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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/17406-8.txt b/17406-8.txt new file mode 100644 index 0000000..d720809 --- /dev/null +++ b/17406-8.txt @@ -0,0 +1,8079 @@ +The Project Gutenberg EBook of Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Un viaje de novios + +Author: Emilia Pardo Barzán + +Release Date: December 28, 2005 [EBook #17406] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + +Un viaje de novios + +Por + +Emilia Pardo Bazán + +Pueyo + +Madrid + +1919 + + + + +Prefacio + + +En Septiembre del pasado año 1880, me ordenó la ciencia médica beber las +aguas de Vichy en sus mismos manantiales, y habiendo de atravesar, para +tal objeto, toda España y toda Francia, pensé escribir en un cuaderno +los sucesos de mi viaje, con ánimo de publicarlo después. Mas acudió al +punto a mi mente el mucho tedio y enfado que suelen causarme las +híbridas obrillas viatorias, las «Impresiones» y «Diarios» donde el +autor nos refiere sus éxtasis ante alguna catedral o punto de vista, y a +renglón seguido cuenta si acá dio una peseta de propina al mozo, y si +acullá cenó ensalada, con otros datos no menos dignos de pasar a la +historia y grabarse en mármoles y bronces. Movida de esta consideración, +resolvime a novelar en vez de referir, haciendo que los países por mí +recorridos fuesen escenario del drama. + +Bastaría con lo dicho para prólogo y antecedentes de mi novela, que más +no exige ni merece; pero ya que tengo la pluma en la mano, me entra +comezón de tocar algunos puntos, si no indispensables, tampoco +impertinentes aquí. A quien parezcan enojosos, queda el fácil arbitrio +de saltarlos y pasar sin demora al primer capítulo de UN VIAJE DE +NOVIOS, y plegue a Dios no se el antoje después peor que la enfermedad +el remedio. + +Tiene cada época sus luchas literarias, que a veces son batallas en toda +la línea--como la empeñada entre clasicismo y romanticismo--y otras se +concretan a un terreno parcial. O mucho me equivoco o este terreno es +hoy la novela y el drama, y en el extranjero, la novela sobre todo. +Reina en la poesía lírica, por ejemplo, libertad tal, que raya en +anarquía, sin que nadie de ello se espante, mientras la escuela de +noveladores franceses que enarbolan la bandera realista o naturalista, +es asunto de encarnizada discusión y suscita tan agrias censuras como +acaloradas defensas. Sus productos recorren el globo, mal traducidos, +peor arreglados, pero con segura venta y número de ediciones +incalculable. Es de buen gusto horrorizarse de tales engendros, y +certísimo que el que más se horroriza no será por ventura el que menos +los lea. Para el experto en cuestiones de letras, todo ello indica algo +original y característico, fase nueva de un género literario, un signo +de vitalidad, y por tal concepto, más reclama detenido examen que +sempiterno desprecio o ciego encomio. + +De la pugna surgió ya algún principio fecundo, y tengo por importante +entre todos el concepto de que la novela ha dejado de ser mero +entretenimiento, modo de engañar gratamente unas cuantas horas, +ascendiendo a estudio social, psicológico, histórico, pero al cabo +estudio. Dedúcese de aquí una consecuencia que a muchos sorprenderá: a +saber, que no son menos necesarias al novelista que las galas de la +fantasía, la observación y el análisis. Porque en efecto, si reducimos +la novela a fruto de lozana inventiva, pararemos en proponer como ideal +del género las _Sergas de Esplandián_ o las _Mil y una noches_. En el +día--no es lícito dudarlo--la novela es traslado de la vida, y lo único +que el autor pone en ella, es su modo peculiar de ver las cosas reales: +bien como dos personas, refiriendo un mismo suceso cierto, lo hacen con +distintas palabras y estilo. Merced a este reconocimiento de los fueros +de la verdad, el realismo puede entrar, alta la frente, en el campo de +la literatura. + +Puesto lo cual, cumple añadir que el discutido género francés novísimo +me parece una dirección realista, pero errada y torcida en bastantes +respectos. Hay realismos de realismos, y pienso que a ese le falta o más +bien le sobra algo para alardear de género de buena ley y durable +influjo en las letras. El gusto malsano del público ha pervertido a los +escritores con oro y aplauso, y ellos toman por acierto suyo lo que no +es sino bellaquería e indelicadeza de los lectores. No son las novelas +naturalistas que mayor boga y venta alcanzaron, las más perfectas y +reales; sino las que describen costumbres más licenciosas, cuadros más +libres y cargados de color. ¿Qué mucho que los autores repitan la dosis? +Y es que antes se llega a la celebridad con escándalo y talento, que con +talento solo; y aun suple a veces al talento el escándalo. Zola mismo lo +dice: el número de ediciones de un libro no arguye mérito, sino éxito. + +No censuro yo la observación paciente, minuciosa, exacta, que distingue +a la moderna escuela francesa: desapruebo como yerros artísticos, la +elección sistemática preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados, +la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, más que +todo, un defecto en que no sé si repararon los críticos: la perenne +solemnidad y tristeza, el ceño siempre torvo, la carencia de notas +festivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea. Para mí es +Zola el más hipocondriaco de los escritores habidos y por haber; un +Heráclito que no gasta pañuelo, un Jeremías que así lamenta la pérdida +de la nación por el golpe de Estado, como la ruina de un almacén de +ultramarinos. Y siendo la novela, por excelencia, trasunto de la vida +humana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, lágrimas y +risas, el fondo de la eterna tragicomedia del mundo. + +Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el puñal y el +veneno de la escuela romántica, pero, en cambio, sacan a la escena una +cara de viernes mil veces más indigesta. + +¡Oh, y cuán sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional, +tradición gloriosísima del arte hispano! ¡Nuestro realismo, el que ríe y +llora en la _Celestina_ y el _Quijote_, en los cuadros de Velázquez y +Goya, en la vena cómico-dramática de Tirso y Ramón de la Cruz! ¡Realismo +indirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiración; +no desdeñoso del idealismo, y gracias a ello, legítima y profundamente +humano, ya que, como el hombre, reúne en sí materia y espíritu, tierra y +cielo! Si considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la +literatura apenas produce a los que la cultivan un mendrugo de amargo +pan, cuando apenas hay público que lea ni aplauda, todavía nos adornan +novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en +perspicacia observadora van en zaga a sus compañeros de Francia e +Inglaterra (países donde el escribir buenas novelas es profesión, a más +de honrosa, lucrativa), enorgullézcome de las ricas facultades de +nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que logran los +ingenios de España, y me abochorna la preferencia vergonzosa que tal vez +concede la multitud a rapsodias y versiones pésimas de Zola, habiendo en +España Galdós, Peredas, Alarcones y otros más que omito por no alargar +la nomenclatura. + +Si a algún crítico ocurriese calificar de realista esta mi novela, como +fue calificada su hermana mayor _Pascual López_, pídole por caridad que +no me afilie al realismo transpirenaico, sino al nuestro, único que me +contenta y en el cual quiero vivir y morir, no por mis méritos, si por +mi voluntad firme. Tanto es mi respeto y amor hacia nuestros modelos +nacionales, que acaso por mejor imitarlos y empaparme en ellos, di a +_Pascual López_ el sabor arcaico, ensalzado hasta las nubes por la +benevolencia de unos, por otros censurado; pero, en mi humilde parecer, +no del todo fuera de lugar en una obra que intenta--en cuanto es posible +en nuestros días, y en cuanto lo consiente mi escaso ingenio--recordar +el sazonadísimo y nunca bien ponderado género picaresco. No tendría +disculpa si emplease el mismo estilo en UN VIAJE DE NOVIOS, de índole +más semejante a la de la moderna novela llamada de costumbres. + +Aun pudiera curarme en salud, vindicándome anticipadamente de otro cargo +que tal vez me dirija algún malhumorado censor. Hay quien cree que la +novela debe probar, demostrar o corregir algo, presentando al final +castigado el vicio y galardonada la virtud, ni más ni menos que en los +cuentecicos para uso de la infancia. Exigencia es esta a que no están +sujetos pintores, arquitectos ni escultores: que yo sepa, nadie puso +tacha a Velázquez porque de sus _Hilanderas_ o sus _Niños bobos_ no +resulte lección edificante alguna. Sólo al mísero escritor entregan +férula y palmeta a fin de que vapulee a la sociedad, pero con tal +disimulo, que ésta haya de tomar los disciplinazos por caricias, y +enmendarse a puros entretenidos azotes. Yo de mí sé decir que en arte me +enamora la enseñanza indirecta que emana de la hermosura, pero aborrezco +las píldoras de moral rebozadas en una capa de oro literario. Entre el +impudor frío y afectado de los escritores naturalistas y las homilías +sentimentales de los autores que toman un púlpito en cada dedo y se van +por esos trigos predicando, no escojo; me quedo sin ninguno. Podrá este +mi criterio parecer a unos laxo, a otros en demasía estrecho: a mí me +basta saber que, prácticamente, lo profesaron Cervantes, Goethe, Walter +Scott, Dickens, los príncipes todos de la romancería. + +Y perdóname, lector benigno, que a tan ilustres personajes haya traído +de los cabellos con ocasión de mis insignificantes escritos. Por ventura +suele la vista de una charca recordar el Océano; mas la charca, charca +se queda. Harto se lo sabe ella, y bien le pesa de su pequeñez; pero no +la hizo Dios más grande, por lo cual echará mano de la resignación que a +ti te desea, si has de recorrer estas páginas. + +EMILIA PARDO BAZÁN + + + + +Un viaje de novios + + + + +-I- + + +Que la boda no era de gentes del gran mundo, conocíase a tiro de +ballesta, a la primer ojeada. No hay duda que los desposados podían +alternar con la más selecta sociedad, al menos por su aspecto exterior; +pero la mayoría del acompañamiento, el coro, pertenecía a la clase +media, en el límite en que casi se funde con la masa popular. Había +grupos curiosos y dignos de examen, ofreciendo el andén de la estación +de León golpe de vista muy interesante para un pintor de género y +costumbres. + +Ni más ni menos que en los países de abanico cuyas mitológicas pinturas +representan nupcias, se notaba allí que el séquito de la novia lo +componían hembras, y sólo individuos del sexo fuerte formaban el del +novio. Advertíase asimismo gran diferencia entre la condición social de +uno y otro cortejo. La escolta de la novia, mucho más numerosa, parecía +poblado hormiguero: viejas y mozas llevaban el sacramental traje de +negra lana, que viene a ser como uniforme de ceremonia para la mujer de +clase inferior, no exenta, sin embargo, de ribetes señoriles: que el +pueblo conserva aun el privilegio de vestirse de alegres colores en las +circunstancias regocijadas y festivas. Entre aquellas hormigas humanas +habíalas de pocos años y buen palmito, risueñas unas y alborotadas con +la boda, otras quejumbrosicas y encendidos los ojos de llorar, con la +despedida. Media docena de maduras dueñas las autorizaban, sacando de +entre el velo del manto la nariz, y girando a todas partes sus pupilas +llenas de experiencia y malicia. Todo el racimo de amigas se apiñaba en +torno de la nueva esposa, manifestando la pueril y ávida curiosidad que +despierta en las multitudes el espectáculo de las situaciones supremas +de la existencia. Se estaban comiendo a miradas a la que mil veces +vieran, a la que ya de memoria sabían: a la novia, que con el traje de +camino se les figuraba otra mujer, diversísima de la conocida hasta +entonces. Contaría la heroína de la fiesta unos diez y ocho años: +aparentaba menos, atendiendo al mohín infantil de su boca y al redondo +contorno de sus mejillas, y más, consideradas las ya florecientes curvas +de su talle, y la plenitud de robustez y vida de toda su persona. Nada +de hombros altos y estrechos, nada de inverosímiles caderas como las que +se ven en los grabados de figurines, que traen a la memoria la muñeca +rellena de serrín y paja; sino una mujer conforme, no al tipo +convencional de la moda de una época, pero al tipo eterno de la forma +femenina, tal cual la quisieron natura y arte. Acaso esta superioridad +física perjudicaba un tanto al efecto del caprichoso atavío de viaje de +la niña: tal vez se requería un cuerpo más plano, líneas más duras en +los brazos y cuello, para llevar con el conveniente desenfado el traje +semimasculino, de paño marrón, y la toca de paja burda, en cuyo casco se +posaba, abiertas las alas, sobre un nido de plumas, tornasolado colibrí. +Notábase bien que eran nuevas para la novia tales extrañezas de ropaje, +y que la ceñida y plegada falda, el casaquín que modelaba exactamente su +busto le estorbaban, como suele estorbar a las doncellas en el primer +baile la desnudez del escote: que hay en toda moda peregrina algo de +impúdico para la mujer de modestas costumbres. Además, el molde era +estrecho para encerrar la bella estatua, que amenazaba romperlo a cada +instante, no precisamente con el volumen, sino más bien con la libertad +y soltura de sus juveniles movimientos. No se desmentía en tan lucido +ejemplar la raza del recio y fornido anciano, del padre que allí se +estaba derecho, sin apartar de su hija los ojos. El viejo, alto, recto y +firme, como un poste del telégrafo, y un jesuita bajo y de edad mediana, +eran los únicos varones que descollaban entre el consabido hormiguero +femenil. + +Al novio le rodeaban hasta media docena de amigos: y si el séquito de la +novia era el eslabón que une a clase media y pueblo, el del novio tocaba +en esa frontera, en España tan indeterminada como vasta, que enlaza a la +mesocracia con la gente de alto copete. Cierta gravedad oficial, la tez +marchita y como ahumada por los reverberos, no sé qué inexplicable matiz +de satisfacción optimista, la edad tirando a madura, signos eran que +denotaban hombres llegados a la meta de las humanas aspiraciones en los +países decadentes: el ingreso en las oficinas del Estado. Uno de ellos +llevaba la voz, y los demás le manifestaban singular deferencia en sus +ademanes. Animaba aquel grupo una jovialidad retozona, contenida por el +empaque burocrático: hervía también allí la curiosidad, menos ingenua y +descarada, pero más aguda y epigramática que en el hormiguero de las +amigas. Había discretos cuchicheos, familiaridades de café indicadas por +un movimiento o un codazo, risas instantáneamente reprimidas, aires de +inteligencia, puntas de puros arrojadas al suelo con marcialidad, brazos +que se unían como en confidencia tácita. La mancha clara del sobretodo +gris del novio se destacaba entre las negras levitas, y su estatura +aventajada dominaba también las de los circunstantes. Medio siglo menos +un lustro, victoriosamente combatido por un sastre, y mucho aliño y +cuidado de tocador; las espaldas queriendo arquearse un tanto sin +permiso de su dueño; un rostro de palidez trasnochadora, sobre el cual +se recortaban, con la crudeza de rayas de tinta, las guías del engomado +bigote; cabellos cuya raridad se advertía aún bajo el ala tersa del +hongo de fieltro ceniza; marchita y abolsada y floja la piel de las +ojeras; terroso el párpado y plúmbea la pupila, pero aún gallarda la +apostura y esmeradamente conservados los imponentes restos de lo que +antaño fue un buen mozo, esto se veía en el desposado. Quizás ayudaba el +mismo primor del traje a patentizar la madurez de los años: el luengo +sobretodo ceñía demasiado el talle, no muy esbelto ya; el fieltro, +ladeado gentilmente, pedía a gritos las mejillas y sienes de un mancebo. +Pero así y todo, entre aquella colección de vulgares figuras de +provincia, tenía la del novio no sé qué tufillo cortesano, cierto +desenfado de hombre hecho a la vida ancha y fácil de los grandes +centros, y la soltura de quien no conoce escrúpulos, ni se para en +barras cuando el propio interés está en juego. Hasta se distinguía del +grupo de sus amigos, por la reserva de buen género con que acogía las +insinuaciones y bromas _sotto voce_, tan adecuadas al carácter +mesocrático de la boda. + +Anunciaba ya la máquina con algún silbido la próxima marcha; acelerábase +en el andén el movimiento que la precede, y temblaba el suelo bajo la +pesadumbre de los rodantes camiones, cargados de bultos de equipaje. +Oyose por fin el grito sacramental de los empleados. Hasta entonces las +gentes de la despedida habían conversado en voz queda, +confidencialmente, por parejas: el cercano desenlace pareció +reanimarlas, desencantarlas, mudando la escena en un segundo. Corrió la +novia a su padre, abiertos los brazos, y el viejo y la niña se +confundieron en un abrazo largo, verdadero, popular, abrazo en que +crujían los huesos y el aliento se acortaba. Salían de las bocas, casi +unidas, entrecruzadas y rápidas frases. + +--Que escribas... cuidado me llamo... todos los días, ¿eh? No bebas agua +fría cuando estés sudando.... Tu marido lleva dinero... pedid más si se +acaba. + +--No se aflija usted, señor.... Yo haré por volver pronto.... Cuídese +usted mucho, por Dios... atienda usted al asma.... Vaya usted de tiempo +en tiempo a ver al señor de Rada.... Si tiene usted algo, un telegrama +volando.... ¿Palabra de honor? + +Después vinieron los apretones, los besucones, los pucheros del +acompañamiento femenino, y el último encargo, y el último deseo.... + +--Dios os haga dichosos... como patriarcas.... + +--San Rafael te acompañe, hija. + +--¡Quién como tú, chica!, ¡a Francia en un vuelo! + +--No te olvides de mi abrigo.... ¿Van en el mundo las medias? +¿Confundirás los hilos? + +--Mira que las tiras bordadas no sean de ojales, que de esas ya las hay +por acá. + +--Abre bien esos ojazos, míralo todito, ¡y después nos contarás cada +cosa!... + +--Padre Urtazu--dijo la desposada llegándose al que su negra faja +declaraba por jesuita, y, asiéndole la mano, sobre la cual cayeron a un +tiempo sus labios y dos lágrimas, claras como agua--, pida usted a Dios +por mí.... + +Y acercándose más, añadió bajito: + +--Que si papá tiene algo, me lo avise usted, usted ¿verdad? Yo le +enviaré a usted las señas de todas partes donde nos detengamos.... No me +lo descuide usted; ¿irá usted de vez en cuando a ver cómo lo pasa? Se +queda el pobre tan solito.... + +Alzó el jesuita la cabeza y fijó en la niña sus ojos levemente bizcos, +como son los de las personas hechas a concentrar y sujetar la mirada. Y +con la vaga sonrisa distraída de las gentes meditabundas, y en el propio +tono confidencial: + +--Vete en paz, y Dios Nuestro Señor te acompañe, que es buen +acompañante--contestó--. Ya he rezado por ti el itinerario, para que +volvamos tan sanos y satisfechos.... Acuérdate de lo que te avisé, +chiquilla; ahora ya somos, como quien dice, una señora casada y de +respeto; y aunque nos parece que todo se va a volver florecicas y mieles +en el nuevo estado, y nos largamos por esos mundos a echar canas al aire +y divertirnos.... ¡cuidadito, cuidadito!, puede que donde menos se +piense salte la liebre, y tengamos rabietas, y pruebecitas y trabajos +que no tuvimos de niños.... No ser tonta entonces.... ¿eh? Ya sabemos +que Aquel que anda por allá arriba moviendo aquellas estrellas tan +preciosas, es el único que nos entiende y nos consuela cuando a Él le +parece... mira, en vez de tanto trapo como has metido en las maletas, +mete paciencia, ¡chiquilla! mete paciencia. Es mejor aún que el árnica y +los emplastos...; si a quien era tan grande le hizo falta para aguantar +aquella cruz, tú que eres chiquitita.... + +Durara aún la homilía, acompañada de blandos golpecitos en los hombros, +a no interrumpirla la trepidación del tren, brusca como la realidad. +Produjose confusión momentánea. Se apresuró el novio a despedirse de +todo el mundo con cierta llaneza cordial, donde ojos expertos podían +advertir matices de afectación y superioridad protectora. Al suegro +abrazó con un solo abrazo, y recostole en el hombro la mano, pulcramente +calzada con guante de castor, color bronce. + +--Escriba usted si se enferma la chica--suplicó con paternal angustia, +preñado de lágrimas los ojos, el viejo. + +--Pierda usted cuidado, señor Joaquín..., ¡no hay que afectarse, vamos!, +cuenta con esa salud.... Adiós, Mendoya, adiós, Santián.... Gracias, +gracias. Señor gobernador de la provincia, a mi vuelta, reclamo esas +ofrecidas botellas de Pedro Jiménez.... ¡No se haga usted el olvidadizo! +Lucía, hay que subirse: el tren andará en seguida, y las señoras no +pueden.... + +Y con ademán cortés y discreto ayudó a subir a la novia, empujándola +levemente por el talle. Después saltó él, sin casi apoyarse en el +estribo, arrojando antes el puro a medio fumar. + +Ya oscilaba la férrea culebra cuando él penetró en el departamento, +cerrando la portezuela tras de sí. El compasado balance fue +acelerándose, y el tren completo cruzó ante las gentes de la despedida, +dejándoles en los ojos confusos torbellino de líneas, de colores, de +números, la visión rápida de las cabezas asomadas a todas las +ventanillas. Algún tiempo se distinguió la cara de Lucía, sofocada y +bañada en llanto, y su pañuelo que se agitaba, y oyose su voz diciendo: +Adiós, papá..., padre Urtazu, adiós, adiós.... Rosario.... Carmen..., +abur.... Al fin se perdió todo en la distancia, la escamosa sierpe del +tren revelose a lo lejos por una mancha obscura, luego por desmadejado +penacho de turbio vapor, que presto se disipó también en el ambiente. +Más allá del andén, extrañamente silencioso ya, resplandecía el cielo +claro, de acerado azul; se extendían monótonas las interminables +campiñas; los rieles señalaban como arrugas en la árida faz de la +tierra. Un gran silencio pesaba sobre la estación. Quedáronse inmóviles +los acompañantes, como sobrecogidos por el aturdimiento de la ausencia. +Fueron los amigos del novio los primeros en moverse y hablar. Se +despidieron del padre con rápidos apretones de mano y frases triviales +de sociedad, un tanto descuidadas en la forma, como dirigidas de +superior a inferior; tras de lo cual, el pelotón entero tomó el camino +de la ciudad, reanudando la broma y algazara. + +Por su parte, el séquito de la novia empezó a animarse también, y a +vueltas de algún suspiro y de limpiarse los ojos con los pañuelos y aun +con el dorso de la mano, fueron rebullendo los grupos de hormigas +negras, con ánimo de abandonar el andén. La incontrastable fuerza de los +hechos las empujaba a la vida real. Hasta el padre sacudió la cabeza, +alzó con elocuente resignación los hombros, y rompió el primero a andar. +A su lado iba el jesuita, que estiraba su corta estatura para hablarle, +sin conseguir, a pesar de sus laudables esfuerzos, que el cerquillo de +su corona pasase más allá de los atléticos hombros del viejo afligido. + +--¡Vaya, señor Joaquín--decía el padre Urtazu--, que ahora sienta bien +esa cara de Viernes santo! ¡No parece sino que a la chica se la llevan +robada y que usted no es gustoso en el enlace! ¡Pues estamos buenos, +hombre! ¿No ha sido usted mismo, desgraciado, quien resolvió este +casorio? ¿A qué vienen los gimoteos? + +--¡Y si en todo lo que uno hace estuviese seguro del acierto!--pronunció +con ahogada voz el señor Joaquín, balanceando su cuello de toro. + +--Eso se mira antes..., ¡pero teníamos tanta prisa..., tanta prisa, que +no sé para qué sirven esos pelos blancos y esos añitos que llevamos +acuestas! Lo mismito estábamos que los chicos de mi clase cuando les +ofrezco contarles algo, que se les despierta la curiosidad... y no les +cabe en el cuerpo la impaciencia. A fe de Alonso, que parecía usted la +novia... digo, no; porque la novia, maldito el apuro que.... + +--¡Ay padre! ¿Si tendría usted razón? usted quería diferir la boda.... + +--No, poco a poco; cepitos quedos, amigo: yo quería no hacerla. Soy muy +claro. + +El señor Joaquín se puso más tétrico aún. + +--¡Por vida de la Constitución! ¡Qué aprieto y qué compromiso es para un +padre!... + +--Tener hijas--concluyó el jesuita con su vaga sonrisa, adelantando el +belfo labio, en mueca de benévolo desdén. Y añadió--: El peor aprieto es +ser más terco que una mula, con perdón sea dicho, y creer que el pobre +Padre Urtazu sólo entiende de sus piedras y de sus astros y de su +microscopio, y es un bolonio, un simplón, para aconsejar en la vida.... + +--No me aflija usted más, Padre. Harto tendré con no ver a Lucía en qué +sé yo qué tiempo. Sólo me faltaba que también salga mal la cosa, y que +pase ella penas.... + +--Bueno, bueno. Déjese de eso ya: a lo hecho, pecho. Esto de +matrimonios, sólo lo ata y lo desata el de arriba. ¿Y quién sabe si +saldrá muy bien, a pesar de todos mis agüeros y mis necedades? Porque +¿quién soy yo sino un cegato, un miope? ¡Bah! Esto es como lo que pasa +con el microscopio. Mira usted una gota de agua a simple vista ¡y parece +tan clara!, vamos, que dan ganas de bebérsela. Pero aplique usted +aquellos lentecicos y... ¡zas, zis!, ya se encuentra usted con los +bicharracos y las bacterias que bailan dentro un rigodón.... Pues el que +anda por allá, encimita de las nubes, también ve cosas que a los bobos +de por acá nos parecen tan sencillas... y para él tienen su _quid_.... +¡Bah, bah!, él se encargará de arreglarnos las cosas... nosotros, ni que +nos empeñemos. + +--Lleva usted razón.... Dios sobre todo--aprobó el señor Joaquín, +arrancando doliente suspiro de la vasta cavidad de su pecho. Esta noche, +con el mal rato, la condenada asma va a darme qué hacer.... Encuentro ya +la respiración muy corta. Dormiré, si duermo, casi incorporado. + +--Llame, llame a ese mala cabeza de Rada... tiene mucho acierto--murmuró +el jesuita considerando compadecido, a la luz oblicua del sol de otoño, +la inyectada tez y los ojos edematosos del viejo. + +Mientras el acompañamiento desfilaba, con lentitud de duelo, por las +calles mal empedradas de León, el tren corría, corría, dejando atrás las +interminables alamedas de chopos que parecen un pentagrama donde fuesen +las notas verde claro, sobre el crudo tono rojizo de las llanadas. Hecha +Lucía un ovillo en la esquina del departamento, sollozaba sin amargura, +con algún hipo, con vehemente llanto de niña inconsolable. Bien +comprendía el novio que le tocaba decir algo, mostrarse afectuoso, +compartir aquel primer dolor, ponerle término; mas hay en la vida +situaciones especiales, casos en que no tropieza ni se embaraza la gente +sencilla, y en que acaso el hombre de mundo y experiencia se convierte +en doctrino. Preferible es en ocasiones un adarme de corazón a una +arroba de habilidad; donde fracasan las huecas fórmulas, vence el +sentimiento, con su espontánea elocuencia. A fuerza de quebrarse los +cascos ideando manera de anudar el diálogo con su esposa, ocurriole al +novio aprovechar una circunstancia insignificante. + +--Lucía--le dijo en voz algo turbada--múdate de ventanilla, hija mía, +córrete acá; ahí te da el sol de lleno, y es tan malsano.... + +Levantose Lucía con automática rigidez, pasó al lado opuesto del +departamento, y dejándose caer de golpe, tornó a cubrir el semblante con +el fino pañuelo, y se oyeron otra vez sus sollozos y el anhelar de su +seno juvenil. + +Levemente frunció el ceño el novio, que no en vano había corrido +cuarenta y pico de años de la vida cercado de gentes de festivo humor y +fácil trato y huyendo de las escenas de lagrimitas y de lástimas y +disgustos que alteraban por extraño modo el equilibrio de sus nervios, +desagradándole como desagrada a las gentes de mediano nivel intelectual +el sublime horror de la tragedia. Al gesto con que manifestó su +impaciencia, siguió un alzar de hombros que claramente quería decir: +«Caiga el chubasco, que el aguase agota también, y tras de la lluvia +viene el buen tiempo». Resuelto, pues, a aguardar que descargase la +nube, dio comienzo a minucioso examen de sus enseres de camino, +enterándose de si abrochaban bien las hebillas del correaje de la manta, +y de si su bastón y paraguas iban en debida y conveniente forma liados +con el quitasol de Lucía. Cerciorose asimismo de que una cartera de +cuero de Rusia y plateados remates que pendiente de una correa llevaba +terciada al costado, abría y cerraba fácilmente con la llavecica de +acero, que volvió a guardar en el bolsillo del chaleco, con cuidado +sumo. Después sacó de las hondas faltriqueras del sobretodo el +_Indicador de los Caminos de Hierro_, y con el dedo índice, fue +recorriendo las estaciones del itinerario de viaje. + + + + +-II- + + +Es de rigor saber de qué boca partió el soplo que encendió la antorcha +de aquellas nupcias. + +Mancebo, en los verdores de la edad, fuerte como un toro y laborioso +como manso buey, salió de su patria el señor Joaquín, a quien entonces +nombraban Joaquín a secas. Colocado en Madrid en la portería de un +magnate que en León tiene solar, dedicose a corredor, agente de negocios +y hombre de confianza de todos los honrados individuos de la +maragatería. Buscabales posada, proporcionabales almacén seguro para la +carga, se entendía con los comerciantes y era en suma la providencia de +la tierra de Astorga. Su honradez grande, su puntualidad y su celo le +granjearon crédito tal, que llovían comisiones, menudeaban encargos, y +caían en la bolsa, como apretado granizo, reales, pesos duros y +doblillas en cantidad suficiente para que, al cabo de quince años de +llegado a la corte, pudiese Joaquín estrechar lazos eternos con una +conterránea suya, doncella de la esposa del magnate y señora tiempo +hacía de los enamorados pensamientos del portero; y verificado ya el +connubio, establecer surtida lonja de comestibles, a cuyo frente +campeaba en doradas letras un rótulo que decía: _El Leonés. +Ultramarinos_. De corredor pasó entonces a empresario de maragatos; +comproles sus artículos en grueso y los vendió en detalle; y a él +forzosamente hubo de acudir quien en Madrid quería aromático chocolate +molido a brazo, o esponjosas mantecadas de las que sólo las astorganas +saben confeccionar en su debido punto. Se hizo de moda desayunarse con +el Caracas y las frutas de horno del Leonés; comenzó el magnate, su +antiguo amo, dándole su parroquia, y tras él vino la gente de alto +copete, engolosinada por el arcaico regalo de un manjar digno de la mesa +de Carlos IV y Godoy. Y fue de ver como el señor Joaquín, ensanchando +los horizontes de su comercio, acaparó todas las especialidades +nacionales culinarias: tiernos garbanzos de Fuentesaúco, crasos chorizos +de Candelario, curados jamones de Caldelas, dulce extremeña bellota, +aceitunas de los sevillanos olivares, melosos dátiles de Almería y +áureas naranjas que atesoran en su piel el sol de Valencia. De esta +suerte y con tal industria granjeó Joaquín, limpia si no hidalgamente, +razonables sumas de dinero; y si bien las ganó, mejor supo después +asegurarlas en tierras y caserío en León; a cuyo fin hizo frecuentes +viajes a la ciudad natal. A los ocho años de estéril matrimonio naciole +una niña grande y hermosa, suceso que le alborozó como alborozaría a un +monarca el natalicio de una princesa heredera; más la recia madre +leonesa no pudo soportar la crisis de su fecundidad tardía, y enferma +siempre, arrastró algunos meses la vida, hasta soltarla de malísima +gana. Con faltarle su mujer, faltole al señor Joaquín la diestra mano, y +fue decayendo en él aquella ufanía con que dominaba el mostrador, +luciendo su estatura gigantesca, y alcanzando del más encumbrado estante +los cajones de pasas, con sólo estirar su poderoso brazo y empinarse un +poco sobre los anchos pies. Se pasaba horas enteras embobado, fija la +vista maquinalmente en los racimos de uvas de cuelga que pendían del +techo, o en los sacos de café hacinados en el ángulo más obscuro de la +lonja, y sobre los cuales acostumbraba la difunta sentarse para hacer +calceta. En suma, él cayó en melancolía tal, que vino a serie +indiferente hasta la honrada y lícita ganancia que debía a su industria: +y como los facultativos le recetasen el sano aire natal y el cambio de +vida y régimen, traspasó la lonja, y con magnanimidad no indigna de un +sabio antiguo, retirose a su pueblo, satisfecho con lo ya logrado, y sin +que la sedienta codicia a mayor lucro le incitase. Consigo llevó a la +niña Lucía, única prenda cara a su corazón, que con pueriles gracias +comenzaba ya a animar la tienda, haciendo guerra crudísima y sin tregua +a los higos de Fraga y a las peladillas de Alcoy, menos blancas que los +dientes chicos que las mordían. + +Creció la niña como lozano arbusto nacido en fértil tierra: dijérase que +se concentraba en el cuerpo de la hija la vida toda que por su causa +hubo de perder la madre. Venció la crisis de la infancia y pubertad sin +ninguno de esos padecimientos anónimos que empalidecen las mejillas y +apagan el rayo visual de las criaturas. Equilibráronse en su rico +organismo nervios y sangre, y resultó un temperamento de los que ya van +escaseando en nuestras sociedades empobrecidas. + +Se desarrollaron paralelamente en Lucía el espíritu y el cuerpo, como +dos compañeros de viaje que se dan el brazo para subir las cuestas y +andar el mal camino; y ocurrió un donoso caso, que fue que mientras el +médico materialista, Vélez de Rada, que asistía al señor Joaquín, se +deleitaba en mirar a Lucía, considerando cuán copiosamente circulaba la +vida por sus miembros de Cibeles joven, el sabio jesuita, padre Urtazu, +se encariñaba con ella a su vez, encontrándole la conciencia clara y +diáfana como los cristales de su microscopio: sin que se diesen cuenta +de que acaso ambos admiraban en la niña una sola y misma cosa, vista por +distinto lado, a saber: la salud perfecta. + +Quiso el señor Joaquín, a su modo, educar bien a Lucía; y en efecto, +hizo cuanto es posible para estropear la superior naturaleza de su hija, +sin conseguirlo, tal era ella de buena. Impulsado, por una parte, por el +deseo de dar a Lucía conocimientos que la realzasen, recelando, de otra, +que se dijese por el pueblo en son de burla que el tío Joaquín aspiraba +a una hija señorita, educola híbridamente, teniéndola como externa en un +colegio, bajo la férula de una directora muy remilgada, que afirmaba +saberlo todo. Allí enseñaron a Lucía a chapurrear algo el francés y a +teclear un poco en el piano; ideas serias, perdone usted por Dios; +conocimientos de la sociedad, cero; y como ciencia femenina-ciencia +harto más complicada y vasta de lo que piensan los profanos--, alguna +laborcica tediosa e inútil, amén de fea; cortes de zapatillas de pésimo +gusto, pecheras de camisa bordadas, faltriqueras de abalorio... +Felizmente el padre Urtazu sembró entre tanta tierra vana unos cuantos +granitos de trigo, y la enseñanza religiosa y moral de Lucía fue, aunque +sumaria, recta y sólida, cuanto eran fútiles sus estudios de colegio. +Tenía el padre Urtazu más de moralista práctico que de ascético, y la +niña tomó de él más documentos provechosos para la conducta, que +doctrina para la devoción. De suerte que sin dejar de ser buena +cristiana, no pasó a fervorosa. La completa placidez de su temperamento +vedaba todo extremo de entusiasmo a su alma: algo había en aquella niña +del reposo olímpico de las griegas deidades; ni lo terrenal ni lo divino +agitaban la serena superficie del ánimo. Solía decir el padre Urtazu, +adelantando el labio con su acostumbrado visaje: + +--Estamos dormiditos, dormiditos; pero ya sé yo que no estamos +muertecitos... y el día en que nos despertemos... tendrá que ver. Dios +quiera que para bien sea. + +Eran las amigas de Lucía Rosarito, la hija de la fondista doña Agustina; +Carmen, la sobrina del magistral, y varias doncellas de análoga +posición, entre las cuales muchas soñaban con el blando sosiego, con la +apacible uniformidad de la vida conventual, y hacían pintura tentadora +de las delicias del claustro, del sentimiento suavísimo del día de la +profesión, cuando coronadas de flores bajo el cándido velo, se +ofreciesen a Cristo, con el refinado dulzor de añadir: «para siempre, +para siempre». Oíalas Lucía sin que una sola fibra de su ser +respondiese, vibrando, a aquel ideal. La vida activa la llamaba con +voces enérgicas y profundas. No obstante, tampoco la inspiraban deseo de +imitarlas otras compañeras suyas, a quienes veía esconder furtivamente +en el corpiño la cartita, o asomarse al balcón prontas, ruborizadas y +ansiosas. En su infancia, prolongada por la inocencia y la radiante +salud, no cabían más placeres que correr por las alamedas que a León +rodean, brincar con regocijo, cual pudiera adolescente ninfa retozando +por los valles helenos. + +Creía el señor Joaquín a pie juntillas haber dado educación bastante a +su hija, y aun le pareció de perlas el destrozo de valses y _fantasías_ +que sin compasión ejecutaban en el piano sus dedos inhábiles. Por muy +recóndita que la guardase allá en los postreros rincones del +pensamiento, no faltaba al leonés la aspiración propia de todo hombre +que ejerce humildes oficios, y se ganó con sudores el pan, de que su +descendencia beneficiase tamaños esfuerzos, ascendiendo un peldaño en la +escala social. Bien llevaría él en paciencia continuar siendo tan tío +Joaquín como siempre; no tenía ínfulas de ricachón, y era en genio y +trato sencillo con extremo; pero si renunciaba al señorío en su persona, +no así en la de su hija; parecíale oír voz que le decía, como las brujas +a Banquo: «No serás rey, pero engendrarás reyes.» Y luchando entre el +modesto convencimiento de su falta absoluta de rango, y la certeza moral +de que Lucía a grandes puestos estaba destinada, vino a parar a la +razonable conclusión de que el matrimonio realizaría la anhelada +metamorfosis de muchacha en dama. Un yerno empingorotado fue desde +entonces anhelo perenne del antiguo lonjista. + +Ni eran estas las únicas flaquezas y manías del señor Joaquín. Otras +tuvo, que descubriremos sin miramientos de ninguna especie. Fue quizá la +mayor y más duradera su desmedida afición al café, afición contraída en +el negocio de ultramarinos, en las tristes mañanas de invierno, cuando +la escarcha empaña el vidrio del escaparate, cuando los pies se hielan +en la atmósfera gris de la solitaria lonja, y el lecho recién abandonado +y caliente aun por ventura, reclama con dulces voces a su mal despierto +ocupante. Entonces, semiaturdido, solicitando al sueño por las +exigencias de su naturaleza hercúlea y de su espesa sangre, cogía el +señor Joaquín la maquinilla, cebaba con alcohol el depósito, prendía +fuego, y presto salía del pico de hojalata negro y humeante río de café, +cuyas ondas a la vez calentaban, despejaban la cabeza y con la leve +fiebre y el grato amargor, dejaban apto al coloso para velar y trabajar, +sacar sus cuentas y pesar y vender sus artículos. Ya en León, y árbitro +de dormir a pierna suelta, no abandonó el señor Joaquín el adquirido +vicio, antes lo reforzó con otros nuevos: acostumbrose a beber la +obscura infusión en el café más cercano a su domicilio, y a acompañarla +con una copa de _Kummel_ y con la lectura de un diario político, siempre +el mismo, invariable. En cierta ocasión ocurrió al Gobierno suspender el +periódico una veintena de días, y faltó poco para que el señor Joaquín +renunciase, de puro desesperado, al café. Porque siendo el señor Joaquín +español, ocioso me parece advertir que tenía sus opiniones políticas +como el más pintado, y que el celo del bien público le comía, ni más ni +menos que nos devora a todos. Era el señor Joaquín inofensivo ejemplar +de la extinguida especie progresista: a querer clasificarlo +científicamente, le llamaríamos la variedad progresista de impresión. La +aventura única en su vida de hombre de partido, fue que cierto día, un +personaje político célebre, exaltado entonces y que con armas y bagajes +se pasó a los conservadores después, entrase en su tienda a pedirle el +voto para diputado a Cortes. Desde aquel supremo momento quedó mi señor +Joaquín rotulado, definido y con marca; era progresista de los del señor +don Fulano. En vano corrieron años y sobrevinieron acontecimientos, y +emigraron las golondrinas políticas en busca siempre de más templadas +zonas; en vano mal intencionados decían al señor Joaquín que su jefe y +natural señor el personaje era ya tan progresista como su abuela; que +hasta no quedaban sobre la haz de la tierra progresistas, que éstos eran +tan fósiles como el megaterio y el plesiosauro; en vano le enseñaban los +mil remiendos zurcidos sobre el manto de púrpura de la voluntad nacional +por las mismas pecadoras manos de su ídolo; el señor Joaquín, ni por +esas, erre que erre y más firme que un poste en la adhesión que al don +Fulano profesaba. Semejante a aquellos amadores que fijan en la mente la +imagen de sus amadas tal cual se les apareció en una hora culminante y +memorable para ellos, y, a despecho de las injurias del tiempo +irreverente, ya nunca las ven de otro modo, al señor Joaquín no le cupo +jamás en la mollera que su caro prohombre fuese distinto de como era en +aquel instante, cuando encendido el rostro y con elocuencia fogosa y +tribunicia se dignó apoyarse en el mostrador de la lonja, entre un pilón +de azúcar y las balanzas, demandando el sufragio. Suscrito desde +entonces al periódico del consabido prohombre, compró también una mala +litografía que lo representaba en actitud de arengar, y añadido el marco +dorado imprescindible, la colgó en su dormitorio entre un daguerrotipo +de la difunta y una estampa de la bienaventurada virgen Santa Lucía, que +enseñaba en un plato dos ojos como huevos escalfados. Acostumbrose el +señor Joaquín a juzgar de los sucesos políticos conforme a la pautilla +de su prohombre, a quien él llamaba, con toda confianza, por su nombre +de pila. Que arreciaba lo de Cuba: ¡bah! dice don Fulano que es asunto +de dos meses la pacificación completa. Que discurrían partidas por las +provincias vascas: ¡no asustarse!; afirma don Fulano que el partido +absolutista está muerto, y los muertos no resucitan. Que hay profunda +escisión en la mayoría liberal; que unos aclaman a X y otros a Z... +Bueno, bueno; don Fulano lo arreglará, se pinta él solo para eso. Que +hambre.... ¡sí, que se mama el dedo don Fulano!, ahora mismito van a +abrirse los veneros de la riqueza pública.... Que impuestos.... ¡don +Fulano habló de economías! Que socialismo.... ¡paparruchas! ¡Atrévanse +con don Fulano, y ya les dirá él cuántas son cinco! Y así, sin más dudas +ni recelos, atravesó el señor Joaquín la borrasca revolucionaria y entró +en la restauración, muy satisfecho porque don Fulano sobrenadaba, y se +apreciaban sus méritos, y tenía la sartén por el mango hoy como ayer. + +Dado tal linaje de culto, juzgue el pío lector cuál sería el gozo, +confusión y anonadamiento del señor Joaquín, al recibir una mañana a un +grave y apuesto sujeto, encargado de saludarle de parte del mismísimo +Don Fulano. + +Llamábase el visitante D. Aurelio Miranda, y desempeñaba en León uno de +esos destinos que en España abundan, no por honoríficos peor +retribuídos, y que sin imponer grandes molestias ni vigilias, abren las +puertas de la buena sociedad, prestando cierta importancia oficial: +género de prebendas laicas, donde se dan unidas las dos cosas que +asegura el refrán no caber en un saco. Era Miranda de origen y familia +burocrática, en la cual se transmitían y como vinculaban los elevados +puestos administrativos, merced a especial maña y don de gentes +perpetuado de padres a hijos, a no sé qué felina destreza en caer +siempre de pie y a cierta delicada sobriedad en esto de pensar y opinar. +Logró la estirpe de los Mirandas teñirse de matices apagados y +distinguidos, sobre cuyo fondo, así podía colocarse insignia blanca, +como roja divisa; de suerte, que ni hubo situación que no les respetase, +ni radicalismo que con ellos no transigiera, ni mar revuelto o +bonancible en que con igual fortuna no pescaran. El mozo Aurelio casi +nació a la sombra protectora de los muros de la oficina: antes que +bigote y barba tuvo colocación, conseguida por la influencia paterna, +reforzada por la de los demás Mirandas. Al principio fue una plaza de +menor cuantía, que cubriese los gastos de tocador y otras menudencias +del chico, derrochador de suyo; en seguida vinieron más pingües brevas, +y Aurelio siguió la ruta trillada ya por sus antecesores. Con todo esto, +veíase que algo degeneraba en él la raza: amigo de goces, de ostentación +y vanidades, faltabale a Aurelio el tino exquisito de no salir de +mediano por ningún respecto, y carecía de la formalidad exterior, del +compasado porte que a los Mirandas pasados acreditaba de hombres de seso +y experiencia y madurez política. Comprendiendo sus defectos, trató +Aurelio de beneficiarlos diestramente, y más de una blanca y pulcra mano +emborronó por él perfumadas esquelas con eficaces recomendaciones para +personajes de muy variada ralea y clase. Asimismo se declaró gran +amigote y compinche de algunos prohombres políticos, entre ellos el _don +Fulano_ que ya conocemos. No habló jamás con ellos diez palabras +seguidas que a política se refiriesen: contábales las noticias del día, +el escándalo fresco, el último dicharacho y la más reciente caricatura; +y de tal suerte, sin comprometerse con ninguno se vio favorecido y +servido de todos. Agarrose, como nadador inexperto, a los hombros de tan +prácticos buzos, y acá me sumerjo, y acullá me pongo a flote, fue +sorteando los furiosos vendavales que azotaron a España, y continuando +la tradición venerable de los Mirandas. Pero también la influencia se +gasta y agota, y llegó un período en que, mermada la de Aurelio, no +alcanzó a mantenerle en el único punto para él grato, en Madrid, y hubo +de irse a vegetar a León, entre el Gobierno civil y la Catedral, +edificios que ni uno ni otro le divertían. Lo que singularmente amargaba +a Aurelio, era comprender que su decadencia administrativa nacía de otro +decaimiento irreparable, a saber, el de su persona. Cumplida la +cuarentena de años, faltábanle ya los billetitos de recomendación o por +lo menos no eran tan calurosos: en los despachos de las notabilidades +iba siendo su persona como un mueble más, y hasta él mismo sentía +apagarse su facundia. La madurez se revelaba en él por un salto atrás; +íbasele metiendo en el cuerpo la seriedad de los Mirandas; y de amable +calavera, pasaba a hombre de peso. No del todo extrañas a tal +metamorfosis debían ser algunas dolencias pertinaces, protesta del +hígado contra el malsano régimen, mitad sedentario y mitad febril, tanto +tiempo observado por Aurelio. Así es que, aprovechando la estancia en +León, y los conocimientos y acierto singular de Vélez de Rada, dedicose +a reparar las brechas de su desmantelado organismo; y la vida metódica y +la formalidad creciente de sus maneras y aspecto, que en la corte la +perjudicaban revelando que empezaba a ser trasto arrumbado y sin uso, +sirviéronle en el timorato pueblo leonés de pasaporte, ganándole +simpatías y fama de persona respetable y de responsabilidad y crédito. + +Solía Miranda hacer, de pascuas a ramos, tal cual escapatoria a Madrid, +y en una de las últimas encontró al Don Fulano del señor Joaquín--a +quien llamaremos Colmenar por respetos a su incógnito--, amostazado y +furioso con otro Don Zutano que se empeñaba en desbaratarle sus +combinaciones todas y en echarle por tierra todas sus hechuras. No había +manera de arreglarse con aquel diablo de hombre, que así cortaba y +segaba en el granado campo de los adictos colmenaristas. El destino de +Miranda, a la sazón, estaba comprometidísimo. Pegó Miranda al escucharlo +un brinco en el muelle diván. + +--Nada, hombre--prosiguió Colmenar--: así como te lo digo. Basta que yo +tenga interés en conservar a uno, para que lo barra él.... Es cosa fija. +Y no hay modo de evitarlo. El pega sin duelo. + +--Yo--contestó Miranda--, si todo se redujese a salir de León.... +Porque, la verdad sea dicha, aquel pueblo me encocora, aunque tiene sus +ventajas... Pero si las cosas llegan más allá, lucido quedo. + +--No, pues lo probable es que lleguen.... La fortuna es enemiga de los +viejos, y nosotros vamos siéndolo ya.... Tú estás muy arruinado de algún +tiempo a esta parte. Ese pelo.... ¿Te acuerdas qué famoso pelazo tenías? +Pronto recurriremos ambos al aceite de bellotas, como remedio heroico. + +--Hombre...--exclamó Miranda atusándose los mechones de las sienes con +el ademán belicoso de los pasados días--. Cualquiera pensará que estoy +calvo. Pues aún me defiendo muy bien. Los padecimientos me tienen así, +un poco.... + +--¿Estás enfermo? ¡Goteras, chico, goteras! + +--Una afección hepática, complicada con.... Pero en aquel pueblo +anticuado de León di con un facultativo de lo más moderno, un +sabio--apresurose a añadir Miranda viendo el gesto aburrido del +prohombre, que temía el relato de la enfermedad--. Te aseguro que Vélez +de Rada es un prodigio... Materialista cerrado, eso sí.... + +--Como todos los médicos...--Y Colmenar se encogió de hombros--. ¿Y... +qué tal? ¿Haces muchas conquistas en León? ¿Son blandas de corazón las +leonesitas? + +--¡Bah! gazmoñillas--pronunció Miranda, que en confianza y reserva se +permitía su poco de irreligiosidad--. Tráenlas los jesuitas embobadas +con cofradías y novenas, y andan comiéndose los santos.... Sociedad, +poca; cada uno en su casa y Dios en la de todos. No deja, por otra +parte, de convenirme, puesto que he menester descanso y método.... + +Colmenar oía baja la vista, contando los arabescos de la tupida +alfombra. + +Alzó al fin la cabeza y diose una palmada en la frente. + +--Me ocurre una idea sin ejemplar--dijo, repitiendo la célebre frase del +ministro portugués.--Chico, ¿por qué no te casas? + +--¡No está mala la ocurrencia! ¡Sí, que son baratas las mujercitas en +estos tiempos... y lo que viene después! Al que no quiere caldo, taza y +media: a quedarme sin destino voy quizás, ¡y de casamiento me hablas! + +--Tonto, no te propongo mujer que te haga peso, sino que te traiga +pesos. + +Y el prohombre celebró su propio retruécano disparando larga risa. +Miranda quedose pensativo mascando la miga de la proposición, cuyas +ventajas le saltaron a los ojos prontamente. Ningún medio más acertado +para prevenir las embestidas de la mala fortuna y asegurar el dudoso +porvenir, mientras no emigrasen del todo los ya ralos cabellos, y no +desapareciese el barniz de gallardía que aún abrillantaba su persona. +Por otra parte, León era ciudad que involuntariamente sugería ideas +matrimoniales. ¿Qué hacer sino casarse allí donde todo era calma y +tedio, donde la soltería inspiraba desconfianza, donde la más +insignificante aventurilla provocaba los furiosos ladridos del +escándalo? Así es que dijo en voz alta: + +--Es cierto, chico; en León le entran a uno ganas de casarse y de vivir +santamente. + +--Es que para ti--insistió Colmenar--es ya de necesidad el consorcio. +Aparte de que eres mayor de edad... (aquí sonrió maliciosamente) y si no +quieres llamarte solterón debes pensar en bodas, lo reclama tu salud... +y tus pesetas. Si no puedes sostenerte, ¿cómo te las compones? Supongo +que no tendrás economías. + +--¡Economías yo! _Au jour le jour_--dijo Miranda, pronunciando con +cierta soltura la frasecilla transpirenaica. + +--Pues entonces, _il faut faire une fin_--replicó Colmenar, muy +satisfecho de poder lucirse a su vez. + +--El caso es dar con la mujer, con el ave fénix--murmuró Miranda +meditabundo--. No, lo que es niñas casaderas no faltan; pero yo ahora +perdí el rumbo aquí.... Dime tú.... + +--¡Niñas de aquí! ¡Líbrete de ellas Dios! Más temibles son que el +cólera. ¿Sabes tú las exigencias que tiene cualquiera de esos angelitos? +¿Sabes tú cómo las gastan?... + +--De modo que.... + +--La mujer que tú necesitas está en León mismo. + +--¡En León!... Sí, en efecto acaso allí sea más fácil.... Pero no +veo... Las de Arga, tienen ya novio; Concha Vivares sólo es rica en +esperanzas, hay una tía que piensa dejarle su herencia: mas de aquí a +que estire la pata.... La de Hornillos... no; la de Hornillos sólo tiene +pergaminos, y eso no se echa en el puchero.... + +--Te andas por las alturas... el ramo de señoritas está mal: aguárdate, +que voy a decirte.... + +Levantose Colmenar, y abriendo un cajón de su pupitre, sacó una tira de +papel, rancia y amarillosa, cubierta de nombres, que recordaba las +listas de proscripción. Y lista era, en efecto: allí estaban inscritos +por riguroso orden alfabético los feudatarios de la gran personalidad +colmenariana, en las diversas provincias de la Península; había +apellidos que tenían al pie una A mayúscula, que significaba _adicto_; +otros señalados con M A, _muy adicto_, alguno llevaba agregada una D, +_dudoso_. + +El prohombre apoyó el dedo índice en uno de las nombres honrados con la +M A. + +--Te propongo--dijo Miranda--una niña de pocos años, que acaso llegue, y +aún pase, de los dos millones de capital. + +Abrió Miranda tamaño ojo, y tendió la mano para apoderarse de la +bienhadada lista. + +--¡Así como suena!--exclamó--. Pero es que no hay como tú para tales +hallazgos. + +--¿No conoces en León a la persona aquí apuntada?--siguió Colmenar +señalando con la uña el renglón de la lista--. ¿Un viejo muy guapo y +fornido, muy tieso aún, Joaquín González, _el Leonés_? + +--_¡El Leonés!_ Si no hay cosa que más conozca. Varias veces vino a +asuntos al Gobierno civil de León. Claro que le conozco. Y ahora +recuerdo; es verdad que tiene una chica, pero en esa sí que no me fijé +jamás. Se la ve muy poco. + +--Hacen vida modesta. Duplicará el capital en diez años--, ¡para +agenciar es mucho hombre _el Leonés_! Un infeliz, un simplón en lo +restante; en política no ve más allá de sus narices el pobre; pero ha +sabido crearse una fortuna. No tiene sino esa niña y adora en ella. + +--¿Y crees tú que no tendrá ya la chiquilla sus amoríos? + +--¡Bah... es tan joven! En presentándote tú... con tu buen trato, y tu +práctica en tales lides.... + +--Será una paleta, fea por añadidura. + +--Fue su padre arrogante mozo, y su madre una morena agraciada; ¿por qué +ha de ser fea la chica? Ni hay quince años feos. Estará por desbastar, +eso sí; pero entre tú y una modista... cuestión de un mes. Mucho más +aptas son las mujeres para civilizarse y pulirse que los hombres.. +Enséñales el instinto de agradar lo que cien maestros no pudieran. + +--¿Y qué dirán de mí todas mis relaciones--sobre todo en León--, +viéndome casado con la hija del Leonés? + +--¡Bah, bah! eso es cuestión de trasladarse.... En casándoos solicitas +bajo cuerda que te lleven a otro sitio... el viejo se queda por allá +cuidando de las rentas, y tú y la niña os estáis donde nadie sepa si la +engendró un archiduque o el verdugo.... Por de pronto, en la luna de +miel sales con tu mujer a dar una vuelta por Europa, y así te libras de +las hablillas de la primera temporada. Y date prisa, antes que esa panza +se ponga esférica, y ese cabello.... ¡Ay! ¡Y cómo pasa el tiempo! +Envejecemos que es un dolor. + +Miranda contemplaba la punta de su elegante bota de caña clara, y +rascábase la frente cavilando. + +--Medio de presentarme en esa casa--pronunció al cabo resueltamente--. +Son personas de poco trato, y es preciso... yo no voy a pasearle la +calle a la mocosa, supongo. + +--Llevarás una visita mía. ¡El viejo te recibirá mejor que al rey! + +Y diciendo y haciendo, sentose el prohombre a la mesa atestada de +periódicos, cartas y libros, y tomando un pliego de timbrado papel, dejó +correr la mano garrapateando el blanco folio con su letra precipitada, +ininteligible casi, de hombre abrumado de asuntos. Doblolo, deslizándolo +dentro de un sobre, y sin cerrarlo lo entregó a su amigo. + +Al levantarse Miranda para despedirse, acercose a Colmenar, y, +hablándole bajo, casi al oído, murmuró: + +--Estás bien seguro... bien cierto de lo de... los dos mill.... + +--¡Me quedé corto! No tienes sino informarte allá. En conciencia, me +debes una prima--y al decirlo, reíase el hombre político, y golpeaba a +Miranda en las mejillas, cual si de un niño de ocho años se tratase. + +Con tan alto patrocinio se presentó Miranda en la pacífica morada del +feudatario colmenarista, siendo en efecto recibido cual lo exigía el +venir de tal persona recomendado. Naturalmente se propuso no aparecer al +pronto como candidato a la mano de Lucía. Sobre ser indelicadeza, fuera +carencia de tacto; y además pretendía Miranda ante todo estudiar el +terreno que pisaba. Halló ser verdad cuanto le había anunciado el +prohombre y aun algo más en lo tocante a bienes de fortuna: vio una casa +chapada a la antigua, tosca y popular en sus usos, pero honrada en todo, +y un caudal sólido y seguro, diariamente acrecido por la celosa +administración del señor Joaquín y su sencillez y parsimonia. Es cierto +que el bueno del Leonés pareció a Miranda hombre de tediosa compañía, en +todo vulgar e infeliz, corto de alcances, con sus ribetes de mentecato, +pero hubo de sufrirlo, y aun de acomodarse a las ideas del viejo, tanto +que éste llegó a no poder tomar café ni leer _El Progreso Nacional_, +órgano de Colmenar, sin la salsa de los sabrosos comentarios que Miranda +hacía a cada fondo, a cada suelto y gacetilla. Sabía Miranda de memoria +el reverso, la cara interna de la política, y explicaba desenfadadamente +las solapadas alusiones, las reticencias hábiles, las sátiras finas que +en todo periódico importante abundan y son eterno logogrifo para el +cándido suscritor provinciano. De suerte que desde su intimidad con +Miranda, gozaba el señor Joaquín el hondo placer de la iniciación y +miraba por cima del hombro a sus correligionarios leoneses, no admitidos +en el santuario de la política reservada. Además de estos gustos que a +la relación con Miranda debía, esponjábase el buen viejo--que ya sabemos +cuán poco tenía de filósofo--cuando le encontraban las gentes mano a +mano con tan bien portado caballero, íntimo del gobernador y familiar +comensal de las gentes más encopetadas de la ciudad. + +Vio Lucía sin disgusto al cortés y afable Miranda, y reparó con pueril +curiosidad el aseo de su persona, su calzado pulcro, sus níveos cuellos, +los caprichosos dijes de su reloj y corbata: que toda mujer, compréndalo +o no, se paga de exterioridades y menudencias por este estilo. Además, +poseía Miranda--y la desplegó--, una ciencia que llamar pudiéramos la de +agradar por diversión. Traía a la niña diariamente alguna baratija, para +ella desconocida hasta entonces, ya un cromo, ya una fotografía, ya +lindas flores, ya números de periódicos ilustrados, ya novelas de Fernán +Caballero o de Alarcón; y las graciosas chucherías que por las puertas +de la anticuada casa se entraban, como partículas de la vida moderna, +eran otras tantas bocas encomiadoras del dadivoso. Acertó éste a ponerse +al nivel de conversación de Lucía, y mostrose muy enterado de cosas +femeniles, infantiles dijera mejor; y llegó el caso de que la niña le +consultase acerca de su peinado, de sus trajes, y Miranda muy serio le +dispusiese bajar o subir dos centímetros el talle o el moño. Tales +incidentes variaban un poco los iguales días de la doncellita leonesa, +prestando atractivo al trato de su disimulado pretendiente. + +En León causó al principio sorpresa grande que el currutaco Miranda +eligiese por amigo a un señor Joaquín, hombre en cuyos cuadrados hombros +parecía soldada y remachada la chaqueta; más presto anduvo la malicia el +camino necesario para llegar a racional explicación del fenómeno, y +comenzó Lucía a recibir larga broma de sus compañeras, que la aturdían a +fuerza de glosar la pasión del señor de Miranda, sus atenciones, sus +obsequios y rendimientos. Recibió ella la descarga risueña y +sosegadamente, sin un sonrojo, sin perder minuto de sueño, sin que el +latir del corazón se le acelerase cuando Miranda, desahogado siempre, +repicaba la campanilla o entraba haciendo ruido con las flamantes botas. +Como ningún amoroso requiebro de Miranda vino a confirmar los dichos de +las gentes, estaba Lucía descuidada y tranquila lo mismo que de +costumbre. Pero Miranda, resuelto ya a dar cima a su empresa, y +considerando suficiente la preparación, un día, después de haber tomado +café y leído _El Progreso Nacional_ con el señor Joaquín, le pidió +redondamente a su hija. + +Quedose el Leonés hecho un papanatas, sin saber qué decir ni qué cara +poner. Realizábase del todo su sueño: el ingreso de Lucía en la esfera +señoril tan ambicionada. Mas seamos justos con el señor Joaquín: no le +faltó, en tan supremos instantes, la percepción lúcida de ciertos puntos +negros de la boda. Vio las edades diferentes, la hacienda de Miranda +incógnita, y clara y cierta la rica dote de su hija; en suma, tuvo +intuiciones pasajeras del cálculo inicuo que envolvía la demanda. El +demandante se mostró hábil estratégico previniendo en cierto modo la +sospecha, y anticipándose a los pensamientos del padre. + +--Yo--dijo--no tengo bienes de fortuna; poseo mi carrera, eso sí +(Miranda había aprovechado los primeros años de su juventud haciéndose +licenciado en Derecho, como suele la mayoría de los españoles), y si el +destino me faltase, me sobran ánimos para trabajar y abrir bufete con +muy lucida clientela en Madrid. Deseo que mi mujer goce de cómoda +posición, pero para ella, por ella sola; nada para mí; yo me basto a mí +mismo. La diferencia de caudal me retrajo mucho tiempo de pedir a Lucía; +pero pudo más el afecto que me inspira tan preciosa e inocente +criatura.... Así y todo, a no asegurarme Colmenar que usted es persona +desinteresada y de ánimo generoso, no me decidiera nunca.... + +--El señor Colmenar me favorece más de lo que merezco--respondió muy +hueco el Leonés--; pero estas cosas han de pensarse.... Dese usted una +vuelta por ahí.... + +--Dentro de quince días vendré a saber su resolución--repuso +discretamente Miranda cogiendo el sombrero. + +Pasolos dado a Satanás, porque era ciertamente ridículo para un hombre +de sus ínfulas y categoría pedir la hija de un tendero de ultramarinos, +y haber de esperar, como quien dice, en la antesala de la lonja, a que +se dignasen abrirle la puerta. Entretanto, el señor Joaquín, leyendo +solo el periódico y paladeando solo el café, venía a echarle muy de +menos, e íbase arraigando en su mente la idea de la boda. Cada día +consideraba más adecuado para yerno al amigo de Colmenar. Con todo, hizo +lo que suelen las gentes que gustan de seguir su inclinación sin +contraer responsabilidad: asesorarse con algunas personas acerca del +asunto, esperando que su aprobación le escudase. Hubo de salirle +frustrado el intento. El Padre Urtazu, consultado primero, exclamó con +su franqueza navarra: + +--A gato viejo rata tierna. No se pierde el don almibarado y pulido. +¿Pero no ve, desgraciado, no ve que el merengue ese puede ser padre de +Lucía? ¡Sabe Dios las liebres que en su vida habrá corrido! Santísima +Virgen ¡qué de historias llevará escondiditas en los bolsillos del +levitín! + +--Pero usted, ¿qué haría en mi caso, Padre Urtazu? + +--¿Yo? Pensarlo, en vez de quince días, un año; ¡y otro año después, por +lo que pudiera tronar! + +--¡Por vida de la Constitución! Usted, Padre, no ha notado los méritos +del señor don Aurelio. + +--Los méritos... los méritos.... ¡vaya unos méritos! ¡Pch, pch! ¡Si es +mérito ir todo sopladico, y enseñando diez centímetros de puño de +camisa... y darla de mozalbete, estando peor que yo, que canas tengo, +pero al menos no se me cae la hoja! + +Y el Padre Urtazu se tiraba enérgicamente de los cortos cabellos +entrecanos que en sus sienes crecían, fuertes como matas de abrojos. + +--¿Qué dice a eso la chica?--interrogó después de súbito. + +--No hemos hablado aún.... + +--¡Pues eso es lo primero, desgraciado! ¡Ay, que con los años se nos va +reblandeciendo la mollera! ¿A qué aguarda? + +Vélez de Rada fue todavía más terminante y categórico. + +¡Casar a su hija de usted con Miranda!--gritó enarcando las cejas y +colérico y descompuesto--. ¡Está usted loco! ¡El mejor ejemplar de raza +que de diez años a esta parte encontré! ¡Una niña que tiene glóbulos +rojos en la sangre, bastantes para surtir a cuantas muñequillas anémicas +se pasean por Madrid! ¡Una estatura! ¡Un equilibrio! ¡Unos diámetros! Y +con Miranda, que... (aquí la discreción profesional selló los labios del +médico, y reinó silencio en la estancia.) + +--Señor Rada...--osó decir el señor Joaquín, que no entendía bien. + +--¿Sabe usted, sabe usted cuál es el deber del padre que tiene una hija +como Lucía? Pues buscar, como otro Diógenes, un hombre que en +constitución y riqueza de organismo la iguale, y unirlos. ¿Le parece a +usted que con este descuido que hay en los enlaces, con los sacrílegos +consorcios que solemos presenciar entre naturalezas pobres, viciadas, +enfermas, y naturalezas sanas, es posible que muy pronto, a la vuelta de +tres o cuatro generaciones, sobrevenga la decadencia fatal de estos +pueblos de Europa? O qué, ¿se puede impunemente transmitir a nuestros +tataranietos veneno y pus, en vez de sangre? + +Salió el señor Joaquín del gabinete del Esculapio un tanto asustado, +pero aún más confuso, sirviéndole únicamente de consuelo el pensar que +las desdichas vaticinadas a su prosapia no ocurrirían hasta dentro de un +siglo lo más pronto. Y el último percance que en sus consultas +matrimoniales le esperaba, fue con una hermana suya viejísima, en sus +mocedades planchadora y hoy pensionada y socorrida de su hermano. La +infeliz, que arrastrado, había con su difunto vida de perros, exclamó en +cascajosa voz, alzando las secas manos y meneando la cabeza temblona: + +--¿Miranda? ¿Miranda? Será un pillo, un condenado: ¡todos los hombres +son unos condenados! que los parta un ra.... + +No quiso oír más el Leonés, y dio por terminadas las consultas. + +Faltaba el fondo de la cuestión, el parecer de Lucía. Quebrábase el +padre la cabeza en busca de un medio diplomático de averiguarlo, cuando +la misma niña se lo proporcionó. + +--Papá--interrogó un día con la mejor fe del mundo--, ¿estará enfermo el +señor de Miranda? Hace días que no viene por aquí. + +Asió de los cabellos la ocasión el Sr. Joaquín y expuso los planes de +Miranda. Lucía escuchaba atenta, con la sorpresa pintada en sus +brillantes ojos. + +--Mire usted--pronunció al cabo--. Pues acertaban Rosarito y Carmela al +asegurar que el señor de Miranda venía a esta casa por mí. ¡Pero, quién +lo dijera! + +--Vamos, hija; ¿qué le contesto a ese señor?--preguntó afanoso el +Leonés. + +--¿Papá... qué sé yo? Nunca pensé que quisiera casarse conmigo. + +--Pero a ti.... ¿te gusta el señor de Miranda? + +--Sí que me gusta. Todavía es muy buen mozo, declaró Lucía con +naturalidad. + +--¿Y su genio... y su trato...? + +--Muy obsequioso, muy amable. + +--¿Te repugna la idea de que viviese siempre aquí... con nosotros? + +--No tal. Al contrario. Si me divierte mucho cuando viene. + +--Pues.... ¡por vida de la Constitución! ¡Tú también estás enamorada del +señor de Miranda! + +--Mire usted.... ¡eso sí que me parece que no! Yo no he pensado despacio +en esas cosas, ni sé cómo será el enamorarse; pero se me figura que debe +ser así... más de bullanga, y que entrará... vamos, más de prisa y más +recio. + +--Pero esos amores de bullanga, ¿qué falta hacen para ser buenos +casados? + +--Yo supongo que ninguna. Para ser buenos casados, dice el Padre Urtazu +que lo preciso es la gracia de Dios... y paciencia, mucha paciencia. + +El padre le dio, con su ancha diestra, una palmadita en la mejilla. + +--Hablas como un libro... por vida de la Const.... ¿conque, según eso, +voy a darle un buen rato al señor de Miranda? + +--¡Ay, padre! El asunto merece pensarse: ¡hágame usted el favor de +pensarlo por mí! ¿Qué entiendo yo de bodas, ni de?... + +--Pues mira, ya eres grandullona.... Eres demasiado simplota tú. + +--No--exclamó Lucía posando en el viejo su clara mirada--: si no es que +soy simple, es que no quiero entender; ¿lo oye usted? Porque si comienzo +a cavilar en esas cosas, doy en no comer, en no jugar, en no dormir... +Esta noche de fijo no pegaría ojo... y después dice el señor de Rada, en +latín, que enfermo del cuerpo y que vendré a enfermar del alma.... No +quiero acordarme sino de mis juegos, y de mis lecciones; de eso no, +padre, porque se me va adelgazando, adelgazando el magín, y me paso +horas enteras con las manos cruzadas, sentada, hecha un poste.... El +caso es que cuando me da por ahí, se me antoja que ni todos los hombres +del mundo juntos valen lo que un novio como me finjo yo al mío... que +tampoco está en el mundo, ¡no crea usted! está allá en unos palacios, y +en unos jardines muy remotos.... En fin, no sé explicarme; ¿usted +comprende? + +--¡Te habrán metido en la cabeza ser monja, como Águeda, la niña de la +directora del colegio!--gritó el señor Joaquín, con ira. + +--¡Ca!... no señor--murmuró Lucía, cuya tez animada y encendida parecía +fresquísima rosa--. No sería monja por un imperio.... No me llama Dios +por ese camino. + +--Está visto--pensó el señor Joaquín para su capote--: hierve la olla; a +esta chica hay que casarla. Y en voz alta: pues siendo así, niña, creo +que no debes hacer un desaire al señor de Miranda. Es todo un señor... y +en política, ¡vamos, es mucho olfato el suyo! ¿A ti no te desagrada? + +--Ya he dicho que no--repuso Lucía, en tono más tranquilo. + +La misma tarde fue el Leonés a llevar en persona a Miranda la +satisfactoria respuesta. + +Colmenar escribió al señor Joaquín una carta que tuvo que leer. Y no +transcurridos muchos días, dijo Miranda al presunto suegro, en tono +satisfecho y confidencial: + +--Nuestro amigo Colmenar apadrina; delega en usted y envía esto para la +novia. + +Y sacó de su estuche de raso un abanico de nácar, cuyo delicado país de +encaje de Bruselas temblaba al aliento como la espuma del mar al soplo +de la brisa. Referir lo orondo que se puso el señor Joaquín, fuera +empresa superior a las fuerzas humanas. Pareciole que la personalidad +_prohómbrica_ del insigne jefe de partido, repentinamente y por arte de +birlibirloque se confundiera con la suya; creyose metamorfoseado, +idéntico con su ídolo, y no cupo en su pellejo, y borráronse los recelos +que a veces sentía aún pensando en el cercano desposorio. Ganoso de no +quedarse atrás de Colmenar en generosidad, amén de señalar pingües +alimentos a Lucía, le regaló una suma redonda, destinada a invertirse en +el viaje de novios, cuyo itinerario trazó Miranda, comprendiendo a París +y a ciertas bienhechoras aguas minerales, recetadas tiempo atrás por +Rada, como remedio soberano para la diátesis hepática. La idea del viaje +no dejó de parecer extraña al señor Joaquín. Al casarse él, no hizo +excursión más larga que el trayecto de la portería a la lonja. Pero +considerando que su hija entraba en superior rango, hubo de admitir los +usos de la nueva categoría, por singulares que fuesen. Miranda se lo +pintó así, y el señor Joaquín convino en ello: las inteligencias +medianas ceden siempre al aplomo que las fascina. + +El que conozca un tanto las ciudades de provincia, imaginará fácilmente +cuánto comentario, cuánta murmuración declarada o encubierta provocó en +León la boda del importante Miranda con la obscura heredera del ex +lonjista. Hablose sin tino ni mesura; quién censuraba la vanidad del +viejo, que harto al fin de romper chaquetas, quería dar a su hija viso y +tono de _marquesa_ (Miranda parecía a no pocas gentes el tipo clásico +del marqués). Quién hincaba el diente en el novio, hambrón madrileño, +con mucho aparato y sin un ochavo, venido allí a salir de apuros con las +onzas del señor Joaquín. Quién describía satíricamente la extraña figura +de Lucía la mocetona, cuando estrenase sombrero, sombrilla y cola larga. +Mas estos runrunes se estrellaban en la orgullosa satisfacción del señor +Joaquín, en la infantil frivolidad de la novia, en la cortés y mundana +reserva del novio. Fiel Lucía a su programa de no pensar en la boda +misma, pensaba en los accesorios nupciales, y contaba gozosa a sus +amigas el viaje proyectado, repitiendo los nombres eufónicos de pueblos +que tenía por encantadas regiones; París, Lyón, Marsella, donde las +niñas imaginaban que el cielo sería de otro color y luciría el sol de +distinto modo que en su villa natal. Miranda, a cuenta de un empréstito +que negoció contando satisfacerlo después a expensas del generoso +suegro, hizo venir de la corte lindas finezas, un aderezo de brillantes, +un cajón atestado de lucidas galas, envío de renombrado sastre de +señoras. Mujer al cabo Lucía, y nuevos para ella tales primores, más de +una vez, como la Margarita de _Fausto_, se colgó ante un espejillo los +preciosos dijes, complaciéndose en sacudir la cabeza a fin de que +fulgurasen los resplandores de los pendientes y las flores de pedrería +salpicadas por el obscuro cabello. En esto se solazan las mujeres cuando +son niñas, y todavía muchísimo tiempo después de dejar de serlo. Pero +Lucía no era niña para siempre. + + + + +-III- + + +Seguía corriendo el tren, y la desposada no lloraba ya. Apenas se +advertían en su rostro huellas de llanto, ni sus párpados estaban +enrojecidos. Así acontece con las lágrimas que vertemos por las primeras +penillas de la vida: llanto sin amargura, rocío leve, que antes refresca +que abrasa. Comenzaban a entretenerla las estaciones y la gente que se +asomaba curiosa a la portezuela, escudriñando el interior del +departamento. Llovía preguntas sobre Miranda, el cual daba pormenores de +todo, esmerándose en divertirla, y entreverando con las explicaciones +alguna terneza, que la niña escuchaba sin turbarse, pareciéndole +naturalísimo que el esposo mostrase afecto a la esposa, sin que el más +leve oscilar de su corpiño delatara la dulce confusión que el amor +despierta. Hallábase ya en su centro Miranda, habiendo cesado los lloros +y reaparecido el buen humor y el temple normal del ánimo. Satisfecho de +tal resultado, hasta bendecía interiormente a una de sus causas, una +vejezuela que con enorme banasta al brazo se coló en el departamento +algunas estaciones antes de Palencia, y cuya grotesca facha ayudó a +llamar la sonrisa a los labios de Lucía. + +Al llegar a Palencia, dejolos la vejezuela y subió un hombre grave, +decentemente vestido, silencioso. + +--Se parece a papá--dijo Lucía en voz baja a Miranda--. ¡Pobrecillo!--Y +esta vez sólo un suspiro pagó la deuda del amor filial. + +Caía ya la noche; andaba el tren lentamente, como si temblase de pavor +al confiarse a los raíles, y observó Miranda que llevaba notable +retraso. + +--Llegaremos a Venta de Baños--pronunció volviendo la hoja del +_Indicador_--mucho más tarde de lo que se acostumbra. + +--Y en Venta de Baños...--interrogó Lucía. + +--Podemos cenar... si nos dan tiempo. En circunstancias ordinarias, no +sólo se cena, sino que hasta se descansa un rato, esperando el otro +tren, el expreso, el que ha de llevarnos a Francia. + +--¡A Francia! (Lucía palmoteó como si escuchase nueva inesperada y +gratísima.) Reflexionando después, añadió en voz grave--: Pues lo que es +yo tengo ganas de cenar. + +--Cenaremos, cenaremos: al menos para cenar espero que nos alcanzará el +rato que dure la parada.... ¿Hay apetito, eh? Ello es que... que tú no +has probado casi nada hoy.... + +--Con la prisa y el ahogo... y atender a que sirviesen bien los +chocolates... y la pena de dejar al pobre papá, y de verle tan +alicaído... y también.... + +--¿Qué más? + +--¡Y vamos! que eso de casarse no sucede todos los días... y es natural +que trastorne un poco... es cosa grave, muy grave, ya me lo avisó el +Padre Urtazu..., y así es que yo anoche no pegué ojo, y conté todas las +horas, las medias y los cuartos que dio el cuco de la antesala... a cada +campanada que oía.... ¡tam, tam!, exclamaba yo ¡maldito! aguárdate, que +voy a taparme la cara con las sábanas, y a llamar el sueño, y no +volverás a hacer de las tuyas..., pero ni por esas. Ahora, como ya pasó, +es lo mismo que cuando hay que saltar un foso muy ancho: se salta, +¡zas!, y ya no se piensa en ello. ¡Se acabó! + +Miranda se reía, sentado próximo a su novia, mirándola de cerca y +hallándola muy linda, transformada casi con el tocado de viaje y la +animación que encendía sus mejillas y arrebolaba su fresca tez. Lucía +también comenzaba a recobrar la antigua familiaridad con Miranda, algo +interrumpida últimamente por la novedad de la situación respectiva de +ambos. + +--No se ría usted de mis tonterías, señor de Miranda--murmuró la niña. + +--Hazme el favor de no equivocarte, hija... me llamo Aurelio, y debes +hablarme de tú como yo a ti.... ¿sabes? + +Todo este diálogo pasaba en discreto tono, a media voz, inclinados el +uno hacia el otro ambos interlocutores, con misterioso y casi amante +silabeo. El testigo de vista, silencioso, recostado en un ángulo, +imponía a la plática de los esposos, plática llana y corriente, cierta +intimidad y secreto que acrecentaban su atractivo, dándole visos de +tierno coloquio. Las mismas cosas, dichas en alto, serían indiferentes y +sencillas por demás. De ordinario sucede así, que no sean las palabras +importantes en sí mismas, sino por el tono con que se pronuncian y el +lugar en que se colocan, a la manera de menudas piedrecillas que +incrustadas convenientemente en la labor de mosaico, ya dibujan un +árbol, ya una casa, ya un rostro. + +Detúvose al cabo el tren en Venta de Baños, y las luces de la estación +mostraron su encendida pupila a través de la niebla leve de sosegada +noche de otoño. + +--¿Es aquí? ¿Es aquí donde nos bajarnos y se cena?--preguntó Lucía, a +quien el suceso, nuevo para ella, de una cena en la estación, abría a un +tiempo apetito y curiosidad. + +--Aquí--contestole Miranda en tono mucho menos regocijado--. ¡Ahora, +cambio de tren! ¡Los suprimiría todos! No hay cosa más incómoda. Busque +usted el equipaje para que no se lo lleven a Madrid... mueva usted todos +esos embelecos.... + +Diciendo lo cual, cogió de la red manta, saco y lío de paraguas; pero +Lucía con su juvenil vigor y sus hábitos de hija del pueblo arrebatole +de la mano lo más pesado, el saco, y brincando, ligera como un ave, al +suelo, dio a correr hacia la fonda. + +Sentáronse a la mesa dispuesta para los viajeros, mesa trivial, sellada +por la vulgar promiscuidad que en ella se establecía a todas horas; muy +larga y cubierta de hule, y cercada como la gallina de sus polluelos, de +otras mesitas chicas, con servicios de té, de café, de chocolate. Las +tazas, vueltas boca abajo sobre los platillos, parecían esperar +pacientes la mano piadosa que les restituyese su natural postura; los +terrones de azúcar empilados en las salvillas de metal, remedaban +materiales de construcción, bloques de mármol blanco desbastados para +algún palacio liliputiense. Las teteras presentaban su vientre +reluciente y las jarras de la leche sacaban el hocico como niños mal +criados. La monotonía del prolongado salón abrumaba. Tarifas, mapas y +anuncios, pendientes de las paredes, prestaban al lugar no sé qué +perfiles de oficina. El fondo de la pieza ocupábalo un alto mostrador +atestado de rimeros de platos, de grupos de cristalería recién lavada, +de fruteros donde las pirámides de manzanas y peras pardeaban ante el +verde fuerte del musgo. En la mesa principal, en dos floreros de azul +porcelana, acababan de mustiarse lacias flores, rosas tardías, girasoles +inodoros. Iban llegando y ocupando sus puestos los viajeros, contraído +de tedio y de sueño el semblante, caladas las gorras de camino hasta las +cejas los hombres, rebujadas las mujeres en toquillas de estambre, +oculta la gentileza del talle por grises y largos impermeables, +descompuesto el peinado, ajados los puños y cuellos. Lucía, risueña, con +su ajustado casaquín, natural y sonrosada la color del semblante, +descollaba entre todos, y dijérase que la luz amarillenta y cruda de los +mecheros de gas se concentraba, proyectándose únicamente sobre su cabeza +y dejando en turbia media tinta las de los demás comensales. Les +trajeron la comida invariable de los fondines: sopa de hierbas, chuletas +esparrilladas, secos alones de pollo, algún pescado recaliente, jamón +frío en magrísimas lonjas, queso y frutas. Hizo Miranda poco gasto de +manjares, despreciando cuanto le servían, y pidiendo imperativo y en voz +bastante alta una botella de Jerez y otra de Burdeos, de que escanció a +Lucía, explicándole las cualidades especiales de cada vino. Lucía comió +vorazmente, soltando la rienda a su apetito impetuoso de niño en día de +asueto. A cada nuevo plato, renovabásele el goce que los estómagos no +estragados y hechos a alimentos sencillos hallan en la más leve novedad +culinaria. Paladeó el Burdeos, dando con la lengua en el cielo de la +boca, y jurando que olía y sabía como las violetas que le traía Vélez de +Rada a veces. Miró al trasluz el líquido topacio del Jerez, y cerró los +ojos al beberlo, afirmando que le cosquilleaba en la garganta. Pero su +gran orgía, su fruto prohibido, fue el café. No acertaremos jamás los +mínimos y escrupulosos cronistas del señor Joaquín el Leonés, cuál fuese +la razón secreta y potísima que le llevó a vedar siempre a su hija el +uso del café, cual si fuese emponzoñada droga o pernicioso filtro: caso +tanto más extraño cuanto que ya sabemos la afición desmedida, el amor +que al café profesaba nuestro buen colmenarista. Privada Lucía de gustar +de la negra infusión, y no ignorante de los tragos que de ella se echaba +su padre al cuerpo todos los días, dio en concebir que el tal brebaje +era el mismo néctar, la propia ambrosía de los dioses, y sucedíale a +veces decir a Rosarito o a Carmela: + +--Deja, que en casándome, yo tomaré café. ¡Pues no! + +No era muy genuino, ni muy aromático el del fondín de Venta de Baños; y +con todo eso, al introducir en sus labios por vez primera la cucharilla, +al sentir el leve amargor y el tibio vaho que la penetraban, experimentó +Lucía hondo estremecimiento, algo como una expansión de su ser, cual si +a un tiempo se abriesen sus sentidos, semejantes a capullos de arbusto +que a la vez florecen todos. La copa de _chartreuse_, bebida despacio, +le dejó en la lengua y en los dientes un aroma penetrante y +fortalecedor, una sed grata, ligerísima, que apagaban los sorbos últimos +del café, saturados del fino polvillo que en remolinos lentos se +depositaba en el fondo de la taza. + +--¡Si viniese papá ahora--murmuró--, qué diría! + +Miranda y Lucía fueron los últimos en alzarse de la mesa. Los restantes +viajeros se desparramaran ya por el andén a fin de coger sitio en el +expreso, que acababa de llegar y detenerse, vibrante aún de su rápida +marcha, en la estación. + +--Vamos--advirtió Miranda--, vamos, que el tren va a salir.... No sé si +hallaremos un departamento desocupado. + +Emprendieron su peregrinación, recorriendo la línea de vagones, en busca +del departamento vacío. Halláronle, al fin no sin trabajo, y tomaron +posesión de él, arrojando sus fardos en los almohadones. La luz opaca +del farol, filtrándose a través de la cortinilla de azul tafetán; el +gris uniforme y mate del forro, que parecía blanquecina colgadura; el +silencio, la atmósfera reposada, sucediendo a la claridad brutal y a la +confusa batahola del fondín, convidando estaban a apacible sueño y +sosiego. Desabrochó Lucía la goma de su sombrero, colocándolo en la red. + +--Estoy aturdida--dijo pasándose la mano por la frente--. Me pesa algo +la cabeza; tengo calor. + +--Los licores.... Las bebidas--respondió festivamente Miranda--. +Descansa un instante, mientras facturo el equipaje. Es formalidad +precisa aquí.... + +Diciendo esto, levantó uno de los cojines del coche; metió debajo su +manta enrollada para que formase cabecera, alzó el brazo de sillón que +dividía los dos cojines, y añadió: + +--¡Una cama pintiparada! + +Sacó Lucía del bolsillo un pañolito de seda, con esmero doblado, lo +extendió delicadamente sobre el cojín, y se tendió reclinando la cabeza +en donde el pañuelo impedía el roce con el paño sobado del forro. + +--Si me duermo--advirtió a Miranda--, despiértame cuando pase algo digno +de verse. + +--Pierde cuidado--contestó Miranda riéndose--. Vuelvo en seguida. + +Quedose Lucía sola, cerrados ya los ojos, embargadas por grato sopor las +potencias. Fuese el movimiento del tren, fuese el insomnio de las +vísperas nupciales, fuese el hábito de acostarse en León a aquella misma +hora de diez y media de la noche, o todas estas cosas juntas, ello es +que el sueño caía sobre ella como un manto de plomo. Aflojábanse sus +tirantes nervios, y corría por sus venas esa inexplicable sensación de +calor rítmico, que anuncia que el curso de la sangre regulariza, y que +el reposo comienza. Hizo Lucía la señal de la cruz, entre dos bostezos, +murmuró un Padrenuestro y un Avemaría, y dio principio a una oración +aprendida en el devocionario, y escrita en detestables versos, que +comienza: + + Del párvulo tierno, + cándido e inocente, + Dios justo y clemente + el sueño me dad... + +Operaciones todas que si habían de espantar la somnolencia, la atrajeron +más y más. De la boca de Lucía se exhaló leve suspiro; su mano cayó +inerte, y la niña se quedó sepultada en el sueño más suelto y profundo, +cual si entre blandas sábanas lo gozase. + +Entregábase mientras tanto Miranda a la importante tarea de facturar el +equipaje, no escaso, compuesto de dos baúles mundos, una sombrerera y un +cajón especial de tela y cuero, a propósito para guardar de arrugas el +planchado de sus camisas de vestir. Fuerza fue esperar pacientemente el +turno de bultos rotulados A. M., frente al gran mostrador, donde se +alineaba respetable fila de maletas, cajas y cajones de toda especie que +iban trayendo a hombros los mozos de la estación, agobiados, hinchadas +las venas del cuello. Cuando llegaban al mostrador, dábanse prisa a +soltar la carga de golpe, con movimientos brutales, haciendo crujir la +madera de los baúles y gemir y rechinar los aros de hierro que la +afianzan. Al cabo logró Miranda que llegase su vez, y ya con el talón en +el bolsillo, saltó del andén a la vía triple buscando su departamento. +Costole algún trabajo, y abrió en balde varias puertas antes de dar con +él; al abrirlas, solía asomarse una cabeza, y una voz áspera decir: +«está lleno.» En otros departamentos vio formas confusas, gente +acurrucada en los rincones o tumbada en los cojines. Al fin acertó, +reconoció su sitio. + +El cuerpo de Lucía, tendido sobre la improvisada cama, era complemento +de la paz, de la quietud de aquella movible alcoba. Miranda consideró a +su desposada un rato, sin que se le ocurriesen las cosas sentimentales y +poéticas que la situación parecía sugerir. + +--Es guapa de veras esta chica--pensaba el hombre maduro y experto--. +Sobre todo, tiene su tez la pelusa de los albérchigos cuando no les han +tocado y cuelgan aún en la rama. Ese diablo de Colmenar parece que +adivina todas las cosas... otro me hubiera dado los millones con alguna +virgen y mártir de cuarenta años.... Pero esto es miel sobre hojuelas, +como suele decirse. + +Al glosar así su dicha, quitábase Miranda el sombrero y buscaba en los +bolsillos del sobretodo la gorrilla de viaje roja y negra a cuarterones. +Hay movimientos que por instinto nos recuerdan otros, cuando los +ejecutamos. El antebrazo de Miranda, al descender, notó un vacío, la +falta de algo que antes le estorbaba. Y el dueño del antebrazo, al +advertirlo, dio brusco salto, y empezó a mirarse de abajo arriba, y las +manos trémulas recorrieron y palparon el pecho y la cintura sin hallar +nada; y la boca, impaciente y colérica, soltó en voz ahogada tacos, +ternos y votos redondos; y el puño cerrado hirió la desmemoriada frente, +como evocando el recuerdo con aquel cachete expresivo: llamado así el +recuerdo, acudió por último; al cenar, habíase quitado la cartera, que +le molestaba para comer, y puéstola a su lado sobre una silla vacante. +Allí debía de estar. Era forzoso recogerla. Pero, ¡y el tren que iba a +salir! Ya roncaban las chimeneas, bufando como erizados gatos, y dos o +tres silbos agudos preludiaban la marcha. Miranda tuvo un segundo de +indecisión. + +--Lucía--dijo en voz alta. + +Y contestole sólo el respirar igual y fuerte de la niña, indicando un +sueño tenaz y hondo. + +Entonces se decidió prontamente, y con agilidad digna de un muchacho de +veinte años, saltó a la vía y rompió a correr hacia la fonda. No es para +perdida cartera como aquella, repleta de dinero en sus formas más +variadas y seductoras: oro, plata, billetes de Banco, letras. Se +precipitaba. + +Extinguido ya la mayor parte del alumbrado en el fondín, sólo ardía una +bomba en cada cuádruple mechero; los mozos charlaban sentados en los +rincones, o conducían perezosamente a la cocina obeliscos de platos +grasientos y sucios, y montones de arrugadas servilletas. En la mesa +grande, casi vacía, se alzaban solitarios los altos floreros, y a la luz +escasa era lúgubre la mancha blanca del enorme mantel, semejante a un +sudario. Sobre el mostrador, un quinqué de petróleo despedía en torno un +círculo de claridad anaranjada, concreta, y el amo del +establecimiento--sirviéndole de pupitre la tableta de mármol--, escribía +guarismos en una gran agenda. Miranda, azorado, se llegó a él, +acercándose mucho, tocándole casi: + +--Caballero...--preguntó con voz anhelante--¿ha visto usted por ahí... +han recogido los mozos?... + +El amo alzó el rostro, rostro franco, patilludo y vulgar. + +--¿Una cartera? Sí, señor. + +Respiró anchamente el amigo de Colmenar. + +--¿Es de usted?--interrogó receloso el fondista. + +--¡Mía, sí! Démela usted sin pérdida de tiempo: va a salir el tren.... + +--Tenga usted la bondad de facilitarme alguna seña.... + +--Color encarnado obscuro... de piel de Rusia... broches plateados.... + +--Basta, basta--dijo el fondista, que tomó de un cajón del mostrador la +preciosa prenda, entregándola honradamente a su poseedor legítimo. El +cual, no parándose a reconocerla, se la colgó en un abrir y cerrar de +ojos, sepultó la mano en el bolsillo del chaleco, y sacando un puñado de +monedas de plata, las desparramó sobre el mármol, exclamando: «para los +mozos.» La acción fue tan rápida, que algunas rodaron, y después de +danzar sobre la lisa superficie, vinieron a aplanarse con sonoro tañido. +Aún duraba el argentino repique y ya Miranda volaba. En su aturdimiento +no acertaba con la puerta. + +--Que sale el tren, caballero--le gritaron los mozos--. Por aquí... por +aquí.... + +Lanzose desatinado al andén: el tren, con pérfida lentitud de reptil, +comenzaba a resbalar suavemente por los rieles. Miranda le enseñó los +puños, y un sentimiento de impotente y fría rabia apoderose de su +espíritu. Así perdió un segundo, un segundo precioso. El andar del +convoy se aceleraba, como el columpio que, empezando a oscilar, describe +a cada paso curvas más abiertas, y vuela con brío mayor por los aires. +Precipitadamente y sin mirar al terreno, saltó Miranda a la vía, para +alcanzar los vagones de primera, que en aquel punto desfilaban ante sus +ojos, como mofándose de él. Quiso lanzarse al estribo, pero al tocarle +fue despedido a la vía con gran violencia, y cayó, sintiendo agudo y +repentino dolor en el pie derecho. Quedose en el suelo, medio +incorporado, profiriendo una imprecación de esas que en España los +hombres más preciados de distinguidos y elegantes no recelan tomar del +lenguaje patibulario de los facinerosos. El tren, rugiente, majestuoso y +veloz, cruzó ante él, despidiendo la negra máquina centellas de fuego, +semejantes a espíritus fantásticos danzando entre las tinieblas +nocturnas. + +Pocos momentos después de que Miranda bajó a recoger su cartera, habíase +abierto la puerta del departamento donde quedaba Lucía dormida, +penetrando por ella un hombre. Llevaba éste en la mano un maletín, que +dejó caer a su lado, sobre los cojines. Cerrando la portezuela, sentose +en un ángulo, pegada la frente al vidrio, frío como el hielo y empañado +por el rocío de la noche. No se veía más que la negrura exterior, que +apenas contrastaba la confusa penumbra del andén, el farolillo del +guarda que lo recorría, y los mustios reverberos aquí y allí esparcidos. +Cuando el tren rompió a andar, pasaron unas chispas, rápidas como +exhalaciones, ante el cristal en que apoyaba su rostro el recién +llegado. + + + + +-IV- + + +Al cual no dejó de parecer extraña y desusada cosa--así que, cesando de +contemplar las tinieblas, convirtió la vista al interior del +departamento--el que aquella mujer, que tan a su sabor dormía, se +hubiese metido allí en vez de irse a un reservado de señoras. Y a esta +reflexión siguió una idea, que le hizo fruncir el ceño y contrajo sus +labios con una sonrisa desdeñosa. No obstante, la segunda mirada que +fijó en Lucía le inspiró distintos y más caritativos pensamientos. La +luz del reverbero, cuya cortina azul descorrió para mejor examinar a la +durmiente, la hería de lleno; pero según el balanceo del tren, oscilaba, +y tan pronto, retirándose, la dejaba en sombra, como la hacía surgir, +radiante, de la obscuridad. Naturalmente se concentraba la luz en los +puntos más salientes y claros de su rostro y cuerpo. La frente, blanca +como un jazmín, los rosados pómulos, la redonda barbilla, los labios +entreabiertos que daban paso al hálito suave, dejando ver los nacarinos +dientes, brillaban al tocarlos la fuerte y cruda claridad; la cabeza la +sostenía con un brazo, al modo de las bacantes antiguas, y su mano +resaltaba entre las obscuridades del cabello, mientras la otra pendía, +en el abandono del sueño, descalza de guante también, luciendo en el +dedo meñique la alianza, y un poco hinchadas las venas, porque la +postura agolpaba allí la sangre. Cada vez que el cuerpo de Lucía entraba +en la zona luminosa, despedían áureo destello los botones de cincelado +metal, encendiéndose sobre el paño marrón del levitín, y se entreveía, a +trechos de la revuelta falda, orlada de menudo volante a pliegues, algo +del encaje de las enaguas, y el primoroso zapato de bronceada piel, con +curvo tacón. Desprendíase de toda la persona de aquella niña dormida +aroma inexplicable de pureza y frescura, un tufo de honradez que +trascendía a leguas. No era la aventurera audaz, no la mariposuela de +vuelo bajo que anda buscando una bujía donde quemarse las alas; y el +viajero, diciéndose esto a sí mismo, se asombraba de tan confiado sueño, +de aquella criatura que descansaba tranquila, sola, expuesta a un +galanteo brutal, a todo género de desagradables lances; y se acordaba de +una estampa que había visto en magnífica edición de fábulas ilustradas, +y que representaba a la Fortuna despertando al niño imprevisor +aletargado al borde del pozo. Ocurriósele de pronto una hipótesis: acaso +la viajera fuese una _miss_ inglesa o norteamericana, provista de +rodrigón y paje con llevar en el bolsillo un revólver de acero de seis +tiros. Pero aunque era Lucía fresca y mujerona como una Niobe, tipo muy +común entre las señoritas _yankees_, mostraba tan patente en ciertos +pormenores el origen español, que hubo de decirse a sí mismo el que la +consideraba: «no tiene pizca de traza de extranjera.» Mirola aun buen +rato, como buscando en su aspecto la solución del enigma; hasta que al +fin, encogiéndose levemente de hombros, como el que exclamase: «¿Qué me +importa a mí, en resumen?», tomó de su maletín un libro y probó a leer; +pero se lo impidió el fulgor vacilante que a cada vaivén del coche +jugaba a embrollar los caracteres sobre la blanca página. Se arrimó +nuevamente entonces el viajero a los helados cristales, y se quedó así, +inmóvil, meditabundo. + +El tren seguía su marcha retemblando, acelerándose y cuneando a veces, +deteniéndose un minuto solo en las estaciones, cuyo nombre cantaba la +voz gutural y melancólica de los empleados. Después de cada parada +volvía, como si hubiese descansado, y con mayores bríos, a manera de +corcel que siente el acicate, a devorar el camino. La diferencia de +temperatura del exterior al interior del coche, empañaba con un velo de +tul gris la superficie del vidrio; y el viajero, cansado quizá de +fundirlo con su hálito, se dedicó nuevamente a considerara la dormida, y +cediendo a involuntario sentimiento, que a él mismo le parecía ridículo, +a medida que transcurrían las horas perezosas de la noche, iba +impacientándole más y más, hasta casi sacarle de quicio, la regalada +placidez de aquel sueño insolente, y deseaba, a pesar suyo, que la +viajera se despertara, siquiera fuese tan sólo por oír algo que +orientase su curiosidad. Quizá con tanta impaciencia andaba mezclada +buena parte de envidia. ¡Qué apetecible y deleitoso sueño; qué calma +bienhechora! Era el suelto descanso de la mocedad, de la doncellez +cándida, de la conciencia serena, del temperamento rico y feliz, de la +salud. Lejos de descomponerse, de adquirir ese hundimiento cadavérico, +esa contracción de las comisuras labiales, esa especie de trastorno +general que deja asomar al rostro, no cuidadoso ya de ajustar sus +músculos a una expresión artificiosa, los roedores cuidados de la +vigilia, brillaba en las facciones de Lucía la paz, que tanto cautiva y +enamora en el semblante de los niños dormidos. Con todo, un punto +suspiró quedito, estremeciéndose. El frío de la noche penetraba, aun +cerrados los cristales, a través de las rendijas. Levantose el viajero, +y sin mirar que en la rejilla había un envoltorio de mantas, abrió su +propio maletín y sacó un chal escocés, peludo, de finísima lana, que +delicadamente extendió sobre los pies y muslos de la dormida. Volviose +ésta un poco sin despertar, y su cabeza quedó envuelta en sombra. + +Fuera, los postes del telégrafo parecían una fila de espectros; los +árboles sacudían su desmelenada cabeza, agitando ramas semejantes a +brazos tendidos con desesperación pidiendo socorro; una casa surgía +blanquecina, de tiempo en tiempo, aislada en el paisaje como monstruosa +testa de granítica esfinge; todo confundido, vago, sin contornos, +flotante y fugaz, a imitación de los torbellinos de humo de la máquina, +que envolvían al tren cual envuelve a la presa el aliento de fuego de +colérico dragón. Dentro del coche silencio religioso; dijérase que era +un recinto encantado. El viajero corrió el transparente azul, cubriendo +la lámpara; recostose en una esquina cerrados los ojos, y, estirando las +piernas, las apoyó en el asiento fronterizo. Así pasaron estaciones y +estaciones. Dormitaba él un poco, y después, asombrado del silencio y +largo sopor de Lucía, levantábase, receloso de que la hubiese +sobrecogido un síncope. Iba a ella, inclinándose, y otra vez tornaba a +su rincón, habiendo percibido el ritmo acompasado del pacífico respirar +de la niña. + +Difusa y pálida claridad comenzaba a tenderse sobre el paisaje. Ya se +discernía la forma de montañas, árboles y chozas; la noche se retiraba +barriendo las tembladoras estrellas, como una sultana que recoge su velo +salpicado de arabescos argentinos. El estrecho segmento de círculo de la +luna menguante se difumaba y desvanecía en el cielo, que pasaba de +obscuro a un matiz de azul opaco de porcelana. Glacial sensación corrió +por las venas del viajero, que subió el cuello de su americana y llegó +los pies instintivamente al calorífero, tibio aún, en cuyo seno de metal +danzaba el agua, produciendo un sonido análogo al que se oye en la cala +de los buques. De improviso se abrió bruscamente la puerta del +departamento, y saltó dentro un hombre ceñudo, calada la gorra de dorado +galón, en la mano una especie de tenacilla o sacabocados de acero. + +--¡Los billetes, señores!--gritó en voz seca e imperiosa. + +El viajero echó mano a su chaleco y entregó un trozo de cartón amarillo. + +--¡Falta uno! El billete de la señora. ¡Eh, señora!, ¡señora! ¡El +billete! + +Agitábase ya Lucía en su asiento, y echando abajo el chal escocés e +incorporándose, se frotaba asombrada los ojos con los nudillos, a la +manera de las criaturas soñolientas. Tenía revuelto y aplastado el pelo, +y muy encendido el lado del rostro sobre que reposara; una trenza suelta +le descendía por el hombro, y, destrenzándose por la punta, ondeaba en +tres mechones. Arrugada la blanca enagua, se insubordinaba bajo el +vestido de paño; un lazo de un zapato se había desatado, flotando y +cubriendo el empeine del pie. Lucía miraba en derredor con ojos vagos e +inciertos; estaba seria y atónita. + +--¡El billete, señora! ¡Su billete de usted!--seguía gritándole el +empleado, con no muy afable tono. + +--El billete...--repitió ella. Y de nuevo tendió la vista en torno, sin +lograr sacudir totalmente el estupor del sueño. + +--Sí, señora, el billete--reiteró más desapaciblemente aún el empleado. + +--¡Miranda.... Miranda!--exclamó Lucía por fin, enlazando sus dispersos +recuerdos de la víspera. Y registró con los ojos todo el departamento, +estupefacta al no ver a Miranda allí. + +--El señor de Miranda tendrá mi billete--dijo dirigiéndose al empleado, +como si éste hubiese de conocer forzosamente a Miranda. + +El empleado, desorientado, se volvió hacia el viajero, tendida la +diestra. + +--No me llamo Miranda--murmuró éste. + +Y como viese al empleado furioso, dispuesto a interpelar a Lucía con +grosero ademán, añadió: + +--¿Venía alguien con usted, señora? + +--Sí, señor...--contestó Lucía, atribulada ya--. Pues claro está que +venía... venía don Aurelio Miranda, mi marido...--y al decirlo, sonriose +involuntariamente, de lo nueva y peregrina que se le figuraba tal +expresión en su boca. + +--Muy niña parece para casada--pensó el viajero; pero recordando el +anillo que había visto lucir en el meñique, añadió en alta voz: + +--¿De dónde venían ustedes? + +--De León. Pero qué, ¿no está? ¡Virgen Santa! Caballero... dígame +usted... permitame.... + +Y olvidando que el tren andaba, iba a abrir la portezuela rápidamente, +cuando el empleado la detuvo asiéndola del brazo con vigor. + +--Eh, señora--dijo en voz ruda--, ¡pues no ve usted que se mata! No se +puede salir ahora. ¿Está usted loca? Y acabemos, que yo necesito el +billete. + +--No lo tengo; ¡cómo he de hacer, si no lo tengo!--pronunció Lucía +acongojada, preñándosele de lágrimas los ojos. + +--Tendrá usted que tomarlo en la primera estación, y pagar multa. + +Y el empleado gruñó más fuerte. + +--No moleste usted más a la señora--dijo el viajero terciando muy a +tiempo, que ya empezaban a rodar por las mejillas de Lucía lagrimones +como avellanas--. ¡So desatento!--prosiguió con cólera--, ¿no ve usted +que ha ocurrido a esta señora un suceso que no podía prever? Ea, +márchese usted, o por mi nombre.... + +--Ya ve usted, caballero, que tenemos nuestra obligación... nuestra +responsabilidad.... + +--Váyase usted noramala. Tome usted para el billete de la señora. + +Diciendo esto, introdujo la diestra en el bolsillo de su americana, y +sacó unos papeles grasientos y verdosos, cuya vista despejó al punto el +perruno entrecejo del empleado, que al recibir el billete bajó dos o +tres tonos el diapasón de su bronca voz. + +--Perdone usted--dijo al cogerlo y guardárselo en su sucia y desflorada +cartera.... La palabra de usted bastaba. Al pronto le desconocí; pero +ahora recuerdo muy bien de su fisonomía, y caigo en la cuenta de que le +conozco mucho, y también he conocido a su padre, señor de Artegui.... + +--Pues si me conoce--repuso severamente el viajero--, sabrá que gasto +pocas palabras ociosas.... Abur. + +Y empujando al importuno hacia fuera, cerrole la portezuela en las +narices. Pero súbitamente la abrió otra vez, y ceceando al empleado, que +ya corría con no vista agilidad por la angosta plataforma de los +estribos, gritole en voz sonora: + +--¡Psit... psit... eh!, que si hay por esos vagones algún señor de +Miranda, avísele usted que aquí está su señora. + +Hecho lo cual, se sentó en el rincón, y bajando el vidrio, respiró con +ansia el vivificante fresco matinal. Lucía, secando sus ojos del segundo +llanto vertido en el curso de tan pocas horas, sentía extraordinaria +inquietud de una parte, de otra inexplicable contentamiento. La acción +del viajero le causaba el gozo íntimo que suelen los rasgos generosos en +las almas no gastadas aún. Moríase por darle las gracias, y no osaba +hacerlo. Él, entretanto, miraba amanecer, con la misma atención que si +fuese el más nuevo y entretenido espectáculo del mundo. Al fin se +resolvió la niña a atreverse, y con balbuciente labio dijo la mayor +tontería que en aquel caso decir pudiera (como suele suceder a cuantos +piensan mucho y preparan anticipadamente un principio de diálogo). + +--Caballero... es que yo no podré pagarle a usted lo que le debo hasta +que encontremos a Miranda. Él llevaba los fondos.... + +--Yo no presto dinero, señora--contestó apaciblemente el viajero, sin +volver la faz ni dejar de mirar el alba, que rompía por los cielos +envuelta en leves vapores de rosa y nácar. + +--Bien... pero no es justo que usted, así, sin conocerme.... + +El viajero no contestó. + +--Y dígame usted, por Dios--añadió Lucía con inflexiones infantiles en +su voz pura--, ¿qué será de Miranda? ¿Qué le parece a usted de mi +situación? ¿Qué hago yo ahora? + +Giró el viajero en su asiento, y quedó frente a Lucía, con aspecto de +hombre a quien obligan a ocuparse en lo que no le importa y que se +resigna a ello. El timbre fresco de la voz de Lucía le volvió a sugerir +la misma reflexión de antes. + +--Imposible parece que esté casada. Cualquiera pensará que sale de un +colegio.--Y, de recio, preguntó: + +--Vamos a ver, señora; ¿dónde dejó usted a su marido? ¿Lo recuerda +usted? + +--¿Qué sé yo? Si me dormí.... + +--¿Y dónde se durmió usted? ¿No lo sabe usted tampoco? + +--En la estación donde cenamos.... En Venta de Baños. Miranda se bajó a +facturar el equipaje, y me dijo que descansase un rato, que procurase +dormir.... + +--¡Y lo ha procurado usted bien!--murmuró con una media sonrisa el +viajero--. Duerme usted desde allá... cinco horas seguidas, de un +tirón.... + +--Pero... es que ayer madrugué tanto.... Estaba rendida. + +Y Lucía se frotó los ojos, cual si otra vez sintiese en ellos la comezón +del sueño. Después buscó en su moño dos o tres horquillas, recogiéndose +con ellas la rebelde trenza. + +--¿Me ha dicho usted--interrogó el viajero--que venían ustedes de León? + +--Sí, señor.... La boda fue a las once de la mañana; pero yo tuve que +madrugar para disponer el refresco...--refirió Lucía con su sencillez de +niña no hecha al trato social--. Las tres y media eran cuando salimos de +León.... + +El viajero la miraba, empezando a comprender el enigma. La niña le daba +la clave de la mujer. + +--Debí figurármelo--dijo para su sayo--. ¿Llegaron ustedes juntos hasta +Venta de Baños?--preguntó a Lucía después. + +--Sí, sí... allí cenamos. Miranda se quedó sin duda facturando.... + +--No puede ser.... La operación de facturar termina siempre a tiempo +suficiente para que los viajeros tomen el tren.... Algún incidente +imprevisto, algún contratiempo debió de ocurrirle. + +--¿No le parece a usted... diga usted con franqueza... lo habrá hecho a +propósito, eso de dejarme? + +Tan pueril y sincera congoja revelaba el semblante de Lucía al +pronunciar esto, que la seria boca del viajero hubo de sonreírse +nuevamente. + +--¡Mire usted!--añadió ella meneando grave y reflexiva la cabeza--; ¡y +yo que pensaba que una mujer en casándose tenía quien la acompañase y +defendiese! ¡Quien la diese protección y sombra! Pues si esto sucede a +las veinticuatro horas no completas.... No completas. ¡Bien estamos! + +--De seguro... de seguro que su marido de usted está más disgustado por +lo ocurrido que usted misma. Crea usted que algo sucede que no sabemos, +y que explicará la conducta de ese señor.... Miranda. ¿O tendría usted +algún antecedente, algún motivo para sospechar que... que la quiso +abandonar? + +--¡Motivo! ¡Quiá! Ninguno. Si el señor de Miranda es una persona formal. + +--¿Usted le llama el _señor de Miranda_? + +--No... él ya me advirtió ayer que le llamase Aurelio.... Pero como aún +no adquirí confianza... y él tiene más edad.... En fin, no se me venía a +la boca. + +El viajero puso dique a una marea de preguntas indiscretas que se +asomaban a sus labios, y volviose hacia la ventanilla para no perder la +hermosa decoración que le ofrecía la Naturaleza. El sol, apareciendo +sobre la cumbre de una montañuela cercana, disipaba la bruma matutina, +que descendía al valle en jirones de encaje gris, y, brillando en un +espacio azul clarísimo, alumbraba con luz naciente, fresca y suave. Por +los flancos de granito de la montaña, sembrados de mica que relucía, +bajaba desatado un torrente espumoso; y entre el matiz sombrío de los +encinares asomaba un pradillo, de tonos pálidos de hierba temprana, +donde pacía un rebaño de ovejas, cuyos blancos cuerpos constelaban la +alfombra verde como enormes copos de algodón. Al través del ruido +ensordecedor del tren, dijérase que se oían en aquella pintoresca solana +remotos gorjeos de aves y argentino repiquetear de esquilas. + +Cuando el viajero hubo mirado largamente el lindo paisaje, que ya se +perdía en lontananza, dejose caer, como hombre fatigado, en la esquina, +y sus brazos exhaustos pendieron a ambos lados de su cuerpo, mientras se +le escapaba del pecho leve suspiro, que más que a pesares sonaba a +cansancio. + +El sol subía y sus rayos comenzaban a travesear en los cristales del +coche, y en las frentes de los dos que lo ocupaban, como invitándoles a +contemplarse el uno al otro. Midiéronse, en efecto, instintivamente con +la vista, procurando que su mutua curiosidad no fuese advertida, de lo +cual resultó una escena muda y expresiva, representada por ella con +infantil desenfado, y con reserva ceñuda por él. + +Era el viajero un hombre en la fuerza de la edad y en la edad de la +fuerza. Veintiocho, treinta o treinta y dos años podían haber corrido +sobre él, sin que fuese dable decir si los representaba. El descolorido +semblante lo tenía aún más pálido en los pómulos, allí donde suelen +estar las que en verso se llaman rosas. Con todo esto no parecía de +endeble salud, y era bien proporcionado de cuerpo, la barba negra y +hermosa, el cabello rebelde a las artes del peluquero, flexible y libre, +ondulante por aquí y por acullá, sin simetría ni compás, mas no sin +cierta colocación propia que caracterizaba y embellecía la cabeza. + +Tenía las facciones bien dispuestas, pero encapotadas por unas nubes de +melancolía y padecimiento, no del padecimiento físico que destruye el +organismo, pega la piel a los huesos, amojama las carnes y empaña o +vidria el globo ocular, sino del padecimiento moral, o mejor dicho, +intelectual, que sólo hunde algo la ojera, labra la frente, empalidece +las sienes y condensa la mirada, comunicando a la vez descuido y +abandono a los movimientos del cuerpo. Esto último era lo que en el +viajero se notaba más. + +Eran todas sus actitudes y ademanes como de hombre rendido y exánime. +Algo había descompuesto y roto en aquel noble mecanismo, algún resorte +de esos que al saltar interrumpen las funciones de la vida íntima. Hasta +en su vestir percibíase la languidez y desaliento que tan a las claras +revelaba la fisonomía. No era negligencia, era indiferencia y caimiento +de ánimo lo que manifestaba aquel traje obscuro de mezclilla, aquella +cadena de oro, impropia para un viaje, aquella corbata atada sin esmero +y al caer, aquellos guantes nuevos, de fina piel de Suecia, de color +delicado, que no iban a durar limpios ni diez minutos. Faltábale al +viajero la elegancia primorosa e inteligente que cuida de los detalles, +que hace ciencia del tocador; veíase en él al hombre que es superior a +la propia elegancia porque no la ignora, pero la desdeña: grado de +cultura por donde se ingresa en una esfera más alta que el buen tono, +que al fin y al cabo es categoría social, y quien se eleva por cima del +buen tono, eximese también de categorías. Miranda vestía la librea del +buen gusto, y por eso, antes de reparar en Miranda, se fijaban las +gentes en su ropa, al paso que lo que en Artegui atraía la atención, era +Artegui mismo. Ni la irregularidad del vestir encubría, antes bien, +patentizaba, la distinción de la persona: cuantas prendas componían su +traje eran ricas en su género; inglés el paño, holanda la tela de la +camisa, de primera el calzado y guantes. Todo esto lo notó Lucía, más +con el instinto que con el entendimiento, porque, inexperta y bisoña, no +había llegado aún a dominar la filosofía del traje, en que tan maestras +son las mujeres. + +A su vez la consideraba Artegui como aquel que, volviendo de países +nevados y desiertos, mira a un vallecillo alegre que por casualidad +encuentra en el camino. Jamás había visto reunidas en nadie tanta +juventud, robustez y frescura. A pesar de la noche pasada en +ferrocarril, estaba el rostro de Lucía más lozano que unas hierbas de +San Juan, y sus cabellos revueltos y a trechos aplastados, le prestaban +cierto aspecto de ninfa que sale del baño, destocada y húmeda. Reíansele +los ojos, las facciones todas, y el sol, indiscreto cronista de los +cutis marchitos, jugaba sin temor entre el dorado imperceptible vello +que tapizaba las mejillas de la niña, tiñéndolas con tonos calientes de +rancio mármol. + +Lucía esperaba que la hablasen, y su mirada lo pedía. Pero como el +viajero no pareciese dispuesto a realizar sus esperanzas, se resolvió +ella, pasado algún tiempo, a volver a la carga, exclamando: + +--Bien, ¿y qué hago yo? Usted no me dice cómo voy a salir del paso. + +--¿Adónde iba usted, señora, con su marido? + +--Ibamos a Francia... a las aguas de Vichy, que le habían recetado los +médicos. + +--¿A Vichy directamente? ¿No pensaban ustedes detenerse en alguna parte? + +--Sí tal, en Bayona. Allí descansaríamos. + +--¿Está usted bien segura? + +--Segurísima. Me lo explicó cien veces el señor de Miranda. + +--Pues en ese caso, diré a usted lo que opino. Indudablemente, su marido +de usted, detenido por una circunstancia cualquiera, que no hace al +caso, se quedó en Venta de Baños anoche. Por medida de precaución, le +haremos, si usted quiere, un telegrama desde Hendaya; pero lo que yo +supongo es que tomará el primer tren que vea salir para Francia, +corriendo en busca de usted. Si retrocedemos, se expone usted a cruzarse +con él en el camino, y a perder tiempo, y a molestarse más. Si se queda +usted en la primera estación que encontremos, para esperarle allí.... + +--Eso, eso sería lo mejor. + +--No, porque como él no lo sabe, y como han pasado horas y ya estará +andando quizá para unirse a usted, y no podremos avisarle, y el tren se +detiene brevísimos momentos en esas estaciones... no me parece acertado. +Además, que tendrían ustedes acaso que quedarse los dos en una estación +mezquina, esperando otro tren.... Ese recurso no es aceptable. + +--Pues discurra usted...--dijo la niña con empeño y confianza, animada +por el «si retrocedemos...» del viajero, que le prometía implícitamente +asistencia y auxilio. + +--Seguir a Bayona, señora: es lo único que cabe. Creo que su marido de +usted se dirigirá desde luego allí. Nosotros llegamos en el tren de la +tarde y él en el de la noche. Cuando no ha telegrafiado avisando a usted +de que se vuelva (cosa que pudo hacer), es que sigue. + +No puso Lucía objeciones. Ignorante de la ruta, sintió placer singular +en entregarse a la ajena experiencia. Callada, se inclinó a la +ventanilla y siguió la línea escabrosa de la sierra, que se recortaba en +el cielo despejado. El tren andaba más despacio cada vez: estaban +llegando a una estación. + +--¿Qué es esto?--dijo volviéndose a su compañero. + +--Miranda de Ebro--contestó él lacónicamente. + +--¡Qué sed tengo!--murmuró Lucía--. Diera por un vaso de agua.... + +--Bajémonos: beberá usted en la fonda--respondió Artegui, a quien el +imprevisto suceso comenzaba a sacar de su abstracción. Y saltando el +primero, ofreció el brazo a Lucía, que se apoyó sin ceremonias, y a +impulsos de la sed, echó a correr hacia la cantina, donde algunas +botellas empezadas, naranjas a medio exprimir, tarros de horchata y +jarabe, frasquitos de azahar, se disputaban un mostrador cubierto de +zinc y unos estantes pintados de amarillo. Sirviéronle el agua, y sin +dar tiempo a que se disolviese el bolado, la bebió a sorbetones, de +prisa; sacudió los mojados dedos, limpiándose después con su pañolito. + +Artegui pagó. + +--Muchas gracias--dijo ella mirando a su taciturno acompañante--. A +gloria me ha sabido. Cuando hay sed.... Muchas gracias, señor don.... +¿cómo se llama usted? + +--Ignacio Artegui--pronunció él con visos de extrañeza. + +La ingenuidad suele parecerse al descaro, y sólo el candor de aquellos +ojos límpidos que se clavaban en él pudo hacer que el viajero +distinguiese entre ambas cosas. + +--¿No quiere usted algo más?--murmuró--. ¿Desayunarse? ¿Café o +chocolate? + +--No, no... lo que es por ahora, no siento apetito. + +--Pues espéreme en el coche. Voy a arreglar el asunto de su billete de +usted. + +Volvió en breve, y el tren comenzó de nuevo su marcha, que de noche +parecía vertiginosa y fatigosa de día. El sol iba ascendiendo a su +cenit, y el calor se anunciaba por ráfagas tibias y pesadas, alientos de +fuego que encendían la atmósfera. Ligero polvillo de carbón, procedente +de la máquina, entraba por las ventanas, depositándose en los +blanquecinos cojines y en el velo de percal que preservaba el respaldo +de los asientos. A veces, contrastando con el tufo penetrante del carbón +de piedra, venía una bocanada del agreste perfume de los encinares y las +praderías, extendidas a uno y otro lado del tren. Tenía el país mucho +carácter: eran las Vascongadas, rudas y hermosas. Por todas partes +dominaban el camino amenazantes alturas, coronadas de recias casamatas o +fuertes castillos recientemente construidos allí para señorear aquellos +indomables cerros. En los flancos de la montaña se distinguían anchas +zanjas de trincheras o líneas de reductos, como cicatrices en un rostro +de veterano. Altos y elegantes chopos ceñían las bien cultivadas +llanuras, verdes e iguales, a manera de un collar de esmeraldas. De +entre el blanco y limpio caserío se destacaban las torres de los +campanarios. Lucía se signaba al verlas. + +Al pasar por delante de Vitoria un recuerdo acudió a su mente. Se lo +trajeron las largas alamedas que adornan y cercan la ciudad. + +--Parecen los árboles de León--murmuró suspirando. + +Y añadió en voz más baja, como hablándose a sí misma: + +--¡Qué hará ahora el pobre papá! + +--¿Se ha quedado su padre de usted en León?--preguntó Artegui. + +--Sí, en León.... Si él supiese lo que pasa, tendría un terrible +disgusto. ¡Él, que me hizo tantos cientos de encargos y advertencias! +Que tuviésemos cuidado con los ladrones... con las enfermedades... con +no tomar sol... con no mojarnos.... Vamos, cuando lo pienso.... + +--¿Es anciano su padre de usted? + +--Viejecito, viejecito... pero muy guapo y bien conservado, más hermoso +que un oro para mí. Yo logré la suerte de tener el mejor padre de toda +España... no ve sino por mis ojos el pobre. + +--¿Es usted única, acaso? + +--Sí, señor... y huérfana de madre desde que era así--explicó Lucía +bajando la extendida mano y colocándola a la altura de sus rodillas--. +¡Qué! ¡si aún mamaba cuando se murió mi madre! Y mire usted, esa fue la +única desgracia que yo tuve; porque por lo demás, personas habrá +felices, pero más de lo que yo lo fui.... + +Artegui posó en ella sus ojos dominadores y profundos. + +--¡Era usted feliz!--repitió, como un eco del pensamiento de la niña. + +--¡Vaya! Sí que lo era. El Padre Urtazu me decía a veces: cuidado, +chiquilla; mira que Dios te lo está pagando todo adelantado, y después, +cuando te mueras, ¿sabes tú lo que va a decir? Que no te debe nada. + +--¿De suerte que usted--preguntó Artegui--nada echaba de menos en su +tranquila existencia de León? ¿No deseaba usted nada? + +--Deseaba, sí... algunas veces, sin saber qué. Ahora pienso que lo que +deseaba era esto: salir, variar algo de vida. Pero no me impacientaba, +porque me parecía que, tarde o temprano, llegaría a lograrlo; ¿no es +cierto? El Padre Urtazu solía reírse de mí, exclamando: paciencia, que +cada otoñillo trae su frutillo. + +--El Padre Urtazu.... ¿es jesuita? + +--¡Jesuita... y más sabio! Entiende de cuanto Dios crió. Yo algunas +veces, por desesperar a doña Romualda, que es la directora de mi +colegio, le decía: De mejor gana aprendería con el Padre Urtazu, que con +usted. + +--¡Y ahora--pronunció Artegui, con la brutal curiosidad de unos dedos +que abren a viva fuerza un capullo de flor--, sería usted más feliz que +nunca! ¡Digo! ¡Casarse nada menos! + +No percibió Lucía el tono irónico que dieron a aquella frase los labios +de su acompañante, y respondió con sinceridad: + +--Le diré a usted.... Siempre deseé casarme a gusto del viejecito, y no +afligirlo con esos amoríos y esas locuras con que otras muchachas +desazonan a sus padres.... Mis amigas, digo algunas, veían pasar por +delante de su ventana a un oficial de la guarnición.... ¡zas! ya estaban +todas derretidas, y carta va y carta viene.... Yo me asombraba de eso de +enamorarse así, por ver pasar a un hombre.... Y como al fin nada se me +daba de los que pasaban por la calle, y al señor de Miranda ya le +conocía, y a padre le gustaba tanto... calculé: ¡mejor! así me libro de +cuidados, ¿no es verdad? cierro los ojos, digo que sí y ya está hecho... +Padre se pone muy contento y yo también. + +Artegui se quedó mirándola tan fijamente, que Lucía sintió, digámoslo +así, el peso y el calor de aquellos ojos en sus mejillas, y encendiose +toda en rubor, murmurando: + +--¡Le cuento a usted cada tontería! Como no tenemos de qué hablar.... + +Seguía él escudriñando con la vista el franco y juvenil semblante, como +una hoja de acero registra la carne viva. Harto sabía que el desahogo y +libertad revelan quizá más ausencia de malicia que la cautelosa reserva; +mas con todo eso, le maravillaba la extremada sencillez de aquella +criatura. Era preciso, para entenderla, observar que la salud poderosa +del cuerpo le había conservado la pureza del espíritu. Nunca +enlanguideciera la fiebre aquellos ojos de azulada córnea; nunca secara +aquellos fresquísimos labios la calentura que consume a las niñas en la +difícil etapa de diez a quince. La imagen más adecuada para representar +a Lucía, era la de un cogollo de rosa muy cerrado, muy gallardo, +defendido por pomposas hojas verdes, erguido sobre recio tronco. + +Agobiaba el calor, cada vez más sofocante. Al llegar a Alsasua, quejose +nuevamente Lucía de sed, y Artegui, ofreciéndole el brazo, la condujo al +comedor de la fonda, recordándole que era razón tomar algo, puesto que +tantas horas habían transcurrido desde la cena. + +--Dos almuerzos--gritó al mozo, palmoteando para que le atendiesen. + +El mozo se acercó, servilleta al hombro; tenía una cara tostada, +amilitarada, que reñía con los escarpines de charol y el pelo atusado +con bandolina, librea que el público impone a sus servidores en tales +lugares. Hacíale aún más marcial ancha cicatriz, que naciendo en la guía +izquierda del bigote, iba a perderse en el cuello. Miraba el mozo +fijamente a Artegui, con ojos muy abiertos; hasta que dando un grito, o +más bien una especie de alegre latido perruno, exclamó: + +--¡Él o el diablo en su figura! ¡Señorito Ignacio! ¡¡Dichosos los +ojos!!... + +--¿Tú por aquí, Sardiola?--murmuró reposadamente Artegui. Almorzaremos +bien, porque pondrás cuidado en servirnos. + +--Pues sí, señorito, yo por aquí... _Después_--dijo recalcando la frase +y bajando la voz--, como todo lo mío lo encontré arrasado... la casa +hecha cenizas, y el campo perdido... me di a ganar la vida como pude.... +Y usted, señorito.... ¿Sigue usted a Francia? + +--A Francia voy; pero con tu charla nos vamos a quedar sin comer. + +--No faltaría más.... + +Sardiola dirigió a uno de sus compañeros de servilleta algunas palabras +en eúskaro, erizadas de _zetas, kas_ y _tes_. Fueron al punto servidos +Artegui y Lucía, mientras el mozo se apoyaba en el respaldo de la silla +del primero. + +--¡Con que a Francia! ¿Y la señora doña Armanda? ¿Se conserva bien? + +--No muy bien...--contestó Ignacio, nublado más que de costumbre el +ceño--. Padece mucho.... Cuando la dejé estaba, sin embargo, más +aliviada. + +--Con su vuelta de usted se pone buena del todo. + +Y mirando a Lucía y dándose una razonable puñada en la frente, gritó de +pronto Sardiola: + +--Cuanto más, que.... ¡Bobo de mi!; pues claro que va a sanar la señora +doña Armanda, cuando vea la alegría que se le entra por las puertas. ¡Ay +qué gusto verle a usted casado, señorito! ¡Y con tan linda muchacha! +¡Para bien sea! + +--Majadero--dijo Ignacio, bronco y desapacible--; esta señora no es mi +mujer. + +--Pues es lástima--contestó el vasco, mientras Lucía le miraba +risueña--. Harían ustedes una pareja, que ya, ya.... Ni escogidos. Sólo +que la señorita.... + +--Acabe usted--suplicó Lucía, divertida hasta lo sumo y ocupada en +quitar a una mandarina su cubierta de papel de seda. + +--¿Lo digo, señorito Ignacio? + +Artegui se encogió de hombros. Sardiola, creyéndose autorizado, se +explayó. + +--La señorita tiene cara de estar de buen humor siempre... y usted.., +¡Usted siempre está así, como si le hubiesen dado cañazo! En eso no +emparejarían ustedes bien. + +Soltó Lucía la carcajada y miró a Artegui, que sonreía complaciente, lo +cual aún la animó a reír más. El almuerzo prosiguió en el mismo tono +cordial, alegrado por la charla de Sardiola, por el infantil regocijo de +Lucía. Hasta la misma puerta del departamento les siguió el mozo cuando +se volvieron a su coche; y a ser Lucía dueña de los brazos de Artegui, +los hubiera echado al cuello de Sardiola, a tiempo que éste repetía, +entornados los ojos y en el tono con que se reza, si se reza de veras: + +--La Virgen de Begoña vaya con usted, señorito..., que encuentre usted +bien a doña Armanda.... Mándeme usted como si fuese un perro, un perro +suyo.... Mire usted, que estoy aquí.... + +--Bien, bien--dijo Artegui, vuelto ya a su displicente reserva. + +Rompió el tren a andar, y quedose Sardiola de pie en el andén, agitando +la servilleta en señal de despedida, sin mudar de actitud hasta que el +humo de la chimenea se borró en el horizonte. Lucía miraba a Artegui, y +hervíanle las preguntas en los labios. + +--Mucho le quiere a usted ese pobre hombre--murmuró al fin. + +--He tenido la desgracia de hacerle un favor--contestó Ignacio--, y +desde entonces.... + +--¡Oiga! ¿A eso llama usted desgracia? Pues muy desgraciado está usted +siendo desde esta mañana, porque me hizo usted cien favores ya. + +Sonriose Artegui de nuevo y miró a la niña. + +--No consiste la desgracia--dijo--en hacer el favor, sino en que se lo +agradezcan a uno tanto. + +--Pues yo también padezco del achaque de Sardiola.... ¡y a mucha +honra!--declaró Lucía--; ¡ya verá usted! + +--¡Bah!... ¡Sólo falta que también me salgan agradecidos sin +causa!--respondió Artegui en el mismo tono festivo--. Pase aun cuando +hay algún motivo, como con ese infeliz de Sardiola.... + +--¿Qué hizo usted por él?--preguntó Lucía, incapaz de sellar sus labios +preguntones. + +--Poca cosa: curarle una herida, bastante grave. + +--¿Aquella cicatriz que tiene que le cruza la mandíbula? + +--Justamente. + +--¿Es usted médico? + +--De afición.... Y por casualidad. + +Calló Artegui, y no osó inquirir más Lucía. El calor iba en aumento, más +pegajoso cada vez. Parecía el día de otoño sofocante jornada estival, y +el polvillo del carbón, disuelto en la candente atmósfera, ahogaba. +Intrincábase el país, haciéndose cada vez más montañoso y quebrado. De +cuando en cuando penetraban en un túnel, y entonces la obscuridad, el +crujido fuerte del tren, un aire húmedo de subterráneo, colándose en el +departamento, consolaban algo de la tórrida temperatura. + +Lucía se abanicaba con un periódico dispuesto por Artegui en forma de +concha, y leves gotitas transparentes de sudor salpicaban su rosada +nuca, sus sienes y su barbilla: de cuando en cuando las embebía con el +pañuelo: los mechones del cabello, lacios, se pegaban a su frente. +Desabrochose el cuello almidonado, se quitó la corbata, que la +estrangulaba, y se recostó, dando indicios de gran desmadejamiento, en +la esquina. A fin de refrescar un poco el interior, corrió Artegui las +cortinillas todas ante los bajos vidrios, y una luz vaga y misteriosa, +azulada, un sereno ambiente, formaban allí, algo de gruta submarina, +añadiendo a la ilusión el ruido del tren, no muy distinto del mugir del +Océano. Insensible al cálido día, Artegui levantaba la cortina un poco, +se asomaba, miraba el país, los robledales, la sierra, los valles +profundos. Una vez acertó a ver pintoresca romería. Fue rápido y fugaz +el cuadro, pero no tanto que no distinguiese a la gente siguiendo el +sendero angosto, escapulario al cuello, a pie o en carretas de bueyes, +cubiertos con boina roja o azul los hombres, las mujeres tocadas con +pañolitos blancos. Parecía el desfile la bajada de los pastores en un +Nacimiento; el sol claro, alumbrando plenamente las figuras, les daba la +crudeza de tonos de muñecos de barro pintado. Artegui llamó a Lucía, que +alzando la cortina a su vez, echó el cuerpo fuera, hasta que una +revuelta del camino y la rapidez del tren borraron el cuadro. + +Acontecía que los pícaros de los túneles se solazaban en taparles adrede +los mejores puntos de vista de la ruta. Que aparecía un otero, risueño, +un grupo de frondosos árboles, una amena vega, ¡paf! el túnel. Y se +quedaban inmóviles al vidrio, sin osar hablar, ni moverse, cual si de +pronto entrasen en una iglesia. Algo familiarizada Lucía ya con el +calor, interesábanle mucho los accidentes de paisaje que a uno y otro +lado del tren se extendían. Le agradaron las fábricas de fósforos, +altas, enyesadas, limpias, con su gran letrero en la frente; y en +Hernani batió palmas al divisar a la izquierda un magnífico parque +inglés, con sus macizos de flores resaltando sobre el verde césped, y +sus coníferas elegantes, de ramaje simétrico y péndulo. En Pasajes, tras +de la monotonía fatigosa de las montañas reposaron al fin los ojos, +viendo extenderse el mar azul, un tanto rizado, mientras los buques, +fondeados en la bahía, se columpiaban con oscilación imperceptible, y +una brisa marina, acre y salitrosa, estremecía las cortinillas de +tafetán del coche, aventando el sudor de la frente de los cansados +viajeros. Lucía se quedó embobada ante el Océano, nunca de ella visto +hasta entonces, y cuando el túnel--de sopetón y sin pedir +permiso--cubrió el espectáculo con negro velo, permaneció de codos en la +ventanilla, absorta, las pupilas dilatadas, entreabiertos de admiración +los labios. + +A medida que corrían las horas y la jornada avanzaba iba Artegui +perdiendo un poco de su estatuaria frialdad, y cada vez más +comunicativo, explicaba a Lucía las vistas de aquel panorama móvil. +Escuchaba la niña con el género de atención que tanto agrada y cautiva a +los profesores: la del discípulo entusiasta y sumiso a la vez. Artegui +era elocuente, cuando a hablar se resolvía; detallaba las costumbres del +país, contaba pormenores de los pueblecitos, hasta de los caseríos +entrevistos al paso. A su voz, respondían unas pupilas fijas y atentas, +un rostro que escuchaba todo él, mudando de expresión según el narrador +quería. Fue de suerte, que al bajarse en Irún y oír las primeras sílabas +pronunciadas en idioma extraño, Lucía murmuró como con pena: + +--¿Pero qué? ¿Hemos llegado ya? + +--A Francia, casi--respondió Artegui--; pero aún nos falta un trecho +regular hasta Bayona. Aquí se registran los equipajes: es la aduana de +Irún. No nos molestarán mucho: los que vienen de Francia a España, son +víctimas de los carabineros, de nosotros, que vamos de España a Francia, +nadie supone que llevemos contrabando, ni ropa nueva.... + +--Pues yo si la llevo--exclamó Lucía--. Mis galas.... ¿Ve usted aquel +mundo grande que han puesto sobre el mostrador? Es el mío... y aquel +otro, el de Miranda... y la sombrera.... + +--Déme usted el talón y las llaves para que registren. + +--¿Cómo? ¿El recibo dice usted y las llaves? ¡Si todo lo llevaba consigo +Miranda! No tengo nada de eso. + +--En tal caso, está usted sin equipaje. Tendrá que quedarse aquí hasta +que su marido de usted lo recoja. + +Lucía miró a Artegui, el rostro un tanto compungido, y casi +instantáneamente soltó la risa. + +--¡Sin equipaje!--repitió. + +Y redoblaba el arpegio de sus carcajadas, pareciéndole donosísimo +incidente el de quedarse sin equipaje alguno. Hallábase, pues, como una +criatura que se pierde en la calle, y a la cual recogen por caridad +hasta averiguar su domicilio. Aventura completa. Niña como era Lucía, +así pudo tomarla a llanto como a risa; tomola a risa, porque estaba +alegre, y hasta Hendaya no cesó la ráfaga de buen humor que regocijaba +el departamento. En Hendaya prolongó la comida aquel instante de +cordialidad perfecta. El elegante comedor de la estación de Hendaya, +alhajado con el gusto y esmero especial que despliegan los franceses +para obsequiar, atraer y exprimir al parroquiano, convidaba a la +intimidad, con sus altos y discretos cortinajes de colores mortecinos su +revestimiento de madera obscura, su enorme chimenea de bronce y mármol, +su aparador espléndido, que dominaba una pareja de anchos y barrigudos +tibores japoneses, rameados de plantas y aves exóticas; fulgurante de +argentería Ruolz, y cargado con montones de vajillas de china opaca. +Artegui y Lucía eligieron una mesa chica para dos cubiertos, donde +podían hablarse frente a frente, en voz baja, por no lanzar el sonido +duro y corto de las sílabas españolas entre la sinfonía confusa y ligada +de inflexiones francesas que se elevaba de la conversación general en la +mesa grande. Hacia Artegui de maestresala y copero, nombraba los platos, +escanciaba y trinchaba, previniendo los caprichos pueriles de Lucía, +descascarando las almendras, mondando las manzanas y sumergiendo en el +bol de cristal tallado lleno de agua, las rubias uvas. En su semblante +animado parecía haberse descorrido un velo de niebla y sus movimientos, +aunque llenos de calma y aplomo, no eran tan cansados y yertos como +antes. + +Al subir ellos al tren, caía la tarde y el sol descendía con la rapidez +propia de los crepúsculos del otoño. Cerraron las ventanillas de un +lado, y los rayos del Poniente vinieron a reflejarse un instante en el +techo del departamento, retirándose después como niños que acaban de +hacer alguna jugarreta. Las montañas se ennegrecían, los celajes más +remotos eran de color de brasa; luego se apagaban unos tras otros como +una rosa de fuego que fuese soltando sus pétalos encendidos. Languideció +la conversación entre Artegui y Lucía, y ambos se quedaron silenciosos y +mustios, él con su acostumbrado aspecto de fatiga, ella sumida en +profundo recogimiento, dominada por la melancolía del anochecer. Crecía +la sombra, y de uno de los vagones, venciendo el ruido de la lenta +marcha del tren, brotaba un coro apasionado y triste en lengua extraña, +un zortzico, entonado a plena voz, por multitud de jóvenes vacos, que, +juntos, iban a Bayona. A veces una cascada de notas irónicas y risueñas +cortaba el canto, después la estrofa volvía, tierna, honda, cual un +gemido, elevándose hasta los cielos, negros ya como la tinta. Lucía +escuchaba, y el convoy, despacioso, hacía el bajo, sosteniendo con su +trepidación grave, las voces de los cantores. + +La llegada a Bayona sorprendió a Artegui y Lucía como el despertar de +prolongado sueño. Artegui retiró aprisa su mano de la asilla del vidrio, +donde la apoyaba, y la niña miró atónita a su alrededor. Notó que hacía +fresco, y abrochó su cuello y anudó su corbata. Hombres con boina, mozas +con el pañolito atado tras del moño, una marea de viajeros de diversa +catadura y condición social, se empujaba, se codeaba y bullía en la +ancha estación. Artegui dio el brazo a su compañera por no perderla en +aquel remolino. + +--¿Había elegido su marido de usted algún hotel en Bayona?--le preguntó. + +--Me parece...--murmuró Lucía recordando--que le oí hablar de una fonda +de San Esteban. Me fijé porque yo tengo de ese santo una estampa muy +bonita en mi libro de misa. + +--Saint Etienne--dijo Artegui al cochero del ómnibus que, desde el +pescante, vuelta la cabeza, aguardaba la orden. + +Arrancaron los caballos a su pesado trote percherón, y fueron rodando +por las calles bien enlosadas, hasta detenerse ante un portal estrecho, +con sus tiestos de plantas raquíticas, su escalerilla de mármol y sus +claros faroles de gas. + +Una mujer alta, rubia, limpia, de gorra planchada y encañonada, acudió +solícita a la puerta, apresurándose a dar el maletín de Artegui a un +mozo. + +--Los señores querrán una habitación--murmuró en francés con su voz +melosa y complaciente. + +--Dos--contestó Artegui lacónico. + +--Dos--repitió ella en español, si bien con acento transpirenaico--. ¿Y +las _quierren los señoress cuntas_? + +--Independientes del todo. + +--_Tout a fait_... _Serrán_ servidos. + +La dueña llamó a una camarera, no menos que ella pulcra y servicial, y +tomando ésta dos llaves de la tabla numerada en que colgaban todas las +del hotel, echó delante por las escaleras enceradas, y la siguieron +Artegui y Lucía. + +En el tercer piso se detuvo, no sin algún sobrealiento, y abriendo las +puertas de dos gabinetes contiguos, pero independientes, encendió con +pajuelas las bujías colocadas, sobre la chimenea, y fuese. Artegui y +Lucía permanecieron unos segundos callados, de pie, en la puerta de las +habitaciones. Al fin pronunció él: + +--Es natural que quiera usted lavarse y quitarse el polvo, y descansar +un rato. La dejo a usted. Llame usted a la camarera, si necesita algo; +aquí todas hablan su poco de español. + +--Hasta luego--contestó mecánicamente ella. + +Así que el batir de la puerta hubo anunciado a Lucía que estaba sola del +todo, y que sus ojos se fijaron en la habitación desconocida, mal +alumbrada por las bujías, desvaneciósele la especie de mareo del viaje; +recordó su cuartico de León, sencillo, pero primoroso como una taza de +plata, con su pila, sus santos, sus matas de reseda, su costurero y su +armario de cedro, monumental y atestado de ropa limpia. Vinósele también +a la memoria su padre, Carmela, Rosarito, todo el dulce pasado. Sintiose +entonces triste, muy triste; la asaltaron miedos y terrores +indefinibles, pero fortísimos; pareciole su situación extraña y +peligrosa, preñado de amenazas el presente, obscuro el porvenir. Dejose +caer en una butaca y clavó en las luces la mirada fija y vacía de los +que se absorben en penosa meditación. + + + + +-V- + + +Sería pasada una hora, o quizás hora y media, cuando oyó Lucía herir con +los nudillos a la puerta de su cuarto, y abriendo, se halló cara a cara +con su compañero y protector, que en los blancos puños y en no sé qué +leves modificaciones del traje, daba testimonio de haber ejercido ese +detenido aseo, que es uno de los sacramentos de nuestro siglo. Entró, y +sin sentarse, tendió a Lucía un portamonedas, amorcillado de puro +relleno. + +--Aquí tiene usted--dijo--dinero suficiente para cuanto pueda +ocurrírsele, hasta la llegada de su marido. Como estos días suelen los +trenes sufrir mucho retraso, creo que no vendrá hasta la madrugada; pero +de todas suertes, aunque no llegase en diez días o en un mes, le alcanza +a usted para esperar. + +Mirábale Lucía cual si no comprendiese, y no alargaba la mano para tomar +el portamonedas. Él se lo introdujo en el hueco del puño. + +--Yo tengo que salir ahora a unos asuntos.... Después cogeré el primer +tren que salga. Adiós, señora--añadió ceremoniosamente: y dio dos pasos +hacia la puerta. + +Entonces ya la niña, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asió de +la manga de la americana, exclamando: + +¿Pero qué... cómo? ¿Qué quiere decir eso del tren? + +--Lo natural, señora--pronunció con su ademán cansado el viajero--. Que +sigo mi ruta; que voy a París. + +--¡Y me deja usted así... sola! ¡Sola aquí, en Francia!--gimió Lucía con +el mayor desconsuelo del mundo. + +--Señora... esto no es ningún desierto, ni corre usted el riesgo menor, +tiene usted dinero, es lo único que hace falta en tierra francesa; +estará usted muy bien servida y atendida, yo se lo fío.... + +--Pero.... ¡Jesús, sola, sola!--repetía ella sin soltar la manga de +Artegui. + +--Dentro de breves horas estará aquí su marido de usted. + +--¿Y si no viene? + +--¿Por qué no ha de venir? ¿De dónde saca usted que no vendrá? + +--Yo no digo eso--balbució Lucía--; sólo digo que si tardase.... + +--En fin--murmuró Artegui--, yo tengo también mis ocupaciones.... Es +fuerza que me vaya. + +No contestó Lucía cosa alguna; antes le soltó, y desplomándose otra vez +en el sillón, ocultó el rostro entre ambas manos. Artegui se llegó a +ella, y vio que su seno se alzaba a intervalos desiguales, como si +sollozara. Entre sus dedos saltaban gotitas de agua, cual saltan de la +esponja al comprimirla. + +--Alce usted esa cara--mandó Artegui. + +Lucía enderezó el rostro sofocado y húmedo, y a pesar suyo, sonriose al +hacerlo. + +--Es usted una niña--pronunció él en grave tono--, una niña que no tiene +obligación de saber lo que acontece en el mundo. Yo, que lo he visto... +más de lo que quisiera, sería imperdonable en no desengañarla. El mundo +es un conjunto de ojos, oídos y bocas, que se cierran para lo bueno y se +abren para lo malo gustosísimas. Mi compañía le hace a usted ahora más +daño que provecho. Si su marido de usted no tiene un criterio +excepcional--y no hay razón para que lo tenga--, maldita la gracia que +le hará encontrarla a usted tan acompañada. + +--¡Ay, Dios mío! ¿Y por qué? ¿Qué sería de mí si no le hubiese hallado a +usted tan a tiempo? Puede que el bárbaro del empleado me metiese en la +cárcel. Yo no sé lo que hará el señor de Miranda; pero lo que es el +pobre papá... besaría en donde usted pisa. Estoy segura de ello. + +Y Lucía, con un movimiento de apasionada y popular gratitud, hizo ademán +de inclinarse ante Artegui. + +--Un marido no es un padre...--contestó éste--. Lo racional, lo sensato, +señora, es que me vaya. Ya telegrafié a Miranda de Ebro para que, en el +caso de hallarse allí su esposo, le digan que está usted aquí en Bayona +esperándole. Pero de fijo estará en camino. + +--Márchese usted, pues. + +Y Lucía volvió a Artegui la espalda, reclinándose en la ventana de +codos. + +Permaneció Artegui un rato indeciso, de pie en mitad de la estancia, +mirando a la niña, que sin duda se estaba sorbiendo las lágrimas +silenciosamente. Al fin se acercó a ella, y hablándole casi al oído: + +--Después de todo--murmuró--, no hay para qué se apure usted tanto. +¡Guarde usted sus lágrimas, que si vive, tiempo y ocasión tendrán de +correr! + +Bajando aún más su voz timbrada, añadió: + +--Me quedo. + +Volviose Lucía con la rapidez de un muñeco de resorte, y batiendo +palmas, gritó como una loca: + +--Muchas gracias, muchas gracias, señor de Artegui. ¡Ay!, ¿pero se queda +usted de veras? Estoy fuera de mí de contenta. ¡Qué gusto, Dios mío! +Pero...--dijo de pronto reflexionando--, ¿puede usted quedarse? ¿No le +cuesta ningún sacrificio? ¿No le molesta? + +--No--respondió Artegui con faz sombría. + +--Aquella señora... aquella Doña Armanda que le aguarda a usted en +París.... ¿le necesitará también? + +--Es mi madre--pronunció Artegui. + +Y la respuesta pareció a Lucía satisfactoria, aun cuando realmente no +resolviese la duda que acababa de expresar. + +Artegui, entretanto, rodando un sillón hasta tocar con la mesa, se +sentó, y acodándose sobre el tapiz, escondió el rostro entre las manos, +meditabundo. Lucía, desde el hueco de la ventana, observaba sus +movimientos. Cuando vio que eran corridos hasta diez minutos sin que +Artegui diese indicios de menearse ni de hablar, fuese aproximando +quedito, y con voz tímida y pedigüeña, balbuceó: + +--Señor de Artegui.... + +Alzó él el rostro. El velo de niebla cubría otra vez sus facciones. + +¿Qué quiere usted?--dijo broncamente. + +--¿Qué tiene usted? Me parece que se ha quedado usted así..., muy +cabizbajo y muy triste... supongo que será por... lo de antes.... Mire +usted, si ha de estar usted tan afligido... creo que prefiero que usted +se vaya, sí, señor. + +No estoy afligido, estoy... como suelo. ¡Ah!, como usted apenas me +conoce, le cogerá de nuevo mi modo de ser. + +Y viendo a Lucía que permanecía de pie y con aire contrito, le señaló el +otro sillón. Trájolo Lucía arrastrando hasta ponerlo frente al de +Artegui, y tomó asiento. + +--Hable usted de algo--prosiguió Artegui--; hablemos.... Necesitamos +distraernos, charlar... como esta tarde. + +--¡Ah!, ¡esta tarde estaba usted de tan buen humor! + +--¿Y usted? + +--El calor me agobiaba. Nuestra casa de León es muy fresca: yo soy mucho +más sensible al calor que al frío. + +--Habrá usted tomado con gusto el lavatorio y las palanganas.... Parece +que se revive, al lavarse después de un viaje. + +--Sí, pero...--Lucía se interrumpió--. Me faltaba una cosa muy esencial. + +--¿Qué cosa? Colonia, de fijo.... ¡yo me olvidé de traerla a usted mi +neceser! + +--No, señor... el baúl, donde viene la ropa blanca.... No pude mudarme. + +Artegui se levantó. + +--¿Por qué no lo dijo usted antes?, ¡justamente estamos en el pueblo +donde se equipan las novias españolas! Vuelvo pronto. + +--Pero.... ¿adónde va usted? + +--A traerla a usted un par de mudas.... Debe usted de estar en un potro +con esa ropa. + +--¡Señor de Artegui, por Dios!, yo abuso de usted; aguarde.... + +--¿Por qué no se viene usted conmigo a elegirlas? + +Y Artegui presentó a Lucía su toca. + +Los escrúpulos de la niña se volaron como un bando de asustadas +codornices, y algo vergonzosa, pero más contenta, se colgó del brazo de +Artegui prontamente. + +--Veremos las calles, ¿verdad?--exclamó entusiasmada. + +Y al bajar despacio los encerados y resbaladizos escalones, dijo con un +resto de encogimiento y meticulosidad provinciana: + +--Por supuesto, señor de Artegui, que mi marido le abonará a usted todos +estos gastos.... + +Artegui, sonriendo, la sostuvo mejor en el brazo, y diéronse a andar por +Bayona tan cordiales como si en toda su vida otra cosa hubiesen hecho. +La noche era digna del día: en el cielo de aterciopelado azul +centelleaban claras y vivas las estrellas; el gas de las innumerables +tiendas con que Bayona explota la vanidad de los españoles pudientes y +trashumantes, ponía a las obscuras manzanas de casas un collar de luz, y +en los escaparates se lucían, con todos los tonos de la escala +cromática, telas ricas, porcelanas y bronces caprichosos, opulentas +joyas. Caminaba la pareja silenciosa, a paso igual y rítmico, midiendo +Artegui su andar largo y varonil por el paso más corto de Lucía. En las +calles la gente circulaba de prisa, animada, como el que va a algo que +le interesa: no con esa lentitud de los españoles que se pasean por +tomar el aire y matar el tiempo. Ante los cafés, las mesas al aire libre +tenían mucho parroquiano, porque la templada atmósfera lo consentía; y +bajo la claridad fuerte de los reverberos bullían los mozos sirviendo +cerveza, café o bavaresa de chocolate, y el humo de los cigarros, y el +crujir de los periódicos que desdoblaban, y las conversaciones, y el +sonido seco de las fichas del dominó dando contra el mármol, llenaban de +vida aquel trozo de acera. De pronto Artegui, al volver una esquina, se +metió en una tienda no muy ancha, cuyo escaparate ocupaban casi por +entero dos luengos peinadores salpicados de cascadas de encaje y lazos +de cinta azul el uno, rosa el otro. Dentro, era una exhibición de +cuantos objetos componen el tocado íntimo del niño y la mujer. Las +camisas presentaban coquetonamente el adornado escote, ocultando la lisa +falda; los pantalones estiraban, simétricas y unidas, una y otra pierna; +las chambras tendían los brazos, las batas inclinaban el cuerpo con +graciosa laxitud. + +El blanco suave y ebúrneo de las puntillas contrastaba con el candor de +yeso del madapolán. Alguna cofia de mañana, colocada sobre un pie de +palo torneado, lanzaba un toque de colores vivos, de seda y oro, entre +las alburas que cubrían aquel recinto como una capa de nieve. + +Hablaba español la dueña de la tienda, semejante en esto a la mayoría de +los comerciantes de Bayona; y al pedirle Lucía dos juegos de ropa +blanca, aprovechó sus conocimientos en la lengua de Cervantes para +tratar de embarcarla en más compras. Tomando a Lucía y a Artegui por +recién casados, se puso lisonjera, insinuante, pesadísima, y se empeñó +en enseñarles un equipo completo, barato, de lo más distinguido; echó +sobre el mostrador brazadas de prendas, una marea de randas, de +bordados, de cintas y de batista. No contenta con lo cual, y viendo que +Lucía, semianegada en olas de lino, hacía signos negativos con cabeza y +manos, tocó otro resorte y trajo enormes cajas de cartón, que, +destapadas, mostraron encerrar gorritas microscópicas, pañales de +franela festoneados menudamente, capas de merino y de piqué, faldones +inverosímilmente largos, y otras menudencias que arrebataron a Lucía la +sangre al rostro. + +Artegui puso fin al ataque pagando los juegos elegidos y dando las señas +del hotel para que se enviasen. + +Libres ya, salieron; pero Lucía, enamorada de la hermosura y sosiego de +la noche, se mostró deseosa de prolongar algo más el paseo. + +Volvieron a cruzar ante los iluminados cafés, bordearon el teatro y +tomaron hacia el puente, a tales horas casi solitario. Las luces de la +ciudad se reflejaban trémulas en el dormido seno del Adour. + +--¡Cómo brillan las estrellas!--exclamó Lucía. + +Y tirando repentinamente del brazo a Artegui para que se detuviese: + +--¿Cuál es--preguntó--aquella que brilla tanto? + +--Se llama Júpiter. Es un planeta de nuestro sistema. + +--¡Qué bonita y qué resplandeciente! Algunas parece que tienen frío, que +tiemblan al brillar, y otras se están quietas, como si nos mirasen. + +--Son, en efecto, las estrellas fijas.... ¿Ve usted esa faja de luz que +cruza el cielo? + +--¿Eso que parece una cinta de gasa de plata, muy ancha? + +--Es la Vía Láctea: un conjunto de estrellas, tantas en número, que la +imaginación no puede concebirlas siquiera. Nuestro sol es una hormiga de +ese hormiguero, una de esas estrellas. + +--¿El sol... es una estrella?--interrogó asombrada la niña. + +--Una estrella fija. Nosotros damos vueltas en torno de ella como locos. + +--¡Ay, qué gusto es saber todo esto! En el colegio no nos enseñan ni +jota de esas cosas, y se reía de mí Doña Romualda cuando le dije que iba +a preguntarle al Padre Urtazu (que siempre está mirando al cielo con un +catalejo muy largo) lo que son las estrellas y el sol y la luna. + +Artegui torció a la derecha, siguiendo el malecón, mientras explicaba a +Lucía esas nociones elementales astronómicas, que parecen novela +celeste, cuento fantástico escrito con letras de lumbre sobre hojas de +zafiro. La niña, embelesada, miraba tan pronto a su acompañante, como al +firmamento apacible. Sobre todo, la magnitud y cantidad de los astros la +confundía. + +--¡Qué grande es el cielo! Santo Dios de bondad; si así es el material, +el visible, ¡cómo será el Empíreo, donde están la Virgen, los ángeles y +los santos! + +Artegui sacudió la cabeza, e inclinándose hacia Lucía, murmuró: + +--¿Qué le parece a usted del aspecto de esas estrellas? Cualquiera diría +que están tristes. ¿No es verdad que su centellear las hace muy +semejantes a una pupila que vierte lágrimas? + +--No están tristes--respondió Lucía--; están pensativas, que es cosa muy +diferente. Meditan ¡y no les falta en qué! sin ir más lejos, en Dios, +que las crió. + +--¡Meditar! Lo mismo meditan ellas que ese puente o esos barcos. El +_privilegio_ de la meditación--Artegui subrayó amargamente la palabra +_privilegio_--está reservado al hombre, rey de los seres. Y si en esas +estrellas existen--como no puede menos--hombres dotados de todas las +inmunidades y franquicias humanas ¡esos sí que meditarán! + +--¿Usted cree que habrá hombres en esos luceros? ¿Serán como nosotros, +señor de Artegui? ¿Comerán? ¿Beberán? ¿Andarán? + +--Lo ignoro. Una sola cosa puedo asegurarle a usted de ellos; pero esa, +con pleno conocimiento y entera certeza. + +--¿Cuál?--interrogó la niña curiosamente, mirando, a la vaga luz de los +astros, el rostro descolorido de Artegui. + +--Que sufrirán como nosotros sufrimos--contestó él. + +--¿Cómo lo sabe usted?--murmuró ella impresionada por aquel hondo +acento--. Pues a mí se me figura que en las estrellas, que son tan +bonitas y lucen tanto, no ha de haber penas, ni riñas, ni muertes, como +acá.... ¡Si allí debe de ser la gloria!--afirmó alzando la mano, para +señalar al refulgente globo de Júpiter. + +--El dolor es la ley universal, aquí como allí--dijo Artegui, mirando +fijamente al Adour, que corría, negro y silencioso, a sus pies. + +Poco más departieron, hasta volverse al hotel. Hay conversaciones que +despiertan pensamientos profundos y tras de las cuales pega mejor el +silencio que palabras frívolas. Lucía, quebrantados los huesos, sin +saber por qué, se afianzaba fuertemente en el brazo de Artegui, y él +andaba despacio, con su aire de indiferencia. Las últimas frases del +diálogo fueron casi desapacibles, casi hostiles. + +--¿A qué hora llega el tren de mañana?--preguntó Lucía de pronto. + +--El primero, a las cinco o cosa así. + +La voz de Artegui era seca y dura. + +--¿Iremos a esperarlo, a ver si viene el señor de Miranda? + +--Irá usted si gusta, señora; en cuanto a mí, permítame usted que me +niegue. + +Tan agrio era el tono de la respuesta, que Lucía se quedó sin saber qué +decir. + +--Van mozos del hotel--añadió Artegui--con usted, o sin usted, a esperar +a los trenes. No necesita darse el madrugón... a no ser que su ternura +conyugal sea tan viva.... + +Lucía bajó la frente y se le encendió la faz, como si un hierro hecho +ascua le aproximasen. Al entrar en el hotel, la dueña se acercó a ellos; +su sonrisa, avivada por la curiosidad, era aún más complaciente y +obsequiosa que antes. Les explicó que había olvidado un requisito: +preguntar el nombre del señor y de la señora y su país, para apuntarlo +en la lista de viajeros. + +--Ignacio Artegui, madame de Miranda, españoles--declaró Artegui. + +--Si el señor tuviese una tarjeta--osó decir la hostelera. + +Artegui entregó el pedazo de cartulina, y la fondista se deshizo en +cortesías y cumplimientos, cual si implorase perdón por aquella fórmula. + +--Hará usted--ordenó Ignacio--que al esperar mañana al tren de España, +pregunten por _monsieur_ Aurelio Miranda.... ¡no se olvide usted! que le +digan que _madame_ está aquí en este hotel, sin novedad, y que le +aguarda.... ¿Entendido? + +--_Parfait_--contestó la francesa. + +Diéronse las buenas noches Lucía y Artegui en el umbral de sus +respectivos cuartos. Lucía, al desnudarse, vio sobre la mesa los +paquetes de sus compras de ropa blanca. Se mudó con delicia, y acostose +creyendo dormir como una bienaventurada, a semejanza de la noche +anterior. Mas no gozó de tan regalado reposo, sino de un sueño inquieto +y desigual. Acaso la novedad del lecho, su propia blandura, hicieron en +Lucía el efecto que suelen hacer en las personas habituadas a la vida +monástica, de quienes se puede decir con paradójica exactitud que la +comodidad les incomoda. + + + + +-VI- + + +Al despertar a Lucía con un bol de café con leche, diole la camarera, +por primer noticia, la de que _monsieur_ Miranda no había venido en el +tren de España. Saltó del lecho, y se vistió en un decir Jesús, tratando +de reanudar sus dispersos recuerdos, y mirando la habitación con la +sorpresa que suelen los que, no habiendo viajado nunca, amanecen en +lugar desacostumbrado y nuevo. Miró al reloj de sobremesa: eran las +ocho. Salió al pasillo, y tecleó suaves golpecitos en la puerta del +cuarto de Artegui. + +Estaba éste en mangas de camisa, terminando sus operaciones de tocador, +y al oír que llamaban, enjugose aprisa manos y rostro, se echó por los +hombros la americana y fue a abrir. + +--Don Ignacio... buenos días. ¿Estorbo? + +--No por cierto. Entre usted, si gusta. + +--¿Está usted vestido ya? + +--O poco menos. + +--¿Sabe usted que no vino el señor de Miranda? + +--Ya me lo han advertido. + +--¿Qué me dice usted de eso? ¿No es una cosa muy rara? + +Ignacio no contestó. Comenzaba, en efecto, a parecerle algo y aun algos +extraña la conducta de aquel recién casado, que así abandonaba a su +mujer la noche de novios, dejándola en un vagón de ferrocarril. Por +fuerza algún incidente desagradable, imprevisto, había ocurrido al +Miranda incógnito, cuyo destino, por singular caso, influía así en el +suyo de cuarenta y ocho horas acá. + +--Voy--dijo--a telegrafiar a todas partes, a las principales estaciones +de la línea, a Alsasua, a.... ¿quiere usted que telegrafíe a León, a su +padre de usted? + +--¡Dios nos libre!--exclamó Lucía--; capaz es de tomar el tren para +venir a buscarme, y de ahogarse en el camino con el asma... y con el +disgusto. No, no. + +--De todas suertes, voy a dar los pasos.. + +Y Artegui embutió los brazos en los de su americana, y echó mano al +sombrero. + +--¿Va usted a salir?--preguntó Lucía. + +--¿Quiere usted algo más? + +--¿Sabe usted... sabe usted que ayer era sábado y que hoy es domingo? + +--Así suele suceder todas las semanas--contestó Artegui con afable +burla. + +--No me entiende usted. + +--Pues explíquese. ¿Qué se le ocurre? + +--¿Qué se me ha de ocurrir sino ir a misa como todo el mundo? + +--¡Ah!--exclamó Artegui. Y después añadió--: Pues es cierto. Y quiere +usted.... + +--Que usted me acompañe. No he de ir sola a misa, me parece. + +Sonriose Artegui una vez más, y la niña reparó cuán de perlas caía la +sonrisa en aquel rostro, apagado y tétrico de ordinario. Era como la +aurora cuando pinta de rosa los pardos montes; como el rayo del sol +cuando rasga los crespones de un día brumoso. Vivían los ojos, vivían +las mejillas sumidas y pálidas, renacía la juventud en aquel semblante +marchito por tribulaciones misteriosas, y empañado por perpetuos celajes +obscuros. + +--Debía usted estar siempre risueño, Don Ignacio--exclamó Lucía--. +Aunque--añadió reflexionando--del otro modo se parece usted más a usted. + +Artegui, risueño y solícito, le ofreció el brazo, pero ella no quiso +cogerse. Al llegar a la calle anduvo muy callada, con los ojos bajos, +echando de menos la protectora sombra del negro velo de su manto de +encaje, que le cubría las mejillas, dándole tan modesto porte, cuando en +León cruzaba bajo las bóvedas medio derruidas y llenas de andamiaje de +la catedral. La de Bayona le pareció linda como un dije de filigrana; +pero no pudo oír en ella tan devotamente la misa: se lo estorbaba la +pulcritud esmerada del templo, semejante a caja primorosa; los colores +vivos de las figuras neobizantinas pintadas sobre oro en el crucero, o +la novedad de aquel coro descubierto, de aquel tabernáculo aislado y sin +retablo, el moverse de los reclinatorios, el circular de las +alquiladoras de sillas. Parecíale estar en un templo de culto diverso +del que ella profesaba. Una Virgen blanca, con filetes de oro en el +manto, que presentaba el divino infante en una de las capillas de la +nave, la tranquilizó algo. Allí rezó buena porción de salves, deshojó +las rosas sangrientas del rosario, los místicos lirios de la letanía. +Salió del templo con ligero paso y alegre corazón. Lo primero que vio a +la puerta fue a Artegui, contemplando con interés la gótica forma de la +portada. + +--Ya he puesto cantidad de telegramas a las diversas estaciones, +señora--dijo descubriéndose cortésmente al verla--. En especial a la más +importante, Miranda de Ebro. Me he tomado la libertad de firmar con su +nombre de usted. + +--Gracias... pero ¿qué? ¿no oyó usted misa? exclamó la niña mirándole +atenta al rostro. + +--No, señora. Vengo, como le he dicho a usted, de la oficina de +telégrafos--contestó él evasivamente. + +--Pues dese usted prisa si quiere alcanzarla. En este mismísimo instante +salía el sacerdote revestido.... + +Contrajose levemente la faz de Artegui. + +--No oigo misa--repuso entre grave y chancero--. A menos que usted +manifestase formal empeño... en cuyo caso.... + +--¡No oír misa!--pronunció la niña, y veló sus pupilas el asombro, y +turbose toda--. ¿Y por qué no oye usted misa? ¿No es usted cristiano? + +--Supongamos que no lo fuese--balbució él muy quedo, como reo que +confiesa su crimen ante el juez, y meneando melancólicamente la cabeza. + +--¡Pues qué es usted.... Dios mío! + +Y Lucía cruzó acongojada las manos. + +--Lo que el Padre Urtazu llamaría... un incrédulo. + +¡Ah!--gritó ella con ímpetu--. El Padre Urtazu diría que son unos +malvados los incrédulos todos. + +--Pudiera añadir el Padre Urtazu que todavía son más infelices. + +--Es verdad--replicó Lucía trémula aún, como arbusto sacudido por el +cierzo--. Es verdad: todavía más infelices. El Padre Urtazu no diría, de +seguro, otra cosa. ¡Y tan infelices como son! ¡Madre mía del Rosario! + +Inclinó la niña la pensativa frente, y quedose anodada, aturdida por el +golpe repentino. El sentimiento religioso, dormido hasta entonces, con +todos los demás, en el fondo de su alma plácida y serena, despertábase +potente al impensado choque. Iban mezcladas dos sensaciones: de punzante +lástima la una, de terror y repulsión la otra. Quería apartarse +espantada de Artegui, y aun se derretían de compasión sus entrañas sólo +al mirarlo. La gente salía de misa; vertía el pórtico ondas y ondas +humanas, y Lucía, en pie, no acertaba a separarse de aquella catedral, +erguida y blanca como una mártir cristiana en el circo. Le presentó +Artegui en silencio el brazo, y ella, dudosa al pronto, aceptó por fin, +caminando ambos automáticamente en dirección al hotel. La mañana, un +tanto encapotada, prometía temperatura menos cálida y más grata que la +de la víspera. Corría regalado fresquecillo, y tras del celaje brumoso +adivinábase la sonrisa del sol, como suele columbrarse el amor al través +del enojo. + +--Está usted triste, Lucia--dijo Artegui a la niña afectuosamente. + +--Un poco, Don Ignacio--y Lucía arrancó del pecho doliente suspiro--. Y +usted tiene la culpa--añadió en blando son de amenaza. + +--¿Yo? + +--Usted, sí. ¿Por qué dice usted esas tonterías que no pueden ser? + +--¿Que no pueden ser? + +--Sí, señor. ¿Cómo es posible que no sea usted cristiano? Vamos, que no +dice usted lo que siente. + +--¿Qué le importa a usted eso, Lucía?--exclamó él, llamándola segunda +vez por su nombre--. ¿Es usted acaso el Padre Urtazu? ¿Soy yo alguien +que a usted le interese o le importe? ¿Le han de pedir a usted cuenta de +mi alma en algún tribunal? ¡Niña!, eso a usted no le va ni le viene. + +--¡No que no! ¡Vaya, Don Ignacio, que hoy está usted de lo más... de lo +más desatinado! ¡Que no me ha de importar a mí que usted se condene o se +salve, que usted sea cristiano o judío! + +--Judío... lo que es judío no lo soy--respondió Artegui, tratando de dar +al diálogo giro festivo. + +--Es lo mismo... renegar de Cristo es ser judío en suma. + +--Dejémonos de eso, Lucía; no quiero verla a usted con ese gesto; ¡se +pone usted fea!--dijo en tono desahogado él, aludiendo por vez primera a +las condiciones físicas de Lucía--. ¿Qué desea usted ahora? ¿Quiere +usted que la lleve a ver alguna curiosidad de este pueblo? ¿El hospital? +¿Los fuertes? + +Hablaba afable cual nunca, y Lucía se aplacó, como las crespas olas al +cubrirlas capa de aceite. + +--¿No podríamos salir a dar una vuelta por el campo? Me muero por los +árboles. + +Artegui torció hacia el teatro, ante cuyo pórtico aguardaban dos o tres +cochecillos de los llamados cestos. Hizo breve seña al más próximo, y el +auriga vasco, alzando su fusta, halagó con ella el anca de las tarbesas +jaquitas, que, la cerviz enhiesta, se prepararon a arrancar. Saltó +Lucía, recostándose en el ligero vehículo, y Artegui se acomodó a su +lado, ordenando: + +--Camino de Biarritz. + +Salió el carruaje veloz como un dardo, y Lucía cerró los ojos, gozando +en no pensar, en sentir las rápidas caricias del viento, que echaba +atrás las puntas de su corbata, los undívagos mechones de su cabellera. +Pintoresco y ameno, el camino merecía, no obstante, una mirada. Eran +cultivadas tierras, casas de placer con picudos techos, parques ingleses +de fresco césped y menuda grama, amarillenta ya, como de otoño. Al +divisar torcida vereda que, desviándose de la carretera, culebreaba por +entre los sembrados, detuvo Artegui con un grito al cochero, y dio a +Lucía la mano para que descendiese. Buscó el vasco el abrigo de unas +tapias donde parar sin riesgo el sudoroso tronco, y Artegui y Lucía se +internaron a pie siguiendo el senderito, ella delante, recobrada su +alegría infantil, su gozar inocente en el cansancio del cuerpo. La +cautivaba todo, las flores del trébol, que salpicaban de una lluvia de +pintas carmesíes el verdinegro campo; las manzanillas tardías y los +acianos pálidos en las lindes, las digitales que cogía risueña +haciéndolas estallar con las dos manos, los rizados airones del apio, +las acogolladas coles, puestas en fila, separada cada fila por un surco, +semejante a una trinchera. La tierra, de puro labrada, abonada, +removida, tenía no sé qué aspecto de decrepitud. Sus poderosos flancos +parecían gemir, sudando una humedad viscosa y tibia, mientras en los +linderos incultos, al borde del caminillo, quedaban aún rincones +vírgenes, donde a placer crecían las bellas superfluidades campestres, +las gramineas vaporosas, las florecillas multicolores, los agudos +cardos. + +No cabiendo juntos por la angosta senda, iban Lucia y Artegui uno tras +otro, si bien Artegui a veces se echaba a campo traviesa, sin gran +respeto de la ajena propiedad. Detuvo al fin la niña su indisciplinada +carrera al pie de espesos mimbrales, que, creciendo al borde de un +pantano, sombreaban pendiente ribazo muy mullido de hierba, y desde el +cual se oteaba todo el paisaje recorrido. Dejáronse caer en el natural +diván, y vieron tenderse ante ellos la vega, como remendada de varios +colores, según eran los de las verduras que en cada heredad se +cultivaban. En la blanca cinta de la carretera distinguieron un punto +negro: el cesto con las jacas. No picaba el sol; su luz se cernía por un +velo de nubes, y la campiña tenía tonos mates, verdes glaucos, +amarilleces areniscas, lejanías delicadamente cenicientas, suaves +matices que se copiaban en la ciénaga tranquila. + +--Esto es muy hermoso, Don Ignacio--dijo Lucía por decir algo, pues +pesaba sobre su alma el silencio, la soledad profunda del lugar--. ¿No +le gusta a usted? + +--Sí que me gusta--contestó Artegui distraídamente. + +--Bien que a usted parece que no le gusta nada.... Siempre está usted +como cansado... es decir, cansado no, es más bien triste. Mire +usted--siguió la niña, asiendo de un flexible mimbre y divirtiéndose en +coronarse con la obediente rama--, ¡a que no es usted capaz de creer que +su tristeza se me va pegando, y que también yo me hallo así... no sé +cómo, preocupada, vamos! Diera... lo que no sé por verle contento y... +natural, como son todos los hombres. Usted no tiene el mirar ni la cara +como los demás, Don Ignacio. + +--Pues viceversa--respondió él--; a mí se me comunica su alegría de +usted, y a veces aún gasto mejor humor del que usted misma gastaría. +También el júbilo es contagioso. + +Díjolo atrayendo a sí otra rama de mimbre que descortezó con las uñas, +arrojando las tiras de película tierna al pantano, y mirando fijamente +los círculos que en el agua abrían al caer. + +--Claro está que sí--afirmó Lucía--. Y si usted quisiera ser franco, si +usted se decidiese a... confiarme lo que así le aflige, vería cómo en un +santiamén le disipaba yo esa sombra que tiene en la cara. No sé por qué +se me figura que tanta seriedad, tanto ceño, tanto caimiento de animo, +no nace de que usted sea desdichado de veras, sino allá de.... ¡qué sé +yo!, de niñerías, de ideas sin ton ni son que le bullen a usted en los +cascos. ¿A que acerté? + +--Tan plenamente--exclamó Artegui soltando la rama de mimbre y asiendo +la mano de la niña--, que ahora me confirmo en creer que los seres puros +poseen cierta presciencia, cierta intuición maravillosa y singularísima, +negada a los que conocemos, en cambio, el triste misterio del vivir. + +Lucía, seria e inmutada, miraba a su compañero de viaje. + +--¡Lo ve usted!--acertó a pronunciar por fin, buscando en los ángulos de +su boca la sonrisa, y hallándola a duras penas--. De modo que ya pasaron +todas esas ideas sin fundamento, que son como los castillos de naipes +que me hacía padre siendo yo chiquita; soplaba, y, ¡patatás!, al suelo. + +--En eso yerra usted, hija--dijo Artegui soltándole la mano con uno de +sus lánguidos movimientos de autómata--. Es lo contrario lo que sucede. +Cuando nace y se engendra la tristeza de alguna causa, puede desaparecer +si la causa cesa; pero si la tristeza brota espontáneamente como esas +malas hierbas y esos juncos que usted ve al borde del pantano; si está +en nosotros; si forma la esencia de nuestro ser mismo; si no se +encuentra aquí ni allí solamente, sino en todas partes; si ninguna cosa +de la tierra alcanza a darle alivio, entonces... créame usted, niña, el +enfermo está desahuciado. No hay esperanza. + +Hablaba sonriente, pero era su sonrisa semejante a la luz que alumbra un +nicho. + +--Pero, sepamos...--interrogó Lucía a pesar suyo con angustiosa y febril +curiosidad--. ¿Pesa sobre usted alguna desdicha? ¿Alguna pena grande? + +--Ninguna de las que el mundo llama tales. + +--¿Tiene usted familia... que le quiera? + +--Mi madre me adora.... ¡y si no fuese por ella!--declaró Artegui +abandonándose, como mal de su grado, a la dulce corriente de la +confianza. + +--¿Y su padre de usted? + +--Murió años ha. Era vascongado, emigrado carlista, hombre de grande +energía, de muchos ánimos: internáronle en Francia, viose pobre y solo, +trabajó como se había batido... como un león, hasta llegar a poder +establecer una vasta agencia de comercio, enriquecerse, adquirir en +París casa propia, y casarse con mi madre, que es de una familia +distinguida de Bretaña, legitimista también. No tuvieron más hijo que +yo: me adoraron, sin descuidar mi educación ni excederse en mimos y +locuras; estudié, vi mundo; dije que quería viajar, y me abrió mi madre +su bolsa anchamente; tuve, hombre ya, algún capricho, muchos caprichos, +y se cumplieron. He visto los Estados Unidos y el Oriente, sin hablar de +Europa; paso los inviernos en París, y los veranos suelo visitar España; +mi salud es buena y no soy viejo. Ya ve usted que soy lo que suele la +gente denominar... un mimado de la fortuna, un hombre feliz. + +--Es cierto--dijo Lucía--; pero ¡quién sabe si por eso mismo estará +usted así! He oído decir que para que el pan sepa bien hay que ganarlo: +verdad que yo no lo gano, y hasta ahora no me amargó. + +--Tiempo hubo--murmuró Artegui como respondiéndose a sí mismo--en que +creí provenía mi indiferencia de la seguridad de mi vida, y en que deseé +deberme a mí mismo, a mí solo, el subsistir. Dos años rehusé los +auxilios de mis padres, y, entrando en calidad de socio industrial en +una gran empresa, dime a trabajar con ardor. Gané más de lo necesario; +me seguía, como rendida amante, la suerte; pero aquella especulación sin +tregua ni entrañas me provocaba náuseas, y quise probar alguna labor en +que entendimiento y cuerpo fuesen unidos, y en que la ganancia no +alcanzase más que a no dejarme morir de hambre. Estudié la medicina, y, +aprovechando la guerra que a la sazón ardía en el Norte de España, vine +al cuartel de Don Carlos. El nombre de mi padre me abrió todas las +puertas y me dediqué a ejercer en los hospitales.... + +--¿Fue entonces cuando curó usted a Sardiola? + +--Exactamente. Tenía el pobre diablo un metrallazo horrible: partida la +mejilla, interesada la mandíbula, y desangrándose a más andar por la +arteria. Una cura difícil, pero afortunadísima. Muchas hice entonces, y +fue aquel el tiempo en que menos me acosó el cansancio moral. Pero en +cambio.... + +Artegui se detuvo, temeroso de proseguir. + +--Diga usted, diga usted--interrogó Lucía ansiosamente. + +--¡Para qué, señora! ¿para qué? Ni sé por qué le he contado a usted ya +tantas cosas ridículas, y para usted, probablemente, ininteligibles... +como son los sueños del demente para los cuerdos. + +--No, señor--declaró Lucía ofendida--; le entiendo a usted muy bien, y +en prueba de ello voy a adivinar eso que se calló. ¡Verá usted que +sí!--gritó, cuando Artegui hubo meneado sonriendo la cabeza--. Usted se +aburrió menos en esa temporada en que fue médico de afición; pero en +cambio... con ver tanto muerto, y tanta sangre, y tanta barbaridad, aún +se volvió usted más... más judío que antes. ¿No es así? ¿Di o no di en +ello? + +Artegui la miró, y con mudo asombro frunció el entrecejo sin replicar. + +--¿Y quiere usted que le diga? Pues eso, eso es lo que usted tiene, y +por lo que está usted tan a mal con la suerte y consigo mismo. Si usted +fuese buen cristiano podría usted estar triste, pero... de otra manera, +vamos, de otra manera; con tristeza más dulce y más resignada. Porque +quien espera irse al cielo, sabe sufrir acá y no se desespera. + +Y como Artegui, silencioso y apretados los labios volviese a otra parte +la cabeza, murmuró la niña, en voz suave como una caricia: + +--Don Ignacio, el padre Urtazu me ha dicho que había unos hombres que no +querían admitir lo que la Iglesia enseña y creemos nosotros, pero que +allá... a su manera, a su capricho, en fin, adoraban a un Dios que ellos +se forjaban... y creían en la otra vida también, y en que el alma no +muere al morir el cuerpo.... ¿Es usted de esos? + +Él no respondió palabra, y doblando violentamente dos o tres ramas de +mimbre, hízolas estallar. Cayeron inertes los tronchados troncos; pero +unidos aún por la corteza, quedaron colgando como rotos miembros de +inválido. + +--¿Tampoco es usted de esos?--siguió la niña volviéndose hacia él, con +las manos juntas, semiarrodillada en el ribazo--. ¿Tampoco así cree +usted? Don Ignacio, de veras, ¿no cree usted en nada? ¿En nada? + +Levantose Ignacio de un brinco, y, quedándose en pie sobre la parte más +elevada del ribazo, dominando el paisaje todo, pronunció lentamente: + +--Creo en el mal. + +De lejos, era escultural el grupo. Lucía, anonadada, casi de hinojos, +cruzadas las manos, imploraba: Artegui, alzado el brazo, erguido el +cuerpo, mirando con doloroso reto a la bóveda celeste, pareciera un +personaje dramático, un rebelde Titán, a no vestir el traje llano y +prosaico de nuestros días. Más entoldado cada vez el celaje, se +acumulaban en él nubarrones plomizos, como enormes copos de algodón en +rama, hacia la parte donde caían Biarritz y el Océano. Ráfagas +sofocantes cruzaban, muy bajas, casi a flor de tierra, doblegando los +tallos de los juncos y estremeciendo el agudo follaje de los mimbrales a +su hálito de fuego. Poderoso gemido exhalaba la llanura al percibir los +signos precursores de la tormenta. Dijérase que el mal, evocado por la +voz de su adorador, acudía, se manifestaba tremendo, asombrando a la +naturaleza toda con sus anchas alas negras, a cuyo batir pudieran +achacarse las exhalaciones asfixiantes que encendían la atmósfera. +Lóbrego y obscuro, como la luna de un espejo de acero, el pantano +dormía, y las florecillas acuáticas se desmayaban en sus bordes. La voz +de Artegui, más intensa que elevada, resonaba entre el pavoroso +silencio. + +--En el mal--repetía--, que por todas partes nos cerca y envuelve, de la +cuna al sepulcro, sin que nunca se aparte de nosotros. En el mal, que +hace de la tierra vasto campo de batalla, donde no vive cada ser sin la +muerte y el dolor de otros seres; en el mal, que es el eje del mundo y +el resorte de la vida. + +--Señor de Artegui...--balbució débilmente Lucía--, usted, según creo, +dará culto al demonio, negándoselo a Dios. + +--¡Culto! no, ¿he de dar culto al poder inicuo que, guarecido en la +sombra, conspira al daño común? Luchar, luchar con él quiero ahora y +siempre. Usted le llama demonio: yo el mal, el dolor universal. Yo, sé +cómo se le vence. + +--Con fe y buenas obras--exclamó la niña. + +--Muriendo--respondió él. + +Quien de lejos divisara aquella pareja, mancebo galán y lozana +doncellita, departiendo solos en la vega frondosa, tomáralos, a buen +seguro, por enamorados novios; y no creyera que hablaban de dolor y +muerte, sino de amor, que es la vida misma. Artegui, de pie, se veía +claramente en los garzos ojos que hacia él alzaba Lucía, ojos que, a +pesar de la obscuridad del cielo, parecían salpicados de pajuelas +luminosas. + +--¡Muriendo!--repitió ella, como el árbol repercute el sonido del golpe +que le hiere. + +--Muriendo. El dolor no concluye sino en la muerte: sólo la muerte burla +a la fuerza creedora que goza en engendrar para atormentar después a su +infeliz progenitura. + +--No le entiendo a usted--murmuró Lucía--; pero tengo miedo--. Y su +cuerpo temblaba todo como los mimbrales. + +Artegui no contestó palabra: mas una voz grave y poderosa, retumbando en +los cielos, se unió de pronto al extraño dúo. Era el trueno, que +estallaba a lo lejos, solemne y terrible. Lucía exhaló un gemido de +pavor, cayendo con la faz contra la hierba. Desgarráronse las nubes, y +anchas gotas de agua cayeron, sonando como goterones de plomo líquido en +la crujiente seda de las frondas de mimbre. Bajose rápidamente Artegui, +y tomando con nervioso vigor a Lucía en sus brazos, dio a correr sin +mirar por dónde, saltando zanjas, atravesando barbechos, pisando apios y +coles, hasta llegar, azotado por la lluvia, perseguido por el trueno que +se acercaba, a la carretera. El cochero renegaba del mal tiempo +enérgicamente cuando Artegui depositó a Lucía casi exánime en el +asiento, subiendo a toda prisa el hule, para guarecerla algo. Las jacas, +espantadas, salieron sin aguardar la caricia de la fusta, y, aguzadas +las orejas y ensanchando las fosas nasales, arrancaron hacia Bayona. + + + + +-VII- + + +Lucía acababa de secarse ante la chimenea encendida por Artegui en su +cuarto. Los cabellos, antes empapados y pegados a la frente, comenzaban +a revolar ligeros en torno de sus sienes; su ropa humeaba aún, pero ya +el benéfico calorcillo, penetrándola, le restituía la acostumbrada +soltura. Sólo la pluma del sombrero, lastimosamente alicaída, +atestiguaba los estragos de la arroyada, a despecho de la prolijidad con +que su dueña, aproximándola a las llamas, intentaba devolverle las +gráciles roscas. + +En una butaca yacía Artegui, cual siempre, yerto, abandonado a la +inercia de sus ensueños. Reposaba sin duda la fatiga de haber prendido +fuego a los cepos que tan regocijadamente ardían, y pedido té y +servídolo, mezclándole unas gotas de ron. Silencioso y quieto ahora, +posaba los ojos en Lucía y en el fuego, que daba móvil fondo rojo a su +cabeza. Mientras Lucía sintió el peso de la mojada ropa y la prensión +del calzado húmedo, mantúvose también muda y encogida, tiritando, +creyendo escuchar aún el redoble de los truenos y sentir los picotazos +de las múltiples agujas de la lluvia en sus mejillas. + +Poco a poco la suave influencia del calor fue desatando sus miembros +entumecidos y paralizada lengua. Adelantó los pies, luego las manos, +hacia la hoguera; sacudió las enaguas, con objeto de enjugarlas por +igual, y finalmente, sentose en el suelo a la turca para mejor gozar del +fuego, que contempló fija y absorta, oyéndole crujir y viendo los +troncos pasar de color de brasa al negro. + +--¿Don Ignacio?--dijo de pronto + +--¿Lucía? + +--¿A que no sabe usted lo que estoy pensando? + +--Usted dirá. + +--Son tan raras las cosas que desde anteayer me suceden; está tan fuera +de sus naturales caminos mi vivir desde estos días; tan singular e +inaudito me parece lo que usted dijo allá... junto al pantano, que +imagino si me quedaría dormida en Miranda de Ebro, y no habré despertado +aún. Yo debo estar todavía en el vagón, es decir, allí estará mi cuerpo, +pero mi alma se escapó y sueña tales tonterías... a la fuerza. + +--No sé qué tenga de particular cuanto a usted acontece: antes tiene +mucho de vulgar y sencillo. Se queda atrás su marido de usted; y yo, que +por casualidad la encuentro entonces, la acompaño hasta que él venga. Ni +más ni menos. No hagamos novela. + +Artegui hablaba con su entonación lenta y desdeñosa de costumbre. + +--No--insistió Lucía--, si lo extraño no es lo que me ha sucedido. Lo +que hallo inusitado, es usted. Vamos, Don Ignacio, que usted bien lo +conoce. Yo nunca vi a nadie que pensase lo que usted piensa, ni que lo +dijese; y por eso a veces--murmuró cogiéndose la frente con ambas +manos--suele pasarme por acá la idea de que estoy soñando aún. + +Levantose Artegui del sillón y acercose al fuego. Su gallarda estatura +crecía al reflejo de la lumbre, y a Lucía, sentada en el suelo, +pareciole más alto que de ordinario. + +--Importa--dijo él inclinándose--que le pida a usted perdón. Yo no +acostumbro decir ciertas cosas al primero que llega; pero a personas +como usted todavía menos. He soltado mil necedades, que con razón +asustaron a usted. Sobre ser inconveniente, es de mal gusto y hasta +cruel, lo que hice. Procedí como un necio y me pesa de ello: créalo +usted. + +Lucía, levantando el rostro, le miraba. El resplandor de la lumbre +doraba su cabello castaño, y teñía de rosa toda su carne: brillábanle +los ojos, que alzaba, obligada por la postura. + +--Tengo--prosiguió Artegui--dos temperamentos, y suelo obedecerles +irreflexivamente, como un niño. Por lo regular, soy como era mi padre, +muy firme de voluntad, muy reservado y dueño de sí mismo; pero a veces +domina en mí el temperamento materno. Mi pobre madre padeció siendo muy +joven, allá en su castillote de Bretaña, ataques de nervios, melancolías +y trastornos que nunca ha logrado curar del todo, si bien se aliviaron +algo después de mi nacimiento. Ella soltó parte del mal, y yo le recogí; +¡qué mucho que en ocasiones obre y hable, no como hombre, sino como niño +o mujer! + +--Eso es, Don Ignacio--exclamó Lucía--, que en sana razón no pensaría +usted lo que... lo que dijo allí. + +--Yendo con usted--prosiguió él--, con una criatura joven y leal, que +ama la vida y siente, y cree, ¿quién me metía a mí a hablar de nada +triste, ni exponer desvaríos abstrusos, convirtiendo el paseo en +cátedra? ¡Ridiculez igual! soy un majadero. Lucia--añadió con +naturalidad y sin la menor expresión de amargura--, usted dispensa mi +falta de tino, ¿no es cierto? + +--Sí, Don Ignacio--murmuró ella bajo. + +Artegui arrastró el sillón, y sentose cerca del fuego también, alargando +manos y pies hacia la llama. + +--¿No siente usted frío ya?--preguntó a Lucía. + +--No, señor. Un calor muy agradable, al contrario. + +--¿A ver esas manos? + +Lucía, sin levantarse, entregó sus manos a Artegui, que las halló tibias +y suaves, y las soltó presto. + +--Con la lluvia--añadió--, no pude llevarla a usted un poco más lejos, +hacia la parte de Biarritz, donde hay tan bonitas quintas y parques al +estilo inglés. Ni hemos disfrutado casi de la hermosa campiña. ¡Qué bien +olían los henos y los tréboles! Y la tierra. El olor de la tierra +labrada es algo acre, pero muy grato. + +--Lo que olía bien, eran unas mentas que vi al borde del pantano. Siento +no haberme traído ramas. + +--¿Quiere usted que vaya por ellas? Pronto estaría de vuelta.... + +--¡Jesús, María y José! ¡Qué disparate, Don Ignacio! ¡ir ahora por las +mentas!--dijo Lucía; pero el placer de la oferta tiñó de púrpura su +rostro. + +--¿Oye usted cómo diluvia?--agregó por mudar de asunto. + +--La mañana no anunciaba este turbión--repuso Artegui--. Es muy húmeda +toda Francia en general, y esta cuenca del Adour no desmiente la regla. +¡Lástima no haber podido recorrer Biarritz! Hay allí palacios y +comercios monísimos. La llevaría a usted a ver la Virgen que, desde una +roca, parece que sosiega el Océano.... Más hermosa idea artística no se +puede dar. + +--¿Cómo? ¿la Virgen?--preguntó muy interesada Lucía. + +--Una estatua erigida sobre unos peñascos.... Al ponerse el sol, es un +efecto maravilloso: la estatua parece de oro, y la rodea un mar de +fuego.... Es una aparición. + +--¡Ay, Don Ignacio! ¿me llevará usted mañana?--gritó Lucía, dilatados +los ojos con el afán y alzando sus manos suplicantes. + +--Mañana...--Artegui se quedó otra vez pensativo--. Pero, +señora--pronunció ya con diverso tono--, ¡hoy debe llegar su marido de +usted! + +--Es verdad. + +Cesó de suyo el diálogo, y ambos interlocutores miraron el fuego, y aún +Artegui le añadió leña, porque menguaba. Crujieron los inflamados +tizones, y algunos se abrieron, hendiéndose como la granada madura; +saltaron mil chispas, y medio se desmoronó el ígneo edificio bajo el +peso de los nuevos materiales. Lamió suavemente la llama el reciente +pasto que le ofrecían, y al fin comenzó a clavarle sus lenguas de áspid, +arrancando con cada beso ardiente un chasquido de dolor. Aunque no fuese +todavía muy remota la hora meridiana, estaba el aposento casi obscuro, +tal era al exterior el aguacero y el negror del cielo. + +--No ha almorzado usted, Lucía--recordó de pronto Artegui, +levantándose--. Voy a decir que le traigan a usted el almuerzo aquí. + +--¿Y usted, Don Ignacio? + +--Yo... almorzaré también, abajo, en el comedor. Es ya muy hora. + +--Pero ¿por qué no almuerza usted aquí, conmigo? + +--No, abajo--replicó él avanzando hacia la puerta. + +--Como usted quiera... pero yo no tengo ganas. No me traiga usted nada. +Estoy... así, vamos, no sé cómo. + +--Tome usted algo... ha cogido usted frío y le conviene entrar en +reacción. + +--No... aún si usted almorzase aquí, me animaría tal vez--, insistió +ella con tenacidad de niña voluntariosa. + +Encogiose Artegui de hombros como aquel que se resigna, y tiró del +cordón de la campanilla. Cuando un cuarto de hora después entró el +camarero con la bandeja, ardía el fuego más que nunca claro y +regocijado, y las dos butacas, colocadas a ambos lados de la chimenea, y +el velador cubierto de níveo mantel, convidaban a la dulce intimidad del +almuerzo. Brillaban las limpias copas, las garrafas, la salvilla, las +vinagreras, el aro de plata del mostacero: los rábanos, nadando en fina +concha de porcelana, parecían capullos de rosa; el lenguado frito +presentaba su dorado lomo, donde se destacaba el oro pálido de las +ruedas de limón, y el verde chamuscado de las ramas de perejil; los +bisteques reposaban sangrientos en lago de liquida manteca; y en las +transparentes copas de muselina destellaba el intenso granate del +Borgoña y el rubio topacio del Chateau-Iquem. Al entrar y salir; al +dejar cada plato, o recogerlo, reíase el camarero, para su sayo, de la +enamorada pareja española, que quería habitación aparte, para luego +almorzar así, mano a mano, al halago de la lumbre. A fuer de francés de +raza, el sirviente aprovechaba la situación, subiendo el gasto. Había +presentado a Artegui la lista de los vinos, y se permitía indicaciones y +consejos. + +--El señor querrá Champagne helado.... Se lo traeré en garrafa, es más +cómodo.... Las ananas que hay en la casa son excelentes: voy a traer... +El Málaga nos llega directamente de España: ¡oh! el vino de España... +¡clac! no hay como la España para vinos.... + +Y fueron viniendo botellas, aumentándose copas a la ya formidable +batería que cada convidado tenía ante sí; anchas y planas, como las de +los relieves antiguos, para el espumante Champagne; verdes y angostas, +finísimas, para el Rhin; cortas como dedales, sostenidas en breve pie, +para el Málaga meridional. Apenas llegó Lucía a catar dos dedos de cada +vino; pero los iba probando todos por curiosidad golosa; y, un tanto +pesada ya la cabeza, olvidando deliciosamente las peripecias del paseo +matinal, se recostaba en la butaca, proyectando el busto, enseñando al +sonreír los blancos dientes entre los labios húmedos, con risa de +bacante inocente aún, que por vez primera prueba el zumo de las vides. +La atmósfera de la cerrada habitación era de estufa: flotaban en ella +espirituosos efluvios de bebidas, vaho de suculentos manjares, y el +calor uniforme, apacible de la chimenea, y el leve aroma resinoso de los +ardidos leños. Lindo asunto para una anacreóntica moderna, aquella mujer +que alzaba la copa, aquel vino claro que al caer formaba una cascada +ligera y brillante, aquel hombre pensativo, que alternativamente +consideraba la mesa en desorden, y la risueña ninfa, de mejillas +encendidas y chispeantes ojos. Sentíase Artegui tan dueño de la hora, +del instante presente, que, desdeñoso y melancólico, contemplaba a Lucía +como el viajero a la flor de la cual aparta su pie. Ni vinos, ni +licores, ni blando calor de llama, eran ya bastantes para sacar de su +apático sueño al pesimista: circulaba lenta en sus venas la sangre, y en +las de Lucía giraba pronta, generosa y juvenil. Hermoso era, sin +embargo, para los dos el momento, de concordia suprema, de dulce olvido; +la vida pasada se borraba, la presente era como una tranquila eternidad, +entre cuatro paredes, en el adormecimiento beato de la silenciosa +cámara. Lucía dejó pender ambos brazos sobre los del sillón; sus dedos, +aflojándose, soltaron la copa, que rodó al suelo, quebrándose con +cristalino retintín en el bronce del guardafuego. Riose la niña de la +fractura, y, entreabiertos los ojos y clavados en el techo, se sintió +anonadada, invadida por un sopor, un recogimiento profundo de todo su +ser. Artegui, en tanto, mudo y sereno, permanecía enhiesto en su butaca, +orgulloso como el estoico antiguo: acre placer le penetraba todo, el +goce de sentirse bien muerto, y cerciorarse de que en vano la traidora +Naturaleza había intentado resucitarle. + +Y así se estuvieran probablemente hasta sabe Dios cuándo, a no abrirse +de golpe la puerta, apareciendo en ella un hombre; no el camarero, ni +menos el esperado Miranda, sino un mozalbete de algunos veinticuatro o +veinticinco años, mediano de estatura, pronto y desenfadado de modales. +Traía el sombrero puesto, y lo primero que se veía de su persona era el +reluciente alfiler de la corbata, y las botas de caña clara, atrevidas, +cortas, un tanto manolescas. Causó la entrada de este nuevo personaje +una transformación a vista en la escena: mientras Artegui se levantaba +furioso, Lucía, vuelta a la conciencia de sí misma, pasó las manos por +las sienes, enderezose en el sillón adoptando actitud reservada, pero +con las pupilas vagas aún, perdidas en el espacio. + +--Hola, Artegui.... ¿Usted por aquí? Lo veo, lo veo ahora mismo en la +tablilla, y vengo a escape...--pronunció imperturbable el recién venido. +Y de pronto, haciendo como que reparaba en Lucía, inclinose con soltura, +descubriéndose, sin añadir otra palabra. + +--Señor Gonzalvo--respondió Artegui recatando el enojo bajo un tono +glacial--, muy amigos nos habremos vuelto desde que no nos vemos. En +Madrid.... + +--¡Usted siempre tan inglés, tan inglés!--pronunció sin turbación ni +encogimiento el mancebo--. Mire usted; ya sabe usted que soy franco, +franco; en Madrid andábamos cada cual a nuestro negocio y a nuestro +gusto; pero en el extranjero, en el extranjero agrada encontrar +paisanos. En fin, dispense usted; dispense usted; veo que vine a +molestarle; lo siento por la señora.... + +Nueva reverencia, mientras sus ojos entornados se cosían cínicamente al +rostro de Lucía, alumbrado por los moribundos tizones. + +--No, espere usted--gritó Artegui levantándose y asiéndole de una manga +sin ceremonia, al ver que volvía la espalda. Ya que ha entrado usted +aquí sin más ni más, es preciso que sepa usted que no me coge en ninguna +aventura escandalosa, ni de eso nace mi enojo por su importunidad. + +--Hombre, hombre, hombre; si yo no pregunto...--dijo él encogiéndose de +hombros. + +--Me importa un bledo lo que creyese usted de mí.... Pero esta señora +es... una mujer honrada; por incidentes que no son del caso viene sola, +y la acompaño hasta entregársela a su esposo.... + +Y viendo la media sonrisa de su interlocutor, añadió: + +--Le aconsejo a usted que me crea, porque mi reputación de verídico es +quizás la única que en el mundo aprecio.... + +--Le creo a usted; le creo a usted...--dijo sencilla y sinceramente el +mozo--; usted pasa por algo raro, raro; pero muy franco también... +Además, yo soy práctico, práctico, práctico en la materia, y bien +distingo las verdaderas señoras.... + +Díjolo haciendo tercera vez venia a Lucía, con gentil desembarazo. +Levantose ella, instintivamente digna, y serio y compuesto el rostro le +devolvió el saludo. Artegui se adelantó entonces, y soltó la fórmula +sacramental: + +--El señor don Pedro Gonzalvo, la señora de Miranda. + +Miranda.... Sí, sí, lo he visto, lo he visto abajo escrito en la +tablilla también... conozco un Miranda que se habrá casado estos días... +solterón, solterón.... + +--¿Don Aurelio?--preguntó Lucía a pesar suyo. + +--Justo.... Le trato mucho, mucho. + +--Es mi marido--murmuró ella. + +Encendiéronse rápidamente en una llamarada de curiosidad las mejillas +del mancebo, y clavó de nuevo en Lucía sus ojos chicos examinándola +implacablemente. + +--Miranda.... ¡Ah! ¡Conque es usted la señora, la señora de Aurelio +Miranda!--repitió, sin ocurrirsele decir más. Pero, discretamente +indicadas, le bullían en los labios las preguntas de tal modo, que +Artegui se impuso la penitencia de narrarle todo la acaecido de pe a pa. +Escuchaba él, refrenando con su práctica del mundo, la risa maliciosa +que le asomaba a las facciones. Era evidente que al mozo calaverilla le +divertía infinito el cómico percance conyugal del calaverón rancio. Un +rayo de sol vergonzante rompía las pardas nubes, y recortaba sobre el +fondo obscuro la cabeza linfática, rubia, la tez pecosa, las facciones +delicadas, pero no exentas de rasgos característicos, del mancebo. Sus +manos blancas y femeniles atormentaban la cadena de acero del reloj, y +en el meñique de una de ellas rojeaba grueso carbunclo, al lado de otro +aro inocente, sortija de colegiala, sobrado estrecha para el dedo, una +crucecica de perlas sobre un círculo de oro. + +--Y, en resumen, ¿de Miranda, no se sabe nada, nada?--preguntó oído el +relato. + +--Nada hasta hoy--afirmó gravemente Artegui. + +--Hombre, es divino ¡es divino!--masculló el mozalbete entre dientes, +riéndose más bien con los ojos que con la boca--. ¡Lance igual! Estará +chistoso Miranda; estará chistoso. + +Artegui le miraba fijamente, sorprendiendo en sus pupilas la risa +indiscreta. Con solemne seriedad, le interrogó: + +--¿Es usted amigo de Don Aurelio Miranda? + +--Sí, mucho, mucho...--ceceó rápidamente Gonzalvo, que solía al +pronunciar comerse dos o tres letras de cada palabra, repitiendo en +cambio la palabra misma dos o tres veces, lo que hacía galimatías +peregrino, sobre todo cuando hablaba colérico, barajando o suprimiendo +vocablos enteros: + +--Mucho, mucho--prosiguió--. En todas partes, hombre, en todas partes, +me lo encontraba en Madrid.... Fue una temporada del, ¿cómo se llama?, +del Veloz Club, del Veloz Club, y estaba abonado con nosotros, con los +muchachos, a ése, vamos... a Apolo, a Apolo. + +--Me felicito--exclamó Artegui sin menguar un ápice en seriedad--. Pues, +señora--siguió volviéndose a Lucía--, ya tiene usted aquí lo que tanto +le hubiera convenido encontrar dos días hace: un amigo de su esposo, que +con harta más razón, motivo y derecho que yo, puede servirla de rodrigón +hasta que el señor Miranda aparezca. + +A esta inesperada salida, Gonzalvo sonrió inclinándose cortésmente, como +hombre de mundo acostumbrado a todo género de situaciones; pero Lucía, +con el rostro atónito, encendido aún, se echó atrás, en ademán de +rehusar la nueva escolta que se le brindaba. + +Interrumpió la escena muda el camarero, entrando y presentando a Artegui +en una bandejilla un sobre azul, que encerraba un telegrama. No era +dable en Artegui palidecer, y, sin embargo, visiblemente se tornaron aún +más descoloridos sus pómulos al leer, roto el sobre, lo que el parte +decía. Nubláronse sus ojos, y por instinto buscó el apoyo de la +chimenea, en cuya tableta de mármol se recostó. A este punto, Lucía, +vuelta ya de su asombro primero, se lanzaba a él, y poniéndole las dos +manos en los brazos, le suplicaba ansiosamente: + +--Don Ignacio, Don Ignacio... no me deje usted así.... Para lo que falta +ya.... ¿qué trabajo le cuesta a usted quedarse? Yo no conozco a este +señor... en mi vida le he visto.... + +Artegui oía maquinalmente, como oyen los catalépticos. Al fin se desató +su lengua. Miró a Lucía sorprendido, cual si la viese por primera vez, y +con voz debilitada pronunció: + +--Me voy a París ahora mismo.... Mi madre se muere. + +Sintió ella en el cráneo otro golpe de maza, y quedose sin voz, sin +aliento, sin pulsos. Cuando pudo exclamar: + +--Pero... su madre de usted.... ¡Dios mío, qué desgracia tan +grande!--estaba Artegui ya en la puerta, sin oír las ceceosas ofertas de +servicio que le prodigaba Gonzalvo. + +--¡Don Ignacio!--gritó la niña al ver poner la mano en el pestillo. + +Cual si a aquella voz vibrante se despertase la memoria del desdichado +hijo, volvió pies atrás, fue derecho a Lucía, y sin pronunciar palabra +cogiole las dos manos, y las prensó entre las suyas, con enérgico y mudo +apretón. Así se estuvieron breves segundos sin acertar a decirse una +frase de despedida. Lucía quiso hablar; pero parecíale que un dogal muy +suave, de seda, se ceñía a su garganta, estrangulándola cada vez más. De +improviso la soltó Artegui; ella respiró, adosándose a la pared, +aturdida.... Cuando miró en torno, no estaba en la habitación sino +Gonzalvo, que leía entre dientes el telegrama, olvidado por su dueño +sobre la mesa. + +--Pues es verdad, pues es verdad.... Y está en castellano, murmuraba: +«La señora bastante grave. Desea venga señorito.... Engracia.» ¿Quién +será esta Engracia, esta Engracia?¡Ah! ya sé: el ama de cría de +Artegui... el ama, de fijo. ¡Hombre, hombre! pues no sé si cogerá el +expreso, el expreso (esta palabra en labios de Gonzalvo sonaba así: +_epés_). Las dos y media... hace poco llegó el de España... aún tiene +tiempo. + +Guardó otra vez el lindo reloj esqueleto con cifras grabadas en ambos +cristales, y volviendo los ojuelos a Lucía, añadió: + +--Lo siento por usted; por usted, señora; ahora soy yo su escolta.... Lo +mejor es que se venga usted conmigo; aquí tengo a mi hermana, a mi +hermana, y las pondré a ustedes juntas.... No está.... No está bien una +señora así, sola en una fonda.... + +Gonzalvo tendió el brazo, y Lucía, pasivamente, iba a apoyarse en él; +pero se abrió de nuevo la puerta, y el camarero, con actitud teatral, +anunció: + +--_Monsieur_ de Miranda. + +Era, en efecto, el asendereado novio, cojeando de la pierna derecha, +pudiendo apenas sentar el pie, porque los agudos dolores de la luxación, +consecuencia ingrata del salto a la vía, se renovaban al apoyar la +planta en el suelo. Perdida así la gallardía del andar, los cuarenta y +pico se asomaban implacables a todas las líneas del rostro: la triste +raya de tinta de los bigotes resaltaba sobre la marchita tez; el párpado +caído, hundidas las sienes y desaliñado el cabello, parecía el ex buen +mozo una de esas desmanteladas torres, bellas a la luz crepuscular, pero +que a mediodía todas se vuelven grietas, ortigas, zarzales y lagartos. Y +como Lucía se quedase dudosa, indecisa, sin acertar ni a darle los +buenos días, ni a arrojarse en sus brazos, Gonzalvo, censor eterno y +sempiterno del matrimonio, desenlazó la extraña situación disparando la +risa, y adelantándose a dar un abrazo jocoserio a aquella lamentable +caricatura del esposo que llega. + + + + +-VIII- + + +Pocos días en Bayona bastaron para que Miranda se aliviase notablemente +de la dolorosa luxación, y a que Pilar Gonzalvo y Lucía se conociesen y +tratasen con cierta confianza. Pilar hacía rumbo, como Miranda, a Vichy; +sólo que mientras Miranda quería que las aguas enseñasen a su hígado a +elaborar el azúcar en justas y debidas proporciones para no dañar a la +economía, la madrileñita iba a las saludables termas en demanda de +partículas férreas que coloreasen su sangre y devolviesen el brillo a +sus apagados ojos. Hambrienta como toda persona débil, como todo +organismo pobre, de excitaciones, novedades y acontecimientos, +divirtiole en extremo la relación nueva de Lucía, y las raras peripecias +de su viaje, y el registro de sus galas de novia, que visitó sin +perdonar una, examinando los encajes de cada chambra, los volantes de +cada traje, las iniciales de cada pañuelo. Además, la simplicidad franca +de la leonesa le brindaba campo virgen e inculto donde plantar todas las +flores exóticas de la moda, todas las plantas ponzoñosas de la +maledicencia elegante. Tenía Pilar, de edad entonces de veintitrés años, +la malicia precoz que distingue a las señoritas que, con un pie en la +aristocracia por sus relaciones y otro en la clase media por sus +antecedentes, conocen todos los lados de la sociedad, y así averiguan +quién da citas a los duques, como quién se cartea con la vecina del +tercero. Pilar Gonzalvo era tolerada en las casas distinguidas de +Madrid; ser tolerado es un matiz del trato social, y otro matiz ser +admitido, como su hermano lo era: más allá del tolerar y del admitir +queda aún otro matiz supremo, el festejar; pocos gozan del privilegio de +que los festejen, reservado a las eminencias, que no se prodigan y se +dejan ver únicamente de año en año, a los banqueros y magnates +opulentos, que dan bailes, fiestas y misas del gallo con cena después, a +las hermosuras durante un breve y deslumbrador período de plena +florescencia, a los políticos que están en puerta como los naipes. +Personas hay admitidas, que un día, de repente, se hallan festejadas por +cualquier motivo, por un peinado nuevo, por un caballo que ganó en las +carreras, por un escándalo que las gentes susurran bajito y piensan leer +en el rostro del feliz mortal. De estos éxitos efímeros Perico Gonzalvo +tuvo muchos: su hermana, ninguno, a despecho de reiterados esfuerzos +para obtenerlos. Ni logró siquiera subir de tolerada a admitida. El +mundo es ancho para los hombres, pero angosto, angosto para las mujeres. +Siempre sintió Pilar la valla invisible que se elevaba entre ella y +aquellas hijas de grandes de España, cuyos hermanos tan familiar e +íntimamente frisaban con Perico. De aquí nació un rencor sordo, unido a +no poca admiración y envidia, y se engendró la lenta irritación nerviosa +que dio al traste con la salud de la madrileña. El paroxismo de un deseo +no saciado, las ansias de la vanidad mal satisfecha, alteraron su +temperamento, ya no muy sano y equilibrado antes. Tenía, como su +hermano, tez de linfática blancura, encubriendo el afeite las muchas +pecas: los ojos no grandes, pero garzos y expresivos, y rubio el +cabello, que peinaba con arte. A la sazón, sus orejas parecían de cera, +sus labios apenas cortaban, con una línea de rosa apagado, la amarillez +de la barbilla, sus venas azuladas se señalaban bajo la piel, y sus +encías, blanquecinas y flácidas, daban color de marfil antiguo a los +ralos dientes. La primavera se había presentado para ella bajo malísimos +auspicios; los conciertos de Cuaresma y los últimos bailes de Pascua, de +los cuales no quiso perder uno, le costaron palpitaciones todas las +noches, cansancio inexplicable en las piernas, perversiones extrañas del +apetito: derivaba la anemia hacia la neurosis, y Pilar masticaba, a +hurtadillas, raspaduras del pedestal de las estatuitas de barro que +adornaban sus rinconeras y tocador. Sentía dolores intolerables en el +epigastrio; pero por no romper el hilo de sus fiestas, calló como una +muerta. Al cabo, hacia el estío, se resolvió a quejarse, pensando +acertadamente que la enfermedad era pretexto oportuno para un veraneo +conforme a los cánones del buen tono. Vivía Pilar con su padre y con una +tía paterna; ni uno ni otro se resolvieron acompañarla; el padre, +magistrado jubilado, por no dejar la Bolsa, donde a la chita callando +realizaba sus jugaditas modestas y felices; la tía, viuda y muy dada a +la devoción, por horror de los jolgorios que sin duda le preparaba su +sobrina como método curativo. Recayó, pues, la comisión en Perico +Gonzalvo, que, cargando con su hermana, hubo de llevársela al Sardinero, +contando con que no faltarían amigas que allí le relevasen en su oficio +de rodrigón. Así fue: sobraban en la playa familias conocidas que se +encargaron de zarandear a Pilar, y de llevarla de zeca en meca. Mas +desgraciadamente para Perico, los baños de mar, que al pronto aliviaron +a su hermana, concluyeron, cuando abusó de ellos y quiso nadar y meterse +en dibujos, por abrir brecha en su débil organismo, y comenzó a cansarse +otra vez, a despertar bañada en sudor, a sentir desgano, al par que +comía vorazmente raros manjares. Lo que más la asustó fue ver que se le +caía el pelo a madejas. Al peinarse, se enfurecía, y llamaba a gritos a +Perico, pidiéndole un remedio para no quedarse calva. Un día el médico +que la visitaba llamó aparte a su hermano, y le dijo: + +--Es preciso que tenga usted tino con su hermanita. Que no tome más +baños. + +--¿Pero está de cuidado, de cuidado?--interrogó el mozo abriendo cuanto +podía sus ojos chicos. + +--Podrá estarlo muy en breve. + +--¡Diablo, diablo, diablo! ¿usted cree que tiene una tisis, una +tisis?--(_tiziz_ pronunciaba Perico.) + +--No digo tanto: opino que aún no se halla interesado el pulmón, pero en +el momento menos pensado la sangre se agolpa allí, la congestión +sobreviene, y... a cada instante se dan casos de ese género. Hay en ella +un terrible empobrecimiento de la sangre: está con el pulso de un pollo: +hay además una sobreexcitación nerviosa que se acentúa periódicamente, y +una honda perturbación gástrica.... Si valiese mi parecer, aprovecharían +ustedes el otoño para tomar unas aguas.... + +--¿Panticosa, Panticosa? + +--En este caso tengo, por preferibles los manantiales ferruginosos de +Vichy.... La anemia es el primer enemigo que hay que combatir, y la +indicación gástrica está también atendida en esas aguas.... En segundo +término, Aguas-Buenas o Puertollano... pero no se descuide usted: en +esta quincena ha perdido terreno, y la alopecia y el sudar son síntomas +muy característicos.... + +Y como Perico se retirase cabizbajo, añadió el doctor: + +--Sobre todo pocas excitaciones... nada de bailar, ni de nadar... reposo +moral... ni música, ni novelas.... Las aldeanas que padecen el mal de su +hermana de usted se curan con agua, donde echan un manojo de clavos, o +escoria de fragua.... La civilización hace artificioso todo: si quiere +sanar, que no trasnoche, que no ande en funciones... el corsé flojo, los +tacones anchos.... + +--Sí, sí, pide peras al olmo, al olmo--ceceaba Perico por lo bajo--. +Cualquier día se pone mi señora hermana un alfiler menos, un alfiler +menos, aunque se la lleve pateta. + +Cuando Pilar supo la decisión del Esculapio, colgárse del cuello de +Perico, en un arranque de amor fraternal no manifestado hasta entonces. +Hizo mil monerías felinas, se volvió dulce, obediente, prudentísima en +todo, prometiendo cuanto se le exigía y más aún. + +--Periquín, reprecioso, anda, mono, ¿verdad que me llevas? Anda, di que +sí, bobo, anda. ¡Si vales tú más que todas las cosas! Anda, ¿qué +Puertollano ni qué...? Vamos a Francia, ¡qué gusto, señor! ¡parece +mentira! ¡Qué dirán cuando lo sepan Visitación y las de Lomillos! No, ya +ves tú, cuando el médico lo dice, hay que hacerlo.... ¿Qué te voy a +estorbar siempre cosida a ti? Hombre, yo encontraré amigas: ¿no ha de +estar allí nadie conocido? Yo me ingeniaré, verás. Voy a hacerme un +traje de tela cruda, que hasta allí.... Bueno, bueno, hombre, no te +pongas hecho una sierpe.... Si ya sé que tengo que guardar método, y +acostarme temprano... a las ocho con las gallinitas: ¿qué más pides? +¡Ay, qué rico hermano me dio Dios! ¡Así todas se me mueren por él! + +--¿Si pensarás, si pensarás tú que me la das con tus lagoterías? Anda, +déjame en paz... te llevo porque es preciso, preciso, si no ¿quién te +aguanta en invierno? Pero a ver cómo somos formales, formales... o te +quemo esos moños malditos... al fin nunca vas sino hecha una cursi, una +cursi.... + +Devoró la injuria Pilar, como devoraría en tales circunstancias otra más +fuerte aún, y sólo pensó en el elegante viaje que con tanto lucimiento +coronaba sus expediciones veraniegas. Gonzalvo padre, que amén de la +jubilación no carecía de bienes, aflojó los cordones de la bolsa, no sin +recomendar la parsimonia y economía a su hija: en los asuntos de Perico +no se metía nunca, pasábale una pensión mensual, y hacía como si no +viese que Perico, recibiendo como uno, gastaba como diez, la daba de +príncipe y jamás pedía aumento de sueldo. + +Con esto, los dos hermanos salieron en triunfo del Sardinero para +Francia y detuviéronse en Bayona, en el hotel de San Esteban, donde +tuvimos la honra de conocerles. Vio el cielo abierto Perico cuando supo +que Miranda y su mujer seguían a Vichy, y comprendió que Lucía era la +persona más a propósito para relevarle en acompañar a Pilar, y aún para +hacer de enfermera en caso de necesidad. Desde luego fomentó el trato de +las dos, y concertaron salir reunidos para Vichy. + +Las noticias dadas por su hermano acerca de Lucía y Miranda lograron +aguzar singularmente la hambrienta curiosidad de la anémica, y su olfato +fino percibía no sé qué emanaciones novelescas en los sucesos acaecidos +al matrimonio. El hermano y la hermana habían conferenciado largamente +acerca del asunto, a medias palabras, atreviéndose a veces a lanzar una +expresión más viva y cruda, riéndose entrambos. Era uno de los goces +mayores de Lucía las conversaciones que a veces pasaba con Perico cuando +él se dignaba tratarla, no como a una chiquilla, sino como a mujer +hecha, y le comunicaba detalles, anécdotas y sucesos de lo que por lo +regular no llegan a oídos de las doncellitas educadas con cierta +severidad y recato. Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos +entre sí, se entendían a maravilla en el terreno de las picardigüelas, y +a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del +hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer aún al hombre +menos capaz de tenerla. Experimentaba Pilar malsana fruición en recorrer +aspectos del cosmorama de la vida, donde nunca fijaban sus ojos las +hijas de los grandes de España por ella tan envidiadas, y que, por +entonces, viviendo en la claustral atmósfera de sus palacios, vigiladas +siempre por la institutriz rígida, llevan en la frente, a los +veinticinco años, el sello de su altiva inocencia. + +--Pues yo--decía Perico a Pilar--subí al cuarto de Artegui, porque la +verdad, la verdad, me dio curiosidad cuando me dijeron que tenía una +chica muy guapa, muy guapa, consigo. + +--Claro que era para dar curiosidad a la mismísima estatua de +Mendizábal, hombre.... Ese Artegui, a quien nunca se le conoció un mal +trapicheo.... + +--No, si es un raro, un raro. Riquísimo, y hace vida de fraile. Si yo +tuviese sus onzas, sus onzas.... ¡ole con ole! + +--Pero di, ¿y te parece a ti, que no hay gato encerrado en lo de Artegui +y Lucía? + +--¡Pch! no--silbó Perico, que a diferencia de su hermana, no era +maldiciente, sino cuando se irritaba contra alguno--. Ese Artegui tiene +sangre de horchata, de horchata, y estoy segurísimo de que ni esto, ni +esto le ha dicho. (Y chasqueó la uña del pulgar contra uno de sus +paletos,) + +--La verdad es que ella es una cursi destemplada.... Pero vamos a +cuentas, Periquín: ¿no me dijiste tú que se quedó muy triste, y toda +turulata, cuando él se fue y entró Miranda después? + +--Pero ponte en el caso, ponte en el caso.... Miranda parecía la estampa +de la herejía.... + +--No, no quisiera verme en el caso--exclamó Pilar riendo a carcajadas. + +--Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los +gallos que están de mal humor...--siguió Perico riendo a su vez--. Si +había de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica... le soltó +una filípica como para ella sola, para ella sola, porque no se había +vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada... +También sólo a él se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no +telegrafiar a su mujer avisándola.... Y le preguntó con un aire trágico, +trágico: «¿dónde anda tu solícito acompañante?» Estaba el hombre +celestial. + +--¿Ves? Pues tiene celos el marido. Lo decía yo.... Si tú eres un +inocentón. + +--¡Hija, hija, hija! ¡Cualquiera me la pega a mí, a mí, en esas +cuestiones! Te digo, te digo, que no tenían nada Artegui y Lucía, y +Lucía.... + +Ahora mismo apuesto cuatro onzas, cuatro onzas.... + +--Pues yo--recalcó Pilar con su insistencia de enfermo lúcido--, aseguro +que lo que es ella... ella... a él no le he visto, que si le viese, +sabría.... Pero ella... cada suspiro le oí... y esos no son por Miranda. +Está a veces tan pensativa.. aunque otras se alegra y ríe, y es una +chiquilla.... + +--¡Bah, bah, bah! no digo yo que a ella, allá en sus adentros, sus +adentros... pero tú no entiendes de esto... yo te afirmo que lo que es +tener, no han tenido nada, nada... si sabré yo.... + +--Y yo también...--afirmó cínicamente Pilar--. Bueno, los dos +acertamos... no hubo nada... pero está.... ¿cómo dicen de las palomas en +el tiro? Tocada en el ala. + +--¡Bah! ¡Bah!--silbó de nuevo Perico, indicando su desdén hacia todo +sentimentalismo, ensueño o análoga nimiedad amorosa--. Eso no vale nada, +nada... como no le esperen a Miranda peores ratos... tiene bemoles, +bemoles, eso de torcerse una pata, y esperarse dos días a que la +enderecen, enderecen... dejando a su novia andar por esos mundos.... Es +divino, divino. Lo que le carga a él, es que se sepa, que se sepa... yo +le doy cada solo.... + +--No, mira, no le enfades.... Ya sabes que nos vinieron como llovidos +del cielo.... + +--No te ocupes, hija, no te ocupes.... Si lo cierto es que Miranda no +vive, no vive sin mí, porque se aburre, se aburre, y sólo yo le quito el +esplín, el esplín, el esplín, hablándole de sus conquistas.... Y está +hecho una plasta.... Falta le hace beberse medio Vichy... meterse ahora +en floreos, a su edad, a su edad.... + +No era aburrimiento lo que tenía Miranda: era su mal del hígado, +furiosamente exacerbado con el despecho de la ridícula aventura que +cortó el viaje de novios. Sus sienes verdeaban, sus ojeras se teñían de +matices amoratados, la bilis se infiltraba bajo la piel, y así como una +casa nueva hace parecer más vetustas las que están a su lado, así la +lozana juventud de Lucía acentuaba el deterioro del marido. Verificábase +en Lucía la encantadora transición de niña a mujer; sus movimientos, más +lentos y reposados, tenían mayor gracia; al paso que en él, la madurez +se trocaba en vejez, más bien que por los años, por la ruina de la +organización. Mostrábase Lucía con él tanto más afectuosa, cuanto más le +veía roído por los achaques, y cuanto más notaba en su rostro las +huellas del padecimiento cruel. No la arredraban ciertos despegos, +ciertas durezas inexplicables de Miranda; servíale piadosa y +filialmente, hablábale con dulzura, hacíale ella misma los remedios y le +vendaba el pie lastimado, con la devoción con que vestiría a una santa +imagen. Era feliz y hasta se conmovía, cuando él hallaba bien colocado +el apósito. Al fin Miranda pudo andar sin riesgo. Las lujaciones duran +poco, aunque en la edad de Miranda sean más tenaces. Diéronle de alta, y +todos se dispusieron a tomar la ruta de Vichy. La estación adelantaba: +estaban casi a mediados de Septiembre, y esperar más era exponerse a las +persistentes lluvias de aquel clima. Por encargo de Miranda el ama del +hotel escribió a la villa termal, encargando hospedaje. Con verbosidad +enteramente francesa convenció a Miranda y a Perico de que debían +alojarse en un _chalet_, por evitar a las damas la enojosa promiscuidad +de la mesa redonda de hotel, y para que se encontrasen como en su propia +casa. Repartido entre las dos familias, no sería exorbitante el coste y +las ventajas muchas. Conviniéronse en ello, y Miranda hubo de pedir la +cuenta del gasto hecho en el hotel, que le trajeron escrita en casi +indescifrables garrapatos. Cuando logró entenderlos llamó al ama. + +--Aquí--dijo apoyando el dedo sobre las patas de mosca--hay un error; se +equivoca usted en contra suya. A la señora le pone usted los mismos días +de estancia que a mí, y en realidad tiene dos más. + +--Dos más... contestó el ama reflexionando. + +--Sí, señora; ¿no llegó dos días antes? + +--¡Ah! tiene el señor razón... pero es que _Monsieur_ Artegui, los dejó +pagados. + +Lucía, que a la sazón doblaba algunas prendas de ropa para colocarlas en +su baúl, volvió repentinamente la cabeza, como ave al reclamo. Sus +mejillas estaban encendidas. + +--¡Pagados!--repitió Miranda, en cuya pupila mortecina y térrea se +encendió breve chispa--. ¡Pagados! ¿Y con qué derecho, señora? Quisiera +saberlo. + +--Señor, eso no me concierne... (_ce n'est pas mon affaire_)--exclamó la +fondista, acudiendo, para mejor explicarse, a su idioma natal--. Yo +recibo viajeros, ¿no es eso? Viene una dama con un caballero, ¿no es +eso? Me paga la estancia de esa dama al marcharse, y yo no le pregunto +si tiene o no derecho para pagar, ¿no es eso? Él paga, y basta (_voilá +tout_). + +--Pues--pronunció Miranda, alzando la voz--lo de la señora lo pago yo, y +nada más; y usted me hará merced de girar una letra a... ese señor, +devolviéndole lo cobrado. + +--El señor será bastante amable de dispensarme...--protestó la fondista, +despedazando sin compasión, en su aturdimiento, la sintaxis +castellana--. Yo me rehúso a lo que el señor propone, yo soy +verdaderamente desolada, pero esto, no se hace, esto no se hizo jamás en +nuestras casas.... Sería una falta, una grave falta, Monsieur Artegui +tendría razón de quejarse.... Yo demando bien perdón al señor.... + +--Váyase usted al demonio--contestó en castizo castellano Miranda, +volviendo las espaldas a su interlocutora, y olvidando, como solía, sus +postizas finuras de salón ante la herida de su amor propio. + +Lucía aun vendó aquella noche el pie, casi sano ya, de Miranda. Hízolo +con el tino y delicadeza que acostumbraba; pero al apoyar en su rodilla +la planta de su marido para mejor poder colocar la compresa y ceñir las +tiras de goma elástica a la articulación, no sonreía como las demás +veces. Silenciosa llenó el caritativo deber, y al levantarse del suelo, +exhaló leve suspiro, como el que desahoga, cumplida alguna tarea de que +cuerpo y espíritu por igual recibieron cansancio. + + + + +-IX- + + +El _chalet_ alquilado en Vichy por las dos familias, Miranda y Gonzalvo, +llevaba el poético letrero de _Chalet de las Rosas_. A fin de justificar +el nombre, sin duda, corrían por todos sus calados balaústres airosos +festones de rosal enredadera, al extremo de cuyas ramas oscilaban las +cabecitas lánguidas de las últimas rosas de la estación. Habíalas color +barquillo bajo, realzadas por la nota de fuego de las bengalas, y las +rosas enanas, de matiz de carne, parecían rostros microscópicos, que +miraban curiosos a las vidrieras del _chalet_. En el jardinete, ante el +peristilo, era una gentil confusión de rosas de todos los tonos y +tamaños. Las _Maimaison_ descollaban rosadas y turgentes, como un +hermoso seno; las té se deshacían, dejando pender sus desmayados +pétalos; las de Alejandría, erguidas y elegantes, vertían su copa de +esencia embriagadora; las musgosas reían irónicas con sus labios de +carmín, al través de una barba tupida y verde; las albas desafiaban a la +nieve con su fría y cándida belleza, con su rigidez púdica de flores de +batista. Y entre sus lindas hermanas, la exótica viridiflora ocultaba +sus capullos glaucos, como avergonzándose del extraño color alagartado +de sus flores de su fealdad de planta rara, interesante tan sólo para el +botánico. + +Tenía el _chalet_ los dos pisos de rigor; el entresuelo repartido en +comedor, cocina, salita y un angosto recibimiento; el principal dedicado +a dormitorios y cuartos de aseo. A la altura del principal corría una +balconada, calada como finísimo encaje, que se repetía en el entresuelo, +cubierta casi por las enredaderas. Delgada verja de hierro aislaba el +_chalet_ por la parte que daba a la vía pública, avenida plantada de +árboles; por donde confinaba con otras casas y jardines, hacían el mismo +oficio unas breves tapias. A la entrada de la verja, sobre sendas +columnas de mármol gris, dos niños de bronce alzaban sus bracitos +gordezuelos para sostener una bomba de cristal mate, que protegía un +mechero de gas. Comprendíase a primera vista que el _chalet_, con sus +delgadas paredes de madera, mal defendería a sus habitantes del frío del +invierno y los calores del verano; pero en la estación de otoño, +templada y benigna, aquella caprichosa construcción, orlada de franjas +de menuda crestería, trabajada como un juguete de sobremesa, engalanada +de fresca guirnalda de rosales, era el albergue más coquetón y donoso +que puede imaginar la mente, el nido más adecuado para una pareja de +enamoradas tórtolas. Yo siento tener que dar a tan lindos edificios, que +en Vichy abundan, el nombre extranjerizo de _chalet_; pero ¿qué hacer si +en castellano no hay vocablo correspondiente? Lo que aquí denominamos +choza, cabaña o casa rústica, no significa en modo alguno lo que todo el +mundo entiende por _chalet_, que es una concepción arquitectónica +peculiar a los valles helvéticos, donde el arte, inspirándose en la +Naturaleza, reprodujo las formas de los alerces y pinabetes, y los +delicados arabescos del hielo y la escarcha, bien como los egipcios +tomaron de la flor del loto los capiteles de sus pilones, En Vichy los +_chalets_ se construyen con el exclusivo objeto de alquilarlos +amueblados a los extranjeros. La conserje del _chalet_ se encarga del +gobierno de casa, de la compra y aun de guisar: el conserje atiende a la +limpieza, corta las ramas del jardinete, guía las enredaderas, barre las +calles enarenadas, sirve a la mesa y abre la puerta. Instaláronse, pues, +los Miranda y los Gonzalvo si más cuidado que el de entregar al conserje +sus abrigos de viaje y sentarse en sus respectivos puestos en el +comedor. + +Aunque Lucía, y sobre todo Pilar, se sentían un tanto fatigadas del +largo trayecto en ferrocarril, no dejaron de entusiasmarse con la +belleza de la morada que les deparaba el destino. El balcón, sobre todo, +les parecía delicioso para hacer labor y para leer. Acordábase Pilar de +cuantas acuarelas, países de abanico y estampas sentimentales había +visto, que representasen el ya trivial asunto de una joven cuya cabeza +asoma por entre un marco de follaje. Lucía, a su vez, comparaba su casa +de León, antigua, maciza, y lóbrega, con aquella vivienda, donde todo +era flamante y gentil, desde los encerados relucientes pisos hasta las +cortinas de cretona azul rameadas de campanillas rosa. Al otro día de la +llegada, cuando Lucía saltó del lecho, fue su primer cuidado salir al +balcón, de allí al jardín, recogiéndose la bata con unos alfileres para +no mojarla en el húmedo piso. Halló a las rosas acabaditas de salir del +baño de rocío, tersas, muy ufanas, adornadas cada cual con su collar de +perlas o de diamantes. Fue oliéndolas una por una, pasándoles los dedos +por las hojas sin atreverse a cortarlas; dábale mucha lástima pensar +cómo se quedaría la mata, huérfana de su flor. A aquella hora apenas +olían las rosas: era más bien un aroma general de humedad y frescura, +que se elevaba del césped de las plantas, y del conjunto de árboles +vecinos. Haylos en Vichy por todas partes; a la tarde, cuando Lucía y +Pilar recorrieron las calles de la villa termal para informarse de su +traza, lanzaron exclamaciones de contento al dar a cada instante con una +sombra, una alameda, un parque. Pilar opinaba que Vichy tenía aspecto +elegante; Lucía, menos entendida en elegancias y modas, gustaba +sencillamente de tanto verdor, de tanta Naturaleza, que reposaba sus +ojos, moviéndola a veces a imaginar que, a despecho de sus calles +concurridas, de sus tiendas brillantes, era Vichy una aldea, dispuesta a +propósito para contentar sus exigencias secretas e íntimas de soledad. +Aldea formada de palacios, adornada con todo el refinamiento de +comodidad y lujo inteligente que caracteriza a nuestro siglo; pero al +fin aldea. + +A un tiempo comenzaron Pilar y Miranda la temporada termal, si bien con +método tan distinto como lo requería la diferencia de sus males. Miranda +hubo de beber las aguas hirvientes y enérgicas de la _Reja-Grande_, +sometiéndose a la vez a un complicado sistema de afusiones locales, +baños y duchas, mientras la anémica absorbía a pequeñas dosis la picante +linfa, gaseosa y ferruginosa del manantial de las _Señoras_. +Estableciose desde entonces una lucha perenne entre Pilar y los que la +acompañaban. Eran necesarios esfuerzos heroicos para contenerla e +impedir que hiciese la vida de las bañistas del gran tono, que ocupaban +el día entero en lucir trajes y divertirse. Desde este punto de vista, +fue funesta a Pilar la presencia en Vichy de seis u ocho españolas +conocidas que aún aprovechaban allí el fin de la estación. Era pasado ya +lo mejor y más brillante de ésta; las corridas, el tiro de pichón, las +grandes excursiones en calesas y ómnibus al Borbonés, comenzadas en +Agosto, concluían en los primeros días de Septiembre. Pero quedaban aún +los conciertos en el Parque, el gran paseo por la avenida pavimentada de +asfalto, las fiestas nocturnas en el Casino, el teatro, que, próximo a +cerrarse, se veía más concurrido cada vez. Pilar se moría por reunirse a +la docena de compatriotas de distinción que revoloteaban en el efímero +torbellino de los placeres termales. El médico de consulta a quien se +habían dirigido en Vichy, al par que recomendaba las distracciones a +Miranda, prohibía severamente a la anémica todo género de excitación, +encargándole mucho que procurase aprovechar el carácter semi rural de la +villa para hacer vida de campo en lo posible, acostándose con las +gallinas y madrugando con el sol. Exigía este régimen mucha constancia +y, sobre todo, una persona que, continuamente al lado de la rebelde +enferma, no descuidase ni un segundo el obligarla a seguir las +prescripciones del facultativo. Ni Miranda ni Perico servían para el +caso. Miranda cubría las formas sociales exhortando a Pilar a «cuidarse» +y «no hacer tonterías», todo ello dicho con el calor ficticio que +muestran los egoístas cuando se trata de la salud ajena. Perico se +enojaba de ver a su hermana echando en saco roto las advertencias del +doctor, cosa que podía alargar la cura, y por ende la estancia en Vichy, +pero no era capaz de vigilarla y de atender a que cumpliese las órdenes +recibidas. Decíale a veces: + +--Me alegraré de que te lleven los demonios, los demonios, y de que +estés este invierno color de limón seco, de limón seco.... Tú lo +quisiste, pues aguántalo.... + +La única persona que se consagró a que Pilar observase el régimen +saludable, fue, pues, Lucía. Hízolo movida de la necesidad de abnegación +que experimentan las naturalezas ricas y jóvenes, a quienes su propia +actividad tortura y han menester encaminarla a algún fin, y del instinto +que impulsa a dar de comer al animal a quien todos descuidan, o a coger +de la mano al niño abandonado en la calle. Al alcance de Lucía sólo +estaba Pilar, y en Pilar puso sus afectos. Perico Gonzalvo no +simpatizaba con Lucía, encontrándola muy provinciana y muy poco mujer en +cuanto a las artes de agradar. Miranda, ya un tanto rejuvenecido por los +favorables efectos de la primer semana de aguas, se iba con Perico al +Casino, al Parque, enderezando la espina dorsal y retorciéndose otra vez +los bigotes. Quedaban pues frente a frente las dos mujeres. Lucía se +sujetaba en todo al método de la enferma. A las seis dejaba pasito el +lecho conyugal y se iba a despertar a la anémica, a fin de que el +prolongado sueño no le causase peligrosos sudores. Sacabala presto al +balcón del piso bajo, a respirar el aire puro de la mañanita, y gozaban +ambas del amanecer campesino, que parecía sacudir a Vichy, +estremeciéndole con una especie de anhelo madrugador. Comenzaba muy +temprano la vida cotidiana en la villa termal, porque los habitantes, +hosteleros de oficio casi todos durante la estación de aguas, tenían que +ir a la compra y apercibirse a dar el almuerzo a sus huéspedes cuando +éstos volviesen de beber el primer vaso. Por lo regular, aparecía el +alba un tanto envuelta en crespones grises, y las copas de los grandes +árboles susurraban al cruzarlas el airecillo retozón. Pasaba algún +obrero, larga la barba, mal lavado y huraño el semblante, renqueando, +soñoliento, el espinazo arqueado aún por la curvatura del sueño de plomo +a que se entregaran la víspera sus miembros exhaustos. Las criadas de +servir, con el cesto al brazo, ancho mandil de tela gris o azul, pelo +bien alisado--como de mujer que sólo dispone en el día de diez minutos +para el tocador y los aprovecha--, iban con paso ligero, temerosas de +que se les hiciese tarde. Los quintos salían de un cuartel próximo, +derechos, muy abotonados de uniforme, las orejas coloradas con tanto +frotárselas en las abluciones matinales, el cogote afeitado al rape, las +manos en los bolsillos del pantalón, silbando alguna tonada. Una +vejezuela, con su gorra muy blanca y limpia, remangado el traje, barría +con esmero las hojas secas esparcidas por la acera de asfalto; seguíala +un faldero que olfateaba como desorientado cada montón de hojas reunido +por la escoba diligente. Carros se velan muchísimos y de todas formas y +dimensiones, y entreteníase Lucía en observarlos y compararlos. Algunos, +montados en dos enormes ruedas, iban tirados por un asnillo de +impacientes orejas, y guiados por mujeres de rostro duro y curtido, que +llevaban el clásico sombrero borbonés, especie de esportilla de paja con +dos cintas de terciopelo negro cruzadas por la copa: eran carros de +lechera: en la zaga, una fila de cántaros de hojalata encerraba la +mercancía. Las carretas de transportar tierra y cal eran más bastas y +las movía un forzudo percherón, cuyos jaeces adornaban flecos de lana +roja. Al ir de vacío rodaban con cierta dejadez, y al volver cargados, +el conductor manejaba la fusta, el caballo trotaba animosamente y +repiqueteaban las campanillas de la frontalera. Si hacía sol, Lucía y +Pilar bajaban al jardinete y pegaban el rostro a los hierros de la +verja; pero en las mañanas lluviosas quedábanse en el balcón, protegidas +por los voladizos del _chalet_, y escuchando el rumor de las gotas de +lluvia, cayendo aprisa, aprisa, con menudo ruido de bombardeo, sobre las +hojas de los plátanos, que crujían como la seda al arrugarse. + +Mas el tiempo se empeñó en festejar a las viajeras, y poco después de su +llegada a Vichy brindoles los más espléndidos y apacibles días que +quepan en otoño, estación de serenidad, sobre todo cuando comienza. + +Despejada y clara la atmósfera, el calor benigno, las plantas en la +plenitud de su coloración y riqueza, las tardes entrelargas y las +mañanas alegres, aprovechose Lucía de tan buenas circunstancias para +resolver a Pilar a salir al campo, según lo dispuesto por el doctor. +Entraba en la medicación el que Pilar anduvíese a lomos de borrico, a +fin de que el trotecillo desigual le sirviera de ejercicio moviendo su +sangre, sin causarle fatiga; y aunque la enferma aborrecía con toda su +alma semejante cabalgadura, y hasta salir del pueblo iba a pie a costa +de arrastrarse trabajosamente, consentía en montar, apenas se hallaba +fuera de poblado. El sacudimiento la agitaba, y sonroseábanse unas +miajas sus mejillas. Lucía hallaba en ello ocasión de bromas. + +--¿Ves cómo es bueno montar en caballos briosos? Estás muy reguapa: +pareces otra: mira, para hacer una conquista, no tenías más que darte +una vueltecita así, por delante del Casino, cuando está tocando la +orquesta. + +--¡Qué horror!--exclamaba la anémica dando un grito--. Si me viesen las +de Amézaga.... ¡ellas, que nunca van sino en charabán o en milor! + +Dirigíanse las dos amigas, ya hacia la _Montaña Verde_, ya hacia el +camino de _las Señoras_ o hacia el manantial intermitente de Vesse. La +_Montaña Verde_ es el punto más elevado de las inmediaciones de Vichy. +Está la montañuela cubierta de vegetación, pero de vegetación baja, a +flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de +gigante con cabellera corta y espesísima. Ya en la cúspide, subían al +mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que +se extendía en torno. Las suaves laderas, tapizadas de viñas, bajaban +hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En +lontananza, la cadena del Forez erguía sus mamelones donde la nieve +refulgía cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos +y grises, parecían fantasmas de neblina; el castillo de Borbón Busset +surgía de las brumas con sus torreones señoriales, avergonzando al +pacifico palacio de Randán, con todo el desdén de un Borbón legítimo +hacia la rama degenerada de los Orleáns. El camino de _las Señoras_ era +la excursión favorita de Lucía. Estrecha vereda, sombreada por espesos +árboles, sigue dócil el curso del Sichón, deteniéndose cuando al río se +le antoja formar un remanso y torciéndose en graciosas curvas como la +tranquila corriente. A cada paso corta la monotonía de las hileras de +chopos y negrillos algún accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una +casita que remoja los pies en el río, ya una presa, ya un molino, ya una +charca de patos. El molino, en particular, parecía dispuesto por un +pintor efectista para algún lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto, +comido de húmeda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera +que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el +ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un cíclope. Eran +destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argentería líquida +que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la +pesada rueda exhalaba al girar, completaba el símil, remedando el hálito +del monstruo. Un puente lanzado con osadía sobre el mismo arco de la +catarata que formaba la presa dejaba ver, al través de su tablazón mal +junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra +hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero +irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las +desiguales ventanas florecía un tiesto de petunias. Quedábase Lucía +muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada +por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del +agua batida. Pilar prefería el manantial intermitente que le +proporcionaba las emociones de que era tan ávido su endeble organismo. +Llegábase al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cogía +bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la +sazón por los calores estivales; sólo en los puntos más anchos del cauce +llevaba agua, y el resto descubría el álveo formado de arena en +prolongadas zonas blancas. A lo más rápido de la corriente, obscuros +peñascos se interponían, originando otros tantos remolinos; saltaba el +agua, espumaba un punto colérica, y después seguía mansa y sesga como de +costumbre. En lontananza se descubría extensa vega. Dilatadas praderías, +donde pacían vacas y borregos, estaban limitadas al término del +horizonte por una línea de chopos verde pálido, muy rectos y agudos, a +la manera de los árboles contrahechos de las cajas de juguetes; los +mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor +sombrío rodantes por la pradera. Completaba la lejanía la cima de la +_Montaña Verde_, recortándose sobre el cielo con cierta dureza de +paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde +obscuro límpido. A la margen del río se veía bajar y subir el brazo +derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por +resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que azotaban la +ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos carros cargados +de arena y casquijo, y cruzaban después el puente, bañado en sudor el +tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban +las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de +paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos +ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una +mirada triste en los transeúntes, solían pegar una huida de costado, un +trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignación de su +paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y +con trazas de militar, pedía limosna con sólo una inflexión suplicante +de la voz y un doliente fruncimiento de cejas. + +Conforme dejaban atrás el puente, llegando a internarse en la frondosa +alameda que a Vesse conduce, dilatábasele el corazón a Lucía, creyendo +hallarse de veras en el campo. Estaban allí los árboles menos +simétricos, limpios y derechos que en Vichy; más desigual el suelo de la +ruta; más virgen la hierba de los linderos; menos barnizadas, pulidas y +flamantes las quintas y hoteles que ambos lados del camino guarnecían. +Ninguna mano celosa barriera las hojas secas que hacían natural y blanca +alfombra, ni los parches de boñiga de vaca caídos a trechos como +descomunales obleas negras. De tiempo en tiempo veíase algún cobertizo, +en cuya sombra relucían los aperos de labranza y el rústico y potente +olor de la fecunda tierra labradía penetraba en los pulmones, sano y +fuerte como las robustas hortalizas que vegetaban en los huertos +próximos. Corta distancia había desde el puente al manantial +intermitente. Cruzaban el zaguán de la casita, entraban en el jardín y +se dirigían al cenador cubierto de viña virgen, que el pilón +resguardaba. Hallábase el pilón vacío, y el tubo de bronce del surtidor +no despedía ni gota de agua. Pero Pilar sabía de antemano la hora del +singular fenómeno, y calculaba con exactitud. El tiempo que tardaba en +presentarse estábase ella inclinada sobre el pilón, palpitante, muda, +haciendo un embudo al oído con la diestra. + +--Ya viene: lo he sentido, ya silbó--decía Lucía como si de algún dragón +se tratase. + +--Verás cómo no viene por cinco minutos--respondía con seguridad Pilar. + +--Te digo que sí, mujer... si ya borbotea. + +--¿A ver? No, no. Es el ruido del viento que sacude los arbustos. Tú ves +visiones. + +Seguíase breve pausa y completo silencio. Una espera trágica. + +--¡Chist! Ahora, ahora--gritaba la anémica palmoteando--. ¡Ahora sí que +viene! ¡Y con alma! + +En efecto, oíase un borboteo extraño, después un silbido agudo, y un +chorro de agua hirviente, que despedía intolerable olor sulfuroso, se +lanzaba, espumante, recto y rápido, hasta la cúpula misma del alto +cenador. Vaho espeso cubría el pilón, enturbiando la atmósfera, que +apestaban las emanaciones del azufre. Así ascendía impetuoso el raudal +hasta que comenzaba a menguar su fuerza. Entonces la furia de la +impotencia le hacía dar saltos desiguales, convulsiones de epiléptico en +que se torcía irritado, espumarajeando, con desesperada proyección al +fin, caía domado y exánime, despidiendo sólo a intervalos un escaso +chorro, separado por largos espacios, como las llamaradas postrimeras de +la luz que se extingue. Terminaba su agonía con dos o tres hipos del +surtidor, a cuyo orificio se asomaba el chorro, sin conseguir lanzarse +fuera. No volvería ya el manantial a correr en diez horas lo menos. + +Disputaban frecuentemente Lucía y Pilar sobre la conclusión del +fenómeno, como sobre su comienzo. + +--Ya paró. Va a dormir. Buenas noches, caballero--exclamaba Lucía +saludándole con la mano. + +--¡No, mujer, quia! Aún ha de asomar tres o cuatro veces las narices. + +--Qué, si no puede. + +--Que sí puede. Verás tú si todavía echa unas _salivillas_, como dice el +asistente de un primo mío artillero. ¡Chist! Oye, oye cómo aún ronca. +Una, dos, tres.... Ahora escupe. + +--Cuatro, cinco, seis... vaya, ya no vuelve; está el pobre muy cansado. + +--Ahora no: ya dio las boqueadas. + +A la vuelta solían las amigas hallar el puente más animado que a la ida. +Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de +Vichy y los bañistas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al +paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre +las cuales relucía la nota brillante del estribo y del espolín. Algún +sociable, semejante a ligera canoa, corría arrastrado por su gallardo +tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos, +y ufano de su elegante tripulación; entreveíanse un instante anchas +pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros, +encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros +alegres, con la alegría del buen tono, que está siempre a diapasón más +bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a +pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la +librea de la áurea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre, +obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marrón, al hombro larguísima +caña de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra +paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y +demás enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a +quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la caña +de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples +peces víctimas del mortífero pasatiempo de su padre. + +Tanto agradaban a Lucía el puente y el río, que a propósito andaba +despacio al pasarlos. La cortina de verdor del parque nuevo se tendía +ante su vista. Un tiempo fueron pantanos todo aquel hermoso jardín, +hasta que los potentes diques, colocados por Napoleón III para evitar la +inundación que seguía a cada crecida del Allier, y el saneamiento del +terreno, lo habían transformado en un lugar paradisíaco. Los árboles +selectos, bien nutridos, tenían en su mayor parte tonos de felpa verde, +intensos y aterciopelados; pero algunos amarilleando ya, se encendían al +sol poniente como pirámides de filigrana de oro. Otros eran rojizos, de +un rojo teja, que en las partes heridas por el sol se hacía carmín. La +anémica solía manifestar, al volver del paseo, el capricho de ir un rato +a sentarse en los bancos del parque. Por lo regular, allí había gente, y +alguno de los españoles de la colonia, conocidos de Perico o de Miranda, +hacíase acaso el encontradizo, y las saludaba y dirigía algunas frases +de ritual. A veces se aparecían también, a guisa de sorprendentes +cometas, las ricas cubanas de Amézaga, con sus sombreros +extraordinarios, sus sombrillas monumentales y sus atavíos caprichosos, +destilados siempre a la quinta esencia de la moda. Pilar las distinguía +de cien leguas, por sus famosos sombreros, imposibles de confundir con +otro tocado alguno. Eran como dos budineras grandes, cubiertas todas de +finísimas y menudas plumas encarnadas: un pájaro natural, una especie de +faisán disecado con primor, contorneaba el ala, torciéndose con gracia a +un lado de la cabeza. Tan singular adorno, semi-indostánico sentaba bien +a la palidez tropical y a los ojos de fuego de las dos cubanitas. Cuando +se aproximaban, Lucía daba un codazo a Pilar, diciéndole sin asomo de +malicia: + +--Mira... ahí vienen los pajarracos de esas amigas tuyas. + +La presencia de las Amézagas, como les llamaba Perico, determinaba +siempre en Pilar una especie de fiebrecilla que la dejaba postrada +después para dos horas. Al divisarlas a lo lejos, se componía +instintivamente el pelo, sacaba el pie calzado con zapatito Luis XV de +tafilete, y paseaba su mano nerviosa por los morenos encajes de su +pañoleta, haciendo destacar la flechilla de turquesas que la prendía. +Trababan conversación, y las de Amézaga hablaban como con pereza y +desdén, mirando al cielo o a los transeúntes, e hiriendo la arena con el +cuento de las sombrillas. Respuestas cortas e indolentes «hija, qué +quieres»; y «estuvo magnífico», «gente, como nunca»; «pues ya se ve que +estaba la sueca»; «raso crema y granadina heliotropo combinados»; «como +siempre, dedicadísimo a ella»; «sí, sí, calor»; «vaya, me alegro que lo +pases bien, hija»; contestaban a las afanosas preguntas de Pilar. Luego +se alejaban las cubanas, con carcajadillas discretas, con medias +palabras, taconeando firme y moviendo un ruge-ruge de telas frescas y de +ropa fina. Un cuarto de hora lo menos quedaba Pilar murmurando de las +petimetras y de alguien más también. + +--¡Cada día más exageradas y más estrepitosas! Vamos, ¿te gusta a ti ese +traje tan raro, con una cabeza de pájaro igual a la del sombrero, en el +remate de cada frunce? Parecen un escaparate del Museo de Historia +Natural.... ¡Hasta en el abanico una cabeza de pájaro! No se concibe que +Worth haya ideado ese mamarracho.... Yo creo que los hacen en casa, con +la doncella, y después dicen que se los mandó Worth.... + +--No, si aseguran que su padre es un banquero riquísimo de la Habana.... + +--Sí, sí, tiene más ingenios que ingenio--pronunció Pilar repitiendo un +chiste que todo el invierno había rodado por Madrid a propósito de las +Amézagas. + +--Ello no cabe duda que los pájaros son un adorno bien extraño.... Yo +también tengo uno en un sombrero. + +--Sí, en una toca; pero es diferente. Además, una señora casada puede +permitirse ciertas cosas, que en el traje de las solteras.... + +--Por eso hizo bien Perico en no comprarte aquel abrigo bordado de +cuentas de colores que se te antojó. Era muy llamativo. + +--No hay nada de eso... era distinguidísimo.... ¿qué entiendes tú de +esas cosas? + +--Yo, nada--respondía Lucía risueña. + +--¡El traje de la sueca sí que sería bonito... crema y heliotropo! ¡me +gusta la combinación!... ¡Pero qué escándalo está dando con Albares... +un hombre casado! Buena necesidad que tendrán los dos de las aguas.... + +--Mujer, yo le oí decir a tu hermano que ella no le hace maldito el +caso. + +--¡Bah!, no parece sino que no están dando un cuarto al pregonero desde +que llegaron. Albares es un tonto, forrado de lo mismo, que se muere por +apariencias.... El caso es que todo el mundo en Vichy habla de ellos. + +Lucía se quedaba pensativa, fija la pupila en las canastillas de flores +del parque, que parecían medallones de esmalte prendidos en una falda de +raso verde. Formábanlas diversas variedades de colios; los del centro +tenían hojas lanceoladas y brillantes, de un morado obscuro, rojo +púrpura, rojo ladrillo, rojo de cresta de pavo, rojo rosa. Al borde, una +hilera de _ruinas de Italia_ destacaba sus medallitas azuladas sobre el +verde campesino, gayo, húmedo, de la hierba. Los alerces y los pinos +lárices formaban en algún rincón del parque un grupo nemoroso, suizo, +dejando caer sus mil brazos desmadejados, hasta besar lánguidamente el +suelo. Las catalpas, majestuosas, filtraban entre su claro follaje los +últimos rayos del poniente, y manchillas movedizas y prolongadas de oro +danzaban a trechos sobre la fina arena de la avenida. Era un +recogimiento de iglesia, impregnado de misterio, un silencio grave, +poético, solemne, y parecía sacrilegio turbarlo con una frase o un +ademán. + +Los paseantes comenzaban a retirarse, y el leve crujido de la arena +revelaba sus pasos lejanos. Pero ambas amigas acostumbraban, como suele +decirse, llevarse las llaves del parque, porque justamente a la puesta +del sol era cuando Lucía lo encontraba más hermoso, en aquella +melancólica estación otoñal. Bajos ya y moribundos los rayos solares, +caían casi horizontalmente sobre los pradillos de hierba, inflamándolos +en tonos ardientes como de oro en fusión. Los obscuros conos del alerce +cortaban este océano de luz, en el cual se prolongaban sus sombras. +Deshojábanse los plátanos y castaños de Indias, y de cuando en cuando +caía, con golpe seco y mate, algún erizo, que, abriéndose, dejaba rodar +la reluciente castaña. En las grandes canastillas, que se destacaban +sobre el fondo de césped, las pálidas eglantinas, a la menor brisa +otoñal, soltaban sus frágiles pétalos, las verbenas se arrastraban +lánguidas, como cansadas de vivir, descomponiendo con sus caprichosos +tallos la forma oval del macizo; los ageratos se erguían, todos llovidos +de estrellas azules y los peregrinos colios lucían sus exóticos matices, +sus coloraciones metálicas y sus hojas atigradas, semejantes a escamas +de reptil, ya blancas con manchas negras, ya verdes con vetas carne, ya +amaranto obscuro cebradas de rosa cobrizo. Profundo estremecimiento, +precursor del invierno, atravesaba por la Naturaleza toda, y dijérase +que antes de morir, quería vestirse sus más ricas galas: así la viña +virgen tenía tan espléndido traje de púrpura, y el álamo blanco elevaba +con tal coquetería el penacho de cándidos airones de su copa; así la +coralina se adornaba con innumerables sartas y zarcillos de sangriento +coral, y las cinias recorrían toda la escala de los colores vivos con +sus festoneadas enaguas. El maíz listado sacudía su brial de seda verde +y blanca a rayas, con melodioso susurro, y allá en las lindes de la +pradera bañada por el sol, unos arbolillos tiernos inclinaban su joven +copa. De tal suerte mullían las hojas secas el piso de las calles, que +se enterraba Lucía hasta el tobillo, con placer. El roce de su traje +producía en ellas un ruido continuo, rápido, parecido a la respiración +jadeante de alguien que la siguiera; y presa de pueril temor, volvía a +veces el rostro atrás, riéndose al convencerse de su ilusión. Hojas +había muy diferentes entre sí: unas, obscuras, en descomposición, +vueltas ya casi mantillo: otras secas, quebradizas, encogidas; otras +amarillas, o aun algo verdosas, húmedas todavía, con los jugos del +tronco que las sustentara. Hacíase la alfombra más tupida al acercarse a +los parajes sombríos del borde del estanque, cuya superficie rielaba +como cristal ondulado, estremeciéndose al leve paso del aura vespertina, +y rizándose en mil ondas chiquitas en choque continuo las unas con las +otras. + +Grandes sauces se inclinaban, llorosos y desconsolados, hacia el agua, +que reproducía el blando columpiar de las ramas trémulas, entre las +cuales se veía el disco del sol, y sus rayos, concentrados por aquella +especie de cámara obscura, herían la pupila como saetas. En un remanso +del estanque, enorme macizo de malangas ostentaba su vegetación +exuberante y tropical, y sus gigantescas hojas, abiertas como abanicos +de tafetán verde, se mantenían inmóviles. Cisnes, patos y ánades +bogaban, aquéllos con su acostumbrada fantástica suavidad, balanceando +el largo cuello, éstos graznando desapaciblemente, todos con rumbo a la +orilla apenas Lucía y Pilar se acercaban,--en demanda de mendrugos de +pan, que engullían atragantándose y alzando al aire la cola--. La isleta +y el pino que en ella crecía lanzaban a la superficie del estanque +misteriosa sombra. Un haz de cañas se elevaba esbelto, y a su lado, las +agudas poas sacudían su escobillón de terciopelo castaño. + +Regalada frescura subía del agua. Era la nota característica del +paisaje, dulce melancolía, blando adormecimiento, el reposo de la madre +Naturaleza cuando, fatigada de la continua gestación del estío, se +prepara al sopor invernal. Lucía había dejado de ser niña; los objetos +exteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; el +parque la sumía en vaga contemplación. Su alma parecía desasirse del +cuerpo, como se desase del tronco la hoja, y vagar como ella sin objeto +ni dirección, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de no +sentirse existir. ¡Y cuán grata debía de ser la muerte, si parecida a la +de las hojas; la muerte por desprendimiento, sin violencia, +representando el paso a más bellas comarcas, el cumplimiento de algún +anhelo inexplicable, oculto, allá, en el fondo de su ser! Cuando tales +ideas en tropel se le venían a la mente, un pajarillo descendía de un +árbol, y oíase el batir de sus alas en el aire. Andaba algún tiempo a +brincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; al +acercársele Lucía daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cima +más alta de las acacias rumorosas. + + + + +-X- + + +Solía la voz de la anémica romper el encanto.--Eh, chica.... ¿en qué +estarás tú pensando? ¡Qué románticas son estas niñas criadas en +provincia! + +Los ojos agudos y perspicaces de Pilar se clavaban, al decir esto, en la +fisonomía de Lucía, descubriendo en ella una sombra leve, una especie de +veladura parda desde la frente y las sienes a las ojeras, y cierto +hundimiento en las comisuras de la boca. Su curiosidad enfermiza se +despertaba, infundiéndole deseos de disecar, por solaz y pasatiempo, +aquel corazón. Habíale dicho la infalible penetración mujeril muchas +cosas, e incapaz de contentarse con la adivinación discreta, quería la +confidencia. Era una emoción más que se brindaba a sí propia en el curso +de la estación termal. + +--¡Qué sé yo en qué pensaba! En nada--contestaba Lucía apelando al +expediente más vulgar y siempre más socorrido. + +--Pues parece a veces que estás tristona, monísima... y no sé de qué; +porque estás precisamente en lo más bonito de la luna de miel... +¡Cáspita! ¡Quién como tú! Miranda es muy agradable; tiene tan buen +trato, se presenta tan bien.... + +--Eso sí, muy bien--repitió como un eco Lucía. + +--Y está chocho por ti.... ¡Vaya! ¡si eso se ve! Él anda por allí mucho +con mi hermano.... Pero chica, ¿qué quieres? Así son todos los +hombres... El caso es que mientras están con una gasten buen humor y le +hablen con cierto mimo.... Y que no sean celosos.... No, Miranda eso sí +que lo tiene de bueno: celoso, no es. + +Pusose Lucía color de brasa, y bajándose, cogió un puñado de hojas +secas, maniobra que le sirvió para disimular su confusión. Después se +entretuvo en reducirlas a polvo entre el índice y el pulgar, soplando +para aventarlo más presto. + +--Y cuidado--prosiguió Pilar--que otro en su caso.... No, mira, si yo +fuese hombre, no sé lo que hubiera hecho... eso de que un caballero +acompañase a mi novia tantos días... así, mano a mano... y precisamente +cuando.... + +A este golpe directo y brutal, alzó Lucía la frente, y posó en su amiga +la mirada cándida, pero digna y aun severa, que a veces solía chispear +en sus ojos. Pilar, diestra en táctica, retrocedió para saltar mejor. + +--Es verdad que conociéndote a ti... y a él, cualquiera sería tan +confiado como Miranda.... Tú, ya se sabe, una santita, un angelín de +retablo... y él... él es un caballero chapado a la antigua, a pesar de +sus manías... más fama tiene que el Cid. ¡Ya viene de atrás! Yo le +conozco mucho, hace tiempo--aseveró Pilar, que como todas las jóvenes de +la clase media introducidas en la buena sociedad, tenía prurito de +conocer al mundo entero. + +--¿Tú... le conoces hace tiempo?--murmuró Lucía, subyugada y ofreciendo +a la anémica el brazo para que se apoyase. + +--Sí, mujer. Va cada año a Madrid, a veces por todo el invierno, pero +generalmente un mes o dos de primavera. De sociedad gusta poco; le +convidaron a algunas casas, porque parece que su padre, el cabecilla, +era una persona distinguida de las Provincias, y está emparentado con +los Puenteancha, y con los Mijares, que son Urbietas de apellido... pero +se vendía tan caro, que en todas partes se andaban pereciendo por +tenerle.... Una vez, porque bailó un rigodón en casa de Puenteancha con +Isabelita Novelda, hubo broma toda la noche... le dijeron que ya podía +domar osos y tomar a Plewna sin artillería.... Isabelita estaba más +hueca que... y luego resultó que era que la Puenteancha se lo había +pedido por favor, y él le había contestado: bueno, bailaré con la +primera que encuentre... encontró a Isabelita, y zas, la invitó.... +Cuando se supo, ¡figúrate la tontuela de Isabelita qué cara pondría! +Ella que estaba persuadida de haber hecho una conquista... se le alargó +la nariz más de lo que la tiene, que no es poco.... ¡ja, ja!... + +La risa de la anémica se volvió tos, una tosecilla que le rascaba la +garganta y la sofocaba, obligándola a sentarse en un banco rústico de +los muchos que en el parque había. Lucía le dio blandos golpecitos en +las espaldillas, y permaneció silenciosa, no queriendo pronunciar +palabra que torciese el giro de la conversación. Sus ojos interrogaban. + +--Ej... ej... te aseguro que fue un chasco famoso...--continuó Pilar +calmándose--. A la Noveldita le vendrían de perlas los cientos de miles +de francos que el padre reunió para el hijo... pero ¡dicen que no le +gustan las mujeres! + +--No le gustan...--repitió Lucía, como si aquel pronombre no pudiera +aplicarse sino a una persona sobreentendida, pero no nombrada. + +--Añaden que, eso sí, es un hijo como pocos... a su madre la trae en +palmas. Ella cuentan que es una señora muy fina, de la aristocracia +francesa... muy delicaducha de salud, y aun creo que allá en sus +juventudes.... + +La anémica se apoyó el índice en la frente, con expresivo ademán. + +--Parece que el padre quiso que el chico fuese español, y trajo a su +mujer a dar a luz a Ondarroa, de donde es él... le hicieron hablar +castellano siempre y vascongado con su ama de cría... me lo ha contado +Paco Mijares, que como es pariente suyo, sabe todo eso.... + +Lucía se bebía con avidez aquellas palabras y aquellos detalles nada +importantes en sí. + +--Tiene extravagancias y caprichos muy particulares.... Hubo un tiempo +en que se le antojó trabajar, y entró en una casa de comercio.... +Después estudió medicina y cirugía, y tengo entendido que deja tamañitos +a Rubio y a Camisón.... En Madrid se iba a los hospitales, por gusto, a +estudiar.... En la guerra hizo lo mismo. ¿Sabes tú dónde me lo +encontraba yo a veces en Madrid? Pues en el Retiro, mirando al estanque +grande fijamente.... ¿Qué tienes, chica? + +Lucía, con los ojos cerrados, mortecina la color, se recostaba en el +tronco del plátano que sombreaba el banco. Cuando abrió los párpados, la +sombra de sus sienes era más marcada, y su mirar vago, como de persona +que vuelve en sí de un síncope. + +--No sé.... Es que a veces parece que me quedo así, sin sentido.... Es +como si me arrancasen el estómago--balbució. + +--«Ciertos son los toros»--pensó Pilar--; «¡bien madruga la bendición de +Dios!»--añadió para sí, descaradamente. + +La noche se venía a más andar, un soplo helado movió el follaje; las dos +damas se abrocharon, estremeciéndose, sus abriguillos de paño café con +leche, a tiempo que dos bultos negros se destacaban al fin de la +avenida. Eran Miranda y Perico, que se asombraron de hallarlas allí tan +tarde. + +--¡Bonito modo, bonito modo de curarse! ¡Demonios! ¡Si no coges una +pulmonía, una pulmonía como para ti sola! Anda, loca, vente, vente. + +Levantose Pilar, decaída, muriéndose, y fue a cogerse del brazo de +Miranda. Perico ofreció el suyo a Lucía, cuya robustez se había +sobrepuesto ya el desfallecimiento momentáneo. + +--Dudo que pueda mañana beber las aguas--dijo Lucía a su acompañante--. +Estuvo hoy algo excitada... y ahora viene la reacción de cansancio.... + +--¿A que resucita, a que resucita si la dejo ir al Casino? + +--¡Ay, Periquillo del alma!--gritó la anémica, que con su fino oído no +perdía palabra--. ¿Me dejas, eh? ¿Qué daño me ha de hacer eso? Ande +usted, Miranda, interceda usted por mí. + +--Hombre, alguna vez.... Puede que le sirva de alivio, distrayéndola. + +--No haga usted caso, Gonzalvo.... Dice el señor Duhamel que no.... +¿quién lo sabrá mejor, el médico o ella? + +--¿Y usted?--pronunció Perico, con unos asomos de galantería a que le +incitaban el anochecer, el marido caminando delante y sus inveteradas +malas mañas--. Y usted, joven y bonita como es, ¿por qué no viene al +Casino? Esas galas que se mueren de risa, de risa, en los baúles mundos, +estarían mejor luciéndose allí.... Vamos, anímese usted, anímese usted, +y yo la traeré un ramo de camelias como el que tenía anoche la sueca. + +--No quiero eclipsar a la sueca--exclamó risueña Lucía--. ¿Qué será de +ella si me presento yo? + +--Pues aunque lo diga usted de guasa, de guasa, es la pura verdad...--y +Perico bajaba traidoramente la voz--. Vale usted por diez suecas...--y +en tono más alto añadió--si Juanito Albares no hiciese tanta majadería, +maldito si nadie se acordaba, se acordaba de ella.... + +Juanito Albares, como le llamaba amistosamente Perico, era duque, grande +de España dos o tres veces, marqués y conde no sé cuántas; dato que es +muy digno de ser tenido en cuenta por los biógrafos del elegante +Gonzalvo. + +--¿Dónde tiene usted los ojos, hombre?--exclamó Lucía con su franqueza +castellana--. ¡Valor se necesita para decir eso!, es hermosísima la +sueca; en cualquier parte, emboba a la gente. Más blanca es que la +leche, y luego unos ojos.... + +--No te fíes de blancuras--intervino Pilar--. Habiendo en el mundo +toalla de Venus y blanco de Paros.... Es demasiado mujerona. + +--Demasiado alta--afirmó Perico como el zorro de las uvas. + +--Pierda usted cuidado--decía bajito Miranda a Pilar--. Conquistaremos a +ese hermano fiero, e irá usted una noche al Casino: ¡no faltaba otra +cosa! ¿Se había usted de marchar de Vichy sin ver el teatro, y sin +asistir al concierto? Eso sería inaudito. + +--¡Ay, Miranda! usted es mi ángel salvador. Si no hay otro medio de +lograrlo, nos escapamos usted y yo una noche... un rapto... hay que +hacer como en las novelas... traerá usted un corcel, me subiré a la +grupa, y, ¡hala!, que nos pillen... encerramos con llave primero a +Perico y a Lucía, y allí se quedan haciendo penitencia.... ¿eh? ¿Qué le +parece a usted? + +Cuando llegaron ante la verja del _chalet_, cuyos mecheros de gas +brillaban ya entre la sombra de los árboles, Miranda dijo para sí: + +--Ésta es más entretenida que mi mujer. Al menos dice algo, aunque sean +tonterías, y está de buen humor, a pesar de que tiene medio pulmón sabe +Dios cómo.... + +--Esta chica es más sosa que el agua, que el agua--pensó a su vez Perico +al separarse de Lucía. + +Ínterin llegaba el esperado día de asistir a la fiesta nocturna, Pilar +se acostumbró a pasar un par de horas en el salón de Damas del Casino, +de una a tres de la tarde generalmente. Es el salón de Damas un +atractivo más del hermoso edificio donde se reconcentra la animación +termal; allí las señoras abonadas al Casino pueden refugiarse, sin temor +a invasiones masculinas; allí están en su casa, y son reinas absolutas, +tocan el piano, bordan, charlan, y a veces se deslizan hasta el lujo de +un sorbete o de alguna confitura o bombón que roen con igual deleite que +si fuesen ratoncillos sueltos en un armario de golosinas. Es un harén de +moras civilizadas, un gineceo no oculto en la pudorosa sombra del hogar, +sino descaradamente implantado en el sitio más público que darse puede. +Allí concurrían y se congregaban todos los astros hembras del firmamento +de Vichy, y allí encontraba Pilar reunida a la escasa, pero brillante +colonia hispano americana; las de Amézaga, Luisa Natal, la condesa de +Monteros: y se formaba una especie de núcleo español, si no el más +numeroso, tampoco el menos animado y alegre. Mientras alguna rubia +inglesa ejecutaba en el piano trozos de música clásica, y las francesas +asían de los cabellos la ocasión de lucir primorosas labores de +cañamazo, dando en ellas tres puntos por hora, las españolas, más +francas, aceptaban la holgazanería completa, dedicándose a hablar y a +manejar el abanico. Una magnífica esfera geográfica, colocada al extremo +del salón, parecía preguntarse cuál era su objeto y destino en semejante +lugar; y en cambio, los retratos de las dos hermanas de Luis XVI, +Victoria y Adelaida, _damas_ tradicionales de Vichy, sonreían, empolvada +la cabellera, rosadas y benévolas, presidiendo el certamen de frivolidad +continua celebrado a honra suya. Eran murmullos como de voleteos de +pájaros en pajarera, ruido de risitas semejante a sartas de perlas que +caen desgranándose en una copa de cristal, sedoso crujir de países de +abanico, estallido seco de varillajes, ruedecillas de sillón que un +punto corrían sobre el encerado piso, ruge-ruge de faldas, que parecía +estridor de alitas de insecto. Embalsamaban la atmósfera leves auras de +gardenia, de vinagre de tocador, de sal inglesa, de perfumería Rimmel. +No se veían sino dijes y prendas graciosas abandonadas sobre sillas y +mesas; sombrillas largas, de seda, muy recamadas de cordoncillo de oro; +cabás y estuches de labor, ya de cuero de Rusia, ya de paja con moños y +borlas de estambre; aquí un chal de encaje, allí un pañuelo de batista; +acá un ramo de flores que agoniza exhalando su esencia más deliciosa; +acullá un velito de moteado tul, y encima las horquillas que sirven para +prenderle.... El grupo de españolas, capitaneado por Lola Amézaga, que +era muy resuelta, tenía cierta independencia e intimidad, bien distinta +de la reserva secatona de las inglesas: y aún entre ambos bandos se +advertía disimulada hostilidad y recíproco desdén. + +De mucha diversión había servido a las españolas ver cómo las inglesas +sacaban muy formales un periódico, tamaño como la sábana santa, del +bolsillo, y se lo leían de la cruz a la fecha. + +No había podido obtener Pilar que Lucía la acompañase al salón de Damas; +cortedad y encogimiento de niña educada en provincia se lo vedaban, +haciéndole temer más que al fuego a aquellas mujeres curiosas que +examinarían su tocado como el diestro confesor los repliegues de la +conciencia del penitente. Pilar, en cambio, estaba allí en su elemento y +esfera natural. Su voz algo aflautada sólo rendía el pabellón ante el +ceceo cubano de la Amézaga capitana. + +Oigamos el concertante. + +--Pues éste lo compré hoy--decía Lola remangando desenfadadamente la +manga de su vestido de muselina rosa con lazos de raso granate obscuro, +y enseñando un brazalete de cuyo aro pendía un cochinillo retorcido de +rabo y potente de lomo, ejecutado en fino esmalte. + +--Yo lo tengo en imperdible--añadía Amalia Amézaga, señalando a otro +marrano no menos lucio, que hozaba entre los encajes de su corbata. + +--¡Válgame Dios! ¡qué moda más fea!--exclamaba Luisa Natal, hermosura +próxima al ocaso, y muy atenta a no usar perifollo alguno que su belleza +no realzase--. Yo no me pondría semejantes bichos; ¡se acuerda uno del +mondongo! ¿verdad, condesa? + +Hizo un signo aprobativo la condesa de Monteros, española rancia, devota +y un tanto severa. + +--Yo no sé qué van a inventar ya--pronunció reposadamente--. He visto en +esas tiendas elefantes, lagartos, ranas y sapos, y hasta arañas; en fin, +los animalejos más asquerosos en adornos de señoritas. En mis juventudes +no nos pagábamos de tales extravagancias; buenos brillantes, bonitas +perlas, algún corazón de rubíes.... ¡ah! también usábamos los camafeos; +pero era un capricho precioso... se grababa en ellos el retrato de uno +mismo... o alguna virgen, algún santo. + +Reinó breve silencio; las Amézagas no se atrevían a replicar, subyugadas +por el señorío de aquella autorizadísima voz. + +--Mire usted, condesa--dijo Pilar al cabo, satisfecha de hallar un +motivo para desesperar a las Amézagas--, lo bonito, es ese agujón de +Luisa. + +Luisa sacó de su moño el clavo de oro, con cabeza de amatista, +constelada de diamantes chiquititos. + +--Otro igual tenía ayer la sueca--explicó al ponerlo en manos de la +condesa--. Llevaba todo el juego: pendientes, collar de bolas de +amatista y el agujón. Reguapísima que estaba la mujer con eso y el traje +heliotropo. + +--¿Ayer de noche?--preguntó Pilar. + +--Sí, en el teatro. El otro, penado y muerto como de costumbre... a las +diez hizo su entrada en el palco, presentándole el ramo consabido de +camelias y azaleas blancas... dicen que le cuesta sus setenta +franquillos por noche.... Es un aditamento regular al coste de la +pensión en el hotel.... + +--Ese sobrino mío no tiene vergüenza ni decoro--afirmó gravemente la +condesa de Monteros. + +--¡Un hombre casado!--dijo Luisa Natal, que hacía excelente menaje con +su marido, ciego cumplidor de todos los caprichos de su mitad. + +--¿Y se sabe por fin si la sueca es hija o mujer de ese barón de... +de... nunca puedo acordarme de su nombre... vamos, de ese viejo que anda +con ella?--interrogó la condesa, entrando por fin en la corriente de +curiosidad que la arrastraba, a pesar de su digna actitud. + +--¿De Holdteufel?--pronunció con acento cantarín Amalia Amézaga--. ¡Bah, +quién lo puede averiguar!, pero según la libertad que le deja, más +parece su esposo que su padre. + +--Se necesita descaro--prosiguió con discreta y risueña indignación +Luisa Natal--, para ser así la comidilla de todo el mundo.... + +--¡Toma!--dijo la voz de flauta de Pilar--. Pues eso quiere él, ¿qué se +creían ustedes?; el toque y el gustazo están en dar que hablar. + +--Siempre fue Juanito así, muy farfantoncillo--murmuró la condesa +enternecida al recordar a su sobrino, cuando hecho un diablo +traviesísimo de diez años, iba a su casa a darle jaqueca pidiendo mil +chucherías. + +--Hasta anteayer.... + +El grupo se estrechó: acercáronse unos a otros los sillones, y por un +instante se oyó el cadencioso chirriar de las ruedas sobre el piso. + +--Anteayer...--siguió Amalia Amézaga en tono algo más bajo--fue ésta al +tiro de pistola.... + +--¿Tiras ahora?--preguntaron a un tiempo Pilar y Luisa Natal. + +--Un poco... por distraerme...--Y Lola se atusó el negro flequillo, +cortado recto a un dedo de distancia de las cejas, que la asemejaba a un +paje de la Edad Media, realzando su cara descolorida de hija de los +trópicos y sus grandes ojos, infantiles, pero de niño malicioso y +precoz. + +--Pues...--siguió Amalia, viéndose religiosamente escuchada--allí +estaban Jiménez y el marquesito de Cañahejas, y _Monsieur_ _Anatole..._ +y todos leían y comentaban un suelto del _Fígaro_, en que se refería la +sensación causada en una de las estaciones termales más elegantes de +Francia y de Europa, por el loco amor de un magnate español a una dama +sueca.... + +--Pone iniciales no más--agregó Lola--; pero es claro como la luz.... Y +dice, por más señas: «_ce digne petit fils du Comte d'Almaviva se ruine +en fleurs_...» + +Un coro de risas sofocadas brotó del círculo. Lola sabía decir las cosas +con cierto ceceo y cierto parpadeo, que las mejoraba en tercio y quinto. + +--¿Y ella, qué tal, se ablanda?--preguntó Pilar. + +--¿Ella?--repuso Lola--. ¡Ah!, todas las noches, al recibir el ramo, le +contesta lo mismo, invariablemente: _Jrasiás, señor duque, trop amable._ + +Redoblaron las carcajadas. Hasta la condesa se sonreía, con el abanico +abierto delante por decoro. + +--¡Chist!--pronunció Luisa Natal--. ¡Ahí viene! + +--¡La sueca!--exclamó Pilar. + +Todas volvieron el rostro, en extremo conmovidas. La puerta del salón de +Damas se abría solemnemente; un elegante y correcto anciano, con blancas +patillas y delicadamente afeitado el resto de la faz, se quedó en el +umbral en diplomática postura; una mujer alta y gallarda penetró en el +recinto; acrecentaba su clásica beldad el negro traje de tafetán, muy +ceñido y golpeado de azabache; sobre su frente de diosa, el sombrero de +tul con espigas de oro, parecía mitológica diadema; era su andar noble y +soberano, y sin cuidarse de saludar a nadie, se fue hacia el piano, +vacante a la sazón, y sentándose, comenzó a interpretar magistralmente +unas mazurcas de Chopín. La postura patentizaba lo brioso de su talle, +los largos y tornátiles brazos, las caderas, los omoplatos que, a cada +pulsación de la blanca mano, se dibujaban vigorosamente bajo el ajustado +corpiño. + +--¿No es cierto--dijo por lo bajo Pilar a Luisa Natal--que si Lucía +Miranda se vistiese como ella, se parecerían algo, así en las formas? + +--¡Bah!--murmuró Luisa Natal--, la Mirandita no tiene pizca de chic. + +Brotó entonces del grupo de inglesas ese enérgico silbido que en todos +los idiomas significa: «¡Silencio!: cállense ustedes, y oigan, o dejen +oír siquiera.» Las españolas se dieron al codo, y prosiguieron +impertérritas con sus cuchicheos. + +--¿No veis aquello?--decía Lola Amézaga. + +--¿El qué... el qué... el qué?--preguntaron todas. + +--¿Qué ha de ser?, Albares. Allí, allí, en los vidrios.... Con +disimulo... que no lo note.... + +Por la parte de las vidrieras, que caían a la azotea del Casino, veíase, +en efecto, un rostro de pisaverde, imberbe casi, destacándose entre la +blancura de porcelana de primorosa camisa y nívea corbata de batista, +cuyo triángulo cerraba una de esas ágatas llamadas _ojo de gato_, a que +dio tan fabuloso valor el capricho de los elegantes de dos o tres años +acá. Traje de mañana de un gris humo suave y exquisito, hongo de +finísimo castor, una flor de gardenia en el ojal, guantes de gamuza +flamantitos, tal era el atavío del indiscreto que así registraba el +salón de Damas. Advertíase en su tipo mezcla singular de debilidad y +fuerza, cuerpo de sietemesino y músculos de Hércules. La gimnasia, la +esgrima, la equitación, la caza, debían haber endurecido aquel organismo +que la Naturaleza hiciera endeble, enteco casi. La estatura era corta; +los miembros delicados y femeniles; pero la musculatura, de acero. +Conocíase esto en el modo de caerle la ropa, en no sé qué corte viril de +las rodillas y los hombros; además, se traslucía en aquel hombre la +altiva superioridad que dan juntamente la riqueza, el nacimiento y el +hábito de ser obedecido. + +Mas si esperaba el duque algún fruto de acechar así por los cristales, +cayole la pascua en viernes, porque la sueca, después de haber tocado +con gran sosiego y maestría hasta media docena de mazurcas, se levantó +con no menor majestad de la desplegada al entrar, y sin volver el +rostro, tomó hacia la puerta. Ésta se abrió como por obra de un conjuro, +y el diplomático de blancas patillas se presentó afable y serio, +ofreciendo el brazo. Fue una salida de reina, très réussie, como decían +en el grupo de francesas. + +--¡Parece la princesa Micomicona!--dijo Lola Amézaga, que aquella mañana +no se había pasado menos de dos horas al espejo, ensayando el regio modo +de andar de la sueca. + +--¡Qué empaque!--observó Luisa Natal--. No, buena moza, ya lo es. +¡Cuidado con el talle! ¡Y qué manos! ¿No se las habéis reparado? + +--Yo la miro poco--contestó Pilar--. No le doy ese plato de gusto. ¡Sólo +adopta esos ademanes teatrales para llamar la atención! + +--¡Fresco se ha quedado Albares!--exclamó Amalia--. ¡Ella ni se enteró +de que estaba ahí! + +Todas se volvieron a mirar hacia las vidrieras. Ya no se hallaba allí el +duque. + +--Ahora se habrá ido escapado a intentar verla en el Parque. ¿Vamos a +convencernos? + +--Sí, vamos, vamos; la escena será chistosa. + +Levantáronse, y recogieron aprisa abanicos, sombrillas y velos, +precipitándose hacia la puerta. + +--Eh, ¡señoritas!--decía la condesa de Monteros--. No corran ustedes +tanto, yo no soy tan joven como ustedes, y voy a quedarme atrás. A +fe--añadía entre dientes--que cuando le eche la vista encima a mi señor +sobrino, le espeto lo que viene al caso, por matar así a disgustos a +aquella pobre Matilde que es un ángel. + +Mientras se solazaba Pilar de manera tan conforme a sus inclinaciones, +aguardábala Lucía en el balcón del _chalet_. A aquella hora, nadie +estaba en casa, ni Miranda, ni Perico; el Casino se los había tragado a +todos. Apenas cruzaba un transeúnte por la retirada calle. Sólo se oía, +entre el silencio, el estridor monótono de la máquina de coser que la +hija de la conserje manejaba. En el jardín, las rosas, embriagadas del +calor bebido durante la mañana entera, se deshacían en perfumes; hasta +las frías rosas blancas tenían matices rancios, como de carne pálida, +pero carne al fin. De todo el coro de aromas se formaba uno solo, +penetrante, fortísimo, que se subía a la cabeza, como si fuera la +fragancia de una rosa no más, pero rosa enorme, encendida, que exhalaba +de su boca de púrpura hálito fascinador y mortal. Lucía empezaba por +coser, al sentarse; pero al cuarto de hora la almohadilla se caía de su +regazo, escapabásele el dedal del dedo, y vagarosa la pupila, permanecía +con los ojos fijos en los macizos de rosales, hasta que al fin sus +párpados se cerraban, y recostando la frente en las ramas que tapizaban +el balcón, abandonábase a la delicia de aquella atmósfera embalsamada, +sin oír, sin ver, respirando no más. Dos meses antes, no hubiera podido +estarse quieta media hora; los jardines la convidaban a correr. Ahora, +por el contrario, la incitaban a dejarse estar así, inmóvil, y +anonadada, como el güebro ante el sol. + +Una tarde, Pilar, al volver de su club, la halló como nunca pensativa. + +--Tonta--le dijo--¿en qué cavilas? Si vinieses al Casino, te divertirías +mucho. + +--Pilarcita--murmuró Lucía echándole al cuello los brazos--, ¿me +guardarás un secreto si te lo digo? + +Encendiéronse los ojos de la anémica. + +--¡Pues no! Desahoga ese corazón, mujer.... Entre nosotras, ¿verdad?, +todo puede contarse.... Yo he visto tantas cosas... nada me sorprende.... + +--Escucha...--dijo Lucía--. Quisiera saber, a toda costa, cómo sigue la +madre del señor don Ignacio Artegui. + +Retrocedió Pilar desorientada; y riéndose en seguida con su cínico reír, +exclamó: + +--¿No es más que eso? ¡Vaya un secreto! ¡Gran puñado son tres moscas! + +--Por Dios--suplicó apurada Lucía--, que a nadie se lo indiques.... Yo +me muero por saberlo, pero si se entera... alguien.... Miranda, o así.... + +--¡Eh! boba, yo lo sabré pronto, y sin informar a nadie.... Tengo mil +medios de averiguarlo.... Te prometo que saldrás de la curiosidad.... + +Pilar dio dos o tres golpecitos en la barbilla a Lucía, que estaba grave +y aun algo confusa. + +--¿Paseamos hoy, señora enfermera?--interrogó la anémica. + +--Sí, y beberás leche en Vesse. Pero coge otro traje de más abrigo, por +Dios: eres capaz de resfriarte.... ¿No has notado qué bien huelen las +rosas? En León apenas las hay: me acuerdo de que las que podía coger se +las ponía todas a la Purísima que tengo en mi cuarto. + + + + +-XI- + + +Era el Casino para Perico y Miranda, como para todos los ociosos de la +colonia, casa y hogar durante la temporada termal. En conjunto el gran +edificio se asemejaba a un concierto de voces que convidasen a la +existencia rápida y fácil de nuestro siglo. El espacioso peristilo, la +fachada principal con su vasta azotea, su jardinete reservado, donde +vegetan en graciosas canastillas exóticas plantas, y sus ricos y +caprichosos adornos renacientes de blanquísima sillería; las altas +columnas de bruñido pórfido que el interior sustentan; las muelles +butacas y los anchos divanes; los cupidillos traviesos (símbolo +artístico de efímeros amores que suelen vivir el espacio de una quincena +de aguas) que corren por la cornisa del gran salón de baile, o +revolotean en el azul de los anchos recuadros del teatro; el oro +prodigado en toques hábiles, como puntos de luz, o en luengos listones, +como rayos de sol; las grandes ventanas de límpidos cristales, todo, en +suma, ayudaba a la fantasía a representarse un templo ateniense, +corregido y aumentado con los beneficios y goces de la civilización +actual. Quien mirase el Casino por su fachada sur, podía ver desde luego +el numen que allí recibía culto y sacrificios: la Ninfa de las aguas, +inclinando la urna con graciosa actitud, mientras salen a sus pies de +entre un cañaveral dos amorcillos, y uno de ellos, alzando una valva, +recoge la sacra linfa que de la urna copiosamente fluye. Sacerdotes y +flamines del templo de la Ninfa son los mozos del Casino, que a la menor +señal, a un movimiento de labios, acuden tácitos y prontos con lo que se +desea: cigarros, periódicos, papel, refrescos, hasta las aguas, que +traen a escape, en un tanque vuelto boca abajo sobre un plato, a fin de +que no pierdan su preciosa temperatura ni sus gases. + +Prefería Miranda el salón de lectura, donde hallaba cantidad de +periódicos españoles, incluso el órgano de Colmenar, que leía dándose +tono de hombre político. A Perico se le encontraba con más frecuencia en +otro departamento tétrico como una espelunca, las paredes color de +avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una +hilera de bancos de gutapercha moteada hacía frente a otra hilera de +mesas, cubiertas con el sacramental, melodramático y resobadísimo tapete +verde. Así como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas +paralelas de algas, así se advertían en los respaldos de los bancos de +gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y +espaldas de los jugadores, señales que iban en aumento desde el primer +banco hasta el último, conforme se ascendía del inofensivo _piquet_ al +vertiginoso _écarté_, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad, +acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en +comparación de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se +tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de +Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen +narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espectáculo, caro a los +novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se +sucedían. Tiene el juego en Vichy algo de la higiénica elegancia del +pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa +nadie se levantó la tapa de los sesos por cuestión del tapete verde, +como sucede en Mónaco a cada paso; de suerte que no se presta la sala +del Casino a descripciones del género dramático espeluznante; allí el +que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor +humorado, según es de nervioso o linfático temperamento, pero convencido +de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la +Autoridad y comisionados de la Compañía arrendataria, presentes siempre +para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de +garitos de baja estofa, no de aquellas olímpicas regiones en que se +talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los +que más ayudaban a engrasar y bruñir con la pomada de su pelo y el frote +de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo clásico del +jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando +perdía, no le ocurrió jamás tirarse de los cabellos, blasfemar ni +enseñar los puños a la bóveda celeste. Eso sí, él tomaba cuantas +precauciones caben, a fin de no perder. Análogo es el juego a la guerra: +dícese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben +los estratégicos consumados que una combinación a la vez instintiva y +profunda, analítica y sintética, suele traerles atada de manos y pies la +victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de cálculo que en un +segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los +hábiles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan. +Perico poseía a fondo la ciencia del juego, y además observaba +atentamente el carácter de sus adversarios, método que rara vez deja de +producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o +aturden, y obran conforme al estado del ánimo, de tal manera, que es +fácil sorprenderlas y dominarlas. Quizá la quisicosa indefinible que +llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un +hombre sereno y lúcido sobre muchos ebrios de emoción. En resumen: +Perico, que tenía movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de +hielo la cabeza, de tal suerte entendió las marchas y contramarchas, +retiradas y avances de la empeñada acción que todos los días se libraba +en el Casino, que después de varias fortunitas chicas, vino a caerle un +fortunón, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos, +que se guardó apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de allí +con su paso y fisonomía de costumbre, y dejando al perdidoso dado a +reflexionar en lo efímero de los bienes terrenales. Aconteció esto al +otro día de aquel en que Lucía manifestara a Pilar tal interés por la +salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a +menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces +escatimaría un maravedí, y avisando a Pilar que estaba en el salón de +Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo dándole el brazo: + +--Para que no salgas siempre con que no te compré nada en Vichy, anda, +vente; te voy a hacer un regalo. + +--¿Un regalo?--y Pilar abrió desmesuradamente los ojos. + +--Un regalo, sí señor; no parece sino que es el primero. Pide por esa +boca, por esa boca. + +--¿Pero es de veras? ¡Qué rico de Pe-ri-co!--exclamó la anémica +cantando--. ¿Me comprarás lo que se me antoje? + +--Vamos a las tiendas--exclamó él, y echó a andar. + +Pilar dudó buen rato, como los niños ante una bandeja de dulces +diversos; por último se decidió, eligiendo dos gotitas de agua para las +orejas, y un espejo portátil de oro cincelado, joya caprichosa y +novísima, que se colgaba de la cintura y sólo la sueca llevaba aún en +Vichy. Al regresar a casa con sus compras, brillaban de tal suerte los +ojos de la anémica y estaban sus mejillas tan encendidas, que Perico le +dijo: + +--El demonio sois las señoras mujeres. En dándoos un sonajero o un +cascabel, un cascabel, os curáis de todos los males. Me río yo de la +botica, de la botica. Ahora no te duele el estómago. + +--Periquillo.... ¡Eres tú la flor de la canela! Mira, estoy loca de +contenta... y si quisieras.... ¿eh? Di que sí. + +--Si quisiese.... ¿Se te antoja algo más? No, hijita, basta por hoy, +basta. + +--No, nada de compras... pero esta noche... quería ir al concierto a +lucir el espejo... mira tú, ni las de Amézaga ni esa jamona de Luisa +Natal lo tienen... ni sabían que en Vichy lo hubiese... van a quedarse +de una pieza... anda, Periquín; que sí, ¿verdad? Una vez, hombre... +anda. + +Lucía pidió casi de rodillas a Pilar que renunciase al peligroso goce +que anhelaba. Era precisamente la ocasión más crítica; Duhamel esperaba +que la Naturaleza, ayudada por el método, venciese en la lucha, y acaso +quince días de voluntad y tesón decidiesen el triunfo. Pero no hubo +medio de persuadir a la anémica. Pasó el día en un acceso de fiebre +registrando su guardarropa; al anochecer, salió del brazo de Miranda; +llevaba un traje que hasta entonces no había usado por ligero y +veraniego en demasía, una túnica de gasa blanca sembrada de claveles de +todos colores; pendía de su cintura el espejillo; en sus orejas +brillaban los solitarios, y detrás del rodete, con española gracia, +ostentaba un haz de claveles. Así compuesta y encendida de calentura y +vanidoso placer, parecía hasta hermosa, a despecho de sus pecas y de la +pobreza de sus tejidos devastados por la anemia. Tuvo, pues, gran éxito +en el Casino; puede decirse que compartió el cetro de la noche con la +sueca y con el lord inglés estrafalario, del cual se contaba que tenía +alfombrada con tapiz turco la cuadra de sus caballos y baldosado de +piedra el salón de recibir. Gozosa y atendida, veía Pilar una fiesta de +las _Mil y una noches_ en el Casino constelado de innumerables mecheros +de gas, en el aire tibio poblado con las armonías de la magnifica +orquesta, en el salón de baile donde los amorcillos juguetones del techo +se bañaban en el vaho dorado de las luces. Jiménez, el marquesito de +Cañahejas y _Monsieur_ _Anatole_, se disputaron el placer de bailar con +ella. Miranda reclamó un rigodón, y para colmo de dicha y victoria, las +Amézagas se reconcomían mirando de reojo el espejillo, dije que sólo +brillaba sobre dos faldas: la de Pilar y la de la sueca. Fue, en suma, +uno de esos momentos únicos en la vida de una niña vanidosa, en que el +orgullo halagado origina tan dulces impresiones, que casi emula otros +goces más íntimos y profundos, eternamente ignotos para semejantes +criaturas. Pilar bailó con todas sus parejas como si de cada una de +ellas estuviese muy prendada; tanto brillaban sus ojos y tal expansión +revelaba su actitud. Perico no pudo menos de decirle _sotto voce_: + +--¿Bailas, eh? ¡Veremos mañana qué dice Duhamel!... Estará celestial, +celestial. Mañana me escapo, me escapo. De fijo, revientas, revientas, +revientas como un triquitraque. + +--No lo creas. ¡Me siento tan bien!--exclamó ella bebiéndose un vaso de +grosella que le presentaba el hispanófilo _Monsieur_ _Anatole_. + +A la mañana siguiente, cuando Lucía fue a despertar a Pilar, retrocedió +tres pasos sin querer. Tenía la anémica la cabeza enterrada de un lado +en las almohadas, y dormía con sueño inquieto y desigual; en las orejas, +pálidas como la cera, resplandecían aún los solitarios, contrastando su +blancura nítida con los matices terrosos de las mejillas y cuello. +Rodeaba los ojos un círculo negro, como hecho al difumino. Los labios, +apretados, parecían dos hojas de rosa seca. El conjunto era cadavérico. +Por las sillas andaban dispersas prendas del traje de la víspera: los +zapatos, de raso blanco, vueltos tacón arriba, estaban al pie del lecho; +en el suelo había claveles y el nunca bien ponderado espejillo, causa +inocente de tantos males, reposaba sobre la mesa de noche. Al tocar +Lucía suavemente el hombro de la dormida, ésta se incorporó a medias, de +un brinco; sus ojos, entreabiertos, tenían velada y sin brillo la +córnea, como si los cubriese la telilla que se observa en los ojos de +los animales muertos. Del lecho salía un vaho espeso y fétido; la +anémica estaba bañada en copioso sudor. + +No pudo levantarse, porque al poner el pie en el suelo le asaltó +terrible frío, castañetearon los dientes, y hubo de arroparse otra vez, +sintiendo que el sudor se le congelaba en los miembros. Además notó +agudo y violento dolor de costado, en términos que para respirar le fue +preciso volverse del lado izquierdo. Temblaba toda, como una vara verde, +sin que cuantos abrigos le echaron encima fuesen parte a calentarla un +poco. + +De un brinco se trasladó Lucía al cuarto de su marido, que entre duerme +y vela fumaba un cigarrillo de papel. A Miranda le sentaban bien las +aguas: desaparecían los tonos marchitos de su piel, bajo la cual +comenzaba a infiltrarse un poco de sangre y grasa, dándole esa frescura +trasnochada, gala de las cincuentonas obesas que están todavía de buen +ver. Tal era para Miranda el resultado físico: el moral era un anhelo de +reposo y bienestar egoísta, esa regularidad del hábito, esa tiranía de +la costumbre que se impone en la edad madura, y que mueve a tener como +desdicha irreparable el que la comida o el sueño se retrasen media hora +más de lo ordinario. El ex buen mozo quería descansar, vivir bien, +cuidar de su salud preciosa, y llegar en suma al tipo respetable e +importante de los clásicos Mirandas. Lucía entró como un huracán, y +alterada y trémula, le dijo: + +--Levántate... ve a ver si coges en casa al señor Duhamel.... Pilar está +malísima. + +Miranda se incorporó. + +--¡Claro que estará mala la grandísima loca! ¡Pues no bailó anoche como +una descosida! ¡Bien empleado! + +Lucía clavó en su marido los ojos atónitos. + +--Ve pronto, pronto...--exclamó--. Está con un acceso de frío... se +queja de dolor a un lado, y se le ha tomado la voz.... + +Miranda se levantó refunfuñando. + +--No sé para qué tiene a su hermanito--murmuró al calzarse la botas--. +Bien podía ir él. + +--Díselo tú, si quieres--pronunció lentamente Lucía, preñados de +lágrimas los ojos--. Yo no he de entrar a despertar a Gonzalvo. Así como +así, ya ibas a levantarte para beber las aguas. + +--Lo menos en tres cuartos de hora no había para qué. No parece sino que +esa chica es la única que tiene aquí que cuidarse. También los demás +padecemos y hemos de observar régimen. Hoy justamente estoy fatal.... + +Era hábito de Lucía interesarse mucho por la salud de Miranda, y +preguntarle cada día esos pormenores que las madres exigen de sus hijos +y que hastían a los indiferentes; pero en esta ocasión le volvió la +espalda, y salió encaminándose a la cocina, donde pidió a la conserje +una taza de tila, que ella misma subió a Pilar. + +Duhamel frunció el ceño cuando hubo visto a la paciente. Lo que más le +desagradó fue saber que en el baile había bebido dos o tres refrescos. +Era Duhamel un vejezuelo chico y apergaminado, en quien la vida se +refugiaba en los ojos relucientes y perspicaces. Pelicano y cejicano, +lucía todos sus dientes, largos y rancios como teclas, con el frecuente +sonreír. + +Era en sus movimientos pronto y escurridizo cual las anguilas, y +habiendo estado en el Brasil con una comisión científica, chapurreaba un +poco el portugués brasileño, empeñándose en hacerlo pasar por español. + +--Interrúmpase completamente el método termal, o _tratamento_--dijo +dirigiéndose exclusivamente a Lucía, a pesar de estar presente el +hermano de la enferma, merced a ese instinto infalible de los médicos, +que distinguen al punto la persona atenta a sus prescripciones e +interesada en ejecutarlas--. Ha obrado mal la enferma, a _doente_, en +romper así el régimen prescrito. + +--Pero y ahora, ¿qué se le hace? + +--Ensayaremos un revulsivo enérgico, _forte.... E um retrocesso ao +pulmao_... veremos de desviarlo.... ¡_Bon Deus_! ¡bailar, y beber +refrescos! Y ahora tenemos que luchar con el sudor... _O suor esgota-a_. + +Pasaba este diálogo entre el doctor y Lucía, a distancia suficiente del +lecho de la enferma, a fin de que no oyese palabra. Lucía se enteró muy +al por menor de cuanto concernía a la asistencia, de las horas del +alimento, de las precauciones que adoptar importaba. Después de aplicar +a Pilar los medicamentos que el doctor dispuso, arregló el cuarto +andando en la punta de los pies, puso cada cosa en su sitio, entornó las +celosías y se instaló al lado de la cama, en una silleta baja de hacer +labor. Pilar estaba muy agitada, y ardía de sed; a cada paso Lucía le +llegaba a los labios el pistero de agua de goma, previamente templada en +una estufilla. Por la tarde vino Duhamel, y se cercioró de que los +revulsivos habían logrado aclarar un poco la voz de la enferma y +facilitar su respiración congojosa. No obstante, la calentura era alta, +el sudor se había suprimido. Ocho días duró la congestión pulmonar, y +cuando Duhamel ordenó a Pilar levantarse, porque la cama acrecentaba el +recargo y agotaba sus fuerzas, era aquella criatura un espectro; a los +caracteres asaz tristes de la anemia, se unían ahora otros más +alarmantes. Al vestirse, sus miembros no sostenían la ropa, que se +escapaba del cuerpo como de un maniquí mal relleno. Ella misma se +asustó, y en uno de los momentos lúcidos que suelen tener los atacados +del terrible mal que ya la oprimía entre sus garras, pidió el espejillo +famoso, y Lucía, por no contrariarla, se lo presentó de mala gana. Al +fijar sus ojos en él, Pilar recordaba cómo se había visto la noche del +baile, con sus claveles, su pelo artísticamente rizado, y la sonrisa de +placer que le iluminaba el rostro. Fue tal el contraste entre lo pasado +y lo presente, entre la cara de ocho días atrás y la de hoy, que Pilar, +con rápido movimiento, arrojó al suelo el espejillo. Quebrose la clara +luna, y las cinceladuras finísimas del marco se abollaron al golpe. + +Poco tardó, no obstante, en volver a apoderarse de ella la pertinaz +ilusión que dulcemente lleva de la mano a los tísicos, vendados los +ojos, hasta la puertas de la muerte. Eran tan patentes los síntomas del +mal, que al verlos en otra cualquiera le hubiese extendido la papeleta +mortuoria; y con todo eso, Pilar, animada y llena de planes, se creía +sujeta únicamente a un resfriado tenaz que había de curarse poco a poco. +Tenía tosecilla blanda y continua, expectoración pegajosa, sudores que +la menor elevación de temperatura determinaba, y las perversiones del +apetito se habían convertido en desgano horrible. Inútilmente la +conserje del _chalet_ lucía sus primores culinarios, ideando mil +golosinas delicadas. Pilar lo miraba todo con igual repugnancia, +especialmente los platos nutritivos. Comenzó entonces para las dos +amigas una existencia valetudinaria. Lucía no se apartaba de Pilar, +sacándola al balcón a respirar el fresco si hacia bueno, acompañándola +si no en su cuarto, procurando entretenerla y hacerle menos tediosas las +horas. Sentía ya la enferma esa impaciencia, ese deseo de mudar de aires +y sitios que acosa generalmente a cuantos padecen su mal. Vichy se le +hacía insoportable, y más desde que vio que la estación terminaba, que +se vaciaba el Casino, que se marchaba la compañía de ópera y que +emigraban las brillantes golondrinas de la moda. Las Amézagas vinieron a +despedirse de ella y a darle el último mal rato de la temporada; a +seguir a Lucía su inclinación, las recibiría en el saloncito bajo, +disculpando a Pilar; pero ésta se empeñó en que subiesen a su aposento, +y preciso fue ceder. Estaban las cubanitas triunfantes y radiantes +porque se iban a París a hacer sus compras de invierno, y de allí a +lucirlas en los primeros saraos madrileños y en el Retiro, y hablaban +con el ceceo y melindre de los días de victoria. + +--Sí, chica.... ¿Quién resiste ya aquí? Esto se ha quedado de lo más +tonto.... ¡Vaya! Ni alma viviente.... Sí, la krauss se fue; la +contrataron en París.... Un éxito la última noche de _Mignon..._ Hay +hoteles que ya se han cerrado.... Como comprenderás, la soga tras el +caldero... pues, en marchándose la sueca, ¿iba él a quedarse? Hasta +Estocolmo irá.... ¡No que no! ¿Pero no lo sabías? El día de la marcha le +llenó el coche de ramos... todo un vagón-salón cubierto de gardenias y +camelias.... ¿qué te parece? Ya representa algunos franquillos, ya.... +Luisa Natal.... ¿adónde sino a Madrid?... ¡Ah! La condesa hace el viaje +deteniéndose en Lourdes... una semana lo menos piensa pasar allí.... Sí, +Cañahejas va a un castillo de unos parientes de _Monsieur_ _Anatole_, +donde cazarán hasta Noviembre.... ¿Jiménez? No sé, chica... Ése siempre +anda en misterios y tapujos.... Dicen que si la Laurent, la soprano de +la compañía.... Aquella bizca.... No creo ni esto.... Es un jactancioso, +alabadizo sempiterno. + +--Y tú, ¿te quedas, eh?--añadía Amalia uniendo su ceceo al de Lola--. +¿Hasta cuándo, chica...? Pero te vas a secar.... ¡Esto es ahora un +monasterio! Si eso no vale nada.... ¿qué importa un catarro?... +Animarse.... Este año tendrá comedias la Puenteancha... la Monteros me +lo dijo.... Los Torreplana de Arganzón indicaron ya que recibirían los +jueves.... Tendremos en el Real a la Patti y a Gayarre; ¡figúrate! Hemos +escrito que nos abone, por si no llegamos a tiempo.... + +--Yo voy a que Worth me haga dos o tres trajecitos... sencillos, porque +no siendo señora casada.... Uno de patinar.... ¡me muero por el +_Skating_!... En la Casa de Campo el año pasado.... ¿te acuerdas, +Amalia? Aquel día.... + +--¿Que dijo el rey que te habías lucido?... Sí, pues me acuerdo.... +¡vaya! + +Y la voz de ambas hermanas se fundió en un concierto de risitas de +placer y orgullo; ambas volvían a ver el estanque helado, los árboles +cubiertos de encajes de escarcha, la brumosa mañana, y la figura juvenil +del rey, con su rostro pálido de frío, su cuerpo esbelto, sus modales +sueltos y elegantes, y su sonrisa entre picaresca y cortés, al +inclinarse para felicitar a la ágil patinadora. + +Dejó la visita a Pilar más impaciente, más calenturienta, más excitada +que nunca. Pilar se consumía; a toda costa quería salir de Vichy, volar, +romper el opaco capullo de la enfermedad y presentarse de nuevo, +brillante mariposa, en los círculos mundanos. Creía de buena fe poder +hacerlo y contaba con sus fuerzas. No menos que ella se impacientaban +otras dos personas: Miranda y Perico. Perico, hecho a vivir en perenne +divorcio consigo mismo, no podía sufrir la soledad que le obligaba a +reunirse a sí propio; y por lo que toca a Miranda, terminada su +temporada de aguas, notablemente restablecida su salud, parecíale que ya +era hora de acogerse a cuarteles de invierno y de gozar en paz los +frutos de la medicación. Aburríale en extremo ver que su mujer, por +altos decretos señalada para cuidarle a él, se sustrajese en tal manera +a su providencial misión, consagrando días y noches a una extraña, +atacada de un mal penoso a la vista y quizá contagioso. Así es que +insinuó a Lucía que era preciso partir y, dejarse allí a los Gonzalvos +entregados a su triste suerte; como se deja en un naufragio a los que no +caben en las lanchas. Pero contra todo lo que esperaba, halló en Lucía +protesta calurosa y enérgica resistencia. Indemnizábase confesado aquel +noble sentimiento, de todo lo que callaba hasta a sí misma. + +--¡Sería preciso no tener corazón... no tener corazón! ¡Pobrecita Pilar +de mi vida, bien quedaría, por cierto, con su hermano, que ni colocarle +una almohada sabe! ¡Qué sería de ella! Pensarlo sólo me espanta.... + +--Llamará a una hermana de la caridad... no será la primera--refunfuñó +Miranda duramente. + +--¡Qué pena... pobre criatura!... Eso es más cruel aún que dejarla +morirse sola, como un perro. + +--Pues lo que es ella, maldito si se hubiera quedado por ti, ni por mí, +ni por el lucero del alba. Y nosotros, ¿qué obligación tenemos de +asistirla? No parece sino que.... + +--¿No dices que eres amigo de Gonzalvo?--pronunció Lucía clavando los +ojos en su marido. + +--Amistad, así... de sociedad; ¿qué sabes tú de esas cosas? Amistad, +como hay muchas. + +--Pues entonces, ¿por qué vivimos juntos con los Gonzalvo? Yo no los +conocía; pero ahora le tomé cariño a ella, y eso de irme, dejándola tan +mala.... + +--¡Por vida de!... ¿no tiene papá, tía, hermano? ¡que vengan con mil +diablos a cuidarla! A nosotros ¿qué nos va en eso? Si tienes vocación de +Hermana de la Caridad, dijéraslo y no te casaras, hija... tu obligación +es atender a tu marido y a tu casa, nada más.... + +--En fin--dijo Lucía alzando el semblante donde las líneas redondeadas y +fugaces de la adolescencia comenzaban a trocarse en trazos más firmes--, +yo marcharé si tú me lo ordenas; pero convencida de que es una mala +acción abandonar así a una amiga, cuando se está muriendo. + +Salió del cuarto. En su mente germinaba un concepto singular de la +autoridad conyugal: parecíale que su marido tenía derecho perfecto, +incontestable, evidente, a vedarte todo género de goces y alegrías, pero +que en el sufrimiento era libre y que prohibirle el padecer, el velar y +el consagrarse a la enferma, era duro despotismo. De estas ideas +peregrinas tienen muchas los desdichados que llegan a refugiarse en el +dolor y a proclamarle lugar de asilo. Arreglose, sin embargo, la +cuestión mejor de lo que Lucía pensaba, porque aconteció que aquella +misma tarde tomó cartas en ella Perico, resolviéndola con su clásico +desenfado. + +--Adiós, chicos--dijo entrando en el cuarto de Miranda vestido de viaje, +con polainas de paño, un casquete de fieltro y terciada al hombro una +escopeta de caza de dos cañones. + +Y como Miranda lo contemplase con tamaña boca abierta. + +--Me he resuelto--explicó--. Vichy está demasiado tonto; y _Anatole_ se +empeña.... + +--¿Te vas a Auvernia? + +--Al castillo de Ceyssat, de Ceyssat.... Parece que hay liebres y corzos +a puñados, a puñados... y en el castillo se pasa bien; hay mucha gente; +diez y ocho huéspedes. + +Miranda reunió cuanta energía supo en voz y actitud y dijo al animoso +cazador: + +--Pero mira que Lucía y yo habíamos decidido emprender la vuelta para +España... dentro de dos o tres días, a lo sumo... y como Pilar está así, +delicada... tu presencia es necesaria aquí. + +--Anda a paseo ¡a paseo!--exclamó Perico, fiel a su sistema de franqueza +y desahogo--. ¿No te podrás aguardar una quincena por darme gusto? ¿Qué +vas hacer tú en España? Meterte en León, y vegetar, vegetar. Aquí estás +en la luna, en la luna de miel.... Nada, nada; os dejo a mi hermanita, +ya sé que estará bien cuidada, bien cuidada. Abur, que es la hora del +tren. Te traeré una cabeza de corzo para porta-bastón.... + +--Pero, oye; mira que.... + +Perico estaba ya en el portal. Miranda le llamó por la ventana; pero él +se volvió risueño, le dijo adiós con la mano y echó a correr hacia la +estación. Y he aquí cómo de dos egoísmos venció el más osado, ya que no +el más fuerte y grande. + +Dado estaba Miranda a todos diablos, cuando Duhamel vino a consolarle un +poco, asegurándole que la enferma experimentaba de algunos días acá unos +asomos de mejoría, y que debía aprovecharlos regresando a España, en +busca de clima benigno; añadiendo, en su chapurrado franco-portugués, +que puesto que él pensaba, como casi todos los médicos de consulta en +Vichy, salir pronto para París, podrían combinar el viaje juntos, y así +vería cómo probaba el movimiento del tren a la enferma, y resolver si +necesitaba descanso, o si resistiría volver a España de una vez. Pareció +acertadísimo a todos el consejo del médico, y Lucía escribió, bajo el +dictado de Pilar, una carta a Perico, encargándole estuviese de vuelta +dentro de quince días justos, término fijado por Duhamel para cerrar su +temporada de consulta en Vichy. El nuevo arreglo templó un tanto el +malhumor de Miranda, consoló a Lucía y regocijó a la enferma, que sobre +todas las cosas soñaba con la vuelta a Madrid. + +Era cierto: la misma constitución endeble de Pilar, ofreciendo menos +campo al mal, retrasaba la crisis funesta de su padecimiento; y así como +el huracán, que desgaja encinas, sólo encorva las cañas, la tisis +entraba con ímpetu menor en aquel cuerpo linfático, que lo hiciera en +uno sanguíneo y pujante. La oquedad de un pulmón estaba infestada de +tubérculos, y tenía ya esas brechas terribles que los facultativos +denominan cavernas; pero el otro resistía aún, si bien en esto de +pulmones acontece lo que con las manzanas: minutos bastan para perder a +la sana, si está al lado de una podrida. De todas suertes, el momentáneo +alivio de Pilar era tan patente, que le consentía dar todas las mañanas +algunos cientos de pasos por la calle, cogida del brazo de Lucía; y el +alimento no le repugnaba invenciblemente como antes. + + + + +-XII- + + +A la verdad, infundía tristeza en aquellos días de fin de Octubre, el +aspecto de Vichy. No eran sino hojas caídas: el Parque, tan animado +siempre, se veía solitario; sólo algunos agüistas tardíos, enfermos de +veras, paseaban la acera de asfalto, henchida ayer del roce de ricos +trajes y del rumor de alegres conversaciones. Nadie se cuidaba ya de +recoger y barrer el amarillo tapiz del follaje, porque Vichy, tan +peripuesto y adornado en la estación de aguas, se torna desastrado y +desaliñado no bien le vuelven la espalda sus elegantes huéspedes de +estío. Toda la villa semejaba una inmensa mudanza: de los _chalets_, +desalquilados ya, desaparecían los adornos y balconadas, para evitar que +los pudriesen las lluvias; en las calles se amontonaban la cal, el +ladrillo para las obras de albañilería, que nadie osaba emprender en +verano por no ensuciar las pulcras avenidas. Las tiendas de objetos de +lujo iban cerrándose unas tras otras, y dueños y surtido tomaban el +rumbo de Niza, Cannes o cualquiera estación invernal semejante. Algunas +quedaban rezagadas todavía, y sus escaparates servían de entretenimiento +a Lucía y Pilar, cuando esta última salía a sus despaciosos paseos. +Entre ellas se señalaba un almacén de curiosidades, antigüedades y +objetos de arte, situado casi frente a la famosa Ninfa, y, por +consiguiente, a espaldas del Casino. Angosta en extremo la tienda, +apenas podía encerrar el maremágnum de objetos apiñados en ella, que se +desbordaban, hasta invadir la acera. Daba gusto revolver por aquellos +rincones escudriñar aquí y acullá, hacer a cada instante descubrimientos +nuevos y peregrinos. Los dueños del baratillo, ociosos casi todo el día, +se prestaban a ello de buen grado. Erase una pareja; él, bohemio del +Rastro, ojos soñolientos, raído levitín, corbata rota, semejante a una +curiosidad más, a algún mueble usado y desvencijado; ella, rubia, flaca, +ondulante, ágil como una zapaquilda de desván, al deslizarse entre los +objetos preciosos amontonados hasta el techo. Miraban Lucía y Pilar muy +entretenidas la heteróclita mescolanza. En el centro de la tienda se +pavoneaba un soberbio velador de porcelana de Sévres y bronce dorado. El +medallón principal ofrecía esmaltada, sobre un fondo de ese azul +especial de la _pasta tierna_, la cara ancha, bonachona y tristota de +Luis XVI; en torno, un círculo de medallones más chicos, presentaba las +gentiles cabezas de las damas de la corte del rey guillotinado; unas +empolvado el pelo, con grandes cestos de flores rematando el edificio +colosal del peinado, otras con negras capuchas de encaje anudadas bajo +la barbilla; todas impúdicamente descotadas, todas risueñas y +compuestas, con fresquísima tez y labios de carmín. Si Lucía y Pilar +estuviesen fuertes en Historia, ¡a cuánta meditación convidaba la vista +de tanto ebúrneo cuello, ornado de collares de diamantes o de estrechas +cintas de terciopelo, y probablemente segado más tarde por la cuchilla; +ni más ni menos, que el pescuezo del rey que presidía melancólicamente +aquella corte! La cerámica era el primor de la colección. Había cantidad +de muñequitos de Sajonia, de colores suaves, puros y delicados, como las +nubes que el alba pinta; rosados cupidillos, atravesando entre haces de +flores azul celeste; pastoras blancas como la leche y rubias como unas +candelas, apacentando corderillos atados con lazos carmesíes; zagales y +zagalas que amorosamente se requestaban entre sotillos verdegay, +sembrados de rosas; violinistas que empuñaban el arco remilgadamente, +adelantando la pierna derecha para danzar un paso de minueto; +ramilleteras que sonreían como papanatas, señalando hacia el canasto de +flores que llevaban en el brazo izquierdo. Próximos a estos caprichos +galantes y afeminados, los raros productos del arte asiático proyectaban +sus siluetas extrañas y deformes, semejantes a ídolos de un bárbaro +culto; por los panzudos tibores, cubiertos de una vegetación de hojas +amarillas y flores moradas o color de fuego, cruzaban bandadas de +pajarracos estrafalarios, o serpenteaban monstruosos reptiles; del fondo +obscuro de los vasos tabicados surgían escenas fantásticas, ríos verdes +corriendo sobre un lecho de ocre, kioscos de laca purpúrea con +campanillas de oro, mandarines de hopalanda recta y charra, bigotes +lacios y péndulos, ojos oblicuos y cabeza de calabacín. Las mayólicas y +los platos de Palissy parecían trozos de un bajo fondo submarino, +jirones de algún hondo arrecife, o del lecho viscoso de un río; allí +entre las algas y fucus resbalaba la anguila reluciente y glutinosa, se +abría la valva acanalada de la almeja, coleteaba el besugo plateado, +enderezaba su cono de ágata el caracol, levantaba la rana sus ojos +fríos, y corría de lado el tenazudo cangrejo, parecido a negro arañón. +Había una fuente en que Galatea se recostaba sobre las olas, y sus +corceles azules como el mar sacaban los pies palmeados, mientras algunos +tritones soplaban, hinchados los carrillos, en la retuerta bocina. Amén +de las porcelanas, había piezas de argentería antigua y pesada, de esas +que se legan de padres a hijos en los honrados hogares de provincia: +monumentales salvillas, anchas bandejas, soperones rematados en macizas +alcachofas; había cofres de madera embutidos de nácar y marfil, +arquillas de hierro labradas como una filigrana, tanques de loza con aro +de metal, de formas patriarcales, que recordaban los bebedores de +cerveza que inmortalizó el arte flamenco. Pilar se embobaba +especialmente con las copas de ágata que servían de joyeros, con las +alhajas de distintas épocas, entre las cuales había desde el amuleto de +la dama romana hasta el collar, de pedrería contrahecha y finos +esmaltes, de la época de María Antonieta; pero Lucía se enamoró sobre +todo de los objetos de iglesia, que despertaban el sentimiento +religioso, tan hecho para conmover su alma sincera y vehemente. Dos +Apóstoles, alzado el dedo al cielo en grave actitud se destacaban, +fileteados de latón los contornos, sobre dos cristales de colores, +arrancados sin duda de la ojiva de algún desmantelado monasterio. En un +tríptico de rancio y acaramelado marfil, aparecía Eva, magra y desnuda, +ofreciendo a Adán la manzana funesta, y la Virgen, en los misterios de +su Anunciación y Ascensión; todo trabajado incorrectamente, con ese +candor divino del primitivo arte hierático, de los siglos de fe. A +despecho de la rudeza del diseño, gustaba a Lucía la figura de la +Virgen, la modestia de sus ojos bajos, la mística idealidad de su +actitud. Si poseyese una cantidad crecida de dinero, a buen seguro que +la daría por un Cristo que andaba confundido entre otras curiosidades, +en el baratillo. Era de marfil también, y todo de una pieza, menos los +brazos; y clavado en rica cruz de concha, agonizaba con dolorosa verdad, +encogidos músculos y nervios en una contracción suprema. Tres clavos de +diamante trucidaban sus manos y pies. Lucía le rezaba todos los días un +padrenuestro, y aun solía besar sus rodillas, cuando no la miraba nadie. + +No le desagradaban los cuadros; tanto más, cuanto que los comprendía, a +diferencia de lo que pasaba con algunos objetos artísticos, que se le +antojaban asaz de feos y extravagantes. Claro está que aquel jaque +fiero, que espada en mano se arroja sobre su adversario, va a partirle +el corazón de una buena estocada. ¡Qué bien amanecía en aquel Daubigny! +¡Con qué naturalidad pastaban aquellos carneros de Jacque, tasados en +mil francos cada uno!--doce tenía el cuadro--. ¡Qué piececitos tan +blancos mojaba en el marmóreo tazón la sultana favorita, de Cala y Moya! +La cabeza de niña, estilo de Greuze, era una maravilla de gracia +inocente. Pues ¿y la riña en una posada flamenca? Era cosa de risa ver +cómo volaban los tiestos hechos añicos, y rodaban las cacerolas de +cobre, y los dos gañanes de Van Oustade, deformes y ridículos, repartían +mojicones, menudeaban puñadas y exageraban con lo grotesco de la actitud +su simiaca fealdad. + +Pero más aún que el bazar de objetos de arte donde tantas formas y +colores, estilos e ideales artísticos la marcaban al fin y al cabo, +gustaba Lucía de un puesto ambulante al aire libre, de los muchos que +había cerca del Casino, situados al borde de la acera. Representaban los +tales puestecillos la industria chica y modesta; aquí un viejo alemán +pregonaba vasos de cristal para beber las aguas, y con una rueda de +esmerilar, a vista del comprador, grababa en el cristal las iniciales de +su nombre; allá un suizo ofrecía juguetes, muñecos, cajitas y plegaderas +grabados en leño de haya por los pastores; acá se feriaban lentes; +acullá peines y objetos de escritorio. El predilecto de Lucía era el de +un vendedor de piadosas chucherías de Jerusalén y Tierra Santa. +Calvarios de nácar con ingenuos relieves, cabos de pluma de raíz de +olivo, rematados en figura de cruz, cabezas de la Virgen entalladas +sobre una concha, broches y dijes de esmaltes con arabescos, tazas de +negra piedra del Asfaltites, pastillas de olor; a esto se reducía la +caja portátil. Vendíalo todo un israelita no mal parecido, ojinegro y +cetrino mucho, con su fez árabe encarnado sucio, y sus pantalones +bombachos; dulce, insinuante, levantino en todo, chapurreador de muchas +lenguas y buen hablador de la castellana, que manejaba con soltura, +incurriendo sólo en algún arcaísmo de vez en cuando. Con éste, pues, se +desquitaba Lucía, informándose de la santa aldea de Belén, de la divina +mansión de Nazaret, del monte Olivete, de todos los lugares sacrosantos, +que apenas creía ella pudiesen estar en la tierra, sino en algún +misterioso y remoto paraíso. Entre el vendedor y Lucía se estableció así +una intimidad de diez minutos todas las tardes, al aire libre, y más +cuando él la hubo dicho que era cristiano, católico, catequizado e +instruido por los franciscanos de Belén. Compró Lucía de cuanto pudo +hallar en el puesto, hasta un rosario de esas cuentas verdosas y turbias +como un agua amarga, que no sin gran verdad analógica se llaman lágrimas +de Job. + +--¡No sé cómo te gusta ese rosario tan feo!--decía Pilar. + +--¡Mira!--exclamaba Lucía--. ¡Si parecen lágrimas de veras! + +Mas también la golondrina de Levante se voló, en busca de zonas más +templadas. Un día no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de +costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, había cargado +con el surtido y emprendido el camino Dios sabe dónde. Lucía le echó de +menos; pero el movimiento de retirada era general; no se veían sino +tiendas que se vaciaban y cerraban. Había en las aceras montones de +paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con +grandes rótulos que decían: «muy frágil.» Era la tristeza, el desorden, +el creciente vacío de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy +de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las +calles principales. Una mañana se encaprichó en ir a ver la pastillería, +y presenció el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra +quiso visitar las subterráneas galerías que encierran los inmensos +depósitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a +alimentar los baños del establecimiento termal. Bajaron estrecha +escalera, cuyos últimos peldaños se hundían ya en la obscuridad de las +galerías. La guardiana les precedía alumbrando con una lámpara de +minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un +pilluelo que allí se apareció caído de las nubes, encargose de la +última. Era la bóveda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza, +por no deshacerse la frente. Hacía brusco recodo el angosto pasadizo, y +se hallaron de pronto en otra galería, abierta como una boca, donde se +internaban los tubos, comidos de orín, gracias a la perenne humedad. +Sudaba el techo pálidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y +otro lado corría el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos +alcalinos, blancos y farináceos, como nieve recién llovida. A medida que +adelantaban por el largo canal subterráneo, calor sofocante anunciaba el +paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya +temperatura subía más aún en aquella prisión. De las paredes, leprosas, +herpéticas, cubiertas de roña caliza, colgaban monstruosas fungosidades, +criptógamas preñadas de veneno, cuya blancura ponzoñosa se destacaba +sobre el muro, como una pupila pálida y siniestra en un rostro +amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telarañas se tendían, +semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento, +dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas oían los +expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las +bestias. A veces se abría un respiradero, y al través de la reja de +hierro filtrábase la luz del día, lívida y cadavérica, amarilleando la +rojiza de las lámparas. Los tubos, intestinos de aquel húmedo vientre, +daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a +sierpes enormes, como se erguían a la bóveda, remedando los negros +tentáculos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los +expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza más despejada; era una +especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las +anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua soñolienta, sombría y +honda. El pilluelo acercó curioso su lámpara. La guardiana le asió del +brazo. + +--Eh, amiguito, cuidado con caerse ahí. No sería fácil ir a buscarte a +cien metros de profundidad que tiene ese agujero. + +Lucía, fascinada, se aproximó a la boca. Los gases mefíticos exhalados +del pozo hacían temblar la llama turbia de las lámparas. Allí no hacía +calor, sino frío; un frío espeso, sin aire respirable. Entráronse +resueltamente por otra galería, y abierta una puerta de hierro, se +asustaron todos, menos la guardiana, viendo en torno suyo vasta +extensión de agua, una especie de lago subterráneo. Ellos estaban sobre +angosta tabla echada a manera de puente a lo ancho del depósito. +Aquellas aguas, tendidas en su tumba de piedra, tenían quietud y +limpidez lúgubre. La luz de una de las lámparas, dejada exprofeso en la +otra orilla por la guardiana para que se viese el grandor del depósito, +oscilaba en prolongados rieles sobre la triste transparencia del lago, y +remedaba, allá a lo lejos, la tea de un sicario en alguna prisión +veneciana. Tal era de fantástico aquel lago, que reflejaba un cielo de +granito, que la imaginación se fingía cadáveres flotando en él. +Experimentaban Lucía y Pilar vago temor, y sobre todo, cosa pueril, o +mejor dicho, eminentemente femenina, les horrorizaba la idea de que en +las estrecheces y revueltas de los pasadizos pudiesen encontrar ratas. +Sabían que los depósitos comunicaban con las alcantarillas, y ya dos o +tres veces palidecieron creyendo ver cruzar una sombra negra, que no era +sino la temblona silueta de alguna planta parásita, dibujada en el muro +por las luces. De improviso, ambas exhalaron un grito; no cabía duda; +sonaba el chillido agrio y agudo de la rata. Lucía, sobre todo, se quedó +un punto con los ojos dilatados, inmóvil; allí no era posible correr y +huir. Pero el pilluelo y la guardiana soltaron la risa; conocían bien +aquel silbido, que no era sino el de las botellas de agua mineral que al +otro lado de la pared estaban corchando. Con todo, las mujeres +respiraron al salir del sombrío dédalo y ver de nuevo la claridad diurna +y sentir el aire fresco que congelaba en su frente las gotas de sudor. + +Sólo a un punto iba Lucía sola: a la iglesia de San Luis. Al pronto, el +edificio agradó muy poco a la leonesa, habituada a la majestad de su +soberbia basílica. San Luis es mezquina rapsodia ojival, ideada por un +arquitecto moderno; por dentro la afea estar pintada de charros +colorines; en suma, parece una actriz mundana disfrazada de santa. Pero +Lucía halló en el templo una Virgen de Lourdes, que la cautivó +sobremanera. Campeaba en una gruta de floridos rosales y crisantemos, y +sobre su cabeza decía un rótulo: «Soy la inmaculada Concepción.» Poco +sabía Lucía de las apariciones de Bernardita la pastora, ni de los +prodigios de la sacra montaña; pero con todo eso la imagen la atraía +dulcemente con no sé qué voces misteriosas, que vagaban entre el grato +aroma de los tiestos de flores y el titilar de los altos y blancos +cirios. La imagen, risueña, sonrosada, candorosa, con ropas flotantes y +manto azul, llegaba más al alma de Lucía que las rígidas efigies de la +catedral de León, cubiertas de rozagante atavío. Yendo una tarde camino +de la iglesia, vio pasar un entierro y lo siguió. Era de una doncella, +hija de María. Rompía la marcha el bedel, oficialmente grave, vestido de +negro, al cuello una cadena de plata; seguían cuatro niñas, con trajes +blancos, tiritando de frío, morados los pómulos, pero muy huecas del +importante papel de llevar las cintas. Luego los curas, graves y +compuestos en su ademán, alzando de tiempo en tiempo sus voces anchas, +que se dilataban en la clara atmósfera. Dentro del carro empenachado de +blanco y negro, la caja, cubierta de níveo paño, que constelaban flores +de azahar, rosas blancas, piñas de lila a granel, oscilantes a cada +vaivén de la carroza. Las hijas de María, compañeras de la difunta, iban +casi risueñas, remangando sus faldellines de muselina, por no ensuciarlo +en el piso lodoso. El comisario civil, de uniforme, encabezaba el duelo; +detrás se extendía una reata de mujeres enlutadas, rodeando a la +familia, que mostraba el semblante encendido y abotargados los ojos de +llorar. Doblaba tristemente la campana de la iglesia, cuando bajaron la +caja y la colocaron sobre el catafalco. Lucía penetró en la nave y se +arrodilló piadosamente entre los que lloraban a una muerta para ella +desconocida. Oyó con delectación melancólica las preces mortuorias, los +rezos entonados en plena y pastosa voz por los sacerdotes. Tenían para +ella aquellas incógnitas frases latinas un sentido claro: no entendía +las palabras; pero harto se le alcanzaba que eran lamentos, amenazas, +quejas, y a trechos suspiros de amor muy tiernos y encendidos. Y +entonces, como en el parque, volvía a su mente la idea secreta, el deseo +de la muerte, y pensaba entre sí que era más dichosa la difunta, +acostada en su ataúd cubierto de flores, tranquila, sin ver ni oír las +miserias de este pícaro mundo--que rueda, y rueda, y con tanto rodar no +trae nunca un día bueno ni una hora de dicha--que ella viva, obligada a +sentir, pensar y obrar. + +--Sí, pero ¿y el alma?--preguntábase Lucía a sí misma. + +¡Por tan extraño modo, repetía una pobre chica ignorante el filosófico +monólogo del soñador dinamarqués! + +--Oh, ¡y qué bueno debe de ser estar muerta!--calculaba Lucía--. Don +Ignacio tenía razón en decir que... que no hay felicidad, vamos. ¡Si uno +supiese lo que le aguarda en el otro mundo! ¡Dónde andará ahora el alma +de ese cuerpo que está ahí! ¡Y de qué servirá morirse, si al fin no deja +uno de existir y de acordarse de todo cuanto le pasa! + +Ello es, que estas locas imaginaciones, ayudadas de los desvelos de +enfermera, y acaso de alguna otra causa, marchitaban la tez de Lucía y +alteraban su antes regocijado y apacible genio. Miranda, que privado de +toda sociedad ya frecuentaba la de su mujer, notó el sello de melancolía +impreso en sus facciones, y renacieron en él pensamientos nunca del todo +extintos desde el malhadado percance del ferrocarril, jamás había de +arrancársele por completo aquella espina, que dolorosamente le punzaba +en lo más sensible del amor propio, el cual era a su vez lo más vivo de +sus afectos. A tener Miranda alma mejor templada, ganaría con el amor el +corazón abierto y generoso de la niña leonesa; pero no parece sino que +le inspiraba el diablo para hacer todo lo más inoportuno. Dio en hablar +ásperamente a Lucía y en mostrarle cierto desdén, como si reconociese su +condición inferior. Recordole con embozadas alusiones su esfera social. +Espió sus menores actos, le echó en cara el tiempo invertido en cuidar a +la hermana de Perico, y, en suma, adoptó el sistema de contrariedad y +violencia, de seguros resultados con las mujeres fáciles y depravadas, a +quienes subyuga y enamora. A Lucía la puso a dos dedos de la +desesperación. + +Pocos días antes del fijado para la vuelta de Perico, recibió Pilar una +carta suya, que entregó a Lucía, a fin de que se la leyese. Anunciaba su +llegada próxima, refiriendo a la vez algunos pormenores de su elegante +vida en el castillo de Ceyssat, y entre varias noticias daba la de la +muerte de la madre de Ignacio Artegui, que _Anatole_ le había contado, +creyendo que le interesaría por tratarse de un compatriota. Añadía que +su hijo la había llevado a enterrar a Bretaña, al mismo castillote de +Hotidan, en que, trascurriera su niñez. Miranda estaba delante cuando se +leyó, este párrafo, y hubo de notar la ojeada rápida que se cruzó entre +Pilar y Lucía, y la palidez repentina de su mujer. Salió Lucía aquella +tarde, y se fue a San Luis, donde pasaría como media hora. Volvió al +_chalet_, y entró en su dormitorio, donde tenía recado de escribir; +escribió una carta, y guardándosela en el pecho bajó las escaleras a +brincos, y tomó a buen paso hacia la calle principal. Anochecía; +encendíanse los primeros faroles, y se esparcían por el arroyo los +pilluelos, niños de coro de la civilización, voceando los periódicos +recién llegados de Paris. Lucía fue derecha al rojo reverbero del +estanco, y acercándose a la caja de madera que hacía de buzón, echó en +ella la epístola. Al punto mismo, sintió, como una tenaza que le oprimía +el brazo y se volvió. Miranda estaba allí. + +--¿Qué es esto?--murmuró él con voz sorda--. Sola... aquí.... ¿qué +haces? + +--Nada...--pronunció ella balbuciente. + +--¿Nada? ¿pues no acabas de echar una carta en el buzón? + +--Sí, una carta--contestó ella. + +--¿Por qué mentías?--exclamó el marido con iracundo acento, temblándole +la barba y los celosos labios. + +--No sé lo que dije cuando me lastimaste en el brazo--replicó Lucía +recobrando su entereza--; lo cierto es que eché una carta ahora mismo. + +--¿Y por qué no me la diste a mí? ¿Por qué te vienes tú... sola? + +--Quise echarla yo misma. + +Alguna gente que pasaba volvía la cabeza, para oír el diálogo en +irritada voz y extranjero idioma. + +--Estamos dando espectáculo--dijo Miranda--. Vente. + +Internáronse por callejuelas excusadas, y guardaron silencio elocuente +por espacio de algunos minutos. + +--¿Para quién era esa carta?--interrogó al cabo el marido en voz breve. + +--Para Don Ignacio Artegui--contestó Lucía en tono reposado y firme. + +--¡Ya lo sabía yo!--dijo entre dientes y mascando una imprecación +Miranda. + +--Su madre se ha muerto.... Bien lo has oído hoy. + +--Es altamente indecoroso, altamente ridículo--pronunció Miranda, cuya +voz crepitaba como los sarmientos al arder--, que una señora escriba +así, sin más ni más, a un hombre.... + +--Al señor de Artegui le debo obligaciones y favores--dijo Lucía--que me +obligaban a interesarme en sus penas. + +--Esas obligaciones, caso de haberlas, me toca reconocerlas a mí. Yo le +hubiese escrito.... + +--Tu carta--objetó con sencillez Lucía--no le hubiera servido de +consuelo, la mía sí; y como no era cuestión de hacer cumplidos, sino +de.... + +--¡Cállate--gritó Miranda desatentado--; cállate y no digas +necedades!--prosiguió con esa grosería conyugal de que no se eximen ni +los hombres de buen tono--. Antes de casarte, debieras haber aprendido a +conducirte en el mundo, para no ponerme en evidencia y no hacer +ridiculeces de mal género; pero no sé de qué me quejo; no debí esperar +otra cosa, al casarme con la hija de un tendero de aceite y vinagre. + +Miranda caminaba a paso desaforado, arrastrando mejor que conduciendo +del brazo a su mujer; y casi estaban ya a la puerta del _chalet_. A la +afrentosa invectiva, Lucía, descolorida y echando fuego por los ojos, se +soltó violentamente, y quedó parada en mitad del camino. + +--Mi padre--exclamó en voz alta, y con más de doscientos sollozos +atravesados en la laringe--es honrado, y me enseñó a que también lo +fuese. + +--Pues no se conoce--repuso Miranda con risa irónica y amarga--. Por las +trazas te enseñó a falsificar la honradez como él habrá falsificado +comestibles. + +A este postrer metrallazo, Lucía dio a correr, cruzó la verja, subió la +escalera no menos de prisa que la había bajado, y se encerró en su +cuarto, soltando la rienda al dolor. De lo que pensó en aquella larga +noche, que pasó tendida en un sofá, dará idea la siguiente carta, no +destinada seguramente por su autora a la publicidad, ni menos al aplauso +de las generaciones venideras: + +«Querido Padre Urtazu: Las rabietillas que usted me anunció van +empezando a venir, y más pronto y más a montones de lo que yo creía. Lo +peor del caso es que, ahora que lo reflexiono bien, me parece que alguna +culpa tengo. No se ría usted de mí, por Dios, porque yo me estoy +sorbiendo las lágrimas al mojar la pluma, y hasta ese borrón, que usted +dispensará, es porque se me cayó una sobre el papel. Voy a contárselo a +usted todo, como si estuviera en esa a sus pies en el confesonario. Se +ha muerto la madre del Sr. de Artegui. Ya sabe usted por mis cartas +anteriores que esto es una desgracia terrible, porque tal vez traiga +consigo otras... ni imaginarlas quiero, padre. En fin, yo pensé que el +Sr. de Artegui estaría muy triste, muy triste, y que acaso nadie se +acordase de decirle cosas cariñosas, y, sobre todo, de hablarle de Dios +nuestro Señor, en quien él no puede menos de creer, ¿verdad, padre? pero +de quien se olvidará quizás en estos momentos tan crueles.... Llevada de +estas consideraciones le escribí una carta, consolándole allá a mi +modo.... ¡si viera usted! me parece que se me ocurrieron cosas muy +buenas y eficaces... le hablé de que Dios nos manda las penas para +convertirnos a él; de que son visitas que nos hace; en resumen, todo lo +que usted me ha enseñado... además le decía que bien podía creer que no +era el único en sentir a aquella pobre señora, aquella santa; que yo la +lloraba con él, aunque sabía que estaba gozando ahora de la gloria... y +que la envidiaba.... ¡ay, eso si que es verdad, Padre! ¡quién como ella! +morirse, ir al cielo.... ¡Cuándo lograré yo tal ventura! + +Pues volviendo a mi relato, fui a echar la carta al correo, y Miranda me +siguió y me cogió del brazo y me llenó de denuestos, injuriándome mucho, +y lo que sentí más, insultando a mi padre. ¡Pobre padre de mi alma! ¡qué +culpa tiene él de lo que haga yo! Que no sepa nada, Padre Urtazu, por +amor de Dios. Yo me indigné de tal modo, que contesté con altivez, y me +encerré en mi cuarto. Estoy como aquel a quien se le ha caído una casa +encima. + +Mi salud se resiente de todas estas cosas: dígale usted al Sr. Vélez de +Rada que cuando me vea, ya no le voy a gustar... ahora mismo se me va la +cabeza, y noto unos desvanecimientos muy fuertes. Adiós, Padre; +aconséjeme usted, porque no sé lo que me pasa. A veces pienso que obré +mal, y otras me creo libre de toda culpa. ¿Es pecado la misericordia? +Cuando miro dentro de mí, misericordia y nada más encuentro. + +Perdone la letra, que me tiembla mucho el pulso. Conteste pronto por +caridad, que nos vamos luego y antes quisiera tener carta de usted. Besa +su mano su hija respetuosa en Jesucristo.--LUCÍA GONZÁLEZ.» + +Para los que, conociendo el estilo verbal del Padre Urtazu, sientan +deseos de enterarse del epistolar que usaba tan claro varón, será cosa +de gusto la esquela que a continuación se inserta: + +«Lucigüela de mis pecados: ay, hija, ¡y qué bien pintamos las cosas para +dejar a nuestra personita en el lugar más lucido! Misericordia, ¿eh? ¡yo +te daré la misericordia! Has hecho mal, remal, en escribir esa cartita a +hurtadillas de tu cónyuge, y no me sorprende que él se haya puesto hecho +un dragón. Debiste pedirle permiso; y si te lo negaba ¡paciencia! ¿No te +he dicho, mujer, que para ser buena casada, y hacer el viaje en paz, +metieses en las maletas un par de arrobas de paciencia? Se nos olvidó, y +mire las resultas.... Anda, desgraciada, cómprate ahí la paciencia y +usala a pasto, que te irá bien. Tu marido no debió insultar al bonazo de +tu padre (aunque algo se lo merece, yo me sé por qué); pero repara que +estaba airado, y cuando uno se enfada... yo que tengo el genio vivo, me +considero. Lo dicho: paciencia, y más paciencia; y nada de esquelitas de +tapadijo. ¿Quién la mete a ella a predicadora? Y no afligirse: Dios +aprieta, pero no va a ahogar, que no es ningún verdugo; y puede que +cuando menos pienses, te mande consuelos, así, de regalo, y no por tus +méritos. Y adiós, que va a salir el correo, y además tengo los pulmones +de una rana en el porta-objetos del microscopio, y voy a ver qué casta +de respiración gastan las señoras ranas. Acuérdate de rezar un poquito, +¿eh? y bajaremos los humos. La bendición de Dios y de San Ignacio sean +contigo, chiquilla.--ALONSO URTAZU, S. J.» + +Cuando llegó esta amonestación, ya Lucía había hecho por instinto lo que +el Padre Urtazu le aconsejaba. Humilde y mansa como una cordera, sus +miradas pedían a cada paso perdón. Miranda apartaba de ella los ojos, +tratándola con desdén glacial. Lucía, exhausta con tantos esfuerzos, y +con el esmero incesante a Pilar consagrado, mudaba las rosas de las +mejillas en azucenas, y adelgazaba notablemente, a pesar de comer con +buen apetito. Una mañana, Duhamel la llamó aparte, y la dijo en su +chapurrado característico: + +--Cuidarse, _menina.... Conservar-se. Vae cair doente_... menos +vigilias, menos fatigas, un _somno_ regularizado.... Esta asistencia +_altera-lhe a sande_. + +--¿Cree usted que se me pegará el mal de Pilar?--preguntó Lucía con tan +sereno acento, que Duhamel se la quedó mirando. + +--No, no es eso.... El médico bajó la voz más aun, engolfándose con ella +en larga y misteriosa plática. + +Aquella noche contestó Lucía al Padre Urtazu en estos términos: + +«Padre querido: ¡bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don +de profecía, según acertó al pronosticarme consuelo. Estoy loca de +alegría, y no sé lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta, +según dice el señor Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en +esto. Lo que yo tomé por enfermedades, eran las molestias del estado... +Sí; ahora lo comprendo muy bien; ¡pero qué tonta soy! ¿Cómo no lo conocí +antes? Parece que una cosa tan grande, debía adivinarla sin que nadie me +lo advirtiese. ¡Un hijo! ¡Pero qué gusto, Padre Urtazu! Desde mañana +empezaré con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jesús, sin +paños en qué envolverse.... Estoy poniendo tonterías, y lloriqueo, pero +no como el otro día... hoy es de placer. + +Mañana o pasado emprenderemos el viaje; Miranda y yo vamos unos días a +París antes de volver a León (rabiando estoy por verme ahí y contarle a +padre la noticia: no se lo diga usted, que quiero sorprenderle yo), y la +pobre Pilar y su hermano, a España, si es que se lo consiente el mal, y +no tiene que pararse en algún pueblo del camino, y morirse allí quizá. +Porque a mí no me engaña su mejoría; está señalada por la muerte. Lo que +siento es tener que dejarla acaso quince o veinte días antes de.... En +fin, estoy tan alegre, que no quisiera pensar en eso. Aplique usted una +misa por mi intención.» + + + + +-XIII- + + +No fue posible a los Gonzalvo proseguir a España, porque ya hacia la +mitad de la ruta se sintió Pilar presa de tales congojas y sudores, con +tales desvanecimientos, arcadas y soponcios, que allí creyeron todos +llegado el punto de su muerte; y aún tomaron por feliz suceso el que +pudiesen llegar a París, siguiendo el consejo del doctor Duhamel, que +les dejó entrever la esperanza de que acaso algunos días de descanso +repusiesen las fuerzas de la enferma, consintiéndole emprender la vuelta +a su patria. Avinagró el gesto Miranda, que ya se creía libre de la +moribunda, a quien si no cuidaba, le enfadaba ver cuidar; ensanchósele +el corazón a Lucía, mal hallada con la idea de abandonar a su amiga en +la antesala, como quien dice, del sepulcro; y Perico se dispuso a +conocer París, seguro como estaba de que no faltarían a su hermana +cuidados. Por lo que toca a Pilar misma, poseída del extraño optimismo +característico de su padecimiento, mostró gran regocijo por visitar la +metrópoli del lujo y elegancia, pensando en hacer allí sus comprillas de +invierno, por no ser menos que las currutacas Amézagas. + +Llegaron a la gran capital de la república francesa en una mañana +nebulosa y turbia, y los asaltaron en la estación innumerables +comisionados de las fondas, señalando cada cual al respectivo ómnibus, y +pugnando por llevarse consigo a la gente. Encarose uno de estos tales +con Miranda y mostrando el rostro atezado, que cruzaba un mediano +chirlo, dijo en buen castellano: + +--Fonda de la Alavesa, señores.... Se habla español... criados españoles +también... se da cocido... calle de Saint Honoré, el sitio más +céntrico.... + +--Convendrá ir allí...--dijo Duhamel tocando a Miranda en el brazo--. En +esa casa _espanhoa_ atenderán más a _la doente_.... + +--Vamos, pues--contestó Miranda resignadamente, entregando el talón de +su equipaje al comisionado--. Escucha--prosiguió dirigiéndose a +Perico--, tú y yo nos iremos con el equipaje en el ómnibus de la casa; +pero a Lucía y Pilar las vamos a despachar ya en uno de esos simones.... +Tienen mejor movimiento. + +Trasportaron a Pilar casi en brazos, del departamento a la berlina, y el +cochero azotó al destartalado jamelgo. El comisionado se instaló en el +pescante, no sin muchos encargos y explicaciones hechos antes al +postillón del ómnibus. Cuando después de rodar por anchas y magníficas +calles se detuvo el simón frente a la fonda de la Alavesa, saltó Lucía +al suelo ligera como una perdiz, diciendo al comisionado: + +--Suplico a usted que me ayude a bajar a esta señorita, que viene +enferma.... + +Pero fijándose de pronto en la cara de aquel hombre, exclamó dando una +gran voz: + +--¡Sardiola! + +--¡Señorita!--contestó el vasco con no menor alegría, cordialidad y +sorpresa--. ¡Yo que no la había conocido a usted! ¡necio de mí! Ya se +ve, son tantos los viajeros que uno lleva y trae y espera y despide en +esa bendita estación.... ¡Jesús! + +Y después de considerar a Lucía algunos instantes más, añadió: + +--No, ello es que también se ha desfigurado usted mucho.... Si no parece +usted la misma que cuando la acompañaba el señorito Ignacio.... + +A este nombre, que ninguna voz humana había hecho resonar en sus oídos +por tanto tiempo, Lucía se encendió y se puso como una guinda; y bajando +los ojos, murmuró: + +--Subamos a nuestras habitaciones.... Pilar, vente. Echame así, un brazo +al cuello... otro a Sardiola... apóyate sin miedo, anda.... ¿Quieres que +te llevemos a la silla de la reina? + +Y el vasco y la valerosa amiga cruzaron las manos y alzaron blandamente +en el improvisado trono a la enferma, que se dejó ir como un cuerpo +inerte, recostando la cabeza en el cuello de Lucía y humedeciéndoselo +con el viscoso sudor de la calentura. Subieron así las escaleras hasta +el entresuelo, donde introdujo Sardiola a ambas mujeres en una ancha y +desahogada habitación en que no faltaba su marmórea chimenea, sus +monumentales camas colgadas, su alfombra de moqueta algo desflorada y +raída a trechos, sus lavabos y sus perchas clásicas. Caía la pieza a un +jardinete, en cuyo centro ligero kiosco de madera y cristales servía de +sala de baño. Depositaron a Pilar en una butaca y Sardiola se quedó en +pie esperando órdenes. Su mirada, negra y reluciente como la de un +cachorro de Terranova, se clavaba en Lucía con sumisión y afecto +verdaderamente caninos. Ella, por su parte, se mordía los labios para +retener las preguntas que impacientes asomaban a ellos. Sardiola +adivinó, con su instinto fiel de animal doméstico, y prevínole el deseo. + +--Cuando las señoritas necesiten algo...--dijo tímidamente, como el que +no se atreve a hacer un favor--, llámenme siempre--, siempre.... Si +estoy en la estación, llamen por Juanilla... es la camarera de este +tramo, una muchacha lista como una pimienta.... Pero siempre que yo +pueda servir de algo... vamos, que me alegraría mucho; basta haber visto +a la señorita con el señorito Ignacio.... + +Y como Lucía callase, interrogando sólo con el mudo y ardiente lenguaje +de los ojos, prosiguió el vasco. + +--Porque.... ¿no sabe la señorita? ¡Pues si fue el señorito Ignacio +quien me colocó aquí! Como la Alavesa se trajo a Juanilla, que es prima +hermana mía... y a mí me daba, vamos, tanta tristeza de ver corretear +las columnas _guiris_ por aquellos picachos adonde solo subíamos, con la +ayuda de Dios, los mozos del país y las fieras de los montes... y en +fin, que me moría de pena en aquella estación... le escribí una carta al +señorito... aún vivía su madre, ¡en gloria la tenga Dios! y me recomendó +a la Alavesa... y aquí me tiene usted, tan campante.... + +Las pupilas de Lucía preguntaban más apremiantes cada vez. Sardiola +siguió: + +--Pues, lo que más gusto me daba, era vivir tan cerca del señorito.... + +--¿Tan cerca?--preguntáronle, sin voz, los ojos brillantes. + +--Tan cerca--contestó él complaciente--, tan cerquita, que, ¡si es un +regalo! que atravesando ese jardín, se entra en su casa.... + +Lucía corrió al balcón, y pálida esta vez como la cera, se quedó allí +mirando con ojos extraviados el edificio que enfrente de sí tenía. +Sardiola la siguió, y hasta la enferma volvió la cabeza con curiosidad. + +--¿Ve usted?--explicaba Sardiola--. ¿Ve usted este lado del edificio y +el otro que hace esquina con él? Pues es la fonda. ¿Pero ve usted ese +otro que forma el tercer lado del cuadro? es la casa de Don Ignacio; cae +a la calle de Rívoli.... ¿Ve usted esas escaleritas que desembocan en el +jardín? por ahí se sube al comedor... lo tienen en la planta baja: ¡un +comedor muy hermoso! Toda la casa es muy buena; el padre de Don Ignacio +ganó muchísimo.... ¿Ve usted ese arbolito que hay ahí, al lado de la +escalera? ¿ese platanillo desmedrado? ahí sacaba el señorito a su mamá, +que parece que se murió de una cosa que no sé cómo le dicen, pero vamos, +que es hincharse mucho el corazón... y como le daban unos ahogos tan +fuertes a veces, y se quedaba sin aliento, lo mismo que un pez fuera del +agua, había que traerla al jardín... toda la anchura le era poca, y +solía estarse ahí una hora resollando.... ¡Si viera usted al señorito! +aquello se llama cuidar a una persona... le sostenía la cabeza, le +calentaba los pies con sus manos, le daba cuatro mil besos por hora, le +hacía aire con un abanico.... ¡vamos, era cosa de ver! Alma más buena, +no la echó Dios al mundo, ni volverá a echarla en todo el siglo que +corre.... El día que se murió, la santa bendita, quedó tan risueña... y +tan natural, y tan guapa, con su pelo rubio... Él si que parecía el +muerto; si lo ponen en la caja, cualquiera lo entierra. + +--Calla--ordenaron de pronto los ojos elocuentes. + +Y Sardiola obedeció. Era que entraban Duhamel, Miranda y Perico. Duhamel +examinó con minuciosidad aquella pieza, y declarola, en su jerga +luso-franca, abrigada, cómoda, baja asaz y ventilada mucho, y en todo +conveniente para la enferma. Miranda y Perico se retiraron a la del +lado, a asearse, y tácitamente, sin discusión alguna, se resolvió que +enferma y enfermera se quedasen juntas, y los dos hombres ocupasen, +juntos también, la cámara próxima. Miranda no puso reparo a este +sacrificio de Lucía, porque Duhamel, llamándole aparte, le notició que +la cosa se iba por la posta, y que apenas creía que la enferma durase un +mes: en vista de lo cual propuso él en su corazón de tomar el portante +dentro de ocho o diez días, llevándose a su mujer con cualquier +pretexto. Pero el hado, que de muy distinta manera tenía resuelto atar +los cabos de estos sucesos, dispuso, sirviéndole de instrumento Perico, +que Miranda comenzase presto a hallarse satisfecho, entretenido y +regocijado en aquella babilonia y golfo parisiense, por cuyos arrecifes +y bajíos le piloteó el pollo Gonzalvo con más acierto y destreza que +buena intención. + +--¿Qué demonio, qué demonio vas a hacer ahora metiéndote en +León?--exclamaba Perico--. Tiempo tendrás de sobra, de sobra, para +aburrirte... mira, aprovéchate ahora.... ¡Si estás muy bueno! Diez años, +diez años te quitaron de encima las tales aguas. + +Ya sabía el pícaro lo que se hacía. Ni padre, ni tía se mostraban muy +dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de +tener que quedarse de enfermero.... Su mente, fecunda en tretas, le +sugirió mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad mágica que ya de +suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendió el esposo de Lucía los +refinamientos de la cocina francesa en los mejores _restauradores_ +(ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura, +llegó a tomarse gran interés en que la salsa holandesa fuese mejor aquí +que dos puertas más abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no +a la época más propia para ser saboreadas. Amén de estos goces +culinarios, aficionose a los teatrillos del género chocarrero que tanto +abundan en París: divirtiéronle las canciones picarescas, las muecas del +payaso, la música retozona y los trajes ligeros y casi paradisíacos de +aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de +violines o de muñecos. Hasta se susurra--pero sin que existan datos para +establecerlo como rigurosa verdad histórica--que el insigne ex buen mozo +quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua +sobre sus secos y mustios lauros, y eligió para cómplice a cierta rata +de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien está +averiguado que en regiones menos olímpicas pudo llamarse Antonia, +Dionisia o cosa así. Tenía ésta tal el salero del mundo para cantar el +estribillo (_refrain_) de ciertas tonadas (_chansonnettes_); y era para +descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la +pierna derecha en el aire, guiñados los ojos y entreabierta la boca, +despedía una exclamación canallesca, un grito venido en derechura de las +pescaderías y mercados a posarse en sus labios de púrpura, para deleite +y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las únicas gracias y +donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la +quintaesencia de sus monerías, guardábala para la dulce intimidad de los +felices mortales que a aquella Dánae de bambalinas lograban aproximarse, +bien provistos de polvos de oro. ¡Con qué felina zalamería menudeaba los +golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos, +perritos suyos, gatitos, _bibis_, y otros apelativos cariñosos y +regalados, que a arrope y miel sabían! Pues ¿qué diré del chiste y garbo +incomparable con que oprimía entre sus dientes de perlas, un pitillo +ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracción de +sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los +arrebolados carrillos? ¿Qué de aquella su maestría en ocupar dos sillas +a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y +puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los +tacones? ¿Qué de la agilidad y destreza con que se sorbía diez docenas +de ostras verdes en diez minutos, y bebíase dos o tres botellas de Rhin, +que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que +fuese escurridizo y suave? ¿Qué de la risueña facundia con que probaba a +sus amigos que tal anillo de piedras les venía estrecho al dedo, +mientras a ella le caía como un guante? En suma, si la aventura que se +murmuró por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa +redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en +la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la heroína +era la más divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas +mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de París. + +Mientras de tal suerte espantaban Perico y Miranda el mal humor, a Pilar +se le deshacía el pulmón que le restaba, paulatinamente, como se deshace +una tabla roída por la carcoma. No empeoraba, porque ya no podía estar +peor, y su vivir, más que vida, era agonía lenta, no muy penosa, +amargándola solamente unas crisis de tos que traían a la garganta las +flemas del pulmón deshecho, amenazando ahogar a la enferma. Estaba allí +la vida como el resto de llama en el pábilo consumido casi: el menor +movimiento, un poco de aire, bastan para extinguirlo del todo. Se había +determinado la afonía parcial y apenas lograba hablar, y sólo en voz muy +queda y sorda, como la que pudiese emitir un tambor rehenchido de +algodón en rama. Apoderábanse de ella somnolencias tenaces, largas; +modorras profundas, en que todo su organismo, sumido en atonía vaga, +remedaba y presentía el descanso final de la tumba. Cerrados los ojos, +inmóvil el cuerpo, juntos los pies ya como en el ataúd, quedábase horas +y horas sobre la cama, sin dar otra señal de vida que la leve y +sibilante respiración. Eran las horas meridianas aquellas en que +preferentemente la atacaba el sueño comático, y la enfermera, que nada +podía hacer sino dejarla reposar, y a quien abrumaba la espesa atmósfera +del cuarto, impregnada de emanaciones de medicinas y de vahos de sudor, +átomos de aquel ser humano que se deshacía, salía al balconcillo, bajaba +las escaleras que conducían al jardín, y aprovechando la sombra del +desmedrado plátano, se pasaba allí las horas muertas cosiendo o haciendo +_crochet_. Su labor y dechado consistía en camisitas microscópicas, +baberos no mayores, pañales festoneados pulcramente. En faena tan +secreta y dulce íbanse sin sentir las tardes; y alguna que otra vez la +aguja se escapaba de los ágiles dedos, y el silencio, el retiro, la +serenidad del cielo, el murmurio blando de los magros arbolillos, +inducían a la laboriosa costurera a algún contemplativo arrobo. El sol +lanzaba al través del follaje dardos de oro sobre la arena de las +calles; el frío era seco y benigno a aquellas horas; las tres paredes +del hotel y de la casa de Artegui formaban una como natural estufa, +recogiendo todo el calor solar y arrojándolo sobre el jardín. La verja, +que cerraba el cuadrilátero, caía a la calle de Rívoli, y al través de +sus hierros se veían pasar, envueltas en las azules neblinas de la +tarde, estrechas berlinas, ligeras victorias, landós que corrían al +brioso trote de sus preciados troncos, jinetes que de lejos semejaban +marionetas y peones que parecían chinescas sombras. En lontananza +brillaba a veces el acero de un estribo, el color de un traje o de una +librea, el rápido girar de los barnizados rayos de una rueda. Lucía +observaba las diferencias de los caballos. Habíalos normandos, poderosos +de anca, fuertes de cuello, lucios de piel, pausados en el manoteo, que +arrastraban a un tiempo pujante y suavemente las anchas carretelas; +habíalos ingleses, cuellilargos, desgarbados y elegantísimos, que +trotaban con la precisión de maravillosos autómatas; árabes, de ojos que +echaban fuego, fosas nasales impacientes y dilatadas, cascos bruñidos, +seca piel y enjutos riñones; españoles, aunque pocos, de opulenta crin, +soberbios pechos, lomos anchos y manos corveteadoras y levantiscas. Al +ir cayendo el sol se distinguían los coches a lo lejos por la móvil +centella de sus faroles; pero confundidos ya colores y formas, +cansábanse los ojos de Lucía en seguirlos, y con renovada melancolía se +posaban en el mezquino y ético jardín. A veces turbaba su soledad en él, +no viajero ni viajera alguna, que los que vienen a París no suelen +pasarse la tarde haciendo labor bajo un plátano, sino el mismísimo +Sardiola en persona, que so pretexto de acudir con una regadera de agua +a las plantas, de arrancar alguna mala hierba, o de igualar un poco la +arena con el rodezno, echaba párrafos largos con su meditabunda +compatriota. Ello es que nunca les faltó conversación. Los ojos de Lucía +no eran menos incansables en preguntar que solícita en responder la +lengua de Sardiola. Jamás se describieron con tal lujo de pormenores +cosas en rigor muy insignificantes. Lucía estaba ya al corriente de las +rarezas, gustos e ideas especiales de Artegui, conociendo su carácter y +los hechos de su vida, que nada ofrecían de particular. Acaso +maravillará al lector, que tan enterado anduviese Sardiola de lo +concerniente a aquel a quien sólo trató breve tiempo; pero es de +advertir que el vasco era de un lugar bien próximo al solar de los +Arteguis, y familiar amigo de la vieja ama de leche, única que ahora +cuidaba de la casa solitaria. En su endiablado dialecto platicaban largo +y tendido los dos, y la pobre mujer no sabía sino contar gracias de su +criatura, que oía Sardiola tan embelesado como si él también hubiese +ejercido el oficio nada varonil de Engracia. Por tal conducto vino Lucía +a saber al dedillo los ápices más menudos del genio y condición de +Ignacio; su infancia melancólica y callada siempre, su misántropa +juventud, y otras muchas cosas relativas a sus padres, familia y +hacienda. ¿Será cierto que a veces se complace el Destino en que por +extraña manera, por sendas torturosas, se encuentren dos existencias, y +se tropiecen a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni +razón para ello? ¿Será verdad que así como hay hilos de simpatía que los +enlazan, hay otro hilo oculto en los hechos, que al fin las aproxima en +la esfera material y tangible? + +--Don Ignacio--decía el bueno de Sardiola fue siempre así. Mire usted, +del cuerpo dicen que nunca padeció nada.... ¡ni un dolor de muelas! pero +asegura el ama Engracia que ya desde la cuna tuvo una a modo de +enfermedad... allá del alma o del entendimiento, o ¡qué me sé yo! Cuando +chiquillo ¡le entraban unos miedos al anochecer y de noche, sin saberse +de qué! se le agrandaban los ojos, así, así... (Sardiola trazaba en el +espacio con sus dedos pulgar e índice una O cada vez mayor), y se metía +en un rincón del aposento, sin llorar, hecho una pelota, y pasábase así +quietecito, hasta que amanecía Dios.... No quería decir sus visiones; +pero un día le confesó a su madre que veía cosas terribles, a todos los +de su casa con caras de muertos, bañándose y chapuzándose bonitamente en +un charco de sangre.... En fin, mil disparates. Lo raro del asunto es +que a la luz del sol el señorito fue siempre un león, como todos +sabemos... lo que es en la guerra daba gozo verle.... ¡bendito Dios! lo +mismo se metía entre las balas que si fuesen confites.... Nunca usó +armas, sino una cartera colgada donde había yo no sé cuántas cosas: +bisturíes, lancetas, pinzas, vendas, tafetán.... Además tenía los +bolsillos atestados de hilas y trapos y algodón en rama.... Dígole a +usted, señorita, que si se ganasen los grados por no tener asco a los +pepinillos liberales, nadie los ganaría mejor que Don Ignacio.... Una +vez cayó una bomba, así, a dos pasos de él... se la quedó mirando, +esperando sin duda a que reventase, y si no lo coge de un brazo el +sargento Urrea, que estaba allí cerquita.... Ni en las cargas a la +bayoneta se retiraba. En una de éstas un soldado _guiri_, ¡maldita sea +su casta!, se fue a él derecho con el pincho en ristre.... ¿Qué dirá +usted que hizo mi Don Ignacio? no se le ocurre ni al demonio.... Lo +apartó con la mano como si apartase un mosquito, y el muy bárbaro abatió +la bayoneta y se dejó apartar. Tenía el señorito entonces una cara.... +Válgame Dios y qué cara. Entre seria y afable, que el alma de cántaro +aquel debió de quedarse cortado. + +Después eran pormenores sobre los cuidados del hijo a la madre en su +última enfermedad. + +--Parece que los estoy viendo.... Ahí, ahí, donde usted está, la señora +Doña Armanda; y él, aquí, así, lo mismito que yo, dicho sea con el +respeto que.... Pues se bajaba, y le alzaba los pies y se los apoyaba en +un taburete... así, así, y le ponía detrás de la cabeza hasta una docena +de almohadas, almohadones y almohadillas, de distintos tamaños y +hechuras, todo para acomodarlas a la respiración de la pobre señora.... +Y los jaropes, y los potingues... digital por aquí, atropina por allá... +¡quiá! ni por esas... se murió al fin la infeliz.... ¿Creerá usted que +no hizo Don Ignacio ningún extremo? es un pozo; todo se lo guarda, y así +le ahoga eso que va encerrando, encerrando.... A mí no me la pegó con su +serenidad... porque cuando me dijo: «Sardiola, me acompañarás esta noche +a velarla», me acordé, ¡mire usted, señorita, qué tontería! pues me +acordé de un corneta de nuestras filas, que tocaba unas dianas famosas +con su instrumento, que era tan claro y tan lleno y tan hermoso... y un +día tocó mal, y como nos burlásemos de él, cogió la corneta, y sopló y +nos dijo: «Chicos, ha tenido una pena y se ha reventado la pobrecilla +mía...» Pues mire usted, la misma diferencia de son que noté en la +corneta de aquel majadero de Triguillos, noté en la voz del señorito... +usted ya sabe que la tiene muy sonora, que daría gozo oírle mandar la +maniobra... y aquel día... estaba reventada la voz, vamos. En fin, que +él amortajó a Doña Armanda, y entre él y yo la velamos, y al amanecer... +¡zas! tren especial y a Bretaña con el cuerpo en un ataúd de palo santo +fileteado de plata: al castillote de qué sé yo qué, a enterrar con sus +padres, abuelos y tatarabuelos a la pobre señora. + +Lucía, que caída la labor en el regazo escuchaba con vida y alma, púsola +toda en sus ojos para preguntar, mudamente, algo a Sardiola. El +inteligente vasco respondió al punto: + +--No ha vuelto desde entonces, y se ignora qué piensa hacer.... Engracia +no sabe de la misa a la media.... Bien que él nunca dice nada a persona +de este mundo de lo que proyecta, ni.... Ahí se está Engracia sola, +porque a los demás criados los despidió muy bien galardonados, al +partir.... Ella arregla lo poco... lo nada que hay que arreglar ahí... +Abrir alguna vez las ventanas, para que la humedad no se divierta con +los muebles... pasar un plumero.... + +Volvió Lucía la cabeza, y fijose en las ventanas, cerradas a la sazón, +al través de los cuales se veía a intervalos cruzar una figura de mujer +provecta, la cabeza adornada con la tradicional coba guipuzcoana, sujeta +con dos agujones dorados. + +--Merece cuidarse la casa--prosiguió Sardiola--, porque la tenía como +una taza de plata aquella bendita Doña Armanda... muy bien alhajada, y +muy capaz.... Y ahora que se me ocurre--exclamó dándose fiera palmada en +la frente--. Señorita.... ¿por qué no va usted a verla? Yo se lo diré a +Engracia... nos la enseñará toda... ea, decídase usted. + +--No--contestó débilmente Lucia--para qué.... + +--¡Para verla! pues claro está.... Verá usted el cuarto del señorito +Ignacio, con sus libros y sus juguetes de chiquillo, que todo lo +conserva el ama Engracia.... + +--Bien, Sardiola--respondió Lucía como pidiendo tregua--. Un día que me +coja de humor.... Hoy no estoy para ello. Ya te avisaré. + +Andaba Lucía, en efecto, harto cavilosa, por una circunstancia que a +nadie importaba sino a ella. Duhamel le había notificado que el fin de +Pilar era inminente, y Pilar, no sospechándolo en lo más mínimo, no daba +indicios de querer disponer su alma para el terrible paso. Hablábanle de +Dios, y contestaba, en voz apenas perceptible, modas o viajes; queríanle +recordar cosas tristes, y la desventurada, sin soplo vital casi, decía +alguna festiva ocurrencia, que tomaba color de cementerio al pasar por +sus lívidos labios. + +Toda la retórica piadosa de Lucía se estrellaba ante la invencible y +benéfica ilusión de la hora postrera. Acudió a Miranda y Perico +demandando ayuda, y ambos se encogieron de hombros, declarándose de todo +punto inexpertos y poco a propósito para asuntos tales. Justamente el +día en que se le puso en la cabeza hablarles del asunto, tenían ellos +concertada una cena con Zulma y compañeras no mártires en el más +calentito y retirado gabinete de _Brébant_. ¡Brava sazón de pensar en +semejantes cosas! No obstante, alguien hubo que sacó a Lucía del +atolladero; y fue ni más ni menos que Sardiola, que conocía a un jesuita +paisano suyo, el Padre Arrigoitia, y lo trajo en un santiamén. Era el +Padre Arrigoitia alto como una caña, encorvado por la cintura, dulce +como el jarabe y tan pegadizo e insinuante como brusco y desamorado su +conterráneo el Padre Urtazu. Entró pretextando una visita de la tía de +Pilar, volvió manifestando mucho interés por la salud corporal de la +enferma, trajo tierra de la santa gruta de Manresa y pastillas +pectorales de Belmet, todo junto y envuelto en muchos papelitos, y en +suma, se dio tal maña y arte, que a la semana de conocerle y tratarle, +Pilar espontáneamente pidió lo que tanto deseaban darle el jesuita y la +enfermera. Al salir el Padre Arrigoitia del cuarto de la que bien +podemos llamar moribunda, después de haber pronunciado las palabras de +la absolución, sintió detrás de la puerta el ulular de un congojado +pecho, y oyó una voz que decía: + +--Gracias... muchas gracias.... + +Lucía estaba allí y lloraba a mares, + +--A Dios sean dadas...--contestó el jesuita afablemente--. Vamos, no +afligirse, mi señora Doña Lucía... al contrario. Estamos de enhorabuena. + +--No... no, si es de gozo--contestó la enfermera. + +Y como la sotana negra y el alto talle fajado se alejasen, hizo +suavemente: ce, ce. El jesuita se volvió. + +--Yo también, Padre Arrigoitia, me quiero confesar, pronto, pronto. + +--¡Ah! bien, bien... pero usted no está en peligro de muerte, gracias al +Señor... en San Sulpicio, confesonario de la derecha, entrando... a sus +órdenes siempre, señora mía. Volveré, volveré a ver a nuestra +enfermita... no hay que llorar.... ¡Parece usted una Magdalena! + +Aquella tarde Lucía bajó como de costumbre al jardín. Pero era tal el +cansancio que sentían sus miembros y su espíritu, que recostando en el +tronco del plátano la cabeza, quedose dormida. Empezó presto a soñar: y +es lo raro del caso que no soñaba hallarse en lugar alguno nuevo ni +desconocido, sino en el mismo sitio, en el jardinete; únicamente las +caprichosas representaciones del sueño se lo convirtieron de chico y +estrecho en enorme. Era el propio jardín, pero visto al través de una +colosal lente de aumento. No se distinguía la verja sino a distancia +fabulosa, como una hilera de puntos brillantes, allá en el horizonte; y +tal aumento de proporciones acrecentaba la tristeza del mezquino jardín, +haciéndolo parecer más bien seco y agostado erial. Recorriéndolo, fijaba +Lucía la vista en la fachada correspondiente a la casa de Artegui, de +una de cuyas ventanas salía una mano pálida que le hacía señas. ¿Era +mano de hombre o de mujer? ¿era de vivo, o de cadáver? Lucía lo +ignoraba; pero los misteriosos llamamientos de aquella diestra +desconocida la atraían cada vez más, y corriendo, corriendo, trataba de +acercarse a la casa; pero el erial se prolongaba, detrás de unas calles +de arena venían otras, y después de andar horas y horas aún veía delante +de sí larguísima hilera de plátanos entecos, cuyo fin no se divisaba, y +la casa de Artegui más lejana que nunca. Y la mano hacía señas +impacientes y furiosas, semejante a diestra de epiléptico que se agita +en el aire: sus cinco dedos eran aspas incesantes en girar, y Lucía, +desalentada, jadeante, iba a escape, y a cada plátano sucedía otro, y la +casa lejos... lejos... «¡Necia de mi!» exclamaba al fin; «ya que +corriendo no llego nunca... volaré.» Dicho y hecho: como se vuela tan +aína en sueños, Lucía se empinaba y.... ¡pim! al aire de un brinco. ¡Oh +placer! ¡oh gloria! el erial quedaba debajo; surcaba la región ambiente, +pura, serena, azul, y ya la casa no estaba lejos, y ya se acababan los +eternos plátanos, y ya distinguía el cuerpo dueño de la mano... era un +cuerpo esbelto sin delgadez, dignamente rematado por una cabeza varonil +y melancólica... pero que entonces se sonreía cariñosamente, con +expansión infinita.... ¡Cómo volaba Lucía! ¡cómo respiraba a placer en +la atmósfera serena! ánimo, poco falta.... Lucía escuchaba el batir de +sus propias alas, porque tenía alas; y el regalado frescor de las plumas +le refrigeraba el corazón.... Ya estaba cerca de la ventana.... + +Sintió de pronto dos dolores agudos, como una herida gemela hecha con +dos armas a un tiempo: distinguió una tijera enorme que sobre ella se +cernía; vio caer al suelo dos alas de paloma blancas y ensangrentadas; y +sin ser poderosa a más, cayó ella también, pero de prodigiosa altura; no +al suelo del jardín, sino a un precipicio, una sima muy honda, muy +honda.... Allá en el fondo ardían dos lucecicas, y la miraban unos ojos +compasivos de mujer vestida de blanco.... Ni más ni menos que caía en la +gruta de Lourdes... no podía ser otra; estaba tal como la había visto en +la iglesia de San Luis en Vichy; hasta la Virgen tenía los mismos +rosales, los mismos crisantemos.... ¡ay, qué fresca y hermosa era la +gruta, con su manantialillo murmurador! Lucía ansiaba llegar... pero la +angustia de la caída la despertó, como sucede siempre en las pesadillas. + + + + +-XIV- + + +A pocos días de haberse confesado Pilar, expiró. Fue su muerte casi +dulce y del todo imprevista, en cuanto careció de agonía. Una flema +mayor que las demás cortó su respiración algunos segundos, y apagose la +débil luz de la vida en la exhausta lámpara. Lucía estaba sola con ella, +y sosteníale la cabeza para toser, a tiempo que, doblando de pronto el +cuello, la tísica entregó el alma. Tiene este horrible mal de la tisis +tan diversas fases y aspectos, que hay enfermo que al morir cuenta los +instantes que le restan de existencia, y haylo que cae sorprendido en la +eternidad, como la fiera en el lazo. Lucía, que nunca había visto +muertos, no pudo imaginar que fuese sino un síncope profundo; creía ella +que el espíritu no abandonaba sin lucha y ansías mayores su vestidura +mortal. Salió gritando y pidiendo auxilio; acudió primero Sardiola a sus +voces, y meneando la cabeza, dijo: «Se acabó.» Miranda y Perico llegaron +en breve; justamente estaban en casa por ser las once, hora de cambiar +el lecho por el almuerzo. Miranda alzó las cejas, frunciolas después, y +dijo poniendo la voz en el registro grave: + +--Era de temer, de temer.... Sí, estaba muy mal.... Pero tan de pronto, +señor... si es que parece imposible.... + +En cuanto a Perico, escondió la cabeza entre las manos, y murmuró más de +tres docenas de «Jesús, Jesús.... Válgame Dios, válgame Dios.... Qué +desgracia, qué desgracia...» y aún debo añadir, en honra de la +sensibilidad del insigne pollo, que se demudó bastante su rostro, y +pugnaron por asomar a sus lagrimales, y asomaron al fin, unas cuantas +gotas de eso que los poetas llaman rocío del alma. No quise omitir estos +pormenores, a fin de que no se crea que Perico era malo, siendo así, que +de investigaciones y curiosos datos estadísticos resulta que aún valía +más que las dos terceras partes de la prole de Adán. Triste y mustio de +veras, se dejó conducir por Miranda a su cuarto, y es cosa averiguada +también, que en todo el curso de aquel día no entraron en su cuerpo más +alimentos que dos tazas de té y un huevo pasado por agua, que la extrema +debilidad le obligó a sorber, entrada ya la noche. + +El Padre Arrigoitia y el médico Duhamel, de acuerdo con Miranda, y +facultados telegráficamente por la desconsolada familia Gonzalvo, +proporcionaron a la muerta cuanto necesitaba ya: mortaja y ataúd. Pilar, +vestida de hábito del Carmen, fue extendida en la caja sobre su mismo +lecho; encendieron luces, y dejáronla, a la española, en la cámara +mortuoria, no acatando la costumbre francesa de convertir en capilla +ardiente el portal, exponiendo allí el cadáver para que todo el que pase +lo rocíe con una rama de boj que flota en una caldereta de agua bendita. +Depósito, exequias y entierro, debían verificarse el día siguiente. + +Hízose todo con tal celeridad y tino, que serían las tres de la tarde no +más cuando en la estancia, ordenada ya, y junto al balcón abierto, leía +el Padre Arrigoitia en su Breviario las oraciones por los difuntos, y +Lucía le contestaba entre sollozos «Amén». La llama de los cirios, +devorada por la claridad gloriosa del sol, no era más que un punto +rojizo, en cuyo centro se distinguía la negra raya del pábilo. A lo +lejos se escuchaba el sordo rodar de los coches, anunciado antes por el +retemblido de los vidrios; y dominando los rumores de la calle, la voz +del jesuita que decía: + +--_Qui quasi putredo consumendus sum, et quasi Vestimentum quod +comeditur a tinea_.... + +Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de invierno +enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y +encendía con tonos calientes la nuca de Lucía, inclinada también. + +Y continuaba el rezo: + +--_Heu mihi, Domine, quia pecavi nimis in vita mea_.... + +Un rayo de luz más vivo y directo se coló en la cámara, y fue a posarse +en la difunta. Estaba Pilar consumida y hecha un mirlo de flaca; ni +majestad ni hermosura añadía la muerte a aquel residuo de organismo +devorado por la extenuación y la fiebre. La toca blanca hacía resaltar +la verdosa palidez de su rostro chupado. Parecía haber encogido y +menguado en estatura. Su expresión era vaga, entre sonrisa y mueca. +Veíansele los dientes de marfil. Sobre su pecho destelló, al reflejo +solar, el latón de un crucifijo que el Padre Arrigoitia le había puesto +entre las manos. + +Bien rezarían el jesuita y la amiga cosa de una hora; pero al cabo de +ese tiempo se levantó el Padre, manifestando que para volver a velarla, +necesitaba ir a su casa y despachar algunos urgentes asuntos que le +reclamaban. Miró a Lucía, y viéndola descolorida y los ojos hinchados, +le dijo bondadosamente: + +--Retírese un poco, hija, a descansar... está usted del color de la +muerta. No ordena Dios tratarse así. + +--Lo que haré, Padre--respondió Lucía--, será bajar un rato al jardín a +tomar el fresco.... Juanilla se quedará aquí.... Me arde la cabeza, +necesito aire. + +De nuevo fijó en ella su mirada el jesuita, y prontamente, acercándose a +su oído y silabeando como en el confesonario, murmuró: + +--Ahora que esa pobrecita se ha muerto... ya sabe usted mi consejo, +¿verdad? ¡Tierra en medio, hija! Esta vecindad... estos aires no le +convienen. A León.... Si me envían allá... la he de felicitar. + +Y como Lucía lo mirase elocuentisimamente, añadió: + +--Sí, sí... tierra en medio. ¡Cuántas almitas enfermas he curado yo con +eso solo! Vaya, hasta luego... hasta cuanto antes. Si, hijita querida, +sí; esas cosas las apunta todas Dios en el cielo.... + +--Padre... quisiera ser aquella...--murmuró Lucía señalando a la muerta. + +--¡Virgen mía! no, hija... vivir para servir a Dios... cumpliendo su +voluntad.... Hasta luego, ¿eh? + +Cuando Lucía bajó al jardín, pareció éste a sus ojos fatigados de +llorar, menos enteco y árido que de costumbre. Las yucas alzaban su +cabeza majestuosa, perpetuamente coronada; las hiedras exhalaban leve +aroma campesino, siempre más grato que el tufo de la cera. El sol iba ya +retirándose, pero aún doraba las moharras de las lanzas, en la verja. +Sentose Lucía por costumbre bajo el plátano, que, pelado por el +invierno, ya se había quedado sin una mala hoja con que dar sombra. El +reposo de aquel rinconcillo solitario trajo de nuevo los pensamientos +familiares.. No, Lucía no podía llorar más, sus ojos secos no contenían +lágrima alguna; lo que deseaba era descanso, descanso.... Habíanle +prohibido Dios y la naturaleza pensar en la muerte; así es que empleando +ingenioso subterfugio, pensaba en un sueño muy largo, que no tuviese +fin.... Absorta, vio venir a Sardiola corriendo. + +--Señorita... señorita.... + +El bueno del vasco se asfixiaba. + +--¿Qué hay?--dijo ella, y levantó lánguidamente la cabeza. + +--Está ahí--dijo Sardiola atragantándose. + +--Está... ahí.... + +Lucía se irguió recta como una estatua y puso ambas manos sobre el +pecho. + +--El señorito... señorito Ignacio.... Llegó esta mañana... marcha esta +noche... adónde no se sabe... no quiso recibirme.... Engracia dice que +está más demudado que cuando salió para Bretaña.... + +--Sardiola...--pronunció difícilmente Lucía, sintiendo el corazón no +mayor que una nuez--. Sardiola.... + +--Tengo que subir, me están necesitando a cada paso... con la desgracia +de hoy, hay mil recados...¿Quiere usted algo, señorita? + +Nada.... + +Y la voz sorda de Lucía expiró en su garganta. Zumbábanle los oídos y +giraban en torno suyo verja, paredes, plátano y yucas. Hay así en la +vida momentos supremos en que el sentimiento, oculto largas horas, se +levanta rugiente, y avasallador, y se proclama dueño de un alma. Éralo +ya; pero el alma lo ignoraba por ventura o barruntábalo solamente; hasta +que repentina marca de hierro enrojecido viene a revelarle su +esclavitud. Aunque el símil pueda parecer profano, diré que acontece con +esto algo de lo que con las conversiones: flota indeciso el ánimo algún +tiempo, sin saber qué rumbo toma, ni qué causa su desasosiego, hasta que +una voz de lo alto, una luz deslumbradora, de improviso, disipan toda +duda. Pronto es el asalto, nula la resistencia, segura la victoria. + +Descendía rápidamente el sol a su ocaso, caía sobre el jardín la sombra; +Sardiola, el lebrel fidelísimo que había dado el ladrido de alarma, no +estaba ya allí. Lucía miró en torno suyo con ojos vagos, y llevose las +manos a la garganta oprimida. Después convirtió la vista a la fachada, +cual si sus macizos muros pudiesen por mágico arte volverse cristal y +trasparentar lo que en su interior guardaban. Quedose fascinada, +sofocando un grito antes que naciera. La puerta del comedor estaba +entornada. Cosa era esta que sucedía muchas tardes, siempre que al ama +Engracia se le ocurría tomar el fresco un rato en el umbral charlando +con Sardiola; pero en tal instante Lucía sintió que la puerta +entreabierta la penetraba de terror glacial y de ardiente júbilo a un +tiempo. Su cerebro, vacío de ideas, sólo encerraba un sonsonete monótono +y cadencioso, repitiendo como la péndola de un horario: «Vino esta +mañana, se va esta noche...» Y al fin la repetición la irritaba de tal +manera, que sólo oía la palabra «noche, noche, noche», palabra que +parecía vibrar, como esos puntos luminosos que se ven en las tinieblas, +durante el insomnio, y que se acercan y se alejan, sin movimiento de +traslación, por el mero sacudimiento de sus moléculas. Apretose las +sienes como para detener la tenaz péndola, y lentamente, paso a paso, se +encaminó al vestíbulo de casa de Artegui. Al poner el pie en el primer +peldaño de la escalera, la música zumbadora de la sangre le cantaba en +los oídos, como un coro de cien moscardones. Parece que le decía: + +--No vayas, no vayas. + +Y otra voz silbada y misteriosa, la voz del viento en las ramas secas +del plátano, le murmuraba con prolongado susurro: + +--Sube, sube, sube. + +Subió. Al llegar al segundo peldaño tropezó pisándose el traje por +delante, y sólo entonces echó de ver que su bata de merino negro, +manchada por la asistencia, arrugada por las vigilias, era muy fea y de +corte asaz descuidado. Vio, además, que tenía los puños de la chambra +hechos un trapo, remojados de lágrimas, y la falda sembrada de hilitos +de hacer labor. Se recorrió maquinalmente con ambas manos, sacudiendo +los cabos de hilo, y estirose algo los puños, mientras llegaba a la +puerta. En ésta vaciló aún; pero la media obscuridad que ya reinaba le +dio ánimos. Empujó las hojas y hallose en una gran pieza lóbrega a la +sazón, que no era sino el comedor, y por tener cubiertos los muros de +una imitación del antiguo cuero cordobés, parecía harto más sombría, +ayudando a ello los altos aparadores de roble esculpido, y sitiales de +lo mismo. + +--Éste es el comedor--dijo en voz alta Lucía. + +Y miró hacia todas partes buscando la puerta. La cual estaba en el +fondo, frontera a la que al jardín salía, y Lucía alzó el tupido +cortinón y puso la trémula mano en el pestillo, saliendo a un corredor +casi del todo tenebroso. Quedose sin respirar, y lo que es peor, sin +saber adónde se encaminase, y entonces maldijo mil veces de su terquedad +en no haber querido visitar antes la casa. De pronto oyó un ruido, unos +tropezones sonoros, un choque de vajilla y loza.... El ama Engracia +fregoteaba sin duda los platos en la cocina. ¿Cómo lo adivinó tan presto +Lucía? El entendimiento se aguza en las horas críticas y +extraordinarias. Guiada negativamente por el ruido, Lucía siguió andando +en dirección opuesta, hacia el extremo del pasillo, en que reinaba el +silencio. El piso alfombrado apagaba su andar, y con ambas manos +extendidas palpaba las dos murallas buscando una puerta. Al fin, sintió +ceder el muro, y, siempre con las manos delante, penetró en una estancia +que le pareció chica, y donde al pasar tropezó en varios objetos, entre +ellos unas barras de metal que se le figuraron de una cama. De allí pasó +a otra habitación mucho mayor, todavía iluminada por un leve resto de +luz diurna, que entraba por alta vidriera. Lucía no dudó ni un instante +de su acierto: aquella cámara debía de ser la de Artegui. Había +estanterías cargadas de volúmenes, preciosas pieles de animales +arrojadas al desdén por la alfombra, un diván, una panoplia de ricas +armas, algunas figuras anatómicas, enorme mesa escritorio con papeles en +desorden, estatuas de tierra cocida y de bronce, y sobre el diván un +retrato de mujer, cuyas facciones no se distinguían. Medio desmayada se +dejó caer Lucía en el diván, cruzando ambas manos sobre el seno +izquierdo, que levantaban los desordenados latidos del corazón, y +diciendo en voz alta también: + +--Aquí. + +Estúvose así un rato, sin pensar, sin desear, entregada sólo al placer +de hallarse allí, en donde moraba Artegui. La obscuridad crecía, y al +fin viniera a ser completa si el resplandor de un reverbero fronterizo +no se quebrase en los cristales de la ventana. La vista de la luz hizo +saltar en el diván a Lucía. + +--Es de noche--exclamó siempre en alto. + +Atropelláronse en su mente mil pensamientos. De seguro que ya habrían +preguntado en la fonda por ella. Puede que estuviese de vuelta el Padre +Arrigoitia; y se volverían locos buscándola en el jardín, en su cuarto, +en todas partes. No sabía ella misma por qué se acordaba antes del Padre +Arrigoitia que de Miranda; pero es lo cierto que su temor principal era +darse de manos a boca con el afable jesuita, que le diría sonriendo: +«¿De dónde bueno, hija?» Hostigada por tales imaginaciones, se levantó +tambaleándose, y diciendo entre dientes: + +--No es justo que la muerta esté sola.... + +Y buscó la salida: pero de pronto se detuvo paralizada, como autómata a +quien se acaba la cuerda.... Oyó pasos en el corredor, pasos que se +acercaban, pasos fuertes y resueltos: no eran, no, los del ama Engracia. +La puerta de la cámara grande se abrió, y entró una persona. Lucía se +hallaba ya en la cámara chica, y se quedó detrás de la cortina. No +estaba ésta corrida del todo. Por el resquicio vio que el recién llegado +encendía un fósforo y después la bujía de un candelero; mas la luz +sobraba, y ya, sin ella, había conocido a Artegui. + +Ahora lo distinguía perfectamente; era él, pero aun más abatido y +desmejorado que cuando por última vez lo vio; velaban su rostro tintas +cárdenas, y la negra barba lo sumía en un cerco de sombra; sus ojos +brillaban cual si tuviese calentura. Sentase al escritorio y escribió +dos o tres cartas. Estaba frente por frente a Lucía y ella le devoraba +con los ojos. A cada carta que cerraba Artegui, decíase: + +--Ya le he visto; vámonos. + +Y se quedaba. Por fin Artegui se levantó, e hizo una cosa rara; llegose +al retrato colgado sobre el diván, y lo besó. Miró Lucía afanosamente a +aquel lugar, y viendo un rostro de dama, pero parecido al de Artegui, +murmuró: + +--Su madre. + +Tras de lo cual, el pesimista abrió un cajón de su mesa-escritorio, y +sacó un objeto reluciente y prolongado, que reconoció con el mayor +esmero.... Estaba absorto en su ocupación, cuando sintió que le asían +del brazo con fuerza convulsiva, y vio ante sí a una mujer pálida, más +pálida que él, ardientes y fijos los ojos como dos carbones encendidos, +abierta la boca para hablar... pero muda, muda. Soltó la pistola, que +cayó en la alfombra con ruido mate, y estrechó a la mujer.... Cedió el +talle de ésta como una flor tronchada, y hallose con Lucía exánime en +los brazos. + +La colocó atónito en el diván, y trayendo de su cuarto de tocador un +frasco de lavanda, se lo vertió entero por sienes y pulsos, rompiéndole +al mismo tiempo los ojales de la bata, en la prisa con que quería +aflojarle el corsé. Ni un momento le ocurrió llamar al ama Engracia; al +contrario, murmuraba muy bajito: + +--¿Lucía..., me oye usted? ¡Lucía.... Lucía..., soy yo, yo no más..., +Lucía! + +Ella abrió los ojos aun turbios y vagos, y contestó, muy quedo también, +pero claro: + +--Aquí estoy, Don Ignacio. ¿Dónde está usted? + +--Aquí..., aquí mismo..., ¿no me ve usted?, aquí, a su lado.... + +--Sí, sí, ya veo.... ¿Es usted? + +--Explíqueme usted este... este milagro, Lucía, por lo que más quiera. +¿Cómo vino usted aquí? + +--Explicar..., explicar, no puedo, Don Ignacio..., tengo así, la +cabeza.... Como estaba usted aquí... quise verle... y yo decía: Pues he +de verle.... No, yo no, lo decían cien mil pajaritos dentro de mí... +Ellos lo dijeron. Y vine. No sé más. + +--Descanse usted--dijo con dulcísima voz Artegui, hablando blandamente, +como se habla a los niños--. Apoye usted la cabeza en el almohadón... +¿Quiere usted té..., alguna cosa? ¿Se siente usted mejor? + +--No, descansar, descansar. Así... así...--Lucía cerró los ojos, y +recostándose en el diván, calló. Artegui la miraba ansioso, dilatadas +las pupilas, y estremecido aún de sorpresa y de asombro. Arreglole el +descompuesto traje, y le puso a los pies un taburete, estirándole la +bata de manera que se los tapase. Lucía seguía inmóvil, murmurando +palabras en voz baja, divagando un poco aún, pero ya con más ilación, y +discurso más claro. + +--Ni sé cómo llegué al cuarto... tenía miedo, mucho miedo de encontrar +con alguien... con el ama Engracia... pero yo decía: adelante: Sardiola +asegura que se marcha hoy... y si se marcha... tú también te irás a +León... y ya, en toda la vida, y en la eternidad, Lucía, como no le veas +en el cielo, no sé yo dónde le verás.... Cuando uno piensa cosas así +tiene un valor... yo temblaba, temblaba como un azogado: puede que haya +roto algo en el cuartito chico... lo sentiría... y también sentiré que +afeen mi conducta el Padre Urtazu y el Padre Arrigoitia... la afearán, +sí que la afearán... yo les diré que sólo quería verle un minuto... como +le daba la luz en la cara, le vi muy bien: está tan descolorido... +¡siempre descolorido! También Pilar lo está... y yo... y todos... y el +mundo, sí, el mundo se ha puesto de un color, que... antes era rosa y +azul celeste... pero ahora... bueno, pues como quería verle, entré.... +El comedor es grande. El ama Engracia lavaba la vajilla.... Bien que +corrí. Casualidad fue acertar con su cuarto. Es un cuarto muy bonito. +Tiene el retrato de su madre: ¡pobre señora! Duhamel es un gran médico, +pero hay males que sólo se curan, digo yo... en el hoyo. Allí todo se +cura. Qué bien se debe estar allí... y aquí también. Se está muy bien... +dan ganas de dormir, porque.... + +--Duerme, Lucía, mi alma y mi vida--murmuró apasionada y vibrante voz--. +Duerme, a mi amparo y no temas. Duerme: ni en el lecho de tu infancia, +velada por tu madre, dormiste más segura. Que vengan, que vengan a +buscarte aquí. + +Como cierva herida a traición por una saeta, brincó Lucía al sonido de +aquellas palabras, y abriendo los ojos y pasándose la mano por la +frente, quedose de pie ante Artegui, mirando a todos lados, encendidas +por súbito rubor las mejillas y clara ya la mirada y el entendimiento. + +--Pero...--exclamó con tono diferente--yo aquí... sí, ya sé por qué +vine, y a qué vine, y cuándo... y ya recuerdo también.... ¡Ah, Don +Ignacio, Don Ignacio! se asombrará usted y con razón de haberme hallado +cuando menos lo pensaba.... ¡En qué instante entré! Gracias, Virgen y +madre mía; ya tengo mis cinco sentidos y mi juicio cabal, y puedo +echarme a los pies de usted, Don Ignacio, y decirle: por Dios señor, por +la memoria de su señora madre, que está en el cielo, por.... ¡no sé por +qué! Por todo, no vuelva usted.... ¡Prométame que no volverá a idear +quitarse la vida, que puede emplearla tan bien!... Si yo supiese de +discursos, y fuese sabia como el Padre Urtazu, lo diría mejor, pero +usted me entiende.... ¿verdad que sí? Prométame usted... no volver... no +volver.... + +Y Lucía, desgreñada, patética, hermosa, se arrojó a los pies de Artegui, +y abrazó sus rodillas, y se arrastró en la alfombra. A duras penas la +alzó el pesimista. + +--Usted sabe--dijo confuso--que yo estimaba poco la vida... digo más, +que la aborrecía desde que llegué a entender su vacuidad y cuán inútil +carga es para el hombre... y ahora, muerta mi madre y sin tener a nadie +que sintiera mi falta.... + +Dos arroyos de llanto y el anhelar de un pecho fueron la respuesta. +Artegui subió a Lucía en vilo al diván y se sentó a su lado. + +--No llores--dijo apeándole otra vez el tratamiento--, no llores, +regocijate, porque has vencido. ¡Qué mucho, si representas la ilusión +más cara al hombre, la ilusión única que vale cien realidades, la +ilusión que sólo se disipa en el regazo de la muerte! ¡La más tenaz e +invencible de cuantas la naturaleza dispone para adherirnos a la vida y +conservar nuestra especie! Escúchame. No quiero decirte que tú eres para +mí la felicidad, porque la felicidad no existe y yo no he de engañarte, +pero lo que sí te afirmo es que por ti puede ser digno de un espíritu +noble preferir la vida a la muerte. Entre los engaños que a la tierra +nos apegan, uno hay que ilude más dulcemente con mieles suavísimas, con +regalos tan inefables y embriagadores, que es lícito al hombre +entregarse a un bien que, con ser fingido, así embellece y dora la +existencia. Óyeme, óyeme. Huí siempre de las mujeres, porque, conocedor +del triste misterio del inundo, del mal transcendente de la vida, no +quería apegarme por ellas a esta tierra mísera, ni dar el ser a +criaturas que heredasen el sufrimiento, único legado que todo ser humano +tiene certeza de transmitir a sus hijos.... Sí, yo consideraba que era +un deber de conciencia obrar así, disminuir la suma de dolores y males; +cuando pensaba en esta suma enorme, maldecía al sol que engendra en la +tierra la vida y el sufrimiento, las estrellas que sólo son orbes de +miseria, el mundo este, que es el presidio donde nuestra condena se +cumple, y por fin, el amor, el amor que sostiene y conserva y perpetúa +la desdicha, rompiendo, para eternizarla, el reposo sacro de la nada... +¡La nada!, la nada era el puerto de salvación a que mi combatido +espíritu quiso arribar.... La nada, la desaparición, la absorción en el +Universo, disolución para el cuerpo, paz y silencio eterno para el +espíritu.... Si yo tuviese fe, ¡qué hermosísimo y atractivo y dulce me +parecería el claustro! Ni voluntad, ni deseo, ni sentidos, ni +pasiones... un sayal, un muerto ambulante debajo.... Pero.... + +Artegui se inclinó a Lucía con inquietud. + +--¿Me comprendes?--interrogó de pronto. + +--Sí, sí...--dijo ella, y su cuerpo temblaba. + +--Pero... pero te vi...--continuó Artegui--. Te vi por casualidad, y por +azar también, y sin que de mí dependiese, estuve a tu lado algún tiempo, +respiré tu aliento, y sin querer... sin querer... comprendí que.... No +quise confesarme a mí mismo tu victoria, ni la conocí hasta que te dejé +en ajenos brazos.... ¡Oh! ¡Cómo maldije mi necedad en no haberte llevado +conmigo entonces! Cuando recibí tu carta de pésame, estuve a dos dedos +de ir a buscarte.... + +Artegui hizo breve pausa. + +--Tú fuiste la ilusión.... Sí, por ti hizo otra vez presa en mi alma la +naturaleza inexorable y tenaz.... Fui vencido.... No era posible ya +obtener la quietud de ánimo, el anonadamiento, la perfecta y +contemplativa tranquilidad a que aspiraba... por eso quise poner fin a +mi vida, cada vez más insufrible.... + +Interrumpiose de nuevo, y añadió, viendo que Lucía callaba: + +--Quizá no me comprendas bien.... Son cosas, aunque tan ciertas, +obscuras para quien por vez primera las oye.... Pero me entenderás si te +digo llanamente que no moriré, porque te quiero, y me quieres, y ahora, +suceda lo que suceda, vivo. + +Dijo esto con ímpetu más violento aún que amoroso, y echó sus brazos al +cuello de Lucía, y arrimola a sí con fuerza sobrehumana. Creyó ella +sentir dos tenazas dulcísimas de fuego que la derretían y abrasaban +toda, y reuniendo su vigor nervioso, se desprendió de ellas, quedándose +trémula y erguida ante el pesimista. Su alta estatura, su ademán de +indignación suprema, la asemejaran a bello mármol antiguo, si la bata de +merino negro no borrase la clásica semejanza. + +--Don Ignacio--balbucía la leonesa--usted se engaña, se engaña.... Yo no +le quiero a usted... es decir, de ese modo, no, nunca. + +--Atrévete a jurarlo--rugió él. + +--No... no, me basta decirlo--replicó Lucía con creciente firmeza--. Eso +no. + +Y dio dos pasos hacia la puerta. + +--Escúchame un instante--insistió él deteniéndola--. Sólo un instante. +Tengo fortuna sobrada; mi viaje, según cree todo el mundo, se verificará +esta noche. Estamos en un país libre, iremos a otro más libre aún. En +los Estados Unidos nadie le pregunta a nadie de dónde viene, ni adónde +va, ni quién es, ni qué hace. Nos vamos juntos. La vida juntos ¿oyes? la +vida. Mira, yo sé que tú lo deseas. Tú estás muriendo por decir que sí. +Sé de fijo que no eres dichosa, ni estás bien casada, y que te +desmejoras, y sufres.... No pienses que no lo sé. Sólo yo te quiero, y +te ofrezco.... + +Lucía dio otros dos pasos, pero fue hacia Artegui, y con uno de esos +movimientos rápidos, infantiles, festivos, que suelen tener las mujeres +en las ocasiones más solemnes y graves, se apretó la holgada bata en la +cintura, y manifestó la curva, ya un tanto abultada, de sus gallardas +caderas. Sacudió la cabeza, y dijo: + +--¿Cree usted eso? Pues Don Ignacio.... ¡ya mandará Dios quien me +quiera! + +Ignacio bajó la frente, abrumado por aquel grito de triunfo de la +naturaleza vencedora. Pareciole que era Lucía la personificación de la +gran madre calumniada, maldecida por él, que risueña, fecunda, próvida, +indulgente, le presentaba la vida inextinguible encerrada en su seno, y +le decía: «Tonto de pesimista, mira lo que puedes tú contra mí. Soy +eterna.» + +--No importa--murmuró él resignado y humilde--. Por lo mismo.... Yo le +serviré de padre, Lucía; yo respetaré tus sacros derechos como no los +respetará tu marido, no. Seremos tres dichosos en vez de dos... nada +más. + +Cogiola de la falda y la obligó blandamente a sentarse. + +--Hablemos así, tranquilos.... Pero, ¿por qué no quieres? Yo no te +entiendo--dijo con renovada vehemencia--. ¿No era amor, no era amor lo +que mostrabas en el camino y en Bayona? ¿No es amor venir aquí hoy... +sola... por verme? ¡Oh! no puedes defenderte.... Urdirás mil sofismas, +idearás mil sutilezas, pero.... ¡ello se ve! Mientes si lo niegas, +¿sabes? No creí que en tu inocencia cupiese el mentir. + +Alzó la frente Lucía. + +--No, Don Ignacio; diré la verdad... creo que ya es mejor que la diga, +porque tiene usted razón, he venido aquí.... Sí, señor; oígalo usted. Yo +le quiero como una loca, desde Bayona... no desde que le vi.... Ya lo +oye usted. Yo no tengo la culpa; ha sido contra mi voluntad, bien lo +sabe Dios.... Al principio creí que no era posible, que sólo me daba +usted... lástima... y así... mucho agradecimiento por sus bondades +conmigo... Creía yo que una mujer casada sólo puede querer a su +marido.... Si alguien me dijese que era esto... le insultaría, de +fijo.... Pero a fuerza de cavilar... no, yo no lo acerté, ni por +pienso.... Fue otro, fue quien conoce y entiende más que yo de los +misterios del corazón.... Mire usted, si yo supiese que era usted feliz, +me hubiera curado... y también si alguien me mostrase compasión a su +vez.... ¡Caridad! ¡Compasión!... Yo la tengo de todo el mundo... y de +mí... nadie, nadie la tiene.... Así es que.... ¿Se acuerda usted de lo +alegre que era yo? Usted aseguraba que mi presencia le traía +regocijo.... Pues... ya me he acostumbrado a pensar cosas tan negras +como usted.... Y a desear la muerte. Si no fuese por lo que espero... me +daría el mejor rato del mundo el que me pusiese donde está Pilar. Yo era +fuerte y sana.... Ya no tengo ni una hora buena. Esto ha sido como si un +rayo me abrasase toda.... Es un azote de Dios. Lo más amargo de todo es +pensar en usted... que ha de ser desdichado en este mundo, réprobo en el +otro.... + +Artegui escuchaba entre jubiloso y compadecido. + +--Entonces, Lucía...--dijo con expresión. + +--Entonces, usted que es bueno y rebonísimo, porque si no lo fuese yo no +le querría de tal modo, me va a dejar marchar... y en caso contrario, me +marcharé yo, aunque salte por la ventana. + +--¡Desdichada!--murmuró él torvamente, volviendo a su abatimiento +antiguo--. ¡Das con el pie a la felicidad! es decir, a la felicidad no, +pero al menos a su sombra, y sombra tan hermosa al fin.... + +Incorporose de pronto; sacudiéndose y retorciéndose como un león en la +agonía. + +--Dame una razón--gritó--. Si no, me mataré a tu vista. Sepa yo al menos +por qué. ¿Es por tu padre? ¿es por tu marido? ¿es por tu hijo? ¿es por +el mundo? ¿es?... + +--Es--murmuró ella bajándose y con gran dulzura--. Es... por Dios. + +--¡Dios!--gimió el pesimista--. Y si no lo hub.... + +Una mano le tapó la boca. + +--¡Duda usted aún después de que hoy, por un milagro... usted lo dijo, +por un milagro... ha preservado su vida! + +--Pero tu Dios está enojado contigo--objetó él--. Le ofendiste al +amarme; le ofendes al seguir amándome; viniendo aquí, le agraviastes +más.... + +--Con un pie en el borde del abismo para caer, con el cuerpo medio +hundido ya en las llamas del infierno... mi Dios me salva y me perdona, +si a él se convierte mi voluntad.... Ahora, ahora voy a pedirle que me +salve. + +--Y no te salvará--repuso Artegui tomándole las manos--; no te salvará, +porque adondequiera que vayas, aunque huyas de mí hasta ocultarte en el +mismo centro de la tierra, aunque te escondas en la celda de un +convento, me querrás, me adorarás, le ofenderás recordándome. No, tu +sinceridad no te permite negarlo. ¡Ah! ¡Si se pudiese querer o no, a +voluntad! pero harto te dice la conciencia que, hagas lo que hagas, yo +estaré contigo siempre... siempre. Mira: por lo mismo que te +horroriza... por lo mismo sucederá. Y te digo más: vendrá un día en que, +como hoy, desearás verme, aunque sólo sea el espacio de un segundo... y +atropellando por cuantos obstáculos se ofrezcan, y despreciando cuantas +trabas te lo impidan, vendrás a mí... a mí. + +Diciendo esto la sacudía por las muñecas, como el huracán sacude al +tierno arbusto. + +--Dios--murmuraba ella débilmente--. Dios sabe más que usted, y que yo, +y que todos.... Le pediré que me ampare, y lo hará; le conviene hacerlo; +lo hará, lo hará. + +--No--respondió Artegui con fuerza--. Sé que vendrás, que vendrás +arrastrada como la piedra, por tu peso propio, a caer en este abismo... +o en este cielo; vendrás, vendrás. Mira, estoy tan cierto de ello, que +ya no debes temer que me mate.... No quiero morir, porque sé que es la +ley de las cosas que un día vengas a mí, y ese día--que llegará--quiero +estar aún en el mundo para abrirte así los brazos. + +A no estar Lucía vuelta de espaldas a la luz, Artegui pudiera haber +visto el júbilo que se difundía por su rostro, y sus ojos que un segundo +se alzaron al cielo dando gracias. Los brazos de Artegui, abiertos +esperaban, Lucía se inclinó, y más rápida que las golondrinas, cuando al +cruzar los mares rozan el agua, apoyó un instante la cabeza en los +hombros de Artegui. + +En seguida, y con presteza no menor, fue a la mesa, y tomando el +candelero y entregándoselo a Ignacio, dijo en voz entera y tranquila: + +--Alumbre usted. + +Artegui alumbró sin pronunciar palabra. Su sangre se había enfriado de +pronto, y sólo le quedaba, de la terrible crisis, cansancio y melancolía +más profundos que nunca. Cruzaron el dormitorio, el pasillo, sin +despegar los labios. En el pasillo ya, Lucía se volvió un momento y miró +aquel rostro como si quisiera grabarlo con indelebles y fortísimos +caracteres en su retina y en su memoria. La cabeza de Artegui, alumbrada +en pleno por la luz que en la mano tenía, se destacaba sobre el fondo +obscuro del cuero estampado que cubría la pared. Era una bella cabeza, +más por la expresión y carácter que por la misma regularidad de +facciones. El negror de la barba realzaba su interesante palidez, y su +abatimiento la asemejaba a las cabezas muertas del Bautista, tan +valientes en su claro obscuro, que creó nuestra trágica escuela nacional +de pintura. También él miraba a Lucía, con tal pena y lástima, que no lo +pudo ella sufrir más, y corrió a la puerta. En el umbral, Artegui sondeó +con la mirada las profundidades del jardín. + +--¿La acompaño a usted?--dijo. + +--No pase usted de ahí... apague la luz, cierre al punto la puerta. + +Artegui ejecutó lo primero; pero antes de realizar lo segundo, murmuró +al oído mismo de Lucía: + +--En Bayona me dijiste una vez: «¿Me va usted a dejar sola?» Ahora me +toca a mí repetírtelo. Quédate.... A tiempo estás aún. Ten compasión de +mí, y de ti. + +--Porque la tengo...--replicó ella ahogándose--. Por eso.... Adiós, Don +Ignacio. + +--Hasta luego--contestó una voz perceptible apenas. La puerta se cerró. + +Lucía miró al cielo, en que brillaban las estrellas, y sintió un frío +agudo. Arrodillose en el vestíbulo, y apoyó la cara contra la puerta. En +aquel momento se acordaba de una circunstancia pueril; la puerta estaba +por dentro forrada de brocado rojo obscuro, de los tonos mates del +cuero. No supo por qué recordaba tal detalle; pero suele ocurrir así; en +momentos semejantes, acuden ideas que ninguna importancia tienen ni +guardan conexión alguna con los acontecimientos decisivos que están +pasando. + +Miranda había salido aquella tarde a dar una vuelta, para despejarse, +decía él, la cabeza. Cuando volvió al hotel subió a la cámara mortuoria, +y allí halló a Juanilla, transida de miedo y de cansancio, velando a la +difunta. La criada le dijo, en son de queja, que la señorita Lucía le +había encargado velar un rato, pero que el rato era ya muy largo, +larguísimo, y que ella no podía más. Por el espíritu suspicaz de Miranda +no cruzó ni sombra de recelo entonces, y dijo con naturalidad: + +--La señorita se habrá ido a dormir; está muy cansada... pero vete, +chica que yo enviaré a Sardiola. + +Así lo hizo, en efecto, y oyendo en seguida la campana que llamaba a la +mesa redonda, bajó al comedor, sintiendo aquel día excelente apetito, +cosa no cotidiana en su enervado estómago. Faltaba aún, para que +sirviesen la sopa, los sacramentales segundos y tercer toque. Había +grupos de huéspedes que conversaban esperando; la mayor parte hablaban +de la muerte de Pilar en voz queda, por consideración a Miranda, a quien +conocían; sólo un núcleo de tres o cuatro navarros y vascongados +platicaban de recio, por ser el asunto de su conversación de aquellos +que no encierran misterio alguno. No obstante, de tal manera fijó la +atención de Miranda lo que decían, que inmóvil y vuelto todo oídos, no +respiraba casi. A los diez minutos de escuchar supo cuanto saber no +quisiera: que Artegui estaba en París, que vivía en la casa de al lado, +que se podía pasar a su domicilio por el jardín, puesto que uno de los +vascongados declaraba haber lo hecho aquella mañana con objeto de +visitarle.... El camarero que cruzaba a la sazón con una bandeja llena +de platos de humeante sopa, indicó a Miranda que podía sentarse, y él en +vez de oírle, tomó escalera arriba como un frenético, y entró sin +respeto alguno en la cámara mortuoria. + +--¿Dónde está la señorita Lucía?--preguntó brutalmente a Sardiola, que +velaba. + +--No sé...--El fiel perro alzó los ojos y contempló las facciones +descompuestas del marido, y una intuición rápida le dijo docenas de +cosas. Miranda salió como un cohete, y recorrió las habitaciones +llamando a Lucía a gritos. Silencio profundo. Entonces resueltamente +salió al balcón, y bajó al jardín. + +Un bulto negro descendía las escaleras del vestíbulo de casa de Artegui. +A la luz de los astros, y a la de los lejanos faroles de la calle, se +advertía su vacilante andar, y a las manos que frecuentemente llevaba a +su rostro. Miranda esperó, esperó como el cazador en acecho. El bulto +iba acercándose. De pronto salió de entre un seto de arbustos un hombre +y se oyó una imprecación soez, que traducida al lenguaje de las personas +beneparlantes pudiera sonar así: + +--¡Mala mujer! + +Hubo ademanes violentos, y un cuerpo cayó.... Llegaba en esto corriendo +otra figura humana, que venía también del hotel por la escalera, e +interponiéndose, se inclinó para recoger a Lucía. Miranda accionaba, y +con voz ronca, estrangulada y tartajosa de rabia, decía, dando al diablo +todo su porte cortesano: + +--Fuera de ahí, so tío... so entrometido.... ¿usted que... qué tiene que +ver?... Yo la abo... la abofeteo, porque pu... pu... puedo y me da la +gana.... Soy su marido. Si no se va usted, le parto por la mitad... le +abro en canal.... + +A ser Sardiola alguna pared de cal y canto, atendiera más a las +invectivas de Miranda de lo que lo hizo. Con soberana indiferencia y +fuerza hercúlea cargó en sus hombros el bello bulto inanimado, y +separando al marido de un vigoroso empujón, tomó escalera arriba, no +parando hasta depositar la preciosa carga en un sofá de la estancia +mortuoria. Tras él entró el energúmeno, pero se contuvo algo al ver la +actitud briosa y los centelleantes ojos del ex voluntario carlista, que +con su cuerpo hacía parapeto al de la desmayada. + +--Si no se va usted...--aulló Miranda tendiendo los puños. + +--¡Irme!--contestó Sardiola apaciblemente--. ¡Bueno es irme! ¡Para que +usted la ahogue, y se quede tan fresco! ¡mal hombre! vergüenza debiera +darle a usted tocar al pelo de la ropa a la señorita. + +--Pero usted.... ¿qué autoridad tiene aquí?... ¿quién le mete?... y la +cabeza iracunda de Miranda tenía un temblor senil.... Váyase +usted--gritó con renovado furor, o buscaré un arma--. Los ojos +inyectados del marido recorrieron la estancia, hasta tropezar con el +cadáver, que conservaba ante aquella escena su vaga sonrisa fúnebre. +Sardiola, entretanto, metiendo la mano en el bolsillo de su chaleco, +sacó una mediana faca, de picar tabaco sin duda, y la arrojó a los pies +de su adversario. + +--Tome usted--dijo con ese garbo caballeresco que tan frecuentemente se +halla en la plebe española... a mí me ha dado Dios buenos puños. + +Quedose Miranda indeciso un punto, y volviendo a aullar, derramó a +borbotones su ira, exclamando: + +--Mire usted que la cogeré... la cogeré.... Váyase usted, no me tiente +la paciencia.... + +--Cójala usted--replicó Sardiola risueño de puro desdeñoso... a ver cómo +se lucen esos ánimos... porque pensar que he de irme yo... a no ser que +la misma señorita me lo mandase.... + +--Vete, Sardiola--dijo una débil voz desde el sofá; y Lucía abrió los +ojos, y clavó su mirada en el camarero, con reconocimiento y autoridad. + +--Pero señorita, eso de irme, y.... + +--Vete, digo.--Y Lucía se incorporó, tranquila en apariencia: Miranda +oprimía en la diestra la faca. Sardiola, arrojándose a él, se la +arrebató, y tomando desesperada resolución, salió al pasillo gritando: +«Socorro, socorro; se ha puesto mala la señorita». Diose de manos a boca +con dos personas que subían la escalera, y que al oírle se precipitaron +en la estancia mortuoria. Eran el Padre Arrigoitia y Duhamel, el médico. +Hallaron un grupo extraño: al pie de la cama en que yacía la muerta, una +mujer tendía las mano s para amparar sus flancos y su seno de los golpes +que le descargaba, a puño cerrado, un hombre.... Con vigor no presumible +en su endeble cuerpo de cañaheja, interpúsose el Padre Arrigoitia, +atrapando, si las crónicas no mienten, algún sopapo en la venerable +tonsura; y a su vez Duhamel, emulando con científico valor el arresto +del jesuita, cogió del brazo al furioso, logrando pararle.... Lástima +grande que no fuese posible a ningún taquígrafo estenografiar el donoso +y elocuente discurso que en chapurradísima ensalada +franco-luso-brasileña dirigió el buen doctor a Miranda, con el fin de +demostrarle cuán bárbaro y cruel era eso de aporrear a una _menina_ que +está en las circunstancias de Lucía.... Miranda oía con rostro cada vez +más torvo, mientras el Padre Arrigoitia prodigaba a la maltratada mujer +cuidados y consuelos afectuosísimos. De pronto el marido se encaró con +el médico, y preguntándole broncamente: + +--¿Dice usted... que esa mujer está encinta? Lo ha dicho usted. + +--_Sim_--contestó Duhamel meneando la cabeza afirmativamente, con +rítmica precisión. + +--¿De cuántos meses? + +--_Acrescento_ que de cuatro. _O tempo_ justo que hará que se casó.... + +Miranda tendió la vista por todos lados, hincó sus pupilas en su mujer, +en el jesuita, en el doctor.... Después cogió a estos dos de la mano y +les rogó tartamudeando, que le concediesen una conferencia de algunos +minutos. Pasaron a la habitación inmediata, y Lucía quedó sola con el +cadáver. Pudo creer que era terrible pesadilla todo lo ocurrido. El +balcón, abierto, dejaba ver las obscuras masas del arbolado del jardín; +las estrellas brillaban convidando a dulces meditaciones; ardían los +cirios ante Pilar, y en la fachada de Artegui se veía luz al través de +unas cortinas.... Bajar diez escalones, y encontrarse en el jardín; +atravesar el jardín, y encontrarse sobre un pecho amante que para ella +era cera suavísima, acero para sus enemigos.... ¡Horrible tentación! +Lucía se apretaba el corazón con las manos, se hincaba las uñas en el +pecho.... Uno de los golpes recibidos le dolía mucho; era en la +clavícula, y parecíale como si tuviese allí un tornillo que le +retorciera los músculos para que estallasen. Si Artegui se presentase +entonces.... Llorar, llorar con la cabeza apoyada en sus hombros.... Al +fin se acordó de una oración, que le había enseñado el Padre Urtazu, y +dijo: «Dios mío, por vuestra Cruz, dadme paciencia, paciencia». Estuvo +largo rato repitiendo entre gemidos: «paciencia». + +El Padre Arrigoitia se presentó al fin, solo. Su frente ebúrnea venía +cubierta de arrugas y sombras. Hablaron largo rato Lucía y él, en el +balcón, sin sentir el frío, que era más que mediano. Lucía abrió por fin +ancho cauce al dolor. + +--Ya ve usted si yo mentiría... ahí, delante de ese cadáver.... Ahora +mismo pudiera marcharme con él, Padre... y si Dios no estuviese en el +cielo.... + +--Pero está, está... y nos mira...--respondía el jesuita acariciándole +afablemente las manos heladas--. Basta de delirio.... ¿No ve usted cómo +empieza ya a castigarla? Inocente es usted de lo que la imputa el señor +don Aurelio, y, sin embargo, su atroz sospecha... tiene, tiene +apariencias de fundamento... porque usted misma se las ha dado, yendo +hoy a casa de ese hombre.... La castiga a usted Dios en lo que más +quiere; en ese angelito que no vino aún al mundo.... + +Lucía sollozó amargamente. + +--Vamos, ánimo, pobrecita, hijita mía... siguió el padre espiritual cada +vez más meloso y consolador. Y ¡por Dios y su madre santa! A España, a +España mañana mismo. + +--¿Con él?--preguntó Lucía horrorizada. + +--Él hace sus maletas para tomar el tren de la noche.... Se va a +Madrid... La deja a usted.... Si usted quisiera arrojarse a sus pies, y +con humildad y arrepentimiento.... + +--Eso no, padre...--gritó la altiva castellana--. Creerá que soy lo que +él me llama.... No, no.--Y con más blandura, añadió--: Padre, hoy me he +portado como buena, pero estoy rendida..., no me pida hoy más. Fáltanme +ya las fuerzas.... Piedad, Señor, piedad. + +--Pido, sí, pido por amor de Jesucristo... que mañana mismo se vaya +usted a España.... No me aparto de usted hasta dejarla en el tren.... +Váyase usted, hija querida, con su padre. ¿No ve usted que tengo razón? +Qué creerá su marido de usted si se queda usted aquí... pared por +medio... usted es demasiado discreta y buena para intentarlo siquiera. +¡Por esa criaturita! Que su padre se persuada.... porque se persuadirá +con el tiempo y su conducta de usted.... ¡Ah! ¡No separe el hombre lo +que Dios ha unido! Él volverá, volverá al lado de su esposa..., no lo +dude usted. Hoy en su cólera... se dejó arrastrar... pero mañana.... + +Sollozos más hondos y desgarradores fueron la respuesta. + +El Padre Arrigoitia estrechó cariñosamente las manos de la afligida. + +--¿Me promete usted...?--murmuró con ardiente súplica, con la autoridad +toda de su voz, acostumbrada a mandar en los espíritus. + +--Sí, respondió Lucía.... Me iré mañana... pero déjeme ahora +desahogar..., me muero. + +--Llore usted--contestó el jesuita--. Ensanche ese corazón. Yo rezaré +entretanto. + +Y entrando de nuevo en la estancia, arrodillose al lado del lecho +mortuorio, sacó su breviario, y a la luz parpadeante de los blandones, +fue leyendo en voz alta, compuesta y grave, las cláusulas melancólicas +del oficio de difuntos. + + * * * * * + +Más de dos semanas dio pasto a las lenguas ociosas de León el singular +suceso de la llegada de Lucía González, sola, triste, desmejorada y +encinta, a la casa paterna. Inventáronse mentiras como castillos para +explicar el misterio de su vuelta, el retiro en que se dio a vivir, la +tremenda pesadumbre que nublaba el rostro del tío Joaquín González, la +desaparición del marido, y tantas y tantas cosas que a escándalo y drama +conyugal transcendían. Como suele suceder en casos análogos, rodaron +algunos adarmes de verdad envueltos en arrobas de patrañas, y algo se +dijo que no iba del todo fuera de camino; mas por falta de datos +secretos que enlazara los conocidos, anduvo a tropezones el juicio del +público, y allí caigo, y aquí me levanto, acabó por extraviarse del +todo. Bien se colige que los despellejadores de oficio hicieron el suyo +con diligencia y afán extremado, y quién censuró al maduro pisaverde que +buscaba novia de pocos años, quién al padre vanidoso y majadero, que +sacrificaba a su hija por afán de hacerla dama, quién a la niña loca +que.... En suma, pusieron ellos tantas moralejas a la historia de Lucía, +que yo creo poder eximirme de añadir ninguna. Lo que con más empeño +criticó la gente, fue este moderno requisito del VIAJE DE NOVIOS, +costumbre extranjerizada y vitanda, buena sólo para engendrar disturbios +y horrores de todo linaje. Sospecho que con el triste ejemplo de Lucía, +tradicionalmente conservado y repetido a las niñas casaderas en lo que +resta de siglo, no habrá desposados leoneses que osen apartarse de su +hogar un negro de uña, al menos en los diez primeros años de matrimonio. + +_Marzo, 1881_ + +Recuérdese la fecha de este Prefacio. + + + + + +End of Project Gutenberg's Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS *** + +***** This file should be named 17406-8.txt or 17406-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/7/4/0/17406/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Un viaje de novios + +Author: Emilia Pardo Barzán + +Release Date: December 28, 2005 [EBook #17406] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +</pre> + + +<hr style="width: 100%;" /> + +<h1>Un viaje de novios</h1> + +<h2>Por</h2> + +<h1>Emilia Pardo Bazán</h1> + +<h3>Pueyo</h3> +<h3>Madrid</h3> +<h3>1919</h3> + +<hr style="width: 100%;" /> +<table summary="capitulos"><tr><td> +<a href="#Prefacio"><b>Prefacio</b></a> +<a href="#I"><b>-I-,</b></a> +<a href="#II"><b>-II-,</b></a> +<a href="#III"><b>-III-,</b></a> +<a href="#IV"><b>-IV-,</b></a> +<a href="#V"><b>-V-,</b></a> +<a href="#VI"><b>-VI-,</b></a> +<a href="#VII"><b>-VII-,</b></a> +<a href="#VIII"><b>-VIII-,</b></a> +<a href="#IX"><b>-IX-,</b></a> +<a href="#X"><b>-X-,</b></a> +<a href="#XI"><b>-XI-,</b></a> +<a href="#XII"><b>-XII-,</b></a> +<a href="#XIII"><b>-XIII-,</b></a> +<a href="#XIV"><b>-XIV-</b></a></td></tr> +</table> +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="Prefacio" id="Prefacio"></a>Prefacio</h2> + + +<p>En Septiembre del pasado año 1880, me ordenó la ciencia médica beber las +aguas de Vichy en sus mismos manantiales, y habiendo de atravesar, para +tal objeto, toda España y toda Francia, pensé escribir en un cuaderno +los sucesos de mi viaje, con ánimo de publicarlo después. Mas acudió al +punto a mi mente el mucho tedio y enfado que suelen causarme las +híbridas obrillas viatorias, las «Impresiones» y «Diarios» donde el +autor nos refiere sus éxtasis ante alguna catedral o punto de vista, y a +renglón seguido cuenta si acá dio una peseta de propina al mozo, y si +acullá cenó ensalada, con otros datos no menos dignos de pasar a la +historia y grabarse en mármoles y bronces. Movida de esta consideración, +resolvime a novelar en vez de referir, haciendo que los países por mí +recorridos fuesen escenario del drama.</p> + +<p>Bastaría con lo dicho para prólogo y antecedentes de mi novela, que más +no exige ni merece; pero ya que tengo la pluma en la mano, me entra +comezón de tocar algunos puntos, si no indispensables, tampoco +impertinentes aquí. A quien parezcan enojosos, queda el fácil arbitrio +de saltarlos y pasar sin demora al primer capítulo de UN VIAJE DE +NOVIOS, y plegue a Dios no se el antoje después peor que la enfermedad +el remedio.</p> + +<p>Tiene cada época sus luchas literarias, que a veces son batallas en toda +la línea—como la empeñada entre clasicismo y romanticismo—y otras se +concretan a un terreno parcial. O mucho me equivoco o este terreno es +hoy la novela y el drama, y en el extranjero, la novela sobre todo. +Reina en la poesía lírica, por ejemplo, libertad tal, que raya en +anarquía, sin que nadie de ello se espante, mientras la escuela de +noveladores franceses que enarbolan la bandera realista o naturalista, +es asunto de encarnizada discusión y suscita tan agrias censuras como +acaloradas defensas. Sus productos recorren el globo, mal traducidos, +peor arreglados, pero con segura venta y número de ediciones +incalculable. Es de buen gusto horrorizarse de tales engendros, y +certísimo que el que más se horroriza no será por ventura el que menos +los lea. Para el experto en cuestiones de letras, todo ello indica algo +original y característico, fase nueva de un género literario, un signo +de vitalidad, y por tal concepto, más reclama detenido examen que +sempiterno desprecio o ciego encomio.</p> + +<p>De la pugna surgió ya algún principio fecundo, y tengo por importante +entre todos el concepto de que la novela ha dejado de ser mero +entretenimiento, modo de engañar gratamente unas cuantas horas, +ascendiendo a estudio social, psicológico, histórico, pero al cabo +estudio. Dedúcese de aquí una consecuencia que a muchos sorprenderá: a +saber, que no son menos necesarias al novelista que las galas de la +fantasía, la observación y el análisis. Porque en efecto, si reducimos +la novela a fruto de lozana inventiva, pararemos en proponer como ideal +del género las <i>Sergas de Esplandián</i> o las <i>Mil y una noches</i>. En el +día—no es lícito dudarlo—la novela es traslado de la vida, y lo único +que el autor pone en ella, es su modo peculiar de ver las cosas reales: +bien como dos personas, refiriendo un mismo suceso cierto, lo hacen con +distintas palabras y estilo. Merced a este reconocimiento de los fueros +de la verdad, el realismo puede entrar, alta la frente, en el campo de +la literatura.</p> + +<p>Puesto lo cual, cumple añadir que el discutido género francés novísimo +me parece una dirección realista, pero errada y torcida en bastantes +respectos. Hay realismos de realismos, y pienso que a ese le falta o más +bien le sobra algo para alardear de género de buena ley y durable +influjo en las letras. El gusto malsano del público ha pervertido a los +escritores con oro y aplauso, y ellos toman por acierto suyo lo que no +es sino bellaquería e indelicadeza de los lectores. No son las novelas +naturalistas que mayor boga y venta alcanzaron, las más perfectas y +reales; sino las que describen costumbres más licenciosas, cuadros más +libres y cargados de color. ¿Qué mucho que los autores repitan la dosis? +Y es que antes se llega a la celebridad con escándalo y talento, que con +talento solo; y aun suple a veces al talento el escándalo. Zola mismo lo +dice: el número de ediciones de un libro no arguye mérito, sino éxito.</p> + +<p>No censuro yo la observación paciente, minuciosa, exacta, que distingue +a la moderna escuela francesa: desapruebo como yerros artísticos, la +elección sistemática preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados, +la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, más que +todo, un defecto en que no sé si repararon los críticos: la perenne +solemnidad y tristeza, el ceño siempre torvo, la carencia de notas +festivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea. Para mí es +Zola el más hipocondriaco de los escritores habidos y por haber; un +Heráclito que no gasta pañuelo, un Jeremías que así lamenta la pérdida +de la nación por el golpe de Estado, como la ruina de un almacén de +ultramarinos. Y siendo la novela, por excelencia, trasunto de la vida +humana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, lágrimas y +risas, el fondo de la eterna tragicomedia del mundo.</p> + +<p>Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el puñal y el +veneno de la escuela romántica, pero, en cambio, sacan a la escena una +cara de viernes mil veces más indigesta.</p> + +<p>¡Oh, y cuán sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional, +tradición gloriosísima del arte hispano! ¡Nuestro realismo, el que ríe y +llora en la <i>Celestina</i> y el <i>Quijote</i>, en los cuadros de Velázquez y +Goya, en la vena cómico-dramática de Tirso y Ramón de la Cruz! ¡Realismo +indirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiración; +no desdeñoso del idealismo, y gracias a ello, legítima y profundamente +humano, ya que, como el hombre, reúne en sí materia y espíritu, tierra y +cielo! Si considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la +literatura apenas produce a los que la cultivan un mendrugo de amargo +pan, cuando apenas hay público que lea ni aplauda, todavía nos adornan +novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en +perspicacia observadora van en zaga a sus compañeros de Francia e +Inglaterra (países donde el escribir buenas novelas es profesión, a más +de honrosa, lucrativa), enorgullézcome de las ricas facultades de +nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que logran los +ingenios de España, y me abochorna la preferencia vergonzosa que tal vez +concede la multitud a rapsodias y versiones pésimas de Zola, habiendo en +España Galdós, Peredas, Alarcones y otros más que omito por no alargar +la nomenclatura.</p> + +<p>Si a algún crítico ocurriese calificar de realista esta mi novela, como +fue calificada su hermana mayor <i>Pascual López</i>, pídole por caridad que +no me afilie al realismo transpirenaico, sino al nuestro, único que me +contenta y en el cual quiero vivir y morir, no por mis méritos, si por +mi voluntad firme. Tanto es mi respeto y amor hacia nuestros modelos +nacionales, que acaso por mejor imitarlos y empaparme en ellos, di a +<i>Pascual López</i> el sabor arcaico, ensalzado hasta las nubes por la +benevolencia de unos, por otros censurado; pero, en mi humilde parecer, +no del todo fuera de lugar en una obra que intenta—en cuanto es posible +en nuestros días, y en cuanto lo consiente mi escaso ingenio—recordar +el sazonadísimo y nunca bien ponderado género picaresco. No tendría +disculpa si emplease el mismo estilo en UN VIAJE DE NOVIOS, de índole +más semejante a la de la moderna novela llamada de costumbres.</p> + +<p>Aun pudiera curarme en salud, vindicándome anticipadamente de otro cargo +que tal vez me dirija algún malhumorado censor. Hay quien cree que la +novela debe probar, demostrar o corregir algo, presentando al final +castigado el vicio y galardonada la virtud, ni más ni menos que en los +cuentecicos para uso de la infancia. Exigencia es esta a que no están +sujetos pintores, arquitectos ni escultores: que yo sepa, nadie puso +tacha a Velázquez porque de sus <i>Hilanderas</i> o sus <i>Niños bobos</i> no +resulte lección edificante alguna. Sólo al mísero escritor entregan +férula y palmeta a fin de que vapulee a la sociedad, pero con tal +disimulo, que ésta haya de tomar los disciplinazos por caricias, y +enmendarse a puros entretenidos azotes. Yo de mí sé decir que en arte me +enamora la enseñanza indirecta que emana de la hermosura, pero aborrezco +las píldoras de moral rebozadas en una capa de oro literario. Entre el +impudor frío y afectado de los escritores naturalistas y las homilías +sentimentales de los autores que toman un púlpito en cada dedo y se van +por esos trigos predicando, no escojo; me quedo sin ninguno. Podrá este +mi criterio parecer a unos laxo, a otros en demasía estrecho: a mí me +basta saber que, prácticamente, lo profesaron Cervantes, Goethe, Walter +Scott, Dickens, los príncipes todos de la romancería.</p> + +<p>Y perdóname, lector benigno, que a tan ilustres personajes haya traído +de los cabellos con ocasión de mis insignificantes escritos. Por ventura +suele la vista de una charca recordar el Océano; mas la charca, charca +se queda. Harto se lo sabe ella, y bien le pesa de su pequeñez; pero no +la hizo Dios más grande, por lo cual echará mano de la resignación que a +ti te desea, si has de recorrer estas páginas.</p> + +<p class="derecha">EMILIA PARDO BAZÁN</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="Un_viaje_de_novios" id="Un_viaje_de_novios"></a>Un viaje de novios</h2> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2> + + +<p>Que la boda no era de gentes del gran mundo, conocíase a tiro de +ballesta, a la primer ojeada. No hay duda que los desposados podían +alternar con la más selecta sociedad, al menos por su aspecto exterior; +pero la mayoría del acompañamiento, el coro, pertenecía a la clase +media, en el límite en que casi se funde con la masa popular. Había +grupos curiosos y dignos de examen, ofreciendo el andén de la estación +de León golpe de vista muy interesante para un pintor de género y +costumbres.</p> + +<p>Ni más ni menos que en los países de abanico cuyas mitológicas pinturas +representan nupcias, se notaba allí que el séquito de la novia lo +componían hembras, y sólo individuos del sexo fuerte formaban el del +novio. Advertíase asimismo gran diferencia entre la condición social de +uno y otro cortejo. La escolta de la novia, mucho más numerosa, parecía +poblado hormiguero: viejas y mozas llevaban el sacramental traje de +negra lana, que viene a ser como uniforme de ceremonia para la mujer de +clase inferior, no exenta, sin embargo, de ribetes señoriles: que el +pueblo conserva aun el privilegio de vestirse de alegres colores en las +circunstancias regocijadas y festivas. Entre aquellas hormigas humanas +habíalas de pocos años y buen palmito, risueñas unas y alborotadas con +la boda, otras quejumbrosicas y encendidos los ojos de llorar, con la +despedida. Media docena de maduras dueñas las autorizaban, sacando de +entre el velo del manto la nariz, y girando a todas partes sus pupilas +llenas de experiencia y malicia. Todo el racimo de amigas se apiñaba en +torno de la nueva esposa, manifestando la pueril y ávida curiosidad que +despierta en las multitudes el espectáculo de las situaciones supremas +de la existencia. Se estaban comiendo a miradas a la que mil veces +vieran, a la que ya de memoria sabían: a la novia, que con el traje de +camino se les figuraba otra mujer, diversísima de la conocida hasta +entonces. Contaría la heroína de la fiesta unos diez y ocho años: +aparentaba menos, atendiendo al mohín infantil de su boca y al redondo +contorno de sus mejillas, y más, consideradas las ya florecientes curvas +de su talle, y la plenitud de robustez y vida de toda su persona. Nada +de hombros altos y estrechos, nada de inverosímiles caderas como las que +se ven en los grabados de figurines, que traen a la memoria la muñeca +rellena de serrín y paja; sino una mujer conforme, no al tipo +convencional de la moda de una época, pero al tipo eterno de la forma +femenina, tal cual la quisieron natura y arte. Acaso esta superioridad +física perjudicaba un tanto al efecto del caprichoso atavío de viaje de +la niña: tal vez se requería un cuerpo más plano, líneas más duras en +los brazos y cuello, para llevar con el conveniente desenfado el traje +semimasculino, de paño marrón, y la toca de paja burda, en cuyo casco se +posaba, abiertas las alas, sobre un nido de plumas, tornasolado colibrí. +Notábase bien que eran nuevas para la novia tales extrañezas de ropaje, +y que la ceñida y plegada falda, el casaquín que modelaba exactamente su +busto le estorbaban, como suele estorbar a las doncellas en el primer +baile la desnudez del escote: que hay en toda moda peregrina algo de +impúdico para la mujer de modestas costumbres. Además, el molde era +estrecho para encerrar la bella estatua, que amenazaba romperlo a cada +instante, no precisamente con el volumen, sino más bien con la libertad +y soltura de sus juveniles movimientos. No se desmentía en tan lucido +ejemplar la raza del recio y fornido anciano, del padre que allí se +estaba derecho, sin apartar de su hija los ojos. El viejo, alto, recto y +firme, como un poste del telégrafo, y un jesuita bajo y de edad mediana, +eran los únicos varones que descollaban entre el consabido hormiguero +femenil.</p> + +<p>Al novio le rodeaban hasta media docena de amigos: y si el séquito de la +novia era el eslabón que une a clase media y pueblo, el del novio tocaba +en esa frontera, en España tan indeterminada como vasta, que enlaza a la +mesocracia con la gente de alto copete. Cierta gravedad oficial, la tez +marchita y como ahumada por los reverberos, no sé qué inexplicable matiz +de satisfacción optimista, la edad tirando a madura, signos eran que +denotaban hombres llegados a la meta de las humanas aspiraciones en los +países decadentes: el ingreso en las oficinas del Estado. Uno de ellos +llevaba la voz, y los demás le manifestaban singular deferencia en sus +ademanes. Animaba aquel grupo una jovialidad retozona, contenida por el +empaque burocrático: hervía también allí la curiosidad, menos ingenua y +descarada, pero más aguda y epigramática que en el hormiguero de las +amigas. Había discretos cuchicheos, familiaridades de café indicadas por +un movimiento o un codazo, risas instantáneamente reprimidas, aires de +inteligencia, puntas de puros arrojadas al suelo con marcialidad, brazos +que se unían como en confidencia tácita. La mancha clara del sobretodo +gris del novio se destacaba entre las negras levitas, y su estatura +aventajada dominaba también las de los circunstantes. Medio siglo menos +un lustro, victoriosamente combatido por un sastre, y mucho aliño y +cuidado de tocador; las espaldas queriendo arquearse un tanto sin +permiso de su dueño; un rostro de palidez trasnochadora, sobre el cual +se recortaban, con la crudeza de rayas de tinta, las guías del engomado +bigote; cabellos cuya raridad se advertía aún bajo el ala tersa del +hongo de fieltro ceniza; marchita y abolsada y floja la piel de las +ojeras; terroso el párpado y plúmbea la pupila, pero aún gallarda la +apostura y esmeradamente conservados los imponentes restos de lo que +antaño fue un buen mozo, esto se veía en el desposado. Quizás ayudaba el +mismo primor del traje a patentizar la madurez de los años: el luengo +sobretodo ceñía demasiado el talle, no muy esbelto ya; el fieltro, +ladeado gentilmente, pedía a gritos las mejillas y sienes de un mancebo. +Pero así y todo, entre aquella colección de vulgares figuras de +provincia, tenía la del novio no sé qué tufillo cortesano, cierto +desenfado de hombre hecho a la vida ancha y fácil de los grandes +centros, y la soltura de quien no conoce escrúpulos, ni se para en +barras cuando el propio interés está en juego. Hasta se distinguía del +grupo de sus amigos, por la reserva de buen género con que acogía las +insinuaciones y bromas <i>sotto voce</i>, tan adecuadas al carácter +mesocrático de la boda.</p> + +<p>Anunciaba ya la máquina con algún silbido la próxima marcha; acelerábase +en el andén el movimiento que la precede, y temblaba el suelo bajo la +pesadumbre de los rodantes camiones, cargados de bultos de equipaje. +Oyose por fin el grito sacramental de los empleados. Hasta entonces las +gentes de la despedida habían conversado en voz queda, +confidencialmente, por parejas: el cercano desenlace pareció +reanimarlas, desencantarlas, mudando la escena en un segundo. Corrió la +novia a su padre, abiertos los brazos, y el viejo y la niña se +confundieron en un abrazo largo, verdadero, popular, abrazo en que +crujían los huesos y el aliento se acortaba. Salían de las bocas, casi +unidas, entrecruzadas y rápidas frases.</p> + +<p>—Que escribas... cuidado me llamo... todos los días, ¿eh? No bebas agua +fría cuando estés sudando.... Tu marido lleva dinero... pedid más si se +acaba.</p> + +<p>—No se aflija usted, señor.... Yo haré por volver pronto.... Cuídese +usted mucho, por Dios... atienda usted al asma.... Vaya usted de tiempo +en tiempo a ver al señor de Rada.... Si tiene usted algo, un telegrama +volando.... ¿Palabra de honor?</p> + +<p>Después vinieron los apretones, los besucones, los pucheros del +acompañamiento femenino, y el último encargo, y el último deseo....</p> + +<p>—Dios os haga dichosos... como patriarcas....</p> + +<p>—San Rafael te acompañe, hija.</p> + +<p>—¡Quién como tú, chica!, ¡a Francia en un vuelo!</p> + +<p>—No te olvides de mi abrigo.... ¿Van en el mundo las medias? +¿Confundirás los hilos?</p> + +<p>—Mira que las tiras bordadas no sean de ojales, que de esas ya las hay +por acá.</p> + +<p>—Abre bien esos ojazos, míralo todito, ¡y después nos contarás cada +cosa!...</p> + +<p>—Padre Urtazu—dijo la desposada llegándose al que su negra faja +declaraba por jesuita, y, asiéndole la mano, sobre la cual cayeron a un +tiempo sus labios y dos lágrimas, claras como agua—, pida usted a Dios +por mí....</p> + +<p>Y acercándose más, añadió bajito:</p> + +<p>—Que si papá tiene algo, me lo avise usted, usted ¿verdad? Yo le +enviaré a usted las señas de todas partes donde nos detengamos.... No me +lo descuide usted; ¿irá usted de vez en cuando a ver cómo lo pasa? Se +queda el pobre tan solito....</p> + +<p>Alzó el jesuita la cabeza y fijó en la niña sus ojos levemente bizcos, +como son los de las personas hechas a concentrar y sujetar la mirada. Y +con la vaga sonrisa distraída de las gentes meditabundas, y en el propio +tono confidencial:</p> + +<p>—Vete en paz, y Dios Nuestro Señor te acompañe, que es buen +acompañante—contestó—. Ya he rezado por ti el itinerario, para que +volvamos tan sanos y satisfechos.... Acuérdate de lo que te avisé, +chiquilla; ahora ya somos, como quien dice, una señora casada y de +respeto; y aunque nos parece que todo se va a volver florecicas y mieles +en el nuevo estado, y nos largamos por esos mundos a echar canas al aire +y divertirnos.... ¡cuidadito, cuidadito!, puede que donde menos se +piense salte la liebre, y tengamos rabietas, y pruebecitas y trabajos +que no tuvimos de niños.... No ser tonta entonces.... ¿eh? Ya sabemos +que Aquel que anda por allá arriba moviendo aquellas estrellas tan +preciosas, es el único que nos entiende y nos consuela cuando a Él le +parece... mira, en vez de tanto trapo como has metido en las maletas, +mete paciencia, ¡chiquilla! mete paciencia. Es mejor aún que el árnica y +los emplastos...; si a quien era tan grande le hizo falta para aguantar +aquella cruz, tú que eres chiquitita....</p> + +<p>Durara aún la homilía, acompañada de blandos golpecitos en los hombros, +a no interrumpirla la trepidación del tren, brusca como la realidad. +Produjose confusión momentánea. Se apresuró el novio a despedirse de +todo el mundo con cierta llaneza cordial, donde ojos expertos podían +advertir matices de afectación y superioridad protectora. Al suegro +abrazó con un solo abrazo, y recostole en el hombro la mano, pulcramente +calzada con guante de castor, color bronce.</p> + +<p>—Escriba usted si se enferma la chica—suplicó con paternal angustia, +preñado de lágrimas los ojos, el viejo.</p> + +<p>—Pierda usted cuidado, señor Joaquín..., ¡no hay que afectarse, vamos!, +cuenta con esa salud.... Adiós, Mendoya, adiós, Santián.... Gracias, +gracias. Señor gobernador de la provincia, a mi vuelta, reclamo esas +ofrecidas botellas de Pedro Jiménez.... ¡No se haga usted el olvidadizo! +Lucía, hay que subirse: el tren andará en seguida, y las señoras no +pueden....</p> + +<p>Y con ademán cortés y discreto ayudó a subir a la novia, empujándola +levemente por el talle. Después saltó él, sin casi apoyarse en el +estribo, arrojando antes el puro a medio fumar.</p> + +<p>Ya oscilaba la férrea culebra cuando él penetró en el departamento, +cerrando la portezuela tras de sí. El compasado balance fue +acelerándose, y el tren completo cruzó ante las gentes de la despedida, +dejándoles en los ojos confusos torbellino de líneas, de colores, de +números, la visión rápida de las cabezas asomadas a todas las +ventanillas. Algún tiempo se distinguió la cara de Lucía, sofocada y +bañada en llanto, y su pañuelo que se agitaba, y oyose su voz diciendo: +Adiós, papá..., padre Urtazu, adiós, adiós.... Rosario.... Carmen..., +abur.... Al fin se perdió todo en la distancia, la escamosa sierpe del +tren revelose a lo lejos por una mancha obscura, luego por desmadejado +penacho de turbio vapor, que presto se disipó también en el ambiente. +Más allá del andén, extrañamente silencioso ya, resplandecía el cielo +claro, de acerado azul; se extendían monótonas las interminables +campiñas; los rieles señalaban como arrugas en la árida faz de la +tierra. Un gran silencio pesaba sobre la estación. Quedáronse inmóviles +los acompañantes, como sobrecogidos por el aturdimiento de la ausencia. +Fueron los amigos del novio los primeros en moverse y hablar. Se +despidieron del padre con rápidos apretones de mano y frases triviales +de sociedad, un tanto descuidadas en la forma, como dirigidas de +superior a inferior; tras de lo cual, el pelotón entero tomó el camino +de la ciudad, reanudando la broma y algazara.</p> + +<p>Por su parte, el séquito de la novia empezó a animarse también, y a +vueltas de algún suspiro y de limpiarse los ojos con los pañuelos y aun +con el dorso de la mano, fueron rebullendo los grupos de hormigas +negras, con ánimo de abandonar el andén. La incontrastable fuerza de los +hechos las empujaba a la vida real. Hasta el padre sacudió la cabeza, +alzó con elocuente resignación los hombros, y rompió el primero a andar. +A su lado iba el jesuita, que estiraba su corta estatura para hablarle, +sin conseguir, a pesar de sus laudables esfuerzos, que el cerquillo de +su corona pasase más allá de los atléticos hombros del viejo afligido.</p> + +<p>—¡Vaya, señor Joaquín—decía el padre Urtazu—, que ahora sienta bien +esa cara de Viernes santo! ¡No parece sino que a la chica se la llevan +robada y que usted no es gustoso en el enlace! ¡Pues estamos buenos, +hombre! ¿No ha sido usted mismo, desgraciado, quien resolvió este +casorio? ¿A qué vienen los gimoteos?</p> + +<p>—¡Y si en todo lo que uno hace estuviese seguro del acierto!—pronunció +con ahogada voz el señor Joaquín, balanceando su cuello de toro.</p> + +<p>—Eso se mira antes..., ¡pero teníamos tanta prisa..., tanta prisa, que +no sé para qué sirven esos pelos blancos y esos añitos que llevamos +acuestas! Lo mismito estábamos que los chicos de mi clase cuando les +ofrezco contarles algo, que se les despierta la curiosidad... y no les +cabe en el cuerpo la impaciencia. A fe de Alonso, que parecía usted la +novia... digo, no; porque la novia, maldito el apuro que....</p> + +<p>—¡Ay padre! ¿Si tendría usted razón? usted quería diferir la boda....</p> + +<p>—No, poco a poco; cepitos quedos, amigo: yo quería no hacerla. Soy muy +claro.</p> + +<p>El señor Joaquín se puso más tétrico aún.</p> + +<p>—¡Por vida de la Constitución! ¡Qué aprieto y qué compromiso es para un +padre!...</p> + +<p>—Tener hijas—concluyó el jesuita con su vaga sonrisa, adelantando el +belfo labio, en mueca de benévolo desdén. Y añadió—: El peor aprieto es +ser más terco que una mula, con perdón sea dicho, y creer que el pobre +Padre Urtazu sólo entiende de sus piedras y de sus astros y de su +microscopio, y es un bolonio, un simplón, para aconsejar en la vida....</p> + +<p>—No me aflija usted más, Padre. Harto tendré con no ver a Lucía en qué +sé yo qué tiempo. Sólo me faltaba que también salga mal la cosa, y que +pase ella penas....</p> + +<p>—Bueno, bueno. Déjese de eso ya: a lo hecho, pecho. Esto de +matrimonios, sólo lo ata y lo desata el de arriba. ¿Y quién sabe si +saldrá muy bien, a pesar de todos mis agüeros y mis necedades? Porque +¿quién soy yo sino un cegato, un miope? ¡Bah! Esto es como lo que pasa +con el microscopio. Mira usted una gota de agua a simple vista ¡y parece +tan clara!, vamos, que dan ganas de bebérsela. Pero aplique usted +aquellos lentecicos y... ¡zas, zis!, ya se encuentra usted con los +bicharracos y las bacterias que bailan dentro un rigodón.... Pues el que +anda por allá, encimita de las nubes, también ve cosas que a los bobos +de por acá nos parecen tan sencillas... y para él tienen su <i>quid</i>.... +¡Bah, bah!, él se encargará de arreglarnos las cosas... nosotros, ni que +nos empeñemos.</p> + +<p>—Lleva usted razón.... Dios sobre todo—aprobó el señor Joaquín, +arrancando doliente suspiro de la vasta cavidad de su pecho. Esta noche, +con el mal rato, la condenada asma va a darme qué hacer.... Encuentro ya +la respiración muy corta. Dormiré, si duermo, casi incorporado.</p> + +<p>—Llame, llame a ese mala cabeza de Rada... tiene mucho acierto—murmuró +el jesuita considerando compadecido, a la luz oblicua del sol de otoño, +la inyectada tez y los ojos edematosos del viejo.</p> + +<p>Mientras el acompañamiento desfilaba, con lentitud de duelo, por las +calles mal empedradas de León, el tren corría, corría, dejando atrás las +interminables alamedas de chopos que parecen un pentagrama donde fuesen +las notas verde claro, sobre el crudo tono rojizo de las llanadas. Hecha +Lucía un ovillo en la esquina del departamento, sollozaba sin amargura, +con algún hipo, con vehemente llanto de niña inconsolable. Bien +comprendía el novio que le tocaba decir algo, mostrarse afectuoso, +compartir aquel primer dolor, ponerle término; mas hay en la vida +situaciones especiales, casos en que no tropieza ni se embaraza la gente +sencilla, y en que acaso el hombre de mundo y experiencia se convierte +en doctrino. Preferible es en ocasiones un adarme de corazón a una +arroba de habilidad; donde fracasan las huecas fórmulas, vence el +sentimiento, con su espontánea elocuencia. A fuerza de quebrarse los +cascos ideando manera de anudar el diálogo con su esposa, ocurriole al +novio aprovechar una circunstancia insignificante.</p> + +<p>—Lucía—le dijo en voz algo turbada—múdate de ventanilla, hija mía, +córrete acá; ahí te da el sol de lleno, y es tan malsano....</p> + +<p>Levantose Lucía con automática rigidez, pasó al lado opuesto del +departamento, y dejándose caer de golpe, tornó a cubrir el semblante con +el fino pañuelo, y se oyeron otra vez sus sollozos y el anhelar de su +seno juvenil.</p> + +<p>Levemente frunció el ceño el novio, que no en vano había corrido +cuarenta y pico de años de la vida cercado de gentes de festivo humor y +fácil trato y huyendo de las escenas de lagrimitas y de lástimas y +disgustos que alteraban por extraño modo el equilibrio de sus nervios, +desagradándole como desagrada a las gentes de mediano nivel intelectual +el sublime horror de la tragedia. Al gesto con que manifestó su +impaciencia, siguió un alzar de hombros que claramente quería decir: +«Caiga el chubasco, que el aguase agota también, y tras de la lluvia +viene el buen tiempo». Resuelto, pues, a aguardar que descargase la +nube, dio comienzo a minucioso examen de sus enseres de camino, +enterándose de si abrochaban bien las hebillas del correaje de la manta, +y de si su bastón y paraguas iban en debida y conveniente forma liados +con el quitasol de Lucía. Cerciorose asimismo de que una cartera de +cuero de Rusia y plateados remates que pendiente de una correa llevaba +terciada al costado, abría y cerraba fácilmente con la llavecica de +acero, que volvió a guardar en el bolsillo del chaleco, con cuidado +sumo. Después sacó de las hondas faltriqueras del sobretodo el +<i>Indicador de los Caminos de Hierro</i>, y con el dedo índice, fue +recorriendo las estaciones del itinerario de viaje.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2> + + +<p>Es de rigor saber de qué boca partió el soplo que encendió la antorcha +de aquellas nupcias.</p> + +<p>Mancebo, en los verdores de la edad, fuerte como un toro y laborioso +como manso buey, salió de su patria el señor Joaquín, a quien entonces +nombraban Joaquín a secas. Colocado en Madrid en la portería de un +magnate que en León tiene solar, dedicose a corredor, agente de negocios +y hombre de confianza de todos los honrados individuos de la +maragatería. Buscabales posada, proporcionabales almacén seguro para la +carga, se entendía con los comerciantes y era en suma la providencia de +la tierra de Astorga. Su honradez grande, su puntualidad y su celo le +granjearon crédito tal, que llovían comisiones, menudeaban encargos, y +caían en la bolsa, como apretado granizo, reales, pesos duros y +doblillas en cantidad suficiente para que, al cabo de quince años de +llegado a la corte, pudiese Joaquín estrechar lazos eternos con una +conterránea suya, doncella de la esposa del magnate y señora tiempo +hacía de los enamorados pensamientos del portero; y verificado ya el +connubio, establecer surtida lonja de comestibles, a cuyo frente +campeaba en doradas letras un rótulo que decía: <i>El Leonés. +Ultramarinos</i>. De corredor pasó entonces a empresario de maragatos; +comproles sus artículos en grueso y los vendió en detalle; y a él +forzosamente hubo de acudir quien en Madrid quería aromático chocolate +molido a brazo, o esponjosas mantecadas de las que sólo las astorganas +saben confeccionar en su debido punto. Se hizo de moda desayunarse con +el Caracas y las frutas de horno del Leonés; comenzó el magnate, su +antiguo amo, dándole su parroquia, y tras él vino la gente de alto +copete, engolosinada por el arcaico regalo de un manjar digno de la mesa +de Carlos IV y Godoy. Y fue de ver como el señor Joaquín, ensanchando +los horizontes de su comercio, acaparó todas las especialidades +nacionales culinarias: tiernos garbanzos de Fuentesaúco, crasos chorizos +de Candelario, curados jamones de Caldelas, dulce extremeña bellota, +aceitunas de los sevillanos olivares, melosos dátiles de Almería y +áureas naranjas que atesoran en su piel el sol de Valencia. De esta +suerte y con tal industria granjeó Joaquín, limpia si no hidalgamente, +razonables sumas de dinero; y si bien las ganó, mejor supo después +asegurarlas en tierras y caserío en León; a cuyo fin hizo frecuentes +viajes a la ciudad natal. A los ocho años de estéril matrimonio naciole +una niña grande y hermosa, suceso que le alborozó como alborozaría a un +monarca el natalicio de una princesa heredera; más la recia madre +leonesa no pudo soportar la crisis de su fecundidad tardía, y enferma +siempre, arrastró algunos meses la vida, hasta soltarla de malísima +gana. Con faltarle su mujer, faltole al señor Joaquín la diestra mano, y +fue decayendo en él aquella ufanía con que dominaba el mostrador, +luciendo su estatura gigantesca, y alcanzando del más encumbrado estante +los cajones de pasas, con sólo estirar su poderoso brazo y empinarse un +poco sobre los anchos pies. Se pasaba horas enteras embobado, fija la +vista maquinalmente en los racimos de uvas de cuelga que pendían del +techo, o en los sacos de café hacinados en el ángulo más obscuro de la +lonja, y sobre los cuales acostumbraba la difunta sentarse para hacer +calceta. En suma, él cayó en melancolía tal, que vino a serie +indiferente hasta la honrada y lícita ganancia que debía a su industria: +y como los facultativos le recetasen el sano aire natal y el cambio de +vida y régimen, traspasó la lonja, y con magnanimidad no indigna de un +sabio antiguo, retirose a su pueblo, satisfecho con lo ya logrado, y sin +que la sedienta codicia a mayor lucro le incitase. Consigo llevó a la +niña Lucía, única prenda cara a su corazón, que con pueriles gracias +comenzaba ya a animar la tienda, haciendo guerra crudísima y sin tregua +a los higos de Fraga y a las peladillas de Alcoy, menos blancas que los +dientes chicos que las mordían.</p> + +<p>Creció la niña como lozano arbusto nacido en fértil tierra: dijérase que +se concentraba en el cuerpo de la hija la vida toda que por su causa +hubo de perder la madre. Venció la crisis de la infancia y pubertad sin +ninguno de esos padecimientos anónimos que empalidecen las mejillas y +apagan el rayo visual de las criaturas. Equilibráronse en su rico +organismo nervios y sangre, y resultó un temperamento de los que ya van +escaseando en nuestras sociedades empobrecidas.</p> + +<p>Se desarrollaron paralelamente en Lucía el espíritu y el cuerpo, como +dos compañeros de viaje que se dan el brazo para subir las cuestas y +andar el mal camino; y ocurrió un donoso caso, que fue que mientras el +médico materialista, Vélez de Rada, que asistía al señor Joaquín, se +deleitaba en mirar a Lucía, considerando cuán copiosamente circulaba la +vida por sus miembros de Cibeles joven, el sabio jesuita, padre Urtazu, +se encariñaba con ella a su vez, encontrándole la conciencia clara y +diáfana como los cristales de su microscopio: sin que se diesen cuenta +de que acaso ambos admiraban en la niña una sola y misma cosa, vista por +distinto lado, a saber: la salud perfecta.</p> + +<p>Quiso el señor Joaquín, a su modo, educar bien a Lucía; y en efecto, +hizo cuanto es posible para estropear la superior naturaleza de su hija, +sin conseguirlo, tal era ella de buena. Impulsado, por una parte, por el +deseo de dar a Lucía conocimientos que la realzasen, recelando, de otra, +que se dijese por el pueblo en son de burla que el tío Joaquín aspiraba +a una hija señorita, educola híbridamente, teniéndola como externa en un +colegio, bajo la férula de una directora muy remilgada, que afirmaba +saberlo todo. Allí enseñaron a Lucía a chapurrear algo el francés y a +teclear un poco en el piano; ideas serias, perdone usted por Dios; +conocimientos de la sociedad, cero; y como ciencia femenina-ciencia +harto más complicada y vasta de lo que piensan los profanos—, alguna +laborcica tediosa e inútil, amén de fea; cortes de zapatillas de pésimo +gusto, pecheras de camisa bordadas, faltriqueras de abalorio... +Felizmente el padre Urtazu sembró entre tanta tierra vana unos cuantos +granitos de trigo, y la enseñanza religiosa y moral de Lucía fue, aunque +sumaria, recta y sólida, cuanto eran fútiles sus estudios de colegio. +Tenía el padre Urtazu más de moralista práctico que de ascético, y la +niña tomó de él más documentos provechosos para la conducta, que +doctrina para la devoción. De suerte que sin dejar de ser buena +cristiana, no pasó a fervorosa. La completa placidez de su temperamento +vedaba todo extremo de entusiasmo a su alma: algo había en aquella niña +del reposo olímpico de las griegas deidades; ni lo terrenal ni lo divino +agitaban la serena superficie del ánimo. Solía decir el padre Urtazu, +adelantando el labio con su acostumbrado visaje:</p> + +<p>—Estamos dormiditos, dormiditos; pero ya sé yo que no estamos +muertecitos... y el día en que nos despertemos... tendrá que ver. Dios +quiera que para bien sea.</p> + +<p>Eran las amigas de Lucía Rosarito, la hija de la fondista doña Agustina; +Carmen, la sobrina del magistral, y varias doncellas de análoga +posición, entre las cuales muchas soñaban con el blando sosiego, con la +apacible uniformidad de la vida conventual, y hacían pintura tentadora +de las delicias del claustro, del sentimiento suavísimo del día de la +profesión, cuando coronadas de flores bajo el cándido velo, se +ofreciesen a Cristo, con el refinado dulzor de añadir: «para siempre, +para siempre». Oíalas Lucía sin que una sola fibra de su ser +respondiese, vibrando, a aquel ideal. La vida activa la llamaba con +voces enérgicas y profundas. No obstante, tampoco la inspiraban deseo de +imitarlas otras compañeras suyas, a quienes veía esconder furtivamente +en el corpiño la cartita, o asomarse al balcón prontas, ruborizadas y +ansiosas. En su infancia, prolongada por la inocencia y la radiante +salud, no cabían más placeres que correr por las alamedas que a León +rodean, brincar con regocijo, cual pudiera adolescente ninfa retozando +por los valles helenos.</p> + +<p>Creía el señor Joaquín a pie juntillas haber dado educación bastante a +su hija, y aun le pareció de perlas el destrozo de valses y <i>fantasías</i> +que sin compasión ejecutaban en el piano sus dedos inhábiles. Por muy +recóndita que la guardase allá en los postreros rincones del +pensamiento, no faltaba al leonés la aspiración propia de todo hombre +que ejerce humildes oficios, y se ganó con sudores el pan, de que su +descendencia beneficiase tamaños esfuerzos, ascendiendo un peldaño en la +escala social. Bien llevaría él en paciencia continuar siendo tan tío +Joaquín como siempre; no tenía ínfulas de ricachón, y era en genio y +trato sencillo con extremo; pero si renunciaba al señorío en su persona, +no así en la de su hija; parecíale oír voz que le decía, como las brujas +a Banquo: «No serás rey, pero engendrarás reyes.» Y luchando entre el +modesto convencimiento de su falta absoluta de rango, y la certeza moral +de que Lucía a grandes puestos estaba destinada, vino a parar a la +razonable conclusión de que el matrimonio realizaría la anhelada +metamorfosis de muchacha en dama. Un yerno empingorotado fue desde +entonces anhelo perenne del antiguo lonjista.</p> + +<p>Ni eran estas las únicas flaquezas y manías del señor Joaquín. Otras +tuvo, que descubriremos sin miramientos de ninguna especie. Fue quizá la +mayor y más duradera su desmedida afición al café, afición contraída en +el negocio de ultramarinos, en las tristes mañanas de invierno, cuando +la escarcha empaña el vidrio del escaparate, cuando los pies se hielan +en la atmósfera gris de la solitaria lonja, y el lecho recién abandonado +y caliente aun por ventura, reclama con dulces voces a su mal despierto +ocupante. Entonces, semiaturdido, solicitando al sueño por las +exigencias de su naturaleza hercúlea y de su espesa sangre, cogía el +señor Joaquín la maquinilla, cebaba con alcohol el depósito, prendía +fuego, y presto salía del pico de hojalata negro y humeante río de café, +cuyas ondas a la vez calentaban, despejaban la cabeza y con la leve +fiebre y el grato amargor, dejaban apto al coloso para velar y trabajar, +sacar sus cuentas y pesar y vender sus artículos. Ya en León, y árbitro +de dormir a pierna suelta, no abandonó el señor Joaquín el adquirido +vicio, antes lo reforzó con otros nuevos: acostumbrose a beber la +obscura infusión en el café más cercano a su domicilio, y a acompañarla +con una copa de <i>Kummel</i> y con la lectura de un diario político, siempre +el mismo, invariable. En cierta ocasión ocurrió al Gobierno suspender el +periódico una veintena de días, y faltó poco para que el señor Joaquín +renunciase, de puro desesperado, al café. Porque siendo el señor Joaquín +español, ocioso me parece advertir que tenía sus opiniones políticas +como el más pintado, y que el celo del bien público le comía, ni más ni +menos que nos devora a todos. Era el señor Joaquín inofensivo ejemplar +de la extinguida especie progresista: a querer clasificarlo +científicamente, le llamaríamos la variedad progresista de impresión. La +aventura única en su vida de hombre de partido, fue que cierto día, un +personaje político célebre, exaltado entonces y que con armas y bagajes +se pasó a los conservadores después, entrase en su tienda a pedirle el +voto para diputado a Cortes. Desde aquel supremo momento quedó mi señor +Joaquín rotulado, definido y con marca; era progresista de los del señor +don Fulano. En vano corrieron años y sobrevinieron acontecimientos, y +emigraron las golondrinas políticas en busca siempre de más templadas +zonas; en vano mal intencionados decían al señor Joaquín que su jefe y +natural señor el personaje era ya tan progresista como su abuela; que +hasta no quedaban sobre la haz de la tierra progresistas, que éstos eran +tan fósiles como el megaterio y el plesiosauro; en vano le enseñaban los +mil remiendos zurcidos sobre el manto de púrpura de la voluntad nacional +por las mismas pecadoras manos de su ídolo; el señor Joaquín, ni por +esas, erre que erre y más firme que un poste en la adhesión que al don +Fulano profesaba. Semejante a aquellos amadores que fijan en la mente la +imagen de sus amadas tal cual se les apareció en una hora culminante y +memorable para ellos, y, a despecho de las injurias del tiempo +irreverente, ya nunca las ven de otro modo, al señor Joaquín no le cupo +jamás en la mollera que su caro prohombre fuese distinto de como era en +aquel instante, cuando encendido el rostro y con elocuencia fogosa y +tribunicia se dignó apoyarse en el mostrador de la lonja, entre un pilón +de azúcar y las balanzas, demandando el sufragio. Suscrito desde +entonces al periódico del consabido prohombre, compró también una mala +litografía que lo representaba en actitud de arengar, y añadido el marco +dorado imprescindible, la colgó en su dormitorio entre un daguerrotipo +de la difunta y una estampa de la bienaventurada virgen Santa Lucía, que +enseñaba en un plato dos ojos como huevos escalfados. Acostumbrose el +señor Joaquín a juzgar de los sucesos políticos conforme a la pautilla +de su prohombre, a quien él llamaba, con toda confianza, por su nombre +de pila. Que arreciaba lo de Cuba: ¡bah! dice don Fulano que es asunto +de dos meses la pacificación completa. Que discurrían partidas por las +provincias vascas: ¡no asustarse!; afirma don Fulano que el partido +absolutista está muerto, y los muertos no resucitan. Que hay profunda +escisión en la mayoría liberal; que unos aclaman a X y otros a Z... +Bueno, bueno; don Fulano lo arreglará, se pinta él solo para eso. Que +hambre.... ¡sí, que se mama el dedo don Fulano!, ahora mismito van a +abrirse los veneros de la riqueza pública.... Que impuestos.... ¡don +Fulano habló de economías! Que socialismo.... ¡paparruchas! ¡Atrévanse +con don Fulano, y ya les dirá él cuántas son cinco! Y así, sin más dudas +ni recelos, atravesó el señor Joaquín la borrasca revolucionaria y entró +en la restauración, muy satisfecho porque don Fulano sobrenadaba, y se +apreciaban sus méritos, y tenía la sartén por el mango hoy como ayer.</p> + +<p>Dado tal linaje de culto, juzgue el pío lector cuál sería el gozo, +confusión y anonadamiento del señor Joaquín, al recibir una mañana a un +grave y apuesto sujeto, encargado de saludarle de parte del mismísimo +Don Fulano.</p> + +<p>Llamábase el visitante D. Aurelio Miranda, y desempeñaba en León uno de +esos destinos que en España abundan, no por honoríficos peor +retribuídos, y que sin imponer grandes molestias ni vigilias, abren las +puertas de la buena sociedad, prestando cierta importancia oficial: +género de prebendas laicas, donde se dan unidas las dos cosas que +asegura el refrán no caber en un saco. Era Miranda de origen y familia +burocrática, en la cual se transmitían y como vinculaban los elevados +puestos administrativos, merced a especial maña y don de gentes +perpetuado de padres a hijos, a no sé qué felina destreza en caer +siempre de pie y a cierta delicada sobriedad en esto de pensar y opinar. +Logró la estirpe de los Mirandas teñirse de matices apagados y +distinguidos, sobre cuyo fondo, así podía colocarse insignia blanca, +como roja divisa; de suerte, que ni hubo situación que no les respetase, +ni radicalismo que con ellos no transigiera, ni mar revuelto o +bonancible en que con igual fortuna no pescaran. El mozo Aurelio casi +nació a la sombra protectora de los muros de la oficina: antes que +bigote y barba tuvo colocación, conseguida por la influencia paterna, +reforzada por la de los demás Mirandas. Al principio fue una plaza de +menor cuantía, que cubriese los gastos de tocador y otras menudencias +del chico, derrochador de suyo; en seguida vinieron más pingües brevas, +y Aurelio siguió la ruta trillada ya por sus antecesores. Con todo esto, +veíase que algo degeneraba en él la raza: amigo de goces, de ostentación +y vanidades, faltabale a Aurelio el tino exquisito de no salir de +mediano por ningún respecto, y carecía de la formalidad exterior, del +compasado porte que a los Mirandas pasados acreditaba de hombres de seso +y experiencia y madurez política. Comprendiendo sus defectos, trató +Aurelio de beneficiarlos diestramente, y más de una blanca y pulcra mano +emborronó por él perfumadas esquelas con eficaces recomendaciones para +personajes de muy variada ralea y clase. Asimismo se declaró gran +amigote y compinche de algunos prohombres políticos, entre ellos el <i>don +Fulano</i> que ya conocemos. No habló jamás con ellos diez palabras +seguidas que a política se refiriesen: contábales las noticias del día, +el escándalo fresco, el último dicharacho y la más reciente caricatura; +y de tal suerte, sin comprometerse con ninguno se vio favorecido y +servido de todos. Agarrose, como nadador inexperto, a los hombros de tan +prácticos buzos, y acá me sumerjo, y acullá me pongo a flote, fue +sorteando los furiosos vendavales que azotaron a España, y continuando +la tradición venerable de los Mirandas. Pero también la influencia se +gasta y agota, y llegó un período en que, mermada la de Aurelio, no +alcanzó a mantenerle en el único punto para él grato, en Madrid, y hubo +de irse a vegetar a León, entre el Gobierno civil y la Catedral, +edificios que ni uno ni otro le divertían. Lo que singularmente amargaba +a Aurelio, era comprender que su decadencia administrativa nacía de otro +decaimiento irreparable, a saber, el de su persona. Cumplida la +cuarentena de años, faltábanle ya los billetitos de recomendación o por +lo menos no eran tan calurosos: en los despachos de las notabilidades +iba siendo su persona como un mueble más, y hasta él mismo sentía +apagarse su facundia. La madurez se revelaba en él por un salto atrás; +íbasele metiendo en el cuerpo la seriedad de los Mirandas; y de amable +calavera, pasaba a hombre de peso. No del todo extrañas a tal +metamorfosis debían ser algunas dolencias pertinaces, protesta del +hígado contra el malsano régimen, mitad sedentario y mitad febril, tanto +tiempo observado por Aurelio. Así es que, aprovechando la estancia en +León, y los conocimientos y acierto singular de Vélez de Rada, dedicose +a reparar las brechas de su desmantelado organismo; y la vida metódica y +la formalidad creciente de sus maneras y aspecto, que en la corte la +perjudicaban revelando que empezaba a ser trasto arrumbado y sin uso, +sirviéronle en el timorato pueblo leonés de pasaporte, ganándole +simpatías y fama de persona respetable y de responsabilidad y crédito.</p> + +<p>Solía Miranda hacer, de pascuas a ramos, tal cual escapatoria a Madrid, +y en una de las últimas encontró al Don Fulano del señor Joaquín—a +quien llamaremos Colmenar por respetos a su incógnito—, amostazado y +furioso con otro Don Zutano que se empeñaba en desbaratarle sus +combinaciones todas y en echarle por tierra todas sus hechuras. No había +manera de arreglarse con aquel diablo de hombre, que así cortaba y +segaba en el granado campo de los adictos colmenaristas. El destino de +Miranda, a la sazón, estaba comprometidísimo. Pegó Miranda al escucharlo +un brinco en el muelle diván.</p> + +<p>—Nada, hombre—prosiguió Colmenar—: así como te lo digo. Basta que yo +tenga interés en conservar a uno, para que lo barra él.... Es cosa fija. +Y no hay modo de evitarlo. El pega sin duelo.</p> + +<p>—Yo—contestó Miranda—, si todo se redujese a salir de León.... +Porque, la verdad sea dicha, aquel pueblo me encocora, aunque tiene sus +ventajas... Pero si las cosas llegan más allá, lucido quedo.</p> + +<p>—No, pues lo probable es que lleguen.... La fortuna es enemiga de los +viejos, y nosotros vamos siéndolo ya.... Tú estás muy arruinado de algún +tiempo a esta parte. Ese pelo.... ¿Te acuerdas qué famoso pelazo tenías? +Pronto recurriremos ambos al aceite de bellotas, como remedio heroico.</p> + +<p>—Hombre...—exclamó Miranda atusándose los mechones de las sienes con +el ademán belicoso de los pasados días—. Cualquiera pensará que estoy +calvo. Pues aún me defiendo muy bien. Los padecimientos me tienen así, +un poco....</p> + +<p>—¿Estás enfermo? ¡Goteras, chico, goteras!</p> + +<p>—Una afección hepática, complicada con.... Pero en aquel pueblo +anticuado de León di con un facultativo de lo más moderno, un +sabio—apresurose a añadir Miranda viendo el gesto aburrido del +prohombre, que temía el relato de la enfermedad—. Te aseguro que Vélez +de Rada es un prodigio... Materialista cerrado, eso sí....</p> + +<p>—Como todos los médicos...—Y Colmenar se encogió de hombros—. ¿Y... +qué tal? ¿Haces muchas conquistas en León? ¿Son blandas de corazón las +leonesitas?</p> + +<p>—¡Bah! gazmoñillas—pronunció Miranda, que en confianza y reserva se +permitía su poco de irreligiosidad—. Tráenlas los jesuitas embobadas +con cofradías y novenas, y andan comiéndose los santos.... Sociedad, +poca; cada uno en su casa y Dios en la de todos. No deja, por otra +parte, de convenirme, puesto que he menester descanso y método....</p> + +<p>Colmenar oía baja la vista, contando los arabescos de la tupida +alfombra.</p> + +<p>Alzó al fin la cabeza y diose una palmada en la frente.</p> + +<p>—Me ocurre una idea sin ejemplar—dijo, repitiendo la célebre frase del +ministro portugués.—Chico, ¿por qué no te casas?</p> + +<p>—¡No está mala la ocurrencia! ¡Sí, que son baratas las mujercitas en +estos tiempos... y lo que viene después! Al que no quiere caldo, taza y +media: a quedarme sin destino voy quizás, ¡y de casamiento me hablas!</p> + +<p>—Tonto, no te propongo mujer que te haga peso, sino que te traiga +pesos.</p> + +<p>Y el prohombre celebró su propio retruécano disparando larga risa. +Miranda quedose pensativo mascando la miga de la proposición, cuyas +ventajas le saltaron a los ojos prontamente. Ningún medio más acertado +para prevenir las embestidas de la mala fortuna y asegurar el dudoso +porvenir, mientras no emigrasen del todo los ya ralos cabellos, y no +desapareciese el barniz de gallardía que aún abrillantaba su persona. +Por otra parte, León era ciudad que involuntariamente sugería ideas +matrimoniales. ¿Qué hacer sino casarse allí donde todo era calma y +tedio, donde la soltería inspiraba desconfianza, donde la más +insignificante aventurilla provocaba los furiosos ladridos del +escándalo? Así es que dijo en voz alta:</p> + +<p>—Es cierto, chico; en León le entran a uno ganas de casarse y de vivir +santamente.</p> + +<p>—Es que para ti—insistió Colmenar—es ya de necesidad el consorcio. +Aparte de que eres mayor de edad... (aquí sonrió maliciosamente) y si no +quieres llamarte solterón debes pensar en bodas, lo reclama tu salud... +y tus pesetas. Si no puedes sostenerte, ¿cómo te las compones? Supongo +que no tendrás economías.</p> + +<p>—¡Economías yo! <i>Au jour le jour</i>—dijo Miranda, pronunciando con +cierta soltura la frasecilla transpirenaica.</p> + +<p>—Pues entonces, <i>il faut faire une fin</i>—replicó Colmenar, muy +satisfecho de poder lucirse a su vez.</p> + +<p>—El caso es dar con la mujer, con el ave fénix—murmuró Miranda +meditabundo—. No, lo que es niñas casaderas no faltan; pero yo ahora +perdí el rumbo aquí.... Dime tú....</p> + +<p>—¡Niñas de aquí! ¡Líbrete de ellas Dios! Más temibles son que el +cólera. ¿Sabes tú las exigencias que tiene cualquiera de esos angelitos? +¿Sabes tú cómo las gastan?...</p> + +<p>—De modo que....</p> + +<p>—La mujer que tú necesitas está en León mismo.</p> + +<p>—¡En León!... Sí, en efecto acaso allí sea más fácil.... Pero no +veo... Las de Arga, tienen ya novio; Concha Vivares sólo es rica en +esperanzas, hay una tía que piensa dejarle su herencia: mas de aquí a +que estire la pata.... La de Hornillos... no; la de Hornillos sólo tiene +pergaminos, y eso no se echa en el puchero....</p> + +<p>—Te andas por las alturas... el ramo de señoritas está mal: aguárdate, +que voy a decirte....</p> + +<p>Levantose Colmenar, y abriendo un cajón de su pupitre, sacó una tira de +papel, rancia y amarillosa, cubierta de nombres, que recordaba las +listas de proscripción. Y lista era, en efecto: allí estaban inscritos +por riguroso orden alfabético los feudatarios de la gran personalidad +colmenariana, en las diversas provincias de la Península; había +apellidos que tenían al pie una A mayúscula, que significaba <i>adicto</i>; +otros señalados con M A, <i>muy adicto</i>, alguno llevaba agregada una D, +<i>dudoso</i>.</p> + +<p>El prohombre apoyó el dedo índice en uno de las nombres honrados con la +M A.</p> + +<p>—Te propongo—dijo Miranda—una niña de pocos años, que acaso llegue, y +aún pase, de los dos millones de capital.</p> + +<p>Abrió Miranda tamaño ojo, y tendió la mano para apoderarse de la +bienhadada lista.</p> + +<p>—¡Así como suena!—exclamó—. Pero es que no hay como tú para tales +hallazgos.</p> + +<p>—¿No conoces en León a la persona aquí apuntada?—siguió Colmenar +señalando con la uña el renglón de la lista—. ¿Un viejo muy guapo y +fornido, muy tieso aún, Joaquín González, <i>el Leonés</i>?</p> + +<p>—<i>¡El Leonés!</i> Si no hay cosa que más conozca. Varias veces vino a +asuntos al Gobierno civil de León. Claro que le conozco. Y ahora +recuerdo; es verdad que tiene una chica, pero en esa sí que no me fijé +jamás. Se la ve muy poco.</p> + +<p>—Hacen vida modesta. Duplicará el capital en diez años—, ¡para +agenciar es mucho hombre <i>el Leonés</i>! Un infeliz, un simplón en lo +restante; en política no ve más allá de sus narices el pobre; pero ha +sabido crearse una fortuna. No tiene sino esa niña y adora en ella.</p> + +<p>—¿Y crees tú que no tendrá ya la chiquilla sus amoríos?</p> + +<p>—¡Bah... es tan joven! En presentándote tú... con tu buen trato, y tu +práctica en tales lides....</p> + +<p>—Será una paleta, fea por añadidura.</p> + +<p>—Fue su padre arrogante mozo, y su madre una morena agraciada; ¿por qué +ha de ser fea la chica? Ni hay quince años feos. Estará por desbastar, +eso sí; pero entre tú y una modista... cuestión de un mes. Mucho más +aptas son las mujeres para civilizarse y pulirse que los hombres.. +Enséñales el instinto de agradar lo que cien maestros no pudieran.</p> + +<p>—¿Y qué dirán de mí todas mis relaciones—sobre todo en León—, +viéndome casado con la hija del Leonés?</p> + +<p>—¡Bah, bah! eso es cuestión de trasladarse.... En casándoos solicitas +bajo cuerda que te lleven a otro sitio... el viejo se queda por allá +cuidando de las rentas, y tú y la niña os estáis donde nadie sepa si la +engendró un archiduque o el verdugo.... Por de pronto, en la luna de +miel sales con tu mujer a dar una vuelta por Europa, y así te libras de +las hablillas de la primera temporada. Y date prisa, antes que esa panza +se ponga esférica, y ese cabello.... ¡Ay! ¡Y cómo pasa el tiempo! +Envejecemos que es un dolor.</p> + +<p>Miranda contemplaba la punta de su elegante bota de caña clara, y +rascábase la frente cavilando.</p> + +<p>—Medio de presentarme en esa casa—pronunció al cabo resueltamente—. +Son personas de poco trato, y es preciso... yo no voy a pasearle la +calle a la mocosa, supongo.</p> + +<p>—Llevarás una visita mía. ¡El viejo te recibirá mejor que al rey!</p> + +<p>Y diciendo y haciendo, sentose el prohombre a la mesa atestada de +periódicos, cartas y libros, y tomando un pliego de timbrado papel, dejó +correr la mano garrapateando el blanco folio con su letra precipitada, +ininteligible casi, de hombre abrumado de asuntos. Doblolo, deslizándolo +dentro de un sobre, y sin cerrarlo lo entregó a su amigo.</p> + +<p>Al levantarse Miranda para despedirse, acercose a Colmenar, y, +hablándole bajo, casi al oído, murmuró:</p> + +<p>—Estás bien seguro... bien cierto de lo de... los dos mill....</p> + +<p>—¡Me quedé corto! No tienes sino informarte allá. En conciencia, me +debes una prima—y al decirlo, reíase el hombre político, y golpeaba a +Miranda en las mejillas, cual si de un niño de ocho años se tratase.</p> + +<p>Con tan alto patrocinio se presentó Miranda en la pacífica morada del +feudatario colmenarista, siendo en efecto recibido cual lo exigía el +venir de tal persona recomendado. Naturalmente se propuso no aparecer al +pronto como candidato a la mano de Lucía. Sobre ser indelicadeza, fuera +carencia de tacto; y además pretendía Miranda ante todo estudiar el +terreno que pisaba. Halló ser verdad cuanto le había anunciado el +prohombre y aun algo más en lo tocante a bienes de fortuna: vio una casa +chapada a la antigua, tosca y popular en sus usos, pero honrada en todo, +y un caudal sólido y seguro, diariamente acrecido por la celosa +administración del señor Joaquín y su sencillez y parsimonia. Es cierto +que el bueno del Leonés pareció a Miranda hombre de tediosa compañía, en +todo vulgar e infeliz, corto de alcances, con sus ribetes de mentecato, +pero hubo de sufrirlo, y aun de acomodarse a las ideas del viejo, tanto +que éste llegó a no poder tomar café ni leer <i>El Progreso Nacional</i>, +órgano de Colmenar, sin la salsa de los sabrosos comentarios que Miranda +hacía a cada fondo, a cada suelto y gacetilla. Sabía Miranda de memoria +el reverso, la cara interna de la política, y explicaba desenfadadamente +las solapadas alusiones, las reticencias hábiles, las sátiras finas que +en todo periódico importante abundan y son eterno logogrifo para el +cándido suscritor provinciano. De suerte que desde su intimidad con +Miranda, gozaba el señor Joaquín el hondo placer de la iniciación y +miraba por cima del hombro a sus correligionarios leoneses, no admitidos +en el santuario de la política reservada. Además de estos gustos que a +la relación con Miranda debía, esponjábase el buen viejo—que ya sabemos +cuán poco tenía de filósofo—cuando le encontraban las gentes mano a +mano con tan bien portado caballero, íntimo del gobernador y familiar +comensal de las gentes más encopetadas de la ciudad.</p> + +<p>Vio Lucía sin disgusto al cortés y afable Miranda, y reparó con pueril +curiosidad el aseo de su persona, su calzado pulcro, sus níveos cuellos, +los caprichosos dijes de su reloj y corbata: que toda mujer, compréndalo +o no, se paga de exterioridades y menudencias por este estilo. Además, +poseía Miranda—y la desplegó—, una ciencia que llamar pudiéramos la de +agradar por diversión. Traía a la niña diariamente alguna baratija, para +ella desconocida hasta entonces, ya un cromo, ya una fotografía, ya +lindas flores, ya números de periódicos ilustrados, ya novelas de Fernán +Caballero o de Alarcón; y las graciosas chucherías que por las puertas +de la anticuada casa se entraban, como partículas de la vida moderna, +eran otras tantas bocas encomiadoras del dadivoso. Acertó éste a ponerse +al nivel de conversación de Lucía, y mostrose muy enterado de cosas +femeniles, infantiles dijera mejor; y llegó el caso de que la niña le +consultase acerca de su peinado, de sus trajes, y Miranda muy serio le +dispusiese bajar o subir dos centímetros el talle o el moño. Tales +incidentes variaban un poco los iguales días de la doncellita leonesa, +prestando atractivo al trato de su disimulado pretendiente.</p> + +<p>En León causó al principio sorpresa grande que el currutaco Miranda +eligiese por amigo a un señor Joaquín, hombre en cuyos cuadrados hombros +parecía soldada y remachada la chaqueta; más presto anduvo la malicia el +camino necesario para llegar a racional explicación del fenómeno, y +comenzó Lucía a recibir larga broma de sus compañeras, que la aturdían a +fuerza de glosar la pasión del señor de Miranda, sus atenciones, sus +obsequios y rendimientos. Recibió ella la descarga risueña y +sosegadamente, sin un sonrojo, sin perder minuto de sueño, sin que el +latir del corazón se le acelerase cuando Miranda, desahogado siempre, +repicaba la campanilla o entraba haciendo ruido con las flamantes botas. +Como ningún amoroso requiebro de Miranda vino a confirmar los dichos de +las gentes, estaba Lucía descuidada y tranquila lo mismo que de +costumbre. Pero Miranda, resuelto ya a dar cima a su empresa, y +considerando suficiente la preparación, un día, después de haber tomado +café y leído <i>El Progreso Nacional</i> con el señor Joaquín, le pidió +redondamente a su hija.</p> + +<p>Quedose el Leonés hecho un papanatas, sin saber qué decir ni qué cara +poner. Realizábase del todo su sueño: el ingreso de Lucía en la esfera +señoril tan ambicionada. Mas seamos justos con el señor Joaquín: no le +faltó, en tan supremos instantes, la percepción lúcida de ciertos puntos +negros de la boda. Vio las edades diferentes, la hacienda de Miranda +incógnita, y clara y cierta la rica dote de su hija; en suma, tuvo +intuiciones pasajeras del cálculo inicuo que envolvía la demanda. El +demandante se mostró hábil estratégico previniendo en cierto modo la +sospecha, y anticipándose a los pensamientos del padre.</p> + +<p>—Yo—dijo—no tengo bienes de fortuna; poseo mi carrera, eso sí +(Miranda había aprovechado los primeros años de su juventud haciéndose +licenciado en Derecho, como suele la mayoría de los españoles), y si el +destino me faltase, me sobran ánimos para trabajar y abrir bufete con +muy lucida clientela en Madrid. Deseo que mi mujer goce de cómoda +posición, pero para ella, por ella sola; nada para mí; yo me basto a mí +mismo. La diferencia de caudal me retrajo mucho tiempo de pedir a Lucía; +pero pudo más el afecto que me inspira tan preciosa e inocente +criatura.... Así y todo, a no asegurarme Colmenar que usted es persona +desinteresada y de ánimo generoso, no me decidiera nunca....</p> + +<p>—El señor Colmenar me favorece más de lo que merezco—respondió muy +hueco el Leonés—; pero estas cosas han de pensarse.... Dese usted una +vuelta por ahí....</p> + +<p>—Dentro de quince días vendré a saber su resolución—repuso +discretamente Miranda cogiendo el sombrero.</p> + +<p>Pasolos dado a Satanás, porque era ciertamente ridículo para un hombre +de sus ínfulas y categoría pedir la hija de un tendero de ultramarinos, +y haber de esperar, como quien dice, en la antesala de la lonja, a que +se dignasen abrirle la puerta. Entretanto, el señor Joaquín, leyendo +solo el periódico y paladeando solo el café, venía a echarle muy de +menos, e íbase arraigando en su mente la idea de la boda. Cada día +consideraba más adecuado para yerno al amigo de Colmenar. Con todo, hizo +lo que suelen las gentes que gustan de seguir su inclinación sin +contraer responsabilidad: asesorarse con algunas personas acerca del +asunto, esperando que su aprobación le escudase. Hubo de salirle +frustrado el intento. El Padre Urtazu, consultado primero, exclamó con +su franqueza navarra:</p> + +<p>—A gato viejo rata tierna. No se pierde el don almibarado y pulido. +¿Pero no ve, desgraciado, no ve que el merengue ese puede ser padre de +Lucía? ¡Sabe Dios las liebres que en su vida habrá corrido! Santísima +Virgen ¡qué de historias llevará escondiditas en los bolsillos del +levitín!</p> + +<p>—Pero usted, ¿qué haría en mi caso, Padre Urtazu?</p> + +<p>—¿Yo? Pensarlo, en vez de quince días, un año; ¡y otro año después, por +lo que pudiera tronar!</p> + +<p>—¡Por vida de la Constitución! Usted, Padre, no ha notado los méritos +del señor don Aurelio.</p> + +<p>—Los méritos... los méritos.... ¡vaya unos méritos! ¡Pch, pch! ¡Si es +mérito ir todo sopladico, y enseñando diez centímetros de puño de +camisa... y darla de mozalbete, estando peor que yo, que canas tengo, +pero al menos no se me cae la hoja!</p> + +<p>Y el Padre Urtazu se tiraba enérgicamente de los cortos cabellos +entrecanos que en sus sienes crecían, fuertes como matas de abrojos.</p> + +<p>—¿Qué dice a eso la chica?—interrogó después de súbito.</p> + +<p>—No hemos hablado aún....</p> + +<p>—¡Pues eso es lo primero, desgraciado! ¡Ay, que con los años se nos va +reblandeciendo la mollera! ¿A qué aguarda?</p> + +<p>Vélez de Rada fue todavía más terminante y categórico.</p> + +<p>¡Casar a su hija de usted con Miranda!—gritó enarcando las cejas y +colérico y descompuesto—. ¡Está usted loco! ¡El mejor ejemplar de raza +que de diez años a esta parte encontré! ¡Una niña que tiene glóbulos +rojos en la sangre, bastantes para surtir a cuantas muñequillas anémicas +se pasean por Madrid! ¡Una estatura! ¡Un equilibrio! ¡Unos diámetros! Y +con Miranda, que... (aquí la discreción profesional selló los labios del +médico, y reinó silencio en la estancia.)</p> + +<p>—Señor Rada...—osó decir el señor Joaquín, que no entendía bien.</p> + +<p>—¿Sabe usted, sabe usted cuál es el deber del padre que tiene una hija +como Lucía? Pues buscar, como otro Diógenes, un hombre que en +constitución y riqueza de organismo la iguale, y unirlos. ¿Le parece a +usted que con este descuido que hay en los enlaces, con los sacrílegos +consorcios que solemos presenciar entre naturalezas pobres, viciadas, +enfermas, y naturalezas sanas, es posible que muy pronto, a la vuelta de +tres o cuatro generaciones, sobrevenga la decadencia fatal de estos +pueblos de Europa? O qué, ¿se puede impunemente transmitir a nuestros +tataranietos veneno y pus, en vez de sangre?</p> + +<p>Salió el señor Joaquín del gabinete del Esculapio un tanto asustado, +pero aún más confuso, sirviéndole únicamente de consuelo el pensar que +las desdichas vaticinadas a su prosapia no ocurrirían hasta dentro de un +siglo lo más pronto. Y el último percance que en sus consultas +matrimoniales le esperaba, fue con una hermana suya viejísima, en sus +mocedades planchadora y hoy pensionada y socorrida de su hermano. La +infeliz, que arrastrado, había con su difunto vida de perros, exclamó en +cascajosa voz, alzando las secas manos y meneando la cabeza temblona:</p> + +<p>—¿Miranda? ¿Miranda? Será un pillo, un condenado: ¡todos los hombres +son unos condenados! que los parta un ra....</p> + +<p>No quiso oír más el Leonés, y dio por terminadas las consultas.</p> + +<p>Faltaba el fondo de la cuestión, el parecer de Lucía. Quebrábase el +padre la cabeza en busca de un medio diplomático de averiguarlo, cuando +la misma niña se lo proporcionó.</p> + +<p>—Papá—interrogó un día con la mejor fe del mundo—, ¿estará enfermo el +señor de Miranda? Hace días que no viene por aquí.</p> + +<p>Asió de los cabellos la ocasión el Sr. Joaquín y expuso los planes de +Miranda. Lucía escuchaba atenta, con la sorpresa pintada en sus +brillantes ojos.</p> + +<p>—Mire usted—pronunció al cabo—. Pues acertaban Rosarito y Carmela al +asegurar que el señor de Miranda venía a esta casa por mí. ¡Pero, quién +lo dijera!</p> + +<p>—Vamos, hija; ¿qué le contesto a ese señor?—preguntó afanoso el +Leonés.</p> + +<p>—¿Papá... qué sé yo? Nunca pensé que quisiera casarse conmigo.</p> + +<p>—Pero a ti.... ¿te gusta el señor de Miranda?</p> + +<p>—Sí que me gusta. Todavía es muy buen mozo, declaró Lucía con +naturalidad.</p> + +<p>—¿Y su genio... y su trato...?</p> + +<p>—Muy obsequioso, muy amable.</p> + +<p>—¿Te repugna la idea de que viviese siempre aquí... con nosotros?</p> + +<p>—No tal. Al contrario. Si me divierte mucho cuando viene.</p> + +<p>—Pues.... ¡por vida de la Constitución! ¡Tú también estás enamorada del +señor de Miranda!</p> + +<p>—Mire usted.... ¡eso sí que me parece que no! Yo no he pensado despacio +en esas cosas, ni sé cómo será el enamorarse; pero se me figura que debe +ser así... más de bullanga, y que entrará... vamos, más de prisa y más +recio.</p> + +<p>—Pero esos amores de bullanga, ¿qué falta hacen para ser buenos +casados?</p> + +<p>—Yo supongo que ninguna. Para ser buenos casados, dice el Padre Urtazu +que lo preciso es la gracia de Dios... y paciencia, mucha paciencia.</p> + +<p>El padre le dio, con su ancha diestra, una palmadita en la mejilla.</p> + +<p>—Hablas como un libro... por vida de la Const.... ¿conque, según eso, +voy a darle un buen rato al señor de Miranda?</p> + +<p>—¡Ay, padre! El asunto merece pensarse: ¡hágame usted el favor de +pensarlo por mí! ¿Qué entiendo yo de bodas, ni de?...</p> + +<p>—Pues mira, ya eres grandullona.... Eres demasiado simplota tú.</p> + +<p>—No—exclamó Lucía posando en el viejo su clara mirada—: si no es que +soy simple, es que no quiero entender; ¿lo oye usted? Porque si comienzo +a cavilar en esas cosas, doy en no comer, en no jugar, en no dormir... +Esta noche de fijo no pegaría ojo... y después dice el señor de Rada, en +latín, que enfermo del cuerpo y que vendré a enfermar del alma.... No +quiero acordarme sino de mis juegos, y de mis lecciones; de eso no, +padre, porque se me va adelgazando, adelgazando el magín, y me paso +horas enteras con las manos cruzadas, sentada, hecha un poste.... El +caso es que cuando me da por ahí, se me antoja que ni todos los hombres +del mundo juntos valen lo que un novio como me finjo yo al mío... que +tampoco está en el mundo, ¡no crea usted! está allá en unos palacios, y +en unos jardines muy remotos.... En fin, no sé explicarme; ¿usted +comprende?</p> + +<p>—¡Te habrán metido en la cabeza ser monja, como Águeda, la niña de la +directora del colegio!—gritó el señor Joaquín, con ira.</p> + +<p>—¡Ca!... no señor—murmuró Lucía, cuya tez animada y encendida parecía +fresquísima rosa—. No sería monja por un imperio.... No me llama Dios +por ese camino.</p> + +<p>—Está visto—pensó el señor Joaquín para su capote—: hierve la olla; a +esta chica hay que casarla. Y en voz alta: pues siendo así, niña, creo +que no debes hacer un desaire al señor de Miranda. Es todo un señor... y +en política, ¡vamos, es mucho olfato el suyo! ¿A ti no te desagrada?</p> + +<p>—Ya he dicho que no—repuso Lucía, en tono más tranquilo.</p> + +<p>La misma tarde fue el Leonés a llevar en persona a Miranda la +satisfactoria respuesta.</p> + +<p>Colmenar escribió al señor Joaquín una carta que tuvo que leer. Y no +transcurridos muchos días, dijo Miranda al presunto suegro, en tono +satisfecho y confidencial:</p> + +<p>—Nuestro amigo Colmenar apadrina; delega en usted y envía esto para la +novia.</p> + +<p>Y sacó de su estuche de raso un abanico de nácar, cuyo delicado país de +encaje de Bruselas temblaba al aliento como la espuma del mar al soplo +de la brisa. Referir lo orondo que se puso el señor Joaquín, fuera +empresa superior a las fuerzas humanas. Pareciole que la personalidad +<i>prohómbrica</i> del insigne jefe de partido, repentinamente y por arte de +birlibirloque se confundiera con la suya; creyose metamorfoseado, +idéntico con su ídolo, y no cupo en su pellejo, y borráronse los recelos +que a veces sentía aún pensando en el cercano desposorio. Ganoso de no +quedarse atrás de Colmenar en generosidad, amén de señalar pingües +alimentos a Lucía, le regaló una suma redonda, destinada a invertirse en +el viaje de novios, cuyo itinerario trazó Miranda, comprendiendo a París +y a ciertas bienhechoras aguas minerales, recetadas tiempo atrás por +Rada, como remedio soberano para la diátesis hepática. La idea del viaje +no dejó de parecer extraña al señor Joaquín. Al casarse él, no hizo +excursión más larga que el trayecto de la portería a la lonja. Pero +considerando que su hija entraba en superior rango, hubo de admitir los +usos de la nueva categoría, por singulares que fuesen. Miranda se lo +pintó así, y el señor Joaquín convino en ello: las inteligencias +medianas ceden siempre al aplomo que las fascina.</p> + +<p>El que conozca un tanto las ciudades de provincia, imaginará fácilmente +cuánto comentario, cuánta murmuración declarada o encubierta provocó en +León la boda del importante Miranda con la obscura heredera del ex +lonjista. Hablose sin tino ni mesura; quién censuraba la vanidad del +viejo, que harto al fin de romper chaquetas, quería dar a su hija viso y +tono de <i>marquesa</i> (Miranda parecía a no pocas gentes el tipo clásico +del marqués). Quién hincaba el diente en el novio, hambrón madrileño, +con mucho aparato y sin un ochavo, venido allí a salir de apuros con las +onzas del señor Joaquín. Quién describía satíricamente la extraña figura +de Lucía la mocetona, cuando estrenase sombrero, sombrilla y cola larga. +Mas estos runrunes se estrellaban en la orgullosa satisfacción del señor +Joaquín, en la infantil frivolidad de la novia, en la cortés y mundana +reserva del novio. Fiel Lucía a su programa de no pensar en la boda +misma, pensaba en los accesorios nupciales, y contaba gozosa a sus +amigas el viaje proyectado, repitiendo los nombres eufónicos de pueblos +que tenía por encantadas regiones; París, Lyón, Marsella, donde las +niñas imaginaban que el cielo sería de otro color y luciría el sol de +distinto modo que en su villa natal. Miranda, a cuenta de un empréstito +que negoció contando satisfacerlo después a expensas del generoso +suegro, hizo venir de la corte lindas finezas, un aderezo de brillantes, +un cajón atestado de lucidas galas, envío de renombrado sastre de +señoras. Mujer al cabo Lucía, y nuevos para ella tales primores, más de +una vez, como la Margarita de <i>Fausto</i>, se colgó ante un espejillo los +preciosos dijes, complaciéndose en sacudir la cabeza a fin de que +fulgurasen los resplandores de los pendientes y las flores de pedrería +salpicadas por el obscuro cabello. En esto se solazan las mujeres cuando +son niñas, y todavía muchísimo tiempo después de dejar de serlo. Pero +Lucía no era niña para siempre.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2> + + +<p>Seguía corriendo el tren, y la desposada no lloraba ya. Apenas se +advertían en su rostro huellas de llanto, ni sus párpados estaban +enrojecidos. Así acontece con las lágrimas que vertemos por las primeras +penillas de la vida: llanto sin amargura, rocío leve, que antes refresca +que abrasa. Comenzaban a entretenerla las estaciones y la gente que se +asomaba curiosa a la portezuela, escudriñando el interior del +departamento. Llovía preguntas sobre Miranda, el cual daba pormenores de +todo, esmerándose en divertirla, y entreverando con las explicaciones +alguna terneza, que la niña escuchaba sin turbarse, pareciéndole +naturalísimo que el esposo mostrase afecto a la esposa, sin que el más +leve oscilar de su corpiño delatara la dulce confusión que el amor +despierta. Hallábase ya en su centro Miranda, habiendo cesado los lloros +y reaparecido el buen humor y el temple normal del ánimo. Satisfecho de +tal resultado, hasta bendecía interiormente a una de sus causas, una +vejezuela que con enorme banasta al brazo se coló en el departamento +algunas estaciones antes de Palencia, y cuya grotesca facha ayudó a +llamar la sonrisa a los labios de Lucía.</p> + +<p>Al llegar a Palencia, dejolos la vejezuela y subió un hombre grave, +decentemente vestido, silencioso.</p> + +<p>—Se parece a papá—dijo Lucía en voz baja a Miranda—. ¡Pobrecillo!—Y +esta vez sólo un suspiro pagó la deuda del amor filial.</p> + +<p>Caía ya la noche; andaba el tren lentamente, como si temblase de pavor +al confiarse a los raíles, y observó Miranda que llevaba notable +retraso.</p> + +<p>—Llegaremos a Venta de Baños—pronunció volviendo la hoja del +<i>Indicador</i>—mucho más tarde de lo que se acostumbra.</p> + +<p>—Y en Venta de Baños...—interrogó Lucía.</p> + +<p>—Podemos cenar... si nos dan tiempo. En circunstancias ordinarias, no +sólo se cena, sino que hasta se descansa un rato, esperando el otro +tren, el expreso, el que ha de llevarnos a Francia.</p> + +<p>—¡A Francia! (Lucía palmoteó como si escuchase nueva inesperada y +gratísima.) Reflexionando después, añadió en voz grave—: Pues lo que es +yo tengo ganas de cenar.</p> + +<p>—Cenaremos, cenaremos: al menos para cenar espero que nos alcanzará el +rato que dure la parada.... ¿Hay apetito, eh? Ello es que... que tú no +has probado casi nada hoy....</p> + +<p>—Con la prisa y el ahogo... y atender a que sirviesen bien los +chocolates... y la pena de dejar al pobre papá, y de verle tan +alicaído... y también....</p> + +<p>—¿Qué más?</p> + +<p>—¡Y vamos! que eso de casarse no sucede todos los días... y es natural +que trastorne un poco... es cosa grave, muy grave, ya me lo avisó el +Padre Urtazu..., y así es que yo anoche no pegué ojo, y conté todas las +horas, las medias y los cuartos que dio el cuco de la antesala... a cada +campanada que oía.... ¡tam, tam!, exclamaba yo ¡maldito! aguárdate, que +voy a taparme la cara con las sábanas, y a llamar el sueño, y no +volverás a hacer de las tuyas..., pero ni por esas. Ahora, como ya pasó, +es lo mismo que cuando hay que saltar un foso muy ancho: se salta, +¡zas!, y ya no se piensa en ello. ¡Se acabó!</p> + +<p>Miranda se reía, sentado próximo a su novia, mirándola de cerca y +hallándola muy linda, transformada casi con el tocado de viaje y la +animación que encendía sus mejillas y arrebolaba su fresca tez. Lucía +también comenzaba a recobrar la antigua familiaridad con Miranda, algo +interrumpida últimamente por la novedad de la situación respectiva de +ambos.</p> + +<p>—No se ría usted de mis tonterías, señor de Miranda—murmuró la niña.</p> + +<p>—Hazme el favor de no equivocarte, hija... me llamo Aurelio, y debes +hablarme de tú como yo a ti.... ¿sabes?</p> + +<p>Todo este diálogo pasaba en discreto tono, a media voz, inclinados el +uno hacia el otro ambos interlocutores, con misterioso y casi amante +silabeo. El testigo de vista, silencioso, recostado en un ángulo, +imponía a la plática de los esposos, plática llana y corriente, cierta +intimidad y secreto que acrecentaban su atractivo, dándole visos de +tierno coloquio. Las mismas cosas, dichas en alto, serían indiferentes y +sencillas por demás. De ordinario sucede así, que no sean las palabras +importantes en sí mismas, sino por el tono con que se pronuncian y el +lugar en que se colocan, a la manera de menudas piedrecillas que +incrustadas convenientemente en la labor de mosaico, ya dibujan un +árbol, ya una casa, ya un rostro.</p> + +<p>Detúvose al cabo el tren en Venta de Baños, y las luces de la estación +mostraron su encendida pupila a través de la niebla leve de sosegada +noche de otoño.</p> + +<p>—¿Es aquí? ¿Es aquí donde nos bajarnos y se cena?—preguntó Lucía, a +quien el suceso, nuevo para ella, de una cena en la estación, abría a un +tiempo apetito y curiosidad.</p> + +<p>—Aquí—contestole Miranda en tono mucho menos regocijado—. ¡Ahora, +cambio de tren! ¡Los suprimiría todos! No hay cosa más incómoda. Busque +usted el equipaje para que no se lo lleven a Madrid... mueva usted todos +esos embelecos....</p> + +<p>Diciendo lo cual, cogió de la red manta, saco y lío de paraguas; pero +Lucía con su juvenil vigor y sus hábitos de hija del pueblo arrebatole +de la mano lo más pesado, el saco, y brincando, ligera como un ave, al +suelo, dio a correr hacia la fonda.</p> + +<p>Sentáronse a la mesa dispuesta para los viajeros, mesa trivial, sellada +por la vulgar promiscuidad que en ella se establecía a todas horas; muy +larga y cubierta de hule, y cercada como la gallina de sus polluelos, de +otras mesitas chicas, con servicios de té, de café, de chocolate. Las +tazas, vueltas boca abajo sobre los platillos, parecían esperar +pacientes la mano piadosa que les restituyese su natural postura; los +terrones de azúcar empilados en las salvillas de metal, remedaban +materiales de construcción, bloques de mármol blanco desbastados para +algún palacio liliputiense. Las teteras presentaban su vientre +reluciente y las jarras de la leche sacaban el hocico como niños mal +criados. La monotonía del prolongado salón abrumaba. Tarifas, mapas y +anuncios, pendientes de las paredes, prestaban al lugar no sé qué +perfiles de oficina. El fondo de la pieza ocupábalo un alto mostrador +atestado de rimeros de platos, de grupos de cristalería recién lavada, +de fruteros donde las pirámides de manzanas y peras pardeaban ante el +verde fuerte del musgo. En la mesa principal, en dos floreros de azul +porcelana, acababan de mustiarse lacias flores, rosas tardías, girasoles +inodoros. Iban llegando y ocupando sus puestos los viajeros, contraído +de tedio y de sueño el semblante, caladas las gorras de camino hasta las +cejas los hombres, rebujadas las mujeres en toquillas de estambre, +oculta la gentileza del talle por grises y largos impermeables, +descompuesto el peinado, ajados los puños y cuellos. Lucía, risueña, con +su ajustado casaquín, natural y sonrosada la color del semblante, +descollaba entre todos, y dijérase que la luz amarillenta y cruda de los +mecheros de gas se concentraba, proyectándose únicamente sobre su cabeza +y dejando en turbia media tinta las de los demás comensales. Les +trajeron la comida invariable de los fondines: sopa de hierbas, chuletas +esparrilladas, secos alones de pollo, algún pescado recaliente, jamón +frío en magrísimas lonjas, queso y frutas. Hizo Miranda poco gasto de +manjares, despreciando cuanto le servían, y pidiendo imperativo y en voz +bastante alta una botella de Jerez y otra de Burdeos, de que escanció a +Lucía, explicándole las cualidades especiales de cada vino. Lucía comió +vorazmente, soltando la rienda a su apetito impetuoso de niño en día de +asueto. A cada nuevo plato, renovabásele el goce que los estómagos no +estragados y hechos a alimentos sencillos hallan en la más leve novedad +culinaria. Paladeó el Burdeos, dando con la lengua en el cielo de la +boca, y jurando que olía y sabía como las violetas que le traía Vélez de +Rada a veces. Miró al trasluz el líquido topacio del Jerez, y cerró los +ojos al beberlo, afirmando que le cosquilleaba en la garganta. Pero su +gran orgía, su fruto prohibido, fue el café. No acertaremos jamás los +mínimos y escrupulosos cronistas del señor Joaquín el Leonés, cuál fuese +la razón secreta y potísima que le llevó a vedar siempre a su hija el +uso del café, cual si fuese emponzoñada droga o pernicioso filtro: caso +tanto más extraño cuanto que ya sabemos la afición desmedida, el amor +que al café profesaba nuestro buen colmenarista. Privada Lucía de gustar +de la negra infusión, y no ignorante de los tragos que de ella se echaba +su padre al cuerpo todos los días, dio en concebir que el tal brebaje +era el mismo néctar, la propia ambrosía de los dioses, y sucedíale a +veces decir a Rosarito o a Carmela:</p> + +<p>—Deja, que en casándome, yo tomaré café. ¡Pues no!</p> + +<p>No era muy genuino, ni muy aromático el del fondín de Venta de Baños; y +con todo eso, al introducir en sus labios por vez primera la cucharilla, +al sentir el leve amargor y el tibio vaho que la penetraban, experimentó +Lucía hondo estremecimiento, algo como una expansión de su ser, cual si +a un tiempo se abriesen sus sentidos, semejantes a capullos de arbusto +que a la vez florecen todos. La copa de <i>chartreuse</i>, bebida despacio, +le dejó en la lengua y en los dientes un aroma penetrante y +fortalecedor, una sed grata, ligerísima, que apagaban los sorbos últimos +del café, saturados del fino polvillo que en remolinos lentos se +depositaba en el fondo de la taza.</p> + +<p>—¡Si viniese papá ahora—murmuró—, qué diría!</p> + +<p>Miranda y Lucía fueron los últimos en alzarse de la mesa. Los restantes +viajeros se desparramaran ya por el andén a fin de coger sitio en el +expreso, que acababa de llegar y detenerse, vibrante aún de su rápida +marcha, en la estación.</p> + +<p>—Vamos—advirtió Miranda—, vamos, que el tren va a salir.... No sé si +hallaremos un departamento desocupado.</p> + +<p>Emprendieron su peregrinación, recorriendo la línea de vagones, en busca +del departamento vacío. Halláronle, al fin no sin trabajo, y tomaron +posesión de él, arrojando sus fardos en los almohadones. La luz opaca +del farol, filtrándose a través de la cortinilla de azul tafetán; el +gris uniforme y mate del forro, que parecía blanquecina colgadura; el +silencio, la atmósfera reposada, sucediendo a la claridad brutal y a la +confusa batahola del fondín, convidando estaban a apacible sueño y +sosiego. Desabrochó Lucía la goma de su sombrero, colocándolo en la red.</p> + +<p>—Estoy aturdida—dijo pasándose la mano por la frente—. Me pesa algo +la cabeza; tengo calor.</p> + +<p>—Los licores.... Las bebidas—respondió festivamente Miranda—. +Descansa un instante, mientras facturo el equipaje. Es formalidad +precisa aquí....</p> + +<p>Diciendo esto, levantó uno de los cojines del coche; metió debajo su +manta enrollada para que formase cabecera, alzó el brazo de sillón que +dividía los dos cojines, y añadió:</p> + +<p>—¡Una cama pintiparada!</p> + +<p>Sacó Lucía del bolsillo un pañolito de seda, con esmero doblado, lo +extendió delicadamente sobre el cojín, y se tendió reclinando la cabeza +en donde el pañuelo impedía el roce con el paño sobado del forro.</p> + +<p>—Si me duermo—advirtió a Miranda—, despiértame cuando pase algo digno +de verse.</p> + +<p>—Pierde cuidado—contestó Miranda riéndose—. Vuelvo en seguida.</p> + +<p>Quedose Lucía sola, cerrados ya los ojos, embargadas por grato sopor las +potencias. Fuese el movimiento del tren, fuese el insomnio de las +vísperas nupciales, fuese el hábito de acostarse en León a aquella misma +hora de diez y media de la noche, o todas estas cosas juntas, ello es +que el sueño caía sobre ella como un manto de plomo. Aflojábanse sus +tirantes nervios, y corría por sus venas esa inexplicable sensación de +calor rítmico, que anuncia que el curso de la sangre regulariza, y que +el reposo comienza. Hizo Lucía la señal de la cruz, entre dos bostezos, +murmuró un Padrenuestro y un Avemaría, y dio principio a una oración +aprendida en el devocionario, y escrita en detestables versos, que +comienza:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Del párvulo tierno,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">cándido e inocente,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Dios justo y clemente</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">el sueño me dad...</span><br /> +</p> + +<p>Operaciones todas que si habían de espantar la somnolencia, la atrajeron +más y más. De la boca de Lucía se exhaló leve suspiro; su mano cayó +inerte, y la niña se quedó sepultada en el sueño más suelto y profundo, +cual si entre blandas sábanas lo gozase.</p> + +<p>Entregábase mientras tanto Miranda a la importante tarea de facturar el +equipaje, no escaso, compuesto de dos baúles mundos, una sombrerera y un +cajón especial de tela y cuero, a propósito para guardar de arrugas el +planchado de sus camisas de vestir. Fuerza fue esperar pacientemente el +turno de bultos rotulados A. M., frente al gran mostrador, donde se +alineaba respetable fila de maletas, cajas y cajones de toda especie que +iban trayendo a hombros los mozos de la estación, agobiados, hinchadas +las venas del cuello. Cuando llegaban al mostrador, dábanse prisa a +soltar la carga de golpe, con movimientos brutales, haciendo crujir la +madera de los baúles y gemir y rechinar los aros de hierro que la +afianzan. Al cabo logró Miranda que llegase su vez, y ya con el talón en +el bolsillo, saltó del andén a la vía triple buscando su departamento. +Costole algún trabajo, y abrió en balde varias puertas antes de dar con +él; al abrirlas, solía asomarse una cabeza, y una voz áspera decir: +«está lleno.» En otros departamentos vio formas confusas, gente +acurrucada en los rincones o tumbada en los cojines. Al fin acertó, +reconoció su sitio.</p> + +<p>El cuerpo de Lucía, tendido sobre la improvisada cama, era complemento +de la paz, de la quietud de aquella movible alcoba. Miranda consideró a +su desposada un rato, sin que se le ocurriesen las cosas sentimentales y +poéticas que la situación parecía sugerir.</p> + +<p>—Es guapa de veras esta chica—pensaba el hombre maduro y experto—. +Sobre todo, tiene su tez la pelusa de los albérchigos cuando no les han +tocado y cuelgan aún en la rama. Ese diablo de Colmenar parece que +adivina todas las cosas... otro me hubiera dado los millones con alguna +virgen y mártir de cuarenta años.... Pero esto es miel sobre hojuelas, +como suele decirse.</p> + +<p>Al glosar así su dicha, quitábase Miranda el sombrero y buscaba en los +bolsillos del sobretodo la gorrilla de viaje roja y negra a cuarterones. +Hay movimientos que por instinto nos recuerdan otros, cuando los +ejecutamos. El antebrazo de Miranda, al descender, notó un vacío, la +falta de algo que antes le estorbaba. Y el dueño del antebrazo, al +advertirlo, dio brusco salto, y empezó a mirarse de abajo arriba, y las +manos trémulas recorrieron y palparon el pecho y la cintura sin hallar +nada; y la boca, impaciente y colérica, soltó en voz ahogada tacos, +ternos y votos redondos; y el puño cerrado hirió la desmemoriada frente, +como evocando el recuerdo con aquel cachete expresivo: llamado así el +recuerdo, acudió por último; al cenar, habíase quitado la cartera, que +le molestaba para comer, y puéstola a su lado sobre una silla vacante. +Allí debía de estar. Era forzoso recogerla. Pero, ¡y el tren que iba a +salir! Ya roncaban las chimeneas, bufando como erizados gatos, y dos o +tres silbos agudos preludiaban la marcha. Miranda tuvo un segundo de +indecisión.</p> + +<p>—Lucía—dijo en voz alta.</p> + +<p>Y contestole sólo el respirar igual y fuerte de la niña, indicando un +sueño tenaz y hondo.</p> + +<p>Entonces se decidió prontamente, y con agilidad digna de un muchacho de +veinte años, saltó a la vía y rompió a correr hacia la fonda. No es para +perdida cartera como aquella, repleta de dinero en sus formas más +variadas y seductoras: oro, plata, billetes de Banco, letras. Se +precipitaba.</p> + +<p>Extinguido ya la mayor parte del alumbrado en el fondín, sólo ardía una +bomba en cada cuádruple mechero; los mozos charlaban sentados en los +rincones, o conducían perezosamente a la cocina obeliscos de platos +grasientos y sucios, y montones de arrugadas servilletas. En la mesa +grande, casi vacía, se alzaban solitarios los altos floreros, y a la luz +escasa era lúgubre la mancha blanca del enorme mantel, semejante a un +sudario. Sobre el mostrador, un quinqué de petróleo despedía en torno un +círculo de claridad anaranjada, concreta, y el amo del +establecimiento—sirviéndole de pupitre la tableta de mármol—, escribía +guarismos en una gran agenda. Miranda, azorado, se llegó a él, +acercándose mucho, tocándole casi:</p> + +<p>—Caballero...—preguntó con voz anhelante—¿ha visto usted por ahí... +han recogido los mozos?...</p> + +<p>El amo alzó el rostro, rostro franco, patilludo y vulgar.</p> + +<p>—¿Una cartera? Sí, señor.</p> + +<p>Respiró anchamente el amigo de Colmenar.</p> + +<p>—¿Es de usted?—interrogó receloso el fondista.</p> + +<p>—¡Mía, sí! Démela usted sin pérdida de tiempo: va a salir el tren....</p> + +<p>—Tenga usted la bondad de facilitarme alguna seña....</p> + +<p>—Color encarnado obscuro... de piel de Rusia... broches plateados....</p> + +<p>—Basta, basta—dijo el fondista, que tomó de un cajón del mostrador la +preciosa prenda, entregándola honradamente a su poseedor legítimo. El +cual, no parándose a reconocerla, se la colgó en un abrir y cerrar de +ojos, sepultó la mano en el bolsillo del chaleco, y sacando un puñado de +monedas de plata, las desparramó sobre el mármol, exclamando: «para los +mozos.» La acción fue tan rápida, que algunas rodaron, y después de +danzar sobre la lisa superficie, vinieron a aplanarse con sonoro tañido. +Aún duraba el argentino repique y ya Miranda volaba. En su aturdimiento +no acertaba con la puerta.</p> + +<p>—Que sale el tren, caballero—le gritaron los mozos—. Por aquí... por +aquí....</p> + +<p>Lanzose desatinado al andén: el tren, con pérfida lentitud de reptil, +comenzaba a resbalar suavemente por los rieles. Miranda le enseñó los +puños, y un sentimiento de impotente y fría rabia apoderose de su +espíritu. Así perdió un segundo, un segundo precioso. El andar del +convoy se aceleraba, como el columpio que, empezando a oscilar, describe +a cada paso curvas más abiertas, y vuela con brío mayor por los aires. +Precipitadamente y sin mirar al terreno, saltó Miranda a la vía, para +alcanzar los vagones de primera, que en aquel punto desfilaban ante sus +ojos, como mofándose de él. Quiso lanzarse al estribo, pero al tocarle +fue despedido a la vía con gran violencia, y cayó, sintiendo agudo y +repentino dolor en el pie derecho. Quedose en el suelo, medio +incorporado, profiriendo una imprecación de esas que en España los +hombres más preciados de distinguidos y elegantes no recelan tomar del +lenguaje patibulario de los facinerosos. El tren, rugiente, majestuoso y +veloz, cruzó ante él, despidiendo la negra máquina centellas de fuego, +semejantes a espíritus fantásticos danzando entre las tinieblas +nocturnas.</p> + +<p>Pocos momentos después de que Miranda bajó a recoger su cartera, habíase +abierto la puerta del departamento donde quedaba Lucía dormida, +penetrando por ella un hombre. Llevaba éste en la mano un maletín, que +dejó caer a su lado, sobre los cojines. Cerrando la portezuela, sentose +en un ángulo, pegada la frente al vidrio, frío como el hielo y empañado +por el rocío de la noche. No se veía más que la negrura exterior, que +apenas contrastaba la confusa penumbra del andén, el farolillo del +guarda que lo recorría, y los mustios reverberos aquí y allí esparcidos. +Cuando el tren rompió a andar, pasaron unas chispas, rápidas como +exhalaciones, ante el cristal en que apoyaba su rostro el recién +llegado.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2> + + +<p>Al cual no dejó de parecer extraña y desusada cosa—así que, cesando de +contemplar las tinieblas, convirtió la vista al interior del +departamento—el que aquella mujer, que tan a su sabor dormía, se +hubiese metido allí en vez de irse a un reservado de señoras. Y a esta +reflexión siguió una idea, que le hizo fruncir el ceño y contrajo sus +labios con una sonrisa desdeñosa. No obstante, la segunda mirada que +fijó en Lucía le inspiró distintos y más caritativos pensamientos. La +luz del reverbero, cuya cortina azul descorrió para mejor examinar a la +durmiente, la hería de lleno; pero según el balanceo del tren, oscilaba, +y tan pronto, retirándose, la dejaba en sombra, como la hacía surgir, +radiante, de la obscuridad. Naturalmente se concentraba la luz en los +puntos más salientes y claros de su rostro y cuerpo. La frente, blanca +como un jazmín, los rosados pómulos, la redonda barbilla, los labios +entreabiertos que daban paso al hálito suave, dejando ver los nacarinos +dientes, brillaban al tocarlos la fuerte y cruda claridad; la cabeza la +sostenía con un brazo, al modo de las bacantes antiguas, y su mano +resaltaba entre las obscuridades del cabello, mientras la otra pendía, +en el abandono del sueño, descalza de guante también, luciendo en el +dedo meñique la alianza, y un poco hinchadas las venas, porque la +postura agolpaba allí la sangre. Cada vez que el cuerpo de Lucía entraba +en la zona luminosa, despedían áureo destello los botones de cincelado +metal, encendiéndose sobre el paño marrón del levitín, y se entreveía, a +trechos de la revuelta falda, orlada de menudo volante a pliegues, algo +del encaje de las enaguas, y el primoroso zapato de bronceada piel, con +curvo tacón. Desprendíase de toda la persona de aquella niña dormida +aroma inexplicable de pureza y frescura, un tufo de honradez que +trascendía a leguas. No era la aventurera audaz, no la mariposuela de +vuelo bajo que anda buscando una bujía donde quemarse las alas; y el +viajero, diciéndose esto a sí mismo, se asombraba de tan confiado sueño, +de aquella criatura que descansaba tranquila, sola, expuesta a un +galanteo brutal, a todo género de desagradables lances; y se acordaba de +una estampa que había visto en magnífica edición de fábulas ilustradas, +y que representaba a la Fortuna despertando al niño imprevisor +aletargado al borde del pozo. Ocurriósele de pronto una hipótesis: acaso +la viajera fuese una <i>miss</i> inglesa o norteamericana, provista de +rodrigón y paje con llevar en el bolsillo un revólver de acero de seis +tiros. Pero aunque era Lucía fresca y mujerona como una Niobe, tipo muy +común entre las señoritas <i>yankees</i>, mostraba tan patente en ciertos +pormenores el origen español, que hubo de decirse a sí mismo el que la +consideraba: «no tiene pizca de traza de extranjera.» Mirola aun buen +rato, como buscando en su aspecto la solución del enigma; hasta que al +fin, encogiéndose levemente de hombros, como el que exclamase: «¿Qué me +importa a mí, en resumen?», tomó de su maletín un libro y probó a leer; +pero se lo impidió el fulgor vacilante que a cada vaivén del coche +jugaba a embrollar los caracteres sobre la blanca página. Se arrimó +nuevamente entonces el viajero a los helados cristales, y se quedó así, +inmóvil, meditabundo.</p> + +<p>El tren seguía su marcha retemblando, acelerándose y cuneando a veces, +deteniéndose un minuto solo en las estaciones, cuyo nombre cantaba la +voz gutural y melancólica de los empleados. Después de cada parada +volvía, como si hubiese descansado, y con mayores bríos, a manera de +corcel que siente el acicate, a devorar el camino. La diferencia de +temperatura del exterior al interior del coche, empañaba con un velo de +tul gris la superficie del vidrio; y el viajero, cansado quizá de +fundirlo con su hálito, se dedicó nuevamente a considerara la dormida, y +cediendo a involuntario sentimiento, que a él mismo le parecía ridículo, +a medida que transcurrían las horas perezosas de la noche, iba +impacientándole más y más, hasta casi sacarle de quicio, la regalada +placidez de aquel sueño insolente, y deseaba, a pesar suyo, que la +viajera se despertara, siquiera fuese tan sólo por oír algo que +orientase su curiosidad. Quizá con tanta impaciencia andaba mezclada +buena parte de envidia. ¡Qué apetecible y deleitoso sueño; qué calma +bienhechora! Era el suelto descanso de la mocedad, de la doncellez +cándida, de la conciencia serena, del temperamento rico y feliz, de la +salud. Lejos de descomponerse, de adquirir ese hundimiento cadavérico, +esa contracción de las comisuras labiales, esa especie de trastorno +general que deja asomar al rostro, no cuidadoso ya de ajustar sus +músculos a una expresión artificiosa, los roedores cuidados de la +vigilia, brillaba en las facciones de Lucía la paz, que tanto cautiva y +enamora en el semblante de los niños dormidos. Con todo, un punto +suspiró quedito, estremeciéndose. El frío de la noche penetraba, aun +cerrados los cristales, a través de las rendijas. Levantose el viajero, +y sin mirar que en la rejilla había un envoltorio de mantas, abrió su +propio maletín y sacó un chal escocés, peludo, de finísima lana, que +delicadamente extendió sobre los pies y muslos de la dormida. Volviose +ésta un poco sin despertar, y su cabeza quedó envuelta en sombra.</p> + +<p>Fuera, los postes del telégrafo parecían una fila de espectros; los +árboles sacudían su desmelenada cabeza, agitando ramas semejantes a +brazos tendidos con desesperación pidiendo socorro; una casa surgía +blanquecina, de tiempo en tiempo, aislada en el paisaje como monstruosa +testa de granítica esfinge; todo confundido, vago, sin contornos, +flotante y fugaz, a imitación de los torbellinos de humo de la máquina, +que envolvían al tren cual envuelve a la presa el aliento de fuego de +colérico dragón. Dentro del coche silencio religioso; dijérase que era +un recinto encantado. El viajero corrió el transparente azul, cubriendo +la lámpara; recostose en una esquina cerrados los ojos, y, estirando las +piernas, las apoyó en el asiento fronterizo. Así pasaron estaciones y +estaciones. Dormitaba él un poco, y después, asombrado del silencio y +largo sopor de Lucía, levantábase, receloso de que la hubiese +sobrecogido un síncope. Iba a ella, inclinándose, y otra vez tornaba a +su rincón, habiendo percibido el ritmo acompasado del pacífico respirar +de la niña.</p> + +<p>Difusa y pálida claridad comenzaba a tenderse sobre el paisaje. Ya se +discernía la forma de montañas, árboles y chozas; la noche se retiraba +barriendo las tembladoras estrellas, como una sultana que recoge su velo +salpicado de arabescos argentinos. El estrecho segmento de círculo de la +luna menguante se difumaba y desvanecía en el cielo, que pasaba de +obscuro a un matiz de azul opaco de porcelana. Glacial sensación corrió +por las venas del viajero, que subió el cuello de su americana y llegó +los pies instintivamente al calorífero, tibio aún, en cuyo seno de metal +danzaba el agua, produciendo un sonido análogo al que se oye en la cala +de los buques. De improviso se abrió bruscamente la puerta del +departamento, y saltó dentro un hombre ceñudo, calada la gorra de dorado +galón, en la mano una especie de tenacilla o sacabocados de acero.</p> + +<p>—¡Los billetes, señores!—gritó en voz seca e imperiosa.</p> + +<p>El viajero echó mano a su chaleco y entregó un trozo de cartón amarillo.</p> + +<p>—¡Falta uno! El billete de la señora. ¡Eh, señora!, ¡señora! ¡El +billete!</p> + +<p>Agitábase ya Lucía en su asiento, y echando abajo el chal escocés e +incorporándose, se frotaba asombrada los ojos con los nudillos, a la +manera de las criaturas soñolientas. Tenía revuelto y aplastado el pelo, +y muy encendido el lado del rostro sobre que reposara; una trenza suelta +le descendía por el hombro, y, destrenzándose por la punta, ondeaba en +tres mechones. Arrugada la blanca enagua, se insubordinaba bajo el +vestido de paño; un lazo de un zapato se había desatado, flotando y +cubriendo el empeine del pie. Lucía miraba en derredor con ojos vagos e +inciertos; estaba seria y atónita.</p> + +<p>—¡El billete, señora! ¡Su billete de usted!—seguía gritándole el +empleado, con no muy afable tono.</p> + +<p>—El billete...—repitió ella. Y de nuevo tendió la vista en torno, sin +lograr sacudir totalmente el estupor del sueño.</p> + +<p>—Sí, señora, el billete—reiteró más desapaciblemente aún el empleado.</p> + +<p>—¡Miranda.... Miranda!—exclamó Lucía por fin, enlazando sus dispersos +recuerdos de la víspera. Y registró con los ojos todo el departamento, +estupefacta al no ver a Miranda allí.</p> + +<p>—El señor de Miranda tendrá mi billete—dijo dirigiéndose al empleado, +como si éste hubiese de conocer forzosamente a Miranda.</p> + +<p>El empleado, desorientado, se volvió hacia el viajero, tendida la +diestra.</p> + +<p>—No me llamo Miranda—murmuró éste.</p> + +<p>Y como viese al empleado furioso, dispuesto a interpelar a Lucía con +grosero ademán, añadió:</p> + +<p>—¿Venía alguien con usted, señora?</p> + +<p>—Sí, señor...—contestó Lucía, atribulada ya—. Pues claro está que +venía... venía don Aurelio Miranda, mi marido...—y al decirlo, sonriose +involuntariamente, de lo nueva y peregrina que se le figuraba tal +expresión en su boca.</p> + +<p>—Muy niña parece para casada—pensó el viajero; pero recordando el +anillo que había visto lucir en el meñique, añadió en alta voz:</p> + +<p>—¿De dónde venían ustedes?</p> + +<p>—De León. Pero qué, ¿no está? ¡Virgen Santa! Caballero... dígame +usted... permitame....</p> + +<p>Y olvidando que el tren andaba, iba a abrir la portezuela rápidamente, +cuando el empleado la detuvo asiéndola del brazo con vigor.</p> + +<p>—Eh, señora—dijo en voz ruda—, ¡pues no ve usted que se mata! No se +puede salir ahora. ¿Está usted loca? Y acabemos, que yo necesito el +billete.</p> + +<p>—No lo tengo; ¡cómo he de hacer, si no lo tengo!—pronunció Lucía +acongojada, preñándosele de lágrimas los ojos.</p> + +<p>—Tendrá usted que tomarlo en la primera estación, y pagar multa.</p> + +<p>Y el empleado gruñó más fuerte.</p> + +<p>—No moleste usted más a la señora—dijo el viajero terciando muy a +tiempo, que ya empezaban a rodar por las mejillas de Lucía lagrimones +como avellanas—. ¡So desatento!—prosiguió con cólera—, ¿no ve usted +que ha ocurrido a esta señora un suceso que no podía prever? Ea, +márchese usted, o por mi nombre....</p> + +<p>—Ya ve usted, caballero, que tenemos nuestra obligación... nuestra +responsabilidad....</p> + +<p>—Váyase usted noramala. Tome usted para el billete de la señora.</p> + +<p>Diciendo esto, introdujo la diestra en el bolsillo de su americana, y +sacó unos papeles grasientos y verdosos, cuya vista despejó al punto el +perruno entrecejo del empleado, que al recibir el billete bajó dos o +tres tonos el diapasón de su bronca voz.</p> + +<p>—Perdone usted—dijo al cogerlo y guardárselo en su sucia y desflorada +cartera.... La palabra de usted bastaba. Al pronto le desconocí; pero +ahora recuerdo muy bien de su fisonomía, y caigo en la cuenta de que le +conozco mucho, y también he conocido a su padre, señor de Artegui....</p> + +<p>—Pues si me conoce—repuso severamente el viajero—, sabrá que gasto +pocas palabras ociosas.... Abur.</p> + +<p>Y empujando al importuno hacia fuera, cerrole la portezuela en las +narices. Pero súbitamente la abrió otra vez, y ceceando al empleado, que +ya corría con no vista agilidad por la angosta plataforma de los +estribos, gritole en voz sonora:</p> + +<p>—¡Psit... psit... eh!, que si hay por esos vagones algún señor de +Miranda, avísele usted que aquí está su señora.</p> + +<p>Hecho lo cual, se sentó en el rincón, y bajando el vidrio, respiró con +ansia el vivificante fresco matinal. Lucía, secando sus ojos del segundo +llanto vertido en el curso de tan pocas horas, sentía extraordinaria +inquietud de una parte, de otra inexplicable contentamiento. La acción +del viajero le causaba el gozo íntimo que suelen los rasgos generosos en +las almas no gastadas aún. Moríase por darle las gracias, y no osaba +hacerlo. Él, entretanto, miraba amanecer, con la misma atención que si +fuese el más nuevo y entretenido espectáculo del mundo. Al fin se +resolvió la niña a atreverse, y con balbuciente labio dijo la mayor +tontería que en aquel caso decir pudiera (como suele suceder a cuantos +piensan mucho y preparan anticipadamente un principio de diálogo).</p> + +<p>—Caballero... es que yo no podré pagarle a usted lo que le debo hasta +que encontremos a Miranda. Él llevaba los fondos....</p> + +<p>—Yo no presto dinero, señora—contestó apaciblemente el viajero, sin +volver la faz ni dejar de mirar el alba, que rompía por los cielos +envuelta en leves vapores de rosa y nácar.</p> + +<p>—Bien... pero no es justo que usted, así, sin conocerme....</p> + +<p>El viajero no contestó.</p> + +<p>—Y dígame usted, por Dios—añadió Lucía con inflexiones infantiles en +su voz pura—, ¿qué será de Miranda? ¿Qué le parece a usted de mi +situación? ¿Qué hago yo ahora?</p> + +<p>Giró el viajero en su asiento, y quedó frente a Lucía, con aspecto de +hombre a quien obligan a ocuparse en lo que no le importa y que se +resigna a ello. El timbre fresco de la voz de Lucía le volvió a sugerir +la misma reflexión de antes.</p> + +<p>—Imposible parece que esté casada. Cualquiera pensará que sale de un +colegio.—Y, de recio, preguntó:</p> + +<p>—Vamos a ver, señora; ¿dónde dejó usted a su marido? ¿Lo recuerda +usted?</p> + +<p>—¿Qué sé yo? Si me dormí....</p> + +<p>—¿Y dónde se durmió usted? ¿No lo sabe usted tampoco?</p> + +<p>—En la estación donde cenamos.... En Venta de Baños. Miranda se bajó a +facturar el equipaje, y me dijo que descansase un rato, que procurase +dormir....</p> + +<p>—¡Y lo ha procurado usted bien!—murmuró con una media sonrisa el +viajero—. Duerme usted desde allá... cinco horas seguidas, de un +tirón....</p> + +<p>—Pero... es que ayer madrugué tanto.... Estaba rendida.</p> + +<p>Y Lucía se frotó los ojos, cual si otra vez sintiese en ellos la comezón +del sueño. Después buscó en su moño dos o tres horquillas, recogiéndose +con ellas la rebelde trenza.</p> + +<p>—¿Me ha dicho usted—interrogó el viajero—que venían ustedes de León?</p> + +<p>—Sí, señor.... La boda fue a las once de la mañana; pero yo tuve que +madrugar para disponer el refresco...—refirió Lucía con su sencillez de +niña no hecha al trato social—. Las tres y media eran cuando salimos de +León....</p> + +<p>El viajero la miraba, empezando a comprender el enigma. La niña le daba +la clave de la mujer.</p> + +<p>—Debí figurármelo—dijo para su sayo—. ¿Llegaron ustedes juntos hasta +Venta de Baños?—preguntó a Lucía después.</p> + +<p>—Sí, sí... allí cenamos. Miranda se quedó sin duda facturando....</p> + +<p>—No puede ser.... La operación de facturar termina siempre a tiempo +suficiente para que los viajeros tomen el tren.... Algún incidente +imprevisto, algún contratiempo debió de ocurrirle.</p> + +<p>—¿No le parece a usted... diga usted con franqueza... lo habrá hecho a +propósito, eso de dejarme?</p> + +<p>Tan pueril y sincera congoja revelaba el semblante de Lucía al +pronunciar esto, que la seria boca del viajero hubo de sonreírse +nuevamente.</p> + +<p>—¡Mire usted!—añadió ella meneando grave y reflexiva la cabeza—; ¡y +yo que pensaba que una mujer en casándose tenía quien la acompañase y +defendiese! ¡Quien la diese protección y sombra! Pues si esto sucede a +las veinticuatro horas no completas.... No completas. ¡Bien estamos!</p> + +<p>—De seguro... de seguro que su marido de usted está más disgustado por +lo ocurrido que usted misma. Crea usted que algo sucede que no sabemos, +y que explicará la conducta de ese señor.... Miranda. ¿O tendría usted +algún antecedente, algún motivo para sospechar que... que la quiso +abandonar?</p> + +<p>—¡Motivo! ¡Quiá! Ninguno. Si el señor de Miranda es una persona formal.</p> + +<p>—¿Usted le llama el <i>señor de Miranda</i>?</p> + +<p>—No... él ya me advirtió ayer que le llamase Aurelio.... Pero como aún +no adquirí confianza... y él tiene más edad.... En fin, no se me venía a +la boca.</p> + +<p>El viajero puso dique a una marea de preguntas indiscretas que se +asomaban a sus labios, y volviose hacia la ventanilla para no perder la +hermosa decoración que le ofrecía la Naturaleza. El sol, apareciendo +sobre la cumbre de una montañuela cercana, disipaba la bruma matutina, +que descendía al valle en jirones de encaje gris, y, brillando en un +espacio azul clarísimo, alumbraba con luz naciente, fresca y suave. Por +los flancos de granito de la montaña, sembrados de mica que relucía, +bajaba desatado un torrente espumoso; y entre el matiz sombrío de los +encinares asomaba un pradillo, de tonos pálidos de hierba temprana, +donde pacía un rebaño de ovejas, cuyos blancos cuerpos constelaban la +alfombra verde como enormes copos de algodón. Al través del ruido +ensordecedor del tren, dijérase que se oían en aquella pintoresca solana +remotos gorjeos de aves y argentino repiquetear de esquilas.</p> + +<p>Cuando el viajero hubo mirado largamente el lindo paisaje, que ya se +perdía en lontananza, dejose caer, como hombre fatigado, en la esquina, +y sus brazos exhaustos pendieron a ambos lados de su cuerpo, mientras se +le escapaba del pecho leve suspiro, que más que a pesares sonaba a +cansancio.</p> + +<p>El sol subía y sus rayos comenzaban a travesear en los cristales del +coche, y en las frentes de los dos que lo ocupaban, como invitándoles a +contemplarse el uno al otro. Midiéronse, en efecto, instintivamente con +la vista, procurando que su mutua curiosidad no fuese advertida, de lo +cual resultó una escena muda y expresiva, representada por ella con +infantil desenfado, y con reserva ceñuda por él.</p> + +<p>Era el viajero un hombre en la fuerza de la edad y en la edad de la +fuerza. Veintiocho, treinta o treinta y dos años podían haber corrido +sobre él, sin que fuese dable decir si los representaba. El descolorido +semblante lo tenía aún más pálido en los pómulos, allí donde suelen +estar las que en verso se llaman rosas. Con todo esto no parecía de +endeble salud, y era bien proporcionado de cuerpo, la barba negra y +hermosa, el cabello rebelde a las artes del peluquero, flexible y libre, +ondulante por aquí y por acullá, sin simetría ni compás, mas no sin +cierta colocación propia que caracterizaba y embellecía la cabeza.</p> + +<p>Tenía las facciones bien dispuestas, pero encapotadas por unas nubes de +melancolía y padecimiento, no del padecimiento físico que destruye el +organismo, pega la piel a los huesos, amojama las carnes y empaña o +vidria el globo ocular, sino del padecimiento moral, o mejor dicho, +intelectual, que sólo hunde algo la ojera, labra la frente, empalidece +las sienes y condensa la mirada, comunicando a la vez descuido y +abandono a los movimientos del cuerpo. Esto último era lo que en el +viajero se notaba más.</p> + +<p>Eran todas sus actitudes y ademanes como de hombre rendido y exánime. +Algo había descompuesto y roto en aquel noble mecanismo, algún resorte +de esos que al saltar interrumpen las funciones de la vida íntima. Hasta +en su vestir percibíase la languidez y desaliento que tan a las claras +revelaba la fisonomía. No era negligencia, era indiferencia y caimiento +de ánimo lo que manifestaba aquel traje obscuro de mezclilla, aquella +cadena de oro, impropia para un viaje, aquella corbata atada sin esmero +y al caer, aquellos guantes nuevos, de fina piel de Suecia, de color +delicado, que no iban a durar limpios ni diez minutos. Faltábale al +viajero la elegancia primorosa e inteligente que cuida de los detalles, +que hace ciencia del tocador; veíase en él al hombre que es superior a +la propia elegancia porque no la ignora, pero la desdeña: grado de +cultura por donde se ingresa en una esfera más alta que el buen tono, +que al fin y al cabo es categoría social, y quien se eleva por cima del +buen tono, eximese también de categorías. Miranda vestía la librea del +buen gusto, y por eso, antes de reparar en Miranda, se fijaban las +gentes en su ropa, al paso que lo que en Artegui atraía la atención, era +Artegui mismo. Ni la irregularidad del vestir encubría, antes bien, +patentizaba, la distinción de la persona: cuantas prendas componían su +traje eran ricas en su género; inglés el paño, holanda la tela de la +camisa, de primera el calzado y guantes. Todo esto lo notó Lucía, más +con el instinto que con el entendimiento, porque, inexperta y bisoña, no +había llegado aún a dominar la filosofía del traje, en que tan maestras +son las mujeres.</p> + +<p>A su vez la consideraba Artegui como aquel que, volviendo de países +nevados y desiertos, mira a un vallecillo alegre que por casualidad +encuentra en el camino. Jamás había visto reunidas en nadie tanta +juventud, robustez y frescura. A pesar de la noche pasada en +ferrocarril, estaba el rostro de Lucía más lozano que unas hierbas de +San Juan, y sus cabellos revueltos y a trechos aplastados, le prestaban +cierto aspecto de ninfa que sale del baño, destocada y húmeda. Reíansele +los ojos, las facciones todas, y el sol, indiscreto cronista de los +cutis marchitos, jugaba sin temor entre el dorado imperceptible vello +que tapizaba las mejillas de la niña, tiñéndolas con tonos calientes de +rancio mármol.</p> + +<p>Lucía esperaba que la hablasen, y su mirada lo pedía. Pero como el +viajero no pareciese dispuesto a realizar sus esperanzas, se resolvió +ella, pasado algún tiempo, a volver a la carga, exclamando:</p> + +<p>—Bien, ¿y qué hago yo? Usted no me dice cómo voy a salir del paso.</p> + +<p>—¿Adónde iba usted, señora, con su marido?</p> + +<p>—Ibamos a Francia... a las aguas de Vichy, que le habían recetado los +médicos.</p> + +<p>—¿A Vichy directamente? ¿No pensaban ustedes detenerse en alguna parte?</p> + +<p>—Sí tal, en Bayona. Allí descansaríamos.</p> + +<p>—¿Está usted bien segura?</p> + +<p>—Segurísima. Me lo explicó cien veces el señor de Miranda.</p> + +<p>—Pues en ese caso, diré a usted lo que opino. Indudablemente, su marido +de usted, detenido por una circunstancia cualquiera, que no hace al +caso, se quedó en Venta de Baños anoche. Por medida de precaución, le +haremos, si usted quiere, un telegrama desde Hendaya; pero lo que yo +supongo es que tomará el primer tren que vea salir para Francia, +corriendo en busca de usted. Si retrocedemos, se expone usted a cruzarse +con él en el camino, y a perder tiempo, y a molestarse más. Si se queda +usted en la primera estación que encontremos, para esperarle allí....</p> + +<p>—Eso, eso sería lo mejor.</p> + +<p>—No, porque como él no lo sabe, y como han pasado horas y ya estará +andando quizá para unirse a usted, y no podremos avisarle, y el tren se +detiene brevísimos momentos en esas estaciones... no me parece acertado. +Además, que tendrían ustedes acaso que quedarse los dos en una estación +mezquina, esperando otro tren.... Ese recurso no es aceptable.</p> + +<p>—Pues discurra usted...—dijo la niña con empeño y confianza, animada +por el «si retrocedemos...» del viajero, que le prometía implícitamente +asistencia y auxilio.</p> + +<p>—Seguir a Bayona, señora: es lo único que cabe. Creo que su marido de +usted se dirigirá desde luego allí. Nosotros llegamos en el tren de la +tarde y él en el de la noche. Cuando no ha telegrafiado avisando a usted +de que se vuelva (cosa que pudo hacer), es que sigue.</p> + +<p>No puso Lucía objeciones. Ignorante de la ruta, sintió placer singular +en entregarse a la ajena experiencia. Callada, se inclinó a la +ventanilla y siguió la línea escabrosa de la sierra, que se recortaba en +el cielo despejado. El tren andaba más despacio cada vez: estaban +llegando a una estación.</p> + +<p>—¿Qué es esto?—dijo volviéndose a su compañero.</p> + +<p>—Miranda de Ebro—contestó él lacónicamente.</p> + +<p>—¡Qué sed tengo!—murmuró Lucía—. Diera por un vaso de agua....</p> + +<p>—Bajémonos: beberá usted en la fonda—respondió Artegui, a quien el +imprevisto suceso comenzaba a sacar de su abstracción. Y saltando el +primero, ofreció el brazo a Lucía, que se apoyó sin ceremonias, y a +impulsos de la sed, echó a correr hacia la cantina, donde algunas +botellas empezadas, naranjas a medio exprimir, tarros de horchata y +jarabe, frasquitos de azahar, se disputaban un mostrador cubierto de +zinc y unos estantes pintados de amarillo. Sirviéronle el agua, y sin +dar tiempo a que se disolviese el bolado, la bebió a sorbetones, de +prisa; sacudió los mojados dedos, limpiándose después con su pañolito.</p> + +<p>Artegui pagó.</p> + +<p>—Muchas gracias—dijo ella mirando a su taciturno acompañante—. A +gloria me ha sabido. Cuando hay sed.... Muchas gracias, señor don.... +¿cómo se llama usted?</p> + +<p>—Ignacio Artegui—pronunció él con visos de extrañeza.</p> + +<p>La ingenuidad suele parecerse al descaro, y sólo el candor de aquellos +ojos límpidos que se clavaban en él pudo hacer que el viajero +distinguiese entre ambas cosas.</p> + +<p>—¿No quiere usted algo más?—murmuró—. ¿Desayunarse? ¿Café o +chocolate?</p> + +<p>—No, no... lo que es por ahora, no siento apetito.</p> + +<p>—Pues espéreme en el coche. Voy a arreglar el asunto de su billete de +usted.</p> + +<p>Volvió en breve, y el tren comenzó de nuevo su marcha, que de noche +parecía vertiginosa y fatigosa de día. El sol iba ascendiendo a su +cenit, y el calor se anunciaba por ráfagas tibias y pesadas, alientos de +fuego que encendían la atmósfera. Ligero polvillo de carbón, procedente +de la máquina, entraba por las ventanas, depositándose en los +blanquecinos cojines y en el velo de percal que preservaba el respaldo +de los asientos. A veces, contrastando con el tufo penetrante del carbón +de piedra, venía una bocanada del agreste perfume de los encinares y las +praderías, extendidas a uno y otro lado del tren. Tenía el país mucho +carácter: eran las Vascongadas, rudas y hermosas. Por todas partes +dominaban el camino amenazantes alturas, coronadas de recias casamatas o +fuertes castillos recientemente construidos allí para señorear aquellos +indomables cerros. En los flancos de la montaña se distinguían anchas +zanjas de trincheras o líneas de reductos, como cicatrices en un rostro +de veterano. Altos y elegantes chopos ceñían las bien cultivadas +llanuras, verdes e iguales, a manera de un collar de esmeraldas. De +entre el blanco y limpio caserío se destacaban las torres de los +campanarios. Lucía se signaba al verlas.</p> + +<p>Al pasar por delante de Vitoria un recuerdo acudió a su mente. Se lo +trajeron las largas alamedas que adornan y cercan la ciudad.</p> + +<p>—Parecen los árboles de León—murmuró suspirando.</p> + +<p>Y añadió en voz más baja, como hablándose a sí misma:</p> + +<p>—¡Qué hará ahora el pobre papá!</p> + +<p>—¿Se ha quedado su padre de usted en León?—preguntó Artegui.</p> + +<p>—Sí, en León.... Si él supiese lo que pasa, tendría un terrible +disgusto. ¡Él, que me hizo tantos cientos de encargos y advertencias! +Que tuviésemos cuidado con los ladrones... con las enfermedades... con +no tomar sol... con no mojarnos.... Vamos, cuando lo pienso....</p> + +<p>—¿Es anciano su padre de usted?</p> + +<p>—Viejecito, viejecito... pero muy guapo y bien conservado, más hermoso +que un oro para mí. Yo logré la suerte de tener el mejor padre de toda +España... no ve sino por mis ojos el pobre.</p> + +<p>—¿Es usted única, acaso?</p> + +<p>—Sí, señor... y huérfana de madre desde que era así—explicó Lucía +bajando la extendida mano y colocándola a la altura de sus rodillas—. +¡Qué! ¡si aún mamaba cuando se murió mi madre! Y mire usted, esa fue la +única desgracia que yo tuve; porque por lo demás, personas habrá +felices, pero más de lo que yo lo fui....</p> + +<p>Artegui posó en ella sus ojos dominadores y profundos.</p> + +<p>—¡Era usted feliz!—repitió, como un eco del pensamiento de la niña.</p> + +<p>—¡Vaya! Sí que lo era. El Padre Urtazu me decía a veces: cuidado, +chiquilla; mira que Dios te lo está pagando todo adelantado, y después, +cuando te mueras, ¿sabes tú lo que va a decir? Que no te debe nada.</p> + +<p>—¿De suerte que usted—preguntó Artegui—nada echaba de menos en su +tranquila existencia de León? ¿No deseaba usted nada?</p> + +<p>—Deseaba, sí... algunas veces, sin saber qué. Ahora pienso que lo que +deseaba era esto: salir, variar algo de vida. Pero no me impacientaba, +porque me parecía que, tarde o temprano, llegaría a lograrlo; ¿no es +cierto? El Padre Urtazu solía reírse de mí, exclamando: paciencia, que +cada otoñillo trae su frutillo.</p> + +<p>—El Padre Urtazu.... ¿es jesuita?</p> + +<p>—¡Jesuita... y más sabio! Entiende de cuanto Dios crió. Yo algunas +veces, por desesperar a doña Romualda, que es la directora de mi +colegio, le decía: De mejor gana aprendería con el Padre Urtazu, que con +usted.</p> + +<p>—¡Y ahora—pronunció Artegui, con la brutal curiosidad de unos dedos +que abren a viva fuerza un capullo de flor—, sería usted más feliz que +nunca! ¡Digo! ¡Casarse nada menos!</p> + +<p>No percibió Lucía el tono irónico que dieron a aquella frase los labios +de su acompañante, y respondió con sinceridad:</p> + +<p>—Le diré a usted.... Siempre deseé casarme a gusto del viejecito, y no +afligirlo con esos amoríos y esas locuras con que otras muchachas +desazonan a sus padres.... Mis amigas, digo algunas, veían pasar por +delante de su ventana a un oficial de la guarnición.... ¡zas! ya estaban +todas derretidas, y carta va y carta viene.... Yo me asombraba de eso de +enamorarse así, por ver pasar a un hombre.... Y como al fin nada se me +daba de los que pasaban por la calle, y al señor de Miranda ya le +conocía, y a padre le gustaba tanto... calculé: ¡mejor! así me libro de +cuidados, ¿no es verdad? cierro los ojos, digo que sí y ya está hecho... +Padre se pone muy contento y yo también.</p> + +<p>Artegui se quedó mirándola tan fijamente, que Lucía sintió, digámoslo +así, el peso y el calor de aquellos ojos en sus mejillas, y encendiose +toda en rubor, murmurando:</p> + +<p>—¡Le cuento a usted cada tontería! Como no tenemos de qué hablar....</p> + +<p>Seguía él escudriñando con la vista el franco y juvenil semblante, como +una hoja de acero registra la carne viva. Harto sabía que el desahogo y +libertad revelan quizá más ausencia de malicia que la cautelosa reserva; +mas con todo eso, le maravillaba la extremada sencillez de aquella +criatura. Era preciso, para entenderla, observar que la salud poderosa +del cuerpo le había conservado la pureza del espíritu. Nunca +enlanguideciera la fiebre aquellos ojos de azulada córnea; nunca secara +aquellos fresquísimos labios la calentura que consume a las niñas en la +difícil etapa de diez a quince. La imagen más adecuada para representar +a Lucía, era la de un cogollo de rosa muy cerrado, muy gallardo, +defendido por pomposas hojas verdes, erguido sobre recio tronco.</p> + +<p>Agobiaba el calor, cada vez más sofocante. Al llegar a Alsasua, quejose +nuevamente Lucía de sed, y Artegui, ofreciéndole el brazo, la condujo al +comedor de la fonda, recordándole que era razón tomar algo, puesto que +tantas horas habían transcurrido desde la cena.</p> + +<p>—Dos almuerzos—gritó al mozo, palmoteando para que le atendiesen.</p> + +<p>El mozo se acercó, servilleta al hombro; tenía una cara tostada, +amilitarada, que reñía con los escarpines de charol y el pelo atusado +con bandolina, librea que el público impone a sus servidores en tales +lugares. Hacíale aún más marcial ancha cicatriz, que naciendo en la guía +izquierda del bigote, iba a perderse en el cuello. Miraba el mozo +fijamente a Artegui, con ojos muy abiertos; hasta que dando un grito, o +más bien una especie de alegre latido perruno, exclamó:</p> + +<p>—¡Él o el diablo en su figura! ¡Señorito Ignacio! ¡¡Dichosos los +ojos!!...</p> + +<p>—¿Tú por aquí, Sardiola?—murmuró reposadamente Artegui. Almorzaremos +bien, porque pondrás cuidado en servirnos.</p> + +<p>—Pues sí, señorito, yo por aquí... <i>Después</i>—dijo recalcando la frase +y bajando la voz—, como todo lo mío lo encontré arrasado... la casa +hecha cenizas, y el campo perdido... me di a ganar la vida como pude.... +Y usted, señorito.... ¿Sigue usted a Francia?</p> + +<p>—A Francia voy; pero con tu charla nos vamos a quedar sin comer.</p> + +<p>—No faltaría más....</p> + +<p>Sardiola dirigió a uno de sus compañeros de servilleta algunas palabras +en eúskaro, erizadas de <i>zetas, kas</i> y <i>tes</i>. Fueron al punto servidos +Artegui y Lucía, mientras el mozo se apoyaba en el respaldo de la silla +del primero.</p> + +<p>—¡Con que a Francia! ¿Y la señora doña Armanda? ¿Se conserva bien?</p> + +<p>—No muy bien...—contestó Ignacio, nublado más que de costumbre el +ceño—. Padece mucho.... Cuando la dejé estaba, sin embargo, más +aliviada.</p> + +<p>—Con su vuelta de usted se pone buena del todo.</p> + +<p>Y mirando a Lucía y dándose una razonable puñada en la frente, gritó de +pronto Sardiola:</p> + +<p>—Cuanto más, que.... ¡Bobo de mi!; pues claro que va a sanar la señora +doña Armanda, cuando vea la alegría que se le entra por las puertas. ¡Ay +qué gusto verle a usted casado, señorito! ¡Y con tan linda muchacha! +¡Para bien sea!</p> + +<p>—Majadero—dijo Ignacio, bronco y desapacible—; esta señora no es mi +mujer.</p> + +<p>—Pues es lástima—contestó el vasco, mientras Lucía le miraba +risueña—. Harían ustedes una pareja, que ya, ya.... Ni escogidos. Sólo +que la señorita....</p> + +<p>—Acabe usted—suplicó Lucía, divertida hasta lo sumo y ocupada en +quitar a una mandarina su cubierta de papel de seda.</p> + +<p>—¿Lo digo, señorito Ignacio?</p> + +<p>Artegui se encogió de hombros. Sardiola, creyéndose autorizado, se +explayó.</p> + +<p>—La señorita tiene cara de estar de buen humor siempre... y usted.., +¡Usted siempre está así, como si le hubiesen dado cañazo! En eso no +emparejarían ustedes bien.</p> + +<p>Soltó Lucía la carcajada y miró a Artegui, que sonreía complaciente, lo +cual aún la animó a reír más. El almuerzo prosiguió en el mismo tono +cordial, alegrado por la charla de Sardiola, por el infantil regocijo de +Lucía. Hasta la misma puerta del departamento les siguió el mozo cuando +se volvieron a su coche; y a ser Lucía dueña de los brazos de Artegui, +los hubiera echado al cuello de Sardiola, a tiempo que éste repetía, +entornados los ojos y en el tono con que se reza, si se reza de veras:</p> + +<p>—La Virgen de Begoña vaya con usted, señorito..., que encuentre usted +bien a doña Armanda.... Mándeme usted como si fuese un perro, un perro +suyo.... Mire usted, que estoy aquí....</p> + +<p>—Bien, bien—dijo Artegui, vuelto ya a su displicente reserva.</p> + +<p>Rompió el tren a andar, y quedose Sardiola de pie en el andén, agitando +la servilleta en señal de despedida, sin mudar de actitud hasta que el +humo de la chimenea se borró en el horizonte. Lucía miraba a Artegui, y +hervíanle las preguntas en los labios.</p> + +<p>—Mucho le quiere a usted ese pobre hombre—murmuró al fin.</p> + +<p>—He tenido la desgracia de hacerle un favor—contestó Ignacio—, y +desde entonces....</p> + +<p>—¡Oiga! ¿A eso llama usted desgracia? Pues muy desgraciado está usted +siendo desde esta mañana, porque me hizo usted cien favores ya.</p> + +<p>Sonriose Artegui de nuevo y miró a la niña.</p> + +<p>—No consiste la desgracia—dijo—en hacer el favor, sino en que se lo +agradezcan a uno tanto.</p> + +<p>—Pues yo también padezco del achaque de Sardiola.... ¡y a mucha +honra!—declaró Lucía—; ¡ya verá usted!</p> + +<p>—¡Bah!... ¡Sólo falta que también me salgan agradecidos sin +causa!—respondió Artegui en el mismo tono festivo—. Pase aun cuando +hay algún motivo, como con ese infeliz de Sardiola....</p> + +<p>—¿Qué hizo usted por él?—preguntó Lucía, incapaz de sellar sus labios +preguntones.</p> + +<p>—Poca cosa: curarle una herida, bastante grave.</p> + +<p>—¿Aquella cicatriz que tiene que le cruza la mandíbula?</p> + +<p>—Justamente.</p> + +<p>—¿Es usted médico?</p> + +<p>—De afición.... Y por casualidad.</p> + +<p>Calló Artegui, y no osó inquirir más Lucía. El calor iba en aumento, más +pegajoso cada vez. Parecía el día de otoño sofocante jornada estival, y +el polvillo del carbón, disuelto en la candente atmósfera, ahogaba. +Intrincábase el país, haciéndose cada vez más montañoso y quebrado. De +cuando en cuando penetraban en un túnel, y entonces la obscuridad, el +crujido fuerte del tren, un aire húmedo de subterráneo, colándose en el +departamento, consolaban algo de la tórrida temperatura.</p> + +<p>Lucía se abanicaba con un periódico dispuesto por Artegui en forma de +concha, y leves gotitas transparentes de sudor salpicaban su rosada +nuca, sus sienes y su barbilla: de cuando en cuando las embebía con el +pañuelo: los mechones del cabello, lacios, se pegaban a su frente. +Desabrochose el cuello almidonado, se quitó la corbata, que la +estrangulaba, y se recostó, dando indicios de gran desmadejamiento, en +la esquina. A fin de refrescar un poco el interior, corrió Artegui las +cortinillas todas ante los bajos vidrios, y una luz vaga y misteriosa, +azulada, un sereno ambiente, formaban allí, algo de gruta submarina, +añadiendo a la ilusión el ruido del tren, no muy distinto del mugir del +Océano. Insensible al cálido día, Artegui levantaba la cortina un poco, +se asomaba, miraba el país, los robledales, la sierra, los valles +profundos. Una vez acertó a ver pintoresca romería. Fue rápido y fugaz +el cuadro, pero no tanto que no distinguiese a la gente siguiendo el +sendero angosto, escapulario al cuello, a pie o en carretas de bueyes, +cubiertos con boina roja o azul los hombres, las mujeres tocadas con +pañolitos blancos. Parecía el desfile la bajada de los pastores en un +Nacimiento; el sol claro, alumbrando plenamente las figuras, les daba la +crudeza de tonos de muñecos de barro pintado. Artegui llamó a Lucía, que +alzando la cortina a su vez, echó el cuerpo fuera, hasta que una +revuelta del camino y la rapidez del tren borraron el cuadro.</p> + +<p>Acontecía que los pícaros de los túneles se solazaban en taparles adrede +los mejores puntos de vista de la ruta. Que aparecía un otero, risueño, +un grupo de frondosos árboles, una amena vega, ¡paf! el túnel. Y se +quedaban inmóviles al vidrio, sin osar hablar, ni moverse, cual si de +pronto entrasen en una iglesia. Algo familiarizada Lucía ya con el +calor, interesábanle mucho los accidentes de paisaje que a uno y otro +lado del tren se extendían. Le agradaron las fábricas de fósforos, +altas, enyesadas, limpias, con su gran letrero en la frente; y en +Hernani batió palmas al divisar a la izquierda un magnífico parque +inglés, con sus macizos de flores resaltando sobre el verde césped, y +sus coníferas elegantes, de ramaje simétrico y péndulo. En Pasajes, tras +de la monotonía fatigosa de las montañas reposaron al fin los ojos, +viendo extenderse el mar azul, un tanto rizado, mientras los buques, +fondeados en la bahía, se columpiaban con oscilación imperceptible, y +una brisa marina, acre y salitrosa, estremecía las cortinillas de +tafetán del coche, aventando el sudor de la frente de los cansados +viajeros. Lucía se quedó embobada ante el Océano, nunca de ella visto +hasta entonces, y cuando el túnel—de sopetón y sin pedir +permiso—cubrió el espectáculo con negro velo, permaneció de codos en la +ventanilla, absorta, las pupilas dilatadas, entreabiertos de admiración +los labios.</p> + +<p>A medida que corrían las horas y la jornada avanzaba iba Artegui +perdiendo un poco de su estatuaria frialdad, y cada vez más +comunicativo, explicaba a Lucía las vistas de aquel panorama móvil. +Escuchaba la niña con el género de atención que tanto agrada y cautiva a +los profesores: la del discípulo entusiasta y sumiso a la vez. Artegui +era elocuente, cuando a hablar se resolvía; detallaba las costumbres del +país, contaba pormenores de los pueblecitos, hasta de los caseríos +entrevistos al paso. A su voz, respondían unas pupilas fijas y atentas, +un rostro que escuchaba todo él, mudando de expresión según el narrador +quería. Fue de suerte, que al bajarse en Irún y oír las primeras sílabas +pronunciadas en idioma extraño, Lucía murmuró como con pena:</p> + +<p>—¿Pero qué? ¿Hemos llegado ya?</p> + +<p>—A Francia, casi—respondió Artegui—; pero aún nos falta un trecho +regular hasta Bayona. Aquí se registran los equipajes: es la aduana de +Irún. No nos molestarán mucho: los que vienen de Francia a España, son +víctimas de los carabineros, de nosotros, que vamos de España a Francia, +nadie supone que llevemos contrabando, ni ropa nueva....</p> + +<p>—Pues yo si la llevo—exclamó Lucía—. Mis galas.... ¿Ve usted aquel +mundo grande que han puesto sobre el mostrador? Es el mío... y aquel +otro, el de Miranda... y la sombrera....</p> + +<p>—Déme usted el talón y las llaves para que registren.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿El recibo dice usted y las llaves? ¡Si todo lo llevaba consigo +Miranda! No tengo nada de eso.</p> + +<p>—En tal caso, está usted sin equipaje. Tendrá que quedarse aquí hasta +que su marido de usted lo recoja.</p> + +<p>Lucía miró a Artegui, el rostro un tanto compungido, y casi +instantáneamente soltó la risa.</p> + +<p>—¡Sin equipaje!—repitió.</p> + +<p>Y redoblaba el arpegio de sus carcajadas, pareciéndole donosísimo +incidente el de quedarse sin equipaje alguno. Hallábase, pues, como una +criatura que se pierde en la calle, y a la cual recogen por caridad +hasta averiguar su domicilio. Aventura completa. Niña como era Lucía, +así pudo tomarla a llanto como a risa; tomola a risa, porque estaba +alegre, y hasta Hendaya no cesó la ráfaga de buen humor que regocijaba +el departamento. En Hendaya prolongó la comida aquel instante de +cordialidad perfecta. El elegante comedor de la estación de Hendaya, +alhajado con el gusto y esmero especial que despliegan los franceses +para obsequiar, atraer y exprimir al parroquiano, convidaba a la +intimidad, con sus altos y discretos cortinajes de colores mortecinos su +revestimiento de madera obscura, su enorme chimenea de bronce y mármol, +su aparador espléndido, que dominaba una pareja de anchos y barrigudos +tibores japoneses, rameados de plantas y aves exóticas; fulgurante de +argentería Ruolz, y cargado con montones de vajillas de china opaca. +Artegui y Lucía eligieron una mesa chica para dos cubiertos, donde +podían hablarse frente a frente, en voz baja, por no lanzar el sonido +duro y corto de las sílabas españolas entre la sinfonía confusa y ligada +de inflexiones francesas que se elevaba de la conversación general en la +mesa grande. Hacia Artegui de maestresala y copero, nombraba los platos, +escanciaba y trinchaba, previniendo los caprichos pueriles de Lucía, +descascarando las almendras, mondando las manzanas y sumergiendo en el +bol de cristal tallado lleno de agua, las rubias uvas. En su semblante +animado parecía haberse descorrido un velo de niebla y sus movimientos, +aunque llenos de calma y aplomo, no eran tan cansados y yertos como +antes.</p> + +<p>Al subir ellos al tren, caía la tarde y el sol descendía con la rapidez +propia de los crepúsculos del otoño. Cerraron las ventanillas de un +lado, y los rayos del Poniente vinieron a reflejarse un instante en el +techo del departamento, retirándose después como niños que acaban de +hacer alguna jugarreta. Las montañas se ennegrecían, los celajes más +remotos eran de color de brasa; luego se apagaban unos tras otros como +una rosa de fuego que fuese soltando sus pétalos encendidos. Languideció +la conversación entre Artegui y Lucía, y ambos se quedaron silenciosos y +mustios, él con su acostumbrado aspecto de fatiga, ella sumida en +profundo recogimiento, dominada por la melancolía del anochecer. Crecía +la sombra, y de uno de los vagones, venciendo el ruido de la lenta +marcha del tren, brotaba un coro apasionado y triste en lengua extraña, +un zortzico, entonado a plena voz, por multitud de jóvenes vacos, que, +juntos, iban a Bayona. A veces una cascada de notas irónicas y risueñas +cortaba el canto, después la estrofa volvía, tierna, honda, cual un +gemido, elevándose hasta los cielos, negros ya como la tinta. Lucía +escuchaba, y el convoy, despacioso, hacía el bajo, sosteniendo con su +trepidación grave, las voces de los cantores.</p> + +<p>La llegada a Bayona sorprendió a Artegui y Lucía como el despertar de +prolongado sueño. Artegui retiró aprisa su mano de la asilla del vidrio, +donde la apoyaba, y la niña miró atónita a su alrededor. Notó que hacía +fresco, y abrochó su cuello y anudó su corbata. Hombres con boina, mozas +con el pañolito atado tras del moño, una marea de viajeros de diversa +catadura y condición social, se empujaba, se codeaba y bullía en la +ancha estación. Artegui dio el brazo a su compañera por no perderla en +aquel remolino.</p> + +<p>—¿Había elegido su marido de usted algún hotel en Bayona?—le preguntó.</p> + +<p>—Me parece...—murmuró Lucía recordando—que le oí hablar de una fonda +de San Esteban. Me fijé porque yo tengo de ese santo una estampa muy +bonita en mi libro de misa.</p> + +<p>—Saint Etienne—dijo Artegui al cochero del ómnibus que, desde el +pescante, vuelta la cabeza, aguardaba la orden.</p> + +<p>Arrancaron los caballos a su pesado trote percherón, y fueron rodando +por las calles bien enlosadas, hasta detenerse ante un portal estrecho, +con sus tiestos de plantas raquíticas, su escalerilla de mármol y sus +claros faroles de gas.</p> + +<p>Una mujer alta, rubia, limpia, de gorra planchada y encañonada, acudió +solícita a la puerta, apresurándose a dar el maletín de Artegui a un +mozo.</p> + +<p>—Los señores querrán una habitación—murmuró en francés con su voz +melosa y complaciente.</p> + +<p>—Dos—contestó Artegui lacónico.</p> + +<p>—Dos—repitió ella en español, si bien con acento transpirenaico—. ¿Y +las <i>quierren los señoress cuntas</i>?</p> + +<p>—Independientes del todo.</p> + +<p>—<i>Tout a fait</i>... <i>Serrán</i> servidos.</p> + +<p>La dueña llamó a una camarera, no menos que ella pulcra y servicial, y +tomando ésta dos llaves de la tabla numerada en que colgaban todas las +del hotel, echó delante por las escaleras enceradas, y la siguieron +Artegui y Lucía.</p> + +<p>En el tercer piso se detuvo, no sin algún sobrealiento, y abriendo las +puertas de dos gabinetes contiguos, pero independientes, encendió con +pajuelas las bujías colocadas, sobre la chimenea, y fuese. Artegui y +Lucía permanecieron unos segundos callados, de pie, en la puerta de las +habitaciones. Al fin pronunció él:</p> + +<p>—Es natural que quiera usted lavarse y quitarse el polvo, y descansar +un rato. La dejo a usted. Llame usted a la camarera, si necesita algo; +aquí todas hablan su poco de español.</p> + +<p>—Hasta luego—contestó mecánicamente ella.</p> + +<p>Así que el batir de la puerta hubo anunciado a Lucía que estaba sola del +todo, y que sus ojos se fijaron en la habitación desconocida, mal +alumbrada por las bujías, desvaneciósele la especie de mareo del viaje; +recordó su cuartico de León, sencillo, pero primoroso como una taza de +plata, con su pila, sus santos, sus matas de reseda, su costurero y su +armario de cedro, monumental y atestado de ropa limpia. Vinósele también +a la memoria su padre, Carmela, Rosarito, todo el dulce pasado. Sintiose +entonces triste, muy triste; la asaltaron miedos y terrores +indefinibles, pero fortísimos; pareciole su situación extraña y +peligrosa, preñado de amenazas el presente, obscuro el porvenir. Dejose +caer en una butaca y clavó en las luces la mirada fija y vacía de los +que se absorben en penosa meditación.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2> + + +<p>Sería pasada una hora, o quizás hora y media, cuando oyó Lucía herir con +los nudillos a la puerta de su cuarto, y abriendo, se halló cara a cara +con su compañero y protector, que en los blancos puños y en no sé qué +leves modificaciones del traje, daba testimonio de haber ejercido ese +detenido aseo, que es uno de los sacramentos de nuestro siglo. Entró, y +sin sentarse, tendió a Lucía un portamonedas, amorcillado de puro +relleno.</p> + +<p>—Aquí tiene usted—dijo—dinero suficiente para cuanto pueda +ocurrírsele, hasta la llegada de su marido. Como estos días suelen los +trenes sufrir mucho retraso, creo que no vendrá hasta la madrugada; pero +de todas suertes, aunque no llegase en diez días o en un mes, le alcanza +a usted para esperar.</p> + +<p>Mirábale Lucía cual si no comprendiese, y no alargaba la mano para tomar +el portamonedas. Él se lo introdujo en el hueco del puño.</p> + +<p>—Yo tengo que salir ahora a unos asuntos.... Después cogeré el primer +tren que salga. Adiós, señora—añadió ceremoniosamente: y dio dos pasos +hacia la puerta.</p> + +<p>Entonces ya la niña, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asió de +la manga de la americana, exclamando:</p> + +<p>¿Pero qué... cómo? ¿Qué quiere decir eso del tren?</p> + +<p>—Lo natural, señora—pronunció con su ademán cansado el viajero—. Que +sigo mi ruta; que voy a París.</p> + +<p>—¡Y me deja usted así... sola! ¡Sola aquí, en Francia!—gimió Lucía con +el mayor desconsuelo del mundo.</p> + +<p>—Señora... esto no es ningún desierto, ni corre usted el riesgo menor, +tiene usted dinero, es lo único que hace falta en tierra francesa; +estará usted muy bien servida y atendida, yo se lo fío....</p> + +<p>—Pero.... ¡Jesús, sola, sola!—repetía ella sin soltar la manga de +Artegui.</p> + +<p>—Dentro de breves horas estará aquí su marido de usted.</p> + +<p>—¿Y si no viene?</p> + +<p>—¿Por qué no ha de venir? ¿De dónde saca usted que no vendrá?</p> + +<p>—Yo no digo eso—balbució Lucía—; sólo digo que si tardase....</p> + +<p>—En fin—murmuró Artegui—, yo tengo también mis ocupaciones.... Es +fuerza que me vaya.</p> + +<p>No contestó Lucía cosa alguna; antes le soltó, y desplomándose otra vez +en el sillón, ocultó el rostro entre ambas manos. Artegui se llegó a +ella, y vio que su seno se alzaba a intervalos desiguales, como si +sollozara. Entre sus dedos saltaban gotitas de agua, cual saltan de la +esponja al comprimirla.</p> + +<p>—Alce usted esa cara—mandó Artegui.</p> + +<p>Lucía enderezó el rostro sofocado y húmedo, y a pesar suyo, sonriose al +hacerlo.</p> + +<p>—Es usted una niña—pronunció él en grave tono—, una niña que no tiene +obligación de saber lo que acontece en el mundo. Yo, que lo he visto... +más de lo que quisiera, sería imperdonable en no desengañarla. El mundo +es un conjunto de ojos, oídos y bocas, que se cierran para lo bueno y se +abren para lo malo gustosísimas. Mi compañía le hace a usted ahora más +daño que provecho. Si su marido de usted no tiene un criterio +excepcional—y no hay razón para que lo tenga—, maldita la gracia que +le hará encontrarla a usted tan acompañada.</p> + +<p>—¡Ay, Dios mío! ¿Y por qué? ¿Qué sería de mí si no le hubiese hallado a +usted tan a tiempo? Puede que el bárbaro del empleado me metiese en la +cárcel. Yo no sé lo que hará el señor de Miranda; pero lo que es el +pobre papá... besaría en donde usted pisa. Estoy segura de ello.</p> + +<p>Y Lucía, con un movimiento de apasionada y popular gratitud, hizo ademán +de inclinarse ante Artegui.</p> + +<p>—Un marido no es un padre...—contestó éste—. Lo racional, lo sensato, +señora, es que me vaya. Ya telegrafié a Miranda de Ebro para que, en el +caso de hallarse allí su esposo, le digan que está usted aquí en Bayona +esperándole. Pero de fijo estará en camino.</p> + +<p>—Márchese usted, pues.</p> + +<p>Y Lucía volvió a Artegui la espalda, reclinándose en la ventana de +codos.</p> + +<p>Permaneció Artegui un rato indeciso, de pie en mitad de la estancia, +mirando a la niña, que sin duda se estaba sorbiendo las lágrimas +silenciosamente. Al fin se acercó a ella, y hablándole casi al oído:</p> + +<p>—Después de todo—murmuró—, no hay para qué se apure usted tanto. +¡Guarde usted sus lágrimas, que si vive, tiempo y ocasión tendrán de +correr!</p> + +<p>Bajando aún más su voz timbrada, añadió:</p> + +<p>—Me quedo.</p> + +<p>Volviose Lucía con la rapidez de un muñeco de resorte, y batiendo +palmas, gritó como una loca:</p> + +<p>—Muchas gracias, muchas gracias, señor de Artegui. ¡Ay!, ¿pero se queda +usted de veras? Estoy fuera de mí de contenta. ¡Qué gusto, Dios mío! +Pero...—dijo de pronto reflexionando—, ¿puede usted quedarse? ¿No le +cuesta ningún sacrificio? ¿No le molesta?</p> + +<p>—No—respondió Artegui con faz sombría.</p> + +<p>—Aquella señora... aquella Doña Armanda que le aguarda a usted en +París.... ¿le necesitará también?</p> + +<p>—Es mi madre—pronunció Artegui.</p> + +<p>Y la respuesta pareció a Lucía satisfactoria, aun cuando realmente no +resolviese la duda que acababa de expresar.</p> + +<p>Artegui, entretanto, rodando un sillón hasta tocar con la mesa, se +sentó, y acodándose sobre el tapiz, escondió el rostro entre las manos, +meditabundo. Lucía, desde el hueco de la ventana, observaba sus +movimientos. Cuando vio que eran corridos hasta diez minutos sin que +Artegui diese indicios de menearse ni de hablar, fuese aproximando +quedito, y con voz tímida y pedigüeña, balbuceó:</p> + +<p>—Señor de Artegui....</p> + +<p>Alzó él el rostro. El velo de niebla cubría otra vez sus facciones.</p> + +<p>¿Qué quiere usted?—dijo broncamente.</p> + +<p>—¿Qué tiene usted? Me parece que se ha quedado usted así..., muy +cabizbajo y muy triste... supongo que será por... lo de antes.... Mire +usted, si ha de estar usted tan afligido... creo que prefiero que usted +se vaya, sí, señor.</p> + +<p>No estoy afligido, estoy... como suelo. ¡Ah!, como usted apenas me +conoce, le cogerá de nuevo mi modo de ser.</p> + +<p>Y viendo a Lucía que permanecía de pie y con aire contrito, le señaló el +otro sillón. Trájolo Lucía arrastrando hasta ponerlo frente al de +Artegui, y tomó asiento.</p> + +<p>—Hable usted de algo—prosiguió Artegui—; hablemos.... Necesitamos +distraernos, charlar... como esta tarde.</p> + +<p>—¡Ah!, ¡esta tarde estaba usted de tan buen humor!</p> + +<p>—¿Y usted?</p> + +<p>—El calor me agobiaba. Nuestra casa de León es muy fresca: yo soy mucho +más sensible al calor que al frío.</p> + +<p>—Habrá usted tomado con gusto el lavatorio y las palanganas.... Parece +que se revive, al lavarse después de un viaje.</p> + +<p>—Sí, pero...—Lucía se interrumpió—. Me faltaba una cosa muy esencial.</p> + +<p>—¿Qué cosa? Colonia, de fijo.... ¡yo me olvidé de traerla a usted mi +neceser!</p> + +<p>—No, señor... el baúl, donde viene la ropa blanca.... No pude mudarme.</p> + +<p>Artegui se levantó.</p> + +<p>—¿Por qué no lo dijo usted antes?, ¡justamente estamos en el pueblo +donde se equipan las novias españolas! Vuelvo pronto.</p> + +<p>—Pero.... ¿adónde va usted?</p> + +<p>—A traerla a usted un par de mudas.... Debe usted de estar en un potro +con esa ropa.</p> + +<p>—¡Señor de Artegui, por Dios!, yo abuso de usted; aguarde....</p> + +<p>—¿Por qué no se viene usted conmigo a elegirlas?</p> + +<p>Y Artegui presentó a Lucía su toca.</p> + +<p>Los escrúpulos de la niña se volaron como un bando de asustadas +codornices, y algo vergonzosa, pero más contenta, se colgó del brazo de +Artegui prontamente.</p> + +<p>—Veremos las calles, ¿verdad?—exclamó entusiasmada.</p> + +<p>Y al bajar despacio los encerados y resbaladizos escalones, dijo con un +resto de encogimiento y meticulosidad provinciana:</p> + +<p>—Por supuesto, señor de Artegui, que mi marido le abonará a usted todos +estos gastos....</p> + +<p>Artegui, sonriendo, la sostuvo mejor en el brazo, y diéronse a andar por +Bayona tan cordiales como si en toda su vida otra cosa hubiesen hecho. +La noche era digna del día: en el cielo de aterciopelado azul +centelleaban claras y vivas las estrellas; el gas de las innumerables +tiendas con que Bayona explota la vanidad de los españoles pudientes y +trashumantes, ponía a las obscuras manzanas de casas un collar de luz, y +en los escaparates se lucían, con todos los tonos de la escala +cromática, telas ricas, porcelanas y bronces caprichosos, opulentas +joyas. Caminaba la pareja silenciosa, a paso igual y rítmico, midiendo +Artegui su andar largo y varonil por el paso más corto de Lucía. En las +calles la gente circulaba de prisa, animada, como el que va a algo que +le interesa: no con esa lentitud de los españoles que se pasean por +tomar el aire y matar el tiempo. Ante los cafés, las mesas al aire libre +tenían mucho parroquiano, porque la templada atmósfera lo consentía; y +bajo la claridad fuerte de los reverberos bullían los mozos sirviendo +cerveza, café o bavaresa de chocolate, y el humo de los cigarros, y el +crujir de los periódicos que desdoblaban, y las conversaciones, y el +sonido seco de las fichas del dominó dando contra el mármol, llenaban de +vida aquel trozo de acera. De pronto Artegui, al volver una esquina, se +metió en una tienda no muy ancha, cuyo escaparate ocupaban casi por +entero dos luengos peinadores salpicados de cascadas de encaje y lazos +de cinta azul el uno, rosa el otro. Dentro, era una exhibición de +cuantos objetos componen el tocado íntimo del niño y la mujer. Las +camisas presentaban coquetonamente el adornado escote, ocultando la lisa +falda; los pantalones estiraban, simétricas y unidas, una y otra pierna; +las chambras tendían los brazos, las batas inclinaban el cuerpo con +graciosa laxitud.</p> + +<p>El blanco suave y ebúrneo de las puntillas contrastaba con el candor de +yeso del madapolán. Alguna cofia de mañana, colocada sobre un pie de +palo torneado, lanzaba un toque de colores vivos, de seda y oro, entre +las alburas que cubrían aquel recinto como una capa de nieve.</p> + +<p>Hablaba español la dueña de la tienda, semejante en esto a la mayoría de +los comerciantes de Bayona; y al pedirle Lucía dos juegos de ropa +blanca, aprovechó sus conocimientos en la lengua de Cervantes para +tratar de embarcarla en más compras. Tomando a Lucía y a Artegui por +recién casados, se puso lisonjera, insinuante, pesadísima, y se empeñó +en enseñarles un equipo completo, barato, de lo más distinguido; echó +sobre el mostrador brazadas de prendas, una marea de randas, de +bordados, de cintas y de batista. No contenta con lo cual, y viendo que +Lucía, semianegada en olas de lino, hacía signos negativos con cabeza y +manos, tocó otro resorte y trajo enormes cajas de cartón, que, +destapadas, mostraron encerrar gorritas microscópicas, pañales de +franela festoneados menudamente, capas de merino y de piqué, faldones +inverosímilmente largos, y otras menudencias que arrebataron a Lucía la +sangre al rostro.</p> + +<p>Artegui puso fin al ataque pagando los juegos elegidos y dando las señas +del hotel para que se enviasen.</p> + +<p>Libres ya, salieron; pero Lucía, enamorada de la hermosura y sosiego de +la noche, se mostró deseosa de prolongar algo más el paseo.</p> + +<p>Volvieron a cruzar ante los iluminados cafés, bordearon el teatro y +tomaron hacia el puente, a tales horas casi solitario. Las luces de la +ciudad se reflejaban trémulas en el dormido seno del Adour.</p> + +<p>—¡Cómo brillan las estrellas!—exclamó Lucía.</p> + +<p>Y tirando repentinamente del brazo a Artegui para que se detuviese:</p> + +<p>—¿Cuál es—preguntó—aquella que brilla tanto?</p> + +<p>—Se llama Júpiter. Es un planeta de nuestro sistema.</p> + +<p>—¡Qué bonita y qué resplandeciente! Algunas parece que tienen frío, que +tiemblan al brillar, y otras se están quietas, como si nos mirasen.</p> + +<p>—Son, en efecto, las estrellas fijas.... ¿Ve usted esa faja de luz que +cruza el cielo?</p> + +<p>—¿Eso que parece una cinta de gasa de plata, muy ancha?</p> + +<p>—Es la Vía Láctea: un conjunto de estrellas, tantas en número, que la +imaginación no puede concebirlas siquiera. Nuestro sol es una hormiga de +ese hormiguero, una de esas estrellas.</p> + +<p>—¿El sol... es una estrella?—interrogó asombrada la niña.</p> + +<p>—Una estrella fija. Nosotros damos vueltas en torno de ella como locos.</p> + +<p>—¡Ay, qué gusto es saber todo esto! En el colegio no nos enseñan ni +jota de esas cosas, y se reía de mí Doña Romualda cuando le dije que iba +a preguntarle al Padre Urtazu (que siempre está mirando al cielo con un +catalejo muy largo) lo que son las estrellas y el sol y la luna.</p> + +<p>Artegui torció a la derecha, siguiendo el malecón, mientras explicaba a +Lucía esas nociones elementales astronómicas, que parecen novela +celeste, cuento fantástico escrito con letras de lumbre sobre hojas de +zafiro. La niña, embelesada, miraba tan pronto a su acompañante, como al +firmamento apacible. Sobre todo, la magnitud y cantidad de los astros la +confundía.</p> + +<p>—¡Qué grande es el cielo! Santo Dios de bondad; si así es el material, +el visible, ¡cómo será el Empíreo, donde están la Virgen, los ángeles y +los santos!</p> + +<p>Artegui sacudió la cabeza, e inclinándose hacia Lucía, murmuró:</p> + +<p>—¿Qué le parece a usted del aspecto de esas estrellas? Cualquiera diría +que están tristes. ¿No es verdad que su centellear las hace muy +semejantes a una pupila que vierte lágrimas?</p> + +<p>—No están tristes—respondió Lucía—; están pensativas, que es cosa muy +diferente. Meditan ¡y no les falta en qué! sin ir más lejos, en Dios, +que las crió.</p> + +<p>—¡Meditar! Lo mismo meditan ellas que ese puente o esos barcos. El +<i>privilegio</i> de la meditación—Artegui subrayó amargamente la palabra +<i>privilegio</i>—está reservado al hombre, rey de los seres. Y si en esas +estrellas existen—como no puede menos—hombres dotados de todas las +inmunidades y franquicias humanas ¡esos sí que meditarán!</p> + +<p>—¿Usted cree que habrá hombres en esos luceros? ¿Serán como nosotros, +señor de Artegui? ¿Comerán? ¿Beberán? ¿Andarán?</p> + +<p>—Lo ignoro. Una sola cosa puedo asegurarle a usted de ellos; pero esa, +con pleno conocimiento y entera certeza.</p> + +<p>—¿Cuál?—interrogó la niña curiosamente, mirando, a la vaga luz de los +astros, el rostro descolorido de Artegui.</p> + +<p>—Que sufrirán como nosotros sufrimos—contestó él.</p> + +<p>—¿Cómo lo sabe usted?—murmuró ella impresionada por aquel hondo +acento—. Pues a mí se me figura que en las estrellas, que son tan +bonitas y lucen tanto, no ha de haber penas, ni riñas, ni muertes, como +acá.... ¡Si allí debe de ser la gloria!—afirmó alzando la mano, para +señalar al refulgente globo de Júpiter.</p> + +<p>—El dolor es la ley universal, aquí como allí—dijo Artegui, mirando +fijamente al Adour, que corría, negro y silencioso, a sus pies.</p> + +<p>Poco más departieron, hasta volverse al hotel. Hay conversaciones que +despiertan pensamientos profundos y tras de las cuales pega mejor el +silencio que palabras frívolas. Lucía, quebrantados los huesos, sin +saber por qué, se afianzaba fuertemente en el brazo de Artegui, y él +andaba despacio, con su aire de indiferencia. Las últimas frases del +diálogo fueron casi desapacibles, casi hostiles.</p> + +<p>—¿A qué hora llega el tren de mañana?—preguntó Lucía de pronto.</p> + +<p>—El primero, a las cinco o cosa así.</p> + +<p>La voz de Artegui era seca y dura.</p> + +<p>—¿Iremos a esperarlo, a ver si viene el señor de Miranda?</p> + +<p>—Irá usted si gusta, señora; en cuanto a mí, permítame usted que me +niegue.</p> + +<p>Tan agrio era el tono de la respuesta, que Lucía se quedó sin saber qué +decir.</p> + +<p>—Van mozos del hotel—añadió Artegui—con usted, o sin usted, a esperar +a los trenes. No necesita darse el madrugón... a no ser que su ternura +conyugal sea tan viva....</p> + +<p>Lucía bajó la frente y se le encendió la faz, como si un hierro hecho +ascua le aproximasen. Al entrar en el hotel, la dueña se acercó a ellos; +su sonrisa, avivada por la curiosidad, era aún más complaciente y +obsequiosa que antes. Les explicó que había olvidado un requisito: +preguntar el nombre del señor y de la señora y su país, para apuntarlo +en la lista de viajeros.</p> + +<p>—Ignacio Artegui, madame de Miranda, españoles—declaró Artegui.</p> + +<p>—Si el señor tuviese una tarjeta—osó decir la hostelera.</p> + +<p>Artegui entregó el pedazo de cartulina, y la fondista se deshizo en +cortesías y cumplimientos, cual si implorase perdón por aquella fórmula.</p> + +<p>—Hará usted—ordenó Ignacio—que al esperar mañana al tren de España, +pregunten por <i>monsieur</i> Aurelio Miranda.... ¡no se olvide usted! que le +digan que <i>madame</i> está aquí en este hotel, sin novedad, y que le +aguarda.... ¿Entendido?</p> + +<p>—<i>Parfait</i>—contestó la francesa.</p> + +<p>Diéronse las buenas noches Lucía y Artegui en el umbral de sus +respectivos cuartos. Lucía, al desnudarse, vio sobre la mesa los +paquetes de sus compras de ropa blanca. Se mudó con delicia, y acostose +creyendo dormir como una bienaventurada, a semejanza de la noche +anterior. Mas no gozó de tan regalado reposo, sino de un sueño inquieto +y desigual. Acaso la novedad del lecho, su propia blandura, hicieron en +Lucía el efecto que suelen hacer en las personas habituadas a la vida +monástica, de quienes se puede decir con paradójica exactitud que la +comodidad les incomoda.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2> + + +<p>Al despertar a Lucía con un bol de café con leche, diole la camarera, +por primer noticia, la de que <i>monsieur</i> Miranda no había venido en el +tren de España. Saltó del lecho, y se vistió en un decir Jesús, tratando +de reanudar sus dispersos recuerdos, y mirando la habitación con la +sorpresa que suelen los que, no habiendo viajado nunca, amanecen en +lugar desacostumbrado y nuevo. Miró al reloj de sobremesa: eran las +ocho. Salió al pasillo, y tecleó suaves golpecitos en la puerta del +cuarto de Artegui.</p> + +<p>Estaba éste en mangas de camisa, terminando sus operaciones de tocador, +y al oír que llamaban, enjugose aprisa manos y rostro, se echó por los +hombros la americana y fue a abrir.</p> + +<p>—Don Ignacio... buenos días. ¿Estorbo?</p> + +<p>—No por cierto. Entre usted, si gusta.</p> + +<p>—¿Está usted vestido ya?</p> + +<p>—O poco menos.</p> + +<p>—¿Sabe usted que no vino el señor de Miranda?</p> + +<p>—Ya me lo han advertido.</p> + +<p>—¿Qué me dice usted de eso? ¿No es una cosa muy rara?</p> + +<p>Ignacio no contestó. Comenzaba, en efecto, a parecerle algo y aun algos +extraña la conducta de aquel recién casado, que así abandonaba a su +mujer la noche de novios, dejándola en un vagón de ferrocarril. Por +fuerza algún incidente desagradable, imprevisto, había ocurrido al +Miranda incógnito, cuyo destino, por singular caso, influía así en el +suyo de cuarenta y ocho horas acá.</p> + +<p>—Voy—dijo—a telegrafiar a todas partes, a las principales estaciones +de la línea, a Alsasua, a.... ¿quiere usted que telegrafíe a León, a su +padre de usted?</p> + +<p>—¡Dios nos libre!—exclamó Lucía—; capaz es de tomar el tren para +venir a buscarme, y de ahogarse en el camino con el asma... y con el +disgusto. No, no.</p> + +<p>—De todas suertes, voy a dar los pasos..</p> + +<p>Y Artegui embutió los brazos en los de su americana, y echó mano al +sombrero.</p> + +<p>—¿Va usted a salir?—preguntó Lucía.</p> + +<p>—¿Quiere usted algo más?</p> + +<p>—¿Sabe usted... sabe usted que ayer era sábado y que hoy es domingo?</p> + +<p>—Así suele suceder todas las semanas—contestó Artegui con afable +burla.</p> + +<p>—No me entiende usted.</p> + +<p>—Pues explíquese. ¿Qué se le ocurre?</p> + +<p>—¿Qué se me ha de ocurrir sino ir a misa como todo el mundo?</p> + +<p>—¡Ah!—exclamó Artegui. Y después añadió—: Pues es cierto. Y quiere +usted....</p> + +<p>—Que usted me acompañe. No he de ir sola a misa, me parece.</p> + +<p>Sonriose Artegui una vez más, y la niña reparó cuán de perlas caía la +sonrisa en aquel rostro, apagado y tétrico de ordinario. Era como la +aurora cuando pinta de rosa los pardos montes; como el rayo del sol +cuando rasga los crespones de un día brumoso. Vivían los ojos, vivían +las mejillas sumidas y pálidas, renacía la juventud en aquel semblante +marchito por tribulaciones misteriosas, y empañado por perpetuos celajes +obscuros.</p> + +<p>—Debía usted estar siempre risueño, Don Ignacio—exclamó Lucía—. +Aunque—añadió reflexionando—del otro modo se parece usted más a usted.</p> + +<p>Artegui, risueño y solícito, le ofreció el brazo, pero ella no quiso +cogerse. Al llegar a la calle anduvo muy callada, con los ojos bajos, +echando de menos la protectora sombra del negro velo de su manto de +encaje, que le cubría las mejillas, dándole tan modesto porte, cuando en +León cruzaba bajo las bóvedas medio derruidas y llenas de andamiaje de +la catedral. La de Bayona le pareció linda como un dije de filigrana; +pero no pudo oír en ella tan devotamente la misa: se lo estorbaba la +pulcritud esmerada del templo, semejante a caja primorosa; los colores +vivos de las figuras neobizantinas pintadas sobre oro en el crucero, o +la novedad de aquel coro descubierto, de aquel tabernáculo aislado y sin +retablo, el moverse de los reclinatorios, el circular de las +alquiladoras de sillas. Parecíale estar en un templo de culto diverso +del que ella profesaba. Una Virgen blanca, con filetes de oro en el +manto, que presentaba el divino infante en una de las capillas de la +nave, la tranquilizó algo. Allí rezó buena porción de salves, deshojó +las rosas sangrientas del rosario, los místicos lirios de la letanía. +Salió del templo con ligero paso y alegre corazón. Lo primero que vio a +la puerta fue a Artegui, contemplando con interés la gótica forma de la +portada.</p> + +<p>—Ya he puesto cantidad de telegramas a las diversas estaciones, +señora—dijo descubriéndose cortésmente al verla—. En especial a la más +importante, Miranda de Ebro. Me he tomado la libertad de firmar con su +nombre de usted.</p> + +<p>—Gracias... pero ¿qué? ¿no oyó usted misa? exclamó la niña mirándole +atenta al rostro.</p> + +<p>—No, señora. Vengo, como le he dicho a usted, de la oficina de +telégrafos—contestó él evasivamente.</p> + +<p>—Pues dese usted prisa si quiere alcanzarla. En este mismísimo instante +salía el sacerdote revestido....</p> + +<p>Contrajose levemente la faz de Artegui.</p> + +<p>—No oigo misa—repuso entre grave y chancero—. A menos que usted +manifestase formal empeño... en cuyo caso....</p> + +<p>—¡No oír misa!—pronunció la niña, y veló sus pupilas el asombro, y +turbose toda—. ¿Y por qué no oye usted misa? ¿No es usted cristiano?</p> + +<p>—Supongamos que no lo fuese—balbució él muy quedo, como reo que +confiesa su crimen ante el juez, y meneando melancólicamente la cabeza.</p> + +<p>—¡Pues qué es usted.... Dios mío!</p> + +<p>Y Lucía cruzó acongojada las manos.</p> + +<p>—Lo que el Padre Urtazu llamaría... un incrédulo.</p> + +<p>¡Ah!—gritó ella con ímpetu—. El Padre Urtazu diría que son unos +malvados los incrédulos todos.</p> + +<p>—Pudiera añadir el Padre Urtazu que todavía son más infelices.</p> + +<p>—Es verdad—replicó Lucía trémula aún, como arbusto sacudido por el +cierzo—. Es verdad: todavía más infelices. El Padre Urtazu no diría, de +seguro, otra cosa. ¡Y tan infelices como son! ¡Madre mía del Rosario!</p> + +<p>Inclinó la niña la pensativa frente, y quedose anodada, aturdida por el +golpe repentino. El sentimiento religioso, dormido hasta entonces, con +todos los demás, en el fondo de su alma plácida y serena, despertábase +potente al impensado choque. Iban mezcladas dos sensaciones: de punzante +lástima la una, de terror y repulsión la otra. Quería apartarse +espantada de Artegui, y aun se derretían de compasión sus entrañas sólo +al mirarlo. La gente salía de misa; vertía el pórtico ondas y ondas +humanas, y Lucía, en pie, no acertaba a separarse de aquella catedral, +erguida y blanca como una mártir cristiana en el circo. Le presentó +Artegui en silencio el brazo, y ella, dudosa al pronto, aceptó por fin, +caminando ambos automáticamente en dirección al hotel. La mañana, un +tanto encapotada, prometía temperatura menos cálida y más grata que la +de la víspera. Corría regalado fresquecillo, y tras del celaje brumoso +adivinábase la sonrisa del sol, como suele columbrarse el amor al través +del enojo.</p> + +<p>—Está usted triste, Lucia—dijo Artegui a la niña afectuosamente.</p> + +<p>—Un poco, Don Ignacio—y Lucía arrancó del pecho doliente suspiro—. Y +usted tiene la culpa—añadió en blando son de amenaza.</p> + +<p>—¿Yo?</p> + +<p>—Usted, sí. ¿Por qué dice usted esas tonterías que no pueden ser?</p> + +<p>—¿Que no pueden ser?</p> + +<p>—Sí, señor. ¿Cómo es posible que no sea usted cristiano? Vamos, que no +dice usted lo que siente.</p> + +<p>—¿Qué le importa a usted eso, Lucía?—exclamó él, llamándola segunda +vez por su nombre—. ¿Es usted acaso el Padre Urtazu? ¿Soy yo alguien +que a usted le interese o le importe? ¿Le han de pedir a usted cuenta de +mi alma en algún tribunal? ¡Niña!, eso a usted no le va ni le viene.</p> + +<p>—¡No que no! ¡Vaya, Don Ignacio, que hoy está usted de lo más... de lo +más desatinado! ¡Que no me ha de importar a mí que usted se condene o se +salve, que usted sea cristiano o judío!</p> + +<p>—Judío... lo que es judío no lo soy—respondió Artegui, tratando de dar +al diálogo giro festivo.</p> + +<p>—Es lo mismo... renegar de Cristo es ser judío en suma.</p> + +<p>—Dejémonos de eso, Lucía; no quiero verla a usted con ese gesto; ¡se +pone usted fea!—dijo en tono desahogado él, aludiendo por vez primera a +las condiciones físicas de Lucía—. ¿Qué desea usted ahora? ¿Quiere +usted que la lleve a ver alguna curiosidad de este pueblo? ¿El hospital? +¿Los fuertes?</p> + +<p>Hablaba afable cual nunca, y Lucía se aplacó, como las crespas olas al +cubrirlas capa de aceite.</p> + +<p>—¿No podríamos salir a dar una vuelta por el campo? Me muero por los +árboles.</p> + +<p>Artegui torció hacia el teatro, ante cuyo pórtico aguardaban dos o tres +cochecillos de los llamados cestos. Hizo breve seña al más próximo, y el +auriga vasco, alzando su fusta, halagó con ella el anca de las tarbesas +jaquitas, que, la cerviz enhiesta, se prepararon a arrancar. Saltó +Lucía, recostándose en el ligero vehículo, y Artegui se acomodó a su +lado, ordenando:</p> + +<p>—Camino de Biarritz.</p> + +<p>Salió el carruaje veloz como un dardo, y Lucía cerró los ojos, gozando +en no pensar, en sentir las rápidas caricias del viento, que echaba +atrás las puntas de su corbata, los undívagos mechones de su cabellera. +Pintoresco y ameno, el camino merecía, no obstante, una mirada. Eran +cultivadas tierras, casas de placer con picudos techos, parques ingleses +de fresco césped y menuda grama, amarillenta ya, como de otoño. Al +divisar torcida vereda que, desviándose de la carretera, culebreaba por +entre los sembrados, detuvo Artegui con un grito al cochero, y dio a +Lucía la mano para que descendiese. Buscó el vasco el abrigo de unas +tapias donde parar sin riesgo el sudoroso tronco, y Artegui y Lucía se +internaron a pie siguiendo el senderito, ella delante, recobrada su +alegría infantil, su gozar inocente en el cansancio del cuerpo. La +cautivaba todo, las flores del trébol, que salpicaban de una lluvia de +pintas carmesíes el verdinegro campo; las manzanillas tardías y los +acianos pálidos en las lindes, las digitales que cogía risueña +haciéndolas estallar con las dos manos, los rizados airones del apio, +las acogolladas coles, puestas en fila, separada cada fila por un surco, +semejante a una trinchera. La tierra, de puro labrada, abonada, +removida, tenía no sé qué aspecto de decrepitud. Sus poderosos flancos +parecían gemir, sudando una humedad viscosa y tibia, mientras en los +linderos incultos, al borde del caminillo, quedaban aún rincones +vírgenes, donde a placer crecían las bellas superfluidades campestres, +las gramineas vaporosas, las florecillas multicolores, los agudos +cardos.</p> + +<p>No cabiendo juntos por la angosta senda, iban Lucia y Artegui uno tras +otro, si bien Artegui a veces se echaba a campo traviesa, sin gran +respeto de la ajena propiedad. Detuvo al fin la niña su indisciplinada +carrera al pie de espesos mimbrales, que, creciendo al borde de un +pantano, sombreaban pendiente ribazo muy mullido de hierba, y desde el +cual se oteaba todo el paisaje recorrido. Dejáronse caer en el natural +diván, y vieron tenderse ante ellos la vega, como remendada de varios +colores, según eran los de las verduras que en cada heredad se +cultivaban. En la blanca cinta de la carretera distinguieron un punto +negro: el cesto con las jacas. No picaba el sol; su luz se cernía por un +velo de nubes, y la campiña tenía tonos mates, verdes glaucos, +amarilleces areniscas, lejanías delicadamente cenicientas, suaves +matices que se copiaban en la ciénaga tranquila.</p> + +<p>—Esto es muy hermoso, Don Ignacio—dijo Lucía por decir algo, pues +pesaba sobre su alma el silencio, la soledad profunda del lugar—. ¿No +le gusta a usted?</p> + +<p>—Sí que me gusta—contestó Artegui distraídamente.</p> + +<p>—Bien que a usted parece que no le gusta nada.... Siempre está usted +como cansado... es decir, cansado no, es más bien triste. Mire +usted—siguió la niña, asiendo de un flexible mimbre y divirtiéndose en +coronarse con la obediente rama—, ¡a que no es usted capaz de creer que +su tristeza se me va pegando, y que también yo me hallo así... no sé +cómo, preocupada, vamos! Diera... lo que no sé por verle contento y... +natural, como son todos los hombres. Usted no tiene el mirar ni la cara +como los demás, Don Ignacio.</p> + +<p>—Pues viceversa—respondió él—; a mí se me comunica su alegría de +usted, y a veces aún gasto mejor humor del que usted misma gastaría. +También el júbilo es contagioso.</p> + +<p>Díjolo atrayendo a sí otra rama de mimbre que descortezó con las uñas, +arrojando las tiras de película tierna al pantano, y mirando fijamente +los círculos que en el agua abrían al caer.</p> + +<p>—Claro está que sí—afirmó Lucía—. Y si usted quisiera ser franco, si +usted se decidiese a... confiarme lo que así le aflige, vería cómo en un +santiamén le disipaba yo esa sombra que tiene en la cara. No sé por qué +se me figura que tanta seriedad, tanto ceño, tanto caimiento de animo, +no nace de que usted sea desdichado de veras, sino allá de.... ¡qué sé +yo!, de niñerías, de ideas sin ton ni son que le bullen a usted en los +cascos. ¿A que acerté?</p> + +<p>—Tan plenamente—exclamó Artegui soltando la rama de mimbre y asiendo +la mano de la niña—, que ahora me confirmo en creer que los seres puros +poseen cierta presciencia, cierta intuición maravillosa y singularísima, +negada a los que conocemos, en cambio, el triste misterio del vivir.</p> + +<p>Lucía, seria e inmutada, miraba a su compañero de viaje.</p> + +<p>—¡Lo ve usted!—acertó a pronunciar por fin, buscando en los ángulos de +su boca la sonrisa, y hallándola a duras penas—. De modo que ya pasaron +todas esas ideas sin fundamento, que son como los castillos de naipes +que me hacía padre siendo yo chiquita; soplaba, y, ¡patatás!, al suelo.</p> + +<p>—En eso yerra usted, hija—dijo Artegui soltándole la mano con uno de +sus lánguidos movimientos de autómata—. Es lo contrario lo que sucede. +Cuando nace y se engendra la tristeza de alguna causa, puede desaparecer +si la causa cesa; pero si la tristeza brota espontáneamente como esas +malas hierbas y esos juncos que usted ve al borde del pantano; si está +en nosotros; si forma la esencia de nuestro ser mismo; si no se +encuentra aquí ni allí solamente, sino en todas partes; si ninguna cosa +de la tierra alcanza a darle alivio, entonces... créame usted, niña, el +enfermo está desahuciado. No hay esperanza.</p> + +<p>Hablaba sonriente, pero era su sonrisa semejante a la luz que alumbra un +nicho.</p> + +<p>—Pero, sepamos...—interrogó Lucía a pesar suyo con angustiosa y febril +curiosidad—. ¿Pesa sobre usted alguna desdicha? ¿Alguna pena grande?</p> + +<p>—Ninguna de las que el mundo llama tales.</p> + +<p>—¿Tiene usted familia... que le quiera?</p> + +<p>—Mi madre me adora.... ¡y si no fuese por ella!—declaró Artegui +abandonándose, como mal de su grado, a la dulce corriente de la +confianza.</p> + +<p>—¿Y su padre de usted?</p> + +<p>—Murió años ha. Era vascongado, emigrado carlista, hombre de grande +energía, de muchos ánimos: internáronle en Francia, viose pobre y solo, +trabajó como se había batido... como un león, hasta llegar a poder +establecer una vasta agencia de comercio, enriquecerse, adquirir en +París casa propia, y casarse con mi madre, que es de una familia +distinguida de Bretaña, legitimista también. No tuvieron más hijo que +yo: me adoraron, sin descuidar mi educación ni excederse en mimos y +locuras; estudié, vi mundo; dije que quería viajar, y me abrió mi madre +su bolsa anchamente; tuve, hombre ya, algún capricho, muchos caprichos, +y se cumplieron. He visto los Estados Unidos y el Oriente, sin hablar de +Europa; paso los inviernos en París, y los veranos suelo visitar España; +mi salud es buena y no soy viejo. Ya ve usted que soy lo que suele la +gente denominar... un mimado de la fortuna, un hombre feliz.</p> + +<p>—Es cierto—dijo Lucía—; pero ¡quién sabe si por eso mismo estará +usted así! He oído decir que para que el pan sepa bien hay que ganarlo: +verdad que yo no lo gano, y hasta ahora no me amargó.</p> + +<p>—Tiempo hubo—murmuró Artegui como respondiéndose a sí mismo—en que +creí provenía mi indiferencia de la seguridad de mi vida, y en que deseé +deberme a mí mismo, a mí solo, el subsistir. Dos años rehusé los +auxilios de mis padres, y, entrando en calidad de socio industrial en +una gran empresa, dime a trabajar con ardor. Gané más de lo necesario; +me seguía, como rendida amante, la suerte; pero aquella especulación sin +tregua ni entrañas me provocaba náuseas, y quise probar alguna labor en +que entendimiento y cuerpo fuesen unidos, y en que la ganancia no +alcanzase más que a no dejarme morir de hambre. Estudié la medicina, y, +aprovechando la guerra que a la sazón ardía en el Norte de España, vine +al cuartel de Don Carlos. El nombre de mi padre me abrió todas las +puertas y me dediqué a ejercer en los hospitales....</p> + +<p>—¿Fue entonces cuando curó usted a Sardiola?</p> + +<p>—Exactamente. Tenía el pobre diablo un metrallazo horrible: partida la +mejilla, interesada la mandíbula, y desangrándose a más andar por la +arteria. Una cura difícil, pero afortunadísima. Muchas hice entonces, y +fue aquel el tiempo en que menos me acosó el cansancio moral. Pero en +cambio....</p> + +<p>Artegui se detuvo, temeroso de proseguir.</p> + +<p>—Diga usted, diga usted—interrogó Lucía ansiosamente.</p> + +<p>—¡Para qué, señora! ¿para qué? Ni sé por qué le he contado a usted ya +tantas cosas ridículas, y para usted, probablemente, ininteligibles... +como son los sueños del demente para los cuerdos.</p> + +<p>—No, señor—declaró Lucía ofendida—; le entiendo a usted muy bien, y +en prueba de ello voy a adivinar eso que se calló. ¡Verá usted que +sí!—gritó, cuando Artegui hubo meneado sonriendo la cabeza—. Usted se +aburrió menos en esa temporada en que fue médico de afición; pero en +cambio... con ver tanto muerto, y tanta sangre, y tanta barbaridad, aún +se volvió usted más... más judío que antes. ¿No es así? ¿Di o no di en +ello?</p> + +<p>Artegui la miró, y con mudo asombro frunció el entrecejo sin replicar.</p> + +<p>—¿Y quiere usted que le diga? Pues eso, eso es lo que usted tiene, y +por lo que está usted tan a mal con la suerte y consigo mismo. Si usted +fuese buen cristiano podría usted estar triste, pero... de otra manera, +vamos, de otra manera; con tristeza más dulce y más resignada. Porque +quien espera irse al cielo, sabe sufrir acá y no se desespera.</p> + +<p>Y como Artegui, silencioso y apretados los labios volviese a otra parte +la cabeza, murmuró la niña, en voz suave como una caricia:</p> + +<p>—Don Ignacio, el padre Urtazu me ha dicho que había unos hombres que no +querían admitir lo que la Iglesia enseña y creemos nosotros, pero que +allá... a su manera, a su capricho, en fin, adoraban a un Dios que ellos +se forjaban... y creían en la otra vida también, y en que el alma no +muere al morir el cuerpo.... ¿Es usted de esos?</p> + +<p>Él no respondió palabra, y doblando violentamente dos o tres ramas de +mimbre, hízolas estallar. Cayeron inertes los tronchados troncos; pero +unidos aún por la corteza, quedaron colgando como rotos miembros de +inválido.</p> + +<p>—¿Tampoco es usted de esos?—siguió la niña volviéndose hacia él, con +las manos juntas, semiarrodillada en el ribazo—. ¿Tampoco así cree +usted? Don Ignacio, de veras, ¿no cree usted en nada? ¿En nada?</p> + +<p>Levantose Ignacio de un brinco, y, quedándose en pie sobre la parte más +elevada del ribazo, dominando el paisaje todo, pronunció lentamente:</p> + +<p>—Creo en el mal.</p> + +<p>De lejos, era escultural el grupo. Lucía, anonadada, casi de hinojos, +cruzadas las manos, imploraba: Artegui, alzado el brazo, erguido el +cuerpo, mirando con doloroso reto a la bóveda celeste, pareciera un +personaje dramático, un rebelde Titán, a no vestir el traje llano y +prosaico de nuestros días. Más entoldado cada vez el celaje, se +acumulaban en él nubarrones plomizos, como enormes copos de algodón en +rama, hacia la parte donde caían Biarritz y el Océano. Ráfagas +sofocantes cruzaban, muy bajas, casi a flor de tierra, doblegando los +tallos de los juncos y estremeciendo el agudo follaje de los mimbrales a +su hálito de fuego. Poderoso gemido exhalaba la llanura al percibir los +signos precursores de la tormenta. Dijérase que el mal, evocado por la +voz de su adorador, acudía, se manifestaba tremendo, asombrando a la +naturaleza toda con sus anchas alas negras, a cuyo batir pudieran +achacarse las exhalaciones asfixiantes que encendían la atmósfera. +Lóbrego y obscuro, como la luna de un espejo de acero, el pantano +dormía, y las florecillas acuáticas se desmayaban en sus bordes. La voz +de Artegui, más intensa que elevada, resonaba entre el pavoroso +silencio.</p> + +<p>—En el mal—repetía—, que por todas partes nos cerca y envuelve, de la +cuna al sepulcro, sin que nunca se aparte de nosotros. En el mal, que +hace de la tierra vasto campo de batalla, donde no vive cada ser sin la +muerte y el dolor de otros seres; en el mal, que es el eje del mundo y +el resorte de la vida.</p> + +<p>—Señor de Artegui...—balbució débilmente Lucía—, usted, según creo, +dará culto al demonio, negándoselo a Dios.</p> + +<p>—¡Culto! no, ¿he de dar culto al poder inicuo que, guarecido en la +sombra, conspira al daño común? Luchar, luchar con él quiero ahora y +siempre. Usted le llama demonio: yo el mal, el dolor universal. Yo, sé +cómo se le vence.</p> + +<p>—Con fe y buenas obras—exclamó la niña.</p> + +<p>—Muriendo—respondió él.</p> + +<p>Quien de lejos divisara aquella pareja, mancebo galán y lozana +doncellita, departiendo solos en la vega frondosa, tomáralos, a buen +seguro, por enamorados novios; y no creyera que hablaban de dolor y +muerte, sino de amor, que es la vida misma. Artegui, de pie, se veía +claramente en los garzos ojos que hacia él alzaba Lucía, ojos que, a +pesar de la obscuridad del cielo, parecían salpicados de pajuelas +luminosas.</p> + +<p>—¡Muriendo!—repitió ella, como el árbol repercute el sonido del golpe +que le hiere.</p> + +<p>—Muriendo. El dolor no concluye sino en la muerte: sólo la muerte burla +a la fuerza creedora que goza en engendrar para atormentar después a su +infeliz progenitura.</p> + +<p>—No le entiendo a usted—murmuró Lucía—; pero tengo miedo—. Y su +cuerpo temblaba todo como los mimbrales.</p> + +<p>Artegui no contestó palabra: mas una voz grave y poderosa, retumbando en +los cielos, se unió de pronto al extraño dúo. Era el trueno, que +estallaba a lo lejos, solemne y terrible. Lucía exhaló un gemido de +pavor, cayendo con la faz contra la hierba. Desgarráronse las nubes, y +anchas gotas de agua cayeron, sonando como goterones de plomo líquido en +la crujiente seda de las frondas de mimbre. Bajose rápidamente Artegui, +y tomando con nervioso vigor a Lucía en sus brazos, dio a correr sin +mirar por dónde, saltando zanjas, atravesando barbechos, pisando apios y +coles, hasta llegar, azotado por la lluvia, perseguido por el trueno que +se acercaba, a la carretera. El cochero renegaba del mal tiempo +enérgicamente cuando Artegui depositó a Lucía casi exánime en el +asiento, subiendo a toda prisa el hule, para guarecerla algo. Las jacas, +espantadas, salieron sin aguardar la caricia de la fusta, y, aguzadas +las orejas y ensanchando las fosas nasales, arrancaron hacia Bayona.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2> + + +<p>Lucía acababa de secarse ante la chimenea encendida por Artegui en su +cuarto. Los cabellos, antes empapados y pegados a la frente, comenzaban +a revolar ligeros en torno de sus sienes; su ropa humeaba aún, pero ya +el benéfico calorcillo, penetrándola, le restituía la acostumbrada +soltura. Sólo la pluma del sombrero, lastimosamente alicaída, +atestiguaba los estragos de la arroyada, a despecho de la prolijidad con +que su dueña, aproximándola a las llamas, intentaba devolverle las +gráciles roscas.</p> + +<p>En una butaca yacía Artegui, cual siempre, yerto, abandonado a la +inercia de sus ensueños. Reposaba sin duda la fatiga de haber prendido +fuego a los cepos que tan regocijadamente ardían, y pedido té y +servídolo, mezclándole unas gotas de ron. Silencioso y quieto ahora, +posaba los ojos en Lucía y en el fuego, que daba móvil fondo rojo a su +cabeza. Mientras Lucía sintió el peso de la mojada ropa y la prensión +del calzado húmedo, mantúvose también muda y encogida, tiritando, +creyendo escuchar aún el redoble de los truenos y sentir los picotazos +de las múltiples agujas de la lluvia en sus mejillas.</p> + +<p>Poco a poco la suave influencia del calor fue desatando sus miembros +entumecidos y paralizada lengua. Adelantó los pies, luego las manos, +hacia la hoguera; sacudió las enaguas, con objeto de enjugarlas por +igual, y finalmente, sentose en el suelo a la turca para mejor gozar del +fuego, que contempló fija y absorta, oyéndole crujir y viendo los +troncos pasar de color de brasa al negro.</p> + +<p>—¿Don Ignacio?—dijo de pronto</p> + +<p>—¿Lucía?</p> + +<p>—¿A que no sabe usted lo que estoy pensando?</p> + +<p>—Usted dirá.</p> + +<p>—Son tan raras las cosas que desde anteayer me suceden; está tan fuera +de sus naturales caminos mi vivir desde estos días; tan singular e +inaudito me parece lo que usted dijo allá... junto al pantano, que +imagino si me quedaría dormida en Miranda de Ebro, y no habré despertado +aún. Yo debo estar todavía en el vagón, es decir, allí estará mi cuerpo, +pero mi alma se escapó y sueña tales tonterías... a la fuerza.</p> + +<p>—No sé qué tenga de particular cuanto a usted acontece: antes tiene +mucho de vulgar y sencillo. Se queda atrás su marido de usted; y yo, que +por casualidad la encuentro entonces, la acompaño hasta que él venga. Ni +más ni menos. No hagamos novela.</p> + +<p>Artegui hablaba con su entonación lenta y desdeñosa de costumbre.</p> + +<p>—No—insistió Lucía—, si lo extraño no es lo que me ha sucedido. Lo +que hallo inusitado, es usted. Vamos, Don Ignacio, que usted bien lo +conoce. Yo nunca vi a nadie que pensase lo que usted piensa, ni que lo +dijese; y por eso a veces—murmuró cogiéndose la frente con ambas +manos—suele pasarme por acá la idea de que estoy soñando aún.</p> + +<p>Levantose Artegui del sillón y acercose al fuego. Su gallarda estatura +crecía al reflejo de la lumbre, y a Lucía, sentada en el suelo, +pareciole más alto que de ordinario.</p> + +<p>—Importa—dijo él inclinándose—que le pida a usted perdón. Yo no +acostumbro decir ciertas cosas al primero que llega; pero a personas +como usted todavía menos. He soltado mil necedades, que con razón +asustaron a usted. Sobre ser inconveniente, es de mal gusto y hasta +cruel, lo que hice. Procedí como un necio y me pesa de ello: créalo +usted.</p> + +<p>Lucía, levantando el rostro, le miraba. El resplandor de la lumbre +doraba su cabello castaño, y teñía de rosa toda su carne: brillábanle +los ojos, que alzaba, obligada por la postura.</p> + +<p>—Tengo—prosiguió Artegui—dos temperamentos, y suelo obedecerles +irreflexivamente, como un niño. Por lo regular, soy como era mi padre, +muy firme de voluntad, muy reservado y dueño de sí mismo; pero a veces +domina en mí el temperamento materno. Mi pobre madre padeció siendo muy +joven, allá en su castillote de Bretaña, ataques de nervios, melancolías +y trastornos que nunca ha logrado curar del todo, si bien se aliviaron +algo después de mi nacimiento. Ella soltó parte del mal, y yo le recogí; +¡qué mucho que en ocasiones obre y hable, no como hombre, sino como niño +o mujer!</p> + +<p>—Eso es, Don Ignacio—exclamó Lucía—, que en sana razón no pensaría +usted lo que... lo que dijo allí.</p> + +<p>—Yendo con usted—prosiguió él—, con una criatura joven y leal, que +ama la vida y siente, y cree, ¿quién me metía a mí a hablar de nada +triste, ni exponer desvaríos abstrusos, convirtiendo el paseo en +cátedra? ¡Ridiculez igual! soy un majadero. Lucia—añadió con +naturalidad y sin la menor expresión de amargura—, usted dispensa mi +falta de tino, ¿no es cierto?</p> + +<p>—Sí, Don Ignacio—murmuró ella bajo.</p> + +<p>Artegui arrastró el sillón, y sentose cerca del fuego también, alargando +manos y pies hacia la llama.</p> + +<p>—¿No siente usted frío ya?—preguntó a Lucía.</p> + +<p>—No, señor. Un calor muy agradable, al contrario.</p> + +<p>—¿A ver esas manos?</p> + +<p>Lucía, sin levantarse, entregó sus manos a Artegui, que las halló tibias +y suaves, y las soltó presto.</p> + +<p>—Con la lluvia—añadió—, no pude llevarla a usted un poco más lejos, +hacia la parte de Biarritz, donde hay tan bonitas quintas y parques al +estilo inglés. Ni hemos disfrutado casi de la hermosa campiña. ¡Qué bien +olían los henos y los tréboles! Y la tierra. El olor de la tierra +labrada es algo acre, pero muy grato.</p> + +<p>—Lo que olía bien, eran unas mentas que vi al borde del pantano. Siento +no haberme traído ramas.</p> + +<p>—¿Quiere usted que vaya por ellas? Pronto estaría de vuelta....</p> + +<p>—¡Jesús, María y José! ¡Qué disparate, Don Ignacio! ¡ir ahora por las +mentas!—dijo Lucía; pero el placer de la oferta tiñó de púrpura su +rostro.</p> + +<p>—¿Oye usted cómo diluvia?—agregó por mudar de asunto.</p> + +<p>—La mañana no anunciaba este turbión—repuso Artegui—. Es muy húmeda +toda Francia en general, y esta cuenca del Adour no desmiente la regla. +¡Lástima no haber podido recorrer Biarritz! Hay allí palacios y +comercios monísimos. La llevaría a usted a ver la Virgen que, desde una +roca, parece que sosiega el Océano.... Más hermosa idea artística no se +puede dar.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿la Virgen?—preguntó muy interesada Lucía.</p> + +<p>—Una estatua erigida sobre unos peñascos.... Al ponerse el sol, es un +efecto maravilloso: la estatua parece de oro, y la rodea un mar de +fuego.... Es una aparición.</p> + +<p>—¡Ay, Don Ignacio! ¿me llevará usted mañana?—gritó Lucía, dilatados +los ojos con el afán y alzando sus manos suplicantes.</p> + +<p>—Mañana...—Artegui se quedó otra vez pensativo—. Pero, +señora—pronunció ya con diverso tono—, ¡hoy debe llegar su marido de +usted!</p> + +<p>—Es verdad.</p> + +<p>Cesó de suyo el diálogo, y ambos interlocutores miraron el fuego, y aún +Artegui le añadió leña, porque menguaba. Crujieron los inflamados +tizones, y algunos se abrieron, hendiéndose como la granada madura; +saltaron mil chispas, y medio se desmoronó el ígneo edificio bajo el +peso de los nuevos materiales. Lamió suavemente la llama el reciente +pasto que le ofrecían, y al fin comenzó a clavarle sus lenguas de áspid, +arrancando con cada beso ardiente un chasquido de dolor. Aunque no fuese +todavía muy remota la hora meridiana, estaba el aposento casi obscuro, +tal era al exterior el aguacero y el negror del cielo.</p> + +<p>—No ha almorzado usted, Lucía—recordó de pronto Artegui, +levantándose—. Voy a decir que le traigan a usted el almuerzo aquí.</p> + +<p>—¿Y usted, Don Ignacio?</p> + +<p>—Yo... almorzaré también, abajo, en el comedor. Es ya muy hora.</p> + +<p>—Pero ¿por qué no almuerza usted aquí, conmigo?</p> + +<p>—No, abajo—replicó él avanzando hacia la puerta.</p> + +<p>—Como usted quiera... pero yo no tengo ganas. No me traiga usted nada. +Estoy... así, vamos, no sé cómo.</p> + +<p>—Tome usted algo... ha cogido usted frío y le conviene entrar en +reacción.</p> + +<p>—No... aún si usted almorzase aquí, me animaría tal vez—, insistió +ella con tenacidad de niña voluntariosa.</p> + +<p>Encogiose Artegui de hombros como aquel que se resigna, y tiró del +cordón de la campanilla. Cuando un cuarto de hora después entró el +camarero con la bandeja, ardía el fuego más que nunca claro y +regocijado, y las dos butacas, colocadas a ambos lados de la chimenea, y +el velador cubierto de níveo mantel, convidaban a la dulce intimidad del +almuerzo. Brillaban las limpias copas, las garrafas, la salvilla, las +vinagreras, el aro de plata del mostacero: los rábanos, nadando en fina +concha de porcelana, parecían capullos de rosa; el lenguado frito +presentaba su dorado lomo, donde se destacaba el oro pálido de las +ruedas de limón, y el verde chamuscado de las ramas de perejil; los +bisteques reposaban sangrientos en lago de liquida manteca; y en las +transparentes copas de muselina destellaba el intenso granate del +Borgoña y el rubio topacio del Chateau-Iquem. Al entrar y salir; al +dejar cada plato, o recogerlo, reíase el camarero, para su sayo, de la +enamorada pareja española, que quería habitación aparte, para luego +almorzar así, mano a mano, al halago de la lumbre. A fuer de francés de +raza, el sirviente aprovechaba la situación, subiendo el gasto. Había +presentado a Artegui la lista de los vinos, y se permitía indicaciones y +consejos.</p> + +<p>—El señor querrá Champagne helado.... Se lo traeré en garrafa, es más +cómodo.... Las ananas que hay en la casa son excelentes: voy a traer... +El Málaga nos llega directamente de España: ¡oh! el vino de España... +¡clac! no hay como la España para vinos....</p> + +<p>Y fueron viniendo botellas, aumentándose copas a la ya formidable +batería que cada convidado tenía ante sí; anchas y planas, como las de +los relieves antiguos, para el espumante Champagne; verdes y angostas, +finísimas, para el Rhin; cortas como dedales, sostenidas en breve pie, +para el Málaga meridional. Apenas llegó Lucía a catar dos dedos de cada +vino; pero los iba probando todos por curiosidad golosa; y, un tanto +pesada ya la cabeza, olvidando deliciosamente las peripecias del paseo +matinal, se recostaba en la butaca, proyectando el busto, enseñando al +sonreír los blancos dientes entre los labios húmedos, con risa de +bacante inocente aún, que por vez primera prueba el zumo de las vides. +La atmósfera de la cerrada habitación era de estufa: flotaban en ella +espirituosos efluvios de bebidas, vaho de suculentos manjares, y el +calor uniforme, apacible de la chimenea, y el leve aroma resinoso de los +ardidos leños. Lindo asunto para una anacreóntica moderna, aquella mujer +que alzaba la copa, aquel vino claro que al caer formaba una cascada +ligera y brillante, aquel hombre pensativo, que alternativamente +consideraba la mesa en desorden, y la risueña ninfa, de mejillas +encendidas y chispeantes ojos. Sentíase Artegui tan dueño de la hora, +del instante presente, que, desdeñoso y melancólico, contemplaba a Lucía +como el viajero a la flor de la cual aparta su pie. Ni vinos, ni +licores, ni blando calor de llama, eran ya bastantes para sacar de su +apático sueño al pesimista: circulaba lenta en sus venas la sangre, y en +las de Lucía giraba pronta, generosa y juvenil. Hermoso era, sin +embargo, para los dos el momento, de concordia suprema, de dulce olvido; +la vida pasada se borraba, la presente era como una tranquila eternidad, +entre cuatro paredes, en el adormecimiento beato de la silenciosa +cámara. Lucía dejó pender ambos brazos sobre los del sillón; sus dedos, +aflojándose, soltaron la copa, que rodó al suelo, quebrándose con +cristalino retintín en el bronce del guardafuego. Riose la niña de la +fractura, y, entreabiertos los ojos y clavados en el techo, se sintió +anonadada, invadida por un sopor, un recogimiento profundo de todo su +ser. Artegui, en tanto, mudo y sereno, permanecía enhiesto en su butaca, +orgulloso como el estoico antiguo: acre placer le penetraba todo, el +goce de sentirse bien muerto, y cerciorarse de que en vano la traidora +Naturaleza había intentado resucitarle.</p> + +<p>Y así se estuvieran probablemente hasta sabe Dios cuándo, a no abrirse +de golpe la puerta, apareciendo en ella un hombre; no el camarero, ni +menos el esperado Miranda, sino un mozalbete de algunos veinticuatro o +veinticinco años, mediano de estatura, pronto y desenfadado de modales. +Traía el sombrero puesto, y lo primero que se veía de su persona era el +reluciente alfiler de la corbata, y las botas de caña clara, atrevidas, +cortas, un tanto manolescas. Causó la entrada de este nuevo personaje +una transformación a vista en la escena: mientras Artegui se levantaba +furioso, Lucía, vuelta a la conciencia de sí misma, pasó las manos por +las sienes, enderezose en el sillón adoptando actitud reservada, pero +con las pupilas vagas aún, perdidas en el espacio.</p> + +<p>—Hola, Artegui.... ¿Usted por aquí? Lo veo, lo veo ahora mismo en la +tablilla, y vengo a escape...—pronunció imperturbable el recién venido. +Y de pronto, haciendo como que reparaba en Lucía, inclinose con soltura, +descubriéndose, sin añadir otra palabra.</p> + +<p>—Señor Gonzalvo—respondió Artegui recatando el enojo bajo un tono +glacial—, muy amigos nos habremos vuelto desde que no nos vemos. En +Madrid....</p> + +<p>—¡Usted siempre tan inglés, tan inglés!—pronunció sin turbación ni +encogimiento el mancebo—. Mire usted; ya sabe usted que soy franco, +franco; en Madrid andábamos cada cual a nuestro negocio y a nuestro +gusto; pero en el extranjero, en el extranjero agrada encontrar +paisanos. En fin, dispense usted; dispense usted; veo que vine a +molestarle; lo siento por la señora....</p> + +<p>Nueva reverencia, mientras sus ojos entornados se cosían cínicamente al +rostro de Lucía, alumbrado por los moribundos tizones.</p> + +<p>—No, espere usted—gritó Artegui levantándose y asiéndole de una manga +sin ceremonia, al ver que volvía la espalda. Ya que ha entrado usted +aquí sin más ni más, es preciso que sepa usted que no me coge en ninguna +aventura escandalosa, ni de eso nace mi enojo por su importunidad.</p> + +<p>—Hombre, hombre, hombre; si yo no pregunto...—dijo él encogiéndose de +hombros.</p> + +<p>—Me importa un bledo lo que creyese usted de mí.... Pero esta señora +es... una mujer honrada; por incidentes que no son del caso viene sola, +y la acompaño hasta entregársela a su esposo....</p> + +<p>Y viendo la media sonrisa de su interlocutor, añadió:</p> + +<p>—Le aconsejo a usted que me crea, porque mi reputación de verídico es +quizás la única que en el mundo aprecio....</p> + +<p>—Le creo a usted; le creo a usted...—dijo sencilla y sinceramente el +mozo—; usted pasa por algo raro, raro; pero muy franco también... +Además, yo soy práctico, práctico, práctico en la materia, y bien +distingo las verdaderas señoras....</p> + +<p>Díjolo haciendo tercera vez venia a Lucía, con gentil desembarazo. +Levantose ella, instintivamente digna, y serio y compuesto el rostro le +devolvió el saludo. Artegui se adelantó entonces, y soltó la fórmula +sacramental:</p> + +<p>—El señor don Pedro Gonzalvo, la señora de Miranda.</p> + +<p>Miranda.... Sí, sí, lo he visto, lo he visto abajo escrito en la +tablilla también... conozco un Miranda que se habrá casado estos días... +solterón, solterón....</p> + +<p>—¿Don Aurelio?—preguntó Lucía a pesar suyo.</p> + +<p>—Justo.... Le trato mucho, mucho.</p> + +<p>—Es mi marido—murmuró ella.</p> + +<p>Encendiéronse rápidamente en una llamarada de curiosidad las mejillas +del mancebo, y clavó de nuevo en Lucía sus ojos chicos examinándola +implacablemente.</p> + +<p>—Miranda.... ¡Ah! ¡Conque es usted la señora, la señora de Aurelio +Miranda!—repitió, sin ocurrirsele decir más. Pero, discretamente +indicadas, le bullían en los labios las preguntas de tal modo, que +Artegui se impuso la penitencia de narrarle todo la acaecido de pe a pa. +Escuchaba él, refrenando con su práctica del mundo, la risa maliciosa +que le asomaba a las facciones. Era evidente que al mozo calaverilla le +divertía infinito el cómico percance conyugal del calaverón rancio. Un +rayo de sol vergonzante rompía las pardas nubes, y recortaba sobre el +fondo obscuro la cabeza linfática, rubia, la tez pecosa, las facciones +delicadas, pero no exentas de rasgos característicos, del mancebo. Sus +manos blancas y femeniles atormentaban la cadena de acero del reloj, y +en el meñique de una de ellas rojeaba grueso carbunclo, al lado de otro +aro inocente, sortija de colegiala, sobrado estrecha para el dedo, una +crucecica de perlas sobre un círculo de oro.</p> + +<p>—Y, en resumen, ¿de Miranda, no se sabe nada, nada?—preguntó oído el +relato.</p> + +<p>—Nada hasta hoy—afirmó gravemente Artegui.</p> + +<p>—Hombre, es divino ¡es divino!—masculló el mozalbete entre dientes, +riéndose más bien con los ojos que con la boca—. ¡Lance igual! Estará +chistoso Miranda; estará chistoso.</p> + +<p>Artegui le miraba fijamente, sorprendiendo en sus pupilas la risa +indiscreta. Con solemne seriedad, le interrogó:</p> + +<p>—¿Es usted amigo de Don Aurelio Miranda?</p> + +<p>—Sí, mucho, mucho...—ceceó rápidamente Gonzalvo, que solía al +pronunciar comerse dos o tres letras de cada palabra, repitiendo en +cambio la palabra misma dos o tres veces, lo que hacía galimatías +peregrino, sobre todo cuando hablaba colérico, barajando o suprimiendo +vocablos enteros:</p> + +<p>—Mucho, mucho—prosiguió—. En todas partes, hombre, en todas partes, +me lo encontraba en Madrid.... Fue una temporada del, ¿cómo se llama?, +del Veloz Club, del Veloz Club, y estaba abonado con nosotros, con los +muchachos, a ése, vamos... a Apolo, a Apolo.</p> + +<p>—Me felicito—exclamó Artegui sin menguar un ápice en seriedad—. Pues, +señora—siguió volviéndose a Lucía—, ya tiene usted aquí lo que tanto +le hubiera convenido encontrar dos días hace: un amigo de su esposo, que +con harta más razón, motivo y derecho que yo, puede servirla de rodrigón +hasta que el señor Miranda aparezca.</p> + +<p>A esta inesperada salida, Gonzalvo sonrió inclinándose cortésmente, como +hombre de mundo acostumbrado a todo género de situaciones; pero Lucía, +con el rostro atónito, encendido aún, se echó atrás, en ademán de +rehusar la nueva escolta que se le brindaba.</p> + +<p>Interrumpió la escena muda el camarero, entrando y presentando a Artegui +en una bandejilla un sobre azul, que encerraba un telegrama. No era +dable en Artegui palidecer, y, sin embargo, visiblemente se tornaron aún +más descoloridos sus pómulos al leer, roto el sobre, lo que el parte +decía. Nubláronse sus ojos, y por instinto buscó el apoyo de la +chimenea, en cuya tableta de mármol se recostó. A este punto, Lucía, +vuelta ya de su asombro primero, se lanzaba a él, y poniéndole las dos +manos en los brazos, le suplicaba ansiosamente:</p> + +<p>—Don Ignacio, Don Ignacio... no me deje usted así.... Para lo que falta +ya.... ¿qué trabajo le cuesta a usted quedarse? Yo no conozco a este +señor... en mi vida le he visto....</p> + +<p>Artegui oía maquinalmente, como oyen los catalépticos. Al fin se desató +su lengua. Miró a Lucía sorprendido, cual si la viese por primera vez, y +con voz debilitada pronunció:</p> + +<p>—Me voy a París ahora mismo.... Mi madre se muere.</p> + +<p>Sintió ella en el cráneo otro golpe de maza, y quedose sin voz, sin +aliento, sin pulsos. Cuando pudo exclamar:</p> + +<p>—Pero... su madre de usted.... ¡Dios mío, qué desgracia tan +grande!—estaba Artegui ya en la puerta, sin oír las ceceosas ofertas de +servicio que le prodigaba Gonzalvo.</p> + +<p>—¡Don Ignacio!—gritó la niña al ver poner la mano en el pestillo.</p> + +<p>Cual si a aquella voz vibrante se despertase la memoria del desdichado +hijo, volvió pies atrás, fue derecho a Lucía, y sin pronunciar palabra +cogiole las dos manos, y las prensó entre las suyas, con enérgico y mudo +apretón. Así se estuvieron breves segundos sin acertar a decirse una +frase de despedida. Lucía quiso hablar; pero parecíale que un dogal muy +suave, de seda, se ceñía a su garganta, estrangulándola cada vez más. De +improviso la soltó Artegui; ella respiró, adosándose a la pared, +aturdida.... Cuando miró en torno, no estaba en la habitación sino +Gonzalvo, que leía entre dientes el telegrama, olvidado por su dueño +sobre la mesa.</p> + +<p>—Pues es verdad, pues es verdad.... Y está en castellano, murmuraba: +«La señora bastante grave. Desea venga señorito.... Engracia.» ¿Quién +será esta Engracia, esta Engracia?¡Ah! ya sé: el ama de cría de +Artegui... el ama, de fijo. ¡Hombre, hombre! pues no sé si cogerá el +expreso, el expreso (esta palabra en labios de Gonzalvo sonaba así: +<i>epés</i>). Las dos y media... hace poco llegó el de España... aún tiene +tiempo.</p> + +<p>Guardó otra vez el lindo reloj esqueleto con cifras grabadas en ambos +cristales, y volviendo los ojuelos a Lucía, añadió:</p> + +<p>—Lo siento por usted; por usted, señora; ahora soy yo su escolta.... Lo +mejor es que se venga usted conmigo; aquí tengo a mi hermana, a mi +hermana, y las pondré a ustedes juntas.... No está.... No está bien una +señora así, sola en una fonda....</p> + +<p>Gonzalvo tendió el brazo, y Lucía, pasivamente, iba a apoyarse en él; +pero se abrió de nuevo la puerta, y el camarero, con actitud teatral, +anunció:</p> + +<p>—<i>Monsieur</i> de Miranda.</p> + +<p>Era, en efecto, el asendereado novio, cojeando de la pierna derecha, +pudiendo apenas sentar el pie, porque los agudos dolores de la luxación, +consecuencia ingrata del salto a la vía, se renovaban al apoyar la +planta en el suelo. Perdida así la gallardía del andar, los cuarenta y +pico se asomaban implacables a todas las líneas del rostro: la triste +raya de tinta de los bigotes resaltaba sobre la marchita tez; el párpado +caído, hundidas las sienes y desaliñado el cabello, parecía el ex buen +mozo una de esas desmanteladas torres, bellas a la luz crepuscular, pero +que a mediodía todas se vuelven grietas, ortigas, zarzales y lagartos. Y +como Lucía se quedase dudosa, indecisa, sin acertar ni a darle los +buenos días, ni a arrojarse en sus brazos, Gonzalvo, censor eterno y +sempiterno del matrimonio, desenlazó la extraña situación disparando la +risa, y adelantándose a dar un abrazo jocoserio a aquella lamentable +caricatura del esposo que llega.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2> + + +<p>Pocos días en Bayona bastaron para que Miranda se aliviase notablemente +de la dolorosa luxación, y a que Pilar Gonzalvo y Lucía se conociesen y +tratasen con cierta confianza. Pilar hacía rumbo, como Miranda, a Vichy; +sólo que mientras Miranda quería que las aguas enseñasen a su hígado a +elaborar el azúcar en justas y debidas proporciones para no dañar a la +economía, la madrileñita iba a las saludables termas en demanda de +partículas férreas que coloreasen su sangre y devolviesen el brillo a +sus apagados ojos. Hambrienta como toda persona débil, como todo +organismo pobre, de excitaciones, novedades y acontecimientos, +divirtiole en extremo la relación nueva de Lucía, y las raras peripecias +de su viaje, y el registro de sus galas de novia, que visitó sin +perdonar una, examinando los encajes de cada chambra, los volantes de +cada traje, las iniciales de cada pañuelo. Además, la simplicidad franca +de la leonesa le brindaba campo virgen e inculto donde plantar todas las +flores exóticas de la moda, todas las plantas ponzoñosas de la +maledicencia elegante. Tenía Pilar, de edad entonces de veintitrés años, +la malicia precoz que distingue a las señoritas que, con un pie en la +aristocracia por sus relaciones y otro en la clase media por sus +antecedentes, conocen todos los lados de la sociedad, y así averiguan +quién da citas a los duques, como quién se cartea con la vecina del +tercero. Pilar Gonzalvo era tolerada en las casas distinguidas de +Madrid; ser tolerado es un matiz del trato social, y otro matiz ser +admitido, como su hermano lo era: más allá del tolerar y del admitir +queda aún otro matiz supremo, el festejar; pocos gozan del privilegio de +que los festejen, reservado a las eminencias, que no se prodigan y se +dejan ver únicamente de año en año, a los banqueros y magnates +opulentos, que dan bailes, fiestas y misas del gallo con cena después, a +las hermosuras durante un breve y deslumbrador período de plena +florescencia, a los políticos que están en puerta como los naipes. +Personas hay admitidas, que un día, de repente, se hallan festejadas por +cualquier motivo, por un peinado nuevo, por un caballo que ganó en las +carreras, por un escándalo que las gentes susurran bajito y piensan leer +en el rostro del feliz mortal. De estos éxitos efímeros Perico Gonzalvo +tuvo muchos: su hermana, ninguno, a despecho de reiterados esfuerzos +para obtenerlos. Ni logró siquiera subir de tolerada a admitida. El +mundo es ancho para los hombres, pero angosto, angosto para las mujeres. +Siempre sintió Pilar la valla invisible que se elevaba entre ella y +aquellas hijas de grandes de España, cuyos hermanos tan familiar e +íntimamente frisaban con Perico. De aquí nació un rencor sordo, unido a +no poca admiración y envidia, y se engendró la lenta irritación nerviosa +que dio al traste con la salud de la madrileña. El paroxismo de un deseo +no saciado, las ansias de la vanidad mal satisfecha, alteraron su +temperamento, ya no muy sano y equilibrado antes. Tenía, como su +hermano, tez de linfática blancura, encubriendo el afeite las muchas +pecas: los ojos no grandes, pero garzos y expresivos, y rubio el +cabello, que peinaba con arte. A la sazón, sus orejas parecían de cera, +sus labios apenas cortaban, con una línea de rosa apagado, la amarillez +de la barbilla, sus venas azuladas se señalaban bajo la piel, y sus +encías, blanquecinas y flácidas, daban color de marfil antiguo a los +ralos dientes. La primavera se había presentado para ella bajo malísimos +auspicios; los conciertos de Cuaresma y los últimos bailes de Pascua, de +los cuales no quiso perder uno, le costaron palpitaciones todas las +noches, cansancio inexplicable en las piernas, perversiones extrañas del +apetito: derivaba la anemia hacia la neurosis, y Pilar masticaba, a +hurtadillas, raspaduras del pedestal de las estatuitas de barro que +adornaban sus rinconeras y tocador. Sentía dolores intolerables en el +epigastrio; pero por no romper el hilo de sus fiestas, calló como una +muerta. Al cabo, hacia el estío, se resolvió a quejarse, pensando +acertadamente que la enfermedad era pretexto oportuno para un veraneo +conforme a los cánones del buen tono. Vivía Pilar con su padre y con una +tía paterna; ni uno ni otro se resolvieron acompañarla; el padre, +magistrado jubilado, por no dejar la Bolsa, donde a la chita callando +realizaba sus jugaditas modestas y felices; la tía, viuda y muy dada a +la devoción, por horror de los jolgorios que sin duda le preparaba su +sobrina como método curativo. Recayó, pues, la comisión en Perico +Gonzalvo, que, cargando con su hermana, hubo de llevársela al Sardinero, +contando con que no faltarían amigas que allí le relevasen en su oficio +de rodrigón. Así fue: sobraban en la playa familias conocidas que se +encargaron de zarandear a Pilar, y de llevarla de zeca en meca. Mas +desgraciadamente para Perico, los baños de mar, que al pronto aliviaron +a su hermana, concluyeron, cuando abusó de ellos y quiso nadar y meterse +en dibujos, por abrir brecha en su débil organismo, y comenzó a cansarse +otra vez, a despertar bañada en sudor, a sentir desgano, al par que +comía vorazmente raros manjares. Lo que más la asustó fue ver que se le +caía el pelo a madejas. Al peinarse, se enfurecía, y llamaba a gritos a +Perico, pidiéndole un remedio para no quedarse calva. Un día el médico +que la visitaba llamó aparte a su hermano, y le dijo:</p> + +<p>—Es preciso que tenga usted tino con su hermanita. Que no tome más +baños.</p> + +<p>—¿Pero está de cuidado, de cuidado?—interrogó el mozo abriendo cuanto +podía sus ojos chicos.</p> + +<p>—Podrá estarlo muy en breve.</p> + +<p>—¡Diablo, diablo, diablo! ¿usted cree que tiene una tisis, una +tisis?—(<i>tiziz</i> pronunciaba Perico.)</p> + +<p>—No digo tanto: opino que aún no se halla interesado el pulmón, pero en +el momento menos pensado la sangre se agolpa allí, la congestión +sobreviene, y... a cada instante se dan casos de ese género. Hay en ella +un terrible empobrecimiento de la sangre: está con el pulso de un pollo: +hay además una sobreexcitación nerviosa que se acentúa periódicamente, y +una honda perturbación gástrica.... Si valiese mi parecer, aprovecharían +ustedes el otoño para tomar unas aguas....</p> + +<p>—¿Panticosa, Panticosa?</p> + +<p>—En este caso tengo, por preferibles los manantiales ferruginosos de +Vichy.... La anemia es el primer enemigo que hay que combatir, y la +indicación gástrica está también atendida en esas aguas.... En segundo +término, Aguas-Buenas o Puertollano... pero no se descuide usted: en +esta quincena ha perdido terreno, y la alopecia y el sudar son síntomas +muy característicos....</p> + +<p>Y como Perico se retirase cabizbajo, añadió el doctor:</p> + +<p>—Sobre todo pocas excitaciones... nada de bailar, ni de nadar... reposo +moral... ni música, ni novelas.... Las aldeanas que padecen el mal de su +hermana de usted se curan con agua, donde echan un manojo de clavos, o +escoria de fragua.... La civilización hace artificioso todo: si quiere +sanar, que no trasnoche, que no ande en funciones... el corsé flojo, los +tacones anchos....</p> + +<p>—Sí, sí, pide peras al olmo, al olmo—ceceaba Perico por lo bajo—. +Cualquier día se pone mi señora hermana un alfiler menos, un alfiler +menos, aunque se la lleve pateta.</p> + +<p>Cuando Pilar supo la decisión del Esculapio, colgárse del cuello de +Perico, en un arranque de amor fraternal no manifestado hasta entonces. +Hizo mil monerías felinas, se volvió dulce, obediente, prudentísima en +todo, prometiendo cuanto se le exigía y más aún.</p> + +<p>—Periquín, reprecioso, anda, mono, ¿verdad que me llevas? Anda, di que +sí, bobo, anda. ¡Si vales tú más que todas las cosas! Anda, ¿qué +Puertollano ni qué...? Vamos a Francia, ¡qué gusto, señor! ¡parece +mentira! ¡Qué dirán cuando lo sepan Visitación y las de Lomillos! No, ya +ves tú, cuando el médico lo dice, hay que hacerlo.... ¿Qué te voy a +estorbar siempre cosida a ti? Hombre, yo encontraré amigas: ¿no ha de +estar allí nadie conocido? Yo me ingeniaré, verás. Voy a hacerme un +traje de tela cruda, que hasta allí.... Bueno, bueno, hombre, no te +pongas hecho una sierpe.... Si ya sé que tengo que guardar método, y +acostarme temprano... a las ocho con las gallinitas: ¿qué más pides? +¡Ay, qué rico hermano me dio Dios! ¡Así todas se me mueren por él!</p> + +<p>—¿Si pensarás, si pensarás tú que me la das con tus lagoterías? Anda, +déjame en paz... te llevo porque es preciso, preciso, si no ¿quién te +aguanta en invierno? Pero a ver cómo somos formales, formales... o te +quemo esos moños malditos... al fin nunca vas sino hecha una cursi, una +cursi....</p> + +<p>Devoró la injuria Pilar, como devoraría en tales circunstancias otra más +fuerte aún, y sólo pensó en el elegante viaje que con tanto lucimiento +coronaba sus expediciones veraniegas. Gonzalvo padre, que amén de la +jubilación no carecía de bienes, aflojó los cordones de la bolsa, no sin +recomendar la parsimonia y economía a su hija: en los asuntos de Perico +no se metía nunca, pasábale una pensión mensual, y hacía como si no +viese que Perico, recibiendo como uno, gastaba como diez, la daba de +príncipe y jamás pedía aumento de sueldo.</p> + +<p>Con esto, los dos hermanos salieron en triunfo del Sardinero para +Francia y detuviéronse en Bayona, en el hotel de San Esteban, donde +tuvimos la honra de conocerles. Vio el cielo abierto Perico cuando supo +que Miranda y su mujer seguían a Vichy, y comprendió que Lucía era la +persona más a propósito para relevarle en acompañar a Pilar, y aún para +hacer de enfermera en caso de necesidad. Desde luego fomentó el trato de +las dos, y concertaron salir reunidos para Vichy.</p> + +<p>Las noticias dadas por su hermano acerca de Lucía y Miranda lograron +aguzar singularmente la hambrienta curiosidad de la anémica, y su olfato +fino percibía no sé qué emanaciones novelescas en los sucesos acaecidos +al matrimonio. El hermano y la hermana habían conferenciado largamente +acerca del asunto, a medias palabras, atreviéndose a veces a lanzar una +expresión más viva y cruda, riéndose entrambos. Era uno de los goces +mayores de Lucía las conversaciones que a veces pasaba con Perico cuando +él se dignaba tratarla, no como a una chiquilla, sino como a mujer +hecha, y le comunicaba detalles, anécdotas y sucesos de lo que por lo +regular no llegan a oídos de las doncellitas educadas con cierta +severidad y recato. Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos +entre sí, se entendían a maravilla en el terreno de las picardigüelas, y +a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del +hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer aún al hombre +menos capaz de tenerla. Experimentaba Pilar malsana fruición en recorrer +aspectos del cosmorama de la vida, donde nunca fijaban sus ojos las +hijas de los grandes de España por ella tan envidiadas, y que, por +entonces, viviendo en la claustral atmósfera de sus palacios, vigiladas +siempre por la institutriz rígida, llevan en la frente, a los +veinticinco años, el sello de su altiva inocencia.</p> + +<p>—Pues yo—decía Perico a Pilar—subí al cuarto de Artegui, porque la +verdad, la verdad, me dio curiosidad cuando me dijeron que tenía una +chica muy guapa, muy guapa, consigo.</p> + +<p>—Claro que era para dar curiosidad a la mismísima estatua de +Mendizábal, hombre.... Ese Artegui, a quien nunca se le conoció un mal +trapicheo....</p> + +<p>—No, si es un raro, un raro. Riquísimo, y hace vida de fraile. Si yo +tuviese sus onzas, sus onzas.... ¡ole con ole!</p> + +<p>—Pero di, ¿y te parece a ti, que no hay gato encerrado en lo de Artegui +y Lucía?</p> + +<p>—¡Pch! no—silbó Perico, que a diferencia de su hermana, no era +maldiciente, sino cuando se irritaba contra alguno—. Ese Artegui tiene +sangre de horchata, de horchata, y estoy segurísimo de que ni esto, ni +esto le ha dicho. (Y chasqueó la uña del pulgar contra uno de sus +paletos,)</p> + +<p>—La verdad es que ella es una cursi destemplada.... Pero vamos a +cuentas, Periquín: ¿no me dijiste tú que se quedó muy triste, y toda +turulata, cuando él se fue y entró Miranda después?</p> + +<p>—Pero ponte en el caso, ponte en el caso.... Miranda parecía la estampa +de la herejía....</p> + +<p>—No, no quisiera verme en el caso—exclamó Pilar riendo a carcajadas.</p> + +<p>—Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los +gallos que están de mal humor...—siguió Perico riendo a su vez—. Si +había de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica... le soltó +una filípica como para ella sola, para ella sola, porque no se había +vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada... +También sólo a él se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no +telegrafiar a su mujer avisándola.... Y le preguntó con un aire trágico, +trágico: «¿dónde anda tu solícito acompañante?» Estaba el hombre +celestial.</p> + +<p>—¿Ves? Pues tiene celos el marido. Lo decía yo.... Si tú eres un +inocentón.</p> + +<p>—¡Hija, hija, hija! ¡Cualquiera me la pega a mí, a mí, en esas +cuestiones! Te digo, te digo, que no tenían nada Artegui y Lucía, y +Lucía....</p> + +<p>Ahora mismo apuesto cuatro onzas, cuatro onzas....</p> + +<p>—Pues yo—recalcó Pilar con su insistencia de enfermo lúcido—, aseguro +que lo que es ella... ella... a él no le he visto, que si le viese, +sabría.... Pero ella... cada suspiro le oí... y esos no son por Miranda. +Está a veces tan pensativa.. aunque otras se alegra y ríe, y es una +chiquilla....</p> + +<p>—¡Bah, bah, bah! no digo yo que a ella, allá en sus adentros, sus +adentros... pero tú no entiendes de esto... yo te afirmo que lo que es +tener, no han tenido nada, nada... si sabré yo....</p> + +<p>—Y yo también...—afirmó cínicamente Pilar—. Bueno, los dos +acertamos... no hubo nada... pero está.... ¿cómo dicen de las palomas en +el tiro? Tocada en el ala.</p> + +<p>—¡Bah! ¡Bah!—silbó de nuevo Perico, indicando su desdén hacia todo +sentimentalismo, ensueño o análoga nimiedad amorosa—. Eso no vale nada, +nada... como no le esperen a Miranda peores ratos... tiene bemoles, +bemoles, eso de torcerse una pata, y esperarse dos días a que la +enderecen, enderecen... dejando a su novia andar por esos mundos.... Es +divino, divino. Lo que le carga a él, es que se sepa, que se sepa... yo +le doy cada solo....</p> + +<p>—No, mira, no le enfades.... Ya sabes que nos vinieron como llovidos +del cielo....</p> + +<p>—No te ocupes, hija, no te ocupes.... Si lo cierto es que Miranda no +vive, no vive sin mí, porque se aburre, se aburre, y sólo yo le quito el +esplín, el esplín, el esplín, hablándole de sus conquistas.... Y está +hecho una plasta.... Falta le hace beberse medio Vichy... meterse ahora +en floreos, a su edad, a su edad....</p> + +<p>No era aburrimiento lo que tenía Miranda: era su mal del hígado, +furiosamente exacerbado con el despecho de la ridícula aventura que +cortó el viaje de novios. Sus sienes verdeaban, sus ojeras se teñían de +matices amoratados, la bilis se infiltraba bajo la piel, y así como una +casa nueva hace parecer más vetustas las que están a su lado, así la +lozana juventud de Lucía acentuaba el deterioro del marido. Verificábase +en Lucía la encantadora transición de niña a mujer; sus movimientos, más +lentos y reposados, tenían mayor gracia; al paso que en él, la madurez +se trocaba en vejez, más bien que por los años, por la ruina de la +organización. Mostrábase Lucía con él tanto más afectuosa, cuanto más le +veía roído por los achaques, y cuanto más notaba en su rostro las +huellas del padecimiento cruel. No la arredraban ciertos despegos, +ciertas durezas inexplicables de Miranda; servíale piadosa y +filialmente, hablábale con dulzura, hacíale ella misma los remedios y le +vendaba el pie lastimado, con la devoción con que vestiría a una santa +imagen. Era feliz y hasta se conmovía, cuando él hallaba bien colocado +el apósito. Al fin Miranda pudo andar sin riesgo. Las lujaciones duran +poco, aunque en la edad de Miranda sean más tenaces. Diéronle de alta, y +todos se dispusieron a tomar la ruta de Vichy. La estación adelantaba: +estaban casi a mediados de Septiembre, y esperar más era exponerse a las +persistentes lluvias de aquel clima. Por encargo de Miranda el ama del +hotel escribió a la villa termal, encargando hospedaje. Con verbosidad +enteramente francesa convenció a Miranda y a Perico de que debían +alojarse en un <i>chalet</i>, por evitar a las damas la enojosa promiscuidad +de la mesa redonda de hotel, y para que se encontrasen como en su propia +casa. Repartido entre las dos familias, no sería exorbitante el coste y +las ventajas muchas. Conviniéronse en ello, y Miranda hubo de pedir la +cuenta del gasto hecho en el hotel, que le trajeron escrita en casi +indescifrables garrapatos. Cuando logró entenderlos llamó al ama.</p> + +<p>—Aquí—dijo apoyando el dedo sobre las patas de mosca—hay un error; se +equivoca usted en contra suya. A la señora le pone usted los mismos días +de estancia que a mí, y en realidad tiene dos más.</p> + +<p>—Dos más... contestó el ama reflexionando.</p> + +<p>—Sí, señora; ¿no llegó dos días antes?</p> + +<p>—¡Ah! tiene el señor razón... pero es que <i>Monsieur</i> Artegui, los dejó +pagados.</p> + +<p>Lucía, que a la sazón doblaba algunas prendas de ropa para colocarlas en +su baúl, volvió repentinamente la cabeza, como ave al reclamo. Sus +mejillas estaban encendidas.</p> + +<p>—¡Pagados!—repitió Miranda, en cuya pupila mortecina y térrea se +encendió breve chispa—. ¡Pagados! ¿Y con qué derecho, señora? Quisiera +saberlo.</p> + +<p>—Señor, eso no me concierne... (<i>ce n'est pas mon affaire</i>)—exclamó la +fondista, acudiendo, para mejor explicarse, a su idioma natal—. Yo +recibo viajeros, ¿no es eso? Viene una dama con un caballero, ¿no es +eso? Me paga la estancia de esa dama al marcharse, y yo no le pregunto +si tiene o no derecho para pagar, ¿no es eso? Él paga, y basta (<i>voilá +tout</i>).</p> + +<p>—Pues—pronunció Miranda, alzando la voz—lo de la señora lo pago yo, y +nada más; y usted me hará merced de girar una letra a... ese señor, +devolviéndole lo cobrado.</p> + +<p>—El señor será bastante amable de dispensarme...—protestó la fondista, +despedazando sin compasión, en su aturdimiento, la sintaxis +castellana—. Yo me rehúso a lo que el señor propone, yo soy +verdaderamente desolada, pero esto, no se hace, esto no se hizo jamás en +nuestras casas.... Sería una falta, una grave falta, Monsieur Artegui +tendría razón de quejarse.... Yo demando bien perdón al señor....</p> + +<p>—Váyase usted al demonio—contestó en castizo castellano Miranda, +volviendo las espaldas a su interlocutora, y olvidando, como solía, sus +postizas finuras de salón ante la herida de su amor propio.</p> + +<p>Lucía aun vendó aquella noche el pie, casi sano ya, de Miranda. Hízolo +con el tino y delicadeza que acostumbraba; pero al apoyar en su rodilla +la planta de su marido para mejor poder colocar la compresa y ceñir las +tiras de goma elástica a la articulación, no sonreía como las demás +veces. Silenciosa llenó el caritativo deber, y al levantarse del suelo, +exhaló leve suspiro, como el que desahoga, cumplida alguna tarea de que +cuerpo y espíritu por igual recibieron cansancio.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2> + + +<p>El <i>chalet</i> alquilado en Vichy por las dos familias, Miranda y Gonzalvo, +llevaba el poético letrero de <i>Chalet de las Rosas</i>. A fin de justificar +el nombre, sin duda, corrían por todos sus calados balaústres airosos +festones de rosal enredadera, al extremo de cuyas ramas oscilaban las +cabecitas lánguidas de las últimas rosas de la estación. Habíalas color +barquillo bajo, realzadas por la nota de fuego de las bengalas, y las +rosas enanas, de matiz de carne, parecían rostros microscópicos, que +miraban curiosos a las vidrieras del <i>chalet</i>. En el jardinete, ante el +peristilo, era una gentil confusión de rosas de todos los tonos y +tamaños. Las <i>Maimaison</i> descollaban rosadas y turgentes, como un +hermoso seno; las té se deshacían, dejando pender sus desmayados +pétalos; las de Alejandría, erguidas y elegantes, vertían su copa de +esencia embriagadora; las musgosas reían irónicas con sus labios de +carmín, al través de una barba tupida y verde; las albas desafiaban a la +nieve con su fría y cándida belleza, con su rigidez púdica de flores de +batista. Y entre sus lindas hermanas, la exótica viridiflora ocultaba +sus capullos glaucos, como avergonzándose del extraño color alagartado +de sus flores de su fealdad de planta rara, interesante tan sólo para el +botánico.</p> + +<p>Tenía el <i>chalet</i> los dos pisos de rigor; el entresuelo repartido en +comedor, cocina, salita y un angosto recibimiento; el principal dedicado +a dormitorios y cuartos de aseo. A la altura del principal corría una +balconada, calada como finísimo encaje, que se repetía en el entresuelo, +cubierta casi por las enredaderas. Delgada verja de hierro aislaba el +<i>chalet</i> por la parte que daba a la vía pública, avenida plantada de +árboles; por donde confinaba con otras casas y jardines, hacían el mismo +oficio unas breves tapias. A la entrada de la verja, sobre sendas +columnas de mármol gris, dos niños de bronce alzaban sus bracitos +gordezuelos para sostener una bomba de cristal mate, que protegía un +mechero de gas. Comprendíase a primera vista que el <i>chalet</i>, con sus +delgadas paredes de madera, mal defendería a sus habitantes del frío del +invierno y los calores del verano; pero en la estación de otoño, +templada y benigna, aquella caprichosa construcción, orlada de franjas +de menuda crestería, trabajada como un juguete de sobremesa, engalanada +de fresca guirnalda de rosales, era el albergue más coquetón y donoso +que puede imaginar la mente, el nido más adecuado para una pareja de +enamoradas tórtolas. Yo siento tener que dar a tan lindos edificios, que +en Vichy abundan, el nombre extranjerizo de <i>chalet</i>; pero ¿qué hacer si +en castellano no hay vocablo correspondiente? Lo que aquí denominamos +choza, cabaña o casa rústica, no significa en modo alguno lo que todo el +mundo entiende por <i>chalet</i>, que es una concepción arquitectónica +peculiar a los valles helvéticos, donde el arte, inspirándose en la +Naturaleza, reprodujo las formas de los alerces y pinabetes, y los +delicados arabescos del hielo y la escarcha, bien como los egipcios +tomaron de la flor del loto los capiteles de sus pilones, En Vichy los +<i>chalets</i> se construyen con el exclusivo objeto de alquilarlos +amueblados a los extranjeros. La conserje del <i>chalet</i> se encarga del +gobierno de casa, de la compra y aun de guisar: el conserje atiende a la +limpieza, corta las ramas del jardinete, guía las enredaderas, barre las +calles enarenadas, sirve a la mesa y abre la puerta. Instaláronse, pues, +los Miranda y los Gonzalvo si más cuidado que el de entregar al conserje +sus abrigos de viaje y sentarse en sus respectivos puestos en el +comedor.</p> + +<p>Aunque Lucía, y sobre todo Pilar, se sentían un tanto fatigadas del +largo trayecto en ferrocarril, no dejaron de entusiasmarse con la +belleza de la morada que les deparaba el destino. El balcón, sobre todo, +les parecía delicioso para hacer labor y para leer. Acordábase Pilar de +cuantas acuarelas, países de abanico y estampas sentimentales había +visto, que representasen el ya trivial asunto de una joven cuya cabeza +asoma por entre un marco de follaje. Lucía, a su vez, comparaba su casa +de León, antigua, maciza, y lóbrega, con aquella vivienda, donde todo +era flamante y gentil, desde los encerados relucientes pisos hasta las +cortinas de cretona azul rameadas de campanillas rosa. Al otro día de la +llegada, cuando Lucía saltó del lecho, fue su primer cuidado salir al +balcón, de allí al jardín, recogiéndose la bata con unos alfileres para +no mojarla en el húmedo piso. Halló a las rosas acabaditas de salir del +baño de rocío, tersas, muy ufanas, adornadas cada cual con su collar de +perlas o de diamantes. Fue oliéndolas una por una, pasándoles los dedos +por las hojas sin atreverse a cortarlas; dábale mucha lástima pensar +cómo se quedaría la mata, huérfana de su flor. A aquella hora apenas +olían las rosas: era más bien un aroma general de humedad y frescura, +que se elevaba del césped de las plantas, y del conjunto de árboles +vecinos. Haylos en Vichy por todas partes; a la tarde, cuando Lucía y +Pilar recorrieron las calles de la villa termal para informarse de su +traza, lanzaron exclamaciones de contento al dar a cada instante con una +sombra, una alameda, un parque. Pilar opinaba que Vichy tenía aspecto +elegante; Lucía, menos entendida en elegancias y modas, gustaba +sencillamente de tanto verdor, de tanta Naturaleza, que reposaba sus +ojos, moviéndola a veces a imaginar que, a despecho de sus calles +concurridas, de sus tiendas brillantes, era Vichy una aldea, dispuesta a +propósito para contentar sus exigencias secretas e íntimas de soledad. +Aldea formada de palacios, adornada con todo el refinamiento de +comodidad y lujo inteligente que caracteriza a nuestro siglo; pero al +fin aldea.</p> + +<p>A un tiempo comenzaron Pilar y Miranda la temporada termal, si bien con +método tan distinto como lo requería la diferencia de sus males. Miranda +hubo de beber las aguas hirvientes y enérgicas de la <i>Reja-Grande</i>, +sometiéndose a la vez a un complicado sistema de afusiones locales, +baños y duchas, mientras la anémica absorbía a pequeñas dosis la picante +linfa, gaseosa y ferruginosa del manantial de las <i>Señoras</i>. +Estableciose desde entonces una lucha perenne entre Pilar y los que la +acompañaban. Eran necesarios esfuerzos heroicos para contenerla e +impedir que hiciese la vida de las bañistas del gran tono, que ocupaban +el día entero en lucir trajes y divertirse. Desde este punto de vista, +fue funesta a Pilar la presencia en Vichy de seis u ocho españolas +conocidas que aún aprovechaban allí el fin de la estación. Era pasado ya +lo mejor y más brillante de ésta; las corridas, el tiro de pichón, las +grandes excursiones en calesas y ómnibus al Borbonés, comenzadas en +Agosto, concluían en los primeros días de Septiembre. Pero quedaban aún +los conciertos en el Parque, el gran paseo por la avenida pavimentada de +asfalto, las fiestas nocturnas en el Casino, el teatro, que, próximo a +cerrarse, se veía más concurrido cada vez. Pilar se moría por reunirse a +la docena de compatriotas de distinción que revoloteaban en el efímero +torbellino de los placeres termales. El médico de consulta a quien se +habían dirigido en Vichy, al par que recomendaba las distracciones a +Miranda, prohibía severamente a la anémica todo género de excitación, +encargándole mucho que procurase aprovechar el carácter semi rural de la +villa para hacer vida de campo en lo posible, acostándose con las +gallinas y madrugando con el sol. Exigía este régimen mucha constancia +y, sobre todo, una persona que, continuamente al lado de la rebelde +enferma, no descuidase ni un segundo el obligarla a seguir las +prescripciones del facultativo. Ni Miranda ni Perico servían para el +caso. Miranda cubría las formas sociales exhortando a Pilar a «cuidarse» +y «no hacer tonterías», todo ello dicho con el calor ficticio que +muestran los egoístas cuando se trata de la salud ajena. Perico se +enojaba de ver a su hermana echando en saco roto las advertencias del +doctor, cosa que podía alargar la cura, y por ende la estancia en Vichy, +pero no era capaz de vigilarla y de atender a que cumpliese las órdenes +recibidas. Decíale a veces:</p> + +<p>—Me alegraré de que te lleven los demonios, los demonios, y de que +estés este invierno color de limón seco, de limón seco.... Tú lo +quisiste, pues aguántalo....</p> + +<p>La única persona que se consagró a que Pilar observase el régimen +saludable, fue, pues, Lucía. Hízolo movida de la necesidad de abnegación +que experimentan las naturalezas ricas y jóvenes, a quienes su propia +actividad tortura y han menester encaminarla a algún fin, y del instinto +que impulsa a dar de comer al animal a quien todos descuidan, o a coger +de la mano al niño abandonado en la calle. Al alcance de Lucía sólo +estaba Pilar, y en Pilar puso sus afectos. Perico Gonzalvo no +simpatizaba con Lucía, encontrándola muy provinciana y muy poco mujer en +cuanto a las artes de agradar. Miranda, ya un tanto rejuvenecido por los +favorables efectos de la primer semana de aguas, se iba con Perico al +Casino, al Parque, enderezando la espina dorsal y retorciéndose otra vez +los bigotes. Quedaban pues frente a frente las dos mujeres. Lucía se +sujetaba en todo al método de la enferma. A las seis dejaba pasito el +lecho conyugal y se iba a despertar a la anémica, a fin de que el +prolongado sueño no le causase peligrosos sudores. Sacabala presto al +balcón del piso bajo, a respirar el aire puro de la mañanita, y gozaban +ambas del amanecer campesino, que parecía sacudir a Vichy, +estremeciéndole con una especie de anhelo madrugador. Comenzaba muy +temprano la vida cotidiana en la villa termal, porque los habitantes, +hosteleros de oficio casi todos durante la estación de aguas, tenían que +ir a la compra y apercibirse a dar el almuerzo a sus huéspedes cuando +éstos volviesen de beber el primer vaso. Por lo regular, aparecía el +alba un tanto envuelta en crespones grises, y las copas de los grandes +árboles susurraban al cruzarlas el airecillo retozón. Pasaba algún +obrero, larga la barba, mal lavado y huraño el semblante, renqueando, +soñoliento, el espinazo arqueado aún por la curvatura del sueño de plomo +a que se entregaran la víspera sus miembros exhaustos. Las criadas de +servir, con el cesto al brazo, ancho mandil de tela gris o azul, pelo +bien alisado—como de mujer que sólo dispone en el día de diez minutos +para el tocador y los aprovecha—, iban con paso ligero, temerosas de +que se les hiciese tarde. Los quintos salían de un cuartel próximo, +derechos, muy abotonados de uniforme, las orejas coloradas con tanto +frotárselas en las abluciones matinales, el cogote afeitado al rape, las +manos en los bolsillos del pantalón, silbando alguna tonada. Una +vejezuela, con su gorra muy blanca y limpia, remangado el traje, barría +con esmero las hojas secas esparcidas por la acera de asfalto; seguíala +un faldero que olfateaba como desorientado cada montón de hojas reunido +por la escoba diligente. Carros se velan muchísimos y de todas formas y +dimensiones, y entreteníase Lucía en observarlos y compararlos. Algunos, +montados en dos enormes ruedas, iban tirados por un asnillo de +impacientes orejas, y guiados por mujeres de rostro duro y curtido, que +llevaban el clásico sombrero borbonés, especie de esportilla de paja con +dos cintas de terciopelo negro cruzadas por la copa: eran carros de +lechera: en la zaga, una fila de cántaros de hojalata encerraba la +mercancía. Las carretas de transportar tierra y cal eran más bastas y +las movía un forzudo percherón, cuyos jaeces adornaban flecos de lana +roja. Al ir de vacío rodaban con cierta dejadez, y al volver cargados, +el conductor manejaba la fusta, el caballo trotaba animosamente y +repiqueteaban las campanillas de la frontalera. Si hacía sol, Lucía y +Pilar bajaban al jardinete y pegaban el rostro a los hierros de la +verja; pero en las mañanas lluviosas quedábanse en el balcón, protegidas +por los voladizos del <i>chalet</i>, y escuchando el rumor de las gotas de +lluvia, cayendo aprisa, aprisa, con menudo ruido de bombardeo, sobre las +hojas de los plátanos, que crujían como la seda al arrugarse.</p> + +<p>Mas el tiempo se empeñó en festejar a las viajeras, y poco después de su +llegada a Vichy brindoles los más espléndidos y apacibles días que +quepan en otoño, estación de serenidad, sobre todo cuando comienza.</p> + +<p>Despejada y clara la atmósfera, el calor benigno, las plantas en la +plenitud de su coloración y riqueza, las tardes entrelargas y las +mañanas alegres, aprovechose Lucía de tan buenas circunstancias para +resolver a Pilar a salir al campo, según lo dispuesto por el doctor. +Entraba en la medicación el que Pilar anduvíese a lomos de borrico, a +fin de que el trotecillo desigual le sirviera de ejercicio moviendo su +sangre, sin causarle fatiga; y aunque la enferma aborrecía con toda su +alma semejante cabalgadura, y hasta salir del pueblo iba a pie a costa +de arrastrarse trabajosamente, consentía en montar, apenas se hallaba +fuera de poblado. El sacudimiento la agitaba, y sonroseábanse unas +miajas sus mejillas. Lucía hallaba en ello ocasión de bromas.</p> + +<p>—¿Ves cómo es bueno montar en caballos briosos? Estás muy reguapa: +pareces otra: mira, para hacer una conquista, no tenías más que darte +una vueltecita así, por delante del Casino, cuando está tocando la +orquesta.</p> + +<p>—¡Qué horror!—exclamaba la anémica dando un grito—. Si me viesen las +de Amézaga.... ¡ellas, que nunca van sino en charabán o en milor!</p> + +<p>Dirigíanse las dos amigas, ya hacia la <i>Montaña Verde</i>, ya hacia el +camino de <i>las Señoras</i> o hacia el manantial intermitente de Vesse. La +<i>Montaña Verde</i> es el punto más elevado de las inmediaciones de Vichy. +Está la montañuela cubierta de vegetación, pero de vegetación baja, a +flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de +gigante con cabellera corta y espesísima. Ya en la cúspide, subían al +mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que +se extendía en torno. Las suaves laderas, tapizadas de viñas, bajaban +hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En +lontananza, la cadena del Forez erguía sus mamelones donde la nieve +refulgía cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos +y grises, parecían fantasmas de neblina; el castillo de Borbón Busset +surgía de las brumas con sus torreones señoriales, avergonzando al +pacifico palacio de Randán, con todo el desdén de un Borbón legítimo +hacia la rama degenerada de los Orleáns. El camino de <i>las Señoras</i> era +la excursión favorita de Lucía. Estrecha vereda, sombreada por espesos +árboles, sigue dócil el curso del Sichón, deteniéndose cuando al río se +le antoja formar un remanso y torciéndose en graciosas curvas como la +tranquila corriente. A cada paso corta la monotonía de las hileras de +chopos y negrillos algún accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una +casita que remoja los pies en el río, ya una presa, ya un molino, ya una +charca de patos. El molino, en particular, parecía dispuesto por un +pintor efectista para algún lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto, +comido de húmeda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera +que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el +ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un cíclope. Eran +destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argentería líquida +que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la +pesada rueda exhalaba al girar, completaba el símil, remedando el hálito +del monstruo. Un puente lanzado con osadía sobre el mismo arco de la +catarata que formaba la presa dejaba ver, al través de su tablazón mal +junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra +hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero +irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las +desiguales ventanas florecía un tiesto de petunias. Quedábase Lucía +muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada +por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del +agua batida. Pilar prefería el manantial intermitente que le +proporcionaba las emociones de que era tan ávido su endeble organismo. +Llegábase al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cogía +bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la +sazón por los calores estivales; sólo en los puntos más anchos del cauce +llevaba agua, y el resto descubría el álveo formado de arena en +prolongadas zonas blancas. A lo más rápido de la corriente, obscuros +peñascos se interponían, originando otros tantos remolinos; saltaba el +agua, espumaba un punto colérica, y después seguía mansa y sesga como de +costumbre. En lontananza se descubría extensa vega. Dilatadas praderías, +donde pacían vacas y borregos, estaban limitadas al término del +horizonte por una línea de chopos verde pálido, muy rectos y agudos, a +la manera de los árboles contrahechos de las cajas de juguetes; los +mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor +sombrío rodantes por la pradera. Completaba la lejanía la cima de la +<i>Montaña Verde</i>, recortándose sobre el cielo con cierta dureza de +paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde +obscuro límpido. A la margen del río se veía bajar y subir el brazo +derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por +resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que azotaban la +ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos carros cargados +de arena y casquijo, y cruzaban después el puente, bañado en sudor el +tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban +las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de +paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos +ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una +mirada triste en los transeúntes, solían pegar una huida de costado, un +trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignación de su +paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y +con trazas de militar, pedía limosna con sólo una inflexión suplicante +de la voz y un doliente fruncimiento de cejas.</p> + +<p>Conforme dejaban atrás el puente, llegando a internarse en la frondosa +alameda que a Vesse conduce, dilatábasele el corazón a Lucía, creyendo +hallarse de veras en el campo. Estaban allí los árboles menos +simétricos, limpios y derechos que en Vichy; más desigual el suelo de la +ruta; más virgen la hierba de los linderos; menos barnizadas, pulidas y +flamantes las quintas y hoteles que ambos lados del camino guarnecían. +Ninguna mano celosa barriera las hojas secas que hacían natural y blanca +alfombra, ni los parches de boñiga de vaca caídos a trechos como +descomunales obleas negras. De tiempo en tiempo veíase algún cobertizo, +en cuya sombra relucían los aperos de labranza y el rústico y potente +olor de la fecunda tierra labradía penetraba en los pulmones, sano y +fuerte como las robustas hortalizas que vegetaban en los huertos +próximos. Corta distancia había desde el puente al manantial +intermitente. Cruzaban el zaguán de la casita, entraban en el jardín y +se dirigían al cenador cubierto de viña virgen, que el pilón +resguardaba. Hallábase el pilón vacío, y el tubo de bronce del surtidor +no despedía ni gota de agua. Pero Pilar sabía de antemano la hora del +singular fenómeno, y calculaba con exactitud. El tiempo que tardaba en +presentarse estábase ella inclinada sobre el pilón, palpitante, muda, +haciendo un embudo al oído con la diestra.</p> + +<p>—Ya viene: lo he sentido, ya silbó—decía Lucía como si de algún dragón +se tratase.</p> + +<p>—Verás cómo no viene por cinco minutos—respondía con seguridad Pilar.</p> + +<p>—Te digo que sí, mujer... si ya borbotea.</p> + +<p>—¿A ver? No, no. Es el ruido del viento que sacude los arbustos. Tú ves +visiones.</p> + +<p>Seguíase breve pausa y completo silencio. Una espera trágica.</p> + +<p>—¡Chist! Ahora, ahora—gritaba la anémica palmoteando—. ¡Ahora sí que +viene! ¡Y con alma!</p> + +<p>En efecto, oíase un borboteo extraño, después un silbido agudo, y un +chorro de agua hirviente, que despedía intolerable olor sulfuroso, se +lanzaba, espumante, recto y rápido, hasta la cúpula misma del alto +cenador. Vaho espeso cubría el pilón, enturbiando la atmósfera, que +apestaban las emanaciones del azufre. Así ascendía impetuoso el raudal +hasta que comenzaba a menguar su fuerza. Entonces la furia de la +impotencia le hacía dar saltos desiguales, convulsiones de epiléptico en +que se torcía irritado, espumarajeando, con desesperada proyección al +fin, caía domado y exánime, despidiendo sólo a intervalos un escaso +chorro, separado por largos espacios, como las llamaradas postrimeras de +la luz que se extingue. Terminaba su agonía con dos o tres hipos del +surtidor, a cuyo orificio se asomaba el chorro, sin conseguir lanzarse +fuera. No volvería ya el manantial a correr en diez horas lo menos.</p> + +<p>Disputaban frecuentemente Lucía y Pilar sobre la conclusión del +fenómeno, como sobre su comienzo.</p> + +<p>—Ya paró. Va a dormir. Buenas noches, caballero—exclamaba Lucía +saludándole con la mano.</p> + +<p>—¡No, mujer, quia! Aún ha de asomar tres o cuatro veces las narices.</p> + +<p>—Qué, si no puede.</p> + +<p>—Que sí puede. Verás tú si todavía echa unas <i>salivillas</i>, como dice el +asistente de un primo mío artillero. ¡Chist! Oye, oye cómo aún ronca. +Una, dos, tres.... Ahora escupe.</p> + +<p>—Cuatro, cinco, seis... vaya, ya no vuelve; está el pobre muy cansado.</p> + +<p>—Ahora no: ya dio las boqueadas.</p> + +<p>A la vuelta solían las amigas hallar el puente más animado que a la ida. +Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de +Vichy y los bañistas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al +paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre +las cuales relucía la nota brillante del estribo y del espolín. Algún +sociable, semejante a ligera canoa, corría arrastrado por su gallardo +tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos, +y ufano de su elegante tripulación; entreveíanse un instante anchas +pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros, +encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros +alegres, con la alegría del buen tono, que está siempre a diapasón más +bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a +pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la +librea de la áurea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre, +obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marrón, al hombro larguísima +caña de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra +paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y +demás enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a +quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la caña +de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples +peces víctimas del mortífero pasatiempo de su padre.</p> + +<p>Tanto agradaban a Lucía el puente y el río, que a propósito andaba +despacio al pasarlos. La cortina de verdor del parque nuevo se tendía +ante su vista. Un tiempo fueron pantanos todo aquel hermoso jardín, +hasta que los potentes diques, colocados por Napoleón III para evitar la +inundación que seguía a cada crecida del Allier, y el saneamiento del +terreno, lo habían transformado en un lugar paradisíaco. Los árboles +selectos, bien nutridos, tenían en su mayor parte tonos de felpa verde, +intensos y aterciopelados; pero algunos amarilleando ya, se encendían al +sol poniente como pirámides de filigrana de oro. Otros eran rojizos, de +un rojo teja, que en las partes heridas por el sol se hacía carmín. La +anémica solía manifestar, al volver del paseo, el capricho de ir un rato +a sentarse en los bancos del parque. Por lo regular, allí había gente, y +alguno de los españoles de la colonia, conocidos de Perico o de Miranda, +hacíase acaso el encontradizo, y las saludaba y dirigía algunas frases +de ritual. A veces se aparecían también, a guisa de sorprendentes +cometas, las ricas cubanas de Amézaga, con sus sombreros +extraordinarios, sus sombrillas monumentales y sus atavíos caprichosos, +destilados siempre a la quinta esencia de la moda. Pilar las distinguía +de cien leguas, por sus famosos sombreros, imposibles de confundir con +otro tocado alguno. Eran como dos budineras grandes, cubiertas todas de +finísimas y menudas plumas encarnadas: un pájaro natural, una especie de +faisán disecado con primor, contorneaba el ala, torciéndose con gracia a +un lado de la cabeza. Tan singular adorno, semi-indostánico sentaba bien +a la palidez tropical y a los ojos de fuego de las dos cubanitas. Cuando +se aproximaban, Lucía daba un codazo a Pilar, diciéndole sin asomo de +malicia:</p> + +<p>—Mira... ahí vienen los pajarracos de esas amigas tuyas.</p> + +<p>La presencia de las Amézagas, como les llamaba Perico, determinaba +siempre en Pilar una especie de fiebrecilla que la dejaba postrada +después para dos horas. Al divisarlas a lo lejos, se componía +instintivamente el pelo, sacaba el pie calzado con zapatito Luis XV de +tafilete, y paseaba su mano nerviosa por los morenos encajes de su +pañoleta, haciendo destacar la flechilla de turquesas que la prendía. +Trababan conversación, y las de Amézaga hablaban como con pereza y +desdén, mirando al cielo o a los transeúntes, e hiriendo la arena con el +cuento de las sombrillas. Respuestas cortas e indolentes «hija, qué +quieres»; y «estuvo magnífico», «gente, como nunca»; «pues ya se ve que +estaba la sueca»; «raso crema y granadina heliotropo combinados»; «como +siempre, dedicadísimo a ella»; «sí, sí, calor»; «vaya, me alegro que lo +pases bien, hija»; contestaban a las afanosas preguntas de Pilar. Luego +se alejaban las cubanas, con carcajadillas discretas, con medias +palabras, taconeando firme y moviendo un ruge-ruge de telas frescas y de +ropa fina. Un cuarto de hora lo menos quedaba Pilar murmurando de las +petimetras y de alguien más también.</p> + +<p>—¡Cada día más exageradas y más estrepitosas! Vamos, ¿te gusta a ti ese +traje tan raro, con una cabeza de pájaro igual a la del sombrero, en el +remate de cada frunce? Parecen un escaparate del Museo de Historia +Natural.... ¡Hasta en el abanico una cabeza de pájaro! No se concibe que +Worth haya ideado ese mamarracho.... Yo creo que los hacen en casa, con +la doncella, y después dicen que se los mandó Worth....</p> + +<p>—No, si aseguran que su padre es un banquero riquísimo de la Habana....</p> + +<p>—Sí, sí, tiene más ingenios que ingenio—pronunció Pilar repitiendo un +chiste que todo el invierno había rodado por Madrid a propósito de las +Amézagas.</p> + +<p>—Ello no cabe duda que los pájaros son un adorno bien extraño.... Yo +también tengo uno en un sombrero.</p> + +<p>—Sí, en una toca; pero es diferente. Además, una señora casada puede +permitirse ciertas cosas, que en el traje de las solteras....</p> + +<p>—Por eso hizo bien Perico en no comprarte aquel abrigo bordado de +cuentas de colores que se te antojó. Era muy llamativo.</p> + +<p>—No hay nada de eso... era distinguidísimo.... ¿qué entiendes tú de +esas cosas?</p> + +<p>—Yo, nada—respondía Lucía risueña.</p> + +<p>—¡El traje de la sueca sí que sería bonito... crema y heliotropo! ¡me +gusta la combinación!... ¡Pero qué escándalo está dando con Albares... +un hombre casado! Buena necesidad que tendrán los dos de las aguas....</p> + +<p>—Mujer, yo le oí decir a tu hermano que ella no le hace maldito el +caso.</p> + +<p>—¡Bah!, no parece sino que no están dando un cuarto al pregonero desde +que llegaron. Albares es un tonto, forrado de lo mismo, que se muere por +apariencias.... El caso es que todo el mundo en Vichy habla de ellos.</p> + +<p>Lucía se quedaba pensativa, fija la pupila en las canastillas de flores +del parque, que parecían medallones de esmalte prendidos en una falda de +raso verde. Formábanlas diversas variedades de colios; los del centro +tenían hojas lanceoladas y brillantes, de un morado obscuro, rojo +púrpura, rojo ladrillo, rojo de cresta de pavo, rojo rosa. Al borde, una +hilera de <i>ruinas de Italia</i> destacaba sus medallitas azuladas sobre el +verde campesino, gayo, húmedo, de la hierba. Los alerces y los pinos +lárices formaban en algún rincón del parque un grupo nemoroso, suizo, +dejando caer sus mil brazos desmadejados, hasta besar lánguidamente el +suelo. Las catalpas, majestuosas, filtraban entre su claro follaje los +últimos rayos del poniente, y manchillas movedizas y prolongadas de oro +danzaban a trechos sobre la fina arena de la avenida. Era un +recogimiento de iglesia, impregnado de misterio, un silencio grave, +poético, solemne, y parecía sacrilegio turbarlo con una frase o un +ademán.</p> + +<p>Los paseantes comenzaban a retirarse, y el leve crujido de la arena +revelaba sus pasos lejanos. Pero ambas amigas acostumbraban, como suele +decirse, llevarse las llaves del parque, porque justamente a la puesta +del sol era cuando Lucía lo encontraba más hermoso, en aquella +melancólica estación otoñal. Bajos ya y moribundos los rayos solares, +caían casi horizontalmente sobre los pradillos de hierba, inflamándolos +en tonos ardientes como de oro en fusión. Los obscuros conos del alerce +cortaban este océano de luz, en el cual se prolongaban sus sombras. +Deshojábanse los plátanos y castaños de Indias, y de cuando en cuando +caía, con golpe seco y mate, algún erizo, que, abriéndose, dejaba rodar +la reluciente castaña. En las grandes canastillas, que se destacaban +sobre el fondo de césped, las pálidas eglantinas, a la menor brisa +otoñal, soltaban sus frágiles pétalos, las verbenas se arrastraban +lánguidas, como cansadas de vivir, descomponiendo con sus caprichosos +tallos la forma oval del macizo; los ageratos se erguían, todos llovidos +de estrellas azules y los peregrinos colios lucían sus exóticos matices, +sus coloraciones metálicas y sus hojas atigradas, semejantes a escamas +de reptil, ya blancas con manchas negras, ya verdes con vetas carne, ya +amaranto obscuro cebradas de rosa cobrizo. Profundo estremecimiento, +precursor del invierno, atravesaba por la Naturaleza toda, y dijérase +que antes de morir, quería vestirse sus más ricas galas: así la viña +virgen tenía tan espléndido traje de púrpura, y el álamo blanco elevaba +con tal coquetería el penacho de cándidos airones de su copa; así la +coralina se adornaba con innumerables sartas y zarcillos de sangriento +coral, y las cinias recorrían toda la escala de los colores vivos con +sus festoneadas enaguas. El maíz listado sacudía su brial de seda verde +y blanca a rayas, con melodioso susurro, y allá en las lindes de la +pradera bañada por el sol, unos arbolillos tiernos inclinaban su joven +copa. De tal suerte mullían las hojas secas el piso de las calles, que +se enterraba Lucía hasta el tobillo, con placer. El roce de su traje +producía en ellas un ruido continuo, rápido, parecido a la respiración +jadeante de alguien que la siguiera; y presa de pueril temor, volvía a +veces el rostro atrás, riéndose al convencerse de su ilusión. Hojas +había muy diferentes entre sí: unas, obscuras, en descomposición, +vueltas ya casi mantillo: otras secas, quebradizas, encogidas; otras +amarillas, o aun algo verdosas, húmedas todavía, con los jugos del +tronco que las sustentara. Hacíase la alfombra más tupida al acercarse a +los parajes sombríos del borde del estanque, cuya superficie rielaba +como cristal ondulado, estremeciéndose al leve paso del aura vespertina, +y rizándose en mil ondas chiquitas en choque continuo las unas con las +otras.</p> + +<p>Grandes sauces se inclinaban, llorosos y desconsolados, hacia el agua, +que reproducía el blando columpiar de las ramas trémulas, entre las +cuales se veía el disco del sol, y sus rayos, concentrados por aquella +especie de cámara obscura, herían la pupila como saetas. En un remanso +del estanque, enorme macizo de malangas ostentaba su vegetación +exuberante y tropical, y sus gigantescas hojas, abiertas como abanicos +de tafetán verde, se mantenían inmóviles. Cisnes, patos y ánades +bogaban, aquéllos con su acostumbrada fantástica suavidad, balanceando +el largo cuello, éstos graznando desapaciblemente, todos con rumbo a la +orilla apenas Lucía y Pilar se acercaban,—en demanda de mendrugos de +pan, que engullían atragantándose y alzando al aire la cola—. La isleta +y el pino que en ella crecía lanzaban a la superficie del estanque +misteriosa sombra. Un haz de cañas se elevaba esbelto, y a su lado, las +agudas poas sacudían su escobillón de terciopelo castaño.</p> + +<p>Regalada frescura subía del agua. Era la nota característica del +paisaje, dulce melancolía, blando adormecimiento, el reposo de la madre +Naturaleza cuando, fatigada de la continua gestación del estío, se +prepara al sopor invernal. Lucía había dejado de ser niña; los objetos +exteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; el +parque la sumía en vaga contemplación. Su alma parecía desasirse del +cuerpo, como se desase del tronco la hoja, y vagar como ella sin objeto +ni dirección, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de no +sentirse existir. ¡Y cuán grata debía de ser la muerte, si parecida a la +de las hojas; la muerte por desprendimiento, sin violencia, +representando el paso a más bellas comarcas, el cumplimiento de algún +anhelo inexplicable, oculto, allá, en el fondo de su ser! Cuando tales +ideas en tropel se le venían a la mente, un pajarillo descendía de un +árbol, y oíase el batir de sus alas en el aire. Andaba algún tiempo a +brincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; al +acercársele Lucía daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cima +más alta de las acacias rumorosas.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2> + + +<p>Solía la voz de la anémica romper el encanto.—Eh, chica.... ¿en qué +estarás tú pensando? ¡Qué románticas son estas niñas criadas en +provincia!</p> + +<p>Los ojos agudos y perspicaces de Pilar se clavaban, al decir esto, en la +fisonomía de Lucía, descubriendo en ella una sombra leve, una especie de +veladura parda desde la frente y las sienes a las ojeras, y cierto +hundimiento en las comisuras de la boca. Su curiosidad enfermiza se +despertaba, infundiéndole deseos de disecar, por solaz y pasatiempo, +aquel corazón. Habíale dicho la infalible penetración mujeril muchas +cosas, e incapaz de contentarse con la adivinación discreta, quería la +confidencia. Era una emoción más que se brindaba a sí propia en el curso +de la estación termal.</p> + +<p>—¡Qué sé yo en qué pensaba! En nada—contestaba Lucía apelando al +expediente más vulgar y siempre más socorrido.</p> + +<p>—Pues parece a veces que estás tristona, monísima... y no sé de qué; +porque estás precisamente en lo más bonito de la luna de miel... +¡Cáspita! ¡Quién como tú! Miranda es muy agradable; tiene tan buen +trato, se presenta tan bien....</p> + +<p>—Eso sí, muy bien—repitió como un eco Lucía.</p> + +<p>—Y está chocho por ti.... ¡Vaya! ¡si eso se ve! Él anda por allí mucho +con mi hermano.... Pero chica, ¿qué quieres? Así son todos los +hombres... El caso es que mientras están con una gasten buen humor y le +hablen con cierto mimo.... Y que no sean celosos.... No, Miranda eso sí +que lo tiene de bueno: celoso, no es.</p> + +<p>Pusose Lucía color de brasa, y bajándose, cogió un puñado de hojas +secas, maniobra que le sirvió para disimular su confusión. Después se +entretuvo en reducirlas a polvo entre el índice y el pulgar, soplando +para aventarlo más presto.</p> + +<p>—Y cuidado—prosiguió Pilar—que otro en su caso.... No, mira, si yo +fuese hombre, no sé lo que hubiera hecho... eso de que un caballero +acompañase a mi novia tantos días... así, mano a mano... y precisamente +cuando....</p> + +<p>A este golpe directo y brutal, alzó Lucía la frente, y posó en su amiga +la mirada cándida, pero digna y aun severa, que a veces solía chispear +en sus ojos. Pilar, diestra en táctica, retrocedió para saltar mejor.</p> + +<p>—Es verdad que conociéndote a ti... y a él, cualquiera sería tan +confiado como Miranda.... Tú, ya se sabe, una santita, un angelín de +retablo... y él... él es un caballero chapado a la antigua, a pesar de +sus manías... más fama tiene que el Cid. ¡Ya viene de atrás! Yo le +conozco mucho, hace tiempo—aseveró Pilar, que como todas las jóvenes de +la clase media introducidas en la buena sociedad, tenía prurito de +conocer al mundo entero.</p> + +<p>—¿Tú... le conoces hace tiempo?—murmuró Lucía, subyugada y ofreciendo +a la anémica el brazo para que se apoyase.</p> + +<p>—Sí, mujer. Va cada año a Madrid, a veces por todo el invierno, pero +generalmente un mes o dos de primavera. De sociedad gusta poco; le +convidaron a algunas casas, porque parece que su padre, el cabecilla, +era una persona distinguida de las Provincias, y está emparentado con +los Puenteancha, y con los Mijares, que son Urbietas de apellido... pero +se vendía tan caro, que en todas partes se andaban pereciendo por +tenerle.... Una vez, porque bailó un rigodón en casa de Puenteancha con +Isabelita Novelda, hubo broma toda la noche... le dijeron que ya podía +domar osos y tomar a Plewna sin artillería.... Isabelita estaba más +hueca que... y luego resultó que era que la Puenteancha se lo había +pedido por favor, y él le había contestado: bueno, bailaré con la +primera que encuentre... encontró a Isabelita, y zas, la invitó.... +Cuando se supo, ¡figúrate la tontuela de Isabelita qué cara pondría! +Ella que estaba persuadida de haber hecho una conquista... se le alargó +la nariz más de lo que la tiene, que no es poco.... ¡ja, ja!...</p> + +<p>La risa de la anémica se volvió tos, una tosecilla que le rascaba la +garganta y la sofocaba, obligándola a sentarse en un banco rústico de +los muchos que en el parque había. Lucía le dio blandos golpecitos en +las espaldillas, y permaneció silenciosa, no queriendo pronunciar +palabra que torciese el giro de la conversación. Sus ojos interrogaban.</p> + +<p>—Ej... ej... te aseguro que fue un chasco famoso...—continuó Pilar +calmándose—. A la Noveldita le vendrían de perlas los cientos de miles +de francos que el padre reunió para el hijo... pero ¡dicen que no le +gustan las mujeres!</p> + +<p>—No le gustan...—repitió Lucía, como si aquel pronombre no pudiera +aplicarse sino a una persona sobreentendida, pero no nombrada.</p> + +<p>—Añaden que, eso sí, es un hijo como pocos... a su madre la trae en +palmas. Ella cuentan que es una señora muy fina, de la aristocracia +francesa... muy delicaducha de salud, y aun creo que allá en sus +juventudes....</p> + +<p>La anémica se apoyó el índice en la frente, con expresivo ademán.</p> + +<p>—Parece que el padre quiso que el chico fuese español, y trajo a su +mujer a dar a luz a Ondarroa, de donde es él... le hicieron hablar +castellano siempre y vascongado con su ama de cría... me lo ha contado +Paco Mijares, que como es pariente suyo, sabe todo eso....</p> + +<p>Lucía se bebía con avidez aquellas palabras y aquellos detalles nada +importantes en sí.</p> + +<p>—Tiene extravagancias y caprichos muy particulares.... Hubo un tiempo +en que se le antojó trabajar, y entró en una casa de comercio.... +Después estudió medicina y cirugía, y tengo entendido que deja tamañitos +a Rubio y a Camisón.... En Madrid se iba a los hospitales, por gusto, a +estudiar.... En la guerra hizo lo mismo. ¿Sabes tú dónde me lo +encontraba yo a veces en Madrid? Pues en el Retiro, mirando al estanque +grande fijamente.... ¿Qué tienes, chica?</p> + +<p>Lucía, con los ojos cerrados, mortecina la color, se recostaba en el +tronco del plátano que sombreaba el banco. Cuando abrió los párpados, la +sombra de sus sienes era más marcada, y su mirar vago, como de persona +que vuelve en sí de un síncope.</p> + +<p>—No sé.... Es que a veces parece que me quedo así, sin sentido.... Es +como si me arrancasen el estómago—balbució.</p> + +<p>—«Ciertos son los toros»—pensó Pilar—; «¡bien madruga la bendición de +Dios!»—añadió para sí, descaradamente.</p> + +<p>La noche se venía a más andar, un soplo helado movió el follaje; las dos +damas se abrocharon, estremeciéndose, sus abriguillos de paño café con +leche, a tiempo que dos bultos negros se destacaban al fin de la +avenida. Eran Miranda y Perico, que se asombraron de hallarlas allí tan +tarde.</p> + +<p>—¡Bonito modo, bonito modo de curarse! ¡Demonios! ¡Si no coges una +pulmonía, una pulmonía como para ti sola! Anda, loca, vente, vente.</p> + +<p>Levantose Pilar, decaída, muriéndose, y fue a cogerse del brazo de +Miranda. Perico ofreció el suyo a Lucía, cuya robustez se había +sobrepuesto ya el desfallecimiento momentáneo.</p> + +<p>—Dudo que pueda mañana beber las aguas—dijo Lucía a su acompañante—. +Estuvo hoy algo excitada... y ahora viene la reacción de cansancio....</p> + +<p>—¿A que resucita, a que resucita si la dejo ir al Casino?</p> + +<p>—¡Ay, Periquillo del alma!—gritó la anémica, que con su fino oído no +perdía palabra—. ¿Me dejas, eh? ¿Qué daño me ha de hacer eso? Ande +usted, Miranda, interceda usted por mí.</p> + +<p>—Hombre, alguna vez.... Puede que le sirva de alivio, distrayéndola.</p> + +<p>—No haga usted caso, Gonzalvo.... Dice el señor Duhamel que no.... +¿quién lo sabrá mejor, el médico o ella?</p> + +<p>—¿Y usted?—pronunció Perico, con unos asomos de galantería a que le +incitaban el anochecer, el marido caminando delante y sus inveteradas +malas mañas—. Y usted, joven y bonita como es, ¿por qué no viene al +Casino? Esas galas que se mueren de risa, de risa, en los baúles mundos, +estarían mejor luciéndose allí.... Vamos, anímese usted, anímese usted, +y yo la traeré un ramo de camelias como el que tenía anoche la sueca.</p> + +<p>—No quiero eclipsar a la sueca—exclamó risueña Lucía—. ¿Qué será de +ella si me presento yo?</p> + +<p>—Pues aunque lo diga usted de guasa, de guasa, es la pura verdad...—y +Perico bajaba traidoramente la voz—. Vale usted por diez suecas...—y +en tono más alto añadió—si Juanito Albares no hiciese tanta majadería, +maldito si nadie se acordaba, se acordaba de ella....</p> + +<p>Juanito Albares, como le llamaba amistosamente Perico, era duque, grande +de España dos o tres veces, marqués y conde no sé cuántas; dato que es +muy digno de ser tenido en cuenta por los biógrafos del elegante +Gonzalvo.</p> + +<p>—¿Dónde tiene usted los ojos, hombre?—exclamó Lucía con su franqueza +castellana—. ¡Valor se necesita para decir eso!, es hermosísima la +sueca; en cualquier parte, emboba a la gente. Más blanca es que la +leche, y luego unos ojos....</p> + +<p>—No te fíes de blancuras—intervino Pilar—. Habiendo en el mundo +toalla de Venus y blanco de Paros.... Es demasiado mujerona.</p> + +<p>—Demasiado alta—afirmó Perico como el zorro de las uvas.</p> + +<p>—Pierda usted cuidado—decía bajito Miranda a Pilar—. Conquistaremos a +ese hermano fiero, e irá usted una noche al Casino: ¡no faltaba otra +cosa! ¿Se había usted de marchar de Vichy sin ver el teatro, y sin +asistir al concierto? Eso sería inaudito.</p> + +<p>—¡Ay, Miranda! usted es mi ángel salvador. Si no hay otro medio de +lograrlo, nos escapamos usted y yo una noche... un rapto... hay que +hacer como en las novelas... traerá usted un corcel, me subiré a la +grupa, y, ¡hala!, que nos pillen... encerramos con llave primero a +Perico y a Lucía, y allí se quedan haciendo penitencia.... ¿eh? ¿Qué le +parece a usted?</p> + +<p>Cuando llegaron ante la verja del <i>chalet</i>, cuyos mecheros de gas +brillaban ya entre la sombra de los árboles, Miranda dijo para sí:</p> + +<p>—Ésta es más entretenida que mi mujer. Al menos dice algo, aunque sean +tonterías, y está de buen humor, a pesar de que tiene medio pulmón sabe +Dios cómo....</p> + +<p>—Esta chica es más sosa que el agua, que el agua—pensó a su vez Perico +al separarse de Lucía.</p> + +<p>Ínterin llegaba el esperado día de asistir a la fiesta nocturna, Pilar +se acostumbró a pasar un par de horas en el salón de Damas del Casino, +de una a tres de la tarde generalmente. Es el salón de Damas un +atractivo más del hermoso edificio donde se reconcentra la animación +termal; allí las señoras abonadas al Casino pueden refugiarse, sin temor +a invasiones masculinas; allí están en su casa, y son reinas absolutas, +tocan el piano, bordan, charlan, y a veces se deslizan hasta el lujo de +un sorbete o de alguna confitura o bombón que roen con igual deleite que +si fuesen ratoncillos sueltos en un armario de golosinas. Es un harén de +moras civilizadas, un gineceo no oculto en la pudorosa sombra del hogar, +sino descaradamente implantado en el sitio más público que darse puede. +Allí concurrían y se congregaban todos los astros hembras del firmamento +de Vichy, y allí encontraba Pilar reunida a la escasa, pero brillante +colonia hispano americana; las de Amézaga, Luisa Natal, la condesa de +Monteros: y se formaba una especie de núcleo español, si no el más +numeroso, tampoco el menos animado y alegre. Mientras alguna rubia +inglesa ejecutaba en el piano trozos de música clásica, y las francesas +asían de los cabellos la ocasión de lucir primorosas labores de +cañamazo, dando en ellas tres puntos por hora, las españolas, más +francas, aceptaban la holgazanería completa, dedicándose a hablar y a +manejar el abanico. Una magnífica esfera geográfica, colocada al extremo +del salón, parecía preguntarse cuál era su objeto y destino en semejante +lugar; y en cambio, los retratos de las dos hermanas de Luis XVI, +Victoria y Adelaida, <i>damas</i> tradicionales de Vichy, sonreían, empolvada +la cabellera, rosadas y benévolas, presidiendo el certamen de frivolidad +continua celebrado a honra suya. Eran murmullos como de voleteos de +pájaros en pajarera, ruido de risitas semejante a sartas de perlas que +caen desgranándose en una copa de cristal, sedoso crujir de países de +abanico, estallido seco de varillajes, ruedecillas de sillón que un +punto corrían sobre el encerado piso, ruge-ruge de faldas, que parecía +estridor de alitas de insecto. Embalsamaban la atmósfera leves auras de +gardenia, de vinagre de tocador, de sal inglesa, de perfumería Rimmel. +No se veían sino dijes y prendas graciosas abandonadas sobre sillas y +mesas; sombrillas largas, de seda, muy recamadas de cordoncillo de oro; +cabás y estuches de labor, ya de cuero de Rusia, ya de paja con moños y +borlas de estambre; aquí un chal de encaje, allí un pañuelo de batista; +acá un ramo de flores que agoniza exhalando su esencia más deliciosa; +acullá un velito de moteado tul, y encima las horquillas que sirven para +prenderle.... El grupo de españolas, capitaneado por Lola Amézaga, que +era muy resuelta, tenía cierta independencia e intimidad, bien distinta +de la reserva secatona de las inglesas: y aún entre ambos bandos se +advertía disimulada hostilidad y recíproco desdén.</p> + +<p>De mucha diversión había servido a las españolas ver cómo las inglesas +sacaban muy formales un periódico, tamaño como la sábana santa, del +bolsillo, y se lo leían de la cruz a la fecha.</p> + +<p>No había podido obtener Pilar que Lucía la acompañase al salón de Damas; +cortedad y encogimiento de niña educada en provincia se lo vedaban, +haciéndole temer más que al fuego a aquellas mujeres curiosas que +examinarían su tocado como el diestro confesor los repliegues de la +conciencia del penitente. Pilar, en cambio, estaba allí en su elemento y +esfera natural. Su voz algo aflautada sólo rendía el pabellón ante el +ceceo cubano de la Amézaga capitana.</p> + +<p>Oigamos el concertante.</p> + +<p>—Pues éste lo compré hoy—decía Lola remangando desenfadadamente la +manga de su vestido de muselina rosa con lazos de raso granate obscuro, +y enseñando un brazalete de cuyo aro pendía un cochinillo retorcido de +rabo y potente de lomo, ejecutado en fino esmalte.</p> + +<p>—Yo lo tengo en imperdible—añadía Amalia Amézaga, señalando a otro +marrano no menos lucio, que hozaba entre los encajes de su corbata.</p> + +<p>—¡Válgame Dios! ¡qué moda más fea!—exclamaba Luisa Natal, hermosura +próxima al ocaso, y muy atenta a no usar perifollo alguno que su belleza +no realzase—. Yo no me pondría semejantes bichos; ¡se acuerda uno del +mondongo! ¿verdad, condesa?</p> + +<p>Hizo un signo aprobativo la condesa de Monteros, española rancia, devota +y un tanto severa.</p> + +<p>—Yo no sé qué van a inventar ya—pronunció reposadamente—. He visto en +esas tiendas elefantes, lagartos, ranas y sapos, y hasta arañas; en fin, +los animalejos más asquerosos en adornos de señoritas. En mis juventudes +no nos pagábamos de tales extravagancias; buenos brillantes, bonitas +perlas, algún corazón de rubíes.... ¡ah! también usábamos los camafeos; +pero era un capricho precioso... se grababa en ellos el retrato de uno +mismo... o alguna virgen, algún santo.</p> + +<p>Reinó breve silencio; las Amézagas no se atrevían a replicar, subyugadas +por el señorío de aquella autorizadísima voz.</p> + +<p>—Mire usted, condesa—dijo Pilar al cabo, satisfecha de hallar un +motivo para desesperar a las Amézagas—, lo bonito, es ese agujón de +Luisa.</p> + +<p>Luisa sacó de su moño el clavo de oro, con cabeza de amatista, +constelada de diamantes chiquititos.</p> + +<p>—Otro igual tenía ayer la sueca—explicó al ponerlo en manos de la +condesa—. Llevaba todo el juego: pendientes, collar de bolas de +amatista y el agujón. Reguapísima que estaba la mujer con eso y el traje +heliotropo.</p> + +<p>—¿Ayer de noche?—preguntó Pilar.</p> + +<p>—Sí, en el teatro. El otro, penado y muerto como de costumbre... a las +diez hizo su entrada en el palco, presentándole el ramo consabido de +camelias y azaleas blancas... dicen que le cuesta sus setenta +franquillos por noche.... Es un aditamento regular al coste de la +pensión en el hotel....</p> + +<p>—Ese sobrino mío no tiene vergüenza ni decoro—afirmó gravemente la +condesa de Monteros.</p> + +<p>—¡Un hombre casado!—dijo Luisa Natal, que hacía excelente menaje con +su marido, ciego cumplidor de todos los caprichos de su mitad.</p> + +<p>—¿Y se sabe por fin si la sueca es hija o mujer de ese barón de... +de... nunca puedo acordarme de su nombre... vamos, de ese viejo que anda +con ella?—interrogó la condesa, entrando por fin en la corriente de +curiosidad que la arrastraba, a pesar de su digna actitud.</p> + +<p>—¿De Holdteufel?—pronunció con acento cantarín Amalia Amézaga—. ¡Bah, +quién lo puede averiguar!, pero según la libertad que le deja, más +parece su esposo que su padre.</p> + +<p>—Se necesita descaro—prosiguió con discreta y risueña indignación +Luisa Natal—, para ser así la comidilla de todo el mundo....</p> + +<p>—¡Toma!—dijo la voz de flauta de Pilar—. Pues eso quiere él, ¿qué se +creían ustedes?; el toque y el gustazo están en dar que hablar.</p> + +<p>—Siempre fue Juanito así, muy farfantoncillo—murmuró la condesa +enternecida al recordar a su sobrino, cuando hecho un diablo +traviesísimo de diez años, iba a su casa a darle jaqueca pidiendo mil +chucherías.</p> + +<p>—Hasta anteayer....</p> + +<p>El grupo se estrechó: acercáronse unos a otros los sillones, y por un +instante se oyó el cadencioso chirriar de las ruedas sobre el piso.</p> + +<p>—Anteayer...—siguió Amalia Amézaga en tono algo más bajo—fue ésta al +tiro de pistola....</p> + +<p>—¿Tiras ahora?—preguntaron a un tiempo Pilar y Luisa Natal.</p> + +<p>—Un poco... por distraerme...—Y Lola se atusó el negro flequillo, +cortado recto a un dedo de distancia de las cejas, que la asemejaba a un +paje de la Edad Media, realzando su cara descolorida de hija de los +trópicos y sus grandes ojos, infantiles, pero de niño malicioso y +precoz.</p> + +<p>—Pues...—siguió Amalia, viéndose religiosamente escuchada—allí +estaban Jiménez y el marquesito de Cañahejas, y <i>Monsieur</i> <i>Anatole...</i> +y todos leían y comentaban un suelto del <i>Fígaro</i>, en que se refería la +sensación causada en una de las estaciones termales más elegantes de +Francia y de Europa, por el loco amor de un magnate español a una dama +sueca....</p> + +<p>—Pone iniciales no más—agregó Lola—; pero es claro como la luz.... Y +dice, por más señas: «<i>ce digne petit fils du Comte d'Almaviva se ruine +en fleurs</i>...»</p> + +<p>Un coro de risas sofocadas brotó del círculo. Lola sabía decir las cosas +con cierto ceceo y cierto parpadeo, que las mejoraba en tercio y quinto.</p> + +<p>—¿Y ella, qué tal, se ablanda?—preguntó Pilar.</p> + +<p>—¿Ella?—repuso Lola—. ¡Ah!, todas las noches, al recibir el ramo, le +contesta lo mismo, invariablemente: <i>Jrasiás, señor duque, trop amable.</i></p> + +<p>Redoblaron las carcajadas. Hasta la condesa se sonreía, con el abanico +abierto delante por decoro.</p> + +<p>—¡Chist!—pronunció Luisa Natal—. ¡Ahí viene!</p> + +<p>—¡La sueca!—exclamó Pilar.</p> + +<p>Todas volvieron el rostro, en extremo conmovidas. La puerta del salón de +Damas se abría solemnemente; un elegante y correcto anciano, con blancas +patillas y delicadamente afeitado el resto de la faz, se quedó en el +umbral en diplomática postura; una mujer alta y gallarda penetró en el +recinto; acrecentaba su clásica beldad el negro traje de tafetán, muy +ceñido y golpeado de azabache; sobre su frente de diosa, el sombrero de +tul con espigas de oro, parecía mitológica diadema; era su andar noble y +soberano, y sin cuidarse de saludar a nadie, se fue hacia el piano, +vacante a la sazón, y sentándose, comenzó a interpretar magistralmente +unas mazurcas de Chopín. La postura patentizaba lo brioso de su talle, +los largos y tornátiles brazos, las caderas, los omoplatos que, a cada +pulsación de la blanca mano, se dibujaban vigorosamente bajo el ajustado +corpiño.</p> + +<p>—¿No es cierto—dijo por lo bajo Pilar a Luisa Natal—que si Lucía +Miranda se vistiese como ella, se parecerían algo, así en las formas?</p> + +<p>—¡Bah!—murmuró Luisa Natal—, la Mirandita no tiene pizca de chic.</p> + +<p>Brotó entonces del grupo de inglesas ese enérgico silbido que en todos +los idiomas significa: «¡Silencio!: cállense ustedes, y oigan, o dejen +oír siquiera.» Las españolas se dieron al codo, y prosiguieron +impertérritas con sus cuchicheos.</p> + +<p>—¿No veis aquello?—decía Lola Amézaga.</p> + +<p>—¿El qué... el qué... el qué?—preguntaron todas.</p> + +<p>—¿Qué ha de ser?, Albares. Allí, allí, en los vidrios.... Con +disimulo... que no lo note....</p> + +<p>Por la parte de las vidrieras, que caían a la azotea del Casino, veíase, +en efecto, un rostro de pisaverde, imberbe casi, destacándose entre la +blancura de porcelana de primorosa camisa y nívea corbata de batista, +cuyo triángulo cerraba una de esas ágatas llamadas <i>ojo de gato</i>, a que +dio tan fabuloso valor el capricho de los elegantes de dos o tres años +acá. Traje de mañana de un gris humo suave y exquisito, hongo de +finísimo castor, una flor de gardenia en el ojal, guantes de gamuza +flamantitos, tal era el atavío del indiscreto que así registraba el +salón de Damas. Advertíase en su tipo mezcla singular de debilidad y +fuerza, cuerpo de sietemesino y músculos de Hércules. La gimnasia, la +esgrima, la equitación, la caza, debían haber endurecido aquel organismo +que la Naturaleza hiciera endeble, enteco casi. La estatura era corta; +los miembros delicados y femeniles; pero la musculatura, de acero. +Conocíase esto en el modo de caerle la ropa, en no sé qué corte viril de +las rodillas y los hombros; además, se traslucía en aquel hombre la +altiva superioridad que dan juntamente la riqueza, el nacimiento y el +hábito de ser obedecido.</p> + +<p>Mas si esperaba el duque algún fruto de acechar así por los cristales, +cayole la pascua en viernes, porque la sueca, después de haber tocado +con gran sosiego y maestría hasta media docena de mazurcas, se levantó +con no menor majestad de la desplegada al entrar, y sin volver el +rostro, tomó hacia la puerta. Ésta se abrió como por obra de un conjuro, +y el diplomático de blancas patillas se presentó afable y serio, +ofreciendo el brazo. Fue una salida de reina, très réussie, como decían +en el grupo de francesas.</p> + +<p>—¡Parece la princesa Micomicona!—dijo Lola Amézaga, que aquella mañana +no se había pasado menos de dos horas al espejo, ensayando el regio modo +de andar de la sueca.</p> + +<p>—¡Qué empaque!—observó Luisa Natal—. No, buena moza, ya lo es. +¡Cuidado con el talle! ¡Y qué manos! ¿No se las habéis reparado?</p> + +<p>—Yo la miro poco—contestó Pilar—. No le doy ese plato de gusto. ¡Sólo +adopta esos ademanes teatrales para llamar la atención!</p> + +<p>—¡Fresco se ha quedado Albares!—exclamó Amalia—. ¡Ella ni se enteró +de que estaba ahí!</p> + +<p>Todas se volvieron a mirar hacia las vidrieras. Ya no se hallaba allí el +duque.</p> + +<p>—Ahora se habrá ido escapado a intentar verla en el Parque. ¿Vamos a +convencernos?</p> + +<p>—Sí, vamos, vamos; la escena será chistosa.</p> + +<p>Levantáronse, y recogieron aprisa abanicos, sombrillas y velos, +precipitándose hacia la puerta.</p> + +<p>—Eh, ¡señoritas!—decía la condesa de Monteros—. No corran ustedes +tanto, yo no soy tan joven como ustedes, y voy a quedarme atrás. A +fe—añadía entre dientes—que cuando le eche la vista encima a mi señor +sobrino, le espeto lo que viene al caso, por matar así a disgustos a +aquella pobre Matilde que es un ángel.</p> + +<p>Mientras se solazaba Pilar de manera tan conforme a sus inclinaciones, +aguardábala Lucía en el balcón del <i>chalet</i>. A aquella hora, nadie +estaba en casa, ni Miranda, ni Perico; el Casino se los había tragado a +todos. Apenas cruzaba un transeúnte por la retirada calle. Sólo se oía, +entre el silencio, el estridor monótono de la máquina de coser que la +hija de la conserje manejaba. En el jardín, las rosas, embriagadas del +calor bebido durante la mañana entera, se deshacían en perfumes; hasta +las frías rosas blancas tenían matices rancios, como de carne pálida, +pero carne al fin. De todo el coro de aromas se formaba uno solo, +penetrante, fortísimo, que se subía a la cabeza, como si fuera la +fragancia de una rosa no más, pero rosa enorme, encendida, que exhalaba +de su boca de púrpura hálito fascinador y mortal. Lucía empezaba por +coser, al sentarse; pero al cuarto de hora la almohadilla se caía de su +regazo, escapabásele el dedal del dedo, y vagarosa la pupila, permanecía +con los ojos fijos en los macizos de rosales, hasta que al fin sus +párpados se cerraban, y recostando la frente en las ramas que tapizaban +el balcón, abandonábase a la delicia de aquella atmósfera embalsamada, +sin oír, sin ver, respirando no más. Dos meses antes, no hubiera podido +estarse quieta media hora; los jardines la convidaban a correr. Ahora, +por el contrario, la incitaban a dejarse estar así, inmóvil, y +anonadada, como el güebro ante el sol.</p> + +<p>Una tarde, Pilar, al volver de su club, la halló como nunca pensativa.</p> + +<p>—Tonta—le dijo—¿en qué cavilas? Si vinieses al Casino, te divertirías +mucho.</p> + +<p>—Pilarcita—murmuró Lucía echándole al cuello los brazos—, ¿me +guardarás un secreto si te lo digo?</p> + +<p>Encendiéronse los ojos de la anémica.</p> + +<p>—¡Pues no! Desahoga ese corazón, mujer.... Entre nosotras, ¿verdad?, +todo puede contarse.... Yo he visto tantas cosas... nada me sorprende....</p> + +<p>—Escucha...—dijo Lucía—. Quisiera saber, a toda costa, cómo sigue la +madre del señor don Ignacio Artegui.</p> + +<p>Retrocedió Pilar desorientada; y riéndose en seguida con su cínico reír, +exclamó:</p> + +<p>—¿No es más que eso? ¡Vaya un secreto! ¡Gran puñado son tres moscas!</p> + +<p>—Por Dios—suplicó apurada Lucía—, que a nadie se lo indiques.... Yo +me muero por saberlo, pero si se entera... alguien.... Miranda, o así....</p> + +<p>—¡Eh! boba, yo lo sabré pronto, y sin informar a nadie.... Tengo mil +medios de averiguarlo.... Te prometo que saldrás de la curiosidad....</p> + +<p>Pilar dio dos o tres golpecitos en la barbilla a Lucía, que estaba grave +y aun algo confusa.</p> + +<p>—¿Paseamos hoy, señora enfermera?—interrogó la anémica.</p> + +<p>—Sí, y beberás leche en Vesse. Pero coge otro traje de más abrigo, por +Dios: eres capaz de resfriarte.... ¿No has notado qué bien huelen las +rosas? En León apenas las hay: me acuerdo de que las que podía coger se +las ponía todas a la Purísima que tengo en mi cuarto.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2> + + +<p>Era el Casino para Perico y Miranda, como para todos los ociosos de la +colonia, casa y hogar durante la temporada termal. En conjunto el gran +edificio se asemejaba a un concierto de voces que convidasen a la +existencia rápida y fácil de nuestro siglo. El espacioso peristilo, la +fachada principal con su vasta azotea, su jardinete reservado, donde +vegetan en graciosas canastillas exóticas plantas, y sus ricos y +caprichosos adornos renacientes de blanquísima sillería; las altas +columnas de bruñido pórfido que el interior sustentan; las muelles +butacas y los anchos divanes; los cupidillos traviesos (símbolo +artístico de efímeros amores que suelen vivir el espacio de una quincena +de aguas) que corren por la cornisa del gran salón de baile, o +revolotean en el azul de los anchos recuadros del teatro; el oro +prodigado en toques hábiles, como puntos de luz, o en luengos listones, +como rayos de sol; las grandes ventanas de límpidos cristales, todo, en +suma, ayudaba a la fantasía a representarse un templo ateniense, +corregido y aumentado con los beneficios y goces de la civilización +actual. Quien mirase el Casino por su fachada sur, podía ver desde luego +el numen que allí recibía culto y sacrificios: la Ninfa de las aguas, +inclinando la urna con graciosa actitud, mientras salen a sus pies de +entre un cañaveral dos amorcillos, y uno de ellos, alzando una valva, +recoge la sacra linfa que de la urna copiosamente fluye. Sacerdotes y +flamines del templo de la Ninfa son los mozos del Casino, que a la menor +señal, a un movimiento de labios, acuden tácitos y prontos con lo que se +desea: cigarros, periódicos, papel, refrescos, hasta las aguas, que +traen a escape, en un tanque vuelto boca abajo sobre un plato, a fin de +que no pierdan su preciosa temperatura ni sus gases.</p> + +<p>Prefería Miranda el salón de lectura, donde hallaba cantidad de +periódicos españoles, incluso el órgano de Colmenar, que leía dándose +tono de hombre político. A Perico se le encontraba con más frecuencia en +otro departamento tétrico como una espelunca, las paredes color de +avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una +hilera de bancos de gutapercha moteada hacía frente a otra hilera de +mesas, cubiertas con el sacramental, melodramático y resobadísimo tapete +verde. Así como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas +paralelas de algas, así se advertían en los respaldos de los bancos de +gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y +espaldas de los jugadores, señales que iban en aumento desde el primer +banco hasta el último, conforme se ascendía del inofensivo <i>piquet</i> al +vertiginoso <i>écarté</i>, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad, +acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en +comparación de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se +tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de +Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen +narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espectáculo, caro a los +novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se +sucedían. Tiene el juego en Vichy algo de la higiénica elegancia del +pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa +nadie se levantó la tapa de los sesos por cuestión del tapete verde, +como sucede en Mónaco a cada paso; de suerte que no se presta la sala +del Casino a descripciones del género dramático espeluznante; allí el +que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor +humorado, según es de nervioso o linfático temperamento, pero convencido +de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la +Autoridad y comisionados de la Compañía arrendataria, presentes siempre +para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de +garitos de baja estofa, no de aquellas olímpicas regiones en que se +talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los +que más ayudaban a engrasar y bruñir con la pomada de su pelo y el frote +de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo clásico del +jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando +perdía, no le ocurrió jamás tirarse de los cabellos, blasfemar ni +enseñar los puños a la bóveda celeste. Eso sí, él tomaba cuantas +precauciones caben, a fin de no perder. Análogo es el juego a la guerra: +dícese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben +los estratégicos consumados que una combinación a la vez instintiva y +profunda, analítica y sintética, suele traerles atada de manos y pies la +victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de cálculo que en un +segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los +hábiles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan. +Perico poseía a fondo la ciencia del juego, y además observaba +atentamente el carácter de sus adversarios, método que rara vez deja de +producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o +aturden, y obran conforme al estado del ánimo, de tal manera, que es +fácil sorprenderlas y dominarlas. Quizá la quisicosa indefinible que +llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un +hombre sereno y lúcido sobre muchos ebrios de emoción. En resumen: +Perico, que tenía movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de +hielo la cabeza, de tal suerte entendió las marchas y contramarchas, +retiradas y avances de la empeñada acción que todos los días se libraba +en el Casino, que después de varias fortunitas chicas, vino a caerle un +fortunón, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos, +que se guardó apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de allí +con su paso y fisonomía de costumbre, y dejando al perdidoso dado a +reflexionar en lo efímero de los bienes terrenales. Aconteció esto al +otro día de aquel en que Lucía manifestara a Pilar tal interés por la +salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a +menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces +escatimaría un maravedí, y avisando a Pilar que estaba en el salón de +Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo dándole el brazo:</p> + +<p>—Para que no salgas siempre con que no te compré nada en Vichy, anda, +vente; te voy a hacer un regalo.</p> + +<p>—¿Un regalo?—y Pilar abrió desmesuradamente los ojos.</p> + +<p>—Un regalo, sí señor; no parece sino que es el primero. Pide por esa +boca, por esa boca.</p> + +<p>—¿Pero es de veras? ¡Qué rico de Pe-ri-co!—exclamó la anémica +cantando—. ¿Me comprarás lo que se me antoje?</p> + +<p>—Vamos a las tiendas—exclamó él, y echó a andar.</p> + +<p>Pilar dudó buen rato, como los niños ante una bandeja de dulces +diversos; por último se decidió, eligiendo dos gotitas de agua para las +orejas, y un espejo portátil de oro cincelado, joya caprichosa y +novísima, que se colgaba de la cintura y sólo la sueca llevaba aún en +Vichy. Al regresar a casa con sus compras, brillaban de tal suerte los +ojos de la anémica y estaban sus mejillas tan encendidas, que Perico le +dijo:</p> + +<p>—El demonio sois las señoras mujeres. En dándoos un sonajero o un +cascabel, un cascabel, os curáis de todos los males. Me río yo de la +botica, de la botica. Ahora no te duele el estómago.</p> + +<p>—Periquillo.... ¡Eres tú la flor de la canela! Mira, estoy loca de +contenta... y si quisieras.... ¿eh? Di que sí.</p> + +<p>—Si quisiese.... ¿Se te antoja algo más? No, hijita, basta por hoy, +basta.</p> + +<p>—No, nada de compras... pero esta noche... quería ir al concierto a +lucir el espejo... mira tú, ni las de Amézaga ni esa jamona de Luisa +Natal lo tienen... ni sabían que en Vichy lo hubiese... van a quedarse +de una pieza... anda, Periquín; que sí, ¿verdad? Una vez, hombre... +anda.</p> + +<p>Lucía pidió casi de rodillas a Pilar que renunciase al peligroso goce +que anhelaba. Era precisamente la ocasión más crítica; Duhamel esperaba +que la Naturaleza, ayudada por el método, venciese en la lucha, y acaso +quince días de voluntad y tesón decidiesen el triunfo. Pero no hubo +medio de persuadir a la anémica. Pasó el día en un acceso de fiebre +registrando su guardarropa; al anochecer, salió del brazo de Miranda; +llevaba un traje que hasta entonces no había usado por ligero y +veraniego en demasía, una túnica de gasa blanca sembrada de claveles de +todos colores; pendía de su cintura el espejillo; en sus orejas +brillaban los solitarios, y detrás del rodete, con española gracia, +ostentaba un haz de claveles. Así compuesta y encendida de calentura y +vanidoso placer, parecía hasta hermosa, a despecho de sus pecas y de la +pobreza de sus tejidos devastados por la anemia. Tuvo, pues, gran éxito +en el Casino; puede decirse que compartió el cetro de la noche con la +sueca y con el lord inglés estrafalario, del cual se contaba que tenía +alfombrada con tapiz turco la cuadra de sus caballos y baldosado de +piedra el salón de recibir. Gozosa y atendida, veía Pilar una fiesta de +las <i>Mil y una noches</i> en el Casino constelado de innumerables mecheros +de gas, en el aire tibio poblado con las armonías de la magnifica +orquesta, en el salón de baile donde los amorcillos juguetones del techo +se bañaban en el vaho dorado de las luces. Jiménez, el marquesito de +Cañahejas y <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>, se disputaron el placer de bailar con +ella. Miranda reclamó un rigodón, y para colmo de dicha y victoria, las +Amézagas se reconcomían mirando de reojo el espejillo, dije que sólo +brillaba sobre dos faldas: la de Pilar y la de la sueca. Fue, en suma, +uno de esos momentos únicos en la vida de una niña vanidosa, en que el +orgullo halagado origina tan dulces impresiones, que casi emula otros +goces más íntimos y profundos, eternamente ignotos para semejantes +criaturas. Pilar bailó con todas sus parejas como si de cada una de +ellas estuviese muy prendada; tanto brillaban sus ojos y tal expansión +revelaba su actitud. Perico no pudo menos de decirle <i>sotto voce</i>:</p> + +<p>—¿Bailas, eh? ¡Veremos mañana qué dice Duhamel!... Estará celestial, +celestial. Mañana me escapo, me escapo. De fijo, revientas, revientas, +revientas como un triquitraque.</p> + +<p>—No lo creas. ¡Me siento tan bien!—exclamó ella bebiéndose un vaso de +grosella que le presentaba el hispanófilo <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>.</p> + +<p>A la mañana siguiente, cuando Lucía fue a despertar a Pilar, retrocedió +tres pasos sin querer. Tenía la anémica la cabeza enterrada de un lado +en las almohadas, y dormía con sueño inquieto y desigual; en las orejas, +pálidas como la cera, resplandecían aún los solitarios, contrastando su +blancura nítida con los matices terrosos de las mejillas y cuello. +Rodeaba los ojos un círculo negro, como hecho al difumino. Los labios, +apretados, parecían dos hojas de rosa seca. El conjunto era cadavérico. +Por las sillas andaban dispersas prendas del traje de la víspera: los +zapatos, de raso blanco, vueltos tacón arriba, estaban al pie del lecho; +en el suelo había claveles y el nunca bien ponderado espejillo, causa +inocente de tantos males, reposaba sobre la mesa de noche. Al tocar +Lucía suavemente el hombro de la dormida, ésta se incorporó a medias, de +un brinco; sus ojos, entreabiertos, tenían velada y sin brillo la +córnea, como si los cubriese la telilla que se observa en los ojos de +los animales muertos. Del lecho salía un vaho espeso y fétido; la +anémica estaba bañada en copioso sudor.</p> + +<p>No pudo levantarse, porque al poner el pie en el suelo le asaltó +terrible frío, castañetearon los dientes, y hubo de arroparse otra vez, +sintiendo que el sudor se le congelaba en los miembros. Además notó +agudo y violento dolor de costado, en términos que para respirar le fue +preciso volverse del lado izquierdo. Temblaba toda, como una vara verde, +sin que cuantos abrigos le echaron encima fuesen parte a calentarla un +poco.</p> + +<p>De un brinco se trasladó Lucía al cuarto de su marido, que entre duerme +y vela fumaba un cigarrillo de papel. A Miranda le sentaban bien las +aguas: desaparecían los tonos marchitos de su piel, bajo la cual +comenzaba a infiltrarse un poco de sangre y grasa, dándole esa frescura +trasnochada, gala de las cincuentonas obesas que están todavía de buen +ver. Tal era para Miranda el resultado físico: el moral era un anhelo de +reposo y bienestar egoísta, esa regularidad del hábito, esa tiranía de +la costumbre que se impone en la edad madura, y que mueve a tener como +desdicha irreparable el que la comida o el sueño se retrasen media hora +más de lo ordinario. El ex buen mozo quería descansar, vivir bien, +cuidar de su salud preciosa, y llegar en suma al tipo respetable e +importante de los clásicos Mirandas. Lucía entró como un huracán, y +alterada y trémula, le dijo:</p> + +<p>—Levántate... ve a ver si coges en casa al señor Duhamel.... Pilar está +malísima.</p> + +<p>Miranda se incorporó.</p> + +<p>—¡Claro que estará mala la grandísima loca! ¡Pues no bailó anoche como +una descosida! ¡Bien empleado!</p> + +<p>Lucía clavó en su marido los ojos atónitos.</p> + +<p>—Ve pronto, pronto...—exclamó—. Está con un acceso de frío... se +queja de dolor a un lado, y se le ha tomado la voz....</p> + +<p>Miranda se levantó refunfuñando.</p> + +<p>—No sé para qué tiene a su hermanito—murmuró al calzarse la botas—. +Bien podía ir él.</p> + +<p>—Díselo tú, si quieres—pronunció lentamente Lucía, preñados de +lágrimas los ojos—. Yo no he de entrar a despertar a Gonzalvo. Así como +así, ya ibas a levantarte para beber las aguas.</p> + +<p>—Lo menos en tres cuartos de hora no había para qué. No parece sino que +esa chica es la única que tiene aquí que cuidarse. También los demás +padecemos y hemos de observar régimen. Hoy justamente estoy fatal....</p> + +<p>Era hábito de Lucía interesarse mucho por la salud de Miranda, y +preguntarle cada día esos pormenores que las madres exigen de sus hijos +y que hastían a los indiferentes; pero en esta ocasión le volvió la +espalda, y salió encaminándose a la cocina, donde pidió a la conserje +una taza de tila, que ella misma subió a Pilar.</p> + +<p>Duhamel frunció el ceño cuando hubo visto a la paciente. Lo que más le +desagradó fue saber que en el baile había bebido dos o tres refrescos. +Era Duhamel un vejezuelo chico y apergaminado, en quien la vida se +refugiaba en los ojos relucientes y perspicaces. Pelicano y cejicano, +lucía todos sus dientes, largos y rancios como teclas, con el frecuente +sonreír.</p> + +<p>Era en sus movimientos pronto y escurridizo cual las anguilas, y +habiendo estado en el Brasil con una comisión científica, chapurreaba un +poco el portugués brasileño, empeñándose en hacerlo pasar por español.</p> + +<p>—Interrúmpase completamente el método termal, o <i>tratamento</i>—dijo +dirigiéndose exclusivamente a Lucía, a pesar de estar presente el +hermano de la enferma, merced a ese instinto infalible de los médicos, +que distinguen al punto la persona atenta a sus prescripciones e +interesada en ejecutarlas—. Ha obrado mal la enferma, a <i>doente</i>, en +romper así el régimen prescrito.</p> + +<p>—Pero y ahora, ¿qué se le hace?</p> + +<p>—Ensayaremos un revulsivo enérgico, <i>forte.... E um retrocesso ao +pulmao</i>... veremos de desviarlo.... ¡<i>Bon Deus</i>! ¡bailar, y beber +refrescos! Y ahora tenemos que luchar con el sudor... <i>O suor esgota-a</i>.</p> + +<p>Pasaba este diálogo entre el doctor y Lucía, a distancia suficiente del +lecho de la enferma, a fin de que no oyese palabra. Lucía se enteró muy +al por menor de cuanto concernía a la asistencia, de las horas del +alimento, de las precauciones que adoptar importaba. Después de aplicar +a Pilar los medicamentos que el doctor dispuso, arregló el cuarto +andando en la punta de los pies, puso cada cosa en su sitio, entornó las +celosías y se instaló al lado de la cama, en una silleta baja de hacer +labor. Pilar estaba muy agitada, y ardía de sed; a cada paso Lucía le +llegaba a los labios el pistero de agua de goma, previamente templada en +una estufilla. Por la tarde vino Duhamel, y se cercioró de que los +revulsivos habían logrado aclarar un poco la voz de la enferma y +facilitar su respiración congojosa. No obstante, la calentura era alta, +el sudor se había suprimido. Ocho días duró la congestión pulmonar, y +cuando Duhamel ordenó a Pilar levantarse, porque la cama acrecentaba el +recargo y agotaba sus fuerzas, era aquella criatura un espectro; a los +caracteres asaz tristes de la anemia, se unían ahora otros más +alarmantes. Al vestirse, sus miembros no sostenían la ropa, que se +escapaba del cuerpo como de un maniquí mal relleno. Ella misma se +asustó, y en uno de los momentos lúcidos que suelen tener los atacados +del terrible mal que ya la oprimía entre sus garras, pidió el espejillo +famoso, y Lucía, por no contrariarla, se lo presentó de mala gana. Al +fijar sus ojos en él, Pilar recordaba cómo se había visto la noche del +baile, con sus claveles, su pelo artísticamente rizado, y la sonrisa de +placer que le iluminaba el rostro. Fue tal el contraste entre lo pasado +y lo presente, entre la cara de ocho días atrás y la de hoy, que Pilar, +con rápido movimiento, arrojó al suelo el espejillo. Quebrose la clara +luna, y las cinceladuras finísimas del marco se abollaron al golpe.</p> + +<p>Poco tardó, no obstante, en volver a apoderarse de ella la pertinaz +ilusión que dulcemente lleva de la mano a los tísicos, vendados los +ojos, hasta la puertas de la muerte. Eran tan patentes los síntomas del +mal, que al verlos en otra cualquiera le hubiese extendido la papeleta +mortuoria; y con todo eso, Pilar, animada y llena de planes, se creía +sujeta únicamente a un resfriado tenaz que había de curarse poco a poco. +Tenía tosecilla blanda y continua, expectoración pegajosa, sudores que +la menor elevación de temperatura determinaba, y las perversiones del +apetito se habían convertido en desgano horrible. Inútilmente la +conserje del <i>chalet</i> lucía sus primores culinarios, ideando mil +golosinas delicadas. Pilar lo miraba todo con igual repugnancia, +especialmente los platos nutritivos. Comenzó entonces para las dos +amigas una existencia valetudinaria. Lucía no se apartaba de Pilar, +sacándola al balcón a respirar el fresco si hacia bueno, acompañándola +si no en su cuarto, procurando entretenerla y hacerle menos tediosas las +horas. Sentía ya la enferma esa impaciencia, ese deseo de mudar de aires +y sitios que acosa generalmente a cuantos padecen su mal. Vichy se le +hacía insoportable, y más desde que vio que la estación terminaba, que +se vaciaba el Casino, que se marchaba la compañía de ópera y que +emigraban las brillantes golondrinas de la moda. Las Amézagas vinieron a +despedirse de ella y a darle el último mal rato de la temporada; a +seguir a Lucía su inclinación, las recibiría en el saloncito bajo, +disculpando a Pilar; pero ésta se empeñó en que subiesen a su aposento, +y preciso fue ceder. Estaban las cubanitas triunfantes y radiantes +porque se iban a París a hacer sus compras de invierno, y de allí a +lucirlas en los primeros saraos madrileños y en el Retiro, y hablaban +con el ceceo y melindre de los días de victoria.</p> + +<p>—Sí, chica.... ¿Quién resiste ya aquí? Esto se ha quedado de lo más +tonto.... ¡Vaya! Ni alma viviente.... Sí, la krauss se fue; la +contrataron en París.... Un éxito la última noche de <i>Mignon...</i> Hay +hoteles que ya se han cerrado.... Como comprenderás, la soga tras el +caldero... pues, en marchándose la sueca, ¿iba él a quedarse? Hasta +Estocolmo irá.... ¡No que no! ¿Pero no lo sabías? El día de la marcha le +llenó el coche de ramos... todo un vagón-salón cubierto de gardenias y +camelias.... ¿qué te parece? Ya representa algunos franquillos, ya.... +Luisa Natal.... ¿adónde sino a Madrid?... ¡Ah! La condesa hace el viaje +deteniéndose en Lourdes... una semana lo menos piensa pasar allí.... Sí, +Cañahejas va a un castillo de unos parientes de <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>, +donde cazarán hasta Noviembre.... ¿Jiménez? No sé, chica... Ése siempre +anda en misterios y tapujos.... Dicen que si la Laurent, la soprano de +la compañía.... Aquella bizca.... No creo ni esto.... Es un jactancioso, +alabadizo sempiterno.</p> + +<p>—Y tú, ¿te quedas, eh?—añadía Amalia uniendo su ceceo al de Lola—. +¿Hasta cuándo, chica...? Pero te vas a secar.... ¡Esto es ahora un +monasterio! Si eso no vale nada.... ¿qué importa un catarro?... +Animarse.... Este año tendrá comedias la Puenteancha... la Monteros me +lo dijo.... Los Torreplana de Arganzón indicaron ya que recibirían los +jueves.... Tendremos en el Real a la Patti y a Gayarre; ¡figúrate! Hemos +escrito que nos abone, por si no llegamos a tiempo....</p> + +<p>—Yo voy a que Worth me haga dos o tres trajecitos... sencillos, porque +no siendo señora casada.... Uno de patinar.... ¡me muero por el +<i>Skating</i>!... En la Casa de Campo el año pasado.... ¿te acuerdas, +Amalia? Aquel día....</p> + +<p>—¿Que dijo el rey que te habías lucido?... Sí, pues me acuerdo.... +¡vaya!</p> + +<p>Y la voz de ambas hermanas se fundió en un concierto de risitas de +placer y orgullo; ambas volvían a ver el estanque helado, los árboles +cubiertos de encajes de escarcha, la brumosa mañana, y la figura juvenil +del rey, con su rostro pálido de frío, su cuerpo esbelto, sus modales +sueltos y elegantes, y su sonrisa entre picaresca y cortés, al +inclinarse para felicitar a la ágil patinadora.</p> + +<p>Dejó la visita a Pilar más impaciente, más calenturienta, más excitada +que nunca. Pilar se consumía; a toda costa quería salir de Vichy, volar, +romper el opaco capullo de la enfermedad y presentarse de nuevo, +brillante mariposa, en los círculos mundanos. Creía de buena fe poder +hacerlo y contaba con sus fuerzas. No menos que ella se impacientaban +otras dos personas: Miranda y Perico. Perico, hecho a vivir en perenne +divorcio consigo mismo, no podía sufrir la soledad que le obligaba a +reunirse a sí propio; y por lo que toca a Miranda, terminada su +temporada de aguas, notablemente restablecida su salud, parecíale que ya +era hora de acogerse a cuarteles de invierno y de gozar en paz los +frutos de la medicación. Aburríale en extremo ver que su mujer, por +altos decretos señalada para cuidarle a él, se sustrajese en tal manera +a su providencial misión, consagrando días y noches a una extraña, +atacada de un mal penoso a la vista y quizá contagioso. Así es que +insinuó a Lucía que era preciso partir y, dejarse allí a los Gonzalvos +entregados a su triste suerte; como se deja en un naufragio a los que no +caben en las lanchas. Pero contra todo lo que esperaba, halló en Lucía +protesta calurosa y enérgica resistencia. Indemnizábase confesado aquel +noble sentimiento, de todo lo que callaba hasta a sí misma.</p> + +<p>—¡Sería preciso no tener corazón... no tener corazón! ¡Pobrecita Pilar +de mi vida, bien quedaría, por cierto, con su hermano, que ni colocarle +una almohada sabe! ¡Qué sería de ella! Pensarlo sólo me espanta....</p> + +<p>—Llamará a una hermana de la caridad... no será la primera—refunfuñó +Miranda duramente.</p> + +<p>—¡Qué pena... pobre criatura!... Eso es más cruel aún que dejarla +morirse sola, como un perro.</p> + +<p>—Pues lo que es ella, maldito si se hubiera quedado por ti, ni por mí, +ni por el lucero del alba. Y nosotros, ¿qué obligación tenemos de +asistirla? No parece sino que....</p> + +<p>—¿No dices que eres amigo de Gonzalvo?—pronunció Lucía clavando los +ojos en su marido.</p> + +<p>—Amistad, así... de sociedad; ¿qué sabes tú de esas cosas? Amistad, +como hay muchas.</p> + +<p>—Pues entonces, ¿por qué vivimos juntos con los Gonzalvo? Yo no los +conocía; pero ahora le tomé cariño a ella, y eso de irme, dejándola tan +mala....</p> + +<p>—¡Por vida de!... ¿no tiene papá, tía, hermano? ¡que vengan con mil +diablos a cuidarla! A nosotros ¿qué nos va en eso? Si tienes vocación de +Hermana de la Caridad, dijéraslo y no te casaras, hija... tu obligación +es atender a tu marido y a tu casa, nada más....</p> + +<p>—En fin—dijo Lucía alzando el semblante donde las líneas redondeadas y +fugaces de la adolescencia comenzaban a trocarse en trazos más firmes—, +yo marcharé si tú me lo ordenas; pero convencida de que es una mala +acción abandonar así a una amiga, cuando se está muriendo.</p> + +<p>Salió del cuarto. En su mente germinaba un concepto singular de la +autoridad conyugal: parecíale que su marido tenía derecho perfecto, +incontestable, evidente, a vedarte todo género de goces y alegrías, pero +que en el sufrimiento era libre y que prohibirle el padecer, el velar y +el consagrarse a la enferma, era duro despotismo. De estas ideas +peregrinas tienen muchas los desdichados que llegan a refugiarse en el +dolor y a proclamarle lugar de asilo. Arreglose, sin embargo, la +cuestión mejor de lo que Lucía pensaba, porque aconteció que aquella +misma tarde tomó cartas en ella Perico, resolviéndola con su clásico +desenfado.</p> + +<p>—Adiós, chicos—dijo entrando en el cuarto de Miranda vestido de viaje, +con polainas de paño, un casquete de fieltro y terciada al hombro una +escopeta de caza de dos cañones.</p> + +<p>Y como Miranda lo contemplase con tamaña boca abierta.</p> + +<p>—Me he resuelto—explicó—. Vichy está demasiado tonto; y <i>Anatole</i> se +empeña....</p> + +<p>—¿Te vas a Auvernia?</p> + +<p>—Al castillo de Ceyssat, de Ceyssat.... Parece que hay liebres y corzos +a puñados, a puñados... y en el castillo se pasa bien; hay mucha gente; +diez y ocho huéspedes.</p> + +<p>Miranda reunió cuanta energía supo en voz y actitud y dijo al animoso +cazador:</p> + +<p>—Pero mira que Lucía y yo habíamos decidido emprender la vuelta para +España... dentro de dos o tres días, a lo sumo... y como Pilar está así, +delicada... tu presencia es necesaria aquí.</p> + +<p>—Anda a paseo ¡a paseo!—exclamó Perico, fiel a su sistema de franqueza +y desahogo—. ¿No te podrás aguardar una quincena por darme gusto? ¿Qué +vas hacer tú en España? Meterte en León, y vegetar, vegetar. Aquí estás +en la luna, en la luna de miel.... Nada, nada; os dejo a mi hermanita, +ya sé que estará bien cuidada, bien cuidada. Abur, que es la hora del +tren. Te traeré una cabeza de corzo para porta-bastón....</p> + +<p>—Pero, oye; mira que....</p> + +<p>Perico estaba ya en el portal. Miranda le llamó por la ventana; pero él +se volvió risueño, le dijo adiós con la mano y echó a correr hacia la +estación. Y he aquí cómo de dos egoísmos venció el más osado, ya que no +el más fuerte y grande.</p> + +<p>Dado estaba Miranda a todos diablos, cuando Duhamel vino a consolarle un +poco, asegurándole que la enferma experimentaba de algunos días acá unos +asomos de mejoría, y que debía aprovecharlos regresando a España, en +busca de clima benigno; añadiendo, en su chapurrado franco-portugués, +que puesto que él pensaba, como casi todos los médicos de consulta en +Vichy, salir pronto para París, podrían combinar el viaje juntos, y así +vería cómo probaba el movimiento del tren a la enferma, y resolver si +necesitaba descanso, o si resistiría volver a España de una vez. Pareció +acertadísimo a todos el consejo del médico, y Lucía escribió, bajo el +dictado de Pilar, una carta a Perico, encargándole estuviese de vuelta +dentro de quince días justos, término fijado por Duhamel para cerrar su +temporada de consulta en Vichy. El nuevo arreglo templó un tanto el +malhumor de Miranda, consoló a Lucía y regocijó a la enferma, que sobre +todas las cosas soñaba con la vuelta a Madrid.</p> + +<p>Era cierto: la misma constitución endeble de Pilar, ofreciendo menos +campo al mal, retrasaba la crisis funesta de su padecimiento; y así como +el huracán, que desgaja encinas, sólo encorva las cañas, la tisis +entraba con ímpetu menor en aquel cuerpo linfático, que lo hiciera en +uno sanguíneo y pujante. La oquedad de un pulmón estaba infestada de +tubérculos, y tenía ya esas brechas terribles que los facultativos +denominan cavernas; pero el otro resistía aún, si bien en esto de +pulmones acontece lo que con las manzanas: minutos bastan para perder a +la sana, si está al lado de una podrida. De todas suertes, el momentáneo +alivio de Pilar era tan patente, que le consentía dar todas las mañanas +algunos cientos de pasos por la calle, cogida del brazo de Lucía; y el +alimento no le repugnaba invenciblemente como antes.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2> + + +<p>A la verdad, infundía tristeza en aquellos días de fin de Octubre, el +aspecto de Vichy. No eran sino hojas caídas: el Parque, tan animado +siempre, se veía solitario; sólo algunos agüistas tardíos, enfermos de +veras, paseaban la acera de asfalto, henchida ayer del roce de ricos +trajes y del rumor de alegres conversaciones. Nadie se cuidaba ya de +recoger y barrer el amarillo tapiz del follaje, porque Vichy, tan +peripuesto y adornado en la estación de aguas, se torna desastrado y +desaliñado no bien le vuelven la espalda sus elegantes huéspedes de +estío. Toda la villa semejaba una inmensa mudanza: de los <i>chalets</i>, +desalquilados ya, desaparecían los adornos y balconadas, para evitar que +los pudriesen las lluvias; en las calles se amontonaban la cal, el +ladrillo para las obras de albañilería, que nadie osaba emprender en +verano por no ensuciar las pulcras avenidas. Las tiendas de objetos de +lujo iban cerrándose unas tras otras, y dueños y surtido tomaban el +rumbo de Niza, Cannes o cualquiera estación invernal semejante. Algunas +quedaban rezagadas todavía, y sus escaparates servían de entretenimiento +a Lucía y Pilar, cuando esta última salía a sus despaciosos paseos. +Entre ellas se señalaba un almacén de curiosidades, antigüedades y +objetos de arte, situado casi frente a la famosa Ninfa, y, por +consiguiente, a espaldas del Casino. Angosta en extremo la tienda, +apenas podía encerrar el maremágnum de objetos apiñados en ella, que se +desbordaban, hasta invadir la acera. Daba gusto revolver por aquellos +rincones escudriñar aquí y acullá, hacer a cada instante descubrimientos +nuevos y peregrinos. Los dueños del baratillo, ociosos casi todo el día, +se prestaban a ello de buen grado. Erase una pareja; él, bohemio del +Rastro, ojos soñolientos, raído levitín, corbata rota, semejante a una +curiosidad más, a algún mueble usado y desvencijado; ella, rubia, flaca, +ondulante, ágil como una zapaquilda de desván, al deslizarse entre los +objetos preciosos amontonados hasta el techo. Miraban Lucía y Pilar muy +entretenidas la heteróclita mescolanza. En el centro de la tienda se +pavoneaba un soberbio velador de porcelana de Sévres y bronce dorado. El +medallón principal ofrecía esmaltada, sobre un fondo de ese azul +especial de la <i>pasta tierna</i>, la cara ancha, bonachona y tristota de +Luis XVI; en torno, un círculo de medallones más chicos, presentaba las +gentiles cabezas de las damas de la corte del rey guillotinado; unas +empolvado el pelo, con grandes cestos de flores rematando el edificio +colosal del peinado, otras con negras capuchas de encaje anudadas bajo +la barbilla; todas impúdicamente descotadas, todas risueñas y +compuestas, con fresquísima tez y labios de carmín. Si Lucía y Pilar +estuviesen fuertes en Historia, ¡a cuánta meditación convidaba la vista +de tanto ebúrneo cuello, ornado de collares de diamantes o de estrechas +cintas de terciopelo, y probablemente segado más tarde por la cuchilla; +ni más ni menos, que el pescuezo del rey que presidía melancólicamente +aquella corte! La cerámica era el primor de la colección. Había cantidad +de muñequitos de Sajonia, de colores suaves, puros y delicados, como las +nubes que el alba pinta; rosados cupidillos, atravesando entre haces de +flores azul celeste; pastoras blancas como la leche y rubias como unas +candelas, apacentando corderillos atados con lazos carmesíes; zagales y +zagalas que amorosamente se requestaban entre sotillos verdegay, +sembrados de rosas; violinistas que empuñaban el arco remilgadamente, +adelantando la pierna derecha para danzar un paso de minueto; +ramilleteras que sonreían como papanatas, señalando hacia el canasto de +flores que llevaban en el brazo izquierdo. Próximos a estos caprichos +galantes y afeminados, los raros productos del arte asiático proyectaban +sus siluetas extrañas y deformes, semejantes a ídolos de un bárbaro +culto; por los panzudos tibores, cubiertos de una vegetación de hojas +amarillas y flores moradas o color de fuego, cruzaban bandadas de +pajarracos estrafalarios, o serpenteaban monstruosos reptiles; del fondo +obscuro de los vasos tabicados surgían escenas fantásticas, ríos verdes +corriendo sobre un lecho de ocre, kioscos de laca purpúrea con +campanillas de oro, mandarines de hopalanda recta y charra, bigotes +lacios y péndulos, ojos oblicuos y cabeza de calabacín. Las mayólicas y +los platos de Palissy parecían trozos de un bajo fondo submarino, +jirones de algún hondo arrecife, o del lecho viscoso de un río; allí +entre las algas y fucus resbalaba la anguila reluciente y glutinosa, se +abría la valva acanalada de la almeja, coleteaba el besugo plateado, +enderezaba su cono de ágata el caracol, levantaba la rana sus ojos +fríos, y corría de lado el tenazudo cangrejo, parecido a negro arañón. +Había una fuente en que Galatea se recostaba sobre las olas, y sus +corceles azules como el mar sacaban los pies palmeados, mientras algunos +tritones soplaban, hinchados los carrillos, en la retuerta bocina. Amén +de las porcelanas, había piezas de argentería antigua y pesada, de esas +que se legan de padres a hijos en los honrados hogares de provincia: +monumentales salvillas, anchas bandejas, soperones rematados en macizas +alcachofas; había cofres de madera embutidos de nácar y marfil, +arquillas de hierro labradas como una filigrana, tanques de loza con aro +de metal, de formas patriarcales, que recordaban los bebedores de +cerveza que inmortalizó el arte flamenco. Pilar se embobaba +especialmente con las copas de ágata que servían de joyeros, con las +alhajas de distintas épocas, entre las cuales había desde el amuleto de +la dama romana hasta el collar, de pedrería contrahecha y finos +esmaltes, de la época de María Antonieta; pero Lucía se enamoró sobre +todo de los objetos de iglesia, que despertaban el sentimiento +religioso, tan hecho para conmover su alma sincera y vehemente. Dos +Apóstoles, alzado el dedo al cielo en grave actitud se destacaban, +fileteados de latón los contornos, sobre dos cristales de colores, +arrancados sin duda de la ojiva de algún desmantelado monasterio. En un +tríptico de rancio y acaramelado marfil, aparecía Eva, magra y desnuda, +ofreciendo a Adán la manzana funesta, y la Virgen, en los misterios de +su Anunciación y Ascensión; todo trabajado incorrectamente, con ese +candor divino del primitivo arte hierático, de los siglos de fe. A +despecho de la rudeza del diseño, gustaba a Lucía la figura de la +Virgen, la modestia de sus ojos bajos, la mística idealidad de su +actitud. Si poseyese una cantidad crecida de dinero, a buen seguro que +la daría por un Cristo que andaba confundido entre otras curiosidades, +en el baratillo. Era de marfil también, y todo de una pieza, menos los +brazos; y clavado en rica cruz de concha, agonizaba con dolorosa verdad, +encogidos músculos y nervios en una contracción suprema. Tres clavos de +diamante trucidaban sus manos y pies. Lucía le rezaba todos los días un +padrenuestro, y aun solía besar sus rodillas, cuando no la miraba nadie.</p> + +<p>No le desagradaban los cuadros; tanto más, cuanto que los comprendía, a +diferencia de lo que pasaba con algunos objetos artísticos, que se le +antojaban asaz de feos y extravagantes. Claro está que aquel jaque +fiero, que espada en mano se arroja sobre su adversario, va a partirle +el corazón de una buena estocada. ¡Qué bien amanecía en aquel Daubigny! +¡Con qué naturalidad pastaban aquellos carneros de Jacque, tasados en +mil francos cada uno!—doce tenía el cuadro—. ¡Qué piececitos tan +blancos mojaba en el marmóreo tazón la sultana favorita, de Cala y Moya! +La cabeza de niña, estilo de Greuze, era una maravilla de gracia +inocente. Pues ¿y la riña en una posada flamenca? Era cosa de risa ver +cómo volaban los tiestos hechos añicos, y rodaban las cacerolas de +cobre, y los dos gañanes de Van Oustade, deformes y ridículos, repartían +mojicones, menudeaban puñadas y exageraban con lo grotesco de la actitud +su simiaca fealdad.</p> + +<p>Pero más aún que el bazar de objetos de arte donde tantas formas y +colores, estilos e ideales artísticos la marcaban al fin y al cabo, +gustaba Lucía de un puesto ambulante al aire libre, de los muchos que +había cerca del Casino, situados al borde de la acera. Representaban los +tales puestecillos la industria chica y modesta; aquí un viejo alemán +pregonaba vasos de cristal para beber las aguas, y con una rueda de +esmerilar, a vista del comprador, grababa en el cristal las iniciales de +su nombre; allá un suizo ofrecía juguetes, muñecos, cajitas y plegaderas +grabados en leño de haya por los pastores; acá se feriaban lentes; +acullá peines y objetos de escritorio. El predilecto de Lucía era el de +un vendedor de piadosas chucherías de Jerusalén y Tierra Santa. +Calvarios de nácar con ingenuos relieves, cabos de pluma de raíz de +olivo, rematados en figura de cruz, cabezas de la Virgen entalladas +sobre una concha, broches y dijes de esmaltes con arabescos, tazas de +negra piedra del Asfaltites, pastillas de olor; a esto se reducía la +caja portátil. Vendíalo todo un israelita no mal parecido, ojinegro y +cetrino mucho, con su fez árabe encarnado sucio, y sus pantalones +bombachos; dulce, insinuante, levantino en todo, chapurreador de muchas +lenguas y buen hablador de la castellana, que manejaba con soltura, +incurriendo sólo en algún arcaísmo de vez en cuando. Con éste, pues, se +desquitaba Lucía, informándose de la santa aldea de Belén, de la divina +mansión de Nazaret, del monte Olivete, de todos los lugares sacrosantos, +que apenas creía ella pudiesen estar en la tierra, sino en algún +misterioso y remoto paraíso. Entre el vendedor y Lucía se estableció así +una intimidad de diez minutos todas las tardes, al aire libre, y más +cuando él la hubo dicho que era cristiano, católico, catequizado e +instruido por los franciscanos de Belén. Compró Lucía de cuanto pudo +hallar en el puesto, hasta un rosario de esas cuentas verdosas y turbias +como un agua amarga, que no sin gran verdad analógica se llaman lágrimas +de Job.</p> + +<p>—¡No sé cómo te gusta ese rosario tan feo!—decía Pilar.</p> + +<p>—¡Mira!—exclamaba Lucía—. ¡Si parecen lágrimas de veras!</p> + +<p>Mas también la golondrina de Levante se voló, en busca de zonas más +templadas. Un día no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de +costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, había cargado +con el surtido y emprendido el camino Dios sabe dónde. Lucía le echó de +menos; pero el movimiento de retirada era general; no se veían sino +tiendas que se vaciaban y cerraban. Había en las aceras montones de +paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con +grandes rótulos que decían: «muy frágil.» Era la tristeza, el desorden, +el creciente vacío de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy +de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las +calles principales. Una mañana se encaprichó en ir a ver la pastillería, +y presenció el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra +quiso visitar las subterráneas galerías que encierran los inmensos +depósitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a +alimentar los baños del establecimiento termal. Bajaron estrecha +escalera, cuyos últimos peldaños se hundían ya en la obscuridad de las +galerías. La guardiana les precedía alumbrando con una lámpara de +minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un +pilluelo que allí se apareció caído de las nubes, encargose de la +última. Era la bóveda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza, +por no deshacerse la frente. Hacía brusco recodo el angosto pasadizo, y +se hallaron de pronto en otra galería, abierta como una boca, donde se +internaban los tubos, comidos de orín, gracias a la perenne humedad. +Sudaba el techo pálidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y +otro lado corría el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos +alcalinos, blancos y farináceos, como nieve recién llovida. A medida que +adelantaban por el largo canal subterráneo, calor sofocante anunciaba el +paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya +temperatura subía más aún en aquella prisión. De las paredes, leprosas, +herpéticas, cubiertas de roña caliza, colgaban monstruosas fungosidades, +criptógamas preñadas de veneno, cuya blancura ponzoñosa se destacaba +sobre el muro, como una pupila pálida y siniestra en un rostro +amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telarañas se tendían, +semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento, +dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas oían los +expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las +bestias. A veces se abría un respiradero, y al través de la reja de +hierro filtrábase la luz del día, lívida y cadavérica, amarilleando la +rojiza de las lámparas. Los tubos, intestinos de aquel húmedo vientre, +daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a +sierpes enormes, como se erguían a la bóveda, remedando los negros +tentáculos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los +expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza más despejada; era una +especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las +anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua soñolienta, sombría y +honda. El pilluelo acercó curioso su lámpara. La guardiana le asió del +brazo.</p> + +<p>—Eh, amiguito, cuidado con caerse ahí. No sería fácil ir a buscarte a +cien metros de profundidad que tiene ese agujero.</p> + +<p>Lucía, fascinada, se aproximó a la boca. Los gases mefíticos exhalados +del pozo hacían temblar la llama turbia de las lámparas. Allí no hacía +calor, sino frío; un frío espeso, sin aire respirable. Entráronse +resueltamente por otra galería, y abierta una puerta de hierro, se +asustaron todos, menos la guardiana, viendo en torno suyo vasta +extensión de agua, una especie de lago subterráneo. Ellos estaban sobre +angosta tabla echada a manera de puente a lo ancho del depósito. +Aquellas aguas, tendidas en su tumba de piedra, tenían quietud y +limpidez lúgubre. La luz de una de las lámparas, dejada exprofeso en la +otra orilla por la guardiana para que se viese el grandor del depósito, +oscilaba en prolongados rieles sobre la triste transparencia del lago, y +remedaba, allá a lo lejos, la tea de un sicario en alguna prisión +veneciana. Tal era de fantástico aquel lago, que reflejaba un cielo de +granito, que la imaginación se fingía cadáveres flotando en él. +Experimentaban Lucía y Pilar vago temor, y sobre todo, cosa pueril, o +mejor dicho, eminentemente femenina, les horrorizaba la idea de que en +las estrecheces y revueltas de los pasadizos pudiesen encontrar ratas. +Sabían que los depósitos comunicaban con las alcantarillas, y ya dos o +tres veces palidecieron creyendo ver cruzar una sombra negra, que no era +sino la temblona silueta de alguna planta parásita, dibujada en el muro +por las luces. De improviso, ambas exhalaron un grito; no cabía duda; +sonaba el chillido agrio y agudo de la rata. Lucía, sobre todo, se quedó +un punto con los ojos dilatados, inmóvil; allí no era posible correr y +huir. Pero el pilluelo y la guardiana soltaron la risa; conocían bien +aquel silbido, que no era sino el de las botellas de agua mineral que al +otro lado de la pared estaban corchando. Con todo, las mujeres +respiraron al salir del sombrío dédalo y ver de nuevo la claridad diurna +y sentir el aire fresco que congelaba en su frente las gotas de sudor.</p> + +<p>Sólo a un punto iba Lucía sola: a la iglesia de San Luis. Al pronto, el +edificio agradó muy poco a la leonesa, habituada a la majestad de su +soberbia basílica. San Luis es mezquina rapsodia ojival, ideada por un +arquitecto moderno; por dentro la afea estar pintada de charros +colorines; en suma, parece una actriz mundana disfrazada de santa. Pero +Lucía halló en el templo una Virgen de Lourdes, que la cautivó +sobremanera. Campeaba en una gruta de floridos rosales y crisantemos, y +sobre su cabeza decía un rótulo: «Soy la inmaculada Concepción.» Poco +sabía Lucía de las apariciones de Bernardita la pastora, ni de los +prodigios de la sacra montaña; pero con todo eso la imagen la atraía +dulcemente con no sé qué voces misteriosas, que vagaban entre el grato +aroma de los tiestos de flores y el titilar de los altos y blancos +cirios. La imagen, risueña, sonrosada, candorosa, con ropas flotantes y +manto azul, llegaba más al alma de Lucía que las rígidas efigies de la +catedral de León, cubiertas de rozagante atavío. Yendo una tarde camino +de la iglesia, vio pasar un entierro y lo siguió. Era de una doncella, +hija de María. Rompía la marcha el bedel, oficialmente grave, vestido de +negro, al cuello una cadena de plata; seguían cuatro niñas, con trajes +blancos, tiritando de frío, morados los pómulos, pero muy huecas del +importante papel de llevar las cintas. Luego los curas, graves y +compuestos en su ademán, alzando de tiempo en tiempo sus voces anchas, +que se dilataban en la clara atmósfera. Dentro del carro empenachado de +blanco y negro, la caja, cubierta de níveo paño, que constelaban flores +de azahar, rosas blancas, piñas de lila a granel, oscilantes a cada +vaivén de la carroza. Las hijas de María, compañeras de la difunta, iban +casi risueñas, remangando sus faldellines de muselina, por no ensuciarlo +en el piso lodoso. El comisario civil, de uniforme, encabezaba el duelo; +detrás se extendía una reata de mujeres enlutadas, rodeando a la +familia, que mostraba el semblante encendido y abotargados los ojos de +llorar. Doblaba tristemente la campana de la iglesia, cuando bajaron la +caja y la colocaron sobre el catafalco. Lucía penetró en la nave y se +arrodilló piadosamente entre los que lloraban a una muerta para ella +desconocida. Oyó con delectación melancólica las preces mortuorias, los +rezos entonados en plena y pastosa voz por los sacerdotes. Tenían para +ella aquellas incógnitas frases latinas un sentido claro: no entendía +las palabras; pero harto se le alcanzaba que eran lamentos, amenazas, +quejas, y a trechos suspiros de amor muy tiernos y encendidos. Y +entonces, como en el parque, volvía a su mente la idea secreta, el deseo +de la muerte, y pensaba entre sí que era más dichosa la difunta, +acostada en su ataúd cubierto de flores, tranquila, sin ver ni oír las +miserias de este pícaro mundo—que rueda, y rueda, y con tanto rodar no +trae nunca un día bueno ni una hora de dicha—que ella viva, obligada a +sentir, pensar y obrar.</p> + +<p>—Sí, pero ¿y el alma?—preguntábase Lucía a sí misma.</p> + +<p>¡Por tan extraño modo, repetía una pobre chica ignorante el filosófico +monólogo del soñador dinamarqués!</p> + +<p>—Oh, ¡y qué bueno debe de ser estar muerta!—calculaba Lucía—. Don +Ignacio tenía razón en decir que... que no hay felicidad, vamos. ¡Si uno +supiese lo que le aguarda en el otro mundo! ¡Dónde andará ahora el alma +de ese cuerpo que está ahí! ¡Y de qué servirá morirse, si al fin no deja +uno de existir y de acordarse de todo cuanto le pasa!</p> + +<p>Ello es, que estas locas imaginaciones, ayudadas de los desvelos de +enfermera, y acaso de alguna otra causa, marchitaban la tez de Lucía y +alteraban su antes regocijado y apacible genio. Miranda, que privado de +toda sociedad ya frecuentaba la de su mujer, notó el sello de melancolía +impreso en sus facciones, y renacieron en él pensamientos nunca del todo +extintos desde el malhadado percance del ferrocarril, jamás había de +arrancársele por completo aquella espina, que dolorosamente le punzaba +en lo más sensible del amor propio, el cual era a su vez lo más vivo de +sus afectos. A tener Miranda alma mejor templada, ganaría con el amor el +corazón abierto y generoso de la niña leonesa; pero no parece sino que +le inspiraba el diablo para hacer todo lo más inoportuno. Dio en hablar +ásperamente a Lucía y en mostrarle cierto desdén, como si reconociese su +condición inferior. Recordole con embozadas alusiones su esfera social. +Espió sus menores actos, le echó en cara el tiempo invertido en cuidar a +la hermana de Perico, y, en suma, adoptó el sistema de contrariedad y +violencia, de seguros resultados con las mujeres fáciles y depravadas, a +quienes subyuga y enamora. A Lucía la puso a dos dedos de la +desesperación.</p> + +<p>Pocos días antes del fijado para la vuelta de Perico, recibió Pilar una +carta suya, que entregó a Lucía, a fin de que se la leyese. Anunciaba su +llegada próxima, refiriendo a la vez algunos pormenores de su elegante +vida en el castillo de Ceyssat, y entre varias noticias daba la de la +muerte de la madre de Ignacio Artegui, que <i>Anatole</i> le había contado, +creyendo que le interesaría por tratarse de un compatriota. Añadía que +su hijo la había llevado a enterrar a Bretaña, al mismo castillote de +Hotidan, en que, trascurriera su niñez. Miranda estaba delante cuando se +leyó, este párrafo, y hubo de notar la ojeada rápida que se cruzó entre +Pilar y Lucía, y la palidez repentina de su mujer. Salió Lucía aquella +tarde, y se fue a San Luis, donde pasaría como media hora. Volvió al +<i>chalet</i>, y entró en su dormitorio, donde tenía recado de escribir; +escribió una carta, y guardándosela en el pecho bajó las escaleras a +brincos, y tomó a buen paso hacia la calle principal. Anochecía; +encendíanse los primeros faroles, y se esparcían por el arroyo los +pilluelos, niños de coro de la civilización, voceando los periódicos +recién llegados de Paris. Lucía fue derecha al rojo reverbero del +estanco, y acercándose a la caja de madera que hacía de buzón, echó en +ella la epístola. Al punto mismo, sintió, como una tenaza que le oprimía +el brazo y se volvió. Miranda estaba allí.</p> + +<p>—¿Qué es esto?—murmuró él con voz sorda—. Sola... aquí.... ¿qué +haces?</p> + +<p>—Nada...—pronunció ella balbuciente.</p> + +<p>—¿Nada? ¿pues no acabas de echar una carta en el buzón?</p> + +<p>—Sí, una carta—contestó ella.</p> + +<p>—¿Por qué mentías?—exclamó el marido con iracundo acento, temblándole +la barba y los celosos labios.</p> + +<p>—No sé lo que dije cuando me lastimaste en el brazo—replicó Lucía +recobrando su entereza—; lo cierto es que eché una carta ahora mismo.</p> + +<p>—¿Y por qué no me la diste a mí? ¿Por qué te vienes tú... sola?</p> + +<p>—Quise echarla yo misma.</p> + +<p>Alguna gente que pasaba volvía la cabeza, para oír el diálogo en +irritada voz y extranjero idioma.</p> + +<p>—Estamos dando espectáculo—dijo Miranda—. Vente.</p> + +<p>Internáronse por callejuelas excusadas, y guardaron silencio elocuente +por espacio de algunos minutos.</p> + +<p>—¿Para quién era esa carta?—interrogó al cabo el marido en voz breve.</p> + +<p>—Para Don Ignacio Artegui—contestó Lucía en tono reposado y firme.</p> + +<p>—¡Ya lo sabía yo!—dijo entre dientes y mascando una imprecación +Miranda.</p> + +<p>—Su madre se ha muerto.... Bien lo has oído hoy.</p> + +<p>—Es altamente indecoroso, altamente ridículo—pronunció Miranda, cuya +voz crepitaba como los sarmientos al arder—, que una señora escriba +así, sin más ni más, a un hombre....</p> + +<p>—Al señor de Artegui le debo obligaciones y favores—dijo Lucía—que me +obligaban a interesarme en sus penas.</p> + +<p>—Esas obligaciones, caso de haberlas, me toca reconocerlas a mí. Yo le +hubiese escrito....</p> + +<p>—Tu carta—objetó con sencillez Lucía—no le hubiera servido de +consuelo, la mía sí; y como no era cuestión de hacer cumplidos, sino +de....</p> + +<p>—¡Cállate—gritó Miranda desatentado—; cállate y no digas +necedades!—prosiguió con esa grosería conyugal de que no se eximen ni +los hombres de buen tono—. Antes de casarte, debieras haber aprendido a +conducirte en el mundo, para no ponerme en evidencia y no hacer +ridiculeces de mal género; pero no sé de qué me quejo; no debí esperar +otra cosa, al casarme con la hija de un tendero de aceite y vinagre.</p> + +<p>Miranda caminaba a paso desaforado, arrastrando mejor que conduciendo +del brazo a su mujer; y casi estaban ya a la puerta del <i>chalet</i>. A la +afrentosa invectiva, Lucía, descolorida y echando fuego por los ojos, se +soltó violentamente, y quedó parada en mitad del camino.</p> + +<p>—Mi padre—exclamó en voz alta, y con más de doscientos sollozos +atravesados en la laringe—es honrado, y me enseñó a que también lo +fuese.</p> + +<p>—Pues no se conoce—repuso Miranda con risa irónica y amarga—. Por las +trazas te enseñó a falsificar la honradez como él habrá falsificado +comestibles.</p> + +<p>A este postrer metrallazo, Lucía dio a correr, cruzó la verja, subió la +escalera no menos de prisa que la había bajado, y se encerró en su +cuarto, soltando la rienda al dolor. De lo que pensó en aquella larga +noche, que pasó tendida en un sofá, dará idea la siguiente carta, no +destinada seguramente por su autora a la publicidad, ni menos al aplauso +de las generaciones venideras:</p> + +<p>«Querido Padre Urtazu: Las rabietillas que usted me anunció van +empezando a venir, y más pronto y más a montones de lo que yo creía. Lo +peor del caso es que, ahora que lo reflexiono bien, me parece que alguna +culpa tengo. No se ría usted de mí, por Dios, porque yo me estoy +sorbiendo las lágrimas al mojar la pluma, y hasta ese borrón, que usted +dispensará, es porque se me cayó una sobre el papel. Voy a contárselo a +usted todo, como si estuviera en esa a sus pies en el confesonario. Se +ha muerto la madre del Sr. de Artegui. Ya sabe usted por mis cartas +anteriores que esto es una desgracia terrible, porque tal vez traiga +consigo otras... ni imaginarlas quiero, padre. En fin, yo pensé que el +Sr. de Artegui estaría muy triste, muy triste, y que acaso nadie se +acordase de decirle cosas cariñosas, y, sobre todo, de hablarle de Dios +nuestro Señor, en quien él no puede menos de creer, ¿verdad, padre? pero +de quien se olvidará quizás en estos momentos tan crueles.... Llevada de +estas consideraciones le escribí una carta, consolándole allá a mi +modo.... ¡si viera usted! me parece que se me ocurrieron cosas muy +buenas y eficaces... le hablé de que Dios nos manda las penas para +convertirnos a él; de que son visitas que nos hace; en resumen, todo lo +que usted me ha enseñado... además le decía que bien podía creer que no +era el único en sentir a aquella pobre señora, aquella santa; que yo la +lloraba con él, aunque sabía que estaba gozando ahora de la gloria... y +que la envidiaba.... ¡ay, eso si que es verdad, Padre! ¡quién como ella! +morirse, ir al cielo.... ¡Cuándo lograré yo tal ventura!</p> + +<p>Pues volviendo a mi relato, fui a echar la carta al correo, y Miranda me +siguió y me cogió del brazo y me llenó de denuestos, injuriándome mucho, +y lo que sentí más, insultando a mi padre. ¡Pobre padre de mi alma! ¡qué +culpa tiene él de lo que haga yo! Que no sepa nada, Padre Urtazu, por +amor de Dios. Yo me indigné de tal modo, que contesté con altivez, y me +encerré en mi cuarto. Estoy como aquel a quien se le ha caído una casa +encima.</p> + +<p>Mi salud se resiente de todas estas cosas: dígale usted al Sr. Vélez de +Rada que cuando me vea, ya no le voy a gustar... ahora mismo se me va la +cabeza, y noto unos desvanecimientos muy fuertes. Adiós, Padre; +aconséjeme usted, porque no sé lo que me pasa. A veces pienso que obré +mal, y otras me creo libre de toda culpa. ¿Es pecado la misericordia? +Cuando miro dentro de mí, misericordia y nada más encuentro.</p> + +<p>Perdone la letra, que me tiembla mucho el pulso. Conteste pronto por +caridad, que nos vamos luego y antes quisiera tener carta de usted. Besa +su mano su hija respetuosa en Jesucristo.—LUCÍA GONZÁLEZ.»</p> + +<p>Para los que, conociendo el estilo verbal del Padre Urtazu, sientan +deseos de enterarse del epistolar que usaba tan claro varón, será cosa +de gusto la esquela que a continuación se inserta:</p> + +<p>«Lucigüela de mis pecados: ay, hija, ¡y qué bien pintamos las cosas para +dejar a nuestra personita en el lugar más lucido! Misericordia, ¿eh? ¡yo +te daré la misericordia! Has hecho mal, remal, en escribir esa cartita a +hurtadillas de tu cónyuge, y no me sorprende que él se haya puesto hecho +un dragón. Debiste pedirle permiso; y si te lo negaba ¡paciencia! ¿No te +he dicho, mujer, que para ser buena casada, y hacer el viaje en paz, +metieses en las maletas un par de arrobas de paciencia? Se nos olvidó, y +mire las resultas.... Anda, desgraciada, cómprate ahí la paciencia y +usala a pasto, que te irá bien. Tu marido no debió insultar al bonazo de +tu padre (aunque algo se lo merece, yo me sé por qué); pero repara que +estaba airado, y cuando uno se enfada... yo que tengo el genio vivo, me +considero. Lo dicho: paciencia, y más paciencia; y nada de esquelitas de +tapadijo. ¿Quién la mete a ella a predicadora? Y no afligirse: Dios +aprieta, pero no va a ahogar, que no es ningún verdugo; y puede que +cuando menos pienses, te mande consuelos, así, de regalo, y no por tus +méritos. Y adiós, que va a salir el correo, y además tengo los pulmones +de una rana en el porta-objetos del microscopio, y voy a ver qué casta +de respiración gastan las señoras ranas. Acuérdate de rezar un poquito, +¿eh? y bajaremos los humos. La bendición de Dios y de San Ignacio sean +contigo, chiquilla.—ALONSO URTAZU, S. J.»</p> + +<p>Cuando llegó esta amonestación, ya Lucía había hecho por instinto lo que +el Padre Urtazu le aconsejaba. Humilde y mansa como una cordera, sus +miradas pedían a cada paso perdón. Miranda apartaba de ella los ojos, +tratándola con desdén glacial. Lucía, exhausta con tantos esfuerzos, y +con el esmero incesante a Pilar consagrado, mudaba las rosas de las +mejillas en azucenas, y adelgazaba notablemente, a pesar de comer con +buen apetito. Una mañana, Duhamel la llamó aparte, y la dijo en su +chapurrado característico:</p> + +<p>—Cuidarse, <i>menina.... Conservar-se. Vae cair doente</i>... menos +vigilias, menos fatigas, un <i>somno</i> regularizado.... Esta asistencia +<i>altera-lhe a sande</i>.</p> + +<p>—¿Cree usted que se me pegará el mal de Pilar?—preguntó Lucía con tan +sereno acento, que Duhamel se la quedó mirando.</p> + +<p>—No, no es eso.... El médico bajó la voz más aun, engolfándose con ella +en larga y misteriosa plática.</p> + +<p>Aquella noche contestó Lucía al Padre Urtazu en estos términos:</p> + +<p>«Padre querido: ¡bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don +de profecía, según acertó al pronosticarme consuelo. Estoy loca de +alegría, y no sé lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta, +según dice el señor Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en +esto. Lo que yo tomé por enfermedades, eran las molestias del estado... +Sí; ahora lo comprendo muy bien; ¡pero qué tonta soy! ¿Cómo no lo conocí +antes? Parece que una cosa tan grande, debía adivinarla sin que nadie me +lo advirtiese. ¡Un hijo! ¡Pero qué gusto, Padre Urtazu! Desde mañana +empezaré con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jesús, sin +paños en qué envolverse.... Estoy poniendo tonterías, y lloriqueo, pero +no como el otro día... hoy es de placer.</p> + +<p>Mañana o pasado emprenderemos el viaje; Miranda y yo vamos unos días a +París antes de volver a León (rabiando estoy por verme ahí y contarle a +padre la noticia: no se lo diga usted, que quiero sorprenderle yo), y la +pobre Pilar y su hermano, a España, si es que se lo consiente el mal, y +no tiene que pararse en algún pueblo del camino, y morirse allí quizá. +Porque a mí no me engaña su mejoría; está señalada por la muerte. Lo que +siento es tener que dejarla acaso quince o veinte días antes de.... En +fin, estoy tan alegre, que no quisiera pensar en eso. Aplique usted una +misa por mi intención.»</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2> + + +<p>No fue posible a los Gonzalvo proseguir a España, porque ya hacia la +mitad de la ruta se sintió Pilar presa de tales congojas y sudores, con +tales desvanecimientos, arcadas y soponcios, que allí creyeron todos +llegado el punto de su muerte; y aún tomaron por feliz suceso el que +pudiesen llegar a París, siguiendo el consejo del doctor Duhamel, que +les dejó entrever la esperanza de que acaso algunos días de descanso +repusiesen las fuerzas de la enferma, consintiéndole emprender la vuelta +a su patria. Avinagró el gesto Miranda, que ya se creía libre de la +moribunda, a quien si no cuidaba, le enfadaba ver cuidar; ensanchósele +el corazón a Lucía, mal hallada con la idea de abandonar a su amiga en +la antesala, como quien dice, del sepulcro; y Perico se dispuso a +conocer París, seguro como estaba de que no faltarían a su hermana +cuidados. Por lo que toca a Pilar misma, poseída del extraño optimismo +característico de su padecimiento, mostró gran regocijo por visitar la +metrópoli del lujo y elegancia, pensando en hacer allí sus comprillas de +invierno, por no ser menos que las currutacas Amézagas.</p> + +<p>Llegaron a la gran capital de la república francesa en una mañana +nebulosa y turbia, y los asaltaron en la estación innumerables +comisionados de las fondas, señalando cada cual al respectivo ómnibus, y +pugnando por llevarse consigo a la gente. Encarose uno de estos tales +con Miranda y mostrando el rostro atezado, que cruzaba un mediano +chirlo, dijo en buen castellano:</p> + +<p>—Fonda de la Alavesa, señores.... Se habla español... criados españoles +también... se da cocido... calle de Saint Honoré, el sitio más +céntrico....</p> + +<p>—Convendrá ir allí...—dijo Duhamel tocando a Miranda en el brazo—. En +esa casa <i>espanhoa</i> atenderán más a <i>la doente</i>....</p> + +<p>—Vamos, pues—contestó Miranda resignadamente, entregando el talón de +su equipaje al comisionado—. Escucha—prosiguió dirigiéndose a +Perico—, tú y yo nos iremos con el equipaje en el ómnibus de la casa; +pero a Lucía y Pilar las vamos a despachar ya en uno de esos simones.... +Tienen mejor movimiento.</p> + +<p>Trasportaron a Pilar casi en brazos, del departamento a la berlina, y el +cochero azotó al destartalado jamelgo. El comisionado se instaló en el +pescante, no sin muchos encargos y explicaciones hechos antes al +postillón del ómnibus. Cuando después de rodar por anchas y magníficas +calles se detuvo el simón frente a la fonda de la Alavesa, saltó Lucía +al suelo ligera como una perdiz, diciendo al comisionado:</p> + +<p>—Suplico a usted que me ayude a bajar a esta señorita, que viene +enferma....</p> + +<p>Pero fijándose de pronto en la cara de aquel hombre, exclamó dando una +gran voz:</p> + +<p>—¡Sardiola!</p> + +<p>—¡Señorita!—contestó el vasco con no menor alegría, cordialidad y +sorpresa—. ¡Yo que no la había conocido a usted! ¡necio de mí! Ya se +ve, son tantos los viajeros que uno lleva y trae y espera y despide en +esa bendita estación.... ¡Jesús!</p> + +<p>Y después de considerar a Lucía algunos instantes más, añadió:</p> + +<p>—No, ello es que también se ha desfigurado usted mucho.... Si no parece +usted la misma que cuando la acompañaba el señorito Ignacio....</p> + +<p>A este nombre, que ninguna voz humana había hecho resonar en sus oídos +por tanto tiempo, Lucía se encendió y se puso como una guinda; y bajando +los ojos, murmuró:</p> + +<p>—Subamos a nuestras habitaciones.... Pilar, vente. Echame así, un brazo +al cuello... otro a Sardiola... apóyate sin miedo, anda.... ¿Quieres que +te llevemos a la silla de la reina?</p> + +<p>Y el vasco y la valerosa amiga cruzaron las manos y alzaron blandamente +en el improvisado trono a la enferma, que se dejó ir como un cuerpo +inerte, recostando la cabeza en el cuello de Lucía y humedeciéndoselo +con el viscoso sudor de la calentura. Subieron así las escaleras hasta +el entresuelo, donde introdujo Sardiola a ambas mujeres en una ancha y +desahogada habitación en que no faltaba su marmórea chimenea, sus +monumentales camas colgadas, su alfombra de moqueta algo desflorada y +raída a trechos, sus lavabos y sus perchas clásicas. Caía la pieza a un +jardinete, en cuyo centro ligero kiosco de madera y cristales servía de +sala de baño. Depositaron a Pilar en una butaca y Sardiola se quedó en +pie esperando órdenes. Su mirada, negra y reluciente como la de un +cachorro de Terranova, se clavaba en Lucía con sumisión y afecto +verdaderamente caninos. Ella, por su parte, se mordía los labios para +retener las preguntas que impacientes asomaban a ellos. Sardiola +adivinó, con su instinto fiel de animal doméstico, y prevínole el deseo.</p> + +<p>—Cuando las señoritas necesiten algo...—dijo tímidamente, como el que +no se atreve a hacer un favor—, llámenme siempre—, siempre.... Si +estoy en la estación, llamen por Juanilla... es la camarera de este +tramo, una muchacha lista como una pimienta.... Pero siempre que yo +pueda servir de algo... vamos, que me alegraría mucho; basta haber visto +a la señorita con el señorito Ignacio....</p> + +<p>Y como Lucía callase, interrogando sólo con el mudo y ardiente lenguaje +de los ojos, prosiguió el vasco.</p> + +<p>—Porque.... ¿no sabe la señorita? ¡Pues si fue el señorito Ignacio +quien me colocó aquí! Como la Alavesa se trajo a Juanilla, que es prima +hermana mía... y a mí me daba, vamos, tanta tristeza de ver corretear +las columnas <i>guiris</i> por aquellos picachos adonde solo subíamos, con la +ayuda de Dios, los mozos del país y las fieras de los montes... y en +fin, que me moría de pena en aquella estación... le escribí una carta al +señorito... aún vivía su madre, ¡en gloria la tenga Dios! y me recomendó +a la Alavesa... y aquí me tiene usted, tan campante....</p> + +<p>Las pupilas de Lucía preguntaban más apremiantes cada vez. Sardiola +siguió:</p> + +<p>—Pues, lo que más gusto me daba, era vivir tan cerca del señorito....</p> + +<p>—¿Tan cerca?—preguntáronle, sin voz, los ojos brillantes.</p> + +<p>—Tan cerca—contestó él complaciente—, tan cerquita, que, ¡si es un +regalo! que atravesando ese jardín, se entra en su casa....</p> + +<p>Lucía corrió al balcón, y pálida esta vez como la cera, se quedó allí +mirando con ojos extraviados el edificio que enfrente de sí tenía. +Sardiola la siguió, y hasta la enferma volvió la cabeza con curiosidad.</p> + +<p>—¿Ve usted?—explicaba Sardiola—. ¿Ve usted este lado del edificio y +el otro que hace esquina con él? Pues es la fonda. ¿Pero ve usted ese +otro que forma el tercer lado del cuadro? es la casa de Don Ignacio; cae +a la calle de Rívoli.... ¿Ve usted esas escaleritas que desembocan en el +jardín? por ahí se sube al comedor... lo tienen en la planta baja: ¡un +comedor muy hermoso! Toda la casa es muy buena; el padre de Don Ignacio +ganó muchísimo.... ¿Ve usted ese arbolito que hay ahí, al lado de la +escalera? ¿ese platanillo desmedrado? ahí sacaba el señorito a su mamá, +que parece que se murió de una cosa que no sé cómo le dicen, pero vamos, +que es hincharse mucho el corazón... y como le daban unos ahogos tan +fuertes a veces, y se quedaba sin aliento, lo mismo que un pez fuera del +agua, había que traerla al jardín... toda la anchura le era poca, y +solía estarse ahí una hora resollando.... ¡Si viera usted al señorito! +aquello se llama cuidar a una persona... le sostenía la cabeza, le +calentaba los pies con sus manos, le daba cuatro mil besos por hora, le +hacía aire con un abanico.... ¡vamos, era cosa de ver! Alma más buena, +no la echó Dios al mundo, ni volverá a echarla en todo el siglo que +corre.... El día que se murió, la santa bendita, quedó tan risueña... y +tan natural, y tan guapa, con su pelo rubio... Él si que parecía el +muerto; si lo ponen en la caja, cualquiera lo entierra.</p> + +<p>—Calla—ordenaron de pronto los ojos elocuentes.</p> + +<p>Y Sardiola obedeció. Era que entraban Duhamel, Miranda y Perico. Duhamel +examinó con minuciosidad aquella pieza, y declarola, en su jerga +luso-franca, abrigada, cómoda, baja asaz y ventilada mucho, y en todo +conveniente para la enferma. Miranda y Perico se retiraron a la del +lado, a asearse, y tácitamente, sin discusión alguna, se resolvió que +enferma y enfermera se quedasen juntas, y los dos hombres ocupasen, +juntos también, la cámara próxima. Miranda no puso reparo a este +sacrificio de Lucía, porque Duhamel, llamándole aparte, le notició que +la cosa se iba por la posta, y que apenas creía que la enferma durase un +mes: en vista de lo cual propuso él en su corazón de tomar el portante +dentro de ocho o diez días, llevándose a su mujer con cualquier +pretexto. Pero el hado, que de muy distinta manera tenía resuelto atar +los cabos de estos sucesos, dispuso, sirviéndole de instrumento Perico, +que Miranda comenzase presto a hallarse satisfecho, entretenido y +regocijado en aquella babilonia y golfo parisiense, por cuyos arrecifes +y bajíos le piloteó el pollo Gonzalvo con más acierto y destreza que +buena intención.</p> + +<p>—¿Qué demonio, qué demonio vas a hacer ahora metiéndote en +León?—exclamaba Perico—. Tiempo tendrás de sobra, de sobra, para +aburrirte... mira, aprovéchate ahora.... ¡Si estás muy bueno! Diez años, +diez años te quitaron de encima las tales aguas.</p> + +<p>Ya sabía el pícaro lo que se hacía. Ni padre, ni tía se mostraban muy +dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de +tener que quedarse de enfermero.... Su mente, fecunda en tretas, le +sugirió mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad mágica que ya de +suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendió el esposo de Lucía los +refinamientos de la cocina francesa en los mejores <i>restauradores</i> +(ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura, +llegó a tomarse gran interés en que la salsa holandesa fuese mejor aquí +que dos puertas más abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no +a la época más propia para ser saboreadas. Amén de estos goces +culinarios, aficionose a los teatrillos del género chocarrero que tanto +abundan en París: divirtiéronle las canciones picarescas, las muecas del +payaso, la música retozona y los trajes ligeros y casi paradisíacos de +aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de +violines o de muñecos. Hasta se susurra—pero sin que existan datos para +establecerlo como rigurosa verdad histórica—que el insigne ex buen mozo +quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua +sobre sus secos y mustios lauros, y eligió para cómplice a cierta rata +de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien está +averiguado que en regiones menos olímpicas pudo llamarse Antonia, +Dionisia o cosa así. Tenía ésta tal el salero del mundo para cantar el +estribillo (<i>refrain</i>) de ciertas tonadas (<i>chansonnettes</i>); y era para +descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la +pierna derecha en el aire, guiñados los ojos y entreabierta la boca, +despedía una exclamación canallesca, un grito venido en derechura de las +pescaderías y mercados a posarse en sus labios de púrpura, para deleite +y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las únicas gracias y +donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la +quintaesencia de sus monerías, guardábala para la dulce intimidad de los +felices mortales que a aquella Dánae de bambalinas lograban aproximarse, +bien provistos de polvos de oro. ¡Con qué felina zalamería menudeaba los +golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos, +perritos suyos, gatitos, <i>bibis</i>, y otros apelativos cariñosos y +regalados, que a arrope y miel sabían! Pues ¿qué diré del chiste y garbo +incomparable con que oprimía entre sus dientes de perlas, un pitillo +ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracción de +sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los +arrebolados carrillos? ¿Qué de aquella su maestría en ocupar dos sillas +a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y +puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los +tacones? ¿Qué de la agilidad y destreza con que se sorbía diez docenas +de ostras verdes en diez minutos, y bebíase dos o tres botellas de Rhin, +que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que +fuese escurridizo y suave? ¿Qué de la risueña facundia con que probaba a +sus amigos que tal anillo de piedras les venía estrecho al dedo, +mientras a ella le caía como un guante? En suma, si la aventura que se +murmuró por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa +redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en +la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la heroína +era la más divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas +mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de París.</p> + +<p>Mientras de tal suerte espantaban Perico y Miranda el mal humor, a Pilar +se le deshacía el pulmón que le restaba, paulatinamente, como se deshace +una tabla roída por la carcoma. No empeoraba, porque ya no podía estar +peor, y su vivir, más que vida, era agonía lenta, no muy penosa, +amargándola solamente unas crisis de tos que traían a la garganta las +flemas del pulmón deshecho, amenazando ahogar a la enferma. Estaba allí +la vida como el resto de llama en el pábilo consumido casi: el menor +movimiento, un poco de aire, bastan para extinguirlo del todo. Se había +determinado la afonía parcial y apenas lograba hablar, y sólo en voz muy +queda y sorda, como la que pudiese emitir un tambor rehenchido de +algodón en rama. Apoderábanse de ella somnolencias tenaces, largas; +modorras profundas, en que todo su organismo, sumido en atonía vaga, +remedaba y presentía el descanso final de la tumba. Cerrados los ojos, +inmóvil el cuerpo, juntos los pies ya como en el ataúd, quedábase horas +y horas sobre la cama, sin dar otra señal de vida que la leve y +sibilante respiración. Eran las horas meridianas aquellas en que +preferentemente la atacaba el sueño comático, y la enfermera, que nada +podía hacer sino dejarla reposar, y a quien abrumaba la espesa atmósfera +del cuarto, impregnada de emanaciones de medicinas y de vahos de sudor, +átomos de aquel ser humano que se deshacía, salía al balconcillo, bajaba +las escaleras que conducían al jardín, y aprovechando la sombra del +desmedrado plátano, se pasaba allí las horas muertas cosiendo o haciendo +<i>crochet</i>. Su labor y dechado consistía en camisitas microscópicas, +baberos no mayores, pañales festoneados pulcramente. En faena tan +secreta y dulce íbanse sin sentir las tardes; y alguna que otra vez la +aguja se escapaba de los ágiles dedos, y el silencio, el retiro, la +serenidad del cielo, el murmurio blando de los magros arbolillos, +inducían a la laboriosa costurera a algún contemplativo arrobo. El sol +lanzaba al través del follaje dardos de oro sobre la arena de las +calles; el frío era seco y benigno a aquellas horas; las tres paredes +del hotel y de la casa de Artegui formaban una como natural estufa, +recogiendo todo el calor solar y arrojándolo sobre el jardín. La verja, +que cerraba el cuadrilátero, caía a la calle de Rívoli, y al través de +sus hierros se veían pasar, envueltas en las azules neblinas de la +tarde, estrechas berlinas, ligeras victorias, landós que corrían al +brioso trote de sus preciados troncos, jinetes que de lejos semejaban +marionetas y peones que parecían chinescas sombras. En lontananza +brillaba a veces el acero de un estribo, el color de un traje o de una +librea, el rápido girar de los barnizados rayos de una rueda. Lucía +observaba las diferencias de los caballos. Habíalos normandos, poderosos +de anca, fuertes de cuello, lucios de piel, pausados en el manoteo, que +arrastraban a un tiempo pujante y suavemente las anchas carretelas; +habíalos ingleses, cuellilargos, desgarbados y elegantísimos, que +trotaban con la precisión de maravillosos autómatas; árabes, de ojos que +echaban fuego, fosas nasales impacientes y dilatadas, cascos bruñidos, +seca piel y enjutos riñones; españoles, aunque pocos, de opulenta crin, +soberbios pechos, lomos anchos y manos corveteadoras y levantiscas. Al +ir cayendo el sol se distinguían los coches a lo lejos por la móvil +centella de sus faroles; pero confundidos ya colores y formas, +cansábanse los ojos de Lucía en seguirlos, y con renovada melancolía se +posaban en el mezquino y ético jardín. A veces turbaba su soledad en él, +no viajero ni viajera alguna, que los que vienen a París no suelen +pasarse la tarde haciendo labor bajo un plátano, sino el mismísimo +Sardiola en persona, que so pretexto de acudir con una regadera de agua +a las plantas, de arrancar alguna mala hierba, o de igualar un poco la +arena con el rodezno, echaba párrafos largos con su meditabunda +compatriota. Ello es que nunca les faltó conversación. Los ojos de Lucía +no eran menos incansables en preguntar que solícita en responder la +lengua de Sardiola. Jamás se describieron con tal lujo de pormenores +cosas en rigor muy insignificantes. Lucía estaba ya al corriente de las +rarezas, gustos e ideas especiales de Artegui, conociendo su carácter y +los hechos de su vida, que nada ofrecían de particular. Acaso +maravillará al lector, que tan enterado anduviese Sardiola de lo +concerniente a aquel a quien sólo trató breve tiempo; pero es de +advertir que el vasco era de un lugar bien próximo al solar de los +Arteguis, y familiar amigo de la vieja ama de leche, única que ahora +cuidaba de la casa solitaria. En su endiablado dialecto platicaban largo +y tendido los dos, y la pobre mujer no sabía sino contar gracias de su +criatura, que oía Sardiola tan embelesado como si él también hubiese +ejercido el oficio nada varonil de Engracia. Por tal conducto vino Lucía +a saber al dedillo los ápices más menudos del genio y condición de +Ignacio; su infancia melancólica y callada siempre, su misántropa +juventud, y otras muchas cosas relativas a sus padres, familia y +hacienda. ¿Será cierto que a veces se complace el Destino en que por +extraña manera, por sendas torturosas, se encuentren dos existencias, y +se tropiecen a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni +razón para ello? ¿Será verdad que así como hay hilos de simpatía que los +enlazan, hay otro hilo oculto en los hechos, que al fin las aproxima en +la esfera material y tangible?</p> + +<p>—Don Ignacio—decía el bueno de Sardiola fue siempre así. Mire usted, +del cuerpo dicen que nunca padeció nada.... ¡ni un dolor de muelas! pero +asegura el ama Engracia que ya desde la cuna tuvo una a modo de +enfermedad... allá del alma o del entendimiento, o ¡qué me sé yo! Cuando +chiquillo ¡le entraban unos miedos al anochecer y de noche, sin saberse +de qué! se le agrandaban los ojos, así, así... (Sardiola trazaba en el +espacio con sus dedos pulgar e índice una O cada vez mayor), y se metía +en un rincón del aposento, sin llorar, hecho una pelota, y pasábase así +quietecito, hasta que amanecía Dios.... No quería decir sus visiones; +pero un día le confesó a su madre que veía cosas terribles, a todos los +de su casa con caras de muertos, bañándose y chapuzándose bonitamente en +un charco de sangre.... En fin, mil disparates. Lo raro del asunto es +que a la luz del sol el señorito fue siempre un león, como todos +sabemos... lo que es en la guerra daba gozo verle.... ¡bendito Dios! lo +mismo se metía entre las balas que si fuesen confites.... Nunca usó +armas, sino una cartera colgada donde había yo no sé cuántas cosas: +bisturíes, lancetas, pinzas, vendas, tafetán.... Además tenía los +bolsillos atestados de hilas y trapos y algodón en rama.... Dígole a +usted, señorita, que si se ganasen los grados por no tener asco a los +pepinillos liberales, nadie los ganaría mejor que Don Ignacio.... Una +vez cayó una bomba, así, a dos pasos de él... se la quedó mirando, +esperando sin duda a que reventase, y si no lo coge de un brazo el +sargento Urrea, que estaba allí cerquita.... Ni en las cargas a la +bayoneta se retiraba. En una de éstas un soldado <i>guiri</i>, ¡maldita sea +su casta!, se fue a él derecho con el pincho en ristre.... ¿Qué dirá +usted que hizo mi Don Ignacio? no se le ocurre ni al demonio.... Lo +apartó con la mano como si apartase un mosquito, y el muy bárbaro abatió +la bayoneta y se dejó apartar. Tenía el señorito entonces una cara.... +Válgame Dios y qué cara. Entre seria y afable, que el alma de cántaro +aquel debió de quedarse cortado.</p> + +<p>Después eran pormenores sobre los cuidados del hijo a la madre en su +última enfermedad.</p> + +<p>—Parece que los estoy viendo.... Ahí, ahí, donde usted está, la señora +Doña Armanda; y él, aquí, así, lo mismito que yo, dicho sea con el +respeto que.... Pues se bajaba, y le alzaba los pies y se los apoyaba en +un taburete... así, así, y le ponía detrás de la cabeza hasta una docena +de almohadas, almohadones y almohadillas, de distintos tamaños y +hechuras, todo para acomodarlas a la respiración de la pobre señora.... +Y los jaropes, y los potingues... digital por aquí, atropina por allá... +¡quiá! ni por esas... se murió al fin la infeliz.... ¿Creerá usted que +no hizo Don Ignacio ningún extremo? es un pozo; todo se lo guarda, y así +le ahoga eso que va encerrando, encerrando.... A mí no me la pegó con su +serenidad... porque cuando me dijo: «Sardiola, me acompañarás esta noche +a velarla», me acordé, ¡mire usted, señorita, qué tontería! pues me +acordé de un corneta de nuestras filas, que tocaba unas dianas famosas +con su instrumento, que era tan claro y tan lleno y tan hermoso... y un +día tocó mal, y como nos burlásemos de él, cogió la corneta, y sopló y +nos dijo: «Chicos, ha tenido una pena y se ha reventado la pobrecilla +mía...» Pues mire usted, la misma diferencia de son que noté en la +corneta de aquel majadero de Triguillos, noté en la voz del señorito... +usted ya sabe que la tiene muy sonora, que daría gozo oírle mandar la +maniobra... y aquel día... estaba reventada la voz, vamos. En fin, que +él amortajó a Doña Armanda, y entre él y yo la velamos, y al amanecer... +¡zas! tren especial y a Bretaña con el cuerpo en un ataúd de palo santo +fileteado de plata: al castillote de qué sé yo qué, a enterrar con sus +padres, abuelos y tatarabuelos a la pobre señora.</p> + +<p>Lucía, que caída la labor en el regazo escuchaba con vida y alma, púsola +toda en sus ojos para preguntar, mudamente, algo a Sardiola. El +inteligente vasco respondió al punto:</p> + +<p>—No ha vuelto desde entonces, y se ignora qué piensa hacer.... Engracia +no sabe de la misa a la media.... Bien que él nunca dice nada a persona +de este mundo de lo que proyecta, ni.... Ahí se está Engracia sola, +porque a los demás criados los despidió muy bien galardonados, al +partir.... Ella arregla lo poco... lo nada que hay que arreglar ahí... +Abrir alguna vez las ventanas, para que la humedad no se divierta con +los muebles... pasar un plumero....</p> + +<p>Volvió Lucía la cabeza, y fijose en las ventanas, cerradas a la sazón, +al través de los cuales se veía a intervalos cruzar una figura de mujer +provecta, la cabeza adornada con la tradicional coba guipuzcoana, sujeta +con dos agujones dorados.</p> + +<p>—Merece cuidarse la casa—prosiguió Sardiola—, porque la tenía como +una taza de plata aquella bendita Doña Armanda... muy bien alhajada, y +muy capaz.... Y ahora que se me ocurre—exclamó dándose fiera palmada en +la frente—. Señorita.... ¿por qué no va usted a verla? Yo se lo diré a +Engracia... nos la enseñará toda... ea, decídase usted.</p> + +<p>—No—contestó débilmente Lucia—para qué....</p> + +<p>—¡Para verla! pues claro está.... Verá usted el cuarto del señorito +Ignacio, con sus libros y sus juguetes de chiquillo, que todo lo +conserva el ama Engracia....</p> + +<p>—Bien, Sardiola—respondió Lucía como pidiendo tregua—. Un día que me +coja de humor.... Hoy no estoy para ello. Ya te avisaré.</p> + +<p>Andaba Lucía, en efecto, harto cavilosa, por una circunstancia que a +nadie importaba sino a ella. Duhamel le había notificado que el fin de +Pilar era inminente, y Pilar, no sospechándolo en lo más mínimo, no daba +indicios de querer disponer su alma para el terrible paso. Hablábanle de +Dios, y contestaba, en voz apenas perceptible, modas o viajes; queríanle +recordar cosas tristes, y la desventurada, sin soplo vital casi, decía +alguna festiva ocurrencia, que tomaba color de cementerio al pasar por +sus lívidos labios.</p> + +<p>Toda la retórica piadosa de Lucía se estrellaba ante la invencible y +benéfica ilusión de la hora postrera. Acudió a Miranda y Perico +demandando ayuda, y ambos se encogieron de hombros, declarándose de todo +punto inexpertos y poco a propósito para asuntos tales. Justamente el +día en que se le puso en la cabeza hablarles del asunto, tenían ellos +concertada una cena con Zulma y compañeras no mártires en el más +calentito y retirado gabinete de <i>Brébant</i>. ¡Brava sazón de pensar en +semejantes cosas! No obstante, alguien hubo que sacó a Lucía del +atolladero; y fue ni más ni menos que Sardiola, que conocía a un jesuita +paisano suyo, el Padre Arrigoitia, y lo trajo en un santiamén. Era el +Padre Arrigoitia alto como una caña, encorvado por la cintura, dulce +como el jarabe y tan pegadizo e insinuante como brusco y desamorado su +conterráneo el Padre Urtazu. Entró pretextando una visita de la tía de +Pilar, volvió manifestando mucho interés por la salud corporal de la +enferma, trajo tierra de la santa gruta de Manresa y pastillas +pectorales de Belmet, todo junto y envuelto en muchos papelitos, y en +suma, se dio tal maña y arte, que a la semana de conocerle y tratarle, +Pilar espontáneamente pidió lo que tanto deseaban darle el jesuita y la +enfermera. Al salir el Padre Arrigoitia del cuarto de la que bien +podemos llamar moribunda, después de haber pronunciado las palabras de +la absolución, sintió detrás de la puerta el ulular de un congojado +pecho, y oyó una voz que decía:</p> + +<p>—Gracias... muchas gracias....</p> + +<p>Lucía estaba allí y lloraba a mares,</p> + +<p>—A Dios sean dadas...—contestó el jesuita afablemente—. Vamos, no +afligirse, mi señora Doña Lucía... al contrario. Estamos de enhorabuena.</p> + +<p>—No... no, si es de gozo—contestó la enfermera.</p> + +<p>Y como la sotana negra y el alto talle fajado se alejasen, hizo +suavemente: ce, ce. El jesuita se volvió.</p> + +<p>—Yo también, Padre Arrigoitia, me quiero confesar, pronto, pronto.</p> + +<p>—¡Ah! bien, bien... pero usted no está en peligro de muerte, gracias al +Señor... en San Sulpicio, confesonario de la derecha, entrando... a sus +órdenes siempre, señora mía. Volveré, volveré a ver a nuestra +enfermita... no hay que llorar.... ¡Parece usted una Magdalena!</p> + +<p>Aquella tarde Lucía bajó como de costumbre al jardín. Pero era tal el +cansancio que sentían sus miembros y su espíritu, que recostando en el +tronco del plátano la cabeza, quedose dormida. Empezó presto a soñar: y +es lo raro del caso que no soñaba hallarse en lugar alguno nuevo ni +desconocido, sino en el mismo sitio, en el jardinete; únicamente las +caprichosas representaciones del sueño se lo convirtieron de chico y +estrecho en enorme. Era el propio jardín, pero visto al través de una +colosal lente de aumento. No se distinguía la verja sino a distancia +fabulosa, como una hilera de puntos brillantes, allá en el horizonte; y +tal aumento de proporciones acrecentaba la tristeza del mezquino jardín, +haciéndolo parecer más bien seco y agostado erial. Recorriéndolo, fijaba +Lucía la vista en la fachada correspondiente a la casa de Artegui, de +una de cuyas ventanas salía una mano pálida que le hacía señas. ¿Era +mano de hombre o de mujer? ¿era de vivo, o de cadáver? Lucía lo +ignoraba; pero los misteriosos llamamientos de aquella diestra +desconocida la atraían cada vez más, y corriendo, corriendo, trataba de +acercarse a la casa; pero el erial se prolongaba, detrás de unas calles +de arena venían otras, y después de andar horas y horas aún veía delante +de sí larguísima hilera de plátanos entecos, cuyo fin no se divisaba, y +la casa de Artegui más lejana que nunca. Y la mano hacía señas +impacientes y furiosas, semejante a diestra de epiléptico que se agita +en el aire: sus cinco dedos eran aspas incesantes en girar, y Lucía, +desalentada, jadeante, iba a escape, y a cada plátano sucedía otro, y la +casa lejos... lejos... «¡Necia de mi!» exclamaba al fin; «ya que +corriendo no llego nunca... volaré.» Dicho y hecho: como se vuela tan +aína en sueños, Lucía se empinaba y.... ¡pim! al aire de un brinco. ¡Oh +placer! ¡oh gloria! el erial quedaba debajo; surcaba la región ambiente, +pura, serena, azul, y ya la casa no estaba lejos, y ya se acababan los +eternos plátanos, y ya distinguía el cuerpo dueño de la mano... era un +cuerpo esbelto sin delgadez, dignamente rematado por una cabeza varonil +y melancólica... pero que entonces se sonreía cariñosamente, con +expansión infinita.... ¡Cómo volaba Lucía! ¡cómo respiraba a placer en +la atmósfera serena! ánimo, poco falta.... Lucía escuchaba el batir de +sus propias alas, porque tenía alas; y el regalado frescor de las plumas +le refrigeraba el corazón.... Ya estaba cerca de la ventana....</p> + +<p>Sintió de pronto dos dolores agudos, como una herida gemela hecha con +dos armas a un tiempo: distinguió una tijera enorme que sobre ella se +cernía; vio caer al suelo dos alas de paloma blancas y ensangrentadas; y +sin ser poderosa a más, cayó ella también, pero de prodigiosa altura; no +al suelo del jardín, sino a un precipicio, una sima muy honda, muy +honda.... Allá en el fondo ardían dos lucecicas, y la miraban unos ojos +compasivos de mujer vestida de blanco.... Ni más ni menos que caía en la +gruta de Lourdes... no podía ser otra; estaba tal como la había visto en +la iglesia de San Luis en Vichy; hasta la Virgen tenía los mismos +rosales, los mismos crisantemos.... ¡ay, qué fresca y hermosa era la +gruta, con su manantialillo murmurador! Lucía ansiaba llegar... pero la +angustia de la caída la despertó, como sucede siempre en las pesadillas.</p> + + + +<hr style="width: 100%;" /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2> + + +<p>A pocos días de haberse confesado Pilar, expiró. Fue su muerte casi +dulce y del todo imprevista, en cuanto careció de agonía. Una flema +mayor que las demás cortó su respiración algunos segundos, y apagose la +débil luz de la vida en la exhausta lámpara. Lucía estaba sola con ella, +y sosteníale la cabeza para toser, a tiempo que, doblando de pronto el +cuello, la tísica entregó el alma. Tiene este horrible mal de la tisis +tan diversas fases y aspectos, que hay enfermo que al morir cuenta los +instantes que le restan de existencia, y haylo que cae sorprendido en la +eternidad, como la fiera en el lazo. Lucía, que nunca había visto +muertos, no pudo imaginar que fuese sino un síncope profundo; creía ella +que el espíritu no abandonaba sin lucha y ansías mayores su vestidura +mortal. Salió gritando y pidiendo auxilio; acudió primero Sardiola a sus +voces, y meneando la cabeza, dijo: «Se acabó.» Miranda y Perico llegaron +en breve; justamente estaban en casa por ser las once, hora de cambiar +el lecho por el almuerzo. Miranda alzó las cejas, frunciolas después, y +dijo poniendo la voz en el registro grave:</p> + +<p>—Era de temer, de temer.... Sí, estaba muy mal.... Pero tan de pronto, +señor... si es que parece imposible....</p> + +<p>En cuanto a Perico, escondió la cabeza entre las manos, y murmuró más de +tres docenas de «Jesús, Jesús.... Válgame Dios, válgame Dios.... Qué +desgracia, qué desgracia...» y aún debo añadir, en honra de la +sensibilidad del insigne pollo, que se demudó bastante su rostro, y +pugnaron por asomar a sus lagrimales, y asomaron al fin, unas cuantas +gotas de eso que los poetas llaman rocío del alma. No quise omitir estos +pormenores, a fin de que no se crea que Perico era malo, siendo así, que +de investigaciones y curiosos datos estadísticos resulta que aún valía +más que las dos terceras partes de la prole de Adán. Triste y mustio de +veras, se dejó conducir por Miranda a su cuarto, y es cosa averiguada +también, que en todo el curso de aquel día no entraron en su cuerpo más +alimentos que dos tazas de té y un huevo pasado por agua, que la extrema +debilidad le obligó a sorber, entrada ya la noche.</p> + +<p>El Padre Arrigoitia y el médico Duhamel, de acuerdo con Miranda, y +facultados telegráficamente por la desconsolada familia Gonzalvo, +proporcionaron a la muerta cuanto necesitaba ya: mortaja y ataúd. Pilar, +vestida de hábito del Carmen, fue extendida en la caja sobre su mismo +lecho; encendieron luces, y dejáronla, a la española, en la cámara +mortuoria, no acatando la costumbre francesa de convertir en capilla +ardiente el portal, exponiendo allí el cadáver para que todo el que pase +lo rocíe con una rama de boj que flota en una caldereta de agua bendita. +Depósito, exequias y entierro, debían verificarse el día siguiente.</p> + +<p>Hízose todo con tal celeridad y tino, que serían las tres de la tarde no +más cuando en la estancia, ordenada ya, y junto al balcón abierto, leía +el Padre Arrigoitia en su Breviario las oraciones por los difuntos, y +Lucía le contestaba entre sollozos «Amén». La llama de los cirios, +devorada por la claridad gloriosa del sol, no era más que un punto +rojizo, en cuyo centro se distinguía la negra raya del pábilo. A lo +lejos se escuchaba el sordo rodar de los coches, anunciado antes por el +retemblido de los vidrios; y dominando los rumores de la calle, la voz +del jesuita que decía:</p> + +<p>—<i>Qui quasi putredo consumendus sum, et quasi Vestimentum quod +comeditur a tinea</i>....</p> + +<p>Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de invierno +enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y +encendía con tonos calientes la nuca de Lucía, inclinada también.</p> + +<p>Y continuaba el rezo:</p> + +<p>—<i>Heu mihi, Domine, quia pecavi nimis in vita mea</i>....</p> + +<p>Un rayo de luz más vivo y directo se coló en la cámara, y fue a posarse +en la difunta. Estaba Pilar consumida y hecha un mirlo de flaca; ni +majestad ni hermosura añadía la muerte a aquel residuo de organismo +devorado por la extenuación y la fiebre. La toca blanca hacía resaltar +la verdosa palidez de su rostro chupado. Parecía haber encogido y +menguado en estatura. Su expresión era vaga, entre sonrisa y mueca. +Veíansele los dientes de marfil. Sobre su pecho destelló, al reflejo +solar, el latón de un crucifijo que el Padre Arrigoitia le había puesto +entre las manos.</p> + +<p>Bien rezarían el jesuita y la amiga cosa de una hora; pero al cabo de +ese tiempo se levantó el Padre, manifestando que para volver a velarla, +necesitaba ir a su casa y despachar algunos urgentes asuntos que le +reclamaban. Miró a Lucía, y viéndola descolorida y los ojos hinchados, +le dijo bondadosamente:</p> + +<p>—Retírese un poco, hija, a descansar... está usted del color de la +muerta. No ordena Dios tratarse así.</p> + +<p>—Lo que haré, Padre—respondió Lucía—, será bajar un rato al jardín a +tomar el fresco.... Juanilla se quedará aquí.... Me arde la cabeza, +necesito aire.</p> + +<p>De nuevo fijó en ella su mirada el jesuita, y prontamente, acercándose a +su oído y silabeando como en el confesonario, murmuró:</p> + +<p>—Ahora que esa pobrecita se ha muerto... ya sabe usted mi consejo, +¿verdad? ¡Tierra en medio, hija! Esta vecindad... estos aires no le +convienen. A León.... Si me envían allá... la he de felicitar.</p> + +<p>Y como Lucía lo mirase elocuentisimamente, añadió:</p> + +<p>—Sí, sí... tierra en medio. ¡Cuántas almitas enfermas he curado yo con +eso solo! Vaya, hasta luego... hasta cuanto antes. Si, hijita querida, +sí; esas cosas las apunta todas Dios en el cielo....</p> + +<p>—Padre... quisiera ser aquella...—murmuró Lucía señalando a la muerta.</p> + +<p>—¡Virgen mía! no, hija... vivir para servir a Dios... cumpliendo su +voluntad.... Hasta luego, ¿eh?</p> + +<p>Cuando Lucía bajó al jardín, pareció éste a sus ojos fatigados de +llorar, menos enteco y árido que de costumbre. Las yucas alzaban su +cabeza majestuosa, perpetuamente coronada; las hiedras exhalaban leve +aroma campesino, siempre más grato que el tufo de la cera. El sol iba ya +retirándose, pero aún doraba las moharras de las lanzas, en la verja. +Sentose Lucía por costumbre bajo el plátano, que, pelado por el +invierno, ya se había quedado sin una mala hoja con que dar sombra. El +reposo de aquel rinconcillo solitario trajo de nuevo los pensamientos +familiares.. No, Lucía no podía llorar más, sus ojos secos no contenían +lágrima alguna; lo que deseaba era descanso, descanso.... Habíanle +prohibido Dios y la naturaleza pensar en la muerte; así es que empleando +ingenioso subterfugio, pensaba en un sueño muy largo, que no tuviese +fin.... Absorta, vio venir a Sardiola corriendo.</p> + +<p>—Señorita... señorita....</p> + +<p>El bueno del vasco se asfixiaba.</p> + +<p>—¿Qué hay?—dijo ella, y levantó lánguidamente la cabeza.</p> + +<p>—Está ahí—dijo Sardiola atragantándose.</p> + +<p>—Está... ahí....</p> + +<p>Lucía se irguió recta como una estatua y puso ambas manos sobre el +pecho.</p> + +<p>—El señorito... señorito Ignacio.... Llegó esta mañana... marcha esta +noche... adónde no se sabe... no quiso recibirme.... Engracia dice que +está más demudado que cuando salió para Bretaña....</p> + +<p>—Sardiola...—pronunció difícilmente Lucía, sintiendo el corazón no +mayor que una nuez—. Sardiola....</p> + +<p>—Tengo que subir, me están necesitando a cada paso... con la desgracia +de hoy, hay mil recados...¿Quiere usted algo, señorita?</p> + +<p>Nada....</p> + +<p>Y la voz sorda de Lucía expiró en su garganta. Zumbábanle los oídos y +giraban en torno suyo verja, paredes, plátano y yucas. Hay así en la +vida momentos supremos en que el sentimiento, oculto largas horas, se +levanta rugiente, y avasallador, y se proclama dueño de un alma. Éralo +ya; pero el alma lo ignoraba por ventura o barruntábalo solamente; hasta +que repentina marca de hierro enrojecido viene a revelarle su +esclavitud. Aunque el símil pueda parecer profano, diré que acontece con +esto algo de lo que con las conversiones: flota indeciso el ánimo algún +tiempo, sin saber qué rumbo toma, ni qué causa su desasosiego, hasta que +una voz de lo alto, una luz deslumbradora, de improviso, disipan toda +duda. Pronto es el asalto, nula la resistencia, segura la victoria.</p> + +<p>Descendía rápidamente el sol a su ocaso, caía sobre el jardín la sombra; +Sardiola, el lebrel fidelísimo que había dado el ladrido de alarma, no +estaba ya allí. Lucía miró en torno suyo con ojos vagos, y llevose las +manos a la garganta oprimida. Después convirtió la vista a la fachada, +cual si sus macizos muros pudiesen por mágico arte volverse cristal y +trasparentar lo que en su interior guardaban. Quedose fascinada, +sofocando un grito antes que naciera. La puerta del comedor estaba +entornada. Cosa era esta que sucedía muchas tardes, siempre que al ama +Engracia se le ocurría tomar el fresco un rato en el umbral charlando +con Sardiola; pero en tal instante Lucía sintió que la puerta +entreabierta la penetraba de terror glacial y de ardiente júbilo a un +tiempo. Su cerebro, vacío de ideas, sólo encerraba un sonsonete monótono +y cadencioso, repitiendo como la péndola de un horario: «Vino esta +mañana, se va esta noche...» Y al fin la repetición la irritaba de tal +manera, que sólo oía la palabra «noche, noche, noche», palabra que +parecía vibrar, como esos puntos luminosos que se ven en las tinieblas, +durante el insomnio, y que se acercan y se alejan, sin movimiento de +traslación, por el mero sacudimiento de sus moléculas. Apretose las +sienes como para detener la tenaz péndola, y lentamente, paso a paso, se +encaminó al vestíbulo de casa de Artegui. Al poner el pie en el primer +peldaño de la escalera, la música zumbadora de la sangre le cantaba en +los oídos, como un coro de cien moscardones. Parece que le decía:</p> + +<p>—No vayas, no vayas.</p> + +<p>Y otra voz silbada y misteriosa, la voz del viento en las ramas secas +del plátano, le murmuraba con prolongado susurro:</p> + +<p>—Sube, sube, sube.</p> + +<p>Subió. Al llegar al segundo peldaño tropezó pisándose el traje por +delante, y sólo entonces echó de ver que su bata de merino negro, +manchada por la asistencia, arrugada por las vigilias, era muy fea y de +corte asaz descuidado. Vio, además, que tenía los puños de la chambra +hechos un trapo, remojados de lágrimas, y la falda sembrada de hilitos +de hacer labor. Se recorrió maquinalmente con ambas manos, sacudiendo +los cabos de hilo, y estirose algo los puños, mientras llegaba a la +puerta. En ésta vaciló aún; pero la media obscuridad que ya reinaba le +dio ánimos. Empujó las hojas y hallose en una gran pieza lóbrega a la +sazón, que no era sino el comedor, y por tener cubiertos los muros de +una imitación del antiguo cuero cordobés, parecía harto más sombría, +ayudando a ello los altos aparadores de roble esculpido, y sitiales de +lo mismo.</p> + +<p>—Éste es el comedor—dijo en voz alta Lucía.</p> + +<p>Y miró hacia todas partes buscando la puerta. La cual estaba en el +fondo, frontera a la que al jardín salía, y Lucía alzó el tupido +cortinón y puso la trémula mano en el pestillo, saliendo a un corredor +casi del todo tenebroso. Quedose sin respirar, y lo que es peor, sin +saber adónde se encaminase, y entonces maldijo mil veces de su terquedad +en no haber querido visitar antes la casa. De pronto oyó un ruido, unos +tropezones sonoros, un choque de vajilla y loza.... El ama Engracia +fregoteaba sin duda los platos en la cocina. ¿Cómo lo adivinó tan presto +Lucía? El entendimiento se aguza en las horas críticas y +extraordinarias. Guiada negativamente por el ruido, Lucía siguió andando +en dirección opuesta, hacia el extremo del pasillo, en que reinaba el +silencio. El piso alfombrado apagaba su andar, y con ambas manos +extendidas palpaba las dos murallas buscando una puerta. Al fin, sintió +ceder el muro, y, siempre con las manos delante, penetró en una estancia +que le pareció chica, y donde al pasar tropezó en varios objetos, entre +ellos unas barras de metal que se le figuraron de una cama. De allí pasó +a otra habitación mucho mayor, todavía iluminada por un leve resto de +luz diurna, que entraba por alta vidriera. Lucía no dudó ni un instante +de su acierto: aquella cámara debía de ser la de Artegui. Había +estanterías cargadas de volúmenes, preciosas pieles de animales +arrojadas al desdén por la alfombra, un diván, una panoplia de ricas +armas, algunas figuras anatómicas, enorme mesa escritorio con papeles en +desorden, estatuas de tierra cocida y de bronce, y sobre el diván un +retrato de mujer, cuyas facciones no se distinguían. Medio desmayada se +dejó caer Lucía en el diván, cruzando ambas manos sobre el seno +izquierdo, que levantaban los desordenados latidos del corazón, y +diciendo en voz alta también:</p> + +<p>—Aquí.</p> + +<p>Estúvose así un rato, sin pensar, sin desear, entregada sólo al placer +de hallarse allí, en donde moraba Artegui. La obscuridad crecía, y al +fin viniera a ser completa si el resplandor de un reverbero fronterizo +no se quebrase en los cristales de la ventana. La vista de la luz hizo +saltar en el diván a Lucía.</p> + +<p>—Es de noche—exclamó siempre en alto.</p> + +<p>Atropelláronse en su mente mil pensamientos. De seguro que ya habrían +preguntado en la fonda por ella. Puede que estuviese de vuelta el Padre +Arrigoitia; y se volverían locos buscándola en el jardín, en su cuarto, +en todas partes. No sabía ella misma por qué se acordaba antes del Padre +Arrigoitia que de Miranda; pero es lo cierto que su temor principal era +darse de manos a boca con el afable jesuita, que le diría sonriendo: +«¿De dónde bueno, hija?» Hostigada por tales imaginaciones, se levantó +tambaleándose, y diciendo entre dientes:</p> + +<p>—No es justo que la muerta esté sola....</p> + +<p>Y buscó la salida: pero de pronto se detuvo paralizada, como autómata a +quien se acaba la cuerda.... Oyó pasos en el corredor, pasos que se +acercaban, pasos fuertes y resueltos: no eran, no, los del ama Engracia. +La puerta de la cámara grande se abrió, y entró una persona. Lucía se +hallaba ya en la cámara chica, y se quedó detrás de la cortina. No +estaba ésta corrida del todo. Por el resquicio vio que el recién llegado +encendía un fósforo y después la bujía de un candelero; mas la luz +sobraba, y ya, sin ella, había conocido a Artegui.</p> + +<p>Ahora lo distinguía perfectamente; era él, pero aun más abatido y +desmejorado que cuando por última vez lo vio; velaban su rostro tintas +cárdenas, y la negra barba lo sumía en un cerco de sombra; sus ojos +brillaban cual si tuviese calentura. Sentase al escritorio y escribió +dos o tres cartas. Estaba frente por frente a Lucía y ella le devoraba +con los ojos. A cada carta que cerraba Artegui, decíase:</p> + +<p>—Ya le he visto; vámonos.</p> + +<p>Y se quedaba. Por fin Artegui se levantó, e hizo una cosa rara; llegose +al retrato colgado sobre el diván, y lo besó. Miró Lucía afanosamente a +aquel lugar, y viendo un rostro de dama, pero parecido al de Artegui, +murmuró:</p> + +<p>—Su madre.</p> + +<p>Tras de lo cual, el pesimista abrió un cajón de su mesa-escritorio, y +sacó un objeto reluciente y prolongado, que reconoció con el mayor +esmero.... Estaba absorto en su ocupación, cuando sintió que le asían +del brazo con fuerza convulsiva, y vio ante sí a una mujer pálida, más +pálida que él, ardientes y fijos los ojos como dos carbones encendidos, +abierta la boca para hablar... pero muda, muda. Soltó la pistola, que +cayó en la alfombra con ruido mate, y estrechó a la mujer.... Cedió el +talle de ésta como una flor tronchada, y hallose con Lucía exánime en +los brazos.</p> + +<p>La colocó atónito en el diván, y trayendo de su cuarto de tocador un +frasco de lavanda, se lo vertió entero por sienes y pulsos, rompiéndole +al mismo tiempo los ojales de la bata, en la prisa con que quería +aflojarle el corsé. Ni un momento le ocurrió llamar al ama Engracia; al +contrario, murmuraba muy bajito:</p> + +<p>—¿Lucía..., me oye usted? ¡Lucía.... Lucía..., soy yo, yo no más..., +Lucía!</p> + +<p>Ella abrió los ojos aun turbios y vagos, y contestó, muy quedo también, +pero claro:</p> + +<p>—Aquí estoy, Don Ignacio. ¿Dónde está usted?</p> + +<p>—Aquí..., aquí mismo..., ¿no me ve usted?, aquí, a su lado....</p> + +<p>—Sí, sí, ya veo.... ¿Es usted?</p> + +<p>—Explíqueme usted este... este milagro, Lucía, por lo que más quiera. +¿Cómo vino usted aquí?</p> + +<p>—Explicar..., explicar, no puedo, Don Ignacio..., tengo así, la +cabeza.... Como estaba usted aquí... quise verle... y yo decía: Pues he +de verle.... No, yo no, lo decían cien mil pajaritos dentro de mí... +Ellos lo dijeron. Y vine. No sé más.</p> + +<p>—Descanse usted—dijo con dulcísima voz Artegui, hablando blandamente, +como se habla a los niños—. Apoye usted la cabeza en el almohadón... +¿Quiere usted té..., alguna cosa? ¿Se siente usted mejor?</p> + +<p>—No, descansar, descansar. Así... así...—Lucía cerró los ojos, y +recostándose en el diván, calló. Artegui la miraba ansioso, dilatadas +las pupilas, y estremecido aún de sorpresa y de asombro. Arreglole el +descompuesto traje, y le puso a los pies un taburete, estirándole la +bata de manera que se los tapase. Lucía seguía inmóvil, murmurando +palabras en voz baja, divagando un poco aún, pero ya con más ilación, y +discurso más claro.</p> + +<p>—Ni sé cómo llegué al cuarto... tenía miedo, mucho miedo de encontrar +con alguien... con el ama Engracia... pero yo decía: adelante: Sardiola +asegura que se marcha hoy... y si se marcha... tú también te irás a +León... y ya, en toda la vida, y en la eternidad, Lucía, como no le veas +en el cielo, no sé yo dónde le verás.... Cuando uno piensa cosas así +tiene un valor... yo temblaba, temblaba como un azogado: puede que haya +roto algo en el cuartito chico... lo sentiría... y también sentiré que +afeen mi conducta el Padre Urtazu y el Padre Arrigoitia... la afearán, +sí que la afearán... yo les diré que sólo quería verle un minuto... como +le daba la luz en la cara, le vi muy bien: está tan descolorido... +¡siempre descolorido! También Pilar lo está... y yo... y todos... y el +mundo, sí, el mundo se ha puesto de un color, que... antes era rosa y +azul celeste... pero ahora... bueno, pues como quería verle, entré.... +El comedor es grande. El ama Engracia lavaba la vajilla.... Bien que +corrí. Casualidad fue acertar con su cuarto. Es un cuarto muy bonito. +Tiene el retrato de su madre: ¡pobre señora! Duhamel es un gran médico, +pero hay males que sólo se curan, digo yo... en el hoyo. Allí todo se +cura. Qué bien se debe estar allí... y aquí también. Se está muy bien... +dan ganas de dormir, porque....</p> + +<p>—Duerme, Lucía, mi alma y mi vida—murmuró apasionada y vibrante voz—. +Duerme, a mi amparo y no temas. Duerme: ni en el lecho de tu infancia, +velada por tu madre, dormiste más segura. Que vengan, que vengan a +buscarte aquí.</p> + +<p>Como cierva herida a traición por una saeta, brincó Lucía al sonido de +aquellas palabras, y abriendo los ojos y pasándose la mano por la +frente, quedose de pie ante Artegui, mirando a todos lados, encendidas +por súbito rubor las mejillas y clara ya la mirada y el entendimiento.</p> + +<p>—Pero...—exclamó con tono diferente—yo aquí... sí, ya sé por qué +vine, y a qué vine, y cuándo... y ya recuerdo también.... ¡Ah, Don +Ignacio, Don Ignacio! se asombrará usted y con razón de haberme hallado +cuando menos lo pensaba.... ¡En qué instante entré! Gracias, Virgen y +madre mía; ya tengo mis cinco sentidos y mi juicio cabal, y puedo +echarme a los pies de usted, Don Ignacio, y decirle: por Dios señor, por +la memoria de su señora madre, que está en el cielo, por.... ¡no sé por +qué! Por todo, no vuelva usted.... ¡Prométame que no volverá a idear +quitarse la vida, que puede emplearla tan bien!... Si yo supiese de +discursos, y fuese sabia como el Padre Urtazu, lo diría mejor, pero +usted me entiende.... ¿verdad que sí? Prométame usted... no volver... no +volver....</p> + +<p>Y Lucía, desgreñada, patética, hermosa, se arrojó a los pies de Artegui, +y abrazó sus rodillas, y se arrastró en la alfombra. A duras penas la +alzó el pesimista.</p> + +<p>—Usted sabe—dijo confuso—que yo estimaba poco la vida... digo más, +que la aborrecía desde que llegué a entender su vacuidad y cuán inútil +carga es para el hombre... y ahora, muerta mi madre y sin tener a nadie +que sintiera mi falta....</p> + +<p>Dos arroyos de llanto y el anhelar de un pecho fueron la respuesta. +Artegui subió a Lucía en vilo al diván y se sentó a su lado.</p> + +<p>—No llores—dijo apeándole otra vez el tratamiento—, no llores, +regocijate, porque has vencido. ¡Qué mucho, si representas la ilusión +más cara al hombre, la ilusión única que vale cien realidades, la +ilusión que sólo se disipa en el regazo de la muerte! ¡La más tenaz e +invencible de cuantas la naturaleza dispone para adherirnos a la vida y +conservar nuestra especie! Escúchame. No quiero decirte que tú eres para +mí la felicidad, porque la felicidad no existe y yo no he de engañarte, +pero lo que sí te afirmo es que por ti puede ser digno de un espíritu +noble preferir la vida a la muerte. Entre los engaños que a la tierra +nos apegan, uno hay que ilude más dulcemente con mieles suavísimas, con +regalos tan inefables y embriagadores, que es lícito al hombre +entregarse a un bien que, con ser fingido, así embellece y dora la +existencia. Óyeme, óyeme. Huí siempre de las mujeres, porque, conocedor +del triste misterio del inundo, del mal transcendente de la vida, no +quería apegarme por ellas a esta tierra mísera, ni dar el ser a +criaturas que heredasen el sufrimiento, único legado que todo ser humano +tiene certeza de transmitir a sus hijos.... Sí, yo consideraba que era +un deber de conciencia obrar así, disminuir la suma de dolores y males; +cuando pensaba en esta suma enorme, maldecía al sol que engendra en la +tierra la vida y el sufrimiento, las estrellas que sólo son orbes de +miseria, el mundo este, que es el presidio donde nuestra condena se +cumple, y por fin, el amor, el amor que sostiene y conserva y perpetúa +la desdicha, rompiendo, para eternizarla, el reposo sacro de la nada... +¡La nada!, la nada era el puerto de salvación a que mi combatido +espíritu quiso arribar.... La nada, la desaparición, la absorción en el +Universo, disolución para el cuerpo, paz y silencio eterno para el +espíritu.... Si yo tuviese fe, ¡qué hermosísimo y atractivo y dulce me +parecería el claustro! Ni voluntad, ni deseo, ni sentidos, ni +pasiones... un sayal, un muerto ambulante debajo.... Pero....</p> + +<p>Artegui se inclinó a Lucía con inquietud.</p> + +<p>—¿Me comprendes?—interrogó de pronto.</p> + +<p>—Sí, sí...—dijo ella, y su cuerpo temblaba.</p> + +<p>—Pero... pero te vi...—continuó Artegui—. Te vi por casualidad, y por +azar también, y sin que de mí dependiese, estuve a tu lado algún tiempo, +respiré tu aliento, y sin querer... sin querer... comprendí que.... No +quise confesarme a mí mismo tu victoria, ni la conocí hasta que te dejé +en ajenos brazos.... ¡Oh! ¡Cómo maldije mi necedad en no haberte llevado +conmigo entonces! Cuando recibí tu carta de pésame, estuve a dos dedos +de ir a buscarte....</p> + +<p>Artegui hizo breve pausa.</p> + +<p>—Tú fuiste la ilusión.... Sí, por ti hizo otra vez presa en mi alma la +naturaleza inexorable y tenaz.... Fui vencido.... No era posible ya +obtener la quietud de ánimo, el anonadamiento, la perfecta y +contemplativa tranquilidad a que aspiraba... por eso quise poner fin a +mi vida, cada vez más insufrible....</p> + +<p>Interrumpiose de nuevo, y añadió, viendo que Lucía callaba:</p> + +<p>—Quizá no me comprendas bien.... Son cosas, aunque tan ciertas, +obscuras para quien por vez primera las oye.... Pero me entenderás si te +digo llanamente que no moriré, porque te quiero, y me quieres, y ahora, +suceda lo que suceda, vivo.</p> + +<p>Dijo esto con ímpetu más violento aún que amoroso, y echó sus brazos al +cuello de Lucía, y arrimola a sí con fuerza sobrehumana. Creyó ella +sentir dos tenazas dulcísimas de fuego que la derretían y abrasaban +toda, y reuniendo su vigor nervioso, se desprendió de ellas, quedándose +trémula y erguida ante el pesimista. Su alta estatura, su ademán de +indignación suprema, la asemejaran a bello mármol antiguo, si la bata de +merino negro no borrase la clásica semejanza.</p> + +<p>—Don Ignacio—balbucía la leonesa—usted se engaña, se engaña.... Yo no +le quiero a usted... es decir, de ese modo, no, nunca.</p> + +<p>—Atrévete a jurarlo—rugió él.</p> + +<p>—No... no, me basta decirlo—replicó Lucía con creciente firmeza—. Eso +no.</p> + +<p>Y dio dos pasos hacia la puerta.</p> + +<p>—Escúchame un instante—insistió él deteniéndola—. Sólo un instante. +Tengo fortuna sobrada; mi viaje, según cree todo el mundo, se verificará +esta noche. Estamos en un país libre, iremos a otro más libre aún. En +los Estados Unidos nadie le pregunta a nadie de dónde viene, ni adónde +va, ni quién es, ni qué hace. Nos vamos juntos. La vida juntos ¿oyes? la +vida. Mira, yo sé que tú lo deseas. Tú estás muriendo por decir que sí. +Sé de fijo que no eres dichosa, ni estás bien casada, y que te +desmejoras, y sufres.... No pienses que no lo sé. Sólo yo te quiero, y +te ofrezco....</p> + +<p>Lucía dio otros dos pasos, pero fue hacia Artegui, y con uno de esos +movimientos rápidos, infantiles, festivos, que suelen tener las mujeres +en las ocasiones más solemnes y graves, se apretó la holgada bata en la +cintura, y manifestó la curva, ya un tanto abultada, de sus gallardas +caderas. Sacudió la cabeza, y dijo:</p> + +<p>—¿Cree usted eso? Pues Don Ignacio.... ¡ya mandará Dios quien me +quiera!</p> + +<p>Ignacio bajó la frente, abrumado por aquel grito de triunfo de la +naturaleza vencedora. Pareciole que era Lucía la personificación de la +gran madre calumniada, maldecida por él, que risueña, fecunda, próvida, +indulgente, le presentaba la vida inextinguible encerrada en su seno, y +le decía: «Tonto de pesimista, mira lo que puedes tú contra mí. Soy +eterna.»</p> + +<p>—No importa—murmuró él resignado y humilde—. Por lo mismo.... Yo le +serviré de padre, Lucía; yo respetaré tus sacros derechos como no los +respetará tu marido, no. Seremos tres dichosos en vez de dos... nada +más.</p> + +<p>Cogiola de la falda y la obligó blandamente a sentarse.</p> + +<p>—Hablemos así, tranquilos.... Pero, ¿por qué no quieres? Yo no te +entiendo—dijo con renovada vehemencia—. ¿No era amor, no era amor lo +que mostrabas en el camino y en Bayona? ¿No es amor venir aquí hoy... +sola... por verme? ¡Oh! no puedes defenderte.... Urdirás mil sofismas, +idearás mil sutilezas, pero.... ¡ello se ve! Mientes si lo niegas, +¿sabes? No creí que en tu inocencia cupiese el mentir.</p> + +<p>Alzó la frente Lucía.</p> + +<p>—No, Don Ignacio; diré la verdad... creo que ya es mejor que la diga, +porque tiene usted razón, he venido aquí.... Sí, señor; oígalo usted. Yo +le quiero como una loca, desde Bayona... no desde que le vi.... Ya lo +oye usted. Yo no tengo la culpa; ha sido contra mi voluntad, bien lo +sabe Dios.... Al principio creí que no era posible, que sólo me daba +usted... lástima... y así... mucho agradecimiento por sus bondades +conmigo... Creía yo que una mujer casada sólo puede querer a su +marido.... Si alguien me dijese que era esto... le insultaría, de +fijo.... Pero a fuerza de cavilar... no, yo no lo acerté, ni por +pienso.... Fue otro, fue quien conoce y entiende más que yo de los +misterios del corazón.... Mire usted, si yo supiese que era usted feliz, +me hubiera curado... y también si alguien me mostrase compasión a su +vez.... ¡Caridad! ¡Compasión!... Yo la tengo de todo el mundo... y de +mí... nadie, nadie la tiene.... Así es que.... ¿Se acuerda usted de lo +alegre que era yo? Usted aseguraba que mi presencia le traía +regocijo.... Pues... ya me he acostumbrado a pensar cosas tan negras +como usted.... Y a desear la muerte. Si no fuese por lo que espero... me +daría el mejor rato del mundo el que me pusiese donde está Pilar. Yo era +fuerte y sana.... Ya no tengo ni una hora buena. Esto ha sido como si un +rayo me abrasase toda.... Es un azote de Dios. Lo más amargo de todo es +pensar en usted... que ha de ser desdichado en este mundo, réprobo en el +otro....</p> + +<p>Artegui escuchaba entre jubiloso y compadecido.</p> + +<p>—Entonces, Lucía...—dijo con expresión.</p> + +<p>—Entonces, usted que es bueno y rebonísimo, porque si no lo fuese yo no +le querría de tal modo, me va a dejar marchar... y en caso contrario, me +marcharé yo, aunque salte por la ventana.</p> + +<p>—¡Desdichada!—murmuró él torvamente, volviendo a su abatimiento +antiguo—. ¡Das con el pie a la felicidad! es decir, a la felicidad no, +pero al menos a su sombra, y sombra tan hermosa al fin....</p> + +<p>Incorporose de pronto; sacudiéndose y retorciéndose como un león en la +agonía.</p> + +<p>—Dame una razón—gritó—. Si no, me mataré a tu vista. Sepa yo al menos +por qué. ¿Es por tu padre? ¿es por tu marido? ¿es por tu hijo? ¿es por +el mundo? ¿es?...</p> + +<p>—Es—murmuró ella bajándose y con gran dulzura—. Es... por Dios.</p> + +<p>—¡Dios!—gimió el pesimista—. Y si no lo hub....</p> + +<p>Una mano le tapó la boca.</p> + +<p>—¡Duda usted aún después de que hoy, por un milagro... usted lo dijo, +por un milagro... ha preservado su vida!</p> + +<p>—Pero tu Dios está enojado contigo—objetó él—. Le ofendiste al +amarme; le ofendes al seguir amándome; viniendo aquí, le agraviastes +más....</p> + +<p>—Con un pie en el borde del abismo para caer, con el cuerpo medio +hundido ya en las llamas del infierno... mi Dios me salva y me perdona, +si a él se convierte mi voluntad.... Ahora, ahora voy a pedirle que me +salve.</p> + +<p>—Y no te salvará—repuso Artegui tomándole las manos—; no te salvará, +porque adondequiera que vayas, aunque huyas de mí hasta ocultarte en el +mismo centro de la tierra, aunque te escondas en la celda de un +convento, me querrás, me adorarás, le ofenderás recordándome. No, tu +sinceridad no te permite negarlo. ¡Ah! ¡Si se pudiese querer o no, a +voluntad! pero harto te dice la conciencia que, hagas lo que hagas, yo +estaré contigo siempre... siempre. Mira: por lo mismo que te +horroriza... por lo mismo sucederá. Y te digo más: vendrá un día en que, +como hoy, desearás verme, aunque sólo sea el espacio de un segundo... y +atropellando por cuantos obstáculos se ofrezcan, y despreciando cuantas +trabas te lo impidan, vendrás a mí... a mí.</p> + +<p>Diciendo esto la sacudía por las muñecas, como el huracán sacude al +tierno arbusto.</p> + +<p>—Dios—murmuraba ella débilmente—. Dios sabe más que usted, y que yo, +y que todos.... Le pediré que me ampare, y lo hará; le conviene hacerlo; +lo hará, lo hará.</p> + +<p>—No—respondió Artegui con fuerza—. Sé que vendrás, que vendrás +arrastrada como la piedra, por tu peso propio, a caer en este abismo... +o en este cielo; vendrás, vendrás. Mira, estoy tan cierto de ello, que +ya no debes temer que me mate.... No quiero morir, porque sé que es la +ley de las cosas que un día vengas a mí, y ese día—que llegará—quiero +estar aún en el mundo para abrirte así los brazos.</p> + +<p>A no estar Lucía vuelta de espaldas a la luz, Artegui pudiera haber +visto el júbilo que se difundía por su rostro, y sus ojos que un segundo +se alzaron al cielo dando gracias. Los brazos de Artegui, abiertos +esperaban, Lucía se inclinó, y más rápida que las golondrinas, cuando al +cruzar los mares rozan el agua, apoyó un instante la cabeza en los +hombros de Artegui.</p> + +<p>En seguida, y con presteza no menor, fue a la mesa, y tomando el +candelero y entregándoselo a Ignacio, dijo en voz entera y tranquila:</p> + +<p>—Alumbre usted.</p> + +<p>Artegui alumbró sin pronunciar palabra. Su sangre se había enfriado de +pronto, y sólo le quedaba, de la terrible crisis, cansancio y melancolía +más profundos que nunca. Cruzaron el dormitorio, el pasillo, sin +despegar los labios. En el pasillo ya, Lucía se volvió un momento y miró +aquel rostro como si quisiera grabarlo con indelebles y fortísimos +caracteres en su retina y en su memoria. La cabeza de Artegui, alumbrada +en pleno por la luz que en la mano tenía, se destacaba sobre el fondo +obscuro del cuero estampado que cubría la pared. Era una bella cabeza, +más por la expresión y carácter que por la misma regularidad de +facciones. El negror de la barba realzaba su interesante palidez, y su +abatimiento la asemejaba a las cabezas muertas del Bautista, tan +valientes en su claro obscuro, que creó nuestra trágica escuela nacional +de pintura. También él miraba a Lucía, con tal pena y lástima, que no lo +pudo ella sufrir más, y corrió a la puerta. En el umbral, Artegui sondeó +con la mirada las profundidades del jardín.</p> + +<p>—¿La acompaño a usted?—dijo.</p> + +<p>—No pase usted de ahí... apague la luz, cierre al punto la puerta.</p> + +<p>Artegui ejecutó lo primero; pero antes de realizar lo segundo, murmuró +al oído mismo de Lucía:</p> + +<p>—En Bayona me dijiste una vez: «¿Me va usted a dejar sola?» Ahora me +toca a mí repetírtelo. Quédate.... A tiempo estás aún. Ten compasión de +mí, y de ti.</p> + +<p>—Porque la tengo...—replicó ella ahogándose—. Por eso.... Adiós, Don +Ignacio.</p> + +<p>—Hasta luego—contestó una voz perceptible apenas. La puerta se cerró.</p> + +<p>Lucía miró al cielo, en que brillaban las estrellas, y sintió un frío +agudo. Arrodillose en el vestíbulo, y apoyó la cara contra la puerta. En +aquel momento se acordaba de una circunstancia pueril; la puerta estaba +por dentro forrada de brocado rojo obscuro, de los tonos mates del +cuero. No supo por qué recordaba tal detalle; pero suele ocurrir así; en +momentos semejantes, acuden ideas que ninguna importancia tienen ni +guardan conexión alguna con los acontecimientos decisivos que están +pasando.</p> + +<p>Miranda había salido aquella tarde a dar una vuelta, para despejarse, +decía él, la cabeza. Cuando volvió al hotel subió a la cámara mortuoria, +y allí halló a Juanilla, transida de miedo y de cansancio, velando a la +difunta. La criada le dijo, en son de queja, que la señorita Lucía le +había encargado velar un rato, pero que el rato era ya muy largo, +larguísimo, y que ella no podía más. Por el espíritu suspicaz de Miranda +no cruzó ni sombra de recelo entonces, y dijo con naturalidad:</p> + +<p>—La señorita se habrá ido a dormir; está muy cansada... pero vete, +chica que yo enviaré a Sardiola.</p> + +<p>Así lo hizo, en efecto, y oyendo en seguida la campana que llamaba a la +mesa redonda, bajó al comedor, sintiendo aquel día excelente apetito, +cosa no cotidiana en su enervado estómago. Faltaba aún, para que +sirviesen la sopa, los sacramentales segundos y tercer toque. Había +grupos de huéspedes que conversaban esperando; la mayor parte hablaban +de la muerte de Pilar en voz queda, por consideración a Miranda, a quien +conocían; sólo un núcleo de tres o cuatro navarros y vascongados +platicaban de recio, por ser el asunto de su conversación de aquellos +que no encierran misterio alguno. No obstante, de tal manera fijó la +atención de Miranda lo que decían, que inmóvil y vuelto todo oídos, no +respiraba casi. A los diez minutos de escuchar supo cuanto saber no +quisiera: que Artegui estaba en París, que vivía en la casa de al lado, +que se podía pasar a su domicilio por el jardín, puesto que uno de los +vascongados declaraba haber lo hecho aquella mañana con objeto de +visitarle.... El camarero que cruzaba a la sazón con una bandeja llena +de platos de humeante sopa, indicó a Miranda que podía sentarse, y él en +vez de oírle, tomó escalera arriba como un frenético, y entró sin +respeto alguno en la cámara mortuoria.</p> + +<p>—¿Dónde está la señorita Lucía?—preguntó brutalmente a Sardiola, que +velaba.</p> + +<p>—No sé...—El fiel perro alzó los ojos y contempló las facciones +descompuestas del marido, y una intuición rápida le dijo docenas de +cosas. Miranda salió como un cohete, y recorrió las habitaciones +llamando a Lucía a gritos. Silencio profundo. Entonces resueltamente +salió al balcón, y bajó al jardín.</p> + +<p>Un bulto negro descendía las escaleras del vestíbulo de casa de Artegui. +A la luz de los astros, y a la de los lejanos faroles de la calle, se +advertía su vacilante andar, y a las manos que frecuentemente llevaba a +su rostro. Miranda esperó, esperó como el cazador en acecho. El bulto +iba acercándose. De pronto salió de entre un seto de arbustos un hombre +y se oyó una imprecación soez, que traducida al lenguaje de las personas +beneparlantes pudiera sonar así:</p> + +<p>—¡Mala mujer!</p> + +<p>Hubo ademanes violentos, y un cuerpo cayó.... Llegaba en esto corriendo +otra figura humana, que venía también del hotel por la escalera, e +interponiéndose, se inclinó para recoger a Lucía. Miranda accionaba, y +con voz ronca, estrangulada y tartajosa de rabia, decía, dando al diablo +todo su porte cortesano:</p> + +<p>—Fuera de ahí, so tío... so entrometido.... ¿usted que... qué tiene que +ver?... Yo la abo... la abofeteo, porque pu... pu... puedo y me da la +gana.... Soy su marido. Si no se va usted, le parto por la mitad... le +abro en canal....</p> + +<p>A ser Sardiola alguna pared de cal y canto, atendiera más a las +invectivas de Miranda de lo que lo hizo. Con soberana indiferencia y +fuerza hercúlea cargó en sus hombros el bello bulto inanimado, y +separando al marido de un vigoroso empujón, tomó escalera arriba, no +parando hasta depositar la preciosa carga en un sofá de la estancia +mortuoria. Tras él entró el energúmeno, pero se contuvo algo al ver la +actitud briosa y los centelleantes ojos del ex voluntario carlista, que +con su cuerpo hacía parapeto al de la desmayada.</p> + +<p>—Si no se va usted...—aulló Miranda tendiendo los puños.</p> + +<p>—¡Irme!—contestó Sardiola apaciblemente—. ¡Bueno es irme! ¡Para que +usted la ahogue, y se quede tan fresco! ¡mal hombre! vergüenza debiera +darle a usted tocar al pelo de la ropa a la señorita.</p> + +<p>—Pero usted.... ¿qué autoridad tiene aquí?... ¿quién le mete?... y la +cabeza iracunda de Miranda tenía un temblor senil.... Váyase +usted—gritó con renovado furor, o buscaré un arma—. Los ojos +inyectados del marido recorrieron la estancia, hasta tropezar con el +cadáver, que conservaba ante aquella escena su vaga sonrisa fúnebre. +Sardiola, entretanto, metiendo la mano en el bolsillo de su chaleco, +sacó una mediana faca, de picar tabaco sin duda, y la arrojó a los pies +de su adversario.</p> + +<p>—Tome usted—dijo con ese garbo caballeresco que tan frecuentemente se +halla en la plebe española... a mí me ha dado Dios buenos puños.</p> + +<p>Quedose Miranda indeciso un punto, y volviendo a aullar, derramó a +borbotones su ira, exclamando:</p> + +<p>—Mire usted que la cogeré... la cogeré.... Váyase usted, no me tiente +la paciencia....</p> + +<p>—Cójala usted—replicó Sardiola risueño de puro desdeñoso... a ver cómo +se lucen esos ánimos... porque pensar que he de irme yo... a no ser que +la misma señorita me lo mandase....</p> + +<p>—Vete, Sardiola—dijo una débil voz desde el sofá; y Lucía abrió los +ojos, y clavó su mirada en el camarero, con reconocimiento y autoridad.</p> + +<p>—Pero señorita, eso de irme, y....</p> + +<p>—Vete, digo.—Y Lucía se incorporó, tranquila en apariencia: Miranda +oprimía en la diestra la faca. Sardiola, arrojándose a él, se la +arrebató, y tomando desesperada resolución, salió al pasillo gritando: +«Socorro, socorro; se ha puesto mala la señorita». Diose de manos a boca +con dos personas que subían la escalera, y que al oírle se precipitaron +en la estancia mortuoria. Eran el Padre Arrigoitia y Duhamel, el médico. +Hallaron un grupo extraño: al pie de la cama en que yacía la muerta, una +mujer tendía las mano s para amparar sus flancos y su seno de los golpes +que le descargaba, a puño cerrado, un hombre.... Con vigor no presumible +en su endeble cuerpo de cañaheja, interpúsose el Padre Arrigoitia, +atrapando, si las crónicas no mienten, algún sopapo en la venerable +tonsura; y a su vez Duhamel, emulando con científico valor el arresto +del jesuita, cogió del brazo al furioso, logrando pararle.... Lástima +grande que no fuese posible a ningún taquígrafo estenografiar el donoso +y elocuente discurso que en chapurradísima ensalada +franco-luso-brasileña dirigió el buen doctor a Miranda, con el fin de +demostrarle cuán bárbaro y cruel era eso de aporrear a una <i>menina</i> que +está en las circunstancias de Lucía.... Miranda oía con rostro cada vez +más torvo, mientras el Padre Arrigoitia prodigaba a la maltratada mujer +cuidados y consuelos afectuosísimos. De pronto el marido se encaró con +el médico, y preguntándole broncamente:</p> + +<p>—¿Dice usted... que esa mujer está encinta? Lo ha dicho usted.</p> + +<p>—<i>Sim</i>—contestó Duhamel meneando la cabeza afirmativamente, con +rítmica precisión.</p> + +<p>—¿De cuántos meses?</p> + +<p>—<i>Acrescento</i> que de cuatro. <i>O tempo</i> justo que hará que se casó....</p> + +<p>Miranda tendió la vista por todos lados, hincó sus pupilas en su mujer, +en el jesuita, en el doctor.... Después cogió a estos dos de la mano y +les rogó tartamudeando, que le concediesen una conferencia de algunos +minutos. Pasaron a la habitación inmediata, y Lucía quedó sola con el +cadáver. Pudo creer que era terrible pesadilla todo lo ocurrido. El +balcón, abierto, dejaba ver las obscuras masas del arbolado del jardín; +las estrellas brillaban convidando a dulces meditaciones; ardían los +cirios ante Pilar, y en la fachada de Artegui se veía luz al través de +unas cortinas.... Bajar diez escalones, y encontrarse en el jardín; +atravesar el jardín, y encontrarse sobre un pecho amante que para ella +era cera suavísima, acero para sus enemigos.... ¡Horrible tentación! +Lucía se apretaba el corazón con las manos, se hincaba las uñas en el +pecho.... Uno de los golpes recibidos le dolía mucho; era en la +clavícula, y parecíale como si tuviese allí un tornillo que le +retorciera los músculos para que estallasen. Si Artegui se presentase +entonces.... Llorar, llorar con la cabeza apoyada en sus hombros.... Al +fin se acordó de una oración, que le había enseñado el Padre Urtazu, y +dijo: «Dios mío, por vuestra Cruz, dadme paciencia, paciencia». Estuvo +largo rato repitiendo entre gemidos: «paciencia».</p> + +<p>El Padre Arrigoitia se presentó al fin, solo. Su frente ebúrnea venía +cubierta de arrugas y sombras. Hablaron largo rato Lucía y él, en el +balcón, sin sentir el frío, que era más que mediano. Lucía abrió por fin +ancho cauce al dolor.</p> + +<p>—Ya ve usted si yo mentiría... ahí, delante de ese cadáver.... Ahora +mismo pudiera marcharme con él, Padre... y si Dios no estuviese en el +cielo....</p> + +<p>—Pero está, está... y nos mira...—respondía el jesuita acariciándole +afablemente las manos heladas—. Basta de delirio.... ¿No ve usted cómo +empieza ya a castigarla? Inocente es usted de lo que la imputa el señor +don Aurelio, y, sin embargo, su atroz sospecha... tiene, tiene +apariencias de fundamento... porque usted misma se las ha dado, yendo +hoy a casa de ese hombre.... La castiga a usted Dios en lo que más +quiere; en ese angelito que no vino aún al mundo....</p> + +<p>Lucía sollozó amargamente.</p> + +<p>—Vamos, ánimo, pobrecita, hijita mía... siguió el padre espiritual cada +vez más meloso y consolador. Y ¡por Dios y su madre santa! A España, a +España mañana mismo.</p> + +<p>—¿Con él?—preguntó Lucía horrorizada.</p> + +<p>—Él hace sus maletas para tomar el tren de la noche.... Se va a +Madrid... La deja a usted.... Si usted quisiera arrojarse a sus pies, y +con humildad y arrepentimiento....</p> + +<p>—Eso no, padre...—gritó la altiva castellana—. Creerá que soy lo que +él me llama.... No, no.—Y con más blandura, añadió—: Padre, hoy me he +portado como buena, pero estoy rendida..., no me pida hoy más. Fáltanme +ya las fuerzas.... Piedad, Señor, piedad.</p> + +<p>—Pido, sí, pido por amor de Jesucristo... que mañana mismo se vaya +usted a España.... No me aparto de usted hasta dejarla en el tren.... +Váyase usted, hija querida, con su padre. ¿No ve usted que tengo razón? +Qué creerá su marido de usted si se queda usted aquí... pared por +medio... usted es demasiado discreta y buena para intentarlo siquiera. +¡Por esa criaturita! Que su padre se persuada.... porque se persuadirá +con el tiempo y su conducta de usted.... ¡Ah! ¡No separe el hombre lo +que Dios ha unido! Él volverá, volverá al lado de su esposa..., no lo +dude usted. Hoy en su cólera... se dejó arrastrar... pero mañana....</p> + +<p>Sollozos más hondos y desgarradores fueron la respuesta.</p> + +<p>El Padre Arrigoitia estrechó cariñosamente las manos de la afligida.</p> + +<p>—¿Me promete usted...?—murmuró con ardiente súplica, con la autoridad +toda de su voz, acostumbrada a mandar en los espíritus.</p> + +<p>—Sí, respondió Lucía.... Me iré mañana... pero déjeme ahora +desahogar..., me muero.</p> + +<p>—Llore usted—contestó el jesuita—. Ensanche ese corazón. Yo rezaré +entretanto.</p> + +<p>Y entrando de nuevo en la estancia, arrodillose al lado del lecho +mortuorio, sacó su breviario, y a la luz parpadeante de los blandones, +fue leyendo en voz alta, compuesta y grave, las cláusulas melancólicas +del oficio de difuntos.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Más de dos semanas dio pasto a las lenguas ociosas de León el singular +suceso de la llegada de Lucía González, sola, triste, desmejorada y +encinta, a la casa paterna. Inventáronse mentiras como castillos para +explicar el misterio de su vuelta, el retiro en que se dio a vivir, la +tremenda pesadumbre que nublaba el rostro del tío Joaquín González, la +desaparición del marido, y tantas y tantas cosas que a escándalo y drama +conyugal transcendían. Como suele suceder en casos análogos, rodaron +algunos adarmes de verdad envueltos en arrobas de patrañas, y algo se +dijo que no iba del todo fuera de camino; mas por falta de datos +secretos que enlazara los conocidos, anduvo a tropezones el juicio del +público, y allí caigo, y aquí me levanto, acabó por extraviarse del +todo. Bien se colige que los despellejadores de oficio hicieron el suyo +con diligencia y afán extremado, y quién censuró al maduro pisaverde que +buscaba novia de pocos años, quién al padre vanidoso y majadero, que +sacrificaba a su hija por afán de hacerla dama, quién a la niña loca +que.... En suma, pusieron ellos tantas moralejas a la historia de Lucía, +que yo creo poder eximirme de añadir ninguna. Lo que con más empeño +criticó la gente, fue este moderno requisito del VIAJE DE NOVIOS, +costumbre extranjerizada y vitanda, buena sólo para engendrar disturbios +y horrores de todo linaje. Sospecho que con el triste ejemplo de Lucía, +tradicionalmente conservado y repetido a las niñas casaderas en lo que +resta de siglo, no habrá desposados leoneses que osen apartarse de su +hogar un negro de uña, al menos en los diez primeros años de matrimonio.</p> + +<p><i>Marzo, 1881</i></p> + +<p class="noindent">Recuérdese la fecha de este Prefacio.</p> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of Project Gutenberg's Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS *** + +***** This file should be named 17406-h.htm or 17406-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/7/4/0/17406/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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