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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/19543-8.txt b/19543-8.txt new file mode 100644 index 0000000..3c6bc03 --- /dev/null +++ b/19543-8.txt @@ -0,0 +1,3837 @@ +The Project Gutenberg EBook of Memorias de un vigilante, by +José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Memorias de un vigilante + +Author: José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +Release Date: October 14, 2006 [EBook #19543] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN VIGILANTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + + + + +MEMORIAS DE UN VIGILANTE + +JOSE S. ALVAREZ (FRAY MOCHO) + +ADMINISTRACIÓN GENERAL + +Buenos Aires + +1920 + + * * * * * + +FRAY MOCHO + +MEMORIAS DE UN VIGILANTE +I Dos palabras +II En los umbrales de la vida +III El vaivén de mundo +IV De oruga mariposa +V De paria a ciudadano +VI El tufo porteño +VII Mosaico criollo +VIII Los bocetos de un miope +IX Cinematógrafo +X La linterna de Regnier +XI Brochazos ministeriales +XII Entretelones policiales +XIII Siempre adelante +XIV MUNDO LUNFARDO + EN LA PUERTA DE LA CUEVA + PERSPECTIVAS + ENTRE LA CUEVA + ELLAS + ELLOS + EL CAMPANA + EL ARTE ES SUBLIME + EL CAFÉ DE CASSOULET + EL BURRO DE CARGA + LOS QUE CARGAN CON LA FAMA + EL PANAL EN LA LENGUA + NO LE SALVÓ SER MINISTRO + CUPIDO Y CACO + EL PRIMER CLIENTE + AL REVUELO +XV LOS MISTERIOS DE BUENOS AIRES +XVI EL HOMBRE PROVIDENCIAL +NOTAS + + * * * * * + + + + +FRAY MOCHO + + +José S. Alvarez (Fray Mocho), nació en Gualeguaychú, Provincia de Entre +Ríos, el 26 de Agosto de 1858. Su temprana afición a observar los +aspectos más pintorescos de la vida le encaminó por el doble sendero del +periodismo y de la investigación policial. Así, entre cuartilla y +cuartilla, llegó a ocupar el puesto de Comisario de Pesquisas en la +Policía de Buenos Aires, que tanto se adaptaba a las modalidades de su +espíritu curioso y novelesco. + +En ese carácter publicó (1887) su famosa _Galería de ladrones de la +capital_, en 2 gruesos volúmenes, colección de fotografías policiales +comentadas con perspicacia; aunque esa obra tenía un carácter puramente +técnico, Alvarez demostraba en las más nimias acotaciones esa +extraordinaria agudeza de ingenio que más tarde floreció en sus +leidísimos cuentos y en su inextinguible pasión de conversar. + +En 1899 se asoció con Bartolito Mitre para fundar una revista ilustrada, +que llegó a ser la popularísima _Caras y Caretas_, hoy convertida en +magna empresa que coopera al desenvolvimiento de las artes y las letras. + +Su obra propiamente literaria consta de cinco libros, en los que supo +sacar partido de sus cualidades de observador y de su estilo lleno de +gracia picaresca. El "cuento de costumbres" llegó a ser su especialidad, +en lo que tuvo muchos imitadores, sin ser igualado. + +Su primer libro, _Memorias de un vigilante_ (1897), vio la luz bajo el +pseudónimo de _Fabio Carrizo_; le siguieron _Viaje al país de los +matreros_ (1897) y _En el mar austral_ (1898). En el tercer aniversario +de su muerte se reunieron sus cuentos, publicados en la revista _Caras y +Caretas_, bajo el titulo _Cuentos de Fray Mocho_ (1906). Otros no han +sido publicados en libro y aparecerán con el título _Salero Criollo_. + +Falleció en Buenos Aires, el 23 de Agosto de 1903. + + + + +I + +DOS PALABRAS + + +No abrigo la esperanza de que mis recuerdos lleguen a constituir un +libro interesante; los he escrito en mis ratos de ocio y no tengo +pretensiones de filósofo, ni de literato. + +No obstante, creo que nadie que me lea perderá su tiempo, pues, por lo +menos, se distraerá con casos y cosas que quizás habrá mirado sin ver y +que yo en el curso de mi vida me vi obligado a observar en razón de mi +temperamento o de mis necesidades. + + + + +II + +EN LOS UMBRALES DE LA VIDA + + +Mi nacimiento fue como el de tantos, un acontecimiento natural, de esos +que con abrumadora monotonía y constante regularidad se producen +diariamente en los ranchos de nuestras campañas desiertas. + +Para mi padre, fui seguramente una boca más que alimentar, para mi +madre, una preocupación que se sumaba a las ocho iguales que ya tenía, y +para los perros de la casa y para los pajaritos del monte que nos +rodeaba, una promesa segura de cascotazos y mortificaciones que +comenzaría a cumplirse dentro de los tres años de la fecha y duraría +hasta que los vientos de la vida me arrebataran, como a todos los +congregados por la casualidad bajo aquel techo hospitalario. + +Concluía quizás la primera década de mi vida, cuando un buen día llegó a +la casa una tropa de carros, que, desviándose del camino que serpenteaba +entre las cuchillas, allá en la linde del monte, venía a campo traviesa +buscando un vado en el arroyo, que disminuía en una mitad el trecho a +recorrer para llegar al pueblo más cercano. + +El capataz habló con mi padre; y éste, de repente, me hizo señas de que +me acercara, y dijo: + +--¡Este es el muchacho!... Como obediente y humilde, no tiene +yunta[1]... ¡el otro que podía igualarlo se nos murió la vez pasada!... +¡Como conocedor del monte y del arroyo, lo verá en el trabajo! + +A mí me zumbaron los oídos, y no pude saber lo que el hombre contestó; +sin embargo, me di cuenta, así en general no más, de que ya no podría +extasiarme a la sombra de los espinillos florecidos viendo cómo las +lagartijas se correteaban sobre la cresta de los hormigueros, haciendo +relampaguear sus armaduras brillantes, ni pasarme las horas muertas, +escuchando el contrapunto de las calandrias y de los zorzales, +estimulados por el lamento de los boyeros parados al borde de sus nidos, +colgados allá en la extremidad de los gajos más altos y flexibles de los +molles[2] y coronillos[3]. + +Mi padre me sacó de mi éxtasis con su voz ronca y varonil, esta vez +impregnada de una dulzura desconocida. + +--¡Oiga, hijito!... ¡Vaya, traiga su petisito bayo[4] y ensíllelo!... +¡Va a acompañar a este hombre, que es su patrón! + + + + +III + +EL VAIVÉN DEL MUNDO + + +Las corrientes del mundo me arrebataron y luché con ellas con suerte +varia; ninguna ¡ay! volvió a traerme hasta los montes nativos, y cuando +un día--después de muchos años--volví a ellos, ya no guardaban sino +restos miserables, escapados al hacha del montaraz; y del pobre rancho y +de la familia que lo ocupó, ni el recuerdo siquiera. + +¿Qué fue de los míos? + +¿Qué fue de las hojas del tala frondoso, en cuyas ramas flexibles mi +madre colgaba la cuna de sus hijos, aquel noque[5] de cuero que la brisa +mecía cariñosa? + +¿Qué fue de los trinos del boyero y del contrapunto de las calandrias y +de los zorzales? + +¡Sólo quedan en mi memoria como un recuerdo! + +Sirviendo de guía a las tropas de carretas, picando[6] éstas cuando ya +mis músculos lo permitieron, de peón aquí, de vago allá, llegó un día +para mí dichoso y bendecido--porque es el origen de mi felicidad +actual--en que una leva[7] me tomó y puso punto final a mis correrías de +vagabundo, perfilando sobre la figura mal pergeñada[8] del pobre gaucho +ignorante la simpática silueta del soldado. + +Recuerdo, como si fuese ayer, las circunstancias en que fui tomado y voy +a tratar de pintarlas, no con la pretensión de hacer un cuadro sino con +la intención de presentar una escena de nuestros campos, vulgar y +corriente en tiempos no lejanos, pero hoy ya casi exótica, debido a las +exigencias de la vida. + + + + +IV + +DE ORUGA A MARIPOSA + + +Tras un galope de algunas leguas--andaba de vago y era joven y +aficionado al baile y las buenas mozas--llegué al viejo rancho +desmantelado y solitario--veterano de cien tormentas--donde se iba a +bailar, cosa que no era muy frecuente entonces, dada la escasez de +población en aquellos parajes. + +Al acercarme al palenque, ya pude contar cuántos me habían precedido en +la llegada y hasta saber quiénes eran: allí estaban sus caballos a modo +de tarjeta de visita. + +Primero, el petiso de los mandados--maceta[9] y mosqueador[10]--que +buscando verse libre de las sabandijas[11] u obedeciendo a la costumbre +de evitarlas, había ido retrocediendo hasta apartarse del grupo, y +sembrando el trayecto recorrido con las pilchas[12] del muchacho a cuyo +servicio lo había condenado la suerte, que nunca le fue propicia; luego +los mancarrones[13] de algunos gauchos pobres y de los viejos vagos del +pago, con sus aperos formados con prendas de procedencia diversa y de +más diversa fabricación, con sus riendas peludas y anudadas y con sus +cinchas enflaquecidas de puro dar tientos para remiendos; y, finalmente, +algunos redomones[14] bravíos, que al sentirme llegar yerguen las +orejas, relinchan y se agitan, indicándome que ya hay mocetones que me +harán competencia en el corazón de las dueñas de esos otros pingos, +cuidados y lustrosos, tusados[15] con coquetería, y cuya crin ha servido +para dibujar ya un arco atrevido, ya una guarda griega caprichosa, y que +lucen bozales tan primorosos y cabestros tan llenos nos de bordados y de +adornos. + +Son pingos del andar de gente presumida, y hasta con pespuntes de +elegantes mozas. + +Previo el consabido ladrido de los perros--arrancados por mi llegada a +un sueño plácido y tranquilo, el relincho de los redomones del palenque, +los saludos del dueño de la casa y _las vichadas_ de las mozas y +mocetones, que, cortos[16] con los forasteros, se han ocultado en el +rancho, eché pie a tierra y fui a sentarme en el ancho patio recién +barrido y carpido, que a la noche serviría de salón de baile, iluminado +por la luna plácida y serena, aquella luna de mi tierra que veo al +través del tiempo, quizás embellecida por el recuerdo. + +Los preparativos para la fiesta estaban en lo mejor. + +Allá atrás del rancho, formado por una pieza grande de +paja--quinchada[17]--había un remedo de otra, formada por cuatro cueros +de potro y algunas ramas mal atadas, que pomposamente se denominaba con +el simpático nombre de _la cocina_. + +A través del agujero que le servía de puerta, y por entre la nube de +humo que vomitaba, veía, desde donde estaba sentado, un hacinamiento de +cabezas, alumbradas por la llama temblorosa del fogón. + +Entre risas ahogadas y cuchicheos, oía el canto monótono de la sartén en +la que se freían montones de pasteles dorados, que espolvoreados con +azúcar rubia, llevados de a seis u ocho--máximum que podía contener el +único plato de loza que había en la casa--con destino al depósito +general, que estaba en la pieza de paja, bajo la custodia de una vieja +vigilante, tía[18] respetada de algunos muchachos greñudos y carasucias, +que de vez en cuando se asomaban por ahí, espiando el momento de dar un +malón con suerte. + +Eran atraídos por el olor apetitoso y agradable de los pasteles, que +corría por todo el rancho, y que al penetrar por la nariz ponía en juego +las glándulas salivales y hacía caer los estómagos en sueños deleitosos +y en éxtasis bucólicos. + +Bajo su influencia, uno llegaba hasta a olvidar que los tales pasteles +estaban guardados en un viejo fuentón de lata, bajo la cama, en compañía +del antiguo cajón de fideos, hoy humilde depósito de tabaco para el uso +de la patrona, y expuestos a las correrías irrespetuosas de las pulgas +matreras[19], que pasan su vida viajando de los perros a sus dueños y de +éstos a los perros, hasta encontrar algún benévolo forastero que, a +pesar suyo, las lleve por ahí a tierras lejanas. + +Ya una veintena de mates amargos y sabrosos, o no, que eran cebados por +un muchacho roñoso--todo un maestro en el arte--habían pasado a mi +estómago, haciéndome olvidar la fatiga y el cansancio, cuando las mozas +y los mozos, que habían andado por ahí a salto de mata[20], ya más +familiarizados con los forasteros, empezaron a dejar sus escondites poco +a poco. + +Ellos se acercaban serios y graves, nos daban la mano--a mí y a otros +convidados desconocidos que estábamos como en asamblea, con el brazo +rígido como si fueran a pegar una puñalada o _a asigurar un ñudo_, +murmuraban algo que no se entendía y luego se sentaban en rueda, con +toda simetría, tratando, a fuer de bien criados, de colocar los pequeños +bancos de una cuarta de alto y formados por un trozo de madera pulido +por el uso y las asentaderas, y con las cabeceras llenas de pequeños +cortes producidos por el cuchillo al _picar el naco_, de modo a no dar +la espalda a nadie. + +Y allí se quedaban con las piernas dobladas y el cuerpo encogido en esa +posición en que se encuentran las momias incásicas en sus urnas de +barro, pintarrajeadas. + +Más allá, parados, con los pies cruzados, un pucho coronando la oreja, +medio perdido entre una mecha rebelde que se escapa del sombrero +descolorido y ajado, están los gauchos pobres y menos considerados, con +sus chiripás rayados, sus camisetas de percal y sus rebenques colgados +en el mango del facón, atravesado en la cintura y que asoma por sobre el +culero[21] fogueando por el lazo o por bajo el tirador, cuando más +sujeto por una yunta de bolivianos[22] falsos. + +Ellas, las mozas, venían en grupo, disimulando su turbación con una +sonrisa y haciendo sonar sus enaguas almidonadas y sus vestidos de +percaltiesos a fuerza de planchado y que cantaban alegremente al rozar +el suelo. + +Se sentaban en hilera, graves, por más que la alegría les rebosaba; se +ponían serias, pero la risa les chacoteaba entre las pestañas largas y +crespas, jugueteaba sobre sus labios y se arremolinaba, allí, en las +extremidades de la boca. + +Pronto la conversación se hizo general, la fuente de pasteles se puso al +alcance de las manos y la familiaridad comenzó a desarrugar los ceños +adustos y a alejar las desconfianzas. + +Más mozos y más mozas continuaron llegando, y de recepción en recepción +y de pastel en pastel, fuimos alcanzando a la noche, que era la +aspiración de todos. + +Al fin llegó y con ella los guitarreros, que eran tres: un viejo +tuerto--verdadero archivo de cicatrices--y dos parditos, que eran sus +discípulos, los voceros de su fama y futuros herederos de su clientela +en el pago. + +Se colocaron los bancos en rueda, destinado el frente que daba al +rancho--sitio de honor--para los guitarreros, para las mamás y para los +mosqueteros de más consideración; luego seguían las mozas que entrarían +en danza y la turbamulta de mirones y de asistentes. + +El bastonero[23], que era dueño de casa, se situó en un punto cómodo +para abarcar el conjunto y hacer la designación de parejas con la mayor +estrictez, y mientras se acordaban las guitarras, empezó a estudiar la +concurrencia para--con conocimiento de causa--poder hacer combinaciones +que pudiesen satisfacer las aspiraciones de todos: enamorados-bailantes +y bailantes solamente. + +¡Cómo latía el corazón, en la esperanza de que fuera la moza de su +simpatía la que le tocara a uno en aquel reparto de beldades, que +duraría lo que durase la pieza! + +¿Conmover al bastonero con una súplica? ¡Pero si eso era un sueño +irrealizable! + +Un criollo bastonero era inconmovible, y, sobre todo, tenía demasiada +admiración por las elevadas funciones que desempeñaba para entrar en +familiaridades con nadie. + +¡Baste decir que ni a sus sobrinos tuteaba en esos momentos, por no +rebajar su autoridad! + +Organizadas las parejas, sonaron las guitarras, y se dejaron oír los +acordes de una polka en que trinaban las primas[24] y las segundas[25], +y no tanto destinada a ser bailada cuanto a demostrar la habilidad de +los ejecutantes: era como un punto de atención echado por el viejo +guitarrero. + +Los mocetones más empilchados y ladinos fueron los que debutaron. +Metidos en sus grandes botas de charol, con el taco como aguja y con +todo el frente bordado, daban vueltas pretenciosas de elegantes, +pareciendo muñecos movidos por un mismo resorte, tal era la precisión +con que seguían el compás que el _máistro_ marcaba con la cabeza. + +El bastonero--para satisfacción de las mamás, que se le dormían[26] a +los pasteles y al mate, agrupadas alrededor de los +guitarreros--circulaba entre las parejas, diciendo cuchufletas[27] y +haciendo con su frase sacramental--¡que se vea luz, caballeros!--que las +aproximaciones no fueran más allá de lo lícito y honesto. + +Concluida la polka, las parejas se deshicieron: las mozas, después de +sacudirse las polleras para quitarles la tierra, tomaron asiento y +comenzaron a torcer sus pañuelos, a _sacarse mentiras_ o a alisarse el +jopo, para dar ocupación a las manos, que ociosas les incomodaban, +mientras los mozos volvían sonrientes a nuestras filas, de donde el +bastonero los sacaba de uno a uno, para hacerles probar de cierta caña +con cáscara de naranja, que tenía reservada para los preferidos. + +Volvieron a sonar las guitarras, haciéndose oír un rasgueo, alegre y +armonioso; era un gato que se bailaba solo de puro sentido y bien +tocado. + +Dos parejas salieron al medio de la rueda. La segunda, que era puramente +decorativa, pasaba desapercibida: la primera era formada por un mocetón +de color bronceado--vistiendo amplio chiripá de grano de oro, caído +hasta el taco de la charolada bota de campana, camiseta de merino negro +tableada, pañuelo volador de seda punzó, sombrero chambergo de felpa con +un barbijo lleno de borlas que le castigaban la nariz y la barba--y por +una moza, no mal parecida, que lucía entre el cabello negro, lustroso, +un ramo de fragantes claveles rojos y que indudablemente era la +consentida del mocetón. + +Debutó él con un saludo y luego con un zapateado en que lucía todas las +gracias de sus pies adiestrados, siguiendo al mismo tiempo el compás, +mientras el guitarrero se desgañitaba, gritando con voz gangosa: "¡salta +la perdiz madre!" y ella, la consentida, se hacía la que huía de los +ataques del animalito que era empecinado y la seguía, haciendo resonar +el suelo con el acompasado golpeteo de sus pies. + +Iba a terminar la pieza, cuando de allá de la última fila de mirones y +gauchos pobres salió una voz que dijo _¡barato!_[28], mientras avanzaba +a reemplazar al mocetón--que parecía ceder su puesto de mala gana--otro, +que era su rival y que, aunque más despilchado, tenía la habilidad de +cantar y no dejaba de ser famoso en el pago. + +Su aparición fue aplaudida, y la muchacha, encendida, se remilgó y trató +de lucir toda su gracia al que le daba tal prueba de distinción. + +Cuando llegó el momento del canto, moduló con voz llena de dulzura, +aunque emitida por la nariz, unas coplas llenas de sentimiento en que +había una que envolvía todo un piropo, que venía como de molde: + + ¡Las muchachas bonitas + Son perseguidas + Como la azucarera + Por las hormigas! + +Y remató su canto con un escobilleo que arrancó voces de admiración: los +pies se movían con tal presteza, mientras el tronco permanecía recto, +que era imposible seguirlos con la vista. + +La muchacha volvió a su asiento, y el mocetón quedó gozando de su +triunfo, orgulloso y satisfecho. + +La caña hizo su aparición, llevando la alegría a todos los corazones, y +los guitarreros, después de tocar un triste, en que palpitaban todos los +anhelos de un alma enamorada, comenzaron a puntear un pericón con todas +las reglas del arte. + +Salieron las parejas al centro, elegidas con cuidado por el bastonero, +entre los mozos y mozas de más fama. + +Hicieron la demanda, algo como la primera figura de la cuadrilla--con +mucho garbo y donaire, rivalizando ellos en gravedad y ellas en +sonrojo--y vino el alegre que permitió a un aficionado, mientras las dos +parejas valsaban, lanzar su nota quejumbrosa: + + Las estrellas en el cielo + forman corona imperial. + Mi corazón por el tuyo y el tuyo + ¡no sé por cuál! + +Y concluyeron su danza con el cielo--pasadas las peripecias de la +cadena--en que los bailarines coronaron su esfuerzo, haciendo +castañetear los dedos al compás de la música y con gran habilidad, +mientras las guitarras gemían con un vals lleno de sentimiento y armonía +de esos que, según la expresión consagrada, levantan de los pelos. + +Y tras el pericón vino un triunfo, donde se floreó aquel que fue héroe +en el gato y que endilgó estas indirectas a su moza: + + Dicen que las heladas + Secan los yuyos, + ¡Ansí me voy secando + De amores tuyos! + + ¡Este es el triunfo, madre + Dueña del alma; + Más quiero dulce muerte + Que vida amarga! + + *** + + ¡Ni aunque todos se opongan + Los doloridos, + No hay dolor que se iguale + Al dolor mío! + + ¡Este es el triunfo, madre, + Dame la muerte, + Dámela despacito, + No me atormente! + +Y así siguió toda la noche la jarana, mientras la caña circulaba y los +corazones anhelosos se buscaban, tratando de fundir en una sola todas +sus aspiraciones. + +Con los primeros rayos de la aurora se pensó recién en poner punto final +a la fiesta, y los guitarreros echaron el resto en una hueya[29] de +aquellas donde se oyen quejidos y risas, donde se ven lágrimas y +alegrías, verdadero reflejo del carácter de nuestro gaucho. + +Las guitarras comenzaron a vibrar, mientras uno de los cantores gemía +con voz gutural: + + ¡Por una ausencia larga + Mandé sangrarme, + Hay ausencias que cuestan + Gotas de sangre! + + *** + + ¡A la hueva, hueya, + Hueya sin cesar, + Abrasé la tierra + Vuelvasé a cerrar! + +Y tras la hueya, la concurrencia comenzaba a despedirse y a dirigirse al +palenque--unos en busca de sus pilchas para dormir por ahí, en cualquier +parte, otros para tomar sus caballos y buscar su rancho, solos o +acompañando a alguna de las damas que, llevando en ancas a su mamá, +volvía al suyo,--cuando de repente un tropel de caballos despertó los +ecos del campo dormido, y coreado por ruidos de latas, pasos +precipitados, ladridos de perros y ayes acongojados de las mujeres +asustadas, resonó estentórea una voz vinosa que, dominando aquel +desconcierto, nos dejó como clavados en el puesto que cada uno ocupaba. + +--¡Alto a la polecía!... ¡No se mueva naides! + +Vino el dueño de casa y se acercó al que gritaba, que no era otro que el +sargento de policía que andaba de recorrida: + +--¿Qué busca, mi sargento, por estos pagos? ¿En qué le podemos servir? + +--¡En nada, amigo!... ¡A ver, caballeros, formensén en ese limpio[30]: +vamos a revisar las papeletas[31]! + +Cinco de los presentes carecíamos de semejante documento y algunos de +ellos, como yo y el que después fue el cabo Minuto, que murió en los +Corrales[32] en 1880, ni habíamos oído hablar jamás de tal requisito que +debieran llenar los ciudadanos. + +¿Quién se iba a ocupar en enseñarnos las leyes? + +¿Con qué objeto? + +¡Ya se encargará el castigo de probarnos que no era bueno desobedecer +los mandatos del Gobierno! + +Excuso decir que hasta sin despedirnos del dueño de casa abandonamos el +viejo rancho bamboleante, rodeados por la partida y montados de dos en +dos en mancarrones inservibles a cuyas piernas hubiese sido una locura +confiarles una esperanza de salvación. + +¡Los fletes nuestros y nuestras pilchas mejores, serían la presa de los +piquetanos que nos habían cazado como a chorlos![33] + +¡Ahí quedaban entre sus garras hambrientas! + +Siempre he pensado, después, que estos procedimientos son el origen de +ese odio ciego, de esa invencible antipatía que los soldados de línea +sienten por las policías rurales, y que los hombres observadores no +alcanzan a explicarse. + +¿Trata uno de cobrarse las prendas tan injusta como infamemente +arrebatadas en un momento de desgracia? + +Puede ser... + +El hecho es que cada vez que se ve una chaquetilla de infantería puesta +sobre un pantalón particular, un sable golpeando sin gracia las canillas +de un compadrito y un kepí[34] con vivos colorados jineteando sobre una +chasca[35] enmarañada y estribando en los cachetes por medio del barbijo +roñoso, el alma se subleva: uno recuerda los primeros dolores y las +primeras humillaciones, y, por las dudas, pela[36] el machete para +vengar, si no los agravios de uno, los de aquellos que más tarde han +recorrido el áspero sendero. + + + + +V + +DE PARIA A CIUDADANO + + +Fui soldado y me hice hombre. + +Con el 64 de línea, adonde me destinaron por cuatro años, como infractor +a la ley de enrolamiento, recorrí la República entera, y, llevando en mi +kepí el número famoso, sentí abrirse mi espíritu a las grandes +aspiraciones de la vida. + +Allí, en las filas, aprendí a leer y a escribir, supe lo que era orden y +limpieza, me enseñaron a respetar y a exigir que me respetaran, y bajo +el ojo vigilante de los jefes y oficiales se operó la transformación del +gaucho bravío y montaraz. + +¡Ah! + +¡Qué día, aquel feliz, en que después de cuatro años de rudo aprendizaje +tuve en mi brazo la escuadra de cabo 2º de la 4ª Compañía! + +¡Era alguien, y esto es mucho para quien no había sido nada! + +Ya no era el paria, el desheredado, el caballo patrio[37] que cualquiera +ensilla y nadie cuida: era el cabo Fabio Carrizo, el principio de aquel +sargento 14, que en 1880 recibía su baja absoluta, después de diez años +de servicios prestados dondequiera que hubiese flameado la vieja +bandera, jurada allá en la cuesta de una loma en marcha para San Luis. + +¡Aquel batallón fue mi hogar y fue mi escuela! + +¡Hoy, cuando lo veo desfilar por las calles, siempre con el aire marcial +a que obliga la tradición del número, busco en vano el rostro tostado de +aquellos que conmigo tiritaban en los fogones de la frontera, y ya no +están! + +¡Queda sólo del tiempo viejo de las miserias sufridas en silencio, la +gloriosa bandera deshilachada que tantas veces cuidé en largas horas de +angustia y cuya vista hace latir todavía mi corazón como en aquellas, +dichosas, en que, al regreso de una expedición arriesgada de la que +muchos de los nuestros no volvían, era sacada para que el capellán +dijera ante ella su misa por el eterno descanso de los que quedaban allá +entre las sinuosidades de las sierras, en el triste cementerio aldeano o +bajo el manto eterno de verdura de la pampa desierta y misteriosa! + + + + +VI + +EL TUFO PORTEÑO + + +Se había extinguido la última chispa de aquel incendio que, comenzando +en la Plaza de la Victoria[38] se propagó por toda la República y estuvo +a punto de hacer revivir las épocas de barbarie que el tiempo y la +civilización habían muerto en nuestra patria, y auras de paz y de +progreso corrían desde Jujuy hasta el Estrecho y desde los Andes al +Atlántico. + +Cumplido mi servicio, pulido mi espíritu hasta donde me había sido dado +lograrlo y ansiando mezclarme al mundo de Buenos Aires, que hervía a mi +alrededor y me atraía como atrae siempre lo desconocido, pedí mi baja y +me separé del 6º; como quien dice, dejé mi casa, y en ella todos los +halagos de mi juventud, todas mis afecciones de la vida. + +Con mi baja en el bolsillo y con una carta de recomendación de mi +coronel, me presenté al señor don Marcos Paz[39], que era entonces él +Jefe de Policía, en su despacho del Departamento viejo[40], que ocupaba +lo que hoy es la Avenida de Mayo[41], frente a la Plaza de la Victoria. + +¡Cómo palpitaba mi corazón al encontrarme en el vasto salón, cuyas +ventanas se abrían hacia la plaza, en el cual yo contemplaba el +hervidero de gentes que me atraía! + +¡Oh!... ¡Cuánta ilusión durante las largas horas de espera! + +Aquellos hombres que pasaban afanosos, secándose el sudor de sus +frentes, aquellos que con un cigarro en la boca caminaban despreocupados +y tranquilos, yo los conocería en mi hora, yo sabría de las pasiones que +los movían y de las esperanzas que los alentaban. + +Y alguna, quizás, de esas preciosas mujeres que como en un relámpago +pasaban en sus coches lujosos, deslumbrando mi vista, estaba destinada a +apartarse conmigo, allá, a una casita lejana, en cuyo umbral modesto +irían a morir sin rumores las olas tempestuosas que me azotaran en las +horas de lucha. + +Y luego mi vista recorría con asombro los muros del despacho, +empapelados de color granate; los muebles tallados de los cuales no +tenía la menor idea, y comparaba aquello--que yo creía la última +expresión del lujo--con el destartalamiento de la carpa del coronel que, +a nosotros, nos parecía suntuosa. + +¡Era el punto de comparación que teníamos para darnos cuenta de la +magnificencia de los palacios encantados que en sus cuentos nos +describía el trompa Gareca, aquel viejo veterano que recibió el Sol del +Ecuador a las órdenes de San Martín, que fue asistente del general +Paunero[42] en la guerra del Paraguay y que hoy duerme el sueño del +olvido en las soledades de Las Manzanas![43] + +Cayó durante uno de aquellos combates homéricos del general Conrado +Villegas[44], con el bravo Namuncurá[45], y allá se quedó... como se han +quedado tantos--modestos y oscuros, de esos que cumplen el deber por el +deber y a quienes los eunucos[46] de la acción y del pensamiento les +llaman soñadores porque no pusieron, sobre todo, las exigencias de la +bestia,--sin que la patria les recuerde, por más que le consagraron lo +único que poseían: ¡la vida! + +De repente me sacó de mis sueños y contemplaciones la voz del ordenanza, +quien tocándome en el hombro, me decía: + +--¡Ahí está el jefe!... ¡aproveche! + + + + +VII + +MOSAICO CRIOLLO + + +Avanza hacia mí un hombre alto, delgado, de color pálido, ceñudo, pero +en cuya fisonomía serena se leía algo de bondadoso que atraía: + +--¿Qué se le ofrece, paisano? + +Solamente el Himno Nacional tiene notas comparables a las que yo +encontré en esta frase sencilla me pareció ver el sol dentro de aquel +salón oscuro. + +--¡Traigo esta carta para Usía...; es de mi coronel! + +Rompió la cubierta, tomó la cartulina que contenía y luego de +recorrerla, exclamó: + +--¡Diez años de servicio sin un arresto, y dos ascensos por acción de +mérito!... ¿Qué es lo que desea, sargento? + +--¡Querría servir con Usía en la policía! + +--¿Conoce bien la ciudad? + +--No, señor. + +--¡Bueno!... ¡Ya se hará a la cancha![47]... Vea, no tengo sino puestos +de vigilante; pero aquí, con buena conducta, se asciende pronto. + +--Está bien, señor. + +Y diez minutos después recibía mi ropa en la mayoría[48], y quedaba como +vigilante en la guardia del Departamento. + +El principio de mi carrera fue penoso y mortificante. Carecía hasta de +las nociones más elementales de lo que formaba la vida de la ciudad, y +todo era para mí motivo de asombro y de curiosidad. + +Las calles, los tramways, los teatros, las tiendas y almacenes lujosos, +las jugueterías, las joyerías, las, iglesias, no era extraño que me +arrastraran hacia ellas con fuerza invencible y que no tuviera ojos ni +oídos para observarlas y asombrarme: era que todo me llamaba, todo me +atraía. + +No conocía ningún detalle de la vida civilizada, y cada cosa que saltaba +ante mi vista era un motive de sorpresa. No hablo, por cierto, de las +maravillas de la electricidad, de la fotografía, de la imprenta e de la +medicina, que eran cosas abstractas para mí en ese tiempo: hablo de los +carros, de los carruajes, de los vendedores ambulantes, del adoquinado, +del agua corriente, que no podía comprender cómo manaba de una pared con +sólo dar vuelta a una llave; del gas, que me producía verdadero delirio +cada vez que pensaba en él; de las casas de vistas[49], de las vidrieras +lujosas, del sombrero, de la ropa y hasta del modo de reír y conversar +de las gentes. + +Durante un mes mi cerebro trabajó como no había trabajado durante todos +los días, de mi vida, reunidos, y de noche las paredes desnudas de mi +modesto cuarto de conventillo me veían caer como borracho sobre mi cama, +abrumado bajo el peso de las sensaciones de cada día. + +Me acostaba, y la baraúnda de las calles zumbaba en mis oídos, y +desfilaban, en hilera interminable, las figuras heterogéneas que en el +día habían pasado ante mi vista. + +Veía las mesitas de hierro de los cafés y confiterías de la Recoba[50], +que dividía las plazas de la Victoria y 25 de Mayo--que años más tarde +demolió el intendente Alvear,--rodeadas por borrachines paquetes[51], +por otros ya transformados en verdaderos descamisados o que estaban por +serlo, por soldados y marineros barajados con clases[52], oficiales y +hasta jefes, y en las calles laterales y en las veredas, hombres +cargados con canastas, que anunciaban en todos los tonos las más +variadas mercancías, gentes apuradas, que se llevaban por delante unas a +otras; carruajes, carros, tramways, y más lejos, allá abajo, en el +puerto, máquinas de tren que cruzaban, vapores que silbaban, changadores +que corrían, carros que andaban entre el agua como en tierra, y +sirviendo de fondo a la escena el río imponente con su festón de +lavanderas en el primer plano, y en lontananza un bosque impenetrable de +mástiles y chimeneas. + +Pero lo que más me desvelaba eran las ilusiones del oído, aquellas voces +pronunciadas en todos los idiomas del mundo y en todos los tonos y +formas imaginables. + +Veía venir a un italiano bajito, flaco, requemado, que, con voz de +tiple[53], aunque doliente como un quejido, exclamaba acompasadamente: +"Pobre doña Luisa", "Pobre doña Luisa", mientras lo que en realidad +hacía era ofrecer los fósforos y cigarrillos que llevaba en un cajón +colgado al pescuezo; otro alto, rollizo, con un cuello de media vara, y +llevando canastas repletas de bananas y naranjas, exclamaba en tono +alegre: "arránqueme esta espina"; mientras un francés que vendía +anteojos, cortaplumas y botones, anunciaba con un vozarrón de bajo: "soy +un pillo", coronado por un vendedor de requesones, que clamaba +intermitentemente: "tres colas negras". + +Luego, de allá, del fondo de la memoria, surgía la figura de un +semigaucho, que con reminiscencias de vidalitas, ofrecía su mazamorra +batida, y tras él un negro pastelero, que silbaba y muy echado para +atrás, muy ventrudo, llevando en la cabeza un gran cajón de factura, +soplaba como un fuelle: "ta tapao; meté la mano". + +Mi cabeza era un volcán: todo lo oía, todo lo interpretaba y mi cuerpo +se debilitaba en aquellas horas de agitación y de fiebre. + +¡Buenos Aires entero, con sus calles y sus plazas y su movimiento de +hormiguero, bullía en mi imaginación calenturienta! + + + + +VIII + +LOS BOCETOS DE UN MIOPE + + +¡Y considerar que a pesar de haber tanta gente a mi alrededor, de tener +tantos compañeros en mi nuevo puesto, yo estaba solo, solo como si me +hallara en el desierto! + +¡No había en la multitud un alma que armonizara con la mía, y envidiaba +de corazón a los cabos y sargentos que de nada se asombraban y parecían +saberlo todo, no sabiendo nada en realidad, y a los soldados como yo, a +quienes no les preocupaba lo que ignoraban, sino lo poco que sabían y +tenían el coraje de estar alegres y de reír! + +¡Con qué ahinco estudiaba mis obligaciones, y cómo me contraía a mis +deberes, circunscribiéndolos al límite más estrecho que era posible, +tratando de aislarlos del mundo aquel, que me rodeaba y que temía! + +¡Pronto aprendí lo poco del oficio que tenía que aprender, y libre y +despreocupado pude entregarme a la investigación paciente y minuciosa de +todo lo que me rodeaba, a la observación metódica y tranquila de todo lo +que veía y oía, y cuánta conquista pude hacer para mi alma anhelosa de +conocer, y sedienta de vivir! + +Tengo grabadas en la retina, y para siempre lo estarán tal vez, las +escenas callejeras que más me impresionaron, los cuadros de la vida que +primero descifraron mis ojos y las primeras letras del abecedario social +que aprendí a conocer. + +Mi primer servicio en carácter de vigilante fui a prestarlo a los veinte +días de mi ingreso, bajo la dirección del cabo Pérez; el teatro elegido +fue el Ministerio del Interior[54], donde se requería, por no sé qué +causa, ayuda de la fuerza pública. + +El tal servicio consistía en estar parado en la puerta de la sala de +espera... y en nada más. + +Quince días pasé desempeñando mi comisión con toda conciencia, bajo la +inmediata vigilancia del cabo, que era flamante, lleno de ardimiento, y +creía que las funciones que desempeñábamos eran de esas que ni los +pueblos ni los gobiernos olvidan, y hacen de los que han tenido la +suerte de ocuparse en ellas una especie de dioses chicos, merecedores, +no ya de estatuas en las plazas públicas, sino de ser tenidos como +ejemplos en la historia de la humanidad civilizada. + +¡Pobre Pérez! + +¡Era español, como de treinta años, y se tenía por bello, por valiente y +por muy entendido en achaques de ordenanzas de policía! ¡Casi no había +buena cualidad atribuida por los hombres de una época a los que vivieron +en otra, que él, con una modestia verdaderamente infantil, no se las +atribuyera y tratara de convencer, a los pocos con quienes tenía +contacto en el mundo, que verdaderamente las poseía! + +Era generoso, y una vez casi lloró porque lo mandaron al Once de +Septiembre y no le dieron dos pesos de los viejos para el tramway; era +suertudo en lides de amor, y la mujer se le escapó con un sepulturero de +la Recoleta, que se iba como administrador del Cementerio de +Navarro[55]; era sobrio y por lo general lo arrestaban por ebrio; y era +valiente, y hubo que darlo de baja porque desertó una consigna, +perseguido por unos vendedores de diarios, que le quitaron el machete y +el kepí. + +¡Allí, en el Ministerio, se daba un corte bárbaro, y aún me parece ver +su figurita, que parecía recortada de una caja de fósforos! + +Con paso reposado medía, contoneándose, el ancho corredor, mientras yo +estaba de facción en la puerta del salón de espera, casi al lado de la +ventanilla correspondiente a la Mesa de Entradas y Salidas. + +Invariablemente llevaba la mano izquierda apoyada en la reluciente +empuñadura del machete, la derecha suspendida por el pulgar en la parte +delantera del cinturón, jugando como al descuido con la cadena--virgen +seguramente en poder del cabo--, el kepí volteado con aire coqueto sobre +la oreja y echando sombra sobre un ojo de color blanquizco, que parecía +hacerle guiños a una nariz arremangada y carnuda, que emergía de entre +unos bigotes semirrubios y enmarañados, que eran el orgullo de su +propietario. + +Con esto y con bañar su rostro en una sonrisa con pretensiones de +picarescamente bonachona, quedaba perfilado el cabo Pérez en toda su +graciosa majestad. + +Estas impresiones, que son las primeras que tuve en Buenos Aires, puede +decirse, las tengo presentes, y las siento como si fueran de ayer; veo +aún las escenas y las cosas, tal como se presentaron a mí, así en +tropel, medio confusas, informes, barajándose de una manera infernal, +figuras, espectáculos, diálogos, ruidos y hasta aire de personas +absolutamente desconocidas, que yo encontraba en la calle o veía en las +antesalas del Ministerio en las horas de facción. + +Durante mi corta comisión alcancé a conocer, con sólo verlos caminar, a +los vagos que pasan la vida en las antesalas, buscando empleo; a los +imaginativos que se creen en posesión de los puestos que anhelan porque +han llevado al ministro una carta de cualquiera que se les antoja de +valimiento[56], a los pichuleadores[57], a los amigos de confianza de +los escribientes y auxiliares, a los de otros que vuelan más alto, a los +comisionistas, a los noticieros de los diarios, a las señoras honestas +que buscan pensión y a las más interesantes aun que gestionan asuntos +por cuenta ajena; fueron las que estudié y observé con más detenimiento, +porque eran las que abundaban y las que constantemente tenía ante los +ojos. + +Las conocía por el aire de suficiencia que respiraban, por la majestad, +que como un perfume se exhalaba de sus personas, y por el amaneramiento +de todos sus gestos y ademanes. + +No vagaban sin rumbo bajo los largos corredores de la Casa de Gobierno, +buscando aquí y allá una oficina desconocida, como cualquiera 19 viuda +que busca pensión, empleo para un jovencito que es una monada, o beca +para una señorita joven pero honrada; no señor, ellas iban seguras a su +objeto, serenas, tranquilas, y no necesitaban indicaciones ni +lazarillos. + +No se las veía en las antesalas haciendo esperas, porque conocían las +horas del despacho, y si se adelantaban por un caso fortuito, se +paseaban en los corredores con aires de dueñas de casa, o formaban en la +rueda de los ordenanzas y porteros, donde salpicaban los comentarios +banales o los chismes corrientes, con la observación mordaz o el relato +pimentado, recogido de "los mismos labios de los de la presidencia", "de +los del Congreso" o de cualquier otro foco de fama indiscutible. + +Yo, en mi facción al lado de la Mesa de Entradas y Salidas, que es su +teatro, las veía en toda su magnificencia y gozaba en grande, viéndolas +desfilar en su opulenta variedad. + +Al principio creía en sus amenazas, en sus cóleras, en sus penas y hasta +en sus súplicas, pero después me convencí de la realidad--comedia +pura--y al cabo de dos o tres días oía los diálogos con curiosidad, pero +sin interesarme mayormente ni por el asunto ni por quienes lo trataban. + + + + +IX + +CINEMATÓGRAFO + + +Se acercaba a la ventanilla, tras la cual estaba el empleado encargado +del despacho, una señora seria, pero con una seriedad de esas que llaman +la atención en dondequiera y a cualquier hora y se sucedían los diálogos +y las escenas. + +--¡Para servir a usted!... ¿El expediente número cuatrocientos +veinticinco, letra L, de la serie H? + +--¡Está en Contaduría, señora! + +--¿En Contaduría?... ¡Pero qué escándalo! ¡Es inaudito! ¡Hace seis meses +que está en la misma oficina! ¡Esa Contaduría es una carreta, señor! +¡Seis meses para una simple toma de razón; usted ve que eso habla muy +poco en favor de la administración nacional! A Dios gracias tengo buenas +relaciones en la prensa y ya verá usted la mosquita que le haré +poner[58] al señor contador... ¡Ya verá usted y se reirá!... ¿Y no sabe +cuándo vendrá el tan célebre expediente? + +--No, señora..., ¡no puedo decirle nada al respecto! + +La señora se sonríe y exclama, por si acaso, como quien tira un anzuelo +por si pica. + +--¡Muchas veces en ustedes pende el despacho!... ¡No me diga usted a mí; +conozco muy bien lo que son oficinas! + +Y no teniendo respuesta a su jactancia, se retiraba con aire majestuoso +y cedía el puesto a otra dama también de fuste[59], aunque bastante +vivaracha y nerviosa. + +--¿El expediente número mil cuatro, letra P, sobre embargo de sueldo al +vigilante Zacarías Machete?..., ¡un guardián que no le gusta pagar casa +y que tiene unas costumbres que da vergüenza!... Figúrese usted que... + +--Por orden del señor ministro, señora, esos expedientes dientes están +reservados... Son tantos, que para firmarlos se necesita un mes +entero... + +--Es decir que el público es nadie, y que tenemos que aguantar... + +--Pero señora, es que... + +--¡No me diga usted, no me diga!... ¡Todo es porque el ministro no se +incomode!... ¡Cuidado, no se vaya a mancar firmando! + +--Pero señora, si es que... + +--¡Yo sé bien, sí, lo que hay en todo esto; lo que se necesita para +mover los asuntos, son recomendaciones, cartitas, empeños[60]... _y +aceite para la máquina!_...[61] ¡Pero, déjese usted estar; yo veré al +ministro y le contaré lo que pasa! ¡Se ponen ustedes a charlar y a tomar +té, y no llevan los asuntos a la firma! ¡Ya verán ustedes el trote[62] +que les voy a meter! + +--Pero señora... ¡mire usted que está faltando[63] en la oficina! + +--¡Ahora mismo voy a ver al ministro, y ya sabrá usted si estoy +faltando! + +El empleado ve que toda reflexión es inútil y se retira de la +ventanilla. + +La señora se aleja, vociferando y maldiciendo de los empleados, de su +falta de educación, de su descortesía con las señoras, y jurando que les +hará ajustar las cuentas, aunque tenga que perder un ojo de la cara. + +¡Ya verán con su sobrino, noticiero de un diario de oposición y mozo que +tiene una pluma que es un serrucho de reputaciones! + +Y aparece tras ella otra señora, pero ésta no es como las anteriores, +sino humilde, inocente, y en su fisonomía no hay rasgo revelador de las +tempestades que rugen en su alma. + +--El expediente sobre concesión de bosques en el Chaco, iniciado por don +Palemón Tagliarin... ¿podría usted informarme? + +--¿Qué número tenía, señora? + +--¡El número no lo sé... pero si usted me hiciera el obsequio de buscar +por la letra!... + +--¡Hay una enormidad de expedientes, señora, y me es imposible echarme a +buscar entre ellos el suyo... así... sin dato ninguno!... + +--¡Le agradecería, señor, que me lo buscara: es un favor!... Fue +presentado en noviembre... + +El empleado, refunfuñando, comienza a remover enormes masas de papel, y +al fin extrae el codiciado expediente. + +--¡Vaya... aquí está! ¡Hay una reposición de sellos! + +--¿Qué resolución tiene, señor? + +--No puedo decírsela hasta que no me traiga usted tres sellos. + +--Pero señor, soy una persona... + +--Es inútil, señora; yo no quiero que me caiga una multa... ¡Traiga +usted los sellos y sabrá la resolución! + +La señora sale y al rato vuelve, habiendo hecho el desembolso necesario +para llenar el deseado requisito. + +--¡Aquí está, señor! ¿Podría decírmela?... + +--Sí, señora. "Previa reposición de sellos, no ha lugar y archívese." + +--¡Pero señor, qué escandaloso! ¿En qué tierra vivimos? ¿Es posible que +haya gastado tantos pesos para tener semejante resolución? ¡¡Esto es una +pillería, un robo, una judería[64]!! + +--¡Señora, yo no tengo la culpa!... ¿Qué le vamos a hacer? + +--¡Ya verá usted lo que le vamos a hacer! ¡Cómplice! ¡Fariseo[65]! +¡Judas Iscariote! ¡Porque me ve así no crea que soy lo que parezco; +ahora mismo veré al ministro!... ¡No ha lugar y archívese!..., ¿y +entretanto al señor Mengano y al señor Zutano les conceden?... ¡Es +claro, todos son de una camada!... ¡Pero conmigo se han de ver las +caras, no hay cuidado! ¡Yo no tengo pelos en la lengua, y se las he de +cantar! + +El empleado se retira con toda cachaza, y va a ocupar su asiento; la +señora sale de la oficina con una rapidez de huracán, gesticulando y +tartamudeando improperios contra el gobierno y los empleados, y, +todavía, al toparse conmigo, me da un encontrón, y como un relámpago +alcanza al cabo Pérez que, siguiendo sus paseos coquetos e inofensivos, +ignora lo sucedido y le azota con esta frase, cuyo final va a perderse +allá en los vericuetos del zaguán que da salida a la escalera, frente al +despacho presidencial: + +--¡Ladrones!... ¡Permita Dios que venga el cólera y acabe con todos! +¡Fariseos!... ¡Asesinos! + + + + +X + +LA LINTERNA DE REGNIER + + +Fue aquí, en este servicio, donde por primera vez conocí a don Tomás +Regnier, mi compañero desde pocos días después, y mi maestro siempre. +Fue él quien encontrándome perdido en medio de la multitud, sirvió de +guía a mi alma, pudiera decirse infantil; fue mi maestro y fue el foco +de luz que iluminó mi espíritu, proveyéndome de armas--él que era inerme +para emprender con vigor la pesada lucha por la vida. + +Todas las tardes, invariablemente, llegaba a las antesalas un hombre al +parecer convaleciente de larga enfermedad, tal era su extrema palidez y +la debilidad de toda su persona, que era desaliñada en grado +superlativo. Vestía de negro, con levita y sombrero de copa, pero todo +en un estado tal de ruindad y falta de higiene, que asombraba cómo las +autoridades permitían la exhibición de miseria semejante. No obstante, +era correcto: las prendas podían ser como eran, viejas y sucias, pero no +le faltaba ninguna de las correspondientes al rango de su traje, que él +llevaba con toda majestad y respeto, contrastando singularmente con su +miseria y la exigüidad de su persona--pues, sobre ser enclenque, era de +una estatura reducida a la expresión más mínima--la suficiencia, y hasta +diría, la importancia que trasudaba. + +Todo en él era altisonante, desde el taco torcido de sus viejos botines +deslustrados--que él al caminar tenía la pretensión de hacer sonar con +toda prosopopeya[66] y acompasadamente, pues su andar era cadencioso, y +casi pudiera decirse rítmico--, hasta el lente que colgaba sobre su fina +nariz aguileña, y el cual, no conteniendo sino un vidrio, pues el otro +se había caído, daba a su fisonomía una expresión grotesca, marcadamente +satírica. + +Yo lo veía llegar, avanzando despacio, tranquilo, despreocupado, con su +cuello erguido, la cabeza levantada con cierta insolencia de buen tono y +con su levita que se caía a pedazos, sus pantalones deshilachados y +grasientos y su galera y la corbata y hasta el bastón que llevaba bajo +el brazo, lo mismo, y trataba de averiguar, aunque fuera por deducción, +el objeto que lo traía diariamente al despacho. + +Se sentaba en el rincón más oscuro del salón de espera durante unos +veinte minutos, permanecía quieto y silencioso y luego se retiraba tal +como había venido, si por acaso no encontraba al mayordomo Luis Morel, +persona que hacía el servicio especial del ministro. Si lo encontraba, +la escena tenía una variante, pues el mayordomo lo llevaba al cuarto de +los ordenanzas, le daba una taza de café con galletita,--que él tomaba +en silencio, y muy despacio--y luego se ausentaba con la misma +prosopopeya, y la misma importancia y el mismo pasito cadencioso y +rítmico con que había venido. + +Los ordenanzas y porteros no lo conocían, y por lo que pude notar lo +miraban con desprecio, llegando uno, que abrigaba rivalidades +mayordomescas, a decirme con socarronería: + +--¡Es un amigo del hombre de confianza del ministro!... ¡Persona muy +bien relacionada, como usted lo ve! + +El cabo Pérez no se dignaba bajar la vista hasta él, y cuando le +pregunté quién sería el personaje me echó una mirada fulminante con su +ojo blanquizco que brillaba bajo la visera del kepí, y me dijo: + +--¿Cree que yo voy a conocer _eso_?... ¿No ve que es un atorrante de +levita? + +La respuesta no me satisfizo y me prometí interrogar al mayordomo en la +primera oportunidad; parecía éste un buen sujeto, contra la opinión de +los murmuradores que se reunían en el cuarto de los sirvientes y +ordenanzas, y, a pesar de la actividad que yo le veía desplegar y del +aspecto de hombre ocupado, que siempre tenía y que sus subordinados +interpretaban como signo visible de servilismo y adulonería, cosa que a +ellos--hombres altivos e independientes,--no les cuadraba. + +No tuve necesidad, no obstante, de recurrir a informaciones de nadie; +una tarde, mi hombre se acercó espontáneamente y, con acento francés muy +pronunciado, me dijo confidencialmente, y mirándome a medias, pues lo +hacía con el único ojo que cubría su lente y entrecerrando el otro, +mortificado por la luz: + +--¡Diga, vigilante!... ¿No lo ha visto al mayordomo? + +--No, señor..., ¡ayer no lo vi tampoco! + +--¿Tampoco, eh?... ¡Pues, entonces estará enfermo!... Y luego de +quedarse un rato pensativo, me dijo con una dulzura infinita: + +--¡Es lástima!... Mañana tengo que ir a la Con valecencia...[67] +¿sabe?... porque me va a dar el ata que, y... ¡Caramba!... el mayordomo +me dijo que me pagaría el tramway porque está lejos y no puedo caminar. + +--Si quiere... ¡tome! + +Y metiendo la mano en el bolsillo saqué cinco pesos de la antigua moneda +y le di. + +Me miró como asustado, parpadeó el ojo que quedaba sin vidrio y me dijo, +como alelado: + +--¡Vaya, gracias... amigo vigilante!... ¡Voy a traerle el vuelto... +porque, como comprenderá, no tengo cambio y, después, el enano ese que +me persigue, ¿sabe?, puede ser que sople en su caracol, y entonces, +aunque haya baile me va a comenzar la picazón de la nariz, y no voy a +poder ir al Banco, porque lo cierran de miedo al enjambre de hormigas +que acompañan al maldito enano ese!... + +Comprendí que el hombre era un enfermo y que la alegría que acababa de +recibir le había quitado el poco seso que solía tener, y dije para +distraerlo: + +--Deje el vuelto no más, no se preocupe: otro día me lo da. + +--¡Ah!... ¡Sí!... ¡Bueno!... + +Y luego, pasándose la mano por la frente, exclamó, como quien vuelve de +un sueño: + +--¿Ve?... ¡Ya se me iba la cabeza!... ¡Amigo, qué cosa!... ¡No puedo +pensar en nada! + +Y me contó con toda lentitud y en voz baja, su enfermedad y cómo cada +tantos días tenía que ir a recluirse en el Hospicio de Dementes, donde +lo asistían con mucho éxito, pues, momento a momento, se iba sintiendo +en salud. + +¡Pobre Regnier! + +¿Quién me hubiera dicho que él, el pobre enfermo que en esos momentos +tenía ante mis ojos, y a quien miraba compasivo, llegaría en día no +lejano--cuando por segunda vez nos halláramos en la vida--a tener una +influencia tan decisiva en mi destino, como en realidad la tuvo? + +Fue él quien me puso en el sendero de la dicha, quien abrió mi espíritu +a la luz vivificante del saber y quien despertó en mi alma los anhelos y +las esperanzas que fortificaron y alentaron mis ambiciones, formándome +con la experiencia de su vida asendereada[68] de bohemio y de vagabundo, +una sólida plataforma que me permitiera elevarme sobre el nivel vulgar a +que me condenaban mis condiciones personales y el medio en que me +agitaba. + +¿Qué maestro más amoroso pude tener? + +¡Con qué pasión de enfermo, con qué persistencia de maniático emprendió +la tarea de ilustrarme y de educarme! + +¡En las horas de descanso del día presente--cuando en el jardín de la +casita en que vivimos lo veo rodeado de mis hijos, que le llaman abuelo, +pulcramente vestido de negro, aunque conservando el mismo paso +cadencioso y rítmico de los primeros días en que le conocí--suelo evocar +los viejos recuerdos, y comparando mi existencia de los días oscuros con +los que después alcancé, comprendo cuánto le debo y cuál fue mi suerte +al encontrarlo en el camino de la vida! + + + + +XI + +BROCHAZOS MINISTERIALES + + +Dos días después, al llegar una tarde al Departamento, tras quince días +de facción en el Ministerio del Interior, se me comunicó que debía +presentarme al siguiente en la comisaría 2ª, a cuyo personal quedaba +adscripto. + +¡Adiós vida regalona y tranquila! + +¡Salve días oscuros y brumosos! + +Esa noche vi pasar ante mis ojos, en sueños, la figura plácida del +ministro del Interior[69], con sus cuidadas patillas canosas, sus +verrugas y lunares, y la eterna sonrisa bondadosa con que acompañaba sus +saludos graves, correctos y parsimoniosos. + +Tras él iba también la turbamulta de buscadores de empleos, que formaban +su séquito ministerial, y que, según la voz corriente en antesalas, +jamás se desengañaba, y raras veces conseguía lo que buscaba, pues si +bien el hombre era servicial y generoso, el ministro no tenía medios +cómo satisfacer sus exigencias, siempre crecientes. + +Pasó ante mí, siguiéndolo, el viejo sargento del tiempo de Rosas, que se +sentaba en la cuarta silla de la izquierda; el señor calvo que se reunía +en uno casi invisible, con que quería taparse la oreja, los pocos +mechones dispersos que poseía; el caballero cordobés que promiscuaba +entre esta antesala y la de los demás ministros, y cerrando la marcha de +la larga fila interminable, los habituales del despacho, los amigos de +confianza: un señor, que más tarde he visto de comerciante de fuste, +otro medio francés, que era periodista, y que después he encontrado de +librero; un periodista fogoso, que luego ha sido orador político e +historiador de vuelo, y un coronel, que--según la voz corriente +circulada por El Cascabel, que redactaba esa pléyade de inteligencias +vigorosas, que después ha tenido tanta actuación en nuestra +patria--"comandó con gran denuedo los lanceros de la Muerte, que se +murieron de miedo". + +Y más lejos, atrás de todos, el mayordomo Luis Morel, siempre apurado, +perseguido por el ordenanza, su rival, que iba lanzando pullas agudas +contra el ministro, y analizando su costumbre de tener cigarrillos para +su uso y otros para convidar, y de alumbrarse con vela durante el día, +teniendo el despacho casi a oscuras! + +Este rival del mayordomo era el propagandista más asidao de las +versiones contra el ministro, y tengo la seguridad de que la mayor parte +de los cuentos que circulaban en la Casa de Gobierno, como una +cosquilla, eran hijos de su labio maldiciente. + +Una vez lo vi rodeado de todos los ordenanzas del Congreso, que andaban +en no sé qué gestión ministerial, y se entretenían en contar el modo de +ser y de vivir de cada congresal, en aquilatar sus méritos como oradores +y sus probabilidades de reelección, en criticar su vestuario y hasta en +vituperar su procedimiento dentro de la Cámara. + +--¡Ése es bueno, dijo uno, refiriéndose al señor José Fernández, +caudillo de la Boca del Riachuelo; cuando puede, sirve: es medio +camandulero[70] cuando no puede, pero tiene alma! + +--Hombre--interrumpió el rival del mayordomo--, decile que aprenda de mi +ministro, que sirve con palabras desleídas en sonrisitas. Mirá. ¡Aquí +verás siempre las antesalas llenas de la misma gente: son personas que +esperan durante meses un maná que nunca llega, y... siempre están +contentas! + +--¡No digás! + +--¿No digás?... ¡Pero si es sabido! ¡Y el proceder es sencillo! Cuando +hay una vacante de administrador de Correos en algún pueblito de la +frontera o de Jujuy, de esos que ganan diez pesos, ¿sabés?..., la +guarda, y empieza a hacer entrar a los penitentes. + +--¡Claro!... ¡Y los pobres no agarran! + +--¡Qué van a agarrar!... Y ahí empieza él con sus sonrisas y sus +disculpas: "No hay más; por esto verá que no lo olvido; otra vez +será"... ¡Y los hombres se retiran satisfechos, y... como vinieron! + + + + +XII + +ENTRETELONES POLICIALES + + +Una mañana en que había llegado a la comisaría, y me disponía a salir +con el tercio[71] en que formaba, para ir a hacer mi monótono servicio +de bocacalle, allí frente al almacén de doña Petrona, en la esquina de +Luján 25 y Defensa--donde puede decirse que no tenía más misión que +proteger los intereses de los comerciantes ambulantes contra las +travesuras de los estudiantes de medicina y de derecho que, avecindados +en aquel barrio, lo constituían casi en una mitad--oí que el oficial +escribiente gritaba en medio del patio desmantelado, donde los ebrios +recogidos en la noche anterior comenzaban a desperezarse, acostados en +los rincones, teniendo por almohada las baldosas: + +¡Agente Carrizo!..., ¡vaya al despacho del comisario! + +¡Es preciso haber sido vigilante para conocer todo el efecto que puede +tener frase semejante! ¡El comisario! + +¡Qué lejos se ve su figura, y qué grande, desde el modesto punto de mira +que tienen los agentes! + +Allí, en aquella mano, están todas las recompensas y están todos los +castigos; ella tiene la suerte de cada uno, casi como la de Dios; ella +puede dar y puede quitar; puede condenar a una eternidad de +padecimientos lentos, y puede llevarlo a uno hasta la cumbre en un +instante: es la omnipotencia. + +Ser llamado por el comisario a su despacho es algo que un agente lo +recordará toda su vida: podrá olvidar a la madre, a los hijos, a la +mujer, pero jamás olvidará el día y hora en que compareció ante la vista +del dispensador de todos los bienes o del causante de todas las +desgracias. + +Aquel minuto que uno tarda en atravesar el patio, equivale a una hora de +emociones. + +¿Será la suerte que se acerca a mí? + +¿Será el ala negra de la desgracia que bate el aire a mi alrededor y va +a proyectar su sombra sobre mi frente? + +¿Qué habrá? + +Desfilan ante la vista nublada las copas tomadas a escondidas en la +trastienda de los almacenes de la manzana; las graciosas sirvientas con +quienes uno se saluda más o menos cariñosamente en las horas de facción; +los cigarrillos fumados clandestinamente en el zaguán de las grandes +casas, durante la recorrida, y todos estos recuerdos se alzan pavorosos +y cada uno es un fantasma que aterroriza. + +--¡A la orden, señor comisario! + +Y el comisario--un viejo criollo, de cara bonachona y sonriente--alzó la +vista, me miró, y dijo: "Esperá", mientras concluía la tarea de poner el +sobre escrito a una carta. + +--¡Decime, che!... ¿Has sido sargento del sexto? + +--¡Sí, señor! + +--¡Con razón te piden de la quinta!... ¡Claro! ¡Se llevan los mejores +agentes y lo dejan a uno aquí con puros gallegos!... ¡Mirá!... ¡Te vas a +quedar conmigo; te voy a enseñar para pesquisa! + +--¡Está bien, señor! + +--El comisario de la quinta te ha pedido al jefe, pero voy a contestar +que pides seguir el servicio aquí. + +--¡Está bien, señor! + +--¿Sos casado? + +--¡No, señor! + +--¡Bueno!... ¡Llevá tus pilchas a casa y decile al sargento Gómez que te +acomode con él! + +--¡Está bien, señor! + +Di media vuelta y salí como con alas en los talones. Ir a servir con el +sargento Gómez, el agente mejor reputado en la comisaría, el crédito de +la sección, era para mí la gloria. + +¡Pedir más, la verdad, hubiera sido tentar la suerte! + + + + +XIII + +SIEMPRE ADELANTE + + +El sargento Servando Gómez, era oriundo de Corrientes, y como soldado +del 3º de línea, había hecho las campañas del Paraguay y del interior, a +las órdenes del general Arredondo. Era, pues, un veterano como yo. + +Su aprendizaje había sido rudo y tremendo; por eso en sus consejos nunca +se olvidaba de incluirme este: "Mirá, si querés pasar de sargento, +aprendé la pluma; sin esto--y movía la mano en el aire como quien +escribe--es al ñudo[72] forcejear." + +No era un hombre ilustrado ni mucho menos, pero era más educado, en la +verdadera acepción del concepto, que muchos que he conocido ocupando +posiciones más elevadas. + +Sus labios nunca se abrieron para una falsedad, ni para cometer una +injusticia, y en la comisaría era como el Evangelio una afirmación que +se le oyera, llegándose a decir que era hasta capaz de declarar en +contra suya si a mano venía. + +Serio, grave, pocos habían visto una sonrisa en su cara angulosa, +cubierta por una tez apergaminada y morena, casi negra; no obstante, era +decidor y alegre en las horas de ocio, y más de una de sus aventuras, +casi novelescas, entretuvieron largas horas de espera en las correrías +que juntos teníamos que emprender todas las noches, ya siguiendo la +pista de algún pícaro que andaba estudiando la sección, o ya buscando la +de algún asesino que, después de cometer una fechoría, se nos había +escapado de entre las manos. + +¡Y cómo admiraba yo la sagacidad, la viveza, el fino tacto y la +discreción del viejo sargento! + +Cada una de sus pesquisas, a que él llamaba modestamente "trabajos", era +una filigrana y daban tentaciones de creer que tuviera pacto con el +diablo, a cualquiera que, estando en el secreto del asunto, siguiera con +atención sus procedimientos de investigación. + +--¿Y quién le enseñó a trabajar, mi sargento? ¿Porque usted no habrá +aprendido solo, supongo? + +--¡No!... ¡Qué esperanza!... ¡A mí me trajeron expresamente un maestro +de Inglaterra, uno de esos tigres que conocen por la cabeza a los +ladrones y a los asesinos!... ¡Mis maestros, amigo, son los que deben +tener ustedes..., si quieren servir para algo: los ojos, los oídos y las +piernas! + +--¡No digo que no haya, pero yo no los he visto! ¡Vez pasada, hace como +diez años, trajeron uno, y se lo dieron al comisario Wright!... ¡Qué +hombre del diablo! ¡No sabía nada y parecía que se iba a comer el mundo! +Una noche lo hicieron examinar en la comisaría a un coronel que estaba +de visita, y que se había disfrazado de gaucho, y después de darle mil +vueltas y de hacerle sacar la lengua y blanquear los ojos, dijo que era +ladrón, asesino e incendiario. + +--¡Y sería no más, pues! ¡Hay tantos diablos que parecen santos! + +--¡Ave María Purísima!... ¡Si se trata de un coronel de lo mejor!... ¡ +Lo que había es que, como después se supo, el sujeto era un peine de +esos que no dejan ni caspa, y que era verdad que había servido en las +policías de Europa..., pero de farolero! + +Mi aprendizaje con el sargento Gómez lo hice pronto, y sus observaciones +y los cuentos que me contaba son la materia principal de los pocos +capítulos que voy a consagrar a la gente maleante con que teníamos que +bregar y a la cual recién más adelante conocí, cuando, colocado ya en +altura mayor que la de simple agente de pesquisas, me fue dado penetrar +en las profundidades de nuestro organismo social, estudiando casos +particulares. + + + + +MUNDO LUNFARDO + + + + +XIV + +EN LA PUERTA DE LA CUEVA + + +Penetrar en la vida de un pícaro, aquí en Buenos Aires, o, mejor dicho, +en lo que en lenguaje de ladrones y gente maleante se llama _mundo +lunfardo_, es tan difícil como escribir en el aire. + +Aquí se vive a ciegas, con respecto a todo aquello que pueda servir para +dar luz sobre un hombre: la policía, para desempeñar su misión, tiene +que hacer prodigios, y parece imposible que obtenga los resultados que +obtiene, dada la clase de gente en que las circunstancias la obligan a +reclutar su personal subalterno y el medio en que actúa. + +Las policías de Londres, París y Nueva York, dotadas de mil recursos +preciosos, no tiene nada de extraño que puedan encontrar un delincuente +dos horas después de haber cometido el delito: lo admirable sería que +pudiesen hacerlo aquí. + +Quisiera ver a esos graves _policemen_ de que nos hablan los libros, en +este escenario, en que no existen registros de vecindad, en que se +ignora el movimiento de la población, en que la entrada y salida de +extranjeros es un secreto para las autoridades, en que uno puede ser +casado diez veces, tener quince domicilios, mil nombres distintos y +quinientas profesiones diferentes, y todo en la mayor reserva, no digo +para la autoridad, sino para los hijos, la esposa, los hermanos y hasta +los vecinos, por más curiosos que sean. + +Aquí nos hemos ocupado del adoquinado y rectificación de calles, de +formación de paseos, de obras de higiene convencional y de todo aquello +que luce a primera vista; pero respecto a organización social, a medios +de conocernos y controlar nuestros actos todos los convecinos, vivimos +como en tiempo del coloniaje. + +¿Por qué no se ha establecido el registro de vecindad y todos sus +derivados? + +¡Que lo diga la Municipalidad, que tiene encarpetadas las notas en que +se lo han pedido todos los jefes de policía habidos hasta hoy! + +Viviéndose como se vive aquí, un pillo anda a sus anchas, hasta que un +mal paso, demasiado claro, lo pone bajo los ojos de la policía, que es +andariega y husmeadora, y que si no lo fuera--de lo cual Dios nos libre +y nos guarde--no faltaría quien le robara a uno hasta los pelos de la +nariz sin que sintiese cuándo se los arrancaban. + +Y caer bajo los ojos de un empleado de policía es lo mismo que caer bajo +los de toda la repartición, pues unos a los otros se van enseñando el +mal hombre--cuya filiación, nombre y costumbres, si no se inscriben en +un registro, quedan sin embargo grabadas en la memoria de quienes no lo +olvidarán jamás y serán capaces de encontrarlo más tarde, aunque se +transforme en pulga. + +Los _lunfardos_ dicen, con ese motivo, cuando dan con algún agente que +aún tiene paciencia para oírles sus disculpas y lamentos: + +--¡Vea, señor!... ¡Más vale ser caballo de tramway que pillo conocido! + + + + +PERSPECTIVAS + + +Seguir a un pícaro en nuestras calles, tan llenas de movimiento, es un +trabajo que no valora sino el que lo realiza. + +Como él siempre está sobreaviso y teme que lo _embroquen_--conozcan, +observen,--camina una cuadra y la desanda para ver si alguien lo sigue, +da quinientas vueltas antes de llegar a un punto deseado, penetra a las +casas a preguntar por don Fulano o don Zutano--un nombre supuesto--para +_darle el esquinazo_--lo que equivale a despistar--a algún empleado +que pasa y lo conoce. + +Cuando van dos colegas juntos, nunca caminan a la par. Uno va delante y +el otro un poco atrás, y si son tomados afectan no conocerse. + +Un día iban dos pillos de estos por una calle: el sargento Gómez conocía +a uno y no al otro, y, como a pesar de su seriedad guaraní, era chacotón +y alegre, atajó al que no conocía y le dijo: + +--¿En qué trabaja usted? + +--¡Soy marmolero, señor! + +El otro pícaro, viendo que no lo conocían, se paró a ver en qué concluía +el asunto. + +--¡Marmolero... bueno! ¿Conoce a Fulano? + +--¡No, señor! + +--Bueno... ¡Fulano es un raspa[73] de la peor clase... es ese que está +ahí... conózcalo! + +Aquí el pillo se sonríe y dice con sorna + +--¡Me ha _cachado_, señor!... es decir, «¡me ha embromado!...» + +--¡Vaya, hombre!... ¿Y éste quién es? + +--Ya nos _embrocó_, y le voy a decir: ¡este es Zutano! + + + + +ENTRE LA CUEVA + + +Buenos Aires encierra dos clases de pícaros: los naturales y los +extranjeros. + +Los primeros son pocos, relativamente, y menos peligrosos que los +segundos, pues que, desde los primeros pasos, la policía los conoce y +les corta las alas, ya no dejándolos al aire sino mientras llevan una +vida honrada, que para ellos es la miseria, el hambre, la falta de +queridas y de goces, u obligándoles a emigrar. + +Montevideo, el Brasil, Europa, Méjico y la América del Norte son su +salvación. + +El ladrón argentino es, por lo general, astuto, audaz y emprendedor allí +donde no le conocen; sus uñas le dan réditos fabulosos. + +De tiempo en tiempo se le ve regresar lleno de dinero, bien vestido, y +afectando maneras superiores a la clase en que nació; busca a quienes lo +recuerdan en la policía y les dice con toda franqueza: + +--¡Vengo por una temporada a visitar a la familia! ¡Le prometo que no +haré ningún daño!... ¡Ya me he retirado de la _vida_!... ¡No me persiga +y ocúpeme en cualquier averiguación! + +Y después se le encuentra en las casas de juego o de prostitución, +derrochando afanosamente el producto de sus _trabajos_ en el extranjero. + +Cuando se ha agotado el bolsillo, se le ve desaparecer como llegó: sin +que nadie lo sienta. + +Otros hay que, después de llevar una vida de continuo sobresalto, pues +un paso en la calle es para ellos una semana de arresto, se encierran en +sus guaridas, se aíslan de sus compañeros y, pasada una temporada, salen +transformados, pidiendo a la policía que no los persiga y declarando que +van a trabajar. + +Parapetados detrás de un oficio o empleo cualquiera, se dedican al +juego, haciendo de él un instrumento de robo como cualquier otro. + +Viven de los _otarios_, como llaman a las víctimas que caen entre sus +garras, ya por su esfuerzo o por el de los _changadores_ del oficio--el +gremio auxiliar más importante--que se las venden por un tanto de lo que +produzcan. + +Cuando un mocetón empieza a andar en malos tratos, ya los del oficio, al +hablar de él, dicen: "jamás será nada" o "es un muchacho de esperanzas y +que irá lejos", según sea que tal pájaro haya salido bien o mal en sus +primeros revuelos. En el primer caso, no encuentra protectores y tiene +que hacerse carne de cañón, soldado de la gran falange, brazo ejecutor y +por lo tanto frecuentador de calabozos y abonado a la _tumba_ del +Departamento Central.[74] + +Estos desgraciados, cuyas entradas a la policía alcanzan a veces a +centenares, son los que el vulgo toma por los más temibles, ignorando +que ellos son piezas insignificantes en una partida en que los jugadores +permanecen en la sombra. El ladrón hábil es aquel que sabe permanecer +más desconocido; el que ascendiendo en el gremio presta dinero para los +gastos preparatorios de un robo tal como un comerciante lo daría para +una operación honesta; el que dirige empresas; el que estudia un golpe y +lo combina y luego lo vende para que otro lo realice; en fin, el que +pesca... sin mojarse las manos. + +En el segundo caso, asciende en la consideración del gremio y su tarea +se facilita con ventaja personal: se hace _changador de otarios_, es +decir, buscador de víctimas, empresario, director, prestamista, +consejero e intermediario entre los capitalistas y grandes dignatarios +de la orden y los pobres ejecutores que pagarán con el martirio de su +cuerpo cualquier contrariedad de la suerte. + +El pillo criollo, en sus comienzos, se revela con facilidad al ojo menos +observador. + +Le cuesta deshacerse de la cáscara del compadrito, origen común de todos +ellos, que son generalmente muchachos de la última clase, vendedores de +diarios ascendidos a carreros o sirvientes, y cuya educación e +ilustración son casi nulas. + +Sin embargo, ellos aprenden a leer y escribir en los meses de reclusión, +y luego la emprenden con los libros de leyes, medicina y cualquier otra +ciencia útil para su arte de vivir de gorra[75]. + +He visto un ladrón que a fuerza de leer se ha hecho un leguleyo[76]; +tiene toda la exterioridad de un hombre de educación esmerada, se +expresa correctamente y no deja traslucir en su trato que, diez años +atrás, era un compadrito que escupía por el colmillo y se quebraba[77] +hasta barrer el suelo con la oreja. + +El pillo extranjero es el más abundante. + +Éste ya viene aleccionado, por lo general, y no deja que se deduzcan +reglas para conocerlo. + +Viste como un caballero, como un compadre o como un artesano, de esos +que recorren nuestras calles en las faenas de su oficio: adopta la forma +necesaria para cada una de sus empresas oscuras y malignas. + +Se cambia de nombre cada vez que cae preso, y es obra de romanos +identificar su personalidad en cada caso, pues recurre a cuanta artimaña +puede sugerirle su imaginación a fin de ocultar su pasado, teniendo como +recurso invencible su poco conocimiento del idioma. + +Para probarle un hecho no hay más remedio que tomarlo con la masa en la +mano; con él no valen nada la deducción ni la inducción, y se le queman +los libros al más listo. + +Sin embargo, no es largo su jolgorio. + +Después de un período de tres o cuatro meses de hazañas--si no ha +logrado salir de su mísera posición de instrumento--la policía, que no +le pierde ojo, lo pilla en un renuncio[78] y tiene que confesar su vida +y milagros, quedando en la categoría de criollo. + +¡Se le acabaron sus privilegios de extranjero! + + + + +ELLAS + + +El complemento del pillo es la mujer. + +¡Cómo saben educarla para el fin que la necesitan, con qué egoísmo +judaico explotan los tesoros de su cariño inagotable, cómo la +sugestionan y la envilecen, haciéndole perder, o ya el miedo para +acompañarlos en sus empresas tortuosas sino la noción elemental del bien +y del mal, llegando ellas, en su obsesión por el hombre que las +martiriza y las deprime, hasta a creerlo un dechado de virtudes, un +ejemplo de honorabilidad, una víctima desgraciada de las injusticias +sociales! + +¡Cuántos poemas de ternura y de amor tienen por teatro diariamente los +calabozos! + +¡He visto madres que no sólo abandonan las comodidades que un hijo +honorable puede proporcionarles, sino que hasta cubren de vergüenza su +nombre por disimular las bajezas de uno de estos canallas que ha rodado +al abismo y que les paga sus sacrificios imponiéndoles cada día otros +mayores! + +He visto mujeres hambrientas, casi desnudas, vender, no ya su cuerpo si +algo valiera, sino lo más indispensable para su subsistencia, a fin de +llevar cigarrillos o bebidas a sus maridos que, cuando están fuera de la +cárcel, dilapidan con otras de mala vida el dinero que pueden atrapar, y +a ellas les compensan su abnegación con caricias que dejan sobre sus +cuerpos indelebles cicatrices que no se borran jamás. + +¡Son las madres, son las mujeres, son esas pobres mártires que arrastran +su cruz a través del mundo--_las minas_, como ellos les llaman--las que +les sirven de escudo contra los golpes de la suerte! + +Pueden abandonarlos sus amigos, sus cómplices, los empresarios, por +cuenta de quienes emprendieron _un trabajo_, pero ellas no les faltarán +y, sacando fuerza de flaqueza, removerán con sus débiles brazos el mundo +entero a fin de hacerles más llevadera su desgracia. + +Ellas, las mártires de los días de luz, serán el rayo de sol de los días +de sombra. + +¡Luego, tras de la fila de mártires, de las que son escudo simplemente, +viene la interminable de las que no son sólo escudo, sino también garra. +Son éstas las que forman la temible falange de espías, de correos, de +negociadoras de los robos, de ocultadoras y, luego, en los días negros, +las que servirán de agentes para corromper a la justicia, usando el +dinero, si el hombre que necesitan es afecto a él; halagando su lujuria, +su gula o cualquiera de los pecados capitales que prime en su espíritu; +amenazando su tranquilidad si es un timorato, o insinuándose +pérfidamente en su corazón, si es un alma fuerte y vigorosa! + +¡Ellas podrán no saber leer ni escribir, podrán ignorar las sutilezas +del espíritu y aun hasta la existencia de la palabra psicología, pero +nadie las sobrepasará en el arte difícil de conocer una flaqueza humana +y de saber aprovechar y explotar su conocimiento! + + + + +ELLOS + + +Entre reos _lunfardos_ hay cinco grandes familias: los _punguistas_, o +limpiabolsillos; los _escruchantes_, o abridores de puertas; los que dan +_la caramayolí_[79] o _la biaba_[80], o sea los asaltantes; los que +_cuentan el cuento_, o hacen el _scruscho_, vulgarmente llamados +estafadores, y, finalmente, los que reúnen en su honorable persona las +habilidades de cada especie: estos estuches son conocidos por de _las +cuatro armas_. + +Más vale toparse con el diablo que con uno de estos príncipes de la uña, +de los cuales Buenos Aires cuenta más de un ejemplar. + +Ellos son, generalmente, los que educan y forman _los muchachos_, +esmerándose en aquellos que revelan mejores facultades: son los que +dirigen los _golpes_ de importancia; los que _dan el cebo_, o sea el +dinero necesario para realizar el robo, que hasta para eso se precisa +plata, dada la situación a que ha llegado el mundo; en fin, son los +grandes dignatarios de su orden. + +Cada especie tiene su fisonomía especial, sus costumbres propias y su +manera de ejecutar un _trabajo_, por más que todas tengan siempre un +punto de contacto, menos el punguista, que es siempre el empresario de +sí mismo. + + + + +EL CAMPANA + + +El punto de contacto es _el campana_, es decir, el que busca la casa o +el hombre fácil de robar, el que estudia el medio de efectuarlo, el que +está en relaciones con los que cambian lo robado por dinero: la +providencia en forma de hombre. + +Bien considerado, estos _campanas_ son los verdaderos ladrones; los que +efectúan el robo son solamente sus instrumentos. + +Jamás se comprometen en nada, y es difícil que la policía los descubra. +Adoptan todo el aire de gentes honradas, trabajan, tienen oficio, +profesión o industria conocida: son sirvientes, mozos de hotel, +changadores, comerciantes, rentistas y hasta pueden inspirar confianza y +ser honorables, mientras no haya posibilidad de tirar la piedra y +esconder la mano. + +¡Cuántas veces están protestando honradez y tienen entre los dedos el +pedazo de masilla o cera con que al menor descuido, moldearán una llave! + +¡Cuántas veces están jurando adhesión a sus patrones y ya tienen oculto +dentro de un mueble al amigo que va a dar el golpe! ¡Y luego son los más +empeñosos en llamar a la policía y darle cuenta del hecho, suministran +datos y noticias, sospechan que al ladrón lo han visto rondando la casa +y que es de este porte y del otro! + +¡Cuántos de ellos han acompañado en sus investigaciones a un comisario y +lo han extraviado con sus mentiras, y cuántos también han sido +imprudentes y han ido a pagarlo en la Penitenciaría! + +¡El _campana_ presta servicios a los ladrones, pero que digan éstos lo +que les cuesta: siempre se lleva él lo mejor del toco, o sea del monto +de lo atrapado! + +¡Sus comisiones son algo de fabuloso! + +Sin embargo, el negocio tiene sus contras. Veces hay que ha hecho +efectuar un robo valioso, y cuando va a retirar su parte se encuentra +con una puñalada o con que, sencillamente, le dicen que no sea zonzo, y +se le alzan con el santo y la limosna, acción que se llama _dar el +rostro_. + +Al campana robado le queda aún como arma la delación y la usa como +venganza; si los ladrones son tomados, éstos no dejan de envolverlo en +sus declaraciones, y se hunde con ellos, y si no lo son, se ve libre y +queda aguardando una oportunidad de hacerles caer en las garras del +gallo policial: este es el origen verdadero de más de una pesquisa +curiosa que ha servido para bombo a algún inútil. + +¡Venganzas _de campana_, o como quien dice, puñaladas por la espalda! + +Y los ladrones saben lo que vale un buen _campana_. Una vez me dijo uno, +habiéndole yo preguntado que "a qué se dedicaba por ahora". + +--¡Vea, señor, tengo un _campana_ que ni de oro..., y trabajo de +católico! + +--¿De católico? + +--Sí, señor...; es decir, ando con el asunto de las limosnas para el +hospital..., ¡y al que me cree lo ensarto! + + + + +EL ARTE ES SUBLIME + + +El punguista--como en lenguaje de ladrones se llaman los pick-pockets, o +sea, hablando en español, los limpiadores de bolsillos--es el más +artista de todos los ladrones, y mira con cierto desdén a sus +congéneres, a los cuales desprecia soberanamente..., tanto como puede +despreciarlos un hombre honrado. + +Para él, robar un reloj, una cartera, un rollo de dinero o cualquier +otra cosa de valor que una persona pueda llevar sobre sí, no es un +delito, sino un trabajo de arte, una hazaña. + +Es por eso que se le ve tan tranquilo, tan seguro de sí mismo, meterle a +cualquiera la mano en el bolsillo y sustraerle lo que guarda: su único +dolor es ser sentido por su víctima, o tomado _infraganti_ por la +policía a causa de su poca habilidad. + +Esto lo desespera, pues le desbarranca su fama, ataca su crédito. + +La gloria de un punguista es serlo y que nadie pueda probárselo: su +orgullo es poder decir en la policía: + +--¡Busque, señor, en los libros!... ¡Yo no tengo ninguna condena! +¡Gracias a Dios, no soy ladrón! + +Y luego, su frase la repite con aire modesto a cuanto individuo +investido de autoridad encuentra a mano, pegándole a modo de +coeficiente: "así le dije el otro día al señor don Fulano". + +Tiene por teatro la calle y los parajes donde ocasional o habitualmente +hay aglomeración de gente. + +Con frecuencia se le oye decir: yo trabajo en el Banco tal, en la +estación cual, en el papel sellado, en el correo, en el tramway, en el +cementerio, en la plaza, en el remate, dondequiera que haya codazos y +apretones. + +Para el _trabajo_ jamás va solo: lleva dos o tres ayudantes, según la +necesidad. + +Estos ayudantes, que son, por lo general, practicantes-asociados, tienen +por misión _formar la cadena_, es decir, estacionarse detrás del +artista, de tal modo que, efectuado el hurto, lo hurtado se encuentra a +salvo con la rapidez del rayo, pasando de mano en mano. + +Si el golpe es desgraciado y el practicante no puede huir, deja caer lo +hurtado, lo echa en el bolsillo de cualquiera de los presentes, en fin, +se deshace como puede del cuerpo del delito, y trata de evitarse una +condena o ahorrarle un mal rato a su asociado. + +Un comandante del ejército--cuento al caso--se hallaba una noche en su +casa, y al ir a sacar su pañuelo, rueda sobre la alfombra un magnífico +reloj de oro, con un monograma en la tapa. Lo recoge y se echa a cavilar +sobre cómo había venido a su poder. + +--¡Y no daba en bola! + +Al día siguiente lee en un diario una noticia que decía: + +RELOJ ROBADO.--_Hallábase ayer en el remate de Constela el señor X. X., y +de repente notó que le sacaban su reloj, y que la mano que lo llevaba +pertenecía al vecino que tenía a la derecha_. _Lo hizo conducir a la +comisaría 2ª y resultó ser, el tal vecino, nada menos que Ángel Artirel +(a) Minga-Minga_. _El reloj no ha sido encontrado._ + +El comandante se dio un golpe en la frente, recordando que se había +hallado en lo de Constela durante el incidente; pero no atinaba a dar en +cómo el reloj había llegado a su bolsillo. + +A que le esclareciesen el punto y a devolver la prenda fue a la +comisaría 2ª. + +El comisario oyó toda la relación y luego le preguntó si recordaba qué +vecinos había tenido durante su estada en la casa de remates. + +--¡No me fijé, señor! + +--¡Pues bien, uno de ellos era cómplice del ladrón, y temiendo ser +descubierto ocultó en usted lo que podía comprometerlo! + +El comandante ha jurado, desde entonces, usar sacos sin bolsillos. + +Otro cuento, ya que en tal terreno he pisado. + +Uno de estos practicantes fue sorprendido una vez con un reloj en la +mano, en momentos que iba a _pasarlo_, y no bien vio que lo habían +sorprendido, se echó a gritar: + +--¿De quién es este reloj? ¿De quién es este reloj? No le valió la +artimaña, y fue preso. El juez tuvo que absolverlo, pues se encerró en +esta declaración: + +--Yo encontré el reloj, señor, y lo levanté; no ha habido más. Tengo +malos antecedentes, es cierto, pero eso no hace al caso..., ¡el decir +adiós no es _dirse_![81] + +¡Estos practicantes llegan a ser unos doctores que dan miedo, y no pasa +mucho tiempo sin que den vuelta y raya a su maestro! + +_El punguista_, cuando _camina_, jamás lo hace llevando al lado a sus +compañeros. + +Éstos marchan escalonados a retaguardia, a fin de poder, al menor asomo +de un empleado de policía que los descubra, hacerse entre sí los +perfectamente desconocidos. + +Si suben a un tramway tratan de rodear a la persona que han elegido por +víctima, y allí son los empujones por el menor motivo, los codazos, los +pisotones, con el objeto de distraer al desgraciado candidato y +facilitar la obra del artista. + +Éste está en acecho, espiando todas las oportunidades, y a la primera +que se presenta, ¡zas!, se apodera del objeto deseado, que desaparece +como por arte de magia. + +Para dar el golpe, el _punguista_ tiene siempre sus dedos índice y medio +prontos para la acción, y los introduce en el bolsillo ajeno con una +suavidad incomparable. + +Cuando es necesario interceptar la vista de alguien, ahí se encuentra el +practicante, que hará de nube, o si no el brazo que no va a operar y que +se baja o se levanta a la altura necesaria. + +Hay punguistas que son muy hábiles en esta maniobra, que se llama +_esparo_, y que es reputada como uno de los escollos del arte. + +Cuando dos o tres habilidosos se reúnen y se complementan, las joyas van +a ellos como el acero atraído por el imán. + +Jamás se reúne con los que no son de su arte, a no ser cuando entra por +el aro del diablo, con tal de hacer plata. + +De lo contrario evita compañías, y dice: + +--¡Los amigos _cantan_ (descubren) y no sirven sino para hacerlo +_embrocar_ (conocer) a uno! + +Cuando ya son muy conocidos en sus mañas, y no pueden trabajar, se +dedican a _schacar escabios_, es decir, a robar a borrachos. + +Este es el atorrantismo, la vejez miserable del arte: son los arrestos +frecuentes, los días sin comida, las condenas por cincuenta centavos. + +Sin embargo, un punguista podrá robar, jugar y poseer todos los vicios, +pero nunca se embriagará ni llevará vida de perro. + +Mira el mundo a través de los placeres que no embrutecen, y vive lo +mejor que puede. + +Un día dije a uno de ellos que hablaba conmigo, en el café de Cassoulet, +esquina Viamonte y Suipacha, un centro de pillos: + +--¿Y tú no bebes?... ¡Pide un gin! + +--¡Yo!... ¡Qué esperanza!... ¡El alcohol afloja la lengua y entorpece la +mano! + + + + +EL CAFÉ DE CASSOULET + + +Este era el paradero nocturno de todos los vagos de la ciudad y famoso +entre la gente maleante, no solamente por la comodidad que, a poco +costo, se obtenía en él, cuanto por la relativa seguridad que se +disfrutaba: en caso de producirse visita de la autoridad, los +propietarios tenían dispuestas las cosas de modo tal, que la clientela +tenía fácil escape. + +Estaba ubicado en la esquina Viamonte, antes Temple, y Suipacha. Como +dependencia del café, y formando parte de la planta baja, que daba hacia +la primera, había hasta la mitad de la cuadra una veintena de cuartos a +la calle, con puertas que se abrían a ésta y otra interior, que daba al +gran patio del café: eran otras tantas salidas clandestinas del antro +misterioso. + +Estos cuartos los ocupaban mujeres de vida airada, que eran como la +crema de aquel mundo de vicio, cuyo centro era la famosa calle del +Temple, y que extendía sus brazos a las adyacentes, teniendo como +encerrado entre ellos el corazón de la ciudad. + +El café debía ser una mina de plata. + +Allí los ladrones, con todo su cortejo de corredores y auxiliares, los +asesinos, los peleadores, los prófugos, toda la gente que tenía cuentas +que saldar con la justicia o tenía por qué saldarlas, buscaba un refugio +para dormir o vivir con tranquilidad, para hacer con todo sigilo una +operación comercial inconfesable o para ocultarse discretamente, +mientras pasaban las primeras averiguaciones subsiguientes a un delito +descubierto por la policía. + +Allí todo era cuestión de dinero. Teniéndolo, se hallaba desde la pieza +lujosamente amueblada, hasta el tugurio infame, donde podía gozarse de +las comodidades de un catre de los muchos que, en fila y pegados unos a +otros, contenía un pequeño cuarto de madera, y desde el vino y los +manjares exquisitos, hasta las sobras de éstos, barajadas en un +_champurriao_[82] indescifrable, y que podía remojarse con el agua +turbia del aljibe, donde viboreaban los pequeños gusanitos rojos, +descendientes quién sabe de qué putrefacción y cuyos movimientos rápidos +y variados podían servir de diversión al ánimo preocupado. + +Tarde de la noche, cuando el café se cerraba, decenas de desgraciados, +sin hogar, tomaban posesión de las mesas del largo salón,--bajo la +vigilancia de los dependientes, que tendían sus colchones sobre las de +billar, cuando las otras estaban ocupadas--y por dos pesos de los +antiguos, encontraban un techo y una tabla para dormir, y por uno, lo +primero y el duro suelo de los patios y pasillos. + +Aquello era un verdadero hervidero del bajo fondo social porteño: allí +se barajaban todos los vicios y todas las miserias humanas, y allí +encontraban albergue todos los desgraciados, que aún tenían un escalón +que recorrer antes de llegar a los caños de las aguas corrientes que, +apilados allá en el bajo de Catalinas 20, ofrecían albergue gratuito. + +Cassoulet era, en la noche, la providencia de los míseros desterrados de +un mundo superior, era la ensenada que recogía la resaca social que en +su continuo vaivén arrastraba hacia playas desconocidas el oleaje +incesante. + +Hoy comparten con él los beneficios de la industria protectora los +pequeños cafés del Riachuelo y la ribera, que venden marineros borrachos +a los buques que necesitan completar su rol clandestinamente, para +borrar las huellas de un crimen o de un accidente--a fin de evitarse las +molestias que en nuestro país acarrea cualquier gestión ante la +autoridad--y los tugurios que, con el nombre de posadas o sin nombre +alguno, encierran entre sus paredes y alojan, según el dinero con que +cuentan, a los desgraciados que vagan sin hogar, o a aquellos que +legalmente no pueden habitar en parte alguna. + +En aquel tiempo compartían la clientela de Cassoulet, pero sólo durante +el día, el café Chiavari, en la esquina de Cuyo 80 y Uruguay, y el café +de Italia, en la misma calle, frente al Mercado del Plata. + +Estas tres eran las cloacas máximas de Buenos Aires, en tiempos que ya +no volverán, pero que se repetirán, transformándose. + + + + +EL BURRO DE CARGA + + +EL _escruchante_--Es decir, aquel cuya especialidad es abrir puertas con +o sin violencia--es otra interesante variedad de la familia lunfarda. + +Los que la forman son, por lo general, individuos de avería, hombres +avezados a todas las asperezas de la vida. + +Brotan de las capas inferiores de la sociedad, y rara vez alcanzan otras +más elevadas: son constante y perennemente víctimas del que _ha +campaneado_--estudiado--el robo a realizar, y su fin es generalmente +desastroso. + +Concluyen por ser un harapo humano a fuerza de consumirse en las +cárceles o en los más bajos fondos de la corrupción. + +La miseria, engendradora de todas las lepras, luce en ellos sus fuerzas +y su vigor. + +De todos los lunfardos es el _escruchante_ el más desgraciado: sus robos +son los más fáciles de descubrir, sus condenas son las más largas, sus +días son los más negros, pues cuando no está preso lo andan buscando. + +Es necesario tener una afición desenfrenada a lo ajeno, para dedicarse +al _escrucho_. + +El escruchante tiene tres especialidades: se dedica a fabricar llaves +falsas, a trabajar con el formón o a _cargar la burra_, o sea alzar los +robos. + +Poco se le ve en la calle durante el día: camina sólo de noche o en la +madrugada, hora en que la vigilancia es menos activa. + +Sus _golpes_ los reciben ya estudiados por el _campana_, que percibirá +su buena parte, sin riesgo. + +Éste es el que moldea las llaves que el escruchante fabricará en los +ratos de ocio, en su tugurio, donde tiene su pequeño taller _ad +hoc_[83]; el que estudia las costumbres del habitante de la casa que va +a robarse; el que levanta el plano de sus entradas, salidas, caminos +fáciles para escapar, parada del vigilante, hora en que hace la ronda y +demás datos útiles. + +¡En posesión de todos estos elementos, es que el _escruchante_ tienta su +empresa y va dispuesto a todo! + +Si se ha moldeado bien la llave, ésta ha sido seguramente bien hecha y +funcionará a maravilla, simplificándose mucho el trabajo. + +Si no anda bien, es necesario abandonar la empresa hasta que los +defectos se hayan corregido o recurrir a la violencia, que dobla las +probabilidades del fracaso, y sobre todo la condena. + +Entonces es cuando se recurre a cortar el tablero de la parte inferior +de la puerta, formado por lo general de madera blanda, en la cual una +cuchilla afilada_ entra como en queso_ y abre un buen postigo. + +Si el dueño de casa es precavido, y usa sus puertas enchapadas de hierro +en la parte vulnerable, se da un corte en el umbral con el formón frente +a los pasadores y se levantan éstos; luego se introduce la _pata de +cabra_--instrumento de acero, formado en zigzag--frente a la cerradura, +y se la hace saltar sin ruido, con un leve movimiento lateral. + +La puerta ya presenta facilidad para enlazar con una faja el pasador de +arriba y correrlo. + +Puede ser que la precaución del propietario haya llegado hasta poner una +barra, y entonces hay que tratar de sacarla. + +La extremidad libre de la faja con que se enlazó el pasador se pasa por +debajo de la barra y se tira para arriba. + +Si aquélla es de gancho, cede al esfuerzo, y se la baja hasta el suelo +con cuidado para que no haga ruido, para lo cual se afloja una de las +puntas de la faja poco a poco; si es de las que tienen candado, es mejor +renunciar al golpe: la puerta es infranqueable. + +Cuando el robo no puede hacerse con violencia, se recurre a sobornar un +dependiente que deje la puerta abierta, o se coloca en la casa una +persona que lo haga, y que pasará en ella el tiempo necesario para +acreditarse y alejar sospechas. + +Si estos medios no son posibles, queda aún el recurso de _meter un +gato_, es decir, hacer esconder en la casa un cómplice que a una hora +dada franqueará la entrada. + +Este papel de _gato_ no lo desempeña cualquiera es necesario dedicarse a +él y hacerse una especialidad; acostumbrarse a estar inmóvil por horas +enteras; a respirar sin hacer ruido; a no estornudar ni toser; en fin, a +hacerse un cadáver. + +_El Cuervito_, Román--un gajo de cierta familia, en que padres, hijos, +hijas, tíos y tías, eran del arte, abarcando todas sus variedades, se +metió _de gato_ en casa de un inglés, en la calle Corrientes, y su +respiración fatigosa--pues era asmático--le traicionó, valiéndole un +balazo y una buena condena. + +Una vez, cierto ladrón conocido--un santafecino, Ludueña--que había sido +soldado de línea, después desertor en la frontera y hasta capitanejo +entre los indios, penetró en un almacén, luego de acostados los dueños y +robó el dinero que encontró, llegando en su osadía hasta haber bebido y +comido como si estuviera en su casa. + +El robo lo practicó a vista y paciencia de los damnificados--un +matrimonio italiano--quienes no se animaron a contar los detalles cuando +dieron cuenta del hecho. + +Al ser conocidos éstos por referencias o jactancia del mismo Ludueña, +fue muy celebrada la hazaña, llegando ella a nuestros oídos. + +Estando una vez preso por haber practicado un robo en la fábrica de +baldosas "La Fe", y respondiendo a alguien que le preguntó si era cierto +lo del almacén, dijo: + +--¿Cómo no?... ¡Si yo vi que los gringos se hacían los dormidos y me +aproveché! + +El ladrón que penetra a una casa, va por lo general seguro de que nadie +atentará a su vida; sabe muy bien si el dueño es hombre capaz de +defender lo suyo, y en este caso, espera asegurarlo, o si en caso de +sentirlo, evitará un lance. + +Muy rara vez llegan a asesinos: para ello necesitan no tener ningún +medio de que valerse a fin de tomar lo que codician o verse acorralados +y sin más probabilidad de escapar a un fracaso que una puñalada dada a +tiempo. + +Su afán, su ambición, es poder llegar a ser maestros, a dirigir golpes +sin riesgo, es decir, a hacerse de un capitalito y trabajar de +_campana_. + +Llegado a esa meta, el escruchante es feliz, y ha escapado al +atorrantismo, que es su bestia negra. + +¡Y asimismo, hay _campana_ de éstos que de repente tropieza y quiebra su +dicha: entonces rueda al abismo sin esperanza de levantarse! + +Del cinismo hacen un arte, y suele no faltarles ingenio. + +Un comisario pescó, en circunstancia muy especial, a cierto escruchante +conocido: violentaba una caja en una mueblería, donde se había +introducido. + +El ladrón hacía su trabajo y de repente vio entrar a un changador de la +casa, que le dijo: + +--¿Qué hace usted? + +--Silencio..., tengo una cita con la señora. + +--¿Cita?... ¡Ahora verá! + +Y a empellones lo sacó a la calle para entregarlo a un vigilante, ¡pero +cuál no sería su asombro al verse agredido a trompada limpia! Acudió el +vigilante, y ladrón y changador fueron conducidos a la comisaría por +"desorden en vía pública". + +Llevados, sin embargo, ante el comisario, éste, que era un lince para +eso de ladrones, empezó a revolverle las respuestas y no tardó en +descubrir la verdad: el desorden era un pretexto para ocultar la +tentativa de robo. + +El ladrón decía, no obstante + +--¡Señor, ese changador es un canalla..., nos hemos peleado porque le +cobré dinero, y ahora me sale con una pata de gallo!...[84] ¡Está lindo +lo que pasa! + + + + +LOS QUE CARGAN CON LA FAMA + + +Los que _dan caramayolé_ o _la biaba_ son los ladrones de la clase más +íntima, es la plebe del mundo lunfardo: ellos no necesitan para realizar +sus empresas usar el mínimum de talento. Un buen garrote esgrimido como +maza, y descargado a tiempo sobre un transeúnte descuidado, o una +pedrada en la cabeza, asestada a mansalva, son sus recursos favoritos, y +éstos no son difíciles de usar. + +No obstante, a veces estudian también las víctimas, a fin de no dar el +golpe sin provecho, pero no es condición indispensable: se confían al +acaso. Hay algunos de estos asaltantes que combinan sus golpes con +habilidad, pero son raros. + +El sargento Gómez me refirió a este respecto una hazaña del pardo +Vilaró, llamado vulgarmente "el de los pavos", para distinguirlo de un +tocayo que se llamaba "el de los mates", que es un caso típico de +asaltante, metido a ejercer de _escrucho_ a la alta escuela. + +En la calle Buen Orden[85], al llegar a Brasil, había una platería de +aquellas que antes abundaban en el barrio del Sur, poblado casi todo por +estancieros y gente de campo, cuyo comercio consistía en la venta de +frenos, facones, espuelas y demás artículos similares, hechos de plata. +La tienda era pequeña y lo poco de valor que contenía estaba encerrado +en una vidriera movible, que descansaba sobre el mostrador, hacia la +derecha, frente a un pequeño venta que, daba a una pieza interior, por +el cual el platero, cuando no estaba en el negocio, veía todo lo que +pasaba en éste. + +La puerta de comunicación entre la tienda y la pieza interior quedaba +hacia la izquierda. + +Una mañana el platero tomaba su desayuno, cuando de repente ve entrar al +negocio a un pardo grande y fornido, que levantando en alto la vidriera +corría hacia la calle. Se echó tras él y consiguió hacerlo detener, pero +ya no llevaba la vidriera ni fue posible dar con ella por más pesquisas +que se hicieron. + +El detenido fue puesto en libertad, y más tarde, se jactaba del robo y +de su astucia, diciendo: + +--¡Amigo, que son mulitas[86]!... ¡Yo tenía en la puerta de la platería +un carro cargado de pasto verde, pero arreglado con un hueco en el +medio; pasé, tiré la vidriera y seguí corriendo, seguido del platero! +¡Pobre hombre! ¡Ni coceó, y el carro se fue con la vidriera, mientras a +mí me enloquecían a preguntas en la comisaría!... ¡Vivos los mozos! + + + + +EL PANAL EN LA LENGUA + + +Los que hacen el _scrucho_ o _cuentan el cuento_, son simplemente, en +buen romance, los estafadores, los más inteligentes, más astutos y de +más buen tono en el mundo lunfardo; son, como si dijéramos, su +aristocracia. + +¡Y así son de odiados por sus congéneres los punguistas y los +escruchantes! + +Éstos se llaman _batidores_--delatores--y cuidan de ocultarles sus +manejos lo más que pueden; pero todo es inútil: no escapan al ojo sagaz +del estafador que es un infatigable caminador, y que, como anda día y +noche por las calles en busca de _otarios_--víctimas--no deja de +conocerles las guaridas y los _trabajos_ en que andan ocupados. Se les +oye decir con mucha frecuencia: + +--¡Vea!... ¡El _trabajo_ (robo) que hace un hombre, se conoce en el modo +de caminar!... ¡Si fuéramos de la policía, qué pesquisas de mi flor! + +El estafador, como el punguista, nunca camina solo. Siempre lleva a la +distancia un compañero que le sirve para cualquier papel que sea +necesario desempeñar. + +Sus útiles de trabajo son simples: consisten sólo en un diario doblado, +al cual le llaman el toco _mischo_--el montón pobre--o el _balurdo_, y +en algunos cobres. + +No se tienen por ladrones, y siempre dicen: + +--¡Nosotros lo que hacemos es embromar a quien nos tiene por zonzos! ¡A +los _otarios_ les contamos un cuento, les ofrecemos una ganancia enorme, +y _encandilados_, los clavamos[87]: eso es todo!... ¡No les hacemos +daño, no los golpeamos, ni asustamos!... ¡Si se clavan, nadie tiene la +culpa! + +Si uno los apura, demostrándoles que son ladrones, exclaman + +--¡Bueno!... ¡Entonces, también los otarios lo son!... ¡En el Brasil, la +ley los castiga como estafadores! + +Individuos de estos he conocido que cuando se les ha motejado de +ladrones se han indignado. + +--¿Yo ladrón?... ¡no he estado preso jamás por eso, señor!... ¡Yo no +tengo sino estafas!... + +--¿Y la estafa no es robo? + +--¡No, señor; no es robo!... Dígame, ¿qué va a hacer uno cuando ve un +tano (napolitano) que a fuerza de no comer junta unos marengos, y lo +primero que hace es largarse a su tierra?... ¡Quitárselos! + +--¡Pero eso está mal hecho! + +--Pero señor, ¿y uno va a tener la sangre fría de dejar que se lleve la +plata del país? + +--¿Y acaso la plata es tuya? + +--¡Claro que es mía!..., ¿cree que no soy argentino? + +Y si es extranjero varía la respuesta, diciendo + +--¡Mía no; pero sí de mis hijos que han nacido aquí! + +Hay pillos de estos para quienes es una mala noticia saber que un +trabajador extranjero ha abandonado el país, llevándose una fortuna. + +_Alcachofa_, el ladrón más decidor que he conocido, decía siempre, +cuando lo llevábamos a la comisaría: + +--¡Aquí me _tráin_[88], señor!... ¡siempre por lo mismo!..., _secuestro +de marengos_--parodiando el estilo de los partes policiales--¡a un +gringo que quería volar! + +Y éste murió en su ley: lo mató una puñalada, tirada por uno que, +próximo a embarcarse, llevando unos ahorros, se encontró en un minuto +más pobre que Job. + +El método de robo en que la inteligencia desempeña un papel más activo, +es la estafa. + +El buen resultado para el ladrón depende de mil circunstancias que deben +estudiarse, tales como el carácter del individuo, candidato a robado, +sus tendencias, sus aficiones, sus amistades, su parentela, etc. + +Todo debe ser tenido en cuenta, y no puede darse un paso sin +premeditación, bajó pena de perder el tiró. + +Por eso los estafadores veneran el tiempo: teniéndolo, son capaces de +robar a un avaro. + +Sus _trabajos_ son largos, pero seguros. + +Rara vez emprenden ellos la tarea de estudiar el individuó a quien van a +hacer víctima de su habilidad: ese es trabajo del auxiliar, a quien +ellos llaman _changador de otarios_, y que permanece siempre en la +sombra, aun cuando lleva la parte más gorda de la empresa. + +Este auxiliar es, por lo general, un almacenero, que es el confidente de +todos los artesanos y sirvientes de su barrió, un amigo desleal e +infamemente codicioso, un pequeño negociante con apariencias de +honorable, en fin, un individuó que a mansalva se informa de las +peculiaridades de cada semejante, y las vende luego a los que inventarán +el cuento apropiado para despojarlo, los que fabricarán la ganzúa que +les franqueará el acceso hasta la caja anhelada. + +Jamás los estafadores dignos de fama malogran un esfuerzo: cuando se +determinan a dar su golpe, es ya sobre seguro. + +El vulgo generalmente dice: + +--¡Amigo, que todavía haya tontos que se claven con estas cosas! + +Esta frase es hija de la ignorancia: no es que la víctima sea un tonto, +no es que haya visto el lazó que le tienden: es que las cosas se le +presentan con tal habilidad y con tal disimuló, que no hay previsión ni +desconfianza que valgan. + +Un buen día se encuentran con un paisano y amigo--recién venido, a estar +a su declaración--que les habla de la familia ausente, de la carta +última que ha recibido, de las noticias en ella consignadas, relativas +al estado de ánimo y fortuna del pariente que está en América, y éste +cree a pie juntillas que quien le habla es efectivamente persona de su +pueblo, amigo de los suyos, uno de esos seres indiferentes, cuyo +recuerdo se ha borrado de la memoria con el transcurso del tiempo. + +Y entabla la relación; establecida la confianza, pronto la empresa habrá +llegado a su término. + +¿El individuó es desconfiado y avaro? + +El cuento que se prepara halagará su pasión predominante, y será no para +que hable a su imaginación, sino a su juicio. + +¿Es la víctima futura un imaginativo o un aventurero que quiere forzar +la suerte? + +El cuento tendrá todos los caracteres necesarios para arrebatarlo. + +El sargento Gómez y Regnier--mi maestro inolvidable más tarde, en los +días en que ya la fortuna comenzó a sonreírme y que me sirvió de guía +para penetrar en el bajó mundo social de Buenos Aires, cuyos misterios +haré desfilar ante la vista de mis lectores en cursó de estas +Memorias--me fueron enseñando poco a poco a distinguir los caracteres de +las cosas que como en un caleidoscopio pasaban ante mi vista. + +El primero me contó algunas estafas en que él había intervenido como +empleado, en el tiempo viejo, que son, para aquella época lejana, obras +maestras de habilidad, que si bien no pueden compararse con las de la +época actual, que son verdaderas maravillas, dan ya una idea de lo que +es el estafador y de los recursos de que echa mano para conseguir sus +fines. + + + + +NO LE SALVÓ SER MINISTRO + + +Era teniente cuando en la Piedad, allá por 18..., un asturiano llamado +José Cañete y Puertas, hombre ahorrativo y económico, amigo de las +monedas como un judío, y más deseoso de hacer fortuna que de llegar a +conquistar fama de santo y verse un día adorado en pintarrajeada efigie +por creyentes masculinos y femeninos. + +A fuerza de guardar sus sueldos, limpiar las alcancías cuando podía y +desplegar toda su astucia para cazar propinas y estipendios, había +llegado a juntarse sus buenos cincuenta y cinco mil pesos de la antigua +moneda, los cuales, en billetes del Banco de la Provincia, dormían +tranquilos en el fondo del inmenso baúl que lo acompañaba desde su +tierra. + +Cosa es que nunca pudo averiguarse cómo dos lunfardos llegaron a conocer +el tesoro de Cañete: el hecho es que se lo robaron de una manera +ingeniosa. + +Una tarde, al toque de oraciones, llegó a la sacristía un individuo al +parecer italiano, cohibido, tímido, cortado, y le dijo que un amigo suyo +que estaba moribundo deseaba confesarse con él, que sabía era caritativo +y generoso. + +--No puedo salir ahora. + +--¡Pero señor!..., ¡el pobre Juan está enfermo!..., ¡mañana no hablará +más!..., ¡por caridad, vaya a verlo! + +--¡No puedo y no puedo!... + +--¡Le haremos cualquier demostración!... ¡Tenemos dinero! + +--¿Dinero?..., ¿cuánto me dará? + +--¡Doscientos pesos! + +--Bueno... ¿dónde está la casa? + +--Aquí cerca... calle Paraná número setenta. + +Y el cura Cañete, próximo a tener un suplemento de doscientos pesos, +entró contoneándose al número 70 de la calle de Paraná, acompañado de +aquel cuya oratoria había vencido su voluntad. + +El número 70 era un cuartujo de mala muerte. El cura, al penetrar, no +encontró sino un miserable catre en un rincón y en él, agonizante, un +hombre ya de edad. + +Alumbraba la escena una luz mortecina, emanada de una vela colocada en +el cuello de una botella. + +El moribundo, al entrar el sacerdote, levantó la cabeza toda reatada[89] +y la dejó caer pesadamente sobre la bolsa que le servía de almohada. + +--¡No se mueva, hermano!...—dijo Cañete con voz que quiso hacer tierna, +y acercando a la cama del enfermo la única silla que había en el cuarto, +se sentó. + +Su acompañante se paseaba cabizbajo a lo largo del muro más lejano del +grupo. + +El cura Cañete comenzó a hablar como interrogando, luego acercó más su +silla al enfermo y volvió a escuchar lo que éste hablaba. + +De repente se levantó y dirigiéndose al que había sido su acompañante, +le dijo con tono compungido: + +--Da lástima, ¿eh?... Ya vuelvo; voy a buscar un crucifijo..., ¡es +necesario que ese pobre muera como buen cristiano que es! + +Y salió. + +El enfermero se acercó al enfermo y éste le dijo con cara alegre: + +--¡Pisó el palito!.. _¡cái_ como un ángel! + +Minutos después se sintió el taloneo del cura, que esta vez venía como +volando. + +Volvió a acercarse al enfermo, habló algo con él y no tardó en dejarlo. + +El enfermero lo salió acompañando, y lo acompañó hasta la misma esquina +de la iglesia: Cañete volvió varias veces la cabeza mientras atravesaba +el atrio y allí estaba el pobre italiano mirándolo y poniendo una cara +como de quien no puede aguantar el llanto. + +Cañete siguió el largo pasadizo que, abriéndose sobre el atrio, conduce +a la sacristía, y no bien desapareció, el acompañante echó a correr +calle arriba. + +Dos minutos después, el cura atravesaba el atrio con la sotana levantada +y llevando una bolsita en la mano. + +Corrió hasta el número 70, y llamó: no obtuvo respuesta. + +Siguió llamando apresurado, y al fin, a los golpes, vino el almacenero +de la esquina, quien al encontrarse con el cura se sorprendió, y más al +oírle decir: + +--¿Dónde está el enfermo? + +--¿Qué enfermo? + +--El que vivía en este cuarto. + +--¡Si este cuarto no está habitado todavía!... ¡Hoy me lo alquilaron +unos mozos, pero aun no han traído sino un catre!... + +El cura no oyó más, y salió en dirección a la comisaría a dar cuenta de +que lo habían robado. + +Se abrió la puerta y en el cuarto no se encontró sino un catre y un cabo +de vela. + +Enfermo y enfermero se habían hecho humo. + +Para engañar al pobre Cañete, los ladrones halagaron su pasión +dominante. + +El enfermo le dijo que bajo la almohada guardaba cinco mil pesos en +oro,--que entonces tenía un premio de ciento veinticinco por +ciento[90]--y que quería dejarlos para misas, pero que deseaba dejarle +cincuenta mil pesos papel a su cuñada, que vivía en Flores, y era el +único pariente que tenía. + +Cañete se ofreció para decir las misas. + +El enfermo aceptó, pero agregó: + +--Hay una dificultad. ¡El dinero de mi cuñada quiero que lo lleve mi +amigo que me ha ayudado tanto! Deseo darle algo a él, pero quisiera que +no supiese que dejo para misas... así, si usted pudiera cambiarme por +papeles, yo haría el reparto mañana... ¡No he de morir todavía! + +Cañete vio un negocio espléndido en el cambio y trajo sus pesos a +pretexto del crucifijo, recibiendo por ellos una bolsita llena de... +balas achatadas. + +Su amor a las monedas lo dejó en el mismo estado financiero en que llegó +al país: todo fue, pues, cuestión de comenzar de nuevo. + +Jamás pudo dar la policía con los ingeniosos autores de este cuento. + + + + +CUPIDO Y CACO + + +Otro _scrucho_ o _cuento_ lindo--digno del anteriores el que hubieron de +hacerle a don José Robillotti, honrado italiano, que a fuerza de labor +había conseguido acumular unos dos mil nacionales. + +El amigo Robillotti, viudo, vivía en una casa de inquilinato, ubicada en +la calle de Reconquista, en compañía de Rosita, su hija. + +La tal muchacha, con sus 14 años, su carita rosada y sus piernas gruesas +y bien torneadas, era algo apetitoso y tentador y hacía la desesperación +de los dandys del barrio, que no perdían ocasión de verla pasearse en la +vereda con sus coquetos vestiditos rosa, sus delantales negros +guarnecidos de trencilla punzó con pliegues de pestaña, haciendo cantar +sus zuequitos escotados, y moviendo al son de esa música su cuerpo +flexible y airoso. + +Y, ¡luego los vestiditos que usaba!... Si eran lo más traidores: jamás +cubrían las hermosas piernas tentadoras, calzadas, por lo general, con +medias punzó. + +Esas piernas eran, para los adoradores de Rosita, como la miel para las +moscas. + +Y ella lo sabía la muy mimada, y sin embargo se hacía la inocente, y las +declaraciones más ardientes, los piropos más expresivos y más +achicharradores, apenas le arrancaban como contestación un: + +--¡Puerco!... ¡Cochino!... ¡Qué más se quisiera!... ¿Quiere ver que +llamo a _me tatas_? + +Frases con las que dejaba helados a sus novios, que se contentaban con +mirarla desde la esquina, blanqueando los ojos, retorciéndose el bigote, +si lo tenían o pellizcándose el punto donde debieran tenerlo, y +entregándose a toda suerte de ejercicios gimnásticos con sus respectivos +bastones, cosa que creían la más sublime expresión del chic y la más +elocuente prueba de su experiencia en asuntos amorosos. + +¡Pero Rosita era insensible a estas demostraciones equilibristas! + +Un buen día dejó de salir a la vereda, y en el barrio se corrió la voz +de que la visitaba un mozo, empleado de la Municipalidad. Como no volvió +a aparecer en la calle, sus adoradores, fastidiados, fueron a ser +satélites de otras constelaciones. + +Desde entonces se vio a Robillotti acompañado de un joven al parecer +criollo, llevando con cierta elegancia un trajecito de saco, de esos que +son una falsificación de _última moda_,--hechos con toda conciencia por +un sastre baratillero--y que era de su misma opinión en todos los +asuntos que trataban. + +Evidentemente, era un yerno futuro: sólo éstos son capaces de pensar en +todo igual a otro hombre; es privilegio de los que están por ser suegros +encontrar quien no los contradiga en nada. + +Una tarde venía por bajo los sauces de Palermo el sargento Gómez, cuando +de repente se topó con un ladrón, conocido por el apodo de Silvita que, +acompañando a un individuo que respiraba honradez por todos sus poros, +se ocupaba en contar los árboles del bosque. + +Sospechando que fuera una víctima futura del acompañante, le interrogó +sobre lo que andaba haciendo, y le encontró muy reservado y poco +dispuesto a hablar de sus intenciones y miras. + +Silvita, colorado hasta las orejas, se entretenía en mascar unas hojitas +de sauce. + +El sargento se llevó los dos ciudadanos a la comisaría y allí se +descubrió el pastel. + +El paseante del bosque--que no era otro que Robillotti--cuando supo qué +clase de pájaro era su acompañante, cantó de plano. + +Dijo que este era el novio de su hija, y que hacía seis días que la +había pedido en matrimonio, declarándole que no podía casarse hasta no +realizar un negocio que tenía entre manos. + +Interrogado por él sobre la naturaleza de este negocio, le había dicho: + +--Yo soy empleado municipal, y puedo sacar con facilidad el corte de +todo el sauzal de Palermo. Pagan veinte centavos por cada árbol y dejan +éste a beneficio del contratista; pero hay que dar una garantía de dos +mil nacionales y yo no los tengo. + +--Pero los tengo yo... y es lo mismo, dijo Robillotti, que, habiendo +sido carbonero, conocía el precio de la leña, y como buen genovés, +calculó en un segundo que la fortuna llamaba a su puerta. + +--¿Cuántos son los árboles? + +--Amigo Robillotti, va a ser un sacrificio... + +--¡Bueno!... no hablemos más de eso. ¿Cuántos son los árboles? + +--No lo sé. + +--Mañana los contaremos... ¡ofrezca no más la garantía! + +Y Robillotti andaba ya por largar la mosca[91], cuando para felicidad de +su bolsillo, lo encontró el agente policial. + +_Silvita_ halló cierta toda la relación del que hubo de ser su suegro y +se contentó con decirle cínicamente: + +--¡Qué mi suegro este!... ¡Hubiese querido verle la cara cuando los +_chafes_ (vigilantes) lo hubieran agarrado cortando sauces! + +Robillotti no paró hasta su casa. + +Allí instruyó a Rosita sobre el fracaso de su casorio, y ésta, pasada la +primera impresión, volvió de nuevo a la vereda a lucir sus piernas +torneadas y a hacer _cantar_ a sus zuecos el aire con que acompañaba los +movimientos graciosos de su cuerpo flexible. + + + + +EL PRIMER CLIENTE + + +Acababa de recibir su título de abogado y de instalar su estudio con +toda coquetería. + +Eran dos pequeñas piezas situadas en una casa de altos de la calle de +Bolívar, puestas con la magnificencia que sus escasos recursos le habían +permitido y que consideraba regias, dado el esfuerzo que le había +costado alhajarlas. + +¡Era en ellas un rey! + +¡Qué pequeños y miserables conceptuaba, comparados con él, al estudiante +de primer año que debía servirle de amanuense y que era un +comprovinciano suyo y al gallego Manuel que le servía de mandadero! + +Ambos no le llamaban sino _el doctor_, como obligaban las tablillas que +tenía a la puerta, y le halagaba que no le olvidaran el título ni aun en +la más insignificante emergencia de la vida. + +Esa frase que se había ganado y que le distinguía de los demás mortales, +le sonaba en el oído de una manera especial: la encontraba dulce, +acariciadora, melodiosa. + +Tres días hacía que a las doce en punto llegaba a su oficina vestido +todo de negro, con levita y galera, llevando en la mano un rollo de +papel, y que veía al amanuense y a Manuel, que dejaban los dibujos y +letras góticas que se ocupaban en borronear y le saludaban, volviendo a +su tarea luego que él se instalaba en su escritorio con toda +prosopopeya. + +Ya esta escena se le iba haciendo familiar, cuando al cuarto día entra +al estudio y en vez de hallar sus súbditos haciendo ensayos +caligráficos, los encuentra nada menos que parados al lado de la puerta +como jugando a quien le abordaba primero. + +Algo extraordinario le ocurrió que acontecía, e interrogó al amanuense +que con una presteza suma le contestó: + +--Ha venido, doctor, un señor de edad, acompañado de una niña. Dijo que +quería confiarle un asunto. Yo le dije que volviese a las doce y media. + +El amor propio le impidió abrazar al amanuense. + +¡Un cliente! + +¡Ya le parecía que la fortuna estaba en su mano! + +Comenzó a pasearse inquieto, en el escritorio, hasta que oyó la voz de +Manuel que decía: "Ahí están", con un tono tal, que traducía a las +claras su alegría por haber aventajado al amanuense en una información +para el doctor, que era el Dios de ambos. + +No tardó en hallarse en su presencia un señor alto, de maneras +distinguidas, vestido de negro, con el cabello blanco, cortado en forma +de melena. + +Acompañábalo una niña de quince o dieciséis años, espléndidamente bonita +y vestida con una sencillez y una elegancia admirables. + +Para más señas, tenía un hoyito en la barba que se llevaba los ojos de +uno, como si no tuvieran dueño. Mientras duró la conferencia con el +padre, no le quitaba la vista de encima, y ella bajaba la suya, se +ruborizaba, y para disimular su turbación, jugaba con el abanico con un +aire infantil que enloquecía. + +Quedaron con el padre en que al día siguiente le llevaría los +antecedentes de la cuestión que quería entablar, que era intrincadísima. + +Le prometió, sin embargo, que la ganaría con costas y aun que haría +encarcelar a la parte contraria. + +¡Con qué ansia esperó el día próximo! + +¡Imagínenlo los que puedan, no olvidando que se trataba de su primer +cliente, y de una muchacha de quince años, que tenía unos ojos más +alegres que un informe in vote 36 de cualquier abogadillo ramplón[92]! + +Esa noche soñó con una porción de cosas bellas, y todas ellas tenían +algo que ver con la hija del cliente de la melena. + +Llegó, por fin el día y con él la hora de oficina. + +Se hallaba en su escritorio, y sin embargo le parecía que no era cierto; +le faltaba el aplomo; el corazón le latía. + +Paró un carruaje de repente: se puso de pie como movido por un resorte. + +¡Ahí estaban, ella y él! + +Cuando vio que no entraba sino ella, casi se cayó la emoción le +paralizaba la lengua. + +--Señor doctor, habiéndose enfermado mi padre... + +--Señorita..., señori... ta, crea que... + +--...no puede concurrir y me... + +--¡Valiente!... Tanta incomodidad... ¡Tome usted asiento! + +--...¡envía con estos papeles para que usted los revise! + +Le tomó los papeles, y cuando sus dedos rosados tocaron los suyos, +sintió un cosquilleo en el corazón, en la espalda y en las piernas, que, +francamente, le hizo pasar un mal rato. + +Ella, ruborosa, le miraba con sus ojos brillantes e incomparables. + +Revisó los papeles a la ligera y se convenció de que no le daban luz +alguna en la cuestión. + +Lo manifestó así a la portadora, y con este motivo entró en una +agradable conversación, que degeneró en charla bullanguera. + +Cuando se despidieron eran lo más amigos, y ella prometió volver al día +siguiente a traerle nuevas luces, cosa de que él no dudaba, mirando sus +hermosos ojos pardos, dulces y tiernos. + +Las visitas, para darle datos, se repitieron unos seis u ocho días. +Durante ellos, no se ocupó de clientes ni de nada: no tenía más +preocupación que Angelina, y ella, según se lo había manifestado, en +momentos en que la ternura llevaba a tocarse sus cabezas, no tenía +tampoco más preocupación que _el doctor_. + +Una tarde en que el idilio alcanzó proporciones alarmantes, y en que su +boca sedienta de besos, pedía y pedía sin cesar pruebas del amor que +reflejaban los ojos de la hija del cliente respetable, ésta le prometió +la gloria: a las doce de la noche le esperaría en la sala de su casa en +la calle de las Artes[93], cuyo zaguán sería dejado entreabierto para +darle paso. + +Esta sentencia definitiva que se prometía a sus súplicas, le entreabría +el cielo. + +Toda esa tarde se creyó un Tenorio. + +Con el último campanazo de las doce, dado por el reloj de San Nicolás, +penetraba él sigilosamente a la casa de su amada, y se arrojaba en sus +brazos. + +Un mundo de besos fue el saludo: era mudo, pero expresivo. + +Luego se encaminaron a tientas a una butaca, pero no se habían sentado +aún, cuando en una de las puertas interiores apareció el respetable +cliente con una vela en la mano y seguido de dos testigos. + +La inocente muchacha aprovechó la confusión para hacerse humo. + +Él estaba alelado. + +--Ha pretendido usted corromper a una menor... ¡los señores son +testigos! Voy a labrar un acta y... + +--¡Es inútil, señor! ¡Yo voy a retirarme! + +--¿Sí?..., ¡está bien! ¡Sin embargo, sepa usted que si para dentro de +tres días no me entrega dos mil nacionales, me presento a los tribunales +y le armo una cuestión que le dé por resultado perder su título cuando +menos! + +Y se retiró alicaído y cabizbajo, mortificado por su amor propio, ajado +y deprimido, y dejando en poder de su cliente un documento firmado en +que constaban prolijamente las circunstancias y pormenores de su +desventura. + +Reflexionó con calma, y vio que lo mejor era echar tierra al asunto y +pagar sin decir una palabra. + +¡Y pagó su chapetonada[94]! + +Testigos fueron las letras del Banco de la Provincia, que conservó mucho +tiempo como recuerdo de su primer cliente, que era nada menos que el +ladrón más sagaz y más fino que ha producido Buenos Aires. + +Su nombre es conocido: El Cuervito. + + + + +AL REVUELO + + +Los lunfardos que _cuentan el cuento_, dan a cada uno de sus robos un +nombre distinto y apropiado a los medios que usan para efectuarlo. + +Cuando estafan, valiéndose de los sentimientos religiosos, dicen que han +hecho "un católico", y si han empleado el recurso de los papeles +inservibles, o sea _el balurdo_, _han hecho_ un _toco_ o _un vento_, +_mischo_. + +También tienen otro golpe lucrativo, que es el _cambiazo_, o sea el +engaño, la mistificación, otra prueba del ingenio de estos perdularios +que si dedicaran su inventiva y sus facultades a cosas útiles, +producirían verdaderas maravillas. + +Un señor, vestido con cierta elegancia, comienza a llegar a hora +determinada a un almacén, cuyo propietario encierra en el fondo de su +alma un inmoderado deseo de lucro, que tal vez ha pasado desapercibido +para el vulgo, pero que el olfato finísimo de los estafadores ha +descubierto. + +Compra, por ejemplo, un paquete de cigarrillos y una caja de fósforos, +diariamente y a la misma hora: el almacenero nota la singularidad y +designa a su cliente con el mote de "el de los cigarrillos", llegando un +momento en que ya el cliente no tiene ni necesidad de solicitar su +consumo. + +Cuando ya ha sido notado, pregunta un día si hay buen Oporto o buen +Coñac, y toma una copita de pie, al lado del mostrador, con aires de +hombre cuya dignidad se sentiría deprimida penetrando al despacho de +bebidas donde pulula el vulgo de los bebedores. + +Este pequeño consumo a hora fija, establece una especie de intimidad +entre el almacenero y su cliente, que, como es locuaz y comunicativo, le +hace saber que es un funcionario de categoría elevada, más o menos en +los ramos en que el almacenero pueda tener algún día necesidad de un +buen padrino, o si no hombre de influencia en el círculo político +dominante o con el comisario de la sección o con la comisión de higiene +de la parroquia. + +Iniciada la amistad, y luego intimada merced a la regularidad del +consumo de la copita y el buen pago diario, con propina de los dos o +tres centavos sobrantes y sin aceptar el fiado ofrecido, un buen día el +hombre se saca un anillo con un gran solitario, o un rico reloj de oro, +con cadena maciza y vistosa, y dice al almacenero: + +--¡Vea!... ¡Hágame el favor de hacerme tasar esta prenda con algún +joyero de su confianza, algún amigo de conciencia!... ¡Tengo necesidad +de saber exactamente su precio! + +El almacenero acepta complacido la comisión, y al otro día le informa +que la alhaja es riquísima y que puede valer como mínimum seiscientos +pesos. + +--¡Bueno, amigo!... ¡Me alegro!... ¡Estoy salvado!... Figúrese que +necesito trescientos pesos por cuatro o cinco días para un compromiso, y +un usurero a quien le llevé la prenda me dijo que ésta no era buena y +que por ello, si me daba los pesos por cinco días, me cobraría cincuenta +de interés. + +--¡Qué bárbaro!--dice el almacenero, escandalizado, pero brillándole los +ojos. + +--Voy a buscar otro más humano, ¿no le parece? + +--¡Claro! + +--¡Le dejo la prenda y le pago treinta pesos cuanto más! + +--¡Es natural!... ¡Vea, si no se ofende..., ocúpeme con confianza!... +¿Qué diablos, para qué son los amigos? + +Y cierran el trato. + +A los dos días se presenta el cliente con un amigo que va a comprar la +prenda en setecientos pesos y quiere verla. + +El almacenero la trae, la ven, la revisan, y luego se la devuelven y se +retiran los amigos, después de un consumo moderado del "Oportito" +famoso, o del "Coñaquito, capaz de despertar a un muerto". + +Y el cliente no vuelve a aparecer más por el almacén. + +El almacenero, cansado de esperarlo, pone avisos en los diarios, +llamándolo, si es muy amigo de formas legales, pero constatando con +dolor, recién, que ignora, no solamente el domicilio del cliente, sino +también su nombre y apellido. + +La duda le asalta y va a ver al joyero que le tasó la prenda, y éste le +declara rudamente que no es la misma que le llevó la primera vez sino +una imitación. + +Y aquí son los improperios, las maldiciones, el lamento con todas las +personas que entran al negocio, pero nada le vale: el _cambiazo_ se +efectuó delante de sus ojos y no supo verlo, y los trescientos pesos +volaron del cajón como por arte de encantamiento. + + + + +XV + +LOS MISTERIOS DE BUENOS AIRES + + +Mi permanencia en el delicado servicio que tenía a su cargo el sargento +Gómez, fue la mejor escuela de la vida a cuyas aulas yo pudiera +concurrir, y en ella aprendí a conocer este Buenos Aires bello y +monstruoso, esta reunión informe de vicios y de virtudes, de grandezas y +de miserias. + +Yo penetré el movimiento de los hombres en sus calles estrechas, las +pasiones que encierran los palacios y los conventillos, los intereses +que se juegan diariamente desde la Bolsa a los mercados, y, nacido en +las más humildes esferas, ascendí peldaño a peldaño la larga escala +social, tendida entre el humilde vigilante, que, parado en una esquina, +expuesto a las inclemencias del tiempo, ignora todo lo que no se +relacione con el pequeño radio puesto a su cuidado, y apenas sospecha +los sucesos de más volumen que ocurren fuera de su parada y la vida +turbulenta y accidentada de los hombres de mundo. + +Todo lo que vi y aprendí en mi larga y penosa ascensión, todo desfilará +en las páginas de estas Memorias, y si no en este volumen, en otro que +le seguirá reflejaré con toda la precisión que me sea dado, las cosas y +los hombres que encontré en el andar de mi vida y los sucesos +extraordinarios en que más de una vez tuve que actuar. + + + + +XVI + +EL HOMBRE PROVIDENCIAL + + +Un suceso criminal que después relataré y que forma uno de los capítulos +más importantes de mi vida, me proporcionó ocasión de distinguirme, y +fui ascendido a sargento y nombrado en reemplazo del viejo Gómez, que +fue jubilado. + +La noche del día en que recibí mi nombramiento, me retiraba a mi modesto +cuarto de conventillo--pues tiempo hacía que había dejado el que por +meses ocupara en casa del comisario--e iba con el corazón lleno de +ilusiones, y cantándome en el alma un coro de alegría, cuando de +repente, al volver la esquina de Piedad 88 y Suipacha, me topé de manos +a boca con un hombre que pretendió ocultarse en el hueco de una puerta. + +Era un individuo correctamente vestido de negro, de levita perfectamente +abrochada y sombrero de copa, y llevaba bajo el brazo un bastón, cuya +contera reluciente brillaba con los primeros rayos de luna que comenzaba +a alzarse sobre el atrio de San Miguel. + +En el suelo y ante él, estaba un pequeño paquete y al lado el cajón de +la basura, perteneciente a la casa en cuyo umbral se había detenido. + +Cuando se irguió, le conocí, a pesar de hacer seis meses que no le veía: +era el concurrente a las antesalas del Ministerio del Interior, el +visitante del mayordomo, don Tomás Regnier, aquel hombre cuya miseria +tanto me había llamado la atención en mis horas de guardia, frente a la +puerta de la sala de espera y cuya silueta he presentado al comenzar +estas Memorias. + +--¡Hola amigo!, ¿qué hace? + +--¡Qué quiere que haga, señor vigilante! Disputaba a aquel atorrante--y +alzando el brazo me mostró un perro de esos callejeros, flaco y sucio, +que parado sobre tres de sus cuatro patas por tener una enferma, nos +miraba desde el atrio--¡esos restos de pescado y de puchero que he +envuelto en ese diario! + +--¿Para qué? + +--¡La pregunta!... ¡Para cenar!... ¡La vida hay que hacerla a pesar de +todo, señor vigilante! + +--Dígame, ¿no es usted aquel hombre que concurría todas las tardes al +Ministerio del Interior, y que se iba a curar en la Convalecencia? + +--¡El mismo, sí, el mismo!... ¿Y Vd. quien es? + +--¿No se acuerda de mí?... Aquel agente que le dio cinco pesos para que +fuera... + +--¡Oh! ¡Oh!... ¡Sí! ¡Sí!... ¡Oh! ¡Me acuerdo bien, sí!... ¡Después no lo +he visto más!... ¡Y eso que voy al Ministerio como siempre!... + +--¿Y se curó? + +--¡Muy bien, gracias, muy bien!... Hoy ya estoy sano de los vahidos +(perfectamente sano), pero la posición ¿sabe usted?... ¡la posición +social..., eso sigue mal, muy mal!... ¡La suerte es caballa! + +Me dio lástima aquel pobre ser enclenque y miserable, que disputaba a +los perros callejeros su alimento y, diciéndole que me siguiera, lo +conduje hasta "La Croce di Malta", en la calle cortada del Mercado del +Plata, donde a todas horas de la noche se encontraba un pan, una botella +de vino y un plato de _busecca_. + +Allí, en una mesa, cerca de otra, donde un grupo de trasnochadores hacía +su colación alegremente, nos sentamos los dos, y luego que él saludó con +complacencia y gran dignidad a los turbulentos vecinos, diciéndome, +mientras movía la cabeza y sonreía: "son los muchachos de los diarios, +¿sabe?, los noticieros de la Patria Argentina[95], La Nación, La Prensa, +que vienen a conspirar contra los directores porque no les aumentan el +sueldo", nos pusimos a comer. + +De esa noche data mi amistad con el hombre extraordinario, cuyas +aventuras forman por sí solas el volumen más curioso de la vida porteña +que pueda imaginarse, y data también mi engrandecimiento moral, pues, si +bien yo le proporcioné los medios de regenerarse físicamente, él, en +cambio, me dio alas, me arrebató consigo y me puso en aptitud no sólo de +hacer con brillo mi camino, sino también de escribir estas Memorias, +cuya primera parte termina por haber llegado el momento en que el vago +de las cuchillas, el humilde soldado del 6º, alcanzando al puesto de +sargento en la policía de Buenos Aires, pudo ensanchar la esfera de su +acción y dejar a la espalda los días oscuros en que el anónimo mataba +todas sus iniciativas e invalidaba sus penosos esfuerzos! + + + + +NOTAS: + + +[1] Yunta, no tener. No tener igual. + +[2] Molle: arbolito del Chaco que da una madera muy fina. + +[3] Arbol de Entre Ríos, Tucumán, Salta y Jujuy, de follaje permanente y +muy frondoso y ramas espinosas. Su madera es dura y da una tintura rojo +oscura. + +[4] De color blanco amarillento. Se aplica más comunmente para designar +un color de pelaje de los caballos. + +[5] Cuero utilizado como recipiente. + +[6] Picar: aguijonear los bueyes que tiran de las carretas. + +[7] Leva: recluta o enganche de gente para el servicio de un Estado. +Decíase comunmente de la reunión de ociosos y vagos, que solía hacerse +por la justicia para destinarlos al servicio de mar o tierra. + +[8] Pergeñada: arreglada, dispuesta. + +[9] Maceta: se dice del caballo que tiene nudos en las rodillas y +cuartillas debido generalmente a su mucha edad o excesivo servicio. + +[10] Se dice de la caballería que mosque, o sea que mueve constantemente +la cola y aún las orejas para espantar los insectos que le molestan o +por mala costumbre. + +[11] Sabandija: cualquier reptil o insecto, especialmente los asquerosos +o molestos. + +[12] Pilchas: prendas del recado o cualquier prenda de uso. + +[13] Mancarrón: Caballo viejo, muy estropeado o casi inservible por su +vejez. + +[14] Redomón: Se dice de potro en doma, que sólo un jinete muy bueno +puede montar. + +[15] Tusado: con las crines recortadas. + +[16] Corto: fig. Tímido. + +[17] Quinchada: Dispuesta en forma de tejido o trama. Se emplea en las +paredes o techos de los ranchos y en los de los carros y carretas. Sirve +para afianzar las construcciones. + +[18] Tía: mujer casada o entrada en edad. Es de tratamiento de respeto. + +[19] Matrera: arisca, chúcara, cimarrona, en general se aplica a la +hacienda. + +[20] Mata, andar a saltos de: Huir, andar temeroso. + +[21] Culero: Cuero que el peón aplica exteriormente sobre la cintura y +los muslos para evitar el roce del lazo sobre las bombachas en los +trabajos de campo, cuando los hace de a pie. También se llama culero al +tirador. + +[22] Bolivianos: Moneda de plata de baja ley, acuñada en Bolivia. Las +monedas se usaban como botones para cerrar los tiradores. + +[23] Bastonero: persona que designa el lugar que han de ocupar las +parejas y el orden en que han de bailar. + +[24] Prima: primera cuerda de la guitarra, la de tono más agudo. + +[25] Segunda: cuerda de la guitarra. + +[26] Dormírsele a algo: quedarse con algo, no soltarlo; se aplica en +especial a comidas y bebidas. + +[27] Cuchufleta: Broma. + +[28] Barato, pedir un: ofrecerse para una lucha o juego. + +[29] Hueya: grafía de acuerdo con la dicción habitual; lo correcto es +_huella_. + +[30] Limpio: descampado, espacio libre. + +[31] Pepeleta: nombre que suele darse vulgarmente a la libreta de +enrolamiento en la campaña del Litoral y del Noroeste. + +[32] Los Corrales: mataderos que desde 1877 estaban instalados en el +actual Parque Patricios, en terrenos comprendidos entre las calles +Caseros, Rioja (hoy su continuación Monteagudo) y Arena (hoy Av. +Almafuerte). Allí se desarrolló una de las batallas de la revolución de +1880. + +[33] Como a chorlos: fácilmente, sin ninguna dificultad. + +[34] Kepí: la academia establece quepís para el nombre de la gorra +ligeramente cónica y de vicera horizontal. + +[35] Chasca: se llama así el pelo de la cabeza cuando está enredado. + +[36] Pelar: sacar. + +[37] Patrio: caballo que pertenece al Estado. + +[38] Se refiere a las luchas que sucitó la separación de Buenos Aires +del resto de la Confederación y que sólo terminó con la Federalización +de la ciudad de Buenos Aires. La Plaza de la Victoria, o Plaza Victoria, +fue el nombre con que se conoció tradicionalmente a la actual Plaza de +Mayo, que hasta 1883 estuvo dividida por la Recova Vieja en dos: la +Plaza 25 de Mayo, frente a la Casa Rosada, y La Victoria, nombre que +data de 1808 y que le fue impuesto en conmemoración de la victoria del +12 de agosto de 1884, demolida La Recova, las dos plazas quedaron unidas +bajo la denominación actual. + +[39] Marcos Paz: hacendado (1844-1904). Al federalizarse Buenos Aires en +1880, ocupó la jefatura de policía; más tarde fue diputado nacional y +miembro del directorio del Banco de la Nación. + +[40] Departamento viejo: alusión al Departamento de Policía, situado, en +esa época, en la calle Bolívar, entre el Cabildo y la casa llamada +«Altos de Riglos». Era un edificio chato y sencillo, con techo de tejas. +También estaba allí la cárcel de encausados. Cuando se abrió la Av. de +Mayo fue demolido junto con una parte del Cabildo, pero en ese entonces +el edificio ya no estaba ocupado por el Departamento de Policía, sino +por la Municipalidad de Buenos Aires. + +[41] La Avenida de Mayo: fue abierta en 1889; en ella se empleó por +primera vez en la ciudad el afirmado de madera; hasta entonces sólo se +conocía el de adoquines. + +[42] El General Paunero: Wenceslao Paunero (1805-1871). Tuvo una +destacada función en la guerra con Paraguay, además de innumerables +campañas contra los indios y las montoneras; ascendió a general en la +Batalla de Pavón. Fue candidato a vicepresidente de la República en +1868. + +[43] Las Manzanas: paraje próximo a la Villa Gutiérrez, departamento de +Ischillín, provincia de Córdoba. + +[44] General Conrado Villegas: (1840-1884). Actuó en la Guerra del +Paraguay; tomó parte en la campaña contra Mitre en 1874; luchó con los +indios en 1877; acompañó a Roca en la campaña del Desierto y fundó +Choele-Choel; actuó en la represión de la Revolución del 80. + +[45] Namuncurá: Manuel Namuncurá, casique voroga, nacido en Chile y +llegado a la Argentina en 1834. Se mantuvo en lucha constante contra la +llamada civilización e intervino en las Luchas Intestinas del país +poniendo sus lanzas al servicio de diversos contendientes. Era un hombre +de gran valor y fuerza y hábil para mantener su caciscazgo. Fue el +último jefe indio que se rindió en la Conquista del Desierto que realizó +Roca. Se lo nombró «Coronel de la Nación». Uno de sus hijos se hizo +sacerdote católico y otro fue militar del Ejército Argentino. + +[46] Eunuco: hombre castrado. + +[47] Se hará a la cancha: se acostumbrará. La frase está tomada del +vocabulario familiar de las carreras cuadreras. + +[48] Mayoría: oficina del Sargento Mayor. + +[49] Vistas: proyección de imágenes cinematográficas. + +[50] La Recoba: grafía arcaica, la correcta es Recova. La Recova +primitiva fue un edificio construido en tiempos del Virrey del Pino +(1803); ocupaba el centro de la actual Plaza de Mayo; constaba de un +arco central y veinticuatro arcadas, doce a cada lado. Durante la época +de Rosas (1835) el estado la sacó a remate, pero no se aceptó la oferta +que se hizo. Al año siguiente la compró Tomás Anchorena y durante la +Intendencia de Torcuato de Alvear (1883) fue expropiada y demolida. + +[51] Paquete: elegante, que sigue la moda, bien vestido. + +[52] Clases: individuos que forman los escalones intermedios entre los +oficiales y los soldados rasos. + +[53] Tiple: la más aguda de las voces humanas. + +[54] El Ministerio del Interior: Los ministerios del Gobierno Nacional +tenían su sede en la Casa Rosada. + +[55] Navarro: partido de la provincia de Buenos Aires, tiene una +superficie de 1.625 km2; limita con los partidos de Mercedes, General +Las Heras, Lobos, Veinticinco de Mayo, Chivilcoy y Suipacha. Tuvo su +origen en un fortín de frontera en el último tercio del siglo XVIII. + +[56] Valimiento: amparo, favor, protección, defensa. + +[57] Pichuleador: conseguir afanosamente pequeñas ventajas en ventas o +negocios. + +[58] La mosquita que le haré poner: amenaza con hacer público un +comentario que molestará. + +[59] Fuste: fig. Nervio, sustancia o entidad. Importancia. + +[60] Empeño: recomendación. Protector, padrino. + +[61] Aceite para la máquina: eufemismo para referirse al soborno de los +empleados públicos por medio de dinero. + +[62] Trote: fig. y fam. Apuro, trabajo, tarea pesada. Se usa con los +verbos dar y meter. + +[63] Está faltando: al respeto, está diciendo inconveniencias. + +[64] Judería; acción engañosa con que se obtienen procechos ilícitos. + +[65] Fariseo: fig. Hombre hipócrita. + +[66] Prosopopeya: afectación de gravedad y pompa. + +[67] La Convalecencia: Hospital de la Convalecencia; se hallaba situado +en el solar que ocupa actualmente el Hospital Nacional Neurosiquiátrico +de Hombres. + +[68] Asenderado: fig. Que ha recorrido muchos senderos. + +[69] El Ministerio del interior: quizás se refiera a Bernardo de +Irigoyen (1822-1906), cuyo retrato coincide con la descripción, y que +entre los numerosos cargos públicos que ocupó, fue Ministro del Interior +durante una parte de la primera presidencia del general Roca +(1880-1886). + +[70] Camandulero: que procede con subterfugios e hipocresías. + +[71] Tercio: cada uno de los tres grupos en que se dividía el personal +de una comisaría, para cumplir un turno de ocho horas. + +[72] Ñudo, al: Inútilmente. + +[73] Raspa: ladrón, ratero. + +[74] Departamento Central: Departamento Central de Policía. + +[75] Gorra, vivir de: vivir a costa de otro, sin pagar nada. + +[76] Leguleyo: el que trata de leyes no conociéndolas sino vulgar y +escasamente. + +[77] Quebrarse: hacer quiebros al bailar o caminar, como los +compadritos. + +[78] Renuncio: fig. Mentira o contradicción. + +[79] Caramayolí: asalto. + +[80] Biaba: asalto a mano armada. + +[81] Dirse: forma de dicción inculta del verbo irse; aparece con más +frecuencia en el lenguaje rural que en el urbano. + +[82] Champurriao: dicción inculta de champurreado. Mezclado (De +champurrear: mezclar un licor con otro y hablar mal un idioma +mezclándolo con otro; también chapurrear). + +[83] Ad hoc: expresión latina que significa «para esto», «para el caso». + +[84] Me sale con una pata de gallo: me dice un despropósito o tontería. + +[85] Calle Buen Orden: actual Bernardo de Irigoyen. + +[86] Mulita: fig. Flojo, timorato, miedoso. + +[87] Clavar: engañar empleando malicia o fraude en los tratos y +contratos. + +[88] Train: dicción inculta por «traen». Se trata de un fenómeno de +disimilación de dos vocales abiertas; es muy frecuente en el habla +inculta y rural. + +[89] Reatado: atado apretadamente. + +[90] La devaluación de la moneda papel con respecto a la moneda oro es +la base de esta estafa. Los 5.000 pesos oro valían 625.000 pesos papel. + +[91] Mosca: dinero. + +[92] Ramplón: tosco, vulgar, desaliñado. + +[93] Calle de las Artes: actual Carlos Pellegrini. + +[94] Chapetonada: inexperiencia o torpeza del que es nuevo en alguna +actividad. + +[95] Patria Argentina: periódico político, noticioso, literario, +comercial; se publicó en Buenos Aires desde el 1º de enero de 1879 hasta +el 31 de octubre de 1885. Su director fue Alberto Gutiérrez y sus +redactores José María y Ricardo Gutiérrez. Sostenía la orientación del +Partido Nacionalista. En total publicó 2.370 números. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Memorias de un vigilante, by +José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN VIGILANTE *** + +***** This file should be named 19543-8.txt or 19543-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/9/5/4/19543/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project +Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you +charge for the eBooks, unless you receive specific permission. 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General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy +all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. +If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project +Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the +terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or +entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. 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ALVAREZ (FRAY MOCHO). + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + h1,h2,h3 { + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .center {text-align: center;} + .smcap {font-variant: small-caps;} + .footnotes {border: dashed 1px;} + .footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;} + .footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;} + .fnanchor {vertical-align: super; font-size: .5em; text-decoration: none;} + .poem {margin-left: 20%; margin-right:10%; text-align: left;} + .poem .stanza {margin: 1em 0em 1em 0em;} + .poem span.i0 {display: block; margin-left: 0em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} + .poem span.i2 {display: block; margin-left: 1em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} + .poem span.i3 {display: block; margin-left: 2em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Memorias de un vigilante, by +José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Memorias de un vigilante + +Author: José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +Release Date: October 14, 2006 [EBook #19543] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN VIGILANTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +</pre> + + +<h1>MEMORIAS DE UN VIGILANTE</h1> + +<h2>JOSE S. ALVAREZ (FRAY MOCHO)</h2> + +<p class="center">ADMINISTRACIÓN GENERAL<br /> +Buenos Aires<br /> +1920</p> + +<hr style="width: 65%;" /> +<p><a name="table" id="table"></a></p> +<table summary="table" cellspacing="2" cellpadding="2"> +<tr><td colspan="2" align="left"><a href="#FRAY_MOCHO"><b>FRAY MOCHO</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left"><a href="#I"><b>MEMORIAS DE UN VIGILANTE</b></a></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#I"><b>I</b></a></td><td><b>Dos palabras</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#II"><b>II</b></a></td><td><b> En los umbrales de la vida </b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#III"><b>III</b></a></td><td><b> El vaivén de mundo</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IV"><b>IV</b></a></td><td><b> De oruga mariposa</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#V"><b>V</b></a></td><td><b> De paria a ciudadano</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VI"><b>VI</b></a></td><td><b> El tufo porteño</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VII"><b>VII</b></a></td><td><b> Mosaico criollo</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIII"><b>VIII</b></a></td><td><b> Los bocetos de un miope</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IX"><b>IX</b></a></td><td><b> Cinematógrafo</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#X"><b>X</b></a></td><td><b> La linterna de Regnier</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XI"><b>XI</b></a></td><td><b> Brochazos ministeriales</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XII"><b>XII</b></a></td><td><b> Entretelones policiales</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIII"><b>XIII</b></a></td><td><b> Siempre adelante</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#MUNDO_LUNFARDO"><b>XIV</b></a></td><td><b>MUNDO LUNFARDO</b></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#MUNDO_LUNFARDO"><b> EN LA PUERTA DE LA CUEVA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#PERSPECTIVAS"><b> PERSPECTIVAS</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#ENTRE_LA_CUEVA"><b> ENTRE LA CUEVA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#ELLAS"><b> ELLAS</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#ELLOS"><b> ELLOS</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_CAMPANA"><b> EL CAMPANA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_ARTE_ES_SUBLIME"><b> EL ARTE ES SUBLIME</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_CAFE_DE_CASSOULET"><b> EL CAFÉ DE CASSOULET</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_BURRO_DE_CARGA"><b> EL BURRO DE CARGA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#LOS_QUE_CARGAN_CON_LA_FAMA"><b> LOS QUE CARGAN CON LA FAMA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_PANAL_EN_LA_LENGUA"><b> EL PANAL EN LA LENGUA</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#NO_LE_SALVO_SER_MINISTRO"><b> NO LE SALVÓ SER MINISTRO</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#CUPIDO_Y_CACO"><b> CUPIDO Y CACO</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#EL_PRIMER_CLIENTE"><b> EL PRIMER CLIENTE</b></a></td></tr> +<tr><td colspan="2"><a href="#AL_REVUELO"><b> AL REVUELO</b></a></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XV"><b>XV</b></a></td><td><b> LOS MISTERIOS DE BUENOS AIRES</b></td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVI"><b>XVI</b></a></td><td><b>EL HOMBRE PROVIDENCIAL</b></td></tr> +</table> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="FRAY_MOCHO" id="FRAY_MOCHO"></a>FRAY MOCHO</h2> + + +<p>José S. Alvarez (Fray Mocho), nació en Gualeguaychú, Provincia de Entre +Ríos, el 26 de Agosto de 1858. Su temprana afición a observar los +aspectos más pintorescos de la vida le encaminó por el doble sendero del +periodismo y de la investigación policial. Así, entre cuartilla y +cuartilla, llegó a ocupar el puesto de Comisario de Pesquisas en la +Policía de Buenos Aires, que tanto se adaptaba a las modalidades de su +espíritu curioso y novelesco.</p> + +<p>En ese carácter publicó (1887) su famosa <i>Galería de ladrones de la +capital</i>, en 2 gruesos volúmenes, colección de fotografías policiales +comentadas con perspicacia; aunque esa obra tenía un carácter puramente +técnico, Alvarez demostraba en las más nimias acotaciones esa +extraordinaria agudeza de ingenio que más tarde floreció en sus +leidísimos cuentos y en su inextinguible pasión de conversar.</p> + +<p>En 1899 se asoció con Bartolito Mitre para fundar una revista ilustrada, +que llegó a ser la popularísima <i>Caras y Caretas</i>, hoy convertida en +magna empresa que coopera al desenvolvimiento de las artes y las letras.</p> + +<p>Su obra propiamente literaria consta de cinco libros, en los que supo +sacar partido de sus cualidades de observador y de su estilo lleno de +gracia picaresca. El "cuento de costumbres" llegó a ser su especialidad, +en lo que tuvo muchos imitadores, sin ser igualado.</p> + +<p>Su primer libro, <i>Memorias de un vigilante</i> (1897), vio la luz bajo el +pseudónimo de <i>Fabio Carrizo</i>; le siguieron <i>Viaje al país de los +matreros</i> (1897) y <i>En el mar austral</i> (1898). En el tercer aniversario +de su muerte se reunieron sus cuentos, publicados en la revista <i>Caras y +Caretas</i>, bajo el titulo <i>Cuentos de Fray Mocho</i> (1906). Otros no han +sido publicados en libro y aparecerán con el título <i>Salero Criollo</i>.</p> + +<p>Falleció en Buenos Aires, el 23 de Agosto de 1903.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#table">I</a></h2> + +<h3>DOS PALABRAS</h3> + + +<p>No abrigo la esperanza de que mis recuerdos lleguen a constituir un +libro interesante; los he escrito en mis ratos de ocio y no tengo +pretensiones de filósofo, ni de literato.</p> + +<p>No obstante, creo que nadie que me lea perderá su tiempo, pues, por lo +menos, se distraerá con casos y cosas que quizás habrá mirado sin ver y +que yo en el curso de mi vida me vi obligado a observar en razón de mi +temperamento o de mis necesidades.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#table">II</a></h2> + +<h3>EN LOS UMBRALES DE LA VIDA</h3> + + +<p>Mi nacimiento fue como el de tantos, un acontecimiento natural, de esos +que con abrumadora monotonía y constante regularidad se producen +diariamente en los ranchos de nuestras campañas desiertas.</p> + +<p>Para mi padre, fui seguramente una boca más que alimentar, para mi +madre, una preocupación que se sumaba a las ocho iguales que ya tenía, y +para los perros de la casa y para los pajaritos del monte que nos +rodeaba, una promesa segura de cascotazos y mortificaciones que +comenzaría a cumplirse dentro de los tres años de la fecha y duraría +hasta que los vientos de la vida me arrebataran, como a todos los +congregados por la casualidad bajo aquel techo hospitalario.</p> + +<p>Concluía quizás la primera década de mi vida, cuando un buen día llegó a +la casa una tropa de carros, que, desviándose del camino que serpenteaba +entre las cuchillas, allá en la linde del monte, venía a campo traviesa +buscando un vado en el arroyo, que disminuía en una mitad el trecho a +recorrer para llegar al pueblo más cercano.</p> + +<p>El capataz habló con mi padre; y éste, de repente, me hizo señas de que +me acercara, y dijo:</p> + +<p>—¡Este es el muchacho!... Como obediente y humilde, no tiene +yunta<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a>... ¡el otro que podía igualarlo se nos murió la vez pasada!... +¡Como conocedor del monte y del arroyo, lo verá en el trabajo!</p> + +<p>A mí me zumbaron los oídos, y no pude saber lo que el hombre contestó; +sin embargo, me di cuenta, así en general no más, de que ya no podría +extasiarme a la sombra de los espinillos florecidos viendo cómo las +lagartijas se correteaban sobre la cresta de los hormigueros, haciendo +relampaguear sus armaduras brillantes, ni pasarme las horas muertas, +escuchando el contrapunto de las calandrias y de los zorzales, +estimulados por el lamento de los boyeros parados al borde de sus nidos, +colgados allá en la extremidad de los gajos más altos y flexibles de los +molles<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> y coronillos<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> + +<p>Mi padre me sacó de mi éxtasis con su voz ronca y varonil, esta vez +impregnada de una dulzura desconocida.</p> + +<p>—¡Oiga, hijito!... ¡Vaya, traiga su petisito bayo<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a> y ensíllelo!... +¡Va a acompañar a este hombre, que es su patrón!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#table">III</a></h2> + +<h3>EL VAIVÉN DEL MUNDO</h3> + + +<p>Las corrientes del mundo me arrebataron y luché con ellas con suerte +varia; ninguna ¡ay! volvió a traerme hasta los montes nativos, y cuando +un día—después de muchos años—volví a ellos, ya no guardaban sino +restos miserables, escapados al hacha del montaraz; y del pobre rancho y +de la familia que lo ocupó, ni el recuerdo siquiera.</p> + +<p>¿Qué fue de los míos?</p> + +<p>¿Qué fue de las hojas del tala frondoso, en cuyas ramas flexibles mi +madre colgaba la cuna de sus hijos, aquel noque<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a> de cuero que la brisa +mecía cariñosa?</p> + +<p>¿Qué fue de los trinos del boyero y del contrapunto de las calandrias y +de los zorzales?</p> + +<p>¡Sólo quedan en mi memoria como un recuerdo!</p> + +<p>Sirviendo de guía a las tropas de carretas, picando<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a> éstas cuando ya +mis músculos lo permitieron, de peón aquí, de vago allá, llegó un día +para mí dichoso y bendecido—porque es el origen de mi felicidad +actual—en que una leva<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a> me tomó y puso punto final a mis correrías de +vagabundo, perfilando sobre la figura mal pergeñada<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a> del pobre gaucho +ignorante la simpática silueta del soldado.</p> + +<p>Recuerdo, como si fuese ayer, las circunstancias en que fui tomado y voy +a tratar de pintarlas, no con la pretensión de hacer un cuadro sino con +la intención de presentar una escena de nuestros campos, vulgar y +corriente en tiempos no lejanos, pero hoy ya casi exótica, debido a las +exigencias de la vida.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#table">IV</a></h2> + +<h3>DE ORUGA A MARIPOSA</h3> + + +<p>Tras un galope de algunas leguas—andaba de vago y era joven y +aficionado al baile y las buenas mozas—llegué al viejo rancho +desmantelado y solitario—veterano de cien tormentas—donde se iba a +bailar, cosa que no era muy frecuente entonces, dada la escasez de +población en aquellos parajes.</p> + +<p>Al acercarme al palenque, ya pude contar cuántos me habían precedido en +la llegada y hasta saber quiénes eran: allí estaban sus caballos a modo +de tarjeta de visita.</p> + +<p>Primero, el petiso de los mandados—maceta<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a> y mosqueador<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>—que +buscando verse libre de las sabandijas<a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a> u obedeciendo a la costumbre +de evitarlas, había ido retrocediendo hasta apartarse del grupo, y +sembrando el trayecto recorrido con las pilchas<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a> del muchacho a cuyo +servicio lo había condenado la suerte, que nunca le fue propicia; luego +los mancarrones<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a> de algunos gauchos pobres y de los viejos vagos del +pago, con sus aperos formados con prendas de procedencia diversa y de +más diversa fabricación, con sus riendas peludas y anudadas y con sus +cinchas enflaquecidas de puro dar tientos para remiendos; y, finalmente, +algunos redomones<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a> bravíos, que al sentirme llegar yerguen las +orejas, relinchan y se agitan, indicándome que ya hay mocetones que me +harán competencia en el corazón de las dueñas de esos otros pingos, +cuidados y lustrosos, tusados<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a> con coquetería, y cuya crin ha servido +para dibujar ya un arco atrevido, ya una guarda griega caprichosa, y que +lucen bozales tan primorosos y cabestros tan llenos nos de bordados y de +adornos.</p> + +<p>Son pingos del andar de gente presumida, y hasta con pespuntes de +elegantes mozas.</p> + +<p>Previo el consabido ladrido de los perros—arrancados por mi llegada a +un sueño plácido y tranquilo, el relincho de los redomones del palenque, +los saludos del dueño de la casa y <i>las vichadas</i> de las mozas y +mocetones, que, cortos<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a> con los forasteros, se han ocultado en el +rancho, eché pie a tierra y fui a sentarme en el ancho patio recién +barrido y carpido, que a la noche serviría de salón de baile, iluminado +por la luna plácida y serena, aquella luna de mi tierra que veo al +través del tiempo, quizás embellecida por el recuerdo.</p> + +<p>Los preparativos para la fiesta estaban en lo mejor.</p> + +<p>Allá atrás del rancho, formado por una pieza grande de +paja—quinchada<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a>—había un remedo de otra, formada por cuatro cueros +de potro y algunas ramas mal atadas, que pomposamente se denominaba con +el simpático nombre de <i>la cocina</i>.</p> + +<p>A través del agujero que le servía de puerta, y por entre la nube de +humo que vomitaba, veía, desde donde estaba sentado, un hacinamiento de +cabezas, alumbradas por la llama temblorosa del fogón.</p> + +<p>Entre risas ahogadas y cuchicheos, oía el canto monótono de la sartén en +la que se freían montones de pasteles dorados, que espolvoreados con +azúcar rubia, llevados de a seis u ocho—máximum que podía contener el +único plato de loza que había en la casa—con destino al depósito +general, que estaba en la pieza de paja, bajo la custodia de una vieja +vigilante, tía<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a> respetada de algunos muchachos greñudos y carasucias, +que de vez en cuando se asomaban por ahí, espiando el momento de dar un +malón con suerte.</p> + +<p>Eran atraídos por el olor apetitoso y agradable de los pasteles, que +corría por todo el rancho, y que al penetrar por la nariz ponía en juego +las glándulas salivales y hacía caer los estómagos en sueños deleitosos +y en éxtasis bucólicos.</p> + +<p>Bajo su influencia, uno llegaba hasta a olvidar que los tales pasteles +estaban guardados en un viejo fuentón de lata, bajo la cama, en compañía +del antiguo cajón de fideos, hoy humilde depósito de tabaco para el uso +de la patrona, y expuestos a las correrías irrespetuosas de las pulgas +matreras<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a>, que pasan su vida viajando de los perros a sus dueños y de +éstos a los perros, hasta encontrar algún benévolo forastero que, a +pesar suyo, las lleve por ahí a tierras lejanas.</p> + +<p>Ya una veintena de mates amargos y sabrosos, o no, que eran cebados por +un muchacho roñoso—todo un maestro en el arte—habían pasado a mi +estómago, haciéndome olvidar la fatiga y el cansancio, cuando las mozas +y los mozos, que habían andado por ahí a salto de mata<a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a>, ya más +familiarizados con los forasteros, empezaron a dejar sus escondites poco +a poco.</p> + +<p>Ellos se acercaban serios y graves, nos daban la mano—a mí y a otros +convidados desconocidos que estábamos como en asamblea, con el brazo +rígido como si fueran a pegar una puñalada o <i>a asigurar un ñudo</i>, +murmuraban algo que no se entendía y luego se sentaban en rueda, con +toda simetría, tratando, a fuer de bien criados, de colocar los pequeños +bancos de una cuarta de alto y formados por un trozo de madera pulido +por el uso y las asentaderas, y con las cabeceras llenas de pequeños +cortes producidos por el cuchillo al <i>picar el naco</i>, de modo a no dar +la espalda a nadie.</p> + +<p>Y allí se quedaban con las piernas dobladas y el cuerpo encogido en esa +posición en que se encuentran las momias incásicas en sus urnas de +barro, pintarrajeadas.</p> + +<p>Más allá, parados, con los pies cruzados, un pucho coronando la oreja, +medio perdido entre una mecha rebelde que se escapa del sombrero +descolorido y ajado, están los gauchos pobres y menos considerados, con +sus chiripás rayados, sus camisetas de percal y sus rebenques colgados +en el mango del facón, atravesado en la cintura y que asoma por sobre el +culero<a name="FNanchor_21_21" id="FNanchor_21_21"></a><a href="#Footnote_21_21" class="fnanchor">[21]</a> fogueando por el lazo o por bajo el tirador, cuando más +sujeto por una yunta de bolivianos<a name="FNanchor_22_22" id="FNanchor_22_22"></a><a href="#Footnote_22_22" class="fnanchor">[22]</a> falsos.</p> + +<p>Ellas, las mozas, venían en grupo, disimulando su turbación con una +sonrisa y haciendo sonar sus enaguas almidonadas y sus vestidos de +percaltiesos a fuerza de planchado y que cantaban alegremente al rozar +el suelo.</p> + +<p>Se sentaban en hilera, graves, por más que la alegría les rebosaba; se +ponían serias, pero la risa les chacoteaba entre las pestañas largas y +crespas, jugueteaba sobre sus labios y se arremolinaba, allí, en las +extremidades de la boca.</p> + +<p>Pronto la conversación se hizo general, la fuente de pasteles se puso al +alcance de las manos y la familiaridad comenzó a desarrugar los ceños +adustos y a alejar las desconfianzas.</p> + +<p>Más mozos y más mozas continuaron llegando, y de recepción en recepción +y de pastel en pastel, fuimos alcanzando a la noche, que era la +aspiración de todos.</p> + +<p>Al fin llegó y con ella los guitarreros, que eran tres: un viejo +tuerto—verdadero archivo de cicatrices—y dos parditos, que eran sus +discípulos, los voceros de su fama y futuros herederos de su clientela +en el pago.</p> + +<p>Se colocaron los bancos en rueda, destinado el frente que daba al +rancho—sitio de honor—para los guitarreros, para las mamás y para los +mosqueteros de más consideración; luego seguían las mozas que entrarían +en danza y la turbamulta de mirones y de asistentes.</p> + +<p>El bastonero<a name="FNanchor_23_23" id="FNanchor_23_23"></a><a href="#Footnote_23_23" class="fnanchor">[23]</a>, que era dueño de casa, se situó en un punto cómodo +para abarcar el conjunto y hacer la designación de parejas con la mayor +estrictez, y mientras se acordaban las guitarras, empezó a estudiar la +concurrencia para—con conocimiento de causa—poder hacer combinaciones +que pudiesen satisfacer las aspiraciones de todos: enamorados-bailantes +y bailantes solamente.</p> + +<p>¡Cómo latía el corazón, en la esperanza de que fuera la moza de su +simpatía la que le tocara a uno en aquel reparto de beldades, que +duraría lo que durase la pieza!</p> + +<p>¿Conmover al bastonero con una súplica? ¡Pero si eso era un sueño +irrealizable!</p> + +<p>Un criollo bastonero era inconmovible, y, sobre todo, tenía demasiada +admiración por las elevadas funciones que desempeñaba para entrar en +familiaridades con nadie.</p> + +<p>¡Baste decir que ni a sus sobrinos tuteaba en esos momentos, por no +rebajar su autoridad!</p> + +<p>Organizadas las parejas, sonaron las guitarras, y se dejaron oír los +acordes de una polka en que trinaban las primas<a name="FNanchor_24_24" id="FNanchor_24_24"></a><a href="#Footnote_24_24" class="fnanchor">[24]</a> y las segundas<a name="FNanchor_25_25" id="FNanchor_25_25"></a><a href="#Footnote_25_25" class="fnanchor">[25]</a>, +y no tanto destinada a ser bailada cuanto a demostrar la habilidad de +los ejecutantes: era como un punto de atención echado por el viejo +guitarrero.</p> + +<p>Los mocetones más empilchados y ladinos fueron los que debutaron. +Metidos en sus grandes botas de charol, con el taco como aguja y con +todo el frente bordado, daban vueltas pretenciosas de elegantes, +pareciendo muñecos movidos por un mismo resorte, tal era la precisión +con que seguían el compás que el <i>máistro</i> marcaba con la cabeza.</p> + +<p>El bastonero—para satisfacción de las mamás, que se le dormían<a name="FNanchor_26_26" id="FNanchor_26_26"></a><a href="#Footnote_26_26" class="fnanchor">[26]</a> a +los pasteles y al mate, agrupadas alrededor de los +guitarreros—circulaba entre las parejas, diciendo cuchufletas<a name="FNanchor_27_27" id="FNanchor_27_27"></a><a href="#Footnote_27_27" class="fnanchor">[27]</a> y +haciendo con su frase sacramental—¡que se vea luz, caballeros!—que las +aproximaciones no fueran más allá de lo lícito y honesto.</p> + +<p>Concluida la polka, las parejas se deshicieron: las mozas, después de +sacudirse las polleras para quitarles la tierra, tomaron asiento y +comenzaron a torcer sus pañuelos, a <i>sacarse mentiras</i> o a alisarse el +jopo, para dar ocupación a las manos, que ociosas les incomodaban, +mientras los mozos volvían sonrientes a nuestras filas, de donde el +bastonero los sacaba de uno a uno, para hacerles probar de cierta caña +con cáscara de naranja, que tenía reservada para los preferidos.</p> + +<p>Volvieron a sonar las guitarras, haciéndose oír un rasgueo, alegre y +armonioso; era un gato que se bailaba solo de puro sentido y bien +tocado.</p> + +<p>Dos parejas salieron al medio de la rueda. La segunda, que era puramente +decorativa, pasaba desapercibida: la primera era formada por un mocetón +de color bronceado—vistiendo amplio chiripá de grano de oro, caído +hasta el taco de la charolada bota de campana, camiseta de merino negro +tableada, pañuelo volador de seda punzó, sombrero chambergo de felpa con +un barbijo lleno de borlas que le castigaban la nariz y la barba—y por +una moza, no mal parecida, que lucía entre el cabello negro, lustroso, +un ramo de fragantes claveles rojos y que indudablemente era la +consentida del mocetón.</p> + +<p>Debutó él con un saludo y luego con un zapateado en que lucía todas las +gracias de sus pies adiestrados, siguiendo al mismo tiempo el compás, +mientras el guitarrero se desgañitaba, gritando con voz gangosa: "¡salta +la perdiz madre!" y ella, la consentida, se hacía la que huía de los +ataques del animalito que era empecinado y la seguía, haciendo resonar +el suelo con el acompasado golpeteo de sus pies.</p> + +<p>Iba a terminar la pieza, cuando de allá de la última fila de mirones y +gauchos pobres salió una voz que dijo <i>¡barato!</i><a name="FNanchor_28_28" id="FNanchor_28_28"></a><a href="#Footnote_28_28" class="fnanchor">[28]</a>, mientras avanzaba +a reemplazar al mocetón—que parecía ceder su puesto de mala gana—otro, +que era su rival y que, aunque más despilchado, tenía la habilidad de +cantar y no dejaba de ser famoso en el pago.</p> + +<p>Su aparición fue aplaudida, y la muchacha, encendida, se remilgó y trató +de lucir toda su gracia al que le daba tal prueba de distinción.</p> + +<p>Cuando llegó el momento del canto, moduló con voz llena de dulzura, +aunque emitida por la nariz, unas coplas llenas de sentimiento en que +había una que envolvía todo un piropo, que venía como de molde:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i2">¡Las muchachas bonitas<br /></span> +<span class="i0">Son perseguidas<br /></span> +<span class="i0">Como la azucarera<br /></span> +<span class="i0">Por las hormigas!<br /></span> +</div></div> + +<p>Y remató su canto con un escobilleo que arrancó voces de admiración: los +pies se movían con tal presteza, mientras el tronco permanecía recto, +que era imposible seguirlos con la vista.</p> + +<p>La muchacha volvió a su asiento, y el mocetón quedó gozando de su +triunfo, orgulloso y satisfecho.</p> + +<p>La caña hizo su aparición, llevando la alegría a todos los corazones, y +los guitarreros, después de tocar un triste, en que palpitaban todos los +anhelos de un alma enamorada, comenzaron a puntear un pericón con todas +las reglas del arte.</p> + +<p>Salieron las parejas al centro, elegidas con cuidado por el bastonero, +entre los mozos y mozas de más fama.</p> + +<p>Hicieron la demanda, algo como la primera figura de la cuadrilla—con +mucho garbo y donaire, rivalizando ellos en gravedad y ellas en +sonrojo—y vino el alegre que permitió a un aficionado, mientras las dos +parejas valsaban, lanzar su nota quejumbrosa:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i2">Las estrellas en el cielo<br /></span> +<span class="i0">forman corona imperial.<br /></span> +<span class="i0">Mi corazón por el tuyo<br /></span> +<span class="i0">Y el tuyo ¡no sé por cuál!<br /></span> +</div></div> + +<p>Y concluyeron su danza con el cielo—pasadas las peripecias de la +cadena—en que los bailarines coronaron su esfuerzo, haciendo +castañetear los dedos al compás de la música y con gran habilidad, +mientras las guitarras gemían con un vals lleno de sentimiento y armonía +de esos que, según la expresión consagrada, levantan de los pelos.</p> + +<p>Y tras el pericón vino un triunfo, donde se floreó aquel que fue héroe +en el gato y que endilgó estas indirectas a su moza:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Dicen que las heladas<br /></span> +<span class="i0">Secan los yuyos,<br /></span> +<span class="i0">¡Ansí me voy secando<br /></span> +<span class="i0">De amores tuyos!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Este es el triunfo, madre<br /></span> +<span class="i3">Dueña del alma;<br /></span> +<span class="i0">Más quiero dulce muerte<br /></span> +<span class="i3">Que vida amarga!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i3">***<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Ni aunque todos se opongan<br /></span> +<span class="i3">Los doloridos,<br /></span> +<span class="i0">No hay dolor que se iguale<br /></span> +<span class="i3">Al dolor mío!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Este es el triunfo, madre,<br /></span> +<span class="i3">Dame la muerte,<br /></span> +<span class="i3">Dámela despacito,<br /></span> +<span class="i3">No me atormente!<br /></span> +</div></div> + +<p>Y así siguió toda la noche la jarana, mientras la caña circulaba y los +corazones anhelosos se buscaban, tratando de fundir en una sola todas +sus aspiraciones.</p> + +<p>Con los primeros rayos de la aurora se pensó recién en poner punto final +a la fiesta, y los guitarreros echaron el resto en una hueya<a name="FNanchor_29_29" id="FNanchor_29_29"></a><a href="#Footnote_29_29" class="fnanchor">[29]</a> de +aquellas donde se oyen quejidos y risas, donde se ven lágrimas y +alegrías, verdadero reflejo del carácter de nuestro gaucho.</p> + +<p>Las guitarras comenzaron a vibrar, mientras uno de los cantores gemía +con voz gutural:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i2">¡Por una ausencia larga<br /></span> +<span class="i0">Mandé sangrarme,<br /></span> +<span class="i0">Hay ausencias que cuestan<br /></span> +<span class="i0">Gotas de sangre!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i3">***<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i2">¡A la hueva, hueya,<br /></span> +<span class="i0">Hueya sin cesar,<br /></span> +<span class="i0">Abrasé la tierra<br /></span> +<span class="i0">Vuelvasé a cerrar!<br /></span> +</div></div> + +<p>Y tras la hueya, la concurrencia comenzaba a despedirse y a dirigirse al +palenque—unos en busca de sus pilchas para dormir por ahí, en cualquier +parte, otros para tomar sus caballos y buscar su rancho, solos o +acompañando a alguna de las damas que, llevando en ancas a su mamá, +volvía al suyo,—cuando de repente un tropel de caballos despertó los +ecos del campo dormido, y coreado por ruidos de latas, pasos +precipitados, ladridos de perros y ayes acongojados de las mujeres +asustadas, resonó estentórea una voz vinosa que, dominando aquel +desconcierto, nos dejó como clavados en el puesto que cada uno ocupaba.</p> + +<p>—¡Alto a la polecía!... ¡No se mueva naides!</p> + +<p>Vino el dueño de casa y se acercó al que gritaba, que no era otro que el +sargento de policía que andaba de recorrida:</p> + +<p>—¿Qué busca, mi sargento, por estos pagos? ¿En qué le podemos servir?</p> + +<p>—¡En nada, amigo!... ¡A ver, caballeros, formensén en ese limpio<a name="FNanchor_30_30" id="FNanchor_30_30"></a><a href="#Footnote_30_30" class="fnanchor">[30]</a>: +vamos a revisar las papeletas<a name="FNanchor_31_31" id="FNanchor_31_31"></a><a href="#Footnote_31_31" class="fnanchor">[31]</a>!</p> + +<p>Cinco de los presentes carecíamos de semejante documento y algunos de +ellos, como yo y el que después fue el cabo Minuto, que murió en los +Corrales<a name="FNanchor_32_32" id="FNanchor_32_32"></a><a href="#Footnote_32_32" class="fnanchor">[32]</a> en 1880, ni habíamos oído hablar jamás de tal requisito que +debieran llenar los ciudadanos.</p> + +<p>¿Quién se iba a ocupar en enseñarnos las leyes?</p> + +<p>¿Con qué objeto?</p> + +<p>¡Ya se encargará el castigo de probarnos que no era bueno desobedecer +los mandatos del Gobierno!</p> + +<p>Excuso decir que hasta sin despedirnos del dueño de casa abandonamos el +viejo rancho bamboleante, rodeados por la partida y montados de dos en +dos en mancarrones inservibles a cuyas piernas hubiese sido una locura +confiarles una esperanza de salvación.</p> + +<p>¡Los fletes nuestros y nuestras pilchas mejores, serían la presa de los +piquetanos que nos habían cazado como a chorlos!<a name="FNanchor_33_33" id="FNanchor_33_33"></a><a href="#Footnote_33_33" class="fnanchor">[33]</a></p> + +<p>¡Ahí quedaban entre sus garras hambrientas!</p> + +<p>Siempre he pensado, después, que estos procedimientos son el origen de +ese odio ciego, de esa invencible antipatía que los soldados de línea +sienten por las policías rurales, y que los hombres observadores no +alcanzan a explicarse.</p> + +<p>¿Trata uno de cobrarse las prendas tan injusta como infamemente +arrebatadas en un momento de desgracia?</p> + +<p>Puede ser...</p> + +<p>El hecho es que cada vez que se ve una chaquetilla de infantería puesta +sobre un pantalón particular, un sable golpeando sin gracia las canillas +de un compadrito y un kepí<a name="FNanchor_34_34" id="FNanchor_34_34"></a><a href="#Footnote_34_34" class="fnanchor">[34]</a> con vivos colorados jineteando sobre una +chasca<a name="FNanchor_35_35" id="FNanchor_35_35"></a><a href="#Footnote_35_35" class="fnanchor">[35]</a> enmarañada y estribando en los cachetes por medio del barbijo +roñoso, el alma se subleva: uno recuerda los primeros dolores y las +primeras humillaciones, y, por las dudas, pela<a name="FNanchor_36_36" id="FNanchor_36_36"></a><a href="#Footnote_36_36" class="fnanchor">[36]</a> el machete para +vengar, si no los agravios de uno, los de aquellos que más tarde han +recorrido el áspero sendero.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#table">V</a></h2> + +<h3>DE PARIA A CIUDADANO</h3> + + +<p>Fui soldado y me hice hombre.</p> + +<p>Con el 64 de línea, adonde me destinaron por cuatro años, como infractor +a la ley de enrolamiento, recorrí la República entera, y, llevando en mi +kepí el número famoso, sentí abrirse mi espíritu a las grandes +aspiraciones de la vida.</p> + +<p>Allí, en las filas, aprendí a leer y a escribir, supe lo que era orden y +limpieza, me enseñaron a respetar y a exigir que me respetaran, y bajo +el ojo vigilante de los jefes y oficiales se operó la transformación del +gaucho bravío y montaraz.</p> + +<p>¡Ah!</p> + +<p>¡Qué día, aquel feliz, en que después de cuatro años de rudo aprendizaje +tuve en mi brazo la escuadra de cabo 2º de la 4ª Compañía!</p> + +<p>¡Era alguien, y esto es mucho para quien no había sido nada!</p> + +<p>Ya no era el paria, el desheredado, el caballo patrio<a name="FNanchor_37_37" id="FNanchor_37_37"></a><a href="#Footnote_37_37" class="fnanchor">[37]</a> que cualquiera +ensilla y nadie cuida: era el cabo Fabio Carrizo, el principio de aquel +sargento 14, que en 1880 recibía su baja absoluta, después de diez años +de servicios prestados dondequiera que hubiese flameado la vieja +bandera, jurada allá en la cuesta de una loma en marcha para San Luis.</p> + +<p>¡Aquel batallón fue mi hogar y fue mi escuela!</p> + +<p>¡Hoy, cuando lo veo desfilar por las calles, siempre con el aire marcial +a que obliga la tradición del número, busco en vano el rostro tostado de +aquellos que conmigo tiritaban en los fogones de la frontera, y ya no +están!</p> + +<p>¡Queda sólo del tiempo viejo de las miserias sufridas en silencio, la +gloriosa bandera deshilachada que tantas veces cuidé en largas horas de +angustia y cuya vista hace latir todavía mi corazón como en aquellas, +dichosas, en que, al regreso de una expedición arriesgada de la que +muchos de los nuestros no volvían, era sacada para que el capellán +dijera ante ella su misa por el eterno descanso de los que quedaban allá +entre las sinuosidades de las sierras, en el triste cementerio aldeano o +bajo el manto eterno de verdura de la pampa desierta y misteriosa!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#table">VI</a></h2> + +<h3>EL TUFO PORTEÑO</h3> + + +<p>Se había extinguido la última chispa de aquel incendio que, comenzando +en la Plaza de la Victoria<a name="FNanchor_38_38" id="FNanchor_38_38"></a><a href="#Footnote_38_38" class="fnanchor">[38]</a> se propagó por toda la República y estuvo +a punto de hacer revivir las épocas de barbarie que el tiempo y la +civilización habían muerto en nuestra patria, y auras de paz y de +progreso corrían desde Jujuy hasta el Estrecho y desde los Andes al +Atlántico.</p> + +<p>Cumplido mi servicio, pulido mi espíritu hasta donde me había sido dado +lograrlo y ansiando mezclarme al mundo de Buenos Aires, que hervía a mi +alrededor y me atraía como atrae siempre lo desconocido, pedí mi baja y +me separé del 6º; como quien dice, dejé mi casa, y en ella todos los +halagos de mi juventud, todas mis afecciones de la vida.</p> + +<p>Con mi baja en el bolsillo y con una carta de recomendación de mi +coronel, me presenté al señor don Marcos Paz<a name="FNanchor_39_39" id="FNanchor_39_39"></a><a href="#Footnote_39_39" class="fnanchor">[39]</a>, que era entonces él +Jefe de Policía, en su despacho del Departamento viejo<a name="FNanchor_40_40" id="FNanchor_40_40"></a><a href="#Footnote_40_40" class="fnanchor">[40]</a>, que ocupaba +lo que hoy es la Avenida de Mayo<a name="FNanchor_41_41" id="FNanchor_41_41"></a><a href="#Footnote_41_41" class="fnanchor">[41]</a>, frente a la Plaza de la Victoria.</p> + +<p>¡Cómo palpitaba mi corazón al encontrarme en el vasto salón, cuyas +ventanas se abrían hacia la plaza, en el cual yo contemplaba el +hervidero de gentes que me atraía!</p> + +<p>¡Oh!... ¡Cuánta ilusión durante las largas horas de espera!</p> + +<p>Aquellos hombres que pasaban afanosos, secándose el sudor de sus +frentes, aquellos que con un cigarro en la boca caminaban despreocupados +y tranquilos, yo los conocería en mi hora, yo sabría de las pasiones que +los movían y de las esperanzas que los alentaban.</p> + +<p>Y alguna, quizás, de esas preciosas mujeres que como en un relámpago +pasaban en sus coches lujosos, deslumbrando mi vista, estaba destinada a +apartarse conmigo, allá, a una casita lejana, en cuyo umbral modesto +irían a morir sin rumores las olas tempestuosas que me azotaran en las +horas de lucha.</p> + +<p>Y luego mi vista recorría con asombro los muros del despacho, +empapelados de color granate; los muebles tallados de los cuales no +tenía la menor idea, y comparaba aquello—que yo creía la última +expresión del lujo—con el destartalamiento de la carpa del coronel que, +a nosotros, nos parecía suntuosa.</p> + +<p>¡Era el punto de comparación que teníamos para darnos cuenta de la +magnificencia de los palacios encantados que en sus cuentos nos +describía el trompa Gareca, aquel viejo veterano que recibió el Sol del +Ecuador a las órdenes de San Martín, que fue asistente del general +Paunero<a name="FNanchor_42_42" id="FNanchor_42_42"></a><a href="#Footnote_42_42" class="fnanchor">[42]</a> en la guerra del Paraguay y que hoy duerme el sueño del +olvido en las soledades de Las Manzanas!<a name="FNanchor_43_43" id="FNanchor_43_43"></a><a href="#Footnote_43_43" class="fnanchor">[43]</a></p> + +<p>Cayó durante uno de aquellos combates homéricos del general Conrado +Villegas<a name="FNanchor_44_44" id="FNanchor_44_44"></a><a href="#Footnote_44_44" class="fnanchor">[44]</a>, con el bravo Namuncurá<a name="FNanchor_45_45" id="FNanchor_45_45"></a><a href="#Footnote_45_45" class="fnanchor">[45]</a>, y allá se quedó... como se han +quedado tantos—modestos y oscuros, de esos que cumplen el deber por el +deber y a quienes los eunucos<a name="FNanchor_46_46" id="FNanchor_46_46"></a><a href="#Footnote_46_46" class="fnanchor">[46]</a> de la acción y del pensamiento les +llaman soñadores porque no pusieron, sobre todo, las exigencias de la +bestia,—sin que la patria les recuerde, por más que le consagraron lo +único que poseían: ¡la vida!</p> + +<p>De repente me sacó de mis sueños y contemplaciones la voz del ordenanza, +quien tocándome en el hombro, me decía:</p> + +<p>—¡Ahí está el jefe!... ¡aproveche!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#table">VII</a></h2> + +<h3>MOSAICO CRIOLLO</h3> + + +<p>Avanza hacia mí un hombre alto, delgado, de color pálido, ceñudo, pero +en cuya fisonomía serena se leía algo de bondadoso que atraía:</p> + +<p>—¿Qué se le ofrece, paisano?</p> + +<p>Solamente el Himno Nacional tiene notas comparables a las que yo +encontré en esta frase sencilla me pareció ver el sol dentro de aquel +salón oscuro.</p> + +<p>—¡Traigo esta carta para Usía...; es de mi coronel!</p> + +<p>Rompió la cubierta, tomó la cartulina que contenía y luego de +recorrerla, exclamó:</p> + +<p>—¡Diez años de servicio sin un arresto, y dos ascensos por acción de +mérito!... ¿Qué es lo que desea, sargento?</p> + +<p>—¡Querría servir con Usía en la policía!</p> + +<p>—¿Conoce bien la ciudad?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—¡Bueno!... ¡Ya se hará a la cancha!<a name="FNanchor_47_47" id="FNanchor_47_47"></a><a href="#Footnote_47_47" class="fnanchor">[47]</a>... Vea, no tengo sino puestos +de vigilante; pero aquí, con buena conducta, se asciende pronto.</p> + +<p>—Está bien, señor.</p> + +<p>Y diez minutos después recibía mi ropa en la mayoría<a name="FNanchor_48_48" id="FNanchor_48_48"></a><a href="#Footnote_48_48" class="fnanchor">[48]</a>, y quedaba como +vigilante en la guardia del Departamento.</p> + +<p>El principio de mi carrera fue penoso y mortificante. Carecía hasta de +las nociones más elementales de lo que formaba la vida de la ciudad, y +todo era para mí motivo de asombro y de curiosidad.</p> + +<p>Las calles, los tramways, los teatros, las tiendas y almacenes lujosos, +las jugueterías, las joyerías, las, iglesias, no era extraño que me +arrastraran hacia ellas con fuerza invencible y que no tuviera ojos ni +oídos para observarlas y asombrarme: era que todo me llamaba, todo me +atraía.</p> + +<p>No conocía ningún detalle de la vida civilizada, y cada cosa que saltaba +ante mi vista era un motive de sorpresa. No hablo, por cierto, de las +maravillas de la electricidad, de la fotografía, de la imprenta e de la +medicina, que eran cosas abstractas para mí en ese tiempo: hablo de los +carros, de los carruajes, de los vendedores ambulantes, del adoquinado, +del agua corriente, que no podía comprender cómo manaba de una pared con +sólo dar vuelta a una llave; del gas, que me producía verdadero delirio +cada vez que pensaba en él; de las casas de vistas<a name="FNanchor_49_49" id="FNanchor_49_49"></a><a href="#Footnote_49_49" class="fnanchor">[49]</a>, de las vidrieras +lujosas, del sombrero, de la ropa y hasta del modo de reír y conversar +de las gentes.</p> + +<p>Durante un mes mi cerebro trabajó como no había trabajado durante todos +los días, de mi vida, reunidos, y de noche las paredes desnudas de mi +modesto cuarto de conventillo me veían caer como borracho sobre mi cama, +abrumado bajo el peso de las sensaciones de cada día.</p> + +<p>Me acostaba, y la baraúnda de las calles zumbaba en mis oídos, y +desfilaban, en hilera interminable, las figuras heterogéneas que en el +día habían pasado ante mi vista.</p> + +<p>Veía las mesitas de hierro de los cafés y confiterías de la Recoba<a name="FNanchor_50_50" id="FNanchor_50_50"></a><a href="#Footnote_50_50" class="fnanchor">[50]</a>, +que dividía las plazas de la Victoria y 25 de Mayo—que años más tarde +demolió el intendente Alvear,—rodeadas por borrachines paquetes<a name="FNanchor_51_51" id="FNanchor_51_51"></a><a href="#Footnote_51_51" class="fnanchor">[51]</a>, +por otros ya transformados en verdaderos descamisados o que estaban por +serlo, por soldados y marineros barajados con clases<a name="FNanchor_52_52" id="FNanchor_52_52"></a><a href="#Footnote_52_52" class="fnanchor">[52]</a>, oficiales y +hasta jefes, y en las calles laterales y en las veredas, hombres +cargados con canastas, que anunciaban en todos los tonos las más +variadas mercancías, gentes apuradas, que se llevaban por delante unas a +otras; carruajes, carros, tramways, y más lejos, allá abajo, en el +puerto, máquinas de tren que cruzaban, vapores que silbaban, changadores +que corrían, carros que andaban entre el agua como en tierra, y +sirviendo de fondo a la escena el río imponente con su festón de +lavanderas en el primer plano, y en lontananza un bosque impenetrable de +mástiles y chimeneas.</p> + +<p>Pero lo que más me desvelaba eran las ilusiones del oído, aquellas voces +pronunciadas en todos los idiomas del mundo y en todos los tonos y +formas imaginables.</p> + +<p>Veía venir a un italiano bajito, flaco, requemado, que, con voz de +tiple<a name="FNanchor_53_53" id="FNanchor_53_53"></a><a href="#Footnote_53_53" class="fnanchor">[53]</a>, aunque doliente como un quejido, exclamaba acompasadamente: +"Pobre doña Luisa", "Pobre doña Luisa", mientras lo que en realidad +hacía era ofrecer los fósforos y cigarrillos que llevaba en un cajón +colgado al pescuezo; otro alto, rollizo, con un cuello de media vara, y +llevando canastas repletas de bananas y naranjas, exclamaba en tono +alegre: "arránqueme esta espina"; mientras un francés que vendía +anteojos, cortaplumas y botones, anunciaba con un vozarrón de bajo: "soy +un pillo", coronado por un vendedor de requesones, que clamaba +intermitentemente: "tres colas negras".</p> + +<p>Luego, de allá, del fondo de la memoria, surgía la figura de un +semigaucho, que con reminiscencias de vidalitas, ofrecía su mazamorra +batida, y tras él un negro pastelero, que silbaba y muy echado para +atrás, muy ventrudo, llevando en la cabeza un gran cajón de factura, +soplaba como un fuelle: "ta tapao; meté la mano".</p> + +<p>Mi cabeza era un volcán: todo lo oía, todo lo interpretaba y mi cuerpo +se debilitaba en aquellas horas de agitación y de fiebre.</p> + +<p>¡Buenos Aires entero, con sus calles y sus plazas y su movimiento de +hormiguero, bullía en mi imaginación calenturienta!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#table">VIII</a></h2> + +<h3>LOS BOCETOS DE UN MIOPE</h3> + + +<p>¡Y considerar que a pesar de haber tanta gente a mi alrededor, de tener +tantos compañeros en mi nuevo puesto, yo estaba solo, solo como si me +hallara en el desierto!</p> + +<p>¡No había en la multitud un alma que armonizara con la mía, y envidiaba +de corazón a los cabos y sargentos que de nada se asombraban y parecían +saberlo todo, no sabiendo nada en realidad, y a los soldados como yo, a +quienes no les preocupaba lo que ignoraban, sino lo poco que sabían y +tenían el coraje de estar alegres y de reír!</p> + +<p>¡Con qué ahinco estudiaba mis obligaciones, y cómo me contraía a mis +deberes, circunscribiéndolos al límite más estrecho que era posible, +tratando de aislarlos del mundo aquel, que me rodeaba y que temía!</p> + +<p>¡Pronto aprendí lo poco del oficio que tenía que aprender, y libre y +despreocupado pude entregarme a la investigación paciente y minuciosa de +todo lo que me rodeaba, a la observación metódica y tranquila de todo lo +que veía y oía, y cuánta conquista pude hacer para mi alma anhelosa de +conocer, y sedienta de vivir!</p> + +<p>Tengo grabadas en la retina, y para siempre lo estarán tal vez, las +escenas callejeras que más me impresionaron, los cuadros de la vida que +primero descifraron mis ojos y las primeras letras del abecedario social +que aprendí a conocer.</p> + +<p>Mi primer servicio en carácter de vigilante fui a prestarlo a los veinte +días de mi ingreso, bajo la dirección del cabo Pérez; el teatro elegido +fue el Ministerio del Interior<a name="FNanchor_54_54" id="FNanchor_54_54"></a><a href="#Footnote_54_54" class="fnanchor">[54]</a>, donde se requería, por no sé qué +causa, ayuda de la fuerza pública.</p> + +<p>El tal servicio consistía en estar parado en la puerta de la sala de +espera... y en nada más.</p> + +<p>Quince días pasé desempeñando mi comisión con toda conciencia, bajo la +inmediata vigilancia del cabo, que era flamante, lleno de ardimiento, y +creía que las funciones que desempeñábamos eran de esas que ni los +pueblos ni los gobiernos olvidan, y hacen de los que han tenido la +suerte de ocuparse en ellas una especie de dioses chicos, merecedores, +no ya de estatuas en las plazas públicas, sino de ser tenidos como +ejemplos en la historia de la humanidad civilizada.</p> + +<p>¡Pobre Pérez!</p> + +<p>¡Era español, como de treinta años, y se tenía por bello, por valiente y +por muy entendido en achaques de ordenanzas de policía! ¡Casi no había +buena cualidad atribuida por los hombres de una época a los que vivieron +en otra, que él, con una modestia verdaderamente infantil, no se las +atribuyera y tratara de convencer, a los pocos con quienes tenía +contacto en el mundo, que verdaderamente las poseía!</p> + +<p>Era generoso, y una vez casi lloró porque lo mandaron al Once de +Septiembre y no le dieron dos pesos de los viejos para el tramway; era +suertudo en lides de amor, y la mujer se le escapó con un sepulturero de +la Recoleta, que se iba como administrador del Cementerio de +Navarro<a name="FNanchor_55_55" id="FNanchor_55_55"></a><a href="#Footnote_55_55" class="fnanchor">[55]</a>; era sobrio y por lo general lo arrestaban por ebrio; y era +valiente, y hubo que darlo de baja porque desertó una consigna, +perseguido por unos vendedores de diarios, que le quitaron el machete y +el kepí.</p> + +<p>¡Allí, en el Ministerio, se daba un corte bárbaro, y aún me parece ver +su figurita, que parecía recortada de una caja de fósforos!</p> + +<p>Con paso reposado medía, contoneándose, el ancho corredor, mientras yo +estaba de facción en la puerta del salón de espera, casi al lado de la +ventanilla correspondiente a la Mesa de Entradas y Salidas.</p> + +<p>Invariablemente llevaba la mano izquierda apoyada en la reluciente +empuñadura del machete, la derecha suspendida por el pulgar en la parte +delantera del cinturón, jugando como al descuido con la cadena—virgen +seguramente en poder del cabo—, el kepí volteado con aire coqueto sobre +la oreja y echando sombra sobre un ojo de color blanquizco, que parecía +hacerle guiños a una nariz arremangada y carnuda, que emergía de entre +unos bigotes semirrubios y enmarañados, que eran el orgullo de su +propietario.</p> + +<p>Con esto y con bañar su rostro en una sonrisa con pretensiones de +picarescamente bonachona, quedaba perfilado el cabo Pérez en toda su +graciosa majestad.</p> + +<p>Estas impresiones, que son las primeras que tuve en Buenos Aires, puede +decirse, las tengo presentes, y las siento como si fueran de ayer; veo +aún las escenas y las cosas, tal como se presentaron a mí, así en +tropel, medio confusas, informes, barajándose de una manera infernal, +figuras, espectáculos, diálogos, ruidos y hasta aire de personas +absolutamente desconocidas, que yo encontraba en la calle o veía en las +antesalas del Ministerio en las horas de facción.</p> + +<p>Durante mi corta comisión alcancé a conocer, con sólo verlos caminar, a +los vagos que pasan la vida en las antesalas, buscando empleo; a los +imaginativos que se creen en posesión de los puestos que anhelan porque +han llevado al ministro una carta de cualquiera que se les antoja de +valimiento<a name="FNanchor_56_56" id="FNanchor_56_56"></a><a href="#Footnote_56_56" class="fnanchor">[56]</a>, a los pichuleadores<a name="FNanchor_57_57" id="FNanchor_57_57"></a><a href="#Footnote_57_57" class="fnanchor">[57]</a>, a los amigos de confianza de +los escribientes y auxiliares, a los de otros que vuelan más alto, a los +comisionistas, a los noticieros de los diarios, a las señoras honestas +que buscan pensión y a las más interesantes aun que gestionan asuntos +por cuenta ajena; fueron las que estudié y observé con más detenimiento, +porque eran las que abundaban y las que constantemente tenía ante los +ojos.</p> + +<p>Las conocía por el aire de suficiencia que respiraban, por la majestad, +que como un perfume se exhalaba de sus personas, y por el amaneramiento +de todos sus gestos y ademanes.</p> + +<p>No vagaban sin rumbo bajo los largos corredores de la Casa de Gobierno, +buscando aquí y allá una oficina desconocida, como cualquiera 19 viuda +que busca pensión, empleo para un jovencito que es una monada, o beca +para una señorita joven pero honrada; no señor, ellas iban seguras a su +objeto, serenas, tranquilas, y no necesitaban indicaciones ni +lazarillos.</p> + +<p>No se las veía en las antesalas haciendo esperas, porque conocían las +horas del despacho, y si se adelantaban por un caso fortuito, se +paseaban en los corredores con aires de dueñas de casa, o formaban en la +rueda de los ordenanzas y porteros, donde salpicaban los comentarios +banales o los chismes corrientes, con la observación mordaz o el relato +pimentado, recogido de "los mismos labios de los de la presidencia", "de +los del Congreso" o de cualquier otro foco de fama indiscutible.</p> + +<p>Yo, en mi facción al lado de la Mesa de Entradas y Salidas, que es su +teatro, las veía en toda su magnificencia y gozaba en grande, viéndolas +desfilar en su opulenta variedad.</p> + +<p>Al principio creía en sus amenazas, en sus cóleras, en sus penas y hasta +en sus súplicas, pero después me convencí de la realidad—comedia +pura—y al cabo de dos o tres días oía los diálogos con curiosidad, pero +sin interesarme mayormente ni por el asunto ni por quienes lo trataban.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#table">IX</a></h2> + +<h3>CINEMATÓGRAFO</h3> + + +<p>Se acercaba a la ventanilla, tras la cual estaba el empleado encargado +del despacho, una señora seria, pero con una seriedad de esas que llaman +la atención en dondequiera y a cualquier hora y se sucedían los diálogos +y las escenas.</p> + +<p>—¡Para servir a usted!... ¿El expediente número cuatrocientos +veinticinco, letra L, de la serie H?</p> + +<p>—¡Está en Contaduría, señora!</p> + +<p>—¿En Contaduría?... ¡Pero qué escándalo! ¡Es inaudito! ¡Hace seis meses +que está en la misma oficina! ¡Esa Contaduría es una carreta, señor! +¡Seis meses para una simple toma de razón; usted ve que eso habla muy +poco en favor de la administración nacional! A Dios gracias tengo buenas +relaciones en la prensa y ya verá usted la mosquita que le haré +poner<a name="FNanchor_58_58" id="FNanchor_58_58"></a><a href="#Footnote_58_58" class="fnanchor">[58]</a> al señor contador... ¡Ya verá usted y se reirá!... ¿Y no sabe +cuándo vendrá el tan célebre expediente?</p> + +<p>—No, señora..., ¡no puedo decirle nada al respecto!</p> + +<p>La señora se sonríe y exclama, por si acaso, como quien tira un anzuelo +por si pica.</p> + +<p>—¡Muchas veces en ustedes pende el despacho!... ¡No me diga usted a mí; +conozco muy bien lo que son oficinas!</p> + +<p>Y no teniendo respuesta a su jactancia, se retiraba con aire majestuoso +y cedía el puesto a otra dama también de fuste<a name="FNanchor_59_59" id="FNanchor_59_59"></a><a href="#Footnote_59_59" class="fnanchor">[59]</a>, aunque bastante +vivaracha y nerviosa.</p> + +<p>—¿El expediente número mil cuatro, letra P, sobre embargo de sueldo al +vigilante Zacarías Machete?..., ¡un guardián que no le gusta pagar casa +y que tiene unas costumbres que da vergüenza!... Figúrese usted que...</p> + +<p>—Por orden del señor ministro, señora, esos expedientes dientes están +reservados... Son tantos, que para firmarlos se necesita un mes +entero...</p> + +<p>—Es decir que el público es nadie, y que tenemos que aguantar...</p> + +<p>—Pero señora, es que...</p> + +<p>—¡No me diga usted, no me diga!... ¡Todo es porque el ministro no se +incomode!... ¡Cuidado, no se vaya a mancar firmando!</p> + +<p>—Pero señora, si es que...</p> + +<p>—¡Yo sé bien, sí, lo que hay en todo esto; lo que se necesita para +mover los asuntos, son recomendaciones, cartitas, empeños<a name="FNanchor_60_60" id="FNanchor_60_60"></a><a href="#Footnote_60_60" class="fnanchor">[60]</a>... <i>y +aceite para la máquina!</i>...<a name="FNanchor_61_61" id="FNanchor_61_61"></a><a href="#Footnote_61_61" class="fnanchor">[61]</a> ¡Pero, déjese usted estar; yo veré al +ministro y le contaré lo que pasa! ¡Se ponen ustedes a charlar y a tomar +té, y no llevan los asuntos a la firma! ¡Ya verán ustedes el trote<a name="FNanchor_62_62" id="FNanchor_62_62"></a><a href="#Footnote_62_62" class="fnanchor">[62]</a> +que les voy a meter!</p> + +<p>—Pero señora... ¡mire usted que está faltando<a name="FNanchor_63_63" id="FNanchor_63_63"></a><a href="#Footnote_63_63" class="fnanchor">[63]</a> en la oficina!</p> + +<p>—¡Ahora mismo voy a ver al ministro, y ya sabrá usted si estoy +faltando!</p> + +<p>El empleado ve que toda reflexión es inútil y se retira de la +ventanilla.</p> + +<p>La señora se aleja, vociferando y maldiciendo de los empleados, de su +falta de educación, de su descortesía con las señoras, y jurando que les +hará ajustar las cuentas, aunque tenga que perder un ojo de la cara.</p> + +<p>¡Ya verán con su sobrino, noticiero de un diario de oposición y mozo que +tiene una pluma que es un serrucho de reputaciones!</p> + +<p>Y aparece tras ella otra señora, pero ésta no es como las anteriores, +sino humilde, inocente, y en su fisonomía no hay rasgo revelador de las +tempestades que rugen en su alma.</p> + +<p>—El expediente sobre concesión de bosques en el Chaco, iniciado por don +Palemón Tagliarin... ¿podría usted informarme?</p> + +<p>—¿Qué número tenía, señora?</p> + +<p>—¡El número no lo sé... pero si usted me hiciera el obsequio de buscar +por la letra!...</p> + +<p>—¡Hay una enormidad de expedientes, señora, y me es imposible echarme a +buscar entre ellos el suyo... así... sin dato ninguno!...</p> + +<p>—¡Le agradecería, señor, que me lo buscara: es un favor!... Fue +presentado en noviembre...</p> + +<p>El empleado, refunfuñando, comienza a remover enormes masas de papel, y +al fin extrae el codiciado expediente.</p> + +<p>—¡Vaya... aquí está! ¡Hay una reposición de sellos!</p> + +<p>—¿Qué resolución tiene, señor?</p> + +<p>—No puedo decírsela hasta que no me traiga usted tres sellos.</p> + +<p>—Pero señor, soy una persona...</p> + +<p>—Es inútil, señora; yo no quiero que me caiga una multa... ¡Traiga +usted los sellos y sabrá la resolución!</p> + +<p>La señora sale y al rato vuelve, habiendo hecho el desembolso necesario +para llenar el deseado requisito.</p> + +<p>—¡Aquí está, señor! ¿Podría decírmela?...</p> + +<p>—Sí, señora. "Previa reposición de sellos, no ha lugar y archívese."</p> + +<p>—¡Pero señor, qué escandaloso! ¿En qué tierra vivimos? ¿Es posible que +haya gastado tantos pesos para tener semejante resolución? ¡¡Esto es una +pillería, un robo, una judería<a name="FNanchor_64_64" id="FNanchor_64_64"></a><a href="#Footnote_64_64" class="fnanchor">[64]</a>!!</p> + +<p>—¡Señora, yo no tengo la culpa!... ¿Qué le vamos a hacer?</p> + +<p>—¡Ya verá usted lo que le vamos a hacer! ¡Cómplice! ¡Fariseo<a name="FNanchor_65_65" id="FNanchor_65_65"></a><a href="#Footnote_65_65" class="fnanchor">[65]</a>! +¡Judas Iscariote! ¡Porque me ve así no crea que soy lo que parezco; +ahora mismo veré al ministro!... ¡No ha lugar y archívese!..., ¿y +entretanto al señor Mengano y al señor Zutano les conceden?... ¡Es +claro, todos son de una camada!... ¡Pero conmigo se han de ver las +caras, no hay cuidado! ¡Yo no tengo pelos en la lengua, y se las he de +cantar!</p> + +<p>El empleado se retira con toda cachaza, y va a ocupar su asiento; la +señora sale de la oficina con una rapidez de huracán, gesticulando y +tartamudeando improperios contra el gobierno y los empleados, y, +todavía, al toparse conmigo, me da un encontrón, y como un relámpago +alcanza al cabo Pérez que, siguiendo sus paseos coquetos e inofensivos, +ignora lo sucedido y le azota con esta frase, cuyo final va a perderse +allá en los vericuetos del zaguán que da salida a la escalera, frente al +despacho presidencial:</p> + +<p>—¡Ladrones!... ¡Permita Dios que venga el cólera y acabe con todos! +¡Fariseos!... ¡Asesinos!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#table">X</a></h2> + +<h3>LA LINTERNA DE REGNIER</h3> + + +<p>Fue aquí, en este servicio, donde por primera vez conocí a don Tomás +Regnier, mi compañero desde pocos días después, y mi maestro siempre. +Fue él quien encontrándome perdido en medio de la multitud, sirvió de +guía a mi alma, pudiera decirse infantil; fue mi maestro y fue el foco +de luz que iluminó mi espíritu, proveyéndome de armas—él que era inerme +para emprender con vigor la pesada lucha por la vida.</p> + +<p>Todas las tardes, invariablemente, llegaba a las antesalas un hombre al +parecer convaleciente de larga enfermedad, tal era su extrema palidez y +la debilidad de toda su persona, que era desaliñada en grado +superlativo. Vestía de negro, con levita y sombrero de copa, pero todo +en un estado tal de ruindad y falta de higiene, que asombraba cómo las +autoridades permitían la exhibición de miseria semejante. No obstante, +era correcto: las prendas podían ser como eran, viejas y sucias, pero no +le faltaba ninguna de las correspondientes al rango de su traje, que él +llevaba con toda majestad y respeto, contrastando singularmente con su +miseria y la exigüidad de su persona—pues, sobre ser enclenque, era de +una estatura reducida a la expresión más mínima—la suficiencia, y hasta +diría, la importancia que trasudaba.</p> + +<p>Todo en él era altisonante, desde el taco torcido de sus viejos botines +deslustrados—que él al caminar tenía la pretensión de hacer sonar con +toda prosopopeya<a name="FNanchor_66_66" id="FNanchor_66_66"></a><a href="#Footnote_66_66" class="fnanchor">[66]</a> y acompasadamente, pues su andar era cadencioso, y +casi pudiera decirse rítmico—, hasta el lente que colgaba sobre su fina +nariz aguileña, y el cual, no conteniendo sino un vidrio, pues el otro +se había caído, daba a su fisonomía una expresión grotesca, marcadamente +satírica.</p> + +<p>Yo lo veía llegar, avanzando despacio, tranquilo, despreocupado, con su +cuello erguido, la cabeza levantada con cierta insolencia de buen tono y +con su levita que se caía a pedazos, sus pantalones deshilachados y +grasientos y su galera y la corbata y hasta el bastón que llevaba bajo +el brazo, lo mismo, y trataba de averiguar, aunque fuera por deducción, +el objeto que lo traía diariamente al despacho.</p> + +<p>Se sentaba en el rincón más oscuro del salón de espera durante unos +veinte minutos, permanecía quieto y silencioso y luego se retiraba tal +como había venido, si por acaso no encontraba al mayordomo Luis Morel, +persona que hacía el servicio especial del ministro. Si lo encontraba, +la escena tenía una variante, pues el mayordomo lo llevaba al cuarto de +los ordenanzas, le daba una taza de café con galletita,—que él tomaba +en silencio, y muy despacio—y luego se ausentaba con la misma +prosopopeya, y la misma importancia y el mismo pasito cadencioso y +rítmico con que había venido.</p> + +<p>Los ordenanzas y porteros no lo conocían, y por lo que pude notar lo +miraban con desprecio, llegando uno, que abrigaba rivalidades +mayordomescas, a decirme con socarronería:</p> + +<p>—¡Es un amigo del hombre de confianza del ministro!... ¡Persona muy +bien relacionada, como usted lo ve!</p> + +<p>El cabo Pérez no se dignaba bajar la vista hasta él, y cuando le +pregunté quién sería el personaje me echó una mirada fulminante con su +ojo blanquizco que brillaba bajo la visera del kepí, y me dijo:</p> + +<p>—¿Cree que yo voy a conocer <i>eso</i>?... ¿No ve que es un atorrante de +levita?</p> + +<p>La respuesta no me satisfizo y me prometí interrogar al mayordomo en la +primera oportunidad; parecía éste un buen sujeto, contra la opinión de +los murmuradores que se reunían en el cuarto de los sirvientes y +ordenanzas, y, a pesar de la actividad que yo le veía desplegar y del +aspecto de hombre ocupado, que siempre tenía y que sus subordinados +interpretaban como signo visible de servilismo y adulonería, cosa que a +ellos—hombres altivos e independientes,—no les cuadraba.</p> + +<p>No tuve necesidad, no obstante, de recurrir a informaciones de nadie; +una tarde, mi hombre se acercó espontáneamente y, con acento francés muy +pronunciado, me dijo confidencialmente, y mirándome a medias, pues lo +hacía con el único ojo que cubría su lente y entrecerrando el otro, +mortificado por la luz:</p> + +<p>—¡Diga, vigilante!... ¿No lo ha visto al mayordomo?</p> + +<p>—No, señor..., ¡ayer no lo vi tampoco!</p> + +<p>—¿Tampoco, eh?... ¡Pues, entonces estará enfermo!... Y luego de +quedarse un rato pensativo, me dijo con una dulzura infinita:</p> + +<p>—¡Es lástima!... Mañana tengo que ir a la Con valecencia...<a name="FNanchor_67_67" id="FNanchor_67_67"></a><a href="#Footnote_67_67" class="fnanchor">[67]</a> +¿sabe?... porque me va a dar el ata que, y... ¡Caramba!... el mayordomo +me dijo que me pagaría el tramway porque está lejos y no puedo caminar.</p> + +<p>—Si quiere... ¡tome!</p> + +<p>Y metiendo la mano en el bolsillo saqué cinco pesos de la antigua moneda +y le di.</p> + +<p>Me miró como asustado, parpadeó el ojo que quedaba sin vidrio y me dijo, +como alelado:</p> + +<p>—¡Vaya, gracias... amigo vigilante!... ¡Voy a traerle el vuelto... +porque, como comprenderá, no tengo cambio y, después, el enano ese que +me persigue, ¿sabe?, puede ser que sople en su caracol, y entonces, +aunque haya baile me va a comenzar la picazón de la nariz, y no voy a +poder ir al Banco, porque lo cierran de miedo al enjambre de hormigas +que acompañan al maldito enano ese!...</p> + +<p>Comprendí que el hombre era un enfermo y que la alegría que acababa de +recibir le había quitado el poco seso que solía tener, y dije para +distraerlo:</p> + +<p>—Deje el vuelto no más, no se preocupe: otro día me lo da.</p> + +<p>—¡Ah!... ¡Sí!... ¡Bueno!...</p> + +<p>Y luego, pasándose la mano por la frente, exclamó, como quien vuelve de +un sueño:</p> + +<p>—¿Ve?... ¡Ya se me iba la cabeza!... ¡Amigo, qué cosa!... ¡No puedo +pensar en nada!</p> + +<p>Y me contó con toda lentitud y en voz baja, su enfermedad y cómo cada +tantos días tenía que ir a recluirse en el Hospicio de Dementes, donde +lo asistían con mucho éxito, pues, momento a momento, se iba sintiendo +en salud.</p> + +<p>¡Pobre Regnier!</p> + +<p>¿Quién me hubiera dicho que él, el pobre enfermo que en esos momentos +tenía ante mis ojos, y a quien miraba compasivo, llegaría en día no +lejano—cuando por segunda vez nos halláramos en la vida—a tener una +influencia tan decisiva en mi destino, como en realidad la tuvo?</p> + +<p>Fue él quien me puso en el sendero de la dicha, quien abrió mi espíritu +a la luz vivificante del saber y quien despertó en mi alma los anhelos y +las esperanzas que fortificaron y alentaron mis ambiciones, formándome +con la experiencia de su vida asendereada<a name="FNanchor_68_68" id="FNanchor_68_68"></a><a href="#Footnote_68_68" class="fnanchor">[68]</a> de bohemio y de vagabundo, +una sólida plataforma que me permitiera elevarme sobre el nivel vulgar a +que me condenaban mis condiciones personales y el medio en que me +agitaba.</p> + +<p>¿Qué maestro más amoroso pude tener?</p> + +<p>¡Con qué pasión de enfermo, con qué persistencia de maniático emprendió +la tarea de ilustrarme y de educarme!</p> + +<p>¡En las horas de descanso del día presente—cuando en el jardín de la +casita en que vivimos lo veo rodeado de mis hijos, que le llaman abuelo, +pulcramente vestido de negro, aunque conservando el mismo paso +cadencioso y rítmico de los primeros días en que le conocí—suelo evocar +los viejos recuerdos, y comparando mi existencia de los días oscuros con +los que después alcancé, comprendo cuánto le debo y cuál fue mi suerte +al encontrarlo en el camino de la vida!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#table">XI</a></h2> + +<h3>BROCHAZOS MINISTERIALES</h3> + + +<p>Dos días después, al llegar una tarde al Departamento, tras quince días +de facción en el Ministerio del Interior, se me comunicó que debía +presentarme al siguiente en la comisaría 2ª, a cuyo personal quedaba +adscripto.</p> + +<p>¡Adiós vida regalona y tranquila!</p> + +<p>¡Salve días oscuros y brumosos!</p> + +<p>Esa noche vi pasar ante mis ojos, en sueños, la figura plácida del +ministro del Interior<a name="FNanchor_69_69" id="FNanchor_69_69"></a><a href="#Footnote_69_69" class="fnanchor">[69]</a>, con sus cuidadas patillas canosas, sus +verrugas y lunares, y la eterna sonrisa bondadosa con que acompañaba sus +saludos graves, correctos y parsimoniosos.</p> + +<p>Tras él iba también la turbamulta de buscadores de empleos, que formaban +su séquito ministerial, y que, según la voz corriente en antesalas, +jamás se desengañaba, y raras veces conseguía lo que buscaba, pues si +bien el hombre era servicial y generoso, el ministro no tenía medios +cómo satisfacer sus exigencias, siempre crecientes.</p> + +<p>Pasó ante mí, siguiéndolo, el viejo sargento del tiempo de Rosas, que se +sentaba en la cuarta silla de la izquierda; el señor calvo que se reunía +en uno casi invisible, con que quería taparse la oreja, los pocos +mechones dispersos que poseía; el caballero cordobés que promiscuaba +entre esta antesala y la de los demás ministros, y cerrando la marcha de +la larga fila interminable, los habituales del despacho, los amigos de +confianza: un señor, que más tarde he visto de comerciante de fuste, +otro medio francés, que era periodista, y que después he encontrado de +librero; un periodista fogoso, que luego ha sido orador político e +historiador de vuelo, y un coronel, que—según la voz corriente +circulada por El Cascabel, que redactaba esa pléyade de inteligencias +vigorosas, que después ha tenido tanta actuación en nuestra +patria—"comandó con gran denuedo los lanceros de la Muerte, que se +murieron de miedo".</p> + +<p>Y más lejos, atrás de todos, el mayordomo Luis Morel, siempre apurado, +perseguido por el ordenanza, su rival, que iba lanzando pullas agudas +contra el ministro, y analizando su costumbre de tener cigarrillos para +su uso y otros para convidar, y de alumbrarse con vela durante el día, +teniendo el despacho casi a oscuras!</p> + +<p>Este rival del mayordomo era el propagandista más asidao de las +versiones contra el ministro, y tengo la seguridad de que la mayor parte +de los cuentos que circulaban en la Casa de Gobierno, como una +cosquilla, eran hijos de su labio maldiciente.</p> + +<p>Una vez lo vi rodeado de todos los ordenanzas del Congreso, que andaban +en no sé qué gestión ministerial, y se entretenían en contar el modo de +ser y de vivir de cada congresal, en aquilatar sus méritos como oradores +y sus probabilidades de reelección, en criticar su vestuario y hasta en +vituperar su procedimiento dentro de la Cámara.</p> + +<p>—¡Ése es bueno, dijo uno, refiriéndose al señor José Fernández, +caudillo de la Boca del Riachuelo; cuando puede, sirve: es medio +camandulero<a name="FNanchor_70_70" id="FNanchor_70_70"></a><a href="#Footnote_70_70" class="fnanchor">[70]</a> cuando no puede, pero tiene alma!</p> + +<p>—Hombre—interrumpió el rival del mayordomo—, decile que aprenda de mi +ministro, que sirve con palabras desleídas en sonrisitas. Mirá. ¡Aquí +verás siempre las antesalas llenas de la misma gente: son personas que +esperan durante meses un maná que nunca llega, y... siempre están +contentas!</p> + +<p>—¡No digás!</p> + +<p>—¿No digás?... ¡Pero si es sabido! ¡Y el proceder es sencillo! Cuando +hay una vacante de administrador de Correos en algún pueblito de la +frontera o de Jujuy, de esos que ganan diez pesos, ¿sabés?..., la +guarda, y empieza a hacer entrar a los penitentes.</p> + +<p>—¡Claro!... ¡Y los pobres no agarran!</p> + +<p>—¡Qué van a agarrar!... Y ahí empieza él con sus sonrisas y sus +disculpas: "No hay más; por esto verá que no lo olvido; otra vez +será"... ¡Y los hombres se retiran satisfechos, y... como vinieron!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#table">XII</a></h2> + +<h3>ENTRETELONES POLICIALES</h3> + + +<p>Una mañana en que había llegado a la comisaría, y me disponía a salir +con el tercio<a name="FNanchor_71_71" id="FNanchor_71_71"></a><a href="#Footnote_71_71" class="fnanchor">[71]</a> en que formaba, para ir a hacer mi monótono servicio +de bocacalle, allí frente al almacén de doña Petrona, en la esquina de +Luján 25 y Defensa—donde puede decirse que no tenía más misión que +proteger los intereses de los comerciantes ambulantes contra las +travesuras de los estudiantes de medicina y de derecho que, avecindados +en aquel barrio, lo constituían casi en una mitad—oí que el oficial +escribiente gritaba en medio del patio desmantelado, donde los ebrios +recogidos en la noche anterior comenzaban a desperezarse, acostados en +los rincones, teniendo por almohada las baldosas:</p> + +<p>¡Agente Carrizo!..., ¡vaya al despacho del comisario!</p> + +<p>¡Es preciso haber sido vigilante para conocer todo el efecto que puede +tener frase semejante! ¡El comisario!</p> + +<p>¡Qué lejos se ve su figura, y qué grande, desde el modesto punto de mira +que tienen los agentes!</p> + +<p>Allí, en aquella mano, están todas las recompensas y están todos los +castigos; ella tiene la suerte de cada uno, casi como la de Dios; ella +puede dar y puede quitar; puede condenar a una eternidad de +padecimientos lentos, y puede llevarlo a uno hasta la cumbre en un +instante: es la omnipotencia.</p> + +<p>Ser llamado por el comisario a su despacho es algo que un agente lo +recordará toda su vida: podrá olvidar a la madre, a los hijos, a la +mujer, pero jamás olvidará el día y hora en que compareció ante la vista +del dispensador de todos los bienes o del causante de todas las +desgracias.</p> + +<p>Aquel minuto que uno tarda en atravesar el patio, equivale a una hora de +emociones.</p> + +<p>¿Será la suerte que se acerca a mí?</p> + +<p>¿Será el ala negra de la desgracia que bate el aire a mi alrededor y va +a proyectar su sombra sobre mi frente?</p> + +<p>¿Qué habrá?</p> + +<p>Desfilan ante la vista nublada las copas tomadas a escondidas en la +trastienda de los almacenes de la manzana; las graciosas sirvientas con +quienes uno se saluda más o menos cariñosamente en las horas de facción; +los cigarrillos fumados clandestinamente en el zaguán de las grandes +casas, durante la recorrida, y todos estos recuerdos se alzan pavorosos +y cada uno es un fantasma que aterroriza.</p> + +<p>—¡A la orden, señor comisario!</p> + +<p>Y el comisario—un viejo criollo, de cara bonachona y sonriente—alzó la +vista, me miró, y dijo: "Esperá", mientras concluía la tarea de poner el +sobre escrito a una carta.</p> + +<p>—¡Decime, che!... ¿Has sido sargento del sexto?</p> + +<p>—¡Sí, señor!</p> + +<p>—¡Con razón te piden de la quinta!... ¡Claro! ¡Se llevan los mejores +agentes y lo dejan a uno aquí con puros gallegos!... ¡Mirá!... ¡Te vas a +quedar conmigo; te voy a enseñar para pesquisa!</p> + +<p>—¡Está bien, señor!</p> + +<p>—El comisario de la quinta te ha pedido al jefe, pero voy a contestar +que pides seguir el servicio aquí.</p> + +<p>—¡Está bien, señor!</p> + +<p>—¿Sos casado?</p> + +<p>—¡No, señor!</p> + +<p>—¡Bueno!... ¡Llevá tus pilchas a casa y decile al sargento Gómez que te +acomode con él!</p> + +<p>—¡Está bien, señor!</p> + +<p>Di media vuelta y salí como con alas en los talones. Ir a servir con el +sargento Gómez, el agente mejor reputado en la comisaría, el crédito de +la sección, era para mí la gloria.</p> + +<p>¡Pedir más, la verdad, hubiera sido tentar la suerte!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#table">XIII</a></h2> + +<h3>SIEMPRE ADELANTE</h3> + + +<p>El sargento Servando Gómez, era oriundo de Corrientes, y como soldado +del 3º de línea, había hecho las campañas del Paraguay y del interior, a +las órdenes del general Arredondo. Era, pues, un veterano como yo.</p> + +<p>Su aprendizaje había sido rudo y tremendo; por eso en sus consejos nunca +se olvidaba de incluirme este: "Mirá, si querés pasar de sargento, +aprendé la pluma; sin esto—y movía la mano en el aire como quien +escribe—es al ñudo<a name="FNanchor_72_72" id="FNanchor_72_72"></a><a href="#Footnote_72_72" class="fnanchor">[72]</a> forcejear."</p> + +<p>No era un hombre ilustrado ni mucho menos, pero era más educado, en la +verdadera acepción del concepto, que muchos que he conocido ocupando +posiciones más elevadas.</p> + +<p>Sus labios nunca se abrieron para una falsedad, ni para cometer una +injusticia, y en la comisaría era como el Evangelio una afirmación que +se le oyera, llegándose a decir que era hasta capaz de declarar en +contra suya si a mano venía.</p> + +<p>Serio, grave, pocos habían visto una sonrisa en su cara angulosa, +cubierta por una tez apergaminada y morena, casi negra; no obstante, era +decidor y alegre en las horas de ocio, y más de una de sus aventuras, +casi novelescas, entretuvieron largas horas de espera en las correrías +que juntos teníamos que emprender todas las noches, ya siguiendo la +pista de algún pícaro que andaba estudiando la sección, o ya buscando la +de algún asesino que, después de cometer una fechoría, se nos había +escapado de entre las manos.</p> + +<p>¡Y cómo admiraba yo la sagacidad, la viveza, el fino tacto y la +discreción del viejo sargento!</p> + +<p>Cada una de sus pesquisas, a que él llamaba modestamente "trabajos", era +una filigrana y daban tentaciones de creer que tuviera pacto con el +diablo, a cualquiera que, estando en el secreto del asunto, siguiera con +atención sus procedimientos de investigación.</p> + +<p>—¿Y quién le enseñó a trabajar, mi sargento? ¿Porque usted no habrá +aprendido solo, supongo?</p> + +<p>—¡No!... ¡Qué esperanza!... ¡A mí me trajeron expresamente un maestro +de Inglaterra, uno de esos tigres que conocen por la cabeza a los +ladrones y a los asesinos!... ¡Mis maestros, amigo, son los que deben +tener ustedes..., si quieren servir para algo: los ojos, los oídos y las +piernas!</p> + +<p>—¡No digo que no haya, pero yo no los he visto! ¡Vez pasada, hace como +diez años, trajeron uno, y se lo dieron al comisario Wright!... ¡Qué +hombre del diablo! ¡No sabía nada y parecía que se iba a comer el mundo! +Una noche lo hicieron examinar en la comisaría a un coronel que estaba +de visita, y que se había disfrazado de gaucho, y después de darle mil +vueltas y de hacerle sacar la lengua y blanquear los ojos, dijo que era +ladrón, asesino e incendiario.</p> + +<p>—¡Y sería no más, pues! ¡Hay tantos diablos que parecen santos!</p> + +<p>—¡Ave María Purísima!... ¡Si se trata de un coronel de lo mejor!... ¡ +Lo que había es que, como después se supo, el sujeto era un peine de +esos que no dejan ni caspa, y que era verdad que había servido en las +policías de Europa..., pero de farolero!</p> + +<p>Mi aprendizaje con el sargento Gómez lo hice pronto, y sus observaciones +y los cuentos que me contaba son la materia principal de los pocos +capítulos que voy a consagrar a la gente maleante con que teníamos que +bregar y a la cual recién más adelante conocí, cuando, colocado ya en +altura mayor que la de simple agente de pesquisas, me fue dado penetrar +en las profundidades de nuestro organismo social, estudiando casos +particulares.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="MUNDO_LUNFARDO" id="MUNDO_LUNFARDO"></a>MUNDO LUNFARDO</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#table">XIV</a></h2> + +<h3>EN LA PUERTA DE LA CUEVA</h3> + + +<p>Penetrar en la vida de un pícaro, aquí en Buenos Aires, o, mejor dicho, +en lo que en lenguaje de ladrones y gente maleante se llama <i>mundo +lunfardo</i>, es tan difícil como escribir en el aire.</p> + +<p>Aquí se vive a ciegas, con respecto a todo aquello que pueda servir para +dar luz sobre un hombre: la policía, para desempeñar su misión, tiene +que hacer prodigios, y parece imposible que obtenga los resultados que +obtiene, dada la clase de gente en que las circunstancias la obligan a +reclutar su personal subalterno y el medio en que actúa.</p> + +<p>Las policías de Londres, París y Nueva York, dotadas de mil recursos +preciosos, no tiene nada de extraño que puedan encontrar un delincuente +dos horas después de haber cometido el delito: lo admirable sería que +pudiesen hacerlo aquí.</p> + +<p>Quisiera ver a esos graves <i>policemen</i> de que nos hablan los libros, en +este escenario, en que no existen registros de vecindad, en que se +ignora el movimiento de la población, en que la entrada y salida de +extranjeros es un secreto para las autoridades, en que uno puede ser +casado diez veces, tener quince domicilios, mil nombres distintos y +quinientas profesiones diferentes, y todo en la mayor reserva, no digo +para la autoridad, sino para los hijos, la esposa, los hermanos y hasta +los vecinos, por más curiosos que sean.</p> + +<p>Aquí nos hemos ocupado del adoquinado y rectificación de calles, de +formación de paseos, de obras de higiene convencional y de todo aquello +que luce a primera vista; pero respecto a organización social, a medios +de conocernos y controlar nuestros actos todos los convecinos, vivimos +como en tiempo del coloniaje.</p> + +<p>¿Por qué no se ha establecido el registro de vecindad y todos sus +derivados?</p> + +<p>¡Que lo diga la Municipalidad, que tiene encarpetadas las notas en que +se lo han pedido todos los jefes de policía habidos hasta hoy!</p> + +<p>Viviéndose como se vive aquí, un pillo anda a sus anchas, hasta que un +mal paso, demasiado claro, lo pone bajo los ojos de la policía, que es +andariega y husmeadora, y que si no lo fuera—de lo cual Dios nos libre +y nos guarde—no faltaría quien le robara a uno hasta los pelos de la +nariz sin que sintiese cuándo se los arrancaban.</p> + +<p>Y caer bajo los ojos de un empleado de policía es lo mismo que caer bajo +los de toda la repartición, pues unos a los otros se van enseñando el +mal hombre—cuya filiación, nombre y costumbres, si no se inscriben en +un registro, quedan sin embargo grabadas en la memoria de quienes no lo +olvidarán jamás y serán capaces de encontrarlo más tarde, aunque se +transforme en pulga.</p> + +<p>Los <i>lunfardos</i> dicen, con ese motivo, cuando dan con algún agente que +aún tiene paciencia para oírles sus disculpas y lamentos:</p> + +<p>—¡Vea, señor!... ¡Más vale ser caballo de tramway que pillo conocido!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="PERSPECTIVAS" id="PERSPECTIVAS"></a>PERSPECTIVAS</h2> + + +<p>Seguir a un pícaro en nuestras calles, tan llenas de movimiento, es un +trabajo que no valora sino el que lo realiza.</p> + +<p>Como él siempre está sobreaviso y teme que lo <i>embroquen</i>—conozcan, +observen,—camina una cuadra y la desanda para ver si alguien lo sigue, +da quinientas vueltas antes de llegar a un punto deseado, penetra a las +casas a preguntar por don Fulano o don Zutano—un nombre supuesto—para +<i>darle el esquinazo</i>—lo que equivale a despistar—a algún empleado +que pasa y lo conoce.</p> + +<p>Cuando van dos colegas juntos, nunca caminan a la par. Uno va delante y +el otro un poco atrás, y si son tomados afectan no conocerse.</p> + +<p>Un día iban dos pillos de estos por una calle: el sargento Gómez conocía +a uno y no al otro, y, como a pesar de su seriedad guaraní, era chacotón +y alegre, atajó al que no conocía y le dijo:</p> + +<p>—¿En qué trabaja usted?</p> + +<p>—¡Soy marmolero, señor!</p> + +<p>El otro pícaro, viendo que no lo conocían, se paró a ver en qué concluía +el asunto.</p> + +<p>—¡Marmolero... bueno! ¿Conoce a Fulano?</p> + +<p>—¡No, señor!</p> + +<p>—Bueno... ¡Fulano es un raspa<a name="FNanchor_73_73" id="FNanchor_73_73"></a><a href="#Footnote_73_73" class="fnanchor">[73]</a> de la peor clase... es ese que está +ahí... conózcalo!</p> + +<p>Aquí el pillo se sonríe y dice con sorna</p> + +<p>—¡Me ha <i>cachado</i>, señor!... es decir, «¡me ha embromado!...»</p> + +<p>—¡Vaya, hombre!... ¿Y éste quién es?</p> + +<p>—Ya nos <i>embrocó</i>, y le voy a decir: ¡este es Zutano!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="ENTRE_LA_CUEVA" id="ENTRE_LA_CUEVA"></a>ENTRE LA CUEVA</h2> + + +<p>Buenos Aires encierra dos clases de pícaros: los naturales y los +extranjeros.</p> + +<p>Los primeros son pocos, relativamente, y menos peligrosos que los +segundos, pues que, desde los primeros pasos, la policía los conoce y +les corta las alas, ya no dejándolos al aire sino mientras llevan una +vida honrada, que para ellos es la miseria, el hambre, la falta de +queridas y de goces, u obligándoles a emigrar.</p> + +<p>Montevideo, el Brasil, Europa, Méjico y la América del Norte son su +salvación.</p> + +<p>El ladrón argentino es, por lo general, astuto, audaz y emprendedor allí +donde no le conocen; sus uñas le dan réditos fabulosos.</p> + +<p>De tiempo en tiempo se le ve regresar lleno de dinero, bien vestido, y +afectando maneras superiores a la clase en que nació; busca a quienes lo +recuerdan en la policía y les dice con toda franqueza:</p> + +<p>—¡Vengo por una temporada a visitar a la familia! ¡Le prometo que no +haré ningún daño!... ¡Ya me he retirado de la <i>vida</i>!... ¡No me persiga +y ocúpeme en cualquier averiguación!</p> + +<p>Y después se le encuentra en las casas de juego o de prostitución, +derrochando afanosamente el producto de sus <i>trabajos</i> en el extranjero.</p> + +<p>Cuando se ha agotado el bolsillo, se le ve desaparecer como llegó: sin +que nadie lo sienta.</p> + +<p>Otros hay que, después de llevar una vida de continuo sobresalto, pues +un paso en la calle es para ellos una semana de arresto, se encierran en +sus guaridas, se aíslan de sus compañeros y, pasada una temporada, salen +transformados, pidiendo a la policía que no los persiga y declarando que +van a trabajar.</p> + +<p>Parapetados detrás de un oficio o empleo cualquiera, se dedican al +juego, haciendo de él un instrumento de robo como cualquier otro.</p> + +<p>Viven de los <i>otarios</i>, como llaman a las víctimas que caen entre sus +garras, ya por su esfuerzo o por el de los <i>changadores</i> del oficio—el +gremio auxiliar más importante—que se las venden por un tanto de lo que +produzcan.</p> + +<p>Cuando un mocetón empieza a andar en malos tratos, ya los del oficio, al +hablar de él, dicen: "jamás será nada" o "es un muchacho de esperanzas y +que irá lejos", según sea que tal pájaro haya salido bien o mal en sus +primeros revuelos. En el primer caso, no encuentra protectores y tiene +que hacerse carne de cañón, soldado de la gran falange, brazo ejecutor y +por lo tanto frecuentador de calabozos y abonado a la <i>tumba</i> del +Departamento Central.<a name="FNanchor_74_74" id="FNanchor_74_74"></a><a href="#Footnote_74_74" class="fnanchor">[74]</a></p> + +<p>Estos desgraciados, cuyas entradas a la policía alcanzan a veces a +centenares, son los que el vulgo toma por los más temibles, ignorando +que ellos son piezas insignificantes en una partida en que los jugadores +permanecen en la sombra. El ladrón hábil es aquel que sabe permanecer +más desconocido; el que ascendiendo en el gremio presta dinero para los +gastos preparatorios de un robo tal como un comerciante lo daría para +una operación honesta; el que dirige empresas; el que estudia un golpe y +lo combina y luego lo vende para que otro lo realice; en fin, el que +pesca... sin mojarse las manos.</p> + +<p>En el segundo caso, asciende en la consideración del gremio y su tarea +se facilita con ventaja personal: se hace <i>changador de otarios</i>, es +decir, buscador de víctimas, empresario, director, prestamista, +consejero e intermediario entre los capitalistas y grandes dignatarios +de la orden y los pobres ejecutores que pagarán con el martirio de su +cuerpo cualquier contrariedad de la suerte.</p> + +<p>El pillo criollo, en sus comienzos, se revela con facilidad al ojo menos +observador.</p> + +<p>Le cuesta deshacerse de la cáscara del compadrito, origen común de todos +ellos, que son generalmente muchachos de la última clase, vendedores de +diarios ascendidos a carreros o sirvientes, y cuya educación e +ilustración son casi nulas.</p> + +<p>Sin embargo, ellos aprenden a leer y escribir en los meses de reclusión, +y luego la emprenden con los libros de leyes, medicina y cualquier otra +ciencia útil para su arte de vivir de gorra<a name="FNanchor_75_75" id="FNanchor_75_75"></a><a href="#Footnote_75_75" class="fnanchor">[75]</a>.</p> + +<p>He visto un ladrón que a fuerza de leer se ha hecho un leguleyo<a name="FNanchor_76_76" id="FNanchor_76_76"></a><a href="#Footnote_76_76" class="fnanchor">[76]</a>; +tiene toda la exterioridad de un hombre de educación esmerada, se +expresa correctamente y no deja traslucir en su trato que, diez años +atrás, era un compadrito que escupía por el colmillo y se quebraba<a name="FNanchor_77_77" id="FNanchor_77_77"></a><a href="#Footnote_77_77" class="fnanchor">[77]</a> +hasta barrer el suelo con la oreja.</p> + +<p>El pillo extranjero es el más abundante.</p> + +<p>Éste ya viene aleccionado, por lo general, y no deja que se deduzcan +reglas para conocerlo.</p> + +<p>Viste como un caballero, como un compadre o como un artesano, de esos +que recorren nuestras calles en las faenas de su oficio: adopta la forma +necesaria para cada una de sus empresas oscuras y malignas.</p> + +<p>Se cambia de nombre cada vez que cae preso, y es obra de romanos +identificar su personalidad en cada caso, pues recurre a cuanta artimaña +puede sugerirle su imaginación a fin de ocultar su pasado, teniendo como +recurso invencible su poco conocimiento del idioma.</p> + +<p>Para probarle un hecho no hay más remedio que tomarlo con la masa en la +mano; con él no valen nada la deducción ni la inducción, y se le queman +los libros al más listo.</p> + +<p>Sin embargo, no es largo su jolgorio.</p> + +<p>Después de un período de tres o cuatro meses de hazañas—si no ha +logrado salir de su mísera posición de instrumento—la policía, que no +le pierde ojo, lo pilla en un renuncio<a name="FNanchor_78_78" id="FNanchor_78_78"></a><a href="#Footnote_78_78" class="fnanchor">[78]</a> y tiene que confesar su vida +y milagros, quedando en la categoría de criollo.</p> + +<p>¡Se le acabaron sus privilegios de extranjero!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="ELLAS" id="ELLAS"></a>ELLAS</h2> + + +<p>El complemento del pillo es la mujer.</p> + +<p>¡Cómo saben educarla para el fin que la necesitan, con qué egoísmo +judaico explotan los tesoros de su cariño inagotable, cómo la +sugestionan y la envilecen, haciéndole perder, o ya el miedo para +acompañarlos en sus empresas tortuosas sino la noción elemental del bien +y del mal, llegando ellas, en su obsesión por el hombre que las +martiriza y las deprime, hasta a creerlo un dechado de virtudes, un +ejemplo de honorabilidad, una víctima desgraciada de las injusticias +sociales!</p> + +<p>¡Cuántos poemas de ternura y de amor tienen por teatro diariamente los +calabozos!</p> + +<p>¡He visto madres que no sólo abandonan las comodidades que un hijo +honorable puede proporcionarles, sino que hasta cubren de vergüenza su +nombre por disimular las bajezas de uno de estos canallas que ha rodado +al abismo y que les paga sus sacrificios imponiéndoles cada día otros +mayores!</p> + +<p>He visto mujeres hambrientas, casi desnudas, vender, no ya su cuerpo si +algo valiera, sino lo más indispensable para su subsistencia, a fin de +llevar cigarrillos o bebidas a sus maridos que, cuando están fuera de la +cárcel, dilapidan con otras de mala vida el dinero que pueden atrapar, y +a ellas les compensan su abnegación con caricias que dejan sobre sus +cuerpos indelebles cicatrices que no se borran jamás.</p> + +<p>¡Son las madres, son las mujeres, son esas pobres mártires que arrastran +su cruz a través del mundo—<i>las minas</i>, como ellos les llaman—las que +les sirven de escudo contra los golpes de la suerte!</p> + +<p>Pueden abandonarlos sus amigos, sus cómplices, los empresarios, por +cuenta de quienes emprendieron <i>un trabajo</i>, pero ellas no les faltarán +y, sacando fuerza de flaqueza, removerán con sus débiles brazos el mundo +entero a fin de hacerles más llevadera su desgracia.</p> + +<p>Ellas, las mártires de los días de luz, serán el rayo de sol de los días +de sombra.</p> + +<p>¡Luego, tras de la fila de mártires, de las que son escudo simplemente, +viene la interminable de las que no son sólo escudo, sino también garra. +Son éstas las que forman la temible falange de espías, de correos, de +negociadoras de los robos, de ocultadoras y, luego, en los días negros, +las que servirán de agentes para corromper a la justicia, usando el +dinero, si el hombre que necesitan es afecto a él; halagando su lujuria, +su gula o cualquiera de los pecados capitales que prime en su espíritu; +amenazando su tranquilidad si es un timorato, o insinuándose +pérfidamente en su corazón, si es un alma fuerte y vigorosa!</p> + +<p>¡Ellas podrán no saber leer ni escribir, podrán ignorar las sutilezas +del espíritu y aun hasta la existencia de la palabra psicología, pero +nadie las sobrepasará en el arte difícil de conocer una flaqueza humana +y de saber aprovechar y explotar su conocimiento!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="ELLOS" id="ELLOS"></a>ELLOS</h2> + + +<p>Entre reos <i>lunfardos</i> hay cinco grandes familias: los <i>punguistas</i>, o +limpiabolsillos; los <i>escruchantes</i>, o abridores de puertas; los que dan +<i>la caramayolí</i><a name="FNanchor_79_79" id="FNanchor_79_79"></a><a href="#Footnote_79_79" class="fnanchor">[79]</a> o <i>la biaba</i><a name="FNanchor_80_80" id="FNanchor_80_80"></a><a href="#Footnote_80_80" class="fnanchor">[80]</a>, o sea los asaltantes; los que +<i>cuentan el cuento</i>, o hacen el <i>scruscho</i>, vulgarmente llamados +estafadores, y, finalmente, los que reúnen en su honorable persona las +habilidades de cada especie: estos estuches son conocidos por de <i>las +cuatro armas</i>.</p> + +<p>Más vale toparse con el diablo que con uno de estos príncipes de la uña, +de los cuales Buenos Aires cuenta más de un ejemplar.</p> + +<p>Ellos son, generalmente, los que educan y forman <i>los muchachos</i>, +esmerándose en aquellos que revelan mejores facultades: son los que +dirigen los <i>golpes</i> de importancia; los que <i>dan el cebo</i>, o sea el +dinero necesario para realizar el robo, que hasta para eso se precisa +plata, dada la situación a que ha llegado el mundo; en fin, son los +grandes dignatarios de su orden.</p> + +<p>Cada especie tiene su fisonomía especial, sus costumbres propias y su +manera de ejecutar un <i>trabajo</i>, por más que todas tengan siempre un +punto de contacto, menos el punguista, que es siempre el empresario de +sí mismo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_CAMPANA" id="EL_CAMPANA"></a>EL CAMPANA</h2> + + +<p>El punto de contacto es <i>el campana</i>, es decir, el que busca la casa o +el hombre fácil de robar, el que estudia el medio de efectuarlo, el que +está en relaciones con los que cambian lo robado por dinero: la +providencia en forma de hombre.</p> + +<p>Bien considerado, estos <i>campanas</i> son los verdaderos ladrones; los que +efectúan el robo son solamente sus instrumentos.</p> + +<p>Jamás se comprometen en nada, y es difícil que la policía los descubra. +Adoptan todo el aire de gentes honradas, trabajan, tienen oficio, +profesión o industria conocida: son sirvientes, mozos de hotel, +changadores, comerciantes, rentistas y hasta pueden inspirar confianza y +ser honorables, mientras no haya posibilidad de tirar la piedra y +esconder la mano.</p> + +<p>¡Cuántas veces están protestando honradez y tienen entre los dedos el +pedazo de masilla o cera con que al menor descuido, moldearán una llave!</p> + +<p>¡Cuántas veces están jurando adhesión a sus patrones y ya tienen oculto +dentro de un mueble al amigo que va a dar el golpe! ¡Y luego son los más +empeñosos en llamar a la policía y darle cuenta del hecho, suministran +datos y noticias, sospechan que al ladrón lo han visto rondando la casa +y que es de este porte y del otro!</p> + +<p>¡Cuántos de ellos han acompañado en sus investigaciones a un comisario y +lo han extraviado con sus mentiras, y cuántos también han sido +imprudentes y han ido a pagarlo en la Penitenciaría!</p> + +<p>¡El <i>campana</i> presta servicios a los ladrones, pero que digan éstos lo +que les cuesta: siempre se lleva él lo mejor del toco, o sea del monto +de lo atrapado!</p> + +<p>¡Sus comisiones son algo de fabuloso!</p> + +<p>Sin embargo, el negocio tiene sus contras. Veces hay que ha hecho +efectuar un robo valioso, y cuando va a retirar su parte se encuentra +con una puñalada o con que, sencillamente, le dicen que no sea zonzo, y +se le alzan con el santo y la limosna, acción que se llama <i>dar el +rostro</i>.</p> + +<p>Al campana robado le queda aún como arma la delación y la usa como +venganza; si los ladrones son tomados, éstos no dejan de envolverlo en +sus declaraciones, y se hunde con ellos, y si no lo son, se ve libre y +queda aguardando una oportunidad de hacerles caer en las garras del +gallo policial: este es el origen verdadero de más de una pesquisa +curiosa que ha servido para bombo a algún inútil.</p> + +<p>¡Venganzas <i>de campana</i>, o como quien dice, puñaladas por la espalda!</p> + +<p>Y los ladrones saben lo que vale un buen <i>campana</i>. Una vez me dijo uno, +habiéndole yo preguntado que "a qué se dedicaba por ahora".</p> + +<p>—¡Vea, señor, tengo un <i>campana</i> que ni de oro..., y trabajo de +católico!</p> + +<p>—¿De católico?</p> + +<p>—Sí, señor...; es decir, ando con el asunto de las limosnas para el +hospital..., ¡y al que me cree lo ensarto!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_ARTE_ES_SUBLIME" id="EL_ARTE_ES_SUBLIME"></a>EL ARTE ES SUBLIME</h2> + + +<p>El punguista—como en lenguaje de ladrones se llaman los pick-pockets, o +sea, hablando en español, los limpiadores de bolsillos—es el más +artista de todos los ladrones, y mira con cierto desdén a sus +congéneres, a los cuales desprecia soberanamente..., tanto como puede +despreciarlos un hombre honrado.</p> + +<p>Para él, robar un reloj, una cartera, un rollo de dinero o cualquier +otra cosa de valor que una persona pueda llevar sobre sí, no es un +delito, sino un trabajo de arte, una hazaña.</p> + +<p>Es por eso que se le ve tan tranquilo, tan seguro de sí mismo, meterle a +cualquiera la mano en el bolsillo y sustraerle lo que guarda: su único +dolor es ser sentido por su víctima, o tomado <i>infraganti</i> por la +policía a causa de su poca habilidad.</p> + +<p>Esto lo desespera, pues le desbarranca su fama, ataca su crédito.</p> + +<p>La gloria de un punguista es serlo y que nadie pueda probárselo: su +orgullo es poder decir en la policía:</p> + +<p>—¡Busque, señor, en los libros!... ¡Yo no tengo ninguna condena! +¡Gracias a Dios, no soy ladrón!</p> + +<p>Y luego, su frase la repite con aire modesto a cuanto individuo +investido de autoridad encuentra a mano, pegándole a modo de +coeficiente: "así le dije el otro día al señor don Fulano".</p> + +<p>Tiene por teatro la calle y los parajes donde ocasional o habitualmente +hay aglomeración de gente.</p> + +<p>Con frecuencia se le oye decir: yo trabajo en el Banco tal, en la +estación cual, en el papel sellado, en el correo, en el tramway, en el +cementerio, en la plaza, en el remate, dondequiera que haya codazos y +apretones.</p> + +<p>Para el <i>trabajo</i> jamás va solo: lleva dos o tres ayudantes, según la +necesidad.</p> + +<p>Estos ayudantes, que son, por lo general, practicantes-asociados, tienen +por misión <i>formar la cadena</i>, es decir, estacionarse detrás del +artista, de tal modo que, efectuado el hurto, lo hurtado se encuentra a +salvo con la rapidez del rayo, pasando de mano en mano.</p> + +<p>Si el golpe es desgraciado y el practicante no puede huir, deja caer lo +hurtado, lo echa en el bolsillo de cualquiera de los presentes, en fin, +se deshace como puede del cuerpo del delito, y trata de evitarse una +condena o ahorrarle un mal rato a su asociado.</p> + +<p>Un comandante del ejército—cuento al caso—se hallaba una noche en su +casa, y al ir a sacar su pañuelo, rueda sobre la alfombra un magnífico +reloj de oro, con un monograma en la tapa. Lo recoge y se echa a cavilar +sobre cómo había venido a su poder.</p> + +<p>—¡Y no daba en bola!</p> + +<p>Al día siguiente lee en un diario una noticia que decía:</p> + +<p><span class="smcap">Reloj robado</span>.—<i>Hallábase ayer en el remate de Constela el señor X. X., y +de repente notó que le sacaban su reloj, y que la mano que lo llevaba +pertenecía al vecino que tenía a la derecha</i>. <i>Lo hizo conducir a la +comisaría 2ª y resultó ser, el tal vecino, nada menos que Ángel Artirel +(a) Minga-Minga</i>. <i>El reloj no ha sido encontrado.</i></p> + +<p>El comandante se dio un golpe en la frente, recordando que se había +hallado en lo de Constela durante el incidente; pero no atinaba a dar en +cómo el reloj había llegado a su bolsillo.</p> + +<p>A que le esclareciesen el punto y a devolver la prenda fue a la +comisaría 2ª.</p> + +<p>El comisario oyó toda la relación y luego le preguntó si recordaba qué +vecinos había tenido durante su estada en la casa de remates.</p> + +<p>—¡No me fijé, señor!</p> + +<p>—¡Pues bien, uno de ellos era cómplice del ladrón, y temiendo ser +descubierto ocultó en usted lo que podía comprometerlo!</p> + +<p>El comandante ha jurado, desde entonces, usar sacos sin bolsillos.</p> + +<p>Otro cuento, ya que en tal terreno he pisado.</p> + +<p>Uno de estos practicantes fue sorprendido una vez con un reloj en la +mano, en momentos que iba a <i>pasarlo</i>, y no bien vio que lo habían +sorprendido, se echó a gritar:</p> + +<p>—¿De quién es este reloj? ¿De quién es este reloj? No le valió la +artimaña, y fue preso. El juez tuvo que absolverlo, pues se encerró en +esta declaración:</p> + +<p>—Yo encontré el reloj, señor, y lo levanté; no ha habido más. Tengo +malos antecedentes, es cierto, pero eso no hace al caso..., ¡el decir +adiós no es <i>dirse</i>!<a name="FNanchor_81_81" id="FNanchor_81_81"></a><a href="#Footnote_81_81" class="fnanchor">[81]</a></p> + +<p>¡Estos practicantes llegan a ser unos doctores que dan miedo, y no pasa +mucho tiempo sin que den vuelta y raya a su maestro!</p> + +<p><i>El punguista</i>, cuando <i>camina</i>, jamás lo hace llevando al lado a sus +compañeros.</p> + +<p>Éstos marchan escalonados a retaguardia, a fin de poder, al menor asomo +de un empleado de policía que los descubra, hacerse entre sí los +perfectamente desconocidos.</p> + +<p>Si suben a un tramway tratan de rodear a la persona que han elegido por +víctima, y allí son los empujones por el menor motivo, los codazos, los +pisotones, con el objeto de distraer al desgraciado candidato y +facilitar la obra del artista.</p> + +<p>Éste está en acecho, espiando todas las oportunidades, y a la primera +que se presenta, ¡zas!, se apodera del objeto deseado, que desaparece +como por arte de magia.</p> + +<p>Para dar el golpe, el <i>punguista</i> tiene siempre sus dedos índice y medio +prontos para la acción, y los introduce en el bolsillo ajeno con una +suavidad incomparable.</p> + +<p>Cuando es necesario interceptar la vista de alguien, ahí se encuentra el +practicante, que hará de nube, o si no el brazo que no va a operar y que +se baja o se levanta a la altura necesaria.</p> + +<p>Hay punguistas que son muy hábiles en esta maniobra, que se llama +<i>esparo</i>, y que es reputada como uno de los escollos del arte.</p> + +<p>Cuando dos o tres habilidosos se reúnen y se complementan, las joyas van +a ellos como el acero atraído por el imán.</p> + +<p>Jamás se reúne con los que no son de su arte, a no ser cuando entra por +el aro del diablo, con tal de hacer plata.</p> + +<p>De lo contrario evita compañías, y dice:</p> + +<p>—¡Los amigos <i>cantan</i> (descubren) y no sirven sino para hacerlo +<i>embrocar</i> (conocer) a uno!</p> + +<p>Cuando ya son muy conocidos en sus mañas, y no pueden trabajar, se +dedican a <i>schacar escabios</i>, es decir, a robar a borrachos.</p> + +<p>Este es el atorrantismo, la vejez miserable del arte: son los arrestos +frecuentes, los días sin comida, las condenas por cincuenta centavos.</p> + +<p>Sin embargo, un punguista podrá robar, jugar y poseer todos los vicios, +pero nunca se embriagará ni llevará vida de perro.</p> + +<p>Mira el mundo a través de los placeres que no embrutecen, y vive lo +mejor que puede.</p> + +<p>Un día dije a uno de ellos que hablaba conmigo, en el café de Cassoulet, +esquina Viamonte y Suipacha, un centro de pillos:</p> + +<p>—¿Y tú no bebes?... ¡Pide un gin!</p> + +<p>—¡Yo!... ¡Qué esperanza!... ¡El alcohol afloja la lengua y entorpece la +mano!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_CAFE_DE_CASSOULET" id="EL_CAFE_DE_CASSOULET"></a>EL CAFÉ DE CASSOULET</h2> + + +<p>Este era el paradero nocturno de todos los vagos de la ciudad y famoso +entre la gente maleante, no solamente por la comodidad que, a poco +costo, se obtenía en él, cuanto por la relativa seguridad que se +disfrutaba: en caso de producirse visita de la autoridad, los +propietarios tenían dispuestas las cosas de modo tal, que la clientela +tenía fácil escape.</p> + +<p>Estaba ubicado en la esquina Viamonte, antes Temple, y Suipacha. Como +dependencia del café, y formando parte de la planta baja, que daba hacia +la primera, había hasta la mitad de la cuadra una veintena de cuartos a +la calle, con puertas que se abrían a ésta y otra interior, que daba al +gran patio del café: eran otras tantas salidas clandestinas del antro +misterioso.</p> + +<p>Estos cuartos los ocupaban mujeres de vida airada, que eran como la +crema de aquel mundo de vicio, cuyo centro era la famosa calle del +Temple, y que extendía sus brazos a las adyacentes, teniendo como +encerrado entre ellos el corazón de la ciudad.</p> + +<p>El café debía ser una mina de plata.</p> + +<p>Allí los ladrones, con todo su cortejo de corredores y auxiliares, los +asesinos, los peleadores, los prófugos, toda la gente que tenía cuentas +que saldar con la justicia o tenía por qué saldarlas, buscaba un refugio +para dormir o vivir con tranquilidad, para hacer con todo sigilo una +operación comercial inconfesable o para ocultarse discretamente, +mientras pasaban las primeras averiguaciones subsiguientes a un delito +descubierto por la policía.</p> + +<p>Allí todo era cuestión de dinero. Teniéndolo, se hallaba desde la pieza +lujosamente amueblada, hasta el tugurio infame, donde podía gozarse de +las comodidades de un catre de los muchos que, en fila y pegados unos a +otros, contenía un pequeño cuarto de madera, y desde el vino y los +manjares exquisitos, hasta las sobras de éstos, barajadas en un +<i>champurriao</i><a name="FNanchor_82_82" id="FNanchor_82_82"></a><a href="#Footnote_82_82" class="fnanchor">[82]</a> indescifrable, y que podía remojarse con el agua +turbia del aljibe, donde viboreaban los pequeños gusanitos rojos, +descendientes quién sabe de qué putrefacción y cuyos movimientos rápidos +y variados podían servir de diversión al ánimo preocupado.</p> + +<p>Tarde de la noche, cuando el café se cerraba, decenas de desgraciados, +sin hogar, tomaban posesión de las mesas del largo salón,—bajo la +vigilancia de los dependientes, que tendían sus colchones sobre las de +billar, cuando las otras estaban ocupadas—y por dos pesos de los +antiguos, encontraban un techo y una tabla para dormir, y por uno, lo +primero y el duro suelo de los patios y pasillos.</p> + +<p>Aquello era un verdadero hervidero del bajo fondo social porteño: allí +se barajaban todos los vicios y todas las miserias humanas, y allí +encontraban albergue todos los desgraciados, que aún tenían un escalón +que recorrer antes de llegar a los caños de las aguas corrientes que, +apilados allá en el bajo de Catalinas 20, ofrecían albergue gratuito.</p> + +<p>Cassoulet era, en la noche, la providencia de los míseros desterrados de +un mundo superior, era la ensenada que recogía la resaca social que en +su continuo vaivén arrastraba hacia playas desconocidas el oleaje +incesante.</p> + +<p>Hoy comparten con él los beneficios de la industria protectora los +pequeños cafés del Riachuelo y la ribera, que venden marineros borrachos +a los buques que necesitan completar su rol clandestinamente, para +borrar las huellas de un crimen o de un accidente—a fin de evitarse las +molestias que en nuestro país acarrea cualquier gestión ante la +autoridad—y los tugurios que, con el nombre de posadas o sin nombre +alguno, encierran entre sus paredes y alojan, según el dinero con que +cuentan, a los desgraciados que vagan sin hogar, o a aquellos que +legalmente no pueden habitar en parte alguna.</p> + +<p>En aquel tiempo compartían la clientela de Cassoulet, pero sólo durante +el día, el café Chiavari, en la esquina de Cuyo 80 y Uruguay, y el café +de Italia, en la misma calle, frente al Mercado del Plata.</p> + +<p>Estas tres eran las cloacas máximas de Buenos Aires, en tiempos que ya +no volverán, pero que se repetirán, transformándose.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_BURRO_DE_CARGA" id="EL_BURRO_DE_CARGA"></a>EL BURRO DE CARGA</h2> + + +<p>EL <i>escruchante</i>—Es decir, aquel cuya especialidad es abrir puertas con +o sin violencia—es otra interesante variedad de la familia lunfarda.</p> + +<p>Los que la forman son, por lo general, individuos de avería, hombres +avezados a todas las asperezas de la vida.</p> + +<p>Brotan de las capas inferiores de la sociedad, y rara vez alcanzan otras +más elevadas: son constante y perennemente víctimas del que <i>ha +campaneado</i>—estudiado—el robo a realizar, y su fin es generalmente +desastroso.</p> + +<p>Concluyen por ser un harapo humano a fuerza de consumirse en las +cárceles o en los más bajos fondos de la corrupción.</p> + +<p>La miseria, engendradora de todas las lepras, luce en ellos sus fuerzas +y su vigor.</p> + +<p>De todos los lunfardos es el <i>escruchante</i> el más desgraciado: sus robos +son los más fáciles de descubrir, sus condenas son las más largas, sus +días son los más negros, pues cuando no está preso lo andan buscando.</p> + +<p>Es necesario tener una afición desenfrenada a lo ajeno, para dedicarse +al <i>escrucho</i>.</p> + +<p>El escruchante tiene tres especialidades: se dedica a fabricar llaves +falsas, a trabajar con el formón o a <i>cargar la burra</i>, o sea alzar los +robos.</p> + +<p>Poco se le ve en la calle durante el día: camina sólo de noche o en la +madrugada, hora en que la vigilancia es menos activa.</p> + +<p>Sus <i>golpes</i> los reciben ya estudiados por el <i>campana</i>, que percibirá +su buena parte, sin riesgo.</p> + +<p>Éste es el que moldea las llaves que el escruchante fabricará en los +ratos de ocio, en su tugurio, donde tiene su pequeño taller <i>ad +hoc</i><a name="FNanchor_83_83" id="FNanchor_83_83"></a><a href="#Footnote_83_83" class="fnanchor">[83]</a>; el que estudia las costumbres del habitante de la casa que va +a robarse; el que levanta el plano de sus entradas, salidas, caminos +fáciles para escapar, parada del vigilante, hora en que hace la ronda y +demás datos útiles.</p> + +<p>¡En posesión de todos estos elementos, es que el <i>escruchante</i> tienta su +empresa y va dispuesto a todo!</p> + +<p>Si se ha moldeado bien la llave, ésta ha sido seguramente bien hecha y +funcionará a maravilla, simplificándose mucho el trabajo.</p> + +<p>Si no anda bien, es necesario abandonar la empresa hasta que los +defectos se hayan corregido o recurrir a la violencia, que dobla las +probabilidades del fracaso, y sobre todo la condena.</p> + +<p>Entonces es cuando se recurre a cortar el tablero de la parte inferior +de la puerta, formado por lo general de madera blanda, en la cual una +cuchilla afilada<i> entra como en queso</i> y abre un buen postigo.</p> + +<p>Si el dueño de casa es precavido, y usa sus puertas enchapadas de hierro +en la parte vulnerable, se da un corte en el umbral con el formón frente +a los pasadores y se levantan éstos; luego se introduce la <i>pata de +cabra</i>—instrumento de acero, formado en zigzag—frente a la cerradura, +y se la hace saltar sin ruido, con un leve movimiento lateral.</p> + +<p>La puerta ya presenta facilidad para enlazar con una faja el pasador de +arriba y correrlo.</p> + +<p>Puede ser que la precaución del propietario haya llegado hasta poner una +barra, y entonces hay que tratar de sacarla.</p> + +<p>La extremidad libre de la faja con que se enlazó el pasador se pasa por +debajo de la barra y se tira para arriba.</p> + +<p>Si aquélla es de gancho, cede al esfuerzo, y se la baja hasta el suelo +con cuidado para que no haga ruido, para lo cual se afloja una de las +puntas de la faja poco a poco; si es de las que tienen candado, es mejor +renunciar al golpe: la puerta es infranqueable.</p> + +<p>Cuando el robo no puede hacerse con violencia, se recurre a sobornar un +dependiente que deje la puerta abierta, o se coloca en la casa una +persona que lo haga, y que pasará en ella el tiempo necesario para +acreditarse y alejar sospechas.</p> + +<p>Si estos medios no son posibles, queda aún el recurso de <i>meter un +gato</i>, es decir, hacer esconder en la casa un cómplice que a una hora +dada franqueará la entrada.</p> + +<p>Este papel de <i>gato</i> no lo desempeña cualquiera es necesario dedicarse a +él y hacerse una especialidad; acostumbrarse a estar inmóvil por horas +enteras; a respirar sin hacer ruido; a no estornudar ni toser; en fin, a +hacerse un cadáver.</p> + +<p><i>El Cuervito</i>, Román—un gajo de cierta familia, en que padres, hijos, +hijas, tíos y tías, eran del arte, abarcando todas sus variedades, se +metió <i>de gato</i> en casa de un inglés, en la calle Corrientes, y su +respiración fatigosa—pues era asmático—le traicionó, valiéndole un +balazo y una buena condena.</p> + +<p>Una vez, cierto ladrón conocido—un santafecino, Ludueña—que había sido +soldado de línea, después desertor en la frontera y hasta capitanejo +entre los indios, penetró en un almacén, luego de acostados los dueños y +robó el dinero que encontró, llegando en su osadía hasta haber bebido y +comido como si estuviera en su casa.</p> + +<p>El robo lo practicó a vista y paciencia de los damnificados—un +matrimonio italiano—quienes no se animaron a contar los detalles cuando +dieron cuenta del hecho.</p> + +<p>Al ser conocidos éstos por referencias o jactancia del mismo Ludueña, +fue muy celebrada la hazaña, llegando ella a nuestros oídos.</p> + +<p>Estando una vez preso por haber practicado un robo en la fábrica de +baldosas "La Fe", y respondiendo a alguien que le preguntó si era cierto +lo del almacén, dijo:</p> + +<p>—¿Cómo no?... ¡Si yo vi que los gringos se hacían los dormidos y me +aproveché!</p> + +<p>El ladrón que penetra a una casa, va por lo general seguro de que nadie +atentará a su vida; sabe muy bien si el dueño es hombre capaz de +defender lo suyo, y en este caso, espera asegurarlo, o si en caso de +sentirlo, evitará un lance.</p> + +<p>Muy rara vez llegan a asesinos: para ello necesitan no tener ningún +medio de que valerse a fin de tomar lo que codician o verse acorralados +y sin más probabilidad de escapar a un fracaso que una puñalada dada a +tiempo.</p> + +<p>Su afán, su ambición, es poder llegar a ser maestros, a dirigir golpes +sin riesgo, es decir, a hacerse de un capitalito y trabajar de +<i>campana</i>.</p> + +<p>Llegado a esa meta, el escruchante es feliz, y ha escapado al +atorrantismo, que es su bestia negra.</p> + +<p>¡Y asimismo, hay <i>campana</i> de éstos que de repente tropieza y quiebra su +dicha: entonces rueda al abismo sin esperanza de levantarse!</p> + +<p>Del cinismo hacen un arte, y suele no faltarles ingenio.</p> + +<p>Un comisario pescó, en circunstancia muy especial, a cierto escruchante +conocido: violentaba una caja en una mueblería, donde se había +introducido.</p> + +<p>El ladrón hacía su trabajo y de repente vio entrar a un changador de la +casa, que le dijo:</p> + +<p>—¿Qué hace usted?</p> + +<p>—Silencio..., tengo una cita con la señora.</p> + +<p>—¿Cita?... ¡Ahora verá!</p> + +<p>Y a empellones lo sacó a la calle para entregarlo a un vigilante, ¡pero +cuál no sería su asombro al verse agredido a trompada limpia! Acudió el +vigilante, y ladrón y changador fueron conducidos a la comisaría por +"desorden en vía pública".</p> + +<p>Llevados, sin embargo, ante el comisario, éste, que era un lince para +eso de ladrones, empezó a revolverle las respuestas y no tardó en +descubrir la verdad: el desorden era un pretexto para ocultar la +tentativa de robo.</p> + +<p>El ladrón decía, no obstante</p> + +<p>—¡Señor, ese changador es un canalla..., nos hemos peleado porque le +cobré dinero, y ahora me sale con una pata de gallo!...<a name="FNanchor_84_84" id="FNanchor_84_84"></a><a href="#Footnote_84_84" class="fnanchor">[84]</a> ¡Está lindo +lo que pasa!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="LOS_QUE_CARGAN_CON_LA_FAMA" id="LOS_QUE_CARGAN_CON_LA_FAMA"></a>LOS QUE CARGAN CON LA FAMA</h2> + + +<p>Los que <i>dan caramayolé</i> o <i>la biaba</i> son los ladrones de la clase más +íntima, es la plebe del mundo lunfardo: ellos no necesitan para realizar +sus empresas usar el mínimum de talento. Un buen garrote esgrimido como +maza, y descargado a tiempo sobre un transeúnte descuidado, o una +pedrada en la cabeza, asestada a mansalva, son sus recursos favoritos, y +éstos no son difíciles de usar.</p> + +<p>No obstante, a veces estudian también las víctimas, a fin de no dar el +golpe sin provecho, pero no es condición indispensable: se confían al +acaso. Hay algunos de estos asaltantes que combinan sus golpes con +habilidad, pero son raros.</p> + +<p>El sargento Gómez me refirió a este respecto una hazaña del pardo +Vilaró, llamado vulgarmente "el de los pavos", para distinguirlo de un +tocayo que se llamaba "el de los mates", que es un caso típico de +asaltante, metido a ejercer de <i>escrucho</i> a la alta escuela.</p> + +<p>En la calle Buen Orden<a name="FNanchor_85_85" id="FNanchor_85_85"></a><a href="#Footnote_85_85" class="fnanchor">[85]</a>, al llegar a Brasil, había una platería de +aquellas que antes abundaban en el barrio del Sur, poblado casi todo por +estancieros y gente de campo, cuyo comercio consistía en la venta de +frenos, facones, espuelas y demás artículos similares, hechos de plata. +La tienda era pequeña y lo poco de valor que contenía estaba encerrado +en una vidriera movible, que descansaba sobre el mostrador, hacia la +derecha, frente a un pequeño venta que, daba a una pieza interior, por +el cual el platero, cuando no estaba en el negocio, veía todo lo que +pasaba en éste.</p> + +<p>La puerta de comunicación entre la tienda y la pieza interior quedaba +hacia la izquierda.</p> + +<p>Una mañana el platero tomaba su desayuno, cuando de repente ve entrar al +negocio a un pardo grande y fornido, que levantando en alto la vidriera +corría hacia la calle. Se echó tras él y consiguió hacerlo detener, pero +ya no llevaba la vidriera ni fue posible dar con ella por más pesquisas +que se hicieron.</p> + +<p>El detenido fue puesto en libertad, y más tarde, se jactaba del robo y +de su astucia, diciendo:</p> + +<p>—¡Amigo, que son mulitas<a name="FNanchor_86_86" id="FNanchor_86_86"></a><a href="#Footnote_86_86" class="fnanchor">[86]</a>!... ¡Yo tenía en la puerta de la platería +un carro cargado de pasto verde, pero arreglado con un hueco en el +medio; pasé, tiré la vidriera y seguí corriendo, seguido del platero! +¡Pobre hombre! ¡Ni coceó, y el carro se fue con la vidriera, mientras a +mí me enloquecían a preguntas en la comisaría!... ¡Vivos los mozos!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_PANAL_EN_LA_LENGUA" id="EL_PANAL_EN_LA_LENGUA"></a>EL PANAL EN LA LENGUA</h2> + + +<p>Los que hacen el <i>scrucho</i> o <i>cuentan el cuento</i>, son simplemente, en +buen romance, los estafadores, los más inteligentes, más astutos y de +más buen tono en el mundo lunfardo; son, como si dijéramos, su +aristocracia.</p> + +<p>¡Y así son de odiados por sus congéneres los punguistas y los +escruchantes!</p> + +<p>Éstos se llaman <i>batidores</i>—delatores—y cuidan de ocultarles sus +manejos lo más que pueden; pero todo es inútil: no escapan al ojo sagaz +del estafador que es un infatigable caminador, y que, como anda día y +noche por las calles en busca de <i>otarios</i>—víctimas—no deja de +conocerles las guaridas y los <i>trabajos</i> en que andan ocupados. Se les +oye decir con mucha frecuencia:</p> + +<p>—¡Vea!... ¡El <i>trabajo</i> (robo) que hace un hombre, se conoce en el modo +de caminar!... ¡Si fuéramos de la policía, qué pesquisas de mi flor!</p> + +<p>El estafador, como el punguista, nunca camina solo. Siempre lleva a la +distancia un compañero que le sirve para cualquier papel que sea +necesario desempeñar.</p> + +<p>Sus útiles de trabajo son simples: consisten sólo en un diario doblado, +al cual le llaman el toco <i>mischo</i>—el montón pobre—o el <i>balurdo</i>, y +en algunos cobres.</p> + +<p>No se tienen por ladrones, y siempre dicen:</p> + +<p>—¡Nosotros lo que hacemos es embromar a quien nos tiene por zonzos! ¡A +los <i>otarios</i> les contamos un cuento, les ofrecemos una ganancia enorme, +y <i>encandilados</i>, los clavamos<a name="FNanchor_87_87" id="FNanchor_87_87"></a><a href="#Footnote_87_87" class="fnanchor">[87]</a>: eso es todo!... ¡No les hacemos +daño, no los golpeamos, ni asustamos!... ¡Si se clavan, nadie tiene la +culpa!</p> + +<p>Si uno los apura, demostrándoles que son ladrones, exclaman</p> + +<p>—¡Bueno!... ¡Entonces, también los otarios lo son!... ¡En el Brasil, la +ley los castiga como estafadores!</p> + +<p>Individuos de estos he conocido que cuando se les ha motejado de +ladrones se han indignado.</p> + +<p>—¿Yo ladrón?... ¡no he estado preso jamás por eso, señor!... ¡Yo no +tengo sino estafas!...</p> + +<p>—¿Y la estafa no es robo?</p> + +<p>—¡No, señor; no es robo!... Dígame, ¿qué va a hacer uno cuando ve un +tano (napolitano) que a fuerza de no comer junta unos marengos, y lo +primero que hace es largarse a su tierra?... ¡Quitárselos!</p> + +<p>—¡Pero eso está mal hecho!</p> + +<p>—Pero señor, ¿y uno va a tener la sangre fría de dejar que se lleve la +plata del país?</p> + +<p>—¿Y acaso la plata es tuya?</p> + +<p>—¡Claro que es mía!..., ¿cree que no soy argentino?</p> + +<p>Y si es extranjero varía la respuesta, diciendo</p> + +<p>—¡Mía no; pero sí de mis hijos que han nacido aquí!</p> + +<p>Hay pillos de estos para quienes es una mala noticia saber que un +trabajador extranjero ha abandonado el país, llevándose una fortuna.</p> + +<p><i>Alcachofa</i>, el ladrón más decidor que he conocido, decía siempre, +cuando lo llevábamos a la comisaría:</p> + +<p>—¡Aquí me <i>tráin</i><a name="FNanchor_88_88" id="FNanchor_88_88"></a><a href="#Footnote_88_88" class="fnanchor">[88]</a>, señor!... ¡siempre por lo mismo!..., <i>secuestro +de marengos</i>—parodiando el estilo de los partes policiales—¡a un +gringo que quería volar!</p> + +<p>Y éste murió en su ley: lo mató una puñalada, tirada por uno que, +próximo a embarcarse, llevando unos ahorros, se encontró en un minuto +más pobre que Job.</p> + +<p>El método de robo en que la inteligencia desempeña un papel más activo, +es la estafa.</p> + +<p>El buen resultado para el ladrón depende de mil circunstancias que deben +estudiarse, tales como el carácter del individuo, candidato a robado, +sus tendencias, sus aficiones, sus amistades, su parentela, etc.</p> + +<p>Todo debe ser tenido en cuenta, y no puede darse un paso sin +premeditación, bajó pena de perder el tiró.</p> + +<p>Por eso los estafadores veneran el tiempo: teniéndolo, son capaces de +robar a un avaro.</p> + +<p>Sus <i>trabajos</i> son largos, pero seguros.</p> + +<p>Rara vez emprenden ellos la tarea de estudiar el individuó a quien van a +hacer víctima de su habilidad: ese es trabajo del auxiliar, a quien +ellos llaman <i>changador de otarios</i>, y que permanece siempre en la +sombra, aun cuando lleva la parte más gorda de la empresa.</p> + +<p>Este auxiliar es, por lo general, un almacenero, que es el confidente de +todos los artesanos y sirvientes de su barrió, un amigo desleal e +infamemente codicioso, un pequeño negociante con apariencias de +honorable, en fin, un individuó que a mansalva se informa de las +peculiaridades de cada semejante, y las vende luego a los que inventarán +el cuento apropiado para despojarlo, los que fabricarán la ganzúa que +les franqueará el acceso hasta la caja anhelada.</p> + +<p>Jamás los estafadores dignos de fama malogran un esfuerzo: cuando se +determinan a dar su golpe, es ya sobre seguro.</p> + +<p>El vulgo generalmente dice:</p> + +<p>—¡Amigo, que todavía haya tontos que se claven con estas cosas!</p> + +<p>Esta frase es hija de la ignorancia: no es que la víctima sea un tonto, +no es que haya visto el lazó que le tienden: es que las cosas se le +presentan con tal habilidad y con tal disimuló, que no hay previsión ni +desconfianza que valgan.</p> + +<p>Un buen día se encuentran con un paisano y amigo—recién venido, a estar +a su declaración—que les habla de la familia ausente, de la carta +última que ha recibido, de las noticias en ella consignadas, relativas +al estado de ánimo y fortuna del pariente que está en América, y éste +cree a pie juntillas que quien le habla es efectivamente persona de su +pueblo, amigo de los suyos, uno de esos seres indiferentes, cuyo +recuerdo se ha borrado de la memoria con el transcurso del tiempo.</p> + +<p>Y entabla la relación; establecida la confianza, pronto la empresa habrá +llegado a su término.</p> + +<p>¿El individuó es desconfiado y avaro?</p> + +<p>El cuento que se prepara halagará su pasión predominante, y será no para +que hable a su imaginación, sino a su juicio.</p> + +<p>¿Es la víctima futura un imaginativo o un aventurero que quiere forzar +la suerte?</p> + +<p>El cuento tendrá todos los caracteres necesarios para arrebatarlo.</p> + +<p>El sargento Gómez y Regnier—mi maestro inolvidable más tarde, en los +días en que ya la fortuna comenzó a sonreírme y que me sirvió de guía +para penetrar en el bajó mundo social de Buenos Aires, cuyos misterios +haré desfilar ante la vista de mis lectores en cursó de estas +Memorias—me fueron enseñando poco a poco a distinguir los caracteres de +las cosas que como en un caleidoscopio pasaban ante mi vista.</p> + +<p>El primero me contó algunas estafas en que él había intervenido como +empleado, en el tiempo viejo, que son, para aquella época lejana, obras +maestras de habilidad, que si bien no pueden compararse con las de la +época actual, que son verdaderas maravillas, dan ya una idea de lo que +es el estafador y de los recursos de que echa mano para conseguir sus +fines.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="NO_LE_SALVO_SER_MINISTRO" id="NO_LE_SALVO_SER_MINISTRO"></a>NO LE SALVÓ SER MINISTRO</h2> + + +<p>Era teniente cuando en la Piedad, allá por 18..., un asturiano llamado +José Cañete y Puertas, hombre ahorrativo y económico, amigo de las +monedas como un judío, y más deseoso de hacer fortuna que de llegar a +conquistar fama de santo y verse un día adorado en pintarrajeada efigie +por creyentes masculinos y femeninos.</p> + +<p>A fuerza de guardar sus sueldos, limpiar las alcancías cuando podía y +desplegar toda su astucia para cazar propinas y estipendios, había +llegado a juntarse sus buenos cincuenta y cinco mil pesos de la antigua +moneda, los cuales, en billetes del Banco de la Provincia, dormían +tranquilos en el fondo del inmenso baúl que lo acompañaba desde su +tierra.</p> + +<p>Cosa es que nunca pudo averiguarse cómo dos lunfardos llegaron a conocer +el tesoro de Cañete: el hecho es que se lo robaron de una manera +ingeniosa.</p> + +<p>Una tarde, al toque de oraciones, llegó a la sacristía un individuo al +parecer italiano, cohibido, tímido, cortado, y le dijo que un amigo suyo +que estaba moribundo deseaba confesarse con él, que sabía era caritativo +y generoso.</p> + +<p>—No puedo salir ahora.</p> + +<p>—¡Pero señor!..., ¡el pobre Juan está enfermo!..., ¡mañana no hablará +más!..., ¡por caridad, vaya a verlo!</p> + +<p>—¡No puedo y no puedo!...</p> + +<p>—¡Le haremos cualquier demostración!... ¡Tenemos dinero!</p> + +<p>—¿Dinero?..., ¿cuánto me dará?</p> + +<p>—¡Doscientos pesos!</p> + +<p>—Bueno... ¿dónde está la casa?</p> + +<p>—Aquí cerca... calle Paraná número setenta.</p> + +<p>Y el cura Cañete, próximo a tener un suplemento de doscientos pesos, +entró contoneándose al número 70 de la calle de Paraná, acompañado de +aquel cuya oratoria había vencido su voluntad.</p> + +<p>El número 70 era un cuartujo de mala muerte. El cura, al penetrar, no +encontró sino un miserable catre en un rincón y en él, agonizante, un +hombre ya de edad.</p> + +<p>Alumbraba la escena una luz mortecina, emanada de una vela colocada en +el cuello de una botella.</p> + +<p>El moribundo, al entrar el sacerdote, levantó la cabeza toda reatada<a name="FNanchor_89_89" id="FNanchor_89_89"></a><a href="#Footnote_89_89" class="fnanchor">[89]</a> +y la dejó caer pesadamente sobre la bolsa que le servía de almohada.</p> + +<p>—¡No se mueva, hermano!...—dijo Cañete con voz que quiso hacer tierna, +y acercando a la cama del enfermo la única silla que había en el cuarto, +se sentó.</p> + +<p>Su acompañante se paseaba cabizbajo a lo largo del muro más lejano del +grupo.</p> + +<p>El cura Cañete comenzó a hablar como interrogando, luego acercó más su +silla al enfermo y volvió a escuchar lo que éste hablaba.</p> + +<p>De repente se levantó y dirigiéndose al que había sido su acompañante, +le dijo con tono compungido:</p> + +<p>—Da lástima, ¿eh?... Ya vuelvo; voy a buscar un crucifijo..., ¡es +necesario que ese pobre muera como buen cristiano que es!</p> + +<p>Y salió.</p> + +<p>El enfermero se acercó al enfermo y éste le dijo con cara alegre:</p> + +<p>—¡Pisó el palito!.. <i>¡cái</i> como un ángel!</p> + +<p>Minutos después se sintió el taloneo del cura, que esta vez venía como +volando.</p> + +<p>Volvió a acercarse al enfermo, habló algo con él y no tardó en dejarlo.</p> + +<p>El enfermero lo salió acompañando, y lo acompañó hasta la misma esquina +de la iglesia: Cañete volvió varias veces la cabeza mientras atravesaba +el atrio y allí estaba el pobre italiano mirándolo y poniendo una cara +como de quien no puede aguantar el llanto.</p> + +<p>Cañete siguió el largo pasadizo que, abriéndose sobre el atrio, conduce +a la sacristía, y no bien desapareció, el acompañante echó a correr +calle arriba.</p> + +<p>Dos minutos después, el cura atravesaba el atrio con la sotana levantada +y llevando una bolsita en la mano.</p> + +<p>Corrió hasta el número 70, y llamó: no obtuvo respuesta.</p> + +<p>Siguió llamando apresurado, y al fin, a los golpes, vino el almacenero +de la esquina, quien al encontrarse con el cura se sorprendió, y más al +oírle decir:</p> + +<p>—¿Dónde está el enfermo?</p> + +<p>—¿Qué enfermo?</p> + +<p>—El que vivía en este cuarto.</p> + +<p>—¡Si este cuarto no está habitado todavía!... ¡Hoy me lo alquilaron +unos mozos, pero aun no han traído sino un catre!...</p> + +<p>El cura no oyó más, y salió en dirección a la comisaría a dar cuenta de +que lo habían robado.</p> + +<p>Se abrió la puerta y en el cuarto no se encontró sino un catre y un cabo +de vela.</p> + +<p>Enfermo y enfermero se habían hecho humo.</p> + +<p>Para engañar al pobre Cañete, los ladrones halagaron su pasión +dominante.</p> + +<p>El enfermo le dijo que bajo la almohada guardaba cinco mil pesos en +oro,—que entonces tenía un premio de ciento veinticinco por +ciento<a name="FNanchor_90_90" id="FNanchor_90_90"></a><a href="#Footnote_90_90" class="fnanchor">[90]</a>—y que quería dejarlos para misas, pero que deseaba dejarle +cincuenta mil pesos papel a su cuñada, que vivía en Flores, y era el +único pariente que tenía.</p> + +<p>Cañete se ofreció para decir las misas.</p> + +<p>El enfermo aceptó, pero agregó:</p> + +<p>—Hay una dificultad. ¡El dinero de mi cuñada quiero que lo lleve mi +amigo que me ha ayudado tanto! Deseo darle algo a él, pero quisiera que +no supiese que dejo para misas... así, si usted pudiera cambiarme por +papeles, yo haría el reparto mañana... ¡No he de morir todavía!</p> + +<p>Cañete vio un negocio espléndido en el cambio y trajo sus pesos a +pretexto del crucifijo, recibiendo por ellos una bolsita llena de... +balas achatadas.</p> + +<p>Su amor a las monedas lo dejó en el mismo estado financiero en que llegó +al país: todo fue, pues, cuestión de comenzar de nuevo.</p> + +<p>Jamás pudo dar la policía con los ingeniosos autores de este cuento.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="CUPIDO_Y_CACO" id="CUPIDO_Y_CACO"></a>CUPIDO Y CACO</h2> + + +<p>Otro <i>scrucho</i> o <i>cuento</i> lindo—digno del anteriores el que hubieron de +hacerle a don José Robillotti, honrado italiano, que a fuerza de labor +había conseguido acumular unos dos mil nacionales.</p> + +<p>El amigo Robillotti, viudo, vivía en una casa de inquilinato, ubicada en +la calle de Reconquista, en compañía de Rosita, su hija.</p> + +<p>La tal muchacha, con sus 14 años, su carita rosada y sus piernas gruesas +y bien torneadas, era algo apetitoso y tentador y hacía la desesperación +de los dandys del barrio, que no perdían ocasión de verla pasearse en la +vereda con sus coquetos vestiditos rosa, sus delantales negros +guarnecidos de trencilla punzó con pliegues de pestaña, haciendo cantar +sus zuequitos escotados, y moviendo al son de esa música su cuerpo +flexible y airoso.</p> + +<p>Y, ¡luego los vestiditos que usaba!... Si eran lo más traidores: jamás +cubrían las hermosas piernas tentadoras, calzadas, por lo general, con +medias punzó.</p> + +<p>Esas piernas eran, para los adoradores de Rosita, como la miel para las +moscas.</p> + +<p>Y ella lo sabía la muy mimada, y sin embargo se hacía la inocente, y las +declaraciones más ardientes, los piropos más expresivos y más +achicharradores, apenas le arrancaban como contestación un:</p> + +<p>—¡Puerco!... ¡Cochino!... ¡Qué más se quisiera!... ¿Quiere ver que +llamo a <i>me tatas</i>?</p> + +<p>Frases con las que dejaba helados a sus novios, que se contentaban con +mirarla desde la esquina, blanqueando los ojos, retorciéndose el bigote, +si lo tenían o pellizcándose el punto donde debieran tenerlo, y +entregándose a toda suerte de ejercicios gimnásticos con sus respectivos +bastones, cosa que creían la más sublime expresión del chic y la más +elocuente prueba de su experiencia en asuntos amorosos.</p> + +<p>¡Pero Rosita era insensible a estas demostraciones equilibristas!</p> + +<p>Un buen día dejó de salir a la vereda, y en el barrio se corrió la voz +de que la visitaba un mozo, empleado de la Municipalidad. Como no volvió +a aparecer en la calle, sus adoradores, fastidiados, fueron a ser +satélites de otras constelaciones.</p> + +<p>Desde entonces se vio a Robillotti acompañado de un joven al parecer +criollo, llevando con cierta elegancia un trajecito de saco, de esos que +son una falsificación de <i>última moda</i>,—hechos con toda conciencia por +un sastre baratillero—y que era de su misma opinión en todos los +asuntos que trataban.</p> + +<p>Evidentemente, era un yerno futuro: sólo éstos son capaces de pensar en +todo igual a otro hombre; es privilegio de los que están por ser suegros +encontrar quien no los contradiga en nada.</p> + +<p>Una tarde venía por bajo los sauces de Palermo el sargento Gómez, cuando +de repente se topó con un ladrón, conocido por el apodo de Silvita que, +acompañando a un individuo que respiraba honradez por todos sus poros, +se ocupaba en contar los árboles del bosque.</p> + +<p>Sospechando que fuera una víctima futura del acompañante, le interrogó +sobre lo que andaba haciendo, y le encontró muy reservado y poco +dispuesto a hablar de sus intenciones y miras.</p> + +<p>Silvita, colorado hasta las orejas, se entretenía en mascar unas hojitas +de sauce.</p> + +<p>El sargento se llevó los dos ciudadanos a la comisaría y allí se +descubrió el pastel.</p> + +<p>El paseante del bosque—que no era otro que Robillotti—cuando supo qué +clase de pájaro era su acompañante, cantó de plano.</p> + +<p>Dijo que este era el novio de su hija, y que hacía seis días que la +había pedido en matrimonio, declarándole que no podía casarse hasta no +realizar un negocio que tenía entre manos.</p> + +<p>Interrogado por él sobre la naturaleza de este negocio, le había dicho:</p> + +<p>—Yo soy empleado municipal, y puedo sacar con facilidad el corte de +todo el sauzal de Palermo. Pagan veinte centavos por cada árbol y dejan +éste a beneficio del contratista; pero hay que dar una garantía de dos +mil nacionales y yo no los tengo.</p> + +<p>—Pero los tengo yo... y es lo mismo, dijo Robillotti, que, habiendo +sido carbonero, conocía el precio de la leña, y como buen genovés, +calculó en un segundo que la fortuna llamaba a su puerta.</p> + +<p>—¿Cuántos son los árboles?</p> + +<p>—Amigo Robillotti, va a ser un sacrificio...</p> + +<p>—¡Bueno!... no hablemos más de eso. ¿Cuántos son los árboles?</p> + +<p>—No lo sé.</p> + +<p>—Mañana los contaremos... ¡ofrezca no más la garantía!</p> + +<p>Y Robillotti andaba ya por largar la mosca<a name="FNanchor_91_91" id="FNanchor_91_91"></a><a href="#Footnote_91_91" class="fnanchor">[91]</a>, cuando para felicidad de +su bolsillo, lo encontró el agente policial.</p> + +<p><i>Silvita</i> halló cierta toda la relación del que hubo de ser su suegro y +se contentó con decirle cínicamente:</p> + +<p>—¡Qué mi suegro este!... ¡Hubiese querido verle la cara cuando los +<i>chafes</i> (vigilantes) lo hubieran agarrado cortando sauces!</p> + +<p>Robillotti no paró hasta su casa.</p> + +<p>Allí instruyó a Rosita sobre el fracaso de su casorio, y ésta, pasada la +primera impresión, volvió de nuevo a la vereda a lucir sus piernas +torneadas y a hacer <i>cantar</i> a sus zuecos el aire con que acompañaba los +movimientos graciosos de su cuerpo flexible.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="EL_PRIMER_CLIENTE" id="EL_PRIMER_CLIENTE"></a>EL PRIMER CLIENTE</h2> + + +<p>Acababa de recibir su título de abogado y de instalar su estudio con +toda coquetería.</p> + +<p>Eran dos pequeñas piezas situadas en una casa de altos de la calle de +Bolívar, puestas con la magnificencia que sus escasos recursos le habían +permitido y que consideraba regias, dado el esfuerzo que le había +costado alhajarlas.</p> + +<p>¡Era en ellas un rey!</p> + +<p>¡Qué pequeños y miserables conceptuaba, comparados con él, al estudiante +de primer año que debía servirle de amanuense y que era un +comprovinciano suyo y al gallego Manuel que le servía de mandadero!</p> + +<p>Ambos no le llamaban sino <i>el doctor</i>, como obligaban las tablillas que +tenía a la puerta, y le halagaba que no le olvidaran el título ni aun en +la más insignificante emergencia de la vida.</p> + +<p>Esa frase que se había ganado y que le distinguía de los demás mortales, +le sonaba en el oído de una manera especial: la encontraba dulce, +acariciadora, melodiosa.</p> + +<p>Tres días hacía que a las doce en punto llegaba a su oficina vestido +todo de negro, con levita y galera, llevando en la mano un rollo de +papel, y que veía al amanuense y a Manuel, que dejaban los dibujos y +letras góticas que se ocupaban en borronear y le saludaban, volviendo a +su tarea luego que él se instalaba en su escritorio con toda +prosopopeya.</p> + +<p>Ya esta escena se le iba haciendo familiar, cuando al cuarto día entra +al estudio y en vez de hallar sus súbditos haciendo ensayos +caligráficos, los encuentra nada menos que parados al lado de la puerta +como jugando a quien le abordaba primero.</p> + +<p>Algo extraordinario le ocurrió que acontecía, e interrogó al amanuense +que con una presteza suma le contestó:</p> + +<p>—Ha venido, doctor, un señor de edad, acompañado de una niña. Dijo que +quería confiarle un asunto. Yo le dije que volviese a las doce y media.</p> + +<p>El amor propio le impidió abrazar al amanuense.</p> + +<p>¡Un cliente!</p> + +<p>¡Ya le parecía que la fortuna estaba en su mano!</p> + +<p>Comenzó a pasearse inquieto, en el escritorio, hasta que oyó la voz de +Manuel que decía: "Ahí están", con un tono tal, que traducía a las +claras su alegría por haber aventajado al amanuense en una información +para el doctor, que era el Dios de ambos.</p> + +<p>No tardó en hallarse en su presencia un señor alto, de maneras +distinguidas, vestido de negro, con el cabello blanco, cortado en forma +de melena.</p> + +<p>Acompañábalo una niña de quince o dieciséis años, espléndidamente bonita +y vestida con una sencillez y una elegancia admirables.</p> + +<p>Para más señas, tenía un hoyito en la barba que se llevaba los ojos de +uno, como si no tuvieran dueño. Mientras duró la conferencia con el +padre, no le quitaba la vista de encima, y ella bajaba la suya, se +ruborizaba, y para disimular su turbación, jugaba con el abanico con un +aire infantil que enloquecía.</p> + +<p>Quedaron con el padre en que al día siguiente le llevaría los +antecedentes de la cuestión que quería entablar, que era intrincadísima.</p> + +<p>Le prometió, sin embargo, que la ganaría con costas y aun que haría +encarcelar a la parte contraria.</p> + +<p>¡Con qué ansia esperó el día próximo!</p> + +<p>¡Imagínenlo los que puedan, no olvidando que se trataba de su primer +cliente, y de una muchacha de quince años, que tenía unos ojos más +alegres que un informe in vote 36 de cualquier abogadillo ramplón<a name="FNanchor_92_92" id="FNanchor_92_92"></a><a href="#Footnote_92_92" class="fnanchor">[92]</a>!</p> + +<p>Esa noche soñó con una porción de cosas bellas, y todas ellas tenían +algo que ver con la hija del cliente de la melena.</p> + +<p>Llegó, por fin el día y con él la hora de oficina.</p> + +<p>Se hallaba en su escritorio, y sin embargo le parecía que no era cierto; +le faltaba el aplomo; el corazón le latía.</p> + +<p>Paró un carruaje de repente: se puso de pie como movido por un resorte.</p> + +<p>¡Ahí estaban, ella y él!</p> + +<p>Cuando vio que no entraba sino ella, casi se cayó la emoción le +paralizaba la lengua.</p> + +<p>—Señor doctor, habiéndose enfermado mi padre...</p> + +<p>—Señorita..., señori... ta, crea que...</p> + +<p>—...no puede concurrir y me...</p> + +<p>—¡Valiente!... Tanta incomodidad... ¡Tome usted asiento!</p> + +<p>—...¡envía con estos papeles para que usted los revise!</p> + +<p>Le tomó los papeles, y cuando sus dedos rosados tocaron los suyos, +sintió un cosquilleo en el corazón, en la espalda y en las piernas, que, +francamente, le hizo pasar un mal rato.</p> + +<p>Ella, ruborosa, le miraba con sus ojos brillantes e incomparables.</p> + +<p>Revisó los papeles a la ligera y se convenció de que no le daban luz +alguna en la cuestión.</p> + +<p>Lo manifestó así a la portadora, y con este motivo entró en una +agradable conversación, que degeneró en charla bullanguera.</p> + +<p>Cuando se despidieron eran lo más amigos, y ella prometió volver al día +siguiente a traerle nuevas luces, cosa de que él no dudaba, mirando sus +hermosos ojos pardos, dulces y tiernos.</p> + +<p>Las visitas, para darle datos, se repitieron unos seis u ocho días. +Durante ellos, no se ocupó de clientes ni de nada: no tenía más +preocupación que Angelina, y ella, según se lo había manifestado, en +momentos en que la ternura llevaba a tocarse sus cabezas, no tenía +tampoco más preocupación que <i>el doctor</i>.</p> + +<p>Una tarde en que el idilio alcanzó proporciones alarmantes, y en que su +boca sedienta de besos, pedía y pedía sin cesar pruebas del amor que +reflejaban los ojos de la hija del cliente respetable, ésta le prometió +la gloria: a las doce de la noche le esperaría en la sala de su casa en +la calle de las Artes<a name="FNanchor_93_93" id="FNanchor_93_93"></a><a href="#Footnote_93_93" class="fnanchor">[93]</a>, cuyo zaguán sería dejado entreabierto para +darle paso.</p> + +<p>Esta sentencia definitiva que se prometía a sus súplicas, le entreabría +el cielo.</p> + +<p>Toda esa tarde se creyó un Tenorio.</p> + +<p>Con el último campanazo de las doce, dado por el reloj de San Nicolás, +penetraba él sigilosamente a la casa de su amada, y se arrojaba en sus +brazos.</p> + +<p>Un mundo de besos fue el saludo: era mudo, pero expresivo.</p> + +<p>Luego se encaminaron a tientas a una butaca, pero no se habían sentado +aún, cuando en una de las puertas interiores apareció el respetable +cliente con una vela en la mano y seguido de dos testigos.</p> + +<p>La inocente muchacha aprovechó la confusión para hacerse humo.</p> + +<p>Él estaba alelado.</p> + +<p>—Ha pretendido usted corromper a una menor... ¡los señores son +testigos! Voy a labrar un acta y...</p> + +<p>—¡Es inútil, señor! ¡Yo voy a retirarme!</p> + +<p>—¿Sí?..., ¡está bien! ¡Sin embargo, sepa usted que si para dentro de +tres días no me entrega dos mil nacionales, me presento a los tribunales +y le armo una cuestión que le dé por resultado perder su título cuando +menos!</p> + +<p>Y se retiró alicaído y cabizbajo, mortificado por su amor propio, ajado +y deprimido, y dejando en poder de su cliente un documento firmado en +que constaban prolijamente las circunstancias y pormenores de su +desventura.</p> + +<p>Reflexionó con calma, y vio que lo mejor era echar tierra al asunto y +pagar sin decir una palabra.</p> + +<p>¡Y pagó su chapetonada<a name="FNanchor_94_94" id="FNanchor_94_94"></a><a href="#Footnote_94_94" class="fnanchor">[94]</a>!</p> + +<p>Testigos fueron las letras del Banco de la Provincia, que conservó mucho +tiempo como recuerdo de su primer cliente, que era nada menos que el +ladrón más sagaz y más fino que ha producido Buenos Aires.</p> + +<p>Su nombre es conocido: El Cuervito.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="AL_REVUELO" id="AL_REVUELO"></a>AL REVUELO</h2> + + +<p>Los lunfardos que <i>cuentan el cuento</i>, dan a cada uno de sus robos un +nombre distinto y apropiado a los medios que usan para efectuarlo.</p> + +<p>Cuando estafan, valiéndose de los sentimientos religiosos, dicen que han +hecho "un católico", y si han empleado el recurso de los papeles +inservibles, o sea <i>el balurdo</i>, <i>han hecho</i> un <i>toco</i> o <i>un vento</i>, +<i>mischo</i>.</p> + +<p>También tienen otro golpe lucrativo, que es el <i>cambiazo</i>, o sea el +engaño, la mistificación, otra prueba del ingenio de estos perdularios +que si dedicaran su inventiva y sus facultades a cosas útiles, +producirían verdaderas maravillas.</p> + +<p>Un señor, vestido con cierta elegancia, comienza a llegar a hora +determinada a un almacén, cuyo propietario encierra en el fondo de su +alma un inmoderado deseo de lucro, que tal vez ha pasado desapercibido +para el vulgo, pero que el olfato finísimo de los estafadores ha +descubierto.</p> + +<p>Compra, por ejemplo, un paquete de cigarrillos y una caja de fósforos, +diariamente y a la misma hora: el almacenero nota la singularidad y +designa a su cliente con el mote de "el de los cigarrillos", llegando un +momento en que ya el cliente no tiene ni necesidad de solicitar su +consumo.</p> + +<p>Cuando ya ha sido notado, pregunta un día si hay buen Oporto o buen +Coñac, y toma una copita de pie, al lado del mostrador, con aires de +hombre cuya dignidad se sentiría deprimida penetrando al despacho de +bebidas donde pulula el vulgo de los bebedores.</p> + +<p>Este pequeño consumo a hora fija, establece una especie de intimidad +entre el almacenero y su cliente, que, como es locuaz y comunicativo, le +hace saber que es un funcionario de categoría elevada, más o menos en +los ramos en que el almacenero pueda tener algún día necesidad de un +buen padrino, o si no hombre de influencia en el círculo político +dominante o con el comisario de la sección o con la comisión de higiene +de la parroquia.</p> + +<p>Iniciada la amistad, y luego intimada merced a la regularidad del +consumo de la copita y el buen pago diario, con propina de los dos o +tres centavos sobrantes y sin aceptar el fiado ofrecido, un buen día el +hombre se saca un anillo con un gran solitario, o un rico reloj de oro, +con cadena maciza y vistosa, y dice al almacenero:</p> + +<p>—¡Vea!... ¡Hágame el favor de hacerme tasar esta prenda con algún +joyero de su confianza, algún amigo de conciencia!... ¡Tengo necesidad +de saber exactamente su precio!</p> + +<p>El almacenero acepta complacido la comisión, y al otro día le informa +que la alhaja es riquísima y que puede valer como mínimum seiscientos +pesos.</p> + +<p>—¡Bueno, amigo!... ¡Me alegro!... ¡Estoy salvado!... Figúrese que +necesito trescientos pesos por cuatro o cinco días para un compromiso, y +un usurero a quien le llevé la prenda me dijo que ésta no era buena y +que por ello, si me daba los pesos por cinco días, me cobraría cincuenta +de interés.</p> + +<p>—¡Qué bárbaro!—dice el almacenero, escandalizado, pero brillándole los +ojos.</p> + +<p>—Voy a buscar otro más humano, ¿no le parece?</p> + +<p>—¡Claro!</p> + +<p>—¡Le dejo la prenda y le pago treinta pesos cuanto más!</p> + +<p>—¡Es natural!... ¡Vea, si no se ofende..., ocúpeme con confianza!... +¿Qué diablos, para qué son los amigos?</p> + +<p>Y cierran el trato.</p> + +<p>A los dos días se presenta el cliente con un amigo que va a comprar la +prenda en setecientos pesos y quiere verla.</p> + +<p>El almacenero la trae, la ven, la revisan, y luego se la devuelven y se +retiran los amigos, después de un consumo moderado del "Oportito" +famoso, o del "Coñaquito, capaz de despertar a un muerto".</p> + +<p>Y el cliente no vuelve a aparecer más por el almacén.</p> + +<p>El almacenero, cansado de esperarlo, pone avisos en los diarios, +llamándolo, si es muy amigo de formas legales, pero constatando con +dolor, recién, que ignora, no solamente el domicilio del cliente, sino +también su nombre y apellido.</p> + +<p>La duda le asalta y va a ver al joyero que le tasó la prenda, y éste le +declara rudamente que no es la misma que le llevó la primera vez sino +una imitación.</p> + +<p>Y aquí son los improperios, las maldiciones, el lamento con todas las +personas que entran al negocio, pero nada le vale: el <i>cambiazo</i> se +efectuó delante de sus ojos y no supo verlo, y los trescientos pesos +volaron del cajón como por arte de encantamiento.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#table">XV</a></h2> + +<h3>LOS MISTERIOS DE BUENOS AIRES</h3> + + +<p>Mi permanencia en el delicado servicio que tenía a su cargo el sargento +Gómez, fue la mejor escuela de la vida a cuyas aulas yo pudiera +concurrir, y en ella aprendí a conocer este Buenos Aires bello y +monstruoso, esta reunión informe de vicios y de virtudes, de grandezas y +de miserias.</p> + +<p>Yo penetré el movimiento de los hombres en sus calles estrechas, las +pasiones que encierran los palacios y los conventillos, los intereses +que se juegan diariamente desde la Bolsa a los mercados, y, nacido en +las más humildes esferas, ascendí peldaño a peldaño la larga escala +social, tendida entre el humilde vigilante, que, parado en una esquina, +expuesto a las inclemencias del tiempo, ignora todo lo que no se +relacione con el pequeño radio puesto a su cuidado, y apenas sospecha +los sucesos de más volumen que ocurren fuera de su parada y la vida +turbulenta y accidentada de los hombres de mundo.</p> + +<p>Todo lo que vi y aprendí en mi larga y penosa ascensión, todo desfilará +en las páginas de estas Memorias, y si no en este volumen, en otro que +le seguirá reflejaré con toda la precisión que me sea dado, las cosas y +los hombres que encontré en el andar de mi vida y los sucesos +extraordinarios en que más de una vez tuve que actuar.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#table">XVI</a></h2> + +<h3>EL HOMBRE PROVIDENCIAL</h3> + + +<p>Un suceso criminal que después relataré y que forma uno de los capítulos +más importantes de mi vida, me proporcionó ocasión de distinguirme, y +fui ascendido a sargento y nombrado en reemplazo del viejo Gómez, que +fue jubilado.</p> + +<p>La noche del día en que recibí mi nombramiento, me retiraba a mi modesto +cuarto de conventillo—pues tiempo hacía que había dejado el que por +meses ocupara en casa del comisario—e iba con el corazón lleno de +ilusiones, y cantándome en el alma un coro de alegría, cuando de +repente, al volver la esquina de Piedad 88 y Suipacha, me topé de manos +a boca con un hombre que pretendió ocultarse en el hueco de una puerta.</p> + +<p>Era un individuo correctamente vestido de negro, de levita perfectamente +abrochada y sombrero de copa, y llevaba bajo el brazo un bastón, cuya +contera reluciente brillaba con los primeros rayos de luna que comenzaba +a alzarse sobre el atrio de San Miguel.</p> + +<p>En el suelo y ante él, estaba un pequeño paquete y al lado el cajón de +la basura, perteneciente a la casa en cuyo umbral se había detenido.</p> + +<p>Cuando se irguió, le conocí, a pesar de hacer seis meses que no le veía: +era el concurrente a las antesalas del Ministerio del Interior, el +visitante del mayordomo, don Tomás Regnier, aquel hombre cuya miseria +tanto me había llamado la atención en mis horas de guardia, frente a la +puerta de la sala de espera y cuya silueta he presentado al comenzar +estas Memorias.</p> + +<p>—¡Hola amigo!, ¿qué hace?</p> + +<p>—¡Qué quiere que haga, señor vigilante! Disputaba a aquel atorrante—y +alzando el brazo me mostró un perro de esos callejeros, flaco y sucio, +que parado sobre tres de sus cuatro patas por tener una enferma, nos +miraba desde el atrio—¡esos restos de pescado y de puchero que he +envuelto en ese diario!</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—¡La pregunta!... ¡Para cenar!... ¡La vida hay que hacerla a pesar de +todo, señor vigilante!</p> + +<p>—Dígame, ¿no es usted aquel hombre que concurría todas las tardes al +Ministerio del Interior, y que se iba a curar en la Convalecencia?</p> + +<p>—¡El mismo, sí, el mismo!... ¿Y Vd. quien es?</p> + +<p>—¿No se acuerda de mí?... Aquel agente que le dio cinco pesos para que +fuera...</p> + +<p>—¡Oh! ¡Oh!... ¡Sí! ¡Sí!... ¡Oh! ¡Me acuerdo bien, sí!... ¡Después no lo +he visto más!... ¡Y eso que voy al Ministerio como siempre!...</p> + +<p>—¿Y se curó?</p> + +<p>—¡Muy bien, gracias, muy bien!... Hoy ya estoy sano de los vahidos +(perfectamente sano), pero la posición ¿sabe usted?... ¡la posición +social..., eso sigue mal, muy mal!... ¡La suerte es caballa!</p> + +<p>Me dio lástima aquel pobre ser enclenque y miserable, que disputaba a +los perros callejeros su alimento y, diciéndole que me siguiera, lo +conduje hasta "La Croce di Malta", en la calle cortada del Mercado del +Plata, donde a todas horas de la noche se encontraba un pan, una botella +de vino y un plato de <i>busecca</i>.</p> + +<p>Allí, en una mesa, cerca de otra, donde un grupo de trasnochadores hacía +su colación alegremente, nos sentamos los dos, y luego que él saludó con +complacencia y gran dignidad a los turbulentos vecinos, diciéndome, +mientras movía la cabeza y sonreía: "son los muchachos de los diarios, +¿sabe?, los noticieros de la Patria Argentina<a name="FNanchor_95_95" id="FNanchor_95_95"></a><a href="#Footnote_95_95" class="fnanchor">[95]</a>, La Nación, La Prensa, +que vienen a conspirar contra los directores porque no les aumentan el +sueldo", nos pusimos a comer.</p> + +<p>De esa noche data mi amistad con el hombre extraordinario, cuyas +aventuras forman por sí solas el volumen más curioso de la vida porteña +que pueda imaginarse, y data también mi engrandecimiento moral, pues, si +bien yo le proporcioné los medios de regenerarse físicamente, él, en +cambio, me dio alas, me arrebató consigo y me puso en aptitud no sólo de +hacer con brillo mi camino, sino también de escribir estas Memorias, +cuya primera parte termina por haber llegado el momento en que el vago +de las cuchillas, el humilde soldado del 6º, alcanzando al puesto de +sargento en la policía de Buenos Aires, pudo ensanchar la esfera de su +acción y dejar a la espalda los días oscuros en que el anónimo mataba +todas sus iniciativas e invalidaba sus penosos esfuerzos!</p> +<p> </p> + +<div class="footnotes"><h3>NOTAS:</h3> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Yunta, no tener. No tener igual.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Molle: arbolito del Chaco que da una madera muy fina.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Arbol de Entre Ríos, Tucumán, Salta y Jujuy, de follaje permanente y +muy frondoso y ramas espinosas. Su madera es dura y da una tintura rojo +oscura.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> De color blanco amarillento. Se aplica más comunmente para designar +un color de pelaje de los caballos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> Cuero utilizado como recipiente.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> Picar: aguijonear los bueyes que tiran de las carretas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Leva: recluta o enganche de gente para el servicio de un Estado. +Decíase comunmente de la reunión de ociosos y vagos, que solía hacerse +por la justicia para destinarlos al servicio de mar o tierra.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Pergeñada: arreglada, dispuesta.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Maceta: se dice del caballo que tiene nudos en las rodillas y +cuartillas debido generalmente a su mucha edad o excesivo servicio.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Se dice de la caballería que mosque, o sea que mueve constantemente +la cola y aún las orejas para espantar los insectos que le molestan o +por mala costumbre.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11"><span class="label">[11]</span></a> Sabandija: cualquier reptil o insecto, especialmente los asquerosos +o molestos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12"><span class="label">[12]</span></a> Pilchas: prendas del recado o cualquier prenda de uso.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13"><span class="label">[13]</span></a> Mancarrón: Caballo viejo, muy estropeado o casi inservible por su +vejez.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14"><span class="label">[14]</span></a> Redomón: Se dice de potro en doma, que sólo un jinete muy bueno +puede montar.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15"><span class="label">[15]</span></a> Tusado: con las crines recortadas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16"><span class="label">[16]</span></a> Corto: fig. Tímido.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17"><span class="label">[17]</span></a> Quinchada: Dispuesta en forma de tejido o trama. Se emplea en las +paredes o techos de los ranchos y en los de los carros y carretas. Sirve +para afianzar las construcciones.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18"><span class="label">[18]</span></a> Tía: mujer casada o entrada en edad. Es de tratamiento de respeto.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19"><span class="label">[19]</span></a> Matrera: arisca, chúcara, cimarrona, en general se aplica a la +hacienda.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20"><span class="label">[20]</span></a> Mata, andar a saltos de: Huir, andar temeroso.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_21_21" id="Footnote_21_21"></a><a href="#FNanchor_21_21"><span class="label">[21]</span></a> Culero: Cuero que el peón aplica exteriormente sobre la cintura y +los muslos para evitar el roce del lazo sobre las bombachas en los +trabajos de campo, cuando los hace de a pie. También se llama culero al +tirador.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_22_22" id="Footnote_22_22"></a><a href="#FNanchor_22_22"><span class="label">[22]</span></a> Bolivianos: Moneda de plata de baja ley, acuñada en Bolivia. Las +monedas se usaban como botones para cerrar los tiradores.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_23_23" id="Footnote_23_23"></a><a href="#FNanchor_23_23"><span class="label">[23]</span></a> Bastonero: persona que designa el lugar que han de ocupar las +parejas y el orden en que han de bailar.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_24_24" id="Footnote_24_24"></a><a href="#FNanchor_24_24"><span class="label">[24]</span></a> Prima: primera cuerda de la guitarra, la de tono más agudo.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_25_25" id="Footnote_25_25"></a><a href="#FNanchor_25_25"><span class="label">[25]</span></a> Segunda: cuerda de la guitarra.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_26_26" id="Footnote_26_26"></a><a href="#FNanchor_26_26"><span class="label">[26]</span></a> Dormírsele a algo: quedarse con algo, no soltarlo; se aplica en +especial a comidas y bebidas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_27_27" id="Footnote_27_27"></a><a href="#FNanchor_27_27"><span class="label">[27]</span></a> Cuchufleta: Broma.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_28_28" id="Footnote_28_28"></a><a href="#FNanchor_28_28"><span class="label">[28]</span></a> Barato, pedir un: ofrecerse para una lucha o juego.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_29_29" id="Footnote_29_29"></a><a href="#FNanchor_29_29"><span class="label">[29]</span></a> Hueya: grafía de acuerdo con la dicción habitual; lo correcto es +<i>huella</i>.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_30_30" id="Footnote_30_30"></a><a href="#FNanchor_30_30"><span class="label">[30]</span></a> Limpio: descampado, espacio libre.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_31_31" id="Footnote_31_31"></a><a href="#FNanchor_31_31"><span class="label">[31]</span></a> Pepeleta: nombre que suele darse vulgarmente a la libreta de +enrolamiento en la campaña del Litoral y del Noroeste.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_32_32" id="Footnote_32_32"></a><a href="#FNanchor_32_32"><span class="label">[32]</span></a> Los Corrales: mataderos que desde 1877 estaban instalados en el +actual Parque Patricios, en terrenos comprendidos entre las calles +Caseros, Rioja (hoy su continuación Monteagudo) y Arena (hoy Av. +Almafuerte). Allí se desarrolló una de las batallas de la revolución de +1880.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_33_33" id="Footnote_33_33"></a><a href="#FNanchor_33_33"><span class="label">[33]</span></a> Como a chorlos: fácilmente, sin ninguna dificultad.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_34_34" id="Footnote_34_34"></a><a href="#FNanchor_34_34"><span class="label">[34]</span></a> Kepí: la academia establece quepís para el nombre de la gorra +ligeramente cónica y de vicera horizontal.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_35_35" id="Footnote_35_35"></a><a href="#FNanchor_35_35"><span class="label">[35]</span></a> Chasca: se llama así el pelo de la cabeza cuando está enredado.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_36_36" id="Footnote_36_36"></a><a href="#FNanchor_36_36"><span class="label">[36]</span></a> Pelar: sacar.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_37_37" id="Footnote_37_37"></a><a href="#FNanchor_37_37"><span class="label">[37]</span></a> Patrio: caballo que pertenece al Estado.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_38_38" id="Footnote_38_38"></a><a href="#FNanchor_38_38"><span class="label">[38]</span></a> Se refiere a las luchas que sucitó la separación de Buenos Aires +del resto de la Confederación y que sólo terminó con la Federalización +de la ciudad de Buenos Aires. La Plaza de la Victoria, o Plaza Victoria, +fue el nombre con que se conoció tradicionalmente a la actual Plaza de +Mayo, que hasta 1883 estuvo dividida por la Recova Vieja en dos: la +Plaza 25 de Mayo, frente a la Casa Rosada, y La Victoria, nombre que +data de 1808 y que le fue impuesto en conmemoración de la victoria del +12 de agosto de 1884, demolida La Recova, las dos plazas quedaron unidas +bajo la denominación actual.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_39_39" id="Footnote_39_39"></a><a href="#FNanchor_39_39"><span class="label">[39]</span></a> Marcos Paz: hacendado (1844-1904). Al federalizarse Buenos Aires en +1880, ocupó la jefatura de policía; más tarde fue diputado nacional y +miembro del directorio del Banco de la Nación.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_40_40" id="Footnote_40_40"></a><a href="#FNanchor_40_40"><span class="label">[40]</span></a> Departamento viejo: alusión al Departamento de Policía, situado, en +esa época, en la calle Bolívar, entre el Cabildo y la casa llamada +«Altos de Riglos». Era un edificio chato y sencillo, con techo de tejas. +También estaba allí la cárcel de encausados. Cuando se abrió la Av. de +Mayo fue demolido junto con una parte del Cabildo, pero en ese entonces +el edificio ya no estaba ocupado por el Departamento de Policía, sino +por la Municipalidad de Buenos Aires.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_41_41" id="Footnote_41_41"></a><a href="#FNanchor_41_41"><span class="label">[41]</span></a> La Avenida de Mayo: fue abierta en 1889; en ella se empleó por +primera vez en la ciudad el afirmado de madera; hasta entonces sólo se +conocía el de adoquines.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_42_42" id="Footnote_42_42"></a><a href="#FNanchor_42_42"><span class="label">[42]</span></a> El General Paunero: Wenceslao Paunero (1805-1871). Tuvo una +destacada función en la guerra con Paraguay, además de innumerables +campañas contra los indios y las montoneras; ascendió a general en la +Batalla de Pavón. Fue candidato a vicepresidente de la República en +1868.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_43_43" id="Footnote_43_43"></a><a href="#FNanchor_43_43"><span class="label">[43]</span></a> Las Manzanas: paraje próximo a la Villa Gutiérrez, departamento de +Ischillín, provincia de Córdoba.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_44_44" id="Footnote_44_44"></a><a href="#FNanchor_44_44"><span class="label">[44]</span></a> General Conrado Villegas: (1840-1884). Actuó en la Guerra del +Paraguay; tomó parte en la campaña contra Mitre en 1874; luchó con los +indios en 1877; acompañó a Roca en la campaña del Desierto y fundó +Choele-Choel; actuó en la represión de la Revolución del 80.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_45_45" id="Footnote_45_45"></a><a href="#FNanchor_45_45"><span class="label">[45]</span></a> Namuncurá: Manuel Namuncurá, casique voroga, nacido en Chile y +llegado a la Argentina en 1834. Se mantuvo en lucha constante contra la +llamada civilización e intervino en las Luchas Intestinas del país +poniendo sus lanzas al servicio de diversos contendientes. Era un hombre +de gran valor y fuerza y hábil para mantener su caciscazgo. Fue el +último jefe indio que se rindió en la Conquista del Desierto que realizó +Roca. Se lo nombró «Coronel de la Nación». Uno de sus hijos se hizo +sacerdote católico y otro fue militar del Ejército Argentino.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_46_46" id="Footnote_46_46"></a><a href="#FNanchor_46_46"><span class="label">[46]</span></a> Eunuco: hombre castrado.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_47_47" id="Footnote_47_47"></a><a href="#FNanchor_47_47"><span class="label">[47]</span></a> Se hará a la cancha: se acostumbrará. La frase está tomada del +vocabulario familiar de las carreras cuadreras.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_48_48" id="Footnote_48_48"></a><a href="#FNanchor_48_48"><span class="label">[48]</span></a> Mayoría: oficina del Sargento Mayor.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_49_49" id="Footnote_49_49"></a><a href="#FNanchor_49_49"><span class="label">[49]</span></a> Vistas: proyección de imágenes cinematográficas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_50_50" id="Footnote_50_50"></a><a href="#FNanchor_50_50"><span class="label">[50]</span></a> La Recoba: grafía arcaica, la correcta es Recova. La Recova +primitiva fue un edificio construido en tiempos del Virrey del Pino +(1803); ocupaba el centro de la actual Plaza de Mayo; constaba de un +arco central y veinticuatro arcadas, doce a cada lado. Durante la época +de Rosas (1835) el estado la sacó a remate, pero no se aceptó la oferta +que se hizo. Al año siguiente la compró Tomás Anchorena y durante la +Intendencia de Torcuato de Alvear (1883) fue expropiada y demolida.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_51_51" id="Footnote_51_51"></a><a href="#FNanchor_51_51"><span class="label">[51]</span></a> Paquete: elegante, que sigue la moda, bien vestido.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_52_52" id="Footnote_52_52"></a><a href="#FNanchor_52_52"><span class="label">[52]</span></a> Clases: individuos que forman los escalones intermedios entre los +oficiales y los soldados rasos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_53_53" id="Footnote_53_53"></a><a href="#FNanchor_53_53"><span class="label">[53]</span></a> Tiple: la más aguda de las voces humanas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_54_54" id="Footnote_54_54"></a><a href="#FNanchor_54_54"><span class="label">[54]</span></a> El Ministerio del Interior: Los ministerios del Gobierno Nacional +tenían su sede en la Casa Rosada.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_55_55" id="Footnote_55_55"></a><a href="#FNanchor_55_55"><span class="label">[55]</span></a> Navarro: partido de la provincia de Buenos Aires, tiene una +superficie de 1.625 km<sup>2</sup>; limita con los partidos de Mercedes, General +Las Heras, Lobos, Veinticinco de Mayo, Chivilcoy y Suipacha. Tuvo su +origen en un fortín de frontera en el último tercio del siglo XVIII.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_56_56" id="Footnote_56_56"></a><a href="#FNanchor_56_56"><span class="label">[56]</span></a> Valimiento: amparo, favor, protección, defensa.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_57_57" id="Footnote_57_57"></a><a href="#FNanchor_57_57"><span class="label">[57]</span></a> Pichuleador: conseguir afanosamente pequeñas ventajas en ventas o +negocios.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_58_58" id="Footnote_58_58"></a><a href="#FNanchor_58_58"><span class="label">[58]</span></a> La mosquita que le haré poner: amenaza con hacer público un +comentario que molestará.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_59_59" id="Footnote_59_59"></a><a href="#FNanchor_59_59"><span class="label">[59]</span></a> Fuste: fig. Nervio, sustancia o entidad. Importancia.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_60_60" id="Footnote_60_60"></a><a href="#FNanchor_60_60"><span class="label">[60]</span></a> Empeño: recomendación. Protector, padrino.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_61_61" id="Footnote_61_61"></a><a href="#FNanchor_61_61"><span class="label">[61]</span></a> Aceite para la máquina: eufemismo para referirse al soborno de los +empleados públicos por medio de dinero.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_62_62" id="Footnote_62_62"></a><a href="#FNanchor_62_62"><span class="label">[62]</span></a> Trote: fig. y fam. Apuro, trabajo, tarea pesada. Se usa con los +verbos dar y meter.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_63_63" id="Footnote_63_63"></a><a href="#FNanchor_63_63"><span class="label">[63]</span></a> Está faltando: al respeto, está diciendo inconveniencias.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_64_64" id="Footnote_64_64"></a><a href="#FNanchor_64_64"><span class="label">[64]</span></a> Judería; acción engañosa con que se obtienen procechos ilícitos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_65_65" id="Footnote_65_65"></a><a href="#FNanchor_65_65"><span class="label">[65]</span></a> Fariseo: fig. Hombre hipócrita.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_66_66" id="Footnote_66_66"></a><a href="#FNanchor_66_66"><span class="label">[66]</span></a> Prosopopeya: afectación de gravedad y pompa.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_67_67" id="Footnote_67_67"></a><a href="#FNanchor_67_67"><span class="label">[67]</span></a> La Convalecencia: Hospital de la Convalecencia; se hallaba situado +en el solar que ocupa actualmente el Hospital Nacional Neurosiquiátrico +de Hombres.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_68_68" id="Footnote_68_68"></a><a href="#FNanchor_68_68"><span class="label">[68]</span></a> Asenderado: fig. Que ha recorrido muchos senderos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_69_69" id="Footnote_69_69"></a><a href="#FNanchor_69_69"><span class="label">[69]</span></a> El Ministerio del interior: quizás se refiera a Bernardo de +Irigoyen (1822-1906), cuyo retrato coincide con la descripción, y que +entre los numerosos cargos públicos que ocupó, fue Ministro del Interior +durante una parte de la primera presidencia del general Roca +(1880-1886).</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_70_70" id="Footnote_70_70"></a><a href="#FNanchor_70_70"><span class="label">[70]</span></a> Camandulero: que procede con subterfugios e hipocresías.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_71_71" id="Footnote_71_71"></a><a href="#FNanchor_71_71"><span class="label">[71]</span></a> Tercio: cada uno de los tres grupos en que se dividía el personal +de una comisaría, para cumplir un turno de ocho horas.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_72_72" id="Footnote_72_72"></a><a href="#FNanchor_72_72"><span class="label">[72]</span></a> Ñudo, al: Inútilmente.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_73_73" id="Footnote_73_73"></a><a href="#FNanchor_73_73"><span class="label">[73]</span></a> Raspa: ladrón, ratero.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_74_74" id="Footnote_74_74"></a><a href="#FNanchor_74_74"><span class="label">[74]</span></a> Departamento Central: Departamento Central de Policía.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_75_75" id="Footnote_75_75"></a><a href="#FNanchor_75_75"><span class="label">[75]</span></a> Gorra, vivir de: vivir a costa de otro, sin pagar nada.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_76_76" id="Footnote_76_76"></a><a href="#FNanchor_76_76"><span class="label">[76]</span></a> Leguleyo: el que trata de leyes no conociéndolas sino vulgar y +escasamente.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_77_77" id="Footnote_77_77"></a><a href="#FNanchor_77_77"><span class="label">[77]</span></a> Quebrarse: hacer quiebros al bailar o caminar, como los +compadritos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_78_78" id="Footnote_78_78"></a><a href="#FNanchor_78_78"><span class="label">[78]</span></a> Renuncio: fig. Mentira o contradicción.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_79_79" id="Footnote_79_79"></a><a href="#FNanchor_79_79"><span class="label">[79]</span></a> Caramayolí: asalto.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_80_80" id="Footnote_80_80"></a><a href="#FNanchor_80_80"><span class="label">[80]</span></a> Biaba: asalto a mano armada.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_81_81" id="Footnote_81_81"></a><a href="#FNanchor_81_81"><span class="label">[81]</span></a> Dirse: forma de dicción inculta del verbo irse; aparece con más +frecuencia en el lenguaje rural que en el urbano.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_82_82" id="Footnote_82_82"></a><a href="#FNanchor_82_82"><span class="label">[82]</span></a> Champurriao: dicción inculta de champurreado. Mezclado (De +champurrear: mezclar un licor con otro y hablar mal un idioma +mezclándolo con otro; también chapurrear).</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_83_83" id="Footnote_83_83"></a><a href="#FNanchor_83_83"><span class="label">[83]</span></a> Ad hoc: expresión latina que significa «para esto», «para el caso».</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_84_84" id="Footnote_84_84"></a><a href="#FNanchor_84_84"><span class="label">[84]</span></a> Me sale con una pata de gallo: me dice un despropósito o tontería.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_85_85" id="Footnote_85_85"></a><a href="#FNanchor_85_85"><span class="label">[85]</span></a> Calle Buen Orden: actual Bernardo de Irigoyen.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_86_86" id="Footnote_86_86"></a><a href="#FNanchor_86_86"><span class="label">[86]</span></a> Mulita: fig. Flojo, timorato, miedoso.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_87_87" id="Footnote_87_87"></a><a href="#FNanchor_87_87"><span class="label">[87]</span></a> Clavar: engañar empleando malicia o fraude en los tratos y +contratos.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_88_88" id="Footnote_88_88"></a><a href="#FNanchor_88_88"><span class="label">[88]</span></a> Train: dicción inculta por «traen». Se trata de un fenómeno de +disimilación de dos vocales abiertas; es muy frecuente en el habla +inculta y rural.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_89_89" id="Footnote_89_89"></a><a href="#FNanchor_89_89"><span class="label">[89]</span></a> Reatado: atado apretadamente.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_90_90" id="Footnote_90_90"></a><a href="#FNanchor_90_90"><span class="label">[90]</span></a> La devaluación de la moneda papel con respecto a la moneda oro es +la base de esta estafa. Los 5.000 pesos oro valían 625.000 pesos papel.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_91_91" id="Footnote_91_91"></a><a href="#FNanchor_91_91"><span class="label">[91]</span></a> Mosca: dinero.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_92_92" id="Footnote_92_92"></a><a href="#FNanchor_92_92"><span class="label">[92]</span></a> Ramplón: tosco, vulgar, desaliñado.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_93_93" id="Footnote_93_93"></a><a href="#FNanchor_93_93"><span class="label">[93]</span></a> Calle de las Artes: actual Carlos Pellegrini.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_94_94" id="Footnote_94_94"></a><a href="#FNanchor_94_94"><span class="label">[94]</span></a> Chapetonada: inexperiencia o torpeza del que es nuevo en alguna +actividad.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_95_95" id="Footnote_95_95"></a><a href="#FNanchor_95_95"><span class="label">[95]</span></a> Patria Argentina: periódico político, noticioso, literario, +comercial; se publicó en Buenos Aires desde el 1º de enero de 1879 hasta +el 31 de octubre de 1885. Su director fue Alberto Gutiérrez y sus +redactores José María y Ricardo Gutiérrez. Sostenía la orientación del +Partido Nacionalista. En total publicó 2.370 números.</p></div> +</div> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Memorias de un vigilante, by +José S. Alvarez (AKA Fray Mocho) + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN VIGILANTE *** + +***** This file should be named 19543-h.htm or 19543-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/9/5/4/19543/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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