que vuelva +pronto... Coja usted un coche. + +--Venga la peseta. + +--Tome usted la peseta. + +--Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy +a dar sin recibo. + +--Otra peseta?... Ah va. Vyase usted pronto. Ay!, qu da +est!--dijo Isidora mirando con tristeza al balcn, cuyos cristales, +azotados por la lluvia, sonaban con estrpito de perdigonada. + +--Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a _Riqun_. + +--Despus, despus. + +--Jo... ss! Qu prisa!... Agur, agur. + +Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sac de la cmoda un +cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas +haba varios papeles o cdulas guardadas con cierto orden y +clasificacin. No deban de ser ciertamente billetes de Banco, porque +Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y pona cara de mal +humor. Despus de pasar revista a su tesoro negativo, grit: D. Jos, +y como D. Jos, a causa del ruido que l mismo haca, jugando con +Joaqun, no pudiera or la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a +llamarle por la puerta de la alcoba. + +Venga usted ac, por Dios!... + +--Hija, no te haba odo!. + +Verais entonces aparecer al gran D. Jos, fatigado de tanto andar a +cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y +tan risueo y bondadoso como antao. Traa en brazos a _Riqun_, que era +muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal +que le privara de los encantos de la niez, antes bien daba risa verle +erguir su cabezota con cierto aire de valenta, como un hijo de Atlante +predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes +pesos. + +Deje usted al nio... _Riqun_, hijito; vas a irte un rato con +Ramona... Ramona!. + +El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello est por saber) declar +con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su +dignidad se haca pasando de los brazos de D. Jos a los de la niera. +Pero no le valieron sus artimaas. Carg con l la moza, y D. Jos y su +ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas. + +Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo. + +--Cunta papeleta!--exclam el santo varn cruzando sus manos con +ademn piadoso. + +Isidora las pasaba, las lea, las iba contando. Ay! Cuando se entregaba +a la Aritmtica, su cara se volva lgubre y desconcertada, cual si +estuviera sometida a la accin de fenmenos morbosos. La Aritmtica +tena para ella algo de enfermedad cimtica, y as, desde que absorba +con su atencin aquellos miasmas deletreos llamados nmeros, se pona +plida y se le alteraba el pulso. Y pensar que no puede haber dinero +sin que haya cifras! Los hombres lo empequeecen todo. Desdichadas las +almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la +fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relacin, +gravedad. Verdaderamente, qu cosa ms contraria a lo infinito y a lo +ideal que aquellos nefandos papeles? + +Esta es del Monte--murmur Isidora con el corazn oprimido--. Esta... +a ver?.... es la de mi calabrote. + +--El calabrote est en la calle del Clavel--manifest Relimpio con el +aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones +de fondos realizadas en todo el ao. + +--Es verdad... Y el brillante? + +--Tambin, hija. No te acuerdas? Lo llev el mes pasado. Del Monte ha +de haber cinco papeletas. + +--Justo, cinco... Hay adems ocho... + +--Tu reloj... Si no recuerdo mal, est en treinta duros. Pero qu te +pasa hoy? Vas a sacar todo? + +--A sacar?--repiti Isidora, herida por aquella irona como por un +porrazo. + +--Qu clculos haces?. + +Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de +aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya ms +que en trabajos matemticos. + +Ya comprendo, hija--dijo l entre dos suspiros. + +--Cunto darn por esto?--pregunt ella, mostrando aquellas cdulas que +por su nombre deban ser montaraces. + +--Eso no puedo decirlo. Se las llevar a Rodrguez, el de la calle de +Cdiz. Es amigo mo...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se +corren mucho. + +Isidora se llev las manos a las orejas. + +Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer dao. Yo te los +destornillar. + +Y con suma delicadeza realiz la operacin, gozoso de que sus dedos +jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su +ahijada. + +Ya estn aqu. + +--Pongmoslos en el estuche. + +--Estos te los regal cuando vino al mundo _Riqun_. Por estos te +darn... darn.... + +Se cogi entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y +hundiendo la barba en el pecho, meta los ojos debajo de las cejas. + +En fin..., yo hablar con Rodrguez... Es amigo mo..., buena persona. + +--Dos mil quinientos!--murmur la joven ensimismada en sus clculos, +como un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor +febril. + +--Veremos... Quizs se pueda... + +--Ahora--dijo Isidora con resolucin alargando la mano hacia el chaleco +del buen hombre--, venga el reloj... + +--El mo?... Y la cadena? + +--Todo. + +Algo se desconcert el viejo al verse privado del uso de aquella prenda, +no de mucha vala, que Isidora le haba regalado el 19 de marzo del ao +anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para l, no dijo +ms que lo siguiente: + +Djamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darn diez y ocho o veinte. +Recordars que la otra vez... + +--Ahora los cubiertos de plata. + +--Los...? + +--S--afirm ella levantndose con expresin triunfante--. Creo que est +vencida la situacin por hoy. Pero la semana que entra... + +--Dios dir. + +--La semana que entra--declar Isidora--vendo la sala. + +--Vendes la sala! + +--S. Psese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla. +Veremos lo que da. + +Despus ech una mirada de carioso desconsuelo al armario de luna. + +Y el armario tambin? + +--Tambin. + +--Y la cama dorada?. + +Isidora medit un rato. Despus dijo: + +No; me quedo con la cama. + +En esto andaban cuando reapareci _la Sanguijuelera_. Entr sacudindose +el mantn, calado de agua. + +Jo... ss, qu tiempo! Llueven capuchinos de bronce. + +--Pero no ha venido usted en coche? + +--Por quin me tomas, tonta? La peseta del coche es para m, por el +mandado. Tengo ms salud que el Botnico, hija, y ando ms que un molino +de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son +ochocientos... Nueve duros en plata... + +--Falta un duro. + +--Reparona! Qu ms da? + +--Son novecientos ochenta--declar D. Jos, haciendo gala de su saber de +cuentas. + +--Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su +carne en este garfio. + +--La equidad, amiga D. Encarnacin... + +--Amiga, doa!... Diga usted, to Lilaina, en qu bodegn hemos comido +juntos? Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a m? + +--Falta un duro--repiti Isidora. + +--Total, que no he podido reunir ms. Aqu est el papel para el +recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene. + +--Mejor ser para el otro mes. + +--Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene. + +Don Jos empez a extender el recibo. + +Bien clarito, seor escribano... Hola, hola!, est aqu tu +Holofernes?... Vida! Gloria!. + +Haba entrado _Riqun_ paso a paso, porque sus piernas eran cortas y +dbiles. Se le haba desatado el faldelln, corrindose por la cintura +abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes +de l asomaban sus patitas vacilantes. Traa empuado en ambas manos el +bastn de D. Jos, y caminaba derecho a _la Sanguijuelera_, todo risas y +alegra, con la evidente intencin de darle un palo. Ella se dej pegar, +le cogi luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el +muchacho empez a gruir y a defenderse a cabezadas. + +Dale un palo a tu madre; anda, pgale... + +--No, no, no se pega--dijo Isidora, atndole en su sitio la falda--. No +le gusta ms que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los +brazos... + +--_Riqun_, hijo mo, dile: Yo voy a ser un hombre de puos.... Lea +a ella!... Como te coja... Cuidado como rien a mi cabezudito. + +--El mdico me ha dicho que ahora se le desarrollar bien el +cuerpo--afirm Isidora contemplndole con satisfaccin de madre. + +--Pues si no... Y qu bonito es, qu rico, qu galn! Le quiero +ms...! Qu tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un +mocoso, ya se me cae la baba. + +Isidora rea. Cogi a _Riqun_ y le hart de besos. + +Pobrecito mo! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la +cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento. + +--Sabes lo que te digo?--manifest _la Sanguijuelera_ en tono de +misterio--. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te ras. S; +por lo que sabe, parece que tiene cuatro aos. + +--No, mi nio no es un fenmeno; mi nio no es el Anticristo--dijo +Isidora oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo +conveniente, pero muy hermosa. + +--Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. Ves +esa cabeza? Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es +cosa mala. + +--No diga usted disparates. + +--Anticristo o lo que seas--exclam Encarnacin volviendo a tomarle en +sus brazos--, me tienes boba. Te voy a comer. + +Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, despus +de tomar su recibo, _la Sanguijuelera_, sin soltar a _Riqun_, dijo a +Isidora: + +Pero qu alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no +se lo has comprado... Anda, mala madre! Yo se lo comprar, yo, yo. +Verdad, hijo?... + +--Ven ac, ven ac, que la ta se marcha. + +--Oye t..., dame una peseta. + +--Para qu? + +--Vaya que ests lela... Para el pandero. + +Diole Isidora la peseta, y _la Sanguijuelera_ se fue gruendo. + + +=--III--= + +Decir cmo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos +das; contar cmo las feroces prenderas llegaban, venan, tasaban, +huan, llevndose en las garras, cul un dorado reloj, cul la alfombra +o lavabo, sera lacerar el corazn de nuestros lectores. Isidora, que no +saba regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los +negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecan, despus de +pedir tmidamente un poco ms. As, pieza tras pieza, se desmontaba la +casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vaca, se iba agrandando. El +fro y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y +tristsimos huecos que los muebles dejaban tras s. + +Cuando hubo concluido, la sala era un pramo. Para estar en ella habra +sido necesario proveerse de tiendas de campaa. El gabinete conservaba +su alfombra, la cmoda, un espejo pequeo y algunas sillas. La cama +dorada de la alcoba permaneca como ncleo y fundamento de la casa. +Interiormente haban desaparecido la sillera y aparador de nogal +tallado del comedor; subsistan intactos el cuarto de _Riqun_, el del +bao, parte principal de la casa; el que sola ocupar D. Jos Relimpio +cuando all pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y +doncella haban sido despedidas; no quedaba ms que la niera, a quien +Isidora revisti de las ms extensas atribuciones. + +He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador--dijo Isidora a su +padrino la noche del ltimo da de liquidacin--. Estoy tranquila. Me +queda esto. + +Dio un gran suspiro mostrando un papel donde haba varas monedas y un +sucio billete de Banco. + +Cunto es? + +--Vamos a contar--dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito +del gabinete, mueble de hierro pintado que se salv por milagro. + +Don Jos puso la luz en el velador y tom asiento. + +Si hay aqu un dineral! El billete es de doscientos...; veinte, +cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos. + +--Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se ver si soy mujer +de gobierno. Principio quieren las cosas... Seor don Jos--aadi en el +tono especial de las cuentas galanas--, desde hoy en adelante trabajar. + +--Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres aos, hija--replic +el anciano con las narices hinchadas por esa satisfaccin vanidosa que +acompaa a las ideas felices--Si es mi tema! T tienes grandes +habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economa y trabajo, +aqu me tienes para ayudarte. + +--He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi +pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y +despus y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser +honrada, honradsima, por respeto a mi nombre, a mi familia... Ah!, mi +familia--aadi, suspirando otra vez...--. Si me hubieran acogido con +amor, no habra dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, no es +verdad, padrino? + +--S, s, hija ma, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa... +Con qu cuentas para mantenerte? Qu te queda de lo que te dej tu +to? + +--Nada--replic con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos +un significativo movimiento que representaba el vaco--. Pero +trabajar! No tengo yo manos?. + +Y diciendo esto se le representaron en la imaginacin figuras y tipos +interesantsimos que en novelas haba ledo. Qu cosa ms bonita, ms +ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su +pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pas +de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se cas con +el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba tambin +de otra que haba pasado algunos aos haciendo flores, y de otra cuyos +finos dedos labraban deslumbradores encajes. Por qu no haba de ser +ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. La honrada pobreza y la +lucha con la adversidad cun bellas son! Pens, pues, que la costura, la +fabricacin de flores o encajes le cuadraban bien, y no pens en ninguna +otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber ledo que ninguna +de aquellas heronas se ocupara de menesteres bajos, de cosas +malolientes o poco finas. + +A trabajar, a trabajar!--exclam inundada de aquel entusiasmo que tan +fcilmente se posesionaba de su alma. + +--Yo te ayudar. Si tuviramos ahora la mquina... haras camisas de +hombre... + +--Camisas de hombre? Eso no me gusta. + +--O ropa blanca de seoras... Cosa rica, cosa buena. + +--Mejor sera... Yo pensar. + +--Confecciones, sombreros... Qu tal? T tienes un gusto... + +--Gusto s. + +--Consulta con Emilia. Ella te dar buenos consejos + +--Yo lo pensar; yo meditar sobre esto y lo decidir pronto. Ahora +vamos a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economa. + +--Perfectamente; muy bien pensado y dicho.--exclam Relimpio, dando todo +su asentimiento a tan hermosa idea--. Si no, acurdate de lo que haca +mi pobre Laura con lo poco que se ganaba. Haca milagros. + +--Por consiguiente, de aqu en adelante, gastar poquito y, sobre todo, +saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. Creer usted +que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho +siempre con mi cabeza. As ha salido ello. + +--Oh! Malo, malo... La primera condicin del orden es una buena +contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo +digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo +Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya +vers, ya vers qu libros. + +--Todo lo apuntaremos--dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un +nio juega con una mariposa--. Se dice, por ejemplo: hay que gastar +tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo... + +--Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. Tomas criada? + +--Pienso pasarme con Ramona. + +--Admirable. Yo te auxiliar en todo... Ramona es buena y humilde, pero +algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya, +ya. Yo te la instruir en dos palotadas. Mira, pon atencin y vers cmo +puedo ayudarte. Yo--dijo marcando por los dedos las distintas funciones +que desempeara--te har la compra; yo... te aviar las luces; yo... te +har todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar +cuentas, tomar localidades en algn teatro, etc...; yo coser a mquina +si decides comprar una; yo apuntar en mis libros todos los gastos e +ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un +pobre; yo..., por ltimo, cuidar a _Riqun_ y le pasear y entretendr +todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales. + +--Bueno, bueno. + +--Y tambin entiendo de limpiar metales, de componer algo de +carpintera; hasta de cocina entiendo un poco... Ea, seora--dijo +restregndose las manos una con otra con tanta fuerza que a poco ms +saca lumbre--, empecemos. Disponga usted la compra de maana. + +--Un duro. + +--Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de +mimos. Comer usted lo que haya. + +--Hay que traer carbn. + +--Eso es aparte. + +--Y cerillas. + +--Las comprar al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo +lo que se pueda, para lo cual destinar usted una cantidad que se carga +a la cuenta del mes. Qudese el diario en diez reales, y deme usted seis +duros para el por mayor. Adelante. Qu principio traigo? + +--Langosta. + +--Un ojo de la cara! + +--No importa. Por una vez... + +--Qu postre? + +--Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos. + +--Eso es caro; pero yo lo sacar barato. Regatearemos, s seora; +regatearemos. + +--El queso de Italia, la cabeza de jabal y las salchichas de Bolonia me +gustan. + +--Todo eso, trado al por mayor, puede obtenerse... en buenas +condiciones. + +--No tomaremos Champagne. Es muy caro. + +--Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones. + +No prolongaremos la relacin circunstanciada de lo que hablaron aquella +noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. Jos se retir +muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafn, y so que +estaba en la contadura de una casa grande, donde haba catorce +empleados y ms de cien libros. Ingresos y gastos ascendan a millones; +pero todo iba al pelo. Era D. Jos como un director de orquesta, slo +que los msicos eran escribientes y las notas nmeros. Resultaba una +sinfona de orden, que meca en embriagador arrobamiento el espritu del +tenedor de libros. + +Al da siguiente, cuando Isidora se levant, ya estaba su padrino de +vuelta de la compra. Traa el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y +mostrndoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del gnero. + +El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de +cuentas--dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeo.--El Mayor, +el Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del +orden es una contabilidad perfecta... Ves? Aqu est la langosta. Te +permito este lujo. Aqu est la carne. No compr las ciruelas. +Contntese usted con dtiles. Tampoco he trado Champagne porque no lo +hall en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azcar, +que no pude comprar porque se me acab el dinero... Ah!, un mazo de +cigarros para m. + +--Muy bien--dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva +a los libros de cuentas--. Todo est muy bien. + +Don Jos tuvo que salir a la calle dos veces ms porque era preciso +traer garbanzos, azcar y huevos. Despus volvi a salir porque no haba +sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tom nota de +diversas cosas que se pudieran adquirir... _en buenas condiciones_. + +Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tena +una vida tan arreglada y econmica, Isidora fue a vestir a _Riqun_ y a +endulzar con l la tristeza que no poda vencer. Ms tarde se ba, +costumbre a que no poda renunciar. La peinadora vino luego y se +distrajo con ella un rato. rale difcil adquirir el hbito de peinarse +por s misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de +ocupacin que ms le convendra; pero sus grandes cavilaciones no +llevaron luz ninguna a la confusin y perplejidad que en su mente +reinaba. + +En tanto D. Jos se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las +cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apunt +gastos e ingresos, sin olvidar lo ms mnimo; _carg y abon_; dibuj +preciosos nmeros, tir lneas con regla, hizo cuentas de _varios a +varios_, de _imprevistos_, de _suplidos_ y de _deudores varios_. En +esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los +cigarros que con el dinero de Isidora se haba comprado. + + + + +Captulo III + +Entreacto con la Iglesia + + +Un mes no completo haba transcurrido de esta vida honrada y econmica, +sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qu profesin, arte u oficio +haba de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de +D. Jos, ya repletos de nmeros, no contenan ms que partidas fallidas, +y daba dolor ver en sus garabateadas pginas el triste papel que hacan +los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe. + +Veamos cmo pasaba el tiempo la duea de la casa. Entre baarse, +peinarse, vestir y arreglar a _Riqun_, se le iba la maana. Por la +tarde, si no tena que ir a casa del procurador, sola matar el fastidio +en las iglesias, de donde result que en aquel periodo oy ms sermones +y rez ms novenas que en el resto de su vida. Distraase con estas +superficiales devociones, y aun lleg a figurarse que se haba +perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su +niez, y se deleitaba con las formas de religin, por pura novelera. +Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo +dentro de la Iglesia. Ms que el sermn ampuloso, ms que el brillo del +altar, ms que la poesa del templo y las imgenes expresivas, la +cautivaba el seoro que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando +haba novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia, +de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su +pecho la cinta de la cofrada, Isidora no faltaba, y desde el rincn de +una capilla observaba todo con inters profundo, ms atenta a las +Magdalenas que venan con el blsamo que a Jess mismo. Causbale +admiracin y envidia la seora del petitorio, que no cesaba de +repiquetear con una moneda en la bandeja de plata. + +Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para +mirar a las nias y ser de ellas mirados. Haba sonsonete de rezos y +rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de +lujo en la calle, no permitan or con claridad el sermn. Pero qu le +importaba a Isidora el sermn, aunque saliera de labios elocuentes? Lo +que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel +santo varn que no caba en el plpito, sino el aspecto y brillo del +pblico, de aquel pblico que, si hubiera revisteros de iglesia, sera +_distinguido_, _elegante_ y _numeroso_, como el de los teatros. Oh! +Dios de mi vida! Qu injusticia tan grande! La pobre seorita Isidora +no deba verse olvidada en un rincn, al lado de cuatro viejas rezonas, +sino en la gran nave, donde luciera como mereca, o pidiendo en la mesa +de petitorio entre dos velas. Qu bien repicara ella en la bandeja, y +que maa se dara para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros! +La belleza de las postulantes aguza la caridad. + +Una tarde not que un seor la miraba con insistencia. Sus ojos, +distrados de cuanto en la iglesia haba, pasaban por delante del orador +(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo +de la capilla donde ponerse sola. A la tarde siguiente observ que +aquel seor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy +guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la +cofrada, y que l se quedaba entre la masa de hombres. Segua +mirndola, y ella le miraba alguna vez sin otro mvil que el de la +curiosidad. El caballero, en verdad, no tena nada de simptico; era muy +descarado, bastante feo, morensimo, de edad entre los cuarenta y cinco +y los cincuenta. Mientras Isidora haca estas y otras observaciones, +notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por +los caballeretes, y que ellas solan mirarlos tambin con afectada +distraccin, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos +dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecera una +gran tela de araa. Msera humanidad! + +Tercera tarde. Cuando Isidora sali, ya anochecido, vio en la puerta al +seor mirn. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresur +la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen +desempeo de su cargo, se crey en el deber de manifestarle seriamente +el horroroso dficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe, +encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un pilago +tempestuoso donde naufragaba el frgil esquife del Haber. Oh! Fugaz +curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no +era ms que humo. No slo se haba concluido el dinero, sino que se +deba a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda +venan todos los das a dar tormento con su grosero pedir. Don Jos los +reciba con bondadosa sonrisa, les enseaba los libros de cuentas por el +forro, y les deca: No hay cuidado, seores; estamos esperando fondos, +y ya no pueden tardar. + +Isidora padeca horriblemente con este gnero de vida, pues su carcter, +su nobleza, no se avenan con las trampas. Gastar mucho, s, pero pagar +sin dilacin era su ideal. Haba llegado a carecer de lo ms preciso. La +limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crdito, apurado ya, +faltaba. Qu habra sido de ella si sobre estos horrores no apareciera +un sol de vida y esperanza! Ganar el pleito! La idea de un triunfo +prximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el +procurador le deca que haba tarea para mucho tiempo, su +descorazonamiento rayaba en desesperacin. En su casa se entretena con +el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., pero en qu? +Convencase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la +puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los +tormentos de zozobra y vergenza seguan horas y noches enteras de +tristeza y desaliento. El nuevo da llegaba acompaado de la escasez, de +la privacin, de la miseria... + +No se sabe cmo se puso al habla con Isidora el seor mirn; pero es +indudable que se puso. Manifest el caballero que conoca los +antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se +present con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad +desvalida. Era tan rico!... Pero tan antiptico!... + +Pobrecito D. Jos! Ahora s que eres el ms infeliz de los hombres. No +slo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de +patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la +casa de tu ahijada. Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen +fieras... Jos, eres un mrtir. + + + + +Captulo IV + +A o b... Palante + + +=--I--= + +Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano +hizo la vida de seorito holgazn, rebelde al estudio, duro al trabajo, +blando a la disipacin y al juego. Su precocidad para dar gusto a los +sentidos revelaba que haba de ser muy menguada en l la vida del +espritu. Dirase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin +ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvaro; pues si ella +viva de una aspiracin insensata a las cosas altas, poniendo, como dice +San Agustn, su nido en las estrellas, l se inclinaba por instinto a +las cosas groseras y bajas. Reciba gusto especial del desalio, y +recoga con lamentable asimilacin todas las palabras necias y brbaras +para darse, usndolas desvergonzadamente, aires de matn. Pronto +comprendi Isidora que su hermano no sera nunca persona decente, y que +no haba bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al +principio poda dominarle, valindose del amor, ms tarde el amor de +Mariano se enfri; con el cario huy el respeto, y ya no fue posible +contener la impetuosa inclinacin del muchacho a la vida vagabunda y +aborrecimiento del estudio. Pasado algn tiempo de luchas, empez a +tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde +suena un lenguaje soez slo puede haber malas acciones y pensamientos +poco delicados. Donde cantan las ranas, qu ha de haber sino charcos y +cieno? + +Cuando _Pecado_ cur de las heridas que le hizo el novillo de Getafe, +Isidora se arm de valor, echole un sermn, y le dijo muy clarito que no +volvera a tener un cuarto si l mismo no lo ganaba. Qued, pues, +convencido que aprendera un oficio; pero hasta en aquella ocasin +excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos +aristocrticos, porque no consinti que su hermano fuera zapatero, ni +albail, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo +sobre a cul industria le dedicara, vino en determinar que sera +grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan +las publicaciones ilustradas y de las magnficas reproducciones de los +Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita +fingir parentescos con el arte. + +Buscando por ah, buscando por ac, no se hallaban otros talleres que +los de litografa. Miquis tom con empeo el asunto, y habl al cuado +de Matas Alonso, un tal Juan Bou, que se haba establecido +recientemente, y tena, entre otras cualidades, la de ser muy severo con +sus oficiales. Consinti Bou en admitir a Mariano, de cuyas +inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y +sacara de l, si era posible, un obrero hbil y laborioso. + +Juan Bou era un barcelons duro y atltico, de ms de cuarenta aos, +dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que +distinguen al pueblo cataln; saludable como un toro, segn su propia +expresin; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en +copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto spero pelo dos +ojos desiguales, el uno vivsimo, dotado de un ligero movimiento +rotatorio, el otro fijo y sin brillo; ms abajo, y puesta como al acaso, +una nariz ciclpea; ms arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo +algunos golpes de escoplo para ser como las dems frentes humanas; tem, +una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, segn deca, del _beso de +una bala_... + +Poda pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y +tambin por bandido de las leyendas. Tena en sus extremidades altas dos +manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la +tosquedad de aquellas manazas creera que eran delicadsimas para el +dibujo. Su estructura basta las haca ms propias para la maroma de la +vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una +fragua, y siempre tena tos; pero una tos tan bronca y sofocante que, +cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo +encendido; creerase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba +fuera, mientras el apagado se esconda en lo ms hondo de la rbita. + +Tena dos gneros de fanatismo: el del trabajo, pues no poda estar +inactivo, y el de la poltica. Deliraba por los derechos del pueblo, las +preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta +palabra pueblo! una serie de teoras a cul ms extravagantes. +Realmente estas teoras no eran suyas. Una generacin se haba embobado +con ellas, mirndolas como pan bendito. Pero Juan Bou las haba +sublimado en su mente indocta, convirtindolas en una frmula de brutal +egosmo. Segn l, muchos miembros importantes del organismo social no +tenan derecho a ser comprendidos dentro de esa designacin sublime y +redentora: el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de +callos, no ramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los +comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una +tirana, y de aquella tirana naci el obrero--sol: Juan Bou, que deca: +El pueblo soy yo. + +En Barcelona haba logrado fundar un buen establecimiento de litografa. +Pero sus economas y el establecimiento mismo naufragaron por las +liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se +haba casado. Su seora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del +pas, como vosotros los que esto leis. Quin le metera en la cabeza a +Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De +semejante vampiro, qu poda nacer sino una hembra disipadora, +antojadiza, levantada de cascos? Enviud Juan al fin, y para rehacer su +peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento +del 68, encendiose el nimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de +discreto charlatn; crey que el mundo se iba a volver del revs, y que +la sociedad alterara sus elementos inmortales; vio la eterna columna +con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imagin +que de all en adelante se andara con la cabeza y se pensara con los +pies; y llevado de estas ideas, tom parte en todos los motines, trabaj +en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, mor en +calabozos y arrastr durante algn tiempo vida penosa y miserable. + +Cuando los acontecimientos polticos le dieron respiro, vino a +establecerse a Madrid, donde viva su hermana, casada con el conserje de +la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros +acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cay enfermo, +tuvo que abandonar las luchas polticas, y en octubre del 73 estaba +definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su supersticin +redentorista. + +Oyndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. l no era slo un +apstol, era un mrtir. La fama no tena trompetas ni figles bastantes +para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las +celebridades del partido liberal no haban hecho nada... Farsa, pura +farsa! l lo haba hecho todo, y su gran vanidad no conoca freno cuando +daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo saba. ranle familiares +cosas y personas, y fcilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos +tenan el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas +de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Despus +venan los decretos, todos de _Artculo nico_. Si sabra l lo que +tena que hacer, un hombre que haba ledo tanto, un hombre que arrastr +grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... As como el +soldado muestra sus heridas, l mostraba la huella de las esposas en sus +manos... Haba comido ratas! Qu ms ttulos necesitaba para gobernar +el mundo? + +Sus primeros aos de trabajo en Madrid fueron muy felices, y gan +bastante dinero. Entonces haba algo de renacimiento industrial, y +empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles +con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares +de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos +de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fsforos. Qu +iniciativa la suya! Fue el primero que imagin hacer en gran escala las +cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que l nadie +haba hecho el siguiente clculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que +son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo +que haya 70.000 que renueven el papel tan slo una vez al mes, poniendo +slo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras +se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales. +Ensay, y bien pronto las cacharreras todas de Madrid expendan papel +picado, que en comparacin del antiguo era un modelo de elegancia, pues +tena figuras de majas, toreros y tipos populares. + +El nico vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotera. No +haba extraccin en que no comprase su par de dcimos. Era para l este +juego nacional una forma hipcrita de la administracin socialista. +Tena muy mala suerte; pero no desmayaba, y saba escoger siempre los +nmeros ms bonitos. Con todo, no haba tenido ms ganancias que las de +su trabajo. As, desde que sac adelante el negocio de las cenefas, +estableciose en la calle de Juanelo, donde tena un taller grande, +aunque incmodo. Compr algunas piedras ms de gran tamao, una hermosa +mquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de +reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo +que algo de imprenta no vena mal como auxilio de la litografa, +adquiri cajas y mquinas, y se qued con todas las existencias de una +casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de +planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan. +Mont tambin esta especulacin en gran escala, y los ciegos pudieron +comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las +cacharreras, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores +ambulantes se surtan por muy poco dinero de aleluyas del antiguo +repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o espaoles, moros +o cristianos. + +El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas +piezas, que se haban ido agregando poco a poco, segn las necesidades +de ensanche lo pedan. Ocupaba la imprenta destinada a romances y +aleluyas la peor y ms lbrega parte. Todo all era viejo, primitivo y +mohoso. La mquina, sonando como una desgranadora de maz, tena +quejidos de herido y convulsiones de epilptico. Consagrada durante seis +aos a tirar un peridico rojo, subsista en ella un resto, un dejo de +la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus +rodillos y su tambor. Las cajas, donde yaca en pedazos de plomo el caos +de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta. +Haban servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el +aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La +horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo poda cortar un +librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ngulo ms +sombro de la sucia estancia, que ms pareca una bodega o stano que +taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad, +vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se +podra sospechar que el tal Arte haba sido encarcelado all para expiar +las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer. + + +=--II--= + +En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje. +Primero le haba puesto Juan Bou a copiar dibujos fciles con tinta +autgrafa; pero mostr tan escasa disposicin para esto, que le confirm +a la imprenta, mandndole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas, +sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente +por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le +cogi miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta conviccin de que +la obediencia y el trabajo le convenan por el momento ms que la +holganza y la maldad. En poco tiempo adquiri alguna destreza, al amparo +de un cajista viejo casi invlido y de un chico listsimo, a quien aos +atrs conocimos y conoci mejor Mariano con el nombre de _Majito_. Este +ganaba cuatro reales, y _Pecado_ tan slo dos; pero aquella honrada +ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legtimo +orgullo, el cual bien poda con el tiempo, ser base sobre que se +construyera la dignidad de que careca. + +El rigor del castigo y la obligacin de ocuparse en un ejercicio +sedentario y montono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a +Mariano taciturno; palideci su rostro y adelgaz su cuerpo. A los +cuatro meses ya compona l solo, si no con ligereza, con exactitud, las +leyendas de las aleluyas, que eran en nmero fabuloso. Se las saba +todas de memoria y le bastaba ver la tosca vieta para adivinar y +componer en seguida los pareados. l y su compaero _el Majito_ se +disparaban a cada instante los versillos, aplicndolos a cualquier idea +o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita +de la _Vida del hombre flaco_, a saber: _El verlo en paos +menores--causaba risa, seores_, como aquella de la _Vida de don +Espadn_, que dice: _Todo el da est bailando--y a su dama +acariciando._ El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una +especie de proceso psicolgico que enlaza el bostezo con el arte, a +poner en msica los tales pareados, y cuando _el Majito_ cantaba los de +la _Procesin del Viernes Santo_, que dicen: _Muchos nios en +seguida--van con velita encendida_, le contestaba _Pecado_: _Delante van +con decencia--los de la Beneficencia._ + +Tambin saban de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de +matones, guapezas, robos, asesinatos, ancdotas del patbulo. + +Cuando Mariano gan tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus +progresos, atendi sus reclamaciones. El muchacho aborreca la caja. +Quera trabajar en litografa; pero como no tena aptitud ni pulso para +el dibujo, quiso ser estampador. Psose a ello, ayudando al oficial de +la prensa y mquina, y bien pronto conoci Bou que Mariano haba +escogido bien. Aprendi a manejar con habilidad el cido y la grasa, y +tambin saba marcar con precisin. La mquina gustaba tanto a _Pecado_, +que siempre que poda no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus +ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y +coyunturas un sudor negro y craso, senta que se le comunicaba el +vrtigo de ella, y por momentos se supona tambin compuesto de piezas +de hierro que marchaban a su objeto con la precisin fatal de la +Mecnica. + +A pesar de sus baladronadas polticas y de su aspecto feroz, Juan Bou, +el _ursus spelus_, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un +buenazo, un alma de Dios. Tena corazn tierno, bondadoso y sensible, y +no poda ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba +picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se coma a los +nios crudos, cuando le volva el buen humor su diccin se fluidificaba, +adornndose con toda la hojarasca de la fanfarronera. Conversaba +familiarmente con los muchachos, mostrndoles, ya la expresin seductora +de sus sabiduras polticas, ya los dramticos pasajes de su historia de +mrtir. + +Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis +reales, era, cosa rara!, el oficial con quien ms simpatizaba Juan Bou. +Haba entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe +bien. No se sabe tampoco cul de estas dos cosas engendra la simpata. +Conste, sin embargo, que tambin Mariano era fanfarrn, y que en el +trato de seis meses con Bou se le haba comunicado la idolatra del ente +Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del pas, _que chupan la sangre del +obrero_, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en +las manos, Mariano crea aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que +haca era envidiarlos, pues la envidia suele usar la mscara del odio. + +En el fondo de su alma, _Pecado_ anhelaba ser tambin sanguijuela y +chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se +desviva por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y +por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distingua +radicalmente de su maestro, amantsimo del trabajo. Bou no quera galas, +ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quera era que todos +fusemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en +la mano; que no hubiera ms que talleres y se cerraran los lugares de +holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera ms que jornales; +que cada cual no fuera propietario nada ms que de la cuchara con que +haba de comer la sopa nacional. + +En la sala donde estaba la mquina, tena Bou su mesa de trabajo, y en +esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera +giratorio, con cuyo mecanismo l le daba vueltas como si fuera un papel. +A poca distancia vease la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y +se hacan los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la +charla, hablaba sin ton ni son, escapndose de l el discurso y la +palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un +_intellectus_ lleno de roturas. Mariano tena en su laconismo una +brutalidad sentenciosa. + +Que hablis ah, muchachos?--dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel +da de bonsimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta. + +--Este--replic el estampador con el sentimiento de modestia que le +inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabidura del +maestro--, este dice que el ao que viene ya no trabaja ms. + +--Eso lo dir la correa--manifest Bou sonriendo y sin levantar los ojos +de la piedra--. Y qu vas a comer si no trabajas?... Me parece que t +eres de casta de sanguijuela... Y algo he odo yo. No s quin me dijo +si eres noble o no eres noble... + +--Dice este--prosigui el estampador, gozoso de que el maestro pensase +como l--que cuando su hermana gane el pleito, ser caballero. + +--El pleito?... Sabis como hara yo que se ganaran de una vez todos +los pleitos?--dijo Bou, regocijndose con el efecto que sus admirables +ideas causaban en los dos muchachos--. Pues mandara pegar fuego a todos +los archivos, a la escribana _A_ y a la escribana _B_. Total, que no +dejara un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que +liquidar..., estis? Hay que decir: Hasta aqu lleg la cosa..., y +_palante_... Yo dira a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados +y dems pillera: Queris almorzar? Pues ah tenis la azada, el +arado, el escoplo o lo que ms os convenga. Pero con papeles no se come +aqu, seores.... Que no queran? Pues hacia un estanque de tinta, los +ahogaba en l..., y _palante_. + +--Dice este--repiti el oficial, que se pirraba por delatar los +disparates de su amigo--que todos no son iguales y que l est ya +cargado de ser pobre. + +--No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del +trabajo--afirm Juan Bou incorporndose y dejando ver el esplendor +lumnico de su ojo rotatorio, que pareca una rueda de fuegos +artificiales--. Pobre!Qu ere decir esto? Es una necedad, una... +lucubracin contraria a los grandes principios. Tienes satisfechas tus +necesidades? S. Tienes hambre? No. Ests vestido? S. Pues eres tan +rico como el duque _A_ o el conde _B_, o quiz ms. + +Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco +Aurelio le pona, pas por gradacin suave a otro ms acentuado, ms +enrgico, si bien no ms elocuente, diciendo: + +Todo lo dems es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su +sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares +amasados con las lgrimas del pobre. Ved esos que andan por ah, toda +esa chuma de esos seores y holgazanes. De qu viven? De nuestro +trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta, +ellos no hacen ms que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros +llenos de bobadas... Comparmonos ahora. Nosotros somos las abejas, +ellos los znganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la +comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lstima, +como a los perros... Pero todo se andar, tunantes, todo se andar; +vendr la cosa y haremos cuentas, s, la gran cuenta, el Juicio Final de +la humanidad. Oh, pillos!, tambin nosotros tenemos nuestro valle de +Josafat. All se os aguarda. All estaremos. Con un pedazo de lpiz +tamao as, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es +la liquidacin fcil, porque es la ltima... y _palante_. + +Mariano y su colega le oan absortos. + +Dice este--continu el estampador, incansable en la denuncia--que l ha +de poder poco o ha de soltar pronto la blusa. + +--Vamos a ver--manifest el maestro volviendo a su trabajo--; explcanos +lo que t piensas... A qu aspiras t? Qu deseas t? + +--Yo?--dijo Mariano con terrible laconismo--. Tener dinero. + +--Tener dinero! El dinero es una frmula, un medio de cambio--declar +con olmpica suficiencia Juan Bou--. Y si llega un da en que no haya +dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor +dicho, el servicio _A_ y el servicio _B_ se cambien directamente sin +necesidad de ese intermediario? + +--Chpate esa--dijo por lo bajo el estampador a compaero. + +--S, se suprimir el dinero, que no sirve ms que para negocios +indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarn suprimidos los +ladrones... y _palante_. + +Ambos abrieron medio palmo de boca. + +Pero el dinero--se aventur a decir Mariano--no se ha de quitar hoy ni +maana... + +--Quin sabe... La cosa est mal. Dicen que esto se va. Me escriben de +Barcelona que se est trabajando... + +--El dinero no se suprime--afirm _Pecado_ rebelndose tenazmente contra +la incontrovertible sabidura del maestro. + +--Hombre, que s. + +--Pues yo quiero ser rico. + +--Ser rico! Y qu es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional, +acmila. Hay por ah unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo, +lo que es de todos, del comn, y el da en que se diga: Ea, bastante ha +durado la mamancia..., va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros +diremos: A ver, seor duque de Tal, de dnde sac usted las tierras +_A_ y las dehesas _B_? Seor banquero Cul, de dnde sac usted los +millones _A_ y _B_ que tiene en el Banco?.--Hombre, dirn ellos, pues +yo....--Valientes pillos estn ustedes, acaparadores, por no decir +otra cosa.... Conque ya ves. No habr entonces dinero, ni Banco, ni +Bolsa; no habr ms que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito +un jamn, el comestible _A_ o el comestible _B_: me voy a la tienda, y +me encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ah va, y +venga. El sastre har pantalones al zapatero, y el zapatero le har +zapatos al sastre. Es un organismo sencillsimo, brutos. Vosotros no +habis estudiado la cosa, no habis trabajado por la cosa, no habis +estado en calabozos, no habis comido ratas desabridas... Se trata de un +organismo; sabis lo que es un organismo?. + +Ambos callaron. Crean que se trataba de un organillo; pero no se +atrevan a decirlo. + +Este dice tambin--aadi el denunciador sin poder contener la +risa--que quiere ser clebre. + +--Clebre! Ta, ta, ta--exclam Juan Bou, radiante, al considerar el +triunfo que a su oratoria se preparaba--. Conque clebre y todo..., es +decir, hombre grande? Valiente papamoscas! Y qu entiendes t por +celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman +poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no +han hecho ms que matar gente. Los otros han engaado y extraviado a la +humanidad, contndola mil mentiras y embelecos. Cgeme a tal o cual +guerrero, al poeta _A_ o al prosista _B_. Qu han hecho por el pueblo? +Nada. Su celebridad se acabar tambin, porque se suprimir la Historia. +Se har una Historia nueva, en que no figuren ms que los que han +inventado una mquina o perfeccionado la herramienta _A_ o _B_. Esos s, +esos s que tendrn estatuas. + +--Y quin... va a hacer las estatuas?--pregunt con gran viveza de +pensamiento Mariano. + +--Toma--dijo Bou, reponindose despus de desconcertarse un poco--, los +escultores. Habr escultores que harn las estatuas de los obreros +clebres, de los padres de la patria, y se les pagar con comestibles, +mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si t quieres ser +clebre inventando la direccin de los globos, o cosa as, entonces nada +te digo. Por ah, por ah... Pero no envidies a los personajes del da, +a esas sanguijuelas del pueblo. Mira t qu tipos. Prim?, un tunante. +O'Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olzaga, Castelar, +Sagasta, Cnovas. Parlanchines todos. Y ese Thiers de Francia? Otro que +tal. Cuando toquen a barrer, veris cmo queda esto... Nada, nada; +aplcate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes, +comers y vestirs con tu trabajo. Toma y daca... y _palante_. + +--Pero este dice que quiere ser clebre, aunque para ello tenga que +hacer una barbaridad. + +--Hombre, hombre, t quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo, +hombre, dalo. No te faltar ocasin, cuando se grite abajo la tirana, +prtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como +dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que maana +quiz se mire como una gran accin. Nada, hombre..._palante_, +_palantito_.... + +Sigui hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de +audaces juicios, que los muchachos le oan como si fuera una sibila. + +Lo que yo quiero es moneda--volvi a decir Mariano con rudeza concisa. + +--Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como t el clebre +Erostrato. + +--Quin? + +--Uno que peg fuego--dijo Bou reventando de erudicin--a un templo... +no s si de Babilonia, de Venecia o de dnde. + +--Y sac dinero? + +--Vuelta con el dinero. + +--Con dinero se tiene todo. + +--Y t quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de +esos pillos, lo mismo que la sanguijuela _A_ o la sanguijuela _B_. + +Mariano grua, dando a conocer, con brbaro modo, su ardiente anhelo de +ser sanguijuela. + +Ea, bastante se ha charlado--dijo el maestro echando un vistazo a la +prensa--._Palante_... Sacadme esos reportes ahora mismo. + +Y sigui un silencio slo turbado por los rumores de la actividad +taciturna. Oase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo +negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que +aunque buen cataln tena un odo infernal, destrozaba entre dientes _La +Marsellesa_, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Despus +escupa unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco +rato. Se haba contagiado de la aficin de sus aprendices a cantorrear +los pareados de las aleluyas, y as, sin pensarlo, cantaba con la msica +de Rouget de L'Isle estos versos: _Muchos nios pequeitos--van vestidos +de angelitos_. + + + + +Captulo V + +Entreacto en el caf + + +Mariano pas algn tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna +digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empez a +fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se +pasaba horas y ms horas en el caf del Sur. Por el afn de aumentar su +peculio haba contrado el vicio del juego, frecuentando innobles +garitos, o agregndose a los nefandos crculos que al aire libre, en las +puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se +aturda y perda casi siempre. Cuando ganaba se permita lujos +desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las +funciones desde la primera a la ltima, convidarse a chuletas con tomate +en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y +costureras, donde danzaba y haca conquistas. Cuando las ganancias +haban sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba +trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando +por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para +que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase +superior fuese ms completa, tena sus pequeas deudas con el mozo del +caf y con los amigos. + +Ya faltase todo el da al taller de Bou, ya asistiese puntualmente, +nunca dejaba de ir al caf del Sur. A veces no estaba ms que un rato, a +veces cuatro o cinco horas. Se le vea solo, en blusa azul y gorra, con +los codos sobre la mesa, el vaso de caf delante y en la boca un puro de +a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estpida somnolencia. + +Pero quin es aquel seor que abre la puerta del caf y esparce su +vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano +viene hacia l, y se le sienta enfrente? Quin ha de ser sino el +bendito D. Jos? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas +que est pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados +de cierta melancola de funeral; ved tambin sus mejillas, antes +competidoras de las rosas y claveles, ahora plidas y surcadas de +arrugas. Qu le pasa? l nos lo dir. Durante algn tiempo su nico +consuelo ha sido agregarse a Mariano en el caf del Sur y frente a l +exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antao; y as +como las ovejas (dicho est por los poetas) se olvidaban de pacer para +escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar +el caf por atender a lo que D. Jos le refera. + +Hoy tampoco la he podido ver--dijo aquel da (abril de 1876)--. Ese Sr. +Botn es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al +balcn... Te digo que me gustara que el seor Botn y yo nos viramos +un da las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo +padre, y debo velar por ella... Luego el pobre _Riqun_ estar tan +solo, extraar tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como +antes!... Porque has de saber que _Riqun_ no quiere a nadie ms que a +m; me quiere ms que a su propia madre. Lo que es a Botn no le puede +ver. + +Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el +regocijo de la venganza. _Riqun_ no quera al otro! Oh placer de los +dioses! + +Mi hermana tiene la culpa--dijo Mariano--. Ese to Botn es una fiera. +Por qu no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de +aquellas cosas que pasan, puo!... l es rico; ella se ve mal... Si +trabajara como yo, vivira como es debido... De consiguiente, yo no +pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no +volviera. De consiguiente, ese Botn no quiere que ni yo, ni usted, ni +mi ta Encarnacin vayamos all. No quiere estorbos. Yo no voy, porque +suponga usted que nos encontramos Botn y yo, hablamos, y sin saber +cmo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reimos. Total, que me +hago cuenta de que no tengo tal hermana. + +--Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella +quisiera--indic Relimpio embuchndose el caf, mientras el otro se +rompa las mandbulas para sacar humo del duro cigarro--Pero quia, quia. +Tiene que valerse de mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses +de esta vida y no s cmo aguanta. Al teatro? Que si quieres... Los +domingos la hace ir a misa, y aqu paz... Dicen que ese seor es +mojigato. + +--Es rico--afirm Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que +empleaba siempre para expresar aquella idea. + +--Riqusimo. Gana millones. Si le dejan se come a Espaa en menos que +pa un pollo. Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una +persona decente, le escribira un annimo a su seora contndole los +devaneos... Pero no est en mi sangre, no. La seora de Botn es condesa +o baronesa; l es conde o barn consorte, te enteras? Ella es, segn +dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar +un hospital. + +--Sanguijuelas del pas y del pobre que trabaja, repuo!... Ellos +gastan lo nuestro... Pero ya, ya vern, puo! El mejor da... de +aquellas cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y _palante_... Ahora +nos toca a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta +como es debido. + +--Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue +D. Amadeo, y aquel s era persona decente!, esto est perdido. Es +verdad que se acab la guerra; pero cmo se acab? A fuerza de dinero. +Esta gente es atroz. Aqu no hay administracin, ni se llevan los libros +de cuentas del Estado como manda la Tenedura. Mira t; mientras no se +suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no +s cmo no se les ocurren estas cosas... Seor, que no podemos con la +Hacienda, que hay dficit. Pues qu ms tiene usted que quitar tanto +empleado vagabundo?... Seor, que la poltica... Pues fuera poltica... +Si quisieran, todo lo arreglaran bien. Con ir dejando a un lado a los +piratas y colocando a la gente honrada... Mira t, es bien fcil. A +ver... D. Fulano es un hombre honrado? S seor. Pues venga ac. Y D. +Zutano? Tambin. Venga. Ea, ya me tienes la Administracin arreglada. Yo +s que los tunantes chillaran; pero que chillaran hasta reventar. + +Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volva D. Jos a la +monotona de sus lamentos pastoriles. Durante varios das repiti las +mismas cosas... La haba visto un momento... Estaba desmejorada y +triste... _Riqun_ tampoco era feliz... En mayo aadi a tan enfadosos +temas uno que era ms agradable a la concupiscencia de Mariano. + +Sabes--le dijo--que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio? +Lleg aqu el mes pasado. Por cierto que me cogi desprevenido. Yo le +crea en la Habana. Pero el Capitn General le quit el destino a los +veinte das de haber tomado posesin de l y me lo embarc para la +Pennsula... Intrigas polticas... envidias y miserias. + +--De aquellas cosas que pasan...--murmur Mariano, demostrando +perspicacia--. Don Melchor tendra las uas un poco largas; de +consiguiente... + +--Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez. + +--S; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse all entre tanto +dinero..., de consiguiente... + +--Hombre, no. + +--Total, que se volvi para ac sin un real. + +--No tanto. Algo ha trado... Pues te contar el negocio, que es grande, +tremendo. Es un secreto que ha descubierto. + +--Un secreto!... Y lo guardar... como es debido. + +--No, lo pone a disposicin de todo el mundo. Ha hecho unos +prospectitos, sabes? Luego ha puesto un anuncio en los peridicos, +diciendo que el que quiera saber el secreto del negocio mande veinte +reales en sellos. Ajaj. No puedes figurarte los sellos que han entrado +en casa. Pero ya se va cansando la gente y vienen pocas cartas. + +--Pero el secreto...? + +--No s cul es. + +--Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal +secreto...? + +--Yo no s... Desde que tom la casa en la calle de los Abades, donde +vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artculos en un peridico. La +ha tomado con las compaas de ferrocarriles y otras empresas gordas, y, +si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las +est matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas tiles, +por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso s, +yo creo que si esto se dice un da y otro da, al fin hemos de lograrlo. +Y si no, guerra, guerra con los ingleses. Ah! No hicimos lo del +Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contar, pues lo s como si lo +hubiera visto. + +Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante captulo de +Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba ms su +espritu, adormecindole en clculos voluptuosos y combinaciones de +riquezas y placeres. + +Algunos das despus, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D. +Jos. + +Ayer--dijo--estuvo D. Melchor hablando ms de dos horas con Juan Bou. +Ha inventado una rifa para los pobres. Est unido con otros seores, y +de consiguiente, tiene autorizacin del Gobierno, como es debido. +Recontrapuo, qu negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte. + +--Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad. +Es una idea humanitaria. Ya no habr ms pobres por las calles... +Volviendo a lo mismo, Mariann, te dir que la vi ayer en misa. Por la +tarde fui a sacar al nio a paseo. Ah!No sabes? Lo del pleito va bien. +Hombre, si te veremos al fin.... + +Mariano se desperez y despus que hubo estirado bien sus extremidades, +descarg el puo sobre la mesa, diciendo: + +Maldita sea la Biblia!. + +Isidora, que viva en la calle de las Huertas, sala con frecuencia al +balcn, y si vea a su padrino pasendose de arriba abajo y echando con +disimulo un vistazo al piso segundo, senta pena y lstima. Unas veces +le haca seales de que entrase, otras de que no entrase, y D. Jos +obedeca con humildad. Llamole un da con agraciado gesto, desde dentro, +alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal. +Relimpio subi. + +Cmo le palpitaba el corazn! Entr, cogi en sus brazos al nio, diole +mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con l, entr en la +sala. Isidora vesta una bata azul de corte elegantsimo. Acababa de +peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber +quin era, podra dudar que perteneca a la clase ms elevada de la +sociedad. Contemplola D. Jos, ms que con amor, con veneracin, con +fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco falt para que +se la hincara delante. + +Ests, ests...--le dijo turbado por la emocin--, que pareces una +diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... _Riqun_!, hijo +mo, sol, dame ms besos... Bendita sea tu madre!. + +Mucho se alegraba tambin Isidora de ver a su padrino; pero un asunto +urgentsimo les separara muy pronto. + +No viene hoy ese bruto?--dijo Relimpio. + +--No; hoy habla en el Congreso. + +--De modo que me estar aqu hasta anochecida? + +--No, porque tengo que hacer, tengo que salir.... + +Don Jos puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron +como la llama de la exhausta lmpara colgada delante del santo. + +Tengo que hacer--dijo Isidora, sacando una carta--. Y usted me va a +hacer el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaqun. + +Don Jos dio un gran suspiro. Puso la cara ms desconsolada y agoniosa +del mundo, la cara que pondra toda persona a quien se obligara a beber +un vaso de vinagre. + +De veras que no ests hoy en casa? + +--No. Si usted quiere, puede venir a jugar con _Riqun_. + +--Le sacar a paseo. Est bueno el da. Qu te parece? + +--Muy bien. + +--Pues voy, voy a hacer tu encargo--murmur el viejo, consolndole la +idea de pasear al nio. + +Isidora sali. Su traje realizaba el difcil prodigio, no a todas +concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era +selecto, nada chilln, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y +en sus maneras la ms clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por +dondequiera que iba haca sombra de blasones. Y sin embargo, por +desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban saban +que no era una _lady_. + +Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el +pensamiento y por las acciones, qu era?... La sentencia es difcil. + + + + +Captulo VI + +Escena vigsimaquinta + +=Aposento no muy grande, cmodo, bien amueblado y a media luz= + +=ISIDORA Y JOAQUN= + + +JOAQUN.--=(Con admiracin)= Pero qu guapa ests, o mejor dicho, qu +hermosa eres!... Joya digna de un rey, por qu ests condenada a +encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posicin mediana, obsura y +equvoca? Tremendas ironas del destino! Fate de que el nacimiento y +el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo +traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te +entristezcas. Hoy es da de alegra y juntos los dos aqu olvidaremos +todas nuestras penas... Cada da me es ms difcil vivir sin ti. + +ISIDORA.--=(Con coquetera)= Embustero!... Me quieres cuando me +necesitas, cuando eres desgraciado. Desde que prosperas un poco, +adis!, ya no te acuerdas de m! Yo no deba hacerte caso; pero mi +debilidad es ms fuerte que mi fortaleza, entiendes?... Quin no tiene +un castigo en el mundo? Mi castigo eres t. En vez de darme enfermedades +o de volverme fea, Dios me ha dicho: Quirele; y ya ves, te quiero y +padezco. El corazn me dice que ser constante. Te amar siempre, +mientras viva. Mi corazn es de una pieza. No puede amar sino a uno +solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mo, me hastan; +les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que +viniere, a mi amor me atengo. No s cmo hay mujeres que adoran hoy a +este y maana al otro. Yo no soy as. =(Con tristeza.)= No es verdad que +nac para ser honrada? + +JOAQUN.--Y para m. =(Entusiasmndose por grados.)= Slo yo te comprendo, +slo yo. Los dems te juzgarn mal quizs. Yo, que te conozco, s que +eres un ngel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para +m y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. Y qu ingrato he +sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de +las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad. + +ISIDORA.--=(Mirndole a los ojos.)= Ests satisfecho de m? + +JOAQUN.--Te idolatro. + +ISIDORA.--Me he portado bien? + +JOAQUN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas estn +donde deben estar... Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en +su alma esa chispa, ese no s qu, signo de elevacin sobre el nivel +comn, est preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no +es en ti un defecto, es una inspiracin santa. + +ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que... + +JOAQUN.--Desecha las ideas convencionales. Cada accin tiene un punto +de vista desde el cual debe juzgrsela, lo cual prueba la gran variedad +de las perspectivas del alma humana... + +ISIDORA.--Yo siento algn remordimiento... + +JOAQUN.--Porque no has hecho un anlisis fro del hecho en s y te +dejas llevar de la rutina. + +ISIDORA.--=(Gozosa.)= Te pusiste contento cuando recibiste mi carta? + +JOAQUN.--La bes mil veces, y aun creo que se me escap una lgrima, +cosa en m desusada. + +ISIDORA.--Ya ves que cumpl mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu +compromiso y me decas que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro, +te dije: Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de +salvar.... No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi +alma, como un acto de estos atrevidos y difciles, en que entren la +generosidad y el peligro. Nac para estar arriba, muy arriba. + +JOAQUN.--En las estrellas te pondra yo. + +ISIDORA.--Las cosas bajas y fciles, las pasiones mezquinas no caben en +m. T me habas hecho muchas picardas; pues ahora vers... Yo soy as. +La idea de devolverte bien por mal me daba alegra y valor para vencer +las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba, +discurra, haca cuentas. A medianoche no haba dormido an; estaba +sola. Poda pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana. +Lleg la maana. Qu creers que hice? La cantidad era enorme. Mil +duritos! De dnde haba de sacar yo ese dineral? Pues vers... Vend +mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqu doce mil reales. +Compr otros diamantes falsos para que l no conociera el engao. +Despus empe la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu +suerte, l me haba dado cierta cantidad para renovar parte de la +sillera..., pues al montn con ella. En fin, mi ta Encarnacin me +proporcion el resto... Y aqu vienen los escozores que siento en mi +conciencia... + +JOAQUN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espritu.)= Eres una +chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu +gran corazn. + +ISIDORA.--=(Con monera.)= Djame, que yo me entiendo. Te dir la verdad +pura. Por engaarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien +aborrezco con toda mi alma. No me merece... Pero hay tantas clases de +traicin!... Te dir... + +JOAQUN.--=(Azotndola con cario.)= Pero ven ac, tonta... + +ISIDORA.--=(Abofetendole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las +traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en m que las rechaza. +Te dir: con gusto o sin gusto mo, l me da cuanto necesito. Es verdad +que los tornillos eran mos; me los habas regalado t. Pero el alfiler +me lo dio l..., y el dinero para la sillera... Ya ves. + +JOAQUN.--Djame hablar ahora. + +ISIDORA.--=(Tapndole la boca.)= Aguarda. + +JOAQUN.--=(Quitndose a viva fuerza la mordaza y besndola mucho.)= +Djame hablar a m. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces +ms dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del pas +se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastara para pagar una +de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que +he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quera ya, yo te +amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy +tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazn y deuda +de bolsillo. Te pagar religiosamente. + +ISIDORA.--Pagarme! Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para +eso. Si en algo estimas el beneficio que de m has recibido, ya sabes la +recompensa que quiero. + +JOAQUN.--=(Amoscado.)= Cul? + +ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaqun... + +JOAQUN.--=(Sintindose atacado de sordera.)= No te oigo. + +ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo. + +JOAQUN.--Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)= +En estos das me hallo en tal situacin, que no podr celebrar ningn +acto civil... Ay!, querida ma, confesor mo, para ti no debo tener +secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido +un calavera, un disipador; merezco lo que me est pasando. Yo tena una +regular fortuna. Sabes t cmo se me ha ido de entre las manos? Pues yo +tampoco lo s, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te +juro que vivo con economa... Malditos sean los usureros, fieras +desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad +indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da +un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te +debo que no haya cado una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez... +Pero qu suceder? Que dentro de poco llegar otro vencimiento. +Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Pap +me ha hablado seriamente el otro da. Hemos hecho un balance. Le he +descubierto todos mis los; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto +que no tengo ms remedio que irme a la Habana. + +ISIDORA.--A la Habana! + +JOAQUN.--S, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el nico +remedio. Los espaoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras +naciones. Qu pas tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar +los desastres de sus hijos? + +ISIDORA.--Ya! + +JOAQUN.--Me ir a la perla de las Antillas, como decimos por ac. +Quieres ir conmigo? + +ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te dir...; ir contigo sera mi +dicha. Yo te cuidara si caas malo, y te desviara de tus calaveradas, +porque all... Pero no puedo, no puedo salir de aqu. Tengo que estar a +la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganar si tengo +paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la rplica, y luego que la +seora presente su dplica, vendr la prueba... Ya ves, me voy enterando +de estas cosas fastidiosas. + +JOAQUN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo... + +ISIDORA.--Es el principal mvil de mi vida. Cuando consiento en +separarme de ti por pleitear, figrate si es cosa de importancia. + +JOAQUN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aqu. +Cuando yo venga, toma!, de seguro te encontrar en pacfica posesin de +la casa de Aransis. + +ISIDORA.--Dios te oiga!... Yo tambin lo creo as. + +JOAQUN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha. + +ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recprocamente su +confianza.)= Y cundo te vas? + +JOAQUN.--No lo s. Dejar pasar el verano. Pap y el ministro han +hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, all, entre +bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando pap era Director, +serva a este seor en cuanto le peda, y ahora para el Ministro no hay +mejor recomendacin que la de mi padre. + +ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. Por qu no +tratas de remediarte aqu? Por qu no trabajas en algo? + +JOAQUN.--Aqu? Trabajar aqu!... T te has cado de un nido. En +Espaa no se recompensa el mrito. Qu pas! Es claro; yo trabajara, +yo me dedicara a algo; pero qu pasa? Los escritores, los artistas, +los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que +trabaje el obispo. No hay ms medio de ganar dinero aqu que metindose +en negocios patrocinados por el Gobierno. Pdele datos de esto a tu +seor Snchez Botn. Es un genio. + +ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Est muy hueco +con el discurso que pronunci ayer. Es de..., de la Comisin. No se +dice as? + +JOAQUN.--De la Comisin, justo. Todava no he ledo su discurso. = +(Incorprase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo +de necedades soporferas. Cuando hablaba, no haba seis diputados en el +saln, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores +versados en administracin producen estos efectos de narctico. Pap +mismo, cuando habla de esto, es el puro beleo. Pero ayer era el nico +que logr estar despabilado durante la oracin fnebre--administrativa +de Snchez Botn. + +ISIDORA.--Pues l dice que apabull a tu padre. + +JOAQUN.--Qu gracia! Vers. =(Amenaza leer.)= + +ISIDORA.--Por Dios, dejo eso. + +JOAQUN.--Oye qu admirable estilo. =(Lee.)= Los seores que se sientan +en esos bancos.... + +ISIDORA.--Por la Virgen Santsima! + +JOAQUN.--Si esto es muy divertido. =(Sigue leyendo.)= ... no quieren +acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la +Comisin.... + +ISIDORA.--=(Arrebatando el papel de manos de Joaqun.)= Si t le +estuvieras oyendo a todas horas... + +JOAQUN.--Es un bruto que mereca el desprecio si no mereciera el +presidio. Su discurso es el colmo de la sabidura. Dice que en tiempo de +pap eran mayores los escndalos y las irregularidades... Voy a contarte +en dos palabras las gradas de Botn. + +ISIDORA.--=(Tristemente.)= Ser tarde? =(Hace un gorro con el peridico en +que est el discurso de Botn.)= + +JOAQUN.--No, querida; es temprano. + +ISIDORA.--Parceme que entra poca luz, que anochece... + +JOAQUN.--Es que se ha nublado. + +ISIDORA.--Mira el reloj. + +JOAQUN.--No me da la gana. + +ISIDORA.--Qu horas tan felices si no fueran tan cortas! =(Acaba el +gorro de papel y se lo pone.)= Qu tal? + +JOAQUN.--=(Dando su aprobacin expresivamente.)= Mona!... Pues te +contar las gracias de Botn. + +ISIDORA.--Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. Si l supiera +las mas!... + +JOAQUN.--Hace unos quince aos Snchez Botn era un zascandil. Andaba +por ah con un gabn perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus +disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba +cosas de poco valor en las oficinas. Empez a levantar cabeza, +trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragn. Haca diabluras, +resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas. +Despus le colocaron en el Ministerio, y cas con la de Castroponce, que +le aport dos millones. Hzose diputado y gerente del ferrocarril de +Albarracn. Aqu empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el +ministro y all se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figrate, +la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compaas de +ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios. + +ISIDORA.--=(Bostezando.)= Qu cosas! + +JOAQUN.--T no entenders esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel +que se llama Inscripciones, el cual est en la Caja de Depsitos. Botn +se arregla para sacarlo, da una pequea parte al Ayuntamiento, y con el +resto y la subvencin van construyendo el ferrocarril sin adelantar una +peseta. El Gobierno les da prrrogas. + +ISIDORA.--=(Cerrando dulcemente los ojos.)= Qu picarda! + +JOAQUN.--=(Con verbosidad.)= Pero esta tostada, con ser un negocio +inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de +pan los abonars de los soldados de Cuba, que llegan aqu muertos de +miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede +pagarles; pero Botn ha reunido millones en esos abonars, y el mejor +da se los admite el Gobierno en pago de un emprstito... Pues en las +subastas no te digo nada. Ah es donde estn las ricas tostadas. l hace +lo que quiere. Es un baj administrativo, mejor dicho, un sultn que +tiene las rentas pblicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el +Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que +no se puede presentar nadie... Pero qu es eso?... =(Ponindole la mano +en la frente.)= Isidora?... Se ha dormido... Qu hermosa est! Qu +cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... Isidora! + +ISIDORA.--=(Despertando.)= Me dorm arrullada por las gracias de Botn. +Ser tarde? Ahora s que anochece. + +JOAQUN.--Es que es un chubasco, tonta. El cielo est negro. + +ISIDORA.--Es hora de marcharme. Mira el reloj. + +JOAQUN.--Para que te desengaes. =(Mira el reloj.)= Ves? Todava me +debes una hora, segn lo convenido. + +ISIDORA.--Una hora! =(Con pena.)= Sesenta minutos me separan de la +presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginacin. Es una +pesadilla que me atormenta noche y da. Cundo despertar de ese +hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. Buenas +noches--, buenas noches. Dnde has estado? T has salido.... Aqu de +mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir +mentiras; pero desde que vivo con l me he adiestrado de tal modo en +ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para +mentir... Pues te dir. Entra l; como entienda que he salido sin su +permiso. Mara Santsima! l gasta en m su dinero a la calladita; y me +compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me +vea. Quiere que me ponga guapa para l solo. Basta que cualquier persona +me mire para que l se enfade, porque cree que con los ojos se le roba +algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me d a conocer en la +calle, porque no gusta de escndalos, y se asusta de que esto se +descubra. Dice que aqu no estamos en Pars, y que es preciso no chocar, +no dar motivo a la murmuracin, no faltar a las buenas apariencias +sociales. Es un egoistn y un hipcrita... Lo primero que me encarga es +que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo +al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son +la base del orden social, me lo lee con entonacin grave..., si le +oyeras!, y me dice con toda su alma: Yo no puedo desmentir estas ideas. +Conque mucho cuidado.... En teatros no hay que pensar. Alguna vez me +permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a +los anfiteatros. Ni aun all me deja libre, porque le veo atisbndome +desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la +costa, o algn hombre sospechoso cerca de m... En fin, es un tipo +insufrible. Qu celoso, Dios mo! Si me ve asomada al balcn, ya se le +figura no s qu. Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me est +sacando a relucir su dinero. Qu tonillo toma! =(Remedando voz de +hombre.)= Seora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser +para m.... Para l! l quisiera que yo fuera un vaso de agua para +beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en +mis pensamientos. + +JOAQUN.--=(Con desprecio.)= Zopenco! + +ISIDORA.--Y cunto me hace padecer! Si me ro, cree que me burlo de l; +si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si +me canso, me llama _fra_, _pedazo de mrmol_. Me toma cuenta del +respirar, y si doy un suspiro, ay Dios mo!, ya est armada la +tempestad. Y cmo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces +quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto +y celoso que enamorado. Mi ta Encamacin dice que es el papamoscas de +Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me ro de l, no lo puedo +remediar. =(Re.)= Cuidado que es feo, no es verdad? No tiene ms que la +figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. Has visto +aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puetazos? + +JOAQUN.--Pues pocos habr de ms pretensiones. Dicen que en los escaos +del Congreso est siempre mirndose el pie, porque lo tiene muy pequeo. +La verdad es que otro ms antiptico no ha nacido... + +ISIDORA.--Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que +causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros... +Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos +duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le +desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobilln +ingls. =(Re.)= Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar +tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace +cuando se pone a echarme sermones, y a rerse de mi pleito y de mi +nacimiento. Un da por poco le pego... Cuando est por moralizar, me +dice que si me porto bien har mi suerte con l; que hay muchos modos de +ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todava. =(Da un gran +suspiro.)= Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te proteger. +Te casars con un criado mo, que es ni pintado para el caso. =(Con gran +indignacin.)= Y una vez que ests casada te dar un estanco. Un +estanco! =(Riendo con estrpito.)= Ese animal no s qu se figura... Habla +muy poco de su mujer. Dice que es un ngel; pero que se ha hecho muy +mstica, y que l, respetando mucho el misticismo, ha tenido que buscar +fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. Una +cosa me agrada de l... para que veas que todo no ha de ser malo... +Quiere mucho a mi Joaqun, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a +cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto slo +hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningn modo +quererle ni estimarle. + +JOAQUN.--Has hecho de l la gran pintura. No tiene delicadeza ni +verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus +atractivos y te ofrezcas ms rica y sabrosa a sus insaciables +apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria +del gnero humano; me parecen hechos con algo puramente material y +grosero que sobr despus de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser +destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la +transicin del hombre al bruto, y fabric a Botn. + +ISIDORA.--=(Riendo.)= Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el rebuzno, +qu hay? Un discurso de Botn. + +JOAQUN.--Bravsimo!... Vamos, cuando me comparo con l... Permteme +que me alabe en presencia de ese brbaro egosta. Yo vivo de lo ideal, +yo sueo, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos +platnicos. En otro tiempo, quin sabe lo que hubiera sido yo? Quizs +un D. Juan Tenorio; quizs uno de esos grandes msticos que han escrito +cosas tan sublimes... Ahora, qu soy? Un desgraciado, por lo mismo que +me estorba lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me +congratulo de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, pero por +qu? Porque no he sabido poner freno a mi fantasa; porque no he podido +cerrar y soldar mi corazn, vaso riqusimo que cuanto ms se derrama, +ms se llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he +derrochado una fortuna. Desventajas de la constante aspiracin a lo +infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! Ves mis +calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. Oh!, quin +hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habra +conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he +sabido distinguir a Jpiter de Neptuno... Ves cmo estoy? Ves mi +ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a +nadie. Joaqun Pez pedir limosna antes que comerciar con el hambre y la +desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre +sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin +prendarme de ella. =(Isidora le da un pellizco.)= Ay! Ser debilidad, +ser lo que quieras. Yo lo llamo _abundantia cordis_, opulencia del +corazn. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la +generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza... +Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que +volver de all tan pobre como estoy aqu. Yo no sirvo para esto. No soy +como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmtica. Yo no la entiendo. +Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado, +y ella se venga hacindome unas perradas!... + +ISIDORA.--=(Con efusin de amor.)= Menos en lo de querer al por mayor, +cunto nos parecemos! Yo tambin veo lo infinito, yo tambin deliro, yo +tambin sueo, yo tambin soy generosa, yo tambin quisiera tener un +caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme +siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme +yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo, +porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza; +una montaa de dinero; luego otra montaa de honradez, y al mismo tiempo +una montaa, una cordillera de amor legtimo...; eso es lo que quiero. +Oh, Dios de mi vida! =(Llevndose las manos a la cabeza.)= Llegar esto +a ser verdad? + +JOAQUN.--Pues no ha de llegar a serlo?... Abrzame fuerte. + +ISIDORA.--Ahora s que es tarde. =(Alarmndose.)= Me voy, me voy. + +JOAQUN.--Todava... + +ISIDORA.--S, ya han encendido el gas. =(Mira al techo.)= Mira los dibujos +que hacen en el techo la sombra de los rboles de la calle y el +resplandor de los faroles. + +JOAQUN.--S. Son la hora triste. Y ahora, qu da...? + +ISIDORA.--Ay!, tontn, sabes que no lo puedo decir? =(Arreglndose +aprisa.)= Se me figura que nuestro dragn est receloso. Me vigila mucho. +Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor da descubre mis +gracias... + +JOAQUN.--No lo creas... + +ISIDORA.--Ah!, es muy tuno... S, yo creo que nos sigue la pista. Estoy +viendo que cualquier da regaamos, y le mando a paseo. Sin ir ms +lejos, maana habr cuestin. No es maana San Isidro? + +JOAQUN.--S. + +ISIDORA.--Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romera, que nunca he +visto, y l se empea en que no he de ir... All veremos. Dios de mi +vida, qu tarde! + +JOAQUN.--Y cundo te ver? + +ISIDORA.--Te avisar con mi padrino, =(Despdense con manifestaciones de +ardiente cario.)= + +JOAQUN.--Abur, chiquilla. + +ISIDORA.--_Riqun_, adis. =(Al salir.)= No me olvides. + +JOAQUN.--=(Solo.)= Bendita sea ella! Vale infinitamente ms que yo. + + + + +Captulo VII + +Flamenca Cytherea + + +La unin nefanda de estos dos vocablos, brbaro el uno, helnico el +otro, merece la execracin universal; pero no importa. Adelante. + +Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr. +(tena la Gran Cruz) D. Alejandro Snchez Botn, Isidora fue a la +pradera de San Isidro, acompaada de su doncella, de _Riqun_, de D. +Jos de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Stiro no poda +resistir ya el anhelo de expansin, de correr libremente, de ser duea +de s misma un da entero, y, principalmente de darse el gusto de la +desobediencia. Hacindole rabiar gozaba ms que divirtindose ella. Ya +se aplacara el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no +se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y +bien poda suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias +llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convena un +golpe de Estado. + +Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella +maanita de San Isidro, mientras dur el atavo chulesco, todo era +regocijo en la casa, todo risas y alegras. Don Jos andaba a gatas +sirviendo de caballo a _Riqun_, ya vestido desde el amanecer de Dios, y +Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de +mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien +dentro de l, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran +dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar ms a su gusto las +fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de +buenos autores haba visto Isidora caprichos semejantes, y tambin en +una clebre zarzuela y en una pera. Si esto pensaba cuando la doncella +y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y +pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, qued +prendada de s misma, se mir absorta y se embebeci mirndose, tan +atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfona +de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente +rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube. +No le faltaba nada, ni el mantn de Manila, ni el pauelo de seda en la +cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de +gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los +ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar. +En medio de Madrid surga, como un esfuerzo de la Naturaleza que a +muchos parecera aberracin del arte de la forma, la Venus flamenca. Don +Jos estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sficos +la novsima encarnacin de la huspeda de Gnido y Pafos. + +Salieron gozosos, acomodndose en una carretela que alquil Isidora..., +y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora senta un regocijo febril y +salvaje. Todo le llamaba la atencin, todo era un motivo de grata +sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre +de la alegra, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un +ventorrillo. Nunca haba comido Isidora cosas tan ricas. Cunto rieron +viendo cmo se atracaba Mariano! Don Jos compr dos pitos, uno para +_Riqun_ y otro para l, y ambos estuvieron pita que te pitars todo el +santo da. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habra comprado +lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compr ms +que cuatro. De todas las frusleras hizo acopio, y los bolsillos de la +pandilla llenronse de avellanas, piones, garbanzos torrados, +pastelillos y cuanto Dios y la ta Javiera criaron. Nunca como entonces +le salt el dinero en el bolsillo y le escoci en las manos, pidindole, +por extrao modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si +hubiera llevado mil duros, los habra liquidado tambin. A los pobres +sin nmero les daba lo que sala en la mano. A todos los cojos, +estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda. +Por ltimo, se le antoj tambin pitar, y compr el ms largo, el ms +floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella tambin +pitaron. + +Visit la ermita y el cementerio, y por ltimo, no queriendo acabar el +da sin experimentar todas las emociones que ofreca la pradera, visit +una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenmenos para +asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana, +el cordero con seis patas, las serpientes, _os ratas tigres provenientes +do Japao_, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba, +reciba una ovacin. Preguntaban todos quin era, y oa una algaraba +infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanteras, desde la +ms fina a la ms grosera. Cuando se retir estaba embriagada de todo +menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de +placer, de sorpresa, de polvo, de gento, de pitazos, de coches, de ayes +de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo. +Cuando lleg a su casa le dola la cabeza; acordose entonces de Botn, a +quien de seguro encontrara, esperndola airado, y entonces cay un velo +negro sobre sus alegras. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de +ella azoradas, corrindosele del corazn a los labios y dejndole un +sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban. + +Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, segn su +costumbre, lo que le haba de decir Botn y lo que ella haba de +contestarle. Decididamente le pondra cara de perro; l echara su +sermn de costumbre sobre el escndalo, y despus se aplacara. Llegaron +jadeantes al piso segundo. Don Jos, que cargaba a _Riqun_ dormido, iba +detrs pitando todava. + +Entr en la sala y vio luz en el gabinete. All estaba sin duda. Pas +adelante y le hall sentado en una butaca fumando. Desde la primera +mirada comprendi Isidora que la gresca sera fenomenal. Botn (a quien +no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba plido, con +cierta hinchazn en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afect +indiferencia, dejndose caer en el silln con la pesadez propia de su +cansancio. Como entraron tambin irreflexivamente Relimpio y Mariano, +Botn hizo un gesto de expulsin, diciendo: No quiero aqu a nadie. + +Con permiso...--balbuci D. Jos. + +Quedronse solos los dos amantes. Isidora, vindose en el trance de +hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreci el pito a +Botn, dicindole con sorna: + +Te he feriado. Toma el pito del Santo. + +Botn rompi en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arroj al suelo con +ira. + +Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso. + +Botn vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o ms bien la +pasin que despertaba en l la traza chulesca de Isidora. Fuertes +razones haba sin duda para que venciera la clera. + +Mucho me enfada--dijo con cierta gravedad parlamentaria--que haya usted +ido sin mi permiso a la romera. Pero hubiera perdonado fcilmente esa +falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aqu desde las cuatro +esparndola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera +infame. + +Isidora palideci. Subiendo la escalera haba previsto la disputa; pero +en esta resultaba una espantable cosa que ella no haba previsto. + +De una manera infame--repiti Snchez Botn--. Acabemos. Me gustan las +cosas claras y los juicios rpidos. Dnde estn los pendientes de +tornillo? + +--Aqu estn--dijo Isidora llevndose la mano a la oreja. + +--Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... Y el +alfiler, la cadena, el medalln...? + +--Esas prendas son mas y puedo disponer de ellas a mi gusto--dijo +Isidora prontamente, duea ya de s misma. + +--Las ha empeado usted. + +--Las he _pignorado_--replic ella con aplomo y burla--, como dicen +ustedes los hombres de negocios. + +--S por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo... + +--Usted me dio el dinero. Yo prefer emplearlo en otra cosa. + +Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe. + +Se turba usted... + +--No me turbo, no--dijo ella subindose de un salto a la cspide de su +orgullo y contemplando desde all la clera mezquina de Botn. + +Durante la pausa lgubre que sigui a esta ltima frase, Isidora +revolvi su mente hacia el origen de aquella escena; consider con +vergenza y despecho que su infidelidad haba sido descubierta, y pas +revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal +descubrimiento. Ah!, las indiscreciones de Joaqun Pez, la falta de +prudencia... Bien conoca ella que el viudito no era hombre para guardar +secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lo... Pens en +las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman +invisible tela de araa en torno de toda existencia equvoca e inmoral; +y la ignominia de un hecho tan poco noble abati por un instante el +orgullo de su alma. + +Hace usted un bonito uso de mi dinero--dijo Botn. + +Isidora iba a contestar lo siguiente: Y para qu me lo da usted?. +Pero su conciencia se alborot, y sintiose llena de perplejidad, que +naca del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la +clera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta, +enrgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestin moral. +Encontrola en estas palabras: + +Usted me es muy antiptico. Djeme usted en paz. + +--Y tiene el atrevimiento de despedirme!--exclam Botn con sarcasmo--. +Usted que estaba muerta de miseria cuando yo.... + +Isidora senta que venan llamas a su lengua. No pudo contenerse, y +abras a Botn con estas palabras: + +Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente +ms.... + +Botn, cubrindose con su calma egosta y dando a la disputa un giro +tranquilo, que era como los crculos que hace la serpiente, dijo as: + +No quiero incomodarme. Veremos quin desaloja... Isidora, he sabido +todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se +acab... Usted se lo ha ganado... Usted pierde ms que yo. + +--Me est usted mareando. Djeme usted en paz. + +--A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas +las alhajas que he dado a usted y que no estn... pignoradas, vyamelas +usted entregando. + +Isidora se quit con nerviosa presteza las sortijas; sac de una cajita +varios objetos de oro, y todo lo tir a los pies de Botn. + +Bien, bien--dijo el padre de la patria, no desdendose de inclinarse +para recoger lo que estaba por el suelo--. Ahora qutese usted el mantn +de Manila. + +Isidora se lo quit, y hacindolo como un lo se lo tir a la cara. + +Quiere usted que le entregue todos mis vestidos? + +--No es preciso que me los entregue usted--replic Botn con calma +feroz--. Yo me har cargo de ellos. Qutese usted el que lleva puesto. + +Bien pronto la Cytherea se qued en enaguas. + +Es lstima que no se lleve usted tambin mis botas--dijo Isidora +sentndose y apoderndose con verdadera furia de uno de sus pies para +descalzarlo--. Llvelas usted para que las use su seora. + +Y se quit una bota. + +No, no tanto--dijo Botn--; conserve usted su calzado. + +Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando +en su alcoba se puso otras botas. + +En aquel instante, Botn tuvo que dar a su pasin una nueva batalla; +pero el caso era tan grave, que la dignidad llev la mejor parte. Apart +los ojos de la despojada imagen que delante tena, y para verla lo menos +posible, levantose, y con atencin de prendero avaro, abri el armario +de luna y las gavetas de la cmoda, entr en la alcoba, registr todo +como un curial que embarga o inventara. Isidora en tanto arrojaba las +preciosas botas en medio del gabinete, y despus haca lo mismo con su +peineta. + +Bien--dijo Botn, sentndose otra vez y mirndose su pie pequeo como +haca en el Congreso--. Ahora pngase usted el vestidito que usaba +cuando iba a rezar a la iglesia con tanta devocin. + +--Lo he dado. Yo no guardo pingos. + +Botn volvi a la alcoba. Tom de una percha una bata, y ofrecindola a +Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: Pngase usted este. + +Volvi la cara para no verla, para no ver las lgrimas gruesas que +corran por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como +ardiente volcn bramaba en su pecho. + +Sin decir nada, vistiose ella. Botn tom entonces un tonillo +conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en +medio de los bosques. Tena algo de hombre, si bien nada de caballero. + +Puede usted disponer de toda la ropa blanca--murmur--. Mande usted por +ella maana. + +--No quiero nada--replic Isidora, bebindose sus lgrimas de fuego, +plida, trmula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiracin de +drama; se volvi a l, le ech rodadas de desprecio por los ojos y le +dijo: Soy la vengadora de los licenciados de Cuba. + +Botn se sonrea como un demonio que ha ganado un alma. + +Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted. + +--Todava--dijo Botn haciendo esfuerzos para rer, y golpendose con el +bastn el pie bonito--, todava tiene usted algo que agradecerme. Puede +usted llevarse todo lo del nio. + +--Mi hijo no necesita nada. + +Isidora corri hacia adentro. En la cocina, Mariano dorma, reclinado +sobre la mesa. En el comedor, D. Jos y la doncella asistan a _Riqun_, +que haba vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el +hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia. + +Le ha hecho dao la comida--dijo el tenedor de libros. + +--Tiene algo de calentura--indic la doncella, tocndole las mejillas. + +Isidora le examin. Sus lgrimas volvieron a correr + +Don Jos--dijo resuelta--. Cargue usted a _Riqun_. Envolvedlo bien en +un mantn. Nos vamos ahora mismo. + +--Ahora!--exclam D. Jos con espanto. + +En la puerta del comedor apareci Botn. Despus se pase en el pasillo. +Si Isidora estuviera fuerte en Mitologa, le habra comparado al +Minotauro vagando por las obscuras galeras del laberinto de Creta. +Volvi la bestia al gabinete, y desde all llam con voz fuerte: +Isidora, Isidora!. Y viendo que esta no acuda, sali otra vez al +pasillo y dijo en tono ms humanitario: + +No llevemos las cosas hasta el ltimo extremo. _Riqun_ est malo. +Puedes quedarte aqu hasta maana. + +Pero Isidora iba y vena recogiendo algunas cosas _enteramente suyas_. + +Qudate, mujer, qudate hasta maana. + +Entr ella en la alcoba. Botn se paseaba con lento andar en el +gabinete. + +Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta +maana. Adems.... + +La mir atentamente, mientras ella revolva en la cmoda. La mir +embelesado, a qu negarlo?, y algo confuso le dijo: + +Y maana podrs llevarte todos tus vestidos. + +Isidora no le contest, ni le mir siquiera. Pero l segua dando +paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitolgicamente +hablando, se morda su propia cola. + +Estas mujeres locas--murmur gruendo--, si comprendieran su inters; +si supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona +decente... Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti, +reflexiona, acurdate de lo que muchas veces te he dicho. Por qu no +has de entrar en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte, +proporcionndote un estanco.... + +Isidora sali sin concederle ni una mirada. l fue tras ella. Desde la +sala repiti en voz alta: + +Puedes contar con el estanco.... + +No recibi contestacin. De repente oy el golpe de la puerta cerrndose +con violencia. Todos, menos la doncella, haban salido. + + + + +Captulo VIII + +Entreacto en la calle de los Abades + + +=--I--= + +A dnde vamos?--pregunt Isidora cuando salieron a la calle. + +--Qu pregunta!... A mi casa--replic don Jos, estrechando a _Riqun_ +entre sus brazos con ardiente cario--. Abades, 40. No parece sino que +hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo +Dios. En casa no te faltar nada. Melchor la ha puesto muy guapamente. + +Y en medio de la turbacin que el repentino desalojamiento le produca, +D. Jos sinti ntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al +sentirla tan cerca de s, sometida a su generoso amparo. Siempre que +haca algo en beneficio de ella, el pobre seor se creca y se hinchaba; +que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle, +l delante, ella detrs, porque la estrechez de las aceras no les +permita caminar juntos. + +Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Haba hecho de la sala despacho +y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lmpara con pantalla +verde que derramaba un crculo de claridad sobre la mesa. Un hombre +acompaaba a Melchor, trabajando con l en la misma mesa. Del cerebro +del hombre descenda al pupitre una invisible corriente de clculos que +al tocar el papel se condensaba en nmeros, como al influjo de la helada +la humedad de la atmsfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levant +un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle +su casa. Despus se volvi a sentar, y requiriendo la benfica pluma, +entonces consagrada a la humanidad doliente, sigui su trabajo. + +Rpida ojeada bast a Isidora para observar a Melchor, que +definitivamente se haba dejado toda la barba y tena un aspecto muy +vistoso, aunque nunca simptico; para observar tambin al hombre de los +nmeros, que la mir con cierto azoramiento de bestia taurina al +hallarse en medio del redondel. Vio tambin la desamparada sala con su +estante, formando como nichos de cementerio, donde yacan ordenados +papeles. Un plano de Madrid acompaaba al de la Pennsula. Hacan ambos +el papel emblemtico de los planos de minas o ferrocarriles en las +oficinas de explotacin. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban +figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo +mendigos al Asilo; el frontn mismo del Asilo ideal con columnas griegas +y un sol con la insignia triangular de Jehov, difundan por toda la +sala la idea de que all se trabajaba para aliviar la suerte de los +menesterosos. Las palabras _Rifas_, _Grandes rifas_, _Tres sorteos +mensuales_, _seis millones_, impresas en colores, revoloteaban por las +paredes cual bandadas de pjaros tropicales; y como el papel en que +aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasa loca de Isidora no +haba de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de +selva americana alumbrada por la luna. Despus vio el resto de la casa, +que era de construccin reciente, mas con tan srdido aprovechamiento +del terreno, que ms pareca madriguera que humana vivienda. Don Jos +destin a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa, +y al punto se ocup en desalojarle. l se ira al aposento de la +muchacha y la muchacha dormira Dios sabe dnde. Era interior el cuarto, +y tan vasto, que a Isidora le pareci un sepulcro. Don Jos iba y vena +cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella +a _Riqun_, djole Isidora: + +Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la +habitacin, la muchacha y yo nos entenderemos. + +La muchacha era una alcarrea de esas que acababan de llegar al mercado +de criadas, y traa frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la +torpeza de manos y de cabeza. Todo lo haca al revs. Tena buena +voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecan no haberse +desprendido de su rechoncho cuerpo desde que naci, y sus greas mal +peinadas, de color de barbas de maz, despedan un olor a pomada de +baratillo, ms desagradable que su aliento. Isidora senta hacia ella +repulsin invencible; no la poda mirar, no la poda tocar, y al +sentirla cerca, se estremeca de horror. Antes morira de hambre que +comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era +su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan seorita. +No, no--exclam la joven con angustia--. Yo no nac para pobre, yo no +puedo ser pobre. + +Dios la ampar en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber +lanzado la exclamacin dolorosa, salida de lo ms vivo de sus entraas, +lleg su cara doncella. Traa en un gran lo toda la ropa de _Riqun_ y +algo de la del ama. + +La fiera--dijo--me mand sacar todo esto. Est bramando. Ay seorita!, +si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliacin... Yo lo +siento. Est arrepentido de su barbaridad. Yo quera traer ms; pero no +me dej. Maana llamar a las prenderas... Ay! Qu lstima! Qu +riqueza hay all!. + +Agustina se ofreci a seguir a su servicio, e Isidora lo acept con +gozo, aunque no tena en sus bolsillos una sola moneda. Terrible +contradiccin! Ella no poda ser pobre, y sin embargo lo era. + +Ocupndose de arreglar la habitacin y de procurarse algunas +comodidades, cuntas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar +esto y lo otro. Tal cosa haba quedado en la tercera gaveta de la +cmoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no haba remedio. Por +cada objeto que no tena, Isidora echaba a volar media docena de +suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables +esferas de lo pasado. + +_Riqun_ pareca mejor. Dorma tranquilamente, y su respiracin fcil +sonaba como el eco de msicas serafinescas taidas a la parte all de lo +visible. + +Miquis y D. Jos tardaban. Isidora pas a la sala porque Melchor le +haba dicho que tena que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos. +Poda disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algn +mdico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de l, del +benfico y filantrpico Melchor, corran los gastos de botica. Lo +principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las +manos, pues estaba en casa de parientes que la queran de veras y donde +nada la faltara... En tanto el hombre corpulento que haca nmeros no +quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y pareca pasmado, fascinado por +religiosa o mitolgica visin. + +Como el gran Relimpio hablara entonces de mdicos y ensalzase a Miquis, +el hombrazo dijo: + +Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fra. Le conozco mucho. Asiste +a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de +Aransis. + +Isidora no esperaba or citar su casa ilustre, y se inmut un poco. Sin +dejar de mirarla, el hombrn prosigui as: + +Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... Ah!, bien deca +yo. Ya me acuerdo. Un da..., hace aos, estaba yo con mi hermana en el +portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es... +Bien deca yo que no era la primera vez... Despus he tratado mucho a +Miquis. Es simptico. Como l tiene instruccin y yo... algo entiendo de +ciertas cosas, discutimos sobre la cuestin _A_ o la cuestin _B_. Yo le +aprieto de firme y l se defiende con retricas... + +--Vamos, vamos a concluir esto--dijo Melchor con impaciencia--. Tenemos +que de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de +la Administracin seis mil quinientos.... + +Isidora no oy ms, porque llegaron Miquis y D. Jos. El mdico vena de +frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de +cierta casa de tono. Precursoras y compaeras de su fama eran las +relaciones, y la entrada que iba teniendo en los ms escogidos crculos +de la sociedad. + +Examinado _Riqun_, le recet un calomelano. Era cosa ligera, una +indigestin, y probablemente al venidero da estara como si tal cosa. +Hablando despus con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo as: + +Siento ese percance, porque no hallars otra fiera como esa. No hay dos +Botines en el mundo. Si los hubiera, dnde estara ya nuestra querida +patria? Desde Pirene a Calpe habra sido devorada, y todos los espaoles +nos agitaramos en una crcel de tela, ay!, en los bolsillos de ese +afanador de naciones... Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero +t no haces nmeros, y en esta poca el que no hace nmeros est +perdido. + +--Djame a m de nmeros. A dnde vas ahora?. + +El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los +brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa +riqusima en que se sentara y las personas cultas y elegantes con +quienes haba de estar en roce familiar y discreto gran parte de la +noche. Era esta la clase de imaginaciones que ms fcilmente se moldeaba +en su cerebro. Miquis lo conoca y le pasaba la miel por los labios, +contndole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describindole +aquellos apartados mundos donde ella no poda penetrar sino con la +fantasa, mejor an, con su ferviente anhelo. + +Hace pocas noches--le dijo--com en casa de la duquesa con tu Pez. +Parece que se va a nadar a la Habana, porque aqu se queda en seco. Le +han escamado los usureros. Sabes que me da lstima? Es lo que llaman un +buen muchacho, servicial, amable, carioso, dbil, y que no hace dao a +nadie ms que a s mismo. + +Isidora, turbada y nerviosa, vari la conversacin y fingi ganas de +rer. + +Ah!, me han dicho que te casas. Es verdad? + +--Eso dicen, s. Y cuando el ro suena, boda lleva. + +--Con la del notario? + +--Con la de Muoz y Nones. + +--Bien sabes t arrimarte a buen rbol. Es rica. + +--Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y +vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazn. Esto +no lo hacemos ya ms que los pastores y yo... + +--Y es bonita? + +--Para m no hay otra que se le iguale. + +--Mejorando lo presente, se dice. + +--Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama. + +--Por qu no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a +declarar como testigo. Adems es el notario de la casa de Aransis. + +--Culebra! Quieres corromper al ave fnix de los notarios. + +--No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de +Aransis. Con eso me basta. + +--No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que l, por s solo, +desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido +los seores de pluma y sello... Muoz y Nones ofrece a la admiracin de +la humanidad el siguiente fenmeno: es un hombre que ha hecho una +fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como +corresponde a la materia de que est hecha. Mi suegro desacredita y +niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo ac, se ha +tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales +y, por aadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de +nariz y de uas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha +desaparecido, y en prueba de ello ah tienes a mi suegro, que es +honrado, franco, liberal, y adems guapo, simptico, amabilsimo y de +agradable trato. En estos tiempos de renovacin social las figuras +antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para +cada arte o profesin As vers hoy un juez de primera instancia que +parece un Guardia de Corps; vers un bartono que parece un alcalde de +Casa y Corte; vers marinos que parecen oidores, y hasta podrs ver un +filsofo que se confundira con un cannigo. Dgolo porque Muoz y Nones +parece un diplomtico. Tiene inclinaciones de gran seor y hbitos de +_sportman_. Lstima que no haya abierto nunca ms libro que la _Ley de +Enjuiciamiento civil_! Por lo dems, en la honradez es un lince, y tiene +por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos. +Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas +partes sino malos acciones, egosmo y rapacidad. Error, disparate! El +mundo se pudrira si le faltase en un momento el desinfectante de la +virtud, cuya accin enrgica se nota en todas partes, en las ms altas +as como en las ms bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy +aburriendo... + +--Quedamos en que recomendars a tu suegro mi pleito. + +--Quedamos en que es intil. + +--Bobalicn. + +--Serpiente de cascabel, abur. + + +=--II--= + +Despus que se fue Miquis entr Mariano, que buscaba a su hermana para +que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar all a su +maestro, que al verle se desconcert, porque haca una semana que no +apareca por el taller. Levantose contra l una tempestad de censuras. +Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones +morales, Melchor le llam vago, pillete y predestinado al presidio, y +hasta su amigo y compaero de caf, Relimpio, promulg sobre la vagancia +los conceptos ms severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su +hermana dinero, Mariano se retir a un banco de palo que en el estrecho +recinto haba, y all permaneci largusimo rato solo, callado, hecho un +ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un +perro que roe y voltea un solo hueso despus de haberle quitado hasta la +ltima hilacha de carne. + +El afn de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales +que tan grande parte tenan en el ser moral de Mariano, y que haban de +tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la +palabra, en el hijo de D. Jos Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre +cristalizan, por decirlo as, en envidia, que es unipersonal y +antropomrfica. + +Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde all el rasguear +de las plumas que en la sala hacan tan lucrativos nmeros, se +preguntaba por qu razn tena el seorito Melchor sombrero de copa y l +no; por qu motivo el seorito Melchor vesta bien y l andaba de blusa; +por qu causa el seorito Melchor coma en los cafs, galanteaba +bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras l, +el pobre _Pecado_, coma y fumaba casi como los mendigos, y tena por +amigos a otros tan pobres y desgraciados como l. La soledad en que +viva le despabil antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer +clculos, no era comn en los chicos amparados por padres o parientes +cariosos. Porque el abandono y el vivir entregado a s propio, +favorecen el crecimiento moral en el nio. De la ndole nativa depende +que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los +colosos del trabajo, as como los grandes criminales, han nutrido su +espritu en una niez solitaria. El rbol salvaje, juguete de los +vientos en deshabitado pas, adquiere un vigor notorio. + +Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni saba +apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quera vivir con su +ta Encarnacin porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque +le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones. +Gustaba de albergarse en fementidas casas de huspedes de los barrios +del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de +tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y coma en las +tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de +voluntad, que es propio de los vagos; aguz su ingenio, precipit su +desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender +que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la +adquisitividad, del disimulo y de la adaptacin. No se explican de otro +modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperacin de +la Polica y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y +veinte aos. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un +prodigio de agudeza, un archivo de triquiuelas jurdicas y un burlador +hbil de la Polica. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe +ms mundo y ms Economa poltica que los doctores recin incubados en +la Universidad. + +Hallbase Mariano a la sazn a punto de consumar su sabidura en +aritmtica parda; se le haba desarrollado ya el genio de los clculos, +el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la +adaptacin, del disimulo y de la doblez. + +Despus de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del +recibimiento, asisti de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por +hipocresa. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con l aquellos +das, que no saba qu hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria, +que hasta lleg a llamarle hijo y a departir con l como de igual a +igual. + +Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero t mismo +conoces que el trabajo es la vida, la religin del pueblo... Voy a +hacerte una proposicin. Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy +solo. Te dar un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no +hay lujo, pero no falta nada de lo necesario. + +Despus le haca acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a +las que Mariano no saba qu contestar. Si su hermana viva contenta, si +se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesn, si +iba al teatro. Adems, el maestro Juan Bou pareca reventar de gozo... +Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegra; unos la +atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se +haba sacado el premio gordo de la Lotera. Pero Juan Bou desconcertaba +todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volva +triste y daba unos suspiros que habran partido la piedra litogrfica si +esta fuera un poco menos dura. Creyrase que se incomodaba consigo mismo +y que quera echar de s una mala idea. Algunos das trabajaba poco, y +ms de una vez ocurri que se retrasaran y embrollaran los dibujos _A_ o +_B_ por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente +desusada en hombre tan metdico para el trabajo. + +Otro suceso digno de llamar la atencin ocurri por aquellos das. Juan +Bou not que la contabilidad en la empresa de las Rifas benficas no +marchaba con toda la limpieza que deba esperarse, y ya fuera por +obedecer a su conciencia, ya por ceder al egosmo, que le aconsejaba no +comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando +a toda participacin en ella. Quedose, s, con los trabajos de +litografa, que le haban de pagar religiosamente, segn convenio. Desde +entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas. + +Entrado el mes de junio, Mariano not con envidioso asombro que Melchor +avanzaba rpidamente por el camino de la prosperidad. Sala en coche de +dos caballos, acompaado de seorones; coma siempre fuera de casa; +reciba regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le +traa ropas y ms ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de +tanto pensar en la creciente prosperidad del seorito Melchor, _Pecado_ +perfeccionaba su _intellectus_, enriquecindolo con luces nuevas acerca +de la propiedad, de la adquisicin del nmero y de la cantidad, luces o +ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y +el vago apuntar del plan artstico en la mente del poeta, al pasar de +nio a hombre. + +Por San Juan dej de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su +hermana, y como esta no quisiese drselo, se enfureci, trabronse de +palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, l le dijo algn vocablo +malsonante, llor Isidora, intervino con ms celo que autoridad don +Jos, y, por fin, el chico sali de la casa gruendo as: + +No me quieres dar nada. Pues me lo dar Gaitica.... + +Desde aquella noche Mariano desapareci. Le buscaron y no fue hallado +por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de l. + + +=--III--= + +Con estas y otras cosas, Isidora cay en grave tristeza. Sus insomnios +se repetan casi todas las noches, atormentndola con el alternado +suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y +de terror o desengao. Un pensamiento, referente a cosa muy prctica, la +punzaba y afliga, y era el siguiente: + +Por cierto que en mes y medio que llevo aqu, Melchor me ha ido +facilitando, facilitando cantidades, que ser preciso pagarle algn +da... Es tan cmodo el sistema para m, que sin saberlo cmo, me estoy +empeando en dinerales. Me basta decir a D. Jos mis necesidades; D. +Jos corre a la sala, habla con l, y del fondo de Rifas... Dios mo!, +a cunto subir ya? Yo no lo s, porque no apunto nada. Aqu vendran +bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntar, de fijo, y pensar +cobrarme, pero de qu manera?.... + +Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y deca: + +Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado. +Pero hasta que pase el verano no habr nada. El abogado me da grandes +esperanzas. Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar +del lazo que me tiende!.... + +Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, deca: + +Pobre Bou! Es el animal ms carioso que conozco. Le quiero como se +quiere al burro en que salimos a paseo. + +El barrio en que su mala suerte la haba trado a vivir, era para la de +Rufete atrozmente antiptico. Algunas tardes sala con _Riqun_ y D. +Jos a dar una vuelta por la calle del Mesn de Paredes, el Rastro y +calle de Toledo, y senta tanta tristeza como repugnancia. El calor era +ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las +aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en +todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de +grosera que su compaero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez +de las aceras, obligando al transente a contradanzar constantemente del +arroyo a las baldosas, aada nueva incomodidad a la molestia de la +bulla, del mal olor y del polvo. + +Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto, +sola dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol para +respirar un poco de civilizacin. Pero no se aventuraba mucho por los +barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de +objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era +como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazn. +La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la +llevaban a las afueras, con gran gusto de D. Jos, que amaba el campo y +los retozos pastoriles. + +Julio haca de Madrid una sartn. _Riqun_ fue atacado de las tos +ferina, y era preciso llevarle a otra parte. Pobrecito Anticristo! Daba +pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin +aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo +instante... Pero su mam careca de recursos para el viaje, de lo que +reciba grandsima pena. Joaqun Pez estaba en Francia, y ni siquiera +escriba... Afortunadamente (y quin sabe s desgraciadamente), Melchor +se brind de muy buen grado a resolver el difcil problema. Porque la +pobre careca de tantas cosas! No tena ningn vestido propio para +viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del +verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus +bailes y fiestas. _Riqun_ estaba casi desnudo. + +Nada, nada--dijo Melchor en tono paternal--; yo no puedo consentir que +carezcas... Pues no faltaba ms.... + +Empezaron a funcionar las modistas, y estas, as como la eleccin de +telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distrada y +excitada durante algunos das. La vanidad le haca vivir doble y la +engaaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza. +Volvi a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de +cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse +con su hermosa imagen delante del espejo. Qu es la vida? Un juguete. + +Melchor decidi que fuese al Escorial, y l quiso acompaarla. A Isidora +no le haca maldita gracia la compaa; pero las circunstancias, ay!, +con su abrumadora lgica, la obligaron a aceptarla. Hallbase en las +unas de su insidioso prestamista, y no poda evadirse. Fue vctima de +una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cay en +una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. An poda +salvarse rompiendo por todo, declarndose insolvente y resignndose a la +indigencia; pero _Riqun_ tena la tos ferina, estaba como un hilo, +amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el +fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, segn Isidora deca, +llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios +defectos. + +Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa. +Atroz destierro y pesadumbre para D. Jos! Segn el bien meditado plan +del sesudo Melchor, este ira y vendra, residiendo algunos das en El +Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitan abandonar +la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don Jos +iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor +quedaba en Madrid. Qu feliz aquel da! Diez horas con Isidora y con +_Riqun_! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza +sombra y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo haca en los trminos +ms desfavorables para el aprovechado joven. Y qu ardientes deseos +tena de volver a Madrid! _Riqun_, ya muy mejorado, saltaba y corra +por el campo, y en sus mejillas renacan los frescos colores de la +salud. Todo el da lo pasaba D. Jos embelesado, y no hartaba sus ojos +de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaa, se +sentaban, hacan vida de idilio, semejante a la que D. Jos haba visto +pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba +Relimpio a Madrid y a su casa; dorma como un santo y soaba que era +pjaro y que cantaba posadito en la rama de un rbol. Tambin _Riqun_ +era pjaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo areo. +Isidora era una avecilla melanclica. Todos cantaban; pero D. Jos era +el que cantaba ms y el que a la rama ms alta suba. + +A mediados de septiembre regres Isidora a Madrid, dejando fama en la +colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurri en la vida de Melchor +un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se +hundieron como por escotilln, sin que se supiera la causa. Juan Bou +deca que los seores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos, +culebras y otras alimaas en la gestin del joven Relimpio. Lo cierto +fue que un da vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo +el material de la oficina. Melchor se despidi por la tarde de su padre +y de Isidora, dicindoles que all les quedaba la casa, que hicieran de +ella lo que gustaran, porque l se iba a Barcelona a emprender un nuevo +negocio. + +Quedronse, pues, solos los tres: Isidora, _Riqun_ y el viejo, y vase +por donde vino a ser casi real el sueo ornitolgico de D. Jos: los +tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pjaros, porque no +tenan ms que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera +darles para pasar del hoy al maana. El mundo se diferencia de los +bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas +tenan casa, pero no con qu pagarla, pues Melchor haba dejado las +arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros +de moneda alguna. Dios aprieta, pero no ahoga, dijo Relimpio. Isidora, +para atender a las apremiantes necesidades de cada da, empez a +despojarse de su ropa. No era la primera vez que tena que desnudarse +para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cmoda a la +cocina, por conducto de las prenderas. ltimamente, en un triste y +hmedo da de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. Era +el ltimo plato! + + + + +Captulo IX + +La caricia del oso + + +En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados +habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su +equipaje, como el buque nufrago que arroja su carga para mantenerse una +hora ms sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches despus +del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa +catstrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar +sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un +galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no +fuese spera, y as, hablando del pueblo y de la liquidacin social, +usaba trminos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salan +de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser mulo de +los ruiseores. En esto se conoca la pasta de su corazn. + +Miquis haba hecho del buen litgrafo infinitas definiciones. Era, segn +nuestro amigo, un tonel con marca de _alcohol_ y lleno de agua; un oso +torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable; +un cardo con cliz de azucena; un gorrin vestido de camello, y un +epigrama escrito en octavas reales. Orle contar sus picas luchas por +la causa del pueblo era el gran pasmo de D. Jos y de _Riqun_; pero +Isidora no contena fcilmente la risa. + +Las galanteras de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso +mostrar el cario a su amo matndole una mosca sobre la frente. Alguna +vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y +naturalidad. Era como esos mascarones trgicos que en el arte decorativo +aparecen echando flores de sus bocas monstruosas. + +Una de las deferencias ms expresivas que Bou tena con Isidora y su +padrino, era ofrecerles participacin en los billetes de Lotera que +jugaba; pero como haba tanta falta de dinero en la casa, rara vez se +realizaba la operacin. El oso quera ceder gratuitamente la parte de +billete, pero Isidora no lo consenta. Las dems atenciones eran +acompaarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a +_Riqun_ y darles de noche larga y cariosa tertulia. Era blandamente +obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intencin de decirle +algo delicado y difcil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba +Juan Bou callado y suspirante. Pareca que su misma fiereza nutra su +timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatbase a charlar de +cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus +ganancias, y haca planes de vida regalada y esplndidamente metdica. +Adems tena noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y +esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadsimo, aunque algo +le faltaba, s, algo le faltaba para ser completamente feliz. + +Tambin haca mencin de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que segua +enferma, y al or mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmova +y alteraba. Repetidas veces la invit Bou a visitar juntos el palacio de +Aransis, cuyas bellezas l no haba visto; pero Isidora se excusaba +siempre por miedo a la exacerbacin de sus sentimientos en presencia de +aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida. + +Un da que la Rufete vena de casa de su prendera, encontr al litgrafo +en la calle del Duque de Alba. + +Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana--le dijo--. Est peor, y +anoche le han dado los Sacramentos. Quiere usted venir?. + +El primer impulso de ella fue rechazar la compaa de Bou; pero con tal +empeo redobl este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no +quiso ser esquiva con l en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra +parte, la misma emocin que tema la solicitaba con fuerza misteriosa. +Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad +de ellas, indefinible simpata del humano corazn con lo pattico. Como +la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, as el alma +siente la atraccin alevosa del drama. + +Llegaron. Rafaela mejor aquel da, y los Sacramentos, dando reposo y +alegra a su espritu, haban amansado el mal. Alonso pareca contento y +con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron +largo rato en la salita de la portera, hablando de enfermedades en +general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Matar, +patria de los Bous, de los mdicos, del remedio _A_ o _B_... Realmente, +Isidora no tomaba parte en la conversacin sino con monoslabos de +corts aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la +observacin de la portera de su casa, y en admirar la confortable +humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincn de un palacio de +ricos. La estera, la cmoda, los muebles, desecho glorioso de la +anterior generacin de Aransis, y sobre todo las mltiples lminas de +santos y vrgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de +ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusin, la ocuparon +todo el tiempo que all estuvo. Cansado de hablar y enormemente +satisfecho de la mejora de su hermana, levantose Bou del sof de paja, +emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirndose, dijo: + +Matas, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba. + +Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso mir a Isidora con +atencin recordativa. + +Me parece--indic--que he visto aqu otra vez a esta seorita... En +fin, suban ustedes y vean lo que hay. + +Juan Bou subi la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia +era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subi corriendo y en el +ltimo peldao esper a su amigo, echndole una mirada triste y una +sonrisa discreta y amistosa, a la cual se poda dar atrevida +interpretacin de burla. La persona del bravo cataln se compona de dos +partes: su cuerpo atltico, liado en una americana de cuadros, y un +bastn roten, cuyo puo, formado de un asta de ciervo, se encorvaba, +ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptacin, ya para +apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una +especie de batuta de la palabra. Jams, fuera de casa, se separaban el +bastn y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, segn los casos. +Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma ms vulgar, +ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte +estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie. + +Y al subir canturriaba entre dientes. En qu consiste que es tan +difcil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin +saber lo que deca, Bou enton a murmullos no sabemos qu msica con +letra de aleluyas. Isidora no poda contener la risa oyndole cantar: +_Vienen luego los ciriales--con las mangas parroquiales_. + +Cmo me canso de subir escaleras!--dijo el oso torcaz llegando +arriba--. Cuando se reforme la sociedad, se suprimirn los escalones. +Piso bajo todo el mundo. + +Abri la primera puerta y entraron; y mientras Bou segua franqueando +puertas, Isidora haca lo mismo con los balcones para que entrase la +luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creerase que todo el +contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado. +Despertaba todo, abrindose cual ojos soolientos, y la luz, acometiendo +las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapiceras, muebles +y cuadros. + +Anda, anda, quin ser este animal?--deca el litgrafo parndose ante +los retratos--. Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo cre que era +usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, seor, no nos +comemos la gente... Toma; tambin hay aqu una monja. Y es guapa...! +Buena pieza sera usted, hermana. Qu tiempos! Siento que se hayan +ustedes muerto, seores, porque as no vern cmo vamos a arreglar a las +sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... Ah!, usted, +el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted, +caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el da de +la justicia, no nos mirara con esos ojos... Quia!, se le pondra una +escoba en la mano; mi seor cruzado barrera las calles..., y +_palante_. + +Despus, volvindose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de +su amigo, miraba a la calle al travs de los vidrios, le dijo: + +Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los +afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que +representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa +trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos +palacios llenos de vicios y crmenes, s, de crmenes, no me arrepiento +de lo dicho. Maldita casta!... Isidora, no piensa usted como yo? Por +ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una +mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa ms que una silla +dura en que sentarse, mientras estos tos..., estos tos, por no decir +otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada, +pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles +blandos, que ellos no saben fabricar. + +Y uniendo la accin a la palabra, se recost, mejor dicho, se dej caer +sobre un silln de muelles en los cuales se hunda su pesado cuerpo. + +_Voto va Deu_, qu blando es esto!, qu comodidad!--exclam rindose +de su propia malicia--. Valientes pcaros! Ya os dara yo en vez de +sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintera... Hala, y +darle al mazo!. + +Tan groseras chocarreras irritaron a Isidora. Y el pobre Juan Bou tan +inocente del efecto que producan sus ladridos! A cada instante deca: +No piensa usted como yo?, y andando de un lado para otro, se tiraba +con violencia en sillas y sofs para probar su blandura, se arrodillaba +en el cojn de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se +rea como un salvaje, pona el dedo en los bronces, acariciaba las +mejillas de las ninfas doradas, deca chicoleos a las damas retratadas, +y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastn +sobre el piso, como deseando que tambin la alfombra recibiese, con el +lenguaje de los palos, la expresin contundente de la ira del pueblo... +En tanto Isidora no le poda mirar. Crea ver en sus palabras, en sus +actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su +bastn, erigido en intrprete del populacho, la profanacin ms odiosa. +Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborreca, le +execraba, y habra dado algo de gran valor por poder plantarle en la +calle, despus de mandar que le rompieran su bastn en las costillas. + +Y qu cortinas!--deca Bou tocndolas de un modo irreverente con el +roten--. Esta gente no gusta de tener fro. Toma!, el fro se ha hecho +para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay +dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los +pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., no opina usted como +yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que +vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. No +cree usted lo mismo?. + +La de Rufete, por no contestarle con la severidad que mereca, no deca +nada, y haca como que miraba las porcelanas. Bou admir tambin +aquellas mil chucheras que no servan para nada; las tocaba, las coga +en la mano y las volva a poner con violencia en su sitio, a riesgo de +romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha +importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, despus a +gritos; pero Isidora no responda. + +Pas Bou a otra sala; de all a un hermoso gabinete, del gabinete a una +recatada y obscura alcoba, y all crey distinguir a la que buscaba. La +escasa claridad no permita a Juan Bou ver los objetos. Avanz, empez a +ver bien, y en efecto, all estaba Isidora, sentada junto a una cama en +la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo, +lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor +tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su +montona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y +despus hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso. +Est usted mala? Tiene usted algo? + +Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tom una silla y se sent junto +a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le caus +grande afliccin. Haba recordado sbitamente que Isidora pleiteaba con +una casa noble. Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, s, +recordaba haber odo vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba +de su pleito sin nombrar jams a la marquesa. Sin duda las cosas +importunas dichas por Bou al visitar las salas haban ofendido a la +joven, que se supona heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia. + +Est usted enojada conmigo por las tonteras que he dicho? Se ha +resentido usted?.... + +Isidora neg con la cabeza. + +Ah! Ya s, ya s!--exclam l con regocijo, variando de +pensamientos. + +Crey penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga. +Haba entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel +da los ahogos pecuniarios haban llegado a su mayor grado, y la infeliz +e interesante joven se vea amenazada de un conflicto grave. Oh! Qu +bella ocasin se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral +que ha tiempo meditaba! Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento +poda atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola, +hemisferios diversos de un solo mundo infinito. + +Algo haba en el lugar solitario y recogido, as como en la pena de +Isidora, que le incit a no retardar ms tiempo su generosa resolucin. +Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le haba parecido +hermosa, en aquella le pareci punto menos que sobrenatural, engalanada +con la divina expresin de su pena. Lstima y amor juntos, qu poder +tan grande sois! + +Isidora, Isidora--dijo balbuciente la hidra sin hiel. + +Despus se call por algn tiempo. Pas un cuarto de hora, que fue para +l un cuarto de siglo. Deshacindose todo en un suspiro colosal, volvi +a decir: Isidora. + +Esta le mir sin hablarle, fijando en la ciclpea catadura de Bou sus +ojos empaados por las lgrimas. Bou sinti que su corazn se parta en +una porcin de pedazos, y se expres as con acongojada voz: + +Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar +las mas. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a +usted.... + +Isidora, con su penetracin admirable, comprendi todo. Tuvo una visin. +Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le +lama las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo +alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al +allanamiento de las moradas aristocrticas por la irritada y siempre +sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas +las clases, el fiero populacho quera infamar las grandes razas +emparentndose con ellas. + +Mis intenciones han sido siempre buenas--dijo el cataln, que, +imposibilitado de remontarse al drama, caa en la vulgaridad--. Primero +me agrad usted; despus me hizo soar; hzome pensar despus. Tornose +esto en una necesidad del corazn, y como estoy solo, como no me gusta +estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy +trabajador, gano bastante y holgura... Desde que la vi a usted me gust +tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: Quin ser?.... En fin, +que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted... +Vamos, ya lo dije... y _palante_. + +Isidora, estupefacta, no saba en qu trminos responder. Tena que +contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel brbaro le +causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no deba +recibir el desaire con crudeza y desvo. Ella vala infinitamente ms +que l, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida poda +hacerla inferior. En qu vacilacin tan grande estaba! En su alma el +asco era inseparable del agradecimiento. Cmo contestarle y expresar en +una frase el desprecio y la consideracin?... Que un ganso semejante se +atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de +palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... cun sencillo y +generoso! Ofreca su mano con verdadera intencin y creencia firme de +hacer un bien. Si el pobre no alcanzaba ms; si era un zopenco; si +ignoraba con quin hablaba...! Isidora busc rpidamente las frases ms +convenientes, y al fin dijo: + +Seor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposicin; yo le aprecio +a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no +admitir..., porque quiero a otro hombre. + +--Quiere a otro hombre!--repuso con aturdimiento el litgrafo--. +Despus que nos casemos le olvidar usted, y me querr a m. Yo soy muy +bueno. + +Isidora sonri. + +Yo soy bueno, aunque as, al pronto, meto miedo, por estas ideas que +tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me est mal el +decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de +hablar tan tremendo. Eso s, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre +que valgo para cualquier cosa, y en Catalua basta que yo me presente +para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y +gano; espero una herencia... No le faltar a usted nada. + +--Quiero a otro hombre--repiti Isidora, creyendo que esta afirmacin +daba a tan penoso asunto el corte brusco que ms convena. + +--Y ahora--dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta--, lloraba usted +por ese...?. + +La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el +aborrecimiento de Juan a los ms altos lmites. + +S, s; por l--repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se +callaba el monstruo y la dejaba en paz. + +Y como se desgaja la pea del monte y rodando cae al llano y aplasta y +destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez, +rodeado de muerte y silencio, as se desprendi del alma de Juan Bou su +esperanza; rod, hizo estrago, produjo clera y despecho; pero bien +pronto todo qued en atona dolorosa y muda. Miraba al suelo y su +respiracin sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada +rato est ms lejos. La clera fue instantnea. Pas dejando el +abatimiento en el alma y la confusin en el cerebro del coloso. Y en el +cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de +un canto acompaado de slabas. Por qu esas msicas pegajosas, que +toman posesin del odo y de los labios, insisten en su fastidioso +dominio cuando el alma azarada, despus de una catstrofe, se desmaya en +duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, s, que entre el odo, el cerebro +y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que deca: _Los +curas van alumbrando--el Miserere rezando_. + +Isidora haba secado sus lgrimas. Para poner fin a tan fastidiosa +escena, lo mejor era marcharse. + +Yo no puedo detenerme ms--dijo andando lentamente hacia la puerta. + +Bou no contest nada, ni hizo movimiento alguno. + +Viene usted?. + +Al decir esto, la mir desconsolado. Isidora sinti provocacin de risa, +pero se contuvo. + +Nos iremos--dijo Bou levantndose con tanta pesadez, que pareca +haberse hecho de bronce. + +Isidora iba delante, l detrs, Salieron y bajaron sin decirse nada. En +la puerta de la calle, el desairado amante manifest que se quedara un +rato ms en casa de su hermana. + +Me ha matado usted--dijo al despedir a la ingrata--. Creo que estoy +malo. Maldita sea mi suerte. + +Y cuando ella se alej, el brbaro, mirndola desde el portal, pensaba +cosas tristsimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados +brotaban en burbujas sueltas. + +Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... Soy +acaso un chisgarabs, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?... +Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan til a la humanidad; yo que tengo +estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: Por qu es tan guapa?... El +demonio le hizo a ella la hermosura y a m los ojos... Despreciarme a +m!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si +el hombre no tuviera que nacer de ella, debera ser suprimida. + + + + +Captulo X + +Las recetas de Miquis + + +=--I--= + +Da de prueba fue el siguiente. No slo estaban agotados todos los +recursos, sino tambin todas las combinaciones para vencer los apuros +del momento. No haba crdito, no haba materia pignorable. Oh +situacin horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora, +_Riqun_ y D. Jos tenan hambre. + +Inspirado por la desesperacin, D. Jos tuvo una idea, oh rasgo de +humanidad y de amor! Se le ocurri salir disfrazado a pedir limosna, +seguro de encontrar almas generosas. No lleg esto a efectuarse porque +se opuso resueltamente Isidora. Pero qu haran? Pedir a Emilia? De +ninguna manera. Antes acudir a la limosna. A quin, a quin, Dios de +mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades? + +Alguien se present en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase +para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos +anticipos eran tales, que la joven los rechaz, espantada. El loco amor +al lujo y las comodidades eran los puntos dbiles de Isidora; su +necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y +castillos; pero no obstante estas desventajas, resista batindose con +el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza +tom en esto, que cort los vuelos a la tentacin, diciendo: Antes +pedir limosna. Oh!, si Joaqun estuviese en Madrid, no pasara ella +tan crueles angustias. Pero a Pars, donde estaba, le haba escrito +siete veces en tres meses sin obtener contestacin. Volvase con el +pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que, +cercano a las llamas, busca un escape, un sostn, una cuerda... Ah, +cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una +persona, y la esperanza riel en la superficie de su ennegrecido +espritu. + +Era de noche. Al da siguiente pondra en ejecucin su pensamiento. Por +fortuna, D. Jos haba tenido la inmensa suerte de encontrar aquella +tarde a un bondadoso amigo que le facilit la cantidad precisa para un +mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habra con qu +desayunarse a la venidera maana, pas tranquila la noche. A las once +del siguiente da llamaba a una puerta. + +Est el doctor Miquis?. + +Qu suerte! Estaba. Pas la joven al despacho, y all, sola con el +mdico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazn, +rompi a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar, +preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no poda decir ms que +esto, que repiti tres veces: + +Dame de comer y no me toques. + +Augusto se puso serio, comprendiendo que la situacin de su amiga no era +para tratada en broma. Hablaron. l, aunque joven, tena el arte de la +interrogacin, y ella comprenda cun ventajosas le seran la +espontaneidad y franqueza. As, al cuarto de hora de confesin, ya +Miquis saba los ltimos episodios de la vida de ella, el viaje al +Escorial, la penuria, la declaracin de Bou, las proposiciones de +aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formul +Isidora la sntesis de su problema, diciendo: Qu debo hacer para +poder vivir?, Miquis se qued en silencio un buen rato, y despus le +contest as: + +No te apures, no te apures. Veremos. Ests enferma, ests llagada. Tu +mal es ya profundo, pero no incurable. + +La inspiracin brot en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugiri +una idea, y con la idea estas palabras: + +Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo. + +Isidora llen el despacho con un suspiro. Era el quejido de su +enfermedad, ya extendida y profunda. + +Manos a la obra--dijo Augusto con gran solemnidad--. Quieres que te +cure? Responde s o no? + +--S. + +--Pues bien: Ests dispuesta a ponerte a mis rdenes, y a hacer +ciegamente lo que yo te mande? + +--S, s--replic ella con ansiedad doliente. + +--Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires. + +--Me mandas al campo? + +--No... Mejor dicho, s, te mando a un valle urbano. + +Y llevndola al balcn, le mostr la casa de enfrente. En el piso bajo +veanse unas rejas, por entre cuyos hierro salan matas de tiestos, +colocados dentro en una tabla. La casa haca esquina, y el cuarto bajo a +que correspondan las rejas tena por la otra calle una tienda con dos +vitrinas. Pero esto no se vea desde el balcn de Miquis, aunque se +adivinaba, mirando un rtulo que en ureas letras deca: _Castao, +ortopedista_. Otra grande y aparatosa muestra, colgada ms arriba, en el +piso principal de la misma casa, deca: _Eponina, modista_. Como Isidora +la mirase, djole Miquis: + +Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que +est abajo. + +--S; Ah viven Emilia y Juan. Qu felices son! + +--Pues en esa casa, en ese establecimiento salutfero vas a vivir desde +maana. + +--Oh! Si vieras qu envidia les tengo! Pero no, no me admitirn. + +--Te negarn ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo +al mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los +das. + +--Entonces t les pedirs que me admitan... + +--Hoy mismo; pero ya comprenders que les he de responder de tu buena +conducta. Cuidado... + +--Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz... + +--Bien--dijo Miquis, retirndose del balcn--. Ahora viene lo mejor. Una +vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de +nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu +espritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el +valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te +administre una infusin de principios morales, para lo cual, como tu +estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. Oh! Si tuvieras +buena voluntad...! + +--La tendr. + +--Ahora viene lo gordo, hija. Despus de entonarte, paso a recetarte el +gran emtico, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la +tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo +y regenerarte por completo. + +--Cul es la medicina? + +--Pues que te cases con Juan Bou. + +Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso +una cara..., Jess, qu cara! + +Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. No has odo +decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la +vida? + +--S lo he odo; pero te dir... + +--Pues considera si en tu situacin puede haber para ti fortuna mayor +que el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas +un Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa +una mirada atrs, otra delante, y di si mi medicamento no est +perfectamente indicado. + +--Yo no s si ser eficaz o no--dijo Isidora con tristeza y confusin--. +Podr serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestin de +matrimonio, el gusto y el amor son lo primero... + +--Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un +monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de +sus bravatas, tiene el corazn ms bondadoso y tierno del mundo. + +--Lo s, lo s...; pero... quita all, por la Virgen Santsima; yo no +ser su mujer. No lo pienses... Este caso mo no es como otros +casos--dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento +expresase la conviccin firmsima de su alma--. Para juzgar las cosas +conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada ms que lo que +parezco, la cosa no tena duda; pero t bien sabes que sostengo un +pleito de filiacin con una familia poderosa; t debes considerar que el +mejor da gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y +a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son mos y me +pertenecen. Pues bien, te parece bonito que al tomar posesin de mi +casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me +luca... Miquis, t ests lelo: yo no s dnde tienes el talento, cuando +dices ciertas cosas. + +--El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiolgico que me +trae a la memoria otra de las ms importantes medicinas que te voy a +recetar. + +--Cul? + +--Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseanza +primaria; despus sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por +ltimo viene la extirpacin del cncer, que es la idea del marquesado. + +Isidora crea escuchar el mayor de los insultos. + +Si de ese modo quieres curarme--dijo con altivez--, renuncio a tus +medicinas. + +--Entendmonos--aadi Miquis rectificando--. Si tus derechos no son una +farsa, si hay algo de serio y legtimo en eso, enhorabuena que siga +adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la +idea de ocupar una posicin superior, que no vivas anticipadamente en +ella con la imaginacin, sino que tengas paciencia y reposo de +espritu... Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y +sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en +que todos vivimos. No quieres? No aceptas mi plan? + +--No lo acepto, no--dijo Isidora de muy mal humor--. Es un plan tonto. + +--Ah mimosa! Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebelda? Pues +no tenerte lstima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra comn +en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu +deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabars en +un hospital. + +--Bien, me agrada eso. O en lo ms alto o en lo ms bajo. No me gustan +trminos medios. + +--Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... Conque quedamos +en eso? + +--En qu? + +--En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como +incurable y hacerte el amor. + +--Qu disparates dices! + +--Vmonos al Retiro?... Te acuerdas de aquellos pasetos, del Museo, +de las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos? + +--Bien me acuerdo... Djate de tonteras. + +--No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te deca. No +habr aquello de me caso contigo. Entonces te lo deca; pero no +pensaba hacerlo, no creas... + +--Ya lo supona. + +--Y la verdad es que me gustabas muchsimo!... Y si he de serte franco, +crea hacer contigo la gran conquista. Yo quera acreditarme entre mis +compaeros, y deca para m: Esta no se me escapa. Y qu +traidoramente se me escap! Hoy nos encontramos otra vez. T, despus de +dar mil vueltas, vienes a m... Pues mira, simplona, te juro que en este +momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los +puntos..., y si no fuera por esta.... + +Se levant, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostr a +Isidora. + +Ah!, tu novia... Ya s que te casas pronto, mauln. Sabes que no vale +nada? + +--Te pego si lo vuelves a decir. Vale ms que t. No es muy guapa; pero +es un ngel. + +--Si no vale dos cominos--dijo Isidora rindose descaradamente ante el +retrato. + +--Qu entiendes t de eso? Esta, esta que ves aqu es mi salvaguardia +contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta, +la ves bien?, por esta con quien me casar el lunes, Dios mediante, me +libro del peligro de tenerte ante m, y me hago un seor hroe, y +atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo, +aunque no quieras... Esta tarde misma hablar con Emilia, y maana te +irs a vivir con esa gente, para que aprendas, vbora, para que veas, +pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien. + +A cada frase daba un paso hacia ella, amenazndola con el retrato. Ya +Isidora se haba serenado bastante, y no vea las cosas tan ttricamente +como antes. l, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de mdico, +el nfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradacin rpida, el Miquis +de antao, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrera +metafrica y su corazn repleto de bondad. + +No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas--dijo Isidora +repentinamente--. Me las dejas escribir aqu, en tu mesa? + +--S, s, ngel ponzooso--contest Augusto, en cuya alma retoaban +devaneos estudiantiles. + +Precipitadamente sac papel, sobres. Isidora se sent en el silln de la +mesa de despacho, l la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la +joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se +paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con +expresin entremezclada de asombro y miedo, diciendo para s: + +Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin drteme a +conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartn que se +llama severidad de principios. + +Y volvi al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar. + +Pero si me caso el lunes, y hoy es mircoles... En qu ocasin se le +ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre, +_homo sapiens de Linneo_, no te deslices, coge una piedra y date con +ella en el pecho como San Jernimo. Honradez, tienes cara de perro.... + +Isidora dej de escribir, poniendo la pluma a un lado. + +Voy a descansar un ratito. + +--Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto... +Ests en tu casa... + +--Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podas haber puesto +ese esqueleto en otra parte. Qu horror! + +--Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana. + +--De quin seran esos pobres huesos?... + +--Son de mujer. Quizs una tan hermosa como t... Mrate en ese espejo. + +--Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. Y cunto librote! A +ver. Jess, que ttulos! Todo Medicina. Qu lstima de dinero empleado +en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque t no sabes nada, +Miquis; eres un ignorante, un tonto. + +--Quizs ests diciendo la ms profunda verdad que ha salido de esos +labios, de esas envenenadas rosas. S, soy un mentecato. Desprecia a +Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permiti que ese tesoro +fuera para todos menos para l. El simple y desventurado Miquis ha sido +un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su +lado pas, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la +vida, y Miquis volvi los ojos para contemplar embebecido, ay!, la +rugosa faz de los catedrticos. La ocasin de vivir, de gozar, de ver +cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias +veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en +toda ocasin hermosa, se iba a descuartizar cadveres... Y este Miquis +se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud +y entra en la madurez de la vida, en el rgimen, en la rutina y mtodo! +Para l se acab lo imprevisto; se acabarn los deliciosos disparates. +Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro, +amas de cra. Terrible cosa es recibir el adis a la libertad, y ver la +espalda a la juventud fugitiva. Bienaventurados los chiquillos, porque +de ellos es la vida! + +--Tienes una bonita casa--dijo Isidora sin hacerle caso--. Cunto te +cuesta? + +--A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. Han concluido tus +cartas? + +--Voy a concluirlas. + +Y l volvi a pasearse y a mirarla... Qu hermosa estaba! Quin lo +meta a l a moralista ni a redentor de samaritanas? Solt una carcajada +en lo recndito de su ser, all donde su alma contemplaba atnita la +imagen de la ocasin. Pero me caso el lunes, el lunes.... Mir el +retrato de su novia... + +De pronto suena la campanilla, entra un seor y pasa a la sala... Es el +pap de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene. +Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una +hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la +fundacin de la Penitenciara para jvenes delincuentes. + +Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Est aturdido; la +visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una +paliza; pero est fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa. +Est plida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del +pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qu comer aquella tarde. + +Cunto has tardado! Es pesadito ese seor. En fin, amigo, yo siento +molestarte. Acurdate de lo que te dije al entrar. + +Miquis hace una rpida exploracin en su alma, encuentra en ella algn +desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. Soy un hombre +sublime--dice para s--, un hombre de honor y de caridad, soy tambin un +hombre que se casa el lunes. + +Isidora le haba dirigido al entrar una splica angustiosa, elocuente +expresin salida de los ms sagrados senos del alma humana. Juntando el +quejido de la necesidad a la splica del pudor, Isidora le haba dicho: +Dame de comer y no me toques. + +Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnnimo corazn le +dice: + +Maana estars en casa de Emilia. + + +=--II--= + +La admitieron. Tanto pesaba en aquella casa la recomendacin de Miquis, +que haba salvado del _croup_ al nio mayor, y de los peligros de la +denticin al ms pequeo! + +Ya sabe el lector cmo Emilia de Relimpio se cas con su primo, el hijo +del ortopdico, que llamaba _clusulas_ a las cpsulas; matrimonio +degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D. +Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadsimo, siempre que la +interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral +y prctico. Juan Jos Castao era tan hbil como su padre, y le superaba +en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte +ortopdico. Sostena el crdito del establecimiento y ganaba mucho +dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es +una vieja mquina que se desvencija y deshace, hallndose cada da ms +necesitada de remiendos y puntales, o llmense muletas, cabestrillos, +fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos +dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y +alguien echa la culpa a las armas de precisin; pero, cualquiera que sea +la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como +el de la Artillera. Son dos ciencias complementarias como la Filosofa +y el Alienismo. + +En su pacfica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente +corazn, se haba curado de aquellas tonteras de aparentar y suponerse +persona encumbrada. No volvi a ponerse sombrero ms que cuando iba de +viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las nias de Pez, las +cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las nias de +los duques de Tal. Posea un slido bienestar; ella, su marido y sus +hijos satisfacan plenamente sus necesidades, y de aadidura tenan +buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y adems, como +perspectiva risuea, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que +el viejo guardaba. En suma, Emilia haba tomado un magnfico sitio en el +anfiteatro de la vida, donde tantos estn en pie o psimamente sentados. +Su marido era sencillo, bueno, carioso, sin ms defecto que el querer +hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en +ria con sus oficiales. + +Por ms que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no +poda remediar que le fueran antipticos el establecimiento, la tienda, +llena de fesimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus +oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuossima, modelo de +dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un +cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller. + +Este juicio no exclua el agradecimiento que tena a Juan Jos y a +Emilia. Insigne mrito y bondad haba en ellos al admitirla, cuando, si +la despreciaran, estaban en su derecho! Y vase aqu la eficaz +influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro das de estar all, +el espritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad +placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de +los feos objetos, y notaba en s una tranquilidad, un gozo que hasta +entonces le fueron desconocidos. _Riqun_ hizo tan buenas migas con los +dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo +el santo da lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e +inventando diabluras. Don Jos era el que pareca menos feliz. Estaba +triste, segn deca, por la falta de ocupacin. Castao, que no +necesitaba teneduras, le emple en llevar recados y cobrar cuentas; +pero aunque el buen seor desempeaba estos encargos con docilidad, bien +se le conoca que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a +Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese +menester. + +Miquis sola pasar por all, pero estaba muy poco tiempo. Como viva +enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacan +rer a Isidora, a Emilia y al mismo D. Jos taciturno. He aqu una +muestra: + +RCIPE.--_Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de +mquinas de coser, c. s. Mzclese y agtese s. a. Para tomar a todas +horas._ + +DOCTOR MIQUIS. + +Ves?--deca Emilia, riendo--. Te manda que trabajes y me ayudes a +coser en la mquina. Este Miquis es lo ms salado... Y qu razn tiene! +Ocuparte en algo es lo que ms te conviene. Cuando se pone la atencin +en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonteras. + +Bien lo comprenda la enferma; as, desde el primer da empez a +adiestrarse en la soberbia mquina de Singer que Emilia posea. Bien, +bien! Con un poco de aplicacin llegara a dominarla. Al siguiente, otro +papelito: + +RCIPE.--_De la infusin de raz del olvido, 25 gramos. De esencia de +modestia, 7 toneladas. Disulvase en agua de goma, adase la +ipecacuana, o sea Juan Bou, y hganse 40.000 pldoras para tomar una +cada segundo, con observacin._ + +DOCTOR MIQUIS. + +_Nota_. El cual entra maana en capilla. Cantad la salve de los presos. + +Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente +leccin contenida en ellas. Hizo propsito firme de trabajar, de poner +en olvido ciertas cosas, originarias de su perdicin, y de acortar los +orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareci diciendo: + +Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa +para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se d un +atracn de lectura. Le recomiendo el _Bertoldo_, el _Ao cristiano_ o +las _Pginas de la Infancia_. Adistrese en contar para que se +familiarice con las cantidades. En esto le podr servir el guila de +Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a +la enferma que si va Juan Bou (_alias_ Ipecacuana), le reciba con +amabilidad. El pobre est triste, aunque espera una herencia. + +_Nota_. El patbulo de miel est armado en la capilla de los +Desamparados. Orad por Miquis. + +Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. Qu +algazara! Los tres chicos corrieron hacia l, y mientras uno se le +colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le +aclamaban como si el joven doctor fuera el ms divertido de los +juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le +felicitaban, ya le hacan burla, mientras l, tan pronto haca el +panegrico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subi +luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la clebre modista +Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda, +que en pocos aos haba hecho gran clientela. La vecindad fue causa de +que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la +francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castao suban al taller +de modas. Isidora ya tena conocimiento con Eponina, porque esta le hizo +algunos vestidos en los prsperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina +del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta suba mostrbale sus +galanas obras, pidindole parecer, de lo que Isidora reciba mucho +gusto, si bien este se desvaneca con el desconsuelo de ver tantas cosas +ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el +cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caa en +profunda tristeza... + +De esta manera pasaron algunos das. Miquis les envi los dulces de la +boda, acompaados de estos renglones: + +Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso atad de la luna de +miel, el inmolado Miquis saluda a los seores de Castao y a la seora +de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha +contravenido mis prescripciones higinicas, remontndose al taller de +madama Eponina, y probndose varios vestidos de baile para ver su buen +efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el +alejamiento absoluto de los centros miasmticos. En los ratos que tenga +libres, dedquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou, +para lo cual dicho se est que ha de emplear dos varas de caamazo. Eso +no importa. Yo regalo el caamazo y las lanas. La enferma ir a +convalecer a la sombra del rbol de la Ipecacuana, ese rbol milagroso, +seoras, que est plantado en la litografa de la calle de Juanelo, y +que ansa estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien +reyes.--Saluda a todos el ms novel de los maridos y el ms feliz de los +mdicos.--MIQUIS. + +Ya no se rea Isidora de las cartas y recetas. Desde el da anterior +estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castao +la repentina tristeza de su amiga a que se vea apremiada por el +procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con +habilidad; mas ninguna explicacin categrica pudieron obtener de su +taciturna melancola. Un accidente haban notado que les hizo caer en +desagradables sospechas: D. Jos, al volver de la calle, habl en +secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y +tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos +notaron que Relimpio sala y entraba con frecuencia, como si trajera y +llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente +palabras breves y cautelosas. Cuatro das pasaron as, cuando Isidora +sali para ir, segn dijo, a casa de su procurador, y como al otro da y +al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron +en creer que Isidora no mereca la caritativa hospitalidad que le haban +dado. + +Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. Jos fortaleca de +tal modo su discrecin, que en esta no hallaba el ms breve resquicio la +curiosidad de su hija. Jos, eres una alhaja! + + +=--III--= + +Y en tanto, excesivamente distrada de sus trabajos, Isidora visitaba +con frecuencia el taller de Eponina, y all se encantaba contemplando +los magnficos vestidos, entre los cuales a la sazn haba tres de +baile. Eran para una joven condesa que tena la misma estatura y talle +de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el +efecto. Ave Mara Pursima!... Psose el primero; estaba encantadora. +Psose el segundo. Oh, arrebataba! El tercero..., Cristo!, el tercero +caa tan bien a su cuerpo y figura, que slo la idea de tener que +quitrselo le daba escalofros. Contemplose en el gran espejo, +embelesada de su hermosura... All, en el campo misterioso del cristal +azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que +haba algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro +de la noche. Isidora encontraba mundos de poesa en aquella reproduccin +de s misma. Qu dira la sociedad si pudiera gozar de tal imagen! +Cmo la admiraran, y con qu entusiasmo haban de celebrarla las +lenguas de la fama! Qu hombros, qu cuello, qu... todo! Y tantos +hechizos haban de permanecer en la obscuridad, como las perlas no +sacadas del mar? No, absurdo de los absurdos! Ella era noble por su +nacimiento, y si no lo fuera, bastara a darle la ejecutoria su gran +belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatas por toda cosa +elegante y superior. + +Queda, pues, sentado que era noble. Por qu no era suyo, sino prestado, +aquel traje, y haba que quitrselo en seguida, sin poder siquiera, como +los cmicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina +verdadera. Se miraba y se volva a mirar sin hartarse nunca, y giraba el +cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qu, iba a entrar +realmente en el saln de baile? Su mentirosa fantasa, excitndose con +enfermiza violencia, remedaba lo autntico hasta el punto de engaarse a +s misma. + +De repente oyronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala +inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis. + +Pase usted, doctor--dijo la modista--, y ver usted cosa buena. Usted +no estorba nunca. + +Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo haca que no pagaba al +mdico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista. +Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente +con Augusto, y le permita entrar en su taller a todas horas y bromear +con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turb un momento. Despus +se ech a rer. + +Te asombra de verme vestida de baile?--le dijo--. S que me has de +reir; pero, vamos, s franco. Estoy bien as, s o no?. + +Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su +sorpresa y embeleso, dijo: + +Ests..., no ya hermosa, ni guapa, sino... divina! + +--Vamos, que te he hecho tiln. + +--A un ahorcado no se le hace tiln tan fcilmente; pero... Abismo de +flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello... +Pero no, fuera simplezas! El mdico, el mdico es el que habla ahora. + +Y esgrimi el bastn ante la imagen hechicera de la dama vestida de +baile. + +Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te +salvars, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte. + +--Sintese usted, Augusto; deje usted el sombrero--dijo Eponina con +melosa urbanidad. + +Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, despus en otra, +luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma. + +Pues mira--le dijo Isidora con cierto descaro--, no me rias, porque +con tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de +curar, ni quiero curarme. + +--Ya lo s que no quieres. Piensas que no estoy enterado de tus malos +pasos de estos das? A los mdicos no se nos escapa nada. Quieres que +te lo cuente?. + +Isidora se turb otra vez. + +Pues oye: la semana pasada lleg de Francia Joaqun Pez en el estado +ms deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han +cado encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle +ms y le ha echado de su casa... + +--Es verdad, es verdad--dijo la de Rufete con emocin, preparndose a +derramar lgrimas. + +--El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para +luchar con su destino, ha recurrido a ti. S que te ha buscado; que te +mand un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, s o +no? + +--Es cierto. + +--Se ha refugiado en una miserable casa de huspedes donde no hay ms +que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace +cuatro das; has ido despus varias veces... Lo s por el ama de la +casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis ms +desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qu pasos das +y entre qu gente vas a meterte. + +--Es verdad lo que has dicho. Cmo es que todo lo sabes y todo lo +averiguas?--dijo Isidora, rompiendo a llorar--. Augusto, ten compasin +de m. No, no me digas cosas... l est perseguido, huye de la justicia, +y ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece +seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me +rias a m porque no he querido abandonarle en la desgracia. + +--Perdneme usted, amiguita--indic Eponina con bondad--, me va usted a +estropear el vestido; me lo est usted mojando con sus lgrimas. + +--Me lo quitar--replic Isidora haciendo un gesto de nia mimosa--. +Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje. + +Alejose un rato el mdico. Cuando volvi, ya Isidora haba tomado su +forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: Ya tengo +otra vez la librea de la miseria. + +Eponina sali, dejndolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia +Miquis, y cruzando las manos delante de l, le dijo con acento de +intenso dolor: + +Amigo, estoy desesperada! + +--Qu tienes?--le pregunt l, sintiendo ante aquella pena y aquellas +lgrimas una cobarda dulce. + +--Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces +hace tiempo. + +--Bueno yo?...--dijo Augusto con irona--. A ver, qu quieres? + +--Necesito..., tendr que decrtelo?..., necesito dinero. + +--Ya... + +--Yo no puedo estar as. Vyanse al diablo tus recetas. Te dir..., yo +quiero vivir y esto no es vivir. + +--Dinero para el Pez. + +--No, no; lo necesito para mi procurador y para m. Estoy vestida de +harapos... No me rias, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la +vida. S que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qu s yo... No +entiendo tus medicinas. Te dir... Dios no quiere favorecerme, Dios me +persigue, me ha declarado la guerra... + +--Qu pilln! + +--Yo quiero ir por los buenos caminos, y l no me deja--prosigui +Isidora con tanta agitacin que pareca demente--. Veremos si al fin me +favorece. Te dir...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando +lo gane, tomar posesin de mi casa... Mucho siento no poder llegar a +ella con todo el honor que mi casa merece..., pero qu hacer ya? +Entretanto, amigo, la miseria me es antiptica, es contraria a mi +naturaleza y a mis gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble. + +--Isidora--declar Augusto con seriedad--, al nacer te equivocaste de +patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y +no cabes aqu. Quieres el ltimo consejo? Pues vete a Pars. All +encontrars tu puesto. Aqu te degradars demasiado. Aqu no las +gastamos de tanto lujo como t. + +Levantose para marcharse. + +No, no te vas--dijo ella detenindole con fuerza por un brazo--; no te +vas sin decirme si puedo contar contigo. + +--Para qu?--murmur el mdico temblando. + +Senta un fro...! + +Yo necesito una cantidad--dijo Isidora febril, los labios secos. + +--No puedo... complacerte--repuso el joven, dejndose caer en una silla. + +--S puedes, s puedes. Augusto, por amor de Dios!..., socrreme, +socrreme. Te dir... + +--Si es nada ms que un socorro.... + +Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rpida ojeada interior su +situacin. Se haba casado seis das antes, estaba en la luna de +miel!... Ser traidor a su joven y amable esposa! No, no, no, grit +para s, y luego, en voz alta: + +Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo +no te puedo amparar... Busca en otra parte... + +--Ah! Qu amigos estos!--exclam ella en lo ltimo de la angustia--Y +luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradacin! +Bueno, bueno; me perder, me arrastrar. + +Miquis cerr los ojos para no verla. Si la vea un momento ms estaba +perdido... Por lo que, sin aadir una palabra, ech a correr fuera del +gabinete y de la casa. + +Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sinti +rpidos y leves pasos detrs de s. Al mismo tiempo oy que le llamaban. +Una mujer corra tras l. Al reconocer a Isidora, el pobre mdico tembl +de nuevo. + +Tengo un recelo--le dijo Isidora agitadsima, la voz balbuciente, la +expresin turbada y agoniosa--. No me has comprendido... Habrs credo +tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres... +No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque..., +te dir... + +--Honrada! + +--S, s. No me comprendes. S me socorres, yo te pagar..., dinero por +dinero. + +--Djame en paz--dijo Miquis retirndose. + +--No, no te vas--replic ella detenindole con fuerza--. Estoy +desesperada. Necesito... En ltimo caso, paso por todo. + +--Soy pobre. + +--La desesperacin es ley, Augusto. Te hablar con el corazn; te +dir... Yo no quiero ms que a un hombre. Por l doy la vida, y en +ltimo caso el honor... Di, me favoreces? + +--Lo que necesitas, es para comer? + +--No; necesito mucho. + +--No puedo, no puedo. + +Augusto, Augusto--exclam ella colgndosele del brazo--. Mi necesidad +es tan grande, que no puedo tener tesn ni dignidad, ni nobleza. Yo no +te quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo. + +Pausa. Miquis la miraba pestaeando. Sobre ambos, un farol de gas +alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad +desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batan con +furor. Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satans! + +Soy pobre--repiti Miquis, haciendo un esfuerzo--; vete a Pars. + +--Augusto!. + +Augusto sinti clera. Aprovechndose de aquel movimiento del alma, +desprendi su brazo de la mano de Isidora, y con toda energa le dijo: + +Dios te ampare. + +Ya estaba distante cuando oy esta voz sarcstica: Farsante!. + +Aquella misma noche desapareci Isidora de la casa de sus buenos amigos, +dejndoles un papelito que deca: + +Emilia, Juan Jos, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra +casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lstima de m. + + + + +Captulo XI + +Otro entreacto + + +En el famoso pleito de filiacin haba terminado la prueba; varios +testigos haban declarado y ambas partes respondido a infinitas +preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba +en torno a las ramas de aquel rbol de escaso fruto; se haba presentado +el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguira la +sentencia, y con esto la demandante se las prometa muy felices. Verdad +que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algn recuerdo de su +niez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar +noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa. + +Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo +extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Cannigo y de Toms +Rufete, confirmaba la pretensin de Isidora. Un tal Arias depuso en +trminos diametralmente opuestos, y D. Jos de Relimpio, llamado +tambin, declar en trminos categricos a favor de la que llamaba su +ahijada; mas su declaracin, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca +de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, l no saba +gran cosa. Saba, s, y esto no poda dudarlo, que en 1851 haba sacado +de pila a una nia, hija de Toms Rufete. A los seis meses no cabales, +Relimpio y Rufete rieron por cuestin de una pequea herencia y +estuvieron siete aos sin hablarse ni tener trato ni comunicacin +alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias +volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en +casa de Rufete haba dos nios, Isidora y un varoncillo de dos aos. +Toms dijo a Relimpio con misterio que su hija haba muerto y que +aquella que viva y el nio se los haba dado a criar una dama que no +nombr. Don Jos, que no haba visto a Isidora desde la edad de seis +meses, no poda, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso +lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre sigui llamndola +ahijada, y desde entonces comenz el cario de que tan grandes pruebas +diera ms tarde. En cuanto a Francisca Guilln, nunca pudo Relimpio +obtener de ella una declaracin terminante acerca de las dos criaturas +que pasaban por suyas. Cuando Toms estaba en el Tomelloso, la buena +mujer aventurbase a decir algo, que llenaba de gran confusin a D. +Jos; pero cuando el otro volva, todo eran vaguedades y misterios. + +Esto era lo que Relimpio saba, y estos breves datos y sus +conversaciones, no largas, con Toms y Francisca, debieron de haber +constituido su declaracin; pero, llevado de un sentimiento de +caballeresca proteccin a la desgracia, hizo las afirmaciones ms +conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de +Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan Jos tenan noticia alguna. +Tres veces en dos das haba ido la pcara a ver a _Riqun_, porque la +ortopedista no se lo haba querido entregar; pero ni con preguntas +capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Deba +de saberlo don Jos; mas tambin guardaba fielmente el secreto. Tristeza +tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella +pareca habrsele aumentado la cuenta de los aos, extremando su vejez. +Casi todo el da lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella +anuncibase con suspiros. Haba perdido el apetito, dorma muy mal y +tena los sueos ms raros del mundo. Soaba que se bata en duelo de +honor con Pez, Botn y otros caballeros, y que a todos les mataba, +sacndoles hasta la postrera gota de sangre. Horror de los horrores! + +Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido +nuestro, el gran Bou, vea de sbito compensadas sus desdichas amorosas +con una gran ventura en cuestin de intereses. Oh! Si la ingrata se +aviniera a dar el deseado _s_, el Obrero--Sol sera un ejemplo de +hombre venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Dirase +que la Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana +Fortuna, se haba propuesto abrumarle de bienes positivos, negndole los +que su corazn apeteca, y le colmaba de frutos riqusimos sin dejarle +ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de +Aransis empez la tal Providencia a divertirse con l. En el espacio de +quince o veinte das le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y +dbale por otros tres golleras o momios pecuniarios a cul ms valioso. +Primero: asegur un buen negocio contratando cierto trabajo de +impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibi una +herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sac un segundo +premio de lotera, importando cinco mil duros. Qu tal? Aun con ser +estos embolsos un estorbo ms para llegar a la deseada liquidacin +social, Bou se guard su dinero y se puso muy contento, considerando en +lo ms escondido de su mente, que bien poda aplazarse la tal +liquidacin, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera, +el dinero de la gente honrada. + +Miquis, que le apreciaba y se rea con l, fue a darle la enhorabuena, y +le encontr en su taller trabajando como siempre. Bou se levant, salud +a gritos, estruj la mano de su amigo, y despus fue acometido de una +tos tan violenta, que su cara pareca un cuero de vino, y el ojo +rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada rbita y caerse al +suelo. + +Ese alquitrn, hombre, ese alquitrn... + +--Djese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me +sacaran un cuarto. Que coman yerba..., hala! Y a ustedes los mdicos, +si yo arreglara el mundo, los pondra a que me barrieran las calles, a +que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las +alcantarillas... Ah es donde estn las enfermedades. + +--Pues a los litgrafos los pondra yo a que me afeitaran todas las +ranas que se pudieran coger... Pero vamos al caso... Convida usted o no +convida? + +--S, seor; convido a una copita... y nada ms. + +--Qu miserable! Yo esperaba un banquete regio. + +--No me gustan aparatos ni bulla. + +--Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos... + +--Pues _palante_--exclam el cataln, disparando su risa--, y aunque sea +de doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada ms. + +Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la haba recibido con calma +y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguira trabajando, +con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba, +tena el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, porque +_voto va Deu!_, no hay dinero ms soso que el que uno deja a sus +herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder +contar por all algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene +la liquidacin, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a +uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es +bueno, magnfica cosa, s seor, admirable en extremo; y los holgazanes +que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, s +seor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasin de +introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de +los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el +gnero de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideracin el da en +que se ajusten cuentas. l (Juan Bou) haba pensado esto, y sacado en +consecuencia que las teoras puras no resuelven la cuestin social; es +preciso estudiar prcticamente los excesos de la holgazanera. + +Aprob Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energa excit a su +amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin +quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la +ocasin de ser dichoso no se presenta siempre, aprovchese cuando viene, +que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas. + +Supongo--aadi--que andaremos en coche y a caballo, que tendremos +buena mesa y palco en el Real. + +Echose a rer Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el +oso, ni ponerse en ridculo como un indianete sin seso; que tan slo +obsequiara a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, tratara de +ver qu sabor tiene la sangre del pueblo. + +Despus nombr Miquis a la ingrata, y odo su nombre, se puso tan serio +el otro, que pareca haber perdido en un instante todo su contento. No +habran dejado aqu un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no +hubiera entrado D. Jos, el cual se turb al ver al mdico. Bou, tambin +algo turbado, pidi perdn a Miquis y se fue con Relimpio a un +despachito cercano, donde Augusto les oy secretearse. + +Le ha trado una carta o recadillo--pens el doctor, proponindose no +darse por entendido--. Ya, ya.... + +Don Jos sali, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es +ms probable que llevara lo primero, y al salir habl a Miquis del +tiempo, de poltica, de Cnovas y de que las tropelas de los ingleses +en el campo de Gibraltar daban motivo a Espaa para exigir de Albin que +nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostr +conforme con estas patriticas ideas y le dej marchar, compadecido de +su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo +declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente +noche, fue D. Jos vestido con su levitita anticuada y su corbata azul +de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los dems +comensales pudieran comunicarle su alegra. Era tan flojo de cerebro, +que en cuanto beba dos copas se pona perdido, y he aqu que al probar +el Champagne, el buen tenedor de libros, despus de haber dado varias +pruebas de no ser dueo de sus ideas, se dirigi a Juan Bou y con lengua +solemne aunque torpe, le dijo: + +Caballero, usted me dar una satisfaccin, o me ver obligado a llevar +la cuestin a un terreno...!. + +Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero +de D. Jos, se puso ste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a +la diccin enftica, aadi: + +Porque usted se empea en mancillar el honor de una joven de altsima +familia, y yo no permito, lo entiende usted?, no permito... yo que soy +su segundo padre...! + +--Tiene razn--dijo Miquis--. Esto no puede quedar as. El lance es +inevitable. + +--Inevitable--grit Relimpio descargando el puo sobre la mesa y +rompiendo un plato--. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la +hora del alba... + +--_Al matutino albore_.... + +Lo ms particular fue que Bou, que tambin era hombre incapaz de llevar +con aplomo tres copas de vino blanco, empez a disparatar. Primero se +ri mucho, despus todo su empeo era abrazar a D. Jos y llamarle su +amigo. Relimpio, por el contrario, ms se enfureca a cada instante. Los +otros le incitaban, y sabe Dios cmo habra concluido el lance si el +cataln, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole +de su cuerpo en tierra. + +Levantose en esto D. Jos y sealando con dramtico acento el cuerpo que +pareca cadver, dijo: + +La suerte me ha sido favorable, caballeros, seal de mi derecho! Le +he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella +hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel +serafn.... + +Dio tres o cuatro pasos en falso, gir como un trompo, y fue a caer en +un divn de hule, donde Miquis le moj la cara. + + + + +Captulo XII + +Escenas + + +=--I--= + +JOAQUN.--=(Solo, pasendose meditabundo por la habitacin, que es de +bajo techo, sucia, con fesimos y ordinarios muebles, todo en desorden.) += Ni un da ms durar esta vida. Protesto con toda mi energa de ser +racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal +deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse +entregndole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la +vergenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad. +Este es el dilema, _the question_, como deca el otro: o vivir sin +decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse. +Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y +fijndolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran +parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--Eres +t, imagen que aqu veo, la de Joaqun Pez? Te desconozco. T no eres +yo. Yo era hermoso, y t, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin +barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegra y la felicidad y los +tuyos estn mortecinos y sin brillo. Cmo puedo creer que el hombre +mejor vestido de Madrid sea este que aqu veo dentro de esta levitita +abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos +y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado ms que +un caf y un poco de pan, no puede ser el Joaqun Pez que yo conoc. = +(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir as +es peor que cien muertes. + +Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prendern, me +metern en la crcel... Qu iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un +desgraciado, un hombre dbil que no conoce el orden; soy un tonto; no +tengo sentido comn, no s arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto +se diga de m en este sentido es justo. Pero acusarme de estafador!... +Que en Pars contraigo deudas; que me vengo a Espaa con intencin de +pagar; que un francs sale escapado detrs de m persiguindome; que le +entretengo unos das; que me endosan unas letras para que las cobre; que +las cobro y pago al francs; que los acreedores de aqu, envidiosos de +ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me +embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y rie conmigo y +me retira su apoyo; que el dueo de las letras me exige su dinero; que +no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomndolo +por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un +prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas +intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan +de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En m hay error; +pero mala fe, jams. La ligereza, ser hermana del crimen?... + +He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra m +hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal +contra el infeliz cado; es la venganza de la cursilera contra el que +fue dolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo +del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirn de +m; no, no me humillar; no har el mamarracho. Es preciso acabar +dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae segn su natural +condicin. Caer con catstrofe, como las torres, y los que oigan el +estrpito de mi fin dirn: Este es un hombre... =(Acrcase a un rincn +en que hay una percha, de la cual pende un gabn. Toca la tela, +reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aqu +ests, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardar en el cajn de +la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de +las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche, +t y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la +maana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma +en desesperacin. Esto ya no es vivir. Hgome cuenta de que ya se acab +todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas +personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la ms derrengada +mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la frmula vulgar de +A nadie se acuse de mi muerte. Dir a mi padre que... Siento pasos. +Isidora viene. Esta desgraciada es el nico ser que ha tenido la +abnegacin de unirse a m y ampararme cuando me ha visto abandonado por +todos. Oh corazn generoso! Ha querido confortar mis penas con sus +ilusiones y mi desesperacin con su esperanza. Cuando la veo, me dan +ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con +ella. Aqu est.... + + +=--II--= + +ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y +trae un lo de ropa. Sintase en un sof invlido que se inclina ms de +un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaqun, +espera que este le dirija la palabra.)= Dios mo, qu escalera! + +JOAQUN.--Ms grande es la del Paraso; al menos as lo dicen, que yo no +la he visto. + +ISIDORA.--Ha venido mi padrino? + +JOAQUN.--No he tenido el gusto de ver a su seora. + +ISIDORA.--Cunto he andado, cunto he corrido hoy!... He vuelto a casa +de Emilia para ver a _Riqun_. He querido trarmele, temiendo que les +molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se +conmueve.)= + +JOAQUN.--Has hecho bien en dejarle all. En ninguna parte estar mejor. + +ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= Ay! Dios de mi vida, qu angustia! Por +fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para +defenderlo de un brusco movimiento de Joaqun.)=--No, no te doy un +cuarto. Djame, que yo ir arreglando las cosas. Por de pronto es +preciso que salgas de aqu. Esta casa es una pocilga, y qu vecindad, +qu huspedes, qu patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos +y dems gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, no +hallaste otro sitio mejor en que meterte? + +JOAQUN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidsimo, me dej +conducir por un amigo, Pepe Nules. + +ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho das que has estado aqu. Yo +no he estado ms que tres. El gasto es poco. Hoy te har traer comida +buena de la fonda. + +JOAQUN.--No te apures por eso...; lo mismo me da. + +ISIDORA.--Y maana irs a una casa ms decente. + +JOAQUN.--=(Con indiferencia.)= Para qu? + +ISIDORA.--Para que vivas con ms decoro. + +JOAQUN.--Ideas convencionales! + +ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomara una casita, y nos bamos +a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he +reflexionado, y eso no puede ser. + +JOAQUN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... = +(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pjaros, que no +conocen la acuacin de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No +hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido +en la sociedad multitud de ideas errneas. Son los falsificadores de la +vida, y por esto deberan ir todos a presidio. + +ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= Y si yo te dijese +que tengo probabilidades de reunir algn dinero? + +JOAQUN.--Tu dinero nos servira para ir pasar dos das, tres. Luego +volveramos a la misma situacin de miseria, y como tus riquezas no +haban de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me +hallo... + +ISIDORA.--=(Con cario.)= Y si yo pudiera...? + +JOAQUN.--Ta, ta, ta. T vives de ilusiones. Aqu tenemos otra vez la +fantasmagora del pleito. Siempre crees que maana te duermes Isidora y +te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No s cmo, con tu +buen talento, vives as, engaada por el deseo. + +ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro. + +JOAQUN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para m. + +ISIDORA.--Si quieres que no riamos, no me hables del pleito con ese +desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que t la tengas tambin. El +procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardar algn tiempo, +porque mi abuela apelar; pero de que lo gano, no te quede la menor +duda. + +JOAQUN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarn tres, +cuatro o cinco aos antes que lo ganes. Aydame a sentir. Ni cmo he de +remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todava +no se han acuado. + +ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refera precisamente al pleito. Yo +pensaba conseguirte el dinero con un prstamo. + +JOAQUN.--Un prstamo! =(Con estupor.)= + +ISIDORA.--En fin, yo me entiendo... No te desesperes... + +JOAQUN.--No creo ya en los prstamos, como no creo en los milagros. =(Da +media vuelta y se pasea otra vez.)= + +ISIDORA.--=(Aparte, y despus de mirar un rato a Joaqun).= Es preciso +sobreponerse a la desgracia... Arreglar el cuarto que parece una +leonera. + +=Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora coloca +las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. Cuando +limpia el espejo, se mira un poco, y dice:= Parezco que s yo qu. +=(Alto.)= Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda. + +JOAQUN.--Como t quieras. El comer bien o el comer mal me es +indiferente; pero, pues t lo quieres, comamos bien, que nada se pierde +en ello. + +ISIDORA.--=(Sentndose fatigada.)= La miseria, hijo, me espanta. No tengo +un vestido decente que ponerme... Pues y t? Y a esto llaman vivir!... + +JOAQUN.--La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre +galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a +los amantes ms finos y ms exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo, +en un cuchitril, donde no tengan ms que el consabido _pan y cebolla_, y +a los dos das se araan la cara. La miseria es enemiga del alma humana. +Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el +arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sinttica del mal. Oye, oye, +Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad... +Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mndalo traer +pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre. + +=Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de +la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaqun demuestra ms apetito que +Isidora.= + +ISIDORA.--=(De sobremesa.)= Qu tal? + +JOAQUN.--Los langostinos estaban muy buenos; el _bistec_ me ha +rejuvenecido. Bendita seas t, que siempre tienes ideas grandes! Eso de +sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es +noble, lo mismo el corazn que la cabeza. Dejaremos una botella para +maana, porque la economa es la primera de las virtudes; no, la +segunda, que la primera es cuidarse bien. + +ISIDORA.--Alguna otra sorpresa he de darte todava. Dime, mereces t lo +que hago por ti? + +JOAQUN.--No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres +un ngel..., no de esos ngeles desabridos que pintan en los cuadros y +en las poesas, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente, +sino un ngel mundano que derrama sobre el corazn del desgraciado +blsamo eficaz. En una palabra, eres un ngel prctico. Bien se conoce +en todas tus acciones la nobleza. Podrs equivocarte, cometer faltas; +pero ser innoble, jams. No s si me explicar diciendo que tienes la +elegancia del alma. + +ISIDORA.--Tienes razn. Ser cualquier cosa; ser... mala si se quiere, +pero ordinaria jams. + +JOAQUN.--Indudablemente eso est en la sangre. Por vida de...! Si no +ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el +cielo. Ay! Isidora, no s por qu el Champagne da a mi alma un vigor +que ya no tena. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas +agradables. Isidora, Isidora, mujer ma. =(La abraza tiernamente.)= +Entretengmonos un momento con ilusiones... + +ISIDORA.--=(Riendo.)= Mejor es soar que ver. + +JOAQUN.--Ganars el pleito... Yo me casar contigo... + +ISIDORA.--=(Entristecindose sbitamente.)= En lo primero creo, en lo +segundo no. Esa ilusin es demasiado bonita para que pueda engaar. + +JOAQUN.--Por qu lo dices?... Porque te lo he prometido muchas veces, +y nunca lo he cumplido? Ahora... + +ISIDORA.--Ni ahora ni nunca. T no te casars conmigo. =(Derrama unas +lgrimas.)= + +JOAQUN.--El mundo es olvidadizo, tontuela. + +ISIDORA.--Pero no tan olvidadizo que... + +JOAQUN.--Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y +Suiza. + +ISIDORA.--O por Inglaterra y Escocia. =(Con toda su alma.)= Sabes que de +tanto or hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a +Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus +parques... Aquello s que es grandeza. Te dir... Luego hara una +excursin por Escocia, donde hay unos lagos preciosos y unas +montaas...! Por all andan las _ladys_ visitando grutas, escudriando +ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente +inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botn, +que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacan feliz. + +JOAQUN.--Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia. + +ISIDORA.--Calla, calla. Te dir... Ir yo sola, o contigo, si quieres +acompaarme... Porque no me casar, Joaqun; vivir soltera rindome del +mundo. + +JOAQUN.--Soltera! Si yo no me casara contigo, tendras ocho mil +pretendientes por semana. + +ISIDORA.--=(Decidida.)= A todos les dara con mi puerta dorada en los +hocicos. Soltera, libre! Vestir muy bien, proteger las artes, ser +una gran seora. Te dir... Mi casa va a tener que ver, porque no +entrar en ella nada que no sea de lo ms escogido. No has de ver ni +cosas vulgares, ni tapiceras chillonas, ni objetos de mal gusto, ni +cosa alguna que se vea en otra parte. Comprar cuadros de los grandes +maestros, y tapices y antigedades, y todo lo que sea curioso sin dejar +de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las +bellezas comunes. + +JOAQUN.--Bendito sea tu talento! + +ISIDORA.--En mi casa no entrarn los tontos; eso puedo jurrtelo. Me +rodear de hombres discretos, distinguidos. En fin, ser mi casa la +academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesa y de la +inteligencia. Dar conciertos de msica clsica. + +JOAQUN.--=(Con un poco de malicia.)= La has odo? Te gusta? + +ISIDORA.--Yo no s si la he odo o no; pero puedo asegurar que me gusta. +Te dir... Hay una msica en que no se oigan esos mil sonsonetes de +pera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los +cantantes de aficin? Pues esa es mi msica. Lo que te puedo asegurar es +que un da fui al saln del Conservatorio a or los cuartetos y me gust +tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con +guante blanco. Qu sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un +cielo que tambin era saln. + +JOAQUN.--=(Con arrobamiento.)= Isidora, t eres noble! + +ISIDORA.--Te dir... Oyendo aquella msica, yo me olvidaba de todo y +bendeca a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no +entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrars en ella, y te +desafo a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los +grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formar una buena +coleccin. Tambin tendr contemporneos, siempre que sean muy +escogidos. Tres o cuatro veces nada ms he estado en el Museo. Qu +cosas, hijo! Aquello s es grande. Con el talento que hay colgado de +aquellas paredes haba para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo +me figuraba que haba pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte +del Buen Retiro. Unas veces crea que estaba cubierta de brocados y +otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es +belleza; chico, aquella es gracia. Yo deca: eso lo siento yo, esto es +cosa ma, esto me pertenece... + +JOAQUN.--=(Con entusiasmo.)= Eres noble, eres noble! + +DON JOS.--=(Entrando sbitamente, produce, con la irrupcin inesperada +de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su +ahijada.)= Aqu estoy. + +ISIDORA.--Ah!... Don Jos... + +DON JOS.--=(Aprovechando el momento en que Joaqun vuelve la espalda, da +un papelito a Isidora.)= Toma. + +ISIDORA.--=(Guardando el papelito.)= Padrinito, ahora debe usted +retirarse. Es de noche y estar usted cansado. Maana le necesito. Pero +no se moleste usted en subir. Agurdeme en la puerta y me acompaar a +varios sitios donde he de ir. =(Despidindose con una mirada cariosa.)= +Abur. + +DON JOS.--=(Con cierta reconcentracin shakespeariana.)= La sangre que +destila de mi corazn amarga mis labios. =(Exit.)= + + +=--III--= + +=Es de noche. Agonizante luz de un quinqu con pantalla torcida y sucia +alumbra la estancia. JOAQUN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de +fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se +reclina en el sof y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla +consigo misma.= + +Decididamente optar por el canelo con combinacin nquel, por el azul +de ultramar y por el negro con combinacin de brochado, oro y +cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien. +Ay Jess!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de +francs... Supongamos que cuando menos se piensa, maana, o la semana +que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien +porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y +me dice... Hace das que me estoy figurando esto y nada tendra de +particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me +llama el mejor da; voy all, subo, entro, espero un ratito en el +gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las +aprieta mucho y me dice: Basta de pleitos, hija; abracmonos. Y me +abraza, y yo me echo a llorar, y ella tambin, y todo queda concluido, y +yo en la casa y en posesin de lo que es mo... Supongamos esto, que es +lo ms natural, lo ms lgico. Qu alegra tan grande, Dios de mi vida! +Entonces s que podr tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin +humillarme. Sacudir la tierra que se haya pegado a las suelas de mis +botas, y dir: Ya no ms, ya no ms lodo de las calles. El cristal ms +puro no podr compararse entonces a mi conciencia. Ser tan honrada como +los ngeles... Levantar mi frente... =(Se interrumpe y da un gran +suspiro.)= + +Pero podr levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida +pasada... y presente? Esto me vuelve loca. Maldita sea la necesidad, +que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia +del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que +son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan +el alma... Que venga Dios en persona a sacarme de este crculo maldito! +Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro... +Oh Dios!, quin fuera cursi, quin fuera populacho!... Me pasara la +vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un +jergn asqueroso; me casara con un cafre hediondo, tendra un chiquillo +cada ao, vivira como una bestia, toda imbcil, toda sucia...; pero +sera feliz como son felices los que no conocen el dinero!... Qu es +mejor, ser una piedra, que se est donde la ponen, o ser una criatura +racional que quiere ir a alguna parte? No s, no s! Benditos sean los +adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya, +vaya, qu duro es este sof. Y el pobre Joaqun, qu profundamente +duerme! Buena falta le hace! Cunto has padecido estos das, +desgraciado mrtir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno. +Has gozado mucho, demasiado quizs, y ahora lo ests pagando. Los muy +felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por +eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la +felicidad que se me adeuda... =(Suspira y se aflige.)= S, s; no hay +debajo del sol una persona ms desgraciada. Y, no me digan que soy mala. +Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si +no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no +hara lo mismo... =(Se da un golpe en la frente.)= + +Cuando pienso lo que me espera maana, me dan ganas de matarme. Y al +mismo tiempo, vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que +llegue maana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia +de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor +me echa hacia atrs; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa +hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El s y el no me +vuelven igualmente loca. =(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos +muerde el pauelo. Larga pausa.)= Y cmo duermes tan tranquilo!... Si yo +no te quisiera tanto, podra suprimir uno de los principales motivos que +tengo para dar este mal paso, y quizs, quizs hallara otros medios... +Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte as... Y para +que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te has portado +conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te dir..., yo soy +as; Dios mo, por qu me hiciste noble? Por qu no me hiciste nacer +de vil populacho? Por qu no me hiciste canalla de la cabeza a los +pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el alma?... =(Gran +pausa, durante la cual se adormece.)= No, no; me decidir por el azul +Ultramar con combinacin rosa y plata... + +=(Otra pausa, durante la cual amanece.)=Es de da; me levantar y saldr +sin que l me vea. An es demasiado temprano. Procurar no hacer +ruido... Le dejar el dinero suelto que me queda aqu y dos palabras +escritas con este lpiz. =(Escribe; pone sobre la mesa el papel y algunas +monedas.)= Vaya, ya es tiempo. =(Afligidsima.)= No poderle decir adis! +Qu vida, qu humanidad! Me voy, porque si despierta, no tendr valor +para salir. =(Vase.)= + +JOAQUN.--=(Despertando, ya entrado el da.)= Isidora, Isidora... No est. +Se ha ido. Me levantar. Como estoy vestido, mi _toilette_ no ofrece +grandes dificultades. Habr por aqu el lujo de un peine? Es posible. +=(Levntase y da algunos pasos por la habitacin.)= Que claridad! Qu +feo y antiptico es el da! Prefiero la noche, tapadora y discreta. +Ah!, la seora de la casa, antes de marcharse, ha dejado aqu sus +disposiciones. =(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el papelito, y +lee.)= Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que almuerce hoy. = (Lee.)= +Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te apures. No volver hasta la +noche, porque tengo que hacer. Esta pobre Isidora, qu buena es! Si no +fuera la maldita mana del pleito, que no ganar nunca, sera una +muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que manda la seora. La fiera +patrona no me envenenara con sus guisotes. Voy a llamar, a pedir agua, a +lavarme, y despus esperaremos. Luego que almuerce dictar mis ltimas +disposiciones, y en cuanto llegue la noche, la querida noche... + +=Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada, +arrglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.= + +Me olvid de la botella de Champagne que est en aquel armario. No me +importa que se la beba otro. En mi testamento la dejar a los huspedes +de esta casa para que la vacen por mi salvacin eterna... Ya que estoy +solo escribir a pap y a Isidora. =(Se sienta y escribe.)= Buenos cosas +le digo a mi seor padre!... Si los deslices del hijo han sido grandes, +el padre no tiene an motivos para dudar de su buena fe... Jams he +cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y adems un efecto +preciso de la mala, de la perversa educacin que he recibido. Por qu +educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta mil reales? +Por qu desde nio me enseaban a competir con los hijos de los grandes +de Espaa? Por qu no me dieron una carrera, por qu no me aplicaron a +cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que es la escuela +de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron en la vanidad, y +la vanidad me conduce a este fin desastroso. =(Sigue escribiendo con +agitacin, se pone plido y, al concluir, su mano tiembla.)= + +Ahora escribir a Isidora, a quien no ver ms. La nica persona por +quien siente emociones cariosas mi corazn es ella. Cunto ms vales +t que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han +simpatizado, porque son similares. T, como yo, fuiste educada en la +idea de igualar a los superiores... =(Escribe.)= Querida y adorable +amiga: Prximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el +mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvacin; t +puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese +pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera +casarse contigo, csate, aunque sea muy bruto. =(Hablando.)= No, no +miento nada al decir que la quiero con todo mi corazn. Su lealtad +conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvos prueban +la grandeza de su alma. =(El personaje redacta largos prrafos amorosos y +llena cuatro carillas de papel...)= Ah!, me olvidaba de lo principal, de +_Riqun_, mi hijo. En esta hora triste me ha entrado un amor por l!... +Si estuviera aqu me lo comera a besos!. Le reconocer. = (Escribe otro +largusimo prrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)= En fin, esto es +hecho. Ahora, nimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso abismo de la +eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me perdonar mi +crimen. Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar la befa de +mi honor! Pronto anochecer. No vacilo ms. =(Se dirige a la percha, saca +el revlver y lo examina.)= Aqu est. Me parece un juez de hierro que me +condena sin permitirme defensa ni apelacin. + +UNA VOZ.--=(Que suena cavernosa detrs de la puerta, acompaada de dos +golpecitos.)= Se puede? + +JOAQUN.--Adelante. + +DON JOS.--=(Entrando.)= Buenas tardes. + +JOAQUN.--Viene usted en busca de Isidora? No est. + +DON JOS.--No, vengo de parte de ella. Esta carta... + +JOAQUN.--=(Tomando la carta con mano temblorosa.)= A ver?... En dnde +est Isidora? + +DON JOS.--=(Con sequedad.)= Hace un rato estaba en una tienda de la calle +del Carmen, escogiendo telas para vestidos. + +JOAQUN.--=(Estupefacto)= Telas! =(Abre la carta, que es voluminosa. +Dentro del pliego aparecen risueos algunos billetes de Banco; Joaqun +palidece.)= Qu es esto? =(Se sienta y lee. Palidece ms y luego se pone +encarnado y vuelve a palidecer.)= + +DON JOS.--=(Aparte, mirando a Joaqun con expresin de poca simpata.)= +No lloro porque soy hombre. Mi corazn concluir por ser como las rocas +en que bate el mar. + +JOAQUN.--=(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)= Estoy salvado! +La cantidad es redonda... Pero aceptar esto? De dnde procede?... Es +una vileza aceptarlo? S que lo es; pero las circunstancias... El +abismo!... Supongamos que un desventurado est al borde del precipicio y +se le presenta el demonio de la infamia y le alza en sus manos. No, no; +antes rodar al fondo del abismo. =(Alto.)= Don Jos vaya usted all, y +devuelva esto a Isidora. + +DON JOS.--=(Aparte y ttricamente, coincidiendo en sus expresiones sin +sospecharlo, con Otelo.)= Oh flor graciosa y bella, por qu has nacido? + +JOAQUN.--=(Vacilando.)= No, no; deshonra por deshonra... Pesmoslas ambas +en la balanza de la fra razn. Cul pesa ms? Oh!, no hay que +vacilar. Esta lleva en s la imposicin del acontecimiento, del hecho +real. Tomar el dinero... Me he salvado. Pero por qu no estoy tan +contento como debiera? =(Alto.)= Don Jos, con quin ha hablado hoy +Isidora?... En dnde ha estado? + +DON JOS.--No lo s... =(Aparte, lleno siempre de espritu +shakespeariano.)=--Estpido! cmo quieres que te lo diga? No me +atrever a decirlo ni aun a vosotras, oh castas estrellas! + +JOAQUN.--Usted nunca sabe nada. Usted est siempre en Babia. =(Aparte.)= +Malditas sean las circunstancias!... Me engaar a m mismo, hacindome +creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser +humano, que fcilmente se le engaa... Pero discutamos esto; abordemos +la cuestin con filosofa. Si este dinero ha venido a m por una va +poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha va. Los +procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y +sacrlego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya +en s una dosis tan grande de lgica, que no necesita argumentaciones +retricas. =(Alto.)= No piensa usted lo mismo, hombre de Dios? + +DON JOS.--=(Como quien despierta de un sueo.)= Yo?... Yo no pienso. + +JOAQUN.--=(Volviendo a mirar con cario los billetes.)= Y la cantidad es +redondita! Pobre Isidora! Cmo no amarla? No s qu dara porque +ganara el pleito. Pero no, no lo ganar. Slo los pillos tienen suerte. +Don Jos, seor don Jos! + +DON JOS.--=(Pasndose la mano por la frente y el crneo como para +detener una idea que intenta escaparse.)= Qu?... + +JOAQUN.--Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne. + +DON JOS.--=(Con repugnancia.)= Gracias, no..., me mareo. =(Vacilando.)= +Pero, s, venga; as se olvida. + +JOAQUN.--Tiene usted muchas penas que olvidar? + +DON JOS.--=(Mirndole con ojos dulzones.)= Yo?... Penas yo? =(Contrae +horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisin de un +suspiro.)= + +JOAQUN.--=(Escanciando.)= Ah va. + +DON JOS.--=(Bebe.)= Cmo pica la maldita! =(Apenas ha llegado a su +estmago la primer gota del precioso lquido, inclina la cabeza y cierra +los ojos, diciendo.)= Mundo miserable! + +JOAQUN.--Qu?... Por tan poca cosa? + +DON JOS.--=(Levntase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la +actitud trgica.)= S, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras. +Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo! + +JOAQUN.--=(Soltando la risa.)= Don Pepe! + +DON JOS.--=(Cuadrndose.)= A sable o a pistola, como usted quiera. Me es +igual. De todas maneras sabr castigar su infamia. Usted, un hombre +ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel +lirio! =(Da algunas vueltas por la habitacin, perseguido por espectros.)= +No, no os tengo miedo, no. Pez, Botn, Melchor, Bou, no os temo. Os +matar a todos, os har polvo. Soy el defensor de la virginidad +ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... Vamos, al +momento, al momento, me bato con los cuatro! + +JOAQUN.--=(Le empuja hacia el sof.)= Pobre hombre! + +DON JOS.--=(Cayendo en el sof como un talego.)= Me habis matado, porque +sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los tres; pero +a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no puedo +perdonarte. =(Se desvanece.)= + +JOAQUN.--=(Disponindose a salir.)= Ah te quedars hasta que te pase. + + +=--IV--= + +=Mutacin. La escena representa un aposento semi--elegante que parece ser +fonda.= + + +ISIDORA.--=(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado +golpes una mano indiscreta.)= Quin es? + +DON JOS.--=(Levantndose de un silln en que yace sooliento.)= Si es +visita, me retirar. + +UN SEOR.--=(Entrando sombrero en mano y dirigindose a Isidora.)= Es +usted doa Isidora Rufete? + +ISIDORA.--=(Trmula.)= Servidora... + +AQUEL SEOR.--=(Avanzando, seguido de otro individuo poco simptico y +nada corts.)= Seora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a +prender a usted de orden del juez del Hospicio. =(Muestra el auto de +prisin.)= + +ISIDORA.--=(Aterrada.)= Prenderme!... A m! Est usted seguro?... + +EL ESCRIBANO.--=(Volviendo a mostrar el auto.)= Vea usted... Conque si +tiene usted la bondad de seguirme... + +DON JOS.--=(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser +hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)= Qu +picarda! + +EL ESCRIBANO.--=(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de +su extraordinaria perplejidad.)= Ya sabra usted que la parte contraria +pidi que se sacara el tanto de culpa... + +ISIDORA.--=(Confusa y mareada.)= S. + +EL ESCRIBANO.--Y el juez ha encontrado el fundamento. + +ISIDORA.--Pues dar fianza... + +EL ESCRIBANO.--Precisamente... en el delito de que se trata no puede +concederse fianza. + +ISIDORA.--Delito! Est usted seguro de lo que dice? + +EL ESCRIBANO.--El pleito es ahora causa criminal... + +ISIDORA.--=(Iracunda.)= Y de qu me acusan? + +EL ESCRIBANO.--De falsificacin. + +ISIDORA.--Falsificadora yo?... =(Fuera de s.)= + +DON JOS.--=(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y +contrayndose todo.)= No te pierdas, Jos. + +ISIDORA.--Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no +consentir que me pierdan ni que me deshonren. =(Llora.)= Y a esto llaman +justicia, ley! =(Sobreponindose al dolor y secando sus lgrimas de tal +modo que parece que se abofetea.)= Yo probar mi inocencia... Esto me +faltaba, esto; ser mrtir. =(Aparte, con entereza y orgullo.)= Bien venida +sea esta noble corona. El martirio me purificar de mis culpas, y har +que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan ver hasta los +ciegos. =(Alto.)= Vamos, cuando usted quiera. + + + + +Captulo XIII + +En el Modelo + + +=--I--= + +La irritacin y la vergenza, unidas a un desorden nervioso que casi la +privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche +en un estado parecido al sonambulismo. Vea las cosas, las tocaba, +preguntaba, y aun responda como cediendo a una fuerza mecnica. No +estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le +pasaba; iba y vena medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre +jaqueca y mana, sorprendindose de ver cmo brillaban instantneas, +sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relmpagos de alegra. +Rindiola el cansancio despus de medianoche; se acost vestida, cerr +los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivi +bajo su crneo, entre la vibracin de los nervios enceflicos, todo lo +acaecido desde que el escribano se present en su casa para prenderla. +Vease en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiones, +donde est el vulgar y triste edificio llamado _Modelo_ con descarada +impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual haba un +soldado de guardia, y ms a la izquierda un grupo de pobres disputndose +las sobras del rancho de las presas. + +Isidora y el escribano entraban en un vestbulo nada espacioso; sala a +recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de +cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de +pesados cerrojos, sobre la cual se lea en letras negras la palabra +_Rastrillo_. Una mujer de edad madura abra la puerta, Isidora pasaba, +suba por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el +letrero de la _Sala primera_; y echando la vista por el hueco, vea un +claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol, +el ms bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar. +La idea sola de tener que vivir entre aquella gente haba horrorizado a +la de Rufete. Pero ella tena fondos; ella pagara una habitacin +decente, y vivira con ciertas comodidades y completo decoro los pocos +das que, a su parecer, habra de permanecer en aquel tremendo asilo. + +Una seora mayor, bondadosa y amable, la acompaaba, y precedala una +celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco +y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se +destinaba, el cual tena una ventana enrejada a la calle, un camastrn +de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco despus entraba la +celadora, quien, con formas de adulacin artera y llamndola _seorita_, +ofreci servirla y acompaarla. Isidora la miraba con repulsin. Llegada +la noche le servan una cena, que no quiso probar, y al fin, sola, +encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recost +en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o ms, la +serie de impresiones y sucesos que hemos referido. + +Por la maana, despertronla los gritos y desaforadas blasfemias de una +mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de +un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la prxima +_Sala primera_, y el _tan tan_ de la campana de Montserrat, iglesia del +convento que hoy es prisin del bello sexo. Y si el alma humana en las +situaciones de gran tribulacin se ve siempre sacudida por rfagas de +inexplicable alegra, que ms bien parecen protesta aislada de algn +nervio rebelde contra el dolor, en Isidora haba un motivo para que +aquellas rfagas de alegra fueran algo ms duraderas y eficaces, porque +la prisin, con ser tan odiosa, haba venido a librarla de otra +esclavitud atrozmente repulsiva. + +Casi me alegro de esto--deca--, porque si no estuviera aqu estara ya +muerta de horror y asco.... + +Adems, la prisin no poda durar, porque los jueces, cosa evidente!, +habran de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita +demandante. Dios le haba deparado sin duda aquel trance para probarla y +darle de improviso, cuando ms afligida estuviese, el alegrn de ganar +el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos ms +en carcter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad +de idealizar las cosas para obtener los ms dulces confortamientos. No +ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son +perseguidos, inspiran lstima, los inocentes que sufren tormento de la +Justicia, cunto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas +sensibles! Era inocente, sufra persecuciones inauditas; luego tena +bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba +aquella maana para figurarse que todo Madrid la compadeca, que era el +dolo de multitudes, que se haca interesantsima, que era un tipo +novelesco, y aun que salan por aqu y por all bravos caballeros +dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso. + +Pero qu feo, qu desmantelado el cuarto! Qu cama, que muebles, qu +desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante, +como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tena pronta una idea, +amparose de una bellsima, que le vali de mucho para consolarse. Con +quin creer el lector que se compar? Con Mara Antonieta en la +Conserjera. Era ni ms ni menos que una reina injuriada por la canalla. +Determin, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la +realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicsima seora, con +lo que se creca a sus propios ojos, y se vea idealizada por el +martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los +padecimientos. El da lo pas en estas cavilaciones, acordndose mucho +del Delfn, de Joaqun Pez y de otras personas. Mandronle ropas, y Juan +Bou, a quien pidi un libro de entretenimiento, le envi _Los +Girondinos_, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora ley en el +libro y deshoj las flores, dndose el gusto de pisotearlas. Le +recordaban cosas muy desagradables la osada y desparpajo de la canalla +profanadora. + +Empez el sumario. Cuando bajaba a prestar declaracin a la salita de +rojo dosel, que est junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a +las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su +derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba, +preciso es decirlo, al mismo seor juez dignsimo y al escribano. En +todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al +bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que +se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban +comentndola tres o cuatro horas. Quin aseguraba que era una duquesa +perseguida por su marido; quin la tena por una cualquiera de esas +calles de Dios; y alguna, que la conoca verdaderamente, refera parte +de su vida y milagros, aadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a +solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repeta en su +mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual +contestacin, revolva lo cierto con lo dudoso, la acusacin de la ley +con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas +presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro +que, desde la acusacin por falsificadora, se haba abierto ante sus +ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrbase en +la plenitud de la verdad. Los documentos se le haban entregado tal y +como estaban; y ella no haba aadido ni quitado cosa alguna, ni tena +noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su to el +Cannigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor +de ellos, Toms Rufete... Al llegar a este punto de su cavilacin, +Isidora frunca el ceo y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo +dudoso. Pero a qu martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la +marquesa de Aransis, la curia infame y el seoro prepotente eran los +verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a +una hurfana noble, a un ngel desvalido. Pero Dios los castigara, Dios +volvera por los fueros de la verdad y de la inocencia. Pues no faltaba +ms! + +Durante el sumario, la incomunicacin no fue tan rigurosa como la ley +ordena, porque los cerrojos de nuestras crceles se ablandan fcilmente. +Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se capt las +simpatas de las compasivas mujeres que guardaban a sus compaeras. As +pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a _Riqun_ y a D. +Jos, a su ta _la Sanguijuelera_ y a Miquis. El da mismo en que ces +la incomunicacin fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y +substancioso coloquio. El simptico doctor sinti viva emocin cuando +vio aparecer detrs de las dobles rejas del locutorio aquella figura +hermosa, aquel rostro plido, con expresin de noble conformidad. + +Isidora, gran mujer--le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones--. +Ests guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del +Cdigo penal. Como sigas as, la curia, en vez de tomarte declaraciones, +te las har, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una +escalera de birretes. + +--Djate de tonteras--replic ella apoyando los codos en la reja +interior y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud +de aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el +locutorio--. Ay, Miquis, esto es morir! + +--Con tu permiso, eso es vivir. Pues qu creas t?... La vida toda es +crcel, slo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos estn +entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero +vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que sern para +ti alegres o tristes, segn como las tomes. + +--Dmelas pronto. + +--Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado tambin de la marquesa. + +Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso inters. + +La marquesa lleg ayer, de paso para Crdoba. La buena seora se pone +nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisin. +Muoz y Nones--dijo la seora a mi suegro--, yo quiero que usted +arregle esto. Tmelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada, +demustrele lo intil de su tenacidad, y ofrzcale en mi nombre lo que a +usted le parezca, con tal que me deje en paz. + +--Eso le dijo?... + +--S; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la +falsificacin ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andru, compaero +y amigo de mi suegro. Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificacin +no est hecha por ti. + +Isidora callaba. Hasta que el dilogo tom otro giro, estuvo como una +estatua, fijos en Miquis los ojos: + +Oyes. Sabes que te me ests pareciendo a la pantera del Retiro? Por +qu me miras as y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario +de la casa de Aransis, vendr a hablarte; te anuncio esa grata visita. +Te ofrecer la libertad, la declaracin de tu inocencia, y _ainda mais_, +una gratificacin, un socorro. Pobrecita, has sido vctima de un grande +y tremendo engao. Broma ms pesada no se ha dado ni se dar. Quin fue +el autor de ella, t lo sabrs... Pero qu, te has vuelto muda? Eres +de piedra? A dnde miras? Estas gozando de alguna visin? Ests en +xtasis?. + +l tambin se callaba y la miraba. Meti la mano por la reja exterior e +hizo algunas castaetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la +atencin a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no deca nada. + +Voy a hablarte de otra cosa--aadi Miquis--. Ayer he tenido una grata +sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando o una voz que deca: +Seorito Miquis, seorito Miquis. Volvime y vi a tu ta, la sin par +_Sanguijuelera_. No sabe usted--me dijo--que hemos encontrado a la +fiera perdida?.... A quin?. A _Pecado_. All en su lengua +especial me cont que le haban dado noticias de tu hermano otros +muchachos. Ha vivido algn tiempo en un tejar detrs de la nueva Plaza +de Toros. Pobre chico! Fuimos all, y dos mujeres que encontramos y que +no se recomiendan por su fisonoma, nos dijeron que, habiendo cado +enfermo con calenturas, le haban llevado al hospital. + +--Al hospital!--repiti Isidora saliendo de su letargo. + +--Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos +convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque est poco +menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en +el tejar y de sus correras y altas hazaas, antes de caer enfermo, +supimos algo que contaremos cuando tengas ms tranquilidad de +espritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou. +Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que +pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma. + +--Augusto--murmur Isidora gravemente, apartndose de la reja--, es la +hora de reglamento. Dispnsame que te despida. Estoy fatigada. Adis. +Vuelve maana. + +Y se march _como una reina_, segn dijo Miquis para s, vindola +internarse en la crcel. Y l se sali a la calle: repitiendo: Gran +mujer, gran mujer!. + + +=--II--= + +Falsificacin! Profanacin de aquella santa escritura de la cual +emanaba el ms santo de los derechos! Si haba delito, quin era el +autor de l? El Cannigo o Toms Rufete? Enorme, endiablada +confusin!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la +infeliz presa fue que su abogado le dijo un da estas palabras: + +Desde el tanto de culpa la cuestin ha variado por completo. La casa de +Aransis y el Sr. Muoz y Nones tratan de probar la falsedad de un +documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos +quedaremos en el aire, hija ma. El pleito toma un giro tal que +difcilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los +mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de +que la falsificacin resulte evidente, creo fcil probar que no ha sido +usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe. +En resumen: seguridades de xito en la causa criminal; seguridades de un +fracaso en el pleito de filiacin. Ya sabe usted que en la prueba hemos +estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niez que nos +favorecieran, y por resultar muy dbiles los testimonios de otras +personas. + +Y dicho esto, el abogado, fro, honrado y cruel, se despidi dando un +suspiro, ltimo tributo de la ley al volverse hostil. + +Tambin, tambin me han corrompido a mi abogado!--exclam Isidora +cuando se qued sola--. Bien, ser mrtir; que me maten de una vez, que +acaben conmigo, que me lleven al cadalso!. + +Pasada la crisis de ira, estuvo dos das sin salir del lecho; apenas +hablaba; no tena fuerzas para nada; sentase tambin algo idiota como +su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura +frase a la justicia humana, exaltndose, para caer despus prontamente +en el desnimo y derramar abundantes lgrimas. Su sueo era entonces +breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno +de obstculos. Unas veces se le apareca _Riqun_, ladeando con gracia +la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado. +Y el pcaro Anticristo la miraba, echndose el fusilillo a la cara con +infantil gracejo, y zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el +acto; acudan otros chicos, camaradas de _Riqun_, y entre risotadas y +gritos la cogan y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa +de la multitud, que deca: La marquesa, la marquesa!. + +Otras veces era gran seora, y estaba en su palacio, cuando de repente +vea aparecer un esqueleto de nio, con la cabeza muy abultada, y los +huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto +traa su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegndose +ella, mova la gran cabeza y se rea y hablaba. Pero Isidora, sin poder +entender sus palabras, temblaba de espanto al orlas. Luego se borraba +el nio del campo de los sueos, y apareca Joaqun en mitad de una +orga, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se +paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y +prorrumpan en carcajadas. Ella se rea tambin; pero, cosa rara!, se +rea de hambre. La debilidad contraa sus msculos hacindola rer..., y +por aqu segua de disparate en disparate hasta que despertaba y volva +al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueos. + +A los tres meses de aquella tristsima vida, a la cual lleg a +acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus +guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo, +permitindole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicacin. +La conducta de Isidora en la crcel era irreprensible: no daba +escndalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se +haba hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su +intimidad, se hacan lenguas de su buen corazn, finura y agradable +trato. No tena poca parte en esto la generosidad de la procesada y su +prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacan. Lo +peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de da en da, +marchaba a su completa extincin y acabamiento. Siempre que en esto +pensaba, Isidora senta trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo +futuro para ver si por alguna parte haba seales de cosa metlica. +Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou +iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su +antipata, era lento antdoto del veneno de la pasin de l, y as, o +por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraa y apartaba de +aquel gran peligro de su vida. + +Calavera de un da--deca para s--, vuelve a tu choza y no pierdas la +chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas +infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la +crcel, pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo +llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si +conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los +burgueses. Valientes pillos! Pero aquello es vivir.... + +_La Sanguijuelera_ iba casi todos los das a ver a su sobrina. Cuando le +llev a Mariano, Isidora se afligi grandemente, porque estaba tan +flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conoca. La +fiebre le haba dejado en los puros huesos, y la piel se le +transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espritu +mismo, haba dejado el mal huellas quizs ms profundas, porque hablaba +poco, contestaba tardamente, cual si necesitara mucho tiempo para +recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su +hermana con espantados ojos. + +Ya ves--dijo Isidora, sin saber qu trminos emplear para dar una +explicacin de su estado miserable--. Ya ves a dnde me han trado las +picardas, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando +idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley... +Y t, qu has hecho? Cuntame. Has estado malo! Ves? Si no hubieras +salido de casa de la ta, ella te habra cuidado bien. Qu tremenda +leccin!. + +Mariano no deca nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto +miraba al suelo como al rostro de su hermana. + +No me dices nada?--pregunt ella impaciente--. Te has vuelto mudo? +Esa cara, ese mirar, qu son?, arrepentimiento o seal de mayor +barbarie? Ah! Mariano, Mariano; el nico consuelo que podra tener yo +ahora es verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa +cabeza, abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contstame.... + +Y, dndole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza. + +Su seora gasta ahora pocas palabras--dijo Encarnacin--. Le hemos de +poner dentro de un cntaro en un cuarto obscuro, como a las maricas, +para ensearle a hablar... Quieres ver t que pronto se despabila el +pjaro? Pues ensale el caamn. Vers.... + +Metiendo la mano en su bolsillo, sac una peseta y la mostr al +muchacho, cuyos ojos soolientos se reanimaron de sbito, y alz la mano +haca la moneda, diciendo con un gruido: + +_Pa m_. + +--S, para ti estaba--dijo, riendo _la Sanguijuelera_, guardndose la +moneda con ms viveza que un prestidigitador. + +Mariano mir a su hermana, la cual, compadecida, ech mano a la +faltriquera, y sacando dos pesetas diselas al chico. + +Para ti..., pero con la condicin de que has de contarme lo que has +hecho en todo este tiempo, cmo caste enfermo, cmo has vivido, quin +te ha dado de comer.... + +Con gran prontitud se guard _Pecado_ su dinero, y alzando los hombros y +echando de s un enorme suspiro, pronunci torpemente estas palabras: + +Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no +me ha pasado nada. + +--Nos hemos enterado. + +--Tiene seco el entendimiento--indic _la Sanguijuelera_--. La calentura +le abras los sesos. Dice el seorito Miquis que le d baos en el ro. +Oye t--aadi alzando la voz, como cuando se habla con un sordo--: +quieres trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?. + +Como si nada oyera, Mariano se levant desperezndose, y dijo: + +Me voy. + +--Alto ah, amiguito--replic Encarnacin siguindole--. Has de +arrastrar una calza como los pollos. No saldrs sin mi compaa. + +Pero Mariano no le haca caso y sali. La vieja fue detrs de l, +gritando: + +Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo tambin +tengo buenos remos. + +Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz +hermano, y deca: + +Imbcil, imbcil!... As no sentir nada... Y yo, cada vez con ms +talento para pensar, para comparar... Qu desgraciada soy, y l qu +feliz!. + + +=--III--= + +Tres das despus volvi Mariano solo. Pareca ms gil, ms +despabilado, ms dueo de su pensamiento y de su palabra. + +Vienes solo?--le pregunt Isidora, asombrada de que no le acompaara +su ta. + +--Solito. + +--Y tu ta Encarnacin? + +--La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito +que me lleven y me traigan. + +--Has ido al trabajo? + +--S. + +--Mentiroso! + +--Mira--dijo _Pecado_ abriendo su mano y mostrando algunas pesetas. + +--Quin te ha dado eso? + +--_Gaitica_. + +--Gai...? + +--Tica, tica. No lo conoces? Es un caballero, un amigo mo. + +--Y por qu te ha dado ese dinero? + +--Porque me lo gan. + +--Cmo?. + +Mariano guard las monedas para dejar desembarazada la mano, meti esta +luego por una abertura de su pantaln y... + +Aqu no nos ve nadie?...--pregunt receloso mirando a las paredes y a +la puerta. + +--Nadie. + +--Porque si me guipan.... + +Y sac del bolsillo un objeto cilndrico, largo, como de media tercia, +de dos pulgadas de dimetro. Era un canuto fuertemente liado con +bramante. + +Qu es eso? + +--Un petardo. + +--Ah!, eso que estalla?--exclam Isidora con espanto--. Y va a +estallar aqu!... + +--Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para +esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando +revent cayeron todos los cristales de dos casas. + +--Y te ocupas en eso? Brbaro!... No lo digo porque me importe nada +que el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondra, +si pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos +los palacios de esa gente egosta que nos quita lo nuestro. + +--Lo pondremos--replic Mariano, haciendo de la malignidad y de la +estupidez una sola expresin. + +--Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez +de hacerla con caones. Qu resulta? Que suena mucho, que se asustan +los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas +personas, y nada ms. Simplezas y pamplinas! + +--Pondremos uno de este tamao--dijo _Pecado_, expresando con la +distancia de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista--. +Hay en Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que deba ser +para nosotros, eh? + +--Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan +nuestro nombre, nuestra representacin social; nos meten en calabozos +inmundos, nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo +que roban. El mundo est perdido. Si no sale alguien que le vuelva del +revs y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba... + +--Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo--repiti Mariano con el gozo +de quien ha encontrado la frmula de un pensamiento que no ha sabido +expresar--. Sabes?... Cosas que pasan! Ayer he visto al seorito +Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos seoras, dos tas, eh?, y +un caballero. Pareca un marqus. + +--No le nombres delante de m--dijo Isidora cerrando los ojos. + +--Cunto ha robado!--exclam el muchacho con cierta efusin--. Y +nosotros tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos! + +--Oh!--exclam Isidora sintiendo un nudo en la garganta--. Dios nos +proteger. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por +ahora...; pero esto ha de cambiar. Quin sabe lo que pasar el mejor +da? Yo he ledo que los soberbios sern humillados y los humildes +ensalzados. + +Interpretacin tan singular del texto evanglico cay en el cerebro de +Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y +fructificaron en l las ideas ms extraas. + +Ellos nos han quitado lo que es nuestro, verdad, hermana?. + +Isidora rompi a llorar. + +S, s, s--dijo entre lgrimas y sollozos--. Picarda tras picarda, +nos han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... Cmo? +Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. T y yo +tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han +quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una crcel. Pues +contigo harn lo mismo, y nos ahorcarn, si pueden. + +Oa Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de +elocuencia. + +Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos perteneca. Pues +ya ves: crcel, infamia, pobreza. T y yo seremos mendigos o Dios sabe +qu. Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo +mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a +nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman +pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos +vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero, +tienen la conciencia de los jueces... Que me den a m el dinero, aunque +slo sea por ocho das, y vern lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya +ves, nos abrasan, nos matan. Qu es la ley? Una engaifa, una farsa. +Los que la representan, qu son sino ladrones? La autoridad..., ah!, +qu gracia me hace a m la autoridad! Es la comedia de las comedias, +mal representada para engaarnos, para explotarnos. + +--Les pondremos un petardo, eh? + +--Uno? Cuatro mil; un milln!... T eres un infeliz, chico, y no sabes +lo mala que es esa gente. + +Siguieron hablando de esto, y al da siguiente hablaron de lo mismo, +porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba +fcilmente. A medida que sus ilusiones decaan, determinbase en su alma +un cambio de sentimientos; simpatizaba ms con el pueblo, a quien crea +oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo ms +extrao era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiramos llamar +coquetera de la desgracia, segua encariada con el bonito papel de +Mara Antonieta en la Conserjera. Pero en aquel caso la buena reina +estaba martirizada por la cruel y egosta aristocracia, de donde vena +que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los +descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo, +unida a todo el despecho de su corazn, le hubiera hecho tolerar la +grosera y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba +vida en su mente a una gallarda utopa, es decir, a la existencia +posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida. +Pero esto, no era una atrevida excursin al porvenir? Algo de genial +haba en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, sola poner +fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: Qu talento +tengo y qu cosas me ocurren!. + + + + +Captulo XIV + +De aquellas cosas que pasan... + + +=--I--= + +Desde que Mariano empez a entonarse, su ta Encarnacin no poda hacer +carrera de l. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente +ineficaces contra l. Ms le habra gustado a la buena mujer verle +travieso, enredador e indomable como en su niez, que observar aquella +indolencia taciturna, aquella ttrica quietud, semejante al acecho de +las bestias carnvoras, en las cuales la paciencia es precursora de la +ferocidad. + +En qu piensas, animal?--le deca bruscamente--. Vas a inventar la +plvora o qu? Eres un talego. Por qu te ests dos horas mirando al +suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano, +puales! Vas a hacer el Almanaque del empedrado? Qu poste! Tu +hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. T llevas otro camino, +pero llegars al mismo fin. Por qu no trabajas? + +--Porque no me da la gana..., _hala_...--responda Mariano saliendo de +su somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco. + +--Pues ve a que te mantenga el obispo. + +--No necesito que usted me mantenga. Tengo de ac. + +--Anda, anda, chaval desorejado!... Y con qu tipos te ajuntars t +para allegar eso! Qu diabluras haces? En qu te ocupas por las +noches? Qu llevas aqu debajo de la blusa? + +--El copn. + +--Jo... ss! Qu blasfemias dices! Mira, mira, t y yo haremos malas +migas. Si sigues as, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El da en +que te den garrote ir a verte. + +--_Aur!..._--murmur _Pecado_ con gutural sonido. + +Y se march despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada, +la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos +das, dando a su terico paseo una direccin determinada, base a casa +de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro, +por quien conservaba ligera inclinacin, parecida al afecto. Lleg al +taller un da (enero del 77) y encontr al buen cataln festivo y +engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos. + +Hola, tagarote, qu buscas por aqu?--le dijo, tocado de aquella +verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos--. +Sintate. Pues todava mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez +ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratn acabado de nacer... Te +digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aqu no se gastan +cumplidos. Conque cuntame: trabajas o no?. + +Mariano quiso contestar que no trabajara ms a jornal; pero Bou tena +tantas ganas de decir algo, que le cort la palabra con la suya +inagotable, dicindole as: + +Aprovecho esta ocasin para decirte que tu hermana es una loca, una mal +agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza +destornillada. Yo la quise como yo s querer, y me hubiera casado con +ella. _Voto va Deu_, de buena me he librado! Porque tu hermana es una +calamidad. Ah la tienes en la crcel por terca, porque se ha empeado +en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdicono. En fin, +ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mo; y no +creas lo que dicen por ah, no; no es cierto que yo me gastara con ella +lo que me saqu a la lotera y la herencia de mi to. En total, no me +pellizc arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quit de +entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico, +hay Providencia. Mi dinero se salv en un papel, el auto de prisin; +porque trapitos por aqu, trapitos por all, el caprichito _A_, la +chuchera _B_, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en +una maana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su +corazn, lleno de apetitos, est escrito con letras de oro abajo los +ricos!. Buena pieza, s. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve +aquella cara, cmo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos +ojos divinos, donde tienen su madriguera los ngeles, cmo ha de pensar +que estos ngeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba +ciego, yo estaba tonto. Cuando me mand la primera carta con su padrino, +pidindome socorros, me pareci que se me abran las puertas del cielo. +Esta es la ma, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella +aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglbamos +una casita; yo estaba embobado; quera probar las delicias del mundo, +cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se qued con la +copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gust, +tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, seores, conozco +sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; s lo que +cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipacin inmoral +de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla +abajo. Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. Se hace el mal?, pues +nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si +eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que +ha hecho tu hermana conmigo. La saqu de la miseria, la vest, la calc, +le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abra la boca y +yo abra el bolsillo, y _palante_ siempre. Pues mira el pago. Dice que +soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de +flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y +me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas +cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me +importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con +qu pagar el cuarto en la crcel. La pondrn en aquellas grandiosas +salas, donde podr pasearse y comer y dormir con aquellas lindas +duquesas y baronesas que estn all por hurtos, lesiones y otras +gracias. Bien merecido. Ella no te preguntar por m. Si te pregunta, le +dices que el seor _Ipecacuana_ (as me llama) est contento de haberla +perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el +sentido comn, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes, +que buscar una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del +pueblo, me ro de su aristocracia estpida, y que me alegrara de que +todos los aristcratas y chupadores juntos no tuvieran ms que un solo +pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez. + +Ms hubiera dicho, pero la tos, que por lo homrica, tena cierta +semejanza con la risa de los dioses, le invadi de sbito y all fue +Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derram abundante lloro, +mientras el otro, ms cerrado que arca de avaro, no daba seales de +existencia. + +Y ahora--continu Bou, gozoso del mutismo de Mariano--, si quieres que +te d consejos, te los dar. Porque t tan callado, t tan sombro, no +vienes a que te d trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga +millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres +trabajar, no trabajes. En este mundo, el que ms trabaja tiene +probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotera +o alguna herencia. T eres listo; busca un negocio atrevido, emprende +algo, especula con la candidez de los dems. Yo he visto mucho mundo, y +s que los ms pillos son los que tienen ms dinero. Cuando t lo +tengas, gstalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darn el +suyo; as es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea +con un gran escndalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para +decir: Qu brbaro es!. Aqu hay dos papeles, el de vctima o el de +verdugo. Cul vale ms? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se +pueda. El pueblo est sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay +en la nacin. No hay ms que dos caminos: o acabar de una vez con todos +los grandes, lo cual no es fcil, o meterse entre ellos y aprender sus +marrulleras y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar +_palantito_. + +--Yo--dijo Mariano con sbita animacin--quiero que se hable de m. + +--Que hablen de ti!..., pues mete ruido. + +--Lo que es ruido..., ya lo meto--replic Mariano. + +--Cmo? Con un cencerro? + +--Con esto--dijo Mariano mostrando un canuto. + +--Ah! Tunante!...--exclam Bou muy asombrado de ver el instrumento +msico que el chico mostraba--. Conque t te ocupas... Pues mira: desde +hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende +al pueblo. Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores +y dems escoria! Oye t, mrame a la cara. Me ves bien? Pues este que +aqu ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio +al Poder pblico; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que +represente la autoridad usurpada y la ley tirnica, lo hace cara a cara, +a pecho descubierto, ponindose entre el peligro y la inmortalidad, +entre el verdugo y la gloria. Pero disparar cohetes en la sombra, +asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden pblico!... +Reflexiona, hijo mo--aadi, despus de una pausa, con tonillo de +propaganda evanglica que saba adoptar en ciertos casos--; reflexiona +en que si quieres educar tus virtudes cvicas, y llegar al grado de +estimacin pblica a que hemos llegado los que estamos llenos de +heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido +ratas.... + +Dios sabe a dnde habra llegado por este brillante camino, si Mariano +no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado +fisiolgico en que se encontraba, su lgubre atona se interrumpi +bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de irona +dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como +alma que lleva el diablo. + +Este chico tiene algo--dijo Bou para s. + +Olvidndose luego del muchacho, sigui pausadamente los pasos contados +de su metdica vida; pase un poco por la tarde, comi despus, fue al +caf, regres a su casa, y cuando se estaba acostando, ay Dios!, oyose +un estrpito tal, que no pareca sino que reventaba una mina junto a la +casa y que esta se vena abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido +dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos +mil, la puerta de la casa salt del quicio, y el vecindario, +alarmadsimo, sala gritando a la calle con pnico horrible... + +Ah pillete aristcrata!--dijo Bou serenndose al comprender lo que +era--. Si te cojo!.... + + +=--II--= + +Y algunos das despus de esto, Mariano estaba en la encrucijada que +llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vas que all concurren, +sin saber cul escoger para entrar por ella. Oigmosle: + +Ir a casa de mi ta? No, que llama a los de Orden pblico y me cogen. +Ir a ver a mi hermana? No, que estar all _Gaitica_. A dnde ir?... +Dejmonos ir. Por aqu, por la Carrera abajo, ver la gente que va a +paseo, ver los coches, subir al Retiro, y me estar all toda la +tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de +nada... Ya empieza a pasar la pillera. All va un coche..., y otro y +otro. Toma, aquel es de ministro. _Chupa--gente_, sabe el coche? +_Oigast_, y si le dijeran: Suelte lo que no es suyo?.... Ah va +otro. Cunto habr robado ese hombre para llevar cocheros con tanto +galn!... Anda, anda, y all va un cochero montado en el caballo de la +derecha, con su gorrete azul y charretera... Eh!, y en el coche van dos +seoras... Vaya unas tas, y cmo se revuelcan en los cojines! _Oigan +usts_, de dnde han sacado tanto encaje? Y qu abrigaditas con sus +pieles... Pues yo tuve anoche mucho fro, y ando con los zapatos rotos. +Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado. +Valientes tas!... Subir por el Dos de Mayo. Por aqu va mucha gente a +pie. + +Este Retiro es bonito; slo que..., de aquellas cosas que pasan, +habiendo tantos que tienen fro, el pueblo deba venir aqu a cortar +lea... Entro por este paseo de los muecos de piedra con las manos y +las narices rotas. Qu feos son!... Hola, hola, niitos con guantes? +Y cuntos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la +criada haba para vestir a cuatro mil pobres... El pap debe de haber +robado mucho. Est gordo como un lechn... De consiguiente, que lo abran +en canal... Tomemos por aqu a la derecha, para ir a la Casa de +Fieras... Pero no entrar; estoy cansado de verlas. Puo, cunto coche! +All va D. Melchor acompaando a dos nias. S, para ti estaban, bruto. +Son las nias de Pez. Y el Sr. Pez va tambin con la gran tripa llena de +billetes de Banco, que ha tragado... Ms coches, ms coches, ms. Bien +dice el maestro que lo bueno sera que toda esta gente no tuviera ms +que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente, +todos viviramos al pelo... Pero qu es aquello que viene all? Ah!, +ya s. Primero un batidor a caballo. Despus el gran coche con seis +caballos... Puo, y toda esa gente de galones, para qu sirve? Miale, +miale, cmo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella tambin +saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habr que vus arregle. +Yo lo que digo es que muerto el perro se acab la rabia, y que muerta la +cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que +les vean mejor. Ahora vuelven para ac; ya vus hemos visto bien. + +Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazn, a dnde +irais a parar todos? Todos os pasarais al partido de los pobres. +Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. Abajo los +ladrones!... Puo, vienen ms coches, todos con tas brujas o con mozas +guapas muy tiesas. Ya, ya; sombrillita para que el sol no les queme las +caras? Pues yo, tas brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos +rotos, y la blusa rota, muerto de fro; con que... Eh!... Quin es +aquel que va a caballo? No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de +persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos +das ha ganado al juego muchos miles. Ladrn, ruletero, chulapo, +ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a m y no me saluda; +apostamos? Aqu viene; me acercar para que me vea. Le hablar en +flamenco. Buenas tardes, ze Zurupa. + +Esto deca Mariano acercndose a un jinete que avanzaba por la orilla +del paseo, montado en un caballo espaol puro, de cuello corvo y +movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre +bromas y veras, sacudi el siniestro brazo, y con el ltigo, quizs sin +pensarlo, le cruz la cara, dicindole: _Granujilla_.... + + +=--III--= + +En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles +y la catadura ordinaria de sus habitaciones, pareca ser la misma en que +Joaqun e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta +historia quedan contadas, hallronse juntos otro da Mariano y el +caballero (llmase as porque iba a caballo) designado con el nombre de +_Gaitica_. Entr Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin +saludarle le dijo: + +Vengo _a_ por aquello. + +--Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roo nio. + +Sac tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arroj sobre la mesa. + +El otro da--dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje--me dio +usted un latigazo. + +--Nio, fue sin querer. Pues qu, a un roo caballero como t se le dan +latigazos?... Taco, y qu orgullo vas echando!... Roer! tame esa +mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algn da necesitas una roa +peseta, vente ac. Si algn da no tienes qu comer, no faltar ac un +roo pedazo de pan que darte. Comers las sobras de la mesa. Eres un +roo gandul, un roo holgazn, un roo bergante, y acabars en presidio. + +--Como usted--dijo Mariano con descaro. + +--Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roo puntapi vas a +parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules +me cargan, taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la +ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre +formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillera; hombre de +negocios, hombre que se puede poner delante del rey, s, seor; porque +es un hombre que paga la contribucin, un hombre de orden, de ley, que +no gusta de or hablar del roo pueblo ni de la roa revolucin; un +hombre, en fin, ms honrado que Dios, ms caritativo que la roa +Biblia. + +Mariano le oa espantado y con despecho. Tambin _Gaitica_, aquel ser +de la ltima gradacin moral, aquel hombre a quien _Pecado_ consideraba +como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeo capital, +adquirido en infames juegos de azar, y quera revestirse de la dignidad +del burgus pacfico, del propietario conservador, y clasificarse entre +los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo +ltimo que a Mariano le quedaba que ver. + +S--prosigui aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano +ms hbil lo har despus--, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a +tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos das, cuando he +ido al Modelo a ver a una prima que est all por unas roas lesiones... +Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le +haba acabado el dinero y tena que pasar a la sala comn. Roer!, un +hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arregl con el alcaide el +pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar +las roas pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es +muy buena y muy seora. Voy a visitarla todos los das y a ofrecerle mis +servicios. Oh!, no es como t, que eres de lo que llaman un parsito, +la polilla del orden social, un vago. T y tus compaeros debis ser +exterminados, porque la roa sociedad..., en fin, yo me entiendo. +Mrchate. Roer!, qu haces ah como una estatua? T no tienes +inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur. + +En el cerebro de Mariano se repercutan, como vibraciones de una +campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos +autnticos del clebre _Gaitica_. Conocido de todo Madrid, este tipo ha +venido a nuestra narracin por la propia fuerza de la realidad. El +narrador no ha hecho ms que limpiar todo lo posible su lenguaje al +transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosera y bestialidad, para +no dejar sino la escoria absolutamente precisa. + +Cuando Mariano se retir aquella noche a su miserable alojamiento, +despus de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin +tomar alimento, sufri un ataque epilptico. Pareca que se desbarataba +en horrorosas convulsiones, y se mordi las manos y se golpe todo, +quedndose maltrecho. Por fin le pas, Dios sabe cmo, y al volver en s +encontrose con una gran novedad en su cerebro: tena una idea; pero una +idea grande, clara, categrica, sinceramente adherida a su inteligencia. +No durmi en toda la noche, no comi nada a la maana siguiente. Tena +momentos de gran temblor y confusin, y otros en que una actividad +febril obligbale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse +en nada ms que en los coches que iban y venan. + +Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su +vida y el pasto de su idea. Rompi toda clase de relaciones, dej de ver +a su hermana, a su ta, a Bou, a _Gaitica_, y con quien nicamente +cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que viva con l y estaba +casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pas tambin sin +dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de +entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro +de l, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque +epilptico, y cuando le pas, disparataba cual si hubiera perdido la +razn. Durmi luego profundamente; levantose alegre, sali, y +dirigindose al Rastro detvose en un puesto a comprar algo. Regate con +discrecin y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que haba +comprado, lo escondi, lo agazap debajo del colchn, diciendo estas +palabras: + +Estte quieta, ah, quieta. + + + + +Captulo XV + +Es o no es? + + +=--I--= + +Generoso seor aquel que evit a Isidora la angustia y el bochorno de +la sala comn, apresurndose a pagar la miserable cuota! Quin era +aquel ser benfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente? +La agraciada no le conoca ms que de haberle visto dos o tres veces en +el cuarto de su vecina (una tal Antoita Surupa, que por ciertos +porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la +impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan +superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al da siguiente de +aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de l, +Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban _Gaitica_ en crculos que +apenas es lcito nombrar, visit solemnemente a Isidora. + +Segn l mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre +de gran mrito, que todo se lo deba a s mismo, pues abandonado de sus +nobles padres y desheredado por sus nobilsimos abuelos (miserias y +bribonadas del mundo y de la ley!), haba tenido que crearse una +posicin con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes hall Isidora +en su nuevo amigo para sentir hacia l simpata y antipata, en +porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y +abandonado, vctima del egosmo de sus padres, le haca sobremanera +interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo ms soez y +chabacano que imaginarse podra. Su figura hermosa, juvenil y hasta +cierto punto elegante, que recordaba la de Joaqun Pez, perda todas sus +ventajas con lo que del alma sala a los labios de tan singular +criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversacin. Por +momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. l, +hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y +persecuciones de que haba sido vctima, cautivaba ms la atencin de la +prisionera. + +La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castao no la +visitaban ya; Bou haba roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Slo +eran constantes D. Jos y _la Sanguijuelera_, que llevaba a _Riqun_. +Joaqun Pez, cuyo trato en aquella soledad habra sido muy grato a +Isidora, estaba en la Habana, desde donde le haba escrito algunas +cartas cariosas. _Riqun_, Encarnacin y Relimpio eran, pues, los +nicos que llevaban la alegra, la distraccin y la esperanza a la +triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando +con la bondad de la celadora. + +Miquis fue a verla un da para anunciarle la visita definitiva de Muoz +y Nones. + +Oye t, gran mujer--le dijo--: maana viene mi querido suegro. Recbelo +como se merece. Le habl de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo +posible. Te hablar largo de tu pleito y de tu causa criminal, y +poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las har ver claras y sin +telaraas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las +cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades +valen ms que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son +verdad pura. Lo que l te diga tmalo como el Evangelio. Si trata de +encarrilarte por el camino _A_ o el camino _B_ (aqu de nuestro +_Ipecacuana_), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a +un lado, como se deja una corona de teatro despus de acabada la +representacin. As como se hace examen de conciencia antes de confesar, +haz ahora examen de tonteras para que las abjures todas. Acopia sentido +comn y ensyate toda esta noche en apreciar la extensin verdadera, el +nmero y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasa +quiera llevarte a una apreciacin falsa de la realidad, date un gran +pellizco..., y por ltimo, no coquetees delante de mi suegro, porque, +aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y +podra suceder.... + +La primera impresin de Isidora al ver entrar a Muoz y Nones fue muy +grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la +Naturaleza en figura, modales, gracia de expresin y don de gentes. Su +edad no pasaba de cincuenta aos, y vesta con pulcritud y correccin. +Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la +fundacin de una _Penitenciara para jvenes delincuentes_, le +caracterizaba, en primer trmino. Era adems hombre que miraba con +extraordinaria penetracin a las personas con quienes hablaba, y que +para aprobar y afirmar deca siempre: _Mucho, mucho_, y para negar +empleaba irrevocablemente la frase _no hay tal cosa, ni ese es el +camino_. No usaba ms que una comparacin. Para l, todo era... _como la +luz del medioda_. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en +invierno, significaba algo, Muoz y Nones era un hombre singularsimo en +esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre +grueso de otro, Muoz y Nones debe ser puesto en la categora de los que +viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y +un mucho simptico, acabar de pintarle por fuera. Su franqueza le haba +valido algunos disgustos, pero tambin grandes triunfos, porque el culto +de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales +no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la +esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con +sus xitos, deca el gran notario que _tambin la honradez es negocio_. + +La seora marquesa--dijo Muoz despus de los saludos--est en las +mejores disposiciones respecto a usted. No s si sabr usted que esa +seora es un ngel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo +yo, y basta. Imagnese usted el ser ms bondadoso, ms prudente, ms +sensible y carioso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginacin +ser siempre inferior a la marquesa de Aransis. + +--No lo dudo--replic Isidora, contrariada, porque habra querido or +hablar mal de su abuela, dado que lo fuese--. La seora marquesa ser +muy buena, aunque en este caso mo... + +--Pero, criatura--dijo Muoz sin poderse contener--, todava no se ha +curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... Todava cree +usted pertenecer a la casa de Aransis? + +--Acaso me han probado lo contrario? + +--Probado!... Si est ms claro que la luz del medioda! No se trata +ya del pleito de filiacin, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada. +Empese usted en seguirlo adelante, y consumir su vida, su dinero y su +salud intilmente. + +Isidora sudaba. + +De modo--dijo esforzndose en vencer su abatimiento y espolear sus +nimos decados--, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la +falsificacin? + +--Conque paparrucha?... Ay nia, nia, usted no sabe lo que se dice! +La falsificacin es tan clara, tan evidente como la luz del medioda. El +Tribunal lo ha declarado categricamente. El pleito de filiacin carece +de base y se cae, como un castillo de naipes. + +Isidora sinti que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto +daba vueltas, que Muoz y Nones se reproduca en infinitas imgenes o +copias del mismo Muoz y Nones. + +Explquese usted...--balbuci con voz dolorida, cerrando los ojos--No +puedo entender... + +--Pues muy sencillo... Pero se pone usted mala? Un vasito de agua... + +--No es nada. Usted qu entiende de estas cosas... + +--Mucho, mucho. La falsificacin existe. Que usted no es autora de ella, +no tiene duda, pues se perpetr ese delito, segn todas las apariencias, +cuando usted tena tres aos. + +--Entonces... + +--Su padre de usted, Toms Rufete, era un hombre ligero, de costumbres +desordenadas. Le conoc, le tuve de escribiente. Muchas veces le prest +dinero que no me devolvi; pero esto no hace al caso ni ese es el +camino... + +--Mi padre!... Usted est seguro de que era mi padre?--exclam Isidora +sacando fuerzas no se sabe de dnde--. Estas cosas no se pueden apreciar +as, seor mo. + +--Pues no se han de poder apreciar, seora ma? Yo me contento con +decir que la casa de Aransis no ha tenido parte mnima en echarla a +usted al mundo. Dos chicos nacieron de una seorita desgraciada... + +--Usted la conoci?--dijo Isidora con energa apelando a un recurso de +gran efecto. + +--S. + +--Me ha mirado usted bien?. + +Muoz y Nones, que ya la haba mirado bien, consecuente con la dulce +aficin declarada por Miquis, la volvi a mirar. + +En efecto--dijo sonriendo--, es usted muy guapa. + +--Y no halla usted semejanza...? + +--En la Naturaleza--replic Muoz muy serio--se observan fenmenos de +semejanza... Sin embargo, usted y Virginia slo se parecen como dos +mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo..., +pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco. + +Isidora no pudo contener su dolor. Se ech a llorar. + +Aunque se aflija, para m la verdad es lo primero. No hay semejanza ni +ese es el camino. + +--Oh! Seor Muoz--dijo ella con extraordinario nfasis--; si usted en +esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que +es usted el hombre ms malo, el mayor monstruo... + +--Crea usted lo que quiera. Tengo yo fama de monstruo? + +--No, no. Dir a usted.... + +Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese +rodeada de pas, mova los brazos queriendo expresar con ellos una +conviccin ms enrgica que la que expresaban los labios. + +De modo que segn usted, segn usted, seor Nones, yo soy, yo soy... +una cualquiera. + +--Segn lo que usted entienda por _una cualquiera_. Lo que yo afirmo es +que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido vctima +de un gran engao. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a +averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Toms Rufete, +logrando engaar primero a D. Santiago Quijano y despus a su hija... + +--Conoci usted a mi to el Cannigo? + +--Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres ms +sencillos, hablemos claramente, ms tonto que han comido pan en el +mundo. Le trat mucho. Qu hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer +que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha +una panadera. Tambin le hicimos creer que la baba del conejo era +venenosa, y consult cuatro mdicos y se cauteriz un brazo. Se le daban +las bromas ms extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco +valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armbamos una camorra por +cualquier tontera. Uno de nosotros se finga agraviado. Los dems +acalorbamos la disputa. No haba ms remedio que batirse. Quijano haca +de tripas corazn. Le llevbamos al campo del honor, donde con mucho +miedo, pero con tesn muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas +como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extrao +es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las +estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escriba clsicamente, lea +novelas, era muy apasionado de las cosas aristocrticas, se saba de +memoria el _Becerro_, y tena en la punta de la ua todos los linajes de +Espaa. Juzgue usted si ese santo varn era que ni pintado para sostener +un bromazo que Toms Rufete quiso dar a sus hijos. + +--Esas historias, seor Nones--dijo Isidora aparentando una firmeza que +no tena--, nada me prueban. + +--Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel +de Artillera, cuya nombre debe usted saber, se present en el despacho +de Andru, primo y compaero mo, hace quince aos, y le habl de un +asunto penoso y delicado. Al da siguiente Andru haba extendido un +documento que llamamos _acta de reconocimiento_. En l reconoca como +hijos suyos a una nia... (paciencia..., djeme usted concluir), a una +nia y un nio, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada +joven que, digmoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de +fisonoma, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento haca +constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y +deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual viva... sabe usted +dnde? + +--Yo qu he de saber?--replic Isidora con desvo y detestable humor. + +Muoz y Nones se levant. Dirigindose a la reja, y mirando hacia la +calle, seal una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las +Comendadoras. + +Quin viva en aquella casa? + +--Yo. + +--Toms Rufete tena por vecino en el piso tercero a un licenciado de la +Guardia civil. Se acuerda usted? + +--Yo no. + +--Tampoco recuerda usted cuando se quem esa casa? + +--De eso tengo una idea; era yo muy nia. Mi hermanito empezaba a andar +entonces. + +--Mucho, mucho. Cuando se quem la casa, Nicols Font... + +--El guardia civil? + +--Estaba enfermo de gravedad. Lo que pas aquel da no lo s. Font muere +ms tarde; la nia tambin; la viuda se va a vivir a Getafe; el nio es +recogido ms adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se +presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su +padre difunto, en una tradicin de familia y en varios documentos. Las +partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron +de ser substradas de casa de Font el da del incendio. Pero hay otro +documento: el acta hecha por Andru. En ella aparece una novedad y es +que el nombre de Nicols Font aparece sustituido por el de Toms Rufete. +La falsificacin est hecha con suma habilidad, y las circunstancias le +favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por +su pap, y que es tan pap de usted como mo; han muerto la mujer de +Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andru. Se busca en el +protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitucin o enmienda. +Toms Rufete vivi en gran intimidad con un escribiente de mi +compaero... Va usted atando cabos?... + +--Yo no ato ningn cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones--dijo Isidora, +dndose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del +notario. + +--Ahora lo veremos. Se busca al cmplice de Toms Rufete, a quien Andru +despidi hace aos por infiel. Es medio qumico y muy hbil; pero su +principal habilidad est en huir de la justicia. Se entrega el documento +original a los peritos calgrafos y qumicos, y al instante la falsedad +salta a la vista. Hecha con precipitacin, es mucho ms grosera que la +de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de +filiacin ha presentado testimonios tan dbiles; como la prueba ha sido +tan flojsima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a +usted, es casi seguro que ir a presidio por delito de usurpacin de +estado civil. + +--Yo no soy falsificadora--afirm Isidora quedndose como una muerta... + +--Qu gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un +derecho, y con testimonios dbiles y documentos apcrifos trata de +usurpar un puesto que no le corresponde. + +La de Rufete estaba humillada y abatida. Difcilmente entraba en su +cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas +sostena, resultaba un decaimiento parecido a la agona de morir. Nones +la miraba en silencio, esperando una palabra. + +Dgame usted--murmur ella al fin con temor--, qu tengo que hacer +para evitar... eso de ir a presidio? + +--Declarar que ha sido engaada; descargar su responsabilidad sobre su +seor papato, reconocer que no tiene derecho alguno... + +--Y quin me asegura que no lo tengo?...--volvi a decir, +reaccionndose. + +El instinto de conservacin de su error era tan grande, que este +necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muoz y Nones +tom su sombrero. + +No se vaya usted, no--dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras +dudas--. Hbleme algo ms. No estoy convencida, pero dudo. Oh! Si me +muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta +fe, qu dichosa sera! Seor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto +lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engaar. +Jreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi +derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizs pueda +yo empezar a acostumbrarme a esta idea... + +--Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No +hay motivo para tanta afliccin ni ese es el camino. Una existencia +humilde y sin los desasosiegos de la ambicin, puede hacerla a usted +dichosa. La seora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un +auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestin un corte +rpido y decisivo. La seora est disgustadsima; aborrece el escndalo +y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es trado y llevado +por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La seora no +duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera an, +consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus +esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a +los pleiteantes tercos, y usted, empendose en seguir adelante, puede +prolongar el litigio sin ningn fruto para usted y con cien +probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y +le doy a usted unos das de trmino para que lo piense bien. Mi yerno me +ha dicho qu tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque +ofuscada por desvaros y falsas apreciaciones de la vida. Si usted +lograra ver cada cosa como es realmente, estbamos de la otra parte. +Conque... nimo. Y para concluir: s que tiene usted un hermanito que es +una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando +inauguremos la _Penitenciara para jvenes delincuentes_. Le +reformaremos, y usted... trate de reformarse. + + +=--II--= + +Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista, +el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida. +Olvidada de molestias y humillaciones de la crcel, no tena seso ni +corazn ms que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de l; +porque s, era un problema semejante a una llaga, un problema que la +enloqueca como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una +lcera abierta en lo ms delicado y profundo de sus entraas. La +pavorosa duda tena alternativas y lances de batalla. Ya venca la +conviccin, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario, +triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de +sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenan +tantas ideas, tantas frmulas de investigacin, tantos ni tan variados +argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella +tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres das +sucesivos. Porque diablica era ciertamente la claridad e insistencia +conque surgan en su mente todos los argumentos negativos de su derecho. +Ella quera rechazarlos, y ellos crecan fortalecindose, vestidos con +la inmaculada vestidura de lo evidente. S, su to el Cannigo era +tonto. No poda dar ella mil testimonios de sus necias credulidades? +Ella misma le haba imbuido algunas veces ideas sumamente extraas. + +Como D. Jos, su to el Cannigo daba calor en su entendimiento a las +ideas ms absurdas, las fomentaba y se engrea con ellas. Su to, +engaado por Rufete, haba representado con ella la comedia funesta que +tan desgraciada la haba hecho. Cuntas veces en las noches del +invierno l la embelesaba dicindole que sera marquesa, que tendra +palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de +_Las mil y una noches_! l la haba enseado a no trabajar, a esperarlo +todo de una herencia, a soar con grandezas locas, a enamorarse de +fantasmagoras. Habale llenado la cabeza de frivolidades, habale +educado en la contemplacin mental de un orden de vida muy superior a su +verdadero estado. l, cuando ella se cansaba, le deca: Tendrs coche. +Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le deca: Tendrs +veinte modistas a tus rdenes. Decale: Qu palacio el tuyo!, y +otras expresiones que encendan ms y ms en ella el volcn de ambicin +que arda en su pecho... S, su to era tonto, tonto rematado, un hombre +calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la +realidad, el apstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional +que engendra en su estado morboso el pensamiento humano. + +Luego pensaba en su padre. S, s, Toms Rufete era un hombre +desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la +envidia. Bien poda ser verdad lo que Nones deca, y Toms autor de +aquel dramtico sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por +obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en +calidad de transaccin. Esto era razonable. Qu demonio de lgica se +esconda dentro de estas ideas, dndoles cuerpo y vida?... Tambin +pensaba en su madre. Por qu siempre que Toms Rufete hablaba de la +marquesa, de los nios de la marquesa y de la indudable herencia y +estado de estos nios, Francisca Guilln bajaba la cabeza, se pona de +mal humor y no aada palabra alguna a las expresiones de su marido? Su +madre, pues indudablemente deba darle ya este nombre, era una mujer +honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. l le haba impuesto su +infame comedia, y ella, por miedo y quizs por la ilusin de que sus +hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. Por qu su ta +(pues ya no haba duda de que era su ta) se burlaba siempre del +marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. Jos, que en la +declaracin de la prueba haba dado por amor a ella testimonio +favorable, tambin dudaba, s, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien +se le conoca al tenedor de libros que no tena fe en lo de Aransis, +porque hablaba poco de esto y siempre en trminos indecisos. + +Al tercer da de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy +poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora +lleg al colmo de la crisis. Una noche, hallndose sola, corri furiosa +a la reja, se agarr a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que +alborotaron la calle, deca: + +Y, sin embargo, soy noble. Jueces, notarios, abuela, gente toda que me +tenis aqu, yo soy noble!. + +Luego recorra de un ngulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza, +gritando: + +Soy noble, soy noble. No me quitaris mi nobleza, porque es mi esencia, +y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino. + +Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajronle algo +de comer para combatir el desvaro combatiendo la debilidad; pero ella +tir los platos y despidi a las mujeres. + +A m no se me presenta ese bodrio. Eso no es para m--exclamaba--. Que +me traigan mi bao. Yo no puedo vivir sin bao! Que me saquen de esta +pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaqun.... + +Todo fue intil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritacin +trajo a la maana siguiente el agotamiento y con l la remisin de un +mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar +alimento. Se quit el vestido, diciendo que no poda tener encima tales +harapos, y pidi una y otra vez su bao, su querido bao. Por ltimo, le +trajeron a _Riqun_, y vindole y acaricindole, descendi lentamente, +en alas del cario materno, de las borrascosas alturas en que su razn +estaba tan nublada. + + + + +Captulo XVI + +Las ideas de Mariano.--La sntesis + + +_La Sanguijuelera_ acompa a su sobrina a la siguiente maana, +obsequindola con una retahla de preciosos consejos que debieran +reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabidura +humana. + +Lo de tu herencia es ya sal y agua. Despus de tantos mareos y bascas, +has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a +vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo ms obligacin que +mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte. +Cuando te vi en malos andares, te negu un ochavo y te saqu lo que +pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para +este sol cabezudo del mundo... Vas a ser honrada, s o no? Mira, tienes +varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o +te vas en busca de aquel Sr. Botn de otros tiempos y le pides el +estanco que te prometi. Pondremos estanco y cacharrera en dos tiendas +juntas de una buena calle, y no habr quien nos tosa... Pero en mi casa +no entran pantalones; te conviene? Otra cosa te propongo. Quieres ser +ama de cura? Yo conozco un capelln de monjas, ancianito, buen +cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un +gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me est diciendo +siempre que le busque un ama de fundamento... Decdete; estampera, +estanco o religin con llaves?. + +Isidora no contest nada, porque ni siquiera oa lo que Encarnacin +hablaba. Despus nombraron a Mariano. + +Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios. +Est viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de +Ministriles que ms parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un +almacn de vinos, y _Palo--con--ojos_ va al ro. Viviran si l no +bebiera tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le +pega a la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al +suelo. + +Isidora se ech a rer. En el mismo instante, _Riqun_ le daba +bofetadas. + +No se pega, no se pega. + +--Anda, cscale duro... Djale que pegue. Este va a tener ms talento... +Le criaremos para cura de escopeta y perro. Vers qu sermones salen de +esa cabezota. Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa... +Lea a los herejes y protestantes; duro, firme!. + +Acto seguido, Encarnacin cogi al nio por un brazo y se dispuso a +salir. + +A dnde va usted? + +--A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la +gala de la corte de Espaa, que es la primera del orbe mundo. Pero +ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la +Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos +las dos libras y en que haba ms religin, ms aquel, ms principios, +en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y haba ms respeto +a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello +era ser Majestad, aquello era seora y grandeza. Entonces se daban +vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan seora, con +aquel aire... Y con qu cario miraba ella al pueblo! Pareca que iba +diciendo: Aqu tenis a vuestra madre.... Pero ahora...! Pasa la +corte, y todo el mundo _mutis_. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los +pobres estn ms pobres, y la _Minificencia_ no puede recoger a tantos. +La libertad!... Pillera, chica, pillera. Entonces haba ms seoro, +crelo, y donde hay seoro corre el dinero y vive el pobre. Conque +abur, abur. + +Encarnacin sali con _Riqun_, encaminndose hacia el centro de Madrid. +Era da de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario +precisar. Las calles del centro estaban animadsimas. La gente circulaba +alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegra propiamente madrileas, +arremolinndose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que +llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras, +mostraban damas hermosas. El mujero, la militar msica y el cielo de +Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurran a +dar a la solemnidad su expresin caracterstica. + +_La Sanguijuelera_, que haba visto y gozado un nmero infinito de +funciones de tal especie desde la entrada de Mara Cristina hasta la de +D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado, +hallaba en aquel espectculo desinteresados placeres. Encarnaba en s la +novelera, la bullanga y el entusiasmo monrquico del antiguo pueblo de +Madrid. Ella conoca, como se conocen los muebles de la casa, todos los +coches de Palacio, el de carey, el de ncar, el de los globos, y hasta +de los paramentos y arneses poda dar circunstanciada noticia. Conoca +tambin como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de +los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras +particularidades que interesaban ms a la gente antigua que a la +moderna. En cuanto a elegir los sitios ms propios y cmodos para verlo +todo, nadie la igualaba. + +En la calle Mayor encontr a su antigua vecina _Palo--con--ojos_. Esta y +Encarnacin, que alz en sus brazos a _Riqun_, se colocaron en la +embocadura del callejn de San Gins, lugar donde no era grande la +aglomeracin de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de +corrida o apretujones. + +Todava es temprano. Tenemos para un rato--dijo Angustias desatndose y +lindose el pauelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la +gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico. + +--Y mi bergante? + +--Esta maana sali muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando +porque le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar, +con la corbata negra y amarilla que se compr la semana pasada. + +--Anda, anda. + +--Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no s de dnde ha sacado los +cuartos. Yo le dije, digo: Has descargado la borrica?; y l me dijo, +dice: Vyase usted al ac y al all. Pues por ah te pudras. Est..., +vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco +veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco, +las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar +vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no s qu va a ser de l. No +trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted... +Modesto, consejos! l, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a +los pies... + +--Todo sea por Dios--dijo Encarnacin, y ms iba a decir; pero en aquel +momento oyronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo +expectante unido a las frases sueltas Ya vienen, ya vienen. Gran +estupefaccin de _Riqun_, que nunca haba visto cosa ms bonita; +xtasis de _la Sanguijuelera_, que no cerraba el pico un momento al paso +de la comitiva o procesin real, poniendo un comentario a cada parte de +ella. + +Qu viejecitos estn ya los reyes de armas!... Ve usted? Ahora vienen +los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados... +Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos. +Mire usted qu guapos chicos... Ahora viene el coche de ncar..., +penachos verdes. Quin ser este seor con tanto morrin y tanta cruz? +Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos... +Ahora viene lo bueno... Qu preciosas van!..., penachos rojos. + +Y as continu, despachndose a su gusto con progresivo entusiasmo, +hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesin. + +Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?--dijo luego, no saciada +an del goce de aquel variado y teatral espectculo. + +Arremolinose la gente; la tropa maniobr, y entre la revuelta +muchedumbre, _Palo--con--ojos_ distingui a un individuo que iba en +direccin a la Plaza Mayor. + +All va, all va!--grit sealando. + +--Quin? + +--El bergante. + +--S, l es... Mariano, _Pecado_...!. + +Pero Mariano que las vio y oy los gritos de su ta, se hizo el tonto y +apret el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco +despus estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de +aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una +fingida roca, forma un globo elstico, cuyas paredes se ahuecan y se +deprimen segn las bate ms o menos el aire. En la movible costra +lquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imgenes del +jardn y de los transentes. Completaba la fascinacin del globito de +agua un bullido juguetn, en el cual cualquier poeta habra podido or, +con buena voluntad, las risotadas de los nios de las nyades. Mariano +puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos, +y estuvo mirando el extrao surtidor... Dios sabe cunto tiempo. + +As como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo +futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas +an, _Pecado_, cuando se senta dispuesto a la meditacin, resucitaba lo +prximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya +recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio, +pues, todo lo que haba hecho aquel da, casi tan a lo vivo como si an +estuviera pasando. Se haba levantado muy temprano despus de una noche +de desvelos y tortura; habase puesto su camisa limpia y las dems +prendas que estrenaba, mostrando un empeo particular en aparecer con la +facha ms decente que le fuera posible; haba salido y tomado caf en un +puesto de la calle del Ave Mara, y despus se fue a vagar por las +calles. A eso de las diez almorz en una taberna jamn con tomate, que +estaba muy rico, y despus haba comprado un peridico y ledo la mitad +de l, indignndose con todas las picardas que denunciaba, y +participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno. + +Ms tarde pase por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los +cuarteles vena. Bonito estaba todo; pero l lo miraba con desdn y, +sobre la impresin recibida, pona un pensamiento de melanclica burla y +sarcasmo. En un balcn haba visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado, +junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de all, uno +de los Peces (l no los conoca bien, pero deba de ser Luis Pez) +acompaaba en otro balcn a la familia del duque de Tal. Sigui +adelante, y a la vuelta de una esquina encar con el nunca bien +ponderado _Gaitica_, que vena a caballo, hecho un potentado, un +strapa. La extraviada imaginacin de Mariano vea a este personaje cual +si fuese un resumen de todas las altas categoras y la cifra del +encumbramiento personal. Cunta pillera!, exclam para s. + +Todos triunfaban y vivan regaladamente escalando cada da un lugar ms +elevado, mientras l, el pobre y desvalido _Pecado_, permaneca siempre +en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni +fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la +muchedumbre. Por qu era esto, cuando l vala ms que toda aquella +granujera de levita? l, segn las creencias firmes de su hermana, +haba nacido de sangre noble. Le haban sustrado lo suyo, le haban +despojado de todo, arrojndole desnudo y miserable al seno del +populacho, como se arroja al basurero un despojo intil. Quin saba si +muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores, +eran suyas? Quin saba si el dinero de que deban de tener llenos los +bolsillos todos aquellos caballeros y damas proceda de riquezas que en +rigor de la ley le pertenecan a l? Y a quien se diriga para reclamar +lo suyo? A nadie, porque desde el primero al ltimo todos eran +grandsimos pcaros. + +La nacin en masa, qu nacin?, la sociedad entera estaba confabulada +contra l. Qu tena que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a +ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera l +solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. Cmo? Por su +mente rondaba tiempo hacia una idea que resolva la cuestin. La idea y +el propsito de ejecutarla se haban apoderado de l juntamente, +dominndole y llenndole por entero. Idea y propsito eran como una +llaga estimulante en el cerebro, la cual le dola y le comunicaba un +vigor extrao. Repetidas veces haba puesto en ejecucin su pensamiento, +pero cmo?, en sueos, y tambin alguna vez despierto, cediendo como a +una fuerza automtica y fatal que no era su propia fuerza. En estos +casos de repeticin o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y +orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondendose para ver +cundo haba aparecido en l aquella idea y aquel propsito, calculaba +que los tena desde antes de nacer. Tan viejos, tenaces y arraigados le +parecan! + +Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme +tesn que en aquel momento tena, su miedo sera grande. Estaba viendo +el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el +orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No senta miedo, +sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensacin rara +de no dormir nunca, de no reposar jams, de un alerta eterno. Detrs del +punto negro que tena delante y que ya estaba cerca, vea seguro y claro +un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se +ocupara de l dentro de poco le embriagaba, le haca sonrer con cierto +modo diablico y jactancioso. La aberracin de su pensamiento le llevaba +a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia +parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le +ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y mltiple el +enemigo, cmo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de l una +sola persona? + +Rumor de voces, cornetas y msicas anunciaban que el gran cortejo volva +de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad--Rodrigo gan la +calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos, +uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal +modo, que no vea ms que una masa movible y desvada, semejante a los +cambiantes y contorsiones del globo de agua que haba estado mirando +momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyndose en un farol, dijo +para s: Que me da, que me da. Era el ataque epilptico, que se +anunciaba; pero tanto pudo su excitacin, que lo ech fuera, irgui la +cabeza, se sostuvo firme... + +Pas un momento. Nunca haba sentido ms energa, ms resolucin, ms +bros. El ruido de las msicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro +coche. Cuando lleg el que esperaba, Mariano era todo ojos. Mir bien... +En el acto sac de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con +mano no muy firme, sali el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y +estupor en la muchedumbre, gritos, pnico, sacudidas. La bala se +estrell en la pared de enfrente sin hacer dao a nadie, y el autor del +infame atentado cay en una trampa, la indignacin pblica, cuyo +engranaje de brazos y manos le oprima, como si quisiera pulverizarle. + + + + +Captulo XVII + +Disolucin + + +=--I--= + +La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelera, penetr +en los ltimos y ms apartados rincones de Madrid, en los palacios y en +las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo saba, se enteraron del +caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los +presos de la crcel. Las presas fueron las ltimas en saber la +ocurrencia. Lo que agradeceran las cien lenguas del Modelo aquel pasto +riqusimo no es para dicho. Comentronlo de infinitos modos. Una gitana +asegur que ella lo haba soado la noche anterior y otra haca gala de +un entusiasmo monrquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla +para que entrase en vas razonables. La piedad aconsejaba no se revelase +a Isidora un suceso que deba de impresionarla terriblemente; pero a sus +amigas les falt tiempo para decrselo. Ella no lo quera creer; deca +que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco +se fue convenciendo, y ltimamente razonaba el caso de este modo: + +S, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se +vuelve contra m, Dios me deja de su mano. + +Y dicindolo, le entr una pena y una desesperacin tal, que si no +enderezara su espritu en el mismo instante por la va religiosa, habra +estado en peligro de perder la razn. Pidi a la celadora con vivas +instancias la llave del coro, y se fue a l sola, decidida a hacer un +acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su +seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando +al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreci a +la tensin de su espritu un alivio dulce y lento; pero cuando ms +recogida estaba, se le desvaneci la cabeza, inclinose de un lado, y no +teniendo tiempo para asirse a la reja, cay al suelo sin sentido. + +Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en s fue la vuelta de la +desesperacin y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religin, +sino de la libertad, y deca: + +Que me saquen de aqu. Seor Nones, yo firmar lo que usted quiera con +tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi bao, mi casa, +vestirme como debo, y ser honrada y feliz. + +Despus, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano, +increpaba a este con las frases ms duras. Algo haba en lo ntimo de su +ser que representaba como una tmida aprobacin del intento de Mariano, +si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la +barbarie no hallaran jams en su espritu benevolencia ni simpata. Su +hermano era un bandido incorregible; ella era una mrtir angelical. Lo +que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza, +porque el papel de Mara Antonieta en la Conserjera, con ser muy +potico, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la +falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios +a su naturaleza aristocrtica, y la misma corona del martirio, con todo +su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan +horriblemente, que prefera, s, prefera mil veces un sombrero de +ltima moda. Pero, y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no crea +en ellos. Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida +se daa y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun +suponiendo que su dogma fuera verdadero, qu poda obtener de su +insistencia? Nada, porque las leyes todas se haban conjurado contra +ella, y la condenaran y la encerraran en un presidio. Libertad, pues, +y adis para siempre la ilusin de toda su vida, el sostn y fundamento +de su ser moral; adis nobleza, marquesado, fortuna... + +Mas por qu afligirse tanto, si en s misma hallaba Isidora indecibles +consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procurara ser siempre muy +seora. Acaso el verdadero seoro no puede existir sin ttulos y +grandes riquezas? S, s; sera muy seora, muy honrada, muy decente, +arreglara sus cosas, trabajara (otra vez!), pondra el mayor orden en +todos los actos de su vida, educara admirablemente a su hijo, se +casara con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor +ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. Adelante, +adelante--dijo--; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice +Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en +las adversidades. La ma no se dejar vencer de la desesperacin. Plan +magnfico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer +exclusivamente prctica, eso es, prctica. Oh, qu tarde! + +Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio +entrar a D. Jos, el cual vena muy erguido, con los ojos animadsimos, +la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresin particular y +desusada que alarm a Isidora. Sentndose en el nico silln que en la +celda haba, el anciano la contempl con xtasis. Qu haba en l? +Estupidez o desvaro? Isidora le observ con tanta lstima como +sorpresa, diciendo: Padrino...!. + +Relimpio la mir como se mira una visin celeste, y poniendo los ojos en +blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el +delirio de la inspiracin potica, murmur con arrullo estas palabras: + +Hur, hur..., nadie osar ya mancillar tu blancura! Los dragones +todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien +perteneces y que te pertenece. + +Inmediatamente le entr como un acceso congestivo, inclin la cabeza, +cerr los ojos y empez a roncar desaforadamente. Asustadsima, Isidora +le moj la cabeza, le llam a voces, a gritos: Padrino, padrino!. + +Anunciado por un suspiro, reapareci en la persona de D. Jos el +conocimiento de s mismo. Abri el viejo los ojos, suspir ms, y al ver +a Isidora y hacerse cargo de su situacin, se avergonz un poco. + +Ya me ha pasado--dijo frotndose la frente con la palma de la mano--. +Ha sido breve?... He dicho muchos disparates?... No me rias, no me +rias. + +--Pero qu es eso? + +--Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras +debilidades, hija... Miseria humana! He contrado un pequeo vicio; +pero no ha sido por relajacin, no; ha sido por tristeza, por la fuerza +de mis desgracias sin nmero. Creo que me comprenders. + +Isidora, en efecto, no comprenda nada. + +Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos +morales, del corazn--dijo Relimpio con la voz ms dbil y balbuciente +que se puede or--. Cierto da unos amigos me hicieron tomar Champagne. +Qu creers? Hubo en m una revolucin, me entr el mareo, y con el +mareo pas a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre, +fui un caballero, un joven, un hroe, qu s yo... No es cosa buena ser +algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los +efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como +profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ay!, a la miseria +humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca... + +--Don Jos! Don Jos de mi alma! + +--No me rias; te digo que no me rias. Ser algo durante diez minutos! +Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesar todo +con tal que no me rias. Me he comprado una botella de eso que llaman +_fine Champagne_, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando +siento que se me desgarra el corazn y se me retuerce toda el alma, me +tomo mi copita... + +--Padrino! + +--Somos frgiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el +mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas +ms bellas, arriesgadas y sublimes... + +--Por Mara Santsima!--exclam ella ponindole la mano en la boca. + +--En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al +entrar, cre que entraba en un encantado y hermossimo palacio; las +presas me parecieron unas ninfas muy areas, unas como animadas flores, +hijas del viento, qu tal? La escalera, una escalera de plata y la +celadora, un ngel... + +--Jess, basta, basta!... + +--Basta, s; ya pas, ya pas. Hablar ahora de lo que quieras. + +--Es que yo no me fo de esa cabeza... Sin embargo, igame usted, +padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la +persecucin de los malos. Qu infames picardas! Debo o no debo +hacerlo? Respecto a mis derechos, los tengo yo? Son un delirio o una +verdad? Usted que conoci a mis padres, que debi de estar al corriente +de lo que pasaba en su casa, dgame al fin de una vez y con completa +sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad. + +--Hija, querida hija ma--repuso el viejo con una torpeza de palabra y +de pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral--. Sabes lo +que me pasa?... + +--Qu? + +--Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa +anterior a la poca en que viniste a vivir a mi casa de la calle de +Hernn Corts. Ayer estuve todo el da preocupado con una idea, y es que +yo fui un lince en Partida doble. + +--S, s. + +--Pues creers que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime, +madre de todas las dems ciencias, y no poda?... + +--Pobre padrino, pobre padrino!... Se ha enterado usted de la accin +de Mariano? + +--S, hija. Qu deshonra! + +--Qu deshonra!... Dios se ha vuelto contra m, me ha dejado de su +mano. Pero yo me har mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora, +me casar... + +--Casarte!--exclam el viejo con espanto. + +--Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreci su mano, y +aunque me gusta poco, es un hombre de mrito... + +--Casarte...? con el monstruo, con el dragn.... + +Y obedeciendo a una fuerza superior que naca no se sabe en qu parte de +su turbado ser, el tembloroso anciano march hacia la puerta. Iba en +busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada +en la frente, se ech a rer, y mirando a Isidora con gozo, dijo: + +Maldita memoria ma! Ya no me acordaba... + +--De qu? + +--Tranquilzate, Jos. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un +herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; l mismo me lo ha +dicho. + +Isidora medit. + + +=--II--= + +La primera entrevista que tuvo con _la Sanguijuelera_ despus del +atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no haba visto nunca +llorar a su ta, la cual, envejecida considerablemente en aquellos +tristes das, traa un mantn negro echado por la cabeza, con lo que su +aspecto era harto lgubre y repulsivo. No deca sino: Qu pena, qu +bochorno!, y de sus apergaminados labios haban huido los donaires +quizs para siempre. Pareca que se duplicaba, con la comn desgracia, +el cario que a su sobrina tena y que deliraba por _Riqun_. En los +das sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora +acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla +ventajosamente, le deca una y otra vez: + +Decdete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene, +porque as matas de un tiro dos pjaros, _verbo y gracia_: que te +colocas y que salvas el alma, porque en la compaa de aquel santo varn +te hars, aunque no lo quieras, una santa mujer... Ay qu pena, qu +bochorno!. + +No pareca la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a +pesar del risueo horizonte espiritual que le sealaba su ta. + +El honor de la familia--deca luego Encarnacin--est en los calabozos +del Saladero y ha de tener que ver con los seores de la Paz y Caridad. +Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, puales!, +escondmonos donde nadie nos vea, metmonos en un rincn y vivamos +tranquilas, dicindole al Seor: Seor, nosotras no fuimos, nosotras no +tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno; +pero l se junt con los pcaros... y sac de su cabeza otras +picardas. Conque hija, vente a vivir conmigo y olvdate de tus +locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta +Cerrada. + +No estaba an completamente decidida Isidora a comprar la libertad con +la renuncia total de sus pretensiones. Muoz y Nones le hizo otra +visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan +endebles, que el hbil notario los destrua con poco esfuerzo. En cuanto +al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas +esperanzas, y el nico consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana +del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de +este pesaran algo en la balanza de la Justicia. + +Un mes despus de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora +haba perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no +quedaba en su alma sino una grande y disolvente irona. Ya no crea en +si misma, o lo que es lo mismo, ya no crea en nada. Deshojada poco a +poco por una lgica al principio tmida y por ltimo irresistible, +aquella vistosa flor de su presuncin aristocrtica, la cual, a falta de +otras morales, desempeaba en su alma un papel defensivo de primer +orden, qued completamente seca, muerta y ms propia para irrisorio +sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un da llev Muoz +un papel, firmolo Isidora, despus de negarse resueltamente a aceptar el +auxilio que le ofreca la marquesa, y a las dos semanas el juez decret +la absolucin libre. + +A dnde vas ahora?--pregunto con inters de padre D. Jos de +Relimpio. + +Isidora tena un papel en que haba apuntado varias cantidades. Era +mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contradas en la +prisin. + +No se preocupe usted de eso, nia--dijo una voz, la voz spera y +antiptica de un ser humano (por la figura) que apareci en la estancia +cuando la joven fijaba su atencin toda en el funesto papel--. A qu +hora sale usted? A las tres? Dgolo por traer una carretela para +llevarla a usted a mi casa. Usted se entera?. + +Isidora, sentada y apoyando la sien en el puo, pareca estar con su +pensamiento en el ms lejano de los mundos posibles. + +Si usted no aceptara, me ofendera--prosigui el ser humano a quien +Relimpio miraba (dgase de paso) con la expresin ms hostil--. Mi casa +es una casa--palacio. Usted se entera? No le har a usted compaa esta +tarde, porque voy a comer con _Frascuelo_ y el marqus de Torbiscn... +Oigast, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltar un roo +pedazo de pan. Una persona que sale de la crcel no puede hallarse en +disposicin de atender a las primeras necesidades. As, cuando usted +entre por aquella puerta, hallar una modista y un chico de la tienda de +sombreros que ir con muestras..., usted se entera?... Tengo all el +gran cuarto de bao; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a +mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha +de su amiga. Adis... Abur, Pepillo. + +Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de +D. Jos de Relimpio, que este, furioso ya por orse llamar _Pepillo_, no +pudo contener su indignacin, y cuando el ser humano estuvo fuera, +exclam: + +Canalla!... Pero es posible, hija, que t, t, aceptes?... + +--Provisionalmente--dijo Isidora, como si despertara de un desagradable +sueo--. Estoy tan mal...! Necesito.... + +Necesito! Cmo son este verbo en el cerebro del santo varn! Lo haba +odo tantas veces en momentos terribles, que era para l como una voz de +alarma que le erizaba el cabello y le detena la circulacin de la +sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese all la botella, +quizs, quizs la apurase valientemente de un trago. + +Libertad, comodidades, buena ropa, bao, casa, lujo, dinero!... As +como a D. Jos le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora +le atacaba el mismo mal con slo la probabilidad de hacer efectivas las +ideas expresadas por aquellos mgicos vocablos. Cada ser tiene sus +imanes. + +Oh pena de las penas! Cuando D. Jos la vio salir y entrar en la +carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir... +Oh, qu horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cnica lumbrera que +no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan +contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que +el error tiene tambin sus leyes, y que en la marcha del universo cada +prurito aspira a su satisfaccin y la consigue, resultando la armona +total, y este claro--obscuro en que consiste toda la gracia de la +humanidad y todo el chiste del vivir. + +Pero el buen viejo no poda ver aquello. Su espritu se enardeca, sus +sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza +contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir all su +preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba +marearse, s, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal. +Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que +no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y +se meti en la primera taberna que encontr al paso. + + +=--III--= + +Y un da Emilia y Juan Jos Castao vieron entrar en su casa a la gran +Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un seoro, con +un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve +visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la +madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo _Riqun_, que +recogido y amparado en casa de Castao durante los cinco meses de +prisin, miraba a Emilia como madre y a los nios de aquella como sus +hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolucin de Isidora de +llevarse a su hijo, no se atrevi a poner resistencia; pero Juan Jos, +hablando con firmeza y tesn, dijo que no entregara a Joaquinito, +porque Isidora, con su mala conducta, perda los derechos de madre, y +que l estaba decidido a llevar la cuestin a los Tribunales, seguro de +que el juez le autorizara para retener al desgraciado nio en su poder. + +Irritada Isidora, manifest que no admita tales ideas, y ya se agriaba +la cuestin, cuando abriose una puerta y apareci un seor obispo..., +digo, era _Riqun_, el cual traa en la cabeza una gran mitra de papel, +y echando la bendicin graciosamente con su mano derecha, cant en el +latn ms estropajoso que se ha odo jams: _Dominis vobiscum_. + +Conviene hacer constar que los dos chicos de Castao tenan loca aficin +a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy comn en la infancia de +estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestacin +pueril. En el comedor de la casa tenan su magnfico altar, y cada da +ponan en l un objeto nuevo, bien araa, bien cliz o manga--cruz. Por +distintas partes de la casa se vean retablos diminutos, sagrarios y +hasta plpitos improvisados con sillas. ltimamente haban hecho +casullas de papel, y decan sus misas como unos cannigos, echando cada +latn que meta miedo y observando todas las reglas de aquel acto con +notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copn una +huevera, no era motivo de escndalo, porque la inocencia lo santificaba +todo con su carcter altamente divino. _Riqun_ haca al principio de +sacristn; pero empez a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo +tambin sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y +el mucho ruido con que a menudo se disputaban all las jerarquas +eclesisticas, exigan en ocasiones la intervencin de Emilia, que ms +de una vez se prest a ser monaguillo para apaciguar los nimos y +llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel da, que era domingo, +_Riqun_ haba sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando +de pontificial cuando su mam y Juan Jos disputaban. + +Ven--le dijo Isidora sentndole sobre sus rodillas, dndole muchos +besos--, y te har una casulla de oro y un altar de plata. + +El chiquillo la miraba espantado. + +Que l decida--indic Juan Jos tomando al muchacho y ponindole en +medio de la sala--. _Riqun_, quieres irte con tu madre?. + +Tan fuertemente neg con su cabezota, que se le cay la mitra. En +realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su +dicesis para irse con una mala mujer... + +Que no, dices que no?. + +El chico dijo entonces claramente: + +No _quielo_. + +Y ech a correr para dentro. + +No vale, no vale, eso no vale--grit Isidora con afn--. Mi hijo vendr +conmigo. + +A esto siguieron algunas lgrimas, y tomando entonces Castao un tono +conciliador, manifest a la afligida madre que estando el nio en la +ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aqu. Quizs ella, por +sus muchas ocupaciones de seora principal, no podra cuidar y atender a +Su Ilustrsima como mereca, y as, quedndose l donde estaba, ganaban +todos: los ortopedistas, porque conservaban a _Riqun_, a quien miraban +como hijo; Isidora, porque estara ms ancha y podra campar por sus +respetos libremente, y _Riqun_ porque no se vera separado de su +cabildo. Isidora cedi, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su +hijo cuando quisiera. + +Y en efecto, vena dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo +golosinas para _Riqun_ y sus camaradas, y adems velas de cera, clices +de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazn, mitras, estolas, y por +ltimo un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no haba +ms que pedir. Algunas veces se encontraba all con _la Sanguijuelera_, +que tambin a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas +regaaban, si bien Encarnacin haba perdido el humor festivo, y estaba +muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante +la deshonra que haba cado sobre la familia. Cuando se hablaba de esto, +las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundan sus almas en un +solo sentimiento. + +Miquis no viva ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente +a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castao preguntaba +con mucho inters por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete +sali de la crcel, Emilia, dando noticia al mdico de las observaciones +que haca en la persona de aquella, le deca una noche: + +Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado +tanto... Y parece que va descendiendo, que cada da baja un escaloncito. +La primera vez pareca una gran seora: traa un vestido de gro negro y +un sombrero, que ya, ya... Poco despus vena vestida de merino y con +mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareci que +su traje tena algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el +lunes de la semana pasada vino muy plida y quejndose del pecho, con la +voz ronca. El sbado cre observar en su cara algunos cardenales, y +traa una mano liada. Ayer, seor doctor, vino con pauelo a la cabeza, +con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo ms salado de +todo fue... que me pidi dos reales... Debe de andar mal. Como +siempre..., qu carcter y qu vida!. + +Despus hablaron del ser humano con quien Isidora viva, y acerca de l +dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron +mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y +empresario de ganchos, un caballero de condicin tan especial, que si le +mandaran a presidio (y no le mandaran), los asesinos y ladrones se +creeran deshonrados con su compaa. + +Nuestra pobre amiga--dijo Augusto--, llevada de su miserable destino, o +si se quiere ms claro, de su imperfectsima condicin moral, ha +descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender ms +todava. Su hermano y ella han corrido a la perdicin: l ha llegado, +ella llegar. Distintos medios ha empleado cada uno: l ha ido con trote +de bestia, ella con vuelo de pjaro; pero de todos modos y por todas +partes se puede ir a la perdicin, lo mismo por el suelo polvoroso que +por el firmamento azul. + +Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y +otras que omitimos, Isidora estuvo muchos das sin presentarse en la +casa de Emilia. Don Jos tambin se haba eclipsado, por lo que estaban +los de Castao disgustadsimos y llenos de temor. Un da, por fin, entr +Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo: + +Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana. + +--Qu hay, pero qu...? est mala?--pregunt Miquis encasquetndose el +sombrero y tomando el bastn. + +--No, seor..., s, seor..., quiero decir que no est buena, aunque +tampoco est enferma, porque ya se levanta. + +--Es decir, que ha estado mala. + +--S, seor. + +--Y por qu no me avis usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de +todos los demonios? + +--Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted +para que le quite de la cabeza... + +--Qu le he de quitar, hombre? + +--Una idea--dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle. + +--Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: usted +est en su sano juicio, o se ha mareado hoy? + +--No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja. +Desde que vivimos juntos... + +--Cmo? + +--S; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo..., +perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no +cansar, ese basurero animado, la abandon despus de darle tantos +golpes, que por poco la mata; despus de cruzarle la cara... mire usted, +por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue +grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel +rostro celestial, aquel encantador palmito.... + +Se limpi una lgrima con la mano. + +Pues s; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que +pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tom un cuarto en la calle de +Pelayo, nmero 93, piso cuarto, puerta nmero 6, y all ha estado un mes +retirada del mundo sin tratarse con nadie ms que conmigo..., pero +honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo +ms sagrado.... + +Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una +condecoracin, los ojos en blanco, protest el anciano de su honesta +conducta. + +Lo creo, hombre, lo creo. + +--Yo la acompa, yo la asist, mientras se curaba; yo la he servido... +Qu das, qu noches! Yo: Voy a llamar a Miquis; y ella: No llame +usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una +persona annima, yo no existo. En fin, esta maana me dijo unas cosas +que me han partido el corazn. + +--Qu cosas?--pregunt Miquis detenindose en el portal de la casa y +mirando atentamente al desgraciado viejo. + +--Ay!, no puedo repetirlas!--exclam Relimpio llorando como un nio. + + +=--IV--= + +Augusto subi y entr en la casa. Si pasmada y llena de turbacin se +qued Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven mdico al +ver en deplorable facha y catadura a la que conoci en forma tan +distinta. No slo haba perdido grandemente en el aspecto general de su +persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura +haba padecido bastante, a causa del decaimiento general, y ms an del +chirlo que tena en la mandbula inferior, bajo la oreja izquierda. +Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido +permita ver sus bellas formas enflaquecidas. Dej la plancha y se sent +en un miserable sof de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y +despus dijo as: + +No quera que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de l y +hallarme en mejor posicin, porque todava... A ver, qu tal me +encuentras? + +--Muy mal, muy mal. + +--He perdido mucho? No me respondes? He estado muy mala, qu +puo!.... + +Miquis no dijo nada. La sorpresa que le caus la voz ronca de Isidora, y +ms que la voz or algunas expresiones que de la boca de ella se +escaparon, tvole perplejo y mudo por breve rato. + +Te encuentro muy variada; t no eres Isidora. + +--Te dir... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perd la idea +que me haca ser seora, me dio tal rabia, que dije: Ya no necesito +para nada la dignidad, ni la vergenza. T te enteras?... Por una idea +se hace una persona decente, y por otra roa idea se encanalla. Pero no +creas, todava hay algo en m que no perder nunca, algo de nobleza, +aunque me est mal el decirlo... Mira t, chav, qu quieres..., el aire +hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te +asombres de que muerda alguna vez... + +--S, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, qu es +lo que te queda de nobleza? + +--No s, no s...--dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su +corazn y en su pensamiento--. Me queda el delirio por las cosas buenas, +la generosidad... Sabes? Ayer no tena ms que dos duros; esta maana +vino una amiga a llorarse aqu..., total, que qued sin un cuarto. + +--Necesitas algo?--dijo Augusto llevndose la mano al bolsillo. + +Y sac algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alarg su mano +hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo: + +No; todava soy noble. + +--En qu consiste tu nobleza? + +--En que no recibo limosna... Pero por ser de ti.... + +Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De +sbito lanz una exclamacin no muy delicada y dijo: + +Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero. + +Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tom de la mano de su amigo. + +De qu te espantas, bobo?... de mis nuevas maneras? Ahora soy as. Te +dir... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entraas; quererlos, +nunca. Sois muy antipticos; os desprecio a todos. + +--Vas a meterte monja...? + +--De veras?... Qu sombra! Monja yo? + +--Ya sabes que Joaqun Pez ha venido de la Habana, casado con una +americana muy rica. Da gusto verle, segn est de contento y +satisfecho. + +Isidora palideci. Despus dijo: + +Ya lo saba... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de +San Luis y pas l en coche. Me vio, pero el tunante fingi que no me +vea. El corazn me dio un brinco; aquella noche llor, pero ya me voy +dominando y concluir por aborrecerle tambin. Es un tipo. + +--Pero _Gaitica_... + +--Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a +las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que slo de mirarle +se te ensucian los ojos... + +--Y sin embargo, le has querido. + +--Yo?... Hombre, t ests malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con +decirte que me acordaba de Juan Bou y este me pareca un ramillete de +rosas... Pobre _Gaitica_! El da de la disputa le escup ms...! Es un +hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una +zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qu +quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeada en ser bueno, y +Dios, la Providencia y mi roo destino empeados en que he de ser mala. +Sal de la crcel, le deba dinero, no tena sobre qu caerme muerta, me +llev a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho ms de cuanto +necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los +trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se +me fue dando a conocer el hombre. Principi por escatimarme los gastos. +Cada da me pareca la vida ms triste y l ms horroroso. Y no lo digo +por su cara, que no es mala, aunque s de un tipillo afeminado que no me +gusta. Le conoces? Ya ves qu carita de Pascua, qu patillas de +azafrn, y qu barba afeitadita y qu labios de carmn. Aquellas +mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de +oro el tal es en el trato. Coge la desvergenza, la traicin, la rapia, +la crueldad, jntalo todo, adele toda la basura que puedas encontrar, +revuelve, haz un mueco, sopla, dale vida y tendrs al que ha sido mi +seor y dueo durante tres meses: peor que Bou, peor que Botn y que +Joaqun, el cual era ya ms malo que Judas. En fin, los hombres sois +todos unos. Hay que vengarse, perdindoos a todos y arrastrndoos a la +ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas. + +Isidora, Isidora--le dijo Augusto con profunda pena--: valdra mil +veces ms que te murieras. + +--No pienso en tal cosa... Te dir. Cuando estaba en la crcel quise +matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando _Gaitica_ +me maltrat y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla, +tambin tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperacin en que +quise suicidarme. Pero despus me he serenado. Eso de matarse se deja +para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir, +vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrs... Lo quiere el mundo, pues +adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer +puales. Yo me basto y me sobro. No era yo noble? No tena buenas +inclinaciones? Pues por qu me cerraron la puerta? + +--Pobre mujer, todava, todava es tiempo... + +--De qu? + +--De adoptar una vida arreglada. Yo te buscar trabajo. + +--No s hacer nada. + +--Yo te pasar una pequea pensin... + +--Dirn que soy tu querida. Concluir por serlo... + +--Bscate un modo de vivir. Vete con tu ta... + +--No hay _tu ta_, no, no...; djame. Para que has venido ac? Ni +falta... Aire, aire. No necesito consejos. + +--Aborreces a Surupa, y, sin embargo, cunto se te ha pegado de l! +Cuando recuerdo cmo eras y cmo eres, cmo hablabas y cmo hablas, no +s qu me da. + +--As es el mundo: unos se quedan y otros se van Yo me fui, te enteras? +Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe ms que en tu imaginacin. +Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre. + +--Pues aquella era mi buena amiga--dijo Augusto con tesn--; esta me +repugna. + +Isidora se conmovi al or esto, pero disimulaba bien, esforzndose por +una inexplicable modificacin de su orgullo en parecer peor de lo que +era. + +Y no teniendo nada que hacer aqu--dijo Miquis levantndose--, me +retiro. + +Isidora le mir de un modo que indicaba deseos de que no se marchara; +pero despus se inclin de hombros. + +Ya me han humillado tanto--murmur entre dos suspiros--, que el ver +salir al ltimo amigo no me causa impresin. + +--Seor D. Augusto de mi alma--dijo a la sazn Relimpio, que hasta +entonces, testigo mudo y doliente, no se haba atrevido a decir nada--; +no se marche usted y exhrtela, predquele, y amonstele para que se le +quite... eso... de la cabeza. + +--Qu? + +--Eso. + +--Y qu es eso? + +--El disparate que quiere hacer. Vea usted cmo calla y se sonre la +pcara... A m me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir. + +--Suicidio? + +--Por ah... + +--No, no es suicidio--exclam el anciano con desesperacin, arrancndose +(o tratando de arrancarse, que es ms verosmil) un mechn de +cabellos--. Ve usted? Se re... Y que no diga que lo hace por no tener +qu comer. Yo... an puedo trabajar. + +Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de +carbn sobre que se calentaban las planchas. Pareca que de aquel +rescoldo ardiente y melanclico tomaba sus ideas. + +Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas--dijo el mdico +inclinndose haca ella y mirndola de cerca. + +--Sabes lo que te digo?--replic Isidora con el tono insolente que se +le haba pegado de la sociedad gaitesca--. Sabes lo que te digo? Que no +me vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazn se +me ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha. + +Levantose, y murmurando no se sabe qu palabras, aunque es de suponer no +seran de las ms finas, tom el pesado hierro y se puso a planchar con +verdadera furia. Miquis se fue sin aadir una palabra, y D. Jos le +sigui hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y +suplicante. + +Don Augusto de mi alma--le dijo--, por Dios, no la abandone usted... +Mire usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero.... + + + + +Captulo XVIII + +Muerte de Isidora.--Conclusin de los Rufetes + + +Aunque Augusto no manifest su propsito, lo tena, y muy firme, de no +abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba. +Volvi al da siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos das +lgubres que anublan la perpetua alegra de los meses de Madrid, uno de +esos das, por desgracia no muy raros, en que el vecindario est +tristsimamente impresionado por una terrible solucin de la justicia +humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones +patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy +remota. + +Y en la tarde del da anterior, una mujer vestida de negro con un mantn +echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada +por la afliccin, acechaba en las proximidades del Palacio Real la +salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza dbil, +aunque posea el ms vivo fervor monrquico que ha existido quizs en el +presente siglo. Su idea del poder, de la misin providencial de los +reyes, y principalmente la semejanza que supona entre el soberano +visible y el Rey de los cielos, dbanle un poco de aliento. Por eso +cuando sali el coche, avanz ella a escape sin temor de ser atropellada +por los caballos, lleg hasta la portezuela, y con la presteza del +asesino que alarga el pual, alarg un papel arrollado en forma de +canuto. El papel cay en el coche, y las dos personas que iban en este +se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. Oh dicha! Lean el +memorial, o al menos pasaban la vista por l. Quin sabe si accederan +a lo que en l con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba? +As como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es +el perdn. El perdn! Ved aqu el punto de semejanza y parentesco con +la divinidad. Para qu serviran los reyes--dijo _la Sanguijuelera_ +concretando sus ideas monrquicas--, si no sirvieran para indultar?. + +La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche, +haba lanzado con l una exclamacin, que sintetizaba su respetuoso +cario hacia el primer personaje de la Nacin, y su pena acerba y +desgarradora: Rey mo... Nio--Dios de Espaa, piedad para un +desgraciado loco. + +Haba invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para +interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que haba realizado, y con +cierta confianza en el xito, se dirigi lentamente hacia el Saladero. +Largo y tremendo da, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen +pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. _La +Sanguijuelera_ esperaba, esperaba, y el indulto no apareca. La infeliz +mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no saba que el +Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, segn el arreglo que hemos +hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo +la sentencia que el perdn. + +Hemos dicho que Augusto volvi a la casa de Isidora. Encontrola en el +estado ms deplorable, sentada en un rincn del cuarto, tras un sof +viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre s +misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos ndices se tapaba los +odos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplbala Augusto +sin saber por dnde empezar su empresa caritativa, cuando D. Jos se le +acerc y con voz cautelosa le dijo: + +Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Da tremendo es hoy...; ya puede +usted suponer por qu est tan afligida. + +Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qu arreglar una +buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se +acostase. Ella no deca ms que esto: Hoy!, hoy!. + +Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y +aadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio +prepar la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases ms +escogidas, con los pensamientos ms cristianos que le sugera su rica +imaginacin; pero toda su dialctica, engalanada de formas poticas y de +bonitas paradojas, no logr llevar la serenidad al perturbado espritu +de la pobre mujer. Esta le dijo: + +Maana, maana me tocar a m. + +Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el da. Miquis y D. +Jos le hacan mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche +Augusto, despus de prescribirle el reposo, se retir seguro de hallarla +mejor al da venidero, lo que no result cierto, porque a la siguiente +maana encontr el mdico en su infeliz enferma el mismo silencio, la +mismo apata lgubre y la propia indiferencia del da precedente. +Isidora, no obstante, comi con mediano apetito, y Miquis no hallaba en +ella sntomas claros de enfermedad. Don Jos suspiraba a cada instante; +iba y vena sin cesar de una parte a otra de la casa con gran +desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, despus de su tercera visita, +se retiraba, D. Jos cuchiche con l en la escalera. + +No nos abandone usted, seor doctor--le dijo angustiadsimo--. Hemos de +estar con cien ojos... Hay moros por la costa... + +--Qu es eso? + +--Que aunque parece que no habla, habla, s, seor; hoy a las doce +estuvo aqu una mujer que la viene persiguiendo hace das... Es un +dragn, me entiende usted?... Pues Isidora charl largamente con ella. +No pude entender lo que decan, porque me mand salir fuera; pero +hablaban con animacin, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por +un rayo, le enseaba, ay!, muestras de vestidos. + +--Veremos; habr que hacer algo decisivo--dijo Augusto bajando +pausadamente los ltimos escalones--. Maana temprano vendr con Emilia, +_Riqun_ y Encarnacin. Trataremos de llevrnosla a cualquier parte. + +Don Jos movi la cabeza con expresin de profundsima incredulidad, y +cerrando la puerta con llave, se guard sta en el bolsillo. + +Isidora dorma, al parecer, sosegadamente; D. Jos, que desde algn +tiempo antes se haba sometido a un meritorio rgimen de sobriedad en +alimento y lecho, se recost vestido en un sof de paja, frontero a la +cama de su ahijada, el cual le serva de punto de acecho o vigilancia +para no perder ni el ms ligero movimiento de la enferma. Toda la noche +arda una vela, puesta dentro de una jofaina. As, desde que Isidora +pareca intranquila, D. Jos se levantaba diligente y acuda junto a +ella. + +Las diez seran cuando Relimpio, que haba descabezado un sueecillo, +despert con sobresalto porque oy la voz de Isidora. Haba alguien en +la habitacin? No, no haba nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don +Jos la miraba sin moverse de su duro y martirizante sof; pero su +atencin se troc en asombro al ver que la joven se levantaba, se +vesta, aunque a la ligera, echndose la bata, se calzaba y se diriga +al mezquino tocador prximo a su lecho. Un terror acongojante y como +supersticioso que se ampar del bueno de D. Jos, le impeda moverse y +hablar. Le pareca contemplar una escena de sonambulismo, o quizs ser +vctima de un fenmeno ptico, formado y como vaciado en su propia +mente. Puede ser--se dijo--que esto que veo sea un sueo mo y que la +pobrecita est tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y +enredando en el tocador. + +Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se mir largo rato en +el espejo. Aunque este era pequeo y malo, ella quera verse, no slo el +rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes ms extraas y violentas, +ladendose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que +fcilmente salan al exterior las formas intachables de su talle y todo +el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don Jos se qued lelo, +fro, inerte, cuando oy estas palabras, pronunciadas claramente por +Isidora: + +Todava soy guapa..., y cuando me reponga ser guapsima. Valgo mucho, +y valdr muchsimo ms. + +Luego empez a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que +estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas form +un lo. Entonces el santo varn hizo un esfuerzo para vencer su inercia +terrorfica, se sacudi todo y con una fuerte voz dijo: + +Nia ma, a dnde vas? + +Ay!--exclam ella sobresaltada, dando un chillido--. Me ha asustado +usted. Yo cre que estaba sola. + +Sola! Segn eso, D. Jos era un mueble. Esta idea caus al infeliz +viejo grandsima afliccin. + +Pero qu haces, mujer? Te has vuelto loca? Ests enferma y te +levantas as... + +--Enferma yo?--dijo Isidora echndose a rer con descaro--. Usted s +que lo est, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy +buena y sana. + +--Pero a dnde vas? + +--A la calle. + +--A la calle! Y qu vas a hacer en la calle? Necesitas algo? Yo +saldr. + +--Ea, ea, no sea usted majadero. Acustese usted, duerma si tiene sueo, +y djeme a m, que yo s lo que tengo que hacer. No dependo de nadie, +estamos? Soy duea de mi voluntad, estamos?. + +La determinacin firme que revelaban estas palabras llev al bendito D. +Jos a las ms elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la +confusin. Antes que l pudiera decir algo, Isidora prosigui de este +modo: + +Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con +sus cuidados tontos.... + +Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazn de +Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorpor en el macizo +lecho y habl as: + +Hija ma, yo te quiero ms que a las nias de mis ojos. Me intereso por +ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal +alguno... + +--Yo tambin le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer +lo que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, estamos? + +--Todo sea por Dios--dijo Relimpio, conociendo que haba llegado la +ocasin de mostrar energa--. Sospecho que vas a mala parte, sospecho +que te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; t eres lo +que ms amo, te quiero ms que a mis hijas, porque te quiero de dos +maneras, como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como +sospecho, quieres perderte, quieres infamarte, no lo consentir mientras +tenga un aliento de vida; primero te rogar, te suplicar aunque me sea +menester ponerme de rodillas delante de ti. + +Hallbase tan acongojado, que la frase se le retortij en la garganta, y +juzgando que ms que las palabras seran elocuentes las actitudes, se +hinc delante de su ahijada, y le tom las manos para besrselas, y +luego que pas un rato en estas mmicas, conmovidos ella y l, pudo +articular Relimpio estas palabras: + +Nia ma, no des ese paso, detente... + +--Qu desgracia!...--murmur ella llevndose la mano a los ojos, como +para disimular una lgrima--. Y quin me va a mantener? + +--Yo!--exclam Relimpio dndose un golpe tan fuerte en el pecho que +este reson en hueco como una caja. + +--Usted!... Ay, qu gracia! Si usted ms est para que le mantengan +que para mantener! + +--Trabajar. + +--S, y comeremos caamones... Padrino, padrino, djeme usted en paz; no +se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo +hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrs. + +El anciano haba vuelto al sof, donde estaba reclinado, sin fuerzas +para seguir adelante en la lucha. + +Mira--le dijo, echando lumbre por los ojos--, yo puedo trabajar...; +pedir un destino y me lo darn... + +--Qu inocencia! + +--Y con lo que yo gane y algo que te darn Emilia y Miquis, viviremos +tan ricamente. + +--S, muy ricamente--replic Isidora con terrible irona--. Miserias, +harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para +los trtolos simples que lo quieran. + +--Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no +trates de borrarlos con una vergenza mayor--dijo Relimpio, sintindose +dotado por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosfica +que no era propia de l--. Lo mejor es que borres lo pasado con una +conducta ejemplar. Quieres un nombre, una posicin? Pues yo te dar +ambas cosas. yeme--aadi solemnemente--; yo me casar contigo; y para +que no interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo ms +que en el nombre y mirarte como una hija. + +Por lstima del pobre viejo no se ech a rer Isidora con el desenfado +que haba adquirido ltimamente. En la prdida de tantas nobles +cualidades conservaba algo de piedad. + +Conque nombre y posicin?--dijo--; gracias, gracias; es usted muy +bueno. Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre +m? Qu puo!... Si pudiera desbautizarme y no or ms con estas orejas +el nombre de Isidora, lo hara... Me aborrezco; quiero concluir, ser +annima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie +de mis acciones. + +--Isidora!... + +--Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre. + +No pronunciarle ms, cuando a l le pareca tan dulce, tan armonioso, +cifra y compendio de la meloda infinita! Ech D. Jos un gran suspiro y +tras l estas palabras: + +Ha sido una tontera que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo +caduco. T no puedes vivir sin amor. Cmo habas de quererme a m, que +slo tengo juventud en el corazn?... yeme.... + +Cada vez que deca yeme tomaba una actitud sacerdotal y el tono ms +solemne del mundo. + +yeme. T has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la +Habana. De todos tus amantes, l era el ms simptico, el ms caballero. +Antes que verte caminar a la ltima degradacin, consiento en que +reanudes tus amores con l. No me gusta esto, pero antes que lo otro... +yo me entiendo. Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le +busque, que le hable de ti?... Odiosa misin, hija ma; pero si con ella +te aparto de la ignominia final, creer realizar una accin meritoria. + +--Joaqun, ese pillo?... Le dir a usted... Siempre que le veo, me da +un vuelco el corazn. Le quise y an me parece que podra volver a +quererle... Pero djele usted donde est. Yo estoy mejor as. Es un +canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. Jos. Yo me +marcho... + +--Por Dios, mujer... + +--He dado mi palabra. + +--Esas palabras no se cumplen. De modo que no te ver ms? + +--Vendr por aqu... No se mueva usted de esta casa. Yo le dar algo +para que se mantenga y pague el alquiler.... + +Relimpio tembl con sudor fro. + +Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos. +Conque... abur, abuelo.... + +Corri hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como +de costumbre, retrocedi para buscarla. + +No, no te doy la llave; no saldrs mientras yo viva--exclam D. Jos, +hacindose superior a s mismo y mostrando la energa que a veces surge +del flaco nimo de los dbiles, como en ciertos momentos de crisis las +sublimidades brotan del cerebro de los tontos. + +Isidora le mir con ira, y respir fuerte apretando contra el talle el +lo de ropa. + +La llave, la llave! + +--No saldrs sino pasando sobre mi cadver--grit con cavernosa voz +Relimpio, sintindose hroe de teatro. + +Y al decirlo, oprima contra su pecho la llave para protegerla de un +ataque de su enemiga. + +Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas--dijo la de Rufete +encolerizada--. Venga la llave, o la tomar dondequiera que la +encuentre. Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he +vuelto loba. Ya no soy noble, Sr. D. Jos; ya no soy noble. + +--Pero aunque no seas noble, no sers capaz de ultrajar a tu pobre +viejo, a tu padre.... + +Acompaadas de lgrimas, estas palabras eran harto elocuentes. + +Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las +simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos.... + +Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera +su deseo y propsito, avanz las manos contra el viejo, le atenaz los +brazos, le sacudi un momento... Ay!, ay! Relimpio sinti que sus +brazos se volvan de algodn. Como si el roce de la piel de Isidora +fuese un contacto mortfero, se qued echo una momia. Y mientras ella le +quitaba la llave, l, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no +poda defenderse, ni saba detenerla, ni era dueo de ninguna de las +energas de su ser, como no fuera de la voz, pues all casi entre +dientes pudo articular tres slabas y decir: Bribona!.... + +Isidora march haca la puerta. Bruscamente arrepentida de su accin, +retrocedi hacia el sof donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le +mir un s es no es conmovida (todava era algo noble), y ponindole la +mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo: + +Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar. +Este es mi destino...; quizs no nos veremos ms... Adis. + +Tuvo la singularsima piedad de inclinar sobre l su rostro y darle un +rpido beso sobre las venerables canas. l no tuvo fuerzas ni espritu +ms que para verla salir. Sali, efectivamente, veloz, resuelta, con +paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo +que le ha solicitado con atraccin invencible, as cay ella despeada +en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco +despus en la superficie social todo estaba tranquilo. + +Don Jos se levant, anduvo como desconcertada mquina hasta un +aposentillo interior donde tena sus trastos, y tanteando con las +temblorosas manos en la obscuridad, encontr una botella. Apur del +contenido de ella porcin bastante, y al tratar de volver al sof, las +piernas le faltaron y cay rodando en mitad del aposento. + +Como la puerta haba quedado abierta, Miquis, Emilia y _Riqun_ entraron +sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, segn clculos +aproximados, deba de ser la de las nueve de la maana del da +siguiente. Y como vieran a don Jos tendido en el suelo sin compaa, al +punto coligi Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corra +veloz al socorro de su padre, que pareca como a dos dedos de la muerte, +Augusto hizo un rapidsimo reconocimiento de la habitacin, buscando a +Isidora. No estaba! + +Se ha ido, se ha ido!--exclam ponindose de rodillas junto al pobre +viejo para prestarle algn auxilio. + +Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sof, donde le +tendieron, y l entonces entreabri los ojos y los labios echando una +mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La +notabilsima alteracin de las facciones del anciano alarm a Miquis, el +cual responda con muda expresin de desconsuelo a las apremiantes +interrogaciones de Emilia. + +Pero esto es embriaguez... o qu?...--pregunt la atribulada hija. + +Y al orlo D. Jos se reanim de sbito, como la llama moribunda que se +revuelca en las tinieblas; ech su espritu un resplandor de vida, y +moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo +pausadamente estas palabras: + +La hur ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya. + +A la sazn entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los +servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones, +vea que los remedios seran intiles. Cerca ya del fin, el espritu de +D. Jos volvi a relampaguear, diciendo con expresin enamorada y +caballeresca: + +La am y la serv... Fui su paladn... Mas ved aqu que la ingrata +abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos, +recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para +reyes, no para vosotros. Ha cado en vuestro cieno por la temeridad de +querer remontarse a las alturas con alas postizas. + +Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lgrimas. Miquis la llev +a un cercano aposento, y en l la encerr con el pobre _Riqun_, que +tambin lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen +Relimpio, el cual ocurri media hora ms tarde, y fue tranquilo y suave. +Su muerte remed el dulce acceso de embriaguez que le transportaba, +mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las +delicias de una vida apcrifa, compuesta con extraos fingimientos de +juventud, pasin y energa. Entraba al fin en un mareo eterno? Iba ya +derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y +amparo de la hur en las edades sin trmino y en los espacios sin +medida? Jos, eres un ngel. + +Abrazando estrechamente a _Riqun_ y cubrindole de besos la cara, +Emilia le deca: + +Tan hurfano eres t como yo; pero en m tendrs la madre que te falta. +Aquella mam tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volver; se +ha cado al fondo, hijo mo, al fondo... Ya lo entenders ms adelante. + + + + +Captulo XIX + +Moraleja + + +Si sents anhelo de llegar a una difcil y escabrosa altura, no os fiis +de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no +lo consigis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo +mejor, creedme, lo mejor ser que tomis una escalera. + +Madrid.--Junio de 1881 + +FIN DE LA NOVELA + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Prez Galds + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA *** + +***** This file should be named 25956-8.txt or 25956-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/5/9/5/25956/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the +trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone +providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance +with this agreement, and any volunteers associated with the production, +promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, +harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, +that arise directly or indirectly from any of the following which you do +or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm +work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any +Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. + + +Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm + +Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of +electronic works in formats readable by the widest variety of computers +including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit https://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/25956-8.zip b/old/25956-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..526b001 --- /dev/null +++ b/old/25956-8.zip diff --git a/old/25956-h.zip b/old/25956-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..50d8676 --- /dev/null +++ b/old/25956-h.zip |
