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+The Project Gutenberg EBook of Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Un viaje de novios
+
+Author: Emilia Pardo Barzán
+
+Release Date: December 28, 2005 [EBook #17406]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+Un viaje de novios
+
+Por
+
+Emilia Pardo Bazán
+
+Pueyo
+
+Madrid
+
+1919
+
+
+
+
+Prefacio
+
+
+En Septiembre del pasado año 1880, me ordenó la ciencia médica beber las
+aguas de Vichy en sus mismos manantiales, y habiendo de atravesar, para
+tal objeto, toda España y toda Francia, pensé escribir en un cuaderno
+los sucesos de mi viaje, con ánimo de publicarlo después. Mas acudió al
+punto a mi mente el mucho tedio y enfado que suelen causarme las
+híbridas obrillas viatorias, las «Impresiones» y «Diarios» donde el
+autor nos refiere sus éxtasis ante alguna catedral o punto de vista, y a
+renglón seguido cuenta si acá dio una peseta de propina al mozo, y si
+acullá cenó ensalada, con otros datos no menos dignos de pasar a la
+historia y grabarse en mármoles y bronces. Movida de esta consideración,
+resolvime a novelar en vez de referir, haciendo que los países por mí
+recorridos fuesen escenario del drama.
+
+Bastaría con lo dicho para prólogo y antecedentes de mi novela, que más
+no exige ni merece; pero ya que tengo la pluma en la mano, me entra
+comezón de tocar algunos puntos, si no indispensables, tampoco
+impertinentes aquí. A quien parezcan enojosos, queda el fácil arbitrio
+de saltarlos y pasar sin demora al primer capítulo de UN VIAJE DE
+NOVIOS, y plegue a Dios no se el antoje después peor que la enfermedad
+el remedio.
+
+Tiene cada época sus luchas literarias, que a veces son batallas en toda
+la línea--como la empeñada entre clasicismo y romanticismo--y otras se
+concretan a un terreno parcial. O mucho me equivoco o este terreno es
+hoy la novela y el drama, y en el extranjero, la novela sobre todo.
+Reina en la poesía lírica, por ejemplo, libertad tal, que raya en
+anarquía, sin que nadie de ello se espante, mientras la escuela de
+noveladores franceses que enarbolan la bandera realista o naturalista,
+es asunto de encarnizada discusión y suscita tan agrias censuras como
+acaloradas defensas. Sus productos recorren el globo, mal traducidos,
+peor arreglados, pero con segura venta y número de ediciones
+incalculable. Es de buen gusto horrorizarse de tales engendros, y
+certísimo que el que más se horroriza no será por ventura el que menos
+los lea. Para el experto en cuestiones de letras, todo ello indica algo
+original y característico, fase nueva de un género literario, un signo
+de vitalidad, y por tal concepto, más reclama detenido examen que
+sempiterno desprecio o ciego encomio.
+
+De la pugna surgió ya algún principio fecundo, y tengo por importante
+entre todos el concepto de que la novela ha dejado de ser mero
+entretenimiento, modo de engañar gratamente unas cuantas horas,
+ascendiendo a estudio social, psicológico, histórico, pero al cabo
+estudio. Dedúcese de aquí una consecuencia que a muchos sorprenderá: a
+saber, que no son menos necesarias al novelista que las galas de la
+fantasía, la observación y el análisis. Porque en efecto, si reducimos
+la novela a fruto de lozana inventiva, pararemos en proponer como ideal
+del género las _Sergas de Esplandián_ o las _Mil y una noches_. En el
+día--no es lícito dudarlo--la novela es traslado de la vida, y lo único
+que el autor pone en ella, es su modo peculiar de ver las cosas reales:
+bien como dos personas, refiriendo un mismo suceso cierto, lo hacen con
+distintas palabras y estilo. Merced a este reconocimiento de los fueros
+de la verdad, el realismo puede entrar, alta la frente, en el campo de
+la literatura.
+
+Puesto lo cual, cumple añadir que el discutido género francés novísimo
+me parece una dirección realista, pero errada y torcida en bastantes
+respectos. Hay realismos de realismos, y pienso que a ese le falta o más
+bien le sobra algo para alardear de género de buena ley y durable
+influjo en las letras. El gusto malsano del público ha pervertido a los
+escritores con oro y aplauso, y ellos toman por acierto suyo lo que no
+es sino bellaquería e indelicadeza de los lectores. No son las novelas
+naturalistas que mayor boga y venta alcanzaron, las más perfectas y
+reales; sino las que describen costumbres más licenciosas, cuadros más
+libres y cargados de color. ¿Qué mucho que los autores repitan la dosis?
+Y es que antes se llega a la celebridad con escándalo y talento, que con
+talento solo; y aun suple a veces al talento el escándalo. Zola mismo lo
+dice: el número de ediciones de un libro no arguye mérito, sino éxito.
+
+No censuro yo la observación paciente, minuciosa, exacta, que distingue
+a la moderna escuela francesa: desapruebo como yerros artísticos, la
+elección sistemática preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados,
+la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, más que
+todo, un defecto en que no sé si repararon los críticos: la perenne
+solemnidad y tristeza, el ceño siempre torvo, la carencia de notas
+festivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea. Para mí es
+Zola el más hipocondriaco de los escritores habidos y por haber; un
+Heráclito que no gasta pañuelo, un Jeremías que así lamenta la pérdida
+de la nación por el golpe de Estado, como la ruina de un almacén de
+ultramarinos. Y siendo la novela, por excelencia, trasunto de la vida
+humana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, lágrimas y
+risas, el fondo de la eterna tragicomedia del mundo.
+
+Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el puñal y el
+veneno de la escuela romántica, pero, en cambio, sacan a la escena una
+cara de viernes mil veces más indigesta.
+
+¡Oh, y cuán sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional,
+tradición gloriosísima del arte hispano! ¡Nuestro realismo, el que ríe y
+llora en la _Celestina_ y el _Quijote_, en los cuadros de Velázquez y
+Goya, en la vena cómico-dramática de Tirso y Ramón de la Cruz! ¡Realismo
+indirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiración;
+no desdeñoso del idealismo, y gracias a ello, legítima y profundamente
+humano, ya que, como el hombre, reúne en sí materia y espíritu, tierra y
+cielo! Si considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la
+literatura apenas produce a los que la cultivan un mendrugo de amargo
+pan, cuando apenas hay público que lea ni aplauda, todavía nos adornan
+novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en
+perspicacia observadora van en zaga a sus compañeros de Francia e
+Inglaterra (países donde el escribir buenas novelas es profesión, a más
+de honrosa, lucrativa), enorgullézcome de las ricas facultades de
+nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que logran los
+ingenios de España, y me abochorna la preferencia vergonzosa que tal vez
+concede la multitud a rapsodias y versiones pésimas de Zola, habiendo en
+España Galdós, Peredas, Alarcones y otros más que omito por no alargar
+la nomenclatura.
+
+Si a algún crítico ocurriese calificar de realista esta mi novela, como
+fue calificada su hermana mayor _Pascual López_, pídole por caridad que
+no me afilie al realismo transpirenaico, sino al nuestro, único que me
+contenta y en el cual quiero vivir y morir, no por mis méritos, si por
+mi voluntad firme. Tanto es mi respeto y amor hacia nuestros modelos
+nacionales, que acaso por mejor imitarlos y empaparme en ellos, di a
+_Pascual López_ el sabor arcaico, ensalzado hasta las nubes por la
+benevolencia de unos, por otros censurado; pero, en mi humilde parecer,
+no del todo fuera de lugar en una obra que intenta--en cuanto es posible
+en nuestros días, y en cuanto lo consiente mi escaso ingenio--recordar
+el sazonadísimo y nunca bien ponderado género picaresco. No tendría
+disculpa si emplease el mismo estilo en UN VIAJE DE NOVIOS, de índole
+más semejante a la de la moderna novela llamada de costumbres.
+
+Aun pudiera curarme en salud, vindicándome anticipadamente de otro cargo
+que tal vez me dirija algún malhumorado censor. Hay quien cree que la
+novela debe probar, demostrar o corregir algo, presentando al final
+castigado el vicio y galardonada la virtud, ni más ni menos que en los
+cuentecicos para uso de la infancia. Exigencia es esta a que no están
+sujetos pintores, arquitectos ni escultores: que yo sepa, nadie puso
+tacha a Velázquez porque de sus _Hilanderas_ o sus _Niños bobos_ no
+resulte lección edificante alguna. Sólo al mísero escritor entregan
+férula y palmeta a fin de que vapulee a la sociedad, pero con tal
+disimulo, que ésta haya de tomar los disciplinazos por caricias, y
+enmendarse a puros entretenidos azotes. Yo de mí sé decir que en arte me
+enamora la enseñanza indirecta que emana de la hermosura, pero aborrezco
+las píldoras de moral rebozadas en una capa de oro literario. Entre el
+impudor frío y afectado de los escritores naturalistas y las homilías
+sentimentales de los autores que toman un púlpito en cada dedo y se van
+por esos trigos predicando, no escojo; me quedo sin ninguno. Podrá este
+mi criterio parecer a unos laxo, a otros en demasía estrecho: a mí me
+basta saber que, prácticamente, lo profesaron Cervantes, Goethe, Walter
+Scott, Dickens, los príncipes todos de la romancería.
+
+Y perdóname, lector benigno, que a tan ilustres personajes haya traído
+de los cabellos con ocasión de mis insignificantes escritos. Por ventura
+suele la vista de una charca recordar el Océano; mas la charca, charca
+se queda. Harto se lo sabe ella, y bien le pesa de su pequeñez; pero no
+la hizo Dios más grande, por lo cual echará mano de la resignación que a
+ti te desea, si has de recorrer estas páginas.
+
+EMILIA PARDO BAZÁN
+
+
+
+
+Un viaje de novios
+
+
+
+
+-I-
+
+
+Que la boda no era de gentes del gran mundo, conocíase a tiro de
+ballesta, a la primer ojeada. No hay duda que los desposados podían
+alternar con la más selecta sociedad, al menos por su aspecto exterior;
+pero la mayoría del acompañamiento, el coro, pertenecía a la clase
+media, en el límite en que casi se funde con la masa popular. Había
+grupos curiosos y dignos de examen, ofreciendo el andén de la estación
+de León golpe de vista muy interesante para un pintor de género y
+costumbres.
+
+Ni más ni menos que en los países de abanico cuyas mitológicas pinturas
+representan nupcias, se notaba allí que el séquito de la novia lo
+componían hembras, y sólo individuos del sexo fuerte formaban el del
+novio. Advertíase asimismo gran diferencia entre la condición social de
+uno y otro cortejo. La escolta de la novia, mucho más numerosa, parecía
+poblado hormiguero: viejas y mozas llevaban el sacramental traje de
+negra lana, que viene a ser como uniforme de ceremonia para la mujer de
+clase inferior, no exenta, sin embargo, de ribetes señoriles: que el
+pueblo conserva aun el privilegio de vestirse de alegres colores en las
+circunstancias regocijadas y festivas. Entre aquellas hormigas humanas
+habíalas de pocos años y buen palmito, risueñas unas y alborotadas con
+la boda, otras quejumbrosicas y encendidos los ojos de llorar, con la
+despedida. Media docena de maduras dueñas las autorizaban, sacando de
+entre el velo del manto la nariz, y girando a todas partes sus pupilas
+llenas de experiencia y malicia. Todo el racimo de amigas se apiñaba en
+torno de la nueva esposa, manifestando la pueril y ávida curiosidad que
+despierta en las multitudes el espectáculo de las situaciones supremas
+de la existencia. Se estaban comiendo a miradas a la que mil veces
+vieran, a la que ya de memoria sabían: a la novia, que con el traje de
+camino se les figuraba otra mujer, diversísima de la conocida hasta
+entonces. Contaría la heroína de la fiesta unos diez y ocho años:
+aparentaba menos, atendiendo al mohín infantil de su boca y al redondo
+contorno de sus mejillas, y más, consideradas las ya florecientes curvas
+de su talle, y la plenitud de robustez y vida de toda su persona. Nada
+de hombros altos y estrechos, nada de inverosímiles caderas como las que
+se ven en los grabados de figurines, que traen a la memoria la muñeca
+rellena de serrín y paja; sino una mujer conforme, no al tipo
+convencional de la moda de una época, pero al tipo eterno de la forma
+femenina, tal cual la quisieron natura y arte. Acaso esta superioridad
+física perjudicaba un tanto al efecto del caprichoso atavío de viaje de
+la niña: tal vez se requería un cuerpo más plano, líneas más duras en
+los brazos y cuello, para llevar con el conveniente desenfado el traje
+semimasculino, de paño marrón, y la toca de paja burda, en cuyo casco se
+posaba, abiertas las alas, sobre un nido de plumas, tornasolado colibrí.
+Notábase bien que eran nuevas para la novia tales extrañezas de ropaje,
+y que la ceñida y plegada falda, el casaquín que modelaba exactamente su
+busto le estorbaban, como suele estorbar a las doncellas en el primer
+baile la desnudez del escote: que hay en toda moda peregrina algo de
+impúdico para la mujer de modestas costumbres. Además, el molde era
+estrecho para encerrar la bella estatua, que amenazaba romperlo a cada
+instante, no precisamente con el volumen, sino más bien con la libertad
+y soltura de sus juveniles movimientos. No se desmentía en tan lucido
+ejemplar la raza del recio y fornido anciano, del padre que allí se
+estaba derecho, sin apartar de su hija los ojos. El viejo, alto, recto y
+firme, como un poste del telégrafo, y un jesuita bajo y de edad mediana,
+eran los únicos varones que descollaban entre el consabido hormiguero
+femenil.
+
+Al novio le rodeaban hasta media docena de amigos: y si el séquito de la
+novia era el eslabón que une a clase media y pueblo, el del novio tocaba
+en esa frontera, en España tan indeterminada como vasta, que enlaza a la
+mesocracia con la gente de alto copete. Cierta gravedad oficial, la tez
+marchita y como ahumada por los reverberos, no sé qué inexplicable matiz
+de satisfacción optimista, la edad tirando a madura, signos eran que
+denotaban hombres llegados a la meta de las humanas aspiraciones en los
+países decadentes: el ingreso en las oficinas del Estado. Uno de ellos
+llevaba la voz, y los demás le manifestaban singular deferencia en sus
+ademanes. Animaba aquel grupo una jovialidad retozona, contenida por el
+empaque burocrático: hervía también allí la curiosidad, menos ingenua y
+descarada, pero más aguda y epigramática que en el hormiguero de las
+amigas. Había discretos cuchicheos, familiaridades de café indicadas por
+un movimiento o un codazo, risas instantáneamente reprimidas, aires de
+inteligencia, puntas de puros arrojadas al suelo con marcialidad, brazos
+que se unían como en confidencia tácita. La mancha clara del sobretodo
+gris del novio se destacaba entre las negras levitas, y su estatura
+aventajada dominaba también las de los circunstantes. Medio siglo menos
+un lustro, victoriosamente combatido por un sastre, y mucho aliño y
+cuidado de tocador; las espaldas queriendo arquearse un tanto sin
+permiso de su dueño; un rostro de palidez trasnochadora, sobre el cual
+se recortaban, con la crudeza de rayas de tinta, las guías del engomado
+bigote; cabellos cuya raridad se advertía aún bajo el ala tersa del
+hongo de fieltro ceniza; marchita y abolsada y floja la piel de las
+ojeras; terroso el párpado y plúmbea la pupila, pero aún gallarda la
+apostura y esmeradamente conservados los imponentes restos de lo que
+antaño fue un buen mozo, esto se veía en el desposado. Quizás ayudaba el
+mismo primor del traje a patentizar la madurez de los años: el luengo
+sobretodo ceñía demasiado el talle, no muy esbelto ya; el fieltro,
+ladeado gentilmente, pedía a gritos las mejillas y sienes de un mancebo.
+Pero así y todo, entre aquella colección de vulgares figuras de
+provincia, tenía la del novio no sé qué tufillo cortesano, cierto
+desenfado de hombre hecho a la vida ancha y fácil de los grandes
+centros, y la soltura de quien no conoce escrúpulos, ni se para en
+barras cuando el propio interés está en juego. Hasta se distinguía del
+grupo de sus amigos, por la reserva de buen género con que acogía las
+insinuaciones y bromas _sotto voce_, tan adecuadas al carácter
+mesocrático de la boda.
+
+Anunciaba ya la máquina con algún silbido la próxima marcha; acelerábase
+en el andén el movimiento que la precede, y temblaba el suelo bajo la
+pesadumbre de los rodantes camiones, cargados de bultos de equipaje.
+Oyose por fin el grito sacramental de los empleados. Hasta entonces las
+gentes de la despedida habían conversado en voz queda,
+confidencialmente, por parejas: el cercano desenlace pareció
+reanimarlas, desencantarlas, mudando la escena en un segundo. Corrió la
+novia a su padre, abiertos los brazos, y el viejo y la niña se
+confundieron en un abrazo largo, verdadero, popular, abrazo en que
+crujían los huesos y el aliento se acortaba. Salían de las bocas, casi
+unidas, entrecruzadas y rápidas frases.
+
+--Que escribas... cuidado me llamo... todos los días, ¿eh? No bebas agua
+fría cuando estés sudando.... Tu marido lleva dinero... pedid más si se
+acaba.
+
+--No se aflija usted, señor.... Yo haré por volver pronto.... Cuídese
+usted mucho, por Dios... atienda usted al asma.... Vaya usted de tiempo
+en tiempo a ver al señor de Rada.... Si tiene usted algo, un telegrama
+volando.... ¿Palabra de honor?
+
+Después vinieron los apretones, los besucones, los pucheros del
+acompañamiento femenino, y el último encargo, y el último deseo....
+
+--Dios os haga dichosos... como patriarcas....
+
+--San Rafael te acompañe, hija.
+
+--¡Quién como tú, chica!, ¡a Francia en un vuelo!
+
+--No te olvides de mi abrigo.... ¿Van en el mundo las medias?
+¿Confundirás los hilos?
+
+--Mira que las tiras bordadas no sean de ojales, que de esas ya las hay
+por acá.
+
+--Abre bien esos ojazos, míralo todito, ¡y después nos contarás cada
+cosa!...
+
+--Padre Urtazu--dijo la desposada llegándose al que su negra faja
+declaraba por jesuita, y, asiéndole la mano, sobre la cual cayeron a un
+tiempo sus labios y dos lágrimas, claras como agua--, pida usted a Dios
+por mí....
+
+Y acercándose más, añadió bajito:
+
+--Que si papá tiene algo, me lo avise usted, usted ¿verdad? Yo le
+enviaré a usted las señas de todas partes donde nos detengamos.... No me
+lo descuide usted; ¿irá usted de vez en cuando a ver cómo lo pasa? Se
+queda el pobre tan solito....
+
+Alzó el jesuita la cabeza y fijó en la niña sus ojos levemente bizcos,
+como son los de las personas hechas a concentrar y sujetar la mirada. Y
+con la vaga sonrisa distraída de las gentes meditabundas, y en el propio
+tono confidencial:
+
+--Vete en paz, y Dios Nuestro Señor te acompañe, que es buen
+acompañante--contestó--. Ya he rezado por ti el itinerario, para que
+volvamos tan sanos y satisfechos.... Acuérdate de lo que te avisé,
+chiquilla; ahora ya somos, como quien dice, una señora casada y de
+respeto; y aunque nos parece que todo se va a volver florecicas y mieles
+en el nuevo estado, y nos largamos por esos mundos a echar canas al aire
+y divertirnos.... ¡cuidadito, cuidadito!, puede que donde menos se
+piense salte la liebre, y tengamos rabietas, y pruebecitas y trabajos
+que no tuvimos de niños.... No ser tonta entonces.... ¿eh? Ya sabemos
+que Aquel que anda por allá arriba moviendo aquellas estrellas tan
+preciosas, es el único que nos entiende y nos consuela cuando a Él le
+parece... mira, en vez de tanto trapo como has metido en las maletas,
+mete paciencia, ¡chiquilla! mete paciencia. Es mejor aún que el árnica y
+los emplastos...; si a quien era tan grande le hizo falta para aguantar
+aquella cruz, tú que eres chiquitita....
+
+Durara aún la homilía, acompañada de blandos golpecitos en los hombros,
+a no interrumpirla la trepidación del tren, brusca como la realidad.
+Produjose confusión momentánea. Se apresuró el novio a despedirse de
+todo el mundo con cierta llaneza cordial, donde ojos expertos podían
+advertir matices de afectación y superioridad protectora. Al suegro
+abrazó con un solo abrazo, y recostole en el hombro la mano, pulcramente
+calzada con guante de castor, color bronce.
+
+--Escriba usted si se enferma la chica--suplicó con paternal angustia,
+preñado de lágrimas los ojos, el viejo.
+
+--Pierda usted cuidado, señor Joaquín..., ¡no hay que afectarse, vamos!,
+cuenta con esa salud.... Adiós, Mendoya, adiós, Santián.... Gracias,
+gracias. Señor gobernador de la provincia, a mi vuelta, reclamo esas
+ofrecidas botellas de Pedro Jiménez.... ¡No se haga usted el olvidadizo!
+Lucía, hay que subirse: el tren andará en seguida, y las señoras no
+pueden....
+
+Y con ademán cortés y discreto ayudó a subir a la novia, empujándola
+levemente por el talle. Después saltó él, sin casi apoyarse en el
+estribo, arrojando antes el puro a medio fumar.
+
+Ya oscilaba la férrea culebra cuando él penetró en el departamento,
+cerrando la portezuela tras de sí. El compasado balance fue
+acelerándose, y el tren completo cruzó ante las gentes de la despedida,
+dejándoles en los ojos confusos torbellino de líneas, de colores, de
+números, la visión rápida de las cabezas asomadas a todas las
+ventanillas. Algún tiempo se distinguió la cara de Lucía, sofocada y
+bañada en llanto, y su pañuelo que se agitaba, y oyose su voz diciendo:
+Adiós, papá..., padre Urtazu, adiós, adiós.... Rosario.... Carmen...,
+abur.... Al fin se perdió todo en la distancia, la escamosa sierpe del
+tren revelose a lo lejos por una mancha obscura, luego por desmadejado
+penacho de turbio vapor, que presto se disipó también en el ambiente.
+Más allá del andén, extrañamente silencioso ya, resplandecía el cielo
+claro, de acerado azul; se extendían monótonas las interminables
+campiñas; los rieles señalaban como arrugas en la árida faz de la
+tierra. Un gran silencio pesaba sobre la estación. Quedáronse inmóviles
+los acompañantes, como sobrecogidos por el aturdimiento de la ausencia.
+Fueron los amigos del novio los primeros en moverse y hablar. Se
+despidieron del padre con rápidos apretones de mano y frases triviales
+de sociedad, un tanto descuidadas en la forma, como dirigidas de
+superior a inferior; tras de lo cual, el pelotón entero tomó el camino
+de la ciudad, reanudando la broma y algazara.
+
+Por su parte, el séquito de la novia empezó a animarse también, y a
+vueltas de algún suspiro y de limpiarse los ojos con los pañuelos y aun
+con el dorso de la mano, fueron rebullendo los grupos de hormigas
+negras, con ánimo de abandonar el andén. La incontrastable fuerza de los
+hechos las empujaba a la vida real. Hasta el padre sacudió la cabeza,
+alzó con elocuente resignación los hombros, y rompió el primero a andar.
+A su lado iba el jesuita, que estiraba su corta estatura para hablarle,
+sin conseguir, a pesar de sus laudables esfuerzos, que el cerquillo de
+su corona pasase más allá de los atléticos hombros del viejo afligido.
+
+--¡Vaya, señor Joaquín--decía el padre Urtazu--, que ahora sienta bien
+esa cara de Viernes santo! ¡No parece sino que a la chica se la llevan
+robada y que usted no es gustoso en el enlace! ¡Pues estamos buenos,
+hombre! ¿No ha sido usted mismo, desgraciado, quien resolvió este
+casorio? ¿A qué vienen los gimoteos?
+
+--¡Y si en todo lo que uno hace estuviese seguro del acierto!--pronunció
+con ahogada voz el señor Joaquín, balanceando su cuello de toro.
+
+--Eso se mira antes..., ¡pero teníamos tanta prisa..., tanta prisa, que
+no sé para qué sirven esos pelos blancos y esos añitos que llevamos
+acuestas! Lo mismito estábamos que los chicos de mi clase cuando les
+ofrezco contarles algo, que se les despierta la curiosidad... y no les
+cabe en el cuerpo la impaciencia. A fe de Alonso, que parecía usted la
+novia... digo, no; porque la novia, maldito el apuro que....
+
+--¡Ay padre! ¿Si tendría usted razón? usted quería diferir la boda....
+
+--No, poco a poco; cepitos quedos, amigo: yo quería no hacerla. Soy muy
+claro.
+
+El señor Joaquín se puso más tétrico aún.
+
+--¡Por vida de la Constitución! ¡Qué aprieto y qué compromiso es para un
+padre!...
+
+--Tener hijas--concluyó el jesuita con su vaga sonrisa, adelantando el
+belfo labio, en mueca de benévolo desdén. Y añadió--: El peor aprieto es
+ser más terco que una mula, con perdón sea dicho, y creer que el pobre
+Padre Urtazu sólo entiende de sus piedras y de sus astros y de su
+microscopio, y es un bolonio, un simplón, para aconsejar en la vida....
+
+--No me aflija usted más, Padre. Harto tendré con no ver a Lucía en qué
+sé yo qué tiempo. Sólo me faltaba que también salga mal la cosa, y que
+pase ella penas....
+
+--Bueno, bueno. Déjese de eso ya: a lo hecho, pecho. Esto de
+matrimonios, sólo lo ata y lo desata el de arriba. ¿Y quién sabe si
+saldrá muy bien, a pesar de todos mis agüeros y mis necedades? Porque
+¿quién soy yo sino un cegato, un miope? ¡Bah! Esto es como lo que pasa
+con el microscopio. Mira usted una gota de agua a simple vista ¡y parece
+tan clara!, vamos, que dan ganas de bebérsela. Pero aplique usted
+aquellos lentecicos y... ¡zas, zis!, ya se encuentra usted con los
+bicharracos y las bacterias que bailan dentro un rigodón.... Pues el que
+anda por allá, encimita de las nubes, también ve cosas que a los bobos
+de por acá nos parecen tan sencillas... y para él tienen su _quid_....
+¡Bah, bah!, él se encargará de arreglarnos las cosas... nosotros, ni que
+nos empeñemos.
+
+--Lleva usted razón.... Dios sobre todo--aprobó el señor Joaquín,
+arrancando doliente suspiro de la vasta cavidad de su pecho. Esta noche,
+con el mal rato, la condenada asma va a darme qué hacer.... Encuentro ya
+la respiración muy corta. Dormiré, si duermo, casi incorporado.
+
+--Llame, llame a ese mala cabeza de Rada... tiene mucho acierto--murmuró
+el jesuita considerando compadecido, a la luz oblicua del sol de otoño,
+la inyectada tez y los ojos edematosos del viejo.
+
+Mientras el acompañamiento desfilaba, con lentitud de duelo, por las
+calles mal empedradas de León, el tren corría, corría, dejando atrás las
+interminables alamedas de chopos que parecen un pentagrama donde fuesen
+las notas verde claro, sobre el crudo tono rojizo de las llanadas. Hecha
+Lucía un ovillo en la esquina del departamento, sollozaba sin amargura,
+con algún hipo, con vehemente llanto de niña inconsolable. Bien
+comprendía el novio que le tocaba decir algo, mostrarse afectuoso,
+compartir aquel primer dolor, ponerle término; mas hay en la vida
+situaciones especiales, casos en que no tropieza ni se embaraza la gente
+sencilla, y en que acaso el hombre de mundo y experiencia se convierte
+en doctrino. Preferible es en ocasiones un adarme de corazón a una
+arroba de habilidad; donde fracasan las huecas fórmulas, vence el
+sentimiento, con su espontánea elocuencia. A fuerza de quebrarse los
+cascos ideando manera de anudar el diálogo con su esposa, ocurriole al
+novio aprovechar una circunstancia insignificante.
+
+--Lucía--le dijo en voz algo turbada--múdate de ventanilla, hija mía,
+córrete acá; ahí te da el sol de lleno, y es tan malsano....
+
+Levantose Lucía con automática rigidez, pasó al lado opuesto del
+departamento, y dejándose caer de golpe, tornó a cubrir el semblante con
+el fino pañuelo, y se oyeron otra vez sus sollozos y el anhelar de su
+seno juvenil.
+
+Levemente frunció el ceño el novio, que no en vano había corrido
+cuarenta y pico de años de la vida cercado de gentes de festivo humor y
+fácil trato y huyendo de las escenas de lagrimitas y de lástimas y
+disgustos que alteraban por extraño modo el equilibrio de sus nervios,
+desagradándole como desagrada a las gentes de mediano nivel intelectual
+el sublime horror de la tragedia. Al gesto con que manifestó su
+impaciencia, siguió un alzar de hombros que claramente quería decir:
+«Caiga el chubasco, que el aguase agota también, y tras de la lluvia
+viene el buen tiempo». Resuelto, pues, a aguardar que descargase la
+nube, dio comienzo a minucioso examen de sus enseres de camino,
+enterándose de si abrochaban bien las hebillas del correaje de la manta,
+y de si su bastón y paraguas iban en debida y conveniente forma liados
+con el quitasol de Lucía. Cerciorose asimismo de que una cartera de
+cuero de Rusia y plateados remates que pendiente de una correa llevaba
+terciada al costado, abría y cerraba fácilmente con la llavecica de
+acero, que volvió a guardar en el bolsillo del chaleco, con cuidado
+sumo. Después sacó de las hondas faltriqueras del sobretodo el
+_Indicador de los Caminos de Hierro_, y con el dedo índice, fue
+recorriendo las estaciones del itinerario de viaje.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Es de rigor saber de qué boca partió el soplo que encendió la antorcha
+de aquellas nupcias.
+
+Mancebo, en los verdores de la edad, fuerte como un toro y laborioso
+como manso buey, salió de su patria el señor Joaquín, a quien entonces
+nombraban Joaquín a secas. Colocado en Madrid en la portería de un
+magnate que en León tiene solar, dedicose a corredor, agente de negocios
+y hombre de confianza de todos los honrados individuos de la
+maragatería. Buscabales posada, proporcionabales almacén seguro para la
+carga, se entendía con los comerciantes y era en suma la providencia de
+la tierra de Astorga. Su honradez grande, su puntualidad y su celo le
+granjearon crédito tal, que llovían comisiones, menudeaban encargos, y
+caían en la bolsa, como apretado granizo, reales, pesos duros y
+doblillas en cantidad suficiente para que, al cabo de quince años de
+llegado a la corte, pudiese Joaquín estrechar lazos eternos con una
+conterránea suya, doncella de la esposa del magnate y señora tiempo
+hacía de los enamorados pensamientos del portero; y verificado ya el
+connubio, establecer surtida lonja de comestibles, a cuyo frente
+campeaba en doradas letras un rótulo que decía: _El Leonés.
+Ultramarinos_. De corredor pasó entonces a empresario de maragatos;
+comproles sus artículos en grueso y los vendió en detalle; y a él
+forzosamente hubo de acudir quien en Madrid quería aromático chocolate
+molido a brazo, o esponjosas mantecadas de las que sólo las astorganas
+saben confeccionar en su debido punto. Se hizo de moda desayunarse con
+el Caracas y las frutas de horno del Leonés; comenzó el magnate, su
+antiguo amo, dándole su parroquia, y tras él vino la gente de alto
+copete, engolosinada por el arcaico regalo de un manjar digno de la mesa
+de Carlos IV y Godoy. Y fue de ver como el señor Joaquín, ensanchando
+los horizontes de su comercio, acaparó todas las especialidades
+nacionales culinarias: tiernos garbanzos de Fuentesaúco, crasos chorizos
+de Candelario, curados jamones de Caldelas, dulce extremeña bellota,
+aceitunas de los sevillanos olivares, melosos dátiles de Almería y
+áureas naranjas que atesoran en su piel el sol de Valencia. De esta
+suerte y con tal industria granjeó Joaquín, limpia si no hidalgamente,
+razonables sumas de dinero; y si bien las ganó, mejor supo después
+asegurarlas en tierras y caserío en León; a cuyo fin hizo frecuentes
+viajes a la ciudad natal. A los ocho años de estéril matrimonio naciole
+una niña grande y hermosa, suceso que le alborozó como alborozaría a un
+monarca el natalicio de una princesa heredera; más la recia madre
+leonesa no pudo soportar la crisis de su fecundidad tardía, y enferma
+siempre, arrastró algunos meses la vida, hasta soltarla de malísima
+gana. Con faltarle su mujer, faltole al señor Joaquín la diestra mano, y
+fue decayendo en él aquella ufanía con que dominaba el mostrador,
+luciendo su estatura gigantesca, y alcanzando del más encumbrado estante
+los cajones de pasas, con sólo estirar su poderoso brazo y empinarse un
+poco sobre los anchos pies. Se pasaba horas enteras embobado, fija la
+vista maquinalmente en los racimos de uvas de cuelga que pendían del
+techo, o en los sacos de café hacinados en el ángulo más obscuro de la
+lonja, y sobre los cuales acostumbraba la difunta sentarse para hacer
+calceta. En suma, él cayó en melancolía tal, que vino a serie
+indiferente hasta la honrada y lícita ganancia que debía a su industria:
+y como los facultativos le recetasen el sano aire natal y el cambio de
+vida y régimen, traspasó la lonja, y con magnanimidad no indigna de un
+sabio antiguo, retirose a su pueblo, satisfecho con lo ya logrado, y sin
+que la sedienta codicia a mayor lucro le incitase. Consigo llevó a la
+niña Lucía, única prenda cara a su corazón, que con pueriles gracias
+comenzaba ya a animar la tienda, haciendo guerra crudísima y sin tregua
+a los higos de Fraga y a las peladillas de Alcoy, menos blancas que los
+dientes chicos que las mordían.
+
+Creció la niña como lozano arbusto nacido en fértil tierra: dijérase que
+se concentraba en el cuerpo de la hija la vida toda que por su causa
+hubo de perder la madre. Venció la crisis de la infancia y pubertad sin
+ninguno de esos padecimientos anónimos que empalidecen las mejillas y
+apagan el rayo visual de las criaturas. Equilibráronse en su rico
+organismo nervios y sangre, y resultó un temperamento de los que ya van
+escaseando en nuestras sociedades empobrecidas.
+
+Se desarrollaron paralelamente en Lucía el espíritu y el cuerpo, como
+dos compañeros de viaje que se dan el brazo para subir las cuestas y
+andar el mal camino; y ocurrió un donoso caso, que fue que mientras el
+médico materialista, Vélez de Rada, que asistía al señor Joaquín, se
+deleitaba en mirar a Lucía, considerando cuán copiosamente circulaba la
+vida por sus miembros de Cibeles joven, el sabio jesuita, padre Urtazu,
+se encariñaba con ella a su vez, encontrándole la conciencia clara y
+diáfana como los cristales de su microscopio: sin que se diesen cuenta
+de que acaso ambos admiraban en la niña una sola y misma cosa, vista por
+distinto lado, a saber: la salud perfecta.
+
+Quiso el señor Joaquín, a su modo, educar bien a Lucía; y en efecto,
+hizo cuanto es posible para estropear la superior naturaleza de su hija,
+sin conseguirlo, tal era ella de buena. Impulsado, por una parte, por el
+deseo de dar a Lucía conocimientos que la realzasen, recelando, de otra,
+que se dijese por el pueblo en son de burla que el tío Joaquín aspiraba
+a una hija señorita, educola híbridamente, teniéndola como externa en un
+colegio, bajo la férula de una directora muy remilgada, que afirmaba
+saberlo todo. Allí enseñaron a Lucía a chapurrear algo el francés y a
+teclear un poco en el piano; ideas serias, perdone usted por Dios;
+conocimientos de la sociedad, cero; y como ciencia femenina-ciencia
+harto más complicada y vasta de lo que piensan los profanos--, alguna
+laborcica tediosa e inútil, amén de fea; cortes de zapatillas de pésimo
+gusto, pecheras de camisa bordadas, faltriqueras de abalorio...
+Felizmente el padre Urtazu sembró entre tanta tierra vana unos cuantos
+granitos de trigo, y la enseñanza religiosa y moral de Lucía fue, aunque
+sumaria, recta y sólida, cuanto eran fútiles sus estudios de colegio.
+Tenía el padre Urtazu más de moralista práctico que de ascético, y la
+niña tomó de él más documentos provechosos para la conducta, que
+doctrina para la devoción. De suerte que sin dejar de ser buena
+cristiana, no pasó a fervorosa. La completa placidez de su temperamento
+vedaba todo extremo de entusiasmo a su alma: algo había en aquella niña
+del reposo olímpico de las griegas deidades; ni lo terrenal ni lo divino
+agitaban la serena superficie del ánimo. Solía decir el padre Urtazu,
+adelantando el labio con su acostumbrado visaje:
+
+--Estamos dormiditos, dormiditos; pero ya sé yo que no estamos
+muertecitos... y el día en que nos despertemos... tendrá que ver. Dios
+quiera que para bien sea.
+
+Eran las amigas de Lucía Rosarito, la hija de la fondista doña Agustina;
+Carmen, la sobrina del magistral, y varias doncellas de análoga
+posición, entre las cuales muchas soñaban con el blando sosiego, con la
+apacible uniformidad de la vida conventual, y hacían pintura tentadora
+de las delicias del claustro, del sentimiento suavísimo del día de la
+profesión, cuando coronadas de flores bajo el cándido velo, se
+ofreciesen a Cristo, con el refinado dulzor de añadir: «para siempre,
+para siempre». Oíalas Lucía sin que una sola fibra de su ser
+respondiese, vibrando, a aquel ideal. La vida activa la llamaba con
+voces enérgicas y profundas. No obstante, tampoco la inspiraban deseo de
+imitarlas otras compañeras suyas, a quienes veía esconder furtivamente
+en el corpiño la cartita, o asomarse al balcón prontas, ruborizadas y
+ansiosas. En su infancia, prolongada por la inocencia y la radiante
+salud, no cabían más placeres que correr por las alamedas que a León
+rodean, brincar con regocijo, cual pudiera adolescente ninfa retozando
+por los valles helenos.
+
+Creía el señor Joaquín a pie juntillas haber dado educación bastante a
+su hija, y aun le pareció de perlas el destrozo de valses y _fantasías_
+que sin compasión ejecutaban en el piano sus dedos inhábiles. Por muy
+recóndita que la guardase allá en los postreros rincones del
+pensamiento, no faltaba al leonés la aspiración propia de todo hombre
+que ejerce humildes oficios, y se ganó con sudores el pan, de que su
+descendencia beneficiase tamaños esfuerzos, ascendiendo un peldaño en la
+escala social. Bien llevaría él en paciencia continuar siendo tan tío
+Joaquín como siempre; no tenía ínfulas de ricachón, y era en genio y
+trato sencillo con extremo; pero si renunciaba al señorío en su persona,
+no así en la de su hija; parecíale oír voz que le decía, como las brujas
+a Banquo: «No serás rey, pero engendrarás reyes.» Y luchando entre el
+modesto convencimiento de su falta absoluta de rango, y la certeza moral
+de que Lucía a grandes puestos estaba destinada, vino a parar a la
+razonable conclusión de que el matrimonio realizaría la anhelada
+metamorfosis de muchacha en dama. Un yerno empingorotado fue desde
+entonces anhelo perenne del antiguo lonjista.
+
+Ni eran estas las únicas flaquezas y manías del señor Joaquín. Otras
+tuvo, que descubriremos sin miramientos de ninguna especie. Fue quizá la
+mayor y más duradera su desmedida afición al café, afición contraída en
+el negocio de ultramarinos, en las tristes mañanas de invierno, cuando
+la escarcha empaña el vidrio del escaparate, cuando los pies se hielan
+en la atmósfera gris de la solitaria lonja, y el lecho recién abandonado
+y caliente aun por ventura, reclama con dulces voces a su mal despierto
+ocupante. Entonces, semiaturdido, solicitando al sueño por las
+exigencias de su naturaleza hercúlea y de su espesa sangre, cogía el
+señor Joaquín la maquinilla, cebaba con alcohol el depósito, prendía
+fuego, y presto salía del pico de hojalata negro y humeante río de café,
+cuyas ondas a la vez calentaban, despejaban la cabeza y con la leve
+fiebre y el grato amargor, dejaban apto al coloso para velar y trabajar,
+sacar sus cuentas y pesar y vender sus artículos. Ya en León, y árbitro
+de dormir a pierna suelta, no abandonó el señor Joaquín el adquirido
+vicio, antes lo reforzó con otros nuevos: acostumbrose a beber la
+obscura infusión en el café más cercano a su domicilio, y a acompañarla
+con una copa de _Kummel_ y con la lectura de un diario político, siempre
+el mismo, invariable. En cierta ocasión ocurrió al Gobierno suspender el
+periódico una veintena de días, y faltó poco para que el señor Joaquín
+renunciase, de puro desesperado, al café. Porque siendo el señor Joaquín
+español, ocioso me parece advertir que tenía sus opiniones políticas
+como el más pintado, y que el celo del bien público le comía, ni más ni
+menos que nos devora a todos. Era el señor Joaquín inofensivo ejemplar
+de la extinguida especie progresista: a querer clasificarlo
+científicamente, le llamaríamos la variedad progresista de impresión. La
+aventura única en su vida de hombre de partido, fue que cierto día, un
+personaje político célebre, exaltado entonces y que con armas y bagajes
+se pasó a los conservadores después, entrase en su tienda a pedirle el
+voto para diputado a Cortes. Desde aquel supremo momento quedó mi señor
+Joaquín rotulado, definido y con marca; era progresista de los del señor
+don Fulano. En vano corrieron años y sobrevinieron acontecimientos, y
+emigraron las golondrinas políticas en busca siempre de más templadas
+zonas; en vano mal intencionados decían al señor Joaquín que su jefe y
+natural señor el personaje era ya tan progresista como su abuela; que
+hasta no quedaban sobre la haz de la tierra progresistas, que éstos eran
+tan fósiles como el megaterio y el plesiosauro; en vano le enseñaban los
+mil remiendos zurcidos sobre el manto de púrpura de la voluntad nacional
+por las mismas pecadoras manos de su ídolo; el señor Joaquín, ni por
+esas, erre que erre y más firme que un poste en la adhesión que al don
+Fulano profesaba. Semejante a aquellos amadores que fijan en la mente la
+imagen de sus amadas tal cual se les apareció en una hora culminante y
+memorable para ellos, y, a despecho de las injurias del tiempo
+irreverente, ya nunca las ven de otro modo, al señor Joaquín no le cupo
+jamás en la mollera que su caro prohombre fuese distinto de como era en
+aquel instante, cuando encendido el rostro y con elocuencia fogosa y
+tribunicia se dignó apoyarse en el mostrador de la lonja, entre un pilón
+de azúcar y las balanzas, demandando el sufragio. Suscrito desde
+entonces al periódico del consabido prohombre, compró también una mala
+litografía que lo representaba en actitud de arengar, y añadido el marco
+dorado imprescindible, la colgó en su dormitorio entre un daguerrotipo
+de la difunta y una estampa de la bienaventurada virgen Santa Lucía, que
+enseñaba en un plato dos ojos como huevos escalfados. Acostumbrose el
+señor Joaquín a juzgar de los sucesos políticos conforme a la pautilla
+de su prohombre, a quien él llamaba, con toda confianza, por su nombre
+de pila. Que arreciaba lo de Cuba: ¡bah! dice don Fulano que es asunto
+de dos meses la pacificación completa. Que discurrían partidas por las
+provincias vascas: ¡no asustarse!; afirma don Fulano que el partido
+absolutista está muerto, y los muertos no resucitan. Que hay profunda
+escisión en la mayoría liberal; que unos aclaman a X y otros a Z...
+Bueno, bueno; don Fulano lo arreglará, se pinta él solo para eso. Que
+hambre.... ¡sí, que se mama el dedo don Fulano!, ahora mismito van a
+abrirse los veneros de la riqueza pública.... Que impuestos.... ¡don
+Fulano habló de economías! Que socialismo.... ¡paparruchas! ¡Atrévanse
+con don Fulano, y ya les dirá él cuántas son cinco! Y así, sin más dudas
+ni recelos, atravesó el señor Joaquín la borrasca revolucionaria y entró
+en la restauración, muy satisfecho porque don Fulano sobrenadaba, y se
+apreciaban sus méritos, y tenía la sartén por el mango hoy como ayer.
+
+Dado tal linaje de culto, juzgue el pío lector cuál sería el gozo,
+confusión y anonadamiento del señor Joaquín, al recibir una mañana a un
+grave y apuesto sujeto, encargado de saludarle de parte del mismísimo
+Don Fulano.
+
+Llamábase el visitante D. Aurelio Miranda, y desempeñaba en León uno de
+esos destinos que en España abundan, no por honoríficos peor
+retribuídos, y que sin imponer grandes molestias ni vigilias, abren las
+puertas de la buena sociedad, prestando cierta importancia oficial:
+género de prebendas laicas, donde se dan unidas las dos cosas que
+asegura el refrán no caber en un saco. Era Miranda de origen y familia
+burocrática, en la cual se transmitían y como vinculaban los elevados
+puestos administrativos, merced a especial maña y don de gentes
+perpetuado de padres a hijos, a no sé qué felina destreza en caer
+siempre de pie y a cierta delicada sobriedad en esto de pensar y opinar.
+Logró la estirpe de los Mirandas teñirse de matices apagados y
+distinguidos, sobre cuyo fondo, así podía colocarse insignia blanca,
+como roja divisa; de suerte, que ni hubo situación que no les respetase,
+ni radicalismo que con ellos no transigiera, ni mar revuelto o
+bonancible en que con igual fortuna no pescaran. El mozo Aurelio casi
+nació a la sombra protectora de los muros de la oficina: antes que
+bigote y barba tuvo colocación, conseguida por la influencia paterna,
+reforzada por la de los demás Mirandas. Al principio fue una plaza de
+menor cuantía, que cubriese los gastos de tocador y otras menudencias
+del chico, derrochador de suyo; en seguida vinieron más pingües brevas,
+y Aurelio siguió la ruta trillada ya por sus antecesores. Con todo esto,
+veíase que algo degeneraba en él la raza: amigo de goces, de ostentación
+y vanidades, faltabale a Aurelio el tino exquisito de no salir de
+mediano por ningún respecto, y carecía de la formalidad exterior, del
+compasado porte que a los Mirandas pasados acreditaba de hombres de seso
+y experiencia y madurez política. Comprendiendo sus defectos, trató
+Aurelio de beneficiarlos diestramente, y más de una blanca y pulcra mano
+emborronó por él perfumadas esquelas con eficaces recomendaciones para
+personajes de muy variada ralea y clase. Asimismo se declaró gran
+amigote y compinche de algunos prohombres políticos, entre ellos el _don
+Fulano_ que ya conocemos. No habló jamás con ellos diez palabras
+seguidas que a política se refiriesen: contábales las noticias del día,
+el escándalo fresco, el último dicharacho y la más reciente caricatura;
+y de tal suerte, sin comprometerse con ninguno se vio favorecido y
+servido de todos. Agarrose, como nadador inexperto, a los hombros de tan
+prácticos buzos, y acá me sumerjo, y acullá me pongo a flote, fue
+sorteando los furiosos vendavales que azotaron a España, y continuando
+la tradición venerable de los Mirandas. Pero también la influencia se
+gasta y agota, y llegó un período en que, mermada la de Aurelio, no
+alcanzó a mantenerle en el único punto para él grato, en Madrid, y hubo
+de irse a vegetar a León, entre el Gobierno civil y la Catedral,
+edificios que ni uno ni otro le divertían. Lo que singularmente amargaba
+a Aurelio, era comprender que su decadencia administrativa nacía de otro
+decaimiento irreparable, a saber, el de su persona. Cumplida la
+cuarentena de años, faltábanle ya los billetitos de recomendación o por
+lo menos no eran tan calurosos: en los despachos de las notabilidades
+iba siendo su persona como un mueble más, y hasta él mismo sentía
+apagarse su facundia. La madurez se revelaba en él por un salto atrás;
+íbasele metiendo en el cuerpo la seriedad de los Mirandas; y de amable
+calavera, pasaba a hombre de peso. No del todo extrañas a tal
+metamorfosis debían ser algunas dolencias pertinaces, protesta del
+hígado contra el malsano régimen, mitad sedentario y mitad febril, tanto
+tiempo observado por Aurelio. Así es que, aprovechando la estancia en
+León, y los conocimientos y acierto singular de Vélez de Rada, dedicose
+a reparar las brechas de su desmantelado organismo; y la vida metódica y
+la formalidad creciente de sus maneras y aspecto, que en la corte la
+perjudicaban revelando que empezaba a ser trasto arrumbado y sin uso,
+sirviéronle en el timorato pueblo leonés de pasaporte, ganándole
+simpatías y fama de persona respetable y de responsabilidad y crédito.
+
+Solía Miranda hacer, de pascuas a ramos, tal cual escapatoria a Madrid,
+y en una de las últimas encontró al Don Fulano del señor Joaquín--a
+quien llamaremos Colmenar por respetos a su incógnito--, amostazado y
+furioso con otro Don Zutano que se empeñaba en desbaratarle sus
+combinaciones todas y en echarle por tierra todas sus hechuras. No había
+manera de arreglarse con aquel diablo de hombre, que así cortaba y
+segaba en el granado campo de los adictos colmenaristas. El destino de
+Miranda, a la sazón, estaba comprometidísimo. Pegó Miranda al escucharlo
+un brinco en el muelle diván.
+
+--Nada, hombre--prosiguió Colmenar--: así como te lo digo. Basta que yo
+tenga interés en conservar a uno, para que lo barra él.... Es cosa fija.
+Y no hay modo de evitarlo. El pega sin duelo.
+
+--Yo--contestó Miranda--, si todo se redujese a salir de León....
+Porque, la verdad sea dicha, aquel pueblo me encocora, aunque tiene sus
+ventajas... Pero si las cosas llegan más allá, lucido quedo.
+
+--No, pues lo probable es que lleguen.... La fortuna es enemiga de los
+viejos, y nosotros vamos siéndolo ya.... Tú estás muy arruinado de algún
+tiempo a esta parte. Ese pelo.... ¿Te acuerdas qué famoso pelazo tenías?
+Pronto recurriremos ambos al aceite de bellotas, como remedio heroico.
+
+--Hombre...--exclamó Miranda atusándose los mechones de las sienes con
+el ademán belicoso de los pasados días--. Cualquiera pensará que estoy
+calvo. Pues aún me defiendo muy bien. Los padecimientos me tienen así,
+un poco....
+
+--¿Estás enfermo? ¡Goteras, chico, goteras!
+
+--Una afección hepática, complicada con.... Pero en aquel pueblo
+anticuado de León di con un facultativo de lo más moderno, un
+sabio--apresurose a añadir Miranda viendo el gesto aburrido del
+prohombre, que temía el relato de la enfermedad--. Te aseguro que Vélez
+de Rada es un prodigio... Materialista cerrado, eso sí....
+
+--Como todos los médicos...--Y Colmenar se encogió de hombros--. ¿Y...
+qué tal? ¿Haces muchas conquistas en León? ¿Son blandas de corazón las
+leonesitas?
+
+--¡Bah! gazmoñillas--pronunció Miranda, que en confianza y reserva se
+permitía su poco de irreligiosidad--. Tráenlas los jesuitas embobadas
+con cofradías y novenas, y andan comiéndose los santos.... Sociedad,
+poca; cada uno en su casa y Dios en la de todos. No deja, por otra
+parte, de convenirme, puesto que he menester descanso y método....
+
+Colmenar oía baja la vista, contando los arabescos de la tupida
+alfombra.
+
+Alzó al fin la cabeza y diose una palmada en la frente.
+
+--Me ocurre una idea sin ejemplar--dijo, repitiendo la célebre frase del
+ministro portugués.--Chico, ¿por qué no te casas?
+
+--¡No está mala la ocurrencia! ¡Sí, que son baratas las mujercitas en
+estos tiempos... y lo que viene después! Al que no quiere caldo, taza y
+media: a quedarme sin destino voy quizás, ¡y de casamiento me hablas!
+
+--Tonto, no te propongo mujer que te haga peso, sino que te traiga
+pesos.
+
+Y el prohombre celebró su propio retruécano disparando larga risa.
+Miranda quedose pensativo mascando la miga de la proposición, cuyas
+ventajas le saltaron a los ojos prontamente. Ningún medio más acertado
+para prevenir las embestidas de la mala fortuna y asegurar el dudoso
+porvenir, mientras no emigrasen del todo los ya ralos cabellos, y no
+desapareciese el barniz de gallardía que aún abrillantaba su persona.
+Por otra parte, León era ciudad que involuntariamente sugería ideas
+matrimoniales. ¿Qué hacer sino casarse allí donde todo era calma y
+tedio, donde la soltería inspiraba desconfianza, donde la más
+insignificante aventurilla provocaba los furiosos ladridos del
+escándalo? Así es que dijo en voz alta:
+
+--Es cierto, chico; en León le entran a uno ganas de casarse y de vivir
+santamente.
+
+--Es que para ti--insistió Colmenar--es ya de necesidad el consorcio.
+Aparte de que eres mayor de edad... (aquí sonrió maliciosamente) y si no
+quieres llamarte solterón debes pensar en bodas, lo reclama tu salud...
+y tus pesetas. Si no puedes sostenerte, ¿cómo te las compones? Supongo
+que no tendrás economías.
+
+--¡Economías yo! _Au jour le jour_--dijo Miranda, pronunciando con
+cierta soltura la frasecilla transpirenaica.
+
+--Pues entonces, _il faut faire une fin_--replicó Colmenar, muy
+satisfecho de poder lucirse a su vez.
+
+--El caso es dar con la mujer, con el ave fénix--murmuró Miranda
+meditabundo--. No, lo que es niñas casaderas no faltan; pero yo ahora
+perdí el rumbo aquí.... Dime tú....
+
+--¡Niñas de aquí! ¡Líbrete de ellas Dios! Más temibles son que el
+cólera. ¿Sabes tú las exigencias que tiene cualquiera de esos angelitos?
+¿Sabes tú cómo las gastan?...
+
+--De modo que....
+
+--La mujer que tú necesitas está en León mismo.
+
+--¡En León!... Sí, en efecto acaso allí sea más fácil.... Pero no
+veo... Las de Arga, tienen ya novio; Concha Vivares sólo es rica en
+esperanzas, hay una tía que piensa dejarle su herencia: mas de aquí a
+que estire la pata.... La de Hornillos... no; la de Hornillos sólo tiene
+pergaminos, y eso no se echa en el puchero....
+
+--Te andas por las alturas... el ramo de señoritas está mal: aguárdate,
+que voy a decirte....
+
+Levantose Colmenar, y abriendo un cajón de su pupitre, sacó una tira de
+papel, rancia y amarillosa, cubierta de nombres, que recordaba las
+listas de proscripción. Y lista era, en efecto: allí estaban inscritos
+por riguroso orden alfabético los feudatarios de la gran personalidad
+colmenariana, en las diversas provincias de la Península; había
+apellidos que tenían al pie una A mayúscula, que significaba _adicto_;
+otros señalados con M A, _muy adicto_, alguno llevaba agregada una D,
+_dudoso_.
+
+El prohombre apoyó el dedo índice en uno de las nombres honrados con la
+M A.
+
+--Te propongo--dijo Miranda--una niña de pocos años, que acaso llegue, y
+aún pase, de los dos millones de capital.
+
+Abrió Miranda tamaño ojo, y tendió la mano para apoderarse de la
+bienhadada lista.
+
+--¡Así como suena!--exclamó--. Pero es que no hay como tú para tales
+hallazgos.
+
+--¿No conoces en León a la persona aquí apuntada?--siguió Colmenar
+señalando con la uña el renglón de la lista--. ¿Un viejo muy guapo y
+fornido, muy tieso aún, Joaquín González, _el Leonés_?
+
+--_¡El Leonés!_ Si no hay cosa que más conozca. Varias veces vino a
+asuntos al Gobierno civil de León. Claro que le conozco. Y ahora
+recuerdo; es verdad que tiene una chica, pero en esa sí que no me fijé
+jamás. Se la ve muy poco.
+
+--Hacen vida modesta. Duplicará el capital en diez años--, ¡para
+agenciar es mucho hombre _el Leonés_! Un infeliz, un simplón en lo
+restante; en política no ve más allá de sus narices el pobre; pero ha
+sabido crearse una fortuna. No tiene sino esa niña y adora en ella.
+
+--¿Y crees tú que no tendrá ya la chiquilla sus amoríos?
+
+--¡Bah... es tan joven! En presentándote tú... con tu buen trato, y tu
+práctica en tales lides....
+
+--Será una paleta, fea por añadidura.
+
+--Fue su padre arrogante mozo, y su madre una morena agraciada; ¿por qué
+ha de ser fea la chica? Ni hay quince años feos. Estará por desbastar,
+eso sí; pero entre tú y una modista... cuestión de un mes. Mucho más
+aptas son las mujeres para civilizarse y pulirse que los hombres..
+Enséñales el instinto de agradar lo que cien maestros no pudieran.
+
+--¿Y qué dirán de mí todas mis relaciones--sobre todo en León--,
+viéndome casado con la hija del Leonés?
+
+--¡Bah, bah! eso es cuestión de trasladarse.... En casándoos solicitas
+bajo cuerda que te lleven a otro sitio... el viejo se queda por allá
+cuidando de las rentas, y tú y la niña os estáis donde nadie sepa si la
+engendró un archiduque o el verdugo.... Por de pronto, en la luna de
+miel sales con tu mujer a dar una vuelta por Europa, y así te libras de
+las hablillas de la primera temporada. Y date prisa, antes que esa panza
+se ponga esférica, y ese cabello.... ¡Ay! ¡Y cómo pasa el tiempo!
+Envejecemos que es un dolor.
+
+Miranda contemplaba la punta de su elegante bota de caña clara, y
+rascábase la frente cavilando.
+
+--Medio de presentarme en esa casa--pronunció al cabo resueltamente--.
+Son personas de poco trato, y es preciso... yo no voy a pasearle la
+calle a la mocosa, supongo.
+
+--Llevarás una visita mía. ¡El viejo te recibirá mejor que al rey!
+
+Y diciendo y haciendo, sentose el prohombre a la mesa atestada de
+periódicos, cartas y libros, y tomando un pliego de timbrado papel, dejó
+correr la mano garrapateando el blanco folio con su letra precipitada,
+ininteligible casi, de hombre abrumado de asuntos. Doblolo, deslizándolo
+dentro de un sobre, y sin cerrarlo lo entregó a su amigo.
+
+Al levantarse Miranda para despedirse, acercose a Colmenar, y,
+hablándole bajo, casi al oído, murmuró:
+
+--Estás bien seguro... bien cierto de lo de... los dos mill....
+
+--¡Me quedé corto! No tienes sino informarte allá. En conciencia, me
+debes una prima--y al decirlo, reíase el hombre político, y golpeaba a
+Miranda en las mejillas, cual si de un niño de ocho años se tratase.
+
+Con tan alto patrocinio se presentó Miranda en la pacífica morada del
+feudatario colmenarista, siendo en efecto recibido cual lo exigía el
+venir de tal persona recomendado. Naturalmente se propuso no aparecer al
+pronto como candidato a la mano de Lucía. Sobre ser indelicadeza, fuera
+carencia de tacto; y además pretendía Miranda ante todo estudiar el
+terreno que pisaba. Halló ser verdad cuanto le había anunciado el
+prohombre y aun algo más en lo tocante a bienes de fortuna: vio una casa
+chapada a la antigua, tosca y popular en sus usos, pero honrada en todo,
+y un caudal sólido y seguro, diariamente acrecido por la celosa
+administración del señor Joaquín y su sencillez y parsimonia. Es cierto
+que el bueno del Leonés pareció a Miranda hombre de tediosa compañía, en
+todo vulgar e infeliz, corto de alcances, con sus ribetes de mentecato,
+pero hubo de sufrirlo, y aun de acomodarse a las ideas del viejo, tanto
+que éste llegó a no poder tomar café ni leer _El Progreso Nacional_,
+órgano de Colmenar, sin la salsa de los sabrosos comentarios que Miranda
+hacía a cada fondo, a cada suelto y gacetilla. Sabía Miranda de memoria
+el reverso, la cara interna de la política, y explicaba desenfadadamente
+las solapadas alusiones, las reticencias hábiles, las sátiras finas que
+en todo periódico importante abundan y son eterno logogrifo para el
+cándido suscritor provinciano. De suerte que desde su intimidad con
+Miranda, gozaba el señor Joaquín el hondo placer de la iniciación y
+miraba por cima del hombro a sus correligionarios leoneses, no admitidos
+en el santuario de la política reservada. Además de estos gustos que a
+la relación con Miranda debía, esponjábase el buen viejo--que ya sabemos
+cuán poco tenía de filósofo--cuando le encontraban las gentes mano a
+mano con tan bien portado caballero, íntimo del gobernador y familiar
+comensal de las gentes más encopetadas de la ciudad.
+
+Vio Lucía sin disgusto al cortés y afable Miranda, y reparó con pueril
+curiosidad el aseo de su persona, su calzado pulcro, sus níveos cuellos,
+los caprichosos dijes de su reloj y corbata: que toda mujer, compréndalo
+o no, se paga de exterioridades y menudencias por este estilo. Además,
+poseía Miranda--y la desplegó--, una ciencia que llamar pudiéramos la de
+agradar por diversión. Traía a la niña diariamente alguna baratija, para
+ella desconocida hasta entonces, ya un cromo, ya una fotografía, ya
+lindas flores, ya números de periódicos ilustrados, ya novelas de Fernán
+Caballero o de Alarcón; y las graciosas chucherías que por las puertas
+de la anticuada casa se entraban, como partículas de la vida moderna,
+eran otras tantas bocas encomiadoras del dadivoso. Acertó éste a ponerse
+al nivel de conversación de Lucía, y mostrose muy enterado de cosas
+femeniles, infantiles dijera mejor; y llegó el caso de que la niña le
+consultase acerca de su peinado, de sus trajes, y Miranda muy serio le
+dispusiese bajar o subir dos centímetros el talle o el moño. Tales
+incidentes variaban un poco los iguales días de la doncellita leonesa,
+prestando atractivo al trato de su disimulado pretendiente.
+
+En León causó al principio sorpresa grande que el currutaco Miranda
+eligiese por amigo a un señor Joaquín, hombre en cuyos cuadrados hombros
+parecía soldada y remachada la chaqueta; más presto anduvo la malicia el
+camino necesario para llegar a racional explicación del fenómeno, y
+comenzó Lucía a recibir larga broma de sus compañeras, que la aturdían a
+fuerza de glosar la pasión del señor de Miranda, sus atenciones, sus
+obsequios y rendimientos. Recibió ella la descarga risueña y
+sosegadamente, sin un sonrojo, sin perder minuto de sueño, sin que el
+latir del corazón se le acelerase cuando Miranda, desahogado siempre,
+repicaba la campanilla o entraba haciendo ruido con las flamantes botas.
+Como ningún amoroso requiebro de Miranda vino a confirmar los dichos de
+las gentes, estaba Lucía descuidada y tranquila lo mismo que de
+costumbre. Pero Miranda, resuelto ya a dar cima a su empresa, y
+considerando suficiente la preparación, un día, después de haber tomado
+café y leído _El Progreso Nacional_ con el señor Joaquín, le pidió
+redondamente a su hija.
+
+Quedose el Leonés hecho un papanatas, sin saber qué decir ni qué cara
+poner. Realizábase del todo su sueño: el ingreso de Lucía en la esfera
+señoril tan ambicionada. Mas seamos justos con el señor Joaquín: no le
+faltó, en tan supremos instantes, la percepción lúcida de ciertos puntos
+negros de la boda. Vio las edades diferentes, la hacienda de Miranda
+incógnita, y clara y cierta la rica dote de su hija; en suma, tuvo
+intuiciones pasajeras del cálculo inicuo que envolvía la demanda. El
+demandante se mostró hábil estratégico previniendo en cierto modo la
+sospecha, y anticipándose a los pensamientos del padre.
+
+--Yo--dijo--no tengo bienes de fortuna; poseo mi carrera, eso sí
+(Miranda había aprovechado los primeros años de su juventud haciéndose
+licenciado en Derecho, como suele la mayoría de los españoles), y si el
+destino me faltase, me sobran ánimos para trabajar y abrir bufete con
+muy lucida clientela en Madrid. Deseo que mi mujer goce de cómoda
+posición, pero para ella, por ella sola; nada para mí; yo me basto a mí
+mismo. La diferencia de caudal me retrajo mucho tiempo de pedir a Lucía;
+pero pudo más el afecto que me inspira tan preciosa e inocente
+criatura.... Así y todo, a no asegurarme Colmenar que usted es persona
+desinteresada y de ánimo generoso, no me decidiera nunca....
+
+--El señor Colmenar me favorece más de lo que merezco--respondió muy
+hueco el Leonés--; pero estas cosas han de pensarse.... Dese usted una
+vuelta por ahí....
+
+--Dentro de quince días vendré a saber su resolución--repuso
+discretamente Miranda cogiendo el sombrero.
+
+Pasolos dado a Satanás, porque era ciertamente ridículo para un hombre
+de sus ínfulas y categoría pedir la hija de un tendero de ultramarinos,
+y haber de esperar, como quien dice, en la antesala de la lonja, a que
+se dignasen abrirle la puerta. Entretanto, el señor Joaquín, leyendo
+solo el periódico y paladeando solo el café, venía a echarle muy de
+menos, e íbase arraigando en su mente la idea de la boda. Cada día
+consideraba más adecuado para yerno al amigo de Colmenar. Con todo, hizo
+lo que suelen las gentes que gustan de seguir su inclinación sin
+contraer responsabilidad: asesorarse con algunas personas acerca del
+asunto, esperando que su aprobación le escudase. Hubo de salirle
+frustrado el intento. El Padre Urtazu, consultado primero, exclamó con
+su franqueza navarra:
+
+--A gato viejo rata tierna. No se pierde el don almibarado y pulido.
+¿Pero no ve, desgraciado, no ve que el merengue ese puede ser padre de
+Lucía? ¡Sabe Dios las liebres que en su vida habrá corrido! Santísima
+Virgen ¡qué de historias llevará escondiditas en los bolsillos del
+levitín!
+
+--Pero usted, ¿qué haría en mi caso, Padre Urtazu?
+
+--¿Yo? Pensarlo, en vez de quince días, un año; ¡y otro año después, por
+lo que pudiera tronar!
+
+--¡Por vida de la Constitución! Usted, Padre, no ha notado los méritos
+del señor don Aurelio.
+
+--Los méritos... los méritos.... ¡vaya unos méritos! ¡Pch, pch! ¡Si es
+mérito ir todo sopladico, y enseñando diez centímetros de puño de
+camisa... y darla de mozalbete, estando peor que yo, que canas tengo,
+pero al menos no se me cae la hoja!
+
+Y el Padre Urtazu se tiraba enérgicamente de los cortos cabellos
+entrecanos que en sus sienes crecían, fuertes como matas de abrojos.
+
+--¿Qué dice a eso la chica?--interrogó después de súbito.
+
+--No hemos hablado aún....
+
+--¡Pues eso es lo primero, desgraciado! ¡Ay, que con los años se nos va
+reblandeciendo la mollera! ¿A qué aguarda?
+
+Vélez de Rada fue todavía más terminante y categórico.
+
+¡Casar a su hija de usted con Miranda!--gritó enarcando las cejas y
+colérico y descompuesto--. ¡Está usted loco! ¡El mejor ejemplar de raza
+que de diez años a esta parte encontré! ¡Una niña que tiene glóbulos
+rojos en la sangre, bastantes para surtir a cuantas muñequillas anémicas
+se pasean por Madrid! ¡Una estatura! ¡Un equilibrio! ¡Unos diámetros! Y
+con Miranda, que... (aquí la discreción profesional selló los labios del
+médico, y reinó silencio en la estancia.)
+
+--Señor Rada...--osó decir el señor Joaquín, que no entendía bien.
+
+--¿Sabe usted, sabe usted cuál es el deber del padre que tiene una hija
+como Lucía? Pues buscar, como otro Diógenes, un hombre que en
+constitución y riqueza de organismo la iguale, y unirlos. ¿Le parece a
+usted que con este descuido que hay en los enlaces, con los sacrílegos
+consorcios que solemos presenciar entre naturalezas pobres, viciadas,
+enfermas, y naturalezas sanas, es posible que muy pronto, a la vuelta de
+tres o cuatro generaciones, sobrevenga la decadencia fatal de estos
+pueblos de Europa? O qué, ¿se puede impunemente transmitir a nuestros
+tataranietos veneno y pus, en vez de sangre?
+
+Salió el señor Joaquín del gabinete del Esculapio un tanto asustado,
+pero aún más confuso, sirviéndole únicamente de consuelo el pensar que
+las desdichas vaticinadas a su prosapia no ocurrirían hasta dentro de un
+siglo lo más pronto. Y el último percance que en sus consultas
+matrimoniales le esperaba, fue con una hermana suya viejísima, en sus
+mocedades planchadora y hoy pensionada y socorrida de su hermano. La
+infeliz, que arrastrado, había con su difunto vida de perros, exclamó en
+cascajosa voz, alzando las secas manos y meneando la cabeza temblona:
+
+--¿Miranda? ¿Miranda? Será un pillo, un condenado: ¡todos los hombres
+son unos condenados! que los parta un ra....
+
+No quiso oír más el Leonés, y dio por terminadas las consultas.
+
+Faltaba el fondo de la cuestión, el parecer de Lucía. Quebrábase el
+padre la cabeza en busca de un medio diplomático de averiguarlo, cuando
+la misma niña se lo proporcionó.
+
+--Papá--interrogó un día con la mejor fe del mundo--, ¿estará enfermo el
+señor de Miranda? Hace días que no viene por aquí.
+
+Asió de los cabellos la ocasión el Sr. Joaquín y expuso los planes de
+Miranda. Lucía escuchaba atenta, con la sorpresa pintada en sus
+brillantes ojos.
+
+--Mire usted--pronunció al cabo--. Pues acertaban Rosarito y Carmela al
+asegurar que el señor de Miranda venía a esta casa por mí. ¡Pero, quién
+lo dijera!
+
+--Vamos, hija; ¿qué le contesto a ese señor?--preguntó afanoso el
+Leonés.
+
+--¿Papá... qué sé yo? Nunca pensé que quisiera casarse conmigo.
+
+--Pero a ti.... ¿te gusta el señor de Miranda?
+
+--Sí que me gusta. Todavía es muy buen mozo, declaró Lucía con
+naturalidad.
+
+--¿Y su genio... y su trato...?
+
+--Muy obsequioso, muy amable.
+
+--¿Te repugna la idea de que viviese siempre aquí... con nosotros?
+
+--No tal. Al contrario. Si me divierte mucho cuando viene.
+
+--Pues.... ¡por vida de la Constitución! ¡Tú también estás enamorada del
+señor de Miranda!
+
+--Mire usted.... ¡eso sí que me parece que no! Yo no he pensado despacio
+en esas cosas, ni sé cómo será el enamorarse; pero se me figura que debe
+ser así... más de bullanga, y que entrará... vamos, más de prisa y más
+recio.
+
+--Pero esos amores de bullanga, ¿qué falta hacen para ser buenos
+casados?
+
+--Yo supongo que ninguna. Para ser buenos casados, dice el Padre Urtazu
+que lo preciso es la gracia de Dios... y paciencia, mucha paciencia.
+
+El padre le dio, con su ancha diestra, una palmadita en la mejilla.
+
+--Hablas como un libro... por vida de la Const.... ¿conque, según eso,
+voy a darle un buen rato al señor de Miranda?
+
+--¡Ay, padre! El asunto merece pensarse: ¡hágame usted el favor de
+pensarlo por mí! ¿Qué entiendo yo de bodas, ni de?...
+
+--Pues mira, ya eres grandullona.... Eres demasiado simplota tú.
+
+--No--exclamó Lucía posando en el viejo su clara mirada--: si no es que
+soy simple, es que no quiero entender; ¿lo oye usted? Porque si comienzo
+a cavilar en esas cosas, doy en no comer, en no jugar, en no dormir...
+Esta noche de fijo no pegaría ojo... y después dice el señor de Rada, en
+latín, que enfermo del cuerpo y que vendré a enfermar del alma.... No
+quiero acordarme sino de mis juegos, y de mis lecciones; de eso no,
+padre, porque se me va adelgazando, adelgazando el magín, y me paso
+horas enteras con las manos cruzadas, sentada, hecha un poste.... El
+caso es que cuando me da por ahí, se me antoja que ni todos los hombres
+del mundo juntos valen lo que un novio como me finjo yo al mío... que
+tampoco está en el mundo, ¡no crea usted! está allá en unos palacios, y
+en unos jardines muy remotos.... En fin, no sé explicarme; ¿usted
+comprende?
+
+--¡Te habrán metido en la cabeza ser monja, como Águeda, la niña de la
+directora del colegio!--gritó el señor Joaquín, con ira.
+
+--¡Ca!... no señor--murmuró Lucía, cuya tez animada y encendida parecía
+fresquísima rosa--. No sería monja por un imperio.... No me llama Dios
+por ese camino.
+
+--Está visto--pensó el señor Joaquín para su capote--: hierve la olla; a
+esta chica hay que casarla. Y en voz alta: pues siendo así, niña, creo
+que no debes hacer un desaire al señor de Miranda. Es todo un señor... y
+en política, ¡vamos, es mucho olfato el suyo! ¿A ti no te desagrada?
+
+--Ya he dicho que no--repuso Lucía, en tono más tranquilo.
+
+La misma tarde fue el Leonés a llevar en persona a Miranda la
+satisfactoria respuesta.
+
+Colmenar escribió al señor Joaquín una carta que tuvo que leer. Y no
+transcurridos muchos días, dijo Miranda al presunto suegro, en tono
+satisfecho y confidencial:
+
+--Nuestro amigo Colmenar apadrina; delega en usted y envía esto para la
+novia.
+
+Y sacó de su estuche de raso un abanico de nácar, cuyo delicado país de
+encaje de Bruselas temblaba al aliento como la espuma del mar al soplo
+de la brisa. Referir lo orondo que se puso el señor Joaquín, fuera
+empresa superior a las fuerzas humanas. Pareciole que la personalidad
+_prohómbrica_ del insigne jefe de partido, repentinamente y por arte de
+birlibirloque se confundiera con la suya; creyose metamorfoseado,
+idéntico con su ídolo, y no cupo en su pellejo, y borráronse los recelos
+que a veces sentía aún pensando en el cercano desposorio. Ganoso de no
+quedarse atrás de Colmenar en generosidad, amén de señalar pingües
+alimentos a Lucía, le regaló una suma redonda, destinada a invertirse en
+el viaje de novios, cuyo itinerario trazó Miranda, comprendiendo a París
+y a ciertas bienhechoras aguas minerales, recetadas tiempo atrás por
+Rada, como remedio soberano para la diátesis hepática. La idea del viaje
+no dejó de parecer extraña al señor Joaquín. Al casarse él, no hizo
+excursión más larga que el trayecto de la portería a la lonja. Pero
+considerando que su hija entraba en superior rango, hubo de admitir los
+usos de la nueva categoría, por singulares que fuesen. Miranda se lo
+pintó así, y el señor Joaquín convino en ello: las inteligencias
+medianas ceden siempre al aplomo que las fascina.
+
+El que conozca un tanto las ciudades de provincia, imaginará fácilmente
+cuánto comentario, cuánta murmuración declarada o encubierta provocó en
+León la boda del importante Miranda con la obscura heredera del ex
+lonjista. Hablose sin tino ni mesura; quién censuraba la vanidad del
+viejo, que harto al fin de romper chaquetas, quería dar a su hija viso y
+tono de _marquesa_ (Miranda parecía a no pocas gentes el tipo clásico
+del marqués). Quién hincaba el diente en el novio, hambrón madrileño,
+con mucho aparato y sin un ochavo, venido allí a salir de apuros con las
+onzas del señor Joaquín. Quién describía satíricamente la extraña figura
+de Lucía la mocetona, cuando estrenase sombrero, sombrilla y cola larga.
+Mas estos runrunes se estrellaban en la orgullosa satisfacción del señor
+Joaquín, en la infantil frivolidad de la novia, en la cortés y mundana
+reserva del novio. Fiel Lucía a su programa de no pensar en la boda
+misma, pensaba en los accesorios nupciales, y contaba gozosa a sus
+amigas el viaje proyectado, repitiendo los nombres eufónicos de pueblos
+que tenía por encantadas regiones; París, Lyón, Marsella, donde las
+niñas imaginaban que el cielo sería de otro color y luciría el sol de
+distinto modo que en su villa natal. Miranda, a cuenta de un empréstito
+que negoció contando satisfacerlo después a expensas del generoso
+suegro, hizo venir de la corte lindas finezas, un aderezo de brillantes,
+un cajón atestado de lucidas galas, envío de renombrado sastre de
+señoras. Mujer al cabo Lucía, y nuevos para ella tales primores, más de
+una vez, como la Margarita de _Fausto_, se colgó ante un espejillo los
+preciosos dijes, complaciéndose en sacudir la cabeza a fin de que
+fulgurasen los resplandores de los pendientes y las flores de pedrería
+salpicadas por el obscuro cabello. En esto se solazan las mujeres cuando
+son niñas, y todavía muchísimo tiempo después de dejar de serlo. Pero
+Lucía no era niña para siempre.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+Seguía corriendo el tren, y la desposada no lloraba ya. Apenas se
+advertían en su rostro huellas de llanto, ni sus párpados estaban
+enrojecidos. Así acontece con las lágrimas que vertemos por las primeras
+penillas de la vida: llanto sin amargura, rocío leve, que antes refresca
+que abrasa. Comenzaban a entretenerla las estaciones y la gente que se
+asomaba curiosa a la portezuela, escudriñando el interior del
+departamento. Llovía preguntas sobre Miranda, el cual daba pormenores de
+todo, esmerándose en divertirla, y entreverando con las explicaciones
+alguna terneza, que la niña escuchaba sin turbarse, pareciéndole
+naturalísimo que el esposo mostrase afecto a la esposa, sin que el más
+leve oscilar de su corpiño delatara la dulce confusión que el amor
+despierta. Hallábase ya en su centro Miranda, habiendo cesado los lloros
+y reaparecido el buen humor y el temple normal del ánimo. Satisfecho de
+tal resultado, hasta bendecía interiormente a una de sus causas, una
+vejezuela que con enorme banasta al brazo se coló en el departamento
+algunas estaciones antes de Palencia, y cuya grotesca facha ayudó a
+llamar la sonrisa a los labios de Lucía.
+
+Al llegar a Palencia, dejolos la vejezuela y subió un hombre grave,
+decentemente vestido, silencioso.
+
+--Se parece a papá--dijo Lucía en voz baja a Miranda--. ¡Pobrecillo!--Y
+esta vez sólo un suspiro pagó la deuda del amor filial.
+
+Caía ya la noche; andaba el tren lentamente, como si temblase de pavor
+al confiarse a los raíles, y observó Miranda que llevaba notable
+retraso.
+
+--Llegaremos a Venta de Baños--pronunció volviendo la hoja del
+_Indicador_--mucho más tarde de lo que se acostumbra.
+
+--Y en Venta de Baños...--interrogó Lucía.
+
+--Podemos cenar... si nos dan tiempo. En circunstancias ordinarias, no
+sólo se cena, sino que hasta se descansa un rato, esperando el otro
+tren, el expreso, el que ha de llevarnos a Francia.
+
+--¡A Francia! (Lucía palmoteó como si escuchase nueva inesperada y
+gratísima.) Reflexionando después, añadió en voz grave--: Pues lo que es
+yo tengo ganas de cenar.
+
+--Cenaremos, cenaremos: al menos para cenar espero que nos alcanzará el
+rato que dure la parada.... ¿Hay apetito, eh? Ello es que... que tú no
+has probado casi nada hoy....
+
+--Con la prisa y el ahogo... y atender a que sirviesen bien los
+chocolates... y la pena de dejar al pobre papá, y de verle tan
+alicaído... y también....
+
+--¿Qué más?
+
+--¡Y vamos! que eso de casarse no sucede todos los días... y es natural
+que trastorne un poco... es cosa grave, muy grave, ya me lo avisó el
+Padre Urtazu..., y así es que yo anoche no pegué ojo, y conté todas las
+horas, las medias y los cuartos que dio el cuco de la antesala... a cada
+campanada que oía.... ¡tam, tam!, exclamaba yo ¡maldito! aguárdate, que
+voy a taparme la cara con las sábanas, y a llamar el sueño, y no
+volverás a hacer de las tuyas..., pero ni por esas. Ahora, como ya pasó,
+es lo mismo que cuando hay que saltar un foso muy ancho: se salta,
+¡zas!, y ya no se piensa en ello. ¡Se acabó!
+
+Miranda se reía, sentado próximo a su novia, mirándola de cerca y
+hallándola muy linda, transformada casi con el tocado de viaje y la
+animación que encendía sus mejillas y arrebolaba su fresca tez. Lucía
+también comenzaba a recobrar la antigua familiaridad con Miranda, algo
+interrumpida últimamente por la novedad de la situación respectiva de
+ambos.
+
+--No se ría usted de mis tonterías, señor de Miranda--murmuró la niña.
+
+--Hazme el favor de no equivocarte, hija... me llamo Aurelio, y debes
+hablarme de tú como yo a ti.... ¿sabes?
+
+Todo este diálogo pasaba en discreto tono, a media voz, inclinados el
+uno hacia el otro ambos interlocutores, con misterioso y casi amante
+silabeo. El testigo de vista, silencioso, recostado en un ángulo,
+imponía a la plática de los esposos, plática llana y corriente, cierta
+intimidad y secreto que acrecentaban su atractivo, dándole visos de
+tierno coloquio. Las mismas cosas, dichas en alto, serían indiferentes y
+sencillas por demás. De ordinario sucede así, que no sean las palabras
+importantes en sí mismas, sino por el tono con que se pronuncian y el
+lugar en que se colocan, a la manera de menudas piedrecillas que
+incrustadas convenientemente en la labor de mosaico, ya dibujan un
+árbol, ya una casa, ya un rostro.
+
+Detúvose al cabo el tren en Venta de Baños, y las luces de la estación
+mostraron su encendida pupila a través de la niebla leve de sosegada
+noche de otoño.
+
+--¿Es aquí? ¿Es aquí donde nos bajarnos y se cena?--preguntó Lucía, a
+quien el suceso, nuevo para ella, de una cena en la estación, abría a un
+tiempo apetito y curiosidad.
+
+--Aquí--contestole Miranda en tono mucho menos regocijado--. ¡Ahora,
+cambio de tren! ¡Los suprimiría todos! No hay cosa más incómoda. Busque
+usted el equipaje para que no se lo lleven a Madrid... mueva usted todos
+esos embelecos....
+
+Diciendo lo cual, cogió de la red manta, saco y lío de paraguas; pero
+Lucía con su juvenil vigor y sus hábitos de hija del pueblo arrebatole
+de la mano lo más pesado, el saco, y brincando, ligera como un ave, al
+suelo, dio a correr hacia la fonda.
+
+Sentáronse a la mesa dispuesta para los viajeros, mesa trivial, sellada
+por la vulgar promiscuidad que en ella se establecía a todas horas; muy
+larga y cubierta de hule, y cercada como la gallina de sus polluelos, de
+otras mesitas chicas, con servicios de té, de café, de chocolate. Las
+tazas, vueltas boca abajo sobre los platillos, parecían esperar
+pacientes la mano piadosa que les restituyese su natural postura; los
+terrones de azúcar empilados en las salvillas de metal, remedaban
+materiales de construcción, bloques de mármol blanco desbastados para
+algún palacio liliputiense. Las teteras presentaban su vientre
+reluciente y las jarras de la leche sacaban el hocico como niños mal
+criados. La monotonía del prolongado salón abrumaba. Tarifas, mapas y
+anuncios, pendientes de las paredes, prestaban al lugar no sé qué
+perfiles de oficina. El fondo de la pieza ocupábalo un alto mostrador
+atestado de rimeros de platos, de grupos de cristalería recién lavada,
+de fruteros donde las pirámides de manzanas y peras pardeaban ante el
+verde fuerte del musgo. En la mesa principal, en dos floreros de azul
+porcelana, acababan de mustiarse lacias flores, rosas tardías, girasoles
+inodoros. Iban llegando y ocupando sus puestos los viajeros, contraído
+de tedio y de sueño el semblante, caladas las gorras de camino hasta las
+cejas los hombres, rebujadas las mujeres en toquillas de estambre,
+oculta la gentileza del talle por grises y largos impermeables,
+descompuesto el peinado, ajados los puños y cuellos. Lucía, risueña, con
+su ajustado casaquín, natural y sonrosada la color del semblante,
+descollaba entre todos, y dijérase que la luz amarillenta y cruda de los
+mecheros de gas se concentraba, proyectándose únicamente sobre su cabeza
+y dejando en turbia media tinta las de los demás comensales. Les
+trajeron la comida invariable de los fondines: sopa de hierbas, chuletas
+esparrilladas, secos alones de pollo, algún pescado recaliente, jamón
+frío en magrísimas lonjas, queso y frutas. Hizo Miranda poco gasto de
+manjares, despreciando cuanto le servían, y pidiendo imperativo y en voz
+bastante alta una botella de Jerez y otra de Burdeos, de que escanció a
+Lucía, explicándole las cualidades especiales de cada vino. Lucía comió
+vorazmente, soltando la rienda a su apetito impetuoso de niño en día de
+asueto. A cada nuevo plato, renovabásele el goce que los estómagos no
+estragados y hechos a alimentos sencillos hallan en la más leve novedad
+culinaria. Paladeó el Burdeos, dando con la lengua en el cielo de la
+boca, y jurando que olía y sabía como las violetas que le traía Vélez de
+Rada a veces. Miró al trasluz el líquido topacio del Jerez, y cerró los
+ojos al beberlo, afirmando que le cosquilleaba en la garganta. Pero su
+gran orgía, su fruto prohibido, fue el café. No acertaremos jamás los
+mínimos y escrupulosos cronistas del señor Joaquín el Leonés, cuál fuese
+la razón secreta y potísima que le llevó a vedar siempre a su hija el
+uso del café, cual si fuese emponzoñada droga o pernicioso filtro: caso
+tanto más extraño cuanto que ya sabemos la afición desmedida, el amor
+que al café profesaba nuestro buen colmenarista. Privada Lucía de gustar
+de la negra infusión, y no ignorante de los tragos que de ella se echaba
+su padre al cuerpo todos los días, dio en concebir que el tal brebaje
+era el mismo néctar, la propia ambrosía de los dioses, y sucedíale a
+veces decir a Rosarito o a Carmela:
+
+--Deja, que en casándome, yo tomaré café. ¡Pues no!
+
+No era muy genuino, ni muy aromático el del fondín de Venta de Baños; y
+con todo eso, al introducir en sus labios por vez primera la cucharilla,
+al sentir el leve amargor y el tibio vaho que la penetraban, experimentó
+Lucía hondo estremecimiento, algo como una expansión de su ser, cual si
+a un tiempo se abriesen sus sentidos, semejantes a capullos de arbusto
+que a la vez florecen todos. La copa de _chartreuse_, bebida despacio,
+le dejó en la lengua y en los dientes un aroma penetrante y
+fortalecedor, una sed grata, ligerísima, que apagaban los sorbos últimos
+del café, saturados del fino polvillo que en remolinos lentos se
+depositaba en el fondo de la taza.
+
+--¡Si viniese papá ahora--murmuró--, qué diría!
+
+Miranda y Lucía fueron los últimos en alzarse de la mesa. Los restantes
+viajeros se desparramaran ya por el andén a fin de coger sitio en el
+expreso, que acababa de llegar y detenerse, vibrante aún de su rápida
+marcha, en la estación.
+
+--Vamos--advirtió Miranda--, vamos, que el tren va a salir.... No sé si
+hallaremos un departamento desocupado.
+
+Emprendieron su peregrinación, recorriendo la línea de vagones, en busca
+del departamento vacío. Halláronle, al fin no sin trabajo, y tomaron
+posesión de él, arrojando sus fardos en los almohadones. La luz opaca
+del farol, filtrándose a través de la cortinilla de azul tafetán; el
+gris uniforme y mate del forro, que parecía blanquecina colgadura; el
+silencio, la atmósfera reposada, sucediendo a la claridad brutal y a la
+confusa batahola del fondín, convidando estaban a apacible sueño y
+sosiego. Desabrochó Lucía la goma de su sombrero, colocándolo en la red.
+
+--Estoy aturdida--dijo pasándose la mano por la frente--. Me pesa algo
+la cabeza; tengo calor.
+
+--Los licores.... Las bebidas--respondió festivamente Miranda--.
+Descansa un instante, mientras facturo el equipaje. Es formalidad
+precisa aquí....
+
+Diciendo esto, levantó uno de los cojines del coche; metió debajo su
+manta enrollada para que formase cabecera, alzó el brazo de sillón que
+dividía los dos cojines, y añadió:
+
+--¡Una cama pintiparada!
+
+Sacó Lucía del bolsillo un pañolito de seda, con esmero doblado, lo
+extendió delicadamente sobre el cojín, y se tendió reclinando la cabeza
+en donde el pañuelo impedía el roce con el paño sobado del forro.
+
+--Si me duermo--advirtió a Miranda--, despiértame cuando pase algo digno
+de verse.
+
+--Pierde cuidado--contestó Miranda riéndose--. Vuelvo en seguida.
+
+Quedose Lucía sola, cerrados ya los ojos, embargadas por grato sopor las
+potencias. Fuese el movimiento del tren, fuese el insomnio de las
+vísperas nupciales, fuese el hábito de acostarse en León a aquella misma
+hora de diez y media de la noche, o todas estas cosas juntas, ello es
+que el sueño caía sobre ella como un manto de plomo. Aflojábanse sus
+tirantes nervios, y corría por sus venas esa inexplicable sensación de
+calor rítmico, que anuncia que el curso de la sangre regulariza, y que
+el reposo comienza. Hizo Lucía la señal de la cruz, entre dos bostezos,
+murmuró un Padrenuestro y un Avemaría, y dio principio a una oración
+aprendida en el devocionario, y escrita en detestables versos, que
+comienza:
+
+ Del párvulo tierno,
+ cándido e inocente,
+ Dios justo y clemente
+ el sueño me dad...
+
+Operaciones todas que si habían de espantar la somnolencia, la atrajeron
+más y más. De la boca de Lucía se exhaló leve suspiro; su mano cayó
+inerte, y la niña se quedó sepultada en el sueño más suelto y profundo,
+cual si entre blandas sábanas lo gozase.
+
+Entregábase mientras tanto Miranda a la importante tarea de facturar el
+equipaje, no escaso, compuesto de dos baúles mundos, una sombrerera y un
+cajón especial de tela y cuero, a propósito para guardar de arrugas el
+planchado de sus camisas de vestir. Fuerza fue esperar pacientemente el
+turno de bultos rotulados A. M., frente al gran mostrador, donde se
+alineaba respetable fila de maletas, cajas y cajones de toda especie que
+iban trayendo a hombros los mozos de la estación, agobiados, hinchadas
+las venas del cuello. Cuando llegaban al mostrador, dábanse prisa a
+soltar la carga de golpe, con movimientos brutales, haciendo crujir la
+madera de los baúles y gemir y rechinar los aros de hierro que la
+afianzan. Al cabo logró Miranda que llegase su vez, y ya con el talón en
+el bolsillo, saltó del andén a la vía triple buscando su departamento.
+Costole algún trabajo, y abrió en balde varias puertas antes de dar con
+él; al abrirlas, solía asomarse una cabeza, y una voz áspera decir:
+«está lleno.» En otros departamentos vio formas confusas, gente
+acurrucada en los rincones o tumbada en los cojines. Al fin acertó,
+reconoció su sitio.
+
+El cuerpo de Lucía, tendido sobre la improvisada cama, era complemento
+de la paz, de la quietud de aquella movible alcoba. Miranda consideró a
+su desposada un rato, sin que se le ocurriesen las cosas sentimentales y
+poéticas que la situación parecía sugerir.
+
+--Es guapa de veras esta chica--pensaba el hombre maduro y experto--.
+Sobre todo, tiene su tez la pelusa de los albérchigos cuando no les han
+tocado y cuelgan aún en la rama. Ese diablo de Colmenar parece que
+adivina todas las cosas... otro me hubiera dado los millones con alguna
+virgen y mártir de cuarenta años.... Pero esto es miel sobre hojuelas,
+como suele decirse.
+
+Al glosar así su dicha, quitábase Miranda el sombrero y buscaba en los
+bolsillos del sobretodo la gorrilla de viaje roja y negra a cuarterones.
+Hay movimientos que por instinto nos recuerdan otros, cuando los
+ejecutamos. El antebrazo de Miranda, al descender, notó un vacío, la
+falta de algo que antes le estorbaba. Y el dueño del antebrazo, al
+advertirlo, dio brusco salto, y empezó a mirarse de abajo arriba, y las
+manos trémulas recorrieron y palparon el pecho y la cintura sin hallar
+nada; y la boca, impaciente y colérica, soltó en voz ahogada tacos,
+ternos y votos redondos; y el puño cerrado hirió la desmemoriada frente,
+como evocando el recuerdo con aquel cachete expresivo: llamado así el
+recuerdo, acudió por último; al cenar, habíase quitado la cartera, que
+le molestaba para comer, y puéstola a su lado sobre una silla vacante.
+Allí debía de estar. Era forzoso recogerla. Pero, ¡y el tren que iba a
+salir! Ya roncaban las chimeneas, bufando como erizados gatos, y dos o
+tres silbos agudos preludiaban la marcha. Miranda tuvo un segundo de
+indecisión.
+
+--Lucía--dijo en voz alta.
+
+Y contestole sólo el respirar igual y fuerte de la niña, indicando un
+sueño tenaz y hondo.
+
+Entonces se decidió prontamente, y con agilidad digna de un muchacho de
+veinte años, saltó a la vía y rompió a correr hacia la fonda. No es para
+perdida cartera como aquella, repleta de dinero en sus formas más
+variadas y seductoras: oro, plata, billetes de Banco, letras. Se
+precipitaba.
+
+Extinguido ya la mayor parte del alumbrado en el fondín, sólo ardía una
+bomba en cada cuádruple mechero; los mozos charlaban sentados en los
+rincones, o conducían perezosamente a la cocina obeliscos de platos
+grasientos y sucios, y montones de arrugadas servilletas. En la mesa
+grande, casi vacía, se alzaban solitarios los altos floreros, y a la luz
+escasa era lúgubre la mancha blanca del enorme mantel, semejante a un
+sudario. Sobre el mostrador, un quinqué de petróleo despedía en torno un
+círculo de claridad anaranjada, concreta, y el amo del
+establecimiento--sirviéndole de pupitre la tableta de mármol--, escribía
+guarismos en una gran agenda. Miranda, azorado, se llegó a él,
+acercándose mucho, tocándole casi:
+
+--Caballero...--preguntó con voz anhelante--¿ha visto usted por ahí...
+han recogido los mozos?...
+
+El amo alzó el rostro, rostro franco, patilludo y vulgar.
+
+--¿Una cartera? Sí, señor.
+
+Respiró anchamente el amigo de Colmenar.
+
+--¿Es de usted?--interrogó receloso el fondista.
+
+--¡Mía, sí! Démela usted sin pérdida de tiempo: va a salir el tren....
+
+--Tenga usted la bondad de facilitarme alguna seña....
+
+--Color encarnado obscuro... de piel de Rusia... broches plateados....
+
+--Basta, basta--dijo el fondista, que tomó de un cajón del mostrador la
+preciosa prenda, entregándola honradamente a su poseedor legítimo. El
+cual, no parándose a reconocerla, se la colgó en un abrir y cerrar de
+ojos, sepultó la mano en el bolsillo del chaleco, y sacando un puñado de
+monedas de plata, las desparramó sobre el mármol, exclamando: «para los
+mozos.» La acción fue tan rápida, que algunas rodaron, y después de
+danzar sobre la lisa superficie, vinieron a aplanarse con sonoro tañido.
+Aún duraba el argentino repique y ya Miranda volaba. En su aturdimiento
+no acertaba con la puerta.
+
+--Que sale el tren, caballero--le gritaron los mozos--. Por aquí... por
+aquí....
+
+Lanzose desatinado al andén: el tren, con pérfida lentitud de reptil,
+comenzaba a resbalar suavemente por los rieles. Miranda le enseñó los
+puños, y un sentimiento de impotente y fría rabia apoderose de su
+espíritu. Así perdió un segundo, un segundo precioso. El andar del
+convoy se aceleraba, como el columpio que, empezando a oscilar, describe
+a cada paso curvas más abiertas, y vuela con brío mayor por los aires.
+Precipitadamente y sin mirar al terreno, saltó Miranda a la vía, para
+alcanzar los vagones de primera, que en aquel punto desfilaban ante sus
+ojos, como mofándose de él. Quiso lanzarse al estribo, pero al tocarle
+fue despedido a la vía con gran violencia, y cayó, sintiendo agudo y
+repentino dolor en el pie derecho. Quedose en el suelo, medio
+incorporado, profiriendo una imprecación de esas que en España los
+hombres más preciados de distinguidos y elegantes no recelan tomar del
+lenguaje patibulario de los facinerosos. El tren, rugiente, majestuoso y
+veloz, cruzó ante él, despidiendo la negra máquina centellas de fuego,
+semejantes a espíritus fantásticos danzando entre las tinieblas
+nocturnas.
+
+Pocos momentos después de que Miranda bajó a recoger su cartera, habíase
+abierto la puerta del departamento donde quedaba Lucía dormida,
+penetrando por ella un hombre. Llevaba éste en la mano un maletín, que
+dejó caer a su lado, sobre los cojines. Cerrando la portezuela, sentose
+en un ángulo, pegada la frente al vidrio, frío como el hielo y empañado
+por el rocío de la noche. No se veía más que la negrura exterior, que
+apenas contrastaba la confusa penumbra del andén, el farolillo del
+guarda que lo recorría, y los mustios reverberos aquí y allí esparcidos.
+Cuando el tren rompió a andar, pasaron unas chispas, rápidas como
+exhalaciones, ante el cristal en que apoyaba su rostro el recién
+llegado.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Al cual no dejó de parecer extraña y desusada cosa--así que, cesando de
+contemplar las tinieblas, convirtió la vista al interior del
+departamento--el que aquella mujer, que tan a su sabor dormía, se
+hubiese metido allí en vez de irse a un reservado de señoras. Y a esta
+reflexión siguió una idea, que le hizo fruncir el ceño y contrajo sus
+labios con una sonrisa desdeñosa. No obstante, la segunda mirada que
+fijó en Lucía le inspiró distintos y más caritativos pensamientos. La
+luz del reverbero, cuya cortina azul descorrió para mejor examinar a la
+durmiente, la hería de lleno; pero según el balanceo del tren, oscilaba,
+y tan pronto, retirándose, la dejaba en sombra, como la hacía surgir,
+radiante, de la obscuridad. Naturalmente se concentraba la luz en los
+puntos más salientes y claros de su rostro y cuerpo. La frente, blanca
+como un jazmín, los rosados pómulos, la redonda barbilla, los labios
+entreabiertos que daban paso al hálito suave, dejando ver los nacarinos
+dientes, brillaban al tocarlos la fuerte y cruda claridad; la cabeza la
+sostenía con un brazo, al modo de las bacantes antiguas, y su mano
+resaltaba entre las obscuridades del cabello, mientras la otra pendía,
+en el abandono del sueño, descalza de guante también, luciendo en el
+dedo meñique la alianza, y un poco hinchadas las venas, porque la
+postura agolpaba allí la sangre. Cada vez que el cuerpo de Lucía entraba
+en la zona luminosa, despedían áureo destello los botones de cincelado
+metal, encendiéndose sobre el paño marrón del levitín, y se entreveía, a
+trechos de la revuelta falda, orlada de menudo volante a pliegues, algo
+del encaje de las enaguas, y el primoroso zapato de bronceada piel, con
+curvo tacón. Desprendíase de toda la persona de aquella niña dormida
+aroma inexplicable de pureza y frescura, un tufo de honradez que
+trascendía a leguas. No era la aventurera audaz, no la mariposuela de
+vuelo bajo que anda buscando una bujía donde quemarse las alas; y el
+viajero, diciéndose esto a sí mismo, se asombraba de tan confiado sueño,
+de aquella criatura que descansaba tranquila, sola, expuesta a un
+galanteo brutal, a todo género de desagradables lances; y se acordaba de
+una estampa que había visto en magnífica edición de fábulas ilustradas,
+y que representaba a la Fortuna despertando al niño imprevisor
+aletargado al borde del pozo. Ocurriósele de pronto una hipótesis: acaso
+la viajera fuese una _miss_ inglesa o norteamericana, provista de
+rodrigón y paje con llevar en el bolsillo un revólver de acero de seis
+tiros. Pero aunque era Lucía fresca y mujerona como una Niobe, tipo muy
+común entre las señoritas _yankees_, mostraba tan patente en ciertos
+pormenores el origen español, que hubo de decirse a sí mismo el que la
+consideraba: «no tiene pizca de traza de extranjera.» Mirola aun buen
+rato, como buscando en su aspecto la solución del enigma; hasta que al
+fin, encogiéndose levemente de hombros, como el que exclamase: «¿Qué me
+importa a mí, en resumen?», tomó de su maletín un libro y probó a leer;
+pero se lo impidió el fulgor vacilante que a cada vaivén del coche
+jugaba a embrollar los caracteres sobre la blanca página. Se arrimó
+nuevamente entonces el viajero a los helados cristales, y se quedó así,
+inmóvil, meditabundo.
+
+El tren seguía su marcha retemblando, acelerándose y cuneando a veces,
+deteniéndose un minuto solo en las estaciones, cuyo nombre cantaba la
+voz gutural y melancólica de los empleados. Después de cada parada
+volvía, como si hubiese descansado, y con mayores bríos, a manera de
+corcel que siente el acicate, a devorar el camino. La diferencia de
+temperatura del exterior al interior del coche, empañaba con un velo de
+tul gris la superficie del vidrio; y el viajero, cansado quizá de
+fundirlo con su hálito, se dedicó nuevamente a considerara la dormida, y
+cediendo a involuntario sentimiento, que a él mismo le parecía ridículo,
+a medida que transcurrían las horas perezosas de la noche, iba
+impacientándole más y más, hasta casi sacarle de quicio, la regalada
+placidez de aquel sueño insolente, y deseaba, a pesar suyo, que la
+viajera se despertara, siquiera fuese tan sólo por oír algo que
+orientase su curiosidad. Quizá con tanta impaciencia andaba mezclada
+buena parte de envidia. ¡Qué apetecible y deleitoso sueño; qué calma
+bienhechora! Era el suelto descanso de la mocedad, de la doncellez
+cándida, de la conciencia serena, del temperamento rico y feliz, de la
+salud. Lejos de descomponerse, de adquirir ese hundimiento cadavérico,
+esa contracción de las comisuras labiales, esa especie de trastorno
+general que deja asomar al rostro, no cuidadoso ya de ajustar sus
+músculos a una expresión artificiosa, los roedores cuidados de la
+vigilia, brillaba en las facciones de Lucía la paz, que tanto cautiva y
+enamora en el semblante de los niños dormidos. Con todo, un punto
+suspiró quedito, estremeciéndose. El frío de la noche penetraba, aun
+cerrados los cristales, a través de las rendijas. Levantose el viajero,
+y sin mirar que en la rejilla había un envoltorio de mantas, abrió su
+propio maletín y sacó un chal escocés, peludo, de finísima lana, que
+delicadamente extendió sobre los pies y muslos de la dormida. Volviose
+ésta un poco sin despertar, y su cabeza quedó envuelta en sombra.
+
+Fuera, los postes del telégrafo parecían una fila de espectros; los
+árboles sacudían su desmelenada cabeza, agitando ramas semejantes a
+brazos tendidos con desesperación pidiendo socorro; una casa surgía
+blanquecina, de tiempo en tiempo, aislada en el paisaje como monstruosa
+testa de granítica esfinge; todo confundido, vago, sin contornos,
+flotante y fugaz, a imitación de los torbellinos de humo de la máquina,
+que envolvían al tren cual envuelve a la presa el aliento de fuego de
+colérico dragón. Dentro del coche silencio religioso; dijérase que era
+un recinto encantado. El viajero corrió el transparente azul, cubriendo
+la lámpara; recostose en una esquina cerrados los ojos, y, estirando las
+piernas, las apoyó en el asiento fronterizo. Así pasaron estaciones y
+estaciones. Dormitaba él un poco, y después, asombrado del silencio y
+largo sopor de Lucía, levantábase, receloso de que la hubiese
+sobrecogido un síncope. Iba a ella, inclinándose, y otra vez tornaba a
+su rincón, habiendo percibido el ritmo acompasado del pacífico respirar
+de la niña.
+
+Difusa y pálida claridad comenzaba a tenderse sobre el paisaje. Ya se
+discernía la forma de montañas, árboles y chozas; la noche se retiraba
+barriendo las tembladoras estrellas, como una sultana que recoge su velo
+salpicado de arabescos argentinos. El estrecho segmento de círculo de la
+luna menguante se difumaba y desvanecía en el cielo, que pasaba de
+obscuro a un matiz de azul opaco de porcelana. Glacial sensación corrió
+por las venas del viajero, que subió el cuello de su americana y llegó
+los pies instintivamente al calorífero, tibio aún, en cuyo seno de metal
+danzaba el agua, produciendo un sonido análogo al que se oye en la cala
+de los buques. De improviso se abrió bruscamente la puerta del
+departamento, y saltó dentro un hombre ceñudo, calada la gorra de dorado
+galón, en la mano una especie de tenacilla o sacabocados de acero.
+
+--¡Los billetes, señores!--gritó en voz seca e imperiosa.
+
+El viajero echó mano a su chaleco y entregó un trozo de cartón amarillo.
+
+--¡Falta uno! El billete de la señora. ¡Eh, señora!, ¡señora! ¡El
+billete!
+
+Agitábase ya Lucía en su asiento, y echando abajo el chal escocés e
+incorporándose, se frotaba asombrada los ojos con los nudillos, a la
+manera de las criaturas soñolientas. Tenía revuelto y aplastado el pelo,
+y muy encendido el lado del rostro sobre que reposara; una trenza suelta
+le descendía por el hombro, y, destrenzándose por la punta, ondeaba en
+tres mechones. Arrugada la blanca enagua, se insubordinaba bajo el
+vestido de paño; un lazo de un zapato se había desatado, flotando y
+cubriendo el empeine del pie. Lucía miraba en derredor con ojos vagos e
+inciertos; estaba seria y atónita.
+
+--¡El billete, señora! ¡Su billete de usted!--seguía gritándole el
+empleado, con no muy afable tono.
+
+--El billete...--repitió ella. Y de nuevo tendió la vista en torno, sin
+lograr sacudir totalmente el estupor del sueño.
+
+--Sí, señora, el billete--reiteró más desapaciblemente aún el empleado.
+
+--¡Miranda.... Miranda!--exclamó Lucía por fin, enlazando sus dispersos
+recuerdos de la víspera. Y registró con los ojos todo el departamento,
+estupefacta al no ver a Miranda allí.
+
+--El señor de Miranda tendrá mi billete--dijo dirigiéndose al empleado,
+como si éste hubiese de conocer forzosamente a Miranda.
+
+El empleado, desorientado, se volvió hacia el viajero, tendida la
+diestra.
+
+--No me llamo Miranda--murmuró éste.
+
+Y como viese al empleado furioso, dispuesto a interpelar a Lucía con
+grosero ademán, añadió:
+
+--¿Venía alguien con usted, señora?
+
+--Sí, señor...--contestó Lucía, atribulada ya--. Pues claro está que
+venía... venía don Aurelio Miranda, mi marido...--y al decirlo, sonriose
+involuntariamente, de lo nueva y peregrina que se le figuraba tal
+expresión en su boca.
+
+--Muy niña parece para casada--pensó el viajero; pero recordando el
+anillo que había visto lucir en el meñique, añadió en alta voz:
+
+--¿De dónde venían ustedes?
+
+--De León. Pero qué, ¿no está? ¡Virgen Santa! Caballero... dígame
+usted... permitame....
+
+Y olvidando que el tren andaba, iba a abrir la portezuela rápidamente,
+cuando el empleado la detuvo asiéndola del brazo con vigor.
+
+--Eh, señora--dijo en voz ruda--, ¡pues no ve usted que se mata! No se
+puede salir ahora. ¿Está usted loca? Y acabemos, que yo necesito el
+billete.
+
+--No lo tengo; ¡cómo he de hacer, si no lo tengo!--pronunció Lucía
+acongojada, preñándosele de lágrimas los ojos.
+
+--Tendrá usted que tomarlo en la primera estación, y pagar multa.
+
+Y el empleado gruñó más fuerte.
+
+--No moleste usted más a la señora--dijo el viajero terciando muy a
+tiempo, que ya empezaban a rodar por las mejillas de Lucía lagrimones
+como avellanas--. ¡So desatento!--prosiguió con cólera--, ¿no ve usted
+que ha ocurrido a esta señora un suceso que no podía prever? Ea,
+márchese usted, o por mi nombre....
+
+--Ya ve usted, caballero, que tenemos nuestra obligación... nuestra
+responsabilidad....
+
+--Váyase usted noramala. Tome usted para el billete de la señora.
+
+Diciendo esto, introdujo la diestra en el bolsillo de su americana, y
+sacó unos papeles grasientos y verdosos, cuya vista despejó al punto el
+perruno entrecejo del empleado, que al recibir el billete bajó dos o
+tres tonos el diapasón de su bronca voz.
+
+--Perdone usted--dijo al cogerlo y guardárselo en su sucia y desflorada
+cartera.... La palabra de usted bastaba. Al pronto le desconocí; pero
+ahora recuerdo muy bien de su fisonomía, y caigo en la cuenta de que le
+conozco mucho, y también he conocido a su padre, señor de Artegui....
+
+--Pues si me conoce--repuso severamente el viajero--, sabrá que gasto
+pocas palabras ociosas.... Abur.
+
+Y empujando al importuno hacia fuera, cerrole la portezuela en las
+narices. Pero súbitamente la abrió otra vez, y ceceando al empleado, que
+ya corría con no vista agilidad por la angosta plataforma de los
+estribos, gritole en voz sonora:
+
+--¡Psit... psit... eh!, que si hay por esos vagones algún señor de
+Miranda, avísele usted que aquí está su señora.
+
+Hecho lo cual, se sentó en el rincón, y bajando el vidrio, respiró con
+ansia el vivificante fresco matinal. Lucía, secando sus ojos del segundo
+llanto vertido en el curso de tan pocas horas, sentía extraordinaria
+inquietud de una parte, de otra inexplicable contentamiento. La acción
+del viajero le causaba el gozo íntimo que suelen los rasgos generosos en
+las almas no gastadas aún. Moríase por darle las gracias, y no osaba
+hacerlo. Él, entretanto, miraba amanecer, con la misma atención que si
+fuese el más nuevo y entretenido espectáculo del mundo. Al fin se
+resolvió la niña a atreverse, y con balbuciente labio dijo la mayor
+tontería que en aquel caso decir pudiera (como suele suceder a cuantos
+piensan mucho y preparan anticipadamente un principio de diálogo).
+
+--Caballero... es que yo no podré pagarle a usted lo que le debo hasta
+que encontremos a Miranda. Él llevaba los fondos....
+
+--Yo no presto dinero, señora--contestó apaciblemente el viajero, sin
+volver la faz ni dejar de mirar el alba, que rompía por los cielos
+envuelta en leves vapores de rosa y nácar.
+
+--Bien... pero no es justo que usted, así, sin conocerme....
+
+El viajero no contestó.
+
+--Y dígame usted, por Dios--añadió Lucía con inflexiones infantiles en
+su voz pura--, ¿qué será de Miranda? ¿Qué le parece a usted de mi
+situación? ¿Qué hago yo ahora?
+
+Giró el viajero en su asiento, y quedó frente a Lucía, con aspecto de
+hombre a quien obligan a ocuparse en lo que no le importa y que se
+resigna a ello. El timbre fresco de la voz de Lucía le volvió a sugerir
+la misma reflexión de antes.
+
+--Imposible parece que esté casada. Cualquiera pensará que sale de un
+colegio.--Y, de recio, preguntó:
+
+--Vamos a ver, señora; ¿dónde dejó usted a su marido? ¿Lo recuerda
+usted?
+
+--¿Qué sé yo? Si me dormí....
+
+--¿Y dónde se durmió usted? ¿No lo sabe usted tampoco?
+
+--En la estación donde cenamos.... En Venta de Baños. Miranda se bajó a
+facturar el equipaje, y me dijo que descansase un rato, que procurase
+dormir....
+
+--¡Y lo ha procurado usted bien!--murmuró con una media sonrisa el
+viajero--. Duerme usted desde allá... cinco horas seguidas, de un
+tirón....
+
+--Pero... es que ayer madrugué tanto.... Estaba rendida.
+
+Y Lucía se frotó los ojos, cual si otra vez sintiese en ellos la comezón
+del sueño. Después buscó en su moño dos o tres horquillas, recogiéndose
+con ellas la rebelde trenza.
+
+--¿Me ha dicho usted--interrogó el viajero--que venían ustedes de León?
+
+--Sí, señor.... La boda fue a las once de la mañana; pero yo tuve que
+madrugar para disponer el refresco...--refirió Lucía con su sencillez de
+niña no hecha al trato social--. Las tres y media eran cuando salimos de
+León....
+
+El viajero la miraba, empezando a comprender el enigma. La niña le daba
+la clave de la mujer.
+
+--Debí figurármelo--dijo para su sayo--. ¿Llegaron ustedes juntos hasta
+Venta de Baños?--preguntó a Lucía después.
+
+--Sí, sí... allí cenamos. Miranda se quedó sin duda facturando....
+
+--No puede ser.... La operación de facturar termina siempre a tiempo
+suficiente para que los viajeros tomen el tren.... Algún incidente
+imprevisto, algún contratiempo debió de ocurrirle.
+
+--¿No le parece a usted... diga usted con franqueza... lo habrá hecho a
+propósito, eso de dejarme?
+
+Tan pueril y sincera congoja revelaba el semblante de Lucía al
+pronunciar esto, que la seria boca del viajero hubo de sonreírse
+nuevamente.
+
+--¡Mire usted!--añadió ella meneando grave y reflexiva la cabeza--; ¡y
+yo que pensaba que una mujer en casándose tenía quien la acompañase y
+defendiese! ¡Quien la diese protección y sombra! Pues si esto sucede a
+las veinticuatro horas no completas.... No completas. ¡Bien estamos!
+
+--De seguro... de seguro que su marido de usted está más disgustado por
+lo ocurrido que usted misma. Crea usted que algo sucede que no sabemos,
+y que explicará la conducta de ese señor.... Miranda. ¿O tendría usted
+algún antecedente, algún motivo para sospechar que... que la quiso
+abandonar?
+
+--¡Motivo! ¡Quiá! Ninguno. Si el señor de Miranda es una persona formal.
+
+--¿Usted le llama el _señor de Miranda_?
+
+--No... él ya me advirtió ayer que le llamase Aurelio.... Pero como aún
+no adquirí confianza... y él tiene más edad.... En fin, no se me venía a
+la boca.
+
+El viajero puso dique a una marea de preguntas indiscretas que se
+asomaban a sus labios, y volviose hacia la ventanilla para no perder la
+hermosa decoración que le ofrecía la Naturaleza. El sol, apareciendo
+sobre la cumbre de una montañuela cercana, disipaba la bruma matutina,
+que descendía al valle en jirones de encaje gris, y, brillando en un
+espacio azul clarísimo, alumbraba con luz naciente, fresca y suave. Por
+los flancos de granito de la montaña, sembrados de mica que relucía,
+bajaba desatado un torrente espumoso; y entre el matiz sombrío de los
+encinares asomaba un pradillo, de tonos pálidos de hierba temprana,
+donde pacía un rebaño de ovejas, cuyos blancos cuerpos constelaban la
+alfombra verde como enormes copos de algodón. Al través del ruido
+ensordecedor del tren, dijérase que se oían en aquella pintoresca solana
+remotos gorjeos de aves y argentino repiquetear de esquilas.
+
+Cuando el viajero hubo mirado largamente el lindo paisaje, que ya se
+perdía en lontananza, dejose caer, como hombre fatigado, en la esquina,
+y sus brazos exhaustos pendieron a ambos lados de su cuerpo, mientras se
+le escapaba del pecho leve suspiro, que más que a pesares sonaba a
+cansancio.
+
+El sol subía y sus rayos comenzaban a travesear en los cristales del
+coche, y en las frentes de los dos que lo ocupaban, como invitándoles a
+contemplarse el uno al otro. Midiéronse, en efecto, instintivamente con
+la vista, procurando que su mutua curiosidad no fuese advertida, de lo
+cual resultó una escena muda y expresiva, representada por ella con
+infantil desenfado, y con reserva ceñuda por él.
+
+Era el viajero un hombre en la fuerza de la edad y en la edad de la
+fuerza. Veintiocho, treinta o treinta y dos años podían haber corrido
+sobre él, sin que fuese dable decir si los representaba. El descolorido
+semblante lo tenía aún más pálido en los pómulos, allí donde suelen
+estar las que en verso se llaman rosas. Con todo esto no parecía de
+endeble salud, y era bien proporcionado de cuerpo, la barba negra y
+hermosa, el cabello rebelde a las artes del peluquero, flexible y libre,
+ondulante por aquí y por acullá, sin simetría ni compás, mas no sin
+cierta colocación propia que caracterizaba y embellecía la cabeza.
+
+Tenía las facciones bien dispuestas, pero encapotadas por unas nubes de
+melancolía y padecimiento, no del padecimiento físico que destruye el
+organismo, pega la piel a los huesos, amojama las carnes y empaña o
+vidria el globo ocular, sino del padecimiento moral, o mejor dicho,
+intelectual, que sólo hunde algo la ojera, labra la frente, empalidece
+las sienes y condensa la mirada, comunicando a la vez descuido y
+abandono a los movimientos del cuerpo. Esto último era lo que en el
+viajero se notaba más.
+
+Eran todas sus actitudes y ademanes como de hombre rendido y exánime.
+Algo había descompuesto y roto en aquel noble mecanismo, algún resorte
+de esos que al saltar interrumpen las funciones de la vida íntima. Hasta
+en su vestir percibíase la languidez y desaliento que tan a las claras
+revelaba la fisonomía. No era negligencia, era indiferencia y caimiento
+de ánimo lo que manifestaba aquel traje obscuro de mezclilla, aquella
+cadena de oro, impropia para un viaje, aquella corbata atada sin esmero
+y al caer, aquellos guantes nuevos, de fina piel de Suecia, de color
+delicado, que no iban a durar limpios ni diez minutos. Faltábale al
+viajero la elegancia primorosa e inteligente que cuida de los detalles,
+que hace ciencia del tocador; veíase en él al hombre que es superior a
+la propia elegancia porque no la ignora, pero la desdeña: grado de
+cultura por donde se ingresa en una esfera más alta que el buen tono,
+que al fin y al cabo es categoría social, y quien se eleva por cima del
+buen tono, eximese también de categorías. Miranda vestía la librea del
+buen gusto, y por eso, antes de reparar en Miranda, se fijaban las
+gentes en su ropa, al paso que lo que en Artegui atraía la atención, era
+Artegui mismo. Ni la irregularidad del vestir encubría, antes bien,
+patentizaba, la distinción de la persona: cuantas prendas componían su
+traje eran ricas en su género; inglés el paño, holanda la tela de la
+camisa, de primera el calzado y guantes. Todo esto lo notó Lucía, más
+con el instinto que con el entendimiento, porque, inexperta y bisoña, no
+había llegado aún a dominar la filosofía del traje, en que tan maestras
+son las mujeres.
+
+A su vez la consideraba Artegui como aquel que, volviendo de países
+nevados y desiertos, mira a un vallecillo alegre que por casualidad
+encuentra en el camino. Jamás había visto reunidas en nadie tanta
+juventud, robustez y frescura. A pesar de la noche pasada en
+ferrocarril, estaba el rostro de Lucía más lozano que unas hierbas de
+San Juan, y sus cabellos revueltos y a trechos aplastados, le prestaban
+cierto aspecto de ninfa que sale del baño, destocada y húmeda. Reíansele
+los ojos, las facciones todas, y el sol, indiscreto cronista de los
+cutis marchitos, jugaba sin temor entre el dorado imperceptible vello
+que tapizaba las mejillas de la niña, tiñéndolas con tonos calientes de
+rancio mármol.
+
+Lucía esperaba que la hablasen, y su mirada lo pedía. Pero como el
+viajero no pareciese dispuesto a realizar sus esperanzas, se resolvió
+ella, pasado algún tiempo, a volver a la carga, exclamando:
+
+--Bien, ¿y qué hago yo? Usted no me dice cómo voy a salir del paso.
+
+--¿Adónde iba usted, señora, con su marido?
+
+--Ibamos a Francia... a las aguas de Vichy, que le habían recetado los
+médicos.
+
+--¿A Vichy directamente? ¿No pensaban ustedes detenerse en alguna parte?
+
+--Sí tal, en Bayona. Allí descansaríamos.
+
+--¿Está usted bien segura?
+
+--Segurísima. Me lo explicó cien veces el señor de Miranda.
+
+--Pues en ese caso, diré a usted lo que opino. Indudablemente, su marido
+de usted, detenido por una circunstancia cualquiera, que no hace al
+caso, se quedó en Venta de Baños anoche. Por medida de precaución, le
+haremos, si usted quiere, un telegrama desde Hendaya; pero lo que yo
+supongo es que tomará el primer tren que vea salir para Francia,
+corriendo en busca de usted. Si retrocedemos, se expone usted a cruzarse
+con él en el camino, y a perder tiempo, y a molestarse más. Si se queda
+usted en la primera estación que encontremos, para esperarle allí....
+
+--Eso, eso sería lo mejor.
+
+--No, porque como él no lo sabe, y como han pasado horas y ya estará
+andando quizá para unirse a usted, y no podremos avisarle, y el tren se
+detiene brevísimos momentos en esas estaciones... no me parece acertado.
+Además, que tendrían ustedes acaso que quedarse los dos en una estación
+mezquina, esperando otro tren.... Ese recurso no es aceptable.
+
+--Pues discurra usted...--dijo la niña con empeño y confianza, animada
+por el «si retrocedemos...» del viajero, que le prometía implícitamente
+asistencia y auxilio.
+
+--Seguir a Bayona, señora: es lo único que cabe. Creo que su marido de
+usted se dirigirá desde luego allí. Nosotros llegamos en el tren de la
+tarde y él en el de la noche. Cuando no ha telegrafiado avisando a usted
+de que se vuelva (cosa que pudo hacer), es que sigue.
+
+No puso Lucía objeciones. Ignorante de la ruta, sintió placer singular
+en entregarse a la ajena experiencia. Callada, se inclinó a la
+ventanilla y siguió la línea escabrosa de la sierra, que se recortaba en
+el cielo despejado. El tren andaba más despacio cada vez: estaban
+llegando a una estación.
+
+--¿Qué es esto?--dijo volviéndose a su compañero.
+
+--Miranda de Ebro--contestó él lacónicamente.
+
+--¡Qué sed tengo!--murmuró Lucía--. Diera por un vaso de agua....
+
+--Bajémonos: beberá usted en la fonda--respondió Artegui, a quien el
+imprevisto suceso comenzaba a sacar de su abstracción. Y saltando el
+primero, ofreció el brazo a Lucía, que se apoyó sin ceremonias, y a
+impulsos de la sed, echó a correr hacia la cantina, donde algunas
+botellas empezadas, naranjas a medio exprimir, tarros de horchata y
+jarabe, frasquitos de azahar, se disputaban un mostrador cubierto de
+zinc y unos estantes pintados de amarillo. Sirviéronle el agua, y sin
+dar tiempo a que se disolviese el bolado, la bebió a sorbetones, de
+prisa; sacudió los mojados dedos, limpiándose después con su pañolito.
+
+Artegui pagó.
+
+--Muchas gracias--dijo ella mirando a su taciturno acompañante--. A
+gloria me ha sabido. Cuando hay sed.... Muchas gracias, señor don....
+¿cómo se llama usted?
+
+--Ignacio Artegui--pronunció él con visos de extrañeza.
+
+La ingenuidad suele parecerse al descaro, y sólo el candor de aquellos
+ojos límpidos que se clavaban en él pudo hacer que el viajero
+distinguiese entre ambas cosas.
+
+--¿No quiere usted algo más?--murmuró--. ¿Desayunarse? ¿Café o
+chocolate?
+
+--No, no... lo que es por ahora, no siento apetito.
+
+--Pues espéreme en el coche. Voy a arreglar el asunto de su billete de
+usted.
+
+Volvió en breve, y el tren comenzó de nuevo su marcha, que de noche
+parecía vertiginosa y fatigosa de día. El sol iba ascendiendo a su
+cenit, y el calor se anunciaba por ráfagas tibias y pesadas, alientos de
+fuego que encendían la atmósfera. Ligero polvillo de carbón, procedente
+de la máquina, entraba por las ventanas, depositándose en los
+blanquecinos cojines y en el velo de percal que preservaba el respaldo
+de los asientos. A veces, contrastando con el tufo penetrante del carbón
+de piedra, venía una bocanada del agreste perfume de los encinares y las
+praderías, extendidas a uno y otro lado del tren. Tenía el país mucho
+carácter: eran las Vascongadas, rudas y hermosas. Por todas partes
+dominaban el camino amenazantes alturas, coronadas de recias casamatas o
+fuertes castillos recientemente construidos allí para señorear aquellos
+indomables cerros. En los flancos de la montaña se distinguían anchas
+zanjas de trincheras o líneas de reductos, como cicatrices en un rostro
+de veterano. Altos y elegantes chopos ceñían las bien cultivadas
+llanuras, verdes e iguales, a manera de un collar de esmeraldas. De
+entre el blanco y limpio caserío se destacaban las torres de los
+campanarios. Lucía se signaba al verlas.
+
+Al pasar por delante de Vitoria un recuerdo acudió a su mente. Se lo
+trajeron las largas alamedas que adornan y cercan la ciudad.
+
+--Parecen los árboles de León--murmuró suspirando.
+
+Y añadió en voz más baja, como hablándose a sí misma:
+
+--¡Qué hará ahora el pobre papá!
+
+--¿Se ha quedado su padre de usted en León?--preguntó Artegui.
+
+--Sí, en León.... Si él supiese lo que pasa, tendría un terrible
+disgusto. ¡Él, que me hizo tantos cientos de encargos y advertencias!
+Que tuviésemos cuidado con los ladrones... con las enfermedades... con
+no tomar sol... con no mojarnos.... Vamos, cuando lo pienso....
+
+--¿Es anciano su padre de usted?
+
+--Viejecito, viejecito... pero muy guapo y bien conservado, más hermoso
+que un oro para mí. Yo logré la suerte de tener el mejor padre de toda
+España... no ve sino por mis ojos el pobre.
+
+--¿Es usted única, acaso?
+
+--Sí, señor... y huérfana de madre desde que era así--explicó Lucía
+bajando la extendida mano y colocándola a la altura de sus rodillas--.
+¡Qué! ¡si aún mamaba cuando se murió mi madre! Y mire usted, esa fue la
+única desgracia que yo tuve; porque por lo demás, personas habrá
+felices, pero más de lo que yo lo fui....
+
+Artegui posó en ella sus ojos dominadores y profundos.
+
+--¡Era usted feliz!--repitió, como un eco del pensamiento de la niña.
+
+--¡Vaya! Sí que lo era. El Padre Urtazu me decía a veces: cuidado,
+chiquilla; mira que Dios te lo está pagando todo adelantado, y después,
+cuando te mueras, ¿sabes tú lo que va a decir? Que no te debe nada.
+
+--¿De suerte que usted--preguntó Artegui--nada echaba de menos en su
+tranquila existencia de León? ¿No deseaba usted nada?
+
+--Deseaba, sí... algunas veces, sin saber qué. Ahora pienso que lo que
+deseaba era esto: salir, variar algo de vida. Pero no me impacientaba,
+porque me parecía que, tarde o temprano, llegaría a lograrlo; ¿no es
+cierto? El Padre Urtazu solía reírse de mí, exclamando: paciencia, que
+cada otoñillo trae su frutillo.
+
+--El Padre Urtazu.... ¿es jesuita?
+
+--¡Jesuita... y más sabio! Entiende de cuanto Dios crió. Yo algunas
+veces, por desesperar a doña Romualda, que es la directora de mi
+colegio, le decía: De mejor gana aprendería con el Padre Urtazu, que con
+usted.
+
+--¡Y ahora--pronunció Artegui, con la brutal curiosidad de unos dedos
+que abren a viva fuerza un capullo de flor--, sería usted más feliz que
+nunca! ¡Digo! ¡Casarse nada menos!
+
+No percibió Lucía el tono irónico que dieron a aquella frase los labios
+de su acompañante, y respondió con sinceridad:
+
+--Le diré a usted.... Siempre deseé casarme a gusto del viejecito, y no
+afligirlo con esos amoríos y esas locuras con que otras muchachas
+desazonan a sus padres.... Mis amigas, digo algunas, veían pasar por
+delante de su ventana a un oficial de la guarnición.... ¡zas! ya estaban
+todas derretidas, y carta va y carta viene.... Yo me asombraba de eso de
+enamorarse así, por ver pasar a un hombre.... Y como al fin nada se me
+daba de los que pasaban por la calle, y al señor de Miranda ya le
+conocía, y a padre le gustaba tanto... calculé: ¡mejor! así me libro de
+cuidados, ¿no es verdad? cierro los ojos, digo que sí y ya está hecho...
+Padre se pone muy contento y yo también.
+
+Artegui se quedó mirándola tan fijamente, que Lucía sintió, digámoslo
+así, el peso y el calor de aquellos ojos en sus mejillas, y encendiose
+toda en rubor, murmurando:
+
+--¡Le cuento a usted cada tontería! Como no tenemos de qué hablar....
+
+Seguía él escudriñando con la vista el franco y juvenil semblante, como
+una hoja de acero registra la carne viva. Harto sabía que el desahogo y
+libertad revelan quizá más ausencia de malicia que la cautelosa reserva;
+mas con todo eso, le maravillaba la extremada sencillez de aquella
+criatura. Era preciso, para entenderla, observar que la salud poderosa
+del cuerpo le había conservado la pureza del espíritu. Nunca
+enlanguideciera la fiebre aquellos ojos de azulada córnea; nunca secara
+aquellos fresquísimos labios la calentura que consume a las niñas en la
+difícil etapa de diez a quince. La imagen más adecuada para representar
+a Lucía, era la de un cogollo de rosa muy cerrado, muy gallardo,
+defendido por pomposas hojas verdes, erguido sobre recio tronco.
+
+Agobiaba el calor, cada vez más sofocante. Al llegar a Alsasua, quejose
+nuevamente Lucía de sed, y Artegui, ofreciéndole el brazo, la condujo al
+comedor de la fonda, recordándole que era razón tomar algo, puesto que
+tantas horas habían transcurrido desde la cena.
+
+--Dos almuerzos--gritó al mozo, palmoteando para que le atendiesen.
+
+El mozo se acercó, servilleta al hombro; tenía una cara tostada,
+amilitarada, que reñía con los escarpines de charol y el pelo atusado
+con bandolina, librea que el público impone a sus servidores en tales
+lugares. Hacíale aún más marcial ancha cicatriz, que naciendo en la guía
+izquierda del bigote, iba a perderse en el cuello. Miraba el mozo
+fijamente a Artegui, con ojos muy abiertos; hasta que dando un grito, o
+más bien una especie de alegre latido perruno, exclamó:
+
+--¡Él o el diablo en su figura! ¡Señorito Ignacio! ¡¡Dichosos los
+ojos!!...
+
+--¿Tú por aquí, Sardiola?--murmuró reposadamente Artegui. Almorzaremos
+bien, porque pondrás cuidado en servirnos.
+
+--Pues sí, señorito, yo por aquí... _Después_--dijo recalcando la frase
+y bajando la voz--, como todo lo mío lo encontré arrasado... la casa
+hecha cenizas, y el campo perdido... me di a ganar la vida como pude....
+Y usted, señorito.... ¿Sigue usted a Francia?
+
+--A Francia voy; pero con tu charla nos vamos a quedar sin comer.
+
+--No faltaría más....
+
+Sardiola dirigió a uno de sus compañeros de servilleta algunas palabras
+en eúskaro, erizadas de _zetas, kas_ y _tes_. Fueron al punto servidos
+Artegui y Lucía, mientras el mozo se apoyaba en el respaldo de la silla
+del primero.
+
+--¡Con que a Francia! ¿Y la señora doña Armanda? ¿Se conserva bien?
+
+--No muy bien...--contestó Ignacio, nublado más que de costumbre el
+ceño--. Padece mucho.... Cuando la dejé estaba, sin embargo, más
+aliviada.
+
+--Con su vuelta de usted se pone buena del todo.
+
+Y mirando a Lucía y dándose una razonable puñada en la frente, gritó de
+pronto Sardiola:
+
+--Cuanto más, que.... ¡Bobo de mi!; pues claro que va a sanar la señora
+doña Armanda, cuando vea la alegría que se le entra por las puertas. ¡Ay
+qué gusto verle a usted casado, señorito! ¡Y con tan linda muchacha!
+¡Para bien sea!
+
+--Majadero--dijo Ignacio, bronco y desapacible--; esta señora no es mi
+mujer.
+
+--Pues es lástima--contestó el vasco, mientras Lucía le miraba
+risueña--. Harían ustedes una pareja, que ya, ya.... Ni escogidos. Sólo
+que la señorita....
+
+--Acabe usted--suplicó Lucía, divertida hasta lo sumo y ocupada en
+quitar a una mandarina su cubierta de papel de seda.
+
+--¿Lo digo, señorito Ignacio?
+
+Artegui se encogió de hombros. Sardiola, creyéndose autorizado, se
+explayó.
+
+--La señorita tiene cara de estar de buen humor siempre... y usted..,
+¡Usted siempre está así, como si le hubiesen dado cañazo! En eso no
+emparejarían ustedes bien.
+
+Soltó Lucía la carcajada y miró a Artegui, que sonreía complaciente, lo
+cual aún la animó a reír más. El almuerzo prosiguió en el mismo tono
+cordial, alegrado por la charla de Sardiola, por el infantil regocijo de
+Lucía. Hasta la misma puerta del departamento les siguió el mozo cuando
+se volvieron a su coche; y a ser Lucía dueña de los brazos de Artegui,
+los hubiera echado al cuello de Sardiola, a tiempo que éste repetía,
+entornados los ojos y en el tono con que se reza, si se reza de veras:
+
+--La Virgen de Begoña vaya con usted, señorito..., que encuentre usted
+bien a doña Armanda.... Mándeme usted como si fuese un perro, un perro
+suyo.... Mire usted, que estoy aquí....
+
+--Bien, bien--dijo Artegui, vuelto ya a su displicente reserva.
+
+Rompió el tren a andar, y quedose Sardiola de pie en el andén, agitando
+la servilleta en señal de despedida, sin mudar de actitud hasta que el
+humo de la chimenea se borró en el horizonte. Lucía miraba a Artegui, y
+hervíanle las preguntas en los labios.
+
+--Mucho le quiere a usted ese pobre hombre--murmuró al fin.
+
+--He tenido la desgracia de hacerle un favor--contestó Ignacio--, y
+desde entonces....
+
+--¡Oiga! ¿A eso llama usted desgracia? Pues muy desgraciado está usted
+siendo desde esta mañana, porque me hizo usted cien favores ya.
+
+Sonriose Artegui de nuevo y miró a la niña.
+
+--No consiste la desgracia--dijo--en hacer el favor, sino en que se lo
+agradezcan a uno tanto.
+
+--Pues yo también padezco del achaque de Sardiola.... ¡y a mucha
+honra!--declaró Lucía--; ¡ya verá usted!
+
+--¡Bah!... ¡Sólo falta que también me salgan agradecidos sin
+causa!--respondió Artegui en el mismo tono festivo--. Pase aun cuando
+hay algún motivo, como con ese infeliz de Sardiola....
+
+--¿Qué hizo usted por él?--preguntó Lucía, incapaz de sellar sus labios
+preguntones.
+
+--Poca cosa: curarle una herida, bastante grave.
+
+--¿Aquella cicatriz que tiene que le cruza la mandíbula?
+
+--Justamente.
+
+--¿Es usted médico?
+
+--De afición.... Y por casualidad.
+
+Calló Artegui, y no osó inquirir más Lucía. El calor iba en aumento, más
+pegajoso cada vez. Parecía el día de otoño sofocante jornada estival, y
+el polvillo del carbón, disuelto en la candente atmósfera, ahogaba.
+Intrincábase el país, haciéndose cada vez más montañoso y quebrado. De
+cuando en cuando penetraban en un túnel, y entonces la obscuridad, el
+crujido fuerte del tren, un aire húmedo de subterráneo, colándose en el
+departamento, consolaban algo de la tórrida temperatura.
+
+Lucía se abanicaba con un periódico dispuesto por Artegui en forma de
+concha, y leves gotitas transparentes de sudor salpicaban su rosada
+nuca, sus sienes y su barbilla: de cuando en cuando las embebía con el
+pañuelo: los mechones del cabello, lacios, se pegaban a su frente.
+Desabrochose el cuello almidonado, se quitó la corbata, que la
+estrangulaba, y se recostó, dando indicios de gran desmadejamiento, en
+la esquina. A fin de refrescar un poco el interior, corrió Artegui las
+cortinillas todas ante los bajos vidrios, y una luz vaga y misteriosa,
+azulada, un sereno ambiente, formaban allí, algo de gruta submarina,
+añadiendo a la ilusión el ruido del tren, no muy distinto del mugir del
+Océano. Insensible al cálido día, Artegui levantaba la cortina un poco,
+se asomaba, miraba el país, los robledales, la sierra, los valles
+profundos. Una vez acertó a ver pintoresca romería. Fue rápido y fugaz
+el cuadro, pero no tanto que no distinguiese a la gente siguiendo el
+sendero angosto, escapulario al cuello, a pie o en carretas de bueyes,
+cubiertos con boina roja o azul los hombres, las mujeres tocadas con
+pañolitos blancos. Parecía el desfile la bajada de los pastores en un
+Nacimiento; el sol claro, alumbrando plenamente las figuras, les daba la
+crudeza de tonos de muñecos de barro pintado. Artegui llamó a Lucía, que
+alzando la cortina a su vez, echó el cuerpo fuera, hasta que una
+revuelta del camino y la rapidez del tren borraron el cuadro.
+
+Acontecía que los pícaros de los túneles se solazaban en taparles adrede
+los mejores puntos de vista de la ruta. Que aparecía un otero, risueño,
+un grupo de frondosos árboles, una amena vega, ¡paf! el túnel. Y se
+quedaban inmóviles al vidrio, sin osar hablar, ni moverse, cual si de
+pronto entrasen en una iglesia. Algo familiarizada Lucía ya con el
+calor, interesábanle mucho los accidentes de paisaje que a uno y otro
+lado del tren se extendían. Le agradaron las fábricas de fósforos,
+altas, enyesadas, limpias, con su gran letrero en la frente; y en
+Hernani batió palmas al divisar a la izquierda un magnífico parque
+inglés, con sus macizos de flores resaltando sobre el verde césped, y
+sus coníferas elegantes, de ramaje simétrico y péndulo. En Pasajes, tras
+de la monotonía fatigosa de las montañas reposaron al fin los ojos,
+viendo extenderse el mar azul, un tanto rizado, mientras los buques,
+fondeados en la bahía, se columpiaban con oscilación imperceptible, y
+una brisa marina, acre y salitrosa, estremecía las cortinillas de
+tafetán del coche, aventando el sudor de la frente de los cansados
+viajeros. Lucía se quedó embobada ante el Océano, nunca de ella visto
+hasta entonces, y cuando el túnel--de sopetón y sin pedir
+permiso--cubrió el espectáculo con negro velo, permaneció de codos en la
+ventanilla, absorta, las pupilas dilatadas, entreabiertos de admiración
+los labios.
+
+A medida que corrían las horas y la jornada avanzaba iba Artegui
+perdiendo un poco de su estatuaria frialdad, y cada vez más
+comunicativo, explicaba a Lucía las vistas de aquel panorama móvil.
+Escuchaba la niña con el género de atención que tanto agrada y cautiva a
+los profesores: la del discípulo entusiasta y sumiso a la vez. Artegui
+era elocuente, cuando a hablar se resolvía; detallaba las costumbres del
+país, contaba pormenores de los pueblecitos, hasta de los caseríos
+entrevistos al paso. A su voz, respondían unas pupilas fijas y atentas,
+un rostro que escuchaba todo él, mudando de expresión según el narrador
+quería. Fue de suerte, que al bajarse en Irún y oír las primeras sílabas
+pronunciadas en idioma extraño, Lucía murmuró como con pena:
+
+--¿Pero qué? ¿Hemos llegado ya?
+
+--A Francia, casi--respondió Artegui--; pero aún nos falta un trecho
+regular hasta Bayona. Aquí se registran los equipajes: es la aduana de
+Irún. No nos molestarán mucho: los que vienen de Francia a España, son
+víctimas de los carabineros, de nosotros, que vamos de España a Francia,
+nadie supone que llevemos contrabando, ni ropa nueva....
+
+--Pues yo si la llevo--exclamó Lucía--. Mis galas.... ¿Ve usted aquel
+mundo grande que han puesto sobre el mostrador? Es el mío... y aquel
+otro, el de Miranda... y la sombrera....
+
+--Déme usted el talón y las llaves para que registren.
+
+--¿Cómo? ¿El recibo dice usted y las llaves? ¡Si todo lo llevaba consigo
+Miranda! No tengo nada de eso.
+
+--En tal caso, está usted sin equipaje. Tendrá que quedarse aquí hasta
+que su marido de usted lo recoja.
+
+Lucía miró a Artegui, el rostro un tanto compungido, y casi
+instantáneamente soltó la risa.
+
+--¡Sin equipaje!--repitió.
+
+Y redoblaba el arpegio de sus carcajadas, pareciéndole donosísimo
+incidente el de quedarse sin equipaje alguno. Hallábase, pues, como una
+criatura que se pierde en la calle, y a la cual recogen por caridad
+hasta averiguar su domicilio. Aventura completa. Niña como era Lucía,
+así pudo tomarla a llanto como a risa; tomola a risa, porque estaba
+alegre, y hasta Hendaya no cesó la ráfaga de buen humor que regocijaba
+el departamento. En Hendaya prolongó la comida aquel instante de
+cordialidad perfecta. El elegante comedor de la estación de Hendaya,
+alhajado con el gusto y esmero especial que despliegan los franceses
+para obsequiar, atraer y exprimir al parroquiano, convidaba a la
+intimidad, con sus altos y discretos cortinajes de colores mortecinos su
+revestimiento de madera obscura, su enorme chimenea de bronce y mármol,
+su aparador espléndido, que dominaba una pareja de anchos y barrigudos
+tibores japoneses, rameados de plantas y aves exóticas; fulgurante de
+argentería Ruolz, y cargado con montones de vajillas de china opaca.
+Artegui y Lucía eligieron una mesa chica para dos cubiertos, donde
+podían hablarse frente a frente, en voz baja, por no lanzar el sonido
+duro y corto de las sílabas españolas entre la sinfonía confusa y ligada
+de inflexiones francesas que se elevaba de la conversación general en la
+mesa grande. Hacia Artegui de maestresala y copero, nombraba los platos,
+escanciaba y trinchaba, previniendo los caprichos pueriles de Lucía,
+descascarando las almendras, mondando las manzanas y sumergiendo en el
+bol de cristal tallado lleno de agua, las rubias uvas. En su semblante
+animado parecía haberse descorrido un velo de niebla y sus movimientos,
+aunque llenos de calma y aplomo, no eran tan cansados y yertos como
+antes.
+
+Al subir ellos al tren, caía la tarde y el sol descendía con la rapidez
+propia de los crepúsculos del otoño. Cerraron las ventanillas de un
+lado, y los rayos del Poniente vinieron a reflejarse un instante en el
+techo del departamento, retirándose después como niños que acaban de
+hacer alguna jugarreta. Las montañas se ennegrecían, los celajes más
+remotos eran de color de brasa; luego se apagaban unos tras otros como
+una rosa de fuego que fuese soltando sus pétalos encendidos. Languideció
+la conversación entre Artegui y Lucía, y ambos se quedaron silenciosos y
+mustios, él con su acostumbrado aspecto de fatiga, ella sumida en
+profundo recogimiento, dominada por la melancolía del anochecer. Crecía
+la sombra, y de uno de los vagones, venciendo el ruido de la lenta
+marcha del tren, brotaba un coro apasionado y triste en lengua extraña,
+un zortzico, entonado a plena voz, por multitud de jóvenes vacos, que,
+juntos, iban a Bayona. A veces una cascada de notas irónicas y risueñas
+cortaba el canto, después la estrofa volvía, tierna, honda, cual un
+gemido, elevándose hasta los cielos, negros ya como la tinta. Lucía
+escuchaba, y el convoy, despacioso, hacía el bajo, sosteniendo con su
+trepidación grave, las voces de los cantores.
+
+La llegada a Bayona sorprendió a Artegui y Lucía como el despertar de
+prolongado sueño. Artegui retiró aprisa su mano de la asilla del vidrio,
+donde la apoyaba, y la niña miró atónita a su alrededor. Notó que hacía
+fresco, y abrochó su cuello y anudó su corbata. Hombres con boina, mozas
+con el pañolito atado tras del moño, una marea de viajeros de diversa
+catadura y condición social, se empujaba, se codeaba y bullía en la
+ancha estación. Artegui dio el brazo a su compañera por no perderla en
+aquel remolino.
+
+--¿Había elegido su marido de usted algún hotel en Bayona?--le preguntó.
+
+--Me parece...--murmuró Lucía recordando--que le oí hablar de una fonda
+de San Esteban. Me fijé porque yo tengo de ese santo una estampa muy
+bonita en mi libro de misa.
+
+--Saint Etienne--dijo Artegui al cochero del ómnibus que, desde el
+pescante, vuelta la cabeza, aguardaba la orden.
+
+Arrancaron los caballos a su pesado trote percherón, y fueron rodando
+por las calles bien enlosadas, hasta detenerse ante un portal estrecho,
+con sus tiestos de plantas raquíticas, su escalerilla de mármol y sus
+claros faroles de gas.
+
+Una mujer alta, rubia, limpia, de gorra planchada y encañonada, acudió
+solícita a la puerta, apresurándose a dar el maletín de Artegui a un
+mozo.
+
+--Los señores querrán una habitación--murmuró en francés con su voz
+melosa y complaciente.
+
+--Dos--contestó Artegui lacónico.
+
+--Dos--repitió ella en español, si bien con acento transpirenaico--. ¿Y
+las _quierren los señoress cuntas_?
+
+--Independientes del todo.
+
+--_Tout a fait_... _Serrán_ servidos.
+
+La dueña llamó a una camarera, no menos que ella pulcra y servicial, y
+tomando ésta dos llaves de la tabla numerada en que colgaban todas las
+del hotel, echó delante por las escaleras enceradas, y la siguieron
+Artegui y Lucía.
+
+En el tercer piso se detuvo, no sin algún sobrealiento, y abriendo las
+puertas de dos gabinetes contiguos, pero independientes, encendió con
+pajuelas las bujías colocadas, sobre la chimenea, y fuese. Artegui y
+Lucía permanecieron unos segundos callados, de pie, en la puerta de las
+habitaciones. Al fin pronunció él:
+
+--Es natural que quiera usted lavarse y quitarse el polvo, y descansar
+un rato. La dejo a usted. Llame usted a la camarera, si necesita algo;
+aquí todas hablan su poco de español.
+
+--Hasta luego--contestó mecánicamente ella.
+
+Así que el batir de la puerta hubo anunciado a Lucía que estaba sola del
+todo, y que sus ojos se fijaron en la habitación desconocida, mal
+alumbrada por las bujías, desvaneciósele la especie de mareo del viaje;
+recordó su cuartico de León, sencillo, pero primoroso como una taza de
+plata, con su pila, sus santos, sus matas de reseda, su costurero y su
+armario de cedro, monumental y atestado de ropa limpia. Vinósele también
+a la memoria su padre, Carmela, Rosarito, todo el dulce pasado. Sintiose
+entonces triste, muy triste; la asaltaron miedos y terrores
+indefinibles, pero fortísimos; pareciole su situación extraña y
+peligrosa, preñado de amenazas el presente, obscuro el porvenir. Dejose
+caer en una butaca y clavó en las luces la mirada fija y vacía de los
+que se absorben en penosa meditación.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Sería pasada una hora, o quizás hora y media, cuando oyó Lucía herir con
+los nudillos a la puerta de su cuarto, y abriendo, se halló cara a cara
+con su compañero y protector, que en los blancos puños y en no sé qué
+leves modificaciones del traje, daba testimonio de haber ejercido ese
+detenido aseo, que es uno de los sacramentos de nuestro siglo. Entró, y
+sin sentarse, tendió a Lucía un portamonedas, amorcillado de puro
+relleno.
+
+--Aquí tiene usted--dijo--dinero suficiente para cuanto pueda
+ocurrírsele, hasta la llegada de su marido. Como estos días suelen los
+trenes sufrir mucho retraso, creo que no vendrá hasta la madrugada; pero
+de todas suertes, aunque no llegase en diez días o en un mes, le alcanza
+a usted para esperar.
+
+Mirábale Lucía cual si no comprendiese, y no alargaba la mano para tomar
+el portamonedas. Él se lo introdujo en el hueco del puño.
+
+--Yo tengo que salir ahora a unos asuntos.... Después cogeré el primer
+tren que salga. Adiós, señora--añadió ceremoniosamente: y dio dos pasos
+hacia la puerta.
+
+Entonces ya la niña, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asió de
+la manga de la americana, exclamando:
+
+¿Pero qué... cómo? ¿Qué quiere decir eso del tren?
+
+--Lo natural, señora--pronunció con su ademán cansado el viajero--. Que
+sigo mi ruta; que voy a París.
+
+--¡Y me deja usted así... sola! ¡Sola aquí, en Francia!--gimió Lucía con
+el mayor desconsuelo del mundo.
+
+--Señora... esto no es ningún desierto, ni corre usted el riesgo menor,
+tiene usted dinero, es lo único que hace falta en tierra francesa;
+estará usted muy bien servida y atendida, yo se lo fío....
+
+--Pero.... ¡Jesús, sola, sola!--repetía ella sin soltar la manga de
+Artegui.
+
+--Dentro de breves horas estará aquí su marido de usted.
+
+--¿Y si no viene?
+
+--¿Por qué no ha de venir? ¿De dónde saca usted que no vendrá?
+
+--Yo no digo eso--balbució Lucía--; sólo digo que si tardase....
+
+--En fin--murmuró Artegui--, yo tengo también mis ocupaciones.... Es
+fuerza que me vaya.
+
+No contestó Lucía cosa alguna; antes le soltó, y desplomándose otra vez
+en el sillón, ocultó el rostro entre ambas manos. Artegui se llegó a
+ella, y vio que su seno se alzaba a intervalos desiguales, como si
+sollozara. Entre sus dedos saltaban gotitas de agua, cual saltan de la
+esponja al comprimirla.
+
+--Alce usted esa cara--mandó Artegui.
+
+Lucía enderezó el rostro sofocado y húmedo, y a pesar suyo, sonriose al
+hacerlo.
+
+--Es usted una niña--pronunció él en grave tono--, una niña que no tiene
+obligación de saber lo que acontece en el mundo. Yo, que lo he visto...
+más de lo que quisiera, sería imperdonable en no desengañarla. El mundo
+es un conjunto de ojos, oídos y bocas, que se cierran para lo bueno y se
+abren para lo malo gustosísimas. Mi compañía le hace a usted ahora más
+daño que provecho. Si su marido de usted no tiene un criterio
+excepcional--y no hay razón para que lo tenga--, maldita la gracia que
+le hará encontrarla a usted tan acompañada.
+
+--¡Ay, Dios mío! ¿Y por qué? ¿Qué sería de mí si no le hubiese hallado a
+usted tan a tiempo? Puede que el bárbaro del empleado me metiese en la
+cárcel. Yo no sé lo que hará el señor de Miranda; pero lo que es el
+pobre papá... besaría en donde usted pisa. Estoy segura de ello.
+
+Y Lucía, con un movimiento de apasionada y popular gratitud, hizo ademán
+de inclinarse ante Artegui.
+
+--Un marido no es un padre...--contestó éste--. Lo racional, lo sensato,
+señora, es que me vaya. Ya telegrafié a Miranda de Ebro para que, en el
+caso de hallarse allí su esposo, le digan que está usted aquí en Bayona
+esperándole. Pero de fijo estará en camino.
+
+--Márchese usted, pues.
+
+Y Lucía volvió a Artegui la espalda, reclinándose en la ventana de
+codos.
+
+Permaneció Artegui un rato indeciso, de pie en mitad de la estancia,
+mirando a la niña, que sin duda se estaba sorbiendo las lágrimas
+silenciosamente. Al fin se acercó a ella, y hablándole casi al oído:
+
+--Después de todo--murmuró--, no hay para qué se apure usted tanto.
+¡Guarde usted sus lágrimas, que si vive, tiempo y ocasión tendrán de
+correr!
+
+Bajando aún más su voz timbrada, añadió:
+
+--Me quedo.
+
+Volviose Lucía con la rapidez de un muñeco de resorte, y batiendo
+palmas, gritó como una loca:
+
+--Muchas gracias, muchas gracias, señor de Artegui. ¡Ay!, ¿pero se queda
+usted de veras? Estoy fuera de mí de contenta. ¡Qué gusto, Dios mío!
+Pero...--dijo de pronto reflexionando--, ¿puede usted quedarse? ¿No le
+cuesta ningún sacrificio? ¿No le molesta?
+
+--No--respondió Artegui con faz sombría.
+
+--Aquella señora... aquella Doña Armanda que le aguarda a usted en
+París.... ¿le necesitará también?
+
+--Es mi madre--pronunció Artegui.
+
+Y la respuesta pareció a Lucía satisfactoria, aun cuando realmente no
+resolviese la duda que acababa de expresar.
+
+Artegui, entretanto, rodando un sillón hasta tocar con la mesa, se
+sentó, y acodándose sobre el tapiz, escondió el rostro entre las manos,
+meditabundo. Lucía, desde el hueco de la ventana, observaba sus
+movimientos. Cuando vio que eran corridos hasta diez minutos sin que
+Artegui diese indicios de menearse ni de hablar, fuese aproximando
+quedito, y con voz tímida y pedigüeña, balbuceó:
+
+--Señor de Artegui....
+
+Alzó él el rostro. El velo de niebla cubría otra vez sus facciones.
+
+¿Qué quiere usted?--dijo broncamente.
+
+--¿Qué tiene usted? Me parece que se ha quedado usted así..., muy
+cabizbajo y muy triste... supongo que será por... lo de antes.... Mire
+usted, si ha de estar usted tan afligido... creo que prefiero que usted
+se vaya, sí, señor.
+
+No estoy afligido, estoy... como suelo. ¡Ah!, como usted apenas me
+conoce, le cogerá de nuevo mi modo de ser.
+
+Y viendo a Lucía que permanecía de pie y con aire contrito, le señaló el
+otro sillón. Trájolo Lucía arrastrando hasta ponerlo frente al de
+Artegui, y tomó asiento.
+
+--Hable usted de algo--prosiguió Artegui--; hablemos.... Necesitamos
+distraernos, charlar... como esta tarde.
+
+--¡Ah!, ¡esta tarde estaba usted de tan buen humor!
+
+--¿Y usted?
+
+--El calor me agobiaba. Nuestra casa de León es muy fresca: yo soy mucho
+más sensible al calor que al frío.
+
+--Habrá usted tomado con gusto el lavatorio y las palanganas.... Parece
+que se revive, al lavarse después de un viaje.
+
+--Sí, pero...--Lucía se interrumpió--. Me faltaba una cosa muy esencial.
+
+--¿Qué cosa? Colonia, de fijo.... ¡yo me olvidé de traerla a usted mi
+neceser!
+
+--No, señor... el baúl, donde viene la ropa blanca.... No pude mudarme.
+
+Artegui se levantó.
+
+--¿Por qué no lo dijo usted antes?, ¡justamente estamos en el pueblo
+donde se equipan las novias españolas! Vuelvo pronto.
+
+--Pero.... ¿adónde va usted?
+
+--A traerla a usted un par de mudas.... Debe usted de estar en un potro
+con esa ropa.
+
+--¡Señor de Artegui, por Dios!, yo abuso de usted; aguarde....
+
+--¿Por qué no se viene usted conmigo a elegirlas?
+
+Y Artegui presentó a Lucía su toca.
+
+Los escrúpulos de la niña se volaron como un bando de asustadas
+codornices, y algo vergonzosa, pero más contenta, se colgó del brazo de
+Artegui prontamente.
+
+--Veremos las calles, ¿verdad?--exclamó entusiasmada.
+
+Y al bajar despacio los encerados y resbaladizos escalones, dijo con un
+resto de encogimiento y meticulosidad provinciana:
+
+--Por supuesto, señor de Artegui, que mi marido le abonará a usted todos
+estos gastos....
+
+Artegui, sonriendo, la sostuvo mejor en el brazo, y diéronse a andar por
+Bayona tan cordiales como si en toda su vida otra cosa hubiesen hecho.
+La noche era digna del día: en el cielo de aterciopelado azul
+centelleaban claras y vivas las estrellas; el gas de las innumerables
+tiendas con que Bayona explota la vanidad de los españoles pudientes y
+trashumantes, ponía a las obscuras manzanas de casas un collar de luz, y
+en los escaparates se lucían, con todos los tonos de la escala
+cromática, telas ricas, porcelanas y bronces caprichosos, opulentas
+joyas. Caminaba la pareja silenciosa, a paso igual y rítmico, midiendo
+Artegui su andar largo y varonil por el paso más corto de Lucía. En las
+calles la gente circulaba de prisa, animada, como el que va a algo que
+le interesa: no con esa lentitud de los españoles que se pasean por
+tomar el aire y matar el tiempo. Ante los cafés, las mesas al aire libre
+tenían mucho parroquiano, porque la templada atmósfera lo consentía; y
+bajo la claridad fuerte de los reverberos bullían los mozos sirviendo
+cerveza, café o bavaresa de chocolate, y el humo de los cigarros, y el
+crujir de los periódicos que desdoblaban, y las conversaciones, y el
+sonido seco de las fichas del dominó dando contra el mármol, llenaban de
+vida aquel trozo de acera. De pronto Artegui, al volver una esquina, se
+metió en una tienda no muy ancha, cuyo escaparate ocupaban casi por
+entero dos luengos peinadores salpicados de cascadas de encaje y lazos
+de cinta azul el uno, rosa el otro. Dentro, era una exhibición de
+cuantos objetos componen el tocado íntimo del niño y la mujer. Las
+camisas presentaban coquetonamente el adornado escote, ocultando la lisa
+falda; los pantalones estiraban, simétricas y unidas, una y otra pierna;
+las chambras tendían los brazos, las batas inclinaban el cuerpo con
+graciosa laxitud.
+
+El blanco suave y ebúrneo de las puntillas contrastaba con el candor de
+yeso del madapolán. Alguna cofia de mañana, colocada sobre un pie de
+palo torneado, lanzaba un toque de colores vivos, de seda y oro, entre
+las alburas que cubrían aquel recinto como una capa de nieve.
+
+Hablaba español la dueña de la tienda, semejante en esto a la mayoría de
+los comerciantes de Bayona; y al pedirle Lucía dos juegos de ropa
+blanca, aprovechó sus conocimientos en la lengua de Cervantes para
+tratar de embarcarla en más compras. Tomando a Lucía y a Artegui por
+recién casados, se puso lisonjera, insinuante, pesadísima, y se empeñó
+en enseñarles un equipo completo, barato, de lo más distinguido; echó
+sobre el mostrador brazadas de prendas, una marea de randas, de
+bordados, de cintas y de batista. No contenta con lo cual, y viendo que
+Lucía, semianegada en olas de lino, hacía signos negativos con cabeza y
+manos, tocó otro resorte y trajo enormes cajas de cartón, que,
+destapadas, mostraron encerrar gorritas microscópicas, pañales de
+franela festoneados menudamente, capas de merino y de piqué, faldones
+inverosímilmente largos, y otras menudencias que arrebataron a Lucía la
+sangre al rostro.
+
+Artegui puso fin al ataque pagando los juegos elegidos y dando las señas
+del hotel para que se enviasen.
+
+Libres ya, salieron; pero Lucía, enamorada de la hermosura y sosiego de
+la noche, se mostró deseosa de prolongar algo más el paseo.
+
+Volvieron a cruzar ante los iluminados cafés, bordearon el teatro y
+tomaron hacia el puente, a tales horas casi solitario. Las luces de la
+ciudad se reflejaban trémulas en el dormido seno del Adour.
+
+--¡Cómo brillan las estrellas!--exclamó Lucía.
+
+Y tirando repentinamente del brazo a Artegui para que se detuviese:
+
+--¿Cuál es--preguntó--aquella que brilla tanto?
+
+--Se llama Júpiter. Es un planeta de nuestro sistema.
+
+--¡Qué bonita y qué resplandeciente! Algunas parece que tienen frío, que
+tiemblan al brillar, y otras se están quietas, como si nos mirasen.
+
+--Son, en efecto, las estrellas fijas.... ¿Ve usted esa faja de luz que
+cruza el cielo?
+
+--¿Eso que parece una cinta de gasa de plata, muy ancha?
+
+--Es la Vía Láctea: un conjunto de estrellas, tantas en número, que la
+imaginación no puede concebirlas siquiera. Nuestro sol es una hormiga de
+ese hormiguero, una de esas estrellas.
+
+--¿El sol... es una estrella?--interrogó asombrada la niña.
+
+--Una estrella fija. Nosotros damos vueltas en torno de ella como locos.
+
+--¡Ay, qué gusto es saber todo esto! En el colegio no nos enseñan ni
+jota de esas cosas, y se reía de mí Doña Romualda cuando le dije que iba
+a preguntarle al Padre Urtazu (que siempre está mirando al cielo con un
+catalejo muy largo) lo que son las estrellas y el sol y la luna.
+
+Artegui torció a la derecha, siguiendo el malecón, mientras explicaba a
+Lucía esas nociones elementales astronómicas, que parecen novela
+celeste, cuento fantástico escrito con letras de lumbre sobre hojas de
+zafiro. La niña, embelesada, miraba tan pronto a su acompañante, como al
+firmamento apacible. Sobre todo, la magnitud y cantidad de los astros la
+confundía.
+
+--¡Qué grande es el cielo! Santo Dios de bondad; si así es el material,
+el visible, ¡cómo será el Empíreo, donde están la Virgen, los ángeles y
+los santos!
+
+Artegui sacudió la cabeza, e inclinándose hacia Lucía, murmuró:
+
+--¿Qué le parece a usted del aspecto de esas estrellas? Cualquiera diría
+que están tristes. ¿No es verdad que su centellear las hace muy
+semejantes a una pupila que vierte lágrimas?
+
+--No están tristes--respondió Lucía--; están pensativas, que es cosa muy
+diferente. Meditan ¡y no les falta en qué! sin ir más lejos, en Dios,
+que las crió.
+
+--¡Meditar! Lo mismo meditan ellas que ese puente o esos barcos. El
+_privilegio_ de la meditación--Artegui subrayó amargamente la palabra
+_privilegio_--está reservado al hombre, rey de los seres. Y si en esas
+estrellas existen--como no puede menos--hombres dotados de todas las
+inmunidades y franquicias humanas ¡esos sí que meditarán!
+
+--¿Usted cree que habrá hombres en esos luceros? ¿Serán como nosotros,
+señor de Artegui? ¿Comerán? ¿Beberán? ¿Andarán?
+
+--Lo ignoro. Una sola cosa puedo asegurarle a usted de ellos; pero esa,
+con pleno conocimiento y entera certeza.
+
+--¿Cuál?--interrogó la niña curiosamente, mirando, a la vaga luz de los
+astros, el rostro descolorido de Artegui.
+
+--Que sufrirán como nosotros sufrimos--contestó él.
+
+--¿Cómo lo sabe usted?--murmuró ella impresionada por aquel hondo
+acento--. Pues a mí se me figura que en las estrellas, que son tan
+bonitas y lucen tanto, no ha de haber penas, ni riñas, ni muertes, como
+acá.... ¡Si allí debe de ser la gloria!--afirmó alzando la mano, para
+señalar al refulgente globo de Júpiter.
+
+--El dolor es la ley universal, aquí como allí--dijo Artegui, mirando
+fijamente al Adour, que corría, negro y silencioso, a sus pies.
+
+Poco más departieron, hasta volverse al hotel. Hay conversaciones que
+despiertan pensamientos profundos y tras de las cuales pega mejor el
+silencio que palabras frívolas. Lucía, quebrantados los huesos, sin
+saber por qué, se afianzaba fuertemente en el brazo de Artegui, y él
+andaba despacio, con su aire de indiferencia. Las últimas frases del
+diálogo fueron casi desapacibles, casi hostiles.
+
+--¿A qué hora llega el tren de mañana?--preguntó Lucía de pronto.
+
+--El primero, a las cinco o cosa así.
+
+La voz de Artegui era seca y dura.
+
+--¿Iremos a esperarlo, a ver si viene el señor de Miranda?
+
+--Irá usted si gusta, señora; en cuanto a mí, permítame usted que me
+niegue.
+
+Tan agrio era el tono de la respuesta, que Lucía se quedó sin saber qué
+decir.
+
+--Van mozos del hotel--añadió Artegui--con usted, o sin usted, a esperar
+a los trenes. No necesita darse el madrugón... a no ser que su ternura
+conyugal sea tan viva....
+
+Lucía bajó la frente y se le encendió la faz, como si un hierro hecho
+ascua le aproximasen. Al entrar en el hotel, la dueña se acercó a ellos;
+su sonrisa, avivada por la curiosidad, era aún más complaciente y
+obsequiosa que antes. Les explicó que había olvidado un requisito:
+preguntar el nombre del señor y de la señora y su país, para apuntarlo
+en la lista de viajeros.
+
+--Ignacio Artegui, madame de Miranda, españoles--declaró Artegui.
+
+--Si el señor tuviese una tarjeta--osó decir la hostelera.
+
+Artegui entregó el pedazo de cartulina, y la fondista se deshizo en
+cortesías y cumplimientos, cual si implorase perdón por aquella fórmula.
+
+--Hará usted--ordenó Ignacio--que al esperar mañana al tren de España,
+pregunten por _monsieur_ Aurelio Miranda.... ¡no se olvide usted! que le
+digan que _madame_ está aquí en este hotel, sin novedad, y que le
+aguarda.... ¿Entendido?
+
+--_Parfait_--contestó la francesa.
+
+Diéronse las buenas noches Lucía y Artegui en el umbral de sus
+respectivos cuartos. Lucía, al desnudarse, vio sobre la mesa los
+paquetes de sus compras de ropa blanca. Se mudó con delicia, y acostose
+creyendo dormir como una bienaventurada, a semejanza de la noche
+anterior. Mas no gozó de tan regalado reposo, sino de un sueño inquieto
+y desigual. Acaso la novedad del lecho, su propia blandura, hicieron en
+Lucía el efecto que suelen hacer en las personas habituadas a la vida
+monástica, de quienes se puede decir con paradójica exactitud que la
+comodidad les incomoda.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+Al despertar a Lucía con un bol de café con leche, diole la camarera,
+por primer noticia, la de que _monsieur_ Miranda no había venido en el
+tren de España. Saltó del lecho, y se vistió en un decir Jesús, tratando
+de reanudar sus dispersos recuerdos, y mirando la habitación con la
+sorpresa que suelen los que, no habiendo viajado nunca, amanecen en
+lugar desacostumbrado y nuevo. Miró al reloj de sobremesa: eran las
+ocho. Salió al pasillo, y tecleó suaves golpecitos en la puerta del
+cuarto de Artegui.
+
+Estaba éste en mangas de camisa, terminando sus operaciones de tocador,
+y al oír que llamaban, enjugose aprisa manos y rostro, se echó por los
+hombros la americana y fue a abrir.
+
+--Don Ignacio... buenos días. ¿Estorbo?
+
+--No por cierto. Entre usted, si gusta.
+
+--¿Está usted vestido ya?
+
+--O poco menos.
+
+--¿Sabe usted que no vino el señor de Miranda?
+
+--Ya me lo han advertido.
+
+--¿Qué me dice usted de eso? ¿No es una cosa muy rara?
+
+Ignacio no contestó. Comenzaba, en efecto, a parecerle algo y aun algos
+extraña la conducta de aquel recién casado, que así abandonaba a su
+mujer la noche de novios, dejándola en un vagón de ferrocarril. Por
+fuerza algún incidente desagradable, imprevisto, había ocurrido al
+Miranda incógnito, cuyo destino, por singular caso, influía así en el
+suyo de cuarenta y ocho horas acá.
+
+--Voy--dijo--a telegrafiar a todas partes, a las principales estaciones
+de la línea, a Alsasua, a.... ¿quiere usted que telegrafíe a León, a su
+padre de usted?
+
+--¡Dios nos libre!--exclamó Lucía--; capaz es de tomar el tren para
+venir a buscarme, y de ahogarse en el camino con el asma... y con el
+disgusto. No, no.
+
+--De todas suertes, voy a dar los pasos..
+
+Y Artegui embutió los brazos en los de su americana, y echó mano al
+sombrero.
+
+--¿Va usted a salir?--preguntó Lucía.
+
+--¿Quiere usted algo más?
+
+--¿Sabe usted... sabe usted que ayer era sábado y que hoy es domingo?
+
+--Así suele suceder todas las semanas--contestó Artegui con afable
+burla.
+
+--No me entiende usted.
+
+--Pues explíquese. ¿Qué se le ocurre?
+
+--¿Qué se me ha de ocurrir sino ir a misa como todo el mundo?
+
+--¡Ah!--exclamó Artegui. Y después añadió--: Pues es cierto. Y quiere
+usted....
+
+--Que usted me acompañe. No he de ir sola a misa, me parece.
+
+Sonriose Artegui una vez más, y la niña reparó cuán de perlas caía la
+sonrisa en aquel rostro, apagado y tétrico de ordinario. Era como la
+aurora cuando pinta de rosa los pardos montes; como el rayo del sol
+cuando rasga los crespones de un día brumoso. Vivían los ojos, vivían
+las mejillas sumidas y pálidas, renacía la juventud en aquel semblante
+marchito por tribulaciones misteriosas, y empañado por perpetuos celajes
+obscuros.
+
+--Debía usted estar siempre risueño, Don Ignacio--exclamó Lucía--.
+Aunque--añadió reflexionando--del otro modo se parece usted más a usted.
+
+Artegui, risueño y solícito, le ofreció el brazo, pero ella no quiso
+cogerse. Al llegar a la calle anduvo muy callada, con los ojos bajos,
+echando de menos la protectora sombra del negro velo de su manto de
+encaje, que le cubría las mejillas, dándole tan modesto porte, cuando en
+León cruzaba bajo las bóvedas medio derruidas y llenas de andamiaje de
+la catedral. La de Bayona le pareció linda como un dije de filigrana;
+pero no pudo oír en ella tan devotamente la misa: se lo estorbaba la
+pulcritud esmerada del templo, semejante a caja primorosa; los colores
+vivos de las figuras neobizantinas pintadas sobre oro en el crucero, o
+la novedad de aquel coro descubierto, de aquel tabernáculo aislado y sin
+retablo, el moverse de los reclinatorios, el circular de las
+alquiladoras de sillas. Parecíale estar en un templo de culto diverso
+del que ella profesaba. Una Virgen blanca, con filetes de oro en el
+manto, que presentaba el divino infante en una de las capillas de la
+nave, la tranquilizó algo. Allí rezó buena porción de salves, deshojó
+las rosas sangrientas del rosario, los místicos lirios de la letanía.
+Salió del templo con ligero paso y alegre corazón. Lo primero que vio a
+la puerta fue a Artegui, contemplando con interés la gótica forma de la
+portada.
+
+--Ya he puesto cantidad de telegramas a las diversas estaciones,
+señora--dijo descubriéndose cortésmente al verla--. En especial a la más
+importante, Miranda de Ebro. Me he tomado la libertad de firmar con su
+nombre de usted.
+
+--Gracias... pero ¿qué? ¿no oyó usted misa? exclamó la niña mirándole
+atenta al rostro.
+
+--No, señora. Vengo, como le he dicho a usted, de la oficina de
+telégrafos--contestó él evasivamente.
+
+--Pues dese usted prisa si quiere alcanzarla. En este mismísimo instante
+salía el sacerdote revestido....
+
+Contrajose levemente la faz de Artegui.
+
+--No oigo misa--repuso entre grave y chancero--. A menos que usted
+manifestase formal empeño... en cuyo caso....
+
+--¡No oír misa!--pronunció la niña, y veló sus pupilas el asombro, y
+turbose toda--. ¿Y por qué no oye usted misa? ¿No es usted cristiano?
+
+--Supongamos que no lo fuese--balbució él muy quedo, como reo que
+confiesa su crimen ante el juez, y meneando melancólicamente la cabeza.
+
+--¡Pues qué es usted.... Dios mío!
+
+Y Lucía cruzó acongojada las manos.
+
+--Lo que el Padre Urtazu llamaría... un incrédulo.
+
+¡Ah!--gritó ella con ímpetu--. El Padre Urtazu diría que son unos
+malvados los incrédulos todos.
+
+--Pudiera añadir el Padre Urtazu que todavía son más infelices.
+
+--Es verdad--replicó Lucía trémula aún, como arbusto sacudido por el
+cierzo--. Es verdad: todavía más infelices. El Padre Urtazu no diría, de
+seguro, otra cosa. ¡Y tan infelices como son! ¡Madre mía del Rosario!
+
+Inclinó la niña la pensativa frente, y quedose anodada, aturdida por el
+golpe repentino. El sentimiento religioso, dormido hasta entonces, con
+todos los demás, en el fondo de su alma plácida y serena, despertábase
+potente al impensado choque. Iban mezcladas dos sensaciones: de punzante
+lástima la una, de terror y repulsión la otra. Quería apartarse
+espantada de Artegui, y aun se derretían de compasión sus entrañas sólo
+al mirarlo. La gente salía de misa; vertía el pórtico ondas y ondas
+humanas, y Lucía, en pie, no acertaba a separarse de aquella catedral,
+erguida y blanca como una mártir cristiana en el circo. Le presentó
+Artegui en silencio el brazo, y ella, dudosa al pronto, aceptó por fin,
+caminando ambos automáticamente en dirección al hotel. La mañana, un
+tanto encapotada, prometía temperatura menos cálida y más grata que la
+de la víspera. Corría regalado fresquecillo, y tras del celaje brumoso
+adivinábase la sonrisa del sol, como suele columbrarse el amor al través
+del enojo.
+
+--Está usted triste, Lucia--dijo Artegui a la niña afectuosamente.
+
+--Un poco, Don Ignacio--y Lucía arrancó del pecho doliente suspiro--. Y
+usted tiene la culpa--añadió en blando son de amenaza.
+
+--¿Yo?
+
+--Usted, sí. ¿Por qué dice usted esas tonterías que no pueden ser?
+
+--¿Que no pueden ser?
+
+--Sí, señor. ¿Cómo es posible que no sea usted cristiano? Vamos, que no
+dice usted lo que siente.
+
+--¿Qué le importa a usted eso, Lucía?--exclamó él, llamándola segunda
+vez por su nombre--. ¿Es usted acaso el Padre Urtazu? ¿Soy yo alguien
+que a usted le interese o le importe? ¿Le han de pedir a usted cuenta de
+mi alma en algún tribunal? ¡Niña!, eso a usted no le va ni le viene.
+
+--¡No que no! ¡Vaya, Don Ignacio, que hoy está usted de lo más... de lo
+más desatinado! ¡Que no me ha de importar a mí que usted se condene o se
+salve, que usted sea cristiano o judío!
+
+--Judío... lo que es judío no lo soy--respondió Artegui, tratando de dar
+al diálogo giro festivo.
+
+--Es lo mismo... renegar de Cristo es ser judío en suma.
+
+--Dejémonos de eso, Lucía; no quiero verla a usted con ese gesto; ¡se
+pone usted fea!--dijo en tono desahogado él, aludiendo por vez primera a
+las condiciones físicas de Lucía--. ¿Qué desea usted ahora? ¿Quiere
+usted que la lleve a ver alguna curiosidad de este pueblo? ¿El hospital?
+¿Los fuertes?
+
+Hablaba afable cual nunca, y Lucía se aplacó, como las crespas olas al
+cubrirlas capa de aceite.
+
+--¿No podríamos salir a dar una vuelta por el campo? Me muero por los
+árboles.
+
+Artegui torció hacia el teatro, ante cuyo pórtico aguardaban dos o tres
+cochecillos de los llamados cestos. Hizo breve seña al más próximo, y el
+auriga vasco, alzando su fusta, halagó con ella el anca de las tarbesas
+jaquitas, que, la cerviz enhiesta, se prepararon a arrancar. Saltó
+Lucía, recostándose en el ligero vehículo, y Artegui se acomodó a su
+lado, ordenando:
+
+--Camino de Biarritz.
+
+Salió el carruaje veloz como un dardo, y Lucía cerró los ojos, gozando
+en no pensar, en sentir las rápidas caricias del viento, que echaba
+atrás las puntas de su corbata, los undívagos mechones de su cabellera.
+Pintoresco y ameno, el camino merecía, no obstante, una mirada. Eran
+cultivadas tierras, casas de placer con picudos techos, parques ingleses
+de fresco césped y menuda grama, amarillenta ya, como de otoño. Al
+divisar torcida vereda que, desviándose de la carretera, culebreaba por
+entre los sembrados, detuvo Artegui con un grito al cochero, y dio a
+Lucía la mano para que descendiese. Buscó el vasco el abrigo de unas
+tapias donde parar sin riesgo el sudoroso tronco, y Artegui y Lucía se
+internaron a pie siguiendo el senderito, ella delante, recobrada su
+alegría infantil, su gozar inocente en el cansancio del cuerpo. La
+cautivaba todo, las flores del trébol, que salpicaban de una lluvia de
+pintas carmesíes el verdinegro campo; las manzanillas tardías y los
+acianos pálidos en las lindes, las digitales que cogía risueña
+haciéndolas estallar con las dos manos, los rizados airones del apio,
+las acogolladas coles, puestas en fila, separada cada fila por un surco,
+semejante a una trinchera. La tierra, de puro labrada, abonada,
+removida, tenía no sé qué aspecto de decrepitud. Sus poderosos flancos
+parecían gemir, sudando una humedad viscosa y tibia, mientras en los
+linderos incultos, al borde del caminillo, quedaban aún rincones
+vírgenes, donde a placer crecían las bellas superfluidades campestres,
+las gramineas vaporosas, las florecillas multicolores, los agudos
+cardos.
+
+No cabiendo juntos por la angosta senda, iban Lucia y Artegui uno tras
+otro, si bien Artegui a veces se echaba a campo traviesa, sin gran
+respeto de la ajena propiedad. Detuvo al fin la niña su indisciplinada
+carrera al pie de espesos mimbrales, que, creciendo al borde de un
+pantano, sombreaban pendiente ribazo muy mullido de hierba, y desde el
+cual se oteaba todo el paisaje recorrido. Dejáronse caer en el natural
+diván, y vieron tenderse ante ellos la vega, como remendada de varios
+colores, según eran los de las verduras que en cada heredad se
+cultivaban. En la blanca cinta de la carretera distinguieron un punto
+negro: el cesto con las jacas. No picaba el sol; su luz se cernía por un
+velo de nubes, y la campiña tenía tonos mates, verdes glaucos,
+amarilleces areniscas, lejanías delicadamente cenicientas, suaves
+matices que se copiaban en la ciénaga tranquila.
+
+--Esto es muy hermoso, Don Ignacio--dijo Lucía por decir algo, pues
+pesaba sobre su alma el silencio, la soledad profunda del lugar--. ¿No
+le gusta a usted?
+
+--Sí que me gusta--contestó Artegui distraídamente.
+
+--Bien que a usted parece que no le gusta nada.... Siempre está usted
+como cansado... es decir, cansado no, es más bien triste. Mire
+usted--siguió la niña, asiendo de un flexible mimbre y divirtiéndose en
+coronarse con la obediente rama--, ¡a que no es usted capaz de creer que
+su tristeza se me va pegando, y que también yo me hallo así... no sé
+cómo, preocupada, vamos! Diera... lo que no sé por verle contento y...
+natural, como son todos los hombres. Usted no tiene el mirar ni la cara
+como los demás, Don Ignacio.
+
+--Pues viceversa--respondió él--; a mí se me comunica su alegría de
+usted, y a veces aún gasto mejor humor del que usted misma gastaría.
+También el júbilo es contagioso.
+
+Díjolo atrayendo a sí otra rama de mimbre que descortezó con las uñas,
+arrojando las tiras de película tierna al pantano, y mirando fijamente
+los círculos que en el agua abrían al caer.
+
+--Claro está que sí--afirmó Lucía--. Y si usted quisiera ser franco, si
+usted se decidiese a... confiarme lo que así le aflige, vería cómo en un
+santiamén le disipaba yo esa sombra que tiene en la cara. No sé por qué
+se me figura que tanta seriedad, tanto ceño, tanto caimiento de animo,
+no nace de que usted sea desdichado de veras, sino allá de.... ¡qué sé
+yo!, de niñerías, de ideas sin ton ni son que le bullen a usted en los
+cascos. ¿A que acerté?
+
+--Tan plenamente--exclamó Artegui soltando la rama de mimbre y asiendo
+la mano de la niña--, que ahora me confirmo en creer que los seres puros
+poseen cierta presciencia, cierta intuición maravillosa y singularísima,
+negada a los que conocemos, en cambio, el triste misterio del vivir.
+
+Lucía, seria e inmutada, miraba a su compañero de viaje.
+
+--¡Lo ve usted!--acertó a pronunciar por fin, buscando en los ángulos de
+su boca la sonrisa, y hallándola a duras penas--. De modo que ya pasaron
+todas esas ideas sin fundamento, que son como los castillos de naipes
+que me hacía padre siendo yo chiquita; soplaba, y, ¡patatás!, al suelo.
+
+--En eso yerra usted, hija--dijo Artegui soltándole la mano con uno de
+sus lánguidos movimientos de autómata--. Es lo contrario lo que sucede.
+Cuando nace y se engendra la tristeza de alguna causa, puede desaparecer
+si la causa cesa; pero si la tristeza brota espontáneamente como esas
+malas hierbas y esos juncos que usted ve al borde del pantano; si está
+en nosotros; si forma la esencia de nuestro ser mismo; si no se
+encuentra aquí ni allí solamente, sino en todas partes; si ninguna cosa
+de la tierra alcanza a darle alivio, entonces... créame usted, niña, el
+enfermo está desahuciado. No hay esperanza.
+
+Hablaba sonriente, pero era su sonrisa semejante a la luz que alumbra un
+nicho.
+
+--Pero, sepamos...--interrogó Lucía a pesar suyo con angustiosa y febril
+curiosidad--. ¿Pesa sobre usted alguna desdicha? ¿Alguna pena grande?
+
+--Ninguna de las que el mundo llama tales.
+
+--¿Tiene usted familia... que le quiera?
+
+--Mi madre me adora.... ¡y si no fuese por ella!--declaró Artegui
+abandonándose, como mal de su grado, a la dulce corriente de la
+confianza.
+
+--¿Y su padre de usted?
+
+--Murió años ha. Era vascongado, emigrado carlista, hombre de grande
+energía, de muchos ánimos: internáronle en Francia, viose pobre y solo,
+trabajó como se había batido... como un león, hasta llegar a poder
+establecer una vasta agencia de comercio, enriquecerse, adquirir en
+París casa propia, y casarse con mi madre, que es de una familia
+distinguida de Bretaña, legitimista también. No tuvieron más hijo que
+yo: me adoraron, sin descuidar mi educación ni excederse en mimos y
+locuras; estudié, vi mundo; dije que quería viajar, y me abrió mi madre
+su bolsa anchamente; tuve, hombre ya, algún capricho, muchos caprichos,
+y se cumplieron. He visto los Estados Unidos y el Oriente, sin hablar de
+Europa; paso los inviernos en París, y los veranos suelo visitar España;
+mi salud es buena y no soy viejo. Ya ve usted que soy lo que suele la
+gente denominar... un mimado de la fortuna, un hombre feliz.
+
+--Es cierto--dijo Lucía--; pero ¡quién sabe si por eso mismo estará
+usted así! He oído decir que para que el pan sepa bien hay que ganarlo:
+verdad que yo no lo gano, y hasta ahora no me amargó.
+
+--Tiempo hubo--murmuró Artegui como respondiéndose a sí mismo--en que
+creí provenía mi indiferencia de la seguridad de mi vida, y en que deseé
+deberme a mí mismo, a mí solo, el subsistir. Dos años rehusé los
+auxilios de mis padres, y, entrando en calidad de socio industrial en
+una gran empresa, dime a trabajar con ardor. Gané más de lo necesario;
+me seguía, como rendida amante, la suerte; pero aquella especulación sin
+tregua ni entrañas me provocaba náuseas, y quise probar alguna labor en
+que entendimiento y cuerpo fuesen unidos, y en que la ganancia no
+alcanzase más que a no dejarme morir de hambre. Estudié la medicina, y,
+aprovechando la guerra que a la sazón ardía en el Norte de España, vine
+al cuartel de Don Carlos. El nombre de mi padre me abrió todas las
+puertas y me dediqué a ejercer en los hospitales....
+
+--¿Fue entonces cuando curó usted a Sardiola?
+
+--Exactamente. Tenía el pobre diablo un metrallazo horrible: partida la
+mejilla, interesada la mandíbula, y desangrándose a más andar por la
+arteria. Una cura difícil, pero afortunadísima. Muchas hice entonces, y
+fue aquel el tiempo en que menos me acosó el cansancio moral. Pero en
+cambio....
+
+Artegui se detuvo, temeroso de proseguir.
+
+--Diga usted, diga usted--interrogó Lucía ansiosamente.
+
+--¡Para qué, señora! ¿para qué? Ni sé por qué le he contado a usted ya
+tantas cosas ridículas, y para usted, probablemente, ininteligibles...
+como son los sueños del demente para los cuerdos.
+
+--No, señor--declaró Lucía ofendida--; le entiendo a usted muy bien, y
+en prueba de ello voy a adivinar eso que se calló. ¡Verá usted que
+sí!--gritó, cuando Artegui hubo meneado sonriendo la cabeza--. Usted se
+aburrió menos en esa temporada en que fue médico de afición; pero en
+cambio... con ver tanto muerto, y tanta sangre, y tanta barbaridad, aún
+se volvió usted más... más judío que antes. ¿No es así? ¿Di o no di en
+ello?
+
+Artegui la miró, y con mudo asombro frunció el entrecejo sin replicar.
+
+--¿Y quiere usted que le diga? Pues eso, eso es lo que usted tiene, y
+por lo que está usted tan a mal con la suerte y consigo mismo. Si usted
+fuese buen cristiano podría usted estar triste, pero... de otra manera,
+vamos, de otra manera; con tristeza más dulce y más resignada. Porque
+quien espera irse al cielo, sabe sufrir acá y no se desespera.
+
+Y como Artegui, silencioso y apretados los labios volviese a otra parte
+la cabeza, murmuró la niña, en voz suave como una caricia:
+
+--Don Ignacio, el padre Urtazu me ha dicho que había unos hombres que no
+querían admitir lo que la Iglesia enseña y creemos nosotros, pero que
+allá... a su manera, a su capricho, en fin, adoraban a un Dios que ellos
+se forjaban... y creían en la otra vida también, y en que el alma no
+muere al morir el cuerpo.... ¿Es usted de esos?
+
+Él no respondió palabra, y doblando violentamente dos o tres ramas de
+mimbre, hízolas estallar. Cayeron inertes los tronchados troncos; pero
+unidos aún por la corteza, quedaron colgando como rotos miembros de
+inválido.
+
+--¿Tampoco es usted de esos?--siguió la niña volviéndose hacia él, con
+las manos juntas, semiarrodillada en el ribazo--. ¿Tampoco así cree
+usted? Don Ignacio, de veras, ¿no cree usted en nada? ¿En nada?
+
+Levantose Ignacio de un brinco, y, quedándose en pie sobre la parte más
+elevada del ribazo, dominando el paisaje todo, pronunció lentamente:
+
+--Creo en el mal.
+
+De lejos, era escultural el grupo. Lucía, anonadada, casi de hinojos,
+cruzadas las manos, imploraba: Artegui, alzado el brazo, erguido el
+cuerpo, mirando con doloroso reto a la bóveda celeste, pareciera un
+personaje dramático, un rebelde Titán, a no vestir el traje llano y
+prosaico de nuestros días. Más entoldado cada vez el celaje, se
+acumulaban en él nubarrones plomizos, como enormes copos de algodón en
+rama, hacia la parte donde caían Biarritz y el Océano. Ráfagas
+sofocantes cruzaban, muy bajas, casi a flor de tierra, doblegando los
+tallos de los juncos y estremeciendo el agudo follaje de los mimbrales a
+su hálito de fuego. Poderoso gemido exhalaba la llanura al percibir los
+signos precursores de la tormenta. Dijérase que el mal, evocado por la
+voz de su adorador, acudía, se manifestaba tremendo, asombrando a la
+naturaleza toda con sus anchas alas negras, a cuyo batir pudieran
+achacarse las exhalaciones asfixiantes que encendían la atmósfera.
+Lóbrego y obscuro, como la luna de un espejo de acero, el pantano
+dormía, y las florecillas acuáticas se desmayaban en sus bordes. La voz
+de Artegui, más intensa que elevada, resonaba entre el pavoroso
+silencio.
+
+--En el mal--repetía--, que por todas partes nos cerca y envuelve, de la
+cuna al sepulcro, sin que nunca se aparte de nosotros. En el mal, que
+hace de la tierra vasto campo de batalla, donde no vive cada ser sin la
+muerte y el dolor de otros seres; en el mal, que es el eje del mundo y
+el resorte de la vida.
+
+--Señor de Artegui...--balbució débilmente Lucía--, usted, según creo,
+dará culto al demonio, negándoselo a Dios.
+
+--¡Culto! no, ¿he de dar culto al poder inicuo que, guarecido en la
+sombra, conspira al daño común? Luchar, luchar con él quiero ahora y
+siempre. Usted le llama demonio: yo el mal, el dolor universal. Yo, sé
+cómo se le vence.
+
+--Con fe y buenas obras--exclamó la niña.
+
+--Muriendo--respondió él.
+
+Quien de lejos divisara aquella pareja, mancebo galán y lozana
+doncellita, departiendo solos en la vega frondosa, tomáralos, a buen
+seguro, por enamorados novios; y no creyera que hablaban de dolor y
+muerte, sino de amor, que es la vida misma. Artegui, de pie, se veía
+claramente en los garzos ojos que hacia él alzaba Lucía, ojos que, a
+pesar de la obscuridad del cielo, parecían salpicados de pajuelas
+luminosas.
+
+--¡Muriendo!--repitió ella, como el árbol repercute el sonido del golpe
+que le hiere.
+
+--Muriendo. El dolor no concluye sino en la muerte: sólo la muerte burla
+a la fuerza creedora que goza en engendrar para atormentar después a su
+infeliz progenitura.
+
+--No le entiendo a usted--murmuró Lucía--; pero tengo miedo--. Y su
+cuerpo temblaba todo como los mimbrales.
+
+Artegui no contestó palabra: mas una voz grave y poderosa, retumbando en
+los cielos, se unió de pronto al extraño dúo. Era el trueno, que
+estallaba a lo lejos, solemne y terrible. Lucía exhaló un gemido de
+pavor, cayendo con la faz contra la hierba. Desgarráronse las nubes, y
+anchas gotas de agua cayeron, sonando como goterones de plomo líquido en
+la crujiente seda de las frondas de mimbre. Bajose rápidamente Artegui,
+y tomando con nervioso vigor a Lucía en sus brazos, dio a correr sin
+mirar por dónde, saltando zanjas, atravesando barbechos, pisando apios y
+coles, hasta llegar, azotado por la lluvia, perseguido por el trueno que
+se acercaba, a la carretera. El cochero renegaba del mal tiempo
+enérgicamente cuando Artegui depositó a Lucía casi exánime en el
+asiento, subiendo a toda prisa el hule, para guarecerla algo. Las jacas,
+espantadas, salieron sin aguardar la caricia de la fusta, y, aguzadas
+las orejas y ensanchando las fosas nasales, arrancaron hacia Bayona.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Lucía acababa de secarse ante la chimenea encendida por Artegui en su
+cuarto. Los cabellos, antes empapados y pegados a la frente, comenzaban
+a revolar ligeros en torno de sus sienes; su ropa humeaba aún, pero ya
+el benéfico calorcillo, penetrándola, le restituía la acostumbrada
+soltura. Sólo la pluma del sombrero, lastimosamente alicaída,
+atestiguaba los estragos de la arroyada, a despecho de la prolijidad con
+que su dueña, aproximándola a las llamas, intentaba devolverle las
+gráciles roscas.
+
+En una butaca yacía Artegui, cual siempre, yerto, abandonado a la
+inercia de sus ensueños. Reposaba sin duda la fatiga de haber prendido
+fuego a los cepos que tan regocijadamente ardían, y pedido té y
+servídolo, mezclándole unas gotas de ron. Silencioso y quieto ahora,
+posaba los ojos en Lucía y en el fuego, que daba móvil fondo rojo a su
+cabeza. Mientras Lucía sintió el peso de la mojada ropa y la prensión
+del calzado húmedo, mantúvose también muda y encogida, tiritando,
+creyendo escuchar aún el redoble de los truenos y sentir los picotazos
+de las múltiples agujas de la lluvia en sus mejillas.
+
+Poco a poco la suave influencia del calor fue desatando sus miembros
+entumecidos y paralizada lengua. Adelantó los pies, luego las manos,
+hacia la hoguera; sacudió las enaguas, con objeto de enjugarlas por
+igual, y finalmente, sentose en el suelo a la turca para mejor gozar del
+fuego, que contempló fija y absorta, oyéndole crujir y viendo los
+troncos pasar de color de brasa al negro.
+
+--¿Don Ignacio?--dijo de pronto
+
+--¿Lucía?
+
+--¿A que no sabe usted lo que estoy pensando?
+
+--Usted dirá.
+
+--Son tan raras las cosas que desde anteayer me suceden; está tan fuera
+de sus naturales caminos mi vivir desde estos días; tan singular e
+inaudito me parece lo que usted dijo allá... junto al pantano, que
+imagino si me quedaría dormida en Miranda de Ebro, y no habré despertado
+aún. Yo debo estar todavía en el vagón, es decir, allí estará mi cuerpo,
+pero mi alma se escapó y sueña tales tonterías... a la fuerza.
+
+--No sé qué tenga de particular cuanto a usted acontece: antes tiene
+mucho de vulgar y sencillo. Se queda atrás su marido de usted; y yo, que
+por casualidad la encuentro entonces, la acompaño hasta que él venga. Ni
+más ni menos. No hagamos novela.
+
+Artegui hablaba con su entonación lenta y desdeñosa de costumbre.
+
+--No--insistió Lucía--, si lo extraño no es lo que me ha sucedido. Lo
+que hallo inusitado, es usted. Vamos, Don Ignacio, que usted bien lo
+conoce. Yo nunca vi a nadie que pensase lo que usted piensa, ni que lo
+dijese; y por eso a veces--murmuró cogiéndose la frente con ambas
+manos--suele pasarme por acá la idea de que estoy soñando aún.
+
+Levantose Artegui del sillón y acercose al fuego. Su gallarda estatura
+crecía al reflejo de la lumbre, y a Lucía, sentada en el suelo,
+pareciole más alto que de ordinario.
+
+--Importa--dijo él inclinándose--que le pida a usted perdón. Yo no
+acostumbro decir ciertas cosas al primero que llega; pero a personas
+como usted todavía menos. He soltado mil necedades, que con razón
+asustaron a usted. Sobre ser inconveniente, es de mal gusto y hasta
+cruel, lo que hice. Procedí como un necio y me pesa de ello: créalo
+usted.
+
+Lucía, levantando el rostro, le miraba. El resplandor de la lumbre
+doraba su cabello castaño, y teñía de rosa toda su carne: brillábanle
+los ojos, que alzaba, obligada por la postura.
+
+--Tengo--prosiguió Artegui--dos temperamentos, y suelo obedecerles
+irreflexivamente, como un niño. Por lo regular, soy como era mi padre,
+muy firme de voluntad, muy reservado y dueño de sí mismo; pero a veces
+domina en mí el temperamento materno. Mi pobre madre padeció siendo muy
+joven, allá en su castillote de Bretaña, ataques de nervios, melancolías
+y trastornos que nunca ha logrado curar del todo, si bien se aliviaron
+algo después de mi nacimiento. Ella soltó parte del mal, y yo le recogí;
+¡qué mucho que en ocasiones obre y hable, no como hombre, sino como niño
+o mujer!
+
+--Eso es, Don Ignacio--exclamó Lucía--, que en sana razón no pensaría
+usted lo que... lo que dijo allí.
+
+--Yendo con usted--prosiguió él--, con una criatura joven y leal, que
+ama la vida y siente, y cree, ¿quién me metía a mí a hablar de nada
+triste, ni exponer desvaríos abstrusos, convirtiendo el paseo en
+cátedra? ¡Ridiculez igual! soy un majadero. Lucia--añadió con
+naturalidad y sin la menor expresión de amargura--, usted dispensa mi
+falta de tino, ¿no es cierto?
+
+--Sí, Don Ignacio--murmuró ella bajo.
+
+Artegui arrastró el sillón, y sentose cerca del fuego también, alargando
+manos y pies hacia la llama.
+
+--¿No siente usted frío ya?--preguntó a Lucía.
+
+--No, señor. Un calor muy agradable, al contrario.
+
+--¿A ver esas manos?
+
+Lucía, sin levantarse, entregó sus manos a Artegui, que las halló tibias
+y suaves, y las soltó presto.
+
+--Con la lluvia--añadió--, no pude llevarla a usted un poco más lejos,
+hacia la parte de Biarritz, donde hay tan bonitas quintas y parques al
+estilo inglés. Ni hemos disfrutado casi de la hermosa campiña. ¡Qué bien
+olían los henos y los tréboles! Y la tierra. El olor de la tierra
+labrada es algo acre, pero muy grato.
+
+--Lo que olía bien, eran unas mentas que vi al borde del pantano. Siento
+no haberme traído ramas.
+
+--¿Quiere usted que vaya por ellas? Pronto estaría de vuelta....
+
+--¡Jesús, María y José! ¡Qué disparate, Don Ignacio! ¡ir ahora por las
+mentas!--dijo Lucía; pero el placer de la oferta tiñó de púrpura su
+rostro.
+
+--¿Oye usted cómo diluvia?--agregó por mudar de asunto.
+
+--La mañana no anunciaba este turbión--repuso Artegui--. Es muy húmeda
+toda Francia en general, y esta cuenca del Adour no desmiente la regla.
+¡Lástima no haber podido recorrer Biarritz! Hay allí palacios y
+comercios monísimos. La llevaría a usted a ver la Virgen que, desde una
+roca, parece que sosiega el Océano.... Más hermosa idea artística no se
+puede dar.
+
+--¿Cómo? ¿la Virgen?--preguntó muy interesada Lucía.
+
+--Una estatua erigida sobre unos peñascos.... Al ponerse el sol, es un
+efecto maravilloso: la estatua parece de oro, y la rodea un mar de
+fuego.... Es una aparición.
+
+--¡Ay, Don Ignacio! ¿me llevará usted mañana?--gritó Lucía, dilatados
+los ojos con el afán y alzando sus manos suplicantes.
+
+--Mañana...--Artegui se quedó otra vez pensativo--. Pero,
+señora--pronunció ya con diverso tono--, ¡hoy debe llegar su marido de
+usted!
+
+--Es verdad.
+
+Cesó de suyo el diálogo, y ambos interlocutores miraron el fuego, y aún
+Artegui le añadió leña, porque menguaba. Crujieron los inflamados
+tizones, y algunos se abrieron, hendiéndose como la granada madura;
+saltaron mil chispas, y medio se desmoronó el ígneo edificio bajo el
+peso de los nuevos materiales. Lamió suavemente la llama el reciente
+pasto que le ofrecían, y al fin comenzó a clavarle sus lenguas de áspid,
+arrancando con cada beso ardiente un chasquido de dolor. Aunque no fuese
+todavía muy remota la hora meridiana, estaba el aposento casi obscuro,
+tal era al exterior el aguacero y el negror del cielo.
+
+--No ha almorzado usted, Lucía--recordó de pronto Artegui,
+levantándose--. Voy a decir que le traigan a usted el almuerzo aquí.
+
+--¿Y usted, Don Ignacio?
+
+--Yo... almorzaré también, abajo, en el comedor. Es ya muy hora.
+
+--Pero ¿por qué no almuerza usted aquí, conmigo?
+
+--No, abajo--replicó él avanzando hacia la puerta.
+
+--Como usted quiera... pero yo no tengo ganas. No me traiga usted nada.
+Estoy... así, vamos, no sé cómo.
+
+--Tome usted algo... ha cogido usted frío y le conviene entrar en
+reacción.
+
+--No... aún si usted almorzase aquí, me animaría tal vez--, insistió
+ella con tenacidad de niña voluntariosa.
+
+Encogiose Artegui de hombros como aquel que se resigna, y tiró del
+cordón de la campanilla. Cuando un cuarto de hora después entró el
+camarero con la bandeja, ardía el fuego más que nunca claro y
+regocijado, y las dos butacas, colocadas a ambos lados de la chimenea, y
+el velador cubierto de níveo mantel, convidaban a la dulce intimidad del
+almuerzo. Brillaban las limpias copas, las garrafas, la salvilla, las
+vinagreras, el aro de plata del mostacero: los rábanos, nadando en fina
+concha de porcelana, parecían capullos de rosa; el lenguado frito
+presentaba su dorado lomo, donde se destacaba el oro pálido de las
+ruedas de limón, y el verde chamuscado de las ramas de perejil; los
+bisteques reposaban sangrientos en lago de liquida manteca; y en las
+transparentes copas de muselina destellaba el intenso granate del
+Borgoña y el rubio topacio del Chateau-Iquem. Al entrar y salir; al
+dejar cada plato, o recogerlo, reíase el camarero, para su sayo, de la
+enamorada pareja española, que quería habitación aparte, para luego
+almorzar así, mano a mano, al halago de la lumbre. A fuer de francés de
+raza, el sirviente aprovechaba la situación, subiendo el gasto. Había
+presentado a Artegui la lista de los vinos, y se permitía indicaciones y
+consejos.
+
+--El señor querrá Champagne helado.... Se lo traeré en garrafa, es más
+cómodo.... Las ananas que hay en la casa son excelentes: voy a traer...
+El Málaga nos llega directamente de España: ¡oh! el vino de España...
+¡clac! no hay como la España para vinos....
+
+Y fueron viniendo botellas, aumentándose copas a la ya formidable
+batería que cada convidado tenía ante sí; anchas y planas, como las de
+los relieves antiguos, para el espumante Champagne; verdes y angostas,
+finísimas, para el Rhin; cortas como dedales, sostenidas en breve pie,
+para el Málaga meridional. Apenas llegó Lucía a catar dos dedos de cada
+vino; pero los iba probando todos por curiosidad golosa; y, un tanto
+pesada ya la cabeza, olvidando deliciosamente las peripecias del paseo
+matinal, se recostaba en la butaca, proyectando el busto, enseñando al
+sonreír los blancos dientes entre los labios húmedos, con risa de
+bacante inocente aún, que por vez primera prueba el zumo de las vides.
+La atmósfera de la cerrada habitación era de estufa: flotaban en ella
+espirituosos efluvios de bebidas, vaho de suculentos manjares, y el
+calor uniforme, apacible de la chimenea, y el leve aroma resinoso de los
+ardidos leños. Lindo asunto para una anacreóntica moderna, aquella mujer
+que alzaba la copa, aquel vino claro que al caer formaba una cascada
+ligera y brillante, aquel hombre pensativo, que alternativamente
+consideraba la mesa en desorden, y la risueña ninfa, de mejillas
+encendidas y chispeantes ojos. Sentíase Artegui tan dueño de la hora,
+del instante presente, que, desdeñoso y melancólico, contemplaba a Lucía
+como el viajero a la flor de la cual aparta su pie. Ni vinos, ni
+licores, ni blando calor de llama, eran ya bastantes para sacar de su
+apático sueño al pesimista: circulaba lenta en sus venas la sangre, y en
+las de Lucía giraba pronta, generosa y juvenil. Hermoso era, sin
+embargo, para los dos el momento, de concordia suprema, de dulce olvido;
+la vida pasada se borraba, la presente era como una tranquila eternidad,
+entre cuatro paredes, en el adormecimiento beato de la silenciosa
+cámara. Lucía dejó pender ambos brazos sobre los del sillón; sus dedos,
+aflojándose, soltaron la copa, que rodó al suelo, quebrándose con
+cristalino retintín en el bronce del guardafuego. Riose la niña de la
+fractura, y, entreabiertos los ojos y clavados en el techo, se sintió
+anonadada, invadida por un sopor, un recogimiento profundo de todo su
+ser. Artegui, en tanto, mudo y sereno, permanecía enhiesto en su butaca,
+orgulloso como el estoico antiguo: acre placer le penetraba todo, el
+goce de sentirse bien muerto, y cerciorarse de que en vano la traidora
+Naturaleza había intentado resucitarle.
+
+Y así se estuvieran probablemente hasta sabe Dios cuándo, a no abrirse
+de golpe la puerta, apareciendo en ella un hombre; no el camarero, ni
+menos el esperado Miranda, sino un mozalbete de algunos veinticuatro o
+veinticinco años, mediano de estatura, pronto y desenfadado de modales.
+Traía el sombrero puesto, y lo primero que se veía de su persona era el
+reluciente alfiler de la corbata, y las botas de caña clara, atrevidas,
+cortas, un tanto manolescas. Causó la entrada de este nuevo personaje
+una transformación a vista en la escena: mientras Artegui se levantaba
+furioso, Lucía, vuelta a la conciencia de sí misma, pasó las manos por
+las sienes, enderezose en el sillón adoptando actitud reservada, pero
+con las pupilas vagas aún, perdidas en el espacio.
+
+--Hola, Artegui.... ¿Usted por aquí? Lo veo, lo veo ahora mismo en la
+tablilla, y vengo a escape...--pronunció imperturbable el recién venido.
+Y de pronto, haciendo como que reparaba en Lucía, inclinose con soltura,
+descubriéndose, sin añadir otra palabra.
+
+--Señor Gonzalvo--respondió Artegui recatando el enojo bajo un tono
+glacial--, muy amigos nos habremos vuelto desde que no nos vemos. En
+Madrid....
+
+--¡Usted siempre tan inglés, tan inglés!--pronunció sin turbación ni
+encogimiento el mancebo--. Mire usted; ya sabe usted que soy franco,
+franco; en Madrid andábamos cada cual a nuestro negocio y a nuestro
+gusto; pero en el extranjero, en el extranjero agrada encontrar
+paisanos. En fin, dispense usted; dispense usted; veo que vine a
+molestarle; lo siento por la señora....
+
+Nueva reverencia, mientras sus ojos entornados se cosían cínicamente al
+rostro de Lucía, alumbrado por los moribundos tizones.
+
+--No, espere usted--gritó Artegui levantándose y asiéndole de una manga
+sin ceremonia, al ver que volvía la espalda. Ya que ha entrado usted
+aquí sin más ni más, es preciso que sepa usted que no me coge en ninguna
+aventura escandalosa, ni de eso nace mi enojo por su importunidad.
+
+--Hombre, hombre, hombre; si yo no pregunto...--dijo él encogiéndose de
+hombros.
+
+--Me importa un bledo lo que creyese usted de mí.... Pero esta señora
+es... una mujer honrada; por incidentes que no son del caso viene sola,
+y la acompaño hasta entregársela a su esposo....
+
+Y viendo la media sonrisa de su interlocutor, añadió:
+
+--Le aconsejo a usted que me crea, porque mi reputación de verídico es
+quizás la única que en el mundo aprecio....
+
+--Le creo a usted; le creo a usted...--dijo sencilla y sinceramente el
+mozo--; usted pasa por algo raro, raro; pero muy franco también...
+Además, yo soy práctico, práctico, práctico en la materia, y bien
+distingo las verdaderas señoras....
+
+Díjolo haciendo tercera vez venia a Lucía, con gentil desembarazo.
+Levantose ella, instintivamente digna, y serio y compuesto el rostro le
+devolvió el saludo. Artegui se adelantó entonces, y soltó la fórmula
+sacramental:
+
+--El señor don Pedro Gonzalvo, la señora de Miranda.
+
+Miranda.... Sí, sí, lo he visto, lo he visto abajo escrito en la
+tablilla también... conozco un Miranda que se habrá casado estos días...
+solterón, solterón....
+
+--¿Don Aurelio?--preguntó Lucía a pesar suyo.
+
+--Justo.... Le trato mucho, mucho.
+
+--Es mi marido--murmuró ella.
+
+Encendiéronse rápidamente en una llamarada de curiosidad las mejillas
+del mancebo, y clavó de nuevo en Lucía sus ojos chicos examinándola
+implacablemente.
+
+--Miranda.... ¡Ah! ¡Conque es usted la señora, la señora de Aurelio
+Miranda!--repitió, sin ocurrirsele decir más. Pero, discretamente
+indicadas, le bullían en los labios las preguntas de tal modo, que
+Artegui se impuso la penitencia de narrarle todo la acaecido de pe a pa.
+Escuchaba él, refrenando con su práctica del mundo, la risa maliciosa
+que le asomaba a las facciones. Era evidente que al mozo calaverilla le
+divertía infinito el cómico percance conyugal del calaverón rancio. Un
+rayo de sol vergonzante rompía las pardas nubes, y recortaba sobre el
+fondo obscuro la cabeza linfática, rubia, la tez pecosa, las facciones
+delicadas, pero no exentas de rasgos característicos, del mancebo. Sus
+manos blancas y femeniles atormentaban la cadena de acero del reloj, y
+en el meñique de una de ellas rojeaba grueso carbunclo, al lado de otro
+aro inocente, sortija de colegiala, sobrado estrecha para el dedo, una
+crucecica de perlas sobre un círculo de oro.
+
+--Y, en resumen, ¿de Miranda, no se sabe nada, nada?--preguntó oído el
+relato.
+
+--Nada hasta hoy--afirmó gravemente Artegui.
+
+--Hombre, es divino ¡es divino!--masculló el mozalbete entre dientes,
+riéndose más bien con los ojos que con la boca--. ¡Lance igual! Estará
+chistoso Miranda; estará chistoso.
+
+Artegui le miraba fijamente, sorprendiendo en sus pupilas la risa
+indiscreta. Con solemne seriedad, le interrogó:
+
+--¿Es usted amigo de Don Aurelio Miranda?
+
+--Sí, mucho, mucho...--ceceó rápidamente Gonzalvo, que solía al
+pronunciar comerse dos o tres letras de cada palabra, repitiendo en
+cambio la palabra misma dos o tres veces, lo que hacía galimatías
+peregrino, sobre todo cuando hablaba colérico, barajando o suprimiendo
+vocablos enteros:
+
+--Mucho, mucho--prosiguió--. En todas partes, hombre, en todas partes,
+me lo encontraba en Madrid.... Fue una temporada del, ¿cómo se llama?,
+del Veloz Club, del Veloz Club, y estaba abonado con nosotros, con los
+muchachos, a ése, vamos... a Apolo, a Apolo.
+
+--Me felicito--exclamó Artegui sin menguar un ápice en seriedad--. Pues,
+señora--siguió volviéndose a Lucía--, ya tiene usted aquí lo que tanto
+le hubiera convenido encontrar dos días hace: un amigo de su esposo, que
+con harta más razón, motivo y derecho que yo, puede servirla de rodrigón
+hasta que el señor Miranda aparezca.
+
+A esta inesperada salida, Gonzalvo sonrió inclinándose cortésmente, como
+hombre de mundo acostumbrado a todo género de situaciones; pero Lucía,
+con el rostro atónito, encendido aún, se echó atrás, en ademán de
+rehusar la nueva escolta que se le brindaba.
+
+Interrumpió la escena muda el camarero, entrando y presentando a Artegui
+en una bandejilla un sobre azul, que encerraba un telegrama. No era
+dable en Artegui palidecer, y, sin embargo, visiblemente se tornaron aún
+más descoloridos sus pómulos al leer, roto el sobre, lo que el parte
+decía. Nubláronse sus ojos, y por instinto buscó el apoyo de la
+chimenea, en cuya tableta de mármol se recostó. A este punto, Lucía,
+vuelta ya de su asombro primero, se lanzaba a él, y poniéndole las dos
+manos en los brazos, le suplicaba ansiosamente:
+
+--Don Ignacio, Don Ignacio... no me deje usted así.... Para lo que falta
+ya.... ¿qué trabajo le cuesta a usted quedarse? Yo no conozco a este
+señor... en mi vida le he visto....
+
+Artegui oía maquinalmente, como oyen los catalépticos. Al fin se desató
+su lengua. Miró a Lucía sorprendido, cual si la viese por primera vez, y
+con voz debilitada pronunció:
+
+--Me voy a París ahora mismo.... Mi madre se muere.
+
+Sintió ella en el cráneo otro golpe de maza, y quedose sin voz, sin
+aliento, sin pulsos. Cuando pudo exclamar:
+
+--Pero... su madre de usted.... ¡Dios mío, qué desgracia tan
+grande!--estaba Artegui ya en la puerta, sin oír las ceceosas ofertas de
+servicio que le prodigaba Gonzalvo.
+
+--¡Don Ignacio!--gritó la niña al ver poner la mano en el pestillo.
+
+Cual si a aquella voz vibrante se despertase la memoria del desdichado
+hijo, volvió pies atrás, fue derecho a Lucía, y sin pronunciar palabra
+cogiole las dos manos, y las prensó entre las suyas, con enérgico y mudo
+apretón. Así se estuvieron breves segundos sin acertar a decirse una
+frase de despedida. Lucía quiso hablar; pero parecíale que un dogal muy
+suave, de seda, se ceñía a su garganta, estrangulándola cada vez más. De
+improviso la soltó Artegui; ella respiró, adosándose a la pared,
+aturdida.... Cuando miró en torno, no estaba en la habitación sino
+Gonzalvo, que leía entre dientes el telegrama, olvidado por su dueño
+sobre la mesa.
+
+--Pues es verdad, pues es verdad.... Y está en castellano, murmuraba:
+«La señora bastante grave. Desea venga señorito.... Engracia.» ¿Quién
+será esta Engracia, esta Engracia?¡Ah! ya sé: el ama de cría de
+Artegui... el ama, de fijo. ¡Hombre, hombre! pues no sé si cogerá el
+expreso, el expreso (esta palabra en labios de Gonzalvo sonaba así:
+_epés_). Las dos y media... hace poco llegó el de España... aún tiene
+tiempo.
+
+Guardó otra vez el lindo reloj esqueleto con cifras grabadas en ambos
+cristales, y volviendo los ojuelos a Lucía, añadió:
+
+--Lo siento por usted; por usted, señora; ahora soy yo su escolta.... Lo
+mejor es que se venga usted conmigo; aquí tengo a mi hermana, a mi
+hermana, y las pondré a ustedes juntas.... No está.... No está bien una
+señora así, sola en una fonda....
+
+Gonzalvo tendió el brazo, y Lucía, pasivamente, iba a apoyarse en él;
+pero se abrió de nuevo la puerta, y el camarero, con actitud teatral,
+anunció:
+
+--_Monsieur_ de Miranda.
+
+Era, en efecto, el asendereado novio, cojeando de la pierna derecha,
+pudiendo apenas sentar el pie, porque los agudos dolores de la luxación,
+consecuencia ingrata del salto a la vía, se renovaban al apoyar la
+planta en el suelo. Perdida así la gallardía del andar, los cuarenta y
+pico se asomaban implacables a todas las líneas del rostro: la triste
+raya de tinta de los bigotes resaltaba sobre la marchita tez; el párpado
+caído, hundidas las sienes y desaliñado el cabello, parecía el ex buen
+mozo una de esas desmanteladas torres, bellas a la luz crepuscular, pero
+que a mediodía todas se vuelven grietas, ortigas, zarzales y lagartos. Y
+como Lucía se quedase dudosa, indecisa, sin acertar ni a darle los
+buenos días, ni a arrojarse en sus brazos, Gonzalvo, censor eterno y
+sempiterno del matrimonio, desenlazó la extraña situación disparando la
+risa, y adelantándose a dar un abrazo jocoserio a aquella lamentable
+caricatura del esposo que llega.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+Pocos días en Bayona bastaron para que Miranda se aliviase notablemente
+de la dolorosa luxación, y a que Pilar Gonzalvo y Lucía se conociesen y
+tratasen con cierta confianza. Pilar hacía rumbo, como Miranda, a Vichy;
+sólo que mientras Miranda quería que las aguas enseñasen a su hígado a
+elaborar el azúcar en justas y debidas proporciones para no dañar a la
+economía, la madrileñita iba a las saludables termas en demanda de
+partículas férreas que coloreasen su sangre y devolviesen el brillo a
+sus apagados ojos. Hambrienta como toda persona débil, como todo
+organismo pobre, de excitaciones, novedades y acontecimientos,
+divirtiole en extremo la relación nueva de Lucía, y las raras peripecias
+de su viaje, y el registro de sus galas de novia, que visitó sin
+perdonar una, examinando los encajes de cada chambra, los volantes de
+cada traje, las iniciales de cada pañuelo. Además, la simplicidad franca
+de la leonesa le brindaba campo virgen e inculto donde plantar todas las
+flores exóticas de la moda, todas las plantas ponzoñosas de la
+maledicencia elegante. Tenía Pilar, de edad entonces de veintitrés años,
+la malicia precoz que distingue a las señoritas que, con un pie en la
+aristocracia por sus relaciones y otro en la clase media por sus
+antecedentes, conocen todos los lados de la sociedad, y así averiguan
+quién da citas a los duques, como quién se cartea con la vecina del
+tercero. Pilar Gonzalvo era tolerada en las casas distinguidas de
+Madrid; ser tolerado es un matiz del trato social, y otro matiz ser
+admitido, como su hermano lo era: más allá del tolerar y del admitir
+queda aún otro matiz supremo, el festejar; pocos gozan del privilegio de
+que los festejen, reservado a las eminencias, que no se prodigan y se
+dejan ver únicamente de año en año, a los banqueros y magnates
+opulentos, que dan bailes, fiestas y misas del gallo con cena después, a
+las hermosuras durante un breve y deslumbrador período de plena
+florescencia, a los políticos que están en puerta como los naipes.
+Personas hay admitidas, que un día, de repente, se hallan festejadas por
+cualquier motivo, por un peinado nuevo, por un caballo que ganó en las
+carreras, por un escándalo que las gentes susurran bajito y piensan leer
+en el rostro del feliz mortal. De estos éxitos efímeros Perico Gonzalvo
+tuvo muchos: su hermana, ninguno, a despecho de reiterados esfuerzos
+para obtenerlos. Ni logró siquiera subir de tolerada a admitida. El
+mundo es ancho para los hombres, pero angosto, angosto para las mujeres.
+Siempre sintió Pilar la valla invisible que se elevaba entre ella y
+aquellas hijas de grandes de España, cuyos hermanos tan familiar e
+íntimamente frisaban con Perico. De aquí nació un rencor sordo, unido a
+no poca admiración y envidia, y se engendró la lenta irritación nerviosa
+que dio al traste con la salud de la madrileña. El paroxismo de un deseo
+no saciado, las ansias de la vanidad mal satisfecha, alteraron su
+temperamento, ya no muy sano y equilibrado antes. Tenía, como su
+hermano, tez de linfática blancura, encubriendo el afeite las muchas
+pecas: los ojos no grandes, pero garzos y expresivos, y rubio el
+cabello, que peinaba con arte. A la sazón, sus orejas parecían de cera,
+sus labios apenas cortaban, con una línea de rosa apagado, la amarillez
+de la barbilla, sus venas azuladas se señalaban bajo la piel, y sus
+encías, blanquecinas y flácidas, daban color de marfil antiguo a los
+ralos dientes. La primavera se había presentado para ella bajo malísimos
+auspicios; los conciertos de Cuaresma y los últimos bailes de Pascua, de
+los cuales no quiso perder uno, le costaron palpitaciones todas las
+noches, cansancio inexplicable en las piernas, perversiones extrañas del
+apetito: derivaba la anemia hacia la neurosis, y Pilar masticaba, a
+hurtadillas, raspaduras del pedestal de las estatuitas de barro que
+adornaban sus rinconeras y tocador. Sentía dolores intolerables en el
+epigastrio; pero por no romper el hilo de sus fiestas, calló como una
+muerta. Al cabo, hacia el estío, se resolvió a quejarse, pensando
+acertadamente que la enfermedad era pretexto oportuno para un veraneo
+conforme a los cánones del buen tono. Vivía Pilar con su padre y con una
+tía paterna; ni uno ni otro se resolvieron acompañarla; el padre,
+magistrado jubilado, por no dejar la Bolsa, donde a la chita callando
+realizaba sus jugaditas modestas y felices; la tía, viuda y muy dada a
+la devoción, por horror de los jolgorios que sin duda le preparaba su
+sobrina como método curativo. Recayó, pues, la comisión en Perico
+Gonzalvo, que, cargando con su hermana, hubo de llevársela al Sardinero,
+contando con que no faltarían amigas que allí le relevasen en su oficio
+de rodrigón. Así fue: sobraban en la playa familias conocidas que se
+encargaron de zarandear a Pilar, y de llevarla de zeca en meca. Mas
+desgraciadamente para Perico, los baños de mar, que al pronto aliviaron
+a su hermana, concluyeron, cuando abusó de ellos y quiso nadar y meterse
+en dibujos, por abrir brecha en su débil organismo, y comenzó a cansarse
+otra vez, a despertar bañada en sudor, a sentir desgano, al par que
+comía vorazmente raros manjares. Lo que más la asustó fue ver que se le
+caía el pelo a madejas. Al peinarse, se enfurecía, y llamaba a gritos a
+Perico, pidiéndole un remedio para no quedarse calva. Un día el médico
+que la visitaba llamó aparte a su hermano, y le dijo:
+
+--Es preciso que tenga usted tino con su hermanita. Que no tome más
+baños.
+
+--¿Pero está de cuidado, de cuidado?--interrogó el mozo abriendo cuanto
+podía sus ojos chicos.
+
+--Podrá estarlo muy en breve.
+
+--¡Diablo, diablo, diablo! ¿usted cree que tiene una tisis, una
+tisis?--(_tiziz_ pronunciaba Perico.)
+
+--No digo tanto: opino que aún no se halla interesado el pulmón, pero en
+el momento menos pensado la sangre se agolpa allí, la congestión
+sobreviene, y... a cada instante se dan casos de ese género. Hay en ella
+un terrible empobrecimiento de la sangre: está con el pulso de un pollo:
+hay además una sobreexcitación nerviosa que se acentúa periódicamente, y
+una honda perturbación gástrica.... Si valiese mi parecer, aprovecharían
+ustedes el otoño para tomar unas aguas....
+
+--¿Panticosa, Panticosa?
+
+--En este caso tengo, por preferibles los manantiales ferruginosos de
+Vichy.... La anemia es el primer enemigo que hay que combatir, y la
+indicación gástrica está también atendida en esas aguas.... En segundo
+término, Aguas-Buenas o Puertollano... pero no se descuide usted: en
+esta quincena ha perdido terreno, y la alopecia y el sudar son síntomas
+muy característicos....
+
+Y como Perico se retirase cabizbajo, añadió el doctor:
+
+--Sobre todo pocas excitaciones... nada de bailar, ni de nadar... reposo
+moral... ni música, ni novelas.... Las aldeanas que padecen el mal de su
+hermana de usted se curan con agua, donde echan un manojo de clavos, o
+escoria de fragua.... La civilización hace artificioso todo: si quiere
+sanar, que no trasnoche, que no ande en funciones... el corsé flojo, los
+tacones anchos....
+
+--Sí, sí, pide peras al olmo, al olmo--ceceaba Perico por lo bajo--.
+Cualquier día se pone mi señora hermana un alfiler menos, un alfiler
+menos, aunque se la lleve pateta.
+
+Cuando Pilar supo la decisión del Esculapio, colgárse del cuello de
+Perico, en un arranque de amor fraternal no manifestado hasta entonces.
+Hizo mil monerías felinas, se volvió dulce, obediente, prudentísima en
+todo, prometiendo cuanto se le exigía y más aún.
+
+--Periquín, reprecioso, anda, mono, ¿verdad que me llevas? Anda, di que
+sí, bobo, anda. ¡Si vales tú más que todas las cosas! Anda, ¿qué
+Puertollano ni qué...? Vamos a Francia, ¡qué gusto, señor! ¡parece
+mentira! ¡Qué dirán cuando lo sepan Visitación y las de Lomillos! No, ya
+ves tú, cuando el médico lo dice, hay que hacerlo.... ¿Qué te voy a
+estorbar siempre cosida a ti? Hombre, yo encontraré amigas: ¿no ha de
+estar allí nadie conocido? Yo me ingeniaré, verás. Voy a hacerme un
+traje de tela cruda, que hasta allí.... Bueno, bueno, hombre, no te
+pongas hecho una sierpe.... Si ya sé que tengo que guardar método, y
+acostarme temprano... a las ocho con las gallinitas: ¿qué más pides?
+¡Ay, qué rico hermano me dio Dios! ¡Así todas se me mueren por él!
+
+--¿Si pensarás, si pensarás tú que me la das con tus lagoterías? Anda,
+déjame en paz... te llevo porque es preciso, preciso, si no ¿quién te
+aguanta en invierno? Pero a ver cómo somos formales, formales... o te
+quemo esos moños malditos... al fin nunca vas sino hecha una cursi, una
+cursi....
+
+Devoró la injuria Pilar, como devoraría en tales circunstancias otra más
+fuerte aún, y sólo pensó en el elegante viaje que con tanto lucimiento
+coronaba sus expediciones veraniegas. Gonzalvo padre, que amén de la
+jubilación no carecía de bienes, aflojó los cordones de la bolsa, no sin
+recomendar la parsimonia y economía a su hija: en los asuntos de Perico
+no se metía nunca, pasábale una pensión mensual, y hacía como si no
+viese que Perico, recibiendo como uno, gastaba como diez, la daba de
+príncipe y jamás pedía aumento de sueldo.
+
+Con esto, los dos hermanos salieron en triunfo del Sardinero para
+Francia y detuviéronse en Bayona, en el hotel de San Esteban, donde
+tuvimos la honra de conocerles. Vio el cielo abierto Perico cuando supo
+que Miranda y su mujer seguían a Vichy, y comprendió que Lucía era la
+persona más a propósito para relevarle en acompañar a Pilar, y aún para
+hacer de enfermera en caso de necesidad. Desde luego fomentó el trato de
+las dos, y concertaron salir reunidos para Vichy.
+
+Las noticias dadas por su hermano acerca de Lucía y Miranda lograron
+aguzar singularmente la hambrienta curiosidad de la anémica, y su olfato
+fino percibía no sé qué emanaciones novelescas en los sucesos acaecidos
+al matrimonio. El hermano y la hermana habían conferenciado largamente
+acerca del asunto, a medias palabras, atreviéndose a veces a lanzar una
+expresión más viva y cruda, riéndose entrambos. Era uno de los goces
+mayores de Lucía las conversaciones que a veces pasaba con Perico cuando
+él se dignaba tratarla, no como a una chiquilla, sino como a mujer
+hecha, y le comunicaba detalles, anécdotas y sucesos de lo que por lo
+regular no llegan a oídos de las doncellitas educadas con cierta
+severidad y recato. Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos
+entre sí, se entendían a maravilla en el terreno de las picardigüelas, y
+a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del
+hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer aún al hombre
+menos capaz de tenerla. Experimentaba Pilar malsana fruición en recorrer
+aspectos del cosmorama de la vida, donde nunca fijaban sus ojos las
+hijas de los grandes de España por ella tan envidiadas, y que, por
+entonces, viviendo en la claustral atmósfera de sus palacios, vigiladas
+siempre por la institutriz rígida, llevan en la frente, a los
+veinticinco años, el sello de su altiva inocencia.
+
+--Pues yo--decía Perico a Pilar--subí al cuarto de Artegui, porque la
+verdad, la verdad, me dio curiosidad cuando me dijeron que tenía una
+chica muy guapa, muy guapa, consigo.
+
+--Claro que era para dar curiosidad a la mismísima estatua de
+Mendizábal, hombre.... Ese Artegui, a quien nunca se le conoció un mal
+trapicheo....
+
+--No, si es un raro, un raro. Riquísimo, y hace vida de fraile. Si yo
+tuviese sus onzas, sus onzas.... ¡ole con ole!
+
+--Pero di, ¿y te parece a ti, que no hay gato encerrado en lo de Artegui
+y Lucía?
+
+--¡Pch! no--silbó Perico, que a diferencia de su hermana, no era
+maldiciente, sino cuando se irritaba contra alguno--. Ese Artegui tiene
+sangre de horchata, de horchata, y estoy segurísimo de que ni esto, ni
+esto le ha dicho. (Y chasqueó la uña del pulgar contra uno de sus
+paletos,)
+
+--La verdad es que ella es una cursi destemplada.... Pero vamos a
+cuentas, Periquín: ¿no me dijiste tú que se quedó muy triste, y toda
+turulata, cuando él se fue y entró Miranda después?
+
+--Pero ponte en el caso, ponte en el caso.... Miranda parecía la estampa
+de la herejía....
+
+--No, no quisiera verme en el caso--exclamó Pilar riendo a carcajadas.
+
+--Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los
+gallos que están de mal humor...--siguió Perico riendo a su vez--. Si
+había de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica... le soltó
+una filípica como para ella sola, para ella sola, porque no se había
+vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada...
+También sólo a él se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no
+telegrafiar a su mujer avisándola.... Y le preguntó con un aire trágico,
+trágico: «¿dónde anda tu solícito acompañante?» Estaba el hombre
+celestial.
+
+--¿Ves? Pues tiene celos el marido. Lo decía yo.... Si tú eres un
+inocentón.
+
+--¡Hija, hija, hija! ¡Cualquiera me la pega a mí, a mí, en esas
+cuestiones! Te digo, te digo, que no tenían nada Artegui y Lucía, y
+Lucía....
+
+Ahora mismo apuesto cuatro onzas, cuatro onzas....
+
+--Pues yo--recalcó Pilar con su insistencia de enfermo lúcido--, aseguro
+que lo que es ella... ella... a él no le he visto, que si le viese,
+sabría.... Pero ella... cada suspiro le oí... y esos no son por Miranda.
+Está a veces tan pensativa.. aunque otras se alegra y ríe, y es una
+chiquilla....
+
+--¡Bah, bah, bah! no digo yo que a ella, allá en sus adentros, sus
+adentros... pero tú no entiendes de esto... yo te afirmo que lo que es
+tener, no han tenido nada, nada... si sabré yo....
+
+--Y yo también...--afirmó cínicamente Pilar--. Bueno, los dos
+acertamos... no hubo nada... pero está.... ¿cómo dicen de las palomas en
+el tiro? Tocada en el ala.
+
+--¡Bah! ¡Bah!--silbó de nuevo Perico, indicando su desdén hacia todo
+sentimentalismo, ensueño o análoga nimiedad amorosa--. Eso no vale nada,
+nada... como no le esperen a Miranda peores ratos... tiene bemoles,
+bemoles, eso de torcerse una pata, y esperarse dos días a que la
+enderecen, enderecen... dejando a su novia andar por esos mundos.... Es
+divino, divino. Lo que le carga a él, es que se sepa, que se sepa... yo
+le doy cada solo....
+
+--No, mira, no le enfades.... Ya sabes que nos vinieron como llovidos
+del cielo....
+
+--No te ocupes, hija, no te ocupes.... Si lo cierto es que Miranda no
+vive, no vive sin mí, porque se aburre, se aburre, y sólo yo le quito el
+esplín, el esplín, el esplín, hablándole de sus conquistas.... Y está
+hecho una plasta.... Falta le hace beberse medio Vichy... meterse ahora
+en floreos, a su edad, a su edad....
+
+No era aburrimiento lo que tenía Miranda: era su mal del hígado,
+furiosamente exacerbado con el despecho de la ridícula aventura que
+cortó el viaje de novios. Sus sienes verdeaban, sus ojeras se teñían de
+matices amoratados, la bilis se infiltraba bajo la piel, y así como una
+casa nueva hace parecer más vetustas las que están a su lado, así la
+lozana juventud de Lucía acentuaba el deterioro del marido. Verificábase
+en Lucía la encantadora transición de niña a mujer; sus movimientos, más
+lentos y reposados, tenían mayor gracia; al paso que en él, la madurez
+se trocaba en vejez, más bien que por los años, por la ruina de la
+organización. Mostrábase Lucía con él tanto más afectuosa, cuanto más le
+veía roído por los achaques, y cuanto más notaba en su rostro las
+huellas del padecimiento cruel. No la arredraban ciertos despegos,
+ciertas durezas inexplicables de Miranda; servíale piadosa y
+filialmente, hablábale con dulzura, hacíale ella misma los remedios y le
+vendaba el pie lastimado, con la devoción con que vestiría a una santa
+imagen. Era feliz y hasta se conmovía, cuando él hallaba bien colocado
+el apósito. Al fin Miranda pudo andar sin riesgo. Las lujaciones duran
+poco, aunque en la edad de Miranda sean más tenaces. Diéronle de alta, y
+todos se dispusieron a tomar la ruta de Vichy. La estación adelantaba:
+estaban casi a mediados de Septiembre, y esperar más era exponerse a las
+persistentes lluvias de aquel clima. Por encargo de Miranda el ama del
+hotel escribió a la villa termal, encargando hospedaje. Con verbosidad
+enteramente francesa convenció a Miranda y a Perico de que debían
+alojarse en un _chalet_, por evitar a las damas la enojosa promiscuidad
+de la mesa redonda de hotel, y para que se encontrasen como en su propia
+casa. Repartido entre las dos familias, no sería exorbitante el coste y
+las ventajas muchas. Conviniéronse en ello, y Miranda hubo de pedir la
+cuenta del gasto hecho en el hotel, que le trajeron escrita en casi
+indescifrables garrapatos. Cuando logró entenderlos llamó al ama.
+
+--Aquí--dijo apoyando el dedo sobre las patas de mosca--hay un error; se
+equivoca usted en contra suya. A la señora le pone usted los mismos días
+de estancia que a mí, y en realidad tiene dos más.
+
+--Dos más... contestó el ama reflexionando.
+
+--Sí, señora; ¿no llegó dos días antes?
+
+--¡Ah! tiene el señor razón... pero es que _Monsieur_ Artegui, los dejó
+pagados.
+
+Lucía, que a la sazón doblaba algunas prendas de ropa para colocarlas en
+su baúl, volvió repentinamente la cabeza, como ave al reclamo. Sus
+mejillas estaban encendidas.
+
+--¡Pagados!--repitió Miranda, en cuya pupila mortecina y térrea se
+encendió breve chispa--. ¡Pagados! ¿Y con qué derecho, señora? Quisiera
+saberlo.
+
+--Señor, eso no me concierne... (_ce n'est pas mon affaire_)--exclamó la
+fondista, acudiendo, para mejor explicarse, a su idioma natal--. Yo
+recibo viajeros, ¿no es eso? Viene una dama con un caballero, ¿no es
+eso? Me paga la estancia de esa dama al marcharse, y yo no le pregunto
+si tiene o no derecho para pagar, ¿no es eso? Él paga, y basta (_voilá
+tout_).
+
+--Pues--pronunció Miranda, alzando la voz--lo de la señora lo pago yo, y
+nada más; y usted me hará merced de girar una letra a... ese señor,
+devolviéndole lo cobrado.
+
+--El señor será bastante amable de dispensarme...--protestó la fondista,
+despedazando sin compasión, en su aturdimiento, la sintaxis
+castellana--. Yo me rehúso a lo que el señor propone, yo soy
+verdaderamente desolada, pero esto, no se hace, esto no se hizo jamás en
+nuestras casas.... Sería una falta, una grave falta, Monsieur Artegui
+tendría razón de quejarse.... Yo demando bien perdón al señor....
+
+--Váyase usted al demonio--contestó en castizo castellano Miranda,
+volviendo las espaldas a su interlocutora, y olvidando, como solía, sus
+postizas finuras de salón ante la herida de su amor propio.
+
+Lucía aun vendó aquella noche el pie, casi sano ya, de Miranda. Hízolo
+con el tino y delicadeza que acostumbraba; pero al apoyar en su rodilla
+la planta de su marido para mejor poder colocar la compresa y ceñir las
+tiras de goma elástica a la articulación, no sonreía como las demás
+veces. Silenciosa llenó el caritativo deber, y al levantarse del suelo,
+exhaló leve suspiro, como el que desahoga, cumplida alguna tarea de que
+cuerpo y espíritu por igual recibieron cansancio.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+El _chalet_ alquilado en Vichy por las dos familias, Miranda y Gonzalvo,
+llevaba el poético letrero de _Chalet de las Rosas_. A fin de justificar
+el nombre, sin duda, corrían por todos sus calados balaústres airosos
+festones de rosal enredadera, al extremo de cuyas ramas oscilaban las
+cabecitas lánguidas de las últimas rosas de la estación. Habíalas color
+barquillo bajo, realzadas por la nota de fuego de las bengalas, y las
+rosas enanas, de matiz de carne, parecían rostros microscópicos, que
+miraban curiosos a las vidrieras del _chalet_. En el jardinete, ante el
+peristilo, era una gentil confusión de rosas de todos los tonos y
+tamaños. Las _Maimaison_ descollaban rosadas y turgentes, como un
+hermoso seno; las té se deshacían, dejando pender sus desmayados
+pétalos; las de Alejandría, erguidas y elegantes, vertían su copa de
+esencia embriagadora; las musgosas reían irónicas con sus labios de
+carmín, al través de una barba tupida y verde; las albas desafiaban a la
+nieve con su fría y cándida belleza, con su rigidez púdica de flores de
+batista. Y entre sus lindas hermanas, la exótica viridiflora ocultaba
+sus capullos glaucos, como avergonzándose del extraño color alagartado
+de sus flores de su fealdad de planta rara, interesante tan sólo para el
+botánico.
+
+Tenía el _chalet_ los dos pisos de rigor; el entresuelo repartido en
+comedor, cocina, salita y un angosto recibimiento; el principal dedicado
+a dormitorios y cuartos de aseo. A la altura del principal corría una
+balconada, calada como finísimo encaje, que se repetía en el entresuelo,
+cubierta casi por las enredaderas. Delgada verja de hierro aislaba el
+_chalet_ por la parte que daba a la vía pública, avenida plantada de
+árboles; por donde confinaba con otras casas y jardines, hacían el mismo
+oficio unas breves tapias. A la entrada de la verja, sobre sendas
+columnas de mármol gris, dos niños de bronce alzaban sus bracitos
+gordezuelos para sostener una bomba de cristal mate, que protegía un
+mechero de gas. Comprendíase a primera vista que el _chalet_, con sus
+delgadas paredes de madera, mal defendería a sus habitantes del frío del
+invierno y los calores del verano; pero en la estación de otoño,
+templada y benigna, aquella caprichosa construcción, orlada de franjas
+de menuda crestería, trabajada como un juguete de sobremesa, engalanada
+de fresca guirnalda de rosales, era el albergue más coquetón y donoso
+que puede imaginar la mente, el nido más adecuado para una pareja de
+enamoradas tórtolas. Yo siento tener que dar a tan lindos edificios, que
+en Vichy abundan, el nombre extranjerizo de _chalet_; pero ¿qué hacer si
+en castellano no hay vocablo correspondiente? Lo que aquí denominamos
+choza, cabaña o casa rústica, no significa en modo alguno lo que todo el
+mundo entiende por _chalet_, que es una concepción arquitectónica
+peculiar a los valles helvéticos, donde el arte, inspirándose en la
+Naturaleza, reprodujo las formas de los alerces y pinabetes, y los
+delicados arabescos del hielo y la escarcha, bien como los egipcios
+tomaron de la flor del loto los capiteles de sus pilones, En Vichy los
+_chalets_ se construyen con el exclusivo objeto de alquilarlos
+amueblados a los extranjeros. La conserje del _chalet_ se encarga del
+gobierno de casa, de la compra y aun de guisar: el conserje atiende a la
+limpieza, corta las ramas del jardinete, guía las enredaderas, barre las
+calles enarenadas, sirve a la mesa y abre la puerta. Instaláronse, pues,
+los Miranda y los Gonzalvo si más cuidado que el de entregar al conserje
+sus abrigos de viaje y sentarse en sus respectivos puestos en el
+comedor.
+
+Aunque Lucía, y sobre todo Pilar, se sentían un tanto fatigadas del
+largo trayecto en ferrocarril, no dejaron de entusiasmarse con la
+belleza de la morada que les deparaba el destino. El balcón, sobre todo,
+les parecía delicioso para hacer labor y para leer. Acordábase Pilar de
+cuantas acuarelas, países de abanico y estampas sentimentales había
+visto, que representasen el ya trivial asunto de una joven cuya cabeza
+asoma por entre un marco de follaje. Lucía, a su vez, comparaba su casa
+de León, antigua, maciza, y lóbrega, con aquella vivienda, donde todo
+era flamante y gentil, desde los encerados relucientes pisos hasta las
+cortinas de cretona azul rameadas de campanillas rosa. Al otro día de la
+llegada, cuando Lucía saltó del lecho, fue su primer cuidado salir al
+balcón, de allí al jardín, recogiéndose la bata con unos alfileres para
+no mojarla en el húmedo piso. Halló a las rosas acabaditas de salir del
+baño de rocío, tersas, muy ufanas, adornadas cada cual con su collar de
+perlas o de diamantes. Fue oliéndolas una por una, pasándoles los dedos
+por las hojas sin atreverse a cortarlas; dábale mucha lástima pensar
+cómo se quedaría la mata, huérfana de su flor. A aquella hora apenas
+olían las rosas: era más bien un aroma general de humedad y frescura,
+que se elevaba del césped de las plantas, y del conjunto de árboles
+vecinos. Haylos en Vichy por todas partes; a la tarde, cuando Lucía y
+Pilar recorrieron las calles de la villa termal para informarse de su
+traza, lanzaron exclamaciones de contento al dar a cada instante con una
+sombra, una alameda, un parque. Pilar opinaba que Vichy tenía aspecto
+elegante; Lucía, menos entendida en elegancias y modas, gustaba
+sencillamente de tanto verdor, de tanta Naturaleza, que reposaba sus
+ojos, moviéndola a veces a imaginar que, a despecho de sus calles
+concurridas, de sus tiendas brillantes, era Vichy una aldea, dispuesta a
+propósito para contentar sus exigencias secretas e íntimas de soledad.
+Aldea formada de palacios, adornada con todo el refinamiento de
+comodidad y lujo inteligente que caracteriza a nuestro siglo; pero al
+fin aldea.
+
+A un tiempo comenzaron Pilar y Miranda la temporada termal, si bien con
+método tan distinto como lo requería la diferencia de sus males. Miranda
+hubo de beber las aguas hirvientes y enérgicas de la _Reja-Grande_,
+sometiéndose a la vez a un complicado sistema de afusiones locales,
+baños y duchas, mientras la anémica absorbía a pequeñas dosis la picante
+linfa, gaseosa y ferruginosa del manantial de las _Señoras_.
+Estableciose desde entonces una lucha perenne entre Pilar y los que la
+acompañaban. Eran necesarios esfuerzos heroicos para contenerla e
+impedir que hiciese la vida de las bañistas del gran tono, que ocupaban
+el día entero en lucir trajes y divertirse. Desde este punto de vista,
+fue funesta a Pilar la presencia en Vichy de seis u ocho españolas
+conocidas que aún aprovechaban allí el fin de la estación. Era pasado ya
+lo mejor y más brillante de ésta; las corridas, el tiro de pichón, las
+grandes excursiones en calesas y ómnibus al Borbonés, comenzadas en
+Agosto, concluían en los primeros días de Septiembre. Pero quedaban aún
+los conciertos en el Parque, el gran paseo por la avenida pavimentada de
+asfalto, las fiestas nocturnas en el Casino, el teatro, que, próximo a
+cerrarse, se veía más concurrido cada vez. Pilar se moría por reunirse a
+la docena de compatriotas de distinción que revoloteaban en el efímero
+torbellino de los placeres termales. El médico de consulta a quien se
+habían dirigido en Vichy, al par que recomendaba las distracciones a
+Miranda, prohibía severamente a la anémica todo género de excitación,
+encargándole mucho que procurase aprovechar el carácter semi rural de la
+villa para hacer vida de campo en lo posible, acostándose con las
+gallinas y madrugando con el sol. Exigía este régimen mucha constancia
+y, sobre todo, una persona que, continuamente al lado de la rebelde
+enferma, no descuidase ni un segundo el obligarla a seguir las
+prescripciones del facultativo. Ni Miranda ni Perico servían para el
+caso. Miranda cubría las formas sociales exhortando a Pilar a «cuidarse»
+y «no hacer tonterías», todo ello dicho con el calor ficticio que
+muestran los egoístas cuando se trata de la salud ajena. Perico se
+enojaba de ver a su hermana echando en saco roto las advertencias del
+doctor, cosa que podía alargar la cura, y por ende la estancia en Vichy,
+pero no era capaz de vigilarla y de atender a que cumpliese las órdenes
+recibidas. Decíale a veces:
+
+--Me alegraré de que te lleven los demonios, los demonios, y de que
+estés este invierno color de limón seco, de limón seco.... Tú lo
+quisiste, pues aguántalo....
+
+La única persona que se consagró a que Pilar observase el régimen
+saludable, fue, pues, Lucía. Hízolo movida de la necesidad de abnegación
+que experimentan las naturalezas ricas y jóvenes, a quienes su propia
+actividad tortura y han menester encaminarla a algún fin, y del instinto
+que impulsa a dar de comer al animal a quien todos descuidan, o a coger
+de la mano al niño abandonado en la calle. Al alcance de Lucía sólo
+estaba Pilar, y en Pilar puso sus afectos. Perico Gonzalvo no
+simpatizaba con Lucía, encontrándola muy provinciana y muy poco mujer en
+cuanto a las artes de agradar. Miranda, ya un tanto rejuvenecido por los
+favorables efectos de la primer semana de aguas, se iba con Perico al
+Casino, al Parque, enderezando la espina dorsal y retorciéndose otra vez
+los bigotes. Quedaban pues frente a frente las dos mujeres. Lucía se
+sujetaba en todo al método de la enferma. A las seis dejaba pasito el
+lecho conyugal y se iba a despertar a la anémica, a fin de que el
+prolongado sueño no le causase peligrosos sudores. Sacabala presto al
+balcón del piso bajo, a respirar el aire puro de la mañanita, y gozaban
+ambas del amanecer campesino, que parecía sacudir a Vichy,
+estremeciéndole con una especie de anhelo madrugador. Comenzaba muy
+temprano la vida cotidiana en la villa termal, porque los habitantes,
+hosteleros de oficio casi todos durante la estación de aguas, tenían que
+ir a la compra y apercibirse a dar el almuerzo a sus huéspedes cuando
+éstos volviesen de beber el primer vaso. Por lo regular, aparecía el
+alba un tanto envuelta en crespones grises, y las copas de los grandes
+árboles susurraban al cruzarlas el airecillo retozón. Pasaba algún
+obrero, larga la barba, mal lavado y huraño el semblante, renqueando,
+soñoliento, el espinazo arqueado aún por la curvatura del sueño de plomo
+a que se entregaran la víspera sus miembros exhaustos. Las criadas de
+servir, con el cesto al brazo, ancho mandil de tela gris o azul, pelo
+bien alisado--como de mujer que sólo dispone en el día de diez minutos
+para el tocador y los aprovecha--, iban con paso ligero, temerosas de
+que se les hiciese tarde. Los quintos salían de un cuartel próximo,
+derechos, muy abotonados de uniforme, las orejas coloradas con tanto
+frotárselas en las abluciones matinales, el cogote afeitado al rape, las
+manos en los bolsillos del pantalón, silbando alguna tonada. Una
+vejezuela, con su gorra muy blanca y limpia, remangado el traje, barría
+con esmero las hojas secas esparcidas por la acera de asfalto; seguíala
+un faldero que olfateaba como desorientado cada montón de hojas reunido
+por la escoba diligente. Carros se velan muchísimos y de todas formas y
+dimensiones, y entreteníase Lucía en observarlos y compararlos. Algunos,
+montados en dos enormes ruedas, iban tirados por un asnillo de
+impacientes orejas, y guiados por mujeres de rostro duro y curtido, que
+llevaban el clásico sombrero borbonés, especie de esportilla de paja con
+dos cintas de terciopelo negro cruzadas por la copa: eran carros de
+lechera: en la zaga, una fila de cántaros de hojalata encerraba la
+mercancía. Las carretas de transportar tierra y cal eran más bastas y
+las movía un forzudo percherón, cuyos jaeces adornaban flecos de lana
+roja. Al ir de vacío rodaban con cierta dejadez, y al volver cargados,
+el conductor manejaba la fusta, el caballo trotaba animosamente y
+repiqueteaban las campanillas de la frontalera. Si hacía sol, Lucía y
+Pilar bajaban al jardinete y pegaban el rostro a los hierros de la
+verja; pero en las mañanas lluviosas quedábanse en el balcón, protegidas
+por los voladizos del _chalet_, y escuchando el rumor de las gotas de
+lluvia, cayendo aprisa, aprisa, con menudo ruido de bombardeo, sobre las
+hojas de los plátanos, que crujían como la seda al arrugarse.
+
+Mas el tiempo se empeñó en festejar a las viajeras, y poco después de su
+llegada a Vichy brindoles los más espléndidos y apacibles días que
+quepan en otoño, estación de serenidad, sobre todo cuando comienza.
+
+Despejada y clara la atmósfera, el calor benigno, las plantas en la
+plenitud de su coloración y riqueza, las tardes entrelargas y las
+mañanas alegres, aprovechose Lucía de tan buenas circunstancias para
+resolver a Pilar a salir al campo, según lo dispuesto por el doctor.
+Entraba en la medicación el que Pilar anduvíese a lomos de borrico, a
+fin de que el trotecillo desigual le sirviera de ejercicio moviendo su
+sangre, sin causarle fatiga; y aunque la enferma aborrecía con toda su
+alma semejante cabalgadura, y hasta salir del pueblo iba a pie a costa
+de arrastrarse trabajosamente, consentía en montar, apenas se hallaba
+fuera de poblado. El sacudimiento la agitaba, y sonroseábanse unas
+miajas sus mejillas. Lucía hallaba en ello ocasión de bromas.
+
+--¿Ves cómo es bueno montar en caballos briosos? Estás muy reguapa:
+pareces otra: mira, para hacer una conquista, no tenías más que darte
+una vueltecita así, por delante del Casino, cuando está tocando la
+orquesta.
+
+--¡Qué horror!--exclamaba la anémica dando un grito--. Si me viesen las
+de Amézaga.... ¡ellas, que nunca van sino en charabán o en milor!
+
+Dirigíanse las dos amigas, ya hacia la _Montaña Verde_, ya hacia el
+camino de _las Señoras_ o hacia el manantial intermitente de Vesse. La
+_Montaña Verde_ es el punto más elevado de las inmediaciones de Vichy.
+Está la montañuela cubierta de vegetación, pero de vegetación baja, a
+flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de
+gigante con cabellera corta y espesísima. Ya en la cúspide, subían al
+mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que
+se extendía en torno. Las suaves laderas, tapizadas de viñas, bajaban
+hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En
+lontananza, la cadena del Forez erguía sus mamelones donde la nieve
+refulgía cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos
+y grises, parecían fantasmas de neblina; el castillo de Borbón Busset
+surgía de las brumas con sus torreones señoriales, avergonzando al
+pacifico palacio de Randán, con todo el desdén de un Borbón legítimo
+hacia la rama degenerada de los Orleáns. El camino de _las Señoras_ era
+la excursión favorita de Lucía. Estrecha vereda, sombreada por espesos
+árboles, sigue dócil el curso del Sichón, deteniéndose cuando al río se
+le antoja formar un remanso y torciéndose en graciosas curvas como la
+tranquila corriente. A cada paso corta la monotonía de las hileras de
+chopos y negrillos algún accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una
+casita que remoja los pies en el río, ya una presa, ya un molino, ya una
+charca de patos. El molino, en particular, parecía dispuesto por un
+pintor efectista para algún lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto,
+comido de húmeda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera
+que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el
+ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un cíclope. Eran
+destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argentería líquida
+que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la
+pesada rueda exhalaba al girar, completaba el símil, remedando el hálito
+del monstruo. Un puente lanzado con osadía sobre el mismo arco de la
+catarata que formaba la presa dejaba ver, al través de su tablazón mal
+junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra
+hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero
+irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las
+desiguales ventanas florecía un tiesto de petunias. Quedábase Lucía
+muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada
+por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del
+agua batida. Pilar prefería el manantial intermitente que le
+proporcionaba las emociones de que era tan ávido su endeble organismo.
+Llegábase al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cogía
+bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la
+sazón por los calores estivales; sólo en los puntos más anchos del cauce
+llevaba agua, y el resto descubría el álveo formado de arena en
+prolongadas zonas blancas. A lo más rápido de la corriente, obscuros
+peñascos se interponían, originando otros tantos remolinos; saltaba el
+agua, espumaba un punto colérica, y después seguía mansa y sesga como de
+costumbre. En lontananza se descubría extensa vega. Dilatadas praderías,
+donde pacían vacas y borregos, estaban limitadas al término del
+horizonte por una línea de chopos verde pálido, muy rectos y agudos, a
+la manera de los árboles contrahechos de las cajas de juguetes; los
+mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor
+sombrío rodantes por la pradera. Completaba la lejanía la cima de la
+_Montaña Verde_, recortándose sobre el cielo con cierta dureza de
+paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde
+obscuro límpido. A la margen del río se veía bajar y subir el brazo
+derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por
+resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que azotaban la
+ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos carros cargados
+de arena y casquijo, y cruzaban después el puente, bañado en sudor el
+tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban
+las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de
+paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos
+ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una
+mirada triste en los transeúntes, solían pegar una huida de costado, un
+trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignación de su
+paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y
+con trazas de militar, pedía limosna con sólo una inflexión suplicante
+de la voz y un doliente fruncimiento de cejas.
+
+Conforme dejaban atrás el puente, llegando a internarse en la frondosa
+alameda que a Vesse conduce, dilatábasele el corazón a Lucía, creyendo
+hallarse de veras en el campo. Estaban allí los árboles menos
+simétricos, limpios y derechos que en Vichy; más desigual el suelo de la
+ruta; más virgen la hierba de los linderos; menos barnizadas, pulidas y
+flamantes las quintas y hoteles que ambos lados del camino guarnecían.
+Ninguna mano celosa barriera las hojas secas que hacían natural y blanca
+alfombra, ni los parches de boñiga de vaca caídos a trechos como
+descomunales obleas negras. De tiempo en tiempo veíase algún cobertizo,
+en cuya sombra relucían los aperos de labranza y el rústico y potente
+olor de la fecunda tierra labradía penetraba en los pulmones, sano y
+fuerte como las robustas hortalizas que vegetaban en los huertos
+próximos. Corta distancia había desde el puente al manantial
+intermitente. Cruzaban el zaguán de la casita, entraban en el jardín y
+se dirigían al cenador cubierto de viña virgen, que el pilón
+resguardaba. Hallábase el pilón vacío, y el tubo de bronce del surtidor
+no despedía ni gota de agua. Pero Pilar sabía de antemano la hora del
+singular fenómeno, y calculaba con exactitud. El tiempo que tardaba en
+presentarse estábase ella inclinada sobre el pilón, palpitante, muda,
+haciendo un embudo al oído con la diestra.
+
+--Ya viene: lo he sentido, ya silbó--decía Lucía como si de algún dragón
+se tratase.
+
+--Verás cómo no viene por cinco minutos--respondía con seguridad Pilar.
+
+--Te digo que sí, mujer... si ya borbotea.
+
+--¿A ver? No, no. Es el ruido del viento que sacude los arbustos. Tú ves
+visiones.
+
+Seguíase breve pausa y completo silencio. Una espera trágica.
+
+--¡Chist! Ahora, ahora--gritaba la anémica palmoteando--. ¡Ahora sí que
+viene! ¡Y con alma!
+
+En efecto, oíase un borboteo extraño, después un silbido agudo, y un
+chorro de agua hirviente, que despedía intolerable olor sulfuroso, se
+lanzaba, espumante, recto y rápido, hasta la cúpula misma del alto
+cenador. Vaho espeso cubría el pilón, enturbiando la atmósfera, que
+apestaban las emanaciones del azufre. Así ascendía impetuoso el raudal
+hasta que comenzaba a menguar su fuerza. Entonces la furia de la
+impotencia le hacía dar saltos desiguales, convulsiones de epiléptico en
+que se torcía irritado, espumarajeando, con desesperada proyección al
+fin, caía domado y exánime, despidiendo sólo a intervalos un escaso
+chorro, separado por largos espacios, como las llamaradas postrimeras de
+la luz que se extingue. Terminaba su agonía con dos o tres hipos del
+surtidor, a cuyo orificio se asomaba el chorro, sin conseguir lanzarse
+fuera. No volvería ya el manantial a correr en diez horas lo menos.
+
+Disputaban frecuentemente Lucía y Pilar sobre la conclusión del
+fenómeno, como sobre su comienzo.
+
+--Ya paró. Va a dormir. Buenas noches, caballero--exclamaba Lucía
+saludándole con la mano.
+
+--¡No, mujer, quia! Aún ha de asomar tres o cuatro veces las narices.
+
+--Qué, si no puede.
+
+--Que sí puede. Verás tú si todavía echa unas _salivillas_, como dice el
+asistente de un primo mío artillero. ¡Chist! Oye, oye cómo aún ronca.
+Una, dos, tres.... Ahora escupe.
+
+--Cuatro, cinco, seis... vaya, ya no vuelve; está el pobre muy cansado.
+
+--Ahora no: ya dio las boqueadas.
+
+A la vuelta solían las amigas hallar el puente más animado que a la ida.
+Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de
+Vichy y los bañistas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al
+paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre
+las cuales relucía la nota brillante del estribo y del espolín. Algún
+sociable, semejante a ligera canoa, corría arrastrado por su gallardo
+tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos,
+y ufano de su elegante tripulación; entreveíanse un instante anchas
+pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros,
+encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros
+alegres, con la alegría del buen tono, que está siempre a diapasón más
+bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a
+pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la
+librea de la áurea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre,
+obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marrón, al hombro larguísima
+caña de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra
+paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y
+demás enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a
+quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la caña
+de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples
+peces víctimas del mortífero pasatiempo de su padre.
+
+Tanto agradaban a Lucía el puente y el río, que a propósito andaba
+despacio al pasarlos. La cortina de verdor del parque nuevo se tendía
+ante su vista. Un tiempo fueron pantanos todo aquel hermoso jardín,
+hasta que los potentes diques, colocados por Napoleón III para evitar la
+inundación que seguía a cada crecida del Allier, y el saneamiento del
+terreno, lo habían transformado en un lugar paradisíaco. Los árboles
+selectos, bien nutridos, tenían en su mayor parte tonos de felpa verde,
+intensos y aterciopelados; pero algunos amarilleando ya, se encendían al
+sol poniente como pirámides de filigrana de oro. Otros eran rojizos, de
+un rojo teja, que en las partes heridas por el sol se hacía carmín. La
+anémica solía manifestar, al volver del paseo, el capricho de ir un rato
+a sentarse en los bancos del parque. Por lo regular, allí había gente, y
+alguno de los españoles de la colonia, conocidos de Perico o de Miranda,
+hacíase acaso el encontradizo, y las saludaba y dirigía algunas frases
+de ritual. A veces se aparecían también, a guisa de sorprendentes
+cometas, las ricas cubanas de Amézaga, con sus sombreros
+extraordinarios, sus sombrillas monumentales y sus atavíos caprichosos,
+destilados siempre a la quinta esencia de la moda. Pilar las distinguía
+de cien leguas, por sus famosos sombreros, imposibles de confundir con
+otro tocado alguno. Eran como dos budineras grandes, cubiertas todas de
+finísimas y menudas plumas encarnadas: un pájaro natural, una especie de
+faisán disecado con primor, contorneaba el ala, torciéndose con gracia a
+un lado de la cabeza. Tan singular adorno, semi-indostánico sentaba bien
+a la palidez tropical y a los ojos de fuego de las dos cubanitas. Cuando
+se aproximaban, Lucía daba un codazo a Pilar, diciéndole sin asomo de
+malicia:
+
+--Mira... ahí vienen los pajarracos de esas amigas tuyas.
+
+La presencia de las Amézagas, como les llamaba Perico, determinaba
+siempre en Pilar una especie de fiebrecilla que la dejaba postrada
+después para dos horas. Al divisarlas a lo lejos, se componía
+instintivamente el pelo, sacaba el pie calzado con zapatito Luis XV de
+tafilete, y paseaba su mano nerviosa por los morenos encajes de su
+pañoleta, haciendo destacar la flechilla de turquesas que la prendía.
+Trababan conversación, y las de Amézaga hablaban como con pereza y
+desdén, mirando al cielo o a los transeúntes, e hiriendo la arena con el
+cuento de las sombrillas. Respuestas cortas e indolentes «hija, qué
+quieres»; y «estuvo magnífico», «gente, como nunca»; «pues ya se ve que
+estaba la sueca»; «raso crema y granadina heliotropo combinados»; «como
+siempre, dedicadísimo a ella»; «sí, sí, calor»; «vaya, me alegro que lo
+pases bien, hija»; contestaban a las afanosas preguntas de Pilar. Luego
+se alejaban las cubanas, con carcajadillas discretas, con medias
+palabras, taconeando firme y moviendo un ruge-ruge de telas frescas y de
+ropa fina. Un cuarto de hora lo menos quedaba Pilar murmurando de las
+petimetras y de alguien más también.
+
+--¡Cada día más exageradas y más estrepitosas! Vamos, ¿te gusta a ti ese
+traje tan raro, con una cabeza de pájaro igual a la del sombrero, en el
+remate de cada frunce? Parecen un escaparate del Museo de Historia
+Natural.... ¡Hasta en el abanico una cabeza de pájaro! No se concibe que
+Worth haya ideado ese mamarracho.... Yo creo que los hacen en casa, con
+la doncella, y después dicen que se los mandó Worth....
+
+--No, si aseguran que su padre es un banquero riquísimo de la Habana....
+
+--Sí, sí, tiene más ingenios que ingenio--pronunció Pilar repitiendo un
+chiste que todo el invierno había rodado por Madrid a propósito de las
+Amézagas.
+
+--Ello no cabe duda que los pájaros son un adorno bien extraño.... Yo
+también tengo uno en un sombrero.
+
+--Sí, en una toca; pero es diferente. Además, una señora casada puede
+permitirse ciertas cosas, que en el traje de las solteras....
+
+--Por eso hizo bien Perico en no comprarte aquel abrigo bordado de
+cuentas de colores que se te antojó. Era muy llamativo.
+
+--No hay nada de eso... era distinguidísimo.... ¿qué entiendes tú de
+esas cosas?
+
+--Yo, nada--respondía Lucía risueña.
+
+--¡El traje de la sueca sí que sería bonito... crema y heliotropo! ¡me
+gusta la combinación!... ¡Pero qué escándalo está dando con Albares...
+un hombre casado! Buena necesidad que tendrán los dos de las aguas....
+
+--Mujer, yo le oí decir a tu hermano que ella no le hace maldito el
+caso.
+
+--¡Bah!, no parece sino que no están dando un cuarto al pregonero desde
+que llegaron. Albares es un tonto, forrado de lo mismo, que se muere por
+apariencias.... El caso es que todo el mundo en Vichy habla de ellos.
+
+Lucía se quedaba pensativa, fija la pupila en las canastillas de flores
+del parque, que parecían medallones de esmalte prendidos en una falda de
+raso verde. Formábanlas diversas variedades de colios; los del centro
+tenían hojas lanceoladas y brillantes, de un morado obscuro, rojo
+púrpura, rojo ladrillo, rojo de cresta de pavo, rojo rosa. Al borde, una
+hilera de _ruinas de Italia_ destacaba sus medallitas azuladas sobre el
+verde campesino, gayo, húmedo, de la hierba. Los alerces y los pinos
+lárices formaban en algún rincón del parque un grupo nemoroso, suizo,
+dejando caer sus mil brazos desmadejados, hasta besar lánguidamente el
+suelo. Las catalpas, majestuosas, filtraban entre su claro follaje los
+últimos rayos del poniente, y manchillas movedizas y prolongadas de oro
+danzaban a trechos sobre la fina arena de la avenida. Era un
+recogimiento de iglesia, impregnado de misterio, un silencio grave,
+poético, solemne, y parecía sacrilegio turbarlo con una frase o un
+ademán.
+
+Los paseantes comenzaban a retirarse, y el leve crujido de la arena
+revelaba sus pasos lejanos. Pero ambas amigas acostumbraban, como suele
+decirse, llevarse las llaves del parque, porque justamente a la puesta
+del sol era cuando Lucía lo encontraba más hermoso, en aquella
+melancólica estación otoñal. Bajos ya y moribundos los rayos solares,
+caían casi horizontalmente sobre los pradillos de hierba, inflamándolos
+en tonos ardientes como de oro en fusión. Los obscuros conos del alerce
+cortaban este océano de luz, en el cual se prolongaban sus sombras.
+Deshojábanse los plátanos y castaños de Indias, y de cuando en cuando
+caía, con golpe seco y mate, algún erizo, que, abriéndose, dejaba rodar
+la reluciente castaña. En las grandes canastillas, que se destacaban
+sobre el fondo de césped, las pálidas eglantinas, a la menor brisa
+otoñal, soltaban sus frágiles pétalos, las verbenas se arrastraban
+lánguidas, como cansadas de vivir, descomponiendo con sus caprichosos
+tallos la forma oval del macizo; los ageratos se erguían, todos llovidos
+de estrellas azules y los peregrinos colios lucían sus exóticos matices,
+sus coloraciones metálicas y sus hojas atigradas, semejantes a escamas
+de reptil, ya blancas con manchas negras, ya verdes con vetas carne, ya
+amaranto obscuro cebradas de rosa cobrizo. Profundo estremecimiento,
+precursor del invierno, atravesaba por la Naturaleza toda, y dijérase
+que antes de morir, quería vestirse sus más ricas galas: así la viña
+virgen tenía tan espléndido traje de púrpura, y el álamo blanco elevaba
+con tal coquetería el penacho de cándidos airones de su copa; así la
+coralina se adornaba con innumerables sartas y zarcillos de sangriento
+coral, y las cinias recorrían toda la escala de los colores vivos con
+sus festoneadas enaguas. El maíz listado sacudía su brial de seda verde
+y blanca a rayas, con melodioso susurro, y allá en las lindes de la
+pradera bañada por el sol, unos arbolillos tiernos inclinaban su joven
+copa. De tal suerte mullían las hojas secas el piso de las calles, que
+se enterraba Lucía hasta el tobillo, con placer. El roce de su traje
+producía en ellas un ruido continuo, rápido, parecido a la respiración
+jadeante de alguien que la siguiera; y presa de pueril temor, volvía a
+veces el rostro atrás, riéndose al convencerse de su ilusión. Hojas
+había muy diferentes entre sí: unas, obscuras, en descomposición,
+vueltas ya casi mantillo: otras secas, quebradizas, encogidas; otras
+amarillas, o aun algo verdosas, húmedas todavía, con los jugos del
+tronco que las sustentara. Hacíase la alfombra más tupida al acercarse a
+los parajes sombríos del borde del estanque, cuya superficie rielaba
+como cristal ondulado, estremeciéndose al leve paso del aura vespertina,
+y rizándose en mil ondas chiquitas en choque continuo las unas con las
+otras.
+
+Grandes sauces se inclinaban, llorosos y desconsolados, hacia el agua,
+que reproducía el blando columpiar de las ramas trémulas, entre las
+cuales se veía el disco del sol, y sus rayos, concentrados por aquella
+especie de cámara obscura, herían la pupila como saetas. En un remanso
+del estanque, enorme macizo de malangas ostentaba su vegetación
+exuberante y tropical, y sus gigantescas hojas, abiertas como abanicos
+de tafetán verde, se mantenían inmóviles. Cisnes, patos y ánades
+bogaban, aquéllos con su acostumbrada fantástica suavidad, balanceando
+el largo cuello, éstos graznando desapaciblemente, todos con rumbo a la
+orilla apenas Lucía y Pilar se acercaban,--en demanda de mendrugos de
+pan, que engullían atragantándose y alzando al aire la cola--. La isleta
+y el pino que en ella crecía lanzaban a la superficie del estanque
+misteriosa sombra. Un haz de cañas se elevaba esbelto, y a su lado, las
+agudas poas sacudían su escobillón de terciopelo castaño.
+
+Regalada frescura subía del agua. Era la nota característica del
+paisaje, dulce melancolía, blando adormecimiento, el reposo de la madre
+Naturaleza cuando, fatigada de la continua gestación del estío, se
+prepara al sopor invernal. Lucía había dejado de ser niña; los objetos
+exteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; el
+parque la sumía en vaga contemplación. Su alma parecía desasirse del
+cuerpo, como se desase del tronco la hoja, y vagar como ella sin objeto
+ni dirección, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de no
+sentirse existir. ¡Y cuán grata debía de ser la muerte, si parecida a la
+de las hojas; la muerte por desprendimiento, sin violencia,
+representando el paso a más bellas comarcas, el cumplimiento de algún
+anhelo inexplicable, oculto, allá, en el fondo de su ser! Cuando tales
+ideas en tropel se le venían a la mente, un pajarillo descendía de un
+árbol, y oíase el batir de sus alas en el aire. Andaba algún tiempo a
+brincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; al
+acercársele Lucía daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cima
+más alta de las acacias rumorosas.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Solía la voz de la anémica romper el encanto.--Eh, chica.... ¿en qué
+estarás tú pensando? ¡Qué románticas son estas niñas criadas en
+provincia!
+
+Los ojos agudos y perspicaces de Pilar se clavaban, al decir esto, en la
+fisonomía de Lucía, descubriendo en ella una sombra leve, una especie de
+veladura parda desde la frente y las sienes a las ojeras, y cierto
+hundimiento en las comisuras de la boca. Su curiosidad enfermiza se
+despertaba, infundiéndole deseos de disecar, por solaz y pasatiempo,
+aquel corazón. Habíale dicho la infalible penetración mujeril muchas
+cosas, e incapaz de contentarse con la adivinación discreta, quería la
+confidencia. Era una emoción más que se brindaba a sí propia en el curso
+de la estación termal.
+
+--¡Qué sé yo en qué pensaba! En nada--contestaba Lucía apelando al
+expediente más vulgar y siempre más socorrido.
+
+--Pues parece a veces que estás tristona, monísima... y no sé de qué;
+porque estás precisamente en lo más bonito de la luna de miel...
+¡Cáspita! ¡Quién como tú! Miranda es muy agradable; tiene tan buen
+trato, se presenta tan bien....
+
+--Eso sí, muy bien--repitió como un eco Lucía.
+
+--Y está chocho por ti.... ¡Vaya! ¡si eso se ve! Él anda por allí mucho
+con mi hermano.... Pero chica, ¿qué quieres? Así son todos los
+hombres... El caso es que mientras están con una gasten buen humor y le
+hablen con cierto mimo.... Y que no sean celosos.... No, Miranda eso sí
+que lo tiene de bueno: celoso, no es.
+
+Pusose Lucía color de brasa, y bajándose, cogió un puñado de hojas
+secas, maniobra que le sirvió para disimular su confusión. Después se
+entretuvo en reducirlas a polvo entre el índice y el pulgar, soplando
+para aventarlo más presto.
+
+--Y cuidado--prosiguió Pilar--que otro en su caso.... No, mira, si yo
+fuese hombre, no sé lo que hubiera hecho... eso de que un caballero
+acompañase a mi novia tantos días... así, mano a mano... y precisamente
+cuando....
+
+A este golpe directo y brutal, alzó Lucía la frente, y posó en su amiga
+la mirada cándida, pero digna y aun severa, que a veces solía chispear
+en sus ojos. Pilar, diestra en táctica, retrocedió para saltar mejor.
+
+--Es verdad que conociéndote a ti... y a él, cualquiera sería tan
+confiado como Miranda.... Tú, ya se sabe, una santita, un angelín de
+retablo... y él... él es un caballero chapado a la antigua, a pesar de
+sus manías... más fama tiene que el Cid. ¡Ya viene de atrás! Yo le
+conozco mucho, hace tiempo--aseveró Pilar, que como todas las jóvenes de
+la clase media introducidas en la buena sociedad, tenía prurito de
+conocer al mundo entero.
+
+--¿Tú... le conoces hace tiempo?--murmuró Lucía, subyugada y ofreciendo
+a la anémica el brazo para que se apoyase.
+
+--Sí, mujer. Va cada año a Madrid, a veces por todo el invierno, pero
+generalmente un mes o dos de primavera. De sociedad gusta poco; le
+convidaron a algunas casas, porque parece que su padre, el cabecilla,
+era una persona distinguida de las Provincias, y está emparentado con
+los Puenteancha, y con los Mijares, que son Urbietas de apellido... pero
+se vendía tan caro, que en todas partes se andaban pereciendo por
+tenerle.... Una vez, porque bailó un rigodón en casa de Puenteancha con
+Isabelita Novelda, hubo broma toda la noche... le dijeron que ya podía
+domar osos y tomar a Plewna sin artillería.... Isabelita estaba más
+hueca que... y luego resultó que era que la Puenteancha se lo había
+pedido por favor, y él le había contestado: bueno, bailaré con la
+primera que encuentre... encontró a Isabelita, y zas, la invitó....
+Cuando se supo, ¡figúrate la tontuela de Isabelita qué cara pondría!
+Ella que estaba persuadida de haber hecho una conquista... se le alargó
+la nariz más de lo que la tiene, que no es poco.... ¡ja, ja!...
+
+La risa de la anémica se volvió tos, una tosecilla que le rascaba la
+garganta y la sofocaba, obligándola a sentarse en un banco rústico de
+los muchos que en el parque había. Lucía le dio blandos golpecitos en
+las espaldillas, y permaneció silenciosa, no queriendo pronunciar
+palabra que torciese el giro de la conversación. Sus ojos interrogaban.
+
+--Ej... ej... te aseguro que fue un chasco famoso...--continuó Pilar
+calmándose--. A la Noveldita le vendrían de perlas los cientos de miles
+de francos que el padre reunió para el hijo... pero ¡dicen que no le
+gustan las mujeres!
+
+--No le gustan...--repitió Lucía, como si aquel pronombre no pudiera
+aplicarse sino a una persona sobreentendida, pero no nombrada.
+
+--Añaden que, eso sí, es un hijo como pocos... a su madre la trae en
+palmas. Ella cuentan que es una señora muy fina, de la aristocracia
+francesa... muy delicaducha de salud, y aun creo que allá en sus
+juventudes....
+
+La anémica se apoyó el índice en la frente, con expresivo ademán.
+
+--Parece que el padre quiso que el chico fuese español, y trajo a su
+mujer a dar a luz a Ondarroa, de donde es él... le hicieron hablar
+castellano siempre y vascongado con su ama de cría... me lo ha contado
+Paco Mijares, que como es pariente suyo, sabe todo eso....
+
+Lucía se bebía con avidez aquellas palabras y aquellos detalles nada
+importantes en sí.
+
+--Tiene extravagancias y caprichos muy particulares.... Hubo un tiempo
+en que se le antojó trabajar, y entró en una casa de comercio....
+Después estudió medicina y cirugía, y tengo entendido que deja tamañitos
+a Rubio y a Camisón.... En Madrid se iba a los hospitales, por gusto, a
+estudiar.... En la guerra hizo lo mismo. ¿Sabes tú dónde me lo
+encontraba yo a veces en Madrid? Pues en el Retiro, mirando al estanque
+grande fijamente.... ¿Qué tienes, chica?
+
+Lucía, con los ojos cerrados, mortecina la color, se recostaba en el
+tronco del plátano que sombreaba el banco. Cuando abrió los párpados, la
+sombra de sus sienes era más marcada, y su mirar vago, como de persona
+que vuelve en sí de un síncope.
+
+--No sé.... Es que a veces parece que me quedo así, sin sentido.... Es
+como si me arrancasen el estómago--balbució.
+
+--«Ciertos son los toros»--pensó Pilar--; «¡bien madruga la bendición de
+Dios!»--añadió para sí, descaradamente.
+
+La noche se venía a más andar, un soplo helado movió el follaje; las dos
+damas se abrocharon, estremeciéndose, sus abriguillos de paño café con
+leche, a tiempo que dos bultos negros se destacaban al fin de la
+avenida. Eran Miranda y Perico, que se asombraron de hallarlas allí tan
+tarde.
+
+--¡Bonito modo, bonito modo de curarse! ¡Demonios! ¡Si no coges una
+pulmonía, una pulmonía como para ti sola! Anda, loca, vente, vente.
+
+Levantose Pilar, decaída, muriéndose, y fue a cogerse del brazo de
+Miranda. Perico ofreció el suyo a Lucía, cuya robustez se había
+sobrepuesto ya el desfallecimiento momentáneo.
+
+--Dudo que pueda mañana beber las aguas--dijo Lucía a su acompañante--.
+Estuvo hoy algo excitada... y ahora viene la reacción de cansancio....
+
+--¿A que resucita, a que resucita si la dejo ir al Casino?
+
+--¡Ay, Periquillo del alma!--gritó la anémica, que con su fino oído no
+perdía palabra--. ¿Me dejas, eh? ¿Qué daño me ha de hacer eso? Ande
+usted, Miranda, interceda usted por mí.
+
+--Hombre, alguna vez.... Puede que le sirva de alivio, distrayéndola.
+
+--No haga usted caso, Gonzalvo.... Dice el señor Duhamel que no....
+¿quién lo sabrá mejor, el médico o ella?
+
+--¿Y usted?--pronunció Perico, con unos asomos de galantería a que le
+incitaban el anochecer, el marido caminando delante y sus inveteradas
+malas mañas--. Y usted, joven y bonita como es, ¿por qué no viene al
+Casino? Esas galas que se mueren de risa, de risa, en los baúles mundos,
+estarían mejor luciéndose allí.... Vamos, anímese usted, anímese usted,
+y yo la traeré un ramo de camelias como el que tenía anoche la sueca.
+
+--No quiero eclipsar a la sueca--exclamó risueña Lucía--. ¿Qué será de
+ella si me presento yo?
+
+--Pues aunque lo diga usted de guasa, de guasa, es la pura verdad...--y
+Perico bajaba traidoramente la voz--. Vale usted por diez suecas...--y
+en tono más alto añadió--si Juanito Albares no hiciese tanta majadería,
+maldito si nadie se acordaba, se acordaba de ella....
+
+Juanito Albares, como le llamaba amistosamente Perico, era duque, grande
+de España dos o tres veces, marqués y conde no sé cuántas; dato que es
+muy digno de ser tenido en cuenta por los biógrafos del elegante
+Gonzalvo.
+
+--¿Dónde tiene usted los ojos, hombre?--exclamó Lucía con su franqueza
+castellana--. ¡Valor se necesita para decir eso!, es hermosísima la
+sueca; en cualquier parte, emboba a la gente. Más blanca es que la
+leche, y luego unos ojos....
+
+--No te fíes de blancuras--intervino Pilar--. Habiendo en el mundo
+toalla de Venus y blanco de Paros.... Es demasiado mujerona.
+
+--Demasiado alta--afirmó Perico como el zorro de las uvas.
+
+--Pierda usted cuidado--decía bajito Miranda a Pilar--. Conquistaremos a
+ese hermano fiero, e irá usted una noche al Casino: ¡no faltaba otra
+cosa! ¿Se había usted de marchar de Vichy sin ver el teatro, y sin
+asistir al concierto? Eso sería inaudito.
+
+--¡Ay, Miranda! usted es mi ángel salvador. Si no hay otro medio de
+lograrlo, nos escapamos usted y yo una noche... un rapto... hay que
+hacer como en las novelas... traerá usted un corcel, me subiré a la
+grupa, y, ¡hala!, que nos pillen... encerramos con llave primero a
+Perico y a Lucía, y allí se quedan haciendo penitencia.... ¿eh? ¿Qué le
+parece a usted?
+
+Cuando llegaron ante la verja del _chalet_, cuyos mecheros de gas
+brillaban ya entre la sombra de los árboles, Miranda dijo para sí:
+
+--Ésta es más entretenida que mi mujer. Al menos dice algo, aunque sean
+tonterías, y está de buen humor, a pesar de que tiene medio pulmón sabe
+Dios cómo....
+
+--Esta chica es más sosa que el agua, que el agua--pensó a su vez Perico
+al separarse de Lucía.
+
+Ínterin llegaba el esperado día de asistir a la fiesta nocturna, Pilar
+se acostumbró a pasar un par de horas en el salón de Damas del Casino,
+de una a tres de la tarde generalmente. Es el salón de Damas un
+atractivo más del hermoso edificio donde se reconcentra la animación
+termal; allí las señoras abonadas al Casino pueden refugiarse, sin temor
+a invasiones masculinas; allí están en su casa, y son reinas absolutas,
+tocan el piano, bordan, charlan, y a veces se deslizan hasta el lujo de
+un sorbete o de alguna confitura o bombón que roen con igual deleite que
+si fuesen ratoncillos sueltos en un armario de golosinas. Es un harén de
+moras civilizadas, un gineceo no oculto en la pudorosa sombra del hogar,
+sino descaradamente implantado en el sitio más público que darse puede.
+Allí concurrían y se congregaban todos los astros hembras del firmamento
+de Vichy, y allí encontraba Pilar reunida a la escasa, pero brillante
+colonia hispano americana; las de Amézaga, Luisa Natal, la condesa de
+Monteros: y se formaba una especie de núcleo español, si no el más
+numeroso, tampoco el menos animado y alegre. Mientras alguna rubia
+inglesa ejecutaba en el piano trozos de música clásica, y las francesas
+asían de los cabellos la ocasión de lucir primorosas labores de
+cañamazo, dando en ellas tres puntos por hora, las españolas, más
+francas, aceptaban la holgazanería completa, dedicándose a hablar y a
+manejar el abanico. Una magnífica esfera geográfica, colocada al extremo
+del salón, parecía preguntarse cuál era su objeto y destino en semejante
+lugar; y en cambio, los retratos de las dos hermanas de Luis XVI,
+Victoria y Adelaida, _damas_ tradicionales de Vichy, sonreían, empolvada
+la cabellera, rosadas y benévolas, presidiendo el certamen de frivolidad
+continua celebrado a honra suya. Eran murmullos como de voleteos de
+pájaros en pajarera, ruido de risitas semejante a sartas de perlas que
+caen desgranándose en una copa de cristal, sedoso crujir de países de
+abanico, estallido seco de varillajes, ruedecillas de sillón que un
+punto corrían sobre el encerado piso, ruge-ruge de faldas, que parecía
+estridor de alitas de insecto. Embalsamaban la atmósfera leves auras de
+gardenia, de vinagre de tocador, de sal inglesa, de perfumería Rimmel.
+No se veían sino dijes y prendas graciosas abandonadas sobre sillas y
+mesas; sombrillas largas, de seda, muy recamadas de cordoncillo de oro;
+cabás y estuches de labor, ya de cuero de Rusia, ya de paja con moños y
+borlas de estambre; aquí un chal de encaje, allí un pañuelo de batista;
+acá un ramo de flores que agoniza exhalando su esencia más deliciosa;
+acullá un velito de moteado tul, y encima las horquillas que sirven para
+prenderle.... El grupo de españolas, capitaneado por Lola Amézaga, que
+era muy resuelta, tenía cierta independencia e intimidad, bien distinta
+de la reserva secatona de las inglesas: y aún entre ambos bandos se
+advertía disimulada hostilidad y recíproco desdén.
+
+De mucha diversión había servido a las españolas ver cómo las inglesas
+sacaban muy formales un periódico, tamaño como la sábana santa, del
+bolsillo, y se lo leían de la cruz a la fecha.
+
+No había podido obtener Pilar que Lucía la acompañase al salón de Damas;
+cortedad y encogimiento de niña educada en provincia se lo vedaban,
+haciéndole temer más que al fuego a aquellas mujeres curiosas que
+examinarían su tocado como el diestro confesor los repliegues de la
+conciencia del penitente. Pilar, en cambio, estaba allí en su elemento y
+esfera natural. Su voz algo aflautada sólo rendía el pabellón ante el
+ceceo cubano de la Amézaga capitana.
+
+Oigamos el concertante.
+
+--Pues éste lo compré hoy--decía Lola remangando desenfadadamente la
+manga de su vestido de muselina rosa con lazos de raso granate obscuro,
+y enseñando un brazalete de cuyo aro pendía un cochinillo retorcido de
+rabo y potente de lomo, ejecutado en fino esmalte.
+
+--Yo lo tengo en imperdible--añadía Amalia Amézaga, señalando a otro
+marrano no menos lucio, que hozaba entre los encajes de su corbata.
+
+--¡Válgame Dios! ¡qué moda más fea!--exclamaba Luisa Natal, hermosura
+próxima al ocaso, y muy atenta a no usar perifollo alguno que su belleza
+no realzase--. Yo no me pondría semejantes bichos; ¡se acuerda uno del
+mondongo! ¿verdad, condesa?
+
+Hizo un signo aprobativo la condesa de Monteros, española rancia, devota
+y un tanto severa.
+
+--Yo no sé qué van a inventar ya--pronunció reposadamente--. He visto en
+esas tiendas elefantes, lagartos, ranas y sapos, y hasta arañas; en fin,
+los animalejos más asquerosos en adornos de señoritas. En mis juventudes
+no nos pagábamos de tales extravagancias; buenos brillantes, bonitas
+perlas, algún corazón de rubíes.... ¡ah! también usábamos los camafeos;
+pero era un capricho precioso... se grababa en ellos el retrato de uno
+mismo... o alguna virgen, algún santo.
+
+Reinó breve silencio; las Amézagas no se atrevían a replicar, subyugadas
+por el señorío de aquella autorizadísima voz.
+
+--Mire usted, condesa--dijo Pilar al cabo, satisfecha de hallar un
+motivo para desesperar a las Amézagas--, lo bonito, es ese agujón de
+Luisa.
+
+Luisa sacó de su moño el clavo de oro, con cabeza de amatista,
+constelada de diamantes chiquititos.
+
+--Otro igual tenía ayer la sueca--explicó al ponerlo en manos de la
+condesa--. Llevaba todo el juego: pendientes, collar de bolas de
+amatista y el agujón. Reguapísima que estaba la mujer con eso y el traje
+heliotropo.
+
+--¿Ayer de noche?--preguntó Pilar.
+
+--Sí, en el teatro. El otro, penado y muerto como de costumbre... a las
+diez hizo su entrada en el palco, presentándole el ramo consabido de
+camelias y azaleas blancas... dicen que le cuesta sus setenta
+franquillos por noche.... Es un aditamento regular al coste de la
+pensión en el hotel....
+
+--Ese sobrino mío no tiene vergüenza ni decoro--afirmó gravemente la
+condesa de Monteros.
+
+--¡Un hombre casado!--dijo Luisa Natal, que hacía excelente menaje con
+su marido, ciego cumplidor de todos los caprichos de su mitad.
+
+--¿Y se sabe por fin si la sueca es hija o mujer de ese barón de...
+de... nunca puedo acordarme de su nombre... vamos, de ese viejo que anda
+con ella?--interrogó la condesa, entrando por fin en la corriente de
+curiosidad que la arrastraba, a pesar de su digna actitud.
+
+--¿De Holdteufel?--pronunció con acento cantarín Amalia Amézaga--. ¡Bah,
+quién lo puede averiguar!, pero según la libertad que le deja, más
+parece su esposo que su padre.
+
+--Se necesita descaro--prosiguió con discreta y risueña indignación
+Luisa Natal--, para ser así la comidilla de todo el mundo....
+
+--¡Toma!--dijo la voz de flauta de Pilar--. Pues eso quiere él, ¿qué se
+creían ustedes?; el toque y el gustazo están en dar que hablar.
+
+--Siempre fue Juanito así, muy farfantoncillo--murmuró la condesa
+enternecida al recordar a su sobrino, cuando hecho un diablo
+traviesísimo de diez años, iba a su casa a darle jaqueca pidiendo mil
+chucherías.
+
+--Hasta anteayer....
+
+El grupo se estrechó: acercáronse unos a otros los sillones, y por un
+instante se oyó el cadencioso chirriar de las ruedas sobre el piso.
+
+--Anteayer...--siguió Amalia Amézaga en tono algo más bajo--fue ésta al
+tiro de pistola....
+
+--¿Tiras ahora?--preguntaron a un tiempo Pilar y Luisa Natal.
+
+--Un poco... por distraerme...--Y Lola se atusó el negro flequillo,
+cortado recto a un dedo de distancia de las cejas, que la asemejaba a un
+paje de la Edad Media, realzando su cara descolorida de hija de los
+trópicos y sus grandes ojos, infantiles, pero de niño malicioso y
+precoz.
+
+--Pues...--siguió Amalia, viéndose religiosamente escuchada--allí
+estaban Jiménez y el marquesito de Cañahejas, y _Monsieur_ _Anatole..._
+y todos leían y comentaban un suelto del _Fígaro_, en que se refería la
+sensación causada en una de las estaciones termales más elegantes de
+Francia y de Europa, por el loco amor de un magnate español a una dama
+sueca....
+
+--Pone iniciales no más--agregó Lola--; pero es claro como la luz.... Y
+dice, por más señas: «_ce digne petit fils du Comte d'Almaviva se ruine
+en fleurs_...»
+
+Un coro de risas sofocadas brotó del círculo. Lola sabía decir las cosas
+con cierto ceceo y cierto parpadeo, que las mejoraba en tercio y quinto.
+
+--¿Y ella, qué tal, se ablanda?--preguntó Pilar.
+
+--¿Ella?--repuso Lola--. ¡Ah!, todas las noches, al recibir el ramo, le
+contesta lo mismo, invariablemente: _Jrasiás, señor duque, trop amable._
+
+Redoblaron las carcajadas. Hasta la condesa se sonreía, con el abanico
+abierto delante por decoro.
+
+--¡Chist!--pronunció Luisa Natal--. ¡Ahí viene!
+
+--¡La sueca!--exclamó Pilar.
+
+Todas volvieron el rostro, en extremo conmovidas. La puerta del salón de
+Damas se abría solemnemente; un elegante y correcto anciano, con blancas
+patillas y delicadamente afeitado el resto de la faz, se quedó en el
+umbral en diplomática postura; una mujer alta y gallarda penetró en el
+recinto; acrecentaba su clásica beldad el negro traje de tafetán, muy
+ceñido y golpeado de azabache; sobre su frente de diosa, el sombrero de
+tul con espigas de oro, parecía mitológica diadema; era su andar noble y
+soberano, y sin cuidarse de saludar a nadie, se fue hacia el piano,
+vacante a la sazón, y sentándose, comenzó a interpretar magistralmente
+unas mazurcas de Chopín. La postura patentizaba lo brioso de su talle,
+los largos y tornátiles brazos, las caderas, los omoplatos que, a cada
+pulsación de la blanca mano, se dibujaban vigorosamente bajo el ajustado
+corpiño.
+
+--¿No es cierto--dijo por lo bajo Pilar a Luisa Natal--que si Lucía
+Miranda se vistiese como ella, se parecerían algo, así en las formas?
+
+--¡Bah!--murmuró Luisa Natal--, la Mirandita no tiene pizca de chic.
+
+Brotó entonces del grupo de inglesas ese enérgico silbido que en todos
+los idiomas significa: «¡Silencio!: cállense ustedes, y oigan, o dejen
+oír siquiera.» Las españolas se dieron al codo, y prosiguieron
+impertérritas con sus cuchicheos.
+
+--¿No veis aquello?--decía Lola Amézaga.
+
+--¿El qué... el qué... el qué?--preguntaron todas.
+
+--¿Qué ha de ser?, Albares. Allí, allí, en los vidrios.... Con
+disimulo... que no lo note....
+
+Por la parte de las vidrieras, que caían a la azotea del Casino, veíase,
+en efecto, un rostro de pisaverde, imberbe casi, destacándose entre la
+blancura de porcelana de primorosa camisa y nívea corbata de batista,
+cuyo triángulo cerraba una de esas ágatas llamadas _ojo de gato_, a que
+dio tan fabuloso valor el capricho de los elegantes de dos o tres años
+acá. Traje de mañana de un gris humo suave y exquisito, hongo de
+finísimo castor, una flor de gardenia en el ojal, guantes de gamuza
+flamantitos, tal era el atavío del indiscreto que así registraba el
+salón de Damas. Advertíase en su tipo mezcla singular de debilidad y
+fuerza, cuerpo de sietemesino y músculos de Hércules. La gimnasia, la
+esgrima, la equitación, la caza, debían haber endurecido aquel organismo
+que la Naturaleza hiciera endeble, enteco casi. La estatura era corta;
+los miembros delicados y femeniles; pero la musculatura, de acero.
+Conocíase esto en el modo de caerle la ropa, en no sé qué corte viril de
+las rodillas y los hombros; además, se traslucía en aquel hombre la
+altiva superioridad que dan juntamente la riqueza, el nacimiento y el
+hábito de ser obedecido.
+
+Mas si esperaba el duque algún fruto de acechar así por los cristales,
+cayole la pascua en viernes, porque la sueca, después de haber tocado
+con gran sosiego y maestría hasta media docena de mazurcas, se levantó
+con no menor majestad de la desplegada al entrar, y sin volver el
+rostro, tomó hacia la puerta. Ésta se abrió como por obra de un conjuro,
+y el diplomático de blancas patillas se presentó afable y serio,
+ofreciendo el brazo. Fue una salida de reina, très réussie, como decían
+en el grupo de francesas.
+
+--¡Parece la princesa Micomicona!--dijo Lola Amézaga, que aquella mañana
+no se había pasado menos de dos horas al espejo, ensayando el regio modo
+de andar de la sueca.
+
+--¡Qué empaque!--observó Luisa Natal--. No, buena moza, ya lo es.
+¡Cuidado con el talle! ¡Y qué manos! ¿No se las habéis reparado?
+
+--Yo la miro poco--contestó Pilar--. No le doy ese plato de gusto. ¡Sólo
+adopta esos ademanes teatrales para llamar la atención!
+
+--¡Fresco se ha quedado Albares!--exclamó Amalia--. ¡Ella ni se enteró
+de que estaba ahí!
+
+Todas se volvieron a mirar hacia las vidrieras. Ya no se hallaba allí el
+duque.
+
+--Ahora se habrá ido escapado a intentar verla en el Parque. ¿Vamos a
+convencernos?
+
+--Sí, vamos, vamos; la escena será chistosa.
+
+Levantáronse, y recogieron aprisa abanicos, sombrillas y velos,
+precipitándose hacia la puerta.
+
+--Eh, ¡señoritas!--decía la condesa de Monteros--. No corran ustedes
+tanto, yo no soy tan joven como ustedes, y voy a quedarme atrás. A
+fe--añadía entre dientes--que cuando le eche la vista encima a mi señor
+sobrino, le espeto lo que viene al caso, por matar así a disgustos a
+aquella pobre Matilde que es un ángel.
+
+Mientras se solazaba Pilar de manera tan conforme a sus inclinaciones,
+aguardábala Lucía en el balcón del _chalet_. A aquella hora, nadie
+estaba en casa, ni Miranda, ni Perico; el Casino se los había tragado a
+todos. Apenas cruzaba un transeúnte por la retirada calle. Sólo se oía,
+entre el silencio, el estridor monótono de la máquina de coser que la
+hija de la conserje manejaba. En el jardín, las rosas, embriagadas del
+calor bebido durante la mañana entera, se deshacían en perfumes; hasta
+las frías rosas blancas tenían matices rancios, como de carne pálida,
+pero carne al fin. De todo el coro de aromas se formaba uno solo,
+penetrante, fortísimo, que se subía a la cabeza, como si fuera la
+fragancia de una rosa no más, pero rosa enorme, encendida, que exhalaba
+de su boca de púrpura hálito fascinador y mortal. Lucía empezaba por
+coser, al sentarse; pero al cuarto de hora la almohadilla se caía de su
+regazo, escapabásele el dedal del dedo, y vagarosa la pupila, permanecía
+con los ojos fijos en los macizos de rosales, hasta que al fin sus
+párpados se cerraban, y recostando la frente en las ramas que tapizaban
+el balcón, abandonábase a la delicia de aquella atmósfera embalsamada,
+sin oír, sin ver, respirando no más. Dos meses antes, no hubiera podido
+estarse quieta media hora; los jardines la convidaban a correr. Ahora,
+por el contrario, la incitaban a dejarse estar así, inmóvil, y
+anonadada, como el güebro ante el sol.
+
+Una tarde, Pilar, al volver de su club, la halló como nunca pensativa.
+
+--Tonta--le dijo--¿en qué cavilas? Si vinieses al Casino, te divertirías
+mucho.
+
+--Pilarcita--murmuró Lucía echándole al cuello los brazos--, ¿me
+guardarás un secreto si te lo digo?
+
+Encendiéronse los ojos de la anémica.
+
+--¡Pues no! Desahoga ese corazón, mujer.... Entre nosotras, ¿verdad?,
+todo puede contarse.... Yo he visto tantas cosas... nada me sorprende....
+
+--Escucha...--dijo Lucía--. Quisiera saber, a toda costa, cómo sigue la
+madre del señor don Ignacio Artegui.
+
+Retrocedió Pilar desorientada; y riéndose en seguida con su cínico reír,
+exclamó:
+
+--¿No es más que eso? ¡Vaya un secreto! ¡Gran puñado son tres moscas!
+
+--Por Dios--suplicó apurada Lucía--, que a nadie se lo indiques.... Yo
+me muero por saberlo, pero si se entera... alguien.... Miranda, o así....
+
+--¡Eh! boba, yo lo sabré pronto, y sin informar a nadie.... Tengo mil
+medios de averiguarlo.... Te prometo que saldrás de la curiosidad....
+
+Pilar dio dos o tres golpecitos en la barbilla a Lucía, que estaba grave
+y aun algo confusa.
+
+--¿Paseamos hoy, señora enfermera?--interrogó la anémica.
+
+--Sí, y beberás leche en Vesse. Pero coge otro traje de más abrigo, por
+Dios: eres capaz de resfriarte.... ¿No has notado qué bien huelen las
+rosas? En León apenas las hay: me acuerdo de que las que podía coger se
+las ponía todas a la Purísima que tengo en mi cuarto.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Era el Casino para Perico y Miranda, como para todos los ociosos de la
+colonia, casa y hogar durante la temporada termal. En conjunto el gran
+edificio se asemejaba a un concierto de voces que convidasen a la
+existencia rápida y fácil de nuestro siglo. El espacioso peristilo, la
+fachada principal con su vasta azotea, su jardinete reservado, donde
+vegetan en graciosas canastillas exóticas plantas, y sus ricos y
+caprichosos adornos renacientes de blanquísima sillería; las altas
+columnas de bruñido pórfido que el interior sustentan; las muelles
+butacas y los anchos divanes; los cupidillos traviesos (símbolo
+artístico de efímeros amores que suelen vivir el espacio de una quincena
+de aguas) que corren por la cornisa del gran salón de baile, o
+revolotean en el azul de los anchos recuadros del teatro; el oro
+prodigado en toques hábiles, como puntos de luz, o en luengos listones,
+como rayos de sol; las grandes ventanas de límpidos cristales, todo, en
+suma, ayudaba a la fantasía a representarse un templo ateniense,
+corregido y aumentado con los beneficios y goces de la civilización
+actual. Quien mirase el Casino por su fachada sur, podía ver desde luego
+el numen que allí recibía culto y sacrificios: la Ninfa de las aguas,
+inclinando la urna con graciosa actitud, mientras salen a sus pies de
+entre un cañaveral dos amorcillos, y uno de ellos, alzando una valva,
+recoge la sacra linfa que de la urna copiosamente fluye. Sacerdotes y
+flamines del templo de la Ninfa son los mozos del Casino, que a la menor
+señal, a un movimiento de labios, acuden tácitos y prontos con lo que se
+desea: cigarros, periódicos, papel, refrescos, hasta las aguas, que
+traen a escape, en un tanque vuelto boca abajo sobre un plato, a fin de
+que no pierdan su preciosa temperatura ni sus gases.
+
+Prefería Miranda el salón de lectura, donde hallaba cantidad de
+periódicos españoles, incluso el órgano de Colmenar, que leía dándose
+tono de hombre político. A Perico se le encontraba con más frecuencia en
+otro departamento tétrico como una espelunca, las paredes color de
+avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una
+hilera de bancos de gutapercha moteada hacía frente a otra hilera de
+mesas, cubiertas con el sacramental, melodramático y resobadísimo tapete
+verde. Así como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas
+paralelas de algas, así se advertían en los respaldos de los bancos de
+gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y
+espaldas de los jugadores, señales que iban en aumento desde el primer
+banco hasta el último, conforme se ascendía del inofensivo _piquet_ al
+vertiginoso _écarté_, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad,
+acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en
+comparación de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se
+tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de
+Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen
+narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espectáculo, caro a los
+novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se
+sucedían. Tiene el juego en Vichy algo de la higiénica elegancia del
+pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa
+nadie se levantó la tapa de los sesos por cuestión del tapete verde,
+como sucede en Mónaco a cada paso; de suerte que no se presta la sala
+del Casino a descripciones del género dramático espeluznante; allí el
+que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor
+humorado, según es de nervioso o linfático temperamento, pero convencido
+de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la
+Autoridad y comisionados de la Compañía arrendataria, presentes siempre
+para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de
+garitos de baja estofa, no de aquellas olímpicas regiones en que se
+talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los
+que más ayudaban a engrasar y bruñir con la pomada de su pelo y el frote
+de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo clásico del
+jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando
+perdía, no le ocurrió jamás tirarse de los cabellos, blasfemar ni
+enseñar los puños a la bóveda celeste. Eso sí, él tomaba cuantas
+precauciones caben, a fin de no perder. Análogo es el juego a la guerra:
+dícese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben
+los estratégicos consumados que una combinación a la vez instintiva y
+profunda, analítica y sintética, suele traerles atada de manos y pies la
+victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de cálculo que en un
+segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los
+hábiles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan.
+Perico poseía a fondo la ciencia del juego, y además observaba
+atentamente el carácter de sus adversarios, método que rara vez deja de
+producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o
+aturden, y obran conforme al estado del ánimo, de tal manera, que es
+fácil sorprenderlas y dominarlas. Quizá la quisicosa indefinible que
+llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un
+hombre sereno y lúcido sobre muchos ebrios de emoción. En resumen:
+Perico, que tenía movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de
+hielo la cabeza, de tal suerte entendió las marchas y contramarchas,
+retiradas y avances de la empeñada acción que todos los días se libraba
+en el Casino, que después de varias fortunitas chicas, vino a caerle un
+fortunón, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos,
+que se guardó apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de allí
+con su paso y fisonomía de costumbre, y dejando al perdidoso dado a
+reflexionar en lo efímero de los bienes terrenales. Aconteció esto al
+otro día de aquel en que Lucía manifestara a Pilar tal interés por la
+salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a
+menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces
+escatimaría un maravedí, y avisando a Pilar que estaba en el salón de
+Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo dándole el brazo:
+
+--Para que no salgas siempre con que no te compré nada en Vichy, anda,
+vente; te voy a hacer un regalo.
+
+--¿Un regalo?--y Pilar abrió desmesuradamente los ojos.
+
+--Un regalo, sí señor; no parece sino que es el primero. Pide por esa
+boca, por esa boca.
+
+--¿Pero es de veras? ¡Qué rico de Pe-ri-co!--exclamó la anémica
+cantando--. ¿Me comprarás lo que se me antoje?
+
+--Vamos a las tiendas--exclamó él, y echó a andar.
+
+Pilar dudó buen rato, como los niños ante una bandeja de dulces
+diversos; por último se decidió, eligiendo dos gotitas de agua para las
+orejas, y un espejo portátil de oro cincelado, joya caprichosa y
+novísima, que se colgaba de la cintura y sólo la sueca llevaba aún en
+Vichy. Al regresar a casa con sus compras, brillaban de tal suerte los
+ojos de la anémica y estaban sus mejillas tan encendidas, que Perico le
+dijo:
+
+--El demonio sois las señoras mujeres. En dándoos un sonajero o un
+cascabel, un cascabel, os curáis de todos los males. Me río yo de la
+botica, de la botica. Ahora no te duele el estómago.
+
+--Periquillo.... ¡Eres tú la flor de la canela! Mira, estoy loca de
+contenta... y si quisieras.... ¿eh? Di que sí.
+
+--Si quisiese.... ¿Se te antoja algo más? No, hijita, basta por hoy,
+basta.
+
+--No, nada de compras... pero esta noche... quería ir al concierto a
+lucir el espejo... mira tú, ni las de Amézaga ni esa jamona de Luisa
+Natal lo tienen... ni sabían que en Vichy lo hubiese... van a quedarse
+de una pieza... anda, Periquín; que sí, ¿verdad? Una vez, hombre...
+anda.
+
+Lucía pidió casi de rodillas a Pilar que renunciase al peligroso goce
+que anhelaba. Era precisamente la ocasión más crítica; Duhamel esperaba
+que la Naturaleza, ayudada por el método, venciese en la lucha, y acaso
+quince días de voluntad y tesón decidiesen el triunfo. Pero no hubo
+medio de persuadir a la anémica. Pasó el día en un acceso de fiebre
+registrando su guardarropa; al anochecer, salió del brazo de Miranda;
+llevaba un traje que hasta entonces no había usado por ligero y
+veraniego en demasía, una túnica de gasa blanca sembrada de claveles de
+todos colores; pendía de su cintura el espejillo; en sus orejas
+brillaban los solitarios, y detrás del rodete, con española gracia,
+ostentaba un haz de claveles. Así compuesta y encendida de calentura y
+vanidoso placer, parecía hasta hermosa, a despecho de sus pecas y de la
+pobreza de sus tejidos devastados por la anemia. Tuvo, pues, gran éxito
+en el Casino; puede decirse que compartió el cetro de la noche con la
+sueca y con el lord inglés estrafalario, del cual se contaba que tenía
+alfombrada con tapiz turco la cuadra de sus caballos y baldosado de
+piedra el salón de recibir. Gozosa y atendida, veía Pilar una fiesta de
+las _Mil y una noches_ en el Casino constelado de innumerables mecheros
+de gas, en el aire tibio poblado con las armonías de la magnifica
+orquesta, en el salón de baile donde los amorcillos juguetones del techo
+se bañaban en el vaho dorado de las luces. Jiménez, el marquesito de
+Cañahejas y _Monsieur_ _Anatole_, se disputaron el placer de bailar con
+ella. Miranda reclamó un rigodón, y para colmo de dicha y victoria, las
+Amézagas se reconcomían mirando de reojo el espejillo, dije que sólo
+brillaba sobre dos faldas: la de Pilar y la de la sueca. Fue, en suma,
+uno de esos momentos únicos en la vida de una niña vanidosa, en que el
+orgullo halagado origina tan dulces impresiones, que casi emula otros
+goces más íntimos y profundos, eternamente ignotos para semejantes
+criaturas. Pilar bailó con todas sus parejas como si de cada una de
+ellas estuviese muy prendada; tanto brillaban sus ojos y tal expansión
+revelaba su actitud. Perico no pudo menos de decirle _sotto voce_:
+
+--¿Bailas, eh? ¡Veremos mañana qué dice Duhamel!... Estará celestial,
+celestial. Mañana me escapo, me escapo. De fijo, revientas, revientas,
+revientas como un triquitraque.
+
+--No lo creas. ¡Me siento tan bien!--exclamó ella bebiéndose un vaso de
+grosella que le presentaba el hispanófilo _Monsieur_ _Anatole_.
+
+A la mañana siguiente, cuando Lucía fue a despertar a Pilar, retrocedió
+tres pasos sin querer. Tenía la anémica la cabeza enterrada de un lado
+en las almohadas, y dormía con sueño inquieto y desigual; en las orejas,
+pálidas como la cera, resplandecían aún los solitarios, contrastando su
+blancura nítida con los matices terrosos de las mejillas y cuello.
+Rodeaba los ojos un círculo negro, como hecho al difumino. Los labios,
+apretados, parecían dos hojas de rosa seca. El conjunto era cadavérico.
+Por las sillas andaban dispersas prendas del traje de la víspera: los
+zapatos, de raso blanco, vueltos tacón arriba, estaban al pie del lecho;
+en el suelo había claveles y el nunca bien ponderado espejillo, causa
+inocente de tantos males, reposaba sobre la mesa de noche. Al tocar
+Lucía suavemente el hombro de la dormida, ésta se incorporó a medias, de
+un brinco; sus ojos, entreabiertos, tenían velada y sin brillo la
+córnea, como si los cubriese la telilla que se observa en los ojos de
+los animales muertos. Del lecho salía un vaho espeso y fétido; la
+anémica estaba bañada en copioso sudor.
+
+No pudo levantarse, porque al poner el pie en el suelo le asaltó
+terrible frío, castañetearon los dientes, y hubo de arroparse otra vez,
+sintiendo que el sudor se le congelaba en los miembros. Además notó
+agudo y violento dolor de costado, en términos que para respirar le fue
+preciso volverse del lado izquierdo. Temblaba toda, como una vara verde,
+sin que cuantos abrigos le echaron encima fuesen parte a calentarla un
+poco.
+
+De un brinco se trasladó Lucía al cuarto de su marido, que entre duerme
+y vela fumaba un cigarrillo de papel. A Miranda le sentaban bien las
+aguas: desaparecían los tonos marchitos de su piel, bajo la cual
+comenzaba a infiltrarse un poco de sangre y grasa, dándole esa frescura
+trasnochada, gala de las cincuentonas obesas que están todavía de buen
+ver. Tal era para Miranda el resultado físico: el moral era un anhelo de
+reposo y bienestar egoísta, esa regularidad del hábito, esa tiranía de
+la costumbre que se impone en la edad madura, y que mueve a tener como
+desdicha irreparable el que la comida o el sueño se retrasen media hora
+más de lo ordinario. El ex buen mozo quería descansar, vivir bien,
+cuidar de su salud preciosa, y llegar en suma al tipo respetable e
+importante de los clásicos Mirandas. Lucía entró como un huracán, y
+alterada y trémula, le dijo:
+
+--Levántate... ve a ver si coges en casa al señor Duhamel.... Pilar está
+malísima.
+
+Miranda se incorporó.
+
+--¡Claro que estará mala la grandísima loca! ¡Pues no bailó anoche como
+una descosida! ¡Bien empleado!
+
+Lucía clavó en su marido los ojos atónitos.
+
+--Ve pronto, pronto...--exclamó--. Está con un acceso de frío... se
+queja de dolor a un lado, y se le ha tomado la voz....
+
+Miranda se levantó refunfuñando.
+
+--No sé para qué tiene a su hermanito--murmuró al calzarse la botas--.
+Bien podía ir él.
+
+--Díselo tú, si quieres--pronunció lentamente Lucía, preñados de
+lágrimas los ojos--. Yo no he de entrar a despertar a Gonzalvo. Así como
+así, ya ibas a levantarte para beber las aguas.
+
+--Lo menos en tres cuartos de hora no había para qué. No parece sino que
+esa chica es la única que tiene aquí que cuidarse. También los demás
+padecemos y hemos de observar régimen. Hoy justamente estoy fatal....
+
+Era hábito de Lucía interesarse mucho por la salud de Miranda, y
+preguntarle cada día esos pormenores que las madres exigen de sus hijos
+y que hastían a los indiferentes; pero en esta ocasión le volvió la
+espalda, y salió encaminándose a la cocina, donde pidió a la conserje
+una taza de tila, que ella misma subió a Pilar.
+
+Duhamel frunció el ceño cuando hubo visto a la paciente. Lo que más le
+desagradó fue saber que en el baile había bebido dos o tres refrescos.
+Era Duhamel un vejezuelo chico y apergaminado, en quien la vida se
+refugiaba en los ojos relucientes y perspicaces. Pelicano y cejicano,
+lucía todos sus dientes, largos y rancios como teclas, con el frecuente
+sonreír.
+
+Era en sus movimientos pronto y escurridizo cual las anguilas, y
+habiendo estado en el Brasil con una comisión científica, chapurreaba un
+poco el portugués brasileño, empeñándose en hacerlo pasar por español.
+
+--Interrúmpase completamente el método termal, o _tratamento_--dijo
+dirigiéndose exclusivamente a Lucía, a pesar de estar presente el
+hermano de la enferma, merced a ese instinto infalible de los médicos,
+que distinguen al punto la persona atenta a sus prescripciones e
+interesada en ejecutarlas--. Ha obrado mal la enferma, a _doente_, en
+romper así el régimen prescrito.
+
+--Pero y ahora, ¿qué se le hace?
+
+--Ensayaremos un revulsivo enérgico, _forte.... E um retrocesso ao
+pulmao_... veremos de desviarlo.... ¡_Bon Deus_! ¡bailar, y beber
+refrescos! Y ahora tenemos que luchar con el sudor... _O suor esgota-a_.
+
+Pasaba este diálogo entre el doctor y Lucía, a distancia suficiente del
+lecho de la enferma, a fin de que no oyese palabra. Lucía se enteró muy
+al por menor de cuanto concernía a la asistencia, de las horas del
+alimento, de las precauciones que adoptar importaba. Después de aplicar
+a Pilar los medicamentos que el doctor dispuso, arregló el cuarto
+andando en la punta de los pies, puso cada cosa en su sitio, entornó las
+celosías y se instaló al lado de la cama, en una silleta baja de hacer
+labor. Pilar estaba muy agitada, y ardía de sed; a cada paso Lucía le
+llegaba a los labios el pistero de agua de goma, previamente templada en
+una estufilla. Por la tarde vino Duhamel, y se cercioró de que los
+revulsivos habían logrado aclarar un poco la voz de la enferma y
+facilitar su respiración congojosa. No obstante, la calentura era alta,
+el sudor se había suprimido. Ocho días duró la congestión pulmonar, y
+cuando Duhamel ordenó a Pilar levantarse, porque la cama acrecentaba el
+recargo y agotaba sus fuerzas, era aquella criatura un espectro; a los
+caracteres asaz tristes de la anemia, se unían ahora otros más
+alarmantes. Al vestirse, sus miembros no sostenían la ropa, que se
+escapaba del cuerpo como de un maniquí mal relleno. Ella misma se
+asustó, y en uno de los momentos lúcidos que suelen tener los atacados
+del terrible mal que ya la oprimía entre sus garras, pidió el espejillo
+famoso, y Lucía, por no contrariarla, se lo presentó de mala gana. Al
+fijar sus ojos en él, Pilar recordaba cómo se había visto la noche del
+baile, con sus claveles, su pelo artísticamente rizado, y la sonrisa de
+placer que le iluminaba el rostro. Fue tal el contraste entre lo pasado
+y lo presente, entre la cara de ocho días atrás y la de hoy, que Pilar,
+con rápido movimiento, arrojó al suelo el espejillo. Quebrose la clara
+luna, y las cinceladuras finísimas del marco se abollaron al golpe.
+
+Poco tardó, no obstante, en volver a apoderarse de ella la pertinaz
+ilusión que dulcemente lleva de la mano a los tísicos, vendados los
+ojos, hasta la puertas de la muerte. Eran tan patentes los síntomas del
+mal, que al verlos en otra cualquiera le hubiese extendido la papeleta
+mortuoria; y con todo eso, Pilar, animada y llena de planes, se creía
+sujeta únicamente a un resfriado tenaz que había de curarse poco a poco.
+Tenía tosecilla blanda y continua, expectoración pegajosa, sudores que
+la menor elevación de temperatura determinaba, y las perversiones del
+apetito se habían convertido en desgano horrible. Inútilmente la
+conserje del _chalet_ lucía sus primores culinarios, ideando mil
+golosinas delicadas. Pilar lo miraba todo con igual repugnancia,
+especialmente los platos nutritivos. Comenzó entonces para las dos
+amigas una existencia valetudinaria. Lucía no se apartaba de Pilar,
+sacándola al balcón a respirar el fresco si hacia bueno, acompañándola
+si no en su cuarto, procurando entretenerla y hacerle menos tediosas las
+horas. Sentía ya la enferma esa impaciencia, ese deseo de mudar de aires
+y sitios que acosa generalmente a cuantos padecen su mal. Vichy se le
+hacía insoportable, y más desde que vio que la estación terminaba, que
+se vaciaba el Casino, que se marchaba la compañía de ópera y que
+emigraban las brillantes golondrinas de la moda. Las Amézagas vinieron a
+despedirse de ella y a darle el último mal rato de la temporada; a
+seguir a Lucía su inclinación, las recibiría en el saloncito bajo,
+disculpando a Pilar; pero ésta se empeñó en que subiesen a su aposento,
+y preciso fue ceder. Estaban las cubanitas triunfantes y radiantes
+porque se iban a París a hacer sus compras de invierno, y de allí a
+lucirlas en los primeros saraos madrileños y en el Retiro, y hablaban
+con el ceceo y melindre de los días de victoria.
+
+--Sí, chica.... ¿Quién resiste ya aquí? Esto se ha quedado de lo más
+tonto.... ¡Vaya! Ni alma viviente.... Sí, la krauss se fue; la
+contrataron en París.... Un éxito la última noche de _Mignon..._ Hay
+hoteles que ya se han cerrado.... Como comprenderás, la soga tras el
+caldero... pues, en marchándose la sueca, ¿iba él a quedarse? Hasta
+Estocolmo irá.... ¡No que no! ¿Pero no lo sabías? El día de la marcha le
+llenó el coche de ramos... todo un vagón-salón cubierto de gardenias y
+camelias.... ¿qué te parece? Ya representa algunos franquillos, ya....
+Luisa Natal.... ¿adónde sino a Madrid?... ¡Ah! La condesa hace el viaje
+deteniéndose en Lourdes... una semana lo menos piensa pasar allí.... Sí,
+Cañahejas va a un castillo de unos parientes de _Monsieur_ _Anatole_,
+donde cazarán hasta Noviembre.... ¿Jiménez? No sé, chica... Ése siempre
+anda en misterios y tapujos.... Dicen que si la Laurent, la soprano de
+la compañía.... Aquella bizca.... No creo ni esto.... Es un jactancioso,
+alabadizo sempiterno.
+
+--Y tú, ¿te quedas, eh?--añadía Amalia uniendo su ceceo al de Lola--.
+¿Hasta cuándo, chica...? Pero te vas a secar.... ¡Esto es ahora un
+monasterio! Si eso no vale nada.... ¿qué importa un catarro?...
+Animarse.... Este año tendrá comedias la Puenteancha... la Monteros me
+lo dijo.... Los Torreplana de Arganzón indicaron ya que recibirían los
+jueves.... Tendremos en el Real a la Patti y a Gayarre; ¡figúrate! Hemos
+escrito que nos abone, por si no llegamos a tiempo....
+
+--Yo voy a que Worth me haga dos o tres trajecitos... sencillos, porque
+no siendo señora casada.... Uno de patinar.... ¡me muero por el
+_Skating_!... En la Casa de Campo el año pasado.... ¿te acuerdas,
+Amalia? Aquel día....
+
+--¿Que dijo el rey que te habías lucido?... Sí, pues me acuerdo....
+¡vaya!
+
+Y la voz de ambas hermanas se fundió en un concierto de risitas de
+placer y orgullo; ambas volvían a ver el estanque helado, los árboles
+cubiertos de encajes de escarcha, la brumosa mañana, y la figura juvenil
+del rey, con su rostro pálido de frío, su cuerpo esbelto, sus modales
+sueltos y elegantes, y su sonrisa entre picaresca y cortés, al
+inclinarse para felicitar a la ágil patinadora.
+
+Dejó la visita a Pilar más impaciente, más calenturienta, más excitada
+que nunca. Pilar se consumía; a toda costa quería salir de Vichy, volar,
+romper el opaco capullo de la enfermedad y presentarse de nuevo,
+brillante mariposa, en los círculos mundanos. Creía de buena fe poder
+hacerlo y contaba con sus fuerzas. No menos que ella se impacientaban
+otras dos personas: Miranda y Perico. Perico, hecho a vivir en perenne
+divorcio consigo mismo, no podía sufrir la soledad que le obligaba a
+reunirse a sí propio; y por lo que toca a Miranda, terminada su
+temporada de aguas, notablemente restablecida su salud, parecíale que ya
+era hora de acogerse a cuarteles de invierno y de gozar en paz los
+frutos de la medicación. Aburríale en extremo ver que su mujer, por
+altos decretos señalada para cuidarle a él, se sustrajese en tal manera
+a su providencial misión, consagrando días y noches a una extraña,
+atacada de un mal penoso a la vista y quizá contagioso. Así es que
+insinuó a Lucía que era preciso partir y, dejarse allí a los Gonzalvos
+entregados a su triste suerte; como se deja en un naufragio a los que no
+caben en las lanchas. Pero contra todo lo que esperaba, halló en Lucía
+protesta calurosa y enérgica resistencia. Indemnizábase confesado aquel
+noble sentimiento, de todo lo que callaba hasta a sí misma.
+
+--¡Sería preciso no tener corazón... no tener corazón! ¡Pobrecita Pilar
+de mi vida, bien quedaría, por cierto, con su hermano, que ni colocarle
+una almohada sabe! ¡Qué sería de ella! Pensarlo sólo me espanta....
+
+--Llamará a una hermana de la caridad... no será la primera--refunfuñó
+Miranda duramente.
+
+--¡Qué pena... pobre criatura!... Eso es más cruel aún que dejarla
+morirse sola, como un perro.
+
+--Pues lo que es ella, maldito si se hubiera quedado por ti, ni por mí,
+ni por el lucero del alba. Y nosotros, ¿qué obligación tenemos de
+asistirla? No parece sino que....
+
+--¿No dices que eres amigo de Gonzalvo?--pronunció Lucía clavando los
+ojos en su marido.
+
+--Amistad, así... de sociedad; ¿qué sabes tú de esas cosas? Amistad,
+como hay muchas.
+
+--Pues entonces, ¿por qué vivimos juntos con los Gonzalvo? Yo no los
+conocía; pero ahora le tomé cariño a ella, y eso de irme, dejándola tan
+mala....
+
+--¡Por vida de!... ¿no tiene papá, tía, hermano? ¡que vengan con mil
+diablos a cuidarla! A nosotros ¿qué nos va en eso? Si tienes vocación de
+Hermana de la Caridad, dijéraslo y no te casaras, hija... tu obligación
+es atender a tu marido y a tu casa, nada más....
+
+--En fin--dijo Lucía alzando el semblante donde las líneas redondeadas y
+fugaces de la adolescencia comenzaban a trocarse en trazos más firmes--,
+yo marcharé si tú me lo ordenas; pero convencida de que es una mala
+acción abandonar así a una amiga, cuando se está muriendo.
+
+Salió del cuarto. En su mente germinaba un concepto singular de la
+autoridad conyugal: parecíale que su marido tenía derecho perfecto,
+incontestable, evidente, a vedarte todo género de goces y alegrías, pero
+que en el sufrimiento era libre y que prohibirle el padecer, el velar y
+el consagrarse a la enferma, era duro despotismo. De estas ideas
+peregrinas tienen muchas los desdichados que llegan a refugiarse en el
+dolor y a proclamarle lugar de asilo. Arreglose, sin embargo, la
+cuestión mejor de lo que Lucía pensaba, porque aconteció que aquella
+misma tarde tomó cartas en ella Perico, resolviéndola con su clásico
+desenfado.
+
+--Adiós, chicos--dijo entrando en el cuarto de Miranda vestido de viaje,
+con polainas de paño, un casquete de fieltro y terciada al hombro una
+escopeta de caza de dos cañones.
+
+Y como Miranda lo contemplase con tamaña boca abierta.
+
+--Me he resuelto--explicó--. Vichy está demasiado tonto; y _Anatole_ se
+empeña....
+
+--¿Te vas a Auvernia?
+
+--Al castillo de Ceyssat, de Ceyssat.... Parece que hay liebres y corzos
+a puñados, a puñados... y en el castillo se pasa bien; hay mucha gente;
+diez y ocho huéspedes.
+
+Miranda reunió cuanta energía supo en voz y actitud y dijo al animoso
+cazador:
+
+--Pero mira que Lucía y yo habíamos decidido emprender la vuelta para
+España... dentro de dos o tres días, a lo sumo... y como Pilar está así,
+delicada... tu presencia es necesaria aquí.
+
+--Anda a paseo ¡a paseo!--exclamó Perico, fiel a su sistema de franqueza
+y desahogo--. ¿No te podrás aguardar una quincena por darme gusto? ¿Qué
+vas hacer tú en España? Meterte en León, y vegetar, vegetar. Aquí estás
+en la luna, en la luna de miel.... Nada, nada; os dejo a mi hermanita,
+ya sé que estará bien cuidada, bien cuidada. Abur, que es la hora del
+tren. Te traeré una cabeza de corzo para porta-bastón....
+
+--Pero, oye; mira que....
+
+Perico estaba ya en el portal. Miranda le llamó por la ventana; pero él
+se volvió risueño, le dijo adiós con la mano y echó a correr hacia la
+estación. Y he aquí cómo de dos egoísmos venció el más osado, ya que no
+el más fuerte y grande.
+
+Dado estaba Miranda a todos diablos, cuando Duhamel vino a consolarle un
+poco, asegurándole que la enferma experimentaba de algunos días acá unos
+asomos de mejoría, y que debía aprovecharlos regresando a España, en
+busca de clima benigno; añadiendo, en su chapurrado franco-portugués,
+que puesto que él pensaba, como casi todos los médicos de consulta en
+Vichy, salir pronto para París, podrían combinar el viaje juntos, y así
+vería cómo probaba el movimiento del tren a la enferma, y resolver si
+necesitaba descanso, o si resistiría volver a España de una vez. Pareció
+acertadísimo a todos el consejo del médico, y Lucía escribió, bajo el
+dictado de Pilar, una carta a Perico, encargándole estuviese de vuelta
+dentro de quince días justos, término fijado por Duhamel para cerrar su
+temporada de consulta en Vichy. El nuevo arreglo templó un tanto el
+malhumor de Miranda, consoló a Lucía y regocijó a la enferma, que sobre
+todas las cosas soñaba con la vuelta a Madrid.
+
+Era cierto: la misma constitución endeble de Pilar, ofreciendo menos
+campo al mal, retrasaba la crisis funesta de su padecimiento; y así como
+el huracán, que desgaja encinas, sólo encorva las cañas, la tisis
+entraba con ímpetu menor en aquel cuerpo linfático, que lo hiciera en
+uno sanguíneo y pujante. La oquedad de un pulmón estaba infestada de
+tubérculos, y tenía ya esas brechas terribles que los facultativos
+denominan cavernas; pero el otro resistía aún, si bien en esto de
+pulmones acontece lo que con las manzanas: minutos bastan para perder a
+la sana, si está al lado de una podrida. De todas suertes, el momentáneo
+alivio de Pilar era tan patente, que le consentía dar todas las mañanas
+algunos cientos de pasos por la calle, cogida del brazo de Lucía; y el
+alimento no le repugnaba invenciblemente como antes.
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+A la verdad, infundía tristeza en aquellos días de fin de Octubre, el
+aspecto de Vichy. No eran sino hojas caídas: el Parque, tan animado
+siempre, se veía solitario; sólo algunos agüistas tardíos, enfermos de
+veras, paseaban la acera de asfalto, henchida ayer del roce de ricos
+trajes y del rumor de alegres conversaciones. Nadie se cuidaba ya de
+recoger y barrer el amarillo tapiz del follaje, porque Vichy, tan
+peripuesto y adornado en la estación de aguas, se torna desastrado y
+desaliñado no bien le vuelven la espalda sus elegantes huéspedes de
+estío. Toda la villa semejaba una inmensa mudanza: de los _chalets_,
+desalquilados ya, desaparecían los adornos y balconadas, para evitar que
+los pudriesen las lluvias; en las calles se amontonaban la cal, el
+ladrillo para las obras de albañilería, que nadie osaba emprender en
+verano por no ensuciar las pulcras avenidas. Las tiendas de objetos de
+lujo iban cerrándose unas tras otras, y dueños y surtido tomaban el
+rumbo de Niza, Cannes o cualquiera estación invernal semejante. Algunas
+quedaban rezagadas todavía, y sus escaparates servían de entretenimiento
+a Lucía y Pilar, cuando esta última salía a sus despaciosos paseos.
+Entre ellas se señalaba un almacén de curiosidades, antigüedades y
+objetos de arte, situado casi frente a la famosa Ninfa, y, por
+consiguiente, a espaldas del Casino. Angosta en extremo la tienda,
+apenas podía encerrar el maremágnum de objetos apiñados en ella, que se
+desbordaban, hasta invadir la acera. Daba gusto revolver por aquellos
+rincones escudriñar aquí y acullá, hacer a cada instante descubrimientos
+nuevos y peregrinos. Los dueños del baratillo, ociosos casi todo el día,
+se prestaban a ello de buen grado. Erase una pareja; él, bohemio del
+Rastro, ojos soñolientos, raído levitín, corbata rota, semejante a una
+curiosidad más, a algún mueble usado y desvencijado; ella, rubia, flaca,
+ondulante, ágil como una zapaquilda de desván, al deslizarse entre los
+objetos preciosos amontonados hasta el techo. Miraban Lucía y Pilar muy
+entretenidas la heteróclita mescolanza. En el centro de la tienda se
+pavoneaba un soberbio velador de porcelana de Sévres y bronce dorado. El
+medallón principal ofrecía esmaltada, sobre un fondo de ese azul
+especial de la _pasta tierna_, la cara ancha, bonachona y tristota de
+Luis XVI; en torno, un círculo de medallones más chicos, presentaba las
+gentiles cabezas de las damas de la corte del rey guillotinado; unas
+empolvado el pelo, con grandes cestos de flores rematando el edificio
+colosal del peinado, otras con negras capuchas de encaje anudadas bajo
+la barbilla; todas impúdicamente descotadas, todas risueñas y
+compuestas, con fresquísima tez y labios de carmín. Si Lucía y Pilar
+estuviesen fuertes en Historia, ¡a cuánta meditación convidaba la vista
+de tanto ebúrneo cuello, ornado de collares de diamantes o de estrechas
+cintas de terciopelo, y probablemente segado más tarde por la cuchilla;
+ni más ni menos, que el pescuezo del rey que presidía melancólicamente
+aquella corte! La cerámica era el primor de la colección. Había cantidad
+de muñequitos de Sajonia, de colores suaves, puros y delicados, como las
+nubes que el alba pinta; rosados cupidillos, atravesando entre haces de
+flores azul celeste; pastoras blancas como la leche y rubias como unas
+candelas, apacentando corderillos atados con lazos carmesíes; zagales y
+zagalas que amorosamente se requestaban entre sotillos verdegay,
+sembrados de rosas; violinistas que empuñaban el arco remilgadamente,
+adelantando la pierna derecha para danzar un paso de minueto;
+ramilleteras que sonreían como papanatas, señalando hacia el canasto de
+flores que llevaban en el brazo izquierdo. Próximos a estos caprichos
+galantes y afeminados, los raros productos del arte asiático proyectaban
+sus siluetas extrañas y deformes, semejantes a ídolos de un bárbaro
+culto; por los panzudos tibores, cubiertos de una vegetación de hojas
+amarillas y flores moradas o color de fuego, cruzaban bandadas de
+pajarracos estrafalarios, o serpenteaban monstruosos reptiles; del fondo
+obscuro de los vasos tabicados surgían escenas fantásticas, ríos verdes
+corriendo sobre un lecho de ocre, kioscos de laca purpúrea con
+campanillas de oro, mandarines de hopalanda recta y charra, bigotes
+lacios y péndulos, ojos oblicuos y cabeza de calabacín. Las mayólicas y
+los platos de Palissy parecían trozos de un bajo fondo submarino,
+jirones de algún hondo arrecife, o del lecho viscoso de un río; allí
+entre las algas y fucus resbalaba la anguila reluciente y glutinosa, se
+abría la valva acanalada de la almeja, coleteaba el besugo plateado,
+enderezaba su cono de ágata el caracol, levantaba la rana sus ojos
+fríos, y corría de lado el tenazudo cangrejo, parecido a negro arañón.
+Había una fuente en que Galatea se recostaba sobre las olas, y sus
+corceles azules como el mar sacaban los pies palmeados, mientras algunos
+tritones soplaban, hinchados los carrillos, en la retuerta bocina. Amén
+de las porcelanas, había piezas de argentería antigua y pesada, de esas
+que se legan de padres a hijos en los honrados hogares de provincia:
+monumentales salvillas, anchas bandejas, soperones rematados en macizas
+alcachofas; había cofres de madera embutidos de nácar y marfil,
+arquillas de hierro labradas como una filigrana, tanques de loza con aro
+de metal, de formas patriarcales, que recordaban los bebedores de
+cerveza que inmortalizó el arte flamenco. Pilar se embobaba
+especialmente con las copas de ágata que servían de joyeros, con las
+alhajas de distintas épocas, entre las cuales había desde el amuleto de
+la dama romana hasta el collar, de pedrería contrahecha y finos
+esmaltes, de la época de María Antonieta; pero Lucía se enamoró sobre
+todo de los objetos de iglesia, que despertaban el sentimiento
+religioso, tan hecho para conmover su alma sincera y vehemente. Dos
+Apóstoles, alzado el dedo al cielo en grave actitud se destacaban,
+fileteados de latón los contornos, sobre dos cristales de colores,
+arrancados sin duda de la ojiva de algún desmantelado monasterio. En un
+tríptico de rancio y acaramelado marfil, aparecía Eva, magra y desnuda,
+ofreciendo a Adán la manzana funesta, y la Virgen, en los misterios de
+su Anunciación y Ascensión; todo trabajado incorrectamente, con ese
+candor divino del primitivo arte hierático, de los siglos de fe. A
+despecho de la rudeza del diseño, gustaba a Lucía la figura de la
+Virgen, la modestia de sus ojos bajos, la mística idealidad de su
+actitud. Si poseyese una cantidad crecida de dinero, a buen seguro que
+la daría por un Cristo que andaba confundido entre otras curiosidades,
+en el baratillo. Era de marfil también, y todo de una pieza, menos los
+brazos; y clavado en rica cruz de concha, agonizaba con dolorosa verdad,
+encogidos músculos y nervios en una contracción suprema. Tres clavos de
+diamante trucidaban sus manos y pies. Lucía le rezaba todos los días un
+padrenuestro, y aun solía besar sus rodillas, cuando no la miraba nadie.
+
+No le desagradaban los cuadros; tanto más, cuanto que los comprendía, a
+diferencia de lo que pasaba con algunos objetos artísticos, que se le
+antojaban asaz de feos y extravagantes. Claro está que aquel jaque
+fiero, que espada en mano se arroja sobre su adversario, va a partirle
+el corazón de una buena estocada. ¡Qué bien amanecía en aquel Daubigny!
+¡Con qué naturalidad pastaban aquellos carneros de Jacque, tasados en
+mil francos cada uno!--doce tenía el cuadro--. ¡Qué piececitos tan
+blancos mojaba en el marmóreo tazón la sultana favorita, de Cala y Moya!
+La cabeza de niña, estilo de Greuze, era una maravilla de gracia
+inocente. Pues ¿y la riña en una posada flamenca? Era cosa de risa ver
+cómo volaban los tiestos hechos añicos, y rodaban las cacerolas de
+cobre, y los dos gañanes de Van Oustade, deformes y ridículos, repartían
+mojicones, menudeaban puñadas y exageraban con lo grotesco de la actitud
+su simiaca fealdad.
+
+Pero más aún que el bazar de objetos de arte donde tantas formas y
+colores, estilos e ideales artísticos la marcaban al fin y al cabo,
+gustaba Lucía de un puesto ambulante al aire libre, de los muchos que
+había cerca del Casino, situados al borde de la acera. Representaban los
+tales puestecillos la industria chica y modesta; aquí un viejo alemán
+pregonaba vasos de cristal para beber las aguas, y con una rueda de
+esmerilar, a vista del comprador, grababa en el cristal las iniciales de
+su nombre; allá un suizo ofrecía juguetes, muñecos, cajitas y plegaderas
+grabados en leño de haya por los pastores; acá se feriaban lentes;
+acullá peines y objetos de escritorio. El predilecto de Lucía era el de
+un vendedor de piadosas chucherías de Jerusalén y Tierra Santa.
+Calvarios de nácar con ingenuos relieves, cabos de pluma de raíz de
+olivo, rematados en figura de cruz, cabezas de la Virgen entalladas
+sobre una concha, broches y dijes de esmaltes con arabescos, tazas de
+negra piedra del Asfaltites, pastillas de olor; a esto se reducía la
+caja portátil. Vendíalo todo un israelita no mal parecido, ojinegro y
+cetrino mucho, con su fez árabe encarnado sucio, y sus pantalones
+bombachos; dulce, insinuante, levantino en todo, chapurreador de muchas
+lenguas y buen hablador de la castellana, que manejaba con soltura,
+incurriendo sólo en algún arcaísmo de vez en cuando. Con éste, pues, se
+desquitaba Lucía, informándose de la santa aldea de Belén, de la divina
+mansión de Nazaret, del monte Olivete, de todos los lugares sacrosantos,
+que apenas creía ella pudiesen estar en la tierra, sino en algún
+misterioso y remoto paraíso. Entre el vendedor y Lucía se estableció así
+una intimidad de diez minutos todas las tardes, al aire libre, y más
+cuando él la hubo dicho que era cristiano, católico, catequizado e
+instruido por los franciscanos de Belén. Compró Lucía de cuanto pudo
+hallar en el puesto, hasta un rosario de esas cuentas verdosas y turbias
+como un agua amarga, que no sin gran verdad analógica se llaman lágrimas
+de Job.
+
+--¡No sé cómo te gusta ese rosario tan feo!--decía Pilar.
+
+--¡Mira!--exclamaba Lucía--. ¡Si parecen lágrimas de veras!
+
+Mas también la golondrina de Levante se voló, en busca de zonas más
+templadas. Un día no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de
+costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, había cargado
+con el surtido y emprendido el camino Dios sabe dónde. Lucía le echó de
+menos; pero el movimiento de retirada era general; no se veían sino
+tiendas que se vaciaban y cerraban. Había en las aceras montones de
+paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con
+grandes rótulos que decían: «muy frágil.» Era la tristeza, el desorden,
+el creciente vacío de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy
+de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las
+calles principales. Una mañana se encaprichó en ir a ver la pastillería,
+y presenció el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra
+quiso visitar las subterráneas galerías que encierran los inmensos
+depósitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a
+alimentar los baños del establecimiento termal. Bajaron estrecha
+escalera, cuyos últimos peldaños se hundían ya en la obscuridad de las
+galerías. La guardiana les precedía alumbrando con una lámpara de
+minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un
+pilluelo que allí se apareció caído de las nubes, encargose de la
+última. Era la bóveda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza,
+por no deshacerse la frente. Hacía brusco recodo el angosto pasadizo, y
+se hallaron de pronto en otra galería, abierta como una boca, donde se
+internaban los tubos, comidos de orín, gracias a la perenne humedad.
+Sudaba el techo pálidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y
+otro lado corría el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos
+alcalinos, blancos y farináceos, como nieve recién llovida. A medida que
+adelantaban por el largo canal subterráneo, calor sofocante anunciaba el
+paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya
+temperatura subía más aún en aquella prisión. De las paredes, leprosas,
+herpéticas, cubiertas de roña caliza, colgaban monstruosas fungosidades,
+criptógamas preñadas de veneno, cuya blancura ponzoñosa se destacaba
+sobre el muro, como una pupila pálida y siniestra en un rostro
+amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telarañas se tendían,
+semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento,
+dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas oían los
+expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las
+bestias. A veces se abría un respiradero, y al través de la reja de
+hierro filtrábase la luz del día, lívida y cadavérica, amarilleando la
+rojiza de las lámparas. Los tubos, intestinos de aquel húmedo vientre,
+daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a
+sierpes enormes, como se erguían a la bóveda, remedando los negros
+tentáculos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los
+expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza más despejada; era una
+especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las
+anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua soñolienta, sombría y
+honda. El pilluelo acercó curioso su lámpara. La guardiana le asió del
+brazo.
+
+--Eh, amiguito, cuidado con caerse ahí. No sería fácil ir a buscarte a
+cien metros de profundidad que tiene ese agujero.
+
+Lucía, fascinada, se aproximó a la boca. Los gases mefíticos exhalados
+del pozo hacían temblar la llama turbia de las lámparas. Allí no hacía
+calor, sino frío; un frío espeso, sin aire respirable. Entráronse
+resueltamente por otra galería, y abierta una puerta de hierro, se
+asustaron todos, menos la guardiana, viendo en torno suyo vasta
+extensión de agua, una especie de lago subterráneo. Ellos estaban sobre
+angosta tabla echada a manera de puente a lo ancho del depósito.
+Aquellas aguas, tendidas en su tumba de piedra, tenían quietud y
+limpidez lúgubre. La luz de una de las lámparas, dejada exprofeso en la
+otra orilla por la guardiana para que se viese el grandor del depósito,
+oscilaba en prolongados rieles sobre la triste transparencia del lago, y
+remedaba, allá a lo lejos, la tea de un sicario en alguna prisión
+veneciana. Tal era de fantástico aquel lago, que reflejaba un cielo de
+granito, que la imaginación se fingía cadáveres flotando en él.
+Experimentaban Lucía y Pilar vago temor, y sobre todo, cosa pueril, o
+mejor dicho, eminentemente femenina, les horrorizaba la idea de que en
+las estrecheces y revueltas de los pasadizos pudiesen encontrar ratas.
+Sabían que los depósitos comunicaban con las alcantarillas, y ya dos o
+tres veces palidecieron creyendo ver cruzar una sombra negra, que no era
+sino la temblona silueta de alguna planta parásita, dibujada en el muro
+por las luces. De improviso, ambas exhalaron un grito; no cabía duda;
+sonaba el chillido agrio y agudo de la rata. Lucía, sobre todo, se quedó
+un punto con los ojos dilatados, inmóvil; allí no era posible correr y
+huir. Pero el pilluelo y la guardiana soltaron la risa; conocían bien
+aquel silbido, que no era sino el de las botellas de agua mineral que al
+otro lado de la pared estaban corchando. Con todo, las mujeres
+respiraron al salir del sombrío dédalo y ver de nuevo la claridad diurna
+y sentir el aire fresco que congelaba en su frente las gotas de sudor.
+
+Sólo a un punto iba Lucía sola: a la iglesia de San Luis. Al pronto, el
+edificio agradó muy poco a la leonesa, habituada a la majestad de su
+soberbia basílica. San Luis es mezquina rapsodia ojival, ideada por un
+arquitecto moderno; por dentro la afea estar pintada de charros
+colorines; en suma, parece una actriz mundana disfrazada de santa. Pero
+Lucía halló en el templo una Virgen de Lourdes, que la cautivó
+sobremanera. Campeaba en una gruta de floridos rosales y crisantemos, y
+sobre su cabeza decía un rótulo: «Soy la inmaculada Concepción.» Poco
+sabía Lucía de las apariciones de Bernardita la pastora, ni de los
+prodigios de la sacra montaña; pero con todo eso la imagen la atraía
+dulcemente con no sé qué voces misteriosas, que vagaban entre el grato
+aroma de los tiestos de flores y el titilar de los altos y blancos
+cirios. La imagen, risueña, sonrosada, candorosa, con ropas flotantes y
+manto azul, llegaba más al alma de Lucía que las rígidas efigies de la
+catedral de León, cubiertas de rozagante atavío. Yendo una tarde camino
+de la iglesia, vio pasar un entierro y lo siguió. Era de una doncella,
+hija de María. Rompía la marcha el bedel, oficialmente grave, vestido de
+negro, al cuello una cadena de plata; seguían cuatro niñas, con trajes
+blancos, tiritando de frío, morados los pómulos, pero muy huecas del
+importante papel de llevar las cintas. Luego los curas, graves y
+compuestos en su ademán, alzando de tiempo en tiempo sus voces anchas,
+que se dilataban en la clara atmósfera. Dentro del carro empenachado de
+blanco y negro, la caja, cubierta de níveo paño, que constelaban flores
+de azahar, rosas blancas, piñas de lila a granel, oscilantes a cada
+vaivén de la carroza. Las hijas de María, compañeras de la difunta, iban
+casi risueñas, remangando sus faldellines de muselina, por no ensuciarlo
+en el piso lodoso. El comisario civil, de uniforme, encabezaba el duelo;
+detrás se extendía una reata de mujeres enlutadas, rodeando a la
+familia, que mostraba el semblante encendido y abotargados los ojos de
+llorar. Doblaba tristemente la campana de la iglesia, cuando bajaron la
+caja y la colocaron sobre el catafalco. Lucía penetró en la nave y se
+arrodilló piadosamente entre los que lloraban a una muerta para ella
+desconocida. Oyó con delectación melancólica las preces mortuorias, los
+rezos entonados en plena y pastosa voz por los sacerdotes. Tenían para
+ella aquellas incógnitas frases latinas un sentido claro: no entendía
+las palabras; pero harto se le alcanzaba que eran lamentos, amenazas,
+quejas, y a trechos suspiros de amor muy tiernos y encendidos. Y
+entonces, como en el parque, volvía a su mente la idea secreta, el deseo
+de la muerte, y pensaba entre sí que era más dichosa la difunta,
+acostada en su ataúd cubierto de flores, tranquila, sin ver ni oír las
+miserias de este pícaro mundo--que rueda, y rueda, y con tanto rodar no
+trae nunca un día bueno ni una hora de dicha--que ella viva, obligada a
+sentir, pensar y obrar.
+
+--Sí, pero ¿y el alma?--preguntábase Lucía a sí misma.
+
+¡Por tan extraño modo, repetía una pobre chica ignorante el filosófico
+monólogo del soñador dinamarqués!
+
+--Oh, ¡y qué bueno debe de ser estar muerta!--calculaba Lucía--. Don
+Ignacio tenía razón en decir que... que no hay felicidad, vamos. ¡Si uno
+supiese lo que le aguarda en el otro mundo! ¡Dónde andará ahora el alma
+de ese cuerpo que está ahí! ¡Y de qué servirá morirse, si al fin no deja
+uno de existir y de acordarse de todo cuanto le pasa!
+
+Ello es, que estas locas imaginaciones, ayudadas de los desvelos de
+enfermera, y acaso de alguna otra causa, marchitaban la tez de Lucía y
+alteraban su antes regocijado y apacible genio. Miranda, que privado de
+toda sociedad ya frecuentaba la de su mujer, notó el sello de melancolía
+impreso en sus facciones, y renacieron en él pensamientos nunca del todo
+extintos desde el malhadado percance del ferrocarril, jamás había de
+arrancársele por completo aquella espina, que dolorosamente le punzaba
+en lo más sensible del amor propio, el cual era a su vez lo más vivo de
+sus afectos. A tener Miranda alma mejor templada, ganaría con el amor el
+corazón abierto y generoso de la niña leonesa; pero no parece sino que
+le inspiraba el diablo para hacer todo lo más inoportuno. Dio en hablar
+ásperamente a Lucía y en mostrarle cierto desdén, como si reconociese su
+condición inferior. Recordole con embozadas alusiones su esfera social.
+Espió sus menores actos, le echó en cara el tiempo invertido en cuidar a
+la hermana de Perico, y, en suma, adoptó el sistema de contrariedad y
+violencia, de seguros resultados con las mujeres fáciles y depravadas, a
+quienes subyuga y enamora. A Lucía la puso a dos dedos de la
+desesperación.
+
+Pocos días antes del fijado para la vuelta de Perico, recibió Pilar una
+carta suya, que entregó a Lucía, a fin de que se la leyese. Anunciaba su
+llegada próxima, refiriendo a la vez algunos pormenores de su elegante
+vida en el castillo de Ceyssat, y entre varias noticias daba la de la
+muerte de la madre de Ignacio Artegui, que _Anatole_ le había contado,
+creyendo que le interesaría por tratarse de un compatriota. Añadía que
+su hijo la había llevado a enterrar a Bretaña, al mismo castillote de
+Hotidan, en que, trascurriera su niñez. Miranda estaba delante cuando se
+leyó, este párrafo, y hubo de notar la ojeada rápida que se cruzó entre
+Pilar y Lucía, y la palidez repentina de su mujer. Salió Lucía aquella
+tarde, y se fue a San Luis, donde pasaría como media hora. Volvió al
+_chalet_, y entró en su dormitorio, donde tenía recado de escribir;
+escribió una carta, y guardándosela en el pecho bajó las escaleras a
+brincos, y tomó a buen paso hacia la calle principal. Anochecía;
+encendíanse los primeros faroles, y se esparcían por el arroyo los
+pilluelos, niños de coro de la civilización, voceando los periódicos
+recién llegados de Paris. Lucía fue derecha al rojo reverbero del
+estanco, y acercándose a la caja de madera que hacía de buzón, echó en
+ella la epístola. Al punto mismo, sintió, como una tenaza que le oprimía
+el brazo y se volvió. Miranda estaba allí.
+
+--¿Qué es esto?--murmuró él con voz sorda--. Sola... aquí.... ¿qué
+haces?
+
+--Nada...--pronunció ella balbuciente.
+
+--¿Nada? ¿pues no acabas de echar una carta en el buzón?
+
+--Sí, una carta--contestó ella.
+
+--¿Por qué mentías?--exclamó el marido con iracundo acento, temblándole
+la barba y los celosos labios.
+
+--No sé lo que dije cuando me lastimaste en el brazo--replicó Lucía
+recobrando su entereza--; lo cierto es que eché una carta ahora mismo.
+
+--¿Y por qué no me la diste a mí? ¿Por qué te vienes tú... sola?
+
+--Quise echarla yo misma.
+
+Alguna gente que pasaba volvía la cabeza, para oír el diálogo en
+irritada voz y extranjero idioma.
+
+--Estamos dando espectáculo--dijo Miranda--. Vente.
+
+Internáronse por callejuelas excusadas, y guardaron silencio elocuente
+por espacio de algunos minutos.
+
+--¿Para quién era esa carta?--interrogó al cabo el marido en voz breve.
+
+--Para Don Ignacio Artegui--contestó Lucía en tono reposado y firme.
+
+--¡Ya lo sabía yo!--dijo entre dientes y mascando una imprecación
+Miranda.
+
+--Su madre se ha muerto.... Bien lo has oído hoy.
+
+--Es altamente indecoroso, altamente ridículo--pronunció Miranda, cuya
+voz crepitaba como los sarmientos al arder--, que una señora escriba
+así, sin más ni más, a un hombre....
+
+--Al señor de Artegui le debo obligaciones y favores--dijo Lucía--que me
+obligaban a interesarme en sus penas.
+
+--Esas obligaciones, caso de haberlas, me toca reconocerlas a mí. Yo le
+hubiese escrito....
+
+--Tu carta--objetó con sencillez Lucía--no le hubiera servido de
+consuelo, la mía sí; y como no era cuestión de hacer cumplidos, sino
+de....
+
+--¡Cállate--gritó Miranda desatentado--; cállate y no digas
+necedades!--prosiguió con esa grosería conyugal de que no se eximen ni
+los hombres de buen tono--. Antes de casarte, debieras haber aprendido a
+conducirte en el mundo, para no ponerme en evidencia y no hacer
+ridiculeces de mal género; pero no sé de qué me quejo; no debí esperar
+otra cosa, al casarme con la hija de un tendero de aceite y vinagre.
+
+Miranda caminaba a paso desaforado, arrastrando mejor que conduciendo
+del brazo a su mujer; y casi estaban ya a la puerta del _chalet_. A la
+afrentosa invectiva, Lucía, descolorida y echando fuego por los ojos, se
+soltó violentamente, y quedó parada en mitad del camino.
+
+--Mi padre--exclamó en voz alta, y con más de doscientos sollozos
+atravesados en la laringe--es honrado, y me enseñó a que también lo
+fuese.
+
+--Pues no se conoce--repuso Miranda con risa irónica y amarga--. Por las
+trazas te enseñó a falsificar la honradez como él habrá falsificado
+comestibles.
+
+A este postrer metrallazo, Lucía dio a correr, cruzó la verja, subió la
+escalera no menos de prisa que la había bajado, y se encerró en su
+cuarto, soltando la rienda al dolor. De lo que pensó en aquella larga
+noche, que pasó tendida en un sofá, dará idea la siguiente carta, no
+destinada seguramente por su autora a la publicidad, ni menos al aplauso
+de las generaciones venideras:
+
+«Querido Padre Urtazu: Las rabietillas que usted me anunció van
+empezando a venir, y más pronto y más a montones de lo que yo creía. Lo
+peor del caso es que, ahora que lo reflexiono bien, me parece que alguna
+culpa tengo. No se ría usted de mí, por Dios, porque yo me estoy
+sorbiendo las lágrimas al mojar la pluma, y hasta ese borrón, que usted
+dispensará, es porque se me cayó una sobre el papel. Voy a contárselo a
+usted todo, como si estuviera en esa a sus pies en el confesonario. Se
+ha muerto la madre del Sr. de Artegui. Ya sabe usted por mis cartas
+anteriores que esto es una desgracia terrible, porque tal vez traiga
+consigo otras... ni imaginarlas quiero, padre. En fin, yo pensé que el
+Sr. de Artegui estaría muy triste, muy triste, y que acaso nadie se
+acordase de decirle cosas cariñosas, y, sobre todo, de hablarle de Dios
+nuestro Señor, en quien él no puede menos de creer, ¿verdad, padre? pero
+de quien se olvidará quizás en estos momentos tan crueles.... Llevada de
+estas consideraciones le escribí una carta, consolándole allá a mi
+modo.... ¡si viera usted! me parece que se me ocurrieron cosas muy
+buenas y eficaces... le hablé de que Dios nos manda las penas para
+convertirnos a él; de que son visitas que nos hace; en resumen, todo lo
+que usted me ha enseñado... además le decía que bien podía creer que no
+era el único en sentir a aquella pobre señora, aquella santa; que yo la
+lloraba con él, aunque sabía que estaba gozando ahora de la gloria... y
+que la envidiaba.... ¡ay, eso si que es verdad, Padre! ¡quién como ella!
+morirse, ir al cielo.... ¡Cuándo lograré yo tal ventura!
+
+Pues volviendo a mi relato, fui a echar la carta al correo, y Miranda me
+siguió y me cogió del brazo y me llenó de denuestos, injuriándome mucho,
+y lo que sentí más, insultando a mi padre. ¡Pobre padre de mi alma! ¡qué
+culpa tiene él de lo que haga yo! Que no sepa nada, Padre Urtazu, por
+amor de Dios. Yo me indigné de tal modo, que contesté con altivez, y me
+encerré en mi cuarto. Estoy como aquel a quien se le ha caído una casa
+encima.
+
+Mi salud se resiente de todas estas cosas: dígale usted al Sr. Vélez de
+Rada que cuando me vea, ya no le voy a gustar... ahora mismo se me va la
+cabeza, y noto unos desvanecimientos muy fuertes. Adiós, Padre;
+aconséjeme usted, porque no sé lo que me pasa. A veces pienso que obré
+mal, y otras me creo libre de toda culpa. ¿Es pecado la misericordia?
+Cuando miro dentro de mí, misericordia y nada más encuentro.
+
+Perdone la letra, que me tiembla mucho el pulso. Conteste pronto por
+caridad, que nos vamos luego y antes quisiera tener carta de usted. Besa
+su mano su hija respetuosa en Jesucristo.--LUCÍA GONZÁLEZ.»
+
+Para los que, conociendo el estilo verbal del Padre Urtazu, sientan
+deseos de enterarse del epistolar que usaba tan claro varón, será cosa
+de gusto la esquela que a continuación se inserta:
+
+«Lucigüela de mis pecados: ay, hija, ¡y qué bien pintamos las cosas para
+dejar a nuestra personita en el lugar más lucido! Misericordia, ¿eh? ¡yo
+te daré la misericordia! Has hecho mal, remal, en escribir esa cartita a
+hurtadillas de tu cónyuge, y no me sorprende que él se haya puesto hecho
+un dragón. Debiste pedirle permiso; y si te lo negaba ¡paciencia! ¿No te
+he dicho, mujer, que para ser buena casada, y hacer el viaje en paz,
+metieses en las maletas un par de arrobas de paciencia? Se nos olvidó, y
+mire las resultas.... Anda, desgraciada, cómprate ahí la paciencia y
+usala a pasto, que te irá bien. Tu marido no debió insultar al bonazo de
+tu padre (aunque algo se lo merece, yo me sé por qué); pero repara que
+estaba airado, y cuando uno se enfada... yo que tengo el genio vivo, me
+considero. Lo dicho: paciencia, y más paciencia; y nada de esquelitas de
+tapadijo. ¿Quién la mete a ella a predicadora? Y no afligirse: Dios
+aprieta, pero no va a ahogar, que no es ningún verdugo; y puede que
+cuando menos pienses, te mande consuelos, así, de regalo, y no por tus
+méritos. Y adiós, que va a salir el correo, y además tengo los pulmones
+de una rana en el porta-objetos del microscopio, y voy a ver qué casta
+de respiración gastan las señoras ranas. Acuérdate de rezar un poquito,
+¿eh? y bajaremos los humos. La bendición de Dios y de San Ignacio sean
+contigo, chiquilla.--ALONSO URTAZU, S. J.»
+
+Cuando llegó esta amonestación, ya Lucía había hecho por instinto lo que
+el Padre Urtazu le aconsejaba. Humilde y mansa como una cordera, sus
+miradas pedían a cada paso perdón. Miranda apartaba de ella los ojos,
+tratándola con desdén glacial. Lucía, exhausta con tantos esfuerzos, y
+con el esmero incesante a Pilar consagrado, mudaba las rosas de las
+mejillas en azucenas, y adelgazaba notablemente, a pesar de comer con
+buen apetito. Una mañana, Duhamel la llamó aparte, y la dijo en su
+chapurrado característico:
+
+--Cuidarse, _menina.... Conservar-se. Vae cair doente_... menos
+vigilias, menos fatigas, un _somno_ regularizado.... Esta asistencia
+_altera-lhe a sande_.
+
+--¿Cree usted que se me pegará el mal de Pilar?--preguntó Lucía con tan
+sereno acento, que Duhamel se la quedó mirando.
+
+--No, no es eso.... El médico bajó la voz más aun, engolfándose con ella
+en larga y misteriosa plática.
+
+Aquella noche contestó Lucía al Padre Urtazu en estos términos:
+
+«Padre querido: ¡bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don
+de profecía, según acertó al pronosticarme consuelo. Estoy loca de
+alegría, y no sé lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta,
+según dice el señor Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en
+esto. Lo que yo tomé por enfermedades, eran las molestias del estado...
+Sí; ahora lo comprendo muy bien; ¡pero qué tonta soy! ¿Cómo no lo conocí
+antes? Parece que una cosa tan grande, debía adivinarla sin que nadie me
+lo advirtiese. ¡Un hijo! ¡Pero qué gusto, Padre Urtazu! Desde mañana
+empezaré con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jesús, sin
+paños en qué envolverse.... Estoy poniendo tonterías, y lloriqueo, pero
+no como el otro día... hoy es de placer.
+
+Mañana o pasado emprenderemos el viaje; Miranda y yo vamos unos días a
+París antes de volver a León (rabiando estoy por verme ahí y contarle a
+padre la noticia: no se lo diga usted, que quiero sorprenderle yo), y la
+pobre Pilar y su hermano, a España, si es que se lo consiente el mal, y
+no tiene que pararse en algún pueblo del camino, y morirse allí quizá.
+Porque a mí no me engaña su mejoría; está señalada por la muerte. Lo que
+siento es tener que dejarla acaso quince o veinte días antes de.... En
+fin, estoy tan alegre, que no quisiera pensar en eso. Aplique usted una
+misa por mi intención.»
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+No fue posible a los Gonzalvo proseguir a España, porque ya hacia la
+mitad de la ruta se sintió Pilar presa de tales congojas y sudores, con
+tales desvanecimientos, arcadas y soponcios, que allí creyeron todos
+llegado el punto de su muerte; y aún tomaron por feliz suceso el que
+pudiesen llegar a París, siguiendo el consejo del doctor Duhamel, que
+les dejó entrever la esperanza de que acaso algunos días de descanso
+repusiesen las fuerzas de la enferma, consintiéndole emprender la vuelta
+a su patria. Avinagró el gesto Miranda, que ya se creía libre de la
+moribunda, a quien si no cuidaba, le enfadaba ver cuidar; ensanchósele
+el corazón a Lucía, mal hallada con la idea de abandonar a su amiga en
+la antesala, como quien dice, del sepulcro; y Perico se dispuso a
+conocer París, seguro como estaba de que no faltarían a su hermana
+cuidados. Por lo que toca a Pilar misma, poseída del extraño optimismo
+característico de su padecimiento, mostró gran regocijo por visitar la
+metrópoli del lujo y elegancia, pensando en hacer allí sus comprillas de
+invierno, por no ser menos que las currutacas Amézagas.
+
+Llegaron a la gran capital de la república francesa en una mañana
+nebulosa y turbia, y los asaltaron en la estación innumerables
+comisionados de las fondas, señalando cada cual al respectivo ómnibus, y
+pugnando por llevarse consigo a la gente. Encarose uno de estos tales
+con Miranda y mostrando el rostro atezado, que cruzaba un mediano
+chirlo, dijo en buen castellano:
+
+--Fonda de la Alavesa, señores.... Se habla español... criados españoles
+también... se da cocido... calle de Saint Honoré, el sitio más
+céntrico....
+
+--Convendrá ir allí...--dijo Duhamel tocando a Miranda en el brazo--. En
+esa casa _espanhoa_ atenderán más a _la doente_....
+
+--Vamos, pues--contestó Miranda resignadamente, entregando el talón de
+su equipaje al comisionado--. Escucha--prosiguió dirigiéndose a
+Perico--, tú y yo nos iremos con el equipaje en el ómnibus de la casa;
+pero a Lucía y Pilar las vamos a despachar ya en uno de esos simones....
+Tienen mejor movimiento.
+
+Trasportaron a Pilar casi en brazos, del departamento a la berlina, y el
+cochero azotó al destartalado jamelgo. El comisionado se instaló en el
+pescante, no sin muchos encargos y explicaciones hechos antes al
+postillón del ómnibus. Cuando después de rodar por anchas y magníficas
+calles se detuvo el simón frente a la fonda de la Alavesa, saltó Lucía
+al suelo ligera como una perdiz, diciendo al comisionado:
+
+--Suplico a usted que me ayude a bajar a esta señorita, que viene
+enferma....
+
+Pero fijándose de pronto en la cara de aquel hombre, exclamó dando una
+gran voz:
+
+--¡Sardiola!
+
+--¡Señorita!--contestó el vasco con no menor alegría, cordialidad y
+sorpresa--. ¡Yo que no la había conocido a usted! ¡necio de mí! Ya se
+ve, son tantos los viajeros que uno lleva y trae y espera y despide en
+esa bendita estación.... ¡Jesús!
+
+Y después de considerar a Lucía algunos instantes más, añadió:
+
+--No, ello es que también se ha desfigurado usted mucho.... Si no parece
+usted la misma que cuando la acompañaba el señorito Ignacio....
+
+A este nombre, que ninguna voz humana había hecho resonar en sus oídos
+por tanto tiempo, Lucía se encendió y se puso como una guinda; y bajando
+los ojos, murmuró:
+
+--Subamos a nuestras habitaciones.... Pilar, vente. Echame así, un brazo
+al cuello... otro a Sardiola... apóyate sin miedo, anda.... ¿Quieres que
+te llevemos a la silla de la reina?
+
+Y el vasco y la valerosa amiga cruzaron las manos y alzaron blandamente
+en el improvisado trono a la enferma, que se dejó ir como un cuerpo
+inerte, recostando la cabeza en el cuello de Lucía y humedeciéndoselo
+con el viscoso sudor de la calentura. Subieron así las escaleras hasta
+el entresuelo, donde introdujo Sardiola a ambas mujeres en una ancha y
+desahogada habitación en que no faltaba su marmórea chimenea, sus
+monumentales camas colgadas, su alfombra de moqueta algo desflorada y
+raída a trechos, sus lavabos y sus perchas clásicas. Caía la pieza a un
+jardinete, en cuyo centro ligero kiosco de madera y cristales servía de
+sala de baño. Depositaron a Pilar en una butaca y Sardiola se quedó en
+pie esperando órdenes. Su mirada, negra y reluciente como la de un
+cachorro de Terranova, se clavaba en Lucía con sumisión y afecto
+verdaderamente caninos. Ella, por su parte, se mordía los labios para
+retener las preguntas que impacientes asomaban a ellos. Sardiola
+adivinó, con su instinto fiel de animal doméstico, y prevínole el deseo.
+
+--Cuando las señoritas necesiten algo...--dijo tímidamente, como el que
+no se atreve a hacer un favor--, llámenme siempre--, siempre.... Si
+estoy en la estación, llamen por Juanilla... es la camarera de este
+tramo, una muchacha lista como una pimienta.... Pero siempre que yo
+pueda servir de algo... vamos, que me alegraría mucho; basta haber visto
+a la señorita con el señorito Ignacio....
+
+Y como Lucía callase, interrogando sólo con el mudo y ardiente lenguaje
+de los ojos, prosiguió el vasco.
+
+--Porque.... ¿no sabe la señorita? ¡Pues si fue el señorito Ignacio
+quien me colocó aquí! Como la Alavesa se trajo a Juanilla, que es prima
+hermana mía... y a mí me daba, vamos, tanta tristeza de ver corretear
+las columnas _guiris_ por aquellos picachos adonde solo subíamos, con la
+ayuda de Dios, los mozos del país y las fieras de los montes... y en
+fin, que me moría de pena en aquella estación... le escribí una carta al
+señorito... aún vivía su madre, ¡en gloria la tenga Dios! y me recomendó
+a la Alavesa... y aquí me tiene usted, tan campante....
+
+Las pupilas de Lucía preguntaban más apremiantes cada vez. Sardiola
+siguió:
+
+--Pues, lo que más gusto me daba, era vivir tan cerca del señorito....
+
+--¿Tan cerca?--preguntáronle, sin voz, los ojos brillantes.
+
+--Tan cerca--contestó él complaciente--, tan cerquita, que, ¡si es un
+regalo! que atravesando ese jardín, se entra en su casa....
+
+Lucía corrió al balcón, y pálida esta vez como la cera, se quedó allí
+mirando con ojos extraviados el edificio que enfrente de sí tenía.
+Sardiola la siguió, y hasta la enferma volvió la cabeza con curiosidad.
+
+--¿Ve usted?--explicaba Sardiola--. ¿Ve usted este lado del edificio y
+el otro que hace esquina con él? Pues es la fonda. ¿Pero ve usted ese
+otro que forma el tercer lado del cuadro? es la casa de Don Ignacio; cae
+a la calle de Rívoli.... ¿Ve usted esas escaleritas que desembocan en el
+jardín? por ahí se sube al comedor... lo tienen en la planta baja: ¡un
+comedor muy hermoso! Toda la casa es muy buena; el padre de Don Ignacio
+ganó muchísimo.... ¿Ve usted ese arbolito que hay ahí, al lado de la
+escalera? ¿ese platanillo desmedrado? ahí sacaba el señorito a su mamá,
+que parece que se murió de una cosa que no sé cómo le dicen, pero vamos,
+que es hincharse mucho el corazón... y como le daban unos ahogos tan
+fuertes a veces, y se quedaba sin aliento, lo mismo que un pez fuera del
+agua, había que traerla al jardín... toda la anchura le era poca, y
+solía estarse ahí una hora resollando.... ¡Si viera usted al señorito!
+aquello se llama cuidar a una persona... le sostenía la cabeza, le
+calentaba los pies con sus manos, le daba cuatro mil besos por hora, le
+hacía aire con un abanico.... ¡vamos, era cosa de ver! Alma más buena,
+no la echó Dios al mundo, ni volverá a echarla en todo el siglo que
+corre.... El día que se murió, la santa bendita, quedó tan risueña... y
+tan natural, y tan guapa, con su pelo rubio... Él si que parecía el
+muerto; si lo ponen en la caja, cualquiera lo entierra.
+
+--Calla--ordenaron de pronto los ojos elocuentes.
+
+Y Sardiola obedeció. Era que entraban Duhamel, Miranda y Perico. Duhamel
+examinó con minuciosidad aquella pieza, y declarola, en su jerga
+luso-franca, abrigada, cómoda, baja asaz y ventilada mucho, y en todo
+conveniente para la enferma. Miranda y Perico se retiraron a la del
+lado, a asearse, y tácitamente, sin discusión alguna, se resolvió que
+enferma y enfermera se quedasen juntas, y los dos hombres ocupasen,
+juntos también, la cámara próxima. Miranda no puso reparo a este
+sacrificio de Lucía, porque Duhamel, llamándole aparte, le notició que
+la cosa se iba por la posta, y que apenas creía que la enferma durase un
+mes: en vista de lo cual propuso él en su corazón de tomar el portante
+dentro de ocho o diez días, llevándose a su mujer con cualquier
+pretexto. Pero el hado, que de muy distinta manera tenía resuelto atar
+los cabos de estos sucesos, dispuso, sirviéndole de instrumento Perico,
+que Miranda comenzase presto a hallarse satisfecho, entretenido y
+regocijado en aquella babilonia y golfo parisiense, por cuyos arrecifes
+y bajíos le piloteó el pollo Gonzalvo con más acierto y destreza que
+buena intención.
+
+--¿Qué demonio, qué demonio vas a hacer ahora metiéndote en
+León?--exclamaba Perico--. Tiempo tendrás de sobra, de sobra, para
+aburrirte... mira, aprovéchate ahora.... ¡Si estás muy bueno! Diez años,
+diez años te quitaron de encima las tales aguas.
+
+Ya sabía el pícaro lo que se hacía. Ni padre, ni tía se mostraban muy
+dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de
+tener que quedarse de enfermero.... Su mente, fecunda en tretas, le
+sugirió mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad mágica que ya de
+suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendió el esposo de Lucía los
+refinamientos de la cocina francesa en los mejores _restauradores_
+(ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura,
+llegó a tomarse gran interés en que la salsa holandesa fuese mejor aquí
+que dos puertas más abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no
+a la época más propia para ser saboreadas. Amén de estos goces
+culinarios, aficionose a los teatrillos del género chocarrero que tanto
+abundan en París: divirtiéronle las canciones picarescas, las muecas del
+payaso, la música retozona y los trajes ligeros y casi paradisíacos de
+aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de
+violines o de muñecos. Hasta se susurra--pero sin que existan datos para
+establecerlo como rigurosa verdad histórica--que el insigne ex buen mozo
+quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua
+sobre sus secos y mustios lauros, y eligió para cómplice a cierta rata
+de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien está
+averiguado que en regiones menos olímpicas pudo llamarse Antonia,
+Dionisia o cosa así. Tenía ésta tal el salero del mundo para cantar el
+estribillo (_refrain_) de ciertas tonadas (_chansonnettes_); y era para
+descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la
+pierna derecha en el aire, guiñados los ojos y entreabierta la boca,
+despedía una exclamación canallesca, un grito venido en derechura de las
+pescaderías y mercados a posarse en sus labios de púrpura, para deleite
+y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las únicas gracias y
+donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la
+quintaesencia de sus monerías, guardábala para la dulce intimidad de los
+felices mortales que a aquella Dánae de bambalinas lograban aproximarse,
+bien provistos de polvos de oro. ¡Con qué felina zalamería menudeaba los
+golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos,
+perritos suyos, gatitos, _bibis_, y otros apelativos cariñosos y
+regalados, que a arrope y miel sabían! Pues ¿qué diré del chiste y garbo
+incomparable con que oprimía entre sus dientes de perlas, un pitillo
+ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracción de
+sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los
+arrebolados carrillos? ¿Qué de aquella su maestría en ocupar dos sillas
+a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y
+puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los
+tacones? ¿Qué de la agilidad y destreza con que se sorbía diez docenas
+de ostras verdes en diez minutos, y bebíase dos o tres botellas de Rhin,
+que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que
+fuese escurridizo y suave? ¿Qué de la risueña facundia con que probaba a
+sus amigos que tal anillo de piedras les venía estrecho al dedo,
+mientras a ella le caía como un guante? En suma, si la aventura que se
+murmuró por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa
+redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en
+la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la heroína
+era la más divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas
+mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de París.
+
+Mientras de tal suerte espantaban Perico y Miranda el mal humor, a Pilar
+se le deshacía el pulmón que le restaba, paulatinamente, como se deshace
+una tabla roída por la carcoma. No empeoraba, porque ya no podía estar
+peor, y su vivir, más que vida, era agonía lenta, no muy penosa,
+amargándola solamente unas crisis de tos que traían a la garganta las
+flemas del pulmón deshecho, amenazando ahogar a la enferma. Estaba allí
+la vida como el resto de llama en el pábilo consumido casi: el menor
+movimiento, un poco de aire, bastan para extinguirlo del todo. Se había
+determinado la afonía parcial y apenas lograba hablar, y sólo en voz muy
+queda y sorda, como la que pudiese emitir un tambor rehenchido de
+algodón en rama. Apoderábanse de ella somnolencias tenaces, largas;
+modorras profundas, en que todo su organismo, sumido en atonía vaga,
+remedaba y presentía el descanso final de la tumba. Cerrados los ojos,
+inmóvil el cuerpo, juntos los pies ya como en el ataúd, quedábase horas
+y horas sobre la cama, sin dar otra señal de vida que la leve y
+sibilante respiración. Eran las horas meridianas aquellas en que
+preferentemente la atacaba el sueño comático, y la enfermera, que nada
+podía hacer sino dejarla reposar, y a quien abrumaba la espesa atmósfera
+del cuarto, impregnada de emanaciones de medicinas y de vahos de sudor,
+átomos de aquel ser humano que se deshacía, salía al balconcillo, bajaba
+las escaleras que conducían al jardín, y aprovechando la sombra del
+desmedrado plátano, se pasaba allí las horas muertas cosiendo o haciendo
+_crochet_. Su labor y dechado consistía en camisitas microscópicas,
+baberos no mayores, pañales festoneados pulcramente. En faena tan
+secreta y dulce íbanse sin sentir las tardes; y alguna que otra vez la
+aguja se escapaba de los ágiles dedos, y el silencio, el retiro, la
+serenidad del cielo, el murmurio blando de los magros arbolillos,
+inducían a la laboriosa costurera a algún contemplativo arrobo. El sol
+lanzaba al través del follaje dardos de oro sobre la arena de las
+calles; el frío era seco y benigno a aquellas horas; las tres paredes
+del hotel y de la casa de Artegui formaban una como natural estufa,
+recogiendo todo el calor solar y arrojándolo sobre el jardín. La verja,
+que cerraba el cuadrilátero, caía a la calle de Rívoli, y al través de
+sus hierros se veían pasar, envueltas en las azules neblinas de la
+tarde, estrechas berlinas, ligeras victorias, landós que corrían al
+brioso trote de sus preciados troncos, jinetes que de lejos semejaban
+marionetas y peones que parecían chinescas sombras. En lontananza
+brillaba a veces el acero de un estribo, el color de un traje o de una
+librea, el rápido girar de los barnizados rayos de una rueda. Lucía
+observaba las diferencias de los caballos. Habíalos normandos, poderosos
+de anca, fuertes de cuello, lucios de piel, pausados en el manoteo, que
+arrastraban a un tiempo pujante y suavemente las anchas carretelas;
+habíalos ingleses, cuellilargos, desgarbados y elegantísimos, que
+trotaban con la precisión de maravillosos autómatas; árabes, de ojos que
+echaban fuego, fosas nasales impacientes y dilatadas, cascos bruñidos,
+seca piel y enjutos riñones; españoles, aunque pocos, de opulenta crin,
+soberbios pechos, lomos anchos y manos corveteadoras y levantiscas. Al
+ir cayendo el sol se distinguían los coches a lo lejos por la móvil
+centella de sus faroles; pero confundidos ya colores y formas,
+cansábanse los ojos de Lucía en seguirlos, y con renovada melancolía se
+posaban en el mezquino y ético jardín. A veces turbaba su soledad en él,
+no viajero ni viajera alguna, que los que vienen a París no suelen
+pasarse la tarde haciendo labor bajo un plátano, sino el mismísimo
+Sardiola en persona, que so pretexto de acudir con una regadera de agua
+a las plantas, de arrancar alguna mala hierba, o de igualar un poco la
+arena con el rodezno, echaba párrafos largos con su meditabunda
+compatriota. Ello es que nunca les faltó conversación. Los ojos de Lucía
+no eran menos incansables en preguntar que solícita en responder la
+lengua de Sardiola. Jamás se describieron con tal lujo de pormenores
+cosas en rigor muy insignificantes. Lucía estaba ya al corriente de las
+rarezas, gustos e ideas especiales de Artegui, conociendo su carácter y
+los hechos de su vida, que nada ofrecían de particular. Acaso
+maravillará al lector, que tan enterado anduviese Sardiola de lo
+concerniente a aquel a quien sólo trató breve tiempo; pero es de
+advertir que el vasco era de un lugar bien próximo al solar de los
+Arteguis, y familiar amigo de la vieja ama de leche, única que ahora
+cuidaba de la casa solitaria. En su endiablado dialecto platicaban largo
+y tendido los dos, y la pobre mujer no sabía sino contar gracias de su
+criatura, que oía Sardiola tan embelesado como si él también hubiese
+ejercido el oficio nada varonil de Engracia. Por tal conducto vino Lucía
+a saber al dedillo los ápices más menudos del genio y condición de
+Ignacio; su infancia melancólica y callada siempre, su misántropa
+juventud, y otras muchas cosas relativas a sus padres, familia y
+hacienda. ¿Será cierto que a veces se complace el Destino en que por
+extraña manera, por sendas torturosas, se encuentren dos existencias, y
+se tropiecen a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni
+razón para ello? ¿Será verdad que así como hay hilos de simpatía que los
+enlazan, hay otro hilo oculto en los hechos, que al fin las aproxima en
+la esfera material y tangible?
+
+--Don Ignacio--decía el bueno de Sardiola fue siempre así. Mire usted,
+del cuerpo dicen que nunca padeció nada.... ¡ni un dolor de muelas! pero
+asegura el ama Engracia que ya desde la cuna tuvo una a modo de
+enfermedad... allá del alma o del entendimiento, o ¡qué me sé yo! Cuando
+chiquillo ¡le entraban unos miedos al anochecer y de noche, sin saberse
+de qué! se le agrandaban los ojos, así, así... (Sardiola trazaba en el
+espacio con sus dedos pulgar e índice una O cada vez mayor), y se metía
+en un rincón del aposento, sin llorar, hecho una pelota, y pasábase así
+quietecito, hasta que amanecía Dios.... No quería decir sus visiones;
+pero un día le confesó a su madre que veía cosas terribles, a todos los
+de su casa con caras de muertos, bañándose y chapuzándose bonitamente en
+un charco de sangre.... En fin, mil disparates. Lo raro del asunto es
+que a la luz del sol el señorito fue siempre un león, como todos
+sabemos... lo que es en la guerra daba gozo verle.... ¡bendito Dios! lo
+mismo se metía entre las balas que si fuesen confites.... Nunca usó
+armas, sino una cartera colgada donde había yo no sé cuántas cosas:
+bisturíes, lancetas, pinzas, vendas, tafetán.... Además tenía los
+bolsillos atestados de hilas y trapos y algodón en rama.... Dígole a
+usted, señorita, que si se ganasen los grados por no tener asco a los
+pepinillos liberales, nadie los ganaría mejor que Don Ignacio.... Una
+vez cayó una bomba, así, a dos pasos de él... se la quedó mirando,
+esperando sin duda a que reventase, y si no lo coge de un brazo el
+sargento Urrea, que estaba allí cerquita.... Ni en las cargas a la
+bayoneta se retiraba. En una de éstas un soldado _guiri_, ¡maldita sea
+su casta!, se fue a él derecho con el pincho en ristre.... ¿Qué dirá
+usted que hizo mi Don Ignacio? no se le ocurre ni al demonio.... Lo
+apartó con la mano como si apartase un mosquito, y el muy bárbaro abatió
+la bayoneta y se dejó apartar. Tenía el señorito entonces una cara....
+Válgame Dios y qué cara. Entre seria y afable, que el alma de cántaro
+aquel debió de quedarse cortado.
+
+Después eran pormenores sobre los cuidados del hijo a la madre en su
+última enfermedad.
+
+--Parece que los estoy viendo.... Ahí, ahí, donde usted está, la señora
+Doña Armanda; y él, aquí, así, lo mismito que yo, dicho sea con el
+respeto que.... Pues se bajaba, y le alzaba los pies y se los apoyaba en
+un taburete... así, así, y le ponía detrás de la cabeza hasta una docena
+de almohadas, almohadones y almohadillas, de distintos tamaños y
+hechuras, todo para acomodarlas a la respiración de la pobre señora....
+Y los jaropes, y los potingues... digital por aquí, atropina por allá...
+¡quiá! ni por esas... se murió al fin la infeliz.... ¿Creerá usted que
+no hizo Don Ignacio ningún extremo? es un pozo; todo se lo guarda, y así
+le ahoga eso que va encerrando, encerrando.... A mí no me la pegó con su
+serenidad... porque cuando me dijo: «Sardiola, me acompañarás esta noche
+a velarla», me acordé, ¡mire usted, señorita, qué tontería! pues me
+acordé de un corneta de nuestras filas, que tocaba unas dianas famosas
+con su instrumento, que era tan claro y tan lleno y tan hermoso... y un
+día tocó mal, y como nos burlásemos de él, cogió la corneta, y sopló y
+nos dijo: «Chicos, ha tenido una pena y se ha reventado la pobrecilla
+mía...» Pues mire usted, la misma diferencia de son que noté en la
+corneta de aquel majadero de Triguillos, noté en la voz del señorito...
+usted ya sabe que la tiene muy sonora, que daría gozo oírle mandar la
+maniobra... y aquel día... estaba reventada la voz, vamos. En fin, que
+él amortajó a Doña Armanda, y entre él y yo la velamos, y al amanecer...
+¡zas! tren especial y a Bretaña con el cuerpo en un ataúd de palo santo
+fileteado de plata: al castillote de qué sé yo qué, a enterrar con sus
+padres, abuelos y tatarabuelos a la pobre señora.
+
+Lucía, que caída la labor en el regazo escuchaba con vida y alma, púsola
+toda en sus ojos para preguntar, mudamente, algo a Sardiola. El
+inteligente vasco respondió al punto:
+
+--No ha vuelto desde entonces, y se ignora qué piensa hacer.... Engracia
+no sabe de la misa a la media.... Bien que él nunca dice nada a persona
+de este mundo de lo que proyecta, ni.... Ahí se está Engracia sola,
+porque a los demás criados los despidió muy bien galardonados, al
+partir.... Ella arregla lo poco... lo nada que hay que arreglar ahí...
+Abrir alguna vez las ventanas, para que la humedad no se divierta con
+los muebles... pasar un plumero....
+
+Volvió Lucía la cabeza, y fijose en las ventanas, cerradas a la sazón,
+al través de los cuales se veía a intervalos cruzar una figura de mujer
+provecta, la cabeza adornada con la tradicional coba guipuzcoana, sujeta
+con dos agujones dorados.
+
+--Merece cuidarse la casa--prosiguió Sardiola--, porque la tenía como
+una taza de plata aquella bendita Doña Armanda... muy bien alhajada, y
+muy capaz.... Y ahora que se me ocurre--exclamó dándose fiera palmada en
+la frente--. Señorita.... ¿por qué no va usted a verla? Yo se lo diré a
+Engracia... nos la enseñará toda... ea, decídase usted.
+
+--No--contestó débilmente Lucia--para qué....
+
+--¡Para verla! pues claro está.... Verá usted el cuarto del señorito
+Ignacio, con sus libros y sus juguetes de chiquillo, que todo lo
+conserva el ama Engracia....
+
+--Bien, Sardiola--respondió Lucía como pidiendo tregua--. Un día que me
+coja de humor.... Hoy no estoy para ello. Ya te avisaré.
+
+Andaba Lucía, en efecto, harto cavilosa, por una circunstancia que a
+nadie importaba sino a ella. Duhamel le había notificado que el fin de
+Pilar era inminente, y Pilar, no sospechándolo en lo más mínimo, no daba
+indicios de querer disponer su alma para el terrible paso. Hablábanle de
+Dios, y contestaba, en voz apenas perceptible, modas o viajes; queríanle
+recordar cosas tristes, y la desventurada, sin soplo vital casi, decía
+alguna festiva ocurrencia, que tomaba color de cementerio al pasar por
+sus lívidos labios.
+
+Toda la retórica piadosa de Lucía se estrellaba ante la invencible y
+benéfica ilusión de la hora postrera. Acudió a Miranda y Perico
+demandando ayuda, y ambos se encogieron de hombros, declarándose de todo
+punto inexpertos y poco a propósito para asuntos tales. Justamente el
+día en que se le puso en la cabeza hablarles del asunto, tenían ellos
+concertada una cena con Zulma y compañeras no mártires en el más
+calentito y retirado gabinete de _Brébant_. ¡Brava sazón de pensar en
+semejantes cosas! No obstante, alguien hubo que sacó a Lucía del
+atolladero; y fue ni más ni menos que Sardiola, que conocía a un jesuita
+paisano suyo, el Padre Arrigoitia, y lo trajo en un santiamén. Era el
+Padre Arrigoitia alto como una caña, encorvado por la cintura, dulce
+como el jarabe y tan pegadizo e insinuante como brusco y desamorado su
+conterráneo el Padre Urtazu. Entró pretextando una visita de la tía de
+Pilar, volvió manifestando mucho interés por la salud corporal de la
+enferma, trajo tierra de la santa gruta de Manresa y pastillas
+pectorales de Belmet, todo junto y envuelto en muchos papelitos, y en
+suma, se dio tal maña y arte, que a la semana de conocerle y tratarle,
+Pilar espontáneamente pidió lo que tanto deseaban darle el jesuita y la
+enfermera. Al salir el Padre Arrigoitia del cuarto de la que bien
+podemos llamar moribunda, después de haber pronunciado las palabras de
+la absolución, sintió detrás de la puerta el ulular de un congojado
+pecho, y oyó una voz que decía:
+
+--Gracias... muchas gracias....
+
+Lucía estaba allí y lloraba a mares,
+
+--A Dios sean dadas...--contestó el jesuita afablemente--. Vamos, no
+afligirse, mi señora Doña Lucía... al contrario. Estamos de enhorabuena.
+
+--No... no, si es de gozo--contestó la enfermera.
+
+Y como la sotana negra y el alto talle fajado se alejasen, hizo
+suavemente: ce, ce. El jesuita se volvió.
+
+--Yo también, Padre Arrigoitia, me quiero confesar, pronto, pronto.
+
+--¡Ah! bien, bien... pero usted no está en peligro de muerte, gracias al
+Señor... en San Sulpicio, confesonario de la derecha, entrando... a sus
+órdenes siempre, señora mía. Volveré, volveré a ver a nuestra
+enfermita... no hay que llorar.... ¡Parece usted una Magdalena!
+
+Aquella tarde Lucía bajó como de costumbre al jardín. Pero era tal el
+cansancio que sentían sus miembros y su espíritu, que recostando en el
+tronco del plátano la cabeza, quedose dormida. Empezó presto a soñar: y
+es lo raro del caso que no soñaba hallarse en lugar alguno nuevo ni
+desconocido, sino en el mismo sitio, en el jardinete; únicamente las
+caprichosas representaciones del sueño se lo convirtieron de chico y
+estrecho en enorme. Era el propio jardín, pero visto al través de una
+colosal lente de aumento. No se distinguía la verja sino a distancia
+fabulosa, como una hilera de puntos brillantes, allá en el horizonte; y
+tal aumento de proporciones acrecentaba la tristeza del mezquino jardín,
+haciéndolo parecer más bien seco y agostado erial. Recorriéndolo, fijaba
+Lucía la vista en la fachada correspondiente a la casa de Artegui, de
+una de cuyas ventanas salía una mano pálida que le hacía señas. ¿Era
+mano de hombre o de mujer? ¿era de vivo, o de cadáver? Lucía lo
+ignoraba; pero los misteriosos llamamientos de aquella diestra
+desconocida la atraían cada vez más, y corriendo, corriendo, trataba de
+acercarse a la casa; pero el erial se prolongaba, detrás de unas calles
+de arena venían otras, y después de andar horas y horas aún veía delante
+de sí larguísima hilera de plátanos entecos, cuyo fin no se divisaba, y
+la casa de Artegui más lejana que nunca. Y la mano hacía señas
+impacientes y furiosas, semejante a diestra de epiléptico que se agita
+en el aire: sus cinco dedos eran aspas incesantes en girar, y Lucía,
+desalentada, jadeante, iba a escape, y a cada plátano sucedía otro, y la
+casa lejos... lejos... «¡Necia de mi!» exclamaba al fin; «ya que
+corriendo no llego nunca... volaré.» Dicho y hecho: como se vuela tan
+aína en sueños, Lucía se empinaba y.... ¡pim! al aire de un brinco. ¡Oh
+placer! ¡oh gloria! el erial quedaba debajo; surcaba la región ambiente,
+pura, serena, azul, y ya la casa no estaba lejos, y ya se acababan los
+eternos plátanos, y ya distinguía el cuerpo dueño de la mano... era un
+cuerpo esbelto sin delgadez, dignamente rematado por una cabeza varonil
+y melancólica... pero que entonces se sonreía cariñosamente, con
+expansión infinita.... ¡Cómo volaba Lucía! ¡cómo respiraba a placer en
+la atmósfera serena! ánimo, poco falta.... Lucía escuchaba el batir de
+sus propias alas, porque tenía alas; y el regalado frescor de las plumas
+le refrigeraba el corazón.... Ya estaba cerca de la ventana....
+
+Sintió de pronto dos dolores agudos, como una herida gemela hecha con
+dos armas a un tiempo: distinguió una tijera enorme que sobre ella se
+cernía; vio caer al suelo dos alas de paloma blancas y ensangrentadas; y
+sin ser poderosa a más, cayó ella también, pero de prodigiosa altura; no
+al suelo del jardín, sino a un precipicio, una sima muy honda, muy
+honda.... Allá en el fondo ardían dos lucecicas, y la miraban unos ojos
+compasivos de mujer vestida de blanco.... Ni más ni menos que caía en la
+gruta de Lourdes... no podía ser otra; estaba tal como la había visto en
+la iglesia de San Luis en Vichy; hasta la Virgen tenía los mismos
+rosales, los mismos crisantemos.... ¡ay, qué fresca y hermosa era la
+gruta, con su manantialillo murmurador! Lucía ansiaba llegar... pero la
+angustia de la caída la despertó, como sucede siempre en las pesadillas.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+A pocos días de haberse confesado Pilar, expiró. Fue su muerte casi
+dulce y del todo imprevista, en cuanto careció de agonía. Una flema
+mayor que las demás cortó su respiración algunos segundos, y apagose la
+débil luz de la vida en la exhausta lámpara. Lucía estaba sola con ella,
+y sosteníale la cabeza para toser, a tiempo que, doblando de pronto el
+cuello, la tísica entregó el alma. Tiene este horrible mal de la tisis
+tan diversas fases y aspectos, que hay enfermo que al morir cuenta los
+instantes que le restan de existencia, y haylo que cae sorprendido en la
+eternidad, como la fiera en el lazo. Lucía, que nunca había visto
+muertos, no pudo imaginar que fuese sino un síncope profundo; creía ella
+que el espíritu no abandonaba sin lucha y ansías mayores su vestidura
+mortal. Salió gritando y pidiendo auxilio; acudió primero Sardiola a sus
+voces, y meneando la cabeza, dijo: «Se acabó.» Miranda y Perico llegaron
+en breve; justamente estaban en casa por ser las once, hora de cambiar
+el lecho por el almuerzo. Miranda alzó las cejas, frunciolas después, y
+dijo poniendo la voz en el registro grave:
+
+--Era de temer, de temer.... Sí, estaba muy mal.... Pero tan de pronto,
+señor... si es que parece imposible....
+
+En cuanto a Perico, escondió la cabeza entre las manos, y murmuró más de
+tres docenas de «Jesús, Jesús.... Válgame Dios, válgame Dios.... Qué
+desgracia, qué desgracia...» y aún debo añadir, en honra de la
+sensibilidad del insigne pollo, que se demudó bastante su rostro, y
+pugnaron por asomar a sus lagrimales, y asomaron al fin, unas cuantas
+gotas de eso que los poetas llaman rocío del alma. No quise omitir estos
+pormenores, a fin de que no se crea que Perico era malo, siendo así, que
+de investigaciones y curiosos datos estadísticos resulta que aún valía
+más que las dos terceras partes de la prole de Adán. Triste y mustio de
+veras, se dejó conducir por Miranda a su cuarto, y es cosa averiguada
+también, que en todo el curso de aquel día no entraron en su cuerpo más
+alimentos que dos tazas de té y un huevo pasado por agua, que la extrema
+debilidad le obligó a sorber, entrada ya la noche.
+
+El Padre Arrigoitia y el médico Duhamel, de acuerdo con Miranda, y
+facultados telegráficamente por la desconsolada familia Gonzalvo,
+proporcionaron a la muerta cuanto necesitaba ya: mortaja y ataúd. Pilar,
+vestida de hábito del Carmen, fue extendida en la caja sobre su mismo
+lecho; encendieron luces, y dejáronla, a la española, en la cámara
+mortuoria, no acatando la costumbre francesa de convertir en capilla
+ardiente el portal, exponiendo allí el cadáver para que todo el que pase
+lo rocíe con una rama de boj que flota en una caldereta de agua bendita.
+Depósito, exequias y entierro, debían verificarse el día siguiente.
+
+Hízose todo con tal celeridad y tino, que serían las tres de la tarde no
+más cuando en la estancia, ordenada ya, y junto al balcón abierto, leía
+el Padre Arrigoitia en su Breviario las oraciones por los difuntos, y
+Lucía le contestaba entre sollozos «Amén». La llama de los cirios,
+devorada por la claridad gloriosa del sol, no era más que un punto
+rojizo, en cuyo centro se distinguía la negra raya del pábilo. A lo
+lejos se escuchaba el sordo rodar de los coches, anunciado antes por el
+retemblido de los vidrios; y dominando los rumores de la calle, la voz
+del jesuita que decía:
+
+--_Qui quasi putredo consumendus sum, et quasi Vestimentum quod
+comeditur a tinea_....
+
+Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de invierno
+enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y
+encendía con tonos calientes la nuca de Lucía, inclinada también.
+
+Y continuaba el rezo:
+
+--_Heu mihi, Domine, quia pecavi nimis in vita mea_....
+
+Un rayo de luz más vivo y directo se coló en la cámara, y fue a posarse
+en la difunta. Estaba Pilar consumida y hecha un mirlo de flaca; ni
+majestad ni hermosura añadía la muerte a aquel residuo de organismo
+devorado por la extenuación y la fiebre. La toca blanca hacía resaltar
+la verdosa palidez de su rostro chupado. Parecía haber encogido y
+menguado en estatura. Su expresión era vaga, entre sonrisa y mueca.
+Veíansele los dientes de marfil. Sobre su pecho destelló, al reflejo
+solar, el latón de un crucifijo que el Padre Arrigoitia le había puesto
+entre las manos.
+
+Bien rezarían el jesuita y la amiga cosa de una hora; pero al cabo de
+ese tiempo se levantó el Padre, manifestando que para volver a velarla,
+necesitaba ir a su casa y despachar algunos urgentes asuntos que le
+reclamaban. Miró a Lucía, y viéndola descolorida y los ojos hinchados,
+le dijo bondadosamente:
+
+--Retírese un poco, hija, a descansar... está usted del color de la
+muerta. No ordena Dios tratarse así.
+
+--Lo que haré, Padre--respondió Lucía--, será bajar un rato al jardín a
+tomar el fresco.... Juanilla se quedará aquí.... Me arde la cabeza,
+necesito aire.
+
+De nuevo fijó en ella su mirada el jesuita, y prontamente, acercándose a
+su oído y silabeando como en el confesonario, murmuró:
+
+--Ahora que esa pobrecita se ha muerto... ya sabe usted mi consejo,
+¿verdad? ¡Tierra en medio, hija! Esta vecindad... estos aires no le
+convienen. A León.... Si me envían allá... la he de felicitar.
+
+Y como Lucía lo mirase elocuentisimamente, añadió:
+
+--Sí, sí... tierra en medio. ¡Cuántas almitas enfermas he curado yo con
+eso solo! Vaya, hasta luego... hasta cuanto antes. Si, hijita querida,
+sí; esas cosas las apunta todas Dios en el cielo....
+
+--Padre... quisiera ser aquella...--murmuró Lucía señalando a la muerta.
+
+--¡Virgen mía! no, hija... vivir para servir a Dios... cumpliendo su
+voluntad.... Hasta luego, ¿eh?
+
+Cuando Lucía bajó al jardín, pareció éste a sus ojos fatigados de
+llorar, menos enteco y árido que de costumbre. Las yucas alzaban su
+cabeza majestuosa, perpetuamente coronada; las hiedras exhalaban leve
+aroma campesino, siempre más grato que el tufo de la cera. El sol iba ya
+retirándose, pero aún doraba las moharras de las lanzas, en la verja.
+Sentose Lucía por costumbre bajo el plátano, que, pelado por el
+invierno, ya se había quedado sin una mala hoja con que dar sombra. El
+reposo de aquel rinconcillo solitario trajo de nuevo los pensamientos
+familiares.. No, Lucía no podía llorar más, sus ojos secos no contenían
+lágrima alguna; lo que deseaba era descanso, descanso.... Habíanle
+prohibido Dios y la naturaleza pensar en la muerte; así es que empleando
+ingenioso subterfugio, pensaba en un sueño muy largo, que no tuviese
+fin.... Absorta, vio venir a Sardiola corriendo.
+
+--Señorita... señorita....
+
+El bueno del vasco se asfixiaba.
+
+--¿Qué hay?--dijo ella, y levantó lánguidamente la cabeza.
+
+--Está ahí--dijo Sardiola atragantándose.
+
+--Está... ahí....
+
+Lucía se irguió recta como una estatua y puso ambas manos sobre el
+pecho.
+
+--El señorito... señorito Ignacio.... Llegó esta mañana... marcha esta
+noche... adónde no se sabe... no quiso recibirme.... Engracia dice que
+está más demudado que cuando salió para Bretaña....
+
+--Sardiola...--pronunció difícilmente Lucía, sintiendo el corazón no
+mayor que una nuez--. Sardiola....
+
+--Tengo que subir, me están necesitando a cada paso... con la desgracia
+de hoy, hay mil recados...¿Quiere usted algo, señorita?
+
+Nada....
+
+Y la voz sorda de Lucía expiró en su garganta. Zumbábanle los oídos y
+giraban en torno suyo verja, paredes, plátano y yucas. Hay así en la
+vida momentos supremos en que el sentimiento, oculto largas horas, se
+levanta rugiente, y avasallador, y se proclama dueño de un alma. Éralo
+ya; pero el alma lo ignoraba por ventura o barruntábalo solamente; hasta
+que repentina marca de hierro enrojecido viene a revelarle su
+esclavitud. Aunque el símil pueda parecer profano, diré que acontece con
+esto algo de lo que con las conversiones: flota indeciso el ánimo algún
+tiempo, sin saber qué rumbo toma, ni qué causa su desasosiego, hasta que
+una voz de lo alto, una luz deslumbradora, de improviso, disipan toda
+duda. Pronto es el asalto, nula la resistencia, segura la victoria.
+
+Descendía rápidamente el sol a su ocaso, caía sobre el jardín la sombra;
+Sardiola, el lebrel fidelísimo que había dado el ladrido de alarma, no
+estaba ya allí. Lucía miró en torno suyo con ojos vagos, y llevose las
+manos a la garganta oprimida. Después convirtió la vista a la fachada,
+cual si sus macizos muros pudiesen por mágico arte volverse cristal y
+trasparentar lo que en su interior guardaban. Quedose fascinada,
+sofocando un grito antes que naciera. La puerta del comedor estaba
+entornada. Cosa era esta que sucedía muchas tardes, siempre que al ama
+Engracia se le ocurría tomar el fresco un rato en el umbral charlando
+con Sardiola; pero en tal instante Lucía sintió que la puerta
+entreabierta la penetraba de terror glacial y de ardiente júbilo a un
+tiempo. Su cerebro, vacío de ideas, sólo encerraba un sonsonete monótono
+y cadencioso, repitiendo como la péndola de un horario: «Vino esta
+mañana, se va esta noche...» Y al fin la repetición la irritaba de tal
+manera, que sólo oía la palabra «noche, noche, noche», palabra que
+parecía vibrar, como esos puntos luminosos que se ven en las tinieblas,
+durante el insomnio, y que se acercan y se alejan, sin movimiento de
+traslación, por el mero sacudimiento de sus moléculas. Apretose las
+sienes como para detener la tenaz péndola, y lentamente, paso a paso, se
+encaminó al vestíbulo de casa de Artegui. Al poner el pie en el primer
+peldaño de la escalera, la música zumbadora de la sangre le cantaba en
+los oídos, como un coro de cien moscardones. Parece que le decía:
+
+--No vayas, no vayas.
+
+Y otra voz silbada y misteriosa, la voz del viento en las ramas secas
+del plátano, le murmuraba con prolongado susurro:
+
+--Sube, sube, sube.
+
+Subió. Al llegar al segundo peldaño tropezó pisándose el traje por
+delante, y sólo entonces echó de ver que su bata de merino negro,
+manchada por la asistencia, arrugada por las vigilias, era muy fea y de
+corte asaz descuidado. Vio, además, que tenía los puños de la chambra
+hechos un trapo, remojados de lágrimas, y la falda sembrada de hilitos
+de hacer labor. Se recorrió maquinalmente con ambas manos, sacudiendo
+los cabos de hilo, y estirose algo los puños, mientras llegaba a la
+puerta. En ésta vaciló aún; pero la media obscuridad que ya reinaba le
+dio ánimos. Empujó las hojas y hallose en una gran pieza lóbrega a la
+sazón, que no era sino el comedor, y por tener cubiertos los muros de
+una imitación del antiguo cuero cordobés, parecía harto más sombría,
+ayudando a ello los altos aparadores de roble esculpido, y sitiales de
+lo mismo.
+
+--Éste es el comedor--dijo en voz alta Lucía.
+
+Y miró hacia todas partes buscando la puerta. La cual estaba en el
+fondo, frontera a la que al jardín salía, y Lucía alzó el tupido
+cortinón y puso la trémula mano en el pestillo, saliendo a un corredor
+casi del todo tenebroso. Quedose sin respirar, y lo que es peor, sin
+saber adónde se encaminase, y entonces maldijo mil veces de su terquedad
+en no haber querido visitar antes la casa. De pronto oyó un ruido, unos
+tropezones sonoros, un choque de vajilla y loza.... El ama Engracia
+fregoteaba sin duda los platos en la cocina. ¿Cómo lo adivinó tan presto
+Lucía? El entendimiento se aguza en las horas críticas y
+extraordinarias. Guiada negativamente por el ruido, Lucía siguió andando
+en dirección opuesta, hacia el extremo del pasillo, en que reinaba el
+silencio. El piso alfombrado apagaba su andar, y con ambas manos
+extendidas palpaba las dos murallas buscando una puerta. Al fin, sintió
+ceder el muro, y, siempre con las manos delante, penetró en una estancia
+que le pareció chica, y donde al pasar tropezó en varios objetos, entre
+ellos unas barras de metal que se le figuraron de una cama. De allí pasó
+a otra habitación mucho mayor, todavía iluminada por un leve resto de
+luz diurna, que entraba por alta vidriera. Lucía no dudó ni un instante
+de su acierto: aquella cámara debía de ser la de Artegui. Había
+estanterías cargadas de volúmenes, preciosas pieles de animales
+arrojadas al desdén por la alfombra, un diván, una panoplia de ricas
+armas, algunas figuras anatómicas, enorme mesa escritorio con papeles en
+desorden, estatuas de tierra cocida y de bronce, y sobre el diván un
+retrato de mujer, cuyas facciones no se distinguían. Medio desmayada se
+dejó caer Lucía en el diván, cruzando ambas manos sobre el seno
+izquierdo, que levantaban los desordenados latidos del corazón, y
+diciendo en voz alta también:
+
+--Aquí.
+
+Estúvose así un rato, sin pensar, sin desear, entregada sólo al placer
+de hallarse allí, en donde moraba Artegui. La obscuridad crecía, y al
+fin viniera a ser completa si el resplandor de un reverbero fronterizo
+no se quebrase en los cristales de la ventana. La vista de la luz hizo
+saltar en el diván a Lucía.
+
+--Es de noche--exclamó siempre en alto.
+
+Atropelláronse en su mente mil pensamientos. De seguro que ya habrían
+preguntado en la fonda por ella. Puede que estuviese de vuelta el Padre
+Arrigoitia; y se volverían locos buscándola en el jardín, en su cuarto,
+en todas partes. No sabía ella misma por qué se acordaba antes del Padre
+Arrigoitia que de Miranda; pero es lo cierto que su temor principal era
+darse de manos a boca con el afable jesuita, que le diría sonriendo:
+«¿De dónde bueno, hija?» Hostigada por tales imaginaciones, se levantó
+tambaleándose, y diciendo entre dientes:
+
+--No es justo que la muerta esté sola....
+
+Y buscó la salida: pero de pronto se detuvo paralizada, como autómata a
+quien se acaba la cuerda.... Oyó pasos en el corredor, pasos que se
+acercaban, pasos fuertes y resueltos: no eran, no, los del ama Engracia.
+La puerta de la cámara grande se abrió, y entró una persona. Lucía se
+hallaba ya en la cámara chica, y se quedó detrás de la cortina. No
+estaba ésta corrida del todo. Por el resquicio vio que el recién llegado
+encendía un fósforo y después la bujía de un candelero; mas la luz
+sobraba, y ya, sin ella, había conocido a Artegui.
+
+Ahora lo distinguía perfectamente; era él, pero aun más abatido y
+desmejorado que cuando por última vez lo vio; velaban su rostro tintas
+cárdenas, y la negra barba lo sumía en un cerco de sombra; sus ojos
+brillaban cual si tuviese calentura. Sentase al escritorio y escribió
+dos o tres cartas. Estaba frente por frente a Lucía y ella le devoraba
+con los ojos. A cada carta que cerraba Artegui, decíase:
+
+--Ya le he visto; vámonos.
+
+Y se quedaba. Por fin Artegui se levantó, e hizo una cosa rara; llegose
+al retrato colgado sobre el diván, y lo besó. Miró Lucía afanosamente a
+aquel lugar, y viendo un rostro de dama, pero parecido al de Artegui,
+murmuró:
+
+--Su madre.
+
+Tras de lo cual, el pesimista abrió un cajón de su mesa-escritorio, y
+sacó un objeto reluciente y prolongado, que reconoció con el mayor
+esmero.... Estaba absorto en su ocupación, cuando sintió que le asían
+del brazo con fuerza convulsiva, y vio ante sí a una mujer pálida, más
+pálida que él, ardientes y fijos los ojos como dos carbones encendidos,
+abierta la boca para hablar... pero muda, muda. Soltó la pistola, que
+cayó en la alfombra con ruido mate, y estrechó a la mujer.... Cedió el
+talle de ésta como una flor tronchada, y hallose con Lucía exánime en
+los brazos.
+
+La colocó atónito en el diván, y trayendo de su cuarto de tocador un
+frasco de lavanda, se lo vertió entero por sienes y pulsos, rompiéndole
+al mismo tiempo los ojales de la bata, en la prisa con que quería
+aflojarle el corsé. Ni un momento le ocurrió llamar al ama Engracia; al
+contrario, murmuraba muy bajito:
+
+--¿Lucía..., me oye usted? ¡Lucía.... Lucía..., soy yo, yo no más...,
+Lucía!
+
+Ella abrió los ojos aun turbios y vagos, y contestó, muy quedo también,
+pero claro:
+
+--Aquí estoy, Don Ignacio. ¿Dónde está usted?
+
+--Aquí..., aquí mismo..., ¿no me ve usted?, aquí, a su lado....
+
+--Sí, sí, ya veo.... ¿Es usted?
+
+--Explíqueme usted este... este milagro, Lucía, por lo que más quiera.
+¿Cómo vino usted aquí?
+
+--Explicar..., explicar, no puedo, Don Ignacio..., tengo así, la
+cabeza.... Como estaba usted aquí... quise verle... y yo decía: Pues he
+de verle.... No, yo no, lo decían cien mil pajaritos dentro de mí...
+Ellos lo dijeron. Y vine. No sé más.
+
+--Descanse usted--dijo con dulcísima voz Artegui, hablando blandamente,
+como se habla a los niños--. Apoye usted la cabeza en el almohadón...
+¿Quiere usted té..., alguna cosa? ¿Se siente usted mejor?
+
+--No, descansar, descansar. Así... así...--Lucía cerró los ojos, y
+recostándose en el diván, calló. Artegui la miraba ansioso, dilatadas
+las pupilas, y estremecido aún de sorpresa y de asombro. Arreglole el
+descompuesto traje, y le puso a los pies un taburete, estirándole la
+bata de manera que se los tapase. Lucía seguía inmóvil, murmurando
+palabras en voz baja, divagando un poco aún, pero ya con más ilación, y
+discurso más claro.
+
+--Ni sé cómo llegué al cuarto... tenía miedo, mucho miedo de encontrar
+con alguien... con el ama Engracia... pero yo decía: adelante: Sardiola
+asegura que se marcha hoy... y si se marcha... tú también te irás a
+León... y ya, en toda la vida, y en la eternidad, Lucía, como no le veas
+en el cielo, no sé yo dónde le verás.... Cuando uno piensa cosas así
+tiene un valor... yo temblaba, temblaba como un azogado: puede que haya
+roto algo en el cuartito chico... lo sentiría... y también sentiré que
+afeen mi conducta el Padre Urtazu y el Padre Arrigoitia... la afearán,
+sí que la afearán... yo les diré que sólo quería verle un minuto... como
+le daba la luz en la cara, le vi muy bien: está tan descolorido...
+¡siempre descolorido! También Pilar lo está... y yo... y todos... y el
+mundo, sí, el mundo se ha puesto de un color, que... antes era rosa y
+azul celeste... pero ahora... bueno, pues como quería verle, entré....
+El comedor es grande. El ama Engracia lavaba la vajilla.... Bien que
+corrí. Casualidad fue acertar con su cuarto. Es un cuarto muy bonito.
+Tiene el retrato de su madre: ¡pobre señora! Duhamel es un gran médico,
+pero hay males que sólo se curan, digo yo... en el hoyo. Allí todo se
+cura. Qué bien se debe estar allí... y aquí también. Se está muy bien...
+dan ganas de dormir, porque....
+
+--Duerme, Lucía, mi alma y mi vida--murmuró apasionada y vibrante voz--.
+Duerme, a mi amparo y no temas. Duerme: ni en el lecho de tu infancia,
+velada por tu madre, dormiste más segura. Que vengan, que vengan a
+buscarte aquí.
+
+Como cierva herida a traición por una saeta, brincó Lucía al sonido de
+aquellas palabras, y abriendo los ojos y pasándose la mano por la
+frente, quedose de pie ante Artegui, mirando a todos lados, encendidas
+por súbito rubor las mejillas y clara ya la mirada y el entendimiento.
+
+--Pero...--exclamó con tono diferente--yo aquí... sí, ya sé por qué
+vine, y a qué vine, y cuándo... y ya recuerdo también.... ¡Ah, Don
+Ignacio, Don Ignacio! se asombrará usted y con razón de haberme hallado
+cuando menos lo pensaba.... ¡En qué instante entré! Gracias, Virgen y
+madre mía; ya tengo mis cinco sentidos y mi juicio cabal, y puedo
+echarme a los pies de usted, Don Ignacio, y decirle: por Dios señor, por
+la memoria de su señora madre, que está en el cielo, por.... ¡no sé por
+qué! Por todo, no vuelva usted.... ¡Prométame que no volverá a idear
+quitarse la vida, que puede emplearla tan bien!... Si yo supiese de
+discursos, y fuese sabia como el Padre Urtazu, lo diría mejor, pero
+usted me entiende.... ¿verdad que sí? Prométame usted... no volver... no
+volver....
+
+Y Lucía, desgreñada, patética, hermosa, se arrojó a los pies de Artegui,
+y abrazó sus rodillas, y se arrastró en la alfombra. A duras penas la
+alzó el pesimista.
+
+--Usted sabe--dijo confuso--que yo estimaba poco la vida... digo más,
+que la aborrecía desde que llegué a entender su vacuidad y cuán inútil
+carga es para el hombre... y ahora, muerta mi madre y sin tener a nadie
+que sintiera mi falta....
+
+Dos arroyos de llanto y el anhelar de un pecho fueron la respuesta.
+Artegui subió a Lucía en vilo al diván y se sentó a su lado.
+
+--No llores--dijo apeándole otra vez el tratamiento--, no llores,
+regocijate, porque has vencido. ¡Qué mucho, si representas la ilusión
+más cara al hombre, la ilusión única que vale cien realidades, la
+ilusión que sólo se disipa en el regazo de la muerte! ¡La más tenaz e
+invencible de cuantas la naturaleza dispone para adherirnos a la vida y
+conservar nuestra especie! Escúchame. No quiero decirte que tú eres para
+mí la felicidad, porque la felicidad no existe y yo no he de engañarte,
+pero lo que sí te afirmo es que por ti puede ser digno de un espíritu
+noble preferir la vida a la muerte. Entre los engaños que a la tierra
+nos apegan, uno hay que ilude más dulcemente con mieles suavísimas, con
+regalos tan inefables y embriagadores, que es lícito al hombre
+entregarse a un bien que, con ser fingido, así embellece y dora la
+existencia. Óyeme, óyeme. Huí siempre de las mujeres, porque, conocedor
+del triste misterio del inundo, del mal transcendente de la vida, no
+quería apegarme por ellas a esta tierra mísera, ni dar el ser a
+criaturas que heredasen el sufrimiento, único legado que todo ser humano
+tiene certeza de transmitir a sus hijos.... Sí, yo consideraba que era
+un deber de conciencia obrar así, disminuir la suma de dolores y males;
+cuando pensaba en esta suma enorme, maldecía al sol que engendra en la
+tierra la vida y el sufrimiento, las estrellas que sólo son orbes de
+miseria, el mundo este, que es el presidio donde nuestra condena se
+cumple, y por fin, el amor, el amor que sostiene y conserva y perpetúa
+la desdicha, rompiendo, para eternizarla, el reposo sacro de la nada...
+¡La nada!, la nada era el puerto de salvación a que mi combatido
+espíritu quiso arribar.... La nada, la desaparición, la absorción en el
+Universo, disolución para el cuerpo, paz y silencio eterno para el
+espíritu.... Si yo tuviese fe, ¡qué hermosísimo y atractivo y dulce me
+parecería el claustro! Ni voluntad, ni deseo, ni sentidos, ni
+pasiones... un sayal, un muerto ambulante debajo.... Pero....
+
+Artegui se inclinó a Lucía con inquietud.
+
+--¿Me comprendes?--interrogó de pronto.
+
+--Sí, sí...--dijo ella, y su cuerpo temblaba.
+
+--Pero... pero te vi...--continuó Artegui--. Te vi por casualidad, y por
+azar también, y sin que de mí dependiese, estuve a tu lado algún tiempo,
+respiré tu aliento, y sin querer... sin querer... comprendí que.... No
+quise confesarme a mí mismo tu victoria, ni la conocí hasta que te dejé
+en ajenos brazos.... ¡Oh! ¡Cómo maldije mi necedad en no haberte llevado
+conmigo entonces! Cuando recibí tu carta de pésame, estuve a dos dedos
+de ir a buscarte....
+
+Artegui hizo breve pausa.
+
+--Tú fuiste la ilusión.... Sí, por ti hizo otra vez presa en mi alma la
+naturaleza inexorable y tenaz.... Fui vencido.... No era posible ya
+obtener la quietud de ánimo, el anonadamiento, la perfecta y
+contemplativa tranquilidad a que aspiraba... por eso quise poner fin a
+mi vida, cada vez más insufrible....
+
+Interrumpiose de nuevo, y añadió, viendo que Lucía callaba:
+
+--Quizá no me comprendas bien.... Son cosas, aunque tan ciertas,
+obscuras para quien por vez primera las oye.... Pero me entenderás si te
+digo llanamente que no moriré, porque te quiero, y me quieres, y ahora,
+suceda lo que suceda, vivo.
+
+Dijo esto con ímpetu más violento aún que amoroso, y echó sus brazos al
+cuello de Lucía, y arrimola a sí con fuerza sobrehumana. Creyó ella
+sentir dos tenazas dulcísimas de fuego que la derretían y abrasaban
+toda, y reuniendo su vigor nervioso, se desprendió de ellas, quedándose
+trémula y erguida ante el pesimista. Su alta estatura, su ademán de
+indignación suprema, la asemejaran a bello mármol antiguo, si la bata de
+merino negro no borrase la clásica semejanza.
+
+--Don Ignacio--balbucía la leonesa--usted se engaña, se engaña.... Yo no
+le quiero a usted... es decir, de ese modo, no, nunca.
+
+--Atrévete a jurarlo--rugió él.
+
+--No... no, me basta decirlo--replicó Lucía con creciente firmeza--. Eso
+no.
+
+Y dio dos pasos hacia la puerta.
+
+--Escúchame un instante--insistió él deteniéndola--. Sólo un instante.
+Tengo fortuna sobrada; mi viaje, según cree todo el mundo, se verificará
+esta noche. Estamos en un país libre, iremos a otro más libre aún. En
+los Estados Unidos nadie le pregunta a nadie de dónde viene, ni adónde
+va, ni quién es, ni qué hace. Nos vamos juntos. La vida juntos ¿oyes? la
+vida. Mira, yo sé que tú lo deseas. Tú estás muriendo por decir que sí.
+Sé de fijo que no eres dichosa, ni estás bien casada, y que te
+desmejoras, y sufres.... No pienses que no lo sé. Sólo yo te quiero, y
+te ofrezco....
+
+Lucía dio otros dos pasos, pero fue hacia Artegui, y con uno de esos
+movimientos rápidos, infantiles, festivos, que suelen tener las mujeres
+en las ocasiones más solemnes y graves, se apretó la holgada bata en la
+cintura, y manifestó la curva, ya un tanto abultada, de sus gallardas
+caderas. Sacudió la cabeza, y dijo:
+
+--¿Cree usted eso? Pues Don Ignacio.... ¡ya mandará Dios quien me
+quiera!
+
+Ignacio bajó la frente, abrumado por aquel grito de triunfo de la
+naturaleza vencedora. Pareciole que era Lucía la personificación de la
+gran madre calumniada, maldecida por él, que risueña, fecunda, próvida,
+indulgente, le presentaba la vida inextinguible encerrada en su seno, y
+le decía: «Tonto de pesimista, mira lo que puedes tú contra mí. Soy
+eterna.»
+
+--No importa--murmuró él resignado y humilde--. Por lo mismo.... Yo le
+serviré de padre, Lucía; yo respetaré tus sacros derechos como no los
+respetará tu marido, no. Seremos tres dichosos en vez de dos... nada
+más.
+
+Cogiola de la falda y la obligó blandamente a sentarse.
+
+--Hablemos así, tranquilos.... Pero, ¿por qué no quieres? Yo no te
+entiendo--dijo con renovada vehemencia--. ¿No era amor, no era amor lo
+que mostrabas en el camino y en Bayona? ¿No es amor venir aquí hoy...
+sola... por verme? ¡Oh! no puedes defenderte.... Urdirás mil sofismas,
+idearás mil sutilezas, pero.... ¡ello se ve! Mientes si lo niegas,
+¿sabes? No creí que en tu inocencia cupiese el mentir.
+
+Alzó la frente Lucía.
+
+--No, Don Ignacio; diré la verdad... creo que ya es mejor que la diga,
+porque tiene usted razón, he venido aquí.... Sí, señor; oígalo usted. Yo
+le quiero como una loca, desde Bayona... no desde que le vi.... Ya lo
+oye usted. Yo no tengo la culpa; ha sido contra mi voluntad, bien lo
+sabe Dios.... Al principio creí que no era posible, que sólo me daba
+usted... lástima... y así... mucho agradecimiento por sus bondades
+conmigo... Creía yo que una mujer casada sólo puede querer a su
+marido.... Si alguien me dijese que era esto... le insultaría, de
+fijo.... Pero a fuerza de cavilar... no, yo no lo acerté, ni por
+pienso.... Fue otro, fue quien conoce y entiende más que yo de los
+misterios del corazón.... Mire usted, si yo supiese que era usted feliz,
+me hubiera curado... y también si alguien me mostrase compasión a su
+vez.... ¡Caridad! ¡Compasión!... Yo la tengo de todo el mundo... y de
+mí... nadie, nadie la tiene.... Así es que.... ¿Se acuerda usted de lo
+alegre que era yo? Usted aseguraba que mi presencia le traía
+regocijo.... Pues... ya me he acostumbrado a pensar cosas tan negras
+como usted.... Y a desear la muerte. Si no fuese por lo que espero... me
+daría el mejor rato del mundo el que me pusiese donde está Pilar. Yo era
+fuerte y sana.... Ya no tengo ni una hora buena. Esto ha sido como si un
+rayo me abrasase toda.... Es un azote de Dios. Lo más amargo de todo es
+pensar en usted... que ha de ser desdichado en este mundo, réprobo en el
+otro....
+
+Artegui escuchaba entre jubiloso y compadecido.
+
+--Entonces, Lucía...--dijo con expresión.
+
+--Entonces, usted que es bueno y rebonísimo, porque si no lo fuese yo no
+le querría de tal modo, me va a dejar marchar... y en caso contrario, me
+marcharé yo, aunque salte por la ventana.
+
+--¡Desdichada!--murmuró él torvamente, volviendo a su abatimiento
+antiguo--. ¡Das con el pie a la felicidad! es decir, a la felicidad no,
+pero al menos a su sombra, y sombra tan hermosa al fin....
+
+Incorporose de pronto; sacudiéndose y retorciéndose como un león en la
+agonía.
+
+--Dame una razón--gritó--. Si no, me mataré a tu vista. Sepa yo al menos
+por qué. ¿Es por tu padre? ¿es por tu marido? ¿es por tu hijo? ¿es por
+el mundo? ¿es?...
+
+--Es--murmuró ella bajándose y con gran dulzura--. Es... por Dios.
+
+--¡Dios!--gimió el pesimista--. Y si no lo hub....
+
+Una mano le tapó la boca.
+
+--¡Duda usted aún después de que hoy, por un milagro... usted lo dijo,
+por un milagro... ha preservado su vida!
+
+--Pero tu Dios está enojado contigo--objetó él--. Le ofendiste al
+amarme; le ofendes al seguir amándome; viniendo aquí, le agraviastes
+más....
+
+--Con un pie en el borde del abismo para caer, con el cuerpo medio
+hundido ya en las llamas del infierno... mi Dios me salva y me perdona,
+si a él se convierte mi voluntad.... Ahora, ahora voy a pedirle que me
+salve.
+
+--Y no te salvará--repuso Artegui tomándole las manos--; no te salvará,
+porque adondequiera que vayas, aunque huyas de mí hasta ocultarte en el
+mismo centro de la tierra, aunque te escondas en la celda de un
+convento, me querrás, me adorarás, le ofenderás recordándome. No, tu
+sinceridad no te permite negarlo. ¡Ah! ¡Si se pudiese querer o no, a
+voluntad! pero harto te dice la conciencia que, hagas lo que hagas, yo
+estaré contigo siempre... siempre. Mira: por lo mismo que te
+horroriza... por lo mismo sucederá. Y te digo más: vendrá un día en que,
+como hoy, desearás verme, aunque sólo sea el espacio de un segundo... y
+atropellando por cuantos obstáculos se ofrezcan, y despreciando cuantas
+trabas te lo impidan, vendrás a mí... a mí.
+
+Diciendo esto la sacudía por las muñecas, como el huracán sacude al
+tierno arbusto.
+
+--Dios--murmuraba ella débilmente--. Dios sabe más que usted, y que yo,
+y que todos.... Le pediré que me ampare, y lo hará; le conviene hacerlo;
+lo hará, lo hará.
+
+--No--respondió Artegui con fuerza--. Sé que vendrás, que vendrás
+arrastrada como la piedra, por tu peso propio, a caer en este abismo...
+o en este cielo; vendrás, vendrás. Mira, estoy tan cierto de ello, que
+ya no debes temer que me mate.... No quiero morir, porque sé que es la
+ley de las cosas que un día vengas a mí, y ese día--que llegará--quiero
+estar aún en el mundo para abrirte así los brazos.
+
+A no estar Lucía vuelta de espaldas a la luz, Artegui pudiera haber
+visto el júbilo que se difundía por su rostro, y sus ojos que un segundo
+se alzaron al cielo dando gracias. Los brazos de Artegui, abiertos
+esperaban, Lucía se inclinó, y más rápida que las golondrinas, cuando al
+cruzar los mares rozan el agua, apoyó un instante la cabeza en los
+hombros de Artegui.
+
+En seguida, y con presteza no menor, fue a la mesa, y tomando el
+candelero y entregándoselo a Ignacio, dijo en voz entera y tranquila:
+
+--Alumbre usted.
+
+Artegui alumbró sin pronunciar palabra. Su sangre se había enfriado de
+pronto, y sólo le quedaba, de la terrible crisis, cansancio y melancolía
+más profundos que nunca. Cruzaron el dormitorio, el pasillo, sin
+despegar los labios. En el pasillo ya, Lucía se volvió un momento y miró
+aquel rostro como si quisiera grabarlo con indelebles y fortísimos
+caracteres en su retina y en su memoria. La cabeza de Artegui, alumbrada
+en pleno por la luz que en la mano tenía, se destacaba sobre el fondo
+obscuro del cuero estampado que cubría la pared. Era una bella cabeza,
+más por la expresión y carácter que por la misma regularidad de
+facciones. El negror de la barba realzaba su interesante palidez, y su
+abatimiento la asemejaba a las cabezas muertas del Bautista, tan
+valientes en su claro obscuro, que creó nuestra trágica escuela nacional
+de pintura. También él miraba a Lucía, con tal pena y lástima, que no lo
+pudo ella sufrir más, y corrió a la puerta. En el umbral, Artegui sondeó
+con la mirada las profundidades del jardín.
+
+--¿La acompaño a usted?--dijo.
+
+--No pase usted de ahí... apague la luz, cierre al punto la puerta.
+
+Artegui ejecutó lo primero; pero antes de realizar lo segundo, murmuró
+al oído mismo de Lucía:
+
+--En Bayona me dijiste una vez: «¿Me va usted a dejar sola?» Ahora me
+toca a mí repetírtelo. Quédate.... A tiempo estás aún. Ten compasión de
+mí, y de ti.
+
+--Porque la tengo...--replicó ella ahogándose--. Por eso.... Adiós, Don
+Ignacio.
+
+--Hasta luego--contestó una voz perceptible apenas. La puerta se cerró.
+
+Lucía miró al cielo, en que brillaban las estrellas, y sintió un frío
+agudo. Arrodillose en el vestíbulo, y apoyó la cara contra la puerta. En
+aquel momento se acordaba de una circunstancia pueril; la puerta estaba
+por dentro forrada de brocado rojo obscuro, de los tonos mates del
+cuero. No supo por qué recordaba tal detalle; pero suele ocurrir así; en
+momentos semejantes, acuden ideas que ninguna importancia tienen ni
+guardan conexión alguna con los acontecimientos decisivos que están
+pasando.
+
+Miranda había salido aquella tarde a dar una vuelta, para despejarse,
+decía él, la cabeza. Cuando volvió al hotel subió a la cámara mortuoria,
+y allí halló a Juanilla, transida de miedo y de cansancio, velando a la
+difunta. La criada le dijo, en son de queja, que la señorita Lucía le
+había encargado velar un rato, pero que el rato era ya muy largo,
+larguísimo, y que ella no podía más. Por el espíritu suspicaz de Miranda
+no cruzó ni sombra de recelo entonces, y dijo con naturalidad:
+
+--La señorita se habrá ido a dormir; está muy cansada... pero vete,
+chica que yo enviaré a Sardiola.
+
+Así lo hizo, en efecto, y oyendo en seguida la campana que llamaba a la
+mesa redonda, bajó al comedor, sintiendo aquel día excelente apetito,
+cosa no cotidiana en su enervado estómago. Faltaba aún, para que
+sirviesen la sopa, los sacramentales segundos y tercer toque. Había
+grupos de huéspedes que conversaban esperando; la mayor parte hablaban
+de la muerte de Pilar en voz queda, por consideración a Miranda, a quien
+conocían; sólo un núcleo de tres o cuatro navarros y vascongados
+platicaban de recio, por ser el asunto de su conversación de aquellos
+que no encierran misterio alguno. No obstante, de tal manera fijó la
+atención de Miranda lo que decían, que inmóvil y vuelto todo oídos, no
+respiraba casi. A los diez minutos de escuchar supo cuanto saber no
+quisiera: que Artegui estaba en París, que vivía en la casa de al lado,
+que se podía pasar a su domicilio por el jardín, puesto que uno de los
+vascongados declaraba haber lo hecho aquella mañana con objeto de
+visitarle.... El camarero que cruzaba a la sazón con una bandeja llena
+de platos de humeante sopa, indicó a Miranda que podía sentarse, y él en
+vez de oírle, tomó escalera arriba como un frenético, y entró sin
+respeto alguno en la cámara mortuoria.
+
+--¿Dónde está la señorita Lucía?--preguntó brutalmente a Sardiola, que
+velaba.
+
+--No sé...--El fiel perro alzó los ojos y contempló las facciones
+descompuestas del marido, y una intuición rápida le dijo docenas de
+cosas. Miranda salió como un cohete, y recorrió las habitaciones
+llamando a Lucía a gritos. Silencio profundo. Entonces resueltamente
+salió al balcón, y bajó al jardín.
+
+Un bulto negro descendía las escaleras del vestíbulo de casa de Artegui.
+A la luz de los astros, y a la de los lejanos faroles de la calle, se
+advertía su vacilante andar, y a las manos que frecuentemente llevaba a
+su rostro. Miranda esperó, esperó como el cazador en acecho. El bulto
+iba acercándose. De pronto salió de entre un seto de arbustos un hombre
+y se oyó una imprecación soez, que traducida al lenguaje de las personas
+beneparlantes pudiera sonar así:
+
+--¡Mala mujer!
+
+Hubo ademanes violentos, y un cuerpo cayó.... Llegaba en esto corriendo
+otra figura humana, que venía también del hotel por la escalera, e
+interponiéndose, se inclinó para recoger a Lucía. Miranda accionaba, y
+con voz ronca, estrangulada y tartajosa de rabia, decía, dando al diablo
+todo su porte cortesano:
+
+--Fuera de ahí, so tío... so entrometido.... ¿usted que... qué tiene que
+ver?... Yo la abo... la abofeteo, porque pu... pu... puedo y me da la
+gana.... Soy su marido. Si no se va usted, le parto por la mitad... le
+abro en canal....
+
+A ser Sardiola alguna pared de cal y canto, atendiera más a las
+invectivas de Miranda de lo que lo hizo. Con soberana indiferencia y
+fuerza hercúlea cargó en sus hombros el bello bulto inanimado, y
+separando al marido de un vigoroso empujón, tomó escalera arriba, no
+parando hasta depositar la preciosa carga en un sofá de la estancia
+mortuoria. Tras él entró el energúmeno, pero se contuvo algo al ver la
+actitud briosa y los centelleantes ojos del ex voluntario carlista, que
+con su cuerpo hacía parapeto al de la desmayada.
+
+--Si no se va usted...--aulló Miranda tendiendo los puños.
+
+--¡Irme!--contestó Sardiola apaciblemente--. ¡Bueno es irme! ¡Para que
+usted la ahogue, y se quede tan fresco! ¡mal hombre! vergüenza debiera
+darle a usted tocar al pelo de la ropa a la señorita.
+
+--Pero usted.... ¿qué autoridad tiene aquí?... ¿quién le mete?... y la
+cabeza iracunda de Miranda tenía un temblor senil.... Váyase
+usted--gritó con renovado furor, o buscaré un arma--. Los ojos
+inyectados del marido recorrieron la estancia, hasta tropezar con el
+cadáver, que conservaba ante aquella escena su vaga sonrisa fúnebre.
+Sardiola, entretanto, metiendo la mano en el bolsillo de su chaleco,
+sacó una mediana faca, de picar tabaco sin duda, y la arrojó a los pies
+de su adversario.
+
+--Tome usted--dijo con ese garbo caballeresco que tan frecuentemente se
+halla en la plebe española... a mí me ha dado Dios buenos puños.
+
+Quedose Miranda indeciso un punto, y volviendo a aullar, derramó a
+borbotones su ira, exclamando:
+
+--Mire usted que la cogeré... la cogeré.... Váyase usted, no me tiente
+la paciencia....
+
+--Cójala usted--replicó Sardiola risueño de puro desdeñoso... a ver cómo
+se lucen esos ánimos... porque pensar que he de irme yo... a no ser que
+la misma señorita me lo mandase....
+
+--Vete, Sardiola--dijo una débil voz desde el sofá; y Lucía abrió los
+ojos, y clavó su mirada en el camarero, con reconocimiento y autoridad.
+
+--Pero señorita, eso de irme, y....
+
+--Vete, digo.--Y Lucía se incorporó, tranquila en apariencia: Miranda
+oprimía en la diestra la faca. Sardiola, arrojándose a él, se la
+arrebató, y tomando desesperada resolución, salió al pasillo gritando:
+«Socorro, socorro; se ha puesto mala la señorita». Diose de manos a boca
+con dos personas que subían la escalera, y que al oírle se precipitaron
+en la estancia mortuoria. Eran el Padre Arrigoitia y Duhamel, el médico.
+Hallaron un grupo extraño: al pie de la cama en que yacía la muerta, una
+mujer tendía las mano s para amparar sus flancos y su seno de los golpes
+que le descargaba, a puño cerrado, un hombre.... Con vigor no presumible
+en su endeble cuerpo de cañaheja, interpúsose el Padre Arrigoitia,
+atrapando, si las crónicas no mienten, algún sopapo en la venerable
+tonsura; y a su vez Duhamel, emulando con científico valor el arresto
+del jesuita, cogió del brazo al furioso, logrando pararle.... Lástima
+grande que no fuese posible a ningún taquígrafo estenografiar el donoso
+y elocuente discurso que en chapurradísima ensalada
+franco-luso-brasileña dirigió el buen doctor a Miranda, con el fin de
+demostrarle cuán bárbaro y cruel era eso de aporrear a una _menina_ que
+está en las circunstancias de Lucía.... Miranda oía con rostro cada vez
+más torvo, mientras el Padre Arrigoitia prodigaba a la maltratada mujer
+cuidados y consuelos afectuosísimos. De pronto el marido se encaró con
+el médico, y preguntándole broncamente:
+
+--¿Dice usted... que esa mujer está encinta? Lo ha dicho usted.
+
+--_Sim_--contestó Duhamel meneando la cabeza afirmativamente, con
+rítmica precisión.
+
+--¿De cuántos meses?
+
+--_Acrescento_ que de cuatro. _O tempo_ justo que hará que se casó....
+
+Miranda tendió la vista por todos lados, hincó sus pupilas en su mujer,
+en el jesuita, en el doctor.... Después cogió a estos dos de la mano y
+les rogó tartamudeando, que le concediesen una conferencia de algunos
+minutos. Pasaron a la habitación inmediata, y Lucía quedó sola con el
+cadáver. Pudo creer que era terrible pesadilla todo lo ocurrido. El
+balcón, abierto, dejaba ver las obscuras masas del arbolado del jardín;
+las estrellas brillaban convidando a dulces meditaciones; ardían los
+cirios ante Pilar, y en la fachada de Artegui se veía luz al través de
+unas cortinas.... Bajar diez escalones, y encontrarse en el jardín;
+atravesar el jardín, y encontrarse sobre un pecho amante que para ella
+era cera suavísima, acero para sus enemigos.... ¡Horrible tentación!
+Lucía se apretaba el corazón con las manos, se hincaba las uñas en el
+pecho.... Uno de los golpes recibidos le dolía mucho; era en la
+clavícula, y parecíale como si tuviese allí un tornillo que le
+retorciera los músculos para que estallasen. Si Artegui se presentase
+entonces.... Llorar, llorar con la cabeza apoyada en sus hombros.... Al
+fin se acordó de una oración, que le había enseñado el Padre Urtazu, y
+dijo: «Dios mío, por vuestra Cruz, dadme paciencia, paciencia». Estuvo
+largo rato repitiendo entre gemidos: «paciencia».
+
+El Padre Arrigoitia se presentó al fin, solo. Su frente ebúrnea venía
+cubierta de arrugas y sombras. Hablaron largo rato Lucía y él, en el
+balcón, sin sentir el frío, que era más que mediano. Lucía abrió por fin
+ancho cauce al dolor.
+
+--Ya ve usted si yo mentiría... ahí, delante de ese cadáver.... Ahora
+mismo pudiera marcharme con él, Padre... y si Dios no estuviese en el
+cielo....
+
+--Pero está, está... y nos mira...--respondía el jesuita acariciándole
+afablemente las manos heladas--. Basta de delirio.... ¿No ve usted cómo
+empieza ya a castigarla? Inocente es usted de lo que la imputa el señor
+don Aurelio, y, sin embargo, su atroz sospecha... tiene, tiene
+apariencias de fundamento... porque usted misma se las ha dado, yendo
+hoy a casa de ese hombre.... La castiga a usted Dios en lo que más
+quiere; en ese angelito que no vino aún al mundo....
+
+Lucía sollozó amargamente.
+
+--Vamos, ánimo, pobrecita, hijita mía... siguió el padre espiritual cada
+vez más meloso y consolador. Y ¡por Dios y su madre santa! A España, a
+España mañana mismo.
+
+--¿Con él?--preguntó Lucía horrorizada.
+
+--Él hace sus maletas para tomar el tren de la noche.... Se va a
+Madrid... La deja a usted.... Si usted quisiera arrojarse a sus pies, y
+con humildad y arrepentimiento....
+
+--Eso no, padre...--gritó la altiva castellana--. Creerá que soy lo que
+él me llama.... No, no.--Y con más blandura, añadió--: Padre, hoy me he
+portado como buena, pero estoy rendida..., no me pida hoy más. Fáltanme
+ya las fuerzas.... Piedad, Señor, piedad.
+
+--Pido, sí, pido por amor de Jesucristo... que mañana mismo se vaya
+usted a España.... No me aparto de usted hasta dejarla en el tren....
+Váyase usted, hija querida, con su padre. ¿No ve usted que tengo razón?
+Qué creerá su marido de usted si se queda usted aquí... pared por
+medio... usted es demasiado discreta y buena para intentarlo siquiera.
+¡Por esa criaturita! Que su padre se persuada.... porque se persuadirá
+con el tiempo y su conducta de usted.... ¡Ah! ¡No separe el hombre lo
+que Dios ha unido! Él volverá, volverá al lado de su esposa..., no lo
+dude usted. Hoy en su cólera... se dejó arrastrar... pero mañana....
+
+Sollozos más hondos y desgarradores fueron la respuesta.
+
+El Padre Arrigoitia estrechó cariñosamente las manos de la afligida.
+
+--¿Me promete usted...?--murmuró con ardiente súplica, con la autoridad
+toda de su voz, acostumbrada a mandar en los espíritus.
+
+--Sí, respondió Lucía.... Me iré mañana... pero déjeme ahora
+desahogar..., me muero.
+
+--Llore usted--contestó el jesuita--. Ensanche ese corazón. Yo rezaré
+entretanto.
+
+Y entrando de nuevo en la estancia, arrodillose al lado del lecho
+mortuorio, sacó su breviario, y a la luz parpadeante de los blandones,
+fue leyendo en voz alta, compuesta y grave, las cláusulas melancólicas
+del oficio de difuntos.
+
+ * * * * *
+
+Más de dos semanas dio pasto a las lenguas ociosas de León el singular
+suceso de la llegada de Lucía González, sola, triste, desmejorada y
+encinta, a la casa paterna. Inventáronse mentiras como castillos para
+explicar el misterio de su vuelta, el retiro en que se dio a vivir, la
+tremenda pesadumbre que nublaba el rostro del tío Joaquín González, la
+desaparición del marido, y tantas y tantas cosas que a escándalo y drama
+conyugal transcendían. Como suele suceder en casos análogos, rodaron
+algunos adarmes de verdad envueltos en arrobas de patrañas, y algo se
+dijo que no iba del todo fuera de camino; mas por falta de datos
+secretos que enlazara los conocidos, anduvo a tropezones el juicio del
+público, y allí caigo, y aquí me levanto, acabó por extraviarse del
+todo. Bien se colige que los despellejadores de oficio hicieron el suyo
+con diligencia y afán extremado, y quién censuró al maduro pisaverde que
+buscaba novia de pocos años, quién al padre vanidoso y majadero, que
+sacrificaba a su hija por afán de hacerla dama, quién a la niña loca
+que.... En suma, pusieron ellos tantas moralejas a la historia de Lucía,
+que yo creo poder eximirme de añadir ninguna. Lo que con más empeño
+criticó la gente, fue este moderno requisito del VIAJE DE NOVIOS,
+costumbre extranjerizada y vitanda, buena sólo para engendrar disturbios
+y horrores de todo linaje. Sospecho que con el triste ejemplo de Lucía,
+tradicionalmente conservado y repetido a las niñas casaderas en lo que
+resta de siglo, no habrá desposados leoneses que osen apartarse de su
+hogar un negro de uña, al menos en los diez primeros años de matrimonio.
+
+_Marzo, 1881_
+
+Recuérdese la fecha de este Prefacio.
+
+
+
+
+
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+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+The Project Gutenberg EBook of Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Un viaje de novios
+
+Author: Emilia Pardo Barzán
+
+Release Date: December 28, 2005 [EBook #17406]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS ***
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+Produced by Chuck Greif
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+<h1>Emilia Pardo Baz&aacute;n</h1>
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+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<a href="#Prefacio"><b>Prefacio</b></a>
+<a href="#I"><b>-I-,</b></a>
+<a href="#II"><b>-II-,</b></a>
+<a href="#III"><b>-III-,</b></a>
+<a href="#IV"><b>-IV-,</b></a>
+<a href="#V"><b>-V-,</b></a>
+<a href="#VI"><b>-VI-,</b></a>
+<a href="#VII"><b>-VII-,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>-VIII-,</b></a>
+<a href="#IX"><b>-IX-,</b></a>
+<a href="#X"><b>-X-,</b></a>
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+<a href="#XII"><b>-XII-,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>-XIII-,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>-XIV-</b></a></td></tr>
+</table>
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="Prefacio" id="Prefacio"></a>Prefacio</h2>
+
+
+<p>En Septiembre del pasado a&ntilde;o 1880, me orden&oacute; la ciencia m&eacute;dica beber las
+aguas de Vichy en sus mismos manantiales, y habiendo de atravesar, para
+tal objeto, toda Espa&ntilde;a y toda Francia, pens&eacute; escribir en un cuaderno
+los sucesos de mi viaje, con &aacute;nimo de publicarlo despu&eacute;s. Mas acudi&oacute; al
+punto a mi mente el mucho tedio y enfado que suelen causarme las
+h&iacute;bridas obrillas viatorias, las &laquo;Impresiones&raquo; y &laquo;Diarios&raquo; donde el
+autor nos refiere sus &eacute;xtasis ante alguna catedral o punto de vista, y a
+rengl&oacute;n seguido cuenta si ac&aacute; dio una peseta de propina al mozo, y si
+acull&aacute; cen&oacute; ensalada, con otros datos no menos dignos de pasar a la
+historia y grabarse en m&aacute;rmoles y bronces. Movida de esta consideraci&oacute;n,
+resolvime a novelar en vez de referir, haciendo que los pa&iacute;ses por m&iacute;
+recorridos fuesen escenario del drama.</p>
+
+<p>Bastar&iacute;a con lo dicho para pr&oacute;logo y antecedentes de mi novela, que m&aacute;s
+no exige ni merece; pero ya que tengo la pluma en la mano, me entra
+comez&oacute;n de tocar algunos puntos, si no indispensables, tampoco
+impertinentes aqu&iacute;. A quien parezcan enojosos, queda el f&aacute;cil arbitrio
+de saltarlos y pasar sin demora al primer cap&iacute;tulo de UN VIAJE DE
+NOVIOS, y plegue a Dios no se el antoje despu&eacute;s peor que la enfermedad
+el remedio.</p>
+
+<p>Tiene cada &eacute;poca sus luchas literarias, que a veces son batallas en toda
+la l&iacute;nea&mdash;como la empe&ntilde;ada entre clasicismo y romanticismo&mdash;y otras se
+concretan a un terreno parcial. O mucho me equivoco o este terreno es
+hoy la novela y el drama, y en el extranjero, la novela sobre todo.
+Reina en la poes&iacute;a l&iacute;rica, por ejemplo, libertad tal, que raya en
+anarqu&iacute;a, sin que nadie de ello se espante, mientras la escuela de
+noveladores franceses que enarbolan la bandera realista o naturalista,
+es asunto de encarnizada discusi&oacute;n y suscita tan agrias censuras como
+acaloradas defensas. Sus productos recorren el globo, mal traducidos,
+peor arreglados, pero con segura venta y n&uacute;mero de ediciones
+incalculable. Es de buen gusto horrorizarse de tales engendros, y
+cert&iacute;simo que el que m&aacute;s se horroriza no ser&aacute; por ventura el que menos
+los lea. Para el experto en cuestiones de letras, todo ello indica algo
+original y caracter&iacute;stico, fase nueva de un g&eacute;nero literario, un signo
+de vitalidad, y por tal concepto, m&aacute;s reclama detenido examen que
+sempiterno desprecio o ciego encomio.</p>
+
+<p>De la pugna surgi&oacute; ya alg&uacute;n principio fecundo, y tengo por importante
+entre todos el concepto de que la novela ha dejado de ser mero
+entretenimiento, modo de enga&ntilde;ar gratamente unas cuantas horas,
+ascendiendo a estudio social, psicol&oacute;gico, hist&oacute;rico, pero al cabo
+estudio. Ded&uacute;cese de aqu&iacute; una consecuencia que a muchos sorprender&aacute;: a
+saber, que no son menos necesarias al novelista que las galas de la
+fantas&iacute;a, la observaci&oacute;n y el an&aacute;lisis. Porque en efecto, si reducimos
+la novela a fruto de lozana inventiva, pararemos en proponer como ideal
+del g&eacute;nero las <i>Sergas de Esplandi&aacute;n</i> o las <i>Mil y una noches</i>. En el
+d&iacute;a&mdash;no es l&iacute;cito dudarlo&mdash;la novela es traslado de la vida, y lo &uacute;nico
+que el autor pone en ella, es su modo peculiar de ver las cosas reales:
+bien como dos personas, refiriendo un mismo suceso cierto, lo hacen con
+distintas palabras y estilo. Merced a este reconocimiento de los fueros
+de la verdad, el realismo puede entrar, alta la frente, en el campo de
+la literatura.</p>
+
+<p>Puesto lo cual, cumple a&ntilde;adir que el discutido g&eacute;nero franc&eacute;s nov&iacute;simo
+me parece una direcci&oacute;n realista, pero errada y torcida en bastantes
+respectos. Hay realismos de realismos, y pienso que a ese le falta o m&aacute;s
+bien le sobra algo para alardear de g&eacute;nero de buena ley y durable
+influjo en las letras. El gusto malsano del p&uacute;blico ha pervertido a los
+escritores con oro y aplauso, y ellos toman por acierto suyo lo que no
+es sino bellaquer&iacute;a e indelicadeza de los lectores. No son las novelas
+naturalistas que mayor boga y venta alcanzaron, las m&aacute;s perfectas y
+reales; sino las que describen costumbres m&aacute;s licenciosas, cuadros m&aacute;s
+libres y cargados de color. &iquest;Qu&eacute; mucho que los autores repitan la dosis?
+Y es que antes se llega a la celebridad con esc&aacute;ndalo y talento, que con
+talento solo; y aun suple a veces al talento el esc&aacute;ndalo. Zola mismo lo
+dice: el n&uacute;mero de ediciones de un libro no arguye m&eacute;rito, sino &eacute;xito.</p>
+
+<p>No censuro yo la observaci&oacute;n paciente, minuciosa, exacta, que distingue
+a la moderna escuela francesa: desapruebo como yerros art&iacute;sticos, la
+elecci&oacute;n sistem&aacute;tica preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados,
+la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, m&aacute;s que
+todo, un defecto en que no s&eacute; si repararon los cr&iacute;ticos: la perenne
+solemnidad y tristeza, el ce&ntilde;o siempre torvo, la carencia de notas
+festivas y de gracia y soltura en el estilo y en la idea. Para m&iacute; es
+Zola el m&aacute;s hipocondriaco de los escritores habidos y por haber; un
+Her&aacute;clito que no gasta pa&ntilde;uelo, un Jerem&iacute;as que as&iacute; lamenta la p&eacute;rdida
+de la naci&oacute;n por el golpe de Estado, como la ruina de un almac&eacute;n de
+ultramarinos. Y siendo la novela, por excelencia, trasunto de la vida
+humana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, l&aacute;grimas y
+risas, el fondo de la eterna tragicomedia del mundo.</p>
+
+<p>Estos realistas flamantes se dejaron entre bastidores el pu&ntilde;al y el
+veneno de la escuela rom&aacute;ntica, pero, en cambio, sacan a la escena una
+cara de viernes mil veces m&aacute;s indigesta.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, y cu&aacute;n sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional,
+tradici&oacute;n glorios&iacute;sima del arte hispano! &iexcl;Nuestro realismo, el que r&iacute;e y
+llora en la <i>Celestina</i> y el <i>Quijote</i>, en los cuadros de Vel&aacute;zquez y
+Goya, en la vena c&oacute;mico-dram&aacute;tica de Tirso y Ram&oacute;n de la Cruz! &iexcl;Realismo
+indirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiraci&oacute;n;
+no desde&ntilde;oso del idealismo, y gracias a ello, leg&iacute;tima y profundamente
+humano, ya que, como el hombre, re&uacute;ne en s&iacute; materia y esp&iacute;ritu, tierra y
+cielo! Si considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la
+literatura apenas produce a los que la cultivan un mendrugo de amargo
+pan, cuando apenas hay p&uacute;blico que lea ni aplauda, todav&iacute;a nos adornan
+novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en
+perspicacia observadora van en zaga a sus compa&ntilde;eros de Francia e
+Inglaterra (pa&iacute;ses donde el escribir buenas novelas es profesi&oacute;n, a m&aacute;s
+de honrosa, lucrativa), enorgull&eacute;zcome de las ricas facultades de
+nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que logran los
+ingenios de Espa&ntilde;a, y me abochorna la preferencia vergonzosa que tal vez
+concede la multitud a rapsodias y versiones p&eacute;simas de Zola, habiendo en
+Espa&ntilde;a Gald&oacute;s, Peredas, Alarcones y otros m&aacute;s que omito por no alargar
+la nomenclatura.</p>
+
+<p>Si a alg&uacute;n cr&iacute;tico ocurriese calificar de realista esta mi novela, como
+fue calificada su hermana mayor <i>Pascual L&oacute;pez</i>, p&iacute;dole por caridad que
+no me afilie al realismo transpirenaico, sino al nuestro, &uacute;nico que me
+contenta y en el cual quiero vivir y morir, no por mis m&eacute;ritos, si por
+mi voluntad firme. Tanto es mi respeto y amor hacia nuestros modelos
+nacionales, que acaso por mejor imitarlos y empaparme en ellos, di a
+<i>Pascual L&oacute;pez</i> el sabor arcaico, ensalzado hasta las nubes por la
+benevolencia de unos, por otros censurado; pero, en mi humilde parecer,
+no del todo fuera de lugar en una obra que intenta&mdash;en cuanto es posible
+en nuestros d&iacute;as, y en cuanto lo consiente mi escaso ingenio&mdash;recordar
+el sazonad&iacute;simo y nunca bien ponderado g&eacute;nero picaresco. No tendr&iacute;a
+disculpa si emplease el mismo estilo en UN VIAJE DE NOVIOS, de &iacute;ndole
+m&aacute;s semejante a la de la moderna novela llamada de costumbres.</p>
+
+<p>Aun pudiera curarme en salud, vindic&aacute;ndome anticipadamente de otro cargo
+que tal vez me dirija alg&uacute;n malhumorado censor. Hay quien cree que la
+novela debe probar, demostrar o corregir algo, presentando al final
+castigado el vicio y galardonada la virtud, ni m&aacute;s ni menos que en los
+cuentecicos para uso de la infancia. Exigencia es esta a que no est&aacute;n
+sujetos pintores, arquitectos ni escultores: que yo sepa, nadie puso
+tacha a Vel&aacute;zquez porque de sus <i>Hilanderas</i> o sus <i>Ni&ntilde;os bobos</i> no
+resulte lecci&oacute;n edificante alguna. S&oacute;lo al m&iacute;sero escritor entregan
+f&eacute;rula y palmeta a fin de que vapulee a la sociedad, pero con tal
+disimulo, que &eacute;sta haya de tomar los disciplinazos por caricias, y
+enmendarse a puros entretenidos azotes. Yo de m&iacute; s&eacute; decir que en arte me
+enamora la ense&ntilde;anza indirecta que emana de la hermosura, pero aborrezco
+las p&iacute;ldoras de moral rebozadas en una capa de oro literario. Entre el
+impudor fr&iacute;o y afectado de los escritores naturalistas y las homil&iacute;as
+sentimentales de los autores que toman un p&uacute;lpito en cada dedo y se van
+por esos trigos predicando, no escojo; me quedo sin ninguno. Podr&aacute; este
+mi criterio parecer a unos laxo, a otros en demas&iacute;a estrecho: a m&iacute; me
+basta saber que, pr&aacute;cticamente, lo profesaron Cervantes, Goethe, Walter
+Scott, Dickens, los pr&iacute;ncipes todos de la romancer&iacute;a.</p>
+
+<p>Y perd&oacute;name, lector benigno, que a tan ilustres personajes haya tra&iacute;do
+de los cabellos con ocasi&oacute;n de mis insignificantes escritos. Por ventura
+suele la vista de una charca recordar el Oc&eacute;ano; mas la charca, charca
+se queda. Harto se lo sabe ella, y bien le pesa de su peque&ntilde;ez; pero no
+la hizo Dios m&aacute;s grande, por lo cual echar&aacute; mano de la resignaci&oacute;n que a
+ti te desea, si has de recorrer estas p&aacute;ginas.</p>
+
+<p class="derecha">EMILIA PARDO BAZ&Aacute;N</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="Un_viaje_de_novios" id="Un_viaje_de_novios"></a>Un viaje de novios</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>Que la boda no era de gentes del gran mundo, conoc&iacute;ase a tiro de
+ballesta, a la primer ojeada. No hay duda que los desposados pod&iacute;an
+alternar con la m&aacute;s selecta sociedad, al menos por su aspecto exterior;
+pero la mayor&iacute;a del acompa&ntilde;amiento, el coro, pertenec&iacute;a a la clase
+media, en el l&iacute;mite en que casi se funde con la masa popular. Hab&iacute;a
+grupos curiosos y dignos de examen, ofreciendo el and&eacute;n de la estaci&oacute;n
+de Le&oacute;n golpe de vista muy interesante para un pintor de g&eacute;nero y
+costumbres.</p>
+
+<p>Ni m&aacute;s ni menos que en los pa&iacute;ses de abanico cuyas mitol&oacute;gicas pinturas
+representan nupcias, se notaba all&iacute; que el s&eacute;quito de la novia lo
+compon&iacute;an hembras, y s&oacute;lo individuos del sexo fuerte formaban el del
+novio. Advert&iacute;ase asimismo gran diferencia entre la condici&oacute;n social de
+uno y otro cortejo. La escolta de la novia, mucho m&aacute;s numerosa, parec&iacute;a
+poblado hormiguero: viejas y mozas llevaban el sacramental traje de
+negra lana, que viene a ser como uniforme de ceremonia para la mujer de
+clase inferior, no exenta, sin embargo, de ribetes se&ntilde;oriles: que el
+pueblo conserva aun el privilegio de vestirse de alegres colores en las
+circunstancias regocijadas y festivas. Entre aquellas hormigas humanas
+hab&iacute;alas de pocos a&ntilde;os y buen palmito, risue&ntilde;as unas y alborotadas con
+la boda, otras quejumbrosicas y encendidos los ojos de llorar, con la
+despedida. Media docena de maduras due&ntilde;as las autorizaban, sacando de
+entre el velo del manto la nariz, y girando a todas partes sus pupilas
+llenas de experiencia y malicia. Todo el racimo de amigas se api&ntilde;aba en
+torno de la nueva esposa, manifestando la pueril y &aacute;vida curiosidad que
+despierta en las multitudes el espect&aacute;culo de las situaciones supremas
+de la existencia. Se estaban comiendo a miradas a la que mil veces
+vieran, a la que ya de memoria sab&iacute;an: a la novia, que con el traje de
+camino se les figuraba otra mujer, divers&iacute;sima de la conocida hasta
+entonces. Contar&iacute;a la hero&iacute;na de la fiesta unos diez y ocho a&ntilde;os:
+aparentaba menos, atendiendo al moh&iacute;n infantil de su boca y al redondo
+contorno de sus mejillas, y m&aacute;s, consideradas las ya florecientes curvas
+de su talle, y la plenitud de robustez y vida de toda su persona. Nada
+de hombros altos y estrechos, nada de inveros&iacute;miles caderas como las que
+se ven en los grabados de figurines, que traen a la memoria la mu&ntilde;eca
+rellena de serr&iacute;n y paja; sino una mujer conforme, no al tipo
+convencional de la moda de una &eacute;poca, pero al tipo eterno de la forma
+femenina, tal cual la quisieron natura y arte. Acaso esta superioridad
+f&iacute;sica perjudicaba un tanto al efecto del caprichoso atav&iacute;o de viaje de
+la ni&ntilde;a: tal vez se requer&iacute;a un cuerpo m&aacute;s plano, l&iacute;neas m&aacute;s duras en
+los brazos y cuello, para llevar con el conveniente desenfado el traje
+semimasculino, de pa&ntilde;o marr&oacute;n, y la toca de paja burda, en cuyo casco se
+posaba, abiertas las alas, sobre un nido de plumas, tornasolado colibr&iacute;.
+Not&aacute;base bien que eran nuevas para la novia tales extra&ntilde;ezas de ropaje,
+y que la ce&ntilde;ida y plegada falda, el casaqu&iacute;n que modelaba exactamente su
+busto le estorbaban, como suele estorbar a las doncellas en el primer
+baile la desnudez del escote: que hay en toda moda peregrina algo de
+imp&uacute;dico para la mujer de modestas costumbres. Adem&aacute;s, el molde era
+estrecho para encerrar la bella estatua, que amenazaba romperlo a cada
+instante, no precisamente con el volumen, sino m&aacute;s bien con la libertad
+y soltura de sus juveniles movimientos. No se desment&iacute;a en tan lucido
+ejemplar la raza del recio y fornido anciano, del padre que all&iacute; se
+estaba derecho, sin apartar de su hija los ojos. El viejo, alto, recto y
+firme, como un poste del tel&eacute;grafo, y un jesuita bajo y de edad mediana,
+eran los &uacute;nicos varones que descollaban entre el consabido hormiguero
+femenil.</p>
+
+<p>Al novio le rodeaban hasta media docena de amigos: y si el s&eacute;quito de la
+novia era el eslab&oacute;n que une a clase media y pueblo, el del novio tocaba
+en esa frontera, en Espa&ntilde;a tan indeterminada como vasta, que enlaza a la
+mesocracia con la gente de alto copete. Cierta gravedad oficial, la tez
+marchita y como ahumada por los reverberos, no s&eacute; qu&eacute; inexplicable matiz
+de satisfacci&oacute;n optimista, la edad tirando a madura, signos eran que
+denotaban hombres llegados a la meta de las humanas aspiraciones en los
+pa&iacute;ses decadentes: el ingreso en las oficinas del Estado. Uno de ellos
+llevaba la voz, y los dem&aacute;s le manifestaban singular deferencia en sus
+ademanes. Animaba aquel grupo una jovialidad retozona, contenida por el
+empaque burocr&aacute;tico: herv&iacute;a tambi&eacute;n all&iacute; la curiosidad, menos ingenua y
+descarada, pero m&aacute;s aguda y epigram&aacute;tica que en el hormiguero de las
+amigas. Hab&iacute;a discretos cuchicheos, familiaridades de caf&eacute; indicadas por
+un movimiento o un codazo, risas instant&aacute;neamente reprimidas, aires de
+inteligencia, puntas de puros arrojadas al suelo con marcialidad, brazos
+que se un&iacute;an como en confidencia t&aacute;cita. La mancha clara del sobretodo
+gris del novio se destacaba entre las negras levitas, y su estatura
+aventajada dominaba tambi&eacute;n las de los circunstantes. Medio siglo menos
+un lustro, victoriosamente combatido por un sastre, y mucho ali&ntilde;o y
+cuidado de tocador; las espaldas queriendo arquearse un tanto sin
+permiso de su due&ntilde;o; un rostro de palidez trasnochadora, sobre el cual
+se recortaban, con la crudeza de rayas de tinta, las gu&iacute;as del engomado
+bigote; cabellos cuya raridad se advert&iacute;a a&uacute;n bajo el ala tersa del
+hongo de fieltro ceniza; marchita y abolsada y floja la piel de las
+ojeras; terroso el p&aacute;rpado y pl&uacute;mbea la pupila, pero a&uacute;n gallarda la
+apostura y esmeradamente conservados los imponentes restos de lo que
+anta&ntilde;o fue un buen mozo, esto se ve&iacute;a en el desposado. Quiz&aacute;s ayudaba el
+mismo primor del traje a patentizar la madurez de los a&ntilde;os: el luengo
+sobretodo ce&ntilde;&iacute;a demasiado el talle, no muy esbelto ya; el fieltro,
+ladeado gentilmente, ped&iacute;a a gritos las mejillas y sienes de un mancebo.
+Pero as&iacute; y todo, entre aquella colecci&oacute;n de vulgares figuras de
+provincia, ten&iacute;a la del novio no s&eacute; qu&eacute; tufillo cortesano, cierto
+desenfado de hombre hecho a la vida ancha y f&aacute;cil de los grandes
+centros, y la soltura de quien no conoce escr&uacute;pulos, ni se para en
+barras cuando el propio inter&eacute;s est&aacute; en juego. Hasta se distingu&iacute;a del
+grupo de sus amigos, por la reserva de buen g&eacute;nero con que acog&iacute;a las
+insinuaciones y bromas <i>sotto voce</i>, tan adecuadas al car&aacute;cter
+mesocr&aacute;tico de la boda.</p>
+
+<p>Anunciaba ya la m&aacute;quina con alg&uacute;n silbido la pr&oacute;xima marcha; aceler&aacute;base
+en el and&eacute;n el movimiento que la precede, y temblaba el suelo bajo la
+pesadumbre de los rodantes camiones, cargados de bultos de equipaje.
+Oyose por fin el grito sacramental de los empleados. Hasta entonces las
+gentes de la despedida hab&iacute;an conversado en voz queda,
+confidencialmente, por parejas: el cercano desenlace pareci&oacute;
+reanimarlas, desencantarlas, mudando la escena en un segundo. Corri&oacute; la
+novia a su padre, abiertos los brazos, y el viejo y la ni&ntilde;a se
+confundieron en un abrazo largo, verdadero, popular, abrazo en que
+cruj&iacute;an los huesos y el aliento se acortaba. Sal&iacute;an de las bocas, casi
+unidas, entrecruzadas y r&aacute;pidas frases.</p>
+
+<p>&mdash;Que escribas... cuidado me llamo... todos los d&iacute;as, &iquest;eh? No bebas agua
+fr&iacute;a cuando est&eacute;s sudando.... Tu marido lleva dinero... pedid m&aacute;s si se
+acaba.</p>
+
+<p>&mdash;No se aflija usted, se&ntilde;or.... Yo har&eacute; por volver pronto.... Cu&iacute;dese
+usted mucho, por Dios... atienda usted al asma.... Vaya usted de tiempo
+en tiempo a ver al se&ntilde;or de Rada.... Si tiene usted algo, un telegrama
+volando.... &iquest;Palabra de honor?</p>
+
+<p>Despu&eacute;s vinieron los apretones, los besucones, los pucheros del
+acompa&ntilde;amiento femenino, y el &uacute;ltimo encargo, y el &uacute;ltimo deseo....</p>
+
+<p>&mdash;Dios os haga dichosos... como patriarcas....</p>
+
+<p>&mdash;San Rafael te acompa&ntilde;e, hija.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n como t&uacute;, chica!, &iexcl;a Francia en un vuelo!</p>
+
+<p>&mdash;No te olvides de mi abrigo.... &iquest;Van en el mundo las medias?
+&iquest;Confundir&aacute;s los hilos?</p>
+
+<p>&mdash;Mira que las tiras bordadas no sean de ojales, que de esas ya las hay
+por ac&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Abre bien esos ojazos, m&iacute;ralo todito, &iexcl;y despu&eacute;s nos contar&aacute;s cada
+cosa!...</p>
+
+<p>&mdash;Padre Urtazu&mdash;dijo la desposada lleg&aacute;ndose al que su negra faja
+declaraba por jesuita, y, asi&eacute;ndole la mano, sobre la cual cayeron a un
+tiempo sus labios y dos l&aacute;grimas, claras como agua&mdash;, pida usted a Dios
+por m&iacute;....</p>
+
+<p>Y acerc&aacute;ndose m&aacute;s, a&ntilde;adi&oacute; bajito:</p>
+
+<p>&mdash;Que si pap&aacute; tiene algo, me lo avise usted, usted &iquest;verdad? Yo le
+enviar&eacute; a usted las se&ntilde;as de todas partes donde nos detengamos.... No me
+lo descuide usted; &iquest;ir&aacute; usted de vez en cuando a ver c&oacute;mo lo pasa? Se
+queda el pobre tan solito....</p>
+
+<p>Alz&oacute; el jesuita la cabeza y fij&oacute; en la ni&ntilde;a sus ojos levemente bizcos,
+como son los de las personas hechas a concentrar y sujetar la mirada. Y
+con la vaga sonrisa distra&iacute;da de las gentes meditabundas, y en el propio
+tono confidencial:</p>
+
+<p>&mdash;Vete en paz, y Dios Nuestro Se&ntilde;or te acompa&ntilde;e, que es buen
+acompa&ntilde;ante&mdash;contest&oacute;&mdash;. Ya he rezado por ti el itinerario, para que
+volvamos tan sanos y satisfechos.... Acu&eacute;rdate de lo que te avis&eacute;,
+chiquilla; ahora ya somos, como quien dice, una se&ntilde;ora casada y de
+respeto; y aunque nos parece que todo se va a volver florecicas y mieles
+en el nuevo estado, y nos largamos por esos mundos a echar canas al aire
+y divertirnos.... &iexcl;cuidadito, cuidadito!, puede que donde menos se
+piense salte la liebre, y tengamos rabietas, y pruebecitas y trabajos
+que no tuvimos de ni&ntilde;os.... No ser tonta entonces.... &iquest;eh? Ya sabemos
+que Aquel que anda por all&aacute; arriba moviendo aquellas estrellas tan
+preciosas, es el &uacute;nico que nos entiende y nos consuela cuando a &Eacute;l le
+parece... mira, en vez de tanto trapo como has metido en las maletas,
+mete paciencia, &iexcl;chiquilla! mete paciencia. Es mejor a&uacute;n que el &aacute;rnica y
+los emplastos...; si a quien era tan grande le hizo falta para aguantar
+aquella cruz, t&uacute; que eres chiquitita....</p>
+
+<p>Durara a&uacute;n la homil&iacute;a, acompa&ntilde;ada de blandos golpecitos en los hombros,
+a no interrumpirla la trepidaci&oacute;n del tren, brusca como la realidad.
+Produjose confusi&oacute;n moment&aacute;nea. Se apresur&oacute; el novio a despedirse de
+todo el mundo con cierta llaneza cordial, donde ojos expertos pod&iacute;an
+advertir matices de afectaci&oacute;n y superioridad protectora. Al suegro
+abraz&oacute; con un solo abrazo, y recostole en el hombro la mano, pulcramente
+calzada con guante de castor, color bronce.</p>
+
+<p>&mdash;Escriba usted si se enferma la chica&mdash;suplic&oacute; con paternal angustia,
+pre&ntilde;ado de l&aacute;grimas los ojos, el viejo.</p>
+
+<p>&mdash;Pierda usted cuidado, se&ntilde;or Joaqu&iacute;n..., &iexcl;no hay que afectarse, vamos!,
+cuenta con esa salud.... Adi&oacute;s, Mendoya, adi&oacute;s, Santi&aacute;n.... Gracias,
+gracias. Se&ntilde;or gobernador de la provincia, a mi vuelta, reclamo esas
+ofrecidas botellas de Pedro Jim&eacute;nez.... &iexcl;No se haga usted el olvidadizo!
+Luc&iacute;a, hay que subirse: el tren andar&aacute; en seguida, y las se&ntilde;oras no
+pueden....</p>
+
+<p>Y con adem&aacute;n cort&eacute;s y discreto ayud&oacute; a subir a la novia, empuj&aacute;ndola
+levemente por el talle. Despu&eacute;s salt&oacute; &eacute;l, sin casi apoyarse en el
+estribo, arrojando antes el puro a medio fumar.</p>
+
+<p>Ya oscilaba la f&eacute;rrea culebra cuando &eacute;l penetr&oacute; en el departamento,
+cerrando la portezuela tras de s&iacute;. El compasado balance fue
+aceler&aacute;ndose, y el tren completo cruz&oacute; ante las gentes de la despedida,
+dej&aacute;ndoles en los ojos confusos torbellino de l&iacute;neas, de colores, de
+n&uacute;meros, la visi&oacute;n r&aacute;pida de las cabezas asomadas a todas las
+ventanillas. Alg&uacute;n tiempo se distingui&oacute; la cara de Luc&iacute;a, sofocada y
+ba&ntilde;ada en llanto, y su pa&ntilde;uelo que se agitaba, y oyose su voz diciendo:
+Adi&oacute;s, pap&aacute;..., padre Urtazu, adi&oacute;s, adi&oacute;s.... Rosario.... Carmen...,
+abur.... Al fin se perdi&oacute; todo en la distancia, la escamosa sierpe del
+tren revelose a lo lejos por una mancha obscura, luego por desmadejado
+penacho de turbio vapor, que presto se disip&oacute; tambi&eacute;n en el ambiente.
+M&aacute;s all&aacute; del and&eacute;n, extra&ntilde;amente silencioso ya, resplandec&iacute;a el cielo
+claro, de acerado azul; se extend&iacute;an mon&oacute;tonas las interminables
+campi&ntilde;as; los rieles se&ntilde;alaban como arrugas en la &aacute;rida faz de la
+tierra. Un gran silencio pesaba sobre la estaci&oacute;n. Qued&aacute;ronse inm&oacute;viles
+los acompa&ntilde;antes, como sobrecogidos por el aturdimiento de la ausencia.
+Fueron los amigos del novio los primeros en moverse y hablar. Se
+despidieron del padre con r&aacute;pidos apretones de mano y frases triviales
+de sociedad, un tanto descuidadas en la forma, como dirigidas de
+superior a inferior; tras de lo cual, el pelot&oacute;n entero tom&oacute; el camino
+de la ciudad, reanudando la broma y algazara.</p>
+
+<p>Por su parte, el s&eacute;quito de la novia empez&oacute; a animarse tambi&eacute;n, y a
+vueltas de alg&uacute;n suspiro y de limpiarse los ojos con los pa&ntilde;uelos y aun
+con el dorso de la mano, fueron rebullendo los grupos de hormigas
+negras, con &aacute;nimo de abandonar el and&eacute;n. La incontrastable fuerza de los
+hechos las empujaba a la vida real. Hasta el padre sacudi&oacute; la cabeza,
+alz&oacute; con elocuente resignaci&oacute;n los hombros, y rompi&oacute; el primero a andar.
+A su lado iba el jesuita, que estiraba su corta estatura para hablarle,
+sin conseguir, a pesar de sus laudables esfuerzos, que el cerquillo de
+su corona pasase m&aacute;s all&aacute; de los atl&eacute;ticos hombros del viejo afligido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, se&ntilde;or Joaqu&iacute;n&mdash;dec&iacute;a el padre Urtazu&mdash;, que ahora sienta bien
+esa cara de Viernes santo! &iexcl;No parece sino que a la chica se la llevan
+robada y que usted no es gustoso en el enlace! &iexcl;Pues estamos buenos,
+hombre! &iquest;No ha sido usted mismo, desgraciado, quien resolvi&oacute; este
+casorio? &iquest;A qu&eacute; vienen los gimoteos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y si en todo lo que uno hace estuviese seguro del acierto!&mdash;pronunci&oacute;
+con ahogada voz el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, balanceando su cuello de toro.</p>
+
+<p>&mdash;Eso se mira antes..., &iexcl;pero ten&iacute;amos tanta prisa..., tanta prisa, que
+no s&eacute; para qu&eacute; sirven esos pelos blancos y esos a&ntilde;itos que llevamos
+acuestas! Lo mismito est&aacute;bamos que los chicos de mi clase cuando les
+ofrezco contarles algo, que se les despierta la curiosidad... y no les
+cabe en el cuerpo la impaciencia. A fe de Alonso, que parec&iacute;a usted la
+novia... digo, no; porque la novia, maldito el apuro que....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay padre! &iquest;Si tendr&iacute;a usted raz&oacute;n? usted quer&iacute;a diferir la boda....</p>
+
+<p>&mdash;No, poco a poco; cepitos quedos, amigo: yo quer&iacute;a no hacerla. Soy muy
+claro.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Joaqu&iacute;n se puso m&aacute;s t&eacute;trico a&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de la Constituci&oacute;n! &iexcl;Qu&eacute; aprieto y qu&eacute; compromiso es para un
+padre!...</p>
+
+<p>&mdash;Tener hijas&mdash;concluy&oacute; el jesuita con su vaga sonrisa, adelantando el
+belfo labio, en mueca de ben&eacute;volo desd&eacute;n. Y a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: El peor aprieto es
+ser m&aacute;s terco que una mula, con perd&oacute;n sea dicho, y creer que el pobre
+Padre Urtazu s&oacute;lo entiende de sus piedras y de sus astros y de su
+microscopio, y es un bolonio, un simpl&oacute;n, para aconsejar en la vida....</p>
+
+<p>&mdash;No me aflija usted m&aacute;s, Padre. Harto tendr&eacute; con no ver a Luc&iacute;a en qu&eacute;
+s&eacute; yo qu&eacute; tiempo. S&oacute;lo me faltaba que tambi&eacute;n salga mal la cosa, y que
+pase ella penas....</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno. D&eacute;jese de eso ya: a lo hecho, pecho. Esto de
+matrimonios, s&oacute;lo lo ata y lo desata el de arriba. &iquest;Y qui&eacute;n sabe si
+saldr&aacute; muy bien, a pesar de todos mis ag&uuml;eros y mis necedades? Porque
+&iquest;qui&eacute;n soy yo sino un cegato, un miope? &iexcl;Bah! Esto es como lo que pasa
+con el microscopio. Mira usted una gota de agua a simple vista &iexcl;y parece
+tan clara!, vamos, que dan ganas de beb&eacute;rsela. Pero aplique usted
+aquellos lentecicos y... &iexcl;zas, zis!, ya se encuentra usted con los
+bicharracos y las bacterias que bailan dentro un rigod&oacute;n.... Pues el que
+anda por all&aacute;, encimita de las nubes, tambi&eacute;n ve cosas que a los bobos
+de por ac&aacute; nos parecen tan sencillas... y para &eacute;l tienen su <i>quid</i>....
+&iexcl;Bah, bah!, &eacute;l se encargar&aacute; de arreglarnos las cosas... nosotros, ni que
+nos empe&ntilde;emos.</p>
+
+<p>&mdash;Lleva usted raz&oacute;n.... Dios sobre todo&mdash;aprob&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n,
+arrancando doliente suspiro de la vasta cavidad de su pecho. Esta noche,
+con el mal rato, la condenada asma va a darme qu&eacute; hacer.... Encuentro ya
+la respiraci&oacute;n muy corta. Dormir&eacute;, si duermo, casi incorporado.</p>
+
+<p>&mdash;Llame, llame a ese mala cabeza de Rada... tiene mucho acierto&mdash;murmur&oacute;
+el jesuita considerando compadecido, a la luz oblicua del sol de oto&ntilde;o,
+la inyectada tez y los ojos edematosos del viejo.</p>
+
+<p>Mientras el acompa&ntilde;amiento desfilaba, con lentitud de duelo, por las
+calles mal empedradas de Le&oacute;n, el tren corr&iacute;a, corr&iacute;a, dejando atr&aacute;s las
+interminables alamedas de chopos que parecen un pentagrama donde fuesen
+las notas verde claro, sobre el crudo tono rojizo de las llanadas. Hecha
+Luc&iacute;a un ovillo en la esquina del departamento, sollozaba sin amargura,
+con alg&uacute;n hipo, con vehemente llanto de ni&ntilde;a inconsolable. Bien
+comprend&iacute;a el novio que le tocaba decir algo, mostrarse afectuoso,
+compartir aquel primer dolor, ponerle t&eacute;rmino; mas hay en la vida
+situaciones especiales, casos en que no tropieza ni se embaraza la gente
+sencilla, y en que acaso el hombre de mundo y experiencia se convierte
+en doctrino. Preferible es en ocasiones un adarme de coraz&oacute;n a una
+arroba de habilidad; donde fracasan las huecas f&oacute;rmulas, vence el
+sentimiento, con su espont&aacute;nea elocuencia. A fuerza de quebrarse los
+cascos ideando manera de anudar el di&aacute;logo con su esposa, ocurriole al
+novio aprovechar una circunstancia insignificante.</p>
+
+<p>&mdash;Luc&iacute;a&mdash;le dijo en voz algo turbada&mdash;m&uacute;date de ventanilla, hija m&iacute;a,
+c&oacute;rrete ac&aacute;; ah&iacute; te da el sol de lleno, y es tan malsano....</p>
+
+<p>Levantose Luc&iacute;a con autom&aacute;tica rigidez, pas&oacute; al lado opuesto del
+departamento, y dej&aacute;ndose caer de golpe, torn&oacute; a cubrir el semblante con
+el fino pa&ntilde;uelo, y se oyeron otra vez sus sollozos y el anhelar de su
+seno juvenil.</p>
+
+<p>Levemente frunci&oacute; el ce&ntilde;o el novio, que no en vano hab&iacute;a corrido
+cuarenta y pico de a&ntilde;os de la vida cercado de gentes de festivo humor y
+f&aacute;cil trato y huyendo de las escenas de lagrimitas y de l&aacute;stimas y
+disgustos que alteraban por extra&ntilde;o modo el equilibrio de sus nervios,
+desagrad&aacute;ndole como desagrada a las gentes de mediano nivel intelectual
+el sublime horror de la tragedia. Al gesto con que manifest&oacute; su
+impaciencia, sigui&oacute; un alzar de hombros que claramente quer&iacute;a decir:
+&laquo;Caiga el chubasco, que el aguase agota tambi&eacute;n, y tras de la lluvia
+viene el buen tiempo&raquo;. Resuelto, pues, a aguardar que descargase la
+nube, dio comienzo a minucioso examen de sus enseres de camino,
+enter&aacute;ndose de si abrochaban bien las hebillas del correaje de la manta,
+y de si su bast&oacute;n y paraguas iban en debida y conveniente forma liados
+con el quitasol de Luc&iacute;a. Cerciorose asimismo de que una cartera de
+cuero de Rusia y plateados remates que pendiente de una correa llevaba
+terciada al costado, abr&iacute;a y cerraba f&aacute;cilmente con la llavecica de
+acero, que volvi&oacute; a guardar en el bolsillo del chaleco, con cuidado
+sumo. Despu&eacute;s sac&oacute; de las hondas faltriqueras del sobretodo el
+<i>Indicador de los Caminos de Hierro</i>, y con el dedo &iacute;ndice, fue
+recorriendo las estaciones del itinerario de viaje.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>Es de rigor saber de qu&eacute; boca parti&oacute; el soplo que encendi&oacute; la antorcha
+de aquellas nupcias.</p>
+
+<p>Mancebo, en los verdores de la edad, fuerte como un toro y laborioso
+como manso buey, sali&oacute; de su patria el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, a quien entonces
+nombraban Joaqu&iacute;n a secas. Colocado en Madrid en la porter&iacute;a de un
+magnate que en Le&oacute;n tiene solar, dedicose a corredor, agente de negocios
+y hombre de confianza de todos los honrados individuos de la
+maragater&iacute;a. Buscabales posada, proporcionabales almac&eacute;n seguro para la
+carga, se entend&iacute;a con los comerciantes y era en suma la providencia de
+la tierra de Astorga. Su honradez grande, su puntualidad y su celo le
+granjearon cr&eacute;dito tal, que llov&iacute;an comisiones, menudeaban encargos, y
+ca&iacute;an en la bolsa, como apretado granizo, reales, pesos duros y
+doblillas en cantidad suficiente para que, al cabo de quince a&ntilde;os de
+llegado a la corte, pudiese Joaqu&iacute;n estrechar lazos eternos con una
+conterr&aacute;nea suya, doncella de la esposa del magnate y se&ntilde;ora tiempo
+hac&iacute;a de los enamorados pensamientos del portero; y verificado ya el
+connubio, establecer surtida lonja de comestibles, a cuyo frente
+campeaba en doradas letras un r&oacute;tulo que dec&iacute;a: <i>El Leon&eacute;s.
+Ultramarinos</i>. De corredor pas&oacute; entonces a empresario de maragatos;
+comproles sus art&iacute;culos en grueso y los vendi&oacute; en detalle; y a &eacute;l
+forzosamente hubo de acudir quien en Madrid quer&iacute;a arom&aacute;tico chocolate
+molido a brazo, o esponjosas mantecadas de las que s&oacute;lo las astorganas
+saben confeccionar en su debido punto. Se hizo de moda desayunarse con
+el Caracas y las frutas de horno del Leon&eacute;s; comenz&oacute; el magnate, su
+antiguo amo, d&aacute;ndole su parroquia, y tras &eacute;l vino la gente de alto
+copete, engolosinada por el arcaico regalo de un manjar digno de la mesa
+de Carlos IV y Godoy. Y fue de ver como el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, ensanchando
+los horizontes de su comercio, acapar&oacute; todas las especialidades
+nacionales culinarias: tiernos garbanzos de Fuentesa&uacute;co, crasos chorizos
+de Candelario, curados jamones de Caldelas, dulce extreme&ntilde;a bellota,
+aceitunas de los sevillanos olivares, melosos d&aacute;tiles de Almer&iacute;a y
+&aacute;ureas naranjas que atesoran en su piel el sol de Valencia. De esta
+suerte y con tal industria granje&oacute; Joaqu&iacute;n, limpia si no hidalgamente,
+razonables sumas de dinero; y si bien las gan&oacute;, mejor supo despu&eacute;s
+asegurarlas en tierras y caser&iacute;o en Le&oacute;n; a cuyo fin hizo frecuentes
+viajes a la ciudad natal. A los ocho a&ntilde;os de est&eacute;ril matrimonio naciole
+una ni&ntilde;a grande y hermosa, suceso que le alboroz&oacute; como alborozar&iacute;a a un
+monarca el natalicio de una princesa heredera; m&aacute;s la recia madre
+leonesa no pudo soportar la crisis de su fecundidad tard&iacute;a, y enferma
+siempre, arrastr&oacute; algunos meses la vida, hasta soltarla de mal&iacute;sima
+gana. Con faltarle su mujer, faltole al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n la diestra mano, y
+fue decayendo en &eacute;l aquella ufan&iacute;a con que dominaba el mostrador,
+luciendo su estatura gigantesca, y alcanzando del m&aacute;s encumbrado estante
+los cajones de pasas, con s&oacute;lo estirar su poderoso brazo y empinarse un
+poco sobre los anchos pies. Se pasaba horas enteras embobado, fija la
+vista maquinalmente en los racimos de uvas de cuelga que pend&iacute;an del
+techo, o en los sacos de caf&eacute; hacinados en el &aacute;ngulo m&aacute;s obscuro de la
+lonja, y sobre los cuales acostumbraba la difunta sentarse para hacer
+calceta. En suma, &eacute;l cay&oacute; en melancol&iacute;a tal, que vino a serie
+indiferente hasta la honrada y l&iacute;cita ganancia que deb&iacute;a a su industria:
+y como los facultativos le recetasen el sano aire natal y el cambio de
+vida y r&eacute;gimen, traspas&oacute; la lonja, y con magnanimidad no indigna de un
+sabio antiguo, retirose a su pueblo, satisfecho con lo ya logrado, y sin
+que la sedienta codicia a mayor lucro le incitase. Consigo llev&oacute; a la
+ni&ntilde;a Luc&iacute;a, &uacute;nica prenda cara a su coraz&oacute;n, que con pueriles gracias
+comenzaba ya a animar la tienda, haciendo guerra crud&iacute;sima y sin tregua
+a los higos de Fraga y a las peladillas de Alcoy, menos blancas que los
+dientes chicos que las mord&iacute;an.</p>
+
+<p>Creci&oacute; la ni&ntilde;a como lozano arbusto nacido en f&eacute;rtil tierra: dij&eacute;rase que
+se concentraba en el cuerpo de la hija la vida toda que por su causa
+hubo de perder la madre. Venci&oacute; la crisis de la infancia y pubertad sin
+ninguno de esos padecimientos an&oacute;nimos que empalidecen las mejillas y
+apagan el rayo visual de las criaturas. Equilibr&aacute;ronse en su rico
+organismo nervios y sangre, y result&oacute; un temperamento de los que ya van
+escaseando en nuestras sociedades empobrecidas.</p>
+
+<p>Se desarrollaron paralelamente en Luc&iacute;a el esp&iacute;ritu y el cuerpo, como
+dos compa&ntilde;eros de viaje que se dan el brazo para subir las cuestas y
+andar el mal camino; y ocurri&oacute; un donoso caso, que fue que mientras el
+m&eacute;dico materialista, V&eacute;lez de Rada, que asist&iacute;a al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, se
+deleitaba en mirar a Luc&iacute;a, considerando cu&aacute;n copiosamente circulaba la
+vida por sus miembros de Cibeles joven, el sabio jesuita, padre Urtazu,
+se encari&ntilde;aba con ella a su vez, encontr&aacute;ndole la conciencia clara y
+di&aacute;fana como los cristales de su microscopio: sin que se diesen cuenta
+de que acaso ambos admiraban en la ni&ntilde;a una sola y misma cosa, vista por
+distinto lado, a saber: la salud perfecta.</p>
+
+<p>Quiso el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, a su modo, educar bien a Luc&iacute;a; y en efecto,
+hizo cuanto es posible para estropear la superior naturaleza de su hija,
+sin conseguirlo, tal era ella de buena. Impulsado, por una parte, por el
+deseo de dar a Luc&iacute;a conocimientos que la realzasen, recelando, de otra,
+que se dijese por el pueblo en son de burla que el t&iacute;o Joaqu&iacute;n aspiraba
+a una hija se&ntilde;orita, educola h&iacute;bridamente, teni&eacute;ndola como externa en un
+colegio, bajo la f&eacute;rula de una directora muy remilgada, que afirmaba
+saberlo todo. All&iacute; ense&ntilde;aron a Luc&iacute;a a chapurrear algo el franc&eacute;s y a
+teclear un poco en el piano; ideas serias, perdone usted por Dios;
+conocimientos de la sociedad, cero; y como ciencia femenina-ciencia
+harto m&aacute;s complicada y vasta de lo que piensan los profanos&mdash;, alguna
+laborcica tediosa e in&uacute;til, am&eacute;n de fea; cortes de zapatillas de p&eacute;simo
+gusto, pecheras de camisa bordadas, faltriqueras de abalorio...
+Felizmente el padre Urtazu sembr&oacute; entre tanta tierra vana unos cuantos
+granitos de trigo, y la ense&ntilde;anza religiosa y moral de Luc&iacute;a fue, aunque
+sumaria, recta y s&oacute;lida, cuanto eran f&uacute;tiles sus estudios de colegio.
+Ten&iacute;a el padre Urtazu m&aacute;s de moralista pr&aacute;ctico que de asc&eacute;tico, y la
+ni&ntilde;a tom&oacute; de &eacute;l m&aacute;s documentos provechosos para la conducta, que
+doctrina para la devoci&oacute;n. De suerte que sin dejar de ser buena
+cristiana, no pas&oacute; a fervorosa. La completa placidez de su temperamento
+vedaba todo extremo de entusiasmo a su alma: algo hab&iacute;a en aquella ni&ntilde;a
+del reposo ol&iacute;mpico de las griegas deidades; ni lo terrenal ni lo divino
+agitaban la serena superficie del &aacute;nimo. Sol&iacute;a decir el padre Urtazu,
+adelantando el labio con su acostumbrado visaje:</p>
+
+<p>&mdash;Estamos dormiditos, dormiditos; pero ya s&eacute; yo que no estamos
+muertecitos... y el d&iacute;a en que nos despertemos... tendr&aacute; que ver. Dios
+quiera que para bien sea.</p>
+
+<p>Eran las amigas de Luc&iacute;a Rosarito, la hija de la fondista do&ntilde;a Agustina;
+Carmen, la sobrina del magistral, y varias doncellas de an&aacute;loga
+posici&oacute;n, entre las cuales muchas so&ntilde;aban con el blando sosiego, con la
+apacible uniformidad de la vida conventual, y hac&iacute;an pintura tentadora
+de las delicias del claustro, del sentimiento suav&iacute;simo del d&iacute;a de la
+profesi&oacute;n, cuando coronadas de flores bajo el c&aacute;ndido velo, se
+ofreciesen a Cristo, con el refinado dulzor de a&ntilde;adir: &laquo;para siempre,
+para siempre&raquo;. O&iacute;alas Luc&iacute;a sin que una sola fibra de su ser
+respondiese, vibrando, a aquel ideal. La vida activa la llamaba con
+voces en&eacute;rgicas y profundas. No obstante, tampoco la inspiraban deseo de
+imitarlas otras compa&ntilde;eras suyas, a quienes ve&iacute;a esconder furtivamente
+en el corpi&ntilde;o la cartita, o asomarse al balc&oacute;n prontas, ruborizadas y
+ansiosas. En su infancia, prolongada por la inocencia y la radiante
+salud, no cab&iacute;an m&aacute;s placeres que correr por las alamedas que a Le&oacute;n
+rodean, brincar con regocijo, cual pudiera adolescente ninfa retozando
+por los valles helenos.</p>
+
+<p>Cre&iacute;a el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n a pie juntillas haber dado educaci&oacute;n bastante a
+su hija, y aun le pareci&oacute; de perlas el destrozo de valses y <i>fantas&iacute;as</i>
+que sin compasi&oacute;n ejecutaban en el piano sus dedos inh&aacute;biles. Por muy
+rec&oacute;ndita que la guardase all&aacute; en los postreros rincones del
+pensamiento, no faltaba al leon&eacute;s la aspiraci&oacute;n propia de todo hombre
+que ejerce humildes oficios, y se gan&oacute; con sudores el pan, de que su
+descendencia beneficiase tama&ntilde;os esfuerzos, ascendiendo un pelda&ntilde;o en la
+escala social. Bien llevar&iacute;a &eacute;l en paciencia continuar siendo tan t&iacute;o
+Joaqu&iacute;n como siempre; no ten&iacute;a &iacute;nfulas de ricach&oacute;n, y era en genio y
+trato sencillo con extremo; pero si renunciaba al se&ntilde;or&iacute;o en su persona,
+no as&iacute; en la de su hija; parec&iacute;ale o&iacute;r voz que le dec&iacute;a, como las brujas
+a Banquo: &laquo;No ser&aacute;s rey, pero engendrar&aacute;s reyes.&raquo; Y luchando entre el
+modesto convencimiento de su falta absoluta de rango, y la certeza moral
+de que Luc&iacute;a a grandes puestos estaba destinada, vino a parar a la
+razonable conclusi&oacute;n de que el matrimonio realizar&iacute;a la anhelada
+metamorfosis de muchacha en dama. Un yerno empingorotado fue desde
+entonces anhelo perenne del antiguo lonjista.</p>
+
+<p>Ni eran estas las &uacute;nicas flaquezas y man&iacute;as del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n. Otras
+tuvo, que descubriremos sin miramientos de ninguna especie. Fue quiz&aacute; la
+mayor y m&aacute;s duradera su desmedida afici&oacute;n al caf&eacute;, afici&oacute;n contra&iacute;da en
+el negocio de ultramarinos, en las tristes ma&ntilde;anas de invierno, cuando
+la escarcha empa&ntilde;a el vidrio del escaparate, cuando los pies se hielan
+en la atm&oacute;sfera gris de la solitaria lonja, y el lecho reci&eacute;n abandonado
+y caliente aun por ventura, reclama con dulces voces a su mal despierto
+ocupante. Entonces, semiaturdido, solicitando al sue&ntilde;o por las
+exigencias de su naturaleza herc&uacute;lea y de su espesa sangre, cog&iacute;a el
+se&ntilde;or Joaqu&iacute;n la maquinilla, cebaba con alcohol el dep&oacute;sito, prend&iacute;a
+fuego, y presto sal&iacute;a del pico de hojalata negro y humeante r&iacute;o de caf&eacute;,
+cuyas ondas a la vez calentaban, despejaban la cabeza y con la leve
+fiebre y el grato amargor, dejaban apto al coloso para velar y trabajar,
+sacar sus cuentas y pesar y vender sus art&iacute;culos. Ya en Le&oacute;n, y &aacute;rbitro
+de dormir a pierna suelta, no abandon&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n el adquirido
+vicio, antes lo reforz&oacute; con otros nuevos: acostumbrose a beber la
+obscura infusi&oacute;n en el caf&eacute; m&aacute;s cercano a su domicilio, y a acompa&ntilde;arla
+con una copa de <i>Kummel</i> y con la lectura de un diario pol&iacute;tico, siempre
+el mismo, invariable. En cierta ocasi&oacute;n ocurri&oacute; al Gobierno suspender el
+peri&oacute;dico una veintena de d&iacute;as, y falt&oacute; poco para que el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n
+renunciase, de puro desesperado, al caf&eacute;. Porque siendo el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n
+espa&ntilde;ol, ocioso me parece advertir que ten&iacute;a sus opiniones pol&iacute;ticas
+como el m&aacute;s pintado, y que el celo del bien p&uacute;blico le com&iacute;a, ni m&aacute;s ni
+menos que nos devora a todos. Era el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n inofensivo ejemplar
+de la extinguida especie progresista: a querer clasificarlo
+cient&iacute;ficamente, le llamar&iacute;amos la variedad progresista de impresi&oacute;n. La
+aventura &uacute;nica en su vida de hombre de partido, fue que cierto d&iacute;a, un
+personaje pol&iacute;tico c&eacute;lebre, exaltado entonces y que con armas y bagajes
+se pas&oacute; a los conservadores despu&eacute;s, entrase en su tienda a pedirle el
+voto para diputado a Cortes. Desde aquel supremo momento qued&oacute; mi se&ntilde;or
+Joaqu&iacute;n rotulado, definido y con marca; era progresista de los del se&ntilde;or
+don Fulano. En vano corrieron a&ntilde;os y sobrevinieron acontecimientos, y
+emigraron las golondrinas pol&iacute;ticas en busca siempre de m&aacute;s templadas
+zonas; en vano mal intencionados dec&iacute;an al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n que su jefe y
+natural se&ntilde;or el personaje era ya tan progresista como su abuela; que
+hasta no quedaban sobre la haz de la tierra progresistas, que &eacute;stos eran
+tan f&oacute;siles como el megaterio y el plesiosauro; en vano le ense&ntilde;aban los
+mil remiendos zurcidos sobre el manto de p&uacute;rpura de la voluntad nacional
+por las mismas pecadoras manos de su &iacute;dolo; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, ni por
+esas, erre que erre y m&aacute;s firme que un poste en la adhesi&oacute;n que al don
+Fulano profesaba. Semejante a aquellos amadores que fijan en la mente la
+imagen de sus amadas tal cual se les apareci&oacute; en una hora culminante y
+memorable para ellos, y, a despecho de las injurias del tiempo
+irreverente, ya nunca las ven de otro modo, al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n no le cupo
+jam&aacute;s en la mollera que su caro prohombre fuese distinto de como era en
+aquel instante, cuando encendido el rostro y con elocuencia fogosa y
+tribunicia se dign&oacute; apoyarse en el mostrador de la lonja, entre un pil&oacute;n
+de az&uacute;car y las balanzas, demandando el sufragio. Suscrito desde
+entonces al peri&oacute;dico del consabido prohombre, compr&oacute; tambi&eacute;n una mala
+litograf&iacute;a que lo representaba en actitud de arengar, y a&ntilde;adido el marco
+dorado imprescindible, la colg&oacute; en su dormitorio entre un daguerrotipo
+de la difunta y una estampa de la bienaventurada virgen Santa Luc&iacute;a, que
+ense&ntilde;aba en un plato dos ojos como huevos escalfados. Acostumbrose el
+se&ntilde;or Joaqu&iacute;n a juzgar de los sucesos pol&iacute;ticos conforme a la pautilla
+de su prohombre, a quien &eacute;l llamaba, con toda confianza, por su nombre
+de pila. Que arreciaba lo de Cuba: &iexcl;bah! dice don Fulano que es asunto
+de dos meses la pacificaci&oacute;n completa. Que discurr&iacute;an partidas por las
+provincias vascas: &iexcl;no asustarse!; afirma don Fulano que el partido
+absolutista est&aacute; muerto, y los muertos no resucitan. Que hay profunda
+escisi&oacute;n en la mayor&iacute;a liberal; que unos aclaman a X y otros a Z...
+Bueno, bueno; don Fulano lo arreglar&aacute;, se pinta &eacute;l solo para eso. Que
+hambre.... &iexcl;s&iacute;, que se mama el dedo don Fulano!, ahora mismito van a
+abrirse los veneros de la riqueza p&uacute;blica.... Que impuestos.... &iexcl;don
+Fulano habl&oacute; de econom&iacute;as! Que socialismo.... &iexcl;paparruchas! &iexcl;Atr&eacute;vanse
+con don Fulano, y ya les dir&aacute; &eacute;l cu&aacute;ntas son cinco! Y as&iacute;, sin m&aacute;s dudas
+ni recelos, atraves&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n la borrasca revolucionaria y entr&oacute;
+en la restauraci&oacute;n, muy satisfecho porque don Fulano sobrenadaba, y se
+apreciaban sus m&eacute;ritos, y ten&iacute;a la sart&eacute;n por el mango hoy como ayer.</p>
+
+<p>Dado tal linaje de culto, juzgue el p&iacute;o lector cu&aacute;l ser&iacute;a el gozo,
+confusi&oacute;n y anonadamiento del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, al recibir una ma&ntilde;ana a un
+grave y apuesto sujeto, encargado de saludarle de parte del mism&iacute;simo
+Don Fulano.</p>
+
+<p>Llam&aacute;base el visitante D. Aurelio Miranda, y desempe&ntilde;aba en Le&oacute;n uno de
+esos destinos que en Espa&ntilde;a abundan, no por honor&iacute;ficos peor
+retribu&iacute;dos, y que sin imponer grandes molestias ni vigilias, abren las
+puertas de la buena sociedad, prestando cierta importancia oficial:
+g&eacute;nero de prebendas laicas, donde se dan unidas las dos cosas que
+asegura el refr&aacute;n no caber en un saco. Era Miranda de origen y familia
+burocr&aacute;tica, en la cual se transmit&iacute;an y como vinculaban los elevados
+puestos administrativos, merced a especial ma&ntilde;a y don de gentes
+perpetuado de padres a hijos, a no s&eacute; qu&eacute; felina destreza en caer
+siempre de pie y a cierta delicada sobriedad en esto de pensar y opinar.
+Logr&oacute; la estirpe de los Mirandas te&ntilde;irse de matices apagados y
+distinguidos, sobre cuyo fondo, as&iacute; pod&iacute;a colocarse insignia blanca,
+como roja divisa; de suerte, que ni hubo situaci&oacute;n que no les respetase,
+ni radicalismo que con ellos no transigiera, ni mar revuelto o
+bonancible en que con igual fortuna no pescaran. El mozo Aurelio casi
+naci&oacute; a la sombra protectora de los muros de la oficina: antes que
+bigote y barba tuvo colocaci&oacute;n, conseguida por la influencia paterna,
+reforzada por la de los dem&aacute;s Mirandas. Al principio fue una plaza de
+menor cuant&iacute;a, que cubriese los gastos de tocador y otras menudencias
+del chico, derrochador de suyo; en seguida vinieron m&aacute;s ping&uuml;es brevas,
+y Aurelio sigui&oacute; la ruta trillada ya por sus antecesores. Con todo esto,
+ve&iacute;ase que algo degeneraba en &eacute;l la raza: amigo de goces, de ostentaci&oacute;n
+y vanidades, faltabale a Aurelio el tino exquisito de no salir de
+mediano por ning&uacute;n respecto, y carec&iacute;a de la formalidad exterior, del
+compasado porte que a los Mirandas pasados acreditaba de hombres de seso
+y experiencia y madurez pol&iacute;tica. Comprendiendo sus defectos, trat&oacute;
+Aurelio de beneficiarlos diestramente, y m&aacute;s de una blanca y pulcra mano
+emborron&oacute; por &eacute;l perfumadas esquelas con eficaces recomendaciones para
+personajes de muy variada ralea y clase. Asimismo se declar&oacute; gran
+amigote y compinche de algunos prohombres pol&iacute;ticos, entre ellos el <i>don
+Fulano</i> que ya conocemos. No habl&oacute; jam&aacute;s con ellos diez palabras
+seguidas que a pol&iacute;tica se refiriesen: cont&aacute;bales las noticias del d&iacute;a,
+el esc&aacute;ndalo fresco, el &uacute;ltimo dicharacho y la m&aacute;s reciente caricatura;
+y de tal suerte, sin comprometerse con ninguno se vio favorecido y
+servido de todos. Agarrose, como nadador inexperto, a los hombros de tan
+pr&aacute;cticos buzos, y ac&aacute; me sumerjo, y acull&aacute; me pongo a flote, fue
+sorteando los furiosos vendavales que azotaron a Espa&ntilde;a, y continuando
+la tradici&oacute;n venerable de los Mirandas. Pero tambi&eacute;n la influencia se
+gasta y agota, y lleg&oacute; un per&iacute;odo en que, mermada la de Aurelio, no
+alcanz&oacute; a mantenerle en el &uacute;nico punto para &eacute;l grato, en Madrid, y hubo
+de irse a vegetar a Le&oacute;n, entre el Gobierno civil y la Catedral,
+edificios que ni uno ni otro le divert&iacute;an. Lo que singularmente amargaba
+a Aurelio, era comprender que su decadencia administrativa nac&iacute;a de otro
+decaimiento irreparable, a saber, el de su persona. Cumplida la
+cuarentena de a&ntilde;os, falt&aacute;banle ya los billetitos de recomendaci&oacute;n o por
+lo menos no eran tan calurosos: en los despachos de las notabilidades
+iba siendo su persona como un mueble m&aacute;s, y hasta &eacute;l mismo sent&iacute;a
+apagarse su facundia. La madurez se revelaba en &eacute;l por un salto atr&aacute;s;
+&iacute;basele metiendo en el cuerpo la seriedad de los Mirandas; y de amable
+calavera, pasaba a hombre de peso. No del todo extra&ntilde;as a tal
+metamorfosis deb&iacute;an ser algunas dolencias pertinaces, protesta del
+h&iacute;gado contra el malsano r&eacute;gimen, mitad sedentario y mitad febril, tanto
+tiempo observado por Aurelio. As&iacute; es que, aprovechando la estancia en
+Le&oacute;n, y los conocimientos y acierto singular de V&eacute;lez de Rada, dedicose
+a reparar las brechas de su desmantelado organismo; y la vida met&oacute;dica y
+la formalidad creciente de sus maneras y aspecto, que en la corte la
+perjudicaban revelando que empezaba a ser trasto arrumbado y sin uso,
+sirvi&eacute;ronle en el timorato pueblo leon&eacute;s de pasaporte, gan&aacute;ndole
+simpat&iacute;as y fama de persona respetable y de responsabilidad y cr&eacute;dito.</p>
+
+<p>Sol&iacute;a Miranda hacer, de pascuas a ramos, tal cual escapatoria a Madrid,
+y en una de las &uacute;ltimas encontr&oacute; al Don Fulano del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n&mdash;a
+quien llamaremos Colmenar por respetos a su inc&oacute;gnito&mdash;, amostazado y
+furioso con otro Don Zutano que se empe&ntilde;aba en desbaratarle sus
+combinaciones todas y en echarle por tierra todas sus hechuras. No hab&iacute;a
+manera de arreglarse con aquel diablo de hombre, que as&iacute; cortaba y
+segaba en el granado campo de los adictos colmenaristas. El destino de
+Miranda, a la saz&oacute;n, estaba comprometid&iacute;simo. Peg&oacute; Miranda al escucharlo
+un brinco en el muelle div&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hombre&mdash;prosigui&oacute; Colmenar&mdash;: as&iacute; como te lo digo. Basta que yo
+tenga inter&eacute;s en conservar a uno, para que lo barra &eacute;l.... Es cosa fija.
+Y no hay modo de evitarlo. El pega sin duelo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;contest&oacute; Miranda&mdash;, si todo se redujese a salir de Le&oacute;n....
+Porque, la verdad sea dicha, aquel pueblo me encocora, aunque tiene sus
+ventajas... Pero si las cosas llegan m&aacute;s all&aacute;, lucido quedo.</p>
+
+<p>&mdash;No, pues lo probable es que lleguen.... La fortuna es enemiga de los
+viejos, y nosotros vamos si&eacute;ndolo ya.... T&uacute; est&aacute;s muy arruinado de alg&uacute;n
+tiempo a esta parte. Ese pelo.... &iquest;Te acuerdas qu&eacute; famoso pelazo ten&iacute;as?
+Pronto recurriremos ambos al aceite de bellotas, como remedio heroico.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre...&mdash;exclam&oacute; Miranda atus&aacute;ndose los mechones de las sienes con
+el adem&aacute;n belicoso de los pasados d&iacute;as&mdash;. Cualquiera pensar&aacute; que estoy
+calvo. Pues a&uacute;n me defiendo muy bien. Los padecimientos me tienen as&iacute;,
+un poco....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s enfermo? &iexcl;Goteras, chico, goteras!</p>
+
+<p>&mdash;Una afecci&oacute;n hep&aacute;tica, complicada con.... Pero en aquel pueblo
+anticuado de Le&oacute;n di con un facultativo de lo m&aacute;s moderno, un
+sabio&mdash;apresurose a a&ntilde;adir Miranda viendo el gesto aburrido del
+prohombre, que tem&iacute;a el relato de la enfermedad&mdash;. Te aseguro que V&eacute;lez
+de Rada es un prodigio... Materialista cerrado, eso s&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Como todos los m&eacute;dicos...&mdash;Y Colmenar se encogi&oacute; de hombros&mdash;. &iquest;Y...
+qu&eacute; tal? &iquest;Haces muchas conquistas en Le&oacute;n? &iquest;Son blandas de coraz&oacute;n las
+leonesitas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! gazmo&ntilde;illas&mdash;pronunci&oacute; Miranda, que en confianza y reserva se
+permit&iacute;a su poco de irreligiosidad&mdash;. Tr&aacute;enlas los jesuitas embobadas
+con cofrad&iacute;as y novenas, y andan comi&eacute;ndose los santos.... Sociedad,
+poca; cada uno en su casa y Dios en la de todos. No deja, por otra
+parte, de convenirme, puesto que he menester descanso y m&eacute;todo....</p>
+
+<p>Colmenar o&iacute;a baja la vista, contando los arabescos de la tupida
+alfombra.</p>
+
+<p>Alz&oacute; al fin la cabeza y diose una palmada en la frente.</p>
+
+<p>&mdash;Me ocurre una idea sin ejemplar&mdash;dijo, repitiendo la c&eacute;lebre frase del
+ministro portugu&eacute;s.&mdash;Chico, &iquest;por qu&eacute; no te casas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No est&aacute; mala la ocurrencia! &iexcl;S&iacute;, que son baratas las mujercitas en
+estos tiempos... y lo que viene despu&eacute;s! Al que no quiere caldo, taza y
+media: a quedarme sin destino voy quiz&aacute;s, &iexcl;y de casamiento me hablas!</p>
+
+<p>&mdash;Tonto, no te propongo mujer que te haga peso, sino que te traiga
+pesos.</p>
+
+<p>Y el prohombre celebr&oacute; su propio retru&eacute;cano disparando larga risa.
+Miranda quedose pensativo mascando la miga de la proposici&oacute;n, cuyas
+ventajas le saltaron a los ojos prontamente. Ning&uacute;n medio m&aacute;s acertado
+para prevenir las embestidas de la mala fortuna y asegurar el dudoso
+porvenir, mientras no emigrasen del todo los ya ralos cabellos, y no
+desapareciese el barniz de gallard&iacute;a que a&uacute;n abrillantaba su persona.
+Por otra parte, Le&oacute;n era ciudad que involuntariamente suger&iacute;a ideas
+matrimoniales. &iquest;Qu&eacute; hacer sino casarse all&iacute; donde todo era calma y
+tedio, donde la solter&iacute;a inspiraba desconfianza, donde la m&aacute;s
+insignificante aventurilla provocaba los furiosos ladridos del
+esc&aacute;ndalo? As&iacute; es que dijo en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, chico; en Le&oacute;n le entran a uno ganas de casarse y de vivir
+santamente.</p>
+
+<p>&mdash;Es que para ti&mdash;insisti&oacute; Colmenar&mdash;es ya de necesidad el consorcio.
+Aparte de que eres mayor de edad... (aqu&iacute; sonri&oacute; maliciosamente) y si no
+quieres llamarte solter&oacute;n debes pensar en bodas, lo reclama tu salud...
+y tus pesetas. Si no puedes sostenerte, &iquest;c&oacute;mo te las compones? Supongo
+que no tendr&aacute;s econom&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Econom&iacute;as yo! <i>Au jour le jour</i>&mdash;dijo Miranda, pronunciando con
+cierta soltura la frasecilla transpirenaica.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, <i>il faut faire une fin</i>&mdash;replic&oacute; Colmenar, muy
+satisfecho de poder lucirse a su vez.</p>
+
+<p>&mdash;El caso es dar con la mujer, con el ave f&eacute;nix&mdash;murmur&oacute; Miranda
+meditabundo&mdash;. No, lo que es ni&ntilde;as casaderas no faltan; pero yo ahora
+perd&iacute; el rumbo aqu&iacute;.... Dime t&uacute;....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni&ntilde;as de aqu&iacute;! &iexcl;L&iacute;brete de ellas Dios! M&aacute;s temibles son que el
+c&oacute;lera. &iquest;Sabes t&uacute; las exigencias que tiene cualquiera de esos angelitos?
+&iquest;Sabes t&uacute; c&oacute;mo las gastan?...</p>
+
+<p>&mdash;De modo que....</p>
+
+<p>&mdash;La mujer que t&uacute; necesitas est&aacute; en Le&oacute;n mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En Le&oacute;n!... S&iacute;, en efecto acaso all&iacute; sea m&aacute;s f&aacute;cil.... Pero no
+veo... Las de Arga, tienen ya novio; Concha Vivares s&oacute;lo es rica en
+esperanzas, hay una t&iacute;a que piensa dejarle su herencia: mas de aqu&iacute; a
+que estire la pata.... La de Hornillos... no; la de Hornillos s&oacute;lo tiene
+pergaminos, y eso no se echa en el puchero....</p>
+
+<p>&mdash;Te andas por las alturas... el ramo de se&ntilde;oritas est&aacute; mal: agu&aacute;rdate,
+que voy a decirte....</p>
+
+<p>Levantose Colmenar, y abriendo un caj&oacute;n de su pupitre, sac&oacute; una tira de
+papel, rancia y amarillosa, cubierta de nombres, que recordaba las
+listas de proscripci&oacute;n. Y lista era, en efecto: all&iacute; estaban inscritos
+por riguroso orden alfab&eacute;tico los feudatarios de la gran personalidad
+colmenariana, en las diversas provincias de la Pen&iacute;nsula; hab&iacute;a
+apellidos que ten&iacute;an al pie una A may&uacute;scula, que significaba <i>adicto</i>;
+otros se&ntilde;alados con M A, <i>muy adicto</i>, alguno llevaba agregada una D,
+<i>dudoso</i>.</p>
+
+<p>El prohombre apoy&oacute; el dedo &iacute;ndice en uno de las nombres honrados con la
+M A.</p>
+
+<p>&mdash;Te propongo&mdash;dijo Miranda&mdash;una ni&ntilde;a de pocos a&ntilde;os, que acaso llegue, y
+a&uacute;n pase, de los dos millones de capital.</p>
+
+<p>Abri&oacute; Miranda tama&ntilde;o ojo, y tendi&oacute; la mano para apoderarse de la
+bienhadada lista.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;As&iacute; como suena!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Pero es que no hay como t&uacute; para tales
+hallazgos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No conoces en Le&oacute;n a la persona aqu&iacute; apuntada?&mdash;sigui&oacute; Colmenar
+se&ntilde;alando con la u&ntilde;a el rengl&oacute;n de la lista&mdash;. &iquest;Un viejo muy guapo y
+fornido, muy tieso a&uacute;n, Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez, <i>el Leon&eacute;s</i>?</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;El Leon&eacute;s!</i> Si no hay cosa que m&aacute;s conozca. Varias veces vino a
+asuntos al Gobierno civil de Le&oacute;n. Claro que le conozco. Y ahora
+recuerdo; es verdad que tiene una chica, pero en esa s&iacute; que no me fij&eacute;
+jam&aacute;s. Se la ve muy poco.</p>
+
+<p>&mdash;Hacen vida modesta. Duplicar&aacute; el capital en diez a&ntilde;os&mdash;, &iexcl;para
+agenciar es mucho hombre <i>el Leon&eacute;s</i>! Un infeliz, un simpl&oacute;n en lo
+restante; en pol&iacute;tica no ve m&aacute;s all&aacute; de sus narices el pobre; pero ha
+sabido crearse una fortuna. No tiene sino esa ni&ntilde;a y adora en ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y crees t&uacute; que no tendr&aacute; ya la chiquilla sus amor&iacute;os?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah... es tan joven! En present&aacute;ndote t&uacute;... con tu buen trato, y tu
+pr&aacute;ctica en tales lides....</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; una paleta, fea por a&ntilde;adidura.</p>
+
+<p>&mdash;Fue su padre arrogante mozo, y su madre una morena agraciada; &iquest;por qu&eacute;
+ha de ser fea la chica? Ni hay quince a&ntilde;os feos. Estar&aacute; por desbastar,
+eso s&iacute;; pero entre t&uacute; y una modista... cuesti&oacute;n de un mes. Mucho m&aacute;s
+aptas son las mujeres para civilizarse y pulirse que los hombres..
+Ens&eacute;&ntilde;ales el instinto de agradar lo que cien maestros no pudieran.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; dir&aacute;n de m&iacute; todas mis relaciones&mdash;sobre todo en Le&oacute;n&mdash;,
+vi&eacute;ndome casado con la hija del Leon&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah! eso es cuesti&oacute;n de trasladarse.... En cas&aacute;ndoos solicitas
+bajo cuerda que te lleven a otro sitio... el viejo se queda por all&aacute;
+cuidando de las rentas, y t&uacute; y la ni&ntilde;a os est&aacute;is donde nadie sepa si la
+engendr&oacute; un archiduque o el verdugo.... Por de pronto, en la luna de
+miel sales con tu mujer a dar una vuelta por Europa, y as&iacute; te libras de
+las hablillas de la primera temporada. Y date prisa, antes que esa panza
+se ponga esf&eacute;rica, y ese cabello.... &iexcl;Ay! &iexcl;Y c&oacute;mo pasa el tiempo!
+Envejecemos que es un dolor.</p>
+
+<p>Miranda contemplaba la punta de su elegante bota de ca&ntilde;a clara, y
+rasc&aacute;base la frente cavilando.</p>
+
+<p>&mdash;Medio de presentarme en esa casa&mdash;pronunci&oacute; al cabo resueltamente&mdash;.
+Son personas de poco trato, y es preciso... yo no voy a pasearle la
+calle a la mocosa, supongo.</p>
+
+<p>&mdash;Llevar&aacute;s una visita m&iacute;a. &iexcl;El viejo te recibir&aacute; mejor que al rey!</p>
+
+<p>Y diciendo y haciendo, sentose el prohombre a la mesa atestada de
+peri&oacute;dicos, cartas y libros, y tomando un pliego de timbrado papel, dej&oacute;
+correr la mano garrapateando el blanco folio con su letra precipitada,
+ininteligible casi, de hombre abrumado de asuntos. Doblolo, desliz&aacute;ndolo
+dentro de un sobre, y sin cerrarlo lo entreg&oacute; a su amigo.</p>
+
+<p>Al levantarse Miranda para despedirse, acercose a Colmenar, y,
+habl&aacute;ndole bajo, casi al o&iacute;do, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s bien seguro... bien cierto de lo de... los dos mill....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me qued&eacute; corto! No tienes sino informarte all&aacute;. En conciencia, me
+debes una prima&mdash;y al decirlo, re&iacute;ase el hombre pol&iacute;tico, y golpeaba a
+Miranda en las mejillas, cual si de un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os se tratase.</p>
+
+<p>Con tan alto patrocinio se present&oacute; Miranda en la pac&iacute;fica morada del
+feudatario colmenarista, siendo en efecto recibido cual lo exig&iacute;a el
+venir de tal persona recomendado. Naturalmente se propuso no aparecer al
+pronto como candidato a la mano de Luc&iacute;a. Sobre ser indelicadeza, fuera
+carencia de tacto; y adem&aacute;s pretend&iacute;a Miranda ante todo estudiar el
+terreno que pisaba. Hall&oacute; ser verdad cuanto le hab&iacute;a anunciado el
+prohombre y aun algo m&aacute;s en lo tocante a bienes de fortuna: vio una casa
+chapada a la antigua, tosca y popular en sus usos, pero honrada en todo,
+y un caudal s&oacute;lido y seguro, diariamente acrecido por la celosa
+administraci&oacute;n del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n y su sencillez y parsimonia. Es cierto
+que el bueno del Leon&eacute;s pareci&oacute; a Miranda hombre de tediosa compa&ntilde;&iacute;a, en
+todo vulgar e infeliz, corto de alcances, con sus ribetes de mentecato,
+pero hubo de sufrirlo, y aun de acomodarse a las ideas del viejo, tanto
+que &eacute;ste lleg&oacute; a no poder tomar caf&eacute; ni leer <i>El Progreso Nacional</i>,
+&oacute;rgano de Colmenar, sin la salsa de los sabrosos comentarios que Miranda
+hac&iacute;a a cada fondo, a cada suelto y gacetilla. Sab&iacute;a Miranda de memoria
+el reverso, la cara interna de la pol&iacute;tica, y explicaba desenfadadamente
+las solapadas alusiones, las reticencias h&aacute;biles, las s&aacute;tiras finas que
+en todo peri&oacute;dico importante abundan y son eterno logogrifo para el
+c&aacute;ndido suscritor provinciano. De suerte que desde su intimidad con
+Miranda, gozaba el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n el hondo placer de la iniciaci&oacute;n y
+miraba por cima del hombro a sus correligionarios leoneses, no admitidos
+en el santuario de la pol&iacute;tica reservada. Adem&aacute;s de estos gustos que a
+la relaci&oacute;n con Miranda deb&iacute;a, esponj&aacute;base el buen viejo&mdash;que ya sabemos
+cu&aacute;n poco ten&iacute;a de fil&oacute;sofo&mdash;cuando le encontraban las gentes mano a
+mano con tan bien portado caballero, &iacute;ntimo del gobernador y familiar
+comensal de las gentes m&aacute;s encopetadas de la ciudad.</p>
+
+<p>Vio Luc&iacute;a sin disgusto al cort&eacute;s y afable Miranda, y repar&oacute; con pueril
+curiosidad el aseo de su persona, su calzado pulcro, sus n&iacute;veos cuellos,
+los caprichosos dijes de su reloj y corbata: que toda mujer, compr&eacute;ndalo
+o no, se paga de exterioridades y menudencias por este estilo. Adem&aacute;s,
+pose&iacute;a Miranda&mdash;y la despleg&oacute;&mdash;, una ciencia que llamar pudi&eacute;ramos la de
+agradar por diversi&oacute;n. Tra&iacute;a a la ni&ntilde;a diariamente alguna baratija, para
+ella desconocida hasta entonces, ya un cromo, ya una fotograf&iacute;a, ya
+lindas flores, ya n&uacute;meros de peri&oacute;dicos ilustrados, ya novelas de Fern&aacute;n
+Caballero o de Alarc&oacute;n; y las graciosas chucher&iacute;as que por las puertas
+de la anticuada casa se entraban, como part&iacute;culas de la vida moderna,
+eran otras tantas bocas encomiadoras del dadivoso. Acert&oacute; &eacute;ste a ponerse
+al nivel de conversaci&oacute;n de Luc&iacute;a, y mostrose muy enterado de cosas
+femeniles, infantiles dijera mejor; y lleg&oacute; el caso de que la ni&ntilde;a le
+consultase acerca de su peinado, de sus trajes, y Miranda muy serio le
+dispusiese bajar o subir dos cent&iacute;metros el talle o el mo&ntilde;o. Tales
+incidentes variaban un poco los iguales d&iacute;as de la doncellita leonesa,
+prestando atractivo al trato de su disimulado pretendiente.</p>
+
+<p>En Le&oacute;n caus&oacute; al principio sorpresa grande que el currutaco Miranda
+eligiese por amigo a un se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, hombre en cuyos cuadrados hombros
+parec&iacute;a soldada y remachada la chaqueta; m&aacute;s presto anduvo la malicia el
+camino necesario para llegar a racional explicaci&oacute;n del fen&oacute;meno, y
+comenz&oacute; Luc&iacute;a a recibir larga broma de sus compa&ntilde;eras, que la aturd&iacute;an a
+fuerza de glosar la pasi&oacute;n del se&ntilde;or de Miranda, sus atenciones, sus
+obsequios y rendimientos. Recibi&oacute; ella la descarga risue&ntilde;a y
+sosegadamente, sin un sonrojo, sin perder minuto de sue&ntilde;o, sin que el
+latir del coraz&oacute;n se le acelerase cuando Miranda, desahogado siempre,
+repicaba la campanilla o entraba haciendo ruido con las flamantes botas.
+Como ning&uacute;n amoroso requiebro de Miranda vino a confirmar los dichos de
+las gentes, estaba Luc&iacute;a descuidada y tranquila lo mismo que de
+costumbre. Pero Miranda, resuelto ya a dar cima a su empresa, y
+considerando suficiente la preparaci&oacute;n, un d&iacute;a, despu&eacute;s de haber tomado
+caf&eacute; y le&iacute;do <i>El Progreso Nacional</i> con el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, le pidi&oacute;
+redondamente a su hija.</p>
+
+<p>Quedose el Leon&eacute;s hecho un papanatas, sin saber qu&eacute; decir ni qu&eacute; cara
+poner. Realiz&aacute;base del todo su sue&ntilde;o: el ingreso de Luc&iacute;a en la esfera
+se&ntilde;oril tan ambicionada. Mas seamos justos con el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n: no le
+falt&oacute;, en tan supremos instantes, la percepci&oacute;n l&uacute;cida de ciertos puntos
+negros de la boda. Vio las edades diferentes, la hacienda de Miranda
+inc&oacute;gnita, y clara y cierta la rica dote de su hija; en suma, tuvo
+intuiciones pasajeras del c&aacute;lculo inicuo que envolv&iacute;a la demanda. El
+demandante se mostr&oacute; h&aacute;bil estrat&eacute;gico previniendo en cierto modo la
+sospecha, y anticip&aacute;ndose a los pensamientos del padre.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;dijo&mdash;no tengo bienes de fortuna; poseo mi carrera, eso s&iacute;
+(Miranda hab&iacute;a aprovechado los primeros a&ntilde;os de su juventud haci&eacute;ndose
+licenciado en Derecho, como suele la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles), y si el
+destino me faltase, me sobran &aacute;nimos para trabajar y abrir bufete con
+muy lucida clientela en Madrid. Deseo que mi mujer goce de c&oacute;moda
+posici&oacute;n, pero para ella, por ella sola; nada para m&iacute;; yo me basto a m&iacute;
+mismo. La diferencia de caudal me retrajo mucho tiempo de pedir a Luc&iacute;a;
+pero pudo m&aacute;s el afecto que me inspira tan preciosa e inocente
+criatura.... As&iacute; y todo, a no asegurarme Colmenar que usted es persona
+desinteresada y de &aacute;nimo generoso, no me decidiera nunca....</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or Colmenar me favorece m&aacute;s de lo que merezco&mdash;respondi&oacute; muy
+hueco el Leon&eacute;s&mdash;; pero estas cosas han de pensarse.... Dese usted una
+vuelta por ah&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de quince d&iacute;as vendr&eacute; a saber su resoluci&oacute;n&mdash;repuso
+discretamente Miranda cogiendo el sombrero.</p>
+
+<p>Pasolos dado a Satan&aacute;s, porque era ciertamente rid&iacute;culo para un hombre
+de sus &iacute;nfulas y categor&iacute;a pedir la hija de un tendero de ultramarinos,
+y haber de esperar, como quien dice, en la antesala de la lonja, a que
+se dignasen abrirle la puerta. Entretanto, el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, leyendo
+solo el peri&oacute;dico y paladeando solo el caf&eacute;, ven&iacute;a a echarle muy de
+menos, e &iacute;base arraigando en su mente la idea de la boda. Cada d&iacute;a
+consideraba m&aacute;s adecuado para yerno al amigo de Colmenar. Con todo, hizo
+lo que suelen las gentes que gustan de seguir su inclinaci&oacute;n sin
+contraer responsabilidad: asesorarse con algunas personas acerca del
+asunto, esperando que su aprobaci&oacute;n le escudase. Hubo de salirle
+frustrado el intento. El Padre Urtazu, consultado primero, exclam&oacute; con
+su franqueza navarra:</p>
+
+<p>&mdash;A gato viejo rata tierna. No se pierde el don almibarado y pulido.
+&iquest;Pero no ve, desgraciado, no ve que el merengue ese puede ser padre de
+Luc&iacute;a? &iexcl;Sabe Dios las liebres que en su vida habr&aacute; corrido! Sant&iacute;sima
+Virgen &iexcl;qu&eacute; de historias llevar&aacute; escondiditas en los bolsillos del
+levit&iacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Pero usted, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a en mi caso, Padre Urtazu?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? Pensarlo, en vez de quince d&iacute;as, un a&ntilde;o; &iexcl;y otro a&ntilde;o despu&eacute;s, por
+lo que pudiera tronar!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de la Constituci&oacute;n! Usted, Padre, no ha notado los m&eacute;ritos
+del se&ntilde;or don Aurelio.</p>
+
+<p>&mdash;Los m&eacute;ritos... los m&eacute;ritos.... &iexcl;vaya unos m&eacute;ritos! &iexcl;Pch, pch! &iexcl;Si es
+m&eacute;rito ir todo sopladico, y ense&ntilde;ando diez cent&iacute;metros de pu&ntilde;o de
+camisa... y darla de mozalbete, estando peor que yo, que canas tengo,
+pero al menos no se me cae la hoja!</p>
+
+<p>Y el Padre Urtazu se tiraba en&eacute;rgicamente de los cortos cabellos
+entrecanos que en sus sienes crec&iacute;an, fuertes como matas de abrojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice a eso la chica?&mdash;interrog&oacute; despu&eacute;s de s&uacute;bito.</p>
+
+<p>&mdash;No hemos hablado a&uacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues eso es lo primero, desgraciado! &iexcl;Ay, que con los a&ntilde;os se nos va
+reblandeciendo la mollera! &iquest;A qu&eacute; aguarda?</p>
+
+<p>V&eacute;lez de Rada fue todav&iacute;a m&aacute;s terminante y categ&oacute;rico.</p>
+
+<p>&iexcl;Casar a su hija de usted con Miranda!&mdash;grit&oacute; enarcando las cejas y
+col&eacute;rico y descompuesto&mdash;. &iexcl;Est&aacute; usted loco! &iexcl;El mejor ejemplar de raza
+que de diez a&ntilde;os a esta parte encontr&eacute;! &iexcl;Una ni&ntilde;a que tiene gl&oacute;bulos
+rojos en la sangre, bastantes para surtir a cuantas mu&ntilde;equillas an&eacute;micas
+se pasean por Madrid! &iexcl;Una estatura! &iexcl;Un equilibrio! &iexcl;Unos di&aacute;metros! Y
+con Miranda, que... (aqu&iacute; la discreci&oacute;n profesional sell&oacute; los labios del
+m&eacute;dico, y rein&oacute; silencio en la estancia.)</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or Rada...&mdash;os&oacute; decir el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, que no entend&iacute;a bien.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted, sabe usted cu&aacute;l es el deber del padre que tiene una hija
+como Luc&iacute;a? Pues buscar, como otro Di&oacute;genes, un hombre que en
+constituci&oacute;n y riqueza de organismo la iguale, y unirlos. &iquest;Le parece a
+usted que con este descuido que hay en los enlaces, con los sacr&iacute;legos
+consorcios que solemos presenciar entre naturalezas pobres, viciadas,
+enfermas, y naturalezas sanas, es posible que muy pronto, a la vuelta de
+tres o cuatro generaciones, sobrevenga la decadencia fatal de estos
+pueblos de Europa? O qu&eacute;, &iquest;se puede impunemente transmitir a nuestros
+tataranietos veneno y pus, en vez de sangre?</p>
+
+<p>Sali&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n del gabinete del Esculapio un tanto asustado,
+pero a&uacute;n m&aacute;s confuso, sirvi&eacute;ndole &uacute;nicamente de consuelo el pensar que
+las desdichas vaticinadas a su prosapia no ocurrir&iacute;an hasta dentro de un
+siglo lo m&aacute;s pronto. Y el &uacute;ltimo percance que en sus consultas
+matrimoniales le esperaba, fue con una hermana suya viej&iacute;sima, en sus
+mocedades planchadora y hoy pensionada y socorrida de su hermano. La
+infeliz, que arrastrado, hab&iacute;a con su difunto vida de perros, exclam&oacute; en
+cascajosa voz, alzando las secas manos y meneando la cabeza temblona:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Miranda? &iquest;Miranda? Ser&aacute; un pillo, un condenado: &iexcl;todos los hombres
+son unos condenados! que los parta un ra....</p>
+
+<p>No quiso o&iacute;r m&aacute;s el Leon&eacute;s, y dio por terminadas las consultas.</p>
+
+<p>Faltaba el fondo de la cuesti&oacute;n, el parecer de Luc&iacute;a. Quebr&aacute;base el
+padre la cabeza en busca de un medio diplom&aacute;tico de averiguarlo, cuando
+la misma ni&ntilde;a se lo proporcion&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pap&aacute;&mdash;interrog&oacute; un d&iacute;a con la mejor fe del mundo&mdash;, &iquest;estar&aacute; enfermo el
+se&ntilde;or de Miranda? Hace d&iacute;as que no viene por aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Asi&oacute; de los cabellos la ocasi&oacute;n el Sr. Joaqu&iacute;n y expuso los planes de
+Miranda. Luc&iacute;a escuchaba atenta, con la sorpresa pintada en sus
+brillantes ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted&mdash;pronunci&oacute; al cabo&mdash;. Pues acertaban Rosarito y Carmela al
+asegurar que el se&ntilde;or de Miranda ven&iacute;a a esta casa por m&iacute;. &iexcl;Pero, qui&eacute;n
+lo dijera!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hija; &iquest;qu&eacute; le contesto a ese se&ntilde;or?&mdash;pregunt&oacute; afanoso el
+Leon&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pap&aacute;... qu&eacute; s&eacute; yo? Nunca pens&eacute; que quisiera casarse conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero a ti.... &iquest;te gusta el se&ntilde;or de Miranda?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que me gusta. Todav&iacute;a es muy buen mozo, declar&oacute; Luc&iacute;a con
+naturalidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su genio... y su trato...?</p>
+
+<p>&mdash;Muy obsequioso, muy amable.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te repugna la idea de que viviese siempre aqu&iacute;... con nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;No tal. Al contrario. Si me divierte mucho cuando viene.</p>
+
+<p>&mdash;Pues.... &iexcl;por vida de la Constituci&oacute;n! &iexcl;T&uacute; tambi&eacute;n est&aacute;s enamorada del
+se&ntilde;or de Miranda!</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted.... &iexcl;eso s&iacute; que me parece que no! Yo no he pensado despacio
+en esas cosas, ni s&eacute; c&oacute;mo ser&aacute; el enamorarse; pero se me figura que debe
+ser as&iacute;... m&aacute;s de bullanga, y que entrar&aacute;... vamos, m&aacute;s de prisa y m&aacute;s
+recio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esos amores de bullanga, &iquest;qu&eacute; falta hacen para ser buenos
+casados?</p>
+
+<p>&mdash;Yo supongo que ninguna. Para ser buenos casados, dice el Padre Urtazu
+que lo preciso es la gracia de Dios... y paciencia, mucha paciencia.</p>
+
+<p>El padre le dio, con su ancha diestra, una palmadita en la mejilla.</p>
+
+<p>&mdash;Hablas como un libro... por vida de la Const.... &iquest;conque, seg&uacute;n eso,
+voy a darle un buen rato al se&ntilde;or de Miranda?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, padre! El asunto merece pensarse: &iexcl;h&aacute;game usted el favor de
+pensarlo por m&iacute;! &iquest;Qu&eacute; entiendo yo de bodas, ni de?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, ya eres grandullona.... Eres demasiado simplota t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a posando en el viejo su clara mirada&mdash;: si no es que
+soy simple, es que no quiero entender; &iquest;lo oye usted? Porque si comienzo
+a cavilar en esas cosas, doy en no comer, en no jugar, en no dormir...
+Esta noche de fijo no pegar&iacute;a ojo... y despu&eacute;s dice el se&ntilde;or de Rada, en
+lat&iacute;n, que enfermo del cuerpo y que vendr&eacute; a enfermar del alma.... No
+quiero acordarme sino de mis juegos, y de mis lecciones; de eso no,
+padre, porque se me va adelgazando, adelgazando el mag&iacute;n, y me paso
+horas enteras con las manos cruzadas, sentada, hecha un poste.... El
+caso es que cuando me da por ah&iacute;, se me antoja que ni todos los hombres
+del mundo juntos valen lo que un novio como me finjo yo al m&iacute;o... que
+tampoco est&aacute; en el mundo, &iexcl;no crea usted! est&aacute; all&aacute; en unos palacios, y
+en unos jardines muy remotos.... En fin, no s&eacute; explicarme; &iquest;usted
+comprende?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te habr&aacute;n metido en la cabeza ser monja, como &Aacute;gueda, la ni&ntilde;a de la
+directora del colegio!&mdash;grit&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, con ira.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!... no se&ntilde;or&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a, cuya tez animada y encendida parec&iacute;a
+fresqu&iacute;sima rosa&mdash;. No ser&iacute;a monja por un imperio.... No me llama Dios
+por ese camino.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; visto&mdash;pens&oacute; el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n para su capote&mdash;: hierve la olla; a
+esta chica hay que casarla. Y en voz alta: pues siendo as&iacute;, ni&ntilde;a, creo
+que no debes hacer un desaire al se&ntilde;or de Miranda. Es todo un se&ntilde;or... y
+en pol&iacute;tica, &iexcl;vamos, es mucho olfato el suyo! &iquest;A ti no te desagrada?</p>
+
+<p>&mdash;Ya he dicho que no&mdash;repuso Luc&iacute;a, en tono m&aacute;s tranquilo.</p>
+
+<p>La misma tarde fue el Leon&eacute;s a llevar en persona a Miranda la
+satisfactoria respuesta.</p>
+
+<p>Colmenar escribi&oacute; al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n una carta que tuvo que leer. Y no
+transcurridos muchos d&iacute;as, dijo Miranda al presunto suegro, en tono
+satisfecho y confidencial:</p>
+
+<p>&mdash;Nuestro amigo Colmenar apadrina; delega en usted y env&iacute;a esto para la
+novia.</p>
+
+<p>Y sac&oacute; de su estuche de raso un abanico de n&aacute;car, cuyo delicado pa&iacute;s de
+encaje de Bruselas temblaba al aliento como la espuma del mar al soplo
+de la brisa. Referir lo orondo que se puso el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n, fuera
+empresa superior a las fuerzas humanas. Pareciole que la personalidad
+<i>proh&oacute;mbrica</i> del insigne jefe de partido, repentinamente y por arte de
+birlibirloque se confundiera con la suya; creyose metamorfoseado,
+id&eacute;ntico con su &iacute;dolo, y no cupo en su pellejo, y borr&aacute;ronse los recelos
+que a veces sent&iacute;a a&uacute;n pensando en el cercano desposorio. Ganoso de no
+quedarse atr&aacute;s de Colmenar en generosidad, am&eacute;n de se&ntilde;alar ping&uuml;es
+alimentos a Luc&iacute;a, le regal&oacute; una suma redonda, destinada a invertirse en
+el viaje de novios, cuyo itinerario traz&oacute; Miranda, comprendiendo a Par&iacute;s
+y a ciertas bienhechoras aguas minerales, recetadas tiempo atr&aacute;s por
+Rada, como remedio soberano para la di&aacute;tesis hep&aacute;tica. La idea del viaje
+no dej&oacute; de parecer extra&ntilde;a al se&ntilde;or Joaqu&iacute;n. Al casarse &eacute;l, no hizo
+excursi&oacute;n m&aacute;s larga que el trayecto de la porter&iacute;a a la lonja. Pero
+considerando que su hija entraba en superior rango, hubo de admitir los
+usos de la nueva categor&iacute;a, por singulares que fuesen. Miranda se lo
+pint&oacute; as&iacute;, y el se&ntilde;or Joaqu&iacute;n convino en ello: las inteligencias
+medianas ceden siempre al aplomo que las fascina.</p>
+
+<p>El que conozca un tanto las ciudades de provincia, imaginar&aacute; f&aacute;cilmente
+cu&aacute;nto comentario, cu&aacute;nta murmuraci&oacute;n declarada o encubierta provoc&oacute; en
+Le&oacute;n la boda del importante Miranda con la obscura heredera del ex
+lonjista. Hablose sin tino ni mesura; qui&eacute;n censuraba la vanidad del
+viejo, que harto al fin de romper chaquetas, quer&iacute;a dar a su hija viso y
+tono de <i>marquesa</i> (Miranda parec&iacute;a a no pocas gentes el tipo cl&aacute;sico
+del marqu&eacute;s). Qui&eacute;n hincaba el diente en el novio, hambr&oacute;n madrile&ntilde;o,
+con mucho aparato y sin un ochavo, venido all&iacute; a salir de apuros con las
+onzas del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n. Qui&eacute;n describ&iacute;a sat&iacute;ricamente la extra&ntilde;a figura
+de Luc&iacute;a la mocetona, cuando estrenase sombrero, sombrilla y cola larga.
+Mas estos runrunes se estrellaban en la orgullosa satisfacci&oacute;n del se&ntilde;or
+Joaqu&iacute;n, en la infantil frivolidad de la novia, en la cort&eacute;s y mundana
+reserva del novio. Fiel Luc&iacute;a a su programa de no pensar en la boda
+misma, pensaba en los accesorios nupciales, y contaba gozosa a sus
+amigas el viaje proyectado, repitiendo los nombres euf&oacute;nicos de pueblos
+que ten&iacute;a por encantadas regiones; Par&iacute;s, Ly&oacute;n, Marsella, donde las
+ni&ntilde;as imaginaban que el cielo ser&iacute;a de otro color y lucir&iacute;a el sol de
+distinto modo que en su villa natal. Miranda, a cuenta de un empr&eacute;stito
+que negoci&oacute; contando satisfacerlo despu&eacute;s a expensas del generoso
+suegro, hizo venir de la corte lindas finezas, un aderezo de brillantes,
+un caj&oacute;n atestado de lucidas galas, env&iacute;o de renombrado sastre de
+se&ntilde;oras. Mujer al cabo Luc&iacute;a, y nuevos para ella tales primores, m&aacute;s de
+una vez, como la Margarita de <i>Fausto</i>, se colg&oacute; ante un espejillo los
+preciosos dijes, complaci&eacute;ndose en sacudir la cabeza a fin de que
+fulgurasen los resplandores de los pendientes y las flores de pedrer&iacute;a
+salpicadas por el obscuro cabello. En esto se solazan las mujeres cuando
+son ni&ntilde;as, y todav&iacute;a much&iacute;simo tiempo despu&eacute;s de dejar de serlo. Pero
+Luc&iacute;a no era ni&ntilde;a para siempre.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>Segu&iacute;a corriendo el tren, y la desposada no lloraba ya. Apenas se
+advert&iacute;an en su rostro huellas de llanto, ni sus p&aacute;rpados estaban
+enrojecidos. As&iacute; acontece con las l&aacute;grimas que vertemos por las primeras
+penillas de la vida: llanto sin amargura, roc&iacute;o leve, que antes refresca
+que abrasa. Comenzaban a entretenerla las estaciones y la gente que se
+asomaba curiosa a la portezuela, escudri&ntilde;ando el interior del
+departamento. Llov&iacute;a preguntas sobre Miranda, el cual daba pormenores de
+todo, esmer&aacute;ndose en divertirla, y entreverando con las explicaciones
+alguna terneza, que la ni&ntilde;a escuchaba sin turbarse, pareci&eacute;ndole
+natural&iacute;simo que el esposo mostrase afecto a la esposa, sin que el m&aacute;s
+leve oscilar de su corpi&ntilde;o delatara la dulce confusi&oacute;n que el amor
+despierta. Hall&aacute;base ya en su centro Miranda, habiendo cesado los lloros
+y reaparecido el buen humor y el temple normal del &aacute;nimo. Satisfecho de
+tal resultado, hasta bendec&iacute;a interiormente a una de sus causas, una
+vejezuela que con enorme banasta al brazo se col&oacute; en el departamento
+algunas estaciones antes de Palencia, y cuya grotesca facha ayud&oacute; a
+llamar la sonrisa a los labios de Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>Al llegar a Palencia, dejolos la vejezuela y subi&oacute; un hombre grave,
+decentemente vestido, silencioso.</p>
+
+<p>&mdash;Se parece a pap&aacute;&mdash;dijo Luc&iacute;a en voz baja a Miranda&mdash;. &iexcl;Pobrecillo!&mdash;Y
+esta vez s&oacute;lo un suspiro pag&oacute; la deuda del amor filial.</p>
+
+<p>Ca&iacute;a ya la noche; andaba el tren lentamente, como si temblase de pavor
+al confiarse a los ra&iacute;les, y observ&oacute; Miranda que llevaba notable
+retraso.</p>
+
+<p>&mdash;Llegaremos a Venta de Ba&ntilde;os&mdash;pronunci&oacute; volviendo la hoja del
+<i>Indicador</i>&mdash;mucho m&aacute;s tarde de lo que se acostumbra.</p>
+
+<p>&mdash;Y en Venta de Ba&ntilde;os...&mdash;interrog&oacute; Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Podemos cenar... si nos dan tiempo. En circunstancias ordinarias, no
+s&oacute;lo se cena, sino que hasta se descansa un rato, esperando el otro
+tren, el expreso, el que ha de llevarnos a Francia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A Francia! (Luc&iacute;a palmote&oacute; como si escuchase nueva inesperada y
+grat&iacute;sima.) Reflexionando despu&eacute;s, a&ntilde;adi&oacute; en voz grave&mdash;: Pues lo que es
+yo tengo ganas de cenar.</p>
+
+<p>&mdash;Cenaremos, cenaremos: al menos para cenar espero que nos alcanzar&aacute; el
+rato que dure la parada.... &iquest;Hay apetito, eh? Ello es que... que t&uacute; no
+has probado casi nada hoy....</p>
+
+<p>&mdash;Con la prisa y el ahogo... y atender a que sirviesen bien los
+chocolates... y la pena de dejar al pobre pap&aacute;, y de verle tan
+alica&iacute;do... y tambi&eacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y vamos! que eso de casarse no sucede todos los d&iacute;as... y es natural
+que trastorne un poco... es cosa grave, muy grave, ya me lo avis&oacute; el
+Padre Urtazu..., y as&iacute; es que yo anoche no pegu&eacute; ojo, y cont&eacute; todas las
+horas, las medias y los cuartos que dio el cuco de la antesala... a cada
+campanada que o&iacute;a.... &iexcl;tam, tam!, exclamaba yo &iexcl;maldito! agu&aacute;rdate, que
+voy a taparme la cara con las s&aacute;banas, y a llamar el sue&ntilde;o, y no
+volver&aacute;s a hacer de las tuyas..., pero ni por esas. Ahora, como ya pas&oacute;,
+es lo mismo que cuando hay que saltar un foso muy ancho: se salta,
+&iexcl;zas!, y ya no se piensa en ello. &iexcl;Se acab&oacute;!</p>
+
+<p>Miranda se re&iacute;a, sentado pr&oacute;ximo a su novia, mir&aacute;ndola de cerca y
+hall&aacute;ndola muy linda, transformada casi con el tocado de viaje y la
+animaci&oacute;n que encend&iacute;a sus mejillas y arrebolaba su fresca tez. Luc&iacute;a
+tambi&eacute;n comenzaba a recobrar la antigua familiaridad con Miranda, algo
+interrumpida &uacute;ltimamente por la novedad de la situaci&oacute;n respectiva de
+ambos.</p>
+
+<p>&mdash;No se r&iacute;a usted de mis tonter&iacute;as, se&ntilde;or de Miranda&mdash;murmur&oacute; la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Hazme el favor de no equivocarte, hija... me llamo Aurelio, y debes
+hablarme de t&uacute; como yo a ti.... &iquest;sabes?</p>
+
+<p>Todo este di&aacute;logo pasaba en discreto tono, a media voz, inclinados el
+uno hacia el otro ambos interlocutores, con misterioso y casi amante
+silabeo. El testigo de vista, silencioso, recostado en un &aacute;ngulo,
+impon&iacute;a a la pl&aacute;tica de los esposos, pl&aacute;tica llana y corriente, cierta
+intimidad y secreto que acrecentaban su atractivo, d&aacute;ndole visos de
+tierno coloquio. Las mismas cosas, dichas en alto, ser&iacute;an indiferentes y
+sencillas por dem&aacute;s. De ordinario sucede as&iacute;, que no sean las palabras
+importantes en s&iacute; mismas, sino por el tono con que se pronuncian y el
+lugar en que se colocan, a la manera de menudas piedrecillas que
+incrustadas convenientemente en la labor de mosaico, ya dibujan un
+&aacute;rbol, ya una casa, ya un rostro.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose al cabo el tren en Venta de Ba&ntilde;os, y las luces de la estaci&oacute;n
+mostraron su encendida pupila a trav&eacute;s de la niebla leve de sosegada
+noche de oto&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es aqu&iacute;? &iquest;Es aqu&iacute; donde nos bajarnos y se cena?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a, a
+quien el suceso, nuevo para ella, de una cena en la estaci&oacute;n, abr&iacute;a a un
+tiempo apetito y curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;&mdash;contestole Miranda en tono mucho menos regocijado&mdash;. &iexcl;Ahora,
+cambio de tren! &iexcl;Los suprimir&iacute;a todos! No hay cosa m&aacute;s inc&oacute;moda. Busque
+usted el equipaje para que no se lo lleven a Madrid... mueva usted todos
+esos embelecos....</p>
+
+<p>Diciendo lo cual, cogi&oacute; de la red manta, saco y l&iacute;o de paraguas; pero
+Luc&iacute;a con su juvenil vigor y sus h&aacute;bitos de hija del pueblo arrebatole
+de la mano lo m&aacute;s pesado, el saco, y brincando, ligera como un ave, al
+suelo, dio a correr hacia la fonda.</p>
+
+<p>Sent&aacute;ronse a la mesa dispuesta para los viajeros, mesa trivial, sellada
+por la vulgar promiscuidad que en ella se establec&iacute;a a todas horas; muy
+larga y cubierta de hule, y cercada como la gallina de sus polluelos, de
+otras mesitas chicas, con servicios de t&eacute;, de caf&eacute;, de chocolate. Las
+tazas, vueltas boca abajo sobre los platillos, parec&iacute;an esperar
+pacientes la mano piadosa que les restituyese su natural postura; los
+terrones de az&uacute;car empilados en las salvillas de metal, remedaban
+materiales de construcci&oacute;n, bloques de m&aacute;rmol blanco desbastados para
+alg&uacute;n palacio liliputiense. Las teteras presentaban su vientre
+reluciente y las jarras de la leche sacaban el hocico como ni&ntilde;os mal
+criados. La monoton&iacute;a del prolongado sal&oacute;n abrumaba. Tarifas, mapas y
+anuncios, pendientes de las paredes, prestaban al lugar no s&eacute; qu&eacute;
+perfiles de oficina. El fondo de la pieza ocup&aacute;balo un alto mostrador
+atestado de rimeros de platos, de grupos de cristaler&iacute;a reci&eacute;n lavada,
+de fruteros donde las pir&aacute;mides de manzanas y peras pardeaban ante el
+verde fuerte del musgo. En la mesa principal, en dos floreros de azul
+porcelana, acababan de mustiarse lacias flores, rosas tard&iacute;as, girasoles
+inodoros. Iban llegando y ocupando sus puestos los viajeros, contra&iacute;do
+de tedio y de sue&ntilde;o el semblante, caladas las gorras de camino hasta las
+cejas los hombres, rebujadas las mujeres en toquillas de estambre,
+oculta la gentileza del talle por grises y largos impermeables,
+descompuesto el peinado, ajados los pu&ntilde;os y cuellos. Luc&iacute;a, risue&ntilde;a, con
+su ajustado casaqu&iacute;n, natural y sonrosada la color del semblante,
+descollaba entre todos, y dij&eacute;rase que la luz amarillenta y cruda de los
+mecheros de gas se concentraba, proyect&aacute;ndose &uacute;nicamente sobre su cabeza
+y dejando en turbia media tinta las de los dem&aacute;s comensales. Les
+trajeron la comida invariable de los fondines: sopa de hierbas, chuletas
+esparrilladas, secos alones de pollo, alg&uacute;n pescado recaliente, jam&oacute;n
+fr&iacute;o en magr&iacute;simas lonjas, queso y frutas. Hizo Miranda poco gasto de
+manjares, despreciando cuanto le serv&iacute;an, y pidiendo imperativo y en voz
+bastante alta una botella de Jerez y otra de Burdeos, de que escanci&oacute; a
+Luc&iacute;a, explic&aacute;ndole las cualidades especiales de cada vino. Luc&iacute;a comi&oacute;
+vorazmente, soltando la rienda a su apetito impetuoso de ni&ntilde;o en d&iacute;a de
+asueto. A cada nuevo plato, renovab&aacute;sele el goce que los est&oacute;magos no
+estragados y hechos a alimentos sencillos hallan en la m&aacute;s leve novedad
+culinaria. Palade&oacute; el Burdeos, dando con la lengua en el cielo de la
+boca, y jurando que ol&iacute;a y sab&iacute;a como las violetas que le tra&iacute;a V&eacute;lez de
+Rada a veces. Mir&oacute; al trasluz el l&iacute;quido topacio del Jerez, y cerr&oacute; los
+ojos al beberlo, afirmando que le cosquilleaba en la garganta. Pero su
+gran org&iacute;a, su fruto prohibido, fue el caf&eacute;. No acertaremos jam&aacute;s los
+m&iacute;nimos y escrupulosos cronistas del se&ntilde;or Joaqu&iacute;n el Leon&eacute;s, cu&aacute;l fuese
+la raz&oacute;n secreta y pot&iacute;sima que le llev&oacute; a vedar siempre a su hija el
+uso del caf&eacute;, cual si fuese emponzo&ntilde;ada droga o pernicioso filtro: caso
+tanto m&aacute;s extra&ntilde;o cuanto que ya sabemos la afici&oacute;n desmedida, el amor
+que al caf&eacute; profesaba nuestro buen colmenarista. Privada Luc&iacute;a de gustar
+de la negra infusi&oacute;n, y no ignorante de los tragos que de ella se echaba
+su padre al cuerpo todos los d&iacute;as, dio en concebir que el tal brebaje
+era el mismo n&eacute;ctar, la propia ambros&iacute;a de los dioses, y suced&iacute;ale a
+veces decir a Rosarito o a Carmela:</p>
+
+<p>&mdash;Deja, que en cas&aacute;ndome, yo tomar&eacute; caf&eacute;. &iexcl;Pues no!</p>
+
+<p>No era muy genuino, ni muy arom&aacute;tico el del fond&iacute;n de Venta de Ba&ntilde;os; y
+con todo eso, al introducir en sus labios por vez primera la cucharilla,
+al sentir el leve amargor y el tibio vaho que la penetraban, experiment&oacute;
+Luc&iacute;a hondo estremecimiento, algo como una expansi&oacute;n de su ser, cual si
+a un tiempo se abriesen sus sentidos, semejantes a capullos de arbusto
+que a la vez florecen todos. La copa de <i>chartreuse</i>, bebida despacio,
+le dej&oacute; en la lengua y en los dientes un aroma penetrante y
+fortalecedor, una sed grata, liger&iacute;sima, que apagaban los sorbos &uacute;ltimos
+del caf&eacute;, saturados del fino polvillo que en remolinos lentos se
+depositaba en el fondo de la taza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si viniese pap&aacute; ahora&mdash;murmur&oacute;&mdash;, qu&eacute; dir&iacute;a!</p>
+
+<p>Miranda y Luc&iacute;a fueron los &uacute;ltimos en alzarse de la mesa. Los restantes
+viajeros se desparramaran ya por el and&eacute;n a fin de coger sitio en el
+expreso, que acababa de llegar y detenerse, vibrante a&uacute;n de su r&aacute;pida
+marcha, en la estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;advirti&oacute; Miranda&mdash;, vamos, que el tren va a salir.... No s&eacute; si
+hallaremos un departamento desocupado.</p>
+
+<p>Emprendieron su peregrinaci&oacute;n, recorriendo la l&iacute;nea de vagones, en busca
+del departamento vac&iacute;o. Hall&aacute;ronle, al fin no sin trabajo, y tomaron
+posesi&oacute;n de &eacute;l, arrojando sus fardos en los almohadones. La luz opaca
+del farol, filtr&aacute;ndose a trav&eacute;s de la cortinilla de azul tafet&aacute;n; el
+gris uniforme y mate del forro, que parec&iacute;a blanquecina colgadura; el
+silencio, la atm&oacute;sfera reposada, sucediendo a la claridad brutal y a la
+confusa batahola del fond&iacute;n, convidando estaban a apacible sue&ntilde;o y
+sosiego. Desabroch&oacute; Luc&iacute;a la goma de su sombrero, coloc&aacute;ndolo en la red.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy aturdida&mdash;dijo pas&aacute;ndose la mano por la frente&mdash;. Me pesa algo
+la cabeza; tengo calor.</p>
+
+<p>&mdash;Los licores.... Las bebidas&mdash;respondi&oacute; festivamente Miranda&mdash;.
+Descansa un instante, mientras facturo el equipaje. Es formalidad
+precisa aqu&iacute;....</p>
+
+<p>Diciendo esto, levant&oacute; uno de los cojines del coche; meti&oacute; debajo su
+manta enrollada para que formase cabecera, alz&oacute; el brazo de sill&oacute;n que
+divid&iacute;a los dos cojines, y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una cama pintiparada!</p>
+
+<p>Sac&oacute; Luc&iacute;a del bolsillo un pa&ntilde;olito de seda, con esmero doblado, lo
+extendi&oacute; delicadamente sobre el coj&iacute;n, y se tendi&oacute; reclinando la cabeza
+en donde el pa&ntilde;uelo imped&iacute;a el roce con el pa&ntilde;o sobado del forro.</p>
+
+<p>&mdash;Si me duermo&mdash;advirti&oacute; a Miranda&mdash;, despi&eacute;rtame cuando pase algo digno
+de verse.</p>
+
+<p>&mdash;Pierde cuidado&mdash;contest&oacute; Miranda ri&eacute;ndose&mdash;. Vuelvo en seguida.</p>
+
+<p>Quedose Luc&iacute;a sola, cerrados ya los ojos, embargadas por grato sopor las
+potencias. Fuese el movimiento del tren, fuese el insomnio de las
+v&iacute;speras nupciales, fuese el h&aacute;bito de acostarse en Le&oacute;n a aquella misma
+hora de diez y media de la noche, o todas estas cosas juntas, ello es
+que el sue&ntilde;o ca&iacute;a sobre ella como un manto de plomo. Afloj&aacute;banse sus
+tirantes nervios, y corr&iacute;a por sus venas esa inexplicable sensaci&oacute;n de
+calor r&iacute;tmico, que anuncia que el curso de la sangre regulariza, y que
+el reposo comienza. Hizo Luc&iacute;a la se&ntilde;al de la cruz, entre dos bostezos,
+murmur&oacute; un Padrenuestro y un Avemar&iacute;a, y dio principio a una oraci&oacute;n
+aprendida en el devocionario, y escrita en detestables versos, que
+comienza:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Del p&aacute;rvulo tierno,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">c&aacute;ndido e inocente,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Dios justo y clemente</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">el sue&ntilde;o me dad...</span><br />
+</p>
+
+<p>Operaciones todas que si hab&iacute;an de espantar la somnolencia, la atrajeron
+m&aacute;s y m&aacute;s. De la boca de Luc&iacute;a se exhal&oacute; leve suspiro; su mano cay&oacute;
+inerte, y la ni&ntilde;a se qued&oacute; sepultada en el sue&ntilde;o m&aacute;s suelto y profundo,
+cual si entre blandas s&aacute;banas lo gozase.</p>
+
+<p>Entreg&aacute;base mientras tanto Miranda a la importante tarea de facturar el
+equipaje, no escaso, compuesto de dos ba&uacute;les mundos, una sombrerera y un
+caj&oacute;n especial de tela y cuero, a prop&oacute;sito para guardar de arrugas el
+planchado de sus camisas de vestir. Fuerza fue esperar pacientemente el
+turno de bultos rotulados A. M., frente al gran mostrador, donde se
+alineaba respetable fila de maletas, cajas y cajones de toda especie que
+iban trayendo a hombros los mozos de la estaci&oacute;n, agobiados, hinchadas
+las venas del cuello. Cuando llegaban al mostrador, d&aacute;banse prisa a
+soltar la carga de golpe, con movimientos brutales, haciendo crujir la
+madera de los ba&uacute;les y gemir y rechinar los aros de hierro que la
+afianzan. Al cabo logr&oacute; Miranda que llegase su vez, y ya con el tal&oacute;n en
+el bolsillo, salt&oacute; del and&eacute;n a la v&iacute;a triple buscando su departamento.
+Costole alg&uacute;n trabajo, y abri&oacute; en balde varias puertas antes de dar con
+&eacute;l; al abrirlas, sol&iacute;a asomarse una cabeza, y una voz &aacute;spera decir:
+&laquo;est&aacute; lleno.&raquo; En otros departamentos vio formas confusas, gente
+acurrucada en los rincones o tumbada en los cojines. Al fin acert&oacute;,
+reconoci&oacute; su sitio.</p>
+
+<p>El cuerpo de Luc&iacute;a, tendido sobre la improvisada cama, era complemento
+de la paz, de la quietud de aquella movible alcoba. Miranda consider&oacute; a
+su desposada un rato, sin que se le ocurriesen las cosas sentimentales y
+po&eacute;ticas que la situaci&oacute;n parec&iacute;a sugerir.</p>
+
+<p>&mdash;Es guapa de veras esta chica&mdash;pensaba el hombre maduro y experto&mdash;.
+Sobre todo, tiene su tez la pelusa de los alb&eacute;rchigos cuando no les han
+tocado y cuelgan a&uacute;n en la rama. Ese diablo de Colmenar parece que
+adivina todas las cosas... otro me hubiera dado los millones con alguna
+virgen y m&aacute;rtir de cuarenta a&ntilde;os.... Pero esto es miel sobre hojuelas,
+como suele decirse.</p>
+
+<p>Al glosar as&iacute; su dicha, quit&aacute;base Miranda el sombrero y buscaba en los
+bolsillos del sobretodo la gorrilla de viaje roja y negra a cuarterones.
+Hay movimientos que por instinto nos recuerdan otros, cuando los
+ejecutamos. El antebrazo de Miranda, al descender, not&oacute; un vac&iacute;o, la
+falta de algo que antes le estorbaba. Y el due&ntilde;o del antebrazo, al
+advertirlo, dio brusco salto, y empez&oacute; a mirarse de abajo arriba, y las
+manos tr&eacute;mulas recorrieron y palparon el pecho y la cintura sin hallar
+nada; y la boca, impaciente y col&eacute;rica, solt&oacute; en voz ahogada tacos,
+ternos y votos redondos; y el pu&ntilde;o cerrado hiri&oacute; la desmemoriada frente,
+como evocando el recuerdo con aquel cachete expresivo: llamado as&iacute; el
+recuerdo, acudi&oacute; por &uacute;ltimo; al cenar, hab&iacute;ase quitado la cartera, que
+le molestaba para comer, y pu&eacute;stola a su lado sobre una silla vacante.
+All&iacute; deb&iacute;a de estar. Era forzoso recogerla. Pero, &iexcl;y el tren que iba a
+salir! Ya roncaban las chimeneas, bufando como erizados gatos, y dos o
+tres silbos agudos preludiaban la marcha. Miranda tuvo un segundo de
+indecisi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Luc&iacute;a&mdash;dijo en voz alta.</p>
+
+<p>Y contestole s&oacute;lo el respirar igual y fuerte de la ni&ntilde;a, indicando un
+sue&ntilde;o tenaz y hondo.</p>
+
+<p>Entonces se decidi&oacute; prontamente, y con agilidad digna de un muchacho de
+veinte a&ntilde;os, salt&oacute; a la v&iacute;a y rompi&oacute; a correr hacia la fonda. No es para
+perdida cartera como aquella, repleta de dinero en sus formas m&aacute;s
+variadas y seductoras: oro, plata, billetes de Banco, letras. Se
+precipitaba.</p>
+
+<p>Extinguido ya la mayor parte del alumbrado en el fond&iacute;n, s&oacute;lo ard&iacute;a una
+bomba en cada cu&aacute;druple mechero; los mozos charlaban sentados en los
+rincones, o conduc&iacute;an perezosamente a la cocina obeliscos de platos
+grasientos y sucios, y montones de arrugadas servilletas. En la mesa
+grande, casi vac&iacute;a, se alzaban solitarios los altos floreros, y a la luz
+escasa era l&uacute;gubre la mancha blanca del enorme mantel, semejante a un
+sudario. Sobre el mostrador, un quinqu&eacute; de petr&oacute;leo desped&iacute;a en torno un
+c&iacute;rculo de claridad anaranjada, concreta, y el amo del
+establecimiento&mdash;sirvi&eacute;ndole de pupitre la tableta de m&aacute;rmol&mdash;, escrib&iacute;a
+guarismos en una gran agenda. Miranda, azorado, se lleg&oacute; a &eacute;l,
+acerc&aacute;ndose mucho, toc&aacute;ndole casi:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero...&mdash;pregunt&oacute; con voz anhelante&mdash;&iquest;ha visto usted por ah&iacute;...
+han recogido los mozos?...</p>
+
+<p>El amo alz&oacute; el rostro, rostro franco, patilludo y vulgar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una cartera? S&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Respir&oacute; anchamente el amigo de Colmenar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es de usted?&mdash;interrog&oacute; receloso el fondista.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&iacute;a, s&iacute;! D&eacute;mela usted sin p&eacute;rdida de tiempo: va a salir el tren....</p>
+
+<p>&mdash;Tenga usted la bondad de facilitarme alguna se&ntilde;a....</p>
+
+<p>&mdash;Color encarnado obscuro... de piel de Rusia... broches plateados....</p>
+
+<p>&mdash;Basta, basta&mdash;dijo el fondista, que tom&oacute; de un caj&oacute;n del mostrador la
+preciosa prenda, entreg&aacute;ndola honradamente a su poseedor leg&iacute;timo. El
+cual, no par&aacute;ndose a reconocerla, se la colg&oacute; en un abrir y cerrar de
+ojos, sepult&oacute; la mano en el bolsillo del chaleco, y sacando un pu&ntilde;ado de
+monedas de plata, las desparram&oacute; sobre el m&aacute;rmol, exclamando: &laquo;para los
+mozos.&raquo; La acci&oacute;n fue tan r&aacute;pida, que algunas rodaron, y despu&eacute;s de
+danzar sobre la lisa superficie, vinieron a aplanarse con sonoro ta&ntilde;ido.
+A&uacute;n duraba el argentino repique y ya Miranda volaba. En su aturdimiento
+no acertaba con la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Que sale el tren, caballero&mdash;le gritaron los mozos&mdash;. Por aqu&iacute;... por
+aqu&iacute;....</p>
+
+<p>Lanzose desatinado al and&eacute;n: el tren, con p&eacute;rfida lentitud de reptil,
+comenzaba a resbalar suavemente por los rieles. Miranda le ense&ntilde;&oacute; los
+pu&ntilde;os, y un sentimiento de impotente y fr&iacute;a rabia apoderose de su
+esp&iacute;ritu. As&iacute; perdi&oacute; un segundo, un segundo precioso. El andar del
+convoy se aceleraba, como el columpio que, empezando a oscilar, describe
+a cada paso curvas m&aacute;s abiertas, y vuela con br&iacute;o mayor por los aires.
+Precipitadamente y sin mirar al terreno, salt&oacute; Miranda a la v&iacute;a, para
+alcanzar los vagones de primera, que en aquel punto desfilaban ante sus
+ojos, como mof&aacute;ndose de &eacute;l. Quiso lanzarse al estribo, pero al tocarle
+fue despedido a la v&iacute;a con gran violencia, y cay&oacute;, sintiendo agudo y
+repentino dolor en el pie derecho. Quedose en el suelo, medio
+incorporado, profiriendo una imprecaci&oacute;n de esas que en Espa&ntilde;a los
+hombres m&aacute;s preciados de distinguidos y elegantes no recelan tomar del
+lenguaje patibulario de los facinerosos. El tren, rugiente, majestuoso y
+veloz, cruz&oacute; ante &eacute;l, despidiendo la negra m&aacute;quina centellas de fuego,
+semejantes a esp&iacute;ritus fant&aacute;sticos danzando entre las tinieblas
+nocturnas.</p>
+
+<p>Pocos momentos despu&eacute;s de que Miranda baj&oacute; a recoger su cartera, hab&iacute;ase
+abierto la puerta del departamento donde quedaba Luc&iacute;a dormida,
+penetrando por ella un hombre. Llevaba &eacute;ste en la mano un malet&iacute;n, que
+dej&oacute; caer a su lado, sobre los cojines. Cerrando la portezuela, sentose
+en un &aacute;ngulo, pegada la frente al vidrio, fr&iacute;o como el hielo y empa&ntilde;ado
+por el roc&iacute;o de la noche. No se ve&iacute;a m&aacute;s que la negrura exterior, que
+apenas contrastaba la confusa penumbra del and&eacute;n, el farolillo del
+guarda que lo recorr&iacute;a, y los mustios reverberos aqu&iacute; y all&iacute; esparcidos.
+Cuando el tren rompi&oacute; a andar, pasaron unas chispas, r&aacute;pidas como
+exhalaciones, ante el cristal en que apoyaba su rostro el reci&eacute;n
+llegado.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>Al cual no dej&oacute; de parecer extra&ntilde;a y desusada cosa&mdash;as&iacute; que, cesando de
+contemplar las tinieblas, convirti&oacute; la vista al interior del
+departamento&mdash;el que aquella mujer, que tan a su sabor dorm&iacute;a, se
+hubiese metido all&iacute; en vez de irse a un reservado de se&ntilde;oras. Y a esta
+reflexi&oacute;n sigui&oacute; una idea, que le hizo fruncir el ce&ntilde;o y contrajo sus
+labios con una sonrisa desde&ntilde;osa. No obstante, la segunda mirada que
+fij&oacute; en Luc&iacute;a le inspir&oacute; distintos y m&aacute;s caritativos pensamientos. La
+luz del reverbero, cuya cortina azul descorri&oacute; para mejor examinar a la
+durmiente, la her&iacute;a de lleno; pero seg&uacute;n el balanceo del tren, oscilaba,
+y tan pronto, retir&aacute;ndose, la dejaba en sombra, como la hac&iacute;a surgir,
+radiante, de la obscuridad. Naturalmente se concentraba la luz en los
+puntos m&aacute;s salientes y claros de su rostro y cuerpo. La frente, blanca
+como un jazm&iacute;n, los rosados p&oacute;mulos, la redonda barbilla, los labios
+entreabiertos que daban paso al h&aacute;lito suave, dejando ver los nacarinos
+dientes, brillaban al tocarlos la fuerte y cruda claridad; la cabeza la
+sosten&iacute;a con un brazo, al modo de las bacantes antiguas, y su mano
+resaltaba entre las obscuridades del cabello, mientras la otra pend&iacute;a,
+en el abandono del sue&ntilde;o, descalza de guante tambi&eacute;n, luciendo en el
+dedo me&ntilde;ique la alianza, y un poco hinchadas las venas, porque la
+postura agolpaba all&iacute; la sangre. Cada vez que el cuerpo de Luc&iacute;a entraba
+en la zona luminosa, desped&iacute;an &aacute;ureo destello los botones de cincelado
+metal, encendi&eacute;ndose sobre el pa&ntilde;o marr&oacute;n del levit&iacute;n, y se entreve&iacute;a, a
+trechos de la revuelta falda, orlada de menudo volante a pliegues, algo
+del encaje de las enaguas, y el primoroso zapato de bronceada piel, con
+curvo tac&oacute;n. Desprend&iacute;ase de toda la persona de aquella ni&ntilde;a dormida
+aroma inexplicable de pureza y frescura, un tufo de honradez que
+trascend&iacute;a a leguas. No era la aventurera audaz, no la mariposuela de
+vuelo bajo que anda buscando una buj&iacute;a donde quemarse las alas; y el
+viajero, dici&eacute;ndose esto a s&iacute; mismo, se asombraba de tan confiado sue&ntilde;o,
+de aquella criatura que descansaba tranquila, sola, expuesta a un
+galanteo brutal, a todo g&eacute;nero de desagradables lances; y se acordaba de
+una estampa que hab&iacute;a visto en magn&iacute;fica edici&oacute;n de f&aacute;bulas ilustradas,
+y que representaba a la Fortuna despertando al ni&ntilde;o imprevisor
+aletargado al borde del pozo. Ocurri&oacute;sele de pronto una hip&oacute;tesis: acaso
+la viajera fuese una <i>miss</i> inglesa o norteamericana, provista de
+rodrig&oacute;n y paje con llevar en el bolsillo un rev&oacute;lver de acero de seis
+tiros. Pero aunque era Luc&iacute;a fresca y mujerona como una Niobe, tipo muy
+com&uacute;n entre las se&ntilde;oritas <i>yankees</i>, mostraba tan patente en ciertos
+pormenores el origen espa&ntilde;ol, que hubo de decirse a s&iacute; mismo el que la
+consideraba: &laquo;no tiene pizca de traza de extranjera.&raquo; Mirola aun buen
+rato, como buscando en su aspecto la soluci&oacute;n del enigma; hasta que al
+fin, encogi&eacute;ndose levemente de hombros, como el que exclamase: &laquo;&iquest;Qu&eacute; me
+importa a m&iacute;, en resumen?&raquo;, tom&oacute; de su malet&iacute;n un libro y prob&oacute; a leer;
+pero se lo impidi&oacute; el fulgor vacilante que a cada vaiv&eacute;n del coche
+jugaba a embrollar los caracteres sobre la blanca p&aacute;gina. Se arrim&oacute;
+nuevamente entonces el viajero a los helados cristales, y se qued&oacute; as&iacute;,
+inm&oacute;vil, meditabundo.</p>
+
+<p>El tren segu&iacute;a su marcha retemblando, aceler&aacute;ndose y cuneando a veces,
+deteni&eacute;ndose un minuto solo en las estaciones, cuyo nombre cantaba la
+voz gutural y melanc&oacute;lica de los empleados. Despu&eacute;s de cada parada
+volv&iacute;a, como si hubiese descansado, y con mayores br&iacute;os, a manera de
+corcel que siente el acicate, a devorar el camino. La diferencia de
+temperatura del exterior al interior del coche, empa&ntilde;aba con un velo de
+tul gris la superficie del vidrio; y el viajero, cansado quiz&aacute; de
+fundirlo con su h&aacute;lito, se dedic&oacute; nuevamente a considerara la dormida, y
+cediendo a involuntario sentimiento, que a &eacute;l mismo le parec&iacute;a rid&iacute;culo,
+a medida que transcurr&iacute;an las horas perezosas de la noche, iba
+impacient&aacute;ndole m&aacute;s y m&aacute;s, hasta casi sacarle de quicio, la regalada
+placidez de aquel sue&ntilde;o insolente, y deseaba, a pesar suyo, que la
+viajera se despertara, siquiera fuese tan s&oacute;lo por o&iacute;r algo que
+orientase su curiosidad. Quiz&aacute; con tanta impaciencia andaba mezclada
+buena parte de envidia. &iexcl;Qu&eacute; apetecible y deleitoso sue&ntilde;o; qu&eacute; calma
+bienhechora! Era el suelto descanso de la mocedad, de la doncellez
+c&aacute;ndida, de la conciencia serena, del temperamento rico y feliz, de la
+salud. Lejos de descomponerse, de adquirir ese hundimiento cadav&eacute;rico,
+esa contracci&oacute;n de las comisuras labiales, esa especie de trastorno
+general que deja asomar al rostro, no cuidadoso ya de ajustar sus
+m&uacute;sculos a una expresi&oacute;n artificiosa, los roedores cuidados de la
+vigilia, brillaba en las facciones de Luc&iacute;a la paz, que tanto cautiva y
+enamora en el semblante de los ni&ntilde;os dormidos. Con todo, un punto
+suspir&oacute; quedito, estremeci&eacute;ndose. El fr&iacute;o de la noche penetraba, aun
+cerrados los cristales, a trav&eacute;s de las rendijas. Levantose el viajero,
+y sin mirar que en la rejilla hab&iacute;a un envoltorio de mantas, abri&oacute; su
+propio malet&iacute;n y sac&oacute; un chal escoc&eacute;s, peludo, de fin&iacute;sima lana, que
+delicadamente extendi&oacute; sobre los pies y muslos de la dormida. Volviose
+&eacute;sta un poco sin despertar, y su cabeza qued&oacute; envuelta en sombra.</p>
+
+<p>Fuera, los postes del tel&eacute;grafo parec&iacute;an una fila de espectros; los
+&aacute;rboles sacud&iacute;an su desmelenada cabeza, agitando ramas semejantes a
+brazos tendidos con desesperaci&oacute;n pidiendo socorro; una casa surg&iacute;a
+blanquecina, de tiempo en tiempo, aislada en el paisaje como monstruosa
+testa de gran&iacute;tica esfinge; todo confundido, vago, sin contornos,
+flotante y fugaz, a imitaci&oacute;n de los torbellinos de humo de la m&aacute;quina,
+que envolv&iacute;an al tren cual envuelve a la presa el aliento de fuego de
+col&eacute;rico drag&oacute;n. Dentro del coche silencio religioso; dij&eacute;rase que era
+un recinto encantado. El viajero corri&oacute; el transparente azul, cubriendo
+la l&aacute;mpara; recostose en una esquina cerrados los ojos, y, estirando las
+piernas, las apoy&oacute; en el asiento fronterizo. As&iacute; pasaron estaciones y
+estaciones. Dormitaba &eacute;l un poco, y despu&eacute;s, asombrado del silencio y
+largo sopor de Luc&iacute;a, levant&aacute;base, receloso de que la hubiese
+sobrecogido un s&iacute;ncope. Iba a ella, inclin&aacute;ndose, y otra vez tornaba a
+su rinc&oacute;n, habiendo percibido el ritmo acompasado del pac&iacute;fico respirar
+de la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>Difusa y p&aacute;lida claridad comenzaba a tenderse sobre el paisaje. Ya se
+discern&iacute;a la forma de monta&ntilde;as, &aacute;rboles y chozas; la noche se retiraba
+barriendo las tembladoras estrellas, como una sultana que recoge su velo
+salpicado de arabescos argentinos. El estrecho segmento de c&iacute;rculo de la
+luna menguante se difumaba y desvanec&iacute;a en el cielo, que pasaba de
+obscuro a un matiz de azul opaco de porcelana. Glacial sensaci&oacute;n corri&oacute;
+por las venas del viajero, que subi&oacute; el cuello de su americana y lleg&oacute;
+los pies instintivamente al calor&iacute;fero, tibio a&uacute;n, en cuyo seno de metal
+danzaba el agua, produciendo un sonido an&aacute;logo al que se oye en la cala
+de los buques. De improviso se abri&oacute; bruscamente la puerta del
+departamento, y salt&oacute; dentro un hombre ce&ntilde;udo, calada la gorra de dorado
+gal&oacute;n, en la mano una especie de tenacilla o sacabocados de acero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los billetes, se&ntilde;ores!&mdash;grit&oacute; en voz seca e imperiosa.</p>
+
+<p>El viajero ech&oacute; mano a su chaleco y entreg&oacute; un trozo de cart&oacute;n amarillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Falta uno! El billete de la se&ntilde;ora. &iexcl;Eh, se&ntilde;ora!, &iexcl;se&ntilde;ora! &iexcl;El
+billete!</p>
+
+<p>Agit&aacute;base ya Luc&iacute;a en su asiento, y echando abajo el chal escoc&eacute;s e
+incorpor&aacute;ndose, se frotaba asombrada los ojos con los nudillos, a la
+manera de las criaturas so&ntilde;olientas. Ten&iacute;a revuelto y aplastado el pelo,
+y muy encendido el lado del rostro sobre que reposara; una trenza suelta
+le descend&iacute;a por el hombro, y, destrenz&aacute;ndose por la punta, ondeaba en
+tres mechones. Arrugada la blanca enagua, se insubordinaba bajo el
+vestido de pa&ntilde;o; un lazo de un zapato se hab&iacute;a desatado, flotando y
+cubriendo el empeine del pie. Luc&iacute;a miraba en derredor con ojos vagos e
+inciertos; estaba seria y at&oacute;nita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El billete, se&ntilde;ora! &iexcl;Su billete de usted!&mdash;segu&iacute;a grit&aacute;ndole el
+empleado, con no muy afable tono.</p>
+
+<p>&mdash;El billete...&mdash;repiti&oacute; ella. Y de nuevo tendi&oacute; la vista en torno, sin
+lograr sacudir totalmente el estupor del sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, el billete&mdash;reiter&oacute; m&aacute;s desapaciblemente a&uacute;n el empleado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miranda.... Miranda!&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a por fin, enlazando sus dispersos
+recuerdos de la v&iacute;spera. Y registr&oacute; con los ojos todo el departamento,
+estupefacta al no ver a Miranda all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or de Miranda tendr&aacute; mi billete&mdash;dijo dirigi&eacute;ndose al empleado,
+como si &eacute;ste hubiese de conocer forzosamente a Miranda.</p>
+
+<p>El empleado, desorientado, se volvi&oacute; hacia el viajero, tendida la
+diestra.</p>
+
+<p>&mdash;No me llamo Miranda&mdash;murmur&oacute; &eacute;ste.</p>
+
+<p>Y como viese al empleado furioso, dispuesto a interpelar a Luc&iacute;a con
+grosero adem&aacute;n, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ven&iacute;a alguien con usted, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or...&mdash;contest&oacute; Luc&iacute;a, atribulada ya&mdash;. Pues claro est&aacute; que
+ven&iacute;a... ven&iacute;a don Aurelio Miranda, mi marido...&mdash;y al decirlo, sonriose
+involuntariamente, de lo nueva y peregrina que se le figuraba tal
+expresi&oacute;n en su boca.</p>
+
+<p>&mdash;Muy ni&ntilde;a parece para casada&mdash;pens&oacute; el viajero; pero recordando el
+anillo que hab&iacute;a visto lucir en el me&ntilde;ique, a&ntilde;adi&oacute; en alta voz:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;an ustedes?</p>
+
+<p>&mdash;De Le&oacute;n. Pero qu&eacute;, &iquest;no est&aacute;? &iexcl;Virgen Santa! Caballero... d&iacute;game
+usted... permitame....</p>
+
+<p>Y olvidando que el tren andaba, iba a abrir la portezuela r&aacute;pidamente,
+cuando el empleado la detuvo asi&eacute;ndola del brazo con vigor.</p>
+
+<p>&mdash;Eh, se&ntilde;ora&mdash;dijo en voz ruda&mdash;, &iexcl;pues no ve usted que se mata! No se
+puede salir ahora. &iquest;Est&aacute; usted loca? Y acabemos, que yo necesito el
+billete.</p>
+
+<p>&mdash;No lo tengo; &iexcl;c&oacute;mo he de hacer, si no lo tengo!&mdash;pronunci&oacute; Luc&iacute;a
+acongojada, pre&ntilde;&aacute;ndosele de l&aacute;grimas los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&aacute; usted que tomarlo en la primera estaci&oacute;n, y pagar multa.</p>
+
+<p>Y el empleado gru&ntilde;&oacute; m&aacute;s fuerte.</p>
+
+<p>&mdash;No moleste usted m&aacute;s a la se&ntilde;ora&mdash;dijo el viajero terciando muy a
+tiempo, que ya empezaban a rodar por las mejillas de Luc&iacute;a lagrimones
+como avellanas&mdash;. &iexcl;So desatento!&mdash;prosigui&oacute; con c&oacute;lera&mdash;, &iquest;no ve usted
+que ha ocurrido a esta se&ntilde;ora un suceso que no pod&iacute;a prever? Ea,
+m&aacute;rchese usted, o por mi nombre....</p>
+
+<p>&mdash;Ya ve usted, caballero, que tenemos nuestra obligaci&oacute;n... nuestra
+responsabilidad....</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;yase usted noramala. Tome usted para el billete de la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Diciendo esto, introdujo la diestra en el bolsillo de su americana, y
+sac&oacute; unos papeles grasientos y verdosos, cuya vista despej&oacute; al punto el
+perruno entrecejo del empleado, que al recibir el billete baj&oacute; dos o
+tres tonos el diapas&oacute;n de su bronca voz.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted&mdash;dijo al cogerlo y guard&aacute;rselo en su sucia y desflorada
+cartera.... La palabra de usted bastaba. Al pronto le desconoc&iacute;; pero
+ahora recuerdo muy bien de su fisonom&iacute;a, y caigo en la cuenta de que le
+conozco mucho, y tambi&eacute;n he conocido a su padre, se&ntilde;or de Artegui....</p>
+
+<p>&mdash;Pues si me conoce&mdash;repuso severamente el viajero&mdash;, sabr&aacute; que gasto
+pocas palabras ociosas.... Abur.</p>
+
+<p>Y empujando al importuno hacia fuera, cerrole la portezuela en las
+narices. Pero s&uacute;bitamente la abri&oacute; otra vez, y ceceando al empleado, que
+ya corr&iacute;a con no vista agilidad por la angosta plataforma de los
+estribos, gritole en voz sonora:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Psit... psit... eh!, que si hay por esos vagones alg&uacute;n se&ntilde;or de
+Miranda, av&iacute;sele usted que aqu&iacute; est&aacute; su se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Hecho lo cual, se sent&oacute; en el rinc&oacute;n, y bajando el vidrio, respir&oacute; con
+ansia el vivificante fresco matinal. Luc&iacute;a, secando sus ojos del segundo
+llanto vertido en el curso de tan pocas horas, sent&iacute;a extraordinaria
+inquietud de una parte, de otra inexplicable contentamiento. La acci&oacute;n
+del viajero le causaba el gozo &iacute;ntimo que suelen los rasgos generosos en
+las almas no gastadas a&uacute;n. Mor&iacute;ase por darle las gracias, y no osaba
+hacerlo. &Eacute;l, entretanto, miraba amanecer, con la misma atenci&oacute;n que si
+fuese el m&aacute;s nuevo y entretenido espect&aacute;culo del mundo. Al fin se
+resolvi&oacute; la ni&ntilde;a a atreverse, y con balbuciente labio dijo la mayor
+tonter&iacute;a que en aquel caso decir pudiera (como suele suceder a cuantos
+piensan mucho y preparan anticipadamente un principio de di&aacute;logo).</p>
+
+<p>&mdash;Caballero... es que yo no podr&eacute; pagarle a usted lo que le debo hasta
+que encontremos a Miranda. &Eacute;l llevaba los fondos....</p>
+
+<p>&mdash;Yo no presto dinero, se&ntilde;ora&mdash;contest&oacute; apaciblemente el viajero, sin
+volver la faz ni dejar de mirar el alba, que romp&iacute;a por los cielos
+envuelta en leves vapores de rosa y n&aacute;car.</p>
+
+<p>&mdash;Bien... pero no es justo que usted, as&iacute;, sin conocerme....</p>
+
+<p>El viajero no contest&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y d&iacute;game usted, por Dios&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Luc&iacute;a con inflexiones infantiles en
+su voz pura&mdash;, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; de Miranda? &iquest;Qu&eacute; le parece a usted de mi
+situaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hago yo ahora?</p>
+
+<p>Gir&oacute; el viajero en su asiento, y qued&oacute; frente a Luc&iacute;a, con aspecto de
+hombre a quien obligan a ocuparse en lo que no le importa y que se
+resigna a ello. El timbre fresco de la voz de Luc&iacute;a le volvi&oacute; a sugerir
+la misma reflexi&oacute;n de antes.</p>
+
+<p>&mdash;Imposible parece que est&eacute; casada. Cualquiera pensar&aacute; que sale de un
+colegio.&mdash;Y, de recio, pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, se&ntilde;ora; &iquest;d&oacute;nde dej&oacute; usted a su marido? &iquest;Lo recuerda
+usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; s&eacute; yo? Si me dorm&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde se durmi&oacute; usted? &iquest;No lo sabe usted tampoco?</p>
+
+<p>&mdash;En la estaci&oacute;n donde cenamos.... En Venta de Ba&ntilde;os. Miranda se baj&oacute; a
+facturar el equipaje, y me dijo que descansase un rato, que procurase
+dormir....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y lo ha procurado usted bien!&mdash;murmur&oacute; con una media sonrisa el
+viajero&mdash;. Duerme usted desde all&aacute;... cinco horas seguidas, de un
+tir&oacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;Pero... es que ayer madrugu&eacute; tanto.... Estaba rendida.</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a se frot&oacute; los ojos, cual si otra vez sintiese en ellos la comez&oacute;n
+del sue&ntilde;o. Despu&eacute;s busc&oacute; en su mo&ntilde;o dos o tres horquillas, recogi&eacute;ndose
+con ellas la rebelde trenza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me ha dicho usted&mdash;interrog&oacute; el viajero&mdash;que ven&iacute;an ustedes de Le&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.... La boda fue a las once de la ma&ntilde;ana; pero yo tuve que
+madrugar para disponer el refresco...&mdash;refiri&oacute; Luc&iacute;a con su sencillez de
+ni&ntilde;a no hecha al trato social&mdash;. Las tres y media eran cuando salimos de
+Le&oacute;n....</p>
+
+<p>El viajero la miraba, empezando a comprender el enigma. La ni&ntilde;a le daba
+la clave de la mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Deb&iacute; figur&aacute;rmelo&mdash;dijo para su sayo&mdash;. &iquest;Llegaron ustedes juntos hasta
+Venta de Ba&ntilde;os?&mdash;pregunt&oacute; a Luc&iacute;a despu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... all&iacute; cenamos. Miranda se qued&oacute; sin duda facturando....</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser.... La operaci&oacute;n de facturar termina siempre a tiempo
+suficiente para que los viajeros tomen el tren.... Alg&uacute;n incidente
+imprevisto, alg&uacute;n contratiempo debi&oacute; de ocurrirle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le parece a usted... diga usted con franqueza... lo habr&aacute; hecho a
+prop&oacute;sito, eso de dejarme?</p>
+
+<p>Tan pueril y sincera congoja revelaba el semblante de Luc&iacute;a al
+pronunciar esto, que la seria boca del viajero hubo de sonre&iacute;rse
+nuevamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mire usted!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella meneando grave y reflexiva la cabeza&mdash;; &iexcl;y
+yo que pensaba que una mujer en cas&aacute;ndose ten&iacute;a quien la acompa&ntilde;ase y
+defendiese! &iexcl;Quien la diese protecci&oacute;n y sombra! Pues si esto sucede a
+las veinticuatro horas no completas.... No completas. &iexcl;Bien estamos!</p>
+
+<p>&mdash;De seguro... de seguro que su marido de usted est&aacute; m&aacute;s disgustado por
+lo ocurrido que usted misma. Crea usted que algo sucede que no sabemos,
+y que explicar&aacute; la conducta de ese se&ntilde;or.... Miranda. &iquest;O tendr&iacute;a usted
+alg&uacute;n antecedente, alg&uacute;n motivo para sospechar que... que la quiso
+abandonar?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Motivo! &iexcl;Qui&aacute;! Ninguno. Si el se&ntilde;or de Miranda es una persona formal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted le llama el <i>se&ntilde;or de Miranda</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No... &eacute;l ya me advirti&oacute; ayer que le llamase Aurelio.... Pero como a&uacute;n
+no adquir&iacute; confianza... y &eacute;l tiene m&aacute;s edad.... En fin, no se me ven&iacute;a a
+la boca.</p>
+
+<p>El viajero puso dique a una marea de preguntas indiscretas que se
+asomaban a sus labios, y volviose hacia la ventanilla para no perder la
+hermosa decoraci&oacute;n que le ofrec&iacute;a la Naturaleza. El sol, apareciendo
+sobre la cumbre de una monta&ntilde;uela cercana, disipaba la bruma matutina,
+que descend&iacute;a al valle en jirones de encaje gris, y, brillando en un
+espacio azul clar&iacute;simo, alumbraba con luz naciente, fresca y suave. Por
+los flancos de granito de la monta&ntilde;a, sembrados de mica que reluc&iacute;a,
+bajaba desatado un torrente espumoso; y entre el matiz sombr&iacute;o de los
+encinares asomaba un pradillo, de tonos p&aacute;lidos de hierba temprana,
+donde pac&iacute;a un reba&ntilde;o de ovejas, cuyos blancos cuerpos constelaban la
+alfombra verde como enormes copos de algod&oacute;n. Al trav&eacute;s del ruido
+ensordecedor del tren, dij&eacute;rase que se o&iacute;an en aquella pintoresca solana
+remotos gorjeos de aves y argentino repiquetear de esquilas.</p>
+
+<p>Cuando el viajero hubo mirado largamente el lindo paisaje, que ya se
+perd&iacute;a en lontananza, dejose caer, como hombre fatigado, en la esquina,
+y sus brazos exhaustos pendieron a ambos lados de su cuerpo, mientras se
+le escapaba del pecho leve suspiro, que m&aacute;s que a pesares sonaba a
+cansancio.</p>
+
+<p>El sol sub&iacute;a y sus rayos comenzaban a travesear en los cristales del
+coche, y en las frentes de los dos que lo ocupaban, como invit&aacute;ndoles a
+contemplarse el uno al otro. Midi&eacute;ronse, en efecto, instintivamente con
+la vista, procurando que su mutua curiosidad no fuese advertida, de lo
+cual result&oacute; una escena muda y expresiva, representada por ella con
+infantil desenfado, y con reserva ce&ntilde;uda por &eacute;l.</p>
+
+<p>Era el viajero un hombre en la fuerza de la edad y en la edad de la
+fuerza. Veintiocho, treinta o treinta y dos a&ntilde;os pod&iacute;an haber corrido
+sobre &eacute;l, sin que fuese dable decir si los representaba. El descolorido
+semblante lo ten&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s p&aacute;lido en los p&oacute;mulos, all&iacute; donde suelen
+estar las que en verso se llaman rosas. Con todo esto no parec&iacute;a de
+endeble salud, y era bien proporcionado de cuerpo, la barba negra y
+hermosa, el cabello rebelde a las artes del peluquero, flexible y libre,
+ondulante por aqu&iacute; y por acull&aacute;, sin simetr&iacute;a ni comp&aacute;s, mas no sin
+cierta colocaci&oacute;n propia que caracterizaba y embellec&iacute;a la cabeza.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a las facciones bien dispuestas, pero encapotadas por unas nubes de
+melancol&iacute;a y padecimiento, no del padecimiento f&iacute;sico que destruye el
+organismo, pega la piel a los huesos, amojama las carnes y empa&ntilde;a o
+vidria el globo ocular, sino del padecimiento moral, o mejor dicho,
+intelectual, que s&oacute;lo hunde algo la ojera, labra la frente, empalidece
+las sienes y condensa la mirada, comunicando a la vez descuido y
+abandono a los movimientos del cuerpo. Esto &uacute;ltimo era lo que en el
+viajero se notaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>Eran todas sus actitudes y ademanes como de hombre rendido y ex&aacute;nime.
+Algo hab&iacute;a descompuesto y roto en aquel noble mecanismo, alg&uacute;n resorte
+de esos que al saltar interrumpen las funciones de la vida &iacute;ntima. Hasta
+en su vestir percib&iacute;ase la languidez y desaliento que tan a las claras
+revelaba la fisonom&iacute;a. No era negligencia, era indiferencia y caimiento
+de &aacute;nimo lo que manifestaba aquel traje obscuro de mezclilla, aquella
+cadena de oro, impropia para un viaje, aquella corbata atada sin esmero
+y al caer, aquellos guantes nuevos, de fina piel de Suecia, de color
+delicado, que no iban a durar limpios ni diez minutos. Falt&aacute;bale al
+viajero la elegancia primorosa e inteligente que cuida de los detalles,
+que hace ciencia del tocador; ve&iacute;ase en &eacute;l al hombre que es superior a
+la propia elegancia porque no la ignora, pero la desde&ntilde;a: grado de
+cultura por donde se ingresa en una esfera m&aacute;s alta que el buen tono,
+que al fin y al cabo es categor&iacute;a social, y quien se eleva por cima del
+buen tono, eximese tambi&eacute;n de categor&iacute;as. Miranda vest&iacute;a la librea del
+buen gusto, y por eso, antes de reparar en Miranda, se fijaban las
+gentes en su ropa, al paso que lo que en Artegui atra&iacute;a la atenci&oacute;n, era
+Artegui mismo. Ni la irregularidad del vestir encubr&iacute;a, antes bien,
+patentizaba, la distinci&oacute;n de la persona: cuantas prendas compon&iacute;an su
+traje eran ricas en su g&eacute;nero; ingl&eacute;s el pa&ntilde;o, holanda la tela de la
+camisa, de primera el calzado y guantes. Todo esto lo not&oacute; Luc&iacute;a, m&aacute;s
+con el instinto que con el entendimiento, porque, inexperta y biso&ntilde;a, no
+hab&iacute;a llegado a&uacute;n a dominar la filosof&iacute;a del traje, en que tan maestras
+son las mujeres.</p>
+
+<p>A su vez la consideraba Artegui como aquel que, volviendo de pa&iacute;ses
+nevados y desiertos, mira a un vallecillo alegre que por casualidad
+encuentra en el camino. Jam&aacute;s hab&iacute;a visto reunidas en nadie tanta
+juventud, robustez y frescura. A pesar de la noche pasada en
+ferrocarril, estaba el rostro de Luc&iacute;a m&aacute;s lozano que unas hierbas de
+San Juan, y sus cabellos revueltos y a trechos aplastados, le prestaban
+cierto aspecto de ninfa que sale del ba&ntilde;o, destocada y h&uacute;meda. Re&iacute;ansele
+los ojos, las facciones todas, y el sol, indiscreto cronista de los
+cutis marchitos, jugaba sin temor entre el dorado imperceptible vello
+que tapizaba las mejillas de la ni&ntilde;a, ti&ntilde;&eacute;ndolas con tonos calientes de
+rancio m&aacute;rmol.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a esperaba que la hablasen, y su mirada lo ped&iacute;a. Pero como el
+viajero no pareciese dispuesto a realizar sus esperanzas, se resolvi&oacute;
+ella, pasado alg&uacute;n tiempo, a volver a la carga, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Bien, &iquest;y qu&eacute; hago yo? Usted no me dice c&oacute;mo voy a salir del paso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde iba usted, se&ntilde;ora, con su marido?</p>
+
+<p>&mdash;Ibamos a Francia... a las aguas de Vichy, que le hab&iacute;an recetado los
+m&eacute;dicos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A Vichy directamente? &iquest;No pensaban ustedes detenerse en alguna parte?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; tal, en Bayona. All&iacute; descansar&iacute;amos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted bien segura?</p>
+
+<p>&mdash;Segur&iacute;sima. Me lo explic&oacute; cien veces el se&ntilde;or de Miranda.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en ese caso, dir&eacute; a usted lo que opino. Indudablemente, su marido
+de usted, detenido por una circunstancia cualquiera, que no hace al
+caso, se qued&oacute; en Venta de Ba&ntilde;os anoche. Por medida de precauci&oacute;n, le
+haremos, si usted quiere, un telegrama desde Hendaya; pero lo que yo
+supongo es que tomar&aacute; el primer tren que vea salir para Francia,
+corriendo en busca de usted. Si retrocedemos, se expone usted a cruzarse
+con &eacute;l en el camino, y a perder tiempo, y a molestarse m&aacute;s. Si se queda
+usted en la primera estaci&oacute;n que encontremos, para esperarle all&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Eso, eso ser&iacute;a lo mejor.</p>
+
+<p>&mdash;No, porque como &eacute;l no lo sabe, y como han pasado horas y ya estar&aacute;
+andando quiz&aacute; para unirse a usted, y no podremos avisarle, y el tren se
+detiene brev&iacute;simos momentos en esas estaciones... no me parece acertado.
+Adem&aacute;s, que tendr&iacute;an ustedes acaso que quedarse los dos en una estaci&oacute;n
+mezquina, esperando otro tren.... Ese recurso no es aceptable.</p>
+
+<p>&mdash;Pues discurra usted...&mdash;dijo la ni&ntilde;a con empe&ntilde;o y confianza, animada
+por el &laquo;si retrocedemos...&raquo; del viajero, que le promet&iacute;a impl&iacute;citamente
+asistencia y auxilio.</p>
+
+<p>&mdash;Seguir a Bayona, se&ntilde;ora: es lo &uacute;nico que cabe. Creo que su marido de
+usted se dirigir&aacute; desde luego all&iacute;. Nosotros llegamos en el tren de la
+tarde y &eacute;l en el de la noche. Cuando no ha telegrafiado avisando a usted
+de que se vuelva (cosa que pudo hacer), es que sigue.</p>
+
+<p>No puso Luc&iacute;a objeciones. Ignorante de la ruta, sinti&oacute; placer singular
+en entregarse a la ajena experiencia. Callada, se inclin&oacute; a la
+ventanilla y sigui&oacute; la l&iacute;nea escabrosa de la sierra, que se recortaba en
+el cielo despejado. El tren andaba m&aacute;s despacio cada vez: estaban
+llegando a una estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es esto?&mdash;dijo volvi&eacute;ndose a su compa&ntilde;ero.</p>
+
+<p>&mdash;Miranda de Ebro&mdash;contest&oacute; &eacute;l lac&oacute;nicamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; sed tengo!&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a&mdash;. Diera por un vaso de agua....</p>
+
+<p>&mdash;Baj&eacute;monos: beber&aacute; usted en la fonda&mdash;respondi&oacute; Artegui, a quien el
+imprevisto suceso comenzaba a sacar de su abstracci&oacute;n. Y saltando el
+primero, ofreci&oacute; el brazo a Luc&iacute;a, que se apoy&oacute; sin ceremonias, y a
+impulsos de la sed, ech&oacute; a correr hacia la cantina, donde algunas
+botellas empezadas, naranjas a medio exprimir, tarros de horchata y
+jarabe, frasquitos de azahar, se disputaban un mostrador cubierto de
+zinc y unos estantes pintados de amarillo. Sirvi&eacute;ronle el agua, y sin
+dar tiempo a que se disolviese el bolado, la bebi&oacute; a sorbetones, de
+prisa; sacudi&oacute; los mojados dedos, limpi&aacute;ndose despu&eacute;s con su pa&ntilde;olito.</p>
+
+<p>Artegui pag&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias&mdash;dijo ella mirando a su taciturno acompa&ntilde;ante&mdash;. A
+gloria me ha sabido. Cuando hay sed.... Muchas gracias, se&ntilde;or don....
+&iquest;c&oacute;mo se llama usted?</p>
+
+<p>&mdash;Ignacio Artegui&mdash;pronunci&oacute; &eacute;l con visos de extra&ntilde;eza.</p>
+
+<p>La ingenuidad suele parecerse al descaro, y s&oacute;lo el candor de aquellos
+ojos l&iacute;mpidos que se clavaban en &eacute;l pudo hacer que el viajero
+distinguiese entre ambas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No quiere usted algo m&aacute;s?&mdash;murmur&oacute;&mdash;. &iquest;Desayunarse? &iquest;Caf&eacute; o
+chocolate?</p>
+
+<p>&mdash;No, no... lo que es por ahora, no siento apetito.</p>
+
+<p>&mdash;Pues esp&eacute;reme en el coche. Voy a arreglar el asunto de su billete de
+usted.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; en breve, y el tren comenz&oacute; de nuevo su marcha, que de noche
+parec&iacute;a vertiginosa y fatigosa de d&iacute;a. El sol iba ascendiendo a su
+cenit, y el calor se anunciaba por r&aacute;fagas tibias y pesadas, alientos de
+fuego que encend&iacute;an la atm&oacute;sfera. Ligero polvillo de carb&oacute;n, procedente
+de la m&aacute;quina, entraba por las ventanas, deposit&aacute;ndose en los
+blanquecinos cojines y en el velo de percal que preservaba el respaldo
+de los asientos. A veces, contrastando con el tufo penetrante del carb&oacute;n
+de piedra, ven&iacute;a una bocanada del agreste perfume de los encinares y las
+prader&iacute;as, extendidas a uno y otro lado del tren. Ten&iacute;a el pa&iacute;s mucho
+car&aacute;cter: eran las Vascongadas, rudas y hermosas. Por todas partes
+dominaban el camino amenazantes alturas, coronadas de recias casamatas o
+fuertes castillos recientemente construidos all&iacute; para se&ntilde;orear aquellos
+indomables cerros. En los flancos de la monta&ntilde;a se distingu&iacute;an anchas
+zanjas de trincheras o l&iacute;neas de reductos, como cicatrices en un rostro
+de veterano. Altos y elegantes chopos ce&ntilde;&iacute;an las bien cultivadas
+llanuras, verdes e iguales, a manera de un collar de esmeraldas. De
+entre el blanco y limpio caser&iacute;o se destacaban las torres de los
+campanarios. Luc&iacute;a se signaba al verlas.</p>
+
+<p>Al pasar por delante de Vitoria un recuerdo acudi&oacute; a su mente. Se lo
+trajeron las largas alamedas que adornan y cercan la ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;Parecen los &aacute;rboles de Le&oacute;n&mdash;murmur&oacute; suspirando.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute; en voz m&aacute;s baja, como habl&aacute;ndose a s&iacute; misma:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; har&aacute; ahora el pobre pap&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se ha quedado su padre de usted en Le&oacute;n?&mdash;pregunt&oacute; Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, en Le&oacute;n.... Si &eacute;l supiese lo que pasa, tendr&iacute;a un terrible
+disgusto. &iexcl;&Eacute;l, que me hizo tantos cientos de encargos y advertencias!
+Que tuvi&eacute;semos cuidado con los ladrones... con las enfermedades... con
+no tomar sol... con no mojarnos.... Vamos, cuando lo pienso....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es anciano su padre de usted?</p>
+
+<p>&mdash;Viejecito, viejecito... pero muy guapo y bien conservado, m&aacute;s hermoso
+que un oro para m&iacute;. Yo logr&eacute; la suerte de tener el mejor padre de toda
+Espa&ntilde;a... no ve sino por mis ojos el pobre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted &uacute;nica, acaso?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or... y hu&eacute;rfana de madre desde que era as&iacute;&mdash;explic&oacute; Luc&iacute;a
+bajando la extendida mano y coloc&aacute;ndola a la altura de sus rodillas&mdash;.
+&iexcl;Qu&eacute;! &iexcl;si a&uacute;n mamaba cuando se muri&oacute; mi madre! Y mire usted, esa fue la
+&uacute;nica desgracia que yo tuve; porque por lo dem&aacute;s, personas habr&aacute;
+felices, pero m&aacute;s de lo que yo lo fui....</p>
+
+<p>Artegui pos&oacute; en ella sus ojos dominadores y profundos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Era usted feliz!&mdash;repiti&oacute;, como un eco del pensamiento de la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya! S&iacute; que lo era. El Padre Urtazu me dec&iacute;a a veces: cuidado,
+chiquilla; mira que Dios te lo est&aacute; pagando todo adelantado, y despu&eacute;s,
+cuando te mueras, &iquest;sabes t&uacute; lo que va a decir? Que no te debe nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De suerte que usted&mdash;pregunt&oacute; Artegui&mdash;nada echaba de menos en su
+tranquila existencia de Le&oacute;n? &iquest;No deseaba usted nada?</p>
+
+<p>&mdash;Deseaba, s&iacute;... algunas veces, sin saber qu&eacute;. Ahora pienso que lo que
+deseaba era esto: salir, variar algo de vida. Pero no me impacientaba,
+porque me parec&iacute;a que, tarde o temprano, llegar&iacute;a a lograrlo; &iquest;no es
+cierto? El Padre Urtazu sol&iacute;a re&iacute;rse de m&iacute;, exclamando: paciencia, que
+cada oto&ntilde;illo trae su frutillo.</p>
+
+<p>&mdash;El Padre Urtazu.... &iquest;es jesuita?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jesuita... y m&aacute;s sabio! Entiende de cuanto Dios cri&oacute;. Yo algunas
+veces, por desesperar a do&ntilde;a Romualda, que es la directora de mi
+colegio, le dec&iacute;a: De mejor gana aprender&iacute;a con el Padre Urtazu, que con
+usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y ahora&mdash;pronunci&oacute; Artegui, con la brutal curiosidad de unos dedos
+que abren a viva fuerza un capullo de flor&mdash;, ser&iacute;a usted m&aacute;s feliz que
+nunca! &iexcl;Digo! &iexcl;Casarse nada menos!</p>
+
+<p>No percibi&oacute; Luc&iacute;a el tono ir&oacute;nico que dieron a aquella frase los labios
+de su acompa&ntilde;ante, y respondi&oacute; con sinceridad:</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&eacute; a usted.... Siempre dese&eacute; casarme a gusto del viejecito, y no
+afligirlo con esos amor&iacute;os y esas locuras con que otras muchachas
+desazonan a sus padres.... Mis amigas, digo algunas, ve&iacute;an pasar por
+delante de su ventana a un oficial de la guarnici&oacute;n.... &iexcl;zas! ya estaban
+todas derretidas, y carta va y carta viene.... Yo me asombraba de eso de
+enamorarse as&iacute;, por ver pasar a un hombre.... Y como al fin nada se me
+daba de los que pasaban por la calle, y al se&ntilde;or de Miranda ya le
+conoc&iacute;a, y a padre le gustaba tanto... calcul&eacute;: &iexcl;mejor! as&iacute; me libro de
+cuidados, &iquest;no es verdad? cierro los ojos, digo que s&iacute; y ya est&aacute; hecho...
+Padre se pone muy contento y yo tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Artegui se qued&oacute; mir&aacute;ndola tan fijamente, que Luc&iacute;a sinti&oacute;, dig&aacute;moslo
+as&iacute;, el peso y el calor de aquellos ojos en sus mejillas, y encendiose
+toda en rubor, murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Le cuento a usted cada tonter&iacute;a! Como no tenemos de qu&eacute; hablar....</p>
+
+<p>Segu&iacute;a &eacute;l escudri&ntilde;ando con la vista el franco y juvenil semblante, como
+una hoja de acero registra la carne viva. Harto sab&iacute;a que el desahogo y
+libertad revelan quiz&aacute; m&aacute;s ausencia de malicia que la cautelosa reserva;
+mas con todo eso, le maravillaba la extremada sencillez de aquella
+criatura. Era preciso, para entenderla, observar que la salud poderosa
+del cuerpo le hab&iacute;a conservado la pureza del esp&iacute;ritu. Nunca
+enlanguideciera la fiebre aquellos ojos de azulada c&oacute;rnea; nunca secara
+aquellos fresqu&iacute;simos labios la calentura que consume a las ni&ntilde;as en la
+dif&iacute;cil etapa de diez a quince. La imagen m&aacute;s adecuada para representar
+a Luc&iacute;a, era la de un cogollo de rosa muy cerrado, muy gallardo,
+defendido por pomposas hojas verdes, erguido sobre recio tronco.</p>
+
+<p>Agobiaba el calor, cada vez m&aacute;s sofocante. Al llegar a Alsasua, quejose
+nuevamente Luc&iacute;a de sed, y Artegui, ofreci&eacute;ndole el brazo, la condujo al
+comedor de la fonda, record&aacute;ndole que era raz&oacute;n tomar algo, puesto que
+tantas horas hab&iacute;an transcurrido desde la cena.</p>
+
+<p>&mdash;Dos almuerzos&mdash;grit&oacute; al mozo, palmoteando para que le atendiesen.</p>
+
+<p>El mozo se acerc&oacute;, servilleta al hombro; ten&iacute;a una cara tostada,
+amilitarada, que re&ntilde;&iacute;a con los escarpines de charol y el pelo atusado
+con bandolina, librea que el p&uacute;blico impone a sus servidores en tales
+lugares. Hac&iacute;ale a&uacute;n m&aacute;s marcial ancha cicatriz, que naciendo en la gu&iacute;a
+izquierda del bigote, iba a perderse en el cuello. Miraba el mozo
+fijamente a Artegui, con ojos muy abiertos; hasta que dando un grito, o
+m&aacute;s bien una especie de alegre latido perruno, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Eacute;l o el diablo en su figura! &iexcl;Se&ntilde;orito Ignacio! &iexcl;&iexcl;Dichosos los
+ojos!!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; por aqu&iacute;, Sardiola?&mdash;murmur&oacute; reposadamente Artegui. Almorzaremos
+bien, porque pondr&aacute;s cuidado en servirnos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;, se&ntilde;orito, yo por aqu&iacute;... <i>Despu&eacute;s</i>&mdash;dijo recalcando la frase
+y bajando la voz&mdash;, como todo lo m&iacute;o lo encontr&eacute; arrasado... la casa
+hecha cenizas, y el campo perdido... me di a ganar la vida como pude....
+Y usted, se&ntilde;orito.... &iquest;Sigue usted a Francia?</p>
+
+<p>&mdash;A Francia voy; pero con tu charla nos vamos a quedar sin comer.</p>
+
+<p>&mdash;No faltar&iacute;a m&aacute;s....</p>
+
+<p>Sardiola dirigi&oacute; a uno de sus compa&ntilde;eros de servilleta algunas palabras
+en e&uacute;skaro, erizadas de <i>zetas, kas</i> y <i>tes</i>. Fueron al punto servidos
+Artegui y Luc&iacute;a, mientras el mozo se apoyaba en el respaldo de la silla
+del primero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con que a Francia! &iquest;Y la se&ntilde;ora do&ntilde;a Armanda? &iquest;Se conserva bien?</p>
+
+<p>&mdash;No muy bien...&mdash;contest&oacute; Ignacio, nublado m&aacute;s que de costumbre el
+ce&ntilde;o&mdash;. Padece mucho.... Cuando la dej&eacute; estaba, sin embargo, m&aacute;s
+aliviada.</p>
+
+<p>&mdash;Con su vuelta de usted se pone buena del todo.</p>
+
+<p>Y mirando a Luc&iacute;a y d&aacute;ndose una razonable pu&ntilde;ada en la frente, grit&oacute; de
+pronto Sardiola:</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto m&aacute;s, que.... &iexcl;Bobo de mi!; pues claro que va a sanar la se&ntilde;ora
+do&ntilde;a Armanda, cuando vea la alegr&iacute;a que se le entra por las puertas. &iexcl;Ay
+qu&eacute; gusto verle a usted casado, se&ntilde;orito! &iexcl;Y con tan linda muchacha!
+&iexcl;Para bien sea!</p>
+
+<p>&mdash;Majadero&mdash;dijo Ignacio, bronco y desapacible&mdash;; esta se&ntilde;ora no es mi
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es l&aacute;stima&mdash;contest&oacute; el vasco, mientras Luc&iacute;a le miraba
+risue&ntilde;a&mdash;. Har&iacute;an ustedes una pareja, que ya, ya.... Ni escogidos. S&oacute;lo
+que la se&ntilde;orita....</p>
+
+<p>&mdash;Acabe usted&mdash;suplic&oacute; Luc&iacute;a, divertida hasta lo sumo y ocupada en
+quitar a una mandarina su cubierta de papel de seda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo digo, se&ntilde;orito Ignacio?</p>
+
+<p>Artegui se encogi&oacute; de hombros. Sardiola, crey&eacute;ndose autorizado, se
+explay&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;orita tiene cara de estar de buen humor siempre... y usted..,
+&iexcl;Usted siempre est&aacute; as&iacute;, como si le hubiesen dado ca&ntilde;azo! En eso no
+emparejar&iacute;an ustedes bien.</p>
+
+<p>Solt&oacute; Luc&iacute;a la carcajada y mir&oacute; a Artegui, que sonre&iacute;a complaciente, lo
+cual a&uacute;n la anim&oacute; a re&iacute;r m&aacute;s. El almuerzo prosigui&oacute; en el mismo tono
+cordial, alegrado por la charla de Sardiola, por el infantil regocijo de
+Luc&iacute;a. Hasta la misma puerta del departamento les sigui&oacute; el mozo cuando
+se volvieron a su coche; y a ser Luc&iacute;a due&ntilde;a de los brazos de Artegui,
+los hubiera echado al cuello de Sardiola, a tiempo que &eacute;ste repet&iacute;a,
+entornados los ojos y en el tono con que se reza, si se reza de veras:</p>
+
+<p>&mdash;La Virgen de Bego&ntilde;a vaya con usted, se&ntilde;orito..., que encuentre usted
+bien a do&ntilde;a Armanda.... M&aacute;ndeme usted como si fuese un perro, un perro
+suyo.... Mire usted, que estoy aqu&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien&mdash;dijo Artegui, vuelto ya a su displicente reserva.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; el tren a andar, y quedose Sardiola de pie en el and&eacute;n, agitando
+la servilleta en se&ntilde;al de despedida, sin mudar de actitud hasta que el
+humo de la chimenea se borr&oacute; en el horizonte. Luc&iacute;a miraba a Artegui, y
+herv&iacute;anle las preguntas en los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho le quiere a usted ese pobre hombre&mdash;murmur&oacute; al fin.</p>
+
+<p>&mdash;He tenido la desgracia de hacerle un favor&mdash;contest&oacute; Ignacio&mdash;, y
+desde entonces....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oiga! &iquest;A eso llama usted desgracia? Pues muy desgraciado est&aacute; usted
+siendo desde esta ma&ntilde;ana, porque me hizo usted cien favores ya.</p>
+
+<p>Sonriose Artegui de nuevo y mir&oacute; a la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;No consiste la desgracia&mdash;dijo&mdash;en hacer el favor, sino en que se lo
+agradezcan a uno tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo tambi&eacute;n padezco del achaque de Sardiola.... &iexcl;y a mucha
+honra!&mdash;declar&oacute; Luc&iacute;a&mdash;; &iexcl;ya ver&aacute; usted!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... &iexcl;S&oacute;lo falta que tambi&eacute;n me salgan agradecidos sin
+causa!&mdash;respondi&oacute; Artegui en el mismo tono festivo&mdash;. Pase aun cuando
+hay alg&uacute;n motivo, como con ese infeliz de Sardiola....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hizo usted por &eacute;l?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a, incapaz de sellar sus labios
+preguntones.</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa: curarle una herida, bastante grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aquella cicatriz que tiene que le cruza la mand&iacute;bula?</p>
+
+<p>&mdash;Justamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted m&eacute;dico?</p>
+
+<p>&mdash;De afici&oacute;n.... Y por casualidad.</p>
+
+<p>Call&oacute; Artegui, y no os&oacute; inquirir m&aacute;s Luc&iacute;a. El calor iba en aumento, m&aacute;s
+pegajoso cada vez. Parec&iacute;a el d&iacute;a de oto&ntilde;o sofocante jornada estival, y
+el polvillo del carb&oacute;n, disuelto en la candente atm&oacute;sfera, ahogaba.
+Intrinc&aacute;base el pa&iacute;s, haci&eacute;ndose cada vez m&aacute;s monta&ntilde;oso y quebrado. De
+cuando en cuando penetraban en un t&uacute;nel, y entonces la obscuridad, el
+crujido fuerte del tren, un aire h&uacute;medo de subterr&aacute;neo, col&aacute;ndose en el
+departamento, consolaban algo de la t&oacute;rrida temperatura.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a se abanicaba con un peri&oacute;dico dispuesto por Artegui en forma de
+concha, y leves gotitas transparentes de sudor salpicaban su rosada
+nuca, sus sienes y su barbilla: de cuando en cuando las embeb&iacute;a con el
+pa&ntilde;uelo: los mechones del cabello, lacios, se pegaban a su frente.
+Desabrochose el cuello almidonado, se quit&oacute; la corbata, que la
+estrangulaba, y se recost&oacute;, dando indicios de gran desmadejamiento, en
+la esquina. A fin de refrescar un poco el interior, corri&oacute; Artegui las
+cortinillas todas ante los bajos vidrios, y una luz vaga y misteriosa,
+azulada, un sereno ambiente, formaban all&iacute;, algo de gruta submarina,
+a&ntilde;adiendo a la ilusi&oacute;n el ruido del tren, no muy distinto del mugir del
+Oc&eacute;ano. Insensible al c&aacute;lido d&iacute;a, Artegui levantaba la cortina un poco,
+se asomaba, miraba el pa&iacute;s, los robledales, la sierra, los valles
+profundos. Una vez acert&oacute; a ver pintoresca romer&iacute;a. Fue r&aacute;pido y fugaz
+el cuadro, pero no tanto que no distinguiese a la gente siguiendo el
+sendero angosto, escapulario al cuello, a pie o en carretas de bueyes,
+cubiertos con boina roja o azul los hombres, las mujeres tocadas con
+pa&ntilde;olitos blancos. Parec&iacute;a el desfile la bajada de los pastores en un
+Nacimiento; el sol claro, alumbrando plenamente las figuras, les daba la
+crudeza de tonos de mu&ntilde;ecos de barro pintado. Artegui llam&oacute; a Luc&iacute;a, que
+alzando la cortina a su vez, ech&oacute; el cuerpo fuera, hasta que una
+revuelta del camino y la rapidez del tren borraron el cuadro.</p>
+
+<p>Acontec&iacute;a que los p&iacute;caros de los t&uacute;neles se solazaban en taparles adrede
+los mejores puntos de vista de la ruta. Que aparec&iacute;a un otero, risue&ntilde;o,
+un grupo de frondosos &aacute;rboles, una amena vega, &iexcl;paf! el t&uacute;nel. Y se
+quedaban inm&oacute;viles al vidrio, sin osar hablar, ni moverse, cual si de
+pronto entrasen en una iglesia. Algo familiarizada Luc&iacute;a ya con el
+calor, interes&aacute;banle mucho los accidentes de paisaje que a uno y otro
+lado del tren se extend&iacute;an. Le agradaron las f&aacute;bricas de f&oacute;sforos,
+altas, enyesadas, limpias, con su gran letrero en la frente; y en
+Hernani bati&oacute; palmas al divisar a la izquierda un magn&iacute;fico parque
+ingl&eacute;s, con sus macizos de flores resaltando sobre el verde c&eacute;sped, y
+sus con&iacute;feras elegantes, de ramaje sim&eacute;trico y p&eacute;ndulo. En Pasajes, tras
+de la monoton&iacute;a fatigosa de las monta&ntilde;as reposaron al fin los ojos,
+viendo extenderse el mar azul, un tanto rizado, mientras los buques,
+fondeados en la bah&iacute;a, se columpiaban con oscilaci&oacute;n imperceptible, y
+una brisa marina, acre y salitrosa, estremec&iacute;a las cortinillas de
+tafet&aacute;n del coche, aventando el sudor de la frente de los cansados
+viajeros. Luc&iacute;a se qued&oacute; embobada ante el Oc&eacute;ano, nunca de ella visto
+hasta entonces, y cuando el t&uacute;nel&mdash;de sopet&oacute;n y sin pedir
+permiso&mdash;cubri&oacute; el espect&aacute;culo con negro velo, permaneci&oacute; de codos en la
+ventanilla, absorta, las pupilas dilatadas, entreabiertos de admiraci&oacute;n
+los labios.</p>
+
+<p>A medida que corr&iacute;an las horas y la jornada avanzaba iba Artegui
+perdiendo un poco de su estatuaria frialdad, y cada vez m&aacute;s
+comunicativo, explicaba a Luc&iacute;a las vistas de aquel panorama m&oacute;vil.
+Escuchaba la ni&ntilde;a con el g&eacute;nero de atenci&oacute;n que tanto agrada y cautiva a
+los profesores: la del disc&iacute;pulo entusiasta y sumiso a la vez. Artegui
+era elocuente, cuando a hablar se resolv&iacute;a; detallaba las costumbres del
+pa&iacute;s, contaba pormenores de los pueblecitos, hasta de los caser&iacute;os
+entrevistos al paso. A su voz, respond&iacute;an unas pupilas fijas y atentas,
+un rostro que escuchaba todo &eacute;l, mudando de expresi&oacute;n seg&uacute;n el narrador
+quer&iacute;a. Fue de suerte, que al bajarse en Ir&uacute;n y o&iacute;r las primeras s&iacute;labas
+pronunciadas en idioma extra&ntilde;o, Luc&iacute;a murmur&oacute; como con pena:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;? &iquest;Hemos llegado ya?</p>
+
+<p>&mdash;A Francia, casi&mdash;respondi&oacute; Artegui&mdash;; pero a&uacute;n nos falta un trecho
+regular hasta Bayona. Aqu&iacute; se registran los equipajes: es la aduana de
+Ir&uacute;n. No nos molestar&aacute;n mucho: los que vienen de Francia a Espa&ntilde;a, son
+v&iacute;ctimas de los carabineros, de nosotros, que vamos de Espa&ntilde;a a Francia,
+nadie supone que llevemos contrabando, ni ropa nueva....</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo si la llevo&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a&mdash;. Mis galas.... &iquest;Ve usted aquel
+mundo grande que han puesto sobre el mostrador? Es el m&iacute;o... y aquel
+otro, el de Miranda... y la sombrera....</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;me usted el tal&oacute;n y las llaves para que registren.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;El recibo dice usted y las llaves? &iexcl;Si todo lo llevaba consigo
+Miranda! No tengo nada de eso.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, est&aacute; usted sin equipaje. Tendr&aacute; que quedarse aqu&iacute; hasta
+que su marido de usted lo recoja.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a mir&oacute; a Artegui, el rostro un tanto compungido, y casi
+instant&aacute;neamente solt&oacute; la risa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sin equipaje!&mdash;repiti&oacute;.</p>
+
+<p>Y redoblaba el arpegio de sus carcajadas, pareci&eacute;ndole donos&iacute;simo
+incidente el de quedarse sin equipaje alguno. Hall&aacute;base, pues, como una
+criatura que se pierde en la calle, y a la cual recogen por caridad
+hasta averiguar su domicilio. Aventura completa. Ni&ntilde;a como era Luc&iacute;a,
+as&iacute; pudo tomarla a llanto como a risa; tomola a risa, porque estaba
+alegre, y hasta Hendaya no ces&oacute; la r&aacute;faga de buen humor que regocijaba
+el departamento. En Hendaya prolong&oacute; la comida aquel instante de
+cordialidad perfecta. El elegante comedor de la estaci&oacute;n de Hendaya,
+alhajado con el gusto y esmero especial que despliegan los franceses
+para obsequiar, atraer y exprimir al parroquiano, convidaba a la
+intimidad, con sus altos y discretos cortinajes de colores mortecinos su
+revestimiento de madera obscura, su enorme chimenea de bronce y m&aacute;rmol,
+su aparador espl&eacute;ndido, que dominaba una pareja de anchos y barrigudos
+tibores japoneses, rameados de plantas y aves ex&oacute;ticas; fulgurante de
+argenter&iacute;a Ruolz, y cargado con montones de vajillas de china opaca.
+Artegui y Luc&iacute;a eligieron una mesa chica para dos cubiertos, donde
+pod&iacute;an hablarse frente a frente, en voz baja, por no lanzar el sonido
+duro y corto de las s&iacute;labas espa&ntilde;olas entre la sinfon&iacute;a confusa y ligada
+de inflexiones francesas que se elevaba de la conversaci&oacute;n general en la
+mesa grande. Hacia Artegui de maestresala y copero, nombraba los platos,
+escanciaba y trinchaba, previniendo los caprichos pueriles de Luc&iacute;a,
+descascarando las almendras, mondando las manzanas y sumergiendo en el
+bol de cristal tallado lleno de agua, las rubias uvas. En su semblante
+animado parec&iacute;a haberse descorrido un velo de niebla y sus movimientos,
+aunque llenos de calma y aplomo, no eran tan cansados y yertos como
+antes.</p>
+
+<p>Al subir ellos al tren, ca&iacute;a la tarde y el sol descend&iacute;a con la rapidez
+propia de los crep&uacute;sculos del oto&ntilde;o. Cerraron las ventanillas de un
+lado, y los rayos del Poniente vinieron a reflejarse un instante en el
+techo del departamento, retir&aacute;ndose despu&eacute;s como ni&ntilde;os que acaban de
+hacer alguna jugarreta. Las monta&ntilde;as se ennegrec&iacute;an, los celajes m&aacute;s
+remotos eran de color de brasa; luego se apagaban unos tras otros como
+una rosa de fuego que fuese soltando sus p&eacute;talos encendidos. Languideci&oacute;
+la conversaci&oacute;n entre Artegui y Luc&iacute;a, y ambos se quedaron silenciosos y
+mustios, &eacute;l con su acostumbrado aspecto de fatiga, ella sumida en
+profundo recogimiento, dominada por la melancol&iacute;a del anochecer. Crec&iacute;a
+la sombra, y de uno de los vagones, venciendo el ruido de la lenta
+marcha del tren, brotaba un coro apasionado y triste en lengua extra&ntilde;a,
+un zortzico, entonado a plena voz, por multitud de j&oacute;venes vacos, que,
+juntos, iban a Bayona. A veces una cascada de notas ir&oacute;nicas y risue&ntilde;as
+cortaba el canto, despu&eacute;s la estrofa volv&iacute;a, tierna, honda, cual un
+gemido, elev&aacute;ndose hasta los cielos, negros ya como la tinta. Luc&iacute;a
+escuchaba, y el convoy, despacioso, hac&iacute;a el bajo, sosteniendo con su
+trepidaci&oacute;n grave, las voces de los cantores.</p>
+
+<p>La llegada a Bayona sorprendi&oacute; a Artegui y Luc&iacute;a como el despertar de
+prolongado sue&ntilde;o. Artegui retir&oacute; aprisa su mano de la asilla del vidrio,
+donde la apoyaba, y la ni&ntilde;a mir&oacute; at&oacute;nita a su alrededor. Not&oacute; que hac&iacute;a
+fresco, y abroch&oacute; su cuello y anud&oacute; su corbata. Hombres con boina, mozas
+con el pa&ntilde;olito atado tras del mo&ntilde;o, una marea de viajeros de diversa
+catadura y condici&oacute;n social, se empujaba, se codeaba y bull&iacute;a en la
+ancha estaci&oacute;n. Artegui dio el brazo a su compa&ntilde;era por no perderla en
+aquel remolino.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hab&iacute;a elegido su marido de usted alg&uacute;n hotel en Bayona?&mdash;le pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece...&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a recordando&mdash;que le o&iacute; hablar de una fonda
+de San Esteban. Me fij&eacute; porque yo tengo de ese santo una estampa muy
+bonita en mi libro de misa.</p>
+
+<p>&mdash;Saint Etienne&mdash;dijo Artegui al cochero del &oacute;mnibus que, desde el
+pescante, vuelta la cabeza, aguardaba la orden.</p>
+
+<p>Arrancaron los caballos a su pesado trote percher&oacute;n, y fueron rodando
+por las calles bien enlosadas, hasta detenerse ante un portal estrecho,
+con sus tiestos de plantas raqu&iacute;ticas, su escalerilla de m&aacute;rmol y sus
+claros faroles de gas.</p>
+
+<p>Una mujer alta, rubia, limpia, de gorra planchada y enca&ntilde;onada, acudi&oacute;
+sol&iacute;cita a la puerta, apresur&aacute;ndose a dar el malet&iacute;n de Artegui a un
+mozo.</p>
+
+<p>&mdash;Los se&ntilde;ores querr&aacute;n una habitaci&oacute;n&mdash;murmur&oacute; en franc&eacute;s con su voz
+melosa y complaciente.</p>
+
+<p>&mdash;Dos&mdash;contest&oacute; Artegui lac&oacute;nico.</p>
+
+<p>&mdash;Dos&mdash;repiti&oacute; ella en espa&ntilde;ol, si bien con acento transpirenaico&mdash;. &iquest;Y
+las <i>quierren los se&ntilde;oress cuntas</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Independientes del todo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tout a fait</i>... <i>Serr&aacute;n</i> servidos.</p>
+
+<p>La due&ntilde;a llam&oacute; a una camarera, no menos que ella pulcra y servicial, y
+tomando &eacute;sta dos llaves de la tabla numerada en que colgaban todas las
+del hotel, ech&oacute; delante por las escaleras enceradas, y la siguieron
+Artegui y Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>En el tercer piso se detuvo, no sin alg&uacute;n sobrealiento, y abriendo las
+puertas de dos gabinetes contiguos, pero independientes, encendi&oacute; con
+pajuelas las buj&iacute;as colocadas, sobre la chimenea, y fuese. Artegui y
+Luc&iacute;a permanecieron unos segundos callados, de pie, en la puerta de las
+habitaciones. Al fin pronunci&oacute; &eacute;l:</p>
+
+<p>&mdash;Es natural que quiera usted lavarse y quitarse el polvo, y descansar
+un rato. La dejo a usted. Llame usted a la camarera, si necesita algo;
+aqu&iacute; todas hablan su poco de espa&ntilde;ol.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta luego&mdash;contest&oacute; mec&aacute;nicamente ella.</p>
+
+<p>As&iacute; que el batir de la puerta hubo anunciado a Luc&iacute;a que estaba sola del
+todo, y que sus ojos se fijaron en la habitaci&oacute;n desconocida, mal
+alumbrada por las buj&iacute;as, desvaneci&oacute;sele la especie de mareo del viaje;
+record&oacute; su cuartico de Le&oacute;n, sencillo, pero primoroso como una taza de
+plata, con su pila, sus santos, sus matas de reseda, su costurero y su
+armario de cedro, monumental y atestado de ropa limpia. Vin&oacute;sele tambi&eacute;n
+a la memoria su padre, Carmela, Rosarito, todo el dulce pasado. Sintiose
+entonces triste, muy triste; la asaltaron miedos y terrores
+indefinibles, pero fort&iacute;simos; pareciole su situaci&oacute;n extra&ntilde;a y
+peligrosa, pre&ntilde;ado de amenazas el presente, obscuro el porvenir. Dejose
+caer en una butaca y clav&oacute; en las luces la mirada fija y vac&iacute;a de los
+que se absorben en penosa meditaci&oacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2>
+
+
+<p>Ser&iacute;a pasada una hora, o quiz&aacute;s hora y media, cuando oy&oacute; Luc&iacute;a herir con
+los nudillos a la puerta de su cuarto, y abriendo, se hall&oacute; cara a cara
+con su compa&ntilde;ero y protector, que en los blancos pu&ntilde;os y en no s&eacute; qu&eacute;
+leves modificaciones del traje, daba testimonio de haber ejercido ese
+detenido aseo, que es uno de los sacramentos de nuestro siglo. Entr&oacute;, y
+sin sentarse, tendi&oacute; a Luc&iacute;a un portamonedas, amorcillado de puro
+relleno.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; tiene usted&mdash;dijo&mdash;dinero suficiente para cuanto pueda
+ocurr&iacute;rsele, hasta la llegada de su marido. Como estos d&iacute;as suelen los
+trenes sufrir mucho retraso, creo que no vendr&aacute; hasta la madrugada; pero
+de todas suertes, aunque no llegase en diez d&iacute;as o en un mes, le alcanza
+a usted para esperar.</p>
+
+<p>Mir&aacute;bale Luc&iacute;a cual si no comprendiese, y no alargaba la mano para tomar
+el portamonedas. &Eacute;l se lo introdujo en el hueco del pu&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo que salir ahora a unos asuntos.... Despu&eacute;s coger&eacute; el primer
+tren que salga. Adi&oacute;s, se&ntilde;ora&mdash;a&ntilde;adi&oacute; ceremoniosamente: y dio dos pasos
+hacia la puerta.</p>
+
+<p>Entonces ya la ni&ntilde;a, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asi&oacute; de
+la manga de la americana, exclamando:</p>
+
+<p>&iquest;Pero qu&eacute;... c&oacute;mo? &iquest;Qu&eacute; quiere decir eso del tren?</p>
+
+<p>&mdash;Lo natural, se&ntilde;ora&mdash;pronunci&oacute; con su adem&aacute;n cansado el viajero&mdash;. Que
+sigo mi ruta; que voy a Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y me deja usted as&iacute;... sola! &iexcl;Sola aqu&iacute;, en Francia!&mdash;gimi&oacute; Luc&iacute;a con
+el mayor desconsuelo del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora... esto no es ning&uacute;n desierto, ni corre usted el riesgo menor,
+tiene usted dinero, es lo &uacute;nico que hace falta en tierra francesa;
+estar&aacute; usted muy bien servida y atendida, yo se lo f&iacute;o....</p>
+
+<p>&mdash;Pero.... &iexcl;Jes&uacute;s, sola, sola!&mdash;repet&iacute;a ella sin soltar la manga de
+Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de breves horas estar&aacute; aqu&iacute; su marido de usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si no viene?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no ha de venir? &iquest;De d&oacute;nde saca usted que no vendr&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no digo eso&mdash;balbuci&oacute; Luc&iacute;a&mdash;; s&oacute;lo digo que si tardase....</p>
+
+<p>&mdash;En fin&mdash;murmur&oacute; Artegui&mdash;, yo tengo tambi&eacute;n mis ocupaciones.... Es
+fuerza que me vaya.</p>
+
+<p>No contest&oacute; Luc&iacute;a cosa alguna; antes le solt&oacute;, y desplom&aacute;ndose otra vez
+en el sill&oacute;n, ocult&oacute; el rostro entre ambas manos. Artegui se lleg&oacute; a
+ella, y vio que su seno se alzaba a intervalos desiguales, como si
+sollozara. Entre sus dedos saltaban gotitas de agua, cual saltan de la
+esponja al comprimirla.</p>
+
+<p>&mdash;Alce usted esa cara&mdash;mand&oacute; Artegui.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a enderez&oacute; el rostro sofocado y h&uacute;medo, y a pesar suyo, sonriose al
+hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted una ni&ntilde;a&mdash;pronunci&oacute; &eacute;l en grave tono&mdash;, una ni&ntilde;a que no tiene
+obligaci&oacute;n de saber lo que acontece en el mundo. Yo, que lo he visto...
+m&aacute;s de lo que quisiera, ser&iacute;a imperdonable en no desenga&ntilde;arla. El mundo
+es un conjunto de ojos, o&iacute;dos y bocas, que se cierran para lo bueno y se
+abren para lo malo gustos&iacute;simas. Mi compa&ntilde;&iacute;a le hace a usted ahora m&aacute;s
+da&ntilde;o que provecho. Si su marido de usted no tiene un criterio
+excepcional&mdash;y no hay raz&oacute;n para que lo tenga&mdash;, maldita la gracia que
+le har&aacute; encontrarla a usted tan acompa&ntilde;ada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o! &iquest;Y por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de m&iacute; si no le hubiese hallado a
+usted tan a tiempo? Puede que el b&aacute;rbaro del empleado me metiese en la
+c&aacute;rcel. Yo no s&eacute; lo que har&aacute; el se&ntilde;or de Miranda; pero lo que es el
+pobre pap&aacute;... besar&iacute;a en donde usted pisa. Estoy segura de ello.</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a, con un movimiento de apasionada y popular gratitud, hizo adem&aacute;n
+de inclinarse ante Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;Un marido no es un padre...&mdash;contest&oacute; &eacute;ste&mdash;. Lo racional, lo sensato,
+se&ntilde;ora, es que me vaya. Ya telegrafi&eacute; a Miranda de Ebro para que, en el
+caso de hallarse all&iacute; su esposo, le digan que est&aacute; usted aqu&iacute; en Bayona
+esper&aacute;ndole. Pero de fijo estar&aacute; en camino.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;rchese usted, pues.</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a volvi&oacute; a Artegui la espalda, reclin&aacute;ndose en la ventana de
+codos.</p>
+
+<p>Permaneci&oacute; Artegui un rato indeciso, de pie en mitad de la estancia,
+mirando a la ni&ntilde;a, que sin duda se estaba sorbiendo las l&aacute;grimas
+silenciosamente. Al fin se acerc&oacute; a ella, y habl&aacute;ndole casi al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s de todo&mdash;murmur&oacute;&mdash;, no hay para qu&eacute; se apure usted tanto.
+&iexcl;Guarde usted sus l&aacute;grimas, que si vive, tiempo y ocasi&oacute;n tendr&aacute;n de
+correr!</p>
+
+<p>Bajando a&uacute;n m&aacute;s su voz timbrada, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Me quedo.</p>
+
+<p>Volviose Luc&iacute;a con la rapidez de un mu&ntilde;eco de resorte, y batiendo
+palmas, grit&oacute; como una loca:</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, muchas gracias, se&ntilde;or de Artegui. &iexcl;Ay!, &iquest;pero se queda
+usted de veras? Estoy fuera de m&iacute; de contenta. &iexcl;Qu&eacute; gusto, Dios m&iacute;o!
+Pero...&mdash;dijo de pronto reflexionando&mdash;, &iquest;puede usted quedarse? &iquest;No le
+cuesta ning&uacute;n sacrificio? &iquest;No le molesta?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondi&oacute; Artegui con faz sombr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Aquella se&ntilde;ora... aquella Do&ntilde;a Armanda que le aguarda a usted en
+Par&iacute;s.... &iquest;le necesitar&aacute; tambi&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Es mi madre&mdash;pronunci&oacute; Artegui.</p>
+
+<p>Y la respuesta pareci&oacute; a Luc&iacute;a satisfactoria, aun cuando realmente no
+resolviese la duda que acababa de expresar.</p>
+
+<p>Artegui, entretanto, rodando un sill&oacute;n hasta tocar con la mesa, se
+sent&oacute;, y acod&aacute;ndose sobre el tapiz, escondi&oacute; el rostro entre las manos,
+meditabundo. Luc&iacute;a, desde el hueco de la ventana, observaba sus
+movimientos. Cuando vio que eran corridos hasta diez minutos sin que
+Artegui diese indicios de menearse ni de hablar, fuese aproximando
+quedito, y con voz t&iacute;mida y pedig&uuml;e&ntilde;a, balbuce&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or de Artegui....</p>
+
+<p>Alz&oacute; &eacute;l el rostro. El velo de niebla cubr&iacute;a otra vez sus facciones.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; quiere usted?&mdash;dijo broncamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tiene usted? Me parece que se ha quedado usted as&iacute;..., muy
+cabizbajo y muy triste... supongo que ser&aacute; por... lo de antes.... Mire
+usted, si ha de estar usted tan afligido... creo que prefiero que usted
+se vaya, s&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>No estoy afligido, estoy... como suelo. &iexcl;Ah!, como usted apenas me
+conoce, le coger&aacute; de nuevo mi modo de ser.</p>
+
+<p>Y viendo a Luc&iacute;a que permanec&iacute;a de pie y con aire contrito, le se&ntilde;al&oacute; el
+otro sill&oacute;n. Tr&aacute;jolo Luc&iacute;a arrastrando hasta ponerlo frente al de
+Artegui, y tom&oacute; asiento.</p>
+
+<p>&mdash;Hable usted de algo&mdash;prosigui&oacute; Artegui&mdash;; hablemos.... Necesitamos
+distraernos, charlar... como esta tarde.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, &iexcl;esta tarde estaba usted de tan buen humor!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted?</p>
+
+<p>&mdash;El calor me agobiaba. Nuestra casa de Le&oacute;n es muy fresca: yo soy mucho
+m&aacute;s sensible al calor que al fr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Habr&aacute; usted tomado con gusto el lavatorio y las palanganas.... Parece
+que se revive, al lavarse despu&eacute;s de un viaje.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero...&mdash;Luc&iacute;a se interrumpi&oacute;&mdash;. Me faltaba una cosa muy esencial.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; cosa? Colonia, de fijo.... &iexcl;yo me olvid&eacute; de traerla a usted mi
+neceser!</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or... el ba&uacute;l, donde viene la ropa blanca.... No pude mudarme.</p>
+
+<p>Artegui se levant&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no lo dijo usted antes?, &iexcl;justamente estamos en el pueblo
+donde se equipan las novias espa&ntilde;olas! Vuelvo pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero.... &iquest;ad&oacute;nde va usted?</p>
+
+<p>&mdash;A traerla a usted un par de mudas.... Debe usted de estar en un potro
+con esa ropa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or de Artegui, por Dios!, yo abuso de usted; aguarde....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no se viene usted conmigo a elegirlas?</p>
+
+<p>Y Artegui present&oacute; a Luc&iacute;a su toca.</p>
+
+<p>Los escr&uacute;pulos de la ni&ntilde;a se volaron como un bando de asustadas
+codornices, y algo vergonzosa, pero m&aacute;s contenta, se colg&oacute; del brazo de
+Artegui prontamente.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos las calles, &iquest;verdad?&mdash;exclam&oacute; entusiasmada.</p>
+
+<p>Y al bajar despacio los encerados y resbaladizos escalones, dijo con un
+resto de encogimiento y meticulosidad provinciana:</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto, se&ntilde;or de Artegui, que mi marido le abonar&aacute; a usted todos
+estos gastos....</p>
+
+<p>Artegui, sonriendo, la sostuvo mejor en el brazo, y di&eacute;ronse a andar por
+Bayona tan cordiales como si en toda su vida otra cosa hubiesen hecho.
+La noche era digna del d&iacute;a: en el cielo de aterciopelado azul
+centelleaban claras y vivas las estrellas; el gas de las innumerables
+tiendas con que Bayona explota la vanidad de los espa&ntilde;oles pudientes y
+trashumantes, pon&iacute;a a las obscuras manzanas de casas un collar de luz, y
+en los escaparates se luc&iacute;an, con todos los tonos de la escala
+crom&aacute;tica, telas ricas, porcelanas y bronces caprichosos, opulentas
+joyas. Caminaba la pareja silenciosa, a paso igual y r&iacute;tmico, midiendo
+Artegui su andar largo y varonil por el paso m&aacute;s corto de Luc&iacute;a. En las
+calles la gente circulaba de prisa, animada, como el que va a algo que
+le interesa: no con esa lentitud de los espa&ntilde;oles que se pasean por
+tomar el aire y matar el tiempo. Ante los caf&eacute;s, las mesas al aire libre
+ten&iacute;an mucho parroquiano, porque la templada atm&oacute;sfera lo consent&iacute;a; y
+bajo la claridad fuerte de los reverberos bull&iacute;an los mozos sirviendo
+cerveza, caf&eacute; o bavaresa de chocolate, y el humo de los cigarros, y el
+crujir de los peri&oacute;dicos que desdoblaban, y las conversaciones, y el
+sonido seco de las fichas del domin&oacute; dando contra el m&aacute;rmol, llenaban de
+vida aquel trozo de acera. De pronto Artegui, al volver una esquina, se
+meti&oacute; en una tienda no muy ancha, cuyo escaparate ocupaban casi por
+entero dos luengos peinadores salpicados de cascadas de encaje y lazos
+de cinta azul el uno, rosa el otro. Dentro, era una exhibici&oacute;n de
+cuantos objetos componen el tocado &iacute;ntimo del ni&ntilde;o y la mujer. Las
+camisas presentaban coquetonamente el adornado escote, ocultando la lisa
+falda; los pantalones estiraban, sim&eacute;tricas y unidas, una y otra pierna;
+las chambras tend&iacute;an los brazos, las batas inclinaban el cuerpo con
+graciosa laxitud.</p>
+
+<p>El blanco suave y eb&uacute;rneo de las puntillas contrastaba con el candor de
+yeso del madapol&aacute;n. Alguna cofia de ma&ntilde;ana, colocada sobre un pie de
+palo torneado, lanzaba un toque de colores vivos, de seda y oro, entre
+las alburas que cubr&iacute;an aquel recinto como una capa de nieve.</p>
+
+<p>Hablaba espa&ntilde;ol la due&ntilde;a de la tienda, semejante en esto a la mayor&iacute;a de
+los comerciantes de Bayona; y al pedirle Luc&iacute;a dos juegos de ropa
+blanca, aprovech&oacute; sus conocimientos en la lengua de Cervantes para
+tratar de embarcarla en m&aacute;s compras. Tomando a Luc&iacute;a y a Artegui por
+reci&eacute;n casados, se puso lisonjera, insinuante, pesad&iacute;sima, y se empe&ntilde;&oacute;
+en ense&ntilde;arles un equipo completo, barato, de lo m&aacute;s distinguido; ech&oacute;
+sobre el mostrador brazadas de prendas, una marea de randas, de
+bordados, de cintas y de batista. No contenta con lo cual, y viendo que
+Luc&iacute;a, semianegada en olas de lino, hac&iacute;a signos negativos con cabeza y
+manos, toc&oacute; otro resorte y trajo enormes cajas de cart&oacute;n, que,
+destapadas, mostraron encerrar gorritas microsc&oacute;picas, pa&ntilde;ales de
+franela festoneados menudamente, capas de merino y de piqu&eacute;, faldones
+inveros&iacute;milmente largos, y otras menudencias que arrebataron a Luc&iacute;a la
+sangre al rostro.</p>
+
+<p>Artegui puso fin al ataque pagando los juegos elegidos y dando las se&ntilde;as
+del hotel para que se enviasen.</p>
+
+<p>Libres ya, salieron; pero Luc&iacute;a, enamorada de la hermosura y sosiego de
+la noche, se mostr&oacute; deseosa de prolongar algo m&aacute;s el paseo.</p>
+
+<p>Volvieron a cruzar ante los iluminados caf&eacute;s, bordearon el teatro y
+tomaron hacia el puente, a tales horas casi solitario. Las luces de la
+ciudad se reflejaban tr&eacute;mulas en el dormido seno del Adour.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo brillan las estrellas!&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>Y tirando repentinamente del brazo a Artegui para que se detuviese:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es&mdash;pregunt&oacute;&mdash;aquella que brilla tanto?</p>
+
+<p>&mdash;Se llama J&uacute;piter. Es un planeta de nuestro sistema.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bonita y qu&eacute; resplandeciente! Algunas parece que tienen fr&iacute;o, que
+tiemblan al brillar, y otras se est&aacute;n quietas, como si nos mirasen.</p>
+
+<p>&mdash;Son, en efecto, las estrellas fijas.... &iquest;Ve usted esa faja de luz que
+cruza el cielo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso que parece una cinta de gasa de plata, muy ancha?</p>
+
+<p>&mdash;Es la V&iacute;a L&aacute;ctea: un conjunto de estrellas, tantas en n&uacute;mero, que la
+imaginaci&oacute;n no puede concebirlas siquiera. Nuestro sol es una hormiga de
+ese hormiguero, una de esas estrellas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El sol... es una estrella?&mdash;interrog&oacute; asombrada la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Una estrella fija. Nosotros damos vueltas en torno de ella como locos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, qu&eacute; gusto es saber todo esto! En el colegio no nos ense&ntilde;an ni
+jota de esas cosas, y se re&iacute;a de m&iacute; Do&ntilde;a Romualda cuando le dije que iba
+a preguntarle al Padre Urtazu (que siempre est&aacute; mirando al cielo con un
+catalejo muy largo) lo que son las estrellas y el sol y la luna.</p>
+
+<p>Artegui torci&oacute; a la derecha, siguiendo el malec&oacute;n, mientras explicaba a
+Luc&iacute;a esas nociones elementales astron&oacute;micas, que parecen novela
+celeste, cuento fant&aacute;stico escrito con letras de lumbre sobre hojas de
+zafiro. La ni&ntilde;a, embelesada, miraba tan pronto a su acompa&ntilde;ante, como al
+firmamento apacible. Sobre todo, la magnitud y cantidad de los astros la
+confund&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; grande es el cielo! Santo Dios de bondad; si as&iacute; es el material,
+el visible, &iexcl;c&oacute;mo ser&aacute; el Emp&iacute;reo, donde est&aacute;n la Virgen, los &aacute;ngeles y
+los santos!</p>
+
+<p>Artegui sacudi&oacute; la cabeza, e inclin&aacute;ndose hacia Luc&iacute;a, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le parece a usted del aspecto de esas estrellas? Cualquiera dir&iacute;a
+que est&aacute;n tristes. &iquest;No es verdad que su centellear las hace muy
+semejantes a una pupila que vierte l&aacute;grimas?</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute;n tristes&mdash;respondi&oacute; Luc&iacute;a&mdash;; est&aacute;n pensativas, que es cosa muy
+diferente. Meditan &iexcl;y no les falta en qu&eacute;! sin ir m&aacute;s lejos, en Dios,
+que las cri&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Meditar! Lo mismo meditan ellas que ese puente o esos barcos. El
+<i>privilegio</i> de la meditaci&oacute;n&mdash;Artegui subray&oacute; amargamente la palabra
+<i>privilegio</i>&mdash;est&aacute; reservado al hombre, rey de los seres. Y si en esas
+estrellas existen&mdash;como no puede menos&mdash;hombres dotados de todas las
+inmunidades y franquicias humanas &iexcl;esos s&iacute; que meditar&aacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted cree que habr&aacute; hombres en esos luceros? &iquest;Ser&aacute;n como nosotros,
+se&ntilde;or de Artegui? &iquest;Comer&aacute;n? &iquest;Beber&aacute;n? &iquest;Andar&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Lo ignoro. Una sola cosa puedo asegurarle a usted de ellos; pero esa,
+con pleno conocimiento y entera certeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?&mdash;interrog&oacute; la ni&ntilde;a curiosamente, mirando, a la vaga luz de los
+astros, el rostro descolorido de Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;Que sufrir&aacute;n como nosotros sufrimos&mdash;contest&oacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo lo sabe usted?&mdash;murmur&oacute; ella impresionada por aquel hondo
+acento&mdash;. Pues a m&iacute; se me figura que en las estrellas, que son tan
+bonitas y lucen tanto, no ha de haber penas, ni ri&ntilde;as, ni muertes, como
+ac&aacute;.... &iexcl;Si all&iacute; debe de ser la gloria!&mdash;afirm&oacute; alzando la mano, para
+se&ntilde;alar al refulgente globo de J&uacute;piter.</p>
+
+<p>&mdash;El dolor es la ley universal, aqu&iacute; como all&iacute;&mdash;dijo Artegui, mirando
+fijamente al Adour, que corr&iacute;a, negro y silencioso, a sus pies.</p>
+
+<p>Poco m&aacute;s departieron, hasta volverse al hotel. Hay conversaciones que
+despiertan pensamientos profundos y tras de las cuales pega mejor el
+silencio que palabras fr&iacute;volas. Luc&iacute;a, quebrantados los huesos, sin
+saber por qu&eacute;, se afianzaba fuertemente en el brazo de Artegui, y &eacute;l
+andaba despacio, con su aire de indiferencia. Las &uacute;ltimas frases del
+di&aacute;logo fueron casi desapacibles, casi hostiles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; hora llega el tren de ma&ntilde;ana?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a de pronto.</p>
+
+<p>&mdash;El primero, a las cinco o cosa as&iacute;.</p>
+
+<p>La voz de Artegui era seca y dura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Iremos a esperarlo, a ver si viene el se&ntilde;or de Miranda?</p>
+
+<p>&mdash;Ir&aacute; usted si gusta, se&ntilde;ora; en cuanto a m&iacute;, perm&iacute;tame usted que me
+niegue.</p>
+
+<p>Tan agrio era el tono de la respuesta, que Luc&iacute;a se qued&oacute; sin saber qu&eacute;
+decir.</p>
+
+<p>&mdash;Van mozos del hotel&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Artegui&mdash;con usted, o sin usted, a esperar
+a los trenes. No necesita darse el madrug&oacute;n... a no ser que su ternura
+conyugal sea tan viva....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a baj&oacute; la frente y se le encendi&oacute; la faz, como si un hierro hecho
+ascua le aproximasen. Al entrar en el hotel, la due&ntilde;a se acerc&oacute; a ellos;
+su sonrisa, avivada por la curiosidad, era a&uacute;n m&aacute;s complaciente y
+obsequiosa que antes. Les explic&oacute; que hab&iacute;a olvidado un requisito:
+preguntar el nombre del se&ntilde;or y de la se&ntilde;ora y su pa&iacute;s, para apuntarlo
+en la lista de viajeros.</p>
+
+<p>&mdash;Ignacio Artegui, madame de Miranda, espa&ntilde;oles&mdash;declar&oacute; Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;Si el se&ntilde;or tuviese una tarjeta&mdash;os&oacute; decir la hostelera.</p>
+
+<p>Artegui entreg&oacute; el pedazo de cartulina, y la fondista se deshizo en
+cortes&iacute;as y cumplimientos, cual si implorase perd&oacute;n por aquella f&oacute;rmula.</p>
+
+<p>&mdash;Har&aacute; usted&mdash;orden&oacute; Ignacio&mdash;que al esperar ma&ntilde;ana al tren de Espa&ntilde;a,
+pregunten por <i>monsieur</i> Aurelio Miranda.... &iexcl;no se olvide usted! que le
+digan que <i>madame</i> est&aacute; aqu&iacute; en este hotel, sin novedad, y que le
+aguarda.... &iquest;Entendido?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Parfait</i>&mdash;contest&oacute; la francesa.</p>
+
+<p>Di&eacute;ronse las buenas noches Luc&iacute;a y Artegui en el umbral de sus
+respectivos cuartos. Luc&iacute;a, al desnudarse, vio sobre la mesa los
+paquetes de sus compras de ropa blanca. Se mud&oacute; con delicia, y acostose
+creyendo dormir como una bienaventurada, a semejanza de la noche
+anterior. Mas no goz&oacute; de tan regalado reposo, sino de un sue&ntilde;o inquieto
+y desigual. Acaso la novedad del lecho, su propia blandura, hicieron en
+Luc&iacute;a el efecto que suelen hacer en las personas habituadas a la vida
+mon&aacute;stica, de quienes se puede decir con parad&oacute;jica exactitud que la
+comodidad les incomoda.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2>
+
+
+<p>Al despertar a Luc&iacute;a con un bol de caf&eacute; con leche, diole la camarera,
+por primer noticia, la de que <i>monsieur</i> Miranda no hab&iacute;a venido en el
+tren de Espa&ntilde;a. Salt&oacute; del lecho, y se visti&oacute; en un decir Jes&uacute;s, tratando
+de reanudar sus dispersos recuerdos, y mirando la habitaci&oacute;n con la
+sorpresa que suelen los que, no habiendo viajado nunca, amanecen en
+lugar desacostumbrado y nuevo. Mir&oacute; al reloj de sobremesa: eran las
+ocho. Sali&oacute; al pasillo, y tecle&oacute; suaves golpecitos en la puerta del
+cuarto de Artegui.</p>
+
+<p>Estaba &eacute;ste en mangas de camisa, terminando sus operaciones de tocador,
+y al o&iacute;r que llamaban, enjugose aprisa manos y rostro, se ech&oacute; por los
+hombros la americana y fue a abrir.</p>
+
+<p>&mdash;Don Ignacio... buenos d&iacute;as. &iquest;Estorbo?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto. Entre usted, si gusta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted vestido ya?</p>
+
+<p>&mdash;O poco menos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted que no vino el se&ntilde;or de Miranda?</p>
+
+<p>&mdash;Ya me lo han advertido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me dice usted de eso? &iquest;No es una cosa muy rara?</p>
+
+<p>Ignacio no contest&oacute;. Comenzaba, en efecto, a parecerle algo y aun algos
+extra&ntilde;a la conducta de aquel reci&eacute;n casado, que as&iacute; abandonaba a su
+mujer la noche de novios, dej&aacute;ndola en un vag&oacute;n de ferrocarril. Por
+fuerza alg&uacute;n incidente desagradable, imprevisto, hab&iacute;a ocurrido al
+Miranda inc&oacute;gnito, cuyo destino, por singular caso, influ&iacute;a as&iacute; en el
+suyo de cuarenta y ocho horas ac&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Voy&mdash;dijo&mdash;a telegrafiar a todas partes, a las principales estaciones
+de la l&iacute;nea, a Alsasua, a.... &iquest;quiere usted que telegraf&iacute;e a Le&oacute;n, a su
+padre de usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios nos libre!&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a&mdash;; capaz es de tomar el tren para
+venir a buscarme, y de ahogarse en el camino con el asma... y con el
+disgusto. No, no.</p>
+
+<p>&mdash;De todas suertes, voy a dar los pasos..</p>
+
+<p>Y Artegui embuti&oacute; los brazos en los de su americana, y ech&oacute; mano al
+sombrero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Va usted a salir?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted algo m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted... sabe usted que ayer era s&aacute;bado y que hoy es domingo?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; suele suceder todas las semanas&mdash;contest&oacute; Artegui con afable
+burla.</p>
+
+<p>&mdash;No me entiende usted.</p>
+
+<p>&mdash;Pues expl&iacute;quese. &iquest;Qu&eacute; se le ocurre?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; se me ha de ocurrir sino ir a misa como todo el mundo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute; Artegui. Y despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: Pues es cierto. Y quiere
+usted....</p>
+
+<p>&mdash;Que usted me acompa&ntilde;e. No he de ir sola a misa, me parece.</p>
+
+<p>Sonriose Artegui una vez m&aacute;s, y la ni&ntilde;a repar&oacute; cu&aacute;n de perlas ca&iacute;a la
+sonrisa en aquel rostro, apagado y t&eacute;trico de ordinario. Era como la
+aurora cuando pinta de rosa los pardos montes; como el rayo del sol
+cuando rasga los crespones de un d&iacute;a brumoso. Viv&iacute;an los ojos, viv&iacute;an
+las mejillas sumidas y p&aacute;lidas, renac&iacute;a la juventud en aquel semblante
+marchito por tribulaciones misteriosas, y empa&ntilde;ado por perpetuos celajes
+obscuros.</p>
+
+<p>&mdash;Deb&iacute;a usted estar siempre risue&ntilde;o, Don Ignacio&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a&mdash;.
+Aunque&mdash;a&ntilde;adi&oacute; reflexionando&mdash;del otro modo se parece usted m&aacute;s a usted.</p>
+
+<p>Artegui, risue&ntilde;o y sol&iacute;cito, le ofreci&oacute; el brazo, pero ella no quiso
+cogerse. Al llegar a la calle anduvo muy callada, con los ojos bajos,
+echando de menos la protectora sombra del negro velo de su manto de
+encaje, que le cubr&iacute;a las mejillas, d&aacute;ndole tan modesto porte, cuando en
+Le&oacute;n cruzaba bajo las b&oacute;vedas medio derruidas y llenas de andamiaje de
+la catedral. La de Bayona le pareci&oacute; linda como un dije de filigrana;
+pero no pudo o&iacute;r en ella tan devotamente la misa: se lo estorbaba la
+pulcritud esmerada del templo, semejante a caja primorosa; los colores
+vivos de las figuras neobizantinas pintadas sobre oro en el crucero, o
+la novedad de aquel coro descubierto, de aquel tabern&aacute;culo aislado y sin
+retablo, el moverse de los reclinatorios, el circular de las
+alquiladoras de sillas. Parec&iacute;ale estar en un templo de culto diverso
+del que ella profesaba. Una Virgen blanca, con filetes de oro en el
+manto, que presentaba el divino infante en una de las capillas de la
+nave, la tranquiliz&oacute; algo. All&iacute; rez&oacute; buena porci&oacute;n de salves, deshoj&oacute;
+las rosas sangrientas del rosario, los m&iacute;sticos lirios de la letan&iacute;a.
+Sali&oacute; del templo con ligero paso y alegre coraz&oacute;n. Lo primero que vio a
+la puerta fue a Artegui, contemplando con inter&eacute;s la g&oacute;tica forma de la
+portada.</p>
+
+<p>&mdash;Ya he puesto cantidad de telegramas a las diversas estaciones,
+se&ntilde;ora&mdash;dijo descubri&eacute;ndose cort&eacute;smente al verla&mdash;. En especial a la m&aacute;s
+importante, Miranda de Ebro. Me he tomado la libertad de firmar con su
+nombre de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... pero &iquest;qu&eacute;? &iquest;no oy&oacute; usted misa? exclam&oacute; la ni&ntilde;a mir&aacute;ndole
+atenta al rostro.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora. Vengo, como le he dicho a usted, de la oficina de
+tel&eacute;grafos&mdash;contest&oacute; &eacute;l evasivamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dese usted prisa si quiere alcanzarla. En este mism&iacute;simo instante
+sal&iacute;a el sacerdote revestido....</p>
+
+<p>Contrajose levemente la faz de Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;No oigo misa&mdash;repuso entre grave y chancero&mdash;. A menos que usted
+manifestase formal empe&ntilde;o... en cuyo caso....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No o&iacute;r misa!&mdash;pronunci&oacute; la ni&ntilde;a, y vel&oacute; sus pupilas el asombro, y
+turbose toda&mdash;. &iquest;Y por qu&eacute; no oye usted misa? &iquest;No es usted cristiano?</p>
+
+<p>&mdash;Supongamos que no lo fuese&mdash;balbuci&oacute; &eacute;l muy quedo, como reo que
+confiesa su crimen ante el juez, y meneando melanc&oacute;licamente la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues qu&eacute; es usted.... Dios m&iacute;o!</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a cruz&oacute; acongojada las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que el Padre Urtazu llamar&iacute;a... un incr&eacute;dulo.</p>
+
+<p>&iexcl;Ah!&mdash;grit&oacute; ella con &iacute;mpetu&mdash;. El Padre Urtazu dir&iacute;a que son unos
+malvados los incr&eacute;dulos todos.</p>
+
+<p>&mdash;Pudiera a&ntilde;adir el Padre Urtazu que todav&iacute;a son m&aacute;s infelices.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;replic&oacute; Luc&iacute;a tr&eacute;mula a&uacute;n, como arbusto sacudido por el
+cierzo&mdash;. Es verdad: todav&iacute;a m&aacute;s infelices. El Padre Urtazu no dir&iacute;a, de
+seguro, otra cosa. &iexcl;Y tan infelices como son! &iexcl;Madre m&iacute;a del Rosario!</p>
+
+<p>Inclin&oacute; la ni&ntilde;a la pensativa frente, y quedose anodada, aturdida por el
+golpe repentino. El sentimiento religioso, dormido hasta entonces, con
+todos los dem&aacute;s, en el fondo de su alma pl&aacute;cida y serena, despert&aacute;base
+potente al impensado choque. Iban mezcladas dos sensaciones: de punzante
+l&aacute;stima la una, de terror y repulsi&oacute;n la otra. Quer&iacute;a apartarse
+espantada de Artegui, y aun se derret&iacute;an de compasi&oacute;n sus entra&ntilde;as s&oacute;lo
+al mirarlo. La gente sal&iacute;a de misa; vert&iacute;a el p&oacute;rtico ondas y ondas
+humanas, y Luc&iacute;a, en pie, no acertaba a separarse de aquella catedral,
+erguida y blanca como una m&aacute;rtir cristiana en el circo. Le present&oacute;
+Artegui en silencio el brazo, y ella, dudosa al pronto, acept&oacute; por fin,
+caminando ambos autom&aacute;ticamente en direcci&oacute;n al hotel. La ma&ntilde;ana, un
+tanto encapotada, promet&iacute;a temperatura menos c&aacute;lida y m&aacute;s grata que la
+de la v&iacute;spera. Corr&iacute;a regalado fresquecillo, y tras del celaje brumoso
+adivin&aacute;base la sonrisa del sol, como suele columbrarse el amor al trav&eacute;s
+del enojo.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; usted triste, Lucia&mdash;dijo Artegui a la ni&ntilde;a afectuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco, Don Ignacio&mdash;y Luc&iacute;a arranc&oacute; del pecho doliente suspiro&mdash;. Y
+usted tiene la culpa&mdash;a&ntilde;adi&oacute; en blando son de amenaza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?</p>
+
+<p>&mdash;Usted, s&iacute;. &iquest;Por qu&eacute; dice usted esas tonter&iacute;as que no pueden ser?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no pueden ser?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. &iquest;C&oacute;mo es posible que no sea usted cristiano? Vamos, que no
+dice usted lo que siente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le importa a usted eso, Luc&iacute;a?&mdash;exclam&oacute; &eacute;l, llam&aacute;ndola segunda
+vez por su nombre&mdash;. &iquest;Es usted acaso el Padre Urtazu? &iquest;Soy yo alguien
+que a usted le interese o le importe? &iquest;Le han de pedir a usted cuenta de
+mi alma en alg&uacute;n tribunal? &iexcl;Ni&ntilde;a!, eso a usted no le va ni le viene.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No que no! &iexcl;Vaya, Don Ignacio, que hoy est&aacute; usted de lo m&aacute;s... de lo
+m&aacute;s desatinado! &iexcl;Que no me ha de importar a m&iacute; que usted se condene o se
+salve, que usted sea cristiano o jud&iacute;o!</p>
+
+<p>&mdash;Jud&iacute;o... lo que es jud&iacute;o no lo soy&mdash;respondi&oacute; Artegui, tratando de dar
+al di&aacute;logo giro festivo.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo mismo... renegar de Cristo es ser jud&iacute;o en suma.</p>
+
+<p>&mdash;Dej&eacute;monos de eso, Luc&iacute;a; no quiero verla a usted con ese gesto; &iexcl;se
+pone usted fea!&mdash;dijo en tono desahogado &eacute;l, aludiendo por vez primera a
+las condiciones f&iacute;sicas de Luc&iacute;a&mdash;. &iquest;Qu&eacute; desea usted ahora? &iquest;Quiere
+usted que la lleve a ver alguna curiosidad de este pueblo? &iquest;El hospital?
+&iquest;Los fuertes?</p>
+
+<p>Hablaba afable cual nunca, y Luc&iacute;a se aplac&oacute;, como las crespas olas al
+cubrirlas capa de aceite.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No podr&iacute;amos salir a dar una vuelta por el campo? Me muero por los
+&aacute;rboles.</p>
+
+<p>Artegui torci&oacute; hacia el teatro, ante cuyo p&oacute;rtico aguardaban dos o tres
+cochecillos de los llamados cestos. Hizo breve se&ntilde;a al m&aacute;s pr&oacute;ximo, y el
+auriga vasco, alzando su fusta, halag&oacute; con ella el anca de las tarbesas
+jaquitas, que, la cerviz enhiesta, se prepararon a arrancar. Salt&oacute;
+Luc&iacute;a, recost&aacute;ndose en el ligero veh&iacute;culo, y Artegui se acomod&oacute; a su
+lado, ordenando:</p>
+
+<p>&mdash;Camino de Biarritz.</p>
+
+<p>Sali&oacute; el carruaje veloz como un dardo, y Luc&iacute;a cerr&oacute; los ojos, gozando
+en no pensar, en sentir las r&aacute;pidas caricias del viento, que echaba
+atr&aacute;s las puntas de su corbata, los und&iacute;vagos mechones de su cabellera.
+Pintoresco y ameno, el camino merec&iacute;a, no obstante, una mirada. Eran
+cultivadas tierras, casas de placer con picudos techos, parques ingleses
+de fresco c&eacute;sped y menuda grama, amarillenta ya, como de oto&ntilde;o. Al
+divisar torcida vereda que, desvi&aacute;ndose de la carretera, culebreaba por
+entre los sembrados, detuvo Artegui con un grito al cochero, y dio a
+Luc&iacute;a la mano para que descendiese. Busc&oacute; el vasco el abrigo de unas
+tapias donde parar sin riesgo el sudoroso tronco, y Artegui y Luc&iacute;a se
+internaron a pie siguiendo el senderito, ella delante, recobrada su
+alegr&iacute;a infantil, su gozar inocente en el cansancio del cuerpo. La
+cautivaba todo, las flores del tr&eacute;bol, que salpicaban de una lluvia de
+pintas carmes&iacute;es el verdinegro campo; las manzanillas tard&iacute;as y los
+acianos p&aacute;lidos en las lindes, las digitales que cog&iacute;a risue&ntilde;a
+haci&eacute;ndolas estallar con las dos manos, los rizados airones del apio,
+las acogolladas coles, puestas en fila, separada cada fila por un surco,
+semejante a una trinchera. La tierra, de puro labrada, abonada,
+removida, ten&iacute;a no s&eacute; qu&eacute; aspecto de decrepitud. Sus poderosos flancos
+parec&iacute;an gemir, sudando una humedad viscosa y tibia, mientras en los
+linderos incultos, al borde del caminillo, quedaban a&uacute;n rincones
+v&iacute;rgenes, donde a placer crec&iacute;an las bellas superfluidades campestres,
+las gramineas vaporosas, las florecillas multicolores, los agudos
+cardos.</p>
+
+<p>No cabiendo juntos por la angosta senda, iban Lucia y Artegui uno tras
+otro, si bien Artegui a veces se echaba a campo traviesa, sin gran
+respeto de la ajena propiedad. Detuvo al fin la ni&ntilde;a su indisciplinada
+carrera al pie de espesos mimbrales, que, creciendo al borde de un
+pantano, sombreaban pendiente ribazo muy mullido de hierba, y desde el
+cual se oteaba todo el paisaje recorrido. Dej&aacute;ronse caer en el natural
+div&aacute;n, y vieron tenderse ante ellos la vega, como remendada de varios
+colores, seg&uacute;n eran los de las verduras que en cada heredad se
+cultivaban. En la blanca cinta de la carretera distinguieron un punto
+negro: el cesto con las jacas. No picaba el sol; su luz se cern&iacute;a por un
+velo de nubes, y la campi&ntilde;a ten&iacute;a tonos mates, verdes glaucos,
+amarilleces areniscas, lejan&iacute;as delicadamente cenicientas, suaves
+matices que se copiaban en la ci&eacute;naga tranquila.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es muy hermoso, Don Ignacio&mdash;dijo Luc&iacute;a por decir algo, pues
+pesaba sobre su alma el silencio, la soledad profunda del lugar&mdash;. &iquest;No
+le gusta a usted?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que me gusta&mdash;contest&oacute; Artegui distra&iacute;damente.</p>
+
+<p>&mdash;Bien que a usted parece que no le gusta nada.... Siempre est&aacute; usted
+como cansado... es decir, cansado no, es m&aacute;s bien triste. Mire
+usted&mdash;sigui&oacute; la ni&ntilde;a, asiendo de un flexible mimbre y divirti&eacute;ndose en
+coronarse con la obediente rama&mdash;, &iexcl;a que no es usted capaz de creer que
+su tristeza se me va pegando, y que tambi&eacute;n yo me hallo as&iacute;... no s&eacute;
+c&oacute;mo, preocupada, vamos! Diera... lo que no s&eacute; por verle contento y...
+natural, como son todos los hombres. Usted no tiene el mirar ni la cara
+como los dem&aacute;s, Don Ignacio.</p>
+
+<p>&mdash;Pues viceversa&mdash;respondi&oacute; &eacute;l&mdash;; a m&iacute; se me comunica su alegr&iacute;a de
+usted, y a veces a&uacute;n gasto mejor humor del que usted misma gastar&iacute;a.
+Tambi&eacute;n el j&uacute;bilo es contagioso.</p>
+
+<p>D&iacute;jolo atrayendo a s&iacute; otra rama de mimbre que descortez&oacute; con las u&ntilde;as,
+arrojando las tiras de pel&iacute;cula tierna al pantano, y mirando fijamente
+los c&iacute;rculos que en el agua abr&iacute;an al caer.</p>
+
+<p>&mdash;Claro est&aacute; que s&iacute;&mdash;afirm&oacute; Luc&iacute;a&mdash;. Y si usted quisiera ser franco, si
+usted se decidiese a... confiarme lo que as&iacute; le aflige, ver&iacute;a c&oacute;mo en un
+santiam&eacute;n le disipaba yo esa sombra que tiene en la cara. No s&eacute; por qu&eacute;
+se me figura que tanta seriedad, tanto ce&ntilde;o, tanto caimiento de animo,
+no nace de que usted sea desdichado de veras, sino all&aacute; de.... &iexcl;qu&eacute; s&eacute;
+yo!, de ni&ntilde;er&iacute;as, de ideas sin ton ni son que le bullen a usted en los
+cascos. &iquest;A que acert&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Tan plenamente&mdash;exclam&oacute; Artegui soltando la rama de mimbre y asiendo
+la mano de la ni&ntilde;a&mdash;, que ahora me confirmo en creer que los seres puros
+poseen cierta presciencia, cierta intuici&oacute;n maravillosa y singular&iacute;sima,
+negada a los que conocemos, en cambio, el triste misterio del vivir.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, seria e inmutada, miraba a su compa&ntilde;ero de viaje.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo ve usted!&mdash;acert&oacute; a pronunciar por fin, buscando en los &aacute;ngulos de
+su boca la sonrisa, y hall&aacute;ndola a duras penas&mdash;. De modo que ya pasaron
+todas esas ideas sin fundamento, que son como los castillos de naipes
+que me hac&iacute;a padre siendo yo chiquita; soplaba, y, &iexcl;patat&aacute;s!, al suelo.</p>
+
+<p>&mdash;En eso yerra usted, hija&mdash;dijo Artegui solt&aacute;ndole la mano con uno de
+sus l&aacute;nguidos movimientos de aut&oacute;mata&mdash;. Es lo contrario lo que sucede.
+Cuando nace y se engendra la tristeza de alguna causa, puede desaparecer
+si la causa cesa; pero si la tristeza brota espont&aacute;neamente como esas
+malas hierbas y esos juncos que usted ve al borde del pantano; si est&aacute;
+en nosotros; si forma la esencia de nuestro ser mismo; si no se
+encuentra aqu&iacute; ni all&iacute; solamente, sino en todas partes; si ninguna cosa
+de la tierra alcanza a darle alivio, entonces... cr&eacute;ame usted, ni&ntilde;a, el
+enfermo est&aacute; desahuciado. No hay esperanza.</p>
+
+<p>Hablaba sonriente, pero era su sonrisa semejante a la luz que alumbra un
+nicho.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, sepamos...&mdash;interrog&oacute; Luc&iacute;a a pesar suyo con angustiosa y febril
+curiosidad&mdash;. &iquest;Pesa sobre usted alguna desdicha? &iquest;Alguna pena grande?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna de las que el mundo llama tales.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted familia... que le quiera?</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre me adora.... &iexcl;y si no fuese por ella!&mdash;declar&oacute; Artegui
+abandon&aacute;ndose, como mal de su grado, a la dulce corriente de la
+confianza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su padre de usted?</p>
+
+<p>&mdash;Muri&oacute; a&ntilde;os ha. Era vascongado, emigrado carlista, hombre de grande
+energ&iacute;a, de muchos &aacute;nimos: intern&aacute;ronle en Francia, viose pobre y solo,
+trabaj&oacute; como se hab&iacute;a batido... como un le&oacute;n, hasta llegar a poder
+establecer una vasta agencia de comercio, enriquecerse, adquirir en
+Par&iacute;s casa propia, y casarse con mi madre, que es de una familia
+distinguida de Breta&ntilde;a, legitimista tambi&eacute;n. No tuvieron m&aacute;s hijo que
+yo: me adoraron, sin descuidar mi educaci&oacute;n ni excederse en mimos y
+locuras; estudi&eacute;, vi mundo; dije que quer&iacute;a viajar, y me abri&oacute; mi madre
+su bolsa anchamente; tuve, hombre ya, alg&uacute;n capricho, muchos caprichos,
+y se cumplieron. He visto los Estados Unidos y el Oriente, sin hablar de
+Europa; paso los inviernos en Par&iacute;s, y los veranos suelo visitar Espa&ntilde;a;
+mi salud es buena y no soy viejo. Ya ve usted que soy lo que suele la
+gente denominar... un mimado de la fortuna, un hombre feliz.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto&mdash;dijo Luc&iacute;a&mdash;; pero &iexcl;qui&eacute;n sabe si por eso mismo estar&aacute;
+usted as&iacute;! He o&iacute;do decir que para que el pan sepa bien hay que ganarlo:
+verdad que yo no lo gano, y hasta ahora no me amarg&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Tiempo hubo&mdash;murmur&oacute; Artegui como respondi&eacute;ndose a s&iacute; mismo&mdash;en que
+cre&iacute; proven&iacute;a mi indiferencia de la seguridad de mi vida, y en que dese&eacute;
+deberme a m&iacute; mismo, a m&iacute; solo, el subsistir. Dos a&ntilde;os rehus&eacute; los
+auxilios de mis padres, y, entrando en calidad de socio industrial en
+una gran empresa, dime a trabajar con ardor. Gan&eacute; m&aacute;s de lo necesario;
+me segu&iacute;a, como rendida amante, la suerte; pero aquella especulaci&oacute;n sin
+tregua ni entra&ntilde;as me provocaba n&aacute;useas, y quise probar alguna labor en
+que entendimiento y cuerpo fuesen unidos, y en que la ganancia no
+alcanzase m&aacute;s que a no dejarme morir de hambre. Estudi&eacute; la medicina, y,
+aprovechando la guerra que a la saz&oacute;n ard&iacute;a en el Norte de Espa&ntilde;a, vine
+al cuartel de Don Carlos. El nombre de mi padre me abri&oacute; todas las
+puertas y me dediqu&eacute; a ejercer en los hospitales....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Fue entonces cuando cur&oacute; usted a Sardiola?</p>
+
+<p>&mdash;Exactamente. Ten&iacute;a el pobre diablo un metrallazo horrible: partida la
+mejilla, interesada la mand&iacute;bula, y desangr&aacute;ndose a m&aacute;s andar por la
+arteria. Una cura dif&iacute;cil, pero afortunad&iacute;sima. Muchas hice entonces, y
+fue aquel el tiempo en que menos me acos&oacute; el cansancio moral. Pero en
+cambio....</p>
+
+<p>Artegui se detuvo, temeroso de proseguir.</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted, diga usted&mdash;interrog&oacute; Luc&iacute;a ansiosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para qu&eacute;, se&ntilde;ora! &iquest;para qu&eacute;? Ni s&eacute; por qu&eacute; le he contado a usted ya
+tantas cosas rid&iacute;culas, y para usted, probablemente, ininteligibles...
+como son los sue&ntilde;os del demente para los cuerdos.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or&mdash;declar&oacute; Luc&iacute;a ofendida&mdash;; le entiendo a usted muy bien, y
+en prueba de ello voy a adivinar eso que se call&oacute;. &iexcl;Ver&aacute; usted que
+s&iacute;!&mdash;grit&oacute;, cuando Artegui hubo meneado sonriendo la cabeza&mdash;. Usted se
+aburri&oacute; menos en esa temporada en que fue m&eacute;dico de afici&oacute;n; pero en
+cambio... con ver tanto muerto, y tanta sangre, y tanta barbaridad, a&uacute;n
+se volvi&oacute; usted m&aacute;s... m&aacute;s jud&iacute;o que antes. &iquest;No es as&iacute;? &iquest;Di o no di en
+ello?</p>
+
+<p>Artegui la mir&oacute;, y con mudo asombro frunci&oacute; el entrecejo sin replicar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y quiere usted que le diga? Pues eso, eso es lo que usted tiene, y
+por lo que est&aacute; usted tan a mal con la suerte y consigo mismo. Si usted
+fuese buen cristiano podr&iacute;a usted estar triste, pero... de otra manera,
+vamos, de otra manera; con tristeza m&aacute;s dulce y m&aacute;s resignada. Porque
+quien espera irse al cielo, sabe sufrir ac&aacute; y no se desespera.</p>
+
+<p>Y como Artegui, silencioso y apretados los labios volviese a otra parte
+la cabeza, murmur&oacute; la ni&ntilde;a, en voz suave como una caricia:</p>
+
+<p>&mdash;Don Ignacio, el padre Urtazu me ha dicho que hab&iacute;a unos hombres que no
+quer&iacute;an admitir lo que la Iglesia ense&ntilde;a y creemos nosotros, pero que
+all&aacute;... a su manera, a su capricho, en fin, adoraban a un Dios que ellos
+se forjaban... y cre&iacute;an en la otra vida tambi&eacute;n, y en que el alma no
+muere al morir el cuerpo.... &iquest;Es usted de esos?</p>
+
+<p>&Eacute;l no respondi&oacute; palabra, y doblando violentamente dos o tres ramas de
+mimbre, h&iacute;zolas estallar. Cayeron inertes los tronchados troncos; pero
+unidos a&uacute;n por la corteza, quedaron colgando como rotos miembros de
+inv&aacute;lido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tampoco es usted de esos?&mdash;sigui&oacute; la ni&ntilde;a volvi&eacute;ndose hacia &eacute;l, con
+las manos juntas, semiarrodillada en el ribazo&mdash;. &iquest;Tampoco as&iacute; cree
+usted? Don Ignacio, de veras, &iquest;no cree usted en nada? &iquest;En nada?</p>
+
+<p>Levantose Ignacio de un brinco, y, qued&aacute;ndose en pie sobre la parte m&aacute;s
+elevada del ribazo, dominando el paisaje todo, pronunci&oacute; lentamente:</p>
+
+<p>&mdash;Creo en el mal.</p>
+
+<p>De lejos, era escultural el grupo. Luc&iacute;a, anonadada, casi de hinojos,
+cruzadas las manos, imploraba: Artegui, alzado el brazo, erguido el
+cuerpo, mirando con doloroso reto a la b&oacute;veda celeste, pareciera un
+personaje dram&aacute;tico, un rebelde Tit&aacute;n, a no vestir el traje llano y
+prosaico de nuestros d&iacute;as. M&aacute;s entoldado cada vez el celaje, se
+acumulaban en &eacute;l nubarrones plomizos, como enormes copos de algod&oacute;n en
+rama, hacia la parte donde ca&iacute;an Biarritz y el Oc&eacute;ano. R&aacute;fagas
+sofocantes cruzaban, muy bajas, casi a flor de tierra, doblegando los
+tallos de los juncos y estremeciendo el agudo follaje de los mimbrales a
+su h&aacute;lito de fuego. Poderoso gemido exhalaba la llanura al percibir los
+signos precursores de la tormenta. Dij&eacute;rase que el mal, evocado por la
+voz de su adorador, acud&iacute;a, se manifestaba tremendo, asombrando a la
+naturaleza toda con sus anchas alas negras, a cuyo batir pudieran
+achacarse las exhalaciones asfixiantes que encend&iacute;an la atm&oacute;sfera.
+L&oacute;brego y obscuro, como la luna de un espejo de acero, el pantano
+dorm&iacute;a, y las florecillas acu&aacute;ticas se desmayaban en sus bordes. La voz
+de Artegui, m&aacute;s intensa que elevada, resonaba entre el pavoroso
+silencio.</p>
+
+<p>&mdash;En el mal&mdash;repet&iacute;a&mdash;, que por todas partes nos cerca y envuelve, de la
+cuna al sepulcro, sin que nunca se aparte de nosotros. En el mal, que
+hace de la tierra vasto campo de batalla, donde no vive cada ser sin la
+muerte y el dolor de otros seres; en el mal, que es el eje del mundo y
+el resorte de la vida.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or de Artegui...&mdash;balbuci&oacute; d&eacute;bilmente Luc&iacute;a&mdash;, usted, seg&uacute;n creo,
+dar&aacute; culto al demonio, neg&aacute;ndoselo a Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Culto! no, &iquest;he de dar culto al poder inicuo que, guarecido en la
+sombra, conspira al da&ntilde;o com&uacute;n? Luchar, luchar con &eacute;l quiero ahora y
+siempre. Usted le llama demonio: yo el mal, el dolor universal. Yo, s&eacute;
+c&oacute;mo se le vence.</p>
+
+<p>&mdash;Con fe y buenas obras&mdash;exclam&oacute; la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Muriendo&mdash;respondi&oacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>Quien de lejos divisara aquella pareja, mancebo gal&aacute;n y lozana
+doncellita, departiendo solos en la vega frondosa, tom&aacute;ralos, a buen
+seguro, por enamorados novios; y no creyera que hablaban de dolor y
+muerte, sino de amor, que es la vida misma. Artegui, de pie, se ve&iacute;a
+claramente en los garzos ojos que hacia &eacute;l alzaba Luc&iacute;a, ojos que, a
+pesar de la obscuridad del cielo, parec&iacute;an salpicados de pajuelas
+luminosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muriendo!&mdash;repiti&oacute; ella, como el &aacute;rbol repercute el sonido del golpe
+que le hiere.</p>
+
+<p>&mdash;Muriendo. El dolor no concluye sino en la muerte: s&oacute;lo la muerte burla
+a la fuerza creedora que goza en engendrar para atormentar despu&eacute;s a su
+infeliz progenitura.</p>
+
+<p>&mdash;No le entiendo a usted&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a&mdash;; pero tengo miedo&mdash;. Y su
+cuerpo temblaba todo como los mimbrales.</p>
+
+<p>Artegui no contest&oacute; palabra: mas una voz grave y poderosa, retumbando en
+los cielos, se uni&oacute; de pronto al extra&ntilde;o d&uacute;o. Era el trueno, que
+estallaba a lo lejos, solemne y terrible. Luc&iacute;a exhal&oacute; un gemido de
+pavor, cayendo con la faz contra la hierba. Desgarr&aacute;ronse las nubes, y
+anchas gotas de agua cayeron, sonando como goterones de plomo l&iacute;quido en
+la crujiente seda de las frondas de mimbre. Bajose r&aacute;pidamente Artegui,
+y tomando con nervioso vigor a Luc&iacute;a en sus brazos, dio a correr sin
+mirar por d&oacute;nde, saltando zanjas, atravesando barbechos, pisando apios y
+coles, hasta llegar, azotado por la lluvia, perseguido por el trueno que
+se acercaba, a la carretera. El cochero renegaba del mal tiempo
+en&eacute;rgicamente cuando Artegui deposit&oacute; a Luc&iacute;a casi ex&aacute;nime en el
+asiento, subiendo a toda prisa el hule, para guarecerla algo. Las jacas,
+espantadas, salieron sin aguardar la caricia de la fusta, y, aguzadas
+las orejas y ensanchando las fosas nasales, arrancaron hacia Bayona.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2>
+
+
+<p>Luc&iacute;a acababa de secarse ante la chimenea encendida por Artegui en su
+cuarto. Los cabellos, antes empapados y pegados a la frente, comenzaban
+a revolar ligeros en torno de sus sienes; su ropa humeaba a&uacute;n, pero ya
+el ben&eacute;fico calorcillo, penetr&aacute;ndola, le restitu&iacute;a la acostumbrada
+soltura. S&oacute;lo la pluma del sombrero, lastimosamente alica&iacute;da,
+atestiguaba los estragos de la arroyada, a despecho de la prolijidad con
+que su due&ntilde;a, aproxim&aacute;ndola a las llamas, intentaba devolverle las
+gr&aacute;ciles roscas.</p>
+
+<p>En una butaca yac&iacute;a Artegui, cual siempre, yerto, abandonado a la
+inercia de sus ensue&ntilde;os. Reposaba sin duda la fatiga de haber prendido
+fuego a los cepos que tan regocijadamente ard&iacute;an, y pedido t&eacute; y
+serv&iacute;dolo, mezcl&aacute;ndole unas gotas de ron. Silencioso y quieto ahora,
+posaba los ojos en Luc&iacute;a y en el fuego, que daba m&oacute;vil fondo rojo a su
+cabeza. Mientras Luc&iacute;a sinti&oacute; el peso de la mojada ropa y la prensi&oacute;n
+del calzado h&uacute;medo, mant&uacute;vose tambi&eacute;n muda y encogida, tiritando,
+creyendo escuchar a&uacute;n el redoble de los truenos y sentir los picotazos
+de las m&uacute;ltiples agujas de la lluvia en sus mejillas.</p>
+
+<p>Poco a poco la suave influencia del calor fue desatando sus miembros
+entumecidos y paralizada lengua. Adelant&oacute; los pies, luego las manos,
+hacia la hoguera; sacudi&oacute; las enaguas, con objeto de enjugarlas por
+igual, y finalmente, sentose en el suelo a la turca para mejor gozar del
+fuego, que contempl&oacute; fija y absorta, oy&eacute;ndole crujir y viendo los
+troncos pasar de color de brasa al negro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Don Ignacio?&mdash;dijo de pronto</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Luc&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no sabe usted lo que estoy pensando?</p>
+
+<p>&mdash;Usted dir&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Son tan raras las cosas que desde anteayer me suceden; est&aacute; tan fuera
+de sus naturales caminos mi vivir desde estos d&iacute;as; tan singular e
+inaudito me parece lo que usted dijo all&aacute;... junto al pantano, que
+imagino si me quedar&iacute;a dormida en Miranda de Ebro, y no habr&eacute; despertado
+a&uacute;n. Yo debo estar todav&iacute;a en el vag&oacute;n, es decir, all&iacute; estar&aacute; mi cuerpo,
+pero mi alma se escap&oacute; y sue&ntilde;a tales tonter&iacute;as... a la fuerza.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; tenga de particular cuanto a usted acontece: antes tiene
+mucho de vulgar y sencillo. Se queda atr&aacute;s su marido de usted; y yo, que
+por casualidad la encuentro entonces, la acompa&ntilde;o hasta que &eacute;l venga. Ni
+m&aacute;s ni menos. No hagamos novela.</p>
+
+<p>Artegui hablaba con su entonaci&oacute;n lenta y desde&ntilde;osa de costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;insisti&oacute; Luc&iacute;a&mdash;, si lo extra&ntilde;o no es lo que me ha sucedido. Lo
+que hallo inusitado, es usted. Vamos, Don Ignacio, que usted bien lo
+conoce. Yo nunca vi a nadie que pensase lo que usted piensa, ni que lo
+dijese; y por eso a veces&mdash;murmur&oacute; cogi&eacute;ndose la frente con ambas
+manos&mdash;suele pasarme por ac&aacute; la idea de que estoy so&ntilde;ando a&uacute;n.</p>
+
+<p>Levantose Artegui del sill&oacute;n y acercose al fuego. Su gallarda estatura
+crec&iacute;a al reflejo de la lumbre, y a Luc&iacute;a, sentada en el suelo,
+pareciole m&aacute;s alto que de ordinario.</p>
+
+<p>&mdash;Importa&mdash;dijo &eacute;l inclin&aacute;ndose&mdash;que le pida a usted perd&oacute;n. Yo no
+acostumbro decir ciertas cosas al primero que llega; pero a personas
+como usted todav&iacute;a menos. He soltado mil necedades, que con raz&oacute;n
+asustaron a usted. Sobre ser inconveniente, es de mal gusto y hasta
+cruel, lo que hice. Proced&iacute; como un necio y me pesa de ello: cr&eacute;alo
+usted.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, levantando el rostro, le miraba. El resplandor de la lumbre
+doraba su cabello casta&ntilde;o, y te&ntilde;&iacute;a de rosa toda su carne: brill&aacute;banle
+los ojos, que alzaba, obligada por la postura.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo&mdash;prosigui&oacute; Artegui&mdash;dos temperamentos, y suelo obedecerles
+irreflexivamente, como un ni&ntilde;o. Por lo regular, soy como era mi padre,
+muy firme de voluntad, muy reservado y due&ntilde;o de s&iacute; mismo; pero a veces
+domina en m&iacute; el temperamento materno. Mi pobre madre padeci&oacute; siendo muy
+joven, all&aacute; en su castillote de Breta&ntilde;a, ataques de nervios, melancol&iacute;as
+y trastornos que nunca ha logrado curar del todo, si bien se aliviaron
+algo despu&eacute;s de mi nacimiento. Ella solt&oacute; parte del mal, y yo le recog&iacute;;
+&iexcl;qu&eacute; mucho que en ocasiones obre y hable, no como hombre, sino como ni&ntilde;o
+o mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, Don Ignacio&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a&mdash;, que en sana raz&oacute;n no pensar&iacute;a
+usted lo que... lo que dijo all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Yendo con usted&mdash;prosigui&oacute; &eacute;l&mdash;, con una criatura joven y leal, que
+ama la vida y siente, y cree, &iquest;qui&eacute;n me met&iacute;a a m&iacute; a hablar de nada
+triste, ni exponer desvar&iacute;os abstrusos, convirtiendo el paseo en
+c&aacute;tedra? &iexcl;Ridiculez igual! soy un majadero. Lucia&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con
+naturalidad y sin la menor expresi&oacute;n de amargura&mdash;, usted dispensa mi
+falta de tino, &iquest;no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, Don Ignacio&mdash;murmur&oacute; ella bajo.</p>
+
+<p>Artegui arrastr&oacute; el sill&oacute;n, y sentose cerca del fuego tambi&eacute;n, alargando
+manos y pies hacia la llama.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No siente usted fr&iacute;o ya?&mdash;pregunt&oacute; a Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or. Un calor muy agradable, al contrario.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A ver esas manos?</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, sin levantarse, entreg&oacute; sus manos a Artegui, que las hall&oacute; tibias
+y suaves, y las solt&oacute; presto.</p>
+
+<p>&mdash;Con la lluvia&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, no pude llevarla a usted un poco m&aacute;s lejos,
+hacia la parte de Biarritz, donde hay tan bonitas quintas y parques al
+estilo ingl&eacute;s. Ni hemos disfrutado casi de la hermosa campi&ntilde;a. &iexcl;Qu&eacute; bien
+ol&iacute;an los henos y los tr&eacute;boles! Y la tierra. El olor de la tierra
+labrada es algo acre, pero muy grato.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que ol&iacute;a bien, eran unas mentas que vi al borde del pantano. Siento
+no haberme tra&iacute;do ramas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted que vaya por ellas? Pronto estar&iacute;a de vuelta....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;! &iexcl;Qu&eacute; disparate, Don Ignacio! &iexcl;ir ahora por las
+mentas!&mdash;dijo Luc&iacute;a; pero el placer de la oferta ti&ntilde;&oacute; de p&uacute;rpura su
+rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Oye usted c&oacute;mo diluvia?&mdash;agreg&oacute; por mudar de asunto.</p>
+
+<p>&mdash;La ma&ntilde;ana no anunciaba este turbi&oacute;n&mdash;repuso Artegui&mdash;. Es muy h&uacute;meda
+toda Francia en general, y esta cuenca del Adour no desmiente la regla.
+&iexcl;L&aacute;stima no haber podido recorrer Biarritz! Hay all&iacute; palacios y
+comercios mon&iacute;simos. La llevar&iacute;a a usted a ver la Virgen que, desde una
+roca, parece que sosiega el Oc&eacute;ano.... M&aacute;s hermosa idea art&iacute;stica no se
+puede dar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;la Virgen?&mdash;pregunt&oacute; muy interesada Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Una estatua erigida sobre unos pe&ntilde;ascos.... Al ponerse el sol, es un
+efecto maravilloso: la estatua parece de oro, y la rodea un mar de
+fuego.... Es una aparici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Don Ignacio! &iquest;me llevar&aacute; usted ma&ntilde;ana?&mdash;grit&oacute; Luc&iacute;a, dilatados
+los ojos con el af&aacute;n y alzando sus manos suplicantes.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana...&mdash;Artegui se qued&oacute; otra vez pensativo&mdash;. Pero,
+se&ntilde;ora&mdash;pronunci&oacute; ya con diverso tono&mdash;, &iexcl;hoy debe llegar su marido de
+usted!</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad.</p>
+
+<p>Ces&oacute; de suyo el di&aacute;logo, y ambos interlocutores miraron el fuego, y a&uacute;n
+Artegui le a&ntilde;adi&oacute; le&ntilde;a, porque menguaba. Crujieron los inflamados
+tizones, y algunos se abrieron, hendi&eacute;ndose como la granada madura;
+saltaron mil chispas, y medio se desmoron&oacute; el &iacute;gneo edificio bajo el
+peso de los nuevos materiales. Lami&oacute; suavemente la llama el reciente
+pasto que le ofrec&iacute;an, y al fin comenz&oacute; a clavarle sus lenguas de &aacute;spid,
+arrancando con cada beso ardiente un chasquido de dolor. Aunque no fuese
+todav&iacute;a muy remota la hora meridiana, estaba el aposento casi obscuro,
+tal era al exterior el aguacero y el negror del cielo.</p>
+
+<p>&mdash;No ha almorzado usted, Luc&iacute;a&mdash;record&oacute; de pronto Artegui,
+levant&aacute;ndose&mdash;. Voy a decir que le traigan a usted el almuerzo aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted, Don Ignacio?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... almorzar&eacute; tambi&eacute;n, abajo, en el comedor. Es ya muy hora.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;por qu&eacute; no almuerza usted aqu&iacute;, conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;No, abajo&mdash;replic&oacute; &eacute;l avanzando hacia la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted quiera... pero yo no tengo ganas. No me traiga usted nada.
+Estoy... as&iacute;, vamos, no s&eacute; c&oacute;mo.</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted algo... ha cogido usted fr&iacute;o y le conviene entrar en
+reacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No... a&uacute;n si usted almorzase aqu&iacute;, me animar&iacute;a tal vez&mdash;, insisti&oacute;
+ella con tenacidad de ni&ntilde;a voluntariosa.</p>
+
+<p>Encogiose Artegui de hombros como aquel que se resigna, y tir&oacute; del
+cord&oacute;n de la campanilla. Cuando un cuarto de hora despu&eacute;s entr&oacute; el
+camarero con la bandeja, ard&iacute;a el fuego m&aacute;s que nunca claro y
+regocijado, y las dos butacas, colocadas a ambos lados de la chimenea, y
+el velador cubierto de n&iacute;veo mantel, convidaban a la dulce intimidad del
+almuerzo. Brillaban las limpias copas, las garrafas, la salvilla, las
+vinagreras, el aro de plata del mostacero: los r&aacute;banos, nadando en fina
+concha de porcelana, parec&iacute;an capullos de rosa; el lenguado frito
+presentaba su dorado lomo, donde se destacaba el oro p&aacute;lido de las
+ruedas de lim&oacute;n, y el verde chamuscado de las ramas de perejil; los
+bisteques reposaban sangrientos en lago de liquida manteca; y en las
+transparentes copas de muselina destellaba el intenso granate del
+Borgo&ntilde;a y el rubio topacio del Chateau-Iquem. Al entrar y salir; al
+dejar cada plato, o recogerlo, re&iacute;ase el camarero, para su sayo, de la
+enamorada pareja espa&ntilde;ola, que quer&iacute;a habitaci&oacute;n aparte, para luego
+almorzar as&iacute;, mano a mano, al halago de la lumbre. A fuer de franc&eacute;s de
+raza, el sirviente aprovechaba la situaci&oacute;n, subiendo el gasto. Hab&iacute;a
+presentado a Artegui la lista de los vinos, y se permit&iacute;a indicaciones y
+consejos.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or querr&aacute; Champagne helado.... Se lo traer&eacute; en garrafa, es m&aacute;s
+c&oacute;modo.... Las ananas que hay en la casa son excelentes: voy a traer...
+El M&aacute;laga nos llega directamente de Espa&ntilde;a: &iexcl;oh! el vino de Espa&ntilde;a...
+&iexcl;clac! no hay como la Espa&ntilde;a para vinos....</p>
+
+<p>Y fueron viniendo botellas, aument&aacute;ndose copas a la ya formidable
+bater&iacute;a que cada convidado ten&iacute;a ante s&iacute;; anchas y planas, como las de
+los relieves antiguos, para el espumante Champagne; verdes y angostas,
+fin&iacute;simas, para el Rhin; cortas como dedales, sostenidas en breve pie,
+para el M&aacute;laga meridional. Apenas lleg&oacute; Luc&iacute;a a catar dos dedos de cada
+vino; pero los iba probando todos por curiosidad golosa; y, un tanto
+pesada ya la cabeza, olvidando deliciosamente las peripecias del paseo
+matinal, se recostaba en la butaca, proyectando el busto, ense&ntilde;ando al
+sonre&iacute;r los blancos dientes entre los labios h&uacute;medos, con risa de
+bacante inocente a&uacute;n, que por vez primera prueba el zumo de las vides.
+La atm&oacute;sfera de la cerrada habitaci&oacute;n era de estufa: flotaban en ella
+espirituosos efluvios de bebidas, vaho de suculentos manjares, y el
+calor uniforme, apacible de la chimenea, y el leve aroma resinoso de los
+ardidos le&ntilde;os. Lindo asunto para una anacre&oacute;ntica moderna, aquella mujer
+que alzaba la copa, aquel vino claro que al caer formaba una cascada
+ligera y brillante, aquel hombre pensativo, que alternativamente
+consideraba la mesa en desorden, y la risue&ntilde;a ninfa, de mejillas
+encendidas y chispeantes ojos. Sent&iacute;ase Artegui tan due&ntilde;o de la hora,
+del instante presente, que, desde&ntilde;oso y melanc&oacute;lico, contemplaba a Luc&iacute;a
+como el viajero a la flor de la cual aparta su pie. Ni vinos, ni
+licores, ni blando calor de llama, eran ya bastantes para sacar de su
+ap&aacute;tico sue&ntilde;o al pesimista: circulaba lenta en sus venas la sangre, y en
+las de Luc&iacute;a giraba pronta, generosa y juvenil. Hermoso era, sin
+embargo, para los dos el momento, de concordia suprema, de dulce olvido;
+la vida pasada se borraba, la presente era como una tranquila eternidad,
+entre cuatro paredes, en el adormecimiento beato de la silenciosa
+c&aacute;mara. Luc&iacute;a dej&oacute; pender ambos brazos sobre los del sill&oacute;n; sus dedos,
+afloj&aacute;ndose, soltaron la copa, que rod&oacute; al suelo, quebr&aacute;ndose con
+cristalino retint&iacute;n en el bronce del guardafuego. Riose la ni&ntilde;a de la
+fractura, y, entreabiertos los ojos y clavados en el techo, se sinti&oacute;
+anonadada, invadida por un sopor, un recogimiento profundo de todo su
+ser. Artegui, en tanto, mudo y sereno, permanec&iacute;a enhiesto en su butaca,
+orgulloso como el estoico antiguo: acre placer le penetraba todo, el
+goce de sentirse bien muerto, y cerciorarse de que en vano la traidora
+Naturaleza hab&iacute;a intentado resucitarle.</p>
+
+<p>Y as&iacute; se estuvieran probablemente hasta sabe Dios cu&aacute;ndo, a no abrirse
+de golpe la puerta, apareciendo en ella un hombre; no el camarero, ni
+menos el esperado Miranda, sino un mozalbete de algunos veinticuatro o
+veinticinco a&ntilde;os, mediano de estatura, pronto y desenfadado de modales.
+Tra&iacute;a el sombrero puesto, y lo primero que se ve&iacute;a de su persona era el
+reluciente alfiler de la corbata, y las botas de ca&ntilde;a clara, atrevidas,
+cortas, un tanto manolescas. Caus&oacute; la entrada de este nuevo personaje
+una transformaci&oacute;n a vista en la escena: mientras Artegui se levantaba
+furioso, Luc&iacute;a, vuelta a la conciencia de s&iacute; misma, pas&oacute; las manos por
+las sienes, enderezose en el sill&oacute;n adoptando actitud reservada, pero
+con las pupilas vagas a&uacute;n, perdidas en el espacio.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, Artegui.... &iquest;Usted por aqu&iacute;? Lo veo, lo veo ahora mismo en la
+tablilla, y vengo a escape...&mdash;pronunci&oacute; imperturbable el reci&eacute;n venido.
+Y de pronto, haciendo como que reparaba en Luc&iacute;a, inclinose con soltura,
+descubri&eacute;ndose, sin a&ntilde;adir otra palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or Gonzalvo&mdash;respondi&oacute; Artegui recatando el enojo bajo un tono
+glacial&mdash;, muy amigos nos habremos vuelto desde que no nos vemos. En
+Madrid....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted siempre tan ingl&eacute;s, tan ingl&eacute;s!&mdash;pronunci&oacute; sin turbaci&oacute;n ni
+encogimiento el mancebo&mdash;. Mire usted; ya sabe usted que soy franco,
+franco; en Madrid and&aacute;bamos cada cual a nuestro negocio y a nuestro
+gusto; pero en el extranjero, en el extranjero agrada encontrar
+paisanos. En fin, dispense usted; dispense usted; veo que vine a
+molestarle; lo siento por la se&ntilde;ora....</p>
+
+<p>Nueva reverencia, mientras sus ojos entornados se cos&iacute;an c&iacute;nicamente al
+rostro de Luc&iacute;a, alumbrado por los moribundos tizones.</p>
+
+<p>&mdash;No, espere usted&mdash;grit&oacute; Artegui levant&aacute;ndose y asi&eacute;ndole de una manga
+sin ceremonia, al ver que volv&iacute;a la espalda. Ya que ha entrado usted
+aqu&iacute; sin m&aacute;s ni m&aacute;s, es preciso que sepa usted que no me coge en ninguna
+aventura escandalosa, ni de eso nace mi enojo por su importunidad.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, hombre, hombre; si yo no pregunto...&mdash;dijo &eacute;l encogi&eacute;ndose de
+hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Me importa un bledo lo que creyese usted de m&iacute;.... Pero esta se&ntilde;ora
+es... una mujer honrada; por incidentes que no son del caso viene sola,
+y la acompa&ntilde;o hasta entreg&aacute;rsela a su esposo....</p>
+
+<p>Y viendo la media sonrisa de su interlocutor, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Le aconsejo a usted que me crea, porque mi reputaci&oacute;n de ver&iacute;dico es
+quiz&aacute;s la &uacute;nica que en el mundo aprecio....</p>
+
+<p>&mdash;Le creo a usted; le creo a usted...&mdash;dijo sencilla y sinceramente el
+mozo&mdash;; usted pasa por algo raro, raro; pero muy franco tambi&eacute;n...
+Adem&aacute;s, yo soy pr&aacute;ctico, pr&aacute;ctico, pr&aacute;ctico en la materia, y bien
+distingo las verdaderas se&ntilde;oras....</p>
+
+<p>D&iacute;jolo haciendo tercera vez venia a Luc&iacute;a, con gentil desembarazo.
+Levantose ella, instintivamente digna, y serio y compuesto el rostro le
+devolvi&oacute; el saludo. Artegui se adelant&oacute; entonces, y solt&oacute; la f&oacute;rmula
+sacramental:</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or don Pedro Gonzalvo, la se&ntilde;ora de Miranda.</p>
+
+<p>Miranda.... S&iacute;, s&iacute;, lo he visto, lo he visto abajo escrito en la
+tablilla tambi&eacute;n... conozco un Miranda que se habr&aacute; casado estos d&iacute;as...
+solter&oacute;n, solter&oacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Don Aurelio?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a a pesar suyo.</p>
+
+<p>&mdash;Justo.... Le trato mucho, mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi marido&mdash;murmur&oacute; ella.</p>
+
+<p>Encendi&eacute;ronse r&aacute;pidamente en una llamarada de curiosidad las mejillas
+del mancebo, y clav&oacute; de nuevo en Luc&iacute;a sus ojos chicos examin&aacute;ndola
+implacablemente.</p>
+
+<p>&mdash;Miranda.... &iexcl;Ah! &iexcl;Conque es usted la se&ntilde;ora, la se&ntilde;ora de Aurelio
+Miranda!&mdash;repiti&oacute;, sin ocurrirsele decir m&aacute;s. Pero, discretamente
+indicadas, le bull&iacute;an en los labios las preguntas de tal modo, que
+Artegui se impuso la penitencia de narrarle todo la acaecido de pe a pa.
+Escuchaba &eacute;l, refrenando con su pr&aacute;ctica del mundo, la risa maliciosa
+que le asomaba a las facciones. Era evidente que al mozo calaverilla le
+divert&iacute;a infinito el c&oacute;mico percance conyugal del calaver&oacute;n rancio. Un
+rayo de sol vergonzante romp&iacute;a las pardas nubes, y recortaba sobre el
+fondo obscuro la cabeza linf&aacute;tica, rubia, la tez pecosa, las facciones
+delicadas, pero no exentas de rasgos caracter&iacute;sticos, del mancebo. Sus
+manos blancas y femeniles atormentaban la cadena de acero del reloj, y
+en el me&ntilde;ique de una de ellas rojeaba grueso carbunclo, al lado de otro
+aro inocente, sortija de colegiala, sobrado estrecha para el dedo, una
+crucecica de perlas sobre un c&iacute;rculo de oro.</p>
+
+<p>&mdash;Y, en resumen, &iquest;de Miranda, no se sabe nada, nada?&mdash;pregunt&oacute; o&iacute;do el
+relato.</p>
+
+<p>&mdash;Nada hasta hoy&mdash;afirm&oacute; gravemente Artegui.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, es divino &iexcl;es divino!&mdash;mascull&oacute; el mozalbete entre dientes,
+ri&eacute;ndose m&aacute;s bien con los ojos que con la boca&mdash;. &iexcl;Lance igual! Estar&aacute;
+chistoso Miranda; estar&aacute; chistoso.</p>
+
+<p>Artegui le miraba fijamente, sorprendiendo en sus pupilas la risa
+indiscreta. Con solemne seriedad, le interrog&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted amigo de Don Aurelio Miranda?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mucho, mucho...&mdash;cece&oacute; r&aacute;pidamente Gonzalvo, que sol&iacute;a al
+pronunciar comerse dos o tres letras de cada palabra, repitiendo en
+cambio la palabra misma dos o tres veces, lo que hac&iacute;a galimat&iacute;as
+peregrino, sobre todo cuando hablaba col&eacute;rico, barajando o suprimiendo
+vocablos enteros:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho, mucho&mdash;prosigui&oacute;&mdash;. En todas partes, hombre, en todas partes,
+me lo encontraba en Madrid.... Fue una temporada del, &iquest;c&oacute;mo se llama?,
+del Veloz Club, del Veloz Club, y estaba abonado con nosotros, con los
+muchachos, a &eacute;se, vamos... a Apolo, a Apolo.</p>
+
+<p>&mdash;Me felicito&mdash;exclam&oacute; Artegui sin menguar un &aacute;pice en seriedad&mdash;. Pues,
+se&ntilde;ora&mdash;sigui&oacute; volvi&eacute;ndose a Luc&iacute;a&mdash;, ya tiene usted aqu&iacute; lo que tanto
+le hubiera convenido encontrar dos d&iacute;as hace: un amigo de su esposo, que
+con harta m&aacute;s raz&oacute;n, motivo y derecho que yo, puede servirla de rodrig&oacute;n
+hasta que el se&ntilde;or Miranda aparezca.</p>
+
+<p>A esta inesperada salida, Gonzalvo sonri&oacute; inclin&aacute;ndose cort&eacute;smente, como
+hombre de mundo acostumbrado a todo g&eacute;nero de situaciones; pero Luc&iacute;a,
+con el rostro at&oacute;nito, encendido a&uacute;n, se ech&oacute; atr&aacute;s, en adem&aacute;n de
+rehusar la nueva escolta que se le brindaba.</p>
+
+<p>Interrumpi&oacute; la escena muda el camarero, entrando y presentando a Artegui
+en una bandejilla un sobre azul, que encerraba un telegrama. No era
+dable en Artegui palidecer, y, sin embargo, visiblemente se tornaron a&uacute;n
+m&aacute;s descoloridos sus p&oacute;mulos al leer, roto el sobre, lo que el parte
+dec&iacute;a. Nubl&aacute;ronse sus ojos, y por instinto busc&oacute; el apoyo de la
+chimenea, en cuya tableta de m&aacute;rmol se recost&oacute;. A este punto, Luc&iacute;a,
+vuelta ya de su asombro primero, se lanzaba a &eacute;l, y poni&eacute;ndole las dos
+manos en los brazos, le suplicaba ansiosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Don Ignacio, Don Ignacio... no me deje usted as&iacute;.... Para lo que falta
+ya.... &iquest;qu&eacute; trabajo le cuesta a usted quedarse? Yo no conozco a este
+se&ntilde;or... en mi vida le he visto....</p>
+
+<p>Artegui o&iacute;a maquinalmente, como oyen los catal&eacute;pticos. Al fin se desat&oacute;
+su lengua. Mir&oacute; a Luc&iacute;a sorprendido, cual si la viese por primera vez, y
+con voz debilitada pronunci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Me voy a Par&iacute;s ahora mismo.... Mi madre se muere.</p>
+
+<p>Sinti&oacute; ella en el cr&aacute;neo otro golpe de maza, y quedose sin voz, sin
+aliento, sin pulsos. Cuando pudo exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Pero... su madre de usted.... &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; desgracia tan
+grande!&mdash;estaba Artegui ya en la puerta, sin o&iacute;r las ceceosas ofertas de
+servicio que le prodigaba Gonzalvo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Don Ignacio!&mdash;grit&oacute; la ni&ntilde;a al ver poner la mano en el pestillo.</p>
+
+<p>Cual si a aquella voz vibrante se despertase la memoria del desdichado
+hijo, volvi&oacute; pies atr&aacute;s, fue derecho a Luc&iacute;a, y sin pronunciar palabra
+cogiole las dos manos, y las prens&oacute; entre las suyas, con en&eacute;rgico y mudo
+apret&oacute;n. As&iacute; se estuvieron breves segundos sin acertar a decirse una
+frase de despedida. Luc&iacute;a quiso hablar; pero parec&iacute;ale que un dogal muy
+suave, de seda, se ce&ntilde;&iacute;a a su garganta, estrangul&aacute;ndola cada vez m&aacute;s. De
+improviso la solt&oacute; Artegui; ella respir&oacute;, ados&aacute;ndose a la pared,
+aturdida.... Cuando mir&oacute; en torno, no estaba en la habitaci&oacute;n sino
+Gonzalvo, que le&iacute;a entre dientes el telegrama, olvidado por su due&ntilde;o
+sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es verdad, pues es verdad.... Y est&aacute; en castellano, murmuraba:
+&laquo;La se&ntilde;ora bastante grave. Desea venga se&ntilde;orito.... Engracia.&raquo; &iquest;Qui&eacute;n
+ser&aacute; esta Engracia, esta Engracia?&iexcl;Ah! ya s&eacute;: el ama de cr&iacute;a de
+Artegui... el ama, de fijo. &iexcl;Hombre, hombre! pues no s&eacute; si coger&aacute; el
+expreso, el expreso (esta palabra en labios de Gonzalvo sonaba as&iacute;:
+<i>ep&eacute;s</i>). Las dos y media... hace poco lleg&oacute; el de Espa&ntilde;a... a&uacute;n tiene
+tiempo.</p>
+
+<p>Guard&oacute; otra vez el lindo reloj esqueleto con cifras grabadas en ambos
+cristales, y volviendo los ojuelos a Luc&iacute;a, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Lo siento por usted; por usted, se&ntilde;ora; ahora soy yo su escolta.... Lo
+mejor es que se venga usted conmigo; aqu&iacute; tengo a mi hermana, a mi
+hermana, y las pondr&eacute; a ustedes juntas.... No est&aacute;.... No est&aacute; bien una
+se&ntilde;ora as&iacute;, sola en una fonda....</p>
+
+<p>Gonzalvo tendi&oacute; el brazo, y Luc&iacute;a, pasivamente, iba a apoyarse en &eacute;l;
+pero se abri&oacute; de nuevo la puerta, y el camarero, con actitud teatral,
+anunci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Monsieur</i> de Miranda.</p>
+
+<p>Era, en efecto, el asendereado novio, cojeando de la pierna derecha,
+pudiendo apenas sentar el pie, porque los agudos dolores de la luxaci&oacute;n,
+consecuencia ingrata del salto a la v&iacute;a, se renovaban al apoyar la
+planta en el suelo. Perdida as&iacute; la gallard&iacute;a del andar, los cuarenta y
+pico se asomaban implacables a todas las l&iacute;neas del rostro: la triste
+raya de tinta de los bigotes resaltaba sobre la marchita tez; el p&aacute;rpado
+ca&iacute;do, hundidas las sienes y desali&ntilde;ado el cabello, parec&iacute;a el ex buen
+mozo una de esas desmanteladas torres, bellas a la luz crepuscular, pero
+que a mediod&iacute;a todas se vuelven grietas, ortigas, zarzales y lagartos. Y
+como Luc&iacute;a se quedase dudosa, indecisa, sin acertar ni a darle los
+buenos d&iacute;as, ni a arrojarse en sus brazos, Gonzalvo, censor eterno y
+sempiterno del matrimonio, desenlaz&oacute; la extra&ntilde;a situaci&oacute;n disparando la
+risa, y adelant&aacute;ndose a dar un abrazo jocoserio a aquella lamentable
+caricatura del esposo que llega.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2>
+
+
+<p>Pocos d&iacute;as en Bayona bastaron para que Miranda se aliviase notablemente
+de la dolorosa luxaci&oacute;n, y a que Pilar Gonzalvo y Luc&iacute;a se conociesen y
+tratasen con cierta confianza. Pilar hac&iacute;a rumbo, como Miranda, a Vichy;
+s&oacute;lo que mientras Miranda quer&iacute;a que las aguas ense&ntilde;asen a su h&iacute;gado a
+elaborar el az&uacute;car en justas y debidas proporciones para no da&ntilde;ar a la
+econom&iacute;a, la madrile&ntilde;ita iba a las saludables termas en demanda de
+part&iacute;culas f&eacute;rreas que coloreasen su sangre y devolviesen el brillo a
+sus apagados ojos. Hambrienta como toda persona d&eacute;bil, como todo
+organismo pobre, de excitaciones, novedades y acontecimientos,
+divirtiole en extremo la relaci&oacute;n nueva de Luc&iacute;a, y las raras peripecias
+de su viaje, y el registro de sus galas de novia, que visit&oacute; sin
+perdonar una, examinando los encajes de cada chambra, los volantes de
+cada traje, las iniciales de cada pa&ntilde;uelo. Adem&aacute;s, la simplicidad franca
+de la leonesa le brindaba campo virgen e inculto donde plantar todas las
+flores ex&oacute;ticas de la moda, todas las plantas ponzo&ntilde;osas de la
+maledicencia elegante. Ten&iacute;a Pilar, de edad entonces de veintitr&eacute;s a&ntilde;os,
+la malicia precoz que distingue a las se&ntilde;oritas que, con un pie en la
+aristocracia por sus relaciones y otro en la clase media por sus
+antecedentes, conocen todos los lados de la sociedad, y as&iacute; averiguan
+qui&eacute;n da citas a los duques, como qui&eacute;n se cartea con la vecina del
+tercero. Pilar Gonzalvo era tolerada en las casas distinguidas de
+Madrid; ser tolerado es un matiz del trato social, y otro matiz ser
+admitido, como su hermano lo era: m&aacute;s all&aacute; del tolerar y del admitir
+queda a&uacute;n otro matiz supremo, el festejar; pocos gozan del privilegio de
+que los festejen, reservado a las eminencias, que no se prodigan y se
+dejan ver &uacute;nicamente de a&ntilde;o en a&ntilde;o, a los banqueros y magnates
+opulentos, que dan bailes, fiestas y misas del gallo con cena despu&eacute;s, a
+las hermosuras durante un breve y deslumbrador per&iacute;odo de plena
+florescencia, a los pol&iacute;ticos que est&aacute;n en puerta como los naipes.
+Personas hay admitidas, que un d&iacute;a, de repente, se hallan festejadas por
+cualquier motivo, por un peinado nuevo, por un caballo que gan&oacute; en las
+carreras, por un esc&aacute;ndalo que las gentes susurran bajito y piensan leer
+en el rostro del feliz mortal. De estos &eacute;xitos ef&iacute;meros Perico Gonzalvo
+tuvo muchos: su hermana, ninguno, a despecho de reiterados esfuerzos
+para obtenerlos. Ni logr&oacute; siquiera subir de tolerada a admitida. El
+mundo es ancho para los hombres, pero angosto, angosto para las mujeres.
+Siempre sinti&oacute; Pilar la valla invisible que se elevaba entre ella y
+aquellas hijas de grandes de Espa&ntilde;a, cuyos hermanos tan familiar e
+&iacute;ntimamente frisaban con Perico. De aqu&iacute; naci&oacute; un rencor sordo, unido a
+no poca admiraci&oacute;n y envidia, y se engendr&oacute; la lenta irritaci&oacute;n nerviosa
+que dio al traste con la salud de la madrile&ntilde;a. El paroxismo de un deseo
+no saciado, las ansias de la vanidad mal satisfecha, alteraron su
+temperamento, ya no muy sano y equilibrado antes. Ten&iacute;a, como su
+hermano, tez de linf&aacute;tica blancura, encubriendo el afeite las muchas
+pecas: los ojos no grandes, pero garzos y expresivos, y rubio el
+cabello, que peinaba con arte. A la saz&oacute;n, sus orejas parec&iacute;an de cera,
+sus labios apenas cortaban, con una l&iacute;nea de rosa apagado, la amarillez
+de la barbilla, sus venas azuladas se se&ntilde;alaban bajo la piel, y sus
+enc&iacute;as, blanquecinas y fl&aacute;cidas, daban color de marfil antiguo a los
+ralos dientes. La primavera se hab&iacute;a presentado para ella bajo mal&iacute;simos
+auspicios; los conciertos de Cuaresma y los &uacute;ltimos bailes de Pascua, de
+los cuales no quiso perder uno, le costaron palpitaciones todas las
+noches, cansancio inexplicable en las piernas, perversiones extra&ntilde;as del
+apetito: derivaba la anemia hacia la neurosis, y Pilar masticaba, a
+hurtadillas, raspaduras del pedestal de las estatuitas de barro que
+adornaban sus rinconeras y tocador. Sent&iacute;a dolores intolerables en el
+epigastrio; pero por no romper el hilo de sus fiestas, call&oacute; como una
+muerta. Al cabo, hacia el est&iacute;o, se resolvi&oacute; a quejarse, pensando
+acertadamente que la enfermedad era pretexto oportuno para un veraneo
+conforme a los c&aacute;nones del buen tono. Viv&iacute;a Pilar con su padre y con una
+t&iacute;a paterna; ni uno ni otro se resolvieron acompa&ntilde;arla; el padre,
+magistrado jubilado, por no dejar la Bolsa, donde a la chita callando
+realizaba sus jugaditas modestas y felices; la t&iacute;a, viuda y muy dada a
+la devoci&oacute;n, por horror de los jolgorios que sin duda le preparaba su
+sobrina como m&eacute;todo curativo. Recay&oacute;, pues, la comisi&oacute;n en Perico
+Gonzalvo, que, cargando con su hermana, hubo de llev&aacute;rsela al Sardinero,
+contando con que no faltar&iacute;an amigas que all&iacute; le relevasen en su oficio
+de rodrig&oacute;n. As&iacute; fue: sobraban en la playa familias conocidas que se
+encargaron de zarandear a Pilar, y de llevarla de zeca en meca. Mas
+desgraciadamente para Perico, los ba&ntilde;os de mar, que al pronto aliviaron
+a su hermana, concluyeron, cuando abus&oacute; de ellos y quiso nadar y meterse
+en dibujos, por abrir brecha en su d&eacute;bil organismo, y comenz&oacute; a cansarse
+otra vez, a despertar ba&ntilde;ada en sudor, a sentir desgano, al par que
+com&iacute;a vorazmente raros manjares. Lo que m&aacute;s la asust&oacute; fue ver que se le
+ca&iacute;a el pelo a madejas. Al peinarse, se enfurec&iacute;a, y llamaba a gritos a
+Perico, pidi&eacute;ndole un remedio para no quedarse calva. Un d&iacute;a el m&eacute;dico
+que la visitaba llam&oacute; aparte a su hermano, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso que tenga usted tino con su hermanita. Que no tome m&aacute;s
+ba&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute; de cuidado, de cuidado?&mdash;interrog&oacute; el mozo abriendo cuanto
+pod&iacute;a sus ojos chicos.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; estarlo muy en breve.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diablo, diablo, diablo! &iquest;usted cree que tiene una tisis, una
+tisis?&mdash;(<i>tiziz</i> pronunciaba Perico.)</p>
+
+<p>&mdash;No digo tanto: opino que a&uacute;n no se halla interesado el pulm&oacute;n, pero en
+el momento menos pensado la sangre se agolpa all&iacute;, la congesti&oacute;n
+sobreviene, y... a cada instante se dan casos de ese g&eacute;nero. Hay en ella
+un terrible empobrecimiento de la sangre: est&aacute; con el pulso de un pollo:
+hay adem&aacute;s una sobreexcitaci&oacute;n nerviosa que se acent&uacute;a peri&oacute;dicamente, y
+una honda perturbaci&oacute;n g&aacute;strica.... Si valiese mi parecer, aprovechar&iacute;an
+ustedes el oto&ntilde;o para tomar unas aguas....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Panticosa, Panticosa?</p>
+
+<p>&mdash;En este caso tengo, por preferibles los manantiales ferruginosos de
+Vichy.... La anemia es el primer enemigo que hay que combatir, y la
+indicaci&oacute;n g&aacute;strica est&aacute; tambi&eacute;n atendida en esas aguas.... En segundo
+t&eacute;rmino, Aguas-Buenas o Puertollano... pero no se descuide usted: en
+esta quincena ha perdido terreno, y la alopecia y el sudar son s&iacute;ntomas
+muy caracter&iacute;sticos....</p>
+
+<p>Y como Perico se retirase cabizbajo, a&ntilde;adi&oacute; el doctor:</p>
+
+<p>&mdash;Sobre todo pocas excitaciones... nada de bailar, ni de nadar... reposo
+moral... ni m&uacute;sica, ni novelas.... Las aldeanas que padecen el mal de su
+hermana de usted se curan con agua, donde echan un manojo de clavos, o
+escoria de fragua.... La civilizaci&oacute;n hace artificioso todo: si quiere
+sanar, que no trasnoche, que no ande en funciones... el cors&eacute; flojo, los
+tacones anchos....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, pide peras al olmo, al olmo&mdash;ceceaba Perico por lo bajo&mdash;.
+Cualquier d&iacute;a se pone mi se&ntilde;ora hermana un alfiler menos, un alfiler
+menos, aunque se la lleve pateta.</p>
+
+<p>Cuando Pilar supo la decisi&oacute;n del Esculapio, colg&aacute;rse del cuello de
+Perico, en un arranque de amor fraternal no manifestado hasta entonces.
+Hizo mil moner&iacute;as felinas, se volvi&oacute; dulce, obediente, prudent&iacute;sima en
+todo, prometiendo cuanto se le exig&iacute;a y m&aacute;s a&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Periqu&iacute;n, reprecioso, anda, mono, &iquest;verdad que me llevas? Anda, di que
+s&iacute;, bobo, anda. &iexcl;Si vales t&uacute; m&aacute;s que todas las cosas! Anda, &iquest;qu&eacute;
+Puertollano ni qu&eacute;...? Vamos a Francia, &iexcl;qu&eacute; gusto, se&ntilde;or! &iexcl;parece
+mentira! &iexcl;Qu&eacute; dir&aacute;n cuando lo sepan Visitaci&oacute;n y las de Lomillos! No, ya
+ves t&uacute;, cuando el m&eacute;dico lo dice, hay que hacerlo.... &iquest;Qu&eacute; te voy a
+estorbar siempre cosida a ti? Hombre, yo encontrar&eacute; amigas: &iquest;no ha de
+estar all&iacute; nadie conocido? Yo me ingeniar&eacute;, ver&aacute;s. Voy a hacerme un
+traje de tela cruda, que hasta all&iacute;.... Bueno, bueno, hombre, no te
+pongas hecho una sierpe.... Si ya s&eacute; que tengo que guardar m&eacute;todo, y
+acostarme temprano... a las ocho con las gallinitas: &iquest;qu&eacute; m&aacute;s pides?
+&iexcl;Ay, qu&eacute; rico hermano me dio Dios! &iexcl;As&iacute; todas se me mueren por &eacute;l!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si pensar&aacute;s, si pensar&aacute;s t&uacute; que me la das con tus lagoter&iacute;as? Anda,
+d&eacute;jame en paz... te llevo porque es preciso, preciso, si no &iquest;qui&eacute;n te
+aguanta en invierno? Pero a ver c&oacute;mo somos formales, formales... o te
+quemo esos mo&ntilde;os malditos... al fin nunca vas sino hecha una cursi, una
+cursi....</p>
+
+<p>Devor&oacute; la injuria Pilar, como devorar&iacute;a en tales circunstancias otra m&aacute;s
+fuerte a&uacute;n, y s&oacute;lo pens&oacute; en el elegante viaje que con tanto lucimiento
+coronaba sus expediciones veraniegas. Gonzalvo padre, que am&eacute;n de la
+jubilaci&oacute;n no carec&iacute;a de bienes, afloj&oacute; los cordones de la bolsa, no sin
+recomendar la parsimonia y econom&iacute;a a su hija: en los asuntos de Perico
+no se met&iacute;a nunca, pas&aacute;bale una pensi&oacute;n mensual, y hac&iacute;a como si no
+viese que Perico, recibiendo como uno, gastaba como diez, la daba de
+pr&iacute;ncipe y jam&aacute;s ped&iacute;a aumento de sueldo.</p>
+
+<p>Con esto, los dos hermanos salieron en triunfo del Sardinero para
+Francia y detuvi&eacute;ronse en Bayona, en el hotel de San Esteban, donde
+tuvimos la honra de conocerles. Vio el cielo abierto Perico cuando supo
+que Miranda y su mujer segu&iacute;an a Vichy, y comprendi&oacute; que Luc&iacute;a era la
+persona m&aacute;s a prop&oacute;sito para relevarle en acompa&ntilde;ar a Pilar, y a&uacute;n para
+hacer de enfermera en caso de necesidad. Desde luego foment&oacute; el trato de
+las dos, y concertaron salir reunidos para Vichy.</p>
+
+<p>Las noticias dadas por su hermano acerca de Luc&iacute;a y Miranda lograron
+aguzar singularmente la hambrienta curiosidad de la an&eacute;mica, y su olfato
+fino percib&iacute;a no s&eacute; qu&eacute; emanaciones novelescas en los sucesos acaecidos
+al matrimonio. El hermano y la hermana hab&iacute;an conferenciado largamente
+acerca del asunto, a medias palabras, atrevi&eacute;ndose a veces a lanzar una
+expresi&oacute;n m&aacute;s viva y cruda, ri&eacute;ndose entrambos. Era uno de los goces
+mayores de Luc&iacute;a las conversaciones que a veces pasaba con Perico cuando
+&eacute;l se dignaba tratarla, no como a una chiquilla, sino como a mujer
+hecha, y le comunicaba detalles, an&eacute;cdotas y sucesos de lo que por lo
+regular no llegan a o&iacute;dos de las doncellitas educadas con cierta
+severidad y recato. Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos
+entre s&iacute;, se entend&iacute;an a maravilla en el terreno de las picardig&uuml;elas, y
+a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del
+hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer a&uacute;n al hombre
+menos capaz de tenerla. Experimentaba Pilar malsana fruici&oacute;n en recorrer
+aspectos del cosmorama de la vida, donde nunca fijaban sus ojos las
+hijas de los grandes de Espa&ntilde;a por ella tan envidiadas, y que, por
+entonces, viviendo en la claustral atm&oacute;sfera de sus palacios, vigiladas
+siempre por la institutriz r&iacute;gida, llevan en la frente, a los
+veinticinco a&ntilde;os, el sello de su altiva inocencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;dec&iacute;a Perico a Pilar&mdash;sub&iacute; al cuarto de Artegui, porque la
+verdad, la verdad, me dio curiosidad cuando me dijeron que ten&iacute;a una
+chica muy guapa, muy guapa, consigo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro que era para dar curiosidad a la mism&iacute;sima estatua de
+Mendiz&aacute;bal, hombre.... Ese Artegui, a quien nunca se le conoci&oacute; un mal
+trapicheo....</p>
+
+<p>&mdash;No, si es un raro, un raro. Riqu&iacute;simo, y hace vida de fraile. Si yo
+tuviese sus onzas, sus onzas.... &iexcl;ole con ole!</p>
+
+<p>&mdash;Pero di, &iquest;y te parece a ti, que no hay gato encerrado en lo de Artegui
+y Luc&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pch! no&mdash;silb&oacute; Perico, que a diferencia de su hermana, no era
+maldiciente, sino cuando se irritaba contra alguno&mdash;. Ese Artegui tiene
+sangre de horchata, de horchata, y estoy segur&iacute;simo de que ni esto, ni
+esto le ha dicho. (Y chasque&oacute; la u&ntilde;a del pulgar contra uno de sus
+paletos,)</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que ella es una cursi destemplada.... Pero vamos a
+cuentas, Periqu&iacute;n: &iquest;no me dijiste t&uacute; que se qued&oacute; muy triste, y toda
+turulata, cuando &eacute;l se fue y entr&oacute; Miranda despu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Pero ponte en el caso, ponte en el caso.... Miranda parec&iacute;a la estampa
+de la herej&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;No, no quisiera verme en el caso&mdash;exclam&oacute; Pilar riendo a carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los
+gallos que est&aacute;n de mal humor...&mdash;sigui&oacute; Perico riendo a su vez&mdash;. Si
+hab&iacute;a de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica... le solt&oacute;
+una fil&iacute;pica como para ella sola, para ella sola, porque no se hab&iacute;a
+vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada...
+Tambi&eacute;n s&oacute;lo a &eacute;l se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no
+telegrafiar a su mujer avis&aacute;ndola.... Y le pregunt&oacute; con un aire tr&aacute;gico,
+tr&aacute;gico: &laquo;&iquest;d&oacute;nde anda tu sol&iacute;cito acompa&ntilde;ante?&raquo; Estaba el hombre
+celestial.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves? Pues tiene celos el marido. Lo dec&iacute;a yo.... Si t&uacute; eres un
+inocent&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hija, hija, hija! &iexcl;Cualquiera me la pega a m&iacute;, a m&iacute;, en esas
+cuestiones! Te digo, te digo, que no ten&iacute;an nada Artegui y Luc&iacute;a, y
+Luc&iacute;a....</p>
+
+<p>Ahora mismo apuesto cuatro onzas, cuatro onzas....</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;recalc&oacute; Pilar con su insistencia de enfermo l&uacute;cido&mdash;, aseguro
+que lo que es ella... ella... a &eacute;l no le he visto, que si le viese,
+sabr&iacute;a.... Pero ella... cada suspiro le o&iacute;... y esos no son por Miranda.
+Est&aacute; a veces tan pensativa.. aunque otras se alegra y r&iacute;e, y es una
+chiquilla....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah, bah! no digo yo que a ella, all&aacute; en sus adentros, sus
+adentros... pero t&uacute; no entiendes de esto... yo te afirmo que lo que es
+tener, no han tenido nada, nada... si sabr&eacute; yo....</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n...&mdash;afirm&oacute; c&iacute;nicamente Pilar&mdash;. Bueno, los dos
+acertamos... no hubo nada... pero est&aacute;.... &iquest;c&oacute;mo dicen de las palomas en
+el tiro? Tocada en el ala.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! &iexcl;Bah!&mdash;silb&oacute; de nuevo Perico, indicando su desd&eacute;n hacia todo
+sentimentalismo, ensue&ntilde;o o an&aacute;loga nimiedad amorosa&mdash;. Eso no vale nada,
+nada... como no le esperen a Miranda peores ratos... tiene bemoles,
+bemoles, eso de torcerse una pata, y esperarse dos d&iacute;as a que la
+enderecen, enderecen... dejando a su novia andar por esos mundos.... Es
+divino, divino. Lo que le carga a &eacute;l, es que se sepa, que se sepa... yo
+le doy cada solo....</p>
+
+<p>&mdash;No, mira, no le enfades.... Ya sabes que nos vinieron como llovidos
+del cielo....</p>
+
+<p>&mdash;No te ocupes, hija, no te ocupes.... Si lo cierto es que Miranda no
+vive, no vive sin m&iacute;, porque se aburre, se aburre, y s&oacute;lo yo le quito el
+espl&iacute;n, el espl&iacute;n, el espl&iacute;n, habl&aacute;ndole de sus conquistas.... Y est&aacute;
+hecho una plasta.... Falta le hace beberse medio Vichy... meterse ahora
+en floreos, a su edad, a su edad....</p>
+
+<p>No era aburrimiento lo que ten&iacute;a Miranda: era su mal del h&iacute;gado,
+furiosamente exacerbado con el despecho de la rid&iacute;cula aventura que
+cort&oacute; el viaje de novios. Sus sienes verdeaban, sus ojeras se te&ntilde;&iacute;an de
+matices amoratados, la bilis se infiltraba bajo la piel, y as&iacute; como una
+casa nueva hace parecer m&aacute;s vetustas las que est&aacute;n a su lado, as&iacute; la
+lozana juventud de Luc&iacute;a acentuaba el deterioro del marido. Verific&aacute;base
+en Luc&iacute;a la encantadora transici&oacute;n de ni&ntilde;a a mujer; sus movimientos, m&aacute;s
+lentos y reposados, ten&iacute;an mayor gracia; al paso que en &eacute;l, la madurez
+se trocaba en vejez, m&aacute;s bien que por los a&ntilde;os, por la ruina de la
+organizaci&oacute;n. Mostr&aacute;base Luc&iacute;a con &eacute;l tanto m&aacute;s afectuosa, cuanto m&aacute;s le
+ve&iacute;a ro&iacute;do por los achaques, y cuanto m&aacute;s notaba en su rostro las
+huellas del padecimiento cruel. No la arredraban ciertos despegos,
+ciertas durezas inexplicables de Miranda; serv&iacute;ale piadosa y
+filialmente, habl&aacute;bale con dulzura, hac&iacute;ale ella misma los remedios y le
+vendaba el pie lastimado, con la devoci&oacute;n con que vestir&iacute;a a una santa
+imagen. Era feliz y hasta se conmov&iacute;a, cuando &eacute;l hallaba bien colocado
+el ap&oacute;sito. Al fin Miranda pudo andar sin riesgo. Las lujaciones duran
+poco, aunque en la edad de Miranda sean m&aacute;s tenaces. Di&eacute;ronle de alta, y
+todos se dispusieron a tomar la ruta de Vichy. La estaci&oacute;n adelantaba:
+estaban casi a mediados de Septiembre, y esperar m&aacute;s era exponerse a las
+persistentes lluvias de aquel clima. Por encargo de Miranda el ama del
+hotel escribi&oacute; a la villa termal, encargando hospedaje. Con verbosidad
+enteramente francesa convenci&oacute; a Miranda y a Perico de que deb&iacute;an
+alojarse en un <i>chalet</i>, por evitar a las damas la enojosa promiscuidad
+de la mesa redonda de hotel, y para que se encontrasen como en su propia
+casa. Repartido entre las dos familias, no ser&iacute;a exorbitante el coste y
+las ventajas muchas. Convini&eacute;ronse en ello, y Miranda hubo de pedir la
+cuenta del gasto hecho en el hotel, que le trajeron escrita en casi
+indescifrables garrapatos. Cuando logr&oacute; entenderlos llam&oacute; al ama.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;&mdash;dijo apoyando el dedo sobre las patas de mosca&mdash;hay un error; se
+equivoca usted en contra suya. A la se&ntilde;ora le pone usted los mismos d&iacute;as
+de estancia que a m&iacute;, y en realidad tiene dos m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Dos m&aacute;s... contest&oacute; el ama reflexionando.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora; &iquest;no lleg&oacute; dos d&iacute;as antes?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! tiene el se&ntilde;or raz&oacute;n... pero es que <i>Monsieur</i> Artegui, los dej&oacute;
+pagados.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, que a la saz&oacute;n doblaba algunas prendas de ropa para colocarlas en
+su ba&uacute;l, volvi&oacute; repentinamente la cabeza, como ave al reclamo. Sus
+mejillas estaban encendidas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pagados!&mdash;repiti&oacute; Miranda, en cuya pupila mortecina y t&eacute;rrea se
+encendi&oacute; breve chispa&mdash;. &iexcl;Pagados! &iquest;Y con qu&eacute; derecho, se&ntilde;ora? Quisiera
+saberlo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, eso no me concierne... (<i>ce n'est pas mon affaire</i>)&mdash;exclam&oacute; la
+fondista, acudiendo, para mejor explicarse, a su idioma natal&mdash;. Yo
+recibo viajeros, &iquest;no es eso? Viene una dama con un caballero, &iquest;no es
+eso? Me paga la estancia de esa dama al marcharse, y yo no le pregunto
+si tiene o no derecho para pagar, &iquest;no es eso? &Eacute;l paga, y basta (<i>voil&aacute;
+tout</i>).</p>
+
+<p>&mdash;Pues&mdash;pronunci&oacute; Miranda, alzando la voz&mdash;lo de la se&ntilde;ora lo pago yo, y
+nada m&aacute;s; y usted me har&aacute; merced de girar una letra a... ese se&ntilde;or,
+devolvi&eacute;ndole lo cobrado.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or ser&aacute; bastante amable de dispensarme...&mdash;protest&oacute; la fondista,
+despedazando sin compasi&oacute;n, en su aturdimiento, la sintaxis
+castellana&mdash;. Yo me reh&uacute;so a lo que el se&ntilde;or propone, yo soy
+verdaderamente desolada, pero esto, no se hace, esto no se hizo jam&aacute;s en
+nuestras casas.... Ser&iacute;a una falta, una grave falta, Monsieur Artegui
+tendr&iacute;a raz&oacute;n de quejarse.... Yo demando bien perd&oacute;n al se&ntilde;or....</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;yase usted al demonio&mdash;contest&oacute; en castizo castellano Miranda,
+volviendo las espaldas a su interlocutora, y olvidando, como sol&iacute;a, sus
+postizas finuras de sal&oacute;n ante la herida de su amor propio.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a aun vend&oacute; aquella noche el pie, casi sano ya, de Miranda. H&iacute;zolo
+con el tino y delicadeza que acostumbraba; pero al apoyar en su rodilla
+la planta de su marido para mejor poder colocar la compresa y ce&ntilde;ir las
+tiras de goma el&aacute;stica a la articulaci&oacute;n, no sonre&iacute;a como las dem&aacute;s
+veces. Silenciosa llen&oacute; el caritativo deber, y al levantarse del suelo,
+exhal&oacute; leve suspiro, como el que desahoga, cumplida alguna tarea de que
+cuerpo y esp&iacute;ritu por igual recibieron cansancio.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2>
+
+
+<p>El <i>chalet</i> alquilado en Vichy por las dos familias, Miranda y Gonzalvo,
+llevaba el po&eacute;tico letrero de <i>Chalet de las Rosas</i>. A fin de justificar
+el nombre, sin duda, corr&iacute;an por todos sus calados bala&uacute;stres airosos
+festones de rosal enredadera, al extremo de cuyas ramas oscilaban las
+cabecitas l&aacute;nguidas de las &uacute;ltimas rosas de la estaci&oacute;n. Hab&iacute;alas color
+barquillo bajo, realzadas por la nota de fuego de las bengalas, y las
+rosas enanas, de matiz de carne, parec&iacute;an rostros microsc&oacute;picos, que
+miraban curiosos a las vidrieras del <i>chalet</i>. En el jardinete, ante el
+peristilo, era una gentil confusi&oacute;n de rosas de todos los tonos y
+tama&ntilde;os. Las <i>Maimaison</i> descollaban rosadas y turgentes, como un
+hermoso seno; las t&eacute; se deshac&iacute;an, dejando pender sus desmayados
+p&eacute;talos; las de Alejandr&iacute;a, erguidas y elegantes, vert&iacute;an su copa de
+esencia embriagadora; las musgosas re&iacute;an ir&oacute;nicas con sus labios de
+carm&iacute;n, al trav&eacute;s de una barba tupida y verde; las albas desafiaban a la
+nieve con su fr&iacute;a y c&aacute;ndida belleza, con su rigidez p&uacute;dica de flores de
+batista. Y entre sus lindas hermanas, la ex&oacute;tica viridiflora ocultaba
+sus capullos glaucos, como avergonz&aacute;ndose del extra&ntilde;o color alagartado
+de sus flores de su fealdad de planta rara, interesante tan s&oacute;lo para el
+bot&aacute;nico.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a el <i>chalet</i> los dos pisos de rigor; el entresuelo repartido en
+comedor, cocina, salita y un angosto recibimiento; el principal dedicado
+a dormitorios y cuartos de aseo. A la altura del principal corr&iacute;a una
+balconada, calada como fin&iacute;simo encaje, que se repet&iacute;a en el entresuelo,
+cubierta casi por las enredaderas. Delgada verja de hierro aislaba el
+<i>chalet</i> por la parte que daba a la v&iacute;a p&uacute;blica, avenida plantada de
+&aacute;rboles; por donde confinaba con otras casas y jardines, hac&iacute;an el mismo
+oficio unas breves tapias. A la entrada de la verja, sobre sendas
+columnas de m&aacute;rmol gris, dos ni&ntilde;os de bronce alzaban sus bracitos
+gordezuelos para sostener una bomba de cristal mate, que proteg&iacute;a un
+mechero de gas. Comprend&iacute;ase a primera vista que el <i>chalet</i>, con sus
+delgadas paredes de madera, mal defender&iacute;a a sus habitantes del fr&iacute;o del
+invierno y los calores del verano; pero en la estaci&oacute;n de oto&ntilde;o,
+templada y benigna, aquella caprichosa construcci&oacute;n, orlada de franjas
+de menuda crester&iacute;a, trabajada como un juguete de sobremesa, engalanada
+de fresca guirnalda de rosales, era el albergue m&aacute;s coquet&oacute;n y donoso
+que puede imaginar la mente, el nido m&aacute;s adecuado para una pareja de
+enamoradas t&oacute;rtolas. Yo siento tener que dar a tan lindos edificios, que
+en Vichy abundan, el nombre extranjerizo de <i>chalet</i>; pero &iquest;qu&eacute; hacer si
+en castellano no hay vocablo correspondiente? Lo que aqu&iacute; denominamos
+choza, caba&ntilde;a o casa r&uacute;stica, no significa en modo alguno lo que todo el
+mundo entiende por <i>chalet</i>, que es una concepci&oacute;n arquitect&oacute;nica
+peculiar a los valles helv&eacute;ticos, donde el arte, inspir&aacute;ndose en la
+Naturaleza, reprodujo las formas de los alerces y pinabetes, y los
+delicados arabescos del hielo y la escarcha, bien como los egipcios
+tomaron de la flor del loto los capiteles de sus pilones, En Vichy los
+<i>chalets</i> se construyen con el exclusivo objeto de alquilarlos
+amueblados a los extranjeros. La conserje del <i>chalet</i> se encarga del
+gobierno de casa, de la compra y aun de guisar: el conserje atiende a la
+limpieza, corta las ramas del jardinete, gu&iacute;a las enredaderas, barre las
+calles enarenadas, sirve a la mesa y abre la puerta. Instal&aacute;ronse, pues,
+los Miranda y los Gonzalvo si m&aacute;s cuidado que el de entregar al conserje
+sus abrigos de viaje y sentarse en sus respectivos puestos en el
+comedor.</p>
+
+<p>Aunque Luc&iacute;a, y sobre todo Pilar, se sent&iacute;an un tanto fatigadas del
+largo trayecto en ferrocarril, no dejaron de entusiasmarse con la
+belleza de la morada que les deparaba el destino. El balc&oacute;n, sobre todo,
+les parec&iacute;a delicioso para hacer labor y para leer. Acord&aacute;base Pilar de
+cuantas acuarelas, pa&iacute;ses de abanico y estampas sentimentales hab&iacute;a
+visto, que representasen el ya trivial asunto de una joven cuya cabeza
+asoma por entre un marco de follaje. Luc&iacute;a, a su vez, comparaba su casa
+de Le&oacute;n, antigua, maciza, y l&oacute;brega, con aquella vivienda, donde todo
+era flamante y gentil, desde los encerados relucientes pisos hasta las
+cortinas de cretona azul rameadas de campanillas rosa. Al otro d&iacute;a de la
+llegada, cuando Luc&iacute;a salt&oacute; del lecho, fue su primer cuidado salir al
+balc&oacute;n, de all&iacute; al jard&iacute;n, recogi&eacute;ndose la bata con unos alfileres para
+no mojarla en el h&uacute;medo piso. Hall&oacute; a las rosas acabaditas de salir del
+ba&ntilde;o de roc&iacute;o, tersas, muy ufanas, adornadas cada cual con su collar de
+perlas o de diamantes. Fue oli&eacute;ndolas una por una, pas&aacute;ndoles los dedos
+por las hojas sin atreverse a cortarlas; d&aacute;bale mucha l&aacute;stima pensar
+c&oacute;mo se quedar&iacute;a la mata, hu&eacute;rfana de su flor. A aquella hora apenas
+ol&iacute;an las rosas: era m&aacute;s bien un aroma general de humedad y frescura,
+que se elevaba del c&eacute;sped de las plantas, y del conjunto de &aacute;rboles
+vecinos. Haylos en Vichy por todas partes; a la tarde, cuando Luc&iacute;a y
+Pilar recorrieron las calles de la villa termal para informarse de su
+traza, lanzaron exclamaciones de contento al dar a cada instante con una
+sombra, una alameda, un parque. Pilar opinaba que Vichy ten&iacute;a aspecto
+elegante; Luc&iacute;a, menos entendida en elegancias y modas, gustaba
+sencillamente de tanto verdor, de tanta Naturaleza, que reposaba sus
+ojos, movi&eacute;ndola a veces a imaginar que, a despecho de sus calles
+concurridas, de sus tiendas brillantes, era Vichy una aldea, dispuesta a
+prop&oacute;sito para contentar sus exigencias secretas e &iacute;ntimas de soledad.
+Aldea formada de palacios, adornada con todo el refinamiento de
+comodidad y lujo inteligente que caracteriza a nuestro siglo; pero al
+fin aldea.</p>
+
+<p>A un tiempo comenzaron Pilar y Miranda la temporada termal, si bien con
+m&eacute;todo tan distinto como lo requer&iacute;a la diferencia de sus males. Miranda
+hubo de beber las aguas hirvientes y en&eacute;rgicas de la <i>Reja-Grande</i>,
+someti&eacute;ndose a la vez a un complicado sistema de afusiones locales,
+ba&ntilde;os y duchas, mientras la an&eacute;mica absorb&iacute;a a peque&ntilde;as dosis la picante
+linfa, gaseosa y ferruginosa del manantial de las <i>Se&ntilde;oras</i>.
+Estableciose desde entonces una lucha perenne entre Pilar y los que la
+acompa&ntilde;aban. Eran necesarios esfuerzos heroicos para contenerla e
+impedir que hiciese la vida de las ba&ntilde;istas del gran tono, que ocupaban
+el d&iacute;a entero en lucir trajes y divertirse. Desde este punto de vista,
+fue funesta a Pilar la presencia en Vichy de seis u ocho espa&ntilde;olas
+conocidas que a&uacute;n aprovechaban all&iacute; el fin de la estaci&oacute;n. Era pasado ya
+lo mejor y m&aacute;s brillante de &eacute;sta; las corridas, el tiro de pich&oacute;n, las
+grandes excursiones en calesas y &oacute;mnibus al Borbon&eacute;s, comenzadas en
+Agosto, conclu&iacute;an en los primeros d&iacute;as de Septiembre. Pero quedaban a&uacute;n
+los conciertos en el Parque, el gran paseo por la avenida pavimentada de
+asfalto, las fiestas nocturnas en el Casino, el teatro, que, pr&oacute;ximo a
+cerrarse, se ve&iacute;a m&aacute;s concurrido cada vez. Pilar se mor&iacute;a por reunirse a
+la docena de compatriotas de distinci&oacute;n que revoloteaban en el ef&iacute;mero
+torbellino de los placeres termales. El m&eacute;dico de consulta a quien se
+hab&iacute;an dirigido en Vichy, al par que recomendaba las distracciones a
+Miranda, prohib&iacute;a severamente a la an&eacute;mica todo g&eacute;nero de excitaci&oacute;n,
+encarg&aacute;ndole mucho que procurase aprovechar el car&aacute;cter semi rural de la
+villa para hacer vida de campo en lo posible, acost&aacute;ndose con las
+gallinas y madrugando con el sol. Exig&iacute;a este r&eacute;gimen mucha constancia
+y, sobre todo, una persona que, continuamente al lado de la rebelde
+enferma, no descuidase ni un segundo el obligarla a seguir las
+prescripciones del facultativo. Ni Miranda ni Perico serv&iacute;an para el
+caso. Miranda cubr&iacute;a las formas sociales exhortando a Pilar a &laquo;cuidarse&raquo;
+y &laquo;no hacer tonter&iacute;as&raquo;, todo ello dicho con el calor ficticio que
+muestran los ego&iacute;stas cuando se trata de la salud ajena. Perico se
+enojaba de ver a su hermana echando en saco roto las advertencias del
+doctor, cosa que pod&iacute;a alargar la cura, y por ende la estancia en Vichy,
+pero no era capaz de vigilarla y de atender a que cumpliese las &oacute;rdenes
+recibidas. Dec&iacute;ale a veces:</p>
+
+<p>&mdash;Me alegrar&eacute; de que te lleven los demonios, los demonios, y de que
+est&eacute;s este invierno color de lim&oacute;n seco, de lim&oacute;n seco.... T&uacute; lo
+quisiste, pues agu&aacute;ntalo....</p>
+
+<p>La &uacute;nica persona que se consagr&oacute; a que Pilar observase el r&eacute;gimen
+saludable, fue, pues, Luc&iacute;a. H&iacute;zolo movida de la necesidad de abnegaci&oacute;n
+que experimentan las naturalezas ricas y j&oacute;venes, a quienes su propia
+actividad tortura y han menester encaminarla a alg&uacute;n fin, y del instinto
+que impulsa a dar de comer al animal a quien todos descuidan, o a coger
+de la mano al ni&ntilde;o abandonado en la calle. Al alcance de Luc&iacute;a s&oacute;lo
+estaba Pilar, y en Pilar puso sus afectos. Perico Gonzalvo no
+simpatizaba con Luc&iacute;a, encontr&aacute;ndola muy provinciana y muy poco mujer en
+cuanto a las artes de agradar. Miranda, ya un tanto rejuvenecido por los
+favorables efectos de la primer semana de aguas, se iba con Perico al
+Casino, al Parque, enderezando la espina dorsal y retorci&eacute;ndose otra vez
+los bigotes. Quedaban pues frente a frente las dos mujeres. Luc&iacute;a se
+sujetaba en todo al m&eacute;todo de la enferma. A las seis dejaba pasito el
+lecho conyugal y se iba a despertar a la an&eacute;mica, a fin de que el
+prolongado sue&ntilde;o no le causase peligrosos sudores. Sacabala presto al
+balc&oacute;n del piso bajo, a respirar el aire puro de la ma&ntilde;anita, y gozaban
+ambas del amanecer campesino, que parec&iacute;a sacudir a Vichy,
+estremeci&eacute;ndole con una especie de anhelo madrugador. Comenzaba muy
+temprano la vida cotidiana en la villa termal, porque los habitantes,
+hosteleros de oficio casi todos durante la estaci&oacute;n de aguas, ten&iacute;an que
+ir a la compra y apercibirse a dar el almuerzo a sus hu&eacute;spedes cuando
+&eacute;stos volviesen de beber el primer vaso. Por lo regular, aparec&iacute;a el
+alba un tanto envuelta en crespones grises, y las copas de los grandes
+&aacute;rboles susurraban al cruzarlas el airecillo retoz&oacute;n. Pasaba alg&uacute;n
+obrero, larga la barba, mal lavado y hura&ntilde;o el semblante, renqueando,
+so&ntilde;oliento, el espinazo arqueado a&uacute;n por la curvatura del sue&ntilde;o de plomo
+a que se entregaran la v&iacute;spera sus miembros exhaustos. Las criadas de
+servir, con el cesto al brazo, ancho mandil de tela gris o azul, pelo
+bien alisado&mdash;como de mujer que s&oacute;lo dispone en el d&iacute;a de diez minutos
+para el tocador y los aprovecha&mdash;, iban con paso ligero, temerosas de
+que se les hiciese tarde. Los quintos sal&iacute;an de un cuartel pr&oacute;ximo,
+derechos, muy abotonados de uniforme, las orejas coloradas con tanto
+frot&aacute;rselas en las abluciones matinales, el cogote afeitado al rape, las
+manos en los bolsillos del pantal&oacute;n, silbando alguna tonada. Una
+vejezuela, con su gorra muy blanca y limpia, remangado el traje, barr&iacute;a
+con esmero las hojas secas esparcidas por la acera de asfalto; segu&iacute;ala
+un faldero que olfateaba como desorientado cada mont&oacute;n de hojas reunido
+por la escoba diligente. Carros se velan much&iacute;simos y de todas formas y
+dimensiones, y entreten&iacute;ase Luc&iacute;a en observarlos y compararlos. Algunos,
+montados en dos enormes ruedas, iban tirados por un asnillo de
+impacientes orejas, y guiados por mujeres de rostro duro y curtido, que
+llevaban el cl&aacute;sico sombrero borbon&eacute;s, especie de esportilla de paja con
+dos cintas de terciopelo negro cruzadas por la copa: eran carros de
+lechera: en la zaga, una fila de c&aacute;ntaros de hojalata encerraba la
+mercanc&iacute;a. Las carretas de transportar tierra y cal eran m&aacute;s bastas y
+las mov&iacute;a un forzudo percher&oacute;n, cuyos jaeces adornaban flecos de lana
+roja. Al ir de vac&iacute;o rodaban con cierta dejadez, y al volver cargados,
+el conductor manejaba la fusta, el caballo trotaba animosamente y
+repiqueteaban las campanillas de la frontalera. Si hac&iacute;a sol, Luc&iacute;a y
+Pilar bajaban al jardinete y pegaban el rostro a los hierros de la
+verja; pero en las ma&ntilde;anas lluviosas qued&aacute;banse en el balc&oacute;n, protegidas
+por los voladizos del <i>chalet</i>, y escuchando el rumor de las gotas de
+lluvia, cayendo aprisa, aprisa, con menudo ruido de bombardeo, sobre las
+hojas de los pl&aacute;tanos, que cruj&iacute;an como la seda al arrugarse.</p>
+
+<p>Mas el tiempo se empe&ntilde;&oacute; en festejar a las viajeras, y poco despu&eacute;s de su
+llegada a Vichy brindoles los m&aacute;s espl&eacute;ndidos y apacibles d&iacute;as que
+quepan en oto&ntilde;o, estaci&oacute;n de serenidad, sobre todo cuando comienza.</p>
+
+<p>Despejada y clara la atm&oacute;sfera, el calor benigno, las plantas en la
+plenitud de su coloraci&oacute;n y riqueza, las tardes entrelargas y las
+ma&ntilde;anas alegres, aprovechose Luc&iacute;a de tan buenas circunstancias para
+resolver a Pilar a salir al campo, seg&uacute;n lo dispuesto por el doctor.
+Entraba en la medicaci&oacute;n el que Pilar anduv&iacute;ese a lomos de borrico, a
+fin de que el trotecillo desigual le sirviera de ejercicio moviendo su
+sangre, sin causarle fatiga; y aunque la enferma aborrec&iacute;a con toda su
+alma semejante cabalgadura, y hasta salir del pueblo iba a pie a costa
+de arrastrarse trabajosamente, consent&iacute;a en montar, apenas se hallaba
+fuera de poblado. El sacudimiento la agitaba, y sonrose&aacute;banse unas
+miajas sus mejillas. Luc&iacute;a hallaba en ello ocasi&oacute;n de bromas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves c&oacute;mo es bueno montar en caballos briosos? Est&aacute;s muy reguapa:
+pareces otra: mira, para hacer una conquista, no ten&iacute;as m&aacute;s que darte
+una vueltecita as&iacute;, por delante del Casino, cuando est&aacute; tocando la
+orquesta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horror!&mdash;exclamaba la an&eacute;mica dando un grito&mdash;. Si me viesen las
+de Am&eacute;zaga.... &iexcl;ellas, que nunca van sino en charab&aacute;n o en milor!</p>
+
+<p>Dirig&iacute;anse las dos amigas, ya hacia la <i>Monta&ntilde;a Verde</i>, ya hacia el
+camino de <i>las Se&ntilde;oras</i> o hacia el manantial intermitente de Vesse. La
+<i>Monta&ntilde;a Verde</i> es el punto m&aacute;s elevado de las inmediaciones de Vichy.
+Est&aacute; la monta&ntilde;uela cubierta de vegetaci&oacute;n, pero de vegetaci&oacute;n baja, a
+flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de
+gigante con cabellera corta y espes&iacute;sima. Ya en la c&uacute;spide, sub&iacute;an al
+mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que
+se extend&iacute;a en torno. Las suaves laderas, tapizadas de vi&ntilde;as, bajaban
+hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En
+lontananza, la cadena del Forez ergu&iacute;a sus mamelones donde la nieve
+refulg&iacute;a cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos
+y grises, parec&iacute;an fantasmas de neblina; el castillo de Borb&oacute;n Busset
+surg&iacute;a de las brumas con sus torreones se&ntilde;oriales, avergonzando al
+pacifico palacio de Rand&aacute;n, con todo el desd&eacute;n de un Borb&oacute;n leg&iacute;timo
+hacia la rama degenerada de los Orle&aacute;ns. El camino de <i>las Se&ntilde;oras</i> era
+la excursi&oacute;n favorita de Luc&iacute;a. Estrecha vereda, sombreada por espesos
+&aacute;rboles, sigue d&oacute;cil el curso del Sich&oacute;n, deteni&eacute;ndose cuando al r&iacute;o se
+le antoja formar un remanso y torci&eacute;ndose en graciosas curvas como la
+tranquila corriente. A cada paso corta la monoton&iacute;a de las hileras de
+chopos y negrillos alg&uacute;n accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una
+casita que remoja los pies en el r&iacute;o, ya una presa, ya un molino, ya una
+charca de patos. El molino, en particular, parec&iacute;a dispuesto por un
+pintor efectista para alg&uacute;n lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto,
+comido de h&uacute;meda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera
+que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el
+ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un c&iacute;clope. Eran
+destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argenter&iacute;a l&iacute;quida
+que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la
+pesada rueda exhalaba al girar, completaba el s&iacute;mil, remedando el h&aacute;lito
+del monstruo. Un puente lanzado con osad&iacute;a sobre el mismo arco de la
+catarata que formaba la presa dejaba ver, al trav&eacute;s de su tablaz&oacute;n mal
+junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra
+hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero
+irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las
+desiguales ventanas florec&iacute;a un tiesto de petunias. Qued&aacute;base Luc&iacute;a
+muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada
+por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del
+agua batida. Pilar prefer&iacute;a el manantial intermitente que le
+proporcionaba las emociones de que era tan &aacute;vido su endeble organismo.
+Lleg&aacute;base al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cog&iacute;a
+bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la
+saz&oacute;n por los calores estivales; s&oacute;lo en los puntos m&aacute;s anchos del cauce
+llevaba agua, y el resto descubr&iacute;a el &aacute;lveo formado de arena en
+prolongadas zonas blancas. A lo m&aacute;s r&aacute;pido de la corriente, obscuros
+pe&ntilde;ascos se interpon&iacute;an, originando otros tantos remolinos; saltaba el
+agua, espumaba un punto col&eacute;rica, y despu&eacute;s segu&iacute;a mansa y sesga como de
+costumbre. En lontananza se descubr&iacute;a extensa vega. Dilatadas prader&iacute;as,
+donde pac&iacute;an vacas y borregos, estaban limitadas al t&eacute;rmino del
+horizonte por una l&iacute;nea de chopos verde p&aacute;lido, muy rectos y agudos, a
+la manera de los &aacute;rboles contrahechos de las cajas de juguetes; los
+mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor
+sombr&iacute;o rodantes por la pradera. Completaba la lejan&iacute;a la cima de la
+<i>Monta&ntilde;a Verde</i>, recort&aacute;ndose sobre el cielo con cierta dureza de
+paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde
+obscuro l&iacute;mpido. A la margen del r&iacute;o se ve&iacute;a bajar y subir el brazo
+derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por
+resortes, y se o&iacute;a el plas acompasado de la paleta con que azotaban la
+ropa. Por el agrio talud de la ribera ascend&iacute;an lentos carros cargados
+de arena y casquijo, y cruzaban despu&eacute;s el puente, ba&ntilde;ado en sudor el
+tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban
+las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de
+paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos
+ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una
+mirada triste en los transe&uacute;ntes, sol&iacute;an pegar una huida de costado, un
+trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignaci&oacute;n de su
+paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y
+con trazas de militar, ped&iacute;a limosna con s&oacute;lo una inflexi&oacute;n suplicante
+de la voz y un doliente fruncimiento de cejas.</p>
+
+<p>Conforme dejaban atr&aacute;s el puente, llegando a internarse en la frondosa
+alameda que a Vesse conduce, dilat&aacute;basele el coraz&oacute;n a Luc&iacute;a, creyendo
+hallarse de veras en el campo. Estaban all&iacute; los &aacute;rboles menos
+sim&eacute;tricos, limpios y derechos que en Vichy; m&aacute;s desigual el suelo de la
+ruta; m&aacute;s virgen la hierba de los linderos; menos barnizadas, pulidas y
+flamantes las quintas y hoteles que ambos lados del camino guarnec&iacute;an.
+Ninguna mano celosa barriera las hojas secas que hac&iacute;an natural y blanca
+alfombra, ni los parches de bo&ntilde;iga de vaca ca&iacute;dos a trechos como
+descomunales obleas negras. De tiempo en tiempo ve&iacute;ase alg&uacute;n cobertizo,
+en cuya sombra reluc&iacute;an los aperos de labranza y el r&uacute;stico y potente
+olor de la fecunda tierra labrad&iacute;a penetraba en los pulmones, sano y
+fuerte como las robustas hortalizas que vegetaban en los huertos
+pr&oacute;ximos. Corta distancia hab&iacute;a desde el puente al manantial
+intermitente. Cruzaban el zagu&aacute;n de la casita, entraban en el jard&iacute;n y
+se dirig&iacute;an al cenador cubierto de vi&ntilde;a virgen, que el pil&oacute;n
+resguardaba. Hall&aacute;base el pil&oacute;n vac&iacute;o, y el tubo de bronce del surtidor
+no desped&iacute;a ni gota de agua. Pero Pilar sab&iacute;a de antemano la hora del
+singular fen&oacute;meno, y calculaba con exactitud. El tiempo que tardaba en
+presentarse est&aacute;base ella inclinada sobre el pil&oacute;n, palpitante, muda,
+haciendo un embudo al o&iacute;do con la diestra.</p>
+
+<p>&mdash;Ya viene: lo he sentido, ya silb&oacute;&mdash;dec&iacute;a Luc&iacute;a como si de alg&uacute;n drag&oacute;n
+se tratase.</p>
+
+<p>&mdash;Ver&aacute;s c&oacute;mo no viene por cinco minutos&mdash;respond&iacute;a con seguridad Pilar.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que s&iacute;, mujer... si ya borbotea.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A ver? No, no. Es el ruido del viento que sacude los arbustos. T&uacute; ves
+visiones.</p>
+
+<p>Segu&iacute;ase breve pausa y completo silencio. Una espera tr&aacute;gica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chist! Ahora, ahora&mdash;gritaba la an&eacute;mica palmoteando&mdash;. &iexcl;Ahora s&iacute; que
+viene! &iexcl;Y con alma!</p>
+
+<p>En efecto, o&iacute;ase un borboteo extra&ntilde;o, despu&eacute;s un silbido agudo, y un
+chorro de agua hirviente, que desped&iacute;a intolerable olor sulfuroso, se
+lanzaba, espumante, recto y r&aacute;pido, hasta la c&uacute;pula misma del alto
+cenador. Vaho espeso cubr&iacute;a el pil&oacute;n, enturbiando la atm&oacute;sfera, que
+apestaban las emanaciones del azufre. As&iacute; ascend&iacute;a impetuoso el raudal
+hasta que comenzaba a menguar su fuerza. Entonces la furia de la
+impotencia le hac&iacute;a dar saltos desiguales, convulsiones de epil&eacute;ptico en
+que se torc&iacute;a irritado, espumarajeando, con desesperada proyecci&oacute;n al
+fin, ca&iacute;a domado y ex&aacute;nime, despidiendo s&oacute;lo a intervalos un escaso
+chorro, separado por largos espacios, como las llamaradas postrimeras de
+la luz que se extingue. Terminaba su agon&iacute;a con dos o tres hipos del
+surtidor, a cuyo orificio se asomaba el chorro, sin conseguir lanzarse
+fuera. No volver&iacute;a ya el manantial a correr en diez horas lo menos.</p>
+
+<p>Disputaban frecuentemente Luc&iacute;a y Pilar sobre la conclusi&oacute;n del
+fen&oacute;meno, como sobre su comienzo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya par&oacute;. Va a dormir. Buenas noches, caballero&mdash;exclamaba Luc&iacute;a
+salud&aacute;ndole con la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, mujer, quia! A&uacute;n ha de asomar tres o cuatro veces las narices.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;, si no puede.</p>
+
+<p>&mdash;Que s&iacute; puede. Ver&aacute;s t&uacute; si todav&iacute;a echa unas <i>salivillas</i>, como dice el
+asistente de un primo m&iacute;o artillero. &iexcl;Chist! Oye, oye c&oacute;mo a&uacute;n ronca.
+Una, dos, tres.... Ahora escupe.</p>
+
+<p>&mdash;Cuatro, cinco, seis... vaya, ya no vuelve; est&aacute; el pobre muy cansado.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora no: ya dio las boqueadas.</p>
+
+<p>A la vuelta sol&iacute;an las amigas hallar el puente m&aacute;s animado que a la ida.
+Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de
+Vichy y los ba&ntilde;istas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al
+paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre
+las cuales reluc&iacute;a la nota brillante del estribo y del espol&iacute;n. Alg&uacute;n
+sociable, semejante a ligera canoa, corr&iacute;a arrastrado por su gallardo
+tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos,
+y ufano de su elegante tripulaci&oacute;n; entreve&iacute;anse un instante anchas
+pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros,
+encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros
+alegres, con la alegr&iacute;a del buen tono, que est&aacute; siempre a diapas&oacute;n m&aacute;s
+bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a
+pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la
+librea de la &aacute;urea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre,
+obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marr&oacute;n, al hombro largu&iacute;sima
+ca&ntilde;a de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra
+paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y
+dem&aacute;s enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a
+quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la ca&ntilde;a
+de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples
+peces v&iacute;ctimas del mort&iacute;fero pasatiempo de su padre.</p>
+
+<p>Tanto agradaban a Luc&iacute;a el puente y el r&iacute;o, que a prop&oacute;sito andaba
+despacio al pasarlos. La cortina de verdor del parque nuevo se tend&iacute;a
+ante su vista. Un tiempo fueron pantanos todo aquel hermoso jard&iacute;n,
+hasta que los potentes diques, colocados por Napole&oacute;n III para evitar la
+inundaci&oacute;n que segu&iacute;a a cada crecida del Allier, y el saneamiento del
+terreno, lo hab&iacute;an transformado en un lugar paradis&iacute;aco. Los &aacute;rboles
+selectos, bien nutridos, ten&iacute;an en su mayor parte tonos de felpa verde,
+intensos y aterciopelados; pero algunos amarilleando ya, se encend&iacute;an al
+sol poniente como pir&aacute;mides de filigrana de oro. Otros eran rojizos, de
+un rojo teja, que en las partes heridas por el sol se hac&iacute;a carm&iacute;n. La
+an&eacute;mica sol&iacute;a manifestar, al volver del paseo, el capricho de ir un rato
+a sentarse en los bancos del parque. Por lo regular, all&iacute; hab&iacute;a gente, y
+alguno de los espa&ntilde;oles de la colonia, conocidos de Perico o de Miranda,
+hac&iacute;ase acaso el encontradizo, y las saludaba y dirig&iacute;a algunas frases
+de ritual. A veces se aparec&iacute;an tambi&eacute;n, a guisa de sorprendentes
+cometas, las ricas cubanas de Am&eacute;zaga, con sus sombreros
+extraordinarios, sus sombrillas monumentales y sus atav&iacute;os caprichosos,
+destilados siempre a la quinta esencia de la moda. Pilar las distingu&iacute;a
+de cien leguas, por sus famosos sombreros, imposibles de confundir con
+otro tocado alguno. Eran como dos budineras grandes, cubiertas todas de
+fin&iacute;simas y menudas plumas encarnadas: un p&aacute;jaro natural, una especie de
+fais&aacute;n disecado con primor, contorneaba el ala, torci&eacute;ndose con gracia a
+un lado de la cabeza. Tan singular adorno, semi-indost&aacute;nico sentaba bien
+a la palidez tropical y a los ojos de fuego de las dos cubanitas. Cuando
+se aproximaban, Luc&iacute;a daba un codazo a Pilar, dici&eacute;ndole sin asomo de
+malicia:</p>
+
+<p>&mdash;Mira... ah&iacute; vienen los pajarracos de esas amigas tuyas.</p>
+
+<p>La presencia de las Am&eacute;zagas, como les llamaba Perico, determinaba
+siempre en Pilar una especie de fiebrecilla que la dejaba postrada
+despu&eacute;s para dos horas. Al divisarlas a lo lejos, se compon&iacute;a
+instintivamente el pelo, sacaba el pie calzado con zapatito Luis XV de
+tafilete, y paseaba su mano nerviosa por los morenos encajes de su
+pa&ntilde;oleta, haciendo destacar la flechilla de turquesas que la prend&iacute;a.
+Trababan conversaci&oacute;n, y las de Am&eacute;zaga hablaban como con pereza y
+desd&eacute;n, mirando al cielo o a los transe&uacute;ntes, e hiriendo la arena con el
+cuento de las sombrillas. Respuestas cortas e indolentes &laquo;hija, qu&eacute;
+quieres&raquo;; y &laquo;estuvo magn&iacute;fico&raquo;, &laquo;gente, como nunca&raquo;; &laquo;pues ya se ve que
+estaba la sueca&raquo;; &laquo;raso crema y granadina heliotropo combinados&raquo;; &laquo;como
+siempre, dedicad&iacute;simo a ella&raquo;; &laquo;s&iacute;, s&iacute;, calor&raquo;; &laquo;vaya, me alegro que lo
+pases bien, hija&raquo;; contestaban a las afanosas preguntas de Pilar. Luego
+se alejaban las cubanas, con carcajadillas discretas, con medias
+palabras, taconeando firme y moviendo un ruge-ruge de telas frescas y de
+ropa fina. Un cuarto de hora lo menos quedaba Pilar murmurando de las
+petimetras y de alguien m&aacute;s tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cada d&iacute;a m&aacute;s exageradas y m&aacute;s estrepitosas! Vamos, &iquest;te gusta a ti ese
+traje tan raro, con una cabeza de p&aacute;jaro igual a la del sombrero, en el
+remate de cada frunce? Parecen un escaparate del Museo de Historia
+Natural.... &iexcl;Hasta en el abanico una cabeza de p&aacute;jaro! No se concibe que
+Worth haya ideado ese mamarracho.... Yo creo que los hacen en casa, con
+la doncella, y despu&eacute;s dicen que se los mand&oacute; Worth....</p>
+
+<p>&mdash;No, si aseguran que su padre es un banquero riqu&iacute;simo de la Habana....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, tiene m&aacute;s ingenios que ingenio&mdash;pronunci&oacute; Pilar repitiendo un
+chiste que todo el invierno hab&iacute;a rodado por Madrid a prop&oacute;sito de las
+Am&eacute;zagas.</p>
+
+<p>&mdash;Ello no cabe duda que los p&aacute;jaros son un adorno bien extra&ntilde;o.... Yo
+tambi&eacute;n tengo uno en un sombrero.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, en una toca; pero es diferente. Adem&aacute;s, una se&ntilde;ora casada puede
+permitirse ciertas cosas, que en el traje de las solteras....</p>
+
+<p>&mdash;Por eso hizo bien Perico en no comprarte aquel abrigo bordado de
+cuentas de colores que se te antoj&oacute;. Era muy llamativo.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada de eso... era distinguid&iacute;simo.... &iquest;qu&eacute; entiendes t&uacute; de
+esas cosas?</p>
+
+<p>&mdash;Yo, nada&mdash;respond&iacute;a Luc&iacute;a risue&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El traje de la sueca s&iacute; que ser&iacute;a bonito... crema y heliotropo! &iexcl;me
+gusta la combinaci&oacute;n!... &iexcl;Pero qu&eacute; esc&aacute;ndalo est&aacute; dando con Albares...
+un hombre casado! Buena necesidad que tendr&aacute;n los dos de las aguas....</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, yo le o&iacute; decir a tu hermano que ella no le hace maldito el
+caso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, no parece sino que no est&aacute;n dando un cuarto al pregonero desde
+que llegaron. Albares es un tonto, forrado de lo mismo, que se muere por
+apariencias.... El caso es que todo el mundo en Vichy habla de ellos.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a se quedaba pensativa, fija la pupila en las canastillas de flores
+del parque, que parec&iacute;an medallones de esmalte prendidos en una falda de
+raso verde. Form&aacute;banlas diversas variedades de colios; los del centro
+ten&iacute;an hojas lanceoladas y brillantes, de un morado obscuro, rojo
+p&uacute;rpura, rojo ladrillo, rojo de cresta de pavo, rojo rosa. Al borde, una
+hilera de <i>ruinas de Italia</i> destacaba sus medallitas azuladas sobre el
+verde campesino, gayo, h&uacute;medo, de la hierba. Los alerces y los pinos
+l&aacute;rices formaban en alg&uacute;n rinc&oacute;n del parque un grupo nemoroso, suizo,
+dejando caer sus mil brazos desmadejados, hasta besar l&aacute;nguidamente el
+suelo. Las catalpas, majestuosas, filtraban entre su claro follaje los
+&uacute;ltimos rayos del poniente, y manchillas movedizas y prolongadas de oro
+danzaban a trechos sobre la fina arena de la avenida. Era un
+recogimiento de iglesia, impregnado de misterio, un silencio grave,
+po&eacute;tico, solemne, y parec&iacute;a sacrilegio turbarlo con una frase o un
+adem&aacute;n.</p>
+
+<p>Los paseantes comenzaban a retirarse, y el leve crujido de la arena
+revelaba sus pasos lejanos. Pero ambas amigas acostumbraban, como suele
+decirse, llevarse las llaves del parque, porque justamente a la puesta
+del sol era cuando Luc&iacute;a lo encontraba m&aacute;s hermoso, en aquella
+melanc&oacute;lica estaci&oacute;n oto&ntilde;al. Bajos ya y moribundos los rayos solares,
+ca&iacute;an casi horizontalmente sobre los pradillos de hierba, inflam&aacute;ndolos
+en tonos ardientes como de oro en fusi&oacute;n. Los obscuros conos del alerce
+cortaban este oc&eacute;ano de luz, en el cual se prolongaban sus sombras.
+Deshoj&aacute;banse los pl&aacute;tanos y casta&ntilde;os de Indias, y de cuando en cuando
+ca&iacute;a, con golpe seco y mate, alg&uacute;n erizo, que, abri&eacute;ndose, dejaba rodar
+la reluciente casta&ntilde;a. En las grandes canastillas, que se destacaban
+sobre el fondo de c&eacute;sped, las p&aacute;lidas eglantinas, a la menor brisa
+oto&ntilde;al, soltaban sus fr&aacute;giles p&eacute;talos, las verbenas se arrastraban
+l&aacute;nguidas, como cansadas de vivir, descomponiendo con sus caprichosos
+tallos la forma oval del macizo; los ageratos se ergu&iacute;an, todos llovidos
+de estrellas azules y los peregrinos colios luc&iacute;an sus ex&oacute;ticos matices,
+sus coloraciones met&aacute;licas y sus hojas atigradas, semejantes a escamas
+de reptil, ya blancas con manchas negras, ya verdes con vetas carne, ya
+amaranto obscuro cebradas de rosa cobrizo. Profundo estremecimiento,
+precursor del invierno, atravesaba por la Naturaleza toda, y dij&eacute;rase
+que antes de morir, quer&iacute;a vestirse sus m&aacute;s ricas galas: as&iacute; la vi&ntilde;a
+virgen ten&iacute;a tan espl&eacute;ndido traje de p&uacute;rpura, y el &aacute;lamo blanco elevaba
+con tal coqueter&iacute;a el penacho de c&aacute;ndidos airones de su copa; as&iacute; la
+coralina se adornaba con innumerables sartas y zarcillos de sangriento
+coral, y las cinias recorr&iacute;an toda la escala de los colores vivos con
+sus festoneadas enaguas. El ma&iacute;z listado sacud&iacute;a su brial de seda verde
+y blanca a rayas, con melodioso susurro, y all&aacute; en las lindes de la
+pradera ba&ntilde;ada por el sol, unos arbolillos tiernos inclinaban su joven
+copa. De tal suerte mull&iacute;an las hojas secas el piso de las calles, que
+se enterraba Luc&iacute;a hasta el tobillo, con placer. El roce de su traje
+produc&iacute;a en ellas un ruido continuo, r&aacute;pido, parecido a la respiraci&oacute;n
+jadeante de alguien que la siguiera; y presa de pueril temor, volv&iacute;a a
+veces el rostro atr&aacute;s, ri&eacute;ndose al convencerse de su ilusi&oacute;n. Hojas
+hab&iacute;a muy diferentes entre s&iacute;: unas, obscuras, en descomposici&oacute;n,
+vueltas ya casi mantillo: otras secas, quebradizas, encogidas; otras
+amarillas, o aun algo verdosas, h&uacute;medas todav&iacute;a, con los jugos del
+tronco que las sustentara. Hac&iacute;ase la alfombra m&aacute;s tupida al acercarse a
+los parajes sombr&iacute;os del borde del estanque, cuya superficie rielaba
+como cristal ondulado, estremeci&eacute;ndose al leve paso del aura vespertina,
+y riz&aacute;ndose en mil ondas chiquitas en choque continuo las unas con las
+otras.</p>
+
+<p>Grandes sauces se inclinaban, llorosos y desconsolados, hacia el agua,
+que reproduc&iacute;a el blando columpiar de las ramas tr&eacute;mulas, entre las
+cuales se ve&iacute;a el disco del sol, y sus rayos, concentrados por aquella
+especie de c&aacute;mara obscura, her&iacute;an la pupila como saetas. En un remanso
+del estanque, enorme macizo de malangas ostentaba su vegetaci&oacute;n
+exuberante y tropical, y sus gigantescas hojas, abiertas como abanicos
+de tafet&aacute;n verde, se manten&iacute;an inm&oacute;viles. Cisnes, patos y &aacute;nades
+bogaban, aqu&eacute;llos con su acostumbrada fant&aacute;stica suavidad, balanceando
+el largo cuello, &eacute;stos graznando desapaciblemente, todos con rumbo a la
+orilla apenas Luc&iacute;a y Pilar se acercaban,&mdash;en demanda de mendrugos de
+pan, que engull&iacute;an atragant&aacute;ndose y alzando al aire la cola&mdash;. La isleta
+y el pino que en ella crec&iacute;a lanzaban a la superficie del estanque
+misteriosa sombra. Un haz de ca&ntilde;as se elevaba esbelto, y a su lado, las
+agudas poas sacud&iacute;an su escobill&oacute;n de terciopelo casta&ntilde;o.</p>
+
+<p>Regalada frescura sub&iacute;a del agua. Era la nota caracter&iacute;stica del
+paisaje, dulce melancol&iacute;a, blando adormecimiento, el reposo de la madre
+Naturaleza cuando, fatigada de la continua gestaci&oacute;n del est&iacute;o, se
+prepara al sopor invernal. Luc&iacute;a hab&iacute;a dejado de ser ni&ntilde;a; los objetos
+exteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; el
+parque la sum&iacute;a en vaga contemplaci&oacute;n. Su alma parec&iacute;a desasirse del
+cuerpo, como se desase del tronco la hoja, y vagar como ella sin objeto
+ni direcci&oacute;n, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de no
+sentirse existir. &iexcl;Y cu&aacute;n grata deb&iacute;a de ser la muerte, si parecida a la
+de las hojas; la muerte por desprendimiento, sin violencia,
+representando el paso a m&aacute;s bellas comarcas, el cumplimiento de alg&uacute;n
+anhelo inexplicable, oculto, all&aacute;, en el fondo de su ser! Cuando tales
+ideas en tropel se le ven&iacute;an a la mente, un pajarillo descend&iacute;a de un
+&aacute;rbol, y o&iacute;ase el batir de sus alas en el aire. Andaba alg&uacute;n tiempo a
+brincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; al
+acerc&aacute;rsele Luc&iacute;a daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cima
+m&aacute;s alta de las acacias rumorosas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2>
+
+
+<p>Sol&iacute;a la voz de la an&eacute;mica romper el encanto.&mdash;Eh, chica.... &iquest;en qu&eacute;
+estar&aacute;s t&uacute; pensando? &iexcl;Qu&eacute; rom&aacute;nticas son estas ni&ntilde;as criadas en
+provincia!</p>
+
+<p>Los ojos agudos y perspicaces de Pilar se clavaban, al decir esto, en la
+fisonom&iacute;a de Luc&iacute;a, descubriendo en ella una sombra leve, una especie de
+veladura parda desde la frente y las sienes a las ojeras, y cierto
+hundimiento en las comisuras de la boca. Su curiosidad enfermiza se
+despertaba, infundi&eacute;ndole deseos de disecar, por solaz y pasatiempo,
+aquel coraz&oacute;n. Hab&iacute;ale dicho la infalible penetraci&oacute;n mujeril muchas
+cosas, e incapaz de contentarse con la adivinaci&oacute;n discreta, quer&iacute;a la
+confidencia. Era una emoci&oacute;n m&aacute;s que se brindaba a s&iacute; propia en el curso
+de la estaci&oacute;n termal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo en qu&eacute; pensaba! En nada&mdash;contestaba Luc&iacute;a apelando al
+expediente m&aacute;s vulgar y siempre m&aacute;s socorrido.</p>
+
+<p>&mdash;Pues parece a veces que est&aacute;s tristona, mon&iacute;sima... y no s&eacute; de qu&eacute;;
+porque est&aacute;s precisamente en lo m&aacute;s bonito de la luna de miel...
+&iexcl;C&aacute;spita! &iexcl;Qui&eacute;n como t&uacute;! Miranda es muy agradable; tiene tan buen
+trato, se presenta tan bien....</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute;, muy bien&mdash;repiti&oacute; como un eco Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y est&aacute; chocho por ti.... &iexcl;Vaya! &iexcl;si eso se ve! &Eacute;l anda por all&iacute; mucho
+con mi hermano.... Pero chica, &iquest;qu&eacute; quieres? As&iacute; son todos los
+hombres... El caso es que mientras est&aacute;n con una gasten buen humor y le
+hablen con cierto mimo.... Y que no sean celosos.... No, Miranda eso s&iacute;
+que lo tiene de bueno: celoso, no es.</p>
+
+<p>Pusose Luc&iacute;a color de brasa, y baj&aacute;ndose, cogi&oacute; un pu&ntilde;ado de hojas
+secas, maniobra que le sirvi&oacute; para disimular su confusi&oacute;n. Despu&eacute;s se
+entretuvo en reducirlas a polvo entre el &iacute;ndice y el pulgar, soplando
+para aventarlo m&aacute;s presto.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuidado&mdash;prosigui&oacute; Pilar&mdash;que otro en su caso.... No, mira, si yo
+fuese hombre, no s&eacute; lo que hubiera hecho... eso de que un caballero
+acompa&ntilde;ase a mi novia tantos d&iacute;as... as&iacute;, mano a mano... y precisamente
+cuando....</p>
+
+<p>A este golpe directo y brutal, alz&oacute; Luc&iacute;a la frente, y pos&oacute; en su amiga
+la mirada c&aacute;ndida, pero digna y aun severa, que a veces sol&iacute;a chispear
+en sus ojos. Pilar, diestra en t&aacute;ctica, retrocedi&oacute; para saltar mejor.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que conoci&eacute;ndote a ti... y a &eacute;l, cualquiera ser&iacute;a tan
+confiado como Miranda.... T&uacute;, ya se sabe, una santita, un angel&iacute;n de
+retablo... y &eacute;l... &eacute;l es un caballero chapado a la antigua, a pesar de
+sus man&iacute;as... m&aacute;s fama tiene que el Cid. &iexcl;Ya viene de atr&aacute;s! Yo le
+conozco mucho, hace tiempo&mdash;asever&oacute; Pilar, que como todas las j&oacute;venes de
+la clase media introducidas en la buena sociedad, ten&iacute;a prurito de
+conocer al mundo entero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute;... le conoces hace tiempo?&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a, subyugada y ofreciendo
+a la an&eacute;mica el brazo para que se apoyase.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mujer. Va cada a&ntilde;o a Madrid, a veces por todo el invierno, pero
+generalmente un mes o dos de primavera. De sociedad gusta poco; le
+convidaron a algunas casas, porque parece que su padre, el cabecilla,
+era una persona distinguida de las Provincias, y est&aacute; emparentado con
+los Puenteancha, y con los Mijares, que son Urbietas de apellido... pero
+se vend&iacute;a tan caro, que en todas partes se andaban pereciendo por
+tenerle.... Una vez, porque bail&oacute; un rigod&oacute;n en casa de Puenteancha con
+Isabelita Novelda, hubo broma toda la noche... le dijeron que ya pod&iacute;a
+domar osos y tomar a Plewna sin artiller&iacute;a.... Isabelita estaba m&aacute;s
+hueca que... y luego result&oacute; que era que la Puenteancha se lo hab&iacute;a
+pedido por favor, y &eacute;l le hab&iacute;a contestado: bueno, bailar&eacute; con la
+primera que encuentre... encontr&oacute; a Isabelita, y zas, la invit&oacute;....
+Cuando se supo, &iexcl;fig&uacute;rate la tontuela de Isabelita qu&eacute; cara pondr&iacute;a!
+Ella que estaba persuadida de haber hecho una conquista... se le alarg&oacute;
+la nariz m&aacute;s de lo que la tiene, que no es poco.... &iexcl;ja, ja!...</p>
+
+<p>La risa de la an&eacute;mica se volvi&oacute; tos, una tosecilla que le rascaba la
+garganta y la sofocaba, oblig&aacute;ndola a sentarse en un banco r&uacute;stico de
+los muchos que en el parque hab&iacute;a. Luc&iacute;a le dio blandos golpecitos en
+las espaldillas, y permaneci&oacute; silenciosa, no queriendo pronunciar
+palabra que torciese el giro de la conversaci&oacute;n. Sus ojos interrogaban.</p>
+
+<p>&mdash;Ej... ej... te aseguro que fue un chasco famoso...&mdash;continu&oacute; Pilar
+calm&aacute;ndose&mdash;. A la Noveldita le vendr&iacute;an de perlas los cientos de miles
+de francos que el padre reuni&oacute; para el hijo... pero &iexcl;dicen que no le
+gustan las mujeres!</p>
+
+<p>&mdash;No le gustan...&mdash;repiti&oacute; Luc&iacute;a, como si aquel pronombre no pudiera
+aplicarse sino a una persona sobreentendida, pero no nombrada.</p>
+
+<p>&mdash;A&ntilde;aden que, eso s&iacute;, es un hijo como pocos... a su madre la trae en
+palmas. Ella cuentan que es una se&ntilde;ora muy fina, de la aristocracia
+francesa... muy delicaducha de salud, y aun creo que all&aacute; en sus
+juventudes....</p>
+
+<p>La an&eacute;mica se apoy&oacute; el &iacute;ndice en la frente, con expresivo adem&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que el padre quiso que el chico fuese espa&ntilde;ol, y trajo a su
+mujer a dar a luz a Ondarroa, de donde es &eacute;l... le hicieron hablar
+castellano siempre y vascongado con su ama de cr&iacute;a... me lo ha contado
+Paco Mijares, que como es pariente suyo, sabe todo eso....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a se beb&iacute;a con avidez aquellas palabras y aquellos detalles nada
+importantes en s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene extravagancias y caprichos muy particulares.... Hubo un tiempo
+en que se le antoj&oacute; trabajar, y entr&oacute; en una casa de comercio....
+Despu&eacute;s estudi&oacute; medicina y cirug&iacute;a, y tengo entendido que deja tama&ntilde;itos
+a Rubio y a Camis&oacute;n.... En Madrid se iba a los hospitales, por gusto, a
+estudiar.... En la guerra hizo lo mismo. &iquest;Sabes t&uacute; d&oacute;nde me lo
+encontraba yo a veces en Madrid? Pues en el Retiro, mirando al estanque
+grande fijamente.... &iquest;Qu&eacute; tienes, chica?</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, con los ojos cerrados, mortecina la color, se recostaba en el
+tronco del pl&aacute;tano que sombreaba el banco. Cuando abri&oacute; los p&aacute;rpados, la
+sombra de sus sienes era m&aacute;s marcada, y su mirar vago, como de persona
+que vuelve en s&iacute; de un s&iacute;ncope.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;.... Es que a veces parece que me quedo as&iacute;, sin sentido.... Es
+como si me arrancasen el est&oacute;mago&mdash;balbuci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Ciertos son los toros&raquo;&mdash;pens&oacute; Pilar&mdash;; &laquo;&iexcl;bien madruga la bendici&oacute;n de
+Dios!&raquo;&mdash;a&ntilde;adi&oacute; para s&iacute;, descaradamente.</p>
+
+<p>La noche se ven&iacute;a a m&aacute;s andar, un soplo helado movi&oacute; el follaje; las dos
+damas se abrocharon, estremeci&eacute;ndose, sus abriguillos de pa&ntilde;o caf&eacute; con
+leche, a tiempo que dos bultos negros se destacaban al fin de la
+avenida. Eran Miranda y Perico, que se asombraron de hallarlas all&iacute; tan
+tarde.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bonito modo, bonito modo de curarse! &iexcl;Demonios! &iexcl;Si no coges una
+pulmon&iacute;a, una pulmon&iacute;a como para ti sola! Anda, loca, vente, vente.</p>
+
+<p>Levantose Pilar, deca&iacute;da, muri&eacute;ndose, y fue a cogerse del brazo de
+Miranda. Perico ofreci&oacute; el suyo a Luc&iacute;a, cuya robustez se hab&iacute;a
+sobrepuesto ya el desfallecimiento moment&aacute;neo.</p>
+
+<p>&mdash;Dudo que pueda ma&ntilde;ana beber las aguas&mdash;dijo Luc&iacute;a a su acompa&ntilde;ante&mdash;.
+Estuvo hoy algo excitada... y ahora viene la reacci&oacute;n de cansancio....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que resucita, a que resucita si la dejo ir al Casino?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Periquillo del alma!&mdash;grit&oacute; la an&eacute;mica, que con su fino o&iacute;do no
+perd&iacute;a palabra&mdash;. &iquest;Me dejas, eh? &iquest;Qu&eacute; da&ntilde;o me ha de hacer eso? Ande
+usted, Miranda, interceda usted por m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, alguna vez.... Puede que le sirva de alivio, distray&eacute;ndola.</p>
+
+<p>&mdash;No haga usted caso, Gonzalvo.... Dice el se&ntilde;or Duhamel que no....
+&iquest;qui&eacute;n lo sabr&aacute; mejor, el m&eacute;dico o ella?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted?&mdash;pronunci&oacute; Perico, con unos asomos de galanter&iacute;a a que le
+incitaban el anochecer, el marido caminando delante y sus inveteradas
+malas ma&ntilde;as&mdash;. Y usted, joven y bonita como es, &iquest;por qu&eacute; no viene al
+Casino? Esas galas que se mueren de risa, de risa, en los ba&uacute;les mundos,
+estar&iacute;an mejor luci&eacute;ndose all&iacute;.... Vamos, an&iacute;mese usted, an&iacute;mese usted,
+y yo la traer&eacute; un ramo de camelias como el que ten&iacute;a anoche la sueca.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero eclipsar a la sueca&mdash;exclam&oacute; risue&ntilde;a Luc&iacute;a&mdash;. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de
+ella si me presento yo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues aunque lo diga usted de guasa, de guasa, es la pura verdad...&mdash;y
+Perico bajaba traidoramente la voz&mdash;. Vale usted por diez suecas...&mdash;y
+en tono m&aacute;s alto a&ntilde;adi&oacute;&mdash;si Juanito Albares no hiciese tanta majader&iacute;a,
+maldito si nadie se acordaba, se acordaba de ella....</p>
+
+<p>Juanito Albares, como le llamaba amistosamente Perico, era duque, grande
+de Espa&ntilde;a dos o tres veces, marqu&eacute;s y conde no s&eacute; cu&aacute;ntas; dato que es
+muy digno de ser tenido en cuenta por los bi&oacute;grafos del elegante
+Gonzalvo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde tiene usted los ojos, hombre?&mdash;exclam&oacute; Luc&iacute;a con su franqueza
+castellana&mdash;. &iexcl;Valor se necesita para decir eso!, es hermos&iacute;sima la
+sueca; en cualquier parte, emboba a la gente. M&aacute;s blanca es que la
+leche, y luego unos ojos....</p>
+
+<p>&mdash;No te f&iacute;es de blancuras&mdash;intervino Pilar&mdash;. Habiendo en el mundo
+toalla de Venus y blanco de Paros.... Es demasiado mujerona.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado alta&mdash;afirm&oacute; Perico como el zorro de las uvas.</p>
+
+<p>&mdash;Pierda usted cuidado&mdash;dec&iacute;a bajito Miranda a Pilar&mdash;. Conquistaremos a
+ese hermano fiero, e ir&aacute; usted una noche al Casino: &iexcl;no faltaba otra
+cosa! &iquest;Se hab&iacute;a usted de marchar de Vichy sin ver el teatro, y sin
+asistir al concierto? Eso ser&iacute;a inaudito.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Miranda! usted es mi &aacute;ngel salvador. Si no hay otro medio de
+lograrlo, nos escapamos usted y yo una noche... un rapto... hay que
+hacer como en las novelas... traer&aacute; usted un corcel, me subir&eacute; a la
+grupa, y, &iexcl;hala!, que nos pillen... encerramos con llave primero a
+Perico y a Luc&iacute;a, y all&iacute; se quedan haciendo penitencia.... &iquest;eh? &iquest;Qu&eacute; le
+parece a usted?</p>
+
+<p>Cuando llegaron ante la verja del <i>chalet</i>, cuyos mecheros de gas
+brillaban ya entre la sombra de los &aacute;rboles, Miranda dijo para s&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;sta es m&aacute;s entretenida que mi mujer. Al menos dice algo, aunque sean
+tonter&iacute;as, y est&aacute; de buen humor, a pesar de que tiene medio pulm&oacute;n sabe
+Dios c&oacute;mo....</p>
+
+<p>&mdash;Esta chica es m&aacute;s sosa que el agua, que el agua&mdash;pens&oacute; a su vez Perico
+al separarse de Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&Iacute;nterin llegaba el esperado d&iacute;a de asistir a la fiesta nocturna, Pilar
+se acostumbr&oacute; a pasar un par de horas en el sal&oacute;n de Damas del Casino,
+de una a tres de la tarde generalmente. Es el sal&oacute;n de Damas un
+atractivo m&aacute;s del hermoso edificio donde se reconcentra la animaci&oacute;n
+termal; all&iacute; las se&ntilde;oras abonadas al Casino pueden refugiarse, sin temor
+a invasiones masculinas; all&iacute; est&aacute;n en su casa, y son reinas absolutas,
+tocan el piano, bordan, charlan, y a veces se deslizan hasta el lujo de
+un sorbete o de alguna confitura o bomb&oacute;n que roen con igual deleite que
+si fuesen ratoncillos sueltos en un armario de golosinas. Es un har&eacute;n de
+moras civilizadas, un gineceo no oculto en la pudorosa sombra del hogar,
+sino descaradamente implantado en el sitio m&aacute;s p&uacute;blico que darse puede.
+All&iacute; concurr&iacute;an y se congregaban todos los astros hembras del firmamento
+de Vichy, y all&iacute; encontraba Pilar reunida a la escasa, pero brillante
+colonia hispano americana; las de Am&eacute;zaga, Luisa Natal, la condesa de
+Monteros: y se formaba una especie de n&uacute;cleo espa&ntilde;ol, si no el m&aacute;s
+numeroso, tampoco el menos animado y alegre. Mientras alguna rubia
+inglesa ejecutaba en el piano trozos de m&uacute;sica cl&aacute;sica, y las francesas
+as&iacute;an de los cabellos la ocasi&oacute;n de lucir primorosas labores de
+ca&ntilde;amazo, dando en ellas tres puntos por hora, las espa&ntilde;olas, m&aacute;s
+francas, aceptaban la holgazaner&iacute;a completa, dedic&aacute;ndose a hablar y a
+manejar el abanico. Una magn&iacute;fica esfera geogr&aacute;fica, colocada al extremo
+del sal&oacute;n, parec&iacute;a preguntarse cu&aacute;l era su objeto y destino en semejante
+lugar; y en cambio, los retratos de las dos hermanas de Luis XVI,
+Victoria y Adelaida, <i>damas</i> tradicionales de Vichy, sonre&iacute;an, empolvada
+la cabellera, rosadas y ben&eacute;volas, presidiendo el certamen de frivolidad
+continua celebrado a honra suya. Eran murmullos como de voleteos de
+p&aacute;jaros en pajarera, ruido de risitas semejante a sartas de perlas que
+caen desgran&aacute;ndose en una copa de cristal, sedoso crujir de pa&iacute;ses de
+abanico, estallido seco de varillajes, ruedecillas de sill&oacute;n que un
+punto corr&iacute;an sobre el encerado piso, ruge-ruge de faldas, que parec&iacute;a
+estridor de alitas de insecto. Embalsamaban la atm&oacute;sfera leves auras de
+gardenia, de vinagre de tocador, de sal inglesa, de perfumer&iacute;a Rimmel.
+No se ve&iacute;an sino dijes y prendas graciosas abandonadas sobre sillas y
+mesas; sombrillas largas, de seda, muy recamadas de cordoncillo de oro;
+cab&aacute;s y estuches de labor, ya de cuero de Rusia, ya de paja con mo&ntilde;os y
+borlas de estambre; aqu&iacute; un chal de encaje, all&iacute; un pa&ntilde;uelo de batista;
+ac&aacute; un ramo de flores que agoniza exhalando su esencia m&aacute;s deliciosa;
+acull&aacute; un velito de moteado tul, y encima las horquillas que sirven para
+prenderle.... El grupo de espa&ntilde;olas, capitaneado por Lola Am&eacute;zaga, que
+era muy resuelta, ten&iacute;a cierta independencia e intimidad, bien distinta
+de la reserva secatona de las inglesas: y a&uacute;n entre ambos bandos se
+advert&iacute;a disimulada hostilidad y rec&iacute;proco desd&eacute;n.</p>
+
+<p>De mucha diversi&oacute;n hab&iacute;a servido a las espa&ntilde;olas ver c&oacute;mo las inglesas
+sacaban muy formales un peri&oacute;dico, tama&ntilde;o como la s&aacute;bana santa, del
+bolsillo, y se lo le&iacute;an de la cruz a la fecha.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a podido obtener Pilar que Luc&iacute;a la acompa&ntilde;ase al sal&oacute;n de Damas;
+cortedad y encogimiento de ni&ntilde;a educada en provincia se lo vedaban,
+haci&eacute;ndole temer m&aacute;s que al fuego a aquellas mujeres curiosas que
+examinar&iacute;an su tocado como el diestro confesor los repliegues de la
+conciencia del penitente. Pilar, en cambio, estaba all&iacute; en su elemento y
+esfera natural. Su voz algo aflautada s&oacute;lo rend&iacute;a el pabell&oacute;n ante el
+ceceo cubano de la Am&eacute;zaga capitana.</p>
+
+<p>Oigamos el concertante.</p>
+
+<p>&mdash;Pues &eacute;ste lo compr&eacute; hoy&mdash;dec&iacute;a Lola remangando desenfadadamente la
+manga de su vestido de muselina rosa con lazos de raso granate obscuro,
+y ense&ntilde;ando un brazalete de cuyo aro pend&iacute;a un cochinillo retorcido de
+rabo y potente de lomo, ejecutado en fino esmalte.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo tengo en imperdible&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a Amalia Am&eacute;zaga, se&ntilde;alando a otro
+marrano no menos lucio, que hozaba entre los encajes de su corbata.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;lgame Dios! &iexcl;qu&eacute; moda m&aacute;s fea!&mdash;exclamaba Luisa Natal, hermosura
+pr&oacute;xima al ocaso, y muy atenta a no usar perifollo alguno que su belleza
+no realzase&mdash;. Yo no me pondr&iacute;a semejantes bichos; &iexcl;se acuerda uno del
+mondongo! &iquest;verdad, condesa?</p>
+
+<p>Hizo un signo aprobativo la condesa de Monteros, espa&ntilde;ola rancia, devota
+y un tanto severa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; qu&eacute; van a inventar ya&mdash;pronunci&oacute; reposadamente&mdash;. He visto en
+esas tiendas elefantes, lagartos, ranas y sapos, y hasta ara&ntilde;as; en fin,
+los animalejos m&aacute;s asquerosos en adornos de se&ntilde;oritas. En mis juventudes
+no nos pag&aacute;bamos de tales extravagancias; buenos brillantes, bonitas
+perlas, alg&uacute;n coraz&oacute;n de rub&iacute;es.... &iexcl;ah! tambi&eacute;n us&aacute;bamos los camafeos;
+pero era un capricho precioso... se grababa en ellos el retrato de uno
+mismo... o alguna virgen, alg&uacute;n santo.</p>
+
+<p>Rein&oacute; breve silencio; las Am&eacute;zagas no se atrev&iacute;an a replicar, subyugadas
+por el se&ntilde;or&iacute;o de aquella autorizad&iacute;sima voz.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted, condesa&mdash;dijo Pilar al cabo, satisfecha de hallar un
+motivo para desesperar a las Am&eacute;zagas&mdash;, lo bonito, es ese aguj&oacute;n de
+Luisa.</p>
+
+<p>Luisa sac&oacute; de su mo&ntilde;o el clavo de oro, con cabeza de amatista,
+constelada de diamantes chiquititos.</p>
+
+<p>&mdash;Otro igual ten&iacute;a ayer la sueca&mdash;explic&oacute; al ponerlo en manos de la
+condesa&mdash;. Llevaba todo el juego: pendientes, collar de bolas de
+amatista y el aguj&oacute;n. Reguap&iacute;sima que estaba la mujer con eso y el traje
+heliotropo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ayer de noche?&mdash;pregunt&oacute; Pilar.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, en el teatro. El otro, penado y muerto como de costumbre... a las
+diez hizo su entrada en el palco, present&aacute;ndole el ramo consabido de
+camelias y azaleas blancas... dicen que le cuesta sus setenta
+franquillos por noche.... Es un aditamento regular al coste de la
+pensi&oacute;n en el hotel....</p>
+
+<p>&mdash;Ese sobrino m&iacute;o no tiene verg&uuml;enza ni decoro&mdash;afirm&oacute; gravemente la
+condesa de Monteros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un hombre casado!&mdash;dijo Luisa Natal, que hac&iacute;a excelente menaje con
+su marido, ciego cumplidor de todos los caprichos de su mitad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y se sabe por fin si la sueca es hija o mujer de ese bar&oacute;n de...
+de... nunca puedo acordarme de su nombre... vamos, de ese viejo que anda
+con ella?&mdash;interrog&oacute; la condesa, entrando por fin en la corriente de
+curiosidad que la arrastraba, a pesar de su digna actitud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De Holdteufel?&mdash;pronunci&oacute; con acento cantar&iacute;n Amalia Am&eacute;zaga&mdash;. &iexcl;Bah,
+qui&eacute;n lo puede averiguar!, pero seg&uacute;n la libertad que le deja, m&aacute;s
+parece su esposo que su padre.</p>
+
+<p>&mdash;Se necesita descaro&mdash;prosigui&oacute; con discreta y risue&ntilde;a indignaci&oacute;n
+Luisa Natal&mdash;, para ser as&iacute; la comidilla de todo el mundo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma!&mdash;dijo la voz de flauta de Pilar&mdash;. Pues eso quiere &eacute;l, &iquest;qu&eacute; se
+cre&iacute;an ustedes?; el toque y el gustazo est&aacute;n en dar que hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre fue Juanito as&iacute;, muy farfantoncillo&mdash;murmur&oacute; la condesa
+enternecida al recordar a su sobrino, cuando hecho un diablo
+travies&iacute;simo de diez a&ntilde;os, iba a su casa a darle jaqueca pidiendo mil
+chucher&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta anteayer....</p>
+
+<p>El grupo se estrech&oacute;: acerc&aacute;ronse unos a otros los sillones, y por un
+instante se oy&oacute; el cadencioso chirriar de las ruedas sobre el piso.</p>
+
+<p>&mdash;Anteayer...&mdash;sigui&oacute; Amalia Am&eacute;zaga en tono algo m&aacute;s bajo&mdash;fue &eacute;sta al
+tiro de pistola....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiras ahora?&mdash;preguntaron a un tiempo Pilar y Luisa Natal.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco... por distraerme...&mdash;Y Lola se atus&oacute; el negro flequillo,
+cortado recto a un dedo de distancia de las cejas, que la asemejaba a un
+paje de la Edad Media, realzando su cara descolorida de hija de los
+tr&oacute;picos y sus grandes ojos, infantiles, pero de ni&ntilde;o malicioso y
+precoz.</p>
+
+<p>&mdash;Pues...&mdash;sigui&oacute; Amalia, vi&eacute;ndose religiosamente escuchada&mdash;all&iacute;
+estaban Jim&eacute;nez y el marquesito de Ca&ntilde;ahejas, y <i>Monsieur</i> <i>Anatole...</i>
+y todos le&iacute;an y comentaban un suelto del <i>F&iacute;garo</i>, en que se refer&iacute;a la
+sensaci&oacute;n causada en una de las estaciones termales m&aacute;s elegantes de
+Francia y de Europa, por el loco amor de un magnate espa&ntilde;ol a una dama
+sueca....</p>
+
+<p>&mdash;Pone iniciales no m&aacute;s&mdash;agreg&oacute; Lola&mdash;; pero es claro como la luz.... Y
+dice, por m&aacute;s se&ntilde;as: &laquo;<i>ce digne petit fils du Comte d'Almaviva se ruine
+en fleurs</i>...&raquo;</p>
+
+<p>Un coro de risas sofocadas brot&oacute; del c&iacute;rculo. Lola sab&iacute;a decir las cosas
+con cierto ceceo y cierto parpadeo, que las mejoraba en tercio y quinto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella, qu&eacute; tal, se ablanda?&mdash;pregunt&oacute; Pilar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ella?&mdash;repuso Lola&mdash;. &iexcl;Ah!, todas las noches, al recibir el ramo, le
+contesta lo mismo, invariablemente: <i>Jrasi&aacute;s, se&ntilde;or duque, trop amable.</i></p>
+
+<p>Redoblaron las carcajadas. Hasta la condesa se sonre&iacute;a, con el abanico
+abierto delante por decoro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chist!&mdash;pronunci&oacute; Luisa Natal&mdash;. &iexcl;Ah&iacute; viene!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La sueca!&mdash;exclam&oacute; Pilar.</p>
+
+<p>Todas volvieron el rostro, en extremo conmovidas. La puerta del sal&oacute;n de
+Damas se abr&iacute;a solemnemente; un elegante y correcto anciano, con blancas
+patillas y delicadamente afeitado el resto de la faz, se qued&oacute; en el
+umbral en diplom&aacute;tica postura; una mujer alta y gallarda penetr&oacute; en el
+recinto; acrecentaba su cl&aacute;sica beldad el negro traje de tafet&aacute;n, muy
+ce&ntilde;ido y golpeado de azabache; sobre su frente de diosa, el sombrero de
+tul con espigas de oro, parec&iacute;a mitol&oacute;gica diadema; era su andar noble y
+soberano, y sin cuidarse de saludar a nadie, se fue hacia el piano,
+vacante a la saz&oacute;n, y sent&aacute;ndose, comenz&oacute; a interpretar magistralmente
+unas mazurcas de Chop&iacute;n. La postura patentizaba lo brioso de su talle,
+los largos y torn&aacute;tiles brazos, las caderas, los omoplatos que, a cada
+pulsaci&oacute;n de la blanca mano, se dibujaban vigorosamente bajo el ajustado
+corpi&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es cierto&mdash;dijo por lo bajo Pilar a Luisa Natal&mdash;que si Luc&iacute;a
+Miranda se vistiese como ella, se parecer&iacute;an algo, as&iacute; en las formas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;murmur&oacute; Luisa Natal&mdash;, la Mirandita no tiene pizca de chic.</p>
+
+<p>Brot&oacute; entonces del grupo de inglesas ese en&eacute;rgico silbido que en todos
+los idiomas significa: &laquo;&iexcl;Silencio!: c&aacute;llense ustedes, y oigan, o dejen
+o&iacute;r siquiera.&raquo; Las espa&ntilde;olas se dieron al codo, y prosiguieron
+impert&eacute;rritas con sus cuchicheos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No veis aquello?&mdash;dec&iacute;a Lola Am&eacute;zaga.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El qu&eacute;... el qu&eacute;... el qu&eacute;?&mdash;preguntaron todas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de ser?, Albares. All&iacute;, all&iacute;, en los vidrios.... Con
+disimulo... que no lo note....</p>
+
+<p>Por la parte de las vidrieras, que ca&iacute;an a la azotea del Casino, ve&iacute;ase,
+en efecto, un rostro de pisaverde, imberbe casi, destac&aacute;ndose entre la
+blancura de porcelana de primorosa camisa y n&iacute;vea corbata de batista,
+cuyo tri&aacute;ngulo cerraba una de esas &aacute;gatas llamadas <i>ojo de gato</i>, a que
+dio tan fabuloso valor el capricho de los elegantes de dos o tres a&ntilde;os
+ac&aacute;. Traje de ma&ntilde;ana de un gris humo suave y exquisito, hongo de
+fin&iacute;simo castor, una flor de gardenia en el ojal, guantes de gamuza
+flamantitos, tal era el atav&iacute;o del indiscreto que as&iacute; registraba el
+sal&oacute;n de Damas. Advert&iacute;ase en su tipo mezcla singular de debilidad y
+fuerza, cuerpo de sietemesino y m&uacute;sculos de H&eacute;rcules. La gimnasia, la
+esgrima, la equitaci&oacute;n, la caza, deb&iacute;an haber endurecido aquel organismo
+que la Naturaleza hiciera endeble, enteco casi. La estatura era corta;
+los miembros delicados y femeniles; pero la musculatura, de acero.
+Conoc&iacute;ase esto en el modo de caerle la ropa, en no s&eacute; qu&eacute; corte viril de
+las rodillas y los hombros; adem&aacute;s, se trasluc&iacute;a en aquel hombre la
+altiva superioridad que dan juntamente la riqueza, el nacimiento y el
+h&aacute;bito de ser obedecido.</p>
+
+<p>Mas si esperaba el duque alg&uacute;n fruto de acechar as&iacute; por los cristales,
+cayole la pascua en viernes, porque la sueca, despu&eacute;s de haber tocado
+con gran sosiego y maestr&iacute;a hasta media docena de mazurcas, se levant&oacute;
+con no menor majestad de la desplegada al entrar, y sin volver el
+rostro, tom&oacute; hacia la puerta. &Eacute;sta se abri&oacute; como por obra de un conjuro,
+y el diplom&aacute;tico de blancas patillas se present&oacute; afable y serio,
+ofreciendo el brazo. Fue una salida de reina, tr&egrave;s r&eacute;ussie, como dec&iacute;an
+en el grupo de francesas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Parece la princesa Micomicona!&mdash;dijo Lola Am&eacute;zaga, que aquella ma&ntilde;ana
+no se hab&iacute;a pasado menos de dos horas al espejo, ensayando el regio modo
+de andar de la sueca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; empaque!&mdash;observ&oacute; Luisa Natal&mdash;. No, buena moza, ya lo es.
+&iexcl;Cuidado con el talle! &iexcl;Y qu&eacute; manos! &iquest;No se las hab&eacute;is reparado?</p>
+
+<p>&mdash;Yo la miro poco&mdash;contest&oacute; Pilar&mdash;. No le doy ese plato de gusto. &iexcl;S&oacute;lo
+adopta esos ademanes teatrales para llamar la atenci&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fresco se ha quedado Albares!&mdash;exclam&oacute; Amalia&mdash;. &iexcl;Ella ni se enter&oacute;
+de que estaba ah&iacute;!</p>
+
+<p>Todas se volvieron a mirar hacia las vidrieras. Ya no se hallaba all&iacute; el
+duque.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora se habr&aacute; ido escapado a intentar verla en el Parque. &iquest;Vamos a
+convencernos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, vamos, vamos; la escena ser&aacute; chistosa.</p>
+
+<p>Levant&aacute;ronse, y recogieron aprisa abanicos, sombrillas y velos,
+precipit&aacute;ndose hacia la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Eh, &iexcl;se&ntilde;oritas!&mdash;dec&iacute;a la condesa de Monteros&mdash;. No corran ustedes
+tanto, yo no soy tan joven como ustedes, y voy a quedarme atr&aacute;s. A
+fe&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a entre dientes&mdash;que cuando le eche la vista encima a mi se&ntilde;or
+sobrino, le espeto lo que viene al caso, por matar as&iacute; a disgustos a
+aquella pobre Matilde que es un &aacute;ngel.</p>
+
+<p>Mientras se solazaba Pilar de manera tan conforme a sus inclinaciones,
+aguard&aacute;bala Luc&iacute;a en el balc&oacute;n del <i>chalet</i>. A aquella hora, nadie
+estaba en casa, ni Miranda, ni Perico; el Casino se los hab&iacute;a tragado a
+todos. Apenas cruzaba un transe&uacute;nte por la retirada calle. S&oacute;lo se o&iacute;a,
+entre el silencio, el estridor mon&oacute;tono de la m&aacute;quina de coser que la
+hija de la conserje manejaba. En el jard&iacute;n, las rosas, embriagadas del
+calor bebido durante la ma&ntilde;ana entera, se deshac&iacute;an en perfumes; hasta
+las fr&iacute;as rosas blancas ten&iacute;an matices rancios, como de carne p&aacute;lida,
+pero carne al fin. De todo el coro de aromas se formaba uno solo,
+penetrante, fort&iacute;simo, que se sub&iacute;a a la cabeza, como si fuera la
+fragancia de una rosa no m&aacute;s, pero rosa enorme, encendida, que exhalaba
+de su boca de p&uacute;rpura h&aacute;lito fascinador y mortal. Luc&iacute;a empezaba por
+coser, al sentarse; pero al cuarto de hora la almohadilla se ca&iacute;a de su
+regazo, escapab&aacute;sele el dedal del dedo, y vagarosa la pupila, permanec&iacute;a
+con los ojos fijos en los macizos de rosales, hasta que al fin sus
+p&aacute;rpados se cerraban, y recostando la frente en las ramas que tapizaban
+el balc&oacute;n, abandon&aacute;base a la delicia de aquella atm&oacute;sfera embalsamada,
+sin o&iacute;r, sin ver, respirando no m&aacute;s. Dos meses antes, no hubiera podido
+estarse quieta media hora; los jardines la convidaban a correr. Ahora,
+por el contrario, la incitaban a dejarse estar as&iacute;, inm&oacute;vil, y
+anonadada, como el g&uuml;ebro ante el sol.</p>
+
+<p>Una tarde, Pilar, al volver de su club, la hall&oacute; como nunca pensativa.</p>
+
+<p>&mdash;Tonta&mdash;le dijo&mdash;&iquest;en qu&eacute; cavilas? Si vinieses al Casino, te divertir&iacute;as
+mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Pilarcita&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a ech&aacute;ndole al cuello los brazos&mdash;, &iquest;me
+guardar&aacute;s un secreto si te lo digo?</p>
+
+<p>Encendi&eacute;ronse los ojos de la an&eacute;mica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no! Desahoga ese coraz&oacute;n, mujer.... Entre nosotras, &iquest;verdad?,
+todo puede contarse.... Yo he visto tantas cosas... nada me sorprende....</p>
+
+<p>&mdash;Escucha...&mdash;dijo Luc&iacute;a&mdash;. Quisiera saber, a toda costa, c&oacute;mo sigue la
+madre del se&ntilde;or don Ignacio Artegui.</p>
+
+<p>Retrocedi&oacute; Pilar desorientada; y ri&eacute;ndose en seguida con su c&iacute;nico re&iacute;r,
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es m&aacute;s que eso? &iexcl;Vaya un secreto! &iexcl;Gran pu&ntilde;ado son tres moscas!</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios&mdash;suplic&oacute; apurada Luc&iacute;a&mdash;, que a nadie se lo indiques.... Yo
+me muero por saberlo, pero si se entera... alguien.... Miranda, o as&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh! boba, yo lo sabr&eacute; pronto, y sin informar a nadie.... Tengo mil
+medios de averiguarlo.... Te prometo que saldr&aacute;s de la curiosidad....</p>
+
+<p>Pilar dio dos o tres golpecitos en la barbilla a Luc&iacute;a, que estaba grave
+y aun algo confusa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Paseamos hoy, se&ntilde;ora enfermera?&mdash;interrog&oacute; la an&eacute;mica.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y beber&aacute;s leche en Vesse. Pero coge otro traje de m&aacute;s abrigo, por
+Dios: eres capaz de resfriarte.... &iquest;No has notado qu&eacute; bien huelen las
+rosas? En Le&oacute;n apenas las hay: me acuerdo de que las que pod&iacute;a coger se
+las pon&iacute;a todas a la Pur&iacute;sima que tengo en mi cuarto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2>
+
+
+<p>Era el Casino para Perico y Miranda, como para todos los ociosos de la
+colonia, casa y hogar durante la temporada termal. En conjunto el gran
+edificio se asemejaba a un concierto de voces que convidasen a la
+existencia r&aacute;pida y f&aacute;cil de nuestro siglo. El espacioso peristilo, la
+fachada principal con su vasta azotea, su jardinete reservado, donde
+vegetan en graciosas canastillas ex&oacute;ticas plantas, y sus ricos y
+caprichosos adornos renacientes de blanqu&iacute;sima siller&iacute;a; las altas
+columnas de bru&ntilde;ido p&oacute;rfido que el interior sustentan; las muelles
+butacas y los anchos divanes; los cupidillos traviesos (s&iacute;mbolo
+art&iacute;stico de ef&iacute;meros amores que suelen vivir el espacio de una quincena
+de aguas) que corren por la cornisa del gran sal&oacute;n de baile, o
+revolotean en el azul de los anchos recuadros del teatro; el oro
+prodigado en toques h&aacute;biles, como puntos de luz, o en luengos listones,
+como rayos de sol; las grandes ventanas de l&iacute;mpidos cristales, todo, en
+suma, ayudaba a la fantas&iacute;a a representarse un templo ateniense,
+corregido y aumentado con los beneficios y goces de la civilizaci&oacute;n
+actual. Quien mirase el Casino por su fachada sur, pod&iacute;a ver desde luego
+el numen que all&iacute; recib&iacute;a culto y sacrificios: la Ninfa de las aguas,
+inclinando la urna con graciosa actitud, mientras salen a sus pies de
+entre un ca&ntilde;averal dos amorcillos, y uno de ellos, alzando una valva,
+recoge la sacra linfa que de la urna copiosamente fluye. Sacerdotes y
+flamines del templo de la Ninfa son los mozos del Casino, que a la menor
+se&ntilde;al, a un movimiento de labios, acuden t&aacute;citos y prontos con lo que se
+desea: cigarros, peri&oacute;dicos, papel, refrescos, hasta las aguas, que
+traen a escape, en un tanque vuelto boca abajo sobre un plato, a fin de
+que no pierdan su preciosa temperatura ni sus gases.</p>
+
+<p>Prefer&iacute;a Miranda el sal&oacute;n de lectura, donde hallaba cantidad de
+peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles, incluso el &oacute;rgano de Colmenar, que le&iacute;a d&aacute;ndose
+tono de hombre pol&iacute;tico. A Perico se le encontraba con m&aacute;s frecuencia en
+otro departamento t&eacute;trico como una espelunca, las paredes color de
+avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una
+hilera de bancos de gutapercha moteada hac&iacute;a frente a otra hilera de
+mesas, cubiertas con el sacramental, melodram&aacute;tico y resobad&iacute;simo tapete
+verde. As&iacute; como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas
+paralelas de algas, as&iacute; se advert&iacute;an en los respaldos de los bancos de
+gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y
+espaldas de los jugadores, se&ntilde;ales que iban en aumento desde el primer
+banco hasta el &uacute;ltimo, conforme se ascend&iacute;a del inofensivo <i>piquet</i> al
+vertiginoso <i>&eacute;cart&eacute;</i>, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad,
+acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en
+comparaci&oacute;n de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se
+tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de
+Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen
+narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espect&aacute;culo, caro a los
+novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se
+suced&iacute;an. Tiene el juego en Vichy algo de la higi&eacute;nica elegancia del
+pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa
+nadie se levant&oacute; la tapa de los sesos por cuesti&oacute;n del tapete verde,
+como sucede en M&oacute;naco a cada paso; de suerte que no se presta la sala
+del Casino a descripciones del g&eacute;nero dram&aacute;tico espeluznante; all&iacute; el
+que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor
+humorado, seg&uacute;n es de nervioso o linf&aacute;tico temperamento, pero convencido
+de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la
+Autoridad y comisionados de la Compa&ntilde;&iacute;a arrendataria, presentes siempre
+para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de
+garitos de baja estofa, no de aquellas ol&iacute;mpicas regiones en que se
+talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los
+que m&aacute;s ayudaban a engrasar y bru&ntilde;ir con la pomada de su pelo y el frote
+de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo cl&aacute;sico del
+jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando
+perd&iacute;a, no le ocurri&oacute; jam&aacute;s tirarse de los cabellos, blasfemar ni
+ense&ntilde;ar los pu&ntilde;os a la b&oacute;veda celeste. Eso s&iacute;, &eacute;l tomaba cuantas
+precauciones caben, a fin de no perder. An&aacute;logo es el juego a la guerra:
+d&iacute;cese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben
+los estrat&eacute;gicos consumados que una combinaci&oacute;n a la vez instintiva y
+profunda, anal&iacute;tica y sint&eacute;tica, suele traerles atada de manos y pies la
+victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de c&aacute;lculo que en un
+segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los
+h&aacute;biles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan.
+Perico pose&iacute;a a fondo la ciencia del juego, y adem&aacute;s observaba
+atentamente el car&aacute;cter de sus adversarios, m&eacute;todo que rara vez deja de
+producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o
+aturden, y obran conforme al estado del &aacute;nimo, de tal manera, que es
+f&aacute;cil sorprenderlas y dominarlas. Quiz&aacute; la quisicosa indefinible que
+llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un
+hombre sereno y l&uacute;cido sobre muchos ebrios de emoci&oacute;n. En resumen:
+Perico, que ten&iacute;a movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de
+hielo la cabeza, de tal suerte entendi&oacute; las marchas y contramarchas,
+retiradas y avances de la empe&ntilde;ada acci&oacute;n que todos los d&iacute;as se libraba
+en el Casino, que despu&eacute;s de varias fortunitas chicas, vino a caerle un
+fortun&oacute;n, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos,
+que se guard&oacute; apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de all&iacute;
+con su paso y fisonom&iacute;a de costumbre, y dejando al perdidoso dado a
+reflexionar en lo ef&iacute;mero de los bienes terrenales. Aconteci&oacute; esto al
+otro d&iacute;a de aquel en que Luc&iacute;a manifestara a Pilar tal inter&eacute;s por la
+salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a
+menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces
+escatimar&iacute;a un maraved&iacute;, y avisando a Pilar que estaba en el sal&oacute;n de
+Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo d&aacute;ndole el brazo:</p>
+
+<p>&mdash;Para que no salgas siempre con que no te compr&eacute; nada en Vichy, anda,
+vente; te voy a hacer un regalo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un regalo?&mdash;y Pilar abri&oacute; desmesuradamente los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Un regalo, s&iacute; se&ntilde;or; no parece sino que es el primero. Pide por esa
+boca, por esa boca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es de veras? &iexcl;Qu&eacute; rico de Pe-ri-co!&mdash;exclam&oacute; la an&eacute;mica
+cantando&mdash;. &iquest;Me comprar&aacute;s lo que se me antoje?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a las tiendas&mdash;exclam&oacute; &eacute;l, y ech&oacute; a andar.</p>
+
+<p>Pilar dud&oacute; buen rato, como los ni&ntilde;os ante una bandeja de dulces
+diversos; por &uacute;ltimo se decidi&oacute;, eligiendo dos gotitas de agua para las
+orejas, y un espejo port&aacute;til de oro cincelado, joya caprichosa y
+nov&iacute;sima, que se colgaba de la cintura y s&oacute;lo la sueca llevaba a&uacute;n en
+Vichy. Al regresar a casa con sus compras, brillaban de tal suerte los
+ojos de la an&eacute;mica y estaban sus mejillas tan encendidas, que Perico le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;El demonio sois las se&ntilde;oras mujeres. En d&aacute;ndoos un sonajero o un
+cascabel, un cascabel, os cur&aacute;is de todos los males. Me r&iacute;o yo de la
+botica, de la botica. Ahora no te duele el est&oacute;mago.</p>
+
+<p>&mdash;Periquillo.... &iexcl;Eres t&uacute; la flor de la canela! Mira, estoy loca de
+contenta... y si quisieras.... &iquest;eh? Di que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Si quisiese.... &iquest;Se te antoja algo m&aacute;s? No, hijita, basta por hoy,
+basta.</p>
+
+<p>&mdash;No, nada de compras... pero esta noche... quer&iacute;a ir al concierto a
+lucir el espejo... mira t&uacute;, ni las de Am&eacute;zaga ni esa jamona de Luisa
+Natal lo tienen... ni sab&iacute;an que en Vichy lo hubiese... van a quedarse
+de una pieza... anda, Periqu&iacute;n; que s&iacute;, &iquest;verdad? Una vez, hombre...
+anda.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a pidi&oacute; casi de rodillas a Pilar que renunciase al peligroso goce
+que anhelaba. Era precisamente la ocasi&oacute;n m&aacute;s cr&iacute;tica; Duhamel esperaba
+que la Naturaleza, ayudada por el m&eacute;todo, venciese en la lucha, y acaso
+quince d&iacute;as de voluntad y tes&oacute;n decidiesen el triunfo. Pero no hubo
+medio de persuadir a la an&eacute;mica. Pas&oacute; el d&iacute;a en un acceso de fiebre
+registrando su guardarropa; al anochecer, sali&oacute; del brazo de Miranda;
+llevaba un traje que hasta entonces no hab&iacute;a usado por ligero y
+veraniego en demas&iacute;a, una t&uacute;nica de gasa blanca sembrada de claveles de
+todos colores; pend&iacute;a de su cintura el espejillo; en sus orejas
+brillaban los solitarios, y detr&aacute;s del rodete, con espa&ntilde;ola gracia,
+ostentaba un haz de claveles. As&iacute; compuesta y encendida de calentura y
+vanidoso placer, parec&iacute;a hasta hermosa, a despecho de sus pecas y de la
+pobreza de sus tejidos devastados por la anemia. Tuvo, pues, gran &eacute;xito
+en el Casino; puede decirse que comparti&oacute; el cetro de la noche con la
+sueca y con el lord ingl&eacute;s estrafalario, del cual se contaba que ten&iacute;a
+alfombrada con tapiz turco la cuadra de sus caballos y baldosado de
+piedra el sal&oacute;n de recibir. Gozosa y atendida, ve&iacute;a Pilar una fiesta de
+las <i>Mil y una noches</i> en el Casino constelado de innumerables mecheros
+de gas, en el aire tibio poblado con las armon&iacute;as de la magnifica
+orquesta, en el sal&oacute;n de baile donde los amorcillos juguetones del techo
+se ba&ntilde;aban en el vaho dorado de las luces. Jim&eacute;nez, el marquesito de
+Ca&ntilde;ahejas y <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>, se disputaron el placer de bailar con
+ella. Miranda reclam&oacute; un rigod&oacute;n, y para colmo de dicha y victoria, las
+Am&eacute;zagas se reconcom&iacute;an mirando de reojo el espejillo, dije que s&oacute;lo
+brillaba sobre dos faldas: la de Pilar y la de la sueca. Fue, en suma,
+uno de esos momentos &uacute;nicos en la vida de una ni&ntilde;a vanidosa, en que el
+orgullo halagado origina tan dulces impresiones, que casi emula otros
+goces m&aacute;s &iacute;ntimos y profundos, eternamente ignotos para semejantes
+criaturas. Pilar bail&oacute; con todas sus parejas como si de cada una de
+ellas estuviese muy prendada; tanto brillaban sus ojos y tal expansi&oacute;n
+revelaba su actitud. Perico no pudo menos de decirle <i>sotto voce</i>:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Bailas, eh? &iexcl;Veremos ma&ntilde;ana qu&eacute; dice Duhamel!... Estar&aacute; celestial,
+celestial. Ma&ntilde;ana me escapo, me escapo. De fijo, revientas, revientas,
+revientas como un triquitraque.</p>
+
+<p>&mdash;No lo creas. &iexcl;Me siento tan bien!&mdash;exclam&oacute; ella bebi&eacute;ndose un vaso de
+grosella que le presentaba el hispan&oacute;filo <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, cuando Luc&iacute;a fue a despertar a Pilar, retrocedi&oacute;
+tres pasos sin querer. Ten&iacute;a la an&eacute;mica la cabeza enterrada de un lado
+en las almohadas, y dorm&iacute;a con sue&ntilde;o inquieto y desigual; en las orejas,
+p&aacute;lidas como la cera, resplandec&iacute;an a&uacute;n los solitarios, contrastando su
+blancura n&iacute;tida con los matices terrosos de las mejillas y cuello.
+Rodeaba los ojos un c&iacute;rculo negro, como hecho al difumino. Los labios,
+apretados, parec&iacute;an dos hojas de rosa seca. El conjunto era cadav&eacute;rico.
+Por las sillas andaban dispersas prendas del traje de la v&iacute;spera: los
+zapatos, de raso blanco, vueltos tac&oacute;n arriba, estaban al pie del lecho;
+en el suelo hab&iacute;a claveles y el nunca bien ponderado espejillo, causa
+inocente de tantos males, reposaba sobre la mesa de noche. Al tocar
+Luc&iacute;a suavemente el hombro de la dormida, &eacute;sta se incorpor&oacute; a medias, de
+un brinco; sus ojos, entreabiertos, ten&iacute;an velada y sin brillo la
+c&oacute;rnea, como si los cubriese la telilla que se observa en los ojos de
+los animales muertos. Del lecho sal&iacute;a un vaho espeso y f&eacute;tido; la
+an&eacute;mica estaba ba&ntilde;ada en copioso sudor.</p>
+
+<p>No pudo levantarse, porque al poner el pie en el suelo le asalt&oacute;
+terrible fr&iacute;o, casta&ntilde;etearon los dientes, y hubo de arroparse otra vez,
+sintiendo que el sudor se le congelaba en los miembros. Adem&aacute;s not&oacute;
+agudo y violento dolor de costado, en t&eacute;rminos que para respirar le fue
+preciso volverse del lado izquierdo. Temblaba toda, como una vara verde,
+sin que cuantos abrigos le echaron encima fuesen parte a calentarla un
+poco.</p>
+
+<p>De un brinco se traslad&oacute; Luc&iacute;a al cuarto de su marido, que entre duerme
+y vela fumaba un cigarrillo de papel. A Miranda le sentaban bien las
+aguas: desaparec&iacute;an los tonos marchitos de su piel, bajo la cual
+comenzaba a infiltrarse un poco de sangre y grasa, d&aacute;ndole esa frescura
+trasnochada, gala de las cincuentonas obesas que est&aacute;n todav&iacute;a de buen
+ver. Tal era para Miranda el resultado f&iacute;sico: el moral era un anhelo de
+reposo y bienestar ego&iacute;sta, esa regularidad del h&aacute;bito, esa tiran&iacute;a de
+la costumbre que se impone en la edad madura, y que mueve a tener como
+desdicha irreparable el que la comida o el sue&ntilde;o se retrasen media hora
+m&aacute;s de lo ordinario. El ex buen mozo quer&iacute;a descansar, vivir bien,
+cuidar de su salud preciosa, y llegar en suma al tipo respetable e
+importante de los cl&aacute;sicos Mirandas. Luc&iacute;a entr&oacute; como un hurac&aacute;n, y
+alterada y tr&eacute;mula, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Lev&aacute;ntate... ve a ver si coges en casa al se&ntilde;or Duhamel.... Pilar est&aacute;
+mal&iacute;sima.</p>
+
+<p>Miranda se incorpor&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro que estar&aacute; mala la grand&iacute;sima loca! &iexcl;Pues no bail&oacute; anoche como
+una descosida! &iexcl;Bien empleado!</p>
+
+<p>Luc&iacute;a clav&oacute; en su marido los ojos at&oacute;nitos.</p>
+
+<p>&mdash;Ve pronto, pronto...&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Est&aacute; con un acceso de fr&iacute;o... se
+queja de dolor a un lado, y se le ha tomado la voz....</p>
+
+<p>Miranda se levant&oacute; refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; para qu&eacute; tiene a su hermanito&mdash;murmur&oacute; al calzarse la botas&mdash;.
+Bien pod&iacute;a ir &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;selo t&uacute;, si quieres&mdash;pronunci&oacute; lentamente Luc&iacute;a, pre&ntilde;ados de
+l&aacute;grimas los ojos&mdash;. Yo no he de entrar a despertar a Gonzalvo. As&iacute; como
+as&iacute;, ya ibas a levantarte para beber las aguas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo menos en tres cuartos de hora no hab&iacute;a para qu&eacute;. No parece sino que
+esa chica es la &uacute;nica que tiene aqu&iacute; que cuidarse. Tambi&eacute;n los dem&aacute;s
+padecemos y hemos de observar r&eacute;gimen. Hoy justamente estoy fatal....</p>
+
+<p>Era h&aacute;bito de Luc&iacute;a interesarse mucho por la salud de Miranda, y
+preguntarle cada d&iacute;a esos pormenores que las madres exigen de sus hijos
+y que hast&iacute;an a los indiferentes; pero en esta ocasi&oacute;n le volvi&oacute; la
+espalda, y sali&oacute; encamin&aacute;ndose a la cocina, donde pidi&oacute; a la conserje
+una taza de tila, que ella misma subi&oacute; a Pilar.</p>
+
+<p>Duhamel frunci&oacute; el ce&ntilde;o cuando hubo visto a la paciente. Lo que m&aacute;s le
+desagrad&oacute; fue saber que en el baile hab&iacute;a bebido dos o tres refrescos.
+Era Duhamel un vejezuelo chico y apergaminado, en quien la vida se
+refugiaba en los ojos relucientes y perspicaces. Pelicano y cejicano,
+luc&iacute;a todos sus dientes, largos y rancios como teclas, con el frecuente
+sonre&iacute;r.</p>
+
+<p>Era en sus movimientos pronto y escurridizo cual las anguilas, y
+habiendo estado en el Brasil con una comisi&oacute;n cient&iacute;fica, chapurreaba un
+poco el portugu&eacute;s brasile&ntilde;o, empe&ntilde;&aacute;ndose en hacerlo pasar por espa&ntilde;ol.</p>
+
+<p>&mdash;Interr&uacute;mpase completamente el m&eacute;todo termal, o <i>tratamento</i>&mdash;dijo
+dirigi&eacute;ndose exclusivamente a Luc&iacute;a, a pesar de estar presente el
+hermano de la enferma, merced a ese instinto infalible de los m&eacute;dicos,
+que distinguen al punto la persona atenta a sus prescripciones e
+interesada en ejecutarlas&mdash;. Ha obrado mal la enferma, a <i>doente</i>, en
+romper as&iacute; el r&eacute;gimen prescrito.</p>
+
+<p>&mdash;Pero y ahora, &iquest;qu&eacute; se le hace?</p>
+
+<p>&mdash;Ensayaremos un revulsivo en&eacute;rgico, <i>forte.... E um retrocesso ao
+pulmao</i>... veremos de desviarlo.... &iexcl;<i>Bon Deus</i>! &iexcl;bailar, y beber
+refrescos! Y ahora tenemos que luchar con el sudor... <i>O suor esgota-a</i>.</p>
+
+<p>Pasaba este di&aacute;logo entre el doctor y Luc&iacute;a, a distancia suficiente del
+lecho de la enferma, a fin de que no oyese palabra. Luc&iacute;a se enter&oacute; muy
+al por menor de cuanto concern&iacute;a a la asistencia, de las horas del
+alimento, de las precauciones que adoptar importaba. Despu&eacute;s de aplicar
+a Pilar los medicamentos que el doctor dispuso, arregl&oacute; el cuarto
+andando en la punta de los pies, puso cada cosa en su sitio, entorn&oacute; las
+celos&iacute;as y se instal&oacute; al lado de la cama, en una silleta baja de hacer
+labor. Pilar estaba muy agitada, y ard&iacute;a de sed; a cada paso Luc&iacute;a le
+llegaba a los labios el pistero de agua de goma, previamente templada en
+una estufilla. Por la tarde vino Duhamel, y se cercior&oacute; de que los
+revulsivos hab&iacute;an logrado aclarar un poco la voz de la enferma y
+facilitar su respiraci&oacute;n congojosa. No obstante, la calentura era alta,
+el sudor se hab&iacute;a suprimido. Ocho d&iacute;as dur&oacute; la congesti&oacute;n pulmonar, y
+cuando Duhamel orden&oacute; a Pilar levantarse, porque la cama acrecentaba el
+recargo y agotaba sus fuerzas, era aquella criatura un espectro; a los
+caracteres asaz tristes de la anemia, se un&iacute;an ahora otros m&aacute;s
+alarmantes. Al vestirse, sus miembros no sosten&iacute;an la ropa, que se
+escapaba del cuerpo como de un maniqu&iacute; mal relleno. Ella misma se
+asust&oacute;, y en uno de los momentos l&uacute;cidos que suelen tener los atacados
+del terrible mal que ya la oprim&iacute;a entre sus garras, pidi&oacute; el espejillo
+famoso, y Luc&iacute;a, por no contrariarla, se lo present&oacute; de mala gana. Al
+fijar sus ojos en &eacute;l, Pilar recordaba c&oacute;mo se hab&iacute;a visto la noche del
+baile, con sus claveles, su pelo art&iacute;sticamente rizado, y la sonrisa de
+placer que le iluminaba el rostro. Fue tal el contraste entre lo pasado
+y lo presente, entre la cara de ocho d&iacute;as atr&aacute;s y la de hoy, que Pilar,
+con r&aacute;pido movimiento, arroj&oacute; al suelo el espejillo. Quebrose la clara
+luna, y las cinceladuras fin&iacute;simas del marco se abollaron al golpe.</p>
+
+<p>Poco tard&oacute;, no obstante, en volver a apoderarse de ella la pertinaz
+ilusi&oacute;n que dulcemente lleva de la mano a los t&iacute;sicos, vendados los
+ojos, hasta la puertas de la muerte. Eran tan patentes los s&iacute;ntomas del
+mal, que al verlos en otra cualquiera le hubiese extendido la papeleta
+mortuoria; y con todo eso, Pilar, animada y llena de planes, se cre&iacute;a
+sujeta &uacute;nicamente a un resfriado tenaz que hab&iacute;a de curarse poco a poco.
+Ten&iacute;a tosecilla blanda y continua, expectoraci&oacute;n pegajosa, sudores que
+la menor elevaci&oacute;n de temperatura determinaba, y las perversiones del
+apetito se hab&iacute;an convertido en desgano horrible. In&uacute;tilmente la
+conserje del <i>chalet</i> luc&iacute;a sus primores culinarios, ideando mil
+golosinas delicadas. Pilar lo miraba todo con igual repugnancia,
+especialmente los platos nutritivos. Comenz&oacute; entonces para las dos
+amigas una existencia valetudinaria. Luc&iacute;a no se apartaba de Pilar,
+sac&aacute;ndola al balc&oacute;n a respirar el fresco si hacia bueno, acompa&ntilde;&aacute;ndola
+si no en su cuarto, procurando entretenerla y hacerle menos tediosas las
+horas. Sent&iacute;a ya la enferma esa impaciencia, ese deseo de mudar de aires
+y sitios que acosa generalmente a cuantos padecen su mal. Vichy se le
+hac&iacute;a insoportable, y m&aacute;s desde que vio que la estaci&oacute;n terminaba, que
+se vaciaba el Casino, que se marchaba la compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera y que
+emigraban las brillantes golondrinas de la moda. Las Am&eacute;zagas vinieron a
+despedirse de ella y a darle el &uacute;ltimo mal rato de la temporada; a
+seguir a Luc&iacute;a su inclinaci&oacute;n, las recibir&iacute;a en el saloncito bajo,
+disculpando a Pilar; pero &eacute;sta se empe&ntilde;&oacute; en que subiesen a su aposento,
+y preciso fue ceder. Estaban las cubanitas triunfantes y radiantes
+porque se iban a Par&iacute;s a hacer sus compras de invierno, y de all&iacute; a
+lucirlas en los primeros saraos madrile&ntilde;os y en el Retiro, y hablaban
+con el ceceo y melindre de los d&iacute;as de victoria.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, chica.... &iquest;Qui&eacute;n resiste ya aqu&iacute;? Esto se ha quedado de lo m&aacute;s
+tonto.... &iexcl;Vaya! Ni alma viviente.... S&iacute;, la krauss se fue; la
+contrataron en Par&iacute;s.... Un &eacute;xito la &uacute;ltima noche de <i>Mignon...</i> Hay
+hoteles que ya se han cerrado.... Como comprender&aacute;s, la soga tras el
+caldero... pues, en march&aacute;ndose la sueca, &iquest;iba &eacute;l a quedarse? Hasta
+Estocolmo ir&aacute;.... &iexcl;No que no! &iquest;Pero no lo sab&iacute;as? El d&iacute;a de la marcha le
+llen&oacute; el coche de ramos... todo un vag&oacute;n-sal&oacute;n cubierto de gardenias y
+camelias.... &iquest;qu&eacute; te parece? Ya representa algunos franquillos, ya....
+Luisa Natal.... &iquest;ad&oacute;nde sino a Madrid?... &iexcl;Ah! La condesa hace el viaje
+deteni&eacute;ndose en Lourdes... una semana lo menos piensa pasar all&iacute;.... S&iacute;,
+Ca&ntilde;ahejas va a un castillo de unos parientes de <i>Monsieur</i> <i>Anatole</i>,
+donde cazar&aacute;n hasta Noviembre.... &iquest;Jim&eacute;nez? No s&eacute;, chica... &Eacute;se siempre
+anda en misterios y tapujos.... Dicen que si la Laurent, la soprano de
+la compa&ntilde;&iacute;a.... Aquella bizca.... No creo ni esto.... Es un jactancioso,
+alabadizo sempiterno.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;te quedas, eh?&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a Amalia uniendo su ceceo al de Lola&mdash;.
+&iquest;Hasta cu&aacute;ndo, chica...? Pero te vas a secar.... &iexcl;Esto es ahora un
+monasterio! Si eso no vale nada.... &iquest;qu&eacute; importa un catarro?...
+Animarse.... Este a&ntilde;o tendr&aacute; comedias la Puenteancha... la Monteros me
+lo dijo.... Los Torreplana de Arganz&oacute;n indicaron ya que recibir&iacute;an los
+jueves.... Tendremos en el Real a la Patti y a Gayarre; &iexcl;fig&uacute;rate! Hemos
+escrito que nos abone, por si no llegamos a tiempo....</p>
+
+<p>&mdash;Yo voy a que Worth me haga dos o tres trajecitos... sencillos, porque
+no siendo se&ntilde;ora casada.... Uno de patinar.... &iexcl;me muero por el
+<i>Skating</i>!... En la Casa de Campo el a&ntilde;o pasado.... &iquest;te acuerdas,
+Amalia? Aquel d&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que dijo el rey que te hab&iacute;as lucido?... S&iacute;, pues me acuerdo....
+&iexcl;vaya!</p>
+
+<p>Y la voz de ambas hermanas se fundi&oacute; en un concierto de risitas de
+placer y orgullo; ambas volv&iacute;an a ver el estanque helado, los &aacute;rboles
+cubiertos de encajes de escarcha, la brumosa ma&ntilde;ana, y la figura juvenil
+del rey, con su rostro p&aacute;lido de fr&iacute;o, su cuerpo esbelto, sus modales
+sueltos y elegantes, y su sonrisa entre picaresca y cort&eacute;s, al
+inclinarse para felicitar a la &aacute;gil patinadora.</p>
+
+<p>Dej&oacute; la visita a Pilar m&aacute;s impaciente, m&aacute;s calenturienta, m&aacute;s excitada
+que nunca. Pilar se consum&iacute;a; a toda costa quer&iacute;a salir de Vichy, volar,
+romper el opaco capullo de la enfermedad y presentarse de nuevo,
+brillante mariposa, en los c&iacute;rculos mundanos. Cre&iacute;a de buena fe poder
+hacerlo y contaba con sus fuerzas. No menos que ella se impacientaban
+otras dos personas: Miranda y Perico. Perico, hecho a vivir en perenne
+divorcio consigo mismo, no pod&iacute;a sufrir la soledad que le obligaba a
+reunirse a s&iacute; propio; y por lo que toca a Miranda, terminada su
+temporada de aguas, notablemente restablecida su salud, parec&iacute;ale que ya
+era hora de acogerse a cuarteles de invierno y de gozar en paz los
+frutos de la medicaci&oacute;n. Aburr&iacute;ale en extremo ver que su mujer, por
+altos decretos se&ntilde;alada para cuidarle a &eacute;l, se sustrajese en tal manera
+a su providencial misi&oacute;n, consagrando d&iacute;as y noches a una extra&ntilde;a,
+atacada de un mal penoso a la vista y quiz&aacute; contagioso. As&iacute; es que
+insinu&oacute; a Luc&iacute;a que era preciso partir y, dejarse all&iacute; a los Gonzalvos
+entregados a su triste suerte; como se deja en un naufragio a los que no
+caben en las lanchas. Pero contra todo lo que esperaba, hall&oacute; en Luc&iacute;a
+protesta calurosa y en&eacute;rgica resistencia. Indemniz&aacute;base confesado aquel
+noble sentimiento, de todo lo que callaba hasta a s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ser&iacute;a preciso no tener coraz&oacute;n... no tener coraz&oacute;n! &iexcl;Pobrecita Pilar
+de mi vida, bien quedar&iacute;a, por cierto, con su hermano, que ni colocarle
+una almohada sabe! &iexcl;Qu&eacute; ser&iacute;a de ella! Pensarlo s&oacute;lo me espanta....</p>
+
+<p>&mdash;Llamar&aacute; a una hermana de la caridad... no ser&aacute; la primera&mdash;refunfu&ntilde;&oacute;
+Miranda duramente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pena... pobre criatura!... Eso es m&aacute;s cruel a&uacute;n que dejarla
+morirse sola, como un perro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que es ella, maldito si se hubiera quedado por ti, ni por m&iacute;,
+ni por el lucero del alba. Y nosotros, &iquest;qu&eacute; obligaci&oacute;n tenemos de
+asistirla? No parece sino que....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No dices que eres amigo de Gonzalvo?&mdash;pronunci&oacute; Luc&iacute;a clavando los
+ojos en su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Amistad, as&iacute;... de sociedad; &iquest;qu&eacute; sabes t&uacute; de esas cosas? Amistad,
+como hay muchas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, &iquest;por qu&eacute; vivimos juntos con los Gonzalvo? Yo no los
+conoc&iacute;a; pero ahora le tom&eacute; cari&ntilde;o a ella, y eso de irme, dej&aacute;ndola tan
+mala....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de!... &iquest;no tiene pap&aacute;, t&iacute;a, hermano? &iexcl;que vengan con mil
+diablos a cuidarla! A nosotros &iquest;qu&eacute; nos va en eso? Si tienes vocaci&oacute;n de
+Hermana de la Caridad, dij&eacute;raslo y no te casaras, hija... tu obligaci&oacute;n
+es atender a tu marido y a tu casa, nada m&aacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;En fin&mdash;dijo Luc&iacute;a alzando el semblante donde las l&iacute;neas redondeadas y
+fugaces de la adolescencia comenzaban a trocarse en trazos m&aacute;s firmes&mdash;,
+yo marchar&eacute; si t&uacute; me lo ordenas; pero convencida de que es una mala
+acci&oacute;n abandonar as&iacute; a una amiga, cuando se est&aacute; muriendo.</p>
+
+<p>Sali&oacute; del cuarto. En su mente germinaba un concepto singular de la
+autoridad conyugal: parec&iacute;ale que su marido ten&iacute;a derecho perfecto,
+incontestable, evidente, a vedarte todo g&eacute;nero de goces y alegr&iacute;as, pero
+que en el sufrimiento era libre y que prohibirle el padecer, el velar y
+el consagrarse a la enferma, era duro despotismo. De estas ideas
+peregrinas tienen muchas los desdichados que llegan a refugiarse en el
+dolor y a proclamarle lugar de asilo. Arreglose, sin embargo, la
+cuesti&oacute;n mejor de lo que Luc&iacute;a pensaba, porque aconteci&oacute; que aquella
+misma tarde tom&oacute; cartas en ella Perico, resolvi&eacute;ndola con su cl&aacute;sico
+desenfado.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, chicos&mdash;dijo entrando en el cuarto de Miranda vestido de viaje,
+con polainas de pa&ntilde;o, un casquete de fieltro y terciada al hombro una
+escopeta de caza de dos ca&ntilde;ones.</p>
+
+<p>Y como Miranda lo contemplase con tama&ntilde;a boca abierta.</p>
+
+<p>&mdash;Me he resuelto&mdash;explic&oacute;&mdash;. Vichy est&aacute; demasiado tonto; y <i>Anatole</i> se
+empe&ntilde;a....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te vas a Auvernia?</p>
+
+<p>&mdash;Al castillo de Ceyssat, de Ceyssat.... Parece que hay liebres y corzos
+a pu&ntilde;ados, a pu&ntilde;ados... y en el castillo se pasa bien; hay mucha gente;
+diez y ocho hu&eacute;spedes.</p>
+
+<p>Miranda reuni&oacute; cuanta energ&iacute;a supo en voz y actitud y dijo al animoso
+cazador:</p>
+
+<p>&mdash;Pero mira que Luc&iacute;a y yo hab&iacute;amos decidido emprender la vuelta para
+Espa&ntilde;a... dentro de dos o tres d&iacute;as, a lo sumo... y como Pilar est&aacute; as&iacute;,
+delicada... tu presencia es necesaria aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Anda a paseo &iexcl;a paseo!&mdash;exclam&oacute; Perico, fiel a su sistema de franqueza
+y desahogo&mdash;. &iquest;No te podr&aacute;s aguardar una quincena por darme gusto? &iquest;Qu&eacute;
+vas hacer t&uacute; en Espa&ntilde;a? Meterte en Le&oacute;n, y vegetar, vegetar. Aqu&iacute; est&aacute;s
+en la luna, en la luna de miel.... Nada, nada; os dejo a mi hermanita,
+ya s&eacute; que estar&aacute; bien cuidada, bien cuidada. Abur, que es la hora del
+tren. Te traer&eacute; una cabeza de corzo para porta-bast&oacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;Pero, oye; mira que....</p>
+
+<p>Perico estaba ya en el portal. Miranda le llam&oacute; por la ventana; pero &eacute;l
+se volvi&oacute; risue&ntilde;o, le dijo adi&oacute;s con la mano y ech&oacute; a correr hacia la
+estaci&oacute;n. Y he aqu&iacute; c&oacute;mo de dos ego&iacute;smos venci&oacute; el m&aacute;s osado, ya que no
+el m&aacute;s fuerte y grande.</p>
+
+<p>Dado estaba Miranda a todos diablos, cuando Duhamel vino a consolarle un
+poco, asegur&aacute;ndole que la enferma experimentaba de algunos d&iacute;as ac&aacute; unos
+asomos de mejor&iacute;a, y que deb&iacute;a aprovecharlos regresando a Espa&ntilde;a, en
+busca de clima benigno; a&ntilde;adiendo, en su chapurrado franco-portugu&eacute;s,
+que puesto que &eacute;l pensaba, como casi todos los m&eacute;dicos de consulta en
+Vichy, salir pronto para Par&iacute;s, podr&iacute;an combinar el viaje juntos, y as&iacute;
+ver&iacute;a c&oacute;mo probaba el movimiento del tren a la enferma, y resolver si
+necesitaba descanso, o si resistir&iacute;a volver a Espa&ntilde;a de una vez. Pareci&oacute;
+acertad&iacute;simo a todos el consejo del m&eacute;dico, y Luc&iacute;a escribi&oacute;, bajo el
+dictado de Pilar, una carta a Perico, encarg&aacute;ndole estuviese de vuelta
+dentro de quince d&iacute;as justos, t&eacute;rmino fijado por Duhamel para cerrar su
+temporada de consulta en Vichy. El nuevo arreglo templ&oacute; un tanto el
+malhumor de Miranda, consol&oacute; a Luc&iacute;a y regocij&oacute; a la enferma, que sobre
+todas las cosas so&ntilde;aba con la vuelta a Madrid.</p>
+
+<p>Era cierto: la misma constituci&oacute;n endeble de Pilar, ofreciendo menos
+campo al mal, retrasaba la crisis funesta de su padecimiento; y as&iacute; como
+el hurac&aacute;n, que desgaja encinas, s&oacute;lo encorva las ca&ntilde;as, la tisis
+entraba con &iacute;mpetu menor en aquel cuerpo linf&aacute;tico, que lo hiciera en
+uno sangu&iacute;neo y pujante. La oquedad de un pulm&oacute;n estaba infestada de
+tub&eacute;rculos, y ten&iacute;a ya esas brechas terribles que los facultativos
+denominan cavernas; pero el otro resist&iacute;a a&uacute;n, si bien en esto de
+pulmones acontece lo que con las manzanas: minutos bastan para perder a
+la sana, si est&aacute; al lado de una podrida. De todas suertes, el moment&aacute;neo
+alivio de Pilar era tan patente, que le consent&iacute;a dar todas las ma&ntilde;anas
+algunos cientos de pasos por la calle, cogida del brazo de Luc&iacute;a; y el
+alimento no le repugnaba invenciblemente como antes.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2>
+
+
+<p>A la verdad, infund&iacute;a tristeza en aquellos d&iacute;as de fin de Octubre, el
+aspecto de Vichy. No eran sino hojas ca&iacute;das: el Parque, tan animado
+siempre, se ve&iacute;a solitario; s&oacute;lo algunos ag&uuml;istas tard&iacute;os, enfermos de
+veras, paseaban la acera de asfalto, henchida ayer del roce de ricos
+trajes y del rumor de alegres conversaciones. Nadie se cuidaba ya de
+recoger y barrer el amarillo tapiz del follaje, porque Vichy, tan
+peripuesto y adornado en la estaci&oacute;n de aguas, se torna desastrado y
+desali&ntilde;ado no bien le vuelven la espalda sus elegantes hu&eacute;spedes de
+est&iacute;o. Toda la villa semejaba una inmensa mudanza: de los <i>chalets</i>,
+desalquilados ya, desaparec&iacute;an los adornos y balconadas, para evitar que
+los pudriesen las lluvias; en las calles se amontonaban la cal, el
+ladrillo para las obras de alba&ntilde;iler&iacute;a, que nadie osaba emprender en
+verano por no ensuciar las pulcras avenidas. Las tiendas de objetos de
+lujo iban cerr&aacute;ndose unas tras otras, y due&ntilde;os y surtido tomaban el
+rumbo de Niza, Cannes o cualquiera estaci&oacute;n invernal semejante. Algunas
+quedaban rezagadas todav&iacute;a, y sus escaparates serv&iacute;an de entretenimiento
+a Luc&iacute;a y Pilar, cuando esta &uacute;ltima sal&iacute;a a sus despaciosos paseos.
+Entre ellas se se&ntilde;alaba un almac&eacute;n de curiosidades, antig&uuml;edades y
+objetos de arte, situado casi frente a la famosa Ninfa, y, por
+consiguiente, a espaldas del Casino. Angosta en extremo la tienda,
+apenas pod&iacute;a encerrar el marem&aacute;gnum de objetos api&ntilde;ados en ella, que se
+desbordaban, hasta invadir la acera. Daba gusto revolver por aquellos
+rincones escudri&ntilde;ar aqu&iacute; y acull&aacute;, hacer a cada instante descubrimientos
+nuevos y peregrinos. Los due&ntilde;os del baratillo, ociosos casi todo el d&iacute;a,
+se prestaban a ello de buen grado. Erase una pareja; &eacute;l, bohemio del
+Rastro, ojos so&ntilde;olientos, ra&iacute;do levit&iacute;n, corbata rota, semejante a una
+curiosidad m&aacute;s, a alg&uacute;n mueble usado y desvencijado; ella, rubia, flaca,
+ondulante, &aacute;gil como una zapaquilda de desv&aacute;n, al deslizarse entre los
+objetos preciosos amontonados hasta el techo. Miraban Luc&iacute;a y Pilar muy
+entretenidas la heter&oacute;clita mescolanza. En el centro de la tienda se
+pavoneaba un soberbio velador de porcelana de S&eacute;vres y bronce dorado. El
+medall&oacute;n principal ofrec&iacute;a esmaltada, sobre un fondo de ese azul
+especial de la <i>pasta tierna</i>, la cara ancha, bonachona y tristota de
+Luis XVI; en torno, un c&iacute;rculo de medallones m&aacute;s chicos, presentaba las
+gentiles cabezas de las damas de la corte del rey guillotinado; unas
+empolvado el pelo, con grandes cestos de flores rematando el edificio
+colosal del peinado, otras con negras capuchas de encaje anudadas bajo
+la barbilla; todas imp&uacute;dicamente descotadas, todas risue&ntilde;as y
+compuestas, con fresqu&iacute;sima tez y labios de carm&iacute;n. Si Luc&iacute;a y Pilar
+estuviesen fuertes en Historia, &iexcl;a cu&aacute;nta meditaci&oacute;n convidaba la vista
+de tanto eb&uacute;rneo cuello, ornado de collares de diamantes o de estrechas
+cintas de terciopelo, y probablemente segado m&aacute;s tarde por la cuchilla;
+ni m&aacute;s ni menos, que el pescuezo del rey que presid&iacute;a melanc&oacute;licamente
+aquella corte! La cer&aacute;mica era el primor de la colecci&oacute;n. Hab&iacute;a cantidad
+de mu&ntilde;equitos de Sajonia, de colores suaves, puros y delicados, como las
+nubes que el alba pinta; rosados cupidillos, atravesando entre haces de
+flores azul celeste; pastoras blancas como la leche y rubias como unas
+candelas, apacentando corderillos atados con lazos carmes&iacute;es; zagales y
+zagalas que amorosamente se requestaban entre sotillos verdegay,
+sembrados de rosas; violinistas que empu&ntilde;aban el arco remilgadamente,
+adelantando la pierna derecha para danzar un paso de minueto;
+ramilleteras que sonre&iacute;an como papanatas, se&ntilde;alando hacia el canasto de
+flores que llevaban en el brazo izquierdo. Pr&oacute;ximos a estos caprichos
+galantes y afeminados, los raros productos del arte asi&aacute;tico proyectaban
+sus siluetas extra&ntilde;as y deformes, semejantes a &iacute;dolos de un b&aacute;rbaro
+culto; por los panzudos tibores, cubiertos de una vegetaci&oacute;n de hojas
+amarillas y flores moradas o color de fuego, cruzaban bandadas de
+pajarracos estrafalarios, o serpenteaban monstruosos reptiles; del fondo
+obscuro de los vasos tabicados surg&iacute;an escenas fant&aacute;sticas, r&iacute;os verdes
+corriendo sobre un lecho de ocre, kioscos de laca purp&uacute;rea con
+campanillas de oro, mandarines de hopalanda recta y charra, bigotes
+lacios y p&eacute;ndulos, ojos oblicuos y cabeza de calabac&iacute;n. Las may&oacute;licas y
+los platos de Palissy parec&iacute;an trozos de un bajo fondo submarino,
+jirones de alg&uacute;n hondo arrecife, o del lecho viscoso de un r&iacute;o; all&iacute;
+entre las algas y fucus resbalaba la anguila reluciente y glutinosa, se
+abr&iacute;a la valva acanalada de la almeja, coleteaba el besugo plateado,
+enderezaba su cono de &aacute;gata el caracol, levantaba la rana sus ojos
+fr&iacute;os, y corr&iacute;a de lado el tenazudo cangrejo, parecido a negro ara&ntilde;&oacute;n.
+Hab&iacute;a una fuente en que Galatea se recostaba sobre las olas, y sus
+corceles azules como el mar sacaban los pies palmeados, mientras algunos
+tritones soplaban, hinchados los carrillos, en la retuerta bocina. Am&eacute;n
+de las porcelanas, hab&iacute;a piezas de argenter&iacute;a antigua y pesada, de esas
+que se legan de padres a hijos en los honrados hogares de provincia:
+monumentales salvillas, anchas bandejas, soperones rematados en macizas
+alcachofas; hab&iacute;a cofres de madera embutidos de n&aacute;car y marfil,
+arquillas de hierro labradas como una filigrana, tanques de loza con aro
+de metal, de formas patriarcales, que recordaban los bebedores de
+cerveza que inmortaliz&oacute; el arte flamenco. Pilar se embobaba
+especialmente con las copas de &aacute;gata que serv&iacute;an de joyeros, con las
+alhajas de distintas &eacute;pocas, entre las cuales hab&iacute;a desde el amuleto de
+la dama romana hasta el collar, de pedrer&iacute;a contrahecha y finos
+esmaltes, de la &eacute;poca de Mar&iacute;a Antonieta; pero Luc&iacute;a se enamor&oacute; sobre
+todo de los objetos de iglesia, que despertaban el sentimiento
+religioso, tan hecho para conmover su alma sincera y vehemente. Dos
+Ap&oacute;stoles, alzado el dedo al cielo en grave actitud se destacaban,
+fileteados de lat&oacute;n los contornos, sobre dos cristales de colores,
+arrancados sin duda de la ojiva de alg&uacute;n desmantelado monasterio. En un
+tr&iacute;ptico de rancio y acaramelado marfil, aparec&iacute;a Eva, magra y desnuda,
+ofreciendo a Ad&aacute;n la manzana funesta, y la Virgen, en los misterios de
+su Anunciaci&oacute;n y Ascensi&oacute;n; todo trabajado incorrectamente, con ese
+candor divino del primitivo arte hier&aacute;tico, de los siglos de fe. A
+despecho de la rudeza del dise&ntilde;o, gustaba a Luc&iacute;a la figura de la
+Virgen, la modestia de sus ojos bajos, la m&iacute;stica idealidad de su
+actitud. Si poseyese una cantidad crecida de dinero, a buen seguro que
+la dar&iacute;a por un Cristo que andaba confundido entre otras curiosidades,
+en el baratillo. Era de marfil tambi&eacute;n, y todo de una pieza, menos los
+brazos; y clavado en rica cruz de concha, agonizaba con dolorosa verdad,
+encogidos m&uacute;sculos y nervios en una contracci&oacute;n suprema. Tres clavos de
+diamante trucidaban sus manos y pies. Luc&iacute;a le rezaba todos los d&iacute;as un
+padrenuestro, y aun sol&iacute;a besar sus rodillas, cuando no la miraba nadie.</p>
+
+<p>No le desagradaban los cuadros; tanto m&aacute;s, cuanto que los comprend&iacute;a, a
+diferencia de lo que pasaba con algunos objetos art&iacute;sticos, que se le
+antojaban asaz de feos y extravagantes. Claro est&aacute; que aquel jaque
+fiero, que espada en mano se arroja sobre su adversario, va a partirle
+el coraz&oacute;n de una buena estocada. &iexcl;Qu&eacute; bien amanec&iacute;a en aquel Daubigny!
+&iexcl;Con qu&eacute; naturalidad pastaban aquellos carneros de Jacque, tasados en
+mil francos cada uno!&mdash;doce ten&iacute;a el cuadro&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; piececitos tan
+blancos mojaba en el marm&oacute;reo taz&oacute;n la sultana favorita, de Cala y Moya!
+La cabeza de ni&ntilde;a, estilo de Greuze, era una maravilla de gracia
+inocente. Pues &iquest;y la ri&ntilde;a en una posada flamenca? Era cosa de risa ver
+c&oacute;mo volaban los tiestos hechos a&ntilde;icos, y rodaban las cacerolas de
+cobre, y los dos ga&ntilde;anes de Van Oustade, deformes y rid&iacute;culos, repart&iacute;an
+mojicones, menudeaban pu&ntilde;adas y exageraban con lo grotesco de la actitud
+su simiaca fealdad.</p>
+
+<p>Pero m&aacute;s a&uacute;n que el bazar de objetos de arte donde tantas formas y
+colores, estilos e ideales art&iacute;sticos la marcaban al fin y al cabo,
+gustaba Luc&iacute;a de un puesto ambulante al aire libre, de los muchos que
+hab&iacute;a cerca del Casino, situados al borde de la acera. Representaban los
+tales puestecillos la industria chica y modesta; aqu&iacute; un viejo alem&aacute;n
+pregonaba vasos de cristal para beber las aguas, y con una rueda de
+esmerilar, a vista del comprador, grababa en el cristal las iniciales de
+su nombre; all&aacute; un suizo ofrec&iacute;a juguetes, mu&ntilde;ecos, cajitas y plegaderas
+grabados en le&ntilde;o de haya por los pastores; ac&aacute; se feriaban lentes;
+acull&aacute; peines y objetos de escritorio. El predilecto de Luc&iacute;a era el de
+un vendedor de piadosas chucher&iacute;as de Jerusal&eacute;n y Tierra Santa.
+Calvarios de n&aacute;car con ingenuos relieves, cabos de pluma de ra&iacute;z de
+olivo, rematados en figura de cruz, cabezas de la Virgen entalladas
+sobre una concha, broches y dijes de esmaltes con arabescos, tazas de
+negra piedra del Asfaltites, pastillas de olor; a esto se reduc&iacute;a la
+caja port&aacute;til. Vend&iacute;alo todo un israelita no mal parecido, ojinegro y
+cetrino mucho, con su fez &aacute;rabe encarnado sucio, y sus pantalones
+bombachos; dulce, insinuante, levantino en todo, chapurreador de muchas
+lenguas y buen hablador de la castellana, que manejaba con soltura,
+incurriendo s&oacute;lo en alg&uacute;n arca&iacute;smo de vez en cuando. Con &eacute;ste, pues, se
+desquitaba Luc&iacute;a, inform&aacute;ndose de la santa aldea de Bel&eacute;n, de la divina
+mansi&oacute;n de Nazaret, del monte Olivete, de todos los lugares sacrosantos,
+que apenas cre&iacute;a ella pudiesen estar en la tierra, sino en alg&uacute;n
+misterioso y remoto para&iacute;so. Entre el vendedor y Luc&iacute;a se estableci&oacute; as&iacute;
+una intimidad de diez minutos todas las tardes, al aire libre, y m&aacute;s
+cuando &eacute;l la hubo dicho que era cristiano, cat&oacute;lico, catequizado e
+instruido por los franciscanos de Bel&eacute;n. Compr&oacute; Luc&iacute;a de cuanto pudo
+hallar en el puesto, hasta un rosario de esas cuentas verdosas y turbias
+como un agua amarga, que no sin gran verdad anal&oacute;gica se llaman l&aacute;grimas
+de Job.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No s&eacute; c&oacute;mo te gusta ese rosario tan feo!&mdash;dec&iacute;a Pilar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira!&mdash;exclamaba Luc&iacute;a&mdash;. &iexcl;Si parecen l&aacute;grimas de veras!</p>
+
+<p>Mas tambi&eacute;n la golondrina de Levante se vol&oacute;, en busca de zonas m&aacute;s
+templadas. Un d&iacute;a no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de
+costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, hab&iacute;a cargado
+con el surtido y emprendido el camino Dios sabe d&oacute;nde. Luc&iacute;a le ech&oacute; de
+menos; pero el movimiento de retirada era general; no se ve&iacute;an sino
+tiendas que se vaciaban y cerraban. Hab&iacute;a en las aceras montones de
+paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con
+grandes r&oacute;tulos que dec&iacute;an: &laquo;muy fr&aacute;gil.&raquo; Era la tristeza, el desorden,
+el creciente vac&iacute;o de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy
+de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las
+calles principales. Una ma&ntilde;ana se encaprich&oacute; en ir a ver la pastiller&iacute;a,
+y presenci&oacute; el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra
+quiso visitar las subterr&aacute;neas galer&iacute;as que encierran los inmensos
+dep&oacute;sitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a
+alimentar los ba&ntilde;os del establecimiento termal. Bajaron estrecha
+escalera, cuyos &uacute;ltimos pelda&ntilde;os se hund&iacute;an ya en la obscuridad de las
+galer&iacute;as. La guardiana les preced&iacute;a alumbrando con una l&aacute;mpara de
+minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un
+pilluelo que all&iacute; se apareci&oacute; ca&iacute;do de las nubes, encargose de la
+&uacute;ltima. Era la b&oacute;veda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza,
+por no deshacerse la frente. Hac&iacute;a brusco recodo el angosto pasadizo, y
+se hallaron de pronto en otra galer&iacute;a, abierta como una boca, donde se
+internaban los tubos, comidos de or&iacute;n, gracias a la perenne humedad.
+Sudaba el techo p&aacute;lidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y
+otro lado corr&iacute;a el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos
+alcalinos, blancos y farin&aacute;ceos, como nieve reci&eacute;n llovida. A medida que
+adelantaban por el largo canal subterr&aacute;neo, calor sofocante anunciaba el
+paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya
+temperatura sub&iacute;a m&aacute;s a&uacute;n en aquella prisi&oacute;n. De las paredes, leprosas,
+herp&eacute;ticas, cubiertas de ro&ntilde;a caliza, colgaban monstruosas fungosidades,
+cript&oacute;gamas pre&ntilde;adas de veneno, cuya blancura ponzo&ntilde;osa se destacaba
+sobre el muro, como una pupila p&aacute;lida y siniestra en un rostro
+amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telara&ntilde;as se tend&iacute;an,
+semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento,
+dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas o&iacute;an los
+expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las
+bestias. A veces se abr&iacute;a un respiradero, y al trav&eacute;s de la reja de
+hierro filtr&aacute;base la luz del d&iacute;a, l&iacute;vida y cadav&eacute;rica, amarilleando la
+rojiza de las l&aacute;mparas. Los tubos, intestinos de aquel h&uacute;medo vientre,
+daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a
+sierpes enormes, como se ergu&iacute;an a la b&oacute;veda, remedando los negros
+tent&aacute;culos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los
+expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza m&aacute;s despejada; era una
+especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las
+anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua so&ntilde;olienta, sombr&iacute;a y
+honda. El pilluelo acerc&oacute; curioso su l&aacute;mpara. La guardiana le asi&oacute; del
+brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Eh, amiguito, cuidado con caerse ah&iacute;. No ser&iacute;a f&aacute;cil ir a buscarte a
+cien metros de profundidad que tiene ese agujero.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, fascinada, se aproxim&oacute; a la boca. Los gases mef&iacute;ticos exhalados
+del pozo hac&iacute;an temblar la llama turbia de las l&aacute;mparas. All&iacute; no hac&iacute;a
+calor, sino fr&iacute;o; un fr&iacute;o espeso, sin aire respirable. Entr&aacute;ronse
+resueltamente por otra galer&iacute;a, y abierta una puerta de hierro, se
+asustaron todos, menos la guardiana, viendo en torno suyo vasta
+extensi&oacute;n de agua, una especie de lago subterr&aacute;neo. Ellos estaban sobre
+angosta tabla echada a manera de puente a lo ancho del dep&oacute;sito.
+Aquellas aguas, tendidas en su tumba de piedra, ten&iacute;an quietud y
+limpidez l&uacute;gubre. La luz de una de las l&aacute;mparas, dejada exprofeso en la
+otra orilla por la guardiana para que se viese el grandor del dep&oacute;sito,
+oscilaba en prolongados rieles sobre la triste transparencia del lago, y
+remedaba, all&aacute; a lo lejos, la tea de un sicario en alguna prisi&oacute;n
+veneciana. Tal era de fant&aacute;stico aquel lago, que reflejaba un cielo de
+granito, que la imaginaci&oacute;n se fing&iacute;a cad&aacute;veres flotando en &eacute;l.
+Experimentaban Luc&iacute;a y Pilar vago temor, y sobre todo, cosa pueril, o
+mejor dicho, eminentemente femenina, les horrorizaba la idea de que en
+las estrecheces y revueltas de los pasadizos pudiesen encontrar ratas.
+Sab&iacute;an que los dep&oacute;sitos comunicaban con las alcantarillas, y ya dos o
+tres veces palidecieron creyendo ver cruzar una sombra negra, que no era
+sino la temblona silueta de alguna planta par&aacute;sita, dibujada en el muro
+por las luces. De improviso, ambas exhalaron un grito; no cab&iacute;a duda;
+sonaba el chillido agrio y agudo de la rata. Luc&iacute;a, sobre todo, se qued&oacute;
+un punto con los ojos dilatados, inm&oacute;vil; all&iacute; no era posible correr y
+huir. Pero el pilluelo y la guardiana soltaron la risa; conoc&iacute;an bien
+aquel silbido, que no era sino el de las botellas de agua mineral que al
+otro lado de la pared estaban corchando. Con todo, las mujeres
+respiraron al salir del sombr&iacute;o d&eacute;dalo y ver de nuevo la claridad diurna
+y sentir el aire fresco que congelaba en su frente las gotas de sudor.</p>
+
+<p>S&oacute;lo a un punto iba Luc&iacute;a sola: a la iglesia de San Luis. Al pronto, el
+edificio agrad&oacute; muy poco a la leonesa, habituada a la majestad de su
+soberbia bas&iacute;lica. San Luis es mezquina rapsodia ojival, ideada por un
+arquitecto moderno; por dentro la afea estar pintada de charros
+colorines; en suma, parece una actriz mundana disfrazada de santa. Pero
+Luc&iacute;a hall&oacute; en el templo una Virgen de Lourdes, que la cautiv&oacute;
+sobremanera. Campeaba en una gruta de floridos rosales y crisantemos, y
+sobre su cabeza dec&iacute;a un r&oacute;tulo: &laquo;Soy la inmaculada Concepci&oacute;n.&raquo; Poco
+sab&iacute;a Luc&iacute;a de las apariciones de Bernardita la pastora, ni de los
+prodigios de la sacra monta&ntilde;a; pero con todo eso la imagen la atra&iacute;a
+dulcemente con no s&eacute; qu&eacute; voces misteriosas, que vagaban entre el grato
+aroma de los tiestos de flores y el titilar de los altos y blancos
+cirios. La imagen, risue&ntilde;a, sonrosada, candorosa, con ropas flotantes y
+manto azul, llegaba m&aacute;s al alma de Luc&iacute;a que las r&iacute;gidas efigies de la
+catedral de Le&oacute;n, cubiertas de rozagante atav&iacute;o. Yendo una tarde camino
+de la iglesia, vio pasar un entierro y lo sigui&oacute;. Era de una doncella,
+hija de Mar&iacute;a. Romp&iacute;a la marcha el bedel, oficialmente grave, vestido de
+negro, al cuello una cadena de plata; segu&iacute;an cuatro ni&ntilde;as, con trajes
+blancos, tiritando de fr&iacute;o, morados los p&oacute;mulos, pero muy huecas del
+importante papel de llevar las cintas. Luego los curas, graves y
+compuestos en su adem&aacute;n, alzando de tiempo en tiempo sus voces anchas,
+que se dilataban en la clara atm&oacute;sfera. Dentro del carro empenachado de
+blanco y negro, la caja, cubierta de n&iacute;veo pa&ntilde;o, que constelaban flores
+de azahar, rosas blancas, pi&ntilde;as de lila a granel, oscilantes a cada
+vaiv&eacute;n de la carroza. Las hijas de Mar&iacute;a, compa&ntilde;eras de la difunta, iban
+casi risue&ntilde;as, remangando sus faldellines de muselina, por no ensuciarlo
+en el piso lodoso. El comisario civil, de uniforme, encabezaba el duelo;
+detr&aacute;s se extend&iacute;a una reata de mujeres enlutadas, rodeando a la
+familia, que mostraba el semblante encendido y abotargados los ojos de
+llorar. Doblaba tristemente la campana de la iglesia, cuando bajaron la
+caja y la colocaron sobre el catafalco. Luc&iacute;a penetr&oacute; en la nave y se
+arrodill&oacute; piadosamente entre los que lloraban a una muerta para ella
+desconocida. Oy&oacute; con delectaci&oacute;n melanc&oacute;lica las preces mortuorias, los
+rezos entonados en plena y pastosa voz por los sacerdotes. Ten&iacute;an para
+ella aquellas inc&oacute;gnitas frases latinas un sentido claro: no entend&iacute;a
+las palabras; pero harto se le alcanzaba que eran lamentos, amenazas,
+quejas, y a trechos suspiros de amor muy tiernos y encendidos. Y
+entonces, como en el parque, volv&iacute;a a su mente la idea secreta, el deseo
+de la muerte, y pensaba entre s&iacute; que era m&aacute;s dichosa la difunta,
+acostada en su ata&uacute;d cubierto de flores, tranquila, sin ver ni o&iacute;r las
+miserias de este p&iacute;caro mundo&mdash;que rueda, y rueda, y con tanto rodar no
+trae nunca un d&iacute;a bueno ni una hora de dicha&mdash;que ella viva, obligada a
+sentir, pensar y obrar.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero &iquest;y el alma?&mdash;pregunt&aacute;base Luc&iacute;a a s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&iexcl;Por tan extra&ntilde;o modo, repet&iacute;a una pobre chica ignorante el filos&oacute;fico
+mon&oacute;logo del so&ntilde;ador dinamarqu&eacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;Oh, &iexcl;y qu&eacute; bueno debe de ser estar muerta!&mdash;calculaba Luc&iacute;a&mdash;. Don
+Ignacio ten&iacute;a raz&oacute;n en decir que... que no hay felicidad, vamos. &iexcl;Si uno
+supiese lo que le aguarda en el otro mundo! &iexcl;D&oacute;nde andar&aacute; ahora el alma
+de ese cuerpo que est&aacute; ah&iacute;! &iexcl;Y de qu&eacute; servir&aacute; morirse, si al fin no deja
+uno de existir y de acordarse de todo cuanto le pasa!</p>
+
+<p>Ello es, que estas locas imaginaciones, ayudadas de los desvelos de
+enfermera, y acaso de alguna otra causa, marchitaban la tez de Luc&iacute;a y
+alteraban su antes regocijado y apacible genio. Miranda, que privado de
+toda sociedad ya frecuentaba la de su mujer, not&oacute; el sello de melancol&iacute;a
+impreso en sus facciones, y renacieron en &eacute;l pensamientos nunca del todo
+extintos desde el malhadado percance del ferrocarril, jam&aacute;s hab&iacute;a de
+arranc&aacute;rsele por completo aquella espina, que dolorosamente le punzaba
+en lo m&aacute;s sensible del amor propio, el cual era a su vez lo m&aacute;s vivo de
+sus afectos. A tener Miranda alma mejor templada, ganar&iacute;a con el amor el
+coraz&oacute;n abierto y generoso de la ni&ntilde;a leonesa; pero no parece sino que
+le inspiraba el diablo para hacer todo lo m&aacute;s inoportuno. Dio en hablar
+&aacute;speramente a Luc&iacute;a y en mostrarle cierto desd&eacute;n, como si reconociese su
+condici&oacute;n inferior. Recordole con embozadas alusiones su esfera social.
+Espi&oacute; sus menores actos, le ech&oacute; en cara el tiempo invertido en cuidar a
+la hermana de Perico, y, en suma, adopt&oacute; el sistema de contrariedad y
+violencia, de seguros resultados con las mujeres f&aacute;ciles y depravadas, a
+quienes subyuga y enamora. A Luc&iacute;a la puso a dos dedos de la
+desesperaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Pocos d&iacute;as antes del fijado para la vuelta de Perico, recibi&oacute; Pilar una
+carta suya, que entreg&oacute; a Luc&iacute;a, a fin de que se la leyese. Anunciaba su
+llegada pr&oacute;xima, refiriendo a la vez algunos pormenores de su elegante
+vida en el castillo de Ceyssat, y entre varias noticias daba la de la
+muerte de la madre de Ignacio Artegui, que <i>Anatole</i> le hab&iacute;a contado,
+creyendo que le interesar&iacute;a por tratarse de un compatriota. A&ntilde;ad&iacute;a que
+su hijo la hab&iacute;a llevado a enterrar a Breta&ntilde;a, al mismo castillote de
+Hotidan, en que, trascurriera su ni&ntilde;ez. Miranda estaba delante cuando se
+ley&oacute;, este p&aacute;rrafo, y hubo de notar la ojeada r&aacute;pida que se cruz&oacute; entre
+Pilar y Luc&iacute;a, y la palidez repentina de su mujer. Sali&oacute; Luc&iacute;a aquella
+tarde, y se fue a San Luis, donde pasar&iacute;a como media hora. Volvi&oacute; al
+<i>chalet</i>, y entr&oacute; en su dormitorio, donde ten&iacute;a recado de escribir;
+escribi&oacute; una carta, y guard&aacute;ndosela en el pecho baj&oacute; las escaleras a
+brincos, y tom&oacute; a buen paso hacia la calle principal. Anochec&iacute;a;
+encend&iacute;anse los primeros faroles, y se esparc&iacute;an por el arroyo los
+pilluelos, ni&ntilde;os de coro de la civilizaci&oacute;n, voceando los peri&oacute;dicos
+reci&eacute;n llegados de Paris. Luc&iacute;a fue derecha al rojo reverbero del
+estanco, y acerc&aacute;ndose a la caja de madera que hac&iacute;a de buz&oacute;n, ech&oacute; en
+ella la ep&iacute;stola. Al punto mismo, sinti&oacute;, como una tenaza que le oprim&iacute;a
+el brazo y se volvi&oacute;. Miranda estaba all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es esto?&mdash;murmur&oacute; &eacute;l con voz sorda&mdash;. Sola... aqu&iacute;.... &iquest;qu&eacute;
+haces?</p>
+
+<p>&mdash;Nada...&mdash;pronunci&oacute; ella balbuciente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nada? &iquest;pues no acabas de echar una carta en el buz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, una carta&mdash;contest&oacute; ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; ment&iacute;as?&mdash;exclam&oacute; el marido con iracundo acento, tembl&aacute;ndole
+la barba y los celosos labios.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; lo que dije cuando me lastimaste en el brazo&mdash;replic&oacute; Luc&iacute;a
+recobrando su entereza&mdash;; lo cierto es que ech&eacute; una carta ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no me la diste a m&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; te vienes t&uacute;... sola?</p>
+
+<p>&mdash;Quise echarla yo misma.</p>
+
+<p>Alguna gente que pasaba volv&iacute;a la cabeza, para o&iacute;r el di&aacute;logo en
+irritada voz y extranjero idioma.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos dando espect&aacute;culo&mdash;dijo Miranda&mdash;. Vente.</p>
+
+<p>Intern&aacute;ronse por callejuelas excusadas, y guardaron silencio elocuente
+por espacio de algunos minutos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qui&eacute;n era esa carta?&mdash;interrog&oacute; al cabo el marido en voz breve.</p>
+
+<p>&mdash;Para Don Ignacio Artegui&mdash;contest&oacute; Luc&iacute;a en tono reposado y firme.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo sab&iacute;a yo!&mdash;dijo entre dientes y mascando una imprecaci&oacute;n
+Miranda.</p>
+
+<p>&mdash;Su madre se ha muerto.... Bien lo has o&iacute;do hoy.</p>
+
+<p>&mdash;Es altamente indecoroso, altamente rid&iacute;culo&mdash;pronunci&oacute; Miranda, cuya
+voz crepitaba como los sarmientos al arder&mdash;, que una se&ntilde;ora escriba
+as&iacute;, sin m&aacute;s ni m&aacute;s, a un hombre....</p>
+
+<p>&mdash;Al se&ntilde;or de Artegui le debo obligaciones y favores&mdash;dijo Luc&iacute;a&mdash;que me
+obligaban a interesarme en sus penas.</p>
+
+<p>&mdash;Esas obligaciones, caso de haberlas, me toca reconocerlas a m&iacute;. Yo le
+hubiese escrito....</p>
+
+<p>&mdash;Tu carta&mdash;objet&oacute; con sencillez Luc&iacute;a&mdash;no le hubiera servido de
+consuelo, la m&iacute;a s&iacute;; y como no era cuesti&oacute;n de hacer cumplidos, sino
+de....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;llate&mdash;grit&oacute; Miranda desatentado&mdash;; c&aacute;llate y no digas
+necedades!&mdash;prosigui&oacute; con esa groser&iacute;a conyugal de que no se eximen ni
+los hombres de buen tono&mdash;. Antes de casarte, debieras haber aprendido a
+conducirte en el mundo, para no ponerme en evidencia y no hacer
+ridiculeces de mal g&eacute;nero; pero no s&eacute; de qu&eacute; me quejo; no deb&iacute; esperar
+otra cosa, al casarme con la hija de un tendero de aceite y vinagre.</p>
+
+<p>Miranda caminaba a paso desaforado, arrastrando mejor que conduciendo
+del brazo a su mujer; y casi estaban ya a la puerta del <i>chalet</i>. A la
+afrentosa invectiva, Luc&iacute;a, descolorida y echando fuego por los ojos, se
+solt&oacute; violentamente, y qued&oacute; parada en mitad del camino.</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre&mdash;exclam&oacute; en voz alta, y con m&aacute;s de doscientos sollozos
+atravesados en la laringe&mdash;es honrado, y me ense&ntilde;&oacute; a que tambi&eacute;n lo
+fuese.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no se conoce&mdash;repuso Miranda con risa ir&oacute;nica y amarga&mdash;. Por las
+trazas te ense&ntilde;&oacute; a falsificar la honradez como &eacute;l habr&aacute; falsificado
+comestibles.</p>
+
+<p>A este postrer metrallazo, Luc&iacute;a dio a correr, cruz&oacute; la verja, subi&oacute; la
+escalera no menos de prisa que la hab&iacute;a bajado, y se encerr&oacute; en su
+cuarto, soltando la rienda al dolor. De lo que pens&oacute; en aquella larga
+noche, que pas&oacute; tendida en un sof&aacute;, dar&aacute; idea la siguiente carta, no
+destinada seguramente por su autora a la publicidad, ni menos al aplauso
+de las generaciones venideras:</p>
+
+<p>&laquo;Querido Padre Urtazu: Las rabietillas que usted me anunci&oacute; van
+empezando a venir, y m&aacute;s pronto y m&aacute;s a montones de lo que yo cre&iacute;a. Lo
+peor del caso es que, ahora que lo reflexiono bien, me parece que alguna
+culpa tengo. No se r&iacute;a usted de m&iacute;, por Dios, porque yo me estoy
+sorbiendo las l&aacute;grimas al mojar la pluma, y hasta ese borr&oacute;n, que usted
+dispensar&aacute;, es porque se me cay&oacute; una sobre el papel. Voy a cont&aacute;rselo a
+usted todo, como si estuviera en esa a sus pies en el confesonario. Se
+ha muerto la madre del Sr. de Artegui. Ya sabe usted por mis cartas
+anteriores que esto es una desgracia terrible, porque tal vez traiga
+consigo otras... ni imaginarlas quiero, padre. En fin, yo pens&eacute; que el
+Sr. de Artegui estar&iacute;a muy triste, muy triste, y que acaso nadie se
+acordase de decirle cosas cari&ntilde;osas, y, sobre todo, de hablarle de Dios
+nuestro Se&ntilde;or, en quien &eacute;l no puede menos de creer, &iquest;verdad, padre? pero
+de quien se olvidar&aacute; quiz&aacute;s en estos momentos tan crueles.... Llevada de
+estas consideraciones le escrib&iacute; una carta, consol&aacute;ndole all&aacute; a mi
+modo.... &iexcl;si viera usted! me parece que se me ocurrieron cosas muy
+buenas y eficaces... le habl&eacute; de que Dios nos manda las penas para
+convertirnos a &eacute;l; de que son visitas que nos hace; en resumen, todo lo
+que usted me ha ense&ntilde;ado... adem&aacute;s le dec&iacute;a que bien pod&iacute;a creer que no
+era el &uacute;nico en sentir a aquella pobre se&ntilde;ora, aquella santa; que yo la
+lloraba con &eacute;l, aunque sab&iacute;a que estaba gozando ahora de la gloria... y
+que la envidiaba.... &iexcl;ay, eso si que es verdad, Padre! &iexcl;qui&eacute;n como ella!
+morirse, ir al cielo.... &iexcl;Cu&aacute;ndo lograr&eacute; yo tal ventura!</p>
+
+<p>Pues volviendo a mi relato, fui a echar la carta al correo, y Miranda me
+sigui&oacute; y me cogi&oacute; del brazo y me llen&oacute; de denuestos, injuri&aacute;ndome mucho,
+y lo que sent&iacute; m&aacute;s, insultando a mi padre. &iexcl;Pobre padre de mi alma! &iexcl;qu&eacute;
+culpa tiene &eacute;l de lo que haga yo! Que no sepa nada, Padre Urtazu, por
+amor de Dios. Yo me indign&eacute; de tal modo, que contest&eacute; con altivez, y me
+encerr&eacute; en mi cuarto. Estoy como aquel a quien se le ha ca&iacute;do una casa
+encima.</p>
+
+<p>Mi salud se resiente de todas estas cosas: d&iacute;gale usted al Sr. V&eacute;lez de
+Rada que cuando me vea, ya no le voy a gustar... ahora mismo se me va la
+cabeza, y noto unos desvanecimientos muy fuertes. Adi&oacute;s, Padre;
+acons&eacute;jeme usted, porque no s&eacute; lo que me pasa. A veces pienso que obr&eacute;
+mal, y otras me creo libre de toda culpa. &iquest;Es pecado la misericordia?
+Cuando miro dentro de m&iacute;, misericordia y nada m&aacute;s encuentro.</p>
+
+<p>Perdone la letra, que me tiembla mucho el pulso. Conteste pronto por
+caridad, que nos vamos luego y antes quisiera tener carta de usted. Besa
+su mano su hija respetuosa en Jesucristo.&mdash;LUC&Iacute;A GONZ&Aacute;LEZ.&raquo;</p>
+
+<p>Para los que, conociendo el estilo verbal del Padre Urtazu, sientan
+deseos de enterarse del epistolar que usaba tan claro var&oacute;n, ser&aacute; cosa
+de gusto la esquela que a continuaci&oacute;n se inserta:</p>
+
+<p>&laquo;Lucig&uuml;ela de mis pecados: ay, hija, &iexcl;y qu&eacute; bien pintamos las cosas para
+dejar a nuestra personita en el lugar m&aacute;s lucido! Misericordia, &iquest;eh? &iexcl;yo
+te dar&eacute; la misericordia! Has hecho mal, remal, en escribir esa cartita a
+hurtadillas de tu c&oacute;nyuge, y no me sorprende que &eacute;l se haya puesto hecho
+un drag&oacute;n. Debiste pedirle permiso; y si te lo negaba &iexcl;paciencia! &iquest;No te
+he dicho, mujer, que para ser buena casada, y hacer el viaje en paz,
+metieses en las maletas un par de arrobas de paciencia? Se nos olvid&oacute;, y
+mire las resultas.... Anda, desgraciada, c&oacute;mprate ah&iacute; la paciencia y
+usala a pasto, que te ir&aacute; bien. Tu marido no debi&oacute; insultar al bonazo de
+tu padre (aunque algo se lo merece, yo me s&eacute; por qu&eacute;); pero repara que
+estaba airado, y cuando uno se enfada... yo que tengo el genio vivo, me
+considero. Lo dicho: paciencia, y m&aacute;s paciencia; y nada de esquelitas de
+tapadijo. &iquest;Qui&eacute;n la mete a ella a predicadora? Y no afligirse: Dios
+aprieta, pero no va a ahogar, que no es ning&uacute;n verdugo; y puede que
+cuando menos pienses, te mande consuelos, as&iacute;, de regalo, y no por tus
+m&eacute;ritos. Y adi&oacute;s, que va a salir el correo, y adem&aacute;s tengo los pulmones
+de una rana en el porta-objetos del microscopio, y voy a ver qu&eacute; casta
+de respiraci&oacute;n gastan las se&ntilde;oras ranas. Acu&eacute;rdate de rezar un poquito,
+&iquest;eh? y bajaremos los humos. La bendici&oacute;n de Dios y de San Ignacio sean
+contigo, chiquilla.&mdash;ALONSO URTAZU, S. J.&raquo;</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; esta amonestaci&oacute;n, ya Luc&iacute;a hab&iacute;a hecho por instinto lo que
+el Padre Urtazu le aconsejaba. Humilde y mansa como una cordera, sus
+miradas ped&iacute;an a cada paso perd&oacute;n. Miranda apartaba de ella los ojos,
+trat&aacute;ndola con desd&eacute;n glacial. Luc&iacute;a, exhausta con tantos esfuerzos, y
+con el esmero incesante a Pilar consagrado, mudaba las rosas de las
+mejillas en azucenas, y adelgazaba notablemente, a pesar de comer con
+buen apetito. Una ma&ntilde;ana, Duhamel la llam&oacute; aparte, y la dijo en su
+chapurrado caracter&iacute;stico:</p>
+
+<p>&mdash;Cuidarse, <i>menina.... Conservar-se. Vae cair doente</i>... menos
+vigilias, menos fatigas, un <i>somno</i> regularizado.... Esta asistencia
+<i>altera-lhe a sande</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cree usted que se me pegar&aacute; el mal de Pilar?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a con tan
+sereno acento, que Duhamel se la qued&oacute; mirando.</p>
+
+<p>&mdash;No, no es eso.... El m&eacute;dico baj&oacute; la voz m&aacute;s aun, engolf&aacute;ndose con ella
+en larga y misteriosa pl&aacute;tica.</p>
+
+<p>Aquella noche contest&oacute; Luc&iacute;a al Padre Urtazu en estos t&eacute;rminos:</p>
+
+<p>&laquo;Padre querido: &iexcl;bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don
+de profec&iacute;a, seg&uacute;n acert&oacute; al pronosticarme consuelo. Estoy loca de
+alegr&iacute;a, y no s&eacute; lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta,
+seg&uacute;n dice el se&ntilde;or Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en
+esto. Lo que yo tom&eacute; por enfermedades, eran las molestias del estado...
+S&iacute;; ahora lo comprendo muy bien; &iexcl;pero qu&eacute; tonta soy! &iquest;C&oacute;mo no lo conoc&iacute;
+antes? Parece que una cosa tan grande, deb&iacute;a adivinarla sin que nadie me
+lo advirtiese. &iexcl;Un hijo! &iexcl;Pero qu&eacute; gusto, Padre Urtazu! Desde ma&ntilde;ana
+empezar&eacute; con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jes&uacute;s, sin
+pa&ntilde;os en qu&eacute; envolverse.... Estoy poniendo tonter&iacute;as, y lloriqueo, pero
+no como el otro d&iacute;a... hoy es de placer.</p>
+
+<p>Ma&ntilde;ana o pasado emprenderemos el viaje; Miranda y yo vamos unos d&iacute;as a
+Par&iacute;s antes de volver a Le&oacute;n (rabiando estoy por verme ah&iacute; y contarle a
+padre la noticia: no se lo diga usted, que quiero sorprenderle yo), y la
+pobre Pilar y su hermano, a Espa&ntilde;a, si es que se lo consiente el mal, y
+no tiene que pararse en alg&uacute;n pueblo del camino, y morirse all&iacute; quiz&aacute;.
+Porque a m&iacute; no me enga&ntilde;a su mejor&iacute;a; est&aacute; se&ntilde;alada por la muerte. Lo que
+siento es tener que dejarla acaso quince o veinte d&iacute;as antes de.... En
+fin, estoy tan alegre, que no quisiera pensar en eso. Aplique usted una
+misa por mi intenci&oacute;n.&raquo;</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2>
+
+
+<p>No fue posible a los Gonzalvo proseguir a Espa&ntilde;a, porque ya hacia la
+mitad de la ruta se sinti&oacute; Pilar presa de tales congojas y sudores, con
+tales desvanecimientos, arcadas y soponcios, que all&iacute; creyeron todos
+llegado el punto de su muerte; y a&uacute;n tomaron por feliz suceso el que
+pudiesen llegar a Par&iacute;s, siguiendo el consejo del doctor Duhamel, que
+les dej&oacute; entrever la esperanza de que acaso algunos d&iacute;as de descanso
+repusiesen las fuerzas de la enferma, consinti&eacute;ndole emprender la vuelta
+a su patria. Avinagr&oacute; el gesto Miranda, que ya se cre&iacute;a libre de la
+moribunda, a quien si no cuidaba, le enfadaba ver cuidar; ensanch&oacute;sele
+el coraz&oacute;n a Luc&iacute;a, mal hallada con la idea de abandonar a su amiga en
+la antesala, como quien dice, del sepulcro; y Perico se dispuso a
+conocer Par&iacute;s, seguro como estaba de que no faltar&iacute;an a su hermana
+cuidados. Por lo que toca a Pilar misma, pose&iacute;da del extra&ntilde;o optimismo
+caracter&iacute;stico de su padecimiento, mostr&oacute; gran regocijo por visitar la
+metr&oacute;poli del lujo y elegancia, pensando en hacer all&iacute; sus comprillas de
+invierno, por no ser menos que las currutacas Am&eacute;zagas.</p>
+
+<p>Llegaron a la gran capital de la rep&uacute;blica francesa en una ma&ntilde;ana
+nebulosa y turbia, y los asaltaron en la estaci&oacute;n innumerables
+comisionados de las fondas, se&ntilde;alando cada cual al respectivo &oacute;mnibus, y
+pugnando por llevarse consigo a la gente. Encarose uno de estos tales
+con Miranda y mostrando el rostro atezado, que cruzaba un mediano
+chirlo, dijo en buen castellano:</p>
+
+<p>&mdash;Fonda de la Alavesa, se&ntilde;ores.... Se habla espa&ntilde;ol... criados espa&ntilde;oles
+tambi&eacute;n... se da cocido... calle de Saint Honor&eacute;, el sitio m&aacute;s
+c&eacute;ntrico....</p>
+
+<p>&mdash;Convendr&aacute; ir all&iacute;...&mdash;dijo Duhamel tocando a Miranda en el brazo&mdash;. En
+esa casa <i>espanhoa</i> atender&aacute;n m&aacute;s a <i>la doente</i>....</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, pues&mdash;contest&oacute; Miranda resignadamente, entregando el tal&oacute;n de
+su equipaje al comisionado&mdash;. Escucha&mdash;prosigui&oacute; dirigi&eacute;ndose a
+Perico&mdash;, t&uacute; y yo nos iremos con el equipaje en el &oacute;mnibus de la casa;
+pero a Luc&iacute;a y Pilar las vamos a despachar ya en uno de esos simones....
+Tienen mejor movimiento.</p>
+
+<p>Trasportaron a Pilar casi en brazos, del departamento a la berlina, y el
+cochero azot&oacute; al destartalado jamelgo. El comisionado se instal&oacute; en el
+pescante, no sin muchos encargos y explicaciones hechos antes al
+postill&oacute;n del &oacute;mnibus. Cuando despu&eacute;s de rodar por anchas y magn&iacute;ficas
+calles se detuvo el sim&oacute;n frente a la fonda de la Alavesa, salt&oacute; Luc&iacute;a
+al suelo ligera como una perdiz, diciendo al comisionado:</p>
+
+<p>&mdash;Suplico a usted que me ayude a bajar a esta se&ntilde;orita, que viene
+enferma....</p>
+
+<p>Pero fij&aacute;ndose de pronto en la cara de aquel hombre, exclam&oacute; dando una
+gran voz:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sardiola!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;orita!&mdash;contest&oacute; el vasco con no menor alegr&iacute;a, cordialidad y
+sorpresa&mdash;. &iexcl;Yo que no la hab&iacute;a conocido a usted! &iexcl;necio de m&iacute;! Ya se
+ve, son tantos los viajeros que uno lleva y trae y espera y despide en
+esa bendita estaci&oacute;n.... &iexcl;Jes&uacute;s!</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de considerar a Luc&iacute;a algunos instantes m&aacute;s, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No, ello es que tambi&eacute;n se ha desfigurado usted mucho.... Si no parece
+usted la misma que cuando la acompa&ntilde;aba el se&ntilde;orito Ignacio....</p>
+
+<p>A este nombre, que ninguna voz humana hab&iacute;a hecho resonar en sus o&iacute;dos
+por tanto tiempo, Luc&iacute;a se encendi&oacute; y se puso como una guinda; y bajando
+los ojos, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Subamos a nuestras habitaciones.... Pilar, vente. Echame as&iacute;, un brazo
+al cuello... otro a Sardiola... ap&oacute;yate sin miedo, anda.... &iquest;Quieres que
+te llevemos a la silla de la reina?</p>
+
+<p>Y el vasco y la valerosa amiga cruzaron las manos y alzaron blandamente
+en el improvisado trono a la enferma, que se dej&oacute; ir como un cuerpo
+inerte, recostando la cabeza en el cuello de Luc&iacute;a y humedeci&eacute;ndoselo
+con el viscoso sudor de la calentura. Subieron as&iacute; las escaleras hasta
+el entresuelo, donde introdujo Sardiola a ambas mujeres en una ancha y
+desahogada habitaci&oacute;n en que no faltaba su marm&oacute;rea chimenea, sus
+monumentales camas colgadas, su alfombra de moqueta algo desflorada y
+ra&iacute;da a trechos, sus lavabos y sus perchas cl&aacute;sicas. Ca&iacute;a la pieza a un
+jardinete, en cuyo centro ligero kiosco de madera y cristales serv&iacute;a de
+sala de ba&ntilde;o. Depositaron a Pilar en una butaca y Sardiola se qued&oacute; en
+pie esperando &oacute;rdenes. Su mirada, negra y reluciente como la de un
+cachorro de Terranova, se clavaba en Luc&iacute;a con sumisi&oacute;n y afecto
+verdaderamente caninos. Ella, por su parte, se mord&iacute;a los labios para
+retener las preguntas que impacientes asomaban a ellos. Sardiola
+adivin&oacute;, con su instinto fiel de animal dom&eacute;stico, y prev&iacute;nole el deseo.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando las se&ntilde;oritas necesiten algo...&mdash;dijo t&iacute;midamente, como el que
+no se atreve a hacer un favor&mdash;, ll&aacute;menme siempre&mdash;, siempre.... Si
+estoy en la estaci&oacute;n, llamen por Juanilla... es la camarera de este
+tramo, una muchacha lista como una pimienta.... Pero siempre que yo
+pueda servir de algo... vamos, que me alegrar&iacute;a mucho; basta haber visto
+a la se&ntilde;orita con el se&ntilde;orito Ignacio....</p>
+
+<p>Y como Luc&iacute;a callase, interrogando s&oacute;lo con el mudo y ardiente lenguaje
+de los ojos, prosigui&oacute; el vasco.</p>
+
+<p>&mdash;Porque.... &iquest;no sabe la se&ntilde;orita? &iexcl;Pues si fue el se&ntilde;orito Ignacio
+quien me coloc&oacute; aqu&iacute;! Como la Alavesa se trajo a Juanilla, que es prima
+hermana m&iacute;a... y a m&iacute; me daba, vamos, tanta tristeza de ver corretear
+las columnas <i>guiris</i> por aquellos picachos adonde solo sub&iacute;amos, con la
+ayuda de Dios, los mozos del pa&iacute;s y las fieras de los montes... y en
+fin, que me mor&iacute;a de pena en aquella estaci&oacute;n... le escrib&iacute; una carta al
+se&ntilde;orito... a&uacute;n viv&iacute;a su madre, &iexcl;en gloria la tenga Dios! y me recomend&oacute;
+a la Alavesa... y aqu&iacute; me tiene usted, tan campante....</p>
+
+<p>Las pupilas de Luc&iacute;a preguntaban m&aacute;s apremiantes cada vez. Sardiola
+sigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pues, lo que m&aacute;s gusto me daba, era vivir tan cerca del se&ntilde;orito....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tan cerca?&mdash;pregunt&aacute;ronle, sin voz, los ojos brillantes.</p>
+
+<p>&mdash;Tan cerca&mdash;contest&oacute; &eacute;l complaciente&mdash;, tan cerquita, que, &iexcl;si es un
+regalo! que atravesando ese jard&iacute;n, se entra en su casa....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a corri&oacute; al balc&oacute;n, y p&aacute;lida esta vez como la cera, se qued&oacute; all&iacute;
+mirando con ojos extraviados el edificio que enfrente de s&iacute; ten&iacute;a.
+Sardiola la sigui&oacute;, y hasta la enferma volvi&oacute; la cabeza con curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ve usted?&mdash;explicaba Sardiola&mdash;. &iquest;Ve usted este lado del edificio y
+el otro que hace esquina con &eacute;l? Pues es la fonda. &iquest;Pero ve usted ese
+otro que forma el tercer lado del cuadro? es la casa de Don Ignacio; cae
+a la calle de R&iacute;voli.... &iquest;Ve usted esas escaleritas que desembocan en el
+jard&iacute;n? por ah&iacute; se sube al comedor... lo tienen en la planta baja: &iexcl;un
+comedor muy hermoso! Toda la casa es muy buena; el padre de Don Ignacio
+gan&oacute; much&iacute;simo.... &iquest;Ve usted ese arbolito que hay ah&iacute;, al lado de la
+escalera? &iquest;ese platanillo desmedrado? ah&iacute; sacaba el se&ntilde;orito a su mam&aacute;,
+que parece que se muri&oacute; de una cosa que no s&eacute; c&oacute;mo le dicen, pero vamos,
+que es hincharse mucho el coraz&oacute;n... y como le daban unos ahogos tan
+fuertes a veces, y se quedaba sin aliento, lo mismo que un pez fuera del
+agua, hab&iacute;a que traerla al jard&iacute;n... toda la anchura le era poca, y
+sol&iacute;a estarse ah&iacute; una hora resollando.... &iexcl;Si viera usted al se&ntilde;orito!
+aquello se llama cuidar a una persona... le sosten&iacute;a la cabeza, le
+calentaba los pies con sus manos, le daba cuatro mil besos por hora, le
+hac&iacute;a aire con un abanico.... &iexcl;vamos, era cosa de ver! Alma m&aacute;s buena,
+no la ech&oacute; Dios al mundo, ni volver&aacute; a echarla en todo el siglo que
+corre.... El d&iacute;a que se muri&oacute;, la santa bendita, qued&oacute; tan risue&ntilde;a... y
+tan natural, y tan guapa, con su pelo rubio... &Eacute;l si que parec&iacute;a el
+muerto; si lo ponen en la caja, cualquiera lo entierra.</p>
+
+<p>&mdash;Calla&mdash;ordenaron de pronto los ojos elocuentes.</p>
+
+<p>Y Sardiola obedeci&oacute;. Era que entraban Duhamel, Miranda y Perico. Duhamel
+examin&oacute; con minuciosidad aquella pieza, y declarola, en su jerga
+luso-franca, abrigada, c&oacute;moda, baja asaz y ventilada mucho, y en todo
+conveniente para la enferma. Miranda y Perico se retiraron a la del
+lado, a asearse, y t&aacute;citamente, sin discusi&oacute;n alguna, se resolvi&oacute; que
+enferma y enfermera se quedasen juntas, y los dos hombres ocupasen,
+juntos tambi&eacute;n, la c&aacute;mara pr&oacute;xima. Miranda no puso reparo a este
+sacrificio de Luc&iacute;a, porque Duhamel, llam&aacute;ndole aparte, le notici&oacute; que
+la cosa se iba por la posta, y que apenas cre&iacute;a que la enferma durase un
+mes: en vista de lo cual propuso &eacute;l en su coraz&oacute;n de tomar el portante
+dentro de ocho o diez d&iacute;as, llev&aacute;ndose a su mujer con cualquier
+pretexto. Pero el hado, que de muy distinta manera ten&iacute;a resuelto atar
+los cabos de estos sucesos, dispuso, sirvi&eacute;ndole de instrumento Perico,
+que Miranda comenzase presto a hallarse satisfecho, entretenido y
+regocijado en aquella babilonia y golfo parisiense, por cuyos arrecifes
+y baj&iacute;os le pilote&oacute; el pollo Gonzalvo con m&aacute;s acierto y destreza que
+buena intenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; demonio, qu&eacute; demonio vas a hacer ahora meti&eacute;ndote en
+Le&oacute;n?&mdash;exclamaba Perico&mdash;. Tiempo tendr&aacute;s de sobra, de sobra, para
+aburrirte... mira, aprov&eacute;chate ahora.... &iexcl;Si est&aacute;s muy bueno! Diez a&ntilde;os,
+diez a&ntilde;os te quitaron de encima las tales aguas.</p>
+
+<p>Ya sab&iacute;a el p&iacute;caro lo que se hac&iacute;a. Ni padre, ni t&iacute;a se mostraban muy
+dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de
+tener que quedarse de enfermero.... Su mente, fecunda en tretas, le
+sugiri&oacute; mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad m&aacute;gica que ya de
+suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendi&oacute; el esposo de Luc&iacute;a los
+refinamientos de la cocina francesa en los mejores <i>restauradores</i>
+(ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura,
+lleg&oacute; a tomarse gran inter&eacute;s en que la salsa holandesa fuese mejor aqu&iacute;
+que dos puertas m&aacute;s abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no
+a la &eacute;poca m&aacute;s propia para ser saboreadas. Am&eacute;n de estos goces
+culinarios, aficionose a los teatrillos del g&eacute;nero chocarrero que tanto
+abundan en Par&iacute;s: divirti&eacute;ronle las canciones picarescas, las muecas del
+payaso, la m&uacute;sica retozona y los trajes ligeros y casi paradis&iacute;acos de
+aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de
+violines o de mu&ntilde;ecos. Hasta se susurra&mdash;pero sin que existan datos para
+establecerlo como rigurosa verdad hist&oacute;rica&mdash;que el insigne ex buen mozo
+quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua
+sobre sus secos y mustios lauros, y eligi&oacute; para c&oacute;mplice a cierta rata
+de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien est&aacute;
+averiguado que en regiones menos ol&iacute;mpicas pudo llamarse Antonia,
+Dionisia o cosa as&iacute;. Ten&iacute;a &eacute;sta tal el salero del mundo para cantar el
+estribillo (<i>refrain</i>) de ciertas tonadas (<i>chansonnettes</i>); y era para
+descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la
+pierna derecha en el aire, gui&ntilde;ados los ojos y entreabierta la boca,
+desped&iacute;a una exclamaci&oacute;n canallesca, un grito venido en derechura de las
+pescader&iacute;as y mercados a posarse en sus labios de p&uacute;rpura, para deleite
+y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las &uacute;nicas gracias y
+donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la
+quintaesencia de sus moner&iacute;as, guard&aacute;bala para la dulce intimidad de los
+felices mortales que a aquella D&aacute;nae de bambalinas lograban aproximarse,
+bien provistos de polvos de oro. &iexcl;Con qu&eacute; felina zalamer&iacute;a menudeaba los
+golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos,
+perritos suyos, gatitos, <i>bibis</i>, y otros apelativos cari&ntilde;osos y
+regalados, que a arrope y miel sab&iacute;an! Pues &iquest;qu&eacute; dir&eacute; del chiste y garbo
+incomparable con que oprim&iacute;a entre sus dientes de perlas, un pitillo
+ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracci&oacute;n de
+sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los
+arrebolados carrillos? &iquest;Qu&eacute; de aquella su maestr&iacute;a en ocupar dos sillas
+a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y
+puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los
+tacones? &iquest;Qu&eacute; de la agilidad y destreza con que se sorb&iacute;a diez docenas
+de ostras verdes en diez minutos, y beb&iacute;ase dos o tres botellas de Rhin,
+que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que
+fuese escurridizo y suave? &iquest;Qu&eacute; de la risue&ntilde;a facundia con que probaba a
+sus amigos que tal anillo de piedras les ven&iacute;a estrecho al dedo,
+mientras a ella le ca&iacute;a como un guante? En suma, si la aventura que se
+murmur&oacute; por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa
+redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en
+la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la hero&iacute;na
+era la m&aacute;s divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas
+mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>Mientras de tal suerte espantaban Perico y Miranda el mal humor, a Pilar
+se le deshac&iacute;a el pulm&oacute;n que le restaba, paulatinamente, como se deshace
+una tabla ro&iacute;da por la carcoma. No empeoraba, porque ya no pod&iacute;a estar
+peor, y su vivir, m&aacute;s que vida, era agon&iacute;a lenta, no muy penosa,
+amarg&aacute;ndola solamente unas crisis de tos que tra&iacute;an a la garganta las
+flemas del pulm&oacute;n deshecho, amenazando ahogar a la enferma. Estaba all&iacute;
+la vida como el resto de llama en el p&aacute;bilo consumido casi: el menor
+movimiento, un poco de aire, bastan para extinguirlo del todo. Se hab&iacute;a
+determinado la afon&iacute;a parcial y apenas lograba hablar, y s&oacute;lo en voz muy
+queda y sorda, como la que pudiese emitir un tambor rehenchido de
+algod&oacute;n en rama. Apoder&aacute;banse de ella somnolencias tenaces, largas;
+modorras profundas, en que todo su organismo, sumido en aton&iacute;a vaga,
+remedaba y present&iacute;a el descanso final de la tumba. Cerrados los ojos,
+inm&oacute;vil el cuerpo, juntos los pies ya como en el ata&uacute;d, qued&aacute;base horas
+y horas sobre la cama, sin dar otra se&ntilde;al de vida que la leve y
+sibilante respiraci&oacute;n. Eran las horas meridianas aquellas en que
+preferentemente la atacaba el sue&ntilde;o com&aacute;tico, y la enfermera, que nada
+pod&iacute;a hacer sino dejarla reposar, y a quien abrumaba la espesa atm&oacute;sfera
+del cuarto, impregnada de emanaciones de medicinas y de vahos de sudor,
+&aacute;tomos de aquel ser humano que se deshac&iacute;a, sal&iacute;a al balconcillo, bajaba
+las escaleras que conduc&iacute;an al jard&iacute;n, y aprovechando la sombra del
+desmedrado pl&aacute;tano, se pasaba all&iacute; las horas muertas cosiendo o haciendo
+<i>crochet</i>. Su labor y dechado consist&iacute;a en camisitas microsc&oacute;picas,
+baberos no mayores, pa&ntilde;ales festoneados pulcramente. En faena tan
+secreta y dulce &iacute;banse sin sentir las tardes; y alguna que otra vez la
+aguja se escapaba de los &aacute;giles dedos, y el silencio, el retiro, la
+serenidad del cielo, el murmurio blando de los magros arbolillos,
+induc&iacute;an a la laboriosa costurera a alg&uacute;n contemplativo arrobo. El sol
+lanzaba al trav&eacute;s del follaje dardos de oro sobre la arena de las
+calles; el fr&iacute;o era seco y benigno a aquellas horas; las tres paredes
+del hotel y de la casa de Artegui formaban una como natural estufa,
+recogiendo todo el calor solar y arroj&aacute;ndolo sobre el jard&iacute;n. La verja,
+que cerraba el cuadril&aacute;tero, ca&iacute;a a la calle de R&iacute;voli, y al trav&eacute;s de
+sus hierros se ve&iacute;an pasar, envueltas en las azules neblinas de la
+tarde, estrechas berlinas, ligeras victorias, land&oacute;s que corr&iacute;an al
+brioso trote de sus preciados troncos, jinetes que de lejos semejaban
+marionetas y peones que parec&iacute;an chinescas sombras. En lontananza
+brillaba a veces el acero de un estribo, el color de un traje o de una
+librea, el r&aacute;pido girar de los barnizados rayos de una rueda. Luc&iacute;a
+observaba las diferencias de los caballos. Hab&iacute;alos normandos, poderosos
+de anca, fuertes de cuello, lucios de piel, pausados en el manoteo, que
+arrastraban a un tiempo pujante y suavemente las anchas carretelas;
+hab&iacute;alos ingleses, cuellilargos, desgarbados y elegant&iacute;simos, que
+trotaban con la precisi&oacute;n de maravillosos aut&oacute;matas; &aacute;rabes, de ojos que
+echaban fuego, fosas nasales impacientes y dilatadas, cascos bru&ntilde;idos,
+seca piel y enjutos ri&ntilde;ones; espa&ntilde;oles, aunque pocos, de opulenta crin,
+soberbios pechos, lomos anchos y manos corveteadoras y levantiscas. Al
+ir cayendo el sol se distingu&iacute;an los coches a lo lejos por la m&oacute;vil
+centella de sus faroles; pero confundidos ya colores y formas,
+cans&aacute;banse los ojos de Luc&iacute;a en seguirlos, y con renovada melancol&iacute;a se
+posaban en el mezquino y &eacute;tico jard&iacute;n. A veces turbaba su soledad en &eacute;l,
+no viajero ni viajera alguna, que los que vienen a Par&iacute;s no suelen
+pasarse la tarde haciendo labor bajo un pl&aacute;tano, sino el mism&iacute;simo
+Sardiola en persona, que so pretexto de acudir con una regadera de agua
+a las plantas, de arrancar alguna mala hierba, o de igualar un poco la
+arena con el rodezno, echaba p&aacute;rrafos largos con su meditabunda
+compatriota. Ello es que nunca les falt&oacute; conversaci&oacute;n. Los ojos de Luc&iacute;a
+no eran menos incansables en preguntar que sol&iacute;cita en responder la
+lengua de Sardiola. Jam&aacute;s se describieron con tal lujo de pormenores
+cosas en rigor muy insignificantes. Luc&iacute;a estaba ya al corriente de las
+rarezas, gustos e ideas especiales de Artegui, conociendo su car&aacute;cter y
+los hechos de su vida, que nada ofrec&iacute;an de particular. Acaso
+maravillar&aacute; al lector, que tan enterado anduviese Sardiola de lo
+concerniente a aquel a quien s&oacute;lo trat&oacute; breve tiempo; pero es de
+advertir que el vasco era de un lugar bien pr&oacute;ximo al solar de los
+Arteguis, y familiar amigo de la vieja ama de leche, &uacute;nica que ahora
+cuidaba de la casa solitaria. En su endiablado dialecto platicaban largo
+y tendido los dos, y la pobre mujer no sab&iacute;a sino contar gracias de su
+criatura, que o&iacute;a Sardiola tan embelesado como si &eacute;l tambi&eacute;n hubiese
+ejercido el oficio nada varonil de Engracia. Por tal conducto vino Luc&iacute;a
+a saber al dedillo los &aacute;pices m&aacute;s menudos del genio y condici&oacute;n de
+Ignacio; su infancia melanc&oacute;lica y callada siempre, su mis&aacute;ntropa
+juventud, y otras muchas cosas relativas a sus padres, familia y
+hacienda. &iquest;Ser&aacute; cierto que a veces se complace el Destino en que por
+extra&ntilde;a manera, por sendas torturosas, se encuentren dos existencias, y
+se tropiecen a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni
+raz&oacute;n para ello? &iquest;Ser&aacute; verdad que as&iacute; como hay hilos de simpat&iacute;a que los
+enlazan, hay otro hilo oculto en los hechos, que al fin las aproxima en
+la esfera material y tangible?</p>
+
+<p>&mdash;Don Ignacio&mdash;dec&iacute;a el bueno de Sardiola fue siempre as&iacute;. Mire usted,
+del cuerpo dicen que nunca padeci&oacute; nada.... &iexcl;ni un dolor de muelas! pero
+asegura el ama Engracia que ya desde la cuna tuvo una a modo de
+enfermedad... all&aacute; del alma o del entendimiento, o &iexcl;qu&eacute; me s&eacute; yo! Cuando
+chiquillo &iexcl;le entraban unos miedos al anochecer y de noche, sin saberse
+de qu&eacute;! se le agrandaban los ojos, as&iacute;, as&iacute;... (Sardiola trazaba en el
+espacio con sus dedos pulgar e &iacute;ndice una O cada vez mayor), y se met&iacute;a
+en un rinc&oacute;n del aposento, sin llorar, hecho una pelota, y pas&aacute;base as&iacute;
+quietecito, hasta que amanec&iacute;a Dios.... No quer&iacute;a decir sus visiones;
+pero un d&iacute;a le confes&oacute; a su madre que ve&iacute;a cosas terribles, a todos los
+de su casa con caras de muertos, ba&ntilde;&aacute;ndose y chapuz&aacute;ndose bonitamente en
+un charco de sangre.... En fin, mil disparates. Lo raro del asunto es
+que a la luz del sol el se&ntilde;orito fue siempre un le&oacute;n, como todos
+sabemos... lo que es en la guerra daba gozo verle.... &iexcl;bendito Dios! lo
+mismo se met&iacute;a entre las balas que si fuesen confites.... Nunca us&oacute;
+armas, sino una cartera colgada donde hab&iacute;a yo no s&eacute; cu&aacute;ntas cosas:
+bistur&iacute;es, lancetas, pinzas, vendas, tafet&aacute;n.... Adem&aacute;s ten&iacute;a los
+bolsillos atestados de hilas y trapos y algod&oacute;n en rama.... D&iacute;gole a
+usted, se&ntilde;orita, que si se ganasen los grados por no tener asco a los
+pepinillos liberales, nadie los ganar&iacute;a mejor que Don Ignacio.... Una
+vez cay&oacute; una bomba, as&iacute;, a dos pasos de &eacute;l... se la qued&oacute; mirando,
+esperando sin duda a que reventase, y si no lo coge de un brazo el
+sargento Urrea, que estaba all&iacute; cerquita.... Ni en las cargas a la
+bayoneta se retiraba. En una de &eacute;stas un soldado <i>guiri</i>, &iexcl;maldita sea
+su casta!, se fue a &eacute;l derecho con el pincho en ristre.... &iquest;Qu&eacute; dir&aacute;
+usted que hizo mi Don Ignacio? no se le ocurre ni al demonio.... Lo
+apart&oacute; con la mano como si apartase un mosquito, y el muy b&aacute;rbaro abati&oacute;
+la bayoneta y se dej&oacute; apartar. Ten&iacute;a el se&ntilde;orito entonces una cara....
+V&aacute;lgame Dios y qu&eacute; cara. Entre seria y afable, que el alma de c&aacute;ntaro
+aquel debi&oacute; de quedarse cortado.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s eran pormenores sobre los cuidados del hijo a la madre en su
+&uacute;ltima enfermedad.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que los estoy viendo.... Ah&iacute;, ah&iacute;, donde usted est&aacute;, la se&ntilde;ora
+Do&ntilde;a Armanda; y &eacute;l, aqu&iacute;, as&iacute;, lo mismito que yo, dicho sea con el
+respeto que.... Pues se bajaba, y le alzaba los pies y se los apoyaba en
+un taburete... as&iacute;, as&iacute;, y le pon&iacute;a detr&aacute;s de la cabeza hasta una docena
+de almohadas, almohadones y almohadillas, de distintos tama&ntilde;os y
+hechuras, todo para acomodarlas a la respiraci&oacute;n de la pobre se&ntilde;ora....
+Y los jaropes, y los potingues... digital por aqu&iacute;, atropina por all&aacute;...
+&iexcl;qui&aacute;! ni por esas... se muri&oacute; al fin la infeliz.... &iquest;Creer&aacute; usted que
+no hizo Don Ignacio ning&uacute;n extremo? es un pozo; todo se lo guarda, y as&iacute;
+le ahoga eso que va encerrando, encerrando.... A m&iacute; no me la peg&oacute; con su
+serenidad... porque cuando me dijo: &laquo;Sardiola, me acompa&ntilde;ar&aacute;s esta noche
+a velarla&raquo;, me acord&eacute;, &iexcl;mire usted, se&ntilde;orita, qu&eacute; tonter&iacute;a! pues me
+acord&eacute; de un corneta de nuestras filas, que tocaba unas dianas famosas
+con su instrumento, que era tan claro y tan lleno y tan hermoso... y un
+d&iacute;a toc&oacute; mal, y como nos burl&aacute;semos de &eacute;l, cogi&oacute; la corneta, y sopl&oacute; y
+nos dijo: &laquo;Chicos, ha tenido una pena y se ha reventado la pobrecilla
+m&iacute;a...&raquo; Pues mire usted, la misma diferencia de son que not&eacute; en la
+corneta de aquel majadero de Triguillos, not&eacute; en la voz del se&ntilde;orito...
+usted ya sabe que la tiene muy sonora, que dar&iacute;a gozo o&iacute;rle mandar la
+maniobra... y aquel d&iacute;a... estaba reventada la voz, vamos. En fin, que
+&eacute;l amortaj&oacute; a Do&ntilde;a Armanda, y entre &eacute;l y yo la velamos, y al amanecer...
+&iexcl;zas! tren especial y a Breta&ntilde;a con el cuerpo en un ata&uacute;d de palo santo
+fileteado de plata: al castillote de qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;, a enterrar con sus
+padres, abuelos y tatarabuelos a la pobre se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, que ca&iacute;da la labor en el regazo escuchaba con vida y alma, p&uacute;sola
+toda en sus ojos para preguntar, mudamente, algo a Sardiola. El
+inteligente vasco respondi&oacute; al punto:</p>
+
+<p>&mdash;No ha vuelto desde entonces, y se ignora qu&eacute; piensa hacer.... Engracia
+no sabe de la misa a la media.... Bien que &eacute;l nunca dice nada a persona
+de este mundo de lo que proyecta, ni.... Ah&iacute; se est&aacute; Engracia sola,
+porque a los dem&aacute;s criados los despidi&oacute; muy bien galardonados, al
+partir.... Ella arregla lo poco... lo nada que hay que arreglar ah&iacute;...
+Abrir alguna vez las ventanas, para que la humedad no se divierta con
+los muebles... pasar un plumero....</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Luc&iacute;a la cabeza, y fijose en las ventanas, cerradas a la saz&oacute;n,
+al trav&eacute;s de los cuales se ve&iacute;a a intervalos cruzar una figura de mujer
+provecta, la cabeza adornada con la tradicional coba guipuzcoana, sujeta
+con dos agujones dorados.</p>
+
+<p>&mdash;Merece cuidarse la casa&mdash;prosigui&oacute; Sardiola&mdash;, porque la ten&iacute;a como
+una taza de plata aquella bendita Do&ntilde;a Armanda... muy bien alhajada, y
+muy capaz.... Y ahora que se me ocurre&mdash;exclam&oacute; d&aacute;ndose fiera palmada en
+la frente&mdash;. Se&ntilde;orita.... &iquest;por qu&eacute; no va usted a verla? Yo se lo dir&eacute; a
+Engracia... nos la ense&ntilde;ar&aacute; toda... ea, dec&iacute;dase usted.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;contest&oacute; d&eacute;bilmente Lucia&mdash;para qu&eacute;....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para verla! pues claro est&aacute;.... Ver&aacute; usted el cuarto del se&ntilde;orito
+Ignacio, con sus libros y sus juguetes de chiquillo, que todo lo
+conserva el ama Engracia....</p>
+
+<p>&mdash;Bien, Sardiola&mdash;respondi&oacute; Luc&iacute;a como pidiendo tregua&mdash;. Un d&iacute;a que me
+coja de humor.... Hoy no estoy para ello. Ya te avisar&eacute;.</p>
+
+<p>Andaba Luc&iacute;a, en efecto, harto cavilosa, por una circunstancia que a
+nadie importaba sino a ella. Duhamel le hab&iacute;a notificado que el fin de
+Pilar era inminente, y Pilar, no sospech&aacute;ndolo en lo m&aacute;s m&iacute;nimo, no daba
+indicios de querer disponer su alma para el terrible paso. Habl&aacute;banle de
+Dios, y contestaba, en voz apenas perceptible, modas o viajes; quer&iacute;anle
+recordar cosas tristes, y la desventurada, sin soplo vital casi, dec&iacute;a
+alguna festiva ocurrencia, que tomaba color de cementerio al pasar por
+sus l&iacute;vidos labios.</p>
+
+<p>Toda la ret&oacute;rica piadosa de Luc&iacute;a se estrellaba ante la invencible y
+ben&eacute;fica ilusi&oacute;n de la hora postrera. Acudi&oacute; a Miranda y Perico
+demandando ayuda, y ambos se encogieron de hombros, declar&aacute;ndose de todo
+punto inexpertos y poco a prop&oacute;sito para asuntos tales. Justamente el
+d&iacute;a en que se le puso en la cabeza hablarles del asunto, ten&iacute;an ellos
+concertada una cena con Zulma y compa&ntilde;eras no m&aacute;rtires en el m&aacute;s
+calentito y retirado gabinete de <i>Br&eacute;bant</i>. &iexcl;Brava saz&oacute;n de pensar en
+semejantes cosas! No obstante, alguien hubo que sac&oacute; a Luc&iacute;a del
+atolladero; y fue ni m&aacute;s ni menos que Sardiola, que conoc&iacute;a a un jesuita
+paisano suyo, el Padre Arrigoitia, y lo trajo en un santiam&eacute;n. Era el
+Padre Arrigoitia alto como una ca&ntilde;a, encorvado por la cintura, dulce
+como el jarabe y tan pegadizo e insinuante como brusco y desamorado su
+conterr&aacute;neo el Padre Urtazu. Entr&oacute; pretextando una visita de la t&iacute;a de
+Pilar, volvi&oacute; manifestando mucho inter&eacute;s por la salud corporal de la
+enferma, trajo tierra de la santa gruta de Manresa y pastillas
+pectorales de Belmet, todo junto y envuelto en muchos papelitos, y en
+suma, se dio tal ma&ntilde;a y arte, que a la semana de conocerle y tratarle,
+Pilar espont&aacute;neamente pidi&oacute; lo que tanto deseaban darle el jesuita y la
+enfermera. Al salir el Padre Arrigoitia del cuarto de la que bien
+podemos llamar moribunda, despu&eacute;s de haber pronunciado las palabras de
+la absoluci&oacute;n, sinti&oacute; detr&aacute;s de la puerta el ulular de un congojado
+pecho, y oy&oacute; una voz que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... muchas gracias....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a estaba all&iacute; y lloraba a mares,</p>
+
+<p>&mdash;A Dios sean dadas...&mdash;contest&oacute; el jesuita afablemente&mdash;. Vamos, no
+afligirse, mi se&ntilde;ora Do&ntilde;a Luc&iacute;a... al contrario. Estamos de enhorabuena.</p>
+
+<p>&mdash;No... no, si es de gozo&mdash;contest&oacute; la enfermera.</p>
+
+<p>Y como la sotana negra y el alto talle fajado se alejasen, hizo
+suavemente: ce, ce. El jesuita se volvi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n, Padre Arrigoitia, me quiero confesar, pronto, pronto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! bien, bien... pero usted no est&aacute; en peligro de muerte, gracias al
+Se&ntilde;or... en San Sulpicio, confesonario de la derecha, entrando... a sus
+&oacute;rdenes siempre, se&ntilde;ora m&iacute;a. Volver&eacute;, volver&eacute; a ver a nuestra
+enfermita... no hay que llorar.... &iexcl;Parece usted una Magdalena!</p>
+
+<p>Aquella tarde Luc&iacute;a baj&oacute; como de costumbre al jard&iacute;n. Pero era tal el
+cansancio que sent&iacute;an sus miembros y su esp&iacute;ritu, que recostando en el
+tronco del pl&aacute;tano la cabeza, quedose dormida. Empez&oacute; presto a so&ntilde;ar: y
+es lo raro del caso que no so&ntilde;aba hallarse en lugar alguno nuevo ni
+desconocido, sino en el mismo sitio, en el jardinete; &uacute;nicamente las
+caprichosas representaciones del sue&ntilde;o se lo convirtieron de chico y
+estrecho en enorme. Era el propio jard&iacute;n, pero visto al trav&eacute;s de una
+colosal lente de aumento. No se distingu&iacute;a la verja sino a distancia
+fabulosa, como una hilera de puntos brillantes, all&aacute; en el horizonte; y
+tal aumento de proporciones acrecentaba la tristeza del mezquino jard&iacute;n,
+haci&eacute;ndolo parecer m&aacute;s bien seco y agostado erial. Recorri&eacute;ndolo, fijaba
+Luc&iacute;a la vista en la fachada correspondiente a la casa de Artegui, de
+una de cuyas ventanas sal&iacute;a una mano p&aacute;lida que le hac&iacute;a se&ntilde;as. &iquest;Era
+mano de hombre o de mujer? &iquest;era de vivo, o de cad&aacute;ver? Luc&iacute;a lo
+ignoraba; pero los misteriosos llamamientos de aquella diestra
+desconocida la atra&iacute;an cada vez m&aacute;s, y corriendo, corriendo, trataba de
+acercarse a la casa; pero el erial se prolongaba, detr&aacute;s de unas calles
+de arena ven&iacute;an otras, y despu&eacute;s de andar horas y horas a&uacute;n ve&iacute;a delante
+de s&iacute; largu&iacute;sima hilera de pl&aacute;tanos entecos, cuyo fin no se divisaba, y
+la casa de Artegui m&aacute;s lejana que nunca. Y la mano hac&iacute;a se&ntilde;as
+impacientes y furiosas, semejante a diestra de epil&eacute;ptico que se agita
+en el aire: sus cinco dedos eran aspas incesantes en girar, y Luc&iacute;a,
+desalentada, jadeante, iba a escape, y a cada pl&aacute;tano suced&iacute;a otro, y la
+casa lejos... lejos... &laquo;&iexcl;Necia de mi!&raquo; exclamaba al fin; &laquo;ya que
+corriendo no llego nunca... volar&eacute;.&raquo; Dicho y hecho: como se vuela tan
+a&iacute;na en sue&ntilde;os, Luc&iacute;a se empinaba y.... &iexcl;pim! al aire de un brinco. &iexcl;Oh
+placer! &iexcl;oh gloria! el erial quedaba debajo; surcaba la regi&oacute;n ambiente,
+pura, serena, azul, y ya la casa no estaba lejos, y ya se acababan los
+eternos pl&aacute;tanos, y ya distingu&iacute;a el cuerpo due&ntilde;o de la mano... era un
+cuerpo esbelto sin delgadez, dignamente rematado por una cabeza varonil
+y melanc&oacute;lica... pero que entonces se sonre&iacute;a cari&ntilde;osamente, con
+expansi&oacute;n infinita.... &iexcl;C&oacute;mo volaba Luc&iacute;a! &iexcl;c&oacute;mo respiraba a placer en
+la atm&oacute;sfera serena! &aacute;nimo, poco falta.... Luc&iacute;a escuchaba el batir de
+sus propias alas, porque ten&iacute;a alas; y el regalado frescor de las plumas
+le refrigeraba el coraz&oacute;n.... Ya estaba cerca de la ventana....</p>
+
+<p>Sinti&oacute; de pronto dos dolores agudos, como una herida gemela hecha con
+dos armas a un tiempo: distingui&oacute; una tijera enorme que sobre ella se
+cern&iacute;a; vio caer al suelo dos alas de paloma blancas y ensangrentadas; y
+sin ser poderosa a m&aacute;s, cay&oacute; ella tambi&eacute;n, pero de prodigiosa altura; no
+al suelo del jard&iacute;n, sino a un precipicio, una sima muy honda, muy
+honda.... All&aacute; en el fondo ard&iacute;an dos lucecicas, y la miraban unos ojos
+compasivos de mujer vestida de blanco.... Ni m&aacute;s ni menos que ca&iacute;a en la
+gruta de Lourdes... no pod&iacute;a ser otra; estaba tal como la hab&iacute;a visto en
+la iglesia de San Luis en Vichy; hasta la Virgen ten&iacute;a los mismos
+rosales, los mismos crisantemos.... &iexcl;ay, qu&eacute; fresca y hermosa era la
+gruta, con su manantialillo murmurador! Luc&iacute;a ansiaba llegar... pero la
+angustia de la ca&iacute;da la despert&oacute;, como sucede siempre en las pesadillas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 100%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2>
+
+
+<p>A pocos d&iacute;as de haberse confesado Pilar, expir&oacute;. Fue su muerte casi
+dulce y del todo imprevista, en cuanto careci&oacute; de agon&iacute;a. Una flema
+mayor que las dem&aacute;s cort&oacute; su respiraci&oacute;n algunos segundos, y apagose la
+d&eacute;bil luz de la vida en la exhausta l&aacute;mpara. Luc&iacute;a estaba sola con ella,
+y sosten&iacute;ale la cabeza para toser, a tiempo que, doblando de pronto el
+cuello, la t&iacute;sica entreg&oacute; el alma. Tiene este horrible mal de la tisis
+tan diversas fases y aspectos, que hay enfermo que al morir cuenta los
+instantes que le restan de existencia, y haylo que cae sorprendido en la
+eternidad, como la fiera en el lazo. Luc&iacute;a, que nunca hab&iacute;a visto
+muertos, no pudo imaginar que fuese sino un s&iacute;ncope profundo; cre&iacute;a ella
+que el esp&iacute;ritu no abandonaba sin lucha y ans&iacute;as mayores su vestidura
+mortal. Sali&oacute; gritando y pidiendo auxilio; acudi&oacute; primero Sardiola a sus
+voces, y meneando la cabeza, dijo: &laquo;Se acab&oacute;.&raquo; Miranda y Perico llegaron
+en breve; justamente estaban en casa por ser las once, hora de cambiar
+el lecho por el almuerzo. Miranda alz&oacute; las cejas, frunciolas despu&eacute;s, y
+dijo poniendo la voz en el registro grave:</p>
+
+<p>&mdash;Era de temer, de temer.... S&iacute;, estaba muy mal.... Pero tan de pronto,
+se&ntilde;or... si es que parece imposible....</p>
+
+<p>En cuanto a Perico, escondi&oacute; la cabeza entre las manos, y murmur&oacute; m&aacute;s de
+tres docenas de &laquo;Jes&uacute;s, Jes&uacute;s.... V&aacute;lgame Dios, v&aacute;lgame Dios.... Qu&eacute;
+desgracia, qu&eacute; desgracia...&raquo; y a&uacute;n debo a&ntilde;adir, en honra de la
+sensibilidad del insigne pollo, que se demud&oacute; bastante su rostro, y
+pugnaron por asomar a sus lagrimales, y asomaron al fin, unas cuantas
+gotas de eso que los poetas llaman roc&iacute;o del alma. No quise omitir estos
+pormenores, a fin de que no se crea que Perico era malo, siendo as&iacute;, que
+de investigaciones y curiosos datos estad&iacute;sticos resulta que a&uacute;n val&iacute;a
+m&aacute;s que las dos terceras partes de la prole de Ad&aacute;n. Triste y mustio de
+veras, se dej&oacute; conducir por Miranda a su cuarto, y es cosa averiguada
+tambi&eacute;n, que en todo el curso de aquel d&iacute;a no entraron en su cuerpo m&aacute;s
+alimentos que dos tazas de t&eacute; y un huevo pasado por agua, que la extrema
+debilidad le oblig&oacute; a sorber, entrada ya la noche.</p>
+
+<p>El Padre Arrigoitia y el m&eacute;dico Duhamel, de acuerdo con Miranda, y
+facultados telegr&aacute;ficamente por la desconsolada familia Gonzalvo,
+proporcionaron a la muerta cuanto necesitaba ya: mortaja y ata&uacute;d. Pilar,
+vestida de h&aacute;bito del Carmen, fue extendida en la caja sobre su mismo
+lecho; encendieron luces, y dej&aacute;ronla, a la espa&ntilde;ola, en la c&aacute;mara
+mortuoria, no acatando la costumbre francesa de convertir en capilla
+ardiente el portal, exponiendo all&iacute; el cad&aacute;ver para que todo el que pase
+lo roc&iacute;e con una rama de boj que flota en una caldereta de agua bendita.
+Dep&oacute;sito, exequias y entierro, deb&iacute;an verificarse el d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<p>H&iacute;zose todo con tal celeridad y tino, que ser&iacute;an las tres de la tarde no
+m&aacute;s cuando en la estancia, ordenada ya, y junto al balc&oacute;n abierto, le&iacute;a
+el Padre Arrigoitia en su Breviario las oraciones por los difuntos, y
+Luc&iacute;a le contestaba entre sollozos &laquo;Am&eacute;n&raquo;. La llama de los cirios,
+devorada por la claridad gloriosa del sol, no era m&aacute;s que un punto
+rojizo, en cuyo centro se distingu&iacute;a la negra raya del p&aacute;bilo. A lo
+lejos se escuchaba el sordo rodar de los coches, anunciado antes por el
+retemblido de los vidrios; y dominando los rumores de la calle, la voz
+del jesuita que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Qui quasi putredo consumendus sum, et quasi Vestimentum quod
+comeditur a tinea</i>....</p>
+
+<p>Protestando contra el c&aacute;ntico de muerte, el hermoso sol de invierno
+enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y
+encend&iacute;a con tonos calientes la nuca de Luc&iacute;a, inclinada tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Y continuaba el rezo:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Heu mihi, Domine, quia pecavi nimis in vita mea</i>....</p>
+
+<p>Un rayo de luz m&aacute;s vivo y directo se col&oacute; en la c&aacute;mara, y fue a posarse
+en la difunta. Estaba Pilar consumida y hecha un mirlo de flaca; ni
+majestad ni hermosura a&ntilde;ad&iacute;a la muerte a aquel residuo de organismo
+devorado por la extenuaci&oacute;n y la fiebre. La toca blanca hac&iacute;a resaltar
+la verdosa palidez de su rostro chupado. Parec&iacute;a haber encogido y
+menguado en estatura. Su expresi&oacute;n era vaga, entre sonrisa y mueca.
+Ve&iacute;ansele los dientes de marfil. Sobre su pecho destell&oacute;, al reflejo
+solar, el lat&oacute;n de un crucifijo que el Padre Arrigoitia le hab&iacute;a puesto
+entre las manos.</p>
+
+<p>Bien rezar&iacute;an el jesuita y la amiga cosa de una hora; pero al cabo de
+ese tiempo se levant&oacute; el Padre, manifestando que para volver a velarla,
+necesitaba ir a su casa y despachar algunos urgentes asuntos que le
+reclamaban. Mir&oacute; a Luc&iacute;a, y vi&eacute;ndola descolorida y los ojos hinchados,
+le dijo bondadosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Ret&iacute;rese un poco, hija, a descansar... est&aacute; usted del color de la
+muerta. No ordena Dios tratarse as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que har&eacute;, Padre&mdash;respondi&oacute; Luc&iacute;a&mdash;, ser&aacute; bajar un rato al jard&iacute;n a
+tomar el fresco.... Juanilla se quedar&aacute; aqu&iacute;.... Me arde la cabeza,
+necesito aire.</p>
+
+<p>De nuevo fij&oacute; en ella su mirada el jesuita, y prontamente, acerc&aacute;ndose a
+su o&iacute;do y silabeando como en el confesonario, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora que esa pobrecita se ha muerto... ya sabe usted mi consejo,
+&iquest;verdad? &iexcl;Tierra en medio, hija! Esta vecindad... estos aires no le
+convienen. A Le&oacute;n.... Si me env&iacute;an all&aacute;... la he de felicitar.</p>
+
+<p>Y como Luc&iacute;a lo mirase elocuentisimamente, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... tierra en medio. &iexcl;Cu&aacute;ntas almitas enfermas he curado yo con
+eso solo! Vaya, hasta luego... hasta cuanto antes. Si, hijita querida,
+s&iacute;; esas cosas las apunta todas Dios en el cielo....</p>
+
+<p>&mdash;Padre... quisiera ser aquella...&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a se&ntilde;alando a la muerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Virgen m&iacute;a! no, hija... vivir para servir a Dios... cumpliendo su
+voluntad.... Hasta luego, &iquest;eh?</p>
+
+<p>Cuando Luc&iacute;a baj&oacute; al jard&iacute;n, pareci&oacute; &eacute;ste a sus ojos fatigados de
+llorar, menos enteco y &aacute;rido que de costumbre. Las yucas alzaban su
+cabeza majestuosa, perpetuamente coronada; las hiedras exhalaban leve
+aroma campesino, siempre m&aacute;s grato que el tufo de la cera. El sol iba ya
+retir&aacute;ndose, pero a&uacute;n doraba las moharras de las lanzas, en la verja.
+Sentose Luc&iacute;a por costumbre bajo el pl&aacute;tano, que, pelado por el
+invierno, ya se hab&iacute;a quedado sin una mala hoja con que dar sombra. El
+reposo de aquel rinconcillo solitario trajo de nuevo los pensamientos
+familiares.. No, Luc&iacute;a no pod&iacute;a llorar m&aacute;s, sus ojos secos no conten&iacute;an
+l&aacute;grima alguna; lo que deseaba era descanso, descanso.... Hab&iacute;anle
+prohibido Dios y la naturaleza pensar en la muerte; as&iacute; es que empleando
+ingenioso subterfugio, pensaba en un sue&ntilde;o muy largo, que no tuviese
+fin.... Absorta, vio venir a Sardiola corriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita... se&ntilde;orita....</p>
+
+<p>El bueno del vasco se asfixiaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay?&mdash;dijo ella, y levant&oacute; l&aacute;nguidamente la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; ah&iacute;&mdash;dijo Sardiola atragant&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;... ah&iacute;....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a se irgui&oacute; recta como una estatua y puso ambas manos sobre el
+pecho.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;orito... se&ntilde;orito Ignacio.... Lleg&oacute; esta ma&ntilde;ana... marcha esta
+noche... ad&oacute;nde no se sabe... no quiso recibirme.... Engracia dice que
+est&aacute; m&aacute;s demudado que cuando sali&oacute; para Breta&ntilde;a....</p>
+
+<p>&mdash;Sardiola...&mdash;pronunci&oacute; dif&iacute;cilmente Luc&iacute;a, sintiendo el coraz&oacute;n no
+mayor que una nuez&mdash;. Sardiola....</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que subir, me est&aacute;n necesitando a cada paso... con la desgracia
+de hoy, hay mil recados...&iquest;Quiere usted algo, se&ntilde;orita?</p>
+
+<p>Nada....</p>
+
+<p>Y la voz sorda de Luc&iacute;a expir&oacute; en su garganta. Zumb&aacute;banle los o&iacute;dos y
+giraban en torno suyo verja, paredes, pl&aacute;tano y yucas. Hay as&iacute; en la
+vida momentos supremos en que el sentimiento, oculto largas horas, se
+levanta rugiente, y avasallador, y se proclama due&ntilde;o de un alma. &Eacute;ralo
+ya; pero el alma lo ignoraba por ventura o barrunt&aacute;balo solamente; hasta
+que repentina marca de hierro enrojecido viene a revelarle su
+esclavitud. Aunque el s&iacute;mil pueda parecer profano, dir&eacute; que acontece con
+esto algo de lo que con las conversiones: flota indeciso el &aacute;nimo alg&uacute;n
+tiempo, sin saber qu&eacute; rumbo toma, ni qu&eacute; causa su desasosiego, hasta que
+una voz de lo alto, una luz deslumbradora, de improviso, disipan toda
+duda. Pronto es el asalto, nula la resistencia, segura la victoria.</p>
+
+<p>Descend&iacute;a r&aacute;pidamente el sol a su ocaso, ca&iacute;a sobre el jard&iacute;n la sombra;
+Sardiola, el lebrel fidel&iacute;simo que hab&iacute;a dado el ladrido de alarma, no
+estaba ya all&iacute;. Luc&iacute;a mir&oacute; en torno suyo con ojos vagos, y llevose las
+manos a la garganta oprimida. Despu&eacute;s convirti&oacute; la vista a la fachada,
+cual si sus macizos muros pudiesen por m&aacute;gico arte volverse cristal y
+trasparentar lo que en su interior guardaban. Quedose fascinada,
+sofocando un grito antes que naciera. La puerta del comedor estaba
+entornada. Cosa era esta que suced&iacute;a muchas tardes, siempre que al ama
+Engracia se le ocurr&iacute;a tomar el fresco un rato en el umbral charlando
+con Sardiola; pero en tal instante Luc&iacute;a sinti&oacute; que la puerta
+entreabierta la penetraba de terror glacial y de ardiente j&uacute;bilo a un
+tiempo. Su cerebro, vac&iacute;o de ideas, s&oacute;lo encerraba un sonsonete mon&oacute;tono
+y cadencioso, repitiendo como la p&eacute;ndola de un horario: &laquo;Vino esta
+ma&ntilde;ana, se va esta noche...&raquo; Y al fin la repetici&oacute;n la irritaba de tal
+manera, que s&oacute;lo o&iacute;a la palabra &laquo;noche, noche, noche&raquo;, palabra que
+parec&iacute;a vibrar, como esos puntos luminosos que se ven en las tinieblas,
+durante el insomnio, y que se acercan y se alejan, sin movimiento de
+traslaci&oacute;n, por el mero sacudimiento de sus mol&eacute;culas. Apretose las
+sienes como para detener la tenaz p&eacute;ndola, y lentamente, paso a paso, se
+encamin&oacute; al vest&iacute;bulo de casa de Artegui. Al poner el pie en el primer
+pelda&ntilde;o de la escalera, la m&uacute;sica zumbadora de la sangre le cantaba en
+los o&iacute;dos, como un coro de cien moscardones. Parece que le dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;No vayas, no vayas.</p>
+
+<p>Y otra voz silbada y misteriosa, la voz del viento en las ramas secas
+del pl&aacute;tano, le murmuraba con prolongado susurro:</p>
+
+<p>&mdash;Sube, sube, sube.</p>
+
+<p>Subi&oacute;. Al llegar al segundo pelda&ntilde;o tropez&oacute; pis&aacute;ndose el traje por
+delante, y s&oacute;lo entonces ech&oacute; de ver que su bata de merino negro,
+manchada por la asistencia, arrugada por las vigilias, era muy fea y de
+corte asaz descuidado. Vio, adem&aacute;s, que ten&iacute;a los pu&ntilde;os de la chambra
+hechos un trapo, remojados de l&aacute;grimas, y la falda sembrada de hilitos
+de hacer labor. Se recorri&oacute; maquinalmente con ambas manos, sacudiendo
+los cabos de hilo, y estirose algo los pu&ntilde;os, mientras llegaba a la
+puerta. En &eacute;sta vacil&oacute; a&uacute;n; pero la media obscuridad que ya reinaba le
+dio &aacute;nimos. Empuj&oacute; las hojas y hallose en una gran pieza l&oacute;brega a la
+saz&oacute;n, que no era sino el comedor, y por tener cubiertos los muros de
+una imitaci&oacute;n del antiguo cuero cordob&eacute;s, parec&iacute;a harto m&aacute;s sombr&iacute;a,
+ayudando a ello los altos aparadores de roble esculpido, y sitiales de
+lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;ste es el comedor&mdash;dijo en voz alta Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>Y mir&oacute; hacia todas partes buscando la puerta. La cual estaba en el
+fondo, frontera a la que al jard&iacute;n sal&iacute;a, y Luc&iacute;a alz&oacute; el tupido
+cortin&oacute;n y puso la tr&eacute;mula mano en el pestillo, saliendo a un corredor
+casi del todo tenebroso. Quedose sin respirar, y lo que es peor, sin
+saber ad&oacute;nde se encaminase, y entonces maldijo mil veces de su terquedad
+en no haber querido visitar antes la casa. De pronto oy&oacute; un ruido, unos
+tropezones sonoros, un choque de vajilla y loza.... El ama Engracia
+fregoteaba sin duda los platos en la cocina. &iquest;C&oacute;mo lo adivin&oacute; tan presto
+Luc&iacute;a? El entendimiento se aguza en las horas cr&iacute;ticas y
+extraordinarias. Guiada negativamente por el ruido, Luc&iacute;a sigui&oacute; andando
+en direcci&oacute;n opuesta, hacia el extremo del pasillo, en que reinaba el
+silencio. El piso alfombrado apagaba su andar, y con ambas manos
+extendidas palpaba las dos murallas buscando una puerta. Al fin, sinti&oacute;
+ceder el muro, y, siempre con las manos delante, penetr&oacute; en una estancia
+que le pareci&oacute; chica, y donde al pasar tropez&oacute; en varios objetos, entre
+ellos unas barras de metal que se le figuraron de una cama. De all&iacute; pas&oacute;
+a otra habitaci&oacute;n mucho mayor, todav&iacute;a iluminada por un leve resto de
+luz diurna, que entraba por alta vidriera. Luc&iacute;a no dud&oacute; ni un instante
+de su acierto: aquella c&aacute;mara deb&iacute;a de ser la de Artegui. Hab&iacute;a
+estanter&iacute;as cargadas de vol&uacute;menes, preciosas pieles de animales
+arrojadas al desd&eacute;n por la alfombra, un div&aacute;n, una panoplia de ricas
+armas, algunas figuras anat&oacute;micas, enorme mesa escritorio con papeles en
+desorden, estatuas de tierra cocida y de bronce, y sobre el div&aacute;n un
+retrato de mujer, cuyas facciones no se distingu&iacute;an. Medio desmayada se
+dej&oacute; caer Luc&iacute;a en el div&aacute;n, cruzando ambas manos sobre el seno
+izquierdo, que levantaban los desordenados latidos del coraz&oacute;n, y
+diciendo en voz alta tambi&eacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Est&uacute;vose as&iacute; un rato, sin pensar, sin desear, entregada s&oacute;lo al placer
+de hallarse all&iacute;, en donde moraba Artegui. La obscuridad crec&iacute;a, y al
+fin viniera a ser completa si el resplandor de un reverbero fronterizo
+no se quebrase en los cristales de la ventana. La vista de la luz hizo
+saltar en el div&aacute;n a Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Es de noche&mdash;exclam&oacute; siempre en alto.</p>
+
+<p>Atropell&aacute;ronse en su mente mil pensamientos. De seguro que ya habr&iacute;an
+preguntado en la fonda por ella. Puede que estuviese de vuelta el Padre
+Arrigoitia; y se volver&iacute;an locos busc&aacute;ndola en el jard&iacute;n, en su cuarto,
+en todas partes. No sab&iacute;a ella misma por qu&eacute; se acordaba antes del Padre
+Arrigoitia que de Miranda; pero es lo cierto que su temor principal era
+darse de manos a boca con el afable jesuita, que le dir&iacute;a sonriendo:
+&laquo;&iquest;De d&oacute;nde bueno, hija?&raquo; Hostigada por tales imaginaciones, se levant&oacute;
+tambale&aacute;ndose, y diciendo entre dientes:</p>
+
+<p>&mdash;No es justo que la muerta est&eacute; sola....</p>
+
+<p>Y busc&oacute; la salida: pero de pronto se detuvo paralizada, como aut&oacute;mata a
+quien se acaba la cuerda.... Oy&oacute; pasos en el corredor, pasos que se
+acercaban, pasos fuertes y resueltos: no eran, no, los del ama Engracia.
+La puerta de la c&aacute;mara grande se abri&oacute;, y entr&oacute; una persona. Luc&iacute;a se
+hallaba ya en la c&aacute;mara chica, y se qued&oacute; detr&aacute;s de la cortina. No
+estaba &eacute;sta corrida del todo. Por el resquicio vio que el reci&eacute;n llegado
+encend&iacute;a un f&oacute;sforo y despu&eacute;s la buj&iacute;a de un candelero; mas la luz
+sobraba, y ya, sin ella, hab&iacute;a conocido a Artegui.</p>
+
+<p>Ahora lo distingu&iacute;a perfectamente; era &eacute;l, pero aun m&aacute;s abatido y
+desmejorado que cuando por &uacute;ltima vez lo vio; velaban su rostro tintas
+c&aacute;rdenas, y la negra barba lo sum&iacute;a en un cerco de sombra; sus ojos
+brillaban cual si tuviese calentura. Sentase al escritorio y escribi&oacute;
+dos o tres cartas. Estaba frente por frente a Luc&iacute;a y ella le devoraba
+con los ojos. A cada carta que cerraba Artegui, dec&iacute;ase:</p>
+
+<p>&mdash;Ya le he visto; v&aacute;monos.</p>
+
+<p>Y se quedaba. Por fin Artegui se levant&oacute;, e hizo una cosa rara; llegose
+al retrato colgado sobre el div&aacute;n, y lo bes&oacute;. Mir&oacute; Luc&iacute;a afanosamente a
+aquel lugar, y viendo un rostro de dama, pero parecido al de Artegui,
+murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Su madre.</p>
+
+<p>Tras de lo cual, el pesimista abri&oacute; un caj&oacute;n de su mesa-escritorio, y
+sac&oacute; un objeto reluciente y prolongado, que reconoci&oacute; con el mayor
+esmero.... Estaba absorto en su ocupaci&oacute;n, cuando sinti&oacute; que le as&iacute;an
+del brazo con fuerza convulsiva, y vio ante s&iacute; a una mujer p&aacute;lida, m&aacute;s
+p&aacute;lida que &eacute;l, ardientes y fijos los ojos como dos carbones encendidos,
+abierta la boca para hablar... pero muda, muda. Solt&oacute; la pistola, que
+cay&oacute; en la alfombra con ruido mate, y estrech&oacute; a la mujer.... Cedi&oacute; el
+talle de &eacute;sta como una flor tronchada, y hallose con Luc&iacute;a ex&aacute;nime en
+los brazos.</p>
+
+<p>La coloc&oacute; at&oacute;nito en el div&aacute;n, y trayendo de su cuarto de tocador un
+frasco de lavanda, se lo verti&oacute; entero por sienes y pulsos, rompi&eacute;ndole
+al mismo tiempo los ojales de la bata, en la prisa con que quer&iacute;a
+aflojarle el cors&eacute;. Ni un momento le ocurri&oacute; llamar al ama Engracia; al
+contrario, murmuraba muy bajito:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Luc&iacute;a..., me oye usted? &iexcl;Luc&iacute;a.... Luc&iacute;a..., soy yo, yo no m&aacute;s...,
+Luc&iacute;a!</p>
+
+<p>Ella abri&oacute; los ojos aun turbios y vagos, y contest&oacute;, muy quedo tambi&eacute;n,
+pero claro:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; estoy, Don Ignacio. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; usted?</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;..., aqu&iacute; mismo..., &iquest;no me ve usted?, aqu&iacute;, a su lado....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, ya veo.... &iquest;Es usted?</p>
+
+<p>&mdash;Expl&iacute;queme usted este... este milagro, Luc&iacute;a, por lo que m&aacute;s quiera.
+&iquest;C&oacute;mo vino usted aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Explicar..., explicar, no puedo, Don Ignacio..., tengo as&iacute;, la
+cabeza.... Como estaba usted aqu&iacute;... quise verle... y yo dec&iacute;a: Pues he
+de verle.... No, yo no, lo dec&iacute;an cien mil pajaritos dentro de m&iacute;...
+Ellos lo dijeron. Y vine. No s&eacute; m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Descanse usted&mdash;dijo con dulc&iacute;sima voz Artegui, hablando blandamente,
+como se habla a los ni&ntilde;os&mdash;. Apoye usted la cabeza en el almohad&oacute;n...
+&iquest;Quiere usted t&eacute;..., alguna cosa? &iquest;Se siente usted mejor?</p>
+
+<p>&mdash;No, descansar, descansar. As&iacute;... as&iacute;...&mdash;Luc&iacute;a cerr&oacute; los ojos, y
+recost&aacute;ndose en el div&aacute;n, call&oacute;. Artegui la miraba ansioso, dilatadas
+las pupilas, y estremecido a&uacute;n de sorpresa y de asombro. Arreglole el
+descompuesto traje, y le puso a los pies un taburete, estir&aacute;ndole la
+bata de manera que se los tapase. Luc&iacute;a segu&iacute;a inm&oacute;vil, murmurando
+palabras en voz baja, divagando un poco a&uacute;n, pero ya con m&aacute;s ilaci&oacute;n, y
+discurso m&aacute;s claro.</p>
+
+<p>&mdash;Ni s&eacute; c&oacute;mo llegu&eacute; al cuarto... ten&iacute;a miedo, mucho miedo de encontrar
+con alguien... con el ama Engracia... pero yo dec&iacute;a: adelante: Sardiola
+asegura que se marcha hoy... y si se marcha... t&uacute; tambi&eacute;n te ir&aacute;s a
+Le&oacute;n... y ya, en toda la vida, y en la eternidad, Luc&iacute;a, como no le veas
+en el cielo, no s&eacute; yo d&oacute;nde le ver&aacute;s.... Cuando uno piensa cosas as&iacute;
+tiene un valor... yo temblaba, temblaba como un azogado: puede que haya
+roto algo en el cuartito chico... lo sentir&iacute;a... y tambi&eacute;n sentir&eacute; que
+afeen mi conducta el Padre Urtazu y el Padre Arrigoitia... la afear&aacute;n,
+s&iacute; que la afear&aacute;n... yo les dir&eacute; que s&oacute;lo quer&iacute;a verle un minuto... como
+le daba la luz en la cara, le vi muy bien: est&aacute; tan descolorido...
+&iexcl;siempre descolorido! Tambi&eacute;n Pilar lo est&aacute;... y yo... y todos... y el
+mundo, s&iacute;, el mundo se ha puesto de un color, que... antes era rosa y
+azul celeste... pero ahora... bueno, pues como quer&iacute;a verle, entr&eacute;....
+El comedor es grande. El ama Engracia lavaba la vajilla.... Bien que
+corr&iacute;. Casualidad fue acertar con su cuarto. Es un cuarto muy bonito.
+Tiene el retrato de su madre: &iexcl;pobre se&ntilde;ora! Duhamel es un gran m&eacute;dico,
+pero hay males que s&oacute;lo se curan, digo yo... en el hoyo. All&iacute; todo se
+cura. Qu&eacute; bien se debe estar all&iacute;... y aqu&iacute; tambi&eacute;n. Se est&aacute; muy bien...
+dan ganas de dormir, porque....</p>
+
+<p>&mdash;Duerme, Luc&iacute;a, mi alma y mi vida&mdash;murmur&oacute; apasionada y vibrante voz&mdash;.
+Duerme, a mi amparo y no temas. Duerme: ni en el lecho de tu infancia,
+velada por tu madre, dormiste m&aacute;s segura. Que vengan, que vengan a
+buscarte aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Como cierva herida a traici&oacute;n por una saeta, brinc&oacute; Luc&iacute;a al sonido de
+aquellas palabras, y abriendo los ojos y pas&aacute;ndose la mano por la
+frente, quedose de pie ante Artegui, mirando a todos lados, encendidas
+por s&uacute;bito rubor las mejillas y clara ya la mirada y el entendimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...&mdash;exclam&oacute; con tono diferente&mdash;yo aqu&iacute;... s&iacute;, ya s&eacute; por qu&eacute;
+vine, y a qu&eacute; vine, y cu&aacute;ndo... y ya recuerdo tambi&eacute;n.... &iexcl;Ah, Don
+Ignacio, Don Ignacio! se asombrar&aacute; usted y con raz&oacute;n de haberme hallado
+cuando menos lo pensaba.... &iexcl;En qu&eacute; instante entr&eacute;! Gracias, Virgen y
+madre m&iacute;a; ya tengo mis cinco sentidos y mi juicio cabal, y puedo
+echarme a los pies de usted, Don Ignacio, y decirle: por Dios se&ntilde;or, por
+la memoria de su se&ntilde;ora madre, que est&aacute; en el cielo, por.... &iexcl;no s&eacute; por
+qu&eacute;! Por todo, no vuelva usted.... &iexcl;Prom&eacute;tame que no volver&aacute; a idear
+quitarse la vida, que puede emplearla tan bien!... Si yo supiese de
+discursos, y fuese sabia como el Padre Urtazu, lo dir&iacute;a mejor, pero
+usted me entiende.... &iquest;verdad que s&iacute;? Prom&eacute;tame usted... no volver... no
+volver....</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a, desgre&ntilde;ada, pat&eacute;tica, hermosa, se arroj&oacute; a los pies de Artegui,
+y abraz&oacute; sus rodillas, y se arrastr&oacute; en la alfombra. A duras penas la
+alz&oacute; el pesimista.</p>
+
+<p>&mdash;Usted sabe&mdash;dijo confuso&mdash;que yo estimaba poco la vida... digo m&aacute;s,
+que la aborrec&iacute;a desde que llegu&eacute; a entender su vacuidad y cu&aacute;n in&uacute;til
+carga es para el hombre... y ahora, muerta mi madre y sin tener a nadie
+que sintiera mi falta....</p>
+
+<p>Dos arroyos de llanto y el anhelar de un pecho fueron la respuesta.
+Artegui subi&oacute; a Luc&iacute;a en vilo al div&aacute;n y se sent&oacute; a su lado.</p>
+
+<p>&mdash;No llores&mdash;dijo ape&aacute;ndole otra vez el tratamiento&mdash;, no llores,
+regocijate, porque has vencido. &iexcl;Qu&eacute; mucho, si representas la ilusi&oacute;n
+m&aacute;s cara al hombre, la ilusi&oacute;n &uacute;nica que vale cien realidades, la
+ilusi&oacute;n que s&oacute;lo se disipa en el regazo de la muerte! &iexcl;La m&aacute;s tenaz e
+invencible de cuantas la naturaleza dispone para adherirnos a la vida y
+conservar nuestra especie! Esc&uacute;chame. No quiero decirte que t&uacute; eres para
+m&iacute; la felicidad, porque la felicidad no existe y yo no he de enga&ntilde;arte,
+pero lo que s&iacute; te afirmo es que por ti puede ser digno de un esp&iacute;ritu
+noble preferir la vida a la muerte. Entre los enga&ntilde;os que a la tierra
+nos apegan, uno hay que ilude m&aacute;s dulcemente con mieles suav&iacute;simas, con
+regalos tan inefables y embriagadores, que es l&iacute;cito al hombre
+entregarse a un bien que, con ser fingido, as&iacute; embellece y dora la
+existencia. &Oacute;yeme, &oacute;yeme. Hu&iacute; siempre de las mujeres, porque, conocedor
+del triste misterio del inundo, del mal transcendente de la vida, no
+quer&iacute;a apegarme por ellas a esta tierra m&iacute;sera, ni dar el ser a
+criaturas que heredasen el sufrimiento, &uacute;nico legado que todo ser humano
+tiene certeza de transmitir a sus hijos.... S&iacute;, yo consideraba que era
+un deber de conciencia obrar as&iacute;, disminuir la suma de dolores y males;
+cuando pensaba en esta suma enorme, maldec&iacute;a al sol que engendra en la
+tierra la vida y el sufrimiento, las estrellas que s&oacute;lo son orbes de
+miseria, el mundo este, que es el presidio donde nuestra condena se
+cumple, y por fin, el amor, el amor que sostiene y conserva y perpet&uacute;a
+la desdicha, rompiendo, para eternizarla, el reposo sacro de la nada...
+&iexcl;La nada!, la nada era el puerto de salvaci&oacute;n a que mi combatido
+esp&iacute;ritu quiso arribar.... La nada, la desaparici&oacute;n, la absorci&oacute;n en el
+Universo, disoluci&oacute;n para el cuerpo, paz y silencio eterno para el
+esp&iacute;ritu.... Si yo tuviese fe, &iexcl;qu&eacute; hermos&iacute;simo y atractivo y dulce me
+parecer&iacute;a el claustro! Ni voluntad, ni deseo, ni sentidos, ni
+pasiones... un sayal, un muerto ambulante debajo.... Pero....</p>
+
+<p>Artegui se inclin&oacute; a Luc&iacute;a con inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me comprendes?&mdash;interrog&oacute; de pronto.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;...&mdash;dijo ella, y su cuerpo temblaba.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... pero te vi...&mdash;continu&oacute; Artegui&mdash;. Te vi por casualidad, y por
+azar tambi&eacute;n, y sin que de m&iacute; dependiese, estuve a tu lado alg&uacute;n tiempo,
+respir&eacute; tu aliento, y sin querer... sin querer... comprend&iacute; que.... No
+quise confesarme a m&iacute; mismo tu victoria, ni la conoc&iacute; hasta que te dej&eacute;
+en ajenos brazos.... &iexcl;Oh! &iexcl;C&oacute;mo maldije mi necedad en no haberte llevado
+conmigo entonces! Cuando recib&iacute; tu carta de p&eacute;same, estuve a dos dedos
+de ir a buscarte....</p>
+
+<p>Artegui hizo breve pausa.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; fuiste la ilusi&oacute;n.... S&iacute;, por ti hizo otra vez presa en mi alma la
+naturaleza inexorable y tenaz.... Fui vencido.... No era posible ya
+obtener la quietud de &aacute;nimo, el anonadamiento, la perfecta y
+contemplativa tranquilidad a que aspiraba... por eso quise poner fin a
+mi vida, cada vez m&aacute;s insufrible....</p>
+
+<p>Interrumpiose de nuevo, y a&ntilde;adi&oacute;, viendo que Luc&iacute;a callaba:</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute; no me comprendas bien.... Son cosas, aunque tan ciertas,
+obscuras para quien por vez primera las oye.... Pero me entender&aacute;s si te
+digo llanamente que no morir&eacute;, porque te quiero, y me quieres, y ahora,
+suceda lo que suceda, vivo.</p>
+
+<p>Dijo esto con &iacute;mpetu m&aacute;s violento a&uacute;n que amoroso, y ech&oacute; sus brazos al
+cuello de Luc&iacute;a, y arrimola a s&iacute; con fuerza sobrehumana. Crey&oacute; ella
+sentir dos tenazas dulc&iacute;simas de fuego que la derret&iacute;an y abrasaban
+toda, y reuniendo su vigor nervioso, se desprendi&oacute; de ellas, qued&aacute;ndose
+tr&eacute;mula y erguida ante el pesimista. Su alta estatura, su adem&aacute;n de
+indignaci&oacute;n suprema, la asemejaran a bello m&aacute;rmol antiguo, si la bata de
+merino negro no borrase la cl&aacute;sica semejanza.</p>
+
+<p>&mdash;Don Ignacio&mdash;balbuc&iacute;a la leonesa&mdash;usted se enga&ntilde;a, se enga&ntilde;a.... Yo no
+le quiero a usted... es decir, de ese modo, no, nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Atr&eacute;vete a jurarlo&mdash;rugi&oacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;No... no, me basta decirlo&mdash;replic&oacute; Luc&iacute;a con creciente firmeza&mdash;. Eso
+no.</p>
+
+<p>Y dio dos pasos hacia la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Esc&uacute;chame un instante&mdash;insisti&oacute; &eacute;l deteni&eacute;ndola&mdash;. S&oacute;lo un instante.
+Tengo fortuna sobrada; mi viaje, seg&uacute;n cree todo el mundo, se verificar&aacute;
+esta noche. Estamos en un pa&iacute;s libre, iremos a otro m&aacute;s libre a&uacute;n. En
+los Estados Unidos nadie le pregunta a nadie de d&oacute;nde viene, ni ad&oacute;nde
+va, ni qui&eacute;n es, ni qu&eacute; hace. Nos vamos juntos. La vida juntos &iquest;oyes? la
+vida. Mira, yo s&eacute; que t&uacute; lo deseas. T&uacute; est&aacute;s muriendo por decir que s&iacute;.
+S&eacute; de fijo que no eres dichosa, ni est&aacute;s bien casada, y que te
+desmejoras, y sufres.... No pienses que no lo s&eacute;. S&oacute;lo yo te quiero, y
+te ofrezco....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a dio otros dos pasos, pero fue hacia Artegui, y con uno de esos
+movimientos r&aacute;pidos, infantiles, festivos, que suelen tener las mujeres
+en las ocasiones m&aacute;s solemnes y graves, se apret&oacute; la holgada bata en la
+cintura, y manifest&oacute; la curva, ya un tanto abultada, de sus gallardas
+caderas. Sacudi&oacute; la cabeza, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cree usted eso? Pues Don Ignacio.... &iexcl;ya mandar&aacute; Dios quien me
+quiera!</p>
+
+<p>Ignacio baj&oacute; la frente, abrumado por aquel grito de triunfo de la
+naturaleza vencedora. Pareciole que era Luc&iacute;a la personificaci&oacute;n de la
+gran madre calumniada, maldecida por &eacute;l, que risue&ntilde;a, fecunda, pr&oacute;vida,
+indulgente, le presentaba la vida inextinguible encerrada en su seno, y
+le dec&iacute;a: &laquo;Tonto de pesimista, mira lo que puedes t&uacute; contra m&iacute;. Soy
+eterna.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;No importa&mdash;murmur&oacute; &eacute;l resignado y humilde&mdash;. Por lo mismo.... Yo le
+servir&eacute; de padre, Luc&iacute;a; yo respetar&eacute; tus sacros derechos como no los
+respetar&aacute; tu marido, no. Seremos tres dichosos en vez de dos... nada
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>Cogiola de la falda y la oblig&oacute; blandamente a sentarse.</p>
+
+<p>&mdash;Hablemos as&iacute;, tranquilos.... Pero, &iquest;por qu&eacute; no quieres? Yo no te
+entiendo&mdash;dijo con renovada vehemencia&mdash;. &iquest;No era amor, no era amor lo
+que mostrabas en el camino y en Bayona? &iquest;No es amor venir aqu&iacute; hoy...
+sola... por verme? &iexcl;Oh! no puedes defenderte.... Urdir&aacute;s mil sofismas,
+idear&aacute;s mil sutilezas, pero.... &iexcl;ello se ve! Mientes si lo niegas,
+&iquest;sabes? No cre&iacute; que en tu inocencia cupiese el mentir.</p>
+
+<p>Alz&oacute; la frente Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No, Don Ignacio; dir&eacute; la verdad... creo que ya es mejor que la diga,
+porque tiene usted raz&oacute;n, he venido aqu&iacute;.... S&iacute;, se&ntilde;or; o&iacute;galo usted. Yo
+le quiero como una loca, desde Bayona... no desde que le vi.... Ya lo
+oye usted. Yo no tengo la culpa; ha sido contra mi voluntad, bien lo
+sabe Dios.... Al principio cre&iacute; que no era posible, que s&oacute;lo me daba
+usted... l&aacute;stima... y as&iacute;... mucho agradecimiento por sus bondades
+conmigo... Cre&iacute;a yo que una mujer casada s&oacute;lo puede querer a su
+marido.... Si alguien me dijese que era esto... le insultar&iacute;a, de
+fijo.... Pero a fuerza de cavilar... no, yo no lo acert&eacute;, ni por
+pienso.... Fue otro, fue quien conoce y entiende m&aacute;s que yo de los
+misterios del coraz&oacute;n.... Mire usted, si yo supiese que era usted feliz,
+me hubiera curado... y tambi&eacute;n si alguien me mostrase compasi&oacute;n a su
+vez.... &iexcl;Caridad! &iexcl;Compasi&oacute;n!... Yo la tengo de todo el mundo... y de
+m&iacute;... nadie, nadie la tiene.... As&iacute; es que.... &iquest;Se acuerda usted de lo
+alegre que era yo? Usted aseguraba que mi presencia le tra&iacute;a
+regocijo.... Pues... ya me he acostumbrado a pensar cosas tan negras
+como usted.... Y a desear la muerte. Si no fuese por lo que espero... me
+dar&iacute;a el mejor rato del mundo el que me pusiese donde est&aacute; Pilar. Yo era
+fuerte y sana.... Ya no tengo ni una hora buena. Esto ha sido como si un
+rayo me abrasase toda.... Es un azote de Dios. Lo m&aacute;s amargo de todo es
+pensar en usted... que ha de ser desdichado en este mundo, r&eacute;probo en el
+otro....</p>
+
+<p>Artegui escuchaba entre jubiloso y compadecido.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, Luc&iacute;a...&mdash;dijo con expresi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, usted que es bueno y rebon&iacute;simo, porque si no lo fuese yo no
+le querr&iacute;a de tal modo, me va a dejar marchar... y en caso contrario, me
+marchar&eacute; yo, aunque salte por la ventana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Desdichada!&mdash;murmur&oacute; &eacute;l torvamente, volviendo a su abatimiento
+antiguo&mdash;. &iexcl;Das con el pie a la felicidad! es decir, a la felicidad no,
+pero al menos a su sombra, y sombra tan hermosa al fin....</p>
+
+<p>Incorporose de pronto; sacudi&eacute;ndose y retorci&eacute;ndose como un le&oacute;n en la
+agon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Dame una raz&oacute;n&mdash;grit&oacute;&mdash;. Si no, me matar&eacute; a tu vista. Sepa yo al menos
+por qu&eacute;. &iquest;Es por tu padre? &iquest;es por tu marido? &iquest;es por tu hijo? &iquest;es por
+el mundo? &iquest;es?...</p>
+
+<p>&mdash;Es&mdash;murmur&oacute; ella baj&aacute;ndose y con gran dulzura&mdash;. Es... por Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios!&mdash;gimi&oacute; el pesimista&mdash;. Y si no lo hub....</p>
+
+<p>Una mano le tap&oacute; la boca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Duda usted a&uacute;n despu&eacute;s de que hoy, por un milagro... usted lo dijo,
+por un milagro... ha preservado su vida!</p>
+
+<p>&mdash;Pero tu Dios est&aacute; enojado contigo&mdash;objet&oacute; &eacute;l&mdash;. Le ofendiste al
+amarme; le ofendes al seguir am&aacute;ndome; viniendo aqu&iacute;, le agraviastes
+m&aacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;Con un pie en el borde del abismo para caer, con el cuerpo medio
+hundido ya en las llamas del infierno... mi Dios me salva y me perdona,
+si a &eacute;l se convierte mi voluntad.... Ahora, ahora voy a pedirle que me
+salve.</p>
+
+<p>&mdash;Y no te salvar&aacute;&mdash;repuso Artegui tom&aacute;ndole las manos&mdash;; no te salvar&aacute;,
+porque adondequiera que vayas, aunque huyas de m&iacute; hasta ocultarte en el
+mismo centro de la tierra, aunque te escondas en la celda de un
+convento, me querr&aacute;s, me adorar&aacute;s, le ofender&aacute;s record&aacute;ndome. No, tu
+sinceridad no te permite negarlo. &iexcl;Ah! &iexcl;Si se pudiese querer o no, a
+voluntad! pero harto te dice la conciencia que, hagas lo que hagas, yo
+estar&eacute; contigo siempre... siempre. Mira: por lo mismo que te
+horroriza... por lo mismo suceder&aacute;. Y te digo m&aacute;s: vendr&aacute; un d&iacute;a en que,
+como hoy, desear&aacute;s verme, aunque s&oacute;lo sea el espacio de un segundo... y
+atropellando por cuantos obst&aacute;culos se ofrezcan, y despreciando cuantas
+trabas te lo impidan, vendr&aacute;s a m&iacute;... a m&iacute;.</p>
+
+<p>Diciendo esto la sacud&iacute;a por las mu&ntilde;ecas, como el hurac&aacute;n sacude al
+tierno arbusto.</p>
+
+<p>&mdash;Dios&mdash;murmuraba ella d&eacute;bilmente&mdash;. Dios sabe m&aacute;s que usted, y que yo,
+y que todos.... Le pedir&eacute; que me ampare, y lo har&aacute;; le conviene hacerlo;
+lo har&aacute;, lo har&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondi&oacute; Artegui con fuerza&mdash;. S&eacute; que vendr&aacute;s, que vendr&aacute;s
+arrastrada como la piedra, por tu peso propio, a caer en este abismo...
+o en este cielo; vendr&aacute;s, vendr&aacute;s. Mira, estoy tan cierto de ello, que
+ya no debes temer que me mate.... No quiero morir, porque s&eacute; que es la
+ley de las cosas que un d&iacute;a vengas a m&iacute;, y ese d&iacute;a&mdash;que llegar&aacute;&mdash;quiero
+estar a&uacute;n en el mundo para abrirte as&iacute; los brazos.</p>
+
+<p>A no estar Luc&iacute;a vuelta de espaldas a la luz, Artegui pudiera haber
+visto el j&uacute;bilo que se difund&iacute;a por su rostro, y sus ojos que un segundo
+se alzaron al cielo dando gracias. Los brazos de Artegui, abiertos
+esperaban, Luc&iacute;a se inclin&oacute;, y m&aacute;s r&aacute;pida que las golondrinas, cuando al
+cruzar los mares rozan el agua, apoy&oacute; un instante la cabeza en los
+hombros de Artegui.</p>
+
+<p>En seguida, y con presteza no menor, fue a la mesa, y tomando el
+candelero y entreg&aacute;ndoselo a Ignacio, dijo en voz entera y tranquila:</p>
+
+<p>&mdash;Alumbre usted.</p>
+
+<p>Artegui alumbr&oacute; sin pronunciar palabra. Su sangre se hab&iacute;a enfriado de
+pronto, y s&oacute;lo le quedaba, de la terrible crisis, cansancio y melancol&iacute;a
+m&aacute;s profundos que nunca. Cruzaron el dormitorio, el pasillo, sin
+despegar los labios. En el pasillo ya, Luc&iacute;a se volvi&oacute; un momento y mir&oacute;
+aquel rostro como si quisiera grabarlo con indelebles y fort&iacute;simos
+caracteres en su retina y en su memoria. La cabeza de Artegui, alumbrada
+en pleno por la luz que en la mano ten&iacute;a, se destacaba sobre el fondo
+obscuro del cuero estampado que cubr&iacute;a la pared. Era una bella cabeza,
+m&aacute;s por la expresi&oacute;n y car&aacute;cter que por la misma regularidad de
+facciones. El negror de la barba realzaba su interesante palidez, y su
+abatimiento la asemejaba a las cabezas muertas del Bautista, tan
+valientes en su claro obscuro, que cre&oacute; nuestra tr&aacute;gica escuela nacional
+de pintura. Tambi&eacute;n &eacute;l miraba a Luc&iacute;a, con tal pena y l&aacute;stima, que no lo
+pudo ella sufrir m&aacute;s, y corri&oacute; a la puerta. En el umbral, Artegui sonde&oacute;
+con la mirada las profundidades del jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La acompa&ntilde;o a usted?&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;No pase usted de ah&iacute;... apague la luz, cierre al punto la puerta.</p>
+
+<p>Artegui ejecut&oacute; lo primero; pero antes de realizar lo segundo, murmur&oacute;
+al o&iacute;do mismo de Luc&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;En Bayona me dijiste una vez: &laquo;&iquest;Me va usted a dejar sola?&raquo; Ahora me
+toca a m&iacute; repet&iacute;rtelo. Qu&eacute;date.... A tiempo est&aacute;s a&uacute;n. Ten compasi&oacute;n de
+m&iacute;, y de ti.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la tengo...&mdash;replic&oacute; ella ahog&aacute;ndose&mdash;. Por eso.... Adi&oacute;s, Don
+Ignacio.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta luego&mdash;contest&oacute; una voz perceptible apenas. La puerta se cerr&oacute;.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a mir&oacute; al cielo, en que brillaban las estrellas, y sinti&oacute; un fr&iacute;o
+agudo. Arrodillose en el vest&iacute;bulo, y apoy&oacute; la cara contra la puerta. En
+aquel momento se acordaba de una circunstancia pueril; la puerta estaba
+por dentro forrada de brocado rojo obscuro, de los tonos mates del
+cuero. No supo por qu&eacute; recordaba tal detalle; pero suele ocurrir as&iacute;; en
+momentos semejantes, acuden ideas que ninguna importancia tienen ni
+guardan conexi&oacute;n alguna con los acontecimientos decisivos que est&aacute;n
+pasando.</p>
+
+<p>Miranda hab&iacute;a salido aquella tarde a dar una vuelta, para despejarse,
+dec&iacute;a &eacute;l, la cabeza. Cuando volvi&oacute; al hotel subi&oacute; a la c&aacute;mara mortuoria,
+y all&iacute; hall&oacute; a Juanilla, transida de miedo y de cansancio, velando a la
+difunta. La criada le dijo, en son de queja, que la se&ntilde;orita Luc&iacute;a le
+hab&iacute;a encargado velar un rato, pero que el rato era ya muy largo,
+largu&iacute;simo, y que ella no pod&iacute;a m&aacute;s. Por el esp&iacute;ritu suspicaz de Miranda
+no cruz&oacute; ni sombra de recelo entonces, y dijo con naturalidad:</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;orita se habr&aacute; ido a dormir; est&aacute; muy cansada... pero vete,
+chica que yo enviar&eacute; a Sardiola.</p>
+
+<p>As&iacute; lo hizo, en efecto, y oyendo en seguida la campana que llamaba a la
+mesa redonda, baj&oacute; al comedor, sintiendo aquel d&iacute;a excelente apetito,
+cosa no cotidiana en su enervado est&oacute;mago. Faltaba a&uacute;n, para que
+sirviesen la sopa, los sacramentales segundos y tercer toque. Hab&iacute;a
+grupos de hu&eacute;spedes que conversaban esperando; la mayor parte hablaban
+de la muerte de Pilar en voz queda, por consideraci&oacute;n a Miranda, a quien
+conoc&iacute;an; s&oacute;lo un n&uacute;cleo de tres o cuatro navarros y vascongados
+platicaban de recio, por ser el asunto de su conversaci&oacute;n de aquellos
+que no encierran misterio alguno. No obstante, de tal manera fij&oacute; la
+atenci&oacute;n de Miranda lo que dec&iacute;an, que inm&oacute;vil y vuelto todo o&iacute;dos, no
+respiraba casi. A los diez minutos de escuchar supo cuanto saber no
+quisiera: que Artegui estaba en Par&iacute;s, que viv&iacute;a en la casa de al lado,
+que se pod&iacute;a pasar a su domicilio por el jard&iacute;n, puesto que uno de los
+vascongados declaraba haber lo hecho aquella ma&ntilde;ana con objeto de
+visitarle.... El camarero que cruzaba a la saz&oacute;n con una bandeja llena
+de platos de humeante sopa, indic&oacute; a Miranda que pod&iacute;a sentarse, y &eacute;l en
+vez de o&iacute;rle, tom&oacute; escalera arriba como un fren&eacute;tico, y entr&oacute; sin
+respeto alguno en la c&aacute;mara mortuoria.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; la se&ntilde;orita Luc&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; brutalmente a Sardiola, que
+velaba.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;...&mdash;El fiel perro alz&oacute; los ojos y contempl&oacute; las facciones
+descompuestas del marido, y una intuici&oacute;n r&aacute;pida le dijo docenas de
+cosas. Miranda sali&oacute; como un cohete, y recorri&oacute; las habitaciones
+llamando a Luc&iacute;a a gritos. Silencio profundo. Entonces resueltamente
+sali&oacute; al balc&oacute;n, y baj&oacute; al jard&iacute;n.</p>
+
+<p>Un bulto negro descend&iacute;a las escaleras del vest&iacute;bulo de casa de Artegui.
+A la luz de los astros, y a la de los lejanos faroles de la calle, se
+advert&iacute;a su vacilante andar, y a las manos que frecuentemente llevaba a
+su rostro. Miranda esper&oacute;, esper&oacute; como el cazador en acecho. El bulto
+iba acerc&aacute;ndose. De pronto sali&oacute; de entre un seto de arbustos un hombre
+y se oy&oacute; una imprecaci&oacute;n soez, que traducida al lenguaje de las personas
+beneparlantes pudiera sonar as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mala mujer!</p>
+
+<p>Hubo ademanes violentos, y un cuerpo cay&oacute;.... Llegaba en esto corriendo
+otra figura humana, que ven&iacute;a tambi&eacute;n del hotel por la escalera, e
+interponi&eacute;ndose, se inclin&oacute; para recoger a Luc&iacute;a. Miranda accionaba, y
+con voz ronca, estrangulada y tartajosa de rabia, dec&iacute;a, dando al diablo
+todo su porte cortesano:</p>
+
+<p>&mdash;Fuera de ah&iacute;, so t&iacute;o... so entrometido.... &iquest;usted que... qu&eacute; tiene que
+ver?... Yo la abo... la abofeteo, porque pu... pu... puedo y me da la
+gana.... Soy su marido. Si no se va usted, le parto por la mitad... le
+abro en canal....</p>
+
+<p>A ser Sardiola alguna pared de cal y canto, atendiera m&aacute;s a las
+invectivas de Miranda de lo que lo hizo. Con soberana indiferencia y
+fuerza herc&uacute;lea carg&oacute; en sus hombros el bello bulto inanimado, y
+separando al marido de un vigoroso empuj&oacute;n, tom&oacute; escalera arriba, no
+parando hasta depositar la preciosa carga en un sof&aacute; de la estancia
+mortuoria. Tras &eacute;l entr&oacute; el energ&uacute;meno, pero se contuvo algo al ver la
+actitud briosa y los centelleantes ojos del ex voluntario carlista, que
+con su cuerpo hac&iacute;a parapeto al de la desmayada.</p>
+
+<p>&mdash;Si no se va usted...&mdash;aull&oacute; Miranda tendiendo los pu&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Irme!&mdash;contest&oacute; Sardiola apaciblemente&mdash;. &iexcl;Bueno es irme! &iexcl;Para que
+usted la ahogue, y se quede tan fresco! &iexcl;mal hombre! verg&uuml;enza debiera
+darle a usted tocar al pelo de la ropa a la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;Pero usted.... &iquest;qu&eacute; autoridad tiene aqu&iacute;?... &iquest;qui&eacute;n le mete?... y la
+cabeza iracunda de Miranda ten&iacute;a un temblor senil.... V&aacute;yase
+usted&mdash;grit&oacute; con renovado furor, o buscar&eacute; un arma&mdash;. Los ojos
+inyectados del marido recorrieron la estancia, hasta tropezar con el
+cad&aacute;ver, que conservaba ante aquella escena su vaga sonrisa f&uacute;nebre.
+Sardiola, entretanto, metiendo la mano en el bolsillo de su chaleco,
+sac&oacute; una mediana faca, de picar tabaco sin duda, y la arroj&oacute; a los pies
+de su adversario.</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted&mdash;dijo con ese garbo caballeresco que tan frecuentemente se
+halla en la plebe espa&ntilde;ola... a m&iacute; me ha dado Dios buenos pu&ntilde;os.</p>
+
+<p>Quedose Miranda indeciso un punto, y volviendo a aullar, derram&oacute; a
+borbotones su ira, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que la coger&eacute;... la coger&eacute;.... V&aacute;yase usted, no me tiente
+la paciencia....</p>
+
+<p>&mdash;C&oacute;jala usted&mdash;replic&oacute; Sardiola risue&ntilde;o de puro desde&ntilde;oso... a ver c&oacute;mo
+se lucen esos &aacute;nimos... porque pensar que he de irme yo... a no ser que
+la misma se&ntilde;orita me lo mandase....</p>
+
+<p>&mdash;Vete, Sardiola&mdash;dijo una d&eacute;bil voz desde el sof&aacute;; y Luc&iacute;a abri&oacute; los
+ojos, y clav&oacute; su mirada en el camarero, con reconocimiento y autoridad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero se&ntilde;orita, eso de irme, y....</p>
+
+<p>&mdash;Vete, digo.&mdash;Y Luc&iacute;a se incorpor&oacute;, tranquila en apariencia: Miranda
+oprim&iacute;a en la diestra la faca. Sardiola, arroj&aacute;ndose a &eacute;l, se la
+arrebat&oacute;, y tomando desesperada resoluci&oacute;n, sali&oacute; al pasillo gritando:
+&laquo;Socorro, socorro; se ha puesto mala la se&ntilde;orita&raquo;. Diose de manos a boca
+con dos personas que sub&iacute;an la escalera, y que al o&iacute;rle se precipitaron
+en la estancia mortuoria. Eran el Padre Arrigoitia y Duhamel, el m&eacute;dico.
+Hallaron un grupo extra&ntilde;o: al pie de la cama en que yac&iacute;a la muerta, una
+mujer tend&iacute;a las mano s para amparar sus flancos y su seno de los golpes
+que le descargaba, a pu&ntilde;o cerrado, un hombre.... Con vigor no presumible
+en su endeble cuerpo de ca&ntilde;aheja, interp&uacute;sose el Padre Arrigoitia,
+atrapando, si las cr&oacute;nicas no mienten, alg&uacute;n sopapo en la venerable
+tonsura; y a su vez Duhamel, emulando con cient&iacute;fico valor el arresto
+del jesuita, cogi&oacute; del brazo al furioso, logrando pararle.... L&aacute;stima
+grande que no fuese posible a ning&uacute;n taqu&iacute;grafo estenografiar el donoso
+y elocuente discurso que en chapurrad&iacute;sima ensalada
+franco-luso-brasile&ntilde;a dirigi&oacute; el buen doctor a Miranda, con el fin de
+demostrarle cu&aacute;n b&aacute;rbaro y cruel era eso de aporrear a una <i>menina</i> que
+est&aacute; en las circunstancias de Luc&iacute;a.... Miranda o&iacute;a con rostro cada vez
+m&aacute;s torvo, mientras el Padre Arrigoitia prodigaba a la maltratada mujer
+cuidados y consuelos afectuos&iacute;simos. De pronto el marido se encar&oacute; con
+el m&eacute;dico, y pregunt&aacute;ndole broncamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Dice usted... que esa mujer est&aacute; encinta? Lo ha dicho usted.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Sim</i>&mdash;contest&oacute; Duhamel meneando la cabeza afirmativamente, con
+r&iacute;tmica precisi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De cu&aacute;ntos meses?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Acrescento</i> que de cuatro. <i>O tempo</i> justo que har&aacute; que se cas&oacute;....</p>
+
+<p>Miranda tendi&oacute; la vista por todos lados, hinc&oacute; sus pupilas en su mujer,
+en el jesuita, en el doctor.... Despu&eacute;s cogi&oacute; a estos dos de la mano y
+les rog&oacute; tartamudeando, que le concediesen una conferencia de algunos
+minutos. Pasaron a la habitaci&oacute;n inmediata, y Luc&iacute;a qued&oacute; sola con el
+cad&aacute;ver. Pudo creer que era terrible pesadilla todo lo ocurrido. El
+balc&oacute;n, abierto, dejaba ver las obscuras masas del arbolado del jard&iacute;n;
+las estrellas brillaban convidando a dulces meditaciones; ard&iacute;an los
+cirios ante Pilar, y en la fachada de Artegui se ve&iacute;a luz al trav&eacute;s de
+unas cortinas.... Bajar diez escalones, y encontrarse en el jard&iacute;n;
+atravesar el jard&iacute;n, y encontrarse sobre un pecho amante que para ella
+era cera suav&iacute;sima, acero para sus enemigos.... &iexcl;Horrible tentaci&oacute;n!
+Luc&iacute;a se apretaba el coraz&oacute;n con las manos, se hincaba las u&ntilde;as en el
+pecho.... Uno de los golpes recibidos le dol&iacute;a mucho; era en la
+clav&iacute;cula, y parec&iacute;ale como si tuviese all&iacute; un tornillo que le
+retorciera los m&uacute;sculos para que estallasen. Si Artegui se presentase
+entonces.... Llorar, llorar con la cabeza apoyada en sus hombros.... Al
+fin se acord&oacute; de una oraci&oacute;n, que le hab&iacute;a ense&ntilde;ado el Padre Urtazu, y
+dijo: &laquo;Dios m&iacute;o, por vuestra Cruz, dadme paciencia, paciencia&raquo;. Estuvo
+largo rato repitiendo entre gemidos: &laquo;paciencia&raquo;.</p>
+
+<p>El Padre Arrigoitia se present&oacute; al fin, solo. Su frente eb&uacute;rnea ven&iacute;a
+cubierta de arrugas y sombras. Hablaron largo rato Luc&iacute;a y &eacute;l, en el
+balc&oacute;n, sin sentir el fr&iacute;o, que era m&aacute;s que mediano. Luc&iacute;a abri&oacute; por fin
+ancho cauce al dolor.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ve usted si yo mentir&iacute;a... ah&iacute;, delante de ese cad&aacute;ver.... Ahora
+mismo pudiera marcharme con &eacute;l, Padre... y si Dios no estuviese en el
+cielo....</p>
+
+<p>&mdash;Pero est&aacute;, est&aacute;... y nos mira...&mdash;respond&iacute;a el jesuita acarici&aacute;ndole
+afablemente las manos heladas&mdash;. Basta de delirio.... &iquest;No ve usted c&oacute;mo
+empieza ya a castigarla? Inocente es usted de lo que la imputa el se&ntilde;or
+don Aurelio, y, sin embargo, su atroz sospecha... tiene, tiene
+apariencias de fundamento... porque usted misma se las ha dado, yendo
+hoy a casa de ese hombre.... La castiga a usted Dios en lo que m&aacute;s
+quiere; en ese angelito que no vino a&uacute;n al mundo....</p>
+
+<p>Luc&iacute;a solloz&oacute; amargamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, &aacute;nimo, pobrecita, hijita m&iacute;a... sigui&oacute; el padre espiritual cada
+vez m&aacute;s meloso y consolador. Y &iexcl;por Dios y su madre santa! A Espa&ntilde;a, a
+Espa&ntilde;a ma&ntilde;ana mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con &eacute;l?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a horrorizada.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;l hace sus maletas para tomar el tren de la noche.... Se va a
+Madrid... La deja a usted.... Si usted quisiera arrojarse a sus pies, y
+con humildad y arrepentimiento....</p>
+
+<p>&mdash;Eso no, padre...&mdash;grit&oacute; la altiva castellana&mdash;. Creer&aacute; que soy lo que
+&eacute;l me llama.... No, no.&mdash;Y con m&aacute;s blandura, a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: Padre, hoy me he
+portado como buena, pero estoy rendida..., no me pida hoy m&aacute;s. F&aacute;ltanme
+ya las fuerzas.... Piedad, Se&ntilde;or, piedad.</p>
+
+<p>&mdash;Pido, s&iacute;, pido por amor de Jesucristo... que ma&ntilde;ana mismo se vaya
+usted a Espa&ntilde;a.... No me aparto de usted hasta dejarla en el tren....
+V&aacute;yase usted, hija querida, con su padre. &iquest;No ve usted que tengo raz&oacute;n?
+Qu&eacute; creer&aacute; su marido de usted si se queda usted aqu&iacute;... pared por
+medio... usted es demasiado discreta y buena para intentarlo siquiera.
+&iexcl;Por esa criaturita! Que su padre se persuada.... porque se persuadir&aacute;
+con el tiempo y su conducta de usted.... &iexcl;Ah! &iexcl;No separe el hombre lo
+que Dios ha unido! &Eacute;l volver&aacute;, volver&aacute; al lado de su esposa..., no lo
+dude usted. Hoy en su c&oacute;lera... se dej&oacute; arrastrar... pero ma&ntilde;ana....</p>
+
+<p>Sollozos m&aacute;s hondos y desgarradores fueron la respuesta.</p>
+
+<p>El Padre Arrigoitia estrech&oacute; cari&ntilde;osamente las manos de la afligida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me promete usted...?&mdash;murmur&oacute; con ardiente s&uacute;plica, con la autoridad
+toda de su voz, acostumbrada a mandar en los esp&iacute;ritus.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, respondi&oacute; Luc&iacute;a.... Me ir&eacute; ma&ntilde;ana... pero d&eacute;jeme ahora
+desahogar..., me muero.</p>
+
+<p>&mdash;Llore usted&mdash;contest&oacute; el jesuita&mdash;. Ensanche ese coraz&oacute;n. Yo rezar&eacute;
+entretanto.</p>
+
+<p>Y entrando de nuevo en la estancia, arrodillose al lado del lecho
+mortuorio, sac&oacute; su breviario, y a la luz parpadeante de los blandones,
+fue leyendo en voz alta, compuesta y grave, las cl&aacute;usulas melanc&oacute;licas
+del oficio de difuntos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>M&aacute;s de dos semanas dio pasto a las lenguas ociosas de Le&oacute;n el singular
+suceso de la llegada de Luc&iacute;a Gonz&aacute;lez, sola, triste, desmejorada y
+encinta, a la casa paterna. Invent&aacute;ronse mentiras como castillos para
+explicar el misterio de su vuelta, el retiro en que se dio a vivir, la
+tremenda pesadumbre que nublaba el rostro del t&iacute;o Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez, la
+desaparici&oacute;n del marido, y tantas y tantas cosas que a esc&aacute;ndalo y drama
+conyugal transcend&iacute;an. Como suele suceder en casos an&aacute;logos, rodaron
+algunos adarmes de verdad envueltos en arrobas de patra&ntilde;as, y algo se
+dijo que no iba del todo fuera de camino; mas por falta de datos
+secretos que enlazara los conocidos, anduvo a tropezones el juicio del
+p&uacute;blico, y all&iacute; caigo, y aqu&iacute; me levanto, acab&oacute; por extraviarse del
+todo. Bien se colige que los despellejadores de oficio hicieron el suyo
+con diligencia y af&aacute;n extremado, y qui&eacute;n censur&oacute; al maduro pisaverde que
+buscaba novia de pocos a&ntilde;os, qui&eacute;n al padre vanidoso y majadero, que
+sacrificaba a su hija por af&aacute;n de hacerla dama, qui&eacute;n a la ni&ntilde;a loca
+que.... En suma, pusieron ellos tantas moralejas a la historia de Luc&iacute;a,
+que yo creo poder eximirme de a&ntilde;adir ninguna. Lo que con m&aacute;s empe&ntilde;o
+critic&oacute; la gente, fue este moderno requisito del VIAJE DE NOVIOS,
+costumbre extranjerizada y vitanda, buena s&oacute;lo para engendrar disturbios
+y horrores de todo linaje. Sospecho que con el triste ejemplo de Luc&iacute;a,
+tradicionalmente conservado y repetido a las ni&ntilde;as casaderas en lo que
+resta de siglo, no habr&aacute; desposados leoneses que osen apartarse de su
+hogar un negro de u&ntilde;a, al menos en los diez primeros a&ntilde;os de matrimonio.</p>
+
+<p><i>Marzo, 1881</i></p>
+
+<p class="noindent">Recu&eacute;rdese la fecha de este Prefacio.</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Un viaje de novios, by Emilia Pardo Barzán
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN VIAJE DE NOVIOS ***
+
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+
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+ License. You must require such a user to return or
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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