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+The Project Gutenberg eBook of La desheredada, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
+most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
+whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
+of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
+www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
+will have to check the laws of the country where you are located before
+using this eBook.
+
+Title: La desheredada
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: July 2, 2008 [eBook #25956]
+Last Updated: October 2, 2023
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: UTF-8
+
+Produced by: Chuck Greif
+
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
+
+
+
+
+La desheredada
+
+Benito Pérez Galdós
+
+
+
+
+Primera parte
+
+
+_Saliendo a relucir aquí, sin saber cómo ni por qué, algunas dolencias
+sociales, nacidas de la falta de nutrición y del poco uso que se viene
+haciendo de los benéficos reconstituyentes llamados_ =Aritmética=,
+=Lógica=, =Moral= _y_ =Sentido Común=, _convendría dedicar estas
+páginas... ¿a quién? ¿al infeliz paciente, a los curanderos y
+droguistas que, llamándose filósofos y políticos, le recetan uno y otro
+día?... No; las dedico a los que son o deben ser verdaderos médicos: a
+los maestros de escuela._
+
+B. P. G.
+
+Madrid.--Enero de 1881.
+
+
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ LA SANGUIJUELERA, _tía._
+ AUGUSTO MIQUIS, _estudiante de Medicina._
+ JOAQUÍN PEZ, _Marqués viudo de_
+ SALDEORO, _hijo de_
+ DON JUAN MANUEL JOSÉ DEL PEZ, _Director general en el
+ Ministerio de Hacienda._
+ DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _espejo de los vagos._
+ DOÑA LAURA, _su esposa_
+ MELCHOR DE RELIMPIO _hijos_
+ EMILIA, _hijos_
+ LEONOR, _hijos_
+ LA MARQUESA DE ARANSIS.
+ EL MAJITO, _niño._
+ ZARAPICOS, _pícaros_
+ GONZALETE, _pícaros_
+ TOMÁS RUFETE.
+ EL SEÑOR DE CANENCIA.
+ MATÍAS ALONSO, _conserje de la casa de Aransis._
+ UN CONCEJAL.
+ UN COMISARIO DE BENEFICENCIA.
+ MI TÍO EL CANÓNIGO _(que no sale)._
+
+ _Hombres y mujeres del pueblo, niños, Peces de ambos sexos,
+ criados, guardias civiles, etc._
+
+ _La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872._
+
+
+
+
+Capítulo I
+
+Final de otra novela
+
+
+=--I--=
+
+«...¿Se han reunido todos los ministros?... ¿Puede empezar el
+Consejo?... ¡El coche, el coche, o no llegaré a tiempo al Senado!...
+Esta vida es intolerable... ¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza
+de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación,
+paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos
+humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas?
+Te llamas _Envidiópolis_, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo,
+simpatizas con todo lo que cae... ¿Cuánto va? Diez millones,
+veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas
+treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco
+céntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidarás, pícara; ya te
+pillé, ya no te me escapas, ¡oh cantidad temblorosa, escurridiza,
+inaprehensible, como una gota de mercurio! Aquí te tengo dentro del
+puño, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te
+pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: _Subvención personal..._
+Permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su
+Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la
+Constitución... No me importan los murmullos. Mandaré despejar las
+tribunas... ¡A votar, a votar! ¿Votos a mí? ¿Queréis saber con qué
+poderes gobierno? Ahí los tenéis: se cargan por la culata. He aquí mis
+votos: me los ha fabricado Krupp... Pero ¿qué ruido es este?¿Quién
+corretea en mi cerebro? ¡Eh!, ¿quién anda arriba?... Ya, ya; es la gota
+de mercurio, que se ha salido de su gaveta...».
+
+El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresión
+atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden
+al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han
+llegado a perder la normalidad de la fisonomía, y con ella la
+inscripción aproximada de la edad. ¿Hállase en el punto central de la
+vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el
+llamear de sus ojos, ¿anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora
+imbecilidad? No es fácil decirlo, ni el espectador, oyéndole y viéndole,
+sabe decidirse entre la compasión y la risa. Tiene la cabeza casi
+totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a
+trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo
+y colgante, parece haber crecido y ablandádose recientemente, y no cesa
+de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza
+con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es pálido su rostro,
+la piel papirácea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente
+corva la espalda. Su voz sonora regalaría el oído si su palabra no fuera
+un compuesto atronador de todas las maneras posibles de reír, de todas
+las maneras posibles de increpar, de los tonos del enfático discurso y
+del plañidero sermón.
+
+Acércase a él un señor serio y bondadoso, pónele la mano en el hombro
+con blandura y cariño, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada
+fisonomía, en sus negras pupilas, en el caído labio, y volviéndose a un
+joven que le acompaña, dice a este:
+
+«Bromuro potásico, doble dosis».
+
+Sigue adelante el médico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio,
+tratando de convencer al tronco de un árbol. Porque la escena pasa en un
+gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve
+alguno que puedan facilitar la evasión. Árboles no muy grandes,
+plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pájaros,
+dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una
+hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de
+polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos
+lentos y rígidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes.
+Este da vueltas alrededor de dos árboles, trazando con su paso infinitos
+ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadísimo sin sudar
+y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceño, huyendo con indecible
+zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica
+la oreja al polvo para oír hablar a los antípodas, y su cara de idiota,
+plantada en el suelo, es como un amarillo melón que se ríe. Un tercero
+canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinóptico de los
+ejércitos europeos, con división de armas y los respectivos soberanos o
+jefes, todo lo cual debe ser puesto en música.
+
+El médico va de uno a otro, interrogándoles, contemporizando
+graciosamente con las manías de ellos, sin dejar de hacer objeciones
+discretas a cada una. Ya se detiene a echar un párrafo con aquel, de
+rostro estúpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y
+amuletos; ya habla rápidamente con un viejecillo encanijado y risueño
+que, paseándose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis
+en la mano, parece filósofo anacoreta o Diógenes del Cristianismo, por
+el abandono de su traje y la unción bondadosa de su fisonomía. Es un
+sacerdote que tuvo mucho seso. Está meditando ahora la carta que ha de
+dirigir al Papa en este día, siguiendo una costumbre que se repite
+infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada año, y ya
+lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor,
+échale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversación, y por
+último pregunta si ha sido echada al correo su epístola del día
+anterior, a lo que contesta el médico que sí, y que forzosamente Su
+Santidad anda muy distraído en Roma cuando no se digna contestar a
+comunicaciones de tanta importancia.
+
+Vuelve el médico hacia donde está el que en los primeros renglones hemos
+descrito, y antes de llegar a él dice al practicante:
+
+«Este desgraciado Rufete va a pasar a _Pobres_, porque hace tres meses
+que su familia no paga la pensión de segunda. Él no se dará cuenta del
+cambio de situación. Si se exacerba esta tarde, será preciso
+encerrarle».
+
+Poniéndole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete:
+
+«Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos,
+siempre que usted no se me salga de las vías legales... El país le hará
+justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos
+cuantos meses, ¡qué bien nos vendría a los dos! Nos dedicaríamos a curar
+radicalmente ese constipado...
+
+--No es constipado--replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con
+la cabeza--. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurriéndose...
+Ahora está aquí, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien
+izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas...
+
+--Ya, ya sé... Yo quisiera que no se ocupase usted más de esa cantidad,
+puesto que está segura.
+
+--No, no está segura--dice Rufete, demostrando terror--. No sabe usted
+qué guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus
+infamias. Cuando un verdadero genio se empeña en subir a la gloria, la
+envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como
+una montaña, y le doy a usted una reputación más grande que el mundo...
+Adiós; me voy al Congreso. ¿No sabe usted que se han sublevado los
+maceros?... Abur, abur».
+
+El médico hace a su compañero la expresiva seña de _no tiene remedio_, y
+pasa adelante.
+
+
+=--II--=
+
+No consta si fue aquel día o el siguiente cuando trasladaron al infeliz
+Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero
+había tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el
+segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrón, de un
+rancho. ¡Ay! Cualquiera que despertara súbitamente a la razón y se
+encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres
+que sólo tienen de humano la figura, y se viera en un corral más propio
+para gallinas que para enfermos, volvería seguramente a caer en
+demencia, con la monomanía de ser bestia dañina. ¡En aquellos locales
+primitivos, apenas tocados aún por la administración reformista, en el
+largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra,
+donde se revuelcan los imbéciles y hacen piruetas los exaltados, allí,
+allí es donde se ve todo el horror de esa sección espantosa de la
+Beneficencia, en que se reúnen la caridad cristiana y la defensa social,
+estableciendo una lúgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es
+hospital y presidio! ¡Allí es donde el sano siente que su sangre se
+hiela y que su espíritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad
+aprisionada por enferma, observando cómo los locos refinan su locura con
+el mutuo ejemplo, cómo perfeccionan sus manías, cómo se adiestran en
+aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos
+ordena!
+
+Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie
+alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... ¡Y considerar
+que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageración o
+el extremo irritativo de nuestras múltiples particularidades morales o
+intelectuales... que todos, cuál más, cuál menos, tenemos la
+inspiración, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos
+entramos de lleno en los sombríos dominios de la ciencia alienista!
+Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos
+desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de
+la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates
+somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la
+variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la mañana lo
+despertamos en la aridez de una sola. ¡Oh! Leganés, si quisieran
+representarte en una ciudad teórica, a semejanza de las que antaño
+trazaban filósofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o
+religioso, no, no habría arquitectos ni fisiólogos que se atrevieran a
+marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. «Hay muchos cuerdos
+que son locos razonables». Esta sentencia es de Rufete.
+
+El cual no se dio cuenta de aquella caída brusca desde las grandezas de
+pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean
+demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito
+sentimiento que rarísima vez habita en los manicomios: la amistad.
+Aquello parece a veces una Bolsa de contratación de manías. Hay demanda
+y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual está bastante
+ocupado consigo mismo para cuidarse de los demás. El egoísmo ha llegado
+aquí a su grado máximo. Los imbéciles yacen por el suelo. Parece que
+están pastando. Algunos exaltados cantan en un rincón. Hay grupos que se
+forman y se deshacen, porque si no amistad, hay allí misteriosas
+simpatías o antipatías que en un momento nacen o mueren.
+
+Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean
+atentos como polizontes que espían el crimen. Son los inquisidores del
+disparate. No hay compasión en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni
+caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la
+tutela del Estado, ninguno es tan antipático como el domador de locos.
+Carcelero--enfermero es una máquina muscular que ha de constreñir en sus
+brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da
+de comer sin cariño, los acogota si es menester, vive siempre prevenido
+contra los ataques, carga como costales a los imbéciles, viste a los
+impedidos; sería un santo si no fuera un bruto. El día en que la ley
+haga desaparecer al verdugo, será un día grande si al mismo tiempo la
+caridad hace desaparecer al loquero.
+
+Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los
+funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la prensa; eran
+también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el
+comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura
+rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las
+peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores
+tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si
+él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tan alta posición para dar
+gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos
+investigadores le decían: «Somos la envidia que te mancha para bruñirte
+y te arrastra para encumbrarte».
+
+Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta
+atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra,
+es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la
+región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba
+Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su
+poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso,
+cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras
+faraónicas.
+
+Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer,
+despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales,
+arzobispos, archipámpanos, y después..., ¡ah!, después tenía que echar
+miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba
+en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre
+las manos, y así pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar
+del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz
+contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil,
+sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se
+escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partículas del
+metal líquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso
+pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas,
+con sus graciosas crías los 75 céntimos.
+
+Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente teóricos. Había
+sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que
+respondían en principio a la idea de camisa, de levita, de pantalón;
+pero más era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que
+subsistían. ¡Hacía tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!...
+Últimamente le pusieron una blusa azul. Pero una mañana se comió la
+mitad. Era el más indócil y peor educado de todos los habitantes de la
+casa. No obstante, sobre aquellos harapos se ponía todos los días una
+corbata no mala, liándosela con arte y esmero delante de la pared, hecha
+espejo de un golpe de imaginación. Aquel negro dogal sobre la carne
+desnuda del estirado cuello, impedíale a veces los movimientos; pero
+llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer.
+
+Cuando anochecía o cuando el tiempo era malo, Rufete era el último que
+dejaba el patio. Comúnmente los loqueros se veían en el caso de llevarle
+a la fuerza. Dormía en una sala baja, húmeda, con rejas a un largo
+pasillo, el cual las tenía a la huerta. Desde los duros camastros veíase
+la espesura del arbolado; pero, al través de las rejas dobles, la
+alegría del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o
+casi perdida, con un efecto de país bordado en cañamazo. En el
+dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos.
+Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro
+día. Algunos dormían con los ojos abiertos. Oíase desde la sala la
+murmuración del chorro de una fuente, la cual con tal constancia
+estimulaba el oído, que Rufete se pasaba horas enteras en conversación
+tirada con el agua charlatana en estos o parecidos términos: «En todo lo
+que Su Señoría me dice, señor chorro, hay mucha parte de razón y mucho
+que no puede admitirse. Subí al poder empujado por el país que me
+llamaba, que me necesitaba. El primer escalón fue mi mérito, el segundo
+mi resolución, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... ¿Pero qué
+habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cállese
+usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que
+se calle».
+
+Y colérico se abalanzaba a la reja, ponía el oído, hacía señales de
+conformidad o denegación, oprimía los barrotes. La fluida elocuencia del
+chorro no tenía fin jamás. Era como uno de esos oradores incansables que
+siempre están hablando de sí mismos. La aurora le encontraba engolfado
+en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: «No me
+convence, no me convence Su Señoría».
+
+¡La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun allí son hermosos
+el risueño abrir de ojos del día y la primera mirada que cielo y tierra,
+árboles y casas, montes y valles se dirigen. Allí los pájaros
+madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las
+parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por allí los
+mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el
+propio airecillo picante que menea los árboles, que orea el campo, que
+estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegría, el
+buen apetito, la sazón y la salud, derrama también por todas las zonas
+del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las
+moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus
+remotos viajes atmosféricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso
+excitante según su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o
+dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados.
+Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados
+dislates, hablan más alto, ríen más fuerte, se arrastran y se embrutecen
+más; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche,
+aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con
+urbanidad refinada; quién pide papel y tinta para escribir la carta, ¡la
+indispensable carta del día!; quién se lanza a la carrera, huyendo de un
+perseguidor que aparece montado en el caballo del día, y todo aquel
+carnavalesco mundo comienza con brío su ordinaria existencia.
+
+La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y
+estrépito de escobazos corre por salas y pasillos, confundiéndose con el
+sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la
+capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar
+los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostén del asilo por
+estar encargadas de su régimen doméstico, van y vienen con actividad de
+madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus
+blancas tocas aladas, respetables y respetadas como enseña de paz, se
+ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes
+de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan
+lumbre; en la despensa llena de víveres; en el lavadero, donde ya saltan
+los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el
+patio de mujeres, en la región de las locas, que es el departamento de
+trabajo más penoso y de las dificultades más terribles.
+
+¡Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado
+de mundo. Los hombres inspiran lástima y terror; las hijas de Eva
+inspiran sentimientos de difícil determinación. Su locura es, por lo
+general, más pacífica que en nosotros, excepto en ciertos casos
+patológicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la
+parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o
+treinta hembras con murmullo de coquetería, de celos, de cháchara
+frívola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni términos claros,
+ni pausa, ni variedad. Óyese desde lejos, cual disputa de cotorras en la
+soledad de un bosque... Las hay también juiciosas. Algunas pensionistas,
+tratadas con esmero, están tranquilas y calladas en habitación clara y
+limpia, ocupándose en coser, bajo la vigilancia y dirección de dos
+hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores
+secas o con plumas de gallina. Sonríen con estupidez o clavan en el
+visitante extraviados ojazos.
+
+También la _hermosa mitad_ tiene sus jaulas de dobles rejas. No serían
+mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver
+dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y oír la voz ronca de
+una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay
+una que corre por pasillos y salas buscan _do su propia persona._
+
+Volvamos al patio de varones pobres. Aquel día faltaba en él Rufete.
+Creeríase que había crisis. Poco después de amanecer se dirigió al
+loquero y le dijo: «Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie».
+Después cayó en un marasmo profundo. Enmudeció. El chorro de la fuente
+preguntaba por él y ninguno de los asilados allí presentes sabía darle
+razón.
+
+Lleváronle a la enfermería. El médico mandó que le dieran una ducha, y
+fue llevado en brazos a la inquisición de agua. Es un pequeño balneario,
+sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. Allí dan
+lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza,
+todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presión formidable, y sus
+golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o
+en láminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo,
+atacan encarnizados con el áspero chirrido del acero. Rufete, que ya
+conocía el lugar y la maquinaria, se defendió con fiero instinto. Le
+embrazaron, oprimiéndole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a
+la pared, y allí, sin defensa posible, desnudo, recibió la acometida.
+Poco después yacía aletargado en una cama con visibles apariencias de
+bienestar. Al fin, durmió profundamente.
+
+
+=--III--=
+
+A la misma hora que esto pasaba, una joven llegó a la puerta del
+establecimiento. Quería ver al señor Director, al señor facultativo,
+quería ver a un enfermo, a su señor padre, a un tal don Tomás Rufete;
+quería entrar aunque se lo vedaran; quería hablar con el señor capellán,
+con las hermanas, con los loqueros; quería ver el establecimiento;
+quería entregar una cosa; quería decir otra cosa...
+
+Estos múltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados
+atropelladamente y con turbación por la muchacha, que era más que
+medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero
+calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y ponía extraordinario ardor en
+la expresión de su deseo. Sus ojos expresivos habían llorado, y aún
+lloraban algo todavía. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del
+trabajo, oprimían un lío de ropa seminueva, mal envuelta en un pañuelo
+rojo. Rojo era también el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente
+liado debajo de la barba a estilo de Madrid. ¿Con qué prenda se cubría?
+¿Sotana, mantón, gabán de hombre? No: era una prenda híbrida, un arreglo
+del ruso al español, un cubrepersona de corte no muy conforme con el
+usual patrón. Ello es que su pañuelo rojo, sus lágrimas acabadas de
+secar, su gabán raído y de muy difícil calificación en indumentaria, su
+agraciado rostro, su ademán de resignación, sus botas mayores que los
+pies y ya entradas en días, inspiraban lástima.
+
+No le fue difícil llegar al despacho del señor Director. Al verle y
+darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas
+lágrimas a los ojos y la garganta se le obstruyó de tal modo, que tuvo
+que callarse. El Director, hombre compasivo, la mandó sentar, rogándole
+que se calmase.
+
+«Hace tres meses que no se ha pagado la pensión--dijo ella al cabo,
+metiendo la mano en alguna parte de su extraña vestimenta».
+
+Porque el gabán tenía un bolsillo hondo. Su autora había sido pródiga en
+esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sacó un
+paquete de papel que parecía contener dinero.
+
+«Luego, luego veremos--dijo el Director, resistiéndose a tomar la
+suma--. ¡Ah! ¿También trae ropa? Veo que no se descuida usted... Está
+bien, bien. El pobre D. Tomás tenía ya mucha falta... Déjelo usted ahí.
+Luego... Siéntese usted y descanse.
+
+--¿Pero no le veré ahora mismo?--preguntó ella con ansiedad.
+
+--No es fácil, no es fácil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a
+las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete está
+sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa».
+
+La del ruso cruzó las manos, y miró al techo.
+
+«El señor facultativo está haciendo ahora la visita... Le hablaremos,
+veremos lo que dice. Si él consiente... Pero no lo consentirá. No
+conviene que usted vea a su señor padre ahora. Más tarde... Siéntese
+usted, tranquilícese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con él hace
+bastante tiempo. Usted se llama...
+
+--Isidora, para servir a usted... ¡Pobrecito papá! Si no me le dejan
+ver, dígale usted que estoy aquí, que está aquí su Isidorita, que viene
+a darle un beso, que mañana traeré a Mariano, mi hermanito... ¡Ah Dios
+mío!; pero él no entenderá, no entenderá nada. ¡Pobre hombre! ¿Y no hay
+esperanzas de que vuelva a la razón?».
+
+El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores.
+Parecía empeñado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de
+cansancio, se sentó en una banqueta. Habiéndole recomendado con frases
+convencionales, si bien generosas, la resignación y una tranquilidad que
+era imposible, el Director salió.
+
+No se quedó sola la joven en el despacho. En un ángulo de este había una
+mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un
+hombre escribía, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso
+esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafía española. La
+mesa estaba llena de papeles que parecían estados, listas de nombres,
+cuentas con infinitas baterías de números. Un alto estante repleto de
+papeles y libros rayados indicaba que aquel buen señor de pluma y suma
+ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difícil
+administración del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo,
+del ya fenecido covachuelista, conservado allí cual muestra del
+metódico, rutinario y honradísimo personal de nuestra primitiva
+burocracia. Era de edad provecta, pequeño, arrugadito, bastante moreno y
+totalmente afeitado como un cura. Cubría su cabeza con un bonetillo
+circular, ni muy nuevo ni muy raído, contemporáneo de los manguitos
+verdes atados a sus codos. Escribía con trazos tan seguros, uniformes y
+ordenados, que parecía escribientil máquina. Sin alzar los ojos del
+papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los
+dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorbía
+una gran porción de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no hacía
+caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas
+oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversación.
+Siendo al fin más fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompió el
+silencio de esta manera:
+
+«Señorita, ¿se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay más
+remedio que conformarse con su santa voluntad».
+
+A Isidora (¿por qué ocultarlo?) le gustó que la llamaran señorita. Pero
+como su ánimo no estaba para vanidades, fijó toda su atención en las
+palabras consoladoras que había oído, contestando a ellas con una mirada
+y un hondísimo suspiro.
+
+«Esta casa--añadió el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y
+dulce, que llegaba al alma--no es una casa de divertimiento; es un asilo
+triste y fúnebre, señorita. Yo me hago cargo, sí, señorita, me hago
+cargo de su dolor de usted...».
+
+Y se envasó en el cuerpo, aspirándola por entre los dientes, otra gran
+cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojándola y
+sacudiéndola a golpecitos metódicos, prosiguió así:
+
+«Pero no debe esperarse de este pícaro mundo otra cosa que penas,
+¡ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una niña, y
+todavía... vamos, todavía no conoce más que las flores que suelen
+adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande más,
+más...».
+
+Isidora dio otro suspiro. Grandísimo consuelo le infundían las palabras
+sensatas y filosóficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces
+tuvo por sacerdote.
+
+«¿Es usted...._por casualidad_ sacerdote?--le preguntó con timidez.
+
+--No, señora--repuso el otro, escribiendo un poco--. Soy seglar. Hace
+treinta y dos años que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al
+asunto, el mundo, señorita, es un valle de lágrimas. Váyase usted
+acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el
+seno de la religión verdadera, y sabemos que hay un _más allá_, sabemos
+que en ese _más allá_, señorita, nos aguarda el premio de nuestros
+afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido...».
+
+El anciano se conmovió un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir
+lágrimas de sus ojos. Llevándose a ellos la punta del pañuelo rojo,
+exclamó:
+
+«¡Mi pobre enfermo!...
+
+--¡Ah!... ¡qué bello es el dolor de una hija!--dijo el bebedor de aire
+soltando resueltamente la pluma--, ¡cuán meritorio a los ojos de Aquel
+que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore
+usted, llore usted; no seré yo quien trate de combatir su pena con
+consuelos triviales. Lo único que le diré es que la religión y el tiempo
+la curarán de este mal: la religión elevando su espíritu y haciéndole
+ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado
+seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia
+seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas
+nuestras heridas y cerrándolas poco a poco. Usted es aún muy joven.
+Puede ser que el Señor le reserve aquí en la tierra algo de lo que, por
+no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted será esposa de algún
+hombre honrado, madre de familia, dignísima abuela...».
+
+Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo así:
+
+«¿Le molesta a usted el humo del tabaco?
+
+--¡Oh! no, señor; no, señor.
+
+--Más cómodamente estará usted en el sillón que en ese banco. ¿Por qué
+no se sienta usted allí?
+
+--No, señor; muchas gracias. Aquí estoy bien».
+
+Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen señor,
+realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no sé
+qué de tierno, paternal y simpático que en su semblante había,
+cautivaban a la dolorida joven, inspirándole tanta admiración como
+gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digámoslo así, con
+las corrientes de bondad que afluían de sus ojos. Había en su mirar
+tanta compasión, un interés tan puro y cristiano, que la pobre joven se
+felicitó interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en
+momentos de aflicción. Pensándolo así y dando gracias a Dios por un
+socorro moral de tanta valía, se sintió tocada del deseo de confiarse,
+de abrir un poco su corazón para mostrar sus penas. Era naturalmente
+expansiva, y las circunstancias la ponían en el caso de serlo más aún
+que de ordinario.
+
+«¿Conoce usted a mi padre?--preguntó.
+
+--Sí, hija mía, le conozco y me da mucha lástima... Bastante se ha hecho
+en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manías... Pero Dios no
+ha querido. Contra Él no se puede nada. Consolémonos todos pensando en
+que la grandiosa armonía del mundo consiste en el cumplimiento de la
+voluntad soberana».
+
+Esta sentencia afectó a la de Rufete, haciéndole pensar en lo cara que a
+ella sola le costaba la armonía de todos. Enjugándose otra vez las
+lágrimas, dijo así:
+
+«¡Y si viera usted qué bueno ha sido siempre!... ¡Cuánto nos quería! No
+tenía más que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte,
+sino que aspiraba a más, a más. Es que el pobrecito tenía talento, se
+encontraba siempre en último lugar debiendo estar en el primero... ¡Hay
+en el mundo cada injusticia...! Por eso él no se conformaba nunca, y
+estaba siempre de mal humor y se enojaba y reñía con mi madre. Como era
+caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero,
+padecía lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi
+todos los días y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de
+tres Gobiernos de provincia y no llegó a gobernador por intrigas de los
+del partido. Mi madre le decía: «¡Ah!, mejor te valdría haber aprendido
+un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me
+caigo, hoy me levanto...». ¡Pero quia!; él sabía de oficina más que la
+_Gaceta_, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas
+cosas de gobernar, todos los que le oían estaban asombrados. Su padre,
+mi abuelito, había sido también de oficina. El pobre murió de mala
+manera. ¿Le conoció usted?...
+
+--No, hija mía. Siga usted, que la oigo con mucho interés.
+
+--Fue, en no sé qué tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas,
+hablaba mucho, y para él todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando
+yo era niña jugaba con el morrión de mi abuelo... ¡Qué cosas!... Oiga
+usted... El que llamo mi padre fue más listo que el que llamo mi abuelo.
+¡Oh!, sí, era caballero y tenía talento. En el partido le temían. Él
+mismo lo decía: «Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volveré
+loco...» ¡Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las
+sesiones del Congreso y hacía mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la
+oposición. Salía de Madrid con recados secretos. No hablaba más que de
+la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., ¿me entiende usted?».
+
+El anciano, después de tragarse la mitad de la atmósfera del cuarto,
+hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre
+conocedor de las debilidades de sus semejantes.
+
+«La última vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que
+no se podía esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mamá cayó
+enferma; mi padre entró de corrector de pruebas en una imprenta donde se
+hacía un periódico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches
+junto a un quinqué de petróleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil
+discursos, artículos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la mañana
+(porque el trabajo duraba toda la noche) y volvía a casa, no descansaba,
+no, señor. ¿Qué creerá usted que hacía? Pues ponerse a escribir. Todos
+los días entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. ¿Qué
+creerá usted que escribía?
+
+--Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por
+ahí empiezan muchos.
+
+--¡Quia!; no, señor. Escribía decretos, leyes y reales órdenes. Aunque
+al salir de su cuarto cerraba siempre, yo hallé una noche medios de
+abrir, y vimos todo. Mi mamá y yo decíamos: «Quizás esté copiando para
+traernos algo de comer». ¡Qué chasco nos llevamos!; todo se volvía:
+_Artículo primero_, tal cosa; _artículo segundo_, tal cosa. Y luego:
+_Quedo encargado de la ejecución del presente decreto_. Hacía preámbulos
+atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando
+con mucho cuidado, y a cada legajo le ponía un letrero diciendo: _Deuda
+Pública_, o _Clases Pasivas_, _Aduanas_, _Banco_, _Amillaramientos_.
+También ponía en ciertos paquetes rótulos que no entendíamos, porque
+eran ya locura manifiesta, y decían: _Ruinas_, o bien _Fanatismo_,
+_Barbarie_, _Urbanización de Envidiópolis_, _Vidrios rotos_, _Sobornos_,
+_Subvención Personal_, y así por este estilo. «¡Ay Dios mío!--dijimos
+mamá y yo--; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre está
+loco». Estuvimos llorando toda la noche.
+
+--Todo sea por Dios--dijo, con emoción el viejo, al ver que Isidora se
+interrumpía para llorar--. Pero ¿qué es eso, hija mía, comparado con lo
+que Cristo padeció por nosotros?
+
+--Mi madre murió en aquellos días--prosiguió Isidora, casi completamente
+ahogada por el llanto--. Aquel día, ¡oh Dios mío, qué día!, mi padre
+hizo los disparates más atroces; no lloró, no se afectó nada. Cuando mi
+madre expiró en mis brazos, él dio dos o tres paseos por el cuarto, y
+mirándome con unos ojos..., ¡Jesús, qué ojos!..., me dijo: «Se le harán
+los honores de tenienta generala muerta en campaña...». No puedo
+recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aquí. Un
+pariente bastante acomodado que teníamos en el Tomelloso se condolió de
+mí y ofreció dar la pensión de segunda. Yo me fui a la Mancha con él, y
+mi hermanito se quedó aquí con una tía de mi madre. Pasado algún tiempo,
+mi tío el canónigo se olvidó de pagar la pensión. Es el mejor de los
+hombres; pero tiene unas rarezas...».
+
+Desde la mitad de esta relación, ya tenía Isidora que beberse las
+lágrimas entre palabra y palabra. El bendito señor que la oía,
+enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos
+pasos para vencer su emoción.
+
+«Todo sea por Dios--dijo liando nerviosamente otro cigarrillo--. Noble
+criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un
+páramo...
+
+--Y todo cuanto he padecido ha sido injusto--añadió ella prontamente,
+sorbiendo también una regular porción de aire, porque todo es contagioso
+en este mundo--. No sé si me explicaré bien; quiero decir que a mí no me
+correspondía compartir las penas y la miseria de Tomás Rufete, porque
+aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y
+no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy...».
+
+Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la
+llevase, sin pensarlo, a una revelación indiscreta. Pero el escribiente,
+con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres
+perspicaces, se apoderó de la idea apenas indicada, y dijo así:
+
+«Sí, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase
+más elevada; sólo que circunstancias largas de referir la hicieron
+descender... ¡Cosas de Nuestro Padre que está en los Cielos! Él sabrá
+por qué lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la
+postre, siempre son para nuestro bien. Usted, señorita--añadió tras
+breve pausa, quitándose cortesanamente la gorra--, no ve, no puede ver
+en el infelicísimo Rufete más que un padre putativo, tal y como el Santo
+Patriarca San José lo era de Nuestro Señor Jesucristo».
+
+¡De qué manera tan clara relampagueó el orgullo en el semblante de
+Isidora al oír aquellas palabras! Su rubor leve pasó pronto. Sus labios
+vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegación impuesta por las
+conveniencias.
+
+«Yo no quisiera hablar de eso--dijo tomando un tonillo enfático de calma
+y dignidad, que no hacía buena concordancia con su ruso--. ¡Respeto
+tanto al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso él tanto a mí y
+a mi hermanito!..., ¡fuimos tan mimados cuando éramos niños!... Nos
+hacía el gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y él tenía
+una buena colocación (porque estaba en Propiedades del Estado), vivíamos
+muy bien. En aquella época Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con
+un lujo... ¡Dios de mi vida! Como él no tenía más idea que aparentar,
+aparentar, y ser persona notable...
+
+--Hija mía--dijo el anciano con vivacidad--, una de las enfermedades del
+alma que más individuos trae a estas casas es la ambición, el afán de
+engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de
+querer subir atropellando a los que están arriba, no por la escalera del
+mérito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la
+violencia, como si dijéramos, empujando, empujando...».
+
+No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observación, que
+indicaba tanto juicio como experiencia, marchó con acompasado y no muy
+lento andar hacia el rincón opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora
+en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de
+cordoncillo; pero su pena y la situación en que estaba la reclamaron, y
+volvió a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto.
+Cuando alzó los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en dirección
+de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en dirección del ángulo. Sin
+advertir que el buen señor estaba muy agitado, sin duda por hacerse
+generosamente partícipe de las penas que había oído referir, Isidora se
+distraía un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que
+embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espíritu para que
+dé un par de vueltas o paseos por el campo de la distracción, y se
+fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un
+largo período de antesala, ayudan este fenómeno del alma.
+
+Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el
+pasar y repasar del anciano escribiente había algo de oscilación de
+péndulo; como, además, del propio interior de Isidora se derivaba una
+dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues,
+un ratito contemplando la habitación. ¡Qué bonito era el mapa de España,
+todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de números
+que subían creciendo, de rengloncitos estadísticos que bajaban
+achicándose, de círculos y banderolas señalando pueblos, ciudades y
+villas! En la región azul que representaba el mar, multitud de barquitos
+precedidos de flechas marcaban las líneas de navegación, y por la gran
+viñeta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los
+faros, y además muelles llenos de fardos, chimeneas de fábricas, ruedas
+dentadas, globos geográficos, todo presidido por un melenudo y furioso
+león y una señora con las carnes bastante más descubiertas de lo que la
+honestidad exige... ¡Qué silencio tan hondo y suave se aposentaba en la
+sosegada estancia, y cómo se sentía el ambiente puro del campo! Sólo
+cuando se abría la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas
+y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. ¡Y cuántos y
+cuán bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual
+gallardeaba un busto de yeso! Aquel señor blanco sin niñas en los ojos,
+con los hombros desnudos como una dama escotada, debía de ser alguno de
+los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en él, en el estante de
+los libros y en el mapa gráfico--estadístico se cifraba toda la
+sabiduría de los siglos.
+
+En este reconocimiento del lugar empleó Isidora menos de un minuto. De
+pronto se fijó en el anciano, que seguía pasando por delante de ella con
+rapidez creciente, y se asombró de ver la agitación de sus manos, el
+temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy
+distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simpática. Parándose
+ante Isidora, exclamó con palabra torpe y muy conmovida:
+
+«Señora, nunca hubiera creído esto en una persona como usted.
+
+--¡Yo!--murmuró Isidora, llena de espanto.
+
+--¡Sí!--dijo el otro alzando la voz--, usted me está insultando; usted
+me está insultando».
+
+El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitación
+creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levantó buscando la
+puerta; corrió hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre
+tanto el anciano gritaba:
+
+«Insultándome, sí, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de
+padre... ¡Oh, Señor! Perdónala, perdónala, Señor, porque no sabe lo que
+se dice».
+
+Isidora salió al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante
+comprendió la causa de su miedo. Sonriendo, la tomó de la mano para
+obligarla a entrar.
+
+«El pobre Canencia...--dijo--. Cosa rara... Hace tanto tiempo que está
+tranquilo... Pero es un ángel, es incapaz de hacer el menor daño».
+
+Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino
+emoción, y dos lágrimas rodaban por sus mejillas.
+
+«También usted me insulta, señor Director--dijo oprimiéndose el pecho, y
+con la entonación y los ademanes de un cómico mediano--. No puedo más,
+no puedo más... ¡Adiós, adiós, ingratos!».
+
+Y salió escapado.
+
+«Eso le pasa pronto--indicó el Director a Isidora, que aún no había
+vuelto de su espanto--. Es un bendito; hace treinta y dos años que está
+en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres años, sin la más
+ligera perturbación. Sus accesos no son más que lo que usted ha visto.
+Principia por decir que tiene dos máquinas eléctricas en la cabeza y
+luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por
+la huerta, y al cabo de un rato está ya sereno. Trabaja bien, me ayuda
+mucho, y, como usted habrá visto si le ha oído, es de encargo para dar
+consejos. Parece un santo y un filósofo. Yo le quiero al pobre Canencia.
+Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste
+que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y
+hoy menos que nunca».
+
+El Director dio un gran suspiro, expresión oficial de sus sentimientos
+compasivos, e Isidora quedose fría, aguardando terribles noticias. ¡Cómo
+miraba al buen señor, deletreando en su cara, y qué bien le decía esta
+que no esperara nada bueno!
+
+«Yo quisiera verle...--balbució Isidora.
+
+--Eso es imposible. ¡Verle!, ¿y para qué?... Mal, muy mal está el pobre
+Rufete--afirmó el Director, moviendo la cabeza--. Llénese usted de
+paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si
+no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a
+descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi
+familia en ese estado, desearía...».
+
+Trabajo le costó a Isidora admitir la funesta verdad que se le quería
+anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer
+aquel nudo que en su garganta se formaba, habló con medias palabras de
+esta manera:
+
+«Quién sabe... Todavía... Pero yo quiero verle.
+
+--Vamos, que no... Ya...».
+
+El buen señor estaba impaciente. Tenía que hacer.
+
+«Siéntese usted...--murmuró acercando un sillón--. ¿Quiere usted que le
+traiga un vaso de agua?».
+
+Isidora no decía nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de
+yeso. Lo examinó bien y estúpidamente, viéndole con claridad, por esa
+atracción rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce
+sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por
+algún tiempo asociado a la noticia misma...
+
+
+=--IV--=
+
+Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentísimo
+Canencia, ocurría no lejos de allí un hecho que, con ser muy triste, no
+afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran éstos el Director
+facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el
+capellán y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se
+trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fácil
+y término decidido. El enfermo apenas tenía movimiento y vida más que en
+la cabeza; no padecía nada; se iba por rápida y llana pendiente, sin
+choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa.
+
+«Muere bien»--dijo en voz baja el médico.
+
+El paciente dio un gran suspiro, abrió los ojos, miró a todos uno por
+uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas
+recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que
+más que nada era profundísima lástima de sí mismo, pronunció estas
+palabras: «Caballeros, ¿es cierto lo que me figuro?... ¿Es cierto que
+estoy en Leganés?».
+
+El médico le quiso consolar con palabras campechanas.
+
+«Hombre, no sea usted tonto...; si está usted en su casa... Vamos, que
+se va usted a poner bueno».
+
+El enfermo movió tristemente la cabeza. Permaneció largo rato mudo.
+Después tomó la mano del cura, la besó... Quiso hablar, no pudo, se le
+vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de
+voluntad, pudo decir a media voz:
+
+«Mis hijos..., la marquesa...».
+
+Y calló para siempre. Médico y aprendiz observaron con la atención y la
+frialdad de la ciencia aquel caso de tránsito, y después se fueron a
+extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestándoles con más
+lástima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El
+aprendiz de médico declaró al punto conocerla, y alegrándose de que allí
+estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y
+del compromiso de consolarla y darle algún socorro si lo había menester.
+
+Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y allí pasó lo que
+referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender
+la certeza de su desdicha, cuando entró en el despacho un mozo como de
+veinticuatro años, el cual, llegándose a ella con muestras de confianza,
+le dijo:
+
+«¿Conque usted por aquí, Isidora?... ¡Y en qué momento tan triste!...
+¿Pero no me conoce usted? ¿Tan desmemoriada estamos, Isidora? ¿No se
+acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al
+Tomelloso a buscar a su tío de usted, el señor Canónigo, para salir
+juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. ¿No se acuerda
+usted tampoco de mi hermano Alejandro? ¿No se acuerda de que algunas
+veces, por vacaciones, íbamos acompañando a mi padre?... Pues hace cinco
+años que estoy aquí estudiando Medicina. ¿Y cómo está su señor tío?
+¿Hace mucho que ha dejado usted aquel célebre Tomelloso?...».
+
+Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena;
+le miraba y le reconocía. Sí, su memoria se iba iluminando ante aquella
+fisonomía que con ninguna otra podía confundirse. Aquel semblante pálido
+y moreno, tan moreno y tan pálido que parecía una gran aceituna; aquella
+brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca,
+cuyos dientes blanquísimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja
+ancha, tan negra y espesa que parecía cinta de terciopelo, y aquellos
+ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la ironía
+del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras,
+aquel abandono en el vestir, y, por último, la desenfadada manera de
+insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el
+hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente
+de Isidora ideas mil y recuerdos de una época en que la infancia se
+confundía con la adolescencia, época de tonterías, de miedos, de
+inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable.
+No acertó a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de
+la situación, y poniéndose todo lo serio que podía, cosa en él de
+grandísima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido:
+
+«Lo primero es que usted salga de esta casa...; ¡ay, qué casa!... Nada
+hay que hacer aquí. Si va usted a Madrid tendré mucho gusto en
+acompañarla».
+
+Isidora manifestó deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que
+había traído para pagar los atrasos de la pensión de Rufete, pero el
+Director no lo consintió. En cuanto a las ropas, tanto instó al
+bondadoso señor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando
+las gracias en nombre de los demás enfermos pobres que tanto las
+necesitaban.
+
+Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazón y se alejaron
+silenciosos del tristísimo pueblo, en el cual casi todas las casas
+albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatán Miquis, respetando
+su dolor, tan sólo indicó esto:
+
+«En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranvía».
+
+Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis creyó oportuno distraer a su
+compañera de viaje, porque, realmente, ¿a qué conducía aquel llorar
+continuo, si nada podía remediarse? Era preciso hacer frente al dolor,
+fiero enemigo que se ceba en los débiles; convenía sobreponerse, pues...
+hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como
+siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habló de la belleza del
+primaveral día (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de
+Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invitó a Isidora
+a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol
+y la jornada iba a ser un poco larga.
+
+Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, él contemplativo,
+dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de
+ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban.
+
+«Isidora...
+
+--¿Qué?
+
+--No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. ¿Es cierto o
+no que en el Tomelloso nos tuteábamos?».
+
+
+
+
+Capítulo II
+
+La Sanguijuelera
+
+
+En el domicilio de su pariente y padrino, don José de Relimpio (de quien
+se hablará cuando sea menester), pasó Isidora la noche de aquel día de
+abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar
+a Encarnación y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios más
+excéntricos de Madrid. La que llamaremos todavía, por respeto a la
+rutina, hija de Rufete, tenía la costumbre de representarse en su
+imaginación, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que
+fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera
+que la interesase, visita, entrevista, escena, diversión, desde mediodía
+o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario
+relieve y color, desarrollándose con sus cuadros, lugares, perspectivas,
+personas, figuras, actitudes y lenguaje. Así, mucho antes del alba,
+Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su tía y de
+su hermano; los veía como si los tuviera delante; hablaba con ellos
+preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oía las
+inflexiones de la voz de cada uno.
+
+Las ocho serían cuando salió para hacer verdadero lo imaginado; pero
+como tenía que ir desde la calle de Hernán Cortés a la de Moratines, en
+el barrio de las Peñuelas, deteniéndose y preguntando por no conocer muy
+bien a Madrid, ya habían dado las diez cuando entró por el conocido y
+gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difícil desde allí dar con la
+morada de su tía. A mano derecha hay una vía que empieza en calle y
+acaba en horrible desmonte, zanja, albañal o vertedero, en los bordes
+rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta vía,
+Isidora hizo rápido examen del lugar en que se encontraba, y que no era
+muy de su gusto. Tenía, juntamente con el don de imaginar fuerte, la
+propiedad de extremar sus impresiones, recargándolas a veces hasta lo
+sumo; y así, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba
+al punto en colosal; lo pequeño se le hacía minúsculo, y lo feo o bonito
+enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderación.
+
+Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y
+desconchadas, los letreros innobles, los rótulos de torcidas letras, los
+faroles de aceite amenazando caerse; al ver también que multitud de
+niños casi desnudos jugaban en el fango, amasándolo para hacer bolas y
+otros divertimientos; al oír el estrépito de machacar sartenes, los
+berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias
+tirando de carros atascados, y el susurro de los transeúntes, que al dar
+cada paso lo marcaban con una grosería, creyó por un momento que estaba
+en la caricatura de una ciudad hecha de cartón podrido. Aquello no era
+aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada
+por vía de limpieza para que no corrompiera el centro.
+
+Y siguiendo en su manía de recargar las cosas, como viera correr por la
+calle--zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias
+industrias tintóreas, al punto le pareció que por allí abajo se
+despeñaban arroyuelos de sangre, vinagre y betún, junto con un licor
+verde que sin duda iba a formar ríos de veneno. Alzose con cuidadosa
+mano las faldas, y avanzó venciendo su repugnancia. No tuvo que andar
+mucho para encontrar la puerta que buscaba. Sí, allí era. Bien reconocía
+la muestra que años atrás estaba en la calle de la Torrecilla, y que
+decía clarito, con azules caracteres, _Cacharrería_. Reconoció también
+una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde,
+jeroglíficamente, se anunciaba un importante comercio. ¡Cómo recordaba
+Isidora haber visto en su niñez la redoma pintada, en cuyo círculo
+aparecían nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que
+servían de insignia industrial a Encarnación Guillén, conocida en
+distintos barrios con el nombre de _la Sanguijuelera_!
+
+La puerta tenía una trampilla en la parte baja, la cual parecía servir
+de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de
+balcón en caso de que por allí, cosa no imposible, pasasen procesiones
+cívicas o religiosas. Isidora se había figurado que su tía (o más bien
+tía de su supuesta madre) estaría en la puerta; pero esto, como otras
+muchas cosas de las que imaginaba, no resultó cierto. Asomose a la
+tienda, y de un golpe de vista abarcó la menguada granjería, sacando
+consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnación
+Guillén. ¡Cómo había descendido la infeliz de grado en grado, desde su
+gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en
+tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de
+cacharros ordinarios! Y los anélidos que componían su escudo, ¿dónde
+estaban? ¡Oh!, no podían faltar; allí se los veía en enormes botellas,
+con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados,
+aburridos, quietos, como si acecharan una víctima y esperasen a que
+entrara por la puerta. Isidora admiró después el orden y aseo con que
+todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste.
+
+Los pucheros de Alcorcón, los jarros de Talavera y Andújar, los botijos
+y la cristalería de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de
+limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni
+faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre
+cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de
+Encarnación era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba,
+y que contenía diversidad de artículos, compañeros infalibles del ramo
+de cacharrería. En un hueco había flor de malva, en otro cercano
+violetas secas, más allá greda para limpiar, adormideras, cerillas de
+cartón. Seguía el pimentón molido, que sirve para pintar la comida del
+pueblo, y luego los cañamones, de que se sustentan los pajarillos
+presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban
+algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los
+vasares. Entre tanta chuchería, Isidora encontró otro antiguo conocido,
+otra amistad de su infancia. Era un cartel que decía:
+
+ Ojo al Cristo.
+ Aquí murió el fiar
+ y el prestar también murió,
+ y fue porque le ayudó
+ a morir el mal pagar.
+
+Isidora sabía de memoria esta composición epigramática de su tía, que
+terminaba así:
+
+ Si fío,
+ aventuro lo que es mío.
+ Y si presto,
+ al pagar ponen mal gesto.
+ Pues para librarme de esto,
+ ni doy, ni fío, ni presto.
+
+Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada más. Isidora
+gritó: «¡Tía, tía!».
+
+Apareció entonces _la Sanguijuelera_, y tía y sobrina se abrazaron y
+besaron. La joven callaba llorando; la anciana empezó a charlar desde el
+primer momento, porque no había situación en que pudiese guardar
+silencio, y antes se la viera muerta que muda.
+
+«¡Oh quimerilla!..., ya estás aquí... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche
+supe que cerró el ojo Tomás... No te aflijas, paloma. Más vale así...
+¿Qué vas a sacar de esos sentimientos? Siéntate... Espera que quite
+estos botijos... Si Tomás ya no vivía ¡el pobre! Bien lo dije yo hace
+cinco mil domingos: «Este acabará en Leganés». Nunca tuvo la cabeza
+buena, hija, y con sus locuras despachó a tu madre, aquella santa,
+aquella pasta de ángel, aquel coral de las mujeres... ¡Pobre Francisca,
+niña mía!
+
+--¿Y Mariano?--dijo Isidora, que extrañaba no ver allí a su hermano.
+
+--Está en el trabajo... Le he puesto a trabajar. ¡Hija, si me comía un
+carcañal!... Es más malo que Anás y Caifás juntos. No puedo hacer
+carrera de él. ¡Vaya, que ha salido una pieza _colunaria_!... Yo le
+llamo _Pecado_, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del
+demonio. Me tiene asada el alma. ¿Sabes dónde está? Pues le puse en la
+fábrica de sogas de ese que llaman _Diente_, ¿estás?, y me trae
+dieciocho reales todas las semanas...
+
+--¿Y no va a la escuela?--preguntó Isidora expresando no poco disgusto.
+
+--¡Escuela! Que si quieres... ¿Y quién le sujeta a la escuela? Bueno es
+el niño. Ahí le puse en esa de los _Herejes_, donde dicen la misa por la
+tarde y el rosario por la mañana. Daban un panecillo a cada muchacho, y
+esto ayuda. Pero aguárdate; un día sí y otro no, me hacía novillos el
+tunante. Después le puse en los _Católicos_ de ahí abajo, y se me
+escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a
+trabajar. ¡Qué puñales!..., no están los tiempos para mimos. Estoy muy
+mal de acá, hija. Ya ves este escenario. ¿Te acuerdas de mi
+establecimiento de la calle de la Torrecilla? ¡Aquéllos sí que eran
+tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumbó; tu papaíto, que de
+Dios goce, ¡tres puñales, me trajo a esta miseria! ¡Ya ves qué polla
+estoy!; sesenta y ocho años, chiquilla, sesenta y ocho miércoles de
+Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir
+nunca de cristos a porras. Hoy ganado y mañana perdido. Todo se hace sal
+y agua. Eso sí, siempre tiesa como un ajo, y todavía, aquí dónde me ves,
+le acabo de dar una patada a la muerte porque el año pasado tuve una
+ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva
+aclararon el modo de hablar, y aquí me tienes. Soy la misma
+_Sanguijuelera_, más saludable que el tomillo, más fuerte que la puerta
+de Alcalá, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del
+oro, más fiera que el león del Retiro, si se ofrece, resignada con la
+mala suerte, sin deber nada a nadie, y más charlatana que todos los
+cómicos de Madrid».
+
+Era Encarnación Guillén la vieja más acartonada, más tiesa, más ágil y
+dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenómeno común en las personas
+de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura,
+que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante
+aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequeña, redonda, arrugada
+y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movían los
+músculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fría
+que se daba todas las mañanas. Sus ojos, que habían sido grandes y
+hermosos, conservaban todavía un chispazo azul, como el fuego fatuo
+bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finísimas rayas curvas
+que se estiraban o se contraían conforme iban saliendo las frases de la
+boca, se guarnecía de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales
+se entretejía el más gracioso peinado de esterilla que llevaron momias
+en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a
+quien no se podría dar con propiedad el nombre de moño. Dos palillos mal
+forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de
+moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos
+manos de esqueleto, con las falanges tan ágiles que parecían sueltas, no
+paraban en su fantástico girar alrededor de la frase, cual comentario
+gráfico de sus desordenados pensamientos. Vestía una falda de diversos
+pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso,
+cual madero bifurcado en dos piernas. Tenía actitudes de gastador y paso
+de cartero.
+
+Era mujer de buena índole, aunque de genio tan turbulento y díscolo, que
+nadie que junto a ella estuviese podía vivir en paz. No había tenido
+hijos ni había sido casada. Crió a una sobrina, a quien quiso a su
+manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal
+sobrina casó con Rufete, resultando de esta unión una desgraciada
+familia y el violentísimo odio que _la Sanguijuelera_ profesaba a todos
+los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa
+y apocada con un hombre que tenía la más destornillada cabeza del orbe,
+consumió diferentes veces las economías y la paciencia de Encarnación,
+que era trabajadora y comerciante, y tenía sus buenas libretas del Monte
+de Piedad. «Todo se lo comió ese descosido de Rufete--decía--, ese
+holgazán con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo
+agua una noche para sacarle de la cárcel, cuando aquel feo negocio de
+los billetes de lotería. La cacharrería de la calle de la Torrecilla se
+resquebrajó después, y pieza por pieza se la fueron tragando el médico y
+el boticario, cuando cayó Francisca en la cama con la enfermedad que se
+la llevó. He ido mermando, mermando, y aquí me tienen, ¡qué puñales!, en
+este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos
+locales, con aquellas anaquelerías y aquel mostrador donde había un
+cajón de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de
+urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se
+repican las campanas cuando se ve una peseta..., ¡qué puñ...!».
+
+Francisca murió; Rufete fue encerrado en Leganés. De los dos hijos,
+Encarnación recogió al pequeñuelo, e Isidora partió al Tomelloso a vivir
+al amparo de su tío el Canónigo. De lo demás, algo sabe el lector, y el
+resto, que es mucho y bueno, irá saliendo.
+
+«¿Sabes que estás muy cesanta?»--dijo _la Sanguijuelera_, observando el
+vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que
+desear.
+
+Isidora contestó con tristeza que su tío el Canónigo no era hombre de
+muchas liberalidades. Después _la Sanguijuelera_ observó con malicia el
+rostro y talle de la joven, diciéndole:
+
+«Pero estás guapa. Pues no lo parecías... Cuando niña tenías un
+empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., ¡qué casa!... Era la
+jaula del león..., pues andabas por allí en pernetas con un mal
+faldellín. Parecías el Cristo de las enagüillas. ¡Qué flaqueza!, ¡qué
+color! Yo decía que te habían destetado con vinagre y que te daban tu
+ración en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., ¡qué
+duras carnes!--añadió pellizcándola en diferentes partes de su cuerpo--.
+Y en la cara tienes ángel. De ojos no andamos mal. ¡Qué bonitos dientes
+tienes! Veremos si te duran como los míos. Mírate en este espejo».
+
+Y le enseñó su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad.
+Isidora se aburría un poco. Mirando con tristeza a la calle, preguntó:
+
+«¿En dónde está trabajando Mariano? Yo quiero verle.
+
+--Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos
+allá. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando más que un molino de
+viento... ¡Señá Agustina!...».
+
+Gritó desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su
+vecina, salió impaciente. No tardó cinco minutos en volver acompañada de
+una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente
+vestida, pero peinada con increíble esmero. Aquella gente tiene su lujo,
+su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables
+trapos, no pueden faltar el moñazo empapado en grasa y bandolina, ni los
+rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de
+negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa
+bata de lana roja con cuadros negros, que parecía haber servido de
+alfombra en un salón de baile de Capellanes.
+
+«Guárdeme la tienda un ratito--le dijo _la Sanguijuelera_--, que voy con
+mi sobrina a un recado... ¿No conocía usted a mi sobrina? ¿Ve usted qué
+moza?... Isidora, esta señora es una amiga..., pared por medio. Se llama
+la señora _A ti suspiramos_, porque no resuella como no sea para
+lamentarse. Verdad es que ella está enferma, su marido es borracho, su
+padre ciego, y la casa, ¡qué puñales!, no está empedrada con
+pesetas...».
+
+Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con
+esto anunciaba un relato sentidísimo de sus desgracias. Pero _la
+Sanguijuelera_, cortándole la palabra, se echó un mantón sobre los
+hombros y salió con su sobrina, tomando el camino de la calle de las
+Amazonas, adonde llegaron pronto.
+
+
+
+
+Capítulo III
+
+Pecado
+
+
+«Ese tunante de _Pecadillo_--dijo _la Sanguijuelera_ metiéndose por un
+portal obscuro--no sospecha que viene a verle su hermana. No te
+conocerá. Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qué..., ¿no ves?
+Agárrate a mí, que yo veo en lo negro como las lechuzas».
+
+Atravesaron un antro. Encarnación empujó una puerta. Halláronse en
+extraño local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de
+mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda recibía la luz
+de un patio estrecho, elevadísimo, formado de corredores sobrepuestos,
+de los cuales descendía un rumor de colmena, indicando la existencia de
+pequeñas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La
+escasa claridad que de aquella abertura, más que patio, venía, llegaba
+tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista
+para distinguir los objetos; y aun después de ver bien, no se podía
+abarcar todo el recinto, sino la zona más cercana a la puerta, porque lo
+demás se perdía en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran
+túnel, del cual no se distinguía sino la parte escasamente iluminada por
+la boca. El fondo se perdía en la indeterminada cavidad fría de un
+callejón tenebroso. En la parte clara de tan extraño local había grandes
+fardos de cáñamo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo
+por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal
+torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa áspera,
+filamentos mil que después de flotar por el aire, como espectros de
+insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aquí y allá, sobre
+la ropa, el cabello y la nariz de las personas.
+
+En el eje de aquel túnel que empezaba en luz y se perdía en tinieblas,
+había una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del día y del
+momento. El cáñamo se retorcía con áspero gemir, enroscándose lentamente
+sobre sí mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejándose de la
+torsión violenta, y en toda su magnitud rectilínea había un
+estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios
+del espectador, cual si también, al través de las carnes, los
+conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsión
+semejante. Isidora lo sentía de esta manera, porque era muy nerviosa, y
+solía ver en las formas y movimientos objetivos acciones y
+estremecimientos de su propia persona.
+
+Miraba sin comprender de dónde recibía su horrible retorcedura la soga
+trabajada. Allá en el fondo de aquella cisterna horizontal debía de
+estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atención, y en
+efecto, del fondo invisible venía un rumor hondo y persistente como el
+zumbar de las alas de colosal moscardón, zumbido semejante al de
+nuestros propios oídos, si tuviéramos por cerebro una gran bóveda
+metálica.
+
+«Es la rueda--dijo _la Sanguijuelera_, adivinando la curiosidad de su
+sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable
+industria.
+
+--¡La rueda! ¿Y Mariano, dónde está?».
+
+Miraba a todos lados y no veía ser vivo. Pero de pronto apareció un
+hombre, que salía de la oscuridad andando hacia atrás muy lentamente y
+con paso tan igual y uniforme como el de una máquina. En su cintura se
+enrollaba una gran madeja de cáñamo, de la cual, pasando por su mano
+derecha y manipulada por la izquierda, salía una hebra que se convertía
+instantáneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel
+hombre del paso atrás, ovillo animado y huso con pies, era el principal
+obrero de la fábrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga.
+
+«¿No está D. Juan?»--le preguntó _la Sanguijuelera_ extrañando no ver
+allí al dueño del establecimiento.
+
+El huso vivo movió bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse
+expresarlo de otro modo.
+
+«¿Pero dónde está mi hermano?»--preguntó Isidora con angustia.
+
+La anciana señaló a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: «En la
+rueda».
+
+Isidora echó a andar hacia adentro, dando la mano a su tía. A causa de
+los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse
+mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. ¡Oh! La soga era larga,
+la caverna parecía interminable. En lo obscuro, aun se veía la cuerda
+blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres
+anduvieron un poco más, dejaron de ver la soga; pero oyeron más fuerte
+el zumbar de la rueda acompañado de ligeros chirridos. Se adivinaba el
+roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de
+las transmisiones, de donde obtenían su girar las roldanas, en las
+cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se podía ver.
+
+«¡Mariano, hermanito!--exclamó Isidora, que creía sentir su garganta
+apretada por uno de aquellos horribles dogales--. ¿En dónde estás? ¿Eres
+tú el que mueve esa rueda? ¿No estás cansado?».
+
+No se oyó contestación. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su
+marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como
+quien escucha.
+
+«_Pecado_, ¿qué tal te va?»--gritó con bufonesco estilo _la
+Sanguijuelera_.
+
+Y añadió, volviéndose a su sobrina:
+
+«Es un holgazán. Así criará callos en las manos, y sabrá lo que es
+trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... ¿Qué
+crees tú? Es buen oficio... No podía hacer carrera de este gandul. Todo
+el día jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane
+para zapatos. Tiene más malicias que un Iscariote».
+
+Desde el comienzo de este panegírico, redoblose bruscamente la marcha
+del mecanismo, y acreció el ruido hasta ser tal que parecían
+multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes.
+
+«¡Mariano!--gritó Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad--.
+¡Para, para un momento y ven acá! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy
+Isidora. ¿No me conoces ya?».
+
+El ruido volvió a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa.
+
+«No puede pararse el trabajo»--dijo Encarnación.
+
+Pero como realmente se detenía, oyose un grito del huso viviente que
+dijo: «¡Aire! ¡Aire a la rueda!».
+
+Y en efecto, la rueda volvió a tomar su aire primero, su paso natural.
+Las dos mujeres callaron, consternada y atónita la joven, aburrida la
+vieja. Como había pasado algún tiempo desde su llegada al término de la
+caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la
+silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las
+extrañas aberraciones ópticas de la retina cuando cerramos los ojos
+deslumbrados por una luz muy viva.
+
+«¿Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los
+ojos de _Pecado_...».
+
+Isidora vio, en efecto, dos pequeñas ascuas. Su hermano la miraba.
+
+«Pronto serán las doce--indicó la anciana--. Esperemos a que levanten el
+trabajo, y nos iremos los tres a comer».
+
+La hora del descanso no se hizo esperar. Soltó el obrero el cáñamo,
+parose la rueda, y el que la movía salió lentamente del fondo negro,
+plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho
+hermoso y robusto, como de trece años. Isidora le abrazó y le besó
+tiernamente, admirándose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la
+fuerza de sus brazos, y afligiéndose mucho al notar su cansancio, el
+sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su
+respiración.
+
+«Es un gañán--dijo Encarnación examinándole la ropa con tanta severidad
+coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...--.Ya
+me ha roto los calzones... Ya verás, Holofernes, ya verás».
+
+Turbado por la presencia y los cariños de su hermana, a quien no
+conocía, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atención
+semejante a la estupidez. Por último, dijo así con aspereza, remedando
+el hablar francote y brutal de la gente del bronce:
+
+«Chicáaaa..., no me beses más, que no soy santo.
+
+--A casa»--dijo _la Sanguijuelera_, saltando sobre el cáñamo.
+
+Aquel día añadió Encarnación a su olla algo extraordinario. Comieron en
+la trastienda, que más bien era pasillo por donde la tienda se
+comunicaba con un patio. Durante el festín, que tuvo su añadidura de
+pimientos y su contera de pasas, no habría sido fácil explicar cómo con
+una sola boca podía _la Sanguijuela_ engullir medianamente y hablar más
+que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni hacía
+más que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su
+hermano.
+
+«Ya ves qué lindo buitre me ha puesto Dios en casa--decía Encarnación--.
+Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. Él come y yo soy quien
+se harta; sí, me harto de trabajar para su señoría. Pero oye, león,
+¿dirás algún día: «Ya no quiero más»?».
+
+_Pecado_ devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al
+pesebre, después de un día de atroz trabajo.
+
+«Y tú, linda mocosa, ¿no comes?--añadió la vieja--. ¿O es que te has
+vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos
+ordinarios? Vamos, que para otro día te pondré alas de ángel... Se
+conoce que allá en el Tomelloso se estila mucha finura».
+
+Isidora no contestó. Parecía que estaba atormentada de una idea. Cuando
+se acabó la comida y se marchó _Pecado_ para jugar un poco antes de
+volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su tía, que
+a toda prisa levantaba manteles, le dijo:
+
+«Tía Encarnación, tengo que hablar con usted una cosa.
+
+--Aunque sean cuatro».
+
+Como quien se quita una máscara, Isidora dejó su aspecto de sumisa
+mansedumbre, y en tono resuelto pronunció estas palabras:
+
+«No quiero que mi hermano trabaje más en ese taller de maromas; no
+quiero y no quiero.
+
+--Le señalarás una renta--replicó la anciana con ironía--¡Le pondrás
+coche! Y para mis pobres huesos, ¿no habrá un par de almohadones?
+
+--No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas
+decentes...
+
+--Ya lo creo...
+
+--Pues claro.
+
+--Pues turbio.
+
+--Somos personas decentes.
+
+--Y príncipes de Asturias.
+
+--Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi
+hermano vaya a la escuela.
+
+--Y al colegio.
+
+--Eso es, al colegio--replicó Isidora marcando sus afirmaciones con el
+puño sobre la endeble mesa--Yo lo quiero así..., y nada más».
+
+¡Qué fierecilla! ¡Cómo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qué
+fuertemente respiraba, y qué enérgica expresión de voluntad tomó su
+fisonomía! Todo esto lo pudo observar _la Sanguijuelera_ sin dejar su
+ocupación. Amoscándose un poco, le dijo:
+
+«¿Sabes que estás cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A
+ver, echa aquí lo que tengas en el bolsillo. ¿Crees que la gente se
+mantiene con cañamones? ¿Crees que hay colegios de a ochavo como los
+buñuelos? ¡Qué puño!... Dame guita y verás.
+
+--Tengo para no pordiosear.
+
+--¿Te ha dado el Canónigo?
+
+--Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con
+decencia.
+
+--¡Ah!, canóniga..., tú pitarás... Hablemos claro».
+
+Y se sentó, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la
+mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguardó las
+explicaciones de su sobrina.
+
+«Tía...--murmuró esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa
+grave que iba a decir--. Usted sabe que yo y Mariano... ¿Pero usted no
+lo sabe?
+
+--No sé sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habría perdido
+el mundo con que os hubierais quedado por allá..., en el Limbo. Venís de
+Tomás Rufete, y ya sé que de mala cepa no puede venir buen sarmiento.
+
+--A eso voy, tía, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como
+yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Tomás Rufete.
+
+--Justo, justo; mi Francisca, mi ángel os parió por obra del Espíritu
+Santo, o del demonio.
+
+--¿Para qué andar con farsas? No somos hijos de D. Tomás Rufete ni de
+D.ª Francisca Guillén. Esos dos señores, a quienes yo quiero mucho,
+muchísimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo
+ser nuestros papás y llamándonos hijos, porque el mundo..., ¡qué mundo
+este!».
+
+_La Sanguijuelera_ cambió bruscamente de disposición y de tono. No
+palideció, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los
+pergaminos; pero abrió los ojos, y empuñando el brazo de su sobrina, le
+golpeó el codo contra la mesa, y le dijo con ira:
+
+«¿De dónde has sacado esas andróminas? ¿Quién te ha metido esa estopa en
+la cabeza?
+
+--Mi tío el Canónigo.
+
+--Me parece a mí que tu tío el Canónigo...
+
+--Él me ha contado todo--afirmó Isidora con acento de profundísima
+convicción--. Usted se hace de nuevas, tía; usted me oculta lo que
+sabe... No se haga usted la tonta. ¿Es la primera vez que una señora
+principal tiene un hijo, dos, tres, y viéndose en la precisión de
+ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y
+ellos se crían y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta
+que de repente un día, el día que menos se piensa, se acaban las farsas,
+se presentan los verdaderos padres?... Eso, ¿no se está viendo todos los
+días?
+
+--En sesenta y ocho años no lo he visto nunca... Me parece que tú te has
+hartado de leer esos librotes que llaman novelas. ¡Cuánto mejor es no
+saber leer! Mírate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para
+mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acábame el cuento.
+Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una señorita principal os
+dio a criar, y desapareció...
+
+--¡Usted lo sabe, usted lo sabe!--exclamó la joven rebosando alegría.
+
+--No sé más sino que te caes de boba. Eres más sosa que la capilla
+protestante.
+
+--Mi madre--declaró Isidora poniéndose la mano en el corazón, para
+comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo--, mi
+madre... fue hija de una marquesa».
+
+Como un petardo que estalla, así reventó en estrepitosa risa _la
+Sanguijuelera_, apretándose la cintura y mostrando sus dos filas de
+dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y después le acometió una tos
+de hilaridad que le hizo suspender el diálogo por más de un cuarto de
+hora. Algo confusa, Isidora esperó a que su tía volviese en sí de aquel
+síncope burlesco para seguir hablando. Por último, dijo con malísimo
+humor:
+
+«¡Qué bien finge usted!
+
+--Perdone vuecencia--replicó Encarnación en el tono más cómico del
+mundo--. Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia
+tendrá que hacer diligencias y buscar papeles.
+
+--Tengo papeles..., ¡y qué papeles!
+
+--¿Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendrá que
+untar escribanos.
+
+--No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho.
+
+--Vuestra serenísima majestad cogerá una herencia, porque sin herencia
+todo sería pulgas, ¿verdad, hermosa?
+
+--Mi madre no vive. Mi abuela sí.
+
+--¡Ah!, ¿la abuelita de tu vuecencia vive? ¿Y quién es la señora
+pindonga?
+
+--No se burle usted, tía. Esto es muy serio--declaró Isidora tocada en
+lo más vivo de su orgullo--. Es usted lo más atroz... Yo que venía a que
+me diese pormenores y su parecer...
+
+--Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma--repuso _la Sanguijuelera_
+levantándose--. Pues tú has querido que yo te dé pormenores..., pobre
+almita mía...».
+
+En el rincón del pasillo había una larga caña que servía para descolgar
+los cacharros. Encarnación revolvió sus ojos buscándola.
+
+«Vaya que ha sido una picardía haberle ocultado a estos angelitos que
+salieron del vientre de una marquesa».
+
+Y tomó la caña.
+
+«¡Quién será el dragón que ha querido birlarlos la herencia!... ¡A ese
+tunante le sacaría yo las entrañas!... Cuidado que engañar así a mis
+niños, haciéndolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad allá, pillos,
+que mi niña es duquesa y mi niño es vizconde... ¡Re-puñales!».
+
+Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las
+cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los
+pequeños, sin dejar por eso de quererles, componían, con la verbosidad
+infinita, el carácter de Encarnación _la Sanguijuelera_. Su flaca pero
+fuerte mano empuñó la caña, y descargándola sin previo anuncio sobre la
+cabeza de su sobrina, la rompió al primer golpe. Puso el grito en el
+cielo la víctima, exclamando: «¡Pero, tía!...». La vieja recogió y unió
+los dos pedazos de la caña, de lo que resultaba que podía pegar más a
+gusto, y ¡zas!, emprendió una serie de cañazos tan fuertes, tan bien
+dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora,
+que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gemía, se dejaba
+caer en el suelo, se arrastraba, escondía la cabeza, se revolvía. Y en
+tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo,
+encendíase más en furia a cada golpe, y los acompañaba de estas
+palabras:
+
+«¡Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puños, cachas!... Cabeza llena de
+viento... Vivirás en las mentiras como el pez en el agua, y serás
+siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de
+chiflados... ¡Ah, puño!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de
+solfeos cada día te quitaría el polvo. Toma vanidad, toma lustre».
+
+Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir,
+subdiácono), un rasguño o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su
+verdugo, aunque lo intentó devolviendo cólera por cólera, hubo de
+rendirse al fin, y sucumbió diciendo con gemido: «Por Dios, tía, no me
+pegue usted más».
+
+En sus veinte años, Isidora tenía menos fuerza que la sexagenaria
+Encarnación. Sin aliento yacía en tierra la víctima, recogiendo sus
+faldas y sacudiéndoles la tierra, tentándose en partes diversas para ver
+si tenía sangre, fractura o contusión grave, mientras _la
+Sanguijuelera_, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba
+los vencedores pedazos de caña y alargaba su mano generosa a la víctima
+para ayudarla a levantarse.
+
+«¡Cómo se conoce--dijo al fin la sobrina con vivísimo tono de
+desprecio--que no es usted persona decente!
+
+--¡Más que tú, marquesa del pan pringao!--gritó la vieja, esgrimiendo de
+tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de
+metérselos por los ojos.
+
+--Usted no es mi tía. Usted no tiene mi sangre.
+
+--Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado,
+harta de miseria. Mira, como vuelvas aquí, ¿sabes lo que hago?
+
+--¿Qué?--preguntó Isidora, sintiéndose con más fuerzas para rechazar un
+nuevo ataque.
+
+--Pues si vuelves aquí, cojo la escoba... y te barro ¡qué puño!, te echo
+a la calle como se echa el polvo y cáscaras de fruta».
+
+Isidora no dijo nada, y recobrándose marchó hacia la puerta. Abierta con
+trémula mano la trampilla, salió andando aprisa, cuesta arriba, en busca
+de la ronda de Embajadores, que debía conducirla a país civilizado.
+Temía que la vieja iría detrás injuriándola, y no se equivocó. _La
+Sanguijuelera_, echando la cabeza fuera de la puerta, la despedía con
+una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle.
+Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de
+amarillos dientes descubiertos hasta la raíz por estúpido asombro,
+bustos envueltos en pañuelos de distintos colores; y más de cuatro
+andrajosos chiquillos saltaron detrás de Isidora para festejarla con
+gritos y cabriolas.
+
+Sin detenerse, la joven lanzó desde lo profundo de su alma, llena de
+pena y asco, estas palabras:
+
+«¡Qué odioso, qué soez, qué repugnante es el pueblo!».
+
+
+
+
+Capítulo IV
+
+El célebre Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente
+salud. Tan sólo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a
+veces la hacían pasar de claro en claro las noches. La causa de esto
+parecía ser como una sed de su espíritu, que se fomentaba, sin
+aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar
+hechos que pasarían, que tendrían que pasar, que no podían menos de
+tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda
+vida encajada en la vida fisiológica y que se desarrollaba potente,
+construida por la imaginación, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni
+un accesorio.
+
+En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos
+y personas. Intervenía en aquellos, hablaba con estas. Las funciones
+diversas de la vida se cumplían detalladamente, y había maternidad,
+amistades, sociedad, viajes, todo ello destacándose sobre un fondo de
+bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apócrifa a la primera
+auténtica, érale menos fácil de lo que parece. Era necesario que las de
+Relimpio, con quienes vivía, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy
+grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la máquina de
+coser, o que su padrino, el bondadosísimo D. José de Relimpio, le
+contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se
+entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera
+en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricación
+mental de su segunda vida.
+
+Cinco días después de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena
+con _la Sanguijuelera_, levantose Isidora más tarde que de costumbre,
+por haber dormido la mañana, y se arregló aprisa. Aquel día estrenaba
+unas botas. ¡Qué bonitas eran y qué bien le sentaban! Esto pensó ella
+poniéndoselas y recreándose en la pequeñez y configuración graciosa de
+sus pies, y dijo para sí con orgullo: «Hoy, al menos, no me verá con el
+horrible calzado roto que traje del Tomelloso». La vergüenza que sintió
+al mirar las botas viejas que en un rincón estaban, también muertas de
+vergüenza, no es para referida. Juró dar aquellos miserables despojos al
+primer pobre que a la puerta llegase.
+
+Púsose su vestidillo negro, que a toda prisa se había hecho aquellos
+días, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirándose al espejo con
+movimientos de pájaro, y se dispuso a salir. Antes abrió el balcón, y
+mirando a la calle, dijo: «Allí está ya. ¡Qué puntual y qué caballero
+es!».
+
+Salió. Las de Relimpio le preguntaron que dónde iba.
+
+«Voy en busca de mi tía»--repuso ella.
+
+Y bajando la escalera decía para sí:
+
+«He tenido que mentir. Cuando yo esté en mi posición, en mi verdadera
+posición, no diré jamás una mentira. ¡Cuánto me repugna lo que no es
+verdad!... ¿Pero qué pensaría esa gente si yo les dijera que voy de
+paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo
+que quería enseñarme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro,
+la Castellana».
+
+Y volvió a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta
+historia dicen que eran de becerro mate con caña de paño negro cruzada
+de graciosos pespuntes.
+
+«Me han costado tres duros--pensó Isidora en los últimos peldaños--. Con
+siete del vestido son diez; seis que di a doña Laura a cuenta, son
+dieciséis. Aún me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela.
+Después el tío me mandará más, y después...».
+
+Isidora vivía en el 23 de la calle de Hernán Cortés. Miquis se paseaba
+desde la lechería a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba
+embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el día era claro y
+hermoso, se sentía fresco.
+
+Saludáronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme
+a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los
+demás, pensaba así durante los primeros pasos: «Ahora me va a decir que
+parezco otra, que me he transformado desde que estoy aquí...».
+
+Pero también se equivocó esta vez, como otras muchas, porque Miquis
+habló de cosa muy distinta.
+
+«Me parece--dijo--que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las
+regiones etéreas. ¿No entiendes? En el paraíso del Teatro Real.
+
+--Sí, allá van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan
+mucho, cosen a máquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito
+con balcón a la calle. Antes no sé si lo ocupaba un señor sacerdote.
+Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. José es el
+tipo más célebre del mundo».
+
+Isidora rompió a reír, y después, haciendo gala de uno de sus talentos
+más brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se
+explicó así:
+
+«¿No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidarías. Es un
+galán viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece
+cabello de ángel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de
+almíbar; qué sé yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro
+con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio,
+según dicen. Cose a máquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es
+lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos
+en un libro grande, ¿sabes?... Es preciso que le conozcas.
+
+--¿Hace falta médico en la casa?
+
+--Hombre, sí. Doña Laura se queja de un dolor..., no sé dónde.
+
+--Pues entraré contigo. Iré a hacerte una visita de ceremonia, diciendo
+que me manda tu tío el de Tomelloso.
+
+--Ya veremos el modo de que entres».
+
+Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque
+Isidora se detenía ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y
+vario que en ellos hay siempre. También era motivo de sus detenciones el
+deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las
+mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para
+ver si van tan bien como suponen o pretenden.
+
+En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy
+distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho más
+altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios
+llenos de chucherías. Sin haber adquirido por lecturas noción alguna del
+verdadero arte, ni haber visto jamás sino mamarrachos, comprendía la
+superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiración
+silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallándolos todos, o casi
+todos, tan acabados y perfectos, que se prometió ir con frecuencia al
+edificio del Prado para saborear más aquel goce inefable que hasta
+entonces le fuera desconocido. Preguntó a Miquis si también en aquel
+sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como
+el estudiante le contestara que sí, se asombró mucho de ello.
+
+Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano
+cambiarse con el insulso rótulo de _Parque de Madrid_. Allí las
+emociones de Isidora fueron una alegría casi infantil, un deseo vivo de
+correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las
+acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de
+dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque
+desvirtuada por la corrección, despertaba en su impresionable espíritu
+instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto
+comprendió que aquello era un campo urbano, una ciudad de árboles y
+arbustos. Había calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por allí
+andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire,
+ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con
+guantes, sombrilla, bastón. Prontamente se acostumbró el espíritu de
+ella a considerar el Retiro (que sólo conocía por vagos recuerdos de su
+niñez) como una ingeniosa adaptación de la Naturaleza a la cultura;
+comprendió que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido
+también civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos
+deseos de correr y columpiarse, pensó gravemente de este modo: «Para
+otra vez que venga, traeré yo también mis guantes y mi sombrilla».
+
+Después de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al
+estanque grande, que es un mar de bolsillo, como decía Miquis. Este la
+llevó luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que
+están entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre
+como un niño, porque también en él, parroquiano constante del Retiro,
+hacía sentir su influjo la vegetación nueva de Primavera, los juegos del
+sol entre las ramas, el meneo de las hojas acariciándose, y aquel
+ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo
+atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quitó
+arrojándola por tierra. Hizo después una almohada de ella y se tendió en
+el suelo. Isidora se sentó frente a él.
+
+«¿Oyes los pájaros?--dijo Miquis--Son ruiseñores».
+
+Isidora había oído hablar de los ruiseñores como cifra y resumen de toda
+la poesía de la Naturaleza; pero no los había oído. Estos artistas no
+iban nunca por la Mancha. Puso atención, creyendo oír odas y canciones,
+y su semblante expresaba un éxtasis melancólico, aunque a decir verdad
+lo que se oía era una conversación de miles de picos, un galimatías
+parlamentario--forestal, donde el músico más sutil no podría encontrar
+las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis
+se echó a reír, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa
+situación en que ambos se encontraban, dijo de improviso:
+
+«Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martín
+Alonso desde las dos hasta las cinco. Éramos tres alumnos. Le ayudábamos
+a hacer la autopsia de un viejo que murió de corazón. ¡Si vieras,
+chica!...».
+
+Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror.
+
+«Es el trabajo más bonito--añadió Miquis--. Tonta, ¿por qué no se ha de
+hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... ¿Qué sería de la vida
+si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Cirugía, chica. O he
+de ser un gran cirujano, o nada. Verás. Cuando el doctor no estaba allí,
+cogíamos uno de los brazos del muerto, y ¡zas!, nos pegábamos bofetadas
+unos a otros...».
+
+Isidora dio un grito.
+
+«Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un músculo
+con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraña...».
+
+Isidora se levantó, echando a correr y metiéndose un dedo en cada oído.
+
+«Aguarda, ruiseñora, no hablaré más de esto».
+
+Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se
+quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas
+de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud.
+Miquis cogía una rama seca, y acercándose cautelosamente por detrás de
+la joven, se la pasaba por la cara y decía con voz lúgubre: «¡La mano
+del muerto!».
+
+Isidora daba un chillido; después reían los dos. Miquis cantaba trozos
+de ópera, corrían un poco; escondíase él tras las espesas matas de
+aligustre, para que ella le buscase; encontrábanse fácilmente; se cogían
+las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura
+del día y del lugar, donde todo parecía recién criado, como en aquellos
+días primeros de la fabricación del mundo, en que Dios iba haciendo las
+cosas y las daba por buenas.
+
+
+=--II--=
+
+Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es
+hoy un médico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante
+aprovechadísimo, aunque revoltoso, igualmente fanático por la Cirugía y
+por la Música, ¡qué antítesis!, dos extremos que parecen no tocarse
+nunca, y sin embargo se tocan en la región inmensa, inmensamente
+heterogénea del humano cerebro. Recordaba las melodías patéticas, los
+graciosos ritornelos y las cadencias sublimes allá en la cavidad
+taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de
+nuestros semejantes. Él, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la
+sublime conjuración de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos,
+pensaba en la aponeurosis del gran supinador. Él, posado sobre los
+libros, como un ave sobre su empolladura, soñaba con un monumento
+colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista
+de lo ideal. Aquel monumento debía rematarse con un grupo sintético:
+¡Beethoven abrazado con Ambrosio Paré!
+
+Nació en una aldea tan célebre en el mundo como Babilonia o Atenas,
+aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo
+inteligencia superior, que en aquella edad era todavía un desordenado
+instinto genial. Su aplicación no era constante como la de las
+medianías, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros,
+emprendía penosos estudios y practicaba con ardor la cirugía, como lo
+abandonaba todo para leer partituras al piano, tocándolo con pocos dedos
+y menos nociones de Música. Pero en estas alternativas de trabajo y
+holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que
+llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magníficos frutos.
+
+Todas las teorías novísimas le cautivaban, mayormente cuando eran
+enemigas de la tradición. El transformismo en ciencias naturales y el
+federalismo en política le ganaron por entero. Tenía gran facilidad de
+dicción. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las
+ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de
+voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y
+como poseía extraordinaria retentiva, lo mismo era para él repetir un
+_allegro_ lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos
+sobre Medicina o Filosofía naturalista.
+
+Su carácter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en
+punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropósitos y en
+charlar voluble, compuesto ya de hipérboles, ya de pedanterías
+burlescas, que ciertamente no indicaban que él fuese pedante, sino que,
+por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, hacía
+pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases
+obscuras de la fraseología científica, y las intercalaba de paradojas de
+su propia cosecha, graciosas y originales.
+
+Aún hoy, que es un hombre de saber sólido, no ha perdido Miquis aquellas
+mañas, y nos divierte con sus chuscas habladurías. A veces parece querer
+zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace más que mofarse de
+lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni
+la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tenía por
+vivienda y que era una caverna de disputas, se oía su voz declamatoria,
+diciendo estas o parecidas cosas: «... porque, señores, a todas horas
+estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatésicas,
+determinan la depauperación general, la propagación de los vicios
+herpético y tuberculoso, que son, señores, permitidme decirlo así, la
+carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su
+ruina...». O bien, elevándose a lo teórico, gritaba: «Reconociendo,
+señores, la revolución que las ciencias naturales, y especialmente la
+Química, han hecho en la materia médica moderna, no conviene afirmar que
+la Química, señores, forma un sistema médico por sí sola, porque antes
+que las leyes químico--orgánicas están las leyes vitales. Volved la
+vista, señores, a Paracelso, Helmoncio y Agrícola, y ¿qué hallaréis,
+señores?...».
+
+Isidora vio un araña que se descolgaba de un hilo, un pájaro que llevaba
+pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la
+atmósfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en
+poesía, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron reír a
+Miquis. Hablando y hablando, Augusto llegó a decir:
+
+«Señores, evolución tras evolución, enlazados el nacer y el morir, cada
+muerte es una vida, de donde resulta la armonía y el admirable plan del
+Cosmos».
+
+¡El Cosmos! ¡Qué bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora!
+¡Cuánto daría por saber qué era aquello del Cosmos!..., porque
+verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse.
+
+«¿Quieres saber lo que es eso, tonta?--le preguntó Miquis--. Vamos, veo
+que eres un pozo de ignorancia.
+
+--No sé más que leer y escribir; deseo aprender algo más, porque sería
+muy triste para mí encontrarme dentro de algún tiempo tan ignorante como
+ahora. Enséñame tú. Yo me pongo a pensar que será esto de morirse. Pues
+el nacer también...
+
+--También tiene bemoles--añadió Augusto en tono sumamente enfático--,
+porque, señores, debemos principiar declarando que todo el mundo se
+compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se
+sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actúan según las
+mismas leyes, desde el átomo invisible hasta la inmensa multitud de
+cuerpos celestes, conservándose invariables en el conjunto de su efecto
+total... ¿Te has enterado?
+
+--El demonio que te entienda... ¡Qué jerga!
+
+--¡Qué bonitos ojos tienes!
+
+--Tonto... Vamos a ver las fieras.
+
+--No me da la gana. ¿Qué más fiera que tú?
+
+--El león.
+
+--¡Leoncitos a mí!... Esos dos hoyuelos que te abrió Natura entre el
+músculo maseter y el orbicular me tienen fuera de mí... No te pongas
+seria, porque desaparecen los hoyuelos.
+
+--Vámonos de aquí--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Estamos en el lugar más recogido del laboratorio de la Naturaleza.
+Señores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos.
+Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de
+las nuevas vidas. Ved, señores, cómo de los infinitos huevecillos
+acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas
+su primer paso y su primer zumbido. ¿No oís cómo estrenan sus
+trompetillas esos niños alados, que vivirán un día y en un día
+alborotarán la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, señores, la
+nueva generación se os anuncia con una fuerte emisión de aromas
+mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de
+vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de
+una parte a otra, porque la atmósfera es mediadora, tercera o Celestina
+de invisibles amores. Sentís afectado por estas emanaciones lo más
+íntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cómo al
+influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus
+primeras galas, cómo se atavían las margaritas mirándose en el espejo de
+aquel arroyo, cómo se acicalan...
+
+--Cállate... Pues no tendrías precio para catedrático...
+
+--Para catedrático--poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el
+día en que yo sea médico, voy a poner una cátedra para explicar...
+
+--¿Qué?
+
+--Para dar una lección de armonía de la Naturaleza--dijo Miquis,
+mirándola a los ojos--, y explicar esos radios de oro que nacen en tu
+pupila y se extienden por tu iris... Déjame que lo observe de cerca...
+
+--¡Qué pesado! Quita... enséñame las fieras.
+
+--Vamos, mujer, esposa mía, a ver esas alimañas--dijo Augusto en tono de
+paciencia--. Desde que me casé contigo me traes sobre un pie. Eras tan
+amable de polla, ahora de casada tan regañona y exigente... Vamos,
+vamos, y me pondré un tigre en cada dedo... ¿Qué más? Se te antoja una
+jirafa. ¡Isidora, Isidorilla!».
+
+Ambos se detuvieron mirándose entre risas.
+
+«Si no me das un abrazo me meto en la jaula del león... Quiero que me
+almuerce. O tu amor o el suicidio.
+
+--Si pareces un loco.
+
+--El suicidio es la plena posesión de sí mismo, porque al echarse el
+hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos
+señores mamíferos.
+
+--¿Qué son mamíferos?--preguntó Isidora, firme en su propósito de
+instruirse.
+
+--Mamíferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de
+la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de
+lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querré más. Cada
+disparate te hará subir un grado en el escalafón de la belleza. Sostén
+que tres y dos son ocho, y superarás a Venus.
+
+--Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben
+todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de
+todo..., ¿me entiendes?
+
+--¿Sabes coser?
+
+--Sí.
+
+--¿Sabes planchar?
+
+--Regularmente.
+
+--¿Sabes zurcir?
+
+--Tal cual.
+
+--Y de guisar, ¿cómo andamos?
+
+--Así, así.
+
+--Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay
+más que hablar.
+
+--Pues a mí no me convienes tú.
+
+--_¡Boa constrictor!_
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Tú.
+
+--Pero que, ¿es cosa de Medicina?
+
+--Es una culebra.
+
+--¿La veremos aquí?... Entremos. ¿Es esto la Casa de Fieras?
+
+--¿Quieres ver al oso? Aquí me tienes.
+
+--Sí que lo eres»--dijo Isidora riendo con toda su alma.
+
+Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba
+mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las
+inquietas y feroces hienas, el águila meditabunda, los pintorreados
+leopardos, los monos acróbatas y el león monomaníaco, aburridísimo,
+flaco, comido de parásitos, que parece un soberano destronado y cesante.
+Vieron también las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las
+descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos
+canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la
+curiosidad de Isidora, poca impresión hizo en su espíritu la menguada
+colección zoológica. Más que admiración, produjéronle lástima y
+repugnancia los infelices bichos privados de libertad.
+
+«Esto es espectáculo para el pueblo--dijo con desdén--. Vámonos de aquí.
+
+--Aunque enamorado--indicó Miquis al salir--, estoy muerto de hambre. Lo
+divino no quita lo humano. Amémonos y almorcemos».
+
+
+=--III--=
+
+También Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si darían
+por terminado el paseo en aquel punto, yéndose cada cual a su casa; pero
+al fin Miquis hizo triunfar su propósito de almorzar en uno de los
+ventorrillos cercanos a los Campos Elíseos. No eran ciertamente modelo
+de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasión de advertir al
+tomar posesión de una mesa coja y trémula, de una silla ruinosa, y al
+ver los burdos manteles y el burdísimo empaque de la mujer sucia y
+ahumada que salió a servirles.
+
+Compareció sobre el mantel una tortilla fláccida que, por el color, más
+parte tenía de cebolla que de huevo, y Miquis la dividió al punto. El
+vino que llegó como escudero de la tortilla era picón y negro, cual
+nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado
+fuerte, que siguió a la tortilla, y que sin duda debía la anterior
+calificación a la dureza de la carne que lo componía, no gustó a Isidora
+más que el local, el vino y la dueña del puesto. Con desprecio mezclado
+de repugnancia observó la pared del ventorrillo, que parecía un mal
+establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que
+publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el
+ajuar todo, los cajones verdes con matas de _evónymus_, cuyas hojas
+tenían una costra de endurecido polvo, el aspecto del público de capa y
+mantón que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez,
+la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando
+salmuera...
+
+«¡Qué ordinario es esto!--exclamó, sin poderse contener--. Vaya, que me
+traes a unos sitios...
+
+--¡Bah, bah!... ¿No te gusta conocer las costumbres populares? A mí me
+encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno
+de los buenos _restaurants_ de Madrid... Perdóname por hoy... Tenías
+carita de hambre atrasada.
+
+--Esto no es para mí--dijo Isidora con remilgo.
+
+--¡Impertinencia, tienes nombre de mujer!--exclamó el estudiante, a un
+tiempo riendo y mascando--¡Descontentadiza, exigente! ¿A qué vienen esos
+melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos;
+manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados,
+mocosos, descalzos; y por mi parte sé decir que no me avergüenzo de
+haber dormido la siesta en un surco húmedo, junto a la panza de un
+cerdo. Usted, señora duquesa, viene sin duda de altos orígenes, y ha
+gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha
+mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un
+ventorrillo, entre honradas chaquetas y más honrados mantones. La
+humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ríos más
+orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso,
+de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ríos. De todo
+lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las niñas de mis ojos.
+
+--Vámonos--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Vámonos a Puerto Rico--replicó Miquis, después de pagar el gasto--.
+Vámonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches,
+aristócrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la
+cabeza... Pero será para comérmela».
+
+¡Con qué inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja,
+por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragón a
+Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies
+raquítica; subían a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que
+vacían los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras;
+pasaban junto a las cabañas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas
+o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petróleo;
+luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban
+vueltas a los tejares; se detenían, se sentaban, volvían a andar un
+poco, sin prisa, sin fatiga.
+
+Miquis, a ratos, hacía burlescos encarecimientos del paisaje.
+«Allá--decía--las pirámides de Egipto, que llamamos tejares; aquí el
+despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. ¡Qué vegetación!
+Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas
+malvas vírgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable
+lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofía, el
+Escorial... ¡Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. ¡Qué
+hermoso es el mundo! ¡Qué bella está la tarde! ¡Cómo alumbra el sol!
+¡Qué linda eres y yo qué feliz!».
+
+Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algún guardia civil
+acompañando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban
+también hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidísima por el suelo
+la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla
+que charla. Miquis empezó contándole su historia de estudiante, toda de
+peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba
+Leyes, había muerto algún tiempo antes, de una enfermedad terrible.
+Augusto despuntaba, desde muy niño, por la Medicina, y jamás vaciló en
+la elección de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al
+mes, y él sabía arreglarse. ¡Había tenido diez y siete patronas!
+Entregábale las mesadas, y tenía además el encargo de vigilarle y darle
+consejos, un hombre de posición humilde y sanas costumbres, bastante
+viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo
+manchego se llamaba Matías Alonso y era conserje de la casa de Aransis.
+
+Al oír este nombre Isidora palideció, y el corazón saltó en el pecho. Su
+espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las
+indiscreciones que podría cometer. Después salió a relucir el tema más
+común en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del
+porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habló seriamente, sin
+dejar su expresión irónica, por ser la ironía, más que su expresión, su
+cara misma. Él esperaba ser un facultativo de fama y operador
+habilísimo. Llevaría un sentido por cada operación, y viviría con lujo,
+sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna,
+que tantos sacrificios hacía para darle carrera. En cuanto esta fuese
+concluida pensaba el buen Miquis hacer oposición a una plaza de
+hospitales.
+
+«En los hospitales--decía--, en esos libros dolientes es donde se
+aprende. Allí está la teoría unida a la experiencia por el lazo del
+dolor. El hospital es un museo de síntomas, un riquísimo atlas de casos,
+todo palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y
+entre todos forman un cuerpo de doctrina. Allí se estudian mil especies
+de vidas amenazadas y mil categorías de muertes. Las infinitas maneras
+de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas
+clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que
+el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos
+nace, así como la planta de flores hermosas y aromáticas es simplemente
+una transformación de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas
+en la tierra y en el estiércol».
+
+Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdeñar espectáculo
+triste, ni dolencia asquerosa, ni agonía tremenda, porque de todas estas
+miserias había de nutrir su saber. Después vendrían las visitas bien
+remuneradas, las consultas pingües. Él se dedicaría a una especialidad.
+Al fin completaría sus satisfacciones abonándose a diario a la Ópera,
+para que su espíritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se
+restaurase en las frescas auras de un arte divino.
+
+Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. ¡Pero le era tan
+difícil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posición particular,
+su delicadeza, no le permitían hablar mucho de ellos. ¡Oh!, si dijera
+todo lo que podía decir, Miquis se asombraría, se quedaría hecho un
+poste. ¡Pero no, no podía explicarse con claridad! La cosa era grave.
+Quizás entre el presente triste y el porvenir brillante habrían de
+mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escándalos,
+revelaciones, proclamación de hechos hasta entonces secretos, y que
+llenarían de asombro a la buena sociedad, a la _buena sociedad_, fijarse
+bien, de Madrid. Entretanto, únicamente se podía decir que ella no era
+lo que parecía, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su
+tiempo madurarían las uvas; a su tiempo se sabría el apellido, la casa,
+el título... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los días, pero
+alguna vez...
+
+Pasó un naranjero.
+
+«¿Son de cáscara fina?--preguntó Miquis al comprar cuatro naranjas--.
+Toma, cómete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez
+de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas...
+
+--Así es--prosiguió Isidora con cierta fatuidad mal disimulada--, que si
+me preguntas cosas que no sean de lo que ahora está pasando, quizás no
+te podré contestar. ¿Qué sé yo lo que será de mí? ¿Conseguiré lo que
+deseo y lo que me corresponde? ¡Hay tanta picardía en este mundo!
+
+--Verdaderamente que sí--dijo Augusto en el tono más enfáticamente
+burlesco que usar sabía--. El mundo es una sentina, una cloaca de
+vicios. En él no hay más que dolor y falsía. Malo es el mundo, malo,
+malo, malo. ¡Duro en él! En cambio nosotros somos muy buenos; somos
+ángeles. La culpa toda es del pícaro mundo, de ese tunante. Es el gato,
+hija mía, el gato, autor de todas las fechorías que ocurren en... el
+Cosmos. ¡Ah, mundo, pillín, si yo te cogiera!... Pero ven acá, alma mía;
+puesto que vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime:
+allá, en esos Olimpos, ¿te acordarás del pobre Miquis?
+
+--¿Pues no me he de acordar? Serás entonces un médico célebre.
+
+--¡Y tan célebre!... Vamos a lo principal. ¿Y tendrás a menos ser esposa
+de un Galeno?
+
+--¿De un qué?... ¿De una notabilidad?... ¡Oh, no! Poco entiendo de cosas
+del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con...
+
+--Con las reinas, con las emperatrices.
+
+--Y sobre todo chico--añadió Isidora--, de algo ha de valer que nos
+conozcamos ahora. Y lo que es a mí...».
+
+¡Cuánta ternura brilló en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba
+con los suyos!
+
+«Lo que es a mí... no me han de imponer un marido que no sea de mi
+gusto, aunque esté más alto que el sol.
+
+--¡Bendita sea tu boca!--exclamó Augusto, apoderándose de las dos manos
+de ella--. ¡Ay!, prenda, ¡qué frías tienes las manos!
+
+--¡Y las tuyas, qué calientes!».
+
+Isidora volvió a pensar en que nunca más saldría a la calle sin guantes.
+
+«¿Querrás siempre a este pobre Miquis, que te quiere más?... Desde que
+te vi en Leganés, me estoy muriendo, no sé lo que me pasa, no estudio,
+no duermo, no puedo apartar de mí esos ojos, ese perfil divino y todo lo
+demás».
+
+Ella empezó a comer otra naranja, y él la miraba embebecido. Nunca le
+había parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el
+ácido de la fruta, tenían un carmín intensísimo, hasta el punto de que
+allí podían ser verdad los rubíes montados en versos de que tanto han
+abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad
+y finísimo esmalte, mordían los dulces cascos como Eva la manzana, pues
+desde entonces acá el mundo no ha variado en la manera de comer fruta.
+Saboreando aquella, Isidora ponía en movimiento los dos hoyuelos de su
+cara, que ya se ahondaban, ya se perdían, jugando en la piel. La nariz
+era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, según decía
+Miquis, de la misma sustancia con que Dios había hecho el crepúsculo de
+la tarde.
+
+Miquis intentó abrazarla. Isidora había despuntado un casquillo con
+intención de comérselo. Variando de idea al ver las facciones de su
+amigo tan cerca de las suyas, alargó un poco la mano y puso el pedazo de
+naranja entre los dientes de Miquis. Él se comió lo que era de comer y
+retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de
+frío.
+
+Isidora se levantó bruscamente, y echó a correr por el sendero.
+
+Corrieron, corrieron...
+
+«¡Ya te cogí!--exclamó Augusto, fatigadísimo y sin aliento, apoderándose
+de ella--. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno.
+
+--Formalidad, formalidad, señor doctorcillo--dijo Isidora, poniéndose
+muy seria.
+
+--¡Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo
+tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo,
+ni las Ordenanzas de Aduanas.
+
+--Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.
+
+--El juicio está claro, señorita. Yo sé lo que me digo. Oye bien. Por mi
+padre, que es lo que más quiero, juro que me caso contigo.
+
+--¡Huy, qué prisa!...
+
+--Está dicho.
+
+--¡Mira éste!
+
+--Un Miquis no vuelve atrás; _un re non mente_; la palabra de un Miquis
+es sagrada.
+
+--¡Bah, bah!
+
+--Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un
+tobosino no puede ser traidor.
+
+--Pero puede ser tinaja.
+
+--No te rías; esto es serio. Estamos hablando de la cosa más grave, de
+la cosa más trascendental».
+
+Y era verdad que estaba serio.
+
+«No nos detengamos aquí--dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba
+un sitio para sentarse--. Hace fresco.
+
+--Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.
+
+--¿A dónde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.
+
+--Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.
+
+--Sí, sí, a la Castellana. Mi tío el Canónigo me decía que es cosa sin
+igual la Castellana.
+
+--Escribiré mañana a tu tío el Canónigo.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para pedirte. Agárrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me
+caso... Sí, estudiante y todo. Mi padre pondrá el grito en el cielo;
+pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona
+del Omnipotente...».
+
+Las risas de Isidora oíanse desde lejos. Al llegar al barrio de
+Salamanca guardaron más compostura y desenlazaron sus brazos. Descendían
+por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor
+continuo que de abajo venía.
+
+
+=--IV--=
+
+«¿Hay aquí algún torrente?--preguntó a Miquis.
+
+--Sí, torrente hay... de vanidad.
+
+--¡Ah! ¡Coches!...
+
+--Sí, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria
+arrastrada».
+
+Isidora no volvía de su asombro. Era el momento en que la aglomeración
+de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La
+obstrucción del paseo impacientaba a los cocheros, dando algún descanso
+a los caballos. Miquis veía lo que todo el mundo ve: muchos trenes,
+algunos muy buenos, otros publicando claramente el _quiero y no puedo_
+en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza
+especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente
+tronada; veía las elegantes damas, los perezosos señores, acomodados en
+las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha
+sonrisa, vistosa confusión de colores y líneas. Pero Isidora, para quien
+aquel espectáculo, además de ser enteramente nuevo, tenía particulares
+seducciones, vio algo más de lo que vemos todos. Era la realización
+súbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida.
+Habíala soñado, la había visto, como ven los místicos el Cielo antes de
+morirse. Así la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando
+dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de
+los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como
+a los del artista la inverosímil figura del hipogrifo. Los bustos de las
+damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta
+cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas,
+las pieles, producían ante su vista un efecto igual al que en cualquiera
+de nosotros produciría la contemplación de un magnífico fresco de
+apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y
+flotantes paños.
+
+¡Qué gente aquella tan feliz! ¡Qué envidiable cosa aquel ir y venir en
+carruaje, viéndose, saludándose y comentándose! Era una gran recepción
+dentro de una sala de árboles, o un rigodón sobre ruedas. ¡Qué bonito
+mareo el que producían las dos filas encontradas, y el cruzamiento de
+perfiles marchando en dirección distinta! Los jinetes y las amazonas
+alegraban con su rápida aparición el hermoso tumulto; pero de cuando en
+cuando la presencia de un ridículo simón lo descomponía.
+
+«Debían prohibir--dijo Isidora con toda su alma--que vinieran aquí esos
+horribles coches de peseta.
+
+--Déjalos... En ellos van quizás algunos prestamistas que vienen a
+gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El
+simón de hoy es el _landau_ de mañana... Esto es una noria; cuando un
+cangilón se vacía otro se llena».
+
+Apareció un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo.
+
+«El Rey Amadeo--dijo Miquis--El Rey. Mira, mira, Isidora... No me
+quitaré yo el sombrero como esos tontos.
+
+--Si apenas le saludan...--observó Isidora con lástima--. Pues cuando
+vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesía. Mí tío el Canónigo dice que
+está excomulgado este buen señor; pero el Rey es Rey».
+
+Pasado su primer arrobamiento, Isidora empezó a ver con ojos de mujer,
+fijándose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos.
+
+«¡Qué variedad de sombreros! ¡Mira este, mira aquel, Miquis!... ¡Vaya un
+vestidito! Y tú, ¿por qué no montas a caballo, para parecerte a aquel
+joven?...
+
+--Es un cursi.
+
+--Y tú un veterinario... ¡Qué hermosas son las mantillas blancas! Es
+moda nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo
+que es cosa de política. Mi tío el Canónigo decía...
+
+--Hazme el favor de no nombrarme más a tu tío el Canónigo, quiero decir,
+a mi querido tío... Esto de las mantillas blancas es una manifestación,
+una protesta contra el Rey extranjero.
+
+--¡Qué salado! Si yo tuviera una mantilla blanca también me la pondría.
+
+--Y yo te ahorcaría con ella.
+
+--¡Ordinario!
+
+--Tonta.
+
+--Esta gente--afirmó Isidora con mucho tesón--sabe lo que hace. Es la
+gente principal del país, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la
+que puede, la que sabe.
+
+--Trampas, fanatismo, ignorancia, presunción.
+
+--¿Pues y tú?..., grosero, salvaje, pedante...
+
+--Isidora, mira que eres mi mujer.
+
+--¿Yo mujer de un albéitar?...
+
+--Isidora, mira que te cojo... y ni tu tío el Canónigo te saca de mis
+manos.
+
+--Basta de bromas. ¡Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros
+gustos son diferentes.
+
+--Su gusto de usted, señora, se amoldará al gusto mío. Eso se lo
+enseñará a usted mi secretario, que es una vara de fresno.
+
+--¡A mí tú!--exclamó ella con brío, deteniéndose y mirándole.
+
+--No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de mí lo que
+gustes...
+
+--Eso ya es otra cosa...
+
+--Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrás tres
+coches, catorce sombreros y la mar de vestidos...
+
+--¡Si yo no me caso contigo!...»--declaró la joven en un momento de
+espontaneidad.
+
+Había en su expresión un tonillo de lástima impertinente, que poco más o
+menos quería decir: «¡Si yo soy mucho para ti, tan pequeño!».
+
+«Falta saberlo. Te casarás por fuerza. Te obligaré. Tú no me conoces.
+Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beberé tu sangre...
+
+--¿Qué es eso de Han de Islandia?--preguntó ella en su prurito de
+ilustrarse.
+
+--Han de Islandia es berenjenas. Déjese usted de sabidurías. Coser,
+planchar y espumar el puchero.
+
+--No espumaré yo el tuyo, paleto.
+
+--¡Marquesa de pañuelo de hierbas!
+
+--Sacamuelas».
+
+Los dos se echaron a reír.
+
+«No te quiero--murmuró Isidora.
+
+--Pues me echo a llorar.
+
+--No te quiero ni pizca, ni esto.
+
+--Pues yo te adoro. Mientras más me desdeñas, más me gustas. Cuando
+pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no sé qué me da... Se me
+antoja robarte.
+
+--¡Y cuánta gente a pie!--exclamó ella sin hacer caso de las gracias de
+Augusto.
+
+--Aquí, en días de fiesta, verás a todas las clases sociales. Vienen a
+observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre
+cada una, para asaltarse. El caso es subir al escalón inmediato. Verás
+muchas familias elegantes que no tienen qué comer. Verás gente
+dominguera que es la fina crema de la cursilería, reventando por parecer
+otra cosa. Verás también despreocupados que visten con seis modas de
+atraso. Verás hasta las patronas de huéspedes disfrazadas de personas, y
+las costureras queriendo pasar por señoritas. Todos se codean y se
+toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres
+ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de
+alcanzar una posición superior, principia por aparentarla. Las
+improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no
+hay un solo número uno que no quiera elevarse a la categoría de dos. El
+dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el
+cuatro dice: «Si yo soy cinco», y así sucesivamente.
+
+--Ya se van los coches»--dijo Isidora, que apenas había oído la charla
+de su amigo.
+
+Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna,
+los carruajes rompen filas y se dirigen hacía el Prado. Es tan
+reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora.
+Isidora notó la confusión del desfile al galope, tomándose unos a otros
+la delantera, escurriéndose los más osados entre el tumulto; y oía con
+delicia el chasquido de látigos, el _¡eh!_... de los cocheros, y aquel
+profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo húmedo entre
+los crujidos de la grava. Ella habría deseado correr también. Su
+corazón, su espíritu, se iban con aquel oleaje. Allá lejos brillaban ya
+no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se
+forma con el vaho de la población, las evaporaciones del riego y el
+continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban
+iluminando hasta formar una claridad fantástica, cual irradiación
+lumínica del suelo mismo. Viendo cómo los coches se perdían en aquel
+fondo, Isidora apresuró el paso.
+
+«Vámonos por aquí--dijo Miquis, desviándola de los paseos para subir
+hacia el Saladero y acortar camino.
+
+--¡Jesús!, siempre me llevas por lo más feo, por donde no se encuentran
+más que tíos. ¿Hay también aquí ventorrillos?
+
+--¿Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda.
+
+--No, no, no. Basta de paseos. Esto no está bien... ¡Qué se dirá de mí!
+Para calaverada, basta.
+
+--¡Maldita sea la hora en que nací!--gruñó el estudiante--. ¿Dejarte
+ahora, separarnos?... ¿Vas a tu casa?
+
+--Sí, hombre. ¡Qué dirán!
+
+--¡Oh!, sí, ¡qué dirán los marqueses de Relimpio!
+
+--No son marqueses, pero son personas honradas.
+
+--¿Quieres ir esta noche al Teatro Real?».
+
+¡El teatro Real! Otro golpe mágico en el corazón y en la mente de la
+sobrina del Canónigo.
+
+«Pero a eso que llamas paraíso, ¿van personas?...
+
+--¿Personas decentes?... Lo más decente de Madrid, la flor y nata».
+
+Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche,
+convinieron en que este convidaría también a las niñas de Relimpio. A
+esto debía anteceder la presentación reglamentaria de Augusto en el
+domicilio de D.ª Laura, para lo que se acordó, tras cortas vacilaciones,
+una mentirijilla venial. Isidora diría que al volver a su casa desde la
+de su tía se había encontrado al joven, amigo íntimo, deudo y aun
+pariente lejano del señor Canónigo. Era, no ya estudiante, sino médico
+hecho y derecho, y bien podía prestar servicios tan excelentes como
+gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud.
+
+Despidiéronse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le
+parecían nunca bastante fuertes. Isidora subió sumamente fatigada. Las
+de Relimpio le dijeron que había venido a visitarla un caballero de muy
+buen porte. Entró la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratísima
+sorpresa. Sobre la cómoda había una tarjeta con el pico doblado.
+
+
+
+
+Capítulo V
+
+Una tarjeta
+
+
+El corazón quería salírsele del pecho al ver los bonitos caracteres que
+decían:
+
+_El marqués viudo de Saldeoro_.
+
+Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los
+ojos del sortilegio que sin duda contenían las letras negras del nombre
+y las pequeñitas de las señas: _Jorge Juan, 13_. Las emociones varias
+que se sucedieron en Isidora, las cosas que pensó en rápido giro de la
+mente, no son para contadas. Todo se resolvió en alegría, de la que se
+derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos
+expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero
+que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo
+más pronto posible, el día siguiente.
+
+Su buen tío había escrito a dos principales señores de Madrid, hijo y
+padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave
+negocio de reclamar su posición y herencia. ¡Cosa extraña y digna de
+gratitud! Una de las personas a quienes venía recomendada, el hijo, el
+marqués de Saldeoro, de cuya gallardía y proezas galantes habían llegado
+noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino
+que, dando una prueba más de su acatamiento al bello sexo, apresurábase
+a visitarla en tan humilde morada...
+
+Y como la impresionable joven, cuando se entretenía en ver las cosas por
+su faz risueña y en hacer combinaciones felices llegaba a límites
+incalculables, empezó a ver llano y expedito el camino que antes le
+pareciera dificultoso; pensó que se le abrirían voluntariamente las
+puertas que creyó cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien.
+Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad
+en su mente al marqués de Saldeoro, favorito de las damas, según decían
+lenguas mil; le tuvo delante, le oyó hablar agradecida, le preguntó
+ruborizada; construyó, si así puede decirse, con material de
+presunciones y elementos fantásticos, la visita personal que al
+siguiente día no podía menos de realizarse.
+
+Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a
+quien adornado suponía de seductoras cualidades, fueron un desdén muy
+vivo hacia el pobre Miquis y una vergüenza de las escenas de aquel día.
+El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla
+cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las
+carreritas, se reprodujeron en su imaginación como un sabor amargo y
+malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Habían sido aquellas
+aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posición futura, que
+diera cualquier cosa porque no hubieran pasado.
+
+Tan metida en sí misma estaba con estos bochornos y aquellas alegrías,
+que apenas comió. Como recordara en la mesa que debía hablar algo de
+Augusto para preparar su presentación, dijo que era un estudiante pobre,
+un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, más músico
+que médico y más médico que fino. Cuando Augusto llegó, negose Isidora a
+ir al teatro, porque le había dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron
+ir tampoco, y el buen estudiante quedó en la situación más desairada del
+mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba,
+hasta dominar las situaciones más difíciles, bien pronto cautivó a la
+familia con sus donaires. Doña Laura propuso jugar a la brisca; trajo D.
+José de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestífera
+llama del petróleo mal encendido, formaron el más alegre corrillo que
+vieron casas de huéspedes.
+
+Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se
+encerró.
+
+«Ese pobre Miquis--decía--es un buen muchacho, pero tan ordinario...
+¡Pobrecillo!, me da lástima de él; pero ¿qué puedo hacer? ¿Puedo hacer
+yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?...
+Está que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegraré mucho de
+que sea un hombre de provecho. Necesitará protección de las personas
+acomodadas, y en lo que de mí dependa...».
+
+Se acostó, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el
+horno siempre encendido de su imaginación a la visita del día siguiente
+y a las consecuencias de la visita. El marqués de Saldeoro entraba; ella
+le recibía medio muerta de emoción, le hablaba temblando; él le
+respondía finísimo. ¡Y qué claramente le veía! Ella rebuscaba las
+palabras más propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde
+se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha...
+Él era el más cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy
+agradecida... Él dejaría su sombrero en un sillón... Ella tendría
+cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo
+mejor de la visita hubiera una catástrofe... Él había de dirigirle
+alguna galantería discreta... Ella tenía que prever todas las frases de
+él para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones...
+¡Cielo santo!, y aún faltaba una larga noche y la mitad de un larguísimo
+día para que aquel desvarío fuera realidad...
+
+Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... ¡Qué pensaría el
+caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no podía mirar
+sin sentir pena las tres láminas que ornaban las paredes empapeladas de
+su cuarto. Aquí una vieja estampa sentimental representaba la _Princesa
+Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo_;
+allí el cuadro del _Hambre_; enfrente, dos amantes escuálidos,
+esmirriados y de pie muy pequeño, él de casaca con mangas de pemil, ella
+con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si
+D.ª Laura no se incomodase, Isidora arrojaría a la calle las tres
+laminotas... Pues, ¿y la cómoda con su cubierta de hule manchado? Más
+valía no verla... Pero ella se levantaría temprano y fregotearía bien la
+cómoda, el lavabo de tres patas y haría maravillas de orden y
+limpieza... Después compraría una corbata bonita... Rogaría a D.ª Laura
+que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de
+percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasaría al siguiente
+día, pensó los sucesos del tercer día y los del otro y los del mes
+próximo, y los del año venidero, y los de dos, tres o cuatro años más.
+
+Dejémosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la
+noche, cuando todo ruido cesara en la casa. ¿Era aquello felicidad o
+martirio? Dice Miquis, y quizás dice bien, que no existiría ni siquiera
+el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al
+niño el juguete, el consuelillo de esperarla.
+
+
+
+
+Capítulo VI
+
+¡Hombres!
+
+
+=--I--=
+
+Aquella buena mujer que pared por medio de _la Sanguijuelera_ vivía,
+tenía por consorte a un rico mercader americano. Entiéndase bien que lo
+de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico),
+y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Américas que
+están de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pingües y
+lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la
+procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y
+residuos de carbón en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por
+fétidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para
+nada.
+
+Modesto Rico tenía un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas,
+hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y
+tinteros de cobre. Era además lañador y lañaba de lo lindo. Ganaba poco,
+y este poco se lo quitaba su afición a la horchata de cepas. Animal más
+digno de desprecio y lástima no se ha visto ni verá. Una y otra vez en
+el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, hacía sus
+cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o
+simplemente con la mano, más dura que granito.
+
+Pues de esta unión había nacido un niño, el más bonito, el más gracioso,
+el más esbelto, el más engañador y salado que en el barrio había.
+Contaba a la sazón diez años, que parecían doce, según estaba el rapaz
+de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la
+cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ángel chapado a lo
+granuja, las mejillas dos rosas con rocío de fango; y su frente clara,
+despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar
+besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y
+gallardía de su cuerpo alto y delicado, estaba más orgullosa de él su
+madre que si hubiera parido un príncipe. Hablaba el lenguaje de su edad,
+con graciosos solecismos, comiéndose medio idioma y deshuesando el otro
+medio. Si en el Cielo hay algún idioma o dialecto, el oír cómo lo
+destrozan los ángeles será el mayor regocijo y entretenimiento del Padre
+Eterno.
+
+Hacía grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban también
+_Palo--con--ojos_) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa
+apropiada a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza
+no le permitía el lujo más ansiado de su corazón. Pero allá Dios le daba
+a entender, con guiñapos del Rastro y otros arreglados por ella,
+conseguía vestirle a su placer, y se recreaba en él; mirábase en aquel
+espejo que era su vida y sus amores; se henchía de satisfacción oyendo
+los encomios que del muchacho hacían las vecinas. Para los domingos
+tenía un pantalón azul, más bien recortado que corto, unas botas usadas,
+de segunda mano, o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre
+cuidaba de planchar el sábado. Pero lo más lindo era una chaquetilla de
+felpa roja, tan raída como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias
+una faja hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas,
+con lo que el muchacho parecía un sol, más que un príncipe, algo de
+sobrenatural en belleza y gallardía, como un Niño Jesús vestido de
+torero. Desde que apareció por primera vez en la calle de Moratines, le
+pusieron por apodo _el Majito_, y así se llamó toda su vida. Su nombre
+era Rafael. Decían los vecinos que todas aquellas galas habían sido de
+niños muertos y de despojos allegados, sabe Dios cómo, del obscuro borde
+de la tumba. No nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razón las
+murmuradoras, ello es que _el Majito_ estaba majísimo con aquellos
+arreos.
+
+Lo que vamos a contar pasó en un domingo. _El Majito_ salió brincando de
+su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa
+_Palo--con--ojos_; mas no era fácil que el regocijo se pintase en su
+cara, por tenerla casi toda cubierta con un pañuelo, a causa del dolor
+de muelas y de la hinchazón que estaba sufriendo aquel día. Y aun así no
+faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto,
+ni la canastilla y peinas. Era la carátula más grotesca que imaginarse
+puede, pues uno de los lados de su rostro parecía calabaza, y era tal el
+peso, que no separaba de aquella parte la mano.
+
+_El Majito_ se metió de un salto en la tienda de _la Sanguijuelera_.
+Esta solía mimarle y le obsequiaba unas veces con piñones y otras con
+azotes.
+
+«Hola, lagartijilla, ¿ya estás aquí?... No enredes en la tienda, porque
+vas a cobrar.
+
+--¿Y _Pecado_?
+
+--En el taller... Dios le tenga allá...».
+
+Aquel día, aunque era festivo, el soguero tenía trabajo hasta las doce.
+No había querido ir Mariano; pero su severa tía le cogió por una oreja,
+y... ¡Valiente holgazán!
+
+«¿Y _Pecado_?--volvió a preguntar _el Majito_.
+
+--Te digo que está en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me
+la rompes, vas a ver. ¡Eh, eh! No te encarames, o te vas de aquí más
+pronto que la vista.
+
+--¿En dónde está _Pecado_?».
+
+Para preguntar, los sabios y los chicos. _La Sanguijuelera_, cansada de
+responder a la misma pregunta, le cogió con una mano los dos carrillos,
+estrujándoselos, con lo que la boca del _Majito_ resultó como una
+guinda. Le dio un beso en ella, diciéndole: «¡Qué pesado eres..., y qué
+rebonito!».
+
+«¡Suéltame, vieja!--exclamó Rafael, limpiándose la cara.
+
+--Eso es, frótate, bobo... Y me has llenado de babas.
+
+--¿Y _Pecado_?
+
+--¡Toma _Pecado_!».
+
+Y le arreó dos nalgadas. Como un jilguero saltó _el Majito_, y de un
+brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y
+con un tercer brinco se metió en el aposento donde Encarnación vivía, el
+cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difícilmente
+se podría determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal
+laberinto, lo que allí había; pero _el Majito_, que conocía el local
+como un ratón conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subió
+a eminencias que parecían camas; descendió a negros abismos que parecían
+arcones abiertos; trepó por las gastadas graderías de un estante viejo;
+se arrastró por suelos polvorientos; metió su brazo por tortuosas
+grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda
+buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurría y deslizaba en
+silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio
+una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergió como el
+nadador en persecución de la perla.
+
+Era un rincón obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes
+apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartón, de cuero, de
+metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos
+militares, desechados por inútiles en la liquidación de un bazar de
+juguetes. _El Majito_ miró y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles
+ojos veían en la obscuridad aquel montón de cosas. Era un cuadro en las
+profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos
+entre el lívido verdor del agua. Las arañas se paseaban sobre los
+objetos, pero Rafael no les tenía miedo. Las correderas entraban y
+salían por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero _el Majito_
+tampoco las tenía miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y
+eligiendo. Fuerte cosa era decidir cuál objeto tomaría. Por último,
+decidido, tiró de una brillante empuñadura y sacó un sable. Después
+revolvió el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto
+el corazón de ratero y tomó lo que brillaba. Era un sombrero que parecía
+escudilla, un ros de cartón, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de
+papel dorado pegadas en redondo. _El Majito_, que tan poco sabía del
+mundo, sabía que los tres entorchados son la insignia del capitán
+general, y que esta es la jerarquía más alta del ejército. ¡Vaya usted a
+averiguar dónde esos diablos de chicos aprenden estas cosas!
+
+Se puso el ros y vio que era bueno. Empuñó el sable. Era un palito
+pinchante amarrado a una empuñadura de metal, que en su origen parecía
+haber sido asa de un brasero de cobre. Había en la prenda militar una
+fabricación tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como
+falta de medios. Autor y dueño de aquellos arreos era, como se habrá
+comprendido, el famoso _Pecado_, gran amigo de cosas de guerra, y que
+desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes
+mecánicas. Él apandaba, no se sabe dónde, aunque es de presumir que
+fuera de sus viajes por las Américas, restos de juguetes, pedazos de
+hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una
+navaja rota y un enorme guijarro que servía de martillo y de piedra de
+afilar, hacía maravillas.
+
+En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa
+de rapiña, sino que lo cogió en la calle, en el momento de caer de un
+balcón, arrojado por unos niños. Era pieza lastimosa; pero ¡cómo se
+trasformó en sus hábiles manos! Púsole visera que no tenía para lo cual
+le bastó media suela de una zapatilla; lo moldeó y le dio forma, que
+casi había perdido; adornole con una vistosa placa, que sacó de la chapa
+circular de un botecillo de betún, y por último, con ciertos tirajos de
+papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapán, le puso
+sus tres entorchados. ¡Muy bien! ¡Así se hacen las cosas! El ros tuvo en
+sus orígenes plata y oro, insignias de comandante. _Pecado_ le hizo
+ganar de un salto la mayor jerarquía militar con una prontitud que
+envidiaría la misma _Gaceta_..., ¡hala!
+
+Dejemos a _Majito_ con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano,
+en actitud tan belicosa, que si le viera el sultán de Marruecos
+convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se
+limpió el polvo y las telarañas que no querían desprenderse de la felpa
+de su chaqueta, y dando después tres o cuatro brincos, se puso en la
+calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: «Soy _Plin_».
+
+¡Ser Prim! ¡Ilusión de los hijos del pueblo en los primeros albores de
+la ambición, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el
+alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoñar, casi
+insensible, de las pasiones! Esta ilusión, que era entonces común en las
+turbas infantiles, a pesar de la reciente trágica muerte del héroe, se
+va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enérgica figura. Pero
+aún hoy persiste algo de tan bella ilusión; aún se ven zamacucos de
+cinco años, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que
+quieren ser Prim o ser O’Donnell. ¡Lástima grande que esto se acabe, y
+que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que
+los gárrulos motes de los toreros!
+
+Ya lo hicimos--dijo Encarnación mirando al _Majito_--. Apandó los
+chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees».
+
+_El Majito_ se dejó ir con grave paso por la calle de Moratines abajo.
+Era el día ventoso, frío y seco, hijo maldito de la malditísima
+primavera de Madrid. La pluma del ros del _Majito_ (porque una pluma de
+pavo tenía) se torcía con la fuerza del viento. La cola de las gallinas
+que andaban por la calle se doblaba también, obligándolas a dar tumbos
+entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas,
+se ponía horizontal; balanceábanse las bacías de cobre colgadas en la
+puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se
+rompían las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus
+gorras y sombreros, los curas apenas podían andar; todo lo flotante
+tendía a tomar la horizontal, y en medio de esta desolación relativa,
+_el Majito_ avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente
+convencido de la importancia de sus funciones.
+
+En la calle de Ercilla tenía ya un séquito de seis muchachos; en la del
+Labrador, ya se le había incorporado una partida de diez y siete, entre
+hembras y varones, siendo las primeras, ¡cosa extraña!, las que más
+bulla metían. Los tres chicos del capataz de la fundición de hierro
+salieron batiendo marcha sobre una plancha de latón, y pronto se
+agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del
+tendero, tañendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en
+descargar golpes a compás sobre una lata de petróleo. Eran estos
+enemigos del género humano pequeñuelos y sucios. Calzaban botas
+indescifrables, pues no se podía decir a ciencia cierta dónde acababa la
+piel y empezaba el cordobán. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza
+a los pies. Si la basura fuera una condecoración, los nombres de
+aquellos caballeritos se cogerían toda la _Guía de forasteros_.
+
+Al desembocar el ya crecido ejército en la plaza de las Peñuelas, centro
+del barrio, agregose una chiquillería formidable. Eran los dos nietos de
+la _Tía Gordita_, los cuatro hijos de Ponce el buñolero, las del
+sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la
+unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jamás. Había caras
+lívidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres.
+El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de
+cabezas, inscribiendo la predestinación del crimen. Los cráneos
+achatados, los pómulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponían
+una máscara de antipatía sobre las siempre interesantes facciones de la
+niñez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba,
+cañas, varas, con esa rapidez puramente española, que no es otra cosa
+que el instinto de armarse; y sin saber cómo surgieron picudos gorros de
+papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron
+distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una página de la
+historia contemporánea, puesta en aleluyas en un olvidado rincón de la
+capital. Fueran los niños hombres y las calles provincias, y la aleluya
+habría sido una página seria, demasiado seria. Y era digno de verse cómo
+se coordinaba poco a poco el menudo ejército; cómo sin prodigar órdenes
+se formaban columnas; cómo se eliminaba a las hembras, aunque alguna
+hubo tan machorra que defendió a pescozones su puesto y jerarquía.
+
+Crecía el estrépito, engrosaban las haces. ¿De dónde había salido toda
+aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la
+España futura, tal que si no la quitaran el sarampión, las viruelas, las
+fiebres y el raquitismo, nos daría una estadística considerable dentro
+de pocos años. Eran la alegría y el estorbo del barrio, estímulo y apuro
+de sus padres, desertores más bien que alumnos de la escuela, un plante
+del que saldrían quizás hombres de provecho y sin duda vagos y
+criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran niños, y
+tenían la fisonomía común a todos los niños, la cual, como la de los
+pájaros, no determina bien los años de vida. La variedad de estaturas
+más bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los años
+transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir
+pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a
+modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de
+vidrio encarnado, y con un fácil movimiento de succión le hacían entrar
+en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con
+presteza increíble.
+
+El militar paseo tenía por música, además del estruendo de las latas, el
+reír inmenso de la bandada, el pío pío mezclado de voces prematuramente
+roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca
+de un niño nos recuerdan al feo abejón cuando sale zumbando del cáliz de
+la azucena. Había en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las
+patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; había
+quien, mudando los dientes, escupía por el colmillo; había quien llevaba
+una colilla de cigarro detrás de la oreja y una caja de fósforos en un
+hueco, que no bolsillo, de la ropa. Había piernas blancas desnudas
+asomándose a las ventanas de un pantalón que a pedazos se caía; había
+zancas negras, esbeltas cinturas ceñidas por sucia cuerda o por tirajo
+informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron
+mangas; blusas que aún se acordaban de haber sido chalecos; gorras
+peludas que fueron, ¡ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animación
+principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de
+alegrías divertidísimo. Con aquel lenguaje mudo decía claramente el
+infantil ejército: «¡Ya somos hombres!». ¡Cuántas pupilas negras
+brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de
+iniciativa! ¡En cuántas actitudes se observaban pinitos de fiereza!
+¡Allí la envidia, aquí la generosidad, no lejos el mando, más allá el
+servilismo, claros embriones de egoísmo en todas partes! En aquel
+murmullo se concentraban los chillidos para decir: «Somos granujas; no
+somos aún la humanidad, pero sí un croquis de ella. España, somos tus
+polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil».
+
+
+=--II--=
+
+Llegaron a la vía férrea de circunvalación que corta el barrio, sin
+valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro
+como con un pariente. Sintieron silbar la máquina, y los condenados se
+pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que
+venía. Lo azuzaban, lo escarnecían, hasta que apareció la locomotora en
+la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El
+tren de mercancías pasó, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y
+ellos a un lado y otro de la vía le saludaban con espantosa rechifla, le
+amenazaban con puños y palos, le trataban de tú, remedaban con insolente
+escarnio los bufidos de la máquina, el desengonzado movimiento de las
+bielas, y por último pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El
+tren les hacía tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareció
+dejando atrás su humo y su ruido.
+
+Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con _el Majito_ a la
+cabeza. ¡Ah! Todavía mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posición,
+que tiempo vendrá en que las grandezas se humillen y las altas torres se
+desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital
+del Niño Jesús y los collados áridos que rodean el barranco. Allí no hay
+casas todavía, es decir, no hay miseria. ¿Quién diréis que salió a
+recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar próximo, y que todas
+las mañanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enfática que
+tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los miró; ellos le
+miraron y se detuvieron. Hizo él la rueda y les echó una arenga, es
+decir, que después de soltar dos o tres estornudos, que son la
+interjección natural del pavo, les soltó esa carcajada que parece
+ladrido. Los chicos se echaron a reír en inmenso coro, y el animal
+volvió a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo «amados
+compatricios míos...» con el cuello rojo cual la esencia del bermellón,
+el moco tieso, las carúnculas inyectadas como un orador herpético. Más
+gritaban ellos, más gargajeaba él. A cada voz respondía con sus
+estornudos y su carcajada. Parecían aclamaciones a la patria, _vivas_
+contestados con _hurras_. Después dio media vuelta y marchó delante. Era
+esa caricatura militar de antaño que se llamaba tambor mayor. El viento
+le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era
+el puro emblema de la vanidad. No le faltaban más que las cruces, la
+palabra y la edad provecta para ser quien yo me sé.
+
+Había llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para
+justificar su existencia. ¿Qué haría? ¿Una simple fiesta militar, o
+dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la
+confusión indicaban que la falange se hacía a sí misma aquella pregunta.
+Bien pronto nadie se entendía allí. La discordia descompuso las filas, y
+todo eran empujones, codazos, gritos. No había uno que no quisiera ser
+Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qué, ¿_el Majito_
+no habían mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que
+parecía un vómito de sonidos, exclamaba: «¡Abaa... jojojo _el Majito_!».
+
+«Miá este--dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en
+jefe con el codo, así como los pollos embisten con el ala--. Dice que me
+ponga detrás... Si no te callas, puñales, te pego la bofetá del siglo.
+
+--Pega, hombre, pega--chilló Rafael preparándose a recibirle, animoso,
+imponente, con el puño cerrado, y presentando también el codo y
+antebrazo como un escudo--. Vamos, hombre...
+
+--No vus perdáis, muchachos; no vus perdáis--dijo en tono conciliador el
+del herrero, interponiéndose.
+
+--Ponte atrás, ¡coles!--gritó _el Majito_--. ¡Qué coles! Si no te pones
+atrás, verás...
+
+--Que no me da la gana, hombre...
+
+--Achúchale, achúchale--dijeron algunos que querían ver reñir al
+_Majito_ con el hijo del carbonero.
+
+--No vus perdáis, muchachos--volvió a decir el otro, sin soltar de la
+boca sucia el caramelo largo.
+
+--¡Que le achuche, que le achuche!»--graznaron varios, arremolinándose.
+
+_El Majito_ y _Colilla_, que así se llamaba el del carbonero, se
+sacudieron el primer golpe en los hombros.
+
+«¡Leña!
+
+--¡Atiza!».
+
+A los primeros golpes cayó a tierra el ros. Más pronto que la vista lo
+cogió Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y echó a correr hacia
+abajo, en dirección a las Yeserías. Allí le detuvieron dos muchachos que
+subían del río; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la
+puso. Mirose en un charco verdoso, y estalló en risa. En tanto la
+refriega había cesado, y _el Majito_, con la cara soplada, los ojos
+encendidos, el corazón hirviendo de rabia, se había subido a una colina
+de las inmediatas al barranco, y desde allí gritaba que iba a matar a
+uno y a reventar a seis si no le devolvían su sombrero.
+
+Los que subían del río eran como de doce años, descalzos, negros,
+vestidos de harapos. El uno traía una espuerta de arena. Los dos
+mostraban grandes manojos de una hierba que se cría en aquellas
+praderas. Es una liliácea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto
+silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se
+chupa, ¡y es dulce!
+
+«¡Matacandiles!»--chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a
+recibir a los dos individuos, conocidos en la república de las picardías
+con los nombres de _Zarapicos_ y _Gonzalete_.
+
+«¿A cómo?--preguntó una voz.
+
+--A cinco.
+
+--¡Qué coles!..., a cuatro.
+
+--¡A cinco! El que no dé cinco no chupa.
+
+--Maldita sea tu madre..., ¡a cuatro!
+
+Y empezó un regatear febril, una disputa de contratación que retrasaba
+las ventas. Pero ¿qué se vendía y qué se compraba allí? Los matacandiles
+que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio
+infantil, ¿se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario
+lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metálico el
+segundo término del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por
+alfileres.
+
+_Zarapicos_ y _Gonzalete_ eran comerciantes. No daban un paso por
+aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que
+sacaran de él alguna ganancia. ¡Bien por los hombres guapos! Vivían de
+sus obras y de sus manos; su casa era la capital de España, ancha y
+ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincón de casa
+de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por
+medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos,
+los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos.
+Habían llegado cada uno a Madrid por distinta vía y puerta; _Zarapicos_,
+por el Norte; _Gonzalete_, por el Sur. Tenían padres; pero ya no se
+acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Después habían visto que
+Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna
+habían unido otras industrias.
+
+_Zarapicos_ fue durante algún tiempo lazarillo de un ciego; _Gonzalete_
+sirvió a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le
+presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria
+y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por
+su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariñosa amistad. Ambos
+aspiraban a vender _La Correspondencia_ o _El Imparcial_, pero ¡ay!
+ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no están al alcance de
+todos los individuos. Eran demasiado granujas todavía, demasiado
+novatos, demasiado pobres, y no tenían capital para garantizar las
+primeras manos. Uno de ellos logró vender _El Cencerro_ los lunes; otro
+merodeaba contraseñas en las puertas de los teatros. Eran dos
+millonarios en capullo. _Zarapicos_ decía a _Gonzalete_: «Verás, verás
+cómo semús cualquier cosa».
+
+Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenían que pasar por
+humillante aprendizaje y penoso noviciado. ¡Recoger colillas! Ved aquí
+un empleo bastante pingüe. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y
+exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafés,
+consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran niños, necesitaban
+juego como el pez necesita agua, y así por las tardes se iban al río a
+recoger matacandiles. Allí se presentaba inopinadamente algún bonito
+recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en
+los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurría con
+frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del
+Sur, y ¡cuántas veces, junto a las fábricas, podían recogerse pedazos de
+lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendían en el
+Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto _Zarapicos_ como
+_Gonzalete_ pudieran tocarse el titulado pantalón para sentir sonar algo
+como retintín de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no
+gastaban un ochavo en comer. Dos veces al día la guarnición de Palacio
+da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven
+los platos de latón. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman
+_piri_, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de
+guardia, y se la disputan a coscorrones.
+
+Después de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el
+río. Si tenían ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la
+ropa; si no, tiraban hacia las Yeserías. Aquel día cogieron tantos
+matacandiles, que apenas podían llevarlos. Por la mucha abundancia,
+_Zarapicos_ fijó en cinco alfileres el precio de la docena de
+matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once,
+manteniéndose firme este precio durante toda una semana.
+
+Lo mismo _Zarapicos_ que _Gonzalete_ tenían las solapas de sus deformes
+chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que sólo asomaban la
+cabeza. El borde de la tosca tela parecía claveteado como un mueble...
+Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros
+chupaban y pagaban. Muchos tenían repuesto de alfileres; otros corrían a
+sus casas, encontraban a sus madres peinándose al sol, en las puertas de
+las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban.
+
+En tanto _el Majito_, desde la cumbre de una eminencia formada por
+escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que
+iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvían su
+sombrero. ¡Qué vergüenza! _Zarapicos_ lo tenía puesto, y estaba tan
+contento de su adquisición, que amenazó al _Majito_ con subir y sacarle
+las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo metía
+apenas se sentían las chillonas voces provocativas. _El Majito_, cansado
+de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanzó una piedra en medio
+de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elástico
+brazo, parecía un gallito de veleta, obedeciendo más al viento que al
+coraje. _Gonzalete_, al recibir la piedra en un hombro, gritó:
+«¡Repuñales! ¡Maldita sea tu sangre!».
+
+Entonces _Zarapicos_ tiró al _Majito_; la piedra silbó en el aire y no
+hirió al muchacho, que al punto disparó la segunda suya.
+Instantáneamente, sin que se dieran órdenes ni se concertara cosa
+alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del _Majito_,
+sin darse la razón de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban,
+soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil
+que venía. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con
+el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacían con una celeridad
+inconcebible.
+
+Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden
+Público, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y
+lúgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hábil movimiento,
+nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. _El Majito_ y
+los suyos ocupaban la altura, _Zarapicos_ y su mesnada el llano. Piedra
+va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de
+carrillos y los chichones como puños. Mientras mayor era el estrago,
+mayor el denuedo: «¡Leña!, ¡atiza!, ¡dale!». ¡Qué ardientes gritos de
+guerra! Ni las moscas se atrevían a pasar por el espacio en que se
+cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanzó a una mujer y la
+detuvo en su camino, obligándola a retirarse con la mano en un ojo.
+Muchos chiquillos se retiraron también berraqueando, porque el dolor les
+enfriaba los ánimos, dando al traste en un punto con todo su coraje.
+
+El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera
+zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en
+despeñadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza.
+Después no es otra cosa que una sucesión de muladares, forma intermedia
+entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que
+juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado
+de la pendiente. Allí se ven paredes hechas con la muestra de una tienda
+o el encerado negro de una clase de Matemáticas; techos de latas
+claveteadas; puertas que fueron portezuelas de ómnibus, y vidrieras sin
+vidrios de antiquísimos balcones. Todo es allí vejez, polilla; todo está
+a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de
+ruinas. Al fin de aquella barriada está lo que queda de la antigua
+Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por
+lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este
+precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen
+montones de escombros y vertederos de derribos.
+
+La línea de circunvalación atraviesa esta soledad. Parte del suelo es
+lugar estratégico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros,
+por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres.
+Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde él se ven
+las altas chimeneas y los ventrudos gasómetros de la fábrica cercana;
+pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o
+tres huertecillas de coles, el cual sirve de unión entre la plaza de las
+Peñuelas y la Arganzuela. En este recodo el transeúnte cree encontrarse
+lejos de toda vivienda humana. Sólo hay allí una choza guardada por un
+perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los
+plantíos de coles.
+
+Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes
+muchachos se corrieron desde las Peñuelas a la Arganzuela, lugar que ni
+hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfacción.
+
+¡Zas, zas!, iban y venían los pedruscos del campo del _Majito_ al campo
+de _Zarapicos_ y viceversa. Ocupaba el primero, como hábil capitán, las
+alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban
+por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habíalos seguido el
+pavo, y colocándose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la
+perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a
+degüello. Más enfurecidos ellos cuanto mayor era el número de los que se
+retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus
+brazos, al parecer descoyuntados, elásticos, flexibles como una banda de
+cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni _Zarapicos_ se acordaba
+ya de los matacandiles, ni _Gonzalete_ de los alfileres. Morir matando
+era su ilusión. Estaban ebrios, y los más intrépidos se reían de los
+pucheros de los desanimados...
+
+De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejército un
+movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron
+«_¡Pecado!_», y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por él venía,
+descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido
+como los demás, el cual a cada paso lanzaba una interjección y amenazaba
+con el puño. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida,
+capitán de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la
+granujería, angelón respetado y temido por su fuerza casi varonil, por
+su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. Así no hubo
+en el cotarro uno solo que no temblara al oírle gritar: «¡Estarvus
+quietos!.., ¡vus voy a reventar!...».
+
+
+=--III--=
+
+Detuviéronse las manos ardientes que empuñaban la piedra, y todos le
+miraron. Fundábase la superioridad de _Pecado_ en la fuerza, de donde
+venía la justicia, es decir, que solía dirimir contiendas de chicos,
+unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones,
+aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con más
+frecuencia usaba.
+
+«¿Por qué vos zurráis?»--preguntó ceñudo, tremendo.
+
+_El Majito_ había salido a su encuentro. _Pecado_ era para él más que un
+amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor
+homérico de que dio pruebas en la altura, se trocó en llanto de
+desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lágrimas,
+y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclamó:
+
+«Picos..., mi sombrero... Yo soy _Plim_.».
+
+En vez de llorar, el desvergonzado _Zarapicos_ se echó a reír como un
+sátiro. Con inflamados ojos miró _Pecado_ su querido ros en la cabeza de
+aquel monstruo de la rapacidad, y poniéndose los brazos en jarra, habló
+así:
+
+«¿Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a
+patás.
+
+--¡Ladrón!»--chilló _el Majito_, sintiéndose otra vez más valiente por
+la presencia de Mariano.
+
+Al oírse llamar con nombre tan infamante, _Zarapicos_, que era un rapaz
+honrado, aunque pobre, no pudo contener el ímpetu de su ira, y echando
+la mano al cuello del insolente _Majito_, le derribó en tierra,
+diciendo:
+
+«¡Figuerero!..., ¡coles!, ¡te deslomo!».
+
+Pero _el Majito_ supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en
+pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoquín.
+
+«Suéltalo»--le dijo prontamente _Pecado_ con voz y gesto de prudencia.
+
+_El Majito_ soltó la piedra refunfuñando feroces amenazas de asesinato.
+Volviéndose a los desvergonzados comerciantes, _Pecado_ les dijo con
+imperioso ademán, en que había tanta energía como orgullo:
+
+«Dirvos.
+
+--No nos da la gana.
+
+--Dirvos, digo.... y venga mi sombrero.
+
+--Miale, miale... ¿Te quieres callar? El sombrero es mío».
+
+Al oír _Pecado_ una afirmación tan contraria a los sagrados derechos de
+propiedad, no se pudo contener más. Huyó de su corazón la generosidad,
+de su espíritu la prudencia, y arremetió a _Zarapicos_ con tal empuje
+que este dio algunos pasos atrás, y habría caído en tierra si no fuera
+también un muchachote robusto. Lucharon, ¡ay!, con varonil fiereza. Las
+bofetadas se sucedían a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De
+cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos,
+cayeron rodando. _Zarapicos_ debajo, _Pecado_ encima. _Pecado_ vencía, y
+machacó sobre su víctima con ferocidad. El niño rabioso supera en
+barbarie al hombre. ¿Habéis visto reñir a dos pájaros? El tigre es un
+animal blando al lado de ellos.
+
+Bien molido estaba _Zarapicos_, cuando acercó a coger entre sus dientes
+un dedo de _Pecado_. ¡Oh! ¡Con qué inefable delicia apretó las quijadas!
+Mariano dio agudísimo grito, y saltó como gallo herido. El otro se
+levantó. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergüenza, totalmente
+embadurnado de fango y lágrimas. Al mismo tiempo reía y lloraba.
+_Pecado_ se cegó; no veía nada; llevó la mano a la cuerda que sujetaba
+sus calzones a la cintura. La última injuria que cambiaron fue referente
+a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir,
+arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes
+les ha mecido.
+
+«Tu madre es una _acá_ y una _allá_.
+
+--Tu madre es esto o lo otro».
+
+_Pecado_ no dijo ni oyó más; sacó de la cintura una navajilla,
+cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces había
+sido juguete, y con él atacó a _Zarapicos_. Del golpe, el infeliz
+chiquillo cayó seco.
+
+¡Hombres ya!
+
+Silencio terrorífico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo.
+Al principio no comprendían la realidad abominable del hecho. Cuando la
+comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo
+horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro,
+dolorido, que indica en ellos la intuición de las grandes desdichas.
+
+Aquello no era una travesura; era algo más. Aquello de que estaba
+manchado _Zarapicos_ no era el almagre de que se pintaban alguna vez
+para jugar; era sangre, ¡sangre! _Zarapicos_ no jugaba al muerto; no
+hacía gestos para hacer reír a sus compañeros; no decía con voz doliente
+¡madre! para representar una comedia; era que se moría realmente...
+Temblando, pálido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea
+de su acción, _Pecado_ arrojó el arma que había sido juguete. El
+instinto le mandaba huir, y huyó.
+
+Alborotose en un instante el barrio de las Peñuelas. Salieron todas las
+mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los
+hombres corrían también. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la
+calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un señor concejal y
+un comisario de Beneficencia, que a la sazón paseaban por el barrio
+eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar
+del atentado. ¡Horror y escándalo!
+
+Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres gruñían;
+_la Sanguijuelera_ misma salió de su tienda a buen paso, medio muerta de
+terror y vergüenza, y por todas partes no se oía sino: «_Pecado_,
+_Pecado_».
+
+La Arganzuela se llenó de gente. Unos corrían en busca del juez; otros
+decían que el juez no le encontraría vivo; los más hablaban de llevarle
+a la Casa de Socorro, y todos decían: «¡_Pecado_!».
+
+Vino corriendo el boticario con árnica y vendajes, diciendo también:
+«¡_Pecado_!». El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que
+por ser hombre muy grueso no podía seguirle aprisa), hacía, siguiendo a
+la multitud, las consideraciones más sustanciosas sobre un hecho que, si
+bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad
+de Madrid.
+
+«Van siete casos de esta naturaleza en diez años--decía el comisario de
+Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la
+celeridad del paso.
+
+--Terrible es el matador hombre; pero el matador niño, ¿qué nombre
+merece?... Dicen que este tiene trece años.
+
+--¡Qué país!
+
+--¡Pero qué país!
+
+--En Málaga son frecuentes estos casos.
+
+--Y en Madrid lo van siendo también.
+
+--¡Y nos ocupamos de escuelas! ¡Presidios es lo que hace falta!
+
+--Escuelas penitenciarias, o cárceles escolares... Es mi tema».
+
+Cuando llegaron al sitio de la catástrofe, los dos señores, dignísimos
+representantes de lo más meritorio y venerable que hay en los pueblos
+modernos, se echaron recíprocamente el uno sobre el otro estas
+dramáticas exclamaciones:
+
+«¡Esto es espantoso!
+
+--Esto parte el corazón
+
+--Escuelas, Sr. de Lamagorza.
+
+--Presidios, Sr. D. Jacinto.
+
+--Yo digo que jardines Froebel.
+
+--Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil
+Remington.
+
+--Pero qué, ¿se lo llevan ya?
+
+--No está muerto; pero parece grave.
+
+--¡Golpe más bien dado!--murmuró un chulo--. Ese chico es de _buten_.
+
+--¡Vaya, que la madre que parió tal patíbulo!--apuntó una de estas que
+llaman del partido.
+
+--El asesino, el asesino, ¿dónde está?--gritó el concejal dándose gran
+importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos--.
+Guardias, busquen ustedes al criminal... ¡Qué País!... Pero guardias...,
+los del Orden Público, ¿dónde están?».
+
+Pero ya la Guardia Civil había comenzado sus pesquisas. Los chicos, que
+en estas cosas suelen ser más diligentes que los hombres, indicaban la
+dirección que siguió _Pecado_ en su fuga. Las opiniones eran diversas.
+Unos decían que se había refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros
+que había tomado por la vía férrea adelante. Un naranjero, que con su
+comercio portátil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se había
+acercado al lugar de la pelea, aseguró haber visto al matador saltar la
+tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas
+que rodean el arroyo. Fundada era la declaración del naranjero.
+Acercáronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinándose sobre la
+punta de los pies, otros subiéndose a una piedra, miraron por encima de
+las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse
+en un ángulo. _Pecado_ miró con receloso espanto la hilera de cabezas
+que en el borde de la tapia se le aparecía, y ante aquella visión de
+pesadilla se sintió domeñado, aunque no cobarde. Terrible coro de
+amenazas e injurias brotó de aquella fila de bocas, y más de cincuenta
+brazos se extendían rígidos por encima de la tapia. Pero el alma de
+_Pecado_ se componía de orgullo y rebeldía. Su maldad era todavía una
+forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en
+querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia
+crecía, trájole a tal extremo. De esta manera, un muñeco abandonado a
+sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo
+con infernal delicia. A _Pecado_ se le conquistaba fácilmente con
+hábiles ternuras. Era tan bruto, que _el Majito_ mismo, con un poco de
+mimo y otro poco de esa adulación que algunos chicos manejan como nadie,
+le tenía por suyo. Pero de ningún modo se le conquistaba con la fuerza.
+
+Así, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio
+amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la
+provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia
+civil; cuando notó la saña con que le perseguía la muchedumbre, en quien
+de una manera confusa entreveía la imagen de la sociedad ofendida,
+sintió que nacían serpientes mil en su pecho, se consideró menos niño,
+más hombre, y aun llegó a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan
+tremendas como desconocidas para él hasta entonces, la venganza, la
+protesta, la rebelión, la terquedad de no reconocerse culpable,
+penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lágrimas
+de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la ganó por entero el
+instinto de defensa. Entrevió, como un--ideal glorioso, el burlar a toda
+aquella gente, escapándose y aumentando el daño antes causado con otros
+daños mayores.
+
+Esta era la situación moral de _Pecado_ cuando el comisario de
+Beneficencia, llevado de un celo que nunca será encomiado bastante, se
+empinó como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por
+encima de la tapia, dirigió al criminal su autorizada y en cierto modo
+paternal palabra, diciendo:
+
+«Mequetrefe, sal pronto de ahí, o verás quién soy».
+
+¡Cuánto habría dado el criminal por que cada mirada suya fuera una
+saeta! Quería despedir muertes por los ojos. Cogió un ladrillo, y
+apuntando a la por tantos títulos respetabilísima cabeza del apóstol de
+la Beneficencia oficial, lo disparó con tan funesta puntería, que el
+buen señor gordo gritó: «¡Carástolis!», y estuvo a punto de caer
+desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cayó.
+
+¡Víctima ilustre ciertamente!
+
+¿Nos atrevemos a decir que la agresión inicua y casi sacrílega de que
+había sido objeto el señor comisario, provocó algunas sonrisas y aun
+risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que
+había tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digámoslo, sí, para
+eterno baldón de la clase chulesca.
+
+_Zarapicos_ fue llevado en gravísimo estado a la Casa de Socorro, y la
+nueva víctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y
+ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benéfica que sólo para
+alivio de los menesterosos existía.
+
+«¡Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... ¡Vaya un monstruo!...
+¡Carástolis! ¡Ay!, ¡ay! Sr. Lamagorza, este truhán me ha matado... ¡Qué
+país!, ¡qué país!».
+
+Alguien apoyaba por allí cerca estas sentidas razones con otras
+igualmente enérgicas, que revelaban una indignación fulminante. Era el
+pavo, que avanzó haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el señor
+comisario herido. En tanto _Pecado_, rápido como el pensamiento, se
+subió al cobertizo y se dejó caer en el arroyo por una vertical de más
+de cinco metros, deslizándose por la escabrosa superficie de tierra.
+Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el público para
+cogerle; pero él se escurrió por el borde del arroyo, metió los pies en
+el agua cuando le faltó el terreno, y buscó un refugio en el agujero
+negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada
+limpia desembocaba.
+
+«Que le cojan ahora--dijo una mujer del pueblo, que después de la
+descalabradura del señor comisario, simpatizaba, ¡oh vilipendio!, con el
+criminal.
+
+--¡Que venga la guardia de la alcantarilla!»--exclamó el concejal
+inflamado de coraje.
+
+Los guardias civiles y los de Orden Público trataron de remontar el
+arroyo; pero venía muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun
+las botas mismas.
+
+«¿Quién pesca ahora a ese condenado?
+
+--Hay una reja que no le dejará internarse. Ha de estar a cuatro o cinco
+varas de la boca».
+
+Miraban todos y no le veían. Un guardia civil arriesgó las botas,
+acercándose a la boca. Llevaba fusil.
+
+«Allí está--gritó--. Le veo los ojos».
+
+El guardia distinguía dos luceros en la obscuridad. Desde allí _Pecado_
+atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa.
+
+«¡Granuja!--gritó el civil--, sal de ahí o te hago fuego.
+
+--¡Fuego, fuego!»--clamó a lo lejos la voz del comisario, a quien
+piadosas chulapas ponían una venda.
+
+_Pecado_ había entrado con ánimo de no parar hasta verse en lugar
+seguro, aunque tuviera que ir a las entrañas de la tierra. Pero la
+obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazón, aún no
+suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose
+entre dos especies de muerte, y vaciló... Le consolaba que los guardias
+no podían entrar a cogerle. ¿Y si le hacían fuego?... Entonces se achicó
+tanto, que volvió a ser niño y a tener miedo. Dirigió la mente a ciertas
+ideas confusas de su tierna niñez; pero aquellas ideas estaban tan
+borradas, tan lejanas, que poco o ningún alivio encontró en ellas. De
+Dios no quedaba en él más que un nombre. Era como un rótulo escrito
+sobre un arca vacía, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los
+ricos tesoros. Nada sabía; su tía le hablaba poco de Dios, y el maestro
+de escuela le había dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca
+pudo comprender bien. Las nociones de su tía y las palabras del maestro
+se le habían olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y
+aquella vida errante de juegos, raterías y miseria.
+
+Sin saber cómo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo
+chillaba dentro de él que se lo decía. Era criminal, y sus perseguidores
+tenían razón en perseguirle, y aun en matarle atándole en un palo y
+estrangulándole. Esto le hizo estremecer de espanto, ¡a él que había
+visto una y otra ejecución en el Campo de Guardias sin conmoverse!...
+Pero aunque se reconoció bien perseguido, su orgullo estaba allí para
+aconsejarle no entregarse... ¡Fuera miedo!... Desgraciadamente para él,
+estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas
+físicas. Estaba cansado; en todo el día no había comido más que el
+currusco de pan que le dio su tía al ir al trabajo. ¡Y había dado tantas
+vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... ¡Y corrió
+tanto después para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!...
+¡Tenía un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y
+muy señor mío. A estas insufribles molestias se unió el frío. Sus pies
+desaparecían en el agua, y desde lo interior del cañón de ladrillo venía
+un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. ¿Qué haría?
+
+Determinose entonces en él ese fenómeno de observación retrospectiva que
+suele acompañar a las situaciones de gran perplejidad. El espíritu
+turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que
+han precedido inmediatamente a la situación terrible. Espantose de no
+haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la mañana con
+el apuro y desasosiego de la tarde. ¡Qué lástima haber vivido aquel
+día!... ¡Qué lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No
+había ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto,
+porque él daba a la rueda y su tía cobraba. Pero al fin, con gusto o sin
+él, allá fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertiría en el
+Canal o en la Arganzuela. Había estado toda la mañana esperando con
+mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las
+vueltas de la odiosa rueda. Creíase motor del misterioso reloj del
+tiempo. Dale que le dale, había llegado al fin la hora, y la manivela,
+que para él era parte de sus propias manos, se había quedado sola en el
+taller, quieta y muda.
+
+Sin decir adiós al maestro, porque el maestro no le saludaba a él a
+ninguna hora, _Pecado_ había salido y bajado a saltos por la Ribera de
+Curtidores.
+
+Aún le parecía ver los puestos rastreros y las manos recogiendo
+cachivaches. Era día de toros. Aquellos barrios estaban muy animados.
+Todo lo recordaba perfectamente; todo lo veía, como si lo tuviera
+delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se
+acordaba de que, al llegar a la Ronda, le había detenido el paso un
+perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca.
+El muchacho, impaciente y atrevido, atravesó por debajo de la panza de
+una de las mulas, que por más señas era torda. Después vio un entierro;
+luego encontró a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y
+él..., él las había administrado un par de nalgadas a cada una, porque
+eran muy bonitas... Representábase luego la llegada a su casa; recordaba
+que su tía, antes de darle de comer, le había anunciado el hurto del
+ros, y que él, sin poderse contener al oír tan atroz noticia, abandonó
+la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanzó por el barranco
+abajo en busca de la cuadrilla. Lo demás, por ser más reciente y
+desagradable, se le representaba con matices aún más vivos. El
+ensangrentado cuerpo de _Zarapicos_ no se quitaba ya de delante de sus
+ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas
+del egoísmo para producir una reacción; pero si estos ganaban algún
+terreno, al punto lo perdían. Los sofismas hacían grandes esfuerzos por
+destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas más hojas le
+arrancaban, más lozanas las echaba ella.
+
+«¡Date, date, canallita!--gritó el guardia--, o te dejo seco».
+
+_Pecado_ miró al guardia. No, no se entregaría. Antes morir que
+entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbró
+el presidio, como en sus sueños infantiles había vislumbrado otras veces
+el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, ¿qué podía hacer
+más que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a
+quien Mariano admiraba mucho por su gallardía y su simpático rostro. Se
+llamaba Mateo González, y servía en el puesto de la calle del Labrador.
+_Pecado_ le imitaba en el modo de andar. En sus sueños de ambición, no
+se le ocurría jamás ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante
+famoso, sino ser Mateo González.
+
+Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. _Pecado_ le vio desaparecer,
+y por un momento tembló de alegría. Pero no le dio tiempo el guardia a
+regocijarse, porque otra vez apareció por el arroyo adelante. En vez de
+fusil, traía dos naranjas en la mano derecha.
+
+«¡Eh, Marianín!--gritó inclinándose para verle mejor y mostrarle lo que
+llevaba--. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... ¿Ves? Si sales, te
+doy estas dos naranjas».
+
+_Pecado_ dio un salto hacia fuera y se arrojó en brazos del guardia.
+
+«¡Ah tunante...!»--dijo este con alegría, echándole la zarpa al cuello y
+dejándose arrebatar las naranjas.
+
+
+=--IV--=
+
+Consagremos un recuerdo de consideración y lástima, en el último renglón
+de esta tragedia, al digno señor comisario de Beneficencia, autor de
+tantos y tan hermosos expedientes. Él solo sería capaz, si le dejaran,
+de elevar en pocos años a una altura increíble, dentro de los archivos
+nacionales, esos grandiosos monumentos papiráceos en que se cifra
+nuestra bienandanza. Sería preciso tener corazón de estuco para no
+afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceñida
+por un pañuelo, corriendo en coche simón hacia la Casa de Socorro de la
+calle de Embajadores, donde por la noche se vistió de la luz de los
+serafines el pobrecito _Zarapicos_.
+
+_La Correspondencia_ recogió en el Juzgado de guardia una nota del
+suceso de aquel día, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo.
+Cuando lo leyeron los amigos que acompañaban al señor de Lamagorza en su
+casa, y cuando este les refirió detalles del hecho, oyéronse las
+exclamaciones más ardientes sobre el estado moral e intelectual del
+país; se recordaron otros hechos análogos ocurridos antes en Madrid,
+Valencia y Málaga, y por último se declaró con unanimidad muy
+satisfactoria que era preciso hacer algo, ¡algo, sí!, y consagrar muchos
+ratos y no pocas pesetas a la curación del cuerpo social. Como la prensa
+alarmada acalorase el asunto en los días sucesivos, se formaron juntas,
+se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies
+de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron
+los oradores; y otros, que ávidos estaban de dar sus nombres al público,
+adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece.
+
+Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de
+penitenciarías, de sistemas teóricos, prácticos, mixtos, sencillos y
+complejos, celulares y panoscópicos, docentes y correccionales, fueron
+cayendo en el olvido, como los juguetes del niño, abandonados y rotos
+ante la ilusión del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos días fue
+un proyecto urbano más práctico y además esencialmente lucrativo.
+Ocupáronse de él juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y
+con tanto espíritu de realidad, que al poco tiempo se alzó grandiosa,
+provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza
+de Toros.
+
+
+
+
+Capítulo VII
+
+Tomando posesión de Madrid
+
+
+La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe
+terrible. Precisamente, cuando supo el extraño caso, hallábase en la más
+lisonjera situación de espíritu que un alma juvenil puede apetecer.
+Todas sus ideas tenían como un tinte de aurora; detrás de cuanto
+pensaba, creía notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo
+para contenerse en su alma, salía por los sentidos afuera y matizaba de
+extrañas claridades todos los objetos. Nada veía que no fuera para ella
+precioso, seductor, magnífico o por cualquier concepto interesante, y
+hasta un carro de muertos que encontró al salir de la casa, más que por
+fúnebre, le chocó por suntuoso.
+
+Había salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, había
+salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible,
+espejo de tantas alegrías, con sus calles llenas de luz, sus mil
+tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los
+domingos por la mañana, si esta es de abril o mayo, los encantos de
+Madrid se multiplican; crecen la animación y el regocijo; hay bulla que
+no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada
+paso halla el transeúnte bandadas de lindas pollas, de cintura bien
+ceñida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en
+mano, joviales y coquetuelas.
+
+Las campanas dijeron algo a Isidora, y entró a oír misa en San Luis, en
+cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedían a las
+misas, y los fieles se dividían en tandas. Unos se marchaban cuando
+otros caían de rodillas. Allí se persignaba una tanda entera, aquí se
+ponía en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del
+sacrificio, sonaban sin interrupción.
+
+«¡Qué bueno es el Señor--pensaba Isidora delante de la Hostia--, que me
+allana mi camino y me manifiesta su protección, desde el primer paso que
+doy para lograr mi puesto verdadero...! No podía ser de otra manera,
+porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo
+no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante
+mí, resultaría una injusticia, una barbaridad...».
+
+Y luego, cuando el sacerdote consumía:
+
+«Bendito sea el Señor que me ha deparado la ayuda del marqués de
+Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... ¡Y
+qué hermosos ojos tiene, qué guapo es y con qué elegancia viste! Aquello
+es vestirse; lo demás es taparse... ¡Qué bien habla, y cómo se interesa
+por mí! Tiene razón cuando me dice: «¡Oh!, esté usted tranquila, que si
+esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ahí tenemos los
+tribunales. ¡Es asunto ganado!». ¡Oh! Sí, los tribunales. ¡Qué bonitos
+son los tribunales!... Todo será cuestión de algunos meses. Después...».
+
+Por la mente de Isidora pasaba una visión tan espléndida, que a solas y
+en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa
+muchacha sonreía.
+
+«No es caso nuevo ni mucho menos--decía--. Los libros están llenos de
+casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas veces...! ¿Y
+qué cosa hay más linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy
+pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa
+joven, que es bonita como los ángeles y, por supuesto, honrada, más
+honrada que los ángeles, llora mucho y padece, porque unos pícaros la
+quieren infamar; y luego, en cierto día, se para una gran carretela en
+la puerta, y sube una señora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y
+hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que
+la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde
+calavera? Por lo cual de repente cambia de posición la niña, y habita
+palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza,
+la pretendía, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. ¿Pies, para
+qué os quiero?».
+
+Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la señal de la cruz
+sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un
+Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que parecía decir: «Abur,
+Dios».
+
+En la puerta, las vendedoras de flores entorpecían el paso de la gente,
+y alargaban sus manos con puñados de rosas y otras florecillas,
+gritando: «Un ramito de olor...». «Cuatro cuartos de rosas». Isidora
+compró rosas para acompañarse de su delicado aroma por todo el camino
+que pensaba recorrer. Al punto empezó a ver escaparates, solicitada de
+tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a
+la calle salía, y origen de vivísimos apetitos que conmovían su alma,
+dándole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de
+contemplar su faz en el vidrio para ver qué tal iba, devoraba con sus
+ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda.
+
+¡Cuántas invenciones del capricho, cuántas pompas reales o
+superfluidades llamativas! Aquí las soberbias telas, tan variadas y
+ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad;
+allí las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mérito, en los
+estuches negros...; más lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas,
+chucherías que enamoran la vista por su extrañeza, objetos en que se
+adunan el arte inventor y la dócil industria, poniendo a contribución el
+oro, la plata, el níquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina,
+el azabache, el ámbar, el latón, el caucho, el coral, el acero, el raso,
+el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrín, la porcelana y hasta el
+cuerno...; después los comestibles finos, el jabalí colmilludo, la
+chocha y el faisán asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil
+y mil cosas aperitivas que Isidora desconocía y la mayor parte de los
+transeúntes también...; más adelante los peregrinos muebles, las
+recamadas tapicerías, el ébano rasguñado por el marfil, el roble tallado
+a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de
+matrimonio, y por último, bronces, cerámicas, relojes, ánforas,
+candelabros y otros prodigios sin número que parecen soñados, según son
+de raros y bonitos.
+
+El hechizo que estas brillantes instalaciones producían en el ánimo de
+Isidora era muy particular. Más que como objetos enteramente nuevos para
+ella, los veía como si fueran recobrados después de un largo destierro.
+El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducían a mirar
+todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y decía:
+«Con esas pieles me abrigaré yo en mi coche; en mi casa no habrá otros
+muebles que esos; pisaré esas alfombras; las amas de cría de mis niños
+llevarán esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usará
+esas petacas, bastones, escribanías, fosforeras, alfileres de corbata; y
+cuando alguno esté enfermo en casa, se tomará esas medicinas tan buenas,
+guardadas en tan lindas cajas y botecillos».
+
+Por mirarlo todo, deteníase también a contemplar las encías con que los
+dentistas anuncian su arte, las caricaturas políticas de los periódicos,
+colgados en las vidrieras de los cafés, los libros, los cromos, los
+palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las
+condecoraciones, las fotografías, los dulces y hasta los comercios
+ambulantes en que todo es _a real_.
+
+Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella
+saliera de su destierro social, ¡qué gusto ir de tienda en tienda, mirar
+todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el
+objeto comprado, volver al día siguiente...! Entró en una tienda de
+paraguas a comprar una sombrilla. ¡Le pareció tan barata!... Todo era
+barato. Después compró guantes. ¿Cómo iba a salir sin guantes, cuando
+todo el mundo los llevaba? Sólo los pordioseros privaban a sus manos del
+honor de la cabritilla. Isidora hizo propósito de usarlos
+constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro,
+se le afinarían las manos hasta rivalizar con la misma seda.
+
+Después de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentación de
+comprar un imperdible. ¡Cayó en la cuenta de que le hacía tanta
+falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio,
+vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos,
+habrían de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no
+tardó en enamorarse de un portamonedas. ¿Cómo podía pasarse sin aquella
+útil prenda, tan necesaria cuando se tiene algún dinero? No había cosa
+peor, según ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo,
+expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uñas de los
+rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, siguió viendo
+cosas, y a cada instante emigraban de él las pesetas y los duros, ya
+para tomar algo de perfumería, ya para horquillas, ¡de que tenía tanta
+falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su
+elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se podía pasar sin papel
+de cartas, ¡ni de qué servía un papel que no tuviera timbre!...
+
+«Aún me queda bastante--dijo al regresar a su casa--para poner a Mariano
+en un colegio y comprarle algo de ropa...».
+
+Hacía cuentas mentalmente; pero las cifras sustraídas eran tan rebeldes
+a su espíritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordándose sabía
+darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organización
+mental para la aritmética les hace formar un grupo aparte en la especie
+humana), veía siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente
+flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores
+arrastraría a la humanidad a grandes catástrofes, si no lo contrapesara
+el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio.
+
+Isidora se había dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa
+indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del
+portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que
+encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso sí: corazón más blando ni
+que más fácilmente se enterneciera con ajenas lástimas y desdichas no
+existió jamás. En su mano había quizás un vicio fisiológico, y decimos
+vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el
+acto de la aprehensión, o por la aprehensión formada (que en esto hay
+graves diferencias entre los doctores), la suya parecía hecha para el
+acto contrario, y no habría tenido razón de ser, si el dar no existiera.
+
+Entró en su casa tarde, cargada de compras, porque añadió a las
+indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a
+D. José Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las
+rosas. Púsolas en un vaso con agua fresca, almorzó, y escribió dos
+cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafía, ocho
+plieguecillos del timbrado papel, y habría gastado más si no le dieran a
+la sazón la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y salió
+agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la cárcel y
+ver el partido que debía tomar. Entonces cayó en la cuenta de que
+necesitaría gastar algún dinero, y segura de tener bastante, registró
+los huequecillos rojos del portamonedas, contó, revisó, pasó las piezas
+de una parte a otra; pero por más vueltas que daba y trasiegos que
+hacía, resultaba siempre que apenas tenía dos docenas de pesetas. ¿En
+dónde estaba lo demás? ¿La habían robado?
+
+Por un momento creyose Isidora víctima de los infinitos timadores que
+hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la
+fuerza incontrastable de la Aritmética, que a veces se impone a sus
+mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidación neta de
+todo y declarose ratero de sí misma. Su siempre viva imaginación veía
+las monedas que había tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los
+tres duros algo anticuados y por lo mismo más valiosos. ¿En dónde
+estaban? Poco a poco fue recordando que la primera había caído en tal
+tienda, la segunda más allá, y que a ocupar su lugar venían pesetas
+gastadas y algún duro flamante que parecía de lata. Cuando el manirroto
+suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo
+numismático, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la
+idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la
+necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceñudos
+números cargados de lógica y ponen las cosas en su lugar.
+
+Nada sacó en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un
+nuevo gasto en coches y tranvías. Acompañábala D. José Relimpio, el cual
+mostró tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad
+como a todas, le obsequió con un paquete de puros de a medio real.
+Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, él tieso y humeante, D.ª
+Laura recibió a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo:
+
+«Quita allá; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. ¡Contenta me
+tienes! Tú, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees
+que no hace falta nada más. Mejor trabajaras...».
+
+
+
+
+Capítulo VIII
+
+Don José y su familia
+
+
+=--I--=
+
+A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales
+figuras de esta historia de verdad y análisis. Reconoced al punto el
+original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por
+Isidora. El bigotito de cabello de ángel, de un dorado claro y húmedo;
+los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y
+risueña, con dos pómulos teñidos de color rosa, marchita; el mirar
+complaciente, la actitud complaciente, y todo él labrado en la pasta
+misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el
+Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel
+ramillete de confitería, que llevaba entre los hombres el letrero de
+José de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante.
+Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo.
+Era un hombre que no servía para nada.
+
+Tenía sesenta años. Procedía de honrada y decentísima familia. Había
+sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia,
+viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Había sido
+empleado en Rentas, pero cumplía tan mal y se tomaba tan largas
+vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro,
+y se arruinó la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y
+por razón de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas
+entraban sin pagar. Fue marido de D.ª Laura, y gastó el reducido
+patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades.
+
+Doña Laura, mujer de áspera naturaleza, agriada por la vejez y por el
+cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le decía
+con dramático acento:
+
+«Hombre inútil, hombre--muñeco. El día en que me casé contigo debió el
+Señor haberme llevado de este mundo. ¿Para qué sirves tú, como no sea
+para comer?
+
+--Soy tenedor de libros»--respondía D. José, satisfecho de una razón
+que, a su juicio, excusaba todas las demás razones; y consideraba para
+sí cuán lejos está de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia
+en que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien
+porque se dedicó resueltamente a ello, lo cierto era que D. José conocía
+la Partida Doble como conoció Newton las Matemáticas y Colón la Náutica.
+Hay afinidades verdaderamente extrañas entre el espíritu humano y los
+distintos modos del saber, y aquel que por su organización parece no
+prendarse de las cosas ideales y halagüeñas, encuentra en las arideces
+de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia,
+emprendió el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran
+los más del año, y si no lo dejara a la mitad, habría sido un monumento
+de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Teneduría tenía escritos
+substanciosos tratados, y era de ver con qué inspirada sagacidad
+explicaba la _Banca en comisión_, las _Cuentas de Resaca_, la _Gruesa
+ventura a cobrar_, las _Fianzas_ y _Avales_, los _Depósitos_ y
+_Mercaderías_. Suspendió el trabajo al llegar a ocuparse del precioso
+tema de _Mi cuenta_, _Su cuenta_ y _Cuenta común_, y es lástima que en
+tan interesante punto lo suspendiese.
+
+Lo extraño era que siendo D. José poseedor de los más escondidos
+secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento
+de sus fondos y el manejo de la casa no merecían que se emplease en
+ellos una gota de tinta; pero D. José, que tratándose de hacer números
+iba siempre más allá de las necesidades, tenía en su cuarto el libro
+_Mayor_, el _Diario_, el _Diario provisional_, el _Mayor de mercancías_,
+el de _Caja_, el de _Cuentas corrientes_, el de _Efectos a cobrar_, el
+de _Facturas_, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas ponía más
+números que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qué
+sustancia sacaba de ello.
+
+Pero lo que más a D.ª Laura enfurecía era que, con ser viejo y cascado,
+se mirase tanto al espejo. En efecto; además de que en su cuarto, a
+solas, se pasaba las horas muertas mirándose, no entraba en pieza alguna
+donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin él, se
+echase una visual para examinar su empaque, y atusarse después el
+bigote, o poner mano en los contados cabellos que venían flébiles y
+pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla.
+
+«Eso es, mírate bien--le decía D.ª Laura--, para que no te olvides de
+esa cara preciosa. ¡Lástima que no vengan los pintores a sacar tu figura
+de gorrión mojado!».
+
+Don José se reía con esto. ¡Era tan bueno!... Si la miel es condición y
+substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, más que
+hombre, un merengue andando. Riendo decía a su cara consorte:
+
+«No todos tenemos la suerte de conservarnos como tú, que estás tan
+hermosa y frescachona como cuando te conocí.
+
+--Calla, Sardanápalo.
+
+--La verdad por delante. Todavía, todavía... Vamos, que alguien daría un
+resbalón.
+
+--Quita, quita--clamaba la señora con expresión de asco--. ¿Me tomas por
+esas...?».
+
+Don José había sido un galanteador de primera. No lo podía remediar:
+estaba en su naturaleza, en su doble condición de tenedor de libros y de
+galán joven, y así, ya casado y viejo, no veía mujer bonita en la calle
+sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre
+sus amigos, solía llevar la conversación desde los temas trillados a los
+motivos de amor y aventuras; y todo se volvía almíbar, hablando de pies
+pequeños, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una
+mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aquí y
+eran pura charla, porque su timidez le ponía grillos para pasar a cosas
+mayores.
+
+Pero aun en aquellos días de vejez y decadencia, cuando salía a tomar el
+sol, embozado en su raída capita, iba a los lugares más concurridos de
+muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a
+seguirla con su paso vacilante, sin malicia, sólo por _rutina del
+oficio_, como solía decir; y siempre que en sitio y ocasión de
+apreturas, como parada militar y procesión de Corpus, se hallaba en
+contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le salía a los labios,
+toda acaramelada y jaleosa, para decir: «¡Cómo me gusta usted,
+señora!... ¡Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee».
+
+Este libertino platónico era tío de Isidora en tercer grado, por ser
+primo segundo de Tomás Rufete; y además la había sacado de pila. La
+había visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos había profetizado,
+con la seguridad de un conocedor profundo en teneduría de destinos
+humanos, que la niña sería una hermosa mujer, quizás elegante y famosa
+dama. ¡Cuánto se alegró de volver a verla ya crecida, y cuánto
+compadeció sus desgracias, y con qué puro interés se ofreció a ella para
+servirla en todo lo que hubiese menester!
+
+La familia Relimpio vivía pobremente, porque D. José, con ser tan
+maestro en números, no había sacado de ellos ninguna sustancia. Doña
+Laura conservaba una casa y una viña en Dolores, que le daban mil reales
+al año. Las niñas trabajaban para las camiserías. Tenían máquina, y
+cosiendo noche y día, velando mucho y quedándose sin vista, allegaban de
+cinco a siete reales diarios. Melchor, el varón, no había llevado hasta
+entonces un solo céntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de
+ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en él grandes esperanzas.
+Melchor, recién salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo
+de saber como vestido de presunción, había de ser pronto un personaje,
+una notabilidad. ¿No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el
+axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algún axioma.
+
+Para pagar con desahogo la casa, la familia tenía que ceder un gabinete
+a caballero decente, sacerdote, o señora viuda sin hijos. Durante tres
+años proporcionáronle este alivio distintos sujetos. Vacó dos meses el
+gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios,
+y a más los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio
+se habría resentido bastante.
+
+Pero las cosas vienen según Dios quiere, y no según nuestro gusto y
+conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para
+lo cual le inspiró aquel desordenado apetito de compras, antes
+mencionado. Él se sabría los motivos de esto. Doña Laura, que gustaba de
+meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas,
+decía que este le había mandado a Isidora, como una plaga de Egipto,
+para probar su paciencia.
+
+En suma, la de Rufete se quedó sin un cuarto, y su tío el Canónigo
+mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. ¡Ay!, esa
+gente de provincias cree que una onza es un millón. ¡Un mes llevaba la
+pobre de grandes apuros, haciendo diligencias inútiles en pro de su
+hermano, que en la cárcel seguía, y privada de todo, viendo tantas cosas
+bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no
+sólo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la
+comida, sino que, por añadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad
+a D.ª Laura. Diósela esta con el gesto menos gracioso que se puede
+imaginar; pero la esperanza de un nuevo envío del Canónigo, a todos
+consolaba. Remolón era el buen señor, y transcurrió otro mes sin que
+entrase por las puertas la ansiada libranza. Áspera y recelosa D.ª
+Laura, invitó a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. ¿No tenía
+manos? ¿No sabía coser? ¿No trabajaban como negras aquellas dos
+señoritas decentes, Emilia y Leonor?
+
+Isidora era hábil en la costura y en prepararla, pero no sabía manejar
+la máquina. En esto era consumada maestra Emilia, la más inteligente y
+trabajadora de las dos hermanas. Había llegado a amar la máquina como se
+quiere a un animal querido; conocía los secretos de su maravilloso
+artificio, y había hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la
+engrasaba con cariño, la recorría con interés fraternal, para ver si
+alguna parte o miembro de ella necesitaba reparación, y todos los días
+cosía en ella con presteza increíble. Cuando llegaba la hora del reposo
+la cubría y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos
+costureras, una de hierro y otra de carne, hacían los pespuntes más
+preciosos, largos o menudos, según fuera menester. Además de esto,
+Emilia, a quien inspiraba sin duda el espíritu venturoso de Elías Howe,
+dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar,
+marcar y coser bastillas.
+
+Don José conocía regularmente la máquina (que era la _Canadiense_ de
+Raymond) y sabía prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le
+apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, él no se daba a
+partido, bien porque le parecía impropio de varón aquel trabajo, bien
+porque creyera (y esto es lo más probable) que una cuenta bien llevada
+aprovechaba a la familia más que todas las costuras del mundo. A él que
+no le sacaran de apuntar números, de leer _La Correspondencia_, hacer
+cigarrillos y charlar. Todo lo demás era ocupación denigrante. Una noche
+de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el
+comedor, como de costumbre, D. José empezó a mover la máquina.
+
+«Papá--le dijo Emilia--, ya que no nos ayuda usted, al menos enseñe a
+coser a Isidora».
+
+Don José quería tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse próximo a
+ella, que aceptó gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco éxito.
+Isidora no podía comprender aquel endiablado mete y saca de hilo
+superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge
+en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rápida
+esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan,
+se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse
+después que pasa una vigésima parte de segundo.
+
+¡Lástima que Isidora no tuviera su espíritu aquella noche en disposición
+de atender a las sabias enseñanzas de su padrino! Estaba aburridísima.
+Habían pasado tres meses sin que su situación variara sensiblemente. El
+Canónigo la había mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas
+algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros.
+Mariano continuaba en la cárcel, y la causa seguía adelante. El interés
+que el público y la prensa habían mostrado por aquel grave suceso,
+quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos
+de pena añadía la de Rufete el ningún adelanto que en tantos días había
+tenido el principal y más interesante negocio de su vida, con más otras
+cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no
+nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distraída estaba, de tal
+modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maña de
+reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y
+figura de distintas personas, que no atendía a la lección más que con
+los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor
+forma de atención posible.
+
+Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado
+como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada
+de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre
+cosas que las hacían reír. Doña Laura había abierto la ventana que daba
+a un denegrido patio, por donde subía el vaho infecto de una cuadra de
+caballos de lujo instalada en el fondo de él; y acomodándose en un
+sólido sillón que, como señora gruesa, tenía para su exclusivo uso, se
+quedó dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las
+dos hermanas, tenía Relimpio máquina y discípula, y sobre aquel círculo
+amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lámpara su media
+luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servían no cesaban de
+recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petróleo, a
+la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era
+darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o
+para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin
+acobardarse por la pestilencia del petróleo ni por la penumbra de su
+avara luz, seguían trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley
+de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de
+mañana.
+
+«Ahora voy a enseñarte a llenar una canilla--decía D. José--. ¿Ves este
+carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de
+hilo, para lo cual se pone aquí, y con el mismo volante de la máquina se
+le hace dar vueltas y...».
+
+Isidora fijaba los ojos en la operación; pero ¡cuán lejos andaba su
+pensamiento!
+
+«¡Qué triste vida!--decía para sí--. La deshonra que ha echado Mariano
+sobre mí me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que
+Dios me desampara... Una persona me demostró interés. ¿Por qué no viene
+a verme ya? ¿Qué ha pasado? ¿Qué piensa de mí?...».
+
+«Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la
+lanzadera. Ajajá. Fíjate bien en la maña con que hay que ponerla. Pif,
+ya está. Ahora viene lo más delicado. De esto depende el coser bien o el
+coser mal. Atiende, hija; pon aquí tus cinco sentidos. Hay que pasar la
+punta del hilo por estos agujeritos, ¿ves?
+
+--Será preciso que yo le escriba. ¿No me recomendó mi tío a él y a su
+padre?... Pues le escribiré. Así no puedo vivir. ¡Qué triste es el
+verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola,
+sin amigos, sin amparo...
+
+--Cojo la punta del hilo, sacándola por la izquierda de la canilla, la
+meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya está. Mira...
+Ahora mi señor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy
+bien, y después allá va por el tercero. En seguida..., que no se te
+olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y
+ya está. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganchó el hilo de
+abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante
+con los faroles. Niñas, tela.
+
+--Hace cerca de veinte días que no viene a verme. ¿Se habrá ido a
+veranear sin despedirse de mí?... ¿Creerá que soy una impostora?... Esta
+idea me mata.
+
+--Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dándole una vuelta al
+tornillo..., atiende bien..., y después de aflojar un poco el hilo
+superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas...
+
+--¡Qué idea me ocurre! Iré a su casa... No, eso no debe ser... Le
+escribiré con cualquier pretexto... Quizás no sea preciso... El corazón
+me dice que vendrá mañana... ¡Oh! Dios de mi vida, si viniera...».
+
+
+=--II--=
+
+Doña Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclamó
+con ira: «Siempre mirándote al espejo».
+
+«Mujer--dijo, riendo D. José sin dejar su obra--. Si no me miro al
+espejo, si estoy cosiendo...».
+
+Las niñas sonreían. Algo azarada D.ª Laura despertaba del todo, y decía:
+«No, no estaba dormida. Yo sé lo que me digo».
+
+Había en el comedor un reloj de pared que era el Matusalén de los
+relojes. Su mecanismo tenía, al andar, son parecido a choque de huesos o
+baile de esqueletos. Su péndulo descubierto parecía no tener otra misión
+que ahuyentar las moscas, que acudían a posarse en las pesas. Su muestra
+amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De
+repente, cuando más descuidada estaba la familia, dejó oír un rumor
+amenazante. Allí dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta
+fanfarronería de ásperas ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once
+golpes de cencerro.
+
+Doña Laura se levantó y las niñas dejaron la costura. La criada tomó el
+dinero de la compra. Isidora desapareció, mientras Emilia guardaba la
+máquina. Don José tenía la costumbre de acostarse una hora más tarde que
+su señora y niñas, y esa hora la empleaba en leer _La Correspondencia_,
+deleite sin el cual no podía pasar, y después de hacer cigarrillos de
+papel, valiéndose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de
+agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan
+después de picadura. Echose al cuerpo el periódico, leyendo con
+extremada atención las conferencias de hombres políticos, y repasando al
+fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la máquina de
+pitillos, meditaba sobre los sucesos del día y sobre política general.
+No carecía de convicciones arraigadas en materia de gobernación del
+reino. Declarábase enemigo de todos los partidos; sostenía que los
+españoles debían unirse para bien de la patria, y entonces se acabarían
+las trapisondas y las revoluciones. Sentía por las glorias de su patria
+un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1.ª Que los ingleses
+no nos devolvieran Gibraltar. 2.ª Que los ministros tuvieran treinta mil
+reales de cesantía. 3.ª Que no se hubiera levantado un monumento a
+Méndez Núñez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se había
+enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las
+ocasiones. «Nada, nada--decía--; este D. Amadeo es una persona decente».
+
+Cuando el reloj dio las doce, retirose D. José, dejando _La
+Correspondencia_ sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba
+siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendió a Relimpio, cuando se
+acercó al lecho conyugal, ver a su cara mitad todavía despierta.
+
+«¿Estás en vela, chica?--le dijo quitándose su gorrete--. Acabo de leer
+el periódico... ¡Qué cosas pasan! ¡Cómo marean a ese pobre señor! Yo
+sigo en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente.
+
+--Déjame en paz. ¡Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa...
+Valiente mocosa se nos ha posado encima.
+
+--Quia, quia, mujer. Es una huérfana...
+
+--¿Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal
+juicio; pero creo que acabará mal tu dichosa ahijadita. No le gusta
+trabajar, no hace más que emperifollarse, escribir cartas, pasear y
+lavarse. Eso sí; más agua gasta ella en un día que toda la familia en
+tres meses.
+
+--Quia, quia. Déjala que se lave. Pues también trabaja. Esta noche ha
+tomado con tanta atención y empeño la lección de costura, que dentro de
+poco coserá en máquina mejor que yo.
+
+--Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendrá mal fin. ¡Y qué humos, bendito
+Dios, qué pretensiones! ¡Y qué morros nos pone a veces, después que la
+estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos días para
+poderle hablar.
+
+--Es una huérfana. ¿Crees tú que el Canónigo la desamparará? No, yo no
+lo creo.
+
+--Fíate del Canónigo y no corras. Lo más gracioso..., no sé cómo me río,
+es que ella está echando chispas de rabia porque no puede gastar en
+bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastaría un lujo asiático,
+y tendría lacayos colorados como ese Rey...
+
+--El cual, la verdad por delante, es la persona más decente...
+
+--¡Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y
+el día menos pensado la voy a plantar a usted en la calle.
+
+--¡Laura!--exclamó tímidamente D. José, ya acostado.
+
+--Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el
+alquiler. No quiero líos en mi casa.
+
+--¿Líos...? ¡Quia!
+
+--Líos, sí; ¿pues qué quieren decir las visitas del marqués de Saldeoro?
+¿Sabes quién es ese danzante?
+
+--Una persona decentísima, un caballero, un joven...--murmuró Relimpio
+aletargándose.
+
+--Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas
+cosas, señorita doña Isidora. Tú, Relimpio, como eres tan alma de Dios,
+no te fijas; yo sí. Ese marquesito, o lo que sea, vino aquí un día y
+estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvió a la semana
+siguiente, y la encerrona fue más larga, ¿te enteras? Después siguió
+viniendo cada tres o cuatro días. ¡Oh, cómo se le conoce en la cara a
+esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! Tú
+eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrás de la puerta a
+escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados;
+pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he oído reír, sí,
+reír mucho, pero ¿de qué...? Aquí hay algo, Relimpio; aquí hay algo».
+
+Don José, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a
+estarlo, murmuró claramente estas dulces palabras, que salieron de sus
+labios envueltas en una sonrisa:
+
+«¡Y qué guapa es...!
+
+--Quita allá, quita, esperpento. ¡Contenta me tienes!...
+
+--Nada, mujer; decía que D. Amadeo es una persona...
+
+--¡Quita, quita...!
+
+--¡Quia, quia...!».
+
+
+=--III--=
+
+Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al
+principio de la vida común, fueron enfriándose poco a poco. Isidora no
+disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en
+posición social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse.
+Se creía tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de
+prendas de vestir, de la elección de un color, flores o adorno
+cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdén
+compasivo. «Estas pobres cursis--decía para sí--de despepitan por
+imitarme, y no pueden conseguirlo».
+
+Algo de verdad había en esto. Isidora tenía una maestría singular y no
+aprendida para arreglarse. Con ella nació, como nace con el poeta la
+inspiración, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo más bello,
+sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, así como
+la destreza de sus manos para colocar sobre sí misma cualquier adorno.
+Poseía la rarísima afición a la sencillez, que comúnmente no se halla en
+las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la
+civilización primitiva o de la muy refinada cultura. Las niñas de don
+José, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella,
+consultándole sobre todos los arreglos de trapos que hacían. Su pobreza
+les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de
+la sociedad, a excepción de la jornalera, vistan de la misma manera, y
+como hay un verdadero delirio en los pequeños por imitar el modo de
+presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado
+de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un
+prócer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes,
+desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que más de una vez dieron
+chasco a los poco versados en fisonomías y tipos matritenses.
+
+Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino,
+delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con
+un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una
+pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada día le tocaba a
+una sola niña salir a paseo con D.ª Laura. Mas a fuerza de trabajar, de
+desvelos y de casi inverosímiles economías, lograron vestirse y calzarse
+ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda,
+arreglados por ellas, bajo la inspección de Isidora, con despojos y
+reliquias de otros sombreros que conseguían de balde en una tienda para
+la cual trabajaban. ¿Qué mujer no tiene sombrero en los años que corren?
+Sólo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavío;
+pero día llegará, al paso que vamos, en que también lo usen. La
+humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las
+confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi.
+
+Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las niñas de D. José
+se habrían horrorizado de que se les propusiera casarse con un hábil
+mecánico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doña Laura
+misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo
+pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que
+Emilia se casase con un médico, de estos chicos listos que salen ahora,
+por cuya razón no veía con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a
+Leonor, a quien su madre suponía dotada de un talento no común, le
+vendría bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa así.
+
+En el paraíso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana,
+tenían estas dos niñas finas su círculo de mozuelos galanteadores y
+estudiantes y empleados de esas categorías ínfimas que rayan en lo
+microscópico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando,
+particularmente Leonor, lo que ni en sueños podían tener; y como eran
+agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caían en el
+lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusión de
+clases en la moneda falsa de la igualdad.
+
+Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su
+madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara allí de los Cuatro
+Evangelios que de la próxima ascensión del joven Relimpio a una posición
+coruscante. ¿Cómo no, si Melchor era, según D.ª Laura, lo más selecto
+del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la
+figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a
+la gloria o a la riqueza, Melchor debía empinarse más que ningún otro
+porque tenía la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era
+el primer fruto del matrimonio de D. José con D.ª Laura, y aún decían
+malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su
+edad no pasaba de veintiséis años. Tenía la barba negra, los ojos ídem,
+el pelo ídem, el entendimiento ídem; mas su filiación era difícil en lo
+tocante a la primera de estas señas personales, pues muy a menudo
+variaba la ornamentación capilar de su cara; de modo que si este mes se
+le veía con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al año
+siguiente aparecía con bigote solo; después con bigote y perilla, como
+si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la
+caprichosa inconstancia de sus pensamientos.
+
+Con ser primogénito y hombre, era el Benjamín y el niño mimado de la
+casa. Todos los sacrificios parecían pocos, y se le había acostumbrado a
+la humillación de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirábanle
+D. José y D.ª Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o
+por misterioso intento de la Providencia, había nacido del vientre de
+aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tenía
+razón Melchor, y las niñas podían carecer de lo más preciso para que
+Melchor disfrutara de lo superfluo. Doña Laura comía mal o no comía para
+que su hijo fumase bien. A D. José se le negaba el vino en la mesa para
+que Melchor pudiese tomar café y no hacer un mal papel entre sus amigos.
+En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de
+los padres. Allí, por el contrario, le hacían a D. José chaquetas de los
+gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de éste pasaban, después
+de usadas, a decorar el cuello paterno.
+
+El bolsillo de D. José estaba siempre más limpio que patena, porque era
+hombre tan derrochador que, si allegaba algún cuarto, cometía la vil
+acción de comprar castañas y sentarse a comérselas en un banco del
+Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera
+media docena de pesetas, reunidas por D.ª Laura, Dios sabe cómo, con mil
+apuros, con el enfermizo velar de las niñas y el ahorro llevado a
+límites increíbles.
+
+Melchor había seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo,
+tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no podía
+degradarse en oficios mecánicos y bajos menesteres. Darle carrera poco
+lucida habría sido contrariar sus altos destinos. Tenía doña Laura un
+hermano, que era y es afamado ortopédico de Madrid, hombre que ha
+labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que
+Melchor, de quien era padrino, llegó a los quince, quiso llevarle
+consigo y enseñarle aquel honrado oficio; pero tanto D.ª Laura como D.
+José consideraron esto como un insulto. ¡Melchor ortopedista, arreglador
+de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan
+feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doña Laura oyó las
+proposiciones de su hermano, no ya con indignación, sino con asco. El
+joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tenía su barniz
+literario, reíase de su tío el ortopédico. Sólo la idea de ir a trabajar
+con él en aquella odiosa tienda le sublevaba. ¿Cómo podían entenderse él
+y su tío, él tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su tío
+un hombre tosco y rudo que sólo sabía hacer suspensorios y cazar, un
+bárbaro que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas, y que cuando se puso el
+primer tranvía hablaba de la _tripulación_ de los coches, en vez de
+decir trepidación?
+
+Salió Melchor de la Universidad hecho, como decía Miquis, _un pozo de
+ignorancia_. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tenía que
+quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna sabía una
+palabra.
+
+Se trató entonces de _lanzarle_. Era un bonito bajel, recién hecho y
+pintado, al cual no faltaba ya más que hacerle flotar en el mar sin fin
+de las ambiciones. El diputado por Monóvar le consiguió un destino en la
+Dirección de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entendía tanto
+como de cantar la epístola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho.
+Desgraciadamente pasó algunos años alternando entre colocaciones
+miserables y calamitosas cesantías. El joven se desesperaba, viendo la
+desproporción grande entre su posición real y la artificial, que se
+había creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de
+vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la
+familia.
+
+No tenía amor al estudio, porque oía decir constantemente que el estudio
+de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le había
+suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de
+repertorio, por lo cual no era de los más callados en los cafés.
+Disputaba sobre política, y aun metió su cuarto a espadas en ella,
+escribiendo en algún periodiquejo. Era de notar que siempre lo hacía en
+tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus
+trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos
+cuartos.
+
+Fue colocado, y durante una temporada corta se dedicó al espiritismo. Se
+le veía en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del
+Limbo, y llegó a adquirir esas convicciones tenaces que sólo se
+encuentran en los prosélitos de los sistemas más absurdos. Muchas horas
+de la noche pasaba en su casa en tétrica conversación con las patas de
+las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, según él, le
+decían este y el otro espíritu; y aunque tales majaderías no agradaban
+mucho a D.ª Laura, por ser remachada católica, la bendita señora no le
+decía una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las
+telarañas de aquella ridícula doctrina.
+
+Pero pasó el tiempo, y con él el espiritismo de Melchor, dejando el
+puesto a otros ideales más prácticos. Veía transcurrir los años sin que
+sus medios pecuniarios estuvieran en armonía con sus pretensiones, ni
+con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era
+rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos,
+tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la
+fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las
+levitas sembró la desesperación en el linaje humano.
+
+Padecía con esto Melchor horriblemente, y cada día sufría una
+humillación nueva. El lujo de los demás le azotaba la cara. Paseaba.
+¿Por qué era suyo el cansancio y de los demás el coche? ¿Por qué razón
+el sentía el amor, y era otro el que tenía la querida? Iba al teatro.
+¿Por qué era suya la afición a la música y ajeno el palco? Estas
+cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la
+fragua. Para colmo de pena, oía la historia de fortunas improvisadas. En
+el café, en los círculos todos, se referían maravillosos cuentos, como
+los de magia. Aquí un pobrete audaz había redondeado colosal ganancia en
+pocos meses. Allá una idea feliz, engendrando el más pingüe de los
+negocios, había hecho poderoso al que un año antes era mendigo. Mil
+agentes bullían en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas
+combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los
+servicios y las contratas, de que resultaban los únicos milagros del
+siglo XIX.
+
+Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las
+semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba
+a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrábalo de perlas D.ª
+Laura; trataba él de llevarlo a la práctica, y entonces, de las
+dificultades venía la muerte del plan y el engendro de otro.
+
+Primero tratábase de una cosa muy sencilla: «Son habas contadas,
+mamá»--decía él. Consistía en combinar un sistema de anuncios con un
+sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en
+ellas. El plan era soberbio. Produciría millones, con tal que todos los
+tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los
+industriales facilitasen los anuncios. Ya se había entendido él con un
+litógrafo que le haría las primeras tarjetas crómicas.
+
+A estas habas contadas sucedieron otras. Tratábase de una red de
+tranvías aéreos. ¿El capital? Seguridad tenía de encontrarlo cuando los
+banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad
+de millones que podía dar de sí el negocio, y los tranvías aéreos se
+quedaron en los aires. Después se trató..., también habas contadas...,
+de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fósforos, luego de
+montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros
+delirios y extravagancias.
+
+Entre tantas combinaciones no se le ocurrió al joven Relimpio la más
+sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesión u
+oficio, con lo que podía ganar, desde un peseta para arriba, cualquier
+dinero. Pero él fanatizado por lo que oía decir de fortunas rápidas y
+colosales, quería la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni
+conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la
+mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los días a que
+nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y
+grandísima confusión reinaba en su espíritu. En su mente lo inverosímil
+luchaba en sombrío pugilato con lo posible. ¿Saldría de este batallar
+alguna idea grande, algún plan jamás soñado de otro alguno? Las visiones
+de la riqueza real se peleaban dentro de él con las imágenes del
+bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto más
+revoltosos cuanto más distantes de ser saciados.
+
+Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada,
+fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; ponía los codos sobre la
+mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y así se
+quedaba media hora o más en reposada meditación. Si había entrado
+fumando, que era lo más probable, consagraba su atención a curar,
+ennegrecer o _culotar_ (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de
+espuma de mar, empeño que le traía muy atareado a diferentes horas del
+día. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el
+café oía más de un elogio por la perfección e igualdad de ella. Hay
+orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era
+disculpable, porque la pipa iba pareciéndose al ébano más puro y
+reluciente, y el artista, después de arrojar sobre ella,
+distribuyéndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el
+pañuelo, y se miraba después en aquel espejo de azabache... Cuando
+concluía de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de
+donde no salía hasta la una del siguiente día.
+
+Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella
+hermosura tan ponderada por D.ª Laura parecíale a ella ordinaria, y los
+modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas
+cualidades morales y mentales con que, en opinión de la familia, estaba
+agraciado por Dios, Isidora no comprendía nada. Parecíale el más
+desaforado holgazán, el más bárbaro egoísta del mundo.
+
+
+
+
+Capítulo IX
+
+Beethoven
+
+
+=--I--=
+
+El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro,
+es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas señoriales
+construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de
+que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde
+o temprano se fijaría el Rey en otra parte, hacían, en vez de casas,
+enormes pabellones o tiendas de campaña, empleando en vez de lienzo y
+tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artística de tales
+caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades
+interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los
+señores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya
+en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces.
+
+La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior,
+fuera de su puerta almohadillada, por la cual entrarían sin inclinarse
+los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular.
+Interiormente conserva bastantes obras de mérito, como tapices, muebles
+y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo
+extraordinario. El abandono en que sus dueños la tienen nótase desde la
+puerta al tejado, pues aunque todo está en orden y bien defendido de la
+polilla, hay allí olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo
+que quieran los que se empeñan en que ha de ser bueno todo lo que no es
+moderno, el interés artístico de los salones de Aransis no pasa de
+mediano.
+
+Desde el 63 todo estaba cerrado allí; sólo se abría los días de
+limpieza. La casa tenía por habitantes el silencio, que se aposentaba en
+las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueño, y la
+obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la
+luz metía sus dedos de rosa, arañando las tapicerías. De noche, ni
+ruido, ni claridad, ni espíritu viviente moraban allí.
+
+Un día de otoño del 72 alegrose de súbito el palacio; abriéronse puertas
+y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media
+docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dormía sobre los
+muebles. Luego sucedió traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y
+preparación de luces. En medio de este alboroto, oíanse las notas
+sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al día
+siguiente, hubo estruendo de baúles descargados, oficiosa actividad de
+lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal
+inmenso, desnudo, vacío. Una señora de cabello entrecano y gallarda
+estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trémula de frío, subió la
+escalera, dando el brazo a un señor cacoquimio, y pasó de pieza en
+pieza, sin parar hasta aquella donde debía reposar del viaje.
+Acompañábanla, además del señor cacoquimio, un jovencito como de catorce
+años, que llevaba tras sí, atado de una cadena, un enorme perro negro, y
+cerraban la comitiva dos criadas jóvenes y guapas, que no tenían facha
+de gente española.
+
+La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, vivía de asiento en París, en
+Londres durante la temporada o _season_, parte del verano en un puerto
+de Bretaña, y algunos inviernos solía venir a España para templar su
+salud, no muy buena, en el clima de Córdoba, donde tenía casa y
+posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco días, de paso para
+Córdoba o Granada. Aquel año efectuaba su viaje a fines de septiembre, y
+mostrándose, sin saber por qué, menos cariñosa que otras veces con su
+patria, había dicho al entrar en la casa: «Esta vez no estaré sino tres
+días». Era lunes.
+
+Descansó hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompañaba se
+puso al piano para tocar dificilísimos ejercicios, y no lo dejó hasta la
+hora de comer. Recibió luego la señora muchas visitas, comió con el
+señor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salomó, el
+apoderado de la casa y dos personas más, y retirose a su alcoba después
+de rezar mucho.
+
+Empleó casi todo el día siguiente en devolver visitas y se encerró a las
+cuatro. No quería recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la
+repelía arrojando sobre su alma una sombra triste y lúgubre, y al mismo
+tiempo la llamaba a sí y la retenían los amorosos recuerdos. Llegó la
+temprana noche. La marquesa había resuelto abrir el cuarto de su hija
+difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve años
+antes. En tan largo espacio de tiempo no había permitido la madre que
+fuese abierta por nadie la fúnebre alcoba; no había querido abrirla ella
+misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero
+en aquella ocasión decidiose a quebrantar su propósito. Ya desde París
+había traído la idea de realizar aquel acto tristísimo. Su deseo
+procedía de una piedad entrañable, del temor mismo, que a veces nos
+estimula robando su aguijón a la curiosidad.
+
+«Lo abriré esta noche»--, pensó dando un gran suspiro, y después de
+comer se trasladó a un hermoso gabinete, la mejor y más rica pieza de la
+casa. En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba
+mañana y tarde el jovencito que había venido con la señora; en otro el
+espejo de la gran chimenea reproducía con misteriosa indecisión la
+cavidad adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos
+cortinas, pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa,
+puerta en la cual se echaba de menos un epitafio.
+
+De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mérito y algunos
+retratos de señores de antaño, de esos que están metidos en cincelada
+armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, señal de
+mando. Los muebles no eran de lo más moderno. Pertenecían a los tiempos
+del tisú y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su
+afectada estructura griega la disolución de los Quinientos y los
+_senatus consultus_ de Bonaparte. Aunque no hacía frío, la humedad de la
+desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea.
+
+El joven, más bien niño, entró jugando con el perro, a quien llamaba
+_Saúl_.
+
+«No alborotes, hijo--indicó la señora, molesta por el ruido--; deja en
+paz a _Saúl_».
+
+Poco después estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y
+parecía un león de ébano. Su hermosa cabeza destacábase soberbia,
+inteligente, a un tiempo cariñosa y fiera, sobre el ramaje de colores de
+la alfombra, y sus ojos devolvían en chispas vivísimas la lumbre de la
+chimenea.
+
+Trató de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo
+hacía, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al
+fin sonó el chasquido de la metálica lengua al recogerse. Empujada,
+cedió la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostró el ámbito
+negro, del cual salía un aliento de humedad estacionada, que se nutre de
+las tinieblas, de la quietud, de la soledad.
+
+La marquesa, que se había detenido en el umbral, paralizada del temor y
+respeto que aquel interior, no abierto en nueve años, le infundía,
+retrocedió un instante; tomó una de las dos lámparas que en el gabinete
+había, y resuelta, con devoción y ánimo, penetró en la habitación, cuya
+puerta de par en par abrió.
+
+«Hija de mi alma, ya te hemos perdonado»--murmuró a manera de rezo, al
+dar los primeros pasos.
+
+En el centro había una mesa, sobre la cual dejó la señora la lámpara.
+Sentose en un sillón junto a la mesa, y cruzando las manos empezó a
+llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la
+estancia, los muebles y cortinas, y fijándola en algunos con la saña que
+a veces emplea contra sí misma el alma dolorida. La sed de ver se nutría
+del temor de ver, englobándose uno en otro, miedo y apetito, para que el
+alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyéronse las
+notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y
+sencillo de escaso interés musical, pero que semejaba una advertencia,
+el _érase una vez_ del cuento maravilloso.
+
+La marquesa no hacía caso de aquella música que estaba cansada de oír.
+Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenómeno de agilidad y
+de buen gusto. Había sido discípulo y era ya émulo de los primeros
+pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al
+muchacho a estudiar diez horas al día. Sin hacerle caso aquella noche,
+ni aun darse cuenta de lo que el niño tocaba, la ilustre señora,
+solicitada de otros pensamientos y emociones más crudas y reales que las
+que produce la música, seguía mirando todo. No había visto aquellos
+objetos desde el día en que expiró su hija. La muerte estampaba su sello
+triste en todo. La falta de luz había dado a la tela de los muebles
+tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido
+sobre todo una neblina áspera y gris que no podía ser tocada sin
+estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permanecía un jarrón con
+flores que fueron naturales y frescas nueve años antes. Eran ya un
+indescriptible harapo cárdeno, que al ser tocado, caía en partículas
+secas y sonantes, como los despojos de cien otoños. En los muebles
+finísimos de caprichosa construcción, los dorados se habían vuelto
+negros. Un armario ropero de triple luna tenía las puertas
+entreabiertas, y de su seno de cedro se veían salir desordenados
+vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riquísimos, todo ajado y
+descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que parecía
+próximo a caer; si se le tocaba, en menudas partículas como las flores
+de antaño. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumería podrida y
+descompuesta por la vejez, salía de aquellos despojos. Veíanse también
+por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un
+corsé cuyo cordón suelto describía rúbricas por el suelo.
+
+Mirando esto, la marquesa recordó el más triste detalle de aquel día
+triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyéndose bien por una de
+esas raras alucinaciones del temperamento, que son la más tremenda
+ironía de la muerte, había tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en
+aquel instante engañosas fuerzas, se había vestido con febril ansiedad
+diciendo que ya no estaba mala y que iría al teatro aquella noche.
+Después había sentido de súbito como una puñalada en el corazón, y cayó
+al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron
+arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y
+poco después dejó de existir.
+
+Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llevó a la marquesa a
+contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato
+de mujer, en cuyo agraciado rostro hacía contraste la sonrisa de los
+labios frescos con la melancolía de los ojos pardos, debajo de las cejas
+más galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresión de
+enamorada y de burlona, y allí se echaba de ver el sentimiento hondo y
+fuerte, mal disimulado con la hipocresía de un carácter superficialmente
+picaresco.
+
+La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. ¡Era tan parecido; era la
+pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distinción,
+elegancia y gracia del original! ¡Qué admirable aquella circumpostura
+del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval,
+antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! ¡Qué palidez tan
+encantadora! ¡Qué armonía entre lo enfermizo y las inexplicables
+seducciones! ¡Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qué
+airosa, qué viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon
+en un murmullo de dolor estas palabras:
+
+«¡Pobre hija mía! ¡Pobre pecadora!».
+
+Y diciendo esto, levantose de la caja del piano próximo un murmullo
+vivo, que pronto fue un lamento, expresión de iracundas pasiones. Era la
+elegía de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de
+estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se
+trocaban en los acentos más patéticos que pudiera echar de sí la voz
+misma de la desesperación. Una sola idea, tan sencilla como
+desgarradora, aparecía entre el vértigo de mil ideas secundarias, y se
+perdía luego en la más caprichosa variedad de diseños que puede concebir
+la fantasía, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono
+menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se
+presentaba bañada en luz resplandeciente. El día sucedía a la noche y la
+claridad a las sombras en aquella expresión del sentimiento por el
+órgano musical, tanto más intenso cuanto más vago.
+
+De modulación en modulación, la idea única se iba desfigurando sin dejar
+de ser la misma, a semejanza de un histrión que cambia de vestido. Su
+cuerpo subsistía, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el
+matiz duro de la constancia; a veces, en sus trémolos la vacilación y la
+duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el
+sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y
+guerrera en las altas octavas dobles, proclamándose vencedora y rebelde.
+Sentíase después acosada por bravío tumulto de arpegios, escalas
+cromáticas e imitaciones, y se la oía descender a pasos de gigante,
+huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyérase que todo iba a
+concluir; pero un soplo de reacción atravesaba la escala entera del
+piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocían, como se
+reconocían, como se reconocerán y juntarán los huesos de un mismo
+esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo
+triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de
+otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: «Yo fui
+pasión, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui también arrepentimiento,
+expiación, redención, luz y Paraíso».
+
+
+=--II--=
+
+La marquesa, que no había dejado de mirar el rostro de su hija hasta que
+las lágrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvió a rezar, y mientras
+pronunciaba una oración especialmente consagrada a las ánimas, pensaba
+así:
+
+«Dios te habrá perdonado, pobre alma querida, como te perdoné yo».
+
+Y empezó a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como
+reflejo del cariño herido, otros punzantes y terribles como la imagen
+del honor vulnerado. Recordó que si las faltas de la hija habían sido de
+estas que en los términos sociales no tienen excusa, la severidad de la
+madre había sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa
+sintió algo que podría llamarse el remordimiento del deber. ¿Había sido
+cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se
+hicieron públicas, puso a la señora a punto de morir de indignación y
+vergüenza. ¡Qué bien recordaba esto, y cómo se renovaban su iras con las
+memorias, enardeciéndole la sangre! Ella entonces encerró a su hija, con
+todo el rigor que la palabra indica. Habíala recluido en aquella
+habitación, de donde no salía nunca, ni tenía comunicación alguna con el
+exterior. Vivió como emparedada seis meses. ¿De que murió? No se sabía
+bien. Murió de encierro, y fue víctima de la inquisición del honor.
+
+¡Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba
+forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social,
+por las manos duras de la religión. No cabían en ella las viles
+condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la
+civilización. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permitía
+engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella
+más que lo preciso, sin usar jamás frase cariñosa ni vocablo atento. La
+buena señora recordaba, como se recuerda la impresión de una quemadura,
+estas palabras de fuego dichas por su hija el día antes de caer enferma:
+«Mamá, mátame con cuchillo; no me mates con tus miradas».
+
+De súbito la enfermedad, incubada perezosamente, estalló,
+desarrollándose con rapidez en seis días. Desde el primero anunciose un
+fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedió al instante, como el
+hielo que se funde. ¡Qué bien recordaba, al cabo de nueve años, la
+expresión de la cara del médico, las medicinas, los antojillos de la
+enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya pedía flores,
+ya helados que no había de tomar. De pronto pedía todos los libretos de
+ópera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran
+parte del almacén de música de Romero. «Pájaros, pájaros...». Le
+llevaron media plaza de Santa Ana. «¡Oh! ¡Tengo que contestar tantas
+cartas...!» Y se ponía a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que
+eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla más pronto de
+raíz, se alimentaba su fiebre galopante.
+
+«Moriste como una pobre mártir--pensó la marquesa, rezando otra vez--.
+Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa
+imagen de Nuestro Redentor».
+
+Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La
+frase tenía un segundo miembro. Bien podría creerse que un alma dolorida
+preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz
+celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza.
+Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armónico tenía
+cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase melódica. A
+esta seguían remedos, ahora pálidos, ahora vivos, sombras diferentes que
+iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las
+sabias formas laberínticas del canon sucedieron a la sencillez soberana,
+de donde resultó que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos
+ejemplares de una misma cosa formábase un bello trenzado de peregrino
+efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio,
+juntando los encantos de la mística pura a los retruécanos de la
+erudición teológica. Bruscamente, una modulación semejante a un hachazo
+variaba, con el tono, el número, el lenguaje, el sentido. Estrofa
+amorosa, impregnada de candor pastoril, aparecía luego, y después el
+festivo rondó, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y
+esfuerzos de gimnasta. Enmascarándose festivamente, agitaba cascabeles.
+Se subía, con gestos risibles, a las más agudas notas de la escala, como
+sube el mono por una percha; descendía de un brinco al pozo de los
+acordes graves, donde simulaba refunfuños de viejo y groserías de
+fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos
+burlescos del muchacho herido, y saltaba de súbito pregonando el placer,
+el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos.
+
+Abriendo el pupitre de un escritorio de ébano, la marquesa revolvía
+papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y temían encontrar
+las cosas; fijáronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto
+algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectáculo de
+oprobio. «Se quemará todo esto»--dijo poniendo a un lado el paquete
+execrable. Después halló un pliego en que estaba empezada una carta. La
+enferma había tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas,
+las dejaba. En algunas sólo se veían deformes garabatos, hechos al
+rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban
+ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algún
+papel la melancolía había repetido muchas veces una misma palabra,
+trazándola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta
+ser como puntos.
+
+«Se quemará todo»--volvió a decir la marquesa, haciendo un montón de lo
+que se destinaba a la hoguera.
+
+Revolviendo más, encontró un retrato. La señora puso muy mala cara al
+verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvió a mirar la aborrecida
+imagen, porque el odio tiene también sus embebecimientos. No bastaba
+destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo.
+La marquesa rompió en menudos pedazos el retrato.
+
+¡Cómo se reía entonces Beethoven! Su alegría era como la de Mephisto
+disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de
+lágrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no ponía
+atención y seguía rebuscando.
+
+«¿Qué será esto?»--pensó al tomar un paquetito atado con cinta de color
+de rosa.
+
+Desdobló el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que decía:
+«Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por mí».
+
+La marquesa lloraba de nuevo. Su mano halló al instante un paquete más
+chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequeña, con un papel que decía:
+«Para mi niño, que hoy cumple cinco años. 12 de abril de 1863. Deseo que
+sea bueno y piense en mí».
+
+La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudió el perro negro y
+puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirándola de hito
+en hito con sus ojos negros y cariñosos, a cuya dulzura nada podía
+compararse. Dejó de oírse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su
+mundo de sentimientos y de formas, desapareció en el silencio como una
+viva luz tragada por las tinieblas. Acudió el niño músico, y asustado de
+ver a la señora tan afligida, le preguntó la causa de su duelo. La
+marquesa le besó en la frente, le tomó después la mano, buscó en ella un
+dedo...
+
+«¿Es para mí esa sortija?--preguntó el muchacho.
+
+--Para ti. Quizás sea demasiado pequeña... Pero en el meñique bien puede
+entrar. Ya está. No la pierdas.
+
+--¿Es regalo tuyo?
+
+--Sí».
+
+Y poco después se volvía a cerrar la triste alcoba, y retirándose
+personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristísima. Y al
+día siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron
+con chisporroteo, que parecía una protesta contra la Inquisición,
+papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas.
+Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro
+presenciaba con atención solemne aquel acto, retratando en sus pupilas
+de endrina la llama movible que se comía, sin hartarse, las páginas del
+ignorado drama. Cuando la llama se extinguía, lamiendo las últimas
+cenizas, _Saúl_ bostezó con soberano fastidio.
+
+Y no hubo más. El piano sonó también casi todo aquel día, y al siguiente
+la señora marquesa, acompañada del caballero cacoquimio, del niño
+músico, de las dos criadas extranjeras y del perro, partió para Córdoba;
+y el caserón de Aransis se quedó otra vez solo, frío, obscuro, mudo,
+como inagotable arca de tristezas que, después de saqueada, conserva aún
+tristezas sin número.
+
+
+
+
+Capítulo X
+
+Sigue Beethoven
+
+
+El caserón, no obstante, tenía su alegre nota. Como la voz del grillo en
+una grieta del sepulcro, así era la voz del conserje Alonso, cantando
+peteneras en su habitación cercana al portal y en el patio. Era un
+hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Vivía allí con su
+mujer enferma, de la cual no tenía hijos, y la mitad del día se la
+pasaba trabajando en carpintería, por pura afición, bien haciendo marcos
+de láminas, para lo que tenía especiales aptitudes, bien arreglando
+muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qué
+funciones había desempeñado en la casa en su juventud. Creemos que fue
+montero, porque siempre acompañaba al marqués de Aransis en sus
+excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la
+desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino
+sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros
+añadía una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de
+conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis.
+Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que querían colocar su
+dinero en fondos públicos. Y ved aquí un banquero que pasaba horas
+largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y
+chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de
+inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en
+Madrid.
+
+Estaba una mañana el buen hombre en el patio, cuando se abrió la puerta
+y aparecieron tres personas. Una de ellas saludó con mucha afabilidad a
+Alonso, el cual dijo así:
+
+«¡Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer
+tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas
+distraidillo.
+
+--¡Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... ¿Y cómo está
+Rafaela?¿Qué tal va con las píldoras?
+
+--Pues no va mal. Hoy, como está el día tan bueno, le dije: «Anda,
+mujer, anda a que te dé un poco el aire». Y con efecto, ha salido. Ya
+sabes que un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Hará
+dinero, porque estos catalanes saben ganarlo. ¿No le has oído nombrar?
+Juan Bou, litógrafo. Está viudo; necesita quien le ayude a arreglar su
+casa..., y con efecto, Rafaela ha ido allá... Es calle de Juanelo. Yo
+debía haber ido también, y con efecto...
+
+--Con efecto--dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo--,
+veníamos... Ya me parece que hablé a usted de ello la semana pasada.
+Estos dos amigos, esta señorita y este caballero, desean ver el palacio
+de Aransis. Cuentan que es tan hermoso...».
+
+Alonso era complaciente. Entró en su vivienda, sacó un manojo de llaves,
+y señalando la escalera, dijo con formas respetuosas:
+
+«Pasen los señores. Verán lo que hay».
+
+Miquis, presentando a los que le acompañaban, no pudo reprimir sus
+instintos de malignidad zumbona, y habló así con afectada finura:
+
+«El Sr. D. José de Relimpio y Sastre, ¡consejero de Estado!».
+
+Don José se inclinó turbado, sin atreverse a contestar.
+
+«Y su sobrina, la señorita de Rufete, que acaba de llegar de París...».
+
+Isidora miró a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se
+atrevió a seguir. El conserje echó una mirada a la poco flamante levita
+de D. José y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse
+completa armonía entre el vestido y las personas. O quizás, hecho a las
+burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones.
+Subieron.
+
+«Esto es del género Luis XV--dijo con ínfulas de cicerone instruido,
+enseñándoles la primera sala--. La decoró el señor marqués viejo. Aquí
+todo es antiguo».
+
+Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como
+descontenta de sí misma, se ha convenido en que sólo lo antiguo es
+bueno, Miquis, que hacía el papel de artista magistralmente, empezó a
+manifestar esa admiración lela de viajero entusiasta, y a lanzar
+exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedándose
+una buena pieza de tiempo con la boca abierta.
+
+«Esto es maravilloso--decía--. Vaya con las patitas de las consolas...
+¡Qué elegancia de curvas! ¿Y esas cortinas con amorcillos y
+guirnaldas?... ¡Pero dónde llega el techo...! ¡María Santísima! Yo me
+estaría toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos niños
+que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. José, en
+que hoy por hoy no se hacen más que mamarrachos. Aquí tenemos un salón
+que usted debía tomar por modelo para el palacio que está usted
+construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted allí una pieza
+tan grande; pero mucho se puede hacer todavía mandando tirar algún
+tabique».
+
+Don José le daba con disimulo codazos y más codazos para que cesara en
+sus burlas. También Relimpio creía de su deber honrar la casa que
+visitaban, embobándose de admiración y lanzando interjecciones cada vez
+que el bueno de Alonso señalaba un espejo, un cuadrito o el biombo de
+cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara.
+
+«Y a ti, Isidora, ¿qué te parecen estas maravillas?--prosiguió Augusto,
+cuando pasaban a otra sala--. Probablemente no te llamarán mucho la
+atención, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de
+aquel París... Mira, mira estos retratos de caballeros y señoras de los
+siglos XVI y XVII... ¡Qué nobles fisonomías! Aquel que empuña un canuto,
+semejante a los de los licenciados del ejército, debe de ser algún
+guerrero ilustre. ¡Vaya unos nenes! Aquella señora de empolvado pelo,
+¡cuán hermosa es y qué bien está dentro de su tonelete! ¿Y aquella
+monja?...
+
+--Es el retrato de sor Teodora de Aransis--indicó Alonso con respeto--,
+superiora del convento de San Salomó, donde murió ya muy anciana y en
+olor de santidad hace diez años.
+
+--¡Guapa monja! ¿Qué tal, D. José?».
+
+Don José dijo al oído de Miquis:
+
+«¡Si pestañeara!...».
+
+Pasaron de sala en sala, cada vez más admirados; Miquis, enfático y
+grandilocuente; D. José, repitiendo como un eco las exclamaciones de su
+amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraños a las
+emociones del arte; mirándolo todo con cierta ansiedad mezclada de
+respeto, que más bien parecía el devoto arrobamiento que inspiran las
+reliquias sagradas.
+
+Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan
+delante Alonso e Isidora, D. José se llegó a Miquis y en voz baja le
+dijo:
+
+«Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: ¡Lo que es el mundo!...
+¡Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad
+que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir
+en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una
+revolución grande, atroz.
+
+--Eso digo yo, Sr. D. José. ¿Por qué todo esto no ha de ser nuestro? A
+ver, ¿qué razón hay? ¿Qué pecado hemos cometido usted y yo para no vivir
+aquí?
+
+--Justamente: ese es mi tema.
+
+--Hay que decir las cosas muy claritas.
+
+--Que venga esa revolución, que venga. ¿Somos iguales, sí o no?
+
+--Sí--afirmó Miquis con acento de Mirabeau.
+
+--Así es que yo no me explico...».
+
+La mente de D. José caía en un mar de confusiones, hundiéndose más a
+medida que veía más objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir
+emitiendo juicios muy filosóficos sobre aquella revolución próxima,
+cuando Miquis acertó a ver el piano. Verlo, correr hacia él, abrirlo,
+hojear los papeles de música, y dar con su dura mano un acorde en la
+octava central, fue cosa de un instante.
+
+Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo
+revuelto, lo obscuro, tenía algo de mar; allí estaba su turbulento genio
+escondido debajo de mil líneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que
+parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rítmica hinchazón de
+las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difíciles,
+sólo es dado navegar al músico experto. También estaba allí la nave,
+admirable construcción de Erard. No faltaba más que el piloto, el
+músico, el intérprete, bastante hábil para lanzarse al abismo con ánimo
+valeroso y manos seguras. Miquis sentía la inspiración en su mente; pero
+sus dedos, tan adiestrados en la cirugía, apenas acertaban a manejar
+torpemente algunas teclas, esto es, que no sabían apartarse de la
+orilla.
+
+Pero tocó. Apenas podía leer la enmarañada escritura del autor de
+_Prometeo_. Los sonidos equivocados, que eran los más, le desgarraban
+los oídos. El tono era difícil, y anunciaba sus asperezas una sarta de
+infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para
+alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su
+anhelo, de su furor músico, Miquis tocaba. Pero ¡qué sonidos roncos, qué
+acordes sesquipedales, qué frases truncadas, qué lentitud, qué tanteos!
+Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesía sublime fuera rebajada
+a pueril aleluya.
+
+En tanto, Alonso abría la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral
+de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona
+muerta allí nueve años antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la
+quema de papeles, de la piedad de la señora marquesa...
+
+«Y con efecto--añadió tocándose la punta de la nariz con la ídem del
+dedo índice--; dicen, y yo estoy en que será verdad, que para el año que
+viene se hará aquí una capilla... ¡Qué guapa era la señorita! ¿No es
+verdad?».
+
+Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lástima;
+Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas
+femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual crecía,
+dándole tantas congojas, que retiró su vista del cuadro y se apartó de
+allí para no dar a conocer lo que sentía.
+
+Ninguno de los presentes conocía el secreto de su vida. No quería
+confiarlo a D. José, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por
+excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al
+saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis había estado en Madrid
+tres días y que ella, por ignorarlo, no se había presentado a la noble
+señora. ¡Qué contrariedad tan penosa! Pasados algunos días, como
+sintiese cada vez más vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no
+quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se valió de Miquis,
+cuya amistad con el guardián de la casa le era conocida. ¡Qué día aquel!
+Todo cuanto allí vio le había causado profundísimas emociones; pero el
+retrato, ¡cielos piadosos!, habíala dejado muerta de asombro y amor.
+
+«¡Si pestañeara!--dijo para sí aquel calaverón incorregible de D. José
+Relimpio--. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonomía no me es
+desconocida».
+
+Alonso seguía dando noticias discretas y mostrando algunas
+preciosidades, a lo que atendía con mucha urbanidad el padrino de
+Isidora. Pero esta no veía ni oía nada. Se había quedado de color de
+cera, y temblaba de frío. Por un instante sintiose a punto de perder el
+conocimiento, y a su turbación uníase, para hacerla más honda, el miedo
+de darla a conocer ridículamente. Se sentó; hizo firme propósito de
+serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz música de Augusto le
+rompía el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo
+lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y
+recién castigado.
+
+«Música alemana, ¿eh?--indicó Relimpio con airecillo de suficiencia--.
+Señor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba...
+
+--¡Pobre Beethoven mío!--exclamó el estudiante dejando de tocar y
+haciendo un gesto de desesperación--. ¡Qué lejos estabas de caer entre
+mis dedos!
+
+--Me parece que debemos marcharnos--dijo el tenedor de libros ofreciendo
+un pitillo a Alonso, que respondió: «No lo gasto»--. ¿Nos vamos,
+Augusto?
+
+--A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la
+embajada inglesa...».
+
+Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de
+paso lo que ya detenidamente habían admirado. Isidora se quedó atrás.
+¡Qué ansiosas miradas! Sin duda querían recoger y guardar en sí las
+preciosidades y esplendores del palacio... Cuando llegó a la última sala
+se oprimió el corazón, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras,
+sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambición, exclamó:
+«¡Todo es mío!».
+
+
+
+
+Capítulo XI
+
+Insomnio número cincuenta y tantos
+
+
+«¡Qué hermoso palacio, Dios de mi vida! ¡Cuánto habrá costado todo
+aquello! ¡Pensar que es mío por la Naturaleza, por la ley, por Dios y
+por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios
+no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie después
+mejor el bien que me destina. Si así no fuera, Dios hubiera hecho que yo
+me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazón no puede
+engañarme, el corazón me dice que cuando yo me presente a ella, cuando
+me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi
+verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi
+abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lágrimas. ¡Es tan
+buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, ¡qué fiel y honrado
+parece!... Siempre, siempre seguirá en la casa, con su pata de palo, que
+va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles están en regla. Debo
+tomar el tren y marcharme a Córdoba. ¿Y con qué dinero, Virgen
+Santísima? Vaya, que mi tío se porta... Tantas promesas y tan poca
+substancia. ¡Ah! ¡Señor Canónigo, cómo se conoce la avaricia! Temo
+presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no están
+decentes, ya mi vestido está muy _cesante_, como dice _la
+Sanguijuelera_. Tanta vergüenza tengo de mí, que quisiera no hubiese
+espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la
+una. Yo debería dormirme. ¡Si Dios quisiera darme un poquito de
+sueño!... Me volveré de este otro lado.
+
+»Ya siento un poco de sueño. Detrás de los ojos noto pesadez... Si no
+fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha
+pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueñecito, ven... ¿Pero cómo he de
+dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja,
+doliéndome. Está visto, no me dormiré hasta las dos. ¡Pobre, infeliz
+hermano! ¡Qué afrenta tan grande para mí y para él! No, mientras esto no
+se arregle y Mariano salga de la cárcel no diré una palabra, no daré un
+solo paso, no veré a mi abuela... ¡Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer,
+infeliz mil veces! ¿Cómo quieres dormir con tanta culebrilla en el
+pensamiento? Aquí, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual
+una madre grande y enroscada está pariendo sin cesar... El palacio, mi
+abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego
+aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme más... ¡Qué hermosos,
+qué divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareció
+verla viva, que me miraba y se reía, diciéndome cosas de esas que se les
+dicen a los hijos. Madre querida, mándame un beso y con él un poco de
+sueño. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar
+de mi cabeza tanta y tanta cosa. ¡Si se lograra dormir cerrando mucho
+los ojos; si se pudiera olvidar apretándose las sienes!... Me volveré de
+este otro lado. ¿Para qué, si al instante me he de cansar también? Más
+vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contándome cuentos.
+¡Jesús, qué negro está mi cuarto! Si no duermo, vale más que encienda
+luz y me levante, y abra el balcón y me asome a él... Pero no, tendré
+frío, me constiparé, cogeré una inflamación, una erisipela. ¡Ay, qué
+horror! Me pondré tan fea..., y es lástima, ¡porque soy tan guapa, me
+estoy poniendo... divina! Aquí, recogida una en sí, y en esta soledad
+del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una
+decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se
+le dicen nunca. ¡Qué hermosa soy! Cada día estoy mejor. Soy cosa rica,
+todos lo afirman y es verdad... ¡Dios de mi vida, las dos! Este
+chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su
+pipa. El asno bonito se acuesta...¡Las dos, y yo despierta!...
+
+»¡Qué silencio en la casa! Me volveré de este otro lado... ¡Oh!, ¡qué
+calor tengo! Me deslizaré a esta otra parte que está más fresca. Tengo
+un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, ¿pues no me estoy
+riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santísima,
+sueño, sueño, olvido... Esta es otra; ¿por qué me palpita el corazón? Lo
+mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido,
+este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... ¡Jesús, madre
+mía! ¿Qué siento? ¡Pasos en mi cuarto! ¡Alguien ha entrado!... ¡Ah!, no,
+no hay nada: es como una pesadilla... ¡Cómo sudo, y qué sudor tan frío!
+¡Si al menos me durmiera! ¿Pero cómo, si el corazón sigue palpitando
+fuerte?... Tengamos serenidad. Corazón, estate quieto. No bailes tanto,
+que me dueles... ¡Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... ¡Qué
+cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el
+pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, ¿por
+qué no he de tener yo talento? Sí que lo tengo. Eso, antes que los
+demás, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mamá mía, no has
+echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que
+salga de esa maldita cárcel, que se afine, que se pulimente, que se
+instruya... ¡Dios me valga! ¡Las tres!
+
+»¿Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo.
+Daré otra vuelta y cerraré los ojos; los apretaré aunque me duelan...
+¿Por qué no puedo estar quieta un ratito largo? ¿Qué es esto que salta
+dentro de mí? ¡Ah!, son los nervios, los pícaros nervios, que cuando el
+corazón toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. ¡Qué suplicio! Me
+muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, ¡qué
+hermoso será! ¡Cuándo verás en ti, garganta mía, enroscada una serpiente
+de diamantes, y tú, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan,
+sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro,
+el tórtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ahí están
+esas cursis de Emilia y Leonor... ¡Cómo me agradan los terciopelos y las
+felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro
+con hojas de Otoño resulta lindísimo... El buen gusto nace con la
+persona...
+
+»Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el
+sueño. Al fin descansaré: bien lo necesito... Ya llegan los convidados,
+mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran
+ya. ¡Cuánta sonrisa, cuánto brillante, qué variedad de vestidos, qué
+bulla magnífica! y... en fin, ¡qué cosa tan buena! Hay una tibieza en el
+aire que me desvanece; me zumban los oídos, y en los espejos veo un
+temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha
+de morirse, porque no hay más remedio, que se muera aquí. ¡Jesús, qué
+cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiración. Eso bien se conoce.
+Acaba de llegar Joaquín y se dirige hacia mí... ¿Qué campanas son estas?
+¡Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, sí estoy en mi
+cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me
+volveré de este otro lado...
+
+»El tal marqués viudo de Saldeoro está loco por mí; pero no seré tonta,
+no le daré a conocer que me gusta... ¡Y cómo me gusta!... En fin,
+suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. ¿Soy acaso como esas
+cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se
+rinde el corazón sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es
+indiferente y el marqués viudito te encanta, no des a entender tu
+preferencia... ¡Los hombres! ¡Ah!... que se fastidien. Se dice que son
+muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo
+que ambiciono para marido; y él me jura que lo será... ¡Jesús, qué cosa
+tan buena! ¡Qué hermosa figura, qué modales, qué manera de vestir tan
+suya...! Pero yo me pregunto una cosa: ¿dirá que me quiere porque sabe
+que voy a ser riquísima?... Mucho cuidado, mujer; no te fíes, no te
+fíes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para
+ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo
+aceptaría... ¡Humillarme yo!... Antes morir... ¡Las cinco, Virgen del
+Carmen, y yo despierta!
+
+»No quiero pensar en Joaquín, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en
+mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meteré la
+cabeza debajo de la almohada. ¡Ah!, esto me da algún descanso... Hace
+dos semanas que no veo a Joaquín, y me parece que hace mil años. ¡Estuve
+tan fuerte aquel día!... ¡Me fingí tan incomodada! Verdad es que él fue
+atrevido, atrevidísimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se
+hace... Estaba fuera de sí. ¡Qué ojos, qué fuerza la de sus manos! ¡Pero
+qué seria estuve yo!... Con cuánta frialdad le despedí..., y ahora me
+muero porque vuelva... ¡Jesús, acaban de dar las cinco y ya dan las
+seis! Esto no puede ser. Ese reloj está borracho... Tengamos calma.
+Siento mucho sueño. Al fin el cansancio me hará dormir. Si yo no
+pensase... ¡Qué felices deben de ser los burros!... Firme, mujer;
+mientras más apasionado esté Joaquín, más fría y tiesa tú... Ya siento a
+D.ª Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto.
+¡Es de día y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi
+cabeza, los doy, Señor, por un poco de sueño. Señor, dame sueño y déjame
+tonta...
+
+»Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto
+empezarán los pregones. Mañana, ¿qué digo mañana?, hoy es miércoles, 17.
+¿Recibiré carta y libranza de mi tío? Mi tío no es; pero así le llamo.
+¡El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doña Laura riñe con la
+criada... ¡Maldita sea D.ª Laura! El día en que tenga con qué pagar a
+esa mujer feroz, será el más alegre de mi vida... ¡Las siete ya! Quiero
+dormir, aunque no despierte más. Esta cama es un potro, un suplicio. Si
+dentro de un rato no duermo, me levantaré. No puedo estar así. En mi
+cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. ¿Si se
+morirá la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte será un
+despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. ¡Cómo entra
+el sol por mi cuarto! El pícaro va derecho a iluminar mis pobres botas,
+que ya no sirven para nada. También da de lleno en mi vestidillo para
+hacerle, con tantísima luz, más feo de lo que es. ¡Qué miserable estoy,
+Dios mío! Esto no puede seguir así; no seguirá. Voy a escribir a mi tío,
+a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaquín... ¡Las ocho, Dios de mi vida!
+Me levanto. Dormiré mañana a la noche».
+
+
+
+
+Capítulo XII
+
+Los Peces (sermón)
+
+
+=--I--=
+
+Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles de ánima viviente...
+
+Y crió Dios las grandes ballenas, y toda ánima que vive y se mueve, que
+reprodujeron las aguas según sus especies... Y vio Dios que era bueno.
+
+Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la
+mar...
+
+(_Génesis_, cap. I, versículos 20, 21 y 22.)
+
+Amados hermanos míos: Feliz mil veces _la postrera de las tierras hacia
+donde el sol se pone_, esta nuestra España, que concibió en su seno y
+crio a sus pechos a D. Manuel José Ramón del Pez, lumbrera de la
+Administración, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la
+política, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos
+cofradías, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipaón, indispensable en
+las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para
+acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un
+empréstito, la nariz más fina para olfatear un negocio, servidor de sí
+mismo y de los demás, enciclopedia de chistes políticos, apóstol nunca
+fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio
+de nuestra gloriosa apatía nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar
+reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeñador mayor
+por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que
+vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque
+más que hombre es una generación, y más que persona es una era, y más
+que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y
+compendio de una media España.
+
+Don Manuel José Ramón Pez andaba, en la época a que se refiere este
+nuestro panegírico, entre los cincuenta y los sesenta años. Desde su
+tierna edad servía en esta maternal Administración española. De niño
+había tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que
+también eran Peces por la rama materna. Más adelante se gobernó solo, y
+casi siempre desempeñó elevados y ubérrimos destinos, con intervalos de
+cesantías; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba
+reputación de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque
+esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea
+puramente relativa. De sus principios políticos no queremos hablar,
+porque no hay para qué. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer
+que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenían por
+atributo primero una adaptación tan maravillosa como la de los líquidos
+a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios
+líquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesión, pues
+también los hay gaseosos. Si un carácter ha de formarse de una sola
+pieza y de una sola substancia, descartando las demás como puramente
+ornamentales, el carácter de D. Manuel se componía de una sola y
+homogénea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre,
+por la ley de gravitación social, a los poderosos.
+
+Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdicción de lo humano, que no
+se consiguiera por mediación de Pez, y de aquí que Pez estuviera en
+aquellos días de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo está de
+ex--votos un santo milagroso. La recomendación es entre nosotros una
+segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos
+expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a
+cumbres altísimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el
+trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de
+la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa
+forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendación.
+
+No como una segunda fase de su carácter servicial, sino como una
+ampliación de él, tenía don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea
+protección decidida, incondicional, una protección frenética y
+delirante, a la copiosísima, a la inacabable, a la infinita familia de
+los Peces. En aquellos días, amados hermanos míos, desempeñaba una de
+las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para
+ministro. En los mismos días veríais repartidos por toda la redondez de
+la Península número considerable de funcionarios que por llevar el claro
+nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o
+séptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Había cuatro o
+cinco Peces entre los oficiales generales del ejército, todos con buenos
+lotes en direcciones o capitanías generales. Los magistrados y jueces y
+promotores fiscales del género Pez se contaban por centenares,
+distribuidos en toda la España. Para que en todas las jerarquías hubiera
+algún miembro de esta omnisciente familia de bendición, también había un
+obispo pisciforme, y hasta doce canónigos y beneficiados que pastaban en
+el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras públicas, capataces,
+recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas,
+inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, séptimos y
+quincuagésimos de Gobiernos de provincia, el número era tal que ya no se
+podía contar. Invoquemos el texto divino: _Crescite et multiplicamini,
+et replete aguas maris_.
+
+De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que
+hablar, porque allí los había hasta de las más bajas categorías. Sin
+contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D.
+Manuel era evidente, aunque remotísimo, coleaban mil y mil Pececillos,
+sólo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el
+apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya
+de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristán. Para
+decirlo todo de una vez, y concretándonos al distrito perpetuo de D.
+Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos míos, recordemos
+la opinión que acerca de esta gente formó el _Apóstol de las Escuelas_,
+Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiológicos sacó la
+clasificación siguiente: Orden de los _Malacopterigios abdominales_.
+Familia, _Barbus voracissimus_. Especie, _Rémora vastatrix_.
+
+
+=--II--=
+
+Amados hermanos míos: si de la Mancha pasamos, pues todo es España, a la
+Dirección de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectáculo no menos
+patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipaón
+(que de Dios goza), había tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando
+al hijo mayor, Joaquín Pez, de quien se hablará cuando le toque;
+descartando también a las dos señoritas de Pez, ya casaderas, quedaban
+cuatro pimpollos. Luis, de veintiséis años, tenía treinta mil reales en
+la Secretaría del Ministerio; Antoñito, de veintidós Navidades, gozaba
+veinticuatro en una Dirección limítrofe; Federico, de diez y nueve, se
+dignaba prestar sus servicios al lado del papá por la remuneración de
+catorce mil reales; Adolfito, de quince, había admitido un bollo de ocho
+mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no había recibido
+aún la credencial; pero la recibiría en justo galardón de su celo
+persiguiendo a los ratoncillos que roían los papeles de la oficina.
+
+No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una
+breve excursión al campo de la Aritmética. Es una observación o problema
+que el público ha formado muchas veces ante ciertas antítesis, que, a
+fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel
+era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia
+propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tenía bienes
+raíces de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no debía
+de tener tampoco economías. Sumando su sueldo con el sueldo de los
+pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis
+mil duros. Problema: ¿por qué misteriosas alquimias pasaba esta cantidad
+para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales,
+buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la
+familia, lujosos vestidos de baile para las niñas, landó, palco a primer
+turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano,
+imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel
+percibía de algunas compañías de ferrocarriles, quedaba la mitad del
+gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados
+preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por
+ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y
+corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se
+rasca, porque ya no le escuece.
+
+Introduzcámonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta
+redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este
+matrimonio dichoso, y de esta prole dichosísima. Los tiempos eran
+prósperos. Tocaba entonces estar arriba. El árbol fecundísimo del poder
+protegía con su plácida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano
+para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De
+situación tan bella procedía en todos aquel deseo febril de goces y el
+delirio de llamar la atención, de parecer mucho más de lo que realmente
+eran. La señora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas
+casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos habían de ser
+millonarios, y además, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas
+(dañadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) habían hecho suyas las
+ideas de su endiosada mamá, y aún iban más lejos, y soñaban con
+príncipes, ¿por qué no con reyes?
+
+Eran dos niñas preciosas, de hermosura delicada y frágil, de esa que
+luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y
+luego se disipa en el primer año de matrimonio; rubias, delgadas,
+quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucían demasiado grandes en
+la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser
+traídas y llevadas por su mamá de salón en salón, de teatro en teatro,
+de fiesta en fiesta, parecían fatigadas, pero no hartas de frívolos
+pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba
+que estas tales niñas apenas podían esconder, bajo el barniz de la
+urbanidad, el desprecio que sentían hacia todo lo que fuera o pareciese
+inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caía de la boca la
+palabra _cursi_, aplicándola a este o aquel que no viviese inmergido en
+el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no
+comprendían las tontuelas que ellas caían también debajo del fuero de la
+cursilería, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y
+que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente
+superior. Aquellas niñas, mil veces dichosas, no habían visto el mundo
+sino por su lado frívolo; no conocían la sociedad ni su mecanismo, ni
+sus orbes y gravitación admirables. Su instrucción se circunscribía a un
+poco de Catecismo, una tintura de Historia, ¡y qué Historia!, algunos
+brochazos de Francés y un poco de Aritmética. Pero ¿de que servían los
+rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no
+les cabía en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del
+duque de Tal poseía en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de
+malicia como de sindéresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para
+ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no podía entrar la
+comparación entre los diez millones de renta del duque de Tal y los
+cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponiéndole Pez, y
+Pez grandísimo. _Creavit Deus Cete grandia_ (los grandes cetáceos).
+
+Dejémoslas en paz. Eran dichosas. ¿A qué conturbar su felicidad,
+picoteándola con números? Que gocen de la vida, de los verdes años.
+Ocupémonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina
+sino cuando le daba la gana; que había encargado un velocípedo a Londres
+y había extendido él mismo la orden para que el administrador de la
+Aduana de Irún lo dejase pasar sin derechos, ¡qué rasgo de genio! «Tú
+irás muy lejos, niño», le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel
+rasgo valía una cartera. ¡Genialidad infantil que anunciaba el embrión
+de un hombre de Estado español!
+
+Ocupémonos también, amados hermanos míos, de Federico y Antoñito Pez,
+que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filósofo (muchos
+filósofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. ¡Ah!
+La Economía política es una ilusión que se pierde siempre a los veinte
+años. Federico se había distinguido en esos círculos de sabiduría
+temprana donde centenares de ángeles juegan al discurso. Era oradorcito.
+Allí era de oír lo siguiente: «El señor que me ha precedido en el uso de
+la palabra...». Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es
+moda que los niños de teta usen sombrero. Las controversias de los
+menudos filósofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento
+y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita
+por Federico sobre no sé qué, pasó desde la tribuna a la prensa,
+apareció en una Revista; el niño se creció; inscribiose en un círculo
+más nombrado; hízose oír; le aplaudieron. Primero hablaba y luego
+gritaba. Ensordecía los pasillos. Llegó a envanecerse con su facilidad
+de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodríguez. Hubo de volverse
+loco porque le dijeron que aún mamaba. ¡Disparate! El no mamaba sino del
+presupuesto.
+
+Antoñito, que era el filósofo, empleaba las horas de oficina en hacer
+revistas musicales para un periódico de teatros. La Filosofía y la
+Música tienen un alma de diez y nueve años, una afinidad que parece
+parentesco. Son dos cuerdas distintas del laúd de la tontería. Antoñito,
+que había hecho en su cabeza una especie de pasta filosófica, amasando
+al padre Taparelli con Augusto Comte, era además un wagnerista
+furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jamás de los jamases había
+oído música de Wagner. En sus artículos llamaba a todas las cantantes
+_divas_, y a toda las obras _spartitos_. Era severísimo con los artistas
+cuando no le daban butaca.
+
+Ocupémonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filósofo, ni
+economista, ni músico; era jinete. Había comenzado una carrera militar,
+pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasión eran los
+caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba
+que no tuviéramos hipódromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su
+cerebro tan limpio de Aritmética, que no acertaba a comprender por qué
+él tenía un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de
+Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban
+la cuadra de la calle de San Dámaso. He aquí una contradicción económica
+ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habría tenido
+quizás algo que decir. Iba nuestro galán centauro a la oficina lo menos
+que podía. Estaba agregado a la Comisión de empleados que redactaban las
+nuevas Ordenanzas de Aduanas. ¿Para qué había de molestarse este digno
+funcionario en asistir a su trabajo si él no sabía lo que era comercio;
+si no sabía lo que era un puerto; si no había visto otra mar que el mar
+sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento,
+lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohólica, arancel, y
+demás cosas que atañen al tráfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en
+la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle.
+Amados hermanos míos, tiempo es ya de que digamos con el ángel. _¡Ave,
+María!_
+
+
+=--III--=
+
+Sorprendamos a D. Manuel José Ramón Pez (o del Pez) cuando, recién
+abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de
+varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenían con él relación
+misteriosa, sólo de él conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados
+los lentes o quevedos, afeitada y descañonada ya la barbilla violácea,
+bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de
+estopa, revolvía cartas, consultaba notas, hojeaba _memorándums_,
+ordenaba _in mente_ lo que no tenía orden, hacía cálculos, esbozaba
+proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su
+cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que parecía
+hecha con tiralíneas; abismábase en meditaciones; después, tarareando
+una cancioncilla, pasaba la vista por los periódicos de la mañana, daba
+algunas órdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y
+diversiones.
+
+A cada instante era visitado el despacho por un ángel que entraba
+retozando. ¡Qué cháchara suplicatoria y qué mendicidad mezclada de
+regocijo! «Papá, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco
+de la Comedia... Papá, no olvides que hoy se renueva el abono del
+Real... Papaíto, págame esta cuenta de Bach... Papá, el sastre... Papá,
+la modista... Papa, la florista... Papá, la cuenta de Arias... Papá,
+nuestros abanicos... Papá, el caballo... Papá, papá, papá...». Era un
+pío pío que no cesaba. Por fortuna don Manuel José Ramón era la imagen
+viva de la Providencia, según generosamente daba y repartía, sin
+quejarse, sin regañar; antes bien, regodeándose de ver tanto gusto y
+apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. También
+él era feliz, porque si algún bien positivo hay en el mundo, es el que
+sienten mano y corazón en el momento de dar algo.
+
+Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gentío fosco,
+siniestro, una turba preguntona y exigente, que quería hablar con el
+señor, ver al señor, decir dos palabritas al señor. Sonaba a cada
+instante la campanilla, y entraba uno más. Eran los desfavorecidos de la
+fortuna, pretendientes, cesantes de distintas épocas, de la época de Pez
+y de la época del antecesor de Pez. Algunas bocas famélicas pedían pan;
+otras no pedían más que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad,
+pedían para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban
+atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedían _para cuando
+hubiese una vacante_. Con este gentío calagurritano se mezclaban los
+postulantes de otra esfera, personajes y señorones que pasaban al
+despacho desde que llegaban. El criado no podía contener a la turba
+impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tenía en sus maneras el
+ímpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropelló en cierta ocasión al
+criado, se metió por el pasillo adelante, entró sin anunciarse en el
+despacho, y encarándose con D. Manuel, dijo con lágrimas y gestos de
+teatro: «Señor, soy viuda de un Pez».
+
+Don Manuel repartía promesas, limosnas, a veces credenciales de poca
+monta, y para todos tenía un consuelo, una palabra o un duro. Era
+bondadoso y muy bien educado. Había en su mente, junto a la idea de su
+derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con
+la humanidad cesante y desposeída.
+
+Por concluir nuestro panegírico con un hecho concreto de la vida del
+santo, diremos que una mañana D. Manuel mandó que no entrase nadie.
+Estaba fatigado. Quería ir pronto a la oficina, donde tenía cita con el
+marqués de Fúcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro,
+haciéndole un préstamo.
+
+«¡Ah!, se me olvidaba...--murmuró, echando la vista sobre una carta--.
+Francisco, dile al señorito Joaquín que suba».
+
+Joaquín Pez, el mayor de los Pececillos, tenía treinta y cuatro años. Se
+había casado por amor con la hija única de la marquesa de Saldeoro.
+Quedose viudo a los ocho años de matrimonio, no exento de alborotos, y
+cuando las cosas de esta relación ocurren estaba asombrosamente
+consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se
+distinguía; física la una, moral la otra. Era su corazón bueno y
+cariñoso. Era su figura y rostro de lo más apuesto, hermoso y noble que
+se pudiera imaginar. Tenía toda la belleza que es compatible con la
+dignidad del hombre, y a tales perfecciones se añadían un aire de
+franqueza, una agraciada despreocupación, o sí se quiere más claro, una
+languidez moral muy simpática a ciertas personas, una cháchara frívola,
+pero llena de seducciones, y por último, maneras distinguidísimas, humor
+festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que
+corresponde a un tipo de galán del siglo XIX, que es un siglo muy
+particular en este ramo de los galanes.
+
+Y hablemos ahora, amados hermanos míos, del defecto de Joaquín Pez,
+defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofía, por la Iglesia, por
+los Santos Padres y hasta por la gente de poco más o menos. Este defecto
+era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de
+ánimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones
+físicas y sociales del Pez, bien se comprenderá que este vicio del alma
+había de tener por expresión sintomática el desenfreno de las pasiones
+amorosas.
+
+Disculpémosle. Era tan guapo, tenía tanto partido, que más que el tipo
+del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era
+en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorbían su
+atención, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la
+herencia de su esposa, pero muy mermado ocho años después. Cuando le
+conocemos, Joaquín estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los
+terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que
+no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en
+cabañas o andurriales.
+
+Ya os oigo decir, amados míos, que estas cacerías, lejos de fortificar
+al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua;
+pero nuestro vigoroso Pez no había llegado aún, cuando le conocimos, al
+grado de envilecimiento que es el término de las pasiones locas. Su
+vicio era todavía un vicio del corazón, intervenido con la fantasía. Aún
+persistían en él ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos,
+con sus melancolías, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba
+a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuación con
+fantasmagorías y esfuerzos de iluminismo, de que nacían, aunque por modo
+artificioso, afectos parecidos a la ternura.
+
+Vivía solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal
+ocupaban sus padres. Levantábase tarde, almorzaba con su familia, y
+después de la una rara vez le volvían a ver sus padres hasta el día
+siguiente.
+
+«Pero, hombre, ¿has visto?--le dijo el papá Pez, prejuzgando con su
+tonillo burlón el asunto de que iba a tratar--. Otra carta del Canónigo
+en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal
+Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., ¡qué
+tonterías!, en su pretensión... Dice que son nietos de la marquesa de
+Aransis; que él lo probará ante los Tribunales. ¿Tú crees esto?
+
+--Yo..., yo, verdaderamente...--manifestó Joaquín con aquella indolencia
+que de su cuerpo a su pensamiento se extendía--. No lo afirmo ni lo
+niego.
+
+--Logomaquias, hombre--dijo D. Manuel apartando de sí con desprecio la
+carta de su amigo el Canónigo, cacique y faraute de los Peces en buena
+parte de la Mancha--. Esto es novela... ¡Nietos de la marquesa de
+Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... ¿Conoces tú a esa
+Isidora?
+
+--Sí.
+
+--¿Y ella sostiene...?
+
+--Como el Evangelio.
+
+--Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor
+salen con la patochada de tener por papás a duques o príncipes, no
+pueden pasar en el día, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca.
+Admitámoslo en las novelas; ¡pero en la realidad...! En fin, sea lo que
+quiera, es preciso atender al Canónigo, que nos sirve bien. Entérate.
+Dice que pongamos a disposición de la muchacha algunas cantidades. En lo
+que no le haré el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la
+marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos diciéndoselo a su
+apoderado, el marqués de Onésimo... Logomaquias, hombre...
+
+--Yo me encargaré de esto--replicó decididamente Joaquín--. Ya he visto
+a esa hija de reyes. Es una muchacha simpática, discreta y buena, que
+merece, sí, merece, sin duda algo más de lo que posee».
+
+Cuando Isidora llegó a Madrid, recibió don Manuel una carta del Canónigo
+recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que
+tanto había hecho reír al señor Director. Por encargo de este, Joaquín
+la visitó; encontrola guapa el primer día, el segundo muy guapa, y el
+tercero deliciosísima, con lo que la diputó por suya. Trazó las primeras
+paralelas; halló resistencia; trazó las segundas y halló más
+resistencia, una tenacidad que anunciaba el heroísmo. De aquí vino
+aquella retirada hábil que desconcertó, como antes se dijo, a la joven,
+no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada.
+¡Cuán cierto es que el ocio enerva y rinde al más aguerrido ejército
+antes que el fuego y las balas!
+
+Las dotes militares de Joaquín, más que de general de tropas regladas,
+eran de guerrillero hábil en golpes de mano. Viene esto de la índole de
+los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a
+esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitán de partidas,
+desde que habló con su padre, ideó, pues, la emboscada más hábil que
+concertaron guerrilleros en el mundo. No pondría sitio. Enviaría un
+parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo
+caía en el lazo, si pasaba el río de la Prudencia y se ponía bajo los
+fuegos del desfiladero de la Audacia...
+
+En el capítulo siguiente veréis, ¡oh amados feligreses!, lo que pasó.
+
+
+
+
+Capítulo XIII
+
+¡Cursilona!
+
+
+Serían las cuatro cuando Isidora, acompañada de su padrino, llegó al
+portal de la casa de Joaquín Pez. Su ansiedad era grande, porque había
+recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, después de
+declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la señorita de
+Rufete a venir a su casa, donde sería enterada de una comunicación del
+Canónigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente
+importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle
+de Hernán Cortés a la de Jorge Juan no cabrían en este volumen, aunque
+fuese doble. ¡De qué manera y con qué fecundidad de imaginación dio vida
+en su mente a la entrevista próxima a verificarse! Al llegar al portal,
+y al decir a D. José: «dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva
+aquí dentro de media hora», ya había ella desarrollado en sí misma cien
+visiones distintas de lo que había de pasar. Cuando ella entraba, salían
+las dos niñas de Pez con su mamá para subir al coche que las esperaba en
+la calle. ¡Qué elegantes! Isidora las miró bien; pero iba ella, a su
+parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera
+escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y
+mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de
+engrandecerse no era un deseo tan sólo, sino una reclamación. Su pobreza
+no le parecía desgracia, sino injusticia, y el lujo de los demás
+mirábalo como cosa que le había sido sustraída, y que tarde o temprano
+debía volver a sus manos.
+
+Las niñas de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta
+las examinó bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crítica
+acerba, las desnudó, les quitó los sombreros, censuró aquellos talles de
+araña, y concluyó por considerar en su mente lo que resultaría si la más
+guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta
+se pusiera los de la chica de Pez.
+
+Entró en casa de Joaquín, y el criado la encerró en un gabinete mientras
+pasaba recado al señorito. ¡Qué hermosos y finos muebles, qué cómodos
+divanes, qué lucientes espejos, qué blanda alfombra, qué graciosas
+figuras de bronce, qué solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos
+de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qué magníficas estampas
+de mujeres bellas! La escasa erudición de Isidora no le permitía saber
+si aquellas señoras eran de la Mitología o de dónde eran; pero la
+circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido
+le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. ¡Y qué bonito el armario
+de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban
+en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jamás leídos!
+«Pero ¿qué harán en los rincones aquellos dos señores flacos? ¡Ah! Esa
+pareja se ve mucho por ahí. Son Mefistófeles y D. Quijote, según ha
+dicho Miquis. Yo no haré nunca la tontería de tener en mi casa nada que
+se vea mucho por ahí. Vamos, que aún puedo yo dar lecciones a esta
+gente». Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de
+Velázquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qué haría
+nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entró Joaquín.
+
+«¡Albricias!--le dijo de buenas a primeras, tomándole las dos manos y
+apretándoselas mucho--. Papá ha tenido una carta del Canónigo... Papá se
+propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglará... Esto va
+bien. ¿No lo dije yo?».
+
+Isidora quedó tan turbada por esta irrupción brusca de buenas noticias,
+que no acertó a decir nada. Miraba embebecida a Joaquín. Pasada la
+primera impresión de las noticias, lo que dominó en el espíritu de la
+joven fue la vergüenza de que Joaquín, tan admirador de ella, la viese
+mal vestida. Había estado dos horas arreglándose para disimular su mala
+facha. Venía compuesta con galana sencillez, respirando aseo y
+coquetería; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no
+podían disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, ¡y
+esto era lo más atroz!, la desgraciadísima vejez y mucho uso de las
+botas, que no sólo estaban usadas y viejas, sino ¡rotas! Lo que Isidora
+padecía con esto no es decible. Cuidadosamente escondía bajo las faldas
+sus pies, tan pequeños como mal calzados, para que Joaquín no se los
+viera.
+
+Pero ya él se los había visto, sin perder por eso el amor, o llámese
+como se quiera, que sentía; antes bien, exaltándose más. Por efecto de
+esas aberraciones del gusto que marcan el tránsito de la pasión al
+vicio, Joaquín la amaba más con aquel atavío grosero; y si estuviera
+completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella
+sublimado el ideal del momento.
+
+«¿Y cuándo hablará su papá de usted a la marquesa?--preguntó Isidora ya
+más dueña de sí--. La marquesa está en Córdoba...
+
+--¿En Córdoba?... Ya--murmurró Joaquín, a quien no le importaba gran
+cosa que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase--. Eso no
+importa. La marquesa vendrá... ¡Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo
+mejor. Tenemos orden del señor Canónigo para entregar a usted las
+cantidades que necesite. Usted dirá.
+
+--¡Las cantidades que necesite!»--repitió Isidora embelesada, viendo en
+su imaginación una cascada de dinero.
+
+¡Tener dinero! ¡Qué alborozo! Parecía que en su alma, como en alegre
+selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil
+encantadores pajarillos. ¡De tal modo se le anunciaban las necesidades
+satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras
+satisfacciones más, traídas por la soberana virtud del oro!
+
+Conocedor Joaquín de la manera de tocar ciertos registros del alma
+humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del
+hombre, y más aún de la mujer, llegose a la chimenea, tomó de ella una
+cajita, abriola y mostró a los ojos admirados de Isidora porción
+cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de
+billetes de Banco.
+
+«No sé lo que habrá aquí--dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos,
+y afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad
+con los millones--. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dirá».
+
+El efecto fue inmenso. Atónita y embobada estaba la de Rufete, paseando
+su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien
+la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes
+pequeños, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hipérbole,
+creía ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente
+del dorado Pactolo.
+
+«Usted dirá--repitió él, hojeando los cuadernillos de billetes como si
+fueran libritos de papel de fumar--. Mi parecer es que usted, por quien
+es y por la posición que ocupará, no debe seguir viviendo en aquella
+casa. Usted debe tomar una casa para sí y su hermano, ponerse en otro
+pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... ¿Quiere usted
+que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles,
+modista...?».
+
+Joaquín la miró. ¡Qué guapa era! Isidora le oía como si oyera una
+descripción del Paraíso a quien realmente ha estado en él. Luego, cuando
+Joaquín la miró tan de cerca que ella podía contarle los pelos de la
+barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, creyó ver al
+mismo ángel de la puerta del Paraíso mostrando las llaves de él... Por
+un instante Isidora no hizo más que saltar la mirada de la cajita al
+rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiración que por el
+joven sentía se acrecentaba hasta parecer cariño entrañable. ¡Era tan
+seductor su modo de mirar!... ¡Tenía un no sé qué tan distinto de todos
+los demás hombres!... Así lo pensó Isidora, sintiendo herida y
+traspasada toda aquella parte de su corazón que dejaba libre el orgullo.
+
+«Usted dirá»--volvió a indicar Joaquín, dejando a un lado la cajita y
+tomando las manos de Isidora.
+
+Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaquín se le hizo más guapo,
+más seductor, más caballero, revistiéndose de todas las perfecciones
+imaginables.
+
+«¿Me porto mal--dijo él con voz blanda--; me porto mal en pago de la
+ofensa que usted me hizo despidiéndome y diciéndome que no podía
+quererme?».
+
+Isidora fluctuaba entre el reír y el temer. Se reía y estaba pálida.
+Después sintió frío.
+
+«Yo bien sé lo que pasará cuando usted llegue al fin de su
+camino--prosiguió él--. En vez de quererme entonces como ha prometido,
+me despreciará... ¡Será usted entonces tan superior a mí!...».
+
+La perfidia en estas palabras era tanta, que no cabía debajo de todos
+los pliegues del disimulo.
+
+Isidora, además de reír, además de temer, además de tener frío, se
+sentía como mecida en un vagoroso y aéreo columpio. La cara hermosísima
+del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilación de resplandores
+celestes que van y vienen. ¿Cómo no, si de pronto empezó a oír retahíla
+de palabras ardientes, que jamás oyera ella sino en sueños? Joaquín la
+tuteaba, Joaquín se extralimitaba de palabra. Rápidamente conoció
+Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de
+dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su
+debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte,
+era causa de todos sus males: el orgullo. Se salvó por su defecto, así
+como otros se salvan por su mérito. No es fácil definir lo que
+rápidamente pensó, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que
+dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a
+defenderla. Ello es que saltó del asiento con tal rapidez, que no pudo
+Joaquín detenerla, y con velocidad de pájaro se puso en la puerta. El
+violento palpitar de su seno, cortándole la respiración, apenas le
+permitió decir:
+
+«No quiero nada, no quiero nada».
+
+Evidentemente, referíase al contenido de la cajilla. Joaquín corrió tras
+ella, diciendo: «Formalidad, formalidad». Pero la de Rufete, valiente y
+decidida, trató de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su
+ligereza de gorrión, su prontitud para correr de un punto a otro,
+perseguida, mas no alcanzada. Corrió a la ventana, que por ser de piso
+bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyándose en el
+alféizar, vuelta hacia dentro, dijo así con animosa voz:
+
+«Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aquí y pido
+socorro».
+
+Quedose parado el Pez; reflexionó un instante. De repente su amor se
+deshizo en despecho y su despecho en risa.
+
+«¿Escenita?... ¿Gritar en la calle? ¡Qué ridiculez! Usted se empeña en
+que hagamos el oso».
+
+La ira retozaba en sus labios. Miró a Isidora con tanto enojo, que esta
+se turbó y creyó haber sido desconsiderada y excesivamente altanera.
+Después el joven abrió la puerta. Indicó a Isidora la salida, dejando
+escapar de sus labios, trémulos de ira, esta palabreja:
+
+«_¡Cursilona!..._»
+
+Tres minutos después, Isidora se unía a don José en la esquina de la
+calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbación, alegre
+de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada,
+diciendo para sí:
+
+«Me ofende por que soy huérfana, y me insulta porque soy pobre; y a
+pesar de todo...».
+
+
+
+
+Capítulo XIV
+
+Navidad
+
+
+=--I--=
+
+Al día siguiente recibió Isidora una carta de Joaquín incluyéndole
+algunos billetes de Banco, y pidiéndole perdones mil por el caso del día
+anterior. Decíale que si alguna palabra áspera y malsonante salió de sus
+labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no
+dicha. Finalmente, le pedía permiso para verla de nuevo en casa de
+Relimpio. Agradeció ella con toda su alma el desagravio, y sus
+aflicciones de aquel día se le disiparon con la grata vista del pan
+bendito, o llámese papel--moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si
+perdonó fácilmente a Joaquín la injuria intentada contra su honor, tuvo
+que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera
+llamado _cursilona_. Tal es la condición humana, que a veces el rasguño
+hecho al amor propio duele más que la puñalada asestada contra la honra.
+El marqués viudo la visitó dos días después, y su comedimiento, después
+de las audacias referidas, la cautivaba más, o si se quiere de otro modo
+más claro, su comedimiento tenía la virtud de hacer disculpable y aun
+amable la osadía pasada; que así se contradicen los corazones en su
+lógica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de
+ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionándose tanto a
+ella, que llegó un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la
+formalidad de su cariño. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente.
+Don Manuel Pez y el marqués de Onésimo habían escrito a la marquesa de
+Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestaría
+pronto y a gusto de todos. También llevaba buen camino lo de la causa
+criminal de Mariano. Joaquín bebía los vientos para que le soltase el
+juez, aunque fuera bajo fianza, por razón de la irresponsabilidad que le
+daban sus pocos años. Isidora visitaba a su hermano dos veces por
+semana, llevándole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la
+cárcel a _la Sanguijuelera_, que iba con fin semejante; y ambas se
+trataban de palabras, distinguiéndose la vieja por la procacidad de su
+lenguaje y erizado de _puños_ y el ningún respeto que a su sobrina
+tenía.
+
+Llegó Navidad, llegaron esos días de niebla y regocijo en que Madrid
+parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que
+se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la
+calentura de la lotería y el tétanos de las propinas. Todo lo que es
+espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se
+eclipsa. La conmemoración más grande del mundo cristiano se celebra con
+el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla.
+Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en
+nacimiento sacrílegos. Los cómicos hacen su agosto; la gente de mal
+vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergüenza; los borrachos se
+multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las
+palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos días habría
+bastante ponzoña para inficionar una generación entera. No hay más que
+un pensamiento: la orgía. No se puede andar por las calles, porque se
+triplica en ellas el tránsito de la gente afanada, que va y viene
+aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor
+se siente uno abofeteado por una cabeza de capón o pavo que a nuestro
+lado pasa.
+
+Las confiterías y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una
+abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estómago. No
+bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montañas de
+mazapán, canteras de turrón, donde el hacha del alicantino corta y
+recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderías inundan de cuanto Dios crió
+en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia
+sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubíes. En
+los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la
+baratura declara la inferioridad del género. Hay una caliza dulzona que
+se vende por turrón, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la
+Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapán cuanto abunda el cascajo. La
+escala gradual de la gastronomía abraza desde los refinamientos de
+Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la
+pasta de higos pasados que se vende en una tabla portátil hacia las
+Yeserías. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y
+substancias de cosa pescada, desde el ruso _caviar_ hasta el escabeche y
+el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.
+
+Una familia podrá morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche
+Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias
+más refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a
+la hucha. ¿Cómo podían faltar los de Relimpio a esta tradicional
+costumbre? También ellos, pobres y siempre alcanzados, tenían su pavo
+como el que más, gracias a los estirones que D.ª Laura daba al dinero, y
+tenían, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se
+presentarían engalanados de olorosos ajos y limón. Don José era el
+hombre más venturoso de Madrid desde el día 22. Ocupábase en recorrer
+los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias
+auténticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratábase
+de esto en Consejo, y D. José decía con gravedad: «Todo está por las
+nubes. Veremos mañana». El 23, D. José y D.ª Laura tomaban un berrinche
+porque no les había caído la lotería, fenómeno extraño que todos los
+años se reproducía infaliblemente. Opinaba D.ª Laura que todos los
+premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotería era un puro
+engaño; pero más juicioso D. José, aseguraba que el número jugado era
+muy bonito y que no habían faltado más que dos unidades (¡que te
+quemas!) para que tocara premio. Concluían ambos por exclamar con
+cristiana paciencia: «Otro año será».
+
+Pero llegaba la mañana del 24, y entonces D. José era la imagen de la
+felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y
+con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don José llevaba el
+cesto y D.ª Laura el dinero, y aquí era el recorrer tiendas, el mirar
+todo, el preguntar precios, no arriesgándose a la empresa de sus compras
+hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba
+enterado de los puntos donde era legítimo el turrón de Alicante y
+Jijona, donde era más barato el mazapán, más dulces las granadas y más
+gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortísima
+cantidad.
+
+Los comentarios de él sobre la calidad de las cosas compradas no tenían
+término. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vacía,
+él doblado bajo el grato peso de la cesta, ¿quién no se conmovería
+viéndole sacar todo con amor para enseñarlo a las chicas, y poner cada
+cacho de turrón ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qué clase
+pertenecía cada uno, y regañando si algún ignorante confundía el de yema
+con el de nieve? Lo que no podía sufrir D.ª Laura era que él probase de
+todo para darlo por bueno, y con este motivo había ruidosas peloteras;
+pero él aseguraba que todo estaba riquísimo, que todo era gloria, y con
+esto y con recoger D.ª Laura las compras para guardarlas con siete
+llaves, concluían las cuestiones. Después, D. José se metía también en
+la cocina para ayudar y dar más de un consejo; que algo se le entendía
+de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las niñas dejaban la
+costura aquel día; no se pensaba más que en la cena, y entre componerse
+para ir al Teatro Martín con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les
+pasaba la tarde.
+
+Don José, a quien las horas se le hacían siglos, no pensaba en apuntar
+en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel día. Por
+la tarde ocupábase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor
+muy pequeño para tan gran festín. Después se miraba diez y nueve veces
+al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a
+los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y
+tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba
+infantil y por ésta con alegres chillidos aclamado.
+
+A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asistía nunca,
+desde muchos años, el señorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos
+de censurar esto, D.ª Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre
+los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel
+haría en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados,
+artistas y empleados de cierta categoría. Probablemente, aquel año iría
+a cenar en casa de un marqués.
+
+En cambio les acompañaba el ortopédico, hermano de D.ª Laura, y el hijo
+de este, llamado Juan José. ¡Ah! El ortopédico era saladisímo para una
+cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el más gracioso del mundo
+en cuanto bebía dos vasos de vino; decía los disparates más chuscos que
+se podrían imaginar. Él y Relimpio, que también perdía la chaveta en
+cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el año
+entero, eran los héroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban
+riendo como locos, y por fin rompían a llorar. En suma, que era preciso
+llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los
+comensales. Los únicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un
+poeta presentado por este en la casa, llamado Sánchez Berande, el cual
+hacía monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor.
+
+Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor
+pequeño para tanto gentío. Don José, que se pintaba sólo para arreglar
+un banquete, contemplaba su obra con legítimo orgullo, y se recreaba en
+el brillo de la loza y la cristalería, en la muchedumbre de luces, en el
+adorno y opulencia de la mesa. Después esparcía miradas de felicitación
+por toda la capacidad de la sala, por la sillería de reps que había sido
+desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las
+bandejas de latón y demás chucherías... Todo estaba bien, perfectamente
+bien. Hasta el retrato del dueño de la casa, al óleo, detestable,
+colgado en la pared principal, rebosaba satisfacción en su acaramelado
+semblante. «Estoy hablando», decía Relimpio siempre que lo miraba.
+Frente al retrato había una laminota, en la cual D.ª Laura se inspiraba
+siempre para increpar a su marido. Era Sardanápalo quemándose con sus
+queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro
+fotografías de niños muertos. Eran los hijos que se le habían malogrado
+a D.ª Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujías del próximo
+festín, los pobrecitos tenían cara de muy desconsolados por haberse ido
+del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche.
+
+
+=--II--=
+
+Isidora no cabía en sí de júbilo. Aquel día, el 24, soltarían a Mariano.
+Ella misma iba a sacarle de la horrenda cárcel. ¡Oh! ¡Si no se hallara
+muy mal de dinero, aquel día habría sido uno de los más felices de su
+vida! ¿En qué había gastado lo que le diera dos meses antes el marqués
+de Saldeoro por cuenta del Canónigo? Verdaderamente ella no lo sabía.
+Había pagado a doña Laura, se había comprado ropa... ¿Pero lo demás
+dónde estaba? Isidora reflexionó.
+
+En perfumería había adquirido lo bastante para tres años. ¿Y de qué le
+servían aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el
+_cabás_ de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compró por la sola razón
+de comprarlas. ¡Eran tan bonitas!... Pues ¿y aquel vaso de imitación de
+Sajonia, de qué le servía?... ¿Y las botellas para poner cebollas de
+jacinto?
+
+Más necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid,
+las cinco novelas y la jaula, aunque todavía le faltaba el pájaro.
+Estaba muy desconsolada por no tener un buen baño; ¿pero cómo podía
+satisfacer este gusto en casa tan pequeña? Luego, la maldita D.ª Laura
+se ponía frenética por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no
+podía disfrutar de una hermosa pila de mármol, en cambio se había
+provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja
+finísima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las
+novelas, de un _antucás_, de pendientes de tornillo con brillantes
+falsos, de un juego de la cuestión romana y de algo más, tan lindo como
+caprichoso. Mucha, muchísima falta le hacía un buen mundo para poner la
+ropa; pero ya lo compraría más adelante. Tampoco estaba bien de ropa
+blanca; pero tiempo habría de hacerse un hermoso equipo.
+
+Gozosa, daba la última mano a su atavío para salir en busca del hermano.
+La orden del juez para soltarlo debía de estar ya en las oficinas de la
+cárcel. Salió radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino
+de la calle de Hortaleza, porque le daba vergüenza de pasar por cierta
+tienda donde debía algunas cantidades, poca cosa en verdad.
+
+Ya anochecía cuando Isidora regresó acompañada de su hermano, el cual,
+vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D.
+José Relimpio con ciertos asomos de severidad, dándole una palmada en el
+hombro y diciendole: «Hombre, veremos cómo te portas ahora». Pero D.ª
+Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentaría a su mesa,
+aunque bajase Cristo a mandarlo. Oyó esto Isidora con rabia; mas
+conteniéndose, devoró tal afrenta y se amordazó la boca para que no
+saliesen las palabras que del corazón le brotaban. Encerrose con el
+chico en su cuarto, le lavó y vistió, para lo que tenía apercibida gran
+cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observó en los ojos de
+Isidora una lágrima, más bien que del sentimiento, nacida del despecho,
+y le dijo:
+
+«¿Por qué lloras? ¿Por lo que ha dicho esa tía bruja?
+
+--¡Gente ordinaria!...--murmuró Isidora.
+
+--¿Por qué no le contestaste?--dijo Mariano con extraña rudeza.
+
+--No me rebajo yo a tanto.
+
+--¡Puño!».
+
+Mariano dio un puñetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le echó
+un sermón sobre su detestable maña de decir a cada paso palabras
+malsonantes, y aunque el muchacho alegó, para defenderse, que también
+las decían los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a
+castigar las malas palabras como si fueran malas acciones.
+
+«Ahora, señorito--le dijo con severidad--, ha de andar usted derecho.
+Pase que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tenía poco menos
+que en la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades,
+Mariano, de que no quiero acordarme... Echémosles una losa encima. Pero
+ahora ya han cambiado las cosas. Eres un bárbaro, y vas a empezar a
+desbastarte. Tú no seas tonto; principia por convencerte de que eres
+persona decente, y así tendrás dignidad. De nuestra tía Encarnación,
+hazte cuenta de que no existe, porque no la volverás a ver. Eres ya otra
+persona».
+
+Oyó atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometió a sí mismo
+hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de
+caballería y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto
+Isidora cayó en la cuenta de que Mariano y ella habían de cenar aparte
+aquella noche, pues si el chico no podía sentarse a la mesa de los
+Relimpios, tampoco ella se sentaría por nada del mundo. Al punto
+determinó salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. ¡Muy
+bien, excelente idea! ¡Mariano y ella cenarían tan ricamente en su
+cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria!
+
+Pero sobrevino la más grande contrariedad que en vísperas de un banquete
+puede ocurrir. Isidora no tenía dinero. Entre las múltiples propiedades
+de este metal, ella había notado principalmente una, la de acabarse en
+los momentos en que más falta hacía. El portamonedas no contenía más que
+un par de pesetas y algunos cuartos. Buscó y rebuscó Isidora en todos
+los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasión
+parecida había encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el
+fondo de un cajón de la cómoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro
+apareció aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvió que la
+cena fuese una modesta colación, más propia de día de ayuno que de noche
+de Navidad. Aunque a D.ª Laura nada debía, antes muriera que pedirle
+dinero, después del atroz desaire recibido de ella. No se atrevía
+tampoco a acudir a Joaquín Pez.
+
+Salió. Mariano se quedó solo. Por no ser excesivo el número de sillas
+que en el cuarto había, estaba sentado en un baúl bajo. A su lado, en un
+rincón, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante.
+Eran los cartapacios y protocolos que Tomás Rufete había emborronado
+durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta
+que sus hijos los recogieran, por si algo había de interés entre tal
+balumba de desatinos. Isidora los había llevado del desván a su cuarto,
+y allí los puso con ánimo de someterlos a un examen cualquier día.
+Mariano leyó, no sin trabajo, los rótulos que decían: «_Desolación...
+Hacienda pública... Desfalcos... Muerte... Latrocinio..._», y otras
+cosas extravagantes. Como ninguna distracción sacaba de ver letreros,
+empezó luego a revolver todo lo que su hermana tenía sobre la cómoda, y
+después lo que en el primer cajón había. Todo lo revisaba, lo examinaba
+por dentro y por fuera; hojeó las novelas, levantó de las botellas las
+cebollas de jacintos para ver las raíces, abrió el estuche de los
+tornillos de diamantes americanos, revolvió la caja y los sobres de
+papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de
+ver el tintero y la pluma, tomó esta y trazó sobre un plieguecillo, con
+no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas
+contorsiones con el codo y la muñeca, estas palabras: _Mariano Rufete,
+alias Pecado_. Contempló satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza,
+echó una rúbrica que parecía el dibujo de un puñal. Se echó a reír como
+un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigió su atención al
+tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en él había,
+metiendo en todos las narices y diciendo «¡qué bueno!» o «¡qué rico!».
+Se puso pomada, se perfumó con esencias y se lavó las manos, sonriendo
+de gusto al ver cómo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar
+del jabón.
+
+«¡Eh!, ya me has revuelto todo--dijo Isidora al entrar de la calle--.
+¡Jesús, qué desorden! Mira, te voy a pegar».
+
+Mariano reía.
+
+«¿Y qué has escrito aquí? _Mariano Rufete, alias Pecado_... ¿Qué es eso
+de _Pecado_? ¡Como yo vuelva a oírte dándote a ti mismo esos apodos...!
+
+--Como los toreros--observó estúpidamente Mariano sin cesar de reír.
+
+--A ver... ¿Es que no quieres ser persona decente?... ¿Pero qué haces,
+gandul? ¿Te enjugas las manos en mi vestido? Quita allá, asqueroso. ¿No
+ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las
+personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con
+cafres».
+
+Y diciendo esto, de un pañuelo que cogido por las cuatro puntas traía,
+sacó sucesivamente varios pedazos de turrón y algunos puñados de
+cascajo, castañas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la
+cómoda la última porción de tan variados bastimentos, lanzó de su pecho
+un suspiro enorme.
+
+«¿Todo eso has traído?--preguntó Mariano--. ¿Y el pavo? Yo quiero pavo.
+
+--Cenarás lo que te den--replicó ella pasando de la pena al enfado--. Es
+una mala educación pedir lo que no hay.
+
+--El año pasado--dijo Mariano con rudeza y desdén--mi tía _la
+Sanguijuelera_ tenía besugo, y pimientos encarnados, y turrón de frutas,
+y lombarda, y una granada de este tamaño. Yo me la comí toda. ¡Estaba
+más rica...!».
+
+Ceñuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sentó en una silla
+alta y ella en otra baja.
+
+«Mañana será otro día--dijo ella--. Eso de atracarse la Noche Buena es
+propio de gente ordinaria. Ya te enseñaré yo a ser caballero... Vaya que
+está rico este turrón. Pruébalo...».
+
+No se hacia de rogar _Pecado_, antes engullía sin cumplimiento. En la
+sala de la casa había empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque
+esperaban a Miquis. La entrada de este se conoció desde el retiro de los
+Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante después
+Isidora vio que se abría suavemente la puerta de su cuarto y que entraba
+la irónica fisonomía del estudiante.
+
+«Vengo a tener el gusto de saludar a la señora archiduquesa--dijo este,
+sombrero en mano, con ceremoniosa cortesía--. Bien se ve que estamos ya
+en plena aristocracia. Esta noche se _queda usted en casa_; quiero
+decir, que recibe usted a sus amigos...
+
+--Toma--le dijo Isidora ofreciéndole una bellota--. Es lo mejor que te
+puedo ofrecer.
+
+--Gracias, marquesa--repuso Miquis sentándose--. Es delicioso el
+obsequio. Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. ¿Por qué no cenas con
+nosotros?
+
+--Nosotros--manifestó Isidora ahogada por la pena y el despecho--no
+somos dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de
+almendras.
+
+--¡Ay, chiquilla! ¡Cuánto más me gustan tus bellotas!... Pero no llores.
+De buena gana te acompañaría... Pero es tan tiránica la sociedad...
+
+--Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan
+contentos... Mejor es así. Cada uno en su casa».
+
+Augusto la contempló en silencio, asombrado de su hermosura, que cada
+día iba en dichoso aumento, enriqueciéndose con un encanto nuevo.
+
+«Aquí viene bien aquello de _a tus pies, marquesa_»--dijo, levantándose.
+
+Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo
+el cuarto, añadió:
+
+«Estás perfectamente instalada, marquesa. Magnífico gabinete. Aquí los
+arcones de roble; ahí el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny,
+tapices de los Gobelinos, porcelanas de Sèvres, y de Bernardo Palissy...
+Muy bien. Bronces, acuarelas...».
+
+Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su
+pena profundísima. Pero se sintió herida en lo más vivo de su alma
+cuando Miquis, después de transformar el humilde cuarto en aristocrático
+gabinete, dijo con el mismo tono de encomio:
+
+«Bien se conoce en esta rica instalación el buen gusto del marqués viudo
+de Saldeoro. Adiós, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio».
+
+
+=--III--=
+
+Cuando Augusto se marchó, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos
+en su propia falda.
+
+«¿Quién es ése?--le preguntó Mariano.
+
+--Un tipo, un mequetrefe--repuso ella sin mirar a su hermano, señales
+claras por donde manifestaba estar aún dentro de la esfera de atracción
+del pensamiento que la dominaba.
+
+--Dame más turrón, marquesa--exclamó el muchacho.
+
+--¿Por qué me llamas así?--preguntó Isidora bruscamente, despertando de
+su mental sueño.
+
+--¿Es apodo? ¡Puño!... ¿Y por qué te pone motes ese gatera?
+
+--Mariano, cuidado cómo se habla.
+
+--¡Se burla de ti!--gritó _Pecado_ con aquel arrebato de infantil
+fanfarronería que en él parecía cólera de hombre.
+
+--Yo te juro que no se burlará más»--dijo ella con los ojos húmedos de
+lágrimas.
+
+Mariano la miró, diciendo:
+
+«Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa.
+Que venga a mí con bromas; verá cómo le saco las entrañas...
+
+--Mariano, loco, bruto y salvaje--gritó ella, despertando otra vez en su
+letargo de pena y despecho--. Si te oigo hablar así otra vez...
+
+--No dije nada, nada... Dame turrón».
+
+La algazara de la sala crecía, y por las palabras sueltas, los plácemes
+y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, así
+como por los olores culinarios que invadían toda la casa, se podía saber
+a qué altura andaba el festín. Se sintió sucesivamente la aparición del
+besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don José lo recibió
+cantando la Marcha real. Después se oyeron las ruidosas cuestiones a que
+dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedían a las risas, y
+los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocían los
+efectos del Valdepeñas y del Cariñena en la torpe lengua del ortopédico,
+que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacreóntico de D. José
+Relimpio, que no decía cosa alguna derecha y con sentido.
+
+La criada entró en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias
+lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendiéronsele a Mariano con
+luces mil los ojos, y no parecía sino que cada destello de su mirar era
+un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al
+agradecimiento ni al perdón, vio con repugnancia aquel tardío obsequio.
+Aunque comprendió que este había nacido en el bondadoso corazón de
+Emilia, siempre veía en él como un mensaje de lástima. Rechazó la fineza
+diciendo:
+
+«Que muchas gracias y que no queremos nada.
+
+--Chica, chica, tú eres tonta--gruñó Mariano con su rudeza propia,
+exacerbada hasta el salvajismo.
+
+--Si no te callas, te pego.
+
+--Yo quiero cenar--afirmó él con brutal terquedad, echando a un lado la
+cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.
+
+--Eso es, rómpete la cabeza.
+
+--Mala hermana, ¡no das de cenar a tu hermanito! Mira tú, mejor estaba
+en la cárcel...
+
+--Como vuelvas a nombrar...
+
+--¡Nombro!... ¡Puño!
+
+--Como vuelvas a decir...
+
+--¡Puño!--repitió el bergante alzando la mano.
+
+--¡Alzas la mano!..., ¡a mí!..., a tu hermana.
+
+--Yo me quiero ir con mi tía.
+
+--Si vuelves a nombrar...
+
+--¡Mala hermana..., marquesa!...».
+
+_Pecado_ hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de
+ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos
+engañamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba
+embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puños y los
+medianos antecedentes del señorito Rufete. Dominado este por la actitud
+de su hermana y por el cariño que le tenía, se contuvo. Echado de bruces
+sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos hacía, a
+Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atención hosca de uno
+de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo.
+
+El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don José hacía el amor a
+su mujer echándole ternísimos requiebros entre los aplausos de los
+divertidos comensales. Doña Laura llamaba a su marido Sardanápalo. El
+ortopédico había empezado a cantar villancicos, acompañándose de golpes
+dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Sólo Emilia y Leonor
+conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a
+Sánchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopédico
+alborotaban también, el primero con sus discursos, el segundo con sus
+cantorrios de tangos y malagueñas. Después se hizo una grande y solemne
+pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Creíase
+destinado a la inmortalidad; tenía un buen tomo preparado para darlo a
+la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, había de todo:
+elegías, odas, pequeños poemas, poemas grandes, epigramas, doloras,
+_suspirillos germánicos_, sáficos y octavas reales. La sala parecía
+tribuna del Congreso, que se hundía con los aplausos al terminar Berande
+su recitación.
+
+«Versos--dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atención.
+
+--¿Te gustan los versos?--preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su
+hermano un síntoma de decencia.
+
+--Sí--replicó el muchacho--; me sé de memoria los de _Francisquillo el
+Sastre_, que empiezan:
+
+ Salga el acero a brillar,
+ pues soy hijo del acero...
+
+--Calla, bruto; esas son barbaridades.
+
+--También sé los del _Valeroso Portela_, que dicen:
+
+ Escuchen, señores míos,
+ les diré de Juan Portela,
+ el ladrón más afamado
+ de la gran Sierra Morena.
+
+--Calla, hijo, calla por Dios. Me estás envenenando con tus horribles
+coplas. Ningún joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto está bien
+para el pueblo, para el populacho. ¿Sabes tú lo que es el populacho?
+
+--Mi tía _la Sanguijuelera_--contestó el chico con tan graciosa
+naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.
+
+--Ya aprenderás mil cosas que no sabes. Y dime ahora, ¿qué aspiración
+tienes tú?... ¿Qué quieres ser?...
+
+--Yo no quiero ser nada--repuso él con apatía.
+
+--Es preciso que estudies y que trabajes. No volverás a la fábrica de
+sogas. Irás a un colegio. ¿Qué carrera quieres seguir?».
+
+Mariano meditó un instante. Después dijo con resolución:
+
+«La de tener mucho dinero.
+
+--¿Y para qué quieres tú el dinero?
+
+--Toma..., _mia_ ésta... Pues para ser rico.
+
+--Pero es preciso que seas algo.
+
+--Rico...
+
+--¿Y en qué gastarías el dinero?
+
+--En comer lomo, granadas, turrón y en beber buen vino. Tendré un
+caballo y me vestiré todo de seda.
+
+--¿No te gustaría militar y llegar a general?
+
+--Sí, sí--afirmó _Pecado_, despidiendo de sus ojos brillo de animación y
+alegría--. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., así..., ¡toma!
+
+--No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras
+preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillería.
+
+--¡Artillero, artillero!--gritó _Pecado_, dando golpes en la mesa--. Ya
+me verás, cañonazo va, cañonazo viene... ¡Bum, bum!
+
+--Dispararías cuando fuera menester...
+
+--No, no, siempre... Al que me hiciera algo, ¡zas!...».
+
+A esto llegaban cuando volvió la criada trayendo un plato con varios
+pedazos de turrón, de parte de la señorita Emilia y del señorito Miquis.
+No considerándose aún desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a
+admitirlos; pero Mariano se abalanzó al plato más pronto que la vista, y
+arrebatando el turrón, empezó a engullir con tanta prisa, que no pudo su
+hermana evitarlo.
+
+«¡Malcriado..., glotón!--le dijo cuando otra vez se quedaron solos--.
+¿No has comido ya bastante?».
+
+Mariano negó con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca.
+
+«Te pondré interno en un colegio».
+
+Mariano hizo con los dedos una señal que quería decir: «Me escaparé».
+
+«No te escaparás. ¿Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro
+muy rígido.
+
+--De la bofetada que le pego--dijo Mariano pudiendo ya articular algunas
+palabras--, va volando al tejado.
+
+--¡Fanfarrón!...».
+
+En la sala, la cena parecía tocar a su fin. Todas las clases de turrón
+habían sido probadas, así como las granadas y las ruedas de naranjas
+espolvoreadas de azúcar. Relimpio, con la última copa de cariñena, dio
+con su cuerpo en tierra. «¡A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!»,
+gritaba con torpe lengua el insigne galán rodando debajo de la mesa.
+Muertos de risa los demás, le cogieron por los cuatro remos para
+llevarle a la cama, y él iba cantando el _Kirie_ _eleisón_ con voz de
+sochantre, y los demás riendo y vociferando, de lo que resultaba el más
+grotesco cuadro y música que se pudiera imaginar.
+
+«¡Cuánta grosería! ¡Qué gente tan ordinaria!»--exclamó Isidora.
+
+Poco después llegó Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la
+soledad en que se había quedado en noche de tanta alegría. Mas, no dando
+su brazo a torcer Isidora, replicó que había estado perfectamente en su
+cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y
+cuando Isidora le mandó que se recogiera, por ser ya más de medianoche,
+el maldito muchacho se le plantó delante y le dijo con sus bruscos
+modos:
+
+«Dame dinero.
+
+--¿Y para qué quieres tú dinero, tunante? Acuéstate.
+
+--Me acostaré; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te
+quiero...
+
+--¿Para qué lo necesitas?
+
+--Para ir mañana a los toros.
+
+--Si ahora no hay toros, mentecato.
+
+--Pero hay novillos y mojiganga.
+
+--¿Y cómo sabes eso?
+
+--Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero.
+
+--Mañana te daré unos cuartitos...
+
+--¿Cuartitos? Tú eres rica--dijo pasando la vista con malicioso examen
+por los diversos objetos que Isidora poseía--. Tú tienes dinero, porque
+has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre».
+
+Al decir esto se desnudaba para acostarse.
+
+«Yo también soy pobre--afirmó Isidora--; pero con el tiempo, tal vez
+dentro de poco, tú y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y
+aún más.
+
+--La señorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de
+hambre--gruñó él, acostado ya.
+
+--No seas tonto. Cállate y duerme.
+
+--Si mañana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya sé yo
+cómo se pide. Me lo ha enseñado un chico.
+
+--¿Qué estás diciendo, cafre?
+
+--Que pediré limosna. Verás.
+
+--No me sofoques... A un colegio, a un colegio.
+
+--Ya me estoy durmiendo... Hasta mañana.
+
+--¿No rezas, herejote?».
+
+Mariano murmuró algo que no era fácil descifrar, y se durmió
+sosegadamente. Todavía quedaba en él algo de niño. Su hermana le
+contempló un instante movida de un sentimiento extraño en que se
+combinaban el cariño y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya
+casi le tocaba con sus labios, se apartó diciendo: «Temo que se
+despierte y me pida lo que no puedo darle».
+
+
+
+
+Capítulo XV
+
+Mariano promete
+
+
+A la siguiente mañana, no repitió Mariano sus exigencias de la noche de
+Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltón, inquieto y
+condescendiente. Gozosa también Isidora de verle sin las siniestras
+genialidades de la pasada noche, hízole mil caricias, le vistió, le
+arregló, púsole una elegante corbata, que ha días tenía para él, le
+peinó, sacándole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado
+y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo:
+«Ahora sí que estás hecho una persona decente». Él se miraba riendo, y
+decía una y otra vez... «Quia, quia; ese no soy yo».
+
+Después salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano
+quería que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su
+bolsillo, le tapara la boca más de una vez; pero nada tenía, y los dos
+se volvieron a casa cariacontecidos. Él se preguntaba que de qué servía
+tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si
+entre los dos no tenían ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano
+salió solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvió ya muy
+entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata
+hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera
+imposible. Mariano confesó, con loable franqueza, que había estado
+jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que
+redoblándose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que
+duelen poco. Lo más extraño es que el muchacho, con ser tan bravío y
+rebelde, no se defendió de los azotes, ni hizo ademán de volver golpe
+por golpe, ni chistó siquiera... Por la noche ya habían hecho las paces;
+él prometía ser bueno, y fino y persona decente. Exigió que su hermana
+le llevara al teatro, ella lo prometió así; mas como no pudiese cumplir
+al siguiente día por la causa que fácilmente conocerá el lector, se
+enfureció el chico, pidió dinero, negóselo ella, hablaron más de la
+cuenta, y él puso término a la disputa con esta amenazadora frase:
+
+«¡Dinero! Ya sé yo cómo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo
+han enseñado».
+
+Isidora no hizo caso. El día de Inocentes salió un rato. Al volver,
+Mariano había revuelto todo el cajón alto de la cómoda.
+
+«¿Qué haces?--preguntole su hermana, previniendo algún desastre.
+
+--¿Aciértame que tengo aquí?»--le dijo Mariano mostrándole su puño
+cerrado.
+
+Isidora trató de abrir el puño del muchacho; pero este apretaba tan
+fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron
+moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano
+hacía de su mano un arca de hierro.
+
+«Abre la mano, ábrela.
+
+--No quiero.
+
+--¿Qué tienes ahí?... ¿Qué has cogido?».
+
+Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puño cerrado.
+Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: «Abur, chica».
+
+Al punto echó Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque
+falsos, valían cuatro duros. ¡Cuántas lágrimas derramó aquel día!
+Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio.
+
+Una noche, cuando menos se le esperaba, apareció al fin avergonzado,
+compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo pródigo. Con la
+alegría de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como
+cumplía, y le perdonó. Tenía Mariano entre sus maldades, desarrolladas
+por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la
+franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos
+con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo
+cuanto había hecho en la semana lo contó puntualísimamente; pero ninguna
+parte de aquella Odisea de travesuras causó tan penoso efecto en el alma
+de la señorita de Rufete como estas palabras:
+
+«Estuve en casa de mi tía Encarnación, ¿sabes?..., y mi tía Encarnación
+y la tía _Palo--con--ojos_ comían juntas; y mí tía Encarnación me dijo:
+«Anda, pillete, anda con tu hermana a que te dé de comer y te vista de
+señorito, pues bien puede hacerlo». Entonces mi tía Encarnación y la tía
+_Palo--con--ojos_ se pusieron a hablar de ti, y mi tía Encarnación dijo
+que tú tienes un novio marqués que te da mucho dinero».
+
+Isidora se quedó yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje
+habría sido ocasión de que entrara más en malicia el chico, harto
+malicioso ya, fingió tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el
+alma, y se echó a reír. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo
+punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el
+tránsito brusco del candor al cinismo, le dijo:
+
+«Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien sé lo que hacéis para tener
+siempre dinero. Los chicos me lo han dicho».
+
+Risas, azotes, lágrimas sucedieron a esta declaración; pero también
+paces al siguiente día. Isidora, que recibió del marqués de Saldeoro
+otra visita platónica y una nueva remisión de fondos por cuenta, al
+parecer, del Canónigo, salió de aquella sombría situación de escaseces y
+apuros; pagó sus deudas, compró un Diccionario de la Lengua castellana y
+llevó a su hermano al teatro, de lo que este recibió tanto gusto, que en
+algunos días apareció como transformado, encendida la imaginación por
+las escenas que había visto representar, y manifestando vagas
+inclinaciones al heroísmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta
+Isidora de esto, comprendió cuánto influye en la formación del carácter
+del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce,
+la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea.
+
+Animada Isidora al ver que no carecía su hermano de algún fundamento
+bueno y sólido para construir en él la persona decente, determinó que no
+corriera un día más sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el
+señorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebaño de chicos
+en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete
+la sujeción, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el
+de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto
+afán como de buscar aventuras. La mortificación de su amor propio al ver
+que le eran muy superiores niños de menos edad que él, aumentaba el
+horror que hacia el colegio y su maldito profesor sentía. Era casi un
+hombre, y en todas las clases ocupaba el último lugar. Era el burro
+perpetuo, burla y mofa de los demás chicos. Su barbarie llegó a ser
+proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y
+pataleo los dislates que decía en sus lecciones, y el maestro mismo,
+cargando sobre él el peso de su desdén pedagógico, solía decir,
+reprendiendo a cualquiera de los alumnos: «Eso no se le ocurre ni al
+mismo Rufete. Eres más tonto que Rufete».
+
+La poca estimación que se le tenía mató en él sus escasos deseos de
+aprender. Concluyó por despreciar el colegio como el colegio le
+despreciaba a él, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual
+aumentó de tal modo que, sin saberlo su hermana, dejó de asistir un mes
+entero al estudio. En aquellos días de aventuras y pilladas y
+esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido interés en seguir los pasos
+de este desgraciado chicuelo le habría visto encaramándose en la verja
+de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del
+ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en
+el río entre las lavanderas. En sus compañías, que al llegar al colegio
+fueron de niños decentes, descendió poco a poco hasta el más bajo nivel,
+concluyendo por incorporarse a las turbas más compatibles con su fiereza
+y condición picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a
+puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban
+su pandilla; y como Mariano solía tener algún dinero, eran de ver su
+boga y popularidad entre esta chulería menuda, que sin cesar se ofrece a
+nuestra vista por calles y caminos con escándalo de la moral, con
+bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y
+sujetar estos presidios sueltos del porvenir.
+
+
+
+
+Capítulo XVI
+
+Anagnórisis
+
+
+¡Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaquín visitó una tarde a
+Isidora para anunciarle que la señora marquesa de Aransis había llegado
+de Córdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en
+Isidora la dejó alelada por breve rato, y en su aturdimiento no hacía
+más que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera
+puesto ya en él todos los afectos disponibles de su gran corazón,
+bastaría aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero
+Joaquín dijo más. La señora marquesa de Aransis se había dignado fijar
+el día siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir
+a la señorita de Rufete. Esta se ruborizó de golpe por la idea sola de
+aproximarse a la marquesa. ¡Qué minuto de asombro y congoja dulce!
+Después el marqués viudo habló algo de los graves sucesos políticos del
+día; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos
+los políticos y no se enteró de nada.
+
+Cuando se quedó sola, ¡qué cosas pensó y dijo! Y por la noche, ¡cómo se
+anticipó a los sucesos! ¡Con qué vigor y fuerza de fantasía construyó en
+su mente la persona de la marquesa, a quien nunca había visto, y qué
+bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos harían,
+abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos
+propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las
+altas esferas que ella no conocía sino por ese brillo lejano, ese eco y
+ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose
+dueña del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias
+al Señor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por
+la sociedad; rezó, se espiritualizó, bañó su alma, si así puede decirse,
+en ondas de honradez y virtud; la aromatizó con esencias sacadas de la
+dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos
+grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y
+consolar afligidos y menesterosos; y desde esta región de la
+beneficencia se precipitó a escape hacia los ensueños del lujo, en un
+carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre
+nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada
+y moribunda en el abismo de rosas de un sueño dulce.
+
+Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. ¡Oh! La
+luz de aquel día, de aquel jueves, 11 de febrero, tenía para ella un
+tinte sonrosado y divino, lleno de poesía y de esperanza, como si todo
+el día fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba
+la hora de su dignificación gloriosa; la hora de una de las más grandes
+justicias que había visto la tierra. En el tiempo había aquel día un
+monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde.
+
+Isidora empezó a arreglarse desde muy temprano. ¿Cómo iría? No era
+conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio
+bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le
+parecía chocarrero y de mal gusto. Tampoco convenía presentarse con
+desaliño, anunciándose como demasiado influida por la baja condición en
+que tan injustamente había vivido. El desaseo y abandono serían de muy
+mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada
+y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a
+otro esplendoroso. Así se mostraría merecedora del nuevo puesto,
+demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la mañana
+la pasó en estos pensamientos. También meditó si convendría o no llevar
+consigo a Mariano, decidiéndose por la negativa, por temor a que la
+comprometiese con su salvajismo. Tiempo habría de presentarle y también
+de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendría a ser
+caballero digno de su escogido linaje.
+
+Cuando se acercaba la hora, púsose la de Rufete su vestido de merino
+negro, tan decente que no se podía pedir más, muy bien cortado y hecho;
+pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo,
+embelesándose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se había de
+congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en
+el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que compartía
+y derramaba su abundante cabello castaño alrededor de la frente, detrás
+de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su
+rostro matices de poesía crepuscular, como si todo él estuviese formado
+con tintas y rasgos tomados de la melancolía y sosiego de la tarde. Sus
+ojos eran pardos y de un mirar cariñoso con somnolencias de siesta o
+fiebre de insomnio, según los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya
+la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le
+conocía el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis decía que había
+en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones.
+También decía que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino
+nadaban como nereidas la imaginación soñadora, la indolencia, la
+ignorancia del cálculo positivo y el desconocimiento de la realidad.
+
+Mirose mucho al espejo y se puso el velo. ¡Bien, bien! Su dignidad, su
+hermosura, su derecho mismo, resplandecían más en la decencia correcta y
+limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. ¡Bien, muy bien!
+Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con
+la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavío, que por
+ella quizás se dividen las clases sociales.
+
+Dieron las tres. Tomó de una gaveta, donde muy guardados estaban, los
+papeles que su tío le había dado, y que eran testimonio de su derecho
+incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro
+documento interesantísimo. Pasó la vista por ellos, aunque ya se los
+sabía de memoria, y los guardó. No los necesitaba, sin duda, porque la
+cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsión o delicadeza.
+Al salir echó sobre su pobre aposento una mirada de lástima en que
+también había algo de gratitud. Le parecía tan excesivamente humilde,
+que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo
+con su presencia. La princesa de Poniatowsky parecía más triste al verla
+partir, y los del cuadro del _Hambre_ se volvían más flacos y
+macilentos. ¡Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueños
+y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los
+muros venerables del palacio de Aransis.
+
+Al salir se despidió mentalmente de las de Relimpio. Les echó una
+rociada de desprecio. Así puede decirse, pues tal era su idea. Se
+figuraba que tenía en la mano una de aquellas mangas de riego que había
+visto en las calles, y que, apuntándola a D.ª Laura, arrojaba sobre
+ella, en forma de inundación, todo el desdén que puede caber en un
+corazón tan grande como el depósito del Campo de Guardias. Sólo
+exceptuaba de este chaparrón al bueno de D. José, para quien destinaba
+_in mente_ la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don José, como
+siempre, la acompañó aquella tarde.
+
+Serían las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida
+que se acercaba Isidora a los barrios próximos a San Pedro iba sintiendo
+turbación tan grande, que creyó le faltarían las fuerzas para llegar
+allá. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos
+marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusión. El
+tiempo estaba también turbado. No sabía si apresurarse o detenerse. No
+quería llegar ni antes ni después de la hora. Al fin vio en el extremo
+de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcón, el primero de larga
+fila de balcones, y se detuvo mirándolo. Allí era: tuvo miedo, frío y
+ganas de llorar...
+
+Despidiose de D. José, el cual no comprendía por qué su ahijada le
+mandaba retirarse.
+
+«¿Pero qué? ¿Te quedas aquí?... ¿No vuelves a casa?...
+
+--No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabrá usted todo.
+Adiós.
+
+--A ti te pasa algo. ¡Qué pálida estás!... Pero aguarda...
+
+--Adiós, adiós».
+
+Dejándole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del
+palacio. El gran sobresalto de su alma crecía a cada paso. ¡Oh! Sin
+duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta llegó a imaginar
+que estaría en un balcón esperándola. Miró y no había nadie. La casa
+estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en
+sí mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal
+entreabierta. Isidora, al tocarla, sintió como un valor repentino. El
+contacto de su propiedad le devolvía el dominio de sí misma. ¡Revelación
+magnética de su derecho!
+
+Con voz clara preguntó al conserje por la marquesa. El cojo, como si la
+esperara, la invitó a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera
+había otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abrió con
+mucho respeto una mampara. Esto animó a Isidora. Dentro de ella se reía
+un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una máquina. Su corazón no
+era corazón, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer
+criado le salió al encuentro, y diciéndole: «Pase usted», la llevó de
+sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: «La señora saldrá al
+instante».
+
+Isidora se sentó. Instante único, tremendo; ángel con el pie levantado y
+las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigirá su vuelo al
+suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta;
+espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace
+o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de
+aquel, no conocido todavía, en que se acabará el mundo... ¡Ah!, la
+puerta del gabinete se abría... Isidora vio entrar una dama de cabello
+casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como
+reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acertó a
+contestar al saludo afectuoso de la señora. No sabía lo que le pasaba.
+Se levantó, volvió a sentarse. No podía asegurar si dijo o no dijo algo.
+Se sentía morir. ¡El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la
+marquesa no la había abrazado..., la marquesa no había parado mientes en
+su fisonomía!... Las dos se miraron.
+
+Entonces Isidora vio que la marquesa sacó unos lentes de oro, y
+aplicándolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada,
+fría, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para
+despertar admiración. Isidora creyó que la señora había estado mirándola
+siglo y medio, año más, año menos.
+
+Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes salió una palabra.
+
+«El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me
+escribió a Córdoba diciéndome que usted..., parece que asegura...».
+
+¡Cosa rara! También parecía turbada la marquesa. Pero lo que más pasmó y
+confundió a Isidora fue no ver en la digna señora señales de
+enternecimiento.
+
+«Es usted, según creo--dijo esta--, una joven que se llama Isidora, hija
+de un tal Rufete...
+
+--No, señora--manifestó Isidora recobrando en un punto su valor, y
+usando un lenguaje en que se combinaba hábilmente la energía con la
+urbanidad--. He llevado y llevo ese nombre, que no es el mío. Don Tomas
+Rufete ha pasado, hasta que murió por padre mío, y por tal le tuve y le
+quise; pero yo me llamo Isidora de Aransis».
+
+La marquesa la interrumpió con un gesto de enojo. Volvió a mirarla
+fijamente y palideció.
+
+«Me han asegurado--dijo--que usted pretende pasar por hija de mi
+desgraciada Virginia. ¿Es cierto que usted lo cree así?
+
+--¡Oh!, ¡que si lo creo!--exclamó Isidora echándose a llorar--. Si no lo
+creyera, no viviría...
+
+--Parece--indicó la marquesa--que esa creencia en usted es sincera;
+parece que es una convicción arraigada y profunda... No puede usted
+figurarse--añadió con cierto cariño--lo que me ha dado que pensar esta
+idea de usted. Cuando me escribieron dándome cuenta de una joven que se
+llamaba mi nieta, estuve muchos días preocupada con esto... He tenido
+mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle
+que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios
+de la condición moral de las personas, desde luego aseguro que al
+declararse usted nieta mía, no la ha movido ningún interés maligno.
+Usted es sincera y honrada, usted tiene la convicción...
+
+--Señora--exclamó Isidora cayendo de rodillas a los pies de la
+aristócrata--. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de
+la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre».
+
+Le besó las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los
+besos, con la más santa y sincera afección que es dado imaginar. Pero
+aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de
+enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su ánimo, y dijo con
+sequedad:
+
+«Pero ¿qué es esto?... Levántese usted, hija... No puedo consentir...
+Usted no me ha entendido bien...».
+
+Isidora se levantó. Creía que la marquesa quería llevar las cosas por el
+terreno de las explicaciones frías antes de entregarse a las expansiones
+del sentimiento.
+
+«Usted no me ha entendido bien--replicó la de Aransis, viendo cómo
+Isidora se enjugaba las lágrimas luego que se sentó--. He dicho tan sólo
+que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y
+bondad que noto en su fisonomía... (es usted muy hermosa...) me ha
+parecido desde un principio digna de interés y consideración. Usted sin
+duda no ha venido aquí a representar una comedia; usted se declara hija
+de mi desgraciada hija porque así lo cree, fundada en motivos y
+circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razón,
+hija mía, hay inmensa distancia, y así, señorita, no puedo menos de
+manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que está usted
+completamente equivocada».
+
+Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazón todas
+las cataratas del Niágara, no habría experimentado sensación más
+dolorosa de choque duro y frío. Quedó convertida en estatua, y sus
+lágrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le salió a
+los ojos. _¡Completamente equivocada!_ Decirle esto a ella era lo mismo
+que decirle: «Tú no existes, tú eres una sombra; menos aún, un ente
+convencional». ¡Tan profundas raíces tenía en su alma aquella creencia!
+
+«Yo no sé--prosiguió la marquesa con frialdad--cómo ha llegado usted a
+adquirir ese absurdo convencimiento; no sé, ni quiero saberlo, por qué
+serie de circunstancias, de _qui pro quo_ y de falsas apariencias, ha
+llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su
+error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de
+seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que sí puedo
+asegurar a usted, y lo aseguro porque lo sé, es que ha sido usted
+atrozmente engañada, hija mía, y espero que no insistirá en ello después
+de lo que acabo de manifestar».
+
+Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no
+alumbrase. Era toda convicción, y la fe de su alto origen resplandecía
+en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a
+su voluntad y sólida base a su conciencia. El que apagase aquella
+antorcha de su alma, habría extinguido en ella todo lo que tenía de
+divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al oír a la marquesa creía
+escuchar los términos más terribles de la injusticia humana. La pena que
+con esto sintiera la colmó de confusión y espanto en los primeros
+momentos; pero después su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia.
+Su ira surgió como una espada que se desenvaina, y le dio concisa
+elocuencia para decir:
+
+«Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo
+nacimos de doña Virginia de Aransis. Se nos podrá arrebatar lo que es
+nuestro; se nos podrá negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre;
+pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defenderá.
+
+--En vista de esa terquedad--dijo la marquesa esforzándose en no llevar
+la cuestión a un terreno dramático y en huir de las declamaciones--me
+arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin
+malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos niños de mi
+infeliz hija, la hembra murió, el varoncito vive y está a mi lado. Si
+insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o capítulos de
+novelas, me veré obligada a tenerla a usted o por impostora o por
+demente...
+
+--Tengo documentos--exclamó Isidora mostrando sus papeles.
+
+--No quiero verlos. Supongo qué pruebas son esas. Yo las tengo
+clarísimas para probar lo que he dicho.
+
+--Y yo..., ¡yo también probaré!--balbució Isidora con el corazón, hecho
+pedazos, en los labios--. ¡Ah! ¡Qué desgraciada soy, señora! Yo me
+muero».
+
+Rompió a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma,
+tuvo lástima de ella.
+
+«He empleado con usted palabras muy duras--le dijo--. Pero usted ha
+tenido la culpa, hija mía. Usted ha sido engañada. No será quizás
+impostora. Hablará usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de
+su credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiéseme sus
+penas, porque penas hay, lo sospecho. ¿Quién ha metido a usted en la
+cabeza esas historias? Cuénteme usted todo. Después, si necesita algo,
+si usted se ve en alguna necesidad...
+
+--Hasta aquí he vivido arrojada de mi casa, de mi posición, privada de
+mi verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nací me
+pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna».
+
+La marquesa no creyó deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las
+últimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y
+mirando a la pobre joven con más lástima que cólera, le dijo:
+
+«Si tan convencida está usted, acuda usted a los Tribunales.
+
+--Acudiré--exclamó Isidora con firme convicción.
+
+--Entretanto, es inútil que disputemos aquí. Puede usted retirarse».
+
+La marquesa intentó tirar del cordón de la campanilla. Con un movimiento
+inesperado, Isidora la detuvo, y postrándose ante ella, exclamó con viva
+explosión de sentimientos nobles:
+
+«Señora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibiría
+usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi
+derecho, y yo la adoro porque creo en él. No hay odio en mi corazón ni
+puede haberlo para la madre de mi madre... Déjeme usted besar sus
+manos».
+
+La marquesa parecía muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro,
+apartaba de sí a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiración más
+audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separó su velo para mostrar
+más completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. ¿Qué
+destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del
+timbre de su voz al decir:
+
+«¿Para qué leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho.
+Soy el retrato vivo de mi madre».
+
+La marquesa la miró otra vez palideciendo. ¿Cruzó por la mente de la
+noble señora un rayo de duda?... ¿Vaciló su firme creencia? ¡Quién puede
+saberlo! A sus ojos asomaron las lágrimas.
+
+«No interprete usted mis lágrimas como una concesión--dijo a Isidora--.
+Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido...».
+
+Volvió a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada
+por aquel mirar profundo, se estremeció de esperanza. La hermosura de la
+joven, su distinción innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto,
+hicieron en la noble dama profunda impresión.
+
+«En cuanto al parecido--continuó esta--, nada tengo que decir, porque si
+alguno hay, es puramente casual... Me hará usted un favor en retirarse».
+
+Tiró de la campanilla, y se alejó serenamente sin prisa y sin cólera,
+como nos alejamos después de aplastar un insecto.
+
+Isidora se encontró sola en el gabinete. Un lacayo apareció en la
+puerta. Era señal de que la ponían bonitamente en la de la calle.
+Levantose y salió. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad
+terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del
+palacio se iban quedando atrás, como se desvanece el mundo cuando nos
+morimos.
+
+Cuando bajaba la escalera, un lacayo subía. Tomola este por una de las
+infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la
+marquesa, y le dijo: «¡Qué bonita es usted, prenda!».
+
+Puede juzgarse cómo estaría su espíritu, cuando este ultraje apenas le
+hizo impresión. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el
+cual al pasar la miró con atención picaresca. Ambos le hicieron un frío
+saludo. Salió sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle.
+Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. José de
+Relimpio. Isidora despertó al choque y dijo:
+
+«¿Pero está usted aquí?
+
+--Sí, hija mía--replicó el galán viejo muy conmovido--. El corazón me
+decía que habías de salir pronto, y esperé... No me podía acostumbrar a
+la idea de no volver a verte... ¿Qué quieres tú?... Yo tomo cariño a las
+personas con mucha facilidad... Aquí se me ha pasado el tiempo mirando
+como un bobo a los balcones y diciendo: «Ella ha de salir, ella ha de
+salir».
+
+
+
+
+Capítulo XVII
+
+Igualdad.--Suicidio de Isidora
+
+
+Isidora no ponía atención en las cariñosas palabras de D. José. Sintió
+en su cerebro una impresión extraña, como el rastro aéreo de inmensa
+caída desde la altura a los más hondos términos que el pensamiento puede
+concebir. ¡Y qué manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que
+están debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio
+general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la
+luz eran de otro modo. La gente y las casas también se habían
+transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora,
+era punto menos que otra persona.
+
+«¿Pero a dónde vamos, hija?»--preguntó Relimpio viendo que andaban y
+desandaban calles, subían costanillas, y divagaban pasando muchas veces
+por un mismo sitio.
+
+Isidora no le contestaba y adelante seguía, llevándolo como rodrigón.
+Ella miraba al suelo, él el cielo. Sin saber cómo, halláronse en las
+Vistillas. Caía la tarde. Don José llamo la atención de su ahijada hacia
+la magnificencia del crepúsculo que desde aquel despejado sitio se
+gozaba; alzó los ojos ella y miró, arrojando un suspiro tan grande sobre
+el inmenso paisaje que a su vista tenía que parecía querer llenarlo de
+tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonías entre su
+estado moral y la Naturaleza, la hermosísima retirada y apagamiento del
+día no eran extraños al occidente que había en su alma. Los destellos de
+oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundían dejando tras sí
+un rastro pálido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa
+uniforme y sin contornos, se alejaba, desvaneciéndose en el fondo del
+firmamento, donde al fin quedaría como el espectro de un mundo.
+Marcábanse las curvas del río por jirones de niebla desvanecida,
+vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado
+de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos.
+
+«¡Qué feísimo es esto!»--murmuro Isidora con ira que indicaba cierta
+hostilidad contra la Naturaleza.
+
+Entonces el patriarcal D. José se puso a admirar la belleza del cielo,
+que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyección
+abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata,
+caía del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante
+del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago
+apuntar de la idea en el cerebro. Don José desparramó su vista por toda
+la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrónomo a un
+astro que brillaba más a cada instante, dijo lacónicamente:
+
+«¡Júpiter!».
+
+Isidora también miro, pero con escarnio y desdén.
+
+«¡Qué horrible está la luna!»--murmuró.
+
+Y la comparó al corte de una uña. Volviéndose a su embelesado padrino,
+que osó hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha
+displicencia:
+
+«¿Y qué tengo yo que ver con Júpiter?... ¿Qué me va a dar a mí
+Júpiter?».
+
+Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrás él.
+
+«A ti te pasa algo... ¿Qué tienes?--le dijo el maestro de Teneduría.
+
+--¡Qué le importa a usted! Si no quiere usted acompañarme, puede dejarme
+sola.
+
+--¡Pues no faltaba más!... Hasta el fin del mundo...».
+
+Una sombra lúgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la
+vista, y vieron la mole del viaducto en construcción, un bosque de
+andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro.
+
+«Cuando este puente se acabe--dijo Relimpio en tono de mucha
+autoridad--, no servirá sino para que se arrojen de él los
+desesperados».
+
+Isidora miró con desprecio al puente, y repuso:
+
+«¡Quia! Eso es muy bajo».
+
+Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media
+docena de hombres entre humo y vapores alcohólicos, salió una
+exclamación que así decía: «Ya todos somos iguales», cuya frase hirió de
+tal modo el oído, y por el oído el alma de Isidora, que dio algunos
+pasos atrás para mirar al interior del despacho de vinos.
+
+«Se confirma lo que esta mañana se decía--murmuró D. José demostrando
+una gran pesadumbre--. El Rey se va, renuncia a la corona, y a mí no hay
+quien me quite de la cabeza que es la persona más decente...
+
+--Todos somos iguales»--afirmó Isidora repitiendo la frase.
+
+Y la frase parecía volar multiplicada, como una bandada de frases,
+porque a cada paso oían: «Todos somos iguales... El Rey se va». Salían
+estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban
+mujeres y chicos en las puertas de algunas casas.
+
+Mientras D. José dejaba oír con tímida voz consideraciones prudentes y
+juiciosas sobre el suceso del día, Isidora pensaba que aquello de ser
+todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento
+excepcional de esos que hacen época en la vida de los pueblos, y se
+alegró en lo íntimo de su alma, considerando que habría cataclismo,
+hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos
+colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento
+moral de Isidora, no la consolaba. A la momentánea alegría siguió
+agudísima pena. Por un instante se sintió invadida de un dolor tan
+grande, que llegó a pensar en que no debía vivir más tiempo. Pero esta
+desesperación también duró poco. Todos los medios de apartarse
+voluntariamente de la vida le parecían dolorosos, antipáticos y aun
+cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la
+ataba aún a la vida, aunque no fuera más que la curiosidad de goces y
+satisfacciones que no había probado todavía... No, morir, no. Tiempo
+había para eso.
+
+A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y recibía su calor
+central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y
+del ver y del gustar. Había sofocado una vida para fomentar otra. Cuando
+esta moría, justo es que aquella resucitara.
+
+De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba
+cansadísima y quería sentarse. No sólo tenía necesidad de reposo, sino
+de meditación, pues tanto como su desengaño la mortificaba aquella noche
+la idea de tener que volver a casa de D.ª Laura. No; decididamente allá
+no volvería aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco frío y
+duro. En tanto don José miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que
+en su interior ocurría; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de
+piedra. En ningún balcón se veía luz. Todo estaba cerrado y sombrío como
+el disimulo que precede a las grandes resoluciones.
+
+«¡Pobre señor!--exclamó Relimpio ofreciendo a la dinastía extranjera el
+homenaje de un suspiro--. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en
+su caso...».
+
+Después de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas,
+Isidora dijo esto a su buen padrino:
+
+«Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todavía.
+
+--¡Marcharme!, ¡dejarte sola!... Tú estás loca--replicó él no sabiendo
+renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada.
+
+--Es que no puedo ir a casa todavía... Márchese usted, que si no le
+reñirá D.ª Laura.
+
+--Déjala... Yo te acompañaré adonde quieras. No faltaría más...; ¡ir tú
+sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo
+digo con franqueza, porque yo no soy ningún anacoreta. A los pícaros
+españoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No
+puedes andar sola de noche. Estás cada día más guapa, y por dondequiera
+que vas llamas la atención.
+
+--¡Llamo la atención!--, pensó ella, y se levantó decidida.
+
+--¿A dónde vamos, hija?
+
+--No lo sé todavía».
+
+Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animación convidan a
+los placeres y a intentar gratas aventuras, sintió la joven que se
+amenguaba su profundísimo pesar, como el dolor agudo que cede a la
+energía narcótica del calmante. Se sintió halagada por el contacto de la
+sociedad; percibió en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces
+simpáticas llamándola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y
+como la humana soberbia afecta desdeñar lo que no puede obtener, en su
+interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones
+despedazadas y muertas. Ella también despreciaba una corona. También
+ella era una reina que se iba.
+
+Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazón siempre
+alborozado, le comunicó su vivir rápido y anheloso. Allí se cruzan las
+ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o
+sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un
+encanto, abierto bazar, exposición de alegrías y amenidades sin cuento.
+Los teatros llaman con sus rótulos de gas, las tiendas atraen con el
+charlatanismo de sus escaparates, los cafés fascinan con su murmullo y
+su tibia atmósfera en que nadan la dulce pereza y la chismografía. El
+vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las
+seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente.
+
+Isidora observó que en ella renacía, dominando su ser por entero, aquel
+su afán de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar
+diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor
+fisiológico y dar satisfacción a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo
+vigoroso y el alma soñadora. Se miraba en los cristales, y se detenía
+larguísimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba
+mientes en el susurro de los grupos, que decían: «El Rey se aburre, el
+Rey se va».
+
+A la entrada de la calle de la Montera la animación era, como siempre,
+excesiva. Es la desembocadura de un río de gente que se atraganta
+contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella
+noche, sin saber por qué, el choque de las multitudes y aquel
+frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil
+impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujón, de las cosas
+vistas y deseadas. El piso húmedo, untado de una especie de jabón negro,
+era resbaladizo; pero ella se sostenía bien, y en caso de apuro se
+colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Subían
+los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando
+sangre, y su enorme pesadez estremecía el suelo. Los carreteros
+apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban
+para evitar el desorden y los atropellos. Deteníanse los vehículos
+atarugados, y la gente, refugiándose en las aceras, se estrujaba como en
+los días de pánico. La tienda del viejo Schropp detenía a los
+transeúntes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de máscaras,
+disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas,
+y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el
+escaparate del Marabini, lleno de magníficos brillantes, manifestaba al
+público tentadoras riquezas.
+
+«Dejemos esto, chica--dijo D. José a su ahijada, que miraba embebecida
+las joyas--. Esto no es para nosotros».
+
+De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol.
+
+«¿Otra vez?
+
+--Quiero ir hacia el Congreso--declaró ella.
+
+--Ya..., ¿para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no
+sea que por artes del demonio...».
+
+Menudeaban los grupos, todos pacíficos. No eran hordas de descamisados,
+sino bandadas de curiosos. Se oía decir aquí y allí: «La República, la
+República», pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de
+aquella cosa grande y temida. No había entusiasmo ni embriaguez
+revolucionaria, ni amenazas. La República entraba para cubrir la vacante
+del Trono, como por disposición testamentaria. No la acompañaron las
+brutalidades, pero tampoco las victorias. Diríase que había venido de la
+botica tras la receta del médico. Se le aceptaba como un brebaje de
+ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte.
+
+¡Cuánta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso,
+donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el
+café de la Iberia, que es el Parnasillo de los políticos, dan a esta
+calle, en días o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su
+padrino siguieron la corriente. ¡Cuántos hombres, y también cuántas
+mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magnético conductor
+de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el
+roce de hombros y brazos, entró en ella y la sacudió.
+
+«Déjeme usted sola--dijo a su padrino--. Yo tengo que hacer. Le va a
+reñir a usted doña Laura.
+
+--Deja a D.ª Laura que se la lleve el demonio--exclamó Relimpio, a quien
+la idea de no acompañar a su sobrina le ponía furioso--. ¡Hay por aquí
+tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y
+decirte flores. Esto es indecoroso, y no sería extraño que yo tuviera un
+lance».
+
+¡Ay Isidora! ¿Qué significó ese susurro de carcajadas que sentiste
+dentro de ti?... ¿Era que empezaba a comprender la posibilidad de
+consolarse sin renunciar a sus ideas? ¡Oh, no! Antes morir que abandonar
+sus sagrados derechos. «¡Las leyes!--pensó--. ¿Para qué son las leyes?».
+Esta idea le infundió algún contento. Sí; ella confundiría el necio
+orgullo de su abuela; ella subiría por sus propias fuerzas, con la
+espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecían. Si su
+abuela no quería admitirla de grado, ella, ¿qué tal?..., ella echaría a
+su abuela del trono. Venían días a propósito para esto. ¿No éramos ya
+todos iguales? El pueblo había recogido la corona arrojada en un rincón
+del Palacio y se la había puesto sobre sus sienes duras. ¡Bien, bien,
+bien! Y se aplaudió a sí misma, se palmoteó con esas manos inmateriales,
+que para apoyar sus discursos tiene el corazón. ¡Pleito! Esta palabra,
+anunciadora de una gran idea, se le quedó fija en la mente desde
+entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y
+jueces, y pirámides de papel en cuya cúspide brillaba deslumbrante y
+cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil.
+
+En la calle de Floridablanca el gentío era más espeso; pero los curiosos
+no hacían nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban
+vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida República, como se habría
+hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las
+Cortes pasaba se traslucía fuera.
+
+Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. José demasiado
+humilde para que la joven dejase de oír una y otra vez algunas fórmulas
+equívocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educación y de
+la falta de respeto a las mujeres.
+
+«Vámonos a casa--dijo Relimpio algo amostazado--. Yo no me puedo
+contener. Soy una pólvora. Tú no conoces mi genio. Pues bien, me estás
+comprometiendo.
+
+--Váyase usted, que yo me quedo--replicó ella impávida.
+
+--¿Pero estás loca?...
+
+--No estoy loca. Es que...
+
+--Pero ¿tú buscas a alguien? ¿Esperas a alguien?».
+
+Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequeña por donde entra y
+sale toda la política de España.
+
+«Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez».
+
+Isidora no le hizo caso. De repente avanzó hacia la calle del Sordo,
+mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del
+Congreso. Uno de ellos se distinguía por su gabán claro.
+
+«¿Al fin nos vamos?--preguntó D. José con alegría.
+
+--No se enfade usted conmigo, padrinito--dijo Isidora mirándole--. Le
+quiero a usted mucho».
+
+Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se había fijado en los
+tres señores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al
+llegar al extremo de la calle, D. José, que gozaba mucho por los
+recuerdos históricos, se paró y dijo con voz lúgubre:
+
+«Aquí mataron a D. Juan Prim. Todavía están en la pared las señales de
+las balas».
+
+Isidora no miró las señales de los proyectiles. Miraba a los tres
+caballeros, que se habían detenido algo más arriba, junto al jardín de
+Casa--Riera. Parecía que se despedían. En efecto, dos siguieron hacia la
+Presidencia, y el del gabán claro bajó por la calle de Alcalá.
+
+¡Instante tremendo, que no olvidaría jamás D. José Relimpio aunque
+viviera mil años! Cuando el señor del gabán claro pasó por la trágica
+esquina, Isidora echó a correr, llegose a él, se le colgó del brazo.
+Hubo exclamaciones de sorpresa y alegría... Después siguieron juntos, y
+se perdieron en la niebla.
+
+«¡Ah!--murmuró D. José con vivo dolor--. Es el marqués viudo de
+Saldeoro... ¡Ingrata!... ¡Y qué hermosa!».
+
+El pobre señor se apoyó en la esquina: su desconsuelo era grande. Pensó
+que no la vería más. Vuelta la cara a la pared, ¿qué hizo durante el
+rato que permaneció allí?... ¿Lloró? Quién lo sabe. Tal vez estampó una
+lágrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la página más
+deshonrosa de la historia contemporánea.
+
+
+
+
+Capítulo XVIII
+
+Últimos consejos de mi tío el Canónigo
+
+
+¡Qué lástima no ser poeta épico para expresar, con la elocuencia propia
+del caso, el enojo de D.ª Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la
+ira de los dioses, hallábase a dos dedos de ella! Todo por que la
+señorita Isidora no se conducía decorosamente. Don José estaba
+profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida
+ahijada. Y si alguna tímida palabreja salía de su boca, D.ª Laura se le
+quería comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba
+era que se había quedado fuera de casa en la noche del 11. «Nada,
+nada--dijo la iracunda señora a su marido del modo más imperioso--.
+Esa... _Sardanápala_ no tiene que poner más los pies en mi casa. Si la
+ves, dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su
+padre».
+
+Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mandó por su equipaje.
+¡Temblad, humanos!..., ¡ponía casa! El furor de D.ª Laura creció, y en
+ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras,
+como las olas de un mar embravecido. Relimpio no podía disimular una
+aflicción honda que tenía su asiento en la región cardíaca. Parecía
+atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groserías de la
+ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no
+dijeron nada.
+
+Y tú, ¡oh lector!, ¿qué dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia
+por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner
+casa la de Rufete no puede atribuirse aún a sospechosos motivos; sabe,
+pues hay obligación de que se te diga todo, que el mismo día 12 por la
+mañana recibió nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En
+la una, su tío el Canónigo se despedía de ella para el otro mundo y le
+daba mil consejos de mucha substancia, amén de un legadillo para que
+ambos huérfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiación y
+herencia, si ya no estaban en posesión de ambas cosas. La otra carta
+anunciaba la muerte del santo varón.
+
+El cual, hora es ya decirlo, no era tal Canónigo ni cosa que lo valiera,
+sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos años
+se había aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona
+y sibarítica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano--Quijada, primo
+carnal de Tomás Rufete, había sido mayordomo de una casa grande, y
+después administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda
+de nadie, se retiró a su pueblo, donde vivió célibe, entre primas y
+sobrinos, más de treinta años, dedicado a la caza, a la gastronomía y a
+la lectura de novelas. Tenía ciertos hábitos de grandeza, y en su modo
+de hablar y de escribir distinguíase tanto de sus convecinos, que antes
+que lugareño parecía de lo más refinado y discreto de la corte. Era muy
+avaro y sumamente excéntrico. Omitiendo las mil aseveraciones
+contradictorias que corrían por toda la Mancha acerca de su
+caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas
+chifladuras, dejaremos que se nos muestre él mismo en la carta que
+escribió a Isidora, y que copiamos a la letra:
+
+«El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873.
+
+»Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya
+este pecador, a quien llamaste tío y que más que tío ha sabido ser padre
+tuyo, estará en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas.
+Aquella dolencia que ni el médico de este pueblo ni el de Argamasilla
+entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitándome la
+respiración de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el
+alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta señora ha de estar dentro
+de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no
+poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin
+movimiento, y el Sr. Rodríguez Araña, secretario del Ayuntamiento, me
+hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en
+tu hermano, a quienes supongo ya en pacífica posesión del marquesado.
+
+»Por tu última carta veo que esperabas aviso de la señora marquesa de
+Aransis. Esa buena señora os habrá reconocido como nietos, porque no
+puede ser de otra manera. Ojalá fuera tan seguro que he de alcanzar la
+gloria eterna, como lo es que tú y Mariano nacisteis de aquella hermosa
+y sin ventura Virginia, de quien sacaste tú la figura y rostro de tal
+manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella
+resucitada. Pero si por artes de algún enemigo o tontunas de la marquesa
+(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado
+la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu
+cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente está tu
+derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el
+caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y
+tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran
+fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la señora
+marquesa echándote los brazos al cuello y comiéndote a besos. Si las
+cosas han pasado de otra manera, trata de que la señora te reconozca por
+el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si
+tienes en él algún lunar o seña por donde la marquesa venga en
+conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he leído casos
+semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero vellón o cosa así han
+bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre
+y como tales se abrazaran. De esto están llenas las historias.
+
+»Para que lo gocéis, si es que ya estáis en vuestro trono, o para que
+siga el pleito, si no lo estáis, os dejo un legado que no es cosa mayor.
+Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado,
+persona a quien conoces y seguramente tendrás por la misma
+caballerosidad.
+
+»Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te
+vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con
+los demás son el peligro de los ricos y la sangría de las bolsas. Cásate
+con persona de tu condición, pues si lo haces con quien por debajo de ti
+esté, te expones a que el peso de tu cónyuge te tire hacia abajo y no te
+deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, más vale que te
+unas con quien te sea superior, que también hay príncipes y duques por
+estas tierras.
+
+»No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas,
+que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia
+intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados
+del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a
+los que nada tienen.
+
+»Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre
+tus sedas el paño burdo de tus primeros años, habrá tontos que se rían
+de ti. Instrúyete bien en las cosas que no has podido aprender en la
+pobreza. Tú eres lista y harás grandes progresos. No olvides de darte
+algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa
+fácil y que se aprende con un poco de paciencia.
+
+»Para no descubrirte, muéstrate al principio circunspecta y callada, que
+con esto pasarás por modesta, y la modestia es virtud que en todas
+partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspección, dedícate
+a observar lo que hacen los demás para aprenderlo y hacerlo tú misma
+luego que te vayas soltando. Observa cómo saludan, cómo manejan el
+abanico, cómo dan el brazo, cómo se sientan a la mesa y ponen el abrigo.
+Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular
+estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada
+maestra.
+
+»Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la
+desaparición de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la
+humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo.
+Siempre habrá clases. Por más que aseguren que esta igualdad se ha
+iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las
+personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a mí no me
+entra eso. ¿La educación general traerá al fin la uniformidad de
+modales? Patarata. ¿Los salones de la aristocracia se abren a todo el
+mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro
+perro con ese hueso. Dicen que las señoras de la grandeza cantan
+flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofía. Esa no
+cuela. Yo no lo creeré aunque lo vea. Si en algún momento de inundación
+social ha podido pasar eso, las cosas volverán a su cauce.
+
+»Haz lo posible por distinguirte de los demás sin humillar a nadie, se
+entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras
+ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una
+bofetada, dala con mano de algodón perfumado, que así duele más.
+
+»Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo así, el
+sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad
+de un alto señor como en sus guisos y manera de presentarlos y
+servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen círculo de
+convidados que sazonen la comida con las especias finísimas del ingenio
+discreto; especias, hija mía, que más bien son flores de aroma delicado.
+Mira bien a quién convidas. No sientes parásitos a tu mesa, que estos,
+después de vivir a tu costa, te criticarán. Elige diariamente un pequeño
+número de comensales, graves sin afectación, ingeniosos sin descaro,
+festivos sin chocarrería, y que coman sin gula y beban sin embriaguez,
+honrando tu casa y celebrando tu mesa.
+
+»Mucho te hablaría de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello.
+Solamente te diré, que pues la moda quiere que el arte francés con sus
+invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra
+cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de
+restablecer usos culinarios que están ya vencidos. Adopta la cocina
+francesa, toma un buen jefe y provéete de cuanto la moda y la
+especulación traen de remotos países. Pero has de saber que es de buen
+gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y así, no
+hay cosa de más chispa que sorprender un día a tus convidados con un
+plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado
+de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una
+exhibición hábil de fruslerías francesas, no sólo no te será vituperado,
+sino que te valdrá grandes alabanzas.
+
+»Vístete con primor. Huye tanto de la vulgaridad poniéndote lo que todas
+se pongan, como de la excesiva singularidad poniéndote lo que a nadie se
+le haya ocurrido usar. Hay un término medio, delicadísimo, muy difícil
+de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente
+elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la
+extravagancia; procura que en tus atavíos, sin que falte lo común y
+corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalísimo,
+que no puedan imitar los demás, y habrás logrado el objeto.
+
+»Sé siempre buena católica cristiana, que lo primero es salvar el alma.
+Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin
+fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afán a las prácticas
+religiosas; trata a los curas con consideración, y dales para que coman,
+que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea
+novenas y alguna que otra función; pero sin pasar de ahí ni abrir tu
+puerta a los señores de hábito negro, los cuales, si les dejaras, pronto
+imperarían en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dirá la
+gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya
+no hay santos ni cosa que lo valga.
+
+»De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida
+conyugal, cosa que, según oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo
+quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningún punto
+poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe
+matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de
+los perversos usos del día, se hastíe un poco de ti, y busque
+entretenimiento y variedad en otras mujeres. ¡Atroz desaire que te
+producirá no pocos sofocones y te pondrá a dos dedos del mayor peligro
+en que jamás se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas
+llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado
+por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltará poco para caer en
+pecado igual al suyo. Cuidado, hija mía, mucho cuidado. A su poligamia
+contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta,
+resiste, y no degrades tu corazón dándolo a algún mequetrefe que lo tome
+por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y
+desocupados. Consérvate digna, recatada, siempre señora inexpugnable;
+que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventará,
+y entonces podrás volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro
+marido que te considere más y te atienda mejor que el primero.
+
+»Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado
+las más importantes, no digo más, porque las fuerzas me faltan.
+Acuérdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de
+invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto
+aquí, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habré cerrado
+mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrírmelos a los de la
+gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdón de
+mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me
+importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me
+despido de mis amigos, y recibe tú el último pensamiento y el suspiro
+último de tu amantísimo tío (o cosa tal),
+
+SANTIAGO QUIJANO QUIJADA».
+
+Madrid.--Junio de 1881.
+
+FIN DE LA PRIMERA PARTE
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Segunda parte
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ AUGUSTO MIQUIS, _doctor en Medicina._
+ JOAQUÍN PEZ.
+ DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _tenedor de libros._
+ MELCHOR DE RELIMPIO, _arbitrista._
+ EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAÑO.
+ LA SANGUIJUELERA.
+ DON ALEJANDRO SÁNCHEZ BOTÍN, _padre de la Patria._
+ JUAN BOU, _litógrafo._
+ JUAN JOSÉ CASTAÑO, _ortopedista._
+ MUÑOZ Y NONES, _notario._
+ MADAMA EPONINA, _modista._
+ RIQUÍN, _niño._
+ EL MAJITO.
+ MODESTO RICO, _tratante de vinos._
+ PALO--CON--OJOS.
+ GAITICA.
+ DIVERSOS PECES.
+ DIVERSOS PÁJAROS.
+ UN GRAN PERSONAJE _(que no habla)._ DIVERSOS PERSONAJES _(que no
+ hablan tampoco)._
+
+ _Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un
+ oficial de litografía, hombres y mujeres del pueblo, porteros,
+ tropa, etc._
+
+ _La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875._
+
+
+
+
+Capítulo I
+
+Efemérides
+
+
+La República, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la
+Restauración, tantas formas políticas, sucediéndose con rapidez, como
+las páginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron
+sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos
+de Tomás Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia
+(trocándose en feliz para el efecto de la composición de este libro)
+juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir
+adelante. Aconteció que por causa de una fuerte neuralgia necesitó este
+la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los
+primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposición y
+altísimo porvenir. Enfermo y médico charlaban de diversas cosas. Un día,
+cuando ya se había iniciado la convalecencia, recayó la conversación en
+los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no podía
+haber un tema más gustoso, habló largamente de Isidora, diciendo, entre
+otras cosas, lo siguiente:
+
+«Está ahora esa mujer..., vamos..., está guapísima, encantadora. Parece
+que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado
+considerablemente en gracia, en belleza, en expresión. Se me figura que
+será una mujer célebre. Vive en la misma casa donde se instaló hace dos
+años, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.--¡Un hijo!
+¿Qué me cuenta usted?--Lo que usted oye. Ya tiene dos años. Es algo
+monstruoso; lo que llamamos un _macrocéfalo_, es decir, que tiene la
+cabeza muy grande, deforme. ¡Misterios de la herencia fisiológica! Su
+madre me pregunta si toda aquella gran testa estará llena de talento. Yo
+le digo que su delirante ambición y su vicio mental le darán una
+descendencia de cabezudos raquíticos... El chico es gracioso y de una
+precocidad alarmante...
+
+»Pasando a otra cosa, yo tengo para mí que el marqués viudito está más
+tronado que la nación española. Sus deudas se remontan como el águila
+ávida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales,
+carecer es morir, y pasarán por toda clase de ignominias antes que
+decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipación. Por
+desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten,
+cándidos que les fíen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca
+mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a
+veces toman sin pedir.
+
+»Yo pregunto: ¿No habrá algún día leyes para enfrenar la alta vagancia?
+¿No se crearán algún día palacios correccionales? ¿No establecerán las
+generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a
+raya la demagogia azul, dándole de comer? Yo pregunto también: Puesto
+que tanto se ha hablado del derecho a la vida, ¿existirá también el
+derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la
+alta vagancia nos pedirá algún día los casinos costeados por el Estado.
+Lógica, lógica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo:
+«Estáis tocando el violón, porque el comunismo existe entre nosotros con
+tan profundas raíces como la religión: es nuestra segunda Fe. No falta
+más que perfilarlo, darle la última mano, y ponerlo bien clarito en las
+leyes, tal como lo está en nuestras costumbres».
+
+»Ahora bien, señores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la
+sociedad toda. Hagamos una revolución para destruir el comunismo, y esto
+es lo práctico, porque hacer revolución por establecerlo es como si
+encendiéramos el gas de las calles en pleno día. Revolución, pues.
+Suprimamos la Administración, que es una hipocresía del reparto
+universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numérica del
+_restaurant_ nacional; suprimamos las contribuciones, que son el
+almacenaje omnímodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido
+esto, lo demás, ejército, gobierno, armada..., se suprimirá por sí
+mismo. Entonces diremos: _todo acabó_; _nadie se encarga de nada_... Que
+cada cual salga por donde pueda. Fúndese una sociedad nueva entre el
+estruendo de los palos. ¿Qué tal? Sí, señores, el comunismo no muere
+sino ahogado en un océano de negaciones. Luego se unirán el interés y la
+fuerza para crear el nuevo derecho».
+
+Todos los que conozcan a Miquis verán que no exageramos ni añadimos nada
+al poner aquí sus festivas paradojas.
+
+Efectivamente, Isidora vivía al fin de la calle de Hortaleza en un
+número superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande.
+Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, están
+fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes
+pequeños con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando
+a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas
+luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de
+yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada
+la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden
+y simetría. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se
+había formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa
+yuxtaposición del verdadero hogar doméstico, labrado poco a poco por la
+paciencia y el cariño de una o dos generaciones. Allí se veían piezas
+donde el exceso de muebles apenas permitía el paso, y otras donde la
+desnudez casi rayaba en pobreza. Algún mueble soberbio se rozaba con
+otro de tosquedad primitiva. Había mucho procedente de liquidaciones,
+manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable.
+Casi todo lo restante procedía de esas almonedas apócrifas, verdaderos
+baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duración.
+
+La sala lucía sillería de damasco amarillo rameado; en imitación de palo
+santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase más
+inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas
+aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y
+de piezas tan frágiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a
+él con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La
+consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus
+agujas una sola vez. El mármol de ella se escondía bajo una instalación
+abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel cañamazo y
+todo lo más deleznable, vano y frágil que imaginarse puede... A Isidora
+no gustaba esta sala, que era, según ella, el tipo y modelo de la sala
+cursi. Había sido comprada _in solidum_ por Joaquín en una liquidación,
+y provenía de una actriz que no pudo disfrutarla más de un mes. Isidora
+tenía propósito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas
+horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado había lo
+bastante para media docena de casullas, y aún sobraba algo para vestir
+un santo y ponerle de tiros largos.
+
+En el gabinete próximo a la sala estaba casi constantemente la heroína
+de esta historia. A la izquierda de la chimenea tenía su armario de
+luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros días de uso,
+pero que pronto empezó a perder su brillo y a desvencijarse,
+manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido
+en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcón, estaba el
+tocador, mueble precioso, pero muy usado. Había pertenecido a una casa
+grande que liquidó por quiebra. Un escritorio pequeño con gavetillas y
+algún secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro
+para la cómoda. Sobre esta se elevaba un montón de cosas revueltas, en
+cuya ingente masa podían distinguirse cajas de sombreros y cajas de
+sobres estropeados, libros, líos de ropa, un álbum de retratos, un
+Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartón.
+
+En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de ébano y roble, había
+varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la
+perfección de la fotografía y la belleza de la figura. Parecía una
+duquesa, y ella misma admiraba allí, en ratos de soledad, su continente
+noble, su hermosura melancólica, su mirada serena, su grave y natural
+postura. En la pared no había ninguna lámina religiosa; todas eran
+profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha
+inundado las tiendas de cromos; canónigos glotones, cartujos que catan
+vinos, el clérigo francés que se come la ostra y el que muestra el
+gusano en la hoja; además, borrachos laicos y algunas majas y chulos que
+entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto había sido adquirido por
+Joaquín, que se reía mucho contemplando al fraile embobado junto a la
+muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacían maldita
+gracia los cromos frailescos. Encontrábalos groseros, de mal gusto y
+ordinarios, por ser cosa de estampa que se veía en todas partes. ¡Cuándo
+realizaría ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al óleo,
+de los primeros pintores!
+
+Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si
+había sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma
+nos lo dirá. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro
+meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia,
+y para ello aprovechemos las efemérides verbales de D. José de Relimpio,
+cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable.
+
+1873. _1.º de marzo_.--Instalación de Isidora en su casa de la calle de
+Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqués
+viudo de Saldeoro. Escándalo. Pronuncia D.ª Laura su célebre frase: «Ya
+veía yo venir esto». Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina
+militar.--_La Sanguijuelera_ visita a los de Relimpio y califica la
+conducta de su sobrina con palabras que a pluma más hipócrita no podría
+velar con los disimulos del lenguaje.
+
+_Abril_.--Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardías se
+encuentran frente a frente y del choque resulta una página histórica. No
+corre la sangre.--Primera cuestión entre Isidora y Joaquín por la manera
+de invertir el dinero heredado del Canónigo. Isidora gasta sin
+substancia una buena parte de él en los preliminares de su pleito. Se
+permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que
+privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los
+fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia
+incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas
+necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se
+atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.--Célebre
+discurso de Pi.
+
+_Junio_.--Reúnense las Cortes Constituyentes. La guerra toma
+proporciones alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas
+consecuencias de la desgraciada acción de Eraul.--Joaquín Pez marcha a
+Biarritz. Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el
+paradero de su hermano, que ha desaparecido del colegio en que
+estaba.--Consternación. Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel
+Llagostera. La guerra, la política, ofrecen un espectáculo de confusión
+lamentable. Don José de Relimpio manifiesta con gran seso que la
+cesantía de treinta mil reales que disfrutan los ex ministros españoles
+es la causa de estas tremolinas.
+
+_Julio_.--Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crímenes,
+desbordamiento general del furor político.--Doña Laura cae gravemente
+enferma.--La guerra civil crece. Cada día le nace una nueva cabeza y un
+rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a
+su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atención y
+se hacen acerca de ella novelescos comentarios.--Ministerio Salmerón.
+
+_Septiembre_.--Cartagena, excursiones de las fragatas. ¡Oh! Don José les
+perdonaría a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje
+de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de
+nuestro territorio, retenido por la pérfida Inglaterra. Si viviera
+Méndez Núñez, otro gallo nos cantara.--Horrores del cura Santa
+Cruz.--Doña Laura, como si fuera símbolo humano de la unidad y el honor
+de la patria, sucumbe en aquellos tristes días. Antes de morir tiene el
+inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de
+tercera clase.--Célebre apóstrofe de D. Manuel Pez contra las
+improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en
+desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situación tan
+triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino,
+iguala a Isaías en gravedad elegíaca y arrebato poético. Verifícase en
+toda España una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y
+por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.--Dispersión
+de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; está algo
+desfigurada, pero, según sus cuentas, en diciembre concluirá
+aquello.--Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se había
+entibiado ni un punto la noble simpatía que por su ahijada sentía, se va
+a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaña cuando
+está sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando
+la memoria de sus cualidades, deja escapar melancólicos suspirillos.
+
+_Diciembre_.--Castelar reorganiza el Ejército. La patria da un suspiro
+de esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se
+dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que
+son más duros de lo que se creía los cimientos de la unidad nacional. El
+24, Nochebuena, Isidora da a luz un niño, a quien ponen por nombre
+Joaquín.--Háblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del
+feroz Samaniego.
+
+1874. _Enero_.--El día 3 Pavía destruye la República sin disparar un
+tiro. Desaloja el salón del Congreso y pone en las calles cañones que no
+hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.--_La Sanguijuelera_, que
+permanece adicta al antiguo régimen y no cree que hay más reina que
+Isabel II, da un viva al príncipe Alfonso. Célebre apotegma de D. Manuel
+María Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad
+armonizada con el orden. Este varón insigne ocupa otra vez la Dirección
+con beneplácito de los Peces, los cuales, multiplicándose de nuevo,
+colean en todo el país. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que
+la Administración nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos.
+Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las
+ruinas de las fortunas que desaparecen, elévanse las colosales riquezas
+de los contratistas. El Tesoro público hace milagros.--La provincia que
+gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez
+a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora sí que
+son habas contadas. Trátase de comprar habichuelas podridas y arroz
+picado para vendérselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus
+milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos
+centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo régimen, tomando una
+actitud completamente pisciforme.
+
+_Marzo_.--San Pedro Abanto. Inmenso interés despiertan en toda España el
+estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqués viudo de
+Saldeoro. Los últimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no
+le bastaría para pagar. Toma por modelo al Tesoro público y recibe
+dinero al trescientos por ciento. Renuévanse las discordias entre
+Joaquín e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral
+de la de Rufete por su situación social, su penuria y la poca esperanza
+de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el
+bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la
+información. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeño de
+las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya
+gastadísima promesa de casarse con ella.--Sangrientos combates del 25,
+26 y 27, que ocupan la atención pública. Hay muchos liberales que, por
+ser enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra
+estos truena en patriótica indignación don José de Relimpio, el cual se
+compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre él alfileres, sigue y
+escudriña y estudia con sublime anhelo los movimientos militares.
+
+_Mayo_.--Bilbao es libre. Alegría, repiques, farolitos. Crece a los ojos
+del país la gran figura militar del marqués del Duero.--Mariano Rufete,
+que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su
+conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus
+adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de
+lo más escogido. Su hermana daría cuanto tiene (menos los ideales) por
+verle corregido.--Emilia Relimpio se casa con su primo Juan José, hijo
+del ortopedista; Leonor, ilícitamente unida a un sargento primero,
+desaparece de Madrid. Don José, recordando los grandiosos pensamientos
+de D.ª Laura acerca del himeneo de las niñas con célebres médicos y
+oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama
+una lágrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive
+constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el niño de
+Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don José
+le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. _La Sanguijuelera_, que
+algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cariño al cabezudito: le
+coge, le zarandea, le da gritos, y le llama _¡rico!, ¡riquín!_... De
+donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo
+todos le llaman _Riquín_.
+
+_Junio_.--Muerte del general Concha. Pánico y luto. Retirada. La patria,
+que creía próxima su salvación, gime. Augusto Miquis expone con su
+acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Según él, la mejor
+manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D.
+Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En España, el primer paso para
+la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene.
+El carlismo establecido no podrá durar un mes. Desde el momento en que
+se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundirá por su propio
+peso y caerá hecho polvo.
+
+_Diciembre_.--La guerra sigue. La Restauración toca a las puertas de la
+patria con el aldabón de Sagunto. Asombro. La Restauración viene sin
+batalla, como había venido la República. La Providencia y el Acaso
+juegan al ajedrez sobre España, que siempre ha sido un tablero con
+cuarteles de sangre y plata.--Entusiasmo de _la Sanguijuelera_, que cada
+día simpatiza menos con la demagogia. Dice que los señores son siempre
+señores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo
+Soberano y aun medita una arenga.
+
+1875.--Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz
+que reina en la ortopedia. El padre de Juan José se ha retirado del
+trabajo, y no se ocupa más que de cultivar la huerta que ha comprado en
+Pinto. Juan José está al frente del establecimiento, y bajo su hábil
+mano este se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora
+quisiera un aparato para que la cabeza de _Riquín_ no creciera tanto.
+Juan José, que algo entiende de Medicina, se ríe y receta al hijo
+reconstituyentes y a la madre un Manual de Doctrina
+Cristiana.--Consternación. Los Peces grandes y chicos se ven desterrados
+de las claras aguas de sus plazas y oficinas. Bien quisieran ellos
+aclamar también al Rey nuevo; pero la disciplina del partido les impone,
+¡ay!, una consecuencia altamente nociva a sus intereses. Tienen que
+poner un freno a sus agallas. Además, la lucha por la existencia, ley de
+las leyes, ha llevado a los Pájaros al Gobierno, y estos no encuentran
+en la Administración bastantes ramas en que posarse. Algunos Peces de
+menor tamaño y del género _voracissimus_ quedan en oficinas obscuras.
+Son Peces alados, transición zoológica entre las dos clases, pues la
+triunfante tuvo en situaciones anteriores sus avecillas con
+escamas.--Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de los toros.
+Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida está en gran
+peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de
+Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinación a la secta de
+los mormones. Riñas y escándalos, acompañados de no pequeños
+apuros.--Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en España
+el despecho es una idea política, se alegran de las ventajas de los
+carlistas.--Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la información
+de pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de
+conciliación, presenta su demanda.--Miquis gana por oposición la plaza
+de médico--director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es
+novio de la hija del honrado notario Muñoz y Nones.--Sábese por buen
+conducto que Leonor tiene una casa de huéspedes en La Coruña.--Ocúpase
+la prensa de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido,
+como irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si será
+mandado a presidio, y efectivamente, la _Gaceta_ le nombra... oficial
+primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurrección,
+para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a
+España. Habas contadas. Él se traerá de seguro las tres cuartas partes
+de la Isla, o las Antillas todas, dejando vacío el Mejicano Golfo.
+
+
+
+
+Capítulo II
+
+Liquidación
+
+
+=--I--=
+
+«Isidorita Rufete, ¿conoces tú el equilibrio de sentimientos, el ritmo
+suave de un vivir templado, deslizándose entre las realidades comunes de
+la vida, las ocupaciones y los intereses? ¿Conoces este ritmo que es
+como el pulso del hombre sano? No; tu espíritu está siempre en estado de
+fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolviéndose en
+depresiones terribles, y tu alegría loca no cede sino ahogándose en
+tristezas amargas. ¿Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? Sí;
+antes perderás la vida que la convicción de tu derecho. Bien; sea. Pero
+deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te
+atormentes, construyendo en tu espíritu una segunda vida ilusoria y
+fantástica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes
+interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que
+están privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso
+es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hábitos repugnantes, como
+la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad.
+El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmón, y ¡ay de ti si
+llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad
+lo que ahora quieres gozar, en sueños, contraviniendo a las leyes del
+tiempo y del sentido común!
+
+»Sostienes que ese vicio, aberración o como quiera llamarle Miquis, es
+una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Después de
+un día de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para
+consolarte... das un baile. ¡Qué gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus
+apetitos determinando en ti una gran excitación cerebral, de la cual
+irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que
+tú misma llegas a tenerla por verdad. Te engañas con tus propias farsas,
+desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseñas a tus nervios a
+falsificar las sensaciones y a obrar por sí mismos, no como receptores
+de la impresión, sino como iniciadores de ella. ¡Bonito juego!
+¡Violación de los órdenes de la Naturaleza!
+
+»Mira, Isidorita; tu vida social está bastante desarreglada; pero tu
+vida moral lo está más aún. El principal de tus desórdenes es el amor
+desaforado que sientes por Joaquín Pez. Le amas con lealtad y
+constancia, prendada más bien de la gracia y nobleza de su facha que de
+lo que en él constituye y forma el ser moral. Bien dices tú que ya el
+amor no es ciego, sino tonto. Tienes razón: ya se le conoce el largo
+trato que ha tenido con los malos poetas. ¿Por qué no haces un
+esfuercito para desprenderte del cariño que tienes a Pez? Por ahí debe
+empezar tu reforma. Tú le adoras y no le estimas. Él te ama y tampoco te
+estima gran cosa. Considera cuánto perjudican a tus planes de
+engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu
+porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues según tú, no
+hay más remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mírate bien
+en ese espejo social que se llama opinión, y considera si con tu actual
+trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una
+familia ilustre. Tonta, ¿has creído alguna vez en la promesa de que
+Joaquín se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando está
+mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o
+no con él, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fíes,
+no te fíes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la
+indulgencia. Se dan casos de estos.
+
+»Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te
+llevará lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu
+peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de
+dónde viene; lo sueltas sin saber a dónde va. Jamás se te ha ocurrido
+coger un lápiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de
+papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No
+haces cuentas más que con la cabeza, ¡y tu cabeza es tan inepta para
+esto!... La Aritmética, hija, no cabe dentro de la jurisdicción de la
+fantasía, y tú fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente
+el activo y empequeñeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres
+ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus
+débiles cálculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender
+las deudas sagradas.
+
+»Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazón; pero te perturba
+lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conociéndote el flaco y
+tu índole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: ¿qué has
+hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dejó D. Santiago
+Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educación
+de Mariano, y.... confiésalo, que si es un misterio para todo el mundo,
+no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no
+hay para qué. Más de la mitad de aquel dinero te lo ha distraído Joaquín
+Pez».
+
+Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor,
+lo escrito vale.
+
+
+=--II--=
+
+Una mañana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego.
+Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal
+actividad, indicaban que algo muy grave ocurría. Se sentaba, leía una
+carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugándola en el
+bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete,
+repetía la lectura, la lágrima y el estrujamiento del dichoso papel...
+¿Qué es eso, señora? ¿Qué pasa?
+
+Desde el gabinete se veía toda la cavidad de la alcoba, donde la gran
+cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del
+techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con
+otro cuarto, del cual venían dos voces distintas, pero acordadas en un
+tono de candorosa alegría. Era la una dulce, angelical y ternísima. Era
+la otra cascada y a veces chillona. ¡Vaya con la pareja! _Riquín_ y D.
+José de Relimpio jugaban arrastrándose por el suelo. Caballo y jinete se
+besaban, locos de regocijo, en la confusión de las caídas leves.
+
+Abriose de pronto la puerta de la sala, y entró... nada menos que _la
+Sanguijuelera_.
+
+«Gracias a Dios que viene usted, tía--le dijo Isidora reconviniéndola--.
+Siéntese usted; tenemos que hablar detenidamente.
+
+--¡Hablar detenidamente!--exclamó la vieja puesta en jarras--. No digas
+más; ya entiendo tus _detenidamentes_. Ya sé que es para pedir dinero.
+Sí, en cuanto llegó a casa tu D. José y vi su cara de carnero a medio
+morir, dije: «Ojo al Cristo...». Pues mira, hija, toca a otra puerta».
+
+Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su tía por el camino de las
+bromas. Con la concisión de los grandes apuros, dijo que era cuestión de
+vida o muerte para ella reunir en aquella mañana cierta suma, y que
+contaba con la generosidad de su tía, a quien otras veces había pedido
+caudales, reembolsándoselos con buenos intereses.
+
+«Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay.
+Ya sabes que _aquí murió el fiar_... Pues sí; que están unos tiempos
+divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, ¿en qué piensa
+que no te da...?
+
+--Lea usted--replicó Isidora alargando la carta con un gesto y tono que
+se usan mucho en los dramas.
+
+--¡Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro.
+
+--Pues dice... En fin, hemos reñido. Él está mal. Probablemente tendrá
+que irse con un empleo a La Habana... ¿Qué le parece a usted eso?
+
+--Sopas en queso. ¿A mí qué más me da que se vaya a La Habana o a
+_Sierra--Ullones_, o al Infierno?
+
+--En fin, hemos reñido. Todo se acabó. No hablemos más de eso. Hoy tengo
+un gran compromiso.
+
+--¡Anda, anda, frutilla temprana!... ¡En la que te has metido!--dijo
+Encarnación encendida de ira--. ¿Y qué vas a hacer ahora? Ya no tienes
+salvación, ya estás perdida. Bien me lo temí y bien te lo dije cuando te
+vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo--añadió señalando del modo más
+insinuante su ojo derecho--; aquí dentro hay mucho quinqué. Pues, claro,
+a esto habías de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. ¡Y quieres que te
+dé dinero!... Anda, anda, castaña pilonga, que otra cosa podrá faltarte
+ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu tía; no te acuerdes más de
+esta perla vieja de la honradez».
+
+Las groserías de su tía Encarnación enfadaban atrozmente a Isidora.
+Queriendo concluir pronto, expuso en términos tan concretos como
+pavorosos su situación, y luego hizo una protesta enérgica de sus ideas
+morales. Ella quería y se proponía ser honrada. Las reticencias de su
+tía la herían en lo más vivo del alma.
+
+«No vengas con andróminas--replicó la cacharrera--. Tú podrás tener
+buenas ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrás. ¡El
+pasito, hija! ¡Repuñales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese
+hombre... Es un lameplatos. Siento que no esté aquí para despotricarme
+con él y decirle las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un
+real partido por medio.
+
+--No, no creo que usted me vea en tales agonías y no me favorezca.
+
+--¿Yo?... ¿Y de dónde lo voy a sacar?
+
+--Del arca.
+
+--No estás tú mal arca de Noé.
+
+--¡Tía!
+
+--¡Si debes más que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...!
+Suponte tú, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas,
+arañando aquí y allá, reúna mil reales...
+
+--Mil reales es muy poco.
+
+--¿Pues qué?... ¿Creías que te iba a dar un ojo de buey?--gritó la vieja
+riendo a todo reír--. ¡Mira ésta!...
+
+--Yo quería lo menos dos mil--dijo Isidora con terror.
+
+--¡Jo... sús! ¡Los dos mil los tienes tú en el canto de la memoria! Yo
+los quisiera para mí. En fin, y _mismamente_..., si me prometes
+devolvérmelos pronto, podré buscarte mil... ¡Ay! arrastrada, ¿en qué
+gastas tú el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsejé... Yo te
+decía: «Guarda, aprovéchate; sácale a ese hombre el redaño y ve poniendo
+en el Monte para el día de mañana...». Pero tú, grandísima pandorga, con
+gastar y gastar... Aquí parece que siempre está la gata de parto, según
+se gasta y derrocha.
+
+--¡Tía, dos mil!
+
+--Dos mil puñales...
+
+--Ande usted...
+
+--No, no te caerá esa breva.
+
+--No la dejaré a usted en paz hasta que me los dé...
+
+--Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana.
+
+--Pues vengan los mil; pero pronto, al momento».
+
+Instantáneamente formó Isidora un plan distinto del que había hecho
+contando con los dos mil.
+
+«Te los traeré para las doce. ¡Ay! ¿En qué parará esto?...
+
+--Antes de las doce, si puede ser. Váyase usted pronto para que vuelva
+pronto... Coja usted un coche.
+
+--Venga la peseta.
+
+--Tome usted la peseta.
+
+--Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy
+a dar sin recibo.
+
+--¿Otra peseta?... Ahí va. Váyase usted pronto. ¡Ay!, ¡qué día
+está!--dijo Isidora mirando con tristeza al balcón, cuyos cristales,
+azotados por la lluvia, sonaban con estrépito de perdigonada.
+
+--¡Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a _Riquín_.
+
+--Después, después.
+
+--¡Jo... sús! ¡Qué prisa!... Agur, agur».
+
+Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sacó de la cómoda un
+cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas
+había varios papeles o cédulas guardadas con cierto orden y
+clasificación. No debían de ser ciertamente billetes de Banco, porque
+Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y ponía cara de mal
+humor. Después de pasar revista a su tesoro negativo, gritó: «D. José»,
+y como D. José, a causa del ruido que él mismo hacía, jugando con
+Joaquín, no pudiera oír la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a
+llamarle por la puerta de la alcoba.
+
+«¡Venga usted acá, por Dios!...
+
+--¡Hija, no te había oído!».
+
+Veríais entonces aparecer al gran D. José, fatigado de tanto andar a
+cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y
+tan risueño y bondadoso como antaño. Traía en brazos a _Riquín_, que era
+muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal
+que le privara de los encantos de la niñez, antes bien daba risa verle
+erguir su cabezota con cierto aire de valentía, como un hijo de Atlante
+predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes
+pesos.
+
+«Deje usted al niño... _Riquín_, hijito; vas a irte un rato con
+Ramona... ¡Ramona!».
+
+El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello está por saber) declaró
+con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su
+dignidad se hacía pasando de los brazos de D. José a los de la niñera.
+Pero no le valieron sus artimañas. Cargó con él la moza, y D. José y su
+ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas.
+
+«Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo.
+
+--¡Cuánta papeleta!»--exclamó el santo varón cruzando sus manos con
+ademán piadoso.
+
+Isidora las pasaba, las leía, las iba contando. ¡Ay! Cuando se entregaba
+a la Aritmética, su cara se volvía lúgubre y desconcertada, cual si
+estuviera sometida a la acción de fenómenos morbosos. La Aritmética
+tenía para ella algo de enfermedad cimótica, y así, desde que absorbía
+con su atención aquellos miasmas deletéreos llamados números, se ponía
+pálida y se le alteraba el pulso. ¡Y pensar que no puede haber dinero
+sin que haya cifras! Los hombres lo empequeñecen todo. Desdichadas las
+almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la
+fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relación,
+gravedad. Verdaderamente, ¿qué cosa más contraria a lo infinito y a lo
+ideal que aquellos nefandos papeles?
+
+«Esta es del Monte--murmuró Isidora con el corazón oprimido--. Esta...
+¿a ver?.... es la de mi calabrote.
+
+--El calabrote está en la calle del Clavel--manifestó Relimpio con el
+aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones
+de fondos realizadas en todo el año.
+
+--Es verdad... ¿Y el brillante?
+
+--También, hija. ¿No te acuerdas? Lo llevé el mes pasado. Del Monte ha
+de haber cinco papeletas.
+
+--Justo, cinco... Hay además ocho...
+
+--Tu reloj... Si no recuerdo mal, está en treinta duros. ¿Pero qué te
+pasa hoy? ¿Vas a sacar todo?
+
+--¿A sacar?--repitió Isidora, herida por aquella ironía como por un
+porrazo.
+
+--¿Qué cálculos haces?».
+
+Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de
+aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya más
+que en trabajos matemáticos.
+
+«Ya comprendo, hija--dijo él entre dos suspiros.
+
+--¿Cuánto darán por esto?--preguntó ella, mostrando aquellas cédulas que
+por su nombre debían ser montaraces.
+
+--Eso no puedo decirlo. Se las llevaré a Rodríguez, el de la calle de
+Cádiz. Es amigo mío...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se
+corren mucho».
+
+Isidora se llevó las manos a las orejas.
+
+«¿Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer daño. Yo te los
+destornillaré».
+
+Y con suma delicadeza realizó la operación, gozoso de que sus dedos
+jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su
+ahijada.
+
+«Ya están aquí.
+
+--Pongámoslos en el estuche.
+
+--Estos te los regaló cuando vino al mundo _Riquín_. Por estos te
+darán... darán...».
+
+Se cogió entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y
+hundiendo la barba en el pecho, metía los ojos debajo de las cejas.
+
+«En fin..., yo hablaré con Rodríguez... Es amigo mío..., buena persona.
+
+--¡Dos mil quinientos!--murmuró la joven ensimismada en sus cálculos,
+como un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor
+febril.
+
+--Veremos... Quizás se pueda...
+
+--Ahora--dijo Isidora con resolución alargando la mano hacia el chaleco
+del buen hombre--, venga el reloj...
+
+--¿El mío?... ¿Y la cadena?
+
+--Todo».
+
+Algo se desconcertó el viejo al verse privado del uso de aquella prenda,
+no de mucha valía, que Isidora le había regalado el 19 de marzo del año
+anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para él, no dijo
+más que lo siguiente:
+
+«Déjamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darán diez y ocho o veinte.
+Recordarás que la otra vez...
+
+--Ahora los cubiertos de plata.
+
+--¿Los...?
+
+--Sí--afirmó ella levantándose con expresión triunfante--. Creo que está
+vencida la situación por hoy. Pero la semana que entra...
+
+--Dios dirá.
+
+--La semana que entra--declaró Isidora--vendo la sala.
+
+--¡Vendes la sala!
+
+--Sí. Pásese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla.
+Veremos lo que da».
+
+Después echó una mirada de cariñoso desconsuelo al armario de luna.
+
+«¿Y el armario también?
+
+--También.
+
+--¿Y la cama dorada?».
+
+Isidora meditó un rato. Después dijo:
+
+«No; me quedo con la cama».
+
+En esto andaban cuando reapareció _la Sanguijuelera_. Entró sacudiéndose
+el mantón, calado de agua.
+
+«¡Jo... sús, qué tiempo! Llueven capuchinos de bronce.
+
+--Pero ¿no ha venido usted en coche?
+
+--¿Por quién me tomas, tonta? La peseta del coche es para mí, por el
+mandado. Tengo más salud que el Botánico, hija, y ando más que un molino
+de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son
+ochocientos... Nueve duros en plata...
+
+--Falta un duro.
+
+--¡Reparona! ¿Qué más da?
+
+--Son novecientos ochenta--declaró D. José, haciendo gala de su saber de
+cuentas.
+
+--¿Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su
+carne en este garfio.
+
+--La equidad, amiga D.ª Encarnación...
+
+--¡Amiga, doña!... Diga usted, tío Lilaina, ¿en qué bodegón hemos comido
+juntos? ¿Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a mí?
+
+--Falta un duro--repitió Isidora.
+
+--Total, que no he podido reunir más. Aquí está el papel para el
+recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene.
+
+--Mejor será para el otro mes.
+
+--Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene».
+
+Don José empezó a extender el recibo.
+
+«Bien clarito, señor escribano... ¡Hola, hola!, ¿está aquí tu
+Holofernes?... ¡Vida! ¡Gloria!».
+
+Había entrado _Riquín_ paso a paso, porque sus piernas eran cortas y
+débiles. Se le había desatado el faldellín, corriéndose por la cintura
+abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes
+de él asomaban sus patitas vacilantes. Traía empuñado en ambas manos el
+bastón de D. José, y caminaba derecho a _la Sanguijuelera_, todo risas y
+alegría, con la evidente intención de darle un palo. Ella se dejó pegar,
+le cogió luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el
+muchacho empezó a gruñir y a defenderse a cabezadas.
+
+«Dale un palo a tu madre; anda, pégale...
+
+--No, no, no se pega--dijo Isidora, atándole en su sitio la falda--. No
+le gusta más que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los
+brazos...
+
+--_Riquín_, hijo mío, dile: «Yo voy a ser un hombre de puños...». ¡Leña
+a ella!... Como te coja... Cuidado como riñen a mi cabezudito.
+
+--El médico me ha dicho que ahora se le desarrollará bien el
+cuerpo--afirmó Isidora contemplándole con satisfacción de madre.
+
+--Pues si no... ¡Y qué bonito es, qué rico, qué galán! ¡Le quiero
+más...! ¡Qué tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un
+mocoso, ya se me cae la baba».
+
+Isidora reía. Cogió a _Riquín_ y le hartó de besos.
+
+«¡Pobrecito mío! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la
+cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--manifestó _la Sanguijuelera_ en tono de
+misterio--. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te rías. Sí;
+por lo que sabe, parece que tiene cuatro años.
+
+--No, mi niño no es un fenómeno; mi niño no es el Anticristo--dijo
+Isidora oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo
+conveniente, pero muy hermosa.
+
+--Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. ¿Ves
+esa cabeza? ¡Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es
+cosa mala.
+
+--No diga usted disparates.
+
+--Anticristo o lo que seas--exclamó Encarnación volviendo a tomarle en
+sus brazos--, me tienes boba. Te voy a comer».
+
+Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, después
+de tomar su recibo, _la Sanguijuelera_, sin soltar a _Riquín_, dijo a
+Isidora:
+
+«¡Pero qué alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no
+se lo has comprado... ¡Anda, mala madre! Yo se lo compraré, yo, yo.
+¿Verdad, hijo?...
+
+--Ven acá, ven acá, que la tía se marcha.
+
+--Oye tú..., dame una peseta.
+
+--¿Para qué?
+
+--Vaya que estás lela... Para el pandero».
+
+Diole Isidora la peseta, y _la Sanguijuelera_ se fue gruñendo.
+
+
+=--III--=
+
+Decir cómo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos
+días; contar cómo las feroces prenderas llegaban, venían, tasaban,
+huían, llevándose en las garras, cuál un dorado reloj, cuál la alfombra
+o lavabo, sería lacerar el corazón de nuestros lectores. Isidora, que no
+sabía regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los
+negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecían, después de
+pedir tímidamente un poco más. Así, pieza tras pieza, se desmontaba la
+casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vacía, se iba agrandando. El
+frío y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y
+tristísimos huecos que los muebles dejaban tras sí.
+
+Cuando hubo concluido, la sala era un páramo. Para estar en ella habría
+sido necesario proveerse de tiendas de campaña. El gabinete conservaba
+su alfombra, la cómoda, un espejo pequeño y algunas sillas. La cama
+dorada de la alcoba permanecía como núcleo y fundamento de la casa.
+Interiormente habían desaparecido la sillería y aparador de nogal
+tallado del comedor; subsistían intactos el cuarto de _Riquín_, el del
+baño, parte principal de la casa; el que solía ocupar D. José Relimpio
+cuando allí pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y
+doncella habían sido despedidas; no quedaba más que la niñera, a quien
+Isidora revistió de las más extensas atribuciones.
+
+«He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador--dijo Isidora a su
+padrino la noche del último día de liquidación--. Estoy tranquila. Me
+queda esto».
+
+Dio un gran suspiro mostrando un papel donde había varías monedas y un
+sucio billete de Banco.
+
+«¿Cuánto es?
+
+--Vamos a contar»--dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito
+del gabinete, mueble de hierro pintado que se salvó por milagro.
+
+Don José puso la luz en el velador y tomó asiento.
+
+«¡Si hay aquí un dineral! El billete es de doscientos...; veinte,
+cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos.
+
+--Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se verá si soy mujer
+de gobierno. Principio quieren las cosas... Señor don José--añadió en el
+tono especial de las cuentas galanas--, desde hoy en adelante trabajaré.
+
+--Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres años, hija--replicó
+el anciano con las narices hinchadas por esa satisfacción vanidosa que
+acompaña a las ideas felices--¡Si es mi tema! Tú tienes grandes
+habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economía y trabajo,
+aquí me tienes para ayudarte.
+
+--He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi
+pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y
+después y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser
+honrada, honradísima, por respeto a mi nombre, a mi familia... ¡Ah!, mi
+familia--añadió, suspirando otra vez...--. ¡Si me hubieran acogido con
+amor, no habría dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, ¿no es
+verdad, padrino?
+
+--Sí, sí, hija mía, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa...
+¿Con qué cuentas para mantenerte? ¿Qué te queda de lo que te dejó tu
+tío?
+
+--Nada--replicó con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos
+un significativo movimiento que representaba el vacío--. ¡Pero
+trabajaré! ¿No tengo yo manos?».
+
+Y diciendo esto se le representaron en la imaginación figuras y tipos
+interesantísimos que en novelas había leído. ¿Qué cosa más bonita, más
+ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su
+pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pasó
+de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se casó con
+el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba también
+de otra que había pasado algunos años haciendo flores, y de otra cuyos
+finos dedos labraban deslumbradores encajes. ¿Por qué no había de ser
+ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. ¡La honrada pobreza y la
+lucha con la adversidad cuán bellas son! Pensó, pues, que la costura, la
+fabricación de flores o encajes le cuadraban bien, y no pensó en ninguna
+otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber leído que ninguna
+de aquellas heroínas se ocupara de menesteres bajos, de cosas
+malolientes o poco finas.
+
+«¡A trabajar, a trabajar!--exclamó inundada de aquel entusiasmo que tan
+fácilmente se posesionaba de su alma.
+
+--Yo te ayudaré. Si tuviéramos ahora la máquina... harías camisas de
+hombre...
+
+--¿Camisas de hombre? Eso no me gusta.
+
+--O ropa blanca de señoras... Cosa rica, cosa buena.
+
+--Mejor sería... Yo pensaré.
+
+--Confecciones, sombreros... ¿Qué tal? Tú tienes un gusto...
+
+--Gusto sí.
+
+--Consulta con Emilia. Ella te dará buenos consejos
+
+--Yo lo pensaré; yo meditaré sobre esto y lo decidiré pronto. Ahora
+vamos a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economía.
+
+--Perfectamente; muy bien pensado y dicho.--exclamó Relimpio, dando todo
+su asentimiento a tan hermosa idea--. Si no, acuérdate de lo que hacía
+mi pobre Laura con lo poco que se ganaba. Hacía milagros.
+
+--Por consiguiente, de aquí en adelante, gastar poquito y, sobre todo,
+saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. ¿Creerá usted
+que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho
+siempre con mi cabeza. Así ha salido ello.
+
+--¡Oh! Malo, malo... La primera condición del orden es una buena
+contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo
+digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo
+Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya
+verás, ya verás qué libros.
+
+--Todo lo apuntaremos--dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un
+niño juega con una mariposa--. Se dice, por ejemplo: hay que gastar
+tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo...
+
+--Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. ¿Tomas criada?
+
+--Pienso pasarme con Ramona.
+
+--Admirable. Yo te auxiliaré en todo... Ramona es buena y humilde, pero
+algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya,
+ya. Yo te la instruiré en dos palotadas. Mira, pon atención y verás cómo
+puedo ayudarte. Yo--dijo marcando por los dedos las distintas funciones
+que desempeñaría--te haré la compra; yo... te aviaré las luces; yo... te
+haré todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar
+cuentas, tomar localidades en algún teatro, etc...; yo coseré a máquina
+si decides comprar una; yo apuntaré en mis libros todos los gastos e
+ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un
+pobre; yo..., por último, cuidaré a _Riquín_ y le pasearé y entretendré
+todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales.
+
+--Bueno, bueno.
+
+--Y también entiendo de limpiar metales, de componer algo de
+carpintería; hasta de cocina entiendo un poco... Ea, señora--dijo
+restregándose las manos una con otra con tanta fuerza que a poco más
+saca lumbre--, empecemos. Disponga usted la compra de mañana.
+
+--Un duro.
+
+--Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de
+mimos. Comerá usted lo que haya.
+
+--Hay que traer carbón.
+
+--Eso es aparte.
+
+--Y cerillas.
+
+--Las compraré al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo
+lo que se pueda, para lo cual destinará usted una cantidad que se carga
+a la cuenta del mes. Quédese el diario en diez reales, y deme usted seis
+duros para el por mayor. Adelante. ¿Qué principio traigo?
+
+--Langosta.
+
+--¡Un ojo de la cara!
+
+--No importa. Por una vez...
+
+--¿Qué postre?
+
+--¿Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos.
+
+--Eso es caro; pero yo lo sacaré barato. Regatearemos, sí señora;
+regatearemos.
+
+--El queso de Italia, la cabeza de jabalí y las salchichas de Bolonia me
+gustan.
+
+--Todo eso, traído al por mayor, puede obtenerse... en buenas
+condiciones.
+
+--No tomaremos Champagne. Es muy caro.
+
+--Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones».
+
+No prolongaremos la relación circunstanciada de lo que hablaron aquella
+noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. José se retiró
+muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafín, y soñó que
+estaba en la contaduría de una casa grande, donde había catorce
+empleados y más de cien libros. Ingresos y gastos ascendían a millones;
+pero todo iba al pelo. Era D. José como un director de orquesta, sólo
+que los músicos eran escribientes y las notas números. Resultaba una
+sinfonía de orden, que mecía en embriagador arrobamiento el espíritu del
+tenedor de libros.
+
+Al día siguiente, cuando Isidora se levantó, ya estaba su padrino de
+vuelta de la compra. Traía el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y
+mostrándoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del género.
+
+«El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de
+cuentas--dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeño.--El Mayor,
+el Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del
+orden es una contabilidad perfecta... ¿Ves? Aquí está la langosta. Te
+permito este lujo. Aquí está la carne. No compré las ciruelas.
+Conténtese usted con dátiles. Tampoco he traído Champagne porque no lo
+hallé en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azúcar,
+que no pude comprar porque se me acabó el dinero... ¡Ah!, un mazo de
+cigarros para mí.
+
+--Muy bien--dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva
+a los libros de cuentas--. Todo está muy bien».
+
+Don José tuvo que salir a la calle dos veces más porque era preciso
+traer garbanzos, azúcar y huevos. Después volvió a salir porque no había
+sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tomó nota de
+diversas cosas que se pudieran adquirir... _en buenas condiciones_.
+
+Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tenía
+una vida tan arreglada y económica, Isidora fue a vestir a _Riquín_ y a
+endulzar con él la tristeza que no podía vencer. Más tarde se bañó,
+costumbre a que no podía renunciar. La peinadora vino luego y se
+distrajo con ella un rato. Érale difícil adquirir el hábito de peinarse
+por sí misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de
+ocupación que más le convendría; pero sus grandes cavilaciones no
+llevaron luz ninguna a la confusión y perplejidad que en su mente
+reinaba.
+
+En tanto D. José se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las
+cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apuntó
+gastos e ingresos, sin olvidar lo más mínimo; _cargó y abonó_; dibujó
+preciosos números, tiró líneas con regla, hizo cuentas de _varios a
+varios_, de _imprevistos_, de _suplidos_ y de _deudores varios_. En
+esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los
+cigarros que con el dinero de Isidora se había comprado.
+
+
+
+
+Capítulo III
+
+Entreacto con la Iglesia
+
+
+Un mes no completo había transcurrido de esta vida honrada y económica,
+sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qué profesión, arte u oficio
+había de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de
+D. José, ya repletos de números, no contenían más que partidas fallidas,
+y daba dolor ver en sus garabateadas páginas el triste papel que hacían
+los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe.
+
+Veamos cómo pasaba el tiempo la dueña de la casa. Entre bañarse,
+peinarse, vestir y arreglar a _Riquín_, se le iba la mañana. Por la
+tarde, si no tenía que ir a casa del procurador, solía matar el fastidio
+en las iglesias, de donde resultó que en aquel periodo oyó más sermones
+y rezó más novenas que en el resto de su vida. Distraíase con estas
+superficiales devociones, y aun llegó a figurarse que se había
+perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su
+niñez, y se deleitaba con las formas de religión, por pura novelería.
+Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo
+dentro de la Iglesia. Más que el sermón ampuloso, más que el brillo del
+altar, más que la poesía del templo y las imágenes expresivas, la
+cautivaba el señorío que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando
+había novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia,
+de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su
+pecho la cinta de la cofradía, Isidora no faltaba, y desde el rincón de
+una capilla observaba todo con interés profundo, más atenta a las
+Magdalenas que venían con el bálsamo que a Jesús mismo. Causábale
+admiración y envidia la señora del petitorio, que no cesaba de
+repiquetear con una moneda en la bandeja de plata.
+
+Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para
+mirar a las niñas y ser de ellas mirados. Había sonsonete de rezos y
+rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de
+lujo en la calle, no permitían oír con claridad el sermón. ¿Pero qué le
+importaba a Isidora el sermón, aunque saliera de labios elocuentes? Lo
+que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel
+santo varón que no cabía en el púlpito, sino el aspecto y brillo del
+público, de aquel público que, si hubiera revisteros de iglesia, sería
+_distinguido_, _elegante_ y _numeroso_, como el de los teatros. ¡Oh!
+¡Dios de mi vida! ¡Qué injusticia tan grande! La pobre señorita Isidora
+no debía verse olvidada en un rincón, al lado de cuatro viejas rezonas,
+sino en la gran nave, donde luciera como merecía, o pidiendo en la mesa
+de petitorio entre dos velas. ¡Qué bien repicaría ella en la bandeja, y
+que maña se daría para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros!
+La belleza de las postulantes aguza la caridad.
+
+Una tarde notó que un señor la miraba con insistencia. Sus ojos,
+distraídos de cuanto en la iglesia había, pasaban por delante del orador
+(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo
+de la capilla donde ponerse solía. A la tarde siguiente observó que
+aquel señor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy
+guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la
+cofradía, y que él se quedaba entre la masa de hombres. Seguía
+mirándola, y ella le miraba alguna vez sin otro móvil que el de la
+curiosidad. El caballero, en verdad, no tenía nada de simpático; era muy
+descarado, bastante feo, morenísimo, de edad entre los cuarenta y cinco
+y los cincuenta. Mientras Isidora hacía estas y otras observaciones,
+notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por
+los caballeretes, y que ellas solían mirarlos también con afectada
+distracción, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos
+dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecería una
+gran tela de araña. ¡Mísera humanidad!
+
+Tercera tarde. Cuando Isidora salió, ya anochecido, vio en la puerta al
+señor mirón. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresuró
+la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen
+desempeño de su cargo, se creyó en el deber de manifestarle seriamente
+el horroroso déficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe,
+encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un piélago
+tempestuoso donde naufragaba el frágil esquife del Haber. ¡Oh! ¡Fugaz
+curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no
+era más que humo. No sólo se había concluido el dinero, sino que se
+debía a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda
+venían todos los días a dar tormento con su grosero pedir. Don José los
+recibía con bondadosa sonrisa, les enseñaba los libros de cuentas por el
+forro, y les decía: «No hay cuidado, señores; estamos esperando fondos,
+y ya no pueden tardar».
+
+Isidora padecía horriblemente con este género de vida, pues su carácter,
+su nobleza, no se avenían con las trampas. Gastar mucho, sí, pero pagar
+sin dilación era su ideal. Había llegado a carecer de lo más preciso. La
+limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crédito, apurado ya,
+faltaba. ¡Qué habría sido de ella si sobre estos horrores no apareciera
+un sol de vida y esperanza! ¡Ganar el pleito! La idea de un triunfo
+próximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el
+procurador le decía que había tarea para mucho tiempo, su
+descorazonamiento rayaba en desesperación. En su casa se entretenía con
+el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., ¿pero en qué?
+Convencíase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la
+puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los
+tormentos de zozobra y vergüenza seguían horas y noches enteras de
+tristeza y desaliento. El nuevo día llegaba acompañado de la escasez, de
+la privación, de la miseria...
+
+No se sabe cómo se puso al habla con Isidora el señor mirón; pero es
+indudable que se puso. Manifestó el caballero que conocía los
+antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se
+presentó con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad
+desvalida. ¡Era tan rico!... ¡Pero tan antipático!...
+
+¡Pobrecito D. José! Ahora sí que eres el más infeliz de los hombres. No
+sólo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de
+patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la
+casa de tu ahijada. ¡Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen
+fieras... José, eres un mártir.
+
+
+
+
+Capítulo IV
+
+A o b... Palante
+
+
+=--I--=
+
+Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano
+hizo la vida de señorito holgazán, rebelde al estudio, duro al trabajo,
+blando a la disipación y al juego. Su precocidad para dar gusto a los
+sentidos revelaba que había de ser muy menguada en él la vida del
+espíritu. Diríase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin
+ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvarío; pues si ella
+vivía de una aspiración insensata a las cosas altas, poniendo, como dice
+San Agustín, su nido en las estrellas, él se inclinaba por instinto a
+las cosas groseras y bajas. Recibía gusto especial del desaliño, y
+recogía con lamentable asimilación todas las palabras necias y bárbaras
+para darse, usándolas desvergonzadamente, aires de matón. Pronto
+comprendió Isidora que su hermano no sería nunca persona decente, y que
+no había bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al
+principio podía dominarle, valiéndose del amor, más tarde el amor de
+Mariano se enfrió; con el cariño huyó el respeto, y ya no fue posible
+contener la impetuosa inclinación del muchacho a la vida vagabunda y
+aborrecimiento del estudio. Pasado algún tiempo de luchas, empezó a
+tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde
+suena un lenguaje soez sólo puede haber malas acciones y pensamientos
+poco delicados. Donde cantan las ranas, ¿qué ha de haber sino charcos y
+cieno?
+
+Cuando _Pecado_ curó de las heridas que le hizo el novillo de Getafe,
+Isidora se armó de valor, echole un sermón, y le dijo muy clarito que no
+volvería a tener un cuarto si él mismo no lo ganaba. Quedó, pues,
+convencido que aprendería un oficio; pero hasta en aquella ocasión
+excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos
+aristocráticos, porque no consintió que su hermano fuera zapatero, ni
+albañil, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo
+sobre a cuál industria le dedicaría, vino en determinar que sería
+grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan
+las publicaciones ilustradas y de las magníficas reproducciones de los
+Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita
+fingir parentescos con el arte.
+
+Buscando por ahí, buscando por acá, no se hallaban otros talleres que
+los de litografía. Miquis tomó con empeño el asunto, y habló al cuñado
+de Matías Alonso, un tal Juan Bou, que se había establecido
+recientemente, y tenía, entre otras cualidades, la de ser muy severo con
+sus oficiales. Consintió Bou en admitir a Mariano, de cuyas
+inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y
+sacara de él, si era posible, un obrero hábil y laborioso.
+
+Juan Bou era un barcelonés duro y atlético, de más de cuarenta años,
+dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que
+distinguen al pueblo catalán; saludable como un toro, según su propia
+expresión; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en
+copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto áspero pelo dos
+ojos desiguales, el uno vivísimo, dotado de un ligero movimiento
+rotatorio, el otro fijo y sin brillo; más abajo, y puesta como al acaso,
+una nariz ciclópea; más arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo
+algunos golpes de escoplo para ser como las demás frentes humanas; ítem,
+una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, según decía, del _beso de
+una bala_...
+
+Podía pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y
+también por bandido de las leyendas. Tenía en sus extremidades altas dos
+manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la
+tosquedad de aquellas manazas creería que eran delicadísimas para el
+dibujo. Su estructura basta las hacía más propias para la maroma de la
+vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una
+fragua, y siempre tenía tos; pero una tos tan bronca y sofocante que,
+cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo
+encendido; creeríase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba
+fuera, mientras el apagado se escondía en lo más hondo de la órbita.
+
+Tenía dos géneros de fanatismo: el del trabajo, pues no podía estar
+inactivo, y el de la política. Deliraba por los derechos del pueblo, las
+preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta
+palabra ¡pueblo! una serie de teorías a cuál más extravagantes.
+Realmente estas teorías no eran suyas. Una generación se había embobado
+con ellas, mirándolas como pan bendito. Pero Juan Bou las había
+sublimado en su mente indocta, convirtiéndolas en una fórmula de brutal
+egoísmo. Según él, muchos miembros importantes del organismo social no
+tenían derecho a ser comprendidos dentro de esa designación sublime y
+redentora: ¡el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de
+callos, no éramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los
+comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una
+tiranía, y de aquella tiranía nació el obrero--sol: Juan Bou, que decía:
+«El pueblo soy yo».
+
+En Barcelona había logrado fundar un buen establecimiento de litografía.
+Pero sus economías y el establecimiento mismo naufragaron por las
+liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se
+había casado. Su señora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del
+país, como vosotros los que esto leéis. ¡Quién le metería en la cabeza a
+Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De
+semejante vampiro, ¿qué podía nacer sino una hembra disipadora,
+antojadiza, levantada de cascos? Enviudó Juan al fin, y para rehacer su
+peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento
+del 68, encendiose el ánimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de
+discreto charlatán; creyó que el mundo se iba a volver del revés, y que
+la sociedad alteraría sus elementos inmortales; vio la eterna columna
+con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imaginó
+que de allí en adelante se andaría con la cabeza y se pensaría con los
+pies; y llevado de estas ideas, tomó parte en todos los motines, trabajó
+en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, moró en
+calabozos y arrastró durante algún tiempo vida penosa y miserable.
+
+Cuando los acontecimientos políticos le dieron respiro, vino a
+establecerse a Madrid, donde vivía su hermana, casada con el conserje de
+la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros
+acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cayó enfermo,
+tuvo que abandonar las luchas políticas, y en octubre del 73 estaba
+definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su superstición
+redentorista.
+
+Oyéndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. Él no era sólo un
+apóstol, era un mártir. La fama no tenía trompetas ni figles bastantes
+para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las
+celebridades del partido liberal no habían hecho nada... ¡Farsa, pura
+farsa! Él lo había hecho todo, y su gran vanidad no conocía freno cuando
+daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo sabía. Éranle familiares
+cosas y personas, y fácilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos
+tenían el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas
+de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Después
+venían los decretos, todos de _Artículo único_. ¡Si sabría él lo que
+tenía que hacer, un hombre que había leído tanto, un hombre que arrastró
+grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... Así como el
+soldado muestra sus heridas, él mostraba la huella de las esposas en sus
+manos... ¡Había comido ratas! ¿Qué más títulos necesitaba para gobernar
+el mundo?
+
+Sus primeros años de trabajo en Madrid fueron muy felices, y ganó
+bastante dinero. Entonces había algo de renacimiento industrial, y
+empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles
+con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares
+de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos
+de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fósforos. ¡Qué
+iniciativa la suya! Fue el primero que imaginó hacer en gran escala las
+cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que él nadie
+había hecho el siguiente cálculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que
+son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo
+que haya 70.000 que renueven el papel tan sólo una vez al mes, poniendo
+sólo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras
+se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales.
+Ensayó, y bien pronto las cacharrerías todas de Madrid expendían papel
+picado, que en comparación del antiguo era un modelo de elegancia, pues
+tenía figuras de majas, toreros y tipos populares.
+
+El único vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotería. No
+había extracción en que no comprase su par de décimos. Era para él este
+juego nacional una forma hipócrita de la administración socialista.
+Tenía muy mala suerte; pero no desmayaba, y sabía escoger siempre los
+números más bonitos. Con todo, no había tenido más ganancias que las de
+su trabajo. Así, desde que sacó adelante el negocio de las cenefas,
+estableciose en la calle de Juanelo, donde tenía un taller grande,
+aunque incómodo. Compró algunas piedras más de gran tamaño, una hermosa
+máquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de
+reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo
+que algo de imprenta no venía mal como auxilio de la litografía,
+adquirió cajas y máquinas, y se quedó con todas las existencias de una
+casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de
+planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan.
+Montó también esta especulación en gran escala, y los ciegos pudieron
+comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las
+cacharrerías, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores
+ambulantes se surtían por muy poco dinero de aleluyas del antiguo
+repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o españoles, moros
+o cristianos.
+
+El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas
+piezas, que se habían ido agregando poco a poco, según las necesidades
+de ensanche lo pedían. Ocupaba la imprenta destinada a romances y
+aleluyas la peor y más lóbrega parte. Todo allí era viejo, primitivo y
+mohoso. La máquina, sonando como una desgranadora de maíz, tenía
+quejidos de herido y convulsiones de epiléptico. Consagrada durante seis
+años a tirar un periódico rojo, subsistía en ella un resto, un dejo de
+la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus
+rodillos y su tambor. Las cajas, donde yacía en pedazos de plomo el caos
+de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta.
+Habían servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el
+aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La
+horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo podía cortar un
+librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ángulo más
+sombrío de la sucia estancia, que más parecía una bodega o sótano que
+taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad,
+vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se
+podría sospechar que el tal Arte había sido encarcelado allí para expiar
+las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer.
+
+
+=--II--=
+
+En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje.
+Primero le había puesto Juan Bou a copiar dibujos fáciles con tinta
+autógrafa; pero mostró tan escasa disposición para esto, que le confirmó
+a la imprenta, mandándole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas,
+sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente
+por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le
+cogió miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta convicción de que
+la obediencia y el trabajo le convenían por el momento más que la
+holganza y la maldad. En poco tiempo adquirió alguna destreza, al amparo
+de un cajista viejo casi inválido y de un chico listísimo, a quien años
+atrás conocimos y conoció mejor Mariano con el nombre de _Majito_. Este
+ganaba cuatro reales, y _Pecado_ tan sólo dos; pero aquella honrada
+ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legítimo
+orgullo, el cual bien podía con el tiempo, ser base sobre que se
+construyera la dignidad de que carecía.
+
+El rigor del castigo y la obligación de ocuparse en un ejercicio
+sedentario y monótono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a
+Mariano taciturno; palideció su rostro y adelgazó su cuerpo. A los
+cuatro meses ya componía él solo, si no con ligereza, con exactitud, las
+leyendas de las aleluyas, que eran en número fabuloso. Se las sabía
+todas de memoria y le bastaba ver la tosca viñeta para adivinar y
+componer en seguida los pareados. Él y su compañero _el Majito_ se
+disparaban a cada instante los versillos, aplicándolos a cualquier idea
+o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita
+de la _Vida del hombre flaco_, a saber: _El verlo en paños
+menores--causaba risa, señores_, como aquella de la _Vida de don
+Espadón_, que dice: _Todo el día está bailando--y a su dama
+acariciando._ El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una
+especie de proceso psicológico que enlaza el bostezo con el arte, a
+poner en música los tales pareados, y cuando _el Majito_ cantaba los de
+la _Procesión del Viernes Santo_, que dicen: _Muchos niños en
+seguida--van con velita encendida_, le contestaba _Pecado_: _Delante van
+con decencia--los de la Beneficencia._
+
+También sabían de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de
+matones, guapezas, robos, asesinatos, anécdotas del patíbulo.
+
+Cuando Mariano ganó tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus
+progresos, atendió sus reclamaciones. El muchacho aborrecía la caja.
+Quería trabajar en litografía; pero como no tenía aptitud ni pulso para
+el dibujo, quiso ser estampador. Púsose a ello, ayudando al oficial de
+la prensa y máquina, y bien pronto conoció Bou que Mariano había
+escogido bien. Aprendió a manejar con habilidad el ácido y la grasa, y
+también sabía marcar con precisión. La máquina gustaba tanto a _Pecado_,
+que siempre que podía no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus
+ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y
+coyunturas un sudor negro y craso, sentía que se le comunicaba el
+vértigo de ella, y por momentos se suponía también compuesto de piezas
+de hierro que marchaban a su objeto con la precisión fatal de la
+Mecánica.
+
+A pesar de sus baladronadas políticas y de su aspecto feroz, Juan Bou,
+el _ursus spelæus_, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un
+buenazo, un alma de Dios. Tenía corazón tierno, bondadoso y sensible, y
+no podía ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba
+picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se comía a los
+niños crudos, cuando le volvía el buen humor su dicción se fluidificaba,
+adornándose con toda la hojarasca de la fanfarronería. Conversaba
+familiarmente con los muchachos, mostrándoles, ya la expresión seductora
+de sus sabidurías políticas, ya los dramáticos pasajes de su historia de
+mártir.
+
+Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis
+reales, era, ¡cosa rara!, el oficial con quien más simpatizaba Juan Bou.
+¿Había entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe
+bien. No se sabe tampoco cuál de estas dos cosas engendra la simpatía.
+Conste, sin embargo, que también Mariano era fanfarrón, y que en el
+trato de seis meses con Bou se le había comunicado la idolatría del ente
+Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del país, _que chupan la sangre del
+obrero_, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en
+las manos, Mariano creía aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que
+hacía era envidiarlos, pues la envidia suele usar la máscara del odio.
+
+En el fondo de su alma, _Pecado_ anhelaba ser también sanguijuela y
+chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se
+desvivía por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y
+por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distinguía
+radicalmente de su maestro, amantísimo del trabajo. Bou no quería galas,
+ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quería era que todos
+fuésemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en
+la mano; que no hubiera más que talleres y se cerraran los lugares de
+holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera más que jornales;
+que cada cual no fuera propietario nada más que de la cuchara con que
+había de comer la sopa nacional.
+
+En la sala donde estaba la máquina, tenía Bou su mesa de trabajo, y en
+esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera
+giratorio, con cuyo mecanismo él le daba vueltas como si fuera un papel.
+A poca distancia veíase la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y
+se hacían los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la
+charla, hablaba sin ton ni son, escapándose de él el discurso y la
+palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un
+_intellectus_ lleno de roturas. Mariano tenía en su laconismo una
+brutalidad sentenciosa.
+
+«¿Que habláis ahí, muchachos?--dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel
+día de bonísimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta.
+
+--Este--replicó el estampador con el sentimiento de modestia que le
+inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabiduría del
+maestro--, este dice que el año que viene ya no trabaja más.
+
+--Eso lo dirá la correa--manifestó Bou sonriendo y sin levantar los ojos
+de la piedra--. ¿Y qué vas a comer si no trabajas?... Me parece que tú
+eres de casta de sanguijuela... Y algo he oído yo. No sé quién me dijo
+si eres noble o no eres noble...
+
+--Dice este--prosiguió el estampador, gozoso de que el maestro pensase
+como él--que cuando su hermana gane el pleito, será caballero.
+
+--¿El pleito?... ¿Sabéis como haría yo que se ganaran de una vez todos
+los pleitos?--dijo Bou, regocijándose con el efecto que sus admirables
+ideas causaban en los dos muchachos--. Pues mandaría pegar fuego a todos
+los archivos, a la escribanía _A_ y a la escribanía _B_. Total, que no
+dejaría un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que
+liquidar..., ¿estáis? Hay que decir: «Hasta aquí llegó la cosa»..., y
+_palante_... Yo diría a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados
+y demás pillería: «¿Queréis almorzar? Pues ahí tenéis la azada, el
+arado, el escoplo o lo que más os convenga. Pero con papeles no se come
+aquí, señores...». ¿Que no querían? Pues hacia un estanque de tinta, los
+ahogaba en él..., y _palante_.
+
+--Dice este--repitió el oficial, que se pirraba por delatar los
+disparates de su amigo--que todos no son iguales y que él está ya
+cargado de ser pobre.
+
+--No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del
+trabajo--afirmó Juan Bou incorporándose y dejando ver el esplendor
+lumínico de su ojo rotatorio, que parecía una rueda de fuegos
+artificiales--. ¡Pobre!¿Qué ere decir esto? Es una necedad, una...
+lucubración contraria a los grandes principios. ¿Tienes satisfechas tus
+necesidades? Sí. ¿Tienes hambre? No. ¿Estás vestido? Sí. Pues eres tan
+rico como el duque _A_ o el conde _B_, o quizá más».
+
+Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco
+Aurelio le ponía, pasó por gradación suave a otro más acentuado, más
+enérgico, si bien no más elocuente, diciendo:
+
+«Todo lo demás es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su
+sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares
+amasados con las lágrimas del pobre. Ved esos que andan por ahí, toda
+esa chuma de esos señores y holgazanes. ¿De qué viven? De nuestro
+trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta,
+ellos no hacen más que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros
+llenos de bobadas... Comparémonos ahora. Nosotros somos las abejas,
+ellos los zánganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la
+comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lástima,
+como a los perros... Pero todo se andará, tunantes, todo se andará;
+vendrá la cosa y haremos cuentas, sí, la gran cuenta, el Juicio Final de
+la humanidad. ¡Oh, pillos!, también nosotros tenemos nuestro valle de
+Josafat. Allí se os aguarda. Allí estaremos. Con un pedazo de lápiz
+tamaño así, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es
+la liquidación fácil, porque es la última... y _palante_».
+
+Mariano y su colega le oían absortos.
+
+«Dice este--continuó el estampador, incansable en la denuncia--que él ha
+de poder poco o ha de soltar pronto la blusa.
+
+--Vamos a ver--manifestó el maestro volviendo a su trabajo--; explícanos
+lo que tú piensas... ¿A qué aspiras tú? ¿Qué deseas tú?
+
+--¿Yo?--dijo Mariano con terrible laconismo--. Tener dinero.
+
+--¡Tener dinero! El dinero es una fórmula, un medio de cambio--declaró
+con olímpica suficiencia Juan Bou--. ¿Y si llega un día en que no haya
+dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor
+dicho, el servicio _A_ y el servicio _B_ se cambien directamente sin
+necesidad de ese intermediario?
+
+--Chúpate esa--dijo por lo bajo el estampador a compañero.
+
+--Sí, se suprimirá el dinero, que no sirve más que para negocios
+indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarán suprimidos los
+ladrones... y _palante_».
+
+Ambos abrieron medio palmo de boca.
+
+«Pero el dinero--se aventuró a decir Mariano--no se ha de quitar hoy ni
+mañana...
+
+--Quién sabe... La cosa está mal. Dicen que esto se va. Me escriben de
+Barcelona que se está trabajando...
+
+--El dinero no se suprime--afirmó _Pecado_ rebelándose tenazmente contra
+la incontrovertible sabiduría del maestro.
+
+--Hombre, que sí.
+
+--Pues yo quiero ser rico.
+
+--¡Ser rico! ¿Y qué es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional,
+acémila. Hay por ahí unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo,
+lo que es de todos, del común, y el día en que se diga: «Ea, bastante ha
+durado la mamancia...», va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros
+diremos: «A ver, señor duque de Tal, ¿de dónde sacó usted las tierras
+_A_ y las dehesas _B_? Señor banquero Cuál, ¿de dónde sacó usted los
+millones _A_ y _B_ que tiene en el Banco?».--«Hombre, dirán ellos, pues
+yo...».--«Valientes pillos están ustedes, acaparadores, por no decir
+otra cosa...». Conque ya ves. No habrá entonces dinero, ni Banco, ni
+Bolsa; no habrá más que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito
+un jamón, el comestible _A_ o el comestible _B_: me voy a la tienda, y
+me encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ahí va, y
+venga. El sastre hará pantalones al zapatero, y el zapatero le hará
+zapatos al sastre. Es un organismo sencillísimo, brutos. Vosotros no
+habéis estudiado la cosa, no habéis trabajado por la cosa, no habéis
+estado en calabozos, no habéis comido ratas desabridas... Se trata de un
+organismo; ¿sabéis lo que es un organismo?».
+
+Ambos callaron. Creían que se trataba de un organillo; pero no se
+atrevían a decirlo.
+
+«Este dice también--añadió el denunciador sin poder contener la
+risa--que quiere ser célebre.
+
+--¡Célebre! Ta, ta, ta--exclamó Juan Bou, radiante, al considerar el
+triunfo que a su oratoria se preparaba--. ¿Conque célebre y todo..., es
+decir, hombre grande? ¡Valiente papamoscas! ¿Y qué entiendes tú por
+celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman
+poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no
+han hecho más que matar gente. Los otros han engañado y extraviado a la
+humanidad, contándola mil mentiras y embelecos. Cógeme a tal o cual
+guerrero, al poeta _A_ o al prosista _B_. ¿Qué han hecho por el pueblo?
+Nada. Su celebridad se acabará también, porque se suprimirá la Historia.
+Se hará una Historia nueva, en que no figuren más que los que han
+inventado una máquina o perfeccionado la herramienta _A_ o _B_. Esos sí,
+esos sí que tendrán estatuas.
+
+--¿Y quién... va a hacer las estatuas?--preguntó con gran viveza de
+pensamiento Mariano.
+
+--Toma--dijo Bou, reponiéndose después de desconcertarse un poco--, los
+escultores. Habrá escultores que harán las estatuas de los obreros
+célebres, de los padres de la patria, y se les pagará con comestibles,
+mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si tú quieres ser
+célebre inventando la dirección de los globos, o cosa así, entonces nada
+te digo. Por ahí, por ahí... Pero no envidies a los personajes del día,
+a esas sanguijuelas del pueblo. Mira tú qué tipos. ¿Prim?, un tunante.
+¿O’Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olózaga, Castelar,
+Sagasta, Cánovas. Parlanchines todos. ¿Y ese Thiers de Francia? Otro que
+tal. Cuando toquen a barrer, veréis cómo queda esto... Nada, nada;
+aplícate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes,
+comerás y vestirás con tu trabajo. Toma y daca... y _palante_.
+
+--Pero este dice que quiere ser célebre, aunque para ello tenga que
+hacer una barbaridad.
+
+--Hombre, hombre, ¿tú quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo,
+hombre, dalo. No te faltará ocasión, cuando se grite «abajo la tiranía»,
+pórtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como
+dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que mañana
+quizá se mire como una gran acción. Nada, hombre..._palante_,
+_palantito_...».
+
+Siguió hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de
+audaces juicios, que los muchachos le oían como si fuera una sibila.
+
+«Lo que yo quiero es moneda--volvió a decir Mariano con rudeza concisa.
+
+--¡Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como tú el célebre
+Erostrato.
+
+--¿Quién?
+
+--Uno que pegó fuego--dijo Bou reventando de erudición--a un templo...
+no sé si de Babilonia, de Venecia o de dónde.
+
+--¿Y sacó dinero?
+
+--Vuelta con el dinero.
+
+--Con dinero se tiene todo.
+
+--Y tú quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de
+esos pillos, lo mismo que la sanguijuela _A_ o la sanguijuela _B_.
+
+Mariano gruñía, dando a conocer, con bárbaro modo, su ardiente anhelo de
+ser sanguijuela.
+
+«Ea, bastante se ha charlado--dijo el maestro echando un vistazo a la
+prensa--._Palante_... Sacadme esos reportes ahora mismo».
+
+Y siguió un silencio sólo turbado por los rumores de la actividad
+taciturna. Oíase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo
+negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que
+aunque buen catalán tenía un oído infernal, destrozaba entre dientes _La
+Marsellesa_, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Después
+escupía unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco
+rato. Se había contagiado de la afición de sus aprendices a cantorrear
+los pareados de las aleluyas, y así, sin pensarlo, cantaba con la música
+de Rouget de L’Isle estos versos: _Muchos niños pequeñitos--van vestidos
+de angelitos_.
+
+
+
+
+Capítulo V
+
+Entreacto en el café
+
+
+Mariano pasó algún tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna
+digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empezó a
+fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se
+pasaba horas y más horas en el café del Sur. Por el afán de aumentar su
+peculio había contraído el vicio del juego, frecuentando innobles
+garitos, o agregándose a los nefandos círculos que al aire libre, en las
+puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se
+aturdía y perdía casi siempre. Cuando ganaba se permitía lujos
+desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las
+funciones desde la primera a la última, convidarse a chuletas con tomate
+en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y
+costureras, donde danzaba y hacía conquistas. Cuando las ganancias
+habían sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba
+trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando
+por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para
+que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase
+superior fuese más completa, tenía sus pequeñas deudas con el mozo del
+café y con los amigos.
+
+Ya faltase todo el día al taller de Bou, ya asistiese puntualmente,
+nunca dejaba de ir al café del Sur. A veces no estaba más que un rato, a
+veces cuatro o cinco horas. Se le veía solo, en blusa azul y gorra, con
+los codos sobre la mesa, el vaso de café delante y en la boca un puro de
+a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estúpida somnolencia.
+
+¿Pero quién es aquel señor que abre la puerta del café y esparce su
+vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano
+viene hacia él, y se le sienta enfrente? ¿Quién ha de ser sino el
+bendito D. José? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas
+que está pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados
+de cierta melancolía de funeral; ved también sus mejillas, antes
+competidoras de las rosas y claveles, ahora pálidas y surcadas de
+arrugas. ¿Qué le pasa? Él nos lo dirá. Durante algún tiempo su único
+consuelo ha sido agregarse a Mariano en el café del Sur y frente a él
+exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antaño; y así
+como las ovejas (dicho está por los poetas) se olvidaban de pacer para
+escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar
+el café por atender a lo que D. José le refería.
+
+«Hoy tampoco la he podido ver--dijo aquel día (abril de 1876)--. Ese Sr.
+Botín es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al
+balcón... Te digo que me gustaría que el señor Botín y yo nos viéramos
+un día las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo
+padre, y debo velar por ella... ¡Luego el pobre _Riquín_ estará tan
+solo, extrañará tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como
+antes!... Porque has de saber que _Riquín_ no quiere a nadie más que a
+mí; me quiere más que a su propia madre. Lo que es a Botín no le puede
+ver».
+
+Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el
+regocijo de la venganza. ¡_Riquín_ no quería al otro! ¡Oh placer de los
+dioses!
+
+«Mi hermana tiene la culpa--dijo Mariano--. Ese tío Botín es una fiera.
+¿Por qué no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de
+aquellas cosas que pasan, ¡puño!... Él es rico; ella se ve mal... Si
+trabajara como yo, viviría como es debido... De consiguiente, yo no
+pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no
+volviera. De consiguiente, ese Botín no quiere que ni yo, ni usted, ni
+mi tía Encarnación vayamos allá. No quiere estorbos. Yo no voy, porque
+suponga usted que nos encontramos Botín y yo, hablamos, y sin saber
+cómo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reñimos. Total, que me
+hago cuenta de que no tengo tal hermana.
+
+--Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella
+quisiera--indicó Relimpio embuchándose el café, mientras el otro se
+rompía las mandíbulas para sacar humo del duro cigarro--Pero quia, quia.
+Tiene que valerse de mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses
+de esta vida y no sé cómo aguanta. ¿Al teatro? Que si quieres... Los
+domingos la hace ir a misa, y aquí paz... Dicen que ese señor es
+mojigato.
+
+--Es rico--afirmó Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que
+empleaba siempre para expresar aquella idea.
+
+--Riquísimo. Gana millones. Si le dejan se come a España en menos que
+pía un pollo. ¿Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una
+persona decente, le escribiría un anónimo a su señora contándole los
+devaneos... Pero no está en mi sangre, no. La señora de Botín es condesa
+o baronesa; él es conde o barón consorte, ¿te enteras? Ella es, según
+dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar
+un hospital.
+
+--Sanguijuelas del país y del pobre que trabaja, ¡repuño!... Ellos
+gastan lo nuestro... Pero ya, ya verán, ¡puño! El mejor día... de
+aquellas cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y _palante_... Ahora
+nos toca a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta
+como es debido.
+
+--Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue
+D. Amadeo, ¡y aquel sí era persona decente!, esto está perdido. Es
+verdad que se acabó la guerra; pero ¿cómo se acabó? A fuerza de dinero.
+Esta gente es atroz. Aquí no hay administración, ni se llevan los libros
+de cuentas del Estado como manda la Teneduría. Mira tú; mientras no se
+suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no
+sé cómo no se les ocurren estas cosas... Señor, que no podemos con la
+Hacienda, que hay déficit. ¿Pues qué más tiene usted que quitar tanto
+empleado vagabundo?... Señor, que la política... Pues fuera política...
+Si quisieran, todo lo arreglarían bien. Con ir dejando a un lado a los
+piratas y colocando a la gente honrada... Mira tú, es bien fácil. A
+ver... ¿D. Fulano es un hombre honrado? Sí señor. Pues venga acá. ¿Y D.
+Zutano? También. Venga. Ea, ya me tienes la Administración arreglada. Yo
+sé que los tunantes chillarían; pero que chillaran hasta reventar».
+
+Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volvía D. José a la
+monotonía de sus lamentos pastoriles. Durante varios días repitió las
+mismas cosas... La había visto un momento... Estaba desmejorada y
+triste... _Riquín_ tampoco era feliz... En mayo añadió a tan enfadosos
+temas uno que era más agradable a la concupiscencia de Mariano.
+
+«¿Sabes--le dijo--que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio?
+Llegó aquí el mes pasado. Por cierto que me cogió desprevenido. Yo le
+creía en la Habana. Pero el Capitán General le quitó el destino a los
+veinte días de haber tomado posesión de él y me lo embarcó para la
+Península... Intrigas políticas... envidias y miserias.
+
+--De aquellas cosas que pasan...--murmuró Mariano, demostrando
+perspicacia--. Don Melchor tendría las uñas un poco largas; de
+consiguiente...
+
+--Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez.
+
+--Sí; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse allí entre tanto
+dinero..., de consiguiente...
+
+--Hombre, no.
+
+--Total, que se volvió para acá sin un real.
+
+--No tanto. Algo ha traído... Pues te contaré el negocio, que es grande,
+tremendo. Es un secreto que ha descubierto.
+
+--¡Un secreto!... Y lo guardará... como es debido.
+
+--No, lo pone a disposición de todo el mundo. Ha hecho unos
+prospectitos, ¿sabes? Luego ha puesto un anuncio en los periódicos,
+diciendo que el que quiera saber el secreto del negocio mande veinte
+reales en sellos. Ajajá. No puedes figurarte los sellos que han entrado
+en casa. Pero ya se va cansando la gente y vienen pocas cartas.
+
+--¿Pero el secreto...?
+
+--No sé cuál es.
+
+--¿Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal
+secreto...?
+
+--Yo no sé... Desde que tomó la casa en la calle de los Abades, donde
+vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artículos en un periódico. La
+ha tomado con las compañías de ferrocarriles y otras empresas gordas, y,
+¡si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las
+está matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas útiles,
+por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso sí,
+yo creo que si esto se dice un día y otro día, al fin hemos de lograrlo.
+Y si no, guerra, guerra con los ingleses. ¡Ah! ¿No hicimos lo del
+Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contaré, pues lo sé como si lo
+hubiera visto».
+
+Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante capítulo de
+Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba más su
+espíritu, adormeciéndole en cálculos voluptuosos y combinaciones de
+riquezas y placeres.
+
+Algunos días después, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D.
+José.
+
+«Ayer--dijo--estuvo D. Melchor hablando más de dos horas con Juan Bou.
+Ha inventado una rifa para los pobres. Está unido con otros señores, y
+de consiguiente, tiene autorización del Gobierno, como es debido.
+¡Recontrapuño, qué negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte.
+
+--Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad.
+Es una idea humanitaria. Ya no habrá más pobres por las calles...
+Volviendo a lo mismo, Marianín, te diré que la vi ayer en misa. Por la
+tarde fui a sacar al niño a paseo. ¡Ah!¿No sabes? Lo del pleito va bien.
+Hombre, si te veremos al fin...».
+
+Mariano se desperezó y después que hubo estirado bien sus extremidades,
+descargó el puño sobre la mesa, diciendo:
+
+«¡Maldita sea la Biblia!».
+
+Isidora, que vivía en la calle de las Huertas, salía con frecuencia al
+balcón, y si veía a su padrino paseándose de arriba abajo y echando con
+disimulo un vistazo al piso segundo, sentía pena y lástima. Unas veces
+le hacía señales de que entrase, otras de que no entrase, y D. José
+obedecía con humildad. Llamole un día con agraciado gesto, desde dentro,
+alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal.
+Relimpio subió.
+
+¡Cómo le palpitaba el corazón! Entró, cogió en sus brazos al niño, diole
+mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con él, entró en la
+sala. Isidora vestía una bata azul de corte elegantísimo. Acababa de
+peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber
+quién era, podría dudar que pertenecía a la clase más elevada de la
+sociedad. Contemplola D. José, más que con amor, con veneración, con
+fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco faltó para que
+se la hincara delante.
+
+«Estás, estás...--le dijo turbado por la emoción--, que pareces una
+diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... ¡_Riquín_!, hijo
+mío, sol, dame más besos... ¡Bendita sea tu madre!».
+
+Mucho se alegraba también Isidora de ver a su padrino; pero un asunto
+urgentísimo les separaría muy pronto.
+
+«¿No viene hoy ese bruto?--dijo Relimpio.
+
+--No; hoy habla en el Congreso.
+
+--¿De modo que me estaré aquí hasta anochecida?
+
+--No, porque tengo que hacer, tengo que salir...».
+
+¡Don José puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron
+como la llama de la exhausta lámpara colgada delante del santo.
+
+«Tengo que hacer--dijo Isidora, sacando una carta--. Y usted me va a
+hacer el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaquín».
+
+Don José dio un gran suspiro. Puso la cara más desconsolada y agoniosa
+del mundo, la cara que pondría toda persona a quien se obligara a beber
+un vaso de vinagre.
+
+«¿De veras que no estás hoy en casa?
+
+--No. Si usted quiere, puede venir a jugar con _Riquín_.
+
+--Le sacaré a paseo. Está bueno el día. ¿Qué te parece?
+
+--Muy bien.
+
+--Pues voy, voy a hacer tu encargo»--murmuró el viejo, consolándole la
+idea de pasear al niño.
+
+Isidora salió. Su traje realizaba el difícil prodigio, no a todas
+concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era
+selecto, nada chillón, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y
+en sus maneras la más clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por
+dondequiera que iba hacía sombra de blasones. Y sin embargo, por
+desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban sabían
+que no era una _lady_.
+
+¡Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el
+pensamiento y por las acciones, ¿qué era?... La sentencia es difícil.
+
+
+
+
+Capítulo VI
+
+Escena vigésimaquinta
+
+=Aposento no muy grande, cómodo, bien amueblado y a media luz=
+
+=ISIDORA Y JOAQUÍN=
+
+
+JOAQUÍN.--=(Con admiración)= ¡Pero qué guapa estás, o mejor dicho, qué
+hermosa eres!... Joya digna de un rey, ¿por qué estás condenada a
+encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posición mediana, obsura y
+equívoca? ¡Tremendas ironías del destino! Fíate de que el nacimiento y
+el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo
+traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te
+entristezcas. Hoy es día de alegría y juntos los dos aquí olvidaremos
+todas nuestras penas... Cada día me es más difícil vivir sin ti.
+
+ISIDORA.--=(Con coquetería)= ¡Embustero!... Me quieres cuando me
+necesitas, cuando eres desgraciado. ¡Desde que prosperas un poco,
+¡adiós!, ya no te acuerdas de mí! Yo no debía hacerte caso; pero mi
+debilidad es más fuerte que mi fortaleza, ¿entiendes?... ¿Quién no tiene
+un castigo en el mundo? Mi castigo eres tú. En vez de darme enfermedades
+o de volverme fea, Dios me ha dicho: «Quiérele»; y ya ves, te quiero y
+padezco. El corazón me dice que será constante. Te amaré siempre,
+mientras viva. Mi corazón es de una pieza. No puede amar sino a uno
+solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mío, me hastían;
+les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que
+viniere, a mi amor me atengo. No sé cómo hay mujeres que adoran hoy a
+este y mañana al otro. Yo no soy así. =(Con tristeza.)= ¿No es verdad que
+nací para ser honrada?
+
+JOAQUÍN.--Y para mí. =(Entusiasmándose por grados.)= Sólo yo te comprendo,
+sólo yo. Los demás te juzgarán mal quizás. Yo, que te conozco, sé que
+eres un ángel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para
+mí y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. ¡Y qué ingrato he
+sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de
+las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad.
+
+ISIDORA.--=(Mirándole a los ojos.)= ¿Estás satisfecho de mí?
+
+JOAQUÍN.--Te idolatro.
+
+ISIDORA.--¿Me he portado bien?
+
+JOAQUÍN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas están
+donde deben estar... ¡Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en
+su alma esa chispa, ese no sé qué, signo de elevación sobre el nivel
+común, está preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no
+es en ti un defecto, es una inspiración santa.
+
+ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...
+
+JOAQUÍN.--Desecha las ideas convencionales. Cada acción tiene un punto
+de vista desde el cual debe juzgársela, lo cual prueba la gran variedad
+de las perspectivas del alma humana...
+
+ISIDORA.--Yo siento algún remordimiento...
+
+JOAQUÍN.--Porque no has hecho un análisis frío del hecho en sí y te
+dejas llevar de la rutina.
+
+ISIDORA.--=(Gozosa.)= ¿Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?
+
+JOAQUÍN.--La besé mil veces, y aun creo que se me escapó una lágrima,
+cosa en mí desusada.
+
+ISIDORA.--Ya ves que cumplí mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu
+compromiso y me decías que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro,
+te dije: «Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de
+salvar...». No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi
+alma, como un acto de estos atrevidos y difíciles, en que entren la
+generosidad y el peligro. Nací para estar arriba, muy arriba.
+
+JOAQUÍN.--En las estrellas te pondría yo.
+
+ISIDORA.--Las cosas bajas y fáciles, las pasiones mezquinas no caben en
+mí. Tú me habías hecho muchas picardías; pues ahora verás... Yo soy así.
+La idea de devolverte bien por mal me daba alegría y valor para vencer
+las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba,
+discurría, hacía cuentas. A medianoche no había dormido aún; estaba
+sola. Podía pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana.
+Llegó la mañana. ¿Qué creerás que hice? La cantidad era enorme. ¡Mil
+duritos! ¿De dónde había de sacar yo ese dineral? Pues verás... Vendí
+mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqué doce mil reales.
+Compré otros diamantes falsos para que él no conociera el engaño.
+Después empeñé la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu
+suerte, él me había dado cierta cantidad para renovar parte de la
+sillería..., pues al montón con ella. En fin, mi tía Encarnación me
+proporcionó el resto... Y aquí vienen los escozores que siento en mi
+conciencia...
+
+JOAQUÍN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espíritu.)= Eres una
+chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu
+gran corazón.
+
+ISIDORA.--=(Con monería.)= Déjame, que yo me entiendo. Te diré la verdad
+pura. Por engañarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien
+aborrezco con toda mi alma. No me merece... ¡Pero hay tantas clases de
+traición!... Te diré...
+
+JOAQUÍN.--=(Azotándola con cariño.)= Pero ven acá, tonta...
+
+ISIDORA.--=(Abofeteándole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las
+traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en mí que las rechaza.
+Te diré: con gusto o sin gusto mío, él me da cuanto necesito. Es verdad
+que los tornillos eran míos; me los habías regalado tú. Pero el alfiler
+me lo dio él..., y el dinero para la sillería... Ya ves.
+
+JOAQUÍN.--Déjame hablar ahora.
+
+ISIDORA.--=(Tapándole la boca.)= Aguarda.
+
+JOAQUÍN.--=(Quitándose a viva fuerza la mordaza y besándola mucho.)=
+Déjame hablar a mí. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces
+más dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del país
+se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastaría para pagar una
+de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que
+he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quería ya, yo te
+amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy
+tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazón y deuda
+de bolsillo. Te pagaré religiosamente.
+
+ISIDORA.--¡Pagarme! ¡Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para
+eso. Si en algo estimas el beneficio que de mí has recibido, ya sabes la
+recompensa que quiero.
+
+JOAQUÍN.--=(Amoscado.)= ¿Cuál?
+
+ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaquín...
+
+JOAQUÍN.--=(Sintiéndose atacado de sordera.)= No te oigo.
+
+ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo.
+
+JOAQUÍN.--¡Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)=
+En estos días me hallo en tal situación, que no podré celebrar ningún
+acto civil... ¡Ay!, querida mía, confesor mío, para ti no debo tener
+secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido
+un calavera, un disipador; merezco lo que me está pasando. Yo tenía una
+regular fortuna. ¿Sabes tú cómo se me ha ido de entre las manos? Pues yo
+tampoco lo sé, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te
+juro que vivo con economía... Malditos sean los usureros, fieras
+desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad
+indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da
+un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te
+debo que no haya caído una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez...
+¿Pero qué sucederá? Que dentro de poco llegará otro vencimiento.
+Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Papá
+me ha hablado seriamente el otro día. Hemos hecho un balance. Le he
+descubierto todos mis líos; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto
+que no tengo más remedio que irme a la Habana.
+
+ISIDORA.--¡A la Habana!
+
+JOAQUÍN.--Sí, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el único
+remedio. Los españoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras
+naciones. ¿Qué país tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar
+los desastres de sus hijos?
+
+ISIDORA.--¡Ya!
+
+JOAQUÍN.--Me iré a la perla de las Antillas, como decimos por acá.
+¿Quieres ir conmigo?
+
+ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te diré...; ir contigo sería mi
+dicha. Yo te cuidaría si caías malo, y te desviaría de tus calaveradas,
+porque allá... Pero no puedo, no puedo salir de aquí. Tengo que estar a
+la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganaré si tengo
+paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la réplica, y luego que la
+señora presente su dúplica, vendrá la prueba... Ya ves, me voy enterando
+de estas cosas fastidiosas.
+
+JOAQUÍN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo...
+
+ISIDORA.--Es el principal móvil de mi vida. Cuando consiento en
+separarme de ti por pleitear, figúrate si es cosa de importancia.
+
+JOAQUÍN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aquí.
+Cuando yo venga, ¡toma!, de seguro te encontraré en pacífica posesión de
+la casa de Aransis.
+
+ISIDORA.--¡Dios te oiga!... Yo también lo creo así.
+
+JOAQUÍN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.
+
+ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recíprocamente su
+confianza.)= ¿Y cuándo te vas?
+
+JOAQUÍN.--No lo sé. Dejaré pasar el verano. Papá y el ministro han
+hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, allá, entre
+bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando papá era Director,
+servía a este señor en cuanto le pedía, y ahora para el Ministro no hay
+mejor recomendación que la de mi padre.
+
+ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. ¿Por qué no
+tratas de remediarte aquí? ¿Por qué no trabajas en algo?
+
+JOAQUÍN.--¿Aquí? ¡Trabajar aquí!... Tú te has caído de un nido. En
+España no se recompensa el mérito. ¡Qué país! Es claro; yo trabajaría,
+yo me dedicaría a algo; pero ¿qué pasa? Los escritores, los artistas,
+los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que
+trabaje el obispo. No hay más medio de ganar dinero aquí que metiéndose
+en negocios patrocinados por el Gobierno. Pídele datos de esto a tu
+señor Sánchez Botín. Es un genio.
+
+ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Está muy hueco
+con el discurso que pronunció ayer. Es de..., de la Comisión. ¿No se
+dice así?
+
+JOAQUÍN.--De la Comisión, justo. Todavía no he leído su discurso. =
+(Incorpórase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo
+de necedades soporíferas. Cuando hablaba, no había seis diputados en el
+salón, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores
+versados en administración producen estos efectos de narcótico. Papá
+mismo, cuando habla de esto, es el puro beleño. Pero ayer era el único
+que logró estar despabilado durante la oración fúnebre--administrativa
+de Sánchez Botín.
+
+ISIDORA.--Pues él dice que apabulló a tu padre.
+
+JOAQUÍN.--¡Qué gracia! Verás. =(Amenaza leer.)=
+
+ISIDORA.--Por Dios, dejo eso.
+
+JOAQUÍN.--Oye qué admirable estilo. =(Lee.)= «Los señores que se sientan
+en esos bancos...».
+
+ISIDORA.--¡Por la Virgen Santísima!
+
+JOAQUÍN.--Si esto es muy divertido. =(Sigue leyendo.)= «... no quieren
+acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la
+Comisión...».
+
+ISIDORA.--=(Arrebatando el papel de manos de Joaquín.)= Si tú le
+estuvieras oyendo a todas horas...
+
+JOAQUÍN.--Es un bruto que merecía el desprecio si no mereciera el
+presidio. Su discurso es el colmo de la sabiduría. Dice que en tiempo
+de papá eran mayores los escándalos y las irregularidades... Voy a
+contarte en dos palabras las gradas de Botín.
+
+ISIDORA.--=(Tristemente.)= ¿Será tarde? =(Hace un gorro con el
+periódico en que está el discurso de Botín.)=
+
+JOAQUÍN.--No, querida; es temprano.
+
+ISIDORA.--Paréceme que entra poca luz, que anochece...
+
+JOAQUÍN.--Es que se ha nublado.
+
+ISIDORA.--Mira el reloj.
+
+JOAQUÍN.--No me da la gana.
+
+ISIDORA.--¡Qué horas tan felices si no fueran tan cortas! =(Acaba el
+gorro de papel y se lo pone.)= ¿Qué tal?
+
+JOAQUÍN.--=(Dando su aprobación expresivamente.)= ¡Mona!... Pues te
+contaré las gracias de Botín.
+
+ISIDORA.--¡Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. ¡Si él supiera
+las mías!...
+
+JOAQUÍN.--Hace unos quince años Sánchez Botín era un zascandil. Andaba
+por ahí con un gabán perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus
+disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba
+cosas de poco valor en las oficinas. Empezó a levantar cabeza,
+trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragón. Hacía diabluras,
+resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas.
+Después le colocaron en el Ministerio, y casó con la de Castroponce, que
+le aportó dos millones. Hízose diputado y gerente del ferrocarril de
+Albarracín. Aquí empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el
+ministro y allá se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figúrate,
+la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compañías de
+ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios.
+
+ISIDORA.--=(Bostezando.)= ¡Qué cosas!
+
+JOAQUÍN.--Tú no entenderás esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel
+que se llama Inscripciones, el cual está en la Caja de Depósitos. Botín
+se arregla para sacarlo, da una pequeña parte al Ayuntamiento, y con el
+resto y la subvención van construyendo el ferrocarril sin adelantar una
+peseta. El Gobierno les da prórrogas.
+
+ISIDORA.--=(Cerrando dulcemente los ojos.)= ¡Qué picardía!
+
+JOAQUÍN.--=(Con verbosidad.)= Pero esta tostada, con ser un negocio
+inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de
+pan los abonarés de los soldados de Cuba, que llegan aquí muertos de
+miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede
+pagarles; pero Botín ha reunido millones en esos abonarés, y el mejor
+día se los admite el Gobierno en pago de un empréstito... Pues en las
+subastas no te digo nada. Ahí es donde están las ricas tostadas. Él hace
+lo que quiere. Es un bajá administrativo, mejor dicho, un sultán que
+tiene las rentas públicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el
+Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que
+no se puede presentar nadie... Pero ¿qué es eso?... =(Poniéndole la mano
+en la frente.)= ¿Isidora?... Se ha dormido... ¡Qué hermosa está! ¡Qué
+cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... ¡Isidora!
+
+ISIDORA.--=(Despertando.)= Me dormí arrullada por las gracias de Botín.
+¿Será tarde? Ahora sí que anochece.
+
+JOAQUÍN.--Es que es un chubasco, tonta. El cielo está negro.
+
+ISIDORA.--Es hora de marcharme. Mira el reloj.
+
+JOAQUÍN.--Para que te desengañes. =(Mira el reloj.)= ¿Ves? Todavía me
+debes una hora, según lo convenido.
+
+ISIDORA.--¡Una hora! =(Con pena.)= Sesenta minutos me separan de la
+presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginación. Es una
+pesadilla que me atormenta noche y día. ¡Cuándo despertaré de ese
+hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. «Buenas
+noches»--, buenas noches. «¿Dónde has estado? Tú has salido...». Aquí de
+mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir
+mentiras; pero desde que vivo con él me he adiestrado de tal modo en
+ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para
+mentir... Pues te diré. Entra él; como entienda que he salido sin su
+permiso. ¡María Santísima! Él gasta en mí su dinero a la calladita; y me
+compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me
+vea. Quiere que me ponga guapa para él solo. Basta que cualquier persona
+me mire para que él se enfade, porque cree que con los ojos se le roba
+algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me dé a conocer en la
+calle, porque no gusta de escándalos, y se asusta de que esto se
+descubra. Dice que aquí no estamos en París, y que es preciso no chocar,
+no dar motivo a la murmuración, no faltar a las buenas apariencias
+sociales. Es un egoistón y un hipócrita... Lo primero que me encarga es
+que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo
+al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son
+la base del orden social, me lo lee con entonación grave..., ¡si le
+oyeras!, y me dice con toda su alma: «Yo no puedo desmentir estas ideas.
+Conque mucho cuidado...». En teatros no hay que pensar. Alguna vez me
+permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a
+los anfiteatros. Ni aun allí me deja libre, porque le veo atisbándome
+desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la
+costa, o algún hombre sospechoso cerca de mí... En fin, es un tipo
+insufrible. ¡Qué celoso, Dios mío! Si me ve asomada al balcón, ya se le
+figura no sé qué. ¡Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me está
+sacando a relucir su dinero. ¡Qué tonillo toma! =(Remedando voz de
+hombre.)= «Señora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser
+para mí...». ¡Para él! Él quisiera que yo fuera un vaso de agua para
+beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en
+mis pensamientos.
+
+JOAQUÍN.--=(Con desprecio.)= ¡Zopenco!
+
+ISIDORA.--¡Y cuánto me hace padecer! Si me río, cree que me burlo de él;
+si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si
+me canso, me llama _fría_, _pedazo de mármol_. Me toma cuenta del
+respirar, y si doy un suspiro, ¡ay Dios mío!, ya está armada la
+tempestad. ¡Y cómo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces
+quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto
+y celoso que enamorado. Mi tía Encamación dice que es el papamoscas de
+Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me río de él, no lo puedo
+remediar. =(Ríe.)= Cuidado que es feo, ¿no es verdad? No tiene más que la
+figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. ¿Has visto
+aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puñetazos?
+
+JOAQUÍN.--Pues pocos habrá de más pretensiones. Dicen que en los escaños
+del Congreso está siempre mirándose el pie, porque lo tiene muy pequeño.
+La verdad es que otro más antipático no ha nacido...
+
+ISIDORA.--Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que
+causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros...
+Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos
+duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le
+desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobillón
+inglés. =(Ríe.)= Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar
+tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace
+cuando se pone a echarme sermones, y a reírse de mi pleito y de mi
+nacimiento. Un día por poco le pego... Cuando está por moralizar, me
+dice que si me porto bien haré mi suerte con él; que hay muchos modos de
+ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todavía. =(Da un gran
+suspiro.)= «Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te protegeré.
+Te casarás con un criado mío, que es ni pintado para el caso. =(Con gran
+indignación.)= Y una vez que estés casada te daré un estanco». ¡Un
+estanco! =(Riendo con estrépito.)= Ese animal no sé qué se figura... Habla
+muy poco de su mujer. Dice que es un ángel; pero que se ha hecho muy
+mística, y que él, respetando mucho el misticismo, ha tenido que buscar
+fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. Una
+cosa me agrada de él... para que veas que todo no ha de ser malo...
+Quiere mucho a mi Joaquín, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a
+cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto sólo
+hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningún modo
+quererle ni estimarle.
+
+JOAQUÍN.--Has hecho de él la gran pintura. No tiene delicadeza ni
+verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus
+atractivos y te ofrezcas más rica y sabrosa a sus insaciables
+apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria
+del género humano; me parecen hechos con algo puramente material y
+grosero que sobró después de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser
+destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la
+transición del hombre al bruto, y fabricó a Botín.
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el rebuzno,
+¿qué hay? Un discurso de Botín.
+
+JOAQUÍN.--¡Bravísimo!... Vamos, cuando me comparo con él... Permíteme
+que me alabe en presencia de ese bárbaro egoísta. Yo vivo de lo ideal,
+yo sueño, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos
+platónicos. En otro tiempo, ¿quién sabe lo que hubiera sido yo? Quizás
+un D. Juan Tenorio; quizás uno de esos grandes místicos que han escrito
+cosas tan sublimes... Ahora, ¿qué soy? Un desgraciado, por lo mismo que
+me estorba lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me
+congratulo de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, ¿pero por
+qué? Porque no he sabido poner freno a mi fantasía; porque no he podido
+cerrar y soldar mi corazón, vaso riquísimo que cuanto más se derrama,
+más se llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he
+derrochado una fortuna. ¡Desventajas de la constante aspiración a lo
+infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! ¿Ves mis
+calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. ¡Oh!, ¡quién
+hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habría
+conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he
+sabido distinguir a Júpiter de Neptuno... ¿Ves cómo estoy? ¿Ves mi
+ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a
+nadie. Joaquín Pez pedirá limosna antes que comerciar con el hambre y la
+desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre
+sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin
+prendarme de ella. =(Isidora le da un pellizco.)= ¡Ay! Será debilidad,
+será lo que quieras. Yo lo llamo _abundantia cordis_, opulencia del
+corazón. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la
+generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza...
+¿Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que
+volveré de allá tan pobre como estoy aquí. Yo no sirvo para esto. No soy
+como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmética. Yo no la entiendo.
+Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado,
+¡y ella se venga haciéndome unas perradas!...
+
+ISIDORA.--=(Con efusión de amor.)= Menos en lo de querer al por mayor,
+¡cuánto nos parecemos! Yo también veo lo infinito, yo también deliro, yo
+también sueño, yo también soy generosa, yo también quisiera tener un
+caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme
+siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme
+yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo,
+porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza;
+una montaña de dinero; luego otra montaña de honradez, y al mismo tiempo
+una montaña, una cordillera de amor legítimo...; eso es lo que quiero.
+¡Oh, Dios de mi vida! =(Llevándose las manos a la cabeza.)= ¿Llegará esto
+a ser verdad?
+
+JOAQUÍN.--¿Pues no ha de llegar a serlo?... Abrázame fuerte.
+
+ISIDORA.--Ahora sí que es tarde. =(Alarmándose.)= Me voy, me voy.
+
+JOAQUÍN.--Todavía...
+
+ISIDORA.--Sí, ya han encendido el gas. =(Mira al techo.)= Mira los dibujos
+que hacen en el techo la sombra de los árboles de la calle y el
+resplandor de los faroles.
+
+JOAQUÍN.--Sí. Sonó la hora triste. Y ahora, ¿qué día...?
+
+ISIDORA.--¡Ay!, tontín, ¿sabes que no lo puedo decir? =(Arreglándose
+aprisa.)= Se me figura que nuestro dragón está receloso. Me vigila mucho.
+Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor día descubre mis
+gracias...
+
+JOAQUÍN.--No lo creas...
+
+ISIDORA.--¡Ah!, es muy tuno... Sí, yo creo que nos sigue la pista. Estoy
+viendo que cualquier día regañamos, y le mando a paseo. Sin ir más
+lejos, mañana habrá cuestión. ¿No es mañana San Isidro?
+
+JOAQUÍN.--Sí.
+
+ISIDORA.--Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romería, que nunca he
+visto, y él se empeña en que no he de ir... Allá veremos. ¡Dios de mi
+vida, qué tarde!
+
+JOAQUÍN.--¿Y cuándo te veré?
+
+ISIDORA.--Te avisaré con mi padrino, =(Despídense con manifestaciones de
+ardiente cariño.)=
+
+JOAQUÍN.--Abur, chiquilla.
+
+ISIDORA.--_Riquín_, adiós. =(Al salir.)= No me olvides.
+
+JOAQUÍN.--=(Solo.)= ¡Bendita sea ella! Vale infinitamente más que yo.
+
+
+
+
+Capítulo VII
+
+Flamenca Cytherea
+
+
+La unión nefanda de estos dos vocablos, bárbaro el uno, helénico el
+otro, merece la execración universal; pero no importa. Adelante.
+
+Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr.
+(tenía la Gran Cruz) D. Alejandro Sánchez Botín, Isidora fue a la
+pradera de San Isidro, acompañada de su doncella, de _Riquín_, de D.
+José de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Sátiro no podía
+resistir ya el anhelo de expansión, de correr libremente, de ser dueña
+de sí misma un día entero, y, principalmente de darse el gusto de la
+desobediencia. Haciéndole rabiar gozaba más que divirtiéndose ella. Ya
+se aplacaría el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no
+se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y
+bien podía suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias
+llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convenía un
+golpe de Estado.
+
+Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella
+mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era
+regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas
+sirviendo de caballo a _Riquín_, ya vestido desde el amanecer de Dios, y
+Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de
+mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien
+dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran
+dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las
+fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de
+buenos autores había visto Isidora caprichos semejantes, y también en
+una célebre zarzuela y en una ópera. Si esto pensaba cuando la doncella
+y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y
+pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, quedó
+prendada de sí misma, se miró absorta y se embebeció mirándose, ¡tan
+atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfonía
+de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente
+rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube.
+No le faltaba nada, ni el mantón de Manila, ni el pañuelo de seda en la
+cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de
+gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los
+ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar.
+En medio de Madrid surgía, como un esfuerzo de la Naturaleza que a
+muchos parecería aberración del arte de la forma, la Venus flamenca. Don
+José estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sáficos
+la novísima encarnación de la huéspeda de Gnido y Pafos.
+
+Salieron gozosos, acomodándose en una carretela que alquiló Isidora...,
+y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sentía un regocijo febril y
+salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era un motivo de grata
+sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre
+de la alegría, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un
+ventorrillo. Nunca había comido Isidora cosas tan ricas. ¡Cuánto rieron
+viendo cómo se atracaba Mariano! Don José compró dos pitos, uno para
+_Riquín_ y otro para él, y ambos estuvieron pita que te pitarás todo el
+santo día. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habría comprado
+lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compró más
+que cuatro. De todas las fruslerías hizo acopio, y los bolsillos de la
+pandilla llenáronse de avellanas, piñones, garbanzos torrados,
+pastelillos y cuanto Dios y la tía Javiera criaron. Nunca como entonces
+le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole,
+por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si
+hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres
+sin número les daba lo que salía en la mano. A todos los cojos,
+estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda.
+Por último, se le antojó también pitar, y compró el más largo, el más
+floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella también
+pitaron.
+
+Visitó la ermita y el cementerio, y por último, no queriendo acabar el
+día sin experimentar todas las emociones que ofrecía la pradera, visitó
+una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenómenos para
+asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana,
+el cordero con seis patas, las serpientes, _os ratas tigres provenientes
+do Japao_, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba,
+recibía una ovación. Preguntaban todos quién era, y oía una algarabía
+infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanterías, desde la
+más fina a la más grosera. Cuando se retiró estaba embriagada de todo
+menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de
+placer, de sorpresa, de polvo, de gentío, de pitazos, de coches, de ayes
+de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo.
+Cuando llegó a su casa le dolía la cabeza; acordose entonces de Botín, a
+quien de seguro encontraría, esperándola airado, y entonces cayó un velo
+negro sobre sus alegrías. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de
+ella azoradas, corriéndosele del corazón a los labios y dejándole un
+sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban.
+
+Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, según su
+costumbre, lo que le había de decir Botín y lo que ella había de
+contestarle. Decididamente le pondría cara de perro; él echaría su
+sermón de costumbre sobre el escándalo, y después se aplacaría. Llegaron
+jadeantes al piso segundo. Don José, que cargaba a _Riquín_ dormido, iba
+detrás pitando todavía.
+
+Entró en la sala y vio luz en el gabinete. Allí estaba sin duda. Pasó
+adelante y le halló sentado en una butaca fumando. Desde la primera
+mirada comprendió Isidora que la gresca sería fenomenal. Botín (a quien
+no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba pálido, con
+cierta hinchazón en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afectó
+indiferencia, dejándose caer en el sillón con la pesadez propia de su
+cansancio. Como entraron también irreflexivamente Relimpio y Mariano,
+Botín hizo un gesto de expulsión, diciendo: «No quiero aquí a nadie».
+
+«Con permiso...»--balbució D. José.
+
+Quedáronse solos los dos amantes. Isidora, viéndose en el trance de
+hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreció el pito a
+Botín, diciéndole con sorna:
+
+«Te he feriado. Toma el pito del Santo».
+
+Botín rompió en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arrojó al suelo con
+ira.
+
+«Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso».
+
+Botín vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o más bien la
+pasión que despertaba en él la traza chulesca de Isidora. Fuertes
+razones había sin duda para que venciera la cólera.
+
+«Mucho me enfada--dijo con cierta gravedad parlamentaria--que haya usted
+ido sin mi permiso a la romería. Pero hubiera perdonado fácilmente esa
+falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aquí desde las cuatro
+esparándola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera
+infame».
+
+Isidora palideció. Subiendo la escalera había previsto la disputa; pero
+en esta resultaba una espantable cosa que ella no había previsto.
+
+«De una manera infame--repitió Sánchez Botín--. Acabemos. Me gustan las
+cosas claras y los juicios rápidos. ¿Dónde están los pendientes de
+tornillo?
+
+--Aquí están--dijo Isidora llevándose la mano a la oreja.
+
+--¡Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... ¿Y el
+alfiler, la cadena, el medallón...?
+
+--Esas prendas son mías y puedo disponer de ellas a mi gusto--dijo
+Isidora prontamente, dueña ya de sí misma.
+
+--Las ha empeñado usted.
+
+--Las he _pignorado_--replicó ella con aplomo y burla--, como dicen
+ustedes los hombres de negocios.
+
+--Sé por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo...
+
+--Usted me dio el dinero. Yo preferí emplearlo en otra cosa».
+
+Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe.
+
+«Se turba usted...
+
+--No me turbo, no»--dijo ella subiéndose de un salto a la cúspide de su
+orgullo y contemplando desde allí la cólera mezquina de Botín.
+
+Durante la pausa lúgubre que siguió a esta última frase, Isidora
+revolvió su mente hacia el origen de aquella escena; consideró con
+vergüenza y despecho que su infidelidad había sido descubierta, y pasó
+revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal
+descubrimiento. ¡Ah!, las indiscreciones de Joaquín Pez, la falta de
+prudencia... Bien conocía ella que el viudito no era hombre para guardar
+secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lío... Pensó en
+las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman
+invisible tela de araña en torno de toda existencia equívoca e inmoral;
+y la ignominia de un hecho tan poco noble abatió por un instante el
+orgullo de su alma.
+
+«Hace usted un bonito uso de mi dinero»--dijo Botín.
+
+Isidora iba a contestar lo siguiente: «¿Y para qué me lo da usted?».
+Pero su conciencia se alborotó, y sintiose llena de perplejidad, que
+nacía del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la
+cólera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta,
+enérgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestión moral.
+Encontrola en estas palabras:
+
+«Usted me es muy antipático. Déjeme usted en paz.
+
+--¡Y tiene el atrevimiento de despedirme!--exclamó Botín con sarcasmo--.
+Usted que estaba muerta de miseria cuando yo...».
+
+Isidora sentía que venían llamas a su lengua. No pudo contenerse, y
+abrasó a Botín con estas palabras:
+
+«Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente
+más...».
+
+Botín, cubriéndose con su calma egoísta y dando a la disputa un giro
+tranquilo, que era como los círculos que hace la serpiente, dijo así:
+
+«No quiero incomodarme. Veremos quién desaloja... Isidora, he sabido
+todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se
+acabó... Usted se lo ha ganado... Usted pierde más que yo.
+
+--Me está usted mareando. Déjeme usted en paz.
+
+--A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas
+las alhajas que he dado a usted y que no estén... pignoradas, váyamelas
+usted entregando».
+
+Isidora se quitó con nerviosa presteza las sortijas; sacó de una cajita
+varios objetos de oro, y todo lo tiró a los pies de Botín.
+
+«Bien, bien--dijo el padre de la patria, no desdeñándose de inclinarse
+para recoger lo que estaba por el suelo--. Ahora quítese usted el mantón
+de Manila».
+
+Isidora se lo quitó, y haciéndolo como un lío se lo tiró a la cara.
+
+«¿Quiere usted que le entregue todos mis vestidos?
+
+--No es preciso que me los entregue usted--replicó Botín con calma
+feroz--. Yo me haré cargo de ellos. Quítese usted el que lleva puesto».
+
+Bien pronto la Cytherea se quedó en enaguas.
+
+«Es lástima que no se lleve usted también mis botas--dijo Isidora
+sentándose y apoderándose con verdadera furia de uno de sus pies para
+descalzarlo--. Llévelas usted para que las use su señora».
+
+Y se quitó una bota.
+
+«No, no tanto--dijo Botín--; conserve usted su calzado».
+
+Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando
+en su alcoba se puso otras botas.
+
+En aquel instante, Botín tuvo que dar a su pasión una nueva batalla;
+pero el caso era tan grave, que la dignidad llevó la mejor parte. Apartó
+los ojos de la despojada imagen que delante tenía, y para verla lo menos
+posible, levantose, y con atención de prendero avaro, abrió el armario
+de luna y las gavetas de la cómoda, entró en la alcoba, registró todo
+como un curial que embarga o inventaría. Isidora en tanto arrojaba las
+preciosas botas en medio del gabinete, y después hacía lo mismo con su
+peineta.
+
+«Bien--dijo Botín, sentándose otra vez y mirándose su pie pequeño como
+hacía en el Congreso--. Ahora póngase usted el vestidito que usaba
+cuando iba a rezar a la iglesia con tanta devoción.
+
+--Lo he dado. Yo no guardo pingos».
+
+Botín volvió a la alcoba. Tomó de una percha una bata, y ofreciéndola a
+Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: «Póngase usted este».
+
+Volvió la cara para no verla, para no ver las lágrimas gruesas que
+corrían por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como
+ardiente volcán bramaba en su pecho.
+
+Sin decir nada, vistiose ella. Botín tomó entonces un tonillo
+conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en
+medio de los bosques. Tenía algo de hombre, si bien nada de caballero.
+
+«Puede usted disponer de toda la ropa blanca--murmuró--. Mande usted por
+ella mañana.
+
+--No quiero nada--replicó Isidora, bebiéndose sus lágrimas de fuego,
+pálida, trémula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiración de
+drama; se volvió a él, le echó rodadas de desprecio por los ojos y le
+dijo: «Soy la vengadora de los licenciados de Cuba».
+
+Botín se sonreía como un demonio que ha ganado un alma.
+
+«Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted.
+
+--Todavía--dijo Botín haciendo esfuerzos para reír, y golpeándose con el
+bastón el pie bonito--, todavía tiene usted algo que agradecerme. Puede
+usted llevarse todo lo del niño.
+
+--Mi hijo no necesita nada».
+
+Isidora corrió hacia adentro. En la cocina, Mariano dormía, reclinado
+sobre la mesa. En el comedor, D. José y la doncella asistían a _Riquín_,
+que había vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el
+hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia.
+
+«Le ha hecho daño la comida--dijo el tenedor de libros.
+
+--Tiene algo de calentura»--indicó la doncella, tocándole las mejillas.
+
+Isidora le examinó. Sus lágrimas volvieron a correr
+
+«Don José--dijo resuelta--. Cargue usted a _Riquín_. Envolvedlo bien en
+un mantón. Nos vamos ahora mismo.
+
+--¡Ahora!»--exclamó D. José con espanto.
+
+En la puerta del comedor apareció Botín. Después se paseó en el pasillo.
+Si Isidora estuviera fuerte en Mitología, le habría comparado al
+Minotauro vagando por las obscuras galerías del laberinto de Creta.
+Volvió la bestia al gabinete, y desde allí llamó con voz fuerte:
+«¡Isidora, Isidora!». Y viendo que esta no acudía, salió otra vez al
+pasillo y dijo en tono más humanitario:
+
+«No llevemos las cosas hasta el último extremo. _Riquín_ está malo.
+Puedes quedarte aquí hasta mañana».
+
+Pero Isidora iba y venía recogiendo algunas cosas _enteramente suyas_.
+
+«Quédate, mujer, quédate hasta mañana».
+
+Entró ella en la alcoba. Botín se paseaba con lento andar en el
+gabinete.
+
+«Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta
+mañana. Además...».
+
+La miró atentamente, mientras ella revolvía en la cómoda. La miró
+embelesado, ¿a qué negarlo?, y algo confuso le dijo:
+
+«Y mañana podrás llevarte todos tus vestidos».
+
+Isidora no le contestó, ni le miró siquiera. Pero él seguía dando
+paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitológicamente
+hablando, se mordía su propia cola.
+
+«Estas mujeres locas--murmuró gruñendo--, si comprendieran su interés;
+si supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona
+decente... Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti,
+reflexiona, acuérdate de lo que muchas veces te he dicho. ¿Por qué no
+has de entrar en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte,
+proporcionándote un estanco...».
+
+Isidora salió sin concederle ni una mirada. Él fue tras ella. Desde la
+sala repitió en voz alta:
+
+«Puedes contar con el estanco...».
+
+No recibió contestación. De repente oyó el golpe de la puerta cerrándose
+con violencia. Todos, menos la doncella, habían salido.
+
+
+
+
+Capítulo VIII
+
+Entreacto en la calle de los Abades
+
+
+=--I--=
+
+«¿A dónde vamos?--preguntó Isidora cuando salieron a la calle.
+
+--¡Qué pregunta!... A mi casa--replicó don José, estrechando a _Riquín_
+entre sus brazos con ardiente cariño--. Abades, 40. No parece sino que
+hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo
+Dios. En casa no te faltará nada. Melchor la ha puesto muy guapamente».
+
+Y en medio de la turbación que el repentino desalojamiento le producía,
+D. José sintió íntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al
+sentirla tan cerca de sí, sometida a su generoso amparo. Siempre que
+hacía algo en beneficio de ella, el pobre señor se crecía y se hinchaba;
+que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle,
+él delante, ella detrás, porque la estrechez de las aceras no les
+permitía caminar juntos.
+
+Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Había hecho de la sala despacho
+y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lámpara con pantalla
+verde que derramaba un círculo de claridad sobre la mesa. Un hombre
+acompañaba a Melchor, trabajando con él en la misma mesa. Del cerebro
+del hombre descendía al pupitre una invisible corriente de cálculos que
+al tocar el papel se condensaba en números, como al influjo de la helada
+la humedad de la atmósfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levantó
+un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle
+su casa. Después se volvió a sentar, y requiriendo la benéfica pluma,
+entonces consagrada a la humanidad doliente, siguió su trabajo.
+
+Rápida ojeada bastó a Isidora para observar a Melchor, que
+definitivamente se había dejado toda la barba y tenía un aspecto muy
+vistoso, aunque nunca simpático; para observar también al hombre de los
+números, que la miró con cierto azoramiento de bestia taurina al
+hallarse en medio del redondel. Vio también la desamparada sala con su
+estante, formando como nichos de cementerio, donde yacían ordenados
+papeles. Un plano de Madrid acompañaba al de la Península. Hacían ambos
+el papel emblemático de los planos de minas o ferrocarriles en las
+oficinas de explotación. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban
+figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo
+mendigos al Asilo; el frontón mismo del Asilo ideal con columnas griegas
+y un sol con la insignia triangular de Jehová, difundían por toda la
+sala la idea de que allí se trabajaba para aliviar la suerte de los
+menesterosos. Las palabras _Rifas_, _Grandes rifas_, _Tres sorteos
+mensuales_, _seis millones_, impresas en colores, revoloteaban por las
+paredes cual bandadas de pájaros tropicales; y como el papel en que
+aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasía loca de Isidora no
+había de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de
+selva americana alumbrada por la luna. Después vio el resto de la casa,
+que era de construcción reciente, mas con tan sórdido aprovechamiento
+del terreno, que más parecía madriguera que humana vivienda. Don José
+destinó a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa,
+y al punto se ocupó en desalojarle. Él se iría al aposento de la
+muchacha y la muchacha dormiría Dios sabe dónde. Era interior el cuarto,
+y tan vasto, que a Isidora le pareció un sepulcro. Don José iba y venía
+cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella
+a _Riquín_, díjole Isidora:
+
+«Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la
+habitación, la muchacha y yo nos entenderemos».
+
+La muchacha era una alcarreña de esas que acababan de llegar al mercado
+de criadas, y traía frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la
+torpeza de manos y de cabeza. Todo lo hacía al revés. Tenía buena
+voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecían no haberse
+desprendido de su rechoncho cuerpo desde que nació, y sus greñas mal
+peinadas, de color de barbas de maíz, despedían un olor a pomada de
+baratillo, más desagradable que su aliento. Isidora sentía hacia ella
+repulsión invencible; no la podía mirar, no la podía tocar, y al
+sentirla cerca, se estremecía de horror. Antes moriría de hambre que
+comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era
+su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan señorita.
+«No, no--exclamó la joven con angustia--. Yo no nací para pobre, yo no
+puedo ser pobre».
+
+Dios la amparó en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber
+lanzado la exclamación dolorosa, salida de lo más vivo de sus entrañas,
+llegó su cara doncella. Traía en un gran lío toda la ropa de _Riquín_ y
+algo de la del ama.
+
+«La fiera--dijo--me mandó sacar todo esto. Está bramando. ¡Ay señorita!,
+si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliación... Yo lo
+siento. Está arrepentido de su barbaridad. Yo quería traer más; pero no
+me dejó. Mañana llamará a las prenderas... ¡Ay! ¡Qué lástima! ¡Qué
+riqueza hay allí!».
+
+Agustina se ofreció a seguir a su servicio, e Isidora lo aceptó con
+gozo, aunque no tenía en sus bolsillos una sola moneda. ¡Terrible
+contradicción! Ella no podía ser pobre, y sin embargo lo era.
+
+Ocupándose de arreglar la habitación y de procurarse algunas
+comodidades, ¡cuántas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar
+esto y lo otro. Tal cosa había quedado en la tercera gaveta de la
+cómoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no había remedio. Por
+cada objeto que no tenía, Isidora echaba a volar media docena de
+suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables
+esferas de lo pasado.
+
+_Riquín_ parecía mejor. Dormía tranquilamente, y su respiración fácil
+sonaba como el eco de músicas serafinescas tañidas a la parte allá de lo
+visible.
+
+Miquis y D. José tardaban. Isidora pasó a la sala porque Melchor le
+había dicho que tenía que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos.
+Podía disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algún
+médico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de él, del
+benéfico y filantrópico Melchor, corrían los gastos de botica. Lo
+principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las
+manos, pues estaba en casa de parientes que la querían de veras y donde
+nada la faltaría... En tanto el hombre corpulento que hacía números no
+quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y parecía pasmado, fascinado por
+religiosa o mitológica visión.
+
+Como el gran Relimpio hablara entonces de médicos y ensalzase a Miquis,
+el hombrazo dijo:
+
+«¡Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fría. Le conozco mucho. Asiste
+a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de
+Aransis».
+
+Isidora no esperaba oír citar su casa ilustre, y se inmutó un poco. Sin
+dejar de mirarla, el hombrón prosiguió así:
+
+«Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... ¡Ah!, bien decía
+yo. Ya me acuerdo. Un día..., hace años, estaba yo con mi hermana en el
+portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es...
+Bien decía yo que no era la primera vez... Después he tratado mucho a
+Miquis. Es simpático. Como él tiene instrucción y yo... algo entiendo de
+ciertas cosas, discutimos sobre la cuestión _A_ o la cuestión _B_. Yo le
+aprieto de firme y él se defiende con retóricas...
+
+--Vamos, vamos a concluir esto--dijo Melchor con impaciencia--. Tenemos
+que de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de
+la Administración seis mil quinientos...».
+
+Isidora no oyó más, porque llegaron Miquis y D. José. El médico venía de
+frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de
+cierta casa de tono. Precursoras y compañeras de su fama eran las
+relaciones, y la entrada que iba teniendo en los más escogidos círculos
+de la sociedad.
+
+Examinado _Riquín_, le recetó un calomelano. Era cosa ligera, una
+indigestión, y probablemente al venidero día estaría como si tal cosa.
+Hablando después con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo así:
+
+«Siento ese percance, porque no hallarás otra fiera como esa. No hay dos
+Botines en el mundo. Si los hubiera, ¿dónde estaría ya nuestra querida
+patria? Desde Pirene a Calpe habría sido devorada, y todos los españoles
+nos agitaríamos en una cárcel de tela, ¡ay!, en los bolsillos de ese
+afanador de naciones... ¡Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero
+tú no haces números, y en esta época el que no hace números está
+perdido.
+
+--Déjame a mí de números. ¿A dónde vas ahora?».
+
+El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los
+brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa
+riquísima en que se sentaría y las personas cultas y elegantes con
+quienes había de estar en roce familiar y discreto gran parte de la
+noche. Era esta la clase de imaginaciones que más fácilmente se moldeaba
+en su cerebro. Miquis lo conocía y le pasaba la miel por los labios,
+contándole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describiéndole
+aquellos apartados mundos donde ella no podía penetrar sino con la
+fantasía, mejor aún, con su ferviente anhelo.
+
+«Hace pocas noches--le dijo--comí en casa de la duquesa con tu Pez.
+Parece que se va a nadar a la Habana, porque aquí se queda en seco. Le
+han escamado los usureros. ¿Sabes que me da lástima? Es lo que llaman un
+buen muchacho, servicial, amable, cariñoso, débil, y que no hace daño a
+nadie más que a sí mismo».
+
+Isidora, turbada y nerviosa, varió la conversación y fingió ganas de
+reír.
+
+«¡Ah!, me han dicho que te casas. ¿Es verdad?
+
+--Eso dicen, sí. Y cuando el río suena, boda lleva.
+
+--¿Con la del notario?
+
+--Con la de Muñoz y Nones.
+
+--Bien sabes tú arrimarte a buen árbol. Es rica.
+
+--Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y
+vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazón. Esto
+no lo hacemos ya más que los pastores y yo...
+
+--¿Y es bonita?
+
+--Para mí no hay otra que se le iguale.
+
+--«Mejorando lo presente», se dice.
+
+--Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama.
+
+--¿Por qué no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a
+declarar como testigo. Además es el notario de la casa de Aransis.
+
+--¡Culebra! Quieres corromper al ave fénix de los notarios.
+
+--No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de
+Aransis. Con eso me basta.
+
+--No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que él, por sí solo,
+desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido
+los señores de pluma y sello... Muñoz y Nones ofrece a la admiración de
+la humanidad el siguiente fenómeno: es un hombre que ha hecho una
+fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como
+corresponde a la materia de que está hecha. Mi suegro desacredita y
+niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo acá, se ha
+tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales
+y, por añadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de
+nariz y de uñas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha
+desaparecido, y en prueba de ello ahí tienes a mi suegro, que es
+honrado, franco, liberal, y además guapo, simpático, amabilísimo y de
+agradable trato. En estos tiempos de renovación social las figuras
+antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para
+cada arte o profesión Así verás hoy un juez de primera instancia que
+parece un Guardia de Corps; verás un barítono que parece un alcalde de
+Casa y Corte; verás marinos que parecen oidores, y hasta podrás ver un
+filósofo que se confundiría con un canónigo. Dígolo porque Muñoz y Nones
+parece un diplomático. Tiene inclinaciones de gran señor y hábitos de
+_sportman_. ¡Lástima que no haya abierto nunca más libro que la _Ley de
+Enjuiciamiento civil_! Por lo demás, en la honradez es un lince, y tiene
+por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos.
+Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas
+partes sino malos acciones, egoísmo y rapacidad. ¡Error, disparate! El
+mundo se pudriría si le faltase en un momento el desinfectante de la
+virtud, cuya acción enérgica se nota en todas partes, en las más altas
+así como en las más bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy
+aburriendo...
+
+--Quedamos en que recomendarás a tu suegro mi pleito.
+
+--Quedamos en que es inútil.
+
+--Bobalicón.
+
+--Serpiente de cascabel, abur».
+
+
+=--II--=
+
+Después que se fue Miquis entró Mariano, que buscaba a su hermana para
+que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar allí a su
+maestro, que al verle se desconcertó, porque hacía una semana que no
+aparecía por el taller. Levantose contra él una tempestad de censuras.
+Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones
+morales, Melchor le llamó vago, pillete y predestinado al presidio, y
+hasta su amigo y compañero de café, Relimpio, promulgó sobre la vagancia
+los conceptos más severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su
+hermana dinero, Mariano se retiró a un banco de palo que en el estrecho
+recinto había, y allí permaneció larguísimo rato solo, callado, hecho un
+ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un
+perro que roe y voltea un solo hueso después de haberle quitado hasta la
+última hilacha de carne.
+
+El afán de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales
+que tan grande parte tenían en el ser moral de Mariano, y que habían de
+tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la
+palabra, en el hijo de D. José Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre
+cristalizan, por decirlo así, en envidia, que es unipersonal y
+antropomórfica.
+
+Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde allí el rasguear
+de las plumas que en la sala hacían tan lucrativos números, se
+preguntaba por qué razón tenía el señorito Melchor sombrero de copa y él
+no; por qué motivo el señorito Melchor vestía bien y él andaba de blusa;
+por qué causa el señorito Melchor comía en los cafés, galanteaba
+bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras él,
+el pobre _Pecado_, comía y fumaba casi como los mendigos, y tenía por
+amigos a otros tan pobres y desgraciados como él. La soledad en que
+vivía le despabiló antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer
+cálculos, no era común en los chicos amparados por padres o parientes
+cariñosos. Porque el abandono y el vivir entregado a sí propio,
+favorecen el crecimiento moral en el niño. De la índole nativa depende
+que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los
+colosos del trabajo, así como los grandes criminales, han nutrido su
+espíritu en una niñez solitaria. El árbol salvaje, juguete de los
+vientos en deshabitado país, adquiere un vigor notorio.
+
+Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni sabía
+apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quería vivir con su
+tía Encarnación porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque
+le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones.
+Gustaba de albergarse en fementidas casas de huéspedes de los barrios
+del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de
+tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y comía en las
+tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de
+voluntad, que es propio de los vagos; aguzó su ingenio, precipitó su
+desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender
+que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la
+adquisitividad, del disimulo y de la adaptación. No se explican de otro
+modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperación de
+la Policía y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y
+veinte años. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un
+prodigio de agudeza, un archivo de triquiñuelas jurídicas y un burlador
+hábil de la Policía. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe
+más mundo y más Economía política que los doctores recién incubados en
+la Universidad.
+
+Hallábase Mariano a la sazón a punto de consumar su sabiduría en
+aritmética parda; se le había desarrollado ya el genio de los cálculos,
+el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la
+adaptación, del disimulo y de la doblez.
+
+Después de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del
+recibimiento, asistió de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por
+hipocresía. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con él aquellos
+días, que no sabía qué hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria,
+que hasta llegó a llamarle hijo y a departir con él como de igual a
+igual.
+
+«Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero tú mismo
+conoces que el trabajo es la vida, la religión del pueblo... Voy a
+hacerte una proposición. ¿Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy
+solo. Te daré un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no
+hay lujo, pero no falta nada de lo necesario».
+
+Después le hacía acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a
+las que Mariano no sabía qué contestar. Si su hermana vivía contenta, si
+se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesón, si
+iba al teatro. Además, el maestro Juan Bou parecía reventar de gozo...
+Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegría; unos la
+atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se
+había sacado el premio gordo de la Lotería. Pero Juan Bou desconcertaba
+todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volvía
+triste y daba unos suspiros que habrían partido la piedra litográfica si
+esta fuera un poco menos dura. Creyérase que se incomodaba consigo mismo
+y que quería echar de sí una mala idea. Algunos días trabajaba poco, y
+más de una vez ocurrió que se retrasaran y embrollaran los dibujos _A_ o
+_B_ por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente
+desusada en hombre tan metódico para el trabajo.
+
+Otro suceso digno de llamar la atención ocurrió por aquellos días. Juan
+Bou notó que la contabilidad en la empresa de las Rifas benéficas no
+marchaba con toda la limpieza que debía esperarse, y ya fuera por
+obedecer a su conciencia, ya por ceder al egoísmo, que le aconsejaba no
+comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando
+a toda participación en ella. Quedose, sí, con los trabajos de
+litografía, que le habían de pagar religiosamente, según convenio. Desde
+entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas.
+
+Entrado el mes de junio, Mariano notó con envidioso asombro que Melchor
+avanzaba rápidamente por el camino de la prosperidad. Salía en coche de
+dos caballos, acompañado de señorones; comía siempre fuera de casa;
+recibía regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le
+traía ropas y más ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de
+tanto pensar en la creciente prosperidad del señorito Melchor, _Pecado_
+perfeccionaba su _intellectus_, enriqueciéndolo con luces nuevas acerca
+de la propiedad, de la adquisición del número y de la cantidad, luces o
+ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y
+el vago apuntar del plan artístico en la mente del poeta, al pasar de
+niño a hombre.
+
+Por San Juan dejó de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su
+hermana, y como esta no quisiese dárselo, se enfureció, trabáronse de
+palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, él le dijo algún vocablo
+malsonante, lloró Isidora, intervino con más celo que autoridad don
+José, y, por fin, el chico salió de la casa gruñendo así:
+
+«No me quieres dar nada. Pues me lo dará Gaitica...».
+
+Desde aquella noche Mariano desapareció. Le buscaron y no fue hallado
+por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de él.
+
+
+=--III--=
+
+Con estas y otras cosas, Isidora cayó en grave tristeza. Sus insomnios
+se repetían casi todas las noches, atormentándola con el alternado
+suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y
+de terror o desengaño. Un pensamiento, referente a cosa muy práctica, la
+punzaba y afligía, y era el siguiente:
+
+«Por cierto que en mes y medio que llevo aquí, Melchor me ha ido
+facilitando, facilitando cantidades, que será preciso pagarle algún
+día... Es tan cómodo el sistema para mí, que sin saberlo cómo, me estoy
+empeñando en dinerales. Me basta decir a D. José mis necesidades; D.
+José corre a la sala, habla con él, y del fondo de Rifas... ¡Dios mío!,
+¿a cuánto subirá ya? Yo no lo sé, porque no apunto nada. Aquí vendrían
+bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntará, de fijo, y pensará
+cobrarme, pero ¿de qué manera?...».
+
+Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y decía:
+
+«Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado.
+Pero hasta que pase el verano no habrá nada. El abogado me da grandes
+esperanzas. ¡Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar
+del lazo que me tiende!...».
+
+Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, decía:
+
+«¡Pobre Bou! Es el animal más cariñoso que conozco. Le quiero como se
+quiere al burro en que salimos a paseo».
+
+El barrio en que su mala suerte la había traído a vivir, era para la de
+Rufete atrozmente antipático. Algunas tardes salía con _Riquín_ y D.
+José a dar una vuelta por la calle del Mesón de Paredes, el Rastro y
+calle de Toledo, y sentía tanta tristeza como repugnancia. El calor era
+ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las
+aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en
+todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de
+grosería que su compañero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez
+de las aceras, obligando al transeúnte a contradanzar constantemente del
+arroyo a las baldosas, añadía nueva incomodidad a la molestia de la
+bulla, del mal olor y del polvo.
+
+Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto,
+solía dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol «para
+respirar un poco de civilización». Pero no se aventuraba mucho por los
+barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de
+objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era
+como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazón.
+La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la
+llevaban a las afueras, con gran gusto de D. José, que amaba el campo y
+los retozos pastoriles.
+
+Julio hacía de Madrid una sartén. _Riquín_ fue atacado de las tos
+ferina, y era preciso llevarle a otra parte. ¡Pobrecito Anticristo! Daba
+pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin
+aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo
+instante... Pero su mamá carecía de recursos para el viaje, de lo que
+recibía grandísima pena. Joaquín Pez estaba en Francia, y ni siquiera
+escribía... Afortunadamente (y quién sabe sí desgraciadamente), Melchor
+se brindó de muy buen grado a resolver el difícil problema. ¡Porque la
+pobre carecía de tantas cosas! No tenía ningún vestido propio para
+viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del
+verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus
+bailes y fiestas. _Riquín_ estaba casi desnudo.
+
+«Nada, nada--dijo Melchor en tono paternal--; yo no puedo consentir que
+carezcas... Pues no faltaba más...».
+
+Empezaron a funcionar las modistas, y estas, así como la elección de
+telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distraída y
+excitada durante algunos días. La vanidad le hacía vivir doble y la
+engañaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza.
+Volvió a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de
+cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse
+con su hermosa imagen delante del espejo. ¿Qué es la vida? Un juguete.
+
+Melchor decidió que fuese al Escorial, y él quiso acompañarla. A Isidora
+no le hacía maldita gracia la compañía; pero las circunstancias, ¡ay!,
+con su abrumadora lógica, la obligaron a aceptarla. Hallábase en las
+unas de su insidioso prestamista, y no podía evadirse. Fue víctima de
+una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cayó en
+una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. Aún podía
+salvarse rompiendo por todo, declarándose insolvente y resignándose a la
+indigencia; pero _Riquín_ tenía la tos ferina, estaba como un hilo,
+amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el
+fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, según Isidora decía,
+llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios
+defectos.
+
+Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa.
+¡Atroz destierro y pesadumbre para D. José! Según el bien meditado plan
+del sesudo Melchor, este iría y vendría, residiendo algunos días en El
+Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitían abandonar
+la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don José
+iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor
+quedaba en Madrid. ¡Qué feliz aquel día! ¡Diez horas con Isidora y con
+_Riquín_! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza
+sombría y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo hacía en los términos
+más desfavorables para el aprovechado joven. ¡Y qué ardientes deseos
+tenía de volver a Madrid! _Riquín_, ya muy mejorado, saltaba y corría
+por el campo, y en sus mejillas renacían los frescos colores de la
+salud. Todo el día lo pasaba D. José embelesado, y no hartaba sus ojos
+de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaña, se
+sentaban, hacían vida de idilio, semejante a la que D. José había visto
+pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba
+Relimpio a Madrid y a su casa; dormía como un santo y soñaba que era
+pájaro y que cantaba posadito en la rama de un árbol. También _Riquín_
+era pájaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo aéreo.
+Isidora era una avecilla melancólica. Todos cantaban; pero D. José era
+el que cantaba más y el que a la rama más alta subía.
+
+A mediados de septiembre regresó Isidora a Madrid, dejando fama en la
+colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurrió en la vida de Melchor
+un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se
+hundieron como por escotillón, sin que se supiera la causa. Juan Bou
+decía que los señores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos,
+culebras y otras alimañas en la gestión del joven Relimpio. Lo cierto
+fue que un día vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo
+el material de la oficina. Melchor se despidió por la tarde de su padre
+y de Isidora, diciéndoles que allí les quedaba la casa, que hicieran de
+ella lo que gustaran, porque él se iba a Barcelona a emprender un nuevo
+negocio.
+
+Quedáronse, pues, solos los tres: Isidora, _Riquín_ y el viejo, y véase
+por donde vino a ser casi real el sueño ornitológico de D. José: los
+tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pájaros, porque no
+tenían más que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera
+darles para pasar del hoy al mañana. El mundo se diferencia de los
+bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas
+tenían casa, pero no con qué pagarla, pues Melchor había dejado las
+arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros
+de moneda alguna. «Dios aprieta, pero no ahoga», dijo Relimpio. Isidora,
+para atender a las apremiantes necesidades de cada día, empezó a
+despojarse de su ropa. No era la primera vez que tenía que desnudarse
+para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cómoda a la
+cocina, por conducto de las prenderas. Últimamente, en un triste y
+húmedo día de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. ¡Era
+el último plato!
+
+
+
+
+Capítulo IX
+
+La caricia del oso
+
+
+En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados
+habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su
+equipaje, como el buque náufrago que arroja su carga para mantenerse una
+hora más sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches después
+del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa
+catástrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar
+sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un
+galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no
+fuese áspera, y así, hablando del pueblo y de la liquidación social,
+usaba términos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salían
+de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser émulo de
+los ruiseñores. En esto se conocía la pasta de su corazón.
+
+Miquis había hecho del buen litógrafo infinitas definiciones. Era, según
+nuestro amigo, un tonel con marca de _alcohol_ y lleno de agua; un oso
+torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable;
+un cardo con cáliz de azucena; un gorrión vestido de camello, y un
+epigrama escrito en octavas reales. Oírle contar sus épicas luchas por
+la causa del pueblo era el gran pasmo de D. José y de _Riquín_; pero
+Isidora no contenía fácilmente la risa.
+
+Las galanterías de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso
+mostrar el cariño a su amo matándole una mosca sobre la frente. Alguna
+vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y
+naturalidad. Era como esos mascarones trágicos que en el arte decorativo
+aparecen echando flores de sus bocas monstruosas.
+
+Una de las deferencias más expresivas que Bou tenía con Isidora y su
+padrino, era ofrecerles participación en los billetes de Lotería que
+jugaba; pero como había tanta falta de dinero en la casa, rara vez se
+realizaba la operación. El oso quería ceder gratuitamente la parte de
+billete, pero Isidora no lo consentía. Las demás atenciones eran
+acompañarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a
+_Riquín_ y darles de noche larga y cariñosa tertulia. ¡Era blandamente
+obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intención de decirle
+algo delicado y difícil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba
+Juan Bou callado y suspirante. Parecía que su misma fiereza nutría su
+timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatábase a charlar de
+cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus
+ganancias, y hacía planes de vida regalada y espléndidamente metódica.
+Además tenía noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y
+esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadísimo, aunque algo
+le faltaba, sí, algo le faltaba para ser completamente feliz.
+
+También hacía mención de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que seguía
+enferma, y al oír mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmovía
+y alteraba. Repetidas veces la invitó Bou a visitar juntos el palacio de
+Aransis, cuyas bellezas él no había visto; pero Isidora se excusaba
+siempre por miedo a la exacerbación de sus sentimientos en presencia de
+aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida.
+
+Un día que la Rufete venía de casa de su prendera, encontró al litógrafo
+en la calle del Duque de Alba.
+
+«Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana--le dijo--. Está peor, y
+anoche le han dado los Sacramentos. ¿Quiere usted venir?».
+
+El primer impulso de ella fue rechazar la compañía de Bou; pero con tal
+empeño redobló este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no
+quiso ser esquiva con él en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra
+parte, la misma emoción que temía la solicitaba con fuerza misteriosa.
+Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad
+de ellas, indefinible simpatía del humano corazón con lo patético. Como
+la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, así el alma
+siente la atracción alevosa del drama.
+
+Llegaron. Rafaela mejoró aquel día, y los Sacramentos, dando reposo y
+alegría a su espíritu, habían amansado el mal. Alonso parecía contento y
+con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron
+largo rato en la salita de la portería, hablando de enfermedades en
+general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Mataró,
+patria de los Bous, de los médicos, del remedio _A_ o _B_... Realmente,
+Isidora no tomaba parte en la conversación sino con monosílabos de
+cortés aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la
+observación de la portería de su casa, y en admirar la confortable
+humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincón de un palacio de
+ricos. La estera, la cómoda, los muebles, desecho glorioso de la
+anterior generación de Aransis, y sobre todo las múltiples láminas de
+santos y vírgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de
+ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusión, la ocuparon
+todo el tiempo que allí estuvo. Cansado de hablar y enormemente
+satisfecho de la mejoría de su hermana, levantose Bou del sofá de paja,
+emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirándose, dijo:
+
+«Matías, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba».
+
+Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso miró a Isidora con
+atención recordativa.
+
+«Me parece--indicó--que he visto aquí otra vez a esta señorita... En
+fin, suban ustedes y vean lo que hay».
+
+Juan Bou subió la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia
+era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subió corriendo y en el
+último peldaño esperó a su amigo, echándole una mirada triste y una
+sonrisa discreta y amistosa, a la cual se podía dar atrevida
+interpretación de burla. La persona del bravo catalán se componía de dos
+partes: su cuerpo atlético, liado en una americana de cuadros, y un
+bastón roten, cuyo puño, formado de un asta de ciervo, se encorvaba,
+ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptación, ya para
+apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una
+especie de batuta de la palabra. Jamás, fuera de casa, se separaban el
+bastón y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, según los casos.
+Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma más vulgar,
+ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte
+estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie.
+
+Y al subir canturriaba entre dientes. ¿En qué consiste que es tan
+difícil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin
+saber lo que decía, Bou entonó a murmullos no sabemos qué música con
+letra de aleluyas. Isidora no podía contener la risa oyéndole cantar:
+_Vienen luego los ciriales--con las mangas parroquiales_.
+
+«¡Cómo me canso de subir escaleras!--dijo el oso torcaz llegando
+arriba--. Cuando se reforme la sociedad, se suprimirán los escalones.
+Piso bajo todo el mundo».
+
+Abrió la primera puerta y entraron; y mientras Bou seguía franqueando
+puertas, Isidora hacía lo mismo con los balcones para que entrase la
+luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creeríase que todo el
+contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado.
+Despertaba todo, abriéndose cual ojos soñolientos, y la luz, acometiendo
+las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapicerías, muebles
+y cuadros.
+
+«Anda, anda, ¿quién será este animal?--decía el litógrafo parándose ante
+los retratos--. ¡Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo creí que era
+usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, señor, no nos
+comemos la gente... Toma; también hay aquí una monja. ¡Y es guapa...!
+Buena pieza sería usted, hermana. ¡Qué tiempos! Siento que se hayan
+ustedes muerto, señores, porque así no verán cómo vamos a arreglar a las
+sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... ¡Ah!, usted,
+el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted,
+caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el día de
+la justicia, no nos miraría con esos ojos... ¡Quia!, se le pondría una
+escoba en la mano; mi señor cruzado barrería las calles..., y
+_palante_».
+
+Después, volviéndose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de
+su amigo, miraba a la calle al través de los vidrios, le dijo:
+
+«Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los
+afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que
+representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa
+trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos
+palacios llenos de vicios y crímenes, sí, de crímenes, no me arrepiento
+de lo dicho. ¡Maldita casta!... Isidora, ¿no piensa usted como yo? Por
+ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una
+mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa más que una silla
+dura en que sentarse, mientras estos tíos..., estos tíos, por no decir
+otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada,
+pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles
+blandos, que ellos no saben fabricar».
+
+Y uniendo la acción a la palabra, se recostó, mejor dicho, se dejó caer
+sobre un sillón de muelles en los cuales se hundía su pesado cuerpo.
+
+«_Voto va Deu_, ¡qué blando es esto!, ¡qué comodidad!--exclamó riéndose
+de su propia malicia--. ¡Valientes pícaros! Ya os daría yo en vez de
+sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintería... ¡Hala, y
+darle al mazo!».
+
+Tan groseras chocarrerías irritaron a Isidora. ¡Y el pobre Juan Bou tan
+inocente del efecto que producían sus ladridos! A cada instante decía:
+«¿No piensa usted como yo?», y andando de un lado para otro, se tiraba
+con violencia en sillas y sofás para probar su blandura, se arrodillaba
+en el cojín de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se
+reía como un salvaje, ponía el dedo en los bronces, acariciaba las
+mejillas de las ninfas doradas, decía chicoleos a las damas retratadas,
+y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastón
+sobre el piso, como deseando que también la alfombra recibiese, con el
+lenguaje de los palos, la expresión contundente de la ira del pueblo...
+En tanto Isidora no le podía mirar. Creía ver en sus palabras, en sus
+actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su
+bastón, erigido en intérprete del populacho, la profanación más odiosa.
+Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborrecía, le
+execraba, y habría dado algo de gran valor por poder plantarle en la
+calle, después de mandar que le rompieran su bastón en las costillas.
+
+«¡Y qué cortinas!--decía Bou tocándolas de un modo irreverente con el
+roten--. Esta gente no gusta de tener frío. ¡Toma!, el frío se ha hecho
+para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay
+dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los
+pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., ¿no opina usted como
+yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que
+vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. ¿No
+cree usted lo mismo?».
+
+La de Rufete, por no contestarle con la severidad que merecía, no decía
+nada, y hacía como que miraba las porcelanas. Bou admiró también
+aquellas mil chucherías que no servían para nada; las tocaba, las cogía
+en la mano y las volvía a poner con violencia en su sitio, a riesgo de
+romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha
+importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, después a
+gritos; pero Isidora no respondía.
+
+Pasó Bou a otra sala; de allí a un hermoso gabinete, del gabinete a una
+recatada y obscura alcoba, y allí creyó distinguir a la que buscaba. La
+escasa claridad no permitía a Juan Bou ver los objetos. Avanzó, empezó a
+ver bien, y en efecto, allí estaba Isidora, sentada junto a una cama en
+la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo,
+lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor
+tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su
+monótona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y
+después hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso.
+¿Está usted mala? ¿Tiene usted algo?
+
+Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tomó una silla y se sentó junto
+a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le causó
+grande aflicción. Había recordado súbitamente que Isidora pleiteaba con
+una casa noble. ¡Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, sí,
+recordaba haber oído vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba
+de su pleito sin nombrar jamás a la marquesa. Sin duda las cosas
+importunas dichas por Bou al visitar las salas habían ofendido a la
+joven, que se suponía heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia.
+
+«¿Está usted enojada conmigo por las tonterías que he dicho? ¿Se ha
+resentido usted?...».
+
+Isidora negó con la cabeza.
+
+«¡Ah! ¡Ya sé, ya sé!»--exclamó él con regocijo, variando de
+pensamientos.
+
+Creyó penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga.
+Había entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel
+día los ahogos pecuniarios habían llegado a su mayor grado, y la infeliz
+e interesante joven se veía amenazada de un conflicto grave. ¡Oh! ¡Qué
+bella ocasión se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral
+que ha tiempo meditaba! ¡Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento
+podía atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola,
+hemisferios diversos de un solo mundo infinito.
+
+Algo había en el lugar solitario y recogido, así como en la pena de
+Isidora, que le incitó a no retardar más tiempo su generosa resolución.
+¡Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le había parecido
+hermosa, en aquella le pareció punto menos que sobrenatural, engalanada
+con la divina expresión de su pena. Lástima y amor juntos, ¡qué poder
+tan grande sois!
+
+«Isidora, Isidora»--dijo balbuciente la hidra sin hiel.
+
+Después se calló por algún tiempo. Pasó un cuarto de hora, que fue para
+él un cuarto de siglo. Deshaciéndose todo en un suspiro colosal, volvió
+a decir: «Isidora».
+
+Esta le miró sin hablarle, fijando en la ciclópea catadura de Bou sus
+ojos empañados por las lágrimas. Bou sintió que su corazón se partía en
+una porción de pedazos, y se expresó así con acongojada voz:
+
+«Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar
+las mías. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a
+usted...».
+
+Isidora, con su penetración admirable, comprendió todo. Tuvo una visión.
+Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le
+lamía las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo
+alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al
+allanamiento de las moradas aristocráticas por la irritada y siempre
+sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas
+las clases, el fiero populacho quería infamar las grandes razas
+emparentándose con ellas.
+
+«Mis intenciones han sido siempre buenas--dijo el catalán, que,
+imposibilitado de remontarse al drama, caía en la vulgaridad--. Primero
+me agradó usted; después me hizo soñar; hízome pensar después. Tornose
+esto en una necesidad del corazón, y como estoy solo, como no me gusta
+estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy
+trabajador, gano bastante y holgura... ¡Desde que la vi a usted me gustó
+tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: «¿Quién será?...». En fin,
+que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted...
+Vamos, ya lo dije... y _palante_».
+
+Isidora, estupefacta, no sabía en qué términos responder. Tenía que
+contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel bárbaro le
+causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no debía
+recibir el desaire con crudeza y desvío. Ella valía infinitamente más
+que él, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida podía
+hacerla inferior. ¡En qué vacilación tan grande estaba! En su alma el
+asco era inseparable del agradecimiento. ¿Cómo contestarle y expresar en
+una frase el desprecio y la consideración?... ¡Que un ganso semejante se
+atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de
+palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... ¡cuán sencillo y
+generoso! Ofrecía su mano con verdadera intención y creencia firme de
+hacer un bien. ¡Si el pobre no alcanzaba más; si era un zopenco; si
+ignoraba con quién hablaba...! Isidora buscó rápidamente las frases más
+convenientes, y al fin dijo:
+
+«Señor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposición; yo le aprecio
+a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no
+admitir..., porque quiero a otro hombre.
+
+--¡Quiere a otro hombre!--repuso con aturdimiento el litógrafo--.
+Después que nos casemos le olvidará usted, y me querrá a mí. Yo soy muy
+bueno».
+
+Isidora sonrió.
+
+«Yo soy bueno, aunque así, al pronto, meto miedo, por estas ideas que
+tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me esté mal el
+decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de
+hablar tan tremendo. Eso sí, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre
+que valgo para cualquier cosa, y en Cataluña basta que yo me presente
+para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y
+gano; espero una herencia... No le faltará a usted nada.
+
+--Quiero a otro hombre--repitió Isidora, creyendo que esta afirmación
+daba a tan penoso asunto el corte brusco que más convenía.
+
+--Y ahora--dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta--, ¿lloraba usted
+por ese...?».
+
+La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el
+aborrecimiento de Juan a los más altos límites.
+
+«Sí, sí; por él»--repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se
+callaba el monstruo y la dejaba en paz.
+
+Y como se desgaja la peña del monte y rodando cae al llano y aplasta y
+destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez,
+rodeado de muerte y silencio, así se desprendió del alma de Juan Bou su
+esperanza; rodó, hizo estrago, produjo cólera y despecho; pero bien
+pronto todo quedó en atonía dolorosa y muda. Miraba al suelo y su
+respiración sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada
+rato está más lejos. La cólera fue instantánea. Pasó dejando el
+abatimiento en el alma y la confusión en el cerebro del coloso. Y en el
+cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de
+un canto acompañado de sílabas. ¿Por qué esas músicas pegajosas, que
+toman posesión del oído y de los labios, insisten en su fastidioso
+dominio cuando el alma azarada, después de una catástrofe, se desmaya en
+duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, sí, que entre el oído, el cerebro
+y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que decía: _Los
+curas van alumbrando--el Miserere rezando_.
+
+Isidora había secado sus lágrimas. Para poner fin a tan fastidiosa
+escena, lo mejor era marcharse.
+
+«Yo no puedo detenerme más»--dijo andando lentamente hacia la puerta.
+
+Bou no contestó nada, ni hizo movimiento alguno.
+
+«¿Viene usted?».
+
+Al decir esto, la miró desconsolado. Isidora sintió provocación de risa,
+pero se contuvo.
+
+«Nos iremos»--dijo Bou levantándose con tanta pesadez, que parecía
+haberse hecho de bronce.
+
+Isidora iba delante, él detrás, Salieron y bajaron sin decirse nada. En
+la puerta de la calle, el desairado amante manifestó que se quedaría un
+rato más en casa de su hermana.
+
+«Me ha matado usted--dijo al despedir a la ingrata--. Creo que estoy
+malo. Maldita sea mi suerte».
+
+Y cuando ella se alejó, el bárbaro, mirándola desde el portal, pensaba
+cosas tristísimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados
+brotaban en burbujas sueltas.
+
+«¡Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... ¿Soy
+acaso un chisgarabís, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?...
+Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan útil a la humanidad; yo que tengo
+estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: ¿Por qué es tan guapa?... El
+demonio le hizo a ella la hermosura y a mí los ojos... ¡Despreciarme a
+mí!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si
+el hombre no tuviera que nacer de ella, debería ser suprimida».
+
+
+
+
+Capítulo X
+
+Las recetas de Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Día de prueba fue el siguiente. No sólo estaban agotados todos los
+recursos, sino también todas las combinaciones para vencer los apuros
+del momento. No había crédito, no había materia pignorable. ¡Oh
+situación horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora,
+_Riquín_ y D. José tenían hambre.
+
+Inspirado por la desesperación, D. José tuvo una idea, ¡oh rasgo de
+humanidad y de amor! Se le ocurrió salir disfrazado a pedir limosna,
+seguro de encontrar almas generosas. No llegó esto a efectuarse porque
+se opuso resueltamente Isidora. ¿Pero qué harían? ¿Pedir a Emilia? De
+ninguna manera. Antes acudir a la limosna. ¿A quién, a quién, ¡Dios de
+mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades?
+
+Alguien se presentó en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase
+para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos
+anticipos eran tales, que la joven los rechazó, espantada. El loco amor
+al lujo y las comodidades eran los puntos débiles de Isidora; su
+necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y
+castillos; pero no obstante estas desventajas, resistía batiéndose con
+el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza
+tomó en esto, que cortó los vuelos a la tentación, diciendo: «Antes
+pediré limosna». ¡Oh!, si Joaquín estuviese en Madrid, no pasaría ella
+tan crueles angustias. Pero a París, donde estaba, le había escrito
+siete veces en tres meses sin obtener contestación. Volvíase con el
+pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que,
+cercano a las llamas, busca un escape, un sostén, una cuerda... ¡Ah,
+cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una
+persona, y la esperanza rieló en la superficie de su ennegrecido
+espíritu.
+
+Era de noche. Al día siguiente pondría en ejecución su pensamiento. Por
+fortuna, D. José había tenido la inmensa suerte de encontrar aquella
+tarde a un bondadoso amigo que le facilitó la cantidad precisa para un
+mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habría con qué
+desayunarse a la venidera mañana, pasó tranquila la noche. A las once
+del siguiente día llamaba a una puerta.
+
+«¿Está el doctor Miquis?».
+
+¡Qué suerte! Estaba. Pasó la joven al despacho, y allí, sola con el
+médico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazón,
+rompió a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar,
+preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no podía decir más que
+esto, que repitió tres veces:
+
+«Dame de comer y no me toques».
+
+Augusto se puso serio, comprendiendo que la situación de su amiga no era
+para tratada en broma. Hablaron. Él, aunque joven, tenía el arte de la
+interrogación, y ella comprendía cuán ventajosas le serían la
+espontaneidad y franqueza. Así, al cuarto de hora de confesión, ya
+Miquis sabía los últimos episodios de la vida de ella, el viaje al
+Escorial, la penuria, la declaración de Bou, las proposiciones de
+aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formuló
+Isidora la síntesis de su problema, diciendo: «¿Qué debo hacer para
+poder vivir?», Miquis se quedó en silencio un buen rato, y después le
+contestó así:
+
+«No te apures, no te apures. Veremos. Estás enferma, estás llagada. Tu
+mal es ya profundo, pero no incurable».
+
+La inspiración brotó en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugirió
+una idea, y con la idea estas palabras:
+
+«Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo».
+
+Isidora llenó el despacho con un suspiro. Era el quejido de su
+enfermedad, ya extendida y profunda.
+
+«Manos a la obra--dijo Augusto con gran solemnidad--. ¿Quieres que te
+cure? Responde ¿sí o no?
+
+--Sí.
+
+--Pues bien: ¿Estás dispuesta a ponerte a mis órdenes, y a hacer
+ciegamente lo que yo te mande?
+
+--Sí, sí--replicó ella con ansiedad doliente.
+
+--Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires.
+
+--¿Me mandas al campo?
+
+--No... Mejor dicho, sí, te mando a un valle urbano».
+
+Y llevándola al balcón, le mostró la casa de enfrente. En el piso bajo
+veíanse unas rejas, por entre cuyos hierro salían matas de tiestos,
+colocados dentro en una tabla. La casa hacía esquina, y el cuarto bajo a
+que correspondían las rejas tenía por la otra calle una tienda con dos
+vitrinas. Pero esto no se veía desde el balcón de Miquis, aunque se
+adivinaba, mirando un rótulo que en áureas letras decía: _Castaño,
+ortopedista_. Otra grande y aparatosa muestra, colgada más arriba, en el
+piso principal de la misma casa, decía: _Eponina, modista_. Como Isidora
+la mirase, díjole Miquis:
+
+«Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que
+está abajo.
+
+--Sí; Ahí viven Emilia y Juan. ¡Qué felices son!
+
+--Pues en esa casa, en ese establecimiento salutífero vas a vivir desde
+mañana.
+
+--¡Oh! ¡Si vieras qué envidia les tengo! Pero no, no me admitirán.
+
+--¿Te negarán ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo
+al mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los
+días.
+
+--Entonces tú les pedirás que me admitan...
+
+--Hoy mismo; pero ya comprenderás que les he de responder de tu buena
+conducta. Cuidado...
+
+--¡Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz...
+
+--Bien--dijo Miquis, retirándose del balcón--. Ahora viene lo mejor. Una
+vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de
+nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu
+espíritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el
+valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te
+administre una infusión de principios morales, para lo cual, como tu
+estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. ¡Oh! ¡Si tuvieras
+buena voluntad...!
+
+--La tendré.
+
+--Ahora viene lo gordo, hija. Después de entonarte, paso a recetarte el
+gran emético, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la
+tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo
+y regenerarte por completo.
+
+--¿Cuál es la medicina?
+
+--Pues que te cases con Juan Bou».
+
+Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso
+una cara..., ¡Jesús, qué cara!
+
+«Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. ¿No has oído
+decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la
+vida?
+
+--Sí lo he oído; pero te diré...
+
+--Pues considera si en tu situación puede haber para ti fortuna mayor
+que el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas
+un Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa
+una mirada atrás, otra delante, y di si mi medicamento no está
+perfectamente indicado.
+
+--Yo no sé si será eficaz o no--dijo Isidora con tristeza y confusión--.
+Podrá serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestión de
+matrimonio, el gusto y el amor son lo primero...
+
+--Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un
+monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de
+sus bravatas, tiene el corazón más bondadoso y tierno del mundo.
+
+--Lo sé, lo sé...; pero... quita allá, por la Virgen Santísima; yo no
+seré su mujer. No lo pienses... Este caso mío no es como otros
+casos--dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento
+expresase la convicción firmísima de su alma--. Para juzgar las cosas
+conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada más que lo que
+parezco, la cosa no tenía duda; pero tú bien sabes que sostengo un
+pleito de filiación con una familia poderosa; tú debes considerar que el
+mejor día gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y
+a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son míos y me
+pertenecen. Pues bien, ¿te parece bonito que al tomar posesión de mi
+casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me
+lucía... Miquis, tú estás lelo: yo no sé dónde tienes el talento, cuando
+dices ciertas cosas.
+
+--¡El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiológico que me
+trae a la memoria otra de las más importantes medicinas que te voy a
+recetar.
+
+--¿Cuál?
+
+--Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseñanza
+primaria; después sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por
+último viene la extirpación del cáncer, que es la idea del marquesado».
+
+Isidora creía escuchar el mayor de los insultos.
+
+«Si de ese modo quieres curarme--dijo con altivez--, renuncio a tus
+medicinas.
+
+--Entendámonos--añadió Miquis rectificando--. Si tus derechos no son una
+farsa, si hay algo de serio y legítimo en eso, enhorabuena que siga
+adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la
+idea de ocupar una posición superior, que no vivas anticipadamente en
+ella con la imaginación, sino que tengas paciencia y reposo de
+espíritu... ¿Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y
+sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en
+que todos vivimos. ¿No quieres? ¿No aceptas mi plan?
+
+--No lo acepto, no--dijo Isidora de muy mal humor--. Es un plan tonto.
+
+--¡Ah mimosa! ¿Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebeldía? Pues
+no tenerte lástima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra común
+en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu
+deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabarás en
+un hospital.
+
+--Bien, me agrada eso. O en lo más alto o en lo más bajo. No me gustan
+términos medios.
+
+--Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... ¿Conque quedamos
+en eso?
+
+--¿En qué?
+
+--En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como
+incurable y hacerte el amor.
+
+--¡Qué disparates dices!
+
+--¿Vámonos al Retiro?... ¿Te acuerdas de aquellos paseítos, del Museo,
+de las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos?
+
+--Bien me acuerdo... Déjate de tonterías.
+
+--No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te decía. No
+habrá aquello de «me caso contigo». Entonces te lo decía; pero no
+pensaba hacerlo, no creas...
+
+--Ya lo suponía.
+
+--¡Y la verdad es que me gustabas muchísimo!... Y si he de serte franco,
+creía hacer contigo la gran conquista. Yo quería acreditarme entre mis
+compañeros, y decía para mí: «Esta no se me escapa.» ¡Y qué
+traidoramente se me escapó! Hoy nos encontramos otra vez. Tú, después de
+dar mil vueltas, vienes a mí... Pues mira, simplona, te juro que en este
+momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los
+puntos..., y si no fuera por esta...».
+
+Se levantó, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostró a
+Isidora.
+
+«¡Ah!, tu novia... Ya sé que te casas pronto, maulón. ¿Sabes que no vale
+nada?
+
+--Te pego si lo vuelves a decir. Vale más que tú. No es muy guapa; pero
+es un ángel.
+
+--Si no vale dos cominos--dijo Isidora riéndose descaradamente ante el
+retrato.
+
+--¿Qué entiendes tú de eso? Esta, esta que ves aquí es mi salvaguardia
+contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta,
+¿la ves bien?, por esta con quien me casaré el lunes, Dios mediante, me
+libro del peligro de tenerte ante mí, y me hago un señor héroe, y
+atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo,
+aunque no quieras... Esta tarde misma hablaré con Emilia, y mañana te
+irás a vivir con esa gente, para que aprendas, víbora, para que veas,
+pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien».
+
+A cada frase daba un paso hacia ella, amenazándola con el retrato. Ya
+Isidora se había serenado bastante, y no veía las cosas tan tétricamente
+como antes. Él, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de médico,
+el énfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradación rápida, el Miquis
+de antaño, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrería
+metafórica y su corazón repleto de bondad.
+
+«No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas--dijo Isidora
+repentinamente--. ¿Me las dejas escribir aquí, en tu mesa?
+
+--Sí, sí, ángel ponzoñoso»--contestó Augusto, en cuya alma retoñaban
+devaneos estudiantiles.
+
+Precipitadamente sacó papel, sobres. Isidora se sentó en el sillón de la
+mesa de despacho, él la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la
+joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se
+paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con
+expresión entremezclada de asombro y miedo, diciendo para sí:
+
+«Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin dárteme a
+conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartón que se
+llama severidad de principios».
+
+Y volvió al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar.
+
+«Pero si me caso el lunes, y hoy es miércoles... ¡En qué ocasión se le
+ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre,
+_homo sapiens de Linneo_, no te deslices, coge una piedra y date con
+ella en el pecho como San Jerónimo. Honradez, tienes cara de perro...».
+
+Isidora dejó de escribir, poniendo la pluma a un lado.
+
+«Voy a descansar un ratito.
+
+--Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto...
+Estás en tu casa...
+
+--Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podías haber puesto
+ese esqueleto en otra parte. ¡Qué horror!
+
+--Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana.
+
+--¿De quién serían esos pobres huesos?...
+
+--Son de mujer. Quizás una tan hermosa como tú... Mírate en ese espejo.
+
+--Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. ¡Y cuánto librote! A
+ver. ¡Jesús, que títulos! Todo Medicina. ¡Qué lástima de dinero empleado
+en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque tú no sabes nada,
+Miquis; eres un ignorante, un tonto.
+
+--Quizás estás diciendo la más profunda verdad que ha salido de esos
+labios, de esas envenenadas rosas. Sí, soy un mentecato. Desprecia a
+Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permitió que ese tesoro
+fuera para todos menos para él. El simple y desventurado Miquis ha sido
+un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su
+lado pasó, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la
+vida, y Miquis volvió los ojos para contemplar embebecido, ¡ay!, la
+rugosa faz de los catedráticos. La ocasión de vivir, de gozar, de ver
+cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias
+veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en
+toda ocasión hermosa, se iba a descuartizar cadáveres... ¡Y este Miquis
+se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud
+y entra en la madurez de la vida, en el régimen, en la rutina y método!
+Para él se acabó lo imprevisto; se acabarán los deliciosos disparates.
+¡Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro,
+amas de cría. Terrible cosa es recibir el adiós a la libertad, y ver la
+espalda a la juventud fugitiva. ¡Bienaventurados los chiquillos, porque
+de ellos es la vida!
+
+--Tienes una bonita casa--dijo Isidora sin hacerle caso--. ¿Cuánto te
+cuesta?
+
+--A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. ¿Han concluido tus
+cartas?
+
+--Voy a concluirlas».
+
+Y él volvió a pasearse y a mirarla... ¡Qué hermosa estaba! ¿Quién lo
+metía a él a moralista ni a redentor de samaritanas? Soltó una carcajada
+en lo recóndito de su ser, allí donde su alma contemplaba atónita la
+imagen de la ocasión. «Pero me caso el lunes, el lunes...». Miró el
+retrato de su novia...
+
+De pronto suena la campanilla, entra un señor y pasa a la sala... Es el
+papá de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene.
+Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una
+hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la
+fundación de la Penitenciaría para jóvenes delincuentes.
+
+Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Está aturdido; la
+visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una
+paliza; pero está fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa.
+Está pálida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del
+pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qué comer aquella tarde.
+
+«¡Cuánto has tardado! Es pesadito ese señor. En fin, amigo, yo siento
+molestarte. Acuérdate de lo que te dije al entrar».
+
+Miquis hace una rápida exploración en su alma, encuentra en ella algún
+desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. «Soy un hombre
+sublime--dice para sí--, un hombre de honor y de caridad, soy también un
+hombre que se casa el lunes».
+
+Isidora le había dirigido al entrar una súplica angustiosa, elocuente
+expresión salida de los más sagrados senos del alma humana. Juntando el
+quejido de la necesidad a la súplica del pudor, Isidora le había dicho:
+«Dame de comer y no me toques».
+
+Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnánimo corazón le
+dice:
+
+«Mañana estarás en casa de Emilia».
+
+
+=--II--=
+
+La admitieron. ¡Tanto pesaba en aquella casa la recomendación de Miquis,
+que había salvado del _croup_ al niño mayor, y de los peligros de la
+dentición al más pequeño!
+
+Ya sabe el lector cómo Emilia de Relimpio se casó con su primo, el hijo
+del ortopédico, que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas; matrimonio
+degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.ª
+Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadísimo, siempre que la
+interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral
+y práctico. Juan José Castaño era tan hábil como su padre, y le superaba
+en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte
+ortopédico. Sostenía el crédito del establecimiento y ganaba mucho
+dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es
+una vieja máquina que se desvencija y deshace, hallándose cada día más
+necesitada de remiendos y puntales, o llámense muletas, cabestrillos,
+fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos
+dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y
+alguien echa la culpa a las armas de precisión; pero, cualquiera que sea
+la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como
+el de la Artillería. Son dos ciencias complementarias como la Filosofía
+y el Alienismo.
+
+En su pacífica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente
+corazón, se había curado de aquellas tonterías de aparentar y suponerse
+persona encumbrada. No volvió a ponerse sombrero más que cuando iba de
+viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las niñas de Pez, las
+cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las niñas de
+los duques de Tal. Poseía un sólido bienestar; ella, su marido y sus
+hijos satisfacían plenamente sus necesidades, y de añadidura tenían
+buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y además, como
+perspectiva risueña, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que
+el viejo guardaba. En suma, Emilia había tomado un magnífico sitio en el
+anfiteatro de la vida, donde tantos están en pie o pésimamente sentados.
+Su marido era sencillo, bueno, cariñoso, sin más defecto que el querer
+hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en
+riña con sus oficiales.
+
+Por más que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no
+podía remediar que le fueran antipáticos el establecimiento, la tienda,
+llena de feísimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus
+oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuosísima, modelo de
+dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un
+cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller.
+
+Este juicio no excluía el agradecimiento que tenía a Juan José y a
+Emilia. ¡Insigne mérito y bondad había en ellos al admitirla, cuando, si
+la despreciaran, estaban en su derecho! Y véase aquí la eficaz
+influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro días de estar allí,
+el espíritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad
+placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de
+los feos objetos, y notaba en sí una tranquilidad, un gozo que hasta
+entonces le fueron desconocidos. _Riquín_ hizo tan buenas migas con los
+dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo
+el santo día lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e
+inventando diabluras. Don José era el que parecía menos feliz. Estaba
+triste, según decía, por la falta de ocupación. Castaño, que no
+necesitaba tenedurías, le empleó en llevar recados y cobrar cuentas;
+pero aunque el buen señor desempeñaba estos encargos con docilidad, bien
+se le conocía que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a
+Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese
+menester.
+
+Miquis solía pasar por allí, pero estaba muy poco tiempo. Como vivía
+enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacían
+reír a Isidora, a Emilia y al mismo D. José taciturno. He aquí una
+muestra:
+
+«RÉCIPE.--_Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de
+máquinas de coser, c. s. Mézclese y agítese s. a. Para tomar a todas
+horas._
+
+DOCTOR MIQUIS».
+
+«¿Ves?--decía Emilia, riendo--. Te manda que trabajes y me ayudes a
+coser en la máquina. Este Miquis es lo más salado... ¡Y qué razón tiene!
+Ocuparte en algo es lo que más te conviene. Cuando se pone la atención
+en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonterías».
+
+Bien lo comprendía la enferma; así, desde el primer día empezó a
+adiestrarse en la soberbia máquina de Singer que Emilia poseía. ¡Bien,
+bien! Con un poco de aplicación llegaría a dominarla. Al siguiente, otro
+papelito:
+
+«RÉCIPE.--_De la infusión de raíz del olvido, 25 gramos. De esencia de
+modestia, 7 toneladas. Disuélvase en agua de goma, añádase la
+ipecacuana, o sea Juan Bou, y háganse 40.000 píldoras para tomar una
+cada segundo, con observación._
+
+DOCTOR MIQUIS.
+
+_Nota_. El cual entra mañana en capilla. Cantad la salve de los presos».
+
+Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente
+lección contenida en ellas. Hizo propósito firme de trabajar, de poner
+en olvido ciertas cosas, originarias de su perdición, y de acortar los
+orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareció diciendo:
+
+«Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa
+para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se dé un
+atracón de lectura. Le recomiendo el _Bertoldo_, el _Año cristiano_ o
+las _Páginas de la Infancia_. Adiéstrese en contar para que se
+familiarice con las cantidades. En esto le podrá servir el águila de
+Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a
+la enferma que si va Juan Bou (_alias_ Ipecacuana), le reciba con
+amabilidad. El pobre está triste, aunque espera una herencia.
+
+»_Nota_. El patíbulo de miel está armado en la capilla de los
+Desamparados. Orad por Miquis».
+
+Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. ¡Qué
+algazara! Los tres chicos corrieron hacia él, y mientras uno se le
+colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le
+aclamaban como si el joven doctor fuera el más divertido de los
+juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le
+felicitaban, ya le hacían burla, mientras él, tan pronto hacía el
+panegírico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subió
+luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la célebre modista
+Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda,
+que en pocos años había hecho gran clientela. La vecindad fue causa de
+que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la
+francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castaño subían al taller
+de modas. Isidora ya tenía conocimiento con Eponina, porque esta le hizo
+algunos vestidos en los prósperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina
+del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta subía mostrábale sus
+galanas obras, pidiéndole parecer, de lo que Isidora recibía mucho
+gusto, si bien este se desvanecía con el desconsuelo de ver tantas cosas
+ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el
+cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caía en
+profunda tristeza...
+
+De esta manera pasaron algunos días. Miquis les envió los dulces de la
+boda, acompañados de estos renglones:
+
+«Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso ataúd de la luna de
+miel, el inmolado Miquis saluda a los señores de Castaño y a la señora
+de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha
+contravenido mis prescripciones higiénicas, remontándose al taller de
+madama Eponina, y probándose varios vestidos de baile para ver su buen
+efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el
+alejamiento absoluto de los centros miasmáticos. En los ratos que tenga
+libres, dedíquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou,
+para lo cual dicho se está que ha de emplear dos varas de cañamazo. Eso
+no importa. Yo regalo el cañamazo y las lanas. La enferma irá a
+convalecer a la sombra del árbol de la Ipecacuana, ese árbol milagroso,
+señoras, que está plantado en la litografía de la calle de Juanelo, y
+que ansía estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien
+reyes.--Saluda a todos el más novel de los maridos y el más feliz de los
+médicos.--MIQUIS».
+
+Ya no se reía Isidora de las cartas y recetas. Desde el día anterior
+estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castaño
+la repentina tristeza de su amiga a que se veía apremiada por el
+procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con
+habilidad; mas ninguna explicación categórica pudieron obtener de su
+taciturna melancolía. Un accidente habían notado que les hizo caer en
+desagradables sospechas: D. José, al volver de la calle, habló en
+secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y
+tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos
+notaron que Relimpio salía y entraba con frecuencia, como si trajera y
+llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente
+palabras breves y cautelosas. Cuatro días pasaron así, cuando Isidora
+salió para ir, según dijo, a casa de su procurador, y como al otro día y
+al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron
+en creer que Isidora no merecía la caritativa hospitalidad que le habían
+dado.
+
+Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. José fortalecía de
+tal modo su discreción, que en esta no hallaba el más breve resquicio la
+curiosidad de su hija. ¡José, eres una alhaja!
+
+
+=--III--=
+
+Y en tanto, excesivamente distraída de sus trabajos, Isidora visitaba
+con frecuencia el taller de Eponina, y allí se encantaba contemplando
+los magníficos vestidos, entre los cuales a la sazón había tres de
+baile. Eran para una joven condesa que tenía la misma estatura y talle
+de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el
+efecto. ¡Ave María Purísima!... Púsose el primero; estaba encantadora.
+Púsose el segundo. ¡Oh, arrebataba! El tercero..., ¡Cristo!, el tercero
+caía tan bien a su cuerpo y figura, que sólo la idea de tener que
+quitárselo le daba escalofríos. Contemplose en el gran espejo,
+embelesada de su hermosura... Allí, en el campo misterioso del cristal
+azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que
+había algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro
+de la noche. Isidora encontraba mundos de poesía en aquella reproducción
+de sí misma. ¡Qué diría la sociedad si pudiera gozar de tal imagen!
+¡Cómo la admirarían, y con qué entusiasmo habían de celebrarla las
+lenguas de la fama! ¡Qué hombros, qué cuello, qué... todo! ¿Y tantos
+hechizos habían de permanecer en la obscuridad, como las perlas no
+sacadas del mar? No, ¡absurdo de los absurdos! Ella era noble por su
+nacimiento, y si no lo fuera, bastaría a darle la ejecutoria su gran
+belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatías por toda cosa
+elegante y superior.
+
+Queda, pues, sentado que era noble. ¿Por qué no era suyo, sino prestado,
+aquel traje, y había que quitárselo en seguida, sin poder siquiera, como
+los cómicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina
+verdadera. Se miraba y se volvía a mirar sin hartarse nunca, y giraba el
+cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qué, ¿iba a entrar
+realmente en el salón de baile? Su mentirosa fantasía, excitándose con
+enfermiza violencia, remedaba lo auténtico hasta el punto de engañarse a
+sí misma.
+
+De repente oyéronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala
+inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis.
+
+«Pase usted, doctor--dijo la modista--, y verá usted cosa buena. Usted
+no estorba nunca».
+
+Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo hacía que no pagaba al
+médico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista.
+Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente
+con Augusto, y le permitía entrar en su taller a todas horas y bromear
+con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turbó un momento. Después
+se echó a reír.
+
+«¿Te asombra de verme vestida de baile?--le dijo--. Sé que me has de
+reñir; pero, vamos, sé franco. ¿Estoy bien así, sí o no?».
+
+Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su
+sorpresa y embeleso, dijo:
+
+«Estás..., no ya hermosa, ni guapa, sino... ¡divina!
+
+--Vamos, que te he hecho tilín.
+
+--A un ahorcado no se le hace tilín tan fácilmente; pero... Abismo de
+flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello...
+Pero no, ¡fuera simplezas! El médico, el médico es el que habla ahora».
+
+Y esgrimió el bastón ante la imagen hechicera de la dama vestida de
+baile.
+
+«Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te
+salvarás, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte.
+
+--Siéntese usted, Augusto; deje usted el sombrero»--dijo Eponina con
+melosa urbanidad.
+
+Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, después en otra,
+luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma.
+
+«Pues mira--le dijo Isidora con cierto descaro--, no me riñas, porque
+con tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de
+curar, ni quiero curarme.
+
+--Ya lo sé que no quieres. ¿Piensas que no estoy enterado de tus malos
+pasos de estos días? A los médicos no se nos escapa nada. ¿Quieres que
+te lo cuente?».
+
+Isidora se turbó otra vez.
+
+«Pues oye: la semana pasada llegó de Francia Joaquín Pez en el estado
+más deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han
+caído encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle
+más y le ha echado de su casa...
+
+--Es verdad, es verdad--dijo la de Rufete con emoción, preparándose a
+derramar lágrimas.
+
+--El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para
+luchar con su destino, ha recurrido a ti. Sé que te ha buscado; que te
+mandó un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, ¿sí o
+no?
+
+--Es cierto.
+
+--Se ha refugiado en una miserable casa de huéspedes donde no hay más
+que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace
+cuatro días; has ido después varias veces... Lo sé por el ama de la
+casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis más
+desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qué pasos das
+y entre qué gente vas a meterte.
+
+--Es verdad lo que has dicho. ¿Cómo es que todo lo sabes y todo lo
+averiguas?--dijo Isidora, rompiendo a llorar--. Augusto, ten compasión
+de mí. No, no me digas cosas... Él está perseguido, huye de la justicia,
+y ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece
+seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me
+riñas a mí porque no he querido abandonarle en la desgracia.
+
+--Perdóneme usted, amiguita--indicó Eponina con bondad--, me va usted a
+estropear el vestido; me lo está usted mojando con sus lágrimas.
+
+--Me lo quitaré--replicó Isidora haciendo un gesto de niña mimosa--.
+Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje».
+
+Alejose un rato el médico. Cuando volvió, ya Isidora había tomado su
+forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: «Ya tengo
+otra vez la librea de la miseria».
+
+Eponina salió, dejándolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia
+Miquis, y cruzando las manos delante de él, le dijo con acento de
+intenso dolor:
+
+«¡Amigo, estoy desesperada!
+
+--¿Qué tienes?--le preguntó él, sintiendo ante aquella pena y aquellas
+lágrimas una cobardía dulce.
+
+--¡Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces
+hace tiempo.
+
+--¿Bueno yo?...--dijo Augusto con ironía--. A ver, ¿qué quieres?
+
+--Necesito..., ¿tendré que decírtelo?..., necesito dinero.
+
+--Ya...
+
+--Yo no puedo estar así. Váyanse al diablo tus recetas. Te diré..., yo
+quiero vivir y esto no es vivir.
+
+--Dinero para el Pez.
+
+--No, no; lo necesito para mi procurador y para mí. Estoy vestida de
+harapos... No me riñas, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la
+vida. Sé que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qué sé yo... No
+entiendo tus medicinas. Te diré... Dios no quiere favorecerme, Dios me
+persigue, me ha declarado la guerra...
+
+--¡Qué pillín!
+
+--Yo quiero ir por los buenos caminos, y Él no me deja--prosiguió
+Isidora con tanta agitación que parecía demente--. Veremos si al fin me
+favorece. Te diré...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando
+lo gane, tomaré posesión de mi casa... Mucho siento no poder llegar a
+ella con todo el honor que mi casa merece..., pero ¿qué hacer ya?
+Entretanto, amigo, la miseria me es antipática, es contraria a mi
+naturaleza y a mis gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble.
+
+--Isidora--declaró Augusto con seriedad--, al nacer te equivocaste de
+patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y
+no cabes aquí. ¿Quieres el último consejo? Pues vete a París. Allí
+encontrarás tu puesto. Aquí te degradarás demasiado. Aquí no las
+gastamos de tanto lujo como tú».
+
+Levantose para marcharse.
+
+«No, no te vas--dijo ella deteniéndole con fuerza por un brazo--; no te
+vas sin decirme si puedo contar contigo.
+
+--¿Para qué?»--murmuró el médico temblando.
+
+¡Sentía un frío...!
+
+«Yo necesito una cantidad--dijo Isidora febril, los labios secos.
+
+--No puedo... complacerte--repuso el joven, dejándose caer en una silla.
+
+--Sí puedes, sí puedes. ¡Augusto, por amor de Dios!..., socórreme,
+socórreme. Te diré...
+
+--Si es nada más que un socorro...».
+
+Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rápida ojeada interior su
+situación. ¡Se había casado seis días antes, estaba en la luna de
+miel!... ¡Ser traidor a su joven y amable esposa! «No, no, no», gritó
+para sí, y luego, en voz alta:
+
+«Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo
+no te puedo amparar... Busca en otra parte...
+
+--¡Ah! ¡Qué amigos estos!--exclamó ella en lo último de la angustia--¡Y
+luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradación!
+Bueno, bueno; me perderé, me arrastraré».
+
+Miquis cerró los ojos para no verla. Si la veía un momento más estaba
+perdido... Por lo que, sin añadir una palabra, echó a correr fuera del
+gabinete y de la casa.
+
+Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sintió
+rápidos y leves pasos detrás de sí. Al mismo tiempo oyó que le llamaban.
+Una mujer corría tras él. Al reconocer a Isidora, el pobre médico tembló
+de nuevo.
+
+«Tengo un recelo--le dijo Isidora agitadísima, la voz balbuciente, la
+expresión turbada y agoniosa--. No me has comprendido... Habrás creído
+tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres...
+No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque...,
+te diré...
+
+--¡Honrada!
+
+--Sí, sí. No me comprendes. Sí me socorres, yo te pagaré..., dinero por
+dinero.
+
+--Déjame en paz--dijo Miquis retirándose.
+
+--No, no te vas--replicó ella deteniéndole con fuerza--. Estoy
+desesperada. Necesito... En último caso, paso por todo.
+
+--Soy pobre.
+
+--La desesperación es ley, Augusto. Te hablaré con el corazón; te
+diré... Yo no quiero más que a un hombre. Por él doy la vida, y en
+último caso el honor... Di, ¿me favoreces?
+
+--Lo que necesitas, ¿es para comer?
+
+--No; necesito mucho.
+
+--No puedo, no puedo».
+
+«Augusto, Augusto--exclamó ella colgándosele del brazo--. Mi necesidad
+es tan grande, que no puedo tener tesón ni dignidad, ni nobleza. Yo no
+te quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo».
+
+Pausa. Miquis la miraba pestañeando. Sobre ambos, un farol de gas
+alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad
+desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batían con
+furor. ¡Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satanás!
+
+«Soy pobre--repitió Miquis, haciendo un esfuerzo--; vete a París.
+
+--¡Augusto!».
+
+Augusto sintió cólera. Aprovechándose de aquel movimiento del alma,
+desprendió su brazo de la mano de Isidora, y con toda energía le dijo:
+
+«Dios te ampare».
+
+Ya estaba distante cuando oyó esta voz sarcástica: «¡Farsante!».
+
+Aquella misma noche desapareció Isidora de la casa de sus buenos amigos,
+dejándoles un papelito que decía:
+
+«Emilia, Juan José, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra
+casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lástima de mí».
+
+
+
+
+Capítulo XI
+
+Otro entreacto
+
+
+En el famoso pleito de filiación había terminado la prueba; varios
+testigos habían declarado y ambas partes respondido a infinitas
+preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba
+en torno a las ramas de aquel árbol de escaso fruto; se había presentado
+el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguiría la
+sentencia, y con esto la demandante se las prometía muy felices. Verdad
+que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algún recuerdo de su
+niñez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar
+noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa.
+
+Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo
+extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Canónigo y de Tomás
+Rufete, confirmaba la pretensión de Isidora. Un tal Arias depuso en
+términos diametralmente opuestos, y D. José de Relimpio, llamado
+también, declaró en términos categóricos a favor de la que llamaba su
+ahijada; mas su declaración, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca
+de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, él no sabía
+gran cosa. Sabía, sí, y esto no podía dudarlo, que en 1851 había sacado
+de pila a una niña, hija de Tomás Rufete. A los seis meses no cabales,
+Relimpio y Rufete riñeron por cuestión de una pequeña herencia y
+estuvieron siete años sin hablarse ni tener trato ni comunicación
+alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias
+volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en
+casa de Rufete había dos niños, Isidora y un varoncillo de dos años.
+Tomás dijo a Relimpio con misterio que su hija había muerto y que
+aquella que vivía y el niño se los había dado a criar una dama que no
+nombró. Don José, que no había visto a Isidora desde la edad de seis
+meses, no podía, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso
+lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre siguió llamándola
+ahijada, y desde entonces comenzó el cariño de que tan grandes pruebas
+diera más tarde. En cuanto a Francisca Guillén, nunca pudo Relimpio
+obtener de ella una declaración terminante acerca de las dos criaturas
+que pasaban por suyas. Cuando Tomás estaba en el Tomelloso, la buena
+mujer aventurábase a decir algo, que llenaba de gran confusión a D.
+José; pero cuando el otro volvía, todo eran vaguedades y misterios.
+
+Esto era lo que Relimpio sabía, y estos breves datos y sus
+conversaciones, no largas, con Tomás y Francisca, debieron de haber
+constituido su declaración; pero, llevado de un sentimiento de
+caballeresca protección a la desgracia, hizo las afirmaciones más
+conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de
+Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan José tenían noticia alguna.
+Tres veces en dos días había ido la pícara a ver a _Riquín_, porque la
+ortopedista no se lo había querido entregar; pero ni con preguntas
+capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Debía
+de saberlo don José; mas también guardaba fielmente el secreto. Tristeza
+tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella
+parecía habérsele aumentado la cuenta de los años, extremando su vejez.
+Casi todo el día lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella
+anunciábase con suspiros. Había perdido el apetito, dormía muy mal y
+tenía los sueños más raros del mundo. Soñaba que se batía en duelo de
+honor con Pez, Botín y otros caballeros, y que a todos les mataba,
+sacándoles hasta la postrera gota de sangre. ¡Horror de los horrores!
+
+Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido
+nuestro, el gran Bou, veía de súbito compensadas sus desdichas amorosas
+con una gran ventura en cuestión de intereses. ¡Oh! Si la ingrata se
+aviniera a dar el deseado _sí_, el Obrero--Sol sería un ejemplo de
+hombre venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Diríase
+que la Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana
+Fortuna, se había propuesto abrumarle de bienes positivos, negándole los
+que su corazón apetecía, y le colmaba de frutos riquísimos sin dejarle
+ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de
+Aransis empezó la tal Providencia a divertirse con él. En el espacio de
+quince o veinte días le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y
+dábale por otros tres gollerías o momios pecuniarios a cuál más valioso.
+Primero: aseguró un buen negocio contratando cierto trabajo de
+impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibió una
+herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sacó un segundo
+premio de lotería, importando cinco mil duros. ¿Qué tal? Aun con ser
+estos embolsos un estorbo más para llegar a la deseada liquidación
+social, Bou se guardó su dinero y se puso muy contento, considerando en
+lo más escondido de su mente, que bien podía aplazarse la tal
+liquidación, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera,
+el dinero de la gente honrada.
+
+Miquis, que le apreciaba y se reía con él, fue a darle la enhorabuena, y
+le encontró en su taller trabajando como siempre. Bou se levantó, saludó
+a gritos, estrujó la mano de su amigo, y después fue acometido de una
+tos tan violenta, que su cara parecía un cuero de vino, y el ojo
+rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada órbita y caerse al
+suelo.
+
+«Ese alquitrán, hombre, ese alquitrán...
+
+--Déjese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me
+sacarían un cuarto. Que coman yerba..., ¡hala! Y a ustedes los médicos,
+si yo arreglara el mundo, los pondría a que me barrieran las calles, a
+que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las
+alcantarillas... Ahí es donde están las enfermedades.
+
+--Pues a los litógrafos los pondría yo a que me afeitaran todas las
+ranas que se pudieran coger... Pero vamos al caso... ¿Convida usted o no
+convida?
+
+--Sí, señor; convido a una copita... y nada más.
+
+--¡Qué miserable! Yo esperaba un banquete regio.
+
+--No me gustan aparatos ni bulla.
+
+--Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos...
+
+--Pues _palante_--exclamó el catalán, disparando su risa--, y aunque sea
+de doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada más».
+
+Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la había recibido con calma
+y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguiría trabajando,
+con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba,
+tenía el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, porque
+_¡voto va Deu!_, no hay dinero más soso que el que uno deja a sus
+herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder
+contar por allá algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene
+la liquidación, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a
+uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es
+bueno, magnífica cosa, sí señor, admirable en extremo; y los holgazanes
+que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, sí
+señor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasión de
+introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de
+los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el
+género de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideración el día en
+que se ajusten cuentas. Él (Juan Bou) había pensado esto, y sacado en
+consecuencia que las teorías puras no resuelven la cuestión social; es
+preciso estudiar prácticamente los excesos de la holgazanería.
+
+Aprobó Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energía excitó a su
+amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin
+quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la
+ocasión de ser dichoso no se presenta siempre, aprovéchese cuando viene,
+que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas.
+
+«Supongo--añadió--que andaremos en coche y a caballo, que tendremos
+buena mesa y palco en el Real».
+
+Echose a reír Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el
+oso, ni ponerse en ridículo como un indianete sin seso; que tan sólo
+obsequiaría a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, trataría de
+ver qué sabor tiene la sangre del pueblo.
+
+Después nombró Miquis a la ingrata, y oído su nombre, se puso tan serio
+el otro, que parecía haber perdido en un instante todo su contento. No
+habrían dejado aquí un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no
+hubiera entrado D. José, el cual se turbó al ver al médico. Bou, también
+algo turbado, pidió perdón a Miquis y se fue con Relimpio a un
+despachito cercano, donde Augusto les oyó secretearse.
+
+«Le ha traído una carta o recadillo--pensó el doctor, proponiéndose no
+darse por entendido--. Ya, ya...».
+
+Don José salió, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es
+más probable que llevara lo primero, y al salir habló a Miquis del
+tiempo, de política, de Cánovas y de que las tropelías de los ingleses
+en el campo de Gibraltar daban motivo a España para exigir de Albión que
+nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostró
+conforme con estas patrióticas ideas y le dejó marchar, compadecido de
+su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo
+declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente
+noche, fue D. José vestido con su levitita anticuada y su corbata azul
+de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los demás
+comensales pudieran comunicarle su alegría. Era tan flojo de cerebro,
+que en cuanto bebía dos copas se ponía perdido, y he aquí que al probar
+el Champagne, el buen tenedor de libros, después de haber dado varias
+pruebas de no ser dueño de sus ideas, se dirigió a Juan Bou y con lengua
+solemne aunque torpe, le dijo:
+
+«¡Caballero, usted me dará una satisfacción, o me veré obligado a llevar
+la cuestión a un terreno...!».
+
+Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero
+de D. José, se puso éste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a
+la dicción enfática, añadió:
+
+«Porque usted se empeña en mancillar el honor de una joven de altísima
+familia, y yo no permito, ¿lo entiende usted?, no permito... ¡yo que soy
+su segundo padre...!
+
+--Tiene razón--dijo Miquis--. Esto no puede quedar así. El lance es
+inevitable.
+
+--Inevitable--gritó Relimpio descargando el puño sobre la mesa y
+rompiendo un plato--. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la
+hora del alba...
+
+--_Al matutino albore_...».
+
+Lo más particular fue que Bou, que también era hombre incapaz de llevar
+con aplomo tres copas de vino blanco, empezó a disparatar. Primero se
+rió mucho, después todo su empeño era abrazar a D. José y llamarle su
+amigo. Relimpio, por el contrario, más se enfurecía a cada instante. Los
+otros le incitaban, y sabe Dios cómo habría concluido el lance si el
+catalán, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole
+de su cuerpo en tierra.
+
+Levantose en esto D. José y señalando con dramático acento el cuerpo que
+parecía cadáver, dijo:
+
+«¡La suerte me ha sido favorable, caballeros, señal de mi derecho! ¡Le
+he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella
+hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel
+serafín...».
+
+Dio tres o cuatro pasos en falso, giró como un trompo, y fue a caer en
+un diván de hule, donde Miquis le mojó la cara.
+
+
+
+
+Capítulo XII
+
+Escenas
+
+
+=--I--=
+
+JOAQUÍN.--=(Solo, paseándose meditabundo por la habitación, que es de
+bajo techo, sucia, con feísimos y ordinarios muebles, todo en desorden.)
+= Ni un día más durará esta vida. Protesto con toda mi energía de ser
+racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal
+deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse
+entregándole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la
+vergüenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad.
+Este es el dilema, _the question_, como decía el otro: o vivir sin
+decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse.
+Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y
+fijándolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran
+parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--¿Eres
+tú, imagen que aquí veo, la de Joaquín Pez? Te desconozco. Tú no eres
+yo. Yo era hermoso, y tú, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin
+barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegría y la felicidad y los
+tuyos están mortecinos y sin brillo. ¿Cómo puedo creer que el hombre
+mejor vestido de Madrid sea este que aquí veo dentro de esta levitita
+abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos
+y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado más que
+un café y un poco de pan, no puede ser el Joaquín Pez que yo conocí. =
+(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir así
+es peor que cien muertes.
+
+»Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prenderán, me
+meterán en la cárcel... ¡Qué iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un
+desgraciado, un hombre débil que no conoce el orden; soy un tonto; no
+tengo sentido común, no sé arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto
+se diga de mí en este sentido es justo. ¡Pero acusarme de estafador!...
+Que en París contraigo deudas; que me vengo a España con intención de
+pagar; que un francés sale escapado detrás de mí persiguiéndome; que le
+entretengo unos días; que me endosan unas letras para que las cobre; que
+las cobro y pago al francés; que los acreedores de aquí, envidiosos de
+ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me
+embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y riñe conmigo y
+me retira su apoyo; que el dueño de las letras me exige su dinero; que
+no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomándolo
+por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un
+prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas
+intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan
+de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En mí hay error;
+pero mala fe, jamás. La ligereza, ¿será hermana del crimen?...
+
+»He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra mí
+hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal
+contra el infeliz caído; es la venganza de la cursilería contra el que
+fue ídolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo
+del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirán de
+mí; no, no me humillaré; no haré el mamarracho. Es preciso acabar
+dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae según su natural
+condición. Caeré con catástrofe, como las torres, y los que oigan el
+estrépito de mi fin dirán: «Este es un hombre»... =(Acércase a un rincón
+en que hay una percha, de la cual pende un gabán. Toca la tela,
+reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aquí
+estás, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardaré en el cajón de
+la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de
+las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche,
+tú y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la
+mañana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma
+en desesperación. Esto ya no es vivir. Hágome cuenta de que ya se acabó
+todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas
+personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la más derrengada
+mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la fórmula vulgar de
+«A nadie se acuse de mi muerte». Diré a mi padre que... Siento pasos.
+Isidora viene. Esta desgraciada es el único ser que ha tenido la
+abnegación de unirse a mí y ampararme cuando me ha visto abandonado por
+todos. ¡Oh corazón generoso! Ha querido confortar mis penas con sus
+ilusiones y mi desesperación con su esperanza. Cuando la veo, me dan
+ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con
+ella. Aquí está...».
+
+
+=--II--=
+
+ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y
+trae un lío de ropa. Siéntase en un sofá inválido que se inclina más de
+un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaquín,
+espera que este le dirija la palabra.)= ¡Dios mío, qué escalera!
+
+JOAQUÍN.--Más grande es la del Paraíso; al menos así lo dicen, que yo no
+la he visto.
+
+ISIDORA.--¿Ha venido mi padrino?
+
+JOAQUÍN.--No he tenido el gusto de ver a su señoría.
+
+ISIDORA.--¡Cuánto he andado, cuánto he corrido hoy!... He vuelto a casa
+de Emilia para ver a _Riquín_. He querido traérmele, temiendo que les
+molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se
+conmueve.)=
+
+JOAQUÍN.--Has hecho bien en dejarle allí. En ninguna parte estará mejor.
+
+ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= ¡Ay! Dios de mi vida, ¡qué angustia! Por
+fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para
+defenderlo de un brusco movimiento de Joaquín.)=--No, no te doy un
+cuarto. Déjame, que yo iré arreglando las cosas. Por de pronto es
+preciso que salgas de aquí. Esta casa es una pocilga, y ¡qué vecindad,
+qué huéspedes, qué patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos
+y demás gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, ¿no
+hallaste otro sitio mejor en que meterte?
+
+JOAQUÍN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidísimo, me dejé
+conducir por un amigo, Pepe Nules.
+
+ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho días que has estado aquí. Yo
+no he estado más que tres. El gasto es poco. Hoy te haré traer comida
+buena de la fonda.
+
+JOAQUÍN.--No te apures por eso...; lo mismo me da.
+
+ISIDORA.--Y mañana irás a una casa más decente.
+
+JOAQUÍN.--=(Con indiferencia.)= ¿Para qué?
+
+ISIDORA.--Para que vivas con más decoro.
+
+JOAQUÍN.--¡Ideas convencionales!
+
+ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomaría una casita, y nos íbamos
+a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he
+reflexionado, y eso no puede ser.
+
+JOAQUÍN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... =
+(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pájaros, que no
+conocen la acuñación de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No
+hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido
+en la sociedad multitud de ideas erróneas. Son los falsificadores de la
+vida, y por esto deberían ir todos a presidio.
+
+ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= ¿Y si yo te dijese
+que tengo probabilidades de reunir algún dinero?
+
+JOAQUÍN.--Tu dinero nos serviría para ir pasar dos días, tres. Luego
+volveríamos a la misma situación de miseria, y como tus riquezas no
+habían de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me
+hallo...
+
+ISIDORA.--=(Con cariño.)= ¿Y si yo pudiera...?
+
+JOAQUÍN.--Ta, ta, ta. Tú vives de ilusiones. Aquí tenemos otra vez la
+fantasmagoría del pleito. Siempre crees que mañana te duermes Isidora y
+te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No sé cómo, con tu
+buen talento, vives así, engañada por el deseo.
+
+ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro.
+
+JOAQUÍN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para mí.
+
+ISIDORA.--Si quieres que no riñamos, no me hables del pleito con ese
+desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que tú la tengas también. El
+procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardará algún tiempo,
+porque mi abuela apelará; pero de que lo gano, no te quede la menor
+duda.
+
+JOAQUÍN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarán tres,
+cuatro o cinco años antes que lo ganes. Ayúdame a sentir. Ni cómo he de
+remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todavía
+no se han acuñado.
+
+ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refería precisamente al pleito. Yo
+pensaba conseguirte el dinero con un préstamo.
+
+JOAQUÍN.--¡Un préstamo! =(Con estupor.)=
+
+ISIDORA.--En fin, yo me entiendo... No te desesperes...
+
+JOAQUÍN.--No creo ya en los préstamos, como no creo en los milagros. =(Da
+media vuelta y se pasea otra vez.)=
+
+ISIDORA.--=(Aparte, y después de mirar un rato a Joaquín).= Es preciso
+sobreponerse a la desgracia... Arreglaré el cuarto que parece una
+leonera.
+
+=Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora coloca
+las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. Cuando
+limpia el espejo, se mira un poco, y dice:= «Parezco que sé yo qué.
+=(Alto.)= Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda.
+
+JOAQUÍN.--Como tú quieras. El comer bien o el comer mal me es
+indiferente; pero, pues tú lo quieres, comamos bien, que nada se pierde
+en ello.
+
+ISIDORA.--=(Sentándose fatigada.)= La miseria, hijo, me espanta. No tengo
+un vestido decente que ponerme... ¿Pues y tú? ¡Y a esto llaman vivir!...
+
+JOAQUÍN.--La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre
+galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a
+los amantes más finos y más exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo,
+en un cuchitril, donde no tengan más que el consabido _pan y cebolla_, y
+a los dos días se arañan la cara. La miseria es enemiga del alma humana.
+Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el
+arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sintética del mal. Oye, oye,
+Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad...
+Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mándalo traer
+pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre.
+
+=Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de
+la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaquín demuestra más apetito que
+Isidora.=
+
+ISIDORA.--=(De sobremesa.)= ¿Qué tal?
+
+JOAQUÍN.--Los langostinos estaban muy buenos; el _bistec_ me ha
+rejuvenecido. ¡Bendita seas tú, que siempre tienes ideas grandes! Eso de
+sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es
+noble, lo mismo el corazón que la cabeza. Dejaremos una botella para
+mañana, porque la economía es la primera de las virtudes; no, la
+segunda, que la primera es cuidarse bien.
+
+ISIDORA.--Alguna otra sorpresa he de darte todavía. Dime, ¿mereces tú lo
+que hago por ti?
+
+JOAQUÍN.--No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres
+un ángel..., no de esos ángeles desabridos que pintan en los cuadros y
+en las poesías, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente,
+sino un ángel mundano que derrama sobre el corazón del desgraciado
+bálsamo eficaz. En una palabra, eres un ángel práctico. Bien se conoce
+en todas tus acciones la nobleza. Podrás equivocarte, cometer faltas;
+pero ser innoble, jamás. No sé si me explicaré diciendo que tienes la
+elegancia del alma.
+
+ISIDORA.--Tienes razón. Seré cualquier cosa; seré... mala si se quiere,
+pero ordinaria jamás.
+
+JOAQUÍN.--Indudablemente eso está en la sangre. ¡Por vida de...! Si no
+ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el
+cielo. ¡Ay! Isidora, no sé por qué el Champagne da a mi alma un vigor
+que ya no tenía. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas
+agradables. Isidora, Isidora, mujer mía. =(La abraza tiernamente.)=
+Entretengámonos un momento con ilusiones...
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Mejor es soñar que ver.
+
+JOAQUÍN.--Ganarás el pleito... Yo me casaré contigo...
+
+ISIDORA.--=(Entristeciéndose súbitamente.)= En lo primero creo, en lo
+segundo no. Esa ilusión es demasiado bonita para que pueda engañar.
+
+JOAQUÍN.--¿Por qué lo dices?... ¿Porque te lo he prometido muchas veces,
+y nunca lo he cumplido? Ahora...
+
+ISIDORA.--Ni ahora ni nunca. Tú no te casarás conmigo. =(Derrama unas
+lágrimas.)=
+
+JOAQUÍN.--El mundo es olvidadizo, tontuela.
+
+ISIDORA.--Pero no tan olvidadizo que...
+
+JOAQUÍN.--Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y
+Suiza.
+
+ISIDORA.--O por Inglaterra y Escocia. =(Con toda su alma.)= ¿Sabes que de
+tanto oír hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a
+Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus
+parques... Aquello sí que es grandeza. Te diré... Luego haría una
+excursión por Escocia, ¡donde hay unos lagos preciosos y unas
+montañas...! Por allí andan las _ladys_ visitando grutas, escudriñando
+ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente
+inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botín,
+que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacían feliz.
+
+JOAQUÍN.--Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia.
+
+ISIDORA.--Calla, calla. Te diré... Iré yo sola, o contigo, si quieres
+acompañarme... Porque no me casaré, Joaquín; viviré soltera riéndome del
+mundo.
+
+JOAQUÍN.--¡Soltera! Si yo no me casara contigo, tendrías ocho mil
+pretendientes por semana.
+
+ISIDORA.--=(Decidida.)= A todos les daría con mi puerta dorada en los
+hocicos. ¡Soltera, libre! Vestiré muy bien, protegeré las artes, seré
+una gran señora. Te diré... Mi casa va a tener que ver, porque no
+entrará en ella nada que no sea de lo más escogido. No has de ver ni
+cosas vulgares, ni tapicerías chillonas, ni objetos de mal gusto, ni
+cosa alguna que se vea en otra parte. Compraré cuadros de los grandes
+maestros, y tapices y antigüedades, y todo lo que sea curioso sin dejar
+de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las
+bellezas comunes.
+
+JOAQUÍN.--¡Bendito sea tu talento!
+
+ISIDORA.--En mi casa no entrarán los tontos; eso puedo jurártelo. Me
+rodearé de hombres discretos, distinguidos. En fin, será mi casa la
+academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesía y de la
+inteligencia. Daré conciertos de música clásica.
+
+JOAQUÍN.--=(Con un poco de malicia.)= ¿La has oído? ¿Te gusta?
+
+ISIDORA.--Yo no sé si la he oído o no; pero puedo asegurar que me gusta.
+Te diré... ¿Hay una música en que no se oigan esos mil sonsonetes de
+ópera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los
+cantantes de afición? Pues esa es mi música. Lo que te puedo asegurar es
+que un día fui al salón del Conservatorio a oír los cuartetos y me gustó
+tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con
+guante blanco. ¡Qué sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un
+cielo que también era salón.
+
+JOAQUÍN.--=(Con arrobamiento.)= ¡Isidora, tú eres noble!
+
+ISIDORA.--Te diré... Oyendo aquella música, yo me olvidaba de todo y
+bendecía a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no
+entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrarás en ella, y te
+desafío a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los
+grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formaré una buena
+colección. También tendré contemporáneos, siempre que sean muy
+escogidos. Tres o cuatro veces nada más he estado en el Museo. ¡Qué
+cosas, hijo! Aquello sí es grande. Con el talento que hay colgado de
+aquellas paredes había para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo
+me figuraba que había pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte
+del Buen Retiro. Unas veces creía que estaba cubierta de brocados y
+otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es
+belleza; chico, aquella es gracia. Yo decía: eso lo siento yo, esto es
+cosa mía, esto me pertenece...
+
+JOAQUÍN.--=(Con entusiasmo.)= ¡Eres noble, eres noble!
+
+DON JOSÉ.--=(Entrando súbitamente, produce, con la irrupción inesperada
+de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su
+ahijada.)= Aquí estoy.
+
+ISIDORA.--¡Ah!... Don José...
+
+DON JOSÉ.--=(Aprovechando el momento en que Joaquín vuelve la espalda, da
+un papelito a Isidora.)= Toma.
+
+ISIDORA.--=(Guardando el papelito.)= Padrinito, ahora debe usted
+retirarse. Es de noche y estará usted cansado. Mañana le necesito. Pero
+no se moleste usted en subir. Aguárdeme en la puerta y me acompañará a
+varios sitios donde he de ir. =(Despidiéndose con una mirada cariñosa.)=
+Abur.
+
+DON JOSÉ.--=(Con cierta reconcentración shakespeariana.)= La sangre que
+destila de mi corazón amarga mis labios. =(Exit.)=
+
+
+=--III--=
+
+=Es de noche. Agonizante luz de un quinqué con pantalla torcida y sucia
+alumbra la estancia. JOAQUÍN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de
+fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se
+reclina en el sofá y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla
+consigo misma.=
+
+«Decididamente optaré por el canelo con combinación níquel, por el azul
+de ultramar y por el negro con combinación de brochado, oro y
+cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien.
+¡Ay Jesús!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de
+francés... Supongamos que cuando menos se piensa, mañana, o la semana
+que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien
+porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y
+me dice... Hace días que me estoy figurando esto y nada tendría de
+particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me
+llama el mejor día; voy allá, subo, entro, espero un ratito en el
+gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las
+aprieta mucho y me dice: «Basta de pleitos, hija; abracémonos». Y me
+abraza, y yo me echo a llorar, y ella también, y todo queda concluido, y
+yo en la casa y en posesión de lo que es mío... Supongamos esto, que es
+lo más natural, lo más lógico. ¡Qué alegría tan grande, Dios de mi vida!
+Entonces sí que podré tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin
+humillarme. Sacudiré la tierra que se haya pegado a las suelas de mis
+botas, y diré: «Ya no más, ya no más lodo de las calles». El cristal más
+puro no podrá compararse entonces a mi conciencia. Seré tan honrada como
+los ángeles... Levantaré mi frente... =(Se interrumpe y da un gran
+suspiro.)=
+
+»¿Pero podré levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida
+pasada... y presente? Esto me vuelve loca. ¡Maldita sea la necesidad,
+que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia
+del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que
+son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan
+el alma... ¡Que venga Dios en persona a sacarme de este círculo maldito!
+Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro...
+¡Oh Dios!, ¡quién fuera cursi, quién fuera populacho!... Me pasaría la
+vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un
+jergón asqueroso; me casaría con un cafre hediondo, tendría un chiquillo
+cada año, viviría como una bestia, toda imbécil, toda sucia...; ¡pero
+sería feliz como son felices los que no conocen el dinero!... ¿Qué es
+mejor, ser una piedra, que se está donde la ponen, o ser una criatura
+racional que quiere ir a alguna parte? ¡No sé, no sé! ¡Benditos sean los
+adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya,
+vaya, qué duro es este sofá. Y el pobre Joaquín, ¡qué profundamente
+duerme! ¡Buena falta le hace! ¡Cuánto has padecido estos días,
+desgraciado mártir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno.
+Has gozado mucho, demasiado quizás, y ahora lo estás pagando. Los muy
+felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por
+eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la
+felicidad que se me adeuda... =(Suspira y se aflige.)= Sí, sí; no hay
+debajo del sol una persona más desgraciada. Y, no me digan que soy mala.
+Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si
+no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no
+haría lo mismo... =(Se da un golpe en la frente.)=
+
+»Cuando pienso lo que me espera mañana, me dan ganas de matarme. Y al
+mismo tiempo, ¡vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que
+llegue mañana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia
+de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor
+me echa hacia atrás; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa
+hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El sí y el no me
+vuelven igualmente loca. =(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos
+muerde el pañuelo. Larga pausa.)= ¡Y cómo duermes tan tranquilo!... Si yo
+no te quisiera tanto, podría suprimir uno de los principales motivos que
+tengo para dar este mal paso, y quizás, quizás hallaría otros medios...
+Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte así... Y para
+que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te has portado
+conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te diré..., yo soy
+así; Dios mío, ¿por qué me hiciste noble? ¿Por qué no me hiciste nacer
+de vil populacho? ¿Por qué no me hiciste canalla de la cabeza a los
+pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el alma?... =(Gran
+pausa, durante la cual se adormece.)= No, no; me decidiré por el azul
+Ultramar con combinación rosa y plata...
+
+=(Otra pausa, durante la cual amanece.)=»Es de día; me levantaré y saldré
+sin que él me vea. Aún es demasiado temprano. Procuraré no hacer
+ruido... Le dejaré el dinero suelto que me queda aquí y dos palabras
+escritas con este lápiz. =(Escribe; pone sobre la mesa el papel y algunas
+monedas.)= Vaya, ya es tiempo. =(Afligidísima.)= ¡No poderle decir adiós!
+¡Qué vida, qué humanidad! Me voy, porque si despierta, no tendré valor
+para salir. =(Vase.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Despertando, ya entrado el día.)= Isidora, Isidora... No
+está. Se ha ido. Me levantaré. Como estoy vestido, mi _toilette_ no
+ofrece grandes dificultades. ¿Habrá por aquí el lujo de un peine? Es
+posible. =(Levántase y da algunos pasos por la habitación.)= ¡Que
+claridad! ¡Qué feo y antipático es el día! Prefiero la noche, tapadora
+y discreta. ¡Ah!, la señora de la casa, antes de marcharse, ha dejado
+aquí sus disposiciones. =(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el
+papelito, y lee.)= Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que
+almuerce hoy. = (Lee.)= «Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te
+apures. No volveré hasta la noche, porque tengo que hacer». Esta pobre
+Isidora, ¡qué buena es! Si no fuera la maldita manía del pleito, que no
+ganará nunca, sería una muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que
+manda la señora. La fiera patrona no me envenenara con sus guisotes.
+Voy a llamar, a pedir agua, a lavarme, y después esperaremos. Luego que
+almuerce dictaré mis últimas disposiciones, y en cuanto llegue la
+noche, la querida noche...
+
+=Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada,
+arréglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.=
+
+»Me olvidé de la botella de Champagne que está en aquel armario. No me
+importa que se la beba otro. En mi testamento la dejaré a los huéspedes
+de esta casa para que la vacíen por mi salvación eterna... Ya que estoy
+solo escribiré a papá y a Isidora. =(Se sienta y escribe.)= ¡Buenos
+cosas le digo a mi señor padre!... Si los deslices del hijo han sido
+grandes, el padre no tiene aún motivos para dudar de su buena fe...
+Jamás he cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y además un
+efecto preciso de la mala, de la perversa educación que he recibido.
+¿Por qué educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta
+mil reales? ¿Por qué desde niño me enseñaban a competir con los hijos
+de los grandes de España? ¿Por qué no me dieron una carrera, por qué no
+me aplicaron a cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que
+es la escuela de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron
+en la vanidad, y la vanidad me conduce a este fin desastroso. =(Sigue
+escribiendo con agitación, se pone pálido y, al concluir, su mano
+tiembla.)=
+
+»Ahora escribiré a Isidora, a quien no veré más. La única persona por
+quien siente emociones cariñosas mi corazón es ella. ¡Cuánto más vales
+tú que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han
+simpatizado, porque son similares. Tú, como yo, fuiste educada en la
+idea de igualar a los superiores... =(Escribe.)= «Querida y adorable
+amiga: Próximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el
+mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvación; tú
+puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese
+pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera
+casarse contigo, cásate, aunque sea muy bruto». =(Hablando.)= No, no
+miento nada al decir que la quiero con todo mi corazón. Su lealtad
+conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvíos prueban
+la grandeza de su alma. =(El personaje redacta largos párrafos amorosos y
+llena cuatro carillas de papel...)= ¡Ah!, me olvidaba de lo principal, de
+_Riquín_, mi hijo. ¡En esta hora triste me ha entrado un amor por él!...
+¡Si estuviera aquí me lo comería a besos!. Le reconoceré. = (Escribe otro
+larguísimo párrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)= En fin, esto es
+hecho. Ahora, ánimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso abismo de la
+eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me perdonará mi
+crimen. ¡Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar la befa de
+mi honor! Pronto anochecerá. No vacilo más. =(Se dirige a la percha, saca
+el revólver y lo examina.)= Aquí está. Me parece un juez de hierro que me
+condena sin permitirme defensa ni apelación.
+
+UNA VOZ.--=(Que suena cavernosa detrás de la puerta, acompañada de dos
+golpecitos.)= ¿Se puede?
+
+JOAQUÍN.--Adelante.
+
+DON JOSÉ.--=(Entrando.)= Buenas tardes.
+
+JOAQUÍN.--¿Viene usted en busca de Isidora? No está.
+
+DON JOSÉ.--No, vengo de parte de ella. Esta carta...
+
+JOAQUÍN.--=(Tomando la carta con mano temblorosa.)= ¿A ver?... ¿En dónde
+está Isidora?
+
+DON JOSÉ.--=(Con sequedad.)= Hace un rato estaba en una tienda de la calle
+del Carmen, escogiendo telas para vestidos.
+
+JOAQUÍN.--=(Estupefacto)= ¡Telas! =(Abre la carta, que es voluminosa.
+Dentro del pliego aparecen risueños algunos billetes de Banco; Joaquín
+palidece.)= ¿Qué es esto? =(Se sienta y lee. Palidece más y luego se pone
+encarnado y vuelve a palidecer.)=
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, mirando a Joaquín con expresión de poca simpatía.)=
+No lloro porque soy hombre. Mi corazón concluirá por ser como las rocas
+en que bate el mar.
+
+JOAQUÍN.--=(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)= ¡Estoy salvado!
+La cantidad es redonda... ¿Pero aceptaré esto? ¿De dónde procede?... ¿Es
+una vileza aceptarlo? Sí que lo es; pero las circunstancias... ¡El
+abismo!... Supongamos que un desventurado está al borde del precipicio y
+se le presenta el demonio de la infamia y le alza en sus manos. No, no;
+antes rodar al fondo del abismo. =(Alto.)= Don José vaya usted allá, y
+devuelva esto a Isidora.
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte y tétricamente, coincidiendo en sus expresiones sin
+sospecharlo, con Otelo.)= Oh flor graciosa y bella, ¿por qué has nacido?
+
+JOAQUÍN.--=(Vacilando.)= No, no; deshonra por deshonra... Pesémoslas ambas
+en la balanza de la fría razón. ¿Cuál pesa más? ¡Oh!, no hay que
+vacilar. Esta lleva en sí la imposición del acontecimiento, del hecho
+real. Tomaré el dinero... Me he salvado. Pero ¿por qué no estoy tan
+contento como debiera? =(Alto.)= Don José, ¿con quién ha hablado hoy
+Isidora?... ¿En dónde ha estado?
+
+DON JOSÉ.--No lo sé... =(Aparte, lleno siempre de espíritu
+shakespeariano.)=--¡Estúpido! ¿cómo quieres que te lo diga? No me
+atreveré a decirlo ni aun a vosotras, ¡oh castas estrellas!
+
+JOAQUÍN.--Usted nunca sabe nada. Usted está siempre en Babia. =(Aparte.)=
+¡Malditas sean las circunstancias!... Me engañaré a mí mismo, haciéndome
+creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser
+humano, que fácilmente se le engaña... Pero discutamos esto; abordemos
+la cuestión con filosofía. Si este dinero ha venido a mí por una vía
+poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha vía. Los
+procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y
+sacrílego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya
+en sí una dosis tan grande de lógica, que no necesita argumentaciones
+retóricas. =(Alto.)= ¿No piensa usted lo mismo, hombre de Dios?
+
+DON JOSÉ.--=(Como quien despierta de un sueño.)= ¿Yo?... Yo no pienso.
+
+JOAQUÍN.--=(Volviendo a mirar con cariño los billetes.)= ¡Y la cantidad es
+redondita! ¡Pobre Isidora! ¿Cómo no amarla? No sé qué daría porque
+ganara el pleito. Pero no, no lo ganará. Sólo los pillos tienen suerte.
+¡Don José, señor don José!
+
+DON JOSÉ.--=(Pasándose la mano por la frente y el cráneo como para
+detener una idea que intenta escaparse.)= ¿Qué?...
+
+JOAQUÍN.--Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne.
+
+DON JOSÉ.--=(Con repugnancia.)= Gracias, no..., me mareo. =(Vacilando.)=
+Pero, sí, venga; así se olvida.
+
+JOAQUÍN.--¿Tiene usted muchas penas que olvidar?
+
+DON JOSÉ.--=(Mirándole con ojos dulzones.)= ¿Yo?... ¿Penas yo? =(Contrae
+horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisión de un
+suspiro.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Escanciando.)= Ahí va.
+
+DON JOSÉ.--=(Bebe.)= ¡Cómo pica la maldita! =(Apenas ha llegado a su
+estómago la primer gota del precioso líquido, inclina la cabeza y cierra
+los ojos, diciendo.)= ¡Mundo miserable!
+
+JOAQUÍN.--¿Qué?... ¿Por tan poca cosa?
+
+DON JOSÉ.--=(Levántase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la
+actitud trágica.)= Sí, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras.
+¡Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo!
+
+JOAQUÍN.--=(Soltando la risa.)= ¡Don Pepe!
+
+DON JOSÉ.--=(Cuadrándose.)= A sable o a pistola, como usted quiera. Me es
+igual. De todas maneras sabré castigar su infamia. ¡Usted, un hombre
+ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel
+lirio! =(Da algunas vueltas por la habitación, perseguido por espectros.)=
+No, no os tengo miedo, no. Pez, Botín, Melchor, Bou, no os temo. Os
+mataré a todos, os haré polvo. Soy el defensor de la virginidad
+ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... ¡Vamos, al
+momento, al momento, me bato con los cuatro!
+
+JOAQUÍN.--=(Le empuja hacia el sofá.)= ¡Pobre hombre!
+
+DON JOSÉ.--=(Cayendo en el sofá como un talego.)= Me habéis matado, porque
+sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los tres; pero
+a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no puedo
+perdonarte. =(Se desvanece.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Disponiéndose a salir.)= Ahí te quedarás hasta que te pase.
+
+
+=--IV--=
+
+=Mutación. La escena representa un aposento semi--elegante que parece ser
+fonda.=
+
+
+ISIDORA.--=(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado
+golpes una mano indiscreta.)= ¿Quién es?
+
+DON JOSÉ.--=(Levantándose de un sillón en que yace soñoliento.)= Si es
+visita, me retiraré.
+
+UN SEÑOR.--=(Entrando sombrero en mano y dirigiéndose a Isidora.)= ¿Es
+usted doña Isidora Rufete?
+
+ISIDORA.--=(Trémula.)= Servidora...
+
+AQUEL SEÑOR.--=(Avanzando, seguido de otro individuo poco simpático y
+nada cortés.)= Señora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a
+prender a usted de orden del juez del Hospicio. =(Muestra el auto de
+prisión.)=
+
+ISIDORA.--=(Aterrada.)= ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está usted seguro?...
+
+EL ESCRIBANO.--=(Volviendo a mostrar el auto.)= Vea usted... Conque si
+tiene usted la bondad de seguirme...
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser
+hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)= ¡Qué
+picardía!
+
+EL ESCRIBANO.--=(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de
+su extraordinaria perplejidad.)= Ya sabría usted que la parte contraria
+pidió que se sacara el tanto de culpa...
+
+ISIDORA.--=(Confusa y mareada.)= Sí.
+
+EL ESCRIBANO.--Y el juez ha encontrado el fundamento.
+
+ISIDORA.--Pues daré fianza...
+
+EL ESCRIBANO.--Precisamente... en el delito de que se trata no puede
+concederse fianza.
+
+ISIDORA.--¡Delito! ¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+EL ESCRIBANO.--El pleito es ahora causa criminal...
+
+ISIDORA.--=(Iracunda.)= ¿Y de qué me acusan?
+
+EL ESCRIBANO.--De falsificación.
+
+ISIDORA.--¿Falsificadora yo?... =(Fuera de sí.)=
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y
+contrayéndose todo.)= No te pierdas, José.
+
+ISIDORA.--Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no
+consentirá que me pierdan ni que me deshonren. =(Llora.)= ¡Y a esto llaman
+justicia, ley! =(Sobreponiéndose al dolor y secando sus lágrimas de tal
+modo que parece que se abofetea.)= Yo probaré mi inocencia... Esto me
+faltaba, esto; ser mártir. =(Aparte, con entereza y orgullo.)= Bien venida
+sea esta noble corona. El martirio me purificará de mis culpas, y hará
+que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan ver hasta los
+ciegos. =(Alto.)= Vamos, cuando usted quiera.
+
+
+
+
+Capítulo XIII
+
+En el Modelo
+
+
+=--I--=
+
+La irritación y la vergüenza, unidas a un desorden nervioso que casi la
+privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche
+en un estado parecido al sonambulismo. Veía las cosas, las tocaba,
+preguntaba, y aun respondía como cediendo a una fuerza mecánica. No
+estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le
+pasaba; iba y venía medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre
+jaqueca y manía, sorprendiéndose de ver cómo brillaban instantáneas,
+sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relámpagos de alegría.
+Rindiola el cansancio después de medianoche; se acostó vestida, cerró
+los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivió
+bajo su cráneo, entre la vibración de los nervios encefálicos, todo lo
+acaecido desde que el escribano se presentó en su casa para prenderla.
+Veíase en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiñones,
+donde está el vulgar y triste edificio llamado _Modelo_ con descarada
+impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual había un
+soldado de guardia, y más a la izquierda un grupo de pobres disputándose
+las sobras del rancho de las presas.
+
+Isidora y el escribano entraban en un vestíbulo nada espacioso; salía a
+recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de
+cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de
+pesados cerrojos, sobre la cual se leía en letras negras la palabra
+_Rastrillo_. Una mujer de edad madura abría la puerta, Isidora pasaba,
+subía por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el
+letrero de la _Sala primera_; y echando la vista por el hueco, veía un
+claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol,
+el más bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar.
+La idea sola de tener que vivir entre aquella gente había horrorizado a
+la de Rufete. Pero ella tenía fondos; ella pagaría una habitación
+decente, y viviría con ciertas comodidades y completo decoro los pocos
+días que, a su parecer, habría de permanecer en aquel tremendo asilo.
+
+Una señora mayor, bondadosa y amable, la acompañaba, y precedíala una
+celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco
+y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se
+destinaba, el cual tenía una ventana enrejada a la calle, un camastrón
+de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco después entraba la
+celadora, quien, con formas de adulación artera y llamándola _señorita_,
+ofreció servirla y acompañarla. Isidora la miraba con repulsión. Llegada
+la noche le servían una cena, que no quiso probar, y al fin, sola,
+encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recostó
+en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o más, la
+serie de impresiones y sucesos que hemos referido.
+
+Por la mañana, despertáronla los gritos y desaforadas blasfemias de una
+mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de
+un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la próxima
+_Sala primera_, y el _tan tan_ de la campana de Montserrat, iglesia del
+convento que hoy es prisión del bello sexo. Y si el alma humana en las
+situaciones de gran tribulación se ve siempre sacudida por ráfagas de
+inexplicable alegría, que más bien parecen protesta aislada de algún
+nervio rebelde contra el dolor, en Isidora había un motivo para que
+aquellas ráfagas de alegría fueran algo más duraderas y eficaces, porque
+la prisión, con ser tan odiosa, había venido a librarla de otra
+esclavitud atrozmente repulsiva.
+
+«Casi me alegro de esto--decía--, porque si no estuviera aquí estaría ya
+muerta de horror y asco...».
+
+Además, la prisión no podía durar, porque los jueces, ¡cosa evidente!,
+habrían de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita
+demandante. Dios le había deparado sin duda aquel trance para probarla y
+darle de improviso, cuando más afligida estuviese, el alegrón de ganar
+el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos más
+en carácter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad
+de idealizar las cosas para obtener los más dulces confortamientos. ¿No
+ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son
+perseguidos, inspiran lástima, los inocentes que sufren tormento de la
+Justicia, ¡cuánto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas
+sensibles! Era inocente, sufría persecuciones inauditas; luego tenía
+bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba
+aquella mañana para figurarse que todo Madrid la compadecía, que era el
+ídolo de multitudes, que se hacía interesantísima, que era un tipo
+novelesco, y aun que salían por aquí y por allá bravos caballeros
+dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso.
+
+¡Pero qué feo, qué desmantelado el cuarto! ¡Qué cama, que muebles, qué
+desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante,
+como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tenía pronta una idea,
+amparose de una bellísima, que le valió de mucho para consolarse. ¿Con
+quién creerá el lector que se comparó? Con María Antonieta en la
+Conserjería. Era ni más ni menos que una reina injuriada por la canalla.
+Determinó, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la
+realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicísima señora, con
+lo que se crecía a sus propios ojos, y se veía idealizada por el
+martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los
+padecimientos. El día lo pasó en estas cavilaciones, acordándose mucho
+del Delfín, de Joaquín Pez y de otras personas. Mandáronle ropas, y Juan
+Bou, a quien pidió un libro de entretenimiento, le envió _Los
+Girondinos_, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora leyó en el
+libro y deshojó las flores, dándose el gusto de pisotearlas. Le
+recordaban cosas muy desagradables la osadía y desparpajo de la canalla
+profanadora.
+
+Empezó el sumario. Cuando bajaba a prestar declaración a la salita de
+rojo dosel, que está junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a
+las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su
+derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba,
+preciso es decirlo, al mismo señor juez dignísimo y al escribano. En
+todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al
+bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que
+se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban
+comentándola tres o cuatro horas. Quién aseguraba que era una duquesa
+perseguida por su marido; quién la tenía por una cualquiera de esas
+calles de Dios; y alguna, que la conocía verdaderamente, refería parte
+de su vida y milagros, añadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a
+solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repetía en su
+mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual
+contestación, revolvía lo cierto con lo dudoso, la acusación de la ley
+con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas
+presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro
+que, desde la acusación por falsificadora, se había abierto ante sus
+ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrábase en
+la plenitud de la verdad. Los documentos se le habían entregado tal y
+como estaban; y ella no había añadido ni quitado cosa alguna, ni tenía
+noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su tío el
+Canónigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor
+de ellos, Tomás Rufete... Al llegar a este punto de su cavilación,
+Isidora fruncía el ceño y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo
+dudoso. ¿Pero a qué martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la
+marquesa de Aransis, la curia infame y el señorío prepotente eran los
+verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a
+una huérfana noble, a un ángel desvalido. Pero Dios los castigaría, Dios
+volvería por los fueros de la verdad y de la inocencia. ¡Pues no faltaba
+más!
+
+Durante el sumario, la incomunicación no fue tan rigurosa como la ley
+ordena, porque los cerrojos de nuestras cárceles se ablandan fácilmente.
+Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se captó las
+simpatías de las compasivas mujeres que guardaban a sus compañeras. Así
+pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a _Riquín_ y a D.
+José, a su tía _la Sanguijuelera_ y a Miquis. El día mismo en que cesó
+la incomunicación fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y
+substancioso coloquio. El simpático doctor sintió viva emoción cuando
+vio aparecer detrás de las dobles rejas del locutorio aquella figura
+hermosa, aquel rostro pálido, con expresión de noble conformidad.
+
+«Isidora, gran mujer--le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones--.
+Estás guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del
+Código penal. Como sigas así, la curia, en vez de tomarte declaraciones,
+te las hará, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una
+escalera de birretes.
+
+--Déjate de tonterías--replicó ella apoyando los codos en la reja
+interior y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud
+de aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el
+locutorio--. ¡Ay, Miquis, esto es morir!
+
+--Con tu permiso, eso es vivir. ¿Pues qué creías tú?... La vida toda es
+cárcel, sólo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos están
+entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero
+vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que serán para
+ti alegres o tristes, según como las tomes.
+
+--Dímelas pronto.
+
+--Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado también de la marquesa».
+
+Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso interés.
+
+«La marquesa llegó ayer, de paso para Córdoba. La buena señora se pone
+nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisión».
+«Muñoz y Nones--dijo la señora a mi suegro--, yo quiero que usted
+arregle esto. Tómelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada,
+demuéstrele lo inútil de su tenacidad, y ofrézcale en mi nombre lo que a
+usted le parezca, con tal que me deje en paz».
+
+--¿Eso le dijo?...
+
+--Sí; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la
+falsificación ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andréu, compañero
+y amigo de mi suegro. ¿Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificación
+no está hecha por ti».
+
+Isidora callaba. Hasta que el diálogo tomó otro giro, estuvo como una
+estatua, fijos en Miquis los ojos:
+
+«Oyes. ¿Sabes que te me estás pareciendo a la pantera del Retiro? ¿Por
+qué me miras así y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario
+de la casa de Aransis, vendrá a hablarte; te anuncio esa grata visita.
+Te ofrecerá la libertad, la declaración de tu inocencia, y _ainda mais_,
+una gratificación, un socorro. Pobrecita, has sido víctima de un grande
+y tremendo engaño. Broma más pesada no se ha dado ni se dará. Quién fue
+el autor de ella, tú lo sabrás... Pero qué, ¿te has vuelto muda? ¿Eres
+de piedra? ¿A dónde miras? ¿Estas gozando de alguna visión? ¿Estás en
+éxtasis?».
+
+Él también se callaba y la miraba. Metió la mano por la reja exterior e
+hizo algunas castañetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la
+atención a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no decía nada.
+
+«Voy a hablarte de otra cosa--añadió Miquis--. Ayer he tenido una grata
+sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando oí una voz que decía:
+«Señorito Miquis, señorito Miquis». Volvime y vi a tu tía, la sin par
+_Sanguijuelera_. «¿No sabe usted--me dijo--que hemos encontrado a la
+fiera perdida?...». «¿A quién?». «A _Pecado_». Allá en su lengua
+especial me contó que le habían dado noticias de tu hermano otros
+muchachos. Ha vivido algún tiempo en un tejar detrás de la nueva Plaza
+de Toros. ¡Pobre chico! Fuimos allá, y dos mujeres que encontramos y que
+no se recomiendan por su fisonomía, nos dijeron que, habiendo caído
+enfermo con calenturas, le habían llevado al hospital.
+
+--¡Al hospital!--repitió Isidora saliendo de su letargo.
+
+--Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos
+convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque está poco
+menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en
+el tejar y de sus correrías y altas hazañas, antes de caer enfermo,
+supimos algo que contaremos cuando tengas más tranquilidad de
+espíritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou.
+Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que
+pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma.
+
+--Augusto--murmuró Isidora gravemente, apartándose de la reja--, es la
+hora de reglamento. Dispénsame que te despida. Estoy fatigada. Adiós.
+Vuelve mañana».
+
+Y se marchó _como una reina_, según dijo Miquis para sí, viéndola
+internarse en la cárcel. Y él se salió a la calle: repitiendo: «¡Gran
+mujer, gran mujer!».
+
+
+=--II--=
+
+¡Falsificación! ¡Profanación de aquella santa escritura de la cual
+emanaba el más santo de los derechos! Si había delito, ¿quién era el
+autor de él? ¿El Canónigo o Tomás Rufete? ¡Enorme, endiablada
+confusión!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la
+infeliz presa fue que su abogado le dijo un día estas palabras:
+
+«Desde el tanto de culpa la cuestión ha variado por completo. La casa de
+Aransis y el Sr. Muñoz y Nones tratan de probar la falsedad de un
+documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos
+quedaremos en el aire, hija mía. El pleito toma un giro tal que
+difícilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los
+mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de
+que la falsificación resulte evidente, creo fácil probar que no ha sido
+usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe.
+En resumen: seguridades de éxito en la causa criminal; seguridades de un
+fracaso en el pleito de filiación. Ya sabe usted que en la prueba hemos
+estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niñez que nos
+favorecieran, y por resultar muy débiles los testimonios de otras
+personas».
+
+Y dicho esto, el abogado, frío, honrado y cruel, se despidió dando un
+suspiro, último tributo de la ley al volverse hostil.
+
+«¡También, también me han corrompido a mi abogado!--exclamó Isidora
+cuando se quedó sola--. ¡Bien, seré mártir; que me maten de una vez, que
+acaben conmigo, que me lleven al cadalso!».
+
+Pasada la crisis de ira, estuvo dos días sin salir del lecho; apenas
+hablaba; no tenía fuerzas para nada; sentíase también algo idiota como
+su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura
+frase a la justicia humana, exaltándose, para caer después prontamente
+en el desánimo y derramar abundantes lágrimas. Su sueño era entonces
+breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno
+de obstáculos. Unas veces se le aparecía _Riquín_, ladeando con gracia
+la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado.
+Y el pícaro Anticristo la miraba, echándose el fusilillo a la cara con
+infantil gracejo, y ¡zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el
+acto; acudían otros chicos, camaradas de _Riquín_, y entre risotadas y
+gritos la cogían y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa
+de la multitud, que decía: «¡La marquesa, la marquesa!».
+
+Otras veces era gran señora, y estaba en su palacio, cuando de repente
+veía aparecer un esqueleto de niño, con la cabeza muy abultada, y los
+huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto
+traía su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegándose
+ella, movía la gran cabeza y se reía y hablaba. Pero Isidora, sin poder
+entender sus palabras, temblaba de espanto al oírlas. Luego se borraba
+el niño del campo de los sueños, y aparecía Joaquín en mitad de una
+orgía, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se
+paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y
+prorrumpían en carcajadas. Ella se reía también; pero, ¡cosa rara!, se
+reía de hambre. La debilidad contraía sus músculos haciéndola reír..., y
+por aquí seguía de disparate en disparate hasta que despertaba y volvía
+al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueños.
+
+A los tres meses de aquella tristísima vida, a la cual llegó a
+acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus
+guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo,
+permitiéndole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicación.
+La conducta de Isidora en la cárcel era irreprensible: no daba
+escándalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se
+había hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su
+intimidad, se hacían lenguas de su buen corazón, finura y agradable
+trato. No tenía poca parte en esto la generosidad de la procesada y su
+prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacían. Lo
+peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de día en día,
+marchaba a su completa extinción y acabamiento. Siempre que en esto
+pensaba, Isidora sentía trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo
+futuro para ver si por alguna parte había señales de cosa metálica.
+Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou
+iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su
+antipatía, era lento antídoto del veneno de la pasión de él, y así, o
+por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraía y apartaba de
+aquel gran peligro de su vida.
+
+«Calavera de un día--decía para sí--, vuelve a tu choza y no pierdas la
+chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas
+infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la
+cárcel, ¡pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo
+llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si
+conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los
+burgueses. ¡Valientes pillos! Pero aquello es vivir...».
+
+_La Sanguijuelera_ iba casi todos los días a ver a su sobrina. Cuando le
+llevó a Mariano, Isidora se afligió grandemente, porque estaba tan
+flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conocía. La
+fiebre le había dejado en los puros huesos, y la piel se le
+transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espíritu
+mismo, había dejado el mal huellas quizás más profundas, porque hablaba
+poco, contestaba tardíamente, cual si necesitara mucho tiempo para
+recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su
+hermana con espantados ojos.
+
+«Ya ves--dijo Isidora, sin saber qué términos emplear para dar una
+explicación de su estado miserable--. Ya ves a dónde me han traído las
+picardías, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando
+idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley...
+Y tú, ¿qué has hecho? Cuéntame. ¡Has estado malo! ¿Ves? Si no hubieras
+salido de casa de la tía, ella te habría cuidado bien. ¡Qué tremenda
+lección!».
+
+Mariano no decía nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto
+miraba al suelo como al rostro de su hermana.
+
+«¿No me dices nada?--preguntó ella impaciente--. ¿Te has vuelto mudo?
+Esa cara, ese mirar, ¿qué son?, ¿arrepentimiento o señal de mayor
+barbarie? ¡Ah! Mariano, Mariano; el único consuelo que podría tener yo
+ahora es verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa
+cabeza, abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contéstame...».
+
+Y, dándole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza.
+
+«Su señoría gasta ahora pocas palabras--dijo Encarnación--. Le hemos de
+poner dentro de un cántaro en un cuarto obscuro, como a las maricas,
+para enseñarle a hablar... ¿Quieres ver tú que pronto se despabila el
+pájaro? Pues enséñale el cañamón. Verás...».
+
+Metiendo la mano en su bolsillo, sacó una peseta y la mostró al
+muchacho, cuyos ojos soñolientos se reanimaron de súbito, y alzó la mano
+hacía la moneda, diciendo con un gruñido:
+
+«_Pa mí_.
+
+--Sí, para ti estaba»--dijo, riendo _la Sanguijuelera_, guardándose la
+moneda con más viveza que un prestidigitador.
+
+Mariano miró a su hermana, la cual, compadecida, echó mano a la
+faltriquera, y sacando dos pesetas dióselas al chico.
+
+«Para ti..., pero con la condición de que has de contarme lo que has
+hecho en todo este tiempo, cómo caíste enfermo, cómo has vivido, quién
+te ha dado de comer...».
+
+Con gran prontitud se guardó _Pecado_ su dinero, y alzando los hombros y
+echando de sí un enorme suspiro, pronunció torpemente estas palabras:
+
+«Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no
+me ha pasado nada.
+
+--Nos hemos enterado.
+
+--Tiene seco el entendimiento--indicó _la Sanguijuelera_--. La calentura
+le abrasó los sesos. Dice el señorito Miquis que le dé baños en el río.
+Oye tú--añadió alzando la voz, como cuando se habla con un sordo--:
+¿quieres trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?».
+
+Como si nada oyera, Mariano se levantó desperezándose, y dijo:
+
+«Me voy.
+
+--Alto ahí, amiguito--replicó Encarnación siguiéndole--. Has de
+arrastrar una calza como los pollos. No saldrás sin mi compañía».
+
+Pero Mariano no le hacía caso y salió. La vieja fue detrás de él,
+gritando:
+
+«Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo también
+tengo buenos remos».
+
+Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz
+hermano, y decía:
+
+«¡Imbécil, imbécil!... Así no sentirá nada... Y yo, cada vez con más
+talento para pensar, para comparar... ¡Qué desgraciada soy, y él qué
+feliz!».
+
+
+=--III--=
+
+Tres días después volvió Mariano solo. Parecía más ágil, más
+despabilado, más dueño de su pensamiento y de su palabra.
+
+«¿Vienes solo?--le preguntó Isidora, asombrada de que no le acompañara
+su tía.
+
+--Solito.
+
+--¿Y tu tía Encarnación?
+
+--¿La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito
+que me lleven y me traigan.
+
+--¿Has ido al trabajo?
+
+--Sí.
+
+--¡Mentiroso!
+
+--Mira--dijo _Pecado_ abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.
+
+--¿Quién te ha dado eso?
+
+--_Gaitica_.
+
+--¿Gai...?
+
+--Tica, tica. ¿No lo conoces? Es un caballero, un amigo mío.
+
+--¿Y por qué te ha dado ese dinero?
+
+--Porque me lo gané.
+
+--¿Cómo?».
+
+Mariano guardó las monedas para dejar desembarazada la mano, metió esta
+luego por una abertura de su pantalón y...
+
+«¿Aquí no nos ve nadie?...--preguntó receloso mirando a las paredes y a
+la puerta.
+
+--Nadie.
+
+--Porque si me guipan...».
+
+Y sacó del bolsillo un objeto cilíndrico, largo, como de media tercia,
+de dos pulgadas de diámetro. Era un canuto fuertemente liado con
+bramante.
+
+«¿Qué es eso?
+
+--Un petardo.
+
+--¡Ah!, ¿eso que estalla?--exclamó Isidora con espanto--. ¡Y va a
+estallar aquí!...
+
+--Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para
+esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando
+reventó cayeron todos los cristales de dos casas.
+
+--¿Y te ocupas en eso? ¡Bárbaro!... No lo digo porque me importe nada
+que el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondría,
+si pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos
+los palacios de esa gente egoísta que nos quita lo nuestro.
+
+--Lo pondremos--replicó Mariano, haciendo de la malignidad y de la
+estupidez una sola expresión.
+
+--Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez
+de hacerla con cañones. ¿Qué resulta? Que suena mucho, que se asustan
+los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas
+personas, y nada más. ¡Simplezas y pamplinas!
+
+--Pondremos uno de este tamaño--dijo _Pecado_, expresando con la
+distancia de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista--.
+Hay en Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que debía ser
+para nosotros, ¿eh?
+
+--Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan
+nuestro nombre, nuestra representación social; nos meten en calabozos
+inmundos, nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo
+que roban. El mundo está perdido. Si no sale alguien que le vuelva del
+revés y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba...
+
+--Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo--repitió Mariano con el gozo
+de quien ha encontrado la fórmula de un pensamiento que no ha sabido
+expresar--. ¿Sabes?... ¡Cosas que pasan! Ayer he visto al señorito
+Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos señoras, dos tías, ¿eh?, y
+un caballero. Parecía un marqués.
+
+--No le nombres delante de mí--dijo Isidora cerrando los ojos.
+
+--¡Cuánto ha robado!--exclamó el muchacho con cierta efusión--. ¡Y
+nosotros tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos!
+
+--¡Oh!--exclamó Isidora sintiendo un nudo en la garganta--. Dios nos
+protegerá. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por
+ahora...; pero esto ha de cambiar. ¿Quién sabe lo que pasará el mejor
+día? Yo he leído que los soberbios serán humillados y los humildes
+ensalzados».
+
+Interpretación tan singular del texto evangélico cayó en el cerebro de
+Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y
+fructificaron en él las ideas más extrañas.
+
+«Ellos nos han quitado lo que es nuestro, ¿verdad, hermana?».
+
+Isidora rompió a llorar.
+
+«Sí, sí, sí--dijo entre lágrimas y sollozos--. Picardía tras picardía,
+nos han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... ¿Cómo?
+Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. Tú y yo
+tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han
+quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una cárcel. Pues
+contigo harán lo mismo, y nos ahorcarán, si pueden».
+
+Oía Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de
+elocuencia.
+
+«Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos pertenecía. Pues
+ya ves: cárcel, infamia, pobreza. Tú y yo seremos mendigos o Dios sabe
+qué. ¡Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo
+mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a
+nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman
+pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos
+vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero,
+tienen la conciencia de los jueces... Que me den a mí el dinero, aunque
+sólo sea por ocho días, y verán lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya
+ves, nos abrasan, nos matan. ¿Qué es la ley? Una engañifa, una farsa.
+Los que la representan, ¿qué son sino ladrones? La autoridad..., ¡ah!,
+¡qué gracia me hace a mí la autoridad! Es la comedia de las comedias,
+mal representada para engañarnos, para explotarnos.
+
+--Les pondremos un petardo, ¿eh?
+
+--¿Uno? ¡Cuatro mil; un millón!... Tú eres un infeliz, chico, y no sabes
+lo mala que es esa gente».
+
+Siguieron hablando de esto, y al día siguiente hablaron de lo mismo,
+porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba
+fácilmente. A medida que sus ilusiones decaían, determinábase en su alma
+un cambio de sentimientos; simpatizaba más con el pueblo, a quien creía
+oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo más
+extraño era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiéramos llamar
+coquetería de la desgracia, seguía encariñada con el bonito papel de
+María Antonieta en la Conserjería. Pero en aquel caso la buena reina
+estaba martirizada por la cruel y egoísta aristocracia, de donde venía
+que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los
+descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo,
+unida a todo el despecho de su corazón, le hubiera hecho tolerar la
+grosería y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba
+vida en su mente a una gallarda utopía, es decir, a la existencia
+posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida.
+Pero esto, ¿no era una atrevida excursión al porvenir? Algo de genial
+había en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, solía poner
+fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: «¡Qué talento
+tengo y qué cosas me ocurren!».
+
+
+
+
+Capítulo XIV
+
+De aquellas cosas que pasan...
+
+
+=--I--=
+
+Desde que Mariano empezó a entonarse, su tía Encarnación no podía hacer
+carrera de él. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente
+ineficaces contra él. Más le habría gustado a la buena mujer verle
+travieso, enredador e indomable como en su niñez, que observar aquella
+indolencia taciturna, aquella tétrica quietud, semejante al acecho de
+las bestias carnívoras, en las cuales la paciencia es precursora de la
+ferocidad.
+
+«¿En qué piensas, animal?--le decía bruscamente--. ¿Vas a inventar la
+pólvora o qué? Eres un talego. ¿Por qué te estás dos horas mirando al
+suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano,
+¡puñales! ¿Vas a hacer el Almanaque del empedrado? ¡Qué poste! Tu
+hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. Tú llevas otro camino,
+pero llegarás al mismo fin. ¿Por qué no trabajas?
+
+--Porque no me da la gana..., _hala_...--respondía Mariano saliendo de
+su somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco.
+
+--Pues ve a que te mantenga el obispo.
+
+--No necesito que usted me mantenga. Tengo de acá.
+
+--¡Anda, anda, chaval desorejado!... ¡Y con qué tipos te ajuntarás tú
+para allegar eso! ¿Qué diabluras haces? ¿En qué te ocupas por las
+noches? ¿Qué llevas aquí debajo de la blusa?
+
+--El copón.
+
+--¡Jo... sús! ¡Qué blasfemias dices! Mira, mira, tú y yo haremos malas
+migas. Si sigues así, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El día en
+que te den garrote iré a verte.
+
+--_¡Aur!..._»--murmuró _Pecado_ con gutural sonido.
+
+Y se marchó despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada,
+la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos
+días, dando a su teórico paseo una dirección determinada, íbase a casa
+de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro,
+por quien conservaba ligera inclinación, parecida al afecto. Llegó al
+taller un día (enero del 77) y encontró al buen catalán festivo y
+engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos.
+
+«Hola, tagarote, ¿qué buscas por aquí?--le dijo, tocado de aquella
+verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos--.
+Siéntate. Pues todavía mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez
+ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratón acabado de nacer... Te
+digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aquí no se gastan
+cumplidos. Conque cuéntame: ¿trabajas o no?».
+
+Mariano quiso contestar que no trabajaría más a jornal; pero Bou tenía
+tantas ganas de decir algo, que le cortó la palabra con la suya
+inagotable, diciéndole así:
+
+«Aprovecho esta ocasión para decirte que tu hermana es una loca, una mal
+agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza
+destornillada. Yo la quise como yo sé querer, y me hubiera casado con
+ella. ¡_Voto va Deu_, de buena me he librado! Porque tu hermana es una
+calamidad. Ahí la tienes en la cárcel por terca, porque se ha empeñado
+en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdiácono. En fin,
+ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mío; y no
+creas lo que dicen por ahí, no; no es cierto que yo me gastara con ella
+lo que me saqué a la lotería y la herencia de mi tío. En total, no me
+pellizcó arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quitó de
+entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico,
+hay Providencia. Mi dinero se salvó en un papel, el auto de prisión;
+porque trapitos por aquí, trapitos por allá, el caprichito _A_, la
+chuchería _B_, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en
+una mañana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su
+corazón, lleno de apetitos, está escrito con letras de oro «¡abajo los
+ricos!». Buena pieza, sí. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve
+aquella cara, ¿cómo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos
+ojos divinos, donde tienen su madriguera los ángeles, ¡cómo ha de pensar
+que estos ángeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba
+ciego, yo estaba tonto. Cuando me mandó la primera carta con su padrino,
+pidiéndome socorros, me pareció que se me abrían las puertas del cielo.
+Esta es la mía, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella
+aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglábamos
+una casita; yo estaba embobado; quería probar las delicias del mundo,
+cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se quedó con la
+copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gusté,
+tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, señores, conozco
+sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; sé lo que
+cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipación inmoral
+de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla
+abajo. ¿Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. ¿Se hace el mal?, pues
+nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si
+eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que
+ha hecho tu hermana conmigo. La saqué de la miseria, la vestí, la calcé,
+le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abría la boca y
+yo abría el bolsillo, y _palante_ siempre. Pues mira el pago. Dice que
+soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de
+flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y
+me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas
+cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me
+importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con
+qué pagar el cuarto en la cárcel. La pondrán en aquellas grandiosas
+salas, donde podrá pasearse y comer y dormir con aquellas lindas
+duquesas y baronesas que están allá por hurtos, lesiones y otras
+gracias. Bien merecido. Ella no te preguntará por mí. Si te pregunta, le
+dices que el señor _Ipecacuana_ (así me llama) está contento de haberla
+perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el
+sentido común, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes,
+que buscaré una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del
+pueblo, me río de su aristocracia estúpida, y que me alegraría de que
+todos los aristócratas y chupadores juntos no tuvieran más que un solo
+pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez».
+
+Más hubiera dicho, pero la tos, que por lo homérica, tenía cierta
+semejanza con la risa de los dioses, le invadió de súbito y allí fue
+Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derramó abundante lloro,
+mientras el otro, más cerrado que arca de avaro, no daba señales de
+existencia.
+
+«Y ahora--continuó Bou, gozoso del mutismo de Mariano--, si quieres que
+te dé consejos, te los daré. Porque tú tan callado, tú tan sombrío, no
+vienes a que te dé trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga
+millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres
+trabajar, no trabajes. En este mundo, el que más trabaja tiene
+probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotería
+o alguna herencia. Tú eres listo; busca un negocio atrevido, emprende
+algo, especula con la candidez de los demás. Yo he visto mucho mundo, y
+sé que los más pillos son los que tienen más dinero. Cuando tú lo
+tengas, gástalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darán el
+suyo; así es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea
+con un gran escándalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para
+decir: «¡Qué bárbaro es!». Aquí hay dos papeles, el de víctima o el de
+verdugo. ¿Cuál vale más? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se
+pueda. El pueblo está sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay
+en la nación. No hay más que dos caminos: o acabar de una vez con todos
+los grandes, lo cual no es fácil, o meterse entre ellos y aprender sus
+marrullerías y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar
+_palantito_.
+
+--Yo--dijo Mariano con súbita animación--quiero que se hable de mí.
+
+--¡Que hablen de ti!..., pues mete ruido.
+
+--Lo que es ruido..., ya lo meto--replicó Mariano.
+
+--¿Cómo? ¿Con un cencerro?
+
+--Con esto--dijo Mariano mostrando un canuto.
+
+--¡Ah! ¡Tunante!...--exclamó Bou muy asombrado de ver el instrumento
+músico que el chico mostraba--. Conque tú te ocupas... Pues mira: desde
+hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende
+al pueblo. ¡Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores
+y demás escoria! Oye tú, mírame a la cara. ¿Me ves bien? Pues este que
+aquí ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio
+al Poder público; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que
+represente la autoridad usurpada y la ley tiránica, lo hace cara a cara,
+a pecho descubierto, poniéndose entre el peligro y la inmortalidad,
+entre el verdugo y la gloria. ¡Pero disparar cohetes en la sombra,
+asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden público!...
+Reflexiona, hijo mío--añadió, después de una pausa, con tonillo de
+propaganda evangélica que sabía adoptar en ciertos casos--; reflexiona
+en que si quieres educar tus virtudes cívicas, y llegar al grado de
+estimación pública a que hemos llegado los que estamos llenos de
+heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido
+ratas...».
+
+Dios sabe a dónde habría llegado por este brillante camino, si Mariano
+no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado
+fisiológico en que se encontraba, su lúgubre atonía se interrumpió
+bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de ironía
+dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como
+alma que lleva el diablo.
+
+«Este chico tiene algo»--dijo Bou para sí.
+
+Olvidándose luego del muchacho, siguió pausadamente los pasos contados
+de su metódica vida; paseó un poco por la tarde, comió después, fue al
+café, regresó a su casa, y cuando se estaba acostando, ¡ay Dios!, oyose
+un estrépito tal, que no parecía sino que reventaba una mina junto a la
+casa y que esta se venía abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido
+dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos
+mil, la puerta de la casa saltó del quicio, y el vecindario,
+alarmadísimo, salía gritando a la calle con pánico horrible...
+
+¡Ah pillete aristócrata!--dijo Bou serenándose al comprender lo que
+era--. ¡Si te cojo!...».
+
+
+=--II--=
+
+Y algunos días después de esto, Mariano estaba en la encrucijada que
+llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vías que allí concurren,
+sin saber cuál escoger para entrar por ella. Oigámosle:
+
+«¿Iré a casa de mi tía? No, que llama a los de Orden público y me cogen.
+¿Iré a ver a mi hermana? No, que estará allí _Gaitica_. ¿A dónde iré?...
+Dejémonos ir. Por aquí, por la Carrera abajo, veré la gente que va a
+paseo, veré los coches, subiré al Retiro, y me estaré allí toda la
+tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de
+nada... Ya empieza a pasar la pillería. Allá va un coche..., y otro y
+otro. Toma, aquel es de ministro. _Chupa--gente_, ¿sabe el coche?
+_Oigasté_, ¿y si le dijeran: «Suelte lo que no es suyo?...». Ahí va
+otro. ¡Cuánto habrá robado ese hombre para llevar cocheros con tanto
+galón!... Anda, anda, y allí va un cochero montado en el caballo de la
+derecha, con su gorrete azul y charretera... ¡Eh!, y en el coche van dos
+señoras... ¡Vaya unas tías, y cómo se revuelcan en los cojines! _Oigan
+ustés_, ¿de dónde han sacado tanto encaje? Y qué abrigaditas con sus
+pieles... Pues yo tuve anoche mucho frío, y ando con los zapatos rotos.
+Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado.
+¡Valientes tías!... Subiré por el Dos de Mayo. Por aquí va mucha gente a
+pie.
+
+»Este Retiro es bonito; sólo que..., de aquellas cosas que pasan,
+habiendo tantos que tienen frío, el pueblo debía venir aquí a cortar
+leña... Entro por este paseo de los muñecos de piedra con las manos y
+las narices rotas. ¡Qué feos son!... Hola, hola, ¿niñitos con guantes?
+¡Y cuántos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la
+criada había para vestir a cuatro mil pobres... El papá debe de haber
+robado mucho. Está gordo como un lechón... De consiguiente, que lo abran
+en canal... Tomemos por aquí a la derecha, para ir a la Casa de
+Fieras... Pero no entraré; estoy cansado de verlas. ¡Puño, cuánto coche!
+Allá va D. Melchor acompañando a dos niñas. Sí, para ti estaban, bruto.
+Son las niñas de Pez. Y el Sr. Pez va también con la gran tripa llena de
+billetes de Banco, que ha tragado... Más coches, más coches, más. Bien
+dice el maestro que lo bueno sería que toda esta gente no tuviera más
+que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente,
+todos viviríamos al pelo... Pero ¿qué es aquello que viene allí? ¡Ah!,
+ya sé. Primero un batidor a caballo. Después el gran coche con seis
+caballos... Puño, y toda esa gente de galones, ¿para qué sirve? Miale,
+miale, cómo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella también
+saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habrá que vus arregle.
+Yo lo que digo es que muerto el perro se acabó la rabia, y que muerta la
+cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que
+les vean mejor. Ahora vuelven para acá; ya vus hemos visto bien.
+
+»¡Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazón, ¿a dónde
+iríais a parar todos? Todos os pasaríais al partido de los pobres.
+¡Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. ¡Abajo los
+ladrones!... Puño, vienen más coches, todos con tías brujas o con mozas
+guapas muy tiesas. Ya, ya; ¿sombrillita para que el sol no les queme las
+caras? Pues yo, tías brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos
+rotos, y la blusa rota, muerto de frío; con que... ¡Eh!... ¿Quién es
+aquel que va a caballo? ¿No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de
+persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos
+días ha ganado al juego muchos miles. Ladrón, ruletero, chulapo,
+ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a mí y no me saluda;
+¿apostamos? Aquí viene; me acercaré para que me vea. Le hablaré en
+flamenco. «Buenas tardes, zeñó Zurupa».
+
+Esto decía Mariano acercándose a un jinete que avanzaba por la orilla
+del paseo, montado en un caballo español puro, de cuello corvo y
+movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre
+bromas y veras, sacudió el siniestro brazo, y con el látigo, quizás sin
+pensarlo, le cruzó la cara, diciéndole: «_Granujilla_...».
+
+
+=--III--=
+
+En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles
+y la catadura ordinaria de sus habitaciones, parecía ser la misma en que
+Joaquín e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta
+historia quedan contadas, halláronse juntos otro día Mariano y el
+caballero (llámase así porque iba a caballo) designado con el nombre de
+_Gaitica_. Entró Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin
+saludarle le dijo:
+
+«Vengo _a_ por aquello.
+
+--¡Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roío niño».
+
+Sacó tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arrojó sobre la mesa.
+
+«El otro día--dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje--me dio
+usted un latigazo.
+
+--Niño, fue sin querer. Pues qué, ¿a un roío caballero como tú se le dan
+latigazos?... ¡Taco, y qué orgullo vas echando!... ¡Roer! Átame esa
+mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algún día necesitas una roía
+peseta, vente acá. Si algún día no tienes qué comer, no faltará acá un
+roío pedazo de pan que darte. Comerás las sobras de la mesa. Eres un
+roío gandul, un roío holgazán, un roío bergante, y acabarás en presidio.
+
+--Como usted--dijo Mariano con descaro.
+
+--¡Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roío puntapié vas a
+parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules
+me cargan, ¡taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la
+ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre
+formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillería; hombre de
+negocios, hombre que se puede poner delante del rey, sí, señor; porque
+es un hombre que paga la contribución, un hombre de orden, de ley, que
+no gusta de oír hablar del roío pueblo ni de la roía revolución; un
+hombre, en fin, más honrado que Dios, más caritativo que la roía
+Biblia».
+
+Mariano le oía espantado y con despecho. ¡También _Gaitica_, aquel ser
+de la última gradación moral, aquel hombre a quien _Pecado_ consideraba
+como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeño capital,
+adquirido en infames juegos de azar, y quería revestirse de la dignidad
+del burgués pacífico, del propietario conservador, y clasificarse entre
+los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo
+último que a Mariano le quedaba que ver.
+
+«Sí--prosiguió aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano
+más hábil lo hará después--, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a
+tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos días, cuando he
+ido al Modelo a ver a una prima que está allí por unas roías lesiones...
+Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le
+había acabado el dinero y tenía que pasar a la sala común. ¡Roer!, ¡un
+hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arreglé con el alcaide el
+pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar
+las roías pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es
+muy buena y muy señora. Voy a visitarla todos los días y a ofrecerle mis
+servicios. ¡Oh!, no es como tú, que eres de lo que llaman un parásito,
+la polilla del orden social, un vago. Tú y tus compañeros debéis ser
+exterminados, porque la roía sociedad..., en fin, yo me entiendo.
+Márchate. ¡Roer!, ¿qué haces ahí como una estatua? Tú no tienes
+inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur».
+
+En el cerebro de Mariano se repercutían, como vibraciones de una
+campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos
+auténticos del célebre _Gaitica_. Conocido de todo Madrid, este tipo ha
+venido a nuestra narración por la propia fuerza de la realidad. El
+narrador no ha hecho más que limpiar todo lo posible su lenguaje al
+transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosería y bestialidad, para
+no dejar sino la escoria absolutamente precisa.
+
+Cuando Mariano se retiró aquella noche a su miserable alojamiento,
+después de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin
+tomar alimento, sufrió un ataque epiléptico. Parecía que se desbarataba
+en horrorosas convulsiones, y se mordió las manos y se golpeó todo,
+quedándose maltrecho. Por fin le pasó, Dios sabe cómo, y al volver en sí
+encontrose con una gran novedad en su cerebro: tenía una idea; pero una
+idea grande, clara, categórica, sinceramente adherida a su inteligencia.
+No durmió en toda la noche, no comió nada a la mañana siguiente. Tenía
+momentos de gran temblor y confusión, y otros en que una actividad
+febril obligábale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse
+en nada más que en los coches que iban y venían.
+
+Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su
+vida y el pasto de su idea. Rompió toda clase de relaciones, dejó de ver
+a su hermana, a su tía, a Bou, a _Gaitica_, y con quien únicamente
+cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que vivía con él y estaba
+casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pasó también sin
+dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de
+entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro
+de él, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque
+epiléptico, y cuando le pasó, disparataba cual si hubiera perdido la
+razón. Durmió luego profundamente; levantose alegre, salió, y
+dirigiéndose al Rastro detúvose en un puesto a comprar algo. Regateó con
+discreción y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que había
+comprado, lo escondió, lo agazapó debajo del colchón, diciendo estas
+palabras:
+
+«Estáte quieta, ahí, quieta».
+
+
+
+
+Capítulo XV
+
+¿Es o no es?
+
+
+=--I--=
+
+¡Generoso señor aquel que evitó a Isidora la angustia y el bochorno de
+la sala común, apresurándose a pagar la miserable cuota! ¿Quién era
+aquel ser benéfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente?
+La agraciada no le conocía más que de haberle visto dos o tres veces en
+el cuarto de su vecina (una tal Antoñita Surupa, que por ciertos
+porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la
+impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan
+superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al día siguiente de
+aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de él,
+Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban _Gaitica_ en círculos que
+apenas es lícito nombrar, visitó solemnemente a Isidora.
+
+Según él mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre
+de gran mérito, que todo se lo debía a sí mismo, pues abandonado de sus
+nobles padres y desheredado por sus nobilísimos abuelos (¡miserias y
+bribonadas del mundo y de la ley!), había tenido que crearse una
+posición con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes halló Isidora
+en su nuevo amigo para sentir hacia él simpatía y antipatía, en
+porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y
+abandonado, víctima del egoísmo de sus padres, le hacía sobremanera
+interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo más soez y
+chabacano que imaginarse podría. Su figura hermosa, juvenil y hasta
+cierto punto elegante, que recordaba la de Joaquín Pez, perdía todas sus
+ventajas con lo que del alma salía a los labios de tan singular
+criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversación. Por
+momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. Él,
+hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y
+persecuciones de que había sido víctima, cautivaba más la atención de la
+prisionera.
+
+La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castaño no la
+visitaban ya; Bou había roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Sólo
+eran constantes D. José y _la Sanguijuelera_, que llevaba a _Riquín_.
+Joaquín Pez, cuyo trato en aquella soledad habría sido muy grato a
+Isidora, estaba en la Habana, desde donde le había escrito algunas
+cartas cariñosas. _Riquín_, Encarnación y Relimpio eran, pues, los
+únicos que llevaban la alegría, la distracción y la esperanza a la
+triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando
+con la bondad de la celadora.
+
+Miquis fue a verla un día para anunciarle la visita definitiva de Muñoz
+y Nones.
+
+«Oye tú, gran mujer--le dijo--: mañana viene mi querido suegro. Recíbelo
+como se merece. Le hablé de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo
+posible. Te hablará largo de tu pleito y de tu causa criminal, y
+poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las hará ver claras y sin
+telarañas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las
+cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades
+valen más que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son
+verdad pura. Lo que él te diga tómalo como el Evangelio. Si trata de
+encarrilarte por el camino _A_ o el camino _B_ (aquí de nuestro
+_Ipecacuana_), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a
+un lado, como se deja una corona de teatro después de acabada la
+representación. Así como se hace examen de conciencia antes de confesar,
+haz ahora examen de tonterías para que las abjures todas. Acopia sentido
+común y ensáyate toda esta noche en apreciar la extensión verdadera, el
+número y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasía
+quiera llevarte a una apreciación falsa de la realidad, date un gran
+pellizco..., y por último, no coquetees delante de mi suegro, porque,
+aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y
+podría suceder...».
+
+La primera impresión de Isidora al ver entrar a Muñoz y Nones fue muy
+grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la
+Naturaleza en figura, modales, gracia de expresión y don de gentes. Su
+edad no pasaba de cincuenta años, y vestía con pulcritud y corrección.
+Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la
+fundación de una _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_, le
+caracterizaba, en primer término. Era además hombre que miraba con
+extraordinaria penetración a las personas con quienes hablaba, y que
+para aprobar y afirmar decía siempre: _Mucho, mucho_, y para negar
+empleaba irrevocablemente la frase _no hay tal cosa, ni ese es el
+camino_. No usaba más que una comparación. Para él, todo era... _como la
+luz del mediodía_. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en
+invierno, significaba algo, Muñoz y Nones era un hombre singularísimo en
+esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre
+grueso de otro, Muñoz y Nones debe ser puesto en la categoría de los que
+viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y
+un mucho simpático, acabará de pintarle por fuera. Su franqueza le había
+valido algunos disgustos, pero también grandes triunfos, porque el culto
+de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales
+no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la
+esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con
+sus éxitos, decía el gran notario que _también la honradez es negocio_.
+
+«La señora marquesa--dijo Muñoz después de los saludos--está en las
+mejores disposiciones respecto a usted. No sé si sabrá usted que esa
+señora es un ángel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo
+yo, y basta. Imagínese usted el ser más bondadoso, más prudente, más
+sensible y cariñoso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginación
+será siempre inferior a la marquesa de Aransis.
+
+--No lo dudo--replicó Isidora, contrariada, porque habría querido oír
+hablar mal de su abuela, dado que lo fuese--. La señora marquesa será
+muy buena, aunque en este caso mío...
+
+--Pero, criatura--dijo Muñoz sin poderse contener--, ¿todavía no se ha
+curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... ¿Todavía cree
+usted pertenecer a la casa de Aransis?
+
+--¿Acaso me han probado lo contrario?
+
+--¡Probado!... ¡Si está más claro que la luz del mediodía! No se trata
+ya del pleito de filiación, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada.
+Empéñese usted en seguirlo adelante, y consumirá su vida, su dinero y su
+salud inútilmente».
+
+Isidora sudaba.
+
+«¿De modo--dijo esforzándose en vencer su abatimiento y espolear sus
+ánimos decaídos--, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la
+falsificación?
+
+--¿Conque paparrucha?... ¡Ay niña, niña, usted no sabe lo que se dice!
+La falsificación es tan clara, tan evidente como la luz del mediodía. El
+Tribunal lo ha declarado categóricamente. El pleito de filiación carece
+de base y se cae, como un castillo de naipes».
+
+Isidora sintió que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto
+daba vueltas, que Muñoz y Nones se reproducía en infinitas imágenes o
+copias del mismo Muñoz y Nones.
+
+«Explíquese usted...--balbució con voz dolorida, cerrando los ojos--No
+puedo entender...
+
+--Pues muy sencillo... ¿Pero se pone usted mala? Un vasito de agua...
+
+--No es nada. Usted qué entiende de estas cosas...
+
+--Mucho, mucho. La falsificación existe. Que usted no es autora de ella,
+no tiene duda, pues se perpetró ese delito, según todas las apariencias,
+cuando usted tenía tres años.
+
+--Entonces...
+
+--Su padre de usted, Tomás Rufete, era un hombre ligero, de costumbres
+desordenadas. Le conocí, le tuve de escribiente. Muchas veces le presté
+dinero que no me devolvió; pero esto no hace al caso ni ese es el
+camino...
+
+--¡Mi padre!... ¿Usted está seguro de que era mi padre?--exclamó Isidora
+sacando fuerzas no se sabe de dónde--. Estas cosas no se pueden apreciar
+así, señor mío.
+
+--¿Pues no se han de poder apreciar, señora mía? Yo me contento con
+decir que la casa de Aransis no ha tenido parte mínima en echarla a
+usted al mundo. Dos chicos nacieron de una señorita desgraciada...
+
+--¿Usted la conoció?--dijo Isidora con energía apelando a un recurso de
+gran efecto.
+
+--Sí.
+
+--¿Me ha mirado usted bien?».
+
+Muñoz y Nones, que ya la había mirado bien, consecuente con la dulce
+afición declarada por Miquis, la volvió a mirar.
+
+«En efecto--dijo sonriendo--, es usted muy guapa.
+
+--¿Y no halla usted semejanza...?
+
+--En la Naturaleza--replicó Muñoz muy serio--se observan fenómenos de
+semejanza... Sin embargo, usted y Virginia sólo se parecen como dos
+mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo...,
+pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco».
+
+Isidora no pudo contener su dolor. Se echó a llorar.
+
+«Aunque se aflija, para mí la verdad es lo primero. No hay semejanza ni
+ese es el camino.
+
+--¡Oh! Señor Muñoz--dijo ella con extraordinario énfasis--; si usted en
+esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que
+es usted el hombre más malo, el mayor monstruo...
+
+--Crea usted lo que quiera. ¿Tengo yo fama de monstruo?
+
+--No, no. Diré a usted...».
+
+Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese
+rodeada de púas, movía los brazos queriendo expresar con ellos una
+convicción más enérgica que la que expresaban los labios.
+
+«De modo que según usted, según usted, señor Nones, yo soy, yo soy...
+una cualquiera.
+
+--Según lo que usted entienda por _una cualquiera_. Lo que yo afirmo es
+que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido víctima
+de un gran engaño. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a
+averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Tomás Rufete,
+logrando engañar primero a D. Santiago Quijano y después a su hija...
+
+--¿Conoció usted a mi tío el Canónigo?
+
+--Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres más
+sencillos, hablemos claramente, más tonto que han comido pan en el
+mundo. Le traté mucho. ¡Qué hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer
+que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha
+una panadería. También le hicimos creer que la baba del conejo era
+venenosa, y consultó cuatro médicos y se cauterizó un brazo. Se le daban
+las bromas más extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco
+valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armábamos una camorra por
+cualquier tontería. Uno de nosotros se fingía agraviado. Los demás
+acalorábamos la disputa. No había más remedio que batirse. Quijano hacía
+de tripas corazón. Le llevábamos al campo del honor, donde con mucho
+miedo, pero con tesón muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas
+como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extraño
+es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las
+estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escribía clásicamente, leía
+novelas, era muy apasionado de las cosas aristocráticas, se sabía de
+memoria el _Becerro_, y tenía en la punta de la uña todos los linajes de
+España. Juzgue usted si ese santo varón era que ni pintado para sostener
+un bromazo que Tomás Rufete quiso dar a sus hijos.
+
+--Esas historias, señor Nones--dijo Isidora aparentando una firmeza que
+no tenía--, nada me prueban.
+
+--Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel
+de Artillería, cuya nombre debe usted saber, se presentó en el despacho
+de Andréu, primo y compañero mío, hace quince años, y le habló de un
+asunto penoso y delicado. Al día siguiente Andréu había extendido un
+documento que llamamos _acta de reconocimiento_. En él reconocía como
+hijos suyos a una niña... (paciencia..., déjeme usted concluir), a una
+niña y un niño, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada
+joven que, digámoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de
+fisonomía, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento hacía
+constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y
+deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual vivía... ¿sabe usted
+dónde?
+
+--¿Yo qué he de saber?»--replicó Isidora con desvío y detestable humor.
+
+Muñoz y Nones se levantó. Dirigiéndose a la reja, y mirando hacia la
+calle, señaló una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las
+Comendadoras.
+
+«¿Quién vivía en aquella casa?
+
+--Yo.
+
+--Tomás Rufete tenía por vecino en el piso tercero a un licenciado de la
+Guardia civil. ¿Se acuerda usted?
+
+--Yo no.
+
+--¿Tampoco recuerda usted cuando se quemó esa casa?
+
+--De eso tengo una idea; era yo muy niña. Mi hermanito empezaba a andar
+entonces.
+
+--Mucho, mucho. Cuando se quemó la casa, Nicolás Font...
+
+--¿El guardia civil?
+
+--Estaba enfermo de gravedad. Lo que pasó aquel día no lo sé. Font muere
+más tarde; la niña también; la viuda se va a vivir a Getafe; el niño es
+recogido más adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se
+presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su
+padre difunto, en una tradición de familia y en varios documentos. Las
+partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron
+de ser substraídas de casa de Font el día del incendio. Pero hay otro
+documento: el acta hecha por Andréu. En ella aparece una novedad y es
+que el nombre de Nicolás Font aparece sustituido por el de Tomás Rufete.
+La falsificación está hecha con suma habilidad, y las circunstancias le
+favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por
+su papá, y que es tan papá de usted como mío; han muerto la mujer de
+Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andréu. Se busca en el
+protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitución o enmienda.
+Tomás Rufete vivió en gran intimidad con un escribiente de mi
+compañero... ¿Va usted atando cabos?...
+
+--Yo no ato ningún cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones--dijo Isidora,
+dándose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del
+notario.
+
+--Ahora lo veremos. Se busca al cómplice de Tomás Rufete, a quien Andréu
+despidió hace años por infiel. Es medio químico y muy hábil; pero su
+principal habilidad está en huir de la justicia. Se entrega el documento
+original a los peritos calígrafos y químicos, y al instante la falsedad
+salta a la vista. Hecha con precipitación, es mucho más grosera que la
+de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de
+filiación ha presentado testimonios tan débiles; como la prueba ha sido
+tan flojísima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a
+usted, es casi seguro que irá a presidio por delito de usurpación de
+estado civil.
+
+--Yo no soy falsificadora--afirmó Isidora quedándose como una muerta...
+
+--¡Qué gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un
+derecho, y con testimonios débiles y documentos apócrifos trata de
+usurpar un puesto que no le corresponde».
+
+La de Rufete estaba humillada y abatida. Difícilmente entraba en su
+cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas
+sostenía, resultaba un decaimiento parecido a la agonía de morir. Nones
+la miraba en silencio, esperando una palabra.
+
+«Dígame usted--murmuró ella al fin con temor--, ¿qué tengo que hacer
+para evitar... eso de ir a presidio?
+
+--Declarar que ha sido engañada; descargar su responsabilidad sobre su
+señor papaíto, reconocer que no tiene derecho alguno...
+
+--¿Y quién me asegura que no lo tengo?...»--volvió a decir,
+reaccionándose.
+
+El instinto de conservación de su error era tan grande, que este
+necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muñoz y Nones
+tomó su sombrero.
+
+«No se vaya usted, no--dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras
+dudas--. Hábleme algo más. No estoy convencida, pero dudo. ¡Oh! Si me
+muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta
+fe, ¡qué dichosa sería! Señor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto
+lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engañar.
+Júreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi
+derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizás pueda
+yo empezar a acostumbrarme a esta idea...
+
+--¡Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No
+hay motivo para tanta aflicción ni ese es el camino. Una existencia
+humilde y sin los desasosiegos de la ambición, puede hacerla a usted
+dichosa. La señora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un
+auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestión un corte
+rápido y decisivo. La señora está disgustadísima; aborrece el escándalo
+y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es traído y llevado
+por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La señora no
+duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera aún,
+consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus
+esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a
+los pleiteantes tercos, y usted, empeñándose en seguir adelante, puede
+prolongar el litigio sin ningún fruto para usted y con cien
+probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y
+le doy a usted unos días de término para que lo piense bien. Mi yerno me
+ha dicho qué tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque
+ofuscada por desvaríos y falsas apreciaciones de la vida. Si usted
+lograra ver cada cosa como es realmente, estábamos de la otra parte.
+Conque... ánimo. Y para concluir: sé que tiene usted un hermanito que es
+una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando
+inauguremos la _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_. Le
+reformaremos, y usted... trate de reformarse».
+
+
+=--II--=
+
+¿Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista,
+el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida.
+Olvidada de molestias y humillaciones de la cárcel, no tenía seso ni
+corazón más que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de él;
+porque sí, era un problema semejante a una llaga, un problema que la
+enloquecía como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una
+úlcera abierta en lo más delicado y profundo de sus entrañas. La
+pavorosa duda tenía alternativas y lances de batalla. Ya vencía la
+convicción, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario,
+triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de
+sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenían
+tantas ideas, tantas fórmulas de investigación, tantos ni tan variados
+argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella
+tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres días
+sucesivos. Porque diabólica era ciertamente la claridad e insistencia
+conque surgían en su mente todos los argumentos negativos de su derecho.
+Ella quería rechazarlos, y ellos crecían fortaleciéndose, vestidos con
+la inmaculada vestidura de lo evidente. Sí, su tío el Canónigo era
+tonto. ¿No podía dar ella mil testimonios de sus necias credulidades?
+Ella misma le había imbuido algunas veces ideas sumamente extrañas.
+
+Como D. José, su tío el Canónigo daba calor en su entendimiento a las
+ideas más absurdas, las fomentaba y se engreía con ellas. Su tío,
+engañado por Rufete, había representado con ella la comedia funesta que
+tan desgraciada la había hecho. ¡Cuántas veces en las noches del
+invierno él la embelesaba diciéndole que sería marquesa, que tendría
+palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de
+_Las mil y una noches_! Él la había enseñado a no trabajar, a esperarlo
+todo de una herencia, a soñar con grandezas locas, a enamorarse de
+fantasmagorías. Habíale llenado la cabeza de frivolidades, habíale
+educado en la contemplación mental de un orden de vida muy superior a su
+verdadero estado. Él, cuando ella se cansaba, le decía: «Tendrás coche».
+Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le decía: «Tendrás
+veinte modistas a tus órdenes». Decíale: «¡Qué palacio el tuyo!», y
+otras expresiones que encendían más y más en ella el volcán de ambición
+que ardía en su pecho... Sí, su tío era tonto, tonto rematado, un hombre
+calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la
+realidad, el apóstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional
+que engendra en su estado morboso el pensamiento humano.
+
+Luego pensaba en su padre. Sí, sí, Tomás Rufete era un hombre
+desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la
+envidia. Bien podía ser verdad lo que Nones decía, y Tomás autor de
+aquel dramático sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por
+obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en
+calidad de transacción. Esto era razonable. ¿Qué demonio de lógica se
+escondía dentro de estas ideas, dándoles cuerpo y vida?... También
+pensaba en su madre. ¿Por qué siempre que Tomás Rufete hablaba de la
+marquesa, de los niños de la marquesa y de la indudable herencia y
+estado de estos niños, Francisca Guillén bajaba la cabeza, se ponía de
+mal humor y no añadía palabra alguna a las expresiones de su marido? Su
+madre, pues indudablemente debía darle ya este nombre, era una mujer
+honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. Él le había impuesto su
+infame comedia, y ella, por miedo y quizás por la ilusión de que sus
+hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. ¿Por qué su tía
+(pues ya no había duda de que era su tía) se burlaba siempre del
+marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. José, que en la
+declaración de la prueba había dado por amor a ella testimonio
+favorable, también dudaba, sí, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien
+se le conocía al tenedor de libros que no tenía fe en lo de Aransis,
+porque hablaba poco de esto y siempre en términos indecisos.
+
+Al tercer día de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy
+poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora
+llegó al colmo de la crisis. Una noche, hallándose sola, corrió furiosa
+a la reja, se agarró a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que
+alborotaron la calle, decía:
+
+«Y, sin embargo, soy noble. ¡Jueces, notarios, abuela, gente toda que me
+tenéis aquí, yo soy noble!».
+
+Luego recorría de un ángulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza,
+gritando:
+
+«Soy noble, soy noble. No me quitaréis mi nobleza, porque es mi esencia,
+y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino».
+
+Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajéronle algo
+de comer para combatir el desvarío combatiendo la debilidad; pero ella
+tiró los platos y despidió a las mujeres.
+
+«A mí no se me presenta ese bodrio. Eso no es para mí--exclamaba--. Que
+me traigan mi baño. ¡Yo no puedo vivir sin baño! Que me saquen de esta
+pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaquín...».
+
+Todo fue inútil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritación
+trajo a la mañana siguiente el agotamiento y con él la remisión de un
+mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar
+alimento. Se quitó el vestido, diciendo que no podía tener encima tales
+harapos, y pidió una y otra vez su baño, su querido baño. Por último, le
+trajeron a _Riquín_, y viéndole y acariciándole, descendió lentamente,
+en alas del cariño materno, de las borrascosas alturas en que su razón
+estaba tan nublada.
+
+
+
+
+Capítulo XVI
+
+Las ideas de Mariano.--La síntesis
+
+
+_La Sanguijuelera_ acompañó a su sobrina a la siguiente mañana,
+obsequiándola con una retahíla de preciosos consejos que debieran
+reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabiduría
+humana.
+
+«Lo de tu herencia es ya sal y agua. Después de tantos mareos y bascas,
+has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a
+vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo más obligación que
+mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte.
+Cuando te vi en malos andares, te negué un ochavo y te saqué lo que
+pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para
+este sol cabezudo del mundo... ¿Vas a ser honrada, sí o no? Mira, tienes
+varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o
+te vas en busca de aquel Sr. Botín de otros tiempos y le pides el
+estanco que te prometió. Pondremos estanco y cacharrería en dos tiendas
+juntas de una buena calle, y no habrá quien nos tosa... Pero en mi casa
+no entran pantalones; ¿te conviene? Otra cosa te propongo. ¿Quieres ser
+ama de cura? Yo conozco un capellán de monjas, ancianito, buen
+cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un
+gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me está diciendo
+siempre que le busque un ama de fundamento... Decídete; ¿estampería,
+estanco o religión con llaves?».
+
+Isidora no contestó nada, porque ni siquiera oía lo que Encarnación
+hablaba. Después nombraron a Mariano.
+
+«Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios.
+Está viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de
+Ministriles que más parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un
+almacén de vinos, y _Palo--con--ojos_ va al río. Vivirían si él no
+bebiera tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le
+pega a la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al
+suelo».
+
+Isidora se echó a reír. En el mismo instante, _Riquín_ le daba
+bofetadas.
+
+«No se pega, no se pega.
+
+--Anda, cáscale duro... Déjale que pegue. Este va a tener más talento...
+Le criaremos para cura de escopeta y perro. Verás qué sermones salen de
+esa cabezota. ¿Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa...
+¡Leña a los herejes y protestantes; duro, firme!».
+
+Acto seguido, Encarnación cogió al niño por un brazo y se dispuso a
+salir.
+
+«¿A dónde va usted?
+
+--A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la
+gala de la corte de España, que es la primera del orbe mundo. Pero
+ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la
+Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos
+las dos libras y en que había más religión, más aquel, más principios,
+en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y había más respeto
+a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello
+era ser Majestad, aquello era señoría y grandeza. Entonces se daban
+vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan señora, con
+aquel aire... ¡Y con qué cariño miraba ella al pueblo! Parecía que iba
+diciendo: «Aquí tenéis a vuestra madre...». ¡Pero ahora...! Pasa la
+corte, y todo el mundo _mutis_. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los
+pobres están más pobres, y la _Minificencia_ no puede recoger a tantos.
+¡La libertad!... Pillería, chica, pillería. Entonces había más señorío,
+créelo, y donde hay señorío corre el dinero y vive el pobre. Conque
+abur, abur».
+
+Encarnación salió con _Riquín_, encaminándose hacia el centro de Madrid.
+Era día de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario
+precisar. Las calles del centro estaban animadísimas. La gente circulaba
+alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegría propiamente madrileñas,
+arremolinándose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que
+llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras,
+mostraban damas hermosas. El mujerío, la militar música y el cielo de
+Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurrían a
+dar a la solemnidad su expresión característica.
+
+_La Sanguijuelera_, que había visto y gozado un número infinito de
+funciones de tal especie desde la entrada de María Cristina hasta la de
+D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado,
+hallaba en aquel espectáculo desinteresados placeres. Encarnaba en sí la
+novelería, la bullanga y el entusiasmo monárquico del antiguo pueblo de
+Madrid. Ella conocía, como se conocen los muebles de la casa, todos los
+coches de Palacio, el de carey, el de nácar, el de los globos, y hasta
+de los paramentos y arneses podía dar circunstanciada noticia. Conocía
+también como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de
+los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras
+particularidades que interesaban más a la gente antigua que a la
+moderna. En cuanto a elegir los sitios más propios y cómodos para verlo
+todo, nadie la igualaba.
+
+En la calle Mayor encontró a su antigua vecina _Palo--con--ojos_. Esta y
+Encarnación, que alzó en sus brazos a _Riquín_, se colocaron en la
+embocadura del callejón de San Ginés, lugar donde no era grande la
+aglomeración de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de
+corrida o apretujones.
+
+«Todavía es temprano. Tenemos para un rato--dijo Angustias desatándose y
+liándose el pañuelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la
+gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico.
+
+--¿Y mi bergante?
+
+--Esta mañana salió muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando
+porque le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar,
+con la corbata negra y amarilla que se compró la semana pasada.
+
+--Anda, anda.
+
+--Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no sé de dónde ha sacado los
+cuartos. Yo le dije, digo: «¿Has descargado la borrica?»; y él me dijo,
+dice: «Váyase usted al acá y al allá». Pues por ahí te pudras. Está...,
+vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco
+veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco,
+las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar
+vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no sé qué va a ser de él. No
+trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted...
+¡Modesto, consejos! Él, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a
+los pies...
+
+--Todo sea por Dios»--dijo Encarnación, y más iba a decir; pero en aquel
+momento oyéronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo
+expectante unido a las frases sueltas «Ya vienen, ya vienen». Gran
+estupefacción de _Riquín_, que nunca había visto cosa más bonita;
+éxtasis de _la Sanguijuelera_, que no cerraba el pico un momento al paso
+de la comitiva o procesión real, poniendo un comentario a cada parte de
+ella.
+
+«¡Qué viejecitos están ya los reyes de armas!... ¿Ve usted? Ahora vienen
+los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados...
+Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos.
+Mire usted qué guapos chicos... Ahora viene el coche de nácar...,
+penachos verdes. ¿Quién será este señor con tanto morrión y tanta cruz?
+Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos...
+Ahora viene lo bueno... ¡Qué preciosas van!..., penachos rojos».
+
+Y así continuó, despachándose a su gusto con progresivo entusiasmo,
+hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesión.
+
+«¿Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?»--dijo luego, no saciada
+aún del goce de aquel variado y teatral espectáculo.
+
+Arremolinose la gente; la tropa maniobró, y entre la revuelta
+muchedumbre, _Palo--con--ojos_ distinguió a un individuo que iba en
+dirección a la Plaza Mayor.
+
+«¡Allá va, allá va!--gritó señalando.
+
+--¿Quién?
+
+--El bergante.
+
+--Sí, él es... ¡Mariano, _Pecado_...!».
+
+Pero Mariano que las vio y oyó los gritos de su tía, se hizo el tonto y
+apretó el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco
+después estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de
+aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una
+fingida roca, forma un globo elástico, cuyas paredes se ahuecan y se
+deprimen según las bate más o menos el aire. En la movible costra
+líquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imágenes del
+jardín y de los transeúntes. Completaba la fascinación del globito de
+agua un bullido juguetón, en el cual cualquier poeta habría podido oír,
+con buena voluntad, las risotadas de los niños de las náyades. Mariano
+puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos,
+y estuvo mirando el extraño surtidor... Dios sabe cuánto tiempo.
+
+Así como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo
+futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas
+aún, _Pecado_, cuando se sentía dispuesto a la meditación, resucitaba lo
+próximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya
+recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio,
+pues, todo lo que había hecho aquel día, casi tan a lo vivo como si aún
+estuviera pasando. Se había levantado muy temprano después de una noche
+de desvelos y tortura; habíase puesto su camisa limpia y las demás
+prendas que estrenaba, mostrando un empeño particular en aparecer con la
+facha más decente que le fuera posible; había salido y tomado café en un
+puesto de la calle del Ave María, y después se fue a vagar por las
+calles. A eso de las diez almorzó en una taberna jamón con tomate, que
+estaba muy rico, y después había comprado un periódico y leído la mitad
+de él, indignándose con todas las picardías que denunciaba, y
+participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno.
+
+Más tarde paseó por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los
+cuarteles venía. Bonito estaba todo; pero él lo miraba con desdén y,
+sobre la impresión recibida, ponía un pensamiento de melancólica burla y
+sarcasmo. En un balcón había visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado,
+junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de allí, uno
+de los Peces (él no los conocía bien, pero debía de ser Luis Pez)
+acompañaba en otro balcón a la familia del duque de Tal. Siguió
+adelante, y a la vuelta de una esquina encaró con el nunca bien
+ponderado _Gaitica_, que venía a caballo, hecho un potentado, un
+sátrapa. La extraviada imaginación de Mariano veía a este personaje cual
+si fuese un resumen de todas las altas categorías y la cifra del
+encumbramiento personal. «¡Cuánta pillería!», exclamó para sí.
+
+Todos triunfaban y vivían regaladamente escalando cada día un lugar más
+elevado, mientras él, el pobre y desvalido _Pecado_, permanecía siempre
+en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni
+fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la
+muchedumbre. ¿Por qué era esto, cuando él valía más que toda aquella
+granujería de levita? Él, según las creencias firmes de su hermana,
+había nacido de sangre noble. Le habían sustraído lo suyo, le habían
+despojado de todo, arrojándole desnudo y miserable al seno del
+populacho, como se arroja al basurero un despojo inútil. ¿Quién sabía si
+muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores,
+eran suyas? ¿Quién sabía si el dinero de que debían de tener llenos los
+bolsillos todos aquellos caballeros y damas procedía de riquezas que en
+rigor de la ley le pertenecían a él? ¿Y a quien se dirigía para reclamar
+lo suyo? A nadie, porque desde el primero al último todos eran
+grandísimos pícaros.
+
+La nación en masa, ¿qué nación?, la sociedad entera estaba confabulada
+contra él. ¿Qué tenía que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a
+ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera él
+solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. ¿Cómo? Por su
+mente rondaba tiempo hacia una idea que resolvía la cuestión. La idea y
+el propósito de ejecutarla se habían apoderado de él juntamente,
+dominándole y llenándole por entero. Idea y propósito eran como una
+llaga estimulante en el cerebro, la cual le dolía y le comunicaba un
+vigor extraño. Repetidas veces había puesto en ejecución su pensamiento,
+¿pero cómo?, en sueños, y también alguna vez despierto, cediendo como a
+una fuerza automática y fatal que no era su propia fuerza. En estos
+casos de repetición o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y
+orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondeándose para ver
+cuándo había aparecido en él aquella idea y aquel propósito, calculaba
+que los tenía desde antes de nacer. ¡Tan viejos, tenaces y arraigados le
+parecían!
+
+Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme
+tesón que en aquel momento tenía, su miedo sería grande. Estaba viendo
+el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el
+orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No sentía miedo,
+sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensación rara
+de no dormir nunca, de no reposar jamás, de un alerta eterno. Detrás del
+punto negro que tenía delante y que ya estaba cerca, veía seguro y claro
+un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se
+ocuparía de él dentro de poco le embriagaba, le hacía sonreír con cierto
+modo diabólico y jactancioso. La aberración de su pensamiento le llevaba
+a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia
+parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le
+ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y múltiple el
+enemigo, ¿cómo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de él una
+sola persona?
+
+Rumor de voces, cornetas y músicas anunciaban que el gran cortejo volvía
+de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad--Rodrigo ganó la
+calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos,
+uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal
+modo, que no veía más que una masa movible y desvaída, semejante a los
+cambiantes y contorsiones del globo de agua que había estado mirando
+momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyándose en un farol, dijo
+para sí: «Que me da, que me da». Era el ataque epiléptico, que se
+anunciaba; pero tanto pudo su excitación, que lo echó fuera, irguió la
+cabeza, se sostuvo firme...
+
+Pasó un momento. Nunca había sentido más energía, más resolución, más
+bríos. El ruido de las músicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro
+coche. Cuando llegó el que esperaba, Mariano era todo ojos. Miró bien...
+En el acto sacó de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con
+mano no muy firme, salió el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y
+estupor en la muchedumbre, gritos, pánico, sacudidas. La bala se
+estrelló en la pared de enfrente sin hacer daño a nadie, y el autor del
+infame atentado cayó en una trampa, la indignación pública, cuyo
+engranaje de brazos y manos le oprimía, como si quisiera pulverizarle.
+
+
+
+
+Capítulo XVII
+
+Disolución
+
+
+=--I--=
+
+La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelería, penetró
+en los últimos y más apartados rincones de Madrid, en los palacios y en
+las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo sabía, se enteraron del
+caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los
+presos de la cárcel. Las presas fueron las últimas en saber la
+ocurrencia. Lo que agradecerían las cien lenguas del Modelo aquel pasto
+riquísimo no es para dicho. Comentáronlo de infinitos modos. Una gitana
+aseguró que ella lo había soñado la noche anterior y otra hacía gala de
+un entusiasmo monárquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla
+para que entrase en vías razonables. La piedad aconsejaba no se revelase
+a Isidora un suceso que debía de impresionarla terriblemente; pero a sus
+amigas les faltó tiempo para decírselo. Ella no lo quería creer; decía
+que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco
+se fue convenciendo, y últimamente razonaba el caso de este modo:
+
+«Sí, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se
+vuelve contra mí, Dios me deja de su mano».
+
+Y diciéndolo, le entró una pena y una desesperación tal, que si no
+enderezara su espíritu en el mismo instante por la vía religiosa, habría
+estado en peligro de perder la razón. Pidió a la celadora con vivas
+instancias la llave del coro, y se fue a él sola, decidida a hacer un
+acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su
+seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando
+al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreció a
+la tensión de su espíritu un alivio dulce y lento; pero cuando más
+recogida estaba, se le desvaneció la cabeza, inclinose de un lado, y no
+teniendo tiempo para asirse a la reja, cayó al suelo sin sentido.
+
+Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en sí fue la vuelta de la
+desesperación y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religión,
+sino de la libertad, y decía:
+
+«Que me saquen de aquí. Señor Nones, yo firmaré lo que usted quiera con
+tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi baño, mi casa,
+vestirme como debo, y ser honrada y feliz».
+
+Después, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano,
+increpaba a este con las frases más duras. Algo había en lo íntimo de su
+ser que representaba como una tímida aprobación del intento de Mariano,
+si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la
+barbarie no hallarían jamás en su espíritu benevolencia ni simpatía. Su
+hermano era un bandido incorregible; ella era una mártir angelical. Lo
+que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza,
+porque el papel de María Antonieta en la Conserjería, con ser muy
+poético, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la
+falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios
+a su naturaleza aristocrática, y la misma corona del martirio, con todo
+su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan
+horriblemente, que prefería, sí, prefería mil veces un sombrero de
+última moda. Pero, ¿y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no creía
+en ellos. ¡Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida
+se daña y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun
+suponiendo que su dogma fuera verdadero, ¿qué podía obtener de su
+insistencia? Nada, porque las leyes todas se habían conjurado contra
+ella, y la condenarían y la encerrarían en un presidio. Libertad, pues,
+y adiós para siempre la ilusión de toda su vida, el sostén y fundamento
+de su ser moral; adiós nobleza, marquesado, fortuna...
+
+Mas ¿por qué afligirse tanto, si en sí misma hallaba Isidora indecibles
+consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procuraría ser siempre muy
+señora. ¿Acaso el verdadero señorío no puede existir sin títulos y
+grandes riquezas? Sí, sí; sería muy señora, muy honrada, muy decente,
+arreglaría sus cosas, trabajaría (¡otra vez!), pondría el mayor orden en
+todos los actos de su vida, educaría admirablemente a su hijo, se
+casaría con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor
+ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. «Adelante,
+adelante--dijo--; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice
+Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en
+las adversidades. La mía no se dejará vencer de la desesperación. Plan
+magnífico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer
+exclusivamente práctica, eso es, práctica». ¡Oh, qué tarde!
+
+Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio
+entrar a D. José, el cual venía muy erguido, con los ojos animadísimos,
+la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresión particular y
+desusada que alarmó a Isidora. Sentándose en el único sillón que en la
+celda había, el anciano la contempló con éxtasis. ¿Qué había en él?
+¿Estupidez o desvarío? Isidora le observó con tanta lástima como
+sorpresa, diciendo: «¡Padrino...!».
+
+Relimpio la miró como se mira una visión celeste, y poniendo los ojos en
+blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el
+delirio de la inspiración poética, murmuró con arrullo estas palabras:
+
+«¡Hurí, hurí..., nadie osará ya mancillar tu blancura! Los dragones
+todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien
+perteneces y que te pertenece».
+
+Inmediatamente le entró como un acceso congestivo, inclinó la cabeza,
+cerró los ojos y empezó a roncar desaforadamente. Asustadísima, Isidora
+le mojó la cabeza, le llamó a voces, a gritos: «¡Padrino, padrino!».
+
+Anunciado por un suspiro, reapareció en la persona de D. José el
+conocimiento de sí mismo. Abrió el viejo los ojos, suspiró más, y al ver
+a Isidora y hacerse cargo de su situación, se avergonzó un poco.
+
+«Ya me ha pasado--dijo frotándose la frente con la palma de la mano--.
+¿Ha sido breve?... ¿He dicho muchos disparates?... No me riñas, no me
+riñas.
+
+--¿Pero qué es eso?
+
+--Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras
+debilidades, hija... ¡Miseria humana! He contraído un pequeño vicio;
+pero no ha sido por relajación, no; ha sido por tristeza, por la fuerza
+de mis desgracias sin número. Creo que me comprenderás».
+
+Isidora, en efecto, no comprendía nada.
+
+«Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos
+morales, del corazón--dijo Relimpio con la voz más débil y balbuciente
+que se puede oír--. Cierto día unos amigos me hicieron tomar Champagne.
+¿Qué creerás? Hubo en mí una revolución, me entró el mareo, y con el
+mareo pasé a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre,
+fui un caballero, un joven, un héroe, qué sé yo... ¿No es cosa buena ser
+algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los
+efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como
+profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ¡ay!, a la miseria
+humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca...
+
+--¡Don José! ¡Don José de mi alma!
+
+--No me riñas; te digo que no me riñas. ¡Ser algo durante diez minutos!
+Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesaré todo
+con tal que no me riñas. Me he comprado una botella de eso que llaman
+_fine Champagne_, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando
+siento que se me desgarra el corazón y se me retuerce toda el alma, me
+tomo mi copita...
+
+--¡Padrino!
+
+--Somos frágiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el
+mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas
+más bellas, arriesgadas y sublimes...
+
+--¡Por María Santísima!--exclamó ella poniéndole la mano en la boca.
+
+--En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al
+entrar, creí que entraba en un encantado y hermosísimo palacio; las
+presas me parecieron unas ninfas muy aéreas, unas como animadas flores,
+hijas del viento, ¿qué tal? La escalera, una escalera de plata y la
+celadora, un ángel...
+
+--¡Jesús, basta, basta!...
+
+--Basta, sí; ya pasó, ya pasó. Hablaré ahora de lo que quieras.
+
+--Es que yo no me fío de esa cabeza... Sin embargo, óigame usted,
+padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la
+persecución de los malos. ¡Qué infames picardías! ¿Debo o no debo
+hacerlo? Respecto a mis derechos, ¿los tengo yo? ¿Son un delirio o una
+verdad? Usted que conoció a mis padres, que debió de estar al corriente
+de lo que pasaba en su casa, dígame al fin de una vez y con completa
+sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad.
+
+--Hija, querida hija mía--repuso el viejo con una torpeza de palabra y
+de pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral--. ¿Sabes lo
+que me pasa?...
+
+--¿Qué?
+
+--Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa
+anterior a la época en que viniste a vivir a mi casa de la calle de
+Hernán Cortés. Ayer estuve todo el día preocupado con una idea, y es que
+yo fui un lince en Partida doble.
+
+--Sí, sí.
+
+--¿Pues creerás que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime,
+madre de todas las demás ciencias, y no podía?...
+
+--¡Pobre padrino, pobre padrino!... ¿Se ha enterado usted de la acción
+de Mariano?
+
+--Sí, hija. ¡Qué deshonra!
+
+--¡Qué deshonra!... Dios se ha vuelto contra mí, me ha dejado de su
+mano. Pero yo me haré mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora,
+me casaré...
+
+--¡Casarte!--exclamó el viejo con espanto.
+
+--Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreció su mano, y
+aunque me gusta poco, es un hombre de mérito...
+
+--¿Casarte...? con el monstruo, con el dragón...».
+
+Y obedeciendo a una fuerza superior que nacía no se sabe en qué parte de
+su turbado ser, el tembloroso anciano marchó hacia la puerta. ¿Iba en
+busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada
+en la frente, se echó a reír, y mirando a Isidora con gozo, dijo:
+
+«¡Maldita memoria mía! Ya no me acordaba...
+
+--¿De qué?
+
+--Tranquilízate, José. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un
+herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; él mismo me lo ha
+dicho».
+
+Isidora meditó.
+
+
+=--II--=
+
+La primera entrevista que tuvo con _la Sanguijuelera_ después del
+atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no había visto nunca
+llorar a su tía, la cual, envejecida considerablemente en aquellos
+tristes días, traía un mantón negro echado por la cabeza, con lo que su
+aspecto era harto lúgubre y repulsivo. No decía sino: «¡Qué pena, qué
+bochorno!», y de sus apergaminados labios habían huido los donaires
+quizás para siempre. Parecía que se duplicaba, con la común desgracia,
+el cariño que a su sobrina tenía y que deliraba por _Riquín_. En los
+días sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora
+acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla
+ventajosamente, le decía una y otra vez:
+
+«Decídete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene,
+porque así matas de un tiro dos pájaros, _verbo y gracia_: que te
+colocas y que salvas el alma, porque en la compañía de aquel santo varón
+te harás, aunque no lo quieras, una santa mujer... ¡Ay qué pena, qué
+bochorno!».
+
+No parecía la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a
+pesar del risueño horizonte espiritual que le señalaba su tía.
+
+«El honor de la familia--decía luego Encarnación--está en los calabozos
+del Saladero y ha de tener que ver con los señores de la Paz y Caridad.
+Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, ¡puñales!,
+escondámonos donde nadie nos vea, metámonos en un rincón y vivamos
+tranquilas, diciéndole al Señor: «Señor, nosotras no fuimos, nosotras no
+tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno;
+pero él se juntó con los pícaros... y sacó de su cabeza otras
+picardías». Conque hija, vente a vivir conmigo y olvídate de tus
+locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta
+Cerrada».
+
+No estaba aún completamente decidida Isidora a comprar la libertad con
+la renuncia total de sus pretensiones. Muñoz y Nones le hizo otra
+visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan
+endebles, que el hábil notario los destruía con poco esfuerzo. En cuanto
+al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas
+esperanzas, y el único consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana
+del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de
+este pesarían algo en la balanza de la Justicia.
+
+Un mes después de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora
+había perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no
+quedaba en su alma sino una grande y disolvente ironía. Ya no creía en
+si misma, o lo que es lo mismo, ya no creía en nada. Deshojada poco a
+poco por una lógica al principio tímida y por último irresistible,
+aquella vistosa flor de su presunción aristocrática, la cual, a falta de
+otras morales, desempeñaba en su alma un papel defensivo de primer
+orden, quedó completamente seca, muerta y más propia para irrisorio
+sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un día llevó Muñoz
+un papel, firmolo Isidora, después de negarse resueltamente a aceptar el
+auxilio que le ofrecía la marquesa, y a las dos semanas el juez decretó
+la absolución libre.
+
+«¿A dónde vas ahora?»--pregunto con interés de padre D. José de
+Relimpio.
+
+Isidora tenía un papel en que había apuntado varias cantidades. Era
+mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contraídas en la
+prisión.
+
+«No se preocupe usted de eso, niña--dijo una voz, la voz áspera y
+antipática de un ser humano (por la figura) que apareció en la estancia
+cuando la joven fijaba su atención toda en el funesto papel--. ¿A qué
+hora sale usted? ¿A las tres? Dígolo por traer una carretela para
+llevarla a usted a mi casa. ¿Usted se entera?».
+
+Isidora, sentada y apoyando la sien en el puño, parecía estar con su
+pensamiento en el más lejano de los mundos posibles.
+
+«Si usted no aceptara, me ofendería--prosiguió el ser humano a quien
+Relimpio miraba (dígase de paso) con la expresión más hostil--. Mi casa
+es una casa--palacio. ¿Usted se entera? No le haré a usted compañía esta
+tarde, porque voy a comer con _Frascuelo_ y el marqués de Torbiscón...
+Oigasté, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltará un roío
+pedazo de pan. Una persona que sale de la cárcel no puede hallarse en
+disposición de atender a las primeras necesidades. Así, cuando usted
+entre por aquella puerta, hallará una modista y un chico de la tienda de
+sombreros que irá con muestras..., ¿usted se entera?... Tengo allí el
+gran cuarto de baño; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a
+mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha
+de su amiga. Adiós... Abur, Pepillo».
+
+Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de
+D. José de Relimpio, que este, furioso ya por oírse llamar _Pepillo_, no
+pudo contener su indignación, y cuando el ser humano estuvo fuera,
+exclamó:
+
+«¡Canalla!... ¿Pero es posible, hija, que tú, tú, aceptes?...
+
+--Provisionalmente--dijo Isidora, como si despertara de un desagradable
+sueño--. ¡Estoy tan mal...! Necesito...».
+
+¡Necesito! ¡Cómo sonó este verbo en el cerebro del santo varón! Lo había
+oído tantas veces en momentos terribles, que era para él como una voz de
+alarma que le erizaba el cabello y le detenía la circulación de la
+sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese allí la botella,
+quizás, quizás la apurase valientemente de un trago.
+
+¡Libertad, comodidades, buena ropa, baño, casa, lujo, dinero!... Así
+como a D. José le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora
+le atacaba el mismo mal con sólo la probabilidad de hacer efectivas las
+ideas expresadas por aquellos mágicos vocablos. Cada ser tiene sus
+imanes.
+
+¡Oh pena de las penas! Cuando D. José la vio salir y entrar en la
+carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir...
+¡Oh, qué horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cínica lumbrera que
+no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan
+contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que
+el error tiene también sus leyes, y que en la marcha del universo cada
+prurito aspira a su satisfacción y la consigue, resultando la armonía
+total, y este claro--obscuro en que consiste toda la gracia de la
+humanidad y todo el chiste del vivir.
+
+Pero el buen viejo no podía ver aquello. Su espíritu se enardecía, sus
+sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza
+contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir allí su
+preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba
+marearse, sí, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal.
+Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que
+no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y
+se metió en la primera taberna que encontró al paso.
+
+
+=--III--=
+
+Y un día Emilia y Juan José Castaño vieron entrar en su casa a la gran
+Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un señorío, con
+un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve
+visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la
+madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo _Riquín_, que
+recogido y amparado en casa de Castaño durante los cinco meses de
+prisión, miraba a Emilia como madre y a los niños de aquella como sus
+hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolución de Isidora de
+llevarse a su hijo, no se atrevió a poner resistencia; pero Juan José,
+hablando con firmeza y tesón, dijo que no entregaría a Joaquinito,
+porque Isidora, con su mala conducta, perdía los derechos de madre, y
+que él estaba decidido a llevar la cuestión a los Tribunales, seguro de
+que el juez le autorizaría para retener al desgraciado niño en su poder.
+
+Irritada Isidora, manifestó que no admitía tales ideas, y ya se agriaba
+la cuestión, cuando abriose una puerta y apareció un señor obispo...,
+digo, era _Riquín_, el cual traía en la cabeza una gran mitra de papel,
+y echando la bendición graciosamente con su mano derecha, cantó en el
+latín más estropajoso que se ha oído jamás: _Dominis vobiscum_.
+
+Conviene hacer constar que los dos chicos de Castaño tenían loca afición
+a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy común en la infancia de
+estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestación
+pueril. En el comedor de la casa tenían su magnífico altar, y cada día
+ponían en él un objeto nuevo, bien araña, bien cáliz o manga--cruz. Por
+distintas partes de la casa se veían retablos diminutos, sagrarios y
+hasta púlpitos improvisados con sillas. Últimamente habían hecho
+casullas de papel, y decían sus misas como unos canónigos, echando cada
+latín que metía miedo y observando todas las reglas de aquel acto con
+notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copón una
+huevera, no era motivo de escándalo, porque la inocencia lo santificaba
+todo con su carácter altamente divino. _Riquín_ hacía al principio de
+sacristán; pero empezó a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo
+también sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y
+el mucho ruido con que a menudo se disputaban allí las jerarquías
+eclesiásticas, exigían en ocasiones la intervención de Emilia, que más
+de una vez se prestó a ser monaguillo para apaciguar los ánimos y
+llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel día, que era domingo,
+_Riquín_ había sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando
+de pontificial cuando su mamá y Juan José disputaban.
+
+«Ven--le dijo Isidora sentándole sobre sus rodillas, dándole muchos
+besos--, y te haré una casulla de oro y un altar de plata».
+
+El chiquillo la miraba espantado.
+
+«Que él decida--indicó Juan José tomando al muchacho y poniéndole en
+medio de la sala--. _Riquín_, ¿quieres irte con tu madre?».
+
+Tan fuertemente negó con su cabezota, que se le cayó la mitra. En
+realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su
+diócesis para irse con una mala mujer...
+
+«¿Que no, dices que no?».
+
+El chico dijo entonces claramente:
+
+«No _quielo_».
+
+Y echó a correr para dentro.
+
+«No vale, no vale, eso no vale--gritó Isidora con afán--. Mi hijo vendrá
+conmigo».
+
+A esto siguieron algunas lágrimas, y tomando entonces Castaño un tono
+conciliador, manifestó a la afligida madre que estando el niño en la
+ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aquí. Quizás ella, por
+sus muchas ocupaciones de señora principal, no podría cuidar y atender a
+Su Ilustrísima como merecía, y así, quedándose él donde estaba, ganaban
+todos: los ortopedistas, porque conservaban a _Riquín_, a quien miraban
+como hijo; Isidora, porque estaría más ancha y podría campar por sus
+respetos libremente, y _Riquín_ porque no se vería separado de su
+cabildo. Isidora cedió, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su
+hijo cuando quisiera.
+
+Y en efecto, venía dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo
+golosinas para _Riquín_ y sus camaradas, y además velas de cera, cálices
+de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazón, mitras, estolas, y por
+último un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no había
+más que pedir. Algunas veces se encontraba allí con _la Sanguijuelera_,
+que también a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas
+regañaban, si bien Encarnación había perdido el humor festivo, y estaba
+muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante
+la deshonra que había caído sobre la familia. Cuando se hablaba de esto,
+las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundían sus almas en un
+solo sentimiento.
+
+Miquis no vivía ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente
+a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castaño preguntaba
+con mucho interés por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete
+salió de la cárcel, Emilia, dando noticia al médico de las observaciones
+que hacía en la persona de aquella, le decía una noche:
+
+«Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado
+tanto... Y parece que va descendiendo, que cada día baja un escaloncito.
+La primera vez parecía una gran señora: traía un vestido de gro negro y
+un sombrero, que ya, ya... Poco después venía vestida de merino y con
+mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareció que
+su traje tenía algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el
+lunes de la semana pasada vino muy pálida y quejándose del pecho, con la
+voz ronca. El sábado creí observar en su cara algunos cardenales, y
+traía una mano liada. Ayer, señor doctor, vino con pañuelo a la cabeza,
+con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo más salado de
+todo fue... que me pidió dos reales... Debe de andar mal. Como
+siempre..., ¡qué carácter y qué vida!».
+
+Después hablaron del ser humano con quien Isidora vivía, y acerca de él
+dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron
+mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y
+empresario de ganchos, un caballero de condición tan especial, que si le
+mandaran a presidio (y no le mandarían), los asesinos y ladrones se
+creerían deshonrados con su compañía.
+
+«Nuestra pobre amiga--dijo Augusto--, llevada de su miserable destino, o
+si se quiere más claro, de su imperfectísima condición moral, ha
+descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender más
+todavía. Su hermano y ella han corrido a la perdición: él ha llegado,
+ella llegará. Distintos medios ha empleado cada uno: él ha ido con trote
+de bestia, ella con vuelo de pájaro; pero de todos modos y por todas
+partes se puede ir a la perdición, lo mismo por el suelo polvoroso que
+por el firmamento azul».
+
+Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y
+otras que omitimos, Isidora estuvo muchos días sin presentarse en la
+casa de Emilia. Don José también se había eclipsado, por lo que estaban
+los de Castaño disgustadísimos y llenos de temor. Un día, por fin, entró
+Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo:
+
+«Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana.
+
+--¿Qué hay, pero qué...? ¿está mala?--preguntó Miquis encasquetándose el
+sombrero y tomando el bastón.
+
+--No, señor..., sí, señor..., quiero decir que no está buena, aunque
+tampoco está enferma, porque ya se levanta.
+
+--Es decir, que ha estado mala.
+
+--Sí, señor.
+
+--¿Y por qué no me avisó usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de
+todos los demonios?
+
+--Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted
+para que le quite de la cabeza...
+
+--¿Qué le he de quitar, hombre?
+
+--Una idea--dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle.
+
+--¿Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: ¿usted
+está en su sano juicio, o se ha mareado hoy?
+
+--No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja.
+Desde que vivimos juntos...
+
+--¿Cómo?
+
+--Sí; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo...,
+perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no
+cansar, ese basurero animado, la abandonó después de darle tantos
+golpes, que por poco la mata; después de cruzarle la cara... mire usted,
+por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue
+grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel
+rostro celestial, aquel encantador palmito...».
+
+Se limpió una lágrima con la mano.
+
+«Pues sí; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que
+pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tomó un cuarto en la calle de
+Pelayo, número 93, piso cuarto, puerta número 6, y allí ha estado un mes
+retirada del mundo sin tratarse con nadie más que conmigo..., pero
+honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo
+más sagrado...».
+
+Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una
+condecoración, los ojos en blanco, protestó el anciano de su honesta
+conducta.
+
+«Lo creo, hombre, lo creo.
+
+--Yo la acompañé, yo la asistí, mientras se curaba; yo la he servido...
+¡Qué días, qué noches! Yo: «Voy a llamar a Miquis»; y ella: «No llame
+usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una
+persona anónima, yo no existo». En fin, esta mañana me dijo unas cosas
+que me han partido el corazón.
+
+--¿Qué cosas?--preguntó Miquis deteniéndose en el portal de la casa y
+mirando atentamente al desgraciado viejo.
+
+--¡Ay!, ¡no puedo repetirlas!»--exclamó Relimpio llorando como un niño.
+
+
+=--IV--=
+
+Augusto subió y entró en la casa. Si pasmada y llena de turbación se
+quedó Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven médico al
+ver en deplorable facha y catadura a la que conoció en forma tan
+distinta. No sólo había perdido grandemente en el aspecto general de su
+persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura
+había padecido bastante, a causa del decaimiento general, y más aún del
+chirlo que tenía en la mandíbula inferior, bajo la oreja izquierda.
+Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido
+permitía ver sus bellas formas enflaquecidas. Dejó la plancha y se sentó
+en un miserable sofá de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y
+después dijo así:
+
+«No quería que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de él y
+hallarme en mejor posición, porque todavía... A ver, ¿qué tal me
+encuentras?
+
+--Muy mal, muy mal.
+
+--¿He perdido mucho? ¿No me respondes? He estado muy mala, ¡qué
+puño!...».
+
+Miquis no dijo nada. La sorpresa que le causó la voz ronca de Isidora, y
+más que la voz oír algunas expresiones que de la boca de ella se
+escaparon, túvole perplejo y mudo por breve rato.
+
+«Te encuentro muy variada; tú no eres Isidora.
+
+--Te diré... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea
+que me hacía ser señora, me dio tal rabia, que dije: «Ya no necesito
+para nada la dignidad, ni la vergüenza». ¿Tú te enteras?... Por una idea
+se hace una persona decente, y por otra roía idea se encanalla. Pero no
+creas, todavía hay algo en mí que no perderé nunca, algo de nobleza,
+aunque me esté mal el decirlo... Mira tú, chavó, qué quieres..., el aire
+hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te
+asombres de que muerda alguna vez...
+
+--Sí, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, ¿qué es
+lo que te queda de nobleza?
+
+--No sé, no sé...--dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su
+corazón y en su pensamiento--. Me queda el delirio por las cosas buenas,
+la generosidad... ¿Sabes? Ayer no tenía más que dos duros; esta mañana
+vino una amiga a llorarse aquí..., total, que quedé sin un cuarto.
+
+--¿Necesitas algo?»--dijo Augusto llevándose la mano al bolsillo.
+
+Y sacó algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alargó su mano
+hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo:
+
+«No; todavía soy noble.
+
+--¿En qué consiste tu nobleza?
+
+--En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...».
+
+Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De
+súbito lanzó una exclamación no muy delicada y dijo:
+
+«¿Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero».
+
+Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tomó de la mano de su amigo.
+
+«¿De qué te espantas, bobo?... ¿de mis nuevas maneras? Ahora soy así. Te
+diré... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entrañas; quererlos,
+nunca. Sois muy antipáticos; os desprecio a todos.
+
+--¿Vas a meterte monja...?
+
+--¿De veras?... ¡Qué sombra! ¿Monja yo?
+
+--Ya sabes que Joaquín Pez ha venido de la Habana, casado con una
+americana muy rica. Da gusto verle, según está de contento y
+satisfecho».
+
+Isidora palideció. Después dijo:
+
+«Ya lo sabía... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de
+San Luis y pasó él en coche. Me vio, pero el tunante fingió que no me
+veía. El corazón me dio un brinco; aquella noche lloré, pero ya me voy
+dominando y concluiré por aborrecerle también. Es un tipo.
+
+--Pero _Gaitica_...
+
+--¡Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a
+las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que sólo de mirarle
+se te ensucian los ojos...
+
+--Y sin embargo, le has querido.
+
+--¿Yo?... Hombre, tú estás malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con
+decirte que me acordaba de Juan Bou y este me parecía un ramillete de
+rosas... ¡Pobre _Gaitica_! El día de la disputa ¡le escupí más...! Es un
+hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una
+zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qué
+quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeñada en ser bueno, y
+Dios, la Providencia y mi roío destino empeñados en que he de ser mala.
+Salí de la cárcel, le debía dinero, no tenía sobre qué caerme muerta, me
+llevó a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho más de cuanto
+necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los
+trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se
+me fue dando a conocer el hombre. Principió por escatimarme los gastos.
+Cada día me parecía la vida más triste y él más horroroso. Y no lo digo
+por su cara, que no es mala, aunque sí de un tipillo afeminado que no me
+gusta. ¿Le conoces? Ya ves qué carita de Pascua, qué patillas de
+azafrán, y qué barba afeitadita y qué labios de carmín. Aquellas
+mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de
+oro el tal es en el trato. Coge la desvergüenza, la traición, la rapiña,
+la crueldad, júntalo todo, añádele toda la basura que puedas encontrar,
+revuelve, haz un muñeco, sopla, dale vida y tendrás al que ha sido mi
+señor y dueño durante tres meses: peor que Bou, peor que Botín y que
+Joaquín, el cual era ya más malo que Judas. En fin, los hombres sois
+todos unos. Hay que vengarse, perdiéndoos a todos y arrastrándoos a la
+ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas.
+
+«Isidora, Isidora--le dijo Augusto con profunda pena--: valdría mil
+veces más que te murieras.
+
+--No pienso en tal cosa... Te diré. Cuando estaba en la cárcel quise
+matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando _Gaitica_
+me maltrató y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla,
+también tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperación en que
+quise suicidarme. Pero después me he serenado. Eso de matarse se deja
+para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir,
+vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrás... Lo quiere el mundo, pues
+adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer
+puñales. Yo me basto y me sobro. ¿No era yo noble? ¿No tenía buenas
+inclinaciones? ¿Pues por qué me cerraron la puerta?
+
+--Pobre mujer, todavía, todavía es tiempo...
+
+--¿De qué?
+
+--De adoptar una vida arreglada. Yo te buscaré trabajo.
+
+--No sé hacer nada.
+
+--Yo te pasaré una pequeña pensión...
+
+--Dirán que soy tu querida. Concluiré por serlo...
+
+--Búscate un modo de vivir. Vete con tu tía...
+
+--No hay _tu tía_, no, no...; déjame. ¿Para que has venido acá? Ni
+falta... Aire, aire. No necesito consejos.
+
+--Aborreces a Surupa, y, sin embargo, ¡cuánto se te ha pegado de él!
+Cuando recuerdo cómo eras y cómo eres, cómo hablabas y cómo hablas, no
+sé qué me da.
+
+--Así es el mundo: unos se quedan y otros se van. Yo me fui, ¿te enteras?
+Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe más que en tu imaginación.
+Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre.
+
+--Pues aquella era mi buena amiga--dijo Augusto con tesón--; esta me
+repugna».
+
+Isidora se conmovió al oír esto, pero disimulaba bien, esforzándose por
+una inexplicable modificación de su orgullo en parecer peor de lo que
+era.
+
+«Y no teniendo nada que hacer aquí--dijo Miquis levantándose--, me
+retiro».
+
+Isidora le miró de un modo que indicaba deseos de que no se marchara;
+pero después se inclinó de hombros.
+
+«Ya me han humillado tanto--murmuró entre dos suspiros--, que el ver
+salir al último amigo no me causa impresión.
+
+--Señor D. Augusto de mi alma--dijo a la sazón Relimpio, que hasta
+entonces, testigo mudo y doliente, no se había atrevido a decir nada--;
+no se marche usted y exhórtela, predíquele, y amonéstele para que se le
+quite... eso... de la cabeza.
+
+--¿Qué?
+
+--Eso.
+
+--¿Y qué es eso?
+
+--El disparate que quiere hacer. Vea usted cómo calla y se sonríe la
+pícara... A mí me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir.
+
+--¿Suicidio?
+
+--Por ahí...
+
+--No, no es suicidio--exclamó el anciano con desesperación, arrancándose
+(o tratando de arrancarse, que es más verosímil) un mechón de
+cabellos--. ¿Ve usted? Se ríe... Y que no diga que lo hace por no tener
+qué comer. Yo... aún puedo trabajar».
+
+Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de
+carbón sobre que se calentaban las planchas. Parecía que de aquel
+rescoldo ardiente y melancólico tomaba sus ideas.
+
+«Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas--dijo el médico
+inclinándose hacía ella y mirándola de cerca.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--replicó Isidora con el tono insolente que se
+le había pegado de la sociedad gaitesca--. ¿Sabes lo que te digo? Que no
+me vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazón se
+me ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha».
+
+Levantose, y murmurando no se sabe qué palabras, aunque es de suponer no
+serían de las más finas, tomó el pesado hierro y se puso a planchar con
+verdadera furia. Miquis se fue sin añadir una palabra, y D. José le
+siguió hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y
+suplicante.
+
+«Don Augusto de mi alma--le dijo--, por Dios, no la abandone usted...
+Mire usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero...».
+
+
+
+
+Capítulo XVIII
+
+Muerte de Isidora.--Conclusión de los Rufetes
+
+
+Aunque Augusto no manifestó su propósito, lo tenía, y muy firme, de no
+abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba.
+Volvió al día siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos días
+lúgubres que anublan la perpetua alegría de los meses de Madrid, uno de
+esos días, por desgracia no muy raros, en que el vecindario está
+tristísimamente impresionado por una terrible solución de la justicia
+humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones
+patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy
+remota.
+
+Y en la tarde del día anterior, una mujer vestida de negro con un mantón
+echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada
+por la aflicción, acechaba en las proximidades del Palacio Real la
+salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza débil,
+aunque poseía el más vivo fervor monárquico que ha existido quizás en el
+presente siglo. Su idea del poder, de la misión providencial de los
+reyes, y principalmente la semejanza que suponía entre el soberano
+visible y el Rey de los cielos, dábanle un poco de aliento. Por eso
+cuando salió el coche, avanzó ella a escape sin temor de ser atropellada
+por los caballos, llegó hasta la portezuela, y con la presteza del
+asesino que alarga el puñal, alargó un papel arrollado en forma de
+canuto. El papel cayó en el coche, y las dos personas que iban en este
+se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. ¡Oh dicha! Leían el
+memorial, o al menos pasaban la vista por él. ¿Quién sabe si accederían
+a lo que en él con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba?
+Así como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es
+el perdón. ¡El perdón! Ved aquí el punto de semejanza y parentesco con
+la divinidad. «¿Para qué servirían los reyes--dijo _la Sanguijuelera_
+concretando sus ideas monárquicas--, si no sirvieran para indultar?».
+
+La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche,
+había lanzado con él una exclamación, que sintetizaba su respetuoso
+cariño hacia el primer personaje de la Nación, y su pena acerba y
+desgarradora: «Rey mío... Niño--Dios de España, piedad para un
+desgraciado loco».
+
+Había invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para
+interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que había realizado, y con
+cierta confianza en el éxito, se dirigió lentamente hacia el Saladero.
+¡Largo y tremendo día, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen
+pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. _La
+Sanguijuelera_ esperaba, esperaba, y el indulto no aparecía. La infeliz
+mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no sabía que el
+Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, según el arreglo que hemos
+hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo
+la sentencia que el perdón.
+
+Hemos dicho que Augusto volvió a la casa de Isidora. Encontrola en el
+estado más deplorable, sentada en un rincón del cuarto, tras un sofá
+viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre sí
+misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos índices se tapaba los
+oídos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplábala Augusto
+sin saber por dónde empezar su empresa caritativa, cuando D. José se le
+acercó y con voz cautelosa le dijo:
+
+«Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Día tremendo es hoy...; ya puede
+usted suponer por qué está tan afligida».
+
+Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qué arreglar una
+buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se
+acostase. Ella no decía más que esto: «¡Hoy!, ¡hoy!».
+
+Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y
+añadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio
+preparó la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases más
+escogidas, con los pensamientos más cristianos que le sugería su rica
+imaginación; pero toda su dialéctica, engalanada de formas poéticas y de
+bonitas paradojas, no logró llevar la serenidad al perturbado espíritu
+de la pobre mujer. Esta le dijo:
+
+«Mañana, mañana me tocará a mí».
+
+Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el día. Miquis y D.
+José le hacían mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche
+Augusto, después de prescribirle el reposo, se retiró seguro de hallarla
+mejor al día venidero, lo que no resultó cierto, porque a la siguiente
+mañana encontró el médico en su infeliz enferma el mismo silencio, la
+mismo apatía lúgubre y la propia indiferencia del día precedente.
+Isidora, no obstante, comió con mediano apetito, y Miquis no hallaba en
+ella síntomas claros de enfermedad. Don José suspiraba a cada instante;
+iba y venía sin cesar de una parte a otra de la casa con gran
+desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, después de su tercera visita,
+se retiraba, D. José cuchicheó con él en la escalera.
+
+«No nos abandone usted, señor doctor--le dijo angustiadísimo--. Hemos de
+estar con cien ojos... Hay moros por la costa...
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Que aunque parece que no habla, habla, sí, señor; hoy a las doce
+estuvo aquí una mujer que la viene persiguiendo hace días... Es un
+dragón, ¿me entiende usted?... Pues Isidora charló largamente con ella.
+No pude entender lo que decían, porque me mandó salir fuera; pero
+hablaban con animación, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por
+un rayo, le enseñaba, ¡ay!, muestras de vestidos.
+
+--Veremos; habrá que hacer algo decisivo--dijo Augusto bajando
+pausadamente los últimos escalones--. Mañana temprano vendré con Emilia,
+_Riquín_ y Encarnación. Trataremos de llevárnosla a cualquier parte».
+
+Don José movió la cabeza con expresión de profundísima incredulidad, y
+cerrando la puerta con llave, se guardó ésta en el bolsillo.
+
+Isidora dormía, al parecer, sosegadamente; D. José, que desde algún
+tiempo antes se había sometido a un meritorio régimen de sobriedad en
+alimento y lecho, se recostó vestido en un sofá de paja, frontero a la
+cama de su ahijada, el cual le servía de punto de acecho o vigilancia
+para no perder ni el más ligero movimiento de la enferma. Toda la noche
+ardía una vela, puesta dentro de una jofaina. Así, desde que Isidora
+parecía intranquila, D. José se levantaba diligente y acudía junto a
+ella.
+
+Las diez serían cuando Relimpio, que había descabezado un sueñecillo,
+despertó con sobresalto porque oyó la voz de Isidora. ¿Había alguien en
+la habitación? No, no había nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don
+José la miraba sin moverse de su duro y martirizante sofá; pero su
+atención se trocó en asombro al ver que la joven se levantaba, se
+vestía, aunque a la ligera, echándose la bata, se calzaba y se dirigía
+al mezquino tocador próximo a su lecho. Un terror acongojante y como
+supersticioso que se amparó del bueno de D. José, le impedía moverse y
+hablar. Le parecía contemplar una escena de sonambulismo, o quizás ser
+víctima de un fenómeno óptico, formado y como vaciado en su propia
+mente. «Puede ser--se dijo--que esto que veo sea un sueño mío y que la
+pobrecita esté tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y
+enredando en el tocador».
+
+Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se miró largo rato en
+el espejo. Aunque este era pequeño y malo, ella quería verse, no sólo el
+rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes más extrañas y violentas,
+ladeándose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que
+fácilmente salían al exterior las formas intachables de su talle y todo
+el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don José se quedó lelo,
+frío, inerte, cuando oyó estas palabras, pronunciadas claramente por
+Isidora:
+
+«Todavía soy guapa..., y cuando me reponga seré guapísima. Valgo mucho,
+y valdré muchísimo más».
+
+Luego empezó a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que
+estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas formó
+un lío. Entonces el santo varón hizo un esfuerzo para vencer su inercia
+terrorífica, se sacudió todo y con una fuerte voz dijo:
+
+«Niña mía, ¿a dónde vas?
+
+¡Ay!--exclamó ella sobresaltada, dando un chillido--. Me ha asustado
+usted. Yo creí que estaba sola».
+
+¡Sola! Según eso, D. José era un mueble. Esta idea causó al infeliz
+viejo grandísima aflicción.
+
+«¿Pero qué haces, mujer? ¿Te has vuelto loca? Estás enferma y te
+levantas así...
+
+--¿Enferma yo?--dijo Isidora echándose a reír con descaro--. Usted sí
+que lo está, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy
+buena y sana.
+
+--¿Pero a dónde vas?
+
+--A la calle.
+
+--¡A la calle! ¿Y qué vas a hacer en la calle? ¿Necesitas algo? Yo
+saldré.
+
+--Ea, ea, no sea usted majadero. Acuéstese usted, duerma si tiene sueño,
+y déjeme a mí, que yo sé lo que tengo que hacer. No dependo de nadie,
+¿estamos? Soy dueña de mi voluntad, ¿estamos?».
+
+La determinación firme que revelaban estas palabras llevó al bendito D.
+José a las más elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la
+confusión. Antes que él pudiera decir algo, Isidora prosiguió de este
+modo:
+
+«Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con
+sus cuidados tontos...».
+
+Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazón de
+Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorporó en el macizo
+lecho y habló así:
+
+«Hija mía, yo te quiero más que a las niñas de mis ojos. Me intereso por
+ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal
+alguno...
+
+--Yo también le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer
+lo que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, ¿estamos?
+
+--Todo sea por Dios--dijo Relimpio, conociendo que había llegado la
+ocasión de mostrar energía--. Sospecho que vas a mala parte, sospecho
+que te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; tú eres lo
+que más amo, te quiero más que a mis hijas, porque te quiero de dos
+maneras, como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como
+sospecho, quieres perderte, quieres infamarte, no lo consentiré mientras
+tenga un aliento de vida; primero te rogaré, te suplicaré aunque me sea
+menester ponerme de rodillas delante de ti».
+
+Hallábase tan acongojado, que la frase se le retortijó en la garganta, y
+juzgando que más que las palabras serían elocuentes las actitudes, se
+hincó delante de su ahijada, y le tomó las manos para besárselas, y
+luego que pasó un rato en estas mímicas, conmovidos ella y él, pudo
+articular Relimpio estas palabras:
+
+«Niña mía, no des ese paso, detente...
+
+--¡Qué desgracia!...--murmuró ella llevándose la mano a los ojos, como
+para disimular una lágrima--. ¿Y quién me va a mantener?
+
+--¡Yo!--exclamó Relimpio dándose un golpe tan fuerte en el pecho que
+este resonó en hueco como una caja.
+
+--¡Usted!... ¡Ay, qué gracia! ¡Si usted más está para que le mantengan
+que para mantener!
+
+--Trabajaré.
+
+--Sí, y comeremos cañamones... Padrino, padrino, déjeme usted en paz; no
+se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo
+hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrás».
+
+El anciano había vuelto al sofá, donde estaba reclinado, sin fuerzas
+para seguir adelante en la lucha.
+
+«Mira--le dijo, echando lumbre por los ojos--, yo puedo trabajar...;
+pediré un destino y me lo darán...
+
+--¡Qué inocencia!
+
+--Y con lo que yo gane y algo que te darán Emilia y Miquis, viviremos
+tan ricamente.
+
+--Sí, muy ricamente--replicó Isidora con terrible ironía--. ¡Miserias,
+harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para
+los tórtolos simples que lo quieran.
+
+--Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no
+trates de borrarlos con una vergüenza mayor--dijo Relimpio, sintiéndose
+dotado por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosófica
+que no era propia de él--. Lo mejor es que borres lo pasado con una
+conducta ejemplar. ¿Quieres un nombre, una posición? Pues yo te daré
+ambas cosas. Óyeme--añadió solemnemente--; yo me casaré contigo; y para
+que no interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo más
+que en el nombre y mirarte como una hija».
+
+Por lástima del pobre viejo no se echó a reír Isidora con el desenfado
+que había adquirido últimamente. En la pérdida de tantas nobles
+cualidades conservaba algo de piedad.
+
+«¿Conque nombre y posición?--dijo--; gracias, gracias; es usted muy
+bueno. ¿Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre
+mí? ¡Qué puño!... Si pudiera desbautizarme y no oír más con estas orejas
+el nombre de Isidora, lo haría... Me aborrezco; quiero concluir, ser
+anónima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie
+de mis acciones.
+
+--¡Isidora!...
+
+--Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre».
+
+¡No pronunciarle más, cuando a él le parecía tan dulce, tan armonioso,
+cifra y compendio de la melodía infinita! Echó D. José un gran suspiro y
+tras él estas palabras:
+
+«Ha sido una tontería que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo
+caduco. Tú no puedes vivir sin amor. ¿Cómo habías de quererme a mí, que
+sólo tengo juventud en el corazón?... Óyeme...».
+
+Cada vez que decía «óyeme» tomaba una actitud sacerdotal y el tono más
+solemne del mundo.
+
+«Óyeme. Tú has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la
+Habana. De todos tus amantes, él era el más simpático, el más caballero.
+Antes que verte caminar a la última degradación, consiento en que
+reanudes tus amores con él. No me gusta esto, pero antes que lo otro...
+yo me entiendo. ¿Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le
+busque, que le hable de ti?... Odiosa misión, hija mía; pero si con ella
+te aparto de la ignominia final, creeré realizar una acción meritoria.
+
+--¿Joaquín, ese pillo?... Le diré a usted... Siempre que le veo, me da
+un vuelco el corazón. Le quise y aún me parece que podría volver a
+quererle... Pero déjele usted donde está. Yo estoy mejor así. Es un
+canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. José. Yo me
+marcho...
+
+--Por Dios, mujer...
+
+--He dado mi palabra.
+
+--Esas palabras no se cumplen. ¿De modo que no te veré más?
+
+--Vendré por aquí... No se mueva usted de esta casa. Yo le daré algo
+para que se mantenga y pague el alquiler...».
+
+Relimpio tembló con sudor frío.
+
+«Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos.
+Conque... abur, abuelo...».
+
+Corrió hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como
+de costumbre, retrocedió para buscarla.
+
+«No, no te doy la llave; no saldrás mientras yo viva»--exclamó D. José,
+haciéndose superior a sí mismo y mostrando la energía que a veces surge
+del flaco ánimo de los débiles, como en ciertos momentos de crisis las
+sublimidades brotan del cerebro de los tontos.
+
+Isidora le miró con ira, y respiró fuerte apretando contra el talle el
+lío de ropa.
+
+«¡La llave, la llave!
+
+--No saldrás sino pasando sobre mi cadáver»--gritó con cavernosa voz
+Relimpio, sintiéndose héroe de teatro.
+
+Y al decirlo, oprimía contra su pecho la llave para protegerla de un
+ataque de su enemiga.
+
+«Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas--dijo la de Rufete
+encolerizada--. Venga la llave, o la tomaré dondequiera que la
+encuentre. Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he
+vuelto loba. Ya no soy noble, Sr. D. José; ya no soy noble.
+
+--Pero aunque no seas noble, no serás capaz de ultrajar a tu pobre
+viejo, a tu padre...».
+
+Acompañadas de lágrimas, estas palabras eran harto elocuentes.
+
+«Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las
+simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos...».
+
+Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera
+su deseo y propósito, avanzó las manos contra el viejo, le atenazó los
+brazos, le sacudió un momento... ¡Ay!, ¡ay! Relimpio sintió que sus
+brazos se volvían de algodón. Como si el roce de la piel de Isidora
+fuese un contacto mortífero, se quedó echo una momia. Y mientras ella le
+quitaba la llave, él, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no
+podía defenderse, ni sabía detenerla, ni era dueño de ninguna de las
+energías de su ser, como no fuera de la voz, pues allá casi entre
+dientes pudo articular tres sílabas y decir: «¡Bribona!...».
+
+Isidora marchó hacía la puerta. Bruscamente arrepentida de su acción,
+retrocedió hacia el sofá donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le
+miró un sí es no es conmovida (todavía era algo noble), y poniéndole la
+mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo:
+
+«Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar.
+Este es mi destino...; quizás no nos veremos más... Adiós».
+
+Tuvo la singularísima piedad de inclinar sobre él su rostro y darle un
+rápido beso sobre las venerables canas. Él no tuvo fuerzas ni espíritu
+más que para verla salir. Salió, efectivamente, veloz, resuelta, con
+paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo
+que le ha solicitado con atracción invencible, así cayó ella despeñada
+en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco
+después en la superficie social todo estaba tranquilo.
+
+Don José se levantó, anduvo como desconcertada máquina hasta un
+aposentillo interior donde tenía sus trastos, y tanteando con las
+temblorosas manos en la obscuridad, encontró una botella. Apuró del
+contenido de ella porción bastante, y al tratar de volver al sofá, las
+piernas le faltaron y cayó rodando en mitad del aposento.
+
+Como la puerta había quedado abierta, Miquis, Emilia y _Riquín_ entraron
+sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, según cálculos
+aproximados, debía de ser la de las nueve de la mañana del día
+siguiente. Y como vieran a don José tendido en el suelo sin compañía, al
+punto coligió Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corría
+veloz al socorro de su padre, que parecía como a dos dedos de la muerte,
+Augusto hizo un rapidísimo reconocimiento de la habitación, buscando a
+Isidora. ¡No estaba!
+
+«¡Se ha ido, se ha ido!»--exclamó poniéndose de rodillas junto al pobre
+viejo para prestarle algún auxilio.
+
+Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sofá, donde le
+tendieron, y él entonces entreabrió los ojos y los labios echando una
+mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La
+notabilísima alteración de las facciones del anciano alarmó a Miquis, el
+cual respondía con muda expresión de desconsuelo a las apremiantes
+interrogaciones de Emilia.
+
+«¿Pero esto es embriaguez... o qué?...»--preguntó la atribulada hija.
+
+Y al oírlo D. José se reanimó de súbito, como la llama moribunda que se
+revuelca en las tinieblas; echó su espíritu un resplandor de vida, y
+moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo
+pausadamente estas palabras:
+
+«La hurí ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya».
+
+A la sazón entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los
+servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones,
+veía que los remedios serían inútiles. Cerca ya del fin, el espíritu de
+D. José volvió a relampaguear, diciendo con expresión enamorada y
+caballeresca:
+
+«La amé y la serví... Fui su paladín... Mas ved aquí que la ingrata
+abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos,
+recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para
+reyes, no para vosotros. Ha caído en vuestro cieno por la temeridad de
+querer remontarse a las alturas con alas postizas».
+
+Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lágrimas. Miquis la llevó
+a un cercano aposento, y en él la encerró con el pobre _Riquín_, que
+también lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen
+Relimpio, el cual ocurrió media hora más tarde, y fue tranquilo y suave.
+Su muerte remedó el dulce acceso de embriaguez que le transportaba,
+mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las
+delicias de una vida apócrifa, compuesta con extraños fingimientos de
+juventud, pasión y energía. ¿Entraba al fin en un mareo eterno? ¿Iba ya
+derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y
+amparo de la hurí en las edades sin término y en los espacios sin
+medida? José, eres un ángel.
+
+Abrazando estrechamente a _Riquín_ y cubriéndole de besos la cara,
+Emilia le decía:
+
+«Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la madre que te falta.
+Aquella mamá tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volverá; se
+ha caído al fondo, hijo mío, al fondo... Ya lo entenderás más adelante».
+
+
+
+
+Capítulo XIX
+
+Moraleja
+
+
+Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura, no os fiéis
+de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no
+lo consigáis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo
+mejor, creedme, lo mejor será que toméis una escalera.
+
+Madrid.--Junio de 1881
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
+
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+
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+
+Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
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+and official page at www.gutenberg.org/contact.
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+<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of La desheredada, by Benito Pérez Galdós</div>
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
+most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
+whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
+of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
+at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
+are not located in the United States, you will have to check the laws of the
+country where you are located before using this eBook.
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+<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: La desheredada</div>
+<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Benito Pérez Galdós</div>
+<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: July 2, 2008 [EBook #25956]<br>
+[Most recently updated: October 2, 2023]</div>
+<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
+<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
+<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Chuck Greif</div>
+<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***</div>
+
+
+<hr class="full">
+
+<h1>La desheredada</h1>
+
+<h2>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+
+
+<div class="bbox">
+<ul>
+<li><a href="#Primera_parte"><b>Primera parte</b></a>
+<ul>
+<li><a href="#Capitulo_I"><b>Cap&iacute;tulo I, </b></a>
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+
+<li><a href="#Segunda_parte"><b>Segunda parte</b></a>
+<ul>
+<li><a href="#Capitulo_Ia"><b>Cap&iacute;tulo I, </b></a>
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+<a href="#Capitulo_XIIa"><b>XII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XIIIa"><b>XIII, </b></a>
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+<a href="#Capitulo_XVa"><b>XV, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVIa"><b>XVI, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVIIa"><b>XVII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVIIIa"><b>XVIII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVIXa"><b>XIX</b></a></li>
+</ul>
+</li>
+</ul>
+</div>
+
+
+
+<h3><a name="Primera_parte" id="Primera_parte"></a>Primera parte</h3>
+
+
+<p><i>Saliendo a relucir aqu&iacute;, sin saber c&oacute;mo ni por qu&eacute;, algunas dolencias
+sociales, nacidas de la falta de nutrici&oacute;n y del poco uso que se viene
+haciendo de los ben&eacute;ficos reconstituyentes llamados</i> <b>Aritm&eacute;tica</b>,
+<b>L&oacute;gica</b>, <b>Moral</b> <i>y</i> <b>Sentido Com&uacute;n</b>, <i>convendr&iacute;a dedicar estas p&aacute;ginas...
+&iquest;a qui&eacute;n? &iquest;al infeliz paciente, a los curanderos y droguistas que,
+llam&aacute;ndose fil&oacute;sofos y pol&iacute;ticos, le recetan uno y otro d&iacute;a?... No; las
+dedico a los que son o deben ser verdaderos m&eacute;dicos: a los maestros de
+escuela.</i></p>
+
+<p class="r">B. P. G.</p>
+
+<p>Madrid.&mdash;Enero de 1881.</p>
+
+<hr>
+
+<table class="autotable">
+<tr><td colspan="2" class="tdc">PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdc">&nbsp;</td></tr>
+<tr><td>ISIDORA RUFETE,</td><td><i>protagonista.</i></td></tr>
+<tr><td>MARIANO RUFETE,</td><td><i>su hermano.</i></td></tr>
+<tr><td>LA SANGUIJUELERA,</td><td><i>t&iacute;a.</i></td></tr>
+<tr><td>AUGUSTO MIQUIS,</td><td><i>estudiante de Medicina.</i></td></tr>
+<tr><td>JOAQU&Iacute;N PEZ,</td><td><i>Marqu&eacute;s viudo de</i></td></tr>
+<tr><td>SALDEORO,</td><td><i>hijo de</i></td></tr>
+<tr><td>DON JUAN MANUEL JOS&Eacute; DEL PEZ,</td><td><i>Director general en el Ministerio de Hacienda.</i></td></tr>
+<tr><td>DON JOS&Eacute; DE RELIMPIO Y SASTRE,</td><td><i>espejo de los vagos.</i></td></tr>
+<tr><td>DO&Ntilde;A LAURA,</td><td><i>su esposa</i></td></tr>
+<tr><td>MELCHOR DE RELIMPIO,</td><td><i>hijos</i></td></tr>
+<tr><td>EMILIA,</td><td><i>hijos</i></td></tr>
+<tr><td>LEONOR,</td><td><i>hijos</i></td></tr>
+<tr><td>LA MARQUESA DE ARANSIS.</td><td></td></tr>
+<tr><td>EL MAJITO,</td><td><i>ni&ntilde;o.</i></td></tr>
+<tr><td>ZARAPICOS,</td><td><i>p&iacute;caros</i></td></tr>
+<tr><td>GONZALETE,</td><td><i>p&iacute;caros</i></td></tr>
+<tr><td>TOM&Aacute;S RUFETE.</td><td></td></tr>
+<tr><td>EL SE&Ntilde;OR DE CANENCIA.</td><td></td></tr>
+<tr><td>MAT&Iacute;AS ALONSO,</td><td><i>conserje de la casa de Aransis.</i></td></tr>
+<tr><td>UN CONCEJAL.</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td>UN COMISARIO DE BENEFICENCIA.</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td>MI T&Iacute;O EL CAN&Oacute;NIGO <i>(que no sale).</i></td><td></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>Hombres y mujeres del pueblo,
+ni&ntilde;os, Peces de ambos sexos, criados, guardias civiles, etc.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872.</i></td></tr>
+</table>
+
+<hr>
+<h3><a name="Capitulo_I" id="Capitulo_I"></a>Cap&iacute;tulo I</h3>
+
+<p class="head">Final de otra novela</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>&laquo;...&iquest;Se han reunido todos los ministros?... &iquest;Puede empezar el
+Consejo?... &iexcl;El coche, el coche, o no llegar&eacute; a tiempo al Senado!...
+Esta vida es intolerable... &iexcl;Y el pa&iacute;s, ese bendito monstruo con cabeza
+de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegaci&oacute;n,
+paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos
+humillados! Pero ya te arreglar&eacute; yo, pa&iacute;s de las monas. &iquest;C&oacute;mo te llamas?
+Te llamas <i>Envidi&oacute;polis</i>, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo,
+simpatizas con todo lo que cae... &iquest;Cu&aacute;nto va? Diez millones,
+veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas
+treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco
+c&eacute;ntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidar&aacute;s, p&iacute;cara; ya te
+pill&eacute;, ya no te me escapas, &iexcl;oh cantidad temblorosa, escurridiza,
+inaprehensible, como una gota de mercurio! Aqu&iacute; te tengo dentro del
+pu&ntilde;o, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te
+pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: <i>Subvenci&oacute;n personal...</i>
+Perm&iacute;tame Su Se&ntilde;or&iacute;a que me admire de la despreocupaci&oacute;n con que Su
+Se&ntilde;or&iacute;a y los amigos de Su Se&ntilde;or&iacute;a confiesan haber infringido la
+Constituci&oacute;n... No me importan los murmullos. Mandar&eacute; despejar las
+tribunas... &iexcl;A votar, a votar! &iquest;Votos a m&iacute;? &iquest;Quer&eacute;is saber con qu&eacute;
+poderes gobierno? Ah&iacute; los ten&eacute;is: se cargan por la culata. He aqu&iacute; mis
+votos: me los ha fabricado Krupp... Pero &iquest;qu&eacute; ruido es este?&iquest;Qui&eacute;n
+corretea en mi cerebro? &iexcl;Eh!, &iquest;qui&eacute;n anda arriba?... Ya, ya; es la gota
+de mercurio, que se ha salido de su gaveta...&raquo;.</p>
+
+<p>El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresi&oacute;n
+atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden
+al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han
+llegado a perder la normalidad de la fisonom&iacute;a, y con ella la
+inscripci&oacute;n aproximada de la edad. &iquest;H&aacute;llase en el punto central de la
+vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el
+llamear de sus ojos, &iquest;anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora
+imbecilidad? No es f&aacute;cil decirlo, ni el espectador, oy&eacute;ndole y vi&eacute;ndole,
+sabe decidirse entre la compasi&oacute;n y la risa. Tiene la cabeza casi
+totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a
+trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo
+y colgante, parece haber crecido y abland&aacute;dose recientemente, y no cesa
+de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza
+con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es p&aacute;lido su rostro,
+la piel papir&aacute;cea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente
+corva la espalda. Su voz sonora regalar&iacute;a el o&iacute;do si su palabra no fuera
+un compuesto atronador de todas las maneras posibles de re&iacute;r, de todas
+las maneras posibles de increpar, de los tonos del enf&aacute;tico discurso y
+del pla&ntilde;idero serm&oacute;n.</p>
+
+<p>Ac&eacute;rcase a &eacute;l un se&ntilde;or serio y bondadoso, p&oacute;nele la mano en el hombro
+con blandura y cari&ntilde;o, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada
+fisonom&iacute;a, en sus negras pupilas, en el ca&iacute;do labio, y volvi&eacute;ndose a un
+joven que le acompa&ntilde;a, dice a este:</p>
+
+<p>&laquo;Bromuro pot&aacute;sico, doble dosis&raquo;.</p>
+
+<p>Sigue adelante el m&eacute;dico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio,
+tratando de convencer al tronco de un &aacute;rbol. Porque la escena pasa en un
+gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve
+alguno que puedan facilitar la evasi&oacute;n. &Aacute;rboles no muy grandes,
+plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos p&aacute;jaros,
+dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una
+hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de
+polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos
+lentos y r&iacute;gidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes.
+Este da vueltas alrededor de dos &aacute;rboles, trazando con su paso infinitos
+ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigad&iacute;simo sin sudar
+y balbuciente sin decir nada, rugoso el ce&ntilde;o, huyendo con indecible
+zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica
+la oreja al polvo para o&iacute;r hablar a los ant&iacute;podas, y su cara de idiota,
+plantada en el suelo, es como un amarillo mel&oacute;n que se r&iacute;e. Un tercero
+canta en voz alta, mostrando un papel o estado sin&oacute;ptico de los
+ej&eacute;rcitos europeos, con divisi&oacute;n de armas y los respectivos soberanos o
+jefes, todo lo cual debe ser puesto en m&uacute;sica.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico va de uno a otro, interrog&aacute;ndoles, contemporizando
+graciosamente con las man&iacute;as de ellos, sin dejar de hacer objeciones
+discretas a cada una. Ya se detiene a echar un p&aacute;rrafo con aquel, de
+rostro est&uacute;pido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y
+amuletos; ya habla r&aacute;pidamente con un viejecillo encanijado y risue&ntilde;o
+que, pase&aacute;ndose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis
+en la mano, parece fil&oacute;sofo anacoreta o Di&oacute;genes del Cristianismo, por
+el abandono de su traje y la unci&oacute;n bondadosa de su fisonom&iacute;a. Es un
+sacerdote que tuvo mucho seso. Est&aacute; meditando ahora la carta que ha de
+dirigir al Papa en este d&iacute;a, siguiendo una costumbre que se repite
+infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada a&ntilde;o, y ya
+lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor,
+&eacute;chale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversaci&oacute;n, y por
+&uacute;ltimo pregunta si ha sido echada al correo su ep&iacute;stola del d&iacute;a
+anterior, a lo que contesta el m&eacute;dico que s&iacute;, y que forzosamente Su
+Santidad anda muy distra&iacute;do en Roma cuando no se digna contestar a
+comunicaciones de tanta importancia.</p>
+
+<p>Vuelve el m&eacute;dico hacia donde est&aacute; el que en los primeros renglones hemos
+descrito, y antes de llegar a &eacute;l dice al practicante:</p>
+
+<p>&laquo;Este desgraciado Rufete va a pasar a <i>Pobres</i>, porque hace tres meses
+que su familia no paga la pensi&oacute;n de segunda. &Eacute;l no se dar&aacute; cuenta del
+cambio de situaci&oacute;n. Si se exacerba esta tarde, ser&aacute; preciso
+encerrarle&raquo;.</p>
+
+<p>Poni&eacute;ndole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete:</p>
+
+<p>&laquo;Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos,
+siempre que usted no se me salga de las v&iacute;as legales... El pa&iacute;s le har&aacute;
+justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos
+cuantos meses, &iexcl;qu&eacute; bien nos vendr&iacute;a a los dos! Nos dedicar&iacute;amos a curar
+radicalmente ese constipado...</p>
+
+<p>&mdash;No es constipado&mdash;replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con
+la cabeza&mdash;. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurri&eacute;ndose...
+Ahora est&aacute; aqu&iacute;, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien
+izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas...</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya s&eacute;... Yo quisiera que no se ocupase usted m&aacute;s de esa cantidad,
+puesto que est&aacute; segura.</p>
+
+<p>&mdash;No, no est&aacute; segura&mdash;dice Rufete, demostrando terror&mdash;. No sabe usted qu&eacute;
+guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus
+infamias. Cuando un verdadero genio se empe&ntilde;a en subir a la gloria, la
+envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como
+una monta&ntilde;a, y le doy a usted una reputaci&oacute;n m&aacute;s grande que el mundo...
+Adi&oacute;s; me voy al Congreso. &iquest;No sabe usted que se han sublevado los
+maceros?... Abur, abur&raquo;.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico hace a su compa&ntilde;ero la expresiva se&ntilde;a de <i>no tiene remedio</i>, y
+pasa adelante.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>No consta si fue aquel d&iacute;a o el siguiente cuando trasladaron al infeliz
+Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero
+hab&iacute;a tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el
+segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastr&oacute;n, de un
+rancho. &iexcl;Ay! Cualquiera que despertara s&uacute;bitamente a la raz&oacute;n y se
+encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres
+que s&oacute;lo tienen de humano la figura, y se viera en un corral m&aacute;s propio
+para gallinas que para enfermos, volver&iacute;a seguramente a caer en
+demencia, con la monoman&iacute;a de ser bestia da&ntilde;ina. &iexcl;En aquellos locales
+primitivos, apenas tocados a&uacute;n por la administraci&oacute;n reformista, en el
+largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra,
+donde se revuelcan los imb&eacute;ciles y hacen piruetas los exaltados, all&iacute;,
+all&iacute; es donde se ve todo el horror de esa secci&oacute;n espantosa de la
+Beneficencia, en que se re&uacute;nen la caridad cristiana y la defensa social,
+estableciendo una l&uacute;gubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es
+hospital y presidio! &iexcl;All&iacute; es donde el sano siente que su sangre se
+hiela y que su esp&iacute;ritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad
+aprisionada por enferma, observando c&oacute;mo los locos refinan su locura con
+el mutuo ejemplo, c&oacute;mo perfeccionan sus man&iacute;as, c&oacute;mo se adiestran en
+aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos
+ordena!</p>
+
+<p>Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie
+alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... &iexcl;Y considerar
+que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageraci&oacute;n o
+el extremo irritativo de nuestras m&uacute;ltiples particularidades morales o
+intelectuales... que todos, cu&aacute;l m&aacute;s, cu&aacute;l menos, tenemos la
+inspiraci&oacute;n, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos
+entramos de lleno en los sombr&iacute;os dominios de la ciencia alienista!
+Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos
+desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de
+la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates
+somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la
+variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la ma&ntilde;ana lo
+despertamos en la aridez de una sola. &iexcl;Oh! Legan&eacute;s, si quisieran
+representarte en una ciudad te&oacute;rica, a semejanza de las que anta&ntilde;o
+trazaban fil&oacute;sofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o
+religioso, no, no habr&iacute;a arquitectos ni fisi&oacute;logos que se atrevieran a
+marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. &laquo;Hay muchos cuerdos
+que son locos razonables&raquo;. Esta sentencia es de Rufete.</p>
+
+<p>El cual no se dio cuenta de aquella ca&iacute;da brusca desde las grandezas de
+pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean
+demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito
+sentimiento que rar&iacute;sima vez habita en los manicomios: la amistad.
+Aquello parece a veces una Bolsa de contrataci&oacute;n de man&iacute;as. Hay demanda
+y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual est&aacute; bastante
+ocupado consigo mismo para cuidarse de los dem&aacute;s. El ego&iacute;smo ha llegado
+aqu&iacute; a su grado m&aacute;ximo. Los imb&eacute;ciles yacen por el suelo. Parece que
+est&aacute;n pastando. Algunos exaltados cantan en un rinc&oacute;n. Hay grupos que se
+forman y se deshacen, porque si no amistad, hay all&iacute; misteriosas
+simpat&iacute;as o antipat&iacute;as que en un momento nacen o mueren.</p>
+
+<p>Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean
+atentos como polizontes que esp&iacute;an el crimen. Son los inquisidores del
+disparate. No hay compasi&oacute;n en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni
+caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la
+tutela del Estado, ninguno es tan antip&aacute;tico como el domador de locos.
+Carcelero&mdash;enfermero es una m&aacute;quina muscular que ha de constre&ntilde;ir en sus
+brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da
+de comer sin cari&ntilde;o, los acogota si es menester, vive siempre prevenido
+contra los ataques, carga como costales a los imb&eacute;ciles, viste a los
+impedidos; ser&iacute;a un santo si no fuera un bruto. El d&iacute;a en que la ley
+haga desaparecer al verdugo, ser&aacute; un d&iacute;a grande si al mismo tiempo la
+caridad hace desaparecer al loquero.</p>
+
+<p>Rufete hu&iacute;a maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los
+funcionarios eran para &eacute;l la oposici&oacute;n, la minor&iacute;a, la prensa; eran
+tambi&eacute;n el pa&iacute;s que le vigilaba, le ped&iacute;a cuentas, le preguntaba por el
+comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura
+rutinaria y pobre, por el cr&eacute;dito muerto. Pero ya le pondr&iacute;a &eacute;l las
+peras a cuarto al se&ntilde;or pa&iacute;s, representado en aquellos dos se&ntilde;ores
+tiesos, que en todo quer&iacute;an meterse, que todo lo quer&iacute;an saber, como si
+&eacute;l, el eminent&iacute;simo Rufete, estuviera en tan alta posici&oacute;n para dar
+gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos
+investigadores le dec&iacute;an: &laquo;Somos la envidia que te mancha para bru&ntilde;irte
+y te arrastra para encumbrarte&raquo;.</p>
+
+<p>Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta
+atracci&oacute;n de un trozo de pared, de un &aacute;ngulo, de una mancha de sombra,
+es un resto de la simpat&iacute;a local que aquellos infelices llevan a la
+regi&oacute;n de tinieblas en que vive su esp&iacute;ritu. Constantemente se agitaba
+Rufete en un &aacute;ngulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su
+poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso,
+cay&eacute;ndose, y la lluvia, manchando, hab&iacute;an bosquejado all&iacute; mil figuras
+fara&oacute;nicas.</p>
+
+<p>Cuando Rufete se cansaba de andar, sent&aacute;base. Ten&iacute;a mucho que hacer,
+despachar mil asuntos, o&iacute;r a una turba de secretarios, generales,
+arzobispos, archip&aacute;mpanos, y despu&eacute;s..., &iexcl;ah!, despu&eacute;s ten&iacute;a que echar
+miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba
+en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hund&iacute;a la cara entre
+las manos, y as&iacute; pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar
+del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situaci&oacute;n, el infeliz
+contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era f&aacute;cil,
+s&iacute;, muy f&aacute;cil; lo terrible era el pico de aquella suma. &iquest;Por qu&eacute; se
+escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas part&iacute;culas del
+metal l&iacute;quido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso
+pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas,
+con sus graciosas cr&iacute;as los 75 c&eacute;ntimos.</p>
+
+<p>Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente te&oacute;ricos. Hab&iacute;a
+sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que
+respond&iacute;an en principio a la idea de camisa, de levita, de pantal&oacute;n;
+pero m&aacute;s era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que
+subsist&iacute;an. &iexcl;Hac&iacute;a tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!...
+&Uacute;ltimamente le pusieron una blusa azul. Pero una ma&ntilde;ana se comi&oacute; la
+mitad. Era el m&aacute;s ind&oacute;cil y peor educado de todos los habitantes de la
+casa. No obstante, sobre aquellos harapos se pon&iacute;a todos los d&iacute;as una
+corbata no mala, li&aacute;ndosela con arte y esmero delante de la pared, hecha
+espejo de un golpe de imaginaci&oacute;n. Aquel negro dogal sobre la carne
+desnuda del estirado cuello, imped&iacute;ale a veces los movimientos; pero
+llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer.</p>
+
+<p>Cuando anochec&iacute;a o cuando el tiempo era malo, Rufete era el &uacute;ltimo que
+dejaba el patio. Com&uacute;nmente los loqueros se ve&iacute;an en el caso de llevarle
+a la fuerza. Dorm&iacute;a en una sala baja, h&uacute;meda, con rejas a un largo
+pasillo, el cual las ten&iacute;a a la huerta. Desde los duros camastros ve&iacute;ase
+la espesura del arbolado; pero, al trav&eacute;s de las rejas dobles, la
+alegr&iacute;a del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o
+casi perdida, con un efecto de pa&iacute;s bordado en ca&ntilde;amazo. En el
+dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos.
+Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro
+d&iacute;a. Algunos dorm&iacute;an con los ojos abiertos. O&iacute;ase desde la sala la
+murmuraci&oacute;n del chorro de una fuente, la cual con tal constancia
+estimulaba el o&iacute;do, que Rufete se pasaba horas enteras en conversaci&oacute;n
+tirada con el agua charlatana en estos o parecidos t&eacute;rminos: &laquo;En todo lo
+que Su Se&ntilde;or&iacute;a me dice, se&ntilde;or chorro, hay mucha parte de raz&oacute;n y mucho
+que no puede admitirse. Sub&iacute; al poder empujado por el pa&iacute;s que me
+llamaba, que me necesitaba. El primer escal&oacute;n fue mi m&eacute;rito, el segundo
+mi resoluci&oacute;n, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... &iquest;Pero qu&eacute;
+habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? C&aacute;llese
+usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que
+se calle&raquo;.</p>
+
+<p>Y col&eacute;rico se abalanzaba a la reja, pon&iacute;a el o&iacute;do, hac&iacute;a se&ntilde;ales de
+conformidad o denegaci&oacute;n, oprim&iacute;a los barrotes. La fluida elocuencia del
+chorro no ten&iacute;a fin jam&aacute;s. Era como uno de esos oradores incansables que
+siempre est&aacute;n hablando de s&iacute; mismos. La aurora le encontraba engolfado
+en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: &laquo;No me
+convence, no me convence Su Se&ntilde;or&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun all&iacute; son hermosos
+el risue&ntilde;o abrir de ojos del d&iacute;a y la primera mirada que cielo y tierra,
+&aacute;rboles y casas, montes y valles se dirigen. All&iacute; los p&aacute;jaros
+madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las
+parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por all&iacute; los
+mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el
+propio airecillo picante que menea los &aacute;rboles, que orea el campo, que
+estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegr&iacute;a, el
+buen apetito, la saz&oacute;n y la salud, derrama tambi&eacute;n por todas las zonas
+del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las
+moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus
+remotos viajes atmosf&eacute;ricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso
+excitante seg&uacute;n su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o
+dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados.
+Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados
+dislates, hablan m&aacute;s alto, r&iacute;en m&aacute;s fuerte, se arrastran y se embrutecen
+m&aacute;s; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche,
+aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con
+urbanidad refinada; qui&eacute;n pide papel y tinta para escribir la carta, &iexcl;la
+indispensable carta del d&iacute;a!; qui&eacute;n se lanza a la carrera, huyendo de un
+perseguidor que aparece montado en el caballo del d&iacute;a, y todo aquel
+carnavalesco mundo comienza con br&iacute;o su ordinaria existencia.</p>
+
+<p>La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y
+estr&eacute;pito de escobazos corre por salas y pasillos, confundi&eacute;ndose con el
+sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la
+capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar
+los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sost&eacute;n del asilo por
+estar encargadas de su r&eacute;gimen dom&eacute;stico, van y vienen con actividad de
+madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus
+blancas tocas aladas, respetables y respetadas como ense&ntilde;a de paz, se
+ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes
+de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan
+lumbre; en la despensa llena de v&iacute;veres; en el lavadero, donde ya saltan
+los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el
+patio de mujeres, en la regi&oacute;n de las locas, que es el departamento de
+trabajo m&aacute;s penoso y de las dificultades m&aacute;s terribles.</p>
+
+<p>&iexcl;Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado
+de mundo. Los hombres inspiran l&aacute;stima y terror; las hijas de Eva
+inspiran sentimientos de dif&iacute;cil determinaci&oacute;n. Su locura es, por lo
+general, m&aacute;s pac&iacute;fica que en nosotros, excepto en ciertos casos
+patol&oacute;gicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la
+parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o
+treinta hembras con murmullo de coqueter&iacute;a, de celos, de ch&aacute;chara
+fr&iacute;vola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni t&eacute;rminos claros,
+ni pausa, ni variedad. &Oacute;yese desde lejos, cual disputa de cotorras en la
+soledad de un bosque... Las hay tambi&eacute;n juiciosas. Algunas pensionistas,
+tratadas con esmero, est&aacute;n tranquilas y calladas en habitaci&oacute;n clara y
+limpia, ocup&aacute;ndose en coser, bajo la vigilancia y direcci&oacute;n de dos
+hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores
+secas o con plumas de gallina. Sonr&iacute;en con estupidez o clavan en el
+visitante extraviados ojazos.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n la <i>hermosa mitad</i> tiene sus jaulas de dobles rejas. No ser&iacute;an
+mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver
+dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y o&iacute;r la voz ronca de
+una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay
+una que corre por pasillos y salas buscan <i>do su propia persona.</i></p>
+
+<p>Volvamos al patio de varones pobres. Aquel d&iacute;a faltaba en &eacute;l Rufete.
+Creer&iacute;ase que hab&iacute;a crisis. Poco despu&eacute;s de amanecer se dirigi&oacute; al
+loquero y le dijo: &laquo;Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie&raquo;.
+Despu&eacute;s cay&oacute; en un marasmo profundo. Enmudeci&oacute;. El chorro de la fuente
+preguntaba por &eacute;l y ninguno de los asilados all&iacute; presentes sab&iacute;a darle
+raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Llev&aacute;ronle a la enfermer&iacute;a. El m&eacute;dico mand&oacute; que le dieran una ducha, y
+fue llevado en brazos a la inquisici&oacute;n de agua. Es un peque&ntilde;o balneario,
+sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. All&iacute; dan
+lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza,
+todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presi&oacute;n formidable, y sus
+golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o
+en l&aacute;minas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo,
+atacan encarnizados con el &aacute;spero chirrido del acero. Rufete, que ya
+conoc&iacute;a el lugar y la maquinaria, se defendi&oacute; con fiero instinto. Le
+embrazaron, oprimi&eacute;ndole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a
+la pared, y all&iacute;, sin defensa posible, desnudo, recibi&oacute; la acometida.
+Poco despu&eacute;s yac&iacute;a aletargado en una cama con visibles apariencias de
+bienestar. Al fin, durmi&oacute; profundamente.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>A la misma hora que esto pasaba, una joven lleg&oacute; a la puerta del
+establecimiento. Quer&iacute;a ver al se&ntilde;or Director, al se&ntilde;or facultativo,
+quer&iacute;a ver a un enfermo, a su se&ntilde;or padre, a un tal don Tom&aacute;s Rufete;
+quer&iacute;a entrar aunque se lo vedaran; quer&iacute;a hablar con el se&ntilde;or capell&aacute;n,
+con las hermanas, con los loqueros; quer&iacute;a ver el establecimiento;
+quer&iacute;a entregar una cosa; quer&iacute;a decir otra cosa...</p>
+
+<p>Estos m&uacute;ltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados
+atropelladamente y con turbaci&oacute;n por la muchacha, que era m&aacute;s que
+medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero
+calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y pon&iacute;a extraordinario ardor en
+la expresi&oacute;n de su deseo. Sus ojos expresivos hab&iacute;an llorado, y a&uacute;n
+lloraban algo todav&iacute;a. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del
+trabajo, oprim&iacute;an un l&iacute;o de ropa seminueva, mal envuelta en un pa&ntilde;uelo
+rojo. Rojo era tambi&eacute;n el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente
+liado debajo de la barba a estilo de Madrid. &iquest;Con qu&eacute; prenda se cubr&iacute;a?
+&iquest;Sotana, mant&oacute;n, gab&aacute;n de hombre? No: era una prenda h&iacute;brida, un arreglo
+del ruso al espa&ntilde;ol, un cubrepersona de corte no muy conforme con el
+usual patr&oacute;n. Ello es que su pa&ntilde;uelo rojo, sus l&aacute;grimas acabadas de
+secar, su gab&aacute;n ra&iacute;do y de muy dif&iacute;cil calificaci&oacute;n en indumentaria, su
+agraciado rostro, su adem&aacute;n de resignaci&oacute;n, sus botas mayores que los
+pies y ya entradas en d&iacute;as, inspiraban l&aacute;stima.</p>
+
+<p>No le fue dif&iacute;cil llegar al despacho del se&ntilde;or Director. Al verle y
+darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas
+l&aacute;grimas a los ojos y la garganta se le obstruy&oacute; de tal modo, que tuvo
+que callarse. El Director, hombre compasivo, la mand&oacute; sentar, rog&aacute;ndole
+que se calmase.</p>
+
+<p>&laquo;Hace tres meses que no se ha pagado la pensi&oacute;n&mdash;dijo ella al cabo,
+metiendo la mano en alguna parte de su extra&ntilde;a vestimenta&raquo;.</p>
+
+<p>Porque el gab&aacute;n ten&iacute;a un bolsillo hondo. Su autora hab&iacute;a sido pr&oacute;diga en
+esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sac&oacute; un
+paquete de papel que parec&iacute;a contener dinero.</p>
+
+<p>&laquo;Luego, luego veremos&mdash;dijo el Director, resisti&eacute;ndose a tomar la suma&mdash;.
+&iexcl;Ah! &iquest;Tambi&eacute;n trae ropa? Veo que no se descuida usted... Est&aacute; bien,
+bien. El pobre D. Tom&aacute;s ten&iacute;a ya mucha falta... D&eacute;jelo usted ah&iacute;.
+Luego... Si&eacute;ntese usted y descanse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no le ver&eacute; ahora mismo?&mdash;pregunt&oacute; ella con ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;No es f&aacute;cil, no es f&aacute;cil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a
+las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete est&aacute;
+sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa&raquo;.</p>
+
+<p>La del ruso cruz&oacute; las manos, y mir&oacute; al techo.</p>
+
+<p>&laquo;El se&ntilde;or facultativo est&aacute; haciendo ahora la visita... Le hablaremos,
+veremos lo que dice. Si &eacute;l consiente... Pero no lo consentir&aacute;. No
+conviene que usted vea a su se&ntilde;or padre ahora. M&aacute;s tarde... Si&eacute;ntese
+usted, tranquil&iacute;cese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con &eacute;l hace
+bastante tiempo. Usted se llama...</p>
+
+<p>&mdash;Isidora, para servir a usted... &iexcl;Pobrecito pap&aacute;! Si no me le dejan ver,
+d&iacute;gale usted que estoy aqu&iacute;, que est&aacute; aqu&iacute; su Isidorita, que viene a
+darle un beso, que ma&ntilde;ana traer&eacute; a Mariano, mi hermanito... &iexcl;Ah Dios
+m&iacute;o!; pero &eacute;l no entender&aacute;, no entender&aacute; nada. &iexcl;Pobre hombre! &iquest;Y no hay
+esperanzas de que vuelva a la raz&oacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores.
+Parec&iacute;a empe&ntilde;ado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de
+cansancio, se sent&oacute; en una banqueta. Habi&eacute;ndole recomendado con frases
+convencionales, si bien generosas, la resignaci&oacute;n y una tranquilidad que
+era imposible, el Director sali&oacute;.</p>
+
+<p>No se qued&oacute; sola la joven en el despacho. En un &aacute;ngulo de este hab&iacute;a una
+mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un
+hombre escrib&iacute;a, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso
+esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligraf&iacute;a espa&ntilde;ola. La
+mesa estaba llena de papeles que parec&iacute;an estados, listas de nombres,
+cuentas con infinitas bater&iacute;as de n&uacute;meros. Un alto estante repleto de
+papeles y libros rayados indicaba que aquel buen se&ntilde;or de pluma y suma
+ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la dif&iacute;cil
+administraci&oacute;n del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo,
+del ya fenecido covachuelista, conservado all&iacute; cual muestra del
+met&oacute;dico, rutinario y honrad&iacute;simo personal de nuestra primitiva
+burocracia. Era de edad provecta, peque&ntilde;o, arrugadito, bastante moreno y
+totalmente afeitado como un cura. Cubr&iacute;a su cabeza con un bonetillo
+circular, ni muy nuevo ni muy ra&iacute;do, contempor&aacute;neo de los manguitos
+verdes atados a sus codos. Escrib&iacute;a con trazos tan seguros, uniformes y
+ordenados, que parec&iacute;a escribientil m&aacute;quina. Sin alzar los ojos del
+papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los
+dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorb&iacute;a
+una gran porci&oacute;n de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no hac&iacute;a
+caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas
+oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversaci&oacute;n.
+Siendo al fin m&aacute;s fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompi&oacute; el
+silencio de esta manera:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;orita, &iquest;se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay m&aacute;s
+remedio que conformarse con su santa voluntad&raquo;.</p>
+
+<p>A Isidora (&iquest;por qu&eacute; ocultarlo?) le gust&oacute; que la llamaran se&ntilde;orita. Pero
+como su &aacute;nimo no estaba para vanidades, fij&oacute; toda su atenci&oacute;n en las
+palabras consoladoras que hab&iacute;a o&iacute;do, contestando a ellas con una mirada
+y un hond&iacute;simo suspiro.</p>
+
+<p>&laquo;Esta casa&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y
+dulce, que llegaba al alma&mdash;no es una casa de divertimiento; es un asilo
+triste y f&uacute;nebre, se&ntilde;orita. Yo me hago cargo, s&iacute;, se&ntilde;orita, me hago
+cargo de su dolor de usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Y se envas&oacute; en el cuerpo, aspir&aacute;ndola por entre los dientes, otra gran
+cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y moj&aacute;ndola y
+sacudi&eacute;ndola a golpecitos met&oacute;dicos, prosigui&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Pero no debe esperarse de este p&iacute;caro mundo otra cosa que penas,
+&iexcl;ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una ni&ntilde;a, y
+todav&iacute;a... vamos, todav&iacute;a no conoce m&aacute;s que las flores que suelen
+adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande m&aacute;s,
+m&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora dio otro suspiro. Grand&iacute;simo consuelo le infund&iacute;an las palabras
+sensatas y filos&oacute;ficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces
+tuvo por sacerdote.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Es usted....<i>por casualidad</i> sacerdote?&mdash;le pregunt&oacute; con timidez.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora&mdash;repuso el otro, escribiendo un poco&mdash;. Soy seglar. Hace
+treinta y dos a&ntilde;os que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al
+asunto, el mundo, se&ntilde;orita, es un valle de l&aacute;grimas. V&aacute;yase usted
+acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el
+seno de la religi&oacute;n verdadera, y sabemos que hay un <i>m&aacute;s all&aacute;</i>, sabemos
+que en ese <i>m&aacute;s all&aacute;</i>, se&ntilde;orita, nos aguarda el premio de nuestros
+afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido...&raquo;.</p>
+
+<p>El anciano se conmovi&oacute; un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir
+l&aacute;grimas de sus ojos. Llev&aacute;ndose a ellos la punta del pa&ntilde;uelo rojo,
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Mi pobre enfermo!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... &iexcl;qu&eacute; bello es el dolor de una hija!&mdash;dijo el bebedor de aire
+soltando resueltamente la pluma&mdash;, &iexcl;cu&aacute;n meritorio a los ojos de Aquel
+que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore
+usted, llore usted; no ser&eacute; yo quien trate de combatir su pena con
+consuelos triviales. Lo &uacute;nico que le dir&eacute; es que la religi&oacute;n y el tiempo
+la curar&aacute;n de este mal: la religi&oacute;n elevando su esp&iacute;ritu y haci&eacute;ndole
+ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado
+seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia
+seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas
+nuestras heridas y cerr&aacute;ndolas poco a poco. Usted es a&uacute;n muy joven.
+Puede ser que el Se&ntilde;or le reserve aqu&iacute; en la tierra algo de lo que, por
+no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted ser&aacute; esposa de alg&uacute;n
+hombre honrado, madre de familia, dign&iacute;sima abuela...&raquo;.</p>
+
+<p>Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Le molesta a usted el humo del tabaco?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! no, se&ntilde;or; no, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s c&oacute;modamente estar&aacute; usted en el sill&oacute;n que en ese banco. &iquest;Por qu&eacute; no
+se sienta usted all&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; muchas gracias. Aqu&iacute; estoy bien&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen se&ntilde;or,
+realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no s&eacute;
+qu&eacute; de tierno, paternal y simp&aacute;tico que en su semblante hab&iacute;a,
+cautivaban a la dolorida joven, inspir&aacute;ndole tanta admiraci&oacute;n como
+gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, dig&aacute;moslo as&iacute;, con
+las corrientes de bondad que aflu&iacute;an de sus ojos. Hab&iacute;a en su mirar
+tanta compasi&oacute;n, un inter&eacute;s tan puro y cristiano, que la pobre joven se
+felicit&oacute; interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en
+momentos de aflicci&oacute;n. Pens&aacute;ndolo as&iacute; y dando gracias a Dios por un
+socorro moral de tanta val&iacute;a, se sinti&oacute; tocada del deseo de confiarse,
+de abrir un poco su coraz&oacute;n para mostrar sus penas. Era naturalmente
+expansiva, y las circunstancias la pon&iacute;an en el caso de serlo m&aacute;s a&uacute;n
+que de ordinario.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Conoce usted a mi padre?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a, le conozco y me da mucha l&aacute;stima... Bastante se ha hecho
+en la casa por aliviar sus penas y combatir sus man&iacute;as... Pero Dios no
+ha querido. Contra &Eacute;l no se puede nada. Consol&eacute;monos todos pensando en
+que la grandiosa armon&iacute;a del mundo consiste en el cumplimiento de la
+voluntad soberana&raquo;.</p>
+
+<p>Esta sentencia afect&oacute; a la de Rufete, haci&eacute;ndole pensar en lo cara que a
+ella sola le costaba la armon&iacute;a de todos. Enjug&aacute;ndose otra vez las
+l&aacute;grimas, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y si viera usted qu&eacute; bueno ha sido siempre!... &iexcl;Cu&aacute;nto nos quer&iacute;a! No
+ten&iacute;a m&aacute;s que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte,
+sino que aspiraba a m&aacute;s, a m&aacute;s. Es que el pobrecito ten&iacute;a talento, se
+encontraba siempre en &uacute;ltimo lugar debiendo estar en el primero... &iexcl;Hay
+en el mundo cada injusticia...! Por eso &eacute;l no se conformaba nunca, y
+estaba siempre de mal humor y se enojaba y re&ntilde;&iacute;a con mi madre. Como era
+caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero,
+padec&iacute;a lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi
+todos los d&iacute;as y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de
+tres Gobiernos de provincia y no lleg&oacute; a gobernador por intrigas de los
+del partido. Mi madre le dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Ah!, mejor te valdr&iacute;a haber aprendido
+un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me
+caigo, hoy me levanto...&raquo;. &iexcl;Pero quia!; &eacute;l sab&iacute;a de oficina m&aacute;s que la
+<i>Gaceta</i>, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas
+cosas de gobernar, todos los que le o&iacute;an estaban asombrados. Su padre,
+mi abuelito, hab&iacute;a sido tambi&eacute;n de oficina. El pobre muri&oacute; de mala
+manera. &iquest;Le conoci&oacute; usted?...</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a. Siga usted, que la oigo con mucho inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Fue, en no s&eacute; qu&eacute; tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas,
+hablaba mucho, y para &eacute;l todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando
+yo era ni&ntilde;a jugaba con el morri&oacute;n de mi abuelo... &iexcl;Qu&eacute; cosas!... Oiga
+usted... El que llamo mi padre fue m&aacute;s listo que el que llamo mi abuelo.
+&iexcl;Oh!, s&iacute;, era caballero y ten&iacute;a talento. En el partido le tem&iacute;an. &Eacute;l
+mismo lo dec&iacute;a: &laquo;Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volver&eacute;
+loco...&raquo; &iexcl;Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las
+sesiones del Congreso y hac&iacute;a mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la
+oposici&oacute;n. Sal&iacute;a de Madrid con recados secretos. No hablaba m&aacute;s que de
+la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., &iquest;me entiende usted?&raquo;.</p>
+
+<p>El anciano, despu&eacute;s de tragarse la mitad de la atm&oacute;sfera del cuarto,
+hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre
+conocedor de las debilidades de sus semejantes.</p>
+
+<p>&laquo;La &uacute;ltima vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que
+no se pod&iacute;a esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mam&aacute; cay&oacute;
+enferma; mi padre entr&oacute; de corrector de pruebas en una imprenta donde se
+hac&iacute;a un peri&oacute;dico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches
+junto a un quinqu&eacute; de petr&oacute;leo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil
+discursos, art&iacute;culos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la ma&ntilde;ana
+(porque el trabajo duraba toda la noche) y volv&iacute;a a casa, no descansaba,
+no, se&ntilde;or. &iquest;Qu&eacute; creer&aacute; usted que hac&iacute;a? Pues ponerse a escribir. Todos
+los d&iacute;as entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. &iquest;Qu&eacute;
+creer&aacute; usted que escrib&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por
+ah&iacute; empiezan muchos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia!; no, se&ntilde;or. Escrib&iacute;a decretos, leyes y reales &oacute;rdenes. Aunque al
+salir de su cuarto cerraba siempre, yo hall&eacute; una noche medios de abrir,
+y vimos todo. Mi mam&aacute; y yo dec&iacute;amos: &laquo;Quiz&aacute;s est&eacute; copiando para traernos
+algo de comer&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; chasco nos llevamos!; todo se volv&iacute;a: <i>Art&iacute;culo
+primero</i>, tal cosa; <i>art&iacute;culo segundo</i>, tal cosa. Y luego: <i>Quedo
+encargado de la ejecuci&oacute;n del presente decreto</i>. Hac&iacute;a pre&aacute;mbulos
+atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando
+con mucho cuidado, y a cada legajo le pon&iacute;a un letrero diciendo: <i>Deuda
+P&uacute;blica</i>, o <i>Clases Pasivas</i>, <i>Aduanas</i>, <i>Banco</i>, <i>Amillaramientos</i>.
+Tambi&eacute;n pon&iacute;a en ciertos paquetes r&oacute;tulos que no entend&iacute;amos, porque
+eran ya locura manifiesta, y dec&iacute;an: <i>Ruinas</i>, o bien <i>Fanatismo</i>,
+<i>Barbarie</i>, <i>Urbanizaci&oacute;n de Envidi&oacute;polis</i>, <i>Vidrios rotos</i>, <i>Sobornos</i>,
+<i>Subvenci&oacute;n Personal</i>, y as&iacute; por este estilo. &laquo;&iexcl;Ay Dios m&iacute;o!&mdash;dijimos
+mam&aacute; y yo&mdash;; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre est&aacute;
+loco&raquo;. Estuvimos llorando toda la noche.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios&mdash;dijo, con emoci&oacute;n el viejo, al ver que Isidora se
+interrump&iacute;a para llorar&mdash;. Pero &iquest;qu&eacute; es eso, hija m&iacute;a, comparado con lo
+que Cristo padeci&oacute; por nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre muri&oacute; en aquellos d&iacute;as&mdash;prosigui&oacute; Isidora, casi completamente
+ahogada por el llanto&mdash;. Aquel d&iacute;a, &iexcl;oh Dios m&iacute;o, qu&eacute; d&iacute;a!, mi padre hizo
+los disparates m&aacute;s atroces; no llor&oacute;, no se afect&oacute; nada. Cuando mi madre
+expir&oacute; en mis brazos, &eacute;l dio dos o tres paseos por el cuarto, y
+mir&aacute;ndome con unos ojos..., &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; ojos!..., me dijo: &laquo;Se le har&aacute;n
+los honores de tenienta generala muerta en campa&ntilde;a...&raquo;. No puedo
+recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aqu&iacute;. Un
+pariente bastante acomodado que ten&iacute;amos en el Tomelloso se condoli&oacute; de
+m&iacute; y ofreci&oacute; dar la pensi&oacute;n de segunda. Yo me fui a la Mancha con &eacute;l, y
+mi hermanito se qued&oacute; aqu&iacute; con una t&iacute;a de mi madre. Pasado alg&uacute;n tiempo,
+mi t&iacute;o el can&oacute;nigo se olvid&oacute; de pagar la pensi&oacute;n. Es el mejor de los
+hombres; pero tiene unas rarezas...&raquo;.</p>
+
+<p>Desde la mitad de esta relaci&oacute;n, ya ten&iacute;a Isidora que beberse las
+l&aacute;grimas entre palabra y palabra. El bendito se&ntilde;or que la o&iacute;a,
+enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos
+pasos para vencer su emoci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Todo sea por Dios&mdash;dijo liando nerviosamente otro cigarrillo&mdash;. Noble
+criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un
+p&aacute;ramo...</p>
+
+<p>&mdash;Y todo cuanto he padecido ha sido injusto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella prontamente,
+sorbiendo tambi&eacute;n una regular porci&oacute;n de aire, porque todo es contagioso
+en este mundo&mdash;. No s&eacute; si me explicar&eacute; bien; quiero decir que a m&iacute; no me
+correspond&iacute;a compartir las penas y la miseria de Tom&aacute;s Rufete, porque
+aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y
+no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy...&raquo;.</p>
+
+<p>Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la
+llevase, sin pensarlo, a una revelaci&oacute;n indiscreta. Pero el escribiente,
+con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres
+perspicaces, se apoder&oacute; de la idea apenas indicada, y dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase
+m&aacute;s elevada; s&oacute;lo que circunstancias largas de referir la hicieron
+descender... &iexcl;Cosas de Nuestro Padre que est&aacute; en los Cielos! &Eacute;l sabr&aacute;
+por qu&eacute; lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la
+postre, siempre son para nuestro bien. Usted, se&ntilde;orita&mdash;a&ntilde;adi&oacute; tras breve
+pausa, quit&aacute;ndose cortesanamente la gorra&mdash;, no ve, no puede ver en el
+infelic&iacute;simo Rufete m&aacute;s que un padre putativo, tal y como el Santo
+Patriarca San Jos&eacute; lo era de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;De qu&eacute; manera tan clara relampague&oacute; el orgullo en el semblante de
+Isidora al o&iacute;r aquellas palabras! Su rubor leve pas&oacute; pronto. Sus labios
+vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegaci&oacute;n impuesta por las
+conveniencias.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no quisiera hablar de eso&mdash;dijo tomando un tonillo enf&aacute;tico de calma
+y dignidad, que no hac&iacute;a buena concordancia con su ruso&mdash;. &iexcl;Respeto tanto
+al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso &eacute;l tanto a m&iacute; y a mi
+hermanito!..., &iexcl;fuimos tan mimados cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os!... Nos hac&iacute;a el
+gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y &eacute;l ten&iacute;a una buena
+colocaci&oacute;n (porque estaba en Propiedades del Estado), viv&iacute;amos muy bien.
+En aquella &eacute;poca Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con un lujo...
+&iexcl;Dios de mi vida! Como &eacute;l no ten&iacute;a m&aacute;s idea que aparentar, aparentar, y
+ser persona notable...</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a&mdash;dijo el anciano con vivacidad&mdash;, una de las enfermedades del
+alma que m&aacute;s individuos trae a estas casas es la ambici&oacute;n, el af&aacute;n de
+engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de
+querer subir atropellando a los que est&aacute;n arriba, no por la escalera del
+m&eacute;rito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la
+violencia, como si dij&eacute;ramos, empujando, empujando...&raquo;.</p>
+
+<p>No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observaci&oacute;n, que
+indicaba tanto juicio como experiencia, march&oacute; con acompasado y no muy
+lento andar hacia el rinc&oacute;n opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora
+en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de
+cordoncillo; pero su pena y la situaci&oacute;n en que estaba la reclamaron, y
+volvi&oacute; a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto.
+Cuando alz&oacute; los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en direcci&oacute;n
+de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en direcci&oacute;n del &aacute;ngulo. Sin
+advertir que el buen se&ntilde;or estaba muy agitado, sin duda por hacerse
+generosamente part&iacute;cipe de las penas que hab&iacute;a o&iacute;do referir, Isidora se
+distra&iacute;a un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que
+embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el esp&iacute;ritu para que
+d&eacute; un par de vueltas o paseos por el campo de la distracci&oacute;n, y se
+fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un
+largo per&iacute;odo de antesala, ayudan este fen&oacute;meno del alma.</p>
+
+<p>Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el
+pasar y repasar del anciano escribiente hab&iacute;a algo de oscilaci&oacute;n de
+p&eacute;ndulo; como, adem&aacute;s, del propio interior de Isidora se derivaba una
+dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues,
+un ratito contemplando la habitaci&oacute;n. &iexcl;Qu&eacute; bonito era el mapa de Espa&ntilde;a,
+todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de n&uacute;meros
+que sub&iacute;an creciendo, de rengloncitos estad&iacute;sticos que bajaban
+achic&aacute;ndose, de c&iacute;rculos y banderolas se&ntilde;alando pueblos, ciudades y
+villas! En la regi&oacute;n azul que representaba el mar, multitud de barquitos
+precedidos de flechas marcaban las l&iacute;neas de navegaci&oacute;n, y por la gran
+vi&ntilde;eta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los
+faros, y adem&aacute;s muelles llenos de fardos, chimeneas de f&aacute;bricas, ruedas
+dentadas, globos geogr&aacute;ficos, todo presidido por un melenudo y furioso
+le&oacute;n y una se&ntilde;ora con las carnes bastante m&aacute;s descubiertas de lo que la
+honestidad exige... &iexcl;Qu&eacute; silencio tan hondo y suave se aposentaba en la
+sosegada estancia, y c&oacute;mo se sent&iacute;a el ambiente puro del campo! S&oacute;lo
+cuando se abr&iacute;a la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas
+y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. &iexcl;Y cu&aacute;ntos y
+cu&aacute;n bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual
+gallardeaba un busto de yeso! Aquel se&ntilde;or blanco sin ni&ntilde;as en los ojos,
+con los hombros desnudos como una dama escotada, deb&iacute;a de ser alguno de
+los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en &eacute;l, en el estante de
+los libros y en el mapa gr&aacute;fico&mdash;estad&iacute;stico se cifraba toda la sabidur&iacute;a
+de los siglos.</p>
+
+<p>En este reconocimiento del lugar emple&oacute; Isidora menos de un minuto. De
+pronto se fij&oacute; en el anciano, que segu&iacute;a pasando por delante de ella con
+rapidez creciente, y se asombr&oacute; de ver la agitaci&oacute;n de sus manos, el
+temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy
+distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simp&aacute;tica. Par&aacute;ndose
+ante Isidora, exclam&oacute; con palabra torpe y muy conmovida:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, nunca hubiera cre&iacute;do esto en una persona como usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;murmur&oacute; Isidora, llena de espanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;!&mdash;dijo el otro alzando la voz&mdash;, usted me est&aacute; insultando; usted me
+est&aacute; insultando&raquo;.</p>
+
+<p>El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitaci&oacute;n
+creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levant&oacute; buscando la
+puerta; corri&oacute; hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre
+tanto el anciano gritaba:</p>
+
+<p>&laquo;Insult&aacute;ndome, s&iacute;, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de
+padre... &iexcl;Oh, Se&ntilde;or! Perd&oacute;nala, perd&oacute;nala, Se&ntilde;or, porque no sabe lo que
+se dice&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sali&oacute; al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante
+comprendi&oacute; la causa de su miedo. Sonriendo, la tom&oacute; de la mano para
+obligarla a entrar.</p>
+
+<p>&laquo;El pobre Canencia...&mdash;dijo&mdash;. Cosa rara... Hace tanto tiempo que est&aacute;
+tranquilo... Pero es un &aacute;ngel, es incapaz de hacer el menor da&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino
+emoci&oacute;n, y dos l&aacute;grimas rodaban por sus mejillas.</p>
+
+<p>&laquo;Tambi&eacute;n usted me insulta, se&ntilde;or Director&mdash;dijo oprimi&eacute;ndose el pecho, y
+con la entonaci&oacute;n y los ademanes de un c&oacute;mico mediano&mdash;. No puedo m&aacute;s, no
+puedo m&aacute;s... &iexcl;Adi&oacute;s, adi&oacute;s, ingratos!&raquo;.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; escapado.</p>
+
+<p>&laquo;Eso le pasa pronto&mdash;indic&oacute; el Director a Isidora, que a&uacute;n no hab&iacute;a
+vuelto de su espanto&mdash;. Es un bendito; hace treinta y dos a&ntilde;os que est&aacute;
+en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres a&ntilde;os, sin la m&aacute;s
+ligera perturbaci&oacute;n. Sus accesos no son m&aacute;s que lo que usted ha visto.
+Principia por decir que tiene dos m&aacute;quinas el&eacute;ctricas en la cabeza y
+luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por
+la huerta, y al cabo de un rato est&aacute; ya sereno. Trabaja bien, me ayuda
+mucho, y, como usted habr&aacute; visto si le ha o&iacute;do, es de encargo para dar
+consejos. Parece un santo y un fil&oacute;sofo. Yo le quiero al pobre Canencia.
+Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste
+que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y
+hoy menos que nunca&raquo;.</p>
+
+<p>El Director dio un gran suspiro, expresi&oacute;n oficial de sus sentimientos
+compasivos, e Isidora quedose fr&iacute;a, aguardando terribles noticias. &iexcl;C&oacute;mo
+miraba al buen se&ntilde;or, deletreando en su cara, y qu&eacute; bien le dec&iacute;a esta
+que no esperara nada bueno!</p>
+
+<p>&laquo;Yo quisiera verle...&mdash;balbuci&oacute; Isidora.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es imposible. &iexcl;Verle!, &iquest;y para qu&eacute;?... Mal, muy mal est&aacute; el pobre
+Rufete&mdash;afirm&oacute; el Director, moviendo la cabeza&mdash;. Ll&eacute;nese usted de
+paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si
+no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a
+descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi
+familia en ese estado, desear&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Trabajo le cost&oacute; a Isidora admitir la funesta verdad que se le quer&iacute;a
+anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer
+aquel nudo que en su garganta se formaba, habl&oacute; con medias palabras de
+esta manera:</p>
+
+<p>&laquo;Qui&eacute;n sabe... Todav&iacute;a... Pero yo quiero verle.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que no... Ya...&raquo;.</p>
+
+<p>El buen se&ntilde;or estaba impaciente. Ten&iacute;a que hacer.</p>
+
+<p>&laquo;Si&eacute;ntese usted...&mdash;murmur&oacute; acercando un sill&oacute;n&mdash;. &iquest;Quiere usted que le
+traiga un vaso de agua?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no dec&iacute;a nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de
+yeso. Lo examin&oacute; bien y est&uacute;pidamente, vi&eacute;ndole con claridad, por esa
+atracci&oacute;n rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce
+sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por
+alg&uacute;n tiempo asociado a la noticia misma...</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;IV&mdash;</b></p>
+
+<p>Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocent&iacute;simo
+Canencia, ocurr&iacute;a no lejos de all&iacute; un hecho que, con ser muy triste, no
+afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran &eacute;stos el Director
+facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el
+capell&aacute;n y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se
+trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo f&aacute;cil
+y t&eacute;rmino decidido. El enfermo apenas ten&iacute;a movimiento y vida m&aacute;s que en
+la cabeza; no padec&iacute;a nada; se iba por r&aacute;pida y llana pendiente, sin
+choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa.</p>
+
+<p>&laquo;Muere bien&raquo;&mdash;dijo en voz baja el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>El paciente dio un gran suspiro, abri&oacute; los ojos, mir&oacute; a todos uno por
+uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas
+recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que
+m&aacute;s que nada era profund&iacute;sima l&aacute;stima de s&iacute; mismo, pronunci&oacute; estas
+palabras: &laquo;Caballeros, &iquest;es cierto lo que me figuro?... &iquest;Es cierto que
+estoy en Legan&eacute;s?&raquo;.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico le quiso consolar con palabras campechanas.</p>
+
+<p>&laquo;Hombre, no sea usted tonto...; si est&aacute; usted en su casa... Vamos, que
+se va usted a poner bueno&raquo;.</p>
+
+<p>El enfermo movi&oacute; tristemente la cabeza. Permaneci&oacute; largo rato mudo.
+Despu&eacute;s tom&oacute; la mano del cura, la bes&oacute;... Quiso hablar, no pudo, se le
+vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de
+voluntad, pudo decir a media voz:</p>
+
+<p>&laquo;Mis hijos..., la marquesa...&raquo;.</p>
+
+<p>Y call&oacute; para siempre. M&eacute;dico y aprendiz observaron con la atenci&oacute;n y la
+frialdad de la ciencia aquel caso de tr&aacute;nsito, y despu&eacute;s se fueron a
+extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifest&aacute;ndoles con m&aacute;s
+l&aacute;stima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El
+aprendiz de m&eacute;dico declar&oacute; al punto conocerla, y alegr&aacute;ndose de que all&iacute;
+estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y
+del compromiso de consolarla y darle alg&uacute;n socorro si lo hab&iacute;a menester.</p>
+
+<p>Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y all&iacute; pas&oacute; lo que
+referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender
+la certeza de su desdicha, cuando entr&oacute; en el despacho un mozo como de
+veinticuatro a&ntilde;os, el cual, lleg&aacute;ndose a ella con muestras de confianza,
+le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Conque usted por aqu&iacute;, Isidora?... &iexcl;Y en qu&eacute; momento tan triste!...
+&iquest;Pero no me conoce usted? &iquest;Tan desmemoriada estamos, Isidora? &iquest;No se
+acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al
+Tomelloso a buscar a su t&iacute;o de usted, el se&ntilde;or Can&oacute;nigo, para salir
+juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. &iquest;No se acuerda
+usted tampoco de mi hermano Alejandro? &iquest;No se acuerda de que algunas
+veces, por vacaciones, &iacute;bamos acompa&ntilde;ando a mi padre?... Pues hace cinco
+a&ntilde;os que estoy aqu&iacute; estudiando Medicina. &iquest;Y c&oacute;mo est&aacute; su se&ntilde;or t&iacute;o?
+&iquest;Hace mucho que ha dejado usted aquel c&eacute;lebre Tomelloso?...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena;
+le miraba y le reconoc&iacute;a. S&iacute;, su memoria se iba iluminando ante aquella
+fisonom&iacute;a que con ninguna otra pod&iacute;a confundirse. Aquel semblante p&aacute;lido
+y moreno, tan moreno y tan p&aacute;lido que parec&iacute;a una gran aceituna; aquella
+brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca,
+cuyos dientes blanqu&iacute;simos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja
+ancha, tan negra y espesa que parec&iacute;a cinta de terciopelo, y aquellos
+ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la iron&iacute;a
+del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras,
+aquel abandono en el vestir, y, por &uacute;ltimo, la desenfadada manera de
+insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el
+hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente
+de Isidora ideas mil y recuerdos de una &eacute;poca en que la infancia se
+confund&iacute;a con la adolescencia, &eacute;poca de tonter&iacute;as, de miedos, de
+inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable.
+No acert&oacute; a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de
+la situaci&oacute;n, y poni&eacute;ndose todo lo serio que pod&iacute;a, cosa en &eacute;l de
+grand&iacute;sima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido:</p>
+
+<p>&laquo;Lo primero es que usted salga de esta casa...; &iexcl;ay, qu&eacute; casa!... Nada
+hay que hacer aqu&iacute;. Si va usted a Madrid tendr&eacute; mucho gusto en
+acompa&ntilde;arla&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora manifest&oacute; deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que
+hab&iacute;a tra&iacute;do para pagar los atrasos de la pensi&oacute;n de Rufete, pero el
+Director no lo consinti&oacute;. En cuanto a las ropas, tanto inst&oacute; al
+bondadoso se&ntilde;or para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando
+las gracias en nombre de los dem&aacute;s enfermos pobres que tanto las
+necesitaban.</p>
+
+<p>Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinraz&oacute;n y se alejaron
+silenciosos del trist&iacute;simo pueblo, en el cual casi todas las casas
+albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlat&aacute;n Miquis, respetando
+su dolor, tan s&oacute;lo indic&oacute; esto:</p>
+
+<p>&laquo;En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranv&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis crey&oacute; oportuno distraer a su
+compa&ntilde;era de viaje, porque, realmente, &iquest;a qu&eacute; conduc&iacute;a aquel llorar
+continuo, si nada pod&iacute;a remediarse? Era preciso hacer frente al dolor,
+fiero enemigo que se ceba en los d&eacute;biles; conven&iacute;a sobreponerse, pues...
+hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como
+siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habl&oacute; de la belleza del
+primaveral d&iacute;a (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de
+Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invit&oacute; a Isidora
+a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol
+y la jornada iba a ser un poco larga.</p>
+
+<p>Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, &eacute;l contemplativo,
+dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de
+ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban.</p>
+
+<p>&laquo;Isidora...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. &iquest;Es cierto o no
+que en el Tomelloso nos tute&aacute;bamos?&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_II" id="Capitulo_II"></a>Cap&iacute;tulo II</h3>
+
+<p class="head">La Sanguijuelera</p>
+
+
+<p>En el domicilio de su pariente y padrino, don Jos&eacute; de Relimpio (de quien
+se hablar&aacute; cuando sea menester), pas&oacute; Isidora la noche de aquel d&iacute;a de
+abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar
+a Encarnaci&oacute;n y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios m&aacute;s
+exc&eacute;ntricos de Madrid. La que llamaremos todav&iacute;a, por respeto a la
+rutina, hija de Rufete, ten&iacute;a la costumbre de representarse en su
+imaginaci&oacute;n, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que
+fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera
+que la interesase, visita, entrevista, escena, diversi&oacute;n, desde mediod&iacute;a
+o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario
+relieve y color, desarroll&aacute;ndose con sus cuadros, lugares, perspectivas,
+personas, figuras, actitudes y lenguaje. As&iacute;, mucho antes del alba,
+Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su t&iacute;a y de
+su hermano; los ve&iacute;a como si los tuviera delante; hablaba con ellos
+preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y o&iacute;a las
+inflexiones de la voz de cada uno.</p>
+
+<p>Las ocho ser&iacute;an cuando sali&oacute; para hacer verdadero lo imaginado; pero
+como ten&iacute;a que ir desde la calle de Hern&aacute;n Cort&eacute;s a la de Moratines, en
+el barrio de las Pe&ntilde;uelas, deteni&eacute;ndose y preguntando por no conocer muy
+bien a Madrid, ya hab&iacute;an dado las diez cuando entr&oacute; por el conocido y
+gigantesco paseo de Embajadores. No le fue dif&iacute;cil desde all&iacute; dar con la
+morada de su t&iacute;a. A mano derecha hay una v&iacute;a que empieza en calle y
+acaba en horrible desmonte, zanja, alba&ntilde;al o vertedero, en los bordes
+rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta v&iacute;a,
+Isidora hizo r&aacute;pido examen del lugar en que se encontraba, y que no era
+muy de su gusto. Ten&iacute;a, juntamente con el don de imaginar fuerte, la
+propiedad de extremar sus impresiones, recarg&aacute;ndolas a veces hasta lo
+sumo; y as&iacute;, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba
+al punto en colosal; lo peque&ntilde;o se le hac&iacute;a min&uacute;sculo, y lo feo o bonito
+enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y
+desconchadas, los letreros innobles, los r&oacute;tulos de torcidas letras, los
+faroles de aceite amenazando caerse; al ver tambi&eacute;n que multitud de
+ni&ntilde;os casi desnudos jugaban en el fango, amas&aacute;ndolo para hacer bolas y
+otros divertimientos; al o&iacute;r el estr&eacute;pito de machacar sartenes, los
+berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias
+tirando de carros atascados, y el susurro de los transe&uacute;ntes, que al dar
+cada paso lo marcaban con una groser&iacute;a, crey&oacute; por un momento que estaba
+en la caricatura de una ciudad hecha de cart&oacute;n podrido. Aquello no era
+aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada
+por v&iacute;a de limpieza para que no corrompiera el centro.</p>
+
+<p>Y siguiendo en su man&iacute;a de recargar las cosas, como viera correr por la
+calle&mdash;zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias
+industrias tint&oacute;reas, al punto le pareci&oacute; que por all&iacute; abajo se
+despe&ntilde;aban arroyuelos de sangre, vinagre y bet&uacute;n, junto con un licor
+verde que sin duda iba a formar r&iacute;os de veneno. Alzose con cuidadosa
+mano las faldas, y avanz&oacute; venciendo su repugnancia. No tuvo que andar
+mucho para encontrar la puerta que buscaba. S&iacute;, all&iacute; era. Bien reconoc&iacute;a
+la muestra que a&ntilde;os atr&aacute;s estaba en la calle de la Torrecilla, y que
+dec&iacute;a clarito, con azules caracteres, <i>Cacharrer&iacute;a</i>. Reconoci&oacute; tambi&eacute;n
+una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde,
+jerogl&iacute;ficamente, se anunciaba un importante comercio. &iexcl;C&oacute;mo recordaba
+Isidora haber visto en su ni&ntilde;ez la redoma pintada, en cuyo c&iacute;rculo
+aparec&iacute;an nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que
+serv&iacute;an de insignia industrial a Encarnaci&oacute;n Guill&eacute;n, conocida en
+distintos barrios con el nombre de <i>la Sanguijuelera</i>!</p>
+
+<p>La puerta ten&iacute;a una trampilla en la parte baja, la cual parec&iacute;a servir
+de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de
+balc&oacute;n en caso de que por all&iacute;, cosa no imposible, pasasen procesiones
+c&iacute;vicas o religiosas. Isidora se hab&iacute;a figurado que su t&iacute;a (o m&aacute;s bien
+t&iacute;a de su supuesta madre) estar&iacute;a en la puerta; pero esto, como otras
+muchas cosas de las que imaginaba, no result&oacute; cierto. Asomose a la
+tienda, y de un golpe de vista abarc&oacute; la menguada granjer&iacute;a, sacando
+consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnaci&oacute;n
+Guill&eacute;n. &iexcl;C&oacute;mo hab&iacute;a descendido la infeliz de grado en grado, desde su
+gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en
+tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de
+cacharros ordinarios! Y los an&eacute;lidos que compon&iacute;an su escudo, &iquest;d&oacute;nde
+estaban? &iexcl;Oh!, no pod&iacute;an faltar; all&iacute; se los ve&iacute;a en enormes botellas,
+con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados,
+aburridos, quietos, como si acecharan una v&iacute;ctima y esperasen a que
+entrara por la puerta. Isidora admir&oacute; despu&eacute;s el orden y aseo con que
+todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste.</p>
+
+<p>Los pucheros de Alcorc&oacute;n, los jarros de Talavera y And&uacute;jar, los botijos
+y la cristaler&iacute;a de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de
+limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni
+faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre
+cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de
+Encarnaci&oacute;n era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba,
+y que conten&iacute;a diversidad de art&iacute;culos, compa&ntilde;eros infalibles del ramo
+de cacharrer&iacute;a. En un hueco hab&iacute;a flor de malva, en otro cercano
+violetas secas, m&aacute;s all&aacute; greda para limpiar, adormideras, cerillas de
+cart&oacute;n. Segu&iacute;a el piment&oacute;n molido, que sirve para pintar la comida del
+pueblo, y luego los ca&ntilde;amones, de que se sustentan los pajarillos
+presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban
+algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los
+vasares. Entre tanta chucher&iacute;a, Isidora encontr&oacute; otro antiguo conocido,
+otra amistad de su infancia. Era un cartel que dec&iacute;a:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 1.5em;">Ojo al Cristo.</span><br>
+Aqu&iacute; muri&oacute; el fiar<br>
+y el prestar tambi&eacute;n muri&oacute;,<br>
+y fue porque le ayud&oacute;<br>
+a morir el mal pagar.<br>
+</p>
+
+<p>Isidora sab&iacute;a de memoria esta composici&oacute;n epigram&aacute;tica de su t&iacute;a, que
+terminaba as&iacute;:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 1.5em;">Si f&iacute;o,</span><br>
+aventuro lo que es m&iacute;o.<br>
+Y si presto,<br>
+al pagar ponen mal gesto.<br>
+Pues para librarme de esto,<br>
+ni doy, ni f&iacute;o, ni presto.<br>
+</p>
+
+<p>Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada m&aacute;s. Isidora
+grit&oacute;: &laquo;&iexcl;T&iacute;a, t&iacute;a!&raquo;.</p>
+
+<p>Apareci&oacute; entonces <i>la Sanguijuelera</i>, y t&iacute;a y sobrina se abrazaron y
+besaron. La joven callaba llorando; la anciana empez&oacute; a charlar desde el
+primer momento, porque no hab&iacute;a situaci&oacute;n en que pudiese guardar
+silencio, y antes se la viera muerta que muda.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh quimerilla!..., ya est&aacute;s aqu&iacute;... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche
+supe que cerr&oacute; el ojo Tom&aacute;s... No te aflijas, paloma. M&aacute;s vale as&iacute;...
+&iquest;Qu&eacute; vas a sacar de esos sentimientos? Si&eacute;ntate... Espera que quite
+estos botijos... Si Tom&aacute;s ya no viv&iacute;a &iexcl;el pobre! Bien lo dije yo hace
+cinco mil domingos: &laquo;Este acabar&aacute; en Legan&eacute;s&raquo;. Nunca tuvo la cabeza
+buena, hija, y con sus locuras despach&oacute; a tu madre, aquella santa,
+aquella pasta de &aacute;ngel, aquel coral de las mujeres... &iexcl;Pobre Francisca,
+ni&ntilde;a m&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Mariano?&mdash;dijo Isidora, que extra&ntilde;aba no ver all&iacute; a su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; en el trabajo... Le he puesto a trabajar. &iexcl;Hija, si me com&iacute;a un
+carca&ntilde;al!... Es m&aacute;s malo que An&aacute;s y Caif&aacute;s juntos. No puedo hacer
+carrera de &eacute;l. &iexcl;Vaya, que ha salido una pieza <i>colunaria</i>!... Yo le
+llamo <i>Pecado</i>, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del
+demonio. Me tiene asada el alma. &iquest;Sabes d&oacute;nde est&aacute;? Pues le puse en la
+f&aacute;brica de sogas de ese que llaman <i>Diente</i>, &iquest;est&aacute;s?, y me trae
+dieciocho reales todas las semanas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no va a la escuela?&mdash;pregunt&oacute; Isidora expresando no poco disgusto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Escuela! Que si quieres... &iquest;Y qui&eacute;n le sujeta a la escuela? Bueno es
+el ni&ntilde;o. Ah&iacute; le puse en esa de los <i>Herejes</i>, donde dicen la misa por la
+tarde y el rosario por la ma&ntilde;ana. Daban un panecillo a cada muchacho, y
+esto ayuda. Pero agu&aacute;rdate; un d&iacute;a s&iacute; y otro no, me hac&iacute;a novillos el
+tunante. Despu&eacute;s le puse en los <i>Cat&oacute;licos</i> de ah&iacute; abajo, y se me
+escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a
+trabajar. &iexcl;Qu&eacute; pu&ntilde;ales!..., no est&aacute;n los tiempos para mimos. Estoy muy
+mal de ac&aacute;, hija. Ya ves este escenario. &iquest;Te acuerdas de mi
+establecimiento de la calle de la Torrecilla? &iexcl;Aqu&eacute;llos s&iacute; que eran
+tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumb&oacute;; tu papa&iacute;to, que de
+Dios goce, &iexcl;tres pu&ntilde;ales, me trajo a esta miseria! &iexcl;Ya ves qu&eacute; polla
+estoy!; sesenta y ocho a&ntilde;os, chiquilla, sesenta y ocho mi&eacute;rcoles de
+Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir
+nunca de cristos a porras. Hoy ganado y ma&ntilde;ana perdido. Todo se hace sal
+y agua. Eso s&iacute;, siempre tiesa como un ajo, y todav&iacute;a, aqu&iacute; d&oacute;nde me ves,
+le acabo de dar una patada a la muerte porque el a&ntilde;o pasado tuve una
+ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva
+aclararon el modo de hablar, y aqu&iacute; me tienes. Soy la misma
+<i>Sanguijuelera</i>, m&aacute;s saludable que el tomillo, m&aacute;s fuerte que la puerta
+de Alcal&aacute;, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del
+oro, m&aacute;s fiera que el le&oacute;n del Retiro, si se ofrece, resignada con la
+mala suerte, sin deber nada a nadie, y m&aacute;s charlatana que todos los
+c&oacute;micos de Madrid&raquo;.</p>
+
+<p>Era Encarnaci&oacute;n Guill&eacute;n la vieja m&aacute;s acartonada, m&aacute;s tiesa, m&aacute;s &aacute;gil y
+dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fen&oacute;meno com&uacute;n en las personas
+de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura,
+que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante
+aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz peque&ntilde;a, redonda, arrugada
+y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la mov&iacute;an los
+m&uacute;sculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fr&iacute;a
+que se daba todas las ma&ntilde;anas. Sus ojos, que hab&iacute;an sido grandes y
+hermosos, conservaban todav&iacute;a un chispazo azul, como el fuego fatuo
+bailando sobre el osario. Su frente, surcada de fin&iacute;simas rayas curvas
+que se estiraban o se contra&iacute;an conforme iban saliendo las frases de la
+boca, se guarnec&iacute;a de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales
+se entretej&iacute;a el m&aacute;s gracioso peinado de esterilla que llevaron momias
+en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a
+quien no se podr&iacute;a dar con propiedad el nombre de mo&ntilde;o. Dos palillos mal
+forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de
+moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos
+manos de esqueleto, con las falanges tan &aacute;giles que parec&iacute;an sueltas, no
+paraban en su fant&aacute;stico girar alrededor de la frase, cual comentario
+gr&aacute;fico de sus desordenados pensamientos. Vest&iacute;a una falda de diversos
+pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso,
+cual madero bifurcado en dos piernas. Ten&iacute;a actitudes de gastador y paso
+de cartero.</p>
+
+<p>Era mujer de buena &iacute;ndole, aunque de genio tan turbulento y d&iacute;scolo, que
+nadie que junto a ella estuviese pod&iacute;a vivir en paz. No hab&iacute;a tenido
+hijos ni hab&iacute;a sido casada. Cri&oacute; a una sobrina, a quien quiso a su
+manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal
+sobrina cas&oacute; con Rufete, resultando de esta uni&oacute;n una desgraciada
+familia y el violent&iacute;simo odio que <i>la Sanguijuelera</i> profesaba a todos
+los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa
+y apocada con un hombre que ten&iacute;a la m&aacute;s destornillada cabeza del orbe,
+consumi&oacute; diferentes veces las econom&iacute;as y la paciencia de Encarnaci&oacute;n,
+que era trabajadora y comerciante, y ten&iacute;a sus buenas libretas del Monte
+de Piedad. &laquo;Todo se lo comi&oacute; ese descosido de Rufete&mdash;dec&iacute;a&mdash;, ese
+holgaz&aacute;n con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo
+agua una noche para sacarle de la c&aacute;rcel, cuando aquel feo negocio de
+los billetes de loter&iacute;a. La cacharrer&iacute;a de la calle de la Torrecilla se
+resquebraj&oacute; despu&eacute;s, y pieza por pieza se la fueron tragando el m&eacute;dico y
+el boticario, cuando cay&oacute; Francisca en la cama con la enfermedad que se
+la llev&oacute;. He ido mermando, mermando, y aqu&iacute; me tienen, &iexcl;qu&eacute; pu&ntilde;ales!, en
+este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos
+locales, con aquellas anaqueler&iacute;as y aquel mostrador donde hab&iacute;a un
+caj&oacute;n de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de
+urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se
+repican las campanas cuando se ve una peseta..., &iexcl;qu&eacute; pu&ntilde;...!&raquo;.</p>
+
+<p>Francisca muri&oacute;; Rufete fue encerrado en Legan&eacute;s. De los dos hijos,
+Encarnaci&oacute;n recogi&oacute; al peque&ntilde;uelo, e Isidora parti&oacute; al Tomelloso a vivir
+al amparo de su t&iacute;o el Can&oacute;nigo. De lo dem&aacute;s, algo sabe el lector, y el
+resto, que es mucho y bueno, ir&aacute; saliendo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes que est&aacute;s muy cesanta?&raquo;&mdash;dijo <i>la Sanguijuelera</i>, observando el
+vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que
+desear.</p>
+
+<p>Isidora contest&oacute; con tristeza que su t&iacute;o el Can&oacute;nigo no era hombre de
+muchas liberalidades. Despu&eacute;s <i>la Sanguijuelera</i> observ&oacute; con malicia el
+rostro y talle de la joven, dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&laquo;Pero est&aacute;s guapa. Pues no lo parec&iacute;as... Cuando ni&ntilde;a ten&iacute;as un
+empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., &iexcl;qu&eacute; casa!... Era la
+jaula del le&oacute;n..., pues andabas por all&iacute; en pernetas con un mal
+faldell&iacute;n. Parec&iacute;as el Cristo de las enag&uuml;illas. &iexcl;Qu&eacute; flaqueza!, &iexcl;qu&eacute;
+color! Yo dec&iacute;a que te hab&iacute;an destetado con vinagre y que te daban tu
+raci&oacute;n en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., &iexcl;qu&eacute;
+duras carnes!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; pellizc&aacute;ndola en diferentes partes de su cuerpo&mdash;. Y
+en la cara tienes &aacute;ngel. De ojos no andamos mal. &iexcl;Qu&eacute; bonitos dientes
+tienes! Veremos si te duran como los m&iacute;os. M&iacute;rate en este espejo&raquo;.</p>
+
+<p>Y le ense&ntilde;&oacute; su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad.
+Isidora se aburr&iacute;a un poco. Mirando con tristeza a la calle, pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; trabajando Mariano? Yo quiero verle.</p>
+
+<p>&mdash;Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos
+all&aacute;. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando m&aacute;s que un molino de
+viento... &iexcl;Se&ntilde;&aacute; Agustina!...&raquo;.</p>
+
+<p>Grit&oacute; desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su
+vecina, sali&oacute; impaciente. No tard&oacute; cinco minutos en volver acompa&ntilde;ada de
+una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente
+vestida, pero peinada con incre&iacute;ble esmero. Aquella gente tiene su lujo,
+su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables
+trapos, no pueden faltar el mo&ntilde;azo empapado en grasa y bandolina, ni los
+rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de
+negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa
+bata de lana roja con cuadros negros, que parec&iacute;a haber servido de
+alfombra en un sal&oacute;n de baile de Capellanes.</p>
+
+<p>&laquo;Gu&aacute;rdeme la tienda un ratito&mdash;le dijo <i>la Sanguijuelera</i>&mdash;, que voy con
+mi sobrina a un recado... &iquest;No conoc&iacute;a usted a mi sobrina? &iquest;Ve usted qu&eacute;
+moza?... Isidora, esta se&ntilde;ora es una amiga..., pared por medio. Se llama
+la se&ntilde;ora <i>A ti suspiramos</i>, porque no resuella como no sea para
+lamentarse. Verdad es que ella est&aacute; enferma, su marido es borracho, su
+padre ciego, y la casa, &iexcl;qu&eacute; pu&ntilde;ales!, no est&aacute; empedrada con
+pesetas...&raquo;.</p>
+
+<p>Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con
+esto anunciaba un relato sentid&iacute;simo de sus desgracias. Pero <i>la
+Sanguijuelera</i>, cort&aacute;ndole la palabra, se ech&oacute; un mant&oacute;n sobre los
+hombros y sali&oacute; con su sobrina, tomando el camino de la calle de las
+Amazonas, adonde llegaron pronto.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_III" id="Capitulo_III"></a>Cap&iacute;tulo III</h3>
+
+<p class="head">Pecado</p>
+
+
+<p>&laquo;Ese tunante de <i>Pecadillo</i>&mdash;dijo <i>la Sanguijuelera</i> meti&eacute;ndose por un
+portal obscuro&mdash;no sospecha que viene a verle su hermana. No te conocer&aacute;.
+Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qu&eacute;..., &iquest;no ves? Ag&aacute;rrate a m&iacute;,
+que yo veo en lo negro como las lechuzas&raquo;.</p>
+
+<p>Atravesaron un antro. Encarnaci&oacute;n empuj&oacute; una puerta. Hall&aacute;ronse en
+extra&ntilde;o local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de
+mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda recib&iacute;a la luz
+de un patio estrecho, elevad&iacute;simo, formado de corredores sobrepuestos,
+de los cuales descend&iacute;a un rumor de colmena, indicando la existencia de
+peque&ntilde;as viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La
+escasa claridad que de aquella abertura, m&aacute;s que patio, ven&iacute;a, llegaba
+tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista
+para distinguir los objetos; y aun despu&eacute;s de ver bien, no se pod&iacute;a
+abarcar todo el recinto, sino la zona m&aacute;s cercana a la puerta, porque lo
+dem&aacute;s se perd&iacute;a en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran
+t&uacute;nel, del cual no se distingu&iacute;a sino la parte escasamente iluminada por
+la boca. El fondo se perd&iacute;a en la indeterminada cavidad fr&iacute;a de un
+callej&oacute;n tenebroso. En la parte clara de tan extra&ntilde;o local hab&iacute;a grandes
+fardos de c&aacute;&ntilde;amo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo
+por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal
+torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa &aacute;spera,
+filamentos mil que despu&eacute;s de flotar por el aire, como espectros de
+insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aqu&iacute; y all&aacute;, sobre
+la ropa, el cabello y la nariz de las personas.</p>
+
+<p>En el eje de aquel t&uacute;nel que empezaba en luz y se perd&iacute;a en tinieblas,
+hab&iacute;a una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del d&iacute;a y del
+momento. El c&aacute;&ntilde;amo se retorc&iacute;a con &aacute;spero gemir, enrosc&aacute;ndose lentamente
+sobre s&iacute; mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quej&aacute;ndose de la
+torsi&oacute;n violenta, y en toda su magnitud rectil&iacute;nea hab&iacute;a un
+estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios
+del espectador, cual si tambi&eacute;n, al trav&eacute;s de las carnes, los
+conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsi&oacute;n
+semejante. Isidora lo sent&iacute;a de esta manera, porque era muy nerviosa, y
+sol&iacute;a ver en las formas y movimientos objetivos acciones y
+estremecimientos de su propia persona.</p>
+
+<p>Miraba sin comprender de d&oacute;nde recib&iacute;a su horrible retorcedura la soga
+trabajada. All&aacute; en el fondo de aquella cisterna horizontal deb&iacute;a de
+estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atenci&oacute;n, y en
+efecto, del fondo invisible ven&iacute;a un rumor hondo y persistente como el
+zumbar de las alas de colosal moscard&oacute;n, zumbido semejante al de
+nuestros propios o&iacute;dos, si tuvi&eacute;ramos por cerebro una gran b&oacute;veda
+met&aacute;lica.</p>
+
+<p>&laquo;Es la rueda&mdash;dijo <i>la Sanguijuelera</i>, adivinando la curiosidad de su
+sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable
+industria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La rueda! &iquest;Y Mariano, d&oacute;nde est&aacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Miraba a todos lados y no ve&iacute;a ser vivo. Pero de pronto apareci&oacute; un
+hombre, que sal&iacute;a de la oscuridad andando hacia atr&aacute;s muy lentamente y
+con paso tan igual y uniforme como el de una m&aacute;quina. En su cintura se
+enrollaba una gran madeja de c&aacute;&ntilde;amo, de la cual, pasando por su mano
+derecha y manipulada por la izquierda, sal&iacute;a una hebra que se convert&iacute;a
+instant&aacute;neamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel
+hombre del paso atr&aacute;s, ovillo animado y huso con pies, era el principal
+obrero de la f&aacute;brica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No est&aacute; D. Juan?&raquo;&mdash;le pregunt&oacute; <i>la Sanguijuelera</i> extra&ntilde;ando no ver
+all&iacute; al due&ntilde;o del establecimiento.</p>
+
+<p>El huso vivo movi&oacute; bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse
+expresarlo de otro modo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute; mi hermano?&raquo;&mdash;pregunt&oacute; Isidora con angustia.</p>
+
+<p>La anciana se&ntilde;al&oacute; a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: &laquo;En la
+rueda&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora ech&oacute; a andar hacia adentro, dando la mano a su t&iacute;a. A causa de
+los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse
+mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. &iexcl;Oh! La soga era larga,
+la caverna parec&iacute;a interminable. En lo obscuro, aun se ve&iacute;a la cuerda
+blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres
+anduvieron un poco m&aacute;s, dejaron de ver la soga; pero oyeron m&aacute;s fuerte
+el zumbar de la rueda acompa&ntilde;ado de ligeros chirridos. Se adivinaba el
+roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de
+las transmisiones, de donde obten&iacute;an su girar las roldanas, en las
+cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se pod&iacute;a ver.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Mariano, hermanito!&mdash;exclam&oacute; Isidora, que cre&iacute;a sentir su garganta
+apretada por uno de aquellos horribles dogales&mdash;. &iquest;En d&oacute;nde est&aacute;s? &iquest;Eres
+t&uacute; el que mueve esa rueda? &iquest;No est&aacute;s cansado?&raquo;.</p>
+
+<p>No se oy&oacute; contestaci&oacute;n. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su
+marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como
+quien escucha.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Pecado</i>, &iquest;qu&eacute; tal te va?&raquo;&mdash;grit&oacute; con bufonesco estilo <i>la
+Sanguijuelera</i>.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute;, volvi&eacute;ndose a su sobrina:</p>
+
+<p>&laquo;Es un holgaz&aacute;n. As&iacute; criar&aacute; callos en las manos, y sabr&aacute; lo que es
+trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... &iquest;Qu&eacute;
+crees t&uacute;? Es buen oficio... No pod&iacute;a hacer carrera de este gandul. Todo
+el d&iacute;a jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane
+para zapatos. Tiene m&aacute;s malicias que un Iscariote&raquo;.</p>
+
+<p>Desde el comienzo de este paneg&iacute;rico, redoblose bruscamente la marcha
+del mecanismo, y acreci&oacute; el ruido hasta ser tal que parec&iacute;an
+multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Mariano!&mdash;grit&oacute; Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad&mdash;.
+&iexcl;Para, para un momento y ven ac&aacute;! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy
+Isidora. &iquest;No me conoces ya?&raquo;.</p>
+
+<p>El ruido volvi&oacute; a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa.</p>
+
+<p>&laquo;No puede pararse el trabajo&raquo;&mdash;dijo Encarnaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Pero como realmente se deten&iacute;a, oyose un grito del huso viviente que
+dijo: &laquo;&iexcl;Aire! &iexcl;Aire a la rueda!&raquo;.</p>
+
+<p>Y en efecto, la rueda volvi&oacute; a tomar su aire primero, su paso natural.
+Las dos mujeres callaron, consternada y at&oacute;nita la joven, aburrida la
+vieja. Como hab&iacute;a pasado alg&uacute;n tiempo desde su llegada al t&eacute;rmino de la
+caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la
+silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las
+extra&ntilde;as aberraciones &oacute;pticas de la retina cuando cerramos los ojos
+deslumbrados por una luz muy viva.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los
+ojos de <i>Pecado</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora vio, en efecto, dos peque&ntilde;as ascuas. Su hermano la miraba.</p>
+
+<p>&laquo;Pronto ser&aacute;n las doce&mdash;indic&oacute; la anciana&mdash;. Esperemos a que levanten el
+trabajo, y nos iremos los tres a comer&raquo;.</p>
+
+<p>La hora del descanso no se hizo esperar. Solt&oacute; el obrero el c&aacute;&ntilde;amo,
+parose la rueda, y el que la mov&iacute;a sali&oacute; lentamente del fondo negro,
+plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho
+hermoso y robusto, como de trece a&ntilde;os. Isidora le abraz&oacute; y le bes&oacute;
+tiernamente, admir&aacute;ndose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la
+fuerza de sus brazos, y afligi&eacute;ndose mucho al notar su cansancio, el
+sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su
+respiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Es un ga&ntilde;&aacute;n&mdash;dijo Encarnaci&oacute;n examin&aacute;ndole la ropa con tanta severidad
+coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...&mdash;.Ya
+me ha roto los calzones... Ya ver&aacute;s, Holofernes, ya ver&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Turbado por la presencia y los cari&ntilde;os de su hermana, a quien no
+conoc&iacute;a, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atenci&oacute;n
+semejante a la estupidez. Por &uacute;ltimo, dijo as&iacute; con aspereza, remedando
+el hablar francote y brutal de la gente del bronce:</p>
+
+<p>&laquo;Chic&aacute;aaa..., no me beses m&aacute;s, que no soy santo.</p>
+
+<p>&mdash;A casa&raquo;&mdash;dijo <i>la Sanguijuelera</i>, saltando sobre el c&aacute;&ntilde;amo.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a a&ntilde;adi&oacute; Encarnaci&oacute;n a su olla algo extraordinario. Comieron en
+la trastienda, que m&aacute;s bien era pasillo por donde la tienda se
+comunicaba con un patio. Durante el fest&iacute;n, que tuvo su a&ntilde;adidura de
+pimientos y su contera de pasas, no habr&iacute;a sido f&aacute;cil explicar c&oacute;mo con
+una sola boca pod&iacute;a <i>la Sanguijuela</i> engullir medianamente y hablar m&aacute;s
+que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni hac&iacute;a
+m&aacute;s que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su
+hermano.</p>
+
+<p>&laquo;Ya ves qu&eacute; lindo buitre me ha puesto Dios en casa&mdash;dec&iacute;a Encarnaci&oacute;n&mdash;.
+Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. &Eacute;l come y yo soy quien
+se harta; s&iacute;, me harto de trabajar para su se&ntilde;or&iacute;a. Pero oye, le&oacute;n,
+&iquest;dir&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a: &laquo;Ya no quiero m&aacute;s&raquo;?&raquo;.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al
+pesebre, despu&eacute;s de un d&iacute;a de atroz trabajo.</p>
+
+<p>&laquo;Y t&uacute;, linda mocosa, &iquest;no comes?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la vieja&mdash;. &iquest;O es que te has
+vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos
+ordinarios? Vamos, que para otro d&iacute;a te pondr&eacute; alas de &aacute;ngel... Se
+conoce que all&aacute; en el Tomelloso se estila mucha finura&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no contest&oacute;. Parec&iacute;a que estaba atormentada de una idea. Cuando
+se acab&oacute; la comida y se march&oacute; <i>Pecado</i> para jugar un poco antes de
+volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su t&iacute;a, que
+a toda prisa levantaba manteles, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;T&iacute;a Encarnaci&oacute;n, tengo que hablar con usted una cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque sean cuatro&raquo;.</p>
+
+<p>Como quien se quita una m&aacute;scara, Isidora dej&oacute; su aspecto de sumisa
+mansedumbre, y en tono resuelto pronunci&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;No quiero que mi hermano trabaje m&aacute;s en ese taller de maromas; no
+quiero y no quiero.</p>
+
+<p>&mdash;Le se&ntilde;alar&aacute;s una renta&mdash;replic&oacute; la anciana con iron&iacute;a&mdash;&iexcl;Le pondr&aacute;s coche!
+Y para mis pobres huesos, &iquest;no habr&aacute; un par de almohadones?</p>
+
+<p>&mdash;No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas decentes...</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues claro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues turbio.</p>
+
+<p>&mdash;Somos personas decentes.</p>
+
+<p>&mdash;Y pr&iacute;ncipes de Asturias.</p>
+
+<p>&mdash;Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi
+hermano vaya a la escuela.</p>
+
+<p>&mdash;Y al colegio.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, al colegio&mdash;replic&oacute; Isidora marcando sus afirmaciones con el
+pu&ntilde;o sobre la endeble mesa&mdash;Yo lo quiero as&iacute;..., y nada m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; fierecilla! &iexcl;C&oacute;mo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qu&eacute;
+fuertemente respiraba, y qu&eacute; en&eacute;rgica expresi&oacute;n de voluntad tom&oacute; su
+fisonom&iacute;a! Todo esto lo pudo observar <i>la Sanguijuelera</i> sin dejar su
+ocupaci&oacute;n. Amosc&aacute;ndose un poco, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes que est&aacute;s cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A
+ver, echa aqu&iacute; lo que tengas en el bolsillo. &iquest;Crees que la gente se
+mantiene con ca&ntilde;amones? &iquest;Crees que hay colegios de a ochavo como los
+bu&ntilde;uelos? &iexcl;Qu&eacute; pu&ntilde;o!... Dame guita y ver&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo para no pordiosear.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te ha dado el Can&oacute;nigo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con
+decencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, can&oacute;niga..., t&uacute; pitar&aacute;s... Hablemos claro&raquo;.</p>
+
+<p>Y se sent&oacute;, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la
+mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguard&oacute; las
+explicaciones de su sobrina.</p>
+
+<p>&laquo;T&iacute;a...&mdash;murmur&oacute; esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa
+grave que iba a decir&mdash;. Usted sabe que yo y Mariano... &iquest;Pero usted no lo
+sabe?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habr&iacute;a perdido
+el mundo con que os hubierais quedado por all&aacute;..., en el Limbo. Ven&iacute;s de
+Tom&aacute;s Rufete, y ya s&eacute; que de mala cepa no puede venir buen sarmiento.</p>
+
+<p>&mdash;A eso voy, t&iacute;a, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como
+yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Tom&aacute;s Rufete.</p>
+
+<p>&mdash;Justo, justo; mi Francisca, mi &aacute;ngel os pari&oacute; por obra del Esp&iacute;ritu
+Santo, o del demonio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; andar con farsas? No somos hijos de D. Tom&aacute;s Rufete ni de D.&ordf;
+Francisca Guill&eacute;n. Esos dos se&ntilde;ores, a quienes yo quiero mucho,
+much&iacute;simo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo
+ser nuestros pap&aacute;s y llam&aacute;ndonos hijos, porque el mundo..., &iexcl;qu&eacute; mundo
+este!&raquo;.</p>
+
+<p><i>La Sanguijuelera</i> cambi&oacute; bruscamente de disposici&oacute;n y de tono. No
+palideci&oacute;, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los
+pergaminos; pero abri&oacute; los ojos, y empu&ntilde;ando el brazo de su sobrina, le
+golpe&oacute; el codo contra la mesa, y le dijo con ira:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;De d&oacute;nde has sacado esas andr&oacute;minas? &iquest;Qui&eacute;n te ha metido esa estopa en
+la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;Mi t&iacute;o el Can&oacute;nigo.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece a m&iacute; que tu t&iacute;o el Can&oacute;nigo...</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;l me ha contado todo&mdash;afirm&oacute; Isidora con acento de profund&iacute;sima
+convicci&oacute;n&mdash;. Usted se hace de nuevas, t&iacute;a; usted me oculta lo que
+sabe... No se haga usted la tonta. &iquest;Es la primera vez que una se&ntilde;ora
+principal tiene un hijo, dos, tres, y vi&eacute;ndose en la precisi&oacute;n de
+ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y
+ellos se cr&iacute;an y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta
+que de repente un d&iacute;a, el d&iacute;a que menos se piensa, se acaban las farsas,
+se presentan los verdaderos padres?... Eso, &iquest;no se est&aacute; viendo todos los
+d&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;En sesenta y ocho a&ntilde;os no lo he visto nunca... Me parece que t&uacute; te has
+hartado de leer esos librotes que llaman novelas. &iexcl;Cu&aacute;nto mejor es no
+saber leer! M&iacute;rate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para
+mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero ac&aacute;bame el cuento.
+Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una se&ntilde;orita principal os
+dio a criar, y desapareci&oacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted lo sabe, usted lo sabe!&mdash;exclam&oacute; la joven rebosando alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; m&aacute;s sino que te caes de boba. Eres m&aacute;s sosa que la capilla
+protestante.</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre&mdash;declar&oacute; Isidora poni&eacute;ndose la mano en el coraz&oacute;n, para
+comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo&mdash;, mi
+madre... fue hija de una marquesa&raquo;.</p>
+
+<p>Como un petardo que estalla, as&iacute; revent&oacute; en estrepitosa risa <i>la
+Sanguijuelera</i>, apret&aacute;ndose la cintura y mostrando sus dos filas de
+dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y despu&eacute;s le acometi&oacute; una tos
+de hilaridad que le hizo suspender el di&aacute;logo por m&aacute;s de un cuarto de
+hora. Algo confusa, Isidora esper&oacute; a que su t&iacute;a volviese en s&iacute; de aquel
+s&iacute;ncope burlesco para seguir hablando. Por &uacute;ltimo, dijo con mal&iacute;simo
+humor:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; bien finge usted!</p>
+
+<p>&mdash;Perdone vuecencia&mdash;replic&oacute; Encarnaci&oacute;n en el tono m&aacute;s c&oacute;mico del mundo&mdash;.
+Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia tendr&aacute;
+que hacer diligencias y buscar papeles.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo papeles..., &iexcl;y qu&eacute; papeles!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendr&aacute; que untar
+escribanos.</p>
+
+<p>&mdash;No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra seren&iacute;sima majestad coger&aacute; una herencia, porque sin herencia
+todo ser&iacute;a pulgas, &iquest;verdad, hermosa?</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre no vive. Mi abuela s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, &iquest;la abuelita de tu vuecencia vive? &iquest;Y qui&eacute;n es la se&ntilde;ora
+pindonga?</p>
+
+<p>&mdash;No se burle usted, t&iacute;a. Esto es muy serio&mdash;declar&oacute; Isidora tocada en lo
+m&aacute;s vivo de su orgullo&mdash;. Es usted lo m&aacute;s atroz... Yo que ven&iacute;a a que me
+diese pormenores y su parecer...</p>
+
+<p>&mdash;Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma&mdash;repuso <i>la Sanguijuelera</i>
+levant&aacute;ndose&mdash;. Pues t&uacute; has querido que yo te d&eacute; pormenores..., pobre
+almita m&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>En el rinc&oacute;n del pasillo hab&iacute;a una larga ca&ntilde;a que serv&iacute;a para descolgar
+los cacharros. Encarnaci&oacute;n revolvi&oacute; sus ojos busc&aacute;ndola.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya que ha sido una picard&iacute;a haberle ocultado a estos angelitos que
+salieron del vientre de una marquesa&raquo;.</p>
+
+<p>Y tom&oacute; la ca&ntilde;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qui&eacute;n ser&aacute; el drag&oacute;n que ha querido birlarlos la herencia!... &iexcl;A ese
+tunante le sacar&iacute;a yo las entra&ntilde;as!... Cuidado que enga&ntilde;ar as&iacute; a mis
+ni&ntilde;os, haci&eacute;ndolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad all&aacute;, pillos,
+que mi ni&ntilde;a es duquesa y mi ni&ntilde;o es vizconde... &iexcl;Re-pu&ntilde;ales!&raquo;.</p>
+
+<p>Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las
+cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los
+peque&ntilde;os, sin dejar por eso de quererles, compon&iacute;an, con la verbosidad
+infinita, el car&aacute;cter de Encarnaci&oacute;n <i>la Sanguijuelera</i>. Su flaca pero
+fuerte mano empu&ntilde;&oacute; la ca&ntilde;a, y descarg&aacute;ndola sin previo anuncio sobre la
+cabeza de su sobrina, la rompi&oacute; al primer golpe. Puso el grito en el
+cielo la v&iacute;ctima, exclamando: &laquo;&iexcl;Pero, t&iacute;a!...&raquo;. La vieja recogi&oacute; y uni&oacute;
+los dos pedazos de la ca&ntilde;a, de lo que resultaba que pod&iacute;a pegar m&aacute;s a
+gusto, y &iexcl;zas!, emprendi&oacute; una serie de ca&ntilde;azos tan fuertes, tan bien
+dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora,
+que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gem&iacute;a, se dejaba
+caer en el suelo, se arrastraba, escond&iacute;a la cabeza, se revolv&iacute;a. Y en
+tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo,
+encend&iacute;ase m&aacute;s en furia a cada golpe, y los acompa&ntilde;aba de estas
+palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Toma, toma, toma duquesa, marquesa, pu&ntilde;os, cachas!... Cabeza llena de
+viento... Vivir&aacute;s en las mentiras como el pez en el agua, y ser&aacute;s
+siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de
+chiflados... &iexcl;Ah, pu&ntilde;o!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de
+solfeos cada d&iacute;a te quitar&iacute;a el polvo. Toma vanidad, toma lustre&raquo;.</p>
+
+<p>Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir,
+subdi&aacute;cono), un rasgu&ntilde;o o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su
+verdugo, aunque lo intent&oacute; devolviendo c&oacute;lera por c&oacute;lera, hubo de
+rendirse al fin, y sucumbi&oacute; diciendo con gemido: &laquo;Por Dios, t&iacute;a, no me
+pegue usted m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>En sus veinte a&ntilde;os, Isidora ten&iacute;a menos fuerza que la sexagenaria
+Encarnaci&oacute;n. Sin aliento yac&iacute;a en tierra la v&iacute;ctima, recogiendo sus
+faldas y sacudi&eacute;ndoles la tierra, tent&aacute;ndose en partes diversas para ver
+si ten&iacute;a sangre, fractura o contusi&oacute;n grave, mientras <i>la
+Sanguijuelera</i>, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba
+los vencedores pedazos de ca&ntilde;a y alargaba su mano generosa a la v&iacute;ctima
+para ayudarla a levantarse.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;C&oacute;mo se conoce&mdash;dijo al fin la sobrina con viv&iacute;simo tono de
+desprecio&mdash;que no es usted persona decente!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&aacute;s que t&uacute;, marquesa del pan pringao!&mdash;grit&oacute; la vieja, esgrimiendo de
+tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de
+met&eacute;rselos por los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Usted no es mi t&iacute;a. Usted no tiene mi sangre.</p>
+
+<p>&mdash;Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado,
+harta de miseria. Mira, como vuelvas aqu&iacute;, &iquest;sabes lo que hago?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; Isidora, sinti&eacute;ndose con m&aacute;s fuerzas para rechazar un
+nuevo ataque.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si vuelves aqu&iacute;, cojo la escoba... y te barro &iexcl;qu&eacute; pu&ntilde;o!, te echo
+a la calle como se echa el polvo y c&aacute;scaras de fruta&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no dijo nada, y recobr&aacute;ndose march&oacute; hacia la puerta. Abierta con
+tr&eacute;mula mano la trampilla, sali&oacute; andando aprisa, cuesta arriba, en busca
+de la ronda de Embajadores, que deb&iacute;a conducirla a pa&iacute;s civilizado.
+Tem&iacute;a que la vieja ir&iacute;a detr&aacute;s injuri&aacute;ndola, y no se equivoc&oacute;. <i>La
+Sanguijuelera</i>, echando la cabeza fuera de la puerta, la desped&iacute;a con
+una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle.
+Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de
+amarillos dientes descubiertos hasta la ra&iacute;z por est&uacute;pido asombro,
+bustos envueltos en pa&ntilde;uelos de distintos colores; y m&aacute;s de cuatro
+andrajosos chiquillos saltaron detr&aacute;s de Isidora para festejarla con
+gritos y cabriolas.</p>
+
+<p>Sin detenerse, la joven lanz&oacute; desde lo profundo de su alma, llena de
+pena y asco, estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; odioso, qu&eacute; soez, qu&eacute; repugnante es el pueblo!&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IV" id="Capitulo_IV"></a>Cap&iacute;tulo IV</h3>
+
+<p class="head">El c&eacute;lebre Miquis</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente
+salud. Tan s&oacute;lo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a
+veces la hac&iacute;an pasar de claro en claro las noches. La causa de esto
+parec&iacute;a ser como una sed de su esp&iacute;ritu, que se fomentaba, sin
+aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar
+hechos que pasar&iacute;an, que tendr&iacute;an que pasar, que no pod&iacute;an menos de
+tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda
+vida encajada en la vida fisiol&oacute;gica y que se desarrollaba potente,
+construida por la imaginaci&oacute;n, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni
+un accesorio.</p>
+
+<p>En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos
+y personas. Interven&iacute;a en aquellos, hablaba con estas. Las funciones
+diversas de la vida se cumpl&iacute;an detalladamente, y hab&iacute;a maternidad,
+amistades, sociedad, viajes, todo ello destac&aacute;ndose sobre un fondo de
+bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida ap&oacute;crifa a la primera
+aut&eacute;ntica, &eacute;rale menos f&aacute;cil de lo que parece. Era necesario que las de
+Relimpio, con quienes viv&iacute;a, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy
+grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la m&aacute;quina de
+coser, o que su padrino, el bondados&iacute;simo D. Jos&eacute; de Relimpio, le
+contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se
+entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera
+en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricaci&oacute;n
+mental de su segunda vida.</p>
+
+<p>Cinco d&iacute;as despu&eacute;s de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena
+con <i>la Sanguijuelera</i>, levantose Isidora m&aacute;s tarde que de costumbre,
+por haber dormido la ma&ntilde;ana, y se arregl&oacute; aprisa. Aquel d&iacute;a estrenaba
+unas botas. &iexcl;Qu&eacute; bonitas eran y qu&eacute; bien le sentaban! Esto pens&oacute; ella
+poni&eacute;ndoselas y recre&aacute;ndose en la peque&ntilde;ez y configuraci&oacute;n graciosa de
+sus pies, y dijo para s&iacute; con orgullo: &laquo;Hoy, al menos, no me ver&aacute; con el
+horrible calzado roto que traje del Tomelloso&raquo;. La verg&uuml;enza que sinti&oacute;
+al mirar las botas viejas que en un rinc&oacute;n estaban, tambi&eacute;n muertas de
+verg&uuml;enza, no es para referida. Jur&oacute; dar aquellos miserables despojos al
+primer pobre que a la puerta llegase.</p>
+
+<p>P&uacute;sose su vestidillo negro, que a toda prisa se hab&iacute;a hecho aquellos
+d&iacute;as, colocose el velito en la cabeza y hombros, mir&aacute;ndose al espejo con
+movimientos de p&aacute;jaro, y se dispuso a salir. Antes abri&oacute; el balc&oacute;n, y
+mirando a la calle, dijo: &laquo;All&iacute; est&aacute; ya. &iexcl;Qu&eacute; puntual y qu&eacute; caballero
+es!&raquo;.</p>
+
+<p>Sali&oacute;. Las de Relimpio le preguntaron que d&oacute;nde iba.</p>
+
+<p>&laquo;Voy en busca de mi t&iacute;a&raquo;&mdash;repuso ella.</p>
+
+<p>Y bajando la escalera dec&iacute;a para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;He tenido que mentir. Cuando yo est&eacute; en mi posici&oacute;n, en mi verdadera
+posici&oacute;n, no dir&eacute; jam&aacute;s una mentira. &iexcl;Cu&aacute;nto me repugna lo que no es
+verdad!... &iquest;Pero qu&eacute; pensar&iacute;a esa gente si yo les dijera que voy de
+paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo
+que quer&iacute;a ense&ntilde;arme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro,
+la Castellana&raquo;.</p>
+
+<p>Y volvi&oacute; a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta
+historia dicen que eran de becerro mate con ca&ntilde;a de pa&ntilde;o negro cruzada
+de graciosos pespuntes.</p>
+
+<p>&laquo;Me han costado tres duros&mdash;pens&oacute; Isidora en los &uacute;ltimos pelda&ntilde;os&mdash;. Con
+siete del vestido son diez; seis que di a do&ntilde;a Laura a cuenta, son
+diecis&eacute;is. A&uacute;n me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela.
+Despu&eacute;s el t&iacute;o me mandar&aacute; m&aacute;s, y despu&eacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora viv&iacute;a en el 23 de la calle de Hern&aacute;n Cort&eacute;s. Miquis se paseaba
+desde la lecher&iacute;a a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba
+embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el d&iacute;a era claro y
+hermoso, se sent&iacute;a fresco.</p>
+
+<p>Salud&aacute;ronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme
+a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los
+dem&aacute;s, pensaba as&iacute; durante los primeros pasos: &laquo;Ahora me va a decir que
+parezco otra, que me he transformado desde que estoy aqu&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Pero tambi&eacute;n se equivoc&oacute; esta vez, como otras muchas, porque Miquis
+habl&oacute; de cosa muy distinta.</p>
+
+<p>&laquo;Me parece&mdash;dijo&mdash;que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las
+regiones et&eacute;reas. &iquest;No entiendes? En el para&iacute;so del Teatro Real.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, all&aacute; van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan
+mucho, cosen a m&aacute;quina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito
+con balc&oacute;n a la calle. Antes no s&eacute; si lo ocupaba un se&ntilde;or sacerdote.
+Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. Jos&eacute; es el
+tipo m&aacute;s c&eacute;lebre del mundo&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora rompi&oacute; a re&iacute;r, y despu&eacute;s, haciendo gala de uno de sus talentos
+m&aacute;s brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se
+explic&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidar&iacute;as. Es un
+gal&aacute;n viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece
+cabello de &aacute;ngel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de
+alm&iacute;bar; qu&eacute; s&eacute; yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro
+con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio,
+seg&uacute;n dicen. Cose a m&aacute;quina para ayudar a las chicas; pero su oficio es
+lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos
+en un libro grande, &iquest;sabes?... Es preciso que le conozcas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hace falta m&eacute;dico en la casa?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, s&iacute;. Do&ntilde;a Laura se queja de un dolor..., no s&eacute; d&oacute;nde.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entrar&eacute; contigo. Ir&eacute; a hacerte una visita de ceremonia, diciendo
+que me manda tu t&iacute;o el de Tomelloso.</p>
+
+<p>&mdash;Ya veremos el modo de que entres&raquo;.</p>
+
+<p>Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque
+Isidora se deten&iacute;a ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y
+vario que en ellos hay siempre. Tambi&eacute;n era motivo de sus detenciones el
+deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las
+mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para
+ver si van tan bien como suponen o pretenden.</p>
+
+<p>En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy
+distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho m&aacute;s
+altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios
+llenos de chucher&iacute;as. Sin haber adquirido por lecturas noci&oacute;n alguna del
+verdadero arte, ni haber visto jam&aacute;s sino mamarrachos, comprend&iacute;a la
+superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiraci&oacute;n
+silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hall&aacute;ndolos todos, o casi
+todos, tan acabados y perfectos, que se prometi&oacute; ir con frecuencia al
+edificio del Prado para saborear m&aacute;s aquel goce inefable que hasta
+entonces le fuera desconocido. Pregunt&oacute; a Miquis si tambi&eacute;n en aquel
+sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como
+el estudiante le contestara que s&iacute;, se asombr&oacute; mucho de ello.</p>
+
+<p>Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano
+cambiarse con el insulso r&oacute;tulo de <i>Parque de Madrid</i>. All&iacute; las
+emociones de Isidora fueron una alegr&iacute;a casi infantil, un deseo vivo de
+correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las
+acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de
+dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque
+desvirtuada por la correcci&oacute;n, despertaba en su impresionable esp&iacute;ritu
+instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto
+comprendi&oacute; que aquello era un campo urbano, una ciudad de &aacute;rboles y
+arbustos. Hab&iacute;a calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por all&iacute;
+andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire,
+ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con
+guantes, sombrilla, bast&oacute;n. Prontamente se acostumbr&oacute; el esp&iacute;ritu de
+ella a considerar el Retiro (que s&oacute;lo conoc&iacute;a por vagos recuerdos de su
+ni&ntilde;ez) como una ingeniosa adaptaci&oacute;n de la Naturaleza a la cultura;
+comprendi&oacute; que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido
+tambi&eacute;n civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos
+deseos de correr y columpiarse, pens&oacute; gravemente de este modo: &laquo;Para
+otra vez que venga, traer&eacute; yo tambi&eacute;n mis guantes y mi sombrilla&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al
+estanque grande, que es un mar de bolsillo, como dec&iacute;a Miquis. Este la
+llev&oacute; luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que
+est&aacute;n entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre
+como un ni&ntilde;o, porque tambi&eacute;n en &eacute;l, parroquiano constante del Retiro,
+hac&iacute;a sentir su influjo la vegetaci&oacute;n nueva de Primavera, los juegos del
+sol entre las ramas, el meneo de las hojas acarici&aacute;ndose, y aquel
+ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo
+atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quit&oacute;
+arroj&aacute;ndola por tierra. Hizo despu&eacute;s una almohada de ella y se tendi&oacute; en
+el suelo. Isidora se sent&oacute; frente a &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Oyes los p&aacute;jaros?&mdash;dijo Miquis&mdash;Son ruise&ntilde;ores&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora hab&iacute;a o&iacute;do hablar de los ruise&ntilde;ores como cifra y resumen de toda
+la poes&iacute;a de la Naturaleza; pero no los hab&iacute;a o&iacute;do. Estos artistas no
+iban nunca por la Mancha. Puso atenci&oacute;n, creyendo o&iacute;r odas y canciones,
+y su semblante expresaba un &eacute;xtasis melanc&oacute;lico, aunque a decir verdad
+lo que se o&iacute;a era una conversaci&oacute;n de miles de picos, un galimat&iacute;as
+parlamentario&mdash;forestal, donde el m&uacute;sico m&aacute;s sutil no podr&iacute;a encontrar
+las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis
+se ech&oacute; a re&iacute;r, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa
+situaci&oacute;n en que ambos se encontraban, dijo de improviso:</p>
+
+<p>&laquo;Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Mart&iacute;n
+Alonso desde las dos hasta las cinco. &Eacute;ramos tres alumnos. Le ayud&aacute;bamos
+a hacer la autopsia de un viejo que muri&oacute; de coraz&oacute;n. &iexcl;Si vieras,
+chica!...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror.</p>
+
+<p>&laquo;Es el trabajo m&aacute;s bonito&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Miquis&mdash;. Tonta, &iquest;por qu&eacute; no se ha de
+hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la vida
+si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Cirug&iacute;a, chica. O he
+de ser un gran cirujano, o nada. Ver&aacute;s. Cuando el doctor no estaba all&iacute;,
+cog&iacute;amos uno de los brazos del muerto, y &iexcl;zas!, nos peg&aacute;bamos bofetadas
+unos a otros...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora dio un grito.</p>
+
+<p>&laquo;Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un m&uacute;sculo
+con mi escalpelo, cuando me apodero de una entra&ntilde;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se levant&oacute;, echando a correr y meti&eacute;ndose un dedo en cada o&iacute;do.</p>
+
+<p>&laquo;Aguarda, ruise&ntilde;ora, no hablar&eacute; m&aacute;s de esto&raquo;.</p>
+
+<p>Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se
+quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas
+de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud.
+Miquis cog&iacute;a una rama seca, y acerc&aacute;ndose cautelosamente por detr&aacute;s de
+la joven, se la pasaba por la cara y dec&iacute;a con voz l&uacute;gubre: &laquo;&iexcl;La mano
+del muerto!&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora daba un chillido; despu&eacute;s re&iacute;an los dos. Miquis cantaba trozos
+de &oacute;pera, corr&iacute;an un poco; escond&iacute;ase &eacute;l tras las espesas matas de
+aligustre, para que ella le buscase; encontr&aacute;banse f&aacute;cilmente; se cog&iacute;an
+las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura
+del d&iacute;a y del lugar, donde todo parec&iacute;a reci&eacute;n criado, como en aquellos
+d&iacute;as primeros de la fabricaci&oacute;n del mundo, en que Dios iba haciendo las
+cosas y las daba por buenas.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es
+hoy un m&eacute;dico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante
+aprovechad&iacute;simo, aunque revoltoso, igualmente fan&aacute;tico por la Cirug&iacute;a y
+por la M&uacute;sica, &iexcl;qu&eacute; ant&iacute;tesis!, dos extremos que parecen no tocarse
+nunca, y sin embargo se tocan en la regi&oacute;n inmensa, inmensamente
+heterog&eacute;nea del humano cerebro. Recordaba las melod&iacute;as pat&eacute;ticas, los
+graciosos ritornelos y las cadencias sublimes all&aacute; en la cavidad
+taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de
+nuestros semejantes. &Eacute;l, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la
+sublime conjuraci&oacute;n de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos,
+pensaba en la aponeurosis del gran supinador. &Eacute;l, posado sobre los
+libros, como un ave sobre su empolladura, so&ntilde;aba con un monumento
+colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista
+de lo ideal. Aquel monumento deb&iacute;a rematarse con un grupo sint&eacute;tico:
+&iexcl;Beethoven abrazado con Ambrosio Par&eacute;!</p>
+
+<p>Naci&oacute; en una aldea tan c&eacute;lebre en el mundo como Babilonia o Atenas,
+aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo
+inteligencia superior, que en aquella edad era todav&iacute;a un desordenado
+instinto genial. Su aplicaci&oacute;n no era constante como la de las
+median&iacute;as, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros,
+emprend&iacute;a penosos estudios y practicaba con ardor la cirug&iacute;a, como lo
+abandonaba todo para leer partituras al piano, toc&aacute;ndolo con pocos dedos
+y menos nociones de M&uacute;sica. Pero en estas alternativas de trabajo y
+holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que
+llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magn&iacute;ficos frutos.</p>
+
+<p>Todas las teor&iacute;as nov&iacute;simas le cautivaban, mayormente cuando eran
+enemigas de la tradici&oacute;n. El transformismo en ciencias naturales y el
+federalismo en pol&iacute;tica le ganaron por entero. Ten&iacute;a gran facilidad de
+dicci&oacute;n. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las
+ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de
+voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y
+como pose&iacute;a extraordinaria retentiva, lo mismo era para &eacute;l repetir un
+<i>allegro</i> lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos
+sobre Medicina o Filosof&iacute;a naturalista.</p>
+
+<p>Su car&aacute;cter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en
+punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en aprop&oacute;sitos y en
+charlar voluble, compuesto ya de hip&eacute;rboles, ya de pedanter&iacute;as
+burlescas, que ciertamente no indicaban que &eacute;l fuese pedante, sino que,
+por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, hac&iacute;a
+pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases
+obscuras de la fraseolog&iacute;a cient&iacute;fica, y las intercalaba de paradojas de
+su propia cosecha, graciosas y originales.</p>
+
+<p>A&uacute;n hoy, que es un hombre de saber s&oacute;lido, no ha perdido Miquis aquellas
+ma&ntilde;as, y nos divierte con sus chuscas habladur&iacute;as. A veces parece querer
+zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace m&aacute;s que mofarse de
+lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni
+la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que ten&iacute;a por
+vivienda y que era una caverna de disputas, se o&iacute;a su voz declamatoria,
+diciendo estas o parecidas cosas: &laquo;... porque, se&ntilde;ores, a todas horas
+estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diat&eacute;sicas,
+determinan la depauperaci&oacute;n general, la propagaci&oacute;n de los vicios
+herp&eacute;tico y tuberculoso, que son, se&ntilde;ores, permitidme decirlo as&iacute;, la
+carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su
+ruina...&raquo;. O bien, elev&aacute;ndose a lo te&oacute;rico, gritaba: &laquo;Reconociendo,
+se&ntilde;ores, la revoluci&oacute;n que las ciencias naturales, y especialmente la
+Qu&iacute;mica, han hecho en la materia m&eacute;dica moderna, no conviene afirmar que
+la Qu&iacute;mica, se&ntilde;ores, forma un sistema m&eacute;dico por s&iacute; sola, porque antes
+que las leyes qu&iacute;mico&mdash;org&aacute;nicas est&aacute;n las leyes vitales. Volved la
+vista, se&ntilde;ores, a Paracelso, Helmoncio y Agr&iacute;cola, y &iquest;qu&eacute; hallar&eacute;is,
+se&ntilde;ores?...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora vio un ara&ntilde;a que se descolgaba de un hilo, un p&aacute;jaro que llevaba
+pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la
+atm&oacute;sfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en
+poes&iacute;a, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron re&iacute;r a
+Miquis. Hablando y hablando, Augusto lleg&oacute; a decir:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ores, evoluci&oacute;n tras evoluci&oacute;n, enlazados el nacer y el morir, cada
+muerte es una vida, de donde resulta la armon&iacute;a y el admirable plan del
+Cosmos&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;El Cosmos! &iexcl;Qu&eacute; bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora!
+&iexcl;Cu&aacute;nto dar&iacute;a por saber qu&eacute; era aquello del Cosmos!..., porque
+verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quieres saber lo que es eso, tonta?&mdash;le pregunt&oacute; Miquis&mdash;. Vamos, veo
+que eres un pozo de ignorancia.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; m&aacute;s que leer y escribir; deseo aprender algo m&aacute;s, porque ser&iacute;a
+muy triste para m&iacute; encontrarme dentro de alg&uacute;n tiempo tan ignorante como
+ahora. Ens&eacute;&ntilde;ame t&uacute;. Yo me pongo a pensar que ser&aacute; esto de morirse. Pues
+el nacer tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n tiene bemoles&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Augusto en tono sumamente enf&aacute;tico&mdash;,
+porque, se&ntilde;ores, debemos principiar declarando que todo el mundo se
+compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se
+sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que act&uacute;an seg&uacute;n las
+mismas leyes, desde el &aacute;tomo invisible hasta la inmensa multitud de
+cuerpos celestes, conserv&aacute;ndose invariables en el conjunto de su efecto
+total... &iquest;Te has enterado?</p>
+
+<p>&mdash;El demonio que te entienda... &iexcl;Qu&eacute; jerga!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bonitos ojos tienes!</p>
+
+<p>&mdash;Tonto... Vamos a ver las fieras.</p>
+
+<p>&mdash;No me da la gana. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s fiera que t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;El le&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Leoncitos a m&iacute;!... Esos dos hoyuelos que te abri&oacute; Natura entre el
+m&uacute;sculo maseter y el orbicular me tienen fuera de m&iacute;... No te pongas
+seria, porque desaparecen los hoyuelos.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos de aqu&iacute;&mdash;dijo Isidora con fastidio.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos en el lugar m&aacute;s recogido del laboratorio de la Naturaleza.
+Se&ntilde;ores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos.
+Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de
+las nuevas vidas. Ved, se&ntilde;ores, c&oacute;mo de los infinitos huevecillos
+acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas
+su primer paso y su primer zumbido. &iquest;No o&iacute;s c&oacute;mo estrenan sus
+trompetillas esos ni&ntilde;os alados, que vivir&aacute;n un d&iacute;a y en un d&iacute;a
+alborotar&aacute;n la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, se&ntilde;ores, la
+nueva generaci&oacute;n se os anuncia con una fuerte emisi&oacute;n de aromas
+mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de
+vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de
+una parte a otra, porque la atm&oacute;sfera es mediadora, tercera o Celestina
+de invisibles amores. Sent&iacute;s afectado por estas emanaciones lo m&aacute;s
+&iacute;ntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad c&oacute;mo al
+influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus
+primeras galas, c&oacute;mo se atav&iacute;an las margaritas mir&aacute;ndose en el espejo de
+aquel arroyo, c&oacute;mo se acicalan...</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate... Pues no tendr&iacute;as precio para catedr&aacute;tico...</p>
+
+<p>&mdash;Para catedr&aacute;tico&mdash;poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el d&iacute;a
+en que yo sea m&eacute;dico, voy a poner una c&aacute;tedra para explicar...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Para dar una lecci&oacute;n de armon&iacute;a de la Naturaleza&mdash;dijo Miquis, mir&aacute;ndola
+a los ojos&mdash;, y explicar esos radios de oro que nacen en tu pupila y se
+extienden por tu iris... D&eacute;jame que lo observe de cerca...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pesado! Quita... ens&eacute;&ntilde;ame las fieras.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, mujer, esposa m&iacute;a, a ver esas alima&ntilde;as&mdash;dijo Augusto en tono de
+paciencia&mdash;. Desde que me cas&eacute; contigo me traes sobre un pie. Eras tan
+amable de polla, ahora de casada tan rega&ntilde;ona y exigente... Vamos,
+vamos, y me pondr&eacute; un tigre en cada dedo... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s? Se te antoja una
+jirafa. &iexcl;Isidora, Isidorilla!&raquo;.</p>
+
+<p>Ambos se detuvieron mir&aacute;ndose entre risas.</p>
+
+<p>&laquo;Si no me das un abrazo me meto en la jaula del le&oacute;n... Quiero que me
+almuerce. O tu amor o el suicidio.</p>
+
+<p>&mdash;Si pareces un loco.</p>
+
+<p>&mdash;El suicidio es la plena posesi&oacute;n de s&iacute; mismo, porque al echarse el
+hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos
+se&ntilde;ores mam&iacute;feros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; son mam&iacute;feros?&mdash;pregunt&oacute; Isidora, firme en su prop&oacute;sito de
+instruirse.</p>
+
+<p>&mdash;Mam&iacute;feros son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de
+la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de
+lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querr&eacute; m&aacute;s. Cada
+disparate te har&aacute; subir un grado en el escalaf&oacute;n de la belleza. Sost&eacute;n
+que tres y dos son ocho, y superar&aacute;s a Venus.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben
+todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de
+todo..., &iquest;me entiendes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes coser?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes planchar?</p>
+
+<p>&mdash;Regularmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes zurcir?</p>
+
+<p>&mdash;Tal cual.</p>
+
+<p>&mdash;Y de guisar, &iquest;c&oacute;mo andamos?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay m&aacute;s
+que hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a m&iacute; no me convienes t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Boa constrictor!</i></p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero que, &iquest;es cosa de Medicina?</p>
+
+<p>&mdash;Es una culebra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La veremos aqu&iacute;?... Entremos. &iquest;Es esto la Casa de Fieras?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres ver al oso? Aqu&iacute; me tienes.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que lo eres&raquo;&mdash;dijo Isidora riendo con toda su alma.</p>
+
+<p>Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba
+mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las
+inquietas y feroces hienas, el &aacute;guila meditabunda, los pintorreados
+leopardos, los monos acr&oacute;batas y el le&oacute;n monoman&iacute;aco, aburrid&iacute;simo,
+flaco, comido de par&aacute;sitos, que parece un soberano destronado y cesante.
+Vieron tambi&eacute;n las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las
+descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos
+canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la
+curiosidad de Isidora, poca impresi&oacute;n hizo en su esp&iacute;ritu la menguada
+colecci&oacute;n zool&oacute;gica. M&aacute;s que admiraci&oacute;n, produj&eacute;ronle l&aacute;stima y
+repugnancia los infelices bichos privados de libertad.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es espect&aacute;culo para el pueblo&mdash;dijo con desd&eacute;n&mdash;. V&aacute;monos de aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque enamorado&mdash;indic&oacute; Miquis al salir&mdash;, estoy muerto de hambre. Lo
+divino no quita lo humano. Am&eacute;monos y almorcemos&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Tambi&eacute;n Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si dar&iacute;an
+por terminado el paseo en aquel punto, y&eacute;ndose cada cual a su casa; pero
+al fin Miquis hizo triunfar su prop&oacute;sito de almorzar en uno de los
+ventorrillos cercanos a los Campos El&iacute;seos. No eran ciertamente modelo
+de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasi&oacute;n de advertir al
+tomar posesi&oacute;n de una mesa coja y tr&eacute;mula, de una silla ruinosa, y al
+ver los burdos manteles y el burd&iacute;simo empaque de la mujer sucia y
+ahumada que sali&oacute; a servirles.</p>
+
+<p>Compareci&oacute; sobre el mantel una tortilla fl&aacute;ccida que, por el color, m&aacute;s
+parte ten&iacute;a de cebolla que de huevo, y Miquis la dividi&oacute; al punto. El
+vino que lleg&oacute; como escudero de la tortilla era pic&oacute;n y negro, cual
+nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado
+fuerte, que sigui&oacute; a la tortilla, y que sin duda deb&iacute;a la anterior
+calificaci&oacute;n a la dureza de la carne que lo compon&iacute;a, no gust&oacute; a Isidora
+m&aacute;s que el local, el vino y la due&ntilde;a del puesto. Con desprecio mezclado
+de repugnancia observ&oacute; la pared del ventorrillo, que parec&iacute;a un mal
+establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que
+publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el
+ajuar todo, los cajones verdes con matas de <i>ev&oacute;nymus</i>, cuyas hojas
+ten&iacute;an una costra de endurecido polvo, el aspecto del p&uacute;blico de capa y
+mant&oacute;n que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez,
+la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando
+salmuera...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; ordinario es esto!&mdash;exclam&oacute;, sin poderse contener&mdash;. Vaya, que me
+traes a unos sitios...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah!... &iquest;No te gusta conocer las costumbres populares? A m&iacute; me
+encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno
+de los buenos <i>restaurants</i> de Madrid... Perd&oacute;name por hoy... Ten&iacute;as
+carita de hambre atrasada.</p>
+
+<p>&mdash;Esto no es para m&iacute;&mdash;dijo Isidora con remilgo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Impertinencia, tienes nombre de mujer!&mdash;exclam&oacute; el estudiante, a un
+tiempo riendo y mascando&mdash;&iexcl;Descontentadiza, exigente! &iquest;A qu&eacute; vienen esos
+melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos;
+manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados,
+mocosos, descalzos; y por mi parte s&eacute; decir que no me averg&uuml;enzo de
+haber dormido la siesta en un surco h&uacute;medo, junto a la panza de un
+cerdo. Usted, se&ntilde;ora duquesa, viene sin duda de altos or&iacute;genes, y ha
+gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha
+mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un
+ventorrillo, entre honradas chaquetas y m&aacute;s honrados mantones. La
+humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los r&iacute;os m&aacute;s
+orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso,
+de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los r&iacute;os. De todo
+lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las ni&ntilde;as de mis ojos.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos&mdash;dijo Isidora con fastidio.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos a Puerto Rico&mdash;replic&oacute; Miquis, despu&eacute;s de pagar el gasto&mdash;.
+V&aacute;monos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches,
+arist&oacute;crata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la
+cabeza... Pero ser&aacute; para com&eacute;rmela&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Con qu&eacute; inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja,
+por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Arag&oacute;n a
+Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies
+raqu&iacute;tica; sub&iacute;an a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que
+vac&iacute;an los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras;
+pasaban junto a las caba&ntilde;as de traperos, hechas de tablas, puertas rotas
+o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petr&oacute;leo;
+luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban
+vueltas a los tejares; se deten&iacute;an, se sentaban, volv&iacute;an a andar un
+poco, sin prisa, sin fatiga.</p>
+
+<p>Miquis, a ratos, hac&iacute;a burlescos encarecimientos del paisaje.
+&laquo;All&aacute;&mdash;dec&iacute;a&mdash;las pir&aacute;mides de Egipto, que llamamos tejares; aqu&iacute; el
+despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. &iexcl;Qu&eacute; vegetaci&oacute;n!
+Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas
+malvas v&iacute;rgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable
+lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sof&iacute;a, el
+Escorial... &iexcl;Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. &iexcl;Qu&eacute;
+hermoso es el mundo! &iexcl;Qu&eacute; bella est&aacute; la tarde! &iexcl;C&oacute;mo alumbra el sol!
+&iexcl;Qu&eacute; linda eres y yo qu&eacute; feliz!&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, alg&uacute;n guardia civil
+acompa&ntilde;ando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban
+tambi&eacute;n hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapid&iacute;sima por el suelo
+la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla
+que charla. Miquis empez&oacute; cont&aacute;ndole su historia de estudiante, toda de
+peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba
+Leyes, hab&iacute;a muerto alg&uacute;n tiempo antes, de una enfermedad terrible.
+Augusto despuntaba, desde muy ni&ntilde;o, por la Medicina, y jam&aacute;s vacil&oacute; en
+la elecci&oacute;n de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al
+mes, y &eacute;l sab&iacute;a arreglarse. &iexcl;Hab&iacute;a tenido diez y siete patronas!
+Entreg&aacute;bale las mesadas, y ten&iacute;a adem&aacute;s el encargo de vigilarle y darle
+consejos, un hombre de posici&oacute;n humilde y sanas costumbres, bastante
+viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo
+manchego se llamaba Mat&iacute;as Alonso y era conserje de la casa de Aransis.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r este nombre Isidora palideci&oacute;, y el coraz&oacute;n salt&oacute; en el pecho. Su
+espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las
+indiscreciones que podr&iacute;a cometer. Despu&eacute;s sali&oacute; a relucir el tema m&aacute;s
+com&uacute;n en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del
+porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habl&oacute; seriamente, sin
+dejar su expresi&oacute;n ir&oacute;nica, por ser la iron&iacute;a, m&aacute;s que su expresi&oacute;n, su
+cara misma. &Eacute;l esperaba ser un facultativo de fama y operador
+habil&iacute;simo. Llevar&iacute;a un sentido por cada operaci&oacute;n, y vivir&iacute;a con lujo,
+sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna,
+que tantos sacrificios hac&iacute;a para darle carrera. En cuanto esta fuese
+concluida pensaba el buen Miquis hacer oposici&oacute;n a una plaza de
+hospitales.</p>
+
+<p>&laquo;En los hospitales&mdash;dec&iacute;a&mdash;, en esos libros dolientes es donde se aprende.
+All&iacute; est&aacute; la teor&iacute;a unida a la experiencia por el lazo del dolor. El
+hospital es un museo de s&iacute;ntomas, un riqu&iacute;simo atlas de casos, todo
+palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y
+entre todos forman un cuerpo de doctrina. All&iacute; se estudian mil especies
+de vidas amenazadas y mil categor&iacute;as de muertes. Las infinitas maneras
+de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas
+clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que
+el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos
+nace, as&iacute; como la planta de flores hermosas y arom&aacute;ticas es simplemente
+una transformaci&oacute;n de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas
+en la tierra y en el esti&eacute;rcol&raquo;.</p>
+
+<p>Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desde&ntilde;ar espect&aacute;culo
+triste, ni dolencia asquerosa, ni agon&iacute;a tremenda, porque de todas estas
+miserias hab&iacute;a de nutrir su saber. Despu&eacute;s vendr&iacute;an las visitas bien
+remuneradas, las consultas ping&uuml;es. &Eacute;l se dedicar&iacute;a a una especialidad.
+Al fin completar&iacute;a sus satisfacciones abon&aacute;ndose a diario a la &Oacute;pera,
+para que su esp&iacute;ritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se
+restaurase en las frescas auras de un arte divino.</p>
+
+<p>Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. &iexcl;Pero le era tan
+dif&iacute;cil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posici&oacute;n particular,
+su delicadeza, no le permit&iacute;an hablar mucho de ellos. &iexcl;Oh!, si dijera
+todo lo que pod&iacute;a decir, Miquis se asombrar&iacute;a, se quedar&iacute;a hecho un
+poste. &iexcl;Pero no, no pod&iacute;a explicarse con claridad! La cosa era grave.
+Quiz&aacute;s entre el presente triste y el porvenir brillante habr&iacute;an de
+mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, esc&aacute;ndalos,
+revelaciones, proclamaci&oacute;n de hechos hasta entonces secretos, y que
+llenar&iacute;an de asombro a la buena sociedad, a la <i>buena sociedad</i>, fijarse
+bien, de Madrid. Entretanto, &uacute;nicamente se pod&iacute;a decir que ella no era
+lo que parec&iacute;a, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su
+tiempo madurar&iacute;an las uvas; a su tiempo se sabr&iacute;a el apellido, la casa,
+el t&iacute;tulo... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los d&iacute;as, pero
+alguna vez...</p>
+
+<p>Pas&oacute; un naranjero.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Son de c&aacute;scara fina?&mdash;pregunt&oacute; Miquis al comprar cuatro naranjas&mdash;.
+Toma, c&oacute;mete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez
+de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas...</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es&mdash;prosigui&oacute; Isidora con cierta fatuidad mal disimulada&mdash;, que si me
+preguntas cosas que no sean de lo que ahora est&aacute; pasando, quiz&aacute;s no te
+podr&eacute; contestar. &iquest;Qu&eacute; s&eacute; yo lo que ser&aacute; de m&iacute;? &iquest;Conseguir&eacute; lo que deseo
+y lo que me corresponde? &iexcl;Hay tanta picard&iacute;a en este mundo!</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente que s&iacute;&mdash;dijo Augusto en el tono m&aacute;s enf&aacute;ticamente
+burlesco que usar sab&iacute;a&mdash;. El mundo es una sentina, una cloaca de vicios.
+En &eacute;l no hay m&aacute;s que dolor y fals&iacute;a. Malo es el mundo, malo, malo, malo.
+&iexcl;Duro en &eacute;l! En cambio nosotros somos muy buenos; somos &aacute;ngeles. La
+culpa toda es del p&iacute;caro mundo, de ese tunante. Es el gato, hija m&iacute;a, el
+gato, autor de todas las fechor&iacute;as que ocurren en... el Cosmos. &iexcl;Ah,
+mundo, pill&iacute;n, si yo te cogiera!... Pero ven ac&aacute;, alma m&iacute;a; puesto que
+vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime: all&aacute;, en
+esos Olimpos, &iquest;te acordar&aacute;s del pobre Miquis?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no me he de acordar? Ser&aacute;s entonces un m&eacute;dico c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tan c&eacute;lebre!... Vamos a lo principal. &iquest;Y tendr&aacute;s a menos ser esposa
+de un Galeno?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De un qu&eacute;?... &iquest;De una notabilidad?... &iexcl;Oh, no! Poco entiendo de cosas
+del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con...</p>
+
+<p>&mdash;Con las reinas, con las emperatrices.</p>
+
+<p>&mdash;Y sobre todo chico&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Isidora&mdash;, de algo ha de valer que nos
+conozcamos ahora. Y lo que es a m&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Cu&aacute;nta ternura brill&oacute; en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba
+con los suyos!</p>
+
+<p>&laquo;Lo que es a m&iacute;... no me han de imponer un marido que no sea de mi
+gusto, aunque est&eacute; m&aacute;s alto que el sol.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bendita sea tu boca!&mdash;exclam&oacute; Augusto, apoder&aacute;ndose de las dos manos de
+ella&mdash;. &iexcl;Ay!, prenda, &iexcl;qu&eacute; fr&iacute;as tienes las manos!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y las tuyas, qu&eacute; calientes!&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora volvi&oacute; a pensar en que nunca m&aacute;s saldr&iacute;a a la calle sin guantes.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Querr&aacute;s siempre a este pobre Miquis, que te quiere m&aacute;s?... Desde que
+te vi en Legan&eacute;s, me estoy muriendo, no s&eacute; lo que me pasa, no estudio,
+no duermo, no puedo apartar de m&iacute; esos ojos, ese perfil divino y todo lo
+dem&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Ella empez&oacute; a comer otra naranja, y &eacute;l la miraba embebecido. Nunca le
+hab&iacute;a parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el
+&aacute;cido de la fruta, ten&iacute;an un carm&iacute;n intens&iacute;simo, hasta el punto de que
+all&iacute; pod&iacute;an ser verdad los rub&iacute;es montados en versos de que tanto han
+abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad
+y fin&iacute;simo esmalte, mord&iacute;an los dulces cascos como Eva la manzana, pues
+desde entonces ac&aacute; el mundo no ha variado en la manera de comer fruta.
+Saboreando aquella, Isidora pon&iacute;a en movimiento los dos hoyuelos de su
+cara, que ya se ahondaban, ya se perd&iacute;an, jugando en la piel. La nariz
+era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, seg&uacute;n dec&iacute;a
+Miquis, de la misma sustancia con que Dios hab&iacute;a hecho el crep&uacute;sculo de
+la tarde.</p>
+
+<p>Miquis intent&oacute; abrazarla. Isidora hab&iacute;a despuntado un casquillo con
+intenci&oacute;n de com&eacute;rselo. Variando de idea al ver las facciones de su
+amigo tan cerca de las suyas, alarg&oacute; un poco la mano y puso el pedazo de
+naranja entre los dientes de Miquis. &Eacute;l se comi&oacute; lo que era de comer y
+retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de
+fr&iacute;o.</p>
+
+<p>Isidora se levant&oacute; bruscamente, y ech&oacute; a correr por el sendero.</p>
+
+<p>Corrieron, corrieron...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ya te cog&iacute;!&mdash;exclam&oacute; Augusto, fatigad&iacute;simo y sin aliento, apoder&aacute;ndose
+de ella&mdash;. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno.</p>
+
+<p>&mdash;Formalidad, formalidad, se&ntilde;or doctorcillo&mdash;dijo Isidora, poni&eacute;ndose muy
+seria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo tiempo
+ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo, ni las
+Ordenanzas de Aduanas.</p>
+
+<p>&mdash;Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.</p>
+
+<p>&mdash;El juicio est&aacute; claro, se&ntilde;orita. Yo s&eacute; lo que me digo. Oye bien. Por mi
+padre, que es lo que m&aacute;s quiero, juro que me caso contigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Huy, qu&eacute; prisa!...</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; dicho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira &eacute;ste!</p>
+
+<p>&mdash;Un Miquis no vuelve atr&aacute;s; <i>un re non mente</i>; la palabra de un Miquis
+es sagrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah!</p>
+
+<p>&mdash;Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un
+tobosino no puede ser traidor.</p>
+
+<p>&mdash;Pero puede ser tinaja.</p>
+
+<p>&mdash;No te r&iacute;as; esto es serio. Estamos hablando de la cosa m&aacute;s grave, de la
+cosa m&aacute;s trascendental&raquo;.</p>
+
+<p>Y era verdad que estaba serio.</p>
+
+<p>&laquo;No nos detengamos aqu&iacute;&mdash;dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba un
+sitio para sentarse&mdash;. Hace fresco.</p>
+
+<p>&mdash;Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, a la Castellana. Mi t&iacute;o el Can&oacute;nigo me dec&iacute;a que es cosa sin
+igual la Castellana.</p>
+
+<p>&mdash;Escribir&eacute; ma&ntilde;ana a tu t&iacute;o el Can&oacute;nigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Para pedirte. Ag&aacute;rrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me
+caso... S&iacute;, estudiante y todo. Mi padre pondr&aacute; el grito en el cielo;
+pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona
+del Omnipotente...&raquo;.</p>
+
+<p>Las risas de Isidora o&iacute;anse desde lejos. Al llegar al barrio de
+Salamanca guardaron m&aacute;s compostura y desenlazaron sus brazos. Descend&iacute;an
+por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor
+continuo que de abajo ven&iacute;a.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;IV&mdash;</b></p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Hay aqu&iacute; alg&uacute;n torrente?&mdash;pregunt&oacute; a Miquis.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, torrente hay... de vanidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Coches!...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria arrastrada&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no volv&iacute;a de su asombro. Era el momento en que la aglomeraci&oacute;n
+de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La
+obstrucci&oacute;n del paseo impacientaba a los cocheros, dando alg&uacute;n descanso
+a los caballos. Miquis ve&iacute;a lo que todo el mundo ve: muchos trenes,
+algunos muy buenos, otros publicando claramente el <i>quiero y no puedo</i>
+en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza
+especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente
+tronada; ve&iacute;a las elegantes damas, los perezosos se&ntilde;ores, acomodados en
+las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha
+sonrisa, vistosa confusi&oacute;n de colores y l&iacute;neas. Pero Isidora, para quien
+aquel espect&aacute;culo, adem&aacute;s de ser enteramente nuevo, ten&iacute;a particulares
+seducciones, vio algo m&aacute;s de lo que vemos todos. Era la realizaci&oacute;n
+s&uacute;bita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida.
+Hab&iacute;ala so&ntilde;ado, la hab&iacute;a visto, como ven los m&iacute;sticos el Cielo antes de
+morirse. As&iacute; la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando
+dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de
+los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como
+a los del artista la inveros&iacute;mil figura del hipogrifo. Los bustos de las
+damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta
+cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas,
+las pieles, produc&iacute;an ante su vista un efecto igual al que en cualquiera
+de nosotros producir&iacute;a la contemplaci&oacute;n de un magn&iacute;fico fresco de
+apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y
+flotantes pa&ntilde;os.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; gente aquella tan feliz! &iexcl;Qu&eacute; envidiable cosa aquel ir y venir en
+carruaje, vi&eacute;ndose, salud&aacute;ndose y coment&aacute;ndose! Era una gran recepci&oacute;n
+dentro de una sala de &aacute;rboles, o un rigod&oacute;n sobre ruedas. &iexcl;Qu&eacute; bonito
+mareo el que produc&iacute;an las dos filas encontradas, y el cruzamiento de
+perfiles marchando en direcci&oacute;n distinta! Los jinetes y las amazonas
+alegraban con su r&aacute;pida aparici&oacute;n el hermoso tumulto; pero de cuando en
+cuando la presencia de un rid&iacute;culo sim&oacute;n lo descompon&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Deb&iacute;an prohibir&mdash;dijo Isidora con toda su alma&mdash;que vinieran aqu&iacute; esos
+horribles coches de peseta.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jalos... En ellos van quiz&aacute;s algunos prestamistas que vienen a
+gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El
+sim&oacute;n de hoy es el <i>landau</i> de ma&ntilde;ana... Esto es una noria; cuando un
+cangil&oacute;n se vac&iacute;a otro se llena&raquo;.</p>
+
+<p>Apareci&oacute; un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo.</p>
+
+<p>&laquo;El Rey Amadeo&mdash;dijo Miquis&mdash;El Rey. Mira, mira, Isidora... No me quitar&eacute;
+yo el sombrero como esos tontos.</p>
+
+<p>&mdash;Si apenas le saludan...&mdash;observ&oacute; Isidora con l&aacute;stima&mdash;. Pues cuando
+vuelva a pasar, le hago yo la gran cortes&iacute;a. M&iacute; t&iacute;o el Can&oacute;nigo dice que
+est&aacute; excomulgado este buen se&ntilde;or; pero el Rey es Rey&raquo;.</p>
+
+<p>Pasado su primer arrobamiento, Isidora empez&oacute; a ver con ojos de mujer,
+fij&aacute;ndose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; variedad de sombreros! &iexcl;Mira este, mira aquel, Miquis!... &iexcl;Vaya un
+vestidito! Y t&uacute;, &iquest;por qu&eacute; no montas a caballo, para parecerte a aquel
+joven?...</p>
+
+<p>&mdash;Es un cursi.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; un veterinario... &iexcl;Qu&eacute; hermosas son las mantillas blancas! Es moda
+nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo que
+es cosa de pol&iacute;tica. Mi t&iacute;o el Can&oacute;nigo dec&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Hazme el favor de no nombrarme m&aacute;s a tu t&iacute;o el Can&oacute;nigo, quiero decir,
+a mi querido t&iacute;o... Esto de las mantillas blancas es una manifestaci&oacute;n,
+una protesta contra el Rey extranjero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; salado! Si yo tuviera una mantilla blanca tambi&eacute;n me la pondr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo te ahorcar&iacute;a con ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ordinario!</p>
+
+<p>&mdash;Tonta.</p>
+
+<p>&mdash;Esta gente&mdash;afirm&oacute; Isidora con mucho tes&oacute;n&mdash;sabe lo que hace. Es la gente
+principal del pa&iacute;s, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la que
+puede, la que sabe.</p>
+
+<p>&mdash;Trampas, fanatismo, ignorancia, presunci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues y t&uacute;?..., grosero, salvaje, pedante...</p>
+
+<p>&mdash;Isidora, mira que eres mi mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo mujer de un alb&eacute;itar?...</p>
+
+<p>&mdash;Isidora, mira que te cojo... y ni tu t&iacute;o el Can&oacute;nigo te saca de mis
+manos.</p>
+
+<p>&mdash;Basta de bromas. &iexcl;Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros
+gustos son diferentes.</p>
+
+<p>&mdash;Su gusto de usted, se&ntilde;ora, se amoldar&aacute; al gusto m&iacute;o. Eso se lo ense&ntilde;ar&aacute;
+a usted mi secretario, que es una vara de fresno.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute; t&uacute;!&mdash;exclam&oacute; ella con br&iacute;o, deteni&eacute;ndose y mir&aacute;ndole.</p>
+
+<p>&mdash;No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de m&iacute; lo que
+gustes...</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya es otra cosa...</p>
+
+<p>&mdash;Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendr&aacute;s tres
+coches, catorce sombreros y la mar de vestidos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si yo no me caso contigo!...&raquo;&mdash;declar&oacute; la joven en un momento de
+espontaneidad.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a en su expresi&oacute;n un tonillo de l&aacute;stima impertinente, que poco m&aacute;s o
+menos quer&iacute;a decir: &laquo;&iexcl;Si yo soy mucho para ti, tan peque&ntilde;o!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Falta saberlo. Te casar&aacute;s por fuerza. Te obligar&eacute;. T&uacute; no me conoces.
+Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beber&eacute; tu sangre...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso de Han de Islandia?&mdash;pregunt&oacute; ella en su prurito de
+ilustrarse.</p>
+
+<p>&mdash;Han de Islandia es berenjenas. D&eacute;jese usted de sabidur&iacute;as. Coser,
+planchar y espumar el puchero.</p>
+
+<p>&mdash;No espumar&eacute; yo el tuyo, paleto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marquesa de pa&ntilde;uelo de hierbas!</p>
+
+<p>&mdash;Sacamuelas&raquo;.</p>
+
+<p>Los dos se echaron a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&laquo;No te quiero&mdash;murmur&oacute; Isidora.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me echo a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;No te quiero ni pizca, ni esto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te adoro. Mientras m&aacute;s me desde&ntilde;as, m&aacute;s me gustas. Cuando
+pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no s&eacute; qu&eacute; me da... Se me
+antoja robarte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y cu&aacute;nta gente a pie!&mdash;exclam&oacute; ella sin hacer caso de las gracias de
+Augusto.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;, en d&iacute;as de fiesta, ver&aacute;s a todas las clases sociales. Vienen a
+observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre
+cada una, para asaltarse. El caso es subir al escal&oacute;n inmediato. Ver&aacute;s
+muchas familias elegantes que no tienen qu&eacute; comer. Ver&aacute;s gente
+dominguera que es la fina crema de la cursiler&iacute;a, reventando por parecer
+otra cosa. Ver&aacute;s tambi&eacute;n despreocupados que visten con seis modas de
+atraso. Ver&aacute;s hasta las patronas de hu&eacute;spedes disfrazadas de personas, y
+las costureras queriendo pasar por se&ntilde;oritas. Todos se codean y se
+toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres
+ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de
+alcanzar una posici&oacute;n superior, principia por aparentarla. Las
+improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no
+hay un solo n&uacute;mero uno que no quiera elevarse a la categor&iacute;a de dos. El
+dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el
+cuatro dice: &laquo;Si yo soy cinco&raquo;, y as&iacute; sucesivamente.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se van los coches&raquo;&mdash;dijo Isidora, que apenas hab&iacute;a o&iacute;do la charla de
+su amigo.</p>
+
+<p>Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna,
+los carruajes rompen filas y se dirigen hac&iacute;a el Prado. Es tan
+reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora.
+Isidora not&oacute; la confusi&oacute;n del desfile al galope, tom&aacute;ndose unos a otros
+la delantera, escurri&eacute;ndose los m&aacute;s osados entre el tumulto; y o&iacute;a con
+delicia el chasquido de l&aacute;tigos, el <i>&iexcl;eh!</i>... de los cocheros, y aquel
+profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo h&uacute;medo entre
+los crujidos de la grava. Ella habr&iacute;a deseado correr tambi&eacute;n. Su
+coraz&oacute;n, su esp&iacute;ritu, se iban con aquel oleaje. All&aacute; lejos brillaban ya
+no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se
+forma con el vaho de la poblaci&oacute;n, las evaporaciones del riego y el
+continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban
+iluminando hasta formar una claridad fant&aacute;stica, cual irradiaci&oacute;n
+lum&iacute;nica del suelo mismo. Viendo c&oacute;mo los coches se perd&iacute;an en aquel
+fondo, Isidora apresur&oacute; el paso.</p>
+
+<p>&laquo;V&aacute;monos por aqu&iacute;&mdash;dijo Miquis, desvi&aacute;ndola de los paseos para subir
+hacia el Saladero y acortar camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s!, siempre me llevas por lo m&aacute;s feo, por donde no se encuentran
+m&aacute;s que t&iacute;os. &iquest;Hay tambi&eacute;n aqu&iacute; ventorrillos?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no. Basta de paseos. Esto no est&aacute; bien... &iexcl;Qu&eacute; se dir&aacute; de m&iacute;!
+Para calaverada, basta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldita sea la hora en que nac&iacute;!&mdash;gru&ntilde;&oacute; el estudiante&mdash;. &iquest;Dejarte ahora,
+separarnos?... &iquest;Vas a tu casa?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre. &iexcl;Qu&eacute; dir&aacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, s&iacute;, &iexcl;qu&eacute; dir&aacute;n los marqueses de Relimpio!</p>
+
+<p>&mdash;No son marqueses, pero son personas honradas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres ir esta noche al Teatro Real?&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;El teatro Real! Otro golpe m&aacute;gico en el coraz&oacute;n y en la mente de la
+sobrina del Can&oacute;nigo.</p>
+
+<p>&laquo;Pero a eso que llamas para&iacute;so, &iquest;van personas?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Personas decentes?... Lo m&aacute;s decente de Madrid, la flor y nata&raquo;.</p>
+
+<p>Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche,
+convinieron en que este convidar&iacute;a tambi&eacute;n a las ni&ntilde;as de Relimpio. A
+esto deb&iacute;a anteceder la presentaci&oacute;n reglamentaria de Augusto en el
+domicilio de D.&ordf; Laura, para lo que se acord&oacute;, tras cortas vacilaciones,
+una mentirijilla venial. Isidora dir&iacute;a que al volver a su casa desde la
+de su t&iacute;a se hab&iacute;a encontrado al joven, amigo &iacute;ntimo, deudo y aun
+pariente lejano del se&ntilde;or Can&oacute;nigo. Era, no ya estudiante, sino m&eacute;dico
+hecho y derecho, y bien pod&iacute;a prestar servicios tan excelentes como
+gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud.</p>
+
+<p>Despidi&eacute;ronse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le
+parec&iacute;an nunca bastante fuertes. Isidora subi&oacute; sumamente fatigada. Las
+de Relimpio le dijeron que hab&iacute;a venido a visitarla un caballero de muy
+buen porte. Entr&oacute; la joven en su cuarto, donde la esperaba una grat&iacute;sima
+sorpresa. Sobre la c&oacute;moda hab&iacute;a una tarjeta con el pico doblado.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_V" id="Capitulo_V"></a>Cap&iacute;tulo V</h3>
+
+<p class="head">Una tarjeta</p>
+
+
+<p>El coraz&oacute;n quer&iacute;a sal&iacute;rsele del pecho al ver los bonitos caracteres que
+dec&iacute;an:</p>
+
+<p><i>El marqu&eacute;s viudo de Saldeoro</i>.</p>
+
+<p>Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los
+ojos del sortilegio que sin duda conten&iacute;an las letras negras del nombre
+y las peque&ntilde;itas de las se&ntilde;as: <i>Jorge Juan, 13</i>. Las emociones varias
+que se sucedieron en Isidora, las cosas que pens&oacute; en r&aacute;pido giro de la
+mente, no son para contadas. Todo se resolvi&oacute; en alegr&iacute;a, de la que se
+derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos
+expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero
+que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo
+m&aacute;s pronto posible, el d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<p>Su buen t&iacute;o hab&iacute;a escrito a dos principales se&ntilde;ores de Madrid, hijo y
+padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave
+negocio de reclamar su posici&oacute;n y herencia. &iexcl;Cosa extra&ntilde;a y digna de
+gratitud! Una de las personas a quienes ven&iacute;a recomendada, el hijo, el
+marqu&eacute;s de Saldeoro, de cuya gallard&iacute;a y proezas galantes hab&iacute;an llegado
+noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino
+que, dando una prueba m&aacute;s de su acatamiento al bello sexo, apresur&aacute;base
+a visitarla en tan humilde morada...</p>
+
+<p>Y como la impresionable joven, cuando se entreten&iacute;a en ver las cosas por
+su faz risue&ntilde;a y en hacer combinaciones felices llegaba a l&iacute;mites
+incalculables, empez&oacute; a ver llano y expedito el camino que antes le
+pareciera dificultoso; pens&oacute; que se le abrir&iacute;an voluntariamente las
+puertas que crey&oacute; cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien.
+Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad
+en su mente al marqu&eacute;s de Saldeoro, favorito de las damas, seg&uacute;n dec&iacute;an
+lenguas mil; le tuvo delante, le oy&oacute; hablar agradecida, le pregunt&oacute;
+ruborizada; construy&oacute;, si as&iacute; puede decirse, con material de
+presunciones y elementos fant&aacute;sticos, la visita personal que al
+siguiente d&iacute;a no pod&iacute;a menos de realizarse.</p>
+
+<p>Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a
+quien adornado supon&iacute;a de seductoras cualidades, fueron un desd&eacute;n muy
+vivo hacia el pobre Miquis y una verg&uuml;enza de las escenas de aquel d&iacute;a.
+El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla
+cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las
+carreritas, se reprodujeron en su imaginaci&oacute;n como un sabor amargo y
+malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Hab&iacute;an sido aquellas
+aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posici&oacute;n futura, que
+diera cualquier cosa porque no hubieran pasado.</p>
+
+<p>Tan metida en s&iacute; misma estaba con estos bochornos y aquellas alegr&iacute;as,
+que apenas comi&oacute;. Como recordara en la mesa que deb&iacute;a hablar algo de
+Augusto para preparar su presentaci&oacute;n, dijo que era un estudiante pobre,
+un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, m&aacute;s m&uacute;sico
+que m&eacute;dico y m&aacute;s m&eacute;dico que fino. Cuando Augusto lleg&oacute;, negose Isidora a
+ir al teatro, porque le hab&iacute;a dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron
+ir tampoco, y el buen estudiante qued&oacute; en la situaci&oacute;n m&aacute;s desairada del
+mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba,
+hasta dominar las situaciones m&aacute;s dif&iacute;ciles, bien pronto cautiv&oacute; a la
+familia con sus donaires. Do&ntilde;a Laura propuso jugar a la brisca; trajo D.
+Jos&eacute; de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pest&iacute;fera
+llama del petr&oacute;leo mal encendido, formaron el m&aacute;s alegre corrillo que
+vieron casas de hu&eacute;spedes.</p>
+
+<p>Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se
+encerr&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Ese pobre Miquis&mdash;dec&iacute;a&mdash;es un buen muchacho, pero tan ordinario...
+&iexcl;Pobrecillo!, me da l&aacute;stima de &eacute;l; pero &iquest;qu&eacute; puedo hacer? &iquest;Puedo hacer
+yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?...
+Est&aacute; que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegrar&eacute; mucho de
+que sea un hombre de provecho. Necesitar&aacute; protecci&oacute;n de las personas
+acomodadas, y en lo que de m&iacute; dependa...&raquo;.</p>
+
+<p>Se acost&oacute;, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el
+horno siempre encendido de su imaginaci&oacute;n a la visita del d&iacute;a siguiente
+y a las consecuencias de la visita. El marqu&eacute;s de Saldeoro entraba; ella
+le recib&iacute;a medio muerta de emoci&oacute;n, le hablaba temblando; &eacute;l le
+respond&iacute;a fin&iacute;simo. &iexcl;Y qu&eacute; claramente le ve&iacute;a! Ella rebuscaba las
+palabras m&aacute;s propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde
+se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha...
+&Eacute;l era el m&aacute;s cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy
+agradecida... &Eacute;l dejar&iacute;a su sombrero en un sill&oacute;n... Ella tendr&iacute;a
+cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo
+mejor de la visita hubiera una cat&aacute;strofe... &Eacute;l hab&iacute;a de dirigirle
+alguna galanter&iacute;a discreta... Ella ten&iacute;a que prever todas las frases de
+&eacute;l para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones...
+&iexcl;Cielo santo!, y a&uacute;n faltaba una larga noche y la mitad de un largu&iacute;simo
+d&iacute;a para que aquel desvar&iacute;o fuera realidad...</p>
+
+<p>Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... &iexcl;Qu&eacute; pensar&iacute;a el
+caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no pod&iacute;a mirar
+sin sentir pena las tres l&aacute;minas que ornaban las paredes empapeladas de
+su cuarto. Aqu&iacute; una vieja estampa sentimental representaba la <i>Princesa
+Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo</i>;
+all&iacute; el cuadro del <i>Hambre</i>; enfrente, dos amantes escu&aacute;lidos,
+esmirriados y de pie muy peque&ntilde;o, &eacute;l de casaca con mangas de pemil, ella
+con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si
+D.&ordf; Laura no se incomodase, Isidora arrojar&iacute;a a la calle las tres
+laminotas... Pues, &iquest;y la c&oacute;moda con su cubierta de hule manchado? M&aacute;s
+val&iacute;a no verla... Pero ella se levantar&iacute;a temprano y fregotear&iacute;a bien la
+c&oacute;moda, el lavabo de tres patas y har&iacute;a maravillas de orden y
+limpieza... Despu&eacute;s comprar&iacute;a una corbata bonita... Rogar&iacute;a a D.&ordf; Laura
+que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de
+percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasar&iacute;a al siguiente
+d&iacute;a, pens&oacute; los sucesos del tercer d&iacute;a y los del otro y los del mes
+pr&oacute;ximo, y los del a&ntilde;o venidero, y los de dos, tres o cuatro a&ntilde;os m&aacute;s.</p>
+
+<p>Dej&eacute;mosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la
+noche, cuando todo ruido cesara en la casa. &iquest;Era aquello felicidad o
+martirio? Dice Miquis, y quiz&aacute;s dice bien, que no existir&iacute;a ni siquiera
+el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al
+ni&ntilde;o el juguete, el consuelillo de esperarla.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VI" id="Capitulo_VI"></a>Cap&iacute;tulo VI</h3>
+
+<p class="head">&iexcl;Hombres!</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Aquella buena mujer que pared por medio de <i>la Sanguijuelera</i> viv&iacute;a,
+ten&iacute;a por consorte a un rico mercader americano. Enti&eacute;ndase bien que lo
+de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico),
+y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Am&eacute;ricas que
+est&aacute;n de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos ping&uuml;es y
+lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la
+procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y
+residuos de carb&oacute;n en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por
+f&eacute;tidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para
+nada.</p>
+
+<p>Modesto Rico ten&iacute;a un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas,
+hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y
+tinteros de cobre. Era adem&aacute;s la&ntilde;ador y la&ntilde;aba de lo lindo. Ganaba poco,
+y este poco se lo quitaba su afici&oacute;n a la horchata de cepas. Animal m&aacute;s
+digno de desprecio y l&aacute;stima no se ha visto ni ver&aacute;. Una y otra vez en
+el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, hac&iacute;a sus
+cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o
+simplemente con la mano, m&aacute;s dura que granito.</p>
+
+<p>Pues de esta uni&oacute;n hab&iacute;a nacido un ni&ntilde;o, el m&aacute;s bonito, el m&aacute;s gracioso,
+el m&aacute;s esbelto, el m&aacute;s enga&ntilde;ador y salado que en el barrio hab&iacute;a.
+Contaba a la saz&oacute;n diez a&ntilde;os, que parec&iacute;an doce, seg&uacute;n estaba el rapaz
+de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la
+cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de &aacute;ngel chapado a lo
+granuja, las mejillas dos rosas con roc&iacute;o de fango; y su frente clara,
+despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar
+besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y
+gallard&iacute;a de su cuerpo alto y delicado, estaba m&aacute;s orgullosa de &eacute;l su
+madre que si hubiera parido un pr&iacute;ncipe. Hablaba el lenguaje de su edad,
+con graciosos solecismos, comi&eacute;ndose medio idioma y deshuesando el otro
+medio. Si en el Cielo hay alg&uacute;n idioma o dialecto, el o&iacute;r c&oacute;mo lo
+destrozan los &aacute;ngeles ser&aacute; el mayor regocijo y entretenimiento del Padre
+Eterno.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban tambi&eacute;n
+<i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i>) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa apropiada
+a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza no le
+permit&iacute;a el lujo m&aacute;s ansiado de su coraz&oacute;n. Pero all&aacute; Dios le daba a
+entender, con gui&ntilde;apos del Rastro y otros arreglados por ella, consegu&iacute;a
+vestirle a su placer, y se recreaba en &eacute;l; mir&aacute;base en aquel espejo que
+era su vida y sus amores; se hench&iacute;a de satisfacci&oacute;n oyendo los encomios
+que del muchacho hac&iacute;an las vecinas. Para los domingos ten&iacute;a un pantal&oacute;n
+azul, m&aacute;s bien recortado que corto, unas botas usadas, de segunda mano,
+o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre cuidaba de
+planchar el s&aacute;bado. Pero lo m&aacute;s lindo era una chaquetilla de felpa roja,
+tan ra&iacute;da como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias una faja
+hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas, con lo que
+el muchacho parec&iacute;a un sol, m&aacute;s que un pr&iacute;ncipe, algo de sobrenatural en
+belleza y gallard&iacute;a, como un Ni&ntilde;o Jes&uacute;s vestido de torero. Desde que
+apareci&oacute; por primera vez en la calle de Moratines, le pusieron por apodo
+<i>el Majito</i>, y as&iacute; se llam&oacute; toda su vida. Su nombre era Rafael. Dec&iacute;an
+los vecinos que todas aquellas galas hab&iacute;an sido de ni&ntilde;os muertos y de
+despojos allegados, sabe Dios c&oacute;mo, del obscuro borde de la tumba. No
+nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no raz&oacute;n las murmuradoras,
+ello es que <i>el Majito</i> estaba maj&iacute;simo con aquellos arreos.</p>
+
+<p>Lo que vamos a contar pas&oacute; en un domingo. <i>El Majito</i> sali&oacute; brincando de
+su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa
+<i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i>; mas no era f&aacute;cil que el regocijo se pintase en su cara,
+por tenerla casi toda cubierta con un pa&ntilde;uelo, a causa del dolor de
+muelas y de la hinchaz&oacute;n que estaba sufriendo aquel d&iacute;a. Y aun as&iacute; no
+faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto,
+ni la canastilla y peinas. Era la car&aacute;tula m&aacute;s grotesca que imaginarse
+puede, pues uno de los lados de su rostro parec&iacute;a calabaza, y era tal el
+peso, que no separaba de aquella parte la mano.</p>
+
+<p><i>El Majito</i> se meti&oacute; de un salto en la tienda de <i>la Sanguijuelera</i>.
+Esta sol&iacute;a mimarle y le obsequiaba unas veces con pi&ntilde;ones y otras con
+azotes.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, lagartijilla, &iquest;ya est&aacute;s aqu&iacute;?... No enredes en la tienda, porque
+vas a cobrar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y <i>Pecado</i>?</p>
+
+<p>&mdash;En el taller... Dios le tenga all&aacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, aunque era festivo, el soguero ten&iacute;a trabajo hasta las doce.
+No hab&iacute;a querido ir Mariano; pero su severa t&iacute;a le cogi&oacute; por una oreja,
+y... &iexcl;Valiente holgaz&aacute;n!</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y <i>Pecado</i>?&mdash;volvi&oacute; a preguntar <i>el Majito</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que est&aacute; en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me
+la rompes, vas a ver. &iexcl;Eh, eh! No te encarames, o te vas de aqu&iacute; m&aacute;s
+pronto que la vista.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; <i>Pecado</i>?&raquo;.</p>
+
+<p>Para preguntar, los sabios y los chicos. <i>La Sanguijuelera</i>, cansada de
+responder a la misma pregunta, le cogi&oacute; con una mano los dos carrillos,
+estruj&aacute;ndoselos, con lo que la boca del <i>Majito</i> result&oacute; como una
+guinda. Le dio un beso en ella, dici&eacute;ndole: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; pesado eres..., y qu&eacute;
+rebonito!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Su&eacute;ltame, vieja!&mdash;exclam&oacute; Rafael, limpi&aacute;ndose la cara.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, fr&oacute;tate, bobo... Y me has llenado de babas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y <i>Pecado</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma <i>Pecado</i>!&raquo;.</p>
+
+<p>Y le arre&oacute; dos nalgadas. Como un jilguero salt&oacute; <i>el Majito</i>, y de un
+brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y
+con un tercer brinco se meti&oacute; en el aposento donde Encarnaci&oacute;n viv&iacute;a, el
+cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Dif&iacute;cilmente
+se podr&iacute;a determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal
+laberinto, lo que all&iacute; hab&iacute;a; pero <i>el Majito</i>, que conoc&iacute;a el local
+como un rat&oacute;n conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subi&oacute;
+a eminencias que parec&iacute;an camas; descendi&oacute; a negros abismos que parec&iacute;an
+arcones abiertos; trep&oacute; por las gastadas grader&iacute;as de un estante viejo;
+se arrastr&oacute; por suelos polvorientos; meti&oacute; su brazo por tortuosas
+grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda
+buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurr&iacute;a y deslizaba en
+silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio
+una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergi&oacute; como el
+nadador en persecuci&oacute;n de la perla.</p>
+
+<p>Era un rinc&oacute;n obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes
+apreciables al tacto que a la vista, objetos de cart&oacute;n, de cuero, de
+metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos
+militares, desechados por in&uacute;tiles en la liquidaci&oacute;n de un bazar de
+juguetes. <i>El Majito</i> mir&oacute; y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles
+ojos ve&iacute;an en la obscuridad aquel mont&oacute;n de cosas. Era un cuadro en las
+profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos
+entre el l&iacute;vido verdor del agua. Las ara&ntilde;as se paseaban sobre los
+objetos, pero Rafael no les ten&iacute;a miedo. Las correderas entraban y
+sal&iacute;an por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero <i>el Majito</i>
+tampoco las ten&iacute;a miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y
+eligiendo. Fuerte cosa era decidir cu&aacute;l objeto tomar&iacute;a. Por &uacute;ltimo,
+decidido, tir&oacute; de una brillante empu&ntilde;adura y sac&oacute; un sable. Despu&eacute;s
+revolvi&oacute; el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto
+el coraz&oacute;n de ratero y tom&oacute; lo que brillaba. Era un sombrero que parec&iacute;a
+escudilla, un ros de cart&oacute;n, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de
+papel dorado pegadas en redondo. <i>El Majito</i>, que tan poco sab&iacute;a del
+mundo, sab&iacute;a que los tres entorchados son la insignia del capit&aacute;n
+general, y que esta es la jerarqu&iacute;a m&aacute;s alta del ej&eacute;rcito. &iexcl;Vaya usted a
+averiguar d&oacute;nde esos diablos de chicos aprenden estas cosas!</p>
+
+<p>Se puso el ros y vio que era bueno. Empu&ntilde;&oacute; el sable. Era un palito
+pinchante amarrado a una empu&ntilde;adura de metal, que en su origen parec&iacute;a
+haber sido asa de un brasero de cobre. Hab&iacute;a en la prenda militar una
+fabricaci&oacute;n tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como
+falta de medios. Autor y due&ntilde;o de aquellos arreos era, como se habr&aacute;
+comprendido, el famoso <i>Pecado</i>, gran amigo de cosas de guerra, y que
+desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes
+mec&aacute;nicas. &Eacute;l apandaba, no se sabe d&oacute;nde, aunque es de presumir que
+fuera de sus viajes por las Am&eacute;ricas, restos de juguetes, pedazos de
+hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una
+navaja rota y un enorme guijarro que serv&iacute;a de martillo y de piedra de
+afilar, hac&iacute;a maravillas.</p>
+
+<p>En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa
+de rapi&ntilde;a, sino que lo cogi&oacute; en la calle, en el momento de caer de un
+balc&oacute;n, arrojado por unos ni&ntilde;os. Era pieza lastimosa; pero &iexcl;c&oacute;mo se
+trasform&oacute; en sus h&aacute;biles manos! P&uacute;sole visera que no ten&iacute;a para lo cual
+le bast&oacute; media suela de una zapatilla; lo molde&oacute; y le dio forma, que
+casi hab&iacute;a perdido; adornole con una vistosa placa, que sac&oacute; de la chapa
+circular de un botecillo de bet&uacute;n, y por &uacute;ltimo, con ciertos tirajos de
+papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazap&aacute;n, le puso
+sus tres entorchados. &iexcl;Muy bien! &iexcl;As&iacute; se hacen las cosas! El ros tuvo en
+sus or&iacute;genes plata y oro, insignias de comandante. <i>Pecado</i> le hizo
+ganar de un salto la mayor jerarqu&iacute;a militar con una prontitud que
+envidiar&iacute;a la misma <i>Gaceta</i>..., &iexcl;hala!</p>
+
+<p>Dejemos a <i>Majito</i> con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano,
+en actitud tan belicosa, que si le viera el sult&aacute;n de Marruecos
+convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se
+limpi&oacute; el polvo y las telara&ntilde;as que no quer&iacute;an desprenderse de la felpa
+de su chaqueta, y dando despu&eacute;s tres o cuatro brincos, se puso en la
+calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: &laquo;Soy <i>Plin</i>&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Ser Prim! &iexcl;Ilusi&oacute;n de los hijos del pueblo en los primeros albores de
+la ambici&oacute;n, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el
+alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el reto&ntilde;ar, casi
+insensible, de las pasiones! Esta ilusi&oacute;n, que era entonces com&uacute;n en las
+turbas infantiles, a pesar de la reciente tr&aacute;gica muerte del h&eacute;roe, se
+va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella en&eacute;rgica figura. Pero
+a&uacute;n hoy persiste algo de tan bella ilusi&oacute;n; a&uacute;n se ven zamacucos de
+cinco a&ntilde;os, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que
+quieren ser Prim o ser O'Donnell. &iexcl;L&aacute;stima grande que esto se acabe, y
+que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que
+los g&aacute;rrulos motes de los toreros!</p>
+
+<p>Ya lo hicimos&mdash;dijo Encarnaci&oacute;n mirando al <i>Majito</i>&mdash;. Apand&oacute; los
+chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees&raquo;.</p>
+
+<p><i>El Majito</i> se dej&oacute; ir con grave paso por la calle de Moratines abajo.
+Era el d&iacute;a ventoso, fr&iacute;o y seco, hijo maldito de la maldit&iacute;sima
+primavera de Madrid. La pluma del ros del <i>Majito</i> (porque una pluma de
+pavo ten&iacute;a) se torc&iacute;a con la fuerza del viento. La cola de las gallinas
+que andaban por la calle se doblaba tambi&eacute;n, oblig&aacute;ndolas a dar tumbos
+entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas,
+se pon&iacute;a horizontal; balance&aacute;banse las bac&iacute;as de cobre colgadas en la
+puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se
+romp&iacute;an las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus
+gorras y sombreros, los curas apenas pod&iacute;an andar; todo lo flotante
+tend&iacute;a a tomar la horizontal, y en medio de esta desolaci&oacute;n relativa,
+<i>el Majito</i> avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente
+convencido de la importancia de sus funciones.</p>
+
+<p>En la calle de Ercilla ten&iacute;a ya un s&eacute;quito de seis muchachos; en la del
+Labrador, ya se le hab&iacute;a incorporado una partida de diez y siete, entre
+hembras y varones, siendo las primeras, &iexcl;cosa extra&ntilde;a!, las que m&aacute;s
+bulla met&iacute;an. Los tres chicos del capataz de la fundici&oacute;n de hierro
+salieron batiendo marcha sobre una plancha de lat&oacute;n, y pronto se
+agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del
+tendero, ta&ntilde;endo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en
+descargar golpes a comp&aacute;s sobre una lata de petr&oacute;leo. Eran estos
+enemigos del g&eacute;nero humano peque&ntilde;uelos y sucios. Calzaban botas
+indescifrables, pues no se pod&iacute;a decir a ciencia cierta d&oacute;nde acababa la
+piel y empezaba el cordob&aacute;n. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza
+a los pies. Si la basura fuera una condecoraci&oacute;n, los nombres de
+aquellos caballeritos se coger&iacute;an toda la <i>Gu&iacute;a de forasteros</i>.</p>
+
+<p>Al desembocar el ya crecido ej&eacute;rcito en la plaza de las Pe&ntilde;uelas, centro
+del barrio, agregose una chiquiller&iacute;a formidable. Eran los dos nietos de
+la <i>T&iacute;a Gordita</i>, los cuatro hijos de Ponce el bu&ntilde;olero, las del
+sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la
+unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jam&aacute;s. Hab&iacute;a caras
+l&iacute;vidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres.
+El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de
+cabezas, inscribiendo la predestinaci&oacute;n del crimen. Los cr&aacute;neos
+achatados, los p&oacute;mulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, pon&iacute;an
+una m&aacute;scara de antipat&iacute;a sobre las siempre interesantes facciones de la
+ni&ntilde;ez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba,
+ca&ntilde;as, varas, con esa rapidez puramente espa&ntilde;ola, que no es otra cosa
+que el instinto de armarse; y sin saber c&oacute;mo surgieron picudos gorros de
+papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron
+distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una p&aacute;gina de la
+historia contempor&aacute;nea, puesta en aleluyas en un olvidado rinc&oacute;n de la
+capital. Fueran los ni&ntilde;os hombres y las calles provincias, y la aleluya
+habr&iacute;a sido una p&aacute;gina seria, demasiado seria. Y era digno de verse c&oacute;mo
+se coordinaba poco a poco el menudo ej&eacute;rcito; c&oacute;mo sin prodigar &oacute;rdenes
+se formaban columnas; c&oacute;mo se eliminaba a las hembras, aunque alguna
+hubo tan machorra que defendi&oacute; a pescozones su puesto y jerarqu&iacute;a.</p>
+
+<p>Crec&iacute;a el estr&eacute;pito, engrosaban las haces. &iquest;De d&oacute;nde hab&iacute;a salido toda
+aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la
+Espa&ntilde;a futura, tal que si no la quitaran el sarampi&oacute;n, las viruelas, las
+fiebres y el raquitismo, nos dar&iacute;a una estad&iacute;stica considerable dentro
+de pocos a&ntilde;os. Eran la alegr&iacute;a y el estorbo del barrio, est&iacute;mulo y apuro
+de sus padres, desertores m&aacute;s bien que alumnos de la escuela, un plante
+del que saldr&iacute;an quiz&aacute;s hombres de provecho y sin duda vagos y
+criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran ni&ntilde;os, y
+ten&iacute;an la fisonom&iacute;a com&uacute;n a todos los ni&ntilde;os, la cual, como la de los
+p&aacute;jaros, no determina bien los a&ntilde;os de vida. La variedad de estaturas
+m&aacute;s bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los a&ntilde;os
+transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir
+pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a
+modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de
+vidrio encarnado, y con un f&aacute;cil movimiento de succi&oacute;n le hac&iacute;an entrar
+en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con
+presteza incre&iacute;ble.</p>
+
+<p>El militar paseo ten&iacute;a por m&uacute;sica, adem&aacute;s del estruendo de las latas, el
+re&iacute;r inmenso de la bandada, el p&iacute;o p&iacute;o mezclado de voces prematuramente
+roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca
+de un ni&ntilde;o nos recuerdan al feo abej&oacute;n cuando sale zumbando del c&aacute;liz de
+la azucena. Hab&iacute;a en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las
+patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; hab&iacute;a
+quien, mudando los dientes, escup&iacute;a por el colmillo; hab&iacute;a quien llevaba
+una colilla de cigarro detr&aacute;s de la oreja y una caja de f&oacute;sforos en un
+hueco, que no bolsillo, de la ropa. Hab&iacute;a piernas blancas desnudas
+asom&aacute;ndose a las ventanas de un pantal&oacute;n que a pedazos se ca&iacute;a; hab&iacute;a
+zancas negras, esbeltas cinturas ce&ntilde;idas por sucia cuerda o por tirajo
+informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron
+mangas; blusas que a&uacute;n se acordaban de haber sido chalecos; gorras
+peludas que fueron, &iexcl;ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animaci&oacute;n
+principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de
+alegr&iacute;as divertid&iacute;simo. Con aquel lenguaje mudo dec&iacute;a claramente el
+infantil ej&eacute;rcito: &laquo;&iexcl;Ya somos hombres!&raquo;. &iexcl;Cu&aacute;ntas pupilas negras
+brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de
+iniciativa! &iexcl;En cu&aacute;ntas actitudes se observaban pinitos de fiereza!
+&iexcl;All&iacute; la envidia, aqu&iacute; la generosidad, no lejos el mando, m&aacute;s all&aacute; el
+servilismo, claros embriones de ego&iacute;smo en todas partes! En aquel
+murmullo se concentraban los chillidos para decir: &laquo;Somos granujas; no
+somos a&uacute;n la humanidad, pero s&iacute; un croquis de ella. Espa&ntilde;a, somos tus
+polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Llegaron a la v&iacute;a f&eacute;rrea de circunvalaci&oacute;n que corta el barrio, sin
+valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro
+como con un pariente. Sintieron silbar la m&aacute;quina, y los condenados se
+pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que
+ven&iacute;a. Lo azuzaban, lo escarnec&iacute;an, hasta que apareci&oacute; la locomotora en
+la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El
+tren de mercanc&iacute;as pas&oacute;, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y
+ellos a un lado y otro de la v&iacute;a le saludaban con espantosa rechifla, le
+amenazaban con pu&ntilde;os y palos, le trataban de t&uacute;, remedaban con insolente
+escarnio los bufidos de la m&aacute;quina, el desengonzado movimiento de las
+bielas, y por &uacute;ltimo pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El
+tren les hac&iacute;a tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareci&oacute;
+dejando atr&aacute;s su humo y su ruido.</p>
+
+<p>Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con <i>el Majito</i> a la
+cabeza. &iexcl;Ah! Todav&iacute;a mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posici&oacute;n,
+que tiempo vendr&aacute; en que las grandezas se humillen y las altas torres se
+desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital
+del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y los collados &aacute;ridos que rodean el barranco. All&iacute; no hay
+casas todav&iacute;a, es decir, no hay miseria. &iquest;Qui&eacute;n dir&eacute;is que sali&oacute; a
+recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar pr&oacute;ximo, y que todas
+las ma&ntilde;anas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enf&aacute;tica que
+tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los mir&oacute;; ellos le
+miraron y se detuvieron. Hizo &eacute;l la rueda y les ech&oacute; una arenga, es
+decir, que despu&eacute;s de soltar dos o tres estornudos, que son la
+interjecci&oacute;n natural del pavo, les solt&oacute; esa carcajada que parece
+ladrido. Los chicos se echaron a re&iacute;r en inmenso coro, y el animal
+volvi&oacute; a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo &laquo;amados
+compatricios m&iacute;os...&raquo; con el cuello rojo cual la esencia del bermell&oacute;n,
+el moco tieso, las car&uacute;nculas inyectadas como un orador herp&eacute;tico. M&aacute;s
+gritaban ellos, m&aacute;s gargajeaba &eacute;l. A cada voz respond&iacute;a con sus
+estornudos y su carcajada. Parec&iacute;an aclamaciones a la patria, <i>vivas</i>
+contestados con <i>hurras</i>. Despu&eacute;s dio media vuelta y march&oacute; delante. Era
+esa caricatura militar de anta&ntilde;o que se llamaba tambor mayor. El viento
+le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era
+el puro emblema de la vanidad. No le faltaban m&aacute;s que las cruces, la
+palabra y la edad provecta para ser quien yo me s&eacute;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para
+justificar su existencia. &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a? &iquest;Una simple fiesta militar, o
+dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la
+confusi&oacute;n indicaban que la falange se hac&iacute;a a s&iacute; misma aquella pregunta.
+Bien pronto nadie se entend&iacute;a all&iacute;. La discordia descompuso las filas, y
+todo eran empujones, codazos, gritos. No hab&iacute;a uno que no quisiera ser
+Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qu&eacute;, &iquest;<i>el Majito</i>
+no hab&iacute;an mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que
+parec&iacute;a un v&oacute;mito de sonidos, exclamaba: &laquo;&iexcl;Abaa... jojojo <i>el Majito</i>!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Mi&aacute; este&mdash;dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en
+jefe con el codo, as&iacute; como los pollos embisten con el ala&mdash;. Dice que me
+ponga detr&aacute;s... Si no te callas, pu&ntilde;ales, te pego la bofet&aacute; del siglo.</p>
+
+<p>&mdash;Pega, hombre, pega&mdash;chill&oacute; Rafael prepar&aacute;ndose a recibirle, animoso,
+imponente, con el pu&ntilde;o cerrado, y presentando tambi&eacute;n el codo y
+antebrazo como un escudo&mdash;. Vamos, hombre...</p>
+
+<p>&mdash;No vus perd&aacute;is, muchachos; no vus perd&aacute;is&mdash;dijo en tono conciliador el
+del herrero, interponi&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Ponte atr&aacute;s, &iexcl;coles!&mdash;grit&oacute; <i>el Majito</i>&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; coles! Si no te pones
+atr&aacute;s, ver&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Que no me da la gana, hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Ach&uacute;chale, ach&uacute;chale&mdash;dijeron algunos que quer&iacute;an ver re&ntilde;ir al <i>Majito</i>
+con el hijo del carbonero.</p>
+
+<p>&mdash;No vus perd&aacute;is, muchachos&mdash;volvi&oacute; a decir el otro, sin soltar de la boca
+sucia el caramelo largo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que le achuche, que le achuche!&raquo;&mdash;graznaron varios, arremolin&aacute;ndose.</p>
+
+<p><i>El Majito</i> y <i>Colilla</i>, que as&iacute; se llamaba el del carbonero, se
+sacudieron el primer golpe en los hombros.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Le&ntilde;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Atiza!&raquo;.</p>
+
+<p>A los primeros golpes cay&oacute; a tierra el ros. M&aacute;s pronto que la vista lo
+cogi&oacute; Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y ech&oacute; a correr hacia
+abajo, en direcci&oacute;n a las Yeser&iacute;as. All&iacute; le detuvieron dos muchachos que
+sub&iacute;an del r&iacute;o; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la
+puso. Mirose en un charco verdoso, y estall&oacute; en risa. En tanto la
+refriega hab&iacute;a cesado, y <i>el Majito</i>, con la cara soplada, los ojos
+encendidos, el coraz&oacute;n hirviendo de rabia, se hab&iacute;a subido a una colina
+de las inmediatas al barranco, y desde all&iacute; gritaba que iba a matar a
+uno y a reventar a seis si no le devolv&iacute;an su sombrero.</p>
+
+<p>Los que sub&iacute;an del r&iacute;o eran como de doce a&ntilde;os, descalzos, negros,
+vestidos de harapos. El uno tra&iacute;a una espuerta de arena. Los dos
+mostraban grandes manojos de una hierba que se cr&iacute;a en aquellas
+praderas. Es una lili&aacute;cea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto
+silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se
+chupa, &iexcl;y es dulce!</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Matacandiles!&raquo;&mdash;chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a
+recibir a los dos individuos, conocidos en la rep&uacute;blica de las picard&iacute;as
+con los nombres de <i>Zarapicos</i> y <i>Gonzalete</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A c&oacute;mo?&mdash;pregunt&oacute; una voz.</p>
+
+<p>&mdash;A cinco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; coles!..., a cuatro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A cinco! El que no d&eacute; cinco no chupa.</p>
+
+<p>&mdash;Maldita sea tu madre..., &iexcl;a cuatro!</p>
+
+<p>Y empez&oacute; un regatear febril, una disputa de contrataci&oacute;n que retrasaba
+las ventas. Pero &iquest;qu&eacute; se vend&iacute;a y qu&eacute; se compraba all&iacute;? Los matacandiles
+que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio
+infantil, &iquest;se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario
+lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera met&aacute;lico el
+segundo t&eacute;rmino del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por
+alfileres.</p>
+
+<p><i>Zarapicos</i> y <i>Gonzalete</i> eran comerciantes. No daban un paso por
+aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que
+sacaran de &eacute;l alguna ganancia. &iexcl;Bien por los hombres guapos! Viv&iacute;an de
+sus obras y de sus manos; su casa era la capital de Espa&ntilde;a, ancha y
+ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rinc&oacute;n de casa
+de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por
+medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos,
+los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos.
+Hab&iacute;an llegado cada uno a Madrid por distinta v&iacute;a y puerta; <i>Zarapicos</i>,
+por el Norte; <i>Gonzalete</i>, por el Sur. Ten&iacute;an padres; pero ya no se
+acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Despu&eacute;s hab&iacute;an visto
+que Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna
+hab&iacute;an unido otras industrias.</p>
+
+<p><i>Zarapicos</i> fue durante alg&uacute;n tiempo lazarillo de un ciego; <i>Gonzalete</i>
+sirvi&oacute; a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le
+presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria
+y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por
+su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cari&ntilde;osa amistad. Ambos
+aspiraban a vender <i>La Correspondencia</i> o <i>El Imparcial</i>, pero &iexcl;ay!
+ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no est&aacute;n al alcance de
+todos los individuos. Eran demasiado granujas todav&iacute;a, demasiado
+novatos, demasiado pobres, y no ten&iacute;an capital para garantizar las
+primeras manos. Uno de ellos logr&oacute; vender <i>El Cencerro</i> los lunes; otro
+merodeaba contrase&ntilde;as en las puertas de los teatros. Eran dos
+millonarios en capullo. <i>Zarapicos</i> dec&iacute;a a <i>Gonzalete</i>: &laquo;Ver&aacute;s, ver&aacute;s
+c&oacute;mo sem&uacute;s cualquier cosa&raquo;.</p>
+
+<p>Antes de llegar a las altas posiciones comerciales ten&iacute;an que pasar por
+humillante aprendizaje y penoso noviciado. &iexcl;Recoger colillas! Ved aqu&iacute;
+un empleo bastante ping&uuml;e. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y
+exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los caf&eacute;s,
+consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran ni&ntilde;os, necesitaban
+juego como el pez necesita agua, y as&iacute; por las tardes se iban al r&iacute;o a
+recoger matacandiles. All&iacute; se presentaba inopinadamente alg&uacute;n bonito
+recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en
+los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurr&iacute;a con
+frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del
+Sur, y &iexcl;cu&aacute;ntas veces, junto a las f&aacute;bricas, pod&iacute;an recogerse pedazos de
+lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vend&iacute;an en el
+Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto <i>Zarapicos</i> como
+<i>Gonzalete</i> pudieran tocarse el titulado pantal&oacute;n para sentir sonar algo
+como retint&iacute;n de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no
+gastaban un ochavo en comer. Dos veces al d&iacute;a la guarnici&oacute;n de Palacio
+da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven
+los platos de lat&oacute;n. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman
+<i>piri</i>, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de
+guardia, y se la disputan a coscorrones.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el
+r&iacute;o. Si ten&iacute;an ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la
+ropa; si no, tiraban hacia las Yeser&iacute;as. Aquel d&iacute;a cogieron tantos
+matacandiles, que apenas pod&iacute;an llevarlos. Por la mucha abundancia,
+<i>Zarapicos</i> fij&oacute; en cinco alfileres el precio de la docena de
+matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once,
+manteni&eacute;ndose firme este precio durante toda una semana.</p>
+
+<p>Lo mismo <i>Zarapicos</i> que <i>Gonzalete</i> ten&iacute;an las solapas de sus deformes
+chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que s&oacute;lo asomaban la
+cabeza. El borde de la tosca tela parec&iacute;a claveteado como un mueble...
+Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros
+chupaban y pagaban. Muchos ten&iacute;an repuesto de alfileres; otros corr&iacute;an a
+sus casas, encontraban a sus madres pein&aacute;ndose al sol, en las puertas de
+las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban.</p>
+
+<p>En tanto <i>el Majito</i>, desde la cumbre de una eminencia formada por
+escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que
+iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolv&iacute;an su
+sombrero. &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza! <i>Zarapicos</i> lo ten&iacute;a puesto, y estaba tan
+contento de su adquisici&oacute;n, que amenaz&oacute; al <i>Majito</i> con subir y sacarle
+las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo met&iacute;a
+apenas se sent&iacute;an las chillonas voces provocativas. <i>El Majito</i>, cansado
+de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanz&oacute; una piedra en medio
+de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su el&aacute;stico
+brazo, parec&iacute;a un gallito de veleta, obedeciendo m&aacute;s al viento que al
+coraje. <i>Gonzalete</i>, al recibir la piedra en un hombro, grit&oacute;:
+&laquo;&iexcl;Repu&ntilde;ales! &iexcl;Maldita sea tu sangre!&raquo;.</p>
+
+<p>Entonces <i>Zarapicos</i> tir&oacute; al <i>Majito</i>; la piedra silb&oacute; en el aire y no
+hiri&oacute; al muchacho, que al punto dispar&oacute; la segunda suya.
+Instant&aacute;neamente, sin que se dieran &oacute;rdenes ni se concertara cosa
+alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del <i>Majito</i>,
+sin darse la raz&oacute;n de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban,
+soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil
+que ven&iacute;a. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con
+el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hac&iacute;an con una celeridad
+inconcebible.</p>
+
+<p>Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden
+P&uacute;blico, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y
+l&uacute;gubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este h&aacute;bil movimiento,
+nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. <i>El Majito</i> y
+los suyos ocupaban la altura, <i>Zarapicos</i> y su mesnada el llano. Piedra
+va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de
+carrillos y los chichones como pu&ntilde;os. Mientras mayor era el estrago,
+mayor el denuedo: &laquo;&iexcl;Le&ntilde;a!, &iexcl;atiza!, &iexcl;dale!&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; ardientes gritos de
+guerra! Ni las moscas se atrev&iacute;an a pasar por el espacio en que se
+cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanz&oacute; a una mujer y la
+detuvo en su camino, oblig&aacute;ndola a retirarse con la mano en un ojo.
+Muchos chiquillos se retiraron tambi&eacute;n berraqueando, porque el dolor les
+enfriaba los &aacute;nimos, dando al traste en un punto con todo su coraje.</p>
+
+<p>El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera
+zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en
+despe&ntilde;adero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza.
+Despu&eacute;s no es otra cosa que una sucesi&oacute;n de muladares, forma intermedia
+entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que
+juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado
+de la pendiente. All&iacute; se ven paredes hechas con la muestra de una tienda
+o el encerado negro de una clase de Matem&aacute;ticas; techos de latas
+claveteadas; puertas que fueron portezuelas de &oacute;mnibus, y vidrieras sin
+vidrios de antiqu&iacute;simos balcones. Todo es all&iacute; vejez, polilla; todo est&aacute;
+a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de
+ruinas. Al fin de aquella barriada est&aacute; lo que queda de la antigua
+Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por
+lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este
+precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen
+montones de escombros y vertederos de derribos.</p>
+
+<p>La l&iacute;nea de circunvalaci&oacute;n atraviesa esta soledad. Parte del suelo es
+lugar estrat&eacute;gico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros,
+por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres.
+Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde &eacute;l se ven
+las altas chimeneas y los ventrudos gas&oacute;metros de la f&aacute;brica cercana;
+pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o
+tres huertecillas de coles, el cual sirve de uni&oacute;n entre la plaza de las
+Pe&ntilde;uelas y la Arganzuela. En este recodo el transe&uacute;nte cree encontrarse
+lejos de toda vivienda humana. S&oacute;lo hay all&iacute; una choza guardada por un
+perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los
+plant&iacute;os de coles.</p>
+
+<p>Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes
+muchachos se corrieron desde las Pe&ntilde;uelas a la Arganzuela, lugar que ni
+hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Zas, zas!, iban y ven&iacute;an los pedruscos del campo del <i>Majito</i> al campo
+de <i>Zarapicos</i> y viceversa. Ocupaba el primero, como h&aacute;bil capit&aacute;n, las
+alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban
+por el llano, al borde de los charcos verdosos. Hab&iacute;alos seguido el
+pavo, y coloc&aacute;ndose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la
+perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a
+deg&uuml;ello. M&aacute;s enfurecidos ellos cuanto mayor era el n&uacute;mero de los que se
+retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus
+brazos, al parecer descoyuntados, el&aacute;sticos, flexibles como una banda de
+cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni <i>Zarapicos</i> se acordaba
+ya de los matacandiles, ni <i>Gonzalete</i> de los alfileres. Morir matando
+era su ilusi&oacute;n. Estaban ebrios, y los m&aacute;s intr&eacute;pidos se re&iacute;an de los
+pucheros de los desanimados...</p>
+
+<p>De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ej&eacute;rcito un
+movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron
+&laquo;<i>&iexcl;Pecado!</i>&raquo;, y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por &eacute;l ven&iacute;a,
+descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido
+como los dem&aacute;s, el cual a cada paso lanzaba una interjecci&oacute;n y amenazaba
+con el pu&ntilde;o. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida,
+capit&aacute;n de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la
+granujer&iacute;a, angel&oacute;n respetado y temido por su fuerza casi varonil, por
+su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. As&iacute; no hubo
+en el cotarro uno solo que no temblara al o&iacute;rle gritar: &laquo;&iexcl;Estarvus
+quietos!.., &iexcl;vus voy a reventar!...&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Detuvi&eacute;ronse las manos ardientes que empu&ntilde;aban la piedra, y todos le
+miraron. Fund&aacute;base la superioridad de <i>Pecado</i> en la fuerza, de donde
+ven&iacute;a la justicia, es decir, que sol&iacute;a dirimir contiendas de chicos,
+unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones,
+aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con m&aacute;s
+frecuencia usaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; vos zurr&aacute;is?&raquo;&mdash;pregunt&oacute; ce&ntilde;udo, tremendo.</p>
+
+<p><i>El Majito</i> hab&iacute;a salido a su encuentro. <i>Pecado</i> era para &eacute;l m&aacute;s que un
+amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor
+hom&eacute;rico de que dio pruebas en la altura, se troc&oacute; en llanto de
+desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en l&aacute;grimas,
+y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Picos..., mi sombrero... Yo soy <i>Plim</i>.&raquo;.</p>
+
+<p>En vez de llorar, el desvergonzado <i>Zarapicos</i> se ech&oacute; a re&iacute;r como un
+s&aacute;tiro. Con inflamados ojos mir&oacute; <i>Pecado</i> su querido ros en la cabeza de
+aquel monstruo de la rapacidad, y poni&eacute;ndose los brazos en jarra, habl&oacute;
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a
+pat&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ladr&oacute;n!&raquo;&mdash;chill&oacute; <i>el Majito</i>, sinti&eacute;ndose otra vez m&aacute;s valiente por la
+presencia de Mariano.</p>
+
+<p>Al o&iacute;rse llamar con nombre tan infamante, <i>Zarapicos</i>, que era un rapaz
+honrado, aunque pobre, no pudo contener el &iacute;mpetu de su ira, y echando
+la mano al cuello del insolente <i>Majito</i>, le derrib&oacute; en tierra,
+diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Figuerero!..., &iexcl;coles!, &iexcl;te deslomo!&raquo;.</p>
+
+<p>Pero <i>el Majito</i> supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en
+pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoqu&iacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Su&eacute;ltalo&raquo;&mdash;le dijo prontamente <i>Pecado</i> con voz y gesto de prudencia.</p>
+
+<p><i>El Majito</i> solt&oacute; la piedra refunfu&ntilde;ando feroces amenazas de asesinato.
+Volvi&eacute;ndose a los desvergonzados comerciantes, <i>Pecado</i> les dijo con
+imperioso adem&aacute;n, en que hab&iacute;a tanta energ&iacute;a como orgullo:</p>
+
+<p>&laquo;Dirvos.</p>
+
+<p>&mdash;No nos da la gana.</p>
+
+<p>&mdash;Dirvos, digo.... y venga mi sombrero.</p>
+
+<p>&mdash;Miale, miale... &iquest;Te quieres callar? El sombrero es m&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r <i>Pecado</i> una afirmaci&oacute;n tan contraria a los sagrados derechos de
+propiedad, no se pudo contener m&aacute;s. Huy&oacute; de su coraz&oacute;n la generosidad,
+de su esp&iacute;ritu la prudencia, y arremeti&oacute; a <i>Zarapicos</i> con tal empuje que
+este dio algunos pasos atr&aacute;s, y habr&iacute;a ca&iacute;do en tierra si no fuera
+tambi&eacute;n un muchachote robusto. Lucharon, &iexcl;ay!, con varonil fiereza. Las
+bofetadas se suced&iacute;an a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De
+cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos,
+cayeron rodando. <i>Zarapicos</i> debajo, <i>Pecado</i> encima. <i>Pecado</i> venc&iacute;a, y
+machac&oacute; sobre su v&iacute;ctima con ferocidad. El ni&ntilde;o rabioso supera en
+barbarie al hombre. &iquest;Hab&eacute;is visto re&ntilde;ir a dos p&aacute;jaros? El tigre es un
+animal blando al lado de ellos.</p>
+
+<p>Bien molido estaba <i>Zarapicos</i>, cuando acerc&oacute; a coger entre sus dientes
+un dedo de <i>Pecado</i>. &iexcl;Oh! &iexcl;Con qu&eacute; inefable delicia apret&oacute; las quijadas!
+Mariano dio agud&iacute;simo grito, y salt&oacute; como gallo herido. El otro se
+levant&oacute;. Su rostro era un conjunto de dolor, de verg&uuml;enza, totalmente
+embadurnado de fango y l&aacute;grimas. Al mismo tiempo re&iacute;a y lloraba.
+<i>Pecado</i> se ceg&oacute;; no ve&iacute;a nada; llev&oacute; la mano a la cuerda que sujetaba
+sus calzones a la cintura. La &uacute;ltima injuria que cambiaron fue referente
+a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir,
+arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes
+les ha mecido.</p>
+
+<p>&laquo;Tu madre es una <i>ac&aacute;</i> y una <i>all&aacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Tu madre es esto o lo otro&raquo;.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> no dijo ni oy&oacute; m&aacute;s; sac&oacute; de la cintura una navajilla,
+cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces hab&iacute;a
+sido juguete, y con &eacute;l atac&oacute; a <i>Zarapicos</i>. Del golpe, el infeliz
+chiquillo cay&oacute; seco.</p>
+
+<p>&iexcl;Hombres ya!</p>
+
+<p>Silencio terror&iacute;fico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo.
+Al principio no comprend&iacute;an la realidad abominable del hecho. Cuando la
+comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo
+horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro,
+dolorido, que indica en ellos la intuici&oacute;n de las grandes desdichas.</p>
+
+<p>Aquello no era una travesura; era algo m&aacute;s. Aquello de que estaba
+manchado <i>Zarapicos</i> no era el almagre de que se pintaban alguna vez
+para jugar; era sangre, &iexcl;sangre! <i>Zarapicos</i> no jugaba al muerto; no
+hac&iacute;a gestos para hacer re&iacute;r a sus compa&ntilde;eros; no dec&iacute;a con voz doliente
+&iexcl;madre! para representar una comedia; era que se mor&iacute;a realmente...
+Temblando, p&aacute;lido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea
+de su acci&oacute;n, <i>Pecado</i> arroj&oacute; el arma que hab&iacute;a sido juguete. El
+instinto le mandaba huir, y huy&oacute;.</p>
+
+<p>Alborotose en un instante el barrio de las Pe&ntilde;uelas. Salieron todas las
+mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los
+hombres corr&iacute;an tambi&eacute;n. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la
+calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un se&ntilde;or concejal y
+un comisario de Beneficencia, que a la saz&oacute;n paseaban por el barrio
+eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar
+del atentado. &iexcl;Horror y esc&aacute;ndalo!</p>
+
+<p>Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres
+gru&ntilde;&iacute;an; <i>la Sanguijuelera</i> misma sali&oacute; de su tienda a buen paso, medio
+muerta de terror y verg&uuml;enza, y por todas partes no se o&iacute;a sino:
+&laquo;<i>Pecado</i>, <i>Pecado</i>&raquo;.</p>
+
+<p>La Arganzuela se llen&oacute; de gente. Unos corr&iacute;an en busca del juez; otros
+dec&iacute;an que el juez no le encontrar&iacute;a vivo; los m&aacute;s hablaban de llevarle
+a la Casa de Socorro, y todos dec&iacute;an: &laquo;&iexcl;<i>Pecado</i>!&raquo;.</p>
+
+<p>Vino corriendo el boticario con &aacute;rnica y vendajes, diciendo tambi&eacute;n:
+&laquo;&iexcl;<i>Pecado</i>!&raquo;. El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que
+por ser hombre muy grueso no pod&iacute;a seguirle aprisa), hac&iacute;a, siguiendo a
+la multitud, las consideraciones m&aacute;s sustanciosas sobre un hecho que, si
+bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad
+de Madrid.</p>
+
+<p>&laquo;Van siete casos de esta naturaleza en diez a&ntilde;os&mdash;dec&iacute;a el comisario de
+Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la
+celeridad del paso.</p>
+
+<p>&mdash;Terrible es el matador hombre; pero el matador ni&ntilde;o, &iquest;qu&eacute; nombre
+merece?... Dicen que este tiene trece a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pa&iacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; pa&iacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;En M&aacute;laga son frecuentes estos casos.</p>
+
+<p>&mdash;Y en Madrid lo van siendo tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y nos ocupamos de escuelas! &iexcl;Presidios es lo que hace falta!</p>
+
+<p>&mdash;Escuelas penitenciarias, o c&aacute;rceles escolares... Es mi tema&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando llegaron al sitio de la cat&aacute;strofe, los dos se&ntilde;ores, dign&iacute;simos
+representantes de lo m&aacute;s meritorio y venerable que hay en los pueblos
+modernos, se echaron rec&iacute;procamente el uno sobre el otro estas
+dram&aacute;ticas exclamaciones:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Esto es espantoso!</p>
+
+<p>&mdash;Esto parte el coraz&oacute;n</p>
+
+<p>&mdash;Escuelas, Sr. de Lamagorza.</p>
+
+<p>&mdash;Presidios, Sr. D. Jacinto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo digo que jardines Froebel.</p>
+
+<p>&mdash;Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil
+Remington.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute;, &iquest;se lo llevan ya?</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute; muerto; pero parece grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Golpe m&aacute;s bien dado!&mdash;murmur&oacute; un chulo&mdash;. Ese chico es de <i>buten</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, que la madre que pari&oacute; tal pat&iacute;bulo!&mdash;apunt&oacute; una de estas que
+llaman del partido.</p>
+
+<p>&mdash;El asesino, el asesino, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?&mdash;grit&oacute; el concejal d&aacute;ndose gran
+importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos&mdash;. Guardias,
+busquen ustedes al criminal... &iexcl;Qu&eacute; Pa&iacute;s!... Pero guardias..., los del
+Orden P&uacute;blico, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>Pero ya la Guardia Civil hab&iacute;a comenzado sus pesquisas. Los chicos, que
+en estas cosas suelen ser m&aacute;s diligentes que los hombres, indicaban la
+direcci&oacute;n que sigui&oacute; <i>Pecado</i> en su fuga. Las opiniones eran diversas.
+Unos dec&iacute;an que se hab&iacute;a refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros
+que hab&iacute;a tomado por la v&iacute;a f&eacute;rrea adelante. Un naranjero, que con su
+comercio port&aacute;til de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se hab&iacute;a
+acercado al lugar de la pelea, asegur&oacute; haber visto al matador saltar la
+tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas
+que rodean el arroyo. Fundada era la declaraci&oacute;n del naranjero.
+Acerc&aacute;ronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empin&aacute;ndose sobre la
+punta de los pies, otros subi&eacute;ndose a una piedra, miraron por encima de
+las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse
+en un &aacute;ngulo. <i>Pecado</i> mir&oacute; con receloso espanto la hilera de cabezas que
+en el borde de la tapia se le aparec&iacute;a, y ante aquella visi&oacute;n de
+pesadilla se sinti&oacute; dome&ntilde;ado, aunque no cobarde. Terrible coro de
+amenazas e injurias brot&oacute; de aquella fila de bocas, y m&aacute;s de cincuenta
+brazos se extend&iacute;an r&iacute;gidos por encima de la tapia. Pero el alma de
+<i>Pecado</i> se compon&iacute;a de orgullo y rebeld&iacute;a. Su maldad era todav&iacute;a una
+forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en
+querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia
+crec&iacute;a, tr&aacute;jole a tal extremo. De esta manera, un mu&ntilde;eco abandonado a
+sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo
+con infernal delicia. A <i>Pecado</i> se le conquistaba f&aacute;cilmente con
+h&aacute;biles ternuras. Era tan bruto, que <i>el Majito</i> mismo, con un poco de
+mimo y otro poco de esa adulaci&oacute;n que algunos chicos manejan como nadie,
+le ten&iacute;a por suyo. Pero de ning&uacute;n modo se le conquistaba con la fuerza.</p>
+
+<p>As&iacute;, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio
+amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la
+provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia
+civil; cuando not&oacute; la sa&ntilde;a con que le persegu&iacute;a la muchedumbre, en quien
+de una manera confusa entreve&iacute;a la imagen de la sociedad ofendida,
+sinti&oacute; que nac&iacute;an serpientes mil en su pecho, se consider&oacute; menos ni&ntilde;o,
+m&aacute;s hombre, y aun lleg&oacute; a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan
+tremendas como desconocidas para &eacute;l hasta entonces, la venganza, la
+protesta, la rebeli&oacute;n, la terquedad de no reconocerse culpable,
+penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y l&aacute;grimas
+de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la gan&oacute; por entero el
+instinto de defensa. Entrevi&oacute;, como un&mdash;ideal glorioso, el burlar a toda
+aquella gente, escap&aacute;ndose y aumentando el da&ntilde;o antes causado con otros
+da&ntilde;os mayores.</p>
+
+<p>Esta era la situaci&oacute;n moral de <i>Pecado</i> cuando el comisario de
+Beneficencia, llevado de un celo que nunca ser&aacute; encomiado bastante, se
+empin&oacute; como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por
+encima de la tapia, dirigi&oacute; al criminal su autorizada y en cierto modo
+paternal palabra, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Mequetrefe, sal pronto de ah&iacute;, o ver&aacute;s qui&eacute;n soy&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Cu&aacute;nto habr&iacute;a dado el criminal por que cada mirada suya fuera una
+saeta! Quer&iacute;a despedir muertes por los ojos. Cogi&oacute; un ladrillo, y
+apuntando a la por tantos t&iacute;tulos respetabil&iacute;sima cabeza del ap&oacute;stol de
+la Beneficencia oficial, lo dispar&oacute; con tan funesta punter&iacute;a, que el
+buen se&ntilde;or gordo grit&oacute;: &laquo;&iexcl;Car&aacute;stolis!&raquo;, y estuvo a punto de caer
+desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cay&oacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;V&iacute;ctima ilustre ciertamente!</p>
+
+<p>&iquest;Nos atrevemos a decir que la agresi&oacute;n inicua y casi sacr&iacute;lega de que
+hab&iacute;a sido objeto el se&ntilde;or comisario, provoc&oacute; algunas sonrisas y aun
+risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que
+hab&iacute;a tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Dig&aacute;moslo, s&iacute;, para
+eterno bald&oacute;n de la clase chulesca.</p>
+
+<p><i>Zarapicos</i> fue llevado en grav&iacute;simo estado a la Casa de Socorro, y la
+nueva v&iacute;ctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y
+ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano ben&eacute;fica que s&oacute;lo para
+alivio de los menesterosos exist&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... &iexcl;Vaya un monstruo!...
+&iexcl;Car&aacute;stolis! &iexcl;Ay!, &iexcl;ay! Sr. Lamagorza, este truh&aacute;n me ha matado... &iexcl;Qu&eacute;
+pa&iacute;s!, &iexcl;qu&eacute; pa&iacute;s!&raquo;.</p>
+
+<p>Alguien apoyaba por all&iacute; cerca estas sentidas razones con otras
+igualmente en&eacute;rgicas, que revelaban una indignaci&oacute;n fulminante. Era el
+pavo, que avanz&oacute; haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el se&ntilde;or
+comisario herido. En tanto <i>Pecado</i>, r&aacute;pido como el pensamiento, se
+subi&oacute; al cobertizo y se dej&oacute; caer en el arroyo por una vertical de m&aacute;s
+de cinco metros, desliz&aacute;ndose por la escabrosa superficie de tierra.
+Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el p&uacute;blico para
+cogerle; pero &eacute;l se escurri&oacute; por el borde del arroyo, meti&oacute; los pies en
+el agua cuando le falt&oacute; el terreno, y busc&oacute; un refugio en el agujero
+negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada
+limpia desembocaba.</p>
+
+<p>&laquo;Que le cojan ahora&mdash;dijo una mujer del pueblo, que despu&eacute;s de la
+descalabradura del se&ntilde;or comisario, simpatizaba, &iexcl;oh vilipendio!, con el
+criminal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que venga la guardia de la alcantarilla!&raquo;&mdash;exclam&oacute; el concejal
+inflamado de coraje.</p>
+
+<p>Los guardias civiles y los de Orden P&uacute;blico trataron de remontar el
+arroyo; pero ven&iacute;a muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun
+las botas mismas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n pesca ahora a ese condenado?</p>
+
+<p>&mdash;Hay una reja que no le dejar&aacute; internarse. Ha de estar a cuatro o cinco
+varas de la boca&raquo;.</p>
+
+<p>Miraban todos y no le ve&iacute;an. Un guardia civil arriesg&oacute; las botas,
+acerc&aacute;ndose a la boca. Llevaba fusil.</p>
+
+<p>&laquo;All&iacute; est&aacute;&mdash;grit&oacute;&mdash;. Le veo los ojos&raquo;.</p>
+
+<p>El guardia distingu&iacute;a dos luceros en la obscuridad. Desde all&iacute; <i>Pecado</i>
+atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Granuja!&mdash;grit&oacute; el civil&mdash;, sal de ah&iacute; o te hago fuego.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fuego, fuego!&raquo;&mdash;clam&oacute; a lo lejos la voz del comisario, a quien piadosas
+chulapas pon&iacute;an una venda.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> hab&iacute;a entrado con &aacute;nimo de no parar hasta verse en lugar
+seguro, aunque tuviera que ir a las entra&ntilde;as de la tierra. Pero la
+obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su coraz&oacute;n, a&uacute;n no
+suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose
+entre dos especies de muerte, y vacil&oacute;... Le consolaba que los guardias
+no pod&iacute;an entrar a cogerle. &iquest;Y si le hac&iacute;an fuego?... Entonces se achic&oacute;
+tanto, que volvi&oacute; a ser ni&ntilde;o y a tener miedo. Dirigi&oacute; la mente a ciertas
+ideas confusas de su tierna ni&ntilde;ez; pero aquellas ideas estaban tan
+borradas, tan lejanas, que poco o ning&uacute;n alivio encontr&oacute; en ellas. De
+Dios no quedaba en &eacute;l m&aacute;s que un nombre. Era como un r&oacute;tulo escrito
+sobre un arca vac&iacute;a, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los
+ricos tesoros. Nada sab&iacute;a; su t&iacute;a le hablaba poco de Dios, y el maestro
+de escuela le hab&iacute;a dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca
+pudo comprender bien. Las nociones de su t&iacute;a y las palabras del maestro
+se le hab&iacute;an olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y
+aquella vida errante de juegos, rater&iacute;as y miseria.</p>
+
+<p>Sin saber c&oacute;mo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo
+chillaba dentro de &eacute;l que se lo dec&iacute;a. Era criminal, y sus perseguidores
+ten&iacute;an raz&oacute;n en perseguirle, y aun en matarle at&aacute;ndole en un palo y
+estrangul&aacute;ndole. Esto le hizo estremecer de espanto, &iexcl;a &eacute;l que hab&iacute;a
+visto una y otra ejecuci&oacute;n en el Campo de Guardias sin conmoverse!...
+Pero aunque se reconoci&oacute; bien perseguido, su orgullo estaba all&iacute; para
+aconsejarle no entregarse... &iexcl;Fuera miedo!... Desgraciadamente para &eacute;l,
+estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas
+f&iacute;sicas. Estaba cansado; en todo el d&iacute;a no hab&iacute;a comido m&aacute;s que el
+currusco de pan que le dio su t&iacute;a al ir al trabajo. &iexcl;Y hab&iacute;a dado tantas
+vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... &iexcl;Y corri&oacute;
+tanto despu&eacute;s para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!...
+&iexcl;Ten&iacute;a un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y
+muy se&ntilde;or m&iacute;o. A estas insufribles molestias se uni&oacute; el fr&iacute;o. Sus pies
+desaparec&iacute;an en el agua, y desde lo interior del ca&ntilde;&oacute;n de ladrillo ven&iacute;a
+un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a?</p>
+
+<p>Determinose entonces en &eacute;l ese fen&oacute;meno de observaci&oacute;n retrospectiva que
+suele acompa&ntilde;ar a las situaciones de gran perplejidad. El esp&iacute;ritu
+turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que
+han precedido inmediatamente a la situaci&oacute;n terrible. Espantose de no
+haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la ma&ntilde;ana con
+el apuro y desasosiego de la tarde. &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima haber vivido aquel
+d&iacute;a!... &iexcl;Qu&eacute; lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No
+hab&iacute;a ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto,
+porque &eacute;l daba a la rueda y su t&iacute;a cobraba. Pero al fin, con gusto o sin
+&eacute;l, all&aacute; fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertir&iacute;a en el
+Canal o en la Arganzuela. Hab&iacute;a estado toda la ma&ntilde;ana esperando con
+mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las
+vueltas de la odiosa rueda. Cre&iacute;ase motor del misterioso reloj del
+tiempo. Dale que le dale, hab&iacute;a llegado al fin la hora, y la manivela,
+que para &eacute;l era parte de sus propias manos, se hab&iacute;a quedado sola en el
+taller, quieta y muda.</p>
+
+<p>Sin decir adi&oacute;s al maestro, porque el maestro no le saludaba a &eacute;l a
+ninguna hora, <i>Pecado</i> hab&iacute;a salido y bajado a saltos por la Ribera de
+Curtidores.</p>
+
+<p>A&uacute;n le parec&iacute;a ver los puestos rastreros y las manos recogiendo
+cachivaches. Era d&iacute;a de toros. Aquellos barrios estaban muy animados.
+Todo lo recordaba perfectamente; todo lo ve&iacute;a, como si lo tuviera
+delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se
+acordaba de que, al llegar a la Ronda, le hab&iacute;a detenido el paso un
+perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca.
+El muchacho, impaciente y atrevido, atraves&oacute; por debajo de la panza de
+una de las mulas, que por m&aacute;s se&ntilde;as era torda. Despu&eacute;s vio un entierro;
+luego encontr&oacute; a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y
+&eacute;l..., &eacute;l las hab&iacute;a administrado un par de nalgadas a cada una, porque
+eran muy bonitas... Represent&aacute;base luego la llegada a su casa; recordaba
+que su t&iacute;a, antes de darle de comer, le hab&iacute;a anunciado el hurto del
+ros, y que &eacute;l, sin poderse contener al o&iacute;r tan atroz noticia, abandon&oacute;
+la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanz&oacute; por el barranco
+abajo en busca de la cuadrilla. Lo dem&aacute;s, por ser m&aacute;s reciente y
+desagradable, se le representaba con matices a&uacute;n m&aacute;s vivos. El
+ensangrentado cuerpo de <i>Zarapicos</i> no se quitaba ya de delante de sus
+ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas
+del ego&iacute;smo para producir una reacci&oacute;n; pero si estos ganaban alg&uacute;n
+terreno, al punto lo perd&iacute;an. Los sofismas hac&iacute;an grandes esfuerzos por
+destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas m&aacute;s hojas le
+arrancaban, m&aacute;s lozanas las echaba ella.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Date, date, canallita!&mdash;grit&oacute; el guardia&mdash;, o te dejo seco&raquo;.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> mir&oacute; al guardia. No, no se entregar&iacute;a. Antes morir que
+entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbr&oacute;
+el presidio, como en sus sue&ntilde;os infantiles hab&iacute;a vislumbrado otras veces
+el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a hacer
+m&aacute;s que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a
+quien Mariano admiraba mucho por su gallard&iacute;a y su simp&aacute;tico rostro. Se
+llamaba Mateo Gonz&aacute;lez, y serv&iacute;a en el puesto de la calle del Labrador.
+<i>Pecado</i> le imitaba en el modo de andar. En sus sue&ntilde;os de ambici&oacute;n, no
+se le ocurr&iacute;a jam&aacute;s ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante
+famoso, sino ser Mateo Gonz&aacute;lez.</p>
+
+<p>Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. <i>Pecado</i> le vio desaparecer,
+y por un momento tembl&oacute; de alegr&iacute;a. Pero no le dio tiempo el guardia a
+regocijarse, porque otra vez apareci&oacute; por el arroyo adelante. En vez de
+fusil, tra&iacute;a dos naranjas en la mano derecha.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh, Marian&iacute;n!&mdash;grit&oacute; inclin&aacute;ndose para verle mejor y mostrarle lo que
+llevaba&mdash;. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... &iquest;Ves? Si sales, te
+doy estas dos naranjas&raquo;.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> dio un salto hacia fuera y se arroj&oacute; en brazos del guardia.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah tunante...!&raquo;&mdash;dijo este con alegr&iacute;a, ech&aacute;ndole la zarpa al cuello y
+dej&aacute;ndose arrebatar las naranjas.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;IV&mdash;</b></p>
+
+<p>Consagremos un recuerdo de consideraci&oacute;n y l&aacute;stima, en el &uacute;ltimo rengl&oacute;n
+de esta tragedia, al digno se&ntilde;or comisario de Beneficencia, autor de
+tantos y tan hermosos expedientes. &Eacute;l solo ser&iacute;a capaz, si le dejaran,
+de elevar en pocos a&ntilde;os a una altura incre&iacute;ble, dentro de los archivos
+nacionales, esos grandiosos monumentos papir&aacute;ceos en que se cifra
+nuestra bienandanza. Ser&iacute;a preciso tener coraz&oacute;n de estuco para no
+afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ce&ntilde;ida
+por un pa&ntilde;uelo, corriendo en coche sim&oacute;n hacia la Casa de Socorro de la
+calle de Embajadores, donde por la noche se visti&oacute; de la luz de los
+serafines el pobrecito <i>Zarapicos</i>.</p>
+
+<p><i>La Correspondencia</i> recogi&oacute; en el Juzgado de guardia una nota del
+suceso de aquel d&iacute;a, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo.
+Cuando lo leyeron los amigos que acompa&ntilde;aban al se&ntilde;or de Lamagorza en su
+casa, y cuando este les refiri&oacute; detalles del hecho, oy&eacute;ronse las
+exclamaciones m&aacute;s ardientes sobre el estado moral e intelectual del
+pa&iacute;s; se recordaron otros hechos an&aacute;logos ocurridos antes en Madrid,
+Valencia y M&aacute;laga, y por &uacute;ltimo se declar&oacute; con unanimidad muy
+satisfactoria que era preciso hacer algo, &iexcl;algo, s&iacute;!, y consagrar muchos
+ratos y no pocas pesetas a la curaci&oacute;n del cuerpo social. Como la prensa
+alarmada acalorase el asunto en los d&iacute;as sucesivos, se formaron juntas,
+se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies
+de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron
+los oradores; y otros, que &aacute;vidos estaban de dar sus nombres al p&uacute;blico,
+adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece.</p>
+
+<p>Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de
+penitenciar&iacute;as, de sistemas te&oacute;ricos, pr&aacute;cticos, mixtos, sencillos y
+complejos, celulares y panosc&oacute;picos, docentes y correccionales, fueron
+cayendo en el olvido, como los juguetes del ni&ntilde;o, abandonados y rotos
+ante la ilusi&oacute;n del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos d&iacute;as fue
+un proyecto urbano m&aacute;s pr&aacute;ctico y adem&aacute;s esencialmente lucrativo.
+Ocup&aacute;ronse de &eacute;l juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y
+con tanto esp&iacute;ritu de realidad, que al poco tiempo se alz&oacute; grandiosa,
+provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza
+de Toros.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VII" id="Capitulo_VII"></a>Cap&iacute;tulo VII</h3>
+
+<p class="head">Tomando posesi&oacute;n de Madrid</p>
+
+
+<p>La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe
+terrible. Precisamente, cuando supo el extra&ntilde;o caso, hall&aacute;base en la m&aacute;s
+lisonjera situaci&oacute;n de esp&iacute;ritu que un alma juvenil puede apetecer.
+Todas sus ideas ten&iacute;an como un tinte de aurora; detr&aacute;s de cuanto
+pensaba, cre&iacute;a notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo
+para contenerse en su alma, sal&iacute;a por los sentidos afuera y matizaba de
+extra&ntilde;as claridades todos los objetos. Nada ve&iacute;a que no fuera para ella
+precioso, seductor, magn&iacute;fico o por cualquier concepto interesante, y
+hasta un carro de muertos que encontr&oacute; al salir de la casa, m&aacute;s que por
+f&uacute;nebre, le choc&oacute; por suntuoso.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, hab&iacute;a
+salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible,
+espejo de tantas alegr&iacute;as, con sus calles llenas de luz, sus mil
+tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los
+domingos por la ma&ntilde;ana, si esta es de abril o mayo, los encantos de
+Madrid se multiplican; crecen la animaci&oacute;n y el regocijo; hay bulla que
+no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada
+paso halla el transe&uacute;nte bandadas de lindas pollas, de cintura bien
+ce&ntilde;ida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en
+mano, joviales y coquetuelas.</p>
+
+<p>Las campanas dijeron algo a Isidora, y entr&oacute; a o&iacute;r misa en San Luis, en
+cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas suced&iacute;an a las
+misas, y los fieles se divid&iacute;an en tandas. Unos se marchaban cuando
+otros ca&iacute;an de rodillas. All&iacute; se persignaba una tanda entera, aqu&iacute; se
+pon&iacute;a en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del
+sacrificio, sonaban sin interrupci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or&mdash;pensaba Isidora delante de la Hostia&mdash;, que me
+allana mi camino y me manifiesta su protecci&oacute;n, desde el primer paso que
+doy para lograr mi puesto verdadero...! No pod&iacute;a ser de otra manera,
+porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo
+no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante
+m&iacute;, resultar&iacute;a una injusticia, una barbaridad...&raquo;.</p>
+
+<p>Y luego, cuando el sacerdote consum&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Bendito sea el Se&ntilde;or que me ha deparado la ayuda del marqu&eacute;s de
+Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... &iexcl;Y
+qu&eacute; hermosos ojos tiene, qu&eacute; guapo es y con qu&eacute; elegancia viste! Aquello
+es vestirse; lo dem&aacute;s es taparse... &iexcl;Qu&eacute; bien habla, y c&oacute;mo se interesa
+por m&iacute;! Tiene raz&oacute;n cuando me dice: &laquo;&iexcl;Oh!, est&eacute; usted tranquila, que si
+esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ah&iacute; tenemos los
+tribunales. &iexcl;Es asunto ganado!&raquo;. &iexcl;Oh! S&iacute;, los tribunales. &iexcl;Qu&eacute; bonitos
+son los tribunales!... Todo ser&aacute; cuesti&oacute;n de algunos meses. Despu&eacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Por la mente de Isidora pasaba una visi&oacute;n tan espl&eacute;ndida, que a solas y
+en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa
+muchacha sonre&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;No es caso nuevo ni mucho menos&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Los libros est&aacute;n llenos de
+casos semejantes. &iexcl;Yo he le&iacute;do mi propia historia tantas veces...! &iquest;Y
+qu&eacute; cosa hay m&aacute;s linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy
+pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa
+joven, que es bonita como los &aacute;ngeles y, por supuesto, honrada, m&aacute;s
+honrada que los &aacute;ngeles, llora mucho y padece, porque unos p&iacute;caros la
+quieren infamar; y luego, en cierto d&iacute;a, se para una gran carretela en
+la puerta, y sube una se&ntilde;ora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y
+hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que
+la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde
+calavera? Por lo cual de repente cambia de posici&oacute;n la ni&ntilde;a, y habita
+palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza,
+la pretend&iacute;a, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. &iquest;Pies, para
+qu&eacute; os quiero?&raquo;.</p>
+
+<p>Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la se&ntilde;al de la cruz
+sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un
+Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que parec&iacute;a decir: &laquo;Abur,
+Dios&raquo;.</p>
+
+<p>En la puerta, las vendedoras de flores entorpec&iacute;an el paso de la gente,
+y alargaban sus manos con pu&ntilde;ados de rosas y otras florecillas,
+gritando: &laquo;Un ramito de olor...&raquo;. &laquo;Cuatro cuartos de rosas&raquo;. Isidora
+compr&oacute; rosas para acompa&ntilde;arse de su delicado aroma por todo el camino
+que pensaba recorrer. Al punto empez&oacute; a ver escaparates, solicitada de
+tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a
+la calle sal&iacute;a, y origen de viv&iacute;simos apetitos que conmov&iacute;an su alma,
+d&aacute;ndole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de
+contemplar su faz en el vidrio para ver qu&eacute; tal iba, devoraba con sus
+ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda.</p>
+
+<p>&iexcl;Cu&aacute;ntas invenciones del capricho, cu&aacute;ntas pompas reales o
+superfluidades llamativas! Aqu&iacute; las soberbias telas, tan variadas y
+ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad;
+all&iacute; las joyas que resplandecen, asombradas de su propio m&eacute;rito, en los
+estuches negros...; m&aacute;s lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas,
+chucher&iacute;as que enamoran la vista por su extra&ntilde;eza, objetos en que se
+adunan el arte inventor y la d&oacute;cil industria, poniendo a contribuci&oacute;n el
+oro, la plata, el n&iacute;quel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina,
+el azabache, el &aacute;mbar, el lat&oacute;n, el caucho, el coral, el acero, el raso,
+el vidrio, el talco, la madreperla, el chagr&iacute;n, la porcelana y hasta el
+cuerno...; despu&eacute;s los comestibles finos, el jabal&iacute; colmilludo, la
+chocha y el fais&aacute;n asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil
+y mil cosas aperitivas que Isidora desconoc&iacute;a y la mayor parte de los
+transe&uacute;ntes tambi&eacute;n...; m&aacute;s adelante los peregrinos muebles, las
+recamadas tapicer&iacute;as, el &eacute;bano rasgu&ntilde;ado por el marfil, el roble tallado
+a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de
+matrimonio, y por &uacute;ltimo, bronces, cer&aacute;micas, relojes, &aacute;nforas,
+candelabros y otros prodigios sin n&uacute;mero que parecen so&ntilde;ados, seg&uacute;n son
+de raros y bonitos.</p>
+
+<p>El hechizo que estas brillantes instalaciones produc&iacute;an en el &aacute;nimo de
+Isidora era muy particular. M&aacute;s que como objetos enteramente nuevos para
+ella, los ve&iacute;a como si fueran recobrados despu&eacute;s de un largo destierro.
+El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la induc&iacute;an a mirar
+todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y dec&iacute;a:
+&laquo;Con esas pieles me abrigar&eacute; yo en mi coche; en mi casa no habr&aacute; otros
+muebles que esos; pisar&eacute; esas alfombras; las amas de cr&iacute;a de mis ni&ntilde;os
+llevar&aacute;n esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usar&aacute;
+esas petacas, bastones, escriban&iacute;as, fosforeras, alfileres de corbata; y
+cuando alguno est&eacute; enfermo en casa, se tomar&aacute; esas medicinas tan buenas,
+guardadas en tan lindas cajas y botecillos&raquo;.</p>
+
+<p>Por mirarlo todo, deten&iacute;ase tambi&eacute;n a contemplar las enc&iacute;as con que los
+dentistas anuncian su arte, las caricaturas pol&iacute;ticas de los peri&oacute;dicos,
+colgados en las vidrieras de los caf&eacute;s, los libros, los cromos, los
+palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las
+condecoraciones, las fotograf&iacute;as, los dulces y hasta los comercios
+ambulantes en que todo es <i>a real</i>.</p>
+
+<p>Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella
+saliera de su destierro social, &iexcl;qu&eacute; gusto ir de tienda en tienda, mirar
+todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el
+objeto comprado, volver al d&iacute;a siguiente...! Entr&oacute; en una tienda de
+paraguas a comprar una sombrilla. &iexcl;Le pareci&oacute; tan barata!... Todo era
+barato. Despu&eacute;s compr&oacute; guantes. &iquest;C&oacute;mo iba a salir sin guantes, cuando
+todo el mundo los llevaba? S&oacute;lo los pordioseros privaban a sus manos del
+honor de la cabritilla. Isidora hizo prop&oacute;sito de usarlos
+constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro,
+se le afinar&iacute;an las manos hasta rivalizar con la misma seda.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentaci&oacute;n de
+comprar un imperdible. &iexcl;Cay&oacute; en la cuenta de que le hac&iacute;a tanta
+falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio,
+vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos,
+habr&iacute;an de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no
+tard&oacute; en enamorarse de un portamonedas. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a pasarse sin aquella
+&uacute;til prenda, tan necesaria cuando se tiene alg&uacute;n dinero? No hab&iacute;a cosa
+peor, seg&uacute;n ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo,
+expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas u&ntilde;as de los
+rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, sigui&oacute; viendo
+cosas, y a cada instante emigraban de &eacute;l las pesetas y los duros, ya
+para tomar algo de perfumer&iacute;a, ya para horquillas, &iexcl;de que ten&iacute;a tanta
+falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su
+elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se pod&iacute;a pasar sin papel
+de cartas, &iexcl;ni de qu&eacute; serv&iacute;a un papel que no tuviera timbre!...</p>
+
+<p>&laquo;A&uacute;n me queda bastante&mdash;dijo al regresar a su casa&mdash;para poner a Mariano
+en un colegio y comprarle algo de ropa...&raquo;.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a cuentas mentalmente; pero las cifras sustra&iacute;das eran tan rebeldes
+a su esp&iacute;ritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acord&aacute;ndose sab&iacute;a
+darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organizaci&oacute;n
+mental para la aritm&eacute;tica les hace formar un grupo aparte en la especie
+humana), ve&iacute;a siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente
+flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores
+arrastrar&iacute;a a la humanidad a grandes cat&aacute;strofes, si no lo contrapesara
+el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio.</p>
+
+<p>Isidora se hab&iacute;a dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa
+indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del
+portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que
+encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso s&iacute;: coraz&oacute;n m&aacute;s blando ni
+que m&aacute;s f&aacute;cilmente se enterneciera con ajenas l&aacute;stimas y desdichas no
+existi&oacute; jam&aacute;s. En su mano hab&iacute;a quiz&aacute;s un vicio fisiol&oacute;gico, y decimos
+vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el
+acto de la aprehensi&oacute;n, o por la aprehensi&oacute;n formada (que en esto hay
+graves diferencias entre los doctores), la suya parec&iacute;a hecha para el
+acto contrario, y no habr&iacute;a tenido raz&oacute;n de ser, si el dar no existiera.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en su casa tarde, cargada de compras, porque a&ntilde;adi&oacute; a las
+indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a
+D. Jos&eacute; Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las
+rosas. P&uacute;solas en un vaso con agua fresca, almorz&oacute;, y escribi&oacute; dos
+cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligraf&iacute;a, ocho
+plieguecillos del timbrado papel, y habr&iacute;a gastado m&aacute;s si no le dieran a
+la saz&oacute;n la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y sali&oacute;
+agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la c&aacute;rcel y
+ver el partido que deb&iacute;a tomar. Entonces cay&oacute; en la cuenta de que
+necesitar&iacute;a gastar alg&uacute;n dinero, y segura de tener bastante, registr&oacute;
+los huequecillos rojos del portamonedas, cont&oacute;, revis&oacute;, pas&oacute; las piezas
+de una parte a otra; pero por m&aacute;s vueltas que daba y trasiegos que
+hac&iacute;a, resultaba siempre que apenas ten&iacute;a dos docenas de pesetas. &iquest;En
+d&oacute;nde estaba lo dem&aacute;s? &iquest;La hab&iacute;an robado?</p>
+
+<p>Por un momento creyose Isidora v&iacute;ctima de los infinitos timadores que
+hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la
+fuerza incontrastable de la Aritm&eacute;tica, que a veces se impone a sus
+mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidaci&oacute;n neta de
+todo y declarose ratero de s&iacute; misma. Su siempre viva imaginaci&oacute;n ve&iacute;a
+las monedas que hab&iacute;a tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los
+tres duros algo anticuados y por lo mismo m&aacute;s valiosos. &iquest;En d&oacute;nde
+estaban? Poco a poco fue recordando que la primera hab&iacute;a ca&iacute;do en tal
+tienda, la segunda m&aacute;s all&aacute;, y que a ocupar su lugar ven&iacute;an pesetas
+gastadas y alg&uacute;n duro flamante que parec&iacute;a de lata. Cuando el manirroto
+suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo
+numism&aacute;tico, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la
+idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la
+necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ce&ntilde;udos
+n&uacute;meros cargados de l&oacute;gica y ponen las cosas en su lugar.</p>
+
+<p>Nada sac&oacute; en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un
+nuevo gasto en coches y tranv&iacute;as. Acompa&ntilde;&aacute;bala D. Jos&eacute; Relimpio, el cual
+mostr&oacute; tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad
+como a todas, le obsequi&oacute; con un paquete de puros de a medio real.
+Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, &eacute;l tieso y humeante, D.&ordf;
+Laura recibi&oacute; a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Quita all&aacute;; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. &iexcl;Contenta me
+tienes! T&uacute;, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees
+que no hace falta nada m&aacute;s. Mejor trabajaras...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VIII" id="Capitulo_VIII"></a>Cap&iacute;tulo VIII</h3>
+
+<p class="head">Don Jos&eacute; y su familia</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales
+figuras de esta historia de verdad y an&aacute;lisis. Reconoced al punto el
+original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por
+Isidora. El bigotito de cabello de &aacute;ngel, de un dorado claro y h&uacute;medo;
+los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y
+risue&ntilde;a, con dos p&oacute;mulos te&ntilde;idos de color rosa, marchita; el mirar
+complaciente, la actitud complaciente, y todo &eacute;l labrado en la pasta
+misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el
+Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel
+ramillete de confiter&iacute;a, que llevaba entre los hombres el letrero de
+Jos&eacute; de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante.
+Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo.
+Era un hombre que no serv&iacute;a para nada.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a sesenta a&ntilde;os. Proced&iacute;a de honrada y decent&iacute;sima familia. Hab&iacute;a
+sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia,
+viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Hab&iacute;a sido
+empleado en Rentas, pero cumpl&iacute;a tan mal y se tomaba tan largas
+vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro,
+y se arruin&oacute; la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y
+por raz&oacute;n de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas
+entraban sin pagar. Fue marido de D.&ordf; Laura, y gast&oacute; el reducido
+patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Laura, mujer de &aacute;spera naturaleza, agriada por la vejez y por el
+cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le dec&iacute;a
+con dram&aacute;tico acento:</p>
+
+<p>&laquo;Hombre in&uacute;til, hombre&mdash;mu&ntilde;eco. El d&iacute;a en que me cas&eacute; contigo debi&oacute; el
+Se&ntilde;or haberme llevado de este mundo. &iquest;Para qu&eacute; sirves t&uacute;, como no sea
+para comer?</p>
+
+<p>&mdash;Soy tenedor de libros&raquo;&mdash;respond&iacute;a D. Jos&eacute;, satisfecho de una raz&oacute;n que,
+a su juicio, excusaba todas las dem&aacute;s razones; y consideraba para s&iacute;
+cu&aacute;n lejos est&aacute; de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia en
+que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien porque
+se dedic&oacute; resueltamente a ello, lo cierto era que D. Jos&eacute; conoc&iacute;a la
+Partida Doble como conoci&oacute; Newton las Matem&aacute;ticas y Col&oacute;n la N&aacute;utica.
+Hay afinidades verdaderamente extra&ntilde;as entre el esp&iacute;ritu humano y los
+distintos modos del saber, y aquel que por su organizaci&oacute;n parece no
+prendarse de las cosas ideales y halag&uuml;e&ntilde;as, encuentra en las arideces
+de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia,
+emprendi&oacute; el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran
+los m&aacute;s del a&ntilde;o, y si no lo dejara a la mitad, habr&iacute;a sido un monumento
+de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Tenedur&iacute;a ten&iacute;a escritos
+substanciosos tratados, y era de ver con qu&eacute; inspirada sagacidad
+explicaba la <i>Banca en comisi&oacute;n</i>, las <i>Cuentas de Resaca</i>, la <i>Gruesa
+ventura a cobrar</i>, las <i>Fianzas</i> y <i>Avales</i>, los <i>Dep&oacute;sitos</i> y
+<i>Mercader&iacute;as</i>. Suspendi&oacute; el trabajo al llegar a ocuparse del precioso
+tema de <i>Mi cuenta</i>, <i>Su cuenta</i> y <i>Cuenta com&uacute;n</i>, y es l&aacute;stima que en
+tan interesante punto lo suspendiese.</p>
+
+<p>Lo extra&ntilde;o era que siendo D. Jos&eacute; poseedor de los m&aacute;s escondidos
+secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento
+de sus fondos y el manejo de la casa no merec&iacute;an que se emplease en
+ellos una gota de tinta; pero D. Jos&eacute;, que trat&aacute;ndose de hacer n&uacute;meros
+iba siempre m&aacute;s all&aacute; de las necesidades, ten&iacute;a en su cuarto el libro
+<i>Mayor</i>, el <i>Diario</i>, el <i>Diario provisional</i>, el <i>Mayor de mercanc&iacute;as</i>,
+el de <i>Caja</i>, el de <i>Cuentas corrientes</i>, el de <i>Efectos a cobrar</i>, el
+de <i>Facturas</i>, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas pon&iacute;a m&aacute;s
+n&uacute;meros que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qu&eacute;
+sustancia sacaba de ello.</p>
+
+<p>Pero lo que m&aacute;s a D.&ordf; Laura enfurec&iacute;a era que, con ser viejo y cascado,
+se mirase tanto al espejo. En efecto; adem&aacute;s de que en su cuarto, a
+solas, se pasaba las horas muertas mir&aacute;ndose, no entraba en pieza alguna
+donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin &eacute;l, se
+echase una visual para examinar su empaque, y atusarse despu&eacute;s el
+bigote, o poner mano en los contados cabellos que ven&iacute;an fl&eacute;biles y
+pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla.</p>
+
+<p>&laquo;Eso es, m&iacute;rate bien&mdash;le dec&iacute;a D.&ordf; Laura&mdash;, para que no te olvides de esa
+cara preciosa. &iexcl;L&aacute;stima que no vengan los pintores a sacar tu figura de
+gorri&oacute;n mojado!&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; se re&iacute;a con esto. &iexcl;Era tan bueno!... Si la miel es condici&oacute;n y
+substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, m&aacute;s que
+hombre, un merengue andando. Riendo dec&iacute;a a su cara consorte:</p>
+
+<p>&laquo;No todos tenemos la suerte de conservarnos como t&uacute;, que est&aacute;s tan
+hermosa y frescachona como cuando te conoc&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, Sardan&aacute;palo.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad por delante. Todav&iacute;a, todav&iacute;a... Vamos, que alguien dar&iacute;a un
+resbal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita&mdash;clamaba la se&ntilde;ora con expresi&oacute;n de asco&mdash;. &iquest;Me tomas por
+esas...?&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; hab&iacute;a sido un galanteador de primera. No lo pod&iacute;a remediar:
+estaba en su naturaleza, en su doble condici&oacute;n de tenedor de libros y de
+gal&aacute;n joven, y as&iacute;, ya casado y viejo, no ve&iacute;a mujer bonita en la calle
+sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre
+sus amigos, sol&iacute;a llevar la conversaci&oacute;n desde los temas trillados a los
+motivos de amor y aventuras; y todo se volv&iacute;a alm&iacute;bar, hablando de pies
+peque&ntilde;os, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una
+mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aqu&iacute; y
+eran pura charla, porque su timidez le pon&iacute;a grillos para pasar a cosas
+mayores.</p>
+
+<p>Pero aun en aquellos d&iacute;as de vejez y decadencia, cuando sal&iacute;a a tomar el
+sol, embozado en su ra&iacute;da capita, iba a los lugares m&aacute;s concurridos de
+muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a
+seguirla con su paso vacilante, sin malicia, s&oacute;lo por <i>rutina del
+oficio</i>, como sol&iacute;a decir; y siempre que en sitio y ocasi&oacute;n de
+apreturas, como parada militar y procesi&oacute;n de Corpus, se hallaba en
+contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le sal&iacute;a a los labios,
+toda acaramelada y jaleosa, para decir: &laquo;&iexcl;C&oacute;mo me gusta usted,
+se&ntilde;ora!... &iexcl;Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee&raquo;.</p>
+
+<p>Este libertino plat&oacute;nico era t&iacute;o de Isidora en tercer grado, por ser
+primo segundo de Tom&aacute;s Rufete; y adem&aacute;s la hab&iacute;a sacado de pila. La
+hab&iacute;a visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos hab&iacute;a profetizado,
+con la seguridad de un conocedor profundo en tenedur&iacute;a de destinos
+humanos, que la ni&ntilde;a ser&iacute;a una hermosa mujer, quiz&aacute;s elegante y famosa
+dama. &iexcl;Cu&aacute;nto se alegr&oacute; de volver a verla ya crecida, y cu&aacute;nto
+compadeci&oacute; sus desgracias, y con qu&eacute; puro inter&eacute;s se ofreci&oacute; a ella para
+servirla en todo lo que hubiese menester!</p>
+
+<p>La familia Relimpio viv&iacute;a pobremente, porque D. Jos&eacute;, con ser tan
+maestro en n&uacute;meros, no hab&iacute;a sacado de ellos ninguna sustancia. Do&ntilde;a
+Laura conservaba una casa y una vi&ntilde;a en Dolores, que le daban mil reales
+al a&ntilde;o. Las ni&ntilde;as trabajaban para las camiser&iacute;as. Ten&iacute;an m&aacute;quina, y
+cosiendo noche y d&iacute;a, velando mucho y qued&aacute;ndose sin vista, allegaban de
+cinco a siete reales diarios. Melchor, el var&oacute;n, no hab&iacute;a llevado hasta
+entonces un solo c&eacute;ntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de
+ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en &eacute;l grandes esperanzas.
+Melchor, reci&eacute;n salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo
+de saber como vestido de presunci&oacute;n, hab&iacute;a de ser pronto un personaje,
+una notabilidad. &iquest;No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el
+axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga alg&uacute;n axioma.</p>
+
+<p>Para pagar con desahogo la casa, la familia ten&iacute;a que ceder un gabinete
+a caballero decente, sacerdote, o se&ntilde;ora viuda sin hijos. Durante tres
+a&ntilde;os proporcion&aacute;ronle este alivio distintos sujetos. Vac&oacute; dos meses el
+gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios,
+y a m&aacute;s los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio
+se habr&iacute;a resentido bastante.</p>
+
+<p>Pero las cosas vienen seg&uacute;n Dios quiere, y no seg&uacute;n nuestro gusto y
+conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para
+lo cual le inspir&oacute; aquel desordenado apetito de compras, antes
+mencionado. &Eacute;l se sabr&iacute;a los motivos de esto. Do&ntilde;a Laura, que gustaba de
+meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas,
+dec&iacute;a que este le hab&iacute;a mandado a Isidora, como una plaga de Egipto,
+para probar su paciencia.</p>
+
+<p>En suma, la de Rufete se qued&oacute; sin un cuarto, y su t&iacute;o el Can&oacute;nigo
+mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. &iexcl;Ay!, esa
+gente de provincias cree que una onza es un mill&oacute;n. &iexcl;Un mes llevaba la
+pobre de grandes apuros, haciendo diligencias in&uacute;tiles en pro de su
+hermano, que en la c&aacute;rcel segu&iacute;a, y privada de todo, viendo tantas cosas
+bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no
+s&oacute;lo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la
+comida, sino que, por a&ntilde;adidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad
+a D.&ordf; Laura. Di&oacute;sela esta con el gesto menos gracioso que se puede
+imaginar; pero la esperanza de un nuevo env&iacute;o del Can&oacute;nigo, a todos
+consolaba. Remol&oacute;n era el buen se&ntilde;or, y transcurri&oacute; otro mes sin que
+entrase por las puertas la ansiada libranza. &Aacute;spera y recelosa D.&ordf;
+Laura, invit&oacute; a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. &iquest;No ten&iacute;a
+manos? &iquest;No sab&iacute;a coser? &iquest;No trabajaban como negras aquellas dos
+se&ntilde;oritas decentes, Emilia y Leonor?</p>
+
+<p>Isidora era h&aacute;bil en la costura y en prepararla, pero no sab&iacute;a manejar
+la m&aacute;quina. En esto era consumada maestra Emilia, la m&aacute;s inteligente y
+trabajadora de las dos hermanas. Hab&iacute;a llegado a amar la m&aacute;quina como se
+quiere a un animal querido; conoc&iacute;a los secretos de su maravilloso
+artificio, y hab&iacute;a hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la
+engrasaba con cari&ntilde;o, la recorr&iacute;a con inter&eacute;s fraternal, para ver si
+alguna parte o miembro de ella necesitaba reparaci&oacute;n, y todos los d&iacute;as
+cos&iacute;a en ella con presteza incre&iacute;ble. Cuando llegaba la hora del reposo
+la cubr&iacute;a y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos
+costureras, una de hierro y otra de carne, hac&iacute;an los pespuntes m&aacute;s
+preciosos, largos o menudos, seg&uacute;n fuera menester. Adem&aacute;s de esto,
+Emilia, a quien inspiraba sin duda el esp&iacute;ritu venturoso de El&iacute;as Howe,
+dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar,
+marcar y coser bastillas.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; conoc&iacute;a regularmente la m&aacute;quina (que era la <i>Canadiense</i> de
+Raymond) y sab&iacute;a prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le
+apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, &eacute;l no se daba a
+partido, bien porque le parec&iacute;a impropio de var&oacute;n aquel trabajo, bien
+porque creyera (y esto es lo m&aacute;s probable) que una cuenta bien llevada
+aprovechaba a la familia m&aacute;s que todas las costuras del mundo. A &eacute;l que
+no le sacaran de apuntar n&uacute;meros, de leer <i>La Correspondencia</i>, hacer
+cigarrillos y charlar. Todo lo dem&aacute;s era ocupaci&oacute;n denigrante. Una noche
+de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el
+comedor, como de costumbre, D. Jos&eacute; empez&oacute; a mover la m&aacute;quina.</p>
+
+<p>&laquo;Pap&aacute;&mdash;le dijo Emilia&mdash;, ya que no nos ayuda usted, al menos ense&ntilde;e a
+coser a Isidora&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; quer&iacute;a tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse pr&oacute;ximo a
+ella, que acept&oacute; gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco &eacute;xito.
+Isidora no pod&iacute;a comprender aquel endiablado mete y saca de hilo
+superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge
+en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la r&aacute;pida
+esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan,
+se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse
+despu&eacute;s que pasa una vig&eacute;sima parte de segundo.</p>
+
+<p>&iexcl;L&aacute;stima que Isidora no tuviera su esp&iacute;ritu aquella noche en disposici&oacute;n
+de atender a las sabias ense&ntilde;anzas de su padrino! Estaba aburrid&iacute;sima.
+Hab&iacute;an pasado tres meses sin que su situaci&oacute;n variara sensiblemente. El
+Can&oacute;nigo la hab&iacute;a mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas
+algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros.
+Mariano continuaba en la c&aacute;rcel, y la causa segu&iacute;a adelante. El inter&eacute;s
+que el p&uacute;blico y la prensa hab&iacute;an mostrado por aquel grave suceso,
+quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos
+de pena a&ntilde;ad&iacute;a la de Rufete el ning&uacute;n adelanto que en tantos d&iacute;as hab&iacute;a
+tenido el principal y m&aacute;s interesante negocio de su vida, con m&aacute;s otras
+cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no
+nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distra&iacute;da estaba, de tal
+modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa ma&ntilde;a de
+reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y
+figura de distintas personas, que no atend&iacute;a a la lecci&oacute;n m&aacute;s que con
+los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor
+forma de atenci&oacute;n posible.</p>
+
+<p>Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado
+como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada
+de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre
+cosas que las hac&iacute;an re&iacute;r. Do&ntilde;a Laura hab&iacute;a abierto la ventana que daba
+a un denegrido patio, por donde sub&iacute;a el vaho infecto de una cuadra de
+caballos de lujo instalada en el fondo de &eacute;l; y acomod&aacute;ndose en un
+s&oacute;lido sill&oacute;n que, como se&ntilde;ora gruesa, ten&iacute;a para su exclusivo uso, se
+qued&oacute; dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las
+dos hermanas, ten&iacute;a Relimpio m&aacute;quina y disc&iacute;pula, y sobre aquel c&iacute;rculo
+amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada l&aacute;mpara su media
+luz, tan pobre y triste, que los que de ella se serv&iacute;an no cesaban de
+recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petr&oacute;leo, a
+la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era
+darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o
+para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin
+acobardarse por la pestilencia del petr&oacute;leo ni por la penumbra de su
+avara luz, segu&iacute;an trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley
+de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de
+ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora voy a ense&ntilde;arte a llenar una canilla&mdash;dec&iacute;a D. Jos&eacute;&mdash;. &iquest;Ves este
+carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de
+hilo, para lo cual se pone aqu&iacute;, y con el mismo volante de la m&aacute;quina se
+le hace dar vueltas y...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora fijaba los ojos en la operaci&oacute;n; pero &iexcl;cu&aacute;n lejos andaba su
+pensamiento!</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; triste vida!&mdash;dec&iacute;a para s&iacute;&mdash;. La deshonra que ha echado Mariano
+sobre m&iacute; me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que
+Dios me desampara... Una persona me demostr&oacute; inter&eacute;s. &iquest;Por qu&eacute; no viene
+a verme ya? &iquest;Qu&eacute; ha pasado? &iquest;Qu&eacute; piensa de m&iacute;?...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la
+lanzadera. Ajaj&aacute;. F&iacute;jate bien en la ma&ntilde;a con que hay que ponerla. Pif,
+ya est&aacute;. Ahora viene lo m&aacute;s delicado. De esto depende el coser bien o el
+coser mal. Atiende, hija; pon aqu&iacute; tus cinco sentidos. Hay que pasar la
+punta del hilo por estos agujeritos, &iquest;ves?</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; preciso que yo le escriba. &iquest;No me recomend&oacute; mi t&iacute;o a &eacute;l y a su
+padre?... Pues le escribir&eacute;. As&iacute; no puedo vivir. &iexcl;Qu&eacute; triste es el
+verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola,
+sin amigos, sin amparo...</p>
+
+<p>&mdash;Cojo la punta del hilo, sac&aacute;ndola por la izquierda de la canilla, la
+meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya est&aacute;. Mira...
+Ahora mi se&ntilde;or hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy
+bien, y despu&eacute;s all&aacute; va por el tercero. En seguida..., que no se te
+olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y
+ya est&aacute;. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganch&oacute; el hilo de
+abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante
+con los faroles. Ni&ntilde;as, tela.</p>
+
+<p>&mdash;Hace cerca de veinte d&iacute;as que no viene a verme. &iquest;Se habr&aacute; ido a
+veranear sin despedirse de m&iacute;?... &iquest;Creer&aacute; que soy una impostora?... Esta
+idea me mata.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, d&aacute;ndole una vuelta al
+tornillo..., atiende bien..., y despu&eacute;s de aflojar un poco el hilo
+superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; idea me ocurre! Ir&eacute; a su casa... No, eso no debe ser... Le
+escribir&eacute; con cualquier pretexto... Quiz&aacute;s no sea preciso... El coraz&oacute;n
+me dice que vendr&aacute; ma&ntilde;ana... &iexcl;Oh! Dios de mi vida, si viniera...&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Do&ntilde;a Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclam&oacute;
+con ira: &laquo;Siempre mir&aacute;ndote al espejo&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Mujer&mdash;dijo, riendo D. Jos&eacute; sin dejar su obra&mdash;. Si no me miro al espejo,
+si estoy cosiendo...&raquo;.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as sonre&iacute;an. Algo azarada D.&ordf; Laura despertaba del todo, y dec&iacute;a:
+&laquo;No, no estaba dormida. Yo s&eacute; lo que me digo&raquo;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a en el comedor un reloj de pared que era el Matusal&eacute;n de los
+relojes. Su mecanismo ten&iacute;a, al andar, son parecido a choque de huesos o
+baile de esqueletos. Su p&eacute;ndulo descubierto parec&iacute;a no tener otra misi&oacute;n
+que ahuyentar las moscas, que acud&iacute;an a posarse en las pesas. Su muestra
+amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De
+repente, cuando m&aacute;s descuidada estaba la familia, dej&oacute; o&iacute;r un rumor
+amenazante. All&iacute; dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta
+fanfarroner&iacute;a de &aacute;speras ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once
+golpes de cencerro.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Laura se levant&oacute; y las ni&ntilde;as dejaron la costura. La criada tom&oacute; el
+dinero de la compra. Isidora desapareci&oacute;, mientras Emilia guardaba la
+m&aacute;quina. Don Jos&eacute; ten&iacute;a la costumbre de acostarse una hora m&aacute;s tarde que
+su se&ntilde;ora y ni&ntilde;as, y esa hora la empleaba en leer <i>La Correspondencia</i>,
+deleite sin el cual no pod&iacute;a pasar, y despu&eacute;s de hacer cigarrillos de
+papel, vali&eacute;ndose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de
+agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan
+despu&eacute;s de picadura. Echose al cuerpo el peri&oacute;dico, leyendo con
+extremada atenci&oacute;n las conferencias de hombres pol&iacute;ticos, y repasando al
+fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la m&aacute;quina de
+pitillos, meditaba sobre los sucesos del d&iacute;a y sobre pol&iacute;tica general.
+No carec&iacute;a de convicciones arraigadas en materia de gobernaci&oacute;n del
+reino. Declar&aacute;base enemigo de todos los partidos; sosten&iacute;a que los
+espa&ntilde;oles deb&iacute;an unirse para bien de la patria, y entonces se acabar&iacute;an
+las trapisondas y las revoluciones. Sent&iacute;a por las glorias de su patria
+un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1.&ordf; Que los ingleses
+no nos devolvieran Gibraltar. 2.&ordf; Que los ministros tuvieran treinta mil
+reales de cesant&iacute;a. 3.&ordf; Que no se hubiera levantado un monumento a
+M&eacute;ndez N&uacute;&ntilde;ez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se hab&iacute;a
+enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las
+ocasiones. &laquo;Nada, nada&mdash;dec&iacute;a&mdash;; este D. Amadeo es una persona decente&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando el reloj dio las doce, retirose D. Jos&eacute;, dejando <i>La
+Correspondencia</i> sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba
+siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendi&oacute; a Relimpio, cuando se
+acerc&oacute; al lecho conyugal, ver a su cara mitad todav&iacute;a despierta.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Est&aacute;s en vela, chica?&mdash;le dijo quit&aacute;ndose su gorrete&mdash;. Acabo de leer el
+peri&oacute;dico... &iexcl;Qu&eacute; cosas pasan! &iexcl;C&oacute;mo marean a ese pobre se&ntilde;or! Yo sigo
+en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame en paz. &iexcl;Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa...
+Valiente mocosa se nos ha posado encima.</p>
+
+<p>&mdash;Quia, quia, mujer. Es una hu&eacute;rfana...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal
+juicio; pero creo que acabar&aacute; mal tu dichosa ahijadita. No le gusta
+trabajar, no hace m&aacute;s que emperifollarse, escribir cartas, pasear y
+lavarse. Eso s&iacute;; m&aacute;s agua gasta ella en un d&iacute;a que toda la familia en
+tres meses.</p>
+
+<p>&mdash;Quia, quia. D&eacute;jala que se lave. Pues tambi&eacute;n trabaja. Esta noche ha
+tomado con tanta atenci&oacute;n y empe&ntilde;o la lecci&oacute;n de costura, que dentro de
+poco coser&aacute; en m&aacute;quina mejor que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendr&aacute; mal fin. &iexcl;Y qu&eacute; humos, bendito
+Dios, qu&eacute; pretensiones! &iexcl;Y qu&eacute; morros nos pone a veces, despu&eacute;s que la
+estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos d&iacute;as para
+poderle hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Es una hu&eacute;rfana. &iquest;Crees t&uacute; que el Can&oacute;nigo la desamparar&aacute;? No, yo no lo
+creo.</p>
+
+<p>&mdash;F&iacute;ate del Can&oacute;nigo y no corras. Lo m&aacute;s gracioso..., no s&eacute; c&oacute;mo me r&iacute;o,
+es que ella est&aacute; echando chispas de rabia porque no puede gastar en
+bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastar&iacute;a un lujo asi&aacute;tico,
+y tendr&iacute;a lacayos colorados como ese Rey...</p>
+
+<p>&mdash;El cual, la verdad por delante, es la persona m&aacute;s decente...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y
+el d&iacute;a menos pensado la voy a plantar a usted en la calle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Laura!&mdash;exclam&oacute; t&iacute;midamente D. Jos&eacute;, ya acostado.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el
+alquiler. No quiero l&iacute;os en mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;L&iacute;os...? &iexcl;Quia!</p>
+
+<p>&mdash;L&iacute;os, s&iacute;; &iquest;pues qu&eacute; quieren decir las visitas del marqu&eacute;s de Saldeoro?
+&iquest;Sabes qui&eacute;n es ese danzante?</p>
+
+<p>&mdash;Una persona decent&iacute;sima, un caballero, un joven...&mdash;murmur&oacute; Relimpio
+aletarg&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas
+cosas, se&ntilde;orita do&ntilde;a Isidora. T&uacute;, Relimpio, como eres tan alma de Dios,
+no te fijas; yo s&iacute;. Ese marquesito, o lo que sea, vino aqu&iacute; un d&iacute;a y
+estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvi&oacute; a la semana
+siguiente, y la encerrona fue m&aacute;s larga, &iquest;te enteras? Despu&eacute;s sigui&oacute;
+viniendo cada tres o cuatro d&iacute;as. &iexcl;Oh, c&oacute;mo se le conoce en la cara a
+esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! T&uacute;
+eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detr&aacute;s de la puerta a
+escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados;
+pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he o&iacute;do re&iacute;r, s&iacute;,
+re&iacute;r mucho, pero &iquest;de qu&eacute;...? Aqu&iacute; hay algo, Relimpio; aqu&iacute; hay algo&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute;, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a
+estarlo, murmur&oacute; claramente estas dulces palabras, que salieron de sus
+labios envueltas en una sonrisa:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y qu&eacute; guapa es...!</p>
+
+<p>&mdash;Quita all&aacute;, quita, esperpento. &iexcl;Contenta me tienes!...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, mujer; dec&iacute;a que D. Amadeo es una persona...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quita, quita...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia, quia...!&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al
+principio de la vida com&uacute;n, fueron enfri&aacute;ndose poco a poco. Isidora no
+disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en
+posici&oacute;n social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse.
+Se cre&iacute;a tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de
+prendas de vestir, de la elecci&oacute;n de un color, flores o adorno
+cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desd&eacute;n
+compasivo. &laquo;Estas pobres cursis&mdash;dec&iacute;a para s&iacute;&mdash;de despepitan por
+imitarme, y no pueden conseguirlo&raquo;.</p>
+
+<p>Algo de verdad hab&iacute;a en esto. Isidora ten&iacute;a una maestr&iacute;a singular y no
+aprendida para arreglarse. Con ella naci&oacute;, como nace con el poeta la
+inspiraci&oacute;n, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo m&aacute;s bello,
+sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, as&iacute; como
+la destreza de sus manos para colocar sobre s&iacute; misma cualquier adorno.
+Pose&iacute;a la rar&iacute;sima afici&oacute;n a la sencillez, que com&uacute;nmente no se halla en
+las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la
+civilizaci&oacute;n primitiva o de la muy refinada cultura. Las ni&ntilde;as de don
+Jos&eacute;, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella,
+consult&aacute;ndole sobre todos los arreglos de trapos que hac&iacute;an. Su pobreza
+les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de
+la sociedad, a excepci&oacute;n de la jornalera, vistan de la misma manera, y
+como hay un verdadero delirio en los peque&ntilde;os por imitar el modo de
+presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado
+de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un
+pr&oacute;cer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes,
+desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que m&aacute;s de una vez dieron
+chasco a los poco versados en fisonom&iacute;as y tipos matritenses.</p>
+
+<p>Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino,
+delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con
+un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una
+pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada d&iacute;a le tocaba a
+una sola ni&ntilde;a salir a paseo con D.&ordf; Laura. Mas a fuerza de trabajar, de
+desvelos y de casi inveros&iacute;miles econom&iacute;as, lograron vestirse y calzarse
+ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda,
+arreglados por ellas, bajo la inspecci&oacute;n de Isidora, con despojos y
+reliquias de otros sombreros que consegu&iacute;an de balde en una tienda para
+la cual trabajaban. &iquest;Qu&eacute; mujer no tiene sombrero en los a&ntilde;os que corren?
+S&oacute;lo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atav&iacute;o;
+pero d&iacute;a llegar&aacute;, al paso que vamos, en que tambi&eacute;n lo usen. La
+humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las
+confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi.</p>
+
+<p>Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las ni&ntilde;as de D. Jos&eacute;
+se habr&iacute;an horrorizado de que se les propusiera casarse con un h&aacute;bil
+mec&aacute;nico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Do&ntilde;a Laura
+misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo
+pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que
+Emilia se casase con un m&eacute;dico, de estos chicos listos que salen ahora,
+por cuya raz&oacute;n no ve&iacute;a con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a
+Leonor, a quien su madre supon&iacute;a dotada de un talento no com&uacute;n, le
+vendr&iacute;a bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa as&iacute;.</p>
+
+<p>En el para&iacute;so del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana,
+ten&iacute;an estas dos ni&ntilde;as finas su c&iacute;rculo de mozuelos galanteadores y
+estudiantes y empleados de esas categor&iacute;as &iacute;nfimas que rayan en lo
+microsc&oacute;pico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando,
+particularmente Leonor, lo que ni en sue&ntilde;os pod&iacute;an tener; y como eran
+agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes ca&iacute;an en el
+lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusi&oacute;n de
+clases en la moneda falsa de la igualdad.</p>
+
+<p>Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su
+madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara all&iacute; de los Cuatro
+Evangelios que de la pr&oacute;xima ascensi&oacute;n del joven Relimpio a una posici&oacute;n
+coruscante. &iquest;C&oacute;mo no, si Melchor era, seg&uacute;n D.&ordf; Laura, lo m&aacute;s selecto
+del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la
+figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a
+la gloria o a la riqueza, Melchor deb&iacute;a empinarse m&aacute;s que ning&uacute;n otro
+porque ten&iacute;a la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era
+el primer fruto del matrimonio de D. Jos&eacute; con D.&ordf; Laura, y a&uacute;n dec&iacute;an
+malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su
+edad no pasaba de veintis&eacute;is a&ntilde;os. Ten&iacute;a la barba negra, los ojos &iacute;dem,
+el pelo &iacute;dem, el entendimiento &iacute;dem; mas su filiaci&oacute;n era dif&iacute;cil en lo
+tocante a la primera de estas se&ntilde;as personales, pues muy a menudo
+variaba la ornamentaci&oacute;n capilar de su cara; de modo que si este mes se
+le ve&iacute;a con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al a&ntilde;o
+siguiente aparec&iacute;a con bigote solo; despu&eacute;s con bigote y perilla, como
+si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la
+caprichosa inconstancia de sus pensamientos.</p>
+
+<p>Con ser primog&eacute;nito y hombre, era el Benjam&iacute;n y el ni&ntilde;o mimado de la
+casa. Todos los sacrificios parec&iacute;an pocos, y se le hab&iacute;a acostumbrado a
+la humillaci&oacute;n de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mir&aacute;banle
+D. Jos&eacute; y D.&ordf; Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o
+por misterioso intento de la Providencia, hab&iacute;a nacido del vientre de
+aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre ten&iacute;a
+raz&oacute;n Melchor, y las ni&ntilde;as pod&iacute;an carecer de lo m&aacute;s preciso para que
+Melchor disfrutara de lo superfluo. Do&ntilde;a Laura com&iacute;a mal o no com&iacute;a para
+que su hijo fumase bien. A D. Jos&eacute; se le negaba el vino en la mesa para
+que Melchor pudiese tomar caf&eacute; y no hacer un mal papel entre sus amigos.
+En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de
+los padres. All&iacute;, por el contrario, le hac&iacute;an a D. Jos&eacute; chaquetas de los
+gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de &eacute;ste pasaban, despu&eacute;s
+de usadas, a decorar el cuello paterno.</p>
+
+<p>El bolsillo de D. Jos&eacute; estaba siempre m&aacute;s limpio que patena, porque era
+hombre tan derrochador que, si allegaba alg&uacute;n cuarto, comet&iacute;a la vil
+acci&oacute;n de comprar casta&ntilde;as y sentarse a com&eacute;rselas en un banco del
+Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera
+media docena de pesetas, reunidas por D.&ordf; Laura, Dios sabe c&oacute;mo, con mil
+apuros, con el enfermizo velar de las ni&ntilde;as y el ahorro llevado a
+l&iacute;mites incre&iacute;bles.</p>
+
+<p>Melchor hab&iacute;a seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo,
+tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no pod&iacute;a
+degradarse en oficios mec&aacute;nicos y bajos menesteres. Darle carrera poco
+lucida habr&iacute;a sido contrariar sus altos destinos. Ten&iacute;a do&ntilde;a Laura un
+hermano, que era y es afamado ortop&eacute;dico de Madrid, hombre que ha
+labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que
+Melchor, de quien era padrino, lleg&oacute; a los quince, quiso llevarle
+consigo y ense&ntilde;arle aquel honrado oficio; pero tanto D.&ordf; Laura como D.
+Jos&eacute; consideraron esto como un insulto. &iexcl;Melchor ortopedista, arreglador
+de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan
+feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Do&ntilde;a Laura oy&oacute; las
+proposiciones de su hermano, no ya con indignaci&oacute;n, sino con asco. El
+joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y ten&iacute;a su barniz
+literario, re&iacute;ase de su t&iacute;o el ortop&eacute;dico. S&oacute;lo la idea de ir a trabajar
+con &eacute;l en aquella odiosa tienda le sublevaba. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an entenderse &eacute;l
+y su t&iacute;o, &eacute;l tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su t&iacute;o
+un hombre tosco y rudo que s&oacute;lo sab&iacute;a hacer suspensorios y cazar, un
+b&aacute;rbaro que llamaba <i>cl&aacute;usulas</i> a las c&aacute;psulas, y que cuando se puso el
+primer tranv&iacute;a hablaba de la <i>tripulaci&oacute;n</i> de los coches, en vez de
+decir trepidaci&oacute;n?</p>
+
+<p>Sali&oacute; Melchor de la Universidad hecho, como dec&iacute;a Miquis, <i>un pozo de
+ignorancia</i>. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna ten&iacute;a que
+quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna sab&iacute;a una
+palabra.</p>
+
+<p>Se trat&oacute; entonces de <i>lanzarle</i>. Era un bonito bajel, reci&eacute;n hecho y
+pintado, al cual no faltaba ya m&aacute;s que hacerle flotar en el mar sin fin
+de las ambiciones. El diputado por Mon&oacute;var le consigui&oacute; un destino en la
+Direcci&oacute;n de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entend&iacute;a tanto
+como de cantar la ep&iacute;stola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho.
+Desgraciadamente pas&oacute; algunos a&ntilde;os alternando entre colocaciones
+miserables y calamitosas cesant&iacute;as. El joven se desesperaba, viendo la
+desproporci&oacute;n grande entre su posici&oacute;n real y la artificial, que se
+hab&iacute;a creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de
+vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la
+familia.</p>
+
+<p>No ten&iacute;a amor al estudio, porque o&iacute;a decir constantemente que el estudio
+de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le hab&iacute;a
+suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de
+repertorio, por lo cual no era de los m&aacute;s callados en los caf&eacute;s.
+Disputaba sobre pol&iacute;tica, y aun meti&oacute; su cuarto a espadas en ella,
+escribiendo en alg&uacute;n periodiquejo. Era de notar que siempre lo hac&iacute;a en
+tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus
+trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos
+cuartos.</p>
+
+<p>Fue colocado, y durante una temporada corta se dedic&oacute; al espiritismo. Se
+le ve&iacute;a en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del
+Limbo, y lleg&oacute; a adquirir esas convicciones tenaces que s&oacute;lo se
+encuentran en los pros&eacute;litos de los sistemas m&aacute;s absurdos. Muchas horas
+de la noche pasaba en su casa en t&eacute;trica conversaci&oacute;n con las patas de
+las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, seg&uacute;n &eacute;l, le
+dec&iacute;an este y el otro esp&iacute;ritu; y aunque tales majader&iacute;as no agradaban
+mucho a D.&ordf; Laura, por ser remachada cat&oacute;lica, la bendita se&ntilde;ora no le
+dec&iacute;a una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las
+telara&ntilde;as de aquella rid&iacute;cula doctrina.</p>
+
+<p>Pero pas&oacute; el tiempo, y con &eacute;l el espiritismo de Melchor, dejando el
+puesto a otros ideales m&aacute;s pr&aacute;cticos. Ve&iacute;a transcurrir los a&ntilde;os sin que
+sus medios pecuniarios estuvieran en armon&iacute;a con sus pretensiones, ni
+con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era
+rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos,
+tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la
+fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las
+levitas sembr&oacute; la desesperaci&oacute;n en el linaje humano.</p>
+
+<p>Padec&iacute;a con esto Melchor horriblemente, y cada d&iacute;a sufr&iacute;a una
+humillaci&oacute;n nueva. El lujo de los dem&aacute;s le azotaba la cara. Paseaba.
+&iquest;Por qu&eacute; era suyo el cansancio y de los dem&aacute;s el coche? &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n
+el sent&iacute;a el amor, y era otro el que ten&iacute;a la querida? Iba al teatro.
+&iquest;Por qu&eacute; era suya la afici&oacute;n a la m&uacute;sica y ajeno el palco? Estas
+cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la
+fragua. Para colmo de pena, o&iacute;a la historia de fortunas improvisadas. En
+el caf&eacute;, en los c&iacute;rculos todos, se refer&iacute;an maravillosos cuentos, como
+los de magia. Aqu&iacute; un pobrete audaz hab&iacute;a redondeado colosal ganancia en
+pocos meses. All&aacute; una idea feliz, engendrando el m&aacute;s ping&uuml;e de los
+negocios, hab&iacute;a hecho poderoso al que un a&ntilde;o antes era mendigo. Mil
+agentes bull&iacute;an en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas
+combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los
+servicios y las contratas, de que resultaban los &uacute;nicos milagros del
+siglo XIX.</p>
+
+<p>Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las
+semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba
+a su madre expuesto ya en claras cifras; encontr&aacute;balo de perlas D.&ordf;
+Laura; trataba &eacute;l de llevarlo a la pr&aacute;ctica, y entonces, de las
+dificultades ven&iacute;a la muerte del plan y el engendro de otro.</p>
+
+<p>Primero trat&aacute;base de una cosa muy sencilla: &laquo;Son habas contadas,
+mam&aacute;&raquo;&mdash;dec&iacute;a &eacute;l. Consist&iacute;a en combinar un sistema de anuncios con un
+sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en
+ellas. El plan era soberbio. Producir&iacute;a millones, con tal que todos los
+tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los
+industriales facilitasen los anuncios. Ya se hab&iacute;a entendido &eacute;l con un
+lit&oacute;grafo que le har&iacute;a las primeras tarjetas cr&oacute;micas.</p>
+
+<p>A estas habas contadas sucedieron otras. Trat&aacute;base de una red de
+tranv&iacute;as a&eacute;reos. &iquest;El capital? Seguridad ten&iacute;a de encontrarlo cuando los
+banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad
+de millones que pod&iacute;a dar de s&iacute; el negocio, y los tranv&iacute;as a&eacute;reos se
+quedaron en los aires. Despu&eacute;s se trat&oacute;..., tambi&eacute;n habas contadas...,
+de conseguir del Gobierno el privilegio de expender f&oacute;sforos, luego de
+montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros
+delirios y extravagancias.</p>
+
+<p>Entre tantas combinaciones no se le ocurri&oacute; al joven Relimpio la m&aacute;s
+sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesi&oacute;n u
+oficio, con lo que pod&iacute;a ganar, desde un peseta para arriba, cualquier
+dinero. Pero &eacute;l fanatizado por lo que o&iacute;a decir de fortunas r&aacute;pidas y
+colosales, quer&iacute;a la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni
+conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la
+mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los d&iacute;as a que
+nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y
+grand&iacute;sima confusi&oacute;n reinaba en su esp&iacute;ritu. En su mente lo inveros&iacute;mil
+luchaba en sombr&iacute;o pugilato con lo posible. &iquest;Saldr&iacute;a de este batallar
+alguna idea grande, alg&uacute;n plan jam&aacute;s so&ntilde;ado de otro alguno? Las visiones
+de la riqueza real se peleaban dentro de &eacute;l con las im&aacute;genes del
+bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto m&aacute;s
+revoltosos cuanto m&aacute;s distantes de ser saciados.</p>
+
+<p>Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada,
+fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; pon&iacute;a los codos sobre la
+mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y as&iacute; se
+quedaba media hora o m&aacute;s en reposada meditaci&oacute;n. Si hab&iacute;a entrado
+fumando, que era lo m&aacute;s probable, consagraba su atenci&oacute;n a curar,
+ennegrecer o <i>culotar</i> (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de
+espuma de mar, empe&ntilde;o que le tra&iacute;a muy atareado a diferentes horas del
+d&iacute;a. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el
+caf&eacute; o&iacute;a m&aacute;s de un elogio por la perfecci&oacute;n e igualdad de ella. Hay
+orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era
+disculpable, porque la pipa iba pareci&eacute;ndose al &eacute;bano m&aacute;s puro y
+reluciente, y el artista, despu&eacute;s de arrojar sobre ella,
+distribuy&eacute;ndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el
+pa&ntilde;uelo, y se miraba despu&eacute;s en aquel espejo de azabache... Cuando
+conclu&iacute;a de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de
+donde no sal&iacute;a hasta la una del siguiente d&iacute;a.</p>
+
+<p>Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella
+hermosura tan ponderada por D.&ordf; Laura parec&iacute;ale a ella ordinaria, y los
+modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas
+cualidades morales y mentales con que, en opini&oacute;n de la familia, estaba
+agraciado por Dios, Isidora no comprend&iacute;a nada. Parec&iacute;ale el m&aacute;s
+desaforado holgaz&aacute;n, el m&aacute;s b&aacute;rbaro ego&iacute;sta del mundo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IX" id="Capitulo_IX"></a>Cap&iacute;tulo IX</h3>
+
+<p class="head">Beethoven</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro,
+es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas se&ntilde;oriales
+construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de
+que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde
+o temprano se fijar&iacute;a el Rey en otra parte, hac&iacute;an, en vez de casas,
+enormes pabellones o tiendas de campa&ntilde;a, empleando en vez de lienzo y
+tablas el ladrillo y el yeso. La importancia art&iacute;stica de tales
+caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades
+interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los
+se&ntilde;ores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya
+en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces.</p>
+
+<p>La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior,
+fuera de su puerta almohadillada, por la cual entrar&iacute;an sin inclinarse
+los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular.
+Interiormente conserva bastantes obras de m&eacute;rito, como tapices, muebles
+y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo
+extraordinario. El abandono en que sus due&ntilde;os la tienen n&oacute;tase desde la
+puerta al tejado, pues aunque todo est&aacute; en orden y bien defendido de la
+polilla, hay all&iacute; olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo
+que quieran los que se empe&ntilde;an en que ha de ser bueno todo lo que no es
+moderno, el inter&eacute;s art&iacute;stico de los salones de Aransis no pasa de
+mediano.</p>
+
+<p>Desde el 63 todo estaba cerrado all&iacute;; s&oacute;lo se abr&iacute;a los d&iacute;as de
+limpieza. La casa ten&iacute;a por habitantes el silencio, que se aposentaba en
+las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sue&ntilde;o, y la
+obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la
+luz met&iacute;a sus dedos de rosa, ara&ntilde;ando las tapicer&iacute;as. De noche, ni
+ruido, ni claridad, ni esp&iacute;ritu viviente moraban all&iacute;.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a de oto&ntilde;o del 72 alegrose de s&uacute;bito el palacio; abri&eacute;ronse puertas
+y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media
+docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dorm&iacute;a sobre los
+muebles. Luego sucedi&oacute; traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y
+preparaci&oacute;n de luces. En medio de este alboroto, o&iacute;anse las notas
+sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al d&iacute;a
+siguiente, hubo estruendo de ba&uacute;les descargados, oficiosa actividad de
+lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal
+inmenso, desnudo, vac&iacute;o. Una se&ntilde;ora de cabello entrecano y gallarda
+estatura envuelta en pieles, tapada la boca, tr&eacute;mula de fr&iacute;o, subi&oacute; la
+escalera, dando el brazo a un se&ntilde;or cacoquimio, y pas&oacute; de pieza en
+pieza, sin parar hasta aquella donde deb&iacute;a reposar del viaje.
+Acompa&ntilde;&aacute;banla, adem&aacute;s del se&ntilde;or cacoquimio, un jovencito como de catorce
+a&ntilde;os, que llevaba tras s&iacute;, atado de una cadena, un enorme perro negro, y
+cerraban la comitiva dos criadas j&oacute;venes y guapas, que no ten&iacute;an facha
+de gente espa&ntilde;ola.</p>
+
+<p>La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, viv&iacute;a de asiento en Par&iacute;s, en
+Londres durante la temporada o <i>season</i>, parte del verano en un puerto
+de Breta&ntilde;a, y algunos inviernos sol&iacute;a venir a Espa&ntilde;a para templar su
+salud, no muy buena, en el clima de C&oacute;rdoba, donde ten&iacute;a casa y
+posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco d&iacute;as, de paso para
+C&oacute;rdoba o Granada. Aquel a&ntilde;o efectuaba su viaje a fines de septiembre, y
+mostr&aacute;ndose, sin saber por qu&eacute;, menos cari&ntilde;osa que otras veces con su
+patria, hab&iacute;a dicho al entrar en la casa: &laquo;Esta vez no estar&eacute; sino tres
+d&iacute;as&raquo;. Era lunes.</p>
+
+<p>Descans&oacute; hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompa&ntilde;aba se
+puso al piano para tocar dificil&iacute;simos ejercicios, y no lo dej&oacute; hasta la
+hora de comer. Recibi&oacute; luego la se&ntilde;ora muchas visitas, comi&oacute; con el
+se&ntilde;or cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salom&oacute;, el
+apoderado de la casa y dos personas m&aacute;s, y retirose a su alcoba despu&eacute;s
+de rezar mucho.</p>
+
+<p>Emple&oacute; casi todo el d&iacute;a siguiente en devolver visitas y se encerr&oacute; a las
+cuatro. No quer&iacute;a recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la
+repel&iacute;a arrojando sobre su alma una sombra triste y l&uacute;gubre, y al mismo
+tiempo la llamaba a s&iacute; y la reten&iacute;an los amorosos recuerdos. Lleg&oacute; la
+temprana noche. La marquesa hab&iacute;a resuelto abrir el cuarto de su hija
+difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve a&ntilde;os
+antes. En tan largo espacio de tiempo no hab&iacute;a permitido la madre que
+fuese abierta por nadie la f&uacute;nebre alcoba; no hab&iacute;a querido abrirla ella
+misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero
+en aquella ocasi&oacute;n decidiose a quebrantar su prop&oacute;sito. Ya desde Par&iacute;s
+hab&iacute;a tra&iacute;do la idea de realizar aquel acto trist&iacute;simo. Su deseo
+proced&iacute;a de una piedad entra&ntilde;able, del temor mismo, que a veces nos
+estimula robando su aguij&oacute;n a la curiosidad.</p>
+
+<p>&laquo;Lo abrir&eacute; esta noche&raquo;&mdash;, pens&oacute; dando un gran suspiro, y despu&eacute;s de comer
+se traslad&oacute; a un hermoso gabinete, la mejor y m&aacute;s rica pieza de la casa.
+En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba ma&ntilde;ana
+y tarde el jovencito que hab&iacute;a venido con la se&ntilde;ora; en otro el espejo
+de la gran chimenea reproduc&iacute;a con misteriosa indecisi&oacute;n la cavidad
+adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos cortinas,
+pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa, puerta en la
+cual se echaba de menos un epitafio.</p>
+
+<p>De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso m&eacute;rito y algunos
+retratos de se&ntilde;ores de anta&ntilde;o, de esos que est&aacute;n metidos en cincelada
+armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, se&ntilde;al de
+mando. Los muebles no eran de lo m&aacute;s moderno. Pertenec&iacute;an a los tiempos
+del tis&uacute; y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su
+afectada estructura griega la disoluci&oacute;n de los Quinientos y los
+<i>senatus consultus</i> de Bonaparte. Aunque no hac&iacute;a fr&iacute;o, la humedad de la
+desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea.</p>
+
+<p>El joven, m&aacute;s bien ni&ntilde;o, entr&oacute; jugando con el perro, a quien
+llamaba <i>Sa&uacute;l</i>.</p>
+
+<p>&laquo;No alborotes, hijo&mdash;indic&oacute; la se&ntilde;ora, molesta por el ruido&mdash;; deja en paz
+a <i>Sa&uacute;l</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y
+parec&iacute;a un le&oacute;n de &eacute;bano. Su hermosa cabeza destac&aacute;base soberbia,
+inteligente, a un tiempo cari&ntilde;osa y fiera, sobre el ramaje de colores de
+la alfombra, y sus ojos devolv&iacute;an en chispas viv&iacute;simas la lumbre de la
+chimenea.</p>
+
+<p>Trat&oacute; de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo
+hac&iacute;a, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al
+fin son&oacute; el chasquido de la met&aacute;lica lengua al recogerse. Empujada,
+cedi&oacute; la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostr&oacute; el &aacute;mbito
+negro, del cual sal&iacute;a un aliento de humedad estacionada, que se nutre de
+las tinieblas, de la quietud, de la soledad.</p>
+
+<p>La marquesa, que se hab&iacute;a detenido en el umbral, paralizada del temor y
+respeto que aquel interior, no abierto en nueve a&ntilde;os, le infund&iacute;a,
+retrocedi&oacute; un instante; tom&oacute; una de las dos l&aacute;mparas que en el gabinete
+hab&iacute;a, y resuelta, con devoci&oacute;n y &aacute;nimo, penetr&oacute; en la habitaci&oacute;n, cuya
+puerta de par en par abri&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Hija de mi alma, ya te hemos perdonado&raquo;&mdash;murmur&oacute; a manera de rezo, al
+dar los primeros pasos.</p>
+
+<p>En el centro hab&iacute;a una mesa, sobre la cual dej&oacute; la se&ntilde;ora la l&aacute;mpara.
+Sentose en un sill&oacute;n junto a la mesa, y cruzando las manos empez&oacute; a
+llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la
+estancia, los muebles y cortinas, y fij&aacute;ndola en algunos con la sa&ntilde;a que
+a veces emplea contra s&iacute; misma el alma dolorida. La sed de ver se nutr&iacute;a
+del temor de ver, englob&aacute;ndose uno en otro, miedo y apetito, para que el
+alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oy&eacute;ronse las
+notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y
+sencillo de escaso inter&eacute;s musical, pero que semejaba una advertencia,
+el <i>&eacute;rase una vez</i> del cuento maravilloso.</p>
+
+<p>La marquesa no hac&iacute;a caso de aquella m&uacute;sica que estaba cansada de o&iacute;r.
+Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fen&oacute;meno de agilidad y
+de buen gusto. Hab&iacute;a sido disc&iacute;pulo y era ya &eacute;mulo de los primeros
+pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al
+muchacho a estudiar diez horas al d&iacute;a. Sin hacerle caso aquella noche,
+ni aun darse cuenta de lo que el ni&ntilde;o tocaba, la ilustre se&ntilde;ora,
+solicitada de otros pensamientos y emociones m&aacute;s crudas y reales que las
+que produce la m&uacute;sica, segu&iacute;a mirando todo. No hab&iacute;a visto aquellos
+objetos desde el d&iacute;a en que expir&oacute; su hija. La muerte estampaba su sello
+triste en todo. La falta de luz hab&iacute;a dado a la tela de los muebles
+tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido
+sobre todo una neblina &aacute;spera y gris que no pod&iacute;a ser tocada sin
+estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permanec&iacute;a un jarr&oacute;n con
+flores que fueron naturales y frescas nueve a&ntilde;os antes. Eran ya un
+indescriptible harapo c&aacute;rdeno, que al ser tocado, ca&iacute;a en part&iacute;culas
+secas y sonantes, como los despojos de cien oto&ntilde;os. En los muebles
+fin&iacute;simos de caprichosa construcci&oacute;n, los dorados se hab&iacute;an vuelto
+negros. Un armario ropero de triple luna ten&iacute;a las puertas
+entreabiertas, y de su seno de cedro se ve&iacute;an salir desordenados
+vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riqu&iacute;simos, todo ajado y
+descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que parec&iacute;a
+pr&oacute;ximo a caer; si se le tocaba, en menudas part&iacute;culas como las flores
+de anta&ntilde;o. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumer&iacute;a podrida y
+descompuesta por la vejez, sal&iacute;a de aquellos despojos. Ve&iacute;anse tambi&eacute;n
+por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un
+cors&eacute; cuyo cord&oacute;n suelto describ&iacute;a r&uacute;bricas por el suelo.</p>
+
+<p>Mirando esto, la marquesa record&oacute; el m&aacute;s triste detalle de aquel d&iacute;a
+triste. Pocas horas antes de morir, su hija, crey&eacute;ndose bien por una de
+esas raras alucinaciones del temperamento, que son la m&aacute;s tremenda
+iron&iacute;a de la muerte, hab&iacute;a tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en
+aquel instante enga&ntilde;osas fuerzas, se hab&iacute;a vestido con febril ansiedad
+diciendo que ya no estaba mala y que ir&iacute;a al teatro aquella noche.
+Despu&eacute;s hab&iacute;a sentido de s&uacute;bito como una pu&ntilde;alada en el coraz&oacute;n, y cay&oacute;
+al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron
+arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y
+poco despu&eacute;s dej&oacute; de existir.</p>
+
+<p>Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llev&oacute; a la marquesa a
+contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato
+de mujer, en cuyo agraciado rostro hac&iacute;a contraste la sonrisa de los
+labios frescos con la melancol&iacute;a de los ojos pardos, debajo de las cejas
+m&aacute;s galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresi&oacute;n de
+enamorada y de burlona, y all&iacute; se echaba de ver el sentimiento hondo y
+fuerte, mal disimulado con la hipocres&iacute;a de un car&aacute;cter superficialmente
+picaresco.</p>
+
+<p>La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. &iexcl;Era tan parecido; era la
+pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distinci&oacute;n,
+elegancia y gracia del original! &iexcl;Qu&eacute; admirable aquella circumpostura
+del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval,
+antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! &iexcl;Qu&eacute; palidez tan
+encantadora! &iexcl;Qu&eacute; armon&iacute;a entre lo enfermizo y las inexplicables
+seducciones! &iexcl;Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qu&eacute;
+airosa, qu&eacute; viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon
+en un murmullo de dolor estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobre hija m&iacute;a! &iexcl;Pobre pecadora!&raquo;.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, levantose de la caja del piano pr&oacute;ximo un murmullo
+vivo, que pronto fue un lamento, expresi&oacute;n de iracundas pasiones. Era la
+eleg&iacute;a de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de
+estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se
+trocaban en los acentos m&aacute;s pat&eacute;ticos que pudiera echar de s&iacute; la voz
+misma de la desesperaci&oacute;n. Una sola idea, tan sencilla como
+desgarradora, aparec&iacute;a entre el v&eacute;rtigo de mil ideas secundarias, y se
+perd&iacute;a luego en la m&aacute;s caprichosa variedad de dise&ntilde;os que puede concebir
+la fantas&iacute;a, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono
+menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se
+presentaba ba&ntilde;ada en luz resplandeciente. El d&iacute;a suced&iacute;a a la noche y la
+claridad a las sombras en aquella expresi&oacute;n del sentimiento por el
+&oacute;rgano musical, tanto m&aacute;s intenso cuanto m&aacute;s vago.</p>
+
+<p>De modulaci&oacute;n en modulaci&oacute;n, la idea &uacute;nica se iba desfigurando sin dejar
+de ser la misma, a semejanza de un histri&oacute;n que cambia de vestido. Su
+cuerpo subsist&iacute;a, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el
+matiz duro de la constancia; a veces, en sus tr&eacute;molos la vacilaci&oacute;n y la
+duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el
+sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y
+guerrera en las altas octavas dobles, proclam&aacute;ndose vencedora y rebelde.
+Sent&iacute;ase despu&eacute;s acosada por brav&iacute;o tumulto de arpegios, escalas
+crom&aacute;ticas e imitaciones, y se la o&iacute;a descender a pasos de gigante,
+huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Crey&eacute;rase que todo iba a
+concluir; pero un soplo de reacci&oacute;n atravesaba la escala entera del
+piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconoc&iacute;an, como se
+reconoc&iacute;an, como se reconocer&aacute;n y juntar&aacute;n los huesos de un mismo
+esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo
+triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de
+otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: &laquo;Yo fui
+pasi&oacute;n, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui tambi&eacute;n arrepentimiento,
+expiaci&oacute;n, redenci&oacute;n, luz y Para&iacute;so&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>La marquesa, que no hab&iacute;a dejado de mirar el rostro de su hija hasta que
+las l&aacute;grimas echaron un velo sobre sus ojos, volvi&oacute; a rezar, y mientras
+pronunciaba una oraci&oacute;n especialmente consagrada a las &aacute;nimas, pensaba
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Dios te habr&aacute; perdonado, pobre alma querida, como te perdon&eacute; yo&raquo;.</p>
+
+<p>Y empez&oacute; a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como
+reflejo del cari&ntilde;o herido, otros punzantes y terribles como la imagen
+del honor vulnerado. Record&oacute; que si las faltas de la hija hab&iacute;an sido de
+estas que en los t&eacute;rminos sociales no tienen excusa, la severidad de la
+madre hab&iacute;a sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa
+sinti&oacute; algo que podr&iacute;a llamarse el remordimiento del deber. &iquest;Hab&iacute;a sido
+cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se
+hicieron p&uacute;blicas, puso a la se&ntilde;ora a punto de morir de indignaci&oacute;n y
+verg&uuml;enza. &iexcl;Qu&eacute; bien recordaba esto, y c&oacute;mo se renovaban su iras con las
+memorias, enardeci&eacute;ndole la sangre! Ella entonces encerr&oacute; a su hija, con
+todo el rigor que la palabra indica. Hab&iacute;ala recluido en aquella
+habitaci&oacute;n, de donde no sal&iacute;a nunca, ni ten&iacute;a comunicaci&oacute;n alguna con el
+exterior. Vivi&oacute; como emparedada seis meses. &iquest;De que muri&oacute;? No se sab&iacute;a
+bien. Muri&oacute; de encierro, y fue v&iacute;ctima de la inquisici&oacute;n del honor.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba
+forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social,
+por las manos duras de la religi&oacute;n. No cab&iacute;an en ella las viles
+condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la
+civilizaci&oacute;n. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permit&iacute;a
+engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella
+m&aacute;s que lo preciso, sin usar jam&aacute;s frase cari&ntilde;osa ni vocablo atento. La
+buena se&ntilde;ora recordaba, como se recuerda la impresi&oacute;n de una quemadura,
+estas palabras de fuego dichas por su hija el d&iacute;a antes de caer enferma:
+&laquo;Mam&aacute;, m&aacute;tame con cuchillo; no me mates con tus miradas&raquo;.</p>
+
+<p>De s&uacute;bito la enfermedad, incubada perezosamente, estall&oacute;,
+desarroll&aacute;ndose con rapidez en seis d&iacute;as. Desde el primero anunciose un
+fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedi&oacute; al instante, como el
+hielo que se funde. &iexcl;Qu&eacute; bien recordaba, al cabo de nueve a&ntilde;os, la
+expresi&oacute;n de la cara del m&eacute;dico, las medicinas, los antojillos de la
+enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya ped&iacute;a flores,
+ya helados que no hab&iacute;a de tomar. De pronto ped&iacute;a todos los libretos de
+&oacute;pera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran
+parte del almac&eacute;n de m&uacute;sica de Romero. &laquo;P&aacute;jaros, p&aacute;jaros...&raquo;. Le
+llevaron media plaza de Santa Ana. &laquo;&iexcl;Oh! &iexcl;Tengo que contestar tantas
+cartas...!&raquo; Y se pon&iacute;a a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que
+eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla m&aacute;s pronto de
+ra&iacute;z, se alimentaba su fiebre galopante.</p>
+
+<p>&laquo;Moriste como una pobre m&aacute;rtir&mdash;pens&oacute; la marquesa, rezando otra vez&mdash;.
+Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa
+imagen de Nuestro Redentor&raquo;.</p>
+
+<p>Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La
+frase ten&iacute;a un segundo miembro. Bien podr&iacute;a creerse que un alma dolorida
+preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz
+celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza.
+Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo arm&oacute;nico ten&iacute;a
+cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase mel&oacute;dica. A
+esta segu&iacute;an remedos, ahora p&aacute;lidos, ahora vivos, sombras diferentes que
+iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las
+sabias formas laber&iacute;nticas del canon sucedieron a la sencillez soberana,
+de donde result&oacute; que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos
+ejemplares de una misma cosa form&aacute;base un bello trenzado de peregrino
+efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio,
+juntando los encantos de la m&iacute;stica pura a los retru&eacute;canos de la
+erudici&oacute;n teol&oacute;gica. Bruscamente, una modulaci&oacute;n semejante a un hachazo
+variaba, con el tono, el n&uacute;mero, el lenguaje, el sentido. Estrofa
+amorosa, impregnada de candor pastoril, aparec&iacute;a luego, y despu&eacute;s el
+festivo rond&oacute;, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y
+esfuerzos de gimnasta. Enmascar&aacute;ndose festivamente, agitaba cascabeles.
+Se sub&iacute;a, con gestos risibles, a las m&aacute;s agudas notas de la escala, como
+sube el mono por una percha; descend&iacute;a de un brinco al pozo de los
+acordes graves, donde simulaba refunfu&ntilde;os de viejo y groser&iacute;as de
+fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos
+burlescos del muchacho herido, y saltaba de s&uacute;bito pregonando el placer,
+el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos.</p>
+
+<p>Abriendo el pupitre de un escritorio de &eacute;bano, la marquesa revolv&iacute;a
+papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y tem&iacute;an encontrar
+las cosas; fij&aacute;ronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto
+algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espect&aacute;culo de
+oprobio. &laquo;Se quemar&aacute; todo esto&raquo;&mdash;dijo poniendo a un lado el paquete
+execrable. Despu&eacute;s hall&oacute; un pliego en que estaba empezada una carta. La
+enferma hab&iacute;a tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas,
+las dejaba. En algunas s&oacute;lo se ve&iacute;an deformes garabatos, hechos al
+rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban
+ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En alg&uacute;n
+papel la melancol&iacute;a hab&iacute;a repetido muchas veces una misma palabra,
+traz&aacute;ndola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta
+ser como puntos.</p>
+
+<p>&laquo;Se quemar&aacute; todo&raquo;&mdash;volvi&oacute; a decir la marquesa, haciendo un mont&oacute;n de lo
+que se destinaba a la hoguera.</p>
+
+<p>Revolviendo m&aacute;s, encontr&oacute; un retrato. La se&ntilde;ora puso muy mala cara al
+verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvi&oacute; a mirar la aborrecida
+imagen, porque el odio tiene tambi&eacute;n sus embebecimientos. No bastaba
+destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo.
+La marquesa rompi&oacute; en menudos pedazos el retrato.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo se re&iacute;a entonces Beethoven! Su alegr&iacute;a era como la de Mephisto
+disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de
+l&aacute;grimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no pon&iacute;a
+atenci&oacute;n y segu&iacute;a rebuscando.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; esto?&raquo;&mdash;pens&oacute; al tomar un paquetito atado con cinta de color
+de rosa.</p>
+
+<p>Desdobl&oacute; el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que dec&iacute;a:
+&laquo;Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa lloraba de nuevo. Su mano hall&oacute; al instante un paquete m&aacute;s
+chico. Abriolo. Dentro vio una sortija peque&ntilde;a, con un papel que dec&iacute;a:
+&laquo;Para mi ni&ntilde;o, que hoy cumple cinco a&ntilde;os. 12 de abril de 1863. Deseo que
+sea bueno y piense en m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudi&oacute; el perro negro y
+puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mir&aacute;ndola de hito
+en hito con sus ojos negros y cari&ntilde;osos, a cuya dulzura nada pod&iacute;a
+compararse. Dej&oacute; de o&iacute;rse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su
+mundo de sentimientos y de formas, desapareci&oacute; en el silencio como una
+viva luz tragada por las tinieblas. Acudi&oacute; el ni&ntilde;o m&uacute;sico, y asustado de
+ver a la se&ntilde;ora tan afligida, le pregunt&oacute; la causa de su duelo. La
+marquesa le bes&oacute; en la frente, le tom&oacute; despu&eacute;s la mano, busc&oacute; en ella un
+dedo...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Es para m&iacute; esa sortija?&mdash;pregunt&oacute; el muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;Para ti. Quiz&aacute;s sea demasiado peque&ntilde;a... Pero en el me&ntilde;ique bien puede
+entrar. Ya est&aacute;. No la pierdas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es regalo tuyo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y poco despu&eacute;s se volv&iacute;a a cerrar la triste alcoba, y retir&aacute;ndose
+personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad trist&iacute;sima. Y al
+d&iacute;a siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron
+con chisporroteo, que parec&iacute;a una protesta contra la Inquisici&oacute;n,
+papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas.
+Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro
+presenciaba con atenci&oacute;n solemne aquel acto, retratando en sus pupilas
+de endrina la llama movible que se com&iacute;a, sin hartarse, las p&aacute;ginas del
+ignorado drama. Cuando la llama se extingu&iacute;a, lamiendo las &uacute;ltimas
+cenizas, <i>Sa&uacute;l</i> bostez&oacute; con soberano fastidio.</p>
+
+<p>Y no hubo m&aacute;s. El piano son&oacute; tambi&eacute;n casi todo aquel d&iacute;a, y al siguiente
+la se&ntilde;ora marquesa, acompa&ntilde;ada del caballero cacoquimio, del ni&ntilde;o
+m&uacute;sico, de las dos criadas extranjeras y del perro, parti&oacute; para C&oacute;rdoba;
+y el caser&oacute;n de Aransis se qued&oacute; otra vez solo, fr&iacute;o, obscuro, mudo,
+como inagotable arca de tristezas que, despu&eacute;s de saqueada, conserva a&uacute;n
+tristezas sin n&uacute;mero.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_X" id="Capitulo_X"></a>Cap&iacute;tulo X</h3>
+
+<p class="head">Sigue Beethoven</p>
+
+
+<p>El caser&oacute;n, no obstante, ten&iacute;a su alegre nota. Como la voz del grillo en
+una grieta del sepulcro, as&iacute; era la voz del conserje Alonso, cantando
+peteneras en su habitaci&oacute;n cercana al portal y en el patio. Era un
+hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Viv&iacute;a all&iacute; con su
+mujer enferma, de la cual no ten&iacute;a hijos, y la mitad del d&iacute;a se la
+pasaba trabajando en carpinter&iacute;a, por pura afici&oacute;n, bien haciendo marcos
+de l&aacute;minas, para lo que ten&iacute;a especiales aptitudes, bien arreglando
+muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qu&eacute;
+funciones hab&iacute;a desempe&ntilde;ado en la casa en su juventud. Creemos que fue
+montero, porque siempre acompa&ntilde;aba al marqu&eacute;s de Aransis en sus
+excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la
+desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino
+sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros
+a&ntilde;ad&iacute;a una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de
+conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis.
+Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que quer&iacute;an colocar su
+dinero en fondos p&uacute;blicos. Y ved aqu&iacute; un banquero que pasaba horas
+largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y
+chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de
+inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en
+Madrid.</p>
+
+<p>Estaba una ma&ntilde;ana el buen hombre en el patio, cuando se abri&oacute; la puerta
+y aparecieron tres personas. Una de ellas salud&oacute; con mucha afabilidad a
+Alonso, el cual dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer
+tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas
+distraidillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... &iquest;Y c&oacute;mo est&aacute;
+Rafaela?&iquest;Qu&eacute; tal va con las p&iacute;ldoras?</p>
+
+<p>&mdash;Pues no va mal. Hoy, como est&aacute; el d&iacute;a tan bueno, le dije: &laquo;Anda, mujer,
+anda a que te d&eacute; un poco el aire&raquo;. Y con efecto, ha salido. Ya sabes que
+un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Har&aacute; dinero, porque
+estos catalanes saben ganarlo. &iquest;No le has o&iacute;do nombrar? Juan Bou,
+lit&oacute;grafo. Est&aacute; viudo; necesita quien le ayude a arreglar su casa..., y
+con efecto, Rafaela ha ido all&aacute;... Es calle de Juanelo. Yo deb&iacute;a haber
+ido tambi&eacute;n, y con efecto...</p>
+
+<p>&mdash;Con efecto&mdash;dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo&mdash;,
+ven&iacute;amos... Ya me parece que habl&eacute; a usted de ello la semana pasada.
+Estos dos amigos, esta se&ntilde;orita y este caballero, desean ver el palacio
+de Aransis. Cuentan que es tan hermoso...&raquo;.</p>
+
+<p>Alonso era complaciente. Entr&oacute; en su vivienda, sac&oacute; un manojo de llaves,
+y se&ntilde;alando la escalera, dijo con formas respetuosas:</p>
+
+<p>&laquo;Pasen los se&ntilde;ores. Ver&aacute;n lo que hay&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis, presentando a los que le acompa&ntilde;aban, no pudo reprimir sus
+instintos de malignidad zumbona, y habl&oacute; as&iacute; con afectada finura:</p>
+
+<p>&laquo;El Sr. D. Jos&eacute; de Relimpio y Sastre, &iexcl;consejero de Estado!&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; se inclin&oacute; turbado, sin atreverse a contestar.</p>
+
+<p>&laquo;Y su sobrina, la se&ntilde;orita de Rufete, que acaba de llegar de Par&iacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora mir&oacute; a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se
+atrevi&oacute; a seguir. El conserje ech&oacute; una mirada a la poco flamante levita
+de D. Jos&eacute; y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse
+completa armon&iacute;a entre el vestido y las personas. O quiz&aacute;s, hecho a las
+burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones.
+Subieron.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es del g&eacute;nero Luis XV&mdash;dijo con &iacute;nfulas de cicerone instruido,
+ense&ntilde;&aacute;ndoles la primera sala&mdash;. La decor&oacute; el se&ntilde;or marqu&eacute;s viejo. Aqu&iacute;
+todo es antiguo&raquo;.</p>
+
+<p>Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como
+descontenta de s&iacute; misma, se ha convenido en que s&oacute;lo lo antiguo es
+bueno, Miquis, que hac&iacute;a el papel de artista magistralmente, empez&oacute; a
+manifestar esa admiraci&oacute;n lela de viajero entusiasta, y a lanzar
+exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, qued&aacute;ndose
+una buena pieza de tiempo con la boca abierta.</p>
+
+<p>&laquo;Esto es maravilloso&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Vaya con las patitas de las consolas...
+&iexcl;Qu&eacute; elegancia de curvas! &iquest;Y esas cortinas con amorcillos y
+guirnaldas?... &iexcl;Pero d&oacute;nde llega el techo...! &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima! Yo me
+estar&iacute;a toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos ni&ntilde;os
+que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. Jos&eacute;, en
+que hoy por hoy no se hacen m&aacute;s que mamarrachos. Aqu&iacute; tenemos un sal&oacute;n
+que usted deb&iacute;a tomar por modelo para el palacio que est&aacute; usted
+construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted all&iacute; una pieza
+tan grande; pero mucho se puede hacer todav&iacute;a mandando tirar alg&uacute;n
+tabique&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; le daba con disimulo codazos y m&aacute;s codazos para que cesara en
+sus burlas. Tambi&eacute;n Relimpio cre&iacute;a de su deber honrar la casa que
+visitaban, embob&aacute;ndose de admiraci&oacute;n y lanzando interjecciones cada vez
+que el bueno de Alonso se&ntilde;alaba un espejo, un cuadrito o el biombo de
+cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara.</p>
+
+<p>&laquo;Y a ti, Isidora, &iquest;qu&eacute; te parecen estas maravillas?&mdash;prosigui&oacute; Augusto,
+cuando pasaban a otra sala&mdash;. Probablemente no te llamar&aacute;n mucho la
+atenci&oacute;n, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de
+aquel Par&iacute;s... Mira, mira estos retratos de caballeros y se&ntilde;oras de los
+siglos XVI y XVII... &iexcl;Qu&eacute; nobles fisonom&iacute;as! Aquel que empu&ntilde;a un canuto,
+semejante a los de los licenciados del ej&eacute;rcito, debe de ser alg&uacute;n
+guerrero ilustre. &iexcl;Vaya unos nenes! Aquella se&ntilde;ora de empolvado pelo,
+&iexcl;cu&aacute;n hermosa es y qu&eacute; bien est&aacute; dentro de su tonelete! &iquest;Y aquella
+monja?...</p>
+
+<p>&mdash;Es el retrato de sor Teodora de Aransis&mdash;indic&oacute; Alonso con respeto&mdash;,
+superiora del convento de San Salom&oacute;, donde muri&oacute; ya muy anciana y en
+olor de santidad hace diez a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Guapa monja! &iquest;Qu&eacute; tal, D. Jos&eacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; dijo al o&iacute;do de Miquis:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si pesta&ntilde;eara!...&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaron de sala en sala, cada vez m&aacute;s admirados; Miquis, enf&aacute;tico y
+grandilocuente; D. Jos&eacute;, repitiendo como un eco las exclamaciones de su
+amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extra&ntilde;os a las
+emociones del arte; mir&aacute;ndolo todo con cierta ansiedad mezclada de
+respeto, que m&aacute;s bien parec&iacute;a el devoto arrobamiento que inspiran las
+reliquias sagradas.</p>
+
+<p>Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan
+delante Alonso e Isidora, D. Jos&eacute; se lleg&oacute; a Miquis y en voz baja le
+dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: &iexcl;Lo que es el mundo!...
+&iexcl;Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad
+que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir
+en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una
+revoluci&oacute;n grande, atroz.</p>
+
+<p>&mdash;Eso digo yo, Sr. D. Jos&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; todo esto no ha de ser nuestro? A
+ver, &iquest;qu&eacute; raz&oacute;n hay? &iquest;Qu&eacute; pecado hemos cometido usted y yo para no vivir
+aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Justamente: ese es mi tema.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que decir las cosas muy claritas.</p>
+
+<p>&mdash;Que venga esa revoluci&oacute;n, que venga. &iquest;Somos iguales, s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;afirm&oacute; Miquis con acento de Mirabeau.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es que yo no me explico...&raquo;.</p>
+
+<p>La mente de D. Jos&eacute; ca&iacute;a en un mar de confusiones, hundi&eacute;ndose m&aacute;s a
+medida que ve&iacute;a m&aacute;s objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir
+emitiendo juicios muy filos&oacute;ficos sobre aquella revoluci&oacute;n pr&oacute;xima,
+cuando Miquis acert&oacute; a ver el piano. Verlo, correr hacia &eacute;l, abrirlo,
+hojear los papeles de m&uacute;sica, y dar con su dura mano un acorde en la
+octava central, fue cosa de un instante.</p>
+
+<p>Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo
+revuelto, lo obscuro, ten&iacute;a algo de mar; all&iacute; estaba su turbulento genio
+escondido debajo de mil l&iacute;neas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que
+parecen oscilar, encresparse y confundirse con la r&iacute;tmica hinchaz&oacute;n de
+las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas dif&iacute;ciles,
+s&oacute;lo es dado navegar al m&uacute;sico experto. Tambi&eacute;n estaba all&iacute; la nave,
+admirable construcci&oacute;n de Erard. No faltaba m&aacute;s que el piloto, el
+m&uacute;sico, el int&eacute;rprete, bastante h&aacute;bil para lanzarse al abismo con &aacute;nimo
+valeroso y manos seguras. Miquis sent&iacute;a la inspiraci&oacute;n en su mente; pero
+sus dedos, tan adiestrados en la cirug&iacute;a, apenas acertaban a manejar
+torpemente algunas teclas, esto es, que no sab&iacute;an apartarse de la
+orilla.</p>
+
+<p>Pero toc&oacute;. Apenas pod&iacute;a leer la enmara&ntilde;ada escritura del autor de
+<i>Prometeo</i>. Los sonidos equivocados, que eran los m&aacute;s, le desgarraban
+los o&iacute;dos. El tono era dif&iacute;cil, y anunciaba sus asperezas una sarta de
+infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para
+alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su
+anhelo, de su furor m&uacute;sico, Miquis tocaba. Pero &iexcl;qu&eacute; sonidos roncos, qu&eacute;
+acordes sesquipedales, qu&eacute; frases truncadas, qu&eacute; lentitud, qu&eacute; tanteos!
+Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poes&iacute;a sublime fuera rebajada
+a pueril aleluya.</p>
+
+<p>En tanto, Alonso abr&iacute;a la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral
+de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona
+muerta all&iacute; nueve a&ntilde;os antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la
+quema de papeles, de la piedad de la se&ntilde;ora marquesa...</p>
+
+<p>&laquo;Y con efecto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; toc&aacute;ndose la punta de la nariz con la &iacute;dem del dedo
+&iacute;ndice&mdash;; dicen, y yo estoy en que ser&aacute; verdad, que para el a&ntilde;o que viene
+se har&aacute; aqu&iacute; una capilla... &iexcl;Qu&eacute; guapa era la se&ntilde;orita! &iquest;No es verdad?&raquo;.</p>
+
+<p>Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con l&aacute;stima;
+Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas
+femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual crec&iacute;a,
+d&aacute;ndole tantas congojas, que retir&oacute; su vista del cuadro y se apart&oacute; de
+all&iacute; para no dar a conocer lo que sent&iacute;a.</p>
+
+<p>Ninguno de los presentes conoc&iacute;a el secreto de su vida. No quer&iacute;a
+confiarlo a D. Jos&eacute;, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por
+excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al
+saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis hab&iacute;a estado en Madrid
+tres d&iacute;as y que ella, por ignorarlo, no se hab&iacute;a presentado a la noble
+se&ntilde;ora. &iexcl;Qu&eacute; contrariedad tan penosa! Pasados algunos d&iacute;as, como
+sintiese cada vez m&aacute;s vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no
+quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se vali&oacute; de Miquis,
+cuya amistad con el guardi&aacute;n de la casa le era conocida. &iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a aquel!
+Todo cuanto all&iacute; vio le hab&iacute;a causado profund&iacute;simas emociones; pero el
+retrato, &iexcl;cielos piadosos!, hab&iacute;ala dejado muerta de asombro y amor.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si pesta&ntilde;eara!&mdash;dijo para s&iacute; aquel calaver&oacute;n incorregible de D. Jos&eacute;
+Relimpio&mdash;. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonom&iacute;a no me es
+desconocida&raquo;.</p>
+
+<p>Alonso segu&iacute;a dando noticias discretas y mostrando algunas
+preciosidades, a lo que atend&iacute;a con mucha urbanidad el padrino de
+Isidora. Pero esta no ve&iacute;a ni o&iacute;a nada. Se hab&iacute;a quedado de color de
+cera, y temblaba de fr&iacute;o. Por un instante sintiose a punto de perder el
+conocimiento, y a su turbaci&oacute;n un&iacute;ase, para hacerla m&aacute;s honda, el miedo
+de darla a conocer rid&iacute;culamente. Se sent&oacute;; hizo firme prop&oacute;sito de
+serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz m&uacute;sica de Augusto le
+romp&iacute;a el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo
+lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y
+reci&eacute;n castigado.</p>
+
+<p>&laquo;M&uacute;sica alemana, &iquest;eh?&mdash;indic&oacute; Relimpio con airecillo de suficiencia&mdash;.
+Se&ntilde;or de Miquis, si eso parece un solo de zambomba...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Beethoven m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; el estudiante dejando de tocar y haciendo
+un gesto de desesperaci&oacute;n&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; lejos estabas de caer entre mis dedos!</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que debemos marcharnos&mdash;dijo el tenedor de libros ofreciendo
+un pitillo a Alonso, que respondi&oacute;: &laquo;No lo gasto&raquo;&mdash;. &iquest;Nos vamos, Augusto?</p>
+
+<p>&mdash;A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la
+embajada inglesa...&raquo;.</p>
+
+<p>Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de
+paso lo que ya detenidamente hab&iacute;an admirado. Isidora se qued&oacute; atr&aacute;s.
+&iexcl;Qu&eacute; ansiosas miradas! Sin duda quer&iacute;an recoger y guardar en s&iacute; las
+preciosidades y esplendores del palacio... Cuando lleg&oacute; a la &uacute;ltima sala
+se oprimi&oacute; el coraz&oacute;n, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras,
+sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambici&oacute;n, exclam&oacute;:
+&laquo;&iexcl;Todo es m&iacute;o!&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XI" id="Capitulo_XI"></a>Cap&iacute;tulo XI</h3>
+
+<p class="head">Insomnio n&uacute;mero cincuenta y tantos</p>
+
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; hermoso palacio, Dios de mi vida! &iexcl;Cu&aacute;nto habr&aacute; costado todo
+aquello! &iexcl;Pensar que es m&iacute;o por la Naturaleza, por la ley, por Dios y
+por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios
+no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie despu&eacute;s
+mejor el bien que me destina. Si as&iacute; no fuera, Dios hubiera hecho que yo
+me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El coraz&oacute;n no puede
+enga&ntilde;arme, el coraz&oacute;n me dice que cuando yo me presente a ella, cuando
+me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi
+verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi
+abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus l&aacute;grimas. &iexcl;Es tan
+buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, &iexcl;qu&eacute; fiel y honrado
+parece!... Siempre, siempre seguir&aacute; en la casa, con su pata de palo, que
+va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles est&aacute;n en regla. Debo
+tomar el tren y marcharme a C&oacute;rdoba. &iquest;Y con qu&eacute; dinero, Virgen
+Sant&iacute;sima? Vaya, que mi t&iacute;o se porta... Tantas promesas y tan poca
+substancia. &iexcl;Ah! &iexcl;Se&ntilde;or Can&oacute;nigo, c&oacute;mo se conoce la avaricia! Temo
+presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no est&aacute;n
+decentes, ya mi vestido est&aacute; muy <i>cesante</i>, como dice <i>la
+Sanguijuelera</i>. Tanta verg&uuml;enza tengo de m&iacute;, que quisiera no hubiese
+espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la
+una. Yo deber&iacute;a dormirme. &iexcl;Si Dios quisiera darme un poquito de
+sue&ntilde;o!... Me volver&eacute; de este otro lado.</p>
+
+<p>&raquo;Ya siento un poco de sue&ntilde;o. Detr&aacute;s de los ojos noto pesadez... Si no
+fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha
+pasado y lo que ha de pasar... Ven, sue&ntilde;ecito, ven... &iquest;Pero c&oacute;mo he de
+dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja,
+doli&eacute;ndome. Est&aacute; visto, no me dormir&eacute; hasta las dos. &iexcl;Pobre, infeliz
+hermano! &iexcl;Qu&eacute; afrenta tan grande para m&iacute; y para &eacute;l! No, mientras esto no
+se arregle y Mariano salga de la c&aacute;rcel no dir&eacute; una palabra, no dar&eacute; un
+solo paso, no ver&eacute; a mi abuela... &iexcl;Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer,
+infeliz mil veces! &iquest;C&oacute;mo quieres dormir con tanta culebrilla en el
+pensamiento? Aqu&iacute;, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual
+una madre grande y enroscada est&aacute; pariendo sin cesar... El palacio, mi
+abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego
+aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme m&aacute;s... &iexcl;Qu&eacute; hermosos,
+qu&eacute; divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareci&oacute;
+verla viva, que me miraba y se re&iacute;a, dici&eacute;ndome cosas de esas que se les
+dicen a los hijos. Madre querida, m&aacute;ndame un beso y con &eacute;l un poco de
+sue&ntilde;o. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar
+de mi cabeza tanta y tanta cosa. &iexcl;Si se lograra dormir cerrando mucho
+los ojos; si se pudiera olvidar apret&aacute;ndose las sienes!... Me volver&eacute; de
+este otro lado. &iquest;Para qu&eacute;, si al instante me he de cansar tambi&eacute;n? M&aacute;s
+vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o cont&aacute;ndome cuentos.
+&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; negro est&aacute; mi cuarto! Si no duermo, vale m&aacute;s que encienda
+luz y me levante, y abra el balc&oacute;n y me asome a &eacute;l... Pero no, tendr&eacute;
+fr&iacute;o, me constipar&eacute;, coger&eacute; una inflamaci&oacute;n, una erisipela. &iexcl;Ay, qu&eacute;
+horror! Me pondr&eacute; tan fea..., y es l&aacute;stima, &iexcl;porque soy tan guapa, me
+estoy poniendo... divina! Aqu&iacute;, recogida una en s&iacute;, y en esta soledad
+del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una
+decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se
+le dicen nunca. &iexcl;Qu&eacute; hermosa soy! Cada d&iacute;a estoy mejor. Soy cosa rica,
+todos lo afirman y es verdad... &iexcl;Dios de mi vida, las dos! Este
+chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su
+pipa. El asno bonito se acuesta...&iexcl;Las dos, y yo despierta!...</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Qu&eacute; silencio en la casa! Me volver&eacute; de este otro lado... &iexcl;Oh!, &iexcl;qu&eacute;
+calor tengo! Me deslizar&eacute; a esta otra parte que est&aacute; m&aacute;s fresca. Tengo
+un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, &iquest;pues no me estoy
+riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Sant&iacute;sima,
+sue&ntilde;o, sue&ntilde;o, olvido... Esta es otra; &iquest;por qu&eacute; me palpita el coraz&oacute;n? Lo
+mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido,
+este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... &iexcl;Jes&uacute;s, madre
+m&iacute;a! &iquest;Qu&eacute; siento? &iexcl;Pasos en mi cuarto! &iexcl;Alguien ha entrado!... &iexcl;Ah!, no,
+no hay nada: es como una pesadilla... &iexcl;C&oacute;mo sudo, y qu&eacute; sudor tan fr&iacute;o!
+&iexcl;Si al menos me durmiera! &iquest;Pero c&oacute;mo, si el coraz&oacute;n sigue palpitando
+fuerte?... Tengamos serenidad. Coraz&oacute;n, estate quieto. No bailes tanto,
+que me dueles... &iexcl;Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... &iexcl;Qu&eacute;
+cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el
+pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, &iquest;por
+qu&eacute; no he de tener yo talento? S&iacute; que lo tengo. Eso, antes que los
+dem&aacute;s, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mam&aacute; m&iacute;a, no has
+echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que
+salga de esa maldita c&aacute;rcel, que se afine, que se pulimente, que se
+instruya... &iexcl;Dios me valga! &iexcl;Las tres!</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo.
+Dar&eacute; otra vuelta y cerrar&eacute; los ojos; los apretar&eacute; aunque me duelan...
+&iquest;Por qu&eacute; no puedo estar quieta un ratito largo? &iquest;Qu&eacute; es esto que salta
+dentro de m&iacute;? &iexcl;Ah!, son los nervios, los p&iacute;caros nervios, que cuando el
+coraz&oacute;n toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. &iexcl;Qu&eacute; suplicio! Me
+muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, &iexcl;qu&eacute;
+hermoso ser&aacute;! &iexcl;Cu&aacute;ndo ver&aacute;s en ti, garganta m&iacute;a, enroscada una serpiente
+de diamantes, y t&uacute;, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan,
+sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro,
+el t&oacute;rtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ah&iacute; est&aacute;n
+esas cursis de Emilia y Leonor... &iexcl;C&oacute;mo me agradan los terciopelos y las
+felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro
+con hojas de Oto&ntilde;o resulta lind&iacute;simo... El buen gusto nace con la
+persona...</p>
+
+<p>&raquo;Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el
+sue&ntilde;o. Al fin descansar&eacute;: bien lo necesito... Ya llegan los convidados,
+mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran
+ya. &iexcl;Cu&aacute;nta sonrisa, cu&aacute;nto brillante, qu&eacute; variedad de vestidos, qu&eacute;
+bulla magn&iacute;fica! y... en fin, &iexcl;qu&eacute; cosa tan buena! Hay una tibieza en el
+aire que me desvanece; me zumban los o&iacute;dos, y en los espejos veo un
+temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha
+de morirse, porque no hay m&aacute;s remedio, que se muera aqu&iacute;. &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute;
+cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiraci&oacute;n. Eso bien se conoce.
+Acaba de llegar Joaqu&iacute;n y se dirige hacia m&iacute;... &iquest;Qu&eacute; campanas son estas?
+&iexcl;Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, s&iacute; estoy en mi
+cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me
+volver&eacute; de este otro lado...</p>
+
+<p>&raquo;El tal marqu&eacute;s viudo de Saldeoro est&aacute; loco por m&iacute;; pero no ser&eacute; tonta,
+no le dar&eacute; a conocer que me gusta... &iexcl;Y c&oacute;mo me gusta!... En fin,
+suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. &iquest;Soy acaso como esas
+cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se
+rinde el coraz&oacute;n sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es
+indiferente y el marqu&eacute;s viudito te encanta, no des a entender tu
+preferencia... &iexcl;Los hombres! &iexcl;Ah!... que se fastidien. Se dice que son
+muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo
+que ambiciono para marido; y &eacute;l me jura que lo ser&aacute;... &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; cosa
+tan buena! &iexcl;Qu&eacute; hermosa figura, qu&eacute; modales, qu&eacute; manera de vestir tan
+suya...! Pero yo me pregunto una cosa: &iquest;dir&aacute; que me quiere porque sabe
+que voy a ser riqu&iacute;sima?... Mucho cuidado, mujer; no te f&iacute;es, no te
+f&iacute;es... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para
+ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo
+aceptar&iacute;a... &iexcl;Humillarme yo!... Antes morir... &iexcl;Las cinco, Virgen del
+Carmen, y yo despierta!</p>
+
+<p>&raquo;No quiero pensar en Joaqu&iacute;n, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en
+mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meter&eacute; la
+cabeza debajo de la almohada. &iexcl;Ah!, esto me da alg&uacute;n descanso... Hace
+dos semanas que no veo a Joaqu&iacute;n, y me parece que hace mil a&ntilde;os. &iexcl;Estuve
+tan fuerte aquel d&iacute;a!... &iexcl;Me fing&iacute; tan incomodada! Verdad es que &eacute;l fue
+atrevido, atrevid&iacute;simo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se
+hace... Estaba fuera de s&iacute;. &iexcl;Qu&eacute; ojos, qu&eacute; fuerza la de sus manos! &iexcl;Pero
+qu&eacute; seria estuve yo!... Con cu&aacute;nta frialdad le desped&iacute;..., y ahora me
+muero porque vuelva... &iexcl;Jes&uacute;s, acaban de dar las cinco y ya dan las
+seis! Esto no puede ser. Ese reloj est&aacute; borracho... Tengamos calma.
+Siento mucho sueño. Al fin el cansancio me har&aacute; dormir. Si yo no
+pensase... &iexcl;Qu&eacute; felices deben de ser los burros!... Firme, mujer;
+mientras m&aacute;s apasionado est&eacute; Joaqu&iacute;n, m&aacute;s fr&iacute;a y tiesa t&uacute;... Ya siento a
+D.&ordf; Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto.
+&iexcl;Es de d&iacute;a y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi
+cabeza, los doy, Se&ntilde;or, por un poco de sue&ntilde;o. Se&ntilde;or, dame sue&ntilde;o y d&eacute;jame
+tonta...</p>
+
+<p>&raquo;Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto
+empezar&aacute;n los pregones. Ma&ntilde;ana, &iquest;qu&eacute; digo ma&ntilde;ana?, hoy es mi&eacute;rcoles, 17.
+&iquest;Recibir&eacute; carta y libranza de mi t&iacute;o? Mi t&iacute;o no es; pero as&iacute; le llamo.
+&iexcl;El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Do&ntilde;a Laura ri&ntilde;e con la
+criada... &iexcl;Maldita sea D.&ordf; Laura! El d&iacute;a en que tenga con qu&eacute; pagar a
+esa mujer feroz, ser&aacute; el m&aacute;s alegre de mi vida... &iexcl;Las siete ya! Quiero
+dormir, aunque no despierte m&aacute;s. Esta cama es un potro, un suplicio. Si
+dentro de un rato no duermo, me levantar&eacute;. No puedo estar as&iacute;. En mi
+cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. &iquest;Si se
+morir&aacute; la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte ser&aacute; un
+despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. &iexcl;C&oacute;mo entra
+el sol por mi cuarto! El p&iacute;caro va derecho a iluminar mis pobres botas,
+que ya no sirven para nada. Tambi&eacute;n da de lleno en mi vestidillo para
+hacerle, con tant&iacute;sima luz, m&aacute;s feo de lo que es. &iexcl;Qu&eacute; miserable estoy,
+Dios m&iacute;o! Esto no puede seguir as&iacute;; no seguir&aacute;. Voy a escribir a mi t&iacute;o,
+a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaqu&iacute;n... &iexcl;Las ocho, Dios de mi vida!
+Me levanto. Dormir&eacute; ma&ntilde;ana a la noche&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XII" id="Capitulo_XII"></a>Cap&iacute;tulo XII</h3>
+
+<p class="head">Los Peces (serm&oacute;n)</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Dijo tambi&eacute;n Dios: Produzcan las aguas reptiles de &aacute;nima viviente...</p>
+
+<p>Y cri&oacute; Dios las grandes ballenas, y toda &aacute;nima que vive y se mueve, que
+reprodujeron las aguas seg&uacute;n sus especies... Y vio Dios que era bueno.</p>
+
+<p>Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la
+mar...</p>
+
+<p>(<i>G&eacute;nesis</i>, cap. I, vers&iacute;culos 20, 21 y 22.)</p>
+
+<p>Amados hermanos m&iacute;os: Feliz mil veces <i>la postrera de las tierras hacia
+donde el sol se pone</i>, esta nuestra Espa&ntilde;a, que concibi&oacute; en su seno y
+crio a sus pechos a D. Manuel Jos&eacute; Ram&oacute;n del Pez, lumbrera de la
+Administraci&oacute;n, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la
+pol&iacute;tica, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos
+cofrad&iacute;as, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipa&oacute;n, indispensable en
+las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para
+acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un
+empr&eacute;stito, la nariz m&aacute;s fina para olfatear un negocio, servidor de s&iacute;
+mismo y de los dem&aacute;s, enciclopedia de chistes pol&iacute;ticos, ap&oacute;stol nunca
+fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio
+de nuestra gloriosa apat&iacute;a nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar
+reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, orde&ntilde;ador mayor
+por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que
+vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque
+m&aacute;s que hombre es una generaci&oacute;n, y m&aacute;s que persona es una era, y m&aacute;s
+que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y
+compendio de una media Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Don Manuel Jos&eacute; Ram&oacute;n Pez andaba, en la &eacute;poca a que se refiere este
+nuestro paneg&iacute;rico, entre los cincuenta y los sesenta a&ntilde;os. Desde su
+tierna edad serv&iacute;a en esta maternal Administraci&oacute;n espa&ntilde;ola. De ni&ntilde;o
+hab&iacute;a tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que
+tambi&eacute;n eran Peces por la rama materna. M&aacute;s adelante se gobern&oacute; solo, y
+casi siempre desempe&ntilde;&oacute; elevados y ub&eacute;rrimos destinos, con intervalos de
+cesant&iacute;as; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba
+reputaci&oacute;n de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque
+esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea
+puramente relativa. De sus principios pol&iacute;ticos no queremos hablar,
+porque no hay para qu&eacute;. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer
+que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, ten&iacute;an por
+atributo primero una adaptaci&oacute;n tan maravillosa como la de los l&iacute;quidos
+a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios
+l&iacute;quidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesi&oacute;n, pues
+tambi&eacute;n los hay gaseosos. Si un car&aacute;cter ha de formarse de una sola
+pieza y de una sola substancia, descartando las dem&aacute;s como puramente
+ornamentales, el car&aacute;cter de D. Manuel se compon&iacute;a de una sola y
+homog&eacute;nea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre,
+por la ley de gravitaci&oacute;n social, a los poderosos.</p>
+
+<p>Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdicci&oacute;n de lo humano, que no
+se consiguiera por mediaci&oacute;n de Pez, y de aqu&iacute; que Pez estuviera en
+aquellos d&iacute;as de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo est&aacute; de
+ex&mdash;votos un santo milagroso. La recomendaci&oacute;n es entre nosotros una
+segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos
+expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a
+cumbres alt&iacute;simas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el
+trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de
+la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa
+forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendaci&oacute;n.</p>
+
+<p>No como una segunda fase de su car&aacute;cter servicial, sino como una
+ampliaci&oacute;n de &eacute;l, ten&iacute;a don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea
+protecci&oacute;n decidida, incondicional, una protecci&oacute;n fren&eacute;tica y
+delirante, a la copios&iacute;sima, a la inacabable, a la infinita familia de
+los Peces. En aquellos d&iacute;as, amados hermanos m&iacute;os, desempe&ntilde;aba una de
+las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para
+ministro. En los mismos d&iacute;as ver&iacute;ais repartidos por toda la redondez de
+la Pen&iacute;nsula n&uacute;mero considerable de funcionarios que por llevar el claro
+nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o
+s&eacute;ptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Hab&iacute;a cuatro o
+cinco Peces entre los oficiales generales del ej&eacute;rcito, todos con buenos
+lotes en direcciones o capitan&iacute;as generales. Los magistrados y jueces y
+promotores fiscales del g&eacute;nero Pez se contaban por centenares,
+distribuidos en toda la Espa&ntilde;a. Para que en todas las jerarqu&iacute;as hubiera
+alg&uacute;n miembro de esta omnisciente familia de bendici&oacute;n, tambi&eacute;n hab&iacute;a un
+obispo pisciforme, y hasta doce can&oacute;nigos y beneficiados que pastaban en
+el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras p&uacute;blicas, capataces,
+recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas,
+inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, s&eacute;ptimos y
+quincuag&eacute;simos de Gobiernos de provincia, el n&uacute;mero era tal que ya no se
+pod&iacute;a contar. Invoquemos el texto divino: <i>Crescite et multiplicamini,
+et replete aguas maris</i>.</p>
+
+<p>De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que
+hablar, porque all&iacute; los hab&iacute;a hasta de las m&aacute;s bajas categor&iacute;as. Sin
+contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D.
+Manuel era evidente, aunque remot&iacute;simo, coleaban mil y mil Pececillos,
+s&oacute;lo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el
+apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya
+de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacrist&aacute;n. Para
+decirlo todo de una vez, y concret&aacute;ndonos al distrito perpetuo de D.
+Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos m&iacute;os, recordemos
+la opini&oacute;n que acerca de esta gente form&oacute; el <i>Ap&oacute;stol de las Escuelas</i>,
+Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiol&oacute;gicos sac&oacute; la
+clasificaci&oacute;n siguiente: Orden de los <i>Malacopterigios abdominales</i>.
+Familia, <i>Barbus voracissimus</i>. Especie, <i>R&eacute;mora vastatrix</i>.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Amados hermanos m&iacute;os: si de la Mancha pasamos, pues todo es Espa&ntilde;a, a la
+Direcci&oacute;n de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espect&aacute;culo no menos
+patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipa&oacute;n
+(que de Dios goza), hab&iacute;a tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando
+al hijo mayor, Joaqu&iacute;n Pez, de quien se hablar&aacute; cuando le toque;
+descartando tambi&eacute;n a las dos se&ntilde;oritas de Pez, ya casaderas, quedaban
+cuatro pimpollos. Luis, de veintis&eacute;is a&ntilde;os, ten&iacute;a treinta mil reales en
+la Secretar&iacute;a del Ministerio; Anto&ntilde;ito, de veintid&oacute;s Navidades, gozaba
+veinticuatro en una Direcci&oacute;n lim&iacute;trofe; Federico, de diez y nueve, se
+dignaba prestar sus servicios al lado del pap&aacute; por la remuneraci&oacute;n de
+catorce mil reales; Adolfito, de quince, hab&iacute;a admitido un bollo de ocho
+mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no hab&iacute;a recibido
+a&uacute;n la credencial; pero la recibir&iacute;a en justo galard&oacute;n de su celo
+persiguiendo a los ratoncillos que ro&iacute;an los papeles de la oficina.</p>
+
+<p>No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una
+breve excursi&oacute;n al campo de la Aritm&eacute;tica. Es una observaci&oacute;n o problema
+que el p&uacute;blico ha formado muchas veces ante ciertas ant&iacute;tesis, que, a
+fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel
+era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia
+propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no ten&iacute;a bienes
+ra&iacute;ces de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no deb&iacute;a
+de tener tampoco econom&iacute;as. Sumando su sueldo con el sueldo de los
+pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis
+mil duros. Problema: &iquest;por qu&eacute; misteriosas alquimias pasaba esta cantidad
+para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales,
+buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la
+familia, lujosos vestidos de baile para las ni&ntilde;as, land&oacute;, palco a primer
+turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano,
+imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel
+percib&iacute;a de algunas compa&ntilde;&iacute;as de ferrocarriles, quedaba la mitad del
+gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados
+preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por
+ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y
+corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se
+rasca, porque ya no le escuece.</p>
+
+<p>Introduzc&aacute;monos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta
+redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este
+matrimonio dichoso, y de esta prole dichos&iacute;sima. Los tiempos eran
+pr&oacute;speros. Tocaba entonces estar arriba. El &aacute;rbol fecund&iacute;simo del poder
+proteg&iacute;a con su pl&aacute;cida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano
+para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De
+situaci&oacute;n tan bella proced&iacute;a en todos aquel deseo febril de goces y el
+delirio de llamar la atenci&oacute;n, de parecer mucho m&aacute;s de lo que realmente
+eran. La se&ntilde;ora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas
+casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos hab&iacute;an de ser
+millonarios, y adem&aacute;s, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas
+(da&ntilde;adas ya sus inocentes almas por la fatuidad) hab&iacute;an hecho suyas las
+ideas de su endiosada mam&aacute;, y a&uacute;n iban m&aacute;s lejos, y so&ntilde;aban con
+pr&iacute;ncipes, &iquest;por qu&eacute; no con reyes?</p>
+
+<p>Eran dos ni&ntilde;as preciosas, de hermosura delicada y fr&aacute;gil, de esa que
+luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y
+luego se disipa en el primer a&ntilde;o de matrimonio; rubias, delgadas,
+quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros luc&iacute;an demasiado grandes en
+la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser
+tra&iacute;das y llevadas por su mam&aacute; de sal&oacute;n en sal&oacute;n, de teatro en teatro,
+de fiesta en fiesta, parec&iacute;an fatigadas, pero no hartas de fr&iacute;volos
+pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba
+que estas tales ni&ntilde;as apenas pod&iacute;an esconder, bajo el barniz de la
+urbanidad, el desprecio que sent&iacute;an hacia todo lo que fuera o pareciese
+inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les ca&iacute;a de la boca la
+palabra <i>cursi</i>, aplic&aacute;ndola a este o aquel que no viviese inmergido en
+el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no
+comprend&iacute;an las tontuelas que ellas ca&iacute;an tambi&eacute;n debajo del fuero de la
+cursiler&iacute;a, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y
+que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente
+superior. Aquellas ni&ntilde;as, mil veces dichosas, no hab&iacute;an visto el mundo
+sino por su lado fr&iacute;volo; no conoc&iacute;an la sociedad ni su mecanismo, ni
+sus orbes y gravitaci&oacute;n admirables. Su instrucci&oacute;n se circunscrib&iacute;a a un
+poco de Catecismo, una tintura de Historia, &iexcl;y qu&eacute; Historia!, algunos
+brochazos de Franc&eacute;s y un poco de Aritm&eacute;tica. Pero &iquest;de que serv&iacute;an los
+rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no
+les cab&iacute;a en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del
+duque de Tal pose&iacute;a en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de
+malicia como de sind&eacute;resis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para
+ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no pod&iacute;a entrar la
+comparaci&oacute;n entre los diez millones de renta del duque de Tal y los
+cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponi&eacute;ndole Pez, y
+Pez grand&iacute;simo. <i>Creavit Deus Cete grandia</i> (los grandes cet&aacute;ceos).</p>
+
+<p>Dej&eacute;moslas en paz. Eran dichosas. &iquest;A qu&eacute; conturbar su felicidad,
+picote&aacute;ndola con n&uacute;meros? Que gocen de la vida, de los verdes a&ntilde;os.
+Ocup&eacute;monos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina
+sino cuando le daba la gana; que hab&iacute;a encargado un veloc&iacute;pedo a Londres
+y hab&iacute;a extendido &eacute;l mismo la orden para que el administrador de la
+Aduana de Ir&uacute;n lo dejase pasar sin derechos, &iexcl;qu&eacute; rasgo de genio! &laquo;T&uacute;
+ir&aacute;s muy lejos, ni&ntilde;o&raquo;, le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel
+rasgo val&iacute;a una cartera. &iexcl;Genialidad infantil que anunciaba el embri&oacute;n
+de un hombre de Estado espa&ntilde;ol!</p>
+
+<p>Ocup&eacute;monos tambi&eacute;n, amados hermanos m&iacute;os, de Federico y Anto&ntilde;ito Pez,
+que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno fil&oacute;sofo (muchos
+fil&oacute;sofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. &iexcl;Ah!
+La Econom&iacute;a pol&iacute;tica es una ilusi&oacute;n que se pierde siempre a los veinte
+a&ntilde;os. Federico se hab&iacute;a distinguido en esos c&iacute;rculos de sabidur&iacute;a
+temprana donde centenares de &aacute;ngeles juegan al discurso. Era oradorcito.
+All&iacute; era de o&iacute;r lo siguiente: &laquo;El se&ntilde;or que me ha precedido en el uso de
+la palabra...&raquo;. Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es
+moda que los ni&ntilde;os de teta usen sombrero. Las controversias de los
+menudos fil&oacute;sofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento
+y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita
+por Federico sobre no s&eacute; qu&eacute;, pas&oacute; desde la tribuna a la prensa,
+apareci&oacute; en una Revista; el ni&ntilde;o se creci&oacute;; inscribiose en un c&iacute;rculo
+m&aacute;s nombrado; h&iacute;zose o&iacute;r; le aplaudieron. Primero hablaba y luego
+gritaba. Ensordec&iacute;a los pasillos. Lleg&oacute; a envanecerse con su facilidad
+de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodr&iacute;guez. Hubo de volverse
+loco porque le dijeron que a&uacute;n mamaba. &iexcl;Disparate! El no mamaba sino del
+presupuesto.</p>
+
+<p>Anto&ntilde;ito, que era el fil&oacute;sofo, empleaba las horas de oficina en hacer
+revistas musicales para un peri&oacute;dico de teatros. La Filosof&iacute;a y la
+M&uacute;sica tienen un alma de diez y nueve a&ntilde;os, una afinidad que parece
+parentesco. Son dos cuerdas distintas del la&uacute;d de la tonter&iacute;a. Anto&ntilde;ito,
+que hab&iacute;a hecho en su cabeza una especie de pasta filos&oacute;fica, amasando
+al padre Taparelli con Augusto Comte, era adem&aacute;s un wagnerista
+furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jam&aacute;s de los jamases hab&iacute;a
+o&iacute;do m&uacute;sica de Wagner. En sus art&iacute;culos llamaba a todas las cantantes
+<i>divas</i>, y a toda las obras <i>spartitos</i>. Era sever&iacute;simo con los artistas
+cuando no le daban butaca.</p>
+
+<p>Ocup&eacute;monos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era fil&oacute;sofo, ni
+economista, ni m&uacute;sico; era jinete. Hab&iacute;a comenzado una carrera militar,
+pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasi&oacute;n eran los
+caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba
+que no tuvi&eacute;ramos hip&oacute;dromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su
+cerebro tan limpio de Aritm&eacute;tica, que no acertaba a comprender por qu&eacute;
+&eacute;l ten&iacute;a un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de
+Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban
+la cuadra de la calle de San D&aacute;maso. He aqu&iacute; una contradicci&oacute;n econ&oacute;mica
+ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habr&iacute;a tenido
+quiz&aacute;s algo que decir. Iba nuestro gal&aacute;n centauro a la oficina lo menos
+que pod&iacute;a. Estaba agregado a la Comisi&oacute;n de empleados que redactaban las
+nuevas Ordenanzas de Aduanas. &iquest;Para qu&eacute; hab&iacute;a de molestarse este digno
+funcionario en asistir a su trabajo si &eacute;l no sab&iacute;a lo que era comercio;
+si no sab&iacute;a lo que era un puerto; si no hab&iacute;a visto otra mar que el mar
+sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento,
+lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcoh&oacute;lica, arancel, y
+dem&aacute;s cosas que ata&ntilde;en al tr&aacute;fico y desarrollo del cambio? Bostezaba en
+la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle.
+Amados hermanos m&iacute;os, tiempo es ya de que digamos con el &aacute;ngel. <i>&iexcl;Ave,
+Mar&iacute;a!</i></p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Sorprendamos a D. Manuel Jos&eacute; Ram&oacute;n Pez (o del Pez) cuando, reci&eacute;n
+abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de
+varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos ten&iacute;an con &eacute;l relaci&oacute;n
+misteriosa, s&oacute;lo de &eacute;l conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados
+los lentes o quevedos, afeitada y desca&ntilde;onada ya la barbilla viol&aacute;cea,
+bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de
+estopa, revolv&iacute;a cartas, consultaba notas, hojeaba <i>memor&aacute;ndums</i>,
+ordenaba <i>in mente</i> lo que no ten&iacute;a orden, hac&iacute;a c&aacute;lculos, esbozaba
+proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su
+cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que parec&iacute;a
+hecha con tiral&iacute;neas; abism&aacute;base en meditaciones; despu&eacute;s, tarareando
+una cancioncilla, pasaba la vista por los peri&oacute;dicos de la ma&ntilde;ana, daba
+algunas &oacute;rdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y
+diversiones.</p>
+
+<p>A cada instante era visitado el despacho por un &aacute;ngel que entraba
+retozando. &iexcl;Qu&eacute; ch&aacute;chara suplicatoria y qu&eacute; mendicidad mezclada de
+regocijo! &laquo;Pap&aacute;, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco
+de la Comedia... Pap&aacute;, no olvides que hoy se renueva el abono del
+Real... Papa&iacute;to, p&aacute;game esta cuenta de Bach... Pap&aacute;, el sastre... Pap&aacute;,
+la modista... Papa, la florista... Pap&aacute;, la cuenta de Arias... Pap&aacute;,
+nuestros abanicos... Pap&aacute;, el caballo... Pap&aacute;, pap&aacute;, pap&aacute;...&raquo;. Era un
+p&iacute;o p&iacute;o que no cesaba. Por fortuna don Manuel Jos&eacute; Ram&oacute;n era la imagen
+viva de la Providencia, seg&uacute;n generosamente daba y repart&iacute;a, sin
+quejarse, sin rega&ntilde;ar; antes bien, regode&aacute;ndose de ver tanto gusto y
+apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. Tambi&eacute;n
+&eacute;l era feliz, porque si alg&uacute;n bien positivo hay en el mundo, es el que
+sienten mano y coraz&oacute;n en el momento de dar algo.</p>
+
+<p>Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gent&iacute;o fosco,
+siniestro, una turba preguntona y exigente, que quer&iacute;a hablar con el
+se&ntilde;or, ver al se&ntilde;or, decir dos palabritas al se&ntilde;or. Sonaba a cada
+instante la campanilla, y entraba uno m&aacute;s. Eran los desfavorecidos de la
+fortuna, pretendientes, cesantes de distintas &eacute;pocas, de la &eacute;poca de Pez
+y de la &eacute;poca del antecesor de Pez. Algunas bocas fam&eacute;licas ped&iacute;an pan;
+otras no ped&iacute;an m&aacute;s que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad,
+ped&iacute;an para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban
+atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que ped&iacute;an <i>para cuando
+hubiese una vacante</i>. Con este gent&iacute;o calagurritano se mezclaban los
+postulantes de otra esfera, personajes y se&ntilde;orones que pasaban al
+despacho desde que llegaban. El criado no pod&iacute;a contener a la turba
+impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que ten&iacute;a en sus maneras el
+&iacute;mpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropell&oacute; en cierta ocasi&oacute;n al
+criado, se meti&oacute; por el pasillo adelante, entr&oacute; sin anunciarse en el
+despacho, y encar&aacute;ndose con D. Manuel, dijo con l&aacute;grimas y gestos de
+teatro: &laquo;Se&ntilde;or, soy viuda de un Pez&raquo;.</p>
+
+<p>Don Manuel repart&iacute;a promesas, limosnas, a veces credenciales de poca
+monta, y para todos ten&iacute;a un consuelo, una palabra o un duro. Era
+bondadoso y muy bien educado. Hab&iacute;a en su mente, junto a la idea de su
+derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con
+la humanidad cesante y despose&iacute;da.</p>
+
+<p>Por concluir nuestro paneg&iacute;rico con un hecho concreto de la vida del
+santo, diremos que una ma&ntilde;ana D. Manuel mand&oacute; que no entrase nadie.
+Estaba fatigado. Quer&iacute;a ir pronto a la oficina, donde ten&iacute;a cita con el
+marqu&eacute;s de F&uacute;car y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro,
+haci&eacute;ndole un pr&eacute;stamo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, se me olvidaba...&mdash;murmur&oacute;, echando la vista sobre una carta&mdash;.
+Francisco, dile al se&ntilde;orito Joaqu&iacute;n que suba&raquo;.</p>
+
+<p>Joaqu&iacute;n Pez, el mayor de los Pececillos, ten&iacute;a treinta y cuatro a&ntilde;os. Se
+hab&iacute;a casado por amor con la hija &uacute;nica de la marquesa de Saldeoro.
+Quedose viudo a los ocho a&ntilde;os de matrimonio, no exento de alborotos, y
+cuando las cosas de esta relaci&oacute;n ocurren estaba asombrosamente
+consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se
+distingu&iacute;a; f&iacute;sica la una, moral la otra. Era su coraz&oacute;n bueno y
+cari&ntilde;oso. Era su figura y rostro de lo m&aacute;s apuesto, hermoso y noble que
+se pudiera imaginar. Ten&iacute;a toda la belleza que es compatible con la
+dignidad del hombre, y a tales perfecciones se a&ntilde;ad&iacute;an un aire de
+franqueza, una agraciada despreocupaci&oacute;n, o s&iacute; se quiere m&aacute;s claro, una
+languidez moral muy simp&aacute;tica a ciertas personas, una ch&aacute;chara fr&iacute;vola,
+pero llena de seducciones, y por &uacute;ltimo, maneras distinguid&iacute;simas, humor
+festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que
+corresponde a un tipo de gal&aacute;n del siglo XIX, que es un siglo muy
+particular en este ramo de los galanes.</p>
+
+<p>Y hablemos ahora, amados hermanos m&iacute;os, del defecto de Joaqu&iacute;n Pez,
+defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosof&iacute;a, por la Iglesia, por
+los Santos Padres y hasta por la gente de poco m&aacute;s o menos. Este defecto
+era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de
+&aacute;nimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones
+f&iacute;sicas y sociales del Pez, bien se comprender&aacute; que este vicio del alma
+hab&iacute;a de tener por expresi&oacute;n sintom&aacute;tica el desenfreno de las pasiones
+amorosas.</p>
+
+<p>Disculp&eacute;mosle. Era tan guapo, ten&iacute;a tanto partido, que m&aacute;s que el tipo
+del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era
+en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorb&iacute;an su
+atenci&oacute;n, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la
+herencia de su esposa, pero muy mermado ocho a&ntilde;os despu&eacute;s. Cuando le
+conocemos, Joaqu&iacute;n estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los
+terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que
+no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en
+caba&ntilde;as o andurriales.</p>
+
+<p>Ya os oigo decir, amados m&iacute;os, que estas cacer&iacute;as, lejos de fortificar
+al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua;
+pero nuestro vigoroso Pez no hab&iacute;a llegado a&uacute;n, cuando le conocimos, al
+grado de envilecimiento que es el t&eacute;rmino de las pasiones locas. Su
+vicio era todav&iacute;a un vicio del coraz&oacute;n, intervenido con la fantas&iacute;a. A&uacute;n
+persist&iacute;an en &eacute;l ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos,
+con sus melancol&iacute;as, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba
+a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuaci&oacute;n con
+fantasmagor&iacute;as y esfuerzos de iluminismo, de que nac&iacute;an, aunque por modo
+artificioso, afectos parecidos a la ternura.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal
+ocupaban sus padres. Levant&aacute;base tarde, almorzaba con su familia, y
+despu&eacute;s de la una rara vez le volv&iacute;an a ver sus padres hasta el d&iacute;a
+siguiente.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, hombre, &iquest;has visto?&mdash;le dijo el pap&aacute; Pez, prejuzgando con su
+tonillo burl&oacute;n el asunto de que iba a tratar&mdash;. Otra carta del Can&oacute;nigo
+en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal
+Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., &iexcl;qu&eacute;
+tonter&iacute;as!, en su pretensi&oacute;n... Dice que son nietos de la marquesa de
+Aransis; que &eacute;l lo probar&aacute; ante los Tribunales. &iquest;T&uacute; crees esto?</p>
+
+<p>&mdash;Yo..., yo, verdaderamente...&mdash;manifest&oacute; Joaqu&iacute;n con aquella indolencia
+que de su cuerpo a su pensamiento se extend&iacute;a&mdash;. No lo afirmo ni lo
+niego.</p>
+
+<p>&mdash;Logomaquias, hombre&mdash;dijo D. Manuel apartando de s&iacute; con desprecio la
+carta de su amigo el Can&oacute;nigo, cacique y faraute de los Peces en buena
+parte de la Mancha&mdash;. Esto es novela... &iexcl;Nietos de la marquesa de
+Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... &iquest;Conoces t&uacute; a esa
+Isidora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella sostiene...?</p>
+
+<p>&mdash;Como el Evangelio.</p>
+
+<p>&mdash;Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor salen
+con la patochada de tener por pap&aacute;s a duques o pr&iacute;ncipes, no pueden
+pasar en el d&iacute;a, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca.
+Admit&aacute;moslo en las novelas; &iexcl;pero en la realidad...! En fin, sea lo que
+quiera, es preciso atender al Can&oacute;nigo, que nos sirve bien. Ent&eacute;rate.
+Dice que pongamos a disposici&oacute;n de la muchacha algunas cantidades. En lo
+que no le har&eacute; el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la
+marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos dici&eacute;ndoselo a su
+apoderado, el marqu&eacute;s de On&eacute;simo... Logomaquias, hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Yo me encargar&eacute; de esto&mdash;replic&oacute; decididamente Joaqu&iacute;n&mdash;. Ya he visto a
+esa hija de reyes. Es una muchacha simp&aacute;tica, discreta y buena, que
+merece, s&iacute;, merece, sin duda algo m&aacute;s de lo que posee&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando Isidora lleg&oacute; a Madrid, recibi&oacute; don Manuel una carta del Can&oacute;nigo
+recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que
+tanto hab&iacute;a hecho re&iacute;r al se&ntilde;or Director. Por encargo de este, Joaqu&iacute;n
+la visit&oacute;; encontrola guapa el primer d&iacute;a, el segundo muy guapa, y el
+tercero delicios&iacute;sima, con lo que la diput&oacute; por suya. Traz&oacute; las primeras
+paralelas; hall&oacute; resistencia; traz&oacute; las segundas y hall&oacute; m&aacute;s
+resistencia, una tenacidad que anunciaba el hero&iacute;smo. De aqu&iacute; vino
+aquella retirada h&aacute;bil que desconcert&oacute;, como antes se dijo, a la joven,
+no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada.
+&iexcl;Cu&aacute;n cierto es que el ocio enerva y rinde al m&aacute;s aguerrido ej&eacute;rcito
+antes que el fuego y las balas!</p>
+
+<p>Las dotes militares de Joaqu&iacute;n, m&aacute;s que de general de tropas regladas,
+eran de guerrillero h&aacute;bil en golpes de mano. Viene esto de la &iacute;ndole de
+los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a
+esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capit&aacute;n de partidas,
+desde que habl&oacute; con su padre, ide&oacute;, pues, la emboscada m&aacute;s h&aacute;bil que
+concertaron guerrilleros en el mundo. No pondr&iacute;a sitio. Enviar&iacute;a un
+parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo
+ca&iacute;a en el lazo, si pasaba el r&iacute;o de la Prudencia y se pon&iacute;a bajo los
+fuegos del desfiladero de la Audacia...</p>
+
+<p>En el cap&iacute;tulo siguiente ver&eacute;is, &iexcl;oh amados feligreses!, lo que pas&oacute;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIII" id="Capitulo_XIII"></a>Cap&iacute;tulo XIII</h3>
+
+<p class="head">&iexcl;Cursilona!</p>
+
+
+<p>Ser&iacute;an las cuatro cuando Isidora, acompa&ntilde;ada de su padrino, lleg&oacute; al
+portal de la casa de Joaqu&iacute;n Pez. Su ansiedad era grande, porque hab&iacute;a
+recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, despu&eacute;s de
+declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la se&ntilde;orita de
+Rufete a venir a su casa, donde ser&iacute;a enterada de una comunicaci&oacute;n del
+Can&oacute;nigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente
+importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle
+de Hern&aacute;n Cort&eacute;s a la de Jorge Juan no cabr&iacute;an en este volumen, aunque
+fuese doble. &iexcl;De qu&eacute; manera y con qu&eacute; fecundidad de imaginaci&oacute;n dio vida
+en su mente a la entrevista pr&oacute;xima a verificarse! Al llegar al portal,
+y al decir a D. Jos&eacute;: &laquo;dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva
+aqu&iacute; dentro de media hora&raquo;, ya hab&iacute;a ella desarrollado en s&iacute; misma cien
+visiones distintas de lo que hab&iacute;a de pasar. Cuando ella entraba, sal&iacute;an
+las dos ni&ntilde;as de Pez con su mam&aacute; para subir al coche que las esperaba en
+la calle. &iexcl;Qu&eacute; elegantes! Isidora las mir&oacute; bien; pero iba ella, a su
+parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera
+escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y
+mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de
+engrandecerse no era un deseo tan s&oacute;lo, sino una reclamaci&oacute;n. Su pobreza
+no le parec&iacute;a desgracia, sino injusticia, y el lujo de los dem&aacute;s
+mir&aacute;balo como cosa que le hab&iacute;a sido sustra&iacute;da, y que tarde o temprano
+deb&iacute;a volver a sus manos.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta
+las examin&oacute; bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas cr&iacute;tica
+acerba, las desnud&oacute;, les quit&oacute; los sombreros, censur&oacute; aquellos talles de
+ara&ntilde;a, y concluy&oacute; por considerar en su mente lo que resultar&iacute;a si la m&aacute;s
+guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta
+se pusiera los de la chica de Pez.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en casa de Joaqu&iacute;n, y el criado la encerr&oacute; en un gabinete mientras
+pasaba recado al se&ntilde;orito. &iexcl;Qu&eacute; hermosos y finos muebles, qu&eacute; c&oacute;modos
+divanes, qu&eacute; lucientes espejos, qu&eacute; blanda alfombra, qu&eacute; graciosas
+figuras de bronce, qu&eacute; solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos
+de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qu&eacute; magn&iacute;ficas estampas
+de mujeres bellas! La escasa erudici&oacute;n de Isidora no le permit&iacute;a saber
+si aquellas se&ntilde;oras eran de la Mitolog&iacute;a o de d&oacute;nde eran; pero la
+circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido
+le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. &iexcl;Y qu&eacute; bonito el armario
+de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban
+en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jam&aacute;s le&iacute;dos!
+&laquo;Pero &iquest;qu&eacute; har&aacute;n en los rincones aquellos dos se&ntilde;ores flacos? &iexcl;Ah! Esa
+pareja se ve mucho por ah&iacute;. Son Mefist&oacute;feles y D. Quijote, seg&uacute;n ha
+dicho Miquis. Yo no har&eacute; nunca la tonter&iacute;a de tener en mi casa nada que
+se vea mucho por ah&iacute;. Vamos, que a&uacute;n puedo yo dar lecciones a esta
+gente&raquo;. Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de
+Vel&aacute;zquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qu&eacute; har&iacute;a
+nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entr&oacute; Joaqu&iacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Albricias!&mdash;le dijo de buenas a primeras, tom&aacute;ndole las dos manos y
+apret&aacute;ndoselas mucho&mdash;. Pap&aacute; ha tenido una carta del Can&oacute;nigo... Pap&aacute; se
+propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglar&aacute;... Esto va
+bien. &iquest;No lo dije yo?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora qued&oacute; tan turbada por esta irrupci&oacute;n brusca de buenas noticias,
+que no acert&oacute; a decir nada. Miraba embebecida a Joaqu&iacute;n. Pasada la
+primera impresi&oacute;n de las noticias, lo que domin&oacute; en el esp&iacute;ritu de la
+joven fue la verg&uuml;enza de que Joaqu&iacute;n, tan admirador de ella, la viese
+mal vestida. Hab&iacute;a estado dos horas arregl&aacute;ndose para disimular su mala
+facha. Ven&iacute;a compuesta con galana sencillez, respirando aseo y
+coqueter&iacute;a; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no
+pod&iacute;an disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, &iexcl;y
+esto era lo m&aacute;s atroz!, la desgraciad&iacute;sima vejez y mucho uso de las
+botas, que no s&oacute;lo estaban usadas y viejas, sino &iexcl;rotas! Lo que Isidora
+padec&iacute;a con esto no es decible. Cuidadosamente escond&iacute;a bajo las faldas
+sus pies, tan peque&ntilde;os como mal calzados, para que Joaqu&iacute;n no se los
+viera.</p>
+
+<p>Pero ya &eacute;l se los hab&iacute;a visto, sin perder por eso el amor, o ll&aacute;mese
+como se quiera, que sent&iacute;a; antes bien, exalt&aacute;ndose m&aacute;s. Por efecto de
+esas aberraciones del gusto que marcan el tr&aacute;nsito de la pasi&oacute;n al
+vicio, Joaqu&iacute;n la amaba m&aacute;s con aquel atav&iacute;o grosero; y si estuviera
+completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella
+sublimado el ideal del momento.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y cu&aacute;ndo hablar&aacute; su pap&aacute; de usted a la marquesa?&mdash;pregunt&oacute; Isidora ya
+m&aacute;s due&ntilde;a de s&iacute;&mdash;. La marquesa est&aacute; en C&oacute;rdoba...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En C&oacute;rdoba?... Ya&mdash;murmurr&oacute; Joaqu&iacute;n, a quien no le importaba gran cosa
+que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase&mdash;. Eso no importa. La
+marquesa vendr&aacute;... &iexcl;Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo mejor.
+Tenemos orden del se&ntilde;or Can&oacute;nigo para entregar a usted las cantidades
+que necesite. Usted dir&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Las cantidades que necesite!&raquo;&mdash;repiti&oacute; Isidora embelesada, viendo en su
+imaginaci&oacute;n una cascada de dinero.</p>
+
+<p>&iexcl;Tener dinero! &iexcl;Qu&eacute; alborozo! Parec&iacute;a que en su alma, como en alegre
+selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil
+encantadores pajarillos. &iexcl;De tal modo se le anunciaban las necesidades
+satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras
+satisfacciones m&aacute;s, tra&iacute;das por la soberana virtud del oro!</p>
+
+<p>Conocedor Joaqu&iacute;n de la manera de tocar ciertos registros del alma
+humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del
+hombre, y m&aacute;s a&uacute;n de la mujer, llegose a la chimenea, tom&oacute; de ella una
+cajita, abriola y mostr&oacute; a los ojos admirados de Isidora porci&oacute;n
+cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de
+billetes de Banco.</p>
+
+<p>&laquo;No s&eacute; lo que habr&aacute; aqu&iacute;&mdash;dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos, y
+afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad
+con los millones&mdash;. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dir&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>El efecto fue inmenso. At&oacute;nita y embobada estaba la de Rufete, paseando
+su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien
+la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes
+peque&ntilde;os, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hip&eacute;rbole,
+cre&iacute;a ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente
+del dorado Pactolo.</p>
+
+<p>&laquo;Usted dir&aacute;&mdash;repiti&oacute; &eacute;l, hojeando los cuadernillos de billetes como si
+fueran libritos de papel de fumar&mdash;. Mi parecer es que usted, por quien
+es y por la posici&oacute;n que ocupar&aacute;, no debe seguir viviendo en aquella
+casa. Usted debe tomar una casa para s&iacute; y su hermano, ponerse en otro
+pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... &iquest;Quiere usted
+que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles,
+modista...?&raquo;.</p>
+
+<p>Joaqu&iacute;n la mir&oacute;. &iexcl;Qu&eacute; guapa era! Isidora le o&iacute;a como si oyera una
+descripci&oacute;n del Para&iacute;so a quien realmente ha estado en &eacute;l. Luego, cuando
+Joaqu&iacute;n la mir&oacute; tan de cerca que ella pod&iacute;a contarle los pelos de la
+barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, crey&oacute; ver al
+mismo &aacute;ngel de la puerta del Para&iacute;so mostrando las llaves de &eacute;l... Por
+un instante Isidora no hizo m&aacute;s que saltar la mirada de la cajita al
+rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiraci&oacute;n que por el
+joven sent&iacute;a se acrecentaba hasta parecer cari&ntilde;o entra&ntilde;able. &iexcl;Era tan
+seductor su modo de mirar!... &iexcl;Ten&iacute;a un no s&eacute; qu&eacute; tan distinto de todos
+los dem&aacute;s hombres!... As&iacute; lo pens&oacute; Isidora, sintiendo herida y
+traspasada toda aquella parte de su coraz&oacute;n que dejaba libre el orgullo.</p>
+
+<p>&laquo;Usted dir&aacute;&raquo;&mdash;volvi&oacute; a indicar Joaqu&iacute;n, dejando a un lado la cajita y
+tomando las manos de Isidora.</p>
+
+<p>Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaqu&iacute;n se le hizo m&aacute;s guapo,
+m&aacute;s seductor, m&aacute;s caballero, revisti&eacute;ndose de todas las perfecciones
+imaginables.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Me porto mal&mdash;dijo &eacute;l con voz blanda&mdash;; me porto mal en pago de la
+ofensa que usted me hizo despidi&eacute;ndome y dici&eacute;ndome que no pod&iacute;a
+quererme?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora fluctuaba entre el re&iacute;r y el temer. Se re&iacute;a y estaba p&aacute;lida.
+Despu&eacute;s sinti&oacute; fr&iacute;o.</p>
+
+<p>&laquo;Yo bien s&eacute; lo que pasar&aacute; cuando usted llegue al fin de su
+camino&mdash;prosigui&oacute; &eacute;l&mdash;. En vez de quererme entonces como ha prometido, me
+despreciar&aacute;... &iexcl;Ser&aacute; usted entonces tan superior a m&iacute;!...&raquo;.</p>
+
+<p>La perfidia en estas palabras era tanta, que no cab&iacute;a debajo de todos
+los pliegues del disimulo.</p>
+
+<p>Isidora, adem&aacute;s de re&iacute;r, adem&aacute;s de temer, adem&aacute;s de tener fr&iacute;o, se
+sent&iacute;a como mecida en un vagoroso y a&eacute;reo columpio. La cara hermos&iacute;sima
+del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilaci&oacute;n de resplandores
+celestes que van y vienen. &iquest;C&oacute;mo no, si de pronto empez&oacute; a o&iacute;r retah&iacute;la
+de palabras ardientes, que jam&aacute;s oyera ella sino en sue&ntilde;os? Joaqu&iacute;n la
+tuteaba, Joaqu&iacute;n se extralimitaba de palabra. R&aacute;pidamente conoci&oacute;
+Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de
+dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su
+debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte,
+era causa de todos sus males: el orgullo. Se salv&oacute; por su defecto, as&iacute;
+como otros se salvan por su m&eacute;rito. No es f&aacute;cil definir lo que
+r&aacute;pidamente pens&oacute;, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que
+dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a
+defenderla. Ello es que salt&oacute; del asiento con tal rapidez, que no pudo
+Joaqu&iacute;n detenerla, y con velocidad de p&aacute;jaro se puso en la puerta. El
+violento palpitar de su seno, cort&aacute;ndole la respiraci&oacute;n, apenas le
+permiti&oacute; decir:</p>
+
+<p>&laquo;No quiero nada, no quiero nada&raquo;.</p>
+
+<p>Evidentemente, refer&iacute;ase al contenido de la cajilla. Joaqu&iacute;n corri&oacute; tras
+ella, diciendo: &laquo;Formalidad, formalidad&raquo;. Pero la de Rufete, valiente y
+decidida, trat&oacute; de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su
+ligereza de gorri&oacute;n, su prontitud para correr de un punto a otro,
+perseguida, mas no alcanzada. Corri&oacute; a la ventana, que por ser de piso
+bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoy&aacute;ndose en el
+alf&eacute;izar, vuelta hacia dentro, dijo as&iacute; con animosa voz:</p>
+
+<p>&laquo;Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aqu&iacute; y pido
+socorro&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose parado el Pez; reflexion&oacute; un instante. De repente su amor se
+deshizo en despecho y su despecho en risa.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Escenita?... &iquest;Gritar en la calle? &iexcl;Qu&eacute; ridiculez! Usted se empe&ntilde;a en
+que hagamos el oso&raquo;.</p>
+
+<p>La ira retozaba en sus labios. Mir&oacute; a Isidora con tanto enojo, que esta
+se turb&oacute; y crey&oacute; haber sido desconsiderada y excesivamente altanera.
+Despu&eacute;s el joven abri&oacute; la puerta. Indic&oacute; a Isidora la salida, dejando
+escapar de sus labios, tr&eacute;mulos de ira, esta palabreja:</p>
+
+<p>&laquo;<i>&iexcl;Cursilona!...</i>&raquo;</p>
+
+<p>Tres minutos despu&eacute;s, Isidora se un&iacute;a a don Jos&eacute; en la esquina de la
+calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbaci&oacute;n, alegre
+de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada,
+diciendo para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Me ofende por que soy hu&eacute;rfana, y me insulta porque soy pobre; y a
+pesar de todo...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIV" id="Capitulo_XIV"></a>Cap&iacute;tulo XIV</h3>
+
+<p class="head">Navidad</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente recibi&oacute; Isidora una carta de Joaqu&iacute;n incluy&eacute;ndole
+algunos billetes de Banco, y pidi&eacute;ndole perdones mil por el caso del d&iacute;a
+anterior. Dec&iacute;ale que si alguna palabra &aacute;spera y malsonante sali&oacute; de sus
+labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no
+dicha. Finalmente, le ped&iacute;a permiso para verla de nuevo en casa de
+Relimpio. Agradeci&oacute; ella con toda su alma el desagravio, y sus
+aflicciones de aquel d&iacute;a se le disiparon con la grata vista del pan
+bendito, o ll&aacute;mese papel&mdash;moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si
+perdon&oacute; f&aacute;cilmente a Joaqu&iacute;n la injuria intentada contra su honor, tuvo
+que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera
+llamado <i>cursilona</i>. Tal es la condici&oacute;n humana, que a veces el rasgu&ntilde;o
+hecho al amor propio duele m&aacute;s que la pu&ntilde;alada asestada contra la honra.
+El marqu&eacute;s viudo la visit&oacute; dos d&iacute;as despu&eacute;s, y su comedimiento, despu&eacute;s
+de las audacias referidas, la cautivaba m&aacute;s, o si se quiere de otro modo
+m&aacute;s claro, su comedimiento ten&iacute;a la virtud de hacer disculpable y aun
+amable la osad&iacute;a pasada; que as&iacute; se contradicen los corazones en su
+l&oacute;gica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de
+ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficion&aacute;ndose tanto a
+ella, que lleg&oacute; un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la
+formalidad de su cari&ntilde;o. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente.
+Don Manuel Pez y el marqu&eacute;s de On&eacute;simo hab&iacute;an escrito a la marquesa de
+Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestar&iacute;a
+pronto y a gusto de todos. Tambi&eacute;n llevaba buen camino lo de la causa
+criminal de Mariano. Joaqu&iacute;n beb&iacute;a los vientos para que le soltase el
+juez, aunque fuera bajo fianza, por raz&oacute;n de la irresponsabilidad que le
+daban sus pocos a&ntilde;os. Isidora visitaba a su hermano dos veces por
+semana, llev&aacute;ndole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la
+c&aacute;rcel a <i>la Sanguijuelera</i>, que iba con fin semejante; y ambas se
+trataban de palabras, distingui&eacute;ndose la vieja por la procacidad de su
+lenguaje y erizado de <i>pu&ntilde;os</i> y el ning&uacute;n respeto que a su sobrina ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; Navidad, llegaron esos d&iacute;as de niebla y regocijo en que Madrid
+parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que
+se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la
+calentura de la loter&iacute;a y el t&eacute;tanos de las propinas. Todo lo que es
+espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se
+eclipsa. La conmemoraci&oacute;n m&aacute;s grande del mundo cristiano se celebra con
+el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla.
+Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en
+nacimiento sacr&iacute;legos. Los c&oacute;micos hacen su agosto; la gente de mal
+vivir, hembras inclusive, alardea de su desverg&uuml;enza; los borrachos se
+multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las
+palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos d&iacute;as habr&iacute;a
+bastante ponzo&ntilde;a para inficionar una generaci&oacute;n entera. No hay m&aacute;s que
+un pensamiento: la org&iacute;a. No se puede andar por las calles, porque se
+triplica en ellas el tr&aacute;nsito de la gente afanada, que va y viene
+aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor
+se siente uno abofeteado por una cabeza de cap&oacute;n o pavo que a nuestro
+lado pasa.</p>
+
+<p>Las confiter&iacute;as y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una
+abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el est&oacute;mago. No
+bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan monta&ntilde;as de
+mazap&aacute;n, canteras de turr&oacute;n, donde el hacha del alicantino corta y
+recorta sin agotarlas nunca. Las pescader&iacute;as inundan de cuanto Dios cri&oacute;
+en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia
+sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rub&iacute;es. En
+los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la
+baratura declara la inferioridad del g&eacute;nero. Hay una caliza dulzona que
+se vende por turr&oacute;n, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la
+Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazap&aacute;n cuanto abunda el cascajo. La
+escala gradual de la gastronom&iacute;a abraza desde los refinamientos de
+Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la
+pasta de higos pasados que se vende en una tabla port&aacute;til hacia las
+Yeser&iacute;as. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y
+substancias de cosa pescada, desde el ruso <i>caviar</i> hasta el escabeche y
+el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.</p>
+
+<p>Una familia podr&aacute; morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche
+Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias
+m&aacute;s refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a
+la hucha. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an faltar los de Relimpio a esta tradicional
+costumbre? Tambi&eacute;n ellos, pobres y siempre alcanzados, ten&iacute;an su pavo
+como el que m&aacute;s, gracias a los estirones que D.&ordf; Laura daba al dinero, y
+ten&iacute;an, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se
+presentar&iacute;an engalanados de olorosos ajos y lim&oacute;n. Don Jos&eacute; era el
+hombre m&aacute;s venturoso de Madrid desde el d&iacute;a 22. Ocup&aacute;base en recorrer
+los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias
+aut&eacute;nticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Trat&aacute;base
+de esto en Consejo, y D. Jos&eacute; dec&iacute;a con gravedad: &laquo;Todo est&aacute; por las
+nubes. Veremos ma&ntilde;ana&raquo;. El 23, D. Jos&eacute; y D.&ordf; Laura tomaban un berrinche
+porque no les hab&iacute;a ca&iacute;do la loter&iacute;a, fen&oacute;meno extra&ntilde;o que todos los
+a&ntilde;os se reproduc&iacute;a infaliblemente. Opinaba D.&ordf; Laura que todos los
+premios se los embolsaba el Gobierno, y que la loter&iacute;a era un puro
+enga&ntilde;o; pero m&aacute;s juicioso D. Jos&eacute;, aseguraba que el n&uacute;mero jugado era
+muy bonito y que no hab&iacute;an faltado m&aacute;s que dos unidades (&iexcl;que te
+quemas!) para que tocara premio. Conclu&iacute;an ambos por exclamar con
+cristiana paciencia: &laquo;Otro a&ntilde;o ser&aacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Pero llegaba la ma&ntilde;ana del 24, y entonces D. Jos&eacute; era la imagen de la
+felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y
+con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don Jos&eacute; llevaba el
+cesto y D.&ordf; Laura el dinero, y aqu&iacute; era el recorrer tiendas, el mirar
+todo, el preguntar precios, no arriesg&aacute;ndose a la empresa de sus compras
+hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba
+enterado de los puntos donde era leg&iacute;timo el turr&oacute;n de Alicante y
+Jijona, donde era m&aacute;s barato el mazap&aacute;n, m&aacute;s dulces las granadas y m&aacute;s
+gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cort&iacute;sima
+cantidad.</p>
+
+<p>Los comentarios de &eacute;l sobre la calidad de las cosas compradas no ten&iacute;an
+t&eacute;rmino. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vac&iacute;a,
+&eacute;l doblado bajo el grato peso de la cesta, &iquest;qui&eacute;n no se conmover&iacute;a
+vi&eacute;ndole sacar todo con amor para ense&ntilde;arlo a las chicas, y poner cada
+cacho de turr&oacute;n ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qu&eacute; clase
+pertenec&iacute;a cada uno, y rega&ntilde;ando si alg&uacute;n ignorante confund&iacute;a el de yema
+con el de nieve? Lo que no pod&iacute;a sufrir D.&ordf; Laura era que &eacute;l probase de
+todo para darlo por bueno, y con este motivo hab&iacute;a ruidosas peloteras;
+pero &eacute;l aseguraba que todo estaba riqu&iacute;simo, que todo era gloria, y con
+esto y con recoger D.&ordf; Laura las compras para guardarlas con siete
+llaves, conclu&iacute;an las cuestiones. Despu&eacute;s, D. Jos&eacute; se met&iacute;a tambi&eacute;n en
+la cocina para ayudar y dar m&aacute;s de un consejo; que algo se le entend&iacute;a
+de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las ni&ntilde;as dejaban la
+costura aquel d&iacute;a; no se pensaba m&aacute;s que en la cena, y entre componerse
+para ir al Teatro Mart&iacute;n con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les
+pasaba la tarde.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute;, a quien las horas se le hac&iacute;an siglos, no pensaba en apuntar
+en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel d&iacute;a. Por
+la tarde ocup&aacute;base de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor
+muy peque&ntilde;o para tan gran fest&iacute;n. Despu&eacute;s se miraba diez y nueve veces
+al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a
+los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y
+tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba
+infantil y por &eacute;sta con alegres chillidos aclamado.</p>
+
+<p>A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asist&iacute;a nunca,
+desde muchos a&ntilde;os, el se&ntilde;orito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos
+de censurar esto, D.&ordf; Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre
+los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel
+har&iacute;a en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados,
+artistas y empleados de cierta categor&iacute;a. Probablemente, aquel a&ntilde;o ir&iacute;a
+a cenar en casa de un marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>En cambio les acompa&ntilde;aba el ortop&eacute;dico, hermano de D.&ordf; Laura, y el hijo
+de este, llamado Juan Jos&eacute;. &iexcl;Ah! El ortop&eacute;dico era saladis&iacute;mo para una
+cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el m&aacute;s gracioso del mundo
+en cuanto beb&iacute;a dos vasos de vino; dec&iacute;a los disparates m&aacute;s chuscos que
+se podr&iacute;an imaginar. &Eacute;l y Relimpio, que tambi&eacute;n perd&iacute;a la chaveta en
+cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el a&ntilde;o
+entero, eran los h&eacute;roes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban
+riendo como locos, y por fin romp&iacute;an a llorar. En suma, que era preciso
+llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los
+comensales. Los &uacute;nicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un
+poeta presentado por este en la casa, llamado S&aacute;nchez Berande, el cual
+hac&iacute;a monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor.</p>
+
+<p>Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor
+peque&ntilde;o para tanto gent&iacute;o. Don Jos&eacute;, que se pintaba s&oacute;lo para arreglar
+un banquete, contemplaba su obra con leg&iacute;timo orgullo, y se recreaba en
+el brillo de la loza y la cristaler&iacute;a, en la muchedumbre de luces, en el
+adorno y opulencia de la mesa. Despu&eacute;s esparc&iacute;a miradas de felicitaci&oacute;n
+por toda la capacidad de la sala, por la siller&iacute;a de reps que hab&iacute;a sido
+desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las
+bandejas de lat&oacute;n y dem&aacute;s chucher&iacute;as... Todo estaba bien, perfectamente
+bien. Hasta el retrato del due&ntilde;o de la casa, al &oacute;leo, detestable,
+colgado en la pared principal, rebosaba satisfacci&oacute;n en su acaramelado
+semblante. &laquo;Estoy hablando&raquo;, dec&iacute;a Relimpio siempre que lo miraba.
+Frente al retrato hab&iacute;a una laminota, en la cual D.&ordf; Laura se inspiraba
+siempre para increpar a su marido. Era Sardan&aacute;palo quem&aacute;ndose con sus
+queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro
+fotograf&iacute;as de ni&ntilde;os muertos. Eran los hijos que se le hab&iacute;an malogrado
+a D.&ordf; Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las buj&iacute;as del pr&oacute;ximo
+fest&iacute;n, los pobrecitos ten&iacute;an cara de muy desconsolados por haberse ido
+del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Isidora no cab&iacute;a en s&iacute; de j&uacute;bilo. Aquel d&iacute;a, el 24, soltar&iacute;an a Mariano.
+Ella misma iba a sacarle de la horrenda c&aacute;rcel. &iexcl;Oh! &iexcl;Si no se hallara
+muy mal de dinero, aquel d&iacute;a habr&iacute;a sido uno de los m&aacute;s felices de su
+vida! &iquest;En qu&eacute; hab&iacute;a gastado lo que le diera dos meses antes el marqu&eacute;s
+de Saldeoro por cuenta del Can&oacute;nigo? Verdaderamente ella no lo sab&iacute;a.
+Hab&iacute;a pagado a do&ntilde;a Laura, se hab&iacute;a comprado ropa... &iquest;Pero lo dem&aacute;s
+d&oacute;nde estaba? Isidora reflexion&oacute;.</p>
+
+<p>En perfumer&iacute;a hab&iacute;a adquirido lo bastante para tres a&ntilde;os. &iquest;Y de qu&eacute; le
+serv&iacute;an aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el
+<i>cab&aacute;s</i> de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compr&oacute; por la sola raz&oacute;n
+de comprarlas. &iexcl;Eran tan bonitas!... Pues &iquest;y aquel vaso de imitaci&oacute;n de
+Sajonia, de qu&eacute; le serv&iacute;a?... &iquest;Y las botellas para poner cebollas de
+jacinto?</p>
+
+<p>M&aacute;s necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid,
+las cinco novelas y la jaula, aunque todav&iacute;a le faltaba el p&aacute;jaro.
+Estaba muy desconsolada por no tener un buen ba&ntilde;o; &iquest;pero c&oacute;mo pod&iacute;a
+satisfacer este gusto en casa tan peque&ntilde;a? Luego, la maldita D.&ordf; Laura
+se pon&iacute;a fren&eacute;tica por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no
+pod&iacute;a disfrutar de una hermosa pila de m&aacute;rmol, en cambio se hab&iacute;a
+provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja
+fin&iacute;sima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las
+novelas, de un <i>antuc&aacute;s</i>, de pendientes de tornillo con brillantes
+falsos, de un juego de la cuesti&oacute;n romana y de algo m&aacute;s, tan lindo como
+caprichoso. Mucha, much&iacute;sima falta le hac&iacute;a un buen mundo para poner la
+ropa; pero ya lo comprar&iacute;a m&aacute;s adelante. Tampoco estaba bien de ropa
+blanca; pero tiempo habr&iacute;a de hacerse un hermoso equipo.</p>
+
+<p>Gozosa, daba la &uacute;ltima mano a su atav&iacute;o para salir en busca del hermano.
+La orden del juez para soltarlo deb&iacute;a de estar ya en las oficinas de la
+c&aacute;rcel. Sali&oacute; radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino
+de la calle de Hortaleza, porque le daba verg&uuml;enza de pasar por cierta
+tienda donde deb&iacute;a algunas cantidades, poca cosa en verdad.</p>
+
+<p>Ya anochec&iacute;a cuando Isidora regres&oacute; acompa&ntilde;ada de su hermano, el cual,
+vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D.
+Jos&eacute; Relimpio con ciertos asomos de severidad, d&aacute;ndole una palmada en el
+hombro y diciendole: &laquo;Hombre, veremos c&oacute;mo te portas ahora&raquo;. Pero D.&ordf;
+Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentar&iacute;a a su mesa,
+aunque bajase Cristo a mandarlo. Oy&oacute; esto Isidora con rabia; mas
+conteni&eacute;ndose, devor&oacute; tal afrenta y se amordaz&oacute; la boca para que no
+saliesen las palabras que del coraz&oacute;n le brotaban. Encerrose con el
+chico en su cuarto, le lav&oacute; y visti&oacute;, para lo que ten&iacute;a apercibida gran
+cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observ&oacute; en los ojos de
+Isidora una l&aacute;grima, m&aacute;s bien que del sentimiento, nacida del despecho,
+y le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; lloras? &iquest;Por lo que ha dicho esa t&iacute;a bruja?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gente ordinaria!...&mdash;murmur&oacute; Isidora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no le contestaste?&mdash;dijo Mariano con extra&ntilde;a rudeza.</p>
+
+<p>&mdash;No me rebajo yo a tanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pu&ntilde;o!&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano dio un pu&ntilde;etazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le ech&oacute;
+un serm&oacute;n sobre su detestable ma&ntilde;a de decir a cada paso palabras
+malsonantes, y aunque el muchacho aleg&oacute;, para defenderse, que tambi&eacute;n
+las dec&iacute;an los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a
+castigar las malas palabras como si fueran malas acciones.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora, se&ntilde;orito&mdash;le dijo con severidad&mdash;, ha de andar usted derecho. Pase
+que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos ten&iacute;a poco menos que en
+la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades, Mariano,
+de que no quiero acordarme... Ech&eacute;mosles una losa encima. Pero ahora ya
+han cambiado las cosas. Eres un b&aacute;rbaro, y vas a empezar a desbastarte.
+T&uacute; no seas tonto; principia por convencerte de que eres persona decente,
+y as&iacute; tendr&aacute;s dignidad. De nuestra t&iacute;a Encarnaci&oacute;n, hazte cuenta de que
+no existe, porque no la volver&aacute;s a ver. Eres ya otra persona&raquo;.</p>
+
+<p>Oy&oacute; atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometi&oacute; a s&iacute; mismo
+hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de
+caballer&iacute;a y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto
+Isidora cay&oacute; en la cuenta de que Mariano y ella hab&iacute;an de cenar aparte
+aquella noche, pues si el chico no pod&iacute;a sentarse a la mesa de los
+Relimpios, tampoco ella se sentar&iacute;a por nada del mundo. Al punto
+determin&oacute; salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. &iexcl;Muy
+bien, excelente idea! &iexcl;Mariano y ella cenar&iacute;an tan ricamente en su
+cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria!</p>
+
+<p>Pero sobrevino la m&aacute;s grande contrariedad que en v&iacute;speras de un banquete
+puede ocurrir. Isidora no ten&iacute;a dinero. Entre las m&uacute;ltiples propiedades
+de este metal, ella hab&iacute;a notado principalmente una, la de acabarse en
+los momentos en que m&aacute;s falta hac&iacute;a. El portamonedas no conten&iacute;a m&aacute;s que
+un par de pesetas y algunos cuartos. Busc&oacute; y rebusc&oacute; Isidora en todos
+los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasi&oacute;n
+parecida hab&iacute;a encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el
+fondo de un caj&oacute;n de la c&oacute;moda; mas ninguna moneda de plata ni de oro
+apareci&oacute; aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvi&oacute; que la
+cena fuese una modesta colaci&oacute;n, m&aacute;s propia de d&iacute;a de ayuno que de noche
+de Navidad. Aunque a D.&ordf; Laura nada deb&iacute;a, antes muriera que pedirle
+dinero, despu&eacute;s del atroz desaire recibido de ella. No se atrev&iacute;a
+tampoco a acudir a Joaqu&iacute;n Pez.</p>
+
+<p>Sali&oacute;. Mariano se qued&oacute; solo. Por no ser excesivo el n&uacute;mero de sillas
+que en el cuarto hab&iacute;a, estaba sentado en un ba&uacute;l bajo. A su lado, en un
+rinc&oacute;n, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante.
+Eran los cartapacios y protocolos que Tom&aacute;s Rufete hab&iacute;a emborronado
+durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta
+que sus hijos los recogieran, por si algo hab&iacute;a de inter&eacute;s entre tal
+balumba de desatinos. Isidora los hab&iacute;a llevado del desv&aacute;n a su cuarto,
+y all&iacute; los puso con &aacute;nimo de someterlos a un examen cualquier d&iacute;a.
+Mariano ley&oacute;, no sin trabajo, los r&oacute;tulos que dec&iacute;an: &laquo;<i>Desolaci&oacute;n...
+Hacienda p&uacute;blica... Desfalcos... Muerte... Latrocinio...</i>&raquo;, y otras
+cosas extravagantes. Como ninguna distracci&oacute;n sacaba de ver letreros,
+empez&oacute; luego a revolver todo lo que su hermana ten&iacute;a sobre la c&oacute;moda, y
+despu&eacute;s lo que en el primer caj&oacute;n hab&iacute;a. Todo lo revisaba, lo examinaba
+por dentro y por fuera; hoje&oacute; las novelas, levant&oacute; de las botellas las
+cebollas de jacintos para ver las ra&iacute;ces, abri&oacute; el estuche de los
+tornillos de diamantes americanos, revolvi&oacute; la caja y los sobres de
+papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de
+ver el tintero y la pluma, tom&oacute; esta y traz&oacute; sobre un plieguecillo, con
+no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas
+contorsiones con el codo y la mu&ntilde;eca, estas palabras: <i>Mariano Rufete,
+alias Pecado</i>. Contempl&oacute; satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza,
+ech&oacute; una r&uacute;brica que parec&iacute;a el dibujo de un pu&ntilde;al. Se ech&oacute; a re&iacute;r como
+un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigi&oacute; su atenci&oacute;n al
+tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en &eacute;l hab&iacute;a,
+metiendo en todos las narices y diciendo &laquo;&iexcl;qu&eacute; bueno!&raquo; o &laquo;&iexcl;qu&eacute; rico!&raquo;.
+Se puso pomada, se perfum&oacute; con esencias y se lav&oacute; las manos, sonriendo
+de gusto al ver c&oacute;mo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar
+del jab&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Eh!, ya me has revuelto todo&mdash;dijo Isidora al entrar de la calle&mdash;.
+&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; desorden! Mira, te voy a pegar&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano re&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute; has escrito aqu&iacute;? <i>Mariano Rufete, alias Pecado</i>... &iquest;Qu&eacute; es eso
+de <i>Pecado</i>? &iexcl;Como yo vuelva a o&iacute;rte d&aacute;ndote a ti mismo esos apodos...!</p>
+
+<p>&mdash;Como los toreros&mdash;observ&oacute; est&uacute;pidamente Mariano sin cesar de re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;A ver... &iquest;Es que no quieres ser persona decente?... &iquest;Pero qu&eacute; haces,
+gandul? &iquest;Te enjugas las manos en mi vestido? Quita all&aacute;, asqueroso. &iquest;No
+ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las
+personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con
+cafres&raquo;.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, de un pa&ntilde;uelo que cogido por las cuatro puntas tra&iacute;a,
+sac&oacute; sucesivamente varios pedazos de turr&oacute;n y algunos pu&ntilde;ados de
+cascajo, casta&ntilde;as, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la
+c&oacute;moda la &uacute;ltima porci&oacute;n de tan variados bastimentos, lanz&oacute; de su pecho
+un suspiro enorme.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Todo eso has tra&iacute;do?&mdash;pregunt&oacute; Mariano&mdash;. &iquest;Y el pavo? Yo quiero pavo.</p>
+
+<p>&mdash;Cenar&aacute;s lo que te den&mdash;replic&oacute; ella pasando de la pena al enfado&mdash;. Es
+una mala educaci&oacute;n pedir lo que no hay.</p>
+
+<p>&mdash;El a&ntilde;o pasado&mdash;dijo Mariano con rudeza y desd&eacute;n&mdash;mi t&iacute;a <i>la Sanguijuelera</i>
+ten&iacute;a besugo, y pimientos encarnados, y turr&oacute;n de frutas, y lombarda, y
+una granada de este tama&ntilde;o. Yo me la com&iacute; toda. &iexcl;Estaba m&aacute;s rica...!&raquo;.</p>
+
+<p>Ce&ntilde;uda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sent&oacute; en una silla
+alta y ella en otra baja.</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a&mdash;dijo ella&mdash;. Eso de atracarse la Noche Buena es
+propio de gente ordinaria. Ya te ense&ntilde;ar&eacute; yo a ser caballero... Vaya que
+est&aacute; rico este turr&oacute;n. Pru&eacute;balo...&raquo;.</p>
+
+<p>No se hacia de rogar <i>Pecado</i>, antes engull&iacute;a sin cumplimiento. En la
+sala de la casa hab&iacute;a empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque
+esperaban a Miquis. La entrada de este se conoci&oacute; desde el retiro de los
+Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante despu&eacute;s
+Isidora vio que se abr&iacute;a suavemente la puerta de su cuarto y que entraba
+la ir&oacute;nica fisonom&iacute;a del estudiante.</p>
+
+<p>&laquo;Vengo a tener el gusto de saludar a la se&ntilde;ora archiduquesa&mdash;dijo este,
+sombrero en mano, con ceremoniosa cortes&iacute;a&mdash;. Bien se ve que estamos ya
+en plena aristocracia. Esta noche se <i>queda usted en casa</i>; quiero
+decir, que recibe usted a sus amigos...</p>
+
+<p>&mdash;Toma&mdash;le dijo Isidora ofreci&eacute;ndole una bellota&mdash;. Es lo mejor que te
+puedo ofrecer.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, marquesa&mdash;repuso Miquis sent&aacute;ndose&mdash;. Es delicioso el obsequio.
+Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. &iquest;Por qu&eacute; no cenas con nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Nosotros&mdash;manifest&oacute; Isidora ahogada por la pena y el despecho&mdash;no somos
+dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de
+almendras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, chiquilla! &iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s me gustan tus bellotas!... Pero no llores.
+De buena gana te acompa&ntilde;ar&iacute;a... Pero es tan tir&aacute;nica la sociedad...</p>
+
+<p>&mdash;Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan
+contentos... Mejor es as&iacute;. Cada uno en su casa&raquo;.</p>
+
+<p>Augusto la contempl&oacute; en silencio, asombrado de su hermosura, que cada
+d&iacute;a iba en dichoso aumento, enriqueci&eacute;ndose con un encanto nuevo.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; viene bien aquello de <i>a tus pies, marquesa</i>&raquo;&mdash;dijo, levant&aacute;ndose.</p>
+
+<p>Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo
+el cuarto, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;s perfectamente instalada, marquesa. Magn&iacute;fico gabinete. Aqu&iacute; los
+arcones de roble; ah&iacute; el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny,
+tapices de los Gobelinos, porcelanas de S&egrave;vres, y de Bernardo Palissy...
+Muy bien. Bronces, acuarelas...&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su
+pena profund&iacute;sima. Pero se sinti&oacute; herida en lo m&aacute;s vivo de su alma
+cuando Miquis, despu&eacute;s de transformar el humilde cuarto en aristocr&aacute;tico
+gabinete, dijo con el mismo tono de encomio:</p>
+
+<p>&laquo;Bien se conoce en esta rica instalaci&oacute;n el buen gusto del marqu&eacute;s viudo
+de Saldeoro. Adi&oacute;s, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Cuando Augusto se march&oacute;, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos
+en su propia falda.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n es &eacute;se?&mdash;le pregunt&oacute; Mariano.</p>
+
+<p>&mdash;Un tipo, un mequetrefe&mdash;repuso ella sin mirar a su hermano, se&ntilde;ales
+claras por donde manifestaba estar a&uacute;n dentro de la esfera de atracci&oacute;n
+del pensamiento que la dominaba.</p>
+
+<p>&mdash;Dame m&aacute;s turr&oacute;n, marquesa&mdash;exclam&oacute; el muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me llamas as&iacute;?&mdash;pregunt&oacute; Isidora bruscamente, despertando de su
+mental sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es apodo? &iexcl;Pu&ntilde;o!... &iquest;Y por qu&eacute; te pone motes ese gatera?</p>
+
+<p>&mdash;Mariano, cuidado c&oacute;mo se habla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se burla de ti!&mdash;grit&oacute; <i>Pecado</i> con aquel arrebato de infantil
+fanfarroner&iacute;a que en &eacute;l parec&iacute;a c&oacute;lera de hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te juro que no se burlar&aacute; m&aacute;s&raquo;&mdash;dijo ella con los ojos h&uacute;medos de
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Mariano la mir&oacute;, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa.
+Que venga a m&iacute; con bromas; ver&aacute; c&oacute;mo le saco las entra&ntilde;as...</p>
+
+<p>&mdash;Mariano, loco, bruto y salvaje&mdash;grit&oacute; ella, despertando otra vez en su
+letargo de pena y despecho&mdash;. Si te oigo hablar as&iacute; otra vez...</p>
+
+<p>&mdash;No dije nada, nada... Dame turr&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>La algazara de la sala crec&iacute;a, y por las palabras sueltas, los pl&aacute;cemes
+y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, as&iacute;
+como por los olores culinarios que invad&iacute;an toda la casa, se pod&iacute;a saber
+a qu&eacute; altura andaba el fest&iacute;n. Se sinti&oacute; sucesivamente la aparici&oacute;n del
+besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don Jos&eacute; lo recibi&oacute;
+cantando la Marcha real. Despu&eacute;s se oyeron las ruidosas cuestiones a que
+dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas suced&iacute;an a las risas, y
+los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conoc&iacute;an los
+efectos del Valdepe&ntilde;as y del Cari&ntilde;ena en la torpe lengua del ortop&eacute;dico,
+que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacre&oacute;ntico de D. Jos&eacute;
+Relimpio, que no dec&iacute;a cosa alguna derecha y con sentido.</p>
+
+<p>La criada entr&oacute; en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias
+lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendi&eacute;ronsele a Mariano con
+luces mil los ojos, y no parec&iacute;a sino que cada destello de su mirar era
+un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al
+agradecimiento ni al perd&oacute;n, vio con repugnancia aquel tard&iacute;o obsequio.
+Aunque comprendi&oacute; que este hab&iacute;a nacido en el bondadoso coraz&oacute;n de
+Emilia, siempre ve&iacute;a en &eacute;l como un mensaje de l&aacute;stima. Rechaz&oacute; la fineza
+diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Que muchas gracias y que no queremos nada.</p>
+
+<p>&mdash;Chica, chica, t&uacute; eres tonta&mdash;gru&ntilde;&oacute; Mariano con su rudeza propia,
+exacerbada hasta el salvajismo.</p>
+
+<p>&mdash;Si no te callas, te pego.</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero cenar&mdash;afirm&oacute; &eacute;l con brutal terquedad, echando a un lado la
+cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, r&oacute;mpete la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Mala hermana, &iexcl;no das de cenar a tu hermanito! Mira t&uacute;, mejor estaba en
+la c&aacute;rcel...</p>
+
+<p>&mdash;Como vuelvas a nombrar...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nombro!... &iexcl;Pu&ntilde;o!</p>
+
+<p>&mdash;Como vuelvas a decir...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pu&ntilde;o!&mdash;repiti&oacute; el bergante alzando la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alzas la mano!..., &iexcl;a m&iacute;!..., a tu hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me quiero ir con mi t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Si vuelves a nombrar...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mala hermana..., marquesa!...&raquo;.</p>
+
+<p><i>Pecado</i> hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de
+ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos
+enga&ntilde;amos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba
+embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos pu&ntilde;os y los
+medianos antecedentes del se&ntilde;orito Rufete. Dominado este por la actitud
+de su hermana y por el cari&ntilde;o que le ten&iacute;a, se contuvo. Echado de bruces
+sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos hac&iacute;a, a
+Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atenci&oacute;n hosca de uno
+de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo.</p>
+
+<p>El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don Jos&eacute; hac&iacute;a el amor a
+su mujer ech&aacute;ndole tern&iacute;simos requiebros entre los aplausos de los
+divertidos comensales. Do&ntilde;a Laura llamaba a su marido Sardan&aacute;palo. El
+ortop&eacute;dico hab&iacute;a empezado a cantar villancicos, acompa&ntilde;&aacute;ndose de golpes
+dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. S&oacute;lo Emilia y Leonor
+conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a
+S&aacute;nchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortop&eacute;dico
+alborotaban tambi&eacute;n, el primero con sus discursos, el segundo con sus
+cantorrios de tangos y malague&ntilde;as. Despu&eacute;s se hizo una grande y solemne
+pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Cre&iacute;ase
+destinado a la inmortalidad; ten&iacute;a un buen tomo preparado para darlo a
+la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, hab&iacute;a de todo:
+eleg&iacute;as, odas, peque&ntilde;os poemas, poemas grandes, epigramas, doloras,
+<i>suspirillos germ&aacute;nicos</i>, s&aacute;ficos y octavas reales. La sala parec&iacute;a
+tribuna del Congreso, que se hund&iacute;a con los aplausos al terminar Berande
+su recitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Versos&mdash;dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te gustan los versos?&mdash;preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su
+hermano un s&iacute;ntoma de decencia.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; el muchacho&mdash;; me s&eacute; de memoria los de <i>Francisquillo el
+Sastre</i>, que empiezan:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 1.5em;">Salga el acero a brillar,</span><br>
+pues soy hijo del acero...<br>
+</p>
+
+<p>&mdash;Calla, bruto; esas son barbaridades.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n s&eacute; los del <i>Valeroso Portela</i>, que dicen:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 1.5em;">Escuchen, se&ntilde;ores m&iacute;os,</span><br>
+les dir&eacute; de Juan Portela,<br>
+el ladr&oacute;n m&aacute;s afamado<br>
+de la gran Sierra Morena.<br>
+</p>
+
+<p>&mdash;Calla, hijo, calla por Dios. Me est&aacute;s envenenando con tus horribles
+coplas. Ning&uacute;n joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto est&aacute; bien
+para el pueblo, para el populacho. &iquest;Sabes t&uacute; lo que es el populacho?</p>
+
+<p>&mdash;Mi t&iacute;a <i>la Sanguijuelera</i>&mdash;contest&oacute; el chico con tan graciosa
+naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya aprender&aacute;s mil cosas que no sabes. Y dime ahora, &iquest;qu&eacute; aspiraci&oacute;n
+tienes t&uacute;?... &iquest;Qu&eacute; quieres ser?...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no quiero ser nada&mdash;repuso &eacute;l con apat&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso que estudies y que trabajes. No volver&aacute;s a la f&aacute;brica de
+sogas. Ir&aacute;s a un colegio. &iquest;Qu&eacute; carrera quieres seguir?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano medit&oacute; un instante. Despu&eacute;s dijo con resoluci&oacute;n:</p>
+
+<p>&laquo;La de tener mucho dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y para qu&eacute; quieres t&uacute; el dinero?</p>
+
+<p>&mdash;Toma..., <i>mia</i> &eacute;sta... Pues para ser rico.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es preciso que seas algo.</p>
+
+<p>&mdash;Rico...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y en qu&eacute; gastar&iacute;as el dinero?</p>
+
+<p>&mdash;En comer lomo, granadas, turr&oacute;n y en beber buen vino. Tendr&eacute; un caballo
+y me vestir&eacute; todo de seda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te gustar&iacute;a militar y llegar a general?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;afirm&oacute; <i>Pecado</i>, despidiendo de sus ojos brillo de animaci&oacute;n y
+alegr&iacute;a&mdash;. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., as&iacute;..., &iexcl;toma!</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras
+preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artiller&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Artillero, artillero!&mdash;grit&oacute; <i>Pecado</i>, dando golpes en la mesa&mdash;. Ya me
+ver&aacute;s, ca&ntilde;onazo va, ca&ntilde;onazo viene... &iexcl;Bum, bum!</p>
+
+<p>&mdash;Disparar&iacute;as cuando fuera menester...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, siempre... Al que me hiciera algo, &iexcl;zas!...&raquo;.</p>
+
+<p>A esto llegaban cuando volvi&oacute; la criada trayendo un plato con varios
+pedazos de turr&oacute;n, de parte de la se&ntilde;orita Emilia y del se&ntilde;orito Miquis.
+No consider&aacute;ndose a&uacute;n desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a
+admitirlos; pero Mariano se abalanz&oacute; al plato m&aacute;s pronto que la vista, y
+arrebatando el turr&oacute;n, empez&oacute; a engullir con tanta prisa, que no pudo su
+hermana evitarlo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Malcriado..., glot&oacute;n!&mdash;le dijo cuando otra vez se quedaron solos&mdash;. &iquest;No
+has comido ya bastante?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano neg&oacute; con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca.</p>
+
+<p>&laquo;Te pondr&eacute; interno en un colegio&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano hizo con los dedos una se&ntilde;al que quer&iacute;a decir: &laquo;Me escapar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;No te escapar&aacute;s. &iquest;Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro
+muy r&iacute;gido.</p>
+
+<p>&mdash;De la bofetada que le pego&mdash;dijo Mariano pudiendo ya articular algunas
+palabras&mdash;, va volando al tejado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fanfarr&oacute;n!...&raquo;.</p>
+
+<p>En la sala, la cena parec&iacute;a tocar a su fin. Todas las clases de turr&oacute;n
+hab&iacute;an sido probadas, as&iacute; como las granadas y las ruedas de naranjas
+espolvoreadas de az&uacute;car. Relimpio, con la &uacute;ltima copa de cari&ntilde;ena, dio
+con su cuerpo en tierra. &laquo;&iexcl;A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!&raquo;,
+gritaba con torpe lengua el insigne gal&aacute;n rodando debajo de la mesa.
+Muertos de risa los dem&aacute;s, le cogieron por los cuatro remos para
+llevarle a la cama, y &eacute;l iba cantando el <i>Kirie</i> <i>eleis&oacute;n</i> con voz de
+sochantre, y los dem&aacute;s riendo y vociferando, de lo que resultaba el m&aacute;s
+grotesco cuadro y m&uacute;sica que se pudiera imaginar.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cu&aacute;nta groser&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; gente tan ordinaria!&raquo;&mdash;exclam&oacute; Isidora.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s lleg&oacute; Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la
+soledad en que se hab&iacute;a quedado en noche de tanta alegr&iacute;a. Mas, no dando
+su brazo a torcer Isidora, replic&oacute; que hab&iacute;a estado perfectamente en su
+cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y
+cuando Isidora le mand&oacute; que se recogiera, por ser ya m&aacute;s de medianoche,
+el maldito muchacho se le plant&oacute; delante y le dijo con sus bruscos
+modos:</p>
+
+<p>&laquo;Dame dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y para qu&eacute; quieres t&uacute; dinero, tunante? Acu&eacute;state.</p>
+
+<p>&mdash;Me acostar&eacute;; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te
+quiero...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; lo necesitas?</p>
+
+<p>&mdash;Para ir ma&ntilde;ana a los toros.</p>
+
+<p>&mdash;Si ahora no hay toros, mentecato.</p>
+
+<p>&mdash;Pero hay novillos y mojiganga.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo sabes eso?</p>
+
+<p>&mdash;Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana te dar&eacute; unos cuartitos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cuartitos? T&uacute; eres rica&mdash;dijo pasando la vista con malicioso examen por
+los diversos objetos que Isidora pose&iacute;a&mdash;. T&uacute; tienes dinero, porque has
+comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto se desnudaba para acostarse.</p>
+
+<p>&laquo;Yo tambi&eacute;n soy pobre&mdash;afirm&oacute; Isidora&mdash;; pero con el tiempo, tal vez
+dentro de poco, t&uacute; y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y
+a&uacute;n m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;orita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de
+hambre&mdash;gru&ntilde;&oacute; &eacute;l, acostado ya.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonto. C&aacute;llate y duerme.</p>
+
+<p>&mdash;Si ma&ntilde;ana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya s&eacute; yo
+c&oacute;mo se pide. Me lo ha ense&ntilde;ado un chico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s diciendo, cafre?</p>
+
+<p>&mdash;Que pedir&eacute; limosna. Ver&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No me sofoques... A un colegio, a un colegio.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me estoy durmiendo... Hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No rezas, herejote?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano murmur&oacute; algo que no era f&aacute;cil descifrar, y se durmi&oacute;
+sosegadamente. Todav&iacute;a quedaba en &eacute;l algo de ni&ntilde;o. Su hermana le
+contempl&oacute; un instante movida de un sentimiento extra&ntilde;o en que se
+combinaban el cari&ntilde;o y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya
+casi le tocaba con sus labios, se apart&oacute; diciendo: &laquo;Temo que se
+despierte y me pida lo que no puedo darle&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XV" id="Capitulo_XV"></a>Cap&iacute;tulo XV</h3>
+
+<p class="head">Mariano promete</p>
+
+
+<p>A la siguiente ma&ntilde;ana, no repiti&oacute; Mariano sus exigencias de la noche de
+Navidad. Estaba de buen humor, alegre, salt&oacute;n, inquieto y
+condescendiente. Gozosa tambi&eacute;n Isidora de verle sin las siniestras
+genialidades de la pasada noche, h&iacute;zole mil caricias, le visti&oacute;, le
+arregl&oacute;, p&uacute;sole una elegante corbata, que ha d&iacute;as ten&iacute;a para &eacute;l, le
+pein&oacute;, sac&aacute;ndole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado
+y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo:
+&laquo;Ahora s&iacute; que est&aacute;s hecho una persona decente&raquo;. &Eacute;l se miraba riendo, y
+dec&iacute;a una y otra vez... &laquo;Quia, quia; ese no soy yo&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano
+quer&iacute;a que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su
+bolsillo, le tapara la boca m&aacute;s de una vez; pero nada ten&iacute;a, y los dos
+se volvieron a casa cariacontecidos. &Eacute;l se preguntaba que de qu&eacute; serv&iacute;a
+tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si
+entre los dos no ten&iacute;an ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano
+sali&oacute; solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvi&oacute; ya muy
+entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata
+hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera
+imposible. Mariano confes&oacute;, con loable franqueza, que hab&iacute;a estado
+jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que
+redobl&aacute;ndose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que
+duelen poco. Lo m&aacute;s extra&ntilde;o es que el muchacho, con ser tan brav&iacute;o y
+rebelde, no se defendi&oacute; de los azotes, ni hizo adem&aacute;n de volver golpe
+por golpe, ni chist&oacute; siquiera... Por la noche ya hab&iacute;an hecho las paces;
+&eacute;l promet&iacute;a ser bueno, y fino y persona decente. Exigi&oacute; que su hermana
+le llevara al teatro, ella lo prometi&oacute; as&iacute;; mas como no pudiese cumplir
+al siguiente d&iacute;a por la causa que f&aacute;cilmente conocer&aacute; el lector, se
+enfureci&oacute; el chico, pidi&oacute; dinero, neg&oacute;selo ella, hablaron m&aacute;s de la
+cuenta, y &eacute;l puso t&eacute;rmino a la disputa con esta amenazadora frase:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Dinero! Ya s&eacute; yo c&oacute;mo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo
+han ense&ntilde;ado&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no hizo caso. El d&iacute;a de Inocentes sali&oacute; un rato. Al volver,
+Mariano hab&iacute;a revuelto todo el caj&oacute;n alto de la c&oacute;moda.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; haces?&mdash;preguntole su hermana, previniendo alg&uacute;n desastre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aci&eacute;rtame que tengo aqu&iacute;?&raquo;&mdash;le dijo Mariano mostr&aacute;ndole su pu&ntilde;o
+cerrado.</p>
+
+<p>Isidora trat&oacute; de abrir el pu&ntilde;o del muchacho; pero este apretaba tan
+fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron
+moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano
+hac&iacute;a de su mano un arca de hierro.</p>
+
+<p>&laquo;Abre la mano, &aacute;brela.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes ah&iacute;?... &iquest;Qu&eacute; has cogido?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el pu&ntilde;o cerrado.
+Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: &laquo;Abur, chica&raquo;.</p>
+
+<p>Al punto ech&oacute; Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque
+falsos, val&iacute;an cuatro duros. &iexcl;Cu&aacute;ntas l&aacute;grimas derram&oacute; aquel d&iacute;a!
+Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio.</p>
+
+<p>Una noche, cuando menos se le esperaba, apareci&oacute; al fin avergonzado,
+compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo pr&oacute;digo. Con la
+alegr&iacute;a de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como
+cumpl&iacute;a, y le perdon&oacute;. Ten&iacute;a Mariano entre sus maldades, desarrolladas
+por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la
+franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos
+con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo
+cuanto hab&iacute;a hecho en la semana lo cont&oacute; puntual&iacute;simamente; pero ninguna
+parte de aquella Odisea de travesuras caus&oacute; tan penoso efecto en el alma
+de la se&ntilde;orita de Rufete como estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Estuve en casa de mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n, &iquest;sabes?..., y mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n
+y la t&iacute;a <i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i> com&iacute;an juntas; y m&iacute; t&iacute;a Encarnaci&oacute;n me dijo:
+&laquo;Anda, pillete, anda con tu hermana a que te d&eacute; de comer y te vista de
+se&ntilde;orito, pues bien puede hacerlo&raquo;. Entonces mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n y la
+t&iacute;a <i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i> se pusieron a hablar de ti, y mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n dijo
+que t&uacute; tienes un novio marqu&eacute;s que te da mucho dinero&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se qued&oacute; yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje
+habr&iacute;a sido ocasi&oacute;n de que entrara m&aacute;s en malicia el chico, harto
+malicioso ya, fingi&oacute; tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el
+alma, y se ech&oacute; a re&iacute;r. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo
+punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el
+tr&aacute;nsito brusco del candor al cinismo, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien s&eacute; lo que hac&eacute;is para tener
+siempre dinero. Los chicos me lo han dicho&raquo;.</p>
+
+<p>Risas, azotes, l&aacute;grimas sucedieron a esta declaraci&oacute;n; pero tambi&eacute;n
+paces al siguiente d&iacute;a. Isidora, que recibi&oacute; del marqu&eacute;s de Saldeoro
+otra visita plat&oacute;nica y una nueva remisi&oacute;n de fondos por cuenta, al
+parecer, del Can&oacute;nigo, sali&oacute; de aquella sombr&iacute;a situaci&oacute;n de escaseces y
+apuros; pag&oacute; sus deudas, compr&oacute; un Diccionario de la Lengua castellana y
+llev&oacute; a su hermano al teatro, de lo que este recibi&oacute; tanto gusto, que en
+algunos d&iacute;as apareci&oacute; como transformado, encendida la imaginaci&oacute;n por
+las escenas que hab&iacute;a visto representar, y manifestando vagas
+inclinaciones al hero&iacute;smo, a las acciones grandes y generosas. Contenta
+Isidora de esto, comprendi&oacute; cu&aacute;nto influye en la formaci&oacute;n del car&aacute;cter
+del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce,
+la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea.</p>
+
+<p>Animada Isidora al ver que no carec&iacute;a su hermano de alg&uacute;n fundamento
+bueno y s&oacute;lido para construir en &eacute;l la persona decente, determin&oacute; que no
+corriera un d&iacute;a m&aacute;s sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el
+se&ntilde;orito fue confiado a un profesor que apacentaba su reba&ntilde;o de chicos
+en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete
+la sujeci&oacute;n, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el
+de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto
+af&aacute;n como de buscar aventuras. La mortificaci&oacute;n de su amor propio al ver
+que le eran muy superiores ni&ntilde;os de menos edad que &eacute;l, aumentaba el
+horror que hacia el colegio y su maldito profesor sent&iacute;a. Era casi un
+hombre, y en todas las clases ocupaba el &uacute;ltimo lugar. Era el burro
+perpetuo, burla y mofa de los dem&aacute;s chicos. Su barbarie lleg&oacute; a ser
+proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y
+pataleo los dislates que dec&iacute;a en sus lecciones, y el maestro mismo,
+cargando sobre &eacute;l el peso de su desd&eacute;n pedag&oacute;gico, sol&iacute;a decir,
+reprendiendo a cualquiera de los alumnos: &laquo;Eso no se le ocurre ni al
+mismo Rufete. Eres m&aacute;s tonto que Rufete&raquo;.</p>
+
+<p>La poca estimaci&oacute;n que se le ten&iacute;a mat&oacute; en &eacute;l sus escasos deseos de
+aprender. Concluy&oacute; por despreciar el colegio como el colegio le
+despreciaba a &eacute;l, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual
+aument&oacute; de tal modo que, sin saberlo su hermana, dej&oacute; de asistir un mes
+entero al estudio. En aquellos d&iacute;as de aventuras y pilladas y
+esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido inter&eacute;s en seguir los pasos
+de este desgraciado chicuelo le habr&iacute;a visto encaram&aacute;ndose en la verja
+de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del
+ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en
+el r&iacute;o entre las lavanderas. En sus compa&ntilde;&iacute;as, que al llegar al colegio
+fueron de ni&ntilde;os decentes, descendi&oacute; poco a poco hasta el m&aacute;s bajo nivel,
+concluyendo por incorporarse a las turbas m&aacute;s compatibles con su fiereza
+y condici&oacute;n picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a
+puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban
+su pandilla; y como Mariano sol&iacute;a tener alg&uacute;n dinero, eran de ver su
+boga y popularidad entre esta chuler&iacute;a menuda, que sin cesar se ofrece a
+nuestra vista por calles y caminos con esc&aacute;ndalo de la moral, con
+bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y
+sujetar estos presidios sueltos del porvenir.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVI" id="Capitulo_XVI"></a>Cap&iacute;tulo XVI</h3>
+
+<p class="head">Anagn&oacute;risis</p>
+
+
+<p>&iexcl;Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaqu&iacute;n visit&oacute; una tarde a
+Isidora para anunciarle que la se&ntilde;ora marquesa de Aransis hab&iacute;a llegado
+de C&oacute;rdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en
+Isidora la dej&oacute; alelada por breve rato, y en su aturdimiento no hac&iacute;a
+m&aacute;s que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera
+puesto ya en &eacute;l todos los afectos disponibles de su gran coraz&oacute;n,
+bastar&iacute;a aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero
+Joaqu&iacute;n dijo m&aacute;s. La se&ntilde;ora marquesa de Aransis se hab&iacute;a dignado fijar
+el d&iacute;a siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir
+a la se&ntilde;orita de Rufete. Esta se ruboriz&oacute; de golpe por la idea sola de
+aproximarse a la marquesa. &iexcl;Qu&eacute; minuto de asombro y congoja dulce!
+Despu&eacute;s el marqu&eacute;s viudo habl&oacute; algo de los graves sucesos pol&iacute;ticos del
+d&iacute;a; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos
+los pol&iacute;ticos y no se enter&oacute; de nada.</p>
+
+<p>Cuando se qued&oacute; sola, &iexcl;qu&eacute; cosas pens&oacute; y dijo! Y por la noche, &iexcl;c&oacute;mo se
+anticip&oacute; a los sucesos! &iexcl;Con qu&eacute; vigor y fuerza de fantas&iacute;a construy&oacute; en
+su mente la persona de la marquesa, a quien nunca hab&iacute;a visto, y qu&eacute;
+bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos har&iacute;an,
+abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos
+propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las
+altas esferas que ella no conoc&iacute;a sino por ese brillo lejano, ese eco y
+ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose
+due&ntilde;a del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias
+al Se&ntilde;or porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por
+la sociedad; rez&oacute;, se espiritualiz&oacute;, ba&ntilde;&oacute; su alma, si as&iacute; puede decirse,
+en ondas de honradez y virtud; la aromatiz&oacute; con esencias sacadas de la
+dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos
+grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y
+consolar afligidos y menesterosos; y desde esta regi&oacute;n de la
+beneficencia se precipit&oacute; a escape hacia los ensue&ntilde;os del lujo, en un
+carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre
+nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada
+y moribunda en el abismo de rosas de un sue&ntilde;o dulce.</p>
+
+<p>Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. &iexcl;Oh! La
+luz de aquel d&iacute;a, de aquel jueves, 11 de febrero, ten&iacute;a para ella un
+tinte sonrosado y divino, lleno de poes&iacute;a y de esperanza, como si todo
+el d&iacute;a fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba
+la hora de su dignificaci&oacute;n gloriosa; la hora de una de las m&aacute;s grandes
+justicias que hab&iacute;a visto la tierra. En el tiempo hab&iacute;a aquel d&iacute;a un
+monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde.</p>
+
+<p>Isidora empez&oacute; a arreglarse desde muy temprano. &iquest;C&oacute;mo ir&iacute;a? No era
+conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio
+bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le
+parec&iacute;a chocarrero y de mal gusto. Tampoco conven&iacute;a presentarse con
+desali&ntilde;o, anunci&aacute;ndose como demasiado influida por la baja condici&oacute;n en
+que tan injustamente hab&iacute;a vivido. El desaseo y abandono ser&iacute;an de muy
+mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada
+y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a
+otro esplendoroso. As&iacute; se mostrar&iacute;a merecedora del nuevo puesto,
+demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la ma&ntilde;ana
+la pas&oacute; en estos pensamientos. Tambi&eacute;n medit&oacute; si convendr&iacute;a o no llevar
+consigo a Mariano, decidi&eacute;ndose por la negativa, por temor a que la
+comprometiese con su salvajismo. Tiempo habr&iacute;a de presentarle y tambi&eacute;n
+de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendr&iacute;a a ser
+caballero digno de su escogido linaje.</p>
+
+<p>Cuando se acercaba la hora, p&uacute;sose la de Rufete su vestido de merino
+negro, tan decente que no se pod&iacute;a pedir m&aacute;s, muy bien cortado y hecho;
+pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo,
+embeles&aacute;ndose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se hab&iacute;a de
+congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en
+el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que compart&iacute;a
+y derramaba su abundante cabello casta&ntilde;o alrededor de la frente, detr&aacute;s
+de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su
+rostro matices de poes&iacute;a crepuscular, como si todo &eacute;l estuviese formado
+con tintas y rasgos tomados de la melancol&iacute;a y sosiego de la tarde. Sus
+ojos eran pardos y de un mirar cari&ntilde;oso con somnolencias de siesta o
+fiebre de insomnio, seg&uacute;n los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya
+la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le
+conoc&iacute;a el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis dec&iacute;a que hab&iacute;a
+en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones.
+Tambi&eacute;n dec&iacute;a que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino
+nadaban como nereidas la imaginaci&oacute;n so&ntilde;adora, la indolencia, la
+ignorancia del c&aacute;lculo positivo y el desconocimiento de la realidad.</p>
+
+<p>Mirose mucho al espejo y se puso el velo. &iexcl;Bien, bien! Su dignidad, su
+hermosura, su derecho mismo, resplandec&iacute;an m&aacute;s en la decencia correcta y
+limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. &iexcl;Bien, muy bien!
+Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con
+la decencia de las botas, parte tan principal del humano atav&iacute;o, que por
+ella quiz&aacute;s se dividen las clases sociales.</p>
+
+<p>Dieron las tres. Tom&oacute; de una gaveta, donde muy guardados estaban, los
+papeles que su t&iacute;o le hab&iacute;a dado, y que eran testimonio de su derecho
+incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro
+documento interesant&iacute;simo. Pas&oacute; la vista por ellos, aunque ya se los
+sab&iacute;a de memoria, y los guard&oacute;. No los necesitaba, sin duda, porque la
+cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsi&oacute;n o delicadeza.
+Al salir ech&oacute; sobre su pobre aposento una mirada de l&aacute;stima en que
+tambi&eacute;n hab&iacute;a algo de gratitud. Le parec&iacute;a tan excesivamente humilde,
+que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo
+con su presencia. La princesa de Poniatowsky parec&iacute;a m&aacute;s triste al verla
+partir, y los del cuadro del <i>Hambre</i> se volv&iacute;an m&aacute;s flacos y
+macilentos. &iexcl;Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sue&ntilde;os
+y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los
+muros venerables del palacio de Aransis.</p>
+
+<p>Al salir se despidi&oacute; mentalmente de las de Relimpio. Les ech&oacute; una
+rociada de desprecio. As&iacute; puede decirse, pues tal era su idea. Se
+figuraba que ten&iacute;a en la mano una de aquellas mangas de riego que hab&iacute;a
+visto en las calles, y que, apunt&aacute;ndola a D.&ordf; Laura, arrojaba sobre
+ella, en forma de inundaci&oacute;n, todo el desd&eacute;n que puede caber en un
+coraz&oacute;n tan grande como el dep&oacute;sito del Campo de Guardias. S&oacute;lo
+exceptuaba de este chaparr&oacute;n al bueno de D. Jos&eacute;, para quien destinaba
+<i>in mente</i> la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don Jos&eacute;, como
+siempre, la acompa&ntilde;&oacute; aquella tarde.</p>
+
+<p>Ser&iacute;an las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida
+que se acercaba Isidora a los barrios pr&oacute;ximos a San Pedro iba sintiendo
+turbaci&oacute;n tan grande, que crey&oacute; le faltar&iacute;an las fuerzas para llegar
+all&aacute;. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos
+marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusi&oacute;n. El
+tiempo estaba tambi&eacute;n turbado. No sab&iacute;a si apresurarse o detenerse. No
+quer&iacute;a llegar ni antes ni despu&eacute;s de la hora. Al fin vio en el extremo
+de una callejuela un esquinazo de revoco, un balc&oacute;n, el primero de larga
+fila de balcones, y se detuvo mir&aacute;ndolo. All&iacute; era: tuvo miedo, fr&iacute;o y
+ganas de llorar...</p>
+
+<p>Despidiose de D. Jos&eacute;, el cual no comprend&iacute;a por qu&eacute; su ahijada le
+mandaba retirarse.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute;? &iquest;Te quedas aqu&iacute;?... &iquest;No vuelves a casa?...</p>
+
+<p>&mdash;No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabr&aacute; usted todo.
+Adi&oacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;A ti te pasa algo. &iexcl;Qu&eacute; p&aacute;lida est&aacute;s!... Pero aguarda...</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, adi&oacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Dej&aacute;ndole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del
+palacio. El gran sobresalto de su alma crec&iacute;a a cada paso. &iexcl;Oh! Sin
+duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta lleg&oacute; a imaginar
+que estar&iacute;a en un balc&oacute;n esper&aacute;ndola. Mir&oacute; y no hab&iacute;a nadie. La casa
+estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en
+s&iacute; mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal
+entreabierta. Isidora, al tocarla, sinti&oacute; como un valor repentino. El
+contacto de su propiedad le devolv&iacute;a el dominio de s&iacute; misma. &iexcl;Revelaci&oacute;n
+magn&eacute;tica de su derecho!</p>
+
+<p>Con voz clara pregunt&oacute; al conserje por la marquesa. El cojo, como si la
+esperara, la invit&oacute; a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera
+hab&iacute;a otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abri&oacute; con
+mucho respeto una mampara. Esto anim&oacute; a Isidora. Dentro de ella se re&iacute;a
+un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una m&aacute;quina. Su coraz&oacute;n no
+era coraz&oacute;n, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer
+criado le sali&oacute; al encuentro, y dici&eacute;ndole: &laquo;Pase usted&raquo;, la llev&oacute; de
+sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: &laquo;La se&ntilde;ora saldr&aacute; al
+instante&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se sent&oacute;. Instante &uacute;nico, tremendo; &aacute;ngel con el pie levantado y
+las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigir&aacute; su vuelo al
+suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta;
+espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace
+o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de
+aquel, no conocido todav&iacute;a, en que se acabar&aacute; el mundo... &iexcl;Ah!, la
+puerta del gabinete se abr&iacute;a... Isidora vio entrar una dama de cabello
+casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como
+reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acert&oacute; a
+contestar al saludo afectuoso de la se&ntilde;ora. No sab&iacute;a lo que le pasaba.
+Se levant&oacute;, volvi&oacute; a sentarse. No pod&iacute;a asegurar si dijo o no dijo algo.
+Se sent&iacute;a morir. &iexcl;El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la
+marquesa no la hab&iacute;a abrazado..., la marquesa no hab&iacute;a parado mientes en
+su fisonom&iacute;a!... Las dos se miraron.</p>
+
+<p>Entonces Isidora vio que la marquesa sac&oacute; unos lentes de oro, y
+aplic&aacute;ndolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada,
+fr&iacute;a, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para
+despertar admiraci&oacute;n. Isidora crey&oacute; que la se&ntilde;ora hab&iacute;a estado mir&aacute;ndola
+siglo y medio, a&ntilde;o m&aacute;s, a&ntilde;o menos.</p>
+
+<p>Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes sali&oacute; una palabra.</p>
+
+<p>&laquo;El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me
+escribi&oacute; a C&oacute;rdoba dici&eacute;ndome que usted..., parece que asegura...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Cosa rara! Tambi&eacute;n parec&iacute;a turbada la marquesa. Pero lo que m&aacute;s pasm&oacute; y
+confundi&oacute; a Isidora fue no ver en la digna se&ntilde;ora se&ntilde;ales de
+enternecimiento.</p>
+
+<p>&laquo;Es usted, seg&uacute;n creo&mdash;dijo esta&mdash;, una joven que se llama Isidora, hija
+de un tal Rufete...</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora&mdash;manifest&oacute; Isidora recobrando en un punto su valor, y usando
+un lenguaje en que se combinaba h&aacute;bilmente la energ&iacute;a con la urbanidad&mdash;.
+He llevado y llevo ese nombre, que no es el m&iacute;o. Don Tomas Rufete ha
+pasado, hasta que muri&oacute; por padre m&iacute;o, y por tal le tuve y le quise;
+pero yo me llamo Isidora de Aransis&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa la interrumpi&oacute; con un gesto de enojo. Volvi&oacute; a mirarla
+fijamente y palideci&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Me han asegurado&mdash;dijo&mdash;que usted pretende pasar por hija de mi
+desgraciada Virginia. &iquest;Es cierto que usted lo cree as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, &iexcl;que si lo creo!&mdash;exclam&oacute; Isidora ech&aacute;ndose a llorar&mdash;. Si no lo
+creyera, no vivir&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Parece&mdash;indic&oacute; la marquesa&mdash;que esa creencia en usted es sincera; parece
+que es una convicci&oacute;n arraigada y profunda... No puede usted
+figurarse&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con cierto cari&ntilde;o&mdash;lo que me ha dado que pensar esta
+idea de usted. Cuando me escribieron d&aacute;ndome cuenta de una joven que se
+llamaba mi nieta, estuve muchos d&iacute;as preocupada con esto... He tenido
+mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle
+que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios
+de la condici&oacute;n moral de las personas, desde luego aseguro que al
+declararse usted nieta m&iacute;a, no la ha movido ning&uacute;n inter&eacute;s maligno.
+Usted es sincera y honrada, usted tiene la convicci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;exclam&oacute; Isidora cayendo de rodillas a los pies de la
+arist&oacute;crata&mdash;. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de
+la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre&raquo;.</p>
+
+<p>Le bes&oacute; las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los
+besos, con la m&aacute;s santa y sincera afecci&oacute;n que es dado imaginar. Pero
+aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de
+enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su &aacute;nimo, y dijo con
+sequedad:</p>
+
+<p>&laquo;Pero &iquest;qu&eacute; es esto?... Lev&aacute;ntese usted, hija... No puedo consentir...
+Usted no me ha entendido bien...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se levant&oacute;. Cre&iacute;a que la marquesa quer&iacute;a llevar las cosas por el
+terreno de las explicaciones fr&iacute;as antes de entregarse a las expansiones
+del sentimiento.</p>
+
+<p>&laquo;Usted no me ha entendido bien&mdash;replic&oacute; la de Aransis, viendo c&oacute;mo
+Isidora se enjugaba las l&aacute;grimas luego que se sent&oacute;&mdash;. He dicho tan s&oacute;lo
+que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y
+bondad que noto en su fisonom&iacute;a... (es usted muy hermosa...) me ha
+parecido desde un principio digna de inter&eacute;s y consideraci&oacute;n. Usted sin
+duda no ha venido aqu&iacute; a representar una comedia; usted se declara hija
+de mi desgraciada hija porque as&iacute; lo cree, fundada en motivos y
+circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga raz&oacute;n,
+hija m&iacute;a, hay inmensa distancia, y as&iacute;, se&ntilde;orita, no puedo menos de
+manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que est&aacute; usted
+completamente equivocada&raquo;.</p>
+
+<p>Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el coraz&oacute;n todas
+las cataratas del Ni&aacute;gara, no habr&iacute;a experimentado sensaci&oacute;n m&aacute;s
+dolorosa de choque duro y fr&iacute;o. Qued&oacute; convertida en estatua, y sus
+l&aacute;grimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le sali&oacute; a
+los ojos. <i>&iexcl;Completamente equivocada!</i> Decirle esto a ella era lo mismo
+que decirle: &laquo;T&uacute; no existes, t&uacute; eres una sombra; menos a&uacute;n, un ente
+convencional&raquo;. &iexcl;Tan profundas ra&iacute;ces ten&iacute;a en su alma aquella creencia!</p>
+
+<p>&laquo;Yo no s&eacute;&mdash;prosigui&oacute; la marquesa con frialdad&mdash;c&oacute;mo ha llegado usted a
+adquirir ese absurdo convencimiento; no s&eacute;, ni quiero saberlo, por qu&eacute;
+serie de circunstancias, de <i>qui pro quo</i> y de falsas apariencias, ha
+llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su
+error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de
+seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que s&iacute; puedo
+asegurar a usted, y lo aseguro porque lo s&eacute;, es que ha sido usted
+atrozmente enga&ntilde;ada, hija m&iacute;a, y espero que no insistir&aacute; en ello despu&eacute;s
+de lo que acabo de manifestar&raquo;.</p>
+
+<p>Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no
+alumbrase. Era toda convicci&oacute;n, y la fe de su alto origen resplandec&iacute;a
+en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a
+su voluntad y s&oacute;lida base a su conciencia. El que apagase aquella
+antorcha de su alma, habr&iacute;a extinguido en ella todo lo que ten&iacute;a de
+divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al o&iacute;r a la marquesa cre&iacute;a
+escuchar los t&eacute;rminos m&aacute;s terribles de la injusticia humana. La pena que
+con esto sintiera la colm&oacute; de confusi&oacute;n y espanto en los primeros
+momentos; pero despu&eacute;s su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia.
+Su ira surgi&oacute; como una espada que se desenvaina, y le dio concisa
+elocuencia para decir:</p>
+
+<p>&laquo;Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo
+nacimos de do&ntilde;a Virginia de Aransis. Se nos podr&aacute; arrebatar lo que es
+nuestro; se nos podr&aacute; negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre;
+pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defender&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;En vista de esa terquedad&mdash;dijo la marquesa esforz&aacute;ndose en no llevar la
+cuesti&oacute;n a un terreno dram&aacute;tico y en huir de las declamaciones&mdash;me
+arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin
+malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos ni&ntilde;os de mi
+infeliz hija, la hembra muri&oacute;, el varoncito vive y est&aacute; a mi lado. Si
+insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o cap&iacute;tulos de
+novelas, me ver&eacute; obligada a tenerla a usted o por impostora o por
+demente...</p>
+
+<p>&mdash;Tengo documentos&mdash;exclam&oacute; Isidora mostrando sus papeles.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero verlos. Supongo qu&eacute; pruebas son esas. Yo las tengo clar&iacute;simas
+para probar lo que he dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo..., &iexcl;yo tambi&eacute;n probar&eacute;!&mdash;balbuci&oacute; Isidora con el coraz&oacute;n, hecho
+pedazos, en los labios&mdash;. &iexcl;Ah! &iexcl;Qu&eacute; desgraciada soy, se&ntilde;ora! Yo me
+muero&raquo;.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma,
+tuvo l&aacute;stima de ella.</p>
+
+<p>&laquo;He empleado con usted palabras muy duras&mdash;le dijo&mdash;. Pero usted ha tenido
+la culpa, hija m&iacute;a. Usted ha sido enga&ntilde;ada. No ser&aacute; quiz&aacute;s impostora.
+Hablar&aacute; usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de su
+credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confi&eacute;seme sus
+penas, porque penas hay, lo sospecho. &iquest;Qui&eacute;n ha metido a usted en la
+cabeza esas historias? Cu&eacute;nteme usted todo. Despu&eacute;s, si necesita algo,
+si usted se ve en alguna necesidad...</p>
+
+<p>&mdash;Hasta aqu&iacute; he vivido arrojada de mi casa, de mi posici&oacute;n, privada de mi
+verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nac&iacute; me
+pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa no crey&oacute; deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las
+&uacute;ltimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y
+mirando a la pobre joven con m&aacute;s l&aacute;stima que c&oacute;lera, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Si tan convencida est&aacute; usted, acuda usted a los Tribunales.</p>
+
+<p>&mdash;Acudir&eacute;&mdash;exclam&oacute; Isidora con firme convicci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Entretanto, es in&uacute;til que disputemos aqu&iacute;. Puede usted retirarse&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa intent&oacute; tirar del cord&oacute;n de la campanilla. Con un movimiento
+inesperado, Isidora la detuvo, y postr&aacute;ndose ante ella, exclam&oacute; con viva
+explosi&oacute;n de sentimientos nobles:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;ora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibir&iacute;a
+usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi
+derecho, y yo la adoro porque creo en &eacute;l. No hay odio en mi coraz&oacute;n ni
+puede haberlo para la madre de mi madre... D&eacute;jeme usted besar sus
+manos&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa parec&iacute;a muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro,
+apartaba de s&iacute; a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiraci&oacute;n m&aacute;s
+audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separ&oacute; su velo para mostrar
+m&aacute;s completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. &iquest;Qu&eacute;
+destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del
+timbre de su voz al decir:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Para qu&eacute; leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho.
+Soy el retrato vivo de mi madre&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa la mir&oacute; otra vez palideciendo. &iquest;Cruz&oacute; por la mente de la
+noble se&ntilde;ora un rayo de duda?... &iquest;Vacil&oacute; su firme creencia? &iexcl;Qui&eacute;n puede
+saberlo! A sus ojos asomaron las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&laquo;No interprete usted mis l&aacute;grimas como una concesi&oacute;n&mdash;dijo a Isidora&mdash;.
+Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido...&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada
+por aquel mirar profundo, se estremeci&oacute; de esperanza. La hermosura de la
+joven, su distinci&oacute;n innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto,
+hicieron en la noble dama profunda impresi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;En cuanto al parecido&mdash;continu&oacute; esta&mdash;, nada tengo que decir, porque si
+alguno hay, es puramente casual... Me har&aacute; usted un favor en retirarse&raquo;.</p>
+
+<p>Tir&oacute; de la campanilla, y se alej&oacute; serenamente sin prisa y sin c&oacute;lera,
+como nos alejamos despu&eacute;s de aplastar un insecto.</p>
+
+<p>Isidora se encontr&oacute; sola en el gabinete. Un lacayo apareci&oacute; en la
+puerta. Era se&ntilde;al de que la pon&iacute;an bonitamente en la de la calle.
+Levantose y sali&oacute;. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad
+terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del
+palacio se iban quedando atr&aacute;s, como se desvanece el mundo cuando nos
+morimos.</p>
+
+<p>Cuando bajaba la escalera, un lacayo sub&iacute;a. Tomola este por una de las
+infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la
+marquesa, y le dijo: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; bonita es usted, prenda!&raquo;.</p>
+
+<p>Puede juzgarse c&oacute;mo estar&iacute;a su esp&iacute;ritu, cuando este ultraje apenas le
+hizo impresi&oacute;n. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el
+cual al pasar la mir&oacute; con atenci&oacute;n picaresca. Ambos le hicieron un fr&iacute;o
+saludo. Sali&oacute; sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle.
+Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. Jos&eacute; de
+Relimpio. Isidora despert&oacute; al choque y dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero est&aacute; usted aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a&mdash;replic&oacute; el gal&aacute;n viejo muy conmovido&mdash;. El coraz&oacute;n me dec&iacute;a
+que hab&iacute;as de salir pronto, y esper&eacute;... No me pod&iacute;a acostumbrar a la
+idea de no volver a verte... &iquest;Qu&eacute; quieres t&uacute;?... Yo tomo cari&ntilde;o a las
+personas con mucha facilidad... Aqu&iacute; se me ha pasado el tiempo mirando
+como un bobo a los balcones y diciendo: &laquo;Ella ha de salir, ella ha de
+salir&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVII" id="Capitulo_XVII"></a>Cap&iacute;tulo XVII</h3>
+
+<p class="head">Igualdad.&mdash;Suicidio de Isidora</p>
+
+
+<p>Isidora no pon&iacute;a atenci&oacute;n en las cari&ntilde;osas palabras de D. Jos&eacute;. Sinti&oacute;
+en su cerebro una impresi&oacute;n extra&ntilde;a, como el rastro a&eacute;reo de inmensa
+ca&iacute;da desde la altura a los m&aacute;s hondos t&eacute;rminos que el pensamiento puede
+concebir. &iexcl;Y qu&eacute; manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que
+est&aacute;n debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio
+general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la
+luz eran de otro modo. La gente y las casas tambi&eacute;n se hab&iacute;an
+transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora,
+era punto menos que otra persona.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero a d&oacute;nde vamos, hija?&raquo;&mdash;pregunt&oacute; Relimpio viendo que andaban y
+desandaban calles, sub&iacute;an costanillas, y divagaban pasando muchas veces
+por un mismo sitio.</p>
+
+<p>Isidora no le contestaba y adelante segu&iacute;a, llev&aacute;ndolo como rodrig&oacute;n.
+Ella miraba al suelo, &eacute;l el cielo. Sin saber c&oacute;mo, hall&aacute;ronse en las
+Vistillas. Ca&iacute;a la tarde. Don Jos&eacute; llamo la atenci&oacute;n de su ahijada hacia
+la magnificencia del crep&uacute;sculo que desde aquel despejado sitio se
+gozaba; alz&oacute; los ojos ella y mir&oacute;, arrojando un suspiro tan grande sobre
+el inmenso paisaje que a su vista ten&iacute;a que parec&iacute;a querer llenarlo de
+tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armon&iacute;as entre su
+estado moral y la Naturaleza, la hermos&iacute;sima retirada y apagamiento del
+d&iacute;a no eran extra&ntilde;os al occidente que hab&iacute;a en su alma. Los destellos de
+oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hund&iacute;an dejando tras s&iacute;
+un rastro p&aacute;lido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa
+uniforme y sin contornos, se alejaba, desvaneci&eacute;ndose en el fondo del
+firmamento, donde al fin quedar&iacute;a como el espectro de un mundo.
+Marc&aacute;banse las curvas del r&iacute;o por jirones de niebla desvanecida,
+vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado
+de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; fe&iacute;simo es esto!&raquo;&mdash;murmuro Isidora con ira que indicaba cierta
+hostilidad contra la Naturaleza.</p>
+
+<p>Entonces el patriarcal D. Jos&eacute; se puso a admirar la belleza del cielo,
+que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyecci&oacute;n
+abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata,
+ca&iacute;a del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante
+del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago
+apuntar de la idea en el cerebro. Don Jos&eacute; desparram&oacute; su vista por toda
+la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astr&oacute;nomo a un
+astro que brillaba m&aacute;s a cada instante, dijo lac&oacute;nicamente:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;J&uacute;piter!&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora tambi&eacute;n miro, pero con escarnio y desd&eacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; horrible est&aacute; la luna!&raquo;&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>Y la compar&oacute; al corte de una u&ntilde;a. Volvi&eacute;ndose a su embelesado padrino,
+que os&oacute; hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha
+displicencia:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute; tengo yo que ver con J&uacute;piter?... &iquest;Qu&eacute; me va a dar a m&iacute;
+J&uacute;piter?&raquo;.</p>
+
+<p>Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detr&aacute;s &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;A ti te pasa algo... &iquest;Qu&eacute; tienes?&mdash;le dijo el maestro de Tenedur&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; le importa a usted! Si no quiere usted acompa&ntilde;arme, puede dejarme
+sola.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s!... Hasta el fin del mundo...&raquo;.</p>
+
+<p>Una sombra l&uacute;gubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la
+vista, y vieron la mole del viaducto en construcci&oacute;n, un bosque de
+andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro.</p>
+
+<p>&laquo;Cuando este puente se acabe&mdash;dijo Relimpio en tono de mucha autoridad&mdash;,
+no servir&aacute; sino para que se arrojen de &eacute;l los desesperados&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora mir&oacute; con desprecio al puente, y repuso:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Quia! Eso es muy bajo&raquo;.</p>
+
+<p>Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media
+docena de hombres entre humo y vapores alcoh&oacute;licos, sali&oacute; una
+exclamaci&oacute;n que as&iacute; dec&iacute;a: &laquo;Ya todos somos iguales&raquo;, cuya frase hiri&oacute; de
+tal modo el o&iacute;do, y por el o&iacute;do el alma de Isidora, que dio algunos
+pasos atr&aacute;s para mirar al interior del despacho de vinos.</p>
+
+<p>&laquo;Se confirma lo que esta ma&ntilde;ana se dec&iacute;a&mdash;murmur&oacute; D. Jos&eacute; demostrando una
+gran pesadumbre&mdash;. El Rey se va, renuncia a la corona, y a m&iacute; no hay
+quien me quite de la cabeza que es la persona m&aacute;s decente...</p>
+
+<p>&mdash;Todos somos iguales&raquo;&mdash;afirm&oacute; Isidora repitiendo la frase.</p>
+
+<p>Y la frase parec&iacute;a volar multiplicada, como una bandada de frases,
+porque a cada paso o&iacute;an: &laquo;Todos somos iguales... El Rey se va&raquo;. Sal&iacute;an
+estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban
+mujeres y chicos en las puertas de algunas casas.</p>
+
+<p>Mientras D. Jos&eacute; dejaba o&iacute;r con t&iacute;mida voz consideraciones prudentes y
+juiciosas sobre el suceso del d&iacute;a, Isidora pensaba que aquello de ser
+todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento
+excepcional de esos que hacen &eacute;poca en la vida de los pueblos, y se
+alegr&oacute; en lo &iacute;ntimo de su alma, considerando que habr&iacute;a cataclismo,
+hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos
+colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento
+moral de Isidora, no la consolaba. A la moment&aacute;nea alegr&iacute;a sigui&oacute;
+agud&iacute;sima pena. Por un instante se sinti&oacute; invadida de un dolor tan
+grande, que lleg&oacute; a pensar en que no deb&iacute;a vivir m&aacute;s tiempo. Pero esta
+desesperaci&oacute;n tambi&eacute;n dur&oacute; poco. Todos los medios de apartarse
+voluntariamente de la vida le parec&iacute;an dolorosos, antip&aacute;ticos y aun
+cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la
+ataba a&uacute;n a la vida, aunque no fuera m&aacute;s que la curiosidad de goces y
+satisfacciones que no hab&iacute;a probado todav&iacute;a... No, morir, no. Tiempo
+hab&iacute;a para eso.</p>
+
+<p>A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y recib&iacute;a su calor
+central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y
+del ver y del gustar. Hab&iacute;a sofocado una vida para fomentar otra. Cuando
+esta mor&iacute;a, justo es que aquella resucitara.</p>
+
+<p>De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba
+cansad&iacute;sima y quer&iacute;a sentarse. No s&oacute;lo ten&iacute;a necesidad de reposo, sino
+de meditaci&oacute;n, pues tanto como su desenga&ntilde;o la mortificaba aquella noche
+la idea de tener que volver a casa de D.&ordf; Laura. No; decididamente all&aacute;
+no volver&iacute;a aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco fr&iacute;o y
+duro. En tanto don Jos&eacute; miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que
+en su interior ocurr&iacute;a; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de
+piedra. En ning&uacute;n balc&oacute;n se ve&iacute;a luz. Todo estaba cerrado y sombr&iacute;o como
+el disimulo que precede a las grandes resoluciones.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobre se&ntilde;or!&mdash;exclam&oacute; Relimpio ofreciendo a la dinast&iacute;a extranjera el
+homenaje de un suspiro&mdash;. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en
+su caso...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas,
+Isidora dijo esto a su buen padrino:</p>
+
+<p>&laquo;Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marcharme!, &iexcl;dejarte sola!... T&uacute; est&aacute;s loca&mdash;replic&oacute; &eacute;l no sabiendo
+renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no puedo ir a casa todav&iacute;a... M&aacute;rchese usted, que si no le
+re&ntilde;ir&aacute; D.&ordf; Laura.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jala... Yo te acompa&ntilde;ar&eacute; adonde quieras. No faltar&iacute;a m&aacute;s...; &iexcl;ir t&uacute;
+sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo
+digo con franqueza, porque yo no soy ning&uacute;n anacoreta. A los p&iacute;caros
+espa&ntilde;oles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No
+puedes andar sola de noche. Est&aacute;s cada d&iacute;a m&aacute;s guapa, y por dondequiera
+que vas llamas la atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Llamo la atenci&oacute;n!&mdash;, pens&oacute; ella, y se levant&oacute; decidida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde vamos, hija?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute; todav&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animaci&oacute;n convidan a
+los placeres y a intentar gratas aventuras, sinti&oacute; la joven que se
+amenguaba su profund&iacute;simo pesar, como el dolor agudo que cede a la
+energ&iacute;a narc&oacute;tica del calmante. Se sinti&oacute; halagada por el contacto de la
+sociedad; percibi&oacute; en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces
+simp&aacute;ticas llam&aacute;ndola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y
+como la humana soberbia afecta desde&ntilde;ar lo que no puede obtener, en su
+interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones
+despedazadas y muertas. Ella tambi&eacute;n despreciaba una corona. Tambi&eacute;n
+ella era una reina que se iba.</p>
+
+<p>Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un coraz&oacute;n siempre
+alborozado, le comunic&oacute; su vivir r&aacute;pido y anheloso. All&iacute; se cruzan las
+ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o
+sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un
+encanto, abierto bazar, exposici&oacute;n de alegr&iacute;as y amenidades sin cuento.
+Los teatros llaman con sus r&oacute;tulos de gas, las tiendas atraen con el
+charlatanismo de sus escaparates, los caf&eacute;s fascinan con su murmullo y
+su tibia atm&oacute;sfera en que nadan la dulce pereza y la chismograf&iacute;a. El
+vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las
+seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente.</p>
+
+<p>Isidora observ&oacute; que en ella renac&iacute;a, dominando su ser por entero, aquel
+su af&aacute;n de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar
+diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor
+fisiol&oacute;gico y dar satisfacci&oacute;n a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo
+vigoroso y el alma so&ntilde;adora. Se miraba en los cristales, y se deten&iacute;a
+largu&iacute;simos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba
+mientes en el susurro de los grupos, que dec&iacute;an: &laquo;El Rey se aburre, el
+Rey se va&raquo;.</p>
+
+<p>A la entrada de la calle de la Montera la animaci&oacute;n era, como siempre,
+excesiva. Es la desembocadura de un r&iacute;o de gente que se atraganta
+contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella
+noche, sin saber por qu&eacute;, el choque de las multitudes y aquel
+frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil
+impresiones repetidas del codazo, del roce, del empuj&oacute;n, de las cosas
+vistas y deseadas. El piso h&uacute;medo, untado de una especie de jab&oacute;n negro,
+era resbaladizo; pero ella se sosten&iacute;a bien, y en caso de apuro se
+colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Sub&iacute;an
+los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando
+sangre, y su enorme pesadez estremec&iacute;a el suelo. Los carreteros
+apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban
+para evitar el desorden y los atropellos. Deten&iacute;anse los veh&iacute;culos
+atarugados, y la gente, refugi&aacute;ndose en las aceras, se estrujaba como en
+los d&iacute;as de p&aacute;nico. La tienda del viejo Schropp deten&iacute;a a los
+transe&uacute;ntes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de m&aacute;scaras,
+disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas,
+y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el
+escaparate del Marabini, lleno de magn&iacute;ficos brillantes, manifestaba al
+p&uacute;blico tentadoras riquezas.</p>
+
+<p>&laquo;Dejemos esto, chica&mdash;dijo D. Jos&eacute; a su ahijada, que miraba embebecida
+las joyas&mdash;. Esto no es para nosotros&raquo;.</p>
+
+<p>De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Otra vez?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero ir hacia el Congreso&mdash;declar&oacute; ella.</p>
+
+<p>&mdash;Ya..., &iquest;para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no
+sea que por artes del demonio...&raquo;.</p>
+
+<p>Menudeaban los grupos, todos pac&iacute;ficos. No eran hordas de descamisados,
+sino bandadas de curiosos. Se o&iacute;a decir aqu&iacute; y all&iacute;: &laquo;La Rep&uacute;blica, la
+Rep&uacute;blica&raquo;, pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de
+aquella cosa grande y temida. No hab&iacute;a entusiasmo ni embriaguez
+revolucionaria, ni amenazas. La Rep&uacute;blica entraba para cubrir la vacante
+del Trono, como por disposici&oacute;n testamentaria. No la acompa&ntilde;aron las
+brutalidades, pero tampoco las victorias. Dir&iacute;ase que hab&iacute;a venido de la
+botica tras la receta del m&eacute;dico. Se le aceptaba como un brebaje de
+ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte.</p>
+
+<p>&iexcl;Cu&aacute;nta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso,
+donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el
+caf&eacute; de la Iberia, que es el Parnasillo de los pol&iacute;ticos, dan a esta
+calle, en d&iacute;as o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su
+padrino siguieron la corriente. &iexcl;Cu&aacute;ntos hombres, y tambi&eacute;n cu&aacute;ntas
+mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magn&eacute;tico conductor
+de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el
+roce de hombros y brazos, entr&oacute; en ella y la sacudi&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;D&eacute;jeme usted sola&mdash;dijo a su padrino&mdash;. Yo tengo que hacer. Le va a re&ntilde;ir
+a usted do&ntilde;a Laura.</p>
+
+<p>&mdash;Deja a D.&ordf; Laura que se la lleve el demonio&mdash;exclam&oacute; Relimpio, a quien
+la idea de no acompa&ntilde;ar a su sobrina le pon&iacute;a furioso&mdash;. &iexcl;Hay por aqu&iacute;
+tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y
+decirte flores. Esto es indecoroso, y no ser&iacute;a extra&ntilde;o que yo tuviera un
+lance&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay Isidora! &iquest;Qu&eacute; signific&oacute; ese susurro de carcajadas que sentiste
+dentro de ti?... &iquest;Era que empezaba a comprender la posibilidad de
+consolarse sin renunciar a sus ideas? &iexcl;Oh, no! Antes morir que abandonar
+sus sagrados derechos. &laquo;&iexcl;Las leyes!&mdash;pens&oacute;&mdash;. &iquest;Para qu&eacute; son las leyes?&raquo;.
+Esta idea le infundi&oacute; alg&uacute;n contento. S&iacute;; ella confundir&iacute;a el necio
+orgullo de su abuela; ella subir&iacute;a por sus propias fuerzas, con la
+espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenec&iacute;an. Si su
+abuela no quer&iacute;a admitirla de grado, ella, &iquest;qu&eacute; tal?..., ella echar&iacute;a a
+su abuela del trono. Ven&iacute;an d&iacute;as a prop&oacute;sito para esto. &iquest;No &eacute;ramos ya
+todos iguales? El pueblo hab&iacute;a recogido la corona arrojada en un rinc&oacute;n
+del Palacio y se la hab&iacute;a puesto sobre sus sienes duras. &iexcl;Bien, bien,
+bien! Y se aplaudi&oacute; a s&iacute; misma, se palmote&oacute; con esas manos inmateriales,
+que para apoyar sus discursos tiene el coraz&oacute;n. &iexcl;Pleito! Esta palabra,
+anunciadora de una gran idea, se le qued&oacute; fija en la mente desde
+entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y
+jueces, y pir&aacute;mides de papel en cuya c&uacute;spide brillaba deslumbrante y
+cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil.</p>
+
+<p>En la calle de Floridablanca el gent&iacute;o era m&aacute;s espeso; pero los curiosos
+no hac&iacute;an nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban
+vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida Rep&uacute;blica, como se habr&iacute;a
+hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las
+Cortes pasaba se trasluc&iacute;a fuera.</p>
+
+<p>Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. Jos&eacute; demasiado
+humilde para que la joven dejase de o&iacute;r una y otra vez algunas f&oacute;rmulas
+equ&iacute;vocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educaci&oacute;n y de
+la falta de respeto a las mujeres.</p>
+
+<p>&laquo;V&aacute;monos a casa&mdash;dijo Relimpio algo amostazado&mdash;. Yo no me puedo contener.
+Soy una p&oacute;lvora. T&uacute; no conoces mi genio. Pues bien, me est&aacute;s
+comprometiendo.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;yase usted, que yo me quedo&mdash;replic&oacute; ella imp&aacute;vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute;s loca?...</p>
+
+<p>&mdash;No estoy loca. Es que...</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;t&uacute; buscas a alguien? &iquest;Esperas a alguien?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta peque&ntilde;a por donde entra y
+sale toda la pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&laquo;Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no le hizo caso. De repente avanz&oacute; hacia la calle del Sordo,
+mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del
+Congreso. Uno de ellos se distingu&iacute;a por su gab&aacute;n claro.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Al fin nos vamos?&mdash;pregunt&oacute; D. Jos&eacute; con alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No se enfade usted conmigo, padrinito&mdash;dijo Isidora mir&aacute;ndole&mdash;. Le
+quiero a usted mucho&raquo;.</p>
+
+<p>Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se hab&iacute;a fijado en los
+tres se&ntilde;ores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al
+llegar al extremo de la calle, D. Jos&eacute;, que gozaba mucho por los
+recuerdos hist&oacute;ricos, se par&oacute; y dijo con voz l&uacute;gubre:</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; mataron a D. Juan Prim. Todav&iacute;a est&aacute;n en la pared las se&ntilde;ales de
+las balas&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no mir&oacute; las se&ntilde;ales de los proyectiles. Miraba a los tres
+caballeros, que se hab&iacute;an detenido algo m&aacute;s arriba, junto al jard&iacute;n de
+Casa&mdash;Riera. Parec&iacute;a que se desped&iacute;an. En efecto, dos siguieron hacia la
+Presidencia, y el del gab&aacute;n claro baj&oacute; por la calle de Alcal&aacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;Instante tremendo, que no olvidar&iacute;a jam&aacute;s D. Jos&eacute; Relimpio aunque
+viviera mil a&ntilde;os! Cuando el se&ntilde;or del gab&aacute;n claro pas&oacute; por la tr&aacute;gica
+esquina, Isidora ech&oacute; a correr, llegose a &eacute;l, se le colg&oacute; del brazo.
+Hubo exclamaciones de sorpresa y alegr&iacute;a... Despu&eacute;s siguieron juntos, y
+se perdieron en la niebla.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!&mdash;murmur&oacute; D. Jos&eacute; con vivo dolor&mdash;. Es el marqu&eacute;s viudo de
+Saldeoro... &iexcl;Ingrata!... &iexcl;Y qu&eacute; hermosa!&raquo;.</p>
+
+<p>El pobre se&ntilde;or se apoy&oacute; en la esquina: su desconsuelo era grande. Pens&oacute;
+que no la ver&iacute;a m&aacute;s. Vuelta la cara a la pared, &iquest;qu&eacute; hizo durante el
+rato que permaneci&oacute; all&iacute;?... &iquest;Llor&oacute;? Qui&eacute;n lo sabe. Tal vez estamp&oacute; una
+l&aacute;grima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la p&aacute;gina m&aacute;s
+deshonrosa de la historia contempor&aacute;nea.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIII" id="Capitulo_XVIII"></a>Cap&iacute;tulo XVIII</h3>
+
+<p class="head">&Uacute;ltimos consejos de mi t&iacute;o el Can&oacute;nigo</p>
+
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima no ser poeta &eacute;pico para expresar, con la elocuencia propia
+del caso, el enojo de D.&ordf; Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la
+ira de los dioses, hall&aacute;base a dos dedos de ella! Todo por que la
+se&ntilde;orita Isidora no se conduc&iacute;a decorosamente. Don Jos&eacute; estaba
+profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida
+ahijada. Y si alguna t&iacute;mida palabreja sal&iacute;a de su boca, D.&ordf; Laura se le
+quer&iacute;a comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba
+era que se hab&iacute;a quedado fuera de casa en la noche del 11. &laquo;Nada,
+nada&mdash;dijo la iracunda se&ntilde;ora a su marido del modo m&aacute;s imperioso&mdash;. Esa...
+<i>Sardan&aacute;pala</i> no tiene que poner m&aacute;s los pies en mi casa. Si la ves,
+dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su padre&raquo;.</p>
+
+<p>Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mand&oacute; por su equipaje.
+&iexcl;Temblad, humanos!..., &iexcl;pon&iacute;a casa! El furor de D.&ordf; Laura creci&oacute;, y en
+ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras,
+como las olas de un mar embravecido. Relimpio no pod&iacute;a disimular una
+aflicci&oacute;n honda que ten&iacute;a su asiento en la regi&oacute;n card&iacute;aca. Parec&iacute;a
+atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groser&iacute;as de la
+ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no
+dijeron nada.</p>
+
+<p>Y t&uacute;, &iexcl;oh lector!, &iquest;qu&eacute; dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia
+por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner
+casa la de Rufete no puede atribuirse a&uacute;n a sospechosos motivos; sabe,
+pues hay obligaci&oacute;n de que se te diga todo, que el mismo d&iacute;a 12 por la
+ma&ntilde;ana recibi&oacute; nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En
+la una, su t&iacute;o el Can&oacute;nigo se desped&iacute;a de ella para el otro mundo y le
+daba mil consejos de mucha substancia, am&eacute;n de un legadillo para que
+ambos hu&eacute;rfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiaci&oacute;n y
+herencia, si ya no estaban en posesi&oacute;n de ambas cosas. La otra carta
+anunciaba la muerte del santo var&oacute;n.</p>
+
+<p>El cual, hora es ya decirlo, no era tal Can&oacute;nigo ni cosa que lo valiera,
+sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos a&ntilde;os
+se hab&iacute;a aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona
+y sibar&iacute;tica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano&mdash;Quijada, primo
+carnal de Tom&aacute;s Rufete, hab&iacute;a sido mayordomo de una casa grande, y
+despu&eacute;s administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda
+de nadie, se retir&oacute; a su pueblo, donde vivi&oacute; c&eacute;libe, entre primas y
+sobrinos, m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, dedicado a la caza, a la gastronom&iacute;a y a
+la lectura de novelas. Ten&iacute;a ciertos h&aacute;bitos de grandeza, y en su modo
+de hablar y de escribir distingu&iacute;ase tanto de sus convecinos, que antes
+que lugare&ntilde;o parec&iacute;a de lo m&aacute;s refinado y discreto de la corte. Era muy
+avaro y sumamente exc&eacute;ntrico. Omitiendo las mil aseveraciones
+contradictorias que corr&iacute;an por toda la Mancha acerca de su
+caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas
+chifladuras, dejaremos que se nos muestre &eacute;l mismo en la carta que
+escribi&oacute; a Isidora, y que copiamos a la letra:</p>
+
+<p>&laquo;El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873.</p>
+
+<p>&raquo;Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya
+este pecador, a quien llamaste t&iacute;o y que m&aacute;s que t&iacute;o ha sabido ser padre
+tuyo, estar&aacute; en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas.
+Aquella dolencia que ni el m&eacute;dico de este pueblo ni el de Argamasilla
+entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quit&aacute;ndome la
+respiraci&oacute;n de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el
+alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta se&ntilde;ora ha de estar dentro
+de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no
+poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin
+movimiento, y el Sr. Rodr&iacute;guez Ara&ntilde;a, secretario del Ayuntamiento, me
+hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en
+tu hermano, a quienes supongo ya en pac&iacute;fica posesi&oacute;n del marquesado.</p>
+
+<p>&raquo;Por tu &uacute;ltima carta veo que esperabas aviso de la se&ntilde;ora marquesa de
+Aransis. Esa buena se&ntilde;ora os habr&aacute; reconocido como nietos, porque no
+puede ser de otra manera. Ojal&aacute; fuera tan seguro que he de alcanzar la
+gloria eterna, como lo es que t&uacute; y Mariano nacisteis de aquella hermosa
+y sin ventura Virginia, de quien sacaste t&uacute; la figura y rostro de tal
+manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella
+resucitada. Pero si por artes de alg&uacute;n enemigo o tontunas de la marquesa
+(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado
+la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu
+cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente est&aacute; tu
+derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el
+caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y
+tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran
+fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la se&ntilde;ora
+marquesa ech&aacute;ndote los brazos al cuello y comi&eacute;ndote a besos. Si las
+cosas han pasado de otra manera, trata de que la se&ntilde;ora te reconozca por
+el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si
+tienes en &eacute;l alg&uacute;n lunar o se&ntilde;a por donde la marquesa venga en
+conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he le&iacute;do casos
+semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero vell&oacute;n o cosa as&iacute; han
+bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre
+y como tales se abrazaran. De esto est&aacute;n llenas las historias.</p>
+
+<p>&raquo;Para que lo goc&eacute;is, si es que ya est&aacute;is en vuestro trono, o para que
+siga el pleito, si no lo est&aacute;is, os dejo un legado que no es cosa mayor.
+Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado,
+persona a quien conoces y seguramente tendr&aacute;s por la misma
+caballerosidad.</p>
+
+<p>&raquo;Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te
+vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con
+los dem&aacute;s son el peligro de los ricos y la sangr&iacute;a de las bolsas. C&aacute;sate
+con persona de tu condici&oacute;n, pues si lo haces con quien por debajo de ti
+est&eacute;, te expones a que el peso de tu c&oacute;nyuge te tire hacia abajo y no te
+deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, m&aacute;s vale que te
+unas con quien te sea superior, que tambi&eacute;n hay pr&iacute;ncipes y duques por
+estas tierras.</p>
+
+<p>&raquo;No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas,
+que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia
+intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados
+del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a
+los que nada tienen.</p>
+
+<p>&raquo;Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre
+tus sedas el pa&ntilde;o burdo de tus primeros a&ntilde;os, habr&aacute; tontos que se r&iacute;an
+de ti. Instr&uacute;yete bien en las cosas que no has podido aprender en la
+pobreza. T&uacute; eres lista y har&aacute;s grandes progresos. No olvides de darte
+algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa
+f&aacute;cil y que se aprende con un poco de paciencia.</p>
+
+<p>&raquo;Para no descubrirte, mu&eacute;strate al principio circunspecta y callada, que
+con esto pasar&aacute;s por modesta, y la modestia es virtud que en todas
+partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspecci&oacute;n, ded&iacute;cate
+a observar lo que hacen los dem&aacute;s para aprenderlo y hacerlo t&uacute; misma
+luego que te vayas soltando. Observa c&oacute;mo saludan, c&oacute;mo manejan el
+abanico, c&oacute;mo dan el brazo, c&oacute;mo se sientan a la mesa y ponen el abrigo.
+Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular
+estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada
+maestra.</p>
+
+<p>&raquo;Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la
+desaparici&oacute;n de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la
+humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo.
+Siempre habr&aacute; clases. Por m&aacute;s que aseguren que esta igualdad se ha
+iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las
+personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a m&iacute; no me
+entra eso. &iquest;La educaci&oacute;n general traer&aacute; al fin la uniformidad de
+modales? Patarata. &iquest;Los salones de la aristocracia se abren a todo el
+mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro
+perro con ese hueso. Dicen que las se&ntilde;oras de la grandeza cantan
+flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosof&iacute;a. Esa no
+cuela. Yo no lo creer&eacute; aunque lo vea. Si en alg&uacute;n momento de inundaci&oacute;n
+social ha podido pasar eso, las cosas volver&aacute;n a su cauce.</p>
+
+<p>&raquo;Haz lo posible por distinguirte de los dem&aacute;s sin humillar a nadie, se
+entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras
+ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una
+bofetada, dala con mano de algod&oacute;n perfumado, que as&iacute; duele m&aacute;s.</p>
+
+<p>&raquo;Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo as&iacute;, el
+sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad
+de un alto se&ntilde;or como en sus guisos y manera de presentarlos y
+servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen c&iacute;rculo de
+convidados que sazonen la comida con las especias fin&iacute;simas del ingenio
+discreto; especias, hija m&iacute;a, que m&aacute;s bien son flores de aroma delicado.
+Mira bien a qui&eacute;n convidas. No sientes par&aacute;sitos a tu mesa, que estos,
+despu&eacute;s de vivir a tu costa, te criticar&aacute;n. Elige diariamente un peque&ntilde;o
+n&uacute;mero de comensales, graves sin afectaci&oacute;n, ingeniosos sin descaro,
+festivos sin chocarrer&iacute;a, y que coman sin gula y beban sin embriaguez,
+honrando tu casa y celebrando tu mesa.</p>
+
+<p>&raquo;Mucho te hablar&iacute;a de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello.
+Solamente te dir&eacute;, que pues la moda quiere que el arte franc&eacute;s con sus
+invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra
+cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de
+restablecer usos culinarios que est&aacute;n ya vencidos. Adopta la cocina
+francesa, toma un buen jefe y prov&eacute;ete de cuanto la moda y la
+especulaci&oacute;n traen de remotos pa&iacute;ses. Pero has de saber que es de buen
+gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y as&iacute;, no
+hay cosa de m&aacute;s chispa que sorprender un d&iacute;a a tus convidados con un
+plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado
+de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una
+exhibici&oacute;n h&aacute;bil de frusler&iacute;as francesas, no s&oacute;lo no te ser&aacute; vituperado,
+sino que te valdr&aacute; grandes alabanzas.</p>
+
+<p>&raquo;V&iacute;stete con primor. Huye tanto de la vulgaridad poni&eacute;ndote lo que todas
+se pongan, como de la excesiva singularidad poni&eacute;ndote lo que a nadie se
+le haya ocurrido usar. Hay un t&eacute;rmino medio, delicad&iacute;simo, muy dif&iacute;cil
+de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente
+elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la
+extravagancia; procura que en tus atav&iacute;os, sin que falte lo com&uacute;n y
+corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personal&iacute;simo,
+que no puedan imitar los dem&aacute;s, y habr&aacute;s logrado el objeto.</p>
+
+<p>&raquo;S&eacute; siempre buena cat&oacute;lica cristiana, que lo primero es salvar el alma.
+Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin
+fatigarse. Pero no te entregues con excesivo af&aacute;n a las pr&aacute;cticas
+religiosas; trata a los curas con consideraci&oacute;n, y dales para que coman,
+que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea
+novenas y alguna que otra funci&oacute;n; pero sin pasar de ah&iacute; ni abrir tu
+puerta a los se&ntilde;ores de h&aacute;bito negro, los cuales, si les dejaras, pronto
+imperar&iacute;an en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dir&aacute; la
+gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya
+no hay santos ni cosa que lo valga.</p>
+
+<p>&raquo;De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida
+conyugal, cosa que, seg&uacute;n oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo
+quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ning&uacute;n punto
+poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe
+matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de
+los perversos usos del d&iacute;a, se hast&iacute;e un poco de ti, y busque
+entretenimiento y variedad en otras mujeres. &iexcl;Atroz desaire que te
+producir&aacute; no pocos sofocones y te pondr&aacute; a dos dedos del mayor peligro
+en que jam&aacute;s se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas
+llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado
+por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltar&aacute; poco para caer en
+pecado igual al suyo. Cuidado, hija m&iacute;a, mucho cuidado. A su poligamia
+contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta,
+resiste, y no degrades tu coraz&oacute;n d&aacute;ndolo a alg&uacute;n mequetrefe que lo tome
+por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y
+desocupados. Cons&eacute;rvate digna, recatada, siempre se&ntilde;ora inexpugnable;
+que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventar&aacute;,
+y entonces podr&aacute;s volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro
+marido que te considere m&aacute;s y te atienda mejor que el primero.</p>
+
+<p>&raquo;Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado
+las m&aacute;s importantes, no digo m&aacute;s, porque las fuerzas me faltan.
+Acu&eacute;rdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de
+invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto
+aqu&iacute;, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habr&eacute; cerrado
+mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abr&iacute;rmelos a los de la
+gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perd&oacute;n de
+mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me
+importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me
+despido de mis amigos, y recibe t&uacute; el &uacute;ltimo pensamiento y el suspiro
+&uacute;ltimo de tu amant&iacute;simo t&iacute;o (o cosa tal),</p>
+
+<p>SANTIAGO QUIJANO QUIJADA&raquo;.</p>
+
+<p>Madrid.&mdash;Junio de 1881.</p>
+
+<p class="c">FIN DE LA PRIMERA PARTE</p>
+
+
+
+<hr>
+<h2 class="top15"><a name="Segunda_parte" id="Segunda_parte"></a>Segunda parte</h2>
+
+<table class="autotable">
+<tr><td colspan="2" class="tdc">PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdc">&nbsp;</td></tr>
+<tr><td>ISIDORA RUFETE,</td><td><i>protagonista.</i></td></tr>
+<tr><td>MARIANO RUFETE,</td><td><i>su hermano.</i></td></tr>
+<tr><td>AUGUSTO MIQUIS,</td><td><i>doctor en Medicina.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">JOAQU&Iacute;N PEZ.</td></tr>
+<tr><td>DON JOS&Eacute; DE RELIMPIO Y SASTRE,</td><td><i>tenedor de libros.</i></td></tr>
+<tr><td>MELCHOR DE RELIMPIO,</td><td><i>arbitrista.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">EMILIA DE RELIMPIO DE CASTA&Ntilde;O.</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">LA SANGUIJUELERA.</td></tr>
+<tr><td>DON ALEJANDRO S&Aacute;NCHEZ BOT&Iacute;N,</td><td><i>padre de la Patria.</i></td></tr>
+<tr><td>JUAN BOU,</td><td><i>lit&oacute;grafo.</i></td></tr>
+<tr><td>JUAN JOS&Eacute; CASTA&Ntilde;O,</td><td><i>ortopedista.</i></td></tr>
+<tr><td>MU&Ntilde;OZ Y NONES,</td><td><i>notario.</i></td></tr>
+<tr><td>MADAMA EPONINA,</td><td><i>modista.</i></td></tr>
+<tr><td>RIQU&Iacute;N,</td><td><i>ni&ntilde;o.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">EL MAJITO.</td></tr>
+<tr><td>MODESTO RICO,</td><td><i>tratante de vinos.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">PALO&mdash;CON&mdash;OJOS.</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">GAITICA.</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">DIVERSOS PECES.</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">DIVERSOS P&Aacute;JAROS.</td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl">UN GRAN PERSONAJE <i>(que no habla).</i> DIVERSOS PERSONAJES <i>(que no hablan
+tampoco).</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un oficial de
+litograf&iacute;a, hombres y mujeres del pueblo, porteros, tropa, etc.</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" class="tdl"><i>La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875.</i></td></tr>
+</table>
+
+
+<h3><a name="Capitulo_Ia" id="Capitulo_Ia"></a>Cap&iacute;tulo I</h3>
+
+<p class="head">Efem&eacute;rides</p>
+
+
+<p>La Rep&uacute;blica, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la
+Restauraci&oacute;n, tantas formas pol&iacute;ticas, sucedi&eacute;ndose con rapidez, como
+las p&aacute;ginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron
+sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos
+de Tom&aacute;s Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia
+(troc&aacute;ndose en feliz para el efecto de la composici&oacute;n de este libro)
+juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir
+adelante. Aconteci&oacute; que por causa de una fuerte neuralgia necesit&oacute; este
+la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los
+primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposici&oacute;n y
+alt&iacute;simo porvenir. Enfermo y m&eacute;dico charlaban de diversas cosas. Un d&iacute;a,
+cuando ya se hab&iacute;a iniciado la convalecencia, recay&oacute; la conversaci&oacute;n en
+los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no pod&iacute;a
+haber un tema m&aacute;s gustoso, habl&oacute; largamente de Isidora, diciendo, entre
+otras cosas, lo siguiente:</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute; ahora esa mujer..., vamos..., est&aacute; guap&iacute;sima, encantadora. Parece
+que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado
+considerablemente en gracia, en belleza, en expresi&oacute;n. Se me figura que
+ser&aacute; una mujer c&eacute;lebre. Vive en la misma casa donde se instal&oacute; hace dos
+a&ntilde;os, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.&mdash;&iexcl;Un hijo!
+&iquest;Qu&eacute; me cuenta usted?&mdash;Lo que usted oye. Ya tiene dos a&ntilde;os. Es algo
+monstruoso; lo que llamamos un <i>macroc&eacute;falo</i>, es decir, que tiene la
+cabeza muy grande, deforme. &iexcl;Misterios de la herencia fisiol&oacute;gica! Su
+madre me pregunta si toda aquella gran testa estar&aacute; llena de talento. Yo
+le digo que su delirante ambici&oacute;n y su vicio mental le dar&aacute;n una
+descendencia de cabezudos raqu&iacute;ticos... El chico es gracioso y de una
+precocidad alarmante...</p>
+
+<p>&raquo;Pasando a otra cosa, yo tengo para m&iacute; que el marqu&eacute;s viudito est&aacute; m&aacute;s
+tronado que la naci&oacute;n espa&ntilde;ola. Sus deudas se remontan como el &aacute;guila
+&aacute;vida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales,
+carecer es morir, y pasar&aacute;n por toda clase de ignominias antes que
+decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipaci&oacute;n. Por
+desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten,
+c&aacute;ndidos que les f&iacute;en y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca
+mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a
+veces toman sin pedir.</p>
+
+<p>&raquo;Yo pregunto: &iquest;No habr&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a leyes para enfrenar la alta vagancia?
+&iquest;No se crear&aacute;n alg&uacute;n d&iacute;a palacios correccionales? &iquest;No establecer&aacute;n las
+generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a
+raya la demagogia azul, d&aacute;ndole de comer? Yo pregunto tambi&eacute;n: Puesto
+que tanto se ha hablado del derecho a la vida, &iquest;existir&aacute; tambi&eacute;n el
+derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la
+alta vagancia nos pedir&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a los casinos costeados por el Estado.
+L&oacute;gica, l&oacute;gica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo:
+&laquo;Est&aacute;is tocando el viol&oacute;n, porque el comunismo existe entre nosotros con
+tan profundas ra&iacute;ces como la religi&oacute;n: es nuestra segunda Fe. No falta
+m&aacute;s que perfilarlo, darle la &uacute;ltima mano, y ponerlo bien clarito en las
+leyes, tal como lo est&aacute; en nuestras costumbres&raquo;.</p>
+
+<p>&raquo;Ahora bien, se&ntilde;ores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la
+sociedad toda. Hagamos una revoluci&oacute;n para destruir el comunismo, y esto
+es lo pr&aacute;ctico, porque hacer revoluci&oacute;n por establecerlo es como si
+encendi&eacute;ramos el gas de las calles en pleno d&iacute;a. Revoluci&oacute;n, pues.
+Suprimamos la Administraci&oacute;n, que es una hipocres&iacute;a del reparto
+universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma num&eacute;rica del
+<i>restaurant</i> nacional; suprimamos las contribuciones, que son el
+almacenaje omn&iacute;modo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido
+esto, lo dem&aacute;s, ej&eacute;rcito, gobierno, armada..., se suprimir&aacute; por s&iacute;
+mismo. Entonces diremos: <i>todo acab&oacute;</i>; <i>nadie se encarga de nada</i>... Que
+cada cual salga por donde pueda. F&uacute;ndese una sociedad nueva entre el
+estruendo de los palos. &iquest;Qu&eacute; tal? S&iacute;, se&ntilde;ores, el comunismo no muere
+sino ahogado en un oc&eacute;ano de negaciones. Luego se unir&aacute;n el inter&eacute;s y la
+fuerza para crear el nuevo derecho&raquo;.</p>
+
+<p>Todos los que conozcan a Miquis ver&aacute;n que no exageramos ni a&ntilde;adimos nada
+al poner aqu&iacute; sus festivas paradojas.</p>
+
+<p>Efectivamente, Isidora viv&iacute;a al fin de la calle de Hortaleza en un
+n&uacute;mero superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande.
+Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, est&aacute;n
+fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes
+peque&ntilde;os con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando
+a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas
+luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de
+yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada
+la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden
+y simetr&iacute;a. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se
+hab&iacute;a formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa
+yuxtaposici&oacute;n del verdadero hogar dom&eacute;stico, labrado poco a poco por la
+paciencia y el cari&ntilde;o de una o dos generaciones. All&iacute; se ve&iacute;an piezas
+donde el exceso de muebles apenas permit&iacute;a el paso, y otras donde la
+desnudez casi rayaba en pobreza. Alg&uacute;n mueble soberbio se rozaba con
+otro de tosquedad primitiva. Hab&iacute;a mucho procedente de liquidaciones,
+manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable.
+Casi todo lo restante proced&iacute;a de esas almonedas ap&oacute;crifas, verdaderos
+baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duraci&oacute;n.</p>
+
+<p>La sala luc&iacute;a siller&iacute;a de damasco amarillo rameado; en imitaci&oacute;n de palo
+santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase m&aacute;s
+inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas
+aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y
+de piezas tan fr&aacute;giles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a
+&eacute;l con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La
+consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus
+agujas una sola vez. El m&aacute;rmol de ella se escond&iacute;a bajo una instalaci&oacute;n
+abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel ca&ntilde;amazo y
+todo lo m&aacute;s deleznable, vano y fr&aacute;gil que imaginarse puede... A Isidora
+no gustaba esta sala, que era, seg&uacute;n ella, el tipo y modelo de la sala
+cursi. Hab&iacute;a sido comprada <i>in solidum</i> por Joaqu&iacute;n en una liquidaci&oacute;n,
+y proven&iacute;a de una actriz que no pudo disfrutarla m&aacute;s de un mes. Isidora
+ten&iacute;a prop&oacute;sito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas
+horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado hab&iacute;a lo
+bastante para media docena de casullas, y a&uacute;n sobraba algo para vestir
+un santo y ponerle de tiros largos.</p>
+
+<p>En el gabinete pr&oacute;ximo a la sala estaba casi constantemente la hero&iacute;na
+de esta historia. A la izquierda de la chimenea ten&iacute;a su armario de
+luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros d&iacute;as de uso,
+pero que pronto empez&oacute; a perder su brillo y a desvencijarse,
+manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido
+en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balc&oacute;n, estaba el
+tocador, mueble precioso, pero muy usado. Hab&iacute;a pertenecido a una casa
+grande que liquid&oacute; por quiebra. Un escritorio peque&ntilde;o con gavetillas y
+alg&uacute;n secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro
+para la c&oacute;moda. Sobre esta se elevaba un mont&oacute;n de cosas revueltas, en
+cuya ingente masa pod&iacute;an distinguirse cajas de sombreros y cajas de
+sobres estropeados, libros, l&iacute;os de ropa, un &aacute;lbum de retratos, un
+Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cart&oacute;n.</p>
+
+<p>En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de &eacute;bano y roble, hab&iacute;a
+varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la
+perfecci&oacute;n de la fotograf&iacute;a y la belleza de la figura. Parec&iacute;a una
+duquesa, y ella misma admiraba all&iacute;, en ratos de soledad, su continente
+noble, su hermosura melanc&oacute;lica, su mirada serena, su grave y natural
+postura. En la pared no hab&iacute;a ninguna l&aacute;mina religiosa; todas eran
+profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha
+inundado las tiendas de cromos; can&oacute;nigos glotones, cartujos que catan
+vinos, el cl&eacute;rigo franc&eacute;s que se come la ostra y el que muestra el
+gusano en la hoja; adem&aacute;s, borrachos laicos y algunas majas y chulos que
+entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto hab&iacute;a sido adquirido por
+Joaqu&iacute;n, que se re&iacute;a mucho contemplando al fraile embobado junto a la
+muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hac&iacute;an maldita
+gracia los cromos frailescos. Encontr&aacute;balos groseros, de mal gusto y
+ordinarios, por ser cosa de estampa que se ve&iacute;a en todas partes. &iexcl;Cu&aacute;ndo
+realizar&iacute;a ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al &oacute;leo,
+de los primeros pintores!</p>
+
+<p>Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si
+hab&iacute;a sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma
+nos lo dir&aacute;. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro
+meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia,
+y para ello aprovechemos las efem&eacute;rides verbales de D. Jos&eacute; de Relimpio,
+cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable.</p>
+
+<p>1873. <i>1.&ordm; de marzo</i>.&mdash;Instalaci&oacute;n de Isidora en su casa de la calle de
+Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqu&eacute;s
+viudo de Saldeoro. Esc&aacute;ndalo. Pronuncia D.&ordf; Laura su c&eacute;lebre frase: &laquo;Ya
+ve&iacute;a yo venir esto&raquo;. Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina
+militar.&mdash;<i>La Sanguijuelera</i> visita a los de Relimpio y califica la
+conducta de su sobrina con palabras que a pluma m&aacute;s hip&oacute;crita no podr&iacute;a
+velar con los disimulos del lenguaje.</p>
+
+<p><i>Abril</i>.&mdash;Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobard&iacute;as se
+encuentran frente a frente y del choque resulta una p&aacute;gina hist&oacute;rica. No
+corre la sangre.&mdash;Primera cuesti&oacute;n entre Isidora y Joaqu&iacute;n por la manera
+de invertir el dinero heredado del Can&oacute;nigo. Isidora gasta sin
+substancia una buena parte de &eacute;l en los preliminares de su pleito. Se
+permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que
+privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los
+fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia
+incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas
+necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se
+atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.&mdash;C&eacute;lebre
+discurso de Pi.</p>
+
+<p><i>Junio</i>.&mdash;Re&uacute;nense las Cortes Constituyentes. La guerra toma proporciones
+alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas consecuencias
+de la desgraciada acci&oacute;n de Eraul.&mdash;Joaqu&iacute;n Pez marcha a Biarritz.
+Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el paradero de su
+hermano, que ha desaparecido del colegio en que estaba.&mdash;Consternaci&oacute;n.
+Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel Llagostera. La guerra, la
+pol&iacute;tica, ofrecen un espect&aacute;culo de confusi&oacute;n lamentable. Don Jos&eacute; de
+Relimpio manifiesta con gran seso que la cesant&iacute;a de treinta mil reales
+que disfrutan los ex ministros espa&ntilde;oles es la causa de estas
+tremolinas.</p>
+
+<p><i>Julio</i>.&mdash;Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, cr&iacute;menes,
+desbordamiento general del furor pol&iacute;tico.&mdash;Do&ntilde;a Laura cae gravemente
+enferma.&mdash;La guerra civil crece. Cada d&iacute;a le nace una nueva cabeza y un
+rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a
+su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atenci&oacute;n y
+se hacen acerca de ella novelescos comentarios.&mdash;Ministerio Salmer&oacute;n.</p>
+
+<p><i>Septiembre</i>.&mdash;Cartagena, excursiones de las fragatas. &iexcl;Oh! Don Jos&eacute; les
+perdonar&iacute;a a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje
+de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de
+nuestro territorio, retenido por la p&eacute;rfida Inglaterra. Si viviera
+M&eacute;ndez N&uacute;&ntilde;ez, otro gallo nos cantara.&mdash;Horrores del cura Santa Cruz.&mdash;Do&ntilde;a
+Laura, como si fuera s&iacute;mbolo humano de la unidad y el honor de la
+patria, sucumbe en aquellos tristes d&iacute;as. Antes de morir tiene el
+inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de
+tercera clase.&mdash;C&eacute;lebre ap&oacute;strofe de D. Manuel Pez contra las
+improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en
+desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situaci&oacute;n tan
+triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino,
+iguala a Isa&iacute;as en gravedad eleg&iacute;aca y arrebato po&eacute;tico. Verif&iacute;case en
+toda Espa&ntilde;a una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y
+por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.&mdash;Dispersi&oacute;n
+de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; est&aacute; algo
+desfigurada, pero, seg&uacute;n sus cuentas, en diciembre concluir&aacute;
+aquello.&mdash;Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se hab&iacute;a
+entibiado ni un punto la noble simpat&iacute;a que por su ahijada sent&iacute;a, se va
+a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompa&ntilde;a cuando
+est&aacute; sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando
+la memoria de sus cualidades, deja escapar melanc&oacute;licos suspirillos.</p>
+
+<p><i>Diciembre</i>.&mdash;Castelar reorganiza el Ej&eacute;rcito. La patria da un suspiro de
+esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se
+dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que
+son m&aacute;s duros de lo que se cre&iacute;a los cimientos de la unidad nacional. El
+24, Nochebuena, Isidora da a luz un ni&ntilde;o, a quien ponen por nombre
+Joaqu&iacute;n.&mdash;H&aacute;blase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del
+feroz Samaniego.</p>
+
+<p>1874. <i>Enero</i>.&mdash;El d&iacute;a 3 Pav&iacute;a destruye la Rep&uacute;blica sin disparar un
+tiro. Desaloja el sal&oacute;n del Congreso y pone en las calles ca&ntilde;ones que no
+hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.&mdash;<i>La Sanguijuelera</i>, que
+permanece adicta al antiguo r&eacute;gimen y no cree que hay m&aacute;s reina que
+Isabel II, da un viva al pr&iacute;ncipe Alfonso. C&eacute;lebre apotegma de D. Manuel
+Mar&iacute;a Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad
+armonizada con el orden. Este var&oacute;n insigne ocupa otra vez la Direcci&oacute;n
+con benepl&aacute;cito de los Peces, los cuales, multiplic&aacute;ndose de nuevo,
+colean en todo el pa&iacute;s. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que
+la Administraci&oacute;n nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos.
+Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las
+ruinas de las fortunas que desaparecen, el&eacute;vanse las colosales riquezas
+de los contratistas. El Tesoro p&uacute;blico hace milagros.&mdash;La provincia que
+gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez
+a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora s&iacute; que
+son habas contadas. Tr&aacute;tase de comprar habichuelas podridas y arroz
+picado para vend&eacute;rselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus
+milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos
+centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo r&eacute;gimen, tomando una
+actitud completamente pisciforme.</p>
+
+<p><i>Marzo</i>.&mdash;San Pedro Abanto. Inmenso inter&eacute;s despiertan en toda Espa&ntilde;a el
+estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqu&eacute;s viudo de
+Saldeoro. Los &uacute;ltimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no
+le bastar&iacute;a para pagar. Toma por modelo al Tesoro p&uacute;blico y recibe
+dinero al trescientos por ciento. Renu&eacute;vanse las discordias entre
+Joaqu&iacute;n e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral
+de la de Rufete por su situaci&oacute;n social, su penuria y la poca esperanza
+de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el
+bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la
+informaci&oacute;n. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empe&ntilde;o de
+las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya
+gastad&iacute;sima promesa de casarse con ella.&mdash;Sangrientos combates del 25, 26
+y 27, que ocupan la atenci&oacute;n p&uacute;blica. Hay muchos liberales que, por ser
+enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra
+estos truena en patri&oacute;tica indignaci&oacute;n don Jos&eacute; de Relimpio, el cual se
+compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre &eacute;l alfileres, sigue y
+escudri&ntilde;a y estudia con sublime anhelo los movimientos militares.</p>
+
+<p><i>Mayo</i>.&mdash;Bilbao es libre. Alegr&iacute;a, repiques, farolitos. Crece a los ojos
+del pa&iacute;s la gran figura militar del marqu&eacute;s del Duero.&mdash;Mariano Rufete,
+que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su
+conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus
+adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de
+lo m&aacute;s escogido. Su hermana dar&iacute;a cuanto tiene (menos los ideales) por
+verle corregido.&mdash;Emilia Relimpio se casa con su primo Juan Jos&eacute;, hijo
+del ortopedista; Leonor, il&iacute;citamente unida a un sargento primero,
+desaparece de Madrid. Don Jos&eacute;, recordando los grandiosos pensamientos
+de D.&ordf; Laura acerca del himeneo de las ni&ntilde;as con c&eacute;lebres m&eacute;dicos y
+oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama
+una l&aacute;grima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive
+constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el ni&ntilde;o de
+Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don Jos&eacute;
+le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. <i>La Sanguijuelera</i>, que
+algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cari&ntilde;o al cabezudito: le
+coge, le zarandea, le da gritos, y le llama <i>&iexcl;rico!, &iexcl;riqu&iacute;n!</i>... De
+donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo
+todos le llaman <i>Riqu&iacute;n</i>.</p>
+
+<p><i>Junio</i>.&mdash;Muerte del general Concha. P&aacute;nico y luto. Retirada. La patria,
+que cre&iacute;a pr&oacute;xima su salvaci&oacute;n, gime. Augusto Miquis expone con su
+acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Seg&uacute;n &eacute;l, la mejor
+manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D.
+Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En Espa&ntilde;a, el primer paso para
+la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene.
+El carlismo establecido no podr&aacute; durar un mes. Desde el momento en que
+se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundir&aacute; por su propio
+peso y caer&aacute; hecho polvo.</p>
+
+<p><i>Diciembre</i>.&mdash;La guerra sigue. La Restauraci&oacute;n toca a las puertas de la
+patria con el aldab&oacute;n de Sagunto. Asombro. La Restauraci&oacute;n viene sin
+batalla, como hab&iacute;a venido la Rep&uacute;blica. La Providencia y el Acaso
+juegan al ajedrez sobre Espa&ntilde;a, que siempre ha sido un tablero con
+cuarteles de sangre y plata.&mdash;Entusiasmo de <i>la Sanguijuelera</i>, que cada
+d&iacute;a simpatiza menos con la demagogia. Dice que los se&ntilde;ores son siempre
+se&ntilde;ores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo
+Soberano y aun medita una arenga.</p>
+
+<p>1875.&mdash;Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz que
+reina en la ortopedia. El padre de Juan Jos&eacute; se ha retirado del trabajo,
+y no se ocupa m&aacute;s que de cultivar la huerta que ha comprado en Pinto.
+Juan Jos&eacute; est&aacute; al frente del establecimiento, y bajo su h&aacute;bil mano este
+se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora quisiera un
+aparato para que la cabeza de <i>Riqu&iacute;n</i> no creciera tanto. Juan Jos&eacute;,
+que algo entiende de Medicina, se r&iacute;e y receta al hijo reconstituyentes
+y a la madre un Manual de Doctrina Cristiana.&mdash;Consternaci&oacute;n. Los Peces
+grandes y chicos se ven desterrados de las claras aguas de sus plazas y
+oficinas. Bien quisieran ellos aclamar tambi&eacute;n al Rey nuevo; pero la
+disciplina del partido les impone, &iexcl;ay!, una consecuencia altamente
+nociva a sus intereses. Tienen que poner un freno a sus agallas. Adem&aacute;s,
+la lucha por la existencia, ley de las leyes, ha llevado a los P&aacute;jaros
+al Gobierno, y estos no encuentran en la Administraci&oacute;n bastantes ramas
+en que posarse. Algunos Peces de menor tama&ntilde;o y del g&eacute;nero <i>voracissimus</i>
+quedan en oficinas obscuras. Son Peces alados, transici&oacute;n zool&oacute;gica
+entre las dos clases, pues la triunfante tuvo en situaciones anteriores
+sus avecillas con escamas.&mdash;Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de
+los toros. Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida est&aacute; en
+gran peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de
+Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinaci&oacute;n a la secta de
+los mormones. Ri&ntilde;as y esc&aacute;ndalos, acompa&ntilde;ados de no peque&ntilde;os
+apuros.&mdash;Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en Espa&ntilde;a el
+despecho es una idea pol&iacute;tica, se alegran de las ventajas de los
+carlistas.&mdash;Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la informaci&oacute;n de
+pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de conciliaci&oacute;n,
+presenta su demanda.&mdash;Miquis gana por oposici&oacute;n la plaza de
+m&eacute;dico&mdash;director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es novio
+de la hija del honrado notario Mu&ntilde;oz y Nones.&mdash;S&aacute;bese por buen conducto
+que Leonor tiene una casa de hu&eacute;spedes en La Coru&ntilde;a.&mdash;Oc&uacute;pase la prensa
+de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido, como
+irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si ser&aacute;
+mandado a presidio, y efectivamente, la <i>Gaceta</i> le nombra... oficial
+primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurrecci&oacute;n,
+para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a
+Espa&ntilde;a. Habas contadas. &Eacute;l se traer&aacute; de seguro las tres cuartas partes
+de la Isla, o las Antillas todas, dejando vac&iacute;o el Mejicano Golfo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IIa" id="Capitulo_IIa"></a>Cap&iacute;tulo II</h3>
+
+<p class="head">Liquidaci&oacute;n</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>&laquo;Isidorita Rufete, &iquest;conoces t&uacute; el equilibrio de sentimientos, el ritmo
+suave de un vivir templado, desliz&aacute;ndose entre las realidades comunes de
+la vida, las ocupaciones y los intereses? &iquest;Conoces este ritmo que es
+como el pulso del hombre sano? No; tu esp&iacute;ritu est&aacute; siempre en estado de
+fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolvi&eacute;ndose en
+depresiones terribles, y tu alegr&iacute;a loca no cede sino ahog&aacute;ndose en
+tristezas amargas. &iquest;Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? S&iacute;;
+antes perder&aacute;s la vida que la convicci&oacute;n de tu derecho. Bien; sea. Pero
+deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te
+atormentes, construyendo en tu esp&iacute;ritu una segunda vida ilusoria y
+fant&aacute;stica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes
+interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que
+est&aacute;n privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso
+es un vicio, un puro vicio, como tantos otros h&aacute;bitos repugnantes, como
+la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad.
+El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulm&oacute;n, y &iexcl;ay de ti si
+llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad
+lo que ahora quieres gozar, en sue&ntilde;os, contraviniendo a las leyes del
+tiempo y del sentido com&uacute;n!</p>
+
+<p>&raquo;Sostienes que ese vicio, aberraci&oacute;n o como quiera llamarle Miquis, es
+una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Despu&eacute;s de
+un d&iacute;a de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para
+consolarte... das un baile. &iexcl;Qu&eacute; gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus
+apetitos determinando en ti una gran excitaci&oacute;n cerebral, de la cual
+irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que
+t&uacute; misma llegas a tenerla por verdad. Te enga&ntilde;as con tus propias farsas,
+desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Ense&ntilde;as a tus nervios a
+falsificar las sensaciones y a obrar por s&iacute; mismos, no como receptores
+de la impresi&oacute;n, sino como iniciadores de ella. &iexcl;Bonito juego!
+&iexcl;Violaci&oacute;n de los &oacute;rdenes de la Naturaleza!</p>
+
+<p>&raquo;Mira, Isidorita; tu vida social est&aacute; bastante desarreglada; pero tu
+vida moral lo est&aacute; m&aacute;s a&uacute;n. El principal de tus des&oacute;rdenes es el amor
+desaforado que sientes por Joaqu&iacute;n Pez. Le amas con lealtad y
+constancia, prendada m&aacute;s bien de la gracia y nobleza de su facha que de
+lo que en &eacute;l constituye y forma el ser moral. Bien dices t&uacute; que ya el
+amor no es ciego, sino tonto. Tienes raz&oacute;n: ya se le conoce el largo
+trato que ha tenido con los malos poetas. &iquest;Por qu&eacute; no haces un
+esfuercito para desprenderte del cari&ntilde;o que tienes a Pez? Por ah&iacute; debe
+empezar tu reforma. T&uacute; le adoras y no le estimas. &Eacute;l te ama y tampoco te
+estima gran cosa. Considera cu&aacute;nto perjudican a tus planes de
+engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu
+porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues seg&uacute;n t&uacute;, no
+hay m&aacute;s remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, m&iacute;rate bien
+en ese espejo social que se llama opini&oacute;n, y considera si con tu actual
+trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una
+familia ilustre. Tonta, &iquest;has cre&iacute;do alguna vez en la promesa de que
+Joaqu&iacute;n se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando est&aacute;
+mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o
+no con &eacute;l, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te f&iacute;es,
+no te f&iacute;es, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la
+indulgencia. Se dan casos de estos.</p>
+
+<p>&raquo;Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te
+llevar&aacute; lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu
+peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de
+d&oacute;nde viene; lo sueltas sin saber a d&oacute;nde va. Jam&aacute;s se te ha ocurrido
+coger un l&aacute;piz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de
+papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No
+haces cuentas m&aacute;s que con la cabeza, &iexcl;y tu cabeza es tan inepta para
+esto!... La Aritm&eacute;tica, hija, no cabe dentro de la jurisdicci&oacute;n de la
+fantas&iacute;a, y t&uacute; fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente
+el activo y empeque&ntilde;eces el pasivo. De vez en vez parece que quieres
+ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus
+d&eacute;biles c&aacute;lculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender
+las deudas sagradas.</p>
+
+<p>&raquo;Tu generosidad te honra porque indica tu buen coraz&oacute;n; pero te perturba
+lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conoci&eacute;ndote el flaco y
+tu &iacute;ndole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: &iquest;qu&eacute; has
+hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dej&oacute; D. Santiago
+Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educaci&oacute;n
+de Mariano, y.... confi&eacute;salo, que si es un misterio para todo el mundo,
+no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no
+hay para qu&eacute;. M&aacute;s de la mitad de aquel dinero te lo ha distra&iacute;do Joaqu&iacute;n
+Pez&raquo;.</p>
+
+<p>Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor,
+lo escrito vale.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego.
+Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal
+actividad, indicaban que algo muy grave ocurr&iacute;a. Se sentaba, le&iacute;a una
+carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrug&aacute;ndola en el
+bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete,
+repet&iacute;a la lectura, la l&aacute;grima y el estrujamiento del dichoso papel...
+&iquest;Qu&eacute; es eso, se&ntilde;ora? &iquest;Qu&eacute; pasa?</p>
+
+<p>Desde el gabinete se ve&iacute;a toda la cavidad de la alcoba, donde la gran
+cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del
+techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con
+otro cuarto, del cual ven&iacute;an dos voces distintas, pero acordadas en un
+tono de candorosa alegr&iacute;a. Era la una dulce, angelical y tern&iacute;sima. Era
+la otra cascada y a veces chillona. &iexcl;Vaya con la pareja! <i>Riqu&iacute;n</i> y D.
+Jos&eacute; de Relimpio jugaban arrastr&aacute;ndose por el suelo. Caballo y jinete se
+besaban, locos de regocijo, en la confusi&oacute;n de las ca&iacute;das leves.</p>
+
+<p>Abriose de pronto la puerta de la sala, y entr&oacute;... nada menos que <i>la
+Sanguijuelera</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Gracias a Dios que viene usted, t&iacute;a&mdash;le dijo Isidora reconvini&eacute;ndola&mdash;.
+Si&eacute;ntese usted; tenemos que hablar detenidamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hablar detenidamente!&mdash;exclam&oacute; la vieja puesta en jarras&mdash;. No digas
+m&aacute;s; ya entiendo tus <i>detenidamentes</i>. Ya s&eacute; que es para pedir dinero.
+S&iacute;, en cuanto lleg&oacute; a casa tu D. Jos&eacute; y vi su cara de carnero a medio
+morir, dije: &laquo;Ojo al Cristo...&raquo;. Pues mira, hija, toca a otra puerta&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su t&iacute;a por el camino de las
+bromas. Con la concisi&oacute;n de los grandes apuros, dijo que era cuesti&oacute;n de
+vida o muerte para ella reunir en aquella ma&ntilde;ana cierta suma, y que
+contaba con la generosidad de su t&iacute;a, a quien otras veces hab&iacute;a pedido
+caudales, reembols&aacute;ndoselos con buenos intereses.</p>
+
+<p>&laquo;Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay.
+Ya sabes que <i>aqu&iacute; muri&oacute; el fiar</i>... Pues s&iacute;; que est&aacute;n unos tiempos
+divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, &iquest;en qu&eacute; piensa
+que no te da...?</p>
+
+<p>&mdash;Lea usted&mdash;replic&oacute; Isidora alargando la carta con un gesto y tono que se
+usan mucho en los dramas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dice... En fin, hemos re&ntilde;ido. &Eacute;l est&aacute; mal. Probablemente tendr&aacute;
+que irse con un empleo a La Habana... &iquest;Qu&eacute; le parece a usted eso?</p>
+
+<p>&mdash;Sopas en queso. &iquest;A m&iacute; qu&eacute; m&aacute;s me da que se vaya a La Habana o a
+<i>Sierra&mdash;Ullones</i>, o al Infierno?</p>
+
+<p>&mdash;En fin, hemos re&ntilde;ido. Todo se acab&oacute;. No hablemos m&aacute;s de eso. Hoy tengo
+un gran compromiso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda, anda, frutilla temprana!... &iexcl;En la que te has metido!&mdash;dijo
+Encarnaci&oacute;n encendida de ira&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; vas a hacer ahora? Ya no tienes
+salvaci&oacute;n, ya est&aacute;s perdida. Bien me lo tem&iacute; y bien te lo dije cuando te
+vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; se&ntilde;alando del modo m&aacute;s
+insinuante su ojo derecho&mdash;; aqu&iacute; dentro hay mucho quinqu&eacute;. Pues, claro,
+a esto hab&iacute;as de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. &iexcl;Y quieres que te
+d&eacute; dinero!... Anda, anda, casta&ntilde;a pilonga, que otra cosa podr&aacute; faltarte
+ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu t&iacute;a; no te acuerdes m&aacute;s de
+esta perla vieja de la honradez&raquo;.</p>
+
+<p>Las groser&iacute;as de su t&iacute;a Encarnaci&oacute;n enfadaban atrozmente a Isidora.
+Queriendo concluir pronto, expuso en t&eacute;rminos tan concretos como
+pavorosos su situaci&oacute;n, y luego hizo una protesta en&eacute;rgica de sus ideas
+morales. Ella quer&iacute;a y se propon&iacute;a ser honrada. Las reticencias de su
+t&iacute;a la her&iacute;an en lo m&aacute;s vivo del alma.</p>
+
+<p>&laquo;No vengas con andr&oacute;minas&mdash;replic&oacute; la cacharrera&mdash;. T&uacute; podr&aacute;s tener buenas
+ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atr&aacute;s. &iexcl;El pasito,
+hija! &iexcl;Repu&ntilde;ales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese hombre... Es un
+lameplatos. Siento que no est&eacute; aqu&iacute; para despotricarme con &eacute;l y decirle
+las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un real partido por
+medio.</p>
+
+<p>&mdash;No, no creo que usted me vea en tales agon&iacute;as y no me favorezca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... &iquest;Y de d&oacute;nde lo voy a sacar?</p>
+
+<p>&mdash;Del arca.</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute;s t&uacute; mal arca de No&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si debes m&aacute;s que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...!
+Suponte t&uacute;, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas,
+ara&ntilde;ando aqu&iacute; y all&aacute;, re&uacute;na mil reales...</p>
+
+<p>&mdash;Mil reales es muy poco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute;?... &iquest;Cre&iacute;as que te iba a dar un ojo de buey?&mdash;grit&oacute; la vieja
+riendo a todo re&iacute;r&mdash;. &iexcl;Mira &eacute;sta!...</p>
+
+<p>&mdash;Yo quer&iacute;a lo menos dos mil&mdash;dijo Isidora con terror.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jo... s&uacute;s! &iexcl;Los dos mil los tienes t&uacute; en el canto de la memoria! Yo
+los quisiera para m&iacute;. En fin, y <i>mismamente</i>..., si me prometes
+devolv&eacute;rmelos pronto, podr&eacute; buscarte mil... &iexcl;Ay! arrastrada, &iquest;en qu&eacute;
+gastas t&uacute; el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsej&eacute;... Yo te
+dec&iacute;a: &laquo;Guarda, aprov&eacute;chate; s&aacute;cale a ese hombre el reda&ntilde;o y ve poniendo
+en el Monte para el d&iacute;a de ma&ntilde;ana...&raquo;. Pero t&uacute;, grand&iacute;sima pandorga, con
+gastar y gastar... Aqu&iacute; parece que siempre est&aacute; la gata de parto, seg&uacute;n
+se gasta y derrocha.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&iacute;a, dos mil!</p>
+
+<p>&mdash;Dos mil pu&ntilde;ales...</p>
+
+<p>&mdash;Ande usted...</p>
+
+<p>&mdash;No, no te caer&aacute; esa breva.</p>
+
+<p>&mdash;No la dejar&eacute; a usted en paz hasta que me los d&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana.</p>
+
+<p>&mdash;Pues vengan los mil; pero pronto, al momento&raquo;.</p>
+
+<p>Instant&aacute;neamente form&oacute; Isidora un plan distinto del que hab&iacute;a hecho
+contando con los dos mil.</p>
+
+<p>&laquo;Te los traer&eacute; para las doce. &iexcl;Ay! &iquest;En qu&eacute; parar&aacute; esto?...</p>
+
+<p>&mdash;Antes de las doce, si puede ser. V&aacute;yase usted pronto para que vuelva
+pronto... Coja usted un coche.</p>
+
+<p>&mdash;Venga la peseta.</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted la peseta.</p>
+
+<p>&mdash;Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy a
+dar sin recibo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Otra peseta?... Ah&iacute; va. V&aacute;yase usted pronto. &iexcl;Ay!, &iexcl;qu&eacute; d&iacute;a est&aacute;!&mdash;dijo
+Isidora mirando con tristeza al balc&oacute;n, cuyos cristales, azotados por la
+lluvia, sonaban con estr&eacute;pito de perdigonada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a <i>Riqu&iacute;n</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s, despu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jo... s&uacute;s! &iexcl;Qu&eacute; prisa!... Agur, agur&raquo;.</p>
+
+<p>Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sac&oacute; de la c&oacute;moda un
+cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas
+hab&iacute;a varios papeles o c&eacute;dulas guardadas con cierto orden y
+clasificaci&oacute;n. No deb&iacute;an de ser ciertamente billetes de Banco, porque
+Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y pon&iacute;a cara de mal
+humor. Despu&eacute;s de pasar revista a su tesoro negativo, grit&oacute;: &laquo;D. Jos&eacute;&raquo;,
+y como D. Jos&eacute;, a causa del ruido que &eacute;l mismo hac&iacute;a, jugando con
+Joaqu&iacute;n, no pudiera o&iacute;r la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a
+llamarle por la puerta de la alcoba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Venga usted ac&aacute;, por Dios!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hija, no te hab&iacute;a o&iacute;do!&raquo;.</p>
+
+<p>Ver&iacute;ais entonces aparecer al gran D. Jos&eacute;, fatigado de tanto andar a
+cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y
+tan risue&ntilde;o y bondadoso como anta&ntilde;o. Tra&iacute;a en brazos a <i>Riqu&iacute;n</i>, que era
+muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal
+que le privara de los encantos de la ni&ntilde;ez, antes bien daba risa verle
+erguir su cabezota con cierto aire de valent&iacute;a, como un hijo de Atlante
+predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes
+pesos.</p>
+
+<p>&laquo;Deje usted al ni&ntilde;o... <i>Riqu&iacute;n</i>, hijito; vas a irte un rato con
+Ramona... &iexcl;Ramona!&raquo;.</p>
+
+<p>El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello est&aacute; por saber) declar&oacute;
+con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su
+dignidad se hac&iacute;a pasando de los brazos de D. Jos&eacute; a los de la ni&ntilde;era.
+Pero no le valieron sus artima&ntilde;as. Carg&oacute; con &eacute;l la moza, y D. Jos&eacute; y su
+ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas.</p>
+
+<p>&laquo;Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nta papeleta!&raquo;&mdash;exclam&oacute; el santo var&oacute;n cruzando sus manos con adem&aacute;n
+piadoso.</p>
+
+<p>Isidora las pasaba, las le&iacute;a, las iba contando. &iexcl;Ay! Cuando se entregaba
+a la Aritm&eacute;tica, su cara se volv&iacute;a l&uacute;gubre y desconcertada, cual si
+estuviera sometida a la acci&oacute;n de fen&oacute;menos morbosos. La Aritm&eacute;tica
+ten&iacute;a para ella algo de enfermedad cim&oacute;tica, y as&iacute;, desde que absorb&iacute;a
+con su atenci&oacute;n aquellos miasmas delet&eacute;reos llamados n&uacute;meros, se pon&iacute;a
+p&aacute;lida y se le alteraba el pulso. &iexcl;Y pensar que no puede haber dinero
+sin que haya cifras! Los hombres lo empeque&ntilde;ecen todo. Desdichadas las
+almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la
+fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relaci&oacute;n,
+gravedad. Verdaderamente, &iquest;qu&eacute; cosa m&aacute;s contraria a lo infinito y a lo
+ideal que aquellos nefandos papeles?</p>
+
+<p>&laquo;Esta es del Monte&mdash;murmur&oacute; Isidora con el coraz&oacute;n oprimido&mdash;. Esta... &iquest;a
+ver?.... es la de mi calabrote.</p>
+
+<p>&mdash;El calabrote est&aacute; en la calle del Clavel&mdash;manifest&oacute; Relimpio con el
+aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones
+de fondos realizadas en todo el a&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... &iquest;Y el brillante?</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n, hija. &iquest;No te acuerdas? Lo llev&eacute; el mes pasado. Del Monte ha de
+haber cinco papeletas.</p>
+
+<p>&mdash;Justo, cinco... Hay adem&aacute;s ocho...</p>
+
+<p>&mdash;Tu reloj... Si no recuerdo mal, est&aacute; en treinta duros. &iquest;Pero qu&eacute; te
+pasa hoy? &iquest;Vas a sacar todo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A sacar?&mdash;repiti&oacute; Isidora, herida por aquella iron&iacute;a como por un
+porrazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; c&aacute;lculos haces?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de
+aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya m&aacute;s
+que en trabajos matem&aacute;ticos.</p>
+
+<p>&laquo;Ya comprendo, hija&mdash;dijo &eacute;l entre dos suspiros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto dar&aacute;n por esto?&mdash;pregunt&oacute; ella, mostrando aquellas c&eacute;dulas que
+por su nombre deb&iacute;an ser montaraces.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no puedo decirlo. Se las llevar&eacute; a Rodr&iacute;guez, el de la calle de
+C&aacute;diz. Es amigo m&iacute;o...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se
+corren mucho&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se llev&oacute; las manos a las orejas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer da&ntilde;o. Yo te los
+destornillar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y con suma delicadeza realiz&oacute; la operaci&oacute;n, gozoso de que sus dedos
+jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su
+ahijada.</p>
+
+<p>&laquo;Ya est&aacute;n aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pong&aacute;moslos en el estuche.</p>
+
+<p>&mdash;Estos te los regal&oacute; cuando vino al mundo <i>Riqu&iacute;n</i>. Por estos te
+dar&aacute;n... dar&aacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>Se cogi&oacute; entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y
+hundiendo la barba en el pecho, met&iacute;a los ojos debajo de las cejas.</p>
+
+<p>&laquo;En fin..., yo hablar&eacute; con Rodr&iacute;guez... Es amigo m&iacute;o..., buena persona.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dos mil quinientos!&mdash;murmur&oacute; la joven ensimismada en sus c&aacute;lculos, como
+un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor febril.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos... Quiz&aacute;s se pueda...</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;dijo Isidora con resoluci&oacute;n alargando la mano hacia el chaleco
+del buen hombre&mdash;, venga el reloj...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El m&iacute;o?... &iquest;Y la cadena?</p>
+
+<p>&mdash;Todo&raquo;.</p>
+
+<p>Algo se desconcert&oacute; el viejo al verse privado del uso de aquella prenda,
+no de mucha val&iacute;a, que Isidora le hab&iacute;a regalado el 19 de marzo del a&ntilde;o
+anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para &eacute;l, no dijo
+m&aacute;s que lo siguiente:</p>
+
+<p>&laquo;D&eacute;jamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Dar&aacute;n diez y ocho o veinte.
+Recordar&aacute;s que la otra vez...</p>
+
+<p>&mdash;Ahora los cubiertos de plata.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Los...?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;afirm&oacute; ella levant&aacute;ndose con expresi&oacute;n triunfante&mdash;. Creo que est&aacute;
+vencida la situaci&oacute;n por hoy. Pero la semana que entra...</p>
+
+<p>&mdash;Dios dir&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;La semana que entra&mdash;declar&oacute; Isidora&mdash;vendo la sala.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vendes la sala!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;. P&aacute;sese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla.
+Veremos lo que da&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s ech&oacute; una mirada de cari&ntilde;oso desconsuelo al armario de luna.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y el armario tambi&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la cama dorada?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora medit&oacute; un rato. Despu&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&laquo;No; me quedo con la cama&raquo;.</p>
+
+<p>En esto andaban cuando reapareci&oacute; <i>la Sanguijuelera</i>. Entr&oacute; sacudi&eacute;ndose
+el mant&oacute;n, calado de agua.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Jo... s&uacute;s, qu&eacute; tiempo! Llueven capuchinos de bronce.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;no ha venido usted en coche?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qui&eacute;n me tomas, tonta? La peseta del coche es para m&iacute;, por el
+mandado. Tengo m&aacute;s salud que el Bot&aacute;nico, hija, y ando m&aacute;s que un molino
+de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son
+ochocientos... Nueve duros en plata...</p>
+
+<p>&mdash;Falta un duro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Reparona! &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da?</p>
+
+<p>&mdash;Son novecientos ochenta&mdash;declar&oacute; D. Jos&eacute;, haciendo gala de su saber de
+cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su
+carne en este garfio.</p>
+
+<p>&mdash;La equidad, amiga D.&ordf; Encarnaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amiga, do&ntilde;a!... Diga usted, t&iacute;o Lilaina, &iquest;en qu&eacute; bodeg&oacute;n hemos comido
+juntos? &iquest;Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Falta un duro&mdash;repiti&oacute; Isidora.</p>
+
+<p>&mdash;Total, que no he podido reunir m&aacute;s. Aqu&iacute; est&aacute; el papel para el
+recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor ser&aacute; para el otro mes.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; empez&oacute; a extender el recibo.</p>
+
+<p>&laquo;Bien clarito, se&ntilde;or escribano... &iexcl;Hola, hola!, &iquest;est&aacute; aqu&iacute; tu
+Holofernes?... &iexcl;Vida! &iexcl;Gloria!&raquo;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a entrado <i>Riqu&iacute;n</i> paso a paso, porque sus piernas eran cortas y
+d&eacute;biles. Se le hab&iacute;a desatado el faldell&iacute;n, corri&eacute;ndose por la cintura
+abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes
+de &eacute;l asomaban sus patitas vacilantes. Tra&iacute;a empu&ntilde;ado en ambas manos el
+bast&oacute;n de D. Jos&eacute;, y caminaba derecho a <i>la Sanguijuelera</i>, todo risas y
+alegr&iacute;a, con la evidente intenci&oacute;n de darle un palo. Ella se dej&oacute; pegar,
+le cogi&oacute; luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el
+muchacho empez&oacute; a gru&ntilde;ir y a defenderse a cabezadas.</p>
+
+<p>&laquo;Dale un palo a tu madre; anda, p&eacute;gale...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no se pega&mdash;dijo Isidora, at&aacute;ndole en su sitio la falda&mdash;. No le
+gusta m&aacute;s que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los
+brazos...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Riqu&iacute;n</i>, hijo m&iacute;o, dile: &laquo;Yo voy a ser un hombre de pu&ntilde;os...&raquo;. &iexcl;Le&ntilde;a a
+ella!... Como te coja... Cuidado como ri&ntilde;en a mi cabezudito.</p>
+
+<p>&mdash;El m&eacute;dico me ha dicho que ahora se le desarrollar&aacute; bien el
+cuerpo&mdash;afirm&oacute; Isidora contempl&aacute;ndole con satisfacci&oacute;n de madre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si no... &iexcl;Y qu&eacute; bonito es, qu&eacute; rico, qu&eacute; gal&aacute;n! &iexcl;Le quiero m&aacute;s...!
+&iexcl;Qu&eacute; tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un mocoso, ya
+se me cae la baba&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora re&iacute;a. Cogi&oacute; a <i>Riqu&iacute;n</i> y le hart&oacute; de besos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobrecito m&iacute;o! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la
+cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo?&mdash;manifest&oacute; <i>la Sanguijuelera</i> en tono de
+misterio&mdash;. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te r&iacute;as. S&iacute;;
+por lo que sabe, parece que tiene cuatro a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;No, mi ni&ntilde;o no es un fen&oacute;meno; mi ni&ntilde;o no es el Anticristo&mdash;dijo Isidora
+oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo conveniente,
+pero muy hermosa.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. &iquest;Ves
+esa cabeza? &iexcl;Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es
+cosa mala.</p>
+
+<p>&mdash;No diga usted disparates.</p>
+
+<p>&mdash;Anticristo o lo que seas&mdash;exclam&oacute; Encarnaci&oacute;n volviendo a tomarle en sus
+brazos&mdash;, me tienes boba. Te voy a comer&raquo;.</p>
+
+<p>Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, despu&eacute;s
+de tomar su recibo, <i>la Sanguijuelera</i>, sin soltar a <i>Riqu&iacute;n</i>, dijo a
+Isidora:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pero qu&eacute; alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no
+se lo has comprado... &iexcl;Anda, mala madre! Yo se lo comprar&eacute;, yo, yo.
+&iquest;Verdad, hijo?...</p>
+
+<p>&mdash;Ven ac&aacute;, ven ac&aacute;, que la t&iacute;a se marcha.</p>
+
+<p>&mdash;Oye t&uacute;..., dame una peseta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Vaya que est&aacute;s lela... Para el pandero&raquo;.</p>
+
+<p>Diole Isidora la peseta, y <i>la Sanguijuelera</i> se fue gru&ntilde;endo.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Decir c&oacute;mo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos
+d&iacute;as; contar c&oacute;mo las feroces prenderas llegaban, ven&iacute;an, tasaban,
+hu&iacute;an, llev&aacute;ndose en las garras, cu&aacute;l un dorado reloj, cu&aacute;l la alfombra
+o lavabo, ser&iacute;a lacerar el coraz&oacute;n de nuestros lectores. Isidora, que no
+sab&iacute;a regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los
+negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrec&iacute;an, despu&eacute;s de
+pedir t&iacute;midamente un poco m&aacute;s. As&iacute;, pieza tras pieza, se desmontaba la
+casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vac&iacute;a, se iba agrandando. El
+fr&iacute;o y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y
+trist&iacute;simos huecos que los muebles dejaban tras s&iacute;.</p>
+
+<p>Cuando hubo concluido, la sala era un p&aacute;ramo. Para estar en ella habr&iacute;a
+sido necesario proveerse de tiendas de campa&ntilde;a. El gabinete conservaba
+su alfombra, la c&oacute;moda, un espejo peque&ntilde;o y algunas sillas. La cama
+dorada de la alcoba permanec&iacute;a como n&uacute;cleo y fundamento de la casa.
+Interiormente hab&iacute;an desaparecido la siller&iacute;a y aparador de nogal
+tallado del comedor; subsist&iacute;an intactos el cuarto de <i>Riqu&iacute;n</i>, el del
+ba&ntilde;o, parte principal de la casa; el que sol&iacute;a ocupar D. Jos&eacute; Relimpio
+cuando all&iacute; pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y
+doncella hab&iacute;an sido despedidas; no quedaba m&aacute;s que la ni&ntilde;era, a quien
+Isidora revisti&oacute; de las m&aacute;s extensas atribuciones.</p>
+
+<p>&laquo;He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador&mdash;dijo Isidora a su
+padrino la noche del &uacute;ltimo d&iacute;a de liquidaci&oacute;n&mdash;. Estoy tranquila. Me
+queda esto&raquo;.</p>
+
+<p>Dio un gran suspiro mostrando un papel donde hab&iacute;a var&iacute;as monedas y un
+sucio billete de Banco.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Cu&aacute;nto es?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a contar&raquo;&mdash;dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito
+del gabinete, mueble de hierro pintado que se salv&oacute; por milagro.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; puso la luz en el velador y tom&oacute; asiento.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si hay aqu&iacute; un dineral! El billete es de doscientos...; veinte,
+cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos.</p>
+
+<p>&mdash;Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se ver&aacute; si soy mujer de
+gobierno. Principio quieren las cosas... Se&ntilde;or don Jos&eacute;&mdash;a&ntilde;adi&oacute; en el
+tono especial de las cuentas galanas&mdash;, desde hoy en adelante trabajar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres a&ntilde;os, hija&mdash;replic&oacute; el
+anciano con las narices hinchadas por esa satisfacci&oacute;n vanidosa que
+acompa&ntilde;a a las ideas felices&mdash;&iexcl;Si es mi tema! T&uacute; tienes grandes
+habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, econom&iacute;a y trabajo,
+aqu&iacute; me tienes para ayudarte.</p>
+
+<p>&mdash;He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi
+pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y
+despu&eacute;s y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser
+honrada, honrad&iacute;sima, por respeto a mi nombre, a mi familia... &iexcl;Ah!, mi
+familia&mdash;a&ntilde;adi&oacute;, suspirando otra vez...&mdash;. &iexcl;Si me hubieran acogido con
+amor, no habr&iacute;a dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, &iquest;no es
+verdad, padrino?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, hija m&iacute;a, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa...
+&iquest;Con qu&eacute; cuentas para mantenerte? &iquest;Qu&eacute; te queda de lo que te dej&oacute; tu
+t&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;replic&oacute; con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos un
+significativo movimiento que representaba el vac&iacute;o&mdash;. &iexcl;Pero trabajar&eacute;!
+&iquest;No tengo yo manos?&raquo;.</p>
+
+<p>Y diciendo esto se le representaron en la imaginaci&oacute;n figuras y tipos
+interesant&iacute;simos que en novelas hab&iacute;a le&iacute;do. &iquest;Qu&eacute; cosa m&aacute;s bonita, m&aacute;s
+ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su
+pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pas&oacute;
+de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se cas&oacute; con
+el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba tambi&eacute;n
+de otra que hab&iacute;a pasado algunos a&ntilde;os haciendo flores, y de otra cuyos
+finos dedos labraban deslumbradores encajes. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a de ser
+ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. &iexcl;La honrada pobreza y la
+lucha con la adversidad cu&aacute;n bellas son! Pens&oacute;, pues, que la costura, la
+fabricaci&oacute;n de flores o encajes le cuadraban bien, y no pens&oacute; en ninguna
+otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber le&iacute;do que ninguna
+de aquellas hero&iacute;nas se ocupara de menesteres bajos, de cosas
+malolientes o poco finas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;A trabajar, a trabajar!&mdash;exclam&oacute; inundada de aquel entusiasmo que tan
+f&aacute;cilmente se posesionaba de su alma.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te ayudar&eacute;. Si tuvi&eacute;ramos ahora la m&aacute;quina... har&iacute;as camisas de
+hombre...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Camisas de hombre? Eso no me gusta.</p>
+
+<p>&mdash;O ropa blanca de se&ntilde;oras... Cosa rica, cosa buena.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor ser&iacute;a... Yo pensar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Confecciones, sombreros... &iquest;Qu&eacute; tal? T&uacute; tienes un gusto...</p>
+
+<p>&mdash;Gusto s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Consulta con Emilia. Ella te dar&aacute; buenos consejos</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo pensar&eacute;; yo meditar&eacute; sobre esto y lo decidir&eacute; pronto. Ahora vamos
+a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y econom&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente; muy bien pensado y dicho.&mdash;exclam&oacute; Relimpio, dando todo
+su asentimiento a tan hermosa idea&mdash;. Si no, acu&eacute;rdate de lo que hac&iacute;a mi
+pobre Laura con lo poco que se ganaba. Hac&iacute;a milagros.</p>
+
+<p>&mdash;Por consiguiente, de aqu&iacute; en adelante, gastar poquito y, sobre todo,
+saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. &iquest;Creer&aacute; usted
+que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho
+siempre con mi cabeza. As&iacute; ha salido ello.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! Malo, malo... La primera condici&oacute;n del orden es una buena
+contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo
+digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo
+Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya
+ver&aacute;s, ya ver&aacute;s qu&eacute; libros.</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo apuntaremos&mdash;dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un
+ni&ntilde;o juega con una mariposa&mdash;. Se dice, por ejemplo: hay que gastar
+tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. &iquest;Tomas criada?</p>
+
+<p>&mdash;Pienso pasarme con Ramona.</p>
+
+<p>&mdash;Admirable. Yo te auxiliar&eacute; en todo... Ramona es buena y humilde, pero
+algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya,
+ya. Yo te la instruir&eacute; en dos palotadas. Mira, pon atenci&oacute;n y ver&aacute;s c&oacute;mo
+puedo ayudarte. Yo&mdash;dijo marcando por los dedos las distintas funciones
+que desempe&ntilde;ar&iacute;a&mdash;te har&eacute; la compra; yo... te aviar&eacute; las luces; yo... te
+har&eacute; todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar
+cuentas, tomar localidades en alg&uacute;n teatro, etc...; yo coser&eacute; a m&aacute;quina
+si decides comprar una; yo apuntar&eacute; en mis libros todos los gastos e
+ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un
+pobre; yo..., por &uacute;ltimo, cuidar&eacute; a <i>Riqu&iacute;n</i> y le pasear&eacute; y entretendr&eacute;
+todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Y tambi&eacute;n entiendo de limpiar metales, de componer algo de carpinter&iacute;a;
+hasta de cocina entiendo un poco... Ea, se&ntilde;ora&mdash;dijo restreg&aacute;ndose las
+manos una con otra con tanta fuerza que a poco m&aacute;s saca lumbre&mdash;,
+empecemos. Disponga usted la compra de ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Un duro.</p>
+
+<p>&mdash;Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de
+mimos. Comer&aacute; usted lo que haya.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que traer carb&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es aparte.</p>
+
+<p>&mdash;Y cerillas.</p>
+
+<p>&mdash;Las comprar&eacute; al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo lo
+que se pueda, para lo cual destinar&aacute; usted una cantidad que se carga a
+la cuenta del mes. Qu&eacute;dese el diario en diez reales, y deme usted seis
+duros para el por mayor. Adelante. &iquest;Qu&eacute; principio traigo?</p>
+
+<p>&mdash;Langosta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un ojo de la cara!</p>
+
+<p>&mdash;No importa. Por una vez...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; postre?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es caro; pero yo lo sacar&eacute; barato. Regatearemos, s&iacute; se&ntilde;ora;
+regatearemos.</p>
+
+<p>&mdash;El queso de Italia, la cabeza de jabal&iacute; y las salchichas de Bolonia me
+gustan.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso, tra&iacute;do al por mayor, puede obtenerse... en buenas
+condiciones.</p>
+
+<p>&mdash;No tomaremos Champagne. Es muy caro.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones&raquo;.</p>
+
+<p>No prolongaremos la relaci&oacute;n circunstanciada de lo que hablaron aquella
+noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. Jos&eacute; se retir&oacute;
+muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un seraf&iacute;n, y so&ntilde;&oacute; que
+estaba en la contadur&iacute;a de una casa grande, donde hab&iacute;a catorce
+empleados y m&aacute;s de cien libros. Ingresos y gastos ascend&iacute;an a millones;
+pero todo iba al pelo. Era D. Jos&eacute; como un director de orquesta, s&oacute;lo
+que los m&uacute;sicos eran escribientes y las notas n&uacute;meros. Resultaba una
+sinfon&iacute;a de orden, que mec&iacute;a en embriagador arrobamiento el esp&iacute;ritu del
+tenedor de libros.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, cuando Isidora se levant&oacute;, ya estaba su padrino de
+vuelta de la compra. Tra&iacute;a el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y
+mostr&aacute;ndoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del g&eacute;nero.</p>
+
+<p>&laquo;El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de
+cuentas&mdash;dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno peque&ntilde;o.&mdash;El Mayor, el
+Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del
+orden es una contabilidad perfecta... &iquest;Ves? Aqu&iacute; est&aacute; la langosta. Te
+permito este lujo. Aqu&iacute; est&aacute; la carne. No compr&eacute; las ciruelas.
+Cont&eacute;ntese usted con d&aacute;tiles. Tampoco he tra&iacute;do Champagne porque no lo
+hall&eacute; en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el az&uacute;car,
+que no pude comprar porque se me acab&oacute; el dinero... &iexcl;Ah!, un mazo de
+cigarros para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien&mdash;dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva a
+los libros de cuentas&mdash;. Todo est&aacute; muy bien&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; tuvo que salir a la calle dos veces m&aacute;s porque era preciso
+traer garbanzos, az&uacute;car y huevos. Despu&eacute;s volvi&oacute; a salir porque no hab&iacute;a
+sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tom&oacute; nota de
+diversas cosas que se pudieran adquirir... <i>en buenas condiciones</i>.</p>
+
+<p>Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que ten&iacute;a
+una vida tan arreglada y econ&oacute;mica, Isidora fue a vestir a <i>Riqu&iacute;n</i> y a
+endulzar con &eacute;l la tristeza que no pod&iacute;a vencer. M&aacute;s tarde se ba&ntilde;&oacute;,
+costumbre a que no pod&iacute;a renunciar. La peinadora vino luego y se
+distrajo con ella un rato. &Eacute;rale dif&iacute;cil adquirir el h&aacute;bito de peinarse
+por s&iacute; misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de
+ocupaci&oacute;n que m&aacute;s le convendr&iacute;a; pero sus grandes cavilaciones no
+llevaron luz ninguna a la confusi&oacute;n y perplejidad que en su mente
+reinaba.</p>
+
+<p>En tanto D. Jos&eacute; se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las
+cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apunt&oacute;
+gastos e ingresos, sin olvidar lo m&aacute;s m&iacute;nimo; <i>carg&oacute; y abon&oacute;</i>; dibuj&oacute;
+preciosos n&uacute;meros, tir&oacute; l&iacute;neas con regla, hizo cuentas de <i>varios a
+varios</i>, de <i>imprevistos</i>, de <i>suplidos</i> y de <i>deudores varios</i>. En
+esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los
+cigarros que con el dinero de Isidora se hab&iacute;a comprado.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IIIa" id="Capitulo_IIIa"></a>Cap&iacute;tulo III</h3>
+
+<p class="head">Entreacto con la Iglesia</p>
+
+
+<p>Un mes no completo hab&iacute;a transcurrido de esta vida honrada y econ&oacute;mica,
+sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qu&eacute; profesi&oacute;n, arte u oficio
+hab&iacute;a de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de
+D. Jos&eacute;, ya repletos de n&uacute;meros, no conten&iacute;an m&aacute;s que partidas fallidas,
+y daba dolor ver en sus garabateadas p&aacute;ginas el triste papel que hac&iacute;an
+los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe.</p>
+
+<p>Veamos c&oacute;mo pasaba el tiempo la due&ntilde;a de la casa. Entre ba&ntilde;arse,
+peinarse, vestir y arreglar a <i>Riqu&iacute;n</i>, se le iba la ma&ntilde;ana. Por la
+tarde, si no ten&iacute;a que ir a casa del procurador, sol&iacute;a matar el fastidio
+en las iglesias, de donde result&oacute; que en aquel periodo oy&oacute; m&aacute;s sermones
+y rez&oacute; m&aacute;s novenas que en el resto de su vida. Distra&iacute;ase con estas
+superficiales devociones, y aun lleg&oacute; a figurarse que se hab&iacute;a
+perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su
+ni&ntilde;ez, y se deleitaba con las formas de religi&oacute;n, por pura noveler&iacute;a.
+Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo
+dentro de la Iglesia. M&aacute;s que el serm&oacute;n ampuloso, m&aacute;s que el brillo del
+altar, m&aacute;s que la poes&iacute;a del templo y las im&aacute;genes expresivas, la
+cautivaba el se&ntilde;or&iacute;o que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando
+hab&iacute;a novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia,
+de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su
+pecho la cinta de la cofrad&iacute;a, Isidora no faltaba, y desde el rinc&oacute;n de
+una capilla observaba todo con inter&eacute;s profundo, m&aacute;s atenta a las
+Magdalenas que ven&iacute;an con el b&aacute;lsamo que a Jes&uacute;s mismo. Caus&aacute;bale
+admiraci&oacute;n y envidia la se&ntilde;ora del petitorio, que no cesaba de
+repiquetear con una moneda en la bandeja de plata.</p>
+
+<p>Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para
+mirar a las ni&ntilde;as y ser de ellas mirados. Hab&iacute;a sonsonete de rezos y
+rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de
+lujo en la calle, no permit&iacute;an o&iacute;r con claridad el serm&oacute;n. &iquest;Pero qu&eacute; le
+importaba a Isidora el serm&oacute;n, aunque saliera de labios elocuentes? Lo
+que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel
+santo var&oacute;n que no cab&iacute;a en el p&uacute;lpito, sino el aspecto y brillo del
+p&uacute;blico, de aquel p&uacute;blico que, si hubiera revisteros de iglesia, ser&iacute;a
+<i>distinguido</i>, <i>elegante</i> y <i>numeroso</i>, como el de los teatros. &iexcl;Oh!
+&iexcl;Dios de mi vida! &iexcl;Qu&eacute; injusticia tan grande! La pobre se&ntilde;orita Isidora
+no deb&iacute;a verse olvidada en un rinc&oacute;n, al lado de cuatro viejas rezonas,
+sino en la gran nave, donde luciera como merec&iacute;a, o pidiendo en la mesa
+de petitorio entre dos velas. &iexcl;Qu&eacute; bien repicar&iacute;a ella en la bandeja, y
+que ma&ntilde;a se dar&iacute;a para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros!
+La belleza de las postulantes aguza la caridad.</p>
+
+<p>Una tarde not&oacute; que un se&ntilde;or la miraba con insistencia. Sus ojos,
+distra&iacute;dos de cuanto en la iglesia hab&iacute;a, pasaban por delante del orador
+(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo
+de la capilla donde ponerse sol&iacute;a. A la tarde siguiente observ&oacute; que
+aquel se&ntilde;or de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy
+guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la
+cofrad&iacute;a, y que &eacute;l se quedaba entre la masa de hombres. Segu&iacute;a
+mir&aacute;ndola, y ella le miraba alguna vez sin otro m&oacute;vil que el de la
+curiosidad. El caballero, en verdad, no ten&iacute;a nada de simp&aacute;tico; era muy
+descarado, bastante feo, moren&iacute;simo, de edad entre los cuarenta y cinco
+y los cincuenta. Mientras Isidora hac&iacute;a estas y otras observaciones,
+notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por
+los caballeretes, y que ellas sol&iacute;an mirarlos tambi&eacute;n con afectada
+distracci&oacute;n, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos
+dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecer&iacute;a una
+gran tela de ara&ntilde;a. &iexcl;M&iacute;sera humanidad!</p>
+
+<p>Tercera tarde. Cuando Isidora sali&oacute;, ya anochecido, vio en la puerta al
+se&ntilde;or mir&oacute;n. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresur&oacute;
+la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen
+desempe&ntilde;o de su cargo, se crey&oacute; en el deber de manifestarle seriamente
+el horroroso d&eacute;ficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe,
+encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un pi&eacute;lago
+tempestuoso donde naufragaba el fr&aacute;gil esquife del Haber. &iexcl;Oh! &iexcl;Fugaz
+curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no
+era m&aacute;s que humo. No s&oacute;lo se hab&iacute;a concluido el dinero, sino que se
+deb&iacute;a a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda
+ven&iacute;an todos los d&iacute;as a dar tormento con su grosero pedir. Don Jos&eacute; los
+recib&iacute;a con bondadosa sonrisa, les ense&ntilde;aba los libros de cuentas por el
+forro, y les dec&iacute;a: &laquo;No hay cuidado, se&ntilde;ores; estamos esperando fondos,
+y ya no pueden tardar&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora padec&iacute;a horriblemente con este g&eacute;nero de vida, pues su car&aacute;cter,
+su nobleza, no se aven&iacute;an con las trampas. Gastar mucho, s&iacute;, pero pagar
+sin dilaci&oacute;n era su ideal. Hab&iacute;a llegado a carecer de lo m&aacute;s preciso. La
+limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el cr&eacute;dito, apurado ya,
+faltaba. &iexcl;Qu&eacute; habr&iacute;a sido de ella si sobre estos horrores no apareciera
+un sol de vida y esperanza! &iexcl;Ganar el pleito! La idea de un triunfo
+pr&oacute;ximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el
+procurador le dec&iacute;a que hab&iacute;a tarea para mucho tiempo, su
+descorazonamiento rayaba en desesperaci&oacute;n. En su casa se entreten&iacute;a con
+el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., &iquest;pero en qu&eacute;?
+Convenc&iacute;ase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la
+puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los
+tormentos de zozobra y verg&uuml;enza segu&iacute;an horas y noches enteras de
+tristeza y desaliento. El nuevo d&iacute;a llegaba acompa&ntilde;ado de la escasez, de
+la privaci&oacute;n, de la miseria...</p>
+
+<p>No se sabe c&oacute;mo se puso al habla con Isidora el se&ntilde;or mir&oacute;n; pero es
+indudable que se puso. Manifest&oacute; el caballero que conoc&iacute;a los
+antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se
+present&oacute; con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad
+desvalida. &iexcl;Era tan rico!... &iexcl;Pero tan antip&aacute;tico!...</p>
+
+<p>&iexcl;Pobrecito D. Jos&eacute;! Ahora s&iacute; que eres el m&aacute;s infeliz de los hombres. No
+s&oacute;lo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de
+patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la
+casa de tu ahijada. &iexcl;Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen
+fieras... Jos&eacute;, eres un m&aacute;rtir.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IVa" id="Capitulo_IVa"></a>Cap&iacute;tulo IV</h3>
+
+<p class="head">A o b... Palante</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano
+hizo la vida de se&ntilde;orito holgaz&aacute;n, rebelde al estudio, duro al trabajo,
+blando a la disipaci&oacute;n y al juego. Su precocidad para dar gusto a los
+sentidos revelaba que hab&iacute;a de ser muy menguada en &eacute;l la vida del
+esp&iacute;ritu. Dir&iacute;ase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin
+ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvar&iacute;o; pues si ella
+viv&iacute;a de una aspiraci&oacute;n insensata a las cosas altas, poniendo, como dice
+San Agust&iacute;n, su nido en las estrellas, &eacute;l se inclinaba por instinto a
+las cosas groseras y bajas. Recib&iacute;a gusto especial del desali&ntilde;o, y
+recog&iacute;a con lamentable asimilaci&oacute;n todas las palabras necias y b&aacute;rbaras
+para darse, us&aacute;ndolas desvergonzadamente, aires de mat&oacute;n. Pronto
+comprendi&oacute; Isidora que su hermano no ser&iacute;a nunca persona decente, y que
+no hab&iacute;a bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al
+principio pod&iacute;a dominarle, vali&eacute;ndose del amor, m&aacute;s tarde el amor de
+Mariano se enfri&oacute;; con el cari&ntilde;o huy&oacute; el respeto, y ya no fue posible
+contener la impetuosa inclinaci&oacute;n del muchacho a la vida vagabunda y
+aborrecimiento del estudio. Pasado alg&uacute;n tiempo de luchas, empez&oacute; a
+tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde
+suena un lenguaje soez s&oacute;lo puede haber malas acciones y pensamientos
+poco delicados. Donde cantan las ranas, &iquest;qu&eacute; ha de haber sino charcos y
+cieno?</p>
+
+<p>Cuando <i>Pecado</i> cur&oacute; de las heridas que le hizo el novillo de Getafe,
+Isidora se arm&oacute; de valor, echole un serm&oacute;n, y le dijo muy clarito que no
+volver&iacute;a a tener un cuarto si &eacute;l mismo no lo ganaba. Qued&oacute;, pues,
+convencido que aprender&iacute;a un oficio; pero hasta en aquella ocasi&oacute;n
+excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos
+aristocr&aacute;ticos, porque no consinti&oacute; que su hermano fuera zapatero, ni
+alba&ntilde;il, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo
+sobre a cu&aacute;l industria le dedicar&iacute;a, vino en determinar que ser&iacute;a
+grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan
+las publicaciones ilustradas y de las magn&iacute;ficas reproducciones de los
+Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita
+fingir parentescos con el arte.</p>
+
+<p>Buscando por ah&iacute;, buscando por ac&aacute;, no se hallaban otros talleres que
+los de litograf&iacute;a. Miquis tom&oacute; con empe&ntilde;o el asunto, y habl&oacute; al cu&ntilde;ado
+de Mat&iacute;as Alonso, un tal Juan Bou, que se hab&iacute;a establecido
+recientemente, y ten&iacute;a, entre otras cualidades, la de ser muy severo con
+sus oficiales. Consinti&oacute; Bou en admitir a Mariano, de cuyas
+inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y
+sacara de &eacute;l, si era posible, un obrero h&aacute;bil y laborioso.</p>
+
+<p>Juan Bou era un barcelon&eacute;s duro y atl&eacute;tico, de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os,
+dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que
+distinguen al pueblo catal&aacute;n; saludable como un toro, seg&uacute;n su propia
+expresi&oacute;n; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en
+copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto &aacute;spero pelo dos
+ojos desiguales, el uno viv&iacute;simo, dotado de un ligero movimiento
+rotatorio, el otro fijo y sin brillo; m&aacute;s abajo, y puesta como al acaso,
+una nariz cicl&oacute;pea; m&aacute;s arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo
+algunos golpes de escoplo para ser como las dem&aacute;s frentes humanas; &iacute;tem,
+una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, seg&uacute;n dec&iacute;a, del <i>beso de
+una bala</i>...</p>
+
+<p>Pod&iacute;a pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y
+tambi&eacute;n por bandido de las leyendas. Ten&iacute;a en sus extremidades altas dos
+manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la
+tosquedad de aquellas manazas creer&iacute;a que eran delicad&iacute;simas para el
+dibujo. Su estructura basta las hac&iacute;a m&aacute;s propias para la maroma de la
+vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una
+fragua, y siempre ten&iacute;a tos; pero una tos tan bronca y sofocante que,
+cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo
+encendido; creer&iacute;ase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba
+fuera, mientras el apagado se escond&iacute;a en lo m&aacute;s hondo de la &oacute;rbita.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a dos g&eacute;neros de fanatismo: el del trabajo, pues no pod&iacute;a estar
+inactivo, y el de la pol&iacute;tica. Deliraba por los derechos del pueblo, las
+preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta
+palabra &iexcl;pueblo! una serie de teor&iacute;as a cu&aacute;l m&aacute;s extravagantes.
+Realmente estas teor&iacute;as no eran suyas. Una generaci&oacute;n se hab&iacute;a embobado
+con ellas, mir&aacute;ndolas como pan bendito. Pero Juan Bou las hab&iacute;a
+sublimado en su mente indocta, convirti&eacute;ndolas en una f&oacute;rmula de brutal
+ego&iacute;smo. Seg&uacute;n &eacute;l, muchos miembros importantes del organismo social no
+ten&iacute;an derecho a ser comprendidos dentro de esa designaci&oacute;n sublime y
+redentora: &iexcl;el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de
+callos, no &eacute;ramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los
+comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una
+tiran&iacute;a, y de aquella tiran&iacute;a naci&oacute; el obrero&mdash;sol: Juan Bou, que dec&iacute;a:
+&laquo;El pueblo soy yo&raquo;.</p>
+
+<p>En Barcelona hab&iacute;a logrado fundar un buen establecimiento de litograf&iacute;a.
+Pero sus econom&iacute;as y el establecimiento mismo naufragaron por las
+liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se
+hab&iacute;a casado. Su se&ntilde;ora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del
+pa&iacute;s, como vosotros los que esto le&eacute;is. &iexcl;Qui&eacute;n le meter&iacute;a en la cabeza a
+Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De
+semejante vampiro, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a nacer sino una hembra disipadora,
+antojadiza, levantada de cascos? Enviud&oacute; Juan al fin, y para rehacer su
+peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento
+del 68, encendiose el &aacute;nimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de
+discreto charlat&aacute;n; crey&oacute; que el mundo se iba a volver del rev&eacute;s, y que
+la sociedad alterar&iacute;a sus elementos inmortales; vio la eterna columna
+con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imagin&oacute;
+que de all&iacute; en adelante se andar&iacute;a con la cabeza y se pensar&iacute;a con los
+pies; y llevado de estas ideas, tom&oacute; parte en todos los motines, trabaj&oacute;
+en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, mor&oacute; en
+calabozos y arrastr&oacute; durante alg&uacute;n tiempo vida penosa y miserable.</p>
+
+<p>Cuando los acontecimientos pol&iacute;ticos le dieron respiro, vino a
+establecerse a Madrid, donde viv&iacute;a su hermana, casada con el conserje de
+la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros
+acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cay&oacute; enfermo,
+tuvo que abandonar las luchas pol&iacute;ticas, y en octubre del 73 estaba
+definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su superstici&oacute;n
+redentorista.</p>
+
+<p>Oy&eacute;ndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. &Eacute;l no era s&oacute;lo un
+ap&oacute;stol, era un m&aacute;rtir. La fama no ten&iacute;a trompetas ni figles bastantes
+para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las
+celebridades del partido liberal no hab&iacute;an hecho nada... &iexcl;Farsa, pura
+farsa! &Eacute;l lo hab&iacute;a hecho todo, y su gran vanidad no conoc&iacute;a freno cuando
+daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo sab&iacute;a. &Eacute;ranle familiares
+cosas y personas, y f&aacute;cilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos
+ten&iacute;an el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas
+de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Despu&eacute;s
+ven&iacute;an los decretos, todos de <i>Art&iacute;culo &uacute;nico</i>. &iexcl;Si sabr&iacute;a &eacute;l lo que
+ten&iacute;a que hacer, un hombre que hab&iacute;a le&iacute;do tanto, un hombre que arrastr&oacute;
+grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... As&iacute; como el
+soldado muestra sus heridas, &eacute;l mostraba la huella de las esposas en sus
+manos... &iexcl;Hab&iacute;a comido ratas! &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s t&iacute;tulos necesitaba para gobernar
+el mundo?</p>
+
+<p>Sus primeros a&ntilde;os de trabajo en Madrid fueron muy felices, y gan&oacute;
+bastante dinero. Entonces hab&iacute;a algo de renacimiento industrial, y
+empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles
+con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares
+de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos
+de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de f&oacute;sforos. &iexcl;Qu&eacute;
+iniciativa la suya! Fue el primero que imagin&oacute; hacer en gran escala las
+cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que &eacute;l nadie
+hab&iacute;a hecho el siguiente c&aacute;lculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que
+son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo
+que haya 70.000 que renueven el papel tan s&oacute;lo una vez al mes, poniendo
+s&oacute;lo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras
+se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales.
+Ensay&oacute;, y bien pronto las cacharrer&iacute;as todas de Madrid expend&iacute;an papel
+picado, que en comparaci&oacute;n del antiguo era un modelo de elegancia, pues
+ten&iacute;a figuras de majas, toreros y tipos populares.</p>
+
+<p>El &uacute;nico vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Loter&iacute;a. No
+hab&iacute;a extracci&oacute;n en que no comprase su par de d&eacute;cimos. Era para &eacute;l este
+juego nacional una forma hip&oacute;crita de la administraci&oacute;n socialista.
+Ten&iacute;a muy mala suerte; pero no desmayaba, y sab&iacute;a escoger siempre los
+n&uacute;meros m&aacute;s bonitos. Con todo, no hab&iacute;a tenido m&aacute;s ganancias que las de
+su trabajo. As&iacute;, desde que sac&oacute; adelante el negocio de las cenefas,
+estableciose en la calle de Juanelo, donde ten&iacute;a un taller grande,
+aunque inc&oacute;modo. Compr&oacute; algunas piedras m&aacute;s de gran tama&ntilde;o, una hermosa
+m&aacute;quina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de
+reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo
+que algo de imprenta no ven&iacute;a mal como auxilio de la litograf&iacute;a,
+adquiri&oacute; cajas y m&aacute;quinas, y se qued&oacute; con todas las existencias de una
+casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de
+planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan.
+Mont&oacute; tambi&eacute;n esta especulaci&oacute;n en gran escala, y los ciegos pudieron
+comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las
+cacharrer&iacute;as, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores
+ambulantes se surt&iacute;an por muy poco dinero de aleluyas del antiguo
+repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o espa&ntilde;oles, moros
+o cristianos.</p>
+
+<p>El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas
+piezas, que se hab&iacute;an ido agregando poco a poco, seg&uacute;n las necesidades
+de ensanche lo ped&iacute;an. Ocupaba la imprenta destinada a romances y
+aleluyas la peor y m&aacute;s l&oacute;brega parte. Todo all&iacute; era viejo, primitivo y
+mohoso. La m&aacute;quina, sonando como una desgranadora de ma&iacute;z, ten&iacute;a
+quejidos de herido y convulsiones de epil&eacute;ptico. Consagrada durante seis
+a&ntilde;os a tirar un peri&oacute;dico rojo, subsist&iacute;a en ella un resto, un dejo de
+la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus
+rodillos y su tambor. Las cajas, donde yac&iacute;a en pedazos de plomo el caos
+de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta.
+Hab&iacute;an servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el
+aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La
+horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo pod&iacute;a cortar un
+librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el &aacute;ngulo m&aacute;s
+sombr&iacute;o de la sucia estancia, que m&aacute;s parec&iacute;a una bodega o s&oacute;tano que
+taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad,
+vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se
+podr&iacute;a sospechar que el tal Arte hab&iacute;a sido encarcelado all&iacute; para expiar
+las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje.
+Primero le hab&iacute;a puesto Juan Bou a copiar dibujos f&aacute;ciles con tinta
+aut&oacute;grafa; pero mostr&oacute; tan escasa disposici&oacute;n para esto, que le confirm&oacute;
+a la imprenta, mand&aacute;ndole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas,
+sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente
+por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le
+cogi&oacute; miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta convicci&oacute;n de que
+la obediencia y el trabajo le conven&iacute;an por el momento m&aacute;s que la
+holganza y la maldad. En poco tiempo adquiri&oacute; alguna destreza, al amparo
+de un cajista viejo casi inv&aacute;lido y de un chico list&iacute;simo, a quien a&ntilde;os
+atr&aacute;s conocimos y conoci&oacute; mejor Mariano con el nombre de <i>Majito</i>. Este
+ganaba cuatro reales, y <i>Pecado</i> tan s&oacute;lo dos; pero aquella honrada
+ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de leg&iacute;timo
+orgullo, el cual bien pod&iacute;a con el tiempo, ser base sobre que se
+construyera la dignidad de que carec&iacute;a.</p>
+
+<p>El rigor del castigo y la obligaci&oacute;n de ocuparse en un ejercicio
+sedentario y mon&oacute;tono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a
+Mariano taciturno; palideci&oacute; su rostro y adelgaz&oacute; su cuerpo. A los
+cuatro meses ya compon&iacute;a &eacute;l solo, si no con ligereza, con exactitud, las
+leyendas de las aleluyas, que eran en n&uacute;mero fabuloso. Se las sab&iacute;a
+todas de memoria y le bastaba ver la tosca vi&ntilde;eta para adivinar y
+componer en seguida los pareados. &Eacute;l y su compa&ntilde;ero <i>el Majito</i> se
+disparaban a cada instante los versillos, aplic&aacute;ndolos a cualquier idea
+o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita
+de la <i>Vida del hombre flaco</i>, a saber: <i>El verlo en pa&ntilde;os
+menores&mdash;causaba risa, se&ntilde;ores</i>, como aquella de la <i>Vida de don
+Espad&oacute;n</i>, que dice: <i>Todo el d&iacute;a est&aacute; bailando&mdash;y a su dama acariciando.</i>
+El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una especie de proceso
+psicol&oacute;gico que enlaza el bostezo con el arte, a poner en m&uacute;sica los
+tales pareados, y cuando <i>el Majito</i> cantaba los de la <i>Procesi&oacute;n del
+Viernes Santo</i>, que dicen: <i>Muchos ni&ntilde;os en seguida&mdash;van con velita
+encendida</i>, le contestaba <i>Pecado</i>: <i>Delante van con decencia&mdash;los de la
+Beneficencia.</i></p>
+
+<p>Tambi&eacute;n sab&iacute;an de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de
+matones, guapezas, robos, asesinatos, an&eacute;cdotas del pat&iacute;bulo.</p>
+
+<p>Cuando Mariano gan&oacute; tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus
+progresos, atendi&oacute; sus reclamaciones. El muchacho aborrec&iacute;a la caja.
+Quer&iacute;a trabajar en litograf&iacute;a; pero como no ten&iacute;a aptitud ni pulso para
+el dibujo, quiso ser estampador. P&uacute;sose a ello, ayudando al oficial de
+la prensa y m&aacute;quina, y bien pronto conoci&oacute; Bou que Mariano hab&iacute;a
+escogido bien. Aprendi&oacute; a manejar con habilidad el &aacute;cido y la grasa, y
+tambi&eacute;n sab&iacute;a marcar con precisi&oacute;n. La m&aacute;quina gustaba tanto a <i>Pecado</i>,
+que siempre que pod&iacute;a no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus
+ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y
+coyunturas un sudor negro y craso, sent&iacute;a que se le comunicaba el
+v&eacute;rtigo de ella, y por momentos se supon&iacute;a tambi&eacute;n compuesto de piezas
+de hierro que marchaban a su objeto con la precisi&oacute;n fatal de la
+Mec&aacute;nica.</p>
+
+<p>A pesar de sus baladronadas pol&iacute;ticas y de su aspecto feroz, Juan Bou,
+el <i>ursus spel&aelig;us</i>, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un
+buenazo, un alma de Dios. Ten&iacute;a coraz&oacute;n tierno, bondadoso y sensible, y
+no pod&iacute;a ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba
+picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se com&iacute;a a los
+ni&ntilde;os crudos, cuando le volv&iacute;a el buen humor su dicci&oacute;n se fluidificaba,
+adorn&aacute;ndose con toda la hojarasca de la fanfarroner&iacute;a. Conversaba
+familiarmente con los muchachos, mostr&aacute;ndoles, ya la expresi&oacute;n seductora
+de sus sabidur&iacute;as pol&iacute;ticas, ya los dram&aacute;ticos pasajes de su historia de
+m&aacute;rtir.</p>
+
+<p>Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis
+reales, era, &iexcl;cosa rara!, el oficial con quien m&aacute;s simpatizaba Juan Bou.
+&iquest;Hab&iacute;a entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe
+bien. No se sabe tampoco cu&aacute;l de estas dos cosas engendra la simpat&iacute;a.
+Conste, sin embargo, que tambi&eacute;n Mariano era fanfarr&oacute;n, y que en el
+trato de seis meses con Bou se le hab&iacute;a comunicado la idolatr&iacute;a del ente
+Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del pa&iacute;s, <i>que chupan la sangre del
+obrero</i>, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en
+las manos, Mariano cre&iacute;a aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que
+hac&iacute;a era envidiarlos, pues la envidia suele usar la m&aacute;scara del odio.</p>
+
+<p>En el fondo de su alma, <i>Pecado</i> anhelaba ser tambi&eacute;n sanguijuela y
+chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se
+desviv&iacute;a por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y
+por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distingu&iacute;a
+radicalmente de su maestro, amant&iacute;simo del trabajo. Bou no quer&iacute;a galas,
+ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quer&iacute;a era que todos
+fu&eacute;semos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en
+la mano; que no hubiera m&aacute;s que talleres y se cerraran los lugares de
+holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera m&aacute;s que jornales;
+que cada cual no fuera propietario nada m&aacute;s que de la cuchara con que
+hab&iacute;a de comer la sopa nacional.</p>
+
+<p>En la sala donde estaba la m&aacute;quina, ten&iacute;a Bou su mesa de trabajo, y en
+esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera
+giratorio, con cuyo mecanismo &eacute;l le daba vueltas como si fuera un papel.
+A poca distancia ve&iacute;ase la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y
+se hac&iacute;an los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la
+charla, hablaba sin ton ni son, escap&aacute;ndose de &eacute;l el discurso y la
+palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un
+<i>intellectus</i> lleno de roturas. Mariano ten&iacute;a en su laconismo una
+brutalidad sentenciosa.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Que habl&aacute;is ah&iacute;, muchachos?&mdash;dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel
+d&iacute;a de bon&iacute;simo talante, por haber cobrado una antigua cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;Este&mdash;replic&oacute; el estampador con el sentimiento de modestia que le
+inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabidur&iacute;a del
+maestro&mdash;, este dice que el a&ntilde;o que viene ya no trabaja m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Eso lo dir&aacute; la correa&mdash;manifest&oacute; Bou sonriendo y sin levantar los ojos
+de la piedra&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; vas a comer si no trabajas?... Me parece que t&uacute;
+eres de casta de sanguijuela... Y algo he o&iacute;do yo. No s&eacute; qui&eacute;n me dijo
+si eres noble o no eres noble...</p>
+
+<p>&mdash;Dice este&mdash;prosigui&oacute; el estampador, gozoso de que el maestro pensase
+como &eacute;l&mdash;que cuando su hermana gane el pleito, ser&aacute; caballero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El pleito?... &iquest;Sab&eacute;is como har&iacute;a yo que se ganaran de una vez todos
+los pleitos?&mdash;dijo Bou, regocij&aacute;ndose con el efecto que sus admirables
+ideas causaban en los dos muchachos&mdash;. Pues mandar&iacute;a pegar fuego a todos
+los archivos, a la escriban&iacute;a <i>A</i> y a la escriban&iacute;a <i>B</i>. Total, que no
+dejar&iacute;a un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que
+liquidar..., &iquest;est&aacute;is? Hay que decir: &laquo;Hasta aqu&iacute; lleg&oacute; la cosa&raquo;..., y
+<i>palante</i>... Yo dir&iacute;a a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados
+y dem&aacute;s piller&iacute;a: &laquo;&iquest;Quer&eacute;is almorzar? Pues ah&iacute; ten&eacute;is la azada, el
+arado, el escoplo o lo que m&aacute;s os convenga. Pero con papeles no se come
+aqu&iacute;, se&ntilde;ores...&raquo;. &iquest;Que no quer&iacute;an? Pues hacia un estanque de tinta, los
+ahogaba en &eacute;l..., y <i>palante</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Dice este&mdash;repiti&oacute; el oficial, que se pirraba por delatar los disparates
+de su amigo&mdash;que todos no son iguales y que &eacute;l est&aacute; ya cargado de ser
+pobre.</p>
+
+<p>&mdash;No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del trabajo&mdash;afirm&oacute;
+Juan Bou incorpor&aacute;ndose y dejando ver el esplendor lum&iacute;nico de su ojo
+rotatorio, que parec&iacute;a una rueda de fuegos artificiales&mdash;. &iexcl;Pobre!&iquest;Qu&eacute;
+ere decir esto? Es una necedad, una... lucubraci&oacute;n contraria a los
+grandes principios. &iquest;Tienes satisfechas tus necesidades? S&iacute;. &iquest;Tienes
+hambre? No. &iquest;Est&aacute;s vestido? S&iacute;. Pues eres tan rico como el duque <i>A</i> o
+el conde <i>B</i>, o quiz&aacute; m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco
+Aurelio le pon&iacute;a, pas&oacute; por gradaci&oacute;n suave a otro m&aacute;s acentuado, m&aacute;s
+en&eacute;rgico, si bien no m&aacute;s elocuente, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Todo lo dem&aacute;s es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su
+sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares
+amasados con las l&aacute;grimas del pobre. Ved esos que andan por ah&iacute;, toda
+esa chuma de esos se&ntilde;ores y holgazanes. &iquest;De qu&eacute; viven? De nuestro
+trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta,
+ellos no hacen m&aacute;s que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros
+llenos de bobadas... Compar&eacute;monos ahora. Nosotros somos las abejas,
+ellos los z&aacute;nganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la
+comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por l&aacute;stima,
+como a los perros... Pero todo se andar&aacute;, tunantes, todo se andar&aacute;;
+vendr&aacute; la cosa y haremos cuentas, s&iacute;, la gran cuenta, el Juicio Final de
+la humanidad. &iexcl;Oh, pillos!, tambi&eacute;n nosotros tenemos nuestro valle de
+Josafat. All&iacute; se os aguarda. All&iacute; estaremos. Con un pedazo de l&aacute;piz
+tama&ntilde;o as&iacute;, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es
+la liquidaci&oacute;n f&aacute;cil, porque es la &uacute;ltima... y <i>palante</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano y su colega le o&iacute;an absortos.</p>
+
+<p>&laquo;Dice este&mdash;continu&oacute; el estampador, incansable en la denuncia&mdash;que &eacute;l ha
+de poder poco o ha de soltar pronto la blusa.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;manifest&oacute; el maestro volviendo a su trabajo&mdash;; expl&iacute;canos lo
+que t&uacute; piensas... &iquest;A qu&eacute; aspiras t&uacute;? &iquest;Qu&eacute; deseas t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?&mdash;dijo Mariano con terrible laconismo&mdash;. Tener dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tener dinero! El dinero es una f&oacute;rmula, un medio de cambio&mdash;declar&oacute; con
+ol&iacute;mpica suficiencia Juan Bou&mdash;. &iquest;Y si llega un d&iacute;a en que no haya
+dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor
+dicho, el servicio <i>A</i> y el servicio <i>B</i> se cambien directamente sin
+necesidad de ese intermediario?</p>
+
+<p>&mdash;Ch&uacute;pate esa&mdash;dijo por lo bajo el estampador a compa&ntilde;ero.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se suprimir&aacute; el dinero, que no sirve m&aacute;s que para negocios
+indecentes. Suprimiendo el numerario, quedar&aacute;n suprimidos los
+ladrones... y <i>palante</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Ambos abrieron medio palmo de boca.</p>
+
+<p>&laquo;Pero el dinero&mdash;se aventur&oacute; a decir Mariano&mdash;no se ha de quitar hoy ni
+ma&ntilde;ana...</p>
+
+<p>&mdash;Qui&eacute;n sabe... La cosa est&aacute; mal. Dicen que esto se va. Me escriben de
+Barcelona que se est&aacute; trabajando...</p>
+
+<p>&mdash;El dinero no se suprime&mdash;afirm&oacute; <i>Pecado</i> rebel&aacute;ndose tenazmente contra
+la incontrovertible sabidur&iacute;a del maestro.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo quiero ser rico.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ser rico! &iquest;Y qu&eacute; es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional,
+ac&eacute;mila. Hay por ah&iacute; unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo,
+lo que es de todos, del com&uacute;n, y el d&iacute;a en que se diga: &laquo;Ea, bastante ha
+durado la mamancia...&raquo;, va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros
+diremos: &laquo;A ver, se&ntilde;or duque de Tal, &iquest;de d&oacute;nde sac&oacute; usted las tierras
+<i>A</i> y las dehesas <i>B</i>? Se&ntilde;or banquero Cu&aacute;l, &iquest;de d&oacute;nde sac&oacute; usted los
+millones <i>A</i> y <i>B</i> que tiene en el Banco?&raquo;.&mdash;&laquo;Hombre, dir&aacute;n ellos, pues
+yo...&raquo;.&mdash;&laquo;Valientes pillos est&aacute;n ustedes, acaparadores, por no decir otra
+cosa...&raquo;. Conque ya ves. No habr&aacute; entonces dinero, ni Banco, ni Bolsa;
+no habr&aacute; m&aacute;s que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito un
+jam&oacute;n, el comestible <i>A</i> o el comestible <i>B</i>: me voy a la tienda, y me
+encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ah&iacute; va, y
+venga. El sastre har&aacute; pantalones al zapatero, y el zapatero le har&aacute;
+zapatos al sastre. Es un organismo sencill&iacute;simo, brutos. Vosotros no
+hab&eacute;is estudiado la cosa, no hab&eacute;is trabajado por la cosa, no hab&eacute;is
+estado en calabozos, no hab&eacute;is comido ratas desabridas... Se trata de un
+organismo; &iquest;sab&eacute;is lo que es un organismo?&raquo;.</p>
+
+<p>Ambos callaron. Cre&iacute;an que se trataba de un organillo; pero no se
+atrev&iacute;an a decirlo.</p>
+
+<p>&laquo;Este dice tambi&eacute;n&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el denunciador sin poder contener la risa&mdash;que
+quiere ser c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&eacute;lebre! Ta, ta, ta&mdash;exclam&oacute; Juan Bou, radiante, al considerar el
+triunfo que a su oratoria se preparaba&mdash;. &iquest;Conque c&eacute;lebre y todo..., es
+decir, hombre grande? &iexcl;Valiente papamoscas! &iquest;Y qu&eacute; entiendes t&uacute; por
+celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman
+poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no
+han hecho m&aacute;s que matar gente. Los otros han enga&ntilde;ado y extraviado a la
+humanidad, cont&aacute;ndola mil mentiras y embelecos. C&oacute;geme a tal o cual
+guerrero, al poeta <i>A</i> o al prosista <i>B</i>. &iquest;Qu&eacute; han hecho por el pueblo?
+Nada. Su celebridad se acabar&aacute; tambi&eacute;n, porque se suprimir&aacute; la Historia.
+Se har&aacute; una Historia nueva, en que no figuren m&aacute;s que los que han
+inventado una m&aacute;quina o perfeccionado la herramienta <i>A</i> o <i>B</i>. Esos s&iacute;,
+esos s&iacute; que tendr&aacute;n estatuas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n... va a hacer las estatuas?&mdash;pregunt&oacute; con gran viveza de
+pensamiento Mariano.</p>
+
+<p>&mdash;Toma&mdash;dijo Bou, reponi&eacute;ndose despu&eacute;s de desconcertarse un poco&mdash;, los
+escultores. Habr&aacute; escultores que har&aacute;n las estatuas de los obreros
+c&eacute;lebres, de los padres de la patria, y se les pagar&aacute; con comestibles,
+mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si t&uacute; quieres ser
+c&eacute;lebre inventando la direcci&oacute;n de los globos, o cosa as&iacute;, entonces nada
+te digo. Por ah&iacute;, por ah&iacute;... Pero no envidies a los personajes del d&iacute;a,
+a esas sanguijuelas del pueblo. Mira t&uacute; qu&eacute; tipos. &iquest;Prim?, un tunante.
+&iquest;O'Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Ol&oacute;zaga, Castelar,
+Sagasta, C&aacute;novas. Parlanchines todos. &iquest;Y ese Thiers de Francia? Otro que
+tal. Cuando toquen a barrer, ver&eacute;is c&oacute;mo queda esto... Nada, nada;
+apl&iacute;cate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes,
+comer&aacute;s y vestir&aacute;s con tu trabajo. Toma y daca... y <i>palante</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero este dice que quiere ser c&eacute;lebre, aunque para ello tenga que hacer
+una barbaridad.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, hombre, &iquest;t&uacute; quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo,
+hombre, dalo. No te faltar&aacute; ocasi&oacute;n, cuando se grite &laquo;abajo la tiran&iacute;a&raquo;,
+p&oacute;rtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como
+dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que ma&ntilde;ana
+quiz&aacute; se mire como una gran acci&oacute;n. Nada, hombre...<i>palante</i>,
+<i>palantito</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de
+audaces juicios, que los muchachos le o&iacute;an como si fuera una sibila.</p>
+
+<p>&laquo;Lo que yo quiero es moneda&mdash;volvi&oacute; a decir Mariano con rudeza concisa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como t&uacute; el c&eacute;lebre
+Erostrato.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Uno que peg&oacute; fuego&mdash;dijo Bou reventando de erudici&oacute;n&mdash;a un templo... no
+s&eacute; si de Babilonia, de Venecia o de d&oacute;nde.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y sac&oacute; dinero?</p>
+
+<p>&mdash;Vuelta con el dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Con dinero se tiene todo.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de
+esos pillos, lo mismo que la sanguijuela <i>A</i> o la sanguijuela <i>B</i>.</p>
+
+<p>Mariano gru&ntilde;&iacute;a, dando a conocer, con b&aacute;rbaro modo, su ardiente anhelo de
+ser sanguijuela.</p>
+
+<p>&laquo;Ea, bastante se ha charlado&mdash;dijo el maestro echando un vistazo a la
+prensa&mdash;.<i>Palante</i>... Sacadme esos reportes ahora mismo&raquo;.</p>
+
+<p>Y sigui&oacute; un silencio s&oacute;lo turbado por los rumores de la actividad
+taciturna. O&iacute;ase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo
+negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que
+aunque buen catal&aacute;n ten&iacute;a un o&iacute;do infernal, destrozaba entre dientes <i>La
+Marsellesa</i>, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Despu&eacute;s
+escup&iacute;a unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco
+rato. Se hab&iacute;a contagiado de la afici&oacute;n de sus aprendices a cantorrear
+los pareados de las aleluyas, y as&iacute;, sin pensarlo, cantaba con la m&uacute;sica
+de Rouget de L'Isle estos versos: <i>Muchos ni&ntilde;os peque&ntilde;itos&mdash;van vestidos
+de angelitos</i>.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_Va" id="Capitulo_Va"></a>Cap&iacute;tulo V</h3>
+
+<p class="head">Entreacto en el caf&eacute;</p>
+
+
+<p>Mariano pas&oacute; alg&uacute;n tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna
+digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empez&oacute; a
+fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se
+pasaba horas y m&aacute;s horas en el caf&eacute; del Sur. Por el af&aacute;n de aumentar su
+peculio hab&iacute;a contra&iacute;do el vicio del juego, frecuentando innobles
+garitos, o agreg&aacute;ndose a los nefandos c&iacute;rculos que al aire libre, en las
+puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se
+aturd&iacute;a y perd&iacute;a casi siempre. Cuando ganaba se permit&iacute;a lujos
+desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las
+funciones desde la primera a la &uacute;ltima, convidarse a chuletas con tomate
+en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y
+costureras, donde danzaba y hac&iacute;a conquistas. Cuando las ganancias
+hab&iacute;an sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba
+trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando
+por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para
+que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase
+superior fuese m&aacute;s completa, ten&iacute;a sus peque&ntilde;as deudas con el mozo del
+caf&eacute; y con los amigos.</p>
+
+<p>Ya faltase todo el d&iacute;a al taller de Bou, ya asistiese puntualmente,
+nunca dejaba de ir al caf&eacute; del Sur. A veces no estaba m&aacute;s que un rato, a
+veces cuatro o cinco horas. Se le ve&iacute;a solo, en blusa azul y gorra, con
+los codos sobre la mesa, el vaso de caf&eacute; delante y en la boca un puro de
+a cuarto, mirando las nubecillas de humo con est&uacute;pida somnolencia.</p>
+
+<p>&iquest;Pero qui&eacute;n es aquel se&ntilde;or que abre la puerta del caf&eacute; y esparce su
+vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano
+viene hacia &eacute;l, y se le sienta enfrente? &iquest;Qui&eacute;n ha de ser sino el
+bendito D. Jos&eacute;? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas
+que est&aacute; pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados
+de cierta melancol&iacute;a de funeral; ved tambi&eacute;n sus mejillas, antes
+competidoras de las rosas y claveles, ahora p&aacute;lidas y surcadas de
+arrugas. &iquest;Qu&eacute; le pasa? &Eacute;l nos lo dir&aacute;. Durante alg&uacute;n tiempo su &uacute;nico
+consuelo ha sido agregarse a Mariano en el caf&eacute; del Sur y frente a &eacute;l
+exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de anta&ntilde;o; y as&iacute;
+como las ovejas (dicho est&aacute; por los poetas) se olvidaban de pacer para
+escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar
+el caf&eacute; por atender a lo que D. Jos&eacute; le refer&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Hoy tampoco la he podido ver&mdash;dijo aquel d&iacute;a (abril de 1876)&mdash;. Ese Sr.
+Bot&iacute;n es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al
+balc&oacute;n... Te digo que me gustar&iacute;a que el se&ntilde;or Bot&iacute;n y yo nos vi&eacute;ramos
+un d&iacute;a las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo
+padre, y debo velar por ella... &iexcl;Luego el pobre <i>Riqu&iacute;n</i> estar&aacute; tan
+solo, extra&ntilde;ar&aacute; tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como
+antes!... Porque has de saber que <i>Riqu&iacute;n</i> no quiere a nadie m&aacute;s que a
+m&iacute;; me quiere m&aacute;s que a su propia madre. Lo que es a Bot&iacute;n no le puede
+ver&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el
+regocijo de la venganza. &iexcl;<i>Riqu&iacute;n</i> no quer&iacute;a al otro! &iexcl;Oh placer de los
+dioses!</p>
+
+<p>&laquo;Mi hermana tiene la culpa&mdash;dijo Mariano&mdash;. Ese t&iacute;o Bot&iacute;n es una fiera.
+&iquest;Por qu&eacute; no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de
+aquellas cosas que pasan, &iexcl;pu&ntilde;o!... &Eacute;l es rico; ella se ve mal... Si
+trabajara como yo, vivir&iacute;a como es debido... De consiguiente, yo no
+pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no
+volviera. De consiguiente, ese Bot&iacute;n no quiere que ni yo, ni usted, ni
+mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n vayamos all&aacute;. No quiere estorbos. Yo no voy, porque
+suponga usted que nos encontramos Bot&iacute;n y yo, hablamos, y sin saber
+c&oacute;mo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., re&ntilde;imos. Total, que me
+hago cuenta de que no tengo tal hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella quisiera&mdash;indic&oacute;
+Relimpio embuch&aacute;ndose el caf&eacute;, mientras el otro se romp&iacute;a las mand&iacute;bulas
+para sacar humo del duro cigarro&mdash;Pero quia, quia. Tiene que valerse de
+mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses de esta vida y no s&eacute;
+c&oacute;mo aguanta. &iquest;Al teatro? Que si quieres... Los domingos la hace ir a
+misa, y aqu&iacute; paz... Dicen que ese se&ntilde;or es mojigato.</p>
+
+<p>&mdash;Es rico&mdash;afirm&oacute; Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que
+empleaba siempre para expresar aquella idea.</p>
+
+<p>&mdash;Riqu&iacute;simo. Gana millones. Si le dejan se come a Espa&ntilde;a en menos que p&iacute;a
+un pollo. &iquest;Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una
+persona decente, le escribir&iacute;a un an&oacute;nimo a su se&ntilde;ora cont&aacute;ndole los
+devaneos... Pero no est&aacute; en mi sangre, no. La se&ntilde;ora de Bot&iacute;n es condesa
+o baronesa; &eacute;l es conde o bar&oacute;n consorte, &iquest;te enteras? Ella es, seg&uacute;n
+dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar
+un hospital.</p>
+
+<p>&mdash;Sanguijuelas del pa&iacute;s y del pobre que trabaja, &iexcl;repu&ntilde;o!... Ellos gastan
+lo nuestro... Pero ya, ya ver&aacute;n, &iexcl;pu&ntilde;o! El mejor d&iacute;a... de aquellas
+cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y <i>palante</i>... Ahora nos toca
+a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta como es
+debido.</p>
+
+<p>&mdash;Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue
+D. Amadeo, &iexcl;y aquel s&iacute; era persona decente!, esto est&aacute; perdido. Es
+verdad que se acab&oacute; la guerra; pero &iquest;c&oacute;mo se acab&oacute;? A fuerza de dinero.
+Esta gente es atroz. Aqu&iacute; no hay administraci&oacute;n, ni se llevan los libros
+de cuentas del Estado como manda la Tenedur&iacute;a. Mira t&uacute;; mientras no se
+suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no
+s&eacute; c&oacute;mo no se les ocurren estas cosas... Se&ntilde;or, que no podemos con la
+Hacienda, que hay d&eacute;ficit. &iquest;Pues qu&eacute; m&aacute;s tiene usted que quitar tanto
+empleado vagabundo?... Se&ntilde;or, que la pol&iacute;tica... Pues fuera pol&iacute;tica...
+Si quisieran, todo lo arreglar&iacute;an bien. Con ir dejando a un lado a los
+piratas y colocando a la gente honrada... Mira t&uacute;, es bien f&aacute;cil. A
+ver... &iquest;D. Fulano es un hombre honrado? S&iacute; se&ntilde;or. Pues venga ac&aacute;. &iquest;Y D.
+Zutano? Tambi&eacute;n. Venga. Ea, ya me tienes la Administraci&oacute;n arreglada. Yo
+s&eacute; que los tunantes chillar&iacute;an; pero que chillaran hasta reventar&raquo;.</p>
+
+<p>Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volv&iacute;a D. Jos&eacute; a la
+monoton&iacute;a de sus lamentos pastoriles. Durante varios d&iacute;as repiti&oacute; las
+mismas cosas... La hab&iacute;a visto un momento... Estaba desmejorada y
+triste... <i>Riqu&iacute;n</i> tampoco era feliz... En mayo a&ntilde;adi&oacute; a tan enfadosos
+temas uno que era m&aacute;s agradable a la concupiscencia de Mariano.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes&mdash;le dijo&mdash;que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio? Lleg&oacute;
+aqu&iacute; el mes pasado. Por cierto que me cogi&oacute; desprevenido. Yo le cre&iacute;a en
+la Habana. Pero el Capit&aacute;n General le quit&oacute; el destino a los veinte d&iacute;as
+de haber tomado posesi&oacute;n de &eacute;l y me lo embarc&oacute; para la Pen&iacute;nsula...
+Intrigas pol&iacute;ticas... envidias y miserias.</p>
+
+<p>&mdash;De aquellas cosas que pasan...&mdash;murmur&oacute; Mariano, demostrando
+perspicacia&mdash;. Don Melchor tendr&iacute;a las u&ntilde;as un poco largas; de
+consiguiente...</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse all&iacute; entre tanto
+dinero..., de consiguiente...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no.</p>
+
+<p>&mdash;Total, que se volvi&oacute; para ac&aacute; sin un real.</p>
+
+<p>&mdash;No tanto. Algo ha tra&iacute;do... Pues te contar&eacute; el negocio, que es grande,
+tremendo. Es un secreto que ha descubierto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un secreto!... Y lo guardar&aacute;... como es debido.</p>
+
+<p>&mdash;No, lo pone a disposici&oacute;n de todo el mundo. Ha hecho unos prospectitos,
+&iquest;sabes? Luego ha puesto un anuncio en los peri&oacute;dicos, diciendo que el
+que quiera saber el secreto del negocio mande veinte reales en sellos.
+Ajaj&aacute;. No puedes figurarte los sellos que han entrado en casa. Pero ya
+se va cansando la gente y vienen pocas cartas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero el secreto...?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; cu&aacute;l es.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal
+secreto...?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute;... Desde que tom&oacute; la casa en la calle de los Abades, donde
+vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe art&iacute;culos en un peri&oacute;dico. La
+ha tomado con las compa&ntilde;&iacute;as de ferrocarriles y otras empresas gordas, y,
+&iexcl;si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las
+est&aacute; matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas &uacute;tiles,
+por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso s&iacute;,
+yo creo que si esto se dice un d&iacute;a y otro d&iacute;a, al fin hemos de lograrlo.
+Y si no, guerra, guerra con los ingleses. &iexcl;Ah! &iquest;No hicimos lo del
+Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contar&eacute;, pues lo s&eacute; como si lo
+hubiera visto&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante cap&iacute;tulo de
+Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba m&aacute;s su
+esp&iacute;ritu, adormeci&eacute;ndole en c&aacute;lculos voluptuosos y combinaciones de
+riquezas y placeres.</p>
+
+<p>Algunos d&iacute;as despu&eacute;s, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D.
+Jos&eacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Ayer&mdash;dijo&mdash;estuvo D. Melchor hablando m&aacute;s de dos horas con Juan Bou. Ha
+inventado una rifa para los pobres. Est&aacute; unido con otros se&ntilde;ores, y de
+consiguiente, tiene autorizaci&oacute;n del Gobierno, como es debido.
+&iexcl;Recontrapu&ntilde;o, qu&eacute; negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte.</p>
+
+<p>&mdash;Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad. Es
+una idea humanitaria. Ya no habr&aacute; m&aacute;s pobres por las calles... Volviendo
+a lo mismo, Marian&iacute;n, te dir&eacute; que la vi ayer en misa. Por la tarde fui a
+sacar al ni&ntilde;o a paseo. &iexcl;Ah!&iquest;No sabes? Lo del pleito va bien. Hombre, si
+te veremos al fin...&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano se desperez&oacute; y despu&eacute;s que hubo estirado bien sus extremidades,
+descarg&oacute; el pu&ntilde;o sobre la mesa, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Maldita sea la Biblia!&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, que viv&iacute;a en la calle de las Huertas, sal&iacute;a con frecuencia al
+balc&oacute;n, y si ve&iacute;a a su padrino pase&aacute;ndose de arriba abajo y echando con
+disimulo un vistazo al piso segundo, sent&iacute;a pena y l&aacute;stima. Unas veces
+le hac&iacute;a se&ntilde;ales de que entrase, otras de que no entrase, y D. Jos&eacute;
+obedec&iacute;a con humildad. Llamole un d&iacute;a con agraciado gesto, desde dentro,
+alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal.
+Relimpio subi&oacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo le palpitaba el coraz&oacute;n! Entr&oacute;, cogi&oacute; en sus brazos al ni&ntilde;o, diole
+mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con &eacute;l, entr&oacute; en la
+sala. Isidora vest&iacute;a una bata azul de corte elegant&iacute;simo. Acababa de
+peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber
+qui&eacute;n era, podr&iacute;a dudar que pertenec&iacute;a a la clase m&aacute;s elevada de la
+sociedad. Contemplola D. Jos&eacute;, m&aacute;s que con amor, con veneraci&oacute;n, con
+fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco falt&oacute; para que
+se la hincara delante.</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;s, est&aacute;s...&mdash;le dijo turbado por la emoci&oacute;n&mdash;, que pareces una
+diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... &iexcl;<i>Riqu&iacute;n</i>!, hijo
+m&iacute;o, sol, dame m&aacute;s besos... &iexcl;Bendita sea tu madre!&raquo;.</p>
+
+<p>Mucho se alegraba tambi&eacute;n Isidora de ver a su padrino; pero un asunto
+urgent&iacute;simo les separar&iacute;a muy pronto.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No viene hoy ese bruto?&mdash;dijo Relimpio.</p>
+
+<p>&mdash;No; hoy habla en el Congreso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que me estar&eacute; aqu&iacute; hasta anochecida?</p>
+
+<p>&mdash;No, porque tengo que hacer, tengo que salir...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Don Jos&eacute; puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron
+como la llama de la exhausta l&aacute;mpara colgada delante del santo.</p>
+
+<p>&laquo;Tengo que hacer&mdash;dijo Isidora, sacando una carta&mdash;. Y usted me va a hacer
+el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaqu&iacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; dio un gran suspiro. Puso la cara m&aacute;s desconsolada y agoniosa
+del mundo, la cara que pondr&iacute;a toda persona a quien se obligara a beber
+un vaso de vinagre.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;De veras que no est&aacute;s hoy en casa?</p>
+
+<p>&mdash;No. Si usted quiere, puede venir a jugar con <i>Riqu&iacute;n</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Le sacar&eacute; a paseo. Est&aacute; bueno el d&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; te parece?</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Pues voy, voy a hacer tu encargo&raquo;&mdash;murmur&oacute; el viejo, consol&aacute;ndole la
+idea de pasear al ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>Isidora sali&oacute;. Su traje realizaba el dif&iacute;cil prodigio, no a todas
+concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era
+selecto, nada chill&oacute;n, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y
+en sus maneras la m&aacute;s clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por
+dondequiera que iba hac&iacute;a sombra de blasones. Y sin embargo, por
+desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban sab&iacute;an
+que no era una <i>lady</i>.</p>
+
+<p>&iexcl;Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el
+pensamiento y por las acciones, &iquest;qu&eacute; era?... La sentencia es dif&iacute;cil.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VIa" id="Capitulo_VIa"></a>Cap&iacute;tulo VI</h3>
+
+<p class="head">Escena vig&eacute;simaquinta</p>
+
+<p class="c"><b>Aposento no muy grande, c&oacute;modo, bien amueblado y a media luz</b></p>
+
+<p class="c"><b>ISIDORA Y JOAQU&Iacute;N</b></p>
+
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con admiraci&oacute;n)</b> &iexcl;Pero qu&eacute; guapa est&aacute;s, o mejor dicho, qu&eacute;
+hermosa eres!... Joya digna de un rey, &iquest;por qu&eacute; est&aacute;s condenada a
+encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posici&oacute;n mediana, obsura y
+equ&iacute;voca? &iexcl;Tremendas iron&iacute;as del destino! F&iacute;ate de que el nacimiento y
+el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo
+traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te
+entristezcas. Hoy es d&iacute;a de alegr&iacute;a y juntos los dos aqu&iacute; olvidaremos
+todas nuestras penas... Cada d&iacute;a me es m&aacute;s dif&iacute;cil vivir sin ti.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con coqueter&iacute;a)</b> &iexcl;Embustero!... Me quieres cuando me
+necesitas, cuando eres desgraciado. &iexcl;Desde que prosperas un poco,
+&iexcl;adi&oacute;s!, ya no te acuerdas de m&iacute;! Yo no deb&iacute;a hacerte caso; pero mi
+debilidad es m&aacute;s fuerte que mi fortaleza, &iquest;entiendes?... &iquest;Qui&eacute;n no tiene
+un castigo en el mundo? Mi castigo eres t&uacute;. En vez de darme enfermedades
+o de volverme fea, Dios me ha dicho: &laquo;Qui&eacute;rele&raquo;; y ya ves, te quiero y
+padezco. El coraz&oacute;n me dice que ser&aacute; constante. Te amar&eacute; siempre,
+mientras viva. Mi coraz&oacute;n es de una pieza. No puede amar sino a uno
+solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el m&iacute;o, me hast&iacute;an;
+les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que
+viniere, a mi amor me atengo. No s&eacute; c&oacute;mo hay mujeres que adoran hoy a
+este y ma&ntilde;ana al otro. Yo no soy as&iacute;. <b>(Con tristeza.)</b> &iquest;No es verdad
+que nac&iacute; para ser honrada?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Y para m&iacute;. <b>(Entusiasm&aacute;ndose por grados.)</b> S&oacute;lo yo te
+comprendo, s&oacute;lo yo. Los dem&aacute;s te juzgar&aacute;n mal quiz&aacute;s. Yo, que te
+conozco, s&eacute; que eres un &aacute;ngel de bondad. La responsabilidad de tus
+faltas las tomo para m&iacute; y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones.
+&iexcl;Y qu&eacute; ingrato he sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones
+que son propias de las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu
+generosidad.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Mir&aacute;ndole a los ojos.)</b> &iquest;Est&aacute;s satisfecho de m&iacute;?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Te idolatro.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iquest;Me he portado bien?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Como una princesa, como una reina. No todas las coronas est&aacute;n
+donde deben estar... &iexcl;Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en
+su alma esa chispa, ese no s&eacute; qu&eacute;, signo de elevaci&oacute;n sobre el nivel
+com&uacute;n, est&aacute; preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no
+es en ti un defecto, es una inspiraci&oacute;n santa.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Desecha las ideas convencionales. Cada acci&oacute;n tiene un punto de
+vista desde el cual debe juzg&aacute;rsela, lo cual prueba la gran variedad de
+las perspectivas del alma humana...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Yo siento alg&uacute;n remordimiento...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Porque no has hecho un an&aacute;lisis fr&iacute;o del hecho en s&iacute; y te dejas
+llevar de la rutina.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Gozosa.)</b> &iquest;Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;La bes&eacute; mil veces, y aun creo que se me escap&oacute; una l&aacute;grima,
+cosa en m&iacute; desusada.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Ya ves que cumpl&iacute; mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu
+compromiso y me dec&iacute;as que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro,
+te dije: &laquo;Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de
+salvar...&raquo;. No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi
+alma, como un acto de estos atrevidos y dif&iacute;ciles, en que entren la
+generosidad y el peligro. Nac&iacute; para estar arriba, muy arriba.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;En las estrellas te pondr&iacute;a yo.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Las cosas bajas y f&aacute;ciles, las pasiones mezquinas no caben en
+m&iacute;. T&uacute; me hab&iacute;as hecho muchas picard&iacute;as; pues ahora ver&aacute;s... Yo soy as&iacute;.
+La idea de devolverte bien por mal me daba alegr&iacute;a y valor para vencer
+las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba,
+discurr&iacute;a, hac&iacute;a cuentas. A medianoche no hab&iacute;a dormido a&uacute;n; estaba
+sola. Pod&iacute;a pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana.
+Lleg&oacute; la ma&ntilde;ana. &iquest;Qu&eacute; creer&aacute;s que hice? La cantidad era enorme. &iexcl;Mil
+duritos! &iquest;De d&oacute;nde hab&iacute;a de sacar yo ese dineral? Pues ver&aacute;s... Vend&iacute;
+mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqu&eacute; doce mil reales.
+Compr&eacute; otros diamantes falsos para que &eacute;l no conociera el enga&ntilde;o.
+Despu&eacute;s empe&ntilde;&eacute; la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu
+suerte, &eacute;l me hab&iacute;a dado cierta cantidad para renovar parte de la
+siller&iacute;a..., pues al mont&oacute;n con ella. En fin, mi t&iacute;a Encarnaci&oacute;n me
+proporcion&oacute; el resto... Y aqu&iacute; vienen los escozores que siento en mi
+conciencia...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con escepticismo y fortaleza de esp&iacute;ritu.)</b> Eres una
+chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu
+gran coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con moner&iacute;a.)</b> D&eacute;jame, que yo me entiendo. Te dir&eacute; la verdad
+pura. Por enga&ntilde;arle no tengo remordimientos. Es un animal a quien
+aborrezco con toda mi alma. No me merece... &iexcl;Pero hay tantas clases de
+traici&oacute;n!... Te dir&eacute;...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Azot&aacute;ndola con cari&ntilde;o.)</b> Pero ven ac&aacute;, tonta...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Abofete&aacute;ndole con amor.)</b> Escucha, idiota... Digo que las
+traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en m&iacute; que las rechaza.
+Te dir&eacute;: con gusto o sin gusto m&iacute;o, &eacute;l me da cuanto necesito. Es verdad
+que los tornillos eran m&iacute;os; me los hab&iacute;as regalado t&uacute;. Pero el alfiler
+me lo dio &eacute;l..., y el dinero para la siller&iacute;a... Ya ves.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;D&eacute;jame hablar ahora.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Tap&aacute;ndole la boca.)</b> Aguarda.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Quit&aacute;ndose a viva fuerza la mordaza y bes&aacute;ndola mucho.)</b>
+D&eacute;jame hablar a m&iacute;. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces
+m&aacute;s dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del pa&iacute;s
+se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastar&iacute;a para pagar una
+de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que
+he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quer&iacute;a ya, yo te
+amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy
+tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del coraz&oacute;n y deuda
+de bolsillo. Te pagar&eacute; religiosamente.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Pagarme! &iexcl;Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para
+eso. Si en algo estimas el beneficio que de m&iacute; has recibido, ya sabes la
+recompensa que quiero.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Amoscado.)</b> &iquest;Cu&aacute;l?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaqu&iacute;n...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Sinti&eacute;ndose atacado de sordera.)</b> No te oigo.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Que reconozcas a nuestro hijo.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Ah!, ya...; eso es corriente. <b>(Disimulando su contrariedad.)</b>
+En estos d&iacute;as me hallo en tal situaci&oacute;n, que no podr&eacute; celebrar ning&uacute;n
+acto civil... &iexcl;Ay!, querida m&iacute;a, confesor m&iacute;o, para ti no debo tener
+secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido
+un calavera, un disipador; merezco lo que me est&aacute; pasando. Yo ten&iacute;a una
+regular fortuna. &iquest;Sabes t&uacute; c&oacute;mo se me ha ido de entre las manos? Pues yo
+tampoco lo s&eacute;, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te
+juro que vivo con econom&iacute;a... Malditos sean los usureros, fieras
+desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad
+indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio <b>(Da
+un gran suspiro.)</b>, he podido salvar el honor por el momento. A ti te
+debo que no haya ca&iacute;do una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez...
+&iquest;Pero qu&eacute; suceder&aacute;? Que dentro de poco llegar&aacute; otro vencimiento.
+Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Pap&aacute;
+me ha hablado seriamente el otro d&iacute;a. Hemos hecho un balance. Le he
+descubierto todos mis l&iacute;os; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto
+que no tengo m&aacute;s remedio que irme a la Habana.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;A la Habana!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;S&iacute;, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el &uacute;nico
+remedio. Los espa&ntilde;oles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras
+naciones. &iquest;Qu&eacute; pa&iacute;s tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar
+los desastres de sus hijos?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Ya!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Me ir&eacute; a la perla de las Antillas, como decimos por ac&aacute;.
+&iquest;Quieres ir conmigo?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Reflexionando seriamente.)</b> Te dir&eacute;...; ir contigo ser&iacute;a mi
+dicha. Yo te cuidar&iacute;a si ca&iacute;as malo, y te desviar&iacute;a de tus calaveradas,
+porque all&aacute;... Pero no puedo, no puedo salir de aqu&iacute;. Tengo que estar a
+la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganar&eacute; si tengo
+paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la r&eacute;plica, y luego que la
+se&ntilde;ora presente su d&uacute;plica, vendr&aacute; la prueba... Ya ves, me voy enterando
+de estas cosas fastidiosas.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Si lo ganaras... <b>(Afectando confianza.)</b> Yo creo...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Es el principal m&oacute;vil de mi vida. Cuando consiento en separarme
+de ti por pleitear, fig&uacute;rate si es cosa de importancia.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con seriedad.)</b> Y yo lo comprendo... No debes salir de aqu&iacute;.
+Cuando yo venga, &iexcl;toma!, de seguro te encontrar&eacute; en pac&iacute;fica posesi&oacute;n de
+la casa de Aransis.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Dios te oiga!... Yo tambi&eacute;n lo creo as&iacute;.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Cosa clara. <b>(Se abrazan para comunicarse rec&iacute;procamente su
+confianza.)</b> &iquest;Y cu&aacute;ndo te vas?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No lo s&eacute;. Dejar&eacute; pasar el verano. Pap&aacute; y el ministro han
+hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, all&aacute;, entre
+bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando pap&aacute; era Director,
+serv&iacute;a a este se&ntilde;or en cuanto le ped&iacute;a, y ahora para el Ministro no hay
+mejor recomendaci&oacute;n que la de mi padre.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con mucho mimo.)</b> Pero yo siento que te vayas. &iquest;Por qu&eacute; no
+tratas de remediarte aqu&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; no trabajas en algo?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Aqu&iacute;? &iexcl;Trabajar aqu&iacute;!... T&uacute; te has ca&iacute;do de un nido. En Espa&ntilde;a
+no se recompensa el m&eacute;rito. &iexcl;Qu&eacute; pa&iacute;s! Es claro; yo trabajar&iacute;a, yo me
+dedicar&iacute;a a algo; pero &iquest;qu&eacute; pasa? Los escritores, los artistas, los
+industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que trabaje
+el obispo. No hay m&aacute;s medio de ganar dinero aqu&iacute; que meti&eacute;ndose en
+negocios patrocinados por el Gobierno. P&iacute;dele datos de esto a tu se&ntilde;or
+S&aacute;nchez Bot&iacute;n. Es un genio.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con malignidad.)</b> Es un genio... inaguantable. Est&aacute; muy hueco
+con el discurso que pronunci&oacute; ayer. Es de..., de la Comisi&oacute;n. &iquest;No se
+dice as&iacute;?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;De la Comisi&oacute;n, justo. Todav&iacute;a no he le&iacute;do su discurso. <b>
+(Incorp&oacute;rase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)</b> Es un hatajo
+de necedades sopor&iacute;feras. Cuando hablaba, no hab&iacute;a seis diputados en el
+sal&oacute;n, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores
+versados en administraci&oacute;n producen estos efectos de narc&oacute;tico. Pap&aacute;
+mismo, cuando habla de esto, es el puro bele&ntilde;o. Pero ayer era el &uacute;nico
+que logr&oacute; estar despabilado durante la oraci&oacute;n f&uacute;nebre&mdash;administrativa de
+S&aacute;nchez Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pues &eacute;l dice que apabull&oacute; a tu padre.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; gracia! Ver&aacute;s. <b>(Amenaza leer.)</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Por Dios, dejo eso.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Oye qu&eacute; admirable estilo. <b>(Lee.)</b> &laquo;Los se&ntilde;ores que se sientan
+en esos bancos...&raquo;.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Por la Virgen Sant&iacute;sima!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Si esto es muy divertido. <b>(Sigue leyendo.)</b> &laquo;... no quieren
+acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la
+Comisi&oacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Arrebatando el papel de manos de Joaqu&iacute;n.)</b> Si t&uacute; le
+estuvieras oyendo a todas horas...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Es un bruto que merec&iacute;a el desprecio si no mereciera el
+presidio. Su discurso es el colmo de la sabidur&iacute;a. Dice que en tiempo de
+pap&aacute; eran mayores los esc&aacute;ndalos y las irregularidades... Voy a contarte
+en dos palabras las gradas de Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Tristemente.)</b> &iquest;Ser&aacute; tarde? <b>(Hace un gorro con el peri&oacute;dico
+en que est&aacute; el discurso de Bot&iacute;n.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No, querida; es temprano.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Par&eacute;ceme que entra poca luz, que anochece...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Es que se ha nublado.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Mira el reloj.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No me da la gana.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horas tan felices si no fueran tan cortas! <b>(Acaba el
+gorro de papel y se lo pone.)</b> &iquest;Qu&eacute; tal?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Dando su aprobaci&oacute;n expresivamente.)</b> &iexcl;Mona!... Pues te
+contar&eacute; las gracias de Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. &iexcl;Si &eacute;l supiera las
+m&iacute;as!...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Hace unos quince a&ntilde;os S&aacute;nchez Bot&iacute;n era un zascandil. Andaba
+por ah&iacute; con un gab&aacute;n perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus
+disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba
+cosas de poco valor en las oficinas. Empez&oacute; a levantar cabeza,
+trabajando elecciones por los pueblos del Alto Arag&oacute;n. Hac&iacute;a diabluras,
+resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas.
+Despu&eacute;s le colocaron en el Ministerio, y cas&oacute; con la de Castroponce, que
+le aport&oacute; dos millones. H&iacute;zose diputado y gerente del ferrocarril de
+Albarrac&iacute;n. Aqu&iacute; empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el
+ministro y all&aacute; se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Fig&uacute;rate,
+la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compa&ntilde;&iacute;as de
+ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Bostezando.)</b> &iexcl;Qu&eacute; cosas!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;T&uacute; no entender&aacute;s esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel que
+se llama Inscripciones, el cual est&aacute; en la Caja de Dep&oacute;sitos. Bot&iacute;n se
+arregla para sacarlo, da una peque&ntilde;a parte al Ayuntamiento, y con el
+resto y la subvenci&oacute;n van construyendo el ferrocarril sin adelantar una
+peseta. El Gobierno les da pr&oacute;rrogas.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Cerrando dulcemente los ojos.)</b> &iexcl;Qu&eacute; picard&iacute;a!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con verbosidad.)</b> Pero esta tostada, con ser un negocio
+inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de
+pan los abonar&eacute;s de los soldados de Cuba, que llegan aqu&iacute; muertos de
+miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede
+pagarles; pero Bot&iacute;n ha reunido millones en esos abonar&eacute;s, y el mejor
+d&iacute;a se los admite el Gobierno en pago de un empr&eacute;stito... Pues en las
+subastas no te digo nada. Ah&iacute; es donde est&aacute;n las ricas tostadas. &Eacute;l hace
+lo que quiere. Es un baj&aacute; administrativo, mejor dicho, un sult&aacute;n que
+tiene las rentas p&uacute;blicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el
+Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que
+no se puede presentar nadie... Pero &iquest;qu&eacute; es eso?... <b>(Poni&eacute;ndole la mano
+en la frente.)</b> &iquest;Isidora?... Se ha dormido... &iexcl;Qu&eacute; hermosa est&aacute;! &iexcl;Qu&eacute;
+cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... &iexcl;Isidora!</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Despertando.)</b> Me dorm&iacute; arrullada por las gracias de Bot&iacute;n.
+&iquest;Ser&aacute; tarde? Ahora s&iacute; que anochece.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Es que es un chubasco, tonta. El cielo est&aacute; negro.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Es hora de marcharme. Mira el reloj.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Para que te desenga&ntilde;es. <b>(Mira el reloj.)</b> &iquest;Ves? Todav&iacute;a me
+debes una hora, seg&uacute;n lo convenido.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Una hora! <b>(Con pena.)</b> Sesenta minutos me separan de la
+presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginaci&oacute;n. Es una
+pesadilla que me atormenta noche y d&iacute;a. &iexcl;Cu&aacute;ndo despertar&eacute; de ese
+hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. &laquo;Buenas
+noches&raquo;&mdash;, buenas noches. &laquo;&iquest;D&oacute;nde has estado? T&uacute; has salido...&raquo;. Aqu&iacute; de
+mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir
+mentiras; pero desde que vivo con &eacute;l me he adiestrado de tal modo en
+ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para
+mentir... Pues te dir&eacute;. Entra &eacute;l; como entienda que he salido sin su
+permiso. &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima! &Eacute;l gasta en m&iacute; su dinero a la calladita; y me
+compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me
+vea. Quiere que me ponga guapa para &eacute;l solo. Basta que cualquier persona
+me mire para que &eacute;l se enfade, porque cree que con los ojos se le roba
+algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me d&eacute; a conocer en la
+calle, porque no gusta de esc&aacute;ndalos, y se asusta de que esto se
+descubra. Dice que aqu&iacute; no estamos en Par&iacute;s, y que es preciso no chocar,
+no dar motivo a la murmuraci&oacute;n, no faltar a las buenas apariencias
+sociales. Es un egoist&oacute;n y un hip&oacute;crita... Lo primero que me encarga es
+que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo
+al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son
+la base del orden social, me lo lee con entonaci&oacute;n grave..., &iexcl;si le
+oyeras!, y me dice con toda su alma: &laquo;Yo no puedo desmentir estas ideas.
+Conque mucho cuidado...&raquo;. En teatros no hay que pensar. Alguna vez me
+permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a
+los anfiteatros. Ni aun all&iacute; me deja libre, porque le veo atisb&aacute;ndome
+desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la
+costa, o alg&uacute;n hombre sospechoso cerca de m&iacute;... En fin, es un tipo
+insufrible. &iexcl;Qu&eacute; celoso, Dios m&iacute;o! Si me ve asomada al balc&oacute;n, ya se le
+figura no s&eacute; qu&eacute;. &iexcl;Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me est&aacute;
+sacando a relucir su dinero. &iexcl;Qu&eacute; tonillo toma! <b>(Remedando voz de
+hombre.)</b> &laquo;Se&ntilde;ora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser
+para m&iacute;...&raquo;. &iexcl;Para &eacute;l! &Eacute;l quisiera que yo fuera un vaso de agua para
+beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en
+mis pensamientos.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con desprecio.)</b> &iexcl;Zopenco!</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Y cu&aacute;nto me hace padecer! Si me r&iacute;o, cree que me burlo de &eacute;l;
+si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si
+me canso, me llama <i>fr&iacute;a</i>, <i>pedazo de m&aacute;rmol</i>. Me toma cuenta del
+respirar, y si doy un suspiro, &iexcl;ay Dios m&iacute;o!, ya est&aacute; armada la
+tempestad. &iexcl;Y c&oacute;mo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces
+quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto
+y celoso que enamorado. Mi t&iacute;a Encamaci&oacute;n dice que es el papamoscas de
+Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me r&iacute;o de &eacute;l, no lo puedo
+remediar. <b>(R&iacute;e.)</b> Cuidado que es feo, &iquest;no es verdad? No tiene m&aacute;s que
+la figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. &iquest;Has visto
+aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a pu&ntilde;etazos?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Pues pocos habr&aacute; de m&aacute;s pretensiones. Dicen que en los esca&ntilde;os
+del Congreso est&aacute; siempre mir&aacute;ndose el pie, porque lo tiene muy peque&ntilde;o.
+La verdad es que otro m&aacute;s antip&aacute;tico no ha nacido...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que
+causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros...
+Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos
+duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le
+desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobill&oacute;n
+ingl&eacute;s. <b>(R&iacute;e.)</b> Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar
+tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace
+cuando se pone a echarme sermones, y a re&iacute;rse de mi pleito y de mi
+nacimiento. Un d&iacute;a por poco le pego... Cuando est&aacute; por moralizar, me
+dice que si me porto bien har&eacute; mi suerte con &eacute;l; que hay muchos modos de
+ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todav&iacute;a. <b>(Da un gran
+suspiro.)</b> &laquo;Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te proteger&eacute;.
+Te casar&aacute;s con un criado m&iacute;o, que es ni pintado para el caso. <b>(Con gran
+indignaci&oacute;n.)</b> Y una vez que est&eacute;s casada te dar&eacute; un estanco&raquo;. &iexcl;Un
+estanco! <b>(Riendo con estr&eacute;pito.)</b> Ese animal no s&eacute; qu&eacute; se figura...
+Habla muy poco de su mujer. Dice que es un &aacute;ngel; pero que se ha hecho
+muy m&iacute;stica, y que &eacute;l, respetando mucho el misticismo, ha tenido que
+buscar fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos.
+Una cosa me agrada de &eacute;l... para que veas que todo no ha de ser malo...
+Quiere mucho a mi Joaqu&iacute;n, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a
+cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto s&oacute;lo
+hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ning&uacute;n modo
+quererle ni estimarle.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Has hecho de &eacute;l la gran pintura. No tiene delicadeza ni
+verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus
+atractivos y te ofrezcas m&aacute;s rica y sabrosa a sus insaciables
+apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria
+del g&eacute;nero humano; me parecen hechos con algo puramente material y
+grosero que sobr&oacute; despu&eacute;s de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser
+destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la
+transici&oacute;n del hombre al bruto, y fabric&oacute; a Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Riendo.)</b> Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el
+rebuzno, &iquest;qu&eacute; hay? Un discurso de Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Brav&iacute;simo!... Vamos, cuando me comparo con &eacute;l... Perm&iacute;teme que
+me alabe en presencia de ese b&aacute;rbaro ego&iacute;sta. Yo vivo de lo ideal, yo
+sue&ntilde;o, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos plat&oacute;nicos.
+En otro tiempo, &iquest;qui&eacute;n sabe lo que hubiera sido yo? Quiz&aacute;s un D. Juan
+Tenorio; quiz&aacute;s uno de esos grandes m&iacute;sticos que han escrito cosas tan
+sublimes... Ahora, &iquest;qu&eacute; soy? Un desgraciado, por lo mismo que me estorba
+lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me congratulo
+de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, &iquest;pero por qu&eacute;? Porque
+no he sabido poner freno a mi fantas&iacute;a; porque no he podido cerrar y
+soldar mi coraz&oacute;n, vaso riqu&iacute;simo que cuanto m&aacute;s se derrama, m&aacute;s se
+llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he
+derrochado una fortuna. &iexcl;Desventajas de la constante aspiraci&oacute;n a lo
+infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! &iquest;Ves mis
+calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. &iexcl;Oh!, &iexcl;qui&eacute;n
+hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habr&iacute;a
+conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he
+sabido distinguir a J&uacute;piter de Neptuno... &iquest;Ves c&oacute;mo estoy? &iquest;Ves mi
+ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a
+nadie. Joaqu&iacute;n Pez pedir&aacute; limosna antes que comerciar con el hambre y la
+desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre
+sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin
+prendarme de ella. <b>(Isidora le da un pellizco.)</b> &iexcl;Ay! Ser&aacute; debilidad,
+ser&aacute; lo que quieras. Yo lo llamo <i>abundantia cordis</i>, opulencia del
+coraz&oacute;n. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la
+generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza...
+&iquest;Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que
+volver&eacute; de all&aacute; tan pobre como estoy aqu&iacute;. Yo no sirvo para esto. No soy
+como mi padre y mis hermanos, que saben Aritm&eacute;tica. Yo no la entiendo.
+Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado,
+&iexcl;y ella se venga haci&eacute;ndome unas perradas!...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con efusi&oacute;n de amor.)</b> Menos en lo de querer al por mayor,
+&iexcl;cu&aacute;nto nos parecemos! Yo tambi&eacute;n veo lo infinito, yo tambi&eacute;n deliro, yo
+tambi&eacute;n sue&ntilde;o, yo tambi&eacute;n soy generosa, yo tambi&eacute;n quisiera tener un
+caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme
+siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme
+yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo,
+porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza;
+una monta&ntilde;a de dinero; luego otra monta&ntilde;a de honradez, y al mismo tiempo
+una monta&ntilde;a, una cordillera de amor leg&iacute;timo...; eso es lo que quiero.
+&iexcl;Oh, Dios de mi vida! <b>(Llev&aacute;ndose las manos a la cabeza.)</b> &iquest;Llegar&aacute;
+esto a ser verdad?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Pues no ha de llegar a serlo?... Abr&aacute;zame fuerte.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Ahora s&iacute; que es tarde. <b>(Alarm&aacute;ndose.)</b> Me voy, me voy.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Todav&iacute;a...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;S&iacute;, ya han encendido el gas. <b>(Mira al techo.)</b> Mira los
+dibujos que hacen en el techo la sombra de los &aacute;rboles de la calle y el
+resplandor de los faroles.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;S&iacute;. Son&oacute; la hora triste. Y ahora, &iquest;qu&eacute; d&iacute;a...?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Ay!, tont&iacute;n, &iquest;sabes que no lo puedo decir? <b>(Arregl&aacute;ndose
+aprisa.)</b> Se me figura que nuestro drag&oacute;n est&aacute; receloso. Me vigila
+mucho. Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor d&iacute;a descubre
+mis gracias...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No lo creas...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Ah!, es muy tuno... S&iacute;, yo creo que nos sigue la pista. Estoy
+viendo que cualquier d&iacute;a rega&ntilde;amos, y le mando a paseo. Sin ir m&aacute;s
+lejos, ma&ntilde;ana habr&aacute; cuesti&oacute;n. &iquest;No es ma&ntilde;ana San Isidro?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romer&iacute;a, que nunca he
+visto, y &eacute;l se empe&ntilde;a en que no he de ir... All&aacute; veremos. &iexcl;Dios de mi
+vida, qu&eacute; tarde!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo te ver&eacute;?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Te avisar&eacute; con mi padrino, <b>(Desp&iacute;dense con manifestaciones de
+ardiente cari&ntilde;o.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Abur, chiquilla.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<i>Riqu&iacute;n</i>, adi&oacute;s. <b>(Al salir.)</b> No me olvides.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Solo.)</b> &iexcl;Bendita sea ella! Vale infinitamente m&aacute;s que yo.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VIIa" id="Capitulo_VIIa"></a>Cap&iacute;tulo VII</h3>
+
+<p class="head">Flamenca Cytherea</p>
+
+
+<p>La uni&oacute;n nefanda de estos dos vocablos, b&aacute;rbaro el uno, hel&eacute;nico el
+otro, merece la execraci&oacute;n universal; pero no importa. Adelante.</p>
+
+<p>Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr.
+(ten&iacute;a la Gran Cruz) D. Alejandro S&aacute;nchez Bot&iacute;n, Isidora fue a la
+pradera de San Isidro, acompa&ntilde;ada de su doncella, de <i>Riqu&iacute;n</i>, de D.
+Jos&eacute; de Relimpio y de Mariano. La prisionera del S&aacute;tiro no pod&iacute;a
+resistir ya el anhelo de expansi&oacute;n, de correr libremente, de ser due&ntilde;a
+de s&iacute; misma un d&iacute;a entero, y, principalmente de darse el gusto de la
+desobediencia. Haci&eacute;ndole rabiar gozaba m&aacute;s que divirti&eacute;ndose ella. Ya
+se aplacar&iacute;a el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no
+se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y
+bien pod&iacute;a suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias
+llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio conven&iacute;a un
+golpe de Estado.</p>
+
+<p>Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella
+ma&ntilde;anita de San Isidro, mientras dur&oacute; el atav&iacute;o chulesco, todo era
+regocijo en la casa, todo risas y alegr&iacute;as. Don Jos&eacute; andaba a gatas
+sirviendo de caballo a <i>Riqu&iacute;n</i>, ya vestido desde el amanecer de Dios, y
+Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de
+mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien
+dentro de &eacute;l, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran
+dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar m&aacute;s a su gusto las
+fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de
+buenos autores hab&iacute;a visto Isidora caprichos semejantes, y tambi&eacute;n en
+una c&eacute;lebre zarzuela y en una &oacute;pera. Si esto pensaba cuando la doncella
+y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y
+pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, qued&oacute;
+prendada de s&iacute; misma, se mir&oacute; absorta y se embebeci&oacute; mir&aacute;ndose, &iexcl;tan
+atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfon&iacute;a
+de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente
+rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube.
+No le faltaba nada, ni el mant&oacute;n de Manila, ni el pa&ntilde;uelo de seda en la
+cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de
+gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los
+ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar.
+En medio de Madrid surg&iacute;a, como un esfuerzo de la Naturaleza que a
+muchos parecer&iacute;a aberraci&oacute;n del arte de la forma, la Venus flamenca. Don
+Jos&eacute; estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en s&aacute;ficos
+la nov&iacute;sima encarnaci&oacute;n de la hu&eacute;speda de Gnido y Pafos.</p>
+
+<p>Salieron gozosos, acomod&aacute;ndose en una carretela que alquil&oacute; Isidora...,
+y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sent&iacute;a un regocijo febril y
+salvaje. Todo le llamaba la atenci&oacute;n, todo era un motivo de grata
+sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre
+de la alegr&iacute;a, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un
+ventorrillo. Nunca hab&iacute;a comido Isidora cosas tan ricas. &iexcl;Cu&aacute;nto rieron
+viendo c&oacute;mo se atracaba Mariano! Don Jos&eacute; compr&oacute; dos pitos, uno para
+<i>Riqu&iacute;n</i> y otro para &eacute;l, y ambos estuvieron pita que te pitar&aacute;s todo el
+santo d&iacute;a. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habr&iacute;a comprado
+lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compr&oacute; m&aacute;s
+que cuatro. De todas las frusler&iacute;as hizo acopio, y los bolsillos de la
+pandilla llen&aacute;ronse de avellanas, pi&ntilde;ones, garbanzos torrados,
+pastelillos y cuanto Dios y la t&iacute;a Javiera criaron. Nunca como entonces
+le salt&oacute; el dinero en el bolsillo y le escoci&oacute; en las manos, pidi&eacute;ndole,
+por extra&ntilde;o modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si
+hubiera llevado mil duros, los habr&iacute;a liquidado tambi&eacute;n. A los pobres
+sin n&uacute;mero les daba lo que sal&iacute;a en la mano. A todos los cojos,
+estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda.
+Por &uacute;ltimo, se le antoj&oacute; tambi&eacute;n pitar, y compr&oacute; el m&aacute;s largo, el m&aacute;s
+floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella tambi&eacute;n
+pitaron.</p>
+
+<p>Visit&oacute; la ermita y el cementerio, y por &uacute;ltimo, no queriendo acabar el
+d&iacute;a sin experimentar todas las emociones que ofrec&iacute;a la pradera, visit&oacute;
+una por una las innobles instalaciones donde se encierran fen&oacute;menos para
+asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana,
+el cordero con seis patas, las serpientes, <i>os ratas tigres provenientes
+do Japao</i>, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba,
+recib&iacute;a una ovaci&oacute;n. Preguntaban todos qui&eacute;n era, y o&iacute;a una algarab&iacute;a
+infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanter&iacute;as, desde la
+m&aacute;s fina a la m&aacute;s grosera. Cuando se retir&oacute; estaba embriagada de todo
+menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de
+placer, de sorpresa, de polvo, de gent&iacute;o, de pitazos, de coches, de ayes
+de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo.
+Cuando lleg&oacute; a su casa le dol&iacute;a la cabeza; acordose entonces de Bot&iacute;n, a
+quien de seguro encontrar&iacute;a, esper&aacute;ndola airado, y entonces cay&oacute; un velo
+negro sobre sus alegr&iacute;as. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de
+ella azoradas, corri&eacute;ndosele del coraz&oacute;n a los labios y dej&aacute;ndole un
+sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban.</p>
+
+<p>Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, seg&uacute;n su
+costumbre, lo que le hab&iacute;a de decir Bot&iacute;n y lo que ella hab&iacute;a de
+contestarle. Decididamente le pondr&iacute;a cara de perro; &eacute;l echar&iacute;a su
+serm&oacute;n de costumbre sobre el esc&aacute;ndalo, y despu&eacute;s se aplacar&iacute;a. Llegaron
+jadeantes al piso segundo. Don Jos&eacute;, que cargaba a <i>Riqu&iacute;n</i> dormido, iba
+detr&aacute;s pitando todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en la sala y vio luz en el gabinete. All&iacute; estaba sin duda. Pas&oacute;
+adelante y le hall&oacute; sentado en una butaca fumando. Desde la primera
+mirada comprendi&oacute; Isidora que la gresca ser&iacute;a fenomenal. Bot&iacute;n (a quien
+no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba p&aacute;lido, con
+cierta hinchaz&oacute;n en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afect&oacute;
+indiferencia, dej&aacute;ndose caer en el sill&oacute;n con la pesadez propia de su
+cansancio. Como entraron tambi&eacute;n irreflexivamente Relimpio y Mariano,
+Bot&iacute;n hizo un gesto de expulsi&oacute;n, diciendo: &laquo;No quiero aqu&iacute; a nadie&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Con permiso...&raquo;&mdash;balbuci&oacute; D. Jos&eacute;.</p>
+
+<p>Qued&aacute;ronse solos los dos amantes. Isidora, vi&eacute;ndose en el trance de
+hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreci&oacute; el pito a
+Bot&iacute;n, dici&eacute;ndole con sorna:</p>
+
+<p>&laquo;Te he feriado. Toma el pito del Santo&raquo;.</p>
+
+<p>Bot&iacute;n rompi&oacute; en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arroj&oacute; al suelo con
+ira.</p>
+
+<p>&laquo;Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso&raquo;.</p>
+
+<p>Bot&iacute;n vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o m&aacute;s bien la
+pasi&oacute;n que despertaba en &eacute;l la traza chulesca de Isidora. Fuertes
+razones hab&iacute;a sin duda para que venciera la c&oacute;lera.</p>
+
+<p>&laquo;Mucho me enfada&mdash;dijo con cierta gravedad parlamentaria&mdash;que haya usted
+ido sin mi permiso a la romer&iacute;a. Pero hubiera perdonado f&aacute;cilmente esa
+falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aqu&iacute; desde las cuatro
+espar&aacute;ndola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera
+infame&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora palideci&oacute;. Subiendo la escalera hab&iacute;a previsto la disputa; pero
+en esta resultaba una espantable cosa que ella no hab&iacute;a previsto.</p>
+
+<p>&laquo;De una manera infame&mdash;repiti&oacute; S&aacute;nchez Bot&iacute;n&mdash;. Acabemos. Me gustan las
+cosas claras y los juicios r&aacute;pidos. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los pendientes de
+tornillo?</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute;n&mdash;dijo Isidora llev&aacute;ndose la mano a la oreja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... &iquest;Y el
+alfiler, la cadena, el medall&oacute;n...?</p>
+
+<p>&mdash;Esas prendas son m&iacute;as y puedo disponer de ellas a mi gusto&mdash;dijo Isidora
+prontamente, due&ntilde;a ya de s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;Las ha empe&ntilde;ado usted.</p>
+
+<p>&mdash;Las he <i>pignorado</i>&mdash;replic&oacute; ella con aplomo y burla&mdash;, como dicen ustedes
+los hombres de negocios.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo...</p>
+
+<p>&mdash;Usted me dio el dinero. Yo prefer&iacute; emplearlo en otra cosa&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe.</p>
+
+<p>&laquo;Se turba usted...</p>
+
+<p>&mdash;No me turbo, no&raquo;&mdash;dijo ella subi&eacute;ndose de un salto a la c&uacute;spide de su
+orgullo y contemplando desde all&iacute; la c&oacute;lera mezquina de Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>Durante la pausa l&uacute;gubre que sigui&oacute; a esta &uacute;ltima frase, Isidora
+revolvi&oacute; su mente hacia el origen de aquella escena; consider&oacute; con
+verg&uuml;enza y despecho que su infidelidad hab&iacute;a sido descubierta, y pas&oacute;
+revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal
+descubrimiento. &iexcl;Ah!, las indiscreciones de Joaqu&iacute;n Pez, la falta de
+prudencia... Bien conoc&iacute;a ella que el viudito no era hombre para guardar
+secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe l&iacute;o... Pens&oacute; en
+las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman
+invisible tela de ara&ntilde;a en torno de toda existencia equ&iacute;voca e inmoral;
+y la ignominia de un hecho tan poco noble abati&oacute; por un instante el
+orgullo de su alma.</p>
+
+<p>&laquo;Hace usted un bonito uso de mi dinero&raquo;&mdash;dijo Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>Isidora iba a contestar lo siguiente: &laquo;&iquest;Y para qu&eacute; me lo da usted?&raquo;.
+Pero su conciencia se alborot&oacute;, y sintiose llena de perplejidad, que
+nac&iacute;a del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la
+c&oacute;lera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta,
+en&eacute;rgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuesti&oacute;n moral.
+Encontrola en estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Usted me es muy antip&aacute;tico. D&eacute;jeme usted en paz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tiene el atrevimiento de despedirme!&mdash;exclam&oacute; Bot&iacute;n con sarcasmo&mdash;.
+Usted que estaba muerta de miseria cuando yo...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sent&iacute;a que ven&iacute;an llamas a su lengua. No pudo contenerse, y
+abras&oacute; a Bot&iacute;n con estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente
+m&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Bot&iacute;n, cubri&eacute;ndose con su calma ego&iacute;sta y dando a la disputa un giro
+tranquilo, que era como los c&iacute;rculos que hace la serpiente, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;No quiero incomodarme. Veremos qui&eacute;n desaloja... Isidora, he sabido
+todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se
+acab&oacute;... Usted se lo ha ganado... Usted pierde m&aacute;s que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Me est&aacute; usted mareando. D&eacute;jeme usted en paz.</p>
+
+<p>&mdash;A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas las
+alhajas que he dado a usted y que no est&eacute;n... pignoradas, v&aacute;yamelas
+usted entregando&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se quit&oacute; con nerviosa presteza las sortijas; sac&oacute; de una cajita
+varios objetos de oro, y todo lo tir&oacute; a los pies de Bot&iacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Bien, bien&mdash;dijo el padre de la patria, no desde&ntilde;&aacute;ndose de inclinarse
+para recoger lo que estaba por el suelo&mdash;. Ahora qu&iacute;tese usted el mant&oacute;n
+de Manila&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se lo quit&oacute;, y haci&eacute;ndolo como un l&iacute;o se lo tir&oacute; a la cara.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Quiere usted que le entregue todos mis vestidos?</p>
+
+<p>&mdash;No es preciso que me los entregue usted&mdash;replic&oacute; Bot&iacute;n con calma feroz&mdash;.
+Yo me har&eacute; cargo de ellos. Qu&iacute;tese usted el que lleva puesto&raquo;.</p>
+
+<p>Bien pronto la Cytherea se qued&oacute; en enaguas.</p>
+
+<p>&laquo;Es l&aacute;stima que no se lleve usted tambi&eacute;n mis botas&mdash;dijo Isidora
+sent&aacute;ndose y apoder&aacute;ndose con verdadera furia de uno de sus pies para
+descalzarlo&mdash;. Ll&eacute;velas usted para que las use su se&ntilde;ora&raquo;.</p>
+
+<p>Y se quit&oacute; una bota.</p>
+
+<p>&laquo;No, no tanto&mdash;dijo Bot&iacute;n&mdash;; conserve usted su calzado&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando
+en su alcoba se puso otras botas.</p>
+
+<p>En aquel instante, Bot&iacute;n tuvo que dar a su pasi&oacute;n una nueva batalla;
+pero el caso era tan grave, que la dignidad llev&oacute; la mejor parte. Apart&oacute;
+los ojos de la despojada imagen que delante ten&iacute;a, y para verla lo menos
+posible, levantose, y con atenci&oacute;n de prendero avaro, abri&oacute; el armario
+de luna y las gavetas de la c&oacute;moda, entr&oacute; en la alcoba, registr&oacute; todo
+como un curial que embarga o inventar&iacute;a. Isidora en tanto arrojaba las
+preciosas botas en medio del gabinete, y despu&eacute;s hac&iacute;a lo mismo con su
+peineta.</p>
+
+<p>&laquo;Bien&mdash;dijo Bot&iacute;n, sent&aacute;ndose otra vez y mir&aacute;ndose su pie peque&ntilde;o como
+hac&iacute;a en el Congreso&mdash;. Ahora p&oacute;ngase usted el vestidito que usaba cuando
+iba a rezar a la iglesia con tanta devoci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Lo he dado. Yo no guardo pingos&raquo;.</p>
+
+<p>Bot&iacute;n volvi&oacute; a la alcoba. Tom&oacute; de una percha una bata, y ofreci&eacute;ndola a
+Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: &laquo;P&oacute;ngase usted este&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; la cara para no verla, para no ver las l&aacute;grimas gruesas que
+corr&iacute;an por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como
+ardiente volc&aacute;n bramaba en su pecho.</p>
+
+<p>Sin decir nada, vistiose ella. Bot&iacute;n tom&oacute; entonces un tonillo
+conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en
+medio de los bosques. Ten&iacute;a algo de hombre, si bien nada de caballero.</p>
+
+<p>&laquo;Puede usted disponer de toda la ropa blanca&mdash;murmur&oacute;&mdash;. Mande usted por
+ella ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero nada&mdash;replic&oacute; Isidora, bebi&eacute;ndose sus l&aacute;grimas de fuego,
+p&aacute;lida, tr&eacute;mula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiraci&oacute;n de
+drama; se volvi&oacute; a &eacute;l, le ech&oacute; rodadas de desprecio por los ojos y le
+dijo: &laquo;Soy la vengadora de los licenciados de Cuba&raquo;.</p>
+
+<p>Bot&iacute;n se sonre&iacute;a como un demonio que ha ganado un alma.</p>
+
+<p>&laquo;Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted.</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a&mdash;dijo Bot&iacute;n haciendo esfuerzos para re&iacute;r, y golpe&aacute;ndose con el
+bast&oacute;n el pie bonito&mdash;, todav&iacute;a tiene usted algo que agradecerme. Puede
+usted llevarse todo lo del ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hijo no necesita nada&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora corri&oacute; hacia adentro. En la cocina, Mariano dorm&iacute;a, reclinado
+sobre la mesa. En el comedor, D. Jos&eacute; y la doncella asist&iacute;an a <i>Riqu&iacute;n</i>,
+que hab&iacute;a vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el
+hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia.</p>
+
+<p>&laquo;Le ha hecho da&ntilde;o la comida&mdash;dijo el tenedor de libros.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene algo de calentura&raquo;&mdash;indic&oacute; la doncella, toc&aacute;ndole las mejillas.</p>
+
+<p>Isidora le examin&oacute;. Sus l&aacute;grimas volvieron a correr</p>
+
+<p>&laquo;Don Jos&eacute;&mdash;dijo resuelta&mdash;. Cargue usted a <i>Riqu&iacute;n</i>. Envolvedlo bien en un
+mant&oacute;n. Nos vamos ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora!&raquo;&mdash;exclam&oacute; D. Jos&eacute; con espanto.</p>
+
+<p>En la puerta del comedor apareci&oacute; Bot&iacute;n. Despu&eacute;s se pase&oacute; en el pasillo.
+Si Isidora estuviera fuerte en Mitolog&iacute;a, le habr&iacute;a comparado al
+Minotauro vagando por las obscuras galer&iacute;as del laberinto de Creta.
+Volvi&oacute; la bestia al gabinete, y desde all&iacute; llam&oacute; con voz fuerte:
+&laquo;&iexcl;Isidora, Isidora!&raquo;. Y viendo que esta no acud&iacute;a, sali&oacute; otra vez al
+pasillo y dijo en tono m&aacute;s humanitario:</p>
+
+<p>&laquo;No llevemos las cosas hasta el &uacute;ltimo extremo. <i>Riqu&iacute;n</i> est&aacute; malo.
+Puedes quedarte aqu&iacute; hasta ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Isidora iba y ven&iacute;a recogiendo algunas cosas <i>enteramente suyas</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Qu&eacute;date, mujer, qu&eacute;date hasta ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; ella en la alcoba. Bot&iacute;n se paseaba con lento andar en el
+gabinete.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta
+ma&ntilde;ana. Adem&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>La mir&oacute; atentamente, mientras ella revolv&iacute;a en la c&oacute;moda. La mir&oacute;
+embelesado, &iquest;a qu&eacute; negarlo?, y algo confuso le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Y ma&ntilde;ana podr&aacute;s llevarte todos tus vestidos&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no le contest&oacute;, ni le mir&oacute; siquiera. Pero &eacute;l segu&iacute;a dando
+paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitol&oacute;gicamente
+hablando, se mord&iacute;a su propia cola.</p>
+
+<p>&laquo;Estas mujeres locas&mdash;murmur&oacute; gru&ntilde;endo&mdash;, si comprendieran su inter&eacute;s; si
+supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona decente...
+Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti, reflexiona,
+acu&eacute;rdate de lo que muchas veces te he dicho. &iquest;Por qu&eacute; no has de entrar
+en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte, proporcion&aacute;ndote
+un estanco...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sali&oacute; sin concederle ni una mirada. &Eacute;l fue tras ella. Desde la
+sala repiti&oacute; en voz alta:</p>
+
+<p>&laquo;Puedes contar con el estanco...&raquo;.</p>
+
+<p>No recibi&oacute; contestaci&oacute;n. De repente oy&oacute; el golpe de la puerta cerr&aacute;ndose
+con violencia. Todos, menos la doncella, hab&iacute;an salido.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VIIIa" id="Capitulo_VIIIa"></a>Cap&iacute;tulo VIII</h3>
+
+<p class="head">Entreacto en la calle de los Abades</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A d&oacute;nde vamos?&mdash;pregunt&oacute; Isidora cuando salieron a la calle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pregunta!... A mi casa&mdash;replic&oacute; don Jos&eacute;, estrechando a <i>Riqu&iacute;n</i>
+entre sus brazos con ardiente cari&ntilde;o&mdash;. Abades, 40. No parece sino que
+hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo
+Dios. En casa no te faltar&aacute; nada. Melchor la ha puesto muy guapamente&raquo;.</p>
+
+<p>Y en medio de la turbaci&oacute;n que el repentino desalojamiento le produc&iacute;a,
+D. Jos&eacute; sinti&oacute; &iacute;ntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al
+sentirla tan cerca de s&iacute;, sometida a su generoso amparo. Siempre que
+hac&iacute;a algo en beneficio de ella, el pobre se&ntilde;or se crec&iacute;a y se hinchaba;
+que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle,
+&eacute;l delante, ella detr&aacute;s, porque la estrechez de las aceras no les
+permit&iacute;a caminar juntos.</p>
+
+<p>Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Hab&iacute;a hecho de la sala despacho
+y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una l&aacute;mpara con pantalla
+verde que derramaba un c&iacute;rculo de claridad sobre la mesa. Un hombre
+acompa&ntilde;aba a Melchor, trabajando con &eacute;l en la misma mesa. Del cerebro
+del hombre descend&iacute;a al pupitre una invisible corriente de c&aacute;lculos que
+al tocar el papel se condensaba en n&uacute;meros, como al influjo de la helada
+la humedad de la atm&oacute;sfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levant&oacute;
+un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle
+su casa. Despu&eacute;s se volvi&oacute; a sentar, y requiriendo la ben&eacute;fica pluma,
+entonces consagrada a la humanidad doliente, sigui&oacute; su trabajo.</p>
+
+<p>R&aacute;pida ojeada bast&oacute; a Isidora para observar a Melchor, que
+definitivamente se hab&iacute;a dejado toda la barba y ten&iacute;a un aspecto muy
+vistoso, aunque nunca simp&aacute;tico; para observar tambi&eacute;n al hombre de los
+n&uacute;meros, que la mir&oacute; con cierto azoramiento de bestia taurina al
+hallarse en medio del redondel. Vio tambi&eacute;n la desamparada sala con su
+estante, formando como nichos de cementerio, donde yac&iacute;an ordenados
+papeles. Un plano de Madrid acompa&ntilde;aba al de la Pen&iacute;nsula. Hac&iacute;an ambos
+el papel emblem&aacute;tico de los planos de minas o ferrocarriles en las
+oficinas de explotaci&oacute;n. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban
+figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo
+mendigos al Asilo; el front&oacute;n mismo del Asilo ideal con columnas griegas
+y un sol con la insignia triangular de Jehov&aacute;, difund&iacute;an por toda la
+sala la idea de que all&iacute; se trabajaba para aliviar la suerte de los
+menesterosos. Las palabras <i>Rifas</i>, <i>Grandes rifas</i>, <i>Tres sorteos
+mensuales</i>, <i>seis millones</i>, impresas en colores, revoloteaban por las
+paredes cual bandadas de p&aacute;jaros tropicales; y como el papel en que
+aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantas&iacute;a loca de Isidora no
+hab&iacute;a de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de
+selva americana alumbrada por la luna. Despu&eacute;s vio el resto de la casa,
+que era de construcci&oacute;n reciente, mas con tan s&oacute;rdido aprovechamiento
+del terreno, que m&aacute;s parec&iacute;a madriguera que humana vivienda. Don Jos&eacute;
+destin&oacute; a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa,
+y al punto se ocup&oacute; en desalojarle. &Eacute;l se ir&iacute;a al aposento de la
+muchacha y la muchacha dormir&iacute;a Dios sabe d&oacute;nde. Era interior el cuarto,
+y tan vasto, que a Isidora le pareci&oacute; un sepulcro. Don Jos&eacute; iba y ven&iacute;a
+cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella
+a <i>Riqu&iacute;n</i>, d&iacute;jole Isidora:</p>
+
+<p>&laquo;Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la
+habitaci&oacute;n, la muchacha y yo nos entenderemos&raquo;.</p>
+
+<p>La muchacha era una alcarre&ntilde;a de esas que acababan de llegar al mercado
+de criadas, y tra&iacute;a frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la
+torpeza de manos y de cabeza. Todo lo hac&iacute;a al rev&eacute;s. Ten&iacute;a buena
+voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parec&iacute;an no haberse
+desprendido de su rechoncho cuerpo desde que naci&oacute;, y sus gre&ntilde;as mal
+peinadas, de color de barbas de ma&iacute;z, desped&iacute;an un olor a pomada de
+baratillo, m&aacute;s desagradable que su aliento. Isidora sent&iacute;a hacia ella
+repulsi&oacute;n invencible; no la pod&iacute;a mirar, no la pod&iacute;a tocar, y al
+sentirla cerca, se estremec&iacute;a de horror. Antes morir&iacute;a de hambre que
+comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era
+su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan se&ntilde;orita.
+&laquo;No, no&mdash;exclam&oacute; la joven con angustia&mdash;. Yo no nac&iacute; para pobre, yo no
+puedo ser pobre&raquo;.</p>
+
+<p>Dios la ampar&oacute; en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber
+lanzado la exclamaci&oacute;n dolorosa, salida de lo m&aacute;s vivo de sus entra&ntilde;as,
+lleg&oacute; su cara doncella. Tra&iacute;a en un gran l&iacute;o toda la ropa de <i>Riqu&iacute;n</i> y
+algo de la del ama.</p>
+
+<p>&laquo;La fiera&mdash;dijo&mdash;me mand&oacute; sacar todo esto. Est&aacute; bramando. &iexcl;Ay se&ntilde;orita!,
+si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliaci&oacute;n... Yo lo
+siento. Est&aacute; arrepentido de su barbaridad. Yo quer&iacute;a traer m&aacute;s; pero no
+me dej&oacute;. Ma&ntilde;ana llamar&aacute; a las prenderas... &iexcl;Ay! &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima! &iexcl;Qu&eacute;
+riqueza hay all&iacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>Agustina se ofreci&oacute; a seguir a su servicio, e Isidora lo acept&oacute; con
+gozo, aunque no ten&iacute;a en sus bolsillos una sola moneda. &iexcl;Terrible
+contradicci&oacute;n! Ella no pod&iacute;a ser pobre, y sin embargo lo era.</p>
+
+<p>Ocup&aacute;ndose de arreglar la habitaci&oacute;n y de procurarse algunas
+comodidades, &iexcl;cu&aacute;ntas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar
+esto y lo otro. Tal cosa hab&iacute;a quedado en la tercera gaveta de la
+c&oacute;moda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no hab&iacute;a remedio. Por
+cada objeto que no ten&iacute;a, Isidora echaba a volar media docena de
+suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables
+esferas de lo pasado.</p>
+
+<p><i>Riqu&iacute;n</i> parec&iacute;a mejor. Dorm&iacute;a tranquilamente, y su respiraci&oacute;n f&aacute;cil
+sonaba como el eco de m&uacute;sicas serafinescas ta&ntilde;idas a la parte all&aacute; de
+lo visible.</p>
+
+<p>Miquis y D. Jos&eacute; tardaban. Isidora pas&oacute; a la sala porque Melchor le
+hab&iacute;a dicho que ten&iacute;a que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos.
+Pod&iacute;a disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar alg&uacute;n
+m&eacute;dico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de &eacute;l, del
+ben&eacute;fico y filantr&oacute;pico Melchor, corr&iacute;an los gastos de botica. Lo
+principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las
+manos, pues estaba en casa de parientes que la quer&iacute;an de veras y donde
+nada la faltar&iacute;a... En tanto el hombre corpulento que hac&iacute;a n&uacute;meros no
+quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y parec&iacute;a pasmado, fascinado por
+religiosa o mitol&oacute;gica visi&oacute;n.</p>
+
+<p>Como el gran Relimpio hablara entonces de m&eacute;dicos y ensalzase a Miquis,
+el hombrazo dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fr&iacute;a. Le conozco mucho. Asiste
+a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de
+Aransis&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no esperaba o&iacute;r citar su casa ilustre, y se inmut&oacute; un poco. Sin
+dejar de mirarla, el hombr&oacute;n prosigui&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... &iexcl;Ah!, bien dec&iacute;a
+yo. Ya me acuerdo. Un d&iacute;a..., hace a&ntilde;os, estaba yo con mi hermana en el
+portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es...
+Bien dec&iacute;a yo que no era la primera vez... Despu&eacute;s he tratado mucho a
+Miquis. Es simp&aacute;tico. Como &eacute;l tiene instrucci&oacute;n y yo... algo entiendo de
+ciertas cosas, discutimos sobre la cuesti&oacute;n <i>A</i> o la cuesti&oacute;n <i>B</i>. Yo le
+aprieto de firme y &eacute;l se defiende con ret&oacute;ricas...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos a concluir esto&mdash;dijo Melchor con impaciencia&mdash;. Tenemos que
+de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de la
+Administraci&oacute;n seis mil quinientos...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no oy&oacute; m&aacute;s, porque llegaron Miquis y D. Jos&eacute;. El m&eacute;dico ven&iacute;a de
+frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de
+cierta casa de tono. Precursoras y compa&ntilde;eras de su fama eran las
+relaciones, y la entrada que iba teniendo en los m&aacute;s escogidos c&iacute;rculos
+de la sociedad.</p>
+
+<p>Examinado <i>Riqu&iacute;n</i>, le recet&oacute; un calomelano. Era cosa ligera, una
+indigesti&oacute;n, y probablemente al venidero d&iacute;a estar&iacute;a como si tal cosa.
+Hablando despu&eacute;s con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Siento ese percance, porque no hallar&aacute;s otra fiera como esa. No hay dos
+Botines en el mundo. Si los hubiera, &iquest;d&oacute;nde estar&iacute;a ya nuestra querida
+patria? Desde Pirene a Calpe habr&iacute;a sido devorada, y todos los espa&ntilde;oles
+nos agitar&iacute;amos en una c&aacute;rcel de tela, &iexcl;ay!, en los bolsillos de ese
+afanador de naciones... &iexcl;Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero
+t&uacute; no haces n&uacute;meros, y en esta &eacute;poca el que no hace n&uacute;meros est&aacute;
+perdido.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame a m&iacute; de n&uacute;meros. &iquest;A d&oacute;nde vas ahora?&raquo;.</p>
+
+<p>El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los
+brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa
+riqu&iacute;sima en que se sentar&iacute;a y las personas cultas y elegantes con
+quienes hab&iacute;a de estar en roce familiar y discreto gran parte de la
+noche. Era esta la clase de imaginaciones que m&aacute;s f&aacute;cilmente se moldeaba
+en su cerebro. Miquis lo conoc&iacute;a y le pasaba la miel por los labios,
+cont&aacute;ndole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describi&eacute;ndole
+aquellos apartados mundos donde ella no pod&iacute;a penetrar sino con la
+fantas&iacute;a, mejor a&uacute;n, con su ferviente anhelo.</p>
+
+<p>&laquo;Hace pocas noches&mdash;le dijo&mdash;com&iacute; en casa de la duquesa con tu Pez. Parece
+que se va a nadar a la Habana, porque aqu&iacute; se queda en seco. Le han
+escamado los usureros. &iquest;Sabes que me da l&aacute;stima? Es lo que llaman un
+buen muchacho, servicial, amable, cari&ntilde;oso, d&eacute;bil, y que no hace da&ntilde;o a
+nadie m&aacute;s que a s&iacute; mismo&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, turbada y nerviosa, vari&oacute; la conversaci&oacute;n y fingi&oacute; ganas de
+re&iacute;r.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, me han dicho que te casas. &iquest;Es verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Eso dicen, s&iacute;. Y cuando el r&iacute;o suena, boda lleva.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con la del notario?</p>
+
+<p>&mdash;Con la de Mu&ntilde;oz y Nones.</p>
+
+<p>&mdash;Bien sabes t&uacute; arrimarte a buen &aacute;rbol. Es rica.</p>
+
+<p>&mdash;Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y
+vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del coraz&oacute;n. Esto
+no lo hacemos ya m&aacute;s que los pastores y yo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y es bonita?</p>
+
+<p>&mdash;Para m&iacute; no hay otra que se le iguale.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Mejorando lo presente&raquo;, se dice.</p>
+
+<p>&mdash;Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a
+declarar como testigo. Adem&aacute;s es el notario de la casa de Aransis.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Culebra! Quieres corromper al ave f&eacute;nix de los notarios.</p>
+
+<p>&mdash;No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de
+Aransis. Con eso me basta.</p>
+
+<p>&mdash;No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que &eacute;l, por s&iacute; solo,
+desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido
+los se&ntilde;ores de pluma y sello... Mu&ntilde;oz y Nones ofrece a la admiraci&oacute;n de
+la humanidad el siguiente fen&oacute;meno: es un hombre que ha hecho una
+fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como
+corresponde a la materia de que est&aacute; hecha. Mi suegro desacredita y
+niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo ac&aacute;, se ha
+tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales
+y, por a&ntilde;adidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de
+nariz y de u&ntilde;as, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha
+desaparecido, y en prueba de ello ah&iacute; tienes a mi suegro, que es
+honrado, franco, liberal, y adem&aacute;s guapo, simp&aacute;tico, amabil&iacute;simo y de
+agradable trato. En estos tiempos de renovaci&oacute;n social las figuras
+antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para
+cada arte o profesi&oacute;n As&iacute; ver&aacute;s hoy un juez de primera instancia que
+parece un Guardia de Corps; ver&aacute;s un bar&iacute;tono que parece un alcalde de
+Casa y Corte; ver&aacute;s marinos que parecen oidores, y hasta podr&aacute;s ver un
+fil&oacute;sofo que se confundir&iacute;a con un can&oacute;nigo. D&iacute;golo porque Mu&ntilde;oz y Nones
+parece un diplom&aacute;tico. Tiene inclinaciones de gran se&ntilde;or y h&aacute;bitos de
+<i>sportman</i>. &iexcl;L&aacute;stima que no haya abierto nunca m&aacute;s libro que la <i>Ley de
+Enjuiciamiento civil</i>! Por lo dem&aacute;s, en la honradez es un lince, y tiene
+por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos.
+Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas
+partes sino malos acciones, ego&iacute;smo y rapacidad. &iexcl;Error, disparate! El
+mundo se pudrir&iacute;a si le faltase en un momento el desinfectante de la
+virtud, cuya acci&oacute;n en&eacute;rgica se nota en todas partes, en las m&aacute;s altas
+as&iacute; como en las m&aacute;s bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy
+aburriendo...</p>
+
+<p>&mdash;Quedamos en que recomendar&aacute;s a tu suegro mi pleito.</p>
+
+<p>&mdash;Quedamos en que es in&uacute;til.</p>
+
+<p>&mdash;Bobalic&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Serpiente de cascabel, abur&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Despu&eacute;s que se fue Miquis entr&oacute; Mariano, que buscaba a su hermana para
+que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar all&iacute; a su
+maestro, que al verle se desconcert&oacute;, porque hac&iacute;a una semana que no
+aparec&iacute;a por el taller. Levantose contra &eacute;l una tempestad de censuras.
+Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones
+morales, Melchor le llam&oacute; vago, pillete y predestinado al presidio, y
+hasta su amigo y compa&ntilde;ero de caf&eacute;, Relimpio, promulg&oacute; sobre la vagancia
+los conceptos m&aacute;s severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su
+hermana dinero, Mariano se retir&oacute; a un banco de palo que en el estrecho
+recinto hab&iacute;a, y all&iacute; permaneci&oacute; largu&iacute;simo rato solo, callado, hecho un
+ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un
+perro que roe y voltea un solo hueso despu&eacute;s de haberle quitado hasta la
+&uacute;ltima hilacha de carne.</p>
+
+<p>El af&aacute;n de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales
+que tan grande parte ten&iacute;an en el ser moral de Mariano, y que hab&iacute;an de
+tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la
+palabra, en el hijo de D. Jos&eacute; Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre
+cristalizan, por decirlo as&iacute;, en envidia, que es unipersonal y
+antropom&oacute;rfica.</p>
+
+<p>Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde all&iacute; el rasguear
+de las plumas que en la sala hac&iacute;an tan lucrativos n&uacute;meros, se
+preguntaba por qu&eacute; raz&oacute;n ten&iacute;a el se&ntilde;orito Melchor sombrero de copa y &eacute;l
+no; por qu&eacute; motivo el se&ntilde;orito Melchor vest&iacute;a bien y &eacute;l andaba de blusa;
+por qu&eacute; causa el se&ntilde;orito Melchor com&iacute;a en los caf&eacute;s, galanteaba
+bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras &eacute;l,
+el pobre <i>Pecado</i>, com&iacute;a y fumaba casi como los mendigos, y ten&iacute;a por
+amigos a otros tan pobres y desgraciados como &eacute;l. La soledad en que
+viv&iacute;a le despabil&oacute; antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer
+c&aacute;lculos, no era com&uacute;n en los chicos amparados por padres o parientes
+cari&ntilde;osos. Porque el abandono y el vivir entregado a s&iacute; propio,
+favorecen el crecimiento moral en el ni&ntilde;o. De la &iacute;ndole nativa depende
+que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los
+colosos del trabajo, as&iacute; como los grandes criminales, han nutrido su
+esp&iacute;ritu en una ni&ntilde;ez solitaria. El &aacute;rbol salvaje, juguete de los
+vientos en deshabitado pa&iacute;s, adquiere un vigor notorio.</p>
+
+<p>Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni sab&iacute;a
+apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quer&iacute;a vivir con su
+t&iacute;a Encarnaci&oacute;n porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque
+le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones.
+Gustaba de albergarse en fementidas casas de hu&eacute;spedes de los barrios
+del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de
+tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y com&iacute;a en las
+tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de
+voluntad, que es propio de los vagos; aguz&oacute; su ingenio, precipit&oacute; su
+desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender
+que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la
+adquisitividad, del disimulo y de la adaptaci&oacute;n. No se explican de otro
+modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperaci&oacute;n de
+la Polic&iacute;a y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y
+veinte a&ntilde;os. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un
+prodigio de agudeza, un archivo de triqui&ntilde;uelas jur&iacute;dicas y un burlador
+h&aacute;bil de la Polic&iacute;a. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe
+m&aacute;s mundo y m&aacute;s Econom&iacute;a pol&iacute;tica que los doctores reci&eacute;n incubados en
+la Universidad.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base Mariano a la saz&oacute;n a punto de consumar su sabidur&iacute;a en
+aritm&eacute;tica parda; se le hab&iacute;a desarrollado ya el genio de los c&aacute;lculos,
+el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la
+adaptaci&oacute;n, del disimulo y de la doblez.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del
+recibimiento, asisti&oacute; de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por
+hipocres&iacute;a. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con &eacute;l aquellos
+d&iacute;as, que no sab&iacute;a qu&eacute; hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria,
+que hasta lleg&oacute; a llamarle hijo y a departir con &eacute;l como de igual a
+igual.</p>
+
+<p>&laquo;Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero t&uacute; mismo
+conoces que el trabajo es la vida, la religi&oacute;n del pueblo... Voy a
+hacerte una proposici&oacute;n. &iquest;Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy
+solo. Te dar&eacute; un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no
+hay lujo, pero no falta nada de lo necesario&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s le hac&iacute;a acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a
+las que Mariano no sab&iacute;a qu&eacute; contestar. Si su hermana viv&iacute;a contenta, si
+se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el reques&oacute;n, si
+iba al teatro. Adem&aacute;s, el maestro Juan Bou parec&iacute;a reventar de gozo...
+Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegr&iacute;a; unos la
+atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se
+hab&iacute;a sacado el premio gordo de la Loter&iacute;a. Pero Juan Bou desconcertaba
+todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volv&iacute;a
+triste y daba unos suspiros que habr&iacute;an partido la piedra litogr&aacute;fica si
+esta fuera un poco menos dura. Crey&eacute;rase que se incomodaba consigo mismo
+y que quer&iacute;a echar de s&iacute; una mala idea. Algunos d&iacute;as trabajaba poco, y
+m&aacute;s de una vez ocurri&oacute; que se retrasaran y embrollaran los dibujos <i>A</i> o
+<i>B</i> por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente
+desusada en hombre tan met&oacute;dico para el trabajo.</p>
+
+<p>Otro suceso digno de llamar la atenci&oacute;n ocurri&oacute; por aquellos d&iacute;as. Juan
+Bou not&oacute; que la contabilidad en la empresa de las Rifas ben&eacute;ficas no
+marchaba con toda la limpieza que deb&iacute;a esperarse, y ya fuera por
+obedecer a su conciencia, ya por ceder al ego&iacute;smo, que le aconsejaba no
+comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando
+a toda participaci&oacute;n en ella. Quedose, s&iacute;, con los trabajos de
+litograf&iacute;a, que le hab&iacute;an de pagar religiosamente, seg&uacute;n convenio. Desde
+entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas.</p>
+
+<p>Entrado el mes de junio, Mariano not&oacute; con envidioso asombro que Melchor
+avanzaba r&aacute;pidamente por el camino de la prosperidad. Sal&iacute;a en coche de
+dos caballos, acompa&ntilde;ado de se&ntilde;orones; com&iacute;a siempre fuera de casa;
+recib&iacute;a regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le
+tra&iacute;a ropas y m&aacute;s ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de
+tanto pensar en la creciente prosperidad del se&ntilde;orito Melchor, <i>Pecado</i>
+perfeccionaba su <i>intellectus</i>, enriqueci&eacute;ndolo con luces nuevas acerca
+de la propiedad, de la adquisici&oacute;n del n&uacute;mero y de la cantidad, luces o
+ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y
+el vago apuntar del plan art&iacute;stico en la mente del poeta, al pasar de
+ni&ntilde;o a hombre.</p>
+
+<p>Por San Juan dej&oacute; de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su
+hermana, y como esta no quisiese d&aacute;rselo, se enfureci&oacute;, trab&aacute;ronse de
+palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, &eacute;l le dijo alg&uacute;n vocablo
+malsonante, llor&oacute; Isidora, intervino con m&aacute;s celo que autoridad don
+Jos&eacute;, y, por fin, el chico sali&oacute; de la casa gru&ntilde;endo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;No me quieres dar nada. Pues me lo dar&aacute; Gaitica...&raquo;.</p>
+
+<p>Desde aquella noche Mariano desapareci&oacute;. Le buscaron y no fue hallado
+por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de &eacute;l.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Con estas y otras cosas, Isidora cay&oacute; en grave tristeza. Sus insomnios
+se repet&iacute;an casi todas las noches, atorment&aacute;ndola con el alternado
+suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y
+de terror o desenga&ntilde;o. Un pensamiento, referente a cosa muy pr&aacute;ctica, la
+punzaba y aflig&iacute;a, y era el siguiente:</p>
+
+<p>&laquo;Por cierto que en mes y medio que llevo aqu&iacute;, Melchor me ha ido
+facilitando, facilitando cantidades, que ser&aacute; preciso pagarle alg&uacute;n
+d&iacute;a... Es tan c&oacute;modo el sistema para m&iacute;, que sin saberlo c&oacute;mo, me estoy
+empe&ntilde;ando en dinerales. Me basta decir a D. Jos&eacute; mis necesidades; D.
+Jos&eacute; corre a la sala, habla con &eacute;l, y del fondo de Rifas... &iexcl;Dios m&iacute;o!,
+&iquest;a cu&aacute;nto subir&aacute; ya? Yo no lo s&eacute;, porque no apunto nada. Aqu&iacute; vendr&iacute;an
+bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntar&aacute;, de fijo, y pensar&aacute;
+cobrarme, pero &iquest;de qu&eacute; manera?...&raquo;.</p>
+
+<p>Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado.
+Pero hasta que pase el verano no habr&aacute; nada. El abogado me da grandes
+esperanzas. &iexcl;Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar
+del lazo que me tiende!...&raquo;.</p>
+
+<p>Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobre Bou! Es el animal m&aacute;s cari&ntilde;oso que conozco. Le quiero como se
+quiere al burro en que salimos a paseo&raquo;.</p>
+
+<p>El barrio en que su mala suerte la hab&iacute;a tra&iacute;do a vivir, era para la de
+Rufete atrozmente antip&aacute;tico. Algunas tardes sal&iacute;a con <i>Riqu&iacute;n</i> y D.
+Jos&eacute; a dar una vuelta por la calle del Mes&oacute;n de Paredes, el Rastro y
+calle de Toledo, y sent&iacute;a tanta tristeza como repugnancia. El calor era
+ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las
+aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en
+todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de
+groser&iacute;a que su compa&ntilde;ero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez
+de las aceras, obligando al transe&uacute;nte a contradanzar constantemente del
+arroyo a las baldosas, a&ntilde;ad&iacute;a nueva incomodidad a la molestia de la
+bulla, del mal olor y del polvo.</p>
+
+<p>Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto,
+sol&iacute;a dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol &laquo;para
+respirar un poco de civilizaci&oacute;n&raquo;. Pero no se aventuraba mucho por los
+barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de
+objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era
+como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el coraz&oacute;n.
+La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la
+llevaban a las afueras, con gran gusto de D. Jos&eacute;, que amaba el campo y
+los retozos pastoriles.</p>
+
+<p>Julio hac&iacute;a de Madrid una sart&eacute;n. <i>Riqu&iacute;n</i> fue atacado de las tos
+ferina, y era preciso llevarle a otra parte. &iexcl;Pobrecito Anticristo! Daba
+pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin
+aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo
+instante... Pero su mam&aacute; carec&iacute;a de recursos para el viaje, de lo que
+recib&iacute;a grand&iacute;sima pena. Joaqu&iacute;n Pez estaba en Francia, y ni siquiera
+escrib&iacute;a... Afortunadamente (y qui&eacute;n sabe s&iacute; desgraciadamente), Melchor
+se brind&oacute; de muy buen grado a resolver el dif&iacute;cil problema. &iexcl;Porque la
+pobre carec&iacute;a de tantas cosas! No ten&iacute;a ning&uacute;n vestido propio para
+viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del
+verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus
+bailes y fiestas. <i>Riqu&iacute;n</i> estaba casi desnudo.</p>
+
+<p>&laquo;Nada, nada&mdash;dijo Melchor en tono paternal&mdash;; yo no puedo consentir que
+carezcas... Pues no faltaba m&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Empezaron a funcionar las modistas, y estas, as&iacute; como la elecci&oacute;n de
+telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distra&iacute;da y
+excitada durante algunos d&iacute;as. La vanidad le hac&iacute;a vivir doble y la
+enga&ntilde;aba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza.
+Volvi&oacute; a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de
+cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse
+con su hermosa imagen delante del espejo. &iquest;Qu&eacute; es la vida? Un juguete.</p>
+
+<p>Melchor decidi&oacute; que fuese al Escorial, y &eacute;l quiso acompa&ntilde;arla. A Isidora
+no le hac&iacute;a maldita gracia la compa&ntilde;&iacute;a; pero las circunstancias, &iexcl;ay!,
+con su abrumadora l&oacute;gica, la obligaron a aceptarla. Hall&aacute;base en las
+unas de su insidioso prestamista, y no pod&iacute;a evadirse. Fue v&iacute;ctima de
+una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cay&oacute; en
+una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. A&uacute;n pod&iacute;a
+salvarse rompiendo por todo, declar&aacute;ndose insolvente y resign&aacute;ndose a la
+indigencia; pero <i>Riqu&iacute;n</i> ten&iacute;a la tos ferina, estaba como un hilo,
+amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el
+fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, seg&uacute;n Isidora dec&iacute;a,
+llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios
+defectos.</p>
+
+<p>Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa.
+&iexcl;Atroz destierro y pesadumbre para D. Jos&eacute;! Seg&uacute;n el bien meditado plan
+del sesudo Melchor, este ir&iacute;a y vendr&iacute;a, residiendo algunos d&iacute;as en El
+Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permit&iacute;an abandonar
+la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don Jos&eacute;
+iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor
+quedaba en Madrid. &iexcl;Qu&eacute; feliz aquel d&iacute;a! &iexcl;Diez horas con Isidora y con
+<i>Riqu&iacute;n</i>! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza
+sombr&iacute;a y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo hac&iacute;a en los t&eacute;rminos
+m&aacute;s desfavorables para el aprovechado joven. &iexcl;Y qu&eacute; ardientes deseos
+ten&iacute;a de volver a Madrid! <i>Riqu&iacute;n</i>, ya muy mejorado, saltaba y corr&iacute;a
+por el campo, y en sus mejillas renac&iacute;an los frescos colores de la
+salud. Todo el d&iacute;a lo pasaba D. Jos&eacute; embelesado, y no hartaba sus ojos
+de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la monta&ntilde;a, se
+sentaban, hac&iacute;an vida de idilio, semejante a la que D. Jos&eacute; hab&iacute;a visto
+pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba
+Relimpio a Madrid y a su casa; dorm&iacute;a como un santo y so&ntilde;aba que era
+p&aacute;jaro y que cantaba posadito en la rama de un &aacute;rbol. Tambi&eacute;n <i>Riqu&iacute;n</i>
+era p&aacute;jaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo a&eacute;reo.
+Isidora era una avecilla melanc&oacute;lica. Todos cantaban; pero D. Jos&eacute; era
+el que cantaba m&aacute;s y el que a la rama m&aacute;s alta sub&iacute;a.</p>
+
+<p>A mediados de septiembre regres&oacute; Isidora a Madrid, dejando fama en la
+colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurri&oacute; en la vida de Melchor
+un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se
+hundieron como por escotill&oacute;n, sin que se supiera la causa. Juan Bou
+dec&iacute;a que los se&ntilde;ores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos,
+culebras y otras alima&ntilde;as en la gesti&oacute;n del joven Relimpio. Lo cierto
+fue que un d&iacute;a vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo
+el material de la oficina. Melchor se despidi&oacute; por la tarde de su padre
+y de Isidora, dici&eacute;ndoles que all&iacute; les quedaba la casa, que hicieran de
+ella lo que gustaran, porque &eacute;l se iba a Barcelona a emprender un nuevo
+negocio.</p>
+
+<p>Qued&aacute;ronse, pues, solos los tres: Isidora, <i>Riqu&iacute;n</i> y el viejo, y v&eacute;ase
+por donde vino a ser casi real el sue&ntilde;o ornitol&oacute;gico de D. Jos&eacute;: los
+tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente p&aacute;jaros, porque no
+ten&iacute;an m&aacute;s que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera
+darles para pasar del hoy al ma&ntilde;ana. El mundo se diferencia de los
+bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas
+ten&iacute;an casa, pero no con qu&eacute; pagarla, pues Melchor hab&iacute;a dejado las
+arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros
+de moneda alguna. &laquo;Dios aprieta, pero no ahoga&raquo;, dijo Relimpio. Isidora,
+para atender a las apremiantes necesidades de cada d&iacute;a, empez&oacute; a
+despojarse de su ropa. No era la primera vez que ten&iacute;a que desnudarse
+para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la c&oacute;moda a la
+cocina, por conducto de las prenderas. &Uacute;ltimamente, en un triste y
+h&uacute;medo d&iacute;a de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. &iexcl;Era
+el &uacute;ltimo plato!</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IXa" id="Capitulo_IXa"></a>Cap&iacute;tulo IX</h3>
+
+<p class="head">La caricia del oso</p>
+
+
+<p>En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados
+habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su
+equipaje, como el buque n&aacute;ufrago que arroja su carga para mantenerse una
+hora m&aacute;s sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches despu&eacute;s
+del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa
+cat&aacute;strofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar
+sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un
+galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no
+fuese &aacute;spera, y as&iacute;, hablando del pueblo y de la liquidaci&oacute;n social,
+usaba t&eacute;rminos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que sal&iacute;an
+de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser &eacute;mulo de
+los ruise&ntilde;ores. En esto se conoc&iacute;a la pasta de su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Miquis hab&iacute;a hecho del buen lit&oacute;grafo infinitas definiciones. Era, seg&uacute;n
+nuestro amigo, un tonel con marca de <i>alcohol</i> y lleno de agua; un oso
+torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable;
+un cardo con c&aacute;liz de azucena; un gorri&oacute;n vestido de camello, y un
+epigrama escrito en octavas reales. O&iacute;rle contar sus &eacute;picas luchas por
+la causa del pueblo era el gran pasmo de D. Jos&eacute; y de <i>Riqu&iacute;n</i>; pero
+Isidora no conten&iacute;a f&aacute;cilmente la risa.</p>
+
+<p>Las galanter&iacute;as de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso
+mostrar el cari&ntilde;o a su amo mat&aacute;ndole una mosca sobre la frente. Alguna
+vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y
+naturalidad. Era como esos mascarones tr&aacute;gicos que en el arte decorativo
+aparecen echando flores de sus bocas monstruosas.</p>
+
+<p>Una de las deferencias m&aacute;s expresivas que Bou ten&iacute;a con Isidora y su
+padrino, era ofrecerles participaci&oacute;n en los billetes de Loter&iacute;a que
+jugaba; pero como hab&iacute;a tanta falta de dinero en la casa, rara vez se
+realizaba la operaci&oacute;n. El oso quer&iacute;a ceder gratuitamente la parte de
+billete, pero Isidora no lo consent&iacute;a. Las dem&aacute;s atenciones eran
+acompa&ntilde;arlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a
+<i>Riqu&iacute;n</i> y darles de noche larga y cari&ntilde;osa tertulia. &iexcl;Era blandamente
+obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intenci&oacute;n de decirle
+algo delicado y dif&iacute;cil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba
+Juan Bou callado y suspirante. Parec&iacute;a que su misma fiereza nutr&iacute;a su
+timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desat&aacute;base a charlar de
+cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus
+ganancias, y hac&iacute;a planes de vida regalada y espl&eacute;ndidamente met&oacute;dica.
+Adem&aacute;s ten&iacute;a noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y
+esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunad&iacute;simo, aunque algo
+le faltaba, s&iacute;, algo le faltaba para ser completamente feliz.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n hac&iacute;a menci&oacute;n de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que segu&iacute;a
+enferma, y al o&iacute;r mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmov&iacute;a
+y alteraba. Repetidas veces la invit&oacute; Bou a visitar juntos el palacio de
+Aransis, cuyas bellezas &eacute;l no hab&iacute;a visto; pero Isidora se excusaba
+siempre por miedo a la exacerbaci&oacute;n de sus sentimientos en presencia de
+aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a que la Rufete ven&iacute;a de casa de su prendera, encontr&oacute; al lit&oacute;grafo
+en la calle del Duque de Alba.</p>
+
+<p>&laquo;Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana&mdash;le dijo&mdash;. Est&aacute; peor, y
+anoche le han dado los Sacramentos. &iquest;Quiere usted venir?&raquo;.</p>
+
+<p>El primer impulso de ella fue rechazar la compa&ntilde;&iacute;a de Bou; pero con tal
+empe&ntilde;o redobl&oacute; este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no
+quiso ser esquiva con &eacute;l en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra
+parte, la misma emoci&oacute;n que tem&iacute;a la solicitaba con fuerza misteriosa.
+Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad
+de ellas, indefinible simpat&iacute;a del humano coraz&oacute;n con lo pat&eacute;tico. Como
+la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, as&iacute; el alma
+siente la atracci&oacute;n alevosa del drama.</p>
+
+<p>Llegaron. Rafaela mejor&oacute; aquel d&iacute;a, y los Sacramentos, dando reposo y
+alegr&iacute;a a su esp&iacute;ritu, hab&iacute;an amansado el mal. Alonso parec&iacute;a contento y
+con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron
+largo rato en la salita de la porter&iacute;a, hablando de enfermedades en
+general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Matar&oacute;,
+patria de los Bous, de los m&eacute;dicos, del remedio <i>A</i> o <i>B</i>... Realmente,
+Isidora no tomaba parte en la conversaci&oacute;n sino con monos&iacute;labos de
+cort&eacute;s aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la
+observaci&oacute;n de la porter&iacute;a de su casa, y en admirar la confortable
+humildad de aquel nido de pobres hecho en un rinc&oacute;n de un palacio de
+ricos. La estera, la c&oacute;moda, los muebles, desecho glorioso de la
+anterior generaci&oacute;n de Aransis, y sobre todo las m&uacute;ltiples l&aacute;minas de
+santos y v&iacute;rgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de
+ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusi&oacute;n, la ocuparon
+todo el tiempo que all&iacute; estuvo. Cansado de hablar y enormemente
+satisfecho de la mejor&iacute;a de su hermana, levantose Bou del sof&aacute; de paja,
+emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estir&aacute;ndose, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Mat&iacute;as, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba&raquo;.</p>
+
+<p>Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso mir&oacute; a Isidora con
+atenci&oacute;n recordativa.</p>
+
+<p>&laquo;Me parece&mdash;indic&oacute;&mdash;que he visto aqu&iacute; otra vez a esta se&ntilde;orita... En fin,
+suban ustedes y vean lo que hay&raquo;.</p>
+
+<p>Juan Bou subi&oacute; la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia
+era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subi&oacute; corriendo y en el
+&uacute;ltimo pelda&ntilde;o esper&oacute; a su amigo, ech&aacute;ndole una mirada triste y una
+sonrisa discreta y amistosa, a la cual se pod&iacute;a dar atrevida
+interpretaci&oacute;n de burla. La persona del bravo catal&aacute;n se compon&iacute;a de dos
+partes: su cuerpo atl&eacute;tico, liado en una americana de cuadros, y un
+bast&oacute;n roten, cuyo pu&ntilde;o, formado de un asta de ciervo, se encorvaba,
+ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptaci&oacute;n, ya para
+apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una
+especie de batuta de la palabra. Jam&aacute;s, fuera de casa, se separaban el
+bast&oacute;n y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, seg&uacute;n los casos.
+Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma m&aacute;s vulgar,
+ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte
+estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie.</p>
+
+<p>Y al subir canturriaba entre dientes. &iquest;En qu&eacute; consiste que es tan
+dif&iacute;cil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin
+saber lo que dec&iacute;a, Bou enton&oacute; a murmullos no sabemos qu&eacute; m&uacute;sica con
+letra de aleluyas. Isidora no pod&iacute;a contener la risa oy&eacute;ndole cantar:
+<i>Vienen luego los ciriales&mdash;con las mangas parroquiales</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;C&oacute;mo me canso de subir escaleras!&mdash;dijo el oso torcaz llegando arriba&mdash;.
+Cuando se reforme la sociedad, se suprimir&aacute;n los escalones. Piso bajo
+todo el mundo&raquo;.</p>
+
+<p>Abri&oacute; la primera puerta y entraron; y mientras Bou segu&iacute;a franqueando
+puertas, Isidora hac&iacute;a lo mismo con los balcones para que entrase la
+luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creer&iacute;ase que todo el
+contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado.
+Despertaba todo, abri&eacute;ndose cual ojos so&ntilde;olientos, y la luz, acometiendo
+las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapicer&iacute;as, muebles
+y cuadros.</p>
+
+<p>&laquo;Anda, anda, &iquest;qui&eacute;n ser&aacute; este animal?&mdash;dec&iacute;a el lit&oacute;grafo par&aacute;ndose ante
+los retratos&mdash;. &iexcl;Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo cre&iacute; que era
+usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, se&ntilde;or, no nos
+comemos la gente... Toma; tambi&eacute;n hay aqu&iacute; una monja. &iexcl;Y es guapa...!
+Buena pieza ser&iacute;a usted, hermana. &iexcl;Qu&eacute; tiempos! Siento que se hayan
+ustedes muerto, se&ntilde;ores, porque as&iacute; no ver&aacute;n c&oacute;mo vamos a arreglar a las
+sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... &iexcl;Ah!, usted,
+el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted,
+caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el d&iacute;a de
+la justicia, no nos mirar&iacute;a con esos ojos... &iexcl;Quia!, se le pondr&iacute;a una
+escoba en la mano; mi se&ntilde;or cruzado barrer&iacute;a las calles..., y
+<i>palante</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, volvi&eacute;ndose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de
+su amigo, miraba a la calle al trav&eacute;s de los vidrios, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los
+afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que
+representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa
+trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos
+palacios llenos de vicios y cr&iacute;menes, s&iacute;, de cr&iacute;menes, no me arrepiento
+de lo dicho. &iexcl;Maldita casta!... Isidora, &iquest;no piensa usted como yo? Por
+ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una
+mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa m&aacute;s que una silla
+dura en que sentarse, mientras estos t&iacute;os..., estos t&iacute;os, por no decir
+otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada,
+pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles
+blandos, que ellos no saben fabricar&raquo;.</p>
+
+<p>Y uniendo la acci&oacute;n a la palabra, se recost&oacute;, mejor dicho, se dej&oacute; caer
+sobre un sill&oacute;n de muelles en los cuales se hund&iacute;a su pesado cuerpo.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Voto va Deu</i>, &iexcl;qu&eacute; blando es esto!, &iexcl;qu&eacute; comodidad!&mdash;exclam&oacute; ri&eacute;ndose
+de su propia malicia&mdash;. &iexcl;Valientes p&iacute;caros! Ya os dar&iacute;a yo en vez de
+sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpinter&iacute;a... &iexcl;Hala, y
+darle al mazo!&raquo;.</p>
+
+<p>Tan groseras chocarrer&iacute;as irritaron a Isidora. &iexcl;Y el pobre Juan Bou tan
+inocente del efecto que produc&iacute;an sus ladridos! A cada instante dec&iacute;a:
+&laquo;&iquest;No piensa usted como yo?&raquo;, y andando de un lado para otro, se tiraba
+con violencia en sillas y sof&aacute;s para probar su blandura, se arrodillaba
+en el coj&iacute;n de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se
+re&iacute;a como un salvaje, pon&iacute;a el dedo en los bronces, acariciaba las
+mejillas de las ninfas doradas, dec&iacute;a chicoleos a las damas retratadas,
+y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bast&oacute;n
+sobre el piso, como deseando que tambi&eacute;n la alfombra recibiese, con el
+lenguaje de los palos, la expresi&oacute;n contundente de la ira del pueblo...
+En tanto Isidora no le pod&iacute;a mirar. Cre&iacute;a ver en sus palabras, en sus
+actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su
+bast&oacute;n, erigido en int&eacute;rprete del populacho, la profanaci&oacute;n m&aacute;s odiosa.
+Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborrec&iacute;a, le
+execraba, y habr&iacute;a dado algo de gran valor por poder plantarle en la
+calle, despu&eacute;s de mandar que le rompieran su bast&oacute;n en las costillas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y qu&eacute; cortinas!&mdash;dec&iacute;a Bou toc&aacute;ndolas de un modo irreverente con el
+roten&mdash;. Esta gente no gusta de tener fr&iacute;o. &iexcl;Toma!, el fr&iacute;o se ha hecho
+para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay
+dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los
+pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., &iquest;no opina usted como
+yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que
+vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. &iquest;No
+cree usted lo mismo?&raquo;.</p>
+
+<p>La de Rufete, por no contestarle con la severidad que merec&iacute;a, no dec&iacute;a
+nada, y hac&iacute;a como que miraba las porcelanas. Bou admir&oacute; tambi&eacute;n
+aquellas mil chucher&iacute;as que no serv&iacute;an para nada; las tocaba, las cog&iacute;a
+en la mano y las volv&iacute;a a poner con violencia en su sitio, a riesgo de
+romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha
+importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, despu&eacute;s a
+gritos; pero Isidora no respond&iacute;a.</p>
+
+<p>Pas&oacute; Bou a otra sala; de all&iacute; a un hermoso gabinete, del gabinete a una
+recatada y obscura alcoba, y all&iacute; crey&oacute; distinguir a la que buscaba. La
+escasa claridad no permit&iacute;a a Juan Bou ver los objetos. Avanz&oacute;, empez&oacute; a
+ver bien, y en efecto, all&iacute; estaba Isidora, sentada junto a una cama en
+la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo,
+lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor
+tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su
+mon&oacute;tona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y
+despu&eacute;s hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso.
+&iquest;Est&aacute; usted mala? &iquest;Tiene usted algo?</p>
+
+<p>Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tom&oacute; una silla y se sent&oacute; junto
+a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le caus&oacute;
+grande aflicci&oacute;n. Hab&iacute;a recordado s&uacute;bitamente que Isidora pleiteaba con
+una casa noble. &iexcl;Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, s&iacute;,
+recordaba haber o&iacute;do vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba
+de su pleito sin nombrar jam&aacute;s a la marquesa. Sin duda las cosas
+importunas dichas por Bou al visitar las salas hab&iacute;an ofendido a la
+joven, que se supon&iacute;a heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Est&aacute; usted enojada conmigo por las tonter&iacute;as que he dicho? &iquest;Se ha
+resentido usted?...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora neg&oacute; con la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Ya s&eacute;, ya s&eacute;!&raquo;&mdash;exclam&oacute; &eacute;l con regocijo, variando de pensamientos.</p>
+
+<p>Crey&oacute; penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga.
+Hab&iacute;a entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel
+d&iacute;a los ahogos pecuniarios hab&iacute;an llegado a su mayor grado, y la infeliz
+e interesante joven se ve&iacute;a amenazada de un conflicto grave. &iexcl;Oh! &iexcl;Qu&eacute;
+bella ocasi&oacute;n se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral
+que ha tiempo meditaba! &iexcl;Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento
+pod&iacute;a atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola,
+hemisferios diversos de un solo mundo infinito.</p>
+
+<p>Algo hab&iacute;a en el lugar solitario y recogido, as&iacute; como en la pena de
+Isidora, que le incit&oacute; a no retardar m&aacute;s tiempo su generosa resoluci&oacute;n.
+&iexcl;Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le hab&iacute;a parecido
+hermosa, en aquella le pareci&oacute; punto menos que sobrenatural, engalanada
+con la divina expresi&oacute;n de su pena. L&aacute;stima y amor juntos, &iexcl;qu&eacute; poder
+tan grande sois!</p>
+
+<p>&laquo;Isidora, Isidora&raquo;&mdash;dijo balbuciente la hidra sin hiel.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se call&oacute; por alg&uacute;n tiempo. Pas&oacute; un cuarto de hora, que fue para
+&eacute;l un cuarto de siglo. Deshaci&eacute;ndose todo en un suspiro colosal, volvi&oacute;
+a decir: &laquo;Isidora&raquo;.</p>
+
+<p>Esta le mir&oacute; sin hablarle, fijando en la cicl&oacute;pea catadura de Bou sus
+ojos empa&ntilde;ados por las l&aacute;grimas. Bou sinti&oacute; que su coraz&oacute;n se part&iacute;a en
+una porci&oacute;n de pedazos, y se expres&oacute; as&iacute; con acongojada voz:</p>
+
+<p>&laquo;Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar
+las m&iacute;as. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a
+usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, con su penetraci&oacute;n admirable, comprendi&oacute; todo. Tuvo una visi&oacute;n.
+Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le
+lam&iacute;a las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo
+alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al
+allanamiento de las moradas aristocr&aacute;ticas por la irritada y siempre
+sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas
+las clases, el fiero populacho quer&iacute;a infamar las grandes razas
+emparent&aacute;ndose con ellas.</p>
+
+<p>&laquo;Mis intenciones han sido siempre buenas&mdash;dijo el catal&aacute;n, que,
+imposibilitado de remontarse al drama, ca&iacute;a en la vulgaridad&mdash;. Primero
+me agrad&oacute; usted; despu&eacute;s me hizo so&ntilde;ar; h&iacute;zome pensar despu&eacute;s. Tornose
+esto en una necesidad del coraz&oacute;n, y como estoy solo, como no me gusta
+estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy
+trabajador, gano bastante y holgura... &iexcl;Desde que la vi a usted me gust&oacute;
+tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n ser&aacute;?...&raquo;. En fin,
+que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted...
+Vamos, ya lo dije... y <i>palante</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, estupefacta, no sab&iacute;a en qu&eacute; t&eacute;rminos responder. Ten&iacute;a que
+contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel b&aacute;rbaro le
+causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no deb&iacute;a
+recibir el desaire con crudeza y desv&iacute;o. Ella val&iacute;a infinitamente m&aacute;s
+que &eacute;l, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida pod&iacute;a
+hacerla inferior. &iexcl;En qu&eacute; vacilaci&oacute;n tan grande estaba! En su alma el
+asco era inseparable del agradecimiento. &iquest;C&oacute;mo contestarle y expresar en
+una frase el desprecio y la consideraci&oacute;n?... &iexcl;Que un ganso semejante se
+atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de
+palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... &iexcl;cu&aacute;n sencillo y
+generoso! Ofrec&iacute;a su mano con verdadera intenci&oacute;n y creencia firme de
+hacer un bien. &iexcl;Si el pobre no alcanzaba m&aacute;s; si era un zopenco; si
+ignoraba con qui&eacute;n hablaba...! Isidora busc&oacute; r&aacute;pidamente las frases m&aacute;s
+convenientes, y al fin dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Se&ntilde;or Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposici&oacute;n; yo le aprecio
+a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no
+admitir..., porque quiero a otro hombre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiere a otro hombre!&mdash;repuso con aturdimiento el lit&oacute;grafo&mdash;. Despu&eacute;s
+que nos casemos le olvidar&aacute; usted, y me querr&aacute; a m&iacute;. Yo soy muy bueno&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sonri&oacute;.</p>
+
+<p>&laquo;Yo soy bueno, aunque as&iacute;, al pronto, meto miedo, por estas ideas que
+tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me est&eacute; mal el
+decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de
+hablar tan tremendo. Eso s&iacute;, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre
+que valgo para cualquier cosa, y en Catalu&ntilde;a basta que yo me presente
+para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y
+gano; espero una herencia... No le faltar&aacute; a usted nada.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero a otro hombre&mdash;repiti&oacute; Isidora, creyendo que esta afirmaci&oacute;n daba
+a tan penoso asunto el corte brusco que m&aacute;s conven&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora&mdash;dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta&mdash;, &iquest;lloraba usted por
+ese...?&raquo;.</p>
+
+<p>La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el
+aborrecimiento de Juan a los m&aacute;s altos l&iacute;mites.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, s&iacute;; por &eacute;l&raquo;&mdash;repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se
+callaba el monstruo y la dejaba en paz.</p>
+
+<p>Y como se desgaja la pe&ntilde;a del monte y rodando cae al llano y aplasta y
+destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez,
+rodeado de muerte y silencio, as&iacute; se desprendi&oacute; del alma de Juan Bou su
+esperanza; rod&oacute;, hizo estrago, produjo c&oacute;lera y despecho; pero bien
+pronto todo qued&oacute; en aton&iacute;a dolorosa y muda. Miraba al suelo y su
+respiraci&oacute;n sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada
+rato est&aacute; m&aacute;s lejos. La c&oacute;lera fue instant&aacute;nea. Pas&oacute; dejando el
+abatimiento en el alma y la confusi&oacute;n en el cerebro del coloso. Y en el
+cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de
+un canto acompa&ntilde;ado de s&iacute;labas. &iquest;Por qu&eacute; esas m&uacute;sicas pegajosas, que
+toman posesi&oacute;n del o&iacute;do y de los labios, insisten en su fastidioso
+dominio cuando el alma azarada, despu&eacute;s de una cat&aacute;strofe, se desmaya en
+duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, s&iacute;, que entre el o&iacute;do, el cerebro
+y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que dec&iacute;a: <i>Los
+curas van alumbrando&mdash;el Miserere rezando</i>.</p>
+
+<p>Isidora hab&iacute;a secado sus l&aacute;grimas. Para poner fin a tan fastidiosa
+escena, lo mejor era marcharse.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no puedo detenerme m&aacute;s&raquo;&mdash;dijo andando lentamente hacia la puerta.</p>
+
+<p>Bou no contest&oacute; nada, ni hizo movimiento alguno.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Viene usted?&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, la mir&oacute; desconsolado. Isidora sinti&oacute; provocaci&oacute;n de risa,
+pero se contuvo.</p>
+
+<p>&laquo;Nos iremos&raquo;&mdash;dijo Bou levant&aacute;ndose con tanta pesadez, que parec&iacute;a
+haberse hecho de bronce.</p>
+
+<p>Isidora iba delante, &eacute;l detr&aacute;s, Salieron y bajaron sin decirse nada. En
+la puerta de la calle, el desairado amante manifest&oacute; que se quedar&iacute;a un
+rato m&aacute;s en casa de su hermana.</p>
+
+<p>&laquo;Me ha matado usted&mdash;dijo al despedir a la ingrata&mdash;. Creo que estoy malo.
+Maldita sea mi suerte&raquo;.</p>
+
+<p>Y cuando ella se alej&oacute;, el b&aacute;rbaro, mir&aacute;ndola desde el portal, pensaba
+cosas trist&iacute;simas y abominables. Sus pensamientos desencadenados
+brotaban en burbujas sueltas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... &iquest;Soy
+acaso un chisgarab&iacute;s, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?...
+Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan &uacute;til a la humanidad; yo que tengo
+estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: &iquest;Por qu&eacute; es tan guapa?... El
+demonio le hizo a ella la hermosura y a m&iacute; los ojos... &iexcl;Despreciarme a
+m&iacute;!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si
+el hombre no tuviera que nacer de ella, deber&iacute;a ser suprimida&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_Xa" id="Capitulo_Xa"></a>Cap&iacute;tulo X</h3>
+
+<p class="head">Las recetas de Miquis</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>D&iacute;a de prueba fue el siguiente. No s&oacute;lo estaban agotados todos los
+recursos, sino tambi&eacute;n todas las combinaciones para vencer los apuros
+del momento. No hab&iacute;a cr&eacute;dito, no hab&iacute;a materia pignorable. &iexcl;Oh
+situaci&oacute;n horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora,
+<i>Riqu&iacute;n</i> y D. Jos&eacute; ten&iacute;an hambre.</p>
+
+<p>Inspirado por la desesperaci&oacute;n, D. Jos&eacute; tuvo una idea, &iexcl;oh rasgo de
+humanidad y de amor! Se le ocurri&oacute; salir disfrazado a pedir limosna,
+seguro de encontrar almas generosas. No lleg&oacute; esto a efectuarse porque
+se opuso resueltamente Isidora. &iquest;Pero qu&eacute; har&iacute;an? &iquest;Pedir a Emilia? De
+ninguna manera. Antes acudir a la limosna. &iquest;A qui&eacute;n, a qui&eacute;n, &iexcl;Dios de
+mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades?</p>
+
+<p>Alguien se present&oacute; en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase
+para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos
+anticipos eran tales, que la joven los rechaz&oacute;, espantada. El loco amor
+al lujo y las comodidades eran los puntos d&eacute;biles de Isidora; su
+necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y
+castillos; pero no obstante estas desventajas, resist&iacute;a bati&eacute;ndose con
+el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza
+tom&oacute; en esto, que cort&oacute; los vuelos a la tentaci&oacute;n, diciendo: &laquo;Antes
+pedir&eacute; limosna&raquo;. &iexcl;Oh!, si Joaqu&iacute;n estuviese en Madrid, no pasar&iacute;a ella
+tan crueles angustias. Pero a Par&iacute;s, donde estaba, le hab&iacute;a escrito
+siete veces en tres meses sin obtener contestaci&oacute;n. Volv&iacute;ase con el
+pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que,
+cercano a las llamas, busca un escape, un sost&eacute;n, una cuerda... &iexcl;Ah,
+cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una
+persona, y la esperanza riel&oacute; en la superficie de su ennegrecido
+esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Era de noche. Al d&iacute;a siguiente pondr&iacute;a en ejecuci&oacute;n su pensamiento. Por
+fortuna, D. Jos&eacute; hab&iacute;a tenido la inmensa suerte de encontrar aquella
+tarde a un bondadoso amigo que le facilit&oacute; la cantidad precisa para un
+mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habr&iacute;a con qu&eacute;
+desayunarse a la venidera ma&ntilde;ana, pas&oacute; tranquila la noche. A las once
+del siguiente d&iacute;a llamaba a una puerta.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Est&aacute; el doctor Miquis?&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; suerte! Estaba. Pas&oacute; la joven al despacho, y all&iacute;, sola con el
+m&eacute;dico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su coraz&oacute;n,
+rompi&oacute; a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar,
+preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no pod&iacute;a decir m&aacute;s que
+esto, que repiti&oacute; tres veces:</p>
+
+<p>&laquo;Dame de comer y no me toques&raquo;.</p>
+
+<p>Augusto se puso serio, comprendiendo que la situaci&oacute;n de su amiga no era
+para tratada en broma. Hablaron. &Eacute;l, aunque joven, ten&iacute;a el arte de la
+interrogaci&oacute;n, y ella comprend&iacute;a cu&aacute;n ventajosas le ser&iacute;an la
+espontaneidad y franqueza. As&iacute;, al cuarto de hora de confesi&oacute;n, ya
+Miquis sab&iacute;a los &uacute;ltimos episodios de la vida de ella, el viaje al
+Escorial, la penuria, la declaraci&oacute;n de Bou, las proposiciones de
+aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formul&oacute;
+Isidora la s&iacute;ntesis de su problema, diciendo: &laquo;&iquest;Qu&eacute; debo hacer para
+poder vivir?&raquo;, Miquis se qued&oacute; en silencio un buen rato, y despu&eacute;s le
+contest&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;No te apures, no te apures. Veremos. Est&aacute;s enferma, est&aacute;s llagada. Tu
+mal es ya profundo, pero no incurable&raquo;.</p>
+
+<p>La inspiraci&oacute;n brot&oacute; en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugiri&oacute;
+una idea, y con la idea estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora llen&oacute; el despacho con un suspiro. Era el quejido de su
+enfermedad, ya extendida y profunda.</p>
+
+<p>&laquo;Manos a la obra&mdash;dijo Augusto con gran solemnidad&mdash;. &iquest;Quieres que te
+cure? Responde &iquest;s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: &iquest;Est&aacute;s dispuesta a ponerte a mis &oacute;rdenes, y a hacer
+ciegamente lo que yo te mande?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;replic&oacute; ella con ansiedad doliente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me mandas al campo?</p>
+
+<p>&mdash;No... Mejor dicho, s&iacute;, te mando a un valle urbano&raquo;.</p>
+
+<p>Y llev&aacute;ndola al balc&oacute;n, le mostr&oacute; la casa de enfrente. En el piso bajo
+ve&iacute;anse unas rejas, por entre cuyos hierro sal&iacute;an matas de tiestos,
+colocados dentro en una tabla. La casa hac&iacute;a esquina, y el cuarto bajo a
+que correspond&iacute;an las rejas ten&iacute;a por la otra calle una tienda con dos
+vitrinas. Pero esto no se ve&iacute;a desde el balc&oacute;n de Miquis, aunque se
+adivinaba, mirando un r&oacute;tulo que en &aacute;ureas letras dec&iacute;a: <i>Casta&ntilde;o,
+ortopedista</i>. Otra grande y aparatosa muestra, colgada m&aacute;s arriba, en el
+piso principal de la misma casa, dec&iacute;a: <i>Eponina, modista</i>. Como Isidora
+la mirase, d&iacute;jole Miquis:</p>
+
+<p>&laquo;Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que
+est&aacute; abajo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; Ah&iacute; viven Emilia y Juan. &iexcl;Qu&eacute; felices son!</p>
+
+<p>&mdash;Pues en esa casa, en ese establecimiento salut&iacute;fero vas a vivir desde
+ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Si vieras qu&eacute; envidia les tengo! Pero no, no me admitir&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te negar&aacute;n ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo al
+mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces t&uacute; les pedir&aacute;s que me admitan...</p>
+
+<p>&mdash;Hoy mismo; pero ya comprender&aacute;s que les he de responder de tu buena
+conducta. Cuidado...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz...</p>
+
+<p>&mdash;Bien&mdash;dijo Miquis, retir&aacute;ndose del balc&oacute;n&mdash;. Ahora viene lo mejor. Una
+vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de
+nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu
+esp&iacute;ritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el
+valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te
+administre una infusi&oacute;n de principios morales, para lo cual, como tu
+estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. &iexcl;Oh! &iexcl;Si tuvieras
+buena voluntad...!</p>
+
+<p>&mdash;La tendr&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora viene lo gordo, hija. Despu&eacute;s de entonarte, paso a recetarte el
+gran em&eacute;tico, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la
+tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo
+y regenerarte por completo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es la medicina?</p>
+
+<p>&mdash;Pues que te cases con Juan Bou&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso
+una cara..., &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; cara!</p>
+
+<p>&laquo;Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. &iquest;No has o&iacute;do
+decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la
+vida?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; lo he o&iacute;do; pero te dir&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Pues considera si en tu situaci&oacute;n puede haber para ti fortuna mayor que
+el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas un
+Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa una
+mirada atr&aacute;s, otra delante, y di si mi medicamento no est&aacute; perfectamente
+indicado.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; si ser&aacute; eficaz o no&mdash;dijo Isidora con tristeza y confusi&oacute;n&mdash;.
+Podr&aacute; serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuesti&oacute;n de
+matrimonio, el gusto y el amor son lo primero...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un
+monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de
+sus bravatas, tiene el coraz&oacute;n m&aacute;s bondadoso y tierno del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo s&eacute;...; pero... quita all&aacute;, por la Virgen Sant&iacute;sima; yo no
+ser&eacute; su mujer. No lo pienses... Este caso m&iacute;o no es como otros
+casos&mdash;dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento
+expresase la convicci&oacute;n firm&iacute;sima de su alma&mdash;. Para juzgar las cosas
+conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada m&aacute;s que lo que
+parezco, la cosa no ten&iacute;a duda; pero t&uacute; bien sabes que sostengo un
+pleito de filiaci&oacute;n con una familia poderosa; t&uacute; debes considerar que el
+mejor d&iacute;a gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y
+a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son m&iacute;os y me
+pertenecen. Pues bien, &iquest;te parece bonito que al tomar posesi&oacute;n de mi
+casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me
+luc&iacute;a... Miquis, t&uacute; est&aacute;s lelo: yo no s&eacute; d&oacute;nde tienes el talento, cuando
+dices ciertas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiol&oacute;gico que me
+trae a la memoria otra de las m&aacute;s importantes medicinas que te voy a
+recetar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una ense&ntilde;anza
+primaria; despu&eacute;s sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por
+&uacute;ltimo viene la extirpaci&oacute;n del c&aacute;ncer, que es la idea del marquesado&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora cre&iacute;a escuchar el mayor de los insultos.</p>
+
+<p>&laquo;Si de ese modo quieres curarme&mdash;dijo con altivez&mdash;, renuncio a tus
+medicinas.</p>
+
+<p>&mdash;Entend&aacute;monos&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Miquis rectificando&mdash;. Si tus derechos no son una
+farsa, si hay algo de serio y leg&iacute;timo en eso, enhorabuena que siga
+adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la
+idea de ocupar una posici&oacute;n superior, que no vivas anticipadamente en
+ella con la imaginaci&oacute;n, sino que tengas paciencia y reposo de
+esp&iacute;ritu... &iquest;Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y
+sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en
+que todos vivimos. &iquest;No quieres? &iquest;No aceptas mi plan?</p>
+
+<p>&mdash;No lo acepto, no&mdash;dijo Isidora de muy mal humor&mdash;. Es un plan tonto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah mimosa! &iquest;Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebeld&iacute;a? Pues
+no tenerte l&aacute;stima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra com&uacute;n
+en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu
+deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabar&aacute;s en
+un hospital.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, me agrada eso. O en lo m&aacute;s alto o en lo m&aacute;s bajo. No me gustan
+t&eacute;rminos medios.</p>
+
+<p>&mdash;Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... &iquest;Conque quedamos
+en eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como
+incurable y hacerte el amor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; disparates dices!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;V&aacute;monos al Retiro?... &iquest;Te acuerdas de aquellos pase&iacute;tos, del Museo, de
+las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos?</p>
+
+<p>&mdash;Bien me acuerdo... D&eacute;jate de tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te dec&iacute;a. No habr&aacute;
+aquello de &laquo;me caso contigo&raquo;. Entonces te lo dec&iacute;a; pero no pensaba
+hacerlo, no creas...</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo supon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y la verdad es que me gustabas much&iacute;simo!... Y si he de serte franco,
+cre&iacute;a hacer contigo la gran conquista. Yo quer&iacute;a acreditarme entre mis
+compa&ntilde;eros, y dec&iacute;a para m&iacute;: &laquo;Esta no se me escapa.&raquo; &iexcl;Y qu&eacute;
+traidoramente se me escap&oacute;! Hoy nos encontramos otra vez. T&uacute;, despu&eacute;s de
+dar mil vueltas, vienes a m&iacute;... Pues mira, simplona, te juro que en este
+momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los
+puntos..., y si no fuera por esta...&raquo;.</p>
+
+<p>Se levant&oacute;, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostr&oacute; a
+Isidora.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah!, tu novia... Ya s&eacute; que te casas pronto, maul&oacute;n. &iquest;Sabes que no vale
+nada?</p>
+
+<p>&mdash;Te pego si lo vuelves a decir. Vale m&aacute;s que t&uacute;. No es muy guapa; pero
+es un &aacute;ngel.</p>
+
+<p>&mdash;Si no vale dos cominos&mdash;dijo Isidora ri&eacute;ndose descaradamente ante el
+retrato.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; entiendes t&uacute; de eso? Esta, esta que ves aqu&iacute; es mi salvaguardia
+contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta,
+&iquest;la ves bien?, por esta con quien me casar&eacute; el lunes, Dios mediante, me
+libro del peligro de tenerte ante m&iacute;, y me hago un se&ntilde;or h&eacute;roe, y
+atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo,
+aunque no quieras... Esta tarde misma hablar&eacute; con Emilia, y ma&ntilde;ana te
+ir&aacute;s a vivir con esa gente, para que aprendas, v&iacute;bora, para que veas,
+pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien&raquo;.</p>
+
+<p>A cada frase daba un paso hacia ella, amenaz&aacute;ndola con el retrato. Ya
+Isidora se hab&iacute;a serenado bastante, y no ve&iacute;a las cosas tan t&eacute;tricamente
+como antes. &Eacute;l, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de m&eacute;dico,
+el &eacute;nfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradaci&oacute;n r&aacute;pida, el Miquis
+de anta&ntilde;o, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrer&iacute;a
+metaf&oacute;rica y su coraz&oacute;n repleto de bondad.</p>
+
+<p>&laquo;No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas&mdash;dijo Isidora
+repentinamente&mdash;. &iquest;Me las dejas escribir aqu&iacute;, en tu mesa?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, &aacute;ngel ponzo&ntilde;oso&raquo;&mdash;contest&oacute; Augusto, en cuya alma reto&ntilde;aban
+devaneos estudiantiles.</p>
+
+<p>Precipitadamente sac&oacute; papel, sobres. Isidora se sent&oacute; en el sill&oacute;n de la
+mesa de despacho, &eacute;l la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la
+joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se
+paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con
+expresi&oacute;n entremezclada de asombro y miedo, diciendo para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin d&aacute;rteme a
+conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cart&oacute;n que se
+llama severidad de principios&raquo;.</p>
+
+<p>Y volvi&oacute; al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar.</p>
+
+<p>&laquo;Pero si me caso el lunes, y hoy es mi&eacute;rcoles... &iexcl;En qu&eacute; ocasi&oacute;n se le
+ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre,
+<i>homo sapiens de Linneo</i>, no te deslices, coge una piedra y date con
+ella en el pecho como San Jer&oacute;nimo. Honradez, tienes cara de perro...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora dej&oacute; de escribir, poniendo la pluma a un lado.</p>
+
+<p>&laquo;Voy a descansar un ratito.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto...
+Est&aacute;s en tu casa...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya pod&iacute;as haber puesto
+ese esqueleto en otra parte. &iexcl;Qu&eacute; horror!</p>
+
+<p>&mdash;Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n ser&iacute;an esos pobres huesos?...</p>
+
+<p>&mdash;Son de mujer. Quiz&aacute;s una tan hermosa como t&uacute;... M&iacute;rate en ese espejo.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. &iexcl;Y cu&aacute;nto librote! A
+ver. &iexcl;Jes&uacute;s, que t&iacute;tulos! Todo Medicina. &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima de dinero empleado
+en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque t&uacute; no sabes nada,
+Miquis; eres un ignorante, un tonto.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s est&aacute;s diciendo la m&aacute;s profunda verdad que ha salido de esos
+labios, de esas envenenadas rosas. S&iacute;, soy un mentecato. Desprecia a
+Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permiti&oacute; que ese tesoro
+fuera para todos menos para &eacute;l. El simple y desventurado Miquis ha sido
+un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su
+lado pas&oacute;, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la
+vida, y Miquis volvi&oacute; los ojos para contemplar embebecido, &iexcl;ay!, la
+rugosa faz de los catedr&aacute;ticos. La ocasi&oacute;n de vivir, de gozar, de ver
+cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias
+veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en
+toda ocasi&oacute;n hermosa, se iba a descuartizar cad&aacute;veres... &iexcl;Y este Miquis
+se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud
+y entra en la madurez de la vida, en el r&eacute;gimen, en la rutina y m&eacute;todo!
+Para &eacute;l se acab&oacute; lo imprevisto; se acabar&aacute;n los deliciosos disparates.
+&iexcl;Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro,
+amas de cr&iacute;a. Terrible cosa es recibir el adi&oacute;s a la libertad, y ver la
+espalda a la juventud fugitiva. &iexcl;Bienaventurados los chiquillos, porque
+de ellos es la vida!</p>
+
+<p>&mdash;Tienes una bonita casa&mdash;dijo Isidora sin hacerle caso&mdash;. &iquest;Cu&aacute;nto te
+cuesta?</p>
+
+<p>&mdash;A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. &iquest;Han concluido tus
+cartas?</p>
+
+<p>&mdash;Voy a concluirlas&raquo;.</p>
+
+<p>Y &eacute;l volvi&oacute; a pasearse y a mirarla... &iexcl;Qu&eacute; hermosa estaba! &iquest;Qui&eacute;n lo
+met&iacute;a a &eacute;l a moralista ni a redentor de samaritanas? Solt&oacute; una carcajada
+en lo rec&oacute;ndito de su ser, all&iacute; donde su alma contemplaba at&oacute;nita la
+imagen de la ocasi&oacute;n. &laquo;Pero me caso el lunes, el lunes...&raquo;. Mir&oacute; el
+retrato de su novia...</p>
+
+<p>De pronto suena la campanilla, entra un se&ntilde;or y pasa a la sala... Es el
+pap&aacute; de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene.
+Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una
+hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la
+fundaci&oacute;n de la Penitenciar&iacute;a para j&oacute;venes delincuentes.</p>
+
+<p>Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Est&aacute; aturdido; la
+visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una
+paliza; pero est&aacute; fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa.
+Est&aacute; p&aacute;lida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del
+pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qu&eacute; comer aquella tarde.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Cu&aacute;nto has tardado! Es pesadito ese se&ntilde;or. En fin, amigo, yo siento
+molestarte. Acu&eacute;rdate de lo que te dije al entrar&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis hace una r&aacute;pida exploraci&oacute;n en su alma, encuentra en ella alg&uacute;n
+desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. &laquo;Soy un hombre
+sublime&mdash;dice para s&iacute;&mdash;, un hombre de honor y de caridad, soy tambi&eacute;n un
+hombre que se casa el lunes&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora le hab&iacute;a dirigido al entrar una s&uacute;plica angustiosa, elocuente
+expresi&oacute;n salida de los m&aacute;s sagrados senos del alma humana. Juntando el
+quejido de la necesidad a la s&uacute;plica del pudor, Isidora le hab&iacute;a dicho:
+&laquo;Dame de comer y no me toques&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magn&aacute;nimo coraz&oacute;n le
+dice:</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana estar&aacute;s en casa de Emilia&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>La admitieron. &iexcl;Tanto pesaba en aquella casa la recomendaci&oacute;n de Miquis,
+que hab&iacute;a salvado del <i>croup</i> al ni&ntilde;o mayor, y de los peligros de la
+dentici&oacute;n al m&aacute;s peque&ntilde;o!</p>
+
+<p>Ya sabe el lector c&oacute;mo Emilia de Relimpio se cas&oacute; con su primo, el hijo
+del ortop&eacute;dico, que llamaba <i>cl&aacute;usulas</i> a las c&aacute;psulas; matrimonio
+degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.&ordf;
+Laura; pero muy natural, proporcionado y acertad&iacute;simo, siempre que la
+interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral
+y pr&aacute;ctico. Juan Jos&eacute; Casta&ntilde;o era tan h&aacute;bil como su padre, y le superaba
+en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte
+ortop&eacute;dico. Sosten&iacute;a el cr&eacute;dito del establecimiento y ganaba mucho
+dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es
+una vieja m&aacute;quina que se desvencija y deshace, hall&aacute;ndose cada d&iacute;a m&aacute;s
+necesitada de remiendos y puntales, o ll&aacute;mense muletas, cabestrillos,
+fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos
+dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y
+alguien echa la culpa a las armas de precisi&oacute;n; pero, cualquiera que sea
+la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como
+el de la Artiller&iacute;a. Son dos ciencias complementarias como la Filosof&iacute;a
+y el Alienismo.</p>
+
+<p>En su pac&iacute;fica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente
+coraz&oacute;n, se hab&iacute;a curado de aquellas tonter&iacute;as de aparentar y suponerse
+persona encumbrada. No volvi&oacute; a ponerse sombrero m&aacute;s que cuando iba de
+viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las ni&ntilde;as de Pez, las
+cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las ni&ntilde;as de
+los duques de Tal. Pose&iacute;a un s&oacute;lido bienestar; ella, su marido y sus
+hijos satisfac&iacute;an plenamente sus necesidades, y de a&ntilde;adidura ten&iacute;an
+buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y adem&aacute;s, como
+perspectiva risue&ntilde;a, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que
+el viejo guardaba. En suma, Emilia hab&iacute;a tomado un magn&iacute;fico sitio en el
+anfiteatro de la vida, donde tantos est&aacute;n en pie o p&eacute;simamente sentados.
+Su marido era sencillo, bueno, cari&ntilde;oso, sin m&aacute;s defecto que el querer
+hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en
+ri&ntilde;a con sus oficiales.</p>
+
+<p>Por m&aacute;s que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no
+pod&iacute;a remediar que le fueran antip&aacute;ticos el establecimiento, la tienda,
+llena de fe&iacute;simos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus
+oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuos&iacute;sima, modelo de
+dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un
+cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller.</p>
+
+<p>Este juicio no exclu&iacute;a el agradecimiento que ten&iacute;a a Juan Jos&eacute; y a
+Emilia. &iexcl;Insigne m&eacute;rito y bondad hab&iacute;a en ellos al admitirla, cuando, si
+la despreciaran, estaban en su derecho! Y v&eacute;ase aqu&iacute; la eficaz
+influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro d&iacute;as de estar all&iacute;,
+el esp&iacute;ritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad
+placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de
+los feos objetos, y notaba en s&iacute; una tranquilidad, un gozo que hasta
+entonces le fueron desconocidos. <i>Riqu&iacute;n</i> hizo tan buenas migas con los
+dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo
+el santo d&iacute;a lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e
+inventando diabluras. Don Jos&eacute; era el que parec&iacute;a menos feliz. Estaba
+triste, seg&uacute;n dec&iacute;a, por la falta de ocupaci&oacute;n. Casta&ntilde;o, que no
+necesitaba tenedur&iacute;as, le emple&oacute; en llevar recados y cobrar cuentas;
+pero aunque el buen se&ntilde;or desempe&ntilde;aba estos encargos con docilidad, bien
+se le conoc&iacute;a que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a
+Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese
+menester.</p>
+
+<p>Miquis sol&iacute;a pasar por all&iacute;, pero estaba muy poco tiempo. Como viv&iacute;a
+enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hac&iacute;an
+re&iacute;r a Isidora, a Emilia y al mismo D. Jos&eacute; taciturno. He aqu&iacute; una
+muestra:</p>
+
+<p>&laquo;R&Eacute;CIPE.&mdash;<i>Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de m&aacute;quinas
+de coser, c. s. M&eacute;zclese y ag&iacute;tese s. a. Para tomar a todas horas.</i></p>
+
+<p>DOCTOR MIQUIS&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ves?&mdash;dec&iacute;a Emilia, riendo&mdash;. Te manda que trabajes y me ayudes a coser
+en la m&aacute;quina. Este Miquis es lo m&aacute;s salado... &iexcl;Y qu&eacute; raz&oacute;n tiene!
+Ocuparte en algo es lo que m&aacute;s te conviene. Cuando se pone la atenci&oacute;n
+en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonter&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>Bien lo comprend&iacute;a la enferma; as&iacute;, desde el primer d&iacute;a empez&oacute; a
+adiestrarse en la soberbia m&aacute;quina de Singer que Emilia pose&iacute;a. &iexcl;Bien,
+bien! Con un poco de aplicaci&oacute;n llegar&iacute;a a dominarla. Al siguiente, otro
+papelito:</p>
+
+<p>&laquo;R&Eacute;CIPE.&mdash;<i>De la infusi&oacute;n de ra&iacute;z del olvido, 25 gramos. De esencia de
+modestia, 7 toneladas. Disu&eacute;lvase en agua de goma, a&ntilde;&aacute;dase la
+ipecacuana, o sea Juan Bou, y h&aacute;ganse 40.000 p&iacute;ldoras para tomar una
+cada segundo, con observaci&oacute;n.</i></p>
+
+<p>DOCTOR MIQUIS.</p>
+
+<p><i>Nota</i>. El cual entra ma&ntilde;ana en capilla. Cantad la salve de los presos&raquo;.</p>
+
+<p>Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente
+lecci&oacute;n contenida en ellas. Hizo prop&oacute;sito firme de trabajar, de poner
+en olvido ciertas cosas, originarias de su perdici&oacute;n, y de acortar los
+orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareci&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa
+para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se d&eacute; un
+atrac&oacute;n de lectura. Le recomiendo el <i>Bertoldo</i>, el <i>A&ntilde;o cristiano</i> o
+las <i>P&aacute;ginas de la Infancia</i>. Adi&eacute;strese en contar para que se
+familiarice con las cantidades. En esto le podr&aacute; servir el &aacute;guila de
+Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a
+la enferma que si va Juan Bou (<i>alias</i> Ipecacuana), le reciba con
+amabilidad. El pobre est&aacute; triste, aunque espera una herencia.</p>
+
+<p>&raquo;<i>Nota</i>. El pat&iacute;bulo de miel est&aacute; armado en la capilla de los
+Desamparados. Orad por Miquis&raquo;.</p>
+
+<p>Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. &iexcl;Qu&eacute;
+algazara! Los tres chicos corrieron hacia &eacute;l, y mientras uno se le
+colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le
+aclamaban como si el joven doctor fuera el m&aacute;s divertido de los
+juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le
+felicitaban, ya le hac&iacute;an burla, mientras &eacute;l, tan pronto hac&iacute;a el
+paneg&iacute;rico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subi&oacute;
+luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la c&eacute;lebre modista
+Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda,
+que en pocos a&ntilde;os hab&iacute;a hecho gran clientela. La vecindad fue causa de
+que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la
+francesa a casa del ortopedista, y otras los de Casta&ntilde;o sub&iacute;an al taller
+de modas. Isidora ya ten&iacute;a conocimiento con Eponina, porque esta le hizo
+algunos vestidos en los pr&oacute;speros tiempos botinescos. Conocedora Eponina
+del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta sub&iacute;a mostr&aacute;bale sus
+galanas obras, pidi&eacute;ndole parecer, de lo que Isidora recib&iacute;a mucho
+gusto, si bien este se desvanec&iacute;a con el desconsuelo de ver tantas cosas
+ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el
+cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, ca&iacute;a en
+profunda tristeza...</p>
+
+<p>De esta manera pasaron algunos d&iacute;as. Miquis les envi&oacute; los dulces de la
+boda, acompa&ntilde;ados de estos renglones:</p>
+
+<p>&laquo;Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso ata&uacute;d de la luna de
+miel, el inmolado Miquis saluda a los se&ntilde;ores de Casta&ntilde;o y a la se&ntilde;ora
+de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha
+contravenido mis prescripciones higi&eacute;nicas, remont&aacute;ndose al taller de
+madama Eponina, y prob&aacute;ndose varios vestidos de baile para ver su buen
+efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el
+alejamiento absoluto de los centros miasm&aacute;ticos. En los ratos que tenga
+libres, ded&iacute;quese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou,
+para lo cual dicho se est&aacute; que ha de emplear dos varas de ca&ntilde;amazo. Eso
+no importa. Yo regalo el ca&ntilde;amazo y las lanas. La enferma ir&aacute; a
+convalecer a la sombra del &aacute;rbol de la Ipecacuana, ese &aacute;rbol milagroso,
+se&ntilde;oras, que est&aacute; plantado en la litograf&iacute;a de la calle de Juanelo, y
+que ans&iacute;a estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien
+reyes.&mdash;Saluda a todos el m&aacute;s novel de los maridos y el m&aacute;s feliz de los
+m&eacute;dicos.&mdash;MIQUIS&raquo;.</p>
+
+<p>Ya no se re&iacute;a Isidora de las cartas y recetas. Desde el d&iacute;a anterior
+estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Casta&ntilde;o
+la repentina tristeza de su amiga a que se ve&iacute;a apremiada por el
+procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con
+habilidad; mas ninguna explicaci&oacute;n categ&oacute;rica pudieron obtener de su
+taciturna melancol&iacute;a. Un accidente hab&iacute;an notado que les hizo caer en
+desagradables sospechas: D. Jos&eacute;, al volver de la calle, habl&oacute; en
+secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y
+tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos
+notaron que Relimpio sal&iacute;a y entraba con frecuencia, como si trajera y
+llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente
+palabras breves y cautelosas. Cuatro d&iacute;as pasaron as&iacute;, cuando Isidora
+sali&oacute; para ir, seg&uacute;n dijo, a casa de su procurador, y como al otro d&iacute;a y
+al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron
+en creer que Isidora no merec&iacute;a la caritativa hospitalidad que le hab&iacute;an
+dado.</p>
+
+<p>Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. Jos&eacute; fortalec&iacute;a de
+tal modo su discreci&oacute;n, que en esta no hallaba el m&aacute;s breve resquicio la
+curiosidad de su hija. &iexcl;Jos&eacute;, eres una alhaja!</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Y en tanto, excesivamente distra&iacute;da de sus trabajos, Isidora visitaba
+con frecuencia el taller de Eponina, y all&iacute; se encantaba contemplando
+los magn&iacute;ficos vestidos, entre los cuales a la saz&oacute;n hab&iacute;a tres de
+baile. Eran para una joven condesa que ten&iacute;a la misma estatura y talle
+de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el
+efecto. &iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima!... P&uacute;sose el primero; estaba encantadora.
+P&uacute;sose el segundo. &iexcl;Oh, arrebataba! El tercero..., &iexcl;Cristo!, el tercero
+ca&iacute;a tan bien a su cuerpo y figura, que s&oacute;lo la idea de tener que
+quit&aacute;rselo le daba escalofr&iacute;os. Contemplose en el gran espejo,
+embelesada de su hermosura... All&iacute;, en el campo misterioso del cristal
+azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que
+hab&iacute;a algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro
+de la noche. Isidora encontraba mundos de poes&iacute;a en aquella reproducci&oacute;n
+de s&iacute; misma. &iexcl;Qu&eacute; dir&iacute;a la sociedad si pudiera gozar de tal imagen!
+&iexcl;C&oacute;mo la admirar&iacute;an, y con qu&eacute; entusiasmo hab&iacute;an de celebrarla las
+lenguas de la fama! &iexcl;Qu&eacute; hombros, qu&eacute; cuello, qu&eacute;... todo! &iquest;Y tantos
+hechizos hab&iacute;an de permanecer en la obscuridad, como las perlas no
+sacadas del mar? No, &iexcl;absurdo de los absurdos! Ella era noble por su
+nacimiento, y si no lo fuera, bastar&iacute;a a darle la ejecutoria su gran
+belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpat&iacute;as por toda cosa
+elegante y superior.</p>
+
+<p>Queda, pues, sentado que era noble. &iquest;Por qu&eacute; no era suyo, sino prestado,
+aquel traje, y hab&iacute;a que quit&aacute;rselo en seguida, sin poder siquiera, como
+los c&oacute;micos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina
+verdadera. Se miraba y se volv&iacute;a a mirar sin hartarse nunca, y giraba el
+cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qu&eacute;, &iquest;iba a entrar
+realmente en el sal&oacute;n de baile? Su mentirosa fantas&iacute;a, excit&aacute;ndose con
+enfermiza violencia, remedaba lo aut&eacute;ntico hasta el punto de enga&ntilde;arse a
+s&iacute; misma.</p>
+
+<p>De repente oy&eacute;ronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala
+inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis.</p>
+
+<p>&laquo;Pase usted, doctor&mdash;dijo la modista&mdash;, y ver&aacute; usted cosa buena. Usted no
+estorba nunca&raquo;.</p>
+
+<p>Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo hac&iacute;a que no pagaba al
+m&eacute;dico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista.
+Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente
+con Augusto, y le permit&iacute;a entrar en su taller a todas horas y bromear
+con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turb&oacute; un momento. Despu&eacute;s
+se ech&oacute; a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Te asombra de verme vestida de baile?&mdash;le dijo&mdash;. S&eacute; que me has de
+re&ntilde;ir; pero, vamos, s&eacute; franco. &iquest;Estoy bien as&iacute;, s&iacute; o no?&raquo;.</p>
+
+<p>Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su
+sorpresa y embeleso, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;s..., no ya hermosa, ni guapa, sino... &iexcl;divina!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que te he hecho til&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;A un ahorcado no se le hace til&iacute;n tan f&aacute;cilmente; pero... Abismo de
+flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello...
+Pero no, &iexcl;fuera simplezas! El m&eacute;dico, el m&eacute;dico es el que habla ahora&raquo;.</p>
+
+<p>Y esgrimi&oacute; el bast&oacute;n ante la imagen hechicera de la dama vestida de
+baile.</p>
+
+<p>&laquo;Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te
+salvar&aacute;s, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntese usted, Augusto; deje usted el sombrero&raquo;&mdash;dijo Eponina con
+melosa urbanidad.</p>
+
+<p>Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, despu&eacute;s en otra,
+luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma.</p>
+
+<p>&laquo;Pues mira&mdash;le dijo Isidora con cierto descaro&mdash;, no me ri&ntilde;as, porque con
+tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de curar, ni
+quiero curarme.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute; que no quieres. &iquest;Piensas que no estoy enterado de tus malos
+pasos de estos d&iacute;as? A los m&eacute;dicos no se nos escapa nada. &iquest;Quieres que
+te lo cuente?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se turb&oacute; otra vez.</p>
+
+<p>&laquo;Pues oye: la semana pasada lleg&oacute; de Francia Joaqu&iacute;n Pez en el estado
+m&aacute;s deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han
+ca&iacute;do encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle
+m&aacute;s y le ha echado de su casa...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, es verdad&mdash;dijo la de Rufete con emoci&oacute;n, prepar&aacute;ndose a
+derramar l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para
+luchar con su destino, ha recurrido a ti. S&eacute; que te ha buscado; que te
+mand&oacute; un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, &iquest;s&iacute; o
+no?</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha refugiado en una miserable casa de hu&eacute;spedes donde no hay m&aacute;s que
+toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace
+cuatro d&iacute;as; has ido despu&eacute;s varias veces... Lo s&eacute; por el ama de la
+casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis m&aacute;s
+desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qu&eacute; pasos das
+y entre qu&eacute; gente vas a meterte.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad lo que has dicho. &iquest;C&oacute;mo es que todo lo sabes y todo lo
+averiguas?&mdash;dijo Isidora, rompiendo a llorar&mdash;. Augusto, ten compasi&oacute;n de
+m&iacute;. No, no me digas cosas... &Eacute;l est&aacute; perseguido, huye de la justicia, y
+ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece
+seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me
+ri&ntilde;as a m&iacute; porque no he querido abandonarle en la desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;Perd&oacute;neme usted, amiguita&mdash;indic&oacute; Eponina con bondad&mdash;, me va usted a
+estropear el vestido; me lo est&aacute; usted mojando con sus l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;Me lo quitar&eacute;&mdash;replic&oacute; Isidora haciendo un gesto de ni&ntilde;a mimosa&mdash;.
+Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje&raquo;.</p>
+
+<p>Alejose un rato el m&eacute;dico. Cuando volvi&oacute;, ya Isidora hab&iacute;a tomado su
+forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: &laquo;Ya tengo
+otra vez la librea de la miseria&raquo;.</p>
+
+<p>Eponina sali&oacute;, dej&aacute;ndolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia
+Miquis, y cruzando las manos delante de &eacute;l, le dijo con acento de
+intenso dolor:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Amigo, estoy desesperada!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes?&mdash;le pregunt&oacute; &eacute;l, sintiendo ante aquella pena y aquellas
+l&aacute;grimas una cobard&iacute;a dulce.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces
+hace tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Bueno yo?...&mdash;dijo Augusto con iron&iacute;a&mdash;. A ver, &iquest;qu&eacute; quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Necesito..., &iquest;tendr&eacute; que dec&iacute;rtelo?..., necesito dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Ya...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no puedo estar as&iacute;. V&aacute;yanse al diablo tus recetas. Te dir&eacute;..., yo
+quiero vivir y esto no es vivir.</p>
+
+<p>&mdash;Dinero para el Pez.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; lo necesito para mi procurador y para m&iacute;. Estoy vestida de
+harapos... No me ri&ntilde;as, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la
+vida. S&eacute; que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qu&eacute; s&eacute; yo... No
+entiendo tus medicinas. Te dir&eacute;... Dios no quiere favorecerme, Dios me
+persigue, me ha declarado la guerra...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pill&iacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero ir por los buenos caminos, y &Eacute;l no me deja&mdash;prosigui&oacute; Isidora
+con tanta agitaci&oacute;n que parec&iacute;a demente&mdash;. Veremos si al fin me favorece.
+Te dir&eacute;...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando lo gane,
+tomar&eacute; posesi&oacute;n de mi casa... Mucho siento no poder llegar a ella con
+todo el honor que mi casa merece..., pero &iquest;qu&eacute; hacer ya? Entretanto,
+amigo, la miseria me es antip&aacute;tica, es contraria a mi naturaleza y a mis
+gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble.</p>
+
+<p>&mdash;Isidora&mdash;declar&oacute; Augusto con seriedad&mdash;, al nacer te equivocaste de
+patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y
+no cabes aqu&iacute;. &iquest;Quieres el &uacute;ltimo consejo? Pues vete a Par&iacute;s. All&iacute;
+encontrar&aacute;s tu puesto. Aqu&iacute; te degradar&aacute;s demasiado. Aqu&iacute; no las
+gastamos de tanto lujo como t&uacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Levantose para marcharse.</p>
+
+<p>&laquo;No, no te vas&mdash;dijo ella deteni&eacute;ndole con fuerza por un brazo&mdash;; no te
+vas sin decirme si puedo contar contigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;?&raquo;&mdash;murmur&oacute; el m&eacute;dico temblando.</p>
+
+<p>&iexcl;Sent&iacute;a un fr&iacute;o...!</p>
+
+<p>&laquo;Yo necesito una cantidad&mdash;dijo Isidora febril, los labios secos.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo... complacerte&mdash;repuso el joven, dej&aacute;ndose caer en una silla.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; puedes, s&iacute; puedes. &iexcl;Augusto, por amor de Dios!..., soc&oacute;rreme,
+soc&oacute;rreme. Te dir&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Si es nada m&aacute;s que un socorro...&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con r&aacute;pida ojeada interior su
+situaci&oacute;n. &iexcl;Se hab&iacute;a casado seis d&iacute;as antes, estaba en la luna de
+miel!... &iexcl;Ser traidor a su joven y amable esposa! &laquo;No, no, no&raquo;, grit&oacute;
+para s&iacute;, y luego, en voz alta:</p>
+
+<p>&laquo;Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo
+no te puedo amparar... Busca en otra parte...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Qu&eacute; amigos estos!&mdash;exclam&oacute; ella en lo &uacute;ltimo de la angustia&mdash;&iexcl;Y
+luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradaci&oacute;n!
+Bueno, bueno; me perder&eacute;, me arrastrar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis cerr&oacute; los ojos para no verla. Si la ve&iacute;a un momento m&aacute;s estaba
+perdido... Por lo que, sin a&ntilde;adir una palabra, ech&oacute; a correr fuera del
+gabinete y de la casa.</p>
+
+<p>Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sinti&oacute;
+r&aacute;pidos y leves pasos detr&aacute;s de s&iacute;. Al mismo tiempo oy&oacute; que le llamaban.
+Una mujer corr&iacute;a tras &eacute;l. Al reconocer a Isidora, el pobre m&eacute;dico tembl&oacute;
+de nuevo.</p>
+
+<p>&laquo;Tengo un recelo&mdash;le dijo Isidora agitad&iacute;sima, la voz balbuciente, la
+expresi&oacute;n turbada y agoniosa&mdash;. No me has comprendido... Habr&aacute;s cre&iacute;do
+tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres...
+No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque...,
+te dir&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Honrada!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;. No me comprendes. S&iacute; me socorres, yo te pagar&eacute;..., dinero por
+dinero.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame en paz&mdash;dijo Miquis retir&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;No, no te vas&mdash;replic&oacute; ella deteni&eacute;ndole con fuerza&mdash;. Estoy desesperada.
+Necesito... En &uacute;ltimo caso, paso por todo.</p>
+
+<p>&mdash;Soy pobre.</p>
+
+<p>&mdash;La desesperaci&oacute;n es ley, Augusto. Te hablar&eacute; con el coraz&oacute;n; te dir&eacute;...
+Yo no quiero m&aacute;s que a un hombre. Por &eacute;l doy la vida, y en &uacute;ltimo caso
+el honor... Di, &iquest;me favoreces?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que necesitas, &iquest;es para comer?</p>
+
+<p>&mdash;No; necesito mucho.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, no puedo&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Augusto, Augusto&mdash;exclam&oacute; ella colg&aacute;ndosele del brazo&mdash;. Mi necesidad es
+tan grande, que no puedo tener tes&oacute;n ni dignidad, ni nobleza. Yo no te
+quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo&raquo;.</p>
+
+<p>Pausa. Miquis la miraba pesta&ntilde;eando. Sobre ambos, un farol de gas
+alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad
+desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se bat&iacute;an con
+furor. &iexcl;Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satan&aacute;s!</p>
+
+<p>&laquo;Soy pobre&mdash;repiti&oacute; Miquis, haciendo un esfuerzo&mdash;; vete a Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Augusto!&raquo;.</p>
+
+<p>Augusto sinti&oacute; c&oacute;lera. Aprovech&aacute;ndose de aquel movimiento del alma,
+desprendi&oacute; su brazo de la mano de Isidora, y con toda energ&iacute;a le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Dios te ampare&raquo;.</p>
+
+<p>Ya estaba distante cuando oy&oacute; esta voz sarc&aacute;stica: &laquo;&iexcl;Farsante!&raquo;.</p>
+
+<p>Aquella misma noche desapareci&oacute; Isidora de la casa de sus buenos amigos,
+dej&aacute;ndoles un papelito que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Emilia, Juan Jos&eacute;, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra
+casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened l&aacute;stima de m&iacute;&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIa" id="Capitulo_XIa"></a>Cap&iacute;tulo XI</h3>
+
+<p class="head">Otro entreacto</p>
+
+
+<p>En el famoso pleito de filiaci&oacute;n hab&iacute;a terminado la prueba; varios
+testigos hab&iacute;an declarado y ambas partes respondido a infinitas
+preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba
+en torno a las ramas de aquel &aacute;rbol de escaso fruto; se hab&iacute;a presentado
+el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguir&iacute;a la
+sentencia, y con esto la demandante se las promet&iacute;a muy felices. Verdad
+que en la prueba, llamada Isidora a manifestar alg&uacute;n recuerdo de su
+ni&ntilde;ez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar
+noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa.</p>
+
+<p>Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo
+extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Can&oacute;nigo y de Tom&aacute;s
+Rufete, confirmaba la pretensi&oacute;n de Isidora. Un tal Arias depuso en
+t&eacute;rminos diametralmente opuestos, y D. Jos&eacute; de Relimpio, llamado
+tambi&eacute;n, declar&oacute; en t&eacute;rminos categ&oacute;ricos a favor de la que llamaba su
+ahijada; mas su declaraci&oacute;n, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca
+de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, &eacute;l no sab&iacute;a
+gran cosa. Sab&iacute;a, s&iacute;, y esto no pod&iacute;a dudarlo, que en 1851 hab&iacute;a sacado
+de pila a una ni&ntilde;a, hija de Tom&aacute;s Rufete. A los seis meses no cabales,
+Relimpio y Rufete ri&ntilde;eron por cuesti&oacute;n de una peque&ntilde;a herencia y
+estuvieron siete a&ntilde;os sin hablarse ni tener trato ni comunicaci&oacute;n
+alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias
+volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en
+casa de Rufete hab&iacute;a dos ni&ntilde;os, Isidora y un varoncillo de dos a&ntilde;os.
+Tom&aacute;s dijo a Relimpio con misterio que su hija hab&iacute;a muerto y que
+aquella que viv&iacute;a y el ni&ntilde;o se los hab&iacute;a dado a criar una dama que no
+nombr&oacute;. Don Jos&eacute;, que no hab&iacute;a visto a Isidora desde la edad de seis
+meses, no pod&iacute;a, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso
+lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre sigui&oacute; llam&aacute;ndola
+ahijada, y desde entonces comenz&oacute; el cari&ntilde;o de que tan grandes pruebas
+diera m&aacute;s tarde. En cuanto a Francisca Guill&eacute;n, nunca pudo Relimpio
+obtener de ella una declaraci&oacute;n terminante acerca de las dos criaturas
+que pasaban por suyas. Cuando Tom&aacute;s estaba en el Tomelloso, la buena
+mujer aventur&aacute;base a decir algo, que llenaba de gran confusi&oacute;n a D.
+Jos&eacute;; pero cuando el otro volv&iacute;a, todo eran vaguedades y misterios.</p>
+
+<p>Esto era lo que Relimpio sab&iacute;a, y estos breves datos y sus
+conversaciones, no largas, con Tom&aacute;s y Francisca, debieron de haber
+constituido su declaraci&oacute;n; pero, llevado de un sentimiento de
+caballeresca protecci&oacute;n a la desgracia, hizo las afirmaciones m&aacute;s
+conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de
+Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan Jos&eacute; ten&iacute;an noticia alguna.
+Tres veces en dos d&iacute;as hab&iacute;a ido la p&iacute;cara a ver a <i>Riqu&iacute;n</i>, porque la
+ortopedista no se lo hab&iacute;a querido entregar; pero ni con preguntas
+capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Deb&iacute;a
+de saberlo don Jos&eacute;; mas tambi&eacute;n guardaba fielmente el secreto. Tristeza
+tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella
+parec&iacute;a hab&eacute;rsele aumentado la cuenta de los a&ntilde;os, extremando su vejez.
+Casi todo el d&iacute;a lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella
+anunci&aacute;base con suspiros. Hab&iacute;a perdido el apetito, dorm&iacute;a muy mal y
+ten&iacute;a los sue&ntilde;os m&aacute;s raros del mundo. So&ntilde;aba que se bat&iacute;a en duelo de
+honor con Pez, Bot&iacute;n y otros caballeros, y que a todos les mataba,
+sac&aacute;ndoles hasta la postrera gota de sangre. &iexcl;Horror de los horrores!</p>
+
+<p>Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido
+nuestro, el gran Bou, ve&iacute;a de s&uacute;bito compensadas sus desdichas amorosas
+con una gran ventura en cuesti&oacute;n de intereses. &iexcl;Oh! Si la ingrata se
+aviniera a dar el deseado <i>s&iacute;</i>, el Obrero&mdash;Sol ser&iacute;a un ejemplo de hombre
+venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Dir&iacute;ase que la
+Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana
+Fortuna, se hab&iacute;a propuesto abrumarle de bienes positivos, neg&aacute;ndole los
+que su coraz&oacute;n apetec&iacute;a, y le colmaba de frutos riqu&iacute;simos sin dejarle
+ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de
+Aransis empez&oacute; la tal Providencia a divertirse con &eacute;l. En el espacio de
+quince o veinte d&iacute;as le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y
+d&aacute;bale por otros tres goller&iacute;as o momios pecuniarios a cu&aacute;l m&aacute;s valioso.
+Primero: asegur&oacute; un buen negocio contratando cierto trabajo de
+impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibi&oacute; una
+herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sac&oacute; un segundo
+premio de loter&iacute;a, importando cinco mil duros. &iquest;Qu&eacute; tal? Aun con ser
+estos embolsos un estorbo m&aacute;s para llegar a la deseada liquidaci&oacute;n
+social, Bou se guard&oacute; su dinero y se puso muy contento, considerando en
+lo m&aacute;s escondido de su mente, que bien pod&iacute;a aplazarse la tal
+liquidaci&oacute;n, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera,
+el dinero de la gente honrada.</p>
+
+<p>Miquis, que le apreciaba y se re&iacute;a con &eacute;l, fue a darle la enhorabuena, y
+le encontr&oacute; en su taller trabajando como siempre. Bou se levant&oacute;, salud&oacute;
+a gritos, estruj&oacute; la mano de su amigo, y despu&eacute;s fue acometido de una
+tos tan violenta, que su cara parec&iacute;a un cuero de vino, y el ojo
+rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada &oacute;rbita y caerse al
+suelo.</p>
+
+<p>&laquo;Ese alquitr&aacute;n, hombre, ese alquitr&aacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me
+sacar&iacute;an un cuarto. Que coman yerba..., &iexcl;hala! Y a ustedes los m&eacute;dicos,
+si yo arreglara el mundo, los pondr&iacute;a a que me barrieran las calles, a
+que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las
+alcantarillas... Ah&iacute; es donde est&aacute;n las enfermedades.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a los lit&oacute;grafos los pondr&iacute;a yo a que me afeitaran todas las ranas
+que se pudieran coger... Pero vamos al caso... &iquest;Convida usted o no
+convida?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or; convido a una copita... y nada m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; miserable! Yo esperaba un banquete regio.</p>
+
+<p>&mdash;No me gustan aparatos ni bulla.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos...</p>
+
+<p>&mdash;Pues <i>palante</i>&mdash;exclam&oacute; el catal&aacute;n, disparando su risa&mdash;, y aunque sea de
+doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la hab&iacute;a recibido con calma
+y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguir&iacute;a trabajando,
+con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba,
+ten&iacute;a el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones,
+porque <i>&iexcl;voto va Deu!</i>, no hay dinero m&aacute;s soso que el que uno deja a sus
+herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder
+contar por all&aacute; algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene
+la liquidaci&oacute;n, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a
+uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es
+bueno, magn&iacute;fica cosa, s&iacute; se&ntilde;or, admirable en extremo; y los holgazanes
+que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, s&iacute;
+se&ntilde;or, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasi&oacute;n de
+introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de
+los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el
+g&eacute;nero de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideraci&oacute;n el d&iacute;a en
+que se ajusten cuentas. &Eacute;l (Juan Bou) hab&iacute;a pensado esto, y sacado en
+consecuencia que las teor&iacute;as puras no resuelven la cuesti&oacute;n social; es
+preciso estudiar pr&aacute;cticamente los excesos de la holgazaner&iacute;a.</p>
+
+<p>Aprob&oacute; Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energ&iacute;a excit&oacute; a su
+amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin
+quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la
+ocasi&oacute;n de ser dichoso no se presenta siempre, aprov&eacute;chese cuando viene,
+que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas.</p>
+
+<p>&laquo;Supongo&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;que andaremos en coche y a caballo, que tendremos buena
+mesa y palco en el Real&raquo;.</p>
+
+<p>Echose a re&iacute;r Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el
+oso, ni ponerse en rid&iacute;culo como un indianete sin seso; que tan s&oacute;lo
+obsequiar&iacute;a a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, tratar&iacute;a de
+ver qu&eacute; sabor tiene la sangre del pueblo.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s nombr&oacute; Miquis a la ingrata, y o&iacute;do su nombre, se puso tan serio
+el otro, que parec&iacute;a haber perdido en un instante todo su contento. No
+habr&iacute;an dejado aqu&iacute; un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no
+hubiera entrado D. Jos&eacute;, el cual se turb&oacute; al ver al m&eacute;dico. Bou, tambi&eacute;n
+algo turbado, pidi&oacute; perd&oacute;n a Miquis y se fue con Relimpio a un
+despachito cercano, donde Augusto les oy&oacute; secretearse.</p>
+
+<p>&laquo;Le ha tra&iacute;do una carta o recadillo&mdash;pens&oacute; el doctor, proponi&eacute;ndose no
+darse por entendido&mdash;. Ya, ya...&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; sali&oacute;, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es
+m&aacute;s probable que llevara lo primero, y al salir habl&oacute; a Miquis del
+tiempo, de pol&iacute;tica, de C&aacute;novas y de que las tropel&iacute;as de los ingleses
+en el campo de Gibraltar daban motivo a Espa&ntilde;a para exigir de Albi&oacute;n que
+nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostr&oacute;
+conforme con estas patri&oacute;ticas ideas y le dej&oacute; marchar, compadecido de
+su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo
+declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente
+noche, fue D. Jos&eacute; vestido con su levitita anticuada y su corbata azul
+de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los dem&aacute;s
+comensales pudieran comunicarle su alegr&iacute;a. Era tan flojo de cerebro,
+que en cuanto beb&iacute;a dos copas se pon&iacute;a perdido, y he aqu&iacute; que al probar
+el Champagne, el buen tenedor de libros, despu&eacute;s de haber dado varias
+pruebas de no ser due&ntilde;o de sus ideas, se dirigi&oacute; a Juan Bou y con lengua
+solemne aunque torpe, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Caballero, usted me dar&aacute; una satisfacci&oacute;n, o me ver&eacute; obligado a llevar
+la cuesti&oacute;n a un terreno...!&raquo;.</p>
+
+<p>Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero
+de D. Jos&eacute;, se puso &eacute;ste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a
+la dicci&oacute;n enf&aacute;tica, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Porque usted se empe&ntilde;a en mancillar el honor de una joven de alt&iacute;sima
+familia, y yo no permito, &iquest;lo entiende usted?, no permito... &iexcl;yo que soy
+su segundo padre...!</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n&mdash;dijo Miquis&mdash;. Esto no puede quedar as&iacute;. El lance es
+inevitable.</p>
+
+<p>&mdash;Inevitable&mdash;grit&oacute; Relimpio descargando el pu&ntilde;o sobre la mesa y rompiendo
+un plato&mdash;. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la hora del
+alba...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Al matutino albore</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s particular fue que Bou, que tambi&eacute;n era hombre incapaz de llevar
+con aplomo tres copas de vino blanco, empez&oacute; a disparatar. Primero se
+ri&oacute; mucho, despu&eacute;s todo su empe&ntilde;o era abrazar a D. Jos&eacute; y llamarle su
+amigo. Relimpio, por el contrario, m&aacute;s se enfurec&iacute;a a cada instante. Los
+otros le incitaban, y sabe Dios c&oacute;mo habr&iacute;a concluido el lance si el
+catal&aacute;n, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole
+de su cuerpo en tierra.</p>
+
+<p>Levantose en esto D. Jos&eacute; y se&ntilde;alando con dram&aacute;tico acento el cuerpo que
+parec&iacute;a cad&aacute;ver, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;La suerte me ha sido favorable, caballeros, se&ntilde;al de mi derecho! &iexcl;Le
+he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella
+hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel
+seraf&iacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>Dio tres o cuatro pasos en falso, gir&oacute; como un trompo, y fue a caer en
+un div&aacute;n de hule, donde Miquis le moj&oacute; la cara.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIIa" id="Capitulo_XIIa"></a>Cap&iacute;tulo XII</h3>
+
+<p class="head">Escenas</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Solo, pase&aacute;ndose meditabundo por la habitaci&oacute;n, que es de
+bajo techo, sucia, con fe&iacute;simos y ordinarios muebles, todo en desorden.)
+</b> Ni un d&iacute;a m&aacute;s durar&aacute; esta vida. Protesto con toda mi energ&iacute;a de ser
+racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal
+deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse
+entreg&aacute;ndole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la
+verg&uuml;enza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad.
+Este es el dilema, <i>the question</i>, como dec&iacute;a el otro: o vivir sin
+decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse.
+Opto por morir. <b>(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y
+fij&aacute;ndolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran
+parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)</b>&mdash;&iquest;Eres
+t&uacute;, imagen que aqu&iacute; veo, la de Joaqu&iacute;n Pez? Te desconozco. T&uacute; no eres
+yo. Yo era hermoso, y t&uacute;, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin
+barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegr&iacute;a y la felicidad y los
+tuyos est&aacute;n mortecinos y sin brillo. &iquest;C&oacute;mo puedo creer que el hombre
+mejor vestido de Madrid sea este que aqu&iacute; veo dentro de esta levitita
+abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos
+y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado m&aacute;s que
+un caf&eacute; y un poco de pan, no puede ser el Joaqu&iacute;n Pez que yo conoc&iacute;. <b>
+(Da media vuelta y sigue paseando.)</b> Me repugno, me doy asco. Vivir as&iacute;
+es peor que cien muertes.</p>
+
+<p>&raquo;Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prender&aacute;n, me
+meter&aacute;n en la c&aacute;rcel... &iexcl;Qu&eacute; iniquidad! <b>(Se conmueve.)</b> Soy un
+desgraciado, un hombre d&eacute;bil que no conoce el orden; soy un tonto; no
+tengo sentido com&uacute;n, no s&eacute; arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto
+se diga de m&iacute; en este sentido es justo. &iexcl;Pero acusarme de estafador!...
+Que en Par&iacute;s contraigo deudas; que me vengo a Espa&ntilde;a con intenci&oacute;n de
+pagar; que un franc&eacute;s sale escapado detr&aacute;s de m&iacute; persigui&eacute;ndome; que le
+entretengo unos d&iacute;as; que me endosan unas letras para que las cobre; que
+las cobro y pago al franc&eacute;s; que los acreedores de aqu&iacute;, envidiosos de
+ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me
+embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y ri&ntilde;e conmigo y
+me retira su apoyo; que el due&ntilde;o de las letras me exige su dinero; que
+no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tom&aacute;ndolo
+por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un
+prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas
+intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan
+de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En m&iacute; hay error;
+pero mala fe, jam&aacute;s. La ligereza, &iquest;ser&aacute; hermana del crimen?...</p>
+
+<p>&raquo;He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra m&iacute;
+hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal
+contra el infeliz ca&iacute;do; es la venganza de la cursiler&iacute;a contra el que
+fue &iacute;dolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo
+del bien vestir. <b>(Dando un gran suspiro.)</b> Yo juro que no se reir&aacute;n de
+m&iacute;; no, no me humillar&eacute;; no har&eacute; el mamarracho. Es preciso acabar
+dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae seg&uacute;n su natural
+condici&oacute;n. Caer&eacute; con cat&aacute;strofe, como las torres, y los que oigan el
+estr&eacute;pito de mi fin dir&aacute;n: &laquo;Este es un hombre&raquo;... <b>(Ac&eacute;rcase a un rinc&oacute;n
+en que hay una percha, de la cual pende un gab&aacute;n. Toca la tela,
+reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)</b> Aqu&iacute;
+est&aacute;s, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardar&eacute; en el caj&oacute;n de
+la mesa <b>(Lo hace.)</b> para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de
+las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche,
+t&uacute; y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la
+ma&ntilde;ana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma
+en desesperaci&oacute;n. Esto ya no es vivir. H&aacute;gome cuenta de que ya se acab&oacute;
+todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas
+personas. <b>(Se sienta en una claudicante silla, junto a la m&aacute;s
+derrengada mesa que es posible ver, y escribe.)</b> Suprimiremos la f&oacute;rmula
+vulgar de &laquo;A nadie se acuse de mi muerte&raquo;. Dir&eacute; a mi padre que... Siento
+pasos. Isidora viene. Esta desgraciada es el &uacute;nico ser que ha tenido la
+abnegaci&oacute;n de unirse a m&iacute; y ampararme cuando me ha visto abandonado por
+todos. &iexcl;Oh coraz&oacute;n generoso! Ha querido confortar mis penas con sus
+ilusiones y mi desesperaci&oacute;n con su esperanza. Cuando la veo, me dan
+ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con
+ella. Aqu&iacute; est&aacute;...&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y
+trae un l&iacute;o de ropa. Si&eacute;ntase en un sof&aacute; inv&aacute;lido que se inclina m&aacute;s de
+un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaqu&iacute;n,
+espera que este le dirija la palabra.)</b> &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; escalera!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;M&aacute;s grande es la del Para&iacute;so; al menos as&iacute; lo dicen, que yo no
+la he visto.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iquest;Ha venido mi padrino?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No he tenido el gusto de ver a su se&ntilde;or&iacute;a.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto he andado, cu&aacute;nto he corrido hoy!... He vuelto a casa
+de Emilia para ver a <i>Riqu&iacute;n</i>. He querido tra&eacute;rmele, temiendo que les
+molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... <b>(Se
+conmueve.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Has hecho bien en dejarle all&iacute;. En ninguna parte estar&aacute; mejor.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Suspirando fuerte.)</b> &iexcl;Ay! Dios de mi vida, &iexcl;qu&eacute; angustia! Por
+fin he logrado reunir... <b>(Lleva la mano a su bolsillo como para
+defenderlo de un brusco movimiento de Joaqu&iacute;n.)</b>&mdash;No, no te doy un
+cuarto. D&eacute;jame, que yo ir&eacute; arreglando las cosas. Por de pronto es
+preciso que salgas de aqu&iacute;. Esta casa es una pocilga, y &iexcl;qu&eacute; vecindad,
+qu&eacute; hu&eacute;spedes, qu&eacute; patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos
+y dem&aacute;s gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, &iquest;no
+hallaste otro sitio mejor en que meterte?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con desaliento.)</b> Perseguido, aterrado, aturdid&iacute;simo, me dej&eacute;
+conducir por un amigo, Pepe Nules.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pues ya tengo para pagar los ocho d&iacute;as que has estado aqu&iacute;. Yo
+no he estado m&aacute;s que tres. El gasto es poco. Hoy te har&eacute; traer comida
+buena de la fonda.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No te apures por eso...; lo mismo me da.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Y ma&ntilde;ana ir&aacute;s a una casa m&aacute;s decente.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con indiferencia.)</b> &iquest;Para qu&eacute;?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Para que vivas con m&aacute;s decoro.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Ideas convencionales!</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Pensativa.)</b> Ayer te dije que tomar&iacute;a una casita, y nos
+&iacute;bamos a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he
+reflexionado, y eso no puede ser.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... <b>
+(Riendo.)</b> Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los p&aacute;jaros, que no
+conocen la acu&ntilde;aci&oacute;n de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No
+hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido
+en la sociedad multitud de ideas err&oacute;neas. Son los falsificadores de la
+vida, y por esto deber&iacute;an ir todos a presidio.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;No te desesperes. <b>(Sonriendo con dulzura.)</b> &iquest;Y si yo te dijese
+que tengo probabilidades de reunir alg&uacute;n dinero?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Tu dinero nos servir&iacute;a para ir pasar dos d&iacute;as, tres. Luego
+volver&iacute;amos a la misma situaci&oacute;n de miseria, y como tus riquezas no
+hab&iacute;an de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me
+hallo...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Con cari&ntilde;o.)</b> &iquest;Y si yo pudiera...?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Ta, ta, ta. T&uacute; vives de ilusiones. Aqu&iacute; tenemos otra vez la
+fantasmagor&iacute;a del pleito. Siempre crees que ma&ntilde;ana te duermes Isidora y
+te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No s&eacute; c&oacute;mo, con tu
+buen talento, vives as&iacute;, enga&ntilde;ada por el deseo.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Vamos, hoy todo lo ves negro.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Es que todo se ha vuelto ya retinto para m&iacute;.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Si quieres que no ri&ntilde;amos, no me hables del pleito con ese
+desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que t&uacute; la tengas tambi&eacute;n. El
+procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardar&aacute; alg&uacute;n tiempo,
+porque mi abuela apelar&aacute;; pero de que lo gano, no te quede la menor
+duda.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasar&aacute;n tres,
+cuatro o cinco a&ntilde;os antes que lo ganes. Ay&uacute;dame a sentir. Ni c&oacute;mo he de
+remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todav&iacute;a
+no se han acu&ntilde;ado.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Al darte esperanzas, no me refer&iacute;a precisamente al pleito. Yo
+pensaba conseguirte el dinero con un pr&eacute;stamo.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Un pr&eacute;stamo! <b>(Con estupor.)</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;En fin, yo me entiendo... No te desesperes...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No creo ya en los pr&eacute;stamos, como no creo en los milagros. <b>(Da
+media vuelta y se pasea otra vez.)</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Aparte, y despu&eacute;s de mirar un rato a Joaqu&iacute;n).</b> Es preciso
+sobreponerse a la desgracia... Arreglar&eacute; el cuarto que parece una
+leonera.</p>
+
+<p><b>Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora
+coloca las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo.
+Cuando limpia el espejo, se mira un poco, y dice:</b> &laquo;Parezco que s&eacute; yo
+qu&eacute;. <b>(Alto.)</b> Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Como t&uacute; quieras. El comer bien o el comer mal me es
+indiferente; pero, pues t&uacute; lo quieres, comamos bien, que nada se pierde
+en ello.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Sent&aacute;ndose fatigada.)</b> La miseria, hijo, me espanta. No tengo
+un vestido decente que ponerme... &iquest;Pues y t&uacute;? &iexcl;Y a esto llaman vivir!...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre
+galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a
+los amantes m&aacute;s finos y m&aacute;s exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo,
+en un cuchitril, donde no tengan m&aacute;s que el consabido <i>pan y cebolla</i>, y
+a los dos d&iacute;as se ara&ntilde;an la cara. La miseria es enemiga del alma humana.
+Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el
+arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sint&eacute;tica del mal. Oye, oye,
+Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad...
+Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, m&aacute;ndalo traer
+pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre.</p>
+
+<p><b>Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de
+la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaqu&iacute;n demuestra m&aacute;s apetito que
+Isidora.</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(De sobremesa.)</b> &iquest;Qu&eacute; tal?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Los langostinos estaban muy buenos; el <i>bistec</i> me ha
+rejuvenecido. &iexcl;Bendita seas t&uacute;, que siempre tienes ideas grandes! Eso de
+sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es
+noble, lo mismo el coraz&oacute;n que la cabeza. Dejaremos una botella para
+ma&ntilde;ana, porque la econom&iacute;a es la primera de las virtudes; no, la
+segunda, que la primera es cuidarse bien.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Alguna otra sorpresa he de darte todav&iacute;a. Dime, &iquest;mereces t&uacute; lo
+que hago por ti?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres un
+&aacute;ngel..., no de esos &aacute;ngeles desabridos que pintan en los cuadros y en
+las poes&iacute;as, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente, sino
+un &aacute;ngel mundano que derrama sobre el coraz&oacute;n del desgraciado b&aacute;lsamo
+eficaz. En una palabra, eres un &aacute;ngel pr&aacute;ctico. Bien se conoce en todas
+tus acciones la nobleza. Podr&aacute;s equivocarte, cometer faltas; pero ser
+innoble, jam&aacute;s. No s&eacute; si me explicar&eacute; diciendo que tienes la elegancia
+del alma.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Tienes raz&oacute;n. Ser&eacute; cualquier cosa; ser&eacute;... mala si se quiere,
+pero ordinaria jam&aacute;s.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Indudablemente eso est&aacute; en la sangre. &iexcl;Por vida de...! Si no
+ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el
+cielo. &iexcl;Ay! Isidora, no s&eacute; por qu&eacute; el Champagne da a mi alma un vigor
+que ya no ten&iacute;a. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas
+agradables. Isidora, Isidora, mujer m&iacute;a. <b>(La abraza tiernamente.)</b>
+Entreteng&aacute;monos un momento con ilusiones...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Riendo.)</b> Mejor es so&ntilde;ar que ver.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Ganar&aacute;s el pleito... Yo me casar&eacute; contigo...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Entristeci&eacute;ndose s&uacute;bitamente.)</b> En lo primero creo, en lo
+segundo no. Esa ilusi&oacute;n es demasiado bonita para que pueda enga&ntilde;ar.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo dices?... &iquest;Porque te lo he prometido muchas veces,
+y nunca lo he cumplido? Ahora...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Ni ahora ni nunca. T&uacute; no te casar&aacute;s conmigo. <b>(Derrama unas
+l&aacute;grimas.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;El mundo es olvidadizo, tontuela.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pero no tan olvidadizo que...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y
+Suiza.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;O por Inglaterra y Escocia. <b>(Con toda su alma.)</b> &iquest;Sabes que de
+tanto o&iacute;r hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a
+Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus
+parques... Aquello s&iacute; que es grandeza. Te dir&eacute;... Luego har&iacute;a una
+excursi&oacute;n por Escocia, &iexcl;donde hay unos lagos preciosos y unas
+monta&ntilde;as...! Por all&iacute; andan las <i>ladys</i> visitando grutas, escudri&ntilde;ando
+ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente
+inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Bot&iacute;n,
+que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hac&iacute;an feliz.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Calla, calla. Te dir&eacute;... Ir&eacute; yo sola, o contigo, si quieres
+acompa&ntilde;arme... Porque no me casar&eacute;, Joaqu&iacute;n; vivir&eacute; soltera ri&eacute;ndome del
+mundo.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Soltera! Si yo no me casara contigo, tendr&iacute;as ocho mil
+pretendientes por semana.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Decidida.)</b> A todos les dar&iacute;a con mi puerta dorada en los
+hocicos. &iexcl;Soltera, libre! Vestir&eacute; muy bien, proteger&eacute; las artes, ser&eacute;
+una gran se&ntilde;ora. Te dir&eacute;... Mi casa va a tener que ver, porque no
+entrar&aacute; en ella nada que no sea de lo m&aacute;s escogido. No has de ver ni
+cosas vulgares, ni tapicer&iacute;as chillonas, ni objetos de mal gusto, ni
+cosa alguna que se vea en otra parte. Comprar&eacute; cuadros de los grandes
+maestros, y tapices y antig&uuml;edades, y todo lo que sea curioso sin dejar
+de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las
+bellezas comunes.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iexcl;Bendito sea tu talento!</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;En mi casa no entrar&aacute;n los tontos; eso puedo jur&aacute;rtelo. Me
+rodear&eacute; de hombres discretos, distinguidos. En fin, ser&aacute; mi casa la
+academia del buen gusto, del ingenio, de la cortes&iacute;a y de la
+inteligencia. Dar&eacute; conciertos de m&uacute;sica cl&aacute;sica.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con un poco de malicia.)</b> &iquest;La has o&iacute;do? &iquest;Te gusta?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Yo no s&eacute; si la he o&iacute;do o no; pero puedo asegurar que me gusta.
+Te dir&eacute;... &iquest;Hay una m&uacute;sica en que no se oigan esos mil sonsonetes de
+&oacute;pera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los
+cantantes de afici&oacute;n? Pues esa es mi m&uacute;sica. Lo que te puedo asegurar es
+que un d&iacute;a fui al sal&oacute;n del Conservatorio a o&iacute;r los cuartetos y me gust&oacute;
+tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con
+guante blanco. &iexcl;Qu&eacute; sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un
+cielo que tambi&eacute;n era sal&oacute;n.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con arrobamiento.)</b> &iexcl;Isidora, t&uacute; eres noble!</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Te dir&eacute;... Oyendo aquella m&uacute;sica, yo me olvidaba de todo y
+bendec&iacute;a a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no
+entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrar&aacute;s en ella, y te
+desaf&iacute;o a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los
+grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formar&eacute; una buena
+colecci&oacute;n. Tambi&eacute;n tendr&eacute; contempor&aacute;neos, siempre que sean muy
+escogidos. Tres o cuatro veces nada m&aacute;s he estado en el Museo. &iexcl;Qu&eacute;
+cosas, hijo! Aquello s&iacute; es grande. Con el talento que hay colgado de
+aquellas paredes hab&iacute;a para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo
+me figuraba que hab&iacute;a pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte
+del Buen Retiro. Unas veces cre&iacute;a que estaba cubierta de brocados y
+otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es
+belleza; chico, aquella es gracia. Yo dec&iacute;a: eso lo siento yo, esto es
+cosa m&iacute;a, esto me pertenece...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Con entusiasmo.)</b> &iexcl;Eres noble, eres noble!</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Entrando s&uacute;bitamente, produce, con la irrupci&oacute;n inesperada
+de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su
+ahijada.)</b> Aqu&iacute; estoy.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Ah!... Don Jos&eacute;...</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Aprovechando el momento en que Joaqu&iacute;n vuelve la espalda, da
+un papelito a Isidora.)</b> Toma.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Guardando el papelito.)</b> Padrinito, ahora debe usted
+retirarse. Es de noche y estar&aacute; usted cansado. Ma&ntilde;ana le necesito. Pero
+no se moleste usted en subir. Agu&aacute;rdeme en la puerta y me acompa&ntilde;ar&aacute; a
+varios sitios donde he de ir. <b>(Despidi&eacute;ndose con una mirada cari&ntilde;osa.)</b>
+Abur.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Con cierta reconcentraci&oacute;n shakespeariana.)</b> La sangre que
+destila de mi coraz&oacute;n amarga mis labios. <b>(Exit.)</b></p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p><b>Es de noche. Agonizante luz de un quinqu&eacute; con pantalla torcida y sucia
+alumbra la estancia. JOAQU&Iacute;N, cansado de dar vueltas por el cuarto y de
+fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se
+reclina en el sof&aacute; y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla
+consigo misma.</b></p>
+
+<p>&laquo;Decididamente optar&eacute; por el canelo con combinaci&oacute;n n&iacute;quel, por el azul
+de ultramar y por el negro con combinaci&oacute;n de brochado, oro y
+cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien.
+&iexcl;Ay Jes&uacute;s!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de
+franc&eacute;s... Supongamos que cuando menos se piensa, ma&ntilde;ana, o la semana
+que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien
+porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y
+me dice... Hace d&iacute;as que me estoy figurando esto y nada tendr&iacute;a de
+particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me
+llama el mejor d&iacute;a; voy all&aacute;, subo, entro, espero un ratito en el
+gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las
+aprieta mucho y me dice: &laquo;Basta de pleitos, hija; abrac&eacute;monos&raquo;. Y me
+abraza, y yo me echo a llorar, y ella tambi&eacute;n, y todo queda concluido, y
+yo en la casa y en posesi&oacute;n de lo que es m&iacute;o... Supongamos esto, que es
+lo m&aacute;s natural, lo m&aacute;s l&oacute;gico. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a tan grande, Dios de mi vida!
+Entonces s&iacute; que podr&eacute; tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin
+humillarme. Sacudir&eacute; la tierra que se haya pegado a las suelas de mis
+botas, y dir&eacute;: &laquo;Ya no m&aacute;s, ya no m&aacute;s lodo de las calles&raquo;. El cristal m&aacute;s
+puro no podr&aacute; compararse entonces a mi conciencia. Ser&eacute; tan honrada como
+los &aacute;ngeles... Levantar&eacute; mi frente... <b>(Se interrumpe y da un gran
+suspiro.)</b></p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Pero podr&eacute; levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida
+pasada... y presente? Esto me vuelve loca. &iexcl;Maldita sea la necesidad,
+que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia
+del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que
+son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan
+el alma... &iexcl;Que venga Dios en persona a sacarme de este c&iacute;rculo maldito!
+Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro...
+&iexcl;Oh Dios!, &iexcl;qui&eacute;n fuera cursi, qui&eacute;n fuera populacho!... Me pasar&iacute;a la
+vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un
+jerg&oacute;n asqueroso; me casar&iacute;a con un cafre hediondo, tendr&iacute;a un chiquillo
+cada a&ntilde;o, vivir&iacute;a como una bestia, toda imb&eacute;cil, toda sucia...; &iexcl;pero
+ser&iacute;a feliz como son felices los que no conocen el dinero!... &iquest;Qu&eacute; es
+mejor, ser una piedra, que se est&aacute; donde la ponen, o ser una criatura
+racional que quiere ir a alguna parte? &iexcl;No s&eacute;, no s&eacute;! &iexcl;Benditos sean los
+adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya,
+vaya, qu&eacute; duro es este sof&aacute;. Y el pobre Joaqu&iacute;n, &iexcl;qu&eacute; profundamente
+duerme! &iexcl;Buena falta le hace! &iexcl;Cu&aacute;nto has padecido estos d&iacute;as,
+desgraciado m&aacute;rtir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno.
+Has gozado mucho, demasiado quiz&aacute;s, y ahora lo est&aacute;s pagando. Los muy
+felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por
+eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la
+felicidad que se me adeuda... <b>(Suspira y se aflige.)</b> S&iacute;, s&iacute;; no hay
+debajo del sol una persona m&aacute;s desgraciada. Y, no me digan que soy mala.
+Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si
+no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no
+har&iacute;a lo mismo... <b>(Se da un golpe en la frente.)</b></p>
+
+<p>&raquo;Cuando pienso lo que me espera ma&ntilde;ana, me dan ganas de matarme. Y al
+mismo tiempo, &iexcl;vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que
+llegue ma&ntilde;ana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia
+de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor
+me echa hacia atr&aacute;s; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa
+hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El s&iacute; y el no me
+vuelven igualmente loca. <b>(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos
+muerde el pa&ntilde;uelo. Larga pausa.)</b> &iexcl;Y c&oacute;mo duermes tan tranquilo!... Si
+yo no te quisiera tanto, podr&iacute;a suprimir uno de los principales motivos
+que tengo para dar este mal paso, y quiz&aacute;s, quiz&aacute;s hallar&iacute;a otros
+medios... Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte
+as&iacute;... Y para que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te
+has portado conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te
+dir&eacute;..., yo soy as&iacute;; Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me hiciste noble? &iquest;Por qu&eacute; no me
+hiciste nacer de vil populacho? &iquest;Por qu&eacute; no me hiciste canalla de la
+cabeza a los pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el
+alma?... <b>(Gran pausa, durante la cual se adormece.)</b> No, no; me
+decidir&eacute; por el azul Ultramar con combinaci&oacute;n rosa y plata...</p>
+
+<p><b>(Otra pausa, durante la cual amanece.)</b>&raquo;Es de d&iacute;a; me levantar&eacute; y
+saldr&eacute; sin que &eacute;l me vea. A&uacute;n es demasiado temprano. Procurar&eacute; no hacer
+ruido... Le dejar&eacute; el dinero suelto que me queda aqu&iacute; y dos palabras
+escritas con este l&aacute;piz. <b>(Escribe; pone sobre la mesa el papel y
+algunas monedas.)</b> Vaya, ya es tiempo. <b>(Afligid&iacute;sima.)</b> &iexcl;No poderle
+decir adi&oacute;s! &iexcl;Qu&eacute; vida, qu&eacute; humanidad! Me voy, porque si despierta, no
+tendr&eacute; valor para salir. <b>(Vase.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Despertando, ya entrado el d&iacute;a.)</b> Isidora, Isidora... No
+est&aacute;. Se ha ido. Me levantar&eacute;. Como estoy vestido, mi <i>toilette</i> no
+ofrece grandes dificultades. &iquest;Habr&aacute; por aqu&iacute; el lujo de un peine? Es
+posible. <b>(Lev&aacute;ntase y da algunos pasos por la habitaci&oacute;n.)</b> &iexcl;Que
+claridad! &iexcl;Qu&eacute; feo y antip&aacute;tico es el d&iacute;a! Prefiero la noche, tapadora y
+discreta. &iexcl;Ah!, la se&ntilde;ora de la casa, antes de marcharse, ha dejado aqu&iacute;
+sus disposiciones. <b>(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el papelito,
+y lee.)</b> Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que almuerce hoy. <b>
+(Lee.)</b> &laquo;Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te apures. No volver&eacute;
+hasta la noche, porque tengo que hacer&raquo;. Esta pobre Isidora, &iexcl;qu&eacute; buena
+es! Si no fuera la maldita man&iacute;a del pleito, que no ganar&aacute; nunca, ser&iacute;a
+una muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que manda la se&ntilde;ora. La
+fiera patrona no me envenenara con sus guisotes. Voy a llamar, a pedir
+agua, a lavarme, y despu&eacute;s esperaremos. Luego que almuerce dictar&eacute; mis
+&uacute;ltimas disposiciones, y en cuanto llegue la noche, la querida noche...</p>
+
+<p><b>Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada,
+arr&eacute;glase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.</b></p>
+
+<p>&raquo;Me olvid&eacute; de la botella de Champagne que est&aacute; en aquel armario. No me
+importa que se la beba otro. En mi testamento la dejar&eacute; a los hu&eacute;spedes
+de esta casa para que la vac&iacute;en por mi salvaci&oacute;n eterna... Ya que estoy
+solo escribir&eacute; a pap&aacute; y a Isidora. <b>(Se sienta y escribe.)</b> &iexcl;Buenos
+cosas le digo a mi se&ntilde;or padre!... Si los deslices del hijo han sido
+grandes, el padre no tiene a&uacute;n motivos para dudar de su buena fe...
+Jam&aacute;s he cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y adem&aacute;s un
+efecto preciso de la mala, de la perversa educaci&oacute;n que he recibido.
+&iquest;Por qu&eacute; educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta
+mil reales? &iquest;Por qu&eacute; desde ni&ntilde;o me ense&ntilde;aban a competir con los hijos de
+los grandes de Espa&ntilde;a? &iquest;Por qu&eacute; no me dieron una carrera, por qu&eacute; no me
+aplicaron a cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que es
+la escuela de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron en la
+vanidad, y la vanidad me conduce a este fin desastroso. <b>(Sigue
+escribiendo con agitaci&oacute;n, se pone p&aacute;lido y, al concluir, su mano
+tiembla.)</b></p>
+
+<p>&raquo;Ahora escribir&eacute; a Isidora, a quien no ver&eacute; m&aacute;s. La &uacute;nica persona por
+quien siente emociones cari&ntilde;osas mi coraz&oacute;n es ella. &iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s vales
+t&uacute; que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han
+simpatizado, porque son similares. T&uacute;, como yo, fuiste educada en la
+idea de igualar a los superiores... <b>(Escribe.)</b> &laquo;Querida y adorable
+amiga: Pr&oacute;ximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el
+mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvaci&oacute;n; t&uacute;
+puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese
+pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera
+casarse contigo, c&aacute;sate, aunque sea muy bruto&raquo;. <b>(Hablando.)</b> No, no
+miento nada al decir que la quiero con todo mi coraz&oacute;n. Su lealtad
+conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desv&iacute;os prueban
+la grandeza de su alma. <b>(El personaje redacta largos p&aacute;rrafos amorosos
+y llena cuatro carillas de papel...)</b> &iexcl;Ah!, me olvidaba de lo principal,
+de <i>Riqu&iacute;n</i>, mi hijo. &iexcl;En esta hora triste me ha entrado un amor por
+&eacute;l!... &iexcl;Si estuviera aqu&iacute; me lo comer&iacute;a a besos!. Le reconocer&eacute;. <b>
+(Escribe otro largu&iacute;simo p&aacute;rrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)</b>
+En fin, esto es hecho. Ahora, &aacute;nimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso
+abismo de la eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me
+perdonar&aacute; mi crimen. &iexcl;Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar
+la befa de mi honor! Pronto anochecer&aacute;. No vacilo m&aacute;s. <b>(Se dirige a la
+percha, saca el rev&oacute;lver y lo examina.)</b> Aqu&iacute; est&aacute;. Me parece un juez de
+hierro que me condena sin permitirme defensa ni apelaci&oacute;n.</p>
+
+<p>UNA VOZ.&mdash;<b>(Que suena cavernosa detr&aacute;s de la puerta, acompa&ntilde;ada de dos
+golpecitos.)</b> &iquest;Se puede?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Adelante.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Entrando.)</b> Buenas tardes.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Viene usted en busca de Isidora? No est&aacute;.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;No, vengo de parte de ella. Esta carta...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Tomando la carta con mano temblorosa.)</b> &iquest;A ver?... &iquest;En d&oacute;nde
+est&aacute; Isidora?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Con sequedad.)</b> Hace un rato estaba en una tienda de la
+calle del Carmen, escogiendo telas para vestidos.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Estupefacto)</b> &iexcl;Telas! <b>(Abre la carta, que es voluminosa.
+Dentro del pliego aparecen risue&ntilde;os algunos billetes de Banco; Joaqu&iacute;n
+palidece.)</b> &iquest;Qu&eacute; es esto? <b>(Se sienta y lee. Palidece m&aacute;s y luego se
+pone encarnado y vuelve a palidecer.)</b></p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Aparte, mirando a Joaqu&iacute;n con expresi&oacute;n de poca simpat&iacute;a.)</b>
+No lloro porque soy hombre. Mi coraz&oacute;n concluir&aacute; por ser como las rocas
+en que bate el mar.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)</b> &iexcl;Estoy
+salvado! La cantidad es redonda... &iquest;Pero aceptar&eacute; esto? &iquest;De d&oacute;nde
+procede?... &iquest;Es una vileza aceptarlo? S&iacute; que lo es; pero las
+circunstancias... &iexcl;El abismo!... Supongamos que un desventurado est&aacute; al
+borde del precipicio y se le presenta el demonio de la infamia y le alza
+en sus manos. No, no; antes rodar al fondo del abismo. <b>(Alto.)</b> Don
+Jos&eacute; vaya usted all&aacute;, y devuelva esto a Isidora.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Aparte y t&eacute;tricamente, coincidiendo en sus expresiones sin
+sospecharlo, con Otelo.)</b> Oh flor graciosa y bella, &iquest;por qu&eacute; has nacido?</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Vacilando.)</b> No, no; deshonra por deshonra... Pes&eacute;moslas
+ambas en la balanza de la fr&iacute;a raz&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l pesa m&aacute;s? &iexcl;Oh!, no hay que
+vacilar. Esta lleva en s&iacute; la imposici&oacute;n del acontecimiento, del hecho
+real. Tomar&eacute; el dinero... Me he salvado. Pero &iquest;por qu&eacute; no estoy tan
+contento como debiera? <b>(Alto.)</b> Don Jos&eacute;, &iquest;con qui&eacute;n ha hablado hoy
+Isidora?... &iquest;En d&oacute;nde ha estado?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;No lo s&eacute;... <b>(Aparte, lleno siempre de esp&iacute;ritu
+shakespeariano.)</b>&mdash;&iexcl;Est&uacute;pido! &iquest;c&oacute;mo quieres que te lo diga? No me
+atrever&eacute; a decirlo ni aun a vosotras, &iexcl;oh castas estrellas!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Usted nunca sabe nada. Usted est&aacute; siempre en Babia. <b>(Aparte.)</b>
+&iexcl;Malditas sean las circunstancias!... Me enga&ntilde;ar&eacute; a m&iacute; mismo, haci&eacute;ndome
+creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser
+humano, que f&aacute;cilmente se le enga&ntilde;a... Pero discutamos esto; abordemos
+la cuesti&oacute;n con filosof&iacute;a. Si este dinero ha venido a m&iacute; por una v&iacute;a
+poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha v&iacute;a. Los
+procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y
+sacr&iacute;lego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya
+en s&iacute; una dosis tan grande de l&oacute;gica, que no necesita argumentaciones
+ret&oacute;ricas. <b>(Alto.)</b> &iquest;No piensa usted lo mismo, hombre de Dios?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Como quien despierta de un sue&ntilde;o.)</b> &iquest;Yo?... Yo no pienso.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Volviendo a mirar con cari&ntilde;o los billetes.)</b> &iexcl;Y la cantidad
+es redondita! &iexcl;Pobre Isidora! &iquest;C&oacute;mo no amarla? No s&eacute; qu&eacute; dar&iacute;a porque
+ganara el pleito. Pero no, no lo ganar&aacute;. S&oacute;lo los pillos tienen suerte.
+&iexcl;Don Jos&eacute;, se&ntilde;or don Jos&eacute;!</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Pas&aacute;ndose la mano por la frente y el cr&aacute;neo como para
+detener una idea que intenta escaparse.)</b> &iquest;Qu&eacute;?...</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Con repugnancia.)</b> Gracias, no..., me mareo. <b>(Vacilando.)</b>
+Pero, s&iacute;, venga; as&iacute; se olvida.</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Tiene usted muchas penas que olvidar?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Mir&aacute;ndole con ojos dulzones.)</b> &iquest;Yo?... &iquest;Penas yo? <b>(Contrae
+horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisi&oacute;n de un
+suspiro.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Escanciando.)</b> Ah&iacute; va.</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Bebe.)</b> &iexcl;C&oacute;mo pica la maldita! <b>(Apenas ha llegado a su
+est&oacute;mago la primer gota del precioso l&iacute;quido, inclina la cabeza y cierra
+los ojos, diciendo.)</b> &iexcl;Mundo miserable!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;&iquest;Qu&eacute;?... &iquest;Por tan poca cosa?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Lev&aacute;ntase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la
+actitud tr&aacute;gica.)</b> S&iacute;, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras.
+&iexcl;Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Soltando la risa.)</b> &iexcl;Don Pepe!</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Cuadr&aacute;ndose.)</b> A sable o a pistola, como usted quiera. Me es
+igual. De todas maneras sabr&eacute; castigar su infamia. &iexcl;Usted, un hombre
+ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel
+lirio! <b>(Da algunas vueltas por la habitaci&oacute;n, perseguido por
+espectros.)</b> No, no os tengo miedo, no. Pez, Bot&iacute;n, Melchor, Bou, no os
+temo. Os matar&eacute; a todos, os har&eacute; polvo. Soy el defensor de la virginidad
+ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... &iexcl;Vamos, al
+momento, al momento, me bato con los cuatro!</p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Le empuja hacia el sof&aacute;.)</b> &iexcl;Pobre hombre!</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Cayendo en el sof&aacute; como un talego.)</b> Me hab&eacute;is matado,
+porque sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los
+tres; pero a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no
+puedo perdonarte. <b>(Se desvanece.)</b></p>
+
+<p>JOAQU&Iacute;N.&mdash;<b>(Disponi&eacute;ndose a salir.)</b> Ah&iacute; te quedar&aacute;s hasta que te pase.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;IV&mdash;</b></p>
+
+<p><b>Mutaci&oacute;n. La escena representa un aposento semi&mdash;elegante que parece ser
+fonda.</b></p>
+
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado
+golpes una mano indiscreta.)</b> &iquest;Qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Levant&aacute;ndose de un sill&oacute;n en que yace so&ntilde;oliento.)</b> Si es
+visita, me retirar&eacute;.</p>
+
+<p>UN SE&Ntilde;OR.&mdash;<b>(Entrando sombrero en mano y dirigi&eacute;ndose a Isidora.)</b> &iquest;Es
+usted do&ntilde;a Isidora Rufete?</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Tr&eacute;mula.)</b> Servidora...</p>
+
+<p>AQUEL SE&Ntilde;OR.&mdash;<b>(Avanzando, seguido de otro individuo poco simp&aacute;tico y
+nada cort&eacute;s.)</b> Se&ntilde;ora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a
+prender a usted de orden del juez del Hospicio. <b>(Muestra el auto de
+prisi&oacute;n.)</b></p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Aterrada.)</b> &iexcl;Prenderme!... &iexcl;A m&iacute;! &iquest;Est&aacute; usted seguro?...</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;<b>(Volviendo a mostrar el auto.)</b> Vea usted... Conque si
+tiene usted la bondad de seguirme...</p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser
+hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)</b> &iexcl;Qu&eacute;
+picard&iacute;a!</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;<b>(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de
+su extraordinaria perplejidad.)</b> Ya sabr&iacute;a usted que la parte contraria
+pidi&oacute; que se sacara el tanto de culpa...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Confusa y mareada.)</b> S&iacute;.</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;Y el juez ha encontrado el fundamento.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Pues dar&eacute; fianza...</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;Precisamente... en el delito de que se trata no puede
+concederse fianza.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iexcl;Delito! &iquest;Est&aacute; usted seguro de lo que dice?</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;El pleito es ahora causa criminal...</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;<b>(Iracunda.)</b> &iquest;Y de qu&eacute; me acusan?</p>
+
+<p>EL ESCRIBANO.&mdash;De falsificaci&oacute;n.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;&iquest;Falsificadora yo?... <b>(Fuera de s&iacute;.)</b></p>
+
+<p>DON JOS&Eacute;.&mdash;<b>(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y
+contray&eacute;ndose todo.)</b> No te pierdas, Jos&eacute;.</p>
+
+<p>ISIDORA.&mdash;Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no
+consentir&aacute; que me pierdan ni que me deshonren. <b>(Llora.)</b> &iexcl;Y a esto
+llaman justicia, ley! <b>(Sobreponi&eacute;ndose al dolor y secando sus l&aacute;grimas
+de tal modo que parece que se abofetea.)</b> Yo probar&eacute; mi inocencia...
+Esto me faltaba, esto; ser m&aacute;rtir. <b>(Aparte, con entereza y orgullo.)</b>
+Bien venida sea esta noble corona. El martirio me purificar&aacute; de mis
+culpas, y har&aacute; que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan
+ver hasta los ciegos. <b>(Alto.)</b> Vamos, cuando usted quiera.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIIIa" id="Capitulo_XIIIa"></a>Cap&iacute;tulo XIII</h3>
+
+<p class="head">En el Modelo</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>La irritaci&oacute;n y la verg&uuml;enza, unidas a un desorden nervioso que casi la
+privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche
+en un estado parecido al sonambulismo. Ve&iacute;a las cosas, las tocaba,
+preguntaba, y aun respond&iacute;a como cediendo a una fuerza mec&aacute;nica. No
+estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le
+pasaba; iba y ven&iacute;a medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre
+jaqueca y man&iacute;a, sorprendi&eacute;ndose de ver c&oacute;mo brillaban instant&aacute;neas,
+sobre la densa lobreguez de su pena, algunos rel&aacute;mpagos de alegr&iacute;a.
+Rindiola el cansancio despu&eacute;s de medianoche; se acost&oacute; vestida, cerr&oacute;
+los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivi&oacute;
+bajo su cr&aacute;neo, entre la vibraci&oacute;n de los nervios encef&aacute;licos, todo lo
+acaecido desde que el escribano se present&oacute; en su casa para prenderla.
+Ve&iacute;ase en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Qui&ntilde;ones,
+donde est&aacute; el vulgar y triste edificio llamado <i>Modelo</i> con descarada
+impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual hab&iacute;a un
+soldado de guardia, y m&aacute;s a la izquierda un grupo de pobres disput&aacute;ndose
+las sobras del rancho de las presas.</p>
+
+<p>Isidora y el escribano entraban en un vest&iacute;bulo nada espacioso; sal&iacute;a a
+recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de
+cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de
+pesados cerrojos, sobre la cual se le&iacute;a en letras negras la palabra
+<i>Rastrillo</i>. Una mujer de edad madura abr&iacute;a la puerta, Isidora pasaba,
+sub&iacute;a por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el
+letrero de la <i>Sala primera</i>; y echando la vista por el hueco, ve&iacute;a un
+claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol,
+el m&aacute;s bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar.
+La idea sola de tener que vivir entre aquella gente hab&iacute;a horrorizado a
+la de Rufete. Pero ella ten&iacute;a fondos; ella pagar&iacute;a una habitaci&oacute;n
+decente, y vivir&iacute;a con ciertas comodidades y completo decoro los pocos
+d&iacute;as que, a su parecer, habr&iacute;a de permanecer en aquel tremendo asilo.</p>
+
+<p>Una se&ntilde;ora mayor, bondadosa y amable, la acompa&ntilde;aba, y preced&iacute;ala una
+celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco
+y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se
+destinaba, el cual ten&iacute;a una ventana enrejada a la calle, un camastr&oacute;n
+de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco despu&eacute;s entraba la
+celadora, quien, con formas de adulaci&oacute;n artera y llam&aacute;ndola <i>se&ntilde;orita</i>,
+ofreci&oacute; servirla y acompa&ntilde;arla. Isidora la miraba con repulsi&oacute;n. Llegada
+la noche le serv&iacute;an una cena, que no quiso probar, y al fin, sola,
+encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recost&oacute;
+en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o m&aacute;s, la
+serie de impresiones y sucesos que hemos referido.</p>
+
+<p>Por la ma&ntilde;ana, despert&aacute;ronla los gritos y desaforadas blasfemias de una
+mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de
+un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la pr&oacute;xima
+<i>Sala primera</i>, y el <i>tan tan</i> de la campana de Montserrat, iglesia del
+convento que hoy es prisi&oacute;n del bello sexo. Y si el alma humana en las
+situaciones de gran tribulaci&oacute;n se ve siempre sacudida por r&aacute;fagas de
+inexplicable alegr&iacute;a, que m&aacute;s bien parecen protesta aislada de alg&uacute;n
+nervio rebelde contra el dolor, en Isidora hab&iacute;a un motivo para que
+aquellas r&aacute;fagas de alegr&iacute;a fueran algo m&aacute;s duraderas y eficaces, porque
+la prisi&oacute;n, con ser tan odiosa, hab&iacute;a venido a librarla de otra
+esclavitud atrozmente repulsiva.</p>
+
+<p>&laquo;Casi me alegro de esto&mdash;dec&iacute;a&mdash;, porque si no estuviera aqu&iacute; estar&iacute;a ya
+muerta de horror y asco...&raquo;.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, la prisi&oacute;n no pod&iacute;a durar, porque los jueces, &iexcl;cosa evidente!,
+habr&iacute;an de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita
+demandante. Dios le hab&iacute;a deparado sin duda aquel trance para probarla y
+darle de improviso, cuando m&aacute;s afligida estuviese, el alegr&oacute;n de ganar
+el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos m&aacute;s
+en car&aacute;cter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad
+de idealizar las cosas para obtener los m&aacute;s dulces confortamientos. &iquest;No
+ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son
+perseguidos, inspiran l&aacute;stima, los inocentes que sufren tormento de la
+Justicia, &iexcl;cu&aacute;nto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas
+sensibles! Era inocente, sufr&iacute;a persecuciones inauditas; luego ten&iacute;a
+bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba
+aquella ma&ntilde;ana para figurarse que todo Madrid la compadec&iacute;a, que era el
+&iacute;dolo de multitudes, que se hac&iacute;a interesant&iacute;sima, que era un tipo
+novelesco, y aun que sal&iacute;an por aqu&iacute; y por all&aacute; bravos caballeros
+dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso.</p>
+
+<p>&iexcl;Pero qu&eacute; feo, qu&eacute; desmantelado el cuarto! &iexcl;Qu&eacute; cama, que muebles, qu&eacute;
+desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante,
+como ella, para hacer frente a un hecho, siempre ten&iacute;a pronta una idea,
+amparose de una bell&iacute;sima, que le vali&oacute; de mucho para consolarse. &iquest;Con
+qui&eacute;n creer&aacute; el lector que se compar&oacute;? Con Mar&iacute;a Antonieta en la
+Conserjer&iacute;a. Era ni m&aacute;s ni menos que una reina injuriada por la canalla.
+Determin&oacute;, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la
+realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelic&iacute;sima se&ntilde;ora, con
+lo que se crec&iacute;a a sus propios ojos, y se ve&iacute;a idealizada por el
+martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los
+padecimientos. El d&iacute;a lo pas&oacute; en estas cavilaciones, acord&aacute;ndose mucho
+del Delf&iacute;n, de Joaqu&iacute;n Pez y de otras personas. Mand&aacute;ronle ropas, y Juan
+Bou, a quien pidi&oacute; un libro de entretenimiento, le envi&oacute; <i>Los
+Girondinos</i>, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora ley&oacute; en el
+libro y deshoj&oacute; las flores, d&aacute;ndose el gusto de pisotearlas. Le
+recordaban cosas muy desagradables la osad&iacute;a y desparpajo de la canalla
+profanadora.</p>
+
+<p>Empez&oacute; el sumario. Cuando bajaba a prestar declaraci&oacute;n a la salita de
+rojo dosel, que est&aacute; junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a
+las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su
+derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba,
+preciso es decirlo, al mismo se&ntilde;or juez dign&iacute;simo y al escribano. En
+todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al
+bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que
+se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban
+coment&aacute;ndola tres o cuatro horas. Qui&eacute;n aseguraba que era una duquesa
+perseguida por su marido; qui&eacute;n la ten&iacute;a por una cualquiera de esas
+calles de Dios; y alguna, que la conoc&iacute;a verdaderamente, refer&iacute;a parte
+de su vida y milagros, a&ntilde;adiendo maliciosas invenciones. Y ella, a
+solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repet&iacute;a en su
+mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual
+contestaci&oacute;n, revolv&iacute;a lo cierto con lo dudoso, la acusaci&oacute;n de la ley
+con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas
+presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro
+que, desde la acusaci&oacute;n por falsificadora, se hab&iacute;a abierto ante sus
+ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostr&aacute;base en
+la plenitud de la verdad. Los documentos se le hab&iacute;an entregado tal y
+como estaban; y ella no hab&iacute;a a&ntilde;adido ni quitado cosa alguna, ni ten&iacute;a
+noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su t&iacute;o el
+Can&oacute;nigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor
+de ellos, Tom&aacute;s Rufete... Al llegar a este punto de su cavilaci&oacute;n,
+Isidora frunc&iacute;a el ce&ntilde;o y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo
+dudoso. &iquest;Pero a qu&eacute; martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la
+marquesa de Aransis, la curia infame y el se&ntilde;or&iacute;o prepotente eran los
+verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a
+una hu&eacute;rfana noble, a un &aacute;ngel desvalido. Pero Dios los castigar&iacute;a, Dios
+volver&iacute;a por los fueros de la verdad y de la inocencia. &iexcl;Pues no faltaba
+m&aacute;s!</p>
+
+<p>Durante el sumario, la incomunicaci&oacute;n no fue tan rigurosa como la ley
+ordena, porque los cerrojos de nuestras c&aacute;rceles se ablandan f&aacute;cilmente.
+Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se capt&oacute; las
+simpat&iacute;as de las compasivas mujeres que guardaban a sus compa&ntilde;eras. As&iacute;
+pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a <i>Riqu&iacute;n</i> y a D.
+Jos&eacute;, a su t&iacute;a <i>la Sanguijuelera</i> y a Miquis. El d&iacute;a mismo en que ces&oacute; la
+incomunicaci&oacute;n fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y
+substancioso coloquio. El simp&aacute;tico doctor sinti&oacute; viva emoci&oacute;n cuando
+vio aparecer detr&aacute;s de las dobles rejas del locutorio aquella figura
+hermosa, aquel rostro p&aacute;lido, con expresi&oacute;n de noble conformidad.</p>
+
+<p>&laquo;Isidora, gran mujer&mdash;le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones&mdash;.
+Est&aacute;s guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del
+C&oacute;digo penal. Como sigas as&iacute;, la curia, en vez de tomarte declaraciones,
+te las har&aacute;, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una
+escalera de birretes.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jate de tonter&iacute;as&mdash;replic&oacute; ella apoyando los codos en la reja interior
+y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud de
+aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el locutorio&mdash;.
+&iexcl;Ay, Miquis, esto es morir!</p>
+
+<p>&mdash;Con tu permiso, eso es vivir. &iquest;Pues qu&eacute; cre&iacute;as t&uacute;?... La vida toda es
+c&aacute;rcel, s&oacute;lo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos est&aacute;n
+entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero
+vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que ser&aacute;n para
+ti alegres o tristes, seg&uacute;n como las tomes.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;melas pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado tambi&eacute;n de la marquesa&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&laquo;La marquesa lleg&oacute; ayer, de paso para C&oacute;rdoba. La buena se&ntilde;ora se pone
+nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisi&oacute;n&raquo;.
+&laquo;Mu&ntilde;oz y Nones&mdash;dijo la se&ntilde;ora a mi suegro&mdash;, yo quiero que usted arregle
+esto. T&oacute;melo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada, demu&eacute;strele
+lo in&uacute;til de su tenacidad, y ofr&eacute;zcale en mi nombre lo que a usted le
+parezca, con tal que me deje en paz&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso le dijo?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la
+falsificaci&oacute;n ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andr&eacute;u, compa&ntilde;ero
+y amigo de mi suegro. &iquest;Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificaci&oacute;n
+no est&aacute; hecha por ti&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora callaba. Hasta que el di&aacute;logo tom&oacute; otro giro, estuvo como una
+estatua, fijos en Miquis los ojos:</p>
+
+<p>&laquo;Oyes. &iquest;Sabes que te me est&aacute;s pareciendo a la pantera del Retiro? &iquest;Por
+qu&eacute; me miras as&iacute; y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario
+de la casa de Aransis, vendr&aacute; a hablarte; te anuncio esa grata visita.
+Te ofrecer&aacute; la libertad, la declaraci&oacute;n de tu inocencia, y <i>ainda mais</i>,
+una gratificaci&oacute;n, un socorro. Pobrecita, has sido v&iacute;ctima de un grande
+y tremendo enga&ntilde;o. Broma m&aacute;s pesada no se ha dado ni se dar&aacute;. Qui&eacute;n fue
+el autor de ella, t&uacute; lo sabr&aacute;s... Pero qu&eacute;, &iquest;te has vuelto muda? &iquest;Eres
+de piedra? &iquest;A d&oacute;nde miras? &iquest;Estas gozando de alguna visi&oacute;n? &iquest;Est&aacute;s en
+&eacute;xtasis?&raquo;.</p>
+
+<p>&Eacute;l tambi&eacute;n se callaba y la miraba. Meti&oacute; la mano por la reja exterior e
+hizo algunas casta&ntilde;etas con los dedos, como cuando se trata de llamar la
+atenci&oacute;n a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no dec&iacute;a nada.</p>
+
+<p>&laquo;Voy a hablarte de otra cosa&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Miquis&mdash;. Ayer he tenido una grata
+sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando o&iacute; una voz que dec&iacute;a:
+&laquo;Se&ntilde;orito Miquis, se&ntilde;orito Miquis&raquo;. Volvime y vi a tu t&iacute;a, la sin par
+<i>Sanguijuelera</i>. &laquo;&iquest;No sabe usted&mdash;me dijo&mdash;que hemos encontrado a la fiera
+perdida?...&raquo;. &laquo;&iquest;A qui&eacute;n?&raquo;. &laquo;A <i>Pecado</i>&raquo;. All&aacute; en su lengua especial me
+cont&oacute; que le hab&iacute;an dado noticias de tu hermano otros muchachos. Ha
+vivido alg&uacute;n tiempo en un tejar detr&aacute;s de la nueva Plaza de Toros.
+&iexcl;Pobre chico! Fuimos all&aacute;, y dos mujeres que encontramos y que no se
+recomiendan por su fisonom&iacute;a, nos dijeron que, habiendo ca&iacute;do enfermo
+con calenturas, le hab&iacute;an llevado al hospital.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Al hospital!&mdash;repiti&oacute; Isidora saliendo de su letargo.</p>
+
+<p>&mdash;Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos
+convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque est&aacute; poco
+menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en
+el tejar y de sus correr&iacute;as y altas haza&ntilde;as, antes de caer enfermo,
+supimos algo que contaremos cuando tengas m&aacute;s tranquilidad de
+esp&iacute;ritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou.
+Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que
+pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma.</p>
+
+<p>&mdash;Augusto&mdash;murmur&oacute; Isidora gravemente, apart&aacute;ndose de la reja&mdash;, es la hora
+de reglamento. Disp&eacute;nsame que te despida. Estoy fatigada. Adi&oacute;s. Vuelve
+ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>Y se march&oacute; <i>como una reina</i>, seg&uacute;n dijo Miquis para s&iacute;, vi&eacute;ndola
+internarse en la c&aacute;rcel. Y &eacute;l se sali&oacute; a la calle: repitiendo: &laquo;&iexcl;Gran
+mujer, gran mujer!&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>&iexcl;Falsificaci&oacute;n! &iexcl;Profanaci&oacute;n de aquella santa escritura de la cual
+emanaba el m&aacute;s santo de los derechos! Si hab&iacute;a delito, &iquest;qui&eacute;n era el
+autor de &eacute;l? &iquest;El Can&oacute;nigo o Tom&aacute;s Rufete? &iexcl;Enorme, endiablada
+confusi&oacute;n!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la
+infeliz presa fue que su abogado le dijo un d&iacute;a estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Desde el tanto de culpa la cuesti&oacute;n ha variado por completo. La casa de
+Aransis y el Sr. Mu&ntilde;oz y Nones tratan de probar la falsedad de un
+documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos
+quedaremos en el aire, hija m&iacute;a. El pleito toma un giro tal que
+dif&iacute;cilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los
+mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de
+que la falsificaci&oacute;n resulte evidente, creo f&aacute;cil probar que no ha sido
+usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe.
+En resumen: seguridades de &eacute;xito en la causa criminal; seguridades de un
+fracaso en el pleito de filiaci&oacute;n. Ya sabe usted que en la prueba hemos
+estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la ni&ntilde;ez que nos
+favorecieran, y por resultar muy d&eacute;biles los testimonios de otras
+personas&raquo;.</p>
+
+<p>Y dicho esto, el abogado, fr&iacute;o, honrado y cruel, se despidi&oacute; dando un
+suspiro, &uacute;ltimo tributo de la ley al volverse hostil.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Tambi&eacute;n, tambi&eacute;n me han corrompido a mi abogado!&mdash;exclam&oacute; Isidora
+cuando se qued&oacute; sola&mdash;. &iexcl;Bien, ser&eacute; m&aacute;rtir; que me maten de una vez, que
+acaben conmigo, que me lleven al cadalso!&raquo;.</p>
+
+<p>Pasada la crisis de ira, estuvo dos d&iacute;as sin salir del lecho; apenas
+hablaba; no ten&iacute;a fuerzas para nada; sent&iacute;ase tambi&eacute;n algo idiota como
+su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura
+frase a la justicia humana, exalt&aacute;ndose, para caer despu&eacute;s prontamente
+en el des&aacute;nimo y derramar abundantes l&aacute;grimas. Su sue&ntilde;o era entonces
+breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno
+de obst&aacute;culos. Unas veces se le aparec&iacute;a <i>Riqu&iacute;n</i>, ladeando con gracia
+la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado.
+Y el p&iacute;caro Anticristo la miraba, ech&aacute;ndose el fusilillo a la cara con
+infantil gracejo, y &iexcl;zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el
+acto; acud&iacute;an otros chicos, camaradas de <i>Riqu&iacute;n</i>, y entre risotadas y
+gritos la cog&iacute;an y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa
+de la multitud, que dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;La marquesa, la marquesa!&raquo;.</p>
+
+<p>Otras veces era gran se&ntilde;ora, y estaba en su palacio, cuando de repente
+ve&iacute;a aparecer un esqueleto de ni&ntilde;o, con la cabeza muy abultada, y los
+huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto
+tra&iacute;a su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Lleg&aacute;ndose
+ella, mov&iacute;a la gran cabeza y se re&iacute;a y hablaba. Pero Isidora, sin poder
+entender sus palabras, temblaba de espanto al o&iacute;rlas. Luego se borraba
+el ni&ntilde;o del campo de los sue&ntilde;os, y aparec&iacute;a Joaqu&iacute;n en mitad de una
+org&iacute;a, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se
+paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y
+prorrump&iacute;an en carcajadas. Ella se re&iacute;a tambi&eacute;n; pero, &iexcl;cosa rara!, se
+re&iacute;a de hambre. La debilidad contra&iacute;a sus m&uacute;sculos haci&eacute;ndola re&iacute;r..., y
+por aqu&iacute; segu&iacute;a de disparate en disparate hasta que despertaba y volv&iacute;a
+al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sue&ntilde;os.</p>
+
+<p>A los tres meses de aquella trist&iacute;sima vida, a la cual lleg&oacute; a
+acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus
+guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo,
+permiti&eacute;ndole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicaci&oacute;n.
+La conducta de Isidora en la c&aacute;rcel era irreprensible: no daba
+esc&aacute;ndalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se
+hab&iacute;a hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su
+intimidad, se hac&iacute;an lenguas de su buen coraz&oacute;n, finura y agradable
+trato. No ten&iacute;a poca parte en esto la generosidad de la procesada y su
+prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hac&iacute;an. Lo
+peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de d&iacute;a en d&iacute;a,
+marchaba a su completa extinci&oacute;n y acabamiento. Siempre que en esto
+pensaba, Isidora sent&iacute;a trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo
+futuro para ver si por alguna parte hab&iacute;a se&ntilde;ales de cosa met&aacute;lica.
+Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou
+iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su
+antipat&iacute;a, era lento ant&iacute;doto del veneno de la pasi&oacute;n de &eacute;l, y as&iacute;, o
+por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retra&iacute;a y apartaba de
+aquel gran peligro de su vida.</p>
+
+<p>&laquo;Calavera de un d&iacute;a&mdash;dec&iacute;a para s&iacute;&mdash;, vuelve a tu choza y no pierdas la
+chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas
+infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la
+c&aacute;rcel, &iexcl;pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo
+llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si
+conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los
+burgueses. &iexcl;Valientes pillos! Pero aquello es vivir...&raquo;.</p>
+
+<p><i>La Sanguijuelera</i> iba casi todos los d&iacute;as a ver a su sobrina. Cuando le
+llev&oacute; a Mariano, Isidora se afligi&oacute; grandemente, porque estaba tan
+flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conoc&iacute;a. La
+fiebre le hab&iacute;a dejado en los puros huesos, y la piel se le
+transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su esp&iacute;ritu
+mismo, hab&iacute;a dejado el mal huellas quiz&aacute;s m&aacute;s profundas, porque hablaba
+poco, contestaba tard&iacute;amente, cual si necesitara mucho tiempo para
+recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su
+hermana con espantados ojos.</p>
+
+<p>&laquo;Ya ves&mdash;dijo Isidora, sin saber qu&eacute; t&eacute;rminos emplear para dar una
+explicaci&oacute;n de su estado miserable&mdash;. Ya ves a d&oacute;nde me han tra&iacute;do las
+picard&iacute;as, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando
+idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley...
+Y t&uacute;, &iquest;qu&eacute; has hecho? Cu&eacute;ntame. &iexcl;Has estado malo! &iquest;Ves? Si no hubieras
+salido de casa de la t&iacute;a, ella te habr&iacute;a cuidado bien. &iexcl;Qu&eacute; tremenda
+lecci&oacute;n!&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano no dec&iacute;a nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto
+miraba al suelo como al rostro de su hermana.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No me dices nada?&mdash;pregunt&oacute; ella impaciente&mdash;. &iquest;Te has vuelto mudo? Esa
+cara, ese mirar, &iquest;qu&eacute; son?, &iquest;arrepentimiento o se&ntilde;al de mayor barbarie?
+&iexcl;Ah! Mariano, Mariano; el &uacute;nico consuelo que podr&iacute;a tener yo ahora es
+verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa cabeza,
+abre esa boca, mueve esa lengua, habla, cont&eacute;stame...&raquo;.</p>
+
+<p>Y, d&aacute;ndole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza.</p>
+
+<p>&laquo;Su se&ntilde;or&iacute;a gasta ahora pocas palabras&mdash;dijo Encarnaci&oacute;n&mdash;. Le hemos de
+poner dentro de un c&aacute;ntaro en un cuarto obscuro, como a las maricas,
+para ense&ntilde;arle a hablar... &iquest;Quieres ver t&uacute; que pronto se despabila el
+p&aacute;jaro? Pues ens&eacute;&ntilde;ale el ca&ntilde;am&oacute;n. Ver&aacute;s...&raquo;.</p>
+
+<p>Metiendo la mano en su bolsillo, sac&oacute; una peseta y la mostr&oacute; al
+muchacho, cuyos ojos so&ntilde;olientos se reanimaron de s&uacute;bito, y alz&oacute; la mano
+hac&iacute;a la moneda, diciendo con un gru&ntilde;ido:</p>
+
+<p>&laquo;<i>Pa m&iacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, para ti estaba&raquo;&mdash;dijo, riendo <i>la Sanguijuelera</i>, guard&aacute;ndose la
+moneda con m&aacute;s viveza que un prestidigitador.</p>
+
+<p>Mariano mir&oacute; a su hermana, la cual, compadecida, ech&oacute; mano a la
+faltriquera, y sacando dos pesetas di&oacute;selas al chico.</p>
+
+<p>&laquo;Para ti..., pero con la condici&oacute;n de que has de contarme lo que has
+hecho en todo este tiempo, c&oacute;mo ca&iacute;ste enfermo, c&oacute;mo has vivido, qui&eacute;n
+te ha dado de comer...&raquo;.</p>
+
+<p>Con gran prontitud se guard&oacute; <i>Pecado</i> su dinero, y alzando los hombros y
+echando de s&iacute; un enorme suspiro, pronunci&oacute; torpemente estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no
+me ha pasado nada.</p>
+
+<p>&mdash;Nos hemos enterado.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene seco el entendimiento&mdash;indic&oacute; <i>la Sanguijuelera</i>&mdash;. La calentura le
+abras&oacute; los sesos. Dice el se&ntilde;orito Miquis que le d&eacute; ba&ntilde;os en el r&iacute;o. Oye
+t&uacute;&mdash;a&ntilde;adi&oacute; alzando la voz, como cuando se habla con un sordo&mdash;: &iquest;quieres
+trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?&raquo;.</p>
+
+<p>Como si nada oyera, Mariano se levant&oacute; desperez&aacute;ndose, y dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Me voy.</p>
+
+<p>&mdash;Alto ah&iacute;, amiguito&mdash;replic&oacute; Encarnaci&oacute;n sigui&eacute;ndole&mdash;. Has de arrastrar
+una calza como los pollos. No saldr&aacute;s sin mi compa&ntilde;&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Mariano no le hac&iacute;a caso y sali&oacute;. La vieja fue detr&aacute;s de &eacute;l,
+gritando:</p>
+
+<p>&laquo;Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo tambi&eacute;n
+tengo buenos remos&raquo;.</p>
+
+<p>Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz
+hermano, y dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Imb&eacute;cil, imb&eacute;cil!... As&iacute; no sentir&aacute; nada... Y yo, cada vez con m&aacute;s
+talento para pensar, para comparar... &iexcl;Qu&eacute; desgraciada soy, y &eacute;l qu&eacute;
+feliz!&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Tres d&iacute;as despu&eacute;s volvi&oacute; Mariano solo. Parec&iacute;a m&aacute;s &aacute;gil, m&aacute;s
+despabilado, m&aacute;s due&ntilde;o de su pensamiento y de su palabra.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Vienes solo?&mdash;le pregunt&oacute; Isidora, asombrada de que no le acompa&ntilde;ara su
+t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Solito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tu t&iacute;a Encarnaci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito
+que me lleven y me traigan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has ido al trabajo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mentiroso!</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;dijo <i>Pecado</i> abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te ha dado eso?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Gaitica</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Gai...?</p>
+
+<p>&mdash;Tica, tica. &iquest;No lo conoces? Es un caballero, un amigo m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; te ha dado ese dinero?</p>
+
+<p>&mdash;Porque me lo gan&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano guard&oacute; las monedas para dejar desembarazada la mano, meti&oacute; esta
+luego por una abertura de su pantal&oacute;n y...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Aqu&iacute; no nos ve nadie?...&mdash;pregunt&oacute; receloso mirando a las paredes y a
+la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Porque si me guipan...&raquo;.</p>
+
+<p>Y sac&oacute; del bolsillo un objeto cil&iacute;ndrico, largo, como de media tercia,
+de dos pulgadas de di&aacute;metro. Era un canuto fuertemente liado con
+bramante.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Un petardo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, &iquest;eso que estalla?&mdash;exclam&oacute; Isidora con espanto&mdash;. &iexcl;Y va a estallar
+aqu&iacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para
+esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando
+revent&oacute; cayeron todos los cristales de dos casas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y te ocupas en eso? &iexcl;B&aacute;rbaro!... No lo digo porque me importe nada que
+el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondr&iacute;a, si
+pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos los
+palacios de esa gente ego&iacute;sta que nos quita lo nuestro.</p>
+
+<p>&mdash;Lo pondremos&mdash;replic&oacute; Mariano, haciendo de la malignidad y de la
+estupidez una sola expresi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez
+de hacerla con ca&ntilde;ones. &iquest;Qu&eacute; resulta? Que suena mucho, que se asustan
+los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas
+personas, y nada m&aacute;s. &iexcl;Simplezas y pamplinas!</p>
+
+<p>&mdash;Pondremos uno de este tama&ntilde;o&mdash;dijo <i>Pecado</i>, expresando con la distancia
+de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista&mdash;. Hay en
+Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que deb&iacute;a ser para
+nosotros, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan nuestro
+nombre, nuestra representaci&oacute;n social; nos meten en calabozos inmundos,
+nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo que
+roban. El mundo est&aacute; perdido. Si no sale alguien que le vuelva del rev&eacute;s
+y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba...</p>
+
+<p>&mdash;Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo&mdash;repiti&oacute; Mariano con el gozo de
+quien ha encontrado la f&oacute;rmula de un pensamiento que no ha sabido
+expresar&mdash;. &iquest;Sabes?... &iexcl;Cosas que pasan! Ayer he visto al se&ntilde;orito
+Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos se&ntilde;oras, dos t&iacute;as, &iquest;eh?, y
+un caballero. Parec&iacute;a un marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No le nombres delante de m&iacute;&mdash;dijo Isidora cerrando los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto ha robado!&mdash;exclam&oacute; el muchacho con cierta efusi&oacute;n&mdash;. &iexcl;Y nosotros
+tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;exclam&oacute; Isidora sintiendo un nudo en la garganta&mdash;. Dios nos
+proteger&aacute;. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por
+ahora...; pero esto ha de cambiar. &iquest;Qui&eacute;n sabe lo que pasar&aacute; el mejor
+d&iacute;a? Yo he le&iacute;do que los soberbios ser&aacute;n humillados y los humildes
+ensalzados&raquo;.</p>
+
+<p>Interpretaci&oacute;n tan singular del texto evang&eacute;lico cay&oacute; en el cerebro de
+Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y
+fructificaron en &eacute;l las ideas m&aacute;s extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>&laquo;Ellos nos han quitado lo que es nuestro, &iquest;verdad, hermana?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora rompi&oacute; a llorar.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, s&iacute;, s&iacute;&mdash;dijo entre l&aacute;grimas y sollozos&mdash;. Picard&iacute;a tras picard&iacute;a, nos
+han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... &iquest;C&oacute;mo?
+Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. T&uacute; y yo
+tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han
+quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una c&aacute;rcel. Pues
+contigo har&aacute;n lo mismo, y nos ahorcar&aacute;n, si pueden&raquo;.</p>
+
+<p>O&iacute;a Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de
+elocuencia.</p>
+
+<p>&laquo;Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos pertenec&iacute;a. Pues
+ya ves: c&aacute;rcel, infamia, pobreza. T&uacute; y yo seremos mendigos o Dios sabe
+qu&eacute;. &iexcl;Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo
+mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a
+nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman
+pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos
+vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero,
+tienen la conciencia de los jueces... Que me den a m&iacute; el dinero, aunque
+s&oacute;lo sea por ocho d&iacute;as, y ver&aacute;n lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya
+ves, nos abrasan, nos matan. &iquest;Qu&eacute; es la ley? Una enga&ntilde;ifa, una farsa.
+Los que la representan, &iquest;qu&eacute; son sino ladrones? La autoridad..., &iexcl;ah!,
+&iexcl;qu&eacute; gracia me hace a m&iacute; la autoridad! Es la comedia de las comedias,
+mal representada para enga&ntilde;arnos, para explotarnos.</p>
+
+<p>&mdash;Les pondremos un petardo, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Uno? &iexcl;Cuatro mil; un mill&oacute;n!... T&uacute; eres un infeliz, chico, y no sabes
+lo mala que es esa gente&raquo;.</p>
+
+<p>Siguieron hablando de esto, y al d&iacute;a siguiente hablaron de lo mismo,
+porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba
+f&aacute;cilmente. A medida que sus ilusiones deca&iacute;an, determin&aacute;base en su alma
+un cambio de sentimientos; simpatizaba m&aacute;s con el pueblo, a quien cre&iacute;a
+oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo m&aacute;s
+extra&ntilde;o era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudi&eacute;ramos llamar
+coqueter&iacute;a de la desgracia, segu&iacute;a encari&ntilde;ada con el bonito papel de
+Mar&iacute;a Antonieta en la Conserjer&iacute;a. Pero en aquel caso la buena reina
+estaba martirizada por la cruel y ego&iacute;sta aristocracia, de donde ven&iacute;a
+que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los
+descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo,
+unida a todo el despecho de su coraz&oacute;n, le hubiera hecho tolerar la
+groser&iacute;a y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba
+vida en su mente a una gallarda utop&iacute;a, es decir, a la existencia
+posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida.
+Pero esto, &iquest;no era una atrevida excursi&oacute;n al porvenir? Algo de genial
+hab&iacute;a en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, sol&iacute;a poner
+fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; talento
+tengo y qu&eacute; cosas me ocurren!&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIVa" id="Capitulo_XIVa"></a>Cap&iacute;tulo XIV</h3>
+
+<p class="head">De aquellas cosas que pasan...</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>Desde que Mariano empez&oacute; a entonarse, su t&iacute;a Encarnaci&oacute;n no pod&iacute;a hacer
+carrera de &eacute;l. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente
+ineficaces contra &eacute;l. M&aacute;s le habr&iacute;a gustado a la buena mujer verle
+travieso, enredador e indomable como en su ni&ntilde;ez, que observar aquella
+indolencia taciturna, aquella t&eacute;trica quietud, semejante al acecho de
+las bestias carn&iacute;voras, en las cuales la paciencia es precursora de la
+ferocidad.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;En qu&eacute; piensas, animal?&mdash;le dec&iacute;a bruscamente&mdash;. &iquest;Vas a inventar la
+p&oacute;lvora o qu&eacute;? Eres un talego. &iquest;Por qu&eacute; te est&aacute;s dos horas mirando al
+suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano,
+&iexcl;pu&ntilde;ales! &iquest;Vas a hacer el Almanaque del empedrado? &iexcl;Qu&eacute; poste! Tu
+hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. T&uacute; llevas otro camino,
+pero llegar&aacute;s al mismo fin. &iquest;Por qu&eacute; no trabajas?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no me da la gana..., <i>hala</i>...&mdash;respond&iacute;a Mariano saliendo de su
+somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ve a que te mantenga el obispo.</p>
+
+<p>&mdash;No necesito que usted me mantenga. Tengo de ac&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda, anda, chaval desorejado!... &iexcl;Y con qu&eacute; tipos te ajuntar&aacute;s t&uacute;
+para allegar eso! &iquest;Qu&eacute; diabluras haces? &iquest;En qu&eacute; te ocupas por las
+noches? &iquest;Qu&eacute; llevas aqu&iacute; debajo de la blusa?</p>
+
+<p>&mdash;El cop&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jo... s&uacute;s! &iexcl;Qu&eacute; blasfemias dices! Mira, mira, t&uacute; y yo haremos malas
+migas. Si sigues as&iacute;, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El d&iacute;a en
+que te den garrote ir&eacute; a verte.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Aur!...</i>&raquo;&mdash;murmur&oacute; <i>Pecado</i> con gutural sonido.</p>
+
+<p>Y se march&oacute; despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada,
+la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos
+d&iacute;as, dando a su te&oacute;rico paseo una direcci&oacute;n determinada, &iacute;base a casa
+de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro,
+por quien conservaba ligera inclinaci&oacute;n, parecida al afecto. Lleg&oacute; al
+taller un d&iacute;a (enero del 77) y encontr&oacute; al buen catal&aacute;n festivo y
+engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos.</p>
+
+<p>&laquo;Hola, tagarote, &iquest;qu&eacute; buscas por aqu&iacute;?&mdash;le dijo, tocado de aquella
+verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos&mdash;.
+Si&eacute;ntate. Pues todav&iacute;a mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez
+ese pelo. Tienes la cabeza como la de un rat&oacute;n acabado de nacer... Te
+digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aqu&iacute; no se gastan
+cumplidos. Conque cu&eacute;ntame: &iquest;trabajas o no?&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano quiso contestar que no trabajar&iacute;a m&aacute;s a jornal; pero Bou ten&iacute;a
+tantas ganas de decir algo, que le cort&oacute; la palabra con la suya
+inagotable, dici&eacute;ndole as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Aprovecho esta ocasi&oacute;n para decirte que tu hermana es una loca, una mal
+agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza
+destornillada. Yo la quise como yo s&eacute; querer, y me hubiera casado con
+ella. &iexcl;<i>Voto va Deu</i>, de buena me he librado! Porque tu hermana es una
+calamidad. Ah&iacute; la tienes en la c&aacute;rcel por terca, porque se ha empe&ntilde;ado
+en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdi&aacute;cono. En fin,
+ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el m&iacute;o; y no
+creas lo que dicen por ah&iacute;, no; no es cierto que yo me gastara con ella
+lo que me saqu&eacute; a la loter&iacute;a y la herencia de mi t&iacute;o. En total, no me
+pellizc&oacute; arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quit&oacute; de
+entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico,
+hay Providencia. Mi dinero se salv&oacute; en un papel, el auto de prisi&oacute;n;
+porque trapitos por aqu&iacute;, trapitos por all&aacute;, el caprichito <i>A</i>, la
+chucher&iacute;a <i>B</i>, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en
+una ma&ntilde;ana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su
+coraz&oacute;n, lleno de apetitos, est&aacute; escrito con letras de oro &laquo;&iexcl;abajo los
+ricos!&raquo;. Buena pieza, s&iacute;. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve
+aquella cara, &iquest;c&oacute;mo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos
+ojos divinos, donde tienen su madriguera los &aacute;ngeles, &iexcl;c&oacute;mo ha de pensar
+que estos &aacute;ngeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba
+ciego, yo estaba tonto. Cuando me mand&oacute; la primera carta con su padrino,
+pidi&eacute;ndome socorros, me pareci&oacute; que se me abr&iacute;an las puertas del cielo.
+Esta es la m&iacute;a, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella
+aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arregl&aacute;bamos
+una casita; yo estaba embobado; quer&iacute;a probar las delicias del mundo,
+cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se qued&oacute; con la
+copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gust&eacute;,
+tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, se&ntilde;ores, conozco
+sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; s&eacute; lo que
+cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipaci&oacute;n inmoral
+de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla
+abajo. &iquest;Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. &iquest;Se hace el mal?, pues
+nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si
+eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que
+ha hecho tu hermana conmigo. La saqu&eacute; de la miseria, la vest&iacute;, la calc&eacute;,
+le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abr&iacute;a la boca y
+yo abr&iacute;a el bolsillo, y <i>palante</i> siempre. Pues mira el pago. Dice que
+soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de
+flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y
+me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas
+cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me
+importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con
+qu&eacute; pagar el cuarto en la c&aacute;rcel. La pondr&aacute;n en aquellas grandiosas
+salas, donde podr&aacute; pasearse y comer y dormir con aquellas lindas
+duquesas y baronesas que est&aacute;n all&aacute; por hurtos, lesiones y otras
+gracias. Bien merecido. Ella no te preguntar&aacute; por m&iacute;. Si te pregunta, le
+dices que el se&ntilde;or <i>Ipecacuana</i> (as&iacute; me llama) est&aacute; contento de haberla
+perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el
+sentido com&uacute;n, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes,
+que buscar&eacute; una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del
+pueblo, me r&iacute;o de su aristocracia est&uacute;pida, y que me alegrar&iacute;a de que
+todos los arist&oacute;cratas y chupadores juntos no tuvieran m&aacute;s que un solo
+pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s hubiera dicho, pero la tos, que por lo hom&eacute;rica, ten&iacute;a cierta
+semejanza con la risa de los dioses, le invadi&oacute; de s&uacute;bito y all&iacute; fue
+Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derram&oacute; abundante lloro,
+mientras el otro, m&aacute;s cerrado que arca de avaro, no daba se&ntilde;ales de
+existencia.</p>
+
+<p>&laquo;Y ahora&mdash;continu&oacute; Bou, gozoso del mutismo de Mariano&mdash;, si quieres que te
+d&eacute; consejos, te los dar&eacute;. Porque t&uacute; tan callado, t&uacute; tan sombr&iacute;o, no
+vienes a que te d&eacute; trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga
+millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres
+trabajar, no trabajes. En este mundo, el que m&aacute;s trabaja tiene
+probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la loter&iacute;a
+o alguna herencia. T&uacute; eres listo; busca un negocio atrevido, emprende
+algo, especula con la candidez de los dem&aacute;s. Yo he visto mucho mundo, y
+s&eacute; que los m&aacute;s pillos son los que tienen m&aacute;s dinero. Cuando t&uacute; lo
+tengas, g&aacute;stalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te dar&aacute;n el
+suyo; as&iacute; es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea
+con un gran esc&aacute;ndalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para
+decir: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; b&aacute;rbaro es!&raquo;. Aqu&iacute; hay dos papeles, el de v&iacute;ctima o el de
+verdugo. &iquest;Cu&aacute;l vale m&aacute;s? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se
+pueda. El pueblo est&aacute; sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay
+en la naci&oacute;n. No hay m&aacute;s que dos caminos: o acabar de una vez con todos
+los grandes, lo cual no es f&aacute;cil, o meterse entre ellos y aprender sus
+marruller&iacute;as y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar
+<i>palantito</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;dijo Mariano con s&uacute;bita animaci&oacute;n&mdash;quiero que se hable de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que hablen de ti!..., pues mete ruido.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es ruido..., ya lo meto&mdash;replic&oacute; Mariano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;Con un cencerro?</p>
+
+<p>&mdash;Con esto&mdash;dijo Mariano mostrando un canuto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Tunante!...&mdash;exclam&oacute; Bou muy asombrado de ver el instrumento
+m&uacute;sico que el chico mostraba&mdash;. Conque t&uacute; te ocupas... Pues mira: desde
+hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende
+al pueblo. &iexcl;Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores
+y dem&aacute;s escoria! Oye t&uacute;, m&iacute;rame a la cara. &iquest;Me ves bien? Pues este que
+aqu&iacute; ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio
+al Poder p&uacute;blico; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que
+represente la autoridad usurpada y la ley tir&aacute;nica, lo hace cara a cara,
+a pecho descubierto, poni&eacute;ndose entre el peligro y la inmortalidad,
+entre el verdugo y la gloria. &iexcl;Pero disparar cohetes en la sombra,
+asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden p&uacute;blico!...
+Reflexiona, hijo m&iacute;o&mdash;a&ntilde;adi&oacute;, despu&eacute;s de una pausa, con tonillo de
+propaganda evang&eacute;lica que sab&iacute;a adoptar en ciertos casos&mdash;; reflexiona en
+que si quieres educar tus virtudes c&iacute;vicas, y llegar al grado de
+estimaci&oacute;n p&uacute;blica a que hemos llegado los que estamos llenos de
+heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido
+ratas...&raquo;.</p>
+
+<p>Dios sabe a d&oacute;nde habr&iacute;a llegado por este brillante camino, si Mariano
+no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado
+fisiol&oacute;gico en que se encontraba, su l&uacute;gubre aton&iacute;a se interrumpi&oacute;
+bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de iron&iacute;a
+dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como
+alma que lleva el diablo.</p>
+
+<p>&laquo;Este chico tiene algo&raquo;&mdash;dijo Bou para s&iacute;.</p>
+
+<p>Olvid&aacute;ndose luego del muchacho, sigui&oacute; pausadamente los pasos contados
+de su met&oacute;dica vida; pase&oacute; un poco por la tarde, comi&oacute; despu&eacute;s, fue al
+caf&eacute;, regres&oacute; a su casa, y cuando se estaba acostando, &iexcl;ay Dios!, oyose
+un estr&eacute;pito tal, que no parec&iacute;a sino que reventaba una mina junto a la
+casa y que esta se ven&iacute;a abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido
+dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos
+mil, la puerta de la casa salt&oacute; del quicio, y el vecindario,
+alarmad&iacute;simo, sal&iacute;a gritando a la calle con p&aacute;nico horrible...</p>
+
+<p>&iexcl;Ah pillete arist&oacute;crata!&mdash;dijo Bou seren&aacute;ndose al comprender lo que
+era&mdash;. &iexcl;Si te cojo!...&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>Y algunos d&iacute;as despu&eacute;s de esto, Mariano estaba en la encrucijada que
+llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las v&iacute;as que all&iacute; concurren,
+sin saber cu&aacute;l escoger para entrar por ella. Oig&aacute;mosle:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ir&eacute; a casa de mi t&iacute;a? No, que llama a los de Orden p&uacute;blico y me cogen.
+&iquest;Ir&eacute; a ver a mi hermana? No, que estar&aacute; all&iacute; <i>Gaitica</i>. &iquest;A d&oacute;nde ir&eacute;?...
+Dej&eacute;monos ir. Por aqu&iacute;, por la Carrera abajo, ver&eacute; la gente que va a
+paseo, ver&eacute; los coches, subir&eacute; al Retiro, y me estar&eacute; all&iacute; toda la
+tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de
+nada... Ya empieza a pasar la piller&iacute;a. All&aacute; va un coche..., y otro y
+otro. Toma, aquel es de ministro. <i>Chupa&mdash;gente</i>, &iquest;sabe el coche?
+<i>Oigast&eacute;</i>, &iquest;y si le dijeran: &laquo;Suelte lo que no es suyo?...&raquo;. Ah&iacute; va
+otro. &iexcl;Cu&aacute;nto habr&aacute; robado ese hombre para llevar cocheros con tanto
+gal&oacute;n!... Anda, anda, y all&iacute; va un cochero montado en el caballo de la
+derecha, con su gorrete azul y charretera... &iexcl;Eh!, y en el coche van dos
+se&ntilde;oras... &iexcl;Vaya unas t&iacute;as, y c&oacute;mo se revuelcan en los cojines! <i>Oigan
+ust&eacute;s</i>, &iquest;de d&oacute;nde han sacado tanto encaje? Y qu&eacute; abrigaditas con sus
+pieles... Pues yo tuve anoche mucho fr&iacute;o, y ando con los zapatos rotos.
+Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado.
+&iexcl;Valientes t&iacute;as!... Subir&eacute; por el Dos de Mayo. Por aqu&iacute; va mucha gente a
+pie.</p>
+
+<p>&raquo;Este Retiro es bonito; s&oacute;lo que..., de aquellas cosas que pasan,
+habiendo tantos que tienen fr&iacute;o, el pueblo deb&iacute;a venir aqu&iacute; a cortar
+le&ntilde;a... Entro por este paseo de los mu&ntilde;ecos de piedra con las manos y
+las narices rotas. &iexcl;Qu&eacute; feos son!... Hola, hola, &iquest;ni&ntilde;itos con guantes?
+&iexcl;Y cu&aacute;ntos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la
+criada hab&iacute;a para vestir a cuatro mil pobres... El pap&aacute; debe de haber
+robado mucho. Est&aacute; gordo como un lech&oacute;n... De consiguiente, que lo abran
+en canal... Tomemos por aqu&iacute; a la derecha, para ir a la Casa de
+Fieras... Pero no entrar&eacute;; estoy cansado de verlas. &iexcl;Pu&ntilde;o, cu&aacute;nto coche!
+All&aacute; va D. Melchor acompa&ntilde;ando a dos ni&ntilde;as. S&iacute;, para ti estaban, bruto.
+Son las ni&ntilde;as de Pez. Y el Sr. Pez va tambi&eacute;n con la gran tripa llena de
+billetes de Banco, que ha tragado... M&aacute;s coches, m&aacute;s coches, m&aacute;s. Bien
+dice el maestro que lo bueno ser&iacute;a que toda esta gente no tuviera m&aacute;s
+que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente,
+todos vivir&iacute;amos al pelo... Pero &iquest;qu&eacute; es aquello que viene all&iacute;? &iexcl;Ah!,
+ya s&eacute;. Primero un batidor a caballo. Despu&eacute;s el gran coche con seis
+caballos... Pu&ntilde;o, y toda esa gente de galones, &iquest;para qu&eacute; sirve? Miale,
+miale, c&oacute;mo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella tambi&eacute;n
+saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habr&aacute; que vus arregle.
+Yo lo que digo es que muerto el perro se acab&oacute; la rabia, y que muerta la
+cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que
+les vean mejor. Ahora vuelven para ac&aacute;; ya vus hemos visto bien.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de coraz&oacute;n, &iquest;a d&oacute;nde
+ir&iacute;ais a parar todos? Todos os pasar&iacute;ais al partido de los pobres.
+&iexcl;Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. &iexcl;Abajo los
+ladrones!... Pu&ntilde;o, vienen m&aacute;s coches, todos con t&iacute;as brujas o con mozas
+guapas muy tiesas. Ya, ya; &iquest;sombrillita para que el sol no les queme las
+caras? Pues yo, t&iacute;as brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos
+rotos, y la blusa rota, muerto de fr&iacute;o; con que... &iexcl;Eh!... &iquest;Qui&eacute;n es
+aquel que va a caballo? &iquest;No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de
+persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos
+d&iacute;as ha ganado al juego muchos miles. Ladr&oacute;n, ruletero, chulapo,
+ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a m&iacute; y no me saluda;
+&iquest;apostamos? Aqu&iacute; viene; me acercar&eacute; para que me vea. Le hablar&eacute; en
+flamenco. &laquo;Buenas tardes, ze&ntilde;&oacute; Zurupa&raquo;.</p>
+
+<p>Esto dec&iacute;a Mariano acerc&aacute;ndose a un jinete que avanzaba por la orilla
+del paseo, montado en un caballo espa&ntilde;ol puro, de cuello corvo y
+movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre
+bromas y veras, sacudi&oacute; el siniestro brazo, y con el l&aacute;tigo, quiz&aacute;s sin
+pensarlo, le cruz&oacute; la cara, dici&eacute;ndole: &laquo;<i>Granujilla</i>...&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles
+y la catadura ordinaria de sus habitaciones, parec&iacute;a ser la misma en que
+Joaqu&iacute;n e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta
+historia quedan contadas, hall&aacute;ronse juntos otro d&iacute;a Mariano y el
+caballero (ll&aacute;mase as&iacute; porque iba a caballo) designado con el nombre de
+<i>Gaitica</i>. Entr&oacute; Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin
+saludarle le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Vengo <i>a</i> por aquello.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, ro&iacute;o ni&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>Sac&oacute; tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arroj&oacute; sobre la mesa.</p>
+
+<p>&laquo;El otro d&iacute;a&mdash;dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje&mdash;me dio
+usted un latigazo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni&ntilde;o, fue sin querer. Pues qu&eacute;, &iquest;a un ro&iacute;o caballero como t&uacute; se le dan
+latigazos?... &iexcl;Taco, y qu&eacute; orgullo vas echando!... &iexcl;Roer! &Aacute;tame esa
+mosca. Por ahora no necesito de ti. Si alg&uacute;n d&iacute;a necesitas una ro&iacute;a
+peseta, vente ac&aacute;. Si alg&uacute;n d&iacute;a no tienes qu&eacute; comer, no faltar&aacute; ac&aacute; un
+ro&iacute;o pedazo de pan que darte. Comer&aacute;s las sobras de la mesa. Eres un
+ro&iacute;o gandul, un ro&iacute;o holgaz&aacute;n, un ro&iacute;o bergante, y acabar&aacute;s en presidio.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted&mdash;dijo Mariano con descaro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un ro&iacute;o puntapi&eacute; vas a
+parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules
+me cargan, &iexcl;taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la
+ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre
+formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artiller&iacute;a; hombre de
+negocios, hombre que se puede poner delante del rey, s&iacute;, se&ntilde;or; porque
+es un hombre que paga la contribuci&oacute;n, un hombre de orden, de ley, que
+no gusta de o&iacute;r hablar del ro&iacute;o pueblo ni de la ro&iacute;a revoluci&oacute;n; un
+hombre, en fin, m&aacute;s honrado que Dios, m&aacute;s caritativo que la ro&iacute;a
+Biblia&raquo;.</p>
+
+<p>Mariano le o&iacute;a espantado y con despecho. &iexcl;Tambi&eacute;n <i>Gaitica</i>, aquel ser
+de la &uacute;ltima gradaci&oacute;n moral, aquel hombre a quien <i>Pecado</i> consideraba
+como inferior, se sublimaba por la virtud de su peque&ntilde;o capital,
+adquirido en infames juegos de azar, y quer&iacute;a revestirse de la dignidad
+del burgu&eacute;s pac&iacute;fico, del propietario conservador, y clasificarse entre
+los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo
+&uacute;ltimo que a Mariano le quedaba que ver.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;&mdash;prosigui&oacute; aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano
+m&aacute;s h&aacute;bil lo har&aacute; despu&eacute;s&mdash;, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a
+tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos d&iacute;as, cuando he
+ido al Modelo a ver a una prima que est&aacute; all&iacute; por unas ro&iacute;as lesiones...
+Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le
+hab&iacute;a acabado el dinero y ten&iacute;a que pasar a la sala com&uacute;n. &iexcl;Roer!, &iexcl;un
+hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arregl&eacute; con el alcaide el
+pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar
+las ro&iacute;as pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es
+muy buena y muy se&ntilde;ora. Voy a visitarla todos los d&iacute;as y a ofrecerle mis
+servicios. &iexcl;Oh!, no es como t&uacute;, que eres de lo que llaman un par&aacute;sito,
+la polilla del orden social, un vago. T&uacute; y tus compa&ntilde;eros deb&eacute;is ser
+exterminados, porque la ro&iacute;a sociedad..., en fin, yo me entiendo.
+M&aacute;rchate. &iexcl;Roer!, &iquest;qu&eacute; haces ah&iacute; como una estatua? T&uacute; no tienes
+inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur&raquo;.</p>
+
+<p>En el cerebro de Mariano se repercut&iacute;an, como vibraciones de una
+campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos
+aut&eacute;nticos del c&eacute;lebre <i>Gaitica</i>. Conocido de todo Madrid, este tipo ha
+venido a nuestra narraci&oacute;n por la propia fuerza de la realidad. El
+narrador no ha hecho m&aacute;s que limpiar todo lo posible su lenguaje al
+transcribirlo, barriendo con la pluma tanta groser&iacute;a y bestialidad, para
+no dejar sino la escoria absolutamente precisa.</p>
+
+<p>Cuando Mariano se retir&oacute; aquella noche a su miserable alojamiento,
+despu&eacute;s de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin
+tomar alimento, sufri&oacute; un ataque epil&eacute;ptico. Parec&iacute;a que se desbarataba
+en horrorosas convulsiones, y se mordi&oacute; las manos y se golpe&oacute; todo,
+qued&aacute;ndose maltrecho. Por fin le pas&oacute;, Dios sabe c&oacute;mo, y al volver en s&iacute;
+encontrose con una gran novedad en su cerebro: ten&iacute;a una idea; pero una
+idea grande, clara, categ&oacute;rica, sinceramente adherida a su inteligencia.
+No durmi&oacute; en toda la noche, no comi&oacute; nada a la ma&ntilde;ana siguiente. Ten&iacute;a
+momentos de gran temblor y confusi&oacute;n, y otros en que una actividad
+febril oblig&aacute;bale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse
+en nada m&aacute;s que en los coches que iban y ven&iacute;an.</p>
+
+<p>Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su
+vida y el pasto de su idea. Rompi&oacute; toda clase de relaciones, dej&oacute; de ver
+a su hermana, a su t&iacute;a, a Bou, a <i>Gaitica</i>, y con quien &uacute;nicamente
+cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que viv&iacute;a con &eacute;l y estaba
+casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pas&oacute; tambi&eacute;n sin
+dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de
+entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro
+de &eacute;l, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque
+epil&eacute;ptico, y cuando le pas&oacute;, disparataba cual si hubiera perdido la
+raz&oacute;n. Durmi&oacute; luego profundamente; levantose alegre, sali&oacute;, y
+dirigi&eacute;ndose al Rastro det&uacute;vose en un puesto a comprar algo. Regate&oacute; con
+discreci&oacute;n y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que hab&iacute;a
+comprado, lo escondi&oacute;, lo agazap&oacute; debajo del colch&oacute;n, diciendo estas
+palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Est&aacute;te quieta, ah&iacute;, quieta&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVa" id="Capitulo_XVa"></a>Cap&iacute;tulo XV</h3>
+
+<p class="head">&iquest;Es o no es?</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>&iexcl;Generoso se&ntilde;or aquel que evit&oacute; a Isidora la angustia y el bochorno de
+la sala com&uacute;n, apresur&aacute;ndose a pagar la miserable cuota! &iquest;Qui&eacute;n era
+aquel ser ben&eacute;fico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente?
+La agraciada no le conoc&iacute;a m&aacute;s que de haberle visto dos o tres veces en
+el cuarto de su vecina (una tal Anto&ntilde;ita Surupa, que por ciertos
+porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la
+impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan
+superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al d&iacute;a siguiente de
+aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de &eacute;l,
+Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban <i>Gaitica</i> en c&iacute;rculos que
+apenas es l&iacute;cito nombrar, visit&oacute; solemnemente a Isidora.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n &eacute;l mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre
+de gran m&eacute;rito, que todo se lo deb&iacute;a a s&iacute; mismo, pues abandonado de sus
+nobles padres y desheredado por sus nobil&iacute;simos abuelos (&iexcl;miserias y
+bribonadas del mundo y de la ley!), hab&iacute;a tenido que crearse una
+posici&oacute;n con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes hall&oacute; Isidora
+en su nuevo amigo para sentir hacia &eacute;l simpat&iacute;a y antipat&iacute;a, en
+porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y
+abandonado, v&iacute;ctima del ego&iacute;smo de sus padres, le hac&iacute;a sobremanera
+interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo m&aacute;s soez y
+chabacano que imaginarse podr&iacute;a. Su figura hermosa, juvenil y hasta
+cierto punto elegante, que recordaba la de Joaqu&iacute;n Pez, perd&iacute;a todas sus
+ventajas con lo que del alma sal&iacute;a a los labios de tan singular
+criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversaci&oacute;n. Por
+momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. &Eacute;l,
+hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y
+persecuciones de que hab&iacute;a sido v&iacute;ctima, cautivaba m&aacute;s la atenci&oacute;n de la
+prisionera.</p>
+
+<p>La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Casta&ntilde;o no la
+visitaban ya; Bou hab&iacute;a roto con ella; Miquis iba muy rara vez. S&oacute;lo
+eran constantes D. Jos&eacute; y <i>la Sanguijuelera</i>, que llevaba a <i>Riqu&iacute;n</i>.
+Joaqu&iacute;n Pez, cuyo trato en aquella soledad habr&iacute;a sido muy grato a
+Isidora, estaba en la Habana, desde donde le hab&iacute;a escrito algunas
+cartas cari&ntilde;osas. <i>Riqu&iacute;n</i>, Encarnaci&oacute;n y Relimpio eran, pues, los
+&uacute;nicos que llevaban la alegr&iacute;a, la distracci&oacute;n y la esperanza a la
+triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando
+con la bondad de la celadora.</p>
+
+<p>Miquis fue a verla un d&iacute;a para anunciarle la visita definitiva de Mu&ntilde;oz
+y Nones.</p>
+
+<p>&laquo;Oye t&uacute;, gran mujer&mdash;le dijo&mdash;: ma&ntilde;ana viene mi querido suegro. Rec&iacute;belo
+como se merece. Le habl&eacute; de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo
+posible. Te hablar&aacute; largo de tu pleito y de tu causa criminal, y
+poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las har&aacute; ver claras y sin
+telara&ntilde;as. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las
+cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades
+valen m&aacute;s que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son
+verdad pura. Lo que &eacute;l te diga t&oacute;malo como el Evangelio. Si trata de
+encarrilarte por el camino <i>A</i> o el camino <i>B</i> (aqu&iacute; de nuestro
+<i>Ipecacuana</i>), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a
+un lado, como se deja una corona de teatro despu&eacute;s de acabada la
+representaci&oacute;n. As&iacute; como se hace examen de conciencia antes de confesar,
+haz ahora examen de tonter&iacute;as para que las abjures todas. Acopia sentido
+com&uacute;n y ens&aacute;yate toda esta noche en apreciar la extensi&oacute;n verdadera, el
+n&uacute;mero y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantas&iacute;a
+quiera llevarte a una apreciaci&oacute;n falsa de la realidad, date un gran
+pellizco..., y por &uacute;ltimo, no coquetees delante de mi suegro, porque,
+aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y
+podr&iacute;a suceder...&raquo;.</p>
+
+<p>La primera impresi&oacute;n de Isidora al ver entrar a Mu&ntilde;oz y Nones fue muy
+grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la
+Naturaleza en figura, modales, gracia de expresi&oacute;n y don de gentes. Su
+edad no pasaba de cincuenta a&ntilde;os, y vest&iacute;a con pulcritud y correcci&oacute;n.
+Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la
+fundaci&oacute;n de una <i>Penitenciar&iacute;a para j&oacute;venes delincuentes</i>, le
+caracterizaba, en primer t&eacute;rmino. Era adem&aacute;s hombre que miraba con
+extraordinaria penetraci&oacute;n a las personas con quienes hablaba, y que
+para aprobar y afirmar dec&iacute;a siempre: <i>Mucho, mucho</i>, y para negar
+empleaba irrevocablemente la frase <i>no hay tal cosa, ni ese es el
+camino</i>. No usaba m&aacute;s que una comparaci&oacute;n. Para &eacute;l, todo era... <i>como la
+luz del mediod&iacute;a</i>. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en
+invierno, significaba algo, Mu&ntilde;oz y Nones era un hombre singular&iacute;simo en
+esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre
+grueso de otro, Mu&ntilde;oz y Nones debe ser puesto en la categor&iacute;a de los que
+viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y
+un mucho simp&aacute;tico, acabar&aacute; de pintarle por fuera. Su franqueza le hab&iacute;a
+valido algunos disgustos, pero tambi&eacute;n grandes triunfos, porque el culto
+de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales
+no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la
+esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con
+sus &eacute;xitos, dec&iacute;a el gran notario que <i>tambi&eacute;n la honradez es negocio</i>.</p>
+
+<p>&laquo;La se&ntilde;ora marquesa&mdash;dijo Mu&ntilde;oz despu&eacute;s de los saludos&mdash;est&aacute; en las
+mejores disposiciones respecto a usted. No s&eacute; si sabr&aacute; usted que esa
+se&ntilde;ora es un &aacute;ngel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo
+yo, y basta. Imag&iacute;nese usted el ser m&aacute;s bondadoso, m&aacute;s prudente, m&aacute;s
+sensible y cari&ntilde;oso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginaci&oacute;n
+ser&aacute; siempre inferior a la marquesa de Aransis.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudo&mdash;replic&oacute; Isidora, contrariada, porque habr&iacute;a querido o&iacute;r
+hablar mal de su abuela, dado que lo fuese&mdash;. La se&ntilde;ora marquesa ser&aacute; muy
+buena, aunque en este caso m&iacute;o...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, criatura&mdash;dijo Mu&ntilde;oz sin poderse contener&mdash;, &iquest;todav&iacute;a no se ha
+curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... &iquest;Todav&iacute;a cree
+usted pertenecer a la casa de Aransis?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso me han probado lo contrario?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Probado!... &iexcl;Si est&aacute; m&aacute;s claro que la luz del mediod&iacute;a! No se trata ya
+del pleito de filiaci&oacute;n, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada.
+Emp&eacute;&ntilde;ese usted en seguirlo adelante, y consumir&aacute; su vida, su dinero y su
+salud in&uacute;tilmente&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sudaba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;De modo&mdash;dijo esforz&aacute;ndose en vencer su abatimiento y espolear sus
+&aacute;nimos deca&iacute;dos&mdash;, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la
+falsificaci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque paparrucha?... &iexcl;Ay ni&ntilde;a, ni&ntilde;a, usted no sabe lo que se dice! La
+falsificaci&oacute;n es tan clara, tan evidente como la luz del mediod&iacute;a. El
+Tribunal lo ha declarado categ&oacute;ricamente. El pleito de filiaci&oacute;n carece
+de base y se cae, como un castillo de naipes&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora sinti&oacute; que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto
+daba vueltas, que Mu&ntilde;oz y Nones se reproduc&iacute;a en infinitas im&aacute;genes o
+copias del mismo Mu&ntilde;oz y Nones.</p>
+
+<p>&laquo;Expl&iacute;quese usted...&mdash;balbuci&oacute; con voz dolorida, cerrando los ojos&mdash;No
+puedo entender...</p>
+
+<p>&mdash;Pues muy sencillo... &iquest;Pero se pone usted mala? Un vasito de agua...</p>
+
+<p>&mdash;No es nada. Usted qu&eacute; entiende de estas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, mucho. La falsificaci&oacute;n existe. Que usted no es autora de ella,
+no tiene duda, pues se perpetr&oacute; ese delito, seg&uacute;n todas las apariencias,
+cuando usted ten&iacute;a tres a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Su padre de usted, Tom&aacute;s Rufete, era un hombre ligero, de costumbres
+desordenadas. Le conoc&iacute;, le tuve de escribiente. Muchas veces le prest&eacute;
+dinero que no me devolvi&oacute;; pero esto no hace al caso ni ese es el
+camino...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi padre!... &iquest;Usted est&aacute; seguro de que era mi padre?&mdash;exclam&oacute; Isidora
+sacando fuerzas no se sabe de d&oacute;nde&mdash;. Estas cosas no se pueden apreciar
+as&iacute;, se&ntilde;or m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no se han de poder apreciar, se&ntilde;ora m&iacute;a? Yo me contento con decir
+que la casa de Aransis no ha tenido parte m&iacute;nima en echarla a usted al
+mundo. Dos chicos nacieron de una se&ntilde;orita desgraciada...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted la conoci&oacute;?&mdash;dijo Isidora con energ&iacute;a apelando a un recurso de
+gran efecto.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me ha mirado usted bien?&raquo;.</p>
+
+<p>Mu&ntilde;oz y Nones, que ya la hab&iacute;a mirado bien, consecuente con la dulce
+afici&oacute;n declarada por Miquis, la volvi&oacute; a mirar.</p>
+
+<p>&laquo;En efecto&mdash;dijo sonriendo&mdash;, es usted muy guapa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no halla usted semejanza...?</p>
+
+<p>&mdash;En la Naturaleza&mdash;replic&oacute; Mu&ntilde;oz muy serio&mdash;se observan fen&oacute;menos de
+semejanza... Sin embargo, usted y Virginia s&oacute;lo se parecen como dos
+mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo...,
+pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no pudo contener su dolor. Se ech&oacute; a llorar.</p>
+
+<p>&laquo;Aunque se aflija, para m&iacute; la verdad es lo primero. No hay semejanza ni
+ese es el camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! Se&ntilde;or Mu&ntilde;oz&mdash;dijo ella con extraordinario &eacute;nfasis&mdash;; si usted en
+esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que
+es usted el hombre m&aacute;s malo, el mayor monstruo...</p>
+
+<p>&mdash;Crea usted lo que quiera. &iquest;Tengo yo fama de monstruo?</p>
+
+<p>&mdash;No, no. Dir&eacute; a usted...&raquo;.</p>
+
+<p>Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese
+rodeada de p&uacute;as, mov&iacute;a los brazos queriendo expresar con ellos una
+convicci&oacute;n m&aacute;s en&eacute;rgica que la que expresaban los labios.</p>
+
+<p>&laquo;De modo que seg&uacute;n usted, seg&uacute;n usted, se&ntilde;or Nones, yo soy, yo soy...
+una cualquiera.</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n lo que usted entienda por <i>una cualquiera</i>. Lo que yo afirmo es
+que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido v&iacute;ctima
+de un gran enga&ntilde;o. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a
+averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Tom&aacute;s Rufete,
+logrando enga&ntilde;ar primero a D. Santiago Quijano y despu&eacute;s a su hija...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conoci&oacute; usted a mi t&iacute;o el Can&oacute;nigo?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres m&aacute;s
+sencillos, hablemos claramente, m&aacute;s tonto que han comido pan en el
+mundo. Le trat&eacute; mucho. &iexcl;Qu&eacute; hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer
+que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha
+una panader&iacute;a. Tambi&eacute;n le hicimos creer que la baba del conejo era
+venenosa, y consult&oacute; cuatro m&eacute;dicos y se cauteriz&oacute; un brazo. Se le daban
+las bromas m&aacute;s extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco
+valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Arm&aacute;bamos una camorra por
+cualquier tonter&iacute;a. Uno de nosotros se fing&iacute;a agraviado. Los dem&aacute;s
+acalor&aacute;bamos la disputa. No hab&iacute;a m&aacute;s remedio que batirse. Quijano hac&iacute;a
+de tripas coraz&oacute;n. Le llev&aacute;bamos al campo del honor, donde con mucho
+miedo, pero con tes&oacute;n muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas
+como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extra&ntilde;o
+es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las
+estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escrib&iacute;a cl&aacute;sicamente, le&iacute;a
+novelas, era muy apasionado de las cosas aristocr&aacute;ticas, se sab&iacute;a de
+memoria el <i>Becerro</i>, y ten&iacute;a en la punta de la u&ntilde;a todos los linajes de
+Espa&ntilde;a. Juzgue usted si ese santo var&oacute;n era que ni pintado para sostener
+un bromazo que Tom&aacute;s Rufete quiso dar a sus hijos.</p>
+
+<p>&mdash;Esas historias, se&ntilde;or Nones&mdash;dijo Isidora aparentando una firmeza que no
+ten&iacute;a&mdash;, nada me prueban.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel
+de Artiller&iacute;a, cuya nombre debe usted saber, se present&oacute; en el despacho
+de Andr&eacute;u, primo y compa&ntilde;ero m&iacute;o, hace quince a&ntilde;os, y le habl&oacute; de un
+asunto penoso y delicado. Al d&iacute;a siguiente Andr&eacute;u hab&iacute;a extendido un
+documento que llamamos <i>acta de reconocimiento</i>. En &eacute;l reconoc&iacute;a como
+hijos suyos a una ni&ntilde;a... (paciencia..., d&eacute;jeme usted concluir), a una
+ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada
+joven que, dig&aacute;moslo otra vez, no tiene con usted semejanza de
+fisonom&iacute;a, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento hac&iacute;a
+constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y
+deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual viv&iacute;a... &iquest;sabe usted
+d&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo qu&eacute; he de saber?&raquo;&mdash;replic&oacute; Isidora con desv&iacute;o y detestable humor.</p>
+
+<p>Mu&ntilde;oz y Nones se levant&oacute;. Dirigi&eacute;ndose a la reja, y mirando hacia la
+calle, se&ntilde;al&oacute; una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las
+Comendadoras.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n viv&iacute;a en aquella casa?</p>
+
+<p>&mdash;Yo.</p>
+
+<p>&mdash;Tom&aacute;s Rufete ten&iacute;a por vecino en el piso tercero a un licenciado de la
+Guardia civil. &iquest;Se acuerda usted?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tampoco recuerda usted cuando se quem&oacute; esa casa?</p>
+
+<p>&mdash;De eso tengo una idea; era yo muy ni&ntilde;a. Mi hermanito empezaba a andar
+entonces.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, mucho. Cuando se quem&oacute; la casa, Nicol&aacute;s Font...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El guardia civil?</p>
+
+<p>&mdash;Estaba enfermo de gravedad. Lo que pas&oacute; aquel d&iacute;a no lo s&eacute;. Font muere
+m&aacute;s tarde; la ni&ntilde;a tambi&eacute;n; la viuda se va a vivir a Getafe; el ni&ntilde;o es
+recogido m&aacute;s adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se
+presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su
+padre difunto, en una tradici&oacute;n de familia y en varios documentos. Las
+partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron
+de ser substra&iacute;das de casa de Font el d&iacute;a del incendio. Pero hay otro
+documento: el acta hecha por Andr&eacute;u. En ella aparece una novedad y es
+que el nombre de Nicol&aacute;s Font aparece sustituido por el de Tom&aacute;s Rufete.
+La falsificaci&oacute;n est&aacute; hecha con suma habilidad, y las circunstancias le
+favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por
+su pap&aacute;, y que es tan pap&aacute; de usted como m&iacute;o; han muerto la mujer de
+Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andr&eacute;u. Se busca en el
+protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustituci&oacute;n o enmienda.
+Tom&aacute;s Rufete vivi&oacute; en gran intimidad con un escribiente de mi
+compa&ntilde;ero... &iquest;Va usted atando cabos?...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no ato ning&uacute;n cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones&mdash;dijo Isidora,
+d&aacute;ndose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del
+notario.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo veremos. Se busca al c&oacute;mplice de Tom&aacute;s Rufete, a quien Andr&eacute;u
+despidi&oacute; hace a&ntilde;os por infiel. Es medio qu&iacute;mico y muy h&aacute;bil; pero su
+principal habilidad est&aacute; en huir de la justicia. Se entrega el documento
+original a los peritos cal&iacute;grafos y qu&iacute;micos, y al instante la falsedad
+salta a la vista. Hecha con precipitaci&oacute;n, es mucho m&aacute;s grosera que la
+de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de
+filiaci&oacute;n ha presentado testimonios tan d&eacute;biles; como la prueba ha sido
+tan floj&iacute;sima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a
+usted, es casi seguro que ir&aacute; a presidio por delito de usurpaci&oacute;n de
+estado civil.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy falsificadora&mdash;afirm&oacute; Isidora qued&aacute;ndose como una muerta...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un
+derecho, y con testimonios d&eacute;biles y documentos ap&oacute;crifos trata de
+usurpar un puesto que no le corresponde&raquo;.</p>
+
+<p>La de Rufete estaba humillada y abatida. Dif&iacute;cilmente entraba en su
+cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas
+sosten&iacute;a, resultaba un decaimiento parecido a la agon&iacute;a de morir. Nones
+la miraba en silencio, esperando una palabra.</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;game usted&mdash;murmur&oacute; ella al fin con temor&mdash;, &iquest;qu&eacute; tengo que hacer para
+evitar... eso de ir a presidio?</p>
+
+<p>&mdash;Declarar que ha sido enga&ntilde;ada; descargar su responsabilidad sobre su
+se&ntilde;or papa&iacute;to, reconocer que no tiene derecho alguno...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n me asegura que no lo tengo?...&raquo;&mdash;volvi&oacute; a decir,
+reaccion&aacute;ndose.</p>
+
+<p>El instinto de conservaci&oacute;n de su error era tan grande, que este
+necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Mu&ntilde;oz y Nones
+tom&oacute; su sombrero.</p>
+
+<p>&laquo;No se vaya usted, no&mdash;dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras
+dudas&mdash;. H&aacute;bleme algo m&aacute;s. No estoy convencida, pero dudo. &iexcl;Oh! Si me
+muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta
+fe, &iexcl;qu&eacute; dichosa ser&iacute;a! Se&ntilde;or Nones, usted es un hombre honrado. Augusto
+lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de enga&ntilde;ar.
+J&uacute;reme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi
+derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quiz&aacute;s pueda
+yo empezar a acostumbrarme a esta idea...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No
+hay motivo para tanta aflicci&oacute;n ni ese es el camino. Una existencia
+humilde y sin los desasosiegos de la ambici&oacute;n, puede hacerla a usted
+dichosa. La se&ntilde;ora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un
+auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuesti&oacute;n un corte
+r&aacute;pido y decisivo. La se&ntilde;ora est&aacute; disgustad&iacute;sima; aborrece el esc&aacute;ndalo
+y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es tra&iacute;do y llevado
+por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La se&ntilde;ora no
+duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera a&uacute;n,
+consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus
+esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a
+los pleiteantes tercos, y usted, empe&ntilde;&aacute;ndose en seguir adelante, puede
+prolongar el litigio sin ning&uacute;n fruto para usted y con cien
+probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y
+le doy a usted unos d&iacute;as de t&eacute;rmino para que lo piense bien. Mi yerno me
+ha dicho qu&eacute; tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque
+ofuscada por desvar&iacute;os y falsas apreciaciones de la vida. Si usted
+lograra ver cada cosa como es realmente, est&aacute;bamos de la otra parte.
+Conque... &aacute;nimo. Y para concluir: s&eacute; que tiene usted un hermanito que es
+una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando
+inauguremos la <i>Penitenciar&iacute;a para j&oacute;venes delincuentes</i>. Le
+reformaremos, y usted... trate de reformarse&raquo;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>&iquest;Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista,
+el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida.
+Olvidada de molestias y humillaciones de la c&aacute;rcel, no ten&iacute;a seso ni
+coraz&oacute;n m&aacute;s que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de &eacute;l;
+porque s&iacute;, era un problema semejante a una llaga, un problema que la
+enloquec&iacute;a como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una
+&uacute;lcera abierta en lo m&aacute;s delicado y profundo de sus entra&ntilde;as. La
+pavorosa duda ten&iacute;a alternativas y lances de batalla. Ya venc&iacute;a la
+convicci&oacute;n, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario,
+triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de
+sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no conten&iacute;an
+tantas ideas, tantas f&oacute;rmulas de investigaci&oacute;n, tantos ni tan variados
+argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella
+tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres d&iacute;as
+sucesivos. Porque diab&oacute;lica era ciertamente la claridad e insistencia
+conque surg&iacute;an en su mente todos los argumentos negativos de su derecho.
+Ella quer&iacute;a rechazarlos, y ellos crec&iacute;an fortaleci&eacute;ndose, vestidos con
+la inmaculada vestidura de lo evidente. S&iacute;, su t&iacute;o el Can&oacute;nigo era
+tonto. &iquest;No pod&iacute;a dar ella mil testimonios de sus necias credulidades?
+Ella misma le hab&iacute;a imbuido algunas veces ideas sumamente extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>Como D. Jos&eacute;, su t&iacute;o el Can&oacute;nigo daba calor en su entendimiento a las
+ideas m&aacute;s absurdas, las fomentaba y se engre&iacute;a con ellas. Su t&iacute;o,
+enga&ntilde;ado por Rufete, hab&iacute;a representado con ella la comedia funesta que
+tan desgraciada la hab&iacute;a hecho. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces en las noches del
+invierno &eacute;l la embelesaba dici&eacute;ndole que ser&iacute;a marquesa, que tendr&iacute;a
+palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de
+<i>Las mil y una noches</i>! &Eacute;l la hab&iacute;a ense&ntilde;ado a no trabajar, a esperarlo
+todo de una herencia, a so&ntilde;ar con grandezas locas, a enamorarse de
+fantasmagor&iacute;as. Hab&iacute;ale llenado la cabeza de frivolidades, hab&iacute;ale
+educado en la contemplaci&oacute;n mental de un orden de vida muy superior a su
+verdadero estado. &Eacute;l, cuando ella se cansaba, le dec&iacute;a: &laquo;Tendr&aacute;s coche&raquo;.
+Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le dec&iacute;a: &laquo;Tendr&aacute;s
+veinte modistas a tus &oacute;rdenes&raquo;. Dec&iacute;ale: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; palacio el tuyo!&raquo;, y
+otras expresiones que encend&iacute;an m&aacute;s y m&aacute;s en ella el volc&aacute;n de ambici&oacute;n
+que ard&iacute;a en su pecho... S&iacute;, su t&iacute;o era tonto, tonto rematado, un hombre
+calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la
+realidad, el ap&oacute;stol de todo lo extravagante, ficticio y convencional
+que engendra en su estado morboso el pensamiento humano.</p>
+
+<p>Luego pensaba en su padre. S&iacute;, s&iacute;, Tom&aacute;s Rufete era un hombre
+desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la
+envidia. Bien pod&iacute;a ser verdad lo que Nones dec&iacute;a, y Tom&aacute;s autor de
+aquel dram&aacute;tico sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por
+obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en
+calidad de transacci&oacute;n. Esto era razonable. &iquest;Qu&eacute; demonio de l&oacute;gica se
+escond&iacute;a dentro de estas ideas, d&aacute;ndoles cuerpo y vida?... Tambi&eacute;n
+pensaba en su madre. &iquest;Por qu&eacute; siempre que Tom&aacute;s Rufete hablaba de la
+marquesa, de los ni&ntilde;os de la marquesa y de la indudable herencia y
+estado de estos ni&ntilde;os, Francisca Guill&eacute;n bajaba la cabeza, se pon&iacute;a de
+mal humor y no a&ntilde;ad&iacute;a palabra alguna a las expresiones de su marido? Su
+madre, pues indudablemente deb&iacute;a darle ya este nombre, era una mujer
+honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. &Eacute;l le hab&iacute;a impuesto su
+infame comedia, y ella, por miedo y quiz&aacute;s por la ilusi&oacute;n de que sus
+hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. &iquest;Por qu&eacute; su t&iacute;a
+(pues ya no hab&iacute;a duda de que era su t&iacute;a) se burlaba siempre del
+marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. Jos&eacute;, que en la
+declaraci&oacute;n de la prueba hab&iacute;a dado por amor a ella testimonio
+favorable, tambi&eacute;n dudaba, s&iacute;, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien
+se le conoc&iacute;a al tenedor de libros que no ten&iacute;a fe en lo de Aransis,
+porque hablaba poco de esto y siempre en t&eacute;rminos indecisos.</p>
+
+<p>Al tercer d&iacute;a de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy
+poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora
+lleg&oacute; al colmo de la crisis. Una noche, hall&aacute;ndose sola, corri&oacute; furiosa
+a la reja, se agarr&oacute; a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que
+alborotaron la calle, dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Y, sin embargo, soy noble. &iexcl;Jueces, notarios, abuela, gente toda que me
+ten&eacute;is aqu&iacute;, yo soy noble!&raquo;.</p>
+
+<p>Luego recorr&iacute;a de un &aacute;ngulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza,
+gritando:</p>
+
+<p>&laquo;Soy noble, soy noble. No me quitar&eacute;is mi nobleza, porque es mi esencia,
+y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino&raquo;.</p>
+
+<p>Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Traj&eacute;ronle algo
+de comer para combatir el desvar&iacute;o combatiendo la debilidad; pero ella
+tir&oacute; los platos y despidi&oacute; a las mujeres.</p>
+
+<p>&laquo;A m&iacute; no se me presenta ese bodrio. Eso no es para m&iacute;&mdash;exclamaba&mdash;. Que me
+traigan mi ba&ntilde;o. &iexcl;Yo no puedo vivir sin ba&ntilde;o! Que me saquen de esta
+pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaqu&iacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>Todo fue in&uacute;til para calmarla; pero al fin el exceso de la irritaci&oacute;n
+trajo a la ma&ntilde;ana siguiente el agotamiento y con &eacute;l la remisi&oacute;n de un
+mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar
+alimento. Se quit&oacute; el vestido, diciendo que no pod&iacute;a tener encima tales
+harapos, y pidi&oacute; una y otra vez su ba&ntilde;o, su querido ba&ntilde;o. Por &uacute;ltimo, le
+trajeron a <i>Riqu&iacute;n</i>, y vi&eacute;ndole y acarici&aacute;ndole, descendi&oacute; lentamente,
+en alas del cari&ntilde;o materno, de las borrascosas alturas en que su raz&oacute;n
+estaba tan nublada.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIa" id="Capitulo_XVIa"></a>Cap&iacute;tulo XVI</h3>
+
+<p class="head">Las ideas de Mariano.&mdash;La s&iacute;ntesis</p>
+
+
+<p><i>La Sanguijuelera</i> acompa&ntilde;&oacute; a su sobrina a la siguiente ma&ntilde;ana,
+obsequi&aacute;ndola con una retah&iacute;la de preciosos consejos que debieran
+reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabidur&iacute;a
+humana.</p>
+
+<p>&laquo;Lo de tu herencia es ya sal y agua. Despu&eacute;s de tantos mareos y bascas,
+has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a
+vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo m&aacute;s obligaci&oacute;n que
+mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte.
+Cuando te vi en malos andares, te negu&eacute; un ochavo y te saqu&eacute; lo que
+pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para
+este sol cabezudo del mundo... &iquest;Vas a ser honrada, s&iacute; o no? Mira, tienes
+varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o
+te vas en busca de aquel Sr. Bot&iacute;n de otros tiempos y le pides el
+estanco que te prometi&oacute;. Pondremos estanco y cacharrer&iacute;a en dos tiendas
+juntas de una buena calle, y no habr&aacute; quien nos tosa... Pero en mi casa
+no entran pantalones; &iquest;te conviene? Otra cosa te propongo. &iquest;Quieres ser
+ama de cura? Yo conozco un capell&aacute;n de monjas, ancianito, buen
+cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un
+gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me est&aacute; diciendo
+siempre que le busque un ama de fundamento... Dec&iacute;dete; &iquest;estamper&iacute;a,
+estanco o religi&oacute;n con llaves?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora no contest&oacute; nada, porque ni siquiera o&iacute;a lo que Encarnaci&oacute;n
+hablaba. Despu&eacute;s nombraron a Mariano.</p>
+
+<p>&laquo;Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios.
+Est&aacute; viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de
+Ministriles que m&aacute;s parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un
+almac&eacute;n de vinos, y <i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i> va al r&iacute;o. Vivir&iacute;an si &eacute;l no bebiera
+tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le pega a
+la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al
+suelo&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se ech&oacute; a re&iacute;r. En el mismo instante, <i>Riqu&iacute;n</i> le daba
+bofetadas.</p>
+
+<p>&laquo;No se pega, no se pega.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, c&aacute;scale duro... D&eacute;jale que pegue. Este va a tener m&aacute;s talento...
+Le criaremos para cura de escopeta y perro. Ver&aacute;s qu&eacute; sermones salen de
+esa cabezota. &iquest;Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa...
+&iexcl;Le&ntilde;a a los herejes y protestantes; duro, firme!&raquo;.</p>
+
+<p>Acto seguido, Encarnaci&oacute;n cogi&oacute; al ni&ntilde;o por un brazo y se dispuso a
+salir.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A d&oacute;nde va usted?</p>
+
+<p>&mdash;A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la
+gala de la corte de Espa&ntilde;a, que es la primera del orbe mundo. Pero
+ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la
+Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos
+las dos libras y en que hab&iacute;a m&aacute;s religi&oacute;n, m&aacute;s aquel, m&aacute;s principios,
+en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y hab&iacute;a m&aacute;s respeto
+a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello
+era ser Majestad, aquello era se&ntilde;or&iacute;a y grandeza. Entonces se daban
+vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan se&ntilde;ora, con
+aquel aire... &iexcl;Y con qu&eacute; cari&ntilde;o miraba ella al pueblo! Parec&iacute;a que iba
+diciendo: &laquo;Aqu&iacute; ten&eacute;is a vuestra madre...&raquo;. &iexcl;Pero ahora...! Pasa la
+corte, y todo el mundo <i>mutis</i>. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los
+pobres est&aacute;n m&aacute;s pobres, y la <i>Minificencia</i> no puede recoger a tantos.
+&iexcl;La libertad!... Piller&iacute;a, chica, piller&iacute;a. Entonces hab&iacute;a m&aacute;s se&ntilde;or&iacute;o,
+cr&eacute;elo, y donde hay se&ntilde;or&iacute;o corre el dinero y vive el pobre. Conque
+abur, abur&raquo;.</p>
+
+<p>Encarnaci&oacute;n sali&oacute; con <i>Riqu&iacute;n</i>, encamin&aacute;ndose hacia el centro de Madrid.
+Era d&iacute;a de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario
+precisar. Las calles del centro estaban animad&iacute;simas. La gente circulaba
+alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegr&iacute;a propiamente madrile&ntilde;as,
+arremolin&aacute;ndose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que
+llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras,
+mostraban damas hermosas. El mujer&iacute;o, la militar m&uacute;sica y el cielo de
+Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurr&iacute;an a
+dar a la solemnidad su expresi&oacute;n caracter&iacute;stica.</p>
+
+<p><i>La Sanguijuelera</i>, que hab&iacute;a visto y gozado un n&uacute;mero infinito de
+funciones de tal especie desde la entrada de Mar&iacute;a Cristina hasta la de
+D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado,
+hallaba en aquel espect&aacute;culo desinteresados placeres. Encarnaba en s&iacute; la
+noveler&iacute;a, la bullanga y el entusiasmo mon&aacute;rquico del antiguo pueblo de
+Madrid. Ella conoc&iacute;a, como se conocen los muebles de la casa, todos los
+coches de Palacio, el de carey, el de n&aacute;car, el de los globos, y hasta
+de los paramentos y arneses pod&iacute;a dar circunstanciada noticia. Conoc&iacute;a
+tambi&eacute;n como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de
+los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras
+particularidades que interesaban m&aacute;s a la gente antigua que a la
+moderna. En cuanto a elegir los sitios m&aacute;s propios y c&oacute;modos para verlo
+todo, nadie la igualaba.</p>
+
+<p>En la calle Mayor encontr&oacute; a su antigua vecina <i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i>. Esta y
+Encarnaci&oacute;n, que alz&oacute; en sus brazos a <i>Riqu&iacute;n</i>, se colocaron en la
+embocadura del callej&oacute;n de San Gin&eacute;s, lugar donde no era grande la
+aglomeraci&oacute;n de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de
+corrida o apretujones.</p>
+
+<p>&laquo;Todav&iacute;a es temprano. Tenemos para un rato&mdash;dijo Angustias desat&aacute;ndose y
+li&aacute;ndose el pa&ntilde;uelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la
+gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y mi bergante?</p>
+
+<p>&mdash;Esta ma&ntilde;ana sali&oacute; muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando porque
+le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar, con la
+corbata negra y amarilla que se compr&oacute; la semana pasada.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, anda.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no s&eacute; de d&oacute;nde ha sacado los
+cuartos. Yo le dije, digo: &laquo;&iquest;Has descargado la borrica?&raquo;; y &eacute;l me dijo,
+dice: &laquo;V&aacute;yase usted al ac&aacute; y al all&aacute;&raquo;. Pues por ah&iacute; te pudras. Est&aacute;...,
+vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco
+veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco,
+las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar
+vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no s&eacute; qu&eacute; va a ser de &eacute;l. No
+trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted...
+&iexcl;Modesto, consejos! &Eacute;l, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a
+los pies...</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios&raquo;&mdash;dijo Encarnaci&oacute;n, y m&aacute;s iba a decir; pero en aquel
+momento oy&eacute;ronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo
+expectante unido a las frases sueltas &laquo;Ya vienen, ya vienen&raquo;. Gran
+estupefacci&oacute;n de <i>Riqu&iacute;n</i>, que nunca hab&iacute;a visto cosa m&aacute;s bonita;
+&eacute;xtasis de <i>la Sanguijuelera</i>, que no cerraba el pico un momento al paso
+de la comitiva o procesi&oacute;n real, poniendo un comentario a cada parte de
+ella.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; viejecitos est&aacute;n ya los reyes de armas!... &iquest;Ve usted? Ahora vienen
+los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados...
+Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos.
+Mire usted qu&eacute; guapos chicos... Ahora viene el coche de n&aacute;car...,
+penachos verdes. &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; este se&ntilde;or con tanto morri&oacute;n y tanta cruz?
+Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos...
+Ahora viene lo bueno... &iexcl;Qu&eacute; preciosas van!..., penachos rojos&raquo;.</p>
+
+<p>Y as&iacute; continu&oacute;, despach&aacute;ndose a su gusto con progresivo entusiasmo,
+hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?&raquo;&mdash;dijo luego, no saciada
+a&uacute;n del goce de aquel variado y teatral espect&aacute;culo.</p>
+
+<p>Arremolinose la gente; la tropa maniobr&oacute;, y entre la revuelta
+muchedumbre, <i>Palo&mdash;con&mdash;ojos</i> distingui&oacute; a un individuo que iba en
+direcci&oacute;n a la Plaza Mayor.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;All&aacute; va, all&aacute; va!&mdash;grit&oacute; se&ntilde;alando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;El bergante.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, &eacute;l es... &iexcl;Mariano, <i>Pecado</i>...!&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Mariano que las vio y oy&oacute; los gritos de su t&iacute;a, se hizo el tonto y
+apret&oacute; el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco
+despu&eacute;s estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de
+aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una
+fingida roca, forma un globo el&aacute;stico, cuyas paredes se ahuecan y se
+deprimen seg&uacute;n las bate m&aacute;s o menos el aire. En la movible costra
+l&iacute;quida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas im&aacute;genes del
+jard&iacute;n y de los transe&uacute;ntes. Completaba la fascinaci&oacute;n del globito de
+agua un bullido juguet&oacute;n, en el cual cualquier poeta habr&iacute;a podido o&iacute;r,
+con buena voluntad, las risotadas de los ni&ntilde;os de las n&aacute;yades. Mariano
+puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos,
+y estuvo mirando el extra&ntilde;o surtidor... Dios sabe cu&aacute;nto tiempo.</p>
+
+<p>As&iacute; como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo
+futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas
+a&uacute;n, <i>Pecado</i>, cuando se sent&iacute;a dispuesto a la meditaci&oacute;n, resucitaba lo
+pr&oacute;ximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya
+recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio,
+pues, todo lo que hab&iacute;a hecho aquel d&iacute;a, casi tan a lo vivo como si a&uacute;n
+estuviera pasando. Se hab&iacute;a levantado muy temprano despu&eacute;s de una noche
+de desvelos y tortura; hab&iacute;ase puesto su camisa limpia y las dem&aacute;s
+prendas que estrenaba, mostrando un empe&ntilde;o particular en aparecer con la
+facha m&aacute;s decente que le fuera posible; hab&iacute;a salido y tomado caf&eacute; en un
+puesto de la calle del Ave Mar&iacute;a, y despu&eacute;s se fue a vagar por las
+calles. A eso de las diez almorz&oacute; en una taberna jam&oacute;n con tomate, que
+estaba muy rico, y despu&eacute;s hab&iacute;a comprado un peri&oacute;dico y le&iacute;do la mitad
+de &eacute;l, indign&aacute;ndose con todas las picard&iacute;as que denunciaba, y
+participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno.</p>
+
+<p>M&aacute;s tarde pase&oacute; por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los
+cuarteles ven&iacute;a. Bonito estaba todo; pero &eacute;l lo miraba con desd&eacute;n y,
+sobre la impresi&oacute;n recibida, pon&iacute;a un pensamiento de melanc&oacute;lica burla y
+sarcasmo. En un balc&oacute;n hab&iacute;a visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado,
+junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de all&iacute;, uno
+de los Peces (&eacute;l no los conoc&iacute;a bien, pero deb&iacute;a de ser Luis Pez)
+acompa&ntilde;aba en otro balc&oacute;n a la familia del duque de Tal. Sigui&oacute;
+adelante, y a la vuelta de una esquina encar&oacute; con el nunca bien
+ponderado <i>Gaitica</i>, que ven&iacute;a a caballo, hecho un potentado, un
+s&aacute;trapa. La extraviada imaginaci&oacute;n de Mariano ve&iacute;a a este personaje cual
+si fuese un resumen de todas las altas categor&iacute;as y la cifra del
+encumbramiento personal. &laquo;&iexcl;Cu&aacute;nta piller&iacute;a!&raquo;, exclam&oacute; para s&iacute;.</p>
+
+<p>Todos triunfaban y viv&iacute;an regaladamente escalando cada d&iacute;a un lugar m&aacute;s
+elevado, mientras &eacute;l, el pobre y desvalido <i>Pecado</i>, permanec&iacute;a siempre
+en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni
+fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la
+muchedumbre. &iquest;Por qu&eacute; era esto, cuando &eacute;l val&iacute;a m&aacute;s que toda aquella
+granujer&iacute;a de levita? &Eacute;l, seg&uacute;n las creencias firmes de su hermana,
+hab&iacute;a nacido de sangre noble. Le hab&iacute;an sustra&iacute;do lo suyo, le hab&iacute;an
+despojado de todo, arroj&aacute;ndole desnudo y miserable al seno del
+populacho, como se arroja al basurero un despojo in&uacute;til. &iquest;Qui&eacute;n sab&iacute;a si
+muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores,
+eran suyas? &iquest;Qui&eacute;n sab&iacute;a si el dinero de que deb&iacute;an de tener llenos los
+bolsillos todos aquellos caballeros y damas proced&iacute;a de riquezas que en
+rigor de la ley le pertenec&iacute;an a &eacute;l? &iquest;Y a quien se dirig&iacute;a para reclamar
+lo suyo? A nadie, porque desde el primero al &uacute;ltimo todos eran
+grand&iacute;simos p&iacute;caros.</p>
+
+<p>La naci&oacute;n en masa, &iquest;qu&eacute; naci&oacute;n?, la sociedad entera estaba confabulada
+contra &eacute;l. &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;a que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a
+ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera &eacute;l
+solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. &iquest;C&oacute;mo? Por su
+mente rondaba tiempo hacia una idea que resolv&iacute;a la cuesti&oacute;n. La idea y
+el prop&oacute;sito de ejecutarla se hab&iacute;an apoderado de &eacute;l juntamente,
+domin&aacute;ndole y llen&aacute;ndole por entero. Idea y prop&oacute;sito eran como una
+llaga estimulante en el cerebro, la cual le dol&iacute;a y le comunicaba un
+vigor extra&ntilde;o. Repetidas veces hab&iacute;a puesto en ejecuci&oacute;n su pensamiento,
+&iquest;pero c&oacute;mo?, en sue&ntilde;os, y tambi&eacute;n alguna vez despierto, cediendo como a
+una fuerza autom&aacute;tica y fatal que no era su propia fuerza. En estos
+casos de repetici&oacute;n o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y
+orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sonde&aacute;ndose para ver
+cu&aacute;ndo hab&iacute;a aparecido en &eacute;l aquella idea y aquel prop&oacute;sito, calculaba
+que los ten&iacute;a desde antes de nacer. &iexcl;Tan viejos, tenaces y arraigados le
+parec&iacute;an!</p>
+
+<p>Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme
+tes&oacute;n que en aquel momento ten&iacute;a, su miedo ser&iacute;a grande. Estaba viendo
+el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el
+orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No sent&iacute;a miedo,
+sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensaci&oacute;n rara
+de no dormir nunca, de no reposar jam&aacute;s, de un alerta eterno. Detr&aacute;s del
+punto negro que ten&iacute;a delante y que ya estaba cerca, ve&iacute;a seguro y claro
+un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se
+ocupar&iacute;a de &eacute;l dentro de poco le embriagaba, le hac&iacute;a sonre&iacute;r con cierto
+modo diab&oacute;lico y jactancioso. La aberraci&oacute;n de su pensamiento le llevaba
+a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia
+parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le
+ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y m&uacute;ltiple el
+enemigo, &iquest;c&oacute;mo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de &eacute;l una
+sola persona?</p>
+
+<p>Rumor de voces, cornetas y m&uacute;sicas anunciaban que el gran cortejo volv&iacute;a
+de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad&mdash;Rodrigo gan&oacute; la
+calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos,
+uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal
+modo, que no ve&iacute;a m&aacute;s que una masa movible y desva&iacute;da, semejante a los
+cambiantes y contorsiones del globo de agua que hab&iacute;a estado mirando
+momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoy&aacute;ndose en un farol, dijo
+para s&iacute;: &laquo;Que me da, que me da&raquo;. Era el ataque epil&eacute;ptico, que se
+anunciaba; pero tanto pudo su excitaci&oacute;n, que lo ech&oacute; fuera, irgui&oacute; la
+cabeza, se sostuvo firme...</p>
+
+<p>Pas&oacute; un momento. Nunca hab&iacute;a sentido m&aacute;s energ&iacute;a, m&aacute;s resoluci&oacute;n, m&aacute;s
+br&iacute;os. El ruido de las m&uacute;sicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro
+coche. Cuando lleg&oacute; el que esperaba, Mariano era todo ojos. Mir&oacute; bien...
+En el acto sac&oacute; de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con
+mano no muy firme, sali&oacute; el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y
+estupor en la muchedumbre, gritos, p&aacute;nico, sacudidas. La bala se
+estrell&oacute; en la pared de enfrente sin hacer da&ntilde;o a nadie, y el autor del
+infame atentado cay&oacute; en una trampa, la indignaci&oacute;n p&uacute;blica, cuyo
+engranaje de brazos y manos le oprim&iacute;a, como si quisiera pulverizarle.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIIa" id="Capitulo_XVIIa"></a>Cap&iacute;tulo XVII</h3>
+
+<p class="head">Disoluci&oacute;n</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;I&mdash;</b></p>
+
+<p>La noticia de este hecho, llevada por el viento de la noveler&iacute;a, penetr&oacute;
+en los &uacute;ltimos y m&aacute;s apartados rincones de Madrid, en los palacios y en
+las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo sab&iacute;a, se enteraron del
+caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los
+presos de la c&aacute;rcel. Las presas fueron las &uacute;ltimas en saber la
+ocurrencia. Lo que agradecer&iacute;an las cien lenguas del Modelo aquel pasto
+riqu&iacute;simo no es para dicho. Coment&aacute;ronlo de infinitos modos. Una gitana
+asegur&oacute; que ella lo hab&iacute;a so&ntilde;ado la noche anterior y otra hac&iacute;a gala de
+un entusiasmo mon&aacute;rquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla
+para que entrase en v&iacute;as razonables. La piedad aconsejaba no se revelase
+a Isidora un suceso que deb&iacute;a de impresionarla terriblemente; pero a sus
+amigas les falt&oacute; tiempo para dec&iacute;rselo. Ella no lo quer&iacute;a creer; dec&iacute;a
+que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco
+se fue convenciendo, y &uacute;ltimamente razonaba el caso de este modo:</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se
+vuelve contra m&iacute;, Dios me deja de su mano&raquo;.</p>
+
+<p>Y dici&eacute;ndolo, le entr&oacute; una pena y una desesperaci&oacute;n tal, que si no
+enderezara su esp&iacute;ritu en el mismo instante por la v&iacute;a religiosa, habr&iacute;a
+estado en peligro de perder la raz&oacute;n. Pidi&oacute; a la celadora con vivas
+instancias la llave del coro, y se fue a &eacute;l sola, decidida a hacer un
+acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su
+seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando
+al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreci&oacute; a
+la tensi&oacute;n de su esp&iacute;ritu un alivio dulce y lento; pero cuando m&aacute;s
+recogida estaba, se le desvaneci&oacute; la cabeza, inclinose de un lado, y no
+teniendo tiempo para asirse a la reja, cay&oacute; al suelo sin sentido.</p>
+
+<p>Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en s&iacute; fue la vuelta de la
+desesperaci&oacute;n y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religi&oacute;n,
+sino de la libertad, y dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Que me saquen de aqu&iacute;. Se&ntilde;or Nones, yo firmar&eacute; lo que usted quiera con
+tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi ba&ntilde;o, mi casa,
+vestirme como debo, y ser honrada y feliz&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano,
+increpaba a este con las frases m&aacute;s duras. Algo hab&iacute;a en lo &iacute;ntimo de su
+ser que representaba como una t&iacute;mida aprobaci&oacute;n del intento de Mariano,
+si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la
+barbarie no hallar&iacute;an jam&aacute;s en su esp&iacute;ritu benevolencia ni simpat&iacute;a. Su
+hermano era un bandido incorregible; ella era una m&aacute;rtir angelical. Lo
+que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza,
+porque el papel de Mar&iacute;a Antonieta en la Conserjer&iacute;a, con ser muy
+po&eacute;tico, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la
+falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios
+a su naturaleza aristocr&aacute;tica, y la misma corona del martirio, con todo
+su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan
+horriblemente, que prefer&iacute;a, s&iacute;, prefer&iacute;a mil veces un sombrero de
+&uacute;ltima moda. Pero, &iquest;y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no cre&iacute;a
+en ellos. &iexcl;Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida
+se da&ntilde;a y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun
+suponiendo que su dogma fuera verdadero, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a obtener de su
+insistencia? Nada, porque las leyes todas se hab&iacute;an conjurado contra
+ella, y la condenar&iacute;an y la encerrar&iacute;an en un presidio. Libertad, pues,
+y adi&oacute;s para siempre la ilusi&oacute;n de toda su vida, el sost&eacute;n y fundamento
+de su ser moral; adi&oacute;s nobleza, marquesado, fortuna...</p>
+
+<p>Mas &iquest;por qu&eacute; afligirse tanto, si en s&iacute; misma hallaba Isidora indecibles
+consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procurar&iacute;a ser siempre muy
+se&ntilde;ora. &iquest;Acaso el verdadero se&ntilde;or&iacute;o no puede existir sin t&iacute;tulos y
+grandes riquezas? S&iacute;, s&iacute;; ser&iacute;a muy se&ntilde;ora, muy honrada, muy decente,
+arreglar&iacute;a sus cosas, trabajar&iacute;a (&iexcl;otra vez!), pondr&iacute;a el mayor orden en
+todos los actos de su vida, educar&iacute;a admirablemente a su hijo, se
+casar&iacute;a con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor
+ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. &laquo;Adelante,
+adelante&mdash;dijo&mdash;; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice
+Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en
+las adversidades. La m&iacute;a no se dejar&aacute; vencer de la desesperaci&oacute;n. Plan
+magn&iacute;fico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer
+exclusivamente pr&aacute;ctica, eso es, pr&aacute;ctica&raquo;. &iexcl;Oh, qu&eacute; tarde!</p>
+
+<p>Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio
+entrar a D. Jos&eacute;, el cual ven&iacute;a muy erguido, con los ojos animad&iacute;simos,
+la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresi&oacute;n particular y
+desusada que alarm&oacute; a Isidora. Sent&aacute;ndose en el &uacute;nico sill&oacute;n que en la
+celda hab&iacute;a, el anciano la contempl&oacute; con &eacute;xtasis. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a en &eacute;l?
+&iquest;Estupidez o desvar&iacute;o? Isidora le observ&oacute; con tanta l&aacute;stima como
+sorpresa, diciendo: &laquo;&iexcl;Padrino...!&raquo;.</p>
+
+<p>Relimpio la mir&oacute; como se mira una visi&oacute;n celeste, y poniendo los ojos en
+blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el
+delirio de la inspiraci&oacute;n po&eacute;tica, murmur&oacute; con arrullo estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Hur&iacute;, hur&iacute;..., nadie osar&aacute; ya mancillar tu blancura! Los dragones
+todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien
+perteneces y que te pertenece&raquo;.</p>
+
+<p>Inmediatamente le entr&oacute; como un acceso congestivo, inclin&oacute; la cabeza,
+cerr&oacute; los ojos y empez&oacute; a roncar desaforadamente. Asustad&iacute;sima, Isidora
+le moj&oacute; la cabeza, le llam&oacute; a voces, a gritos: &laquo;&iexcl;Padrino, padrino!&raquo;.</p>
+
+<p>Anunciado por un suspiro, reapareci&oacute; en la persona de D. Jos&eacute; el
+conocimiento de s&iacute; mismo. Abri&oacute; el viejo los ojos, suspir&oacute; m&aacute;s, y al ver
+a Isidora y hacerse cargo de su situaci&oacute;n, se avergonz&oacute; un poco.</p>
+
+<p>&laquo;Ya me ha pasado&mdash;dijo frot&aacute;ndose la frente con la palma de la mano&mdash;. &iquest;Ha
+sido breve?... &iquest;He dicho muchos disparates?... No me ri&ntilde;as, no me ri&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras
+debilidades, hija... &iexcl;Miseria humana! He contra&iacute;do un peque&ntilde;o vicio;
+pero no ha sido por relajaci&oacute;n, no; ha sido por tristeza, por la fuerza
+de mis desgracias sin n&uacute;mero. Creo que me comprender&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, en efecto, no comprend&iacute;a nada.</p>
+
+<p>&laquo;Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos
+morales, del coraz&oacute;n&mdash;dijo Relimpio con la voz m&aacute;s d&eacute;bil y balbuciente
+que se puede o&iacute;r&mdash;. Cierto d&iacute;a unos amigos me hicieron tomar Champagne.
+&iquest;Qu&eacute; creer&aacute;s? Hubo en m&iacute; una revoluci&oacute;n, me entr&oacute; el mareo, y con el
+mareo pas&eacute; a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre,
+fui un caballero, un joven, un h&eacute;roe, qu&eacute; s&eacute; yo... &iquest;No es cosa buena ser
+algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los
+efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como
+profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, &iexcl;ay!, a la miseria
+humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Don Jos&eacute;! &iexcl;Don Jos&eacute; de mi alma!</p>
+
+<p>&mdash;No me ri&ntilde;as; te digo que no me ri&ntilde;as. &iexcl;Ser algo durante diez minutos!
+Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesar&eacute; todo
+con tal que no me ri&ntilde;as. Me he comprado una botella de eso que llaman
+<i>fine Champagne</i>, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando
+siento que se me desgarra el coraz&oacute;n y se me retuerce toda el alma, me
+tomo mi copita...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Padrino!</p>
+
+<p>&mdash;Somos fr&aacute;giles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el
+mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas
+m&aacute;s bellas, arriesgadas y sublimes...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!&mdash;exclam&oacute; ella poni&eacute;ndole la mano en la boca.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al
+entrar, cre&iacute; que entraba en un encantado y hermos&iacute;simo palacio; las
+presas me parecieron unas ninfas muy a&eacute;reas, unas como animadas flores,
+hijas del viento, &iquest;qu&eacute; tal? La escalera, una escalera de plata y la
+celadora, un &aacute;ngel...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, basta, basta!...</p>
+
+<p>&mdash;Basta, s&iacute;; ya pas&oacute;, ya pas&oacute;. Hablar&eacute; ahora de lo que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no me f&iacute;o de esa cabeza... Sin embargo, &oacute;igame usted,
+padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la
+persecuci&oacute;n de los malos. &iexcl;Qu&eacute; infames picard&iacute;as! &iquest;Debo o no debo
+hacerlo? Respecto a mis derechos, &iquest;los tengo yo? &iquest;Son un delirio o una
+verdad? Usted que conoci&oacute; a mis padres, que debi&oacute; de estar al corriente
+de lo que pasaba en su casa, d&iacute;game al fin de una vez y con completa
+sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Hija, querida hija m&iacute;a&mdash;repuso el viejo con una torpeza de palabra y de
+pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral&mdash;. &iquest;Sabes lo que
+me pasa?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa
+anterior a la &eacute;poca en que viniste a vivir a mi casa de la calle de
+Hern&aacute;n Cort&eacute;s. Ayer estuve todo el d&iacute;a preocupado con una idea, y es que
+yo fui un lince en Partida doble.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues creer&aacute;s que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime,
+madre de todas las dem&aacute;s ciencias, y no pod&iacute;a?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre padrino, pobre padrino!... &iquest;Se ha enterado usted de la acci&oacute;n de
+Mariano?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija. &iexcl;Qu&eacute; deshonra!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; deshonra!... Dios se ha vuelto contra m&iacute;, me ha dejado de su mano.
+Pero yo me har&eacute; mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora, me
+casar&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Casarte!&mdash;exclam&oacute; el viejo con espanto.</p>
+
+<p>&mdash;Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreci&oacute; su mano, y
+aunque me gusta poco, es un hombre de m&eacute;rito...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Casarte...? con el monstruo, con el drag&oacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>Y obedeciendo a una fuerza superior que nac&iacute;a no se sabe en qu&eacute; parte de
+su turbado ser, el tembloroso anciano march&oacute; hacia la puerta. &iquest;Iba en
+busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada
+en la frente, se ech&oacute; a re&iacute;r, y mirando a Isidora con gozo, dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Maldita memoria m&iacute;a! Ya no me acordaba...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Tranquil&iacute;zate, Jos&eacute;. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un
+herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; &eacute;l mismo me lo ha
+dicho&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora medit&oacute;.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;II&mdash;</b></p>
+
+<p>La primera entrevista que tuvo con <i>la Sanguijuelera</i> despu&eacute;s del
+atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no hab&iacute;a visto nunca
+llorar a su t&iacute;a, la cual, envejecida considerablemente en aquellos
+tristes d&iacute;as, tra&iacute;a un mant&oacute;n negro echado por la cabeza, con lo que su
+aspecto era harto l&uacute;gubre y repulsivo. No dec&iacute;a sino: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; pena, qu&eacute;
+bochorno!&raquo;, y de sus apergaminados labios hab&iacute;an huido los donaires
+quiz&aacute;s para siempre. Parec&iacute;a que se duplicaba, con la com&uacute;n desgracia,
+el cari&ntilde;o que a su sobrina ten&iacute;a y que deliraba por <i>Riqu&iacute;n</i>. En los
+d&iacute;as sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora
+acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla
+ventajosamente, le dec&iacute;a una y otra vez:</p>
+
+<p>&laquo;Dec&iacute;dete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene,
+porque as&iacute; matas de un tiro dos p&aacute;jaros, <i>verbo y gracia</i>: que te
+colocas y que salvas el alma, porque en la compa&ntilde;&iacute;a de aquel santo var&oacute;n
+te har&aacute;s, aunque no lo quieras, una santa mujer... &iexcl;Ay qu&eacute; pena, qu&eacute;
+bochorno!&raquo;.</p>
+
+<p>No parec&iacute;a la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a
+pesar del risue&ntilde;o horizonte espiritual que le se&ntilde;alaba su t&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;El honor de la familia&mdash;dec&iacute;a luego Encarnaci&oacute;n&mdash;est&aacute; en los calabozos
+del Saladero y ha de tener que ver con los se&ntilde;ores de la Paz y Caridad.
+Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, &iexcl;pu&ntilde;ales!,
+escond&aacute;monos donde nadie nos vea, met&aacute;monos en un rinc&oacute;n y vivamos
+tranquilas, dici&eacute;ndole al Se&ntilde;or: &laquo;Se&ntilde;or, nosotras no fuimos, nosotras no
+tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno;
+pero &eacute;l se junt&oacute; con los p&iacute;caros... y sac&oacute; de su cabeza otras
+picard&iacute;as&raquo;. Conque hija, vente a vivir conmigo y olv&iacute;date de tus
+locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta
+Cerrada&raquo;.</p>
+
+<p>No estaba a&uacute;n completamente decidida Isidora a comprar la libertad con
+la renuncia total de sus pretensiones. Mu&ntilde;oz y Nones le hizo otra
+visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan
+endebles, que el h&aacute;bil notario los destru&iacute;a con poco esfuerzo. En cuanto
+al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas
+esperanzas, y el &uacute;nico consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana
+del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de
+este pesar&iacute;an algo en la balanza de la Justicia.</p>
+
+<p>Un mes despu&eacute;s de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora
+hab&iacute;a perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no
+quedaba en su alma sino una grande y disolvente iron&iacute;a. Ya no cre&iacute;a en
+si misma, o lo que es lo mismo, ya no cre&iacute;a en nada. Deshojada poco a
+poco por una l&oacute;gica al principio t&iacute;mida y por &uacute;ltimo irresistible,
+aquella vistosa flor de su presunci&oacute;n aristocr&aacute;tica, la cual, a falta de
+otras morales, desempe&ntilde;aba en su alma un papel defensivo de primer
+orden, qued&oacute; completamente seca, muerta y m&aacute;s propia para irrisorio
+sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un d&iacute;a llev&oacute; Mu&ntilde;oz
+un papel, firmolo Isidora, despu&eacute;s de negarse resueltamente a aceptar el
+auxilio que le ofrec&iacute;a la marquesa, y a las dos semanas el juez decret&oacute;
+la absoluci&oacute;n libre.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A d&oacute;nde vas ahora?&raquo;&mdash;pregunto con inter&eacute;s de padre D. Jos&eacute; de Relimpio.</p>
+
+<p>Isidora ten&iacute;a un papel en que hab&iacute;a apuntado varias cantidades. Era
+mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contra&iacute;das en la
+prisi&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;No se preocupe usted de eso, ni&ntilde;a&mdash;dijo una voz, la voz &aacute;spera y
+antip&aacute;tica de un ser humano (por la figura) que apareci&oacute; en la estancia
+cuando la joven fijaba su atenci&oacute;n toda en el funesto papel&mdash;. &iquest;A qu&eacute;
+hora sale usted? &iquest;A las tres? D&iacute;golo por traer una carretela para
+llevarla a usted a mi casa. &iquest;Usted se entera?&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, sentada y apoyando la sien en el pu&ntilde;o, parec&iacute;a estar con su
+pensamiento en el m&aacute;s lejano de los mundos posibles.</p>
+
+<p>&laquo;Si usted no aceptara, me ofender&iacute;a&mdash;prosigui&oacute; el ser humano a quien
+Relimpio miraba (d&iacute;gase de paso) con la expresi&oacute;n m&aacute;s hostil&mdash;. Mi casa
+es una casa&mdash;palacio. &iquest;Usted se entera? No le har&eacute; a usted compa&ntilde;&iacute;a esta
+tarde, porque voy a comer con <i>Frascuelo</i> y el marqu&eacute;s de Torbisc&oacute;n...
+Oigast&eacute;, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltar&aacute; un ro&iacute;o
+pedazo de pan. Una persona que sale de la c&aacute;rcel no puede hallarse en
+disposici&oacute;n de atender a las primeras necesidades. As&iacute;, cuando usted
+entre por aquella puerta, hallar&aacute; una modista y un chico de la tienda de
+sombreros que ir&aacute; con muestras..., &iquest;usted se entera?... Tengo all&iacute; el
+gran cuarto de ba&ntilde;o; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a
+mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha
+de su amiga. Adi&oacute;s... Abur, Pepillo&raquo;.</p>
+
+<p>Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de
+D. Jos&eacute; de Relimpio, que este, furioso ya por o&iacute;rse llamar <i>Pepillo</i>, no
+pudo contener su indignaci&oacute;n, y cuando el ser humano estuvo fuera,
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Canalla!... &iquest;Pero es posible, hija, que t&uacute;, t&uacute;, aceptes?...</p>
+
+<p>&mdash;Provisionalmente&mdash;dijo Isidora, como si despertara de un desagradable
+sue&ntilde;o&mdash;. &iexcl;Estoy tan mal...! Necesito...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Necesito! &iexcl;C&oacute;mo son&oacute; este verbo en el cerebro del santo var&oacute;n! Lo hab&iacute;a
+o&iacute;do tantas veces en momentos terribles, que era para &eacute;l como una voz de
+alarma que le erizaba el cabello y le deten&iacute;a la circulaci&oacute;n de la
+sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese all&iacute; la botella,
+quiz&aacute;s, quiz&aacute;s la apurase valientemente de un trago.</p>
+
+<p>&iexcl;Libertad, comodidades, buena ropa, ba&ntilde;o, casa, lujo, dinero!... As&iacute;
+como a D. Jos&eacute; le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora
+le atacaba el mismo mal con s&oacute;lo la probabilidad de hacer efectivas las
+ideas expresadas por aquellos m&aacute;gicos vocablos. Cada ser tiene sus
+imanes.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh pena de las penas! Cuando D. Jos&eacute; la vio salir y entrar en la
+carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir...
+&iexcl;Oh, qu&eacute; horrores alumbra el desvergonzado sol, esa c&iacute;nica lumbrera que
+no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan
+contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que
+el error tiene tambi&eacute;n sus leyes, y que en la marcha del universo cada
+prurito aspira a su satisfacci&oacute;n y la consigue, resultando la armon&iacute;a
+total, y este claro&mdash;obscuro en que consiste toda la gracia de la
+humanidad y todo el chiste del vivir.</p>
+
+<p>Pero el buen viejo no pod&iacute;a ver aquello. Su esp&iacute;ritu se enardec&iacute;a, sus
+sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza
+contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir all&iacute; su
+preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba
+marearse, s&iacute;, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal.
+Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que
+no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y
+se meti&oacute; en la primera taberna que encontr&oacute; al paso.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;III&mdash;</b></p>
+
+<p>Y un d&iacute;a Emilia y Juan Jos&eacute; Casta&ntilde;o vieron entrar en su casa a la gran
+Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un se&ntilde;or&iacute;o, con
+un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve
+visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la
+madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo <i>Riqu&iacute;n</i>, que
+recogido y amparado en casa de Casta&ntilde;o durante los cinco meses de
+prisi&oacute;n, miraba a Emilia como madre y a los ni&ntilde;os de aquella como sus
+hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resoluci&oacute;n de Isidora de
+llevarse a su hijo, no se atrevi&oacute; a poner resistencia; pero Juan Jos&eacute;,
+hablando con firmeza y tes&oacute;n, dijo que no entregar&iacute;a a Joaquinito,
+porque Isidora, con su mala conducta, perd&iacute;a los derechos de madre, y
+que &eacute;l estaba decidido a llevar la cuesti&oacute;n a los Tribunales, seguro de
+que el juez le autorizar&iacute;a para retener al desgraciado ni&ntilde;o en su poder.</p>
+
+<p>Irritada Isidora, manifest&oacute; que no admit&iacute;a tales ideas, y ya se agriaba
+la cuesti&oacute;n, cuando abriose una puerta y apareci&oacute; un se&ntilde;or obispo...,
+digo, era <i>Riqu&iacute;n</i>, el cual tra&iacute;a en la cabeza una gran mitra de papel,
+y echando la bendici&oacute;n graciosamente con su mano derecha, cant&oacute; en el
+lat&iacute;n m&aacute;s estropajoso que se ha o&iacute;do jam&aacute;s: <i>Dominis vobiscum</i>.</p>
+
+<p>Conviene hacer constar que los dos chicos de Casta&ntilde;o ten&iacute;an loca afici&oacute;n
+a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy com&uacute;n en la infancia de
+estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestaci&oacute;n
+pueril. En el comedor de la casa ten&iacute;an su magn&iacute;fico altar, y cada d&iacute;a
+pon&iacute;an en &eacute;l un objeto nuevo, bien ara&ntilde;a, bien c&aacute;liz o manga&mdash;cruz. Por
+distintas partes de la casa se ve&iacute;an retablos diminutos, sagrarios y
+hasta p&uacute;lpitos improvisados con sillas. &Uacute;ltimamente hab&iacute;an hecho
+casullas de papel, y dec&iacute;an sus misas como unos can&oacute;nigos, echando cada
+lat&iacute;n que met&iacute;a miedo y observando todas las reglas de aquel acto con
+notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el cop&oacute;n una
+huevera, no era motivo de esc&aacute;ndalo, porque la inocencia lo santificaba
+todo con su car&aacute;cter altamente divino. <i>Riqu&iacute;n</i> hac&iacute;a al principio de
+sacrist&aacute;n; pero empez&oacute; a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo
+tambi&eacute;n sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y
+el mucho ruido con que a menudo se disputaban all&iacute; las jerarqu&iacute;as
+eclesi&aacute;sticas, exig&iacute;an en ocasiones la intervenci&oacute;n de Emilia, que m&aacute;s
+de una vez se prest&oacute; a ser monaguillo para apaciguar los &aacute;nimos y
+llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel d&iacute;a, que era domingo,
+<i>Riqu&iacute;n</i> hab&iacute;a sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando
+de pontificial cuando su mam&aacute; y Juan Jos&eacute; disputaban.</p>
+
+<p>&laquo;Ven&mdash;le dijo Isidora sent&aacute;ndole sobre sus rodillas, d&aacute;ndole muchos
+besos&mdash;, y te har&eacute; una casulla de oro y un altar de plata&raquo;.</p>
+
+<p>El chiquillo la miraba espantado.</p>
+
+<p>&laquo;Que &eacute;l decida&mdash;indic&oacute; Juan Jos&eacute; tomando al muchacho y poni&eacute;ndole en
+medio de la sala&mdash;. <i>Riqu&iacute;n</i>, &iquest;quieres irte con tu madre?&raquo;.</p>
+
+<p>Tan fuertemente neg&oacute; con su cabezota, que se le cay&oacute; la mitra. En
+realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su
+di&oacute;cesis para irse con una mala mujer...</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Que no, dices que no?&raquo;.</p>
+
+<p>El chico dijo entonces claramente:</p>
+
+<p>&laquo;No <i>quielo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Y ech&oacute; a correr para dentro.</p>
+
+<p>&laquo;No vale, no vale, eso no vale&mdash;grit&oacute; Isidora con af&aacute;n&mdash;. Mi hijo vendr&aacute;
+conmigo&raquo;.</p>
+
+<p>A esto siguieron algunas l&aacute;grimas, y tomando entonces Casta&ntilde;o un tono
+conciliador, manifest&oacute; a la afligida madre que estando el ni&ntilde;o en la
+ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aqu&iacute;. Quiz&aacute;s ella, por
+sus muchas ocupaciones de se&ntilde;ora principal, no podr&iacute;a cuidar y atender a
+Su Ilustr&iacute;sima como merec&iacute;a, y as&iacute;, qued&aacute;ndose &eacute;l donde estaba, ganaban
+todos: los ortopedistas, porque conservaban a <i>Riqu&iacute;n</i>, a quien miraban
+como hijo; Isidora, porque estar&iacute;a m&aacute;s ancha y podr&iacute;a campar por sus
+respetos libremente, y <i>Riqu&iacute;n</i> porque no se ver&iacute;a separado de su
+cabildo. Isidora cedi&oacute;, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su
+hijo cuando quisiera.</p>
+
+<p>Y en efecto, ven&iacute;a dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo
+golosinas para <i>Riqu&iacute;n</i> y sus camaradas, y adem&aacute;s velas de cera, c&aacute;lices
+de plomo, efigies, estampas del Sagrado Coraz&oacute;n, mitras, estolas, y por
+&uacute;ltimo un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no hab&iacute;a
+m&aacute;s que pedir. Algunas veces se encontraba all&iacute; con <i>la Sanguijuelera</i>,
+que tambi&eacute;n a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas
+rega&ntilde;aban, si bien Encarnaci&oacute;n hab&iacute;a perdido el humor festivo, y estaba
+muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante
+la deshonra que hab&iacute;a ca&iacute;do sobre la familia. Cuando se hablaba de esto,
+las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confund&iacute;an sus almas en un
+solo sentimiento.</p>
+
+<p>Miquis no viv&iacute;a ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente
+a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Casta&ntilde;o preguntaba
+con mucho inter&eacute;s por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete
+sali&oacute; de la c&aacute;rcel, Emilia, dando noticia al m&eacute;dico de las observaciones
+que hac&iacute;a en la persona de aquella, le dec&iacute;a una noche:</p>
+
+<p>&laquo;Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado
+tanto... Y parece que va descendiendo, que cada d&iacute;a baja un escaloncito.
+La primera vez parec&iacute;a una gran se&ntilde;ora: tra&iacute;a un vestido de gro negro y
+un sombrero, que ya, ya... Poco despu&eacute;s ven&iacute;a vestida de merino y con
+mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareci&oacute; que
+su traje ten&iacute;a algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el
+lunes de la semana pasada vino muy p&aacute;lida y quej&aacute;ndose del pecho, con la
+voz ronca. El s&aacute;bado cre&iacute; observar en su cara algunos cardenales, y
+tra&iacute;a una mano liada. Ayer, se&ntilde;or doctor, vino con pa&ntilde;uelo a la cabeza,
+con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo m&aacute;s salado de
+todo fue... que me pidi&oacute; dos reales... Debe de andar mal. Como
+siempre..., &iexcl;qu&eacute; car&aacute;cter y qu&eacute; vida!&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s hablaron del ser humano con quien Isidora viv&iacute;a, y acerca de &eacute;l
+dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron
+mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y
+empresario de ganchos, un caballero de condici&oacute;n tan especial, que si le
+mandaran a presidio (y no le mandar&iacute;an), los asesinos y ladrones se
+creer&iacute;an deshonrados con su compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Nuestra pobre amiga&mdash;dijo Augusto&mdash;, llevada de su miserable destino, o
+si se quiere m&aacute;s claro, de su imperfect&iacute;sima condici&oacute;n moral, ha
+descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender m&aacute;s
+todav&iacute;a. Su hermano y ella han corrido a la perdici&oacute;n: &eacute;l ha llegado,
+ella llegar&aacute;. Distintos medios ha empleado cada uno: &eacute;l ha ido con trote
+de bestia, ella con vuelo de p&aacute;jaro; pero de todos modos y por todas
+partes se puede ir a la perdici&oacute;n, lo mismo por el suelo polvoroso que
+por el firmamento azul&raquo;.</p>
+
+<p>Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y
+otras que omitimos, Isidora estuvo muchos d&iacute;as sin presentarse en la
+casa de Emilia. Don Jos&eacute; tambi&eacute;n se hab&iacute;a eclipsado, por lo que estaban
+los de Casta&ntilde;o disgustad&iacute;simos y llenos de temor. Un d&iacute;a, por fin, entr&oacute;
+Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay, pero qu&eacute;...? &iquest;est&aacute; mala?&mdash;pregunt&oacute; Miquis encasquet&aacute;ndose el
+sombrero y tomando el bast&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or..., s&iacute;, se&ntilde;or..., quiero decir que no est&aacute; buena, aunque
+tampoco est&aacute; enferma, porque ya se levanta.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, que ha estado mala.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no me avis&oacute; usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de
+todos los demonios?</p>
+
+<p>&mdash;Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted
+para que le quite de la cabeza...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le he de quitar, hombre?</p>
+
+<p>&mdash;Una idea&mdash;dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: &iquest;usted est&aacute;
+en su sano juicio, o se ha mareado hoy?</p>
+
+<p>&mdash;No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja. Desde
+que vivimos juntos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo...,
+perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no
+cansar, ese basurero animado, la abandon&oacute; despu&eacute;s de darle tantos
+golpes, que por poco la mata; despu&eacute;s de cruzarle la cara... mire usted,
+por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue
+grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel
+rostro celestial, aquel encantador palmito...&raquo;.</p>
+
+<p>Se limpi&oacute; una l&aacute;grima con la mano.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que
+pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tom&oacute; un cuarto en la calle de
+Pelayo, n&uacute;mero 93, piso cuarto, puerta n&uacute;mero 6, y all&iacute; ha estado un mes
+retirada del mundo sin tratarse con nadie m&aacute;s que conmigo..., pero
+honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo
+m&aacute;s sagrado...&raquo;.</p>
+
+<p>Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una
+condecoraci&oacute;n, los ojos en blanco, protest&oacute; el anciano de su honesta
+conducta.</p>
+
+<p>&laquo;Lo creo, hombre, lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo la acompa&ntilde;&eacute;, yo la asist&iacute;, mientras se curaba; yo la he servido...
+&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;as, qu&eacute; noches! Yo: &laquo;Voy a llamar a Miquis&raquo;; y ella: &laquo;No llame
+usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una
+persona an&oacute;nima, yo no existo&raquo;. En fin, esta ma&ntilde;ana me dijo unas cosas
+que me han partido el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; cosas?&mdash;pregunt&oacute; Miquis deteni&eacute;ndose en el portal de la casa y
+mirando atentamente al desgraciado viejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, &iexcl;no puedo repetirlas!&raquo;&mdash;exclam&oacute; Relimpio llorando como un ni&ntilde;o.</p>
+
+
+<p class="head"><b>&mdash;IV&mdash;</b></p>
+
+<p>Augusto subi&oacute; y entr&oacute; en la casa. Si pasmada y llena de turbaci&oacute;n se
+qued&oacute; Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven m&eacute;dico al
+ver en deplorable facha y catadura a la que conoci&oacute; en forma tan
+distinta. No s&oacute;lo hab&iacute;a perdido grandemente en el aspecto general de su
+persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura
+hab&iacute;a padecido bastante, a causa del decaimiento general, y m&aacute;s a&uacute;n del
+chirlo que ten&iacute;a en la mand&iacute;bula inferior, bajo la oreja izquierda.
+Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido
+permit&iacute;a ver sus bellas formas enflaquecidas. Dej&oacute; la plancha y se sent&oacute;
+en un miserable sof&aacute; de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y
+despu&eacute;s dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;No quer&iacute;a que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de &eacute;l y
+hallarme en mejor posici&oacute;n, porque todav&iacute;a... A ver, &iquest;qu&eacute; tal me
+encuentras?</p>
+
+<p>&mdash;Muy mal, muy mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;He perdido mucho? &iquest;No me respondes? He estado muy mala, &iexcl;qu&eacute;
+pu&ntilde;o!...&raquo;.</p>
+
+<p>Miquis no dijo nada. La sorpresa que le caus&oacute; la voz ronca de Isidora, y
+m&aacute;s que la voz o&iacute;r algunas expresiones que de la boca de ella se
+escaparon, t&uacute;vole perplejo y mudo por breve rato.</p>
+
+<p>&laquo;Te encuentro muy variada; t&uacute; no eres Isidora.</p>
+
+<p>&mdash;Te dir&eacute;... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perd&iacute; la idea
+que me hac&iacute;a ser se&ntilde;ora, me dio tal rabia, que dije: &laquo;Ya no necesito
+para nada la dignidad, ni la verg&uuml;enza&raquo;. &iquest;T&uacute; te enteras?... Por una idea
+se hace una persona decente, y por otra ro&iacute;a idea se encanalla. Pero no
+creas, todav&iacute;a hay algo en m&iacute; que no perder&eacute; nunca, algo de nobleza,
+aunque me est&eacute; mal el decirlo... Mira t&uacute;, chav&oacute;, qu&eacute; quieres..., el aire
+hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te
+asombres de que muerda alguna vez...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, &iquest;qu&eacute; es
+lo que te queda de nobleza?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;, no s&eacute;...&mdash;dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su coraz&oacute;n
+y en su pensamiento&mdash;. Me queda el delirio por las cosas buenas, la
+generosidad... &iquest;Sabes? Ayer no ten&iacute;a m&aacute;s que dos duros; esta ma&ntilde;ana vino
+una amiga a llorarse aqu&iacute;..., total, que qued&eacute; sin un cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Necesitas algo?&raquo;&mdash;dijo Augusto llev&aacute;ndose la mano al bolsillo.</p>
+
+<p>Y sac&oacute; algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alarg&oacute; su mano
+hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;No; todav&iacute;a soy noble.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute; consiste tu nobleza?</p>
+
+<p>&mdash;En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...&raquo;.</p>
+
+<p>Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De
+s&uacute;bito lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n no muy delicada y dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero&raquo;.</p>
+
+<p>Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tom&oacute; de la mano de su amigo.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;De qu&eacute; te espantas, bobo?... &iquest;de mis nuevas maneras? Ahora soy as&iacute;. Te
+dir&eacute;... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entra&ntilde;as; quererlos,
+nunca. Sois muy antip&aacute;ticos; os desprecio a todos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vas a meterte monja...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras?... &iexcl;Qu&eacute; sombra! &iquest;Monja yo?</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabes que Joaqu&iacute;n Pez ha venido de la Habana, casado con una
+americana muy rica. Da gusto verle, seg&uacute;n est&aacute; de contento y
+satisfecho&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora palideci&oacute;. Despu&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Ya lo sab&iacute;a... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de
+San Luis y pas&oacute; &eacute;l en coche. Me vio, pero el tunante fingi&oacute; que no me
+ve&iacute;a. El coraz&oacute;n me dio un brinco; aquella noche llor&eacute;, pero ya me voy
+dominando y concluir&eacute; por aborrecerle tambi&eacute;n. Es un tipo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero <i>Gaitica</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a
+las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que s&oacute;lo de mirarle
+se te ensucian los ojos...</p>
+
+<p>&mdash;Y sin embargo, le has querido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... Hombre, t&uacute; est&aacute;s malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con
+decirte que me acordaba de Juan Bou y este me parec&iacute;a un ramillete de
+rosas... &iexcl;Pobre <i>Gaitica</i>! El d&iacute;a de la disputa &iexcl;le escup&iacute; m&aacute;s...! Es un
+hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una
+zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qu&eacute;
+quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empe&ntilde;ada en ser bueno, y
+Dios, la Providencia y mi ro&iacute;o destino empe&ntilde;ados en que he de ser mala.
+Sal&iacute; de la c&aacute;rcel, le deb&iacute;a dinero, no ten&iacute;a sobre qu&eacute; caerme muerta, me
+llev&oacute; a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho m&aacute;s de cuanto
+necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los
+trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se
+me fue dando a conocer el hombre. Principi&oacute; por escatimarme los gastos.
+Cada d&iacute;a me parec&iacute;a la vida m&aacute;s triste y &eacute;l m&aacute;s horroroso. Y no lo digo
+por su cara, que no es mala, aunque s&iacute; de un tipillo afeminado que no me
+gusta. &iquest;Le conoces? Ya ves qu&eacute; carita de Pascua, qu&eacute; patillas de
+azafr&aacute;n, y qu&eacute; barba afeitadita y qu&eacute; labios de carm&iacute;n. Aquellas
+mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de
+oro el tal es en el trato. Coge la desverg&uuml;enza, la traici&oacute;n, la rapi&ntilde;a,
+la crueldad, j&uacute;ntalo todo, a&ntilde;&aacute;dele toda la basura que puedas encontrar,
+revuelve, haz un mu&ntilde;eco, sopla, dale vida y tendr&aacute;s al que ha sido mi
+se&ntilde;or y due&ntilde;o durante tres meses: peor que Bou, peor que Bot&iacute;n y que
+Joaqu&iacute;n, el cual era ya m&aacute;s malo que Judas. En fin, los hombres sois
+todos unos. Hay que vengarse, perdi&eacute;ndoos a todos y arrastr&aacute;ndoos a la
+ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas.</p>
+
+<p>&laquo;Isidora, Isidora&mdash;le dijo Augusto con profunda pena&mdash;: valdr&iacute;a mil veces
+m&aacute;s que te murieras.</p>
+
+<p>&mdash;No pienso en tal cosa... Te dir&eacute;. Cuando estaba en la c&aacute;rcel quise
+matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando <i>Gaitica</i>
+me maltrat&oacute; y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla,
+tambi&eacute;n tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperaci&oacute;n en que
+quise suicidarme. Pero despu&eacute;s me he serenado. Eso de matarse se deja
+para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir,
+vidita, que vivir es lo seguro. Alma atr&aacute;s... Lo quiere el mundo, pues
+adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer
+pu&ntilde;ales. Yo me basto y me sobro. &iquest;No era yo noble? &iquest;No ten&iacute;a buenas
+inclinaciones? &iquest;Pues por qu&eacute; me cerraron la puerta?</p>
+
+<p>&mdash;Pobre mujer, todav&iacute;a, todav&iacute;a es tiempo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;De adoptar una vida arreglada. Yo te buscar&eacute; trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; hacer nada.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te pasar&eacute; una peque&ntilde;a pensi&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Dir&aacute;n que soy tu querida. Concluir&eacute; por serlo...</p>
+
+<p>&mdash;B&uacute;scate un modo de vivir. Vete con tu t&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;No hay <i>tu t&iacute;a</i>, no, no...; d&eacute;jame. &iquest;Para que has venido ac&aacute;? Ni
+falta... Aire, aire. No necesito consejos.</p>
+
+<p>&mdash;Aborreces a Surupa, y, sin embargo, &iexcl;cu&aacute;nto se te ha pegado de &eacute;l!
+Cuando recuerdo c&oacute;mo eras y c&oacute;mo eres, c&oacute;mo hablabas y c&oacute;mo hablas, no
+s&eacute; qu&eacute; me da.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es el mundo: unos se quedan y otros se van. Yo me fui, &iquest;te enteras?
+Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe m&aacute;s que en tu imaginaci&oacute;n.
+Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aquella era mi buena amiga&mdash;dijo Augusto con tes&oacute;n&mdash;; esta me
+repugna&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora se conmovi&oacute; al o&iacute;r esto, pero disimulaba bien, esforz&aacute;ndose por
+una inexplicable modificaci&oacute;n de su orgullo en parecer peor de lo que
+era.</p>
+
+<p>&laquo;Y no teniendo nada que hacer aqu&iacute;&mdash;dijo Miquis levant&aacute;ndose&mdash;, me
+retiro&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora le mir&oacute; de un modo que indicaba deseos de que no se marchara;
+pero despu&eacute;s se inclin&oacute; de hombros.</p>
+
+<p>&laquo;Ya me han humillado tanto&mdash;murmur&oacute; entre dos suspiros&mdash;, que el ver salir
+al &uacute;ltimo amigo no me causa impresi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or D. Augusto de mi alma&mdash;dijo a la saz&oacute;n Relimpio, que hasta
+entonces, testigo mudo y doliente, no se hab&iacute;a atrevido a decir nada&mdash;;
+no se marche usted y exh&oacute;rtela, pred&iacute;quele, y amon&eacute;stele para que se le
+quite... eso... de la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;El disparate que quiere hacer. Vea usted c&oacute;mo calla y se sonr&iacute;e la
+p&iacute;cara... A m&iacute; me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Suicidio?</p>
+
+<p>&mdash;Por ah&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No, no es suicidio&mdash;exclam&oacute; el anciano con desesperaci&oacute;n, arranc&aacute;ndose
+(o tratando de arrancarse, que es m&aacute;s veros&iacute;mil) un mech&oacute;n de cabellos&mdash;.
+&iquest;Ve usted? Se r&iacute;e... Y que no diga que lo hace por no tener qu&eacute; comer.
+Yo... a&uacute;n puedo trabajar&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de
+carb&oacute;n sobre que se calentaban las planchas. Parec&iacute;a que de aquel
+rescoldo ardiente y melanc&oacute;lico tomaba sus ideas.</p>
+
+<p>&laquo;Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas&mdash;dijo el m&eacute;dico
+inclin&aacute;ndose hac&iacute;a ella y mir&aacute;ndola de cerca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo?&mdash;replic&oacute; Isidora con el tono insolente que se le
+hab&iacute;a pegado de la sociedad gaitesca&mdash;. &iquest;Sabes lo que te digo? Que no me
+vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el coraz&oacute;n se me
+ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha&raquo;.</p>
+
+<p>Levantose, y murmurando no se sabe qu&eacute; palabras, aunque es de suponer no
+ser&iacute;an de las m&aacute;s finas, tom&oacute; el pesado hierro y se puso a planchar con
+verdadera furia. Miquis se fue sin a&ntilde;adir una palabra, y D. Jos&eacute; le
+sigui&oacute; hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y
+suplicante.</p>
+
+<p>&laquo;Don Augusto de mi alma&mdash;le dijo&mdash;, por Dios, no la abandone usted... Mire
+usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero...&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIIIa" id="Capitulo_XVIIIa"></a>Cap&iacute;tulo XVIII</h3>
+
+<p class="head">Muerte de Isidora.&mdash;Conclusi&oacute;n de los Rufetes</p>
+
+
+<p>Aunque Augusto no manifest&oacute; su prop&oacute;sito, lo ten&iacute;a, y muy firme, de no
+abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba.
+Volvi&oacute; al d&iacute;a siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos d&iacute;as
+l&uacute;gubres que anublan la perpetua alegr&iacute;a de los meses de Madrid, uno de
+esos d&iacute;as, por desgracia no muy raros, en que el vecindario est&aacute;
+trist&iacute;simamente impresionado por una terrible soluci&oacute;n de la justicia
+humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones
+patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy
+remota.</p>
+
+<p>Y en la tarde del d&iacute;a anterior, una mujer vestida de negro con un mant&oacute;n
+echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada
+por la aflicci&oacute;n, acechaba en las proximidades del Palacio Real la
+salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza d&eacute;bil,
+aunque pose&iacute;a el m&aacute;s vivo fervor mon&aacute;rquico que ha existido quiz&aacute;s en el
+presente siglo. Su idea del poder, de la misi&oacute;n providencial de los
+reyes, y principalmente la semejanza que supon&iacute;a entre el soberano
+visible y el Rey de los cielos, d&aacute;banle un poco de aliento. Por eso
+cuando sali&oacute; el coche, avanz&oacute; ella a escape sin temor de ser atropellada
+por los caballos, lleg&oacute; hasta la portezuela, y con la presteza del
+asesino que alarga el pu&ntilde;al, alarg&oacute; un papel arrollado en forma de
+canuto. El papel cay&oacute; en el coche, y las dos personas que iban en este
+se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. &iexcl;Oh dicha! Le&iacute;an el
+memorial, o al menos pasaban la vista por &eacute;l. &iquest;Qui&eacute;n sabe si acceder&iacute;an
+a lo que en &eacute;l con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba?
+As&iacute; como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es
+el perd&oacute;n. &iexcl;El perd&oacute;n! Ved aqu&iacute; el punto de semejanza y parentesco con
+la divinidad. &laquo;&iquest;Para qu&eacute; servir&iacute;an los reyes&mdash;dijo <i>la Sanguijuelera</i>
+concretando sus ideas mon&aacute;rquicas&mdash;, si no sirvieran para indultar?&raquo;.</p>
+
+<p>La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche,
+hab&iacute;a lanzado con &eacute;l una exclamaci&oacute;n, que sintetizaba su respetuoso
+cari&ntilde;o hacia el primer personaje de la Naci&oacute;n, y su pena acerba y
+desgarradora: &laquo;Rey m&iacute;o... Ni&ntilde;o&mdash;Dios de Espa&ntilde;a, piedad para un
+desgraciado loco&raquo;.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para
+interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que hab&iacute;a realizado, y con
+cierta confianza en el &eacute;xito, se dirigi&oacute; lentamente hacia el Saladero.
+&iexcl;Largo y tremendo d&iacute;a, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen
+pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. <i>La
+Sanguijuelera</i> esperaba, esperaba, y el indulto no aparec&iacute;a. La infeliz
+mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no sab&iacute;a que el
+Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, seg&uacute;n el arreglo que hemos
+hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo
+la sentencia que el perd&oacute;n.</p>
+
+<p>Hemos dicho que Augusto volvi&oacute; a la casa de Isidora. Encontrola en el
+estado m&aacute;s deplorable, sentada en un rinc&oacute;n del cuarto, tras un sof&aacute;
+viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre s&iacute;
+misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos &iacute;ndices se tapaba los
+o&iacute;dos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contempl&aacute;bala Augusto
+sin saber por d&oacute;nde empezar su empresa caritativa, cuando D. Jos&eacute; se le
+acerc&oacute; y con voz cautelosa le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Amigo Miquis, hoy no hemos comido. D&iacute;a tremendo es hoy...; ya puede
+usted suponer por qu&eacute; est&aacute; tan afligida&raquo;.</p>
+
+<p>Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qu&eacute; arreglar una
+buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se
+acostase. Ella no dec&iacute;a m&aacute;s que esto: &laquo;&iexcl;Hoy!, &iexcl;hoy!&raquo;.</p>
+
+<p>Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y
+a&ntilde;adiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio
+prepar&oacute; la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases m&aacute;s
+escogidas, con los pensamientos m&aacute;s cristianos que le suger&iacute;a su rica
+imaginaci&oacute;n; pero toda su dial&eacute;ctica, engalanada de formas po&eacute;ticas y de
+bonitas paradojas, no logr&oacute; llevar la serenidad al perturbado esp&iacute;ritu
+de la pobre mujer. Esta le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Ma&ntilde;ana, ma&ntilde;ana me tocar&aacute; a m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el d&iacute;a. Miquis y D.
+Jos&eacute; le hac&iacute;an mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche
+Augusto, despu&eacute;s de prescribirle el reposo, se retir&oacute; seguro de hallarla
+mejor al d&iacute;a venidero, lo que no result&oacute; cierto, porque a la siguiente
+ma&ntilde;ana encontr&oacute; el m&eacute;dico en su infeliz enferma el mismo silencio, la
+mismo apat&iacute;a l&uacute;gubre y la propia indiferencia del d&iacute;a precedente.
+Isidora, no obstante, comi&oacute; con mediano apetito, y Miquis no hallaba en
+ella s&iacute;ntomas claros de enfermedad. Don Jos&eacute; suspiraba a cada instante;
+iba y ven&iacute;a sin cesar de una parte a otra de la casa con gran
+desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, despu&eacute;s de su tercera visita,
+se retiraba, D. Jos&eacute; cuchiche&oacute; con &eacute;l en la escalera.</p>
+
+<p>&laquo;No nos abandone usted, se&ntilde;or doctor&mdash;le dijo angustiad&iacute;simo&mdash;. Hemos de
+estar con cien ojos... Hay moros por la costa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Que aunque parece que no habla, habla, s&iacute;, se&ntilde;or; hoy a las doce estuvo
+aqu&iacute; una mujer que la viene persiguiendo hace d&iacute;as... Es un drag&oacute;n, &iquest;me
+entiende usted?... Pues Isidora charl&oacute; largamente con ella. No pude
+entender lo que dec&iacute;an, porque me mand&oacute; salir fuera; pero hablaban con
+animaci&oacute;n, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por un rayo, le
+ense&ntilde;aba, &iexcl;ay!, muestras de vestidos.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos; habr&aacute; que hacer algo decisivo&mdash;dijo Augusto bajando
+pausadamente los &uacute;ltimos escalones&mdash;. Ma&ntilde;ana temprano vendr&eacute; con Emilia,
+<i>Riqu&iacute;n</i> y Encarnaci&oacute;n. Trataremos de llev&aacute;rnosla a cualquier parte&raquo;.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; movi&oacute; la cabeza con expresi&oacute;n de profund&iacute;sima incredulidad, y
+cerrando la puerta con llave, se guard&oacute; &eacute;sta en el bolsillo.</p>
+
+<p>Isidora dorm&iacute;a, al parecer, sosegadamente; D. Jos&eacute;, que desde alg&uacute;n
+tiempo antes se hab&iacute;a sometido a un meritorio r&eacute;gimen de sobriedad en
+alimento y lecho, se recost&oacute; vestido en un sof&aacute; de paja, frontero a la
+cama de su ahijada, el cual le serv&iacute;a de punto de acecho o vigilancia
+para no perder ni el m&aacute;s ligero movimiento de la enferma. Toda la noche
+ard&iacute;a una vela, puesta dentro de una jofaina. As&iacute;, desde que Isidora
+parec&iacute;a intranquila, D. Jos&eacute; se levantaba diligente y acud&iacute;a junto a
+ella.</p>
+
+<p>Las diez ser&iacute;an cuando Relimpio, que hab&iacute;a descabezado un sue&ntilde;ecillo,
+despert&oacute; con sobresalto porque oy&oacute; la voz de Isidora. &iquest;Hab&iacute;a alguien en
+la habitaci&oacute;n? No, no hab&iacute;a nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don
+Jos&eacute; la miraba sin moverse de su duro y martirizante sof&aacute;; pero su
+atenci&oacute;n se troc&oacute; en asombro al ver que la joven se levantaba, se
+vest&iacute;a, aunque a la ligera, ech&aacute;ndose la bata, se calzaba y se dirig&iacute;a
+al mezquino tocador pr&oacute;ximo a su lecho. Un terror acongojante y como
+supersticioso que se ampar&oacute; del bueno de D. Jos&eacute;, le imped&iacute;a moverse y
+hablar. Le parec&iacute;a contemplar una escena de sonambulismo, o quiz&aacute;s ser
+v&iacute;ctima de un fen&oacute;meno &oacute;ptico, formado y como vaciado en su propia
+mente. &laquo;Puede ser&mdash;se dijo&mdash;que esto que veo sea un sue&ntilde;o m&iacute;o y que la
+pobrecita est&eacute; tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y
+enredando en el tocador&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se mir&oacute; largo rato en
+el espejo. Aunque este era peque&ntilde;o y malo, ella quer&iacute;a verse, no s&oacute;lo el
+rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes m&aacute;s extra&ntilde;as y violentas,
+lade&aacute;ndose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que
+f&aacute;cilmente sal&iacute;an al exterior las formas intachables de su talle y todo
+el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don Jos&eacute; se qued&oacute; lelo,
+fr&iacute;o, inerte, cuando oy&oacute; estas palabras, pronunciadas claramente por
+Isidora:</p>
+
+<p>&laquo;Todav&iacute;a soy guapa..., y cuando me reponga ser&eacute; guap&iacute;sima. Valgo mucho,
+y valdr&eacute; much&iacute;simo m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Luego empez&oacute; a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que
+estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas form&oacute;
+un l&iacute;o. Entonces el santo var&oacute;n hizo un esfuerzo para vencer su inercia
+terror&iacute;fica, se sacudi&oacute; todo y con una fuerte voz dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Ni&ntilde;a m&iacute;a, &iquest;a d&oacute;nde vas?</p>
+
+<p>&iexcl;Ay!&mdash;exclam&oacute; ella sobresaltada, dando un chillido&mdash;. Me ha asustado
+usted. Yo cre&iacute; que estaba sola&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Sola! Seg&uacute;n eso, D. Jos&eacute; era un mueble. Esta idea caus&oacute; al infeliz
+viejo grand&iacute;sima aflicci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute; haces, mujer? &iquest;Te has vuelto loca? Est&aacute;s enferma y te
+levantas as&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Enferma yo?&mdash;dijo Isidora ech&aacute;ndose a re&iacute;r con descaro&mdash;. Usted s&iacute; que
+lo est&aacute;, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy buena
+y sana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a d&oacute;nde vas?</p>
+
+<p>&mdash;A la calle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A la calle! &iquest;Y qu&eacute; vas a hacer en la calle? &iquest;Necesitas algo? Yo
+saldr&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, ea, no sea usted majadero. Acu&eacute;stese usted, duerma si tiene sue&ntilde;o,
+y d&eacute;jeme a m&iacute;, que yo s&eacute; lo que tengo que hacer. No dependo de nadie,
+&iquest;estamos? Soy due&ntilde;a de mi voluntad, &iquest;estamos?&raquo;.</p>
+
+<p>La determinaci&oacute;n firme que revelaban estas palabras llev&oacute; al bendito D.
+Jos&eacute; a las m&aacute;s elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la
+confusi&oacute;n. Antes que &eacute;l pudiera decir algo, Isidora prosigui&oacute; de este
+modo:</p>
+
+<p>&laquo;Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con
+sus cuidados tontos...&raquo;.</p>
+
+<p>Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso coraz&oacute;n de
+Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorpor&oacute; en el macizo
+lecho y habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Hija m&iacute;a, yo te quiero m&aacute;s que a las ni&ntilde;as de mis ojos. Me intereso por
+ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal
+alguno...</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer lo
+que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, &iquest;estamos?</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios&mdash;dijo Relimpio, conociendo que hab&iacute;a llegado la
+ocasi&oacute;n de mostrar energ&iacute;a&mdash;. Sospecho que vas a mala parte, sospecho que
+te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; t&uacute; eres lo que
+m&aacute;s amo, te quiero m&aacute;s que a mis hijas, porque te quiero de dos maneras,
+como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como sospecho, quieres
+perderte, quieres infamarte, no lo consentir&eacute; mientras tenga un aliento
+de vida; primero te rogar&eacute;, te suplicar&eacute; aunque me sea menester ponerme
+de rodillas delante de ti&raquo;.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base tan acongojado, que la frase se le retortij&oacute; en la garganta, y
+juzgando que m&aacute;s que las palabras ser&iacute;an elocuentes las actitudes, se
+hinc&oacute; delante de su ahijada, y le tom&oacute; las manos para bes&aacute;rselas, y
+luego que pas&oacute; un rato en estas m&iacute;micas, conmovidos ella y &eacute;l, pudo
+articular Relimpio estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Ni&ntilde;a m&iacute;a, no des ese paso, detente...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; desgracia!...&mdash;murmur&oacute; ella llev&aacute;ndose la mano a los ojos, como
+para disimular una l&aacute;grima&mdash;. &iquest;Y qui&eacute;n me va a mantener?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;exclam&oacute; Relimpio d&aacute;ndose un golpe tan fuerte en el pecho que este
+reson&oacute; en hueco como una caja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted!... &iexcl;Ay, qu&eacute; gracia! &iexcl;Si usted m&aacute;s est&aacute; para que le mantengan
+que para mantener!</p>
+
+<p>&mdash;Trabajar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y comeremos ca&ntilde;amones... Padrino, padrino, d&eacute;jeme usted en paz; no
+se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo
+hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atr&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>El anciano hab&iacute;a vuelto al sof&aacute;, donde estaba reclinado, sin fuerzas
+para seguir adelante en la lucha.</p>
+
+<p>&laquo;Mira&mdash;le dijo, echando lumbre por los ojos&mdash;, yo puedo trabajar...;
+pedir&eacute; un destino y me lo dar&aacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; inocencia!</p>
+
+<p>&mdash;Y con lo que yo gane y algo que te dar&aacute;n Emilia y Miquis, viviremos tan
+ricamente.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, muy ricamente&mdash;replic&oacute; Isidora con terrible iron&iacute;a&mdash;. &iexcl;Miserias,
+harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para
+los t&oacute;rtolos simples que lo quieran.</p>
+
+<p>&mdash;Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no trates
+de borrarlos con una verg&uuml;enza mayor&mdash;dijo Relimpio, sinti&eacute;ndose dotado
+por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filos&oacute;fica que no
+era propia de &eacute;l&mdash;. Lo mejor es que borres lo pasado con una conducta
+ejemplar. &iquest;Quieres un nombre, una posici&oacute;n? Pues yo te dar&eacute; ambas cosas.
+&Oacute;yeme&mdash;a&ntilde;adi&oacute; solemnemente&mdash;; yo me casar&eacute; contigo; y para que no
+interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo m&aacute;s que en
+el nombre y mirarte como una hija&raquo;.</p>
+
+<p>Por l&aacute;stima del pobre viejo no se ech&oacute; a re&iacute;r Isidora con el desenfado
+que hab&iacute;a adquirido &uacute;ltimamente. En la p&eacute;rdida de tantas nobles
+cualidades conservaba algo de piedad.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Conque nombre y posici&oacute;n?&mdash;dijo&mdash;; gracias, gracias; es usted muy bueno.
+&iquest;Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre m&iacute;?
+&iexcl;Qu&eacute; pu&ntilde;o!... Si pudiera desbautizarme y no o&iacute;r m&aacute;s con estas orejas el
+nombre de Isidora, lo har&iacute;a... Me aborrezco; quiero concluir, ser
+an&oacute;nima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie
+de mis acciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Isidora!...</p>
+
+<p>&mdash;Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;No pronunciarle m&aacute;s, cuando a &eacute;l le parec&iacute;a tan dulce, tan armonioso,
+cifra y compendio de la melod&iacute;a infinita! Ech&oacute; D. Jos&eacute; un gran suspiro y
+tras &eacute;l estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Ha sido una tonter&iacute;a que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo
+caduco. T&uacute; no puedes vivir sin amor. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;as de quererme a m&iacute;, que
+s&oacute;lo tengo juventud en el coraz&oacute;n?... &Oacute;yeme...&raquo;.</p>
+
+<p>Cada vez que dec&iacute;a &laquo;&oacute;yeme&raquo; tomaba una actitud sacerdotal y el tono m&aacute;s
+solemne del mundo.</p>
+
+<p>&laquo;&Oacute;yeme. T&uacute; has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la
+Habana. De todos tus amantes, &eacute;l era el m&aacute;s simp&aacute;tico, el m&aacute;s caballero.
+Antes que verte caminar a la &uacute;ltima degradaci&oacute;n, consiento en que
+reanudes tus amores con &eacute;l. No me gusta esto, pero antes que lo otro...
+yo me entiendo. &iquest;Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le
+busque, que le hable de ti?... Odiosa misi&oacute;n, hija m&iacute;a; pero si con ella
+te aparto de la ignominia final, creer&eacute; realizar una acci&oacute;n meritoria.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Joaqu&iacute;n, ese pillo?... Le dir&eacute; a usted... Siempre que le veo, me da un
+vuelco el coraz&oacute;n. Le quise y a&uacute;n me parece que podr&iacute;a volver a
+quererle... Pero d&eacute;jele usted donde est&aacute;. Yo estoy mejor as&iacute;. Es un
+canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. Jos&eacute;. Yo me
+marcho...</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, mujer...</p>
+
+<p>&mdash;He dado mi palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Esas palabras no se cumplen. &iquest;De modo que no te ver&eacute; m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Vendr&eacute; por aqu&iacute;... No se mueva usted de esta casa. Yo le dar&eacute; algo para
+que se mantenga y pague el alquiler...&raquo;.</p>
+
+<p>Relimpio tembl&oacute; con sudor fr&iacute;o.</p>
+
+<p>&laquo;Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos.
+Conque... abur, abuelo...&raquo;.</p>
+
+<p>Corri&oacute; hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como
+de costumbre, retrocedi&oacute; para buscarla.</p>
+
+<p>&laquo;No, no te doy la llave; no saldr&aacute;s mientras yo viva&raquo;&mdash;exclam&oacute; D. Jos&eacute;,
+haci&eacute;ndose superior a s&iacute; mismo y mostrando la energ&iacute;a que a veces surge
+del flaco &aacute;nimo de los d&eacute;biles, como en ciertos momentos de crisis las
+sublimidades brotan del cerebro de los tontos.</p>
+
+<p>Isidora le mir&oacute; con ira, y respir&oacute; fuerte apretando contra el talle el
+l&iacute;o de ropa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;La llave, la llave!</p>
+
+<p>&mdash;No saldr&aacute;s sino pasando sobre mi cad&aacute;ver&raquo;&mdash;grit&oacute; con cavernosa voz
+Relimpio, sinti&eacute;ndose h&eacute;roe de teatro.</p>
+
+<p>Y al decirlo, oprim&iacute;a contra su pecho la llave para protegerla de un
+ataque de su enemiga.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas&mdash;dijo la de Rufete
+encolerizada&mdash;. Venga la llave, o la tomar&eacute; dondequiera que la encuentre.
+Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he vuelto
+loba. Ya no soy noble, Sr. D. Jos&eacute;; ya no soy noble.</p>
+
+<p>&mdash;Pero aunque no seas noble, no ser&aacute;s capaz de ultrajar a tu pobre viejo,
+a tu padre...&raquo;.</p>
+
+<p>Acompa&ntilde;adas de l&aacute;grimas, estas palabras eran harto elocuentes.</p>
+
+<p>&laquo;Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las
+simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos...&raquo;.</p>
+
+<p>Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera
+su deseo y prop&oacute;sito, avanz&oacute; las manos contra el viejo, le atenaz&oacute; los
+brazos, le sacudi&oacute; un momento... &iexcl;Ay!, &iexcl;ay! Relimpio sinti&oacute; que sus
+brazos se volv&iacute;an de algod&oacute;n. Como si el roce de la piel de Isidora
+fuese un contacto mort&iacute;fero, se qued&oacute; echo una momia. Y mientras ella le
+quitaba la llave, &eacute;l, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no
+pod&iacute;a defenderse, ni sab&iacute;a detenerla, ni era due&ntilde;o de ninguna de las
+energ&iacute;as de su ser, como no fuera de la voz, pues all&aacute; casi entre
+dientes pudo articular tres s&iacute;labas y decir: &laquo;&iexcl;Bribona!...&raquo;.</p>
+
+<p>Isidora march&oacute; hac&iacute;a la puerta. Bruscamente arrepentida de su acci&oacute;n,
+retrocedi&oacute; hacia el sof&aacute; donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le
+mir&oacute; un s&iacute; es no es conmovida (todav&iacute;a era algo noble), y poni&eacute;ndole la
+mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar.
+Este es mi destino...; quiz&aacute;s no nos veremos m&aacute;s... Adi&oacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Tuvo la singular&iacute;sima piedad de inclinar sobre &eacute;l su rostro y darle un
+r&aacute;pido beso sobre las venerables canas. &Eacute;l no tuvo fuerzas ni esp&iacute;ritu
+m&aacute;s que para verla salir. Sali&oacute;, efectivamente, veloz, resuelta, con
+paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo
+que le ha solicitado con atracci&oacute;n invencible, as&iacute; cay&oacute; ella despe&ntilde;ada
+en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco
+despu&eacute;s en la superficie social todo estaba tranquilo.</p>
+
+<p>Don Jos&eacute; se levant&oacute;, anduvo como desconcertada m&aacute;quina hasta un
+aposentillo interior donde ten&iacute;a sus trastos, y tanteando con las
+temblorosas manos en la obscuridad, encontr&oacute; una botella. Apur&oacute; del
+contenido de ella porci&oacute;n bastante, y al tratar de volver al sof&aacute;, las
+piernas le faltaron y cay&oacute; rodando en mitad del aposento.</p>
+
+<p>Como la puerta hab&iacute;a quedado abierta, Miquis, Emilia y <i>Riqu&iacute;n</i> entraron
+sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, seg&uacute;n c&aacute;lculos
+aproximados, deb&iacute;a de ser la de las nueve de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a
+siguiente. Y como vieran a don Jos&eacute; tendido en el suelo sin compa&ntilde;&iacute;a, al
+punto coligi&oacute; Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corr&iacute;a
+veloz al socorro de su padre, que parec&iacute;a como a dos dedos de la muerte,
+Augusto hizo un rapid&iacute;simo reconocimiento de la habitaci&oacute;n, buscando a
+Isidora. &iexcl;No estaba!</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Se ha ido, se ha ido!&raquo;&mdash;exclam&oacute; poni&eacute;ndose de rodillas junto al pobre
+viejo para prestarle alg&uacute;n auxilio.</p>
+
+<p>Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sof&aacute;, donde le
+tendieron, y &eacute;l entonces entreabri&oacute; los ojos y los labios echando una
+mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La
+notabil&iacute;sima alteraci&oacute;n de las facciones del anciano alarm&oacute; a Miquis, el
+cual respond&iacute;a con muda expresi&oacute;n de desconsuelo a las apremiantes
+interrogaciones de Emilia.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero esto es embriaguez... o qu&eacute;?...&raquo;&mdash;pregunt&oacute; la atribulada hija.</p>
+
+<p>Y al o&iacute;rlo D. Jos&eacute; se reanim&oacute; de s&uacute;bito, como la llama moribunda que se
+revuelca en las tinieblas; ech&oacute; su esp&iacute;ritu un resplandor de vida, y
+moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo
+pausadamente estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;La hur&iacute; ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya&raquo;.</p>
+
+<p>A la saz&oacute;n entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los
+servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones,
+ve&iacute;a que los remedios ser&iacute;an in&uacute;tiles. Cerca ya del fin, el esp&iacute;ritu de
+D. Jos&eacute; volvi&oacute; a relampaguear, diciendo con expresi&oacute;n enamorada y
+caballeresca:</p>
+
+<p>&laquo;La am&eacute; y la serv&iacute;... Fui su palad&iacute;n... Mas ved aqu&iacute; que la ingrata
+abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos,
+recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para
+reyes, no para vosotros. Ha ca&iacute;do en vuestro cieno por la temeridad de
+querer remontarse a las alturas con alas postizas&raquo;.</p>
+
+<p>Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de l&aacute;grimas. Miquis la llev&oacute;
+a un cercano aposento, y en &eacute;l la encerr&oacute; con el pobre <i>Riqu&iacute;n</i>, que
+tambi&eacute;n lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen
+Relimpio, el cual ocurri&oacute; media hora m&aacute;s tarde, y fue tranquilo y suave.
+Su muerte remed&oacute; el dulce acceso de embriaguez que le transportaba,
+mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las
+delicias de una vida ap&oacute;crifa, compuesta con extra&ntilde;os fingimientos de
+juventud, pasi&oacute;n y energ&iacute;a. &iquest;Entraba al fin en un mareo eterno? &iquest;Iba ya
+derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y
+amparo de la hur&iacute; en las edades sin t&eacute;rmino y en los espacios sin
+medida? Jos&eacute;, eres un &aacute;ngel.</p>
+
+<p>Abrazando estrechamente a <i>Riqu&iacute;n</i> y cubri&eacute;ndole de besos la cara,
+Emilia le dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Tan hu&eacute;rfano eres t&uacute; como yo; pero en m&iacute; tendr&aacute;s la madre que te falta.
+Aquella mam&aacute; tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volver&aacute;; se
+ha ca&iacute;do al fondo, hijo m&iacute;o, al fondo... Ya lo entender&aacute;s m&aacute;s adelante&raquo;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIXa" id="Capitulo_XVIXa"></a>Cap&iacute;tulo XIX</h3>
+
+<p class="c">Moraleja</p>
+
+
+<p>Si sent&iacute;s anhelo de llegar a una dif&iacute;cil y escabrosa altura, no os fi&eacute;is
+de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no
+lo consig&aacute;is, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo
+mejor, creedme, lo mejor ser&aacute; que tom&eacute;is una escalera.</p>
+
+<p class="top15">Madrid.&mdash;Junio de 1881</p>
+
+<p class="c">FIN DE LA NOVELA</p>
+
+
+
+<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***</div>
+<div style='text-align:left'>
+
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+</div>
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+</div>
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+ </div>
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+ works.
+ </div>
+
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+ </div>
+
+ <div style='text-indent:-0.7em'>
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+ </div>
+</div>
+
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+forth in Section 3 below.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+1.F.
+</div>
+
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+</div>
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+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
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+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
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+damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
+violates the law of the state applicable to this agreement, the
+agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
+limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
+unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
+remaining provisions.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in
+accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
+production, promotion and distribution of Project Gutenberg&#8482;
+electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
+including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
+the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
+or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
+additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
+Defect you cause.
+</div>
+
+<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of
+computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
+exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
+from people in all walks of life.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;’s
+goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
+generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
+Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
+</div>
+
+<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
+U.S. federal laws and your state’s laws.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
+Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
+to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
+and official page at www.gutenberg.org/contact.
+</div>
+
+<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
+public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
+DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
+visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations. To
+donate, please visit: www.gutenberg.org/donate.
+</div>
+
+<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
+Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
+Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
+freely shared with anyone. For forty years, he produced and
+distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
+volunteer support.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
+the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
+necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
+edition.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+Most people start at our website which has the main PG search
+facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
+</div>
+
+<div style='display:block; margin:1em 0'>
+This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+</div>
+
+</div>
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+</html>
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+The Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Prez Galds
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La desheredada
+
+Author: Benito Prez Galds
+
+Release Date: July 2, 2008 [EBook #25956]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+
+
+
+La desheredada
+
+Benito Prez Galds
+
+
+
+
+Primera parte
+
+
+_Saliendo a relucir aqu, sin saber cmo ni por qu, algunas dolencias
+sociales, nacidas de la falta de nutricin y del poco uso que se viene
+haciendo de los benficos reconstituyentes llamados_ =Aritmtica=, =Lgica=,
+=Moral= _y_ =Sentido Comn=, _convendra dedicar estas pginas... a quin?
+al infeliz paciente, a los curanderos y droguistas que, llamndose
+filsofos y polticos, le recetan uno y otro da?... No; las dedico a
+los que son o deben ser verdaderos mdicos: a los maestros de escuela._
+
+B. P. G.
+
+Madrid.--Enero de 1881.
+
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ LA SANGUIJUELERA, _ta._
+ AUGUSTO MIQUIS, _estudiante de Medicina._
+ JOAQUN PEZ, _Marqus viudo de_
+ SALDEORO, _hijo de_
+ DON JUAN MANUEL JOS DEL PEZ, _Director general en el
+ Ministerio de Hacienda._
+ DON JOS DE RELIMPIO Y SASTRE, _espejo de los vagos._
+ DOA LAURA, _su esposa_
+ MELCHOR DE RELIMPIO _hijos_
+ EMILIA _hijos_
+ LEONOR _hijos_
+ LA MARQUESA DE ARANSIS.
+ EL MAJITO, _nio._
+ ZARAPICOS _pcaros_
+ GONZALETE _pcaros_
+ TOMS RUFETE.
+ EL SEOR DE CANENCIA.
+ MATAS ALONSO, _conserje de la casa de Aransis._
+ UN CONCEJAL.
+ UN COMISARIO DE BENEFICENCIA.
+ MI TO EL CANNIGO _(que no sale)._
+
+ _Hombres y mujeres del pueblo, nios, Peces de ambos sexos,
+ criados, guardias civiles, etc._
+
+ _La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872._
+
+
+
+
+Captulo I
+
+Final de otra novela
+
+
+=--I--=
+
+...Se han reunido todos los ministros?... Puede empezar el
+Consejo?... El coche, el coche, o no llegar a tiempo al Senado!...
+Esta vida es intolerable... Y el pas, ese bendito monstruo con cabeza
+de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegacin,
+paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos
+humillados! Pero ya te arreglar yo, pas de las monas. Cmo te llamas?
+Te llamas _Envidipolis_, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo,
+simpatizas con todo lo que cae... Cunto va? Diez millones,
+veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas
+treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco
+cntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidars, pcara; ya te
+pill, ya no te me escapas, oh cantidad temblorosa, escurridiza,
+inaprehensible, como una gota de mercurio! Aqu te tengo dentro del
+puo, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te
+pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: _Subvencin personal..._
+Permtame Su Seora que me admire de la despreocupacin con que Su
+Seora y los amigos de Su Seora confiesan haber infringido la
+Constitucin... No me importan los murmullos. Mandar despejar las
+tribunas... A votar, a votar! Votos a m? Queris saber con qu
+poderes gobierno? Ah los tenis: se cargan por la culata. He aqu mis
+votos: me los ha fabricado Krupp... Pero qu ruido es este?Quin
+corretea en mi cerebro? Eh!, quin anda arriba?... Ya, ya; es la gota
+de mercurio, que se ha salido de su gaveta....
+
+El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresin
+atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden
+al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han
+llegado a perder la normalidad de la fisonoma, y con ella la
+inscripcin aproximada de la edad. Hllase en el punto central de la
+vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el
+llamear de sus ojos, anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora
+imbecilidad? No es fcil decirlo, ni el espectador, oyndole y vindole,
+sabe decidirse entre la compasin y la risa. Tiene la cabeza casi
+totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a
+trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo
+y colgante, parece haber crecido y ablanddose recientemente, y no cesa
+de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza
+con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es plido su rostro,
+la piel papircea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente
+corva la espalda. Su voz sonora regalara el odo si su palabra no fuera
+un compuesto atronador de todas las maneras posibles de rer, de todas
+las maneras posibles de increpar, de los tonos del enftico discurso y
+del plaidero sermn.
+
+Acrcase a l un seor serio y bondadoso, pnele la mano en el hombro
+con blandura y cario, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada
+fisonoma, en sus negras pupilas, en el cado labio, y volvindose a un
+joven que le acompaa, dice a este:
+
+Bromuro potsico, doble dosis.
+
+Sigue adelante el mdico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio,
+tratando de convencer al tronco de un rbol. Porque la escena pasa en un
+gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve
+alguno que puedan facilitar la evasin. rboles no muy grandes,
+plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pjaros,
+dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una
+hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de
+polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos
+lentos y rgidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes.
+Este da vueltas alrededor de dos rboles, trazando con su paso infinitos
+ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadsimo sin sudar
+y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceo, huyendo con indecible
+zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica
+la oreja al polvo para or hablar a los antpodas, y su cara de idiota,
+plantada en el suelo, es como un amarillo meln que se re. Un tercero
+canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinptico de los
+ejrcitos europeos, con divisin de armas y los respectivos soberanos o
+jefes, todo lo cual debe ser puesto en msica.
+
+El mdico va de uno a otro, interrogndoles, contemporizando
+graciosamente con las manas de ellos, sin dejar de hacer objeciones
+discretas a cada una. Ya se detiene a echar un prrafo con aquel, de
+rostro estpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y
+amuletos; ya habla rpidamente con un viejecillo encanijado y risueo
+que, pasendose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis
+en la mano, parece filsofo anacoreta o Digenes del Cristianismo, por
+el abandono de su traje y la uncin bondadosa de su fisonoma. Es un
+sacerdote que tuvo mucho seso. Est meditando ahora la carta que ha de
+dirigir al Papa en este da, siguiendo una costumbre que se repite
+infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada ao, y ya
+lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor,
+chale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversacin, y por
+ltimo pregunta si ha sido echada al correo su epstola del da
+anterior, a lo que contesta el mdico que s, y que forzosamente Su
+Santidad anda muy distrado en Roma cuando no se digna contestar a
+comunicaciones de tanta importancia.
+
+Vuelve el mdico hacia donde est el que en los primeros renglones hemos
+descrito, y antes de llegar a l dice al practicante:
+
+Este desgraciado Rufete va a pasar a _Pobres_, porque hace tres meses
+que su familia no paga la pensin de segunda. l no se dar cuenta del
+cambio de situacin. Si se exacerba esta tarde, ser preciso
+encerrarle.
+
+Ponindole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete:
+
+Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos,
+siempre que usted no se me salga de las vas legales... El pas le har
+justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos
+cuantos meses, qu bien nos vendra a los dos! Nos dedicaramos a curar
+radicalmente ese constipado...
+
+--No es constipado--replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con
+la cabeza--. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurrindose...
+Ahora est aqu, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien
+izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas...
+
+--Ya, ya s... Yo quisiera que no se ocupase usted ms de esa cantidad,
+puesto que est segura.
+
+--No, no est segura--dice Rufete, demostrando terror--. No sabe usted
+qu guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus
+infamias. Cuando un verdadero genio se empea en subir a la gloria, la
+envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como
+una montaa, y le doy a usted una reputacin ms grande que el mundo...
+Adis; me voy al Congreso. No sabe usted que se han sublevado los
+maceros?... Abur, abur.
+
+El mdico hace a su compaero la expresiva sea de _no tiene remedio_, y
+pasa adelante.
+
+
+=--II--=
+
+No consta si fue aquel da o el siguiente cuando trasladaron al infeliz
+Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero
+haba tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el
+segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrn, de un
+rancho. Ay! Cualquiera que despertara sbitamente a la razn y se
+encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres
+que slo tienen de humano la figura, y se viera en un corral ms propio
+para gallinas que para enfermos, volvera seguramente a caer en
+demencia, con la monomana de ser bestia daina. En aquellos locales
+primitivos, apenas tocados an por la administracin reformista, en el
+largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra,
+donde se revuelcan los imbciles y hacen piruetas los exaltados, all,
+all es donde se ve todo el horror de esa seccin espantosa de la
+Beneficencia, en que se renen la caridad cristiana y la defensa social,
+estableciendo una lgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es
+hospital y presidio! All es donde el sano siente que su sangre se
+hiela y que su espritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad
+aprisionada por enferma, observando cmo los locos refinan su locura con
+el mutuo ejemplo, cmo perfeccionan sus manas, cmo se adiestran en
+aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos
+ordena!
+
+Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie
+alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... Y considerar
+que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageracin o
+el extremo irritativo de nuestras mltiples particularidades morales o
+intelectuales... que todos, cul ms, cul menos, tenemos la
+inspiracin, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos
+entramos de lleno en los sombros dominios de la ciencia alienista!
+Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos
+desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de
+la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates
+somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la
+variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la maana lo
+despertamos en la aridez de una sola. Oh! Legans, si quisieran
+representarte en una ciudad terica, a semejanza de las que antao
+trazaban filsofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o
+religioso, no, no habra arquitectos ni fisilogos que se atrevieran a
+marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. Hay muchos cuerdos
+que son locos razonables. Esta sentencia es de Rufete.
+
+El cual no se dio cuenta de aquella cada brusca desde las grandezas de
+pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean
+demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito
+sentimiento que rarsima vez habita en los manicomios: la amistad.
+Aquello parece a veces una Bolsa de contratacin de manas. Hay demanda
+y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual est bastante
+ocupado consigo mismo para cuidarse de los dems. El egosmo ha llegado
+aqu a su grado mximo. Los imbciles yacen por el suelo. Parece que
+estn pastando. Algunos exaltados cantan en un rincn. Hay grupos que se
+forman y se deshacen, porque si no amistad, hay all misteriosas
+simpatas o antipatas que en un momento nacen o mueren.
+
+Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean
+atentos como polizontes que espan el crimen. Son los inquisidores del
+disparate. No hay compasin en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni
+caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la
+tutela del Estado, ninguno es tan antiptico como el domador de locos.
+Carcelero--enfermero es una mquina muscular que ha de constreir en sus
+brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da
+de comer sin cario, los acogota si es menester, vive siempre prevenido
+contra los ataques, carga como costales a los imbciles, viste a los
+impedidos; sera un santo si no fuera un bruto. El da en que la ley
+haga desaparecer al verdugo, ser un da grande si al mismo tiempo la
+caridad hace desaparecer al loquero.
+
+Rufete hua maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los
+funcionarios eran para l la oposicin, la minora, la prensa; eran
+tambin el pas que le vigilaba, le peda cuentas, le preguntaba por el
+comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura
+rutinaria y pobre, por el crdito muerto. Pero ya le pondra l las
+peras a cuarto al seor pas, representado en aquellos dos seores
+tiesos, que en todo queran meterse, que todo lo queran saber, como si
+l, el eminentsimo Rufete, estuviera en tan alta posicin para dar
+gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos
+investigadores le decan: Somos la envidia que te mancha para bruirte
+y te arrastra para encumbrarte.
+
+Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta
+atraccin de un trozo de pared, de un ngulo, de una mancha de sombra,
+es un resto de la simpata local que aquellos infelices llevan a la
+regin de tinieblas en que vive su espritu. Constantemente se agitaba
+Rufete en un ngulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su
+poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso,
+cayndose, y la lluvia, manchando, haban bosquejado all mil figuras
+faranicas.
+
+Cuando Rufete se cansaba de andar, sentbase. Tena mucho que hacer,
+despachar mil asuntos, or a una turba de secretarios, generales,
+arzobispos, archipmpanos, y despus..., ah!, despus tena que echar
+miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba
+en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hunda la cara entre
+las manos, y as pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar
+del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situacin, el infeliz
+contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fcil,
+s, muy fcil; lo terrible era el pico de aquella suma. Por qu se
+escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partculas del
+metal lquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso
+pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas,
+con sus graciosas cras los 75 cntimos.
+
+Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente tericos. Haba
+sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que
+respondan en principio a la idea de camisa, de levita, de pantaln;
+pero ms era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que
+subsistan. Haca tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!...
+ltimamente le pusieron una blusa azul. Pero una maana se comi la
+mitad. Era el ms indcil y peor educado de todos los habitantes de la
+casa. No obstante, sobre aquellos harapos se pona todos los das una
+corbata no mala, lindosela con arte y esmero delante de la pared, hecha
+espejo de un golpe de imaginacin. Aquel negro dogal sobre la carne
+desnuda del estirado cuello, impedale a veces los movimientos; pero
+llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer.
+
+Cuando anocheca o cuando el tiempo era malo, Rufete era el ltimo que
+dejaba el patio. Comnmente los loqueros se vean en el caso de llevarle
+a la fuerza. Dorma en una sala baja, hmeda, con rejas a un largo
+pasillo, el cual las tena a la huerta. Desde los duros camastros vease
+la espesura del arbolado; pero, al travs de las rejas dobles, la
+alegra del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o
+casi perdida, con un efecto de pas bordado en caamazo. En el
+dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos.
+Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro
+da. Algunos dorman con los ojos abiertos. Oase desde la sala la
+murmuracin del chorro de una fuente, la cual con tal constancia
+estimulaba el odo, que Rufete se pasaba horas enteras en conversacin
+tirada con el agua charlatana en estos o parecidos trminos: En todo lo
+que Su Seora me dice, seor chorro, hay mucha parte de razn y mucho
+que no puede admitirse. Sub al poder empujado por el pas que me
+llamaba, que me necesitaba. El primer escaln fue mi mrito, el segundo
+mi resolucin, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... Pero qu
+habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cllese
+usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que
+se calle.
+
+Y colrico se abalanzaba a la reja, pona el odo, haca seales de
+conformidad o denegacin, oprima los barrotes. La fluida elocuencia del
+chorro no tena fin jams. Era como uno de esos oradores incansables que
+siempre estn hablando de s mismos. La aurora le encontraba engolfado
+en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: No me
+convence, no me convence Su Seora.
+
+La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun all son hermosos
+el risueo abrir de ojos del da y la primera mirada que cielo y tierra,
+rboles y casas, montes y valles se dirigen. All los pjaros
+madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las
+parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por all los
+mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el
+propio airecillo picante que menea los rboles, que orea el campo, que
+estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegra, el
+buen apetito, la sazn y la salud, derrama tambin por todas las zonas
+del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las
+moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus
+remotos viajes atmosfricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso
+excitante segn su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o
+dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados.
+Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados
+dislates, hablan ms alto, ren ms fuerte, se arrastran y se embrutecen
+ms; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche,
+aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con
+urbanidad refinada; quin pide papel y tinta para escribir la carta, la
+indispensable carta del da!; quin se lanza a la carrera, huyendo de un
+perseguidor que aparece montado en el caballo del da, y todo aquel
+carnavalesco mundo comienza con bro su ordinaria existencia.
+
+La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y
+estrpito de escobazos corre por salas y pasillos, confundindose con el
+sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la
+capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar
+los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostn del asilo por
+estar encargadas de su rgimen domstico, van y vienen con actividad de
+madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus
+blancas tocas aladas, respetables y respetadas como ensea de paz, se
+ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes
+de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan
+lumbre; en la despensa llena de vveres; en el lavadero, donde ya saltan
+los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el
+patio de mujeres, en la regin de las locas, que es el departamento de
+trabajo ms penoso y de las dificultades ms terribles.
+
+Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado
+de mundo. Los hombres inspiran lstima y terror; las hijas de Eva
+inspiran sentimientos de difcil determinacin. Su locura es, por lo
+general, ms pacfica que en nosotros, excepto en ciertos casos
+patolgicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la
+parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o
+treinta hembras con murmullo de coquetera, de celos, de chchara
+frvola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni trminos claros,
+ni pausa, ni variedad. yese desde lejos, cual disputa de cotorras en la
+soledad de un bosque... Las hay tambin juiciosas. Algunas pensionistas,
+tratadas con esmero, estn tranquilas y calladas en habitacin clara y
+limpia, ocupndose en coser, bajo la vigilancia y direccin de dos
+hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores
+secas o con plumas de gallina. Sonren con estupidez o clavan en el
+visitante extraviados ojazos.
+
+Tambin la _hermosa mitad_ tiene sus jaulas de dobles rejas. No seran
+mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver
+dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y or la voz ronca de
+una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay
+una que corre por pasillos y salas buscan _do su propia persona._
+
+Volvamos al patio de varones pobres. Aquel da faltaba en l Rufete.
+Creerase que haba crisis. Poco despus de amanecer se dirigi al
+loquero y le dijo: Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie.
+Despus cay en un marasmo profundo. Enmudeci. El chorro de la fuente
+preguntaba por l y ninguno de los asilados all presentes saba darle
+razn.
+
+Llevronle a la enfermera. El mdico mand que le dieran una ducha, y
+fue llevado en brazos a la inquisicin de agua. Es un pequeo balneario,
+sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. All dan
+lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza,
+todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presin formidable, y sus
+golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o
+en lminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo,
+atacan encarnizados con el spero chirrido del acero. Rufete, que ya
+conoca el lugar y la maquinaria, se defendi con fiero instinto. Le
+embrazaron, oprimindole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a
+la pared, y all, sin defensa posible, desnudo, recibi la acometida.
+Poco despus yaca aletargado en una cama con visibles apariencias de
+bienestar. Al fin, durmi profundamente.
+
+
+=--III--=
+
+A la misma hora que esto pasaba, una joven lleg a la puerta del
+establecimiento. Quera ver al seor Director, al seor facultativo,
+quera ver a un enfermo, a su seor padre, a un tal don Toms Rufete;
+quera entrar aunque se lo vedaran; quera hablar con el seor capelln,
+con las hermanas, con los loqueros; quera ver el establecimiento;
+quera entregar una cosa; quera decir otra cosa...
+
+Estos mltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados
+atropelladamente y con turbacin por la muchacha, que era ms que
+medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero
+calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y pona extraordinario ardor en
+la expresin de su deseo. Sus ojos expresivos haban llorado, y an
+lloraban algo todava. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del
+trabajo, opriman un lo de ropa seminueva, mal envuelta en un pauelo
+rojo. Rojo era tambin el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente
+liado debajo de la barba a estilo de Madrid. Con qu prenda se cubra?
+Sotana, mantn, gabn de hombre? No: era una prenda hbrida, un arreglo
+del ruso al espaol, un cubrepersona de corte no muy conforme con el
+usual patrn. Ello es que su pauelo rojo, sus lgrimas acabadas de
+secar, su gabn rado y de muy difcil calificacin en indumentaria, su
+agraciado rostro, su ademn de resignacin, sus botas mayores que los
+pies y ya entradas en das, inspiraban lstima.
+
+No le fue difcil llegar al despacho del seor Director. Al verle y
+darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas
+lgrimas a los ojos y la garganta se le obstruy de tal modo, que tuvo
+que callarse. El Director, hombre compasivo, la mand sentar, rogndole
+que se calmase.
+
+Hace tres meses que no se ha pagado la pensin--dijo ella al cabo,
+metiendo la mano en alguna parte de su extraa vestimenta.
+
+Porque el gabn tena un bolsillo hondo. Su autora haba sido prdiga en
+esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sac un
+paquete de papel que pareca contener dinero.
+
+Luego, luego veremos--dijo el Director, resistindose a tomar la
+suma--. Ah! Tambin trae ropa? Veo que no se descuida usted... Est
+bien, bien. El pobre D. Toms tena ya mucha falta... Djelo usted ah.
+Luego... Sintese usted y descanse.
+
+--Pero no le ver ahora mismo?--pregunt ella con ansiedad.
+
+--No es fcil, no es fcil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a
+las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete est
+sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa.
+
+La del ruso cruz las manos, y mir al techo.
+
+El seor facultativo est haciendo ahora la visita... Le hablaremos,
+veremos lo que dice. Si l consiente... Pero no lo consentir. No
+conviene que usted vea a su seor padre ahora. Ms tarde... Sintese
+usted, tranquilcese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con l hace
+bastante tiempo. Usted se llama...
+
+--Isidora, para servir a usted... Pobrecito pap! Si no me le dejan
+ver, dgale usted que estoy aqu, que est aqu su Isidorita, que viene
+a darle un beso, que maana traer a Mariano, mi hermanito... Ah Dios
+mo!; pero l no entender, no entender nada. Pobre hombre! Y no hay
+esperanzas de que vuelva a la razn?.
+
+El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores.
+Pareca empeado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de
+cansancio, se sent en una banqueta. Habindole recomendado con frases
+convencionales, si bien generosas, la resignacin y una tranquilidad que
+era imposible, el Director sali.
+
+No se qued sola la joven en el despacho. En un ngulo de este haba una
+mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un
+hombre escriba, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso
+esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafa espaola. La
+mesa estaba llena de papeles que parecan estados, listas de nombres,
+cuentas con infinitas bateras de nmeros. Un alto estante repleto de
+papeles y libros rayados indicaba que aquel buen seor de pluma y suma
+ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difcil
+administracin del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo,
+del ya fenecido covachuelista, conservado all cual muestra del
+metdico, rutinario y honradsimo personal de nuestra primitiva
+burocracia. Era de edad provecta, pequeo, arrugadito, bastante moreno y
+totalmente afeitado como un cura. Cubra su cabeza con un bonetillo
+circular, ni muy nuevo ni muy rado, contemporneo de los manguitos
+verdes atados a sus codos. Escriba con trazos tan seguros, uniformes y
+ordenados, que pareca escribientil mquina. Sin alzar los ojos del
+papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los
+dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorba
+una gran porcin de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no haca
+caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas
+oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversacin.
+Siendo al fin ms fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompi el
+silencio de esta manera:
+
+Seorita, se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay ms
+remedio que conformarse con su santa voluntad.
+
+A Isidora (por qu ocultarlo?) le gust que la llamaran seorita. Pero
+como su nimo no estaba para vanidades, fij toda su atencin en las
+palabras consoladoras que haba odo, contestando a ellas con una mirada
+y un hondsimo suspiro.
+
+Esta casa--aadi el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y
+dulce, que llegaba al alma--no es una casa de divertimiento; es un asilo
+triste y fnebre, seorita. Yo me hago cargo, s, seorita, me hago
+cargo de su dolor de usted....
+
+Y se envas en el cuerpo, aspirndola por entre los dientes, otra gran
+cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojndola y
+sacudindola a golpecitos metdicos, prosigui as:
+
+Pero no debe esperarse de este pcaro mundo otra cosa que penas,
+ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una nia, y
+todava... vamos, todava no conoce ms que las flores que suelen
+adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande ms,
+ms....
+
+Isidora dio otro suspiro. Grandsimo consuelo le infundan las palabras
+sensatas y filosficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces
+tuvo por sacerdote.
+
+Es usted...._por casualidad_ sacerdote?--le pregunt con timidez.
+
+--No, seora--repuso el otro, escribiendo un poco--. Soy seglar. Hace
+treinta y dos aos que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al
+asunto, el mundo, seorita, es un valle de lgrimas. Vyase usted
+acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el
+seno de la religin verdadera, y sabemos que hay un _ms all_, sabemos
+que en ese _ms all_, seorita, nos aguarda el premio de nuestros
+afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido....
+
+El anciano se conmovi un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir
+lgrimas de sus ojos. Llevndose a ellos la punta del pauelo rojo,
+exclam:
+
+Mi pobre enfermo!...
+
+--Ah!... qu bello es el dolor de una hija!--dijo el bebedor de aire
+soltando resueltamente la pluma--, cun meritorio a los ojos de Aquel
+que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore
+usted, llore usted; no ser yo quien trate de combatir su pena con
+consuelos triviales. Lo nico que le dir es que la religin y el tiempo
+la curarn de este mal: la religin elevando su espritu y hacindole
+ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado
+seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia
+seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas
+nuestras heridas y cerrndolas poco a poco. Usted es an muy joven.
+Puede ser que el Seor le reserve aqu en la tierra algo de lo que, por
+no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted ser esposa de algn
+hombre honrado, madre de familia, dignsima abuela....
+
+Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo as:
+
+Le molesta a usted el humo del tabaco?
+
+--Oh! no, seor; no, seor.
+
+--Ms cmodamente estar usted en el silln que en ese banco. Por qu
+no se sienta usted all?
+
+--No, seor; muchas gracias. Aqu estoy bien.
+
+Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen seor,
+realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no s
+qu de tierno, paternal y simptico que en su semblante haba,
+cautivaban a la dolorida joven, inspirndole tanta admiracin como
+gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digmoslo as, con
+las corrientes de bondad que afluan de sus ojos. Haba en su mirar
+tanta compasin, un inters tan puro y cristiano, que la pobre joven se
+felicit interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en
+momentos de afliccin. Pensndolo as y dando gracias a Dios por un
+socorro moral de tanta vala, se sinti tocada del deseo de confiarse,
+de abrir un poco su corazn para mostrar sus penas. Era naturalmente
+expansiva, y las circunstancias la ponan en el caso de serlo ms an
+que de ordinario.
+
+Conoce usted a mi padre?--pregunt.
+
+--S, hija ma, le conozco y me da mucha lstima... Bastante se ha hecho
+en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manas... Pero Dios no
+ha querido. Contra l no se puede nada. Consolmonos todos pensando en
+que la grandiosa armona del mundo consiste en el cumplimiento de la
+voluntad soberana.
+
+Esta sentencia afect a la de Rufete, hacindole pensar en lo cara que a
+ella sola le costaba la armona de todos. Enjugndose otra vez las
+lgrimas, dijo as:
+
+Y si viera usted qu bueno ha sido siempre!... Cunto nos quera! No
+tena ms que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte,
+sino que aspiraba a ms, a ms. Es que el pobrecito tena talento, se
+encontraba siempre en ltimo lugar debiendo estar en el primero... Hay
+en el mundo cada injusticia...! Por eso l no se conformaba nunca, y
+estaba siempre de mal humor y se enojaba y rea con mi madre. Como era
+caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero,
+padeca lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi
+todos los das y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de
+tres Gobiernos de provincia y no lleg a gobernador por intrigas de los
+del partido. Mi madre le deca: Ah!, mejor te valdra haber aprendido
+un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me
+caigo, hoy me levanto.... Pero quia!; l saba de oficina ms que la
+_Gaceta_, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas
+cosas de gobernar, todos los que le oan estaban asombrados. Su padre,
+mi abuelito, haba sido tambin de oficina. El pobre muri de mala
+manera. Le conoci usted?...
+
+--No, hija ma. Siga usted, que la oigo con mucho inters.
+
+--Fue, en no s qu tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas,
+hablaba mucho, y para l todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando
+yo era nia jugaba con el morrin de mi abuelo... Qu cosas!... Oiga
+usted... El que llamo mi padre fue ms listo que el que llamo mi abuelo.
+Oh!, s, era caballero y tena talento. En el partido le teman. l
+mismo lo deca: Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volver
+loco... Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las
+sesiones del Congreso y haca mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la
+oposicin. Sala de Madrid con recados secretos. No hablaba ms que de
+la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., me entiende usted?.
+
+El anciano, despus de tragarse la mitad de la atmsfera del cuarto,
+hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre
+conocedor de las debilidades de sus semejantes.
+
+La ltima vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que
+no se poda esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mam cay
+enferma; mi padre entr de corrector de pruebas en una imprenta donde se
+haca un peridico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches
+junto a un quinqu de petrleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil
+discursos, artculos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la maana
+(porque el trabajo duraba toda la noche) y volva a casa, no descansaba,
+no, seor. Qu creer usted que haca? Pues ponerse a escribir. Todos
+los das entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. Qu
+creer usted que escriba?
+
+--Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por
+ah empiezan muchos.
+
+--Quia!; no, seor. Escriba decretos, leyes y reales rdenes. Aunque
+al salir de su cuarto cerraba siempre, yo hall una noche medios de
+abrir, y vimos todo. Mi mam y yo decamos: Quizs est copiando para
+traernos algo de comer. Qu chasco nos llevamos!; todo se volva:
+_Artculo primero_, tal cosa; _artculo segundo_, tal cosa. Y luego:
+_Quedo encargado de la ejecucin del presente decreto_. Haca prembulos
+atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando
+con mucho cuidado, y a cada legajo le pona un letrero diciendo: _Deuda
+Pblica_, o _Clases Pasivas_, _Aduanas_, _Banco_, _Amillaramientos_.
+Tambin pona en ciertos paquetes rtulos que no entendamos, porque
+eran ya locura manifiesta, y decan: _Ruinas_, o bien _Fanatismo_,
+_Barbarie_, _Urbanizacin de Envidipolis_, _Vidrios rotos_, _Sobornos_,
+_Subvencin Personal_, y as por este estilo. Ay Dios mo!--dijimos
+mam y yo--; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre est
+loco. Estuvimos llorando toda la noche.
+
+--Todo sea por Dios--dijo, con emocin el viejo, al ver que Isidora se
+interrumpa para llorar--. Pero qu es eso, hija ma, comparado con lo
+que Cristo padeci por nosotros?
+
+--Mi madre muri en aquellos das--prosigui Isidora, casi completamente
+ahogada por el llanto--. Aquel da, oh Dios mo, qu da!, mi padre
+hizo los disparates ms atroces; no llor, no se afect nada. Cuando mi
+madre expir en mis brazos, l dio dos o tres paseos por el cuarto, y
+mirndome con unos ojos..., Jess, qu ojos!..., me dijo: Se le harn
+los honores de tenienta generala muerta en campaa.... No puedo
+recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aqu. Un
+pariente bastante acomodado que tenamos en el Tomelloso se condoli de
+m y ofreci dar la pensin de segunda. Yo me fui a la Mancha con l, y
+mi hermanito se qued aqu con una ta de mi madre. Pasado algn tiempo,
+mi to el cannigo se olvid de pagar la pensin. Es el mejor de los
+hombres; pero tiene unas rarezas....
+
+Desde la mitad de esta relacin, ya tena Isidora que beberse las
+lgrimas entre palabra y palabra. El bendito seor que la oa,
+enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos
+pasos para vencer su emocin.
+
+Todo sea por Dios--dijo liando nerviosamente otro cigarrillo--. Noble
+criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un
+pramo...
+
+--Y todo cuanto he padecido ha sido injusto--aadi ella prontamente,
+sorbiendo tambin una regular porcin de aire, porque todo es contagioso
+en este mundo--. No s si me explicar bien; quiero decir que a m no me
+corresponda compartir las penas y la miseria de Toms Rufete, porque
+aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y
+no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy....
+
+Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la
+llevase, sin pensarlo, a una revelacin indiscreta. Pero el escribiente,
+con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres
+perspicaces, se apoder de la idea apenas indicada, y dijo as:
+
+S, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase
+ms elevada; slo que circunstancias largas de referir la hicieron
+descender... Cosas de Nuestro Padre que est en los Cielos! l sabr
+por qu lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la
+postre, siempre son para nuestro bien. Usted, seorita--aadi tras
+breve pausa, quitndose cortesanamente la gorra--, no ve, no puede ver
+en el infelicsimo Rufete ms que un padre putativo, tal y como el Santo
+Patriarca San Jos lo era de Nuestro Seor Jesucristo.
+
+De qu manera tan clara relampague el orgullo en el semblante de
+Isidora al or aquellas palabras! Su rubor leve pas pronto. Sus labios
+vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegacin impuesta por las
+conveniencias.
+
+Yo no quisiera hablar de eso--dijo tomando un tonillo enftico de calma
+y dignidad, que no haca buena concordancia con su ruso--. Respeto
+tanto al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso l tanto a m y
+a mi hermanito!..., fuimos tan mimados cuando ramos nios!... Nos
+haca el gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y l tena
+una buena colocacin (porque estaba en Propiedades del Estado), vivamos
+muy bien. En aquella poca Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con
+un lujo... Dios de mi vida! Como l no tena ms idea que aparentar,
+aparentar, y ser persona notable...
+
+--Hija ma--dijo el anciano con vivacidad--, una de las enfermedades del
+alma que ms individuos trae a estas casas es la ambicin, el afn de
+engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de
+querer subir atropellando a los que estn arriba, no por la escalera del
+mrito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la
+violencia, como si dijramos, empujando, empujando....
+
+No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observacin, que
+indicaba tanto juicio como experiencia, march con acompasado y no muy
+lento andar hacia el rincn opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora
+en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de
+cordoncillo; pero su pena y la situacin en que estaba la reclamaron, y
+volvi a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto.
+Cuando alz los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en direccin
+de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en direccin del ngulo. Sin
+advertir que el buen seor estaba muy agitado, sin duda por hacerse
+generosamente partcipe de las penas que haba odo referir, Isidora se
+distraa un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que
+embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espritu para que
+d un par de vueltas o paseos por el campo de la distraccin, y se
+fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un
+largo perodo de antesala, ayudan este fenmeno del alma.
+
+Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el
+pasar y repasar del anciano escribiente haba algo de oscilacin de
+pndulo; como, adems, del propio interior de Isidora se derivaba una
+dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues,
+un ratito contemplando la habitacin. Qu bonito era el mapa de Espaa,
+todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de nmeros
+que suban creciendo, de rengloncitos estadsticos que bajaban
+achicndose, de crculos y banderolas sealando pueblos, ciudades y
+villas! En la regin azul que representaba el mar, multitud de barquitos
+precedidos de flechas marcaban las lneas de navegacin, y por la gran
+vieta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los
+faros, y adems muelles llenos de fardos, chimeneas de fbricas, ruedas
+dentadas, globos geogrficos, todo presidido por un melenudo y furioso
+len y una seora con las carnes bastante ms descubiertas de lo que la
+honestidad exige... Qu silencio tan hondo y suave se aposentaba en la
+sosegada estancia, y cmo se senta el ambiente puro del campo! Slo
+cuando se abra la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas
+y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. Y cuntos y
+cun bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual
+gallardeaba un busto de yeso! Aquel seor blanco sin nias en los ojos,
+con los hombros desnudos como una dama escotada, deba de ser alguno de
+los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en l, en el estante de
+los libros y en el mapa grfico--estadstico se cifraba toda la
+sabidura de los siglos.
+
+En este reconocimiento del lugar emple Isidora menos de un minuto. De
+pronto se fij en el anciano, que segua pasando por delante de ella con
+rapidez creciente, y se asombr de ver la agitacin de sus manos, el
+temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy
+distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simptica. Parndose
+ante Isidora, exclam con palabra torpe y muy conmovida:
+
+Seora, nunca hubiera credo esto en una persona como usted.
+
+--Yo!--murmur Isidora, llena de espanto.
+
+--S!--dijo el otro alzando la voz--, usted me est insultando; usted
+me est insultando.
+
+El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitacin
+creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levant buscando la
+puerta; corri hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre
+tanto el anciano gritaba:
+
+Insultndome, s, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de
+padre... Oh, Seor! Perdnala, perdnala, Seor, porque no sabe lo que
+se dice.
+
+Isidora sali al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante
+comprendi la causa de su miedo. Sonriendo, la tom de la mano para
+obligarla a entrar.
+
+El pobre Canencia...--dijo--. Cosa rara... Hace tanto tiempo que est
+tranquilo... Pero es un ngel, es incapaz de hacer el menor dao.
+
+Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino
+emocin, y dos lgrimas rodaban por sus mejillas.
+
+Tambin usted me insulta, seor Director--dijo oprimindose el pecho, y
+con la entonacin y los ademanes de un cmico mediano--. No puedo ms,
+no puedo ms... Adis, adis, ingratos!.
+
+Y sali escapado.
+
+Eso le pasa pronto--indic el Director a Isidora, que an no haba
+vuelto de su espanto--. Es un bendito; hace treinta y dos aos que est
+en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres aos, sin la ms
+ligera perturbacin. Sus accesos no son ms que lo que usted ha visto.
+Principia por decir que tiene dos mquinas elctricas en la cabeza y
+luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por
+la huerta, y al cabo de un rato est ya sereno. Trabaja bien, me ayuda
+mucho, y, como usted habr visto si le ha odo, es de encargo para dar
+consejos. Parece un santo y un filsofo. Yo le quiero al pobre Canencia.
+Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste
+que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y
+hoy menos que nunca.
+
+El Director dio un gran suspiro, expresin oficial de sus sentimientos
+compasivos, e Isidora quedose fra, aguardando terribles noticias. Cmo
+miraba al buen seor, deletreando en su cara, y qu bien le deca esta
+que no esperara nada bueno!
+
+Yo quisiera verle...--balbuci Isidora.
+
+--Eso es imposible. Verle!, y para qu?... Mal, muy mal est el pobre
+Rufete--afirm el Director, moviendo la cabeza--. Llnese usted de
+paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si
+no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a
+descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi
+familia en ese estado, deseara....
+
+Trabajo le cost a Isidora admitir la funesta verdad que se le quera
+anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer
+aquel nudo que en su garganta se formaba, habl con medias palabras de
+esta manera:
+
+Quin sabe... Todava... Pero yo quiero verle.
+
+--Vamos, que no... Ya....
+
+El buen seor estaba impaciente. Tena que hacer.
+
+Sintese usted...--murmur acercando un silln--. Quiere usted que le
+traiga un vaso de agua?.
+
+Isidora no deca nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de
+yeso. Lo examin bien y estpidamente, vindole con claridad, por esa
+atraccin rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce
+sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por
+algn tiempo asociado a la noticia misma...
+
+
+=--IV--=
+
+Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentsimo
+Canencia, ocurra no lejos de all un hecho que, con ser muy triste, no
+afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran stos el Director
+facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el
+capelln y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se
+trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fcil
+y trmino decidido. El enfermo apenas tena movimiento y vida ms que en
+la cabeza; no padeca nada; se iba por rpida y llana pendiente, sin
+choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa.
+
+Muere bien--dijo en voz baja el mdico.
+
+El paciente dio un gran suspiro, abri los ojos, mir a todos uno por
+uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas
+recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que
+ms que nada era profundsima lstima de s mismo, pronunci estas
+palabras: Caballeros, es cierto lo que me figuro?... Es cierto que
+estoy en Legans?.
+
+El mdico le quiso consolar con palabras campechanas.
+
+Hombre, no sea usted tonto...; si est usted en su casa... Vamos, que
+se va usted a poner bueno.
+
+El enfermo movi tristemente la cabeza. Permaneci largo rato mudo.
+Despus tom la mano del cura, la bes... Quiso hablar, no pudo, se le
+vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de
+voluntad, pudo decir a media voz:
+
+Mis hijos..., la marquesa....
+
+Y call para siempre. Mdico y aprendiz observaron con la atencin y la
+frialdad de la ciencia aquel caso de trnsito, y despus se fueron a
+extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestndoles con ms
+lstima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El
+aprendiz de mdico declar al punto conocerla, y alegrndose de que all
+estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y
+del compromiso de consolarla y darle algn socorro si lo haba menester.
+
+Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y all pas lo que
+referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender
+la certeza de su desdicha, cuando entr en el despacho un mozo como de
+veinticuatro aos, el cual, llegndose a ella con muestras de confianza,
+le dijo:
+
+Conque usted por aqu, Isidora?... Y en qu momento tan triste!...
+Pero no me conoce usted? Tan desmemoriada estamos, Isidora? No se
+acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al
+Tomelloso a buscar a su to de usted, el seor Cannigo, para salir
+juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. No se acuerda
+usted tampoco de mi hermano Alejandro? No se acuerda de que algunas
+veces, por vacaciones, bamos acompaando a mi padre?... Pues hace cinco
+aos que estoy aqu estudiando Medicina. Y cmo est su seor to?
+Hace mucho que ha dejado usted aquel clebre Tomelloso?....
+
+Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena;
+le miraba y le reconoca. S, su memoria se iba iluminando ante aquella
+fisonoma que con ninguna otra poda confundirse. Aquel semblante plido
+y moreno, tan moreno y tan plido que pareca una gran aceituna; aquella
+brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca,
+cuyos dientes blanqusimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja
+ancha, tan negra y espesa que pareca cinta de terciopelo, y aquellos
+ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la irona
+del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras,
+aquel abandono en el vestir, y, por ltimo, la desenfadada manera de
+insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el
+hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente
+de Isidora ideas mil y recuerdos de una poca en que la infancia se
+confunda con la adolescencia, poca de tonteras, de miedos, de
+inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable.
+No acert a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de
+la situacin, y ponindose todo lo serio que poda, cosa en l de
+grandsima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido:
+
+Lo primero es que usted salga de esta casa...; ay, qu casa!... Nada
+hay que hacer aqu. Si va usted a Madrid tendr mucho gusto en
+acompaarla.
+
+Isidora manifest deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que
+haba trado para pagar los atrasos de la pensin de Rufete, pero el
+Director no lo consinti. En cuanto a las ropas, tanto inst al
+bondadoso seor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando
+las gracias en nombre de los dems enfermos pobres que tanto las
+necesitaban.
+
+Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazn y se alejaron
+silenciosos del tristsimo pueblo, en el cual casi todas las casas
+albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatn Miquis, respetando
+su dolor, tan slo indic esto:
+
+En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranva.
+
+Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis crey oportuno distraer a su
+compaera de viaje, porque, realmente, a qu conduca aquel llorar
+continuo, si nada poda remediarse? Era preciso hacer frente al dolor,
+fiero enemigo que se ceba en los dbiles; convena sobreponerse, pues...
+hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como
+siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habl de la belleza del
+primaveral da (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de
+Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invit a Isidora
+a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol
+y la jornada iba a ser un poco larga.
+
+Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, l contemplativo,
+dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de
+ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban.
+
+Isidora...
+
+--Qu?
+
+--No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. Es cierto o
+no que en el Tomelloso nos tutebamos?.
+
+
+
+
+Captulo II
+
+La Sanguijuelera
+
+
+En el domicilio de su pariente y padrino, don Jos de Relimpio (de quien
+se hablar cuando sea menester), pas Isidora la noche de aquel da de
+abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar
+a Encarnacin y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios ms
+excntricos de Madrid. La que llamaremos todava, por respeto a la
+rutina, hija de Rufete, tena la costumbre de representarse en su
+imaginacin, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que
+fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera
+que la interesase, visita, entrevista, escena, diversin, desde medioda
+o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario
+relieve y color, desarrollndose con sus cuadros, lugares, perspectivas,
+personas, figuras, actitudes y lenguaje. As, mucho antes del alba,
+Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su ta y de
+su hermano; los vea como si los tuviera delante; hablaba con ellos
+preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oa las
+inflexiones de la voz de cada uno.
+
+Las ocho seran cuando sali para hacer verdadero lo imaginado; pero
+como tena que ir desde la calle de Hernn Corts a la de Moratines, en
+el barrio de las Peuelas, detenindose y preguntando por no conocer muy
+bien a Madrid, ya haban dado las diez cuando entr por el conocido y
+gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difcil desde all dar con la
+morada de su ta. A mano derecha hay una va que empieza en calle y
+acaba en horrible desmonte, zanja, albaal o vertedero, en los bordes
+rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta va,
+Isidora hizo rpido examen del lugar en que se encontraba, y que no era
+muy de su gusto. Tena, juntamente con el don de imaginar fuerte, la
+propiedad de extremar sus impresiones, recargndolas a veces hasta lo
+sumo; y as, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba
+al punto en colosal; lo pequeo se le haca minsculo, y lo feo o bonito
+enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderacin.
+
+Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y
+desconchadas, los letreros innobles, los rtulos de torcidas letras, los
+faroles de aceite amenazando caerse; al ver tambin que multitud de
+nios casi desnudos jugaban en el fango, amasndolo para hacer bolas y
+otros divertimientos; al or el estrpito de machacar sartenes, los
+berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias
+tirando de carros atascados, y el susurro de los transentes, que al dar
+cada paso lo marcaban con una grosera, crey por un momento que estaba
+en la caricatura de una ciudad hecha de cartn podrido. Aquello no era
+aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada
+por va de limpieza para que no corrompiera el centro.
+
+Y siguiendo en su mana de recargar las cosas, como viera correr por la
+calle--zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias
+industrias tintreas, al punto le pareci que por all abajo se
+despeaban arroyuelos de sangre, vinagre y betn, junto con un licor
+verde que sin duda iba a formar ros de veneno. Alzose con cuidadosa
+mano las faldas, y avanz venciendo su repugnancia. No tuvo que andar
+mucho para encontrar la puerta que buscaba. S, all era. Bien reconoca
+la muestra que aos atrs estaba en la calle de la Torrecilla, y que
+deca clarito, con azules caracteres, _Cacharrera_. Reconoci tambin
+una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde,
+jeroglficamente, se anunciaba un importante comercio. Cmo recordaba
+Isidora haber visto en su niez la redoma pintada, en cuyo crculo
+aparecan nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que
+servan de insignia industrial a Encarnacin Guilln, conocida en
+distintos barrios con el nombre de _la Sanguijuelera_!
+
+La puerta tena una trampilla en la parte baja, la cual pareca servir
+de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de
+balcn en caso de que por all, cosa no imposible, pasasen procesiones
+cvicas o religiosas. Isidora se haba figurado que su ta (o ms bien
+ta de su supuesta madre) estara en la puerta; pero esto, como otras
+muchas cosas de las que imaginaba, no result cierto. Asomose a la
+tienda, y de un golpe de vista abarc la menguada granjera, sacando
+consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnacin
+Guilln. Cmo haba descendido la infeliz de grado en grado, desde su
+gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en
+tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de
+cacharros ordinarios! Y los anlidos que componan su escudo, dnde
+estaban? Oh!, no podan faltar; all se los vea en enormes botellas,
+con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados,
+aburridos, quietos, como si acecharan una vctima y esperasen a que
+entrara por la puerta. Isidora admir despus el orden y aseo con que
+todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste.
+
+Los pucheros de Alcorcn, los jarros de Talavera y Andjar, los botijos
+y la cristalera de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de
+limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni
+faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre
+cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de
+Encarnacin era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba,
+y que contena diversidad de artculos, compaeros infalibles del ramo
+de cacharrera. En un hueco haba flor de malva, en otro cercano
+violetas secas, ms all greda para limpiar, adormideras, cerillas de
+cartn. Segua el pimentn molido, que sirve para pintar la comida del
+pueblo, y luego los caamones, de que se sustentan los pajarillos
+presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban
+algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los
+vasares. Entre tanta chuchera, Isidora encontr otro antiguo conocido,
+otra amistad de su infancia. Era un cartel que deca:
+
+ Ojo al Cristo.
+ Aqu muri el fiar
+ y el prestar tambin muri,
+ y fue porque le ayud
+ a morir el mal pagar.
+
+Isidora saba de memoria esta composicin epigramtica de su ta, que
+terminaba as:
+
+ Si fo,
+ aventuro lo que es mo.
+ Y si presto,
+ al pagar ponen mal gesto.
+ Pues para librarme de esto,
+ ni doy, ni fo, ni presto.
+
+Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada ms. Isidora
+grit: Ta, ta!.
+
+Apareci entonces _la Sanguijuelera_, y ta y sobrina se abrazaron y
+besaron. La joven callaba llorando; la anciana empez a charlar desde el
+primer momento, porque no haba situacin en que pudiese guardar
+silencio, y antes se la viera muerta que muda.
+
+Oh quimerilla!..., ya ests aqu... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche
+supe que cerr el ojo Toms... No te aflijas, paloma. Ms vale as...
+Qu vas a sacar de esos sentimientos? Sintate... Espera que quite
+estos botijos... Si Toms ya no viva el pobre! Bien lo dije yo hace
+cinco mil domingos: Este acabar en Legans. Nunca tuvo la cabeza
+buena, hija, y con sus locuras despach a tu madre, aquella santa,
+aquella pasta de ngel, aquel coral de las mujeres... Pobre Francisca,
+nia ma!
+
+--Y Mariano?--dijo Isidora, que extraaba no ver all a su hermano.
+
+--Est en el trabajo... Le he puesto a trabajar. Hija, si me coma un
+carcaal!... Es ms malo que Ans y Caifs juntos. No puedo hacer
+carrera de l. Vaya, que ha salido una pieza _colunaria_!... Yo le
+llamo _Pecado_, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del
+demonio. Me tiene asada el alma. Sabes dnde est? Pues le puse en la
+fbrica de sogas de ese que llaman _Diente_, ests?, y me trae
+dieciocho reales todas las semanas...
+
+--Y no va a la escuela?--pregunt Isidora expresando no poco disgusto.
+
+--Escuela! Que si quieres... Y quin le sujeta a la escuela? Bueno es
+el nio. Ah le puse en esa de los _Herejes_, donde dicen la misa por la
+tarde y el rosario por la maana. Daban un panecillo a cada muchacho, y
+esto ayuda. Pero agurdate; un da s y otro no, me haca novillos el
+tunante. Despus le puse en los _Catlicos_ de ah abajo, y se me
+escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a
+trabajar. Qu puales!..., no estn los tiempos para mimos. Estoy muy
+mal de ac, hija. Ya ves este escenario. Te acuerdas de mi
+establecimiento de la calle de la Torrecilla? Aqullos s que eran
+tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumb; tu papato, que de
+Dios goce, tres puales, me trajo a esta miseria! Ya ves qu polla
+estoy!; sesenta y ocho aos, chiquilla, sesenta y ocho mircoles de
+Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir
+nunca de cristos a porras. Hoy ganado y maana perdido. Todo se hace sal
+y agua. Eso s, siempre tiesa como un ajo, y todava, aqu dnde me ves,
+le acabo de dar una patada a la muerte porque el ao pasado tuve una
+ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva
+aclararon el modo de hablar, y aqu me tienes. Soy la misma
+_Sanguijuelera_, ms saludable que el tomillo, ms fuerte que la puerta
+de Alcal, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del
+oro, ms fiera que el len del Retiro, si se ofrece, resignada con la
+mala suerte, sin deber nada a nadie, y ms charlatana que todos los
+cmicos de Madrid.
+
+Era Encarnacin Guilln la vieja ms acartonada, ms tiesa, ms gil y
+dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenmeno comn en las personas
+de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura,
+que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante
+aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequea, redonda, arrugada
+y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movan los
+msculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fra
+que se daba todas las maanas. Sus ojos, que haban sido grandes y
+hermosos, conservaban todava un chispazo azul, como el fuego fatuo
+bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finsimas rayas curvas
+que se estiraban o se contraan conforme iban saliendo las frases de la
+boca, se guarneca de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales
+se entreteja el ms gracioso peinado de esterilla que llevaron momias
+en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a
+quien no se podra dar con propiedad el nombre de moo. Dos palillos mal
+forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de
+moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos
+manos de esqueleto, con las falanges tan giles que parecan sueltas, no
+paraban en su fantstico girar alrededor de la frase, cual comentario
+grfico de sus desordenados pensamientos. Vesta una falda de diversos
+pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso,
+cual madero bifurcado en dos piernas. Tena actitudes de gastador y paso
+de cartero.
+
+Era mujer de buena ndole, aunque de genio tan turbulento y dscolo, que
+nadie que junto a ella estuviese poda vivir en paz. No haba tenido
+hijos ni haba sido casada. Cri a una sobrina, a quien quiso a su
+manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal
+sobrina cas con Rufete, resultando de esta unin una desgraciada
+familia y el violentsimo odio que _la Sanguijuelera_ profesaba a todos
+los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa
+y apocada con un hombre que tena la ms destornillada cabeza del orbe,
+consumi diferentes veces las economas y la paciencia de Encarnacin,
+que era trabajadora y comerciante, y tena sus buenas libretas del Monte
+de Piedad. Todo se lo comi ese descosido de Rufete--deca--, ese
+holgazn con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo
+agua una noche para sacarle de la crcel, cuando aquel feo negocio de
+los billetes de lotera. La cacharrera de la calle de la Torrecilla se
+resquebraj despus, y pieza por pieza se la fueron tragando el mdico y
+el boticario, cuando cay Francisca en la cama con la enfermedad que se
+la llev. He ido mermando, mermando, y aqu me tienen, qu puales!, en
+este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos
+locales, con aquellas anaqueleras y aquel mostrador donde haba un
+cajn de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de
+urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se
+repican las campanas cuando se ve una peseta..., qu pu...!.
+
+Francisca muri; Rufete fue encerrado en Legans. De los dos hijos,
+Encarnacin recogi al pequeuelo, e Isidora parti al Tomelloso a vivir
+al amparo de su to el Cannigo. De lo dems, algo sabe el lector, y el
+resto, que es mucho y bueno, ir saliendo.
+
+Sabes que ests muy cesanta?--dijo _la Sanguijuelera_, observando el
+vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que
+desear.
+
+Isidora contest con tristeza que su to el Cannigo no era hombre de
+muchas liberalidades. Despus _la Sanguijuelera_ observ con malicia el
+rostro y talle de la joven, dicindole:
+
+Pero ests guapa. Pues no lo parecas... Cuando nia tenas un
+empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., qu casa!... Era la
+jaula del len..., pues andabas por all en pernetas con un mal
+faldelln. Parecas el Cristo de las enagillas. Qu flaqueza!, qu
+color! Yo deca que te haban destetado con vinagre y que te daban tu
+racin en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., qu
+duras carnes!--aadi pellizcndola en diferentes partes de su cuerpo--.
+Y en la cara tienes ngel. De ojos no andamos mal. Qu bonitos dientes
+tienes! Veremos si te duran como los mos. Mrate en este espejo.
+
+Y le ense su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad.
+Isidora se aburra un poco. Mirando con tristeza a la calle, pregunt:
+
+En dnde est trabajando Mariano? Yo quiero verle.
+
+--Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos
+all. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando ms que un molino de
+viento... Se Agustina!....
+
+Grit desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su
+vecina, sali impaciente. No tard cinco minutos en volver acompaada de
+una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente
+vestida, pero peinada con increble esmero. Aquella gente tiene su lujo,
+su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables
+trapos, no pueden faltar el moazo empapado en grasa y bandolina, ni los
+rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de
+negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa
+bata de lana roja con cuadros negros, que pareca haber servido de
+alfombra en un saln de baile de Capellanes.
+
+Gurdeme la tienda un ratito--le dijo _la Sanguijuelera_--, que voy con
+mi sobrina a un recado... No conoca usted a mi sobrina? Ve usted qu
+moza?... Isidora, esta seora es una amiga..., pared por medio. Se llama
+la seora _A ti suspiramos_, porque no resuella como no sea para
+lamentarse. Verdad es que ella est enferma, su marido es borracho, su
+padre ciego, y la casa, qu puales!, no est empedrada con
+pesetas....
+
+Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con
+esto anunciaba un relato sentidsimo de sus desgracias. Pero _la
+Sanguijuelera_, cortndole la palabra, se ech un mantn sobre los
+hombros y sali con su sobrina, tomando el camino de la calle de las
+Amazonas, adonde llegaron pronto.
+
+
+
+
+Captulo III
+
+Pecado
+
+
+Ese tunante de _Pecadillo_--dijo _la Sanguijuelera_ metindose por un
+portal obscuro--no sospecha que viene a verle su hermana. No te
+conocer. Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qu..., no ves?
+Agrrate a m, que yo veo en lo negro como las lechuzas.
+
+Atravesaron un antro. Encarnacin empuj una puerta. Hallronse en
+extrao local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de
+mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda reciba la luz
+de un patio estrecho, elevadsimo, formado de corredores sobrepuestos,
+de los cuales descenda un rumor de colmena, indicando la existencia de
+pequeas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La
+escasa claridad que de aquella abertura, ms que patio, vena, llegaba
+tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista
+para distinguir los objetos; y aun despus de ver bien, no se poda
+abarcar todo el recinto, sino la zona ms cercana a la puerta, porque lo
+dems se perda en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran
+tnel, del cual no se distingua sino la parte escasamente iluminada por
+la boca. El fondo se perda en la indeterminada cavidad fra de un
+callejn tenebroso. En la parte clara de tan extrao local haba grandes
+fardos de camo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo
+por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal
+torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa spera,
+filamentos mil que despus de flotar por el aire, como espectros de
+insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aqu y all, sobre
+la ropa, el cabello y la nariz de las personas.
+
+En el eje de aquel tnel que empezaba en luz y se perda en tinieblas,
+haba una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del da y del
+momento. El camo se retorca con spero gemir, enroscndose lentamente
+sobre s mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejndose de la
+torsin violenta, y en toda su magnitud rectilnea haba un
+estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios
+del espectador, cual si tambin, al travs de las carnes, los
+conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsin
+semejante. Isidora lo senta de esta manera, porque era muy nerviosa, y
+sola ver en las formas y movimientos objetivos acciones y
+estremecimientos de su propia persona.
+
+Miraba sin comprender de dnde reciba su horrible retorcedura la soga
+trabajada. All en el fondo de aquella cisterna horizontal deba de
+estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atencin, y en
+efecto, del fondo invisible vena un rumor hondo y persistente como el
+zumbar de las alas de colosal moscardn, zumbido semejante al de
+nuestros propios odos, si tuviramos por cerebro una gran bveda
+metlica.
+
+Es la rueda--dijo _la Sanguijuelera_, adivinando la curiosidad de su
+sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable
+industria.
+
+--La rueda! Y Mariano, dnde est?.
+
+Miraba a todos lados y no vea ser vivo. Pero de pronto apareci un
+hombre, que sala de la oscuridad andando hacia atrs muy lentamente y
+con paso tan igual y uniforme como el de una mquina. En su cintura se
+enrollaba una gran madeja de camo, de la cual, pasando por su mano
+derecha y manipulada por la izquierda, sala una hebra que se converta
+instantneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel
+hombre del paso atrs, ovillo animado y huso con pies, era el principal
+obrero de la fbrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga.
+
+No est D. Juan?--le pregunt _la Sanguijuelera_ extraando no ver
+all al dueo del establecimiento.
+
+El huso vivo movi bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse
+expresarlo de otro modo.
+
+Pero dnde est mi hermano?--pregunt Isidora con angustia.
+
+La anciana seal a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: En la
+rueda.
+
+Isidora ech a andar hacia adentro, dando la mano a su ta. A causa de
+los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse
+mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. Oh! La soga era larga,
+la caverna pareca interminable. En lo obscuro, aun se vea la cuerda
+blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres
+anduvieron un poco ms, dejaron de ver la soga; pero oyeron ms fuerte
+el zumbar de la rueda acompaado de ligeros chirridos. Se adivinaba el
+roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de
+las transmisiones, de donde obtenan su girar las roldanas, en las
+cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se poda ver.
+
+Mariano, hermanito!--exclam Isidora, que crea sentir su garganta
+apretada por uno de aquellos horribles dogales--. En dnde ests? Eres
+t el que mueve esa rueda? No ests cansado?.
+
+No se oy contestacin. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su
+marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como
+quien escucha.
+
+_Pecado_, qu tal te va?--grit con bufonesco estilo _la
+Sanguijuelera_.
+
+Y aadi, volvindose a su sobrina:
+
+Es un holgazn. As criar callos en las manos, y sabr lo que es
+trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... Qu
+crees t? Es buen oficio... No poda hacer carrera de este gandul. Todo
+el da jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane
+para zapatos. Tiene ms malicias que un Iscariote.
+
+Desde el comienzo de este panegrico, redoblose bruscamente la marcha
+del mecanismo, y acreci el ruido hasta ser tal que parecan
+multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes.
+
+Mariano!--grit Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad--.
+Para, para un momento y ven ac! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy
+Isidora. No me conoces ya?.
+
+El ruido volvi a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa.
+
+No puede pararse el trabajo--dijo Encarnacin.
+
+Pero como realmente se detena, oyose un grito del huso viviente que
+dijo: Aire! Aire a la rueda!.
+
+Y en efecto, la rueda volvi a tomar su aire primero, su paso natural.
+Las dos mujeres callaron, consternada y atnita la joven, aburrida la
+vieja. Como haba pasado algn tiempo desde su llegada al trmino de la
+caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la
+silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las
+extraas aberraciones pticas de la retina cuando cerramos los ojos
+deslumbrados por una luz muy viva.
+
+Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los
+ojos de _Pecado_....
+
+Isidora vio, en efecto, dos pequeas ascuas. Su hermano la miraba.
+
+Pronto sern las doce--indic la anciana--. Esperemos a que levanten el
+trabajo, y nos iremos los tres a comer.
+
+La hora del descanso no se hizo esperar. Solt el obrero el camo,
+parose la rueda, y el que la mova sali lentamente del fondo negro,
+plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho
+hermoso y robusto, como de trece aos. Isidora le abraz y le bes
+tiernamente, admirndose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la
+fuerza de sus brazos, y afligindose mucho al notar su cansancio, el
+sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su
+respiracin.
+
+Es un gan--dijo Encarnacin examinndole la ropa con tanta severidad
+coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...--.Ya
+me ha roto los calzones... Ya vers, Holofernes, ya vers.
+
+Turbado por la presencia y los carios de su hermana, a quien no
+conoca, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atencin
+semejante a la estupidez. Por ltimo, dijo as con aspereza, remedando
+el hablar francote y brutal de la gente del bronce:
+
+Chicaaa..., no me beses ms, que no soy santo.
+
+--A casa--dijo _la Sanguijuelera_, saltando sobre el camo.
+
+Aquel da aadi Encarnacin a su olla algo extraordinario. Comieron en
+la trastienda, que ms bien era pasillo por donde la tienda se
+comunicaba con un patio. Durante el festn, que tuvo su aadidura de
+pimientos y su contera de pasas, no habra sido fcil explicar cmo con
+una sola boca poda _la Sanguijuela_ engullir medianamente y hablar ms
+que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni haca
+ms que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su
+hermano.
+
+Ya ves qu lindo buitre me ha puesto Dios en casa--deca Encarnacin--.
+Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. l come y yo soy quien
+se harta; s, me harto de trabajar para su seora. Pero oye, len,
+dirs algn da: Ya no quiero ms?.
+
+_Pecado_ devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al
+pesebre, despus de un da de atroz trabajo.
+
+Y t, linda mocosa, no comes?--aadi la vieja--. O es que te has
+vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos
+ordinarios? Vamos, que para otro da te pondr alas de ngel... Se
+conoce que all en el Tomelloso se estila mucha finura.
+
+Isidora no contest. Pareca que estaba atormentada de una idea. Cuando
+se acab la comida y se march _Pecado_ para jugar un poco antes de
+volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su ta, que
+a toda prisa levantaba manteles, le dijo:
+
+Ta Encarnacin, tengo que hablar con usted una cosa.
+
+--Aunque sean cuatro.
+
+Como quien se quita una mscara, Isidora dej su aspecto de sumisa
+mansedumbre, y en tono resuelto pronunci estas palabras:
+
+No quiero que mi hermano trabaje ms en ese taller de maromas; no
+quiero y no quiero.
+
+--Le sealars una renta--replic la anciana con irona--Le pondrs
+coche! Y para mis pobres huesos, no habr un par de almohadones?
+
+--No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas
+decentes...
+
+--Ya lo creo...
+
+--Pues claro.
+
+--Pues turbio.
+
+--Somos personas decentes.
+
+--Y prncipes de Asturias.
+
+--Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi
+hermano vaya a la escuela.
+
+--Y al colegio.
+
+--Eso es, al colegio--replic Isidora marcando sus afirmaciones con el
+puo sobre la endeble mesa--Yo lo quiero as..., y nada ms.
+
+Qu fierecilla! Cmo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qu
+fuertemente respiraba, y qu enrgica expresin de voluntad tom su
+fisonoma! Todo esto lo pudo observar _la Sanguijuelera_ sin dejar su
+ocupacin. Amoscndose un poco, le dijo:
+
+Sabes que ests cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A
+ver, echa aqu lo que tengas en el bolsillo. Crees que la gente se
+mantiene con caamones? Crees que hay colegios de a ochavo como los
+buuelos? Qu puo!... Dame guita y vers.
+
+--Tengo para no pordiosear.
+
+--Te ha dado el Cannigo?
+
+--Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con
+decencia.
+
+--Ah!, canniga..., t pitars... Hablemos claro.
+
+Y se sent, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la
+mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguard las
+explicaciones de su sobrina.
+
+Ta...--murmur esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa
+grave que iba a decir--. Usted sabe que yo y Mariano... Pero usted no
+lo sabe?
+
+--No s sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habra perdido
+el mundo con que os hubierais quedado por all..., en el Limbo. Vens de
+Toms Rufete, y ya s que de mala cepa no puede venir buen sarmiento.
+
+--A eso voy, ta, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como
+yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Toms Rufete.
+
+--Justo, justo; mi Francisca, mi ngel os pari por obra del Espritu
+Santo, o del demonio.
+
+--Para qu andar con farsas? No somos hijos de D. Toms Rufete ni de
+D. Francisca Guilln. Esos dos seores, a quienes yo quiero mucho,
+muchsimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo
+ser nuestros paps y llamndonos hijos, porque el mundo..., qu mundo
+este!.
+
+_La Sanguijuelera_ cambi bruscamente de disposicin y de tono. No
+palideci, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los
+pergaminos; pero abri los ojos, y empuando el brazo de su sobrina, le
+golpe el codo contra la mesa, y le dijo con ira:
+
+De dnde has sacado esas andrminas? Quin te ha metido esa estopa en
+la cabeza?
+
+--Mi to el Cannigo.
+
+--Me parece a m que tu to el Cannigo...
+
+--l me ha contado todo--afirm Isidora con acento de profundsima
+conviccin--. Usted se hace de nuevas, ta; usted me oculta lo que
+sabe... No se haga usted la tonta. Es la primera vez que una seora
+principal tiene un hijo, dos, tres, y vindose en la precisin de
+ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y
+ellos se cran y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta
+que de repente un da, el da que menos se piensa, se acaban las farsas,
+se presentan los verdaderos padres?... Eso, no se est viendo todos los
+das?
+
+--En sesenta y ocho aos no lo he visto nunca... Me parece que t te has
+hartado de leer esos librotes que llaman novelas. Cunto mejor es no
+saber leer! Mrate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para
+mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acbame el cuento.
+Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una seorita principal os
+dio a criar, y desapareci...
+
+--Usted lo sabe, usted lo sabe!--exclam la joven rebosando alegra.
+
+--No s ms sino que te caes de boba. Eres ms sosa que la capilla
+protestante.
+
+--Mi madre--declar Isidora ponindose la mano en el corazn, para
+comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo--, mi
+madre... fue hija de una marquesa.
+
+Como un petardo que estalla, as revent en estrepitosa risa _la
+Sanguijuelera_, apretndose la cintura y mostrando sus dos filas de
+dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y despus le acometi una tos
+de hilaridad que le hizo suspender el dilogo por ms de un cuarto de
+hora. Algo confusa, Isidora esper a que su ta volviese en s de aquel
+sncope burlesco para seguir hablando. Por ltimo, dijo con malsimo
+humor:
+
+Qu bien finge usted!
+
+--Perdone vuecencia--replic Encarnacin en el tono ms cmico del
+mundo--. Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia
+tendr que hacer diligencias y buscar papeles.
+
+--Tengo papeles..., y qu papeles!
+
+--Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendr que
+untar escribanos.
+
+--No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho.
+
+--Vuestra serensima majestad coger una herencia, porque sin herencia
+todo sera pulgas, verdad, hermosa?
+
+--Mi madre no vive. Mi abuela s.
+
+--Ah!, la abuelita de tu vuecencia vive? Y quin es la seora
+pindonga?
+
+--No se burle usted, ta. Esto es muy serio--declar Isidora tocada en
+lo ms vivo de su orgullo--. Es usted lo ms atroz... Yo que vena a que
+me diese pormenores y su parecer...
+
+--Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma--repuso _la Sanguijuelera_
+levantndose--. Pues t has querido que yo te d pormenores..., pobre
+almita ma....
+
+En el rincn del pasillo haba una larga caa que serva para descolgar
+los cacharros. Encarnacin revolvi sus ojos buscndola.
+
+Vaya que ha sido una picarda haberle ocultado a estos angelitos que
+salieron del vientre de una marquesa.
+
+Y tom la caa.
+
+Quin ser el dragn que ha querido birlarlos la herencia!... A ese
+tunante le sacara yo las entraas!... Cuidado que engaar as a mis
+nios, hacindolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad all, pillos,
+que mi nia es duquesa y mi nio es vizconde... Re-puales!.
+
+Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las
+cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los
+pequeos, sin dejar por eso de quererles, componan, con la verbosidad
+infinita, el carcter de Encarnacin _la Sanguijuelera_. Su flaca pero
+fuerte mano empu la caa, y descargndola sin previo anuncio sobre la
+cabeza de su sobrina, la rompi al primer golpe. Puso el grito en el
+cielo la vctima, exclamando: Pero, ta!.... La vieja recogi y uni
+los dos pedazos de la caa, de lo que resultaba que poda pegar ms a
+gusto, y zas!, emprendi una serie de caazos tan fuertes, tan bien
+dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora,
+que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gema, se dejaba
+caer en el suelo, se arrastraba, esconda la cabeza, se revolva. Y en
+tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo,
+encendase ms en furia a cada golpe, y los acompaaba de estas
+palabras:
+
+Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puos, cachas!... Cabeza llena de
+viento... Vivirs en las mentiras como el pez en el agua, y sers
+siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de
+chiflados... Ah, puo!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de
+solfeos cada da te quitara el polvo. Toma vanidad, toma lustre.
+
+Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir,
+subdicono), un rasguo o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su
+verdugo, aunque lo intent devolviendo clera por clera, hubo de
+rendirse al fin, y sucumbi diciendo con gemido: Por Dios, ta, no me
+pegue usted ms.
+
+En sus veinte aos, Isidora tena menos fuerza que la sexagenaria
+Encarnacin. Sin aliento yaca en tierra la vctima, recogiendo sus
+faldas y sacudindoles la tierra, tentndose en partes diversas para ver
+si tena sangre, fractura o contusin grave, mientras _la
+Sanguijuelera_, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba
+los vencedores pedazos de caa y alargaba su mano generosa a la vctima
+para ayudarla a levantarse.
+
+Cmo se conoce--dijo al fin la sobrina con vivsimo tono de
+desprecio--que no es usted persona decente!
+
+--Ms que t, marquesa del pan pringao!--grit la vieja, esgrimiendo de
+tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de
+metrselos por los ojos.
+
+--Usted no es mi ta. Usted no tiene mi sangre.
+
+--Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado,
+harta de miseria. Mira, como vuelvas aqu, sabes lo que hago?
+
+--Qu?--pregunt Isidora, sintindose con ms fuerzas para rechazar un
+nuevo ataque.
+
+--Pues si vuelves aqu, cojo la escoba... y te barro qu puo!, te echo
+a la calle como se echa el polvo y cscaras de fruta.
+
+Isidora no dijo nada, y recobrndose march hacia la puerta. Abierta con
+trmula mano la trampilla, sali andando aprisa, cuesta arriba, en busca
+de la ronda de Embajadores, que deba conducirla a pas civilizado.
+Tema que la vieja ira detrs injurindola, y no se equivoc. _La
+Sanguijuelera_, echando la cabeza fuera de la puerta, la despeda con
+una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle.
+Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de
+amarillos dientes descubiertos hasta la raz por estpido asombro,
+bustos envueltos en pauelos de distintos colores; y ms de cuatro
+andrajosos chiquillos saltaron detrs de Isidora para festejarla con
+gritos y cabriolas.
+
+Sin detenerse, la joven lanz desde lo profundo de su alma, llena de
+pena y asco, estas palabras:
+
+Qu odioso, qu soez, qu repugnante es el pueblo!.
+
+
+
+
+Captulo IV
+
+El clebre Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente
+salud. Tan slo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a
+veces la hacan pasar de claro en claro las noches. La causa de esto
+pareca ser como una sed de su espritu, que se fomentaba, sin
+aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar
+hechos que pasaran, que tendran que pasar, que no podan menos de
+tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda
+vida encajada en la vida fisiolgica y que se desarrollaba potente,
+construida por la imaginacin, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni
+un accesorio.
+
+En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos
+y personas. Intervena en aquellos, hablaba con estas. Las funciones
+diversas de la vida se cumplan detalladamente, y haba maternidad,
+amistades, sociedad, viajes, todo ello destacndose sobre un fondo de
+bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apcrifa a la primera
+autntica, rale menos fcil de lo que parece. Era necesario que las de
+Relimpio, con quienes viva, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy
+grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la mquina de
+coser, o que su padrino, el bondadossimo D. Jos de Relimpio, le
+contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se
+entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera
+en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricacin
+mental de su segunda vida.
+
+Cinco das despus de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena
+con _la Sanguijuelera_, levantose Isidora ms tarde que de costumbre,
+por haber dormido la maana, y se arregl aprisa. Aquel da estrenaba
+unas botas. Qu bonitas eran y qu bien le sentaban! Esto pens ella
+ponindoselas y recrendose en la pequeez y configuracin graciosa de
+sus pies, y dijo para s con orgullo: Hoy, al menos, no me ver con el
+horrible calzado roto que traje del Tomelloso. La vergenza que sinti
+al mirar las botas viejas que en un rincn estaban, tambin muertas de
+vergenza, no es para referida. Jur dar aquellos miserables despojos al
+primer pobre que a la puerta llegase.
+
+Psose su vestidillo negro, que a toda prisa se haba hecho aquellos
+das, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirndose al espejo con
+movimientos de pjaro, y se dispuso a salir. Antes abri el balcn, y
+mirando a la calle, dijo: All est ya. Qu puntual y qu caballero
+es!.
+
+Sali. Las de Relimpio le preguntaron que dnde iba.
+
+Voy en busca de mi ta--repuso ella.
+
+Y bajando la escalera deca para s:
+
+He tenido que mentir. Cuando yo est en mi posicin, en mi verdadera
+posicin, no dir jams una mentira. Cunto me repugna lo que no es
+verdad!... Pero qu pensara esa gente si yo les dijera que voy de
+paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo
+que quera ensearme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro,
+la Castellana.
+
+Y volvi a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta
+historia dicen que eran de becerro mate con caa de pao negro cruzada
+de graciosos pespuntes.
+
+Me han costado tres duros--pens Isidora en los ltimos peldaos--. Con
+siete del vestido son diez; seis que di a doa Laura a cuenta, son
+diecisis. An me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela.
+Despus el to me mandar ms, y despus....
+
+Isidora viva en el 23 de la calle de Hernn Corts. Miquis se paseaba
+desde la lechera a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba
+embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el da era claro y
+hermoso, se senta fresco.
+
+Saludronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme
+a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los
+dems, pensaba as durante los primeros pasos: Ahora me va a decir que
+parezco otra, que me he transformado desde que estoy aqu....
+
+Pero tambin se equivoc esta vez, como otras muchas, porque Miquis
+habl de cosa muy distinta.
+
+Me parece--dijo--que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las
+regiones etreas. No entiendes? En el paraso del Teatro Real.
+
+--S, all van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan
+mucho, cosen a mquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito
+con balcn a la calle. Antes no s si lo ocupaba un seor sacerdote.
+Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. Jos es el
+tipo ms clebre del mundo.
+
+Isidora rompi a rer, y despus, haciendo gala de uno de sus talentos
+ms brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se
+explic as:
+
+No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidaras. Es un
+galn viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece
+cabello de ngel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de
+almbar; qu s yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro
+con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio,
+segn dicen. Cose a mquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es
+lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos
+en un libro grande, sabes?... Es preciso que le conozcas.
+
+--Hace falta mdico en la casa?
+
+--Hombre, s. Doa Laura se queja de un dolor..., no s dnde.
+
+--Pues entrar contigo. Ir a hacerte una visita de ceremonia, diciendo
+que me manda tu to el de Tomelloso.
+
+--Ya veremos el modo de que entres.
+
+Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque
+Isidora se detena ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y
+vario que en ellos hay siempre. Tambin era motivo de sus detenciones el
+deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las
+mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para
+ver si van tan bien como suponen o pretenden.
+
+En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy
+distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho ms
+altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios
+llenos de chucheras. Sin haber adquirido por lecturas nocin alguna del
+verdadero arte, ni haber visto jams sino mamarrachos, comprenda la
+superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiracin
+silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallndolos todos, o casi
+todos, tan acabados y perfectos, que se prometi ir con frecuencia al
+edificio del Prado para saborear ms aquel goce inefable que hasta
+entonces le fuera desconocido. Pregunt a Miquis si tambin en aquel
+sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como
+el estudiante le contestara que s, se asombr mucho de ello.
+
+Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano
+cambiarse con el insulso rtulo de _Parque de Madrid_. All las
+emociones de Isidora fueron una alegra casi infantil, un deseo vivo de
+correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las
+acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de
+dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque
+desvirtuada por la correccin, despertaba en su impresionable espritu
+instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto
+comprendi que aquello era un campo urbano, una ciudad de rboles y
+arbustos. Haba calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por all
+andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire,
+ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con
+guantes, sombrilla, bastn. Prontamente se acostumbr el espritu de
+ella a considerar el Retiro (que slo conoca por vagos recuerdos de su
+niez) como una ingeniosa adaptacin de la Naturaleza a la cultura;
+comprendi que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido
+tambin civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos
+deseos de correr y columpiarse, pens gravemente de este modo: Para
+otra vez que venga, traer yo tambin mis guantes y mi sombrilla.
+
+Despus de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al
+estanque grande, que es un mar de bolsillo, como deca Miquis. Este la
+llev luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que
+estn entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre
+como un nio, porque tambin en l, parroquiano constante del Retiro,
+haca sentir su influjo la vegetacin nueva de Primavera, los juegos del
+sol entre las ramas, el meneo de las hojas acaricindose, y aquel
+ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo
+atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quit
+arrojndola por tierra. Hizo despus una almohada de ella y se tendi en
+el suelo. Isidora se sent frente a l.
+
+Oyes los pjaros?--dijo Miquis--Son ruiseores.
+
+Isidora haba odo hablar de los ruiseores como cifra y resumen de toda
+la poesa de la Naturaleza; pero no los haba odo. Estos artistas no
+iban nunca por la Mancha. Puso atencin, creyendo or odas y canciones,
+y su semblante expresaba un xtasis melanclico, aunque a decir verdad
+lo que se oa era una conversacin de miles de picos, un galimatas
+parlamentario--forestal, donde el msico ms sutil no podra encontrar
+las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis
+se ech a rer, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa
+situacin en que ambos se encontraban, dijo de improviso:
+
+Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martn
+Alonso desde las dos hasta las cinco. ramos tres alumnos. Le ayudbamos
+a hacer la autopsia de un viejo que muri de corazn. Si vieras,
+chica!....
+
+Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror.
+
+Es el trabajo ms bonito--aadi Miquis--. Tonta, por qu no se ha de
+hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... Qu sera de la vida
+si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Ciruga, chica. O he
+de ser un gran cirujano, o nada. Vers. Cuando el doctor no estaba all,
+cogamos uno de los brazos del muerto, y zas!, nos pegbamos bofetadas
+unos a otros....
+
+Isidora dio un grito.
+
+Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un msculo
+con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraa....
+
+Isidora se levant, echando a correr y metindose un dedo en cada odo.
+
+Aguarda, ruiseora, no hablar ms de esto.
+
+Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se
+quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas
+de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud.
+Miquis coga una rama seca, y acercndose cautelosamente por detrs de
+la joven, se la pasaba por la cara y deca con voz lgubre: La mano
+del muerto!.
+
+Isidora daba un chillido; despus rean los dos. Miquis cantaba trozos
+de pera, corran un poco; escondase l tras las espesas matas de
+aligustre, para que ella le buscase; encontrbanse fcilmente; se cogan
+las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura
+del da y del lugar, donde todo pareca recin criado, como en aquellos
+das primeros de la fabricacin del mundo, en que Dios iba haciendo las
+cosas y las daba por buenas.
+
+
+=--II--=
+
+Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es
+hoy un mdico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante
+aprovechadsimo, aunque revoltoso, igualmente fantico por la Ciruga y
+por la Msica, qu anttesis!, dos extremos que parecen no tocarse
+nunca, y sin embargo se tocan en la regin inmensa, inmensamente
+heterognea del humano cerebro. Recordaba las melodas patticas, los
+graciosos ritornelos y las cadencias sublimes all en la cavidad
+taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de
+nuestros semejantes. l, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la
+sublime conjuracin de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos,
+pensaba en la aponeurosis del gran supinador. l, posado sobre los
+libros, como un ave sobre su empolladura, soaba con un monumento
+colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista
+de lo ideal. Aquel monumento deba rematarse con un grupo sinttico:
+Beethoven abrazado con Ambrosio Par!
+
+Naci en una aldea tan clebre en el mundo como Babilonia o Atenas,
+aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo
+inteligencia superior, que en aquella edad era todava un desordenado
+instinto genial. Su aplicacin no era constante como la de las
+medianas, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros,
+emprenda penosos estudios y practicaba con ardor la ciruga, como lo
+abandonaba todo para leer partituras al piano, tocndolo con pocos dedos
+y menos nociones de Msica. Pero en estas alternativas de trabajo y
+holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que
+llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magnficos frutos.
+
+Todas las teoras novsimas le cautivaban, mayormente cuando eran
+enemigas de la tradicin. El transformismo en ciencias naturales y el
+federalismo en poltica le ganaron por entero. Tena gran facilidad de
+diccin. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las
+ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de
+voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y
+como posea extraordinaria retentiva, lo mismo era para l repetir un
+_allegro_ lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos
+sobre Medicina o Filosofa naturalista.
+
+Su carcter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en
+punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropsitos y en
+charlar voluble, compuesto ya de hiprboles, ya de pedanteras
+burlescas, que ciertamente no indicaban que l fuese pedante, sino que,
+por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, haca
+pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases
+obscuras de la fraseologa cientfica, y las intercalaba de paradojas de
+su propia cosecha, graciosas y originales.
+
+An hoy, que es un hombre de saber slido, no ha perdido Miquis aquellas
+maas, y nos divierte con sus chuscas habladuras. A veces parece querer
+zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace ms que mofarse de
+lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni
+la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tena por
+vivienda y que era una caverna de disputas, se oa su voz declamatoria,
+diciendo estas o parecidas cosas: ... porque, seores, a todas horas
+estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatsicas,
+determinan la depauperacin general, la propagacin de los vicios
+herptico y tuberculoso, que son, seores, permitidme decirlo as, la
+carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su
+ruina.... O bien, elevndose a lo terico, gritaba: Reconociendo,
+seores, la revolucin que las ciencias naturales, y especialmente la
+Qumica, han hecho en la materia mdica moderna, no conviene afirmar que
+la Qumica, seores, forma un sistema mdico por s sola, porque antes
+que las leyes qumico--orgnicas estn las leyes vitales. Volved la
+vista, seores, a Paracelso, Helmoncio y Agrcola, y qu hallaris,
+seores?....
+
+Isidora vio un araa que se descolgaba de un hilo, un pjaro que llevaba
+pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la
+atmsfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en
+poesa, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron rer a
+Miquis. Hablando y hablando, Augusto lleg a decir:
+
+Seores, evolucin tras evolucin, enlazados el nacer y el morir, cada
+muerte es una vida, de donde resulta la armona y el admirable plan del
+Cosmos.
+
+El Cosmos! Qu bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora!
+Cunto dara por saber qu era aquello del Cosmos!..., porque
+verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse.
+
+Quieres saber lo que es eso, tonta?--le pregunt Miquis--. Vamos, veo
+que eres un pozo de ignorancia.
+
+--No s ms que leer y escribir; deseo aprender algo ms, porque sera
+muy triste para m encontrarme dentro de algn tiempo tan ignorante como
+ahora. Ensame t. Yo me pongo a pensar que ser esto de morirse. Pues
+el nacer tambin...
+
+--Tambin tiene bemoles--aadi Augusto en tono sumamente enftico--,
+porque, seores, debemos principiar declarando que todo el mundo se
+compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se
+sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actan segn las
+mismas leyes, desde el tomo invisible hasta la inmensa multitud de
+cuerpos celestes, conservndose invariables en el conjunto de su efecto
+total... Te has enterado?
+
+--El demonio que te entienda... Qu jerga!
+
+--Qu bonitos ojos tienes!
+
+--Tonto... Vamos a ver las fieras.
+
+--No me da la gana. Qu ms fiera que t?
+
+--El len.
+
+--Leoncitos a m!... Esos dos hoyuelos que te abri Natura entre el
+msculo maseter y el orbicular me tienen fuera de m... No te pongas
+seria, porque desaparecen los hoyuelos.
+
+--Vmonos de aqu--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Estamos en el lugar ms recogido del laboratorio de la Naturaleza.
+Seores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos.
+Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de
+las nuevas vidas. Ved, seores, cmo de los infinitos huevecillos
+acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas
+su primer paso y su primer zumbido. No os cmo estrenan sus
+trompetillas esos nios alados, que vivirn un da y en un da
+alborotarn la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, seores, la
+nueva generacin se os anuncia con una fuerte emisin de aromas
+mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de
+vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de
+una parte a otra, porque la atmsfera es mediadora, tercera o Celestina
+de invisibles amores. Sents afectado por estas emanaciones lo ms
+ntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cmo al
+influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus
+primeras galas, cmo se atavan las margaritas mirndose en el espejo de
+aquel arroyo, cmo se acicalan...
+
+--Cllate... Pues no tendras precio para catedrtico...
+
+--Para catedrtico--poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el
+da en que yo sea mdico, voy a poner una ctedra para explicar...
+
+--Qu?
+
+--Para dar una leccin de armona de la Naturaleza--dijo Miquis,
+mirndola a los ojos--, y explicar esos radios de oro que nacen en tu
+pupila y se extienden por tu iris... Djame que lo observe de cerca...
+
+--Qu pesado! Quita... ensame las fieras.
+
+--Vamos, mujer, esposa ma, a ver esas alimaas--dijo Augusto en tono de
+paciencia--. Desde que me cas contigo me traes sobre un pie. Eras tan
+amable de polla, ahora de casada tan regaona y exigente... Vamos,
+vamos, y me pondr un tigre en cada dedo... Qu ms? Se te antoja una
+jirafa. Isidora, Isidorilla!.
+
+Ambos se detuvieron mirndose entre risas.
+
+Si no me das un abrazo me meto en la jaula del len... Quiero que me
+almuerce. O tu amor o el suicidio.
+
+--Si pareces un loco.
+
+--El suicidio es la plena posesin de s mismo, porque al echarse el
+hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos
+seores mamferos.
+
+--Qu son mamferos?--pregunt Isidora, firme en su propsito de
+instruirse.
+
+--Mamferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de
+la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de
+lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querr ms. Cada
+disparate te har subir un grado en el escalafn de la belleza. Sostn
+que tres y dos son ocho, y superars a Venus.
+
+--Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben
+todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de
+todo..., me entiendes?
+
+--Sabes coser?
+
+--S.
+
+--Sabes planchar?
+
+--Regularmente.
+
+--Sabes zurcir?
+
+--Tal cual.
+
+--Y de guisar, cmo andamos?
+
+--As, as.
+
+--Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay
+ms que hablar.
+
+--Pues a m no me convienes t.
+
+--_Boa constrictor!_
+
+--Qu es eso?
+
+--T.
+
+--Pero que, es cosa de Medicina?
+
+--Es una culebra.
+
+--La veremos aqu?... Entremos. Es esto la Casa de Fieras?
+
+--Quieres ver al oso? Aqu me tienes.
+
+--S que lo eres--dijo Isidora riendo con toda su alma.
+
+Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba
+mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las
+inquietas y feroces hienas, el guila meditabunda, los pintorreados
+leopardos, los monos acrbatas y el len monomanaco, aburridsimo,
+flaco, comido de parsitos, que parece un soberano destronado y cesante.
+Vieron tambin las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las
+descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos
+canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la
+curiosidad de Isidora, poca impresin hizo en su espritu la menguada
+coleccin zoolgica. Ms que admiracin, produjronle lstima y
+repugnancia los infelices bichos privados de libertad.
+
+Esto es espectculo para el pueblo--dijo con desdn--. Vmonos de aqu.
+
+--Aunque enamorado--indic Miquis al salir--, estoy muerto de hambre. Lo
+divino no quita lo humano. Ammonos y almorcemos.
+
+
+=--III--=
+
+Tambin Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si daran
+por terminado el paseo en aquel punto, yndose cada cual a su casa; pero
+al fin Miquis hizo triunfar su propsito de almorzar en uno de los
+ventorrillos cercanos a los Campos Elseos. No eran ciertamente modelo
+de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasin de advertir al
+tomar posesin de una mesa coja y trmula, de una silla ruinosa, y al
+ver los burdos manteles y el burdsimo empaque de la mujer sucia y
+ahumada que sali a servirles.
+
+Compareci sobre el mantel una tortilla flccida que, por el color, ms
+parte tena de cebolla que de huevo, y Miquis la dividi al punto. El
+vino que lleg como escudero de la tortilla era picn y negro, cual
+nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado
+fuerte, que sigui a la tortilla, y que sin duda deba la anterior
+calificacin a la dureza de la carne que lo compona, no gust a Isidora
+ms que el local, el vino y la duea del puesto. Con desprecio mezclado
+de repugnancia observ la pared del ventorrillo, que pareca un mal
+establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que
+publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el
+ajuar todo, los cajones verdes con matas de _evnymus_, cuyas hojas
+tenan una costra de endurecido polvo, el aspecto del pblico de capa y
+mantn que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez,
+la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando
+salmuera...
+
+Qu ordinario es esto!--exclam, sin poderse contener--. Vaya, que me
+traes a unos sitios...
+
+--Bah, bah!... No te gusta conocer las costumbres populares? A m me
+encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno
+de los buenos _restaurants_ de Madrid... Perdname por hoy... Tenas
+carita de hambre atrasada.
+
+--Esto no es para m--dijo Isidora con remilgo.
+
+--Impertinencia, tienes nombre de mujer!--exclam el estudiante, a un
+tiempo riendo y mascando--Descontentadiza, exigente! A qu vienen esos
+melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos;
+manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados,
+mocosos, descalzos; y por mi parte s decir que no me avergenzo de
+haber dormido la siesta en un surco hmedo, junto a la panza de un
+cerdo. Usted, seora duquesa, viene sin duda de altos orgenes, y ha
+gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha
+mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un
+ventorrillo, entre honradas chaquetas y ms honrados mantones. La
+humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ros ms
+orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso,
+de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ros. De todo
+lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las nias de mis ojos.
+
+--Vmonos--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Vmonos a Puerto Rico--replic Miquis, despus de pagar el gasto--.
+Vmonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches,
+aristcrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la
+cabeza... Pero ser para comrmela.
+
+Con qu inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja,
+por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragn a
+Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies
+raqutica; suban a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que
+vacan los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras;
+pasaban junto a las cabaas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas
+o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petrleo;
+luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban
+vueltas a los tejares; se detenan, se sentaban, volvan a andar un
+poco, sin prisa, sin fatiga.
+
+Miquis, a ratos, haca burlescos encarecimientos del paisaje.
+All--deca--las pirmides de Egipto, que llamamos tejares; aqu el
+despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. Qu vegetacin!
+Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas
+malvas vrgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable
+lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofa, el
+Escorial... Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. Qu
+hermoso es el mundo! Qu bella est la tarde! Cmo alumbra el sol!
+Qu linda eres y yo qu feliz!.
+
+Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algn guardia civil
+acompaando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban
+tambin hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidsima por el suelo
+la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla
+que charla. Miquis empez contndole su historia de estudiante, toda de
+peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba
+Leyes, haba muerto algn tiempo antes, de una enfermedad terrible.
+Augusto despuntaba, desde muy nio, por la Medicina, y jams vacil en
+la eleccin de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al
+mes, y l saba arreglarse. Haba tenido diez y siete patronas!
+Entregbale las mesadas, y tena adems el encargo de vigilarle y darle
+consejos, un hombre de posicin humilde y sanas costumbres, bastante
+viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo
+manchego se llamaba Matas Alonso y era conserje de la casa de Aransis.
+
+Al or este nombre Isidora palideci, y el corazn salt en el pecho. Su
+espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las
+indiscreciones que podra cometer. Despus sali a relucir el tema ms
+comn en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del
+porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habl seriamente, sin
+dejar su expresin irnica, por ser la irona, ms que su expresin, su
+cara misma. l esperaba ser un facultativo de fama y operador
+habilsimo. Llevara un sentido por cada operacin, y vivira con lujo,
+sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna,
+que tantos sacrificios haca para darle carrera. En cuanto esta fuese
+concluida pensaba el buen Miquis hacer oposicin a una plaza de
+hospitales.
+
+En los hospitales--deca--, en esos libros dolientes es donde se
+aprende. All est la teora unida a la experiencia por el lazo del
+dolor. El hospital es un museo de sntomas, un riqusimo atlas de casos,
+todo palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y
+entre todos forman un cuerpo de doctrina. All se estudian mil especies
+de vidas amenazadas y mil categoras de muertes. Las infinitas maneras
+de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas
+clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que
+el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos
+nace, as como la planta de flores hermosas y aromticas es simplemente
+una transformacin de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas
+en la tierra y en el estircol.
+
+Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdear espectculo
+triste, ni dolencia asquerosa, ni agona tremenda, porque de todas estas
+miserias haba de nutrir su saber. Despus vendran las visitas bien
+remuneradas, las consultas pinges. l se dedicara a una especialidad.
+Al fin completara sus satisfacciones abonndose a diario a la pera,
+para que su espritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se
+restaurase en las frescas auras de un arte divino.
+
+Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. Pero le era tan
+difcil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posicin particular,
+su delicadeza, no le permitan hablar mucho de ellos. Oh!, si dijera
+todo lo que poda decir, Miquis se asombrara, se quedara hecho un
+poste. Pero no, no poda explicarse con claridad! La cosa era grave.
+Quizs entre el presente triste y el porvenir brillante habran de
+mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escndalos,
+revelaciones, proclamacin de hechos hasta entonces secretos, y que
+llenaran de asombro a la buena sociedad, a la _buena sociedad_, fijarse
+bien, de Madrid. Entretanto, nicamente se poda decir que ella no era
+lo que pareca, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su
+tiempo maduraran las uvas; a su tiempo se sabra el apellido, la casa,
+el ttulo... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los das, pero
+alguna vez...
+
+Pas un naranjero.
+
+Son de cscara fina?--pregunt Miquis al comprar cuatro naranjas--.
+Toma, cmete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez
+de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas...
+
+--As es--prosigui Isidora con cierta fatuidad mal disimulada--, que si
+me preguntas cosas que no sean de lo que ahora est pasando, quizs no
+te podr contestar. Qu s yo lo que ser de m? Conseguir lo que
+deseo y lo que me corresponde? Hay tanta picarda en este mundo!
+
+--Verdaderamente que s--dijo Augusto en el tono ms enfticamente
+burlesco que usar saba--. El mundo es una sentina, una cloaca de
+vicios. En l no hay ms que dolor y falsa. Malo es el mundo, malo,
+malo, malo. Duro en l! En cambio nosotros somos muy buenos; somos
+ngeles. La culpa toda es del pcaro mundo, de ese tunante. Es el gato,
+hija ma, el gato, autor de todas las fechoras que ocurren en... el
+Cosmos. Ah, mundo, pilln, si yo te cogiera!... Pero ven ac, alma ma;
+puesto que vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime:
+all, en esos Olimpos, te acordars del pobre Miquis?
+
+--Pues no me he de acordar? Sers entonces un mdico clebre.
+
+--Y tan clebre!... Vamos a lo principal. Y tendrs a menos ser esposa
+de un Galeno?
+
+--De un qu?... De una notabilidad?... Oh, no! Poco entiendo de cosas
+del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con...
+
+--Con las reinas, con las emperatrices.
+
+--Y sobre todo chico--aadi Isidora--, de algo ha de valer que nos
+conozcamos ahora. Y lo que es a m....
+
+Cunta ternura brill en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba
+con los suyos!
+
+Lo que es a m... no me han de imponer un marido que no sea de mi
+gusto, aunque est ms alto que el sol.
+
+--Bendita sea tu boca!--exclam Augusto, apoderndose de las dos manos
+de ella--. Ay!, prenda, qu fras tienes las manos!
+
+--Y las tuyas, qu calientes!.
+
+Isidora volvi a pensar en que nunca ms saldra a la calle sin guantes.
+
+Querrs siempre a este pobre Miquis, que te quiere ms?... Desde que
+te vi en Legans, me estoy muriendo, no s lo que me pasa, no estudio,
+no duermo, no puedo apartar de m esos ojos, ese perfil divino y todo lo
+dems.
+
+Ella empez a comer otra naranja, y l la miraba embebecido. Nunca le
+haba parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el
+cido de la fruta, tenan un carmn intenssimo, hasta el punto de que
+all podan ser verdad los rubes montados en versos de que tanto han
+abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad
+y finsimo esmalte, mordan los dulces cascos como Eva la manzana, pues
+desde entonces ac el mundo no ha variado en la manera de comer fruta.
+Saboreando aquella, Isidora pona en movimiento los dos hoyuelos de su
+cara, que ya se ahondaban, ya se perdan, jugando en la piel. La nariz
+era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, segn deca
+Miquis, de la misma sustancia con que Dios haba hecho el crepsculo de
+la tarde.
+
+Miquis intent abrazarla. Isidora haba despuntado un casquillo con
+intencin de comrselo. Variando de idea al ver las facciones de su
+amigo tan cerca de las suyas, alarg un poco la mano y puso el pedazo de
+naranja entre los dientes de Miquis. l se comi lo que era de comer y
+retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de
+fro.
+
+Isidora se levant bruscamente, y ech a correr por el sendero.
+
+Corrieron, corrieron...
+
+Ya te cog!--exclam Augusto, fatigadsimo y sin aliento, apoderndose
+de ella--. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno.
+
+--Formalidad, formalidad, seor doctorcillo--dijo Isidora, ponindose
+muy seria.
+
+--Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo
+tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo,
+ni las Ordenanzas de Aduanas.
+
+--Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.
+
+--El juicio est claro, seorita. Yo s lo que me digo. Oye bien. Por mi
+padre, que es lo que ms quiero, juro que me caso contigo.
+
+--Huy, qu prisa!...
+
+--Est dicho.
+
+--Mira ste!
+
+--Un Miquis no vuelve atrs; _un re non mente_; la palabra de un Miquis
+es sagrada.
+
+--Bah, bah!
+
+--Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un
+tobosino no puede ser traidor.
+
+--Pero puede ser tinaja.
+
+--No te ras; esto es serio. Estamos hablando de la cosa ms grave, de
+la cosa ms trascendental.
+
+Y era verdad que estaba serio.
+
+No nos detengamos aqu--dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba
+un sitio para sentarse--. Hace fresco.
+
+--Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.
+
+--A dnde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.
+
+--Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.
+
+--S, s, a la Castellana. Mi to el Cannigo me deca que es cosa sin
+igual la Castellana.
+
+--Escribir maana a tu to el Cannigo.
+
+--Para qu?
+
+--Para pedirte. Agrrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me
+caso... S, estudiante y todo. Mi padre pondr el grito en el cielo;
+pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona
+del Omnipotente....
+
+Las risas de Isidora oanse desde lejos. Al llegar al barrio de
+Salamanca guardaron ms compostura y desenlazaron sus brazos. Descendan
+por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor
+continuo que de abajo vena.
+
+
+=--IV--=
+
+Hay aqu algn torrente?--pregunt a Miquis.
+
+--S, torrente hay... de vanidad.
+
+--Ah! Coches!...
+
+--S, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria
+arrastrada.
+
+Isidora no volva de su asombro. Era el momento en que la aglomeracin
+de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La
+obstruccin del paseo impacientaba a los cocheros, dando algn descanso
+a los caballos. Miquis vea lo que todo el mundo ve: muchos trenes,
+algunos muy buenos, otros publicando claramente el _quiero y no puedo_
+en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza
+especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente
+tronada; vea las elegantes damas, los perezosos seores, acomodados en
+las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha
+sonrisa, vistosa confusin de colores y lneas. Pero Isidora, para quien
+aquel espectculo, adems de ser enteramente nuevo, tena particulares
+seducciones, vio algo ms de lo que vemos todos. Era la realizacin
+sbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida.
+Habala soado, la haba visto, como ven los msticos el Cielo antes de
+morirse. As la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando
+dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de
+los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como
+a los del artista la inverosmil figura del hipogrifo. Los bustos de las
+damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta
+cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas,
+las pieles, producan ante su vista un efecto igual al que en cualquiera
+de nosotros producira la contemplacin de un magnfico fresco de
+apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y
+flotantes paos.
+
+Qu gente aquella tan feliz! Qu envidiable cosa aquel ir y venir en
+carruaje, vindose, saludndose y comentndose! Era una gran recepcin
+dentro de una sala de rboles, o un rigodn sobre ruedas. Qu bonito
+mareo el que producan las dos filas encontradas, y el cruzamiento de
+perfiles marchando en direccin distinta! Los jinetes y las amazonas
+alegraban con su rpida aparicin el hermoso tumulto; pero de cuando en
+cuando la presencia de un ridculo simn lo descompona.
+
+Deban prohibir--dijo Isidora con toda su alma--que vinieran aqu esos
+horribles coches de peseta.
+
+--Djalos... En ellos van quizs algunos prestamistas que vienen a
+gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El
+simn de hoy es el _landau_ de maana... Esto es una noria; cuando un
+cangiln se vaca otro se llena.
+
+Apareci un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo.
+
+El Rey Amadeo--dijo Miquis--El Rey. Mira, mira, Isidora... No me
+quitar yo el sombrero como esos tontos.
+
+--Si apenas le saludan...--observ Isidora con lstima--. Pues cuando
+vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesa. M to el Cannigo dice que
+est excomulgado este buen seor; pero el Rey es Rey.
+
+Pasado su primer arrobamiento, Isidora empez a ver con ojos de mujer,
+fijndose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos.
+
+Qu variedad de sombreros! Mira este, mira aquel, Miquis!... Vaya un
+vestidito! Y t, por qu no montas a caballo, para parecerte a aquel
+joven?...
+
+--Es un cursi.
+
+--Y t un veterinario... Qu hermosas son las mantillas blancas! Es
+moda nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo
+que es cosa de poltica. Mi to el Cannigo deca...
+
+--Hazme el favor de no nombrarme ms a tu to el Cannigo, quiero decir,
+a mi querido to... Esto de las mantillas blancas es una manifestacin,
+una protesta contra el Rey extranjero.
+
+--Qu salado! Si yo tuviera una mantilla blanca tambin me la pondra.
+
+--Y yo te ahorcara con ella.
+
+--Ordinario!
+
+--Tonta.
+
+--Esta gente--afirm Isidora con mucho tesn--sabe lo que hace. Es la
+gente principal del pas, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la
+que puede, la que sabe.
+
+--Trampas, fanatismo, ignorancia, presuncin.
+
+--Pues y t?..., grosero, salvaje, pedante...
+
+--Isidora, mira que eres mi mujer.
+
+--Yo mujer de un albitar?...
+
+--Isidora, mira que te cojo... y ni tu to el Cannigo te saca de mis
+manos.
+
+--Basta de bromas. Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros
+gustos son diferentes.
+
+--Su gusto de usted, seora, se amoldar al gusto mo. Eso se lo
+ensear a usted mi secretario, que es una vara de fresno.
+
+--A m t!--exclam ella con bro, detenindose y mirndole.
+
+--No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de m lo que
+gustes...
+
+--Eso ya es otra cosa...
+
+--Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrs tres
+coches, catorce sombreros y la mar de vestidos...
+
+--Si yo no me caso contigo!...--declar la joven en un momento de
+espontaneidad.
+
+Haba en su expresin un tonillo de lstima impertinente, que poco ms o
+menos quera decir: Si yo soy mucho para ti, tan pequeo!.
+
+Falta saberlo. Te casars por fuerza. Te obligar. T no me conoces.
+Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beber tu sangre...
+
+--Qu es eso de Han de Islandia?--pregunt ella en su prurito de
+ilustrarse.
+
+--Han de Islandia es berenjenas. Djese usted de sabiduras. Coser,
+planchar y espumar el puchero.
+
+--No espumar yo el tuyo, paleto.
+
+--Marquesa de pauelo de hierbas!
+
+--Sacamuelas.
+
+Los dos se echaron a rer.
+
+No te quiero--murmur Isidora.
+
+--Pues me echo a llorar.
+
+--No te quiero ni pizca, ni esto.
+
+--Pues yo te adoro. Mientras ms me desdeas, ms me gustas. Cuando
+pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no s qu me da... Se me
+antoja robarte.
+
+--Y cunta gente a pie!--exclam ella sin hacer caso de las gracias de
+Augusto.
+
+--Aqu, en das de fiesta, vers a todas las clases sociales. Vienen a
+observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre
+cada una, para asaltarse. El caso es subir al escaln inmediato. Vers
+muchas familias elegantes que no tienen qu comer. Vers gente
+dominguera que es la fina crema de la cursilera, reventando por parecer
+otra cosa. Vers tambin despreocupados que visten con seis modas de
+atraso. Vers hasta las patronas de huspedes disfrazadas de personas, y
+las costureras queriendo pasar por seoritas. Todos se codean y se
+toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres
+ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de
+alcanzar una posicin superior, principia por aparentarla. Las
+improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no
+hay un solo nmero uno que no quiera elevarse a la categora de dos. El
+dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el
+cuatro dice: Si yo soy cinco, y as sucesivamente.
+
+--Ya se van los coches--dijo Isidora, que apenas haba odo la charla
+de su amigo.
+
+Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna,
+los carruajes rompen filas y se dirigen haca el Prado. Es tan
+reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora.
+Isidora not la confusin del desfile al galope, tomndose unos a otros
+la delantera, escurrindose los ms osados entre el tumulto; y oa con
+delicia el chasquido de ltigos, el _eh!_... de los cocheros, y aquel
+profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo hmedo entre
+los crujidos de la grava. Ella habra deseado correr tambin. Su
+corazn, su espritu, se iban con aquel oleaje. All lejos brillaban ya
+no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se
+forma con el vaho de la poblacin, las evaporaciones del riego y el
+continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban
+iluminando hasta formar una claridad fantstica, cual irradiacin
+lumnica del suelo mismo. Viendo cmo los coches se perdan en aquel
+fondo, Isidora apresur el paso.
+
+Vmonos por aqu--dijo Miquis, desvindola de los paseos para subir
+hacia el Saladero y acortar camino.
+
+--Jess!, siempre me llevas por lo ms feo, por donde no se encuentran
+ms que tos. Hay tambin aqu ventorrillos?
+
+--Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda.
+
+--No, no, no. Basta de paseos. Esto no est bien... Qu se dir de m!
+Para calaverada, basta.
+
+--Maldita sea la hora en que nac!--gru el estudiante--. Dejarte
+ahora, separarnos?... Vas a tu casa?
+
+--S, hombre. Qu dirn!
+
+--Oh!, s, qu dirn los marqueses de Relimpio!
+
+--No son marqueses, pero son personas honradas.
+
+--Quieres ir esta noche al Teatro Real?.
+
+El teatro Real! Otro golpe mgico en el corazn y en la mente de la
+sobrina del Cannigo.
+
+Pero a eso que llamas paraso, van personas?...
+
+--Personas decentes?... Lo ms decente de Madrid, la flor y nata.
+
+Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche,
+convinieron en que este convidara tambin a las nias de Relimpio. A
+esto deba anteceder la presentacin reglamentaria de Augusto en el
+domicilio de D. Laura, para lo que se acord, tras cortas vacilaciones,
+una mentirijilla venial. Isidora dira que al volver a su casa desde la
+de su ta se haba encontrado al joven, amigo ntimo, deudo y aun
+pariente lejano del seor Cannigo. Era, no ya estudiante, sino mdico
+hecho y derecho, y bien poda prestar servicios tan excelentes como
+gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud.
+
+Despidironse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le
+parecan nunca bastante fuertes. Isidora subi sumamente fatigada. Las
+de Relimpio le dijeron que haba venido a visitarla un caballero de muy
+buen porte. Entr la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratsima
+sorpresa. Sobre la cmoda haba una tarjeta con el pico doblado.
+
+
+
+
+Captulo V
+
+Una tarjeta
+
+
+El corazn quera salrsele del pecho al ver los bonitos caracteres que
+decan:
+
+_El marqus viudo de Saldeoro_.
+
+Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los
+ojos del sortilegio que sin duda contenan las letras negras del nombre
+y las pequeitas de las seas: _Jorge Juan, 13_. Las emociones varias
+que se sucedieron en Isidora, las cosas que pens en rpido giro de la
+mente, no son para contadas. Todo se resolvi en alegra, de la que se
+derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos
+expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero
+que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo
+ms pronto posible, el da siguiente.
+
+Su buen to haba escrito a dos principales seores de Madrid, hijo y
+padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave
+negocio de reclamar su posicin y herencia. Cosa extraa y digna de
+gratitud! Una de las personas a quienes vena recomendada, el hijo, el
+marqus de Saldeoro, de cuya gallarda y proezas galantes haban llegado
+noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino
+que, dando una prueba ms de su acatamiento al bello sexo, apresurbase
+a visitarla en tan humilde morada...
+
+Y como la impresionable joven, cuando se entretena en ver las cosas por
+su faz risuea y en hacer combinaciones felices llegaba a lmites
+incalculables, empez a ver llano y expedito el camino que antes le
+pareciera dificultoso; pens que se le abriran voluntariamente las
+puertas que crey cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien.
+Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad
+en su mente al marqus de Saldeoro, favorito de las damas, segn decan
+lenguas mil; le tuvo delante, le oy hablar agradecida, le pregunt
+ruborizada; construy, si as puede decirse, con material de
+presunciones y elementos fantsticos, la visita personal que al
+siguiente da no poda menos de realizarse.
+
+Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a
+quien adornado supona de seductoras cualidades, fueron un desdn muy
+vivo hacia el pobre Miquis y una vergenza de las escenas de aquel da.
+El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla
+cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las
+carreritas, se reprodujeron en su imaginacin como un sabor amargo y
+malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Haban sido aquellas
+aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posicin futura, que
+diera cualquier cosa porque no hubieran pasado.
+
+Tan metida en s misma estaba con estos bochornos y aquellas alegras,
+que apenas comi. Como recordara en la mesa que deba hablar algo de
+Augusto para preparar su presentacin, dijo que era un estudiante pobre,
+un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, ms msico
+que mdico y ms mdico que fino. Cuando Augusto lleg, negose Isidora a
+ir al teatro, porque le haba dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron
+ir tampoco, y el buen estudiante qued en la situacin ms desairada del
+mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba,
+hasta dominar las situaciones ms difciles, bien pronto cautiv a la
+familia con sus donaires. Doa Laura propuso jugar a la brisca; trajo D.
+Jos de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestfera
+llama del petrleo mal encendido, formaron el ms alegre corrillo que
+vieron casas de huspedes.
+
+Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se
+encerr.
+
+Ese pobre Miquis--deca--es un buen muchacho, pero tan ordinario...
+Pobrecillo!, me da lstima de l; pero qu puedo hacer? Puedo hacer
+yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?...
+Est que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegrar mucho de
+que sea un hombre de provecho. Necesitar proteccin de las personas
+acomodadas, y en lo que de m dependa....
+
+Se acost, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el
+horno siempre encendido de su imaginacin a la visita del da siguiente
+y a las consecuencias de la visita. El marqus de Saldeoro entraba; ella
+le reciba medio muerta de emocin, le hablaba temblando; l le
+responda finsimo. Y qu claramente le vea! Ella rebuscaba las
+palabras ms propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde
+se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha...
+l era el ms cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy
+agradecida... l dejara su sombrero en un silln... Ella tendra
+cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo
+mejor de la visita hubiera una catstrofe... l haba de dirigirle
+alguna galantera discreta... Ella tena que prever todas las frases de
+l para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones...
+Cielo santo!, y an faltaba una larga noche y la mitad de un largusimo
+da para que aquel desvaro fuera realidad...
+
+Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... Qu pensara el
+caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no poda mirar
+sin sentir pena las tres lminas que ornaban las paredes empapeladas de
+su cuarto. Aqu una vieja estampa sentimental representaba la _Princesa
+Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo_;
+all el cuadro del _Hambre_; enfrente, dos amantes esculidos,
+esmirriados y de pie muy pequeo, l de casaca con mangas de pemil, ella
+con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si
+D. Laura no se incomodase, Isidora arrojara a la calle las tres
+laminotas... Pues, y la cmoda con su cubierta de hule manchado? Ms
+vala no verla... Pero ella se levantara temprano y fregoteara bien la
+cmoda, el lavabo de tres patas y hara maravillas de orden y
+limpieza... Despus comprara una corbata bonita... Rogara a D. Laura
+que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de
+percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasara al siguiente
+da, pens los sucesos del tercer da y los del otro y los del mes
+prximo, y los del ao venidero, y los de dos, tres o cuatro aos ms.
+
+Dejmosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la
+noche, cuando todo ruido cesara en la casa. Era aquello felicidad o
+martirio? Dice Miquis, y quizs dice bien, que no existira ni siquiera
+el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al
+nio el juguete, el consuelillo de esperarla.
+
+
+
+
+Captulo VI
+
+Hombres!
+
+
+=--I--=
+
+Aquella buena mujer que pared por medio de _la Sanguijuelera_ viva,
+tena por consorte a un rico mercader americano. Entindase bien que lo
+de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico),
+y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Amricas que
+estn de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pinges y
+lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la
+procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y
+residuos de carbn en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por
+ftidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para
+nada.
+
+Modesto Rico tena un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas,
+hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y
+tinteros de cobre. Era adems laador y laaba de lo lindo. Ganaba poco,
+y este poco se lo quitaba su aficin a la horchata de cepas. Animal ms
+digno de desprecio y lstima no se ha visto ni ver. Una y otra vez en
+el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, haca sus
+cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o
+simplemente con la mano, ms dura que granito.
+
+Pues de esta unin haba nacido un nio, el ms bonito, el ms gracioso,
+el ms esbelto, el ms engaador y salado que en el barrio haba.
+Contaba a la sazn diez aos, que parecan doce, segn estaba el rapaz
+de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la
+cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ngel chapado a lo
+granuja, las mejillas dos rosas con roco de fango; y su frente clara,
+despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar
+besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y
+gallarda de su cuerpo alto y delicado, estaba ms orgullosa de l su
+madre que si hubiera parido un prncipe. Hablaba el lenguaje de su edad,
+con graciosos solecismos, comindose medio idioma y deshuesando el otro
+medio. Si en el Cielo hay algn idioma o dialecto, el or cmo lo
+destrozan los ngeles ser el mayor regocijo y entretenimiento del Padre
+Eterno.
+
+Haca grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban tambin
+_Palo--con--ojos_) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa
+apropiada a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza
+no le permita el lujo ms ansiado de su corazn. Pero all Dios le daba
+a entender, con guiapos del Rastro y otros arreglados por ella,
+consegua vestirle a su placer, y se recreaba en l; mirbase en aquel
+espejo que era su vida y sus amores; se hencha de satisfaccin oyendo
+los encomios que del muchacho hacan las vecinas. Para los domingos
+tena un pantaln azul, ms bien recortado que corto, unas botas usadas,
+de segunda mano, o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre
+cuidaba de planchar el sbado. Pero lo ms lindo era una chaquetilla de
+felpa roja, tan rada como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias
+una faja hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas,
+con lo que el muchacho pareca un sol, ms que un prncipe, algo de
+sobrenatural en belleza y gallarda, como un Nio Jess vestido de
+torero. Desde que apareci por primera vez en la calle de Moratines, le
+pusieron por apodo _el Majito_, y as se llam toda su vida. Su nombre
+era Rafael. Decan los vecinos que todas aquellas galas haban sido de
+nios muertos y de despojos allegados, sabe Dios cmo, del obscuro borde
+de la tumba. No nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razn las
+murmuradoras, ello es que _el Majito_ estaba majsimo con aquellos
+arreos.
+
+Lo que vamos a contar pas en un domingo. _El Majito_ sali brincando de
+su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa
+_Palo--con--ojos_; mas no era fcil que el regocijo se pintase en su
+cara, por tenerla casi toda cubierta con un pauelo, a causa del dolor
+de muelas y de la hinchazn que estaba sufriendo aquel da. Y aun as no
+faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto,
+ni la canastilla y peinas. Era la cartula ms grotesca que imaginarse
+puede, pues uno de los lados de su rostro pareca calabaza, y era tal el
+peso, que no separaba de aquella parte la mano.
+
+_El Majito_ se meti de un salto en la tienda de _la Sanguijuelera_.
+Esta sola mimarle y le obsequiaba unas veces con piones y otras con
+azotes.
+
+Hola, lagartijilla, ya ests aqu?... No enredes en la tienda, porque
+vas a cobrar.
+
+--Y _Pecado_?
+
+--En el taller... Dios le tenga all....
+
+Aquel da, aunque era festivo, el soguero tena trabajo hasta las doce.
+No haba querido ir Mariano; pero su severa ta le cogi por una oreja,
+y... Valiente holgazn!
+
+Y _Pecado_?--volvi a preguntar _el Majito_.
+
+--Te digo que est en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me
+la rompes, vas a ver. Eh, eh! No te encarames, o te vas de aqu ms
+pronto que la vista.
+
+--En dnde est _Pecado_?.
+
+Para preguntar, los sabios y los chicos. _La Sanguijuelera_, cansada de
+responder a la misma pregunta, le cogi con una mano los dos carrillos,
+estrujndoselos, con lo que la boca del _Majito_ result como una
+guinda. Le dio un beso en ella, dicindole: Qu pesado eres..., y qu
+rebonito!.
+
+Sultame, vieja!--exclam Rafael, limpindose la cara.
+
+--Eso es, frtate, bobo... Y me has llenado de babas.
+
+--Y _Pecado_?
+
+--Toma _Pecado_!.
+
+Y le arre dos nalgadas. Como un jilguero salt _el Majito_, y de un
+brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y
+con un tercer brinco se meti en el aposento donde Encarnacin viva, el
+cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difcilmente
+se podra determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal
+laberinto, lo que all haba; pero _el Majito_, que conoca el local
+como un ratn conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subi
+a eminencias que parecan camas; descendi a negros abismos que parecan
+arcones abiertos; trep por las gastadas graderas de un estante viejo;
+se arrastr por suelos polvorientos; meti su brazo por tortuosas
+grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda
+buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurra y deslizaba en
+silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio
+una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergi como el
+nadador en persecucin de la perla.
+
+Era un rincn obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes
+apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartn, de cuero, de
+metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos
+militares, desechados por intiles en la liquidacin de un bazar de
+juguetes. _El Majito_ mir y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles
+ojos vean en la obscuridad aquel montn de cosas. Era un cuadro en las
+profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos
+entre el lvido verdor del agua. Las araas se paseaban sobre los
+objetos, pero Rafael no les tena miedo. Las correderas entraban y
+salan por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero _el Majito_
+tampoco las tena miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y
+eligiendo. Fuerte cosa era decidir cul objeto tomara. Por ltimo,
+decidido, tir de una brillante empuadura y sac un sable. Despus
+revolvi el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto
+el corazn de ratero y tom lo que brillaba. Era un sombrero que pareca
+escudilla, un ros de cartn, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de
+papel dorado pegadas en redondo. _El Majito_, que tan poco saba del
+mundo, saba que los tres entorchados son la insignia del capitn
+general, y que esta es la jerarqua ms alta del ejrcito. Vaya usted a
+averiguar dnde esos diablos de chicos aprenden estas cosas!
+
+Se puso el ros y vio que era bueno. Empu el sable. Era un palito
+pinchante amarrado a una empuadura de metal, que en su origen pareca
+haber sido asa de un brasero de cobre. Haba en la prenda militar una
+fabricacin tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como
+falta de medios. Autor y dueo de aquellos arreos era, como se habr
+comprendido, el famoso _Pecado_, gran amigo de cosas de guerra, y que
+desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes
+mecnicas. l apandaba, no se sabe dnde, aunque es de presumir que
+fuera de sus viajes por las Amricas, restos de juguetes, pedazos de
+hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una
+navaja rota y un enorme guijarro que serva de martillo y de piedra de
+afilar, haca maravillas.
+
+En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa
+de rapia, sino que lo cogi en la calle, en el momento de caer de un
+balcn, arrojado por unos nios. Era pieza lastimosa; pero cmo se
+trasform en sus hbiles manos! Psole visera que no tena para lo cual
+le bast media suela de una zapatilla; lo molde y le dio forma, que
+casi haba perdido; adornole con una vistosa placa, que sac de la chapa
+circular de un botecillo de betn, y por ltimo, con ciertos tirajos de
+papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapn, le puso
+sus tres entorchados. Muy bien! As se hacen las cosas! El ros tuvo en
+sus orgenes plata y oro, insignias de comandante. _Pecado_ le hizo
+ganar de un salto la mayor jerarqua militar con una prontitud que
+envidiara la misma _Gaceta_..., hala!
+
+Dejemos a _Majito_ con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano,
+en actitud tan belicosa, que si le viera el sultn de Marruecos
+convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se
+limpi el polvo y las telaraas que no queran desprenderse de la felpa
+de su chaqueta, y dando despus tres o cuatro brincos, se puso en la
+calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: Soy _Plin_.
+
+Ser Prim! Ilusin de los hijos del pueblo en los primeros albores de
+la ambicin, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el
+alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoar, casi
+insensible, de las pasiones! Esta ilusin, que era entonces comn en las
+turbas infantiles, a pesar de la reciente trgica muerte del hroe, se
+va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enrgica figura. Pero
+an hoy persiste algo de tan bella ilusin; an se ven zamacucos de
+cinco aos, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que
+quieren ser Prim o ser O'Donnell. Lstima grande que esto se acabe, y
+que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que
+los grrulos motes de los toreros!
+
+Ya lo hicimos--dijo Encarnacin mirando al _Majito_--. Apand los
+chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees.
+
+_El Majito_ se dej ir con grave paso por la calle de Moratines abajo.
+Era el da ventoso, fro y seco, hijo maldito de la malditsima
+primavera de Madrid. La pluma del ros del _Majito_ (porque una pluma de
+pavo tena) se torca con la fuerza del viento. La cola de las gallinas
+que andaban por la calle se doblaba tambin, obligndolas a dar tumbos
+entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas,
+se pona horizontal; balancebanse las bacas de cobre colgadas en la
+puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se
+rompan las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus
+gorras y sombreros, los curas apenas podan andar; todo lo flotante
+tenda a tomar la horizontal, y en medio de esta desolacin relativa,
+_el Majito_ avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente
+convencido de la importancia de sus funciones.
+
+En la calle de Ercilla tena ya un squito de seis muchachos; en la del
+Labrador, ya se le haba incorporado una partida de diez y siete, entre
+hembras y varones, siendo las primeras, cosa extraa!, las que ms
+bulla metan. Los tres chicos del capataz de la fundicin de hierro
+salieron batiendo marcha sobre una plancha de latn, y pronto se
+agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del
+tendero, taendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en
+descargar golpes a comps sobre una lata de petrleo. Eran estos
+enemigos del gnero humano pequeuelos y sucios. Calzaban botas
+indescifrables, pues no se poda decir a ciencia cierta dnde acababa la
+piel y empezaba el cordobn. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza
+a los pies. Si la basura fuera una condecoracin, los nombres de
+aquellos caballeritos se cogeran toda la _Gua de forasteros_.
+
+Al desembocar el ya crecido ejrcito en la plaza de las Peuelas, centro
+del barrio, agregose una chiquillera formidable. Eran los dos nietos de
+la _Ta Gordita_, los cuatro hijos de Ponce el buolero, las del
+sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la
+unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jams. Haba caras
+lvidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres.
+El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de
+cabezas, inscribiendo la predestinacin del crimen. Los crneos
+achatados, los pmulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponan
+una mscara de antipata sobre las siempre interesantes facciones de la
+niez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba,
+caas, varas, con esa rapidez puramente espaola, que no es otra cosa
+que el instinto de armarse; y sin saber cmo surgieron picudos gorros de
+papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron
+distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una pgina de la
+historia contempornea, puesta en aleluyas en un olvidado rincn de la
+capital. Fueran los nios hombres y las calles provincias, y la aleluya
+habra sido una pgina seria, demasiado seria. Y era digno de verse cmo
+se coordinaba poco a poco el menudo ejrcito; cmo sin prodigar rdenes
+se formaban columnas; cmo se eliminaba a las hembras, aunque alguna
+hubo tan machorra que defendi a pescozones su puesto y jerarqua.
+
+Creca el estrpito, engrosaban las haces. De dnde haba salido toda
+aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la
+Espaa futura, tal que si no la quitaran el sarampin, las viruelas, las
+fiebres y el raquitismo, nos dara una estadstica considerable dentro
+de pocos aos. Eran la alegra y el estorbo del barrio, estmulo y apuro
+de sus padres, desertores ms bien que alumnos de la escuela, un plante
+del que saldran quizs hombres de provecho y sin duda vagos y
+criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran nios, y
+tenan la fisonoma comn a todos los nios, la cual, como la de los
+pjaros, no determina bien los aos de vida. La variedad de estaturas
+ms bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los aos
+transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir
+pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a
+modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de
+vidrio encarnado, y con un fcil movimiento de succin le hacan entrar
+en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con
+presteza increble.
+
+El militar paseo tena por msica, adems del estruendo de las latas, el
+rer inmenso de la bandada, el po po mezclado de voces prematuramente
+roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca
+de un nio nos recuerdan al feo abejn cuando sale zumbando del cliz de
+la azucena. Haba en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las
+patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; haba
+quien, mudando los dientes, escupa por el colmillo; haba quien llevaba
+una colilla de cigarro detrs de la oreja y una caja de fsforos en un
+hueco, que no bolsillo, de la ropa. Haba piernas blancas desnudas
+asomndose a las ventanas de un pantaln que a pedazos se caa; haba
+zancas negras, esbeltas cinturas ceidas por sucia cuerda o por tirajo
+informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron
+mangas; blusas que an se acordaban de haber sido chalecos; gorras
+peludas que fueron, ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animacin
+principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de
+alegras divertidsimo. Con aquel lenguaje mudo deca claramente el
+infantil ejrcito: Ya somos hombres!. Cuntas pupilas negras
+brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de
+iniciativa! En cuntas actitudes se observaban pinitos de fiereza!
+All la envidia, aqu la generosidad, no lejos el mando, ms all el
+servilismo, claros embriones de egosmo en todas partes! En aquel
+murmullo se concentraban los chillidos para decir: Somos granujas; no
+somos an la humanidad, pero s un croquis de ella. Espaa, somos tus
+polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil.
+
+
+=--II--=
+
+Llegaron a la va frrea de circunvalacin que corta el barrio, sin
+valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro
+como con un pariente. Sintieron silbar la mquina, y los condenados se
+pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que
+vena. Lo azuzaban, lo escarnecan, hasta que apareci la locomotora en
+la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El
+tren de mercancas pas, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y
+ellos a un lado y otro de la va le saludaban con espantosa rechifla, le
+amenazaban con puos y palos, le trataban de t, remedaban con insolente
+escarnio los bufidos de la mquina, el desengonzado movimiento de las
+bielas, y por ltimo pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El
+tren les haca tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareci
+dejando atrs su humo y su ruido.
+
+Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con _el Majito_ a la
+cabeza. Ah! Todava mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posicin,
+que tiempo vendr en que las grandezas se humillen y las altas torres se
+desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital
+del Nio Jess y los collados ridos que rodean el barranco. All no hay
+casas todava, es decir, no hay miseria. Quin diris que sali a
+recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar prximo, y que todas
+las maanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enftica que
+tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los mir; ellos le
+miraron y se detuvieron. Hizo l la rueda y les ech una arenga, es
+decir, que despus de soltar dos o tres estornudos, que son la
+interjeccin natural del pavo, les solt esa carcajada que parece
+ladrido. Los chicos se echaron a rer en inmenso coro, y el animal
+volvi a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo amados
+compatricios mos... con el cuello rojo cual la esencia del bermelln,
+el moco tieso, las carnculas inyectadas como un orador herptico. Ms
+gritaban ellos, ms gargajeaba l. A cada voz responda con sus
+estornudos y su carcajada. Parecan aclamaciones a la patria, _vivas_
+contestados con _hurras_. Despus dio media vuelta y march delante. Era
+esa caricatura militar de antao que se llamaba tambor mayor. El viento
+le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era
+el puro emblema de la vanidad. No le faltaban ms que las cruces, la
+palabra y la edad provecta para ser quien yo me s.
+
+Haba llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para
+justificar su existencia. Qu hara? Una simple fiesta militar, o
+dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la
+confusin indicaban que la falange se haca a s misma aquella pregunta.
+Bien pronto nadie se entenda all. La discordia descompuso las filas, y
+todo eran empujones, codazos, gritos. No haba uno que no quisiera ser
+Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qu, _el Majito_
+no haban mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que
+pareca un vmito de sonidos, exclamaba: Abaa... jojojo _el Majito_!.
+
+Mi este--dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en
+jefe con el codo, as como los pollos embisten con el ala--. Dice que me
+ponga detrs... Si no te callas, puales, te pego la bofet del siglo.
+
+--Pega, hombre, pega--chill Rafael preparndose a recibirle, animoso,
+imponente, con el puo cerrado, y presentando tambin el codo y
+antebrazo como un escudo--. Vamos, hombre...
+
+--No vus perdis, muchachos; no vus perdis--dijo en tono conciliador el
+del herrero, interponindose.
+
+--Ponte atrs, coles!--grit _el Majito_--. Qu coles! Si no te pones
+atrs, vers...
+
+--Que no me da la gana, hombre...
+
+--Achchale, achchale--dijeron algunos que queran ver reir al
+_Majito_ con el hijo del carbonero.
+
+--No vus perdis, muchachos--volvi a decir el otro, sin soltar de la
+boca sucia el caramelo largo.
+
+--Que le achuche, que le achuche!--graznaron varios, arremolinndose.
+
+_El Majito_ y _Colilla_, que as se llamaba el del carbonero, se
+sacudieron el primer golpe en los hombros.
+
+Lea!
+
+--Atiza!.
+
+A los primeros golpes cay a tierra el ros. Ms pronto que la vista lo
+cogi Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y ech a correr hacia
+abajo, en direccin a las Yeseras. All le detuvieron dos muchachos que
+suban del ro; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la
+puso. Mirose en un charco verdoso, y estall en risa. En tanto la
+refriega haba cesado, y _el Majito_, con la cara soplada, los ojos
+encendidos, el corazn hirviendo de rabia, se haba subido a una colina
+de las inmediatas al barranco, y desde all gritaba que iba a matar a
+uno y a reventar a seis si no le devolvan su sombrero.
+
+Los que suban del ro eran como de doce aos, descalzos, negros,
+vestidos de harapos. El uno traa una espuerta de arena. Los dos
+mostraban grandes manojos de una hierba que se cra en aquellas
+praderas. Es una lilicea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto
+silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se
+chupa, y es dulce!
+
+Matacandiles!--chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a
+recibir a los dos individuos, conocidos en la repblica de las picardas
+con los nombres de _Zarapicos_ y _Gonzalete_.
+
+A cmo?--pregunt una voz.
+
+--A cinco.
+
+--Qu coles!..., a cuatro.
+
+--A cinco! El que no d cinco no chupa.
+
+--Maldita sea tu madre..., a cuatro!
+
+Y empez un regatear febril, una disputa de contratacin que retrasaba
+las ventas. Pero qu se venda y qu se compraba all? Los matacandiles
+que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio
+infantil, se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario
+lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metlico el
+segundo trmino del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por
+alfileres.
+
+_Zarapicos_ y _Gonzalete_ eran comerciantes. No daban un paso por
+aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que
+sacaran de l alguna ganancia. Bien por los hombres guapos! Vivan de
+sus obras y de sus manos; su casa era la capital de Espaa, ancha y
+ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincn de casa
+de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por
+medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos,
+los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos.
+Haban llegado cada uno a Madrid por distinta va y puerta; _Zarapicos_,
+por el Norte; _Gonzalete_, por el Sur. Tenan padres; pero ya no se
+acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Despus haban visto que
+Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna
+haban unido otras industrias.
+
+_Zarapicos_ fue durante algn tiempo lazarillo de un ciego; _Gonzalete_
+sirvi a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le
+presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria
+y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por
+su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariosa amistad. Ambos
+aspiraban a vender _La Correspondencia_ o _El Imparcial_, pero ay!
+ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no estn al alcance de
+todos los individuos. Eran demasiado granujas todava, demasiado
+novatos, demasiado pobres, y no tenan capital para garantizar las
+primeras manos. Uno de ellos logr vender _El Cencerro_ los lunes; otro
+merodeaba contraseas en las puertas de los teatros. Eran dos
+millonarios en capullo. _Zarapicos_ deca a _Gonzalete_: Vers, vers
+cmo sems cualquier cosa.
+
+Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenan que pasar por
+humillante aprendizaje y penoso noviciado. Recoger colillas! Ved aqu
+un empleo bastante pinge. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y
+exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafs,
+consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran nios, necesitaban
+juego como el pez necesita agua, y as por las tardes se iban al ro a
+recoger matacandiles. All se presentaba inopinadamente algn bonito
+recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en
+los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurra con
+frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del
+Sur, y cuntas veces, junto a las fbricas, podan recogerse pedazos de
+lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendan en el
+Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto _Zarapicos_ como
+_Gonzalete_ pudieran tocarse el titulado pantaln para sentir sonar algo
+como retintn de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no
+gastaban un ochavo en comer. Dos veces al da la guarnicin de Palacio
+da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven
+los platos de latn. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman
+_piri_, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de
+guardia, y se la disputan a coscorrones.
+
+Despus de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el
+ro. Si tenan ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la
+ropa; si no, tiraban hacia las Yeseras. Aquel da cogieron tantos
+matacandiles, que apenas podan llevarlos. Por la mucha abundancia,
+_Zarapicos_ fij en cinco alfileres el precio de la docena de
+matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once,
+mantenindose firme este precio durante toda una semana.
+
+Lo mismo _Zarapicos_ que _Gonzalete_ tenan las solapas de sus deformes
+chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que slo asomaban la
+cabeza. El borde de la tosca tela pareca claveteado como un mueble...
+Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros
+chupaban y pagaban. Muchos tenan repuesto de alfileres; otros corran a
+sus casas, encontraban a sus madres peinndose al sol, en las puertas de
+las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban.
+
+En tanto _el Majito_, desde la cumbre de una eminencia formada por
+escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que
+iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvan su
+sombrero. Qu vergenza! _Zarapicos_ lo tena puesto, y estaba tan
+contento de su adquisicin, que amenaz al _Majito_ con subir y sacarle
+las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo meta
+apenas se sentan las chillonas voces provocativas. _El Majito_, cansado
+de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanz una piedra en medio
+de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elstico
+brazo, pareca un gallito de veleta, obedeciendo ms al viento que al
+coraje. _Gonzalete_, al recibir la piedra en un hombro, grit:
+Repuales! Maldita sea tu sangre!.
+
+Entonces _Zarapicos_ tir al _Majito_; la piedra silb en el aire y no
+hiri al muchacho, que al punto dispar la segunda suya.
+Instantneamente, sin que se dieran rdenes ni se concertara cosa
+alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del _Majito_,
+sin darse la razn de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban,
+soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil
+que vena. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con
+el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacan con una celeridad
+inconcebible.
+
+Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden
+Pblico, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y
+lgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hbil movimiento,
+nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. _El Majito_ y
+los suyos ocupaban la altura, _Zarapicos_ y su mesnada el llano. Piedra
+va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de
+carrillos y los chichones como puos. Mientras mayor era el estrago,
+mayor el denuedo: Lea!, atiza!, dale!. Qu ardientes gritos de
+guerra! Ni las moscas se atrevan a pasar por el espacio en que se
+cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanz a una mujer y la
+detuvo en su camino, obligndola a retirarse con la mano en un ojo.
+Muchos chiquillos se retiraron tambin berraqueando, porque el dolor les
+enfriaba los nimos, dando al traste en un punto con todo su coraje.
+
+El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera
+zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en
+despeadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza.
+Despus no es otra cosa que una sucesin de muladares, forma intermedia
+entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que
+juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado
+de la pendiente. All se ven paredes hechas con la muestra de una tienda
+o el encerado negro de una clase de Matemticas; techos de latas
+claveteadas; puertas que fueron portezuelas de mnibus, y vidrieras sin
+vidrios de antiqusimos balcones. Todo es all vejez, polilla; todo est
+a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de
+ruinas. Al fin de aquella barriada est lo que queda de la antigua
+Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por
+lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este
+precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen
+montones de escombros y vertederos de derribos.
+
+La lnea de circunvalacin atraviesa esta soledad. Parte del suelo es
+lugar estratgico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros,
+por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres.
+Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde l se ven
+las altas chimeneas y los ventrudos gasmetros de la fbrica cercana;
+pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o
+tres huertecillas de coles, el cual sirve de unin entre la plaza de las
+Peuelas y la Arganzuela. En este recodo el transente cree encontrarse
+lejos de toda vivienda humana. Slo hay all una choza guardada por un
+perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los
+plantos de coles.
+
+Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes
+muchachos se corrieron desde las Peuelas a la Arganzuela, lugar que ni
+hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfaccin.
+
+Zas, zas!, iban y venan los pedruscos del campo del _Majito_ al campo
+de _Zarapicos_ y viceversa. Ocupaba el primero, como hbil capitn, las
+alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban
+por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habalos seguido el
+pavo, y colocndose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la
+perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a
+degello. Ms enfurecidos ellos cuanto mayor era el nmero de los que se
+retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus
+brazos, al parecer descoyuntados, elsticos, flexibles como una banda de
+cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni _Zarapicos_ se acordaba
+ya de los matacandiles, ni _Gonzalete_ de los alfileres. Morir matando
+era su ilusin. Estaban ebrios, y los ms intrpidos se rean de los
+pucheros de los desanimados...
+
+De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejrcito un
+movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron
+_Pecado!_, y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por l vena,
+descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido
+como los dems, el cual a cada paso lanzaba una interjeccin y amenazaba
+con el puo. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida,
+capitn de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la
+granujera, angeln respetado y temido por su fuerza casi varonil, por
+su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. As no hubo
+en el cotarro uno solo que no temblara al orle gritar: Estarvus
+quietos!.., vus voy a reventar!....
+
+
+=--III--=
+
+Detuvironse las manos ardientes que empuaban la piedra, y todos le
+miraron. Fundbase la superioridad de _Pecado_ en la fuerza, de donde
+vena la justicia, es decir, que sola dirimir contiendas de chicos,
+unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones,
+aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con ms
+frecuencia usaba.
+
+Por qu vos zurris?--pregunt ceudo, tremendo.
+
+_El Majito_ haba salido a su encuentro. _Pecado_ era para l ms que un
+amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor
+homrico de que dio pruebas en la altura, se troc en llanto de
+desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lgrimas,
+y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclam:
+
+Picos..., mi sombrero... Yo soy _Plim_..
+
+En vez de llorar, el desvergonzado _Zarapicos_ se ech a rer como un
+stiro. Con inflamados ojos mir _Pecado_ su querido ros en la cabeza de
+aquel monstruo de la rapacidad, y ponindose los brazos en jarra, habl
+as:
+
+Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a
+pats.
+
+--Ladrn!--chill _el Majito_, sintindose otra vez ms valiente por
+la presencia de Mariano.
+
+Al orse llamar con nombre tan infamante, _Zarapicos_, que era un rapaz
+honrado, aunque pobre, no pudo contener el mpetu de su ira, y echando
+la mano al cuello del insolente _Majito_, le derrib en tierra,
+diciendo:
+
+Figuerero!..., coles!, te deslomo!.
+
+Pero _el Majito_ supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en
+pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoqun.
+
+Sultalo--le dijo prontamente _Pecado_ con voz y gesto de prudencia.
+
+_El Majito_ solt la piedra refunfuando feroces amenazas de asesinato.
+Volvindose a los desvergonzados comerciantes, _Pecado_ les dijo con
+imperioso ademn, en que haba tanta energa como orgullo:
+
+Dirvos.
+
+--No nos da la gana.
+
+--Dirvos, digo.... y venga mi sombrero.
+
+--Miale, miale... Te quieres callar? El sombrero es mo.
+
+Al or _Pecado_ una afirmacin tan contraria a los sagrados derechos de
+propiedad, no se pudo contener ms. Huy de su corazn la generosidad,
+de su espritu la prudencia, y arremeti a _Zarapicos_ con tal empuje
+que este dio algunos pasos atrs, y habra cado en tierra si no fuera
+tambin un muchachote robusto. Lucharon, ay!, con varonil fiereza. Las
+bofetadas se sucedan a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De
+cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos,
+cayeron rodando. _Zarapicos_ debajo, _Pecado_ encima. _Pecado_ venca, y
+machac sobre su vctima con ferocidad. El nio rabioso supera en
+barbarie al hombre. Habis visto reir a dos pjaros? El tigre es un
+animal blando al lado de ellos.
+
+Bien molido estaba _Zarapicos_, cuando acerc a coger entre sus dientes
+un dedo de _Pecado_. Oh! Con qu inefable delicia apret las quijadas!
+Mariano dio agudsimo grito, y salt como gallo herido. El otro se
+levant. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergenza, totalmente
+embadurnado de fango y lgrimas. Al mismo tiempo rea y lloraba.
+_Pecado_ se ceg; no vea nada; llev la mano a la cuerda que sujetaba
+sus calzones a la cintura. La ltima injuria que cambiaron fue referente
+a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir,
+arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes
+les ha mecido.
+
+Tu madre es una _ac_ y una _all_.
+
+--Tu madre es esto o lo otro.
+
+_Pecado_ no dijo ni oy ms; sac de la cintura una navajilla,
+cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces haba
+sido juguete, y con l atac a _Zarapicos_. Del golpe, el infeliz
+chiquillo cay seco.
+
+Hombres ya!
+
+Silencio terrorfico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo.
+Al principio no comprendan la realidad abominable del hecho. Cuando la
+comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo
+horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro,
+dolorido, que indica en ellos la intuicin de las grandes desdichas.
+
+Aquello no era una travesura; era algo ms. Aquello de que estaba
+manchado _Zarapicos_ no era el almagre de que se pintaban alguna vez
+para jugar; era sangre, sangre! _Zarapicos_ no jugaba al muerto; no
+haca gestos para hacer rer a sus compaeros; no deca con voz doliente
+madre! para representar una comedia; era que se mora realmente...
+Temblando, plido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea
+de su accin, _Pecado_ arroj el arma que haba sido juguete. El
+instinto le mandaba huir, y huy.
+
+Alborotose en un instante el barrio de las Peuelas. Salieron todas las
+mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los
+hombres corran tambin. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la
+calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un seor concejal y
+un comisario de Beneficencia, que a la sazn paseaban por el barrio
+eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar
+del atentado. Horror y escndalo!
+
+Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres gruan;
+_la Sanguijuelera_ misma sali de su tienda a buen paso, medio muerta de
+terror y vergenza, y por todas partes no se oa sino: _Pecado_,
+_Pecado_.
+
+La Arganzuela se llen de gente. Unos corran en busca del juez; otros
+decan que el juez no le encontrara vivo; los ms hablaban de llevarle
+a la Casa de Socorro, y todos decan: _Pecado_!.
+
+Vino corriendo el boticario con rnica y vendajes, diciendo tambin:
+_Pecado_!. El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que
+por ser hombre muy grueso no poda seguirle aprisa), haca, siguiendo a
+la multitud, las consideraciones ms sustanciosas sobre un hecho que, si
+bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad
+de Madrid.
+
+Van siete casos de esta naturaleza en diez aos--deca el comisario de
+Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la
+celeridad del paso.
+
+--Terrible es el matador hombre; pero el matador nio, qu nombre
+merece?... Dicen que este tiene trece aos.
+
+--Qu pas!
+
+--Pero qu pas!
+
+--En Mlaga son frecuentes estos casos.
+
+--Y en Madrid lo van siendo tambin.
+
+--Y nos ocupamos de escuelas! Presidios es lo que hace falta!
+
+--Escuelas penitenciarias, o crceles escolares... Es mi tema.
+
+Cuando llegaron al sitio de la catstrofe, los dos seores, dignsimos
+representantes de lo ms meritorio y venerable que hay en los pueblos
+modernos, se echaron recprocamente el uno sobre el otro estas
+dramticas exclamaciones:
+
+Esto es espantoso!
+
+--Esto parte el corazn
+
+--Escuelas, Sr. de Lamagorza.
+
+--Presidios, Sr. D. Jacinto.
+
+--Yo digo que jardines Froebel.
+
+--Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil
+Remington.
+
+--Pero qu, se lo llevan ya?
+
+--No est muerto; pero parece grave.
+
+--Golpe ms bien dado!--murmur un chulo--. Ese chico es de _buten_.
+
+--Vaya, que la madre que pari tal patbulo!--apunt una de estas que
+llaman del partido.
+
+--El asesino, el asesino, dnde est?--grit el concejal dndose gran
+importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos--.
+Guardias, busquen ustedes al criminal... Qu Pas!... Pero guardias...,
+los del Orden Pblico, dnde estn?.
+
+Pero ya la Guardia Civil haba comenzado sus pesquisas. Los chicos, que
+en estas cosas suelen ser ms diligentes que los hombres, indicaban la
+direccin que sigui _Pecado_ en su fuga. Las opiniones eran diversas.
+Unos decan que se haba refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros
+que haba tomado por la va frrea adelante. Un naranjero, que con su
+comercio porttil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se haba
+acercado al lugar de la pelea, asegur haber visto al matador saltar la
+tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas
+que rodean el arroyo. Fundada era la declaracin del naranjero.
+Acercronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinndose sobre la
+punta de los pies, otros subindose a una piedra, miraron por encima de
+las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse
+en un ngulo. _Pecado_ mir con receloso espanto la hilera de cabezas
+que en el borde de la tapia se le apareca, y ante aquella visin de
+pesadilla se sinti domeado, aunque no cobarde. Terrible coro de
+amenazas e injurias brot de aquella fila de bocas, y ms de cincuenta
+brazos se extendan rgidos por encima de la tapia. Pero el alma de
+_Pecado_ se compona de orgullo y rebelda. Su maldad era todava una
+forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en
+querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia
+creca, trjole a tal extremo. De esta manera, un mueco abandonado a
+sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo
+con infernal delicia. A _Pecado_ se le conquistaba fcilmente con
+hbiles ternuras. Era tan bruto, que _el Majito_ mismo, con un poco de
+mimo y otro poco de esa adulacin que algunos chicos manejan como nadie,
+le tena por suyo. Pero de ningn modo se le conquistaba con la fuerza.
+
+As, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio
+amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la
+provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia
+civil; cuando not la saa con que le persegua la muchedumbre, en quien
+de una manera confusa entrevea la imagen de la sociedad ofendida,
+sinti que nacan serpientes mil en su pecho, se consider menos nio,
+ms hombre, y aun lleg a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan
+tremendas como desconocidas para l hasta entonces, la venganza, la
+protesta, la rebelin, la terquedad de no reconocerse culpable,
+penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lgrimas
+de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la gan por entero el
+instinto de defensa. Entrevi, como un--ideal glorioso, el burlar a toda
+aquella gente, escapndose y aumentando el dao antes causado con otros
+daos mayores.
+
+Esta era la situacin moral de _Pecado_ cuando el comisario de
+Beneficencia, llevado de un celo que nunca ser encomiado bastante, se
+empin como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por
+encima de la tapia, dirigi al criminal su autorizada y en cierto modo
+paternal palabra, diciendo:
+
+Mequetrefe, sal pronto de ah, o vers quin soy.
+
+Cunto habra dado el criminal por que cada mirada suya fuera una
+saeta! Quera despedir muertes por los ojos. Cogi un ladrillo, y
+apuntando a la por tantos ttulos respetabilsima cabeza del apstol de
+la Beneficencia oficial, lo dispar con tan funesta puntera, que el
+buen seor gordo grit: Carstolis!, y estuvo a punto de caer
+desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cay.
+
+Vctima ilustre ciertamente!
+
+Nos atrevemos a decir que la agresin inicua y casi sacrlega de que
+haba sido objeto el seor comisario, provoc algunas sonrisas y aun
+risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que
+haba tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digmoslo, s, para
+eterno baldn de la clase chulesca.
+
+_Zarapicos_ fue llevado en gravsimo estado a la Casa de Socorro, y la
+nueva vctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y
+ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benfica que slo para
+alivio de los menesterosos exista.
+
+Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... Vaya un monstruo!...
+Carstolis! Ay!, ay! Sr. Lamagorza, este truhn me ha matado... Qu
+pas!, qu pas!.
+
+Alguien apoyaba por all cerca estas sentidas razones con otras
+igualmente enrgicas, que revelaban una indignacin fulminante. Era el
+pavo, que avanz haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el seor
+comisario herido. En tanto _Pecado_, rpido como el pensamiento, se
+subi al cobertizo y se dej caer en el arroyo por una vertical de ms
+de cinco metros, deslizndose por la escabrosa superficie de tierra.
+Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el pblico para
+cogerle; pero l se escurri por el borde del arroyo, meti los pies en
+el agua cuando le falt el terreno, y busc un refugio en el agujero
+negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada
+limpia desembocaba.
+
+Que le cojan ahora--dijo una mujer del pueblo, que despus de la
+descalabradura del seor comisario, simpatizaba, oh vilipendio!, con el
+criminal.
+
+--Que venga la guardia de la alcantarilla!--exclam el concejal
+inflamado de coraje.
+
+Los guardias civiles y los de Orden Pblico trataron de remontar el
+arroyo; pero vena muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun
+las botas mismas.
+
+Quin pesca ahora a ese condenado?
+
+--Hay una reja que no le dejar internarse. Ha de estar a cuatro o cinco
+varas de la boca.
+
+Miraban todos y no le vean. Un guardia civil arriesg las botas,
+acercndose a la boca. Llevaba fusil.
+
+All est--grit--. Le veo los ojos.
+
+El guardia distingua dos luceros en la obscuridad. Desde all _Pecado_
+atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa.
+
+Granuja!--grit el civil--, sal de ah o te hago fuego.
+
+--Fuego, fuego!--clam a lo lejos la voz del comisario, a quien
+piadosas chulapas ponan una venda.
+
+_Pecado_ haba entrado con nimo de no parar hasta verse en lugar
+seguro, aunque tuviera que ir a las entraas de la tierra. Pero la
+obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazn, an no
+suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose
+entre dos especies de muerte, y vacil... Le consolaba que los guardias
+no podan entrar a cogerle. Y si le hacan fuego?... Entonces se achic
+tanto, que volvi a ser nio y a tener miedo. Dirigi la mente a ciertas
+ideas confusas de su tierna niez; pero aquellas ideas estaban tan
+borradas, tan lejanas, que poco o ningn alivio encontr en ellas. De
+Dios no quedaba en l ms que un nombre. Era como un rtulo escrito
+sobre un arca vaca, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los
+ricos tesoros. Nada saba; su ta le hablaba poco de Dios, y el maestro
+de escuela le haba dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca
+pudo comprender bien. Las nociones de su ta y las palabras del maestro
+se le haban olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y
+aquella vida errante de juegos, rateras y miseria.
+
+Sin saber cmo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo
+chillaba dentro de l que se lo deca. Era criminal, y sus perseguidores
+tenan razn en perseguirle, y aun en matarle atndole en un palo y
+estrangulndole. Esto le hizo estremecer de espanto, a l que haba
+visto una y otra ejecucin en el Campo de Guardias sin conmoverse!...
+Pero aunque se reconoci bien perseguido, su orgullo estaba all para
+aconsejarle no entregarse... Fuera miedo!... Desgraciadamente para l,
+estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas
+fsicas. Estaba cansado; en todo el da no haba comido ms que el
+currusco de pan que le dio su ta al ir al trabajo. Y haba dado tantas
+vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... Y corri
+tanto despus para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!...
+Tena un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y
+muy seor mo. A estas insufribles molestias se uni el fro. Sus pies
+desaparecan en el agua, y desde lo interior del can de ladrillo vena
+un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. Qu hara?
+
+Determinose entonces en l ese fenmeno de observacin retrospectiva que
+suele acompaar a las situaciones de gran perplejidad. El espritu
+turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que
+han precedido inmediatamente a la situacin terrible. Espantose de no
+haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la maana con
+el apuro y desasosiego de la tarde. Qu lstima haber vivido aquel
+da!... Qu lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No
+haba ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto,
+porque l daba a la rueda y su ta cobraba. Pero al fin, con gusto o sin
+l, all fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertira en el
+Canal o en la Arganzuela. Haba estado toda la maana esperando con
+mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las
+vueltas de la odiosa rueda. Crease motor del misterioso reloj del
+tiempo. Dale que le dale, haba llegado al fin la hora, y la manivela,
+que para l era parte de sus propias manos, se haba quedado sola en el
+taller, quieta y muda.
+
+Sin decir adis al maestro, porque el maestro no le saludaba a l a
+ninguna hora, _Pecado_ haba salido y bajado a saltos por la Ribera de
+Curtidores.
+
+An le pareca ver los puestos rastreros y las manos recogiendo
+cachivaches. Era da de toros. Aquellos barrios estaban muy animados.
+Todo lo recordaba perfectamente; todo lo vea, como si lo tuviera
+delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se
+acordaba de que, al llegar a la Ronda, le haba detenido el paso un
+perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca.
+El muchacho, impaciente y atrevido, atraves por debajo de la panza de
+una de las mulas, que por ms seas era torda. Despus vio un entierro;
+luego encontr a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y
+l..., l las haba administrado un par de nalgadas a cada una, porque
+eran muy bonitas... Representbase luego la llegada a su casa; recordaba
+que su ta, antes de darle de comer, le haba anunciado el hurto del
+ros, y que l, sin poderse contener al or tan atroz noticia, abandon
+la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanz por el barranco
+abajo en busca de la cuadrilla. Lo dems, por ser ms reciente y
+desagradable, se le representaba con matices an ms vivos. El
+ensangrentado cuerpo de _Zarapicos_ no se quitaba ya de delante de sus
+ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas
+del egosmo para producir una reaccin; pero si estos ganaban algn
+terreno, al punto lo perdan. Los sofismas hacan grandes esfuerzos por
+destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas ms hojas le
+arrancaban, ms lozanas las echaba ella.
+
+Date, date, canallita!--grit el guardia--, o te dejo seco.
+
+_Pecado_ mir al guardia. No, no se entregara. Antes morir que
+entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbr
+el presidio, como en sus sueos infantiles haba vislumbrado otras veces
+el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, qu poda hacer
+ms que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a
+quien Mariano admiraba mucho por su gallarda y su simptico rostro. Se
+llamaba Mateo Gonzlez, y serva en el puesto de la calle del Labrador.
+_Pecado_ le imitaba en el modo de andar. En sus sueos de ambicin, no
+se le ocurra jams ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante
+famoso, sino ser Mateo Gonzlez.
+
+Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. _Pecado_ le vio desaparecer,
+y por un momento tembl de alegra. Pero no le dio tiempo el guardia a
+regocijarse, porque otra vez apareci por el arroyo adelante. En vez de
+fusil, traa dos naranjas en la mano derecha.
+
+Eh, Mariann!--grit inclinndose para verle mejor y mostrarle lo que
+llevaba--. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... Ves? Si sales, te
+doy estas dos naranjas.
+
+_Pecado_ dio un salto hacia fuera y se arroj en brazos del guardia.
+
+Ah tunante...!--dijo este con alegra, echndole la zarpa al cuello y
+dejndose arrebatar las naranjas.
+
+
+=--IV--=
+
+Consagremos un recuerdo de consideracin y lstima, en el ltimo rengln
+de esta tragedia, al digno seor comisario de Beneficencia, autor de
+tantos y tan hermosos expedientes. l solo sera capaz, si le dejaran,
+de elevar en pocos aos a una altura increble, dentro de los archivos
+nacionales, esos grandiosos monumentos papirceos en que se cifra
+nuestra bienandanza. Sera preciso tener corazn de estuco para no
+afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceida
+por un pauelo, corriendo en coche simn hacia la Casa de Socorro de la
+calle de Embajadores, donde por la noche se visti de la luz de los
+serafines el pobrecito _Zarapicos_.
+
+_La Correspondencia_ recogi en el Juzgado de guardia una nota del
+suceso de aquel da, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo.
+Cuando lo leyeron los amigos que acompaaban al seor de Lamagorza en su
+casa, y cuando este les refiri detalles del hecho, oyronse las
+exclamaciones ms ardientes sobre el estado moral e intelectual del
+pas; se recordaron otros hechos anlogos ocurridos antes en Madrid,
+Valencia y Mlaga, y por ltimo se declar con unanimidad muy
+satisfactoria que era preciso hacer algo, algo, s!, y consagrar muchos
+ratos y no pocas pesetas a la curacin del cuerpo social. Como la prensa
+alarmada acalorase el asunto en los das sucesivos, se formaron juntas,
+se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies
+de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron
+los oradores; y otros, que vidos estaban de dar sus nombres al pblico,
+adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece.
+
+Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de
+penitenciaras, de sistemas tericos, prcticos, mixtos, sencillos y
+complejos, celulares y panoscpicos, docentes y correccionales, fueron
+cayendo en el olvido, como los juguetes del nio, abandonados y rotos
+ante la ilusin del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos das fue
+un proyecto urbano ms prctico y adems esencialmente lucrativo.
+Ocupronse de l juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y
+con tanto espritu de realidad, que al poco tiempo se alz grandiosa,
+provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza
+de Toros.
+
+
+
+
+Captulo VII
+
+Tomando posesin de Madrid
+
+
+La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe
+terrible. Precisamente, cuando supo el extrao caso, hallbase en la ms
+lisonjera situacin de espritu que un alma juvenil puede apetecer.
+Todas sus ideas tenan como un tinte de aurora; detrs de cuanto
+pensaba, crea notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo
+para contenerse en su alma, sala por los sentidos afuera y matizaba de
+extraas claridades todos los objetos. Nada vea que no fuera para ella
+precioso, seductor, magnfico o por cualquier concepto interesante, y
+hasta un carro de muertos que encontr al salir de la casa, ms que por
+fnebre, le choc por suntuoso.
+
+Haba salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, haba
+salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible,
+espejo de tantas alegras, con sus calles llenas de luz, sus mil
+tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los
+domingos por la maana, si esta es de abril o mayo, los encantos de
+Madrid se multiplican; crecen la animacin y el regocijo; hay bulla que
+no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada
+paso halla el transente bandadas de lindas pollas, de cintura bien
+ceida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en
+mano, joviales y coquetuelas.
+
+Las campanas dijeron algo a Isidora, y entr a or misa en San Luis, en
+cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedan a las
+misas, y los fieles se dividan en tandas. Unos se marchaban cuando
+otros caan de rodillas. All se persignaba una tanda entera, aqu se
+pona en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del
+sacrificio, sonaban sin interrupcin.
+
+Qu bueno es el Seor--pensaba Isidora delante de la Hostia--, que me
+allana mi camino y me manifiesta su proteccin, desde el primer paso que
+doy para lograr mi puesto verdadero...! No poda ser de otra manera,
+porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo
+no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante
+m, resultara una injusticia, una barbaridad....
+
+Y luego, cuando el sacerdote consuma:
+
+Bendito sea el Seor que me ha deparado la ayuda del marqus de
+Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... Y
+qu hermosos ojos tiene, qu guapo es y con qu elegancia viste! Aquello
+es vestirse; lo dems es taparse... Qu bien habla, y cmo se interesa
+por m! Tiene razn cuando me dice: Oh!, est usted tranquila, que si
+esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ah tenemos los
+tribunales. Es asunto ganado!. Oh! S, los tribunales. Qu bonitos
+son los tribunales!... Todo ser cuestin de algunos meses. Despus....
+
+Por la mente de Isidora pasaba una visin tan esplndida, que a solas y
+en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa
+muchacha sonrea.
+
+No es caso nuevo ni mucho menos--deca--. Los libros estn llenos de
+casos semejantes. Yo he ledo mi propia historia tantas veces...! Y
+qu cosa hay ms linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy
+pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa
+joven, que es bonita como los ngeles y, por supuesto, honrada, ms
+honrada que los ngeles, llora mucho y padece, porque unos pcaros la
+quieren infamar; y luego, en cierto da, se para una gran carretela en
+la puerta, y sube una seora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y
+hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que
+la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde
+calavera? Por lo cual de repente cambia de posicin la nia, y habita
+palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza,
+la pretenda, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. Pies, para
+qu os quiero?.
+
+Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la seal de la cruz
+sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un
+Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que pareca decir: Abur,
+Dios.
+
+En la puerta, las vendedoras de flores entorpecan el paso de la gente,
+y alargaban sus manos con puados de rosas y otras florecillas,
+gritando: Un ramito de olor.... Cuatro cuartos de rosas. Isidora
+compr rosas para acompaarse de su delicado aroma por todo el camino
+que pensaba recorrer. Al punto empez a ver escaparates, solicitada de
+tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a
+la calle sala, y origen de vivsimos apetitos que conmovan su alma,
+dndole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de
+contemplar su faz en el vidrio para ver qu tal iba, devoraba con sus
+ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda.
+
+Cuntas invenciones del capricho, cuntas pompas reales o
+superfluidades llamativas! Aqu las soberbias telas, tan variadas y
+ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad;
+all las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mrito, en los
+estuches negros...; ms lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas,
+chucheras que enamoran la vista por su extraeza, objetos en que se
+adunan el arte inventor y la dcil industria, poniendo a contribucin el
+oro, la plata, el nquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina,
+el azabache, el mbar, el latn, el caucho, el coral, el acero, el raso,
+el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrn, la porcelana y hasta el
+cuerno...; despus los comestibles finos, el jabal colmilludo, la
+chocha y el faisn asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil
+y mil cosas aperitivas que Isidora desconoca y la mayor parte de los
+transentes tambin...; ms adelante los peregrinos muebles, las
+recamadas tapiceras, el bano rasguado por el marfil, el roble tallado
+a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de
+matrimonio, y por ltimo, bronces, cermicas, relojes, nforas,
+candelabros y otros prodigios sin nmero que parecen soados, segn son
+de raros y bonitos.
+
+El hechizo que estas brillantes instalaciones producan en el nimo de
+Isidora era muy particular. Ms que como objetos enteramente nuevos para
+ella, los vea como si fueran recobrados despus de un largo destierro.
+El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducan a mirar
+todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y deca:
+Con esas pieles me abrigar yo en mi coche; en mi casa no habr otros
+muebles que esos; pisar esas alfombras; las amas de cra de mis nios
+llevarn esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usar
+esas petacas, bastones, escribanas, fosforeras, alfileres de corbata; y
+cuando alguno est enfermo en casa, se tomar esas medicinas tan buenas,
+guardadas en tan lindas cajas y botecillos.
+
+Por mirarlo todo, detenase tambin a contemplar las encas con que los
+dentistas anuncian su arte, las caricaturas polticas de los peridicos,
+colgados en las vidrieras de los cafs, los libros, los cromos, los
+palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las
+condecoraciones, las fotografas, los dulces y hasta los comercios
+ambulantes en que todo es _a real_.
+
+Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella
+saliera de su destierro social, qu gusto ir de tienda en tienda, mirar
+todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el
+objeto comprado, volver al da siguiente...! Entr en una tienda de
+paraguas a comprar una sombrilla. Le pareci tan barata!... Todo era
+barato. Despus compr guantes. Cmo iba a salir sin guantes, cuando
+todo el mundo los llevaba? Slo los pordioseros privaban a sus manos del
+honor de la cabritilla. Isidora hizo propsito de usarlos
+constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro,
+se le afinaran las manos hasta rivalizar con la misma seda.
+
+Despus de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentacin de
+comprar un imperdible. Cay en la cuenta de que le haca tanta
+falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio,
+vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos,
+habran de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no
+tard en enamorarse de un portamonedas. Cmo poda pasarse sin aquella
+til prenda, tan necesaria cuando se tiene algn dinero? No haba cosa
+peor, segn ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo,
+expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uas de los
+rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, sigui viendo
+cosas, y a cada instante emigraban de l las pesetas y los duros, ya
+para tomar algo de perfumera, ya para horquillas, de que tena tanta
+falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su
+elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se poda pasar sin papel
+de cartas, ni de qu serva un papel que no tuviera timbre!...
+
+An me queda bastante--dijo al regresar a su casa--para poner a Mariano
+en un colegio y comprarle algo de ropa....
+
+Haca cuentas mentalmente; pero las cifras sustradas eran tan rebeldes
+a su espritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordndose saba
+darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organizacin
+mental para la aritmtica les hace formar un grupo aparte en la especie
+humana), vea siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente
+flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores
+arrastrara a la humanidad a grandes catstrofes, si no lo contrapesara
+el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio.
+
+Isidora se haba dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa
+indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del
+portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que
+encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso s: corazn ms blando ni
+que ms fcilmente se enterneciera con ajenas lstimas y desdichas no
+existi jams. En su mano haba quizs un vicio fisiolgico, y decimos
+vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el
+acto de la aprehensin, o por la aprehensin formada (que en esto hay
+graves diferencias entre los doctores), la suya pareca hecha para el
+acto contrario, y no habra tenido razn de ser, si el dar no existiera.
+
+Entr en su casa tarde, cargada de compras, porque aadi a las
+indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a
+D. Jos Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las
+rosas. Psolas en un vaso con agua fresca, almorz, y escribi dos
+cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafa, ocho
+plieguecillos del timbrado papel, y habra gastado ms si no le dieran a
+la sazn la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y sali
+agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la crcel y
+ver el partido que deba tomar. Entonces cay en la cuenta de que
+necesitara gastar algn dinero, y segura de tener bastante, registr
+los huequecillos rojos del portamonedas, cont, revis, pas las piezas
+de una parte a otra; pero por ms vueltas que daba y trasiegos que
+haca, resultaba siempre que apenas tena dos docenas de pesetas. En
+dnde estaba lo dems? La haban robado?
+
+Por un momento creyose Isidora vctima de los infinitos timadores que
+hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la
+fuerza incontrastable de la Aritmtica, que a veces se impone a sus
+mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidacin neta de
+todo y declarose ratero de s misma. Su siempre viva imaginacin vea
+las monedas que haba tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los
+tres duros algo anticuados y por lo mismo ms valiosos. En dnde
+estaban? Poco a poco fue recordando que la primera haba cado en tal
+tienda, la segunda ms all, y que a ocupar su lugar venan pesetas
+gastadas y algn duro flamante que pareca de lata. Cuando el manirroto
+suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo
+numismtico, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la
+idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la
+necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceudos
+nmeros cargados de lgica y ponen las cosas en su lugar.
+
+Nada sac en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un
+nuevo gasto en coches y tranvas. Acompabala D. Jos Relimpio, el cual
+mostr tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad
+como a todas, le obsequi con un paquete de puros de a medio real.
+Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, l tieso y humeante, D.
+Laura recibi a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo:
+
+Quita all; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. Contenta me
+tienes! T, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees
+que no hace falta nada ms. Mejor trabajaras....
+
+
+
+
+Captulo VIII
+
+Don Jos y su familia
+
+
+=--I--=
+
+A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales
+figuras de esta historia de verdad y anlisis. Reconoced al punto el
+original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por
+Isidora. El bigotito de cabello de ngel, de un dorado claro y hmedo;
+los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y
+risuea, con dos pmulos teidos de color rosa, marchita; el mirar
+complaciente, la actitud complaciente, y todo l labrado en la pasta
+misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el
+Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel
+ramillete de confitera, que llevaba entre los hombres el letrero de
+Jos de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante.
+Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo.
+Era un hombre que no serva para nada.
+
+Tena sesenta aos. Proceda de honrada y decentsima familia. Haba
+sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia,
+viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Haba sido
+empleado en Rentas, pero cumpla tan mal y se tomaba tan largas
+vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro,
+y se arruin la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y
+por razn de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas
+entraban sin pagar. Fue marido de D. Laura, y gast el reducido
+patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades.
+
+Doa Laura, mujer de spera naturaleza, agriada por la vejez y por el
+cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le deca
+con dramtico acento:
+
+Hombre intil, hombre--mueco. El da en que me cas contigo debi el
+Seor haberme llevado de este mundo. Para qu sirves t, como no sea
+para comer?
+
+--Soy tenedor de libros--responda D. Jos, satisfecho de una razn
+que, a su juicio, excusaba todas las dems razones; y consideraba para
+s cun lejos est de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia
+en que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien
+porque se dedic resueltamente a ello, lo cierto era que D. Jos conoca
+la Partida Doble como conoci Newton las Matemticas y Coln la Nutica.
+Hay afinidades verdaderamente extraas entre el espritu humano y los
+distintos modos del saber, y aquel que por su organizacin parece no
+prendarse de las cosas ideales y halageas, encuentra en las arideces
+de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia,
+emprendi el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran
+los ms del ao, y si no lo dejara a la mitad, habra sido un monumento
+de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Tenedura tena escritos
+substanciosos tratados, y era de ver con qu inspirada sagacidad
+explicaba la _Banca en comisin_, las _Cuentas de Resaca_, la _Gruesa
+ventura a cobrar_, las _Fianzas_ y _Avales_, los _Depsitos_ y
+_Mercaderas_. Suspendi el trabajo al llegar a ocuparse del precioso
+tema de _Mi cuenta_, _Su cuenta_ y _Cuenta comn_, y es lstima que en
+tan interesante punto lo suspendiese.
+
+Lo extrao era que siendo D. Jos poseedor de los ms escondidos
+secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento
+de sus fondos y el manejo de la casa no merecan que se emplease en
+ellos una gota de tinta; pero D. Jos, que tratndose de hacer nmeros
+iba siempre ms all de las necesidades, tena en su cuarto el libro
+_Mayor_, el _Diario_, el _Diario provisional_, el _Mayor de mercancas_,
+el de _Caja_, el de _Cuentas corrientes_, el de _Efectos a cobrar_, el
+de _Facturas_, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas pona ms
+nmeros que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qu
+sustancia sacaba de ello.
+
+Pero lo que ms a D. Laura enfureca era que, con ser viejo y cascado,
+se mirase tanto al espejo. En efecto; adems de que en su cuarto, a
+solas, se pasaba las horas muertas mirndose, no entraba en pieza alguna
+donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin l, se
+echase una visual para examinar su empaque, y atusarse despus el
+bigote, o poner mano en los contados cabellos que venan flbiles y
+pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla.
+
+Eso es, mrate bien--le deca D. Laura--, para que no te olvides de
+esa cara preciosa. Lstima que no vengan los pintores a sacar tu figura
+de gorrin mojado!.
+
+Don Jos se rea con esto. Era tan bueno!... Si la miel es condicin y
+substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, ms que
+hombre, un merengue andando. Riendo deca a su cara consorte:
+
+No todos tenemos la suerte de conservarnos como t, que ests tan
+hermosa y frescachona como cuando te conoc.
+
+--Calla, Sardanpalo.
+
+--La verdad por delante. Todava, todava... Vamos, que alguien dara un
+resbaln.
+
+--Quita, quita--clamaba la seora con expresin de asco--. Me tomas por
+esas...?.
+
+Don Jos haba sido un galanteador de primera. No lo poda remediar:
+estaba en su naturaleza, en su doble condicin de tenedor de libros y de
+galn joven, y as, ya casado y viejo, no vea mujer bonita en la calle
+sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre
+sus amigos, sola llevar la conversacin desde los temas trillados a los
+motivos de amor y aventuras; y todo se volva almbar, hablando de pies
+pequeos, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una
+mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aqu y
+eran pura charla, porque su timidez le pona grillos para pasar a cosas
+mayores.
+
+Pero aun en aquellos das de vejez y decadencia, cuando sala a tomar el
+sol, embozado en su rada capita, iba a los lugares ms concurridos de
+muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a
+seguirla con su paso vacilante, sin malicia, slo por _rutina del
+oficio_, como sola decir; y siempre que en sitio y ocasin de
+apreturas, como parada militar y procesin de Corpus, se hallaba en
+contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le sala a los labios,
+toda acaramelada y jaleosa, para decir: Cmo me gusta usted,
+seora!... Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee.
+
+Este libertino platnico era to de Isidora en tercer grado, por ser
+primo segundo de Toms Rufete; y adems la haba sacado de pila. La
+haba visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos haba profetizado,
+con la seguridad de un conocedor profundo en tenedura de destinos
+humanos, que la nia sera una hermosa mujer, quizs elegante y famosa
+dama. Cunto se alegr de volver a verla ya crecida, y cunto
+compadeci sus desgracias, y con qu puro inters se ofreci a ella para
+servirla en todo lo que hubiese menester!
+
+La familia Relimpio viva pobremente, porque D. Jos, con ser tan
+maestro en nmeros, no haba sacado de ellos ninguna sustancia. Doa
+Laura conservaba una casa y una via en Dolores, que le daban mil reales
+al ao. Las nias trabajaban para las camiseras. Tenan mquina, y
+cosiendo noche y da, velando mucho y quedndose sin vista, allegaban de
+cinco a siete reales diarios. Melchor, el varn, no haba llevado hasta
+entonces un solo cntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de
+ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en l grandes esperanzas.
+Melchor, recin salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo
+de saber como vestido de presuncin, haba de ser pronto un personaje,
+una notabilidad. No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el
+axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algn axioma.
+
+Para pagar con desahogo la casa, la familia tena que ceder un gabinete
+a caballero decente, sacerdote, o seora viuda sin hijos. Durante tres
+aos proporcionronle este alivio distintos sujetos. Vac dos meses el
+gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios,
+y a ms los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio
+se habra resentido bastante.
+
+Pero las cosas vienen segn Dios quiere, y no segn nuestro gusto y
+conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para
+lo cual le inspir aquel desordenado apetito de compras, antes
+mencionado. l se sabra los motivos de esto. Doa Laura, que gustaba de
+meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas,
+deca que este le haba mandado a Isidora, como una plaga de Egipto,
+para probar su paciencia.
+
+En suma, la de Rufete se qued sin un cuarto, y su to el Cannigo
+mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. Ay!, esa
+gente de provincias cree que una onza es un milln. Un mes llevaba la
+pobre de grandes apuros, haciendo diligencias intiles en pro de su
+hermano, que en la crcel segua, y privada de todo, viendo tantas cosas
+bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no
+slo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la
+comida, sino que, por aadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad
+a D. Laura. Disela esta con el gesto menos gracioso que se puede
+imaginar; pero la esperanza de un nuevo envo del Cannigo, a todos
+consolaba. Remoln era el buen seor, y transcurri otro mes sin que
+entrase por las puertas la ansiada libranza. spera y recelosa D.
+Laura, invit a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. No tena
+manos? No saba coser? No trabajaban como negras aquellas dos
+seoritas decentes, Emilia y Leonor?
+
+Isidora era hbil en la costura y en prepararla, pero no saba manejar
+la mquina. En esto era consumada maestra Emilia, la ms inteligente y
+trabajadora de las dos hermanas. Haba llegado a amar la mquina como se
+quiere a un animal querido; conoca los secretos de su maravilloso
+artificio, y haba hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la
+engrasaba con cario, la recorra con inters fraternal, para ver si
+alguna parte o miembro de ella necesitaba reparacin, y todos los das
+cosa en ella con presteza increble. Cuando llegaba la hora del reposo
+la cubra y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos
+costureras, una de hierro y otra de carne, hacan los pespuntes ms
+preciosos, largos o menudos, segn fuera menester. Adems de esto,
+Emilia, a quien inspiraba sin duda el espritu venturoso de Elas Howe,
+dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar,
+marcar y coser bastillas.
+
+Don Jos conoca regularmente la mquina (que era la _Canadiense_ de
+Raymond) y saba prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le
+apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, l no se daba a
+partido, bien porque le pareca impropio de varn aquel trabajo, bien
+porque creyera (y esto es lo ms probable) que una cuenta bien llevada
+aprovechaba a la familia ms que todas las costuras del mundo. A l que
+no le sacaran de apuntar nmeros, de leer _La Correspondencia_, hacer
+cigarrillos y charlar. Todo lo dems era ocupacin denigrante. Una noche
+de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el
+comedor, como de costumbre, D. Jos empez a mover la mquina.
+
+Pap--le dijo Emilia--, ya que no nos ayuda usted, al menos ensee a
+coser a Isidora.
+
+Don Jos quera tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse prximo a
+ella, que acept gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco xito.
+Isidora no poda comprender aquel endiablado mete y saca de hilo
+superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge
+en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rpida
+esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan,
+se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse
+despus que pasa una vigsima parte de segundo.
+
+Lstima que Isidora no tuviera su espritu aquella noche en disposicin
+de atender a las sabias enseanzas de su padrino! Estaba aburridsima.
+Haban pasado tres meses sin que su situacin variara sensiblemente. El
+Cannigo la haba mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas
+algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros.
+Mariano continuaba en la crcel, y la causa segua adelante. El inters
+que el pblico y la prensa haban mostrado por aquel grave suceso,
+quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos
+de pena aada la de Rufete el ningn adelanto que en tantos das haba
+tenido el principal y ms interesante negocio de su vida, con ms otras
+cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no
+nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distrada estaba, de tal
+modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maa de
+reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y
+figura de distintas personas, que no atenda a la leccin ms que con
+los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor
+forma de atencin posible.
+
+Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado
+como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada
+de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre
+cosas que las hacan rer. Doa Laura haba abierto la ventana que daba
+a un denegrido patio, por donde suba el vaho infecto de una cuadra de
+caballos de lujo instalada en el fondo de l; y acomodndose en un
+slido silln que, como seora gruesa, tena para su exclusivo uso, se
+qued dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las
+dos hermanas, tena Relimpio mquina y discpula, y sobre aquel crculo
+amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lmpara su media
+luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servan no cesaban de
+recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petrleo, a
+la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era
+darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o
+para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin
+acobardarse por la pestilencia del petrleo ni por la penumbra de su
+avara luz, seguan trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley
+de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de
+maana.
+
+Ahora voy a ensearte a llenar una canilla--deca D. Jos--. Ves este
+carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de
+hilo, para lo cual se pone aqu, y con el mismo volante de la mquina se
+le hace dar vueltas y....
+
+Isidora fijaba los ojos en la operacin; pero cun lejos andaba su
+pensamiento!
+
+Qu triste vida!--deca para s--. La deshonra que ha echado Mariano
+sobre m me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que
+Dios me desampara... Una persona me demostr inters. Por qu no viene
+a verme ya? Qu ha pasado? Qu piensa de m?....
+
+Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la
+lanzadera. Ajaj. Fjate bien en la maa con que hay que ponerla. Pif,
+ya est. Ahora viene lo ms delicado. De esto depende el coser bien o el
+coser mal. Atiende, hija; pon aqu tus cinco sentidos. Hay que pasar la
+punta del hilo por estos agujeritos, ves?
+
+--Ser preciso que yo le escriba. No me recomend mi to a l y a su
+padre?... Pues le escribir. As no puedo vivir. Qu triste es el
+verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola,
+sin amigos, sin amparo...
+
+--Cojo la punta del hilo, sacndola por la izquierda de la canilla, la
+meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya est. Mira...
+Ahora mi seor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy
+bien, y despus all va por el tercero. En seguida..., que no se te
+olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y
+ya est. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganch el hilo de
+abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante
+con los faroles. Nias, tela.
+
+--Hace cerca de veinte das que no viene a verme. Se habr ido a
+veranear sin despedirse de m?... Creer que soy una impostora?... Esta
+idea me mata.
+
+--Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dndole una vuelta al
+tornillo..., atiende bien..., y despus de aflojar un poco el hilo
+superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas...
+
+--Qu idea me ocurre! Ir a su casa... No, eso no debe ser... Le
+escribir con cualquier pretexto... Quizs no sea preciso... El corazn
+me dice que vendr maana... Oh! Dios de mi vida, si viniera....
+
+
+=--II--=
+
+Doa Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclam
+con ira: Siempre mirndote al espejo.
+
+Mujer--dijo, riendo D. Jos sin dejar su obra--. Si no me miro al
+espejo, si estoy cosiendo....
+
+Las nias sonrean. Algo azarada D. Laura despertaba del todo, y deca:
+No, no estaba dormida. Yo s lo que me digo.
+
+Haba en el comedor un reloj de pared que era el Matusaln de los
+relojes. Su mecanismo tena, al andar, son parecido a choque de huesos o
+baile de esqueletos. Su pndulo descubierto pareca no tener otra misin
+que ahuyentar las moscas, que acudan a posarse en las pesas. Su muestra
+amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De
+repente, cuando ms descuidada estaba la familia, dej or un rumor
+amenazante. All dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta
+fanfarronera de speras ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once
+golpes de cencerro.
+
+Doa Laura se levant y las nias dejaron la costura. La criada tom el
+dinero de la compra. Isidora desapareci, mientras Emilia guardaba la
+mquina. Don Jos tena la costumbre de acostarse una hora ms tarde que
+su seora y nias, y esa hora la empleaba en leer _La Correspondencia_,
+deleite sin el cual no poda pasar, y despus de hacer cigarrillos de
+papel, valindose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de
+agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan
+despus de picadura. Echose al cuerpo el peridico, leyendo con
+extremada atencin las conferencias de hombres polticos, y repasando al
+fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la mquina de
+pitillos, meditaba sobre los sucesos del da y sobre poltica general.
+No careca de convicciones arraigadas en materia de gobernacin del
+reino. Declarbase enemigo de todos los partidos; sostena que los
+espaoles deban unirse para bien de la patria, y entonces se acabaran
+las trapisondas y las revoluciones. Senta por las glorias de su patria
+un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1. Que los ingleses
+no nos devolvieran Gibraltar. 2. Que los ministros tuvieran treinta mil
+reales de cesanta. 3. Que no se hubiera levantado un monumento a
+Mndez Nez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se haba
+enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las
+ocasiones. Nada, nada--deca--; este D. Amadeo es una persona decente.
+
+Cuando el reloj dio las doce, retirose D. Jos, dejando _La
+Correspondencia_ sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba
+siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendi a Relimpio, cuando se
+acerc al lecho conyugal, ver a su cara mitad todava despierta.
+
+Ests en vela, chica?--le dijo quitndose su gorrete--. Acabo de leer
+el peridico... Qu cosas pasan! Cmo marean a ese pobre seor! Yo
+sigo en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente.
+
+--Djame en paz. Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa...
+Valiente mocosa se nos ha posado encima.
+
+--Quia, quia, mujer. Es una hurfana...
+
+--Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal
+juicio; pero creo que acabar mal tu dichosa ahijadita. No le gusta
+trabajar, no hace ms que emperifollarse, escribir cartas, pasear y
+lavarse. Eso s; ms agua gasta ella en un da que toda la familia en
+tres meses.
+
+--Quia, quia. Djala que se lave. Pues tambin trabaja. Esta noche ha
+tomado con tanta atencin y empeo la leccin de costura, que dentro de
+poco coser en mquina mejor que yo.
+
+--Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendr mal fin. Y qu humos, bendito
+Dios, qu pretensiones! Y qu morros nos pone a veces, despus que la
+estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos das para
+poderle hablar.
+
+--Es una hurfana. Crees t que el Cannigo la desamparar? No, yo no
+lo creo.
+
+--Fate del Cannigo y no corras. Lo ms gracioso..., no s cmo me ro,
+es que ella est echando chispas de rabia porque no puede gastar en
+bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastara un lujo asitico,
+y tendra lacayos colorados como ese Rey...
+
+--El cual, la verdad por delante, es la persona ms decente...
+
+--Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y
+el da menos pensado la voy a plantar a usted en la calle.
+
+--Laura!--exclam tmidamente D. Jos, ya acostado.
+
+--Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el
+alquiler. No quiero los en mi casa.
+
+--Los...? Quia!
+
+--Los, s; pues qu quieren decir las visitas del marqus de Saldeoro?
+Sabes quin es ese danzante?
+
+--Una persona decentsima, un caballero, un joven...--murmur Relimpio
+aletargndose.
+
+--Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas
+cosas, seorita doa Isidora. T, Relimpio, como eres tan alma de Dios,
+no te fijas; yo s. Ese marquesito, o lo que sea, vino aqu un da y
+estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvi a la semana
+siguiente, y la encerrona fue ms larga, te enteras? Despus sigui
+viniendo cada tres o cuatro das. Oh, cmo se le conoce en la cara a
+esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! T
+eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrs de la puerta a
+escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados;
+pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he odo rer, s,
+rer mucho, pero de qu...? Aqu hay algo, Relimpio; aqu hay algo.
+
+Don Jos, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a
+estarlo, murmur claramente estas dulces palabras, que salieron de sus
+labios envueltas en una sonrisa:
+
+Y qu guapa es...!
+
+--Quita all, quita, esperpento. Contenta me tienes!...
+
+--Nada, mujer; deca que D. Amadeo es una persona...
+
+--Quita, quita...!
+
+--Quia, quia...!.
+
+
+=--III--=
+
+Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al
+principio de la vida comn, fueron enfrindose poco a poco. Isidora no
+disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en
+posicin social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse.
+Se crea tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de
+prendas de vestir, de la eleccin de un color, flores o adorno
+cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdn
+compasivo. Estas pobres cursis--deca para s--de despepitan por
+imitarme, y no pueden conseguirlo.
+
+Algo de verdad haba en esto. Isidora tena una maestra singular y no
+aprendida para arreglarse. Con ella naci, como nace con el poeta la
+inspiracin, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo ms bello,
+sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, as como
+la destreza de sus manos para colocar sobre s misma cualquier adorno.
+Posea la rarsima aficin a la sencillez, que comnmente no se halla en
+las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la
+civilizacin primitiva o de la muy refinada cultura. Las nias de don
+Jos, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella,
+consultndole sobre todos los arreglos de trapos que hacan. Su pobreza
+les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de
+la sociedad, a excepcin de la jornalera, vistan de la misma manera, y
+como hay un verdadero delirio en los pequeos por imitar el modo de
+presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado
+de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un
+prcer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes,
+desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que ms de una vez dieron
+chasco a los poco versados en fisonomas y tipos matritenses.
+
+Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino,
+delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con
+un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una
+pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada da le tocaba a
+una sola nia salir a paseo con D. Laura. Mas a fuerza de trabajar, de
+desvelos y de casi inverosmiles economas, lograron vestirse y calzarse
+ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda,
+arreglados por ellas, bajo la inspeccin de Isidora, con despojos y
+reliquias de otros sombreros que conseguan de balde en una tienda para
+la cual trabajaban. Qu mujer no tiene sombrero en los aos que corren?
+Slo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavo;
+pero da llegar, al paso que vamos, en que tambin lo usen. La
+humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las
+confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi.
+
+Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las nias de D. Jos
+se habran horrorizado de que se les propusiera casarse con un hbil
+mecnico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doa Laura
+misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo
+pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que
+Emilia se casase con un mdico, de estos chicos listos que salen ahora,
+por cuya razn no vea con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a
+Leonor, a quien su madre supona dotada de un talento no comn, le
+vendra bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa as.
+
+En el paraso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana,
+tenan estas dos nias finas su crculo de mozuelos galanteadores y
+estudiantes y empleados de esas categoras nfimas que rayan en lo
+microscpico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando,
+particularmente Leonor, lo que ni en sueos podan tener; y como eran
+agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caan en el
+lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusin de
+clases en la moneda falsa de la igualdad.
+
+Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su
+madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara all de los Cuatro
+Evangelios que de la prxima ascensin del joven Relimpio a una posicin
+coruscante. Cmo no, si Melchor era, segn D. Laura, lo ms selecto
+del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la
+figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a
+la gloria o a la riqueza, Melchor deba empinarse ms que ningn otro
+porque tena la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era
+el primer fruto del matrimonio de D. Jos con D. Laura, y an decan
+malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su
+edad no pasaba de veintisis aos. Tena la barba negra, los ojos dem,
+el pelo dem, el entendimiento dem; mas su filiacin era difcil en lo
+tocante a la primera de estas seas personales, pues muy a menudo
+variaba la ornamentacin capilar de su cara; de modo que si este mes se
+le vea con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al ao
+siguiente apareca con bigote solo; despus con bigote y perilla, como
+si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la
+caprichosa inconstancia de sus pensamientos.
+
+Con ser primognito y hombre, era el Benjamn y el nio mimado de la
+casa. Todos los sacrificios parecan pocos, y se le haba acostumbrado a
+la humillacin de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirbanle
+D. Jos y D. Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o
+por misterioso intento de la Providencia, haba nacido del vientre de
+aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tena
+razn Melchor, y las nias podan carecer de lo ms preciso para que
+Melchor disfrutara de lo superfluo. Doa Laura coma mal o no coma para
+que su hijo fumase bien. A D. Jos se le negaba el vino en la mesa para
+que Melchor pudiese tomar caf y no hacer un mal papel entre sus amigos.
+En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de
+los padres. All, por el contrario, le hacan a D. Jos chaquetas de los
+gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de ste pasaban, despus
+de usadas, a decorar el cuello paterno.
+
+El bolsillo de D. Jos estaba siempre ms limpio que patena, porque era
+hombre tan derrochador que, si allegaba algn cuarto, cometa la vil
+accin de comprar castaas y sentarse a comrselas en un banco del
+Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera
+media docena de pesetas, reunidas por D. Laura, Dios sabe cmo, con mil
+apuros, con el enfermizo velar de las nias y el ahorro llevado a
+lmites increbles.
+
+Melchor haba seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo,
+tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no poda
+degradarse en oficios mecnicos y bajos menesteres. Darle carrera poco
+lucida habra sido contrariar sus altos destinos. Tena doa Laura un
+hermano, que era y es afamado ortopdico de Madrid, hombre que ha
+labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que
+Melchor, de quien era padrino, lleg a los quince, quiso llevarle
+consigo y ensearle aquel honrado oficio; pero tanto D. Laura como D.
+Jos consideraron esto como un insulto. Melchor ortopedista, arreglador
+de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan
+feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doa Laura oy las
+proposiciones de su hermano, no ya con indignacin, sino con asco. El
+joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tena su barniz
+literario, rease de su to el ortopdico. Slo la idea de ir a trabajar
+con l en aquella odiosa tienda le sublevaba. Cmo podan entenderse l
+y su to, l tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su to
+un hombre tosco y rudo que slo saba hacer suspensorios y cazar, un
+brbaro que llamaba _clusulas_ a las cpsulas, y que cuando se puso el
+primer tranva hablaba de la _tripulacin_ de los coches, en vez de
+decir trepidacin?
+
+Sali Melchor de la Universidad hecho, como deca Miquis, _un pozo de
+ignorancia_. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tena que
+quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna saba una
+palabra.
+
+Se trat entonces de _lanzarle_. Era un bonito bajel, recin hecho y
+pintado, al cual no faltaba ya ms que hacerle flotar en el mar sin fin
+de las ambiciones. El diputado por Monvar le consigui un destino en la
+Direccin de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entenda tanto
+como de cantar la epstola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho.
+Desgraciadamente pas algunos aos alternando entre colocaciones
+miserables y calamitosas cesantas. El joven se desesperaba, viendo la
+desproporcin grande entre su posicin real y la artificial, que se
+haba creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de
+vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la
+familia.
+
+No tena amor al estudio, porque oa decir constantemente que el estudio
+de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le haba
+suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de
+repertorio, por lo cual no era de los ms callados en los cafs.
+Disputaba sobre poltica, y aun meti su cuarto a espadas en ella,
+escribiendo en algn periodiquejo. Era de notar que siempre lo haca en
+tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus
+trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos
+cuartos.
+
+Fue colocado, y durante una temporada corta se dedic al espiritismo. Se
+le vea en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del
+Limbo, y lleg a adquirir esas convicciones tenaces que slo se
+encuentran en los proslitos de los sistemas ms absurdos. Muchas horas
+de la noche pasaba en su casa en ttrica conversacin con las patas de
+las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, segn l, le
+decan este y el otro espritu; y aunque tales majaderas no agradaban
+mucho a D. Laura, por ser remachada catlica, la bendita seora no le
+deca una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las
+telaraas de aquella ridcula doctrina.
+
+Pero pas el tiempo, y con l el espiritismo de Melchor, dejando el
+puesto a otros ideales ms prcticos. Vea transcurrir los aos sin que
+sus medios pecuniarios estuvieran en armona con sus pretensiones, ni
+con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era
+rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos,
+tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la
+fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las
+levitas sembr la desesperacin en el linaje humano.
+
+Padeca con esto Melchor horriblemente, y cada da sufra una
+humillacin nueva. El lujo de los dems le azotaba la cara. Paseaba.
+Por qu era suyo el cansancio y de los dems el coche? Por qu razn
+el senta el amor, y era otro el que tena la querida? Iba al teatro.
+Por qu era suya la aficin a la msica y ajeno el palco? Estas
+cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la
+fragua. Para colmo de pena, oa la historia de fortunas improvisadas. En
+el caf, en los crculos todos, se referan maravillosos cuentos, como
+los de magia. Aqu un pobrete audaz haba redondeado colosal ganancia en
+pocos meses. All una idea feliz, engendrando el ms pinge de los
+negocios, haba hecho poderoso al que un ao antes era mendigo. Mil
+agentes bullan en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas
+combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los
+servicios y las contratas, de que resultaban los nicos milagros del
+siglo XIX.
+
+Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las
+semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba
+a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrbalo de perlas D.
+Laura; trataba l de llevarlo a la prctica, y entonces, de las
+dificultades vena la muerte del plan y el engendro de otro.
+
+Primero tratbase de una cosa muy sencilla: Son habas contadas,
+mam--deca l. Consista en combinar un sistema de anuncios con un
+sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en
+ellas. El plan era soberbio. Producira millones, con tal que todos los
+tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los
+industriales facilitasen los anuncios. Ya se haba entendido l con un
+litgrafo que le hara las primeras tarjetas crmicas.
+
+A estas habas contadas sucedieron otras. Tratbase de una red de
+tranvas areos. El capital? Seguridad tena de encontrarlo cuando los
+banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad
+de millones que poda dar de s el negocio, y los tranvas areos se
+quedaron en los aires. Despus se trat..., tambin habas contadas...,
+de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fsforos, luego de
+montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros
+delirios y extravagancias.
+
+Entre tantas combinaciones no se le ocurri al joven Relimpio la ms
+sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesin u
+oficio, con lo que poda ganar, desde un peseta para arriba, cualquier
+dinero. Pero l fanatizado por lo que oa decir de fortunas rpidas y
+colosales, quera la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni
+conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la
+mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los das a que
+nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y
+grandsima confusin reinaba en su espritu. En su mente lo inverosmil
+luchaba en sombro pugilato con lo posible. Saldra de este batallar
+alguna idea grande, algn plan jams soado de otro alguno? Las visiones
+de la riqueza real se peleaban dentro de l con las imgenes del
+bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto ms
+revoltosos cuanto ms distantes de ser saciados.
+
+Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada,
+fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; pona los codos sobre la
+mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y as se
+quedaba media hora o ms en reposada meditacin. Si haba entrado
+fumando, que era lo ms probable, consagraba su atencin a curar,
+ennegrecer o _culotar_ (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de
+espuma de mar, empeo que le traa muy atareado a diferentes horas del
+da. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el
+caf oa ms de un elogio por la perfeccin e igualdad de ella. Hay
+orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era
+disculpable, porque la pipa iba parecindose al bano ms puro y
+reluciente, y el artista, despus de arrojar sobre ella,
+distribuyndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el
+pauelo, y se miraba despus en aquel espejo de azabache... Cuando
+conclua de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de
+donde no sala hasta la una del siguiente da.
+
+Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella
+hermosura tan ponderada por D. Laura parecale a ella ordinaria, y los
+modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas
+cualidades morales y mentales con que, en opinin de la familia, estaba
+agraciado por Dios, Isidora no comprenda nada. Parecale el ms
+desaforado holgazn, el ms brbaro egosta del mundo.
+
+
+
+
+Captulo IX
+
+Beethoven
+
+
+=--I--=
+
+El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro,
+es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas seoriales
+construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de
+que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde
+o temprano se fijara el Rey en otra parte, hacan, en vez de casas,
+enormes pabellones o tiendas de campaa, empleando en vez de lienzo y
+tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artstica de tales
+caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades
+interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los
+seores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya
+en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces.
+
+La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior,
+fuera de su puerta almohadillada, por la cual entraran sin inclinarse
+los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular.
+Interiormente conserva bastantes obras de mrito, como tapices, muebles
+y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo
+extraordinario. El abandono en que sus dueos la tienen ntase desde la
+puerta al tejado, pues aunque todo est en orden y bien defendido de la
+polilla, hay all olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo
+que quieran los que se empean en que ha de ser bueno todo lo que no es
+moderno, el inters artstico de los salones de Aransis no pasa de
+mediano.
+
+Desde el 63 todo estaba cerrado all; slo se abra los das de
+limpieza. La casa tena por habitantes el silencio, que se aposentaba en
+las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueo, y la
+obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la
+luz meta sus dedos de rosa, araando las tapiceras. De noche, ni
+ruido, ni claridad, ni espritu viviente moraban all.
+
+Un da de otoo del 72 alegrose de sbito el palacio; abrironse puertas
+y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media
+docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dorma sobre los
+muebles. Luego sucedi traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y
+preparacin de luces. En medio de este alboroto, oanse las notas
+sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al da
+siguiente, hubo estruendo de bales descargados, oficiosa actividad de
+lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal
+inmenso, desnudo, vaco. Una seora de cabello entrecano y gallarda
+estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trmula de fro, subi la
+escalera, dando el brazo a un seor cacoquimio, y pas de pieza en
+pieza, sin parar hasta aquella donde deba reposar del viaje.
+Acompabanla, adems del seor cacoquimio, un jovencito como de catorce
+aos, que llevaba tras s, atado de una cadena, un enorme perro negro, y
+cerraban la comitiva dos criadas jvenes y guapas, que no tenan facha
+de gente espaola.
+
+La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, viva de asiento en Pars, en
+Londres durante la temporada o _season_, parte del verano en un puerto
+de Bretaa, y algunos inviernos sola venir a Espaa para templar su
+salud, no muy buena, en el clima de Crdoba, donde tena casa y
+posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco das, de paso para
+Crdoba o Granada. Aquel ao efectuaba su viaje a fines de septiembre, y
+mostrndose, sin saber por qu, menos cariosa que otras veces con su
+patria, haba dicho al entrar en la casa: Esta vez no estar sino tres
+das. Era lunes.
+
+Descans hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompaaba se
+puso al piano para tocar dificilsimos ejercicios, y no lo dej hasta la
+hora de comer. Recibi luego la seora muchas visitas, comi con el
+seor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salom, el
+apoderado de la casa y dos personas ms, y retirose a su alcoba despus
+de rezar mucho.
+
+Emple casi todo el da siguiente en devolver visitas y se encerr a las
+cuatro. No quera recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la
+repela arrojando sobre su alma una sombra triste y lgubre, y al mismo
+tiempo la llamaba a s y la retenan los amorosos recuerdos. Lleg la
+temprana noche. La marquesa haba resuelto abrir el cuarto de su hija
+difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve aos
+antes. En tan largo espacio de tiempo no haba permitido la madre que
+fuese abierta por nadie la fnebre alcoba; no haba querido abrirla ella
+misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero
+en aquella ocasin decidiose a quebrantar su propsito. Ya desde Pars
+haba trado la idea de realizar aquel acto tristsimo. Su deseo
+proceda de una piedad entraable, del temor mismo, que a veces nos
+estimula robando su aguijn a la curiosidad.
+
+Lo abrir esta noche--, pens dando un gran suspiro, y despus de
+comer se traslad a un hermoso gabinete, la mejor y ms rica pieza de la
+casa. En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba
+maana y tarde el jovencito que haba venido con la seora; en otro el
+espejo de la gran chimenea reproduca con misteriosa indecisin la
+cavidad adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos
+cortinas, pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa,
+puerta en la cual se echaba de menos un epitafio.
+
+De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mrito y algunos
+retratos de seores de antao, de esos que estn metidos en cincelada
+armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, seal de
+mando. Los muebles no eran de lo ms moderno. Pertenecan a los tiempos
+del tis y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su
+afectada estructura griega la disolucin de los Quinientos y los
+_senatus consultus_ de Bonaparte. Aunque no haca fro, la humedad de la
+desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea.
+
+El joven, ms bien nio, entr jugando con el perro, a quien llamaba
+_Sal_.
+
+No alborotes, hijo--indic la seora, molesta por el ruido--; deja en
+paz a _Sal_.
+
+Poco despus estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y
+pareca un len de bano. Su hermosa cabeza destacbase soberbia,
+inteligente, a un tiempo cariosa y fiera, sobre el ramaje de colores de
+la alfombra, y sus ojos devolvan en chispas vivsimas la lumbre de la
+chimenea.
+
+Trat de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo
+haca, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al
+fin son el chasquido de la metlica lengua al recogerse. Empujada,
+cedi la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostr el mbito
+negro, del cual sala un aliento de humedad estacionada, que se nutre de
+las tinieblas, de la quietud, de la soledad.
+
+La marquesa, que se haba detenido en el umbral, paralizada del temor y
+respeto que aquel interior, no abierto en nueve aos, le infunda,
+retrocedi un instante; tom una de las dos lmparas que en el gabinete
+haba, y resuelta, con devocin y nimo, penetr en la habitacin, cuya
+puerta de par en par abri.
+
+Hija de mi alma, ya te hemos perdonado--murmur a manera de rezo, al
+dar los primeros pasos.
+
+En el centro haba una mesa, sobre la cual dej la seora la lmpara.
+Sentose en un silln junto a la mesa, y cruzando las manos empez a
+llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la
+estancia, los muebles y cortinas, y fijndola en algunos con la saa que
+a veces emplea contra s misma el alma dolorida. La sed de ver se nutra
+del temor de ver, englobndose uno en otro, miedo y apetito, para que el
+alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyronse las
+notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y
+sencillo de escaso inters musical, pero que semejaba una advertencia,
+el _rase una vez_ del cuento maravilloso.
+
+La marquesa no haca caso de aquella msica que estaba cansada de or.
+Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenmeno de agilidad y
+de buen gusto. Haba sido discpulo y era ya mulo de los primeros
+pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al
+muchacho a estudiar diez horas al da. Sin hacerle caso aquella noche,
+ni aun darse cuenta de lo que el nio tocaba, la ilustre seora,
+solicitada de otros pensamientos y emociones ms crudas y reales que las
+que produce la msica, segua mirando todo. No haba visto aquellos
+objetos desde el da en que expir su hija. La muerte estampaba su sello
+triste en todo. La falta de luz haba dado a la tela de los muebles
+tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido
+sobre todo una neblina spera y gris que no poda ser tocada sin
+estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permaneca un jarrn con
+flores que fueron naturales y frescas nueve aos antes. Eran ya un
+indescriptible harapo crdeno, que al ser tocado, caa en partculas
+secas y sonantes, como los despojos de cien otoos. En los muebles
+finsimos de caprichosa construccin, los dorados se haban vuelto
+negros. Un armario ropero de triple luna tena las puertas
+entreabiertas, y de su seno de cedro se vean salir desordenados
+vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riqusimos, todo ajado y
+descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que pareca
+prximo a caer; si se le tocaba, en menudas partculas como las flores
+de antao. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumera podrida y
+descompuesta por la vejez, sala de aquellos despojos. Veanse tambin
+por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un
+cors cuyo cordn suelto describa rbricas por el suelo.
+
+Mirando esto, la marquesa record el ms triste detalle de aquel da
+triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyndose bien por una de
+esas raras alucinaciones del temperamento, que son la ms tremenda
+irona de la muerte, haba tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en
+aquel instante engaosas fuerzas, se haba vestido con febril ansiedad
+diciendo que ya no estaba mala y que ira al teatro aquella noche.
+Despus haba sentido de sbito como una pualada en el corazn, y cay
+al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron
+arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y
+poco despus dej de existir.
+
+Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llev a la marquesa a
+contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato
+de mujer, en cuyo agraciado rostro haca contraste la sonrisa de los
+labios frescos con la melancola de los ojos pardos, debajo de las cejas
+ms galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresin de
+enamorada y de burlona, y all se echaba de ver el sentimiento hondo y
+fuerte, mal disimulado con la hipocresa de un carcter superficialmente
+picaresco.
+
+La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. Era tan parecido; era la
+pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distincin,
+elegancia y gracia del original! Qu admirable aquella circumpostura
+del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval,
+antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! Qu palidez tan
+encantadora! Qu armona entre lo enfermizo y las inexplicables
+seducciones! Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qu
+airosa, qu viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon
+en un murmullo de dolor estas palabras:
+
+Pobre hija ma! Pobre pecadora!.
+
+Y diciendo esto, levantose de la caja del piano prximo un murmullo
+vivo, que pronto fue un lamento, expresin de iracundas pasiones. Era la
+elega de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de
+estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se
+trocaban en los acentos ms patticos que pudiera echar de s la voz
+misma de la desesperacin. Una sola idea, tan sencilla como
+desgarradora, apareca entre el vrtigo de mil ideas secundarias, y se
+perda luego en la ms caprichosa variedad de diseos que puede concebir
+la fantasa, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono
+menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se
+presentaba baada en luz resplandeciente. El da suceda a la noche y la
+claridad a las sombras en aquella expresin del sentimiento por el
+rgano musical, tanto ms intenso cuanto ms vago.
+
+De modulacin en modulacin, la idea nica se iba desfigurando sin dejar
+de ser la misma, a semejanza de un histrin que cambia de vestido. Su
+cuerpo subsista, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el
+matiz duro de la constancia; a veces, en sus trmolos la vacilacin y la
+duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el
+sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y
+guerrera en las altas octavas dobles, proclamndose vencedora y rebelde.
+Sentase despus acosada por bravo tumulto de arpegios, escalas
+cromticas e imitaciones, y se la oa descender a pasos de gigante,
+huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyrase que todo iba a
+concluir; pero un soplo de reaccin atravesaba la escala entera del
+piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocan, como se
+reconocan, como se reconocern y juntarn los huesos de un mismo
+esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo
+triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de
+otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: Yo fui
+pasin, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui tambin arrepentimiento,
+expiacin, redencin, luz y Paraso.
+
+
+=--II--=
+
+La marquesa, que no haba dejado de mirar el rostro de su hija hasta que
+las lgrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvi a rezar, y mientras
+pronunciaba una oracin especialmente consagrada a las nimas, pensaba
+as:
+
+Dios te habr perdonado, pobre alma querida, como te perdon yo.
+
+Y empez a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como
+reflejo del cario herido, otros punzantes y terribles como la imagen
+del honor vulnerado. Record que si las faltas de la hija haban sido de
+estas que en los trminos sociales no tienen excusa, la severidad de la
+madre haba sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa
+sinti algo que podra llamarse el remordimiento del deber. Haba sido
+cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se
+hicieron pblicas, puso a la seora a punto de morir de indignacin y
+vergenza. Qu bien recordaba esto, y cmo se renovaban su iras con las
+memorias, enardecindole la sangre! Ella entonces encerr a su hija, con
+todo el rigor que la palabra indica. Habala recluido en aquella
+habitacin, de donde no sala nunca, ni tena comunicacin alguna con el
+exterior. Vivi como emparedada seis meses. De que muri? No se saba
+bien. Muri de encierro, y fue vctima de la inquisicin del honor.
+
+Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba
+forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social,
+por las manos duras de la religin. No caban en ella las viles
+condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la
+civilizacin. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permita
+engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella
+ms que lo preciso, sin usar jams frase cariosa ni vocablo atento. La
+buena seora recordaba, como se recuerda la impresin de una quemadura,
+estas palabras de fuego dichas por su hija el da antes de caer enferma:
+Mam, mtame con cuchillo; no me mates con tus miradas.
+
+De sbito la enfermedad, incubada perezosamente, estall,
+desarrollndose con rapidez en seis das. Desde el primero anunciose un
+fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedi al instante, como el
+hielo que se funde. Qu bien recordaba, al cabo de nueve aos, la
+expresin de la cara del mdico, las medicinas, los antojillos de la
+enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya peda flores,
+ya helados que no haba de tomar. De pronto peda todos los libretos de
+pera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran
+parte del almacn de msica de Romero. Pjaros, pjaros.... Le
+llevaron media plaza de Santa Ana. Oh! Tengo que contestar tantas
+cartas...! Y se pona a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que
+eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla ms pronto de
+raz, se alimentaba su fiebre galopante.
+
+Moriste como una pobre mrtir--pens la marquesa, rezando otra vez--.
+Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa
+imagen de Nuestro Redentor.
+
+Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La
+frase tena un segundo miembro. Bien podra creerse que un alma dolorida
+preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz
+celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza.
+Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armnico tena
+cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase meldica. A
+esta seguan remedos, ahora plidos, ahora vivos, sombras diferentes que
+iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las
+sabias formas labernticas del canon sucedieron a la sencillez soberana,
+de donde result que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos
+ejemplares de una misma cosa formbase un bello trenzado de peregrino
+efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio,
+juntando los encantos de la mstica pura a los retrucanos de la
+erudicin teolgica. Bruscamente, una modulacin semejante a un hachazo
+variaba, con el tono, el nmero, el lenguaje, el sentido. Estrofa
+amorosa, impregnada de candor pastoril, apareca luego, y despus el
+festivo rond, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y
+esfuerzos de gimnasta. Enmascarndose festivamente, agitaba cascabeles.
+Se suba, con gestos risibles, a las ms agudas notas de la escala, como
+sube el mono por una percha; descenda de un brinco al pozo de los
+acordes graves, donde simulaba refunfuos de viejo y groseras de
+fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos
+burlescos del muchacho herido, y saltaba de sbito pregonando el placer,
+el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos.
+
+Abriendo el pupitre de un escritorio de bano, la marquesa revolva
+papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y teman encontrar
+las cosas; fijronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto
+algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectculo de
+oprobio. Se quemar todo esto--dijo poniendo a un lado el paquete
+execrable. Despus hall un pliego en que estaba empezada una carta. La
+enferma haba tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas,
+las dejaba. En algunas slo se vean deformes garabatos, hechos al
+rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban
+ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algn
+papel la melancola haba repetido muchas veces una misma palabra,
+trazndola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta
+ser como puntos.
+
+Se quemar todo--volvi a decir la marquesa, haciendo un montn de lo
+que se destinaba a la hoguera.
+
+Revolviendo ms, encontr un retrato. La seora puso muy mala cara al
+verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvi a mirar la aborrecida
+imagen, porque el odio tiene tambin sus embebecimientos. No bastaba
+destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo.
+La marquesa rompi en menudos pedazos el retrato.
+
+Cmo se rea entonces Beethoven! Su alegra era como la de Mephisto
+disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de
+lgrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no pona
+atencin y segua rebuscando.
+
+Qu ser esto?--pens al tomar un paquetito atado con cinta de color
+de rosa.
+
+Desdobl el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que deca:
+Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por m.
+
+La marquesa lloraba de nuevo. Su mano hall al instante un paquete ms
+chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequea, con un papel que deca:
+Para mi nio, que hoy cumple cinco aos. 12 de abril de 1863. Deseo que
+sea bueno y piense en m.
+
+La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudi el perro negro y
+puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirndola de hito
+en hito con sus ojos negros y cariosos, a cuya dulzura nada poda
+compararse. Dej de orse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su
+mundo de sentimientos y de formas, desapareci en el silencio como una
+viva luz tragada por las tinieblas. Acudi el nio msico, y asustado de
+ver a la seora tan afligida, le pregunt la causa de su duelo. La
+marquesa le bes en la frente, le tom despus la mano, busc en ella un
+dedo...
+
+Es para m esa sortija?--pregunt el muchacho.
+
+--Para ti. Quizs sea demasiado pequea... Pero en el meique bien puede
+entrar. Ya est. No la pierdas.
+
+--Es regalo tuyo?
+
+--S.
+
+Y poco despus se volva a cerrar la triste alcoba, y retirndose
+personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristsima. Y al
+da siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron
+con chisporroteo, que pareca una protesta contra la Inquisicin,
+papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas.
+Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro
+presenciaba con atencin solemne aquel acto, retratando en sus pupilas
+de endrina la llama movible que se coma, sin hartarse, las pginas del
+ignorado drama. Cuando la llama se extingua, lamiendo las ltimas
+cenizas, _Sal_ bostez con soberano fastidio.
+
+Y no hubo ms. El piano son tambin casi todo aquel da, y al siguiente
+la seora marquesa, acompaada del caballero cacoquimio, del nio
+msico, de las dos criadas extranjeras y del perro, parti para Crdoba;
+y el casern de Aransis se qued otra vez solo, fro, obscuro, mudo,
+como inagotable arca de tristezas que, despus de saqueada, conserva an
+tristezas sin nmero.
+
+
+
+
+Captulo X
+
+Sigue Beethoven
+
+
+El casern, no obstante, tena su alegre nota. Como la voz del grillo en
+una grieta del sepulcro, as era la voz del conserje Alonso, cantando
+peteneras en su habitacin cercana al portal y en el patio. Era un
+hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Viva all con su
+mujer enferma, de la cual no tena hijos, y la mitad del da se la
+pasaba trabajando en carpintera, por pura aficin, bien haciendo marcos
+de lminas, para lo que tena especiales aptitudes, bien arreglando
+muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qu
+funciones haba desempeado en la casa en su juventud. Creemos que fue
+montero, porque siempre acompaaba al marqus de Aransis en sus
+excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la
+desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino
+sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros
+aada una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de
+conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis.
+Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que queran colocar su
+dinero en fondos pblicos. Y ved aqu un banquero que pasaba horas
+largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y
+chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de
+inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en
+Madrid.
+
+Estaba una maana el buen hombre en el patio, cuando se abri la puerta
+y aparecieron tres personas. Una de ellas salud con mucha afabilidad a
+Alonso, el cual dijo as:
+
+Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer
+tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas
+distraidillo.
+
+--Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... Y cmo est
+Rafaela?Qu tal va con las pldoras?
+
+--Pues no va mal. Hoy, como est el da tan bueno, le dije: Anda,
+mujer, anda a que te d un poco el aire. Y con efecto, ha salido. Ya
+sabes que un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Har
+dinero, porque estos catalanes saben ganarlo. No le has odo nombrar?
+Juan Bou, litgrafo. Est viudo; necesita quien le ayude a arreglar su
+casa..., y con efecto, Rafaela ha ido all... Es calle de Juanelo. Yo
+deba haber ido tambin, y con efecto...
+
+--Con efecto--dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo--,
+venamos... Ya me parece que habl a usted de ello la semana pasada.
+Estos dos amigos, esta seorita y este caballero, desean ver el palacio
+de Aransis. Cuentan que es tan hermoso....
+
+Alonso era complaciente. Entr en su vivienda, sac un manojo de llaves,
+y sealando la escalera, dijo con formas respetuosas:
+
+Pasen los seores. Vern lo que hay.
+
+Miquis, presentando a los que le acompaaban, no pudo reprimir sus
+instintos de malignidad zumbona, y habl as con afectada finura:
+
+El Sr. D. Jos de Relimpio y Sastre, consejero de Estado!.
+
+Don Jos se inclin turbado, sin atreverse a contestar.
+
+Y su sobrina, la seorita de Rufete, que acaba de llegar de Pars....
+
+Isidora mir a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se
+atrevi a seguir. El conserje ech una mirada a la poco flamante levita
+de D. Jos y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse
+completa armona entre el vestido y las personas. O quizs, hecho a las
+burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones.
+Subieron.
+
+Esto es del gnero Luis XV--dijo con nfulas de cicerone instruido,
+ensendoles la primera sala--. La decor el seor marqus viejo. Aqu
+todo es antiguo.
+
+Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como
+descontenta de s misma, se ha convenido en que slo lo antiguo es
+bueno, Miquis, que haca el papel de artista magistralmente, empez a
+manifestar esa admiracin lela de viajero entusiasta, y a lanzar
+exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedndose
+una buena pieza de tiempo con la boca abierta.
+
+Esto es maravilloso--deca--. Vaya con las patitas de las consolas...
+Qu elegancia de curvas! Y esas cortinas con amorcillos y
+guirnaldas?... Pero dnde llega el techo...! Mara Santsima! Yo me
+estara toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos nios
+que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. Jos, en
+que hoy por hoy no se hacen ms que mamarrachos. Aqu tenemos un saln
+que usted deba tomar por modelo para el palacio que est usted
+construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted all una pieza
+tan grande; pero mucho se puede hacer todava mandando tirar algn
+tabique.
+
+Don Jos le daba con disimulo codazos y ms codazos para que cesara en
+sus burlas. Tambin Relimpio crea de su deber honrar la casa que
+visitaban, embobndose de admiracin y lanzando interjecciones cada vez
+que el bueno de Alonso sealaba un espejo, un cuadrito o el biombo de
+cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara.
+
+Y a ti, Isidora, qu te parecen estas maravillas?--prosigui Augusto,
+cuando pasaban a otra sala--. Probablemente no te llamarn mucho la
+atencin, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de
+aquel Pars... Mira, mira estos retratos de caballeros y seoras de los
+siglos XVI y XVII... Qu nobles fisonomas! Aquel que empua un canuto,
+semejante a los de los licenciados del ejrcito, debe de ser algn
+guerrero ilustre. Vaya unos nenes! Aquella seora de empolvado pelo,
+cun hermosa es y qu bien est dentro de su tonelete! Y aquella
+monja?...
+
+--Es el retrato de sor Teodora de Aransis--indic Alonso con respeto--,
+superiora del convento de San Salom, donde muri ya muy anciana y en
+olor de santidad hace diez aos.
+
+--Guapa monja! Qu tal, D. Jos?.
+
+Don Jos dijo al odo de Miquis:
+
+Si pestaeara!....
+
+Pasaron de sala en sala, cada vez ms admirados; Miquis, enftico y
+grandilocuente; D. Jos, repitiendo como un eco las exclamaciones de su
+amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraos a las
+emociones del arte; mirndolo todo con cierta ansiedad mezclada de
+respeto, que ms bien pareca el devoto arrobamiento que inspiran las
+reliquias sagradas.
+
+Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan
+delante Alonso e Isidora, D. Jos se lleg a Miquis y en voz baja le
+dijo:
+
+Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: Lo que es el mundo!...
+Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad
+que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir
+en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una
+revolucin grande, atroz.
+
+--Eso digo yo, Sr. D. Jos. Por qu todo esto no ha de ser nuestro? A
+ver, qu razn hay? Qu pecado hemos cometido usted y yo para no vivir
+aqu?
+
+--Justamente: ese es mi tema.
+
+--Hay que decir las cosas muy claritas.
+
+--Que venga esa revolucin, que venga. Somos iguales, s o no?
+
+--S--afirm Miquis con acento de Mirabeau.
+
+--As es que yo no me explico....
+
+La mente de D. Jos caa en un mar de confusiones, hundindose ms a
+medida que vea ms objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir
+emitiendo juicios muy filosficos sobre aquella revolucin prxima,
+cuando Miquis acert a ver el piano. Verlo, correr hacia l, abrirlo,
+hojear los papeles de msica, y dar con su dura mano un acorde en la
+octava central, fue cosa de un instante.
+
+Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo
+revuelto, lo obscuro, tena algo de mar; all estaba su turbulento genio
+escondido debajo de mil lneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que
+parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rtmica hinchazn de
+las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difciles,
+slo es dado navegar al msico experto. Tambin estaba all la nave,
+admirable construccin de Erard. No faltaba ms que el piloto, el
+msico, el intrprete, bastante hbil para lanzarse al abismo con nimo
+valeroso y manos seguras. Miquis senta la inspiracin en su mente; pero
+sus dedos, tan adiestrados en la ciruga, apenas acertaban a manejar
+torpemente algunas teclas, esto es, que no saban apartarse de la
+orilla.
+
+Pero toc. Apenas poda leer la enmaraada escritura del autor de
+_Prometeo_. Los sonidos equivocados, que eran los ms, le desgarraban
+los odos. El tono era difcil, y anunciaba sus asperezas una sarta de
+infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para
+alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su
+anhelo, de su furor msico, Miquis tocaba. Pero qu sonidos roncos, qu
+acordes sesquipedales, qu frases truncadas, qu lentitud, qu tanteos!
+Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesa sublime fuera rebajada
+a pueril aleluya.
+
+En tanto, Alonso abra la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral
+de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona
+muerta all nueve aos antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la
+quema de papeles, de la piedad de la seora marquesa...
+
+Y con efecto--aadi tocndose la punta de la nariz con la dem del
+dedo ndice--; dicen, y yo estoy en que ser verdad, que para el ao que
+viene se har aqu una capilla... Qu guapa era la seorita! No es
+verdad?.
+
+Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lstima;
+Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas
+femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual creca,
+dndole tantas congojas, que retir su vista del cuadro y se apart de
+all para no dar a conocer lo que senta.
+
+Ninguno de los presentes conoca el secreto de su vida. No quera
+confiarlo a D. Jos, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por
+excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al
+saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis haba estado en Madrid
+tres das y que ella, por ignorarlo, no se haba presentado a la noble
+seora. Qu contrariedad tan penosa! Pasados algunos das, como
+sintiese cada vez ms vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no
+quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se vali de Miquis,
+cuya amistad con el guardin de la casa le era conocida. Qu da aquel!
+Todo cuanto all vio le haba causado profundsimas emociones; pero el
+retrato, cielos piadosos!, habala dejado muerta de asombro y amor.
+
+Si pestaeara!--dijo para s aquel calavern incorregible de D. Jos
+Relimpio--. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonoma no me es
+desconocida.
+
+Alonso segua dando noticias discretas y mostrando algunas
+preciosidades, a lo que atenda con mucha urbanidad el padrino de
+Isidora. Pero esta no vea ni oa nada. Se haba quedado de color de
+cera, y temblaba de fro. Por un instante sintiose a punto de perder el
+conocimiento, y a su turbacin unase, para hacerla ms honda, el miedo
+de darla a conocer ridculamente. Se sent; hizo firme propsito de
+serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz msica de Augusto le
+rompa el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo
+lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y
+recin castigado.
+
+Msica alemana, eh?--indic Relimpio con airecillo de suficiencia--.
+Seor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba...
+
+--Pobre Beethoven mo!--exclam el estudiante dejando de tocar y
+haciendo un gesto de desesperacin--. Qu lejos estabas de caer entre
+mis dedos!
+
+--Me parece que debemos marcharnos--dijo el tenedor de libros ofreciendo
+un pitillo a Alonso, que respondi: No lo gasto--. Nos vamos,
+Augusto?
+
+--A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la
+embajada inglesa....
+
+Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de
+paso lo que ya detenidamente haban admirado. Isidora se qued atrs.
+Qu ansiosas miradas! Sin duda queran recoger y guardar en s las
+preciosidades y esplendores del palacio... Cuando lleg a la ltima sala
+se oprimi el corazn, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras,
+sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambicin, exclam:
+Todo es mo!.
+
+
+
+
+Captulo XI
+
+Insomnio nmero cincuenta y tantos
+
+
+Qu hermoso palacio, Dios de mi vida! Cunto habr costado todo
+aquello! Pensar que es mo por la Naturaleza, por la ley, por Dios y
+por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios
+no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie despus
+mejor el bien que me destina. Si as no fuera, Dios hubiera hecho que yo
+me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazn no puede
+engaarme, el corazn me dice que cuando yo me presente a ella, cuando
+me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi
+verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi
+abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lgrimas. Es tan
+buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, qu fiel y honrado
+parece!... Siempre, siempre seguir en la casa, con su pata de palo, que
+va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles estn en regla. Debo
+tomar el tren y marcharme a Crdoba. Y con qu dinero, Virgen
+Santsima? Vaya, que mi to se porta... Tantas promesas y tan poca
+substancia. Ah! Seor Cannigo, cmo se conoce la avaricia! Temo
+presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no estn
+decentes, ya mi vestido est muy _cesante_, como dice _la
+Sanguijuelera_. Tanta vergenza tengo de m, que quisiera no hubiese
+espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la
+una. Yo debera dormirme. Si Dios quisiera darme un poquito de
+sueo!... Me volver de este otro lado.
+
+Ya siento un poco de sueo. Detrs de los ojos noto pesadez... Si no
+fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha
+pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueecito, ven... Pero cmo he de
+dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja,
+dolindome. Est visto, no me dormir hasta las dos. Pobre, infeliz
+hermano! Qu afrenta tan grande para m y para l! No, mientras esto no
+se arregle y Mariano salga de la crcel no dir una palabra, no dar un
+solo paso, no ver a mi abuela... Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer,
+infeliz mil veces! Cmo quieres dormir con tanta culebrilla en el
+pensamiento? Aqu, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual
+una madre grande y enroscada est pariendo sin cesar... El palacio, mi
+abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego
+aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme ms... Qu hermosos,
+qu divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareci
+verla viva, que me miraba y se rea, dicindome cosas de esas que se les
+dicen a los hijos. Madre querida, mndame un beso y con l un poco de
+sueo. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar
+de mi cabeza tanta y tanta cosa. Si se lograra dormir cerrando mucho
+los ojos; si se pudiera olvidar apretndose las sienes!... Me volver de
+este otro lado. Para qu, si al instante me he de cansar tambin? Ms
+vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contndome cuentos.
+Jess, qu negro est mi cuarto! Si no duermo, vale ms que encienda
+luz y me levante, y abra el balcn y me asome a l... Pero no, tendr
+fro, me constipar, coger una inflamacin, una erisipela. Ay, qu
+horror! Me pondr tan fea..., y es lstima, porque soy tan guapa, me
+estoy poniendo... divina! Aqu, recogida una en s, y en esta soledad
+del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una
+decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se
+le dicen nunca. Qu hermosa soy! Cada da estoy mejor. Soy cosa rica,
+todos lo afirman y es verdad... Dios de mi vida, las dos! Este
+chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su
+pipa. El asno bonito se acuesta...Las dos, y yo despierta!...
+
+Qu silencio en la casa! Me volver de este otro lado... Oh!, qu
+calor tengo! Me deslizar a esta otra parte que est ms fresca. Tengo
+un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, pues no me estoy
+riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santsima,
+sueo, sueo, olvido... Esta es otra; por qu me palpita el corazn? Lo
+mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido,
+este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... Jess, madre
+ma! Qu siento? Pasos en mi cuarto! Alguien ha entrado!... Ah!, no,
+no hay nada: es como una pesadilla... Cmo sudo, y qu sudor tan fro!
+Si al menos me durmiera! Pero cmo, si el corazn sigue palpitando
+fuerte?... Tengamos serenidad. Corazn, estate quieto. No bailes tanto,
+que me dueles... Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... Qu
+cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el
+pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, por
+qu no he de tener yo talento? S que lo tengo. Eso, antes que los
+dems, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mam ma, no has
+echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que
+salga de esa maldita crcel, que se afine, que se pulimente, que se
+instruya... Dios me valga! Las tres!
+
+Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo.
+Dar otra vuelta y cerrar los ojos; los apretar aunque me duelan...
+Por qu no puedo estar quieta un ratito largo? Qu es esto que salta
+dentro de m? Ah!, son los nervios, los pcaros nervios, que cuando el
+corazn toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. Qu suplicio! Me
+muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, qu
+hermoso ser! Cundo vers en ti, garganta ma, enroscada una serpiente
+de diamantes, y t, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan,
+sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro,
+el trtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ah estn
+esas cursis de Emilia y Leonor... Cmo me agradan los terciopelos y las
+felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro
+con hojas de Otoo resulta lindsimo... El buen gusto nace con la
+persona...
+
+Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el
+sueo. Al fin descansar: bien lo necesito... Ya llegan los convidados,
+mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran
+ya. Cunta sonrisa, cunto brillante, qu variedad de vestidos, qu
+bulla magnfica! y... en fin, qu cosa tan buena! Hay una tibieza en el
+aire que me desvanece; me zumban los odos, y en los espejos veo un
+temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha
+de morirse, porque no hay ms remedio, que se muera aqu. Jess, qu
+cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiracin. Eso bien se conoce.
+Acaba de llegar Joaqun y se dirige hacia m... Qu campanas son estas?
+Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, s estoy en mi
+cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me
+volver de este otro lado...
+
+El tal marqus viudo de Saldeoro est loco por m; pero no ser tonta,
+no le dar a conocer que me gusta... Y cmo me gusta!... En fin,
+suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. Soy acaso como esas
+cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se
+rinde el corazn sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es
+indiferente y el marqus viudito te encanta, no des a entender tu
+preferencia... Los hombres! Ah!... que se fastidien. Se dice que son
+muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo
+que ambiciono para marido; y l me jura que lo ser... Jess, qu cosa
+tan buena! Qu hermosa figura, qu modales, qu manera de vestir tan
+suya...! Pero yo me pregunto una cosa: dir que me quiere porque sabe
+que voy a ser riqusima?... Mucho cuidado, mujer; no te fes, no te
+fes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para
+ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo
+aceptara... Humillarme yo!... Antes morir... Las cinco, Virgen del
+Carmen, y yo despierta!
+
+No quiero pensar en Joaqun, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en
+mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meter la
+cabeza debajo de la almohada. Ah!, esto me da algn descanso... Hace
+dos semanas que no veo a Joaqun, y me parece que hace mil aos. Estuve
+tan fuerte aquel da!... Me fing tan incomodada! Verdad es que l fue
+atrevido, atrevidsimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se
+hace... Estaba fuera de s. Qu ojos, qu fuerza la de sus manos! Pero
+qu seria estuve yo!... Con cunta frialdad le desped..., y ahora me
+muero porque vuelva... Jess, acaban de dar las cinco y ya dan las
+seis! Esto no puede ser. Ese reloj est borracho... Tengamos calma.
+Siento mucho sueno. Al fin el cansancio me har dormir. Si yo no
+pensase... Qu felices deben de ser los burros!... Firme, mujer;
+mientras ms apasionado est Joaqun, ms fra y tiesa t... Ya siento a
+D. Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto.
+Es de da y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi
+cabeza, los doy, Seor, por un poco de sueo. Seor, dame sueo y djame
+tonta...
+
+Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto
+empezarn los pregones. Maana, qu digo maana?, hoy es mircoles, 17.
+Recibir carta y libranza de mi to? Mi to no es; pero as le llamo.
+El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doa Laura rie con la
+criada... Maldita sea D. Laura! El da en que tenga con qu pagar a
+esa mujer feroz, ser el ms alegre de mi vida... Las siete ya! Quiero
+dormir, aunque no despierte ms. Esta cama es un potro, un suplicio. Si
+dentro de un rato no duermo, me levantar. No puedo estar as. En mi
+cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. Si se
+morir la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte ser un
+despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. Cmo entra
+el sol por mi cuarto! El pcaro va derecho a iluminar mis pobres botas,
+que ya no sirven para nada. Tambin da de lleno en mi vestidillo para
+hacerle, con tantsima luz, ms feo de lo que es. Qu miserable estoy,
+Dios mo! Esto no puede seguir as; no seguir. Voy a escribir a mi to,
+a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaqun... Las ocho, Dios de mi vida!
+Me levanto. Dormir maana a la noche.
+
+
+
+
+Captulo XII
+
+Los Peces (sermn)
+
+
+=--I--=
+
+Dijo tambin Dios: Produzcan las aguas reptiles de nima viviente...
+
+Y cri Dios las grandes ballenas, y toda nima que vive y se mueve, que
+reprodujeron las aguas segn sus especies... Y vio Dios que era bueno.
+
+Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la
+mar...
+
+(_Gnesis_, cap. I, versculos 20, 21 y 22.)
+
+Amados hermanos mos: Feliz mil veces _la postrera de las tierras hacia
+donde el sol se pone_, esta nuestra Espaa, que concibi en su seno y
+crio a sus pechos a D. Manuel Jos Ramn del Pez, lumbrera de la
+Administracin, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la
+poltica, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos
+cofradas, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipan, indispensable en
+las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para
+acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un
+emprstito, la nariz ms fina para olfatear un negocio, servidor de s
+mismo y de los dems, enciclopedia de chistes polticos, apstol nunca
+fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio
+de nuestra gloriosa apata nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar
+reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeador mayor
+por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que
+vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque
+ms que hombre es una generacin, y ms que persona es una era, y ms
+que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y
+compendio de una media Espaa.
+
+Don Manuel Jos Ramn Pez andaba, en la poca a que se refiere este
+nuestro panegrico, entre los cincuenta y los sesenta aos. Desde su
+tierna edad serva en esta maternal Administracin espaola. De nio
+haba tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que
+tambin eran Peces por la rama materna. Ms adelante se gobern solo, y
+casi siempre desempe elevados y ubrrimos destinos, con intervalos de
+cesantas; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba
+reputacin de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque
+esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea
+puramente relativa. De sus principios polticos no queremos hablar,
+porque no hay para qu. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer
+que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenan por
+atributo primero una adaptacin tan maravillosa como la de los lquidos
+a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios
+lquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesin, pues
+tambin los hay gaseosos. Si un carcter ha de formarse de una sola
+pieza y de una sola substancia, descartando las dems como puramente
+ornamentales, el carcter de D. Manuel se compona de una sola y
+homognea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre,
+por la ley de gravitacin social, a los poderosos.
+
+Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdiccin de lo humano, que no
+se consiguiera por mediacin de Pez, y de aqu que Pez estuviera en
+aquellos das de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo est de
+ex--votos un santo milagroso. La recomendacin es entre nosotros una
+segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos
+expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a
+cumbres altsimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el
+trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de
+la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa
+forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendacin.
+
+No como una segunda fase de su carcter servicial, sino como una
+ampliacin de l, tena don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea
+proteccin decidida, incondicional, una proteccin frentica y
+delirante, a la copiossima, a la inacabable, a la infinita familia de
+los Peces. En aquellos das, amados hermanos mos, desempeaba una de
+las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para
+ministro. En los mismos das verais repartidos por toda la redondez de
+la Pennsula nmero considerable de funcionarios que por llevar el claro
+nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o
+sptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Haba cuatro o
+cinco Peces entre los oficiales generales del ejrcito, todos con buenos
+lotes en direcciones o capitanas generales. Los magistrados y jueces y
+promotores fiscales del gnero Pez se contaban por centenares,
+distribuidos en toda la Espaa. Para que en todas las jerarquas hubiera
+algn miembro de esta omnisciente familia de bendicin, tambin haba un
+obispo pisciforme, y hasta doce cannigos y beneficiados que pastaban en
+el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras pblicas, capataces,
+recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas,
+inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, sptimos y
+quincuagsimos de Gobiernos de provincia, el nmero era tal que ya no se
+poda contar. Invoquemos el texto divino: _Crescite et multiplicamini,
+et replete aguas maris_.
+
+De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que
+hablar, porque all los haba hasta de las ms bajas categoras. Sin
+contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D.
+Manuel era evidente, aunque remotsimo, coleaban mil y mil Pececillos,
+slo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el
+apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya
+de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristn. Para
+decirlo todo de una vez, y concretndonos al distrito perpetuo de D.
+Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos mos, recordemos
+la opinin que acerca de esta gente form el _Apstol de las Escuelas_,
+Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiolgicos sac la
+clasificacin siguiente: Orden de los _Malacopterigios abdominales_.
+Familia, _Barbus voracissimus_. Especie, _Rmora vastatrix_.
+
+
+=--II--=
+
+Amados hermanos mos: si de la Mancha pasamos, pues todo es Espaa, a la
+Direccin de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectculo no menos
+patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipan
+(que de Dios goza), haba tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando
+al hijo mayor, Joaqun Pez, de quien se hablar cuando le toque;
+descartando tambin a las dos seoritas de Pez, ya casaderas, quedaban
+cuatro pimpollos. Luis, de veintisis aos, tena treinta mil reales en
+la Secretara del Ministerio; Antoito, de veintids Navidades, gozaba
+veinticuatro en una Direccin limtrofe; Federico, de diez y nueve, se
+dignaba prestar sus servicios al lado del pap por la remuneracin de
+catorce mil reales; Adolfito, de quince, haba admitido un bollo de ocho
+mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no haba recibido
+an la credencial; pero la recibira en justo galardn de su celo
+persiguiendo a los ratoncillos que roan los papeles de la oficina.
+
+No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una
+breve excursin al campo de la Aritmtica. Es una observacin o problema
+que el pblico ha formado muchas veces ante ciertas anttesis, que, a
+fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel
+era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia
+propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tena bienes
+races de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no deba
+de tener tampoco economas. Sumando su sueldo con el sueldo de los
+pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis
+mil duros. Problema: por qu misteriosas alquimias pasaba esta cantidad
+para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales,
+buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la
+familia, lujosos vestidos de baile para las nias, land, palco a primer
+turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano,
+imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel
+perciba de algunas compaas de ferrocarriles, quedaba la mitad del
+gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados
+preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por
+ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y
+corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se
+rasca, porque ya no le escuece.
+
+Introduzcmonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta
+redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este
+matrimonio dichoso, y de esta prole dichossima. Los tiempos eran
+prsperos. Tocaba entonces estar arriba. El rbol fecundsimo del poder
+protega con su plcida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano
+para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De
+situacin tan bella proceda en todos aquel deseo febril de goces y el
+delirio de llamar la atencin, de parecer mucho ms de lo que realmente
+eran. La seora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas
+casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos haban de ser
+millonarios, y adems, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas
+(daadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) haban hecho suyas las
+ideas de su endiosada mam, y an iban ms lejos, y soaban con
+prncipes, por qu no con reyes?
+
+Eran dos nias preciosas, de hermosura delicada y frgil, de esa que
+luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y
+luego se disipa en el primer ao de matrimonio; rubias, delgadas,
+quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucan demasiado grandes en
+la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser
+tradas y llevadas por su mam de saln en saln, de teatro en teatro,
+de fiesta en fiesta, parecan fatigadas, pero no hartas de frvolos
+pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba
+que estas tales nias apenas podan esconder, bajo el barniz de la
+urbanidad, el desprecio que sentan hacia todo lo que fuera o pareciese
+inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caa de la boca la
+palabra _cursi_, aplicndola a este o aquel que no viviese inmergido en
+el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no
+comprendan las tontuelas que ellas caan tambin debajo del fuero de la
+cursilera, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y
+que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente
+superior. Aquellas nias, mil veces dichosas, no haban visto el mundo
+sino por su lado frvolo; no conocan la sociedad ni su mecanismo, ni
+sus orbes y gravitacin admirables. Su instruccin se circunscriba a un
+poco de Catecismo, una tintura de Historia, y qu Historia!, algunos
+brochazos de Francs y un poco de Aritmtica. Pero de que servan los
+rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no
+les caba en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del
+duque de Tal posea en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de
+malicia como de sindresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para
+ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no poda entrar la
+comparacin entre los diez millones de renta del duque de Tal y los
+cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponindole Pez, y
+Pez grandsimo. _Creavit Deus Cete grandia_ (los grandes cetceos).
+
+Dejmoslas en paz. Eran dichosas. A qu conturbar su felicidad,
+picotendola con nmeros? Que gocen de la vida, de los verdes aos.
+Ocupmonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina
+sino cuando le daba la gana; que haba encargado un velocpedo a Londres
+y haba extendido l mismo la orden para que el administrador de la
+Aduana de Irn lo dejase pasar sin derechos, qu rasgo de genio! T
+irs muy lejos, nio, le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel
+rasgo vala una cartera. Genialidad infantil que anunciaba el embrin
+de un hombre de Estado espaol!
+
+Ocupmonos tambin, amados hermanos mos, de Federico y Antoito Pez,
+que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filsofo (muchos
+filsofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. Ah!
+La Economa poltica es una ilusin que se pierde siempre a los veinte
+aos. Federico se haba distinguido en esos crculos de sabidura
+temprana donde centenares de ngeles juegan al discurso. Era oradorcito.
+All era de or lo siguiente: El seor que me ha precedido en el uso de
+la palabra.... Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es
+moda que los nios de teta usen sombrero. Las controversias de los
+menudos filsofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento
+y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita
+por Federico sobre no s qu, pas desde la tribuna a la prensa,
+apareci en una Revista; el nio se creci; inscribiose en un crculo
+ms nombrado; hzose or; le aplaudieron. Primero hablaba y luego
+gritaba. Ensordeca los pasillos. Lleg a envanecerse con su facilidad
+de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodrguez. Hubo de volverse
+loco porque le dijeron que an mamaba. Disparate! El no mamaba sino del
+presupuesto.
+
+Antoito, que era el filsofo, empleaba las horas de oficina en hacer
+revistas musicales para un peridico de teatros. La Filosofa y la
+Msica tienen un alma de diez y nueve aos, una afinidad que parece
+parentesco. Son dos cuerdas distintas del lad de la tontera. Antoito,
+que haba hecho en su cabeza una especie de pasta filosfica, amasando
+al padre Taparelli con Augusto Comte, era adems un wagnerista
+furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jams de los jamases haba
+odo msica de Wagner. En sus artculos llamaba a todas las cantantes
+_divas_, y a toda las obras _spartitos_. Era seversimo con los artistas
+cuando no le daban butaca.
+
+Ocupmonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filsofo, ni
+economista, ni msico; era jinete. Haba comenzado una carrera militar,
+pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasin eran los
+caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba
+que no tuviramos hipdromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su
+cerebro tan limpio de Aritmtica, que no acertaba a comprender por qu
+l tena un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de
+Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban
+la cuadra de la calle de San Dmaso. He aqu una contradiccin econmica
+ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habra tenido
+quizs algo que decir. Iba nuestro galn centauro a la oficina lo menos
+que poda. Estaba agregado a la Comisin de empleados que redactaban las
+nuevas Ordenanzas de Aduanas. Para qu haba de molestarse este digno
+funcionario en asistir a su trabajo si l no saba lo que era comercio;
+si no saba lo que era un puerto; si no haba visto otra mar que el mar
+sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento,
+lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohlica, arancel, y
+dems cosas que ataen al trfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en
+la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle.
+Amados hermanos mos, tiempo es ya de que digamos con el ngel. _Ave,
+Mara!_
+
+
+=--III--=
+
+Sorprendamos a D. Manuel Jos Ramn Pez (o del Pez) cuando, recin
+abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de
+varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenan con l relacin
+misteriosa, slo de l conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados
+los lentes o quevedos, afeitada y descaonada ya la barbilla violcea,
+bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de
+estopa, revolva cartas, consultaba notas, hojeaba _memorndums_,
+ordenaba _in mente_ lo que no tena orden, haca clculos, esbozaba
+proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su
+cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que pareca
+hecha con tiralneas; abismbase en meditaciones; despus, tarareando
+una cancioncilla, pasaba la vista por los peridicos de la maana, daba
+algunas rdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y
+diversiones.
+
+A cada instante era visitado el despacho por un ngel que entraba
+retozando. Qu chchara suplicatoria y qu mendicidad mezclada de
+regocijo! Pap, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco
+de la Comedia... Pap, no olvides que hoy se renueva el abono del
+Real... Papato, pgame esta cuenta de Bach... Pap, el sastre... Pap,
+la modista... Papa, la florista... Pap, la cuenta de Arias... Pap,
+nuestros abanicos... Pap, el caballo... Pap, pap, pap.... Era un
+po po que no cesaba. Por fortuna don Manuel Jos Ramn era la imagen
+viva de la Providencia, segn generosamente daba y reparta, sin
+quejarse, sin regaar; antes bien, regodendose de ver tanto gusto y
+apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. Tambin
+l era feliz, porque si algn bien positivo hay en el mundo, es el que
+sienten mano y corazn en el momento de dar algo.
+
+Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gento fosco,
+siniestro, una turba preguntona y exigente, que quera hablar con el
+seor, ver al seor, decir dos palabritas al seor. Sonaba a cada
+instante la campanilla, y entraba uno ms. Eran los desfavorecidos de la
+fortuna, pretendientes, cesantes de distintas pocas, de la poca de Pez
+y de la poca del antecesor de Pez. Algunas bocas famlicas pedan pan;
+otras no pedan ms que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad,
+pedan para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban
+atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedan _para cuando
+hubiese una vacante_. Con este gento calagurritano se mezclaban los
+postulantes de otra esfera, personajes y seorones que pasaban al
+despacho desde que llegaban. El criado no poda contener a la turba
+impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tena en sus maneras el
+mpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropell en cierta ocasin al
+criado, se meti por el pasillo adelante, entr sin anunciarse en el
+despacho, y encarndose con D. Manuel, dijo con lgrimas y gestos de
+teatro: Seor, soy viuda de un Pez.
+
+Don Manuel reparta promesas, limosnas, a veces credenciales de poca
+monta, y para todos tena un consuelo, una palabra o un duro. Era
+bondadoso y muy bien educado. Haba en su mente, junto a la idea de su
+derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con
+la humanidad cesante y desposeda.
+
+Por concluir nuestro panegrico con un hecho concreto de la vida del
+santo, diremos que una maana D. Manuel mand que no entrase nadie.
+Estaba fatigado. Quera ir pronto a la oficina, donde tena cita con el
+marqus de Fcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro,
+hacindole un prstamo.
+
+Ah!, se me olvidaba...--murmur, echando la vista sobre una carta--.
+Francisco, dile al seorito Joaqun que suba.
+
+Joaqun Pez, el mayor de los Pececillos, tena treinta y cuatro aos. Se
+haba casado por amor con la hija nica de la marquesa de Saldeoro.
+Quedose viudo a los ocho aos de matrimonio, no exento de alborotos, y
+cuando las cosas de esta relacin ocurren estaba asombrosamente
+consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se
+distingua; fsica la una, moral la otra. Era su corazn bueno y
+carioso. Era su figura y rostro de lo ms apuesto, hermoso y noble que
+se pudiera imaginar. Tena toda la belleza que es compatible con la
+dignidad del hombre, y a tales perfecciones se aadan un aire de
+franqueza, una agraciada despreocupacin, o s se quiere ms claro, una
+languidez moral muy simptica a ciertas personas, una chchara frvola,
+pero llena de seducciones, y por ltimo, maneras distinguidsimas, humor
+festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que
+corresponde a un tipo de galn del siglo XIX, que es un siglo muy
+particular en este ramo de los galanes.
+
+Y hablemos ahora, amados hermanos mos, del defecto de Joaqun Pez,
+defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofa, por la Iglesia, por
+los Santos Padres y hasta por la gente de poco ms o menos. Este defecto
+era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de
+nimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones
+fsicas y sociales del Pez, bien se comprender que este vicio del alma
+haba de tener por expresin sintomtica el desenfreno de las pasiones
+amorosas.
+
+Disculpmosle. Era tan guapo, tena tanto partido, que ms que el tipo
+del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era
+en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorban su
+atencin, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la
+herencia de su esposa, pero muy mermado ocho aos despus. Cuando le
+conocemos, Joaqun estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los
+terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que
+no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en
+cabaas o andurriales.
+
+Ya os oigo decir, amados mos, que estas caceras, lejos de fortificar
+al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua;
+pero nuestro vigoroso Pez no haba llegado an, cuando le conocimos, al
+grado de envilecimiento que es el trmino de las pasiones locas. Su
+vicio era todava un vicio del corazn, intervenido con la fantasa. An
+persistan en l ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos,
+con sus melancolas, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba
+a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuacin con
+fantasmagoras y esfuerzos de iluminismo, de que nacan, aunque por modo
+artificioso, afectos parecidos a la ternura.
+
+Viva solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal
+ocupaban sus padres. Levantbase tarde, almorzaba con su familia, y
+despus de la una rara vez le volvan a ver sus padres hasta el da
+siguiente.
+
+Pero, hombre, has visto?--le dijo el pap Pez, prejuzgando con su
+tonillo burln el asunto de que iba a tratar--. Otra carta del Cannigo
+en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal
+Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., qu
+tonteras!, en su pretensin... Dice que son nietos de la marquesa de
+Aransis; que l lo probar ante los Tribunales. T crees esto?
+
+--Yo..., yo, verdaderamente...--manifest Joaqun con aquella indolencia
+que de su cuerpo a su pensamiento se extenda--. No lo afirmo ni lo
+niego.
+
+--Logomaquias, hombre--dijo D. Manuel apartando de s con desprecio la
+carta de su amigo el Cannigo, cacique y faraute de los Peces en buena
+parte de la Mancha--. Esto es novela... Nietos de la marquesa de
+Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... Conoces t a esa
+Isidora?
+
+--S.
+
+--Y ella sostiene...?
+
+--Como el Evangelio.
+
+--Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor
+salen con la patochada de tener por paps a duques o prncipes, no
+pueden pasar en el da, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca.
+Admitmoslo en las novelas; pero en la realidad...! En fin, sea lo que
+quiera, es preciso atender al Cannigo, que nos sirve bien. Entrate.
+Dice que pongamos a disposicin de la muchacha algunas cantidades. En lo
+que no le har el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la
+marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos dicindoselo a su
+apoderado, el marqus de Onsimo... Logomaquias, hombre...
+
+--Yo me encargar de esto--replic decididamente Joaqun--. Ya he visto
+a esa hija de reyes. Es una muchacha simptica, discreta y buena, que
+merece, s, merece, sin duda algo ms de lo que posee.
+
+Cuando Isidora lleg a Madrid, recibi don Manuel una carta del Cannigo
+recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que
+tanto haba hecho rer al seor Director. Por encargo de este, Joaqun
+la visit; encontrola guapa el primer da, el segundo muy guapa, y el
+tercero deliciossima, con lo que la diput por suya. Traz las primeras
+paralelas; hall resistencia; traz las segundas y hall ms
+resistencia, una tenacidad que anunciaba el herosmo. De aqu vino
+aquella retirada hbil que desconcert, como antes se dijo, a la joven,
+no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada.
+Cun cierto es que el ocio enerva y rinde al ms aguerrido ejrcito
+antes que el fuego y las balas!
+
+Las dotes militares de Joaqun, ms que de general de tropas regladas,
+eran de guerrillero hbil en golpes de mano. Viene esto de la ndole de
+los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a
+esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitn de partidas,
+desde que habl con su padre, ide, pues, la emboscada ms hbil que
+concertaron guerrilleros en el mundo. No pondra sitio. Enviara un
+parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo
+caa en el lazo, si pasaba el ro de la Prudencia y se pona bajo los
+fuegos del desfiladero de la Audacia...
+
+En el captulo siguiente veris, oh amados feligreses!, lo que pas.
+
+
+
+
+Captulo XIII
+
+Cursilona!
+
+
+Seran las cuatro cuando Isidora, acompaada de su padrino, lleg al
+portal de la casa de Joaqun Pez. Su ansiedad era grande, porque haba
+recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, despus de
+declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la seorita de
+Rufete a venir a su casa, donde sera enterada de una comunicacin del
+Cannigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente
+importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle
+de Hernn Corts a la de Jorge Juan no cabran en este volumen, aunque
+fuese doble. De qu manera y con qu fecundidad de imaginacin dio vida
+en su mente a la entrevista prxima a verificarse! Al llegar al portal,
+y al decir a D. Jos: dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva
+aqu dentro de media hora, ya haba ella desarrollado en s misma cien
+visiones distintas de lo que haba de pasar. Cuando ella entraba, salan
+las dos nias de Pez con su mam para subir al coche que las esperaba en
+la calle. Qu elegantes! Isidora las mir bien; pero iba ella, a su
+parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera
+escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y
+mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de
+engrandecerse no era un deseo tan slo, sino una reclamacin. Su pobreza
+no le pareca desgracia, sino injusticia, y el lujo de los dems
+mirbalo como cosa que le haba sido sustrada, y que tarde o temprano
+deba volver a sus manos.
+
+Las nias de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta
+las examin bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crtica
+acerba, las desnud, les quit los sombreros, censur aquellos talles de
+araa, y concluy por considerar en su mente lo que resultara si la ms
+guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta
+se pusiera los de la chica de Pez.
+
+Entr en casa de Joaqun, y el criado la encerr en un gabinete mientras
+pasaba recado al seorito. Qu hermosos y finos muebles, qu cmodos
+divanes, qu lucientes espejos, qu blanda alfombra, qu graciosas
+figuras de bronce, qu solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos
+de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qu magnficas estampas
+de mujeres bellas! La escasa erudicin de Isidora no le permita saber
+si aquellas seoras eran de la Mitologa o de dnde eran; pero la
+circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido
+le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. Y qu bonito el armario
+de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban
+en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jams ledos!
+Pero qu harn en los rincones aquellos dos seores flacos? Ah! Esa
+pareja se ve mucho por ah. Son Mefistfeles y D. Quijote, segn ha
+dicho Miquis. Yo no har nunca la tontera de tener en mi casa nada que
+se vea mucho por ah. Vamos, que an puedo yo dar lecciones a esta
+gente. Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de
+Velzquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qu hara
+nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entr Joaqun.
+
+Albricias!--le dijo de buenas a primeras, tomndole las dos manos y
+apretndoselas mucho--. Pap ha tenido una carta del Cannigo... Pap se
+propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglar... Esto va
+bien. No lo dije yo?.
+
+Isidora qued tan turbada por esta irrupcin brusca de buenas noticias,
+que no acert a decir nada. Miraba embebecida a Joaqun. Pasada la
+primera impresin de las noticias, lo que domin en el espritu de la
+joven fue la vergenza de que Joaqun, tan admirador de ella, la viese
+mal vestida. Haba estado dos horas arreglndose para disimular su mala
+facha. Vena compuesta con galana sencillez, respirando aseo y
+coquetera; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no
+podan disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, y
+esto era lo ms atroz!, la desgraciadsima vejez y mucho uso de las
+botas, que no slo estaban usadas y viejas, sino rotas! Lo que Isidora
+padeca con esto no es decible. Cuidadosamente esconda bajo las faldas
+sus pies, tan pequeos como mal calzados, para que Joaqun no se los
+viera.
+
+Pero ya l se los haba visto, sin perder por eso el amor, o llmese
+como se quiera, que senta; antes bien, exaltndose ms. Por efecto de
+esas aberraciones del gusto que marcan el trnsito de la pasin al
+vicio, Joaqun la amaba ms con aquel atavo grosero; y si estuviera
+completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella
+sublimado el ideal del momento.
+
+Y cundo hablar su pap de usted a la marquesa?--pregunt Isidora ya
+ms duea de s--. La marquesa est en Crdoba...
+
+--En Crdoba?... Ya--murmurr Joaqun, a quien no le importaba gran
+cosa que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase--. Eso no
+importa. La marquesa vendr... Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo
+mejor. Tenemos orden del seor Cannigo para entregar a usted las
+cantidades que necesite. Usted dir.
+
+--Las cantidades que necesite!--repiti Isidora embelesada, viendo en
+su imaginacin una cascada de dinero.
+
+Tener dinero! Qu alborozo! Pareca que en su alma, como en alegre
+selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil
+encantadores pajarillos. De tal modo se le anunciaban las necesidades
+satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras
+satisfacciones ms, tradas por la soberana virtud del oro!
+
+Conocedor Joaqun de la manera de tocar ciertos registros del alma
+humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del
+hombre, y ms an de la mujer, llegose a la chimenea, tom de ella una
+cajita, abriola y mostr a los ojos admirados de Isidora porcin
+cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de
+billetes de Banco.
+
+No s lo que habr aqu--dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos,
+y afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad
+con los millones--. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dir.
+
+El efecto fue inmenso. Atnita y embobada estaba la de Rufete, paseando
+su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien
+la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes
+pequeos, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hiprbole,
+crea ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente
+del dorado Pactolo.
+
+Usted dir--repiti l, hojeando los cuadernillos de billetes como si
+fueran libritos de papel de fumar--. Mi parecer es que usted, por quien
+es y por la posicin que ocupar, no debe seguir viviendo en aquella
+casa. Usted debe tomar una casa para s y su hermano, ponerse en otro
+pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... Quiere usted
+que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles,
+modista...?.
+
+Joaqun la mir. Qu guapa era! Isidora le oa como si oyera una
+descripcin del Paraso a quien realmente ha estado en l. Luego, cuando
+Joaqun la mir tan de cerca que ella poda contarle los pelos de la
+barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, crey ver al
+mismo ngel de la puerta del Paraso mostrando las llaves de l... Por
+un instante Isidora no hizo ms que saltar la mirada de la cajita al
+rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiracin que por el
+joven senta se acrecentaba hasta parecer cario entraable. Era tan
+seductor su modo de mirar!... Tena un no s qu tan distinto de todos
+los dems hombres!... As lo pens Isidora, sintiendo herida y
+traspasada toda aquella parte de su corazn que dejaba libre el orgullo.
+
+Usted dir--volvi a indicar Joaqun, dejando a un lado la cajita y
+tomando las manos de Isidora.
+
+Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaqun se le hizo ms guapo,
+ms seductor, ms caballero, revistindose de todas las perfecciones
+imaginables.
+
+Me porto mal--dijo l con voz blanda--; me porto mal en pago de la
+ofensa que usted me hizo despidindome y dicindome que no poda
+quererme?.
+
+Isidora fluctuaba entre el rer y el temer. Se rea y estaba plida.
+Despus sinti fro.
+
+Yo bien s lo que pasar cuando usted llegue al fin de su
+camino--prosigui l--. En vez de quererme entonces como ha prometido,
+me despreciar... Ser usted entonces tan superior a m!....
+
+La perfidia en estas palabras era tanta, que no caba debajo de todos
+los pliegues del disimulo.
+
+Isidora, adems de rer, adems de temer, adems de tener fro, se
+senta como mecida en un vagoroso y areo columpio. La cara hermossima
+del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilacin de resplandores
+celestes que van y vienen. Cmo no, si de pronto empez a or retahla
+de palabras ardientes, que jams oyera ella sino en sueos? Joaqun la
+tuteaba, Joaqun se extralimitaba de palabra. Rpidamente conoci
+Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de
+dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su
+debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte,
+era causa de todos sus males: el orgullo. Se salv por su defecto, as
+como otros se salvan por su mrito. No es fcil definir lo que
+rpidamente pens, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que
+dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a
+defenderla. Ello es que salt del asiento con tal rapidez, que no pudo
+Joaqun detenerla, y con velocidad de pjaro se puso en la puerta. El
+violento palpitar de su seno, cortndole la respiracin, apenas le
+permiti decir:
+
+No quiero nada, no quiero nada.
+
+Evidentemente, referase al contenido de la cajilla. Joaqun corri tras
+ella, diciendo: Formalidad, formalidad. Pero la de Rufete, valiente y
+decidida, trat de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su
+ligereza de gorrin, su prontitud para correr de un punto a otro,
+perseguida, mas no alcanzada. Corri a la ventana, que por ser de piso
+bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyndose en el
+alfizar, vuelta hacia dentro, dijo as con animosa voz:
+
+Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aqu y pido
+socorro.
+
+Quedose parado el Pez; reflexion un instante. De repente su amor se
+deshizo en despecho y su despecho en risa.
+
+Escenita?... Gritar en la calle? Qu ridiculez! Usted se empea en
+que hagamos el oso.
+
+La ira retozaba en sus labios. Mir a Isidora con tanto enojo, que esta
+se turb y crey haber sido desconsiderada y excesivamente altanera.
+Despus el joven abri la puerta. Indic a Isidora la salida, dejando
+escapar de sus labios, trmulos de ira, esta palabreja:
+
+_Cursilona!..._
+
+Tres minutos despus, Isidora se una a don Jos en la esquina de la
+calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbacin, alegre
+de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada,
+diciendo para s:
+
+Me ofende por que soy hurfana, y me insulta porque soy pobre; y a
+pesar de todo....
+
+
+
+
+Captulo XIV
+
+Navidad
+
+
+=--I--=
+
+Al da siguiente recibi Isidora una carta de Joaqun incluyndole
+algunos billetes de Banco, y pidindole perdones mil por el caso del da
+anterior. Decale que si alguna palabra spera y malsonante sali de sus
+labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no
+dicha. Finalmente, le peda permiso para verla de nuevo en casa de
+Relimpio. Agradeci ella con toda su alma el desagravio, y sus
+aflicciones de aquel da se le disiparon con la grata vista del pan
+bendito, o llmese papel--moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si
+perdon fcilmente a Joaqun la injuria intentada contra su honor, tuvo
+que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera
+llamado _cursilona_. Tal es la condicin humana, que a veces el rasguo
+hecho al amor propio duele ms que la pualada asestada contra la honra.
+El marqus viudo la visit dos das despus, y su comedimiento, despus
+de las audacias referidas, la cautivaba ms, o si se quiere de otro modo
+ms claro, su comedimiento tena la virtud de hacer disculpable y aun
+amable la osada pasada; que as se contradicen los corazones en su
+lgica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de
+ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionndose tanto a
+ella, que lleg un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la
+formalidad de su cario. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente.
+Don Manuel Pez y el marqus de Onsimo haban escrito a la marquesa de
+Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestara
+pronto y a gusto de todos. Tambin llevaba buen camino lo de la causa
+criminal de Mariano. Joaqun beba los vientos para que le soltase el
+juez, aunque fuera bajo fianza, por razn de la irresponsabilidad que le
+daban sus pocos aos. Isidora visitaba a su hermano dos veces por
+semana, llevndole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la
+crcel a _la Sanguijuelera_, que iba con fin semejante; y ambas se
+trataban de palabras, distinguindose la vieja por la procacidad de su
+lenguaje y erizado de _puos_ y el ningn respeto que a su sobrina
+tena.
+
+Lleg Navidad, llegaron esos das de niebla y regocijo en que Madrid
+parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que
+se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la
+calentura de la lotera y el ttanos de las propinas. Todo lo que es
+espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se
+eclipsa. La conmemoracin ms grande del mundo cristiano se celebra con
+el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla.
+Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en
+nacimiento sacrlegos. Los cmicos hacen su agosto; la gente de mal
+vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergenza; los borrachos se
+multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las
+palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos das habra
+bastante ponzoa para inficionar una generacin entera. No hay ms que
+un pensamiento: la orga. No se puede andar por las calles, porque se
+triplica en ellas el trnsito de la gente afanada, que va y viene
+aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor
+se siente uno abofeteado por una cabeza de capn o pavo que a nuestro
+lado pasa.
+
+Las confiteras y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una
+abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estmago. No
+bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montaas de
+mazapn, canteras de turrn, donde el hacha del alicantino corta y
+recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderas inundan de cuanto Dios cri
+en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia
+sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubes. En
+los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la
+baratura declara la inferioridad del gnero. Hay una caliza dulzona que
+se vende por turrn, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la
+Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapn cuanto abunda el cascajo. La
+escala gradual de la gastronoma abraza desde los refinamientos de
+Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la
+pasta de higos pasados que se vende en una tabla porttil hacia las
+Yeseras. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y
+substancias de cosa pescada, desde el ruso _caviar_ hasta el escabeche y
+el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.
+
+Una familia podr morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche
+Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias
+ms refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a
+la hucha. Cmo podan faltar los de Relimpio a esta tradicional
+costumbre? Tambin ellos, pobres y siempre alcanzados, tenan su pavo
+como el que ms, gracias a los estirones que D. Laura daba al dinero, y
+tenan, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se
+presentaran engalanados de olorosos ajos y limn. Don Jos era el
+hombre ms venturoso de Madrid desde el da 22. Ocupbase en recorrer
+los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias
+autnticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratbase
+de esto en Consejo, y D. Jos deca con gravedad: Todo est por las
+nubes. Veremos maana. El 23, D. Jos y D. Laura tomaban un berrinche
+porque no les haba cado la lotera, fenmeno extrao que todos los
+aos se reproduca infaliblemente. Opinaba D. Laura que todos los
+premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotera era un puro
+engao; pero ms juicioso D. Jos, aseguraba que el nmero jugado era
+muy bonito y que no haban faltado ms que dos unidades (que te
+quemas!) para que tocara premio. Concluan ambos por exclamar con
+cristiana paciencia: Otro ao ser.
+
+Pero llegaba la maana del 24, y entonces D. Jos era la imagen de la
+felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y
+con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don Jos llevaba el
+cesto y D. Laura el dinero, y aqu era el recorrer tiendas, el mirar
+todo, el preguntar precios, no arriesgndose a la empresa de sus compras
+hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba
+enterado de los puntos donde era legtimo el turrn de Alicante y
+Jijona, donde era ms barato el mazapn, ms dulces las granadas y ms
+gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortsima
+cantidad.
+
+Los comentarios de l sobre la calidad de las cosas compradas no tenan
+trmino. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vaca,
+l doblado bajo el grato peso de la cesta, quin no se conmovera
+vindole sacar todo con amor para ensearlo a las chicas, y poner cada
+cacho de turrn ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qu clase
+perteneca cada uno, y regaando si algn ignorante confunda el de yema
+con el de nieve? Lo que no poda sufrir D. Laura era que l probase de
+todo para darlo por bueno, y con este motivo haba ruidosas peloteras;
+pero l aseguraba que todo estaba riqusimo, que todo era gloria, y con
+esto y con recoger D. Laura las compras para guardarlas con siete
+llaves, concluan las cuestiones. Despus, D. Jos se meta tambin en
+la cocina para ayudar y dar ms de un consejo; que algo se le entenda
+de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las nias dejaban la
+costura aquel da; no se pensaba ms que en la cena, y entre componerse
+para ir al Teatro Martn con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les
+pasaba la tarde.
+
+Don Jos, a quien las horas se le hacan siglos, no pensaba en apuntar
+en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel da. Por
+la tarde ocupbase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor
+muy pequeo para tan gran festn. Despus se miraba diez y nueve veces
+al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a
+los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y
+tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba
+infantil y por sta con alegres chillidos aclamado.
+
+A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asista nunca,
+desde muchos aos, el seorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos
+de censurar esto, D. Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre
+los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel
+hara en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados,
+artistas y empleados de cierta categora. Probablemente, aquel ao ira
+a cenar en casa de un marqus.
+
+En cambio les acompaaba el ortopdico, hermano de D. Laura, y el hijo
+de este, llamado Juan Jos. Ah! El ortopdico era saladismo para una
+cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el ms gracioso del mundo
+en cuanto beba dos vasos de vino; deca los disparates ms chuscos que
+se podran imaginar. l y Relimpio, que tambin perda la chaveta en
+cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el ao
+entero, eran los hroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban
+riendo como locos, y por fin rompan a llorar. En suma, que era preciso
+llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los
+comensales. Los nicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un
+poeta presentado por este en la casa, llamado Snchez Berande, el cual
+haca monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor.
+
+Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor
+pequeo para tanto gento. Don Jos, que se pintaba slo para arreglar
+un banquete, contemplaba su obra con legtimo orgullo, y se recreaba en
+el brillo de la loza y la cristalera, en la muchedumbre de luces, en el
+adorno y opulencia de la mesa. Despus esparca miradas de felicitacin
+por toda la capacidad de la sala, por la sillera de reps que haba sido
+desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las
+bandejas de latn y dems chucheras... Todo estaba bien, perfectamente
+bien. Hasta el retrato del dueo de la casa, al leo, detestable,
+colgado en la pared principal, rebosaba satisfaccin en su acaramelado
+semblante. Estoy hablando, deca Relimpio siempre que lo miraba.
+Frente al retrato haba una laminota, en la cual D. Laura se inspiraba
+siempre para increpar a su marido. Era Sardanpalo quemndose con sus
+queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro
+fotografas de nios muertos. Eran los hijos que se le haban malogrado
+a D. Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujas del prximo
+festn, los pobrecitos tenan cara de muy desconsolados por haberse ido
+del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche.
+
+
+=--II--=
+
+Isidora no caba en s de jbilo. Aquel da, el 24, soltaran a Mariano.
+Ella misma iba a sacarle de la horrenda crcel. Oh! Si no se hallara
+muy mal de dinero, aquel da habra sido uno de los ms felices de su
+vida! En qu haba gastado lo que le diera dos meses antes el marqus
+de Saldeoro por cuenta del Cannigo? Verdaderamente ella no lo saba.
+Haba pagado a doa Laura, se haba comprado ropa... Pero lo dems
+dnde estaba? Isidora reflexion.
+
+En perfumera haba adquirido lo bastante para tres aos. Y de qu le
+servan aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el
+_cabs_ de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compr por la sola razn
+de comprarlas. Eran tan bonitas!... Pues y aquel vaso de imitacin de
+Sajonia, de qu le serva?... Y las botellas para poner cebollas de
+jacinto?
+
+Ms necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid,
+las cinco novelas y la jaula, aunque todava le faltaba el pjaro.
+Estaba muy desconsolada por no tener un buen bao; pero cmo poda
+satisfacer este gusto en casa tan pequea? Luego, la maldita D. Laura
+se pona frentica por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no
+poda disfrutar de una hermosa pila de mrmol, en cambio se haba
+provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja
+finsima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las
+novelas, de un _antucs_, de pendientes de tornillo con brillantes
+falsos, de un juego de la cuestin romana y de algo ms, tan lindo como
+caprichoso. Mucha, muchsima falta le haca un buen mundo para poner la
+ropa; pero ya lo comprara ms adelante. Tampoco estaba bien de ropa
+blanca; pero tiempo habra de hacerse un hermoso equipo.
+
+Gozosa, daba la ltima mano a su atavo para salir en busca del hermano.
+La orden del juez para soltarlo deba de estar ya en las oficinas de la
+crcel. Sali radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino
+de la calle de Hortaleza, porque le daba vergenza de pasar por cierta
+tienda donde deba algunas cantidades, poca cosa en verdad.
+
+Ya anocheca cuando Isidora regres acompaada de su hermano, el cual,
+vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D.
+Jos Relimpio con ciertos asomos de severidad, dndole una palmada en el
+hombro y diciendole: Hombre, veremos cmo te portas ahora. Pero D.
+Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentara a su mesa,
+aunque bajase Cristo a mandarlo. Oy esto Isidora con rabia; mas
+contenindose, devor tal afrenta y se amordaz la boca para que no
+saliesen las palabras que del corazn le brotaban. Encerrose con el
+chico en su cuarto, le lav y visti, para lo que tena apercibida gran
+cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observ en los ojos de
+Isidora una lgrima, ms bien que del sentimiento, nacida del despecho,
+y le dijo:
+
+Por qu lloras? Por lo que ha dicho esa ta bruja?
+
+--Gente ordinaria!...--murmur Isidora.
+
+--Por qu no le contestaste?--dijo Mariano con extraa rudeza.
+
+--No me rebajo yo a tanto.
+
+--Puo!.
+
+Mariano dio un puetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le ech
+un sermn sobre su detestable maa de decir a cada paso palabras
+malsonantes, y aunque el muchacho aleg, para defenderse, que tambin
+las decan los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a
+castigar las malas palabras como si fueran malas acciones.
+
+Ahora, seorito--le dijo con severidad--, ha de andar usted derecho.
+Pase que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tena poco menos
+que en la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades,
+Mariano, de que no quiero acordarme... Echmosles una losa encima. Pero
+ahora ya han cambiado las cosas. Eres un brbaro, y vas a empezar a
+desbastarte. T no seas tonto; principia por convencerte de que eres
+persona decente, y as tendrs dignidad. De nuestra ta Encarnacin,
+hazte cuenta de que no existe, porque no la volvers a ver. Eres ya otra
+persona.
+
+Oy atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometi a s mismo
+hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de
+caballera y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto
+Isidora cay en la cuenta de que Mariano y ella haban de cenar aparte
+aquella noche, pues si el chico no poda sentarse a la mesa de los
+Relimpios, tampoco ella se sentara por nada del mundo. Al punto
+determin salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. Muy
+bien, excelente idea! Mariano y ella cenaran tan ricamente en su
+cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria!
+
+Pero sobrevino la ms grande contrariedad que en vsperas de un banquete
+puede ocurrir. Isidora no tena dinero. Entre las mltiples propiedades
+de este metal, ella haba notado principalmente una, la de acabarse en
+los momentos en que ms falta haca. El portamonedas no contena ms que
+un par de pesetas y algunos cuartos. Busc y rebusc Isidora en todos
+los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasin
+parecida haba encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el
+fondo de un cajn de la cmoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro
+apareci aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvi que la
+cena fuese una modesta colacin, ms propia de da de ayuno que de noche
+de Navidad. Aunque a D. Laura nada deba, antes muriera que pedirle
+dinero, despus del atroz desaire recibido de ella. No se atreva
+tampoco a acudir a Joaqun Pez.
+
+Sali. Mariano se qued solo. Por no ser excesivo el nmero de sillas
+que en el cuarto haba, estaba sentado en un bal bajo. A su lado, en un
+rincn, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante.
+Eran los cartapacios y protocolos que Toms Rufete haba emborronado
+durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta
+que sus hijos los recogieran, por si algo haba de inters entre tal
+balumba de desatinos. Isidora los haba llevado del desvn a su cuarto,
+y all los puso con nimo de someterlos a un examen cualquier da.
+Mariano ley, no sin trabajo, los rtulos que decan: _Desolacin...
+Hacienda pblica... Desfalcos... Muerte... Latrocinio..._, y otras
+cosas extravagantes. Como ninguna distraccin sacaba de ver letreros,
+empez luego a revolver todo lo que su hermana tena sobre la cmoda, y
+despus lo que en el primer cajn haba. Todo lo revisaba, lo examinaba
+por dentro y por fuera; hoje las novelas, levant de las botellas las
+cebollas de jacintos para ver las races, abri el estuche de los
+tornillos de diamantes americanos, revolvi la caja y los sobres de
+papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de
+ver el tintero y la pluma, tom esta y traz sobre un plieguecillo, con
+no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas
+contorsiones con el codo y la mueca, estas palabras: _Mariano Rufete,
+alias Pecado_. Contempl satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza,
+ech una rbrica que pareca el dibujo de un pual. Se ech a rer como
+un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigi su atencin al
+tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en l haba,
+metiendo en todos las narices y diciendo qu bueno! o qu rico!.
+Se puso pomada, se perfum con esencias y se lav las manos, sonriendo
+de gusto al ver cmo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar
+del jabn.
+
+Eh!, ya me has revuelto todo--dijo Isidora al entrar de la calle--.
+Jess, qu desorden! Mira, te voy a pegar.
+
+Mariano rea.
+
+Y qu has escrito aqu? _Mariano Rufete, alias Pecado_... Qu es eso
+de _Pecado_? Como yo vuelva a orte dndote a ti mismo esos apodos...!
+
+--Como los toreros--observ estpidamente Mariano sin cesar de rer.
+
+--A ver... Es que no quieres ser persona decente?... Pero qu haces,
+gandul? Te enjugas las manos en mi vestido? Quita all, asqueroso. No
+ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las
+personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con
+cafres.
+
+Y diciendo esto, de un pauelo que cogido por las cuatro puntas traa,
+sac sucesivamente varios pedazos de turrn y algunos puados de
+cascajo, castaas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la
+cmoda la ltima porcin de tan variados bastimentos, lanz de su pecho
+un suspiro enorme.
+
+Todo eso has trado?--pregunt Mariano--. Y el pavo? Yo quiero pavo.
+
+--Cenars lo que te den--replic ella pasando de la pena al enfado--. Es
+una mala educacin pedir lo que no hay.
+
+--El ao pasado--dijo Mariano con rudeza y desdn--mi ta _la
+Sanguijuelera_ tena besugo, y pimientos encarnados, y turrn de frutas,
+y lombarda, y una granada de este tamao. Yo me la com toda. Estaba
+ms rica...!.
+
+Ceuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sent en una silla
+alta y ella en otra baja.
+
+Maana ser otro da--dijo ella--. Eso de atracarse la Noche Buena es
+propio de gente ordinaria. Ya te ensear yo a ser caballero... Vaya que
+est rico este turrn. Prubalo....
+
+No se hacia de rogar _Pecado_, antes engulla sin cumplimiento. En la
+sala de la casa haba empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque
+esperaban a Miquis. La entrada de este se conoci desde el retiro de los
+Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante despus
+Isidora vio que se abra suavemente la puerta de su cuarto y que entraba
+la irnica fisonoma del estudiante.
+
+Vengo a tener el gusto de saludar a la seora archiduquesa--dijo este,
+sombrero en mano, con ceremoniosa cortesa--. Bien se ve que estamos ya
+en plena aristocracia. Esta noche se _queda usted en casa_; quiero
+decir, que recibe usted a sus amigos...
+
+--Toma--le dijo Isidora ofrecindole una bellota--. Es lo mejor que te
+puedo ofrecer.
+
+--Gracias, marquesa--repuso Miquis sentndose--. Es delicioso el
+obsequio. Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. Por qu no cenas con
+nosotros?
+
+--Nosotros--manifest Isidora ahogada por la pena y el despecho--no
+somos dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de
+almendras.
+
+--Ay, chiquilla! Cunto ms me gustan tus bellotas!... Pero no llores.
+De buena gana te acompaara... Pero es tan tirnica la sociedad...
+
+--Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan
+contentos... Mejor es as. Cada uno en su casa.
+
+Augusto la contempl en silencio, asombrado de su hermosura, que cada
+da iba en dichoso aumento, enriquecindose con un encanto nuevo.
+
+Aqu viene bien aquello de _a tus pies, marquesa_--dijo, levantndose.
+
+Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo
+el cuarto, aadi:
+
+Ests perfectamente instalada, marquesa. Magnfico gabinete. Aqu los
+arcones de roble; ah el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny,
+tapices de los Gobelinos, porcelanas de Svres, y de Bernardo Palissy...
+Muy bien. Bronces, acuarelas....
+
+Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su
+pena profundsima. Pero se sinti herida en lo ms vivo de su alma
+cuando Miquis, despus de transformar el humilde cuarto en aristocrtico
+gabinete, dijo con el mismo tono de encomio:
+
+Bien se conoce en esta rica instalacin el buen gusto del marqus viudo
+de Saldeoro. Adis, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio.
+
+
+=--III--=
+
+Cuando Augusto se march, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos
+en su propia falda.
+
+Quin es se?--le pregunt Mariano.
+
+--Un tipo, un mequetrefe--repuso ella sin mirar a su hermano, seales
+claras por donde manifestaba estar an dentro de la esfera de atraccin
+del pensamiento que la dominaba.
+
+--Dame ms turrn, marquesa--exclam el muchacho.
+
+--Por qu me llamas as?--pregunt Isidora bruscamente, despertando de
+su mental sueo.
+
+--Es apodo? Puo!... Y por qu te pone motes ese gatera?
+
+--Mariano, cuidado cmo se habla.
+
+--Se burla de ti!--grit _Pecado_ con aquel arrebato de infantil
+fanfarronera que en l pareca clera de hombre.
+
+--Yo te juro que no se burlar ms--dijo ella con los ojos hmedos de
+lgrimas.
+
+Mariano la mir, diciendo:
+
+Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa.
+Que venga a m con bromas; ver cmo le saco las entraas...
+
+--Mariano, loco, bruto y salvaje--grit ella, despertando otra vez en su
+letargo de pena y despecho--. Si te oigo hablar as otra vez...
+
+--No dije nada, nada... Dame turrn.
+
+La algazara de la sala creca, y por las palabras sueltas, los plcemes
+y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, as
+como por los olores culinarios que invadan toda la casa, se poda saber
+a qu altura andaba el festn. Se sinti sucesivamente la aparicin del
+besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don Jos lo recibi
+cantando la Marcha real. Despus se oyeron las ruidosas cuestiones a que
+dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedan a las risas, y
+los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocan los
+efectos del Valdepeas y del Cariena en la torpe lengua del ortopdico,
+que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacrentico de D. Jos
+Relimpio, que no deca cosa alguna derecha y con sentido.
+
+La criada entr en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias
+lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendironsele a Mariano con
+luces mil los ojos, y no pareca sino que cada destello de su mirar era
+un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al
+agradecimiento ni al perdn, vio con repugnancia aquel tardo obsequio.
+Aunque comprendi que este haba nacido en el bondadoso corazn de
+Emilia, siempre vea en l como un mensaje de lstima. Rechaz la fineza
+diciendo:
+
+Que muchas gracias y que no queremos nada.
+
+--Chica, chica, t eres tonta--gru Mariano con su rudeza propia,
+exacerbada hasta el salvajismo.
+
+--Si no te callas, te pego.
+
+--Yo quiero cenar--afirm l con brutal terquedad, echando a un lado la
+cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.
+
+--Eso es, rmpete la cabeza.
+
+--Mala hermana, no das de cenar a tu hermanito! Mira t, mejor estaba
+en la crcel...
+
+--Como vuelvas a nombrar...
+
+--Nombro!... Puo!
+
+--Como vuelvas a decir...
+
+--Puo!--repiti el bergante alzando la mano.
+
+--Alzas la mano!..., a m!..., a tu hermana.
+
+--Yo me quiero ir con mi ta.
+
+--Si vuelves a nombrar...
+
+--Mala hermana..., marquesa!....
+
+_Pecado_ hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de
+ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos
+engaamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba
+embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puos y los
+medianos antecedentes del seorito Rufete. Dominado este por la actitud
+de su hermana y por el cario que le tena, se contuvo. Echado de bruces
+sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos haca, a
+Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atencin hosca de uno
+de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo.
+
+El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don Jos haca el amor a
+su mujer echndole ternsimos requiebros entre los aplausos de los
+divertidos comensales. Doa Laura llamaba a su marido Sardanpalo. El
+ortopdico haba empezado a cantar villancicos, acompandose de golpes
+dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Slo Emilia y Leonor
+conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a
+Snchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopdico
+alborotaban tambin, el primero con sus discursos, el segundo con sus
+cantorrios de tangos y malagueas. Despus se hizo una grande y solemne
+pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Crease
+destinado a la inmortalidad; tena un buen tomo preparado para darlo a
+la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, haba de todo:
+elegas, odas, pequeos poemas, poemas grandes, epigramas, doloras,
+_suspirillos germnicos_, sficos y octavas reales. La sala pareca
+tribuna del Congreso, que se hunda con los aplausos al terminar Berande
+su recitacin.
+
+Versos--dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atencin.
+
+--Te gustan los versos?--preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su
+hermano un sntoma de decencia.
+
+--S--replic el muchacho--; me s de memoria los de _Francisquillo el
+Sastre_, que empiezan:
+
+ Salga el acero a brillar,
+ pues soy hijo del acero...
+
+--Calla, bruto; esas son barbaridades.
+
+--Tambin s los del _Valeroso Portela_, que dicen:
+
+ Escuchen, seores mos,
+ les dir de Juan Portela,
+ el ladrn ms afamado
+ de la gran Sierra Morena.
+
+--Calla, hijo, calla por Dios. Me ests envenenando con tus horribles
+coplas. Ningn joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto est bien
+para el pueblo, para el populacho. Sabes t lo que es el populacho?
+
+--Mi ta _la Sanguijuelera_--contest el chico con tan graciosa
+naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.
+
+--Ya aprenders mil cosas que no sabes. Y dime ahora, qu aspiracin
+tienes t?... Qu quieres ser?...
+
+--Yo no quiero ser nada--repuso l con apata.
+
+--Es preciso que estudies y que trabajes. No volvers a la fbrica de
+sogas. Irs a un colegio. Qu carrera quieres seguir?.
+
+Mariano medit un instante. Despus dijo con resolucin:
+
+La de tener mucho dinero.
+
+--Y para qu quieres t el dinero?
+
+--Toma..., _mia_ sta... Pues para ser rico.
+
+--Pero es preciso que seas algo.
+
+--Rico...
+
+--Y en qu gastaras el dinero?
+
+--En comer lomo, granadas, turrn y en beber buen vino. Tendr un
+caballo y me vestir todo de seda.
+
+--No te gustara militar y llegar a general?
+
+--S, s--afirm _Pecado_, despidiendo de sus ojos brillo de animacin y
+alegra--. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., as..., toma!
+
+--No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras
+preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillera.
+
+--Artillero, artillero!--grit _Pecado_, dando golpes en la mesa--. Ya
+me vers, caonazo va, caonazo viene... Bum, bum!
+
+--Dispararas cuando fuera menester...
+
+--No, no, siempre... Al que me hiciera algo, zas!....
+
+A esto llegaban cuando volvi la criada trayendo un plato con varios
+pedazos de turrn, de parte de la seorita Emilia y del seorito Miquis.
+No considerndose an desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a
+admitirlos; pero Mariano se abalanz al plato ms pronto que la vista, y
+arrebatando el turrn, empez a engullir con tanta prisa, que no pudo su
+hermana evitarlo.
+
+Malcriado..., glotn!--le dijo cuando otra vez se quedaron solos--.
+No has comido ya bastante?.
+
+Mariano neg con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca.
+
+Te pondr interno en un colegio.
+
+Mariano hizo con los dedos una seal que quera decir: Me escapar.
+
+No te escapars. Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro
+muy rgido.
+
+--De la bofetada que le pego--dijo Mariano pudiendo ya articular algunas
+palabras--, va volando al tejado.
+
+--Fanfarrn!....
+
+En la sala, la cena pareca tocar a su fin. Todas las clases de turrn
+haban sido probadas, as como las granadas y las ruedas de naranjas
+espolvoreadas de azcar. Relimpio, con la ltima copa de cariena, dio
+con su cuerpo en tierra. A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!,
+gritaba con torpe lengua el insigne galn rodando debajo de la mesa.
+Muertos de risa los dems, le cogieron por los cuatro remos para
+llevarle a la cama, y l iba cantando el _Kirie_ _eleisn_ con voz de
+sochantre, y los dems riendo y vociferando, de lo que resultaba el ms
+grotesco cuadro y msica que se pudiera imaginar.
+
+Cunta grosera! Qu gente tan ordinaria!--exclam Isidora.
+
+Poco despus lleg Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la
+soledad en que se haba quedado en noche de tanta alegra. Mas, no dando
+su brazo a torcer Isidora, replic que haba estado perfectamente en su
+cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y
+cuando Isidora le mand que se recogiera, por ser ya ms de medianoche,
+el maldito muchacho se le plant delante y le dijo con sus bruscos
+modos:
+
+Dame dinero.
+
+--Y para qu quieres t dinero, tunante? Acustate.
+
+--Me acostar; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te
+quiero...
+
+--Para qu lo necesitas?
+
+--Para ir maana a los toros.
+
+--Si ahora no hay toros, mentecato.
+
+--Pero hay novillos y mojiganga.
+
+--Y cmo sabes eso?
+
+--Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero.
+
+--Maana te dar unos cuartitos...
+
+--Cuartitos? T eres rica--dijo pasando la vista con malicioso examen
+por los diversos objetos que Isidora posea--. T tienes dinero, porque
+has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre.
+
+Al decir esto se desnudaba para acostarse.
+
+Yo tambin soy pobre--afirm Isidora--; pero con el tiempo, tal vez
+dentro de poco, t y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y
+an ms.
+
+--La seorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de
+hambre--gru l, acostado ya.
+
+--No seas tonto. Cllate y duerme.
+
+--Si maana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya s yo
+cmo se pide. Me lo ha enseado un chico.
+
+--Qu ests diciendo, cafre?
+
+--Que pedir limosna. Vers.
+
+--No me sofoques... A un colegio, a un colegio.
+
+--Ya me estoy durmiendo... Hasta maana.
+
+--No rezas, herejote?.
+
+Mariano murmur algo que no era fcil descifrar, y se durmi
+sosegadamente. Todava quedaba en l algo de nio. Su hermana le
+contempl un instante movida de un sentimiento extrao en que se
+combinaban el cario y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya
+casi le tocaba con sus labios, se apart diciendo: Temo que se
+despierte y me pida lo que no puedo darle.
+
+
+
+
+Captulo XV
+
+Mariano promete
+
+
+A la siguiente maana, no repiti Mariano sus exigencias de la noche de
+Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltn, inquieto y
+condescendiente. Gozosa tambin Isidora de verle sin las siniestras
+genialidades de la pasada noche, hzole mil caricias, le visti, le
+arregl, psole una elegante corbata, que ha das tena para l, le
+pein, sacndole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado
+y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo:
+Ahora s que ests hecho una persona decente. l se miraba riendo, y
+deca una y otra vez... Quia, quia; ese no soy yo.
+
+Despus salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano
+quera que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su
+bolsillo, le tapara la boca ms de una vez; pero nada tena, y los dos
+se volvieron a casa cariacontecidos. l se preguntaba que de qu serva
+tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si
+entre los dos no tenan ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano
+sali solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvi ya muy
+entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata
+hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera
+imposible. Mariano confes, con loable franqueza, que haba estado
+jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que
+redoblndose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que
+duelen poco. Lo ms extrao es que el muchacho, con ser tan bravo y
+rebelde, no se defendi de los azotes, ni hizo ademn de volver golpe
+por golpe, ni chist siquiera... Por la noche ya haban hecho las paces;
+l prometa ser bueno, y fino y persona decente. Exigi que su hermana
+le llevara al teatro, ella lo prometi as; mas como no pudiese cumplir
+al siguiente da por la causa que fcilmente conocer el lector, se
+enfureci el chico, pidi dinero, negselo ella, hablaron ms de la
+cuenta, y l puso trmino a la disputa con esta amenazadora frase:
+
+Dinero! Ya s yo cmo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo
+han enseado.
+
+Isidora no hizo caso. El da de Inocentes sali un rato. Al volver,
+Mariano haba revuelto todo el cajn alto de la cmoda.
+
+Qu haces?--preguntole su hermana, previniendo algn desastre.
+
+--Acirtame que tengo aqu?--le dijo Mariano mostrndole su puo
+cerrado.
+
+Isidora trat de abrir el puo del muchacho; pero este apretaba tan
+fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron
+moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano
+haca de su mano un arca de hierro.
+
+Abre la mano, brela.
+
+--No quiero.
+
+--Qu tienes ah?... Qu has cogido?.
+
+Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puo cerrado.
+Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: Abur, chica.
+
+Al punto ech Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque
+falsos, valan cuatro duros. Cuntas lgrimas derram aquel da!
+Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio.
+
+Una noche, cuando menos se le esperaba, apareci al fin avergonzado,
+compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo prdigo. Con la
+alegra de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como
+cumpla, y le perdon. Tena Mariano entre sus maldades, desarrolladas
+por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la
+franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos
+con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo
+cuanto haba hecho en la semana lo cont puntualsimamente; pero ninguna
+parte de aquella Odisea de travesuras caus tan penoso efecto en el alma
+de la seorita de Rufete como estas palabras:
+
+Estuve en casa de mi ta Encarnacin, sabes?..., y mi ta Encarnacin
+y la ta _Palo--con--ojos_ coman juntas; y m ta Encarnacin me dijo:
+Anda, pillete, anda con tu hermana a que te d de comer y te vista de
+seorito, pues bien puede hacerlo. Entonces mi ta Encarnacin y la ta
+_Palo--con--ojos_ se pusieron a hablar de ti, y mi ta Encarnacin dijo
+que t tienes un novio marqus que te da mucho dinero.
+
+Isidora se qued yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje
+habra sido ocasin de que entrara ms en malicia el chico, harto
+malicioso ya, fingi tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el
+alma, y se ech a rer. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo
+punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el
+trnsito brusco del candor al cinismo, le dijo:
+
+Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien s lo que hacis para tener
+siempre dinero. Los chicos me lo han dicho.
+
+Risas, azotes, lgrimas sucedieron a esta declaracin; pero tambin
+paces al siguiente da. Isidora, que recibi del marqus de Saldeoro
+otra visita platnica y una nueva remisin de fondos por cuenta, al
+parecer, del Cannigo, sali de aquella sombra situacin de escaseces y
+apuros; pag sus deudas, compr un Diccionario de la Lengua castellana y
+llev a su hermano al teatro, de lo que este recibi tanto gusto, que en
+algunos das apareci como transformado, encendida la imaginacin por
+las escenas que haba visto representar, y manifestando vagas
+inclinaciones al herosmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta
+Isidora de esto, comprendi cunto influye en la formacin del carcter
+del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce,
+la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea.
+
+Animada Isidora al ver que no careca su hermano de algn fundamento
+bueno y slido para construir en l la persona decente, determin que no
+corriera un da ms sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el
+seorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebao de chicos
+en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete
+la sujecin, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el
+de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto
+afn como de buscar aventuras. La mortificacin de su amor propio al ver
+que le eran muy superiores nios de menos edad que l, aumentaba el
+horror que hacia el colegio y su maldito profesor senta. Era casi un
+hombre, y en todas las clases ocupaba el ltimo lugar. Era el burro
+perpetuo, burla y mofa de los dems chicos. Su barbarie lleg a ser
+proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y
+pataleo los dislates que deca en sus lecciones, y el maestro mismo,
+cargando sobre l el peso de su desdn pedaggico, sola decir,
+reprendiendo a cualquiera de los alumnos: Eso no se le ocurre ni al
+mismo Rufete. Eres ms tonto que Rufete.
+
+La poca estimacin que se le tena mat en l sus escasos deseos de
+aprender. Concluy por despreciar el colegio como el colegio le
+despreciaba a l, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual
+aument de tal modo que, sin saberlo su hermana, dej de asistir un mes
+entero al estudio. En aquellos das de aventuras y pilladas y
+esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido inters en seguir los pasos
+de este desgraciado chicuelo le habra visto encaramndose en la verja
+de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del
+ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en
+el ro entre las lavanderas. En sus compaas, que al llegar al colegio
+fueron de nios decentes, descendi poco a poco hasta el ms bajo nivel,
+concluyendo por incorporarse a las turbas ms compatibles con su fiereza
+y condicin picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a
+puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban
+su pandilla; y como Mariano sola tener algn dinero, eran de ver su
+boga y popularidad entre esta chulera menuda, que sin cesar se ofrece a
+nuestra vista por calles y caminos con escndalo de la moral, con
+bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y
+sujetar estos presidios sueltos del porvenir.
+
+
+
+
+Captulo XVI
+
+Anagnrisis
+
+
+Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaqun visit una tarde a
+Isidora para anunciarle que la seora marquesa de Aransis haba llegado
+de Crdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en
+Isidora la dej alelada por breve rato, y en su aturdimiento no haca
+ms que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera
+puesto ya en l todos los afectos disponibles de su gran corazn,
+bastara aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero
+Joaqun dijo ms. La seora marquesa de Aransis se haba dignado fijar
+el da siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir
+a la seorita de Rufete. Esta se ruboriz de golpe por la idea sola de
+aproximarse a la marquesa. Qu minuto de asombro y congoja dulce!
+Despus el marqus viudo habl algo de los graves sucesos polticos del
+da; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos
+los polticos y no se enter de nada.
+
+Cuando se qued sola, qu cosas pens y dijo! Y por la noche, cmo se
+anticip a los sucesos! Con qu vigor y fuerza de fantasa construy en
+su mente la persona de la marquesa, a quien nunca haba visto, y qu
+bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos haran,
+abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos
+propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las
+altas esferas que ella no conoca sino por ese brillo lejano, ese eco y
+ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose
+duea del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias
+al Seor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por
+la sociedad; rez, se espiritualiz, ba su alma, si as puede decirse,
+en ondas de honradez y virtud; la aromatiz con esencias sacadas de la
+dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos
+grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y
+consolar afligidos y menesterosos; y desde esta regin de la
+beneficencia se precipit a escape hacia los ensueos del lujo, en un
+carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre
+nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada
+y moribunda en el abismo de rosas de un sueo dulce.
+
+Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. Oh! La
+luz de aquel da, de aquel jueves, 11 de febrero, tena para ella un
+tinte sonrosado y divino, lleno de poesa y de esperanza, como si todo
+el da fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba
+la hora de su dignificacin gloriosa; la hora de una de las ms grandes
+justicias que haba visto la tierra. En el tiempo haba aquel da un
+monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde.
+
+Isidora empez a arreglarse desde muy temprano. Cmo ira? No era
+conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio
+bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le
+pareca chocarrero y de mal gusto. Tampoco convena presentarse con
+desalio, anuncindose como demasiado influida por la baja condicin en
+que tan injustamente haba vivido. El desaseo y abandono seran de muy
+mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada
+y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a
+otro esplendoroso. As se mostrara merecedora del nuevo puesto,
+demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la maana
+la pas en estos pensamientos. Tambin medit si convendra o no llevar
+consigo a Mariano, decidindose por la negativa, por temor a que la
+comprometiese con su salvajismo. Tiempo habra de presentarle y tambin
+de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendra a ser
+caballero digno de su escogido linaje.
+
+Cuando se acercaba la hora, psose la de Rufete su vestido de merino
+negro, tan decente que no se poda pedir ms, muy bien cortado y hecho;
+pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo,
+embelesndose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se haba de
+congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en
+el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que comparta
+y derramaba su abundante cabello castao alrededor de la frente, detrs
+de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su
+rostro matices de poesa crepuscular, como si todo l estuviese formado
+con tintas y rasgos tomados de la melancola y sosiego de la tarde. Sus
+ojos eran pardos y de un mirar carioso con somnolencias de siesta o
+fiebre de insomnio, segn los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya
+la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le
+conoca el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis deca que haba
+en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones.
+Tambin deca que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino
+nadaban como nereidas la imaginacin soadora, la indolencia, la
+ignorancia del clculo positivo y el desconocimiento de la realidad.
+
+Mirose mucho al espejo y se puso el velo. Bien, bien! Su dignidad, su
+hermosura, su derecho mismo, resplandecan ms en la decencia correcta y
+limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. Bien, muy bien!
+Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con
+la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavo, que por
+ella quizs se dividen las clases sociales.
+
+Dieron las tres. Tom de una gaveta, donde muy guardados estaban, los
+papeles que su to le haba dado, y que eran testimonio de su derecho
+incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro
+documento interesantsimo. Pas la vista por ellos, aunque ya se los
+saba de memoria, y los guard. No los necesitaba, sin duda, porque la
+cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsin o delicadeza.
+Al salir ech sobre su pobre aposento una mirada de lstima en que
+tambin haba algo de gratitud. Le pareca tan excesivamente humilde,
+que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo
+con su presencia. La princesa de Poniatowsky pareca ms triste al verla
+partir, y los del cuadro del _Hambre_ se volvan ms flacos y
+macilentos. Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueos
+y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los
+muros venerables del palacio de Aransis.
+
+Al salir se despidi mentalmente de las de Relimpio. Les ech una
+rociada de desprecio. As puede decirse, pues tal era su idea. Se
+figuraba que tena en la mano una de aquellas mangas de riego que haba
+visto en las calles, y que, apuntndola a D. Laura, arrojaba sobre
+ella, en forma de inundacin, todo el desdn que puede caber en un
+corazn tan grande como el depsito del Campo de Guardias. Slo
+exceptuaba de este chaparrn al bueno de D. Jos, para quien destinaba
+_in mente_ la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don Jos, como
+siempre, la acompa aquella tarde.
+
+Seran las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida
+que se acercaba Isidora a los barrios prximos a San Pedro iba sintiendo
+turbacin tan grande, que crey le faltaran las fuerzas para llegar
+all. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos
+marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusin. El
+tiempo estaba tambin turbado. No saba si apresurarse o detenerse. No
+quera llegar ni antes ni despus de la hora. Al fin vio en el extremo
+de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcn, el primero de larga
+fila de balcones, y se detuvo mirndolo. All era: tuvo miedo, fro y
+ganas de llorar...
+
+Despidiose de D. Jos, el cual no comprenda por qu su ahijada le
+mandaba retirarse.
+
+Pero qu? Te quedas aqu?... No vuelves a casa?...
+
+--No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabr usted todo.
+Adis.
+
+--A ti te pasa algo. Qu plida ests!... Pero aguarda...
+
+--Adis, adis.
+
+Dejndole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del
+palacio. El gran sobresalto de su alma creca a cada paso. Oh! Sin
+duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta lleg a imaginar
+que estara en un balcn esperndola. Mir y no haba nadie. La casa
+estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en
+s mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal
+entreabierta. Isidora, al tocarla, sinti como un valor repentino. El
+contacto de su propiedad le devolva el dominio de s misma. Revelacin
+magntica de su derecho!
+
+Con voz clara pregunt al conserje por la marquesa. El cojo, como si la
+esperara, la invit a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera
+haba otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abri con
+mucho respeto una mampara. Esto anim a Isidora. Dentro de ella se rea
+un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una mquina. Su corazn no
+era corazn, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer
+criado le sali al encuentro, y dicindole: Pase usted, la llev de
+sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: La seora saldr al
+instante.
+
+Isidora se sent. Instante nico, tremendo; ngel con el pie levantado y
+las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigir su vuelo al
+suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta;
+espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace
+o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de
+aquel, no conocido todava, en que se acabar el mundo... Ah!, la
+puerta del gabinete se abra... Isidora vio entrar una dama de cabello
+casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como
+reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acert a
+contestar al saludo afectuoso de la seora. No saba lo que le pasaba.
+Se levant, volvi a sentarse. No poda asegurar si dijo o no dijo algo.
+Se senta morir. El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la
+marquesa no la haba abrazado..., la marquesa no haba parado mientes en
+su fisonoma!... Las dos se miraron.
+
+Entonces Isidora vio que la marquesa sac unos lentes de oro, y
+aplicndolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada,
+fra, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para
+despertar admiracin. Isidora crey que la seora haba estado mirndola
+siglo y medio, ao ms, ao menos.
+
+Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes sali una palabra.
+
+El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me
+escribi a Crdoba dicindome que usted..., parece que asegura....
+
+Cosa rara! Tambin pareca turbada la marquesa. Pero lo que ms pasm y
+confundi a Isidora fue no ver en la digna seora seales de
+enternecimiento.
+
+Es usted, segn creo--dijo esta--, una joven que se llama Isidora, hija
+de un tal Rufete...
+
+--No, seora--manifest Isidora recobrando en un punto su valor, y
+usando un lenguaje en que se combinaba hbilmente la energa con la
+urbanidad--. He llevado y llevo ese nombre, que no es el mo. Don Tomas
+Rufete ha pasado, hasta que muri por padre mo, y por tal le tuve y le
+quise; pero yo me llamo Isidora de Aransis.
+
+La marquesa la interrumpi con un gesto de enojo. Volvi a mirarla
+fijamente y palideci.
+
+Me han asegurado--dijo--que usted pretende pasar por hija de mi
+desgraciada Virginia. Es cierto que usted lo cree as?
+
+--Oh!, que si lo creo!--exclam Isidora echndose a llorar--. Si no lo
+creyera, no vivira...
+
+--Parece--indic la marquesa--que esa creencia en usted es sincera;
+parece que es una conviccin arraigada y profunda... No puede usted
+figurarse--aadi con cierto cario--lo que me ha dado que pensar esta
+idea de usted. Cuando me escribieron dndome cuenta de una joven que se
+llamaba mi nieta, estuve muchos das preocupada con esto... He tenido
+mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle
+que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios
+de la condicin moral de las personas, desde luego aseguro que al
+declararse usted nieta ma, no la ha movido ningn inters maligno.
+Usted es sincera y honrada, usted tiene la conviccin...
+
+--Seora--exclam Isidora cayendo de rodillas a los pies de la
+aristcrata--. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de
+la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre.
+
+Le bes las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los
+besos, con la ms santa y sincera afeccin que es dado imaginar. Pero
+aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de
+enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su nimo, y dijo con
+sequedad:
+
+Pero qu es esto?... Levntese usted, hija... No puedo consentir...
+Usted no me ha entendido bien....
+
+Isidora se levant. Crea que la marquesa quera llevar las cosas por el
+terreno de las explicaciones fras antes de entregarse a las expansiones
+del sentimiento.
+
+Usted no me ha entendido bien--replic la de Aransis, viendo cmo
+Isidora se enjugaba las lgrimas luego que se sent--. He dicho tan slo
+que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y
+bondad que noto en su fisonoma... (es usted muy hermosa...) me ha
+parecido desde un principio digna de inters y consideracin. Usted sin
+duda no ha venido aqu a representar una comedia; usted se declara hija
+de mi desgraciada hija porque as lo cree, fundada en motivos y
+circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razn,
+hija ma, hay inmensa distancia, y as, seorita, no puedo menos de
+manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que est usted
+completamente equivocada.
+
+Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazn todas
+las cataratas del Nigara, no habra experimentado sensacin ms
+dolorosa de choque duro y fro. Qued convertida en estatua, y sus
+lgrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le sali a
+los ojos. _Completamente equivocada!_ Decirle esto a ella era lo mismo
+que decirle: T no existes, t eres una sombra; menos an, un ente
+convencional. Tan profundas races tena en su alma aquella creencia!
+
+Yo no s--prosigui la marquesa con frialdad--cmo ha llegado usted a
+adquirir ese absurdo convencimiento; no s, ni quiero saberlo, por qu
+serie de circunstancias, de _qui pro quo_ y de falsas apariencias, ha
+llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su
+error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de
+seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que s puedo
+asegurar a usted, y lo aseguro porque lo s, es que ha sido usted
+atrozmente engaada, hija ma, y espero que no insistir en ello despus
+de lo que acabo de manifestar.
+
+Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no
+alumbrase. Era toda conviccin, y la fe de su alto origen resplandeca
+en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a
+su voluntad y slida base a su conciencia. El que apagase aquella
+antorcha de su alma, habra extinguido en ella todo lo que tena de
+divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al or a la marquesa crea
+escuchar los trminos ms terribles de la injusticia humana. La pena que
+con esto sintiera la colm de confusin y espanto en los primeros
+momentos; pero despus su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia.
+Su ira surgi como una espada que se desenvaina, y le dio concisa
+elocuencia para decir:
+
+Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo
+nacimos de doa Virginia de Aransis. Se nos podr arrebatar lo que es
+nuestro; se nos podr negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre;
+pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defender.
+
+--En vista de esa terquedad--dijo la marquesa esforzndose en no llevar
+la cuestin a un terreno dramtico y en huir de las declamaciones--me
+arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin
+malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos nios de mi
+infeliz hija, la hembra muri, el varoncito vive y est a mi lado. Si
+insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o captulos de
+novelas, me ver obligada a tenerla a usted o por impostora o por
+demente...
+
+--Tengo documentos--exclam Isidora mostrando sus papeles.
+
+--No quiero verlos. Supongo qu pruebas son esas. Yo las tengo
+clarsimas para probar lo que he dicho.
+
+--Y yo..., yo tambin probar!--balbuci Isidora con el corazn, hecho
+pedazos, en los labios--. Ah! Qu desgraciada soy, seora! Yo me
+muero.
+
+Rompi a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma,
+tuvo lstima de ella.
+
+He empleado con usted palabras muy duras--le dijo--. Pero usted ha
+tenido la culpa, hija ma. Usted ha sido engaada. No ser quizs
+impostora. Hablar usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de
+su credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiseme sus
+penas, porque penas hay, lo sospecho. Quin ha metido a usted en la
+cabeza esas historias? Cunteme usted todo. Despus, si necesita algo,
+si usted se ve en alguna necesidad...
+
+--Hasta aqu he vivido arrojada de mi casa, de mi posicin, privada de
+mi verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nac me
+pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna.
+
+La marquesa no crey deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las
+ltimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y
+mirando a la pobre joven con ms lstima que clera, le dijo:
+
+Si tan convencida est usted, acuda usted a los Tribunales.
+
+--Acudir--exclam Isidora con firme conviccin.
+
+--Entretanto, es intil que disputemos aqu. Puede usted retirarse.
+
+La marquesa intent tirar del cordn de la campanilla. Con un movimiento
+inesperado, Isidora la detuvo, y postrndose ante ella, exclam con viva
+explosin de sentimientos nobles:
+
+Seora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibira
+usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi
+derecho, y yo la adoro porque creo en l. No hay odio en mi corazn ni
+puede haberlo para la madre de mi madre... Djeme usted besar sus
+manos.
+
+La marquesa pareca muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro,
+apartaba de s a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiracin ms
+audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separ su velo para mostrar
+ms completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. Qu
+destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del
+timbre de su voz al decir:
+
+Para qu leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho.
+Soy el retrato vivo de mi madre.
+
+La marquesa la mir otra vez palideciendo. Cruz por la mente de la
+noble seora un rayo de duda?... Vacil su firme creencia? Quin puede
+saberlo! A sus ojos asomaron las lgrimas.
+
+No interprete usted mis lgrimas como una concesin--dijo a Isidora--.
+Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido....
+
+Volvi a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada
+por aquel mirar profundo, se estremeci de esperanza. La hermosura de la
+joven, su distincin innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto,
+hicieron en la noble dama profunda impresin.
+
+En cuanto al parecido--continu esta--, nada tengo que decir, porque si
+alguno hay, es puramente casual... Me har usted un favor en retirarse.
+
+Tir de la campanilla, y se alej serenamente sin prisa y sin clera,
+como nos alejamos despus de aplastar un insecto.
+
+Isidora se encontr sola en el gabinete. Un lacayo apareci en la
+puerta. Era seal de que la ponan bonitamente en la de la calle.
+Levantose y sali. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad
+terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del
+palacio se iban quedando atrs, como se desvanece el mundo cuando nos
+morimos.
+
+Cuando bajaba la escalera, un lacayo suba. Tomola este por una de las
+infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la
+marquesa, y le dijo: Qu bonita es usted, prenda!.
+
+Puede juzgarse cmo estara su espritu, cuando este ultraje apenas le
+hizo impresin. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el
+cual al pasar la mir con atencin picaresca. Ambos le hicieron un fro
+saludo. Sali sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle.
+Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. Jos de
+Relimpio. Isidora despert al choque y dijo:
+
+Pero est usted aqu?
+
+--S, hija ma--replic el galn viejo muy conmovido--. El corazn me
+deca que habas de salir pronto, y esper... No me poda acostumbrar a
+la idea de no volver a verte... Qu quieres t?... Yo tomo cario a las
+personas con mucha facilidad... Aqu se me ha pasado el tiempo mirando
+como un bobo a los balcones y diciendo: Ella ha de salir, ella ha de
+salir.
+
+
+
+
+Captulo XVII
+
+Igualdad.--Suicidio de Isidora
+
+
+Isidora no pona atencin en las cariosas palabras de D. Jos. Sinti
+en su cerebro una impresin extraa, como el rastro areo de inmensa
+cada desde la altura a los ms hondos trminos que el pensamiento puede
+concebir. Y qu manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que
+estn debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio
+general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la
+luz eran de otro modo. La gente y las casas tambin se haban
+transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora,
+era punto menos que otra persona.
+
+Pero a dnde vamos, hija?--pregunt Relimpio viendo que andaban y
+desandaban calles, suban costanillas, y divagaban pasando muchas veces
+por un mismo sitio.
+
+Isidora no le contestaba y adelante segua, llevndolo como rodrign.
+Ella miraba al suelo, l el cielo. Sin saber cmo, hallronse en las
+Vistillas. Caa la tarde. Don Jos llamo la atencin de su ahijada hacia
+la magnificencia del crepsculo que desde aquel despejado sitio se
+gozaba; alz los ojos ella y mir, arrojando un suspiro tan grande sobre
+el inmenso paisaje que a su vista tena que pareca querer llenarlo de
+tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonas entre su
+estado moral y la Naturaleza, la hermossima retirada y apagamiento del
+da no eran extraos al occidente que haba en su alma. Los destellos de
+oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundan dejando tras s
+un rastro plido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa
+uniforme y sin contornos, se alejaba, desvanecindose en el fondo del
+firmamento, donde al fin quedara como el espectro de un mundo.
+Marcbanse las curvas del ro por jirones de niebla desvanecida,
+vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado
+de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos.
+
+Qu fesimo es esto!--murmuro Isidora con ira que indicaba cierta
+hostilidad contra la Naturaleza.
+
+Entonces el patriarcal D. Jos se puso a admirar la belleza del cielo,
+que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyeccin
+abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata,
+caa del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante
+del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago
+apuntar de la idea en el cerebro. Don Jos desparram su vista por toda
+la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrnomo a un
+astro que brillaba ms a cada instante, dijo lacnicamente:
+
+Jpiter!.
+
+Isidora tambin miro, pero con escarnio y desdn.
+
+Qu horrible est la luna!--murmur.
+
+Y la compar al corte de una ua. Volvindose a su embelesado padrino,
+que os hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha
+displicencia:
+
+Y qu tengo yo que ver con Jpiter?... Qu me va a dar a m
+Jpiter?.
+
+Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrs l.
+
+A ti te pasa algo... Qu tienes?--le dijo el maestro de Tenedura.
+
+--Qu le importa a usted! Si no quiere usted acompaarme, puede dejarme
+sola.
+
+--Pues no faltaba ms!... Hasta el fin del mundo....
+
+Una sombra lgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la
+vista, y vieron la mole del viaducto en construccin, un bosque de
+andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro.
+
+Cuando este puente se acabe--dijo Relimpio en tono de mucha
+autoridad--, no servir sino para que se arrojen de l los
+desesperados.
+
+Isidora mir con desprecio al puente, y repuso:
+
+Quia! Eso es muy bajo.
+
+Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media
+docena de hombres entre humo y vapores alcohlicos, sali una
+exclamacin que as deca: Ya todos somos iguales, cuya frase hiri de
+tal modo el odo, y por el odo el alma de Isidora, que dio algunos
+pasos atrs para mirar al interior del despacho de vinos.
+
+Se confirma lo que esta maana se deca--murmur D. Jos demostrando
+una gran pesadumbre--. El Rey se va, renuncia a la corona, y a m no hay
+quien me quite de la cabeza que es la persona ms decente...
+
+--Todos somos iguales--afirm Isidora repitiendo la frase.
+
+Y la frase pareca volar multiplicada, como una bandada de frases,
+porque a cada paso oan: Todos somos iguales... El Rey se va. Salan
+estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban
+mujeres y chicos en las puertas de algunas casas.
+
+Mientras D. Jos dejaba or con tmida voz consideraciones prudentes y
+juiciosas sobre el suceso del da, Isidora pensaba que aquello de ser
+todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento
+excepcional de esos que hacen poca en la vida de los pueblos, y se
+alegr en lo ntimo de su alma, considerando que habra cataclismo,
+hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos
+colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento
+moral de Isidora, no la consolaba. A la momentnea alegra sigui
+agudsima pena. Por un instante se sinti invadida de un dolor tan
+grande, que lleg a pensar en que no deba vivir ms tiempo. Pero esta
+desesperacin tambin dur poco. Todos los medios de apartarse
+voluntariamente de la vida le parecan dolorosos, antipticos y aun
+cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la
+ataba an a la vida, aunque no fuera ms que la curiosidad de goces y
+satisfacciones que no haba probado todava... No, morir, no. Tiempo
+haba para eso.
+
+A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y reciba su calor
+central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y
+del ver y del gustar. Haba sofocado una vida para fomentar otra. Cuando
+esta mora, justo es que aquella resucitara.
+
+De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba
+cansadsima y quera sentarse. No slo tena necesidad de reposo, sino
+de meditacin, pues tanto como su desengao la mortificaba aquella noche
+la idea de tener que volver a casa de D. Laura. No; decididamente all
+no volvera aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco fro y
+duro. En tanto don Jos miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que
+en su interior ocurra; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de
+piedra. En ningn balcn se vea luz. Todo estaba cerrado y sombro como
+el disimulo que precede a las grandes resoluciones.
+
+Pobre seor!--exclam Relimpio ofreciendo a la dinasta extranjera el
+homenaje de un suspiro--. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en
+su caso....
+
+Despus de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas,
+Isidora dijo esto a su buen padrino:
+
+Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todava.
+
+--Marcharme!, dejarte sola!... T ests loca--replic l no sabiendo
+renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada.
+
+--Es que no puedo ir a casa todava... Mrchese usted, que si no le
+reir D. Laura.
+
+--Djala... Yo te acompaar adonde quieras. No faltara ms...; ir t
+sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo
+digo con franqueza, porque yo no soy ningn anacoreta. A los pcaros
+espaoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No
+puedes andar sola de noche. Ests cada da ms guapa, y por dondequiera
+que vas llamas la atencin.
+
+--Llamo la atencin!--, pens ella, y se levant decidida.
+
+--A dnde vamos, hija?
+
+--No lo s todava.
+
+Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animacin convidan a
+los placeres y a intentar gratas aventuras, sinti la joven que se
+amenguaba su profundsimo pesar, como el dolor agudo que cede a la
+energa narctica del calmante. Se sinti halagada por el contacto de la
+sociedad; percibi en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces
+simpticas llamndola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y
+como la humana soberbia afecta desdear lo que no puede obtener, en su
+interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones
+despedazadas y muertas. Ella tambin despreciaba una corona. Tambin
+ella era una reina que se iba.
+
+Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazn siempre
+alborozado, le comunic su vivir rpido y anheloso. All se cruzan las
+ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o
+sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un
+encanto, abierto bazar, exposicin de alegras y amenidades sin cuento.
+Los teatros llaman con sus rtulos de gas, las tiendas atraen con el
+charlatanismo de sus escaparates, los cafs fascinan con su murmullo y
+su tibia atmsfera en que nadan la dulce pereza y la chismografa. El
+vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las
+seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente.
+
+Isidora observ que en ella renaca, dominando su ser por entero, aquel
+su afn de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar
+diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor
+fisiolgico y dar satisfaccin a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo
+vigoroso y el alma soadora. Se miraba en los cristales, y se detena
+largusimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba
+mientes en el susurro de los grupos, que decan: El Rey se aburre, el
+Rey se va.
+
+A la entrada de la calle de la Montera la animacin era, como siempre,
+excesiva. Es la desembocadura de un ro de gente que se atraganta
+contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella
+noche, sin saber por qu, el choque de las multitudes y aquel
+frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil
+impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujn, de las cosas
+vistas y deseadas. El piso hmedo, untado de una especie de jabn negro,
+era resbaladizo; pero ella se sostena bien, y en caso de apuro se
+colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Suban
+los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando
+sangre, y su enorme pesadez estremeca el suelo. Los carreteros
+apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban
+para evitar el desorden y los atropellos. Detenanse los vehculos
+atarugados, y la gente, refugindose en las aceras, se estrujaba como en
+los das de pnico. La tienda del viejo Schropp detena a los
+transentes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de mscaras,
+disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas,
+y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el
+escaparate del Marabini, lleno de magnficos brillantes, manifestaba al
+pblico tentadoras riquezas.
+
+Dejemos esto, chica--dijo D. Jos a su ahijada, que miraba embebecida
+las joyas--. Esto no es para nosotros.
+
+De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol.
+
+Otra vez?
+
+--Quiero ir hacia el Congreso--declar ella.
+
+--Ya..., para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no
+sea que por artes del demonio....
+
+Menudeaban los grupos, todos pacficos. No eran hordas de descamisados,
+sino bandadas de curiosos. Se oa decir aqu y all: La Repblica, la
+Repblica, pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de
+aquella cosa grande y temida. No haba entusiasmo ni embriaguez
+revolucionaria, ni amenazas. La Repblica entraba para cubrir la vacante
+del Trono, como por disposicin testamentaria. No la acompaaron las
+brutalidades, pero tampoco las victorias. Dirase que haba venido de la
+botica tras la receta del mdico. Se le aceptaba como un brebaje de
+ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte.
+
+Cunta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso,
+donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el
+caf de la Iberia, que es el Parnasillo de los polticos, dan a esta
+calle, en das o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su
+padrino siguieron la corriente. Cuntos hombres, y tambin cuntas
+mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magntico conductor
+de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el
+roce de hombros y brazos, entr en ella y la sacudi.
+
+Djeme usted sola--dijo a su padrino--. Yo tengo que hacer. Le va a
+reir a usted doa Laura.
+
+--Deja a D. Laura que se la lleve el demonio--exclam Relimpio, a quien
+la idea de no acompaar a su sobrina le pona furioso--. Hay por aqu
+tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y
+decirte flores. Esto es indecoroso, y no sera extrao que yo tuviera un
+lance.
+
+Ay Isidora! Qu signific ese susurro de carcajadas que sentiste
+dentro de ti?... Era que empezaba a comprender la posibilidad de
+consolarse sin renunciar a sus ideas? Oh, no! Antes morir que abandonar
+sus sagrados derechos. Las leyes!--pens--. Para qu son las leyes?.
+Esta idea le infundi algn contento. S; ella confundira el necio
+orgullo de su abuela; ella subira por sus propias fuerzas, con la
+espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecan. Si su
+abuela no quera admitirla de grado, ella, qu tal?..., ella echara a
+su abuela del trono. Venan das a propsito para esto. No ramos ya
+todos iguales? El pueblo haba recogido la corona arrojada en un rincn
+del Palacio y se la haba puesto sobre sus sienes duras. Bien, bien,
+bien! Y se aplaudi a s misma, se palmote con esas manos inmateriales,
+que para apoyar sus discursos tiene el corazn. Pleito! Esta palabra,
+anunciadora de una gran idea, se le qued fija en la mente desde
+entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y
+jueces, y pirmides de papel en cuya cspide brillaba deslumbrante y
+cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil.
+
+En la calle de Floridablanca el gento era ms espeso; pero los curiosos
+no hacan nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban
+vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida Repblica, como se habra
+hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las
+Cortes pasaba se trasluca fuera.
+
+Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. Jos demasiado
+humilde para que la joven dejase de or una y otra vez algunas frmulas
+equvocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educacin y de
+la falta de respeto a las mujeres.
+
+Vmonos a casa--dijo Relimpio algo amostazado--. Yo no me puedo
+contener. Soy una plvora. T no conoces mi genio. Pues bien, me ests
+comprometiendo.
+
+--Vyase usted, que yo me quedo--replic ella impvida.
+
+--Pero ests loca?...
+
+--No estoy loca. Es que...
+
+--Pero t buscas a alguien? Esperas a alguien?.
+
+Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequea por donde entra y
+sale toda la poltica de Espaa.
+
+Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez.
+
+Isidora no le hizo caso. De repente avanz hacia la calle del Sordo,
+mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del
+Congreso. Uno de ellos se distingua por su gabn claro.
+
+Al fin nos vamos?--pregunt D. Jos con alegra.
+
+--No se enfade usted conmigo, padrinito--dijo Isidora mirndole--. Le
+quiero a usted mucho.
+
+Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se haba fijado en los
+tres seores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al
+llegar al extremo de la calle, D. Jos, que gozaba mucho por los
+recuerdos histricos, se par y dijo con voz lgubre:
+
+Aqu mataron a D. Juan Prim. Todava estn en la pared las seales de
+las balas.
+
+Isidora no mir las seales de los proyectiles. Miraba a los tres
+caballeros, que se haban detenido algo ms arriba, junto al jardn de
+Casa--Riera. Pareca que se despedan. En efecto, dos siguieron hacia la
+Presidencia, y el del gabn claro baj por la calle de Alcal.
+
+Instante tremendo, que no olvidara jams D. Jos Relimpio aunque
+viviera mil aos! Cuando el seor del gabn claro pas por la trgica
+esquina, Isidora ech a correr, llegose a l, se le colg del brazo.
+Hubo exclamaciones de sorpresa y alegra... Despus siguieron juntos, y
+se perdieron en la niebla.
+
+Ah!--murmur D. Jos con vivo dolor--. Es el marqus viudo de
+Saldeoro... Ingrata!... Y qu hermosa!.
+
+El pobre seor se apoy en la esquina: su desconsuelo era grande. Pens
+que no la vera ms. Vuelta la cara a la pared, qu hizo durante el
+rato que permaneci all?... Llor? Quin lo sabe. Tal vez estamp una
+lgrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la pgina ms
+deshonrosa de la historia contempornea.
+
+
+
+
+Captulo XVIII
+
+ltimos consejos de mi to el Cannigo
+
+
+Qu lstima no ser poeta pico para expresar, con la elocuencia propia
+del caso, el enojo de D. Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la
+ira de los dioses, hallbase a dos dedos de ella! Todo por que la
+seorita Isidora no se conduca decorosamente. Don Jos estaba
+profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida
+ahijada. Y si alguna tmida palabreja sala de su boca, D. Laura se le
+quera comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba
+era que se haba quedado fuera de casa en la noche del 11. Nada,
+nada--dijo la iracunda seora a su marido del modo ms imperioso--.
+Esa... _Sardanpala_ no tiene que poner ms los pies en mi casa. Si la
+ves, dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su
+padre.
+
+Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mand por su equipaje.
+Temblad, humanos!..., pona casa! El furor de D. Laura creci, y en
+ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras,
+como las olas de un mar embravecido. Relimpio no poda disimular una
+afliccin honda que tena su asiento en la regin cardaca. Pareca
+atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groseras de la
+ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no
+dijeron nada.
+
+Y t, oh lector!, qu dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia
+por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner
+casa la de Rufete no puede atribuirse an a sospechosos motivos; sabe,
+pues hay obligacin de que se te diga todo, que el mismo da 12 por la
+maana recibi nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En
+la una, su to el Cannigo se despeda de ella para el otro mundo y le
+daba mil consejos de mucha substancia, amn de un legadillo para que
+ambos hurfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiacin y
+herencia, si ya no estaban en posesin de ambas cosas. La otra carta
+anunciaba la muerte del santo varn.
+
+El cual, hora es ya decirlo, no era tal Cannigo ni cosa que lo valiera,
+sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos aos
+se haba aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona
+y sibartica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano--Quijada, primo
+carnal de Toms Rufete, haba sido mayordomo de una casa grande, y
+despus administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda
+de nadie, se retir a su pueblo, donde vivi clibe, entre primas y
+sobrinos, ms de treinta aos, dedicado a la caza, a la gastronoma y a
+la lectura de novelas. Tena ciertos hbitos de grandeza, y en su modo
+de hablar y de escribir distinguase tanto de sus convecinos, que antes
+que lugareo pareca de lo ms refinado y discreto de la corte. Era muy
+avaro y sumamente excntrico. Omitiendo las mil aseveraciones
+contradictorias que corran por toda la Mancha acerca de su
+caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas
+chifladuras, dejaremos que se nos muestre l mismo en la carta que
+escribi a Isidora, y que copiamos a la letra:
+
+El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873.
+
+Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya
+este pecador, a quien llamaste to y que ms que to ha sabido ser padre
+tuyo, estar en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas.
+Aquella dolencia que ni el mdico de este pueblo ni el de Argamasilla
+entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitndome la
+respiracin de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el
+alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta seora ha de estar dentro
+de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no
+poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin
+movimiento, y el Sr. Rodrguez Araa, secretario del Ayuntamiento, me
+hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en
+tu hermano, a quienes supongo ya en pacfica posesin del marquesado.
+
+Por tu ltima carta veo que esperabas aviso de la seora marquesa de
+Aransis. Esa buena seora os habr reconocido como nietos, porque no
+puede ser de otra manera. Ojal fuera tan seguro que he de alcanzar la
+gloria eterna, como lo es que t y Mariano nacisteis de aquella hermosa
+y sin ventura Virginia, de quien sacaste t la figura y rostro de tal
+manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella
+resucitada. Pero si por artes de algn enemigo o tontunas de la marquesa
+(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado
+la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu
+cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente est tu
+derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el
+caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y
+tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran
+fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la seora
+marquesa echndote los brazos al cuello y comindote a besos. Si las
+cosas han pasado de otra manera, trata de que la seora te reconozca por
+el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si
+tienes en l algn lunar o sea por donde la marquesa venga en
+conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he ledo casos
+semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero velln o cosa as han
+bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre
+y como tales se abrazaran. De esto estn llenas las historias.
+
+Para que lo gocis, si es que ya estis en vuestro trono, o para que
+siga el pleito, si no lo estis, os dejo un legado que no es cosa mayor.
+Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado,
+persona a quien conoces y seguramente tendrs por la misma
+caballerosidad.
+
+Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te
+vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con
+los dems son el peligro de los ricos y la sangra de las bolsas. Csate
+con persona de tu condicin, pues si lo haces con quien por debajo de ti
+est, te expones a que el peso de tu cnyuge te tire hacia abajo y no te
+deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, ms vale que te
+unas con quien te sea superior, que tambin hay prncipes y duques por
+estas tierras.
+
+No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas,
+que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia
+intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados
+del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a
+los que nada tienen.
+
+Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre
+tus sedas el pao burdo de tus primeros aos, habr tontos que se ran
+de ti. Instryete bien en las cosas que no has podido aprender en la
+pobreza. T eres lista y hars grandes progresos. No olvides de darte
+algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa
+fcil y que se aprende con un poco de paciencia.
+
+Para no descubrirte, mustrate al principio circunspecta y callada, que
+con esto pasars por modesta, y la modestia es virtud que en todas
+partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspeccin, dedcate
+a observar lo que hacen los dems para aprenderlo y hacerlo t misma
+luego que te vayas soltando. Observa cmo saludan, cmo manejan el
+abanico, cmo dan el brazo, cmo se sientan a la mesa y ponen el abrigo.
+Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular
+estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada
+maestra.
+
+Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la
+desaparicin de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la
+humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo.
+Siempre habr clases. Por ms que aseguren que esta igualdad se ha
+iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las
+personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a m no me
+entra eso. La educacin general traer al fin la uniformidad de
+modales? Patarata. Los salones de la aristocracia se abren a todo el
+mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro
+perro con ese hueso. Dicen que las seoras de la grandeza cantan
+flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofa. Esa no
+cuela. Yo no lo creer aunque lo vea. Si en algn momento de inundacin
+social ha podido pasar eso, las cosas volvern a su cauce.
+
+Haz lo posible por distinguirte de los dems sin humillar a nadie, se
+entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras
+ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una
+bofetada, dala con mano de algodn perfumado, que as duele ms.
+
+Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo as, el
+sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad
+de un alto seor como en sus guisos y manera de presentarlos y
+servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen crculo de
+convidados que sazonen la comida con las especias finsimas del ingenio
+discreto; especias, hija ma, que ms bien son flores de aroma delicado.
+Mira bien a quin convidas. No sientes parsitos a tu mesa, que estos,
+despus de vivir a tu costa, te criticarn. Elige diariamente un pequeo
+nmero de comensales, graves sin afectacin, ingeniosos sin descaro,
+festivos sin chocarrera, y que coman sin gula y beban sin embriaguez,
+honrando tu casa y celebrando tu mesa.
+
+Mucho te hablara de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello.
+Solamente te dir, que pues la moda quiere que el arte francs con sus
+invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra
+cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de
+restablecer usos culinarios que estn ya vencidos. Adopta la cocina
+francesa, toma un buen jefe y provete de cuanto la moda y la
+especulacin traen de remotos pases. Pero has de saber que es de buen
+gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y as, no
+hay cosa de ms chispa que sorprender un da a tus convidados con un
+plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado
+de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una
+exhibicin hbil de frusleras francesas, no slo no te ser vituperado,
+sino que te valdr grandes alabanzas.
+
+Vstete con primor. Huye tanto de la vulgaridad ponindote lo que todas
+se pongan, como de la excesiva singularidad ponindote lo que a nadie se
+le haya ocurrido usar. Hay un trmino medio, delicadsimo, muy difcil
+de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente
+elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la
+extravagancia; procura que en tus atavos, sin que falte lo comn y
+corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalsimo,
+que no puedan imitar los dems, y habrs logrado el objeto.
+
+S siempre buena catlica cristiana, que lo primero es salvar el alma.
+Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin
+fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afn a las prcticas
+religiosas; trata a los curas con consideracin, y dales para que coman,
+que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea
+novenas y alguna que otra funcin; pero sin pasar de ah ni abrir tu
+puerta a los seores de hbito negro, los cuales, si les dejaras, pronto
+imperaran en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dir la
+gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya
+no hay santos ni cosa que lo valga.
+
+De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida
+conyugal, cosa que, segn oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo
+quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningn punto
+poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe
+matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de
+los perversos usos del da, se haste un poco de ti, y busque
+entretenimiento y variedad en otras mujeres. Atroz desaire que te
+producir no pocos sofocones y te pondr a dos dedos del mayor peligro
+en que jams se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas
+llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado
+por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltar poco para caer en
+pecado igual al suyo. Cuidado, hija ma, mucho cuidado. A su poligamia
+contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta,
+resiste, y no degrades tu corazn dndolo a algn mequetrefe que lo tome
+por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y
+desocupados. Consrvate digna, recatada, siempre seora inexpugnable;
+que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventar,
+y entonces podrs volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro
+marido que te considere ms y te atienda mejor que el primero.
+
+Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado
+las ms importantes, no digo ms, porque las fuerzas me faltan.
+Acurdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de
+invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto
+aqu, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habr cerrado
+mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrrmelos a los de la
+gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdn de
+mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me
+importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me
+despido de mis amigos, y recibe t el ltimo pensamiento y el suspiro
+ltimo de tu amantsimo to (o cosa tal),
+
+SANTIAGO QUIJANO QUIJADA.
+
+Madrid.--Junio de 1881.
+
+FIN DE LA PRIMERA PARTE
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Segunda parte
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ AUGUSTO MIQUIS, _doctor en Medicina._
+ JOAQUN PEZ.
+ DON JOS DE RELIMPIO Y SASTRE, _tenedor de libros._
+ MELCHOR DE RELIMPIO, _arbitrista._
+ EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAO.
+ LA SANGUIJUELERA.
+ DON ALEJANDRO SNCHEZ BOTN, _padre de la Patria._
+ JUAN BOU, _litgrafo._
+ JUAN JOS CASTAO, _ortopedista._
+ MUOZ Y NONES, _notario._
+ MADAMA EPONINA, _modista._
+ RIQUN, _nio._
+ EL MAJITO.
+ MODESTO RICO, _tratante de vinos._
+ PALO--CON--OJOS.
+ GAITICA.
+ DIVERSOS PECES.
+ DIVERSOS PJAROS.
+ UN GRAN PERSONAJE _(que no habla)._ DIVERSOS PERSONAJES _(que no hablan
+ tampoco)._
+
+ Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un oficial de
+ litografa, hombres y mujeres del pueblo, porteros, tropa, etc._
+
+ _La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875._
+
+
+
+
+Captulo I
+
+Efemrides
+
+
+La Repblica, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la
+Restauracin, tantas formas polticas, sucedindose con rapidez, como
+las pginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron
+sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos
+de Toms Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia
+(trocndose en feliz para el efecto de la composicin de este libro)
+juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir
+adelante. Aconteci que por causa de una fuerte neuralgia necesit este
+la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los
+primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposicin y
+altsimo porvenir. Enfermo y mdico charlaban de diversas cosas. Un da,
+cuando ya se haba iniciado la convalecencia, recay la conversacin en
+los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no poda
+haber un tema ms gustoso, habl largamente de Isidora, diciendo, entre
+otras cosas, lo siguiente:
+
+Est ahora esa mujer..., vamos..., est guapsima, encantadora. Parece
+que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado
+considerablemente en gracia, en belleza, en expresin. Se me figura que
+ser una mujer clebre. Vive en la misma casa donde se instal hace dos
+aos, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.--Un hijo!
+Qu me cuenta usted?--Lo que usted oye. Ya tiene dos aos. Es algo
+monstruoso; lo que llamamos un _macrocfalo_, es decir, que tiene la
+cabeza muy grande, deforme. Misterios de la herencia fisiolgica! Su
+madre me pregunta si toda aquella gran testa estar llena de talento. Yo
+le digo que su delirante ambicin y su vicio mental le darn una
+descendencia de cabezudos raquticos... El chico es gracioso y de una
+precocidad alarmante...
+
+Pasando a otra cosa, yo tengo para m que el marqus viudito est ms
+tronado que la nacin espaola. Sus deudas se remontan como el guila
+vida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales,
+carecer es morir, y pasarn por toda clase de ignominias antes que
+decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipacin. Por
+desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten,
+cndidos que les fen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca
+mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a
+veces toman sin pedir.
+
+Yo pregunto: No habr algn da leyes para enfrenar la alta vagancia?
+No se crearn algn da palacios correccionales? No establecern las
+generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a
+raya la demagogia azul, dndole de comer? Yo pregunto tambin: Puesto
+que tanto se ha hablado del derecho a la vida, existir tambin el
+derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la
+alta vagancia nos pedir algn da los casinos costeados por el Estado.
+Lgica, lgica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo:
+Estis tocando el violn, porque el comunismo existe entre nosotros con
+tan profundas races como la religin: es nuestra segunda Fe. No falta
+ms que perfilarlo, darle la ltima mano, y ponerlo bien clarito en las
+leyes, tal como lo est en nuestras costumbres.
+
+Ahora bien, seores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la
+sociedad toda. Hagamos una revolucin para destruir el comunismo, y esto
+es lo prctico, porque hacer revolucin por establecerlo es como si
+encendiramos el gas de las calles en pleno da. Revolucin, pues.
+Suprimamos la Administracin, que es una hipocresa del reparto
+universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numrica del
+_restaurant_ nacional; suprimamos las contribuciones, que son el
+almacenaje omnmodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido
+esto, lo dems, ejrcito, gobierno, armada..., se suprimir por s
+mismo. Entonces diremos: _todo acab_; _nadie se encarga de nada_... Que
+cada cual salga por donde pueda. Fndese una sociedad nueva entre el
+estruendo de los palos. Qu tal? S, seores, el comunismo no muere
+sino ahogado en un ocano de negaciones. Luego se unirn el inters y la
+fuerza para crear el nuevo derecho.
+
+Todos los que conozcan a Miquis vern que no exageramos ni aadimos nada
+al poner aqu sus festivas paradojas.
+
+Efectivamente, Isidora viva al fin de la calle de Hortaleza en un
+nmero superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande.
+Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, estn
+fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes
+pequeos con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando
+a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas
+luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de
+yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada
+la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden
+y simetra. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se
+haba formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa
+yuxtaposicin del verdadero hogar domstico, labrado poco a poco por la
+paciencia y el cario de una o dos generaciones. All se vean piezas
+donde el exceso de muebles apenas permita el paso, y otras donde la
+desnudez casi rayaba en pobreza. Algn mueble soberbio se rozaba con
+otro de tosquedad primitiva. Haba mucho procedente de liquidaciones,
+manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable.
+Casi todo lo restante proceda de esas almonedas apcrifas, verdaderos
+baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duracin.
+
+La sala luca sillera de damasco amarillo rameado; en imitacin de palo
+santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase ms
+inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas
+aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y
+de piezas tan frgiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a
+l con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La
+consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus
+agujas una sola vez. El mrmol de ella se esconda bajo una instalacin
+abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel caamazo y
+todo lo ms deleznable, vano y frgil que imaginarse puede... A Isidora
+no gustaba esta sala, que era, segn ella, el tipo y modelo de la sala
+cursi. Haba sido comprada _in solidum_ por Joaqun en una liquidacin,
+y provena de una actriz que no pudo disfrutarla ms de un mes. Isidora
+tena propsito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas
+horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado haba lo
+bastante para media docena de casullas, y an sobraba algo para vestir
+un santo y ponerle de tiros largos.
+
+En el gabinete prximo a la sala estaba casi constantemente la herona
+de esta historia. A la izquierda de la chimenea tena su armario de
+luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros das de uso,
+pero que pronto empez a perder su brillo y a desvencijarse,
+manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido
+en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcn, estaba el
+tocador, mueble precioso, pero muy usado. Haba pertenecido a una casa
+grande que liquid por quiebra. Un escritorio pequeo con gavetillas y
+algn secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro
+para la cmoda. Sobre esta se elevaba un montn de cosas revueltas, en
+cuya ingente masa podan distinguirse cajas de sombreros y cajas de
+sobres estropeados, libros, los de ropa, un lbum de retratos, un
+Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartn.
+
+En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de bano y roble, haba
+varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la
+perfeccin de la fotografa y la belleza de la figura. Pareca una
+duquesa, y ella misma admiraba all, en ratos de soledad, su continente
+noble, su hermosura melanclica, su mirada serena, su grave y natural
+postura. En la pared no haba ninguna lmina religiosa; todas eran
+profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha
+inundado las tiendas de cromos; cannigos glotones, cartujos que catan
+vinos, el clrigo francs que se come la ostra y el que muestra el
+gusano en la hoja; adems, borrachos laicos y algunas majas y chulos que
+entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto haba sido adquirido por
+Joaqun, que se rea mucho contemplando al fraile embobado junto a la
+muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacan maldita
+gracia los cromos frailescos. Encontrbalos groseros, de mal gusto y
+ordinarios, por ser cosa de estampa que se vea en todas partes. Cundo
+realizara ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al leo,
+de los primeros pintores!
+
+Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si
+haba sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma
+nos lo dir. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro
+meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia,
+y para ello aprovechemos las efemrides verbales de D. Jos de Relimpio,
+cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable.
+
+1873. _1. de marzo_.--Instalacin de Isidora en su casa de la calle de
+Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqus
+viudo de Saldeoro. Escndalo. Pronuncia D. Laura su clebre frase: Ya
+vea yo venir esto. Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina
+militar.--_La Sanguijuelera_ visita a los de Relimpio y califica la
+conducta de su sobrina con palabras que a pluma ms hipcrita no podra
+velar con los disimulos del lenguaje.
+
+_Abril_.--Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardas se
+encuentran frente a frente y del choque resulta una pgina histrica. No
+corre la sangre.--Primera cuestin entre Isidora y Joaqun por la manera
+de invertir el dinero heredado del Cannigo. Isidora gasta sin
+substancia una buena parte de l en los preliminares de su pleito. Se
+permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que
+privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los
+fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia
+incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas
+necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se
+atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.--Clebre
+discurso de Pi.
+
+_Junio_.--Renense las Cortes Constituyentes. La guerra toma
+proporciones alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas
+consecuencias de la desgraciada accin de Eraul.--Joaqun Pez marcha a
+Biarritz. Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el
+paradero de su hermano, que ha desaparecido del colegio en que
+estaba.--Consternacin. Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel
+Llagostera. La guerra, la poltica, ofrecen un espectculo de confusin
+lamentable. Don Jos de Relimpio manifiesta con gran seso que la
+cesanta de treinta mil reales que disfrutan los ex ministros espaoles
+es la causa de estas tremolinas.
+
+_Julio_.--Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crmenes,
+desbordamiento general del furor poltico.--Doa Laura cae gravemente
+enferma.--La guerra civil crece. Cada da le nace una nueva cabeza y un
+rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a
+su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atencin y
+se hacen acerca de ella novelescos comentarios.--Ministerio Salmern.
+
+_Septiembre_.--Cartagena, excursiones de las fragatas. Oh! Don Jos les
+perdonara a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje
+de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de
+nuestro territorio, retenido por la prfida Inglaterra. Si viviera
+Mndez Nez, otro gallo nos cantara.--Horrores del cura Santa
+Cruz.--Doa Laura, como si fuera smbolo humano de la unidad y el honor
+de la patria, sucumbe en aquellos tristes das. Antes de morir tiene el
+inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de
+tercera clase.--Clebre apstrofe de D. Manuel Pez contra las
+improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en
+desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situacin tan
+triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino,
+iguala a Isaas en gravedad elegaca y arrebato potico. Verifcase en
+toda Espaa una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y
+por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.--Dispersin
+de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; est algo
+desfigurada, pero, segn sus cuentas, en diciembre concluir
+aquello.--Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se haba
+entibiado ni un punto la noble simpata que por su ahijada senta, se va
+a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaa cuando
+est sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando
+la memoria de sus cualidades, deja escapar melanclicos suspirillos.
+
+_Diciembre_.--Castelar reorganiza el Ejrcito. La patria da un suspiro
+de esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se
+dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que
+son ms duros de lo que se crea los cimientos de la unidad nacional. El
+24, Nochebuena, Isidora da a luz un nio, a quien ponen por nombre
+Joaqun.--Hblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del
+feroz Samaniego.
+
+1874. _Enero_.--El da 3 Pava destruye la Repblica sin disparar un
+tiro. Desaloja el saln del Congreso y pone en las calles caones que no
+hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.--_La Sanguijuelera_, que
+permanece adicta al antiguo rgimen y no cree que hay ms reina que
+Isabel II, da un viva al prncipe Alfonso. Clebre apotegma de D. Manuel
+Mara Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad
+armonizada con el orden. Este varn insigne ocupa otra vez la Direccin
+con beneplcito de los Peces, los cuales, multiplicndose de nuevo,
+colean en todo el pas. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que
+la Administracin nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos.
+Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las
+ruinas de las fortunas que desaparecen, elvanse las colosales riquezas
+de los contratistas. El Tesoro pblico hace milagros.--La provincia que
+gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez
+a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora s que
+son habas contadas. Trtase de comprar habichuelas podridas y arroz
+picado para vendrselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus
+milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos
+centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo rgimen, tomando una
+actitud completamente pisciforme.
+
+_Marzo_.--San Pedro Abanto. Inmenso inters despiertan en toda Espaa el
+estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqus viudo de
+Saldeoro. Los ltimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no
+le bastara para pagar. Toma por modelo al Tesoro pblico y recibe
+dinero al trescientos por ciento. Renuvanse las discordias entre
+Joaqun e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral
+de la de Rufete por su situacin social, su penuria y la poca esperanza
+de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el
+bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la
+informacin. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeo de
+las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya
+gastadsima promesa de casarse con ella.--Sangrientos combates del 25,
+26 y 27, que ocupan la atencin pblica. Hay muchos liberales que, por
+ser enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra
+estos truena en patritica indignacin don Jos de Relimpio, el cual se
+compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre l alfileres, sigue y
+escudria y estudia con sublime anhelo los movimientos militares.
+
+_Mayo_.--Bilbao es libre. Alegra, repiques, farolitos. Crece a los ojos
+del pas la gran figura militar del marqus del Duero.--Mariano Rufete,
+que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su
+conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus
+adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de
+lo ms escogido. Su hermana dara cuanto tiene (menos los ideales) por
+verle corregido.--Emilia Relimpio se casa con su primo Juan Jos, hijo
+del ortopedista; Leonor, ilcitamente unida a un sargento primero,
+desaparece de Madrid. Don Jos, recordando los grandiosos pensamientos
+de D. Laura acerca del himeneo de las nias con clebres mdicos y
+oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama
+una lgrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive
+constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el nio de
+Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don Jos
+le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. _La Sanguijuelera_, que
+algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cario al cabezudito: le
+coge, le zarandea, le da gritos, y le llama _rico!, riqun!_... De
+donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo
+todos le llaman _Riqun_.
+
+_Junio_.--Muerte del general Concha. Pnico y luto. Retirada. La patria,
+que crea prxima su salvacin, gime. Augusto Miquis expone con su
+acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Segn l, la mejor
+manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D.
+Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En Espaa, el primer paso para
+la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene.
+El carlismo establecido no podr durar un mes. Desde el momento en que
+se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundir por su propio
+peso y caer hecho polvo.
+
+_Diciembre_.--La guerra sigue. La Restauracin toca a las puertas de la
+patria con el aldabn de Sagunto. Asombro. La Restauracin viene sin
+batalla, como haba venido la Repblica. La Providencia y el Acaso
+juegan al ajedrez sobre Espaa, que siempre ha sido un tablero con
+cuarteles de sangre y plata.--Entusiasmo de _la Sanguijuelera_, que cada
+da simpatiza menos con la demagogia. Dice que los seores son siempre
+seores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo
+Soberano y aun medita una arenga.
+
+1875.--Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz
+que reina en la ortopedia. El padre de Juan Jos se ha retirado del
+trabajo, y no se ocupa ms que de cultivar la huerta que ha comprado en
+Pinto. Juan Jos est al frente del establecimiento, y bajo su hbil
+mano este se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora
+quisiera un aparato para que la cabeza de _Riqun_ no creciera tanto.
+Juan Jos, que algo entiende de Medicina, se re y receta al hijo
+reconstituyentes y a la madre un Manual de Doctrina
+Cristiana.--Consternacin. Los Peces grandes y chicos se ven desterrados
+de las claras aguas de sus plazas y oficinas. Bien quisieran ellos
+aclamar tambin al Rey nuevo; pero la disciplina del partido les impone,
+ay!, una consecuencia altamente nociva a sus intereses. Tienen que
+poner un freno a sus agallas. Adems, la lucha por la existencia, ley de
+las leyes, ha llevado a los Pjaros al Gobierno, y estos no encuentran
+en la Administracin bastantes ramas en que posarse. Algunos Peces de
+menor tamao y del gnero _voracissimus_ quedan en oficinas obscuras.
+Son Peces alados, transicin zoolgica entre las dos clases, pues la
+triunfante tuvo en situaciones anteriores sus avecillas con
+escamas.--Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de los toros.
+Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida est en gran
+peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de
+Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinacin a la secta de
+los mormones. Rias y escndalos, acompaados de no pequeos
+apuros.--Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en Espaa
+el despecho es una idea poltica, se alegran de las ventajas de los
+carlistas.--Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la informacin
+de pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de
+conciliacin, presenta su demanda.--Miquis gana por oposicin la plaza
+de mdico--director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es
+novio de la hija del honrado notario Muoz y Nones.--Sbese por buen
+conducto que Leonor tiene una casa de huspedes en La Corua.--Ocpase
+la prensa de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido,
+como irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si ser
+mandado a presidio, y efectivamente, la _Gaceta_ le nombra... oficial
+primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurreccin,
+para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a
+Espaa. Habas contadas. l se traer de seguro las tres cuartas partes
+de la Isla, o las Antillas todas, dejando vaco el Mejicano Golfo.
+
+
+
+
+Captulo II
+
+Liquidacin
+
+
+=--I--=
+
+Isidorita Rufete, conoces t el equilibrio de sentimientos, el ritmo
+suave de un vivir templado, deslizndose entre las realidades comunes de
+la vida, las ocupaciones y los intereses? Conoces este ritmo que es
+como el pulso del hombre sano? No; tu espritu est siempre en estado de
+fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolvindose en
+depresiones terribles, y tu alegra loca no cede sino ahogndose en
+tristezas amargas. Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? S;
+antes perders la vida que la conviccin de tu derecho. Bien; sea. Pero
+deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te
+atormentes, construyendo en tu espritu una segunda vida ilusoria y
+fantstica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes
+interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que
+estn privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso
+es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hbitos repugnantes, como
+la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad.
+El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmn, y ay de ti si
+llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad
+lo que ahora quieres gozar, en sueos, contraviniendo a las leyes del
+tiempo y del sentido comn!
+
+Sostienes que ese vicio, aberracin o como quiera llamarle Miquis, es
+una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Despus de
+un da de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para
+consolarte... das un baile. Qu gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus
+apetitos determinando en ti una gran excitacin cerebral, de la cual
+irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que
+t misma llegas a tenerla por verdad. Te engaas con tus propias farsas,
+desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseas a tus nervios a
+falsificar las sensaciones y a obrar por s mismos, no como receptores
+de la impresin, sino como iniciadores de ella. Bonito juego!
+Violacin de los rdenes de la Naturaleza!
+
+Mira, Isidorita; tu vida social est bastante desarreglada; pero tu
+vida moral lo est ms an. El principal de tus desrdenes es el amor
+desaforado que sientes por Joaqun Pez. Le amas con lealtad y
+constancia, prendada ms bien de la gracia y nobleza de su facha que de
+lo que en l constituye y forma el ser moral. Bien dices t que ya el
+amor no es ciego, sino tonto. Tienes razn: ya se le conoce el largo
+trato que ha tenido con los malos poetas. Por qu no haces un
+esfuercito para desprenderte del cario que tienes a Pez? Por ah debe
+empezar tu reforma. T le adoras y no le estimas. l te ama y tampoco te
+estima gran cosa. Considera cunto perjudican a tus planes de
+engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu
+porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues segn t, no
+hay ms remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mrate bien
+en ese espejo social que se llama opinin, y considera si con tu actual
+trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una
+familia ilustre. Tonta, has credo alguna vez en la promesa de que
+Joaqun se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando est
+mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o
+no con l, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fes,
+no te fes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la
+indulgencia. Se dan casos de estos.
+
+Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te
+llevar lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu
+peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de
+dnde viene; lo sueltas sin saber a dnde va. Jams se te ha ocurrido
+coger un lpiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de
+papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No
+haces cuentas ms que con la cabeza, y tu cabeza es tan inepta para
+esto!... La Aritmtica, hija, no cabe dentro de la jurisdiccin de la
+fantasa, y t fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente
+el activo y empequeeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres
+ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus
+dbiles clculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender
+las deudas sagradas.
+
+Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazn; pero te perturba
+lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conocindote el flaco y
+tu ndole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: qu has
+hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dej D. Santiago
+Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educacin
+de Mariano, y.... confisalo, que si es un misterio para todo el mundo,
+no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no
+hay para qu. Ms de la mitad de aquel dinero te lo ha distrado Joaqun
+Pez.
+
+Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor,
+lo escrito vale.
+
+
+=--II--=
+
+Una maana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego.
+Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal
+actividad, indicaban que algo muy grave ocurra. Se sentaba, lea una
+carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugndola en el
+bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete,
+repeta la lectura, la lgrima y el estrujamiento del dichoso papel...
+Qu es eso, seora? Qu pasa?
+
+Desde el gabinete se vea toda la cavidad de la alcoba, donde la gran
+cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del
+techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con
+otro cuarto, del cual venan dos voces distintas, pero acordadas en un
+tono de candorosa alegra. Era la una dulce, angelical y ternsima. Era
+la otra cascada y a veces chillona. Vaya con la pareja! _Riqun_ y D.
+Jos de Relimpio jugaban arrastrndose por el suelo. Caballo y jinete se
+besaban, locos de regocijo, en la confusin de las cadas leves.
+
+Abriose de pronto la puerta de la sala, y entr... nada menos que _la
+Sanguijuelera_.
+
+Gracias a Dios que viene usted, ta--le dijo Isidora reconvinindola--.
+Sintese usted; tenemos que hablar detenidamente.
+
+--Hablar detenidamente!--exclam la vieja puesta en jarras--. No digas
+ms; ya entiendo tus _detenidamentes_. Ya s que es para pedir dinero.
+S, en cuanto lleg a casa tu D. Jos y vi su cara de carnero a medio
+morir, dije: Ojo al Cristo.... Pues mira, hija, toca a otra puerta.
+
+Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su ta por el camino de las
+bromas. Con la concisin de los grandes apuros, dijo que era cuestin de
+vida o muerte para ella reunir en aquella maana cierta suma, y que
+contaba con la generosidad de su ta, a quien otras veces haba pedido
+caudales, reembolsndoselos con buenos intereses.
+
+Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay.
+Ya sabes que _aqu muri el fiar_... Pues s; que estn unos tiempos
+divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, en qu piensa
+que no te da...?
+
+--Lea usted--replic Isidora alargando la carta con un gesto y tono que
+se usan mucho en los dramas.
+
+--Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro.
+
+--Pues dice... En fin, hemos reido. l est mal. Probablemente tendr
+que irse con un empleo a La Habana... Qu le parece a usted eso?
+
+--Sopas en queso. A m qu ms me da que se vaya a La Habana o a
+_Sierra--Ullones_, o al Infierno?
+
+--En fin, hemos reido. Todo se acab. No hablemos ms de eso. Hoy tengo
+un gran compromiso.
+
+--Anda, anda, frutilla temprana!... En la que te has metido!--dijo
+Encarnacin encendida de ira--. Y qu vas a hacer ahora? Ya no tienes
+salvacin, ya ests perdida. Bien me lo tem y bien te lo dije cuando te
+vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo--aadi sealando del modo ms
+insinuante su ojo derecho--; aqu dentro hay mucho quinqu. Pues, claro,
+a esto habas de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. Y quieres que te
+d dinero!... Anda, anda, castaa pilonga, que otra cosa podr faltarte
+ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu ta; no te acuerdes ms de
+esta perla vieja de la honradez.
+
+Las groseras de su ta Encarnacin enfadaban atrozmente a Isidora.
+Queriendo concluir pronto, expuso en trminos tan concretos como
+pavorosos su situacin, y luego hizo una protesta enrgica de sus ideas
+morales. Ella quera y se propona ser honrada. Las reticencias de su
+ta la heran en lo ms vivo del alma.
+
+No vengas con andrminas--replic la cacharrera--. T podrs tener
+buenas ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrs. El
+pasito, hija! Repuales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese
+hombre... Es un lameplatos. Siento que no est aqu para despotricarme
+con l y decirle las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un
+real partido por medio.
+
+--No, no creo que usted me vea en tales agonas y no me favorezca.
+
+--Yo?... Y de dnde lo voy a sacar?
+
+--Del arca.
+
+--No ests t mal arca de No.
+
+--Ta!
+
+--Si debes ms que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...!
+Suponte t, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas,
+araando aqu y all, rena mil reales...
+
+--Mil reales es muy poco.
+
+--Pues qu?... Creas que te iba a dar un ojo de buey?--grit la vieja
+riendo a todo rer--. Mira sta!...
+
+--Yo quera lo menos dos mil--dijo Isidora con terror.
+
+--Jo... ss! Los dos mil los tienes t en el canto de la memoria! Yo
+los quisiera para m. En fin, y _mismamente_..., si me prometes
+devolvrmelos pronto, podr buscarte mil... Ay! arrastrada, en qu
+gastas t el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsej... Yo te
+deca: Guarda, aprovchate; scale a ese hombre el redao y ve poniendo
+en el Monte para el da de maana.... Pero t, grandsima pandorga, con
+gastar y gastar... Aqu parece que siempre est la gata de parto, segn
+se gasta y derrocha.
+
+--Ta, dos mil!
+
+--Dos mil puales...
+
+--Ande usted...
+
+--No, no te caer esa breva.
+
+--No la dejar a usted en paz hasta que me los d...
+
+--Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana.
+
+--Pues vengan los mil; pero pronto, al momento.
+
+Instantneamente form Isidora un plan distinto del que haba hecho
+contando con los dos mil.
+
+Te los traer para las doce. Ay! En qu parar esto?...
+
+--Antes de las doce, si puede ser. Vyase usted pronto para que vuelva
+pronto... Coja usted un coche.
+
+--Venga la peseta.
+
+--Tome usted la peseta.
+
+--Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy
+a dar sin recibo.
+
+--Otra peseta?... Ah va. Vyase usted pronto. Ay!, qu da
+est!--dijo Isidora mirando con tristeza al balcn, cuyos cristales,
+azotados por la lluvia, sonaban con estrpito de perdigonada.
+
+--Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a _Riqun_.
+
+--Despus, despus.
+
+--Jo... ss! Qu prisa!... Agur, agur.
+
+Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sac de la cmoda un
+cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas
+haba varios papeles o cdulas guardadas con cierto orden y
+clasificacin. No deban de ser ciertamente billetes de Banco, porque
+Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y pona cara de mal
+humor. Despus de pasar revista a su tesoro negativo, grit: D. Jos,
+y como D. Jos, a causa del ruido que l mismo haca, jugando con
+Joaqun, no pudiera or la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a
+llamarle por la puerta de la alcoba.
+
+Venga usted ac, por Dios!...
+
+--Hija, no te haba odo!.
+
+Verais entonces aparecer al gran D. Jos, fatigado de tanto andar a
+cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y
+tan risueo y bondadoso como antao. Traa en brazos a _Riqun_, que era
+muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal
+que le privara de los encantos de la niez, antes bien daba risa verle
+erguir su cabezota con cierto aire de valenta, como un hijo de Atlante
+predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes
+pesos.
+
+Deje usted al nio... _Riqun_, hijito; vas a irte un rato con
+Ramona... Ramona!.
+
+El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello est por saber) declar
+con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su
+dignidad se haca pasando de los brazos de D. Jos a los de la niera.
+Pero no le valieron sus artimaas. Carg con l la moza, y D. Jos y su
+ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas.
+
+Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo.
+
+--Cunta papeleta!--exclam el santo varn cruzando sus manos con
+ademn piadoso.
+
+Isidora las pasaba, las lea, las iba contando. Ay! Cuando se entregaba
+a la Aritmtica, su cara se volva lgubre y desconcertada, cual si
+estuviera sometida a la accin de fenmenos morbosos. La Aritmtica
+tena para ella algo de enfermedad cimtica, y as, desde que absorba
+con su atencin aquellos miasmas deletreos llamados nmeros, se pona
+plida y se le alteraba el pulso. Y pensar que no puede haber dinero
+sin que haya cifras! Los hombres lo empequeecen todo. Desdichadas las
+almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la
+fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relacin,
+gravedad. Verdaderamente, qu cosa ms contraria a lo infinito y a lo
+ideal que aquellos nefandos papeles?
+
+Esta es del Monte--murmur Isidora con el corazn oprimido--. Esta...
+a ver?.... es la de mi calabrote.
+
+--El calabrote est en la calle del Clavel--manifest Relimpio con el
+aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones
+de fondos realizadas en todo el ao.
+
+--Es verdad... Y el brillante?
+
+--Tambin, hija. No te acuerdas? Lo llev el mes pasado. Del Monte ha
+de haber cinco papeletas.
+
+--Justo, cinco... Hay adems ocho...
+
+--Tu reloj... Si no recuerdo mal, est en treinta duros. Pero qu te
+pasa hoy? Vas a sacar todo?
+
+--A sacar?--repiti Isidora, herida por aquella irona como por un
+porrazo.
+
+--Qu clculos haces?.
+
+Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de
+aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya ms
+que en trabajos matemticos.
+
+Ya comprendo, hija--dijo l entre dos suspiros.
+
+--Cunto darn por esto?--pregunt ella, mostrando aquellas cdulas que
+por su nombre deban ser montaraces.
+
+--Eso no puedo decirlo. Se las llevar a Rodrguez, el de la calle de
+Cdiz. Es amigo mo...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se
+corren mucho.
+
+Isidora se llev las manos a las orejas.
+
+Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer dao. Yo te los
+destornillar.
+
+Y con suma delicadeza realiz la operacin, gozoso de que sus dedos
+jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su
+ahijada.
+
+Ya estn aqu.
+
+--Pongmoslos en el estuche.
+
+--Estos te los regal cuando vino al mundo _Riqun_. Por estos te
+darn... darn....
+
+Se cogi entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y
+hundiendo la barba en el pecho, meta los ojos debajo de las cejas.
+
+En fin..., yo hablar con Rodrguez... Es amigo mo..., buena persona.
+
+--Dos mil quinientos!--murmur la joven ensimismada en sus clculos,
+como un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor
+febril.
+
+--Veremos... Quizs se pueda...
+
+--Ahora--dijo Isidora con resolucin alargando la mano hacia el chaleco
+del buen hombre--, venga el reloj...
+
+--El mo?... Y la cadena?
+
+--Todo.
+
+Algo se desconcert el viejo al verse privado del uso de aquella prenda,
+no de mucha vala, que Isidora le haba regalado el 19 de marzo del ao
+anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para l, no dijo
+ms que lo siguiente:
+
+Djamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darn diez y ocho o veinte.
+Recordars que la otra vez...
+
+--Ahora los cubiertos de plata.
+
+--Los...?
+
+--S--afirm ella levantndose con expresin triunfante--. Creo que est
+vencida la situacin por hoy. Pero la semana que entra...
+
+--Dios dir.
+
+--La semana que entra--declar Isidora--vendo la sala.
+
+--Vendes la sala!
+
+--S. Psese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla.
+Veremos lo que da.
+
+Despus ech una mirada de carioso desconsuelo al armario de luna.
+
+Y el armario tambin?
+
+--Tambin.
+
+--Y la cama dorada?.
+
+Isidora medit un rato. Despus dijo:
+
+No; me quedo con la cama.
+
+En esto andaban cuando reapareci _la Sanguijuelera_. Entr sacudindose
+el mantn, calado de agua.
+
+Jo... ss, qu tiempo! Llueven capuchinos de bronce.
+
+--Pero no ha venido usted en coche?
+
+--Por quin me tomas, tonta? La peseta del coche es para m, por el
+mandado. Tengo ms salud que el Botnico, hija, y ando ms que un molino
+de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son
+ochocientos... Nueve duros en plata...
+
+--Falta un duro.
+
+--Reparona! Qu ms da?
+
+--Son novecientos ochenta--declar D. Jos, haciendo gala de su saber de
+cuentas.
+
+--Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su
+carne en este garfio.
+
+--La equidad, amiga D. Encarnacin...
+
+--Amiga, doa!... Diga usted, to Lilaina, en qu bodegn hemos comido
+juntos? Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a m?
+
+--Falta un duro--repiti Isidora.
+
+--Total, que no he podido reunir ms. Aqu est el papel para el
+recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene.
+
+--Mejor ser para el otro mes.
+
+--Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene.
+
+Don Jos empez a extender el recibo.
+
+Bien clarito, seor escribano... Hola, hola!, est aqu tu
+Holofernes?... Vida! Gloria!.
+
+Haba entrado _Riqun_ paso a paso, porque sus piernas eran cortas y
+dbiles. Se le haba desatado el faldelln, corrindose por la cintura
+abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes
+de l asomaban sus patitas vacilantes. Traa empuado en ambas manos el
+bastn de D. Jos, y caminaba derecho a _la Sanguijuelera_, todo risas y
+alegra, con la evidente intencin de darle un palo. Ella se dej pegar,
+le cogi luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el
+muchacho empez a gruir y a defenderse a cabezadas.
+
+Dale un palo a tu madre; anda, pgale...
+
+--No, no, no se pega--dijo Isidora, atndole en su sitio la falda--. No
+le gusta ms que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los
+brazos...
+
+--_Riqun_, hijo mo, dile: Yo voy a ser un hombre de puos.... Lea
+a ella!... Como te coja... Cuidado como rien a mi cabezudito.
+
+--El mdico me ha dicho que ahora se le desarrollar bien el
+cuerpo--afirm Isidora contemplndole con satisfaccin de madre.
+
+--Pues si no... Y qu bonito es, qu rico, qu galn! Le quiero
+ms...! Qu tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un
+mocoso, ya se me cae la baba.
+
+Isidora rea. Cogi a _Riqun_ y le hart de besos.
+
+Pobrecito mo! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la
+cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento.
+
+--Sabes lo que te digo?--manifest _la Sanguijuelera_ en tono de
+misterio--. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te ras. S;
+por lo que sabe, parece que tiene cuatro aos.
+
+--No, mi nio no es un fenmeno; mi nio no es el Anticristo--dijo
+Isidora oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo
+conveniente, pero muy hermosa.
+
+--Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. Ves
+esa cabeza? Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es
+cosa mala.
+
+--No diga usted disparates.
+
+--Anticristo o lo que seas--exclam Encarnacin volviendo a tomarle en
+sus brazos--, me tienes boba. Te voy a comer.
+
+Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, despus
+de tomar su recibo, _la Sanguijuelera_, sin soltar a _Riqun_, dijo a
+Isidora:
+
+Pero qu alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no
+se lo has comprado... Anda, mala madre! Yo se lo comprar, yo, yo.
+Verdad, hijo?...
+
+--Ven ac, ven ac, que la ta se marcha.
+
+--Oye t..., dame una peseta.
+
+--Para qu?
+
+--Vaya que ests lela... Para el pandero.
+
+Diole Isidora la peseta, y _la Sanguijuelera_ se fue gruendo.
+
+
+=--III--=
+
+Decir cmo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos
+das; contar cmo las feroces prenderas llegaban, venan, tasaban,
+huan, llevndose en las garras, cul un dorado reloj, cul la alfombra
+o lavabo, sera lacerar el corazn de nuestros lectores. Isidora, que no
+saba regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los
+negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecan, despus de
+pedir tmidamente un poco ms. As, pieza tras pieza, se desmontaba la
+casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vaca, se iba agrandando. El
+fro y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y
+tristsimos huecos que los muebles dejaban tras s.
+
+Cuando hubo concluido, la sala era un pramo. Para estar en ella habra
+sido necesario proveerse de tiendas de campaa. El gabinete conservaba
+su alfombra, la cmoda, un espejo pequeo y algunas sillas. La cama
+dorada de la alcoba permaneca como ncleo y fundamento de la casa.
+Interiormente haban desaparecido la sillera y aparador de nogal
+tallado del comedor; subsistan intactos el cuarto de _Riqun_, el del
+bao, parte principal de la casa; el que sola ocupar D. Jos Relimpio
+cuando all pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y
+doncella haban sido despedidas; no quedaba ms que la niera, a quien
+Isidora revisti de las ms extensas atribuciones.
+
+He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador--dijo Isidora a su
+padrino la noche del ltimo da de liquidacin--. Estoy tranquila. Me
+queda esto.
+
+Dio un gran suspiro mostrando un papel donde haba varas monedas y un
+sucio billete de Banco.
+
+Cunto es?
+
+--Vamos a contar--dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito
+del gabinete, mueble de hierro pintado que se salv por milagro.
+
+Don Jos puso la luz en el velador y tom asiento.
+
+Si hay aqu un dineral! El billete es de doscientos...; veinte,
+cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos.
+
+--Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se ver si soy mujer
+de gobierno. Principio quieren las cosas... Seor don Jos--aadi en el
+tono especial de las cuentas galanas--, desde hoy en adelante trabajar.
+
+--Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres aos, hija--replic
+el anciano con las narices hinchadas por esa satisfaccin vanidosa que
+acompaa a las ideas felices--Si es mi tema! T tienes grandes
+habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economa y trabajo,
+aqu me tienes para ayudarte.
+
+--He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi
+pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y
+despus y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser
+honrada, honradsima, por respeto a mi nombre, a mi familia... Ah!, mi
+familia--aadi, suspirando otra vez...--. Si me hubieran acogido con
+amor, no habra dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, no es
+verdad, padrino?
+
+--S, s, hija ma, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa...
+Con qu cuentas para mantenerte? Qu te queda de lo que te dej tu
+to?
+
+--Nada--replic con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos
+un significativo movimiento que representaba el vaco--. Pero
+trabajar! No tengo yo manos?.
+
+Y diciendo esto se le representaron en la imaginacin figuras y tipos
+interesantsimos que en novelas haba ledo. Qu cosa ms bonita, ms
+ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su
+pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pas
+de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se cas con
+el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba tambin
+de otra que haba pasado algunos aos haciendo flores, y de otra cuyos
+finos dedos labraban deslumbradores encajes. Por qu no haba de ser
+ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. La honrada pobreza y la
+lucha con la adversidad cun bellas son! Pens, pues, que la costura, la
+fabricacin de flores o encajes le cuadraban bien, y no pens en ninguna
+otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber ledo que ninguna
+de aquellas heronas se ocupara de menesteres bajos, de cosas
+malolientes o poco finas.
+
+A trabajar, a trabajar!--exclam inundada de aquel entusiasmo que tan
+fcilmente se posesionaba de su alma.
+
+--Yo te ayudar. Si tuviramos ahora la mquina... haras camisas de
+hombre...
+
+--Camisas de hombre? Eso no me gusta.
+
+--O ropa blanca de seoras... Cosa rica, cosa buena.
+
+--Mejor sera... Yo pensar.
+
+--Confecciones, sombreros... Qu tal? T tienes un gusto...
+
+--Gusto s.
+
+--Consulta con Emilia. Ella te dar buenos consejos
+
+--Yo lo pensar; yo meditar sobre esto y lo decidir pronto. Ahora
+vamos a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economa.
+
+--Perfectamente; muy bien pensado y dicho.--exclam Relimpio, dando todo
+su asentimiento a tan hermosa idea--. Si no, acurdate de lo que haca
+mi pobre Laura con lo poco que se ganaba. Haca milagros.
+
+--Por consiguiente, de aqu en adelante, gastar poquito y, sobre todo,
+saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. Creer usted
+que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho
+siempre con mi cabeza. As ha salido ello.
+
+--Oh! Malo, malo... La primera condicin del orden es una buena
+contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo
+digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo
+Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya
+vers, ya vers qu libros.
+
+--Todo lo apuntaremos--dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un
+nio juega con una mariposa--. Se dice, por ejemplo: hay que gastar
+tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo...
+
+--Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. Tomas criada?
+
+--Pienso pasarme con Ramona.
+
+--Admirable. Yo te auxiliar en todo... Ramona es buena y humilde, pero
+algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya,
+ya. Yo te la instruir en dos palotadas. Mira, pon atencin y vers cmo
+puedo ayudarte. Yo--dijo marcando por los dedos las distintas funciones
+que desempeara--te har la compra; yo... te aviar las luces; yo... te
+har todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar
+cuentas, tomar localidades en algn teatro, etc...; yo coser a mquina
+si decides comprar una; yo apuntar en mis libros todos los gastos e
+ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un
+pobre; yo..., por ltimo, cuidar a _Riqun_ y le pasear y entretendr
+todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales.
+
+--Bueno, bueno.
+
+--Y tambin entiendo de limpiar metales, de componer algo de
+carpintera; hasta de cocina entiendo un poco... Ea, seora--dijo
+restregndose las manos una con otra con tanta fuerza que a poco ms
+saca lumbre--, empecemos. Disponga usted la compra de maana.
+
+--Un duro.
+
+--Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de
+mimos. Comer usted lo que haya.
+
+--Hay que traer carbn.
+
+--Eso es aparte.
+
+--Y cerillas.
+
+--Las comprar al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo
+lo que se pueda, para lo cual destinar usted una cantidad que se carga
+a la cuenta del mes. Qudese el diario en diez reales, y deme usted seis
+duros para el por mayor. Adelante. Qu principio traigo?
+
+--Langosta.
+
+--Un ojo de la cara!
+
+--No importa. Por una vez...
+
+--Qu postre?
+
+--Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos.
+
+--Eso es caro; pero yo lo sacar barato. Regatearemos, s seora;
+regatearemos.
+
+--El queso de Italia, la cabeza de jabal y las salchichas de Bolonia me
+gustan.
+
+--Todo eso, trado al por mayor, puede obtenerse... en buenas
+condiciones.
+
+--No tomaremos Champagne. Es muy caro.
+
+--Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones.
+
+No prolongaremos la relacin circunstanciada de lo que hablaron aquella
+noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. Jos se retir
+muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafn, y so que
+estaba en la contadura de una casa grande, donde haba catorce
+empleados y ms de cien libros. Ingresos y gastos ascendan a millones;
+pero todo iba al pelo. Era D. Jos como un director de orquesta, slo
+que los msicos eran escribientes y las notas nmeros. Resultaba una
+sinfona de orden, que meca en embriagador arrobamiento el espritu del
+tenedor de libros.
+
+Al da siguiente, cuando Isidora se levant, ya estaba su padrino de
+vuelta de la compra. Traa el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y
+mostrndoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del gnero.
+
+El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de
+cuentas--dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeo.--El Mayor,
+el Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del
+orden es una contabilidad perfecta... Ves? Aqu est la langosta. Te
+permito este lujo. Aqu est la carne. No compr las ciruelas.
+Contntese usted con dtiles. Tampoco he trado Champagne porque no lo
+hall en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azcar,
+que no pude comprar porque se me acab el dinero... Ah!, un mazo de
+cigarros para m.
+
+--Muy bien--dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva
+a los libros de cuentas--. Todo est muy bien.
+
+Don Jos tuvo que salir a la calle dos veces ms porque era preciso
+traer garbanzos, azcar y huevos. Despus volvi a salir porque no haba
+sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tom nota de
+diversas cosas que se pudieran adquirir... _en buenas condiciones_.
+
+Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tena
+una vida tan arreglada y econmica, Isidora fue a vestir a _Riqun_ y a
+endulzar con l la tristeza que no poda vencer. Ms tarde se ba,
+costumbre a que no poda renunciar. La peinadora vino luego y se
+distrajo con ella un rato. rale difcil adquirir el hbito de peinarse
+por s misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de
+ocupacin que ms le convendra; pero sus grandes cavilaciones no
+llevaron luz ninguna a la confusin y perplejidad que en su mente
+reinaba.
+
+En tanto D. Jos se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las
+cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apunt
+gastos e ingresos, sin olvidar lo ms mnimo; _carg y abon_; dibuj
+preciosos nmeros, tir lneas con regla, hizo cuentas de _varios a
+varios_, de _imprevistos_, de _suplidos_ y de _deudores varios_. En
+esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los
+cigarros que con el dinero de Isidora se haba comprado.
+
+
+
+
+Captulo III
+
+Entreacto con la Iglesia
+
+
+Un mes no completo haba transcurrido de esta vida honrada y econmica,
+sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qu profesin, arte u oficio
+haba de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de
+D. Jos, ya repletos de nmeros, no contenan ms que partidas fallidas,
+y daba dolor ver en sus garabateadas pginas el triste papel que hacan
+los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe.
+
+Veamos cmo pasaba el tiempo la duea de la casa. Entre baarse,
+peinarse, vestir y arreglar a _Riqun_, se le iba la maana. Por la
+tarde, si no tena que ir a casa del procurador, sola matar el fastidio
+en las iglesias, de donde result que en aquel periodo oy ms sermones
+y rez ms novenas que en el resto de su vida. Distraase con estas
+superficiales devociones, y aun lleg a figurarse que se haba
+perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su
+niez, y se deleitaba con las formas de religin, por pura novelera.
+Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo
+dentro de la Iglesia. Ms que el sermn ampuloso, ms que el brillo del
+altar, ms que la poesa del templo y las imgenes expresivas, la
+cautivaba el seoro que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando
+haba novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia,
+de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su
+pecho la cinta de la cofrada, Isidora no faltaba, y desde el rincn de
+una capilla observaba todo con inters profundo, ms atenta a las
+Magdalenas que venan con el blsamo que a Jess mismo. Causbale
+admiracin y envidia la seora del petitorio, que no cesaba de
+repiquetear con una moneda en la bandeja de plata.
+
+Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para
+mirar a las nias y ser de ellas mirados. Haba sonsonete de rezos y
+rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de
+lujo en la calle, no permitan or con claridad el sermn. Pero qu le
+importaba a Isidora el sermn, aunque saliera de labios elocuentes? Lo
+que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel
+santo varn que no caba en el plpito, sino el aspecto y brillo del
+pblico, de aquel pblico que, si hubiera revisteros de iglesia, sera
+_distinguido_, _elegante_ y _numeroso_, como el de los teatros. Oh!
+Dios de mi vida! Qu injusticia tan grande! La pobre seorita Isidora
+no deba verse olvidada en un rincn, al lado de cuatro viejas rezonas,
+sino en la gran nave, donde luciera como mereca, o pidiendo en la mesa
+de petitorio entre dos velas. Qu bien repicara ella en la bandeja, y
+que maa se dara para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros!
+La belleza de las postulantes aguza la caridad.
+
+Una tarde not que un seor la miraba con insistencia. Sus ojos,
+distrados de cuanto en la iglesia haba, pasaban por delante del orador
+(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo
+de la capilla donde ponerse sola. A la tarde siguiente observ que
+aquel seor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy
+guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la
+cofrada, y que l se quedaba entre la masa de hombres. Segua
+mirndola, y ella le miraba alguna vez sin otro mvil que el de la
+curiosidad. El caballero, en verdad, no tena nada de simptico; era muy
+descarado, bastante feo, morensimo, de edad entre los cuarenta y cinco
+y los cincuenta. Mientras Isidora haca estas y otras observaciones,
+notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por
+los caballeretes, y que ellas solan mirarlos tambin con afectada
+distraccin, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos
+dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecera una
+gran tela de araa. Msera humanidad!
+
+Tercera tarde. Cuando Isidora sali, ya anochecido, vio en la puerta al
+seor mirn. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresur
+la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen
+desempeo de su cargo, se crey en el deber de manifestarle seriamente
+el horroroso dficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe,
+encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un pilago
+tempestuoso donde naufragaba el frgil esquife del Haber. Oh! Fugaz
+curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no
+era ms que humo. No slo se haba concluido el dinero, sino que se
+deba a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda
+venan todos los das a dar tormento con su grosero pedir. Don Jos los
+reciba con bondadosa sonrisa, les enseaba los libros de cuentas por el
+forro, y les deca: No hay cuidado, seores; estamos esperando fondos,
+y ya no pueden tardar.
+
+Isidora padeca horriblemente con este gnero de vida, pues su carcter,
+su nobleza, no se avenan con las trampas. Gastar mucho, s, pero pagar
+sin dilacin era su ideal. Haba llegado a carecer de lo ms preciso. La
+limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crdito, apurado ya,
+faltaba. Qu habra sido de ella si sobre estos horrores no apareciera
+un sol de vida y esperanza! Ganar el pleito! La idea de un triunfo
+prximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el
+procurador le deca que haba tarea para mucho tiempo, su
+descorazonamiento rayaba en desesperacin. En su casa se entretena con
+el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., pero en qu?
+Convencase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la
+puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los
+tormentos de zozobra y vergenza seguan horas y noches enteras de
+tristeza y desaliento. El nuevo da llegaba acompaado de la escasez, de
+la privacin, de la miseria...
+
+No se sabe cmo se puso al habla con Isidora el seor mirn; pero es
+indudable que se puso. Manifest el caballero que conoca los
+antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se
+present con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad
+desvalida. Era tan rico!... Pero tan antiptico!...
+
+Pobrecito D. Jos! Ahora s que eres el ms infeliz de los hombres. No
+slo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de
+patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la
+casa de tu ahijada. Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen
+fieras... Jos, eres un mrtir.
+
+
+
+
+Captulo IV
+
+A o b... Palante
+
+
+=--I--=
+
+Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano
+hizo la vida de seorito holgazn, rebelde al estudio, duro al trabajo,
+blando a la disipacin y al juego. Su precocidad para dar gusto a los
+sentidos revelaba que haba de ser muy menguada en l la vida del
+espritu. Dirase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin
+ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvaro; pues si ella
+viva de una aspiracin insensata a las cosas altas, poniendo, como dice
+San Agustn, su nido en las estrellas, l se inclinaba por instinto a
+las cosas groseras y bajas. Reciba gusto especial del desalio, y
+recoga con lamentable asimilacin todas las palabras necias y brbaras
+para darse, usndolas desvergonzadamente, aires de matn. Pronto
+comprendi Isidora que su hermano no sera nunca persona decente, y que
+no haba bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al
+principio poda dominarle, valindose del amor, ms tarde el amor de
+Mariano se enfri; con el cario huy el respeto, y ya no fue posible
+contener la impetuosa inclinacin del muchacho a la vida vagabunda y
+aborrecimiento del estudio. Pasado algn tiempo de luchas, empez a
+tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde
+suena un lenguaje soez slo puede haber malas acciones y pensamientos
+poco delicados. Donde cantan las ranas, qu ha de haber sino charcos y
+cieno?
+
+Cuando _Pecado_ cur de las heridas que le hizo el novillo de Getafe,
+Isidora se arm de valor, echole un sermn, y le dijo muy clarito que no
+volvera a tener un cuarto si l mismo no lo ganaba. Qued, pues,
+convencido que aprendera un oficio; pero hasta en aquella ocasin
+excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos
+aristocrticos, porque no consinti que su hermano fuera zapatero, ni
+albail, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo
+sobre a cul industria le dedicara, vino en determinar que sera
+grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan
+las publicaciones ilustradas y de las magnficas reproducciones de los
+Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita
+fingir parentescos con el arte.
+
+Buscando por ah, buscando por ac, no se hallaban otros talleres que
+los de litografa. Miquis tom con empeo el asunto, y habl al cuado
+de Matas Alonso, un tal Juan Bou, que se haba establecido
+recientemente, y tena, entre otras cualidades, la de ser muy severo con
+sus oficiales. Consinti Bou en admitir a Mariano, de cuyas
+inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y
+sacara de l, si era posible, un obrero hbil y laborioso.
+
+Juan Bou era un barcelons duro y atltico, de ms de cuarenta aos,
+dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que
+distinguen al pueblo cataln; saludable como un toro, segn su propia
+expresin; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en
+copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto spero pelo dos
+ojos desiguales, el uno vivsimo, dotado de un ligero movimiento
+rotatorio, el otro fijo y sin brillo; ms abajo, y puesta como al acaso,
+una nariz ciclpea; ms arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo
+algunos golpes de escoplo para ser como las dems frentes humanas; tem,
+una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, segn deca, del _beso de
+una bala_...
+
+Poda pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y
+tambin por bandido de las leyendas. Tena en sus extremidades altas dos
+manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la
+tosquedad de aquellas manazas creera que eran delicadsimas para el
+dibujo. Su estructura basta las haca ms propias para la maroma de la
+vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una
+fragua, y siempre tena tos; pero una tos tan bronca y sofocante que,
+cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo
+encendido; creerase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba
+fuera, mientras el apagado se esconda en lo ms hondo de la rbita.
+
+Tena dos gneros de fanatismo: el del trabajo, pues no poda estar
+inactivo, y el de la poltica. Deliraba por los derechos del pueblo, las
+preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta
+palabra pueblo! una serie de teoras a cul ms extravagantes.
+Realmente estas teoras no eran suyas. Una generacin se haba embobado
+con ellas, mirndolas como pan bendito. Pero Juan Bou las haba
+sublimado en su mente indocta, convirtindolas en una frmula de brutal
+egosmo. Segn l, muchos miembros importantes del organismo social no
+tenan derecho a ser comprendidos dentro de esa designacin sublime y
+redentora: el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de
+callos, no ramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los
+comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una
+tirana, y de aquella tirana naci el obrero--sol: Juan Bou, que deca:
+El pueblo soy yo.
+
+En Barcelona haba logrado fundar un buen establecimiento de litografa.
+Pero sus economas y el establecimiento mismo naufragaron por las
+liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se
+haba casado. Su seora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del
+pas, como vosotros los que esto leis. Quin le metera en la cabeza a
+Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De
+semejante vampiro, qu poda nacer sino una hembra disipadora,
+antojadiza, levantada de cascos? Enviud Juan al fin, y para rehacer su
+peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento
+del 68, encendiose el nimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de
+discreto charlatn; crey que el mundo se iba a volver del revs, y que
+la sociedad alterara sus elementos inmortales; vio la eterna columna
+con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imagin
+que de all en adelante se andara con la cabeza y se pensara con los
+pies; y llevado de estas ideas, tom parte en todos los motines, trabaj
+en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, mor en
+calabozos y arrastr durante algn tiempo vida penosa y miserable.
+
+Cuando los acontecimientos polticos le dieron respiro, vino a
+establecerse a Madrid, donde viva su hermana, casada con el conserje de
+la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros
+acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cay enfermo,
+tuvo que abandonar las luchas polticas, y en octubre del 73 estaba
+definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su supersticin
+redentorista.
+
+Oyndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. l no era slo un
+apstol, era un mrtir. La fama no tena trompetas ni figles bastantes
+para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las
+celebridades del partido liberal no haban hecho nada... Farsa, pura
+farsa! l lo haba hecho todo, y su gran vanidad no conoca freno cuando
+daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo saba. ranle familiares
+cosas y personas, y fcilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos
+tenan el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas
+de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Despus
+venan los decretos, todos de _Artculo nico_. Si sabra l lo que
+tena que hacer, un hombre que haba ledo tanto, un hombre que arrastr
+grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... As como el
+soldado muestra sus heridas, l mostraba la huella de las esposas en sus
+manos... Haba comido ratas! Qu ms ttulos necesitaba para gobernar
+el mundo?
+
+Sus primeros aos de trabajo en Madrid fueron muy felices, y gan
+bastante dinero. Entonces haba algo de renacimiento industrial, y
+empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles
+con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares
+de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos
+de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fsforos. Qu
+iniciativa la suya! Fue el primero que imagin hacer en gran escala las
+cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que l nadie
+haba hecho el siguiente clculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que
+son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo
+que haya 70.000 que renueven el papel tan slo una vez al mes, poniendo
+slo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras
+se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales.
+Ensay, y bien pronto las cacharreras todas de Madrid expendan papel
+picado, que en comparacin del antiguo era un modelo de elegancia, pues
+tena figuras de majas, toreros y tipos populares.
+
+El nico vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotera. No
+haba extraccin en que no comprase su par de dcimos. Era para l este
+juego nacional una forma hipcrita de la administracin socialista.
+Tena muy mala suerte; pero no desmayaba, y saba escoger siempre los
+nmeros ms bonitos. Con todo, no haba tenido ms ganancias que las de
+su trabajo. As, desde que sac adelante el negocio de las cenefas,
+estableciose en la calle de Juanelo, donde tena un taller grande,
+aunque incmodo. Compr algunas piedras ms de gran tamao, una hermosa
+mquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de
+reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo
+que algo de imprenta no vena mal como auxilio de la litografa,
+adquiri cajas y mquinas, y se qued con todas las existencias de una
+casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de
+planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan.
+Mont tambin esta especulacin en gran escala, y los ciegos pudieron
+comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las
+cacharreras, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores
+ambulantes se surtan por muy poco dinero de aleluyas del antiguo
+repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o espaoles, moros
+o cristianos.
+
+El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas
+piezas, que se haban ido agregando poco a poco, segn las necesidades
+de ensanche lo pedan. Ocupaba la imprenta destinada a romances y
+aleluyas la peor y ms lbrega parte. Todo all era viejo, primitivo y
+mohoso. La mquina, sonando como una desgranadora de maz, tena
+quejidos de herido y convulsiones de epilptico. Consagrada durante seis
+aos a tirar un peridico rojo, subsista en ella un resto, un dejo de
+la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus
+rodillos y su tambor. Las cajas, donde yaca en pedazos de plomo el caos
+de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta.
+Haban servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el
+aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La
+horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo poda cortar un
+librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ngulo ms
+sombro de la sucia estancia, que ms pareca una bodega o stano que
+taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad,
+vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se
+podra sospechar que el tal Arte haba sido encarcelado all para expiar
+las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer.
+
+
+=--II--=
+
+En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje.
+Primero le haba puesto Juan Bou a copiar dibujos fciles con tinta
+autgrafa; pero mostr tan escasa disposicin para esto, que le confirm
+a la imprenta, mandndole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas,
+sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente
+por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le
+cogi miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta conviccin de que
+la obediencia y el trabajo le convenan por el momento ms que la
+holganza y la maldad. En poco tiempo adquiri alguna destreza, al amparo
+de un cajista viejo casi invlido y de un chico listsimo, a quien aos
+atrs conocimos y conoci mejor Mariano con el nombre de _Majito_. Este
+ganaba cuatro reales, y _Pecado_ tan slo dos; pero aquella honrada
+ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legtimo
+orgullo, el cual bien poda con el tiempo, ser base sobre que se
+construyera la dignidad de que careca.
+
+El rigor del castigo y la obligacin de ocuparse en un ejercicio
+sedentario y montono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a
+Mariano taciturno; palideci su rostro y adelgaz su cuerpo. A los
+cuatro meses ya compona l solo, si no con ligereza, con exactitud, las
+leyendas de las aleluyas, que eran en nmero fabuloso. Se las saba
+todas de memoria y le bastaba ver la tosca vieta para adivinar y
+componer en seguida los pareados. l y su compaero _el Majito_ se
+disparaban a cada instante los versillos, aplicndolos a cualquier idea
+o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita
+de la _Vida del hombre flaco_, a saber: _El verlo en paos
+menores--causaba risa, seores_, como aquella de la _Vida de don
+Espadn_, que dice: _Todo el da est bailando--y a su dama
+acariciando._ El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una
+especie de proceso psicolgico que enlaza el bostezo con el arte, a
+poner en msica los tales pareados, y cuando _el Majito_ cantaba los de
+la _Procesin del Viernes Santo_, que dicen: _Muchos nios en
+seguida--van con velita encendida_, le contestaba _Pecado_: _Delante van
+con decencia--los de la Beneficencia._
+
+Tambin saban de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de
+matones, guapezas, robos, asesinatos, ancdotas del patbulo.
+
+Cuando Mariano gan tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus
+progresos, atendi sus reclamaciones. El muchacho aborreca la caja.
+Quera trabajar en litografa; pero como no tena aptitud ni pulso para
+el dibujo, quiso ser estampador. Psose a ello, ayudando al oficial de
+la prensa y mquina, y bien pronto conoci Bou que Mariano haba
+escogido bien. Aprendi a manejar con habilidad el cido y la grasa, y
+tambin saba marcar con precisin. La mquina gustaba tanto a _Pecado_,
+que siempre que poda no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus
+ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y
+coyunturas un sudor negro y craso, senta que se le comunicaba el
+vrtigo de ella, y por momentos se supona tambin compuesto de piezas
+de hierro que marchaban a su objeto con la precisin fatal de la
+Mecnica.
+
+A pesar de sus baladronadas polticas y de su aspecto feroz, Juan Bou,
+el _ursus spelus_, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un
+buenazo, un alma de Dios. Tena corazn tierno, bondadoso y sensible, y
+no poda ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba
+picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se coma a los
+nios crudos, cuando le volva el buen humor su diccin se fluidificaba,
+adornndose con toda la hojarasca de la fanfarronera. Conversaba
+familiarmente con los muchachos, mostrndoles, ya la expresin seductora
+de sus sabiduras polticas, ya los dramticos pasajes de su historia de
+mrtir.
+
+Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis
+reales, era, cosa rara!, el oficial con quien ms simpatizaba Juan Bou.
+Haba entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe
+bien. No se sabe tampoco cul de estas dos cosas engendra la simpata.
+Conste, sin embargo, que tambin Mariano era fanfarrn, y que en el
+trato de seis meses con Bou se le haba comunicado la idolatra del ente
+Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del pas, _que chupan la sangre del
+obrero_, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en
+las manos, Mariano crea aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que
+haca era envidiarlos, pues la envidia suele usar la mscara del odio.
+
+En el fondo de su alma, _Pecado_ anhelaba ser tambin sanguijuela y
+chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se
+desviva por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y
+por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distingua
+radicalmente de su maestro, amantsimo del trabajo. Bou no quera galas,
+ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quera era que todos
+fusemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en
+la mano; que no hubiera ms que talleres y se cerraran los lugares de
+holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera ms que jornales;
+que cada cual no fuera propietario nada ms que de la cuchara con que
+haba de comer la sopa nacional.
+
+En la sala donde estaba la mquina, tena Bou su mesa de trabajo, y en
+esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera
+giratorio, con cuyo mecanismo l le daba vueltas como si fuera un papel.
+A poca distancia vease la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y
+se hacan los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la
+charla, hablaba sin ton ni son, escapndose de l el discurso y la
+palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un
+_intellectus_ lleno de roturas. Mariano tena en su laconismo una
+brutalidad sentenciosa.
+
+Que hablis ah, muchachos?--dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel
+da de bonsimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta.
+
+--Este--replic el estampador con el sentimiento de modestia que le
+inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabidura del
+maestro--, este dice que el ao que viene ya no trabaja ms.
+
+--Eso lo dir la correa--manifest Bou sonriendo y sin levantar los ojos
+de la piedra--. Y qu vas a comer si no trabajas?... Me parece que t
+eres de casta de sanguijuela... Y algo he odo yo. No s quin me dijo
+si eres noble o no eres noble...
+
+--Dice este--prosigui el estampador, gozoso de que el maestro pensase
+como l--que cuando su hermana gane el pleito, ser caballero.
+
+--El pleito?... Sabis como hara yo que se ganaran de una vez todos
+los pleitos?--dijo Bou, regocijndose con el efecto que sus admirables
+ideas causaban en los dos muchachos--. Pues mandara pegar fuego a todos
+los archivos, a la escribana _A_ y a la escribana _B_. Total, que no
+dejara un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que
+liquidar..., estis? Hay que decir: Hasta aqu lleg la cosa..., y
+_palante_... Yo dira a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados
+y dems pillera: Queris almorzar? Pues ah tenis la azada, el
+arado, el escoplo o lo que ms os convenga. Pero con papeles no se come
+aqu, seores.... Que no queran? Pues hacia un estanque de tinta, los
+ahogaba en l..., y _palante_.
+
+--Dice este--repiti el oficial, que se pirraba por delatar los
+disparates de su amigo--que todos no son iguales y que l est ya
+cargado de ser pobre.
+
+--No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del
+trabajo--afirm Juan Bou incorporndose y dejando ver el esplendor
+lumnico de su ojo rotatorio, que pareca una rueda de fuegos
+artificiales--. Pobre!Qu ere decir esto? Es una necedad, una...
+lucubracin contraria a los grandes principios. Tienes satisfechas tus
+necesidades? S. Tienes hambre? No. Ests vestido? S. Pues eres tan
+rico como el duque _A_ o el conde _B_, o quiz ms.
+
+Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco
+Aurelio le pona, pas por gradacin suave a otro ms acentuado, ms
+enrgico, si bien no ms elocuente, diciendo:
+
+Todo lo dems es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su
+sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares
+amasados con las lgrimas del pobre. Ved esos que andan por ah, toda
+esa chuma de esos seores y holgazanes. De qu viven? De nuestro
+trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta,
+ellos no hacen ms que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros
+llenos de bobadas... Comparmonos ahora. Nosotros somos las abejas,
+ellos los znganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la
+comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lstima,
+como a los perros... Pero todo se andar, tunantes, todo se andar;
+vendr la cosa y haremos cuentas, s, la gran cuenta, el Juicio Final de
+la humanidad. Oh, pillos!, tambin nosotros tenemos nuestro valle de
+Josafat. All se os aguarda. All estaremos. Con un pedazo de lpiz
+tamao as, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es
+la liquidacin fcil, porque es la ltima... y _palante_.
+
+Mariano y su colega le oan absortos.
+
+Dice este--continu el estampador, incansable en la denuncia--que l ha
+de poder poco o ha de soltar pronto la blusa.
+
+--Vamos a ver--manifest el maestro volviendo a su trabajo--; explcanos
+lo que t piensas... A qu aspiras t? Qu deseas t?
+
+--Yo?--dijo Mariano con terrible laconismo--. Tener dinero.
+
+--Tener dinero! El dinero es una frmula, un medio de cambio--declar
+con olmpica suficiencia Juan Bou--. Y si llega un da en que no haya
+dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor
+dicho, el servicio _A_ y el servicio _B_ se cambien directamente sin
+necesidad de ese intermediario?
+
+--Chpate esa--dijo por lo bajo el estampador a compaero.
+
+--S, se suprimir el dinero, que no sirve ms que para negocios
+indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarn suprimidos los
+ladrones... y _palante_.
+
+Ambos abrieron medio palmo de boca.
+
+Pero el dinero--se aventur a decir Mariano--no se ha de quitar hoy ni
+maana...
+
+--Quin sabe... La cosa est mal. Dicen que esto se va. Me escriben de
+Barcelona que se est trabajando...
+
+--El dinero no se suprime--afirm _Pecado_ rebelndose tenazmente contra
+la incontrovertible sabidura del maestro.
+
+--Hombre, que s.
+
+--Pues yo quiero ser rico.
+
+--Ser rico! Y qu es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional,
+acmila. Hay por ah unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo,
+lo que es de todos, del comn, y el da en que se diga: Ea, bastante ha
+durado la mamancia..., va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros
+diremos: A ver, seor duque de Tal, de dnde sac usted las tierras
+_A_ y las dehesas _B_? Seor banquero Cul, de dnde sac usted los
+millones _A_ y _B_ que tiene en el Banco?.--Hombre, dirn ellos, pues
+yo....--Valientes pillos estn ustedes, acaparadores, por no decir
+otra cosa.... Conque ya ves. No habr entonces dinero, ni Banco, ni
+Bolsa; no habr ms que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito
+un jamn, el comestible _A_ o el comestible _B_: me voy a la tienda, y
+me encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ah va, y
+venga. El sastre har pantalones al zapatero, y el zapatero le har
+zapatos al sastre. Es un organismo sencillsimo, brutos. Vosotros no
+habis estudiado la cosa, no habis trabajado por la cosa, no habis
+estado en calabozos, no habis comido ratas desabridas... Se trata de un
+organismo; sabis lo que es un organismo?.
+
+Ambos callaron. Crean que se trataba de un organillo; pero no se
+atrevan a decirlo.
+
+Este dice tambin--aadi el denunciador sin poder contener la
+risa--que quiere ser clebre.
+
+--Clebre! Ta, ta, ta--exclam Juan Bou, radiante, al considerar el
+triunfo que a su oratoria se preparaba--. Conque clebre y todo..., es
+decir, hombre grande? Valiente papamoscas! Y qu entiendes t por
+celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman
+poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no
+han hecho ms que matar gente. Los otros han engaado y extraviado a la
+humanidad, contndola mil mentiras y embelecos. Cgeme a tal o cual
+guerrero, al poeta _A_ o al prosista _B_. Qu han hecho por el pueblo?
+Nada. Su celebridad se acabar tambin, porque se suprimir la Historia.
+Se har una Historia nueva, en que no figuren ms que los que han
+inventado una mquina o perfeccionado la herramienta _A_ o _B_. Esos s,
+esos s que tendrn estatuas.
+
+--Y quin... va a hacer las estatuas?--pregunt con gran viveza de
+pensamiento Mariano.
+
+--Toma--dijo Bou, reponindose despus de desconcertarse un poco--, los
+escultores. Habr escultores que harn las estatuas de los obreros
+clebres, de los padres de la patria, y se les pagar con comestibles,
+mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si t quieres ser
+clebre inventando la direccin de los globos, o cosa as, entonces nada
+te digo. Por ah, por ah... Pero no envidies a los personajes del da,
+a esas sanguijuelas del pueblo. Mira t qu tipos. Prim?, un tunante.
+O'Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olzaga, Castelar,
+Sagasta, Cnovas. Parlanchines todos. Y ese Thiers de Francia? Otro que
+tal. Cuando toquen a barrer, veris cmo queda esto... Nada, nada;
+aplcate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes,
+comers y vestirs con tu trabajo. Toma y daca... y _palante_.
+
+--Pero este dice que quiere ser clebre, aunque para ello tenga que
+hacer una barbaridad.
+
+--Hombre, hombre, t quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo,
+hombre, dalo. No te faltar ocasin, cuando se grite abajo la tirana,
+prtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como
+dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que maana
+quiz se mire como una gran accin. Nada, hombre..._palante_,
+_palantito_....
+
+Sigui hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de
+audaces juicios, que los muchachos le oan como si fuera una sibila.
+
+Lo que yo quiero es moneda--volvi a decir Mariano con rudeza concisa.
+
+--Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como t el clebre
+Erostrato.
+
+--Quin?
+
+--Uno que peg fuego--dijo Bou reventando de erudicin--a un templo...
+no s si de Babilonia, de Venecia o de dnde.
+
+--Y sac dinero?
+
+--Vuelta con el dinero.
+
+--Con dinero se tiene todo.
+
+--Y t quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de
+esos pillos, lo mismo que la sanguijuela _A_ o la sanguijuela _B_.
+
+Mariano grua, dando a conocer, con brbaro modo, su ardiente anhelo de
+ser sanguijuela.
+
+Ea, bastante se ha charlado--dijo el maestro echando un vistazo a la
+prensa--._Palante_... Sacadme esos reportes ahora mismo.
+
+Y sigui un silencio slo turbado por los rumores de la actividad
+taciturna. Oase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo
+negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que
+aunque buen cataln tena un odo infernal, destrozaba entre dientes _La
+Marsellesa_, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Despus
+escupa unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco
+rato. Se haba contagiado de la aficin de sus aprendices a cantorrear
+los pareados de las aleluyas, y as, sin pensarlo, cantaba con la msica
+de Rouget de L'Isle estos versos: _Muchos nios pequeitos--van vestidos
+de angelitos_.
+
+
+
+
+Captulo V
+
+Entreacto en el caf
+
+
+Mariano pas algn tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna
+digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empez a
+fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se
+pasaba horas y ms horas en el caf del Sur. Por el afn de aumentar su
+peculio haba contrado el vicio del juego, frecuentando innobles
+garitos, o agregndose a los nefandos crculos que al aire libre, en las
+puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se
+aturda y perda casi siempre. Cuando ganaba se permita lujos
+desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las
+funciones desde la primera a la ltima, convidarse a chuletas con tomate
+en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y
+costureras, donde danzaba y haca conquistas. Cuando las ganancias
+haban sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba
+trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando
+por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para
+que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase
+superior fuese ms completa, tena sus pequeas deudas con el mozo del
+caf y con los amigos.
+
+Ya faltase todo el da al taller de Bou, ya asistiese puntualmente,
+nunca dejaba de ir al caf del Sur. A veces no estaba ms que un rato, a
+veces cuatro o cinco horas. Se le vea solo, en blusa azul y gorra, con
+los codos sobre la mesa, el vaso de caf delante y en la boca un puro de
+a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estpida somnolencia.
+
+Pero quin es aquel seor que abre la puerta del caf y esparce su
+vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano
+viene hacia l, y se le sienta enfrente? Quin ha de ser sino el
+bendito D. Jos? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas
+que est pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados
+de cierta melancola de funeral; ved tambin sus mejillas, antes
+competidoras de las rosas y claveles, ahora plidas y surcadas de
+arrugas. Qu le pasa? l nos lo dir. Durante algn tiempo su nico
+consuelo ha sido agregarse a Mariano en el caf del Sur y frente a l
+exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antao; y as
+como las ovejas (dicho est por los poetas) se olvidaban de pacer para
+escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar
+el caf por atender a lo que D. Jos le refera.
+
+Hoy tampoco la he podido ver--dijo aquel da (abril de 1876)--. Ese Sr.
+Botn es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al
+balcn... Te digo que me gustara que el seor Botn y yo nos viramos
+un da las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo
+padre, y debo velar por ella... Luego el pobre _Riqun_ estar tan
+solo, extraar tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como
+antes!... Porque has de saber que _Riqun_ no quiere a nadie ms que a
+m; me quiere ms que a su propia madre. Lo que es a Botn no le puede
+ver.
+
+Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el
+regocijo de la venganza. _Riqun_ no quera al otro! Oh placer de los
+dioses!
+
+Mi hermana tiene la culpa--dijo Mariano--. Ese to Botn es una fiera.
+Por qu no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de
+aquellas cosas que pasan, puo!... l es rico; ella se ve mal... Si
+trabajara como yo, vivira como es debido... De consiguiente, yo no
+pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no
+volviera. De consiguiente, ese Botn no quiere que ni yo, ni usted, ni
+mi ta Encarnacin vayamos all. No quiere estorbos. Yo no voy, porque
+suponga usted que nos encontramos Botn y yo, hablamos, y sin saber
+cmo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reimos. Total, que me
+hago cuenta de que no tengo tal hermana.
+
+--Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella
+quisiera--indic Relimpio embuchndose el caf, mientras el otro se
+rompa las mandbulas para sacar humo del duro cigarro--Pero quia, quia.
+Tiene que valerse de mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses
+de esta vida y no s cmo aguanta. Al teatro? Que si quieres... Los
+domingos la hace ir a misa, y aqu paz... Dicen que ese seor es
+mojigato.
+
+--Es rico--afirm Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que
+empleaba siempre para expresar aquella idea.
+
+--Riqusimo. Gana millones. Si le dejan se come a Espaa en menos que
+pa un pollo. Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una
+persona decente, le escribira un annimo a su seora contndole los
+devaneos... Pero no est en mi sangre, no. La seora de Botn es condesa
+o baronesa; l es conde o barn consorte, te enteras? Ella es, segn
+dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar
+un hospital.
+
+--Sanguijuelas del pas y del pobre que trabaja, repuo!... Ellos
+gastan lo nuestro... Pero ya, ya vern, puo! El mejor da... de
+aquellas cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y _palante_... Ahora
+nos toca a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta
+como es debido.
+
+--Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue
+D. Amadeo, y aquel s era persona decente!, esto est perdido. Es
+verdad que se acab la guerra; pero cmo se acab? A fuerza de dinero.
+Esta gente es atroz. Aqu no hay administracin, ni se llevan los libros
+de cuentas del Estado como manda la Tenedura. Mira t; mientras no se
+suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no
+s cmo no se les ocurren estas cosas... Seor, que no podemos con la
+Hacienda, que hay dficit. Pues qu ms tiene usted que quitar tanto
+empleado vagabundo?... Seor, que la poltica... Pues fuera poltica...
+Si quisieran, todo lo arreglaran bien. Con ir dejando a un lado a los
+piratas y colocando a la gente honrada... Mira t, es bien fcil. A
+ver... D. Fulano es un hombre honrado? S seor. Pues venga ac. Y D.
+Zutano? Tambin. Venga. Ea, ya me tienes la Administracin arreglada. Yo
+s que los tunantes chillaran; pero que chillaran hasta reventar.
+
+Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volva D. Jos a la
+monotona de sus lamentos pastoriles. Durante varios das repiti las
+mismas cosas... La haba visto un momento... Estaba desmejorada y
+triste... _Riqun_ tampoco era feliz... En mayo aadi a tan enfadosos
+temas uno que era ms agradable a la concupiscencia de Mariano.
+
+Sabes--le dijo--que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio?
+Lleg aqu el mes pasado. Por cierto que me cogi desprevenido. Yo le
+crea en la Habana. Pero el Capitn General le quit el destino a los
+veinte das de haber tomado posesin de l y me lo embarc para la
+Pennsula... Intrigas polticas... envidias y miserias.
+
+--De aquellas cosas que pasan...--murmur Mariano, demostrando
+perspicacia--. Don Melchor tendra las uas un poco largas; de
+consiguiente...
+
+--Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez.
+
+--S; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse all entre tanto
+dinero..., de consiguiente...
+
+--Hombre, no.
+
+--Total, que se volvi para ac sin un real.
+
+--No tanto. Algo ha trado... Pues te contar el negocio, que es grande,
+tremendo. Es un secreto que ha descubierto.
+
+--Un secreto!... Y lo guardar... como es debido.
+
+--No, lo pone a disposicin de todo el mundo. Ha hecho unos
+prospectitos, sabes? Luego ha puesto un anuncio en los peridicos,
+diciendo que el que quiera saber el secreto del negocio mande veinte
+reales en sellos. Ajaj. No puedes figurarte los sellos que han entrado
+en casa. Pero ya se va cansando la gente y vienen pocas cartas.
+
+--Pero el secreto...?
+
+--No s cul es.
+
+--Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal
+secreto...?
+
+--Yo no s... Desde que tom la casa en la calle de los Abades, donde
+vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artculos en un peridico. La
+ha tomado con las compaas de ferrocarriles y otras empresas gordas, y,
+si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las
+est matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas tiles,
+por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso s,
+yo creo que si esto se dice un da y otro da, al fin hemos de lograrlo.
+Y si no, guerra, guerra con los ingleses. Ah! No hicimos lo del
+Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contar, pues lo s como si lo
+hubiera visto.
+
+Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante captulo de
+Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba ms su
+espritu, adormecindole en clculos voluptuosos y combinaciones de
+riquezas y placeres.
+
+Algunos das despus, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D.
+Jos.
+
+Ayer--dijo--estuvo D. Melchor hablando ms de dos horas con Juan Bou.
+Ha inventado una rifa para los pobres. Est unido con otros seores, y
+de consiguiente, tiene autorizacin del Gobierno, como es debido.
+Recontrapuo, qu negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte.
+
+--Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad.
+Es una idea humanitaria. Ya no habr ms pobres por las calles...
+Volviendo a lo mismo, Mariann, te dir que la vi ayer en misa. Por la
+tarde fui a sacar al nio a paseo. Ah!No sabes? Lo del pleito va bien.
+Hombre, si te veremos al fin....
+
+Mariano se desperez y despus que hubo estirado bien sus extremidades,
+descarg el puo sobre la mesa, diciendo:
+
+Maldita sea la Biblia!.
+
+Isidora, que viva en la calle de las Huertas, sala con frecuencia al
+balcn, y si vea a su padrino pasendose de arriba abajo y echando con
+disimulo un vistazo al piso segundo, senta pena y lstima. Unas veces
+le haca seales de que entrase, otras de que no entrase, y D. Jos
+obedeca con humildad. Llamole un da con agraciado gesto, desde dentro,
+alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal.
+Relimpio subi.
+
+Cmo le palpitaba el corazn! Entr, cogi en sus brazos al nio, diole
+mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con l, entr en la
+sala. Isidora vesta una bata azul de corte elegantsimo. Acababa de
+peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber
+quin era, podra dudar que perteneca a la clase ms elevada de la
+sociedad. Contemplola D. Jos, ms que con amor, con veneracin, con
+fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco falt para que
+se la hincara delante.
+
+Ests, ests...--le dijo turbado por la emocin--, que pareces una
+diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... _Riqun_!, hijo
+mo, sol, dame ms besos... Bendita sea tu madre!.
+
+Mucho se alegraba tambin Isidora de ver a su padrino; pero un asunto
+urgentsimo les separara muy pronto.
+
+No viene hoy ese bruto?--dijo Relimpio.
+
+--No; hoy habla en el Congreso.
+
+--De modo que me estar aqu hasta anochecida?
+
+--No, porque tengo que hacer, tengo que salir....
+
+Don Jos puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron
+como la llama de la exhausta lmpara colgada delante del santo.
+
+Tengo que hacer--dijo Isidora, sacando una carta--. Y usted me va a
+hacer el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaqun.
+
+Don Jos dio un gran suspiro. Puso la cara ms desconsolada y agoniosa
+del mundo, la cara que pondra toda persona a quien se obligara a beber
+un vaso de vinagre.
+
+De veras que no ests hoy en casa?
+
+--No. Si usted quiere, puede venir a jugar con _Riqun_.
+
+--Le sacar a paseo. Est bueno el da. Qu te parece?
+
+--Muy bien.
+
+--Pues voy, voy a hacer tu encargo--murmur el viejo, consolndole la
+idea de pasear al nio.
+
+Isidora sali. Su traje realizaba el difcil prodigio, no a todas
+concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era
+selecto, nada chilln, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y
+en sus maneras la ms clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por
+dondequiera que iba haca sombra de blasones. Y sin embargo, por
+desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban saban
+que no era una _lady_.
+
+Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el
+pensamiento y por las acciones, qu era?... La sentencia es difcil.
+
+
+
+
+Captulo VI
+
+Escena vigsimaquinta
+
+=Aposento no muy grande, cmodo, bien amueblado y a media luz=
+
+=ISIDORA Y JOAQUN=
+
+
+JOAQUN.--=(Con admiracin)= Pero qu guapa ests, o mejor dicho, qu
+hermosa eres!... Joya digna de un rey, por qu ests condenada a
+encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posicin mediana, obsura y
+equvoca? Tremendas ironas del destino! Fate de que el nacimiento y
+el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo
+traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te
+entristezcas. Hoy es da de alegra y juntos los dos aqu olvidaremos
+todas nuestras penas... Cada da me es ms difcil vivir sin ti.
+
+ISIDORA.--=(Con coquetera)= Embustero!... Me quieres cuando me
+necesitas, cuando eres desgraciado. Desde que prosperas un poco,
+adis!, ya no te acuerdas de m! Yo no deba hacerte caso; pero mi
+debilidad es ms fuerte que mi fortaleza, entiendes?... Quin no tiene
+un castigo en el mundo? Mi castigo eres t. En vez de darme enfermedades
+o de volverme fea, Dios me ha dicho: Quirele; y ya ves, te quiero y
+padezco. El corazn me dice que ser constante. Te amar siempre,
+mientras viva. Mi corazn es de una pieza. No puede amar sino a uno
+solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mo, me hastan;
+les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que
+viniere, a mi amor me atengo. No s cmo hay mujeres que adoran hoy a
+este y maana al otro. Yo no soy as. =(Con tristeza.)= No es verdad que
+nac para ser honrada?
+
+JOAQUN.--Y para m. =(Entusiasmndose por grados.)= Slo yo te comprendo,
+slo yo. Los dems te juzgarn mal quizs. Yo, que te conozco, s que
+eres un ngel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para
+m y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. Y qu ingrato he
+sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de
+las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad.
+
+ISIDORA.--=(Mirndole a los ojos.)= Ests satisfecho de m?
+
+JOAQUN.--Te idolatro.
+
+ISIDORA.--Me he portado bien?
+
+JOAQUN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas estn
+donde deben estar... Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en
+su alma esa chispa, ese no s qu, signo de elevacin sobre el nivel
+comn, est preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no
+es en ti un defecto, es una inspiracin santa.
+
+ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...
+
+JOAQUN.--Desecha las ideas convencionales. Cada accin tiene un punto
+de vista desde el cual debe juzgrsela, lo cual prueba la gran variedad
+de las perspectivas del alma humana...
+
+ISIDORA.--Yo siento algn remordimiento...
+
+JOAQUN.--Porque no has hecho un anlisis fro del hecho en s y te
+dejas llevar de la rutina.
+
+ISIDORA.--=(Gozosa.)= Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?
+
+JOAQUN.--La bes mil veces, y aun creo que se me escap una lgrima,
+cosa en m desusada.
+
+ISIDORA.--Ya ves que cumpl mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu
+compromiso y me decas que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro,
+te dije: Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de
+salvar.... No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi
+alma, como un acto de estos atrevidos y difciles, en que entren la
+generosidad y el peligro. Nac para estar arriba, muy arriba.
+
+JOAQUN.--En las estrellas te pondra yo.
+
+ISIDORA.--Las cosas bajas y fciles, las pasiones mezquinas no caben en
+m. T me habas hecho muchas picardas; pues ahora vers... Yo soy as.
+La idea de devolverte bien por mal me daba alegra y valor para vencer
+las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba,
+discurra, haca cuentas. A medianoche no haba dormido an; estaba
+sola. Poda pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana.
+Lleg la maana. Qu creers que hice? La cantidad era enorme. Mil
+duritos! De dnde haba de sacar yo ese dineral? Pues vers... Vend
+mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqu doce mil reales.
+Compr otros diamantes falsos para que l no conociera el engao.
+Despus empe la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu
+suerte, l me haba dado cierta cantidad para renovar parte de la
+sillera..., pues al montn con ella. En fin, mi ta Encarnacin me
+proporcion el resto... Y aqu vienen los escozores que siento en mi
+conciencia...
+
+JOAQUN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espritu.)= Eres una
+chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu
+gran corazn.
+
+ISIDORA.--=(Con monera.)= Djame, que yo me entiendo. Te dir la verdad
+pura. Por engaarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien
+aborrezco con toda mi alma. No me merece... Pero hay tantas clases de
+traicin!... Te dir...
+
+JOAQUN.--=(Azotndola con cario.)= Pero ven ac, tonta...
+
+ISIDORA.--=(Abofetendole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las
+traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en m que las rechaza.
+Te dir: con gusto o sin gusto mo, l me da cuanto necesito. Es verdad
+que los tornillos eran mos; me los habas regalado t. Pero el alfiler
+me lo dio l..., y el dinero para la sillera... Ya ves.
+
+JOAQUN.--Djame hablar ahora.
+
+ISIDORA.--=(Tapndole la boca.)= Aguarda.
+
+JOAQUN.--=(Quitndose a viva fuerza la mordaza y besndola mucho.)=
+Djame hablar a m. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces
+ms dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del pas
+se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastara para pagar una
+de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que
+he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quera ya, yo te
+amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy
+tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazn y deuda
+de bolsillo. Te pagar religiosamente.
+
+ISIDORA.--Pagarme! Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para
+eso. Si en algo estimas el beneficio que de m has recibido, ya sabes la
+recompensa que quiero.
+
+JOAQUN.--=(Amoscado.)= Cul?
+
+ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaqun...
+
+JOAQUN.--=(Sintindose atacado de sordera.)= No te oigo.
+
+ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo.
+
+JOAQUN.--Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)=
+En estos das me hallo en tal situacin, que no podr celebrar ningn
+acto civil... Ay!, querida ma, confesor mo, para ti no debo tener
+secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido
+un calavera, un disipador; merezco lo que me est pasando. Yo tena una
+regular fortuna. Sabes t cmo se me ha ido de entre las manos? Pues yo
+tampoco lo s, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te
+juro que vivo con economa... Malditos sean los usureros, fieras
+desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad
+indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da
+un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te
+debo que no haya cado una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez...
+Pero qu suceder? Que dentro de poco llegar otro vencimiento.
+Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Pap
+me ha hablado seriamente el otro da. Hemos hecho un balance. Le he
+descubierto todos mis los; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto
+que no tengo ms remedio que irme a la Habana.
+
+ISIDORA.--A la Habana!
+
+JOAQUN.--S, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el nico
+remedio. Los espaoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras
+naciones. Qu pas tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar
+los desastres de sus hijos?
+
+ISIDORA.--Ya!
+
+JOAQUN.--Me ir a la perla de las Antillas, como decimos por ac.
+Quieres ir conmigo?
+
+ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te dir...; ir contigo sera mi
+dicha. Yo te cuidara si caas malo, y te desviara de tus calaveradas,
+porque all... Pero no puedo, no puedo salir de aqu. Tengo que estar a
+la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganar si tengo
+paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la rplica, y luego que la
+seora presente su dplica, vendr la prueba... Ya ves, me voy enterando
+de estas cosas fastidiosas.
+
+JOAQUN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo...
+
+ISIDORA.--Es el principal mvil de mi vida. Cuando consiento en
+separarme de ti por pleitear, figrate si es cosa de importancia.
+
+JOAQUN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aqu.
+Cuando yo venga, toma!, de seguro te encontrar en pacfica posesin de
+la casa de Aransis.
+
+ISIDORA.--Dios te oiga!... Yo tambin lo creo as.
+
+JOAQUN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.
+
+ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recprocamente su
+confianza.)= Y cundo te vas?
+
+JOAQUN.--No lo s. Dejar pasar el verano. Pap y el ministro han
+hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, all, entre
+bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando pap era Director,
+serva a este seor en cuanto le peda, y ahora para el Ministro no hay
+mejor recomendacin que la de mi padre.
+
+ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. Por qu no
+tratas de remediarte aqu? Por qu no trabajas en algo?
+
+JOAQUN.--Aqu? Trabajar aqu!... T te has cado de un nido. En
+Espaa no se recompensa el mrito. Qu pas! Es claro; yo trabajara,
+yo me dedicara a algo; pero qu pasa? Los escritores, los artistas,
+los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que
+trabaje el obispo. No hay ms medio de ganar dinero aqu que metindose
+en negocios patrocinados por el Gobierno. Pdele datos de esto a tu
+seor Snchez Botn. Es un genio.
+
+ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Est muy hueco
+con el discurso que pronunci ayer. Es de..., de la Comisin. No se
+dice as?
+
+JOAQUN.--De la Comisin, justo. Todava no he ledo su discurso. =
+(Incorprase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo
+de necedades soporferas. Cuando hablaba, no haba seis diputados en el
+saln, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores
+versados en administracin producen estos efectos de narctico. Pap
+mismo, cuando habla de esto, es el puro beleo. Pero ayer era el nico
+que logr estar despabilado durante la oracin fnebre--administrativa
+de Snchez Botn.
+
+ISIDORA.--Pues l dice que apabull a tu padre.
+
+JOAQUN.--Qu gracia! Vers. =(Amenaza leer.)=
+
+ISIDORA.--Por Dios, dejo eso.
+
+JOAQUN.--Oye qu admirable estilo. =(Lee.)= Los seores que se sientan
+en esos bancos....
+
+ISIDORA.--Por la Virgen Santsima!
+
+JOAQUN.--Si esto es muy divertido. =(Sigue leyendo.)= ... no quieren
+acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la
+Comisin....
+
+ISIDORA.--=(Arrebatando el papel de manos de Joaqun.)= Si t le
+estuvieras oyendo a todas horas...
+
+JOAQUN.--Es un bruto que mereca el desprecio si no mereciera el
+presidio. Su discurso es el colmo de la sabidura. Dice que en tiempo de
+pap eran mayores los escndalos y las irregularidades... Voy a contarte
+en dos palabras las gradas de Botn.
+
+ISIDORA.--=(Tristemente.)= Ser tarde? =(Hace un gorro con el peridico en
+que est el discurso de Botn.)=
+
+JOAQUN.--No, querida; es temprano.
+
+ISIDORA.--Parceme que entra poca luz, que anochece...
+
+JOAQUN.--Es que se ha nublado.
+
+ISIDORA.--Mira el reloj.
+
+JOAQUN.--No me da la gana.
+
+ISIDORA.--Qu horas tan felices si no fueran tan cortas! =(Acaba el
+gorro de papel y se lo pone.)= Qu tal?
+
+JOAQUN.--=(Dando su aprobacin expresivamente.)= Mona!... Pues te
+contar las gracias de Botn.
+
+ISIDORA.--Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. Si l supiera
+las mas!...
+
+JOAQUN.--Hace unos quince aos Snchez Botn era un zascandil. Andaba
+por ah con un gabn perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus
+disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba
+cosas de poco valor en las oficinas. Empez a levantar cabeza,
+trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragn. Haca diabluras,
+resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas.
+Despus le colocaron en el Ministerio, y cas con la de Castroponce, que
+le aport dos millones. Hzose diputado y gerente del ferrocarril de
+Albarracn. Aqu empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el
+ministro y all se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figrate,
+la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compaas de
+ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios.
+
+ISIDORA.--=(Bostezando.)= Qu cosas!
+
+JOAQUN.--T no entenders esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel
+que se llama Inscripciones, el cual est en la Caja de Depsitos. Botn
+se arregla para sacarlo, da una pequea parte al Ayuntamiento, y con el
+resto y la subvencin van construyendo el ferrocarril sin adelantar una
+peseta. El Gobierno les da prrrogas.
+
+ISIDORA.--=(Cerrando dulcemente los ojos.)= Qu picarda!
+
+JOAQUN.--=(Con verbosidad.)= Pero esta tostada, con ser un negocio
+inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de
+pan los abonars de los soldados de Cuba, que llegan aqu muertos de
+miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede
+pagarles; pero Botn ha reunido millones en esos abonars, y el mejor
+da se los admite el Gobierno en pago de un emprstito... Pues en las
+subastas no te digo nada. Ah es donde estn las ricas tostadas. l hace
+lo que quiere. Es un baj administrativo, mejor dicho, un sultn que
+tiene las rentas pblicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el
+Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que
+no se puede presentar nadie... Pero qu es eso?... =(Ponindole la mano
+en la frente.)= Isidora?... Se ha dormido... Qu hermosa est! Qu
+cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... Isidora!
+
+ISIDORA.--=(Despertando.)= Me dorm arrullada por las gracias de Botn.
+Ser tarde? Ahora s que anochece.
+
+JOAQUN.--Es que es un chubasco, tonta. El cielo est negro.
+
+ISIDORA.--Es hora de marcharme. Mira el reloj.
+
+JOAQUN.--Para que te desengaes. =(Mira el reloj.)= Ves? Todava me
+debes una hora, segn lo convenido.
+
+ISIDORA.--Una hora! =(Con pena.)= Sesenta minutos me separan de la
+presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginacin. Es una
+pesadilla que me atormenta noche y da. Cundo despertar de ese
+hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. Buenas
+noches--, buenas noches. Dnde has estado? T has salido.... Aqu de
+mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir
+mentiras; pero desde que vivo con l me he adiestrado de tal modo en
+ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para
+mentir... Pues te dir. Entra l; como entienda que he salido sin su
+permiso. Mara Santsima! l gasta en m su dinero a la calladita; y me
+compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me
+vea. Quiere que me ponga guapa para l solo. Basta que cualquier persona
+me mire para que l se enfade, porque cree que con los ojos se le roba
+algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me d a conocer en la
+calle, porque no gusta de escndalos, y se asusta de que esto se
+descubra. Dice que aqu no estamos en Pars, y que es preciso no chocar,
+no dar motivo a la murmuracin, no faltar a las buenas apariencias
+sociales. Es un egoistn y un hipcrita... Lo primero que me encarga es
+que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo
+al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son
+la base del orden social, me lo lee con entonacin grave..., si le
+oyeras!, y me dice con toda su alma: Yo no puedo desmentir estas ideas.
+Conque mucho cuidado.... En teatros no hay que pensar. Alguna vez me
+permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a
+los anfiteatros. Ni aun all me deja libre, porque le veo atisbndome
+desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la
+costa, o algn hombre sospechoso cerca de m... En fin, es un tipo
+insufrible. Qu celoso, Dios mo! Si me ve asomada al balcn, ya se le
+figura no s qu. Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me est
+sacando a relucir su dinero. Qu tonillo toma! =(Remedando voz de
+hombre.)= Seora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser
+para m.... Para l! l quisiera que yo fuera un vaso de agua para
+beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en
+mis pensamientos.
+
+JOAQUN.--=(Con desprecio.)= Zopenco!
+
+ISIDORA.--Y cunto me hace padecer! Si me ro, cree que me burlo de l;
+si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si
+me canso, me llama _fra_, _pedazo de mrmol_. Me toma cuenta del
+respirar, y si doy un suspiro, ay Dios mo!, ya est armada la
+tempestad. Y cmo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces
+quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto
+y celoso que enamorado. Mi ta Encamacin dice que es el papamoscas de
+Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me ro de l, no lo puedo
+remediar. =(Re.)= Cuidado que es feo, no es verdad? No tiene ms que la
+figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. Has visto
+aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puetazos?
+
+JOAQUN.--Pues pocos habr de ms pretensiones. Dicen que en los escaos
+del Congreso est siempre mirndose el pie, porque lo tiene muy pequeo.
+La verdad es que otro ms antiptico no ha nacido...
+
+ISIDORA.--Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que
+causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros...
+Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos
+duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le
+desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobilln
+ingls. =(Re.)= Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar
+tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace
+cuando se pone a echarme sermones, y a rerse de mi pleito y de mi
+nacimiento. Un da por poco le pego... Cuando est por moralizar, me
+dice que si me porto bien har mi suerte con l; que hay muchos modos de
+ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todava. =(Da un gran
+suspiro.)= Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te proteger.
+Te casars con un criado mo, que es ni pintado para el caso. =(Con gran
+indignacin.)= Y una vez que ests casada te dar un estanco. Un
+estanco! =(Riendo con estrpito.)= Ese animal no s qu se figura... Habla
+muy poco de su mujer. Dice que es un ngel; pero que se ha hecho muy
+mstica, y que l, respetando mucho el misticismo, ha tenido que buscar
+fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. Una
+cosa me agrada de l... para que veas que todo no ha de ser malo...
+Quiere mucho a mi Joaqun, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a
+cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto slo
+hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningn modo
+quererle ni estimarle.
+
+JOAQUN.--Has hecho de l la gran pintura. No tiene delicadeza ni
+verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus
+atractivos y te ofrezcas ms rica y sabrosa a sus insaciables
+apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria
+del gnero humano; me parecen hechos con algo puramente material y
+grosero que sobr despus de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser
+destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la
+transicin del hombre al bruto, y fabric a Botn.
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el rebuzno,
+qu hay? Un discurso de Botn.
+
+JOAQUN.--Bravsimo!... Vamos, cuando me comparo con l... Permteme
+que me alabe en presencia de ese brbaro egosta. Yo vivo de lo ideal,
+yo sueo, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos
+platnicos. En otro tiempo, quin sabe lo que hubiera sido yo? Quizs
+un D. Juan Tenorio; quizs uno de esos grandes msticos que han escrito
+cosas tan sublimes... Ahora, qu soy? Un desgraciado, por lo mismo que
+me estorba lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me
+congratulo de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, pero por
+qu? Porque no he sabido poner freno a mi fantasa; porque no he podido
+cerrar y soldar mi corazn, vaso riqusimo que cuanto ms se derrama,
+ms se llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he
+derrochado una fortuna. Desventajas de la constante aspiracin a lo
+infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! Ves mis
+calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. Oh!, quin
+hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habra
+conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he
+sabido distinguir a Jpiter de Neptuno... Ves cmo estoy? Ves mi
+ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a
+nadie. Joaqun Pez pedir limosna antes que comerciar con el hambre y la
+desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre
+sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin
+prendarme de ella. =(Isidora le da un pellizco.)= Ay! Ser debilidad,
+ser lo que quieras. Yo lo llamo _abundantia cordis_, opulencia del
+corazn. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la
+generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza...
+Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que
+volver de all tan pobre como estoy aqu. Yo no sirvo para esto. No soy
+como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmtica. Yo no la entiendo.
+Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado,
+y ella se venga hacindome unas perradas!...
+
+ISIDORA.--=(Con efusin de amor.)= Menos en lo de querer al por mayor,
+cunto nos parecemos! Yo tambin veo lo infinito, yo tambin deliro, yo
+tambin sueo, yo tambin soy generosa, yo tambin quisiera tener un
+caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme
+siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme
+yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo,
+porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza;
+una montaa de dinero; luego otra montaa de honradez, y al mismo tiempo
+una montaa, una cordillera de amor legtimo...; eso es lo que quiero.
+Oh, Dios de mi vida! =(Llevndose las manos a la cabeza.)= Llegar esto
+a ser verdad?
+
+JOAQUN.--Pues no ha de llegar a serlo?... Abrzame fuerte.
+
+ISIDORA.--Ahora s que es tarde. =(Alarmndose.)= Me voy, me voy.
+
+JOAQUN.--Todava...
+
+ISIDORA.--S, ya han encendido el gas. =(Mira al techo.)= Mira los dibujos
+que hacen en el techo la sombra de los rboles de la calle y el
+resplandor de los faroles.
+
+JOAQUN.--S. Son la hora triste. Y ahora, qu da...?
+
+ISIDORA.--Ay!, tontn, sabes que no lo puedo decir? =(Arreglndose
+aprisa.)= Se me figura que nuestro dragn est receloso. Me vigila mucho.
+Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor da descubre mis
+gracias...
+
+JOAQUN.--No lo creas...
+
+ISIDORA.--Ah!, es muy tuno... S, yo creo que nos sigue la pista. Estoy
+viendo que cualquier da regaamos, y le mando a paseo. Sin ir ms
+lejos, maana habr cuestin. No es maana San Isidro?
+
+JOAQUN.--S.
+
+ISIDORA.--Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romera, que nunca he
+visto, y l se empea en que no he de ir... All veremos. Dios de mi
+vida, qu tarde!
+
+JOAQUN.--Y cundo te ver?
+
+ISIDORA.--Te avisar con mi padrino, =(Despdense con manifestaciones de
+ardiente cario.)=
+
+JOAQUN.--Abur, chiquilla.
+
+ISIDORA.--_Riqun_, adis. =(Al salir.)= No me olvides.
+
+JOAQUN.--=(Solo.)= Bendita sea ella! Vale infinitamente ms que yo.
+
+
+
+
+Captulo VII
+
+Flamenca Cytherea
+
+
+La unin nefanda de estos dos vocablos, brbaro el uno, helnico el
+otro, merece la execracin universal; pero no importa. Adelante.
+
+Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr.
+(tena la Gran Cruz) D. Alejandro Snchez Botn, Isidora fue a la
+pradera de San Isidro, acompaada de su doncella, de _Riqun_, de D.
+Jos de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Stiro no poda
+resistir ya el anhelo de expansin, de correr libremente, de ser duea
+de s misma un da entero, y, principalmente de darse el gusto de la
+desobediencia. Hacindole rabiar gozaba ms que divirtindose ella. Ya
+se aplacara el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no
+se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y
+bien poda suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias
+llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convena un
+golpe de Estado.
+
+Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella
+maanita de San Isidro, mientras dur el atavo chulesco, todo era
+regocijo en la casa, todo risas y alegras. Don Jos andaba a gatas
+sirviendo de caballo a _Riqun_, ya vestido desde el amanecer de Dios, y
+Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de
+mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien
+dentro de l, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran
+dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar ms a su gusto las
+fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de
+buenos autores haba visto Isidora caprichos semejantes, y tambin en
+una clebre zarzuela y en una pera. Si esto pensaba cuando la doncella
+y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y
+pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, qued
+prendada de s misma, se mir absorta y se embebeci mirndose, tan
+atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfona
+de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente
+rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube.
+No le faltaba nada, ni el mantn de Manila, ni el pauelo de seda en la
+cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de
+gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los
+ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar.
+En medio de Madrid surga, como un esfuerzo de la Naturaleza que a
+muchos parecera aberracin del arte de la forma, la Venus flamenca. Don
+Jos estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sficos
+la novsima encarnacin de la huspeda de Gnido y Pafos.
+
+Salieron gozosos, acomodndose en una carretela que alquil Isidora...,
+y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora senta un regocijo febril y
+salvaje. Todo le llamaba la atencin, todo era un motivo de grata
+sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre
+de la alegra, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un
+ventorrillo. Nunca haba comido Isidora cosas tan ricas. Cunto rieron
+viendo cmo se atracaba Mariano! Don Jos compr dos pitos, uno para
+_Riqun_ y otro para l, y ambos estuvieron pita que te pitars todo el
+santo da. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habra comprado
+lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compr ms
+que cuatro. De todas las frusleras hizo acopio, y los bolsillos de la
+pandilla llenronse de avellanas, piones, garbanzos torrados,
+pastelillos y cuanto Dios y la ta Javiera criaron. Nunca como entonces
+le salt el dinero en el bolsillo y le escoci en las manos, pidindole,
+por extrao modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si
+hubiera llevado mil duros, los habra liquidado tambin. A los pobres
+sin nmero les daba lo que sala en la mano. A todos los cojos,
+estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda.
+Por ltimo, se le antoj tambin pitar, y compr el ms largo, el ms
+floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella tambin
+pitaron.
+
+Visit la ermita y el cementerio, y por ltimo, no queriendo acabar el
+da sin experimentar todas las emociones que ofreca la pradera, visit
+una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenmenos para
+asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana,
+el cordero con seis patas, las serpientes, _os ratas tigres provenientes
+do Japao_, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba,
+reciba una ovacin. Preguntaban todos quin era, y oa una algaraba
+infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanteras, desde la
+ms fina a la ms grosera. Cuando se retir estaba embriagada de todo
+menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de
+placer, de sorpresa, de polvo, de gento, de pitazos, de coches, de ayes
+de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo.
+Cuando lleg a su casa le dola la cabeza; acordose entonces de Botn, a
+quien de seguro encontrara, esperndola airado, y entonces cay un velo
+negro sobre sus alegras. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de
+ella azoradas, corrindosele del corazn a los labios y dejndole un
+sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban.
+
+Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, segn su
+costumbre, lo que le haba de decir Botn y lo que ella haba de
+contestarle. Decididamente le pondra cara de perro; l echara su
+sermn de costumbre sobre el escndalo, y despus se aplacara. Llegaron
+jadeantes al piso segundo. Don Jos, que cargaba a _Riqun_ dormido, iba
+detrs pitando todava.
+
+Entr en la sala y vio luz en el gabinete. All estaba sin duda. Pas
+adelante y le hall sentado en una butaca fumando. Desde la primera
+mirada comprendi Isidora que la gresca sera fenomenal. Botn (a quien
+no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba plido, con
+cierta hinchazn en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afect
+indiferencia, dejndose caer en el silln con la pesadez propia de su
+cansancio. Como entraron tambin irreflexivamente Relimpio y Mariano,
+Botn hizo un gesto de expulsin, diciendo: No quiero aqu a nadie.
+
+Con permiso...--balbuci D. Jos.
+
+Quedronse solos los dos amantes. Isidora, vindose en el trance de
+hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreci el pito a
+Botn, dicindole con sorna:
+
+Te he feriado. Toma el pito del Santo.
+
+Botn rompi en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arroj al suelo con
+ira.
+
+Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso.
+
+Botn vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o ms bien la
+pasin que despertaba en l la traza chulesca de Isidora. Fuertes
+razones haba sin duda para que venciera la clera.
+
+Mucho me enfada--dijo con cierta gravedad parlamentaria--que haya usted
+ido sin mi permiso a la romera. Pero hubiera perdonado fcilmente esa
+falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aqu desde las cuatro
+esparndola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera
+infame.
+
+Isidora palideci. Subiendo la escalera haba previsto la disputa; pero
+en esta resultaba una espantable cosa que ella no haba previsto.
+
+De una manera infame--repiti Snchez Botn--. Acabemos. Me gustan las
+cosas claras y los juicios rpidos. Dnde estn los pendientes de
+tornillo?
+
+--Aqu estn--dijo Isidora llevndose la mano a la oreja.
+
+--Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... Y el
+alfiler, la cadena, el medalln...?
+
+--Esas prendas son mas y puedo disponer de ellas a mi gusto--dijo
+Isidora prontamente, duea ya de s misma.
+
+--Las ha empeado usted.
+
+--Las he _pignorado_--replic ella con aplomo y burla--, como dicen
+ustedes los hombres de negocios.
+
+--S por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo...
+
+--Usted me dio el dinero. Yo prefer emplearlo en otra cosa.
+
+Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe.
+
+Se turba usted...
+
+--No me turbo, no--dijo ella subindose de un salto a la cspide de su
+orgullo y contemplando desde all la clera mezquina de Botn.
+
+Durante la pausa lgubre que sigui a esta ltima frase, Isidora
+revolvi su mente hacia el origen de aquella escena; consider con
+vergenza y despecho que su infidelidad haba sido descubierta, y pas
+revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal
+descubrimiento. Ah!, las indiscreciones de Joaqun Pez, la falta de
+prudencia... Bien conoca ella que el viudito no era hombre para guardar
+secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lo... Pens en
+las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman
+invisible tela de araa en torno de toda existencia equvoca e inmoral;
+y la ignominia de un hecho tan poco noble abati por un instante el
+orgullo de su alma.
+
+Hace usted un bonito uso de mi dinero--dijo Botn.
+
+Isidora iba a contestar lo siguiente: Y para qu me lo da usted?.
+Pero su conciencia se alborot, y sintiose llena de perplejidad, que
+naca del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la
+clera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta,
+enrgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestin moral.
+Encontrola en estas palabras:
+
+Usted me es muy antiptico. Djeme usted en paz.
+
+--Y tiene el atrevimiento de despedirme!--exclam Botn con sarcasmo--.
+Usted que estaba muerta de miseria cuando yo....
+
+Isidora senta que venan llamas a su lengua. No pudo contenerse, y
+abras a Botn con estas palabras:
+
+Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente
+ms....
+
+Botn, cubrindose con su calma egosta y dando a la disputa un giro
+tranquilo, que era como los crculos que hace la serpiente, dijo as:
+
+No quiero incomodarme. Veremos quin desaloja... Isidora, he sabido
+todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se
+acab... Usted se lo ha ganado... Usted pierde ms que yo.
+
+--Me est usted mareando. Djeme usted en paz.
+
+--A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas
+las alhajas que he dado a usted y que no estn... pignoradas, vyamelas
+usted entregando.
+
+Isidora se quit con nerviosa presteza las sortijas; sac de una cajita
+varios objetos de oro, y todo lo tir a los pies de Botn.
+
+Bien, bien--dijo el padre de la patria, no desdendose de inclinarse
+para recoger lo que estaba por el suelo--. Ahora qutese usted el mantn
+de Manila.
+
+Isidora se lo quit, y hacindolo como un lo se lo tir a la cara.
+
+Quiere usted que le entregue todos mis vestidos?
+
+--No es preciso que me los entregue usted--replic Botn con calma
+feroz--. Yo me har cargo de ellos. Qutese usted el que lleva puesto.
+
+Bien pronto la Cytherea se qued en enaguas.
+
+Es lstima que no se lleve usted tambin mis botas--dijo Isidora
+sentndose y apoderndose con verdadera furia de uno de sus pies para
+descalzarlo--. Llvelas usted para que las use su seora.
+
+Y se quit una bota.
+
+No, no tanto--dijo Botn--; conserve usted su calzado.
+
+Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando
+en su alcoba se puso otras botas.
+
+En aquel instante, Botn tuvo que dar a su pasin una nueva batalla;
+pero el caso era tan grave, que la dignidad llev la mejor parte. Apart
+los ojos de la despojada imagen que delante tena, y para verla lo menos
+posible, levantose, y con atencin de prendero avaro, abri el armario
+de luna y las gavetas de la cmoda, entr en la alcoba, registr todo
+como un curial que embarga o inventara. Isidora en tanto arrojaba las
+preciosas botas en medio del gabinete, y despus haca lo mismo con su
+peineta.
+
+Bien--dijo Botn, sentndose otra vez y mirndose su pie pequeo como
+haca en el Congreso--. Ahora pngase usted el vestidito que usaba
+cuando iba a rezar a la iglesia con tanta devocin.
+
+--Lo he dado. Yo no guardo pingos.
+
+Botn volvi a la alcoba. Tom de una percha una bata, y ofrecindola a
+Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: Pngase usted este.
+
+Volvi la cara para no verla, para no ver las lgrimas gruesas que
+corran por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como
+ardiente volcn bramaba en su pecho.
+
+Sin decir nada, vistiose ella. Botn tom entonces un tonillo
+conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en
+medio de los bosques. Tena algo de hombre, si bien nada de caballero.
+
+Puede usted disponer de toda la ropa blanca--murmur--. Mande usted por
+ella maana.
+
+--No quiero nada--replic Isidora, bebindose sus lgrimas de fuego,
+plida, trmula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiracin de
+drama; se volvi a l, le ech rodadas de desprecio por los ojos y le
+dijo: Soy la vengadora de los licenciados de Cuba.
+
+Botn se sonrea como un demonio que ha ganado un alma.
+
+Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted.
+
+--Todava--dijo Botn haciendo esfuerzos para rer, y golpendose con el
+bastn el pie bonito--, todava tiene usted algo que agradecerme. Puede
+usted llevarse todo lo del nio.
+
+--Mi hijo no necesita nada.
+
+Isidora corri hacia adentro. En la cocina, Mariano dorma, reclinado
+sobre la mesa. En el comedor, D. Jos y la doncella asistan a _Riqun_,
+que haba vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el
+hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia.
+
+Le ha hecho dao la comida--dijo el tenedor de libros.
+
+--Tiene algo de calentura--indic la doncella, tocndole las mejillas.
+
+Isidora le examin. Sus lgrimas volvieron a correr
+
+Don Jos--dijo resuelta--. Cargue usted a _Riqun_. Envolvedlo bien en
+un mantn. Nos vamos ahora mismo.
+
+--Ahora!--exclam D. Jos con espanto.
+
+En la puerta del comedor apareci Botn. Despus se pase en el pasillo.
+Si Isidora estuviera fuerte en Mitologa, le habra comparado al
+Minotauro vagando por las obscuras galeras del laberinto de Creta.
+Volvi la bestia al gabinete, y desde all llam con voz fuerte:
+Isidora, Isidora!. Y viendo que esta no acuda, sali otra vez al
+pasillo y dijo en tono ms humanitario:
+
+No llevemos las cosas hasta el ltimo extremo. _Riqun_ est malo.
+Puedes quedarte aqu hasta maana.
+
+Pero Isidora iba y vena recogiendo algunas cosas _enteramente suyas_.
+
+Qudate, mujer, qudate hasta maana.
+
+Entr ella en la alcoba. Botn se paseaba con lento andar en el
+gabinete.
+
+Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta
+maana. Adems....
+
+La mir atentamente, mientras ella revolva en la cmoda. La mir
+embelesado, a qu negarlo?, y algo confuso le dijo:
+
+Y maana podrs llevarte todos tus vestidos.
+
+Isidora no le contest, ni le mir siquiera. Pero l segua dando
+paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitolgicamente
+hablando, se morda su propia cola.
+
+Estas mujeres locas--murmur gruendo--, si comprendieran su inters;
+si supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona
+decente... Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti,
+reflexiona, acurdate de lo que muchas veces te he dicho. Por qu no
+has de entrar en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte,
+proporcionndote un estanco....
+
+Isidora sali sin concederle ni una mirada. l fue tras ella. Desde la
+sala repiti en voz alta:
+
+Puedes contar con el estanco....
+
+No recibi contestacin. De repente oy el golpe de la puerta cerrndose
+con violencia. Todos, menos la doncella, haban salido.
+
+
+
+
+Captulo VIII
+
+Entreacto en la calle de los Abades
+
+
+=--I--=
+
+A dnde vamos?--pregunt Isidora cuando salieron a la calle.
+
+--Qu pregunta!... A mi casa--replic don Jos, estrechando a _Riqun_
+entre sus brazos con ardiente cario--. Abades, 40. No parece sino que
+hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo
+Dios. En casa no te faltar nada. Melchor la ha puesto muy guapamente.
+
+Y en medio de la turbacin que el repentino desalojamiento le produca,
+D. Jos sinti ntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al
+sentirla tan cerca de s, sometida a su generoso amparo. Siempre que
+haca algo en beneficio de ella, el pobre seor se creca y se hinchaba;
+que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle,
+l delante, ella detrs, porque la estrechez de las aceras no les
+permita caminar juntos.
+
+Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Haba hecho de la sala despacho
+y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lmpara con pantalla
+verde que derramaba un crculo de claridad sobre la mesa. Un hombre
+acompaaba a Melchor, trabajando con l en la misma mesa. Del cerebro
+del hombre descenda al pupitre una invisible corriente de clculos que
+al tocar el papel se condensaba en nmeros, como al influjo de la helada
+la humedad de la atmsfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levant
+un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle
+su casa. Despus se volvi a sentar, y requiriendo la benfica pluma,
+entonces consagrada a la humanidad doliente, sigui su trabajo.
+
+Rpida ojeada bast a Isidora para observar a Melchor, que
+definitivamente se haba dejado toda la barba y tena un aspecto muy
+vistoso, aunque nunca simptico; para observar tambin al hombre de los
+nmeros, que la mir con cierto azoramiento de bestia taurina al
+hallarse en medio del redondel. Vio tambin la desamparada sala con su
+estante, formando como nichos de cementerio, donde yacan ordenados
+papeles. Un plano de Madrid acompaaba al de la Pennsula. Hacan ambos
+el papel emblemtico de los planos de minas o ferrocarriles en las
+oficinas de explotacin. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban
+figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo
+mendigos al Asilo; el frontn mismo del Asilo ideal con columnas griegas
+y un sol con la insignia triangular de Jehov, difundan por toda la
+sala la idea de que all se trabajaba para aliviar la suerte de los
+menesterosos. Las palabras _Rifas_, _Grandes rifas_, _Tres sorteos
+mensuales_, _seis millones_, impresas en colores, revoloteaban por las
+paredes cual bandadas de pjaros tropicales; y como el papel en que
+aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasa loca de Isidora no
+haba de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de
+selva americana alumbrada por la luna. Despus vio el resto de la casa,
+que era de construccin reciente, mas con tan srdido aprovechamiento
+del terreno, que ms pareca madriguera que humana vivienda. Don Jos
+destin a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa,
+y al punto se ocup en desalojarle. l se ira al aposento de la
+muchacha y la muchacha dormira Dios sabe dnde. Era interior el cuarto,
+y tan vasto, que a Isidora le pareci un sepulcro. Don Jos iba y vena
+cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella
+a _Riqun_, djole Isidora:
+
+Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la
+habitacin, la muchacha y yo nos entenderemos.
+
+La muchacha era una alcarrea de esas que acababan de llegar al mercado
+de criadas, y traa frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la
+torpeza de manos y de cabeza. Todo lo haca al revs. Tena buena
+voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecan no haberse
+desprendido de su rechoncho cuerpo desde que naci, y sus greas mal
+peinadas, de color de barbas de maz, despedan un olor a pomada de
+baratillo, ms desagradable que su aliento. Isidora senta hacia ella
+repulsin invencible; no la poda mirar, no la poda tocar, y al
+sentirla cerca, se estremeca de horror. Antes morira de hambre que
+comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era
+su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan seorita.
+No, no--exclam la joven con angustia--. Yo no nac para pobre, yo no
+puedo ser pobre.
+
+Dios la ampar en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber
+lanzado la exclamacin dolorosa, salida de lo ms vivo de sus entraas,
+lleg su cara doncella. Traa en un gran lo toda la ropa de _Riqun_ y
+algo de la del ama.
+
+La fiera--dijo--me mand sacar todo esto. Est bramando. Ay seorita!,
+si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliacin... Yo lo
+siento. Est arrepentido de su barbaridad. Yo quera traer ms; pero no
+me dej. Maana llamar a las prenderas... Ay! Qu lstima! Qu
+riqueza hay all!.
+
+Agustina se ofreci a seguir a su servicio, e Isidora lo acept con
+gozo, aunque no tena en sus bolsillos una sola moneda. Terrible
+contradiccin! Ella no poda ser pobre, y sin embargo lo era.
+
+Ocupndose de arreglar la habitacin y de procurarse algunas
+comodidades, cuntas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar
+esto y lo otro. Tal cosa haba quedado en la tercera gaveta de la
+cmoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no haba remedio. Por
+cada objeto que no tena, Isidora echaba a volar media docena de
+suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables
+esferas de lo pasado.
+
+_Riqun_ pareca mejor. Dorma tranquilamente, y su respiracin fcil
+sonaba como el eco de msicas serafinescas taidas a la parte all de lo
+visible.
+
+Miquis y D. Jos tardaban. Isidora pas a la sala porque Melchor le
+haba dicho que tena que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos.
+Poda disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algn
+mdico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de l, del
+benfico y filantrpico Melchor, corran los gastos de botica. Lo
+principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las
+manos, pues estaba en casa de parientes que la queran de veras y donde
+nada la faltara... En tanto el hombre corpulento que haca nmeros no
+quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y pareca pasmado, fascinado por
+religiosa o mitolgica visin.
+
+Como el gran Relimpio hablara entonces de mdicos y ensalzase a Miquis,
+el hombrazo dijo:
+
+Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fra. Le conozco mucho. Asiste
+a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de
+Aransis.
+
+Isidora no esperaba or citar su casa ilustre, y se inmut un poco. Sin
+dejar de mirarla, el hombrn prosigui as:
+
+Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... Ah!, bien deca
+yo. Ya me acuerdo. Un da..., hace aos, estaba yo con mi hermana en el
+portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es...
+Bien deca yo que no era la primera vez... Despus he tratado mucho a
+Miquis. Es simptico. Como l tiene instruccin y yo... algo entiendo de
+ciertas cosas, discutimos sobre la cuestin _A_ o la cuestin _B_. Yo le
+aprieto de firme y l se defiende con retricas...
+
+--Vamos, vamos a concluir esto--dijo Melchor con impaciencia--. Tenemos
+que de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de
+la Administracin seis mil quinientos....
+
+Isidora no oy ms, porque llegaron Miquis y D. Jos. El mdico vena de
+frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de
+cierta casa de tono. Precursoras y compaeras de su fama eran las
+relaciones, y la entrada que iba teniendo en los ms escogidos crculos
+de la sociedad.
+
+Examinado _Riqun_, le recet un calomelano. Era cosa ligera, una
+indigestin, y probablemente al venidero da estara como si tal cosa.
+Hablando despus con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo as:
+
+Siento ese percance, porque no hallars otra fiera como esa. No hay dos
+Botines en el mundo. Si los hubiera, dnde estara ya nuestra querida
+patria? Desde Pirene a Calpe habra sido devorada, y todos los espaoles
+nos agitaramos en una crcel de tela, ay!, en los bolsillos de ese
+afanador de naciones... Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero
+t no haces nmeros, y en esta poca el que no hace nmeros est
+perdido.
+
+--Djame a m de nmeros. A dnde vas ahora?.
+
+El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los
+brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa
+riqusima en que se sentara y las personas cultas y elegantes con
+quienes haba de estar en roce familiar y discreto gran parte de la
+noche. Era esta la clase de imaginaciones que ms fcilmente se moldeaba
+en su cerebro. Miquis lo conoca y le pasaba la miel por los labios,
+contndole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describindole
+aquellos apartados mundos donde ella no poda penetrar sino con la
+fantasa, mejor an, con su ferviente anhelo.
+
+Hace pocas noches--le dijo--com en casa de la duquesa con tu Pez.
+Parece que se va a nadar a la Habana, porque aqu se queda en seco. Le
+han escamado los usureros. Sabes que me da lstima? Es lo que llaman un
+buen muchacho, servicial, amable, carioso, dbil, y que no hace dao a
+nadie ms que a s mismo.
+
+Isidora, turbada y nerviosa, vari la conversacin y fingi ganas de
+rer.
+
+Ah!, me han dicho que te casas. Es verdad?
+
+--Eso dicen, s. Y cuando el ro suena, boda lleva.
+
+--Con la del notario?
+
+--Con la de Muoz y Nones.
+
+--Bien sabes t arrimarte a buen rbol. Es rica.
+
+--Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y
+vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazn. Esto
+no lo hacemos ya ms que los pastores y yo...
+
+--Y es bonita?
+
+--Para m no hay otra que se le iguale.
+
+--Mejorando lo presente, se dice.
+
+--Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama.
+
+--Por qu no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a
+declarar como testigo. Adems es el notario de la casa de Aransis.
+
+--Culebra! Quieres corromper al ave fnix de los notarios.
+
+--No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de
+Aransis. Con eso me basta.
+
+--No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que l, por s solo,
+desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido
+los seores de pluma y sello... Muoz y Nones ofrece a la admiracin de
+la humanidad el siguiente fenmeno: es un hombre que ha hecho una
+fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como
+corresponde a la materia de que est hecha. Mi suegro desacredita y
+niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo ac, se ha
+tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales
+y, por aadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de
+nariz y de uas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha
+desaparecido, y en prueba de ello ah tienes a mi suegro, que es
+honrado, franco, liberal, y adems guapo, simptico, amabilsimo y de
+agradable trato. En estos tiempos de renovacin social las figuras
+antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para
+cada arte o profesin As vers hoy un juez de primera instancia que
+parece un Guardia de Corps; vers un bartono que parece un alcalde de
+Casa y Corte; vers marinos que parecen oidores, y hasta podrs ver un
+filsofo que se confundira con un cannigo. Dgolo porque Muoz y Nones
+parece un diplomtico. Tiene inclinaciones de gran seor y hbitos de
+_sportman_. Lstima que no haya abierto nunca ms libro que la _Ley de
+Enjuiciamiento civil_! Por lo dems, en la honradez es un lince, y tiene
+por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos.
+Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas
+partes sino malos acciones, egosmo y rapacidad. Error, disparate! El
+mundo se pudrira si le faltase en un momento el desinfectante de la
+virtud, cuya accin enrgica se nota en todas partes, en las ms altas
+as como en las ms bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy
+aburriendo...
+
+--Quedamos en que recomendars a tu suegro mi pleito.
+
+--Quedamos en que es intil.
+
+--Bobalicn.
+
+--Serpiente de cascabel, abur.
+
+
+=--II--=
+
+Despus que se fue Miquis entr Mariano, que buscaba a su hermana para
+que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar all a su
+maestro, que al verle se desconcert, porque haca una semana que no
+apareca por el taller. Levantose contra l una tempestad de censuras.
+Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones
+morales, Melchor le llam vago, pillete y predestinado al presidio, y
+hasta su amigo y compaero de caf, Relimpio, promulg sobre la vagancia
+los conceptos ms severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su
+hermana dinero, Mariano se retir a un banco de palo que en el estrecho
+recinto haba, y all permaneci largusimo rato solo, callado, hecho un
+ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un
+perro que roe y voltea un solo hueso despus de haberle quitado hasta la
+ltima hilacha de carne.
+
+El afn de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales
+que tan grande parte tenan en el ser moral de Mariano, y que haban de
+tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la
+palabra, en el hijo de D. Jos Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre
+cristalizan, por decirlo as, en envidia, que es unipersonal y
+antropomrfica.
+
+Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde all el rasguear
+de las plumas que en la sala hacan tan lucrativos nmeros, se
+preguntaba por qu razn tena el seorito Melchor sombrero de copa y l
+no; por qu motivo el seorito Melchor vesta bien y l andaba de blusa;
+por qu causa el seorito Melchor coma en los cafs, galanteaba
+bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras l,
+el pobre _Pecado_, coma y fumaba casi como los mendigos, y tena por
+amigos a otros tan pobres y desgraciados como l. La soledad en que
+viva le despabil antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer
+clculos, no era comn en los chicos amparados por padres o parientes
+cariosos. Porque el abandono y el vivir entregado a s propio,
+favorecen el crecimiento moral en el nio. De la ndole nativa depende
+que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los
+colosos del trabajo, as como los grandes criminales, han nutrido su
+espritu en una niez solitaria. El rbol salvaje, juguete de los
+vientos en deshabitado pas, adquiere un vigor notorio.
+
+Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni saba
+apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quera vivir con su
+ta Encarnacin porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque
+le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones.
+Gustaba de albergarse en fementidas casas de huspedes de los barrios
+del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de
+tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y coma en las
+tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de
+voluntad, que es propio de los vagos; aguz su ingenio, precipit su
+desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender
+que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la
+adquisitividad, del disimulo y de la adaptacin. No se explican de otro
+modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperacin de
+la Polica y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y
+veinte aos. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un
+prodigio de agudeza, un archivo de triquiuelas jurdicas y un burlador
+hbil de la Polica. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe
+ms mundo y ms Economa poltica que los doctores recin incubados en
+la Universidad.
+
+Hallbase Mariano a la sazn a punto de consumar su sabidura en
+aritmtica parda; se le haba desarrollado ya el genio de los clculos,
+el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la
+adaptacin, del disimulo y de la doblez.
+
+Despus de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del
+recibimiento, asisti de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por
+hipocresa. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con l aquellos
+das, que no saba qu hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria,
+que hasta lleg a llamarle hijo y a departir con l como de igual a
+igual.
+
+Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero t mismo
+conoces que el trabajo es la vida, la religin del pueblo... Voy a
+hacerte una proposicin. Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy
+solo. Te dar un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no
+hay lujo, pero no falta nada de lo necesario.
+
+Despus le haca acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a
+las que Mariano no saba qu contestar. Si su hermana viva contenta, si
+se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesn, si
+iba al teatro. Adems, el maestro Juan Bou pareca reventar de gozo...
+Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegra; unos la
+atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se
+haba sacado el premio gordo de la Lotera. Pero Juan Bou desconcertaba
+todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volva
+triste y daba unos suspiros que habran partido la piedra litogrfica si
+esta fuera un poco menos dura. Creyrase que se incomodaba consigo mismo
+y que quera echar de s una mala idea. Algunos das trabajaba poco, y
+ms de una vez ocurri que se retrasaran y embrollaran los dibujos _A_ o
+_B_ por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente
+desusada en hombre tan metdico para el trabajo.
+
+Otro suceso digno de llamar la atencin ocurri por aquellos das. Juan
+Bou not que la contabilidad en la empresa de las Rifas benficas no
+marchaba con toda la limpieza que deba esperarse, y ya fuera por
+obedecer a su conciencia, ya por ceder al egosmo, que le aconsejaba no
+comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando
+a toda participacin en ella. Quedose, s, con los trabajos de
+litografa, que le haban de pagar religiosamente, segn convenio. Desde
+entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas.
+
+Entrado el mes de junio, Mariano not con envidioso asombro que Melchor
+avanzaba rpidamente por el camino de la prosperidad. Sala en coche de
+dos caballos, acompaado de seorones; coma siempre fuera de casa;
+reciba regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le
+traa ropas y ms ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de
+tanto pensar en la creciente prosperidad del seorito Melchor, _Pecado_
+perfeccionaba su _intellectus_, enriquecindolo con luces nuevas acerca
+de la propiedad, de la adquisicin del nmero y de la cantidad, luces o
+ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y
+el vago apuntar del plan artstico en la mente del poeta, al pasar de
+nio a hombre.
+
+Por San Juan dej de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su
+hermana, y como esta no quisiese drselo, se enfureci, trabronse de
+palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, l le dijo algn vocablo
+malsonante, llor Isidora, intervino con ms celo que autoridad don
+Jos, y, por fin, el chico sali de la casa gruendo as:
+
+No me quieres dar nada. Pues me lo dar Gaitica....
+
+Desde aquella noche Mariano desapareci. Le buscaron y no fue hallado
+por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de l.
+
+
+=--III--=
+
+Con estas y otras cosas, Isidora cay en grave tristeza. Sus insomnios
+se repetan casi todas las noches, atormentndola con el alternado
+suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y
+de terror o desengao. Un pensamiento, referente a cosa muy prctica, la
+punzaba y afliga, y era el siguiente:
+
+Por cierto que en mes y medio que llevo aqu, Melchor me ha ido
+facilitando, facilitando cantidades, que ser preciso pagarle algn
+da... Es tan cmodo el sistema para m, que sin saberlo cmo, me estoy
+empeando en dinerales. Me basta decir a D. Jos mis necesidades; D.
+Jos corre a la sala, habla con l, y del fondo de Rifas... Dios mo!,
+a cunto subir ya? Yo no lo s, porque no apunto nada. Aqu vendran
+bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntar, de fijo, y pensar
+cobrarme, pero de qu manera?....
+
+Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y deca:
+
+Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado.
+Pero hasta que pase el verano no habr nada. El abogado me da grandes
+esperanzas. Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar
+del lazo que me tiende!....
+
+Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, deca:
+
+Pobre Bou! Es el animal ms carioso que conozco. Le quiero como se
+quiere al burro en que salimos a paseo.
+
+El barrio en que su mala suerte la haba trado a vivir, era para la de
+Rufete atrozmente antiptico. Algunas tardes sala con _Riqun_ y D.
+Jos a dar una vuelta por la calle del Mesn de Paredes, el Rastro y
+calle de Toledo, y senta tanta tristeza como repugnancia. El calor era
+ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las
+aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en
+todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de
+grosera que su compaero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez
+de las aceras, obligando al transente a contradanzar constantemente del
+arroyo a las baldosas, aada nueva incomodidad a la molestia de la
+bulla, del mal olor y del polvo.
+
+Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto,
+sola dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol para
+respirar un poco de civilizacin. Pero no se aventuraba mucho por los
+barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de
+objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era
+como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazn.
+La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la
+llevaban a las afueras, con gran gusto de D. Jos, que amaba el campo y
+los retozos pastoriles.
+
+Julio haca de Madrid una sartn. _Riqun_ fue atacado de las tos
+ferina, y era preciso llevarle a otra parte. Pobrecito Anticristo! Daba
+pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin
+aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo
+instante... Pero su mam careca de recursos para el viaje, de lo que
+reciba grandsima pena. Joaqun Pez estaba en Francia, y ni siquiera
+escriba... Afortunadamente (y quin sabe s desgraciadamente), Melchor
+se brind de muy buen grado a resolver el difcil problema. Porque la
+pobre careca de tantas cosas! No tena ningn vestido propio para
+viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del
+verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus
+bailes y fiestas. _Riqun_ estaba casi desnudo.
+
+Nada, nada--dijo Melchor en tono paternal--; yo no puedo consentir que
+carezcas... Pues no faltaba ms....
+
+Empezaron a funcionar las modistas, y estas, as como la eleccin de
+telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distrada y
+excitada durante algunos das. La vanidad le haca vivir doble y la
+engaaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza.
+Volvi a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de
+cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse
+con su hermosa imagen delante del espejo. Qu es la vida? Un juguete.
+
+Melchor decidi que fuese al Escorial, y l quiso acompaarla. A Isidora
+no le haca maldita gracia la compaa; pero las circunstancias, ay!,
+con su abrumadora lgica, la obligaron a aceptarla. Hallbase en las
+unas de su insidioso prestamista, y no poda evadirse. Fue vctima de
+una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cay en
+una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. An poda
+salvarse rompiendo por todo, declarndose insolvente y resignndose a la
+indigencia; pero _Riqun_ tena la tos ferina, estaba como un hilo,
+amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el
+fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, segn Isidora deca,
+llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios
+defectos.
+
+Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa.
+Atroz destierro y pesadumbre para D. Jos! Segn el bien meditado plan
+del sesudo Melchor, este ira y vendra, residiendo algunos das en El
+Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitan abandonar
+la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don Jos
+iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor
+quedaba en Madrid. Qu feliz aquel da! Diez horas con Isidora y con
+_Riqun_! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza
+sombra y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo haca en los trminos
+ms desfavorables para el aprovechado joven. Y qu ardientes deseos
+tena de volver a Madrid! _Riqun_, ya muy mejorado, saltaba y corra
+por el campo, y en sus mejillas renacan los frescos colores de la
+salud. Todo el da lo pasaba D. Jos embelesado, y no hartaba sus ojos
+de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaa, se
+sentaban, hacan vida de idilio, semejante a la que D. Jos haba visto
+pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba
+Relimpio a Madrid y a su casa; dorma como un santo y soaba que era
+pjaro y que cantaba posadito en la rama de un rbol. Tambin _Riqun_
+era pjaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo areo.
+Isidora era una avecilla melanclica. Todos cantaban; pero D. Jos era
+el que cantaba ms y el que a la rama ms alta suba.
+
+A mediados de septiembre regres Isidora a Madrid, dejando fama en la
+colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurri en la vida de Melchor
+un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se
+hundieron como por escotilln, sin que se supiera la causa. Juan Bou
+deca que los seores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos,
+culebras y otras alimaas en la gestin del joven Relimpio. Lo cierto
+fue que un da vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo
+el material de la oficina. Melchor se despidi por la tarde de su padre
+y de Isidora, dicindoles que all les quedaba la casa, que hicieran de
+ella lo que gustaran, porque l se iba a Barcelona a emprender un nuevo
+negocio.
+
+Quedronse, pues, solos los tres: Isidora, _Riqun_ y el viejo, y vase
+por donde vino a ser casi real el sueo ornitolgico de D. Jos: los
+tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pjaros, porque no
+tenan ms que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera
+darles para pasar del hoy al maana. El mundo se diferencia de los
+bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas
+tenan casa, pero no con qu pagarla, pues Melchor haba dejado las
+arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros
+de moneda alguna. Dios aprieta, pero no ahoga, dijo Relimpio. Isidora,
+para atender a las apremiantes necesidades de cada da, empez a
+despojarse de su ropa. No era la primera vez que tena que desnudarse
+para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cmoda a la
+cocina, por conducto de las prenderas. ltimamente, en un triste y
+hmedo da de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. Era
+el ltimo plato!
+
+
+
+
+Captulo IX
+
+La caricia del oso
+
+
+En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados
+habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su
+equipaje, como el buque nufrago que arroja su carga para mantenerse una
+hora ms sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches despus
+del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa
+catstrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar
+sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un
+galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no
+fuese spera, y as, hablando del pueblo y de la liquidacin social,
+usaba trminos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salan
+de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser mulo de
+los ruiseores. En esto se conoca la pasta de su corazn.
+
+Miquis haba hecho del buen litgrafo infinitas definiciones. Era, segn
+nuestro amigo, un tonel con marca de _alcohol_ y lleno de agua; un oso
+torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable;
+un cardo con cliz de azucena; un gorrin vestido de camello, y un
+epigrama escrito en octavas reales. Orle contar sus picas luchas por
+la causa del pueblo era el gran pasmo de D. Jos y de _Riqun_; pero
+Isidora no contena fcilmente la risa.
+
+Las galanteras de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso
+mostrar el cario a su amo matndole una mosca sobre la frente. Alguna
+vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y
+naturalidad. Era como esos mascarones trgicos que en el arte decorativo
+aparecen echando flores de sus bocas monstruosas.
+
+Una de las deferencias ms expresivas que Bou tena con Isidora y su
+padrino, era ofrecerles participacin en los billetes de Lotera que
+jugaba; pero como haba tanta falta de dinero en la casa, rara vez se
+realizaba la operacin. El oso quera ceder gratuitamente la parte de
+billete, pero Isidora no lo consenta. Las dems atenciones eran
+acompaarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a
+_Riqun_ y darles de noche larga y cariosa tertulia. Era blandamente
+obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intencin de decirle
+algo delicado y difcil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba
+Juan Bou callado y suspirante. Pareca que su misma fiereza nutra su
+timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatbase a charlar de
+cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus
+ganancias, y haca planes de vida regalada y esplndidamente metdica.
+Adems tena noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y
+esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadsimo, aunque algo
+le faltaba, s, algo le faltaba para ser completamente feliz.
+
+Tambin haca mencin de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que segua
+enferma, y al or mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmova
+y alteraba. Repetidas veces la invit Bou a visitar juntos el palacio de
+Aransis, cuyas bellezas l no haba visto; pero Isidora se excusaba
+siempre por miedo a la exacerbacin de sus sentimientos en presencia de
+aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida.
+
+Un da que la Rufete vena de casa de su prendera, encontr al litgrafo
+en la calle del Duque de Alba.
+
+Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana--le dijo--. Est peor, y
+anoche le han dado los Sacramentos. Quiere usted venir?.
+
+El primer impulso de ella fue rechazar la compaa de Bou; pero con tal
+empeo redobl este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no
+quiso ser esquiva con l en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra
+parte, la misma emocin que tema la solicitaba con fuerza misteriosa.
+Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad
+de ellas, indefinible simpata del humano corazn con lo pattico. Como
+la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, as el alma
+siente la atraccin alevosa del drama.
+
+Llegaron. Rafaela mejor aquel da, y los Sacramentos, dando reposo y
+alegra a su espritu, haban amansado el mal. Alonso pareca contento y
+con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron
+largo rato en la salita de la portera, hablando de enfermedades en
+general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Matar,
+patria de los Bous, de los mdicos, del remedio _A_ o _B_... Realmente,
+Isidora no tomaba parte en la conversacin sino con monoslabos de
+corts aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la
+observacin de la portera de su casa, y en admirar la confortable
+humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincn de un palacio de
+ricos. La estera, la cmoda, los muebles, desecho glorioso de la
+anterior generacin de Aransis, y sobre todo las mltiples lminas de
+santos y vrgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de
+ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusin, la ocuparon
+todo el tiempo que all estuvo. Cansado de hablar y enormemente
+satisfecho de la mejora de su hermana, levantose Bou del sof de paja,
+emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirndose, dijo:
+
+Matas, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba.
+
+Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso mir a Isidora con
+atencin recordativa.
+
+Me parece--indic--que he visto aqu otra vez a esta seorita... En
+fin, suban ustedes y vean lo que hay.
+
+Juan Bou subi la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia
+era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subi corriendo y en el
+ltimo peldao esper a su amigo, echndole una mirada triste y una
+sonrisa discreta y amistosa, a la cual se poda dar atrevida
+interpretacin de burla. La persona del bravo cataln se compona de dos
+partes: su cuerpo atltico, liado en una americana de cuadros, y un
+bastn roten, cuyo puo, formado de un asta de ciervo, se encorvaba,
+ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptacin, ya para
+apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una
+especie de batuta de la palabra. Jams, fuera de casa, se separaban el
+bastn y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, segn los casos.
+Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma ms vulgar,
+ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte
+estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie.
+
+Y al subir canturriaba entre dientes. En qu consiste que es tan
+difcil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin
+saber lo que deca, Bou enton a murmullos no sabemos qu msica con
+letra de aleluyas. Isidora no poda contener la risa oyndole cantar:
+_Vienen luego los ciriales--con las mangas parroquiales_.
+
+Cmo me canso de subir escaleras!--dijo el oso torcaz llegando
+arriba--. Cuando se reforme la sociedad, se suprimirn los escalones.
+Piso bajo todo el mundo.
+
+Abri la primera puerta y entraron; y mientras Bou segua franqueando
+puertas, Isidora haca lo mismo con los balcones para que entrase la
+luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creerase que todo el
+contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado.
+Despertaba todo, abrindose cual ojos soolientos, y la luz, acometiendo
+las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapiceras, muebles
+y cuadros.
+
+Anda, anda, quin ser este animal?--deca el litgrafo parndose ante
+los retratos--. Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo cre que era
+usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, seor, no nos
+comemos la gente... Toma; tambin hay aqu una monja. Y es guapa...!
+Buena pieza sera usted, hermana. Qu tiempos! Siento que se hayan
+ustedes muerto, seores, porque as no vern cmo vamos a arreglar a las
+sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... Ah!, usted,
+el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted,
+caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el da de
+la justicia, no nos mirara con esos ojos... Quia!, se le pondra una
+escoba en la mano; mi seor cruzado barrera las calles..., y
+_palante_.
+
+Despus, volvindose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de
+su amigo, miraba a la calle al travs de los vidrios, le dijo:
+
+Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los
+afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que
+representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa
+trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos
+palacios llenos de vicios y crmenes, s, de crmenes, no me arrepiento
+de lo dicho. Maldita casta!... Isidora, no piensa usted como yo? Por
+ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una
+mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa ms que una silla
+dura en que sentarse, mientras estos tos..., estos tos, por no decir
+otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada,
+pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles
+blandos, que ellos no saben fabricar.
+
+Y uniendo la accin a la palabra, se recost, mejor dicho, se dej caer
+sobre un silln de muelles en los cuales se hunda su pesado cuerpo.
+
+_Voto va Deu_, qu blando es esto!, qu comodidad!--exclam rindose
+de su propia malicia--. Valientes pcaros! Ya os dara yo en vez de
+sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintera... Hala, y
+darle al mazo!.
+
+Tan groseras chocarreras irritaron a Isidora. Y el pobre Juan Bou tan
+inocente del efecto que producan sus ladridos! A cada instante deca:
+No piensa usted como yo?, y andando de un lado para otro, se tiraba
+con violencia en sillas y sofs para probar su blandura, se arrodillaba
+en el cojn de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se
+rea como un salvaje, pona el dedo en los bronces, acariciaba las
+mejillas de las ninfas doradas, deca chicoleos a las damas retratadas,
+y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastn
+sobre el piso, como deseando que tambin la alfombra recibiese, con el
+lenguaje de los palos, la expresin contundente de la ira del pueblo...
+En tanto Isidora no le poda mirar. Crea ver en sus palabras, en sus
+actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su
+bastn, erigido en intrprete del populacho, la profanacin ms odiosa.
+Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborreca, le
+execraba, y habra dado algo de gran valor por poder plantarle en la
+calle, despus de mandar que le rompieran su bastn en las costillas.
+
+Y qu cortinas!--deca Bou tocndolas de un modo irreverente con el
+roten--. Esta gente no gusta de tener fro. Toma!, el fro se ha hecho
+para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay
+dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los
+pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., no opina usted como
+yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que
+vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. No
+cree usted lo mismo?.
+
+La de Rufete, por no contestarle con la severidad que mereca, no deca
+nada, y haca como que miraba las porcelanas. Bou admir tambin
+aquellas mil chucheras que no servan para nada; las tocaba, las coga
+en la mano y las volva a poner con violencia en su sitio, a riesgo de
+romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha
+importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, despus a
+gritos; pero Isidora no responda.
+
+Pas Bou a otra sala; de all a un hermoso gabinete, del gabinete a una
+recatada y obscura alcoba, y all crey distinguir a la que buscaba. La
+escasa claridad no permita a Juan Bou ver los objetos. Avanz, empez a
+ver bien, y en efecto, all estaba Isidora, sentada junto a una cama en
+la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo,
+lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor
+tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su
+montona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y
+despus hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso.
+Est usted mala? Tiene usted algo?
+
+Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tom una silla y se sent junto
+a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le caus
+grande afliccin. Haba recordado sbitamente que Isidora pleiteaba con
+una casa noble. Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, s,
+recordaba haber odo vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba
+de su pleito sin nombrar jams a la marquesa. Sin duda las cosas
+importunas dichas por Bou al visitar las salas haban ofendido a la
+joven, que se supona heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia.
+
+Est usted enojada conmigo por las tonteras que he dicho? Se ha
+resentido usted?....
+
+Isidora neg con la cabeza.
+
+Ah! Ya s, ya s!--exclam l con regocijo, variando de
+pensamientos.
+
+Crey penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga.
+Haba entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel
+da los ahogos pecuniarios haban llegado a su mayor grado, y la infeliz
+e interesante joven se vea amenazada de un conflicto grave. Oh! Qu
+bella ocasin se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral
+que ha tiempo meditaba! Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento
+poda atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola,
+hemisferios diversos de un solo mundo infinito.
+
+Algo haba en el lugar solitario y recogido, as como en la pena de
+Isidora, que le incit a no retardar ms tiempo su generosa resolucin.
+Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le haba parecido
+hermosa, en aquella le pareci punto menos que sobrenatural, engalanada
+con la divina expresin de su pena. Lstima y amor juntos, qu poder
+tan grande sois!
+
+Isidora, Isidora--dijo balbuciente la hidra sin hiel.
+
+Despus se call por algn tiempo. Pas un cuarto de hora, que fue para
+l un cuarto de siglo. Deshacindose todo en un suspiro colosal, volvi
+a decir: Isidora.
+
+Esta le mir sin hablarle, fijando en la ciclpea catadura de Bou sus
+ojos empaados por las lgrimas. Bou sinti que su corazn se parta en
+una porcin de pedazos, y se expres as con acongojada voz:
+
+Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar
+las mas. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a
+usted....
+
+Isidora, con su penetracin admirable, comprendi todo. Tuvo una visin.
+Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le
+lama las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo
+alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al
+allanamiento de las moradas aristocrticas por la irritada y siempre
+sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas
+las clases, el fiero populacho quera infamar las grandes razas
+emparentndose con ellas.
+
+Mis intenciones han sido siempre buenas--dijo el cataln, que,
+imposibilitado de remontarse al drama, caa en la vulgaridad--. Primero
+me agrad usted; despus me hizo soar; hzome pensar despus. Tornose
+esto en una necesidad del corazn, y como estoy solo, como no me gusta
+estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy
+trabajador, gano bastante y holgura... Desde que la vi a usted me gust
+tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: Quin ser?.... En fin,
+que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted...
+Vamos, ya lo dije... y _palante_.
+
+Isidora, estupefacta, no saba en qu trminos responder. Tena que
+contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel brbaro le
+causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no deba
+recibir el desaire con crudeza y desvo. Ella vala infinitamente ms
+que l, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida poda
+hacerla inferior. En qu vacilacin tan grande estaba! En su alma el
+asco era inseparable del agradecimiento. Cmo contestarle y expresar en
+una frase el desprecio y la consideracin?... Que un ganso semejante se
+atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de
+palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... cun sencillo y
+generoso! Ofreca su mano con verdadera intencin y creencia firme de
+hacer un bien. Si el pobre no alcanzaba ms; si era un zopenco; si
+ignoraba con quin hablaba...! Isidora busc rpidamente las frases ms
+convenientes, y al fin dijo:
+
+Seor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposicin; yo le aprecio
+a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no
+admitir..., porque quiero a otro hombre.
+
+--Quiere a otro hombre!--repuso con aturdimiento el litgrafo--.
+Despus que nos casemos le olvidar usted, y me querr a m. Yo soy muy
+bueno.
+
+Isidora sonri.
+
+Yo soy bueno, aunque as, al pronto, meto miedo, por estas ideas que
+tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me est mal el
+decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de
+hablar tan tremendo. Eso s, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre
+que valgo para cualquier cosa, y en Catalua basta que yo me presente
+para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y
+gano; espero una herencia... No le faltar a usted nada.
+
+--Quiero a otro hombre--repiti Isidora, creyendo que esta afirmacin
+daba a tan penoso asunto el corte brusco que ms convena.
+
+--Y ahora--dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta--, lloraba usted
+por ese...?.
+
+La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el
+aborrecimiento de Juan a los ms altos lmites.
+
+S, s; por l--repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se
+callaba el monstruo y la dejaba en paz.
+
+Y como se desgaja la pea del monte y rodando cae al llano y aplasta y
+destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez,
+rodeado de muerte y silencio, as se desprendi del alma de Juan Bou su
+esperanza; rod, hizo estrago, produjo clera y despecho; pero bien
+pronto todo qued en atona dolorosa y muda. Miraba al suelo y su
+respiracin sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada
+rato est ms lejos. La clera fue instantnea. Pas dejando el
+abatimiento en el alma y la confusin en el cerebro del coloso. Y en el
+cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de
+un canto acompaado de slabas. Por qu esas msicas pegajosas, que
+toman posesin del odo y de los labios, insisten en su fastidioso
+dominio cuando el alma azarada, despus de una catstrofe, se desmaya en
+duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, s, que entre el odo, el cerebro
+y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que deca: _Los
+curas van alumbrando--el Miserere rezando_.
+
+Isidora haba secado sus lgrimas. Para poner fin a tan fastidiosa
+escena, lo mejor era marcharse.
+
+Yo no puedo detenerme ms--dijo andando lentamente hacia la puerta.
+
+Bou no contest nada, ni hizo movimiento alguno.
+
+Viene usted?.
+
+Al decir esto, la mir desconsolado. Isidora sinti provocacin de risa,
+pero se contuvo.
+
+Nos iremos--dijo Bou levantndose con tanta pesadez, que pareca
+haberse hecho de bronce.
+
+Isidora iba delante, l detrs, Salieron y bajaron sin decirse nada. En
+la puerta de la calle, el desairado amante manifest que se quedara un
+rato ms en casa de su hermana.
+
+Me ha matado usted--dijo al despedir a la ingrata--. Creo que estoy
+malo. Maldita sea mi suerte.
+
+Y cuando ella se alej, el brbaro, mirndola desde el portal, pensaba
+cosas tristsimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados
+brotaban en burbujas sueltas.
+
+Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... Soy
+acaso un chisgarabs, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?...
+Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan til a la humanidad; yo que tengo
+estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: Por qu es tan guapa?... El
+demonio le hizo a ella la hermosura y a m los ojos... Despreciarme a
+m!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si
+el hombre no tuviera que nacer de ella, debera ser suprimida.
+
+
+
+
+Captulo X
+
+Las recetas de Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Da de prueba fue el siguiente. No slo estaban agotados todos los
+recursos, sino tambin todas las combinaciones para vencer los apuros
+del momento. No haba crdito, no haba materia pignorable. Oh
+situacin horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora,
+_Riqun_ y D. Jos tenan hambre.
+
+Inspirado por la desesperacin, D. Jos tuvo una idea, oh rasgo de
+humanidad y de amor! Se le ocurri salir disfrazado a pedir limosna,
+seguro de encontrar almas generosas. No lleg esto a efectuarse porque
+se opuso resueltamente Isidora. Pero qu haran? Pedir a Emilia? De
+ninguna manera. Antes acudir a la limosna. A quin, a quin, Dios de
+mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades?
+
+Alguien se present en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase
+para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos
+anticipos eran tales, que la joven los rechaz, espantada. El loco amor
+al lujo y las comodidades eran los puntos dbiles de Isidora; su
+necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y
+castillos; pero no obstante estas desventajas, resista batindose con
+el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza
+tom en esto, que cort los vuelos a la tentacin, diciendo: Antes
+pedir limosna. Oh!, si Joaqun estuviese en Madrid, no pasara ella
+tan crueles angustias. Pero a Pars, donde estaba, le haba escrito
+siete veces en tres meses sin obtener contestacin. Volvase con el
+pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que,
+cercano a las llamas, busca un escape, un sostn, una cuerda... Ah,
+cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una
+persona, y la esperanza riel en la superficie de su ennegrecido
+espritu.
+
+Era de noche. Al da siguiente pondra en ejecucin su pensamiento. Por
+fortuna, D. Jos haba tenido la inmensa suerte de encontrar aquella
+tarde a un bondadoso amigo que le facilit la cantidad precisa para un
+mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habra con qu
+desayunarse a la venidera maana, pas tranquila la noche. A las once
+del siguiente da llamaba a una puerta.
+
+Est el doctor Miquis?.
+
+Qu suerte! Estaba. Pas la joven al despacho, y all, sola con el
+mdico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazn,
+rompi a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar,
+preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no poda decir ms que
+esto, que repiti tres veces:
+
+Dame de comer y no me toques.
+
+Augusto se puso serio, comprendiendo que la situacin de su amiga no era
+para tratada en broma. Hablaron. l, aunque joven, tena el arte de la
+interrogacin, y ella comprenda cun ventajosas le seran la
+espontaneidad y franqueza. As, al cuarto de hora de confesin, ya
+Miquis saba los ltimos episodios de la vida de ella, el viaje al
+Escorial, la penuria, la declaracin de Bou, las proposiciones de
+aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formul
+Isidora la sntesis de su problema, diciendo: Qu debo hacer para
+poder vivir?, Miquis se qued en silencio un buen rato, y despus le
+contest as:
+
+No te apures, no te apures. Veremos. Ests enferma, ests llagada. Tu
+mal es ya profundo, pero no incurable.
+
+La inspiracin brot en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugiri
+una idea, y con la idea estas palabras:
+
+Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo.
+
+Isidora llen el despacho con un suspiro. Era el quejido de su
+enfermedad, ya extendida y profunda.
+
+Manos a la obra--dijo Augusto con gran solemnidad--. Quieres que te
+cure? Responde s o no?
+
+--S.
+
+--Pues bien: Ests dispuesta a ponerte a mis rdenes, y a hacer
+ciegamente lo que yo te mande?
+
+--S, s--replic ella con ansiedad doliente.
+
+--Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires.
+
+--Me mandas al campo?
+
+--No... Mejor dicho, s, te mando a un valle urbano.
+
+Y llevndola al balcn, le mostr la casa de enfrente. En el piso bajo
+veanse unas rejas, por entre cuyos hierro salan matas de tiestos,
+colocados dentro en una tabla. La casa haca esquina, y el cuarto bajo a
+que correspondan las rejas tena por la otra calle una tienda con dos
+vitrinas. Pero esto no se vea desde el balcn de Miquis, aunque se
+adivinaba, mirando un rtulo que en ureas letras deca: _Castao,
+ortopedista_. Otra grande y aparatosa muestra, colgada ms arriba, en el
+piso principal de la misma casa, deca: _Eponina, modista_. Como Isidora
+la mirase, djole Miquis:
+
+Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que
+est abajo.
+
+--S; Ah viven Emilia y Juan. Qu felices son!
+
+--Pues en esa casa, en ese establecimiento salutfero vas a vivir desde
+maana.
+
+--Oh! Si vieras qu envidia les tengo! Pero no, no me admitirn.
+
+--Te negarn ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo
+al mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los
+das.
+
+--Entonces t les pedirs que me admitan...
+
+--Hoy mismo; pero ya comprenders que les he de responder de tu buena
+conducta. Cuidado...
+
+--Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz...
+
+--Bien--dijo Miquis, retirndose del balcn--. Ahora viene lo mejor. Una
+vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de
+nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu
+espritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el
+valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te
+administre una infusin de principios morales, para lo cual, como tu
+estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. Oh! Si tuvieras
+buena voluntad...!
+
+--La tendr.
+
+--Ahora viene lo gordo, hija. Despus de entonarte, paso a recetarte el
+gran emtico, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la
+tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo
+y regenerarte por completo.
+
+--Cul es la medicina?
+
+--Pues que te cases con Juan Bou.
+
+Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso
+una cara..., Jess, qu cara!
+
+Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. No has odo
+decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la
+vida?
+
+--S lo he odo; pero te dir...
+
+--Pues considera si en tu situacin puede haber para ti fortuna mayor
+que el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas
+un Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa
+una mirada atrs, otra delante, y di si mi medicamento no est
+perfectamente indicado.
+
+--Yo no s si ser eficaz o no--dijo Isidora con tristeza y confusin--.
+Podr serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestin de
+matrimonio, el gusto y el amor son lo primero...
+
+--Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un
+monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de
+sus bravatas, tiene el corazn ms bondadoso y tierno del mundo.
+
+--Lo s, lo s...; pero... quita all, por la Virgen Santsima; yo no
+ser su mujer. No lo pienses... Este caso mo no es como otros
+casos--dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento
+expresase la conviccin firmsima de su alma--. Para juzgar las cosas
+conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada ms que lo que
+parezco, la cosa no tena duda; pero t bien sabes que sostengo un
+pleito de filiacin con una familia poderosa; t debes considerar que el
+mejor da gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y
+a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son mos y me
+pertenecen. Pues bien, te parece bonito que al tomar posesin de mi
+casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me
+luca... Miquis, t ests lelo: yo no s dnde tienes el talento, cuando
+dices ciertas cosas.
+
+--El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiolgico que me
+trae a la memoria otra de las ms importantes medicinas que te voy a
+recetar.
+
+--Cul?
+
+--Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseanza
+primaria; despus sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por
+ltimo viene la extirpacin del cncer, que es la idea del marquesado.
+
+Isidora crea escuchar el mayor de los insultos.
+
+Si de ese modo quieres curarme--dijo con altivez--, renuncio a tus
+medicinas.
+
+--Entendmonos--aadi Miquis rectificando--. Si tus derechos no son una
+farsa, si hay algo de serio y legtimo en eso, enhorabuena que siga
+adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la
+idea de ocupar una posicin superior, que no vivas anticipadamente en
+ella con la imaginacin, sino que tengas paciencia y reposo de
+espritu... Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y
+sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en
+que todos vivimos. No quieres? No aceptas mi plan?
+
+--No lo acepto, no--dijo Isidora de muy mal humor--. Es un plan tonto.
+
+--Ah mimosa! Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebelda? Pues
+no tenerte lstima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra comn
+en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu
+deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabars en
+un hospital.
+
+--Bien, me agrada eso. O en lo ms alto o en lo ms bajo. No me gustan
+trminos medios.
+
+--Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... Conque quedamos
+en eso?
+
+--En qu?
+
+--En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como
+incurable y hacerte el amor.
+
+--Qu disparates dices!
+
+--Vmonos al Retiro?... Te acuerdas de aquellos pasetos, del Museo,
+de las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos?
+
+--Bien me acuerdo... Djate de tonteras.
+
+--No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te deca. No
+habr aquello de me caso contigo. Entonces te lo deca; pero no
+pensaba hacerlo, no creas...
+
+--Ya lo supona.
+
+--Y la verdad es que me gustabas muchsimo!... Y si he de serte franco,
+crea hacer contigo la gran conquista. Yo quera acreditarme entre mis
+compaeros, y deca para m: Esta no se me escapa. Y qu
+traidoramente se me escap! Hoy nos encontramos otra vez. T, despus de
+dar mil vueltas, vienes a m... Pues mira, simplona, te juro que en este
+momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los
+puntos..., y si no fuera por esta....
+
+Se levant, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostr a
+Isidora.
+
+Ah!, tu novia... Ya s que te casas pronto, mauln. Sabes que no vale
+nada?
+
+--Te pego si lo vuelves a decir. Vale ms que t. No es muy guapa; pero
+es un ngel.
+
+--Si no vale dos cominos--dijo Isidora rindose descaradamente ante el
+retrato.
+
+--Qu entiendes t de eso? Esta, esta que ves aqu es mi salvaguardia
+contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta,
+la ves bien?, por esta con quien me casar el lunes, Dios mediante, me
+libro del peligro de tenerte ante m, y me hago un seor hroe, y
+atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo,
+aunque no quieras... Esta tarde misma hablar con Emilia, y maana te
+irs a vivir con esa gente, para que aprendas, vbora, para que veas,
+pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien.
+
+A cada frase daba un paso hacia ella, amenazndola con el retrato. Ya
+Isidora se haba serenado bastante, y no vea las cosas tan ttricamente
+como antes. l, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de mdico,
+el nfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradacin rpida, el Miquis
+de antao, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrera
+metafrica y su corazn repleto de bondad.
+
+No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas--dijo Isidora
+repentinamente--. Me las dejas escribir aqu, en tu mesa?
+
+--S, s, ngel ponzooso--contest Augusto, en cuya alma retoaban
+devaneos estudiantiles.
+
+Precipitadamente sac papel, sobres. Isidora se sent en el silln de la
+mesa de despacho, l la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la
+joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se
+paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con
+expresin entremezclada de asombro y miedo, diciendo para s:
+
+Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin drteme a
+conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartn que se
+llama severidad de principios.
+
+Y volvi al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar.
+
+Pero si me caso el lunes, y hoy es mircoles... En qu ocasin se le
+ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre,
+_homo sapiens de Linneo_, no te deslices, coge una piedra y date con
+ella en el pecho como San Jernimo. Honradez, tienes cara de perro....
+
+Isidora dej de escribir, poniendo la pluma a un lado.
+
+Voy a descansar un ratito.
+
+--Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto...
+Ests en tu casa...
+
+--Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podas haber puesto
+ese esqueleto en otra parte. Qu horror!
+
+--Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana.
+
+--De quin seran esos pobres huesos?...
+
+--Son de mujer. Quizs una tan hermosa como t... Mrate en ese espejo.
+
+--Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. Y cunto librote! A
+ver. Jess, que ttulos! Todo Medicina. Qu lstima de dinero empleado
+en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque t no sabes nada,
+Miquis; eres un ignorante, un tonto.
+
+--Quizs ests diciendo la ms profunda verdad que ha salido de esos
+labios, de esas envenenadas rosas. S, soy un mentecato. Desprecia a
+Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permiti que ese tesoro
+fuera para todos menos para l. El simple y desventurado Miquis ha sido
+un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su
+lado pas, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la
+vida, y Miquis volvi los ojos para contemplar embebecido, ay!, la
+rugosa faz de los catedrticos. La ocasin de vivir, de gozar, de ver
+cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias
+veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en
+toda ocasin hermosa, se iba a descuartizar cadveres... Y este Miquis
+se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud
+y entra en la madurez de la vida, en el rgimen, en la rutina y mtodo!
+Para l se acab lo imprevisto; se acabarn los deliciosos disparates.
+Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro,
+amas de cra. Terrible cosa es recibir el adis a la libertad, y ver la
+espalda a la juventud fugitiva. Bienaventurados los chiquillos, porque
+de ellos es la vida!
+
+--Tienes una bonita casa--dijo Isidora sin hacerle caso--. Cunto te
+cuesta?
+
+--A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. Han concluido tus
+cartas?
+
+--Voy a concluirlas.
+
+Y l volvi a pasearse y a mirarla... Qu hermosa estaba! Quin lo
+meta a l a moralista ni a redentor de samaritanas? Solt una carcajada
+en lo recndito de su ser, all donde su alma contemplaba atnita la
+imagen de la ocasin. Pero me caso el lunes, el lunes.... Mir el
+retrato de su novia...
+
+De pronto suena la campanilla, entra un seor y pasa a la sala... Es el
+pap de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene.
+Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una
+hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la
+fundacin de la Penitenciara para jvenes delincuentes.
+
+Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Est aturdido; la
+visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una
+paliza; pero est fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa.
+Est plida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del
+pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qu comer aquella tarde.
+
+Cunto has tardado! Es pesadito ese seor. En fin, amigo, yo siento
+molestarte. Acurdate de lo que te dije al entrar.
+
+Miquis hace una rpida exploracin en su alma, encuentra en ella algn
+desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. Soy un hombre
+sublime--dice para s--, un hombre de honor y de caridad, soy tambin un
+hombre que se casa el lunes.
+
+Isidora le haba dirigido al entrar una splica angustiosa, elocuente
+expresin salida de los ms sagrados senos del alma humana. Juntando el
+quejido de la necesidad a la splica del pudor, Isidora le haba dicho:
+Dame de comer y no me toques.
+
+Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnnimo corazn le
+dice:
+
+Maana estars en casa de Emilia.
+
+
+=--II--=
+
+La admitieron. Tanto pesaba en aquella casa la recomendacin de Miquis,
+que haba salvado del _croup_ al nio mayor, y de los peligros de la
+denticin al ms pequeo!
+
+Ya sabe el lector cmo Emilia de Relimpio se cas con su primo, el hijo
+del ortopdico, que llamaba _clusulas_ a las cpsulas; matrimonio
+degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.
+Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadsimo, siempre que la
+interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral
+y prctico. Juan Jos Castao era tan hbil como su padre, y le superaba
+en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte
+ortopdico. Sostena el crdito del establecimiento y ganaba mucho
+dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es
+una vieja mquina que se desvencija y deshace, hallndose cada da ms
+necesitada de remiendos y puntales, o llmense muletas, cabestrillos,
+fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos
+dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y
+alguien echa la culpa a las armas de precisin; pero, cualquiera que sea
+la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como
+el de la Artillera. Son dos ciencias complementarias como la Filosofa
+y el Alienismo.
+
+En su pacfica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente
+corazn, se haba curado de aquellas tonteras de aparentar y suponerse
+persona encumbrada. No volvi a ponerse sombrero ms que cuando iba de
+viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las nias de Pez, las
+cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las nias de
+los duques de Tal. Posea un slido bienestar; ella, su marido y sus
+hijos satisfacan plenamente sus necesidades, y de aadidura tenan
+buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y adems, como
+perspectiva risuea, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que
+el viejo guardaba. En suma, Emilia haba tomado un magnfico sitio en el
+anfiteatro de la vida, donde tantos estn en pie o psimamente sentados.
+Su marido era sencillo, bueno, carioso, sin ms defecto que el querer
+hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en
+ria con sus oficiales.
+
+Por ms que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no
+poda remediar que le fueran antipticos el establecimiento, la tienda,
+llena de fesimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus
+oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuossima, modelo de
+dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un
+cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller.
+
+Este juicio no exclua el agradecimiento que tena a Juan Jos y a
+Emilia. Insigne mrito y bondad haba en ellos al admitirla, cuando, si
+la despreciaran, estaban en su derecho! Y vase aqu la eficaz
+influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro das de estar all,
+el espritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad
+placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de
+los feos objetos, y notaba en s una tranquilidad, un gozo que hasta
+entonces le fueron desconocidos. _Riqun_ hizo tan buenas migas con los
+dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo
+el santo da lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e
+inventando diabluras. Don Jos era el que pareca menos feliz. Estaba
+triste, segn deca, por la falta de ocupacin. Castao, que no
+necesitaba teneduras, le emple en llevar recados y cobrar cuentas;
+pero aunque el buen seor desempeaba estos encargos con docilidad, bien
+se le conoca que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a
+Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese
+menester.
+
+Miquis sola pasar por all, pero estaba muy poco tiempo. Como viva
+enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacan
+rer a Isidora, a Emilia y al mismo D. Jos taciturno. He aqu una
+muestra:
+
+RCIPE.--_Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de
+mquinas de coser, c. s. Mzclese y agtese s. a. Para tomar a todas
+horas._
+
+DOCTOR MIQUIS.
+
+Ves?--deca Emilia, riendo--. Te manda que trabajes y me ayudes a
+coser en la mquina. Este Miquis es lo ms salado... Y qu razn tiene!
+Ocuparte en algo es lo que ms te conviene. Cuando se pone la atencin
+en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonteras.
+
+Bien lo comprenda la enferma; as, desde el primer da empez a
+adiestrarse en la soberbia mquina de Singer que Emilia posea. Bien,
+bien! Con un poco de aplicacin llegara a dominarla. Al siguiente, otro
+papelito:
+
+RCIPE.--_De la infusin de raz del olvido, 25 gramos. De esencia de
+modestia, 7 toneladas. Disulvase en agua de goma, adase la
+ipecacuana, o sea Juan Bou, y hganse 40.000 pldoras para tomar una
+cada segundo, con observacin._
+
+DOCTOR MIQUIS.
+
+_Nota_. El cual entra maana en capilla. Cantad la salve de los presos.
+
+Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente
+leccin contenida en ellas. Hizo propsito firme de trabajar, de poner
+en olvido ciertas cosas, originarias de su perdicin, y de acortar los
+orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareci diciendo:
+
+Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa
+para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se d un
+atracn de lectura. Le recomiendo el _Bertoldo_, el _Ao cristiano_ o
+las _Pginas de la Infancia_. Adistrese en contar para que se
+familiarice con las cantidades. En esto le podr servir el guila de
+Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a
+la enferma que si va Juan Bou (_alias_ Ipecacuana), le reciba con
+amabilidad. El pobre est triste, aunque espera una herencia.
+
+_Nota_. El patbulo de miel est armado en la capilla de los
+Desamparados. Orad por Miquis.
+
+Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. Qu
+algazara! Los tres chicos corrieron hacia l, y mientras uno se le
+colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le
+aclamaban como si el joven doctor fuera el ms divertido de los
+juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le
+felicitaban, ya le hacan burla, mientras l, tan pronto haca el
+panegrico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subi
+luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la clebre modista
+Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda,
+que en pocos aos haba hecho gran clientela. La vecindad fue causa de
+que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la
+francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castao suban al taller
+de modas. Isidora ya tena conocimiento con Eponina, porque esta le hizo
+algunos vestidos en los prsperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina
+del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta suba mostrbale sus
+galanas obras, pidindole parecer, de lo que Isidora reciba mucho
+gusto, si bien este se desvaneca con el desconsuelo de ver tantas cosas
+ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el
+cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caa en
+profunda tristeza...
+
+De esta manera pasaron algunos das. Miquis les envi los dulces de la
+boda, acompaados de estos renglones:
+
+Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso atad de la luna de
+miel, el inmolado Miquis saluda a los seores de Castao y a la seora
+de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha
+contravenido mis prescripciones higinicas, remontndose al taller de
+madama Eponina, y probndose varios vestidos de baile para ver su buen
+efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el
+alejamiento absoluto de los centros miasmticos. En los ratos que tenga
+libres, dedquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou,
+para lo cual dicho se est que ha de emplear dos varas de caamazo. Eso
+no importa. Yo regalo el caamazo y las lanas. La enferma ir a
+convalecer a la sombra del rbol de la Ipecacuana, ese rbol milagroso,
+seoras, que est plantado en la litografa de la calle de Juanelo, y
+que ansa estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien
+reyes.--Saluda a todos el ms novel de los maridos y el ms feliz de los
+mdicos.--MIQUIS.
+
+Ya no se rea Isidora de las cartas y recetas. Desde el da anterior
+estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castao
+la repentina tristeza de su amiga a que se vea apremiada por el
+procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con
+habilidad; mas ninguna explicacin categrica pudieron obtener de su
+taciturna melancola. Un accidente haban notado que les hizo caer en
+desagradables sospechas: D. Jos, al volver de la calle, habl en
+secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y
+tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos
+notaron que Relimpio sala y entraba con frecuencia, como si trajera y
+llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente
+palabras breves y cautelosas. Cuatro das pasaron as, cuando Isidora
+sali para ir, segn dijo, a casa de su procurador, y como al otro da y
+al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron
+en creer que Isidora no mereca la caritativa hospitalidad que le haban
+dado.
+
+Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. Jos fortaleca de
+tal modo su discrecin, que en esta no hallaba el ms breve resquicio la
+curiosidad de su hija. Jos, eres una alhaja!
+
+
+=--III--=
+
+Y en tanto, excesivamente distrada de sus trabajos, Isidora visitaba
+con frecuencia el taller de Eponina, y all se encantaba contemplando
+los magnficos vestidos, entre los cuales a la sazn haba tres de
+baile. Eran para una joven condesa que tena la misma estatura y talle
+de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el
+efecto. Ave Mara Pursima!... Psose el primero; estaba encantadora.
+Psose el segundo. Oh, arrebataba! El tercero..., Cristo!, el tercero
+caa tan bien a su cuerpo y figura, que slo la idea de tener que
+quitrselo le daba escalofros. Contemplose en el gran espejo,
+embelesada de su hermosura... All, en el campo misterioso del cristal
+azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que
+haba algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro
+de la noche. Isidora encontraba mundos de poesa en aquella reproduccin
+de s misma. Qu dira la sociedad si pudiera gozar de tal imagen!
+Cmo la admiraran, y con qu entusiasmo haban de celebrarla las
+lenguas de la fama! Qu hombros, qu cuello, qu... todo! Y tantos
+hechizos haban de permanecer en la obscuridad, como las perlas no
+sacadas del mar? No, absurdo de los absurdos! Ella era noble por su
+nacimiento, y si no lo fuera, bastara a darle la ejecutoria su gran
+belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatas por toda cosa
+elegante y superior.
+
+Queda, pues, sentado que era noble. Por qu no era suyo, sino prestado,
+aquel traje, y haba que quitrselo en seguida, sin poder siquiera, como
+los cmicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina
+verdadera. Se miraba y se volva a mirar sin hartarse nunca, y giraba el
+cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qu, iba a entrar
+realmente en el saln de baile? Su mentirosa fantasa, excitndose con
+enfermiza violencia, remedaba lo autntico hasta el punto de engaarse a
+s misma.
+
+De repente oyronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala
+inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis.
+
+Pase usted, doctor--dijo la modista--, y ver usted cosa buena. Usted
+no estorba nunca.
+
+Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo haca que no pagaba al
+mdico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista.
+Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente
+con Augusto, y le permita entrar en su taller a todas horas y bromear
+con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turb un momento. Despus
+se ech a rer.
+
+Te asombra de verme vestida de baile?--le dijo--. S que me has de
+reir; pero, vamos, s franco. Estoy bien as, s o no?.
+
+Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su
+sorpresa y embeleso, dijo:
+
+Ests..., no ya hermosa, ni guapa, sino... divina!
+
+--Vamos, que te he hecho tiln.
+
+--A un ahorcado no se le hace tiln tan fcilmente; pero... Abismo de
+flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello...
+Pero no, fuera simplezas! El mdico, el mdico es el que habla ahora.
+
+Y esgrimi el bastn ante la imagen hechicera de la dama vestida de
+baile.
+
+Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te
+salvars, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte.
+
+--Sintese usted, Augusto; deje usted el sombrero--dijo Eponina con
+melosa urbanidad.
+
+Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, despus en otra,
+luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma.
+
+Pues mira--le dijo Isidora con cierto descaro--, no me rias, porque
+con tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de
+curar, ni quiero curarme.
+
+--Ya lo s que no quieres. Piensas que no estoy enterado de tus malos
+pasos de estos das? A los mdicos no se nos escapa nada. Quieres que
+te lo cuente?.
+
+Isidora se turb otra vez.
+
+Pues oye: la semana pasada lleg de Francia Joaqun Pez en el estado
+ms deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han
+cado encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle
+ms y le ha echado de su casa...
+
+--Es verdad, es verdad--dijo la de Rufete con emocin, preparndose a
+derramar lgrimas.
+
+--El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para
+luchar con su destino, ha recurrido a ti. S que te ha buscado; que te
+mand un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, s o
+no?
+
+--Es cierto.
+
+--Se ha refugiado en una miserable casa de huspedes donde no hay ms
+que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace
+cuatro das; has ido despus varias veces... Lo s por el ama de la
+casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis ms
+desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qu pasos das
+y entre qu gente vas a meterte.
+
+--Es verdad lo que has dicho. Cmo es que todo lo sabes y todo lo
+averiguas?--dijo Isidora, rompiendo a llorar--. Augusto, ten compasin
+de m. No, no me digas cosas... l est perseguido, huye de la justicia,
+y ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece
+seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me
+rias a m porque no he querido abandonarle en la desgracia.
+
+--Perdneme usted, amiguita--indic Eponina con bondad--, me va usted a
+estropear el vestido; me lo est usted mojando con sus lgrimas.
+
+--Me lo quitar--replic Isidora haciendo un gesto de nia mimosa--.
+Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje.
+
+Alejose un rato el mdico. Cuando volvi, ya Isidora haba tomado su
+forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: Ya tengo
+otra vez la librea de la miseria.
+
+Eponina sali, dejndolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia
+Miquis, y cruzando las manos delante de l, le dijo con acento de
+intenso dolor:
+
+Amigo, estoy desesperada!
+
+--Qu tienes?--le pregunt l, sintiendo ante aquella pena y aquellas
+lgrimas una cobarda dulce.
+
+--Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces
+hace tiempo.
+
+--Bueno yo?...--dijo Augusto con irona--. A ver, qu quieres?
+
+--Necesito..., tendr que decrtelo?..., necesito dinero.
+
+--Ya...
+
+--Yo no puedo estar as. Vyanse al diablo tus recetas. Te dir..., yo
+quiero vivir y esto no es vivir.
+
+--Dinero para el Pez.
+
+--No, no; lo necesito para mi procurador y para m. Estoy vestida de
+harapos... No me rias, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la
+vida. S que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qu s yo... No
+entiendo tus medicinas. Te dir... Dios no quiere favorecerme, Dios me
+persigue, me ha declarado la guerra...
+
+--Qu pilln!
+
+--Yo quiero ir por los buenos caminos, y l no me deja--prosigui
+Isidora con tanta agitacin que pareca demente--. Veremos si al fin me
+favorece. Te dir...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando
+lo gane, tomar posesin de mi casa... Mucho siento no poder llegar a
+ella con todo el honor que mi casa merece..., pero qu hacer ya?
+Entretanto, amigo, la miseria me es antiptica, es contraria a mi
+naturaleza y a mis gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble.
+
+--Isidora--declar Augusto con seriedad--, al nacer te equivocaste de
+patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y
+no cabes aqu. Quieres el ltimo consejo? Pues vete a Pars. All
+encontrars tu puesto. Aqu te degradars demasiado. Aqu no las
+gastamos de tanto lujo como t.
+
+Levantose para marcharse.
+
+No, no te vas--dijo ella detenindole con fuerza por un brazo--; no te
+vas sin decirme si puedo contar contigo.
+
+--Para qu?--murmur el mdico temblando.
+
+Senta un fro...!
+
+Yo necesito una cantidad--dijo Isidora febril, los labios secos.
+
+--No puedo... complacerte--repuso el joven, dejndose caer en una silla.
+
+--S puedes, s puedes. Augusto, por amor de Dios!..., socrreme,
+socrreme. Te dir...
+
+--Si es nada ms que un socorro....
+
+Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rpida ojeada interior su
+situacin. Se haba casado seis das antes, estaba en la luna de
+miel!... Ser traidor a su joven y amable esposa! No, no, no, grit
+para s, y luego, en voz alta:
+
+Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo
+no te puedo amparar... Busca en otra parte...
+
+--Ah! Qu amigos estos!--exclam ella en lo ltimo de la angustia--Y
+luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradacin!
+Bueno, bueno; me perder, me arrastrar.
+
+Miquis cerr los ojos para no verla. Si la vea un momento ms estaba
+perdido... Por lo que, sin aadir una palabra, ech a correr fuera del
+gabinete y de la casa.
+
+Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sinti
+rpidos y leves pasos detrs de s. Al mismo tiempo oy que le llamaban.
+Una mujer corra tras l. Al reconocer a Isidora, el pobre mdico tembl
+de nuevo.
+
+Tengo un recelo--le dijo Isidora agitadsima, la voz balbuciente, la
+expresin turbada y agoniosa--. No me has comprendido... Habrs credo
+tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres...
+No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque...,
+te dir...
+
+--Honrada!
+
+--S, s. No me comprendes. S me socorres, yo te pagar..., dinero por
+dinero.
+
+--Djame en paz--dijo Miquis retirndose.
+
+--No, no te vas--replic ella detenindole con fuerza--. Estoy
+desesperada. Necesito... En ltimo caso, paso por todo.
+
+--Soy pobre.
+
+--La desesperacin es ley, Augusto. Te hablar con el corazn; te
+dir... Yo no quiero ms que a un hombre. Por l doy la vida, y en
+ltimo caso el honor... Di, me favoreces?
+
+--Lo que necesitas, es para comer?
+
+--No; necesito mucho.
+
+--No puedo, no puedo.
+
+Augusto, Augusto--exclam ella colgndosele del brazo--. Mi necesidad
+es tan grande, que no puedo tener tesn ni dignidad, ni nobleza. Yo no
+te quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo.
+
+Pausa. Miquis la miraba pestaeando. Sobre ambos, un farol de gas
+alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad
+desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batan con
+furor. Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satans!
+
+Soy pobre--repiti Miquis, haciendo un esfuerzo--; vete a Pars.
+
+--Augusto!.
+
+Augusto sinti clera. Aprovechndose de aquel movimiento del alma,
+desprendi su brazo de la mano de Isidora, y con toda energa le dijo:
+
+Dios te ampare.
+
+Ya estaba distante cuando oy esta voz sarcstica: Farsante!.
+
+Aquella misma noche desapareci Isidora de la casa de sus buenos amigos,
+dejndoles un papelito que deca:
+
+Emilia, Juan Jos, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra
+casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lstima de m.
+
+
+
+
+Captulo XI
+
+Otro entreacto
+
+
+En el famoso pleito de filiacin haba terminado la prueba; varios
+testigos haban declarado y ambas partes respondido a infinitas
+preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba
+en torno a las ramas de aquel rbol de escaso fruto; se haba presentado
+el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguira la
+sentencia, y con esto la demandante se las prometa muy felices. Verdad
+que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algn recuerdo de su
+niez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar
+noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa.
+
+Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo
+extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Cannigo y de Toms
+Rufete, confirmaba la pretensin de Isidora. Un tal Arias depuso en
+trminos diametralmente opuestos, y D. Jos de Relimpio, llamado
+tambin, declar en trminos categricos a favor de la que llamaba su
+ahijada; mas su declaracin, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca
+de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, l no saba
+gran cosa. Saba, s, y esto no poda dudarlo, que en 1851 haba sacado
+de pila a una nia, hija de Toms Rufete. A los seis meses no cabales,
+Relimpio y Rufete rieron por cuestin de una pequea herencia y
+estuvieron siete aos sin hablarse ni tener trato ni comunicacin
+alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias
+volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en
+casa de Rufete haba dos nios, Isidora y un varoncillo de dos aos.
+Toms dijo a Relimpio con misterio que su hija haba muerto y que
+aquella que viva y el nio se los haba dado a criar una dama que no
+nombr. Don Jos, que no haba visto a Isidora desde la edad de seis
+meses, no poda, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso
+lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre sigui llamndola
+ahijada, y desde entonces comenz el cario de que tan grandes pruebas
+diera ms tarde. En cuanto a Francisca Guilln, nunca pudo Relimpio
+obtener de ella una declaracin terminante acerca de las dos criaturas
+que pasaban por suyas. Cuando Toms estaba en el Tomelloso, la buena
+mujer aventurbase a decir algo, que llenaba de gran confusin a D.
+Jos; pero cuando el otro volva, todo eran vaguedades y misterios.
+
+Esto era lo que Relimpio saba, y estos breves datos y sus
+conversaciones, no largas, con Toms y Francisca, debieron de haber
+constituido su declaracin; pero, llevado de un sentimiento de
+caballeresca proteccin a la desgracia, hizo las afirmaciones ms
+conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de
+Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan Jos tenan noticia alguna.
+Tres veces en dos das haba ido la pcara a ver a _Riqun_, porque la
+ortopedista no se lo haba querido entregar; pero ni con preguntas
+capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Deba
+de saberlo don Jos; mas tambin guardaba fielmente el secreto. Tristeza
+tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella
+pareca habrsele aumentado la cuenta de los aos, extremando su vejez.
+Casi todo el da lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella
+anuncibase con suspiros. Haba perdido el apetito, dorma muy mal y
+tena los sueos ms raros del mundo. Soaba que se bata en duelo de
+honor con Pez, Botn y otros caballeros, y que a todos les mataba,
+sacndoles hasta la postrera gota de sangre. Horror de los horrores!
+
+Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido
+nuestro, el gran Bou, vea de sbito compensadas sus desdichas amorosas
+con una gran ventura en cuestin de intereses. Oh! Si la ingrata se
+aviniera a dar el deseado _s_, el Obrero--Sol sera un ejemplo de
+hombre venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Dirase
+que la Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana
+Fortuna, se haba propuesto abrumarle de bienes positivos, negndole los
+que su corazn apeteca, y le colmaba de frutos riqusimos sin dejarle
+ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de
+Aransis empez la tal Providencia a divertirse con l. En el espacio de
+quince o veinte das le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y
+dbale por otros tres golleras o momios pecuniarios a cul ms valioso.
+Primero: asegur un buen negocio contratando cierto trabajo de
+impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibi una
+herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sac un segundo
+premio de lotera, importando cinco mil duros. Qu tal? Aun con ser
+estos embolsos un estorbo ms para llegar a la deseada liquidacin
+social, Bou se guard su dinero y se puso muy contento, considerando en
+lo ms escondido de su mente, que bien poda aplazarse la tal
+liquidacin, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera,
+el dinero de la gente honrada.
+
+Miquis, que le apreciaba y se rea con l, fue a darle la enhorabuena, y
+le encontr en su taller trabajando como siempre. Bou se levant, salud
+a gritos, estruj la mano de su amigo, y despus fue acometido de una
+tos tan violenta, que su cara pareca un cuero de vino, y el ojo
+rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada rbita y caerse al
+suelo.
+
+Ese alquitrn, hombre, ese alquitrn...
+
+--Djese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me
+sacaran un cuarto. Que coman yerba..., hala! Y a ustedes los mdicos,
+si yo arreglara el mundo, los pondra a que me barrieran las calles, a
+que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las
+alcantarillas... Ah es donde estn las enfermedades.
+
+--Pues a los litgrafos los pondra yo a que me afeitaran todas las
+ranas que se pudieran coger... Pero vamos al caso... Convida usted o no
+convida?
+
+--S, seor; convido a una copita... y nada ms.
+
+--Qu miserable! Yo esperaba un banquete regio.
+
+--No me gustan aparatos ni bulla.
+
+--Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos...
+
+--Pues _palante_--exclam el cataln, disparando su risa--, y aunque sea
+de doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada ms.
+
+Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la haba recibido con calma
+y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguira trabajando,
+con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba,
+tena el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, porque
+_voto va Deu!_, no hay dinero ms soso que el que uno deja a sus
+herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder
+contar por all algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene
+la liquidacin, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a
+uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es
+bueno, magnfica cosa, s seor, admirable en extremo; y los holgazanes
+que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, s
+seor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasin de
+introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de
+los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el
+gnero de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideracin el da en
+que se ajusten cuentas. l (Juan Bou) haba pensado esto, y sacado en
+consecuencia que las teoras puras no resuelven la cuestin social; es
+preciso estudiar prcticamente los excesos de la holgazanera.
+
+Aprob Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energa excit a su
+amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin
+quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la
+ocasin de ser dichoso no se presenta siempre, aprovchese cuando viene,
+que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas.
+
+Supongo--aadi--que andaremos en coche y a caballo, que tendremos
+buena mesa y palco en el Real.
+
+Echose a rer Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el
+oso, ni ponerse en ridculo como un indianete sin seso; que tan slo
+obsequiara a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, tratara de
+ver qu sabor tiene la sangre del pueblo.
+
+Despus nombr Miquis a la ingrata, y odo su nombre, se puso tan serio
+el otro, que pareca haber perdido en un instante todo su contento. No
+habran dejado aqu un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no
+hubiera entrado D. Jos, el cual se turb al ver al mdico. Bou, tambin
+algo turbado, pidi perdn a Miquis y se fue con Relimpio a un
+despachito cercano, donde Augusto les oy secretearse.
+
+Le ha trado una carta o recadillo--pens el doctor, proponindose no
+darse por entendido--. Ya, ya....
+
+Don Jos sali, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es
+ms probable que llevara lo primero, y al salir habl a Miquis del
+tiempo, de poltica, de Cnovas y de que las tropelas de los ingleses
+en el campo de Gibraltar daban motivo a Espaa para exigir de Albin que
+nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostr
+conforme con estas patriticas ideas y le dej marchar, compadecido de
+su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo
+declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente
+noche, fue D. Jos vestido con su levitita anticuada y su corbata azul
+de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los dems
+comensales pudieran comunicarle su alegra. Era tan flojo de cerebro,
+que en cuanto beba dos copas se pona perdido, y he aqu que al probar
+el Champagne, el buen tenedor de libros, despus de haber dado varias
+pruebas de no ser dueo de sus ideas, se dirigi a Juan Bou y con lengua
+solemne aunque torpe, le dijo:
+
+Caballero, usted me dar una satisfaccin, o me ver obligado a llevar
+la cuestin a un terreno...!.
+
+Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero
+de D. Jos, se puso ste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a
+la diccin enftica, aadi:
+
+Porque usted se empea en mancillar el honor de una joven de altsima
+familia, y yo no permito, lo entiende usted?, no permito... yo que soy
+su segundo padre...!
+
+--Tiene razn--dijo Miquis--. Esto no puede quedar as. El lance es
+inevitable.
+
+--Inevitable--grit Relimpio descargando el puo sobre la mesa y
+rompiendo un plato--. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la
+hora del alba...
+
+--_Al matutino albore_....
+
+Lo ms particular fue que Bou, que tambin era hombre incapaz de llevar
+con aplomo tres copas de vino blanco, empez a disparatar. Primero se
+ri mucho, despus todo su empeo era abrazar a D. Jos y llamarle su
+amigo. Relimpio, por el contrario, ms se enfureca a cada instante. Los
+otros le incitaban, y sabe Dios cmo habra concluido el lance si el
+cataln, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole
+de su cuerpo en tierra.
+
+Levantose en esto D. Jos y sealando con dramtico acento el cuerpo que
+pareca cadver, dijo:
+
+La suerte me ha sido favorable, caballeros, seal de mi derecho! Le
+he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella
+hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel
+serafn....
+
+Dio tres o cuatro pasos en falso, gir como un trompo, y fue a caer en
+un divn de hule, donde Miquis le moj la cara.
+
+
+
+
+Captulo XII
+
+Escenas
+
+
+=--I--=
+
+JOAQUN.--=(Solo, pasendose meditabundo por la habitacin, que es de
+bajo techo, sucia, con fesimos y ordinarios muebles, todo en desorden.)
+= Ni un da ms durar esta vida. Protesto con toda mi energa de ser
+racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal
+deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse
+entregndole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la
+vergenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad.
+Este es el dilema, _the question_, como deca el otro: o vivir sin
+decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse.
+Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y
+fijndolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran
+parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--Eres
+t, imagen que aqu veo, la de Joaqun Pez? Te desconozco. T no eres
+yo. Yo era hermoso, y t, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin
+barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegra y la felicidad y los
+tuyos estn mortecinos y sin brillo. Cmo puedo creer que el hombre
+mejor vestido de Madrid sea este que aqu veo dentro de esta levitita
+abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos
+y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado ms que
+un caf y un poco de pan, no puede ser el Joaqun Pez que yo conoc. =
+(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir as
+es peor que cien muertes.
+
+Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prendern, me
+metern en la crcel... Qu iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un
+desgraciado, un hombre dbil que no conoce el orden; soy un tonto; no
+tengo sentido comn, no s arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto
+se diga de m en este sentido es justo. Pero acusarme de estafador!...
+Que en Pars contraigo deudas; que me vengo a Espaa con intencin de
+pagar; que un francs sale escapado detrs de m persiguindome; que le
+entretengo unos das; que me endosan unas letras para que las cobre; que
+las cobro y pago al francs; que los acreedores de aqu, envidiosos de
+ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me
+embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y rie conmigo y
+me retira su apoyo; que el dueo de las letras me exige su dinero; que
+no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomndolo
+por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un
+prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas
+intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan
+de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En m hay error;
+pero mala fe, jams. La ligereza, ser hermana del crimen?...
+
+He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra m
+hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal
+contra el infeliz cado; es la venganza de la cursilera contra el que
+fue dolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo
+del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirn de
+m; no, no me humillar; no har el mamarracho. Es preciso acabar
+dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae segn su natural
+condicin. Caer con catstrofe, como las torres, y los que oigan el
+estrpito de mi fin dirn: Este es un hombre... =(Acrcase a un rincn
+en que hay una percha, de la cual pende un gabn. Toca la tela,
+reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aqu
+ests, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardar en el cajn de
+la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de
+las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche,
+t y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la
+maana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma
+en desesperacin. Esto ya no es vivir. Hgome cuenta de que ya se acab
+todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas
+personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la ms derrengada
+mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la frmula vulgar de
+A nadie se acuse de mi muerte. Dir a mi padre que... Siento pasos.
+Isidora viene. Esta desgraciada es el nico ser que ha tenido la
+abnegacin de unirse a m y ampararme cuando me ha visto abandonado por
+todos. Oh corazn generoso! Ha querido confortar mis penas con sus
+ilusiones y mi desesperacin con su esperanza. Cuando la veo, me dan
+ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con
+ella. Aqu est....
+
+
+=--II--=
+
+ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y
+trae un lo de ropa. Sintase en un sof invlido que se inclina ms de
+un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaqun,
+espera que este le dirija la palabra.)= Dios mo, qu escalera!
+
+JOAQUN.--Ms grande es la del Paraso; al menos as lo dicen, que yo no
+la he visto.
+
+ISIDORA.--Ha venido mi padrino?
+
+JOAQUN.--No he tenido el gusto de ver a su seora.
+
+ISIDORA.--Cunto he andado, cunto he corrido hoy!... He vuelto a casa
+de Emilia para ver a _Riqun_. He querido trarmele, temiendo que les
+molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se
+conmueve.)=
+
+JOAQUN.--Has hecho bien en dejarle all. En ninguna parte estar mejor.
+
+ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= Ay! Dios de mi vida, qu angustia! Por
+fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para
+defenderlo de un brusco movimiento de Joaqun.)=--No, no te doy un
+cuarto. Djame, que yo ir arreglando las cosas. Por de pronto es
+preciso que salgas de aqu. Esta casa es una pocilga, y qu vecindad,
+qu huspedes, qu patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos
+y dems gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, no
+hallaste otro sitio mejor en que meterte?
+
+JOAQUN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidsimo, me dej
+conducir por un amigo, Pepe Nules.
+
+ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho das que has estado aqu. Yo
+no he estado ms que tres. El gasto es poco. Hoy te har traer comida
+buena de la fonda.
+
+JOAQUN.--No te apures por eso...; lo mismo me da.
+
+ISIDORA.--Y maana irs a una casa ms decente.
+
+JOAQUN.--=(Con indiferencia.)= Para qu?
+
+ISIDORA.--Para que vivas con ms decoro.
+
+JOAQUN.--Ideas convencionales!
+
+ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomara una casita, y nos bamos
+a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he
+reflexionado, y eso no puede ser.
+
+JOAQUN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... =
+(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pjaros, que no
+conocen la acuacin de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No
+hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido
+en la sociedad multitud de ideas errneas. Son los falsificadores de la
+vida, y por esto deberan ir todos a presidio.
+
+ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= Y si yo te dijese
+que tengo probabilidades de reunir algn dinero?
+
+JOAQUN.--Tu dinero nos servira para ir pasar dos das, tres. Luego
+volveramos a la misma situacin de miseria, y como tus riquezas no
+haban de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me
+hallo...
+
+ISIDORA.--=(Con cario.)= Y si yo pudiera...?
+
+JOAQUN.--Ta, ta, ta. T vives de ilusiones. Aqu tenemos otra vez la
+fantasmagora del pleito. Siempre crees que maana te duermes Isidora y
+te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No s cmo, con tu
+buen talento, vives as, engaada por el deseo.
+
+ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro.
+
+JOAQUN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para m.
+
+ISIDORA.--Si quieres que no riamos, no me hables del pleito con ese
+desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que t la tengas tambin. El
+procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardar algn tiempo,
+porque mi abuela apelar; pero de que lo gano, no te quede la menor
+duda.
+
+JOAQUN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarn tres,
+cuatro o cinco aos antes que lo ganes. Aydame a sentir. Ni cmo he de
+remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todava
+no se han acuado.
+
+ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refera precisamente al pleito. Yo
+pensaba conseguirte el dinero con un prstamo.
+
+JOAQUN.--Un prstamo! =(Con estupor.)=
+
+ISIDORA.--En fin, yo me entiendo... No te desesperes...
+
+JOAQUN.--No creo ya en los prstamos, como no creo en los milagros. =(Da
+media vuelta y se pasea otra vez.)=
+
+ISIDORA.--=(Aparte, y despus de mirar un rato a Joaqun).= Es preciso
+sobreponerse a la desgracia... Arreglar el cuarto que parece una
+leonera.
+
+=Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora coloca
+las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. Cuando
+limpia el espejo, se mira un poco, y dice:= Parezco que s yo qu.
+=(Alto.)= Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda.
+
+JOAQUN.--Como t quieras. El comer bien o el comer mal me es
+indiferente; pero, pues t lo quieres, comamos bien, que nada se pierde
+en ello.
+
+ISIDORA.--=(Sentndose fatigada.)= La miseria, hijo, me espanta. No tengo
+un vestido decente que ponerme... Pues y t? Y a esto llaman vivir!...
+
+JOAQUN.--La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre
+galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a
+los amantes ms finos y ms exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo,
+en un cuchitril, donde no tengan ms que el consabido _pan y cebolla_, y
+a los dos das se araan la cara. La miseria es enemiga del alma humana.
+Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el
+arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sinttica del mal. Oye, oye,
+Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad...
+Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mndalo traer
+pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre.
+
+=Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de
+la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaqun demuestra ms apetito que
+Isidora.=
+
+ISIDORA.--=(De sobremesa.)= Qu tal?
+
+JOAQUN.--Los langostinos estaban muy buenos; el _bistec_ me ha
+rejuvenecido. Bendita seas t, que siempre tienes ideas grandes! Eso de
+sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es
+noble, lo mismo el corazn que la cabeza. Dejaremos una botella para
+maana, porque la economa es la primera de las virtudes; no, la
+segunda, que la primera es cuidarse bien.
+
+ISIDORA.--Alguna otra sorpresa he de darte todava. Dime, mereces t lo
+que hago por ti?
+
+JOAQUN.--No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres
+un ngel..., no de esos ngeles desabridos que pintan en los cuadros y
+en las poesas, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente,
+sino un ngel mundano que derrama sobre el corazn del desgraciado
+blsamo eficaz. En una palabra, eres un ngel prctico. Bien se conoce
+en todas tus acciones la nobleza. Podrs equivocarte, cometer faltas;
+pero ser innoble, jams. No s si me explicar diciendo que tienes la
+elegancia del alma.
+
+ISIDORA.--Tienes razn. Ser cualquier cosa; ser... mala si se quiere,
+pero ordinaria jams.
+
+JOAQUN.--Indudablemente eso est en la sangre. Por vida de...! Si no
+ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el
+cielo. Ay! Isidora, no s por qu el Champagne da a mi alma un vigor
+que ya no tena. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas
+agradables. Isidora, Isidora, mujer ma. =(La abraza tiernamente.)=
+Entretengmonos un momento con ilusiones...
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Mejor es soar que ver.
+
+JOAQUN.--Ganars el pleito... Yo me casar contigo...
+
+ISIDORA.--=(Entristecindose sbitamente.)= En lo primero creo, en lo
+segundo no. Esa ilusin es demasiado bonita para que pueda engaar.
+
+JOAQUN.--Por qu lo dices?... Porque te lo he prometido muchas veces,
+y nunca lo he cumplido? Ahora...
+
+ISIDORA.--Ni ahora ni nunca. T no te casars conmigo. =(Derrama unas
+lgrimas.)=
+
+JOAQUN.--El mundo es olvidadizo, tontuela.
+
+ISIDORA.--Pero no tan olvidadizo que...
+
+JOAQUN.--Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y
+Suiza.
+
+ISIDORA.--O por Inglaterra y Escocia. =(Con toda su alma.)= Sabes que de
+tanto or hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a
+Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus
+parques... Aquello s que es grandeza. Te dir... Luego hara una
+excursin por Escocia, donde hay unos lagos preciosos y unas
+montaas...! Por all andan las _ladys_ visitando grutas, escudriando
+ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente
+inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botn,
+que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacan feliz.
+
+JOAQUN.--Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia.
+
+ISIDORA.--Calla, calla. Te dir... Ir yo sola, o contigo, si quieres
+acompaarme... Porque no me casar, Joaqun; vivir soltera rindome del
+mundo.
+
+JOAQUN.--Soltera! Si yo no me casara contigo, tendras ocho mil
+pretendientes por semana.
+
+ISIDORA.--=(Decidida.)= A todos les dara con mi puerta dorada en los
+hocicos. Soltera, libre! Vestir muy bien, proteger las artes, ser
+una gran seora. Te dir... Mi casa va a tener que ver, porque no
+entrar en ella nada que no sea de lo ms escogido. No has de ver ni
+cosas vulgares, ni tapiceras chillonas, ni objetos de mal gusto, ni
+cosa alguna que se vea en otra parte. Comprar cuadros de los grandes
+maestros, y tapices y antigedades, y todo lo que sea curioso sin dejar
+de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las
+bellezas comunes.
+
+JOAQUN.--Bendito sea tu talento!
+
+ISIDORA.--En mi casa no entrarn los tontos; eso puedo jurrtelo. Me
+rodear de hombres discretos, distinguidos. En fin, ser mi casa la
+academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesa y de la
+inteligencia. Dar conciertos de msica clsica.
+
+JOAQUN.--=(Con un poco de malicia.)= La has odo? Te gusta?
+
+ISIDORA.--Yo no s si la he odo o no; pero puedo asegurar que me gusta.
+Te dir... Hay una msica en que no se oigan esos mil sonsonetes de
+pera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los
+cantantes de aficin? Pues esa es mi msica. Lo que te puedo asegurar es
+que un da fui al saln del Conservatorio a or los cuartetos y me gust
+tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con
+guante blanco. Qu sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un
+cielo que tambin era saln.
+
+JOAQUN.--=(Con arrobamiento.)= Isidora, t eres noble!
+
+ISIDORA.--Te dir... Oyendo aquella msica, yo me olvidaba de todo y
+bendeca a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no
+entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrars en ella, y te
+desafo a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los
+grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formar una buena
+coleccin. Tambin tendr contemporneos, siempre que sean muy
+escogidos. Tres o cuatro veces nada ms he estado en el Museo. Qu
+cosas, hijo! Aquello s es grande. Con el talento que hay colgado de
+aquellas paredes haba para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo
+me figuraba que haba pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte
+del Buen Retiro. Unas veces crea que estaba cubierta de brocados y
+otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es
+belleza; chico, aquella es gracia. Yo deca: eso lo siento yo, esto es
+cosa ma, esto me pertenece...
+
+JOAQUN.--=(Con entusiasmo.)= Eres noble, eres noble!
+
+DON JOS.--=(Entrando sbitamente, produce, con la irrupcin inesperada
+de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su
+ahijada.)= Aqu estoy.
+
+ISIDORA.--Ah!... Don Jos...
+
+DON JOS.--=(Aprovechando el momento en que Joaqun vuelve la espalda, da
+un papelito a Isidora.)= Toma.
+
+ISIDORA.--=(Guardando el papelito.)= Padrinito, ahora debe usted
+retirarse. Es de noche y estar usted cansado. Maana le necesito. Pero
+no se moleste usted en subir. Agurdeme en la puerta y me acompaar a
+varios sitios donde he de ir. =(Despidindose con una mirada cariosa.)=
+Abur.
+
+DON JOS.--=(Con cierta reconcentracin shakespeariana.)= La sangre que
+destila de mi corazn amarga mis labios. =(Exit.)=
+
+
+=--III--=
+
+=Es de noche. Agonizante luz de un quinqu con pantalla torcida y sucia
+alumbra la estancia. JOAQUN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de
+fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se
+reclina en el sof y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla
+consigo misma.=
+
+Decididamente optar por el canelo con combinacin nquel, por el azul
+de ultramar y por el negro con combinacin de brochado, oro y
+cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien.
+Ay Jess!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de
+francs... Supongamos que cuando menos se piensa, maana, o la semana
+que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien
+porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y
+me dice... Hace das que me estoy figurando esto y nada tendra de
+particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me
+llama el mejor da; voy all, subo, entro, espero un ratito en el
+gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las
+aprieta mucho y me dice: Basta de pleitos, hija; abracmonos. Y me
+abraza, y yo me echo a llorar, y ella tambin, y todo queda concluido, y
+yo en la casa y en posesin de lo que es mo... Supongamos esto, que es
+lo ms natural, lo ms lgico. Qu alegra tan grande, Dios de mi vida!
+Entonces s que podr tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin
+humillarme. Sacudir la tierra que se haya pegado a las suelas de mis
+botas, y dir: Ya no ms, ya no ms lodo de las calles. El cristal ms
+puro no podr compararse entonces a mi conciencia. Ser tan honrada como
+los ngeles... Levantar mi frente... =(Se interrumpe y da un gran
+suspiro.)=
+
+Pero podr levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida
+pasada... y presente? Esto me vuelve loca. Maldita sea la necesidad,
+que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia
+del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que
+son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan
+el alma... Que venga Dios en persona a sacarme de este crculo maldito!
+Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro...
+Oh Dios!, quin fuera cursi, quin fuera populacho!... Me pasara la
+vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un
+jergn asqueroso; me casara con un cafre hediondo, tendra un chiquillo
+cada ao, vivira como una bestia, toda imbcil, toda sucia...; pero
+sera feliz como son felices los que no conocen el dinero!... Qu es
+mejor, ser una piedra, que se est donde la ponen, o ser una criatura
+racional que quiere ir a alguna parte? No s, no s! Benditos sean los
+adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya,
+vaya, qu duro es este sof. Y el pobre Joaqun, qu profundamente
+duerme! Buena falta le hace! Cunto has padecido estos das,
+desgraciado mrtir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno.
+Has gozado mucho, demasiado quizs, y ahora lo ests pagando. Los muy
+felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por
+eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la
+felicidad que se me adeuda... =(Suspira y se aflige.)= S, s; no hay
+debajo del sol una persona ms desgraciada. Y, no me digan que soy mala.
+Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si
+no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no
+hara lo mismo... =(Se da un golpe en la frente.)=
+
+Cuando pienso lo que me espera maana, me dan ganas de matarme. Y al
+mismo tiempo, vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que
+llegue maana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia
+de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor
+me echa hacia atrs; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa
+hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El s y el no me
+vuelven igualmente loca. =(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos
+muerde el pauelo. Larga pausa.)= Y cmo duermes tan tranquilo!... Si yo
+no te quisiera tanto, podra suprimir uno de los principales motivos que
+tengo para dar este mal paso, y quizs, quizs hallara otros medios...
+Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte as... Y para
+que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te has portado
+conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te dir..., yo soy
+as; Dios mo, por qu me hiciste noble? Por qu no me hiciste nacer
+de vil populacho? Por qu no me hiciste canalla de la cabeza a los
+pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el alma?... =(Gran
+pausa, durante la cual se adormece.)= No, no; me decidir por el azul
+Ultramar con combinacin rosa y plata...
+
+=(Otra pausa, durante la cual amanece.)=Es de da; me levantar y saldr
+sin que l me vea. An es demasiado temprano. Procurar no hacer
+ruido... Le dejar el dinero suelto que me queda aqu y dos palabras
+escritas con este lpiz. =(Escribe; pone sobre la mesa el papel y algunas
+monedas.)= Vaya, ya es tiempo. =(Afligidsima.)= No poderle decir adis!
+Qu vida, qu humanidad! Me voy, porque si despierta, no tendr valor
+para salir. =(Vase.)=
+
+JOAQUN.--=(Despertando, ya entrado el da.)= Isidora, Isidora... No est.
+Se ha ido. Me levantar. Como estoy vestido, mi _toilette_ no ofrece
+grandes dificultades. Habr por aqu el lujo de un peine? Es posible.
+=(Levntase y da algunos pasos por la habitacin.)= Que claridad! Qu
+feo y antiptico es el da! Prefiero la noche, tapadora y discreta.
+Ah!, la seora de la casa, antes de marcharse, ha dejado aqu sus
+disposiciones. =(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el papelito, y
+lee.)= Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que almuerce hoy. = (Lee.)=
+Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te apures. No volver hasta la
+noche, porque tengo que hacer. Esta pobre Isidora, qu buena es! Si no
+fuera la maldita mana del pleito, que no ganar nunca, sera una
+muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que manda la seora. La fiera
+patrona no me envenenara con sus guisotes. Voy a llamar, a pedir agua, a
+lavarme, y despus esperaremos. Luego que almuerce dictar mis ltimas
+disposiciones, y en cuanto llegue la noche, la querida noche...
+
+=Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada,
+arrglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.=
+
+Me olvid de la botella de Champagne que est en aquel armario. No me
+importa que se la beba otro. En mi testamento la dejar a los huspedes
+de esta casa para que la vacen por mi salvacin eterna... Ya que estoy
+solo escribir a pap y a Isidora. =(Se sienta y escribe.)= Buenos cosas
+le digo a mi seor padre!... Si los deslices del hijo han sido grandes,
+el padre no tiene an motivos para dudar de su buena fe... Jams he
+cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y adems un efecto
+preciso de la mala, de la perversa educacin que he recibido. Por qu
+educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta mil reales?
+Por qu desde nio me enseaban a competir con los hijos de los grandes
+de Espaa? Por qu no me dieron una carrera, por qu no me aplicaron a
+cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que es la escuela
+de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron en la vanidad, y
+la vanidad me conduce a este fin desastroso. =(Sigue escribiendo con
+agitacin, se pone plido y, al concluir, su mano tiembla.)=
+
+Ahora escribir a Isidora, a quien no ver ms. La nica persona por
+quien siente emociones cariosas mi corazn es ella. Cunto ms vales
+t que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han
+simpatizado, porque son similares. T, como yo, fuiste educada en la
+idea de igualar a los superiores... =(Escribe.)= Querida y adorable
+amiga: Prximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el
+mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvacin; t
+puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese
+pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera
+casarse contigo, csate, aunque sea muy bruto. =(Hablando.)= No, no
+miento nada al decir que la quiero con todo mi corazn. Su lealtad
+conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvos prueban
+la grandeza de su alma. =(El personaje redacta largos prrafos amorosos y
+llena cuatro carillas de papel...)= Ah!, me olvidaba de lo principal, de
+_Riqun_, mi hijo. En esta hora triste me ha entrado un amor por l!...
+Si estuviera aqu me lo comera a besos!. Le reconocer. = (Escribe otro
+largusimo prrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)= En fin, esto es
+hecho. Ahora, nimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso abismo de la
+eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me perdonar mi
+crimen. Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar la befa de
+mi honor! Pronto anochecer. No vacilo ms. =(Se dirige a la percha, saca
+el revlver y lo examina.)= Aqu est. Me parece un juez de hierro que me
+condena sin permitirme defensa ni apelacin.
+
+UNA VOZ.--=(Que suena cavernosa detrs de la puerta, acompaada de dos
+golpecitos.)= Se puede?
+
+JOAQUN.--Adelante.
+
+DON JOS.--=(Entrando.)= Buenas tardes.
+
+JOAQUN.--Viene usted en busca de Isidora? No est.
+
+DON JOS.--No, vengo de parte de ella. Esta carta...
+
+JOAQUN.--=(Tomando la carta con mano temblorosa.)= A ver?... En dnde
+est Isidora?
+
+DON JOS.--=(Con sequedad.)= Hace un rato estaba en una tienda de la calle
+del Carmen, escogiendo telas para vestidos.
+
+JOAQUN.--=(Estupefacto)= Telas! =(Abre la carta, que es voluminosa.
+Dentro del pliego aparecen risueos algunos billetes de Banco; Joaqun
+palidece.)= Qu es esto? =(Se sienta y lee. Palidece ms y luego se pone
+encarnado y vuelve a palidecer.)=
+
+DON JOS.--=(Aparte, mirando a Joaqun con expresin de poca simpata.)=
+No lloro porque soy hombre. Mi corazn concluir por ser como las rocas
+en que bate el mar.
+
+JOAQUN.--=(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)= Estoy salvado!
+La cantidad es redonda... Pero aceptar esto? De dnde procede?... Es
+una vileza aceptarlo? S que lo es; pero las circunstancias... El
+abismo!... Supongamos que un desventurado est al borde del precipicio y
+se le presenta el demonio de la infamia y le alza en sus manos. No, no;
+antes rodar al fondo del abismo. =(Alto.)= Don Jos vaya usted all, y
+devuelva esto a Isidora.
+
+DON JOS.--=(Aparte y ttricamente, coincidiendo en sus expresiones sin
+sospecharlo, con Otelo.)= Oh flor graciosa y bella, por qu has nacido?
+
+JOAQUN.--=(Vacilando.)= No, no; deshonra por deshonra... Pesmoslas ambas
+en la balanza de la fra razn. Cul pesa ms? Oh!, no hay que
+vacilar. Esta lleva en s la imposicin del acontecimiento, del hecho
+real. Tomar el dinero... Me he salvado. Pero por qu no estoy tan
+contento como debiera? =(Alto.)= Don Jos, con quin ha hablado hoy
+Isidora?... En dnde ha estado?
+
+DON JOS.--No lo s... =(Aparte, lleno siempre de espritu
+shakespeariano.)=--Estpido! cmo quieres que te lo diga? No me
+atrever a decirlo ni aun a vosotras, oh castas estrellas!
+
+JOAQUN.--Usted nunca sabe nada. Usted est siempre en Babia. =(Aparte.)=
+Malditas sean las circunstancias!... Me engaar a m mismo, hacindome
+creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser
+humano, que fcilmente se le engaa... Pero discutamos esto; abordemos
+la cuestin con filosofa. Si este dinero ha venido a m por una va
+poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha va. Los
+procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y
+sacrlego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya
+en s una dosis tan grande de lgica, que no necesita argumentaciones
+retricas. =(Alto.)= No piensa usted lo mismo, hombre de Dios?
+
+DON JOS.--=(Como quien despierta de un sueo.)= Yo?... Yo no pienso.
+
+JOAQUN.--=(Volviendo a mirar con cario los billetes.)= Y la cantidad es
+redondita! Pobre Isidora! Cmo no amarla? No s qu dara porque
+ganara el pleito. Pero no, no lo ganar. Slo los pillos tienen suerte.
+Don Jos, seor don Jos!
+
+DON JOS.--=(Pasndose la mano por la frente y el crneo como para
+detener una idea que intenta escaparse.)= Qu?...
+
+JOAQUN.--Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne.
+
+DON JOS.--=(Con repugnancia.)= Gracias, no..., me mareo. =(Vacilando.)=
+Pero, s, venga; as se olvida.
+
+JOAQUN.--Tiene usted muchas penas que olvidar?
+
+DON JOS.--=(Mirndole con ojos dulzones.)= Yo?... Penas yo? =(Contrae
+horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisin de un
+suspiro.)=
+
+JOAQUN.--=(Escanciando.)= Ah va.
+
+DON JOS.--=(Bebe.)= Cmo pica la maldita! =(Apenas ha llegado a su
+estmago la primer gota del precioso lquido, inclina la cabeza y cierra
+los ojos, diciendo.)= Mundo miserable!
+
+JOAQUN.--Qu?... Por tan poca cosa?
+
+DON JOS.--=(Levntase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la
+actitud trgica.)= S, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras.
+Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo!
+
+JOAQUN.--=(Soltando la risa.)= Don Pepe!
+
+DON JOS.--=(Cuadrndose.)= A sable o a pistola, como usted quiera. Me es
+igual. De todas maneras sabr castigar su infamia. Usted, un hombre
+ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel
+lirio! =(Da algunas vueltas por la habitacin, perseguido por espectros.)=
+No, no os tengo miedo, no. Pez, Botn, Melchor, Bou, no os temo. Os
+matar a todos, os har polvo. Soy el defensor de la virginidad
+ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... Vamos, al
+momento, al momento, me bato con los cuatro!
+
+JOAQUN.--=(Le empuja hacia el sof.)= Pobre hombre!
+
+DON JOS.--=(Cayendo en el sof como un talego.)= Me habis matado, porque
+sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los tres; pero
+a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no puedo
+perdonarte. =(Se desvanece.)=
+
+JOAQUN.--=(Disponindose a salir.)= Ah te quedars hasta que te pase.
+
+
+=--IV--=
+
+=Mutacin. La escena representa un aposento semi--elegante que parece ser
+fonda.=
+
+
+ISIDORA.--=(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado
+golpes una mano indiscreta.)= Quin es?
+
+DON JOS.--=(Levantndose de un silln en que yace sooliento.)= Si es
+visita, me retirar.
+
+UN SEOR.--=(Entrando sombrero en mano y dirigindose a Isidora.)= Es
+usted doa Isidora Rufete?
+
+ISIDORA.--=(Trmula.)= Servidora...
+
+AQUEL SEOR.--=(Avanzando, seguido de otro individuo poco simptico y
+nada corts.)= Seora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a
+prender a usted de orden del juez del Hospicio. =(Muestra el auto de
+prisin.)=
+
+ISIDORA.--=(Aterrada.)= Prenderme!... A m! Est usted seguro?...
+
+EL ESCRIBANO.--=(Volviendo a mostrar el auto.)= Vea usted... Conque si
+tiene usted la bondad de seguirme...
+
+DON JOS.--=(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser
+hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)= Qu
+picarda!
+
+EL ESCRIBANO.--=(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de
+su extraordinaria perplejidad.)= Ya sabra usted que la parte contraria
+pidi que se sacara el tanto de culpa...
+
+ISIDORA.--=(Confusa y mareada.)= S.
+
+EL ESCRIBANO.--Y el juez ha encontrado el fundamento.
+
+ISIDORA.--Pues dar fianza...
+
+EL ESCRIBANO.--Precisamente... en el delito de que se trata no puede
+concederse fianza.
+
+ISIDORA.--Delito! Est usted seguro de lo que dice?
+
+EL ESCRIBANO.--El pleito es ahora causa criminal...
+
+ISIDORA.--=(Iracunda.)= Y de qu me acusan?
+
+EL ESCRIBANO.--De falsificacin.
+
+ISIDORA.--Falsificadora yo?... =(Fuera de s.)=
+
+DON JOS.--=(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y
+contrayndose todo.)= No te pierdas, Jos.
+
+ISIDORA.--Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no
+consentir que me pierdan ni que me deshonren. =(Llora.)= Y a esto llaman
+justicia, ley! =(Sobreponindose al dolor y secando sus lgrimas de tal
+modo que parece que se abofetea.)= Yo probar mi inocencia... Esto me
+faltaba, esto; ser mrtir. =(Aparte, con entereza y orgullo.)= Bien venida
+sea esta noble corona. El martirio me purificar de mis culpas, y har
+que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan ver hasta los
+ciegos. =(Alto.)= Vamos, cuando usted quiera.
+
+
+
+
+Captulo XIII
+
+En el Modelo
+
+
+=--I--=
+
+La irritacin y la vergenza, unidas a un desorden nervioso que casi la
+privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche
+en un estado parecido al sonambulismo. Vea las cosas, las tocaba,
+preguntaba, y aun responda como cediendo a una fuerza mecnica. No
+estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le
+pasaba; iba y vena medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre
+jaqueca y mana, sorprendindose de ver cmo brillaban instantneas,
+sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relmpagos de alegra.
+Rindiola el cansancio despus de medianoche; se acost vestida, cerr
+los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivi
+bajo su crneo, entre la vibracin de los nervios enceflicos, todo lo
+acaecido desde que el escribano se present en su casa para prenderla.
+Vease en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiones,
+donde est el vulgar y triste edificio llamado _Modelo_ con descarada
+impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual haba un
+soldado de guardia, y ms a la izquierda un grupo de pobres disputndose
+las sobras del rancho de las presas.
+
+Isidora y el escribano entraban en un vestbulo nada espacioso; sala a
+recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de
+cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de
+pesados cerrojos, sobre la cual se lea en letras negras la palabra
+_Rastrillo_. Una mujer de edad madura abra la puerta, Isidora pasaba,
+suba por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el
+letrero de la _Sala primera_; y echando la vista por el hueco, vea un
+claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol,
+el ms bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar.
+La idea sola de tener que vivir entre aquella gente haba horrorizado a
+la de Rufete. Pero ella tena fondos; ella pagara una habitacin
+decente, y vivira con ciertas comodidades y completo decoro los pocos
+das que, a su parecer, habra de permanecer en aquel tremendo asilo.
+
+Una seora mayor, bondadosa y amable, la acompaaba, y precedala una
+celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco
+y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se
+destinaba, el cual tena una ventana enrejada a la calle, un camastrn
+de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco despus entraba la
+celadora, quien, con formas de adulacin artera y llamndola _seorita_,
+ofreci servirla y acompaarla. Isidora la miraba con repulsin. Llegada
+la noche le servan una cena, que no quiso probar, y al fin, sola,
+encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recost
+en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o ms, la
+serie de impresiones y sucesos que hemos referido.
+
+Por la maana, despertronla los gritos y desaforadas blasfemias de una
+mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de
+un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la prxima
+_Sala primera_, y el _tan tan_ de la campana de Montserrat, iglesia del
+convento que hoy es prisin del bello sexo. Y si el alma humana en las
+situaciones de gran tribulacin se ve siempre sacudida por rfagas de
+inexplicable alegra, que ms bien parecen protesta aislada de algn
+nervio rebelde contra el dolor, en Isidora haba un motivo para que
+aquellas rfagas de alegra fueran algo ms duraderas y eficaces, porque
+la prisin, con ser tan odiosa, haba venido a librarla de otra
+esclavitud atrozmente repulsiva.
+
+Casi me alegro de esto--deca--, porque si no estuviera aqu estara ya
+muerta de horror y asco....
+
+Adems, la prisin no poda durar, porque los jueces, cosa evidente!,
+habran de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita
+demandante. Dios le haba deparado sin duda aquel trance para probarla y
+darle de improviso, cuando ms afligida estuviese, el alegrn de ganar
+el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos ms
+en carcter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad
+de idealizar las cosas para obtener los ms dulces confortamientos. No
+ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son
+perseguidos, inspiran lstima, los inocentes que sufren tormento de la
+Justicia, cunto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas
+sensibles! Era inocente, sufra persecuciones inauditas; luego tena
+bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba
+aquella maana para figurarse que todo Madrid la compadeca, que era el
+dolo de multitudes, que se haca interesantsima, que era un tipo
+novelesco, y aun que salan por aqu y por all bravos caballeros
+dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso.
+
+Pero qu feo, qu desmantelado el cuarto! Qu cama, que muebles, qu
+desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante,
+como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tena pronta una idea,
+amparose de una bellsima, que le vali de mucho para consolarse. Con
+quin creer el lector que se compar? Con Mara Antonieta en la
+Conserjera. Era ni ms ni menos que una reina injuriada por la canalla.
+Determin, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la
+realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicsima seora, con
+lo que se creca a sus propios ojos, y se vea idealizada por el
+martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los
+padecimientos. El da lo pas en estas cavilaciones, acordndose mucho
+del Delfn, de Joaqun Pez y de otras personas. Mandronle ropas, y Juan
+Bou, a quien pidi un libro de entretenimiento, le envi _Los
+Girondinos_, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora ley en el
+libro y deshoj las flores, dndose el gusto de pisotearlas. Le
+recordaban cosas muy desagradables la osada y desparpajo de la canalla
+profanadora.
+
+Empez el sumario. Cuando bajaba a prestar declaracin a la salita de
+rojo dosel, que est junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a
+las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su
+derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba,
+preciso es decirlo, al mismo seor juez dignsimo y al escribano. En
+todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al
+bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que
+se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban
+comentndola tres o cuatro horas. Quin aseguraba que era una duquesa
+perseguida por su marido; quin la tena por una cualquiera de esas
+calles de Dios; y alguna, que la conoca verdaderamente, refera parte
+de su vida y milagros, aadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a
+solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repeta en su
+mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual
+contestacin, revolva lo cierto con lo dudoso, la acusacin de la ley
+con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas
+presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro
+que, desde la acusacin por falsificadora, se haba abierto ante sus
+ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrbase en
+la plenitud de la verdad. Los documentos se le haban entregado tal y
+como estaban; y ella no haba aadido ni quitado cosa alguna, ni tena
+noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su to el
+Cannigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor
+de ellos, Toms Rufete... Al llegar a este punto de su cavilacin,
+Isidora frunca el ceo y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo
+dudoso. Pero a qu martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la
+marquesa de Aransis, la curia infame y el seoro prepotente eran los
+verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a
+una hurfana noble, a un ngel desvalido. Pero Dios los castigara, Dios
+volvera por los fueros de la verdad y de la inocencia. Pues no faltaba
+ms!
+
+Durante el sumario, la incomunicacin no fue tan rigurosa como la ley
+ordena, porque los cerrojos de nuestras crceles se ablandan fcilmente.
+Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se capt las
+simpatas de las compasivas mujeres que guardaban a sus compaeras. As
+pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a _Riqun_ y a D.
+Jos, a su ta _la Sanguijuelera_ y a Miquis. El da mismo en que ces
+la incomunicacin fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y
+substancioso coloquio. El simptico doctor sinti viva emocin cuando
+vio aparecer detrs de las dobles rejas del locutorio aquella figura
+hermosa, aquel rostro plido, con expresin de noble conformidad.
+
+Isidora, gran mujer--le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones--.
+Ests guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del
+Cdigo penal. Como sigas as, la curia, en vez de tomarte declaraciones,
+te las har, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una
+escalera de birretes.
+
+--Djate de tonteras--replic ella apoyando los codos en la reja
+interior y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud
+de aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el
+locutorio--. Ay, Miquis, esto es morir!
+
+--Con tu permiso, eso es vivir. Pues qu creas t?... La vida toda es
+crcel, slo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos estn
+entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero
+vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que sern para
+ti alegres o tristes, segn como las tomes.
+
+--Dmelas pronto.
+
+--Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado tambin de la marquesa.
+
+Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso inters.
+
+La marquesa lleg ayer, de paso para Crdoba. La buena seora se pone
+nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisin.
+Muoz y Nones--dijo la seora a mi suegro--, yo quiero que usted
+arregle esto. Tmelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada,
+demustrele lo intil de su tenacidad, y ofrzcale en mi nombre lo que a
+usted le parezca, con tal que me deje en paz.
+
+--Eso le dijo?...
+
+--S; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la
+falsificacin ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andru, compaero
+y amigo de mi suegro. Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificacin
+no est hecha por ti.
+
+Isidora callaba. Hasta que el dilogo tom otro giro, estuvo como una
+estatua, fijos en Miquis los ojos:
+
+Oyes. Sabes que te me ests pareciendo a la pantera del Retiro? Por
+qu me miras as y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario
+de la casa de Aransis, vendr a hablarte; te anuncio esa grata visita.
+Te ofrecer la libertad, la declaracin de tu inocencia, y _ainda mais_,
+una gratificacin, un socorro. Pobrecita, has sido vctima de un grande
+y tremendo engao. Broma ms pesada no se ha dado ni se dar. Quin fue
+el autor de ella, t lo sabrs... Pero qu, te has vuelto muda? Eres
+de piedra? A dnde miras? Estas gozando de alguna visin? Ests en
+xtasis?.
+
+l tambin se callaba y la miraba. Meti la mano por la reja exterior e
+hizo algunas castaetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la
+atencin a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no deca nada.
+
+Voy a hablarte de otra cosa--aadi Miquis--. Ayer he tenido una grata
+sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando o una voz que deca:
+Seorito Miquis, seorito Miquis. Volvime y vi a tu ta, la sin par
+_Sanguijuelera_. No sabe usted--me dijo--que hemos encontrado a la
+fiera perdida?.... A quin?. A _Pecado_. All en su lengua
+especial me cont que le haban dado noticias de tu hermano otros
+muchachos. Ha vivido algn tiempo en un tejar detrs de la nueva Plaza
+de Toros. Pobre chico! Fuimos all, y dos mujeres que encontramos y que
+no se recomiendan por su fisonoma, nos dijeron que, habiendo cado
+enfermo con calenturas, le haban llevado al hospital.
+
+--Al hospital!--repiti Isidora saliendo de su letargo.
+
+--Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos
+convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque est poco
+menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en
+el tejar y de sus correras y altas hazaas, antes de caer enfermo,
+supimos algo que contaremos cuando tengas ms tranquilidad de
+espritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou.
+Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que
+pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma.
+
+--Augusto--murmur Isidora gravemente, apartndose de la reja--, es la
+hora de reglamento. Dispnsame que te despida. Estoy fatigada. Adis.
+Vuelve maana.
+
+Y se march _como una reina_, segn dijo Miquis para s, vindola
+internarse en la crcel. Y l se sali a la calle: repitiendo: Gran
+mujer, gran mujer!.
+
+
+=--II--=
+
+Falsificacin! Profanacin de aquella santa escritura de la cual
+emanaba el ms santo de los derechos! Si haba delito, quin era el
+autor de l? El Cannigo o Toms Rufete? Enorme, endiablada
+confusin!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la
+infeliz presa fue que su abogado le dijo un da estas palabras:
+
+Desde el tanto de culpa la cuestin ha variado por completo. La casa de
+Aransis y el Sr. Muoz y Nones tratan de probar la falsedad de un
+documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos
+quedaremos en el aire, hija ma. El pleito toma un giro tal que
+difcilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los
+mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de
+que la falsificacin resulte evidente, creo fcil probar que no ha sido
+usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe.
+En resumen: seguridades de xito en la causa criminal; seguridades de un
+fracaso en el pleito de filiacin. Ya sabe usted que en la prueba hemos
+estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niez que nos
+favorecieran, y por resultar muy dbiles los testimonios de otras
+personas.
+
+Y dicho esto, el abogado, fro, honrado y cruel, se despidi dando un
+suspiro, ltimo tributo de la ley al volverse hostil.
+
+Tambin, tambin me han corrompido a mi abogado!--exclam Isidora
+cuando se qued sola--. Bien, ser mrtir; que me maten de una vez, que
+acaben conmigo, que me lleven al cadalso!.
+
+Pasada la crisis de ira, estuvo dos das sin salir del lecho; apenas
+hablaba; no tena fuerzas para nada; sentase tambin algo idiota como
+su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura
+frase a la justicia humana, exaltndose, para caer despus prontamente
+en el desnimo y derramar abundantes lgrimas. Su sueo era entonces
+breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno
+de obstculos. Unas veces se le apareca _Riqun_, ladeando con gracia
+la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado.
+Y el pcaro Anticristo la miraba, echndose el fusilillo a la cara con
+infantil gracejo, y zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el
+acto; acudan otros chicos, camaradas de _Riqun_, y entre risotadas y
+gritos la cogan y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa
+de la multitud, que deca: La marquesa, la marquesa!.
+
+Otras veces era gran seora, y estaba en su palacio, cuando de repente
+vea aparecer un esqueleto de nio, con la cabeza muy abultada, y los
+huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto
+traa su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegndose
+ella, mova la gran cabeza y se rea y hablaba. Pero Isidora, sin poder
+entender sus palabras, temblaba de espanto al orlas. Luego se borraba
+el nio del campo de los sueos, y apareca Joaqun en mitad de una
+orga, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se
+paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y
+prorrumpan en carcajadas. Ella se rea tambin; pero, cosa rara!, se
+rea de hambre. La debilidad contraa sus msculos hacindola rer..., y
+por aqu segua de disparate en disparate hasta que despertaba y volva
+al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueos.
+
+A los tres meses de aquella tristsima vida, a la cual lleg a
+acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus
+guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo,
+permitindole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicacin.
+La conducta de Isidora en la crcel era irreprensible: no daba
+escndalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se
+haba hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su
+intimidad, se hacan lenguas de su buen corazn, finura y agradable
+trato. No tena poca parte en esto la generosidad de la procesada y su
+prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacan. Lo
+peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de da en da,
+marchaba a su completa extincin y acabamiento. Siempre que en esto
+pensaba, Isidora senta trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo
+futuro para ver si por alguna parte haba seales de cosa metlica.
+Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou
+iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su
+antipata, era lento antdoto del veneno de la pasin de l, y as, o
+por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraa y apartaba de
+aquel gran peligro de su vida.
+
+Calavera de un da--deca para s--, vuelve a tu choza y no pierdas la
+chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas
+infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la
+crcel, pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo
+llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si
+conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los
+burgueses. Valientes pillos! Pero aquello es vivir....
+
+_La Sanguijuelera_ iba casi todos los das a ver a su sobrina. Cuando le
+llev a Mariano, Isidora se afligi grandemente, porque estaba tan
+flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conoca. La
+fiebre le haba dejado en los puros huesos, y la piel se le
+transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espritu
+mismo, haba dejado el mal huellas quizs ms profundas, porque hablaba
+poco, contestaba tardamente, cual si necesitara mucho tiempo para
+recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su
+hermana con espantados ojos.
+
+Ya ves--dijo Isidora, sin saber qu trminos emplear para dar una
+explicacin de su estado miserable--. Ya ves a dnde me han trado las
+picardas, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando
+idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley...
+Y t, qu has hecho? Cuntame. Has estado malo! Ves? Si no hubieras
+salido de casa de la ta, ella te habra cuidado bien. Qu tremenda
+leccin!.
+
+Mariano no deca nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto
+miraba al suelo como al rostro de su hermana.
+
+No me dices nada?--pregunt ella impaciente--. Te has vuelto mudo?
+Esa cara, ese mirar, qu son?, arrepentimiento o seal de mayor
+barbarie? Ah! Mariano, Mariano; el nico consuelo que podra tener yo
+ahora es verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa
+cabeza, abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contstame....
+
+Y, dndole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza.
+
+Su seora gasta ahora pocas palabras--dijo Encarnacin--. Le hemos de
+poner dentro de un cntaro en un cuarto obscuro, como a las maricas,
+para ensearle a hablar... Quieres ver t que pronto se despabila el
+pjaro? Pues ensale el caamn. Vers....
+
+Metiendo la mano en su bolsillo, sac una peseta y la mostr al
+muchacho, cuyos ojos soolientos se reanimaron de sbito, y alz la mano
+haca la moneda, diciendo con un gruido:
+
+_Pa m_.
+
+--S, para ti estaba--dijo, riendo _la Sanguijuelera_, guardndose la
+moneda con ms viveza que un prestidigitador.
+
+Mariano mir a su hermana, la cual, compadecida, ech mano a la
+faltriquera, y sacando dos pesetas diselas al chico.
+
+Para ti..., pero con la condicin de que has de contarme lo que has
+hecho en todo este tiempo, cmo caste enfermo, cmo has vivido, quin
+te ha dado de comer....
+
+Con gran prontitud se guard _Pecado_ su dinero, y alzando los hombros y
+echando de s un enorme suspiro, pronunci torpemente estas palabras:
+
+Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no
+me ha pasado nada.
+
+--Nos hemos enterado.
+
+--Tiene seco el entendimiento--indic _la Sanguijuelera_--. La calentura
+le abras los sesos. Dice el seorito Miquis que le d baos en el ro.
+Oye t--aadi alzando la voz, como cuando se habla con un sordo--:
+quieres trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?.
+
+Como si nada oyera, Mariano se levant desperezndose, y dijo:
+
+Me voy.
+
+--Alto ah, amiguito--replic Encarnacin siguindole--. Has de
+arrastrar una calza como los pollos. No saldrs sin mi compaa.
+
+Pero Mariano no le haca caso y sali. La vieja fue detrs de l,
+gritando:
+
+Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo tambin
+tengo buenos remos.
+
+Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz
+hermano, y deca:
+
+Imbcil, imbcil!... As no sentir nada... Y yo, cada vez con ms
+talento para pensar, para comparar... Qu desgraciada soy, y l qu
+feliz!.
+
+
+=--III--=
+
+Tres das despus volvi Mariano solo. Pareca ms gil, ms
+despabilado, ms dueo de su pensamiento y de su palabra.
+
+Vienes solo?--le pregunt Isidora, asombrada de que no le acompaara
+su ta.
+
+--Solito.
+
+--Y tu ta Encarnacin?
+
+--La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito
+que me lleven y me traigan.
+
+--Has ido al trabajo?
+
+--S.
+
+--Mentiroso!
+
+--Mira--dijo _Pecado_ abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.
+
+--Quin te ha dado eso?
+
+--_Gaitica_.
+
+--Gai...?
+
+--Tica, tica. No lo conoces? Es un caballero, un amigo mo.
+
+--Y por qu te ha dado ese dinero?
+
+--Porque me lo gan.
+
+--Cmo?.
+
+Mariano guard las monedas para dejar desembarazada la mano, meti esta
+luego por una abertura de su pantaln y...
+
+Aqu no nos ve nadie?...--pregunt receloso mirando a las paredes y a
+la puerta.
+
+--Nadie.
+
+--Porque si me guipan....
+
+Y sac del bolsillo un objeto cilndrico, largo, como de media tercia,
+de dos pulgadas de dimetro. Era un canuto fuertemente liado con
+bramante.
+
+Qu es eso?
+
+--Un petardo.
+
+--Ah!, eso que estalla?--exclam Isidora con espanto--. Y va a
+estallar aqu!...
+
+--Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para
+esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando
+revent cayeron todos los cristales de dos casas.
+
+--Y te ocupas en eso? Brbaro!... No lo digo porque me importe nada
+que el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondra,
+si pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos
+los palacios de esa gente egosta que nos quita lo nuestro.
+
+--Lo pondremos--replic Mariano, haciendo de la malignidad y de la
+estupidez una sola expresin.
+
+--Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez
+de hacerla con caones. Qu resulta? Que suena mucho, que se asustan
+los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas
+personas, y nada ms. Simplezas y pamplinas!
+
+--Pondremos uno de este tamao--dijo _Pecado_, expresando con la
+distancia de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista--.
+Hay en Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que deba ser
+para nosotros, eh?
+
+--Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan
+nuestro nombre, nuestra representacin social; nos meten en calabozos
+inmundos, nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo
+que roban. El mundo est perdido. Si no sale alguien que le vuelva del
+revs y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba...
+
+--Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo--repiti Mariano con el gozo
+de quien ha encontrado la frmula de un pensamiento que no ha sabido
+expresar--. Sabes?... Cosas que pasan! Ayer he visto al seorito
+Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos seoras, dos tas, eh?, y
+un caballero. Pareca un marqus.
+
+--No le nombres delante de m--dijo Isidora cerrando los ojos.
+
+--Cunto ha robado!--exclam el muchacho con cierta efusin--. Y
+nosotros tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos!
+
+--Oh!--exclam Isidora sintiendo un nudo en la garganta--. Dios nos
+proteger. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por
+ahora...; pero esto ha de cambiar. Quin sabe lo que pasar el mejor
+da? Yo he ledo que los soberbios sern humillados y los humildes
+ensalzados.
+
+Interpretacin tan singular del texto evanglico cay en el cerebro de
+Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y
+fructificaron en l las ideas ms extraas.
+
+Ellos nos han quitado lo que es nuestro, verdad, hermana?.
+
+Isidora rompi a llorar.
+
+S, s, s--dijo entre lgrimas y sollozos--. Picarda tras picarda,
+nos han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... Cmo?
+Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. T y yo
+tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han
+quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una crcel. Pues
+contigo harn lo mismo, y nos ahorcarn, si pueden.
+
+Oa Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de
+elocuencia.
+
+Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos perteneca. Pues
+ya ves: crcel, infamia, pobreza. T y yo seremos mendigos o Dios sabe
+qu. Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo
+mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a
+nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman
+pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos
+vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero,
+tienen la conciencia de los jueces... Que me den a m el dinero, aunque
+slo sea por ocho das, y vern lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya
+ves, nos abrasan, nos matan. Qu es la ley? Una engaifa, una farsa.
+Los que la representan, qu son sino ladrones? La autoridad..., ah!,
+qu gracia me hace a m la autoridad! Es la comedia de las comedias,
+mal representada para engaarnos, para explotarnos.
+
+--Les pondremos un petardo, eh?
+
+--Uno? Cuatro mil; un milln!... T eres un infeliz, chico, y no sabes
+lo mala que es esa gente.
+
+Siguieron hablando de esto, y al da siguiente hablaron de lo mismo,
+porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba
+fcilmente. A medida que sus ilusiones decaan, determinbase en su alma
+un cambio de sentimientos; simpatizaba ms con el pueblo, a quien crea
+oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo ms
+extrao era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiramos llamar
+coquetera de la desgracia, segua encariada con el bonito papel de
+Mara Antonieta en la Conserjera. Pero en aquel caso la buena reina
+estaba martirizada por la cruel y egosta aristocracia, de donde vena
+que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los
+descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo,
+unida a todo el despecho de su corazn, le hubiera hecho tolerar la
+grosera y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba
+vida en su mente a una gallarda utopa, es decir, a la existencia
+posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida.
+Pero esto, no era una atrevida excursin al porvenir? Algo de genial
+haba en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, sola poner
+fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: Qu talento
+tengo y qu cosas me ocurren!.
+
+
+
+
+Captulo XIV
+
+De aquellas cosas que pasan...
+
+
+=--I--=
+
+Desde que Mariano empez a entonarse, su ta Encarnacin no poda hacer
+carrera de l. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente
+ineficaces contra l. Ms le habra gustado a la buena mujer verle
+travieso, enredador e indomable como en su niez, que observar aquella
+indolencia taciturna, aquella ttrica quietud, semejante al acecho de
+las bestias carnvoras, en las cuales la paciencia es precursora de la
+ferocidad.
+
+En qu piensas, animal?--le deca bruscamente--. Vas a inventar la
+plvora o qu? Eres un talego. Por qu te ests dos horas mirando al
+suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano,
+puales! Vas a hacer el Almanaque del empedrado? Qu poste! Tu
+hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. T llevas otro camino,
+pero llegars al mismo fin. Por qu no trabajas?
+
+--Porque no me da la gana..., _hala_...--responda Mariano saliendo de
+su somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco.
+
+--Pues ve a que te mantenga el obispo.
+
+--No necesito que usted me mantenga. Tengo de ac.
+
+--Anda, anda, chaval desorejado!... Y con qu tipos te ajuntars t
+para allegar eso! Qu diabluras haces? En qu te ocupas por las
+noches? Qu llevas aqu debajo de la blusa?
+
+--El copn.
+
+--Jo... ss! Qu blasfemias dices! Mira, mira, t y yo haremos malas
+migas. Si sigues as, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El da en
+que te den garrote ir a verte.
+
+--_Aur!..._--murmur _Pecado_ con gutural sonido.
+
+Y se march despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada,
+la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos
+das, dando a su terico paseo una direccin determinada, base a casa
+de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro,
+por quien conservaba ligera inclinacin, parecida al afecto. Lleg al
+taller un da (enero del 77) y encontr al buen cataln festivo y
+engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos.
+
+Hola, tagarote, qu buscas por aqu?--le dijo, tocado de aquella
+verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos--.
+Sintate. Pues todava mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez
+ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratn acabado de nacer... Te
+digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aqu no se gastan
+cumplidos. Conque cuntame: trabajas o no?.
+
+Mariano quiso contestar que no trabajara ms a jornal; pero Bou tena
+tantas ganas de decir algo, que le cort la palabra con la suya
+inagotable, dicindole as:
+
+Aprovecho esta ocasin para decirte que tu hermana es una loca, una mal
+agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza
+destornillada. Yo la quise como yo s querer, y me hubiera casado con
+ella. _Voto va Deu_, de buena me he librado! Porque tu hermana es una
+calamidad. Ah la tienes en la crcel por terca, porque se ha empeado
+en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdicono. En fin,
+ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mo; y no
+creas lo que dicen por ah, no; no es cierto que yo me gastara con ella
+lo que me saqu a la lotera y la herencia de mi to. En total, no me
+pellizc arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quit de
+entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico,
+hay Providencia. Mi dinero se salv en un papel, el auto de prisin;
+porque trapitos por aqu, trapitos por all, el caprichito _A_, la
+chuchera _B_, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en
+una maana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su
+corazn, lleno de apetitos, est escrito con letras de oro abajo los
+ricos!. Buena pieza, s. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve
+aquella cara, cmo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos
+ojos divinos, donde tienen su madriguera los ngeles, cmo ha de pensar
+que estos ngeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba
+ciego, yo estaba tonto. Cuando me mand la primera carta con su padrino,
+pidindome socorros, me pareci que se me abran las puertas del cielo.
+Esta es la ma, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella
+aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglbamos
+una casita; yo estaba embobado; quera probar las delicias del mundo,
+cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se qued con la
+copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gust,
+tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, seores, conozco
+sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; s lo que
+cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipacin inmoral
+de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla
+abajo. Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. Se hace el mal?, pues
+nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si
+eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que
+ha hecho tu hermana conmigo. La saqu de la miseria, la vest, la calc,
+le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abra la boca y
+yo abra el bolsillo, y _palante_ siempre. Pues mira el pago. Dice que
+soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de
+flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y
+me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas
+cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me
+importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con
+qu pagar el cuarto en la crcel. La pondrn en aquellas grandiosas
+salas, donde podr pasearse y comer y dormir con aquellas lindas
+duquesas y baronesas que estn all por hurtos, lesiones y otras
+gracias. Bien merecido. Ella no te preguntar por m. Si te pregunta, le
+dices que el seor _Ipecacuana_ (as me llama) est contento de haberla
+perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el
+sentido comn, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes,
+que buscar una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del
+pueblo, me ro de su aristocracia estpida, y que me alegrara de que
+todos los aristcratas y chupadores juntos no tuvieran ms que un solo
+pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez.
+
+Ms hubiera dicho, pero la tos, que por lo homrica, tena cierta
+semejanza con la risa de los dioses, le invadi de sbito y all fue
+Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derram abundante lloro,
+mientras el otro, ms cerrado que arca de avaro, no daba seales de
+existencia.
+
+Y ahora--continu Bou, gozoso del mutismo de Mariano--, si quieres que
+te d consejos, te los dar. Porque t tan callado, t tan sombro, no
+vienes a que te d trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga
+millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres
+trabajar, no trabajes. En este mundo, el que ms trabaja tiene
+probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotera
+o alguna herencia. T eres listo; busca un negocio atrevido, emprende
+algo, especula con la candidez de los dems. Yo he visto mucho mundo, y
+s que los ms pillos son los que tienen ms dinero. Cuando t lo
+tengas, gstalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darn el
+suyo; as es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea
+con un gran escndalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para
+decir: Qu brbaro es!. Aqu hay dos papeles, el de vctima o el de
+verdugo. Cul vale ms? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se
+pueda. El pueblo est sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay
+en la nacin. No hay ms que dos caminos: o acabar de una vez con todos
+los grandes, lo cual no es fcil, o meterse entre ellos y aprender sus
+marrulleras y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar
+_palantito_.
+
+--Yo--dijo Mariano con sbita animacin--quiero que se hable de m.
+
+--Que hablen de ti!..., pues mete ruido.
+
+--Lo que es ruido..., ya lo meto--replic Mariano.
+
+--Cmo? Con un cencerro?
+
+--Con esto--dijo Mariano mostrando un canuto.
+
+--Ah! Tunante!...--exclam Bou muy asombrado de ver el instrumento
+msico que el chico mostraba--. Conque t te ocupas... Pues mira: desde
+hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende
+al pueblo. Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores
+y dems escoria! Oye t, mrame a la cara. Me ves bien? Pues este que
+aqu ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio
+al Poder pblico; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que
+represente la autoridad usurpada y la ley tirnica, lo hace cara a cara,
+a pecho descubierto, ponindose entre el peligro y la inmortalidad,
+entre el verdugo y la gloria. Pero disparar cohetes en la sombra,
+asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden pblico!...
+Reflexiona, hijo mo--aadi, despus de una pausa, con tonillo de
+propaganda evanglica que saba adoptar en ciertos casos--; reflexiona
+en que si quieres educar tus virtudes cvicas, y llegar al grado de
+estimacin pblica a que hemos llegado los que estamos llenos de
+heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido
+ratas....
+
+Dios sabe a dnde habra llegado por este brillante camino, si Mariano
+no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado
+fisiolgico en que se encontraba, su lgubre atona se interrumpi
+bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de irona
+dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como
+alma que lleva el diablo.
+
+Este chico tiene algo--dijo Bou para s.
+
+Olvidndose luego del muchacho, sigui pausadamente los pasos contados
+de su metdica vida; pase un poco por la tarde, comi despus, fue al
+caf, regres a su casa, y cuando se estaba acostando, ay Dios!, oyose
+un estrpito tal, que no pareca sino que reventaba una mina junto a la
+casa y que esta se vena abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido
+dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos
+mil, la puerta de la casa salt del quicio, y el vecindario,
+alarmadsimo, sala gritando a la calle con pnico horrible...
+
+Ah pillete aristcrata!--dijo Bou serenndose al comprender lo que
+era--. Si te cojo!....
+
+
+=--II--=
+
+Y algunos das despus de esto, Mariano estaba en la encrucijada que
+llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vas que all concurren,
+sin saber cul escoger para entrar por ella. Oigmosle:
+
+Ir a casa de mi ta? No, que llama a los de Orden pblico y me cogen.
+Ir a ver a mi hermana? No, que estar all _Gaitica_. A dnde ir?...
+Dejmonos ir. Por aqu, por la Carrera abajo, ver la gente que va a
+paseo, ver los coches, subir al Retiro, y me estar all toda la
+tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de
+nada... Ya empieza a pasar la pillera. All va un coche..., y otro y
+otro. Toma, aquel es de ministro. _Chupa--gente_, sabe el coche?
+_Oigast_, y si le dijeran: Suelte lo que no es suyo?.... Ah va
+otro. Cunto habr robado ese hombre para llevar cocheros con tanto
+galn!... Anda, anda, y all va un cochero montado en el caballo de la
+derecha, con su gorrete azul y charretera... Eh!, y en el coche van dos
+seoras... Vaya unas tas, y cmo se revuelcan en los cojines! _Oigan
+usts_, de dnde han sacado tanto encaje? Y qu abrigaditas con sus
+pieles... Pues yo tuve anoche mucho fro, y ando con los zapatos rotos.
+Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado.
+Valientes tas!... Subir por el Dos de Mayo. Por aqu va mucha gente a
+pie.
+
+Este Retiro es bonito; slo que..., de aquellas cosas que pasan,
+habiendo tantos que tienen fro, el pueblo deba venir aqu a cortar
+lea... Entro por este paseo de los muecos de piedra con las manos y
+las narices rotas. Qu feos son!... Hola, hola, niitos con guantes?
+Y cuntos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la
+criada haba para vestir a cuatro mil pobres... El pap debe de haber
+robado mucho. Est gordo como un lechn... De consiguiente, que lo abran
+en canal... Tomemos por aqu a la derecha, para ir a la Casa de
+Fieras... Pero no entrar; estoy cansado de verlas. Puo, cunto coche!
+All va D. Melchor acompaando a dos nias. S, para ti estaban, bruto.
+Son las nias de Pez. Y el Sr. Pez va tambin con la gran tripa llena de
+billetes de Banco, que ha tragado... Ms coches, ms coches, ms. Bien
+dice el maestro que lo bueno sera que toda esta gente no tuviera ms
+que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente,
+todos viviramos al pelo... Pero qu es aquello que viene all? Ah!,
+ya s. Primero un batidor a caballo. Despus el gran coche con seis
+caballos... Puo, y toda esa gente de galones, para qu sirve? Miale,
+miale, cmo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella tambin
+saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habr que vus arregle.
+Yo lo que digo es que muerto el perro se acab la rabia, y que muerta la
+cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que
+les vean mejor. Ahora vuelven para ac; ya vus hemos visto bien.
+
+Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazn, a dnde
+irais a parar todos? Todos os pasarais al partido de los pobres.
+Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. Abajo los
+ladrones!... Puo, vienen ms coches, todos con tas brujas o con mozas
+guapas muy tiesas. Ya, ya; sombrillita para que el sol no les queme las
+caras? Pues yo, tas brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos
+rotos, y la blusa rota, muerto de fro; con que... Eh!... Quin es
+aquel que va a caballo? No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de
+persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos
+das ha ganado al juego muchos miles. Ladrn, ruletero, chulapo,
+ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a m y no me saluda;
+apostamos? Aqu viene; me acercar para que me vea. Le hablar en
+flamenco. Buenas tardes, ze Zurupa.
+
+Esto deca Mariano acercndose a un jinete que avanzaba por la orilla
+del paseo, montado en un caballo espaol puro, de cuello corvo y
+movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre
+bromas y veras, sacudi el siniestro brazo, y con el ltigo, quizs sin
+pensarlo, le cruz la cara, dicindole: _Granujilla_....
+
+
+=--III--=
+
+En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles
+y la catadura ordinaria de sus habitaciones, pareca ser la misma en que
+Joaqun e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta
+historia quedan contadas, hallronse juntos otro da Mariano y el
+caballero (llmase as porque iba a caballo) designado con el nombre de
+_Gaitica_. Entr Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin
+saludarle le dijo:
+
+Vengo _a_ por aquello.
+
+--Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roo nio.
+
+Sac tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arroj sobre la mesa.
+
+El otro da--dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje--me dio
+usted un latigazo.
+
+--Nio, fue sin querer. Pues qu, a un roo caballero como t se le dan
+latigazos?... Taco, y qu orgullo vas echando!... Roer! tame esa
+mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algn da necesitas una roa
+peseta, vente ac. Si algn da no tienes qu comer, no faltar ac un
+roo pedazo de pan que darte. Comers las sobras de la mesa. Eres un
+roo gandul, un roo holgazn, un roo bergante, y acabars en presidio.
+
+--Como usted--dijo Mariano con descaro.
+
+--Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roo puntapi vas a
+parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules
+me cargan, taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la
+ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre
+formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillera; hombre de
+negocios, hombre que se puede poner delante del rey, s, seor; porque
+es un hombre que paga la contribucin, un hombre de orden, de ley, que
+no gusta de or hablar del roo pueblo ni de la roa revolucin; un
+hombre, en fin, ms honrado que Dios, ms caritativo que la roa
+Biblia.
+
+Mariano le oa espantado y con despecho. Tambin _Gaitica_, aquel ser
+de la ltima gradacin moral, aquel hombre a quien _Pecado_ consideraba
+como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeo capital,
+adquirido en infames juegos de azar, y quera revestirse de la dignidad
+del burgus pacfico, del propietario conservador, y clasificarse entre
+los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo
+ltimo que a Mariano le quedaba que ver.
+
+S--prosigui aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano
+ms hbil lo har despus--, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a
+tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos das, cuando he
+ido al Modelo a ver a una prima que est all por unas roas lesiones...
+Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le
+haba acabado el dinero y tena que pasar a la sala comn. Roer!, un
+hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arregl con el alcaide el
+pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar
+las roas pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es
+muy buena y muy seora. Voy a visitarla todos los das y a ofrecerle mis
+servicios. Oh!, no es como t, que eres de lo que llaman un parsito,
+la polilla del orden social, un vago. T y tus compaeros debis ser
+exterminados, porque la roa sociedad..., en fin, yo me entiendo.
+Mrchate. Roer!, qu haces ah como una estatua? T no tienes
+inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur.
+
+En el cerebro de Mariano se repercutan, como vibraciones de una
+campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos
+autnticos del clebre _Gaitica_. Conocido de todo Madrid, este tipo ha
+venido a nuestra narracin por la propia fuerza de la realidad. El
+narrador no ha hecho ms que limpiar todo lo posible su lenguaje al
+transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosera y bestialidad, para
+no dejar sino la escoria absolutamente precisa.
+
+Cuando Mariano se retir aquella noche a su miserable alojamiento,
+despus de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin
+tomar alimento, sufri un ataque epilptico. Pareca que se desbarataba
+en horrorosas convulsiones, y se mordi las manos y se golpe todo,
+quedndose maltrecho. Por fin le pas, Dios sabe cmo, y al volver en s
+encontrose con una gran novedad en su cerebro: tena una idea; pero una
+idea grande, clara, categrica, sinceramente adherida a su inteligencia.
+No durmi en toda la noche, no comi nada a la maana siguiente. Tena
+momentos de gran temblor y confusin, y otros en que una actividad
+febril obligbale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse
+en nada ms que en los coches que iban y venan.
+
+Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su
+vida y el pasto de su idea. Rompi toda clase de relaciones, dej de ver
+a su hermana, a su ta, a Bou, a _Gaitica_, y con quien nicamente
+cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que viva con l y estaba
+casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pas tambin sin
+dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de
+entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro
+de l, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque
+epilptico, y cuando le pas, disparataba cual si hubiera perdido la
+razn. Durmi luego profundamente; levantose alegre, sali, y
+dirigindose al Rastro detvose en un puesto a comprar algo. Regate con
+discrecin y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que haba
+comprado, lo escondi, lo agazap debajo del colchn, diciendo estas
+palabras:
+
+Estte quieta, ah, quieta.
+
+
+
+
+Captulo XV
+
+Es o no es?
+
+
+=--I--=
+
+Generoso seor aquel que evit a Isidora la angustia y el bochorno de
+la sala comn, apresurndose a pagar la miserable cuota! Quin era
+aquel ser benfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente?
+La agraciada no le conoca ms que de haberle visto dos o tres veces en
+el cuarto de su vecina (una tal Antoita Surupa, que por ciertos
+porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la
+impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan
+superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al da siguiente de
+aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de l,
+Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban _Gaitica_ en crculos que
+apenas es lcito nombrar, visit solemnemente a Isidora.
+
+Segn l mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre
+de gran mrito, que todo se lo deba a s mismo, pues abandonado de sus
+nobles padres y desheredado por sus nobilsimos abuelos (miserias y
+bribonadas del mundo y de la ley!), haba tenido que crearse una
+posicin con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes hall Isidora
+en su nuevo amigo para sentir hacia l simpata y antipata, en
+porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y
+abandonado, vctima del egosmo de sus padres, le haca sobremanera
+interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo ms soez y
+chabacano que imaginarse podra. Su figura hermosa, juvenil y hasta
+cierto punto elegante, que recordaba la de Joaqun Pez, perda todas sus
+ventajas con lo que del alma sala a los labios de tan singular
+criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversacin. Por
+momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. l,
+hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y
+persecuciones de que haba sido vctima, cautivaba ms la atencin de la
+prisionera.
+
+La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castao no la
+visitaban ya; Bou haba roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Slo
+eran constantes D. Jos y _la Sanguijuelera_, que llevaba a _Riqun_.
+Joaqun Pez, cuyo trato en aquella soledad habra sido muy grato a
+Isidora, estaba en la Habana, desde donde le haba escrito algunas
+cartas cariosas. _Riqun_, Encarnacin y Relimpio eran, pues, los
+nicos que llevaban la alegra, la distraccin y la esperanza a la
+triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando
+con la bondad de la celadora.
+
+Miquis fue a verla un da para anunciarle la visita definitiva de Muoz
+y Nones.
+
+Oye t, gran mujer--le dijo--: maana viene mi querido suegro. Recbelo
+como se merece. Le habl de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo
+posible. Te hablar largo de tu pleito y de tu causa criminal, y
+poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las har ver claras y sin
+telaraas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las
+cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades
+valen ms que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son
+verdad pura. Lo que l te diga tmalo como el Evangelio. Si trata de
+encarrilarte por el camino _A_ o el camino _B_ (aqu de nuestro
+_Ipecacuana_), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a
+un lado, como se deja una corona de teatro despus de acabada la
+representacin. As como se hace examen de conciencia antes de confesar,
+haz ahora examen de tonteras para que las abjures todas. Acopia sentido
+comn y ensyate toda esta noche en apreciar la extensin verdadera, el
+nmero y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasa
+quiera llevarte a una apreciacin falsa de la realidad, date un gran
+pellizco..., y por ltimo, no coquetees delante de mi suegro, porque,
+aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y
+podra suceder....
+
+La primera impresin de Isidora al ver entrar a Muoz y Nones fue muy
+grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la
+Naturaleza en figura, modales, gracia de expresin y don de gentes. Su
+edad no pasaba de cincuenta aos, y vesta con pulcritud y correccin.
+Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la
+fundacin de una _Penitenciara para jvenes delincuentes_, le
+caracterizaba, en primer trmino. Era adems hombre que miraba con
+extraordinaria penetracin a las personas con quienes hablaba, y que
+para aprobar y afirmar deca siempre: _Mucho, mucho_, y para negar
+empleaba irrevocablemente la frase _no hay tal cosa, ni ese es el
+camino_. No usaba ms que una comparacin. Para l, todo era... _como la
+luz del medioda_. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en
+invierno, significaba algo, Muoz y Nones era un hombre singularsimo en
+esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre
+grueso de otro, Muoz y Nones debe ser puesto en la categora de los que
+viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y
+un mucho simptico, acabar de pintarle por fuera. Su franqueza le haba
+valido algunos disgustos, pero tambin grandes triunfos, porque el culto
+de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales
+no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la
+esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con
+sus xitos, deca el gran notario que _tambin la honradez es negocio_.
+
+La seora marquesa--dijo Muoz despus de los saludos--est en las
+mejores disposiciones respecto a usted. No s si sabr usted que esa
+seora es un ngel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo
+yo, y basta. Imagnese usted el ser ms bondadoso, ms prudente, ms
+sensible y carioso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginacin
+ser siempre inferior a la marquesa de Aransis.
+
+--No lo dudo--replic Isidora, contrariada, porque habra querido or
+hablar mal de su abuela, dado que lo fuese--. La seora marquesa ser
+muy buena, aunque en este caso mo...
+
+--Pero, criatura--dijo Muoz sin poderse contener--, todava no se ha
+curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... Todava cree
+usted pertenecer a la casa de Aransis?
+
+--Acaso me han probado lo contrario?
+
+--Probado!... Si est ms claro que la luz del medioda! No se trata
+ya del pleito de filiacin, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada.
+Empese usted en seguirlo adelante, y consumir su vida, su dinero y su
+salud intilmente.
+
+Isidora sudaba.
+
+De modo--dijo esforzndose en vencer su abatimiento y espolear sus
+nimos decados--, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la
+falsificacin?
+
+--Conque paparrucha?... Ay nia, nia, usted no sabe lo que se dice!
+La falsificacin es tan clara, tan evidente como la luz del medioda. El
+Tribunal lo ha declarado categricamente. El pleito de filiacin carece
+de base y se cae, como un castillo de naipes.
+
+Isidora sinti que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto
+daba vueltas, que Muoz y Nones se reproduca en infinitas imgenes o
+copias del mismo Muoz y Nones.
+
+Explquese usted...--balbuci con voz dolorida, cerrando los ojos--No
+puedo entender...
+
+--Pues muy sencillo... Pero se pone usted mala? Un vasito de agua...
+
+--No es nada. Usted qu entiende de estas cosas...
+
+--Mucho, mucho. La falsificacin existe. Que usted no es autora de ella,
+no tiene duda, pues se perpetr ese delito, segn todas las apariencias,
+cuando usted tena tres aos.
+
+--Entonces...
+
+--Su padre de usted, Toms Rufete, era un hombre ligero, de costumbres
+desordenadas. Le conoc, le tuve de escribiente. Muchas veces le prest
+dinero que no me devolvi; pero esto no hace al caso ni ese es el
+camino...
+
+--Mi padre!... Usted est seguro de que era mi padre?--exclam Isidora
+sacando fuerzas no se sabe de dnde--. Estas cosas no se pueden apreciar
+as, seor mo.
+
+--Pues no se han de poder apreciar, seora ma? Yo me contento con
+decir que la casa de Aransis no ha tenido parte mnima en echarla a
+usted al mundo. Dos chicos nacieron de una seorita desgraciada...
+
+--Usted la conoci?--dijo Isidora con energa apelando a un recurso de
+gran efecto.
+
+--S.
+
+--Me ha mirado usted bien?.
+
+Muoz y Nones, que ya la haba mirado bien, consecuente con la dulce
+aficin declarada por Miquis, la volvi a mirar.
+
+En efecto--dijo sonriendo--, es usted muy guapa.
+
+--Y no halla usted semejanza...?
+
+--En la Naturaleza--replic Muoz muy serio--se observan fenmenos de
+semejanza... Sin embargo, usted y Virginia slo se parecen como dos
+mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo...,
+pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco.
+
+Isidora no pudo contener su dolor. Se ech a llorar.
+
+Aunque se aflija, para m la verdad es lo primero. No hay semejanza ni
+ese es el camino.
+
+--Oh! Seor Muoz--dijo ella con extraordinario nfasis--; si usted en
+esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que
+es usted el hombre ms malo, el mayor monstruo...
+
+--Crea usted lo que quiera. Tengo yo fama de monstruo?
+
+--No, no. Dir a usted....
+
+Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese
+rodeada de pas, mova los brazos queriendo expresar con ellos una
+conviccin ms enrgica que la que expresaban los labios.
+
+De modo que segn usted, segn usted, seor Nones, yo soy, yo soy...
+una cualquiera.
+
+--Segn lo que usted entienda por _una cualquiera_. Lo que yo afirmo es
+que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido vctima
+de un gran engao. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a
+averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Toms Rufete,
+logrando engaar primero a D. Santiago Quijano y despus a su hija...
+
+--Conoci usted a mi to el Cannigo?
+
+--Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres ms
+sencillos, hablemos claramente, ms tonto que han comido pan en el
+mundo. Le trat mucho. Qu hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer
+que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha
+una panadera. Tambin le hicimos creer que la baba del conejo era
+venenosa, y consult cuatro mdicos y se cauteriz un brazo. Se le daban
+las bromas ms extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco
+valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armbamos una camorra por
+cualquier tontera. Uno de nosotros se finga agraviado. Los dems
+acalorbamos la disputa. No haba ms remedio que batirse. Quijano haca
+de tripas corazn. Le llevbamos al campo del honor, donde con mucho
+miedo, pero con tesn muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas
+como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extrao
+es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las
+estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escriba clsicamente, lea
+novelas, era muy apasionado de las cosas aristocrticas, se saba de
+memoria el _Becerro_, y tena en la punta de la ua todos los linajes de
+Espaa. Juzgue usted si ese santo varn era que ni pintado para sostener
+un bromazo que Toms Rufete quiso dar a sus hijos.
+
+--Esas historias, seor Nones--dijo Isidora aparentando una firmeza que
+no tena--, nada me prueban.
+
+--Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel
+de Artillera, cuya nombre debe usted saber, se present en el despacho
+de Andru, primo y compaero mo, hace quince aos, y le habl de un
+asunto penoso y delicado. Al da siguiente Andru haba extendido un
+documento que llamamos _acta de reconocimiento_. En l reconoca como
+hijos suyos a una nia... (paciencia..., djeme usted concluir), a una
+nia y un nio, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada
+joven que, digmoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de
+fisonoma, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento haca
+constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y
+deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual viva... sabe usted
+dnde?
+
+--Yo qu he de saber?--replic Isidora con desvo y detestable humor.
+
+Muoz y Nones se levant. Dirigindose a la reja, y mirando hacia la
+calle, seal una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las
+Comendadoras.
+
+Quin viva en aquella casa?
+
+--Yo.
+
+--Toms Rufete tena por vecino en el piso tercero a un licenciado de la
+Guardia civil. Se acuerda usted?
+
+--Yo no.
+
+--Tampoco recuerda usted cuando se quem esa casa?
+
+--De eso tengo una idea; era yo muy nia. Mi hermanito empezaba a andar
+entonces.
+
+--Mucho, mucho. Cuando se quem la casa, Nicols Font...
+
+--El guardia civil?
+
+--Estaba enfermo de gravedad. Lo que pas aquel da no lo s. Font muere
+ms tarde; la nia tambin; la viuda se va a vivir a Getafe; el nio es
+recogido ms adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se
+presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su
+padre difunto, en una tradicin de familia y en varios documentos. Las
+partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron
+de ser substradas de casa de Font el da del incendio. Pero hay otro
+documento: el acta hecha por Andru. En ella aparece una novedad y es
+que el nombre de Nicols Font aparece sustituido por el de Toms Rufete.
+La falsificacin est hecha con suma habilidad, y las circunstancias le
+favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por
+su pap, y que es tan pap de usted como mo; han muerto la mujer de
+Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andru. Se busca en el
+protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitucin o enmienda.
+Toms Rufete vivi en gran intimidad con un escribiente de mi
+compaero... Va usted atando cabos?...
+
+--Yo no ato ningn cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones--dijo Isidora,
+dndose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del
+notario.
+
+--Ahora lo veremos. Se busca al cmplice de Toms Rufete, a quien Andru
+despidi hace aos por infiel. Es medio qumico y muy hbil; pero su
+principal habilidad est en huir de la justicia. Se entrega el documento
+original a los peritos calgrafos y qumicos, y al instante la falsedad
+salta a la vista. Hecha con precipitacin, es mucho ms grosera que la
+de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de
+filiacin ha presentado testimonios tan dbiles; como la prueba ha sido
+tan flojsima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a
+usted, es casi seguro que ir a presidio por delito de usurpacin de
+estado civil.
+
+--Yo no soy falsificadora--afirm Isidora quedndose como una muerta...
+
+--Qu gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un
+derecho, y con testimonios dbiles y documentos apcrifos trata de
+usurpar un puesto que no le corresponde.
+
+La de Rufete estaba humillada y abatida. Difcilmente entraba en su
+cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas
+sostena, resultaba un decaimiento parecido a la agona de morir. Nones
+la miraba en silencio, esperando una palabra.
+
+Dgame usted--murmur ella al fin con temor--, qu tengo que hacer
+para evitar... eso de ir a presidio?
+
+--Declarar que ha sido engaada; descargar su responsabilidad sobre su
+seor papato, reconocer que no tiene derecho alguno...
+
+--Y quin me asegura que no lo tengo?...--volvi a decir,
+reaccionndose.
+
+El instinto de conservacin de su error era tan grande, que este
+necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muoz y Nones
+tom su sombrero.
+
+No se vaya usted, no--dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras
+dudas--. Hbleme algo ms. No estoy convencida, pero dudo. Oh! Si me
+muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta
+fe, qu dichosa sera! Seor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto
+lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engaar.
+Jreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi
+derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizs pueda
+yo empezar a acostumbrarme a esta idea...
+
+--Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No
+hay motivo para tanta afliccin ni ese es el camino. Una existencia
+humilde y sin los desasosiegos de la ambicin, puede hacerla a usted
+dichosa. La seora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un
+auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestin un corte
+rpido y decisivo. La seora est disgustadsima; aborrece el escndalo
+y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es trado y llevado
+por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La seora no
+duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera an,
+consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus
+esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a
+los pleiteantes tercos, y usted, empendose en seguir adelante, puede
+prolongar el litigio sin ningn fruto para usted y con cien
+probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y
+le doy a usted unos das de trmino para que lo piense bien. Mi yerno me
+ha dicho qu tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque
+ofuscada por desvaros y falsas apreciaciones de la vida. Si usted
+lograra ver cada cosa como es realmente, estbamos de la otra parte.
+Conque... nimo. Y para concluir: s que tiene usted un hermanito que es
+una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando
+inauguremos la _Penitenciara para jvenes delincuentes_. Le
+reformaremos, y usted... trate de reformarse.
+
+
+=--II--=
+
+Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista,
+el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida.
+Olvidada de molestias y humillaciones de la crcel, no tena seso ni
+corazn ms que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de l;
+porque s, era un problema semejante a una llaga, un problema que la
+enloqueca como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una
+lcera abierta en lo ms delicado y profundo de sus entraas. La
+pavorosa duda tena alternativas y lances de batalla. Ya venca la
+conviccin, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario,
+triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de
+sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenan
+tantas ideas, tantas frmulas de investigacin, tantos ni tan variados
+argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella
+tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres das
+sucesivos. Porque diablica era ciertamente la claridad e insistencia
+conque surgan en su mente todos los argumentos negativos de su derecho.
+Ella quera rechazarlos, y ellos crecan fortalecindose, vestidos con
+la inmaculada vestidura de lo evidente. S, su to el Cannigo era
+tonto. No poda dar ella mil testimonios de sus necias credulidades?
+Ella misma le haba imbuido algunas veces ideas sumamente extraas.
+
+Como D. Jos, su to el Cannigo daba calor en su entendimiento a las
+ideas ms absurdas, las fomentaba y se engrea con ellas. Su to,
+engaado por Rufete, haba representado con ella la comedia funesta que
+tan desgraciada la haba hecho. Cuntas veces en las noches del
+invierno l la embelesaba dicindole que sera marquesa, que tendra
+palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de
+_Las mil y una noches_! l la haba enseado a no trabajar, a esperarlo
+todo de una herencia, a soar con grandezas locas, a enamorarse de
+fantasmagoras. Habale llenado la cabeza de frivolidades, habale
+educado en la contemplacin mental de un orden de vida muy superior a su
+verdadero estado. l, cuando ella se cansaba, le deca: Tendrs coche.
+Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le deca: Tendrs
+veinte modistas a tus rdenes. Decale: Qu palacio el tuyo!, y
+otras expresiones que encendan ms y ms en ella el volcn de ambicin
+que arda en su pecho... S, su to era tonto, tonto rematado, un hombre
+calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la
+realidad, el apstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional
+que engendra en su estado morboso el pensamiento humano.
+
+Luego pensaba en su padre. S, s, Toms Rufete era un hombre
+desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la
+envidia. Bien poda ser verdad lo que Nones deca, y Toms autor de
+aquel dramtico sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por
+obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en
+calidad de transaccin. Esto era razonable. Qu demonio de lgica se
+esconda dentro de estas ideas, dndoles cuerpo y vida?... Tambin
+pensaba en su madre. Por qu siempre que Toms Rufete hablaba de la
+marquesa, de los nios de la marquesa y de la indudable herencia y
+estado de estos nios, Francisca Guilln bajaba la cabeza, se pona de
+mal humor y no aada palabra alguna a las expresiones de su marido? Su
+madre, pues indudablemente deba darle ya este nombre, era una mujer
+honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. l le haba impuesto su
+infame comedia, y ella, por miedo y quizs por la ilusin de que sus
+hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. Por qu su ta
+(pues ya no haba duda de que era su ta) se burlaba siempre del
+marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. Jos, que en la
+declaracin de la prueba haba dado por amor a ella testimonio
+favorable, tambin dudaba, s, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien
+se le conoca al tenedor de libros que no tena fe en lo de Aransis,
+porque hablaba poco de esto y siempre en trminos indecisos.
+
+Al tercer da de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy
+poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora
+lleg al colmo de la crisis. Una noche, hallndose sola, corri furiosa
+a la reja, se agarr a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que
+alborotaron la calle, deca:
+
+Y, sin embargo, soy noble. Jueces, notarios, abuela, gente toda que me
+tenis aqu, yo soy noble!.
+
+Luego recorra de un ngulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza,
+gritando:
+
+Soy noble, soy noble. No me quitaris mi nobleza, porque es mi esencia,
+y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino.
+
+Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajronle algo
+de comer para combatir el desvaro combatiendo la debilidad; pero ella
+tir los platos y despidi a las mujeres.
+
+A m no se me presenta ese bodrio. Eso no es para m--exclamaba--. Que
+me traigan mi bao. Yo no puedo vivir sin bao! Que me saquen de esta
+pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaqun....
+
+Todo fue intil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritacin
+trajo a la maana siguiente el agotamiento y con l la remisin de un
+mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar
+alimento. Se quit el vestido, diciendo que no poda tener encima tales
+harapos, y pidi una y otra vez su bao, su querido bao. Por ltimo, le
+trajeron a _Riqun_, y vindole y acaricindole, descendi lentamente,
+en alas del cario materno, de las borrascosas alturas en que su razn
+estaba tan nublada.
+
+
+
+
+Captulo XVI
+
+Las ideas de Mariano.--La sntesis
+
+
+_La Sanguijuelera_ acompa a su sobrina a la siguiente maana,
+obsequindola con una retahla de preciosos consejos que debieran
+reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabidura
+humana.
+
+Lo de tu herencia es ya sal y agua. Despus de tantos mareos y bascas,
+has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a
+vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo ms obligacin que
+mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte.
+Cuando te vi en malos andares, te negu un ochavo y te saqu lo que
+pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para
+este sol cabezudo del mundo... Vas a ser honrada, s o no? Mira, tienes
+varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o
+te vas en busca de aquel Sr. Botn de otros tiempos y le pides el
+estanco que te prometi. Pondremos estanco y cacharrera en dos tiendas
+juntas de una buena calle, y no habr quien nos tosa... Pero en mi casa
+no entran pantalones; te conviene? Otra cosa te propongo. Quieres ser
+ama de cura? Yo conozco un capelln de monjas, ancianito, buen
+cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un
+gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me est diciendo
+siempre que le busque un ama de fundamento... Decdete; estampera,
+estanco o religin con llaves?.
+
+Isidora no contest nada, porque ni siquiera oa lo que Encarnacin
+hablaba. Despus nombraron a Mariano.
+
+Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios.
+Est viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de
+Ministriles que ms parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un
+almacn de vinos, y _Palo--con--ojos_ va al ro. Viviran si l no
+bebiera tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le
+pega a la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al
+suelo.
+
+Isidora se ech a rer. En el mismo instante, _Riqun_ le daba
+bofetadas.
+
+No se pega, no se pega.
+
+--Anda, cscale duro... Djale que pegue. Este va a tener ms talento...
+Le criaremos para cura de escopeta y perro. Vers qu sermones salen de
+esa cabezota. Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa...
+Lea a los herejes y protestantes; duro, firme!.
+
+Acto seguido, Encarnacin cogi al nio por un brazo y se dispuso a
+salir.
+
+A dnde va usted?
+
+--A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la
+gala de la corte de Espaa, que es la primera del orbe mundo. Pero
+ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la
+Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos
+las dos libras y en que haba ms religin, ms aquel, ms principios,
+en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y haba ms respeto
+a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello
+era ser Majestad, aquello era seora y grandeza. Entonces se daban
+vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan seora, con
+aquel aire... Y con qu cario miraba ella al pueblo! Pareca que iba
+diciendo: Aqu tenis a vuestra madre.... Pero ahora...! Pasa la
+corte, y todo el mundo _mutis_. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los
+pobres estn ms pobres, y la _Minificencia_ no puede recoger a tantos.
+La libertad!... Pillera, chica, pillera. Entonces haba ms seoro,
+crelo, y donde hay seoro corre el dinero y vive el pobre. Conque
+abur, abur.
+
+Encarnacin sali con _Riqun_, encaminndose hacia el centro de Madrid.
+Era da de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario
+precisar. Las calles del centro estaban animadsimas. La gente circulaba
+alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegra propiamente madrileas,
+arremolinndose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que
+llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras,
+mostraban damas hermosas. El mujero, la militar msica y el cielo de
+Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurran a
+dar a la solemnidad su expresin caracterstica.
+
+_La Sanguijuelera_, que haba visto y gozado un nmero infinito de
+funciones de tal especie desde la entrada de Mara Cristina hasta la de
+D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado,
+hallaba en aquel espectculo desinteresados placeres. Encarnaba en s la
+novelera, la bullanga y el entusiasmo monrquico del antiguo pueblo de
+Madrid. Ella conoca, como se conocen los muebles de la casa, todos los
+coches de Palacio, el de carey, el de ncar, el de los globos, y hasta
+de los paramentos y arneses poda dar circunstanciada noticia. Conoca
+tambin como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de
+los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras
+particularidades que interesaban ms a la gente antigua que a la
+moderna. En cuanto a elegir los sitios ms propios y cmodos para verlo
+todo, nadie la igualaba.
+
+En la calle Mayor encontr a su antigua vecina _Palo--con--ojos_. Esta y
+Encarnacin, que alz en sus brazos a _Riqun_, se colocaron en la
+embocadura del callejn de San Gins, lugar donde no era grande la
+aglomeracin de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de
+corrida o apretujones.
+
+Todava es temprano. Tenemos para un rato--dijo Angustias desatndose y
+lindose el pauelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la
+gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico.
+
+--Y mi bergante?
+
+--Esta maana sali muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando
+porque le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar,
+con la corbata negra y amarilla que se compr la semana pasada.
+
+--Anda, anda.
+
+--Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no s de dnde ha sacado los
+cuartos. Yo le dije, digo: Has descargado la borrica?; y l me dijo,
+dice: Vyase usted al ac y al all. Pues por ah te pudras. Est...,
+vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco
+veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco,
+las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar
+vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no s qu va a ser de l. No
+trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted...
+Modesto, consejos! l, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a
+los pies...
+
+--Todo sea por Dios--dijo Encarnacin, y ms iba a decir; pero en aquel
+momento oyronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo
+expectante unido a las frases sueltas Ya vienen, ya vienen. Gran
+estupefaccin de _Riqun_, que nunca haba visto cosa ms bonita;
+xtasis de _la Sanguijuelera_, que no cerraba el pico un momento al paso
+de la comitiva o procesin real, poniendo un comentario a cada parte de
+ella.
+
+Qu viejecitos estn ya los reyes de armas!... Ve usted? Ahora vienen
+los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados...
+Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos.
+Mire usted qu guapos chicos... Ahora viene el coche de ncar...,
+penachos verdes. Quin ser este seor con tanto morrin y tanta cruz?
+Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos...
+Ahora viene lo bueno... Qu preciosas van!..., penachos rojos.
+
+Y as continu, despachndose a su gusto con progresivo entusiasmo,
+hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesin.
+
+Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?--dijo luego, no saciada
+an del goce de aquel variado y teatral espectculo.
+
+Arremolinose la gente; la tropa maniobr, y entre la revuelta
+muchedumbre, _Palo--con--ojos_ distingui a un individuo que iba en
+direccin a la Plaza Mayor.
+
+All va, all va!--grit sealando.
+
+--Quin?
+
+--El bergante.
+
+--S, l es... Mariano, _Pecado_...!.
+
+Pero Mariano que las vio y oy los gritos de su ta, se hizo el tonto y
+apret el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco
+despus estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de
+aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una
+fingida roca, forma un globo elstico, cuyas paredes se ahuecan y se
+deprimen segn las bate ms o menos el aire. En la movible costra
+lquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imgenes del
+jardn y de los transentes. Completaba la fascinacin del globito de
+agua un bullido juguetn, en el cual cualquier poeta habra podido or,
+con buena voluntad, las risotadas de los nios de las nyades. Mariano
+puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos,
+y estuvo mirando el extrao surtidor... Dios sabe cunto tiempo.
+
+As como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo
+futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas
+an, _Pecado_, cuando se senta dispuesto a la meditacin, resucitaba lo
+prximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya
+recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio,
+pues, todo lo que haba hecho aquel da, casi tan a lo vivo como si an
+estuviera pasando. Se haba levantado muy temprano despus de una noche
+de desvelos y tortura; habase puesto su camisa limpia y las dems
+prendas que estrenaba, mostrando un empeo particular en aparecer con la
+facha ms decente que le fuera posible; haba salido y tomado caf en un
+puesto de la calle del Ave Mara, y despus se fue a vagar por las
+calles. A eso de las diez almorz en una taberna jamn con tomate, que
+estaba muy rico, y despus haba comprado un peridico y ledo la mitad
+de l, indignndose con todas las picardas que denunciaba, y
+participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno.
+
+Ms tarde pase por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los
+cuarteles vena. Bonito estaba todo; pero l lo miraba con desdn y,
+sobre la impresin recibida, pona un pensamiento de melanclica burla y
+sarcasmo. En un balcn haba visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado,
+junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de all, uno
+de los Peces (l no los conoca bien, pero deba de ser Luis Pez)
+acompaaba en otro balcn a la familia del duque de Tal. Sigui
+adelante, y a la vuelta de una esquina encar con el nunca bien
+ponderado _Gaitica_, que vena a caballo, hecho un potentado, un
+strapa. La extraviada imaginacin de Mariano vea a este personaje cual
+si fuese un resumen de todas las altas categoras y la cifra del
+encumbramiento personal. Cunta pillera!, exclam para s.
+
+Todos triunfaban y vivan regaladamente escalando cada da un lugar ms
+elevado, mientras l, el pobre y desvalido _Pecado_, permaneca siempre
+en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni
+fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la
+muchedumbre. Por qu era esto, cuando l vala ms que toda aquella
+granujera de levita? l, segn las creencias firmes de su hermana,
+haba nacido de sangre noble. Le haban sustrado lo suyo, le haban
+despojado de todo, arrojndole desnudo y miserable al seno del
+populacho, como se arroja al basurero un despojo intil. Quin saba si
+muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores,
+eran suyas? Quin saba si el dinero de que deban de tener llenos los
+bolsillos todos aquellos caballeros y damas proceda de riquezas que en
+rigor de la ley le pertenecan a l? Y a quien se diriga para reclamar
+lo suyo? A nadie, porque desde el primero al ltimo todos eran
+grandsimos pcaros.
+
+La nacin en masa, qu nacin?, la sociedad entera estaba confabulada
+contra l. Qu tena que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a
+ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera l
+solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. Cmo? Por su
+mente rondaba tiempo hacia una idea que resolva la cuestin. La idea y
+el propsito de ejecutarla se haban apoderado de l juntamente,
+dominndole y llenndole por entero. Idea y propsito eran como una
+llaga estimulante en el cerebro, la cual le dola y le comunicaba un
+vigor extrao. Repetidas veces haba puesto en ejecucin su pensamiento,
+pero cmo?, en sueos, y tambin alguna vez despierto, cediendo como a
+una fuerza automtica y fatal que no era su propia fuerza. En estos
+casos de repeticin o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y
+orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondendose para ver
+cundo haba aparecido en l aquella idea y aquel propsito, calculaba
+que los tena desde antes de nacer. Tan viejos, tenaces y arraigados le
+parecan!
+
+Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme
+tesn que en aquel momento tena, su miedo sera grande. Estaba viendo
+el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el
+orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No senta miedo,
+sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensacin rara
+de no dormir nunca, de no reposar jams, de un alerta eterno. Detrs del
+punto negro que tena delante y que ya estaba cerca, vea seguro y claro
+un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se
+ocupara de l dentro de poco le embriagaba, le haca sonrer con cierto
+modo diablico y jactancioso. La aberracin de su pensamiento le llevaba
+a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia
+parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le
+ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y mltiple el
+enemigo, cmo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de l una
+sola persona?
+
+Rumor de voces, cornetas y msicas anunciaban que el gran cortejo volva
+de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad--Rodrigo gan la
+calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos,
+uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal
+modo, que no vea ms que una masa movible y desvada, semejante a los
+cambiantes y contorsiones del globo de agua que haba estado mirando
+momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyndose en un farol, dijo
+para s: Que me da, que me da. Era el ataque epilptico, que se
+anunciaba; pero tanto pudo su excitacin, que lo ech fuera, irgui la
+cabeza, se sostuvo firme...
+
+Pas un momento. Nunca haba sentido ms energa, ms resolucin, ms
+bros. El ruido de las msicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro
+coche. Cuando lleg el que esperaba, Mariano era todo ojos. Mir bien...
+En el acto sac de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con
+mano no muy firme, sali el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y
+estupor en la muchedumbre, gritos, pnico, sacudidas. La bala se
+estrell en la pared de enfrente sin hacer dao a nadie, y el autor del
+infame atentado cay en una trampa, la indignacin pblica, cuyo
+engranaje de brazos y manos le oprima, como si quisiera pulverizarle.
+
+
+
+
+Captulo XVII
+
+Disolucin
+
+
+=--I--=
+
+La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelera, penetr
+en los ltimos y ms apartados rincones de Madrid, en los palacios y en
+las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo saba, se enteraron del
+caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los
+presos de la crcel. Las presas fueron las ltimas en saber la
+ocurrencia. Lo que agradeceran las cien lenguas del Modelo aquel pasto
+riqusimo no es para dicho. Comentronlo de infinitos modos. Una gitana
+asegur que ella lo haba soado la noche anterior y otra haca gala de
+un entusiasmo monrquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla
+para que entrase en vas razonables. La piedad aconsejaba no se revelase
+a Isidora un suceso que deba de impresionarla terriblemente; pero a sus
+amigas les falt tiempo para decrselo. Ella no lo quera creer; deca
+que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco
+se fue convenciendo, y ltimamente razonaba el caso de este modo:
+
+S, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se
+vuelve contra m, Dios me deja de su mano.
+
+Y dicindolo, le entr una pena y una desesperacin tal, que si no
+enderezara su espritu en el mismo instante por la va religiosa, habra
+estado en peligro de perder la razn. Pidi a la celadora con vivas
+instancias la llave del coro, y se fue a l sola, decidida a hacer un
+acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su
+seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando
+al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreci a
+la tensin de su espritu un alivio dulce y lento; pero cuando ms
+recogida estaba, se le desvaneci la cabeza, inclinose de un lado, y no
+teniendo tiempo para asirse a la reja, cay al suelo sin sentido.
+
+Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en s fue la vuelta de la
+desesperacin y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religin,
+sino de la libertad, y deca:
+
+Que me saquen de aqu. Seor Nones, yo firmar lo que usted quiera con
+tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi bao, mi casa,
+vestirme como debo, y ser honrada y feliz.
+
+Despus, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano,
+increpaba a este con las frases ms duras. Algo haba en lo ntimo de su
+ser que representaba como una tmida aprobacin del intento de Mariano,
+si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la
+barbarie no hallaran jams en su espritu benevolencia ni simpata. Su
+hermano era un bandido incorregible; ella era una mrtir angelical. Lo
+que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza,
+porque el papel de Mara Antonieta en la Conserjera, con ser muy
+potico, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la
+falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios
+a su naturaleza aristocrtica, y la misma corona del martirio, con todo
+su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan
+horriblemente, que prefera, s, prefera mil veces un sombrero de
+ltima moda. Pero, y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no crea
+en ellos. Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida
+se daa y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun
+suponiendo que su dogma fuera verdadero, qu poda obtener de su
+insistencia? Nada, porque las leyes todas se haban conjurado contra
+ella, y la condenaran y la encerraran en un presidio. Libertad, pues,
+y adis para siempre la ilusin de toda su vida, el sostn y fundamento
+de su ser moral; adis nobleza, marquesado, fortuna...
+
+Mas por qu afligirse tanto, si en s misma hallaba Isidora indecibles
+consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procurara ser siempre muy
+seora. Acaso el verdadero seoro no puede existir sin ttulos y
+grandes riquezas? S, s; sera muy seora, muy honrada, muy decente,
+arreglara sus cosas, trabajara (otra vez!), pondra el mayor orden en
+todos los actos de su vida, educara admirablemente a su hijo, se
+casara con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor
+ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. Adelante,
+adelante--dijo--; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice
+Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en
+las adversidades. La ma no se dejar vencer de la desesperacin. Plan
+magnfico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer
+exclusivamente prctica, eso es, prctica. Oh, qu tarde!
+
+Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio
+entrar a D. Jos, el cual vena muy erguido, con los ojos animadsimos,
+la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresin particular y
+desusada que alarm a Isidora. Sentndose en el nico silln que en la
+celda haba, el anciano la contempl con xtasis. Qu haba en l?
+Estupidez o desvaro? Isidora le observ con tanta lstima como
+sorpresa, diciendo: Padrino...!.
+
+Relimpio la mir como se mira una visin celeste, y poniendo los ojos en
+blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el
+delirio de la inspiracin potica, murmur con arrullo estas palabras:
+
+Hur, hur..., nadie osar ya mancillar tu blancura! Los dragones
+todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien
+perteneces y que te pertenece.
+
+Inmediatamente le entr como un acceso congestivo, inclin la cabeza,
+cerr los ojos y empez a roncar desaforadamente. Asustadsima, Isidora
+le moj la cabeza, le llam a voces, a gritos: Padrino, padrino!.
+
+Anunciado por un suspiro, reapareci en la persona de D. Jos el
+conocimiento de s mismo. Abri el viejo los ojos, suspir ms, y al ver
+a Isidora y hacerse cargo de su situacin, se avergonz un poco.
+
+Ya me ha pasado--dijo frotndose la frente con la palma de la mano--.
+Ha sido breve?... He dicho muchos disparates?... No me rias, no me
+rias.
+
+--Pero qu es eso?
+
+--Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras
+debilidades, hija... Miseria humana! He contrado un pequeo vicio;
+pero no ha sido por relajacin, no; ha sido por tristeza, por la fuerza
+de mis desgracias sin nmero. Creo que me comprenders.
+
+Isidora, en efecto, no comprenda nada.
+
+Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos
+morales, del corazn--dijo Relimpio con la voz ms dbil y balbuciente
+que se puede or--. Cierto da unos amigos me hicieron tomar Champagne.
+Qu creers? Hubo en m una revolucin, me entr el mareo, y con el
+mareo pas a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre,
+fui un caballero, un joven, un hroe, qu s yo... No es cosa buena ser
+algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los
+efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como
+profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ay!, a la miseria
+humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca...
+
+--Don Jos! Don Jos de mi alma!
+
+--No me rias; te digo que no me rias. Ser algo durante diez minutos!
+Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesar todo
+con tal que no me rias. Me he comprado una botella de eso que llaman
+_fine Champagne_, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando
+siento que se me desgarra el corazn y se me retuerce toda el alma, me
+tomo mi copita...
+
+--Padrino!
+
+--Somos frgiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el
+mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas
+ms bellas, arriesgadas y sublimes...
+
+--Por Mara Santsima!--exclam ella ponindole la mano en la boca.
+
+--En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al
+entrar, cre que entraba en un encantado y hermossimo palacio; las
+presas me parecieron unas ninfas muy areas, unas como animadas flores,
+hijas del viento, qu tal? La escalera, una escalera de plata y la
+celadora, un ngel...
+
+--Jess, basta, basta!...
+
+--Basta, s; ya pas, ya pas. Hablar ahora de lo que quieras.
+
+--Es que yo no me fo de esa cabeza... Sin embargo, igame usted,
+padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la
+persecucin de los malos. Qu infames picardas! Debo o no debo
+hacerlo? Respecto a mis derechos, los tengo yo? Son un delirio o una
+verdad? Usted que conoci a mis padres, que debi de estar al corriente
+de lo que pasaba en su casa, dgame al fin de una vez y con completa
+sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad.
+
+--Hija, querida hija ma--repuso el viejo con una torpeza de palabra y
+de pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral--. Sabes lo
+que me pasa?...
+
+--Qu?
+
+--Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa
+anterior a la poca en que viniste a vivir a mi casa de la calle de
+Hernn Corts. Ayer estuve todo el da preocupado con una idea, y es que
+yo fui un lince en Partida doble.
+
+--S, s.
+
+--Pues creers que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime,
+madre de todas las dems ciencias, y no poda?...
+
+--Pobre padrino, pobre padrino!... Se ha enterado usted de la accin
+de Mariano?
+
+--S, hija. Qu deshonra!
+
+--Qu deshonra!... Dios se ha vuelto contra m, me ha dejado de su
+mano. Pero yo me har mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora,
+me casar...
+
+--Casarte!--exclam el viejo con espanto.
+
+--Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreci su mano, y
+aunque me gusta poco, es un hombre de mrito...
+
+--Casarte...? con el monstruo, con el dragn....
+
+Y obedeciendo a una fuerza superior que naca no se sabe en qu parte de
+su turbado ser, el tembloroso anciano march hacia la puerta. Iba en
+busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada
+en la frente, se ech a rer, y mirando a Isidora con gozo, dijo:
+
+Maldita memoria ma! Ya no me acordaba...
+
+--De qu?
+
+--Tranquilzate, Jos. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un
+herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; l mismo me lo ha
+dicho.
+
+Isidora medit.
+
+
+=--II--=
+
+La primera entrevista que tuvo con _la Sanguijuelera_ despus del
+atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no haba visto nunca
+llorar a su ta, la cual, envejecida considerablemente en aquellos
+tristes das, traa un mantn negro echado por la cabeza, con lo que su
+aspecto era harto lgubre y repulsivo. No deca sino: Qu pena, qu
+bochorno!, y de sus apergaminados labios haban huido los donaires
+quizs para siempre. Pareca que se duplicaba, con la comn desgracia,
+el cario que a su sobrina tena y que deliraba por _Riqun_. En los
+das sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora
+acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla
+ventajosamente, le deca una y otra vez:
+
+Decdete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene,
+porque as matas de un tiro dos pjaros, _verbo y gracia_: que te
+colocas y que salvas el alma, porque en la compaa de aquel santo varn
+te hars, aunque no lo quieras, una santa mujer... Ay qu pena, qu
+bochorno!.
+
+No pareca la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a
+pesar del risueo horizonte espiritual que le sealaba su ta.
+
+El honor de la familia--deca luego Encarnacin--est en los calabozos
+del Saladero y ha de tener que ver con los seores de la Paz y Caridad.
+Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, puales!,
+escondmonos donde nadie nos vea, metmonos en un rincn y vivamos
+tranquilas, dicindole al Seor: Seor, nosotras no fuimos, nosotras no
+tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno;
+pero l se junt con los pcaros... y sac de su cabeza otras
+picardas. Conque hija, vente a vivir conmigo y olvdate de tus
+locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta
+Cerrada.
+
+No estaba an completamente decidida Isidora a comprar la libertad con
+la renuncia total de sus pretensiones. Muoz y Nones le hizo otra
+visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan
+endebles, que el hbil notario los destrua con poco esfuerzo. En cuanto
+al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas
+esperanzas, y el nico consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana
+del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de
+este pesaran algo en la balanza de la Justicia.
+
+Un mes despus de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora
+haba perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no
+quedaba en su alma sino una grande y disolvente irona. Ya no crea en
+si misma, o lo que es lo mismo, ya no crea en nada. Deshojada poco a
+poco por una lgica al principio tmida y por ltimo irresistible,
+aquella vistosa flor de su presuncin aristocrtica, la cual, a falta de
+otras morales, desempeaba en su alma un papel defensivo de primer
+orden, qued completamente seca, muerta y ms propia para irrisorio
+sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un da llev Muoz
+un papel, firmolo Isidora, despus de negarse resueltamente a aceptar el
+auxilio que le ofreca la marquesa, y a las dos semanas el juez decret
+la absolucin libre.
+
+A dnde vas ahora?--pregunto con inters de padre D. Jos de
+Relimpio.
+
+Isidora tena un papel en que haba apuntado varias cantidades. Era
+mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contradas en la
+prisin.
+
+No se preocupe usted de eso, nia--dijo una voz, la voz spera y
+antiptica de un ser humano (por la figura) que apareci en la estancia
+cuando la joven fijaba su atencin toda en el funesto papel--. A qu
+hora sale usted? A las tres? Dgolo por traer una carretela para
+llevarla a usted a mi casa. Usted se entera?.
+
+Isidora, sentada y apoyando la sien en el puo, pareca estar con su
+pensamiento en el ms lejano de los mundos posibles.
+
+Si usted no aceptara, me ofendera--prosigui el ser humano a quien
+Relimpio miraba (dgase de paso) con la expresin ms hostil--. Mi casa
+es una casa--palacio. Usted se entera? No le har a usted compaa esta
+tarde, porque voy a comer con _Frascuelo_ y el marqus de Torbiscn...
+Oigast, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltar un roo
+pedazo de pan. Una persona que sale de la crcel no puede hallarse en
+disposicin de atender a las primeras necesidades. As, cuando usted
+entre por aquella puerta, hallar una modista y un chico de la tienda de
+sombreros que ir con muestras..., usted se entera?... Tengo all el
+gran cuarto de bao; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a
+mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha
+de su amiga. Adis... Abur, Pepillo.
+
+Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de
+D. Jos de Relimpio, que este, furioso ya por orse llamar _Pepillo_, no
+pudo contener su indignacin, y cuando el ser humano estuvo fuera,
+exclam:
+
+Canalla!... Pero es posible, hija, que t, t, aceptes?...
+
+--Provisionalmente--dijo Isidora, como si despertara de un desagradable
+sueo--. Estoy tan mal...! Necesito....
+
+Necesito! Cmo son este verbo en el cerebro del santo varn! Lo haba
+odo tantas veces en momentos terribles, que era para l como una voz de
+alarma que le erizaba el cabello y le detena la circulacin de la
+sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese all la botella,
+quizs, quizs la apurase valientemente de un trago.
+
+Libertad, comodidades, buena ropa, bao, casa, lujo, dinero!... As
+como a D. Jos le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora
+le atacaba el mismo mal con slo la probabilidad de hacer efectivas las
+ideas expresadas por aquellos mgicos vocablos. Cada ser tiene sus
+imanes.
+
+Oh pena de las penas! Cuando D. Jos la vio salir y entrar en la
+carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir...
+Oh, qu horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cnica lumbrera que
+no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan
+contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que
+el error tiene tambin sus leyes, y que en la marcha del universo cada
+prurito aspira a su satisfaccin y la consigue, resultando la armona
+total, y este claro--obscuro en que consiste toda la gracia de la
+humanidad y todo el chiste del vivir.
+
+Pero el buen viejo no poda ver aquello. Su espritu se enardeca, sus
+sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza
+contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir all su
+preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba
+marearse, s, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal.
+Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que
+no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y
+se meti en la primera taberna que encontr al paso.
+
+
+=--III--=
+
+Y un da Emilia y Juan Jos Castao vieron entrar en su casa a la gran
+Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un seoro, con
+un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve
+visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la
+madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo _Riqun_, que
+recogido y amparado en casa de Castao durante los cinco meses de
+prisin, miraba a Emilia como madre y a los nios de aquella como sus
+hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolucin de Isidora de
+llevarse a su hijo, no se atrevi a poner resistencia; pero Juan Jos,
+hablando con firmeza y tesn, dijo que no entregara a Joaquinito,
+porque Isidora, con su mala conducta, perda los derechos de madre, y
+que l estaba decidido a llevar la cuestin a los Tribunales, seguro de
+que el juez le autorizara para retener al desgraciado nio en su poder.
+
+Irritada Isidora, manifest que no admita tales ideas, y ya se agriaba
+la cuestin, cuando abriose una puerta y apareci un seor obispo...,
+digo, era _Riqun_, el cual traa en la cabeza una gran mitra de papel,
+y echando la bendicin graciosamente con su mano derecha, cant en el
+latn ms estropajoso que se ha odo jams: _Dominis vobiscum_.
+
+Conviene hacer constar que los dos chicos de Castao tenan loca aficin
+a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy comn en la infancia de
+estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestacin
+pueril. En el comedor de la casa tenan su magnfico altar, y cada da
+ponan en l un objeto nuevo, bien araa, bien cliz o manga--cruz. Por
+distintas partes de la casa se vean retablos diminutos, sagrarios y
+hasta plpitos improvisados con sillas. ltimamente haban hecho
+casullas de papel, y decan sus misas como unos cannigos, echando cada
+latn que meta miedo y observando todas las reglas de aquel acto con
+notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copn una
+huevera, no era motivo de escndalo, porque la inocencia lo santificaba
+todo con su carcter altamente divino. _Riqun_ haca al principio de
+sacristn; pero empez a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo
+tambin sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y
+el mucho ruido con que a menudo se disputaban all las jerarquas
+eclesisticas, exigan en ocasiones la intervencin de Emilia, que ms
+de una vez se prest a ser monaguillo para apaciguar los nimos y
+llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel da, que era domingo,
+_Riqun_ haba sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando
+de pontificial cuando su mam y Juan Jos disputaban.
+
+Ven--le dijo Isidora sentndole sobre sus rodillas, dndole muchos
+besos--, y te har una casulla de oro y un altar de plata.
+
+El chiquillo la miraba espantado.
+
+Que l decida--indic Juan Jos tomando al muchacho y ponindole en
+medio de la sala--. _Riqun_, quieres irte con tu madre?.
+
+Tan fuertemente neg con su cabezota, que se le cay la mitra. En
+realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su
+dicesis para irse con una mala mujer...
+
+Que no, dices que no?.
+
+El chico dijo entonces claramente:
+
+No _quielo_.
+
+Y ech a correr para dentro.
+
+No vale, no vale, eso no vale--grit Isidora con afn--. Mi hijo vendr
+conmigo.
+
+A esto siguieron algunas lgrimas, y tomando entonces Castao un tono
+conciliador, manifest a la afligida madre que estando el nio en la
+ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aqu. Quizs ella, por
+sus muchas ocupaciones de seora principal, no podra cuidar y atender a
+Su Ilustrsima como mereca, y as, quedndose l donde estaba, ganaban
+todos: los ortopedistas, porque conservaban a _Riqun_, a quien miraban
+como hijo; Isidora, porque estara ms ancha y podra campar por sus
+respetos libremente, y _Riqun_ porque no se vera separado de su
+cabildo. Isidora cedi, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su
+hijo cuando quisiera.
+
+Y en efecto, vena dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo
+golosinas para _Riqun_ y sus camaradas, y adems velas de cera, clices
+de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazn, mitras, estolas, y por
+ltimo un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no haba
+ms que pedir. Algunas veces se encontraba all con _la Sanguijuelera_,
+que tambin a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas
+regaaban, si bien Encarnacin haba perdido el humor festivo, y estaba
+muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante
+la deshonra que haba cado sobre la familia. Cuando se hablaba de esto,
+las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundan sus almas en un
+solo sentimiento.
+
+Miquis no viva ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente
+a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castao preguntaba
+con mucho inters por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete
+sali de la crcel, Emilia, dando noticia al mdico de las observaciones
+que haca en la persona de aquella, le deca una noche:
+
+Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado
+tanto... Y parece que va descendiendo, que cada da baja un escaloncito.
+La primera vez pareca una gran seora: traa un vestido de gro negro y
+un sombrero, que ya, ya... Poco despus vena vestida de merino y con
+mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareci que
+su traje tena algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el
+lunes de la semana pasada vino muy plida y quejndose del pecho, con la
+voz ronca. El sbado cre observar en su cara algunos cardenales, y
+traa una mano liada. Ayer, seor doctor, vino con pauelo a la cabeza,
+con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo ms salado de
+todo fue... que me pidi dos reales... Debe de andar mal. Como
+siempre..., qu carcter y qu vida!.
+
+Despus hablaron del ser humano con quien Isidora viva, y acerca de l
+dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron
+mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y
+empresario de ganchos, un caballero de condicin tan especial, que si le
+mandaran a presidio (y no le mandaran), los asesinos y ladrones se
+creeran deshonrados con su compaa.
+
+Nuestra pobre amiga--dijo Augusto--, llevada de su miserable destino, o
+si se quiere ms claro, de su imperfectsima condicin moral, ha
+descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender ms
+todava. Su hermano y ella han corrido a la perdicin: l ha llegado,
+ella llegar. Distintos medios ha empleado cada uno: l ha ido con trote
+de bestia, ella con vuelo de pjaro; pero de todos modos y por todas
+partes se puede ir a la perdicin, lo mismo por el suelo polvoroso que
+por el firmamento azul.
+
+Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y
+otras que omitimos, Isidora estuvo muchos das sin presentarse en la
+casa de Emilia. Don Jos tambin se haba eclipsado, por lo que estaban
+los de Castao disgustadsimos y llenos de temor. Un da, por fin, entr
+Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo:
+
+Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana.
+
+--Qu hay, pero qu...? est mala?--pregunt Miquis encasquetndose el
+sombrero y tomando el bastn.
+
+--No, seor..., s, seor..., quiero decir que no est buena, aunque
+tampoco est enferma, porque ya se levanta.
+
+--Es decir, que ha estado mala.
+
+--S, seor.
+
+--Y por qu no me avis usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de
+todos los demonios?
+
+--Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted
+para que le quite de la cabeza...
+
+--Qu le he de quitar, hombre?
+
+--Una idea--dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle.
+
+--Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: usted
+est en su sano juicio, o se ha mareado hoy?
+
+--No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja.
+Desde que vivimos juntos...
+
+--Cmo?
+
+--S; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo...,
+perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no
+cansar, ese basurero animado, la abandon despus de darle tantos
+golpes, que por poco la mata; despus de cruzarle la cara... mire usted,
+por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue
+grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel
+rostro celestial, aquel encantador palmito....
+
+Se limpi una lgrima con la mano.
+
+Pues s; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que
+pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tom un cuarto en la calle de
+Pelayo, nmero 93, piso cuarto, puerta nmero 6, y all ha estado un mes
+retirada del mundo sin tratarse con nadie ms que conmigo..., pero
+honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo
+ms sagrado....
+
+Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una
+condecoracin, los ojos en blanco, protest el anciano de su honesta
+conducta.
+
+Lo creo, hombre, lo creo.
+
+--Yo la acompa, yo la asist, mientras se curaba; yo la he servido...
+Qu das, qu noches! Yo: Voy a llamar a Miquis; y ella: No llame
+usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una
+persona annima, yo no existo. En fin, esta maana me dijo unas cosas
+que me han partido el corazn.
+
+--Qu cosas?--pregunt Miquis detenindose en el portal de la casa y
+mirando atentamente al desgraciado viejo.
+
+--Ay!, no puedo repetirlas!--exclam Relimpio llorando como un nio.
+
+
+=--IV--=
+
+Augusto subi y entr en la casa. Si pasmada y llena de turbacin se
+qued Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven mdico al
+ver en deplorable facha y catadura a la que conoci en forma tan
+distinta. No slo haba perdido grandemente en el aspecto general de su
+persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura
+haba padecido bastante, a causa del decaimiento general, y ms an del
+chirlo que tena en la mandbula inferior, bajo la oreja izquierda.
+Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido
+permita ver sus bellas formas enflaquecidas. Dej la plancha y se sent
+en un miserable sof de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y
+despus dijo as:
+
+No quera que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de l y
+hallarme en mejor posicin, porque todava... A ver, qu tal me
+encuentras?
+
+--Muy mal, muy mal.
+
+--He perdido mucho? No me respondes? He estado muy mala, qu
+puo!....
+
+Miquis no dijo nada. La sorpresa que le caus la voz ronca de Isidora, y
+ms que la voz or algunas expresiones que de la boca de ella se
+escaparon, tvole perplejo y mudo por breve rato.
+
+Te encuentro muy variada; t no eres Isidora.
+
+--Te dir... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perd la idea
+que me haca ser seora, me dio tal rabia, que dije: Ya no necesito
+para nada la dignidad, ni la vergenza. T te enteras?... Por una idea
+se hace una persona decente, y por otra roa idea se encanalla. Pero no
+creas, todava hay algo en m que no perder nunca, algo de nobleza,
+aunque me est mal el decirlo... Mira t, chav, qu quieres..., el aire
+hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te
+asombres de que muerda alguna vez...
+
+--S, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, qu es
+lo que te queda de nobleza?
+
+--No s, no s...--dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su
+corazn y en su pensamiento--. Me queda el delirio por las cosas buenas,
+la generosidad... Sabes? Ayer no tena ms que dos duros; esta maana
+vino una amiga a llorarse aqu..., total, que qued sin un cuarto.
+
+--Necesitas algo?--dijo Augusto llevndose la mano al bolsillo.
+
+Y sac algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alarg su mano
+hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo:
+
+No; todava soy noble.
+
+--En qu consiste tu nobleza?
+
+--En que no recibo limosna... Pero por ser de ti....
+
+Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De
+sbito lanz una exclamacin no muy delicada y dijo:
+
+Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero.
+
+Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tom de la mano de su amigo.
+
+De qu te espantas, bobo?... de mis nuevas maneras? Ahora soy as. Te
+dir... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entraas; quererlos,
+nunca. Sois muy antipticos; os desprecio a todos.
+
+--Vas a meterte monja...?
+
+--De veras?... Qu sombra! Monja yo?
+
+--Ya sabes que Joaqun Pez ha venido de la Habana, casado con una
+americana muy rica. Da gusto verle, segn est de contento y
+satisfecho.
+
+Isidora palideci. Despus dijo:
+
+Ya lo saba... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de
+San Luis y pas l en coche. Me vio, pero el tunante fingi que no me
+vea. El corazn me dio un brinco; aquella noche llor, pero ya me voy
+dominando y concluir por aborrecerle tambin. Es un tipo.
+
+--Pero _Gaitica_...
+
+--Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a
+las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que slo de mirarle
+se te ensucian los ojos...
+
+--Y sin embargo, le has querido.
+
+--Yo?... Hombre, t ests malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con
+decirte que me acordaba de Juan Bou y este me pareca un ramillete de
+rosas... Pobre _Gaitica_! El da de la disputa le escup ms...! Es un
+hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una
+zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qu
+quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeada en ser bueno, y
+Dios, la Providencia y mi roo destino empeados en que he de ser mala.
+Sal de la crcel, le deba dinero, no tena sobre qu caerme muerta, me
+llev a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho ms de cuanto
+necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los
+trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se
+me fue dando a conocer el hombre. Principi por escatimarme los gastos.
+Cada da me pareca la vida ms triste y l ms horroroso. Y no lo digo
+por su cara, que no es mala, aunque s de un tipillo afeminado que no me
+gusta. Le conoces? Ya ves qu carita de Pascua, qu patillas de
+azafrn, y qu barba afeitadita y qu labios de carmn. Aquellas
+mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de
+oro el tal es en el trato. Coge la desvergenza, la traicin, la rapia,
+la crueldad, jntalo todo, adele toda la basura que puedas encontrar,
+revuelve, haz un mueco, sopla, dale vida y tendrs al que ha sido mi
+seor y dueo durante tres meses: peor que Bou, peor que Botn y que
+Joaqun, el cual era ya ms malo que Judas. En fin, los hombres sois
+todos unos. Hay que vengarse, perdindoos a todos y arrastrndoos a la
+ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas.
+
+Isidora, Isidora--le dijo Augusto con profunda pena--: valdra mil
+veces ms que te murieras.
+
+--No pienso en tal cosa... Te dir. Cuando estaba en la crcel quise
+matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando _Gaitica_
+me maltrat y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla,
+tambin tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperacin en que
+quise suicidarme. Pero despus me he serenado. Eso de matarse se deja
+para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir,
+vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrs... Lo quiere el mundo, pues
+adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer
+puales. Yo me basto y me sobro. No era yo noble? No tena buenas
+inclinaciones? Pues por qu me cerraron la puerta?
+
+--Pobre mujer, todava, todava es tiempo...
+
+--De qu?
+
+--De adoptar una vida arreglada. Yo te buscar trabajo.
+
+--No s hacer nada.
+
+--Yo te pasar una pequea pensin...
+
+--Dirn que soy tu querida. Concluir por serlo...
+
+--Bscate un modo de vivir. Vete con tu ta...
+
+--No hay _tu ta_, no, no...; djame. Para que has venido ac? Ni
+falta... Aire, aire. No necesito consejos.
+
+--Aborreces a Surupa, y, sin embargo, cunto se te ha pegado de l!
+Cuando recuerdo cmo eras y cmo eres, cmo hablabas y cmo hablas, no
+s qu me da.
+
+--As es el mundo: unos se quedan y otros se van Yo me fui, te enteras?
+Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe ms que en tu imaginacin.
+Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre.
+
+--Pues aquella era mi buena amiga--dijo Augusto con tesn--; esta me
+repugna.
+
+Isidora se conmovi al or esto, pero disimulaba bien, esforzndose por
+una inexplicable modificacin de su orgullo en parecer peor de lo que
+era.
+
+Y no teniendo nada que hacer aqu--dijo Miquis levantndose--, me
+retiro.
+
+Isidora le mir de un modo que indicaba deseos de que no se marchara;
+pero despus se inclin de hombros.
+
+Ya me han humillado tanto--murmur entre dos suspiros--, que el ver
+salir al ltimo amigo no me causa impresin.
+
+--Seor D. Augusto de mi alma--dijo a la sazn Relimpio, que hasta
+entonces, testigo mudo y doliente, no se haba atrevido a decir nada--;
+no se marche usted y exhrtela, predquele, y amonstele para que se le
+quite... eso... de la cabeza.
+
+--Qu?
+
+--Eso.
+
+--Y qu es eso?
+
+--El disparate que quiere hacer. Vea usted cmo calla y se sonre la
+pcara... A m me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir.
+
+--Suicidio?
+
+--Por ah...
+
+--No, no es suicidio--exclam el anciano con desesperacin, arrancndose
+(o tratando de arrancarse, que es ms verosmil) un mechn de
+cabellos--. Ve usted? Se re... Y que no diga que lo hace por no tener
+qu comer. Yo... an puedo trabajar.
+
+Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de
+carbn sobre que se calentaban las planchas. Pareca que de aquel
+rescoldo ardiente y melanclico tomaba sus ideas.
+
+Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas--dijo el mdico
+inclinndose haca ella y mirndola de cerca.
+
+--Sabes lo que te digo?--replic Isidora con el tono insolente que se
+le haba pegado de la sociedad gaitesca--. Sabes lo que te digo? Que no
+me vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazn se
+me ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha.
+
+Levantose, y murmurando no se sabe qu palabras, aunque es de suponer no
+seran de las ms finas, tom el pesado hierro y se puso a planchar con
+verdadera furia. Miquis se fue sin aadir una palabra, y D. Jos le
+sigui hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y
+suplicante.
+
+Don Augusto de mi alma--le dijo--, por Dios, no la abandone usted...
+Mire usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero....
+
+
+
+
+Captulo XVIII
+
+Muerte de Isidora.--Conclusin de los Rufetes
+
+
+Aunque Augusto no manifest su propsito, lo tena, y muy firme, de no
+abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba.
+Volvi al da siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos das
+lgubres que anublan la perpetua alegra de los meses de Madrid, uno de
+esos das, por desgracia no muy raros, en que el vecindario est
+tristsimamente impresionado por una terrible solucin de la justicia
+humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones
+patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy
+remota.
+
+Y en la tarde del da anterior, una mujer vestida de negro con un mantn
+echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada
+por la afliccin, acechaba en las proximidades del Palacio Real la
+salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza dbil,
+aunque posea el ms vivo fervor monrquico que ha existido quizs en el
+presente siglo. Su idea del poder, de la misin providencial de los
+reyes, y principalmente la semejanza que supona entre el soberano
+visible y el Rey de los cielos, dbanle un poco de aliento. Por eso
+cuando sali el coche, avanz ella a escape sin temor de ser atropellada
+por los caballos, lleg hasta la portezuela, y con la presteza del
+asesino que alarga el pual, alarg un papel arrollado en forma de
+canuto. El papel cay en el coche, y las dos personas que iban en este
+se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. Oh dicha! Lean el
+memorial, o al menos pasaban la vista por l. Quin sabe si accederan
+a lo que en l con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba?
+As como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es
+el perdn. El perdn! Ved aqu el punto de semejanza y parentesco con
+la divinidad. Para qu serviran los reyes--dijo _la Sanguijuelera_
+concretando sus ideas monrquicas--, si no sirvieran para indultar?.
+
+La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche,
+haba lanzado con l una exclamacin, que sintetizaba su respetuoso
+cario hacia el primer personaje de la Nacin, y su pena acerba y
+desgarradora: Rey mo... Nio--Dios de Espaa, piedad para un
+desgraciado loco.
+
+Haba invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para
+interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que haba realizado, y con
+cierta confianza en el xito, se dirigi lentamente hacia el Saladero.
+Largo y tremendo da, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen
+pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. _La
+Sanguijuelera_ esperaba, esperaba, y el indulto no apareca. La infeliz
+mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no saba que el
+Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, segn el arreglo que hemos
+hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo
+la sentencia que el perdn.
+
+Hemos dicho que Augusto volvi a la casa de Isidora. Encontrola en el
+estado ms deplorable, sentada en un rincn del cuarto, tras un sof
+viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre s
+misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos ndices se tapaba los
+odos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplbala Augusto
+sin saber por dnde empezar su empresa caritativa, cuando D. Jos se le
+acerc y con voz cautelosa le dijo:
+
+Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Da tremendo es hoy...; ya puede
+usted suponer por qu est tan afligida.
+
+Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qu arreglar una
+buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se
+acostase. Ella no deca ms que esto: Hoy!, hoy!.
+
+Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y
+aadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio
+prepar la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases ms
+escogidas, con los pensamientos ms cristianos que le sugera su rica
+imaginacin; pero toda su dialctica, engalanada de formas poticas y de
+bonitas paradojas, no logr llevar la serenidad al perturbado espritu
+de la pobre mujer. Esta le dijo:
+
+Maana, maana me tocar a m.
+
+Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el da. Miquis y D.
+Jos le hacan mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche
+Augusto, despus de prescribirle el reposo, se retir seguro de hallarla
+mejor al da venidero, lo que no result cierto, porque a la siguiente
+maana encontr el mdico en su infeliz enferma el mismo silencio, la
+mismo apata lgubre y la propia indiferencia del da precedente.
+Isidora, no obstante, comi con mediano apetito, y Miquis no hallaba en
+ella sntomas claros de enfermedad. Don Jos suspiraba a cada instante;
+iba y vena sin cesar de una parte a otra de la casa con gran
+desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, despus de su tercera visita,
+se retiraba, D. Jos cuchiche con l en la escalera.
+
+No nos abandone usted, seor doctor--le dijo angustiadsimo--. Hemos de
+estar con cien ojos... Hay moros por la costa...
+
+--Qu es eso?
+
+--Que aunque parece que no habla, habla, s, seor; hoy a las doce
+estuvo aqu una mujer que la viene persiguiendo hace das... Es un
+dragn, me entiende usted?... Pues Isidora charl largamente con ella.
+No pude entender lo que decan, porque me mand salir fuera; pero
+hablaban con animacin, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por
+un rayo, le enseaba, ay!, muestras de vestidos.
+
+--Veremos; habr que hacer algo decisivo--dijo Augusto bajando
+pausadamente los ltimos escalones--. Maana temprano vendr con Emilia,
+_Riqun_ y Encarnacin. Trataremos de llevrnosla a cualquier parte.
+
+Don Jos movi la cabeza con expresin de profundsima incredulidad, y
+cerrando la puerta con llave, se guard sta en el bolsillo.
+
+Isidora dorma, al parecer, sosegadamente; D. Jos, que desde algn
+tiempo antes se haba sometido a un meritorio rgimen de sobriedad en
+alimento y lecho, se recost vestido en un sof de paja, frontero a la
+cama de su ahijada, el cual le serva de punto de acecho o vigilancia
+para no perder ni el ms ligero movimiento de la enferma. Toda la noche
+arda una vela, puesta dentro de una jofaina. As, desde que Isidora
+pareca intranquila, D. Jos se levantaba diligente y acuda junto a
+ella.
+
+Las diez seran cuando Relimpio, que haba descabezado un sueecillo,
+despert con sobresalto porque oy la voz de Isidora. Haba alguien en
+la habitacin? No, no haba nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don
+Jos la miraba sin moverse de su duro y martirizante sof; pero su
+atencin se troc en asombro al ver que la joven se levantaba, se
+vesta, aunque a la ligera, echndose la bata, se calzaba y se diriga
+al mezquino tocador prximo a su lecho. Un terror acongojante y como
+supersticioso que se ampar del bueno de D. Jos, le impeda moverse y
+hablar. Le pareca contemplar una escena de sonambulismo, o quizs ser
+vctima de un fenmeno ptico, formado y como vaciado en su propia
+mente. Puede ser--se dijo--que esto que veo sea un sueo mo y que la
+pobrecita est tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y
+enredando en el tocador.
+
+Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se mir largo rato en
+el espejo. Aunque este era pequeo y malo, ella quera verse, no slo el
+rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes ms extraas y violentas,
+ladendose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que
+fcilmente salan al exterior las formas intachables de su talle y todo
+el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don Jos se qued lelo,
+fro, inerte, cuando oy estas palabras, pronunciadas claramente por
+Isidora:
+
+Todava soy guapa..., y cuando me reponga ser guapsima. Valgo mucho,
+y valdr muchsimo ms.
+
+Luego empez a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que
+estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas form
+un lo. Entonces el santo varn hizo un esfuerzo para vencer su inercia
+terrorfica, se sacudi todo y con una fuerte voz dijo:
+
+Nia ma, a dnde vas?
+
+Ay!--exclam ella sobresaltada, dando un chillido--. Me ha asustado
+usted. Yo cre que estaba sola.
+
+Sola! Segn eso, D. Jos era un mueble. Esta idea caus al infeliz
+viejo grandsima afliccin.
+
+Pero qu haces, mujer? Te has vuelto loca? Ests enferma y te
+levantas as...
+
+--Enferma yo?--dijo Isidora echndose a rer con descaro--. Usted s
+que lo est, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy
+buena y sana.
+
+--Pero a dnde vas?
+
+--A la calle.
+
+--A la calle! Y qu vas a hacer en la calle? Necesitas algo? Yo
+saldr.
+
+--Ea, ea, no sea usted majadero. Acustese usted, duerma si tiene sueo,
+y djeme a m, que yo s lo que tengo que hacer. No dependo de nadie,
+estamos? Soy duea de mi voluntad, estamos?.
+
+La determinacin firme que revelaban estas palabras llev al bendito D.
+Jos a las ms elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la
+confusin. Antes que l pudiera decir algo, Isidora prosigui de este
+modo:
+
+Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con
+sus cuidados tontos....
+
+Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazn de
+Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorpor en el macizo
+lecho y habl as:
+
+Hija ma, yo te quiero ms que a las nias de mis ojos. Me intereso por
+ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal
+alguno...
+
+--Yo tambin le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer
+lo que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, estamos?
+
+--Todo sea por Dios--dijo Relimpio, conociendo que haba llegado la
+ocasin de mostrar energa--. Sospecho que vas a mala parte, sospecho
+que te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; t eres lo
+que ms amo, te quiero ms que a mis hijas, porque te quiero de dos
+maneras, como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como
+sospecho, quieres perderte, quieres infamarte, no lo consentir mientras
+tenga un aliento de vida; primero te rogar, te suplicar aunque me sea
+menester ponerme de rodillas delante de ti.
+
+Hallbase tan acongojado, que la frase se le retortij en la garganta, y
+juzgando que ms que las palabras seran elocuentes las actitudes, se
+hinc delante de su ahijada, y le tom las manos para besrselas, y
+luego que pas un rato en estas mmicas, conmovidos ella y l, pudo
+articular Relimpio estas palabras:
+
+Nia ma, no des ese paso, detente...
+
+--Qu desgracia!...--murmur ella llevndose la mano a los ojos, como
+para disimular una lgrima--. Y quin me va a mantener?
+
+--Yo!--exclam Relimpio dndose un golpe tan fuerte en el pecho que
+este reson en hueco como una caja.
+
+--Usted!... Ay, qu gracia! Si usted ms est para que le mantengan
+que para mantener!
+
+--Trabajar.
+
+--S, y comeremos caamones... Padrino, padrino, djeme usted en paz; no
+se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo
+hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrs.
+
+El anciano haba vuelto al sof, donde estaba reclinado, sin fuerzas
+para seguir adelante en la lucha.
+
+Mira--le dijo, echando lumbre por los ojos--, yo puedo trabajar...;
+pedir un destino y me lo darn...
+
+--Qu inocencia!
+
+--Y con lo que yo gane y algo que te darn Emilia y Miquis, viviremos
+tan ricamente.
+
+--S, muy ricamente--replic Isidora con terrible irona--. Miserias,
+harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para
+los trtolos simples que lo quieran.
+
+--Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no
+trates de borrarlos con una vergenza mayor--dijo Relimpio, sintindose
+dotado por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosfica
+que no era propia de l--. Lo mejor es que borres lo pasado con una
+conducta ejemplar. Quieres un nombre, una posicin? Pues yo te dar
+ambas cosas. yeme--aadi solemnemente--; yo me casar contigo; y para
+que no interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo ms
+que en el nombre y mirarte como una hija.
+
+Por lstima del pobre viejo no se ech a rer Isidora con el desenfado
+que haba adquirido ltimamente. En la prdida de tantas nobles
+cualidades conservaba algo de piedad.
+
+Conque nombre y posicin?--dijo--; gracias, gracias; es usted muy
+bueno. Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre
+m? Qu puo!... Si pudiera desbautizarme y no or ms con estas orejas
+el nombre de Isidora, lo hara... Me aborrezco; quiero concluir, ser
+annima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie
+de mis acciones.
+
+--Isidora!...
+
+--Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre.
+
+No pronunciarle ms, cuando a l le pareca tan dulce, tan armonioso,
+cifra y compendio de la meloda infinita! Ech D. Jos un gran suspiro y
+tras l estas palabras:
+
+Ha sido una tontera que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo
+caduco. T no puedes vivir sin amor. Cmo habas de quererme a m, que
+slo tengo juventud en el corazn?... yeme....
+
+Cada vez que deca yeme tomaba una actitud sacerdotal y el tono ms
+solemne del mundo.
+
+yeme. T has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la
+Habana. De todos tus amantes, l era el ms simptico, el ms caballero.
+Antes que verte caminar a la ltima degradacin, consiento en que
+reanudes tus amores con l. No me gusta esto, pero antes que lo otro...
+yo me entiendo. Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le
+busque, que le hable de ti?... Odiosa misin, hija ma; pero si con ella
+te aparto de la ignominia final, creer realizar una accin meritoria.
+
+--Joaqun, ese pillo?... Le dir a usted... Siempre que le veo, me da
+un vuelco el corazn. Le quise y an me parece que podra volver a
+quererle... Pero djele usted donde est. Yo estoy mejor as. Es un
+canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. Jos. Yo me
+marcho...
+
+--Por Dios, mujer...
+
+--He dado mi palabra.
+
+--Esas palabras no se cumplen. De modo que no te ver ms?
+
+--Vendr por aqu... No se mueva usted de esta casa. Yo le dar algo
+para que se mantenga y pague el alquiler....
+
+Relimpio tembl con sudor fro.
+
+Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos.
+Conque... abur, abuelo....
+
+Corri hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como
+de costumbre, retrocedi para buscarla.
+
+No, no te doy la llave; no saldrs mientras yo viva--exclam D. Jos,
+hacindose superior a s mismo y mostrando la energa que a veces surge
+del flaco nimo de los dbiles, como en ciertos momentos de crisis las
+sublimidades brotan del cerebro de los tontos.
+
+Isidora le mir con ira, y respir fuerte apretando contra el talle el
+lo de ropa.
+
+La llave, la llave!
+
+--No saldrs sino pasando sobre mi cadver--grit con cavernosa voz
+Relimpio, sintindose hroe de teatro.
+
+Y al decirlo, oprima contra su pecho la llave para protegerla de un
+ataque de su enemiga.
+
+Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas--dijo la de Rufete
+encolerizada--. Venga la llave, o la tomar dondequiera que la
+encuentre. Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he
+vuelto loba. Ya no soy noble, Sr. D. Jos; ya no soy noble.
+
+--Pero aunque no seas noble, no sers capaz de ultrajar a tu pobre
+viejo, a tu padre....
+
+Acompaadas de lgrimas, estas palabras eran harto elocuentes.
+
+Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las
+simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos....
+
+Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera
+su deseo y propsito, avanz las manos contra el viejo, le atenaz los
+brazos, le sacudi un momento... Ay!, ay! Relimpio sinti que sus
+brazos se volvan de algodn. Como si el roce de la piel de Isidora
+fuese un contacto mortfero, se qued echo una momia. Y mientras ella le
+quitaba la llave, l, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no
+poda defenderse, ni saba detenerla, ni era dueo de ninguna de las
+energas de su ser, como no fuera de la voz, pues all casi entre
+dientes pudo articular tres slabas y decir: Bribona!....
+
+Isidora march haca la puerta. Bruscamente arrepentida de su accin,
+retrocedi hacia el sof donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le
+mir un s es no es conmovida (todava era algo noble), y ponindole la
+mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo:
+
+Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar.
+Este es mi destino...; quizs no nos veremos ms... Adis.
+
+Tuvo la singularsima piedad de inclinar sobre l su rostro y darle un
+rpido beso sobre las venerables canas. l no tuvo fuerzas ni espritu
+ms que para verla salir. Sali, efectivamente, veloz, resuelta, con
+paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo
+que le ha solicitado con atraccin invencible, as cay ella despeada
+en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco
+despus en la superficie social todo estaba tranquilo.
+
+Don Jos se levant, anduvo como desconcertada mquina hasta un
+aposentillo interior donde tena sus trastos, y tanteando con las
+temblorosas manos en la obscuridad, encontr una botella. Apur del
+contenido de ella porcin bastante, y al tratar de volver al sof, las
+piernas le faltaron y cay rodando en mitad del aposento.
+
+Como la puerta haba quedado abierta, Miquis, Emilia y _Riqun_ entraron
+sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, segn clculos
+aproximados, deba de ser la de las nueve de la maana del da
+siguiente. Y como vieran a don Jos tendido en el suelo sin compaa, al
+punto coligi Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corra
+veloz al socorro de su padre, que pareca como a dos dedos de la muerte,
+Augusto hizo un rapidsimo reconocimiento de la habitacin, buscando a
+Isidora. No estaba!
+
+Se ha ido, se ha ido!--exclam ponindose de rodillas junto al pobre
+viejo para prestarle algn auxilio.
+
+Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sof, donde le
+tendieron, y l entonces entreabri los ojos y los labios echando una
+mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La
+notabilsima alteracin de las facciones del anciano alarm a Miquis, el
+cual responda con muda expresin de desconsuelo a las apremiantes
+interrogaciones de Emilia.
+
+Pero esto es embriaguez... o qu?...--pregunt la atribulada hija.
+
+Y al orlo D. Jos se reanim de sbito, como la llama moribunda que se
+revuelca en las tinieblas; ech su espritu un resplandor de vida, y
+moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo
+pausadamente estas palabras:
+
+La hur ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya.
+
+A la sazn entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los
+servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones,
+vea que los remedios seran intiles. Cerca ya del fin, el espritu de
+D. Jos volvi a relampaguear, diciendo con expresin enamorada y
+caballeresca:
+
+La am y la serv... Fui su paladn... Mas ved aqu que la ingrata
+abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos,
+recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para
+reyes, no para vosotros. Ha cado en vuestro cieno por la temeridad de
+querer remontarse a las alturas con alas postizas.
+
+Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lgrimas. Miquis la llev
+a un cercano aposento, y en l la encerr con el pobre _Riqun_, que
+tambin lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen
+Relimpio, el cual ocurri media hora ms tarde, y fue tranquilo y suave.
+Su muerte remed el dulce acceso de embriaguez que le transportaba,
+mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las
+delicias de una vida apcrifa, compuesta con extraos fingimientos de
+juventud, pasin y energa. Entraba al fin en un mareo eterno? Iba ya
+derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y
+amparo de la hur en las edades sin trmino y en los espacios sin
+medida? Jos, eres un ngel.
+
+Abrazando estrechamente a _Riqun_ y cubrindole de besos la cara,
+Emilia le deca:
+
+Tan hurfano eres t como yo; pero en m tendrs la madre que te falta.
+Aquella mam tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volver; se
+ha cado al fondo, hijo mo, al fondo... Ya lo entenders ms adelante.
+
+
+
+
+Captulo XIX
+
+Moraleja
+
+
+Si sents anhelo de llegar a una difcil y escabrosa altura, no os fiis
+de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no
+lo consigis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo
+mejor, creedme, lo mejor ser que tomis una escalera.
+
+Madrid.--Junio de 1881
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Prez Galds
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
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+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
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+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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+where we have not received written confirmation of compliance. To
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+approach us with offers to donate.
+
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+any statements concerning tax treatment of donations received from
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+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
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+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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new file mode 100644
index 0000000..526b001
--- /dev/null
+++ b/old/25956-8.zip
Binary files differ
diff --git a/old/25956-h.zip b/old/25956-h.zip
new file mode 100644
index 0000000..50d8676
--- /dev/null
+++ b/old/25956-h.zip
Binary files differ