Project Gutenberg's Viage al Parnaso, by Miguel de Cervantes Saveedra

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Title: Viage al Parnaso
       La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)

Author: Miguel de Cervantes Saveedra

Release Date: June 22, 2005 [EBook #16110]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIAGE AL PARNASO ***




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                           VIAGE AL PARNASO


                              COMPUESTO

                       POR MIGUEL DE CERVANTES
                               SAAVEDRA.



                               DIRIGIDO
                         A D. RODRIGO DE TAPIA,
                 CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO, &C.


         PUBLICANSE AHORA DE NUEVO UNA TRAGEDIA Y UNA COMEDIA
                      INEDITAS DEL MISMO CERVANTES:
                     AQUELLA INTITULADA LA NUMANCIA:
                        ESTA EL TRATO DE ARGEL.



                              EN MADRID
                      POR _DON ANTONIO DE SANCHA_.
                         ANO DE M. DCCLXXXIV.


Se hallar en su Librera en la _Aduana Vieja_.
_Con las Licencias necesarias._


_A DON RODRIGO DE TAPIA,
CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO,
HIJO DEL SEOR DON PEDRO DE TAPIA,
OIDOR DEL CONSEJO REAL, Y CONSULTOR
DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICION SUPREMA._

Dirijo  Vm. este Viage que hice al Parnaso, que no desdice  su edad
florida, ni  sus loables y estudiosos exercicios. Si Vm. le hace el
acogimiento que yo espero de su condicion ilustre, l quedar famoso
en el mundo, y mis deseos premiados. Nuestro Seor, &c.
_Miguel de Cervantes Saavedra._




PROLOGO

AL LECTOR.

Si por ventura, Lector curioso, eres poeta, y llegare  tus manos
(aunque pecadoras) este Viage, si te hallares en l escrito, y notado
entre los buenos poetas, da gracias  Apolo por la merced que te hizo;
y si no te hallares, tambien se las puedes dar. Y Dios te guarde.




_D. AUGUSTINI DE CASANATE ROJAS_

EPIGRAMA

Excute cruleum, proles Saturnia, tergum,
  Verbera quadrig sentiat alma Tetys.
Agmen Apollineum, nova sacri injuria ponti;
  Carmineis ratibus per freta tendit iter.
Proteus quoreas pecudes, modulamina Triton
  Monstra cavos latices obstupefacta sinunt.
At caveas tant torquent qu mollis habenas,
  Carmina si excipias nulla tridentis opes.
Hesperiis Michal claros conduxit ab oris
  In pelagus vates. Delphica castra petit.
Im age, pone metus, mediis subsiste carinis,
  Parnassi in littus vela secunda gere.




ADVERTENCIA DEL EDITOR.

Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto del Viage al
Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresion de un libro
tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezas igualmente
poeticas, que ahora se dan  luz la primera vez. Una es tragica: y
otra comica. Una se intitula La Numancia: la otra El Trato de Argel.
De entrambas hace mencion, baxo estos mismos titulos en el Dialogo con
el poeta Pancracio, en el Discurso del Canonigo de Toledo con el Cura
Pero Perez, que se introduce en D. Quixote, y al fin de la comedia de
los Baos de Argel, impresa el ao de 1613. Estas dos son del nmero
de aquellas veinte  treinta comedias que escribi por los aos de
1582. recien redimido del cautiverio de Argel, y de las quales dice
que todas se representaron en los teatros de Madrid con gusto general
del pueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observan
ciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las que
despues reprehendi tan justamente el mismo Cervantes. Porque el Trato
de Argel no tanto merece el nombre de comedia, como el de una simple
relacion lastimosa y tragica por lo comun, de los trabajos que
padecian los cautivos cristianos en poder de los infieles, en cuya
pintura entran tambien las reprobadas costumbres de unos y de otros,
cuyos sucesos son tanto mas creibles en la pluma del autor, quanto que
por l pasaron muchos de ellos; y asi se introduce en ella  s mismo,
como historiador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad las
varias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zoco 
plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegaban los
muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrian los
cautivos para huir: los inclementes castigos con que por esto los
atormentaban los moros: el martirio que padeci en Argel Frey Miguel
de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden de Montesa, en venganza
de haber quemado vivo la Inquisicion de Valencia  un morisco, que
pasandose  Berberia, profes abiertamente el mahometismo, y dandose
despues al corso, cay en manos de aquel Tribunal: cuyo suceso refiere
largamente el Padre Ahedo en su Historia de Argel. Tampoco omite las
deshonestas aficiones con que las moras se inclinaban  los cautivos,
y los moros  las cautivas, valiendose de hechiceras y encantos, con
el vano intento de atraer y fixar las voluntades humanas: cosa
freqente entre ellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se
complicaban con otros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes
cuenta los de Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami
Arnaut en la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuya prdida
hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta y otras desgracias 
que las galeras de Espaa eran muy pesadas, cuyo peso se aumentaba con
el demasiado carguo de mercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra
gente, por tener a caso de menos valer echar mano al remo: todo lo
qual sucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones
mas veleras. Compraron estos esclavos Izuf y Zara, dos moros
principales. Enamorase Zara de su cautivo Aurelio, y para inclinarle
se vale de la hechicera Ftima, y no contenta con esto, hace tercera
de su amor  Silvia. Izuf por su parte se aficiona  Silvia, y para
rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en esta comedia no
se advierte una accion principal  que estn subordinados los demas
incidentes, si algun episodio puede ocupar el lugar de ella, es esta
complicacin de afectos de amos y de esclavos: cuyo desenlace consiste
en conceder el Rey Azan  Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan
 Espaa  solicitar dos mil ducados en que se rescataron, fiando de
su palabra y buena fe el cumplimiento de esta condicion. Y el fin de
toda la comedia es avistarse en el puerto de Argel el navio que traia
la limosna de la Redencion, en que venia el Padre Fray Juan Gil, cuyo
suceso fue tambien verdadero, pues este Religioso fue el que rescat 
Cervantes. Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar.
Pedro Alvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de sus
amos; y perdiendo el camino Alvarez, se aparece un leon que se le
ensea: cuyo extraordinario suceso atribuye  la intercesion de
nuestra Seora de Montserrate. Introduce tambien figuras morales. La
Necesidad y la Ocasion acosan  Aurelio para que condescienda con las
importunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduce 
la Espaa en forma de doncella, coronada de torres, informando del
sitio que la tenia puesto Scipion; y considerando que solo por la
parte por donde baaba el rio la ciudad cercada, podia recibir
socorro, le hace una dolorosa splica para que se le preste: y en
efecto, sale al teatro el Duero con tres muchachos que representan 
tres riachuelos que desaguan en l, y despues de una larga arenga en
que profetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D.
Fernando Alvarez de Toledo haran guerra  Roma, la desaucia de todo
remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubiera sido y mas
natural poner estos discursos en boca de las personas. Pero esta
invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se precia de haber sido
el primero que introduxo en el teatro las figuras morales con general
aplauso: si bien muchos aos antes las vemos introducidas en la
comedia de la Duquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el ao
de 1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue por
aquellos tiempos Lope de Rueda.

Por los aos de 1598. compuso Lope de Vega una comedia intitulada: Los
Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo que el del Trato de
Argel: y con efecto introduce en ella un cautivo llamado Saavedra, en
cuya introduccion tubo sin duda presente  Cervantes. A lo menos
supone sucedidos en el tiempo de su cautiverio los casos que refiere,
que casi son identicos con los que se leen en el Trato de Argel: como
son el martirio del Caballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan,
la complicacion de los amores de amos y cautivos, que es lo que se
puede llamar la accion de la comedia. El desenlace es tambien casi
identico, y se reduce  que Azan concede libertad  los dos amantes
cautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la misma
condicion, que vueltos  Espaa adquieran el precio de su rescate, y
se lo remitan  Soliman su amo. Entre otras impropiedades, tampoco
guarda Lope la unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho,
los casos de su comedia sucedidos por los aos de 1580. finge que
desde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde con
varios regocijos celebr D. Francisco de Sandoval y Roxas, Duque
despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la Reyna Doa
Margarita, contraido el mencionado ao de 1598. Esta conformidad de
casos, de escenas, y aun de expresiones con el Trato de Argel, que se
hallan en los Cautivos de Lope, prueba que ste tubo presente alguna
copia de aquella comedia, que disfrut plenamente; aunque siempre se
echa de ver aquella facilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega.

Pero volvamos  Cervantes. El qual pensando muchos aos despues que
compuso el Trato de Argel, que todavia parecian bien sus versos,
compuso otras ocho comedias; y viendo que ni los farsantes se las
pedian, ni otros las apreciaban, se las vendi al librero Juan de
Villarroel, que las imprimi el ao de 1615. Hallase entre ellas una
intitulada: Los Baos de Argel, que casi es idntica, con la del Trato
de Argel. Conserva en ella principalmente la complicacion de amores de
amos y cautivos, aunque vara los nombres; porque estas aficiones
ilicitas y contrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion en
Cervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sino que
las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevo el amor
de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamada Zara, que
enamorada de D. Lope, uno de los cautivos del Bao, se comunicaba con
l por medio de billetes que colgaba de una caa, con cuyo artificio
le provey tambien de dineros. El desenlace  desenredo es igualmente
la libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, que
viniendo rescatado  Espaa, vuelve  Argel con una barca, donde trae
 todos los compaeros que caben en ella, y  Zara especialmente, con
quien recibido el bautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes
fue verdadero, sino que le renov en D. Quixote. Si en el Trato de
Argel se notan impropiedades, no menos se observan en los Baos de
Argel. Una de las mas extraordinarias de sta es fingir que los moros
vieron una armada de mas de trescientas galeras, representada en las
nubes heridas por los rayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los
fuegos: y pensando los Genizaros que la enviaba Felipe II. para
conquistar aquella republica de piratas, se enfurecieron de tal modo,
que para tener menos enemigos, hirieron  mas de veinte cautivos, y
quitaron la vida  mas de treinta. Un erudito Anonimo reimprimi el
ao de 1749. estas ocho comedias, acompaandolas con un dilatado
prologo en que intenta probar que las compuso su autor con el fin de
ridiculizar las de su tiempo, que tanto solian pecar contra las reglas
del arte; asi como escribi la Novela de D. Quixote con el de
ridiculizar los libros de caballerias. Ultimamente el clebre Abate D.
Xavier Lampillas pretende disculpar  Cervantes por un nuevo y
singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; _sino que
la malicia de los impresores public con su nombre y prologo aquellas
extravagantes comedias, correspondientes al pervertido gusto del
vulgo, suprimiendo las que verdaderamente eran de l, 
transformandolas en un todo_. Pero como los defectos de la del Trato
de Argel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice se recit
con general aplauso, certifican de las irregularidades de las que
despues l mismo di  la estampa, se infiere que Cervantes no compuso
sus comedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que
quiere hallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y
que por consiguiente no es admisible el arbitrio que escogit el Abate
Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la fama del autor
de D. Quixote. Lo primero, porque l mismo se declara autor de ellas
en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en el prologo: y el estilo y
discurso de ambas composiciones no permite sospechar que sean de otra
pluma: lo segundo, porque no es creible que ninguno tubiese el
atrevimiento de prohijar al verdadero autor  vista suya, unas obras
agenas en lugar de las suyas propias; y quando asi hubiese sucedido,
parece imposible que no se hubiese vindicado de semejante supercheria,
habiendo sobrevivido  la publicacion mas de un ao. Antes se infiere
y se comprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huarte
alegada por el ingenioso P. Vicente de los Rios en la Vida de Miguel
de Cervantes Saavedra: que para la aplicacion de los ingenios se debe
examinar, no solo la ciencia que se adequa mas  cada uno, sino
tambien si se acomoda mejor  la teorica que  la practica de aquella
ciencia: porque estas requieren por lo comun, diferente indole de
ingenio. En Cervantes, prosigue Rios, se verific plenamente esta
observacion. Nunca acert  componer comedias, y poseia perfectamente
su teorica, como lo acreditan muchos lugares de sus obras, y
especialmente el Coloquio entre el Cura y el Canonigo de Toledo, que
inserta en la primera parte de D. Quixote. Por los defectos expuestos
del Trato de Argel, se puede hacer algn juicio de la Numancia, aunque
es algo mas regular.


    [Illustration]




VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO I.

Un quidam caporal Italiano,
De patria Perusino  lo que entiendo,
De ingenio Griego, y de valor Romano,

Llevado de un capricho reverendo,
Le vino en voluntad de ir  Parnaso,
Por huir de la corte el vario estruendo.

Solo y  pie partise, y paso  paso
Lleg donde compr una mul antigua
De color parda, y tartamudo paso:

Nunca  medroso pareci estantigua
Mayor, ni menos buena para carga,
Grande en los huesos, y en la fuerza exigua:

Corta de vista, aunque de cola larga,
Escrecha en los hijares, y en el cuero
Mas dura que lo son los de una adarga.

Era de ingenio cabalmente entero,
Caia en qualquier cosa facilmente
Asi en Abril, como en el mes de Enero.

Enfin sobre ella el poeton valiente
Lleg al Parnaso, y fue del rubio Apolo
Agasajado con serena frente.

Cont, quando volvi el poeta solo
Y sin blanca  su patria, lo que en vuelo
Llev la fama deste al otro polo.

Yo que siempre trabajo y me desvelo
Por parecer que tengo de poeta
La gracia, que no quiso darme el cielo:

Quisiera despachar  la estafeta
Mi alma,  por los aires, y ponella
Sobre las cumbres del nombrado Oeta.

Pues descubriendo desde alli la bella
Corriente de Aganipe, en un saltico
Pudiera el labio remojar en ella:

Y quedar del licor save y rico
El pancho lleno: y ser de alli adelante
Poeta ilustre,  al menos manifico.

Mas mil inconvenientes al instante
Se me ofrecieron, y qued el deseo
En cierne, desvalido,  ignorante.

Porque en la piedra que en mis hombros veo,
Que la fortuna me carg pesada,
Mis mal logradas esperanzas leo.

Las muchas leguas de la gran jornada
Se me representaron que pudieran
Torcer la voluntad aficionada,

Si en aquel mismo instante no acudieran
Los humos de la fama  socorrerme,
Y corto y facil el camino hicieran.

Dixe entre m: si yo viniese  verme
En la dificil cumbre deste monte,
Y una guirnalda de laurel ponerme;

No envidiaria el bien decir de Aponte,
Ni del muerto Galarza la agudeza,
En manos blando, en lengua Radamonte.

Mas como de un error siempre se empieza,
Creyendo  mi deseo, di al camino
Los pies, porque di al viento la cabeza.

Enfin sobre las ancas del destino,
Llevando  la eleccion puesta en la silla
Hacer el gran viage determino.

Si esta cavalgadura maravilla,
Sepa el que no lo sabe, que se usa
Por todo el mundo, no solo en Casulla.

Ninguno tiene,  puede dar escusa
De no oprimir desta gran bestia el lomo,
Ni mortal caminante lo rehusa.

Suele, tal vez ser tan ligera, como
Va por el aire el aguila,  saeta,
Y tal vez anda con los pies de plomo.

Pero para la carga de un poeta,
Siempre ligera, qualquier bestia puede
Llevarla, pues carece de maleta.

Que es caso ya infalible, que aunque herede
Riquezas un poeta, en poder suyo
No aumentarlas, perderlas le sucede.

Desta verdad ser la ocasion arguyo,
Que tu,  gran padre Apolo, les infundes
En sus intentos el intento tuyo.

Y como no le mezclas ni confundes
En cosas de agibilibus rateras,
Ni en el mar de ganancia vil le hundes;

Ellos,  traten burlas,  sean veras,
Sin aspirar  la ganancia en cosa,
Sobre el convexo van de las esferas:

Pintando en la palestra rigurosa
Las acciones de Marte,  entre las flores
Las de Venus mas blanda y amorosa.

Llorando guerras,  cantando amores
La vida como en sueo se les pasa,
O como suele el tiempo  jugadores.

Son hechos los poetas de una masa
Dulce, save, correosa y tierna,
Y amiga del hogar de agena casa.

El poeta mas cuerdo se gobierna
Por su antojo valdio y regalado,
De trazas lleno, y de ignorancia eterna.
Absorto en sus quimeras, y admirado
De sus mismas acciones, no procura
Llegar  rico, como  honroso estado.

Vayan pues los leyentes con letura,
Qual dice el vulgo mal limado y bronco,
Que yo soy un poeta desta hechura.

Cisne en las canas, y en la voz un ronco
Y negro cuervo, sin que el tiempo pueda
Desbastar de mi ingenio el duro tronco:

Y que en la cumbre de la varia rueda
Jamas me pude ver solo un momento,
Pues quando subir quiero, se est queda.

Pero por ver si un alto pensamiento
Se puede prometer feliz suceso,
Segu el viage  paso tardo y lento.

Un candeal con ocho mis de queso
Fue en mis alforjas mi reposteria,
Util al que camina, y leve peso.

A dios dixe  la humilde choza mia,
A dios, Madrid,  dios tu, prado, y fuentes
Que manan nectar, llueven ambrosa.

A dios, conversaciones suficientes
A entretener un pecho cuidadoso,
Y  dos mil desvalidos pretendientes.

A dios, sitio agradable y mentiroso,
Do fueron dos gigantes abrasados
Con el rayo de Jupiter fogoso.

A dios teatros publicos, honrados
Por la ignorancia que ensalzada veo
En cien mil disparates recitados.

A dios de S. Felipe el gran paseo,
Donde si baxa,  sube el Turco galgo,
Como en gaceta de Venecia leo.

A dios, hambre sotil de algun hidalgo,
Que por no verme ante tus puertas muerto,
Hoy de mi patria, y de mi mismo salgo.

Con esto poco  poco llegu al puerto,
A quien los de Cartago dieron nombre,
Cerrado  todos vientos y encubierto.

A cuyo claro y singular renombre
Se postran quantos puertos el mar baa,
Descubre el sol, y ha navegado el hombre.

Arrojose mi vista  la campaa
Rasa del mar, que truxo  mi memoria
Del heroyco Don Juan la heroyca hazaa.

Donde con alta de soldados gloria,
Y con proprio valor y airado pecho
Tuve, aunque humilde, parte en la vitoria.

Alli con rabia y con mortal despecho
El Otomano orgullo vi su brio
Hollado y reducido  pobre estrecho.

Lleno pues de esperanzas, y vacio
De temor, busqu luego una fragata,
Que efetuase el alto intento mio.

Quando por la, aunque azul, liquida plata
V venir un bagel  vela y remo,
Que tomar tierra en el gran puerto trata.

Del mas gallardo, y mas vistoso estremo
De quantos las espaldas de Neptuno
Oprimieron jamas, ni mas supremo.

Qual este nunca vi bagel alguno
El mar, ni pudo verse en el armada,
Que destruy la vengativa Juno.

No fu del Vellocino  la jornada
Argos tan bien compuesta y tan pomposa,
Ni de tantas riquezas adornada.

Quando entraba en el puerto la hermosa
Aurora por las puertas del oriente,
Salia en trenza blanda y amorosa.

Oyose un estampido de repente,
Haciendo salva la real galera,
Que despert y alborot la gente.

El son de los clarines la ribera
Llenaba de dulcisima harmonia,
Y el de la chusma alegre y placentera.

Entrabanse las horas por el dia,
A cuya luz con distincion mas clara
Se vi del gran bagel la bizarria.

Ancoras echa, y en el puerto pra,
Y arroja un ancho esquife al mar tranquilo
Con musica, con grita y algazara.

Usan los marineros de su estilo,
Cubren la popa con tapetes tales
Que es oro, y sirgo de su trama el hilo.

Tocan de la ribera los umbrales,
Sale del rico esquife un caballero
En hombros de otros quatro principales.

En cuyo trage y ademan severo
Vi de Mercurio al vivo la figura,
De los fingidos dioses mensagero.

En el gallardo talle y compostura,
En los alados pies, y el Caduceo,
Simbolo de prudencia y de cordura;

Digo, que al mismo paraninfo veo,
Que truxo mentirosas embaxadas
A la tierra del alto coliseo.

Vile, y apenas puso las aladas
Plantas en las arenas venturosas
Por verse de divinos pies tocadas:

Quando yo revolviendo cien mil cosas
En la imaginacion, llegu  postrarme
Ante las plantas por adorno hermosas.

Mandme el dios parlero luego alzarme,
Y con medidos versos y sonantes,
Desta manera comenz  hablarme:

O Adn de los poetas,  Cervantes!
Qu alforjas y qu trage es este, amigo?
Que asi muestra discursos ignorantes.

Yo, respondiendo  su demanda, digo:
Seor, voy al Parnaso, y como pobre
Con este alio mi jornada sigo.

Y l  m dixo:  sobrehumano, y sobre
Espiritu Cilenio levantado!
Toda abundancia, y todo honor te sobre.

Que enfin has respondido  ser soldado
Antiguo y valeroso, qual lo muestra
La mano de que ests estropeado.

Bien s que en la Naval dura palestra
Perdiste el movimiento de la mano
Izquierda, para gloria de la diestra.

Y s que aquel instinto sobrehumano
Que de raro inventor tu pecho encierra,
No te le ha dado el padre Apolo en vano.

Tus obras los rincones de la tierra,
Llevandolas en grupa Rocinante,
Descubren, y  la envidia mueven guerra.

Pasa, raro inventor, pasa adelante
Con tu sotil disinio, y presta ayuda
A Apolo; que la tuya es importante:

Antes que el escuadron vulgar acuda
De mas de veintemil sietemesinos
Poetas, que de serlo estn en duda.

Llenas van ya las sendas y caminos
Desta canalla inutil contra el monte,
Que aun de estar  su sombra no son dinos.

Armate de tus versos luego, y ponte
A punto de seguir este viage
Conmigo, y  la gran obra disponte.

Conmigo segurisimo pasage
Tendrs, sin que te empaches, ni procures
Lo que suelen llamar matalotage.

Y porque esta verdad que digo, apures,
Entra conmigo en mi galera, y mira
Cosas con que te asombres y asegures.

Yo, aunque pense que todo era mentira,
Entr con l en la galera hermosa,
Y vi lo que pensar en ello admira.

De la quilla  la gavia,  estraa cosa!
Toda de versos era fabricada,
Sin que se entremetiese alguna prosa.

Las ballesteras eran de ensalada
De glosas, todas hechas  la boda
De la que se llam Malmaridada.

Era la chusma de romances toda,
Gente atrevida, empero necesaria,
Pues  todas acciones se acomoda.

La popa de materia extraordinaria,
Bastarda, y de legitimos sonetos,
De labor peregrina en todo, y varia.

Eran dos valentisimos tercetos
Los espaldares de la izquierda y diestra,
Para dar boga larga muy perfetos.

Hecha ser la crugia se me muestra
De una luenga y tristisima elegia,
Que no en cantar, sino en llorar es diestra.

Por esta entiendo yo que se diria
Lo que suele decirse  un desdichado,
Quando lo pasa mal, pas crugia.

El arbol hasta el cielo levantado
De una dura cancion prolija estaba
De canto de seis dedos embreado.

El, y la entena que por l cruzaba
De duros estrambotes, la madera
De que eran hechos claro se mostraba.

La racamenta, que es siempre parlera,
Toda la componian redondillas,
Con que ella se mostraba mas ligera.

Las jarcias parecian seguidillas
De disparates mil y mas compuestas,
Que suelen en el alma hacer cosquillas.

Las rumbadas, fortisimas y honestas
Estancias, eran tablas poderosas,
Que llevan un poema y otro  cuestas.

Era cosa de ver las bulliciosas
Vanderillas que al aire tremolaban,
De varias rimas algo licenciosas.

Los grumetes, que aqui y alli cruzaban,
De encadenados versos parecian,
Puesto que como libres trabajaban.

Todas las obras muertas componian
O versos sueltos,  sextinas graves,
Que la galera mas gallarda hacian.

Enfin con modos blandos y saves,
Viendo Mercurio que yo visto havia
El bagel, que es razon, letor, que alabes,

Junto  s me sent, y su voz envia
A mis oidos en razones claras,
Y llenas de suavisima harmonia,

Diciendo: entre las cosas que son raras
Y nuevas en el mundo y peregrinas,
Vers, si en ello adviertes y reparas.

Que es una este bagel de las mas dinas
De admiracion, que llegue  ser espanto
A naciones remotas y vecinas.

No le formaron maquinas de encanto,
Sino el ingenio del divino Apolo,
Que puede, quiere, y llega, y sube  tanto.

Formle,  nuevo caso! para solo
Que yo llevase en l quantos poetas
Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo.

De Malta el gran Maestre,  quien secretas
Espias dan aviso que en oriente
Se aperciben las barbaras saetas;

Teme, y envia  convocar la gente
Que sella con la blanca cruz el pecho,
Porque en su fuerza su valor se aumente.

A cuya imitacion Apolo ha hecho
Que los famosos vates al Parnaso
Acudan, que est puesto en duro estrecho.

Yo, condolido del doliente caso,
En el ligero casco, ya instruido
De lo que he de hacer, aguijo el paso.

De Italia las riberas he barrido,
He visto las de Francia y no tocado,
Por venir solo  Espaa dirigido.

Aqui con dulce y con felice agrado
Har fin mi camino  lo que creo,
Y ser facilmente despachado.

Tu, aunque en tus canas tu pereza veo,
Sers el paraninfo de mi asunto,
Y el solicitador de mi deseo.

Parte, y no te detengas solo un punto,
Y  los que en esta lista van escritos
Diras de Apolo quanto aqui yo apunto.

Sac un papel, y en l casi infinitos
Nombres vi de poetas, en que havia
Yangueses, Vizcainos, y Coritos.

Alli famosos vi de Andalucia,
Y entre los Castellanos vi unos hombres,
En quien vive de asiento la poesia.

Dixo Mercurio: quiero que me nombres
Desta turba gentil, pues tu lo sabes,
La alteza de su ingenio con los nombres.

Yo respondi: de los que son mas graves
Dir lo que supiere, por moverte
A que ante Apolo su valor alabes.
El escuch. Yo dixe desta suerte.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO II.

Colgado estaba de mi antigua boca
El dios hablante; pero entonces mudo,
Que al que escucha, el guardar silencio toca.

Quando d de improviso un estornudo,
Y haciendo cruces por el mal aguero,
Del gran Mercurio al mandamiento acudo,

Mir la lista, y v que era el primero
El Licenciado JUAN DE OCHOA, amigo
Por poeta y christiano verdadero.

Deste varon en su alabanza digo
Que puede acelerar y dar la muerte
Con su claro discurso al enemigo.

Y que si no se aparta y se divierte
Su ingenio en la Gramatica Espaola,
Ser de Apolo sin igual la suerte;

Pues de su poesia al mundo sola
Puede esperar poner el pie en la cumbre,
De la inconstante rueda,  varia bola.

Este que de los comicos es lumbre,
Que el Licenciado POYO es su apellido,
No hay nube que  su sol claro deslumbre.

Pero como est siempre entretenido
En trazas, en quimeras,  invenciones,
No ha de acudir  este marcial ruido.

Este que en lista por tercero pones:
Que HIPOLITO se llama DE VERGARA,
Si llevarle al Parnaso te dispones,

Haz cuenta que en l llevas una jara,
Una saeta, un arcabuz, un rayo,
Que contra la ignorancia se dispara.

Este, que tiene como mes de Mayo
Florido ingenio, y que comienza ahora
A hacer de sus comedias nuevo ensayo,

GODINEZ es. Y estotro que enamora
Las almas con sus versos regalados,
Quando de amor ternezas canta  llora,

Es uno, que valdr por mil soldados,
Quando  la estraa y nunca vista empresa
Fueren los escogidos y llamados:

Digo que es DON FRANCISCO, el que profesa
Las armas y las letras con tal nombre,
Que por su igual Apolo le confiesa.

Es DE CALATAYUD su sobrenombre.
Con esto queda dicho todo quanto
Puedo decir con que  la invidia asombre.

Este que sigue es un poeta santo,
Digo famoso: MIGUEL CID se llama,
Que al coro de las musas pone espanto.

Estotro que sus versos encarama
Sobre los mismos hombros de Calisto,
Tan celebrado siempre de la fama,

Es aquel agradable, aquel bien quisto,
Aquel agudo, aquel sonoro y grave
Sobre quantos poetas Febo ha visto:

Aquel que tiene de escribir la llave
Con gracia y agudeza en tanto estremo,
Que su igual en el orbe no se sabe:

Es DON LUIS DE GONGORA, aquien temo
Agraviar en mis cortas alabanzas,
Aunque las suba al grado mas supremo.

O tu, divino espiritu, que alcanzas
Ya el premio merecido  tus deseos,
Y  tus bien colocadas esperanzas:

Ya en nuevos y justisimos empleos,
DIVINO HERRERA, tu caudal se aplica,
Aspirando del cielo  los trofeos.

Ya de tu hermosa Luz clara y rica
El bello resplandor miras seguro
En la que alma tuya beatifica:

Y arrimada tu yedra al fuerte muro
De la inmortalidad, no estimas quanto
Mora en las sombras deste mundo escuro.

Y t DON JUAN DE JAUREGUI, que  tanto
El sabio curso de tu pluma aspira,
Que sobre las esferas le levanto:

Aunque Lucano por tu voz respira,
Dexale un rato, y con piadosos ojos
A la necesidad de Apolo mira:

Que te estn esperando mil despojos
De otros mil atrevidos, que procuran
Fertiles campos ser, siendo rastrojos.

Y t, por quien las musas aseguran
Su partido, DON FELIX ARIAS, siente,
Que por su gentileza te conjuran:

Y ruegan que defiendas desta gente
Non sancta su hermosura, y de Aganipe
Y de Hipocrene la inmortal corriente.

Consentiras tu  dicha participe
Del licor suavisimo un poeta,
Que al hacer de sus versos sude y hipe?

No lo consentirs, pues tu discreta
Vena abundante y rica, no permite
Cosa que sombra tenga de imperfeta.

Seor, este que aqui viene se quite,
Dixe  Mercurio, que es un chacho necio,
Que juega, y es de satiras su embite.

Este s que podrs tener en precio,
Que es ALONSO DE SALAS BARBADILLO,
A quien me inclino y sin medida aprecio.

Este que viene aqui, si he de decillo,
No hay para que le embarques, y asi puedes
Borrarle. Dixo el dios: gusto de oillo.

Es un cierto rapaz, que  Ganimedes
Quiere imitar, vistiendose  lo godo,
Y asi aconsejo que sin l te quedes.

No lo hars con ste desse modo,
Que es el gran LUIS CABRERA, que pequeo
Todo lo alcanza, pues lo sabe todo.

Es de la historia conocido dueo,
Y en discursos discretos tan discreto,
Que  Tacito vers, si te le enseo.

Este que viene es un galan, sugeto
De la varia fortuna  los baibenes,
Y del mudable tiempo al duro aprieto.

Un tiempo rico de caducos bienes,
Y ahora de los firmes  inmudables
Mas rico,  tu mandar firme le tienes.

Pueden los altos riscos siempre estables
Ser tocados del mar, mas no movidos
De sus ondas en cursos variables.

Ni menos  la tierra trae rendidos
Los altos cedros Boreas, quando airado
Quiere humillar los mas fortalecidos.

Y ste que vivo exemplo nos ha dado:
Desta verdad con tal filosofa
DON LORENZO RAMIREZ es DE PRADO.

Deste que se le sigue aqui, diria
Que es DON ANTONIO DE MONROI, que veo
En ello qu es ingenio y cortesia.

Satisfacion al mas alto deseo
Puede dar de valor heroico y ciencia,
Pues mil descubro en l y otras mil creo.

Este es un caballero de presencia
Agradable, y que tiene de Torcato
El alma sin alguna diferencia.

De DON ANTONIO DE PAREDES trato,
A quien dieron las musas sus amigas
En tierna edad anciano ingenio y trato.

Este que por llevarle te fatigas,
Es DON ANTONIO DE MENDOZA, y veo
Quanto en llevarle al sacro Apolo obligas.

Este que de las musas es recreo,
La gracia, y el donaire, y la cordura,
Que de la discrecion lleva el trofeo:

Es PEDRO DE MORALES, propria hechura
Del gusto cortesano, y es asilo
Adonde se repara mi ventura.

Este, aunque tiene parte de Zolo,
Es el grande ESPINEL, que en la guitarra
Tiene la prima, y en el raro estilo.

Este, que tanto all tira la barra,
Que las cumbres se dexa atras de Pindo,
Que jura, que vocea, y que desgarra,

Tiene mas de poeta que de lindo,
Y es JUSEPE DE VARGAS, cuyo astuto
Ingenio y rara condicion deslindo.

Este,  quien pueden dar justo tributo
La gala y el ingenio, que mas pueda
Ofrecer  las musas flor y fruto,

Es el famoso ANDRES DE BALMASEDA,
De cuyo grave y dulce entendimiento
El magno Apolo satisfecho queda.

Este es ENCISO, gloria y ornamento
Del Tajo, y claro honor de Manzanares,
Que con tal hijo aumenta su contento.

Este que es escogido entre millares
DE GUEVARA LUIS VELEZ es el bravo,
Que se puede llamar quitapesares.

Es poeta gigante, en quien alabo
El verso numeroso, el peregrino
Ingenio, si un Gnaton nos pinta,  un Davo.

Este es DON JUAN DE ESPAA, que es mas dino
De alabanzas divinas que de humanas,
Pues en todos sus versos es divino.

Este por quien de Lugo estn ufanas
Las musas, es SILVEIRA, aquel famoso,
Que por llevarle con razon te afanas.

Este que se le signe, es el curioso
Gran DON PEDRO DE HERRERA, conocido
Por de ingenio elevado en punto honroso.

Este, que de la carcel del olvido.
Sac otra vez  Proserpina hermosa,
Conque  Espaa y al Dauro ha enriquecido,

Verasle en la contienda rigurosa,
Que se teme y se espera en nuestros dias,
Culpa de nuestra edad poco dichosa,

Mostrar de su valor las lozanias.
Pero qu mucho, si es aqueste el doto
Y grave DON FRANCISCO DE FARIAS?

Este, de quien yo fui siempre devoto
Oraculo y Apolo de Granada,
Y aun deste clima nuestro y del remoto,

PEDRO RODRIGUEZ es. Este es TEJADA,
De altitonantes versos, y sonoros
Con magestad en todo, levantada.

Este, que brota versos por los poros,
Y halla patria y amigos donde quiera,
Y tiene en los agenos sus tesoros,

Es MEDINILLA, el que la vez primera
Cant el romance de la tumba escura,
Entre cipreses puestos en hilera.

Este, que en verdes aos se apresura
Y corre al sacro lauro, es DON FERNANDO
BERMUDEZ, donde vive la cordura.

Este es aquel poeta memorando,
Que mostr de su ingenio la agudeza
En las selvas de Erifile cantando.

Este que la coluna nueva empieza,
Con estos dos que con su ser convienen,
Nombrarlos, aun lo tengo por baxeza.

MIGUEL CEJUDO, y MIGUEL SANCHEZ vienen
Juntos aqui,  par sin par! en estos
Las sacras musas fuerte amparo tienen.

Que en los pies de sus versos bien cumpuestos,
Llenos de erudicion rara y dotrina,
Al ir al grave caso sern prestos.

Este gran caballero, que se inclina
A la leccion de los poetas buenos,
Y al sacro monte con su luz camina,

DON FRANCISCO DE SILVA es por lo menos:
Qu ser por lo mas? O edad madura,
En verdes aos de cordura llenos!

DON GABRIEL GOMEZ viene aqui, segura
Tiene con l Apolo la vitoria,
De la canalla siempre necia y dura.

Para honor de su ingenio, para gloria
De su florida edad, para que admire
Siempre de siglo en siglo su memoria,

En este gran sugeto se retire
Y abrevie la esperanza deste hecho,
Y Febo al gran VALDES atento mire.

Ver en l un gallardo y sabio pecho,
Un ingenio sutil y levantado,
Con que le dexe en todo satisfecho.

FIGUEROA es estotro el Dotorado,
Que cant de Amarili la constancia
En dulce prosa y verso regalado.

Quatro vienen aqui en poca distancia
Con mayusculas letras de oro escritos,
Que son del alto asunto la importancia.

De tales quatro siglos infinitos
Durar la memoria, sustentada
En la alta gravedad de sus escritos.

Del claro Apolo la real morada
Si viniere  caer de su grandeza,
Ser por estos quatro levantada.

En ellos nos cifr naturaleza
El todo de las partes, que son dinas
De gozar celsitud, que es mas que alteza.

Esta verdad, gran CONDE DE SALINAS,
Bien la acreditas con tus raras obras,
Que en los terminos tocan de divinas

Tu, el de ESQUILACHE PRINCIPE, que cobras
De dia en dia credito tamao,
Que te adelantas  t mismo y sobras:

Sers escudo fuerte al grave dao,
Que teme Apolo con ventajas tantas,
Que no te espere el esquadron tacao.

T, CONDE DE SALDAA, que con plantas
Tiernas pisas de Pindo la alta cumbre,
Y en alas de tu ingenio te levantas.

Hacha has de ser de inextinguible lumbre,
Que guie al sacro monte, al deseoso
De verse en l, sin que la luz deslumbre.

T, el de VILLAMEDIANA, el mas famoso
De quantos entre Griegos y Latinos
Alcanzaron el lauro venturoso:

Cruzars por las sendas y caminos
Que al monte guian, porque mas seguros
Lleguen  l los simples peregrinos.

A cuya vista destos quatro muros
Del Parnaso caern las arrogancias
De los mancebos sobre necios duros.

O quntas, y quan graves circunstancias
Dixera destos quatro, que felices
Aseguran de Apolo las ganancias!

Y mas si se les llega el de ALCAICES,
Marques insigne, harn (puesto que hay una
En el mundo no mas) cinco Fenices.

Cada qual de por s ser coluna,
Que sustente y levante el edificio
De Febo sobre el cerco de la luna.

Este (puesto que acude al grave oficio,
En que se ocupa) el lauro y palma lleva,
Que Apolo da por honra y beneficio.

En esta ciencia es marabilla nueva,
Y en la Jurispericia unico y raro,
Su nombre es DON FRANCISCO DE LA CUEVA.

Este, que con Homero le comparo,
Es el gran DON RODRIGO DE HERRERA,
Insigne en letras, y en virtudes raro.

Este, que se le sigue es el DE VERA
DON JUAN, que por su espada y por su pluma
Le honran en la quinta y quarta esfera.

Este, que el cuerpo y aun el alma bruma
De mil, aunque no muestra ser christiano,
Sus escritos el tiempo no consuma.

Cayseme la lista de la mano
En este punto, y dixo el dios: con estos
Que has referido est el negocio llano.

Haz que con pies y pensamientos prestos
Vengan aqui, donde aguardando quedo
La fuerza de tan validos supuestos.

Mal podr DON FRANCISCO DE QUEVEDO
Venir, dixe yo entonces; y l me dixo:
Pues partirme sin l de aqui no puedo.

Ese es hijo de Apolo, ese es hijo
De Caliope musa, no podemos
Irnos sin l, y en esto estar fijo.

Es el flagelo de poetas memos,
Y echar  puntillazos del parnaso
Los malos que esperamos y tememos.

O, seor, repliqu, que tiene el paso
Corto, y no llegar en un siglo entero.
Deso, dixo Mercurio, no hago caso.

Que el poeta que fuere caballero,
Sobre una nube entre pardilla y clara
Vendr muy  su gusto caballero.

Y el que n, pregunt, qu le prepara
Apolo? qu carrozas?  qu nubes?
Qu dromedario?  alfana en paso rara?

Mucho, me respondi, mucho te subes
En tus preguntas, calla y obedece.
S har, pues no es infando lo que jubes.

Esto le respond, y l me parece
Que se turb algun tanto; y en un punto
El mar se turba, el viento sopla y crece.

Mi rostro entonces, como el de un difunto
Se debi de poner, y s haria,
Que soy medroso  lo que yo barrunto.

Vi la noche mezclarse con el dia,
Las arenas del hondo mar alzarse
A la region del aire, entonces fria.

Todos los elementos vi turbarse,
La tierra, el agua, el aire, y aun el fuego
Vi entre rompidas nubes azorarse.

Y en medio deste gran desasosiego
Llovian nubes de poetas llenas
Sobre el bagel, que se anegara luego,

Si no acudieran mas de mil sirenas
A dar de azotes  la gran borrasca,
Que hacia el saltarel por las entenas.

Una, que ser pens Juana la Chasca,
De dilatado vientre y luengo cuello,
Pintiparado  aquel de la tarasca,

Se lleg  m, y me dixo: de un cabello
Deste bagel estaba la esperanza
Colgada  no venir  socorrello.

Traemos, y no es burla,  la bonanza,
Que estaba descuidada oyendo atenta
Los discursos de un cierto Sancho Panza.

En esto sosegose la tormenta,
Volvi tranquilo el mar, seren el cielo,
Que al regaon el zfiro le ahuyenta.

Volvi la vista, y vi en ligero vuelo
Una nube romper el aire claro
De la color del condensado yelo.

O marabilla nueva!  caso raro!
Vilo, y he de decillo, aunque se dude
Del hecho que por brujula declaro.

Lo que yo pude ver, lo que yo pude
Notar fue, que la nube dividida
En dos mitades  llover acude.

Quien ha visto la tierra prevenida
Con tal disposicion, que quando llueve,
Cosa ya averiguada y conocida,

De cada gota en un instante breve
Del polvo se levanta  sapo,  rana,
Que  saltos,  despacio el paso mueve:

Tal se imagine ver ( soberana
Virtud!) de cada gota de la nube
Saltar un vulto, aunque con forma humana.

Por no creer esta verdad estube
Mil veces, pero vila con la vista,
Que entonces clara y sin legaas tuve.

Eran aquestos vultos de la lista
Pasada los poetas referidos,
A cuya fuerza no hay quien la resista.

Unos por hombres buenos conocidos,
Otros de rumbo y hampo, y Dios es Christo,
Poquitos bien, y muchos mal vestidos.

Entre ellos parecime de haver visto
A DON ANTONIO DE GALARZA el bravo,
Gentilhombre de Apolo, y muy bien quisto.

El bagel se llen de cabo  cabo,
Y su capacidad  nadie niega
Copioso asiento, que es lo mas que alabo.

Llovi otra nube al gran LOPE DE VEGA,
Poeta insigne,  cuyo verso  prosa
Ninguno le aventaja, ni aun le llega.

Era cosa de ver marabillosa
De los poetas la apretada enjambre,
En recitar sus versos muy melosa.

Este muerto de sed, aquel de hambre:
Yo dixe, viendo tantos con voz alta,
Cuerpo de mi con tanta poetambre!

Por tantas sobras conoci una falta
Mercurio, y acudiendo  remedialla,
Ligero en la mitad del bagel salta.

Y con una zaranda que alli halla,
No s si antigua,  si de nuevo hecha,
Zarand mil poetas de gramalla.

Los de capa y espada no desecha,
Y destos zarand dos mil y tantos,
Que fue neguilla entonces la cosecha.

Colabanse los buenos y los santos,
Y quedabanse arriba los granzones,
Mas duros en sus versos que los cantos.

Y sin que les valiesen las razones,
Que en su disculpa daban, daba luego
Mercurio al mar con ellos  montones.

Entre los arrojados se oy un ciego,
Que murmurando entre las ondas iba
De Apolo con un psete y reniego.

Un sastre (aunque en sus pies flojos estriba,
Abriendo con los brazos el camino)
Dixo: sucio es Apolo, asi yo viva.

Otro (que al parecer iba mohino,
Con ser un zapatero de obra prima)
Dixo dos mil, no un solo desatino.

Trabaja un tundidor, suda, y se anima
Por verse  la ribera conducido,
Que mas la vida que la honra estima.

El esquadron nadante reducido
A la marina, vuelve  la galera
EL rostro con seales de ofendido.

Y uno por todos dixo, bien pudiera
Ese chocante embaxador de Febo
Tratarnos bien, y no desta manera.

Mas oigan lo que dixo: yo me atrevo
A profanar del monte la grandeza,
Con libros nuevos, y en estilo nuevo.

Call Mercurio, y  poner empieza
Con gran curiosidad seis camarines,
Dando  la gracia ilustre rancho y pieza.

De nuevo resonaron los clarines,
Y asi Mercurio lleno de contento,
Sin darle mal aguero los delfines,
Remos al agua di, velas al viento.



VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO III.

Eran los remos de la real galera
De esdrujulos, y dellos conpelida
Se deslizaba por el mar ligera.

Hasta el tope la vela iba tendida,
Hecha de muy delgados pensamientos,
De varios lizos por amor tegida.

Soplaban dulces y amorosos vientos,
Todos en popa, y todos se mostraban
Al gran Viage solamente atentos.

Las sirenas en torno navegaban,
Dando empellones al bagel lozano,
Con cuya ayuda en vuelo le llevaban.

Semejaban las aguas del mar cano
Colchas encarrujadas, y hacian
Azules visos por el verde llano.

Todos los del bagel se entretenian,
Unos glosando pies dificultosos,
Otros cantaban, otros componian.

Otros de los tenidos por curiosos
Referian sonetos, muchos hechos
A diferentes casos amorosos.

Otros alfeicados y deshechos
En puro azucar, con la voz save,
De su melifluidad muy satisfechos,

En tono blando, sosegado y grave,
Eglogas pastorales recitaban,
En quien la gala y la agudeza cabe.

Otros de sus seoras celebraban
En dulces versos de la amada boca
Los escrementos que por ella echaban.

Tal huvo  quien amor asi le toca,
Que alab los riones de su dama,
Con gusto grande, y no elegancia poca.

Uno cant, que la amorosa llama
En mitad de las aguas le encendia,
Y como toro agarrochado brama.

Desta manera andaba la poesia
De uno en otro, haciendo que hablase
Este Latin, aquel algaravia.

En esto sesga la galera vase
Rompiendo el mar con tanta ligereza,
Que el viento aun no consiente que la pase.

Y en esto descubriose la grandeza
De la escombrada playa de Valencia
Por arte hermosa y por naturaleza.

Hizo luego de s grata presencia
El gran DON LUIS FERRER, marcado el pecho
De honor, y el alma de divina ciencia.

Desembarcse el dios, y fue derecho
A darle quatro mil y mas abrazos,
De su vista y su ayuda satisfecho.

Volvi la vista, y reiter los lazos
En DON GUILLEN DE CASTRO, que venia
Deseoso de verse en tales brazos.

CHRISTOVAL DE VIRUES se le seguia,
Con PEDRO DE AGUILAR, junta famosa
De las que Turia en sus riberas cria.

No le pudo llegar mas valerosa
Esquadra al gran Mercurio, ni l pudiera
Desearla mejor, ni mas honrosa.

Luego se descubri por la ribera
Un tropel de gallardos Valencianos,
Que  ver venian la sinpar galera.

Todos con instrumentos en las manos
De estilos y librillos de memoria,
Por bizarria y por ingenio ufanos.

Codiciosos de hallarse en la vitoria,
Que ya tenian por segura y cierta,
De las heces del mundo y de la escoria.

Pero Mercurio les cerr la puerta:
Digo, no consinti que se embarcasen,
Y el porque no lo dixo, aunque se acierta.

Y fue, porque temi que no se alzasen,
Siendo tantos y tales con Parnaso,
Y nuevo imperio y mando en l fundasen.

En esto viose con brioso paso
Venir al magno ANDRES REY DE ARTIEDA,
No por la edad descaecido  laso.

Hicieron todos espaciosa rueda,
Y cogiendole en medio, le embarcaron,
Mas rico de valor que de moneda.

Al momento las ancoras alzaron,
Y las velas ligadas  la entena,
Los grumetes apriesa desataron.

De nuevo por el aire claro suena
El son de los clarines, y de nuevo
Vuelve  su oficio cada qual sirena.

Mir el bagel por entre nubes Febo,
Y dixo en voz que pudo ser oida:
Aqui mi gusto y mi esperanza llevo.

De remos y sirenas impelida
La galera se dexa atras el viento,
Con milagrosa y prospera corrida.

Leiase en los rostros el contento
Que llevaban los sabios pasageros,
Durable, por no ser nada violento.

Unos por el calor iban en cueros,
Otros por no tener godescas galas
En trage se vistieron de romeros.

Hendia entanto las Neptuneas salas
La galera del modo como hiende
La grulla el aire con tendidas alas.

Enfin llegamos donde el mar se estiende,
Y ensancha y forma el golfo de Narbona,
Que de ningunos vientos se defiende.

Del gran Mercurio la cabal persona
Sobre seis rezmas de papel sentada
Iba con cetro y con real corona:

Quando una nube, al parecer preada,
Pari quatro poetas en crugia,
O los llovi, razon mas concertada.

Fue el uno aquel, de quien Apolo fia
Su honra, JUAN LUIS DE CASANATE,
Poeta insigne de mayor quanta.

El mismo Apolo de su ingenio trate,
El le alabe, l le premie y recompense,
Que el alabarle yo sera dislate.

Al segundo llovido el Uticense
Catn no le igual, ni tiene Febo,
Quien tanto por l mire, ni en l piense.

Del Contador GASPAR DE BARRIONUEVO
Mal podr el corto flaco ingenio mio
Loar el suyo asi como yo debo.

Llen del gran bagel el gran vacio
El gran FRANCISCO DE RIOJA al punto
Que salt de la nube en el navio.

A CHRISTOVAL DE MESA vi alli junto
A los pies de Mercurio, dando fama
A Apolo, siendo dl propio trasunto.

A la gavia un grumete se encarama,
Y dixo  voces: la ciudad se muestra
Que Genova del dios Jano se llama.

Dexese la ciudad  la siniestra
Mano, dixo Mercurio, el bagel vaya
Y siga su derrota por la diestra.

Hacer al Tiber vimos blanca raya
Dentro del mar, haviendo ya pasado
La ancha Romana y peligrosa playa.

De lexos vise el aire condensado
Del humo, que el estrombalo vomita,
De azufre, y llamas, y de horror formado.

Huyen la isla infame, y solicita
El suave poniente, asi el viage
Que lo acorta, lo allana y facilita.

Vimonos en un punto en el parage,
Do la nutriz de Eneas piadoso
Hizo el forzoso y ultimo pasage.

Vimos desde alli  poco el mas famoso
Monte que encierra en s nuestro emisfero,
Mas gallardo  la vista y mas hermoso.

Las cenizas de Titiro y Sincero
Estn en l, y puede ser por esto
Nombrado entre los montes por primero.

Luego se descubri, donde ech el resto
De su poder naturaleza amiga,
De formar de otros muchos un compuesto.

Vise la pesadumbre sin fatiga
De la bella Partenope, sentada
A la orilla del mar, que sus pies liga.

De castillos y torres coronada,
Por fuerte y por hermosa en igual grado
Tenida, conocida y estimada.

Mandme el del aligero calzado,
Que me aprestase y fuese luego  tierra
A dar  los LUPERCIOS un recado.

En que les diese cuenta de la guerra
Temida, y que  venir les persuadiese
Al duro y fiero asalto, al cierra, cierra,

Seor, le respond, si acaso huviese
Otro que la embaxada les llevase,
Que mas grato  los dos hermanos fuese,

Que yo no soy; s bien que negociase
Mejor. Dixo Mercurio: no te entiendo,
Y has de ir antes que el tiempo mas se pase.

Que no me han de escuchar estoy temiendo,
Le replique, ya si el ir yo no importa,
Puesto que en todo obedecer pretendo.

Que no s quien me dice, y quien me exhorta,
Que tienen para mi,  lo que imagino,
La voluntad, como la vista corta.

Que si esto asi no fuera, este camino
Con tan pobre recamara no hiciera,
Ni diera en un tan hondo desatino.

Pues si alguna promesa se cumpliera
De aquellas muchas, que al partir me hicieron,
Llveme Dios si entrra en tu galera.

Mucho esper, si mucho prometieron,
Mas podra ser, que ocupaciones nuevas
Les obligue  olvidar lo que dixeron.

Muchos, seor, en la galera llevas,
Que te podrn sacar el pie del lodo,
Parte, y escusa de hacer mas pruebas.

Ninguno, dixo, me hable dese modo,
Que si me desembarco y los envisto,
Voto  Dios, que me traiga al Conde, y todo.

Con estos dos famosos me enemisto,
Que haviendo levantado  la poesia
Al buen punto en que est, como se ha visto:

Quieren con perezosa tirania
Alzarse como dicen  su mano
Con la ciencia que  ser divinos guia.

Por el solio de Apolo soberano
Juro ... y no digo mas: y ardiendo en ira
Se ech  las barbas una y otra mano.

Y prosigui diciendo: el DOTOR MIRA,
Apostare, sino lo manda el Conde,
Que tambien en sus puntos se retira.

Seor galan, parezca:  qu se asconde?
Pues  f por llevarle, si l no gusta,
Que ni le busque, aseche, ni le ronde.

Es esta empresa acaso tan injusta,
Que se esquiven de hallar en ella quantos
Tienen conciencia limitada y justa?

Carece el cielo de poetas santos?
Puesto que brote  cada paso el suelo
Poetas, que lo son tantos y tantos?

No se oyen sacros hymnos en el cielo?
La harpa de David all no suena,
Causando nuevo acidental consuelo?

Fuera melindres, y cese la entena,
Que llegue al tope, y luego obedeciendo
Fue de la chusma sobre buenas buena.

Poco tiempo pas, quando un ruido
Se oy, que los oidos atronaba,
Y era de perros aspero ladrido.

Mercurio se turb, la gente estaba
Suspensa al triste son, y en cada pecho
El corazon mas valido temblaba.

En esto descubrise el corto estrecho,
Que Scila, y que Caribdis espantosas,
Tan temeroso con su furia han hecho.

Estas olas que veis presuntuosas
En visitar las nubes de contino,
Y aun de tocar el cielo codiciosas.

Vencilas el prudente peregrino
Amante de Calipso, al tiempo quando
Hizo, dixo Mercurio, este camino.

Su prudencia nosotros imitando,
Echaremos al mar en que se ocupen,
Entanto que el bagel pasa volando.

Que entanto que ellas tasquen, roan, chupen
Al misero que al mar ha de entregarse,
Seguro estoy que el paso desocupen.

Miren si puede en la galera hallarse
Algun poeta desdichado acaso,
Que  las fieras gargantas pueda darse.

Buscaronle, y hallaron  LOFRASO,
Poeta militar Sardo, que estaba
Desmayado  un rincon marchito y laso:

Que  sus diez libros de Fortuna, andaba
Aadiendo otros diez, y el tiempo escoge,
Que mas desocupado se mostraba.

Grit la chusma toda: al mar se arroje,
Vaya Lofraso al mar sin resistencia.
Por Dios, dixo Mercurio, que me enoje.

Cmo? y no ser cargo de conciencia
Y grande echar al mar tanta poesia?
Puesto que aqui nos hunda su inclemencia?

Viva Lofraso, entanto que d al dia
Apolo luz, y entanto que los hombres
Tengan discreta alegre fantasia.

Tocante  ti,  Lofraso, los renombres,
Y epitetos de agudo y de sincero,
Y gusto que mi comitre te nombres.

Esto dixo Mercurio al caballero,
El qual en la crugia en pie se puso
Con un rebenque despiadado y fiero.

Creo que de sus versos le compuso,
Y no s como fue, que en un momento,
O ya el cielo,  Lofraso lo dispuso,

Salimos del estrecho  salvamento
Sin arrojar al mar poeta alguno,
Tanto del Sardo fue el merecimiento.

Mas luego otro peligro, otro importuno
Temor amenaz, sino gritra
Mercurio, qual jamas grit ninguno.

Diciendo al timonero:  orza, pra,
Amainese de golpe, y todo  un punto
Se hizo, y el peligro se repara.

Estos montes que veis que estn tan juntos,
Son los que Acroceraunos son llamados,
De infame nombre, como yo barrunto.

Asieron de los remos los honrados,
Los tiernos, los melifluos, los godescos;
Y los de  cantimplora acostumbrados.

Los frios los asieron y los frescos,
Asieronlos tambien los calurosos,
Y los de calzas largas y greguescos.

Del sopraestante dao temerosos,
Todos  una la galera empujan,
Con flacos y con brazos poderosos.

Debaxo del bagel se somurmujan
Las sirenas que dl no se apartaron,
Y  si mismas en fuerzas sobrepujan.

Y en un pequeo espacio la llevaron
A vista de Corf, y  mano diestra
La isla inexpugnable se dexaron.

Y dando la galera  la siniestra
Discurria de Grecia las riberas,
Adonde el cielo su hermosura muestra.

Mostravanse las olas lisongeras,
Impeliendo el bagel suavemente,
Como burlando con alegres veras.

Y luego al parecer por el oriente,
(Rayando el rubio sol nuestro orizonte
Con rayas rojas, hebras de su frente;)

Grit un grumete y dixo: el monte, el monte,
El monte se descubre, donde tiene
Su buen rocin el gran Belorofonte.

Por el monte se arroja, y  pie viene
Apolo  recebirnos. Yo lo creo,
Dixo Lofraso, ya llega  la Hipocrene.

Yo desde aqui columbro, miro y veo
Que se andan solazando entre unas matas
Las musas con dulcisimo recreo.

Unas antiguas son, otras novatas,
Y todas con ligero paso y tardo
Andan las cinco en pie, las quatro  gatas.

Si tu tal ves, dixo Mercurio,  Sardo
Poeta, que me corten las orejas,
O me tengan los hombres por bastardo.

Dime, porqu algun tanto no te alejas
De la ignorancia, pobretn, y adviertes
Lo que cantan tus rimas en tus quejas?

Porqu con tus mentiras nos diviertes
De recibir  Apolo qual se debe,
Por haver mejorado vuestras suertes?

En esto mucho mas que el viento leve
Bax el lucido Apolo  la marina
A pie, porque en su carro no se atreve.

Quit los rayos de la faz divina,
Mostrse en calzas y en jubon vistoso,
Porque dar gusto  todos determina.

Seguiale detras un numeroso
Esquadron de doncellas bailadoras,
Aunque pequeas, de ademan brioso.

Supe poco despues, que estas seoras,
Sanas las mas, las menos mal paradas.
Las del tiempo y del sol eran las horas.

Las medio rotas eran las menguadas,
Las sanas las felices, y con esto
Eran todas en todo apresuradas.

Apolo luego con alegre gesto
Abraz  los soldados, que esperaba
Para la alta ocasion que se ha propuesto.

Y no de un mismo modo acariciaba
A todos, porque alguna diferiencia
Hacia con los que l mas se alegraba.

Que  los de seoria y excelencia
Nuevos abrazos di, razones dixo,
En que guard decoro y preeminencia.

Entre ellos abraz  DON JUAN DE ARGUIJO,
Que no s en qu,  como,  quando hizo
Tan aspero viage y tan prolijo.

Con l  su deseo satisfizo
Apolo y confirm su pensamiento,
Mand, ved, quit, hizo y deshizo.

Hecho pues el sinpar recebimiento,
Do se hall DON LUIS DE BARAHONA,
Llevado alli por su merecimiento.

Del siempre verde lauro una corona
Le ofrece Apolo en su intencion, y un vaso
Del agua de Castalia y de Elicona.

Y luego vuelve el magestoso paso,
Y el esquadron pensado y de repente
Le sigue por las faldas del Parnaso.

Llegse enfin  la Castalia fuente,
Y en viendola infinitos se arrojaron
Sedientos al cristal de su corriente.

Unos no solamente se hartaron,
Sino que pies y manos, y otras cosas
Algo mas indecentes se lavaron.

Otros mas advertidos, las sabrosas
Aguas gustaron poco  poco, dando
Espacio al gusto,  pausas melindrosas.

El brindez y el caraos se puso en vando,
Porque los mas de bruces, y no  sorbos
El suave licor fueron gustando.

De ambas manos hacian vasos corbos
Otros, y algunos de la boca al agua
Temian de hallar cien mil estorbos.

Poco  poco la fuente se desagua,
Y pasa en los estomagos bebientes,
Y aun no se apaga de su sed la fragua.

Mas dixoles Apolo: otras dos fuentes
Aun quedan Aganipe  Hipocrene,
Ambas sabrosas, ambas excelentes.

Cada qual de licor dulce y perene,
Todas de calidad aumentativa
Del alto ingenio que a gustarlas viene.

Beben, y suben por el monte arriba,
Por entre palmas, y entre cedros altos,
Y entre arboles pacificos de oliva.

De gusto llenos y de angustia faltos,
Siguiendo  Apolo el esquadron camina,
Unos  pedicox, otros  saltos.

Al pie sentado de una antigua encina
Vi  ALONSO DE LEDESMA, componiendo
Una cancion angelica y divina.

Conocle, y  l me fui corriendo
Con los brazos abiertos como amigo,
Pero no se movi con el estruendo.

No ves, me dixo Apolo, que consigo
No est Ledesma ahora, no ves claro
Que est fuera de s, y est conmigo?

A la sombra de un mirto, al verde amparo
GERONIMO DE CASTRO sesteaba,
Varon de ingenio peregrino y raro.

Un motete imagino que cantaba
Con voz suave; yo qued admirado
De verle alli, porque en Madrid quedaba.

Apolo me entendi, y dixo: un soldado
Como este no era bien que se quedara
Entre el ocio y el sueo sepultado.

Yo le truxe, y s como, que  mi rara
Potencia no la impide otra ninguna,
Ni inconveniente alguno la repara.

En esto se llegaba la oportuna
Hora  mi parecer de dar sustento
Al estomago pobre, y mas si ayuna;

Pero no le pas por pensamiento
A Delio que el exercito conduce,
Satisfacer al misero hambriento.

Primero  un jardin rico nos reduce,
Donde el poder de la naturaleza,
Y el de la industria mas campea y luce.

Tuvieron los Hesperidas belleza
Menor, no le igualaron los Pensiles
En sitio, en hermosura y en grandeza.

En su comparacion se muestran viles
Los de Alcinoo, en cuyas alabanzas
Se han ocupado ingenios bien sotiles:

No sugeto del tiempo  las madanzas,
Que todo el ao primavera ofrece
Frutos en posesion, no en esperanzas.

Naturaleza y arte alli parece
Andar en competencia, y est en duda
Qual vence de las dos, qual mas merece.

Muestrase balbuciente y casi muda,
Si le alaba la lengua mas experta
De adulacion y de mentir desnuda.

Junto con ser jardin, era una huerta,
Un soto, un bosque, un prado, un valle ameno,
Que en todos estos titulos concierta.

De tanta gracia y hermosura lleno,
Que una parte del cielo parecia
El todo del bellisimo terreno.

Alto en el sitio alegre Apolo hacia,
Y alli mand que todos se sentasen
A tres horas despues de mediodia.

Y porque los asientos sealasen
El ingenio y valor de cada uno,
Y unos con otros no se embarazasen;

A despecho y pesar del importuno
Ambicioso deseo, les di asiento
En el sitio y lugar mas oportuno.

Llegaban los laureles casi  ciento,
A cuya sombra y troncos se sentaron
Algunos de aquel numero contento.

Otros los de las palmas ocuparon,
De los mirtos, y yedras, y los robles
Tambien varios poetas albergaron.

Puesto que humildes, eran de los nobles
Los asientos qual tronos levantados,
Porque t,  envidia, aqui tu rabia dobles.

Enfin, primero fueron ocupados
Los troncos de aquel ancho circuito,
Para honrar  poetas dedicados,

Antes que yo en el numero infinito
Hallase asiento: y asi en pie quedeme
Despechado, colerico y marchito.

Dixe entre m: es posible que se estreme
En perseguirme la fortuna airada,
Que ofende  muchos y  ninguno teme?

Y volviendome  Apolo con turbada
Lengua le dixe lo que oir el que gusta
Saber, pues la tercera es acabada,
La quarta parte desta empresa justa.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO IV.

Suele la indignacion componer versos,
Pero si el indignado es algun tonto,
Ellos tendrn su todo de perversos.

De m yo no s mas, sino que pronto
Me halle para decir en tercia rima
Lo que no dixo el desterrado al Ponto.

Y asi le dixe  Delio: no se estima,
Seor, del vulgo vano el que te sigue
Y al arbol sacro del laurel se arrima.

La envidia y la ignorancia le persigue,
Y asi envidiado siempre y perseguido
El bien que espera, por jamas consigue.

Yo cort con mi ingenio aquel vestido,
Con que al mundo la hermosa _Galatea_
Sali para librarse del olvido.

Soy por quien _La Confusa_ nada fea
Pareci en los teatros admirable,
Si esto  su fama es justo se le crea.

Yo con estilo en parte razonable
He compuesto _Comedias_, que en su tiempo
Tuvieron de lo grave y de lo afable.

Yo he dado en Don Quixote pasatiempo
Al pecho melancolico y mohino
En qualquiera sazon, en todo tiempo.

Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino,
Por do la lengua Castellana puede
Mostrar con propriedad un desatino.

Yo soy aquel que en la invencion excede
A muchos, y al que falta en esta parte,
Es fuerza que su fama falta quede.

Desde mis tiernos aos am el arte
Dulce de la agradable poesia,
Y en ella procur siempre agradarte.

Nunca vol la pluma humilde mia
Por la region satirica, baxeza
Que  infames premios y desgracias guia.

Yo el soneto compuse que asi empieza,
Por honra principal de mis escritos:
_Voto  Dios que me espanta esta grandeza_.

Yo he compuesto _Romances_ infinitos,
Y el de los zelos es aquel que estimo,
Entre otros que los tengo por malditos.

Por esto me congojo y me lastimo
De verme solo en pie, sin que se aplique
Arbol que me conceda algun arrimo.

Yo estoy, qual decir suelen, puesto  pique
Para dar  la estampa al gran _Persiles_,
Con que mi nombre y obras multiplique.

Yo en pensamientos castos y sotiles,
Dispuestos en soneto de  docena,
He honrado tres sugetos fregoniles.

Tambien al par de _Filis_ mi _Filena_
Reson por las selvas, que escucharon
Mas de una y otra alegre cantilena.

Y en dulces varias rimas se llevaron
Mis esperanzas los ligeros vientos,
Que en ellos y en la arena se sembraron.

Tuve, tengo y tendr los pensamientos,
Merced al cielo que  tal bien me inclina,
De toda adulacion libres y esentos.

Nunca pongo los pies por do camina
La mentira, la fraude y el engao,
De la santa virtud total ruina.

Con mi corta fortuna no me ensao,
Aunque por verme en pie, como me veo,
Y en tal lugar, pondero asi mi dao.

Con poco me contento, aunque deseo
Mucho. A cuyas razones enojadas,
Con estas blandas respondi Timbreo:

Vienen las malas suertes atrasadas,
Y toman tan de lejos la corriente,
Que son temidas, pero no escusadas.

El bien les viene  algunos derepente,
A otros poco  poco y sin pensallo,
Y el mal no guarda estilo diferente.

El bien que est adquirido, conservallo
Con maa, diligencia y con cordura
Es no menor virtud, que el grangeallo.

Tu mismo te has forjado tu ventura,
Y yo te he visto alguna vez con ella,
Pero en el imprudente poco dura.

Mas si quieres salir de tu querella,
Alegre, y no confuso, y consolado
Dobla tu capa, y sientate sobre ella.

Que tal vez suele un venturoso estado,
Quando le niega sin razon la suerte,
Honrar mas merecido, que alcanzado.

Bien parece, seor, que no se advierte,
Le respond, que yo no tengo capa.
El dixo: aunque sea asi, gusto de verte.

La virtud es un manto con que tapa
Y cubre su indecencia la estrecheza,
Que esenta y libre de la envidia escapa.

Inclin al gran consejo la cabeza.
Quedeme en pie: que no hay asiento bueno,
Si el favor no le labra,  la riqueza.

Alguno murmur, viendome ageno
Del honor que pens se me debia,
Del planeta de luz y virtud lleno.

En esto pareci que cobr el dia
Un nuevo resplandor, y el aire oyse
Herir de una dulcisima harmonia.

Y en esto por un lado descubrise
Del sitio un esquadron de ninfas bellas,
Con que infinito el rubio dios holgse.

Venia enfin, y por remate dellas
Una resplandeciendo, como hace
El sol ante la luz de las estrellas.

La mayor hermosura se deshace
Ante ella, y ella sola resplandece
Sobre todas, y alegra y satisface.

Bien asi semejaba, qual se ofrece
Entre liquidas perlas y entre rosas
La aurora que despunta y amanece.

La rica vestidura, las preciosas
Joyas que la adornaban, competian
Con las que suelen ser marabillosas.

Las ninfas que al querer suyo asistian
En el gallardo brio y bello aspecto,
Las artes liberales parecian.

Todas con amoroso y tierno afecto,
Con las ciencias mas claras y escogidas,
Le guardaban santisimo respeto.

Mostraban que en servirla eran servidas,
Y que por su ocasion de todas gentes
En mas veneracion eran tenidas.

Su influjo y su reflujo las corrientes
Del mar y su profundo le mostraban,
Y el ser padre de rios y de fuentes.

Las yerbas su virtud la presentaban,
Los arboles sus frutos y sus flores,
Las piedras el valor que en s encerraban.

El santo amor castisimos amores,
La dulce paz su quietud sabrosa,
La guerra amarga todos sus rigores.

Mostrabasele clara la espaciosa
Via, por donde el sol hace contino
Su natural carrera y la forzosa.

La inclinacion,  fuerza del destino,
Y de qu estrellas consta y se compone,
Y como influye este planeta  sino.

Todo lo sabe, todo lo dispone
La santa y hermosisima doncella,
Que admiracion como alegria pone.

Preguntele al parlero, si en la bella
Ninfa alguna deidad se disfrazaba,
Que fuese justo el adorar en ella.

Porque en el rico adorno que mostraba,
Y en el gallardo sr que descubria,
Del cielo, y no del suelo semejaba.

Descubres, respondi, tu boberia,
Que ha que la tratas infinitos aos,
Y no conoces que es la Poesia.

Siempre la he visto envuelta en pobres paos,
Le repliqu: jamas la vi compuesta
Con adornos tan ricos y tamaos:

Parece que la he visto descompuesta,
Vestida de color de primavera
En los dias de cutio y los de fiesta.

Esta que es la poesia verdadera,
La grave, la discreta, la elegante,
Dixo Mercurio, la alta y la sincera,

Siempre con vestidura rozagante
Se muestra en qualquier acto que se halla,
Quando  su profesion es importante.

Nunca se inclina,  sirve  la canalla
Trobadora, maligna y trafalmeja,
Que en lo que mas ignora, menos calla.

Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja,
Amiga de sonaja y morteruelo,
Que ni tabanco, ni taberna dexa.

No se alza dos, ni aun un coto del suelo,
Grande amiga de bodas y bautismos,
Larga de manos, corta de cerbelo.

Tomanla por momentos parasismos,
No acierta  pronunciar, y si pronuncia,
Absurdos hace, y forma solecismos.

Baco donde ella esta, su gusto anuncia,
Y ella derrama en coplas el poleo,
Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia.

Pero aquesta que ves, es el aseo,
La gala de los cielos y la tierra,
Con quien tienen las musas su bureo,

Ella abre los secretos y los cierra,
Toca y apunta de qualquiera ciencia
La superficie y lo mejor que encierra.

Mira con mas ahinco su presencia,
Vers cifrada en ella la abundancia
De lo que en bueno tiene la excelencia.

Moran con ella en una misma estancia
La divina y moral Filosofia,
El estilo mas puro y la elegancia.

Puede pintar en la mitad del dia
La noche, y en la noche mas escura
El alba bella que las perlas cria.

El curso de los rios apresura,
Y le detiene, el pecho  furia incita,
Y le reduce luego  mas blandura.

Por mitad del rigor se precipita
De las lucientes armas contrapuestas,
Y da vitorias, y vitorias quita.

Vers como le prestan las florestas
Sus sombras, y sus cantos los pastores,
El mal sus lutos y el placer sus fiestas,

Perlas el Sur, Sabea sus loores,
El oro Tiber, Hibla su dulzura,
Galas Milan, y Lusitania amores.

Enfin ella es la cifra, do se apura
Lo provechoso y honesto, y deleitable,
Partes con quien se aumenta la ventura.

Es de ingenio tan vivo y admirable,
Que  veces toca en puntos que suspenden,
Por tener nosque de inescrutable.

Alabanse los buenos, y se ofenden
Los malos con su voz, y destos tales
Unos la adoran, otros no la entienden.

Son sus obras heroicas inmortales,
Las liricas suaves, de manera
Que vuelven en divinas las mortales.

Si alguna vez se muestra lisongera,
Es con tanta elegancia y artificio,
Que no castigo, sino premio espera.

Gloria de la virtud, pena del vicio
Son sus acciones, dando al mundo en ellas
De su alto ingenio, y su bondad indicio.

En esto estaba, quando por las bellas
Ventanas de jazmines y de rosas,
Que amor estaba  lo que entiendo en ellas;

Divis seis personas religiosas
Al parecer de honroso y grave aspeto,
De luengas togas, limpias y pomposas.

Preguntele  Mercurio, por qu efeto
Aquellos no parecen y se encubren,
Y muestran ser personas de respeto?

A lo que l respondi: no se descubren
Por guardar el decoro al alto estado
Que tienen, y asi el rostro todos cubren.

Quin son, le repliqu, si es que te es dado
Decirlo? Respondime: no por cierto,
Porque Apolo lo tiene asi mandado.

No son poetas? S. Pues yo no acierto
A pensar por qu causa se desprecian
De salir con su ingenio  campo abierto.

Para qu se embobecen y se anecian,
Escondiendo el talento que da el cielo
A los que mas de ser suyos se precian?

Aqui del Rey: qu es esto? qu recelo,
O zelo les impele  no mostrarse
Sin miedo ante la turba vil del suelo?

Puede ninguna ciencia compararse
Con esta universal de la poesia,
Que limites no tiene do encerrarse?

Pues siendo esto verdad, saber querria
Entre los de la carda, cmo se usa
Este miedo,  melindre,  hipocresia?

Hace Monseor versos, y rehusa
Que no se sepan, y l los comunica
Con muchos, y  la lengua agena acusa

Y mas que siendo buenos, multiplica
La fama su valor, y al dueo canta
Con voz de gloria, y de alabanza rica.

Qu mucho pues? sino se le levanta
Testimonio  un Pontifice poeta,
Que digan que lo es? por Dios que espanta.

Por vida de Lanfusa la discreta,
Que si no se me dice quien son estos
Togados de bonete y de muceta:

Que con trazas y modos descompuestos
Tengo de reducir  behetria,
Estos tan sosegados y compuestos.

Por Dios, dixo Mercurio, y  fe mia,
Que no puedo decirlo, y si lo digo,
Tengo de dar la culpa  tu porfia.

Dilo, seor, que desde aqui me obligo
De no decir que tu me lo dixiste,
Le dixe: por la fe de buen amigo.

El dixo: no nos cayan en el chiste,
Llegate  m, dirtelo al oido,
Pero creo que hay mas de los que viste.

Aquel que has visto alli del cuello erguido,
Lozano, rozagante y de buen talle,
De honestidad y de valor vestido:

Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle
Puede qual debe Apolo la alabanza,
Que pueda sobre el cielo levantalle.

Y aun mas su famoso ingenio alcanza,
Pues en las verdes hojas de sus dias
Nos d de santos frutos esperanza.

Aquel que en elevadas fantasias,
Y en stasis sabrosos se regala,
Y tanto imita las acciones mias,

Es el MAESTRO ORENSE, que la gala
Se lleva de la mas rara eloquencia
Que en las aulas de Atenas se seala.

Su natural ingenio con la ciencia,
Y ciencias aprendidas le levanta
Al grado que le nombra la excelencia.

Aquel de amarillez marchita y santa,
Que le encubre de lauro aquella rama,
Y aquella hojosa y acopada planta:

FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama,
Descalzo y pobre, pero bien vestido,
Con el adorno que le da la fama.

Aquel que del rigor fiero de olvido
Libra su nombre con eterno gozo,
Y es de Apolo y las musas bien querido,

Anciano en el ingenio, y nunca mozo,
Humanista divino, es segun pienso
El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO.

Un Licenciado de un ingenio inmenso
Es aquel, y aunque en trage Mercenario
Como  seor le dan las musas censo:

RAMON se llama, auxilio necesario
Con que Delio se esfuerza y v rendidas
Las obstinadas fuerzas del contrario.

El otro, cuyas sienes ves ceidas
Con los brazos de Dafne en triunfo honroso,
Sus glorias tiene en Alcal esculpidas.

En su ilustre teatro vitorioso
Le nombra el cisne en canto no funesto,
Siempre el primero como  mas famoso.

A los donayres suyos ech el resto
Con propiedades al gorron debidas,
Por haverlos compuesto  descompuesto.

Aquestas seis personas referidas,
Como estn en divinos puestos puestas,
Y en sacra religion constituidas:

Tienen las alabanzas por molestas,
Que les dan por poetas y holgarian
Llevar la loa sin el nombre acuestas.

Porqu, le pregunt, seor porfian
Los tales  escribir y dar noticia
De los versos, que paren y que crian?

Tambien tiene el ingenio su codicia,
Y nunca la alabanza se desprecia,
Que al bueno se le debe de justicia,

Aquel que de poeta no se precia,
Para qu escribe versos y los dice?
Porqu desdea lo que mas aprecia?

Jamas me content, ni satisfice
De hipocritas melindres. Llanamente
Quise alabanzas de lo que bien hice.

Con todo quiere Apolo, que esta gente
Religiosa se tenga aqui secreta,
Dixo el dios que presume de eloquente.

Oyose en esto el son de una corneta,
Y un trapa, trapa, aparta, afuera, afuera,
Que viene un gallardisimo poeta.

Volv la vista y vi por la ladera.
Del monte un postillon y un caballero
Correr, como se dice,  la ligera.

Servia el postillon de pregonero
Mucho mas que de guia,  cuyas voces
En pie se puso el esquadron entero.

Preguntme Mercurio: no conoces
Quien es este gallardo, este brioso?
Imagino que ya le reconoces.

Bien, le respondi: que es el famoso
Gran DON SANCHO DE LEIVA, cuya espada
Y pluma harn  Delio venturoso.

Vencerse sin duda esta jornada
Con tal socorro: y en el mismo instante,
Cosa que parecia imaginada,

Otro favor no menos importante
Para el caso temido se nos muestra,
De ingenio, y fuerzas, y valor bastante.

Una tropa gentil por la siniestra
Parte del monte se descubri:  cielos,
Que dais de vuestra providencia muestra!

Aquel discreto JUAN DE VASCONCELOS
Venia delante en un caballo vayo,
Dando  las musas Lusitanas zelos.

Tras l el capitan PEDRO TAMAYO
Venia, y aunque enfermo de la gota,
Fue al enemigo asombro, fue desmayo.

Que por l se vi en fuga, y puesto en rota,
Que en los dudosos trances de la guerra
Su ingenio admira y su valor se nota.

Tambien llegaron  la rica tierra,
Puestos debaxo de una blanca sea,
Por la parte derecha de la sierra

Otros, de quien tom luego resea
Apolo: y era dellos el primero
El joven DON FERNANDO DE LODEA:

Poeta primerizo insigne, empero
En cuyo ingenio Apolo deposita
Sus glorias para el tiempo venidero.

Con magestad real, con inaudita
Pompa lleg, y al pie del monte para
Quien los bienes del monte solicita:

El Licenciado fue JUAN DE VERGARA
El que lleg, con quien la turba ilustre
En sus vecinos medios se repara.

De Esculapio y de Apolo gloria, y lustre,
Sino digalo el santo bien partido,
Y su fama la misma envidia ilustre.

Con l fue con aplauso recebido
El docto JUAN ANTONIO DE HERRERA,
Que puso en fil el desigual partido.

O quien con lengua en nada lisongera,
Sino con puro afecto en grande exceso,
Dos que llegaron alabar pudiera!

Pero no es de mis hombros este peso,
Fueron los que llegaron los famosos
Los dos Maestros CALVO Y VALDIVIESO.

Luego se descubri por los undosos
Llanos del mar una pequea barca
Impelida de remos presurosos:

Lleg, y al punto della desembarca
El gran DON JUAN DE ARGOTE Y DE GAMBOA
En compaia de DON DIEGO ABARCA,

Sugetos dinos de incesable loa,
Y DON DIEGO XIMENEZ Y DE ENCISO
Di un salto  tierra desde la alta proa.

En estos tres la gala y el aviso
Cifr quanto de gusto en s contienen,
Como su ingenio y obras dan aviso.

Con JUAN LOPEZ DEL VALLE otros dos vienen
Juntos alli, y es PAMONES el uno,
Con quien las musas ogeriza tienen.

Porque pone sus pies por do ninguno
Los puso, y con sus nuevas fantasias
Mucho mas que agradable es importuno.

De lexas tierras por incultas vias
Lleg el brabo Irlandes DON JUAN BATEO,
Xerxes nuevo en memoria en nuestros dias,

Vuelvo la vista,  MANTUANO veo,
Que tiene al gran Velasco por Mecenas,
Y ha sido acertadisimo su empleo.

Dexarn estos dos en las agenas
Tierras, como en las proprias dilatados
Sus nombres, que t, Apolo, asi lo ordenas.

Por entre dos fructiferos collados
(Habr quien esto crea, aunque lo entienda?)
De palmas y laureles coronados,
El grave aspecto del ABAD MALUENDA
Pareci, dando al monte luz y gloria,
Y esperanzas de triunfo en la contienda.

Pero de qu enemigos la vitoria
No alcanzar un ingenio tan florido?
Y una bondad tan digna de memoria?

DON ANTONIO GENTIL DE VARGAS, pido
Espacio para verte, que llegaste
De gala y arte, y de valor vestido;

Y aunque de patria Ginoves, mostraste
Ser en las musas castellanas doto,
Tanto que al esquadron todo admiraste.

Desde el Indio apartado del remoto
Mundo lleg mi amigo MONTESDOCA,
Y el que anud de Arauco el nudo roto.

Dixo Apolo  los dos:  entrambos toca
Defender esta vuestra rica estancia
De la canalla de verguenza poca.

La qual de error armada y de arrogancia
Quiere canonizar y dar renombre
Inmortal y divino  la ignorancia.

Que tanto puede la aficion, que un hombre
Tiene  s mismo, que ignorante siendo,
De buen poeta quiere alcanzar nombre.

En esto otro milagro, otro estupendo
Prodigio se descubre en la marina,
Que en pocos versos declarar pretendo

Una nave  la tierra tan vecina
Lleg, que desde el sitio donde estaba,
Se ve quanto hay en ella, y determina.

Dems de quatro mil salmas pasaba,
Que otros suelen llamarlas toneladas,
Ancha de vientre y de estatura brava:

Asi como las naves que cargadas
Llegan de la oriental india  Lisboa,
Que son por las mayores estimadas.

Esta lleg desde la popa  proa
Cubierta de poetas, mercancia
De quien hay saca en Calicut y en Goa.

Tomole al roxo dios alferecia
Por ver la muchedumbre impertinente,
Que en socorro del monte le venia.

Y en silencio rog devotamente,
Que el vaso naufragase en un momento
Al que gobierna el humido tridente.

Uno de los del numero hambriento
Se puso en esto al borde de la nave,
Al parecer mohino y mal contento:

Y en voz, que ni de tierna ni suave
Tenia un solo adarme, gritando
(Dixo tal vez colerico, y tal grave)

Lo que impaciente estuve yo escuchando,
Porque vi sus razones ser saetas,
Que iban mi alma y corazon clavando.

O t, dixo, traidor, que los poetas
Canonizaste de la larga lista,
Por causas y por vias indiretas:

Dnde tenias, Magancs, la vista
Aguda de tu ingenio, que asi ciego
Fuiste tan mentiroso coronista?

Yo te confieso,  barbaro, y no niego
Que algunos de los muchos que escogiste
Sin que el respeto te forzase  el ruego,

En el debido punto los pusiste;
Pero con los demas sin duda alguna
Prodigo de alabanzas anduviste.

Has alzado  los cielos la fortuna
De muchos, que en el centro del olvido
Sin ver la luz del sol, ni de la luna,

Yacian: ni llamado, ni escogido
Fue el gran pastor de Iberia, el gran BERNARDO,
Que de la VEGA tiene el apellido.

Fuiste envidioso, descuidado y tardo,
Y  las Ninfas de Henares y Pastores,
Como  enemigos les tiraste un dardo,

Y tienes tu poetas tan peores
Que estos en tu rebao, que imagino
Que han de sudar, si quieren ser mejores.

Que si este agravio no me turba el tino,
Siete trobistas desde aqui diviso,
A quien suelen llamar de torbellino,

Con quien la gala, discrecion y aviso
Tienen poco que ver, y tu los pones
Dos leguas mas all del paraiso.

Estas quimeras, estas invenciones
Tuyas te han de salir al rostro un dia,
Si mas no te mesuras y compones.

Esta amenaza y gran descortesia
Mi blando corazon llen de miedo,
Y di al traves con la paciencia mia.

Y volviendome  Apolo con denuedo
Mayor del que esperaba de mis aos,
Con voz turbada y con semblante acedo,

Le dixe: con bien claros desengaos
Descubro, que el servirte me grangea
Presentes miedos de futuros daos.

Haz,  seor, que en publico se lea
La lista que Cilenio llev  Espaa,
Porque mi culpa poca aqui se vea.

Si tu deidad en escoger se engaa,
Y yo solo aprob lo que l me dixo,
Porqu este simple contra m se ensaa?

Con justa causa y con razon me aflixo,
De ver como estos barbaros se inclinan
A tenerme en temor duro y prolixo.

Unos, porque los puse me abominan:
Otros, porque he dexado de ponellos,
De darme pesadumbre determinan.

Yo no s como me avendr con ellos,
Los puestos se lamentan, los no puestos
Gritan, yo tiemblo destos y de aquellos.

T, seor, que eres dios, dales los puestos
Que piden sus ingenios: llama, y nombra
Los que fueren mas habiles y prestos.

Y porque el turbio miedo que me asombra,
No me acabe, acabada esta contienda,
Cubreme con tu manto y con tu sombra.

O ponme una seal, por do se entienda
Que soy hechura tuya y de tu casa:
Y asi no havr ninguno que me ofenda.

Vuelve la vista, y mira lo que pasa,
Fue de Apolo enojado la respuesta,
Que ardiendo en ira el corazon le abrasa.

Volvila, y vi la mas alegre fiesta,
Y la mas desdichada y compasiva,
Que el mundo vi, ni aun la ver qual esta.

Mas no se espere que yo aqui la escriba,
Sino en la parte quinta, en quien espero
Cantar con voz tan entonada y viva,
Que piensen que soy cisne, y que me muero.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO V.

Oy el seor del humido tridente
Las plegarias de Apolo, y escuchlas
Con alma tierna y corazon clemente.

Hizo de ojo, y di del pie  las olas,
Y sin que lo entendiesen los poetas
En un punto hasta el cielo levantlas.

Y l por ocultas vias y secretas
Se agazap debaxo del navio,
Y us con l de sus traidoras tretas.

Hiri con el tridente en lo vacio
Del buco, y el estomago le llena
De un copioso corriente amargo rio.

Advertido el peligro, al aire suena
Una confusa voz, la qual resulta
De otras mil que el temor forma y la pena.

Poco  poco el bagel pobre se oculta
En las entraas del ceruleo y cano
Vientre, que tantas animas sepulta.

Suben los llantos por el aire vano
De aquellos miserables, que suspiran
Por ver su irreparable fin cercano.

Trepan y suben por las jarcias, miran
Qual del navio es el lugar mas alto,
Y en l muchos se apian y retiran.

La confusion, el miedo, el sobresalto
Les turba los sentidos, que imaginan
Que desta  la otra vida es grande el salto.

Con ningun medio ni remedio atinan;
Pero creyendo dilatar su muerte
Algun tanto  nadar se determinan.

Saltan muchos al mar de aquella suerte,
Que al charco de la orilla saltan ranas
Quando el miedo,  el ruido las advierte.

Hienden las olas del romperse canas,
Menudean las piernas y los brazos,
Aunque enfermos estan, y ellas no sanas.

Y en medio de tan grandes embarazos
La vista ponen en la amada orilla,
Deseosos de darla mil abrazos.

Y s yo bien, que la fatal quadrilla
Antes que alli, holgara de hallarse
En el compas famoso de Sevilla.

Que no tienen por gusto el ahogarse,
Discreta gente al parecer en esto,
Pero valioles poco el esforzarse.

Que el padre de las aguas ech el resto
De su rigor, mostrandose en su carro
Con rostro airado y ademan funesto.

Quatro delfines, cada qual bizarro,
Con cuerdas hechas de tegidas obas
Le tiraban con furia y con desgarro.

Las ninfas en sus humidas alcobas
Sienten tu rabia,  vengativo Nume,
Y de sus rostros la color les robas.

El nadante poeta que presume
Llegar  la ribera defendida,
Sus ayes pierde y su teson consume.

Que su corta carrera es impedida
De las agudas puntas del tridente,
Entonces fiero y aspero homicida.

Quien ha visto muchacho diligente
Que en goloso  si mesmo sobrepuja
Que no hay comparacion mas conveniente,

Picar en el sombrero la granuja,
Que el hallazgo le puso alli  la sisa,
Con punta alfileresca,  ya de aguja:

Pues no con menor gana,  menor prisa
Poetas ensartaba el Nume airado
Con gesto infame, y con dudosa risa.

En carro de cristal venia sentado,
La barba luenga y llena de marisco,
Con dos gruesas lampreas coronado.

Hacian de sus barbas firme aprisco
La Almeja, el Morsillon, Pulpo y Cangrejo,
Qual le suelen hacer en pea  risco.

Era de aspecto venerable y viejo,
De verde, azul y plata era el vestido,
Robusto al parecer y de buen rejo.

Aunque como enojado, denegrido
Se mostraba en el rostro, que la saa
Asi turba el color como el sentido.

Airado contra aquellos mas se ensaa
Que nadan mas, y saleles al paso,
Juzgando  gloria tan cobarde hazaa.

En esto,  nuevo y milagroso caso,
Dino de que se cuente poco  poco,
Y con los versos de Torcato Taso.

Hasta aqui no he invocado, ahora invoco
Vuestro favor,  musas! necesario
Para los altos puntos en que toco.

Descerrajad vuestro mas rico almario,
Y el aliento me dad que el caso pide,
No humilde, no ratero, ni ordinario.

Las nubes hiende el aire, pisa y mide
La hermosa Venus Acidalia, y baxa
Del cielo que ninguno se lo impide.

Traia vestida de pardilla raja
Una gran saya entera hecha al uso,
Que le dice muy bien, quadra y encaja.

Luto que por su Adonis se le puso,
Luego que el gran colmillo del berraco
A atravesar sus ingles se dispuso.

A fe que si el mocito fuera Maco,
Que l guardra la cara al colmilludo,
Que di  su vida, y su belleza saco.

O valiente garzon, mas que sesudo,
Cmo estndo avisado, tu mal tomas,
Entrando en trance tan horrendo y crudo?

En esto las mansisimas palomas
Que el carro de la diosa conducian
Por el llano del mar, y por las lomas:

Por unas y otras partes discurrian,
Hasta que con Neptuno se encontraron,
Que era lo que buscaban y querian.

Los dioses que se ven, se respetaron,
Y haciendo sus zalemas  lo moro,
De verse juntos en estremo holgaron.

Guardaronse real grave decoro,
Y procur Ciprinia en aquel punto
Mostrar de su belleza el gran tesoro.

Ensanch el verdugado, y dile el punto
Con ciertos puntapies que fueron coces
Para el dios que las vi y qued difunto.

Un poeta llamado DON QUINCOCES
Andaba semivivo en las saladas
Ondas dando gemidos y no voces.

Con todo dixo, en mal articuladas
Palabras: o, seora, la de Pafo,
Y de las otras dos islas nombradas,

Muevate  compasion el verme gafo
De pies y manos, y que ya me ahogo,
En otras Linfas que las del Garrafo.

Aqui ser mi Pira, aqui mi rogo,
Aqui ser QUINCOCES sepultado,
Que tuvo en su crianza Pedagogo.

Esto dixo el mezquino, esto escuchado
Fue de la diosa con ternura tanta,
Que volvi  componer el verdugado.

Y luego en pie y piadosa se levanta,
Y poniendo los ojos en el viejo,
Desembud la voz de la garganta:

Y con cierto desden y sobrecejo,
Entre enojada y grave, y dulce dixo
Lo que al humido dios tuvo perplejo.

Y aunque no fue su razonar prolixo,
Todavia le truxo  la memoria
Hermano de quien era y de quien hijo.

Representole quan pequea gloria
Era llevar de aquellos miserables
El triunfo infausto, y la cruel vitoria.

El dixo: si los hados inmudables
No huvieran dado la fatal sentencia
Destos en su ignorancia siempre estables.

Una brizna no mas de tu presencia
Que viera yo, bellisima seora,
Fuera de mi rigor la resistencia.

Mas ya no puede ser, que ya la hora
Lleg donde mi blanda y mansa mano
Ha de mostrar que es dura y vencedora.

Que estos de proceder siempre inhumano,
En sus versos han dicho cien mil veces,
Azotando las aguas del mar cano.

Ni azotado, ni viejo me pareces,
Replic Venus, y l le dixo  ella:
Puesto que me enamoras no enterneces.

Que de tal modo la fatal estrella,
Influye destos tristes, que no puedo
Dar felice despacho  tu querella.

Del querer de los hados solo un dedo,
No me puedo apartar, ya tu lo sabes,
Ellos han de acabar, y ha de ser cedo.

Primero acabars que los acabes,
Le respondi madama, la que tiene
De tantas voluntades puerta y llaves.

Que aunque el hado feroz su muerte ordene,
El modo no ha de ser  tu contento,
Que muchas muertes el morir contiene.

Turbse en esto el liquido elemento,
De nuevo renovse la tormenta,
Sopl mas vivo y mas apriesa el viento.

La hambrienta mesnada, y no sedienta,
Se rinde al uracan recien venido,
Y por mas no penar muere contenta.

O raro caso y por jamas oido,
Ni visto!  nuevas y admirables trazas
De la gran reina obedecida en Gnido!

En un instante el mar de calabazas
Se vi quajado, algunas tan potentes,
Que pasaban de dos, y aun de tres brazas.

Tambien hinchados odres y valientes,
Sin deshacer del mar la blanca espuma,
Nadaban de mil talles diferentes.

Esta trasmutacion fue hecha en suma
Por Venus de los languidos poetas,
Porque Neptuno hundirlos no presuma.

El qual le pidi  Febo sus saetas,
Cuya arma arrojadiza desde aparte
A Venus defraudara de sus tretas.

Negselas Apolo; y veis do parte
Enojado el vejon con su tridente,
Pensandolos pasar de parte  parte;

Mas este se resbala, aquel no siente
La herida, y dando esguince se desliza,
Y l queda de la colera impaciente.

En esto Boreas su furor atiza,
Y lleva antecogida la manada,
Que con la de los cerdas simboliza.

Pidiselo la diosa aficionada
A que vivan poetas zarabandos,
De aquellos de la seta almidonada:

De aquellos blancos, tiernos, dulces, blandos,
De los que por momentos se dividen
En varias setas, y en contrarios vandos.

Los contrapuestos vientos se comiden
A complacer la bella rogadora,
Y con un solo aliento la mar miden:

Llevando  la piara gruidora,
En calabazas y odres convertida
A los reynos contrarios del aurora.

Desta dulce semilla referida
Espaa, verdad cierta, tanto abunda,
Que es por ella estimada y conocida.

Que aunque en armas y en letras es fecunda
Mas que quantas provincias tiene el suelo,
Su gusto en parte en tal semilla funda.

Despues desta mudanza que hizo el cielo,
O Venus,  quien fuese, que no importa
Guardar puntualidad como yo suelo,

No veo calabaza,  luenga  corta,
Que no imagine que es algun poeta
Que alli se estrecha, encubre, encoge, acorta.

Pues qu quando veo un cuero,  mal discreta
Y vana fantasia, asi engaada,
Que  tanta liviandad ests sugeta!

Pienso que el piezgo de la boca atada
Es la faz del poeta transformado
En aquella figura mal hinchada.

Y quando encuentro algun poeta honrado,
Digo, poeta firme y valedero,
Hombre vestido bien y bien calzado,

Luego se me figura ver un cuero,
O alguna calabaza, y desta suerte
Entre contrarios pensamientos muero,

Y no s si lo yerre,  si lo acierte,
En que  las calabazas y  los cueros,
Y  los poetas trate de una suerte.

Cerncalos que son lagartigeros
No esperen de gozar las preeminencias
Que gozan gabilanes no pecheros.

Puestas en paz pues ya las diferencias
De Delio, y los poetas transformados
En tan vanas y huecas apariencias:

Los mares y los vientos sosegados,
Sumergiose Neptuno mal contento
En sus palacios de cristal labrados.

Las mansisimas aves por el viento
Volaron, y  la bella Cipriana
Pusieron en su reyno  salvamento.

Y en seal que del triunfo qued ufana,
Lo que hasta alli nadie acab con ella,
Del luto se quit la saboyana.

Quedando en cueros tan briosa y bella,
Que se supo despues que Marte anduvo
Todo aquel dia, y otros dos tras ella.

Todo el qual tiempo el escuadron estuvo
Mirando atento la fatal ruina,
Que la canalla transformada tuvo.

Y viendo despejada la marina
Apolo del socorro mal venido,
De dar fin al gran caso determina.

Pero en aquel instante un gran ruido
Se oy, con que la turba se alboroza,
Y pone vista alerta, y presto oido.

Y era quien le formaba una carroza
Rica, sobre la qual venia sentado
El grave DON LORENZO DE MENDOZA,

De su felice ingenio acompaado,
De su mucho valor y cortesia,
Joyas inestimables, adornado.

PEDRO JUAN DE REJAULE le seguia
En otro coche insigne Valenciano,
Y grande defensor de la poesia.

Sentado viene  su derecha mano
JUAN DE SOLIS, mancebo generoso,
De raro ingenio en verdes aos cano.

Y JUAN DE CARVAJAL, Dotor famoso,
Les hace tercio, y no por ser pesado
Dexan de hacer su curso presuroso.

Porque el divino ingenio al levantado
Valor de aquestos tres que el coche encierra,
No hay impedirle monte, ni collado.

Pasan volando la empinada sierra,
Las nubes tocan, llegan casi al cielo,
Y alegres pisan la famosa tierra.

Con este mismo honroso y grave zelo,
BARTOLOME DE MOLA, y GABRIEL LASO
Llegaron  tocar del monte el suelo.

Honra las altas cimas de Parnaso
DON DIEGO, que de SILVA tiene el nombre,
Y por ellas alegre tiende el paso.

A cuyo ingenio, y sin igual renombre
Toda ciencia se inclina y le obedece,
Y le levanta  ser mas que de hombre.

Dilatanse las sombras, y descrece
El dia, y de la noche el negro manto
Guarnecido de estrellas aparece.

Y el esquadron que havia esperado tanto
En pie, se rinde al sueo perezoso
De hambre y sed, y de mortal quebranto.

Apolo entonces poco luminoso,
Dando hasta los Antipodas un brinco,
Sigui su accidental curso forzoso.

Pero primero licenci  los cinco
Poetas titulados  su ruego,
Que lo pidieron con estrao ahinco,

Por parecerles risa, burla y juego
Empresas semejantes; y asi Apolo
Condecendi con sus deseos luego.

Que es el galan de Dafne unico y solo
En usar cortesia sobre quantos
Descubre el nuestro, y el contrario polo.

Del lobrego lugar de los espantos
Sac su hisopo el languido Morfeo,
Con que ha rendido y embocado  tantos,

Y del licor que dicen que es Leteo,
Que mana de la fuente del olvido,
Los parpados ba  todos arreo.

El mas hambriento se qued dormido,
Dos cosas repugnantes, hambre y sueo,
Privilegio  poetas concedido.

Yo qued enfin dormido como un leo,
Llena la fantasia de mil cosas,
Que de contallas mi palabra empeo,
Por mas que sean en s dificultosas.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO VI.

De una de tres causas los ensueos
Se causan,  los sueos, que este nombre
Les dan los que del bien hablar son dueos.

Primera, de las cosas de que el hombre
Trata mas de ordinario: la segunda
Quiere la medicina que se nombre,

Del humor que en nosotros mas abunda.
Toca en revelaciones la tercera,
Que en nuestro bien mas que las dos redunda.

Dorm, y so, y el sueo la tercera
Causa le di principio suficiente,
A mezclar el ahito y la dentera.

Suea el enfermo,  quien la fiebre ardiente
Abrasa las entraas, que en la boca
Tiene de las que ha visto alguna fuente.

Y el labio al fugitivo cristal toca,
Y el dormido consuelo imaginado
Crece el deseo, y no la sed apoca.

Pelea el valentisimo soldado
Dormido, casi al modo que despierto
Se mostr en el combate fiero armado.

Acude el tierno amante  su concierto,
Y en la imaginacion dormido llega
Sin padecer borrasca  dulce puerto.

El corazon el avariento entrega
En la mitad del sueo  su tesoro,
Que el alma en todo tiempo no le niega.

Yo, que siempre guard el comun decoro
En las cosas dormidas y despiertas,
Pues no soy Troglodita ni soy Moro;

De par en par del alma abr las puertas,
Y dex entrar al sueo por los ojos
Con premisas de gloria y gusto ciertas.

Goc durmiendo quatro mil despojos,
Que los cont sin que faltase alguno,
De gustos que acudieron  manojos.

El tiempo, la ocasion, el oportuno
Lugar correspondian al efeto,
Juntos y por s solo cada uno.

Dos horas dorm, y mas  lo discreto,
Sin que imaginaciones ni vapores
El celebro tuviesen inquieto.

La suelta fantasia entre mil flores
Me puso de un pradillo, que exhalaba
De Pancaya y Sabea los olores.

El agradable sitio se llevaba
Tras s la vista que durmiendo, viva
Mucho mas que despierta se mostraba.

Palpable vi, mas no s si lo escriba,
Que  las cosas que tienen de imposibles,
Siempre mi pluma se ha mostrado esquiva.

Las que tienen vislumbre de posibles,
De dulces, de suaves y de ciertas
Explican mis borrones apacibles.

Nunca  disparidad abre las puertas
Mi corto ingenio, y hallalas contino
De par en par la consonancia abiertas.

Cmo puede agradar un desatino
Si no es que de proposito se hace,
Mostrandole el donaire su camino?

Que entonces la mentira satisface
Quando verdad parece, y est escrita
Con gracia, que al discreto y simple aplace.

Digo, volviendo al cuento, que infinita
Gente vi discurrir por aquel llano,
Con algazara placentera y grita:

Con habito decente y cortesano
Algunos,  quien di la hipocresia
Vestido pobre; pero limpio y sano.

Otros de la color que tiene el dia
Quando la luz primera se aparece
Entre las trenzas de la aurora fria.

La variada primavera ofrece
De sus varias colores la abundancia,
Con que  la vista el gusto alegre crece.

La prodigalidad, la exorbitancia
Campean juntas por el verde prado
Con galas que descubren su ignorancia.

En un trono del suelo levantado,
(Do el arte  la materia se adelanta
Puesto que de oro y de marfil labrado)

Una doncella v desde la planta
Del pie hasta la cabeza asi adornada,
Que el verla admira, y el oirla encanta.

Estaba en l con magestad sentada,
Giganta al parecer en la estatura,
Pero aunque grande, bien proporcionada.

Parecia mayor su hermosura
Mirada desde lejos, y no tanto
Si de cerca se ve su compostura.

Lleno de admiracion, colmo de espanto,
Puse en ella los ojos, y vi en ella
Lo que en mis versos desmayados canto.

Yo no sabr afirmar si era doncella,
Aunque he dicho que s, que en estos casos
La vista mas aguda se atropella.

Son por la mayor parte siempre escasos
De razon los juicios maliciosos
En juzgar rotos los enteros vasos.

Altaneros sus ojos y amorosos
Se mostraban con cierta mansedumbre,
Que los hacia en todo estremo hermosos.

Ora fuese artificio, ora costumbre,
Los rayos de su luz tal vez crecian,
Y tal vez daban encogida lumbre.

Dos ninfas  sus lados asistian,
De tan gentil donaire y apariencia,
Que miradas las almas suspendian.

De la del alto trono en la presencia
Desplegaban sus labios en razones,
Ricas en suavidad, pobres en ciencia.

Levantaban al cielo sus blasones,
Que estaban por ser pocos  ningunos,
Escritos del olvido en los borrones.

Al dulce murmurar, al oportuno
Razonar de las dos, la del asiento,
Que en belleza jamas le igual alguno,

Luego se puso en pie, y en un momento
Me pareci, que di con la cabeza
Mas all de las nubes, y no miento:

Y no perdi por esto su belleza,
Antes mientras mas grande, se mostraba
Igual su perfecion  su grandeza:

Los brazos de tal modo dilataba,
Que de do nace adonde muere el dia
Los opuestos estremos alcanzaba.

La enfermedad llamada hidropesia
Asi le hincha el vientre, que parece
Que todo el mar caber en l podia.

Al modo destas partes asi crece
Toda su compostura, y no por esto,
Qual dixe, su hermosura desfallece.

Yo atonito esperaba ver el resto
De tan grande prodigio, y diera un dedo
Por saber la verdad segura, y presto.

Uno, y no sabr quien, bien claro y quedo
Al oido me habl, y me dixo: espera,
Que yo decirte lo que quieres puedo.

Esta que ves, que crece de manera,
Que apenas tiene ya lugar do quepa,
Y aspira en la grandeza  ser primera:

Esta que por las nube sube y trepa
Hasta llegar al cerco de la luna
(Puesto que el modo de subir no sepa.)

Es la que confiada en su fortuna
Piensa tener de la inconstante rueda
El exe quedo, y sin mudanza alguna.

Esta que no halla mal que le suceda,
Ni le teme atrevida y arrogante,
Prodiga siempre, venturosa y leda:

Es la que con disignio extravagante
Di en crecer poco  poco hasta ponerse
Qual ves en estatura de gigante.

No dexa de crecer por no atreverse
A emprender las hazaas mas notables,
Adonde puedan sus estremos verse.

No has oido decir los memorables
Arcos, anfiteatros, templos, baos,
Termas, porticos, muros admirables:

Que  pesar y despecho de los aos,
Aun duran sus reliquias y entereza,
Haciendo al tiempo y  la muerte engao?

Yo, respondi por m, ninguna pieza
Desas que has dicho, dexo de tenella
Clavada y remachada en la cabeza.

Tengo el sepulcro de la viuda bella,
Y el Coloso de Rodas alli junto,
Y la lanterna que sirvi de estrella.

Pero vengamos de quien es al punto
Esta, que lo deseo. Harse luego,
Me respondi la voz en baxo punto.

Y prosigui, diciendo:  no estar ciego
Huvieras visto ya quien es la dama:
Pero enfin tienes el ingenio lego.

Esta que hasta los cielos se encarama
Preada, sin saber como, del viento,
Es hija del deseo y de la fama.

Esta fue la ocasion y el instrumento
En todo y parte de que el mundo viese
No siete marabillas, sino ciento.

Corto numero es ciento: aunque dixese
Cien mil y mas millones, no imagines,
Que en la cuenta del numero excediese.

Esta conduxo  memorables fines,
Edificios que asientan en la tierra,
Y tocan de las nubes los confines.

Esta tal vez ha levantado guerra,
Donde la paz suave reposaba
Que en limites estrechos no se encierra.

Quando muri en las llamas, abrasaba
El atrevido fuerte brazo y fiero,
Esta el incendio horrible resfriaba.

Esta arroj al Romano caballero
En el abismo de la ardiente cueva,
De limpio armado, y de luciente azero.

Esta tal vez con marabilla nueva,
(De su ambiciosa condicion llevada)
Mil imposibles atrevida prueba.

Desde la ardiente Libia hasta la helada
Citia lleva la fama su memoria,
En grandiosas obras dilatada.

Enfin ella es la altiva vanagloria,
Que en aquellas hazaas se entremete,
Que llevan de los siglos la vitoria.

Ella misma  s misma se promete
Triunfos y gustos, sin tener asida
A la calva ocasion por el copete.

Su natural sustento, su bebida,
Es aire, y asi crece en un instante
Tanto, que no hay medida  su medida.

Aquellas dos del placido semblante
Que tiene  sus dos lados, son aquellas
Que sirven  la maquina de Atlante.

Su delicada voz, sus luces bellas,
Su humildad aparente, y las lozanas
Razones, que el amor se cifra en ellas,

Las hacen mas divinas que no humanas,
Y son, (con paz escucha y con paciencia)
La adulacion y la mentira hermanas.

Estas estn contino en su presencia,
Palabras ministrandole al oido,
Que tienen de prudentes aparencia.

Y ella qual ciega del mejor sentido,
No ve que entre las flores de aquel gusto,
El aspid ponzooso est escondido.

Y asi arrojada con deseo injusto
En cristalino vaso prueba y bebe
El veneno mortal, sin ningun susto.

Quien mas presume de advertido, pruebe
A dexarse adular, ver quan presto
Pasa su gloria como el viento leve.

Esto escuch: y en escuchando aquesto,
Di un estampido tal la gloria vana,
Que di  mi sueo fin dulce y molesto.

Y en esto descubrise la maana,
Vertiendo perlas y esparciendo flores,
Lozana en vista, y en virtud lozana.

Los dulces pequeuelos ruiseores
Con cantos no aprendidos le decian
Enamorados della mil amores.

Los silgueros el canto repetian,
Y las diestras calandrias entonaban
La musica, que todos componian.

Unos del esquadron priesa se daban,
Porque no los hallase el dios del dia
En los forzosos actos en que estaban.

Y luego se asom su seoria,
Con una cara de tudesco roja,
Por los balcones de la aurora fria.

En parte gorda, en parte flaca y floja,
Como quien teme el esperado trance,
Donde verse vencido se le antoja.

En propio toledano y buen romance
Les di los buenos dias cortesmente,
Y luego se aprest al forzoso lance.

Y encima de un peasco puesto enfrente
Del esquadron, con voz sonora y grave
Esta oracion les hizo de repente.

O espiritus felices, donde cabe
La gala del decir, la sutileza
De la ciencia mas docta que se sabe!

Donde en su propia natural belleza
Asiste la hermosa poesia
Entera de los pies  la cabeza!

No consintais por vida vuestra y mia,
(Mirad con que llaneza Apolo os habla)
Que triunfe esta canalla que porfia.

Esta canalla digo que se endiabla,
Que por darles calor su muchedumbre,
Ya su ruina,  ya la nuestra entabla.

Vosotros de mis ojos gloria y lumbre,
Faroles do mi luz de asiento mora,
Ya por naturaleza,  por costumbre,

Haveis de consentir que esta embaidora,
Hipocrita gentalla se me atreva,
De tantas necedades inventora?

Haced famosa y memorable prueba
De vuestro gran valor en este hecho,
Que  su castigo y vuestra gloria os lleva.

De justa indignacion armad el pecho,
Acometed intrepidos la turba,
Ociosa, vagamunda, y sin provecho.

No se os d nada, no se os d una burba,
(Moneda Berberisca, vil y baxa)
De aquesta gente, que la paz nos turba.

El son de mas de una templada caja,
Y el del pifaro triste y la trompeta,
Que la colera sube, y flema abaxa;

Asi os incite con virtud secreta,
Que despierte los animos dormidos
En la facion que tanto nos aprieta.

Y retumba, ya llega  mis oidos
Del esquadron contrario el rumor grande,
Formado de confusos alaridos.

Ya es menester, sin que os lo ruegue,  mande,
Que cada qual como guerrero experto,
sin que por su capricho se desmande,

La orden guarde y militar concierto,
Y acuda  su deber como valiente
Hasta quedar,  vencedor  muerto.

En esto por la parte de poniente
Pareci el escuadron casi infinito
De la barbara, ciega, y pobre gente.

Alzan los nuestros al momento un grito
Alegre, y no medroso; y gritan, arma,
Arma resuena todo aquel distrito;
Y aunque mueran, correr quieren al arma.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO VII.

Tu, Beligera musa, t, que tienes
La voz de bronce, y de metal la lengua,
Quando  cantar del fiero Marte vienes:

T, por quien se aniquila siempre y mengua
El gran genero humano: t, que puedes
Sacar mi pluma de ignorancia, y mengua:

Tu, mano rota, y larga de mercedes;
Digo en hacellas: una aqui te pido,
(Que no har que menos rica quedes.)

La soberbia y maldad, el atrevido
Intento de una gente mal mirada
Ya se descubre con mortal ruido.

Dame una voz al caso acomodada,
Una sotil y bien cortada pluma,
No de aficion, ni de pasion llevada.

Para que pueda referir en suma
Con purisimo y nuevo sentimiento,
Con verdad clara, y entereza suma,

El contrapuesto y desigual intento
De uno y otro esquadron, que ardiendo en ira,
Sus vanderas descoge al vago viento.

El del vando catolico, que mira
Al falso y grande al pie del monte puesto,
Que de subir al alta cumbre aspira;

Con paso largo, y ademan compuesto,
Todo el monte coronan, y se ponen
A la furia, que en loca ha echado el resto.

Las ventajas tantean, y disponen
Los animos valientes al asalto,
En quien su gloria y su venganza ponen.

De rabia lleno y de paciencia falto
Apolo su bellisimo estandarte
Mand al momento levantar en alto.

Arbolole un MARQUES, que el propio Marte
Su briosa presencia representa
Naturalmente, sin industria y arte.

Poeta celeberrimo y de cuenta,
Por quien, y en quien Apolo soberano
Su gloria y gusto, y su valor aumenta.

Era la insinia un cisne hermoso y cano,
Tan al vivo pintado, que dixeras,
La voz despide alegre al aire vano.

Siguen al estandarte sus vanderas
De gallardos alfereces llevadas,
Honrosas por no estar todas enteras.

Las cajas  lo belico templadas
Al milite mas tardo vuelven presto,
De voces de metal acompaadas.

GERONIMO DE MORA lleg en esto,
Pintor excelentisimo y poeta,
Apeles y Virgilio en un supuesto:

Y con la autoridad de una gineta,
(Que de ser capitan le daba nombre)
Al caso acude y  la turba aprieta.

Y porque mas se turbe, y mas se asombre
El enemigo desigual y fiero
Lleg el gran BIEDMA de inmortal renombre.

Y con l GASPAR DE AVILA, primero
Sequz de Apolo,  cuyo verso y pluma,
Iciar puede envidiar, temer Sincero.

Lleg JUAN DE MEZTANZA, cifra y suma
De tanta erudicion, donaire y gala,
Que no hay muerte, ni edad que la consuma.

Apolo le arranc de Guatimala,
Y le truxo en su ayuda para ofensa
De la canalla en todo estremo mala.

Hacer milagros en el trance piensa
CEPEDA, y acompaale MEGIA,
Poetas dinos de alabanza inmensa.

Clarisimo esplendor de Andalucia,
Y de la Mancha el sin igual GALINDO
Lleg con magestad y bizarria.

De la alta cumbre del famoso Pindo
Baxaron tres bizarros Lusitanos
(A quien mis alabanzas todas rindo.)

Con prestos pies y con valientes manos
Con FERNANDO CORREA DE LA CERDA,
Pis RODRIGUEZ LOBO monte y llanos.

Y porque Febo su razon no pierda
El grande DON ANTONIO DE ATAIDE
Lleg con furia alborotada y cuerda.

Las fuerzas del contrario ajusta y mide
Con las suyas Apolo, y determina
Dar la batalla, y la batalla pide.

El ronco sn de mas de una bocina,
Instrumento de caza y de la guerra,
De Febo  los oidos se avecina.

Tiembla debaxo de los pies la tierra
De infinitos poetas oprimida,
Que dan asalto  la sagrada sierra.

El fiero general de la atrevida
Gente, que trae un cuervo en su estandarte,
Es ARBOLANCHES, muso por la vida.

Puestos estaban en la baxa parte,
Y en la cima del monte, frente  frente
Los campos de quien tiembla el mismo Marte:

Quando una, al parecer discreta gente,
Del catolico vando al enemigo
Se pas, como en numero de veinte.

Yo con los ojos su carrera sigo,
Y viendo el paradero de su intento,
Con voz turbada al sacro Apolo digo:

Qu prodigio es aqueste? qu portento?
O por mejor decir, qu mal aguero,
Que asi me corta el brio y el aliento?

Aquel trnsfuga que parti primero,
No solo por poeta le tenia,
Pero tambien por bravo churrullero.

Aquel ligero que tras l corria,
En mil corrillos en Madrid le he visto
Tiernamente hablar en la poesia.

Aquel tercero que parti tan listo,
Por satirico, necio, y por pesado
S que de todos fue siempre mal quisto.

No puedo imaginar como ha llevado
Mercurio estos poetas en su lista.
Yo fui, respondi Apolo, el engaado;

Que de su ingenio la primera vista
Indicios descubri que serian buenos
Para facilitar esta conquista.

Seor, repliqu yo, crei que agenos
Eran de las deidades los engaos,
Digo, engaarse en poco mas ni menos.

La prudencia que nace de los aos,
Y tiene por maestra la experiencia,
Es la deidad que advierte destos daos.

Apolo respondi: por mi conciencia,
Que no te entiendo, algo turbado y triste
Por ver de aquellos veinte la insolencia.

Tu, SARDO militar LOFRASO, fuiste
Uno de aquellos barbaros corrientes,
Que del contrario el numero creciste.

Mas no por esta mengua los valientes
Del esquadron catolico temieron,
Poetas madrigados y excelentes.

Antes tanto corage concibieron
Contra los fugitivos corredores,
Que riza en ellos y matanza hicieron.

O falsos y malditos trobadores,
Que pasais plaza de poetas sabios,
Siendo la hez de los que son peores.

Entre la lengua, paladar y labios
Anda contino vuestra poesia,
Haciendo  la virtud cien mil agravios.

Poetas de atrevida hipocresia,
Esperad, que de vuestro acabamiento
Ya se ha llegado el temeroso dia.

De las confusas voces el concento
Confuso por el aire resonaba
De espesas nubes condensando en viento.

Por la falda del monte gateaba
Una tropa poetica, aspirando
A la cumbre que bien guardada estaba.

Hacian hincapie de quando en quando,
Y con hondas de estallo y con ballestas
Iban libros enteros disparando.

No del plomo encendido las funestas
Balas, pudieran ser daosas tanto,
Ni al disparar pudieran ser mas prestas.

Un libro mucho mas duro que un canto
A JUSEPE DE VARGAS di en las sienes,
Causandole terror, grima y espanto.

Grit, y dixo  un soneto: t, que vienes
De satirica pluma disparado,
Porqu el infame curso no detienes?

Y qual perro con piedras irritado,
Que dexa al que las tira, y va tras ellas,
Qual si fueran la causa del pecado,

Entre los dedos de sus manos bellas
Hizo pedazos al soneto altivo,
Que amenazaba al sol y  las estrellas.

Y dixole Cilenio:  rayo vivo
Donde la justa indignacion se muestra
En un grado y valor superlativo,

La espada toma en la temida diestra,
Y arrojate valiente y temerario
Por esta parte que el peligro adiestra.

En esto del tamao de un breviario
Volando un libro por el aire vino,
De prosa y verso que arroj el contrario.

De verso y prosa el puro desatino
Nos di  entender que de ARBOLANCHES eran
Las Avidas pesadas de contino.

Unas Rimas llegaron, que pudieran
Desbaratar el esquadron christiano,
Si acaso vez segunda se imprimieran.

Dile  Mercurio en la derecha mano
Una satira antigua licenciosa,
De estilo agudo, pero no mui sano.

De una intricada y mal compuesta prosa,
De un asunto, sin jugo y sin donaire,
Quatro Novelas dispar PEDROSA.

Silvando recio, y desgarrando el aire,
Otro libro lleg de rimas solas
Hechas al parecer como al desgaire.

Vilas Apolo y dixo, quando vilas:
Dios perdone  su autor, y  m me guarde
De algunas Rimas sueltas espaolas.

Lleg EL PASTOR DE IBERIA, aunque algo tarde,
Y derrib catorce de los nuestros,
Haciendo de su ingenio y fuerza alarde.

Pero dos valerosos, dos maestros,
Dos lumbreras de Apolo, dos soldados,
Unicos en hablar, y en obrar diestros:

Del monte puestos en opuestos lados
Tanto apretaron  la turba multa,
Que volvieron atras los encumbrados.

Es GREGORIO DE ANGULO el que sepulta
La canalla, y con l PEDRO DE SOTO,
De prodigioso ingenio, y vena culta.

Doctor aquel, estotro unico y doto
Licenciado, de Apolo ambos sequaces
Con raras obras y animo devoto.

Las dos contrarias indignadas haces
Ya miden las espadas, ya se cierran
Duras en su teson y pertinaces.

Con los dientes se muerden y se aferran
Con las garras, las fieras imitando,
Que toda piedad de s destierran.

Haldeando venia, y trasudando
El autor de LA PICARA JUSTINA,
Capellan lego del contrario vando.

Y qual si fuera de una culebrina
Dispar de sus manos su librazo,
Que fue de nuestro campo la ruina.

Al buen TOMAS GRACIAN manc de un brazo,
A MEDINILLA derrib una muela,
Y le llev de un muslo un gran pedazo.

Una despierta nuestra centinela
Grit: todos abaxen la cabeza,
Que dispara el contrario otra Novela.

Dos pelearon una larga pieza,
Y el uno al otro con instancia loca
De un embion, con arte y con destreza,

Seis seguidillas le encaj en la boca,
Con que le hizo vomitar el alma
Que sali libre de su estrecha roca.

De la furia el ardor, del sol la calma
Tenia en duda de una, y otra parte
La vencedora y pretendida palma.

Del cuervo en esto el lobrego estandarte
Cede al del cisne, porque vino al suelo
Pasado el corazon de parte  parte.

Su alferez, que era un ANDALUZ mozuelo
Trobador repentista, que subia
Con la soberbia mas all del cielo,

Helosele la sangre que tenia,
Murise quando vi que muerto estaba
La turba pertinaz en su porfia.

Puesto que ausente el gran LUPERCIO estaba
Con un solo soneto suyo hizo
Lo que de su grandeza se esperaba.

Descuadern, desencaj, deshizo
Del opuesto esquadron catorce hileras,
Dos criollos mat, hiri un mestizo.

De sus sabrosas burlas y sus veras
El magno CORDOVES un cartapacio
Dispar, y aterr quatro vanderas.

Daba ya indicios de cansado y lacio
El brio de la barbara canalla,
Peleando mas flojo y mas despacio.

Mas renovse la fatal batalla
Mezclandose los unos con los otros,
Ni vale arnes, ni presta dura malla,

Cinco melifluos sobre cinco potros
Llegaron, y envistieron por un lado,
Y llevaronse cinco de nosotros.

Cada qual como moro ataviado,
Con mas letras y cifras, que una carta
De Principe enemigo y recatado.

De romances moriscos una sarta,
Qual si fuera de balas enramadas,
Llega con furia y con malicia harta.

Y  no estar dos esquadras avisadas
De las nuestras del recio tiro y presto,
Era fuerza quedar desbaratadas.

Quiso Apolo indignado echar el resto
De su poder y de su fuerza sola,
Y dar al enemigo fin molesto.

Y una sacra cancion, donde acrisola
Su ingenio, gala, estilo y bizarria
BARTOLOME LEONARDO DE ARGENSOLA,

Qual si fuera un petrarte Apolo envia,
Adonde est el teson mas apretado,
Mas dura, y mas furiosa la porfia.

_Quando me paro  contemplar mi estado_
Comienza la cancion, que Apolo pone
En el lugar mas noble y levantado.

Todo lo mira, todo lo dispone
Con ojos de Argos, manda, quita y veda,
Y del contrario  todo ardid se opone.

Tan mezclados estn, que no hay quien pueda
Discernir qual es malo,  qual es bueno,
Qual es GARCILASISTA,  TIMONEDA.

Pero un mancebo de ignorancia ageno,
Grande escudriador de toda historia,
Rayo en la pluma, y en la voz un trueno,

Lleg, tan rica el alma de memoria,
De sana voluntad y entendimiento,
Que fue de Febo y de las musas gloria.

Con este acelerose el vencimiento,
Porque supo decir: este merece
Gloria, pero aquel no, sino tormento.

Y como ya con distincion parece
El justo y el injusto combatiente,
El gusto al paso de la pena crece.

T PEDRO MANTUANO el excelente,
Fuiste quien distingui de la confusa
Maquina el que es cobarde del valiente.

JULIAN DE ALMENDARIZ no reusa,
Puesto que lleg tarde, en dar socorro
Al rubio Delio con su ilustre musa.

Por las rucias que peino, que me corro
De ver que las comedias endiabladas
Por divinas se pongan en el corro.

Y  pesar de las limpias y atildadas
Del comico mejor de nuestra Esperia
Quieren ser conocidas y pagadas.

Mas no ganaron mucho en esta feria,
Porque es discreto el vulgo de la corte,
Aunque le toca la comun miseria.

De llano no le deis, dadle de corte,
Estancias Polifemas, al poeta
Que no os tuviere por su guia y norte.

Inimitables sois, y  la discreta
Gala que descubris en lo escondido,
Toda elegancia puede estar sugeta.

Con estas municiones el partido
Nuestro se mejor de tal manera,
Que el contrario se tuvo por vencido.

Cay su presuncion soberbia y fiera,
Derrumbanse del monte abaxo quantos
Presumieron subir por la ladera,

La voz prolija de sus roncos cantos
El mal suceso con rigor la vuelve
En interrotos y funestos llantos.

Tal huvo, que cayendo se resuelve
De asirse de una zarza  cabrahigo,
Y en llanto  lo de Ovidio se disuelve.

Quatro se arracimaron  un quejigo
Como enjambre de abejas desmandada,
Y le estimaron por el lauro amigo.

Otra quadrilla virgen por la espada
Y adultera de lengua, di la cura
A sus pies de su vida almidonada.

BARTOLOME llamado DE SEGURA
El toque casi fue del vencimiento,
Tal es su ingenio, y tal es su cordura.

Reson en esto por el vago viento
La voz de la vitoria repetida
Del numero escogido en claro acento.

La miserable, la fatal caida
De las musas del limpio tagarete
Fue largos siglos con dolor plaida.

A la parte del llanto (ay me!) se mete
Zapardiel famoso por su pesca,
Sin que un pequeo instante se quiete.

La voz de la vitoria se refresca,
Vitoria suena aqui, y alli vitoria,
Adquirida por nuestra soldadesca,
Que canta alegre la alcanzada gloria.


VIAGE AL PARNASO.

CAPITULO VIII.

Al caer de la maquina excesiva
Del esquadron poetico arrogante
Que en su no vista muchedumbre estriba:

Un poeta, mancebo y estudiante,
Dixo: caipaciencia, que algun dia
Ser la nuestra, mi valor mediante.

De nuevo afilar la espada mia,
Digo mi pluma, y cortar de suerte
Que d nueva excelencia  la porfia.

Que ofrece la comedia, si se advierte,
Largo campo al ingenio, donde pueda
Librar su nombre del olvido y muerte.

Fue desto exemplo JUAN DE TIMONEDA,
Que con solo imprimir se hizo eterno
Las comedias del gran LOPE DE RUEDA.

Cinco vuelcos dar en el propio infierno
Por hacer recitar una que tengo
Nombrada: _El Gran Bastardo de Salerno_.

Guarda Apolo, que baxa guarde rengo
El golpe de la mano mas gallarda
Que ha visto el tiempo en su discurso luengo.

En esto el claro sn de una bastarda
Alas pone en los pies de la vencida
Gente del mundo perezosa y tarda.

Con la esperanza del vencer perdida
No hay quien no atienda con ligero paso,
Si no  la honra,  conservar la vida.

Desde las altas cumbres de Parnaso
De un salto uno se puso en Guadarrama,
Nuevo, no visto, y verdadero caso.

Y al mismo paso la parlera fama
Cundi del vencimiento la alta nueva,
Desde el claro Caistro hasta Jarama.

Llor la gran vitoria el turbio Esgueva,
Pisuerga la ri, rila Tajo,
Que en vez de arena granos de oro lleva.

Del cansancio, del polvo, y del trabajo
Las rubicundas hebras de Timbreo
Del color se pararon de oro baxo.

Pero viendo cumplido su deseo,
Al son de la guitarra Mercuriesca
Hizo de la gallarda un gran paseo.

Y de Castalia en la corriente fresca
El rostro se lav, y qued luciente
Como de acero la segur Turquesca.

Pulise luego, y adorn su frente
De magestad mezclada con dulzura,
Indicios claros del placer que siente.

Las reynas de la humana hermosura
Salieron de do estaban retiradas,
Mientras duraba la contienda dura:

Del arbol siempre verde coronadas,
Y enmedio la divina Poesia,
Todas de nuevas galas adornadas.

MELPOMENE, TERSICORE, Y TALIA,
POLIMNIA, URANIA, ERATO, EUTERPE, Y CLIO,
Y CALIOPE, hermosa en demasia

Muestran ufanas su destreza y brio,
Tegiendo una entricada y nueva danza
Al dulce son de un instrumento mio.

Mio, no dixe bien, ment  la usanza
Del que dice propios los agenos
Versos, que son mas dinos de alabanza.

Los anchos prados, y los campos llenos
Estn de las esquadras vencedoras,
(Que siempre van  mas, y nunca  menos)

Esperando de ver de sus mejoras
El colmo con los premios merecidos
Por el sudor y aprieto de seis horas.

Piensan ser los llamados escogidos
Todos  premios de grandeza aspiran,
Tienense en mas de lo que son tenidos:

Ni  calidades, ni riquezas miran,
A su ingenio se atiene cada uno,
Y si hay quatro que acierten, mil deliran.

Mas Febo, que no quiere que ninguno
Quede quexoso dl, mand  la Aurora,
Que vaya, y coja _in tempore oportuno_

De las faldas floriferas de Flora
Quatro tabaques de purpureas rosas,
Y seis de perlas de las que ella llora.

Y de las nueve por estremo hermosas
Las coronas pidi, y al darlas ellas
En nada se mostraron perezosas.

Tres,  mi parecer, de las mas bellas
A Partenope s que se enviaron,
Y fue Mercurio el que parti con ellas.

Tres sugetos las otras coronaron
Alli en el mesmo monte peregrinos,
Con que su patria y nombre eternizaron.

Tres cupieron  Espaa, y tres divinos
Poetas se adornaron la cabeza,
De tanta gloria justamente dinos.

La envidia, monstruo de naturaleza,
Maldita, y carcomida, ardiendo en saa
A murmurar del sacro dn empieza.

Dixo: ser posible que en Espaa
Haya nueve poetas laureados?
Alta es de Apolo, pero simple hazaa.

Los demas de la turba defraudados
Del esperado premio, repetian
Los himnos de la envidia mal cantados.

Todos por laureados se tenian
En su imaginacion antes del trance,
Y al cielo quejas de su agravio envian.

Pero ciertos poetas de romance
Del generoso premio hacer esperan
A despecho de Febo presto alcance.

Otros, aunque latinos, desesperan
De tocar del laurel solo una hoja,
Aunque del caso en la demanda mueran.

Vengase menos el que mas se enoja,
Y alguno se toc sienes y frente,
Que de estar coronado se le antoja.

Pero todo deseo impertinente
Apolo resfri, premiando  quantos
Poetas tuvo el esquadron valiente.

De rosas, de jazmines y amarantos
Flora le present cinco cestones,
Y la Aurora de perlas otros tantos.

Estos fueron, letor dulce, los dones
Que Delio reparti con larga mano
Entre los poetisimos varones.

Quedando alegre cada qual, y ufano
Con un puo de perlas y una rosa,
Estimando el premio sobrehumano.

Y porque fuese mas marabillosa
La fiesta y regocijo, que se hacia
Por la vitoria insigne y prodigiosa,

La buena, la importante Poesia
Mand traer la bestia, cuya pata
Abri la fuente de Castalia fria.

Cubierta de finisima escarlata,
Un lacayo la truxo en un instante,
Tascando un freno de bruida plata.

Envidiarle pudiera Rocinante
Al gran Pegaso de presencia brava,
Y aun Billadoro el del seor de Anglante.

Con no s quantas alas adornaba
Manos y pies, indicio manifiesto,
Que en ligereza al viento aventajaba.

Y por mostrar quan agil y quan presto
Era, se alz del suelo quatro picas,
Con un denuedo y ademan compuesto.

T, que me escuchas, si el oido aplicas
Al dulce cuento deste gran Viage,
Cosas nuevas oiras de gusto ricas.

Era del bel troton todo el herrage
De durisima plata diamantina,
Que no recibe del pisar ultrage.

De la color que llaman columbina,
De raso en una funda trae la cola,
Que suelta con el suelo se avecina.

Del color del carmin  de amapola
Eran sus clines y su cola gruesa,
Ellas solas al mundo, y ella sola.

Tal vez anda despacio, y tal  priesa,
Vuela tal vez, y tal hace corbetas,
Tal quiere relinchar, y luego cesa.

Nueva felicidad de los poetas!
Unos sus escrementos recogian
En dos de cuero grandes barjuletas.

Pregunt, para qu lo tal hacian?
Respondime Cilenio  lo vellaco
Con no s que vislumbres de ironia:

Esto que se recoge, es el tabaco,
Que  los vaguidos sirve de cabeza
De algun poeta de celebro flaco.

Urania de tal modo lo adereza,
Que puesto  las narices del doliente,
Cobra salud, y vuelve  su entereza.

Un poco entonces arrugu la frente,
Ascos haciendo del remedio estrao,
Tan de los ordinarios diferente.

Recibes, dixo Apolo, amigo, engao.
Leyome el pensamiento. Este remedio
De los vaguidos cura, y sana el dao.

No come este rocin lo que en asedio
Duro y penoso comen los soldados,
Que estn entre la muerte y hambre en medio.

Son deste tal los piensos regalados,
Ambar y almizcle entre algodones puesto,
Y bebe del rocio de los prados.

Tal vez le damos de almidon un cesto,
Tal de algarrobas con que el vientre llena,
Y no se estrie, ni se va por esto.

Sea, le respondi, muy norabuena,
Tieso estoy de celebro por ahora,
Vaguido alguno no me causa pena.

La nuestra en esto universal seora,
Digo la poesia verdadera,
Que con Timbreo y con las musas mora,

En vestido subcinto  la ligera
El monte discurri, y abraz  todos,
Hermosa sobre modo, y placentera.

O sangre vencedora de los Godos!
Dixo: de aqui adelante ser tratada
Con mas suaves y discretos modos

Espero ser, y siempre respetada
Del ignorante vulgo que no alcanza,
Que puesto que soy pobre, soy honrada.

Las riquezas os dexo en esperanza,
Pero no en posesion, premio seguro
Que al reyno aspira de la inmensa holganza.

Por la belleza deste monte os juro,
Que quisiera al mas minimo entregalle
Un privilegio de cien mil de juro.

Mas no produce minas este valle,
Aguas s, salutiferas y buenas,
Y monas que de cisnes tienen talle.

Volved  ver,  amigos, las arenas
Del aurifero Tajo en paz segura,
Y en dulces horas de pesar agenas.

Que esta inaudita hazaa os asegura
Eterno nombre, entanto que d Febo
Al mundo aliento, y luz serena y pura.

O marabilla nueva,  caso nuevo,
Digno de admiracion que cause espanto,
Cuya estraeza me admir de nuevo!

Morfeo, el dios del sueo por encanto
Alli se apareci; cuya corona
Era de ramos de beleo santo.

Flogisimo de brio y de persona,
De la pereza torpe acompaado,
Que no le dexa  visperas, ni  nona.

Traia al silencio  su derecho lado,
El descuido al siniestro, y el vestido
Era de blanda lana fabricado.

De las aguas que llaman del olvido,
Traia un gran caldero, y de un hisopo
Venia como aposta, prevenido.

Asa  los poetas por el hopo,
Y aunque el caso los rostros les volvia
En color encendida de piropo,

El nos baaba con el agua fria,
Causandonos un sueo de tal suerte,
Que dormimos un dia y otro dia.

Tal es la fuerza del licor, tan fuerte
Es de las aguas la virtud, que pueden
Competir con los fueros de la muerte.

Hace el ingenio alguna vez que queden
Las verdades sin credito ninguno,
Por ver que  toda contingencia exceden.

Al despertar del sueo asi importuno,
Ni vi monte, ni monta, dios, ni diosa,
Ni de tanto poeta vide alguno.

Por cierto estraa y nunca vista cosa,
Despavil la vista, y parecime
Verme en medio de una ciudad famosa.

Admiracin y grima el caso dime,
Torn  mirar, porque el temor  engao
No de mi buen discurso el paso tome.

Y dixeme  mi mismo: no me engao.
Esta ciudad es Napoles la ilustre,
Que yo pis sus ruas mas de un ao:

De Italia gloria, y aun del mundo lustre,
Pues de quantas ciudades l encierra,
Ninguna puede haver que asi le ilustre.

Apacible en la paz, dura en la guerra,
Madre de la abundancia y la nobleza,
De Eliseos campos, y agradable sierra;

Si vaguidos no tengo de cabeza,
Pareceme que est mudada en parte
De sitio, aunque en aumento de belleza.

Qu teatro es aquel donde reparte
Con l quanto contiene de hermosura,
La gala, la grandeza, industria y arte?

Sin duda el sueo en mis palpebras dura,
Porque este es edificio imaginado,
Que excede  toda humana compostura.

Llegose en esto  m disimulado
Un mi amigo, llamado Promontorio,
Mancebo en dias, pero gran soldado.

Creci la admiracion viendo notorio
Y palpable, que en Napoles estaba,
Espanto  los pasados acesorio.

Mi amigo tiernamente me abrazaba,
Y con tenerme entre sus brazos, dixo:
Que del estar yo alli mucho dudaba.

Llamme padre, y yo llamele hijo.
Qued con esto la verdad en punto,
Que aqui puede llamarse punto fijo.

Dixome Promontorio: yo barrunto,
Padre, que algun gran caso  vuestras canas
Las trae tan lejos ya semidifunto.

En mis horas mas frescas y tempranas
Esta tierra habit, hijo, le dixe,
Con fuerzas mas briosas y lozanas.

Pero la voluntad que  todos rige,
Digo el querer del cielo, me ha traido
A parte que me alegra mas que aflige.

Dixera mas, sino que un gran ruido
De pifaros, clarines y tambores
Me azor el alma, y alegr el oido.

Volv la vista al sn, vi los mayores
Aparatos de fiesta que vi Roma
En sus felices tiempos, y mejores.

Dixo mi amigo: Aquel, que ves que asoma
Por aquella montaa contrahecha,
Cuyo brio al de Marte oprime y doma,

Es un alto sugeto, que deshecha
Tiene  la envidia en rabia, porque pisa
De la virtud la senda mas derecha.

De gravedad y condicion tan lisa,
Que suspende y alegra  un mismo instante,
Y con su aviso al mismo aviso avisa.

Mas quiero antes que pases adelante
En ver lo que vers si estas atento,
Darte del caso relacion bastante.

Ser DON JUAN DE TASIS de mi cuento
Principio, porque sea memorable,
Y lleguen mis palabras  mi intento.

Este varon en liberal notable,
Que una mediana Villa le hace Conde,
Siendo rey en sus obras admirable.

Este, que sus haberes nunca esconde,
Pues siempre los reparte,  los derrama,
Ya sepa adonde,  ya no sepa adonde:

Este,  quien tiene tan en fil la fama,
Puesta la alteza de su nombre claro,
Que liberal y prodigo le llama:

Quiso prodigo aqui, y alli no avaro,
Primer mantenedor ser de un torneo,
Que  fiestas sobrehumanas le comparo.

Responden sus grandezas al deseo
Que tiene de mostrarse alegre, viendo
De Espaa y Francia el regio himeneo.

Y este que escuchas, duro, alegre estruendo,
Es seal que el torneo se comienza,
Que admira por lo rico y estupendo.

Arqumedes el grande se averguenza
De ver que este teatro milagroso
Su ingenio apoque, y  sus trazas venza.

Digo pues que el mancebo generoso,
Que alli deciende de encarnado y plata,
Sobre todo mortal curso brioso,

Es el CONDE DE LEMOS, que dilata
Su fama con sus obras por el mundo,
Y que lleguen al cielo en tierra trata:

Y aunque sale el primero, es el segundo
Mantenedor, y en buena cortesia
Esta ventaja califico y fundo.

El DUQUE DE NOCERA, luz y guia
Del arte militar, es el tercero
Mantenedor de este festivo dia.

El quarto, que pudiera ser primero,
Es DE SANTELMO el fuerte CASTELLANO,
Que al mesmo Marte en el valor prefiero.

El quinto es otro Eneas el Troyano,
Arrociolo, que gana en ser valiente
Al que fue verdadero, por la mano.

El gran concurso y numero de gente
Estorb que adelante prosiguiese
La comenzada relacion prudente.

Por esto le ped que me pusiese
Adonde sin ningun impedimento
El gran progreso de las fiestas viese.

Porque luego me vino al pensamiento
De ponerlas en verso numeroso,
Favorecido del Febeo aliento.

Hizolo asi, y yo vi lo que no oso
Pensar, no que decir, que aqui se acorta
La lengua y el ingenio mas curioso.

Que se pase en silencio es lo que importa,
Y que la admiracion supla esta falta
El mesmo grandioso caso exrta.

Puesto que despues supe que con alta
Magnifica elegancia y milagrosa,
Donde ni sobra punto ni le falta,

El curioso DON JUAN DE OQUINA en prosa
La puso, y di  la estampa para gloria
De nuestra edad, por esto venturosa.

Ni en fabulosa,  verdadera historia
Se halla que otras fiestas hayan sido,
Ni puedan ser mas dignas de memoria.

Desde alli, y no s como, fui traido
Adonde vi al gran DUQUE DE PASTRANA
Mil parabienes dar de bien venido:

Y que la fama en la verdad ufana
Contaba que agrad con su presencia,
Y con su cortesia sobrehumana:

Que fue nuevo Alexandro en la excelencia
Del dar, que satisfizo  todo quanto
Puede mostrar real magnificencia:

Colm de admiracion, llen de espanto.
Entr en Madrid en trage de romero,
Que es grangeria el parecer ser santo.

Y desde lexos me quit el sombrero
El famoso ACEVEDO, y dixo:  Dio,
Voi siate il ben venuto, cabaliero;

So parlar Zenoese, & Tusco anchio.
Y respondi: la vostra signoria
Sia la ben trovata, patron mio.

Top  LUIS VELEZ, lustre y alegria,
Y discrecion del trato cortesano,
Y abracle en la calle  medio dia.

El pecho, el alma, el corazon, la mano
Di  PEDRO DE MORALES y un abrazo,
Y alegre recebi  JUSTINIANO.

Al volver de una esquina sent un brazo
Que el cuello me ceia, mir cuyo,
Y mas que gusto me caus embarazo:

Por ser uno de aquellos (no rehuyo
Decirlo) que al contrario se pasaron,
Llevados del cobarde intento suyo.

Otros dos al del Layo se llegaron,
Y con la risa falsa del conejo,
Y con muchas zalemas me hablaron.

Yo socarron, yo poeton ya viejo
Volviles  lo tierno las saludes,
Sin mostrar mal talante,  sobrecejo.

No dudes,  letor caro, no dudes,
Sino que suele el disimulo  veces
Servir de aumento  las demas virtudes.

Dinoslo t, David, que aunque pareces
Loco en poder de Aquis, de tu cordura,
Fingiendo el loco, la grandeza ofreces.

Dexlos esperando coyuntura
Y ocasion mas secreta para dalles
Vejamen de su miedo,  su locura.

Si encontraba poetas por las calles,
Me ponia  pensar, si eran de aquellos
Huidos, y pasaba sin hablalles.

Ponianseme yertos los cabellos
De temor no encontrase algun poeta,
De tantos que no pude conocellos;

Que con pual buido,  con secreta
Almarada me hiciese un abugero
Que fuese al corazon por via reta.

Aunque no es este el premio que yo espero
De la fama, que  tantos he adquirido
Con alma grata, y corazon sincero.

Un cierto mancebito cuellierguido,
En profesion poeta, y en el trage
A mil leguas por Godo conocido:

Lleno de presuncion y de corage
Me dixo: bien s yo, seor Cervantes,
Que puedo ser poeta, aunque soy page.

Cargastes de poetas ignorantes,
Y dexastesme  m, que ver deseo
Del Parnaso las fuentes elegantes.

Que caducais sin duda alguna creo:
Creo, no digo bien: mejor diria
Que toco esta verdad, y que la veo.

Otro, que al parecer de argenteria,
De nacar, de cristal, de perlas y oro
Sus infinitos versos componia,

Me dixo bravo, qual corrido toro:
No s yo para que nadie me puso
En lista con tan barbaro decoro.

Asi el discreto Apolo lo dispuso,
A los dos respond, y en este hecho
De ignorancia  malicia no me acuso.

Fuime con esto, y lleno de despecho
Busqu mi antigua y lobrega posada,
Y arrogme molido sobre el lecho:
Que cansa quando es larga una jornada.


ADJUNTA _AL PARNASO._

Algunos dias estuve reparandome de tan largo viage, al cabo de los
quales sal  ver y  ser visto, y  recebir parabienes de mis amigos,
y malas vistas de mis enemigos, que puesto que pienso que no tengo
ninguno, todavia no me aseguro de la comun suerte. Sucedi pues que
saliendo una maana del monesterio de Atocha, se lleg  m un mancebo
al parecer de veinte y quatro aos, poco mas  menos, todo limpio,
todo aseado y todo crugiendo gorgoranes, pero con un cuello tan grande
y tan almidonado, que cre que para llevarle fueran menester los
hombros de otro Adlante. Hijos deste cuello eran dos puos chatos, que
comenzando de las muecas, subian y trepaban por las canillas del
brazo arriba, que parecia que iban  dar asalto  las barbas. No he
visto yo yedra tan codiciosa de subir desde el pie de la muralla donde
se arrima, hasta las almenas, como el ahinco que llevaban estos puos
 ir  darse de puadas con los codos. Finalmente la exrbitancia del
cuello y puos era tal, que en el cuello se escondia y sepultaba el
rostro, y en los puos los brazos. Digo pues que el tal mancebo se
lleg  m, y con voz grave y reposada me dixo: es por ventura vm. el
seor Miguel de Cervantes Saavedra, el que ha pocos dias que vino del
Parnaso? A esta pregunta creo sin duda, que perd la color del rostro,
porque en un instante imagin y dixe entre m: si es este alguno de
los poetas que puse,  dex de poner en mi Viage, y viene ahora 
darme el pago que l se imagina se me debe? Pero sacando fuerzas de
flaqueza, le respond: yo, seor, soy el mesmo que vm. dice: qu es lo
que se me manda? El luego en oyendo esto, abri los brazos, y me los
ech al cuello, y sin duda me besra en la frente, si la grandeza del
cuello no lo impidiera, y dixome: vm. seor Cervantes, me tenga por su
servidor y por su amigo, porque ha muchos dias que le soy muy
aficionado asi por sus obras, como por la fama de su apacible
condicion. Oyendo lo qual respir, y los espiritus que andaban al
borotados se sosegaron: y abrazandole yo tambien con recato de no
ajarle el cuello, le dixe: yo no conozco  vm. sino es para servirle;
pero por las muestras bien se me trasluce que vm. es muy discreto y
muy principal: calidades que obligan  tener en veneracion  la
persona que las tiene. Con estas pasamos otras corteses razones, y
anduvieron por alto los ofrecimientos, y de lance en lance me dixo:
vm. sabr, seor Cervantes, que yo por la gracia de Apolo soy poeta, 
 lo menos deseo serlo, y mi nombre es Pancracio de Roncesvalles.
_Miguel_. Nunca tal creyera, si vm. no me lo hubiera dicho por su
mesma boca. _Pancracio_. Pues porqu no lo creyera vm? _Mig_. Porque
los poetas por marabilla andan tan atildados como vm. y es la causa,
que como son de ingenio tan altaneros y remontados, antes atienden 
las cosas del espiritu, que  las del cuerpo. Yo, seor, dixo l, soy
mozo, soy rico, y soy enamorado: partes que deshacen en m la flogedad
que infunde la poesia: por la mocedad tengo brio; con la riqueza con
que mostrarle: y con el amor con que no parecer descuidado. Las tres
partes del camino, le dixe yo, se tiene vm. andadas para llegar  ser
buen poeta. _Pan_. Quales son? _Mig_. La de la riqueza y la del amor.
Porque los partos de los ingenios de la persona rica y enamorada son
asombros de la avaricia, y estimulos de la liberalidad, y en el poeta
pobre la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan los
cuidados de buscar el ordinario sustento. Pero digame vm. por su vida:
de qu suerte de menestra poetica gasta  gusta mas? A lo que
respondi: no entiendo eso de menestra poetica. _Mig_. Quiero decir
que  qu genero de poesia es vm. mas inclinado? al lirico, al
heroico,  al comico? A todos estilos me amao, respondi l; pero en
el que mas me ocupo, es en el comico. _Mig_. Desa manera habr vm.
compuesto algunas comedias. _Pan_. Muchas, pero solo una se ha
representado. _Mig_. Pareci bien? _Pan_. Al vulgo no. _Mig_. Y  los
discretos? _Pan_. Tampoco. _Mig_. La causa? _Pan_. La causa fue, que
la achacaron que era larga en los razonamientos, no muy pura en los
versos, y desmayada en la invencion. Tachas son estas, respond yo,
que pudieran hacer parecer mal  las del mesmo Plauto. Y mas, dixo l,
que no pudieron juzgalla, porque no la dexaron acabar segun la
gritaron. Con todo esto la ech el autor para otro dia: pero porfiar,
que porfiar: cinco personas vinieron apenas. Creame vm. dixe yo, que
las comedias tienen dias, como algunas mugeres hermosas: y que esto de
acertarlas bien, va tanto en la ventura, como en el ingenio: comedia
he visto yo apedreada en Madrid, que la han laureado en Toledo: y no
por esta primer desgracia dexe vm. de proseguir en componerlas, que
podr ser que quando menos lo piense, acierte con alguna que le d
credito y dineros. De los dineros no hago caso, respondi l; mas
preciaria la fama, que quanto hay: porque es cosa de grandisimo gusto,
y de no menos importancia ver salir mucha gente de la comedia, todos
contentos, y estar el poeta que la compuso  la puerta del teatro,
recibiendo parabienes de todos. Sus descuentos tienen esas alegrias,
le dixe yo, que tal vez suele ser la comedia tan pesima, que no hay
quien alce los ojos  mirar al poeta, ni aun l pra quatro calles del
coliseo, ni aun los alzan los que la recitaron, avergonzados y
corridos de haverse engaado y escogidola por buena. Y vm. seor
Cervantes, dixo l, ha sido aficionado  la caratula? ha compuesto
alguna comedia? S, dixe yo: muchas, y  no ser mias, me parecieran
dignas de alabanza, como lo fueron: _Los Tratos de Argel: La Numancia:
La gran Turquesca: La Batalla Naval: La Gerusalen: La Amaranta  La
del Mayo: El Bosque amoroso: La Unica y la vizarra Arsinda_, y otras
muchas de que no me acuerdo; mas la que yo mas estimo, y de la que mas
me precio, fue y es, de una llamada _La Confusa_, la qual, con paz sea
dicho de quantas comedias de capa y espada hasta hoy se han
representado, bien puede tener lugar sealado por buena entre las
mejores. _Pan_. Y agora tiene vm. algunas? _Mig_. Seis tengo con otros
seis entremeses. _Pan_. Pues porqu no se representan? _Mig_. Porque
ni los autores me buscan, ni yo les voy  buscar  ellos. _Pan_. No
deben de saber que vm. las tiene. _Mig_. S saben, pero como tienen
sus poetas paniaguados, y les va bien con ellos, no buscan pan de
trastrigo; pero yo pienso darlas  la estampa, para que se vea de
espacio lo que pasa apriesa, y se disimula,  no se entiende quando
las representan; y las comedias tienen sus sazones y tiempos coma los
cantares. Aqui llegabamos con nuestra platica, quando Pancracio puso
la mano en el seno, y sac dl una carta con su cubierta, y besandola,
me la puso en la mano: le el sobrescrito y vi que decia desta manera.

A Miguel de Cervantes Saavedra, en la calle de las Huertas, frontero
de las casas donde solia vivir el Principe de Marruecos, en Madrid. Al
porte: medio real, digo diez y siete maraveds.

Escandalizome el porte, y de la declaracion del medio real, digo diez
y siete. Y volviendosela le dixe: estando yo en Valladolid llevaron
una carta  mi casa para m, con un real de porte: recibila y pag el
porte una sobrina mia, que nunca ella le pagra; pero dime por
disculpa, que muchas veces me havia oido decir que en tres cosas era
bien gastado el dinero: en dar limosna, en pagar al buen medico, y en
el porte de las cartas ora sean de amigos,  de enemigos, que las de
los amigos avisan, y de las de los enemigos se puede tomar algun
indicio de sus pensamientos. Dieronmela, y venia en ella un soneto
malo, desmayado, sin garbo, ni agudeza alguna, diciendo mal del Don
Quixote, y de lo que me pes, fue del real, y propuse desde entonces
de no tomar carta con porte: asi que, si vm. le quiere llevar desta,
bien se la puede volver, que yo s que no me puede importar tanto como
el medio real que se me pide. Riose muy de gana el seor Roncesvalles,
y dixome: aunque soy poeta, no soy tan misero que me aficionen diez y
siete maravedis. Advierta vm. seor Cervantes, que esta carta por lo
menos es del mesmo Apolo: l la escribi no ha veinte dias en el
Parnaso, y me la di para que  vm. la diese. vm. la lea, que yo s
que le ha de dar gusto. Har lo que vm. me manda, respond yo: pero
quiero que antes de leerla, vm. me le haga de decirme, como, quando, y
 qu fue al Parnaso? Y l respondi: como fui, fue por mar, y en una
fragata que yo y otros diez poetas fletamos en Bercelona: quando fui,
fue seis dias despues de la batalla que se di entre los buenos y los
malos poetas: a que fui, fue  hallarme en ella por obligarme  ello
la profesion mia. A buen seguro, dixe yo, que fueron vms. bien
recebidos del seor Apolo. _Pan_. S fuimos, aunque le hallamos muy
ocupado  l, y  las seoras Pierides, arando y sembrando de sal todo
aquel termino del campo donde se di la batalla. Preguntle para qu
se hacia aquello, y respondime, que asi como de los dientes de la
serpiente de Cadmo havian nacido hombres armados, y de cada cabeza
cortada de la Hidra que mat Hercules, habian renacido otras siete, y
de las gotas de la sangre de la cabeza de Medusa se havia llenado de
serpientes toda la Libia; de la mesma manera de la sangre podrida de
los malos poetas que en aquel sitio havian sido muertos, comenzaban 
nacer del tamao de ratones otros poetillas rateros, que llevaban
camino de henchir toda la tierra de aquella mala simiente, y que por
esto se araba aquel lugar, y se sembraba de sal, como si fuera casa de
traidores. En oyendo esto, abri luego la carta, y vi que decia.




APOLO DELFICO

A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
SALUD.

El seor Pancracio de Roncesvalles, llevador desta, dir  vm. seor
Miguel de Cervantes, en qu me hall ocupado el dia que lleg  verme
con sus amigos. Y yo digo, que estoy muy quejoso de la descortesia que
conmigo se us en partirse vm. deste monte sin despedirse de m, ni de
mis hijas, sabiendo quanto le soy aficionado, y las musas por el
consiguiente; pero si se me d por disculpa que le llev el deseo de
ver  su Mecenas el gran conde de Lemos en las fiestas famosas de
Napoles, yo la acepto y le perdono.

Despues que vm. parti deste lugar, me han sucedido muchas desgracias,
y me he visto en grandes aprietos, especialmente por consumir y acabar
los poetas que iban naciendo de la sangre de los malos que aqui
murieron, aunque ya, gracias al cielo y  mi industria, este dao est
remediado.

No s si del ruido de la batalla,  del vapor que arroj de s la
tierra, empapada en la sangre de los contrarios, me han dado unos
vaguidos de cabeza, que verdaderamente me tienen como tonto, y no
acierto  escribir cosa que sea de gusto, ni de provecho: asi, si vm.
viere por all que algunos poetas, aunque sean de los mas famosos,
escriben y componen impertinencias y cosas de poco fruto, no los
culpe, ni los tenga en menos, sino que disimule con ellos; que pues yo
que soy el padre y el inventor de la poesia, deliro y parezco
mentecato, no es mucho que lo parezcan ellos.

Envio  vm. unos privilegios, ordenanzas y advertimientos, tocantes 
los poetas: vm. los haga guardar y cumplir al pie de la letra, que
para todo ello doy  vm. mi poder cumplido quanto de derecho se
requiere.

Entre los poetas que aqui vinieron con el seor Pancracio de
Roncesvalles, se quejaron algunos de que no iban en la lista de los
que Mercurio llev  Espaa, y que asi vm. no los havia puesto en su
Viage. Yo les dixe, que la culpa era mia y no de Vm. pero que el
remedio deste dao estaba en que procurasen ellos ser famosos por sus
obras, que ellas por s mismas les darian fama y claro renombre, sin
andar mendigando agenas alabanzas.

De mano en mano, si se ofreciere ocasion de mensagero, ire enviando
mas privilegios, y avisando de lo que en este monte pasare. Vm. haga
lo mesmo, avisandome de su salud, y de la de todos los amigos.

Al famoso Vicente Espinel dar vm. mis encomiendas, como  uno de los
mas antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.

Si D. Francisco de Quevedo no huviere partido para venir  Sicilia,
donde le esperan, toquele vm. la mano, y digale que no dexe de llegar
 verme, pues estaremos tan cerca; que quando aqui vino, por la subita
partida no tuve lugar de hablarle.

Si vm. encontrare por all algun transfuga de los veinte que se
pasaron al vando contrario, no les diga nada, ni los aflija, que harta
mala ventura tienen, pues son como demonios, que se llevan la pena y
la confusion con ellos mesmos, do quiera que vayan.

Vm. tenga cuenta con su salud, y mire por s, y guardese de m,
especialmente en los caniculares, que aunque le soy amigo, en tales
dias no va en mi mano, ni miro en obligaciones, ni en amistades.

Al seor Pancracio de Roncesvalles tengale vm. por amigo, y
comuniquelo; y pues es rico no se le d nada que sea mal poeta. Y con
esto nuestro seor guarde  vm. como puede y yo deseo. Del Parnaso 
22. de Julio, el dia que me calzo las espuelas para subirme sobre la
Canicula, 1614.
                     Servidor de Vm.
                       _Apolo Lucido_

En acabando la Carta, vi que en un papel aparte venia escrito.


_PRIVILEGIOS, ORDENANZAS, y advertencias, que Apolo envia  los poetas
Espaoles_.

Es el primero, que algunos poetas sean conocidos tanto por el desalio
de sus personas, como por la fama de sus versos.

Item, que si algun poeta dixere que es pobre, sea luego creido por su
simple palabra, sin otro juramento  averiguacion alguna.

Ordenase, que todo poeta sea de blanda y de suave condicion, y que no
mire en puntos, aunque los traiga sueltos en sus medias.

Item, que si algun poeta llegre  casa de algun su amigo  conocido,
y estuviere comiendo y le convidare, que aunque l jure que ya ha
comido, no se le crea en ninguna manera, sino que le hagan comer por
fuerza, que en tal caso no se le hara muy grande.

Item, que el mas pobre poeta del mundo, como no sea de los Adanes y
Matusalenes, pueda decir que es enamorado, aunque no lo est, y poner
el nombre  su dama como mas le viniere  cuento, ora llamandola
Amarili, ora Anarda, ora Clori, ora Filis, ora Filida,  ya Juana
Tellez,  como mas gustare, sin que desto se le pueda pedir ni pida
razon alguna.

Item, se ordena que todo poeta de qualquier calidad y condicion que
sea, sea tenido y le tengan por hijodalgo en razon del generoso
exercicio en que se ocupa, como son tenidos por cristianos viejos los
nios que llaman de la piedra.

Item, se advierte que ningun poeta sea osado de escribir versos en
alabanzas de principes y seores, por ser mi intencion y advertida
voluntad, que la lisonja ni la adulacion no atraviesen los umbrales de
mi casa.

Item, que todo poeta comico, que felizmente huviere sacado  luz tres
comedias, pueda entrar sin pagar en los teatros, si ya no fuere la
limosna de la segunda puerta, y aun esta, si pudiese ser, la escuse.

Item, se advierte que si algun poeta quisiere dar  la estampa algun
libro que l huviere compuesto, no se d  entender que por dirigirle
 algun Monarca, el tal libro ha de ser estimado, porque si l no es
bueno, no le adobar la direccion, aunque sea hecha al prior de
Guadalupe.

Item, se advierte que todo poeta no se desprecie de decir que lo es,
que si fuere bueno, ser digno de alabanza, y si malo, no faltar
quien lo alabe, que quando nace la escoba &c.

Item, que todo buen poeta pueda disponer de m, y de lo que hay en el
cielo  su beneplacito: conviene  saber, que los rayos de mi
cabellera los pueda trasladar y aplicar  los cabellos de su dama, y
hacer dos soles sus ojos, que conmigo sern tres, y asi andar el
mundo mas alumbrado; y de las estrellas, signos y planetas puede
servirse de modo, que quando menos lo piense, la tenga hecha una
esfera celeste.

Item, que todo poeta  quien sus versos le huvieren dado  entender
que lo es, se estime y tenga en mucho, ateniendose  aquel refran:
ruin sea el que por ruin se tiene.

Item, se ordena que ningun poeta grave haga corrillo en lugares
pblicos, recitando sus versos, que los que son buenos en las aulas de
Atenas se havian de recitar, que no en las plazas.

Item, se da por aviso particular que si alguna madre tuviere hijos
pequeuelos, traviesos y llorones, los pueda amenazar y espantar con
el coco, diciendoles: guardaos, nios, que viene el poeta fulano, que
os echar con sus malos versos en la sima de Cabra,  en el pozo
Airon.

Item, que los dias de ayuno no se entienda que los ha quebrantado el
poeta que aquella maana se ha comido las uas al hacer de sus versos.

Item, se ordena que todo poeta que diere en ser espadachin, valenton y
arrojado, por aquella parte de la valentia se le desague y vaya la
fama que podia alcanzar por sus buenos versos.

Item, se advierte que no ha de ser tenido por ladron el poeta que
hurtare algun verso ageno, y le encajare entre los suyos, como no sea
todo el concepto y toda la copla entera, que en tal caso tan ladron es
como Caco.

Item, que todo buen poeta, aunque no haya compuesto poema heroico, ni
sacado al teatro del mundo obras grandes, con qualesquiera aunque sean
pocas pueda alcanzar renombre de Divino, como le alcanzaron Garci Laso
de la Vega, Francisco de Figueroa, el capitan Francisco de Aldana, y
Hernando de Herrera.

Item, se da aviso que si algun poeta fuere favorecido de algun
principe, ni le visite  menudo, ni le pida nada, sino dexese llevar
de la corriente de su ventura, que el que tiene providencia de
sustentar las sabandijas de la tierra y los gusarapos del agua, la
tendr de alimentar  un poeta por sabandija que sea.

En suma, estos fueron los privilegios, advertencias y ordenanzas que
Apolo me envi, y el seor Pancracio de Roncesvalles me truxo, con
quien quede en mucha amistad, y los dos quedamos de concierto de
despachar un propio con la respuesta al seor Apolo, con las nuevas
desta Corte. Darase noticia del dia para que todos sus aficionados le
escriban.




_LA NUMANCIA._

TRAGEDIA

DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.


INTERLOCUTORES.

CIPION.
JUGURTA.
GAYO MARIO.
DOS EMBAXADORES DE NUMANCIA.
SOLDADOS ROMANOS.
QUINTO FABIO.
MAXIMO: _hermano de Cipion_.

[Illustration:_Mar de la Cruz la invidib. J.J. Fabregat la grave._]

JORNADA I.

SCENA I.

_Salen_ CIPION _y_ JUGURTA.

CIPION.

Esta dificil y pesada carga
Que el senado Romano me ha encargado,
Tanto me aprieta, me fatiga y carga,
Que ya sale de quicio mi cuidado:
Guerra de curso tan estrao y larga,
Y que tantos Romanos ha costado,
Quin no estar suspenso al acabarla,
O quin no temer de renovarla?

JUGURTA.

Quin, Cipion? quien tiene la ventura
Y el valor nunca visto, que en t encierras,
Pues con ello y con l est segura
La victoria y el triunfo destas guerras.

CIPION.

El esfuerzo regido con cordura
Allana al suelo las mas altas sierras,
Y la fuerza feroz de loca mano
Aspero vuelve lo que est mas llano:
Mas no hay que reprimir  lo que veo.
La furia del exercito presente,
Que olvidado de gloria y de trofeo
Yace embebido en la lascivia ardiente:
Esto solo pretendo, esto deseo
Volver  nuevo trato  nuestra gente,
Que enmendado primero el que es amigo,
Sujetar mas presto al enemigo.
Mario?

_Sale_ GAYO MARIO.

GAYO MARIO.

      Seor?

CIPION.

Haz que  noticia venga
De todo nuestro exercito en un punto,
Que sin que estorbo alguno le detenga
Parezca en este sitio todo junto,
Porque una breve platica  arenga
Les quiero hacer.

GAYO MARIO.

       Harelo en este punto.

CIPION.

Camina, porque es bien que sepan todos
Mis nuevas trazas y sus viejos modos.

_Vase_ GAYO MARIO.

JUGURTA.

Ste decir, seor, que no hay soldado
Que no te tema juntamente y te ame;
Y porque ese valor tuyo estremado
De Antartico  Calisto se derrame,
Cada qual con feroz animo osado,
Quando la trompa  la ocasin le llame,
Piensa de hacer en tu servicio cosas
Que pasen las hazaas fabulosas.

CIPION.

Primero es menester que se refrene
El vicio que entre todos se derrama,
Que si este no se quita, en nada tiene
Con ellos que hacer la buena fama:
Si este dao comn no se previene,
Y se dexa arraigar su ardiente llama,
El vicio solo puede hacernos guerra
Mas que los enemigos desta tierra.

_Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado  recoger el
atambor_.

        Manda nuestro General
        Que se recojan armados
        Luego todos los soldados
        En la plaza principal,
        Y que ninguno no quede
        De parecer  esta vista,
        So pena que de la lista
        Al punto borrado quede.

JUGURTA.

No dudo yo, seor, sino que importa
Regir con duro freno la milicia,
Y que se d al soldado rienda corta
Quando l se precipita en la injusticia:
La fuerza del exercito se acorta
Quando va sin arrimo de justicia,
Aunque mas le acompaen  montones
Mil pintadas vanderas y esquadrones.

_A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y_ GAYO
MARIO, _armados  la antigua, sin arcabuces, y_ CIPION _se sube sobre
una peuela que est en el tablado, y mirando  los soldados, dice:_

CIPION.

En el fiero ademan, en los lozanos
Marciales aderezos y vistosos
Bien os conozco, amigos, por Romanos;
Romanos digo, fuertes y animosos;
Mas en las blancas delicadas manos
Y en las teces de rostros tan lustrosos
All en Bretaa pareceis criados,
Y de padres Flamencos engendrados.
El general descuido vuestro, amigos,
El no mirar por lo que tanto os toca,
Levanta los caidos enemigos,
Y vuestro esfuezo y opinion apoca.
Desta ciudad los muros son testigos
Que aun hoy estn qual bien fundada roca,
De vuestras perezosas fuerzas vanas,
Que solo el nombre tienen de Romanas.
Pareceos, hijos, que es gentil hazaa
Que tiemble del Romano nombre el mundo,
Y que vosotros solos en Espaa
Le aniquileis y echeis en el profundo?
Qu floxedad es esta tan estraa?
Qu floxedad? si mal yo no me fundo,
Es floxedad nacida de pereza,
Enemiga mortal de fortaleza.
La blanda Venus con el duro Marte
Jamas hacen durable ayuntamiento:
Ella regalos sigue, l sigue el arte
Que incita  daos, y  furor sangriento:
La Cipria diosa estese agora  parte,
Dexe su hijo nuestro aloxamiento:
Que mal se aloxa en las marciales tiendas
Quien gusta de banquetes y meriendas.
Pensais que solo atierra la muralla
El ariete de ferrada punta,
Y que solo atropella la batalla
La multitud de gente y armas junta?
Si el esfuerzo y cordura no se halla
Que todo lo previene y lo barrunta,
Poco aprovechan muchos esquadrones,
Y menos infinitas municiones.
Si  militar concierto se reduce
Qualquier pequeo exercito que sea,
Vereis que como sol claro reluce,
Y alcanza las victorias que desea:
Pero si  floxedad l se conduce,
Aunque abreviado el mundo en l se vea,
En un momento quedar deshecho
Por mas reglada mano y fuerte pecho.
Averguenceos, varones esforzados,
Ver que  nuestro pesar con arrogancia
Tan pocos Espaoles y encerrados
Defiendan este nido de Numancia.
Diez y seis aos son y mas pasados,
Que mantienen la guerra y la jactancia
De haver vencido con feroces manos
Millares de millares de Romanos.
Vosotros os venceis, que estais vencidos
Del baxo antojo femenil liviano,
Con Venus y con Baco entretenidos,
Sin que  las armas estendais la mano.
Correos agora, sino estais corridos,
De ver que este pequeo pueblo Hispano
Contra el poder Romano se defienda,
Y quando mas rendido, mas ofenda.
De nuestro campo quiero en todo caso
Que salgan las infames meretrices,
Que de ser reducidos  este paso
Ellas solas han sido las raices.
Para beber no quede mas de un vaso,
Y los lechos un tiempo ya felices,
Llenos de concubinas, se deshagan,
Y de fagina y en el suelo se hagan.
No me huela el soldado  otros olores,
Que al olor de la pez y de resina,
Ni por gulosidad de los sabores
Traiga aparato alguno de cocina,
Que el que busca en la guerra estos primores,
Muy mal podr sufrir la corazina:
No quiero otro primor ni otra fragrancia
En tanto que Espaol viva en Numancia.
No os parezca, varones, escabroso
Ni duro este mi justo mandamiento,
Que al fin conocereis ser provechoso,
Quando aquel consigais de vuestro intento.
Bien s se os ha de hacer dificultoso
Dar  vuestras costumbres nuevo asiento;
Mas sino las mudais, estar firme
La guerra, que esta afrenta mas confirme.
En blandas camas, entre juego y vino
Hallase mal el trabajoso Marte;
Otro aparejo busca, otro camino,
Otros brazos levantan su estandarte;
Cada qual se fabrica su destino;
No tiene aqui fortuna alguna parte;
La pereza fortuna baxa cria,
La diligencia imperio y monarquia.
Estoy con todo esto tan seguro
De que al fin mostrareis que sois Romanos,
Que tengo en nada el defendido muro
Destos rebeldes barbaros Hispanos,
Y asi os prometo por mi diestra y juro
Que si igualais al animo las manos,
Que las mias se alarguen en pagaros,
Y mi lengua tambien en alabaros.

_Miranse los soldados unos  otros, y hacen seas  uno de ellos_,
GAYO MARIO, _que responda por todos, y asi dice:_

GAYO MARIO.

Si con atentos ojos has mirado,
Inclito General, en los semblantes
Que  tus breves razones han mostrado
Los que tienes agora circunstantes,
Qual havreis visto sin color, turbado,
Y qual con ella, indicios bien bastantes
De que el temor y la verguenza  una
Los aflixe, molesta,  importuna:
Verguenza de mirarse reducidos
A terminos tan baxos por su culpa,
Que viendo ser por t reprehendidos
No saben  su falta hallar disculpa:
Temor de tantos yerros cometidos;
Y la torpe pereza que los culpa,
Los tiene de tal modo, que se holgaran
Antes morir que en esto se hallaran.
Pero el lugar y tiempo que les queda
Para mostrar alguna recompensa,
Es causa que con menos fuerza pueda
Fatigar el rigor de tal ofensa:
De hoy mas con presta voluntad y leda
El mas minimo de estos cuida y piensa
De ofrecer sin reves  tu servicio
La hacienda, vida y honra en sacrificio.
Admite pues de sus intentos sanos
El justo ofrecimiento, seor mio,
Y considera alfin que son Romanos,
En quien nunca falt del todo el brio.
Vosotros, levantad las diestras manos
En seas que aprobais el voto mio.

SOLDADOS.

Todo lo que aqui has dicho confirmamos,
Y lo juramos.

TODOS.

             S juramos.

CIPION.

Pues arrimada  tal ofrecimiento
Crecer desde hoy mas mi confianza,
Creciendo en vuestros pechos ardimiento,
Y del viejo vivir nueva mudanza;
Vuestras promesas no se lleve el viento,
Hacedlas verdaderas con la lanza,
Que las mias saldran tan verdaderas
Quanto fuere el valor de vuestras veras.

SOLDADO.

Dos Numantinos con seguro vienen
A darte, Cipion, una embaxada.

CIPION.

Porqu no llegan ya? en qu se detienen?

SOLDADO.

Esperan que licencia les sea dada.

CIPION.

Si son embaxadores, ya la tienen.

SOLDADO.

Embaxadores son.

CIPION.

                Dales entrada,
Que aunque descubra cierto  falso pecho
El enemigo, siempre es de provecho.
Jamas la falsedad vino cubierta
Tanto con la verdad, que no mostrase
Algun pequeo indicio, alguna puerta
Por donde su maldad se investigase:
Oir al enemigo es cosa cierta
Que siempre aprovech, antes que daase,
Y en las cosas de guerra la experiencia
Muestra que lo que digo, es cierta ciencia.

_Entran dos Embaxadores Numantinos_, PRIMERO _y_ SEGUNDO.

PRIMERO.

Si nos das, buen seor, grata licencia
De decir la embaxada que traemos,
Do estamos,  ante sola tu presencia,
Todo  lo que venimos te diremos.

CIPION.

Decid, que  donde quiera doy audiencia.

PRIMERO.

Pues con ese seguro que tenemos,
De tu real grandeza concedido,
Dare principio  lo que soy venido.
Numancia, de quien yo soy ciudadano,
Inclito General,  t me envia
Como al mas fuerte Cipion Romano,
Que ha cubierto la noche,  visto el dia,
A pedirte, seor, la amiga mano
En seal de que cesa la porfia
Tan trabada y cruel de tantos aos,
Que ha causado sus propios y tus daos.
Dice que nunca de la ley y fueros
Del Romano senado se apartra,
Si el insufrible mando y desafueros
De un consul y otro no la fatigra:
Ellos con duros estatutos fieros
Y con su estrecha condicion avara
Pusieron tan gran yugo  nuestros cuellos,
Que forzados salimos dl y de ellos,
Y en todo el largo tiempo que ha durado
Entre ambas partes la contienda, es cierto
Que ningun General hemos hallado
Con quien poder tratar de algun concierto.
Empero agora, que ha querido el hado
Reducir nuestra nave  tan buen puerto,
Las velas de la guerra recojemos,
Y  qualquiera partido nos ponemos.
Y no imagines que temor nos lleva
A pedirte las paces con instancia,
Pues la larga experiencia ha dado prueba
Del poder valeroso de Numancia:
Tu virtud y valor es quien nos ceba,
Y nos declara que ser ganancia
Mayor de quantas desear podremos
Si por seor y amigo te tenemos.
A esto ha sido la venida nuestra:
Respondenos, seor, lo que te place.

CIPION.

Tarde de arrepentidos dais la muestra,
Poco vuestra amistad me satisface,
De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
Que quiero ver lo que la mia hace,
Ya que ha puesto en ella la ventura
La gloria mia, y vuestra desventura:
A desverguenza de tan largos aos
Es poca recompensa pedir paces:
Seguid la guerra, renovad los daos,
Salgan de nuevo las valientes haces.

EMBAXADOR SEGUNDO.

La falsa confianza mil engaos
Consigo trae: advierte lo que haces,
Seor, que esa arrogancia que nos muestras,
Renovar el valor en nuestras diestras;
Y pues niegas la paz, que con buen zelo
Te ha sido por nosotros demandada,
De hoy mas la causa nuestra con el cielo
Quedar por mejor calificada,
Y antes que pises de Numancia el suelo,
Probars do se estiende la indignada
Furia de aquel que siendote enemigo,
Quiere serte vasallo y fiel amigo.

CIPION.

Teneis mas que decir?

PRIMERO.

                     No: mas tenemos
Que hacer, pues tu, seor, ansi lo quieres,
Sin querer la amistad que te ofrecemos,
Correspondiendo mal  ser quien eres.
Pero entonces vers lo que podemos,
Quando nos muestres tu lo que pudieres:
Que es una cosa razonar de paces,
Y otra romper por las armadas haces.

CIPION.

Verdad dices, y ansi para mostraros
Si s tratar en paz, y obrar en guerra,
No quiero por amigos aceptaros,
Ni lo ser jamas de vuestra tierra,
Y con esto podeis luego tornaros.

SEGUNDO.

Que en esto tu querer, seor, se encierra?

CIPION.

Ya he dicho que s.

SEGUNDO.

                   Pues ss al hecho:
Que guerras ama el Numantino pecho.

_Salense los Embaxadores y_ QUINTO FABIO, _hermano de_ CIPION _dice_.

El descuido pasado nuestro ha sido
El que os hace hablar de aquesa suerte;
Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido,
Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte:

CIPION.

El vano blasonar no es admitido
De pecho valeroso, honrado y fuerte,
Templa las amenazas, Fabio, y calla,
Y tu valor descubre en la batalla,
Aunque yo pienso hacer que el Numantino
Nunca  las manos con nosotros venga
Buscando de vencerle tal camino,
Que mas  mi provecho le convenga:
Yo har que abaxe el brio y pierda el tino,
Y que en s mesmo su furor detenga.
Pienso de un hondo foso rodeallos,
Y por hambre insufrible subjetallos:
No quiero ya que sangre de Romanos
Colore mas el suelo desta tierra:
Basta la que han vertido estos Hispanos
En tan larga, reida, y cruda guerra:
Exercitense agora vuestras manos
En romper y cabar la dura tierra,
Y cubranse de polvo los amigos
Que no lo estan de sangre de enemigos:
No quede de este oficio reservado
Ninguno que le tenga preminente:
Trabaje el decurion como el soldado,
Y no se muestre en esto diferente:
Yo mismo tomare el hierro pesado,
Y romper la tierra facilmente.
Haced todos qual yo, y vereis que hago
Tal obra con que  todos satisfago.

QUINTO FABIO.

Valeroso seor y hermano mio,
Bien nos muestras en esto tu cordura,
Pues fuera conocido desvario
Y temeraria muestra de locura,
Pelear contra el loco airado brio
Destos desesperados sin ventura:
Mejor ser encerrallos, como dices,
Y quitarles al brio las raices.
Bien puede la ciudad toda cercarse,
Sino es la parte por do el rio la baa.

CIPION.

Vamos, y venga luego  efectuarse
Esta mi nueva poco usada hazaa,
Y si en nuestro favor quiere mostrarse
El cielo, quedar subjeta Espaa
Al senado Romano solamente
Con vencer la soberbia de esta gente.


SCENA II.

_Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la
mano, la qual significa_ ESPAA, _y dice:_

ESPAA.

Alto, sereno, y espacioso cielo,
Que con tus influencias enriqueces
La parte que es mayor desde mi suelo,
Y sobre muchos otros le engrandeces,
Muevate  compasion mi amargo duelo,
Y pues al afligido favoreces,
Favoreceme  m en ansia tamaa,
Que soy la sola desdichada Espaa.
Bastete ya que un tiempo me tuviste
Todos mis fuertes miembros abrasados,
Y al sol por mis entraas descubriste
El reyno escuro de los condenados:
A mil tiranos, mil riquezas diste,
A Fenices y Griegos entregados
Mis reynos fueron, porque tu has querido,
O porque mi maldad lo ha merecido.
Ser posible que contino sea
Esclava de naciones estrangeras,
Y que un pequeo tiempo yo no vea
De libertad, tendidas mis banderas?
Con justisimo titulo se emplea
En m el rigor de tantas penas fieras,
Pues mis famosos hijos y valientes
Andan entre s mesmos diferentes.
Jamas en su provecho concertaron
Los divididos animos briosos,
Antes entonces mas los apartaron
Quando se vieron mas menesterosos;
Y ansi con sus discordias convidaron
Los barbaros de pechos codiciosos
A venir y entregarse en mis riquezas,
Usando en m y en ellos mil cruezas.
Sola Numancia es la que sola ha sido
Quien la luciente espada sac fuera,
Y  costa de su sangre ha mantenido
La amada libertad suya primera:
Mas ay! que veo el termino cumplido,
Y llegada la hora postrimera
Do acabar su vida y no su fama,
Qual Fenix renovandose en la llama!
Estos tan muchos timidos Romanos,
Que buscan de vencer cien mil caminos,
Rehuyen de venir mas  las manos
Con los pocos valientes Numantinos.
O si saliesen sus intentos vanos,
Y fuesen sus quimeras desatinos,
Y esta pequea tierra de Numancia,
Sacase de su perdida ganancia!
Mas ay! que el enemigo la ha cercado
No solo con las armas contrapuestas
Al flaco muro suyo, mas ha obrado
Con diligencia estraa y manos prestas,
Que un foso por la margen trincheado
Rodea la ciudad por llano y cuestas;
Sola la parte por do el rio se estiende,
De este ardid nunca visto se defiende.
Ansi estan encogidos y encerrados
Los tristes Numantinos en sus muros;
Ni ellos pueden salir ni ser entrados,
Y estan de los asaltos bien seguros;
Pero en solo mirar que estn privados
De exercitar sus fuertes brazos duros,
Con horrendos acentos y feroces
La guerra piden  la muerte  voces.
Y pues sola la parte por do corre
Y toca  la ciudad el ancho Duero,
Es aquella que ayuda y que socorre
En algo al Numantino prisionero,
Antes que alguna maquina  gran torre
En sus aguas se funde, rogar quiero
Al caudaloso conocido rio,
En lo que puede ayude el pueblo mio.
Duero gentil, que con torcidas vueltas
Humedeces gran parte de mi seno,
Ansi en tus aguas siempre veas envueltas
Arenas de oro qual el Tajo ameno,
Y ansi las ninfas fugitivas sueltas,
De que est el verde prado y bosque lleno,
Vengan humildes  tus aguas claras,
Y en prestarte favor no sean avaras,
Que prestes  mis asperos lamentos
Atento oido,  que  escucharlos vengas,
Y aunque dexes un rato tus contentos,
Suplicote que en nada te detengas:
Si t con tus continos crecimientos
Destos fieros Romanos no me vengas,
Cerrado veo ya qualquier camino
A la salud del pueblo Numantino.

_Sale el_ RIO DUERO _con otros muchachos vestidos de rio como l, que
son tres riachuelos que entran en_ DUERO.

DUERO.

Madre y querida Espaa, rato havia
Que hirieron mis oidos tus querellas,
Y si en salir ac me detenia
Fue por no poder dar remedio  ellas.
El fatal, miserable, y triste dia
Segun el disponer de las estrellas
Se llega de Numancia, y cierto temo
Que no hay dar medio  su dolor extremo.
Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera
Cuyas aguas las mias acrecientan,
He llenado mi seno en tal manera,
Que los usados margenes rebientan;
Mas sin temor de mi veloz carrera,
Qual si fuera un arroyo, veo que intentan
De hacer lo que t, Espaa, nunca veas,
Sobre mis aguas, torres y trincheas.
Mas ya que el revolver del duro hado
Tenga el ultimo fin estatuido
Deste tu pueblo Numantino amado,
Pues  terminos tales ha venido,
Un consuelo le queda en este estado,
Que no podran las sombras del olvido
Escurecer el sol de sus hazaas,
En toda edad temidas por estraas.
Y puesto que el feroz Romano tiende
El paso agora por tu fertil suelo,
Y que te oprime aqui, y alli te ofende
Con arrogante y ambicioso zelo,
Tiempo vendr, segun que ansi lo entiende
El saber que  Proteo ha dado el cielo,
Que esos Romanos sean oprimidos
Por los que agora tienen abatidos.
De remotas naciones venir veo
Gentes que habitarn tu dulce seno
Despues que como quiere tu deseo
Havrn  los Romanos puesto freno:
Godos sern, que con vistoso arreo,
Dexando de su fama el mundo lleno,
Vendrn  recogerse en tus entraas,
Dando de nuevo vida  sus hazaas.
Estas injurias vengar la mano
Del fiero Atila en tiempos venideros,
Poniendo al pueblo tan feroz Romano
Sujeto  obedecer todos sus fueros,
Y portillos abriendo en Vaticano:
Tus bravos hijos, y otros estrangeros
Harn que para huir vuelva la planta
El gran Piloto de la nave santa.
Y tambien vendr tiempo en que se mire
Estar blandiendo el Espaol cuchillo
Sobre el cuello Romano, y que respire
Solo por la bondad de su caudillo
El grande Albano: har que se retire
El Espaol exercito; sencillo
No de valor, sino de poca gente,
Que iguala al mayor numero en valiente.
Y quando fuere ya mas conocido
El propio hacedor de tierra y cielo,
Aquel que ha de quedar estatuido
Por visorrey de Dios en todo el suelo,
A tus Reyes dar tal apellido,
Qual viere que mas quadra con su zelo:
Catolicos sern llamados todos,
Succesion digna de los fuertes Godos.
Pero el que mas levantar la mano
En honra tuya y general contento,
Haciendo que el valor del nombre Hispano
Tenga entre todos el mejor asiento,
Un Rey ser, de cuyo intento sano
Grandes cosas me muestra el pensamiento:
Ser llamado, siendo suyo el mundo,
El Segundo Filipo sin segundo.
Debaxo deste imperio tan dichoso
Sern  una corona reducidos
Por bien universal y tu reposo
Tres reynos hasta entonces divididos:
El giron Lusitano tan famoso
Que un tiempo se cort de los vestidos
De la ilustre Castilla, ha de zurcirse
De nuevo, y  su estado antiguo unirse.
Qu invidia, y qu temor, Espaa amada,
Te tendrn las naciones estrangeras,
En quien tu teirs tu aguda espada,
Y tenders triunfando tus banderas!
Sirvate esto de alivio en la pesada
Ocasion, por quien lloras tan de veras,
Pues no puede faltar lo que ordenado
Ya tiene de Numancia el duro hado.

ESPAA.

Tus razones alivio han dado en parte,
Famoso Duero,  las pasiones mias,
Solo porque imagino que no hay parte
De engao alguno en estas profecias.

DUERO.

Bien puedes de eso, Espaa, asegurarte,
Puesto que tarden tan dichosos dias,
Y  Dios, porque me esperan ya mis Ninfas.

ESPAA.

El cielo aumente tus sabrosas linfas.


JORNADA II.

SCENA I.

INTERLOCUTORES

TEOGENES, _y_ CORABINO, _con otros quatro
Numantinos, Gobernadores de Numancia,
y_ MARQUINO, _hechicero, y un_ CUERPO
MUERTO, _que saldr  su tiempo. Sientanse
 consejo, y los quatro Numantinos
que no tienen nombres, se sealan asi_:
PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO.

TEOGENES.

Pareceme, varones esforzados,
Que en nuestros daos con rigor influyen
Los tristes signos y contrarios hados,
Pues nuestra fuerza y maa desminuyen:
Tienennos los Romanos encerrados,
Y con cobardes maas nos destruyen,
Ni con matar muriendo no hay vengarnos,
Ni podemos sin alas escaparnos.
Y no solo  vencernos se despiertan
Los que havemos vencido veces tantas,
Que tambien Espaoles se conciertan
Con ellos  segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
Con rayos hieran las ligeras plantas
Que se mueven en dao del amigo,
Favoreciendo al perfido enemigo.
Mirad si imaginais algn remedio
Para salir de tanta desventura,
Porque este largo y trabajoso asedio
Solo promete presta sepultura.
El ancho foso nos estorva el medio
De probar con las armas la ventura,
Aunque  veces valientes, fuertes brazos,
Rompen mil contrapuestos embarazos.

CORABINO

A Jupiter pluguiera soberano
Que nuestra juventud sola se viera
Con todo el bravo exercito Romano
A donde el brazo rodear pudiera!
Que alli el valor de la Espaola mano
La mesma muerte poco estorvo fuera
Para dexar de abrir ancho camino
A la salud del pueblo Numantino.
Mas pues en tales terminos nos vemos,
Que estamos como damas encerrados,
Hagamos todo quanto hacer podremos
Para mostrar los animos osados:
A nuestros enemigos convidemos
A singular batalla, que cansados
De este cerco tan largo, ser podra
Quisiesen acabarle por tal via.
Y quando este remedio no suceda
A la justa medida del deseo,
Otro camino de intentar nos queda,
Aunque mas trabajoso  lo que creo:
Este foso y muralla que nos veda
El paso al enemigo que alli veo,
En un tropel de noche le rompamos
Y por ayuda  los amigos vamos.

NUMANTINO PRIMERO.

O sea por el foso  por la muerte
De abrir tenemos paso  nuestra vida;
Que es dolor insufrible el de la muerte,
Si llega quando mas vive la vida;
Remedio  las miserias es la muerte,
Si se acrecientan ellas con la vida,
Y suele tanto mas ser excelente,
Quanto se muere mas honradamente.

SEGUNDO.

Con qu mas honra pueden apartarse
De nuestros cuerpos estas almas nuestras
Que en las Romanas armas arrojarse
Y en su dao mover las fuertes diestras?
En la ciudad podr muy bien quedarse
Quien gusta de cobarde dar las muestras,
Que yo mi gusto pongo en quedar muerto
En el cerrado foso  campo abierto.

TERCERO.

Esta insufrible hambre macilenta
Que tanto nos persigue y nos rodea,
Hacen que en vuestro parecer consienta,
Puesto que temerario y duro sea,
Muriendo, escusaremos tanta afrenta;
Mas quien morir de hambre no desea,
Arrojese conmigo al foso, y haga
Camino  su remedio con la daga.

QUARTO.

Primero que vengais al trance duro
Desta resolucion que haveis tomado,
Pareceme ser bien, que desde el muro
Nuestro fiero enemigo sea avisado,
Diciendole que d campo seguro
A un Numantino, y otro su soldado,
Y que la muerte de uno sea sentencia
Que acabe nuestra antigua diferencia.
Son los Romanos tan soberbia gente,
Que luego aceptarn este partido,
Y si lo aceptan, creo firmemente
Que nuestro amargo dao ha fenecido,
Pues est Corabino aqui presente,
Cuyo valor me tiene persuadido
Que l solo contra tres bravos Romanos
Quitar la victoria de las manos.
Tambien ser acertado, que Marquino,
Pues es un agorero tan famoso,
Mire qu estrella, qu planeta  signo
Nos amenaza muerte,  fin honroso,
Y si puede hallar algun camino
Que nos pueda mostrar si del dudoso
Cerco cruel, do estamos oprimidos,
Saldremos vencedores  vencidos.
Tambien primero encargo que se haga
A Jupiter solene sacrificio,
De quien podremos esperar la paga
Harto mayor que nuestro beneficio;
Curese luego la profunda llaga
Del arraigado acostumbrado vicio,
Quiza con esto mudar de intento
El hado esquivo, y nos dar contento.
Para morir jamas le falta tiempo
Al que quiere morir desesperado:
Siempre seremos  sazon y  tiempo
Para mostrar muriendo el pecho osado,
Mas porque no se pase en valde el tiempo,
Mirad si os cuadra lo que aqui he ordenado,
Y sino os pareciere, dad un modo
Que mejor venga, y que convenga  todo.

MARQUINO.

Esa razon que muestran tus razones,
Es aprobada del intento mio,
Haganse sacrificios y oblaciones,
Y pongase en efecto el desafio:
Que yo no perder las ocasiones
De mostrar de mi ciencia el poderio:
Yo sacar del hondo centro escuro
Quien nos declare el bien  el mal futuro.

TEOGENES.

Yo desde aqu me ofrezco, si os parece
Que puede de mi esfuerzo algo fiarse,
De salir  este duelo que se ofrece,
Si por ventura viene  efectuarse.

CORABINO.

Mas honra tu valor raro merece,
Bien pueden de tu esfuerzo confiarse
Mas dificiles cosas y mayores,
Por ser el que es mejor de los mejores;
Y pues t ocupas el lugar primero
De la honra y valor con causa justa,
Yo que en todo me cuento por postrero,
Quiero ser el Haraldo desta justa.

PRIMERO.

Pues yo con todo el pueblo me prefiero
Hacer de lo que Jupiter mas gusta,
Que son los sacrificios y oraciones,
Si van con enmendados corazones.

SEGUNDO.

Vamonos, y con presta diligencia
Hagamos quanto aqui propuesto havemos,
Antes que la pestifera dolencia
De la hambre nos ponga en los extremos.

TERCERO.

Si tiene el cielo dada la sentencia
De que en este rigor fiero acabemos,
Revoquela, si acaso la merece
La justa enmienda que Numancia ofrece.


SCENA II.

_Salen primero dos Soldados Numantinos_ MORANDRO, _y_ LEONCIO.

LEONCIO.

Morandro amigo,  do vas,
O cia do mueves el pie?

MORANDRO.

Si yo mismo no lo s,
Tampoco tu lo sabras.

LEONCIO.

Cmo te saca de seso
Tu amoroso pensamiento?

MORANDRO.

Antes despues que le siento
Tengo mas razon y peso.

LEONCIO.

Eso ya est averiguado
Que el que sirviere al amor,
Ha de ser por su dolor
Con razon muy mas pesado.

MORANDRO.

De malicia  de agudeza
No escapa lo que dixiste.

LEONCIO.

Tu mi agudeza entendiste,
Mas yo entiendo tu simpleza.

MORANDRO.

Qu, soy simple en querer bien?

LEONCIO.

S, si ya el querer no se mide,
Como la razon lo pide,
Con quando, como, y  quien.

MORANDRO.

Reglas quies poner  amor?

LEONCIO.

La razon puede ponellas.

MORANDRO.

Razonables sern ellas,
Mas no de mucho primor.

LEONCIO.

En la amorosa porfia
A razon no hay conocella.

MORANDRO.

Amor no va contra ella
Aunque de ella se desvia.

LEONCIO

No es ya contra la razon,
Siendo t tan buen soldado,
Andar tan enamorado
En esta estrecha ocasion?
Al tiempo que del dios Marte
Has de pedir el furor,
Te entretienes con amor,
Que mil blanduras reparte?
Ves la patria consumida,
Y de enemigos cercada,
Y tu memoria turbada
Por amor de ella se olvida?

MORANDRO.

En ira mi pecho se arde
Por verte hablar sin cordura:
Hizo el amor por ventura
A ningun pecho cobarde?
Dexo yo la centinela
Por ir donde est mi dama?
O estoy durmiendo en la cama
Quando mi capitan vela?
Hasme tu visto faltar
De lo que debo  mi oficio,
Por algun regalo  vicio,
Ni menos por bien amar?
Y si nada me has hallado
De que deba dar disculpa,
Porqu me das tanta culpa
De que sea enamorado?
Y si de conversacion
Me ves que ando siempre ageno,
Mete la mano en tu seno,
Veras si tengo razon.
No sabes los muchos aos
Que tras Lira ando perdido?
No sabes que era venido
El fin de mis tristes daos,
Porque su padre ordenaba
De darmela por muger,
Y que Lira su querer
Con el mio concertaba?
Tambien sabes que lleg
En tan dulce coyuntura
Esta fuerte guerra dura,
Por quien mi gloria ces.
Dilatose el casamiento
Hasta acabar esta guerra,
Porque no est nuestra tierra
Para fiestas y contento.
Mira quan poca esperanza
Puedo tener de mi gloria,
Pues est nuestra victoria
Toda en la enemiga lanza.
De la hambre fatigados,
Sin medio de algun remedio,
Tal muralla y foso en medio,
Pocos, y esos encerrados.
Pues como veo llevar
Mis esperanzas del viento,
Ando triste y descontento
Ansi qual me ves andar.

LEONCIO.

Sosiega, Morandro, el pecho,
Vuelve al brio que tenias,
Quiz por ocultas vias
Se ordena nuestro provecho:
Que Jupiter soberano
Nos descubrir camino,
Por do el pueblo Numantino
Quede libre del Romano;
Y en dulce paz y sosiego
De tu esposa gozars,
Y las llamas templars
Deste tu amoroso fuego,
Que para tener propicio
Al gran Jupiter tonante,
Hoy Numancia en este instante
Le quiere hacer sacrificio.
Ya el pueblo viene y se muestra
Con las victimas  incienso.
O Jupiter, padre imenso!
Mira la miseria nuestra.

_Han de salir agora dos Numantinos vestidos como sacerdotes antiguos,
y traen asido de los cuernos en medio de entrambos un carnero grande,
coronado de oliva  yedra, y otras flores, y un paje con una fuente de
plata y una toalla al hombro, otro con un jarro de plata lleno de
agua, otro con otro lleno de vino, otro con otro plato de plata con un
poco de incienso, otro con fuego y lea, otro que ponga una mesa con
un tapete, donde se ponga todo esto, y salgan en esta scena todos los
que huviere en la comedia en habito de Numantinos, y luego los
sacerdotes, y dexando el uno el carnero de la mano, diga:_

SACERDOTE PRIMERO.

Seales ciertas de dolores ciertos
Se me han representado en el camino,
Y los canos cabellos tengo yertos.

SACERDOTE SEGUNDO.

Si acaso yo no soy mal adevino,
Nunca con bien saldremos desta impresa.
Ay desdichado pueblo Numantino!

PRIMERO.

Hagamos nuestro oficio con la priesa
Que nos incitan los agueros tristes.

SEGUNDO.

Poned, amigos, acia aqui esa mesa,
El vino, encienso y agua, que trugistes,
Poneldo encima, y apartaos afuera,
y arrepentios de quanto mal hicistes,
Que la oblacion mejor y la primera
Que se debe ofrecer al alto cielo,
Es alma limpia y voluntad sincera.

PRIMERO.

El fuego no le hagais, vos, en el suelo,
Que aqui viene brasero para ello,
Que ansi lo pide el religioso zelo.

SEGUNDO.

Lavaos las manos, y limpiaos el cuello.

PRIMERO.

Dad aca el agua: el fuego no se enciende?

UNO.

No hay quien pueda, seores, encendello?

SEGUNDO.

O Jupiter! qu es esto que pretende
De hacer en nuestro dao el hado esquivo?
Cmo el fuego en la tea no se enciende?

UNO.

Ya parece, seor, que est algo vivo.

PRIMERO.

Qutate afuera,  flaca llama escura,
Que dolor en mirarte ansi, recibo.
No miras como el humo se apresura
A caminar al lado del Poniente,
Y la amarilla llama mal sigura
Sus puntas encamina acia el Oriente?
Desdichada seal, seal notoria
Que nuestro mal y dao est presente.

SEGUNDO.

Aunque lleven Romanos la victoria
De nuestra muerte, en humo ha de tornarse
Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.

PRIMERO.

Pues debe con el vino rociarse
El sacro fuego, dad aca ese vino,
Y el incienso tambien que ha de quemarse.

_Rocian el fuego, y  la redonda con el vino, y luego ponen el
incienso en el fuego, y dice el_

SEGUNDO.

Al bien del triste pueblo Numantino
Endereza,  gran Jupiter, la fuerza
Propicia, del contrario amargo signo.

PRIMERO.

Ansi como este ardiente fuego fuerza
A que en humo se vaya el sacro incienso,
Ansi se haga al enemigo fuerza,
Para que en humo eterno, padre inmenso,
Todo su bien, toda su gloria vaya,
Ansi como tu puedes, y yo pienso.

SEGUNDO.

Tengan los cielos su poder  raya
Ansi como esta victima tenemos,
Y lo que ella ha de haber, l tambien haya.

PRIMERO.

Mal responde el aguero, mal podremos
Ofrecer esperanza al pueblo triste,
Para salir del mal que poseemos.

_Hagase ruido debaxo del tablado con un barril lleno de piedras, y
disparese un cohete volador._

SEGUNDO.

No oyes un ruido, amigo? viste
El rayo ardiente que pas volando?
Presago verdadero desto fuiste.

PRIMERO.

Turbado estoy, de miedo estoy temblando,
O qu seales en el ayre veo!
Qu amargo fin nos van pronosticando!
No ves un esquadron airado y feo
De unas aguilas fieras, que pelean
Con otras aves en marcial rodeo?

SEGUNDO.

Solo su esfuerzo y su rigor emplean
En encerrar las aves en un cabo,
Y con astucia y arte las rodean.

PRIMERO.

Tal seal vitupero, y no la alabo,
Aguilas imperiales vencedoras:
Tu vers de Numancia presto el cabo.

SEGUNDO.

Aguilas, de gran mal anunciadoras,
Partios, que ya el aguero vuestro entiendo,
Ya el efecto, contadas son las horas.

PRIMERO.

Con todo, el sacrificio hacer pretendo
Desta inocente victima, guardada
Para aplacar el dios del rostro horrendo.
O gran Pluton,  quien por suerte dada
Le fue la habitacion del reyno oscuro,
Y el mando en la infernal triste morada,
Ansi vivas en paz, cierto y seguro
De que la hija de la sacra Ceres
Corresponde  tu amor con amor puro,
Que en todo aquello que en provecho vieres
Venir del pueblo triste que te invoca,
Lo allegues, qual se espera de quien eres;
Atapa la profunda escura boca
Por do salen las tres fieras hermanas,
A hacernos el dao que nos toca,
Y sean de daarnos tan livianas

_Quite algunos pelos al carnero y echelos al ayre_.

Sus intenciones, que las lleve el viento:
Y ansi como yo bao y ensangriento
Este cuchillo en esta sangre pura
Con alma limpia y limpio pensamiento,
Ansi la tierra de Numancia dura
Se bae con la sangre de Romanos,
Y aun les sirva tambien de sepultura.

_Aqui ha de salir por los huecos del tablado un demonio hasta el medio
cuerpo, y ha de arrebatar el carnero, y meterle dentro, y tornar luego
 salir, y derramar y esparcir el fuego, y todos los sacrificios_.

Mas quien me ha arrebatado de las manos
La victima? qu es esto, dioses santos?
Qu prodigios son estos tan insanos?
No os han enternecido ya los llantos
Deste pueblo lloroso y afligido,
Ni la sagrada voz de nuestros cantos?

SEGUNDO.

Antes creo que se han endurecido,
Qual se puede inferir de las seales
Tan fieras como aqui han acontecido;
Nuestros vivos remedios son mortales,
Toda es nuestra pereza diligencia,
Y los bienes agenos nuestros males.

UNO DEL PUEBLO.

Enfin, dado han los cielos la sentencia
De nuestro fin amargo y miserable,
No nos quiere valer ya su clemencia.

OTRO.
Lloremos pues en son tan lamentable
Nuestra desdicha, que en la edad postrera
Dl y de nuestro esfuerzo siempre se hable.
Marquino haga la experiencia entera
De todo su saber, y sepa quanto
Nos promete de mal la lastimera
Suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto.

_Salense todos, y quedan solos_ MORANDRO _y_ LEONCIO.

MORANDRO.

Leoncio, qu te parece?
Tendrn remedio mis males
Con estas buenas seales,
Que aqui el cielo nos ofrece?
Tendr fin mi desventura
Quando se acabe la guerra?
Que ser quando la tierra
Me sirva de sepultura?

LEONCIO.

Morandro, al que es buen soldado
Agueros no le dan pena,
Que pone la suerte buena
En el animo esforzado;
Y esas vanas apariencias
Nunca le turban el tino,
Su brazo es su estrella y signo,
Su valor sus influencias;
Pero si quieres creer
En este notorio engao,
Aun quedan, si no me engao,
Experiencias mas que hacer,
Que Marquino las har,
Las mejores de su ciencia,
Y el fin de nuestra dolencia
Ser bueno,  malo sabr.
Pareceme que le veo:
En que estrao trage viene!

MORANDRO.

Quien con feos se entretiene
No es mucho que venga feo:
Ser acertado seguirle?

LEONCIO.

Acertado me parece
Por si acaso se le ofrece
Algo en que poder servirle.

_Aqu sale_ MARQUINO _con una ropa negra de bocaci ancha, y una
cabellera negra, y los pies descalzos, y en la cinta traer, de modo
que se le vean, tres redomillas llenas de agua, la una negra, la otra
teida con azafran, y la otra clara; y en la una mano una lanza
barnizada de negro, y en la otra un libro, y viene_ MILVIO _con l, y
asi como entran, se ponen  un lado_ LEONCIO _y_ MORANDRO.

MARQUINO.

D dices, Milvio, que est el joven triste?

MILVIO.

En esta sepultura est enterrado.

MARQUINO.

No yerres el lugar do le pusiste.

MILVIO.

N, que con esta piedra sealado
Dex el lugar adonde el mozo tierno
Fue con lagrimas tiernas sepultado.

MARQUINO.

De qu muri?

MILVIO.

            Muri de mal gobierno:
La flaca hambre le acab la vida,
Peste cruel, salida del infierno.

MARQUINO.

En fin, que dices, que ninguna herida
Le cort el hilo del vital aliento,
Ni fue cancer, ni llaga su homicida?
Esto te digo, porque hace al cuento
De mi saber, que est este cuerpo entero,
Organizado todo, y en su asiento.

MILVIO.

Havr tres horas que le di el postrero
Reposo, y le entregu  la sepultura,
Y de hambre muri, como refiero.

MARQUINO.

Est muy bien, y es buena coyuntura
La que me ofrecen los propicios signos
Para invocar de la regin oscura
Los feroces espiritus malignos:
Presta atentos oidos  mis versos.
Fiero Pluton, que en la region oscura
Entre ministros de animos perversos
Te cupo de reynar suerte y ventura,
Haz, aunque sean de tu gusto adversos,
Cumplidos mis deseos, y en la dura
Ocasion que te invoco, no te tardes
Ni  ser mas oprimido de m aguardes.
Quiero que al cuerpo que aqu est enterrado,
Vuelvas el alma que le daba vida,
Aunque el fiero Caron del otro lado
La tenga en la ribera denegrida,
Y aunque en las tres gargantas del airado
Cerbero est penada y escondida,
Salga, y torne  la luz del mundo nuestro,
Que luego tornar al escuro vuestro;
Y pues ha de salir, salga informada
Del fin que ha de tener guerra tan cruda,
Y desto no me encubra  calle nada,
Ni me dexe confuso y con mas duda
La platica desta alma desdichada,
De toda ambiguidad libre y desnuda
Tiene de ser. Inviala, qu esperas?
Esperas  que hable con mas veras?
No revolveis la piedra, desleales?
Decid, ministros falsos, qu os detiene?
Cmo? no me haveis dado ya seales
De que haceis lo que digo, y me conviene?
Buscais con deteneros vuestros males,
O gustais de que yo al momento ordene
De poner en efecto los conjuros
Que ablandan vuestros fieros pechos duros?
Ea pues, vil canalla, mentirosa,
Aparejaos  duro sentimiento,
Pues sabeis que mi voz es poderosa
De doblaros la rabia y el tormento.
Dime traidor esposo de la esposa
Que seis meses del ao  su contento
Est sin t, haciendote cornudo,[A]
Porqu  mis peticiones ests mudo?
Este hierro baado en agua clara
Que al suelo no toc en el mes de Mayo,
Herir en esta piedra, y har clara
Y patente la fuerza deste ensayo.

[Footnote A: _Alusin  las puntas  cuernos de la luna, quando crece
 mengua_.]

_Con el agua de la redoma clara baa el hierro de la lanza, y luego
hiere en la tabla, y debaxo  sueltense cohetes,  hagase el rumor con
el barril de piedras_.

Ya parece, canalla, que  la clara
Dais muestras de que os toma cruel desmayo.
Qu rumores son estos, ea malvados,
Que alfin venis, aunque venis forzados?
Levantad esta piedra, fementidos,
Y descubridme el cuerpo que aqui yace.
Qu es esto? qu tardais?  d sois idos?
Cmo mi mandado al punto no se hace?
No os curais de amenazas, descreidos?
Pues no espereis que mas os amenace:
Esta agua negra del Estigio lago
Dar  vuestra tardanza presto el pago.
Agua de la fatal negra laguna,
Cogida en triste noche, escura y negra,
Por el poder que en ti junto se auna,
A quien otro poder ninguno quiebra,
...... diabolica importuna,
Y  quien la primer forma de culebra
Tom, conjuro, apremio, pido y mando,
Que venga  obedecerme aqui volando.

_Rocia con el agua la sepultura, y abrese_.

O mal logrado mozo, sal ya fuera,
Y vuelve  ver el sol claro y sereno;
Dexa aquella region do no se espera
En ella un dia sosegado y bueno;
Dame, pues puedes, relacion entera
De lo que has visto en el profundo seno
Digo, de aquello  que mandado eres,
Y mas, si al caso toca, y tu pudieres.

_Sale el_ CUERPO _amortajado, con un rostro de mascara, descolorido,
como de muerto, y va saliendo poco  poco, y en saliendo, dexase caer
en el teatro sin mover pie ni mano hasta su tiempo_.

Qu es esto? no respondes? no revives?
Otra vez has gustado de la muerte?
Pues yo har que con tu pena avives,
Y tengas el hablar  buena suerte,
Pues eres de los nuestros, no te esquives
De hablarme y responderme, mira, advierte
Que si callas, har que con tu mengua
Sueltes la atada y encogida lengua.

_Rocia el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azota con un azote_.

Espiritus malignos, no aprovecha?
Pues esperad, saldr el agua encantada
Que har mi voluntad tan satisfecha,
Quanto es la vuestra perfida y daada,
Y aunque esta carne fuera polvos hecha,
Siendo con este azote castigada,
Cobrar nueva aunque ligera vida,
Del aspero rigor suyo oprimida.

_Menease y estremecese el cuerpo  este punto_.

Alma rebelde, vuelve al aposento
Que pocas horas ha desocupaste.

_El_ CUERPO.

Cese la furia del rigor violento,
Tuyo, Marquino, baste, triste, baste
La que yo paso en la region escura,
Sin que t crezcas mas mi desventura.
Engaaste, si piensas que recibo
Contento de volver  esta penosa,
Misera y corta vida, que aora vivo,
Que ya me va faltando presurosa;
Antes me causas un dolor esquivo,
Pues otra vez la muerte rigurosa
Triunfar de mi vida y de mi alma,
Mi enemigo tendr doblada palma,
El qual con otros del escuro vando,
De los que son sujetos  aguardarte,
Est con rabia en torno, aqui esperando
A que acabe, Marquino, de informarte
Del lamentable fin, del mal nefando,
Que de Numancia puedo asegurarte,
La qual acabar  las mismas manos
De los que son  ella mas cercanos.
No llevarn Romanos la victoria
De la fuerte Numancia, ni ella menos
Tendr del enemigo triunfo  gloria,
Amigos y enemigos, siendo buenos,
No entiendas que de paz havr memoria,
Que rabia alverga en sus contrarios senos:
El amigo cuchillo el homicida
De Numancia ser, y ser su vida,

_Arrojase en la sepultura, y dice_:

Y quedate, Marquino, que los hados
No me conceden mas hablar contigo,
Y aunque mis dichos tengas por trocados,
Al fin saldr verdad lo que te digo.

MARQUINO.

O tristes signos, signos desdichados,
Si esto ha de suceder del pueblo, amigo,
Primero que mirar tal desventura,
Mi vida acabe en esta sepultura.

_Arrojase_ MARQUINO _en la sepultura_.

MORANDRO.

Mira, Leoncio, si ves,
Por do yo pueda decir,
Que no me haya de salir
Todo mi gusto al reves!
De toda nuestra ventura
Cerrado est ya el camino,
Sino, digalo, Marquino,
El muerto, y la sepultura,

LEONCIO.

Que todas son ilusiones,
Quimeras y fantasias,
Agueros y hechicerias,
Diabolicas invenciones:
No muestres que tienes poca
Ciencia en creer desconciertos,
Que poco cuidan los muertos
De lo que  los vivos toca.

MILVIO.

Nunca, Marquino, hiciera
Desatino tan estrao,
Si nuestro futuro dao
Como presente no viera:
Avisemos este caso
Al pueblo, que est mortal;
Mas para dar nueva tal
Quin podr mover el paso?


JORNADA III.

SCENA I.

INTERLOCUTORES

CIPION, JUGURTA, _y_ GAYO MARIO.

CIPION.

En forma estoy contento en mirar como
Corresponde  mi gusto la ventura,
Y esta libre nacion soberbia domo
Sin fuerzas, solamente con cordura.
En viendo la ocasion, luego la tomo,
Porque s que si corre, y se apresura,
Y si se pasa, en cosas de la guerra
El credito consume y vida atierra.
Juzgabades  loco desvario
Tener los enemigos encerrados,
Y que era mengua del Romano brio,
No vencerlos con modos mas usados:
Bien s que lo havrn dicho, mas yo fio
Que los que fueren practicos soldados,
Diran que es de tener en mayor cuenta
La victoria que menos es sangrienta.
Qu gloria puede haver mas levantada
En las cosas de guerra que aqui digo,
Que sin quitar de su lugar la espada
Vencer y sujetar al enemigo?
Que quando la victoria es grangeada
Con la sangre vertida del amigo,
El gusto mengua que causar pudiera
La que sin sangre tal, ganada fuera.

_Aqui ha de sonar una trompeta desde el muro de Numancia_.

QUINTO FABIO.

Oye, seor, que de Numancia suena
El sn de una trompeta, y me asiguro
Que decirte algo desde all se ordena,
Pues el salir ac lo estorva el muro.
Corabino se ha puesto en una almena,
Y una seal ha hecho de seguro:
Lleguemonos mas cerca.

CIPION.

                      Sea, lleguemos.

GAYO MARIO.

No mas: que dende aqui le entenderemos.

_Ponese_ CORABINO _encima de la muralla con bandera blanca puesta en
una lanza_.

CORABINO.

Romanos, ah Romanos, puede acaso
Ser de vosotros esta voz oida?

GAYO MARIO.

Puesto que mas la baxes, y hables paso,
Qualquiera tu razon ser entendida.

CORABINO.

Decid al General, que acerque el paso
Al foso, porque viene dirigida
A l una embaxada.

CIPION.

                  Dila presto,
Que yo soy Cipion.

CORABINO.

                  Escucha el resto.
Dice Numancia, General prudente,
Que consideres bien que ha muchos aos
Que entre la nuestra y tu Romana gente
Duran los males de la guerra estraos,
Y que por evitar que no se aumente
La dura pestilencia destos daos,
Quiere, si tu quisieres, acaballa,
Con una breve y singular batalla.
Un soldado se ofrece de los nuestros
A combatir cerrado en estacada,
Con qualquiera esforzado de los vuestros
Por acabar contienda tan pesada,
Y si los hados fueren tan siniestros,
Que el uno quede sin la vida amada,
Si fuere el nuestro, darse ha la tierra,
Si el tuyo fuere, acabese la guerra:
Y por seguridad deste concierto,
Daremos  tu gusto los rehenes.
Bien s que en l vendrs, porque ests cierto
De los soldados que  tu cargo tienes,
Y sabes que el menor en campo abierto
Har sudar el pecho, el rostro y sienes
Al mas aventajado de Numancia:
Ansi que est sigura tu ganancia.
Respondeme, seor, si estas en ello,
Porque  la execucion se venga luego.

CIPION.

Donaire es lo que dices, risa, juego,
Y loco el que pensase de hacello.
Usad el medio del humilde ruego,
Si quereis que se escape vuestro cuello
De probar el rigor y filos diestros
Del Romano cuchillo y brazos nuestros.
La fiera que en la jaula est encerrada
Por su selvatiquez y fuerza dura,
Si puede alli con maa ser domada
Y con el tiempo y medios de cordura,
Quien la dexase ir libre y desatada,
Daria grandes muestras de locura:
Bestias sois, y por tales encerrados
Os tengo donde haveis de ser domados:
Mia ser Numancia  pesar vuestro,
Sin que me cueste un minimo soldado,
Y el que teneis vosotros por mas diestro
Rompa por ese foso trincheado,
Y si en esto os parece que yo muestro
Un poco mi valor acobardado,
El viento lleve agora esta verguenza,
Y vuelvale la fama quando os venza.

_Vanse_ CIPION _y los suyos_.

CORABINO.

No escuchas mas, cobarde? ya te escondes?
Enfadate la igual justa batalla?
Mal con tu nombradia correspondes,
Mal podrs deste modo sustentalla;
En fin, como cobarde me respondes:
Cobardes sois, Romanos, vil canalla,
En vuestra muchedumbre confiados,
Y no en los diestros brazos levantados.
Perfidos, desleales, fementidos,
Crueles, revoltosos y tiranos,
Ingratos, codiciosos, mal nacidos,
Pertinaces, feroces y villanos,
Adulteros, infames, conocidos
Por de industriosas, mas cobardes manos,
Qu gloria alcanzareis en darnos muerte
Teniendonos atados desta suerte?
Encerrado escuadron,  manga suelta
En la campaa rasa, do no pueda
Estorbar la mortal fiera revuelta
El ancho foso y muro que la veda,
Fuera bien que sin dar el pie la vuelta
Y sin tener jamas la espada queda
Ese exercito mucho bravo vuestro,
Se viera con el poco flaco nuestro.
Mas como siempre estais acostumbrados
A vencer con ventajas y con maas,
Estos conciertos en valor fundados
No los admiten bien vuestras maraas:
Liebres en pieles fieras disfrazados,
Load y engrandeced vuestras hazaas,
Que espero en el gran Jupiter de veros
Sujetos  Numancia y  sus fueros.

_Baxase, y torna  salir luego con todos los Numantinos que salieron
en el principio de la segunda jornada, excepto_ MARQUINO, _que se
arroj en la sepultura, y sale tambien_ MORANDRO.

TEOGENES.

En terminos nos tiene nuestra suerte,
Dulces amigos, que ser ventura
Acabar nuestros daos con la muerte;
Por nuestro mal, por nuestra desventura,
Vistes del sacrificio el triste aguero,
Y  Marquino tragar la sepultura:
El desafio no ha importado un cero:
De intentar que nos queda, no lo siento,
Sino es acelerar el fin postrero.
Esta noche se muestre el ardimiento
Del Numantino acelerado pecho,
Y pongase por obra nuestro intento:
El enemigo muro sea deshecho,
Salgamos  morir  la campaa,
Y no como cobardes en estrecho.
Bien s que solo sirve esta hazaa
De que  nuestro morir se mude el modo,
Que con ella la muerte se acompaa.

CORABINO.

Con ese parecer yo me acomodo,
Morir quiero rompiendo el fuerte muro,
Y deshacelle por mi mano todo.
Mas tieneme una cosa mal seguro,
Que si nuestras mugeres saben esto,
De que no haremos nada os aseguro.
Quando otra vez tuvimos presupuesto
De salir y dexallas, cada uno
Fiado en su caballo y brazo diestro,
Ellas que el trato  ellas importuno
Supieron, al momento nos robaron
Los frenos, sin dexarnos solo uno.
Entonces el salir nos estorbaron,
Y ansi lo harn agora facilmente,
Si las lagrimas muestran que mostraron.

MORANDRO.

Nuestro disignio  todas es patente,
Todas lo saben, ya no queda alguna
Que no se quexa dello amargamente;
Y dicen que en la buena  ruin fortuna
Quieren en vida y muerte acompaarnos,
Aunque su compaia es importuna.

_Aqui entran quatro  mas mugeres de Numancia, y con ellas_ LIRA, _las
mugeres traen unas figuras de nios en los brazos, y otros de las
manos, excepto_ LIRA _que no trae ninguno_.

Veislas aqui do vienen  rogaros,
No las dexeis en tantos embarazos,
Aunque seais de acero han de ablandaros.
Los tiernos hijos vuestros en los brazos
Las tristes traen: no veis con qu seales
De amor les dan los ultimos abrazos?

PRIMERA.

Dulces seores nuestros, si en los males
Hasta aqui de Numancia padecidos,
Que son menores los que son mortales,
Y en los bienes tambien que ya son idos,
Siempre mostramos ser mugeres vuestras,
Y vosotros tambien nuestros maridos,
Porqu en las ocasiones tan siniestras
Que el cielo airado agora nos ofrece,
Nos dais de aquel amor tan cortas muestras?
Hemos sabido, y claro se parece
Que en las Romanas armas arrojaros
Quereis, pues su rigor menos empece
Que no la hambre de que veis cercaros,
De cuyas flacas manos desabridas
Por imposible tengo el escaparos.
Peleando quereis dexar las vidas,
Y dexarnos tambien desamparadas,
A deshonras y muertes ofrecidas.
Nuestro cuello ofreced  las espadas
Vuestras primero, que es mejor partido,
Que vernos de enemigos deshonradas.
Yo tengo en mi intencion estatuido
Que si puedo, har quanto en mi fuere
Por morir do muriere mi marido,
Y esto mesmo har la que quisiere
Mostrar que no los miedos de la muerte
Le estorban, de querer  quien bien quiere
En buena,  mala, en dulce,  amarga suerte.

OTRA.

Qu pensais, varones claros?
Revolveis aun todavia
En la triste fantasia
De dexarnos y ausentaros?
Quereis dexar por ventura
A la Romana arrogancia
Las virgines de Numancia
Para mayor desventura?
Y  los libres hijos nuestros
Quereis esclavos dexallos?
No ser mejor ahogallos
Con los propios brazos vuestros?
Quereis hartar el deseo
De la Romana codicia,
Y que triunfe su injusticia
De nuestro justo trofeo?
Sern por agenas manos
Nuestras casas derribadas:
Y las bodas esperadas
Hanlas de gozar Romanos?
En salir hareis error,
Que acarrea cien mil yerros,
Porque dexais sin los perros
El ganado, y sin seor.
Si al foso quereis salir
Llevadnos en tal salida,
Porque tendremos por vida
A vuestros lados morir.
No apresureis el camino
Al morir, porque su estambre
Cuidado tiene la hambre.
De cercenarla contino.

OTRAS.

Hijos destas tristes madres,
Qu es esto? cmo no hablais?
Y con lagrimas rogais
Que no os dexen vuestros padres?
Basta que la hambre insana
Os acabe con dolor,
Sin esperar el rigor
De la aspereza Romana.
Decildes que os engendraron
Libres, y libres nacistes,
Y que vuestras madres tristes
Tambien libres os criaron.
Decildes que pues la suerte
Nuestra va tan de caida,
Que como os dieron la vida,
Ansi mismo os den la muerte.
O muros desta ciudad,
Si podeis hablad, decid,
Y mil veces repetid:
Numantinos, libertad.
Los templos, las casas nuestras
Levantadas en concordia
Os piden misericordia,
Hijos y mugeres vuestras.
Ablandad, claros varones,
Esos pechos diamantinos,
Y mostrad qual Numantinos
Amorosos corazones:
Que no por romper el muro
Remediais un mal tamao,
Antes en ello est el dao
Mas propincuo y mas seguro.

LIRA.

Tambien las tiernas doncellas
Ponen en vuestra defensa
El remedio de su ofensa,
Y el alivio  sus querellas.
No dexeis tan ricos robos
A las codiciosas manos,
Mirad que son los Romanos
Hambrientos y fieros lobos.
Desesperacion notoria
Es esta que hacer quereis,
A donde solo hallareis
Breve muerte y larga gloria.
Mas ya que salga mejor
Que yo pienso, esta hazaa,
Qu ciudad hay en Espaa
Que quiera daros favor?
Mi pobre ingenio os advierte
Que si haceis esta salida,
Al enemigo dais vida,
Y  toda Numancia muerte.
De vuestro acuerdo gentil
Los Romanos burlarn;
Porque, decidme, qu harn
Tres mil contra ochenta mil?
Aunque estuviesen abiertos
Los muros y sin defensa,
Seriades con ofensa
Mal vengados y bien muertos.
Mejor es que la ventura
Del dao que el cielo ordene,
O nos salve,  nos condene,
De la vida  sepultura.

TEOGENES.

Limpiad los ojos humidos del llanto,
Mugeres tiernas, y ten entendido
Que vuestra angustia la sentimos tanto,
Que responde al amor nuestro subido,
Ora crezca el dolor, ora el quebranto,
Sea por nuestro bien diminuido,
Jamas en vida  muerte os dejaremos,
Antes en muerte y vida os serviremos.
Pensabamos salir al foso ciertos
Antes de alli morir que de escaparnos,
Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
Si muriendo pudieramos vengarnos;
Mas pues nuestros disignios descubiertos
Han sido, y es locura aventurarnos,
Amados hijos y mugeres nuestras,
Nuestras vidas sern de hoy mas las vuestras.
Solo se ha de mirar que el enemigo
No alcance de nosotros triunfo y gloria,
Antes ha de servir l de testigo
Que apruebe y eternice nuestra historia;
Y si todos venis en lo que digo
Mil siglos durar nuestra memoria,
Y es que no quede cosa aqui en Numancia
De do el contrario pueda haver ganancia.
En medio de la plaza se haga un fuego,
En cuya ardiente llama licenciosa
Nuestras riquezas todas se echen luego
Desde la pobre  la mas rica cosa,
Y esto podeis tener  dulce juego,
Quando os declare la intencin honrosa
Que se ha de efectuar, despues que sea
Abrasada qualquier rica presea.
Y para entretener por alguna hora
La hambre que ya roe nuestros huesos,
Hareis descuartizar luego  la hora
Esos tristes Romanos que estn presos,
Y sin del chico al grande hacer mejora,
Repartanse entre todos, que con esos
Ser nuestra comida celebrada
Por estraa cruel necesitada.
Amigos, qu os parece? estais en esto?

CORABINO.

Digo que  mi me tiene satisfecho,
Y que  la execucion se venga presto
De tan estrao y tan honroso hecho.

TEOGENES.

Pues yo de mi intencion os dir el resto
Despues que sea lo que digo hecho.
Vamos  ser ministros todos luego
De encender el ardiente y rico fuego.

MUGER PRIMERA.

Nosotras desde aqui ya comenzamos
A dar con voluntad nuestros arreos,
Y  la vida las vuestras entregamos
Como se han entregado los deseos.

LIRA.

Ea pues, caminemos, vamos, vamos,
Y abrasense en un punto los trofeos
Que pudieran hacer ricas las manos,
Y aun hartar la codicia de Romanos.

_Vanse todos, y al salir_ MORANDRO, _ase _ LIRA _por el brazo, y
detienela_.

MORANDRO.

No vayas tan de corrida,
Lira, dexame gozar
Del bien que me puede dar
En la muerte alegre vida:
Dexa que miren mis ojos
Un rato tu hermosura,
Pues tanto mi desventura
Se entretiene en mis enojos.
O dulce Lira, que sueas
Contino en mi fantasia
Con tan suave harmonia
Que vuelve en gloria mis penas!
Qu tienes? qu ests pensando,
Gloria de mi pensamiento?

LIRA.

Pienso como mi contento
Y el tuyo se va acabando,
Y no ser su homicida
El cerco de nuestra tierra,
Que primero que la guerra
Se me acabar la vida.

MORANDRO

Qu dices, bien de mi alma?

LIRA.
Que me tiene tal la hambre,
Que de mi vital estambre
Llevar presto la palma.
Qu tlamo has de esperar
De quien est en tal estremo,
Que te aseguro que temo
Antes de un hora espirar.
Mi hermano ayer espir
De la hambre fatigado,
Y mi madre ya ha acabado,
Que la hambre la acab.
Y si la hambre y su fuerza
No ha rendido mi salud,
Es porque la juventud
Contra su rigor se esfuerza.
Pero como ha tantos dias
Que no le hago defensa,
No pueden contra su ofensa
Las debiles fuerzas mias.

MORANDRO.

Enjuga, Lira, los ojos,
Dexa que los tristes mios
Se vuelvan corrientes rios
Nacidos de tus enojos;
Y aunque la hambre ofendida
Te tenga tan sin compas,
De hambre no morirs
Mientras yo tuviere vida.
Yo me ofrezco de saltar
El foso y el muro fuerte,
Y entrar por la misma muerte
Para la tuya escusar.
El pan que el Romano toca
Sin que el temor me destruya,
Lo quitar de la suya
Para ponerlo en tu boca.
Con mi brazo har carrera
A tu vida y  mi muerte,
Porque mas me mata el verte,
Seora, de esa manera.
Yo te traer de comer
A pesar de los Romanos,
Si ya son estas mis manos
Las mismas que solian ser.

LIRA.

Hablas como enamorado,
Morandro, pero no es justo
Que ya tome gusto el gusto
Con tu peligro comprado.
Poco podr sustentarme
Qualquier robo que hars,
Aunque mas cierto hallars
El perderte que ganarme.
Goza de tu mocedad
En fresca edad y crecida,
Que mas importa tu vida
Que la mia,  la ciudad.
Tu podrs bien defendella
De la enemiga asechanza,
Que no la flaca pujanza
Desta tan triste doncella.
Ansi que, mi dulce amor,
Despide ese pensamiento,
Que yo no quiero sustento
Ganado con tu sudor.
Que aunque puedas alargar
Mi muerte por algun dia,
Esta hambre que porfia,
En fin nos ha de acabar.

MORANDRO.

En vano trabajas, Lira,
De impidirme este camino,
Do mi voluntad y signo
All me convida y tira.
Tu rogars entretanto
A los Dioses, que me vuelvan
Con despojos que resuelvan
Tu miseria y mi quebranto.

LIRA.

Morandro, mi dulce amigo,
No vayas, que se me antoja
Que de tu sangre veo roja
La espada del enemigo.
No hagas esta jornada,
Morandro, bien de mi vida,
Que si es mala la salida,
Es muy peor la tornada.
Si quiero aplacar tu brio,
Por testigo pongo al cielo,
Que de mi dao recelo
Y no del provecho mio.
Mas si acaso, amado amigo,
Prosigues esta contienda,
Lleva este abrazo por prenda
De que me llevas contigo.

MORANDRO.

Lira, el cielo te acompae:
Vete, que  Leoncio veo.

LIRA.

Y  ti te cumpla el deseo,
Y en ninguna parte dae.

LEONCIO _ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo_
MORANDRO _y_ LIRA.

LEONCIO.

Terrible ofrecimiento es el que has hecho,
Y en l, Morando, se nos muestra claro
Que no hay cobarde enamorado pecho,
Aunque de tu virtud y valor raro
Debe mas esperarse; mas yo temo
Que el hado infeliz se muestre avaro.
He estado atento al miserable estremo
En que te ha dicho Lira que se halla,
Indigno cierto  su valor supremo:
Y que tu has prometido de libralla
Deste presente dao, y arrojarte
En las armas Romanas  batalla.
Yo quiero, buen amigo, acompaarte,
Y en empresa tan justa y tan forzosa
Con mis pequeas fuerzas ayudarte.

MORANDRO.

O mitad de mi alma!  venturosa
Amistad no en trabajos dividida,
Ni en la ocasion mas prospera y dichosa!
Goza, Leoncio, de la dulce vida,
Quedate en la ciudad, que yo no quiero
Ser de tus verdes aos homicida:
Yo solo tengo de ir, yo solo espero
Volver con los despojos merecidos
A mi inviolable fe y amor sincero.

LEONCIO.

Pues ya tienes, Morandro, conocidos
Mis deseos, que en buena  mala suerte
Al sabor de los tuyos van medidos.
Sabrs que no los miedos de la muerte
De ti me apartarn un solo punto,
Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte.
Contigo tengo de ir, contigo junto
He de volver, si ya el cielo no ordena
Que quede en tu defensa all difunto.

MORANDRO.

Quedate, amigo! queda enhorabuena,
Porque si yo acabre aqui la vida
En esta empresa de peligro llena,
Tu puedas  mi madre dolorida
Consolar en el trance riguroso,
Y  la esposa de m tanto querida.

LEONCIO.

Cierto que ests, amigo, muy donoso
En pensar que t muerto, quedaria
Yo con tal quietud y tal reposo,
Que de consuelo alguno serviria
A la doliente madre y triste esposa:
Pues en la tuya est la muerte mia,
Seguirte tengo en la ocasion dudosa,
Mira como ha de ser, Morandro, amigo,
Y en el quedarme no me hables cosa.

MORANDRO.

Pues no puedo estorvarte el ir conmigo,
En el silencio de la noche oscura
Tenemos de asaltar al enemigo;
Lleva ligeras armas, que ventura
Es la que ha de ayudar al alto intento,
Que no la malla entretegida y dura:
Lleva ansi mismo puesto el pensamiento
En robar y traer  buen recado
Lo que pudieres mas de bastimento.

LEONCIO.

Vamos, que no saldr de tu mandado.


SCENA II.
DOS NUMANTINOS.

PRIMERO.

Derrama,  dulce hermano, por los ojos
El alma en llanto amargo convertida,
Venga la muerte y lleve los despojos
De nuestra miserable y triste vida.

SEGUNDO.

Bien poco durarn estos enojos,
Que ya la muerte viene apercebida
Para llevar en presto y breve vuelo
A quantos pisan de Numancia el suelo:
Principios veo que prometen presto
Amargo fin  nuestra dulce tierra,
Sin que tengan cuidado de hacer esto
Los contrarios ministros de la guerra;
Nosotros mismos  quien ya es molesto
Y enfadoso el vivir que nos atierra,
Hemos dado sentencia inrevocable
De nuestra muerte, aunque cruel, loable.
En la plaza mayor ya levantada
Queda una ardiente codiciosa hoguera,
Que de nuestras riquezas ministrada
Sus llamas sube hasta la quarta esfera:
Alli con triste priesa acelerada
Y con mortal y timida carrera,
Acuden todos, como  santa ofrenda,
A sustentar sus llamas con su hacienda.
Alli la perla del rosado Oriente,
Y el oro en mil vasijas fabricado,
Y el diamante y rub mas excelente,
Y la extremada purpura y brocado
En medio del rigor fogoso ardiente
De la encendida llama es arrojado:
Despojos do pudieran los Romanos
Henchir los senos y ocupar las manos.

_Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen
por otra_.

Vuelve al triste espectculo la vista,
Vers con quanta priesa y quanta gana
Toda Numancia en numerosa lista
Aguija  sustentar la llama insana;
Y no con verde leo y seca arista,
No con materia al consumir liviana,
Sino con sus haciendas mal gozadas,
Pues se ganaron para ser quemadas.

PRIMERO.

Si con esto acabra nuestro dao,
Pudieramos llevallo con paciencia,
Mas ay! que se ha de dar, si no me engao,
De que muramos todos, cruel sentencia.
Primero que el rigor barbaro estrao
Muestre en nuestras gargantas su inclemencia,
Verdugos de nosotros nuestras manos
Sern, y no los perfidos Romanos.
Han acordado que no quede alguna
Muger, nio, ni viejo con la vida,
Pues al fin la cruel hambre importuna
Con mas fiero rigor es su homicida.
Mas ves alli do asoma, hermano, una,
Que como sabes, fue de m querida
Un tiempo, con estremo tal de amores,
Qual es el que ella tiene de dolores.

_Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano_.

MADRE.

O duro vivir molesto!
Terrible y triste agonia!

HIJO.

Madre, por ventura habria
Quin nos diese pan por esto?

MADRE.

Pan, hijo, ni aun otra cosa
Que semeje de comer!

HIJO.

Pues tengo de perecer
De dura hambre rabiosa?
Con poco pan que me deis,
Madre, no os pedir mas.

MADRE.

Hijo, qu penas me das!

HIJO.

Pues qu, madre, no quereis?

MADRE.

S quiero; mas qu har
Que no s donde buscallo?

HIJO.

Bien podeis, madre, comprallo,
Si no yo lo comprar:
Mas por quitarme de afan,
Si alguno conmigo topa,
Le dar toda esta ropa
Por un mendrugo de pan.

MADRE.

Qu mamas, triste criatura!
No sientes que  mi despecho
Sacas ya del flaco pecho
Por leche, la sangre pura?
Lleva la carne  pedazos,
Y procura de hartarte,
Que no pueden mas llevarte
Mis floxos, cansados brazos!
Hijos del anima mia,
Con qu os podr sustentar,
Si apenas tengo que os dar
De la propia carne mia?
O hambre terrible y fuerte,
Cmo me acabas la vida!
O guerra, solo venida
Para causarme la muerte!

HIJO.

Madre mia, que me fino,
Aguijemos  do vamos,
Que parece que alargamos
La hambre con el camino.

MADRE.

Hijo, cerca est la casa
Adonde echarmos luego
En mitad del vivo fuego
El peso que te embaraza.

_Entrase_.

JORNADA IV.


SCENA I.


_Tocase al arma con gran priesa, y  este rumor salen_ CIPION _con_
JUGURTA _y_ GAYO MARIO _al tablado_.

CIPION.

Qu es esto, capitanes? quin nos toca
Al arma en tal sazon? es por ventura
Alguna gente desmandada y loca
Que viene  procurar su sepultura?
O no sea algun motin el que provoca
Tocar al arma en recia coyuntura:
Que tan seguro estoy del enemigo,
Que tengo mas temor al que es amigo.

_Sale_ QUINTO FABIO _con la espada desnuda, y dice:_

QUINTO FABIO.

Sosiega el pecho, General prudente,
Que ya desta arma la ocasion se sabe,
Puesto que ha sido  costa de tu gente,
De aquella en quien mas brio y fuerza cabe;
Dos Numantinos con soberbia fuerte,
Cuyo valor ser razon se alabe,
Saltando el ancho foso y la muralla
Han movido  tu campo cruel batalla.
A las primeras guardias invistieron,
Y en medio de mil lanzas se arrojaron,
Y con tal furia y rabia arremetieron,
Que libre paso al campo les dexaron:
Las tiendas de Fabricio acometieron,
Y alli su fuerza y su valor mostraron
De modo, que en un punto seis soldados
Fueron de agudas puntas traspasados.
No con tanta presteza el rayo ardiente
Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo,
Ni tanto la cometa reluciente
Se muestra ir presurosa por el cielo,
Como estos dos por medio de tu gente
Pasaron, colorando el duro suelo
Con la sangre Romana, que sacaban
Sus espadas do quiera que llegaban.
Queda Fabricio traspasado el pecho,
Abierta la cabeza tiene Oracio,
Olmida ya perdi el brazo derecho,
Y de vivir le queda poco espacio.
Fuele ansi mismo poco de provecho
La ligereza al valeroso Estacio,
Pues el correr al Numantino fuerte
Fue abreviar el camino de su muerte.
Con presta ligereza discurriendo
Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron
Un poco de bizcocho, el qual cogieron;
El paso y no el furor atras volvieron;
El uno dellos se escap huyendo,
Al otro mil espadas le acabaron,
Por donde infiero que la hambre ha sido
Quien les di atrevimiento tan subido.

CIPION.

Si estando deshambridos y encerrados
Muestran tan demasiado atrevimiento,
Qu hicieran siendo libres, y enterados
En sus fuerzas primeras y ardimiento?
Indomitos, al fin sereis domados,
Porque contra el furor vuestro violento
Se tiene de poner la industria nuestra,
Que de domar soberbios es maestra.

_Entrase_ CIPION _y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y
al rumor sale_ MORANDRO _herido y lleno de sangre, con una cestilla
blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado,
y dice:_

MORANDRO.

No vienes, Leoncio, di?
Qu es esto, mi dulce amigo?
Si t no vienes conmigo,
Cmo vengo yo sin t?
Amigo, qu? te has quedado?
Amigo, qu? te quedaste?
No eres t el que me dexaste,
Sino yo el que te he dexado!
Qu es posible que ya dan
Tus carnes despedazadas
Seales averiguadas
De lo que cuesta este pan!
Y es posible que la herida
Que  t te dex difunto,
En aqueste instante y punto
No me quit  m la vida!
No quiso el hado cruel
Acabarme en paso tal
Por hacerme  m mas mal,
Y hacerte  t mas bien!
T enfin llevars la palma
De mas verdadero amigo,
Yo  desculparme contigo
Enviar bien presto el alma:
Y tan presto, que el afan
A morir me llama y tira,
En dando  mi dulce Lira
Este tan amargo pan:
Pan ganado de enemigos,
Pero no ha sido ganado,
Sino con sangre comprado
De dos sin ventura amigos.

_Sale_ LIRA _con alguna ropa, como que la lleva  quemar, y dice:_

LIRA.

Qu es esto que ven mis ojos!

MORANDRO.

Lo que presto no vern
Segun la priesa se dan
De acabarme mis enojos:
Ves aqui, Lira; cumplida
Mi palabra y mis porfias
De que t no moririas
Mientras yo tuviese vida.
Y aun podr mejor decir
Que presto vendrs  ver
Que  t sobrar el comer,
Y  m faltar el vivir.

LIRA.

Qu dices, Morandro amado?

MORANDRO.

Lira, que acortes la hambre,
Entretanto que la estambre
De mi vida corta el hado.
Pero mi sangre vertida
Y con este pan mezclada,
Te ha de dar, mi dulce amada,
Triste y amarga comida.
Ves aqui el pan que guardaban
Ochenta mil enemigos,
Que cuesta de dos amigos
Las vidas que mas amaban.
Y porque lo entiendas cierto
Y quanto tu amor merezco,
Ya yo, seora, perezco,
Y Leoncio ya est muerto.
Mi voluntad sana y justa
Recibela con amor,
Que es la comida mejor
Y de que el alma mas gusta.
Y pues en tormenta y calma
Siempre has sido mi seora,
Recibe este cuerpo agora
Como recibiste el alma.

_Caese muerto, y cogele en las faldas_ LIRA.

LIRA.

Morandro? dulce bien mio?
Qu sentis,  qu teneis?
Cmo tan presto perdeis
Vuestro acostumbrado brio?
Mas ay triste sin ventura!
Que ya est muerto mi esposo!
O caso el mas lastimoso
Que se vi en la desventura!
Quin os hizo, dulce amado,
Con valor tan excelente,
Enamorado valiente,
Y soldado desdichado?
Hicistes una salida,
Esposo mio, de suerte,
Que por escusar mi muerte
Me haveis quitado la vida!
O pan de la sangre lleno
Que por m se derram.
No te tengo en cuenta yo
De pan, sino de veneno!
No te llegar  mi boca
Por poderme sustentar,
Si ya no es para besar
Esta sangre que te toca.

_A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el
qual es_ HERMANO _de_ LIRA.

HERMANO.

Lira, hermana, ya espir
Mi padre, y mi madre est
En terminos que ya, ya
Morira qual muero yo.
La hambre los ha acabado.
Hermana mia, pan tienes?
O pan, y quan tarde vienes
Que ya no hay pasar bocado!
Tiene la hambre apretada
Mi garganta en tal manera,
Que aunque este pan agua fuera,
No pudiera pasar nada.
Tomalo, hermana querida,
Que por mas crecer mi afan,
Veo que me sobra el pan
Quando me falta la vida.

_Caese muerto_.

LIRA.

Espiraste, hermano amado?
Ni aliento ni vida tiene:
Bien es el mal quando viene
Sin venir acompaado!
Fortuna, por qu me aquejas
Con un dao y otro junto?
Y por qu en un solo punto
Huerfana y viuda me dexas?
O duro esquadron Romano!
Cmo me tiene tu espada
De dos muertos rodeada,
Uno esposo y otro hermano!
A qual volver la cara
En este trance importuno,
Si en la vida cada uno
Fue prenda del alma cara!
Dulce esposo, hermano tierno,
Yo os igualar en quereros,
Porque pienso presto veros
En el cielo  el infierno!
En el modo de morir
A entrambos he de imitar,
Porque el hierro ha de acabar
Y la hambre mi vivir!
Primero dare  mi pecho
Una daga que este pan,
Que  quien vive con afan
Es la muerte de provecho.
Qu aguardo? cobarde estoy!
Brazo, ya os haveis turbado?
Dulce esposo, hermano amado,
Esperadme que ya voy!

_A este punto sale una_ MUGER _huyendo, y tras ella un_ SOLDADO
NUMANTINO _con una daga en la mano para matarla_.

MUGER.

Eterno padre, Jupiter piadoso,
Favorecedme en tan adversa suerte!

SOLDADO.

Aunque mas lleves vuelo presuroso
Mi dura mano te ha de dar la muerte.

_Entrase la_ MUGER _adentro, y dice_ LIRA

LIRA.

El hierro agudo, el brazo belicoso
Contra mi, buen soldado, le convierte;
Dexa vivir  quien la vida agrada,
Y quitame la mia que me enfada.

SOLDADO.

Puesto que es el decreto del Senado
Que ninguna muger quede con vida,
Qul ser el bravo pecho acelerado
Que en ese hermoso vuestro d herida?
Yo, seora, no soy tan mal mirado
Que me precie de ser vuestro homicida:
Otra mano, otro hierro ha de acabaros,
Que yo solo naci para adoraros.

LIRA.

Esa piedad que quies usar conmigo,
Valeroso soldado, yo te juro
Y al alto cielo pongo por testigo,
Que yo la estimo por rigor muy duro:
Tuvierate yo entonces por amigo
Quando con pecho y animo seguro
Este mio afligido traspasras,
Y de la amarga vida me privras.
Pero pues quies mostrarte piadoso
Tan en dao, seor, de mi contento,
Muestralo agora en que  mi triste esposo
Demos el funeral, ultimo asiento:
Tambien  este mi hermano, que en reposo
Yace, ya libre del vital aliento:
Mi esposo feneci por darme vida,
De mi hermano la hambre fue homicida.

SOLDADO.

Hacer lo que me mandas est llano
Con condicion que en el camino cuentes,
Quin  tu amado esposo y caro hermano
Truxo  los postrimeros accidentes.

LIRA.

Amigo, ya el hablar no est en mi mano.

SOLDADO.

Qu tan al cabo estas? qu tal te sientes?
Lleva  tu hermano, pues que es menor carga,
Y yo  tu esposo, que mas pesa y carga.

_Salense llevando los dos cuerpos_.


SCENA II.

_Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una
lancilla en la mano, que significa la_ GUERRA, _trae consigo  la_
ENFERMEDAD, _arrimada  una muleta, y rodeada de paos la cabeza, con
una mascara amarilla, y la_ HAMBRE _saldr vestida con una ropa de
bocac amarillo, y una mascara amarilla  descolorida: pueden estas
figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras_.
GUERRA.

Hambre y Enfermedad, executoras
De mis terribles mandos y severos,
De vidas y salud consumidoras,
Con quien no vale ruego, mando,  fueros,
Pues ya de mi intencion sois sabidoras,
No hay para que de nuevo encareceros
De quanto gusto me ser y contento,
Que luego, luego, hagais mi mandamiento:
La fuerza incontrastable de los hados,
Cuyos efectos nunca salen vanos,
Me fuerza  que de m sean ayudados
Estos sagaces milites Romanos,
Ellos sern un tiempo levantados,
Y abatidos tambien estos Hispanos;
Pero tiempo vendr en que yo me mude,
Y dae al alto, y al pequeo ayude
Que yo que soy la poderosa Guerra,
De tantas madres detestada en vano,
Aunque quien me maldice,  veces yerra,
Pues no sabe el valor desta mi mano,
S bien que en todo el orbe de la tierra
Sere llevada del valor Hispano,
En la dulce sazon que esten reynando
Un Carlos, un Filipo, y un Fernando.

ENFERMEDAD.

Si ya la Hambre, nuestra amiga fida,
No tuviera tomado con instancia
A su cargo, de ser fiera homicida
De todos quantos viven en Numancia,
Fuera de m tu voluntad cumplida,
De modo que se viera la ganancia
Facil y rica que el Romano huviera,
Harto mejor de aquella que se espera.
Mas ella, en quanto su poder alcanza,
Ya tiene tal al pueblo Numantino
Que de esperar alguna buena andanza
Le ha tomado las sendas y el camino;
Mas del furor la rigurosa lanza,
Y la influencia del contrario signo
Le trata con tan aspera violencia,
Que no es menester hambre ni dolencia.
El furor y la rabia, tus sequaces,
Han tomado en sus pechos tal asiento,
Que qual si fuese de Romanas haces,
Cada qual de su sangre est sediento.
Muertes, incendios, iras, son sus paces,
En el morir han puesto su contento,
Y por quitar el triunfo  los Romanos,
Ellos mesmos se matan con sus manos.

HAMBRE.

Volved los ojos, y vereis ardiendo
De la ciudad los encumbrados techos,
Escuchad los suspiros que saliendo
Van de mil tristes lastimados pechos;
Oid la voz y lamentable estruendo
De bellas damas,  quien, ya deshechos
Los tiernos miembros en ceniza y fuego,
No valen padre, amigo, amor, ni ruego.
Qual suelen las ovejas descuidadas,
Siendo del fiero lobo acometidas,
Andar aqui y alli descarriadas
Con temor de perder las simples vidas:
Tal nios y mugeres delicadas,
Huyendo las espadas homicidas
Andan de calle en calle,  hado insano!
Su cierta muerte dilatando en vano.
Al pecho de la amada nueva esposa
Traspasa del esposo el hierro agudo,
Contra la madre,  nunca vista cosa!
Se muestra el hijo de piedad desnudo:
Y contra el hijo el padre con rabiosa
Clemencia levantando el brazo duro,
Rompe aquellas entraas que ha engendrado,
Quedando satisfecho y lastimado.
No hay plaza, no hay rincon, no hay calle  casa
Que de sangre y de muertos no est llena,
El hierro mata, el duro fuego abrasa,
Y el rigor ferocisimo condena:
Presto vereis, que por el suelo rasa
Est la mas subida y alta almena,
Y las casas y templos mas crecidos
En polvo y en ceniza convertidos.
Venid, vereis que en los amados cuellos
De tiernos hijos y muger querida,
Teogenes afila y prueba en ellos
De su espada el cruel corte homicida,
Y como ya despues de muertos ellos
Estima en poco la cansada vida,
Buscando de morir un modo estrao
Que caus con el suyo mas de un dao.

GUERRA.

Vamos pues, y ninguno se descuide
De executar por eso aqui su fuerza,
Y  lo que digo solo atienda y cuide,
Sin que de mi intencion un punto tuerza.

_Vanse_.


SCENA III.

_Sale_ TEOGENES _con dos_ HIJOS _pequeos y una hija y su_ MUGER.
TEOGENES.

Quando el paterno amor no me detiene
De executar la furia de mi intento,
Considerad, mis hijos, qual me tiene
El zelo de mi honroso pensamiento!
Terrible es el dolor que se previene
Con acabar la vida en fin violento,
Y mas el mio, pues al hado plugo
Que yo sea de vosotros cruel verdugo.
No quedareis,  hijos de mi alma,
Esclavos, ni el Romano poderio
Llevar de vosotros triunfo  palma,
Por mas que  sujetarnos alce el brio;
El camino mas llano que la palma
De nuestra libertad el cielo pio
Nos ofrece, nos muestra y nos advierte,
Que solo est en las manos de la muerte.
Ni vos, dulce consorte amada mia,
Os vereis en peligro que Romanos
Pongan en vuestro pecho y gallardia
Los vanos ojos, y las torpes manos!
Mi espada os sacar desta agonia,
Y har que sus intentos salgan vanos,
Pues por mas que codicia los atiza,
Triunfarn de Numancia en la ceniza.
Yo soy, consorte amada, el que primero
Di el parecer que todos pereciesemos
Antes que al insufrible desafuero
Del Romano poder sujetos fuesemos,
Y en el morir no pienso ser postrero,
Ni lo sern mis hijos.

MUGER.

                      Si pudiesemos
Escaparnos, seor, por otra via,
El cielo sabe si me holgaria;
Mas pues no puede ser segun yo veo,
Y est ya mi muerte tan cercana,
Lleva de nuestras vidas t el trofeo,
Y no la espada perfida Romana,
Mas pues que he de morir, morir deseo
En el sagrado templo de Diana:
Alla nos lleva, buen seor, y luego
Entreganos al hierro, al lazo y fuego.

TEOGENES.

Ansi se haga, y no nos detengamos,
Que ya  morir me incita el triste hado.

HIJO.

Madre, porqu llorais? adnde vamos?
Teneos, que andar no puedo de cansado,
Mejor ser, mi madre, que comamos,
Que la hambre me tiene fatigado.

MADRE.

Ven en mis brazos, hijo de mi vida,
Do te dar la muerte por comida.

_Vanse luego, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos ha de
ser el que se arroja de la torre, que se llama_ VIRIATO, _y el otro_
SERVIO.

VIRIATO.

Por dnde quieres que huyamos,
Servio?

SERVIO.

       Yo por do quisieres.

VIRIATO.

Camina, qu floxo eres!
T ordenas que aqui muramos.
No ves, triste, que nos siguen
Mil hierros para matarnos?

SERVIO.

Imposible es escaparnos
De aquellos que nos persiguen;
Mas d, qu piensas hacer?
O qu medio hay que nos cuadre?

VIRIATO.

A una torre de mi padre
Me pienso ir  esconder.

SERVIO.

Amigo, bien puedes irte,
Que yo estoy tan flaco y laso
De hambre, que un solo paso
No puedo dar ni seguirte.

VIRIATO.

Qu, no quies venir?

SERVIO.

                    No puedo.

VIRIATO.

Si no puedes caminar,
Ahi te havr de acabar
La hambre, la espada,  miedo.
Y voime, porque ya temo
Lo que el vivir desbarata,
O que la espada me mata,
O que en el fuego me quemo.

_Vase y sale_ TEOGENES _con dos espadas desnudas, y ensangrentadas las
manos, y como_ SERVIO _le ve venir, huyese y entrase dentro_.

TEOGENES.

Sangre de mis entraas derramada,
Pues sois aquella de los hijos mios:
Mano contra ti mesma acelerada,
Llena de honrosos y crueles brios:
Fortuna en dao nuestro conjurada:
Cielos de justa piedad vacios,
Ofrecedme en tan dura amarga suerte
Alguna honrosa aunque cercana muerte!
Valientes Numantinos, haced cuenta
Que yo soy algun perfido Romano,
Y vengad en mi pecho vuestra afrenta,
Ensangrentando en l la espada y mano.

_Arroja la una espada de la mano_.

Una de estas espadas os presenta
Mi airada furia, mi dolor insano,
Que muriendo en batalla no se siente
Tanto el rigor del ultimo acidente:
Y el que privare del vital sosiego
Al otro, por seal de beneficio
Entregue el desdichado cuerpo al fuego,
Que este ser bien piadoso oficio.
Venid, qu os deteneis? acudid luego,
Haced ya de mi vida sacrificio,
Y esa terneza que teneis de amigos,
Volved en rabia fiera de enemigos.

_Un_ NUMANTINO.

A quin, fuerte Teogenes, invocas?
Qu nuevo modo de morir procuras?
Paraqu nos incitas y provocas
A tantas desiguales desventuras?

TEOGENES.

Valiente Numantino, sino apocas
Con el miedo tus bravas fuerzas duras,
Toma esa espada, y matate conmigo
Ansi como si fuese tu enemigo,
Que esta manera de morir me aplace
En este trance mas que no otra alguna.

NUMANTINO.

Tambien  m me agrada y satisface,
Pues que lo quiere ansi nuestra fortuna;
Mas vamos  la plaza adonde yace
La hoguera  nuestras vidas importuna,
Porque el que alli venciere, pueda luego
Entregar el vencido al duro fuego.

TEOGENES.

Bien dices, y camina, que se tarda
El tiempo de morir como deseo,
Ora me mate el hierro,  el fuego me arda,
Que gloria nuestra en qualquier muerte veo.

_Entrase_.


SCENA IV.

CIPION, JUGURTA, QUINTO FABIO, _y_ GAYO MARIO, _y algunos soldados
Romanos_.

CIPION.

Si no me engaa el pensamiento mio,
O salen mentirosas las seales,
Que haveis visto en Numancia, del estruendo
Y lamentable son, y ardientes llamas,
Sin duda alguna que recelo y temo
Que el barbaro furor del enemigo
Contra su propio pecho no se vuelva:
Ya no parece gente en la muralla,
Ni suenan las usadas centinelas,
Todo est en calma y en silencio puesto
Como si en paz tranquila y sosegada
Estuviesen los fieros Numantinos.

GAYO MARIO.

Presto podrs salir de aquesa duda,
Porque si tu lo quieres, yo me ofrezco
De subir sobre el muro, aunque me ponga
Al riguroso trance que se ofrece,
Solo por ver aquello que en Numancia
Hacen nuestros soberbios enemigos.

CIPION.

Arrima pues,  Mario, alguna escala
A la muralla, y haz lo que prometes.

GAYO MARIO.

Id por la escala luego, y vos, Ermilio,
Haced que mi rodela se me traiga,
Y la celada blanca de las plumas,
Que  fe que tengo de perder la vida,
O sacar desta duda al campo todo.

ERMILIO.

Ves aqui la rodela y la celada,
La escala vesla alli la trae Olimpio.

GAYO MARIO.

Encomendadme  Jupiter inmenso,
Que yo voi  cumplir lo prometido.

CIPION.

Alza mas alta la rodilla, Mario,
Y encoje el cuerpo, y cubre la cabeza:
Animo, que ya llegas  lo alto.
Qu ves?

GAYO MARIO.

        O santos dioses! y qu es esto?

JUGURTA.

De qu te admiras?

GAYO MARIO.

                  De mirar de sangre
Un roxo lago, y de ver mil cuerpos
Tendidos por las calles de Numancia.

CIPION.

Qu no hay ninguno vivo?

GAYO MARIO.

                        Ni por pienso;
A lo menos ninguno se me ofrece
En todo quanto alcanzo con la vista.

CIPION.

Salta pues dentro, y miralo bien todo.

_Salta_ GAYO MARIO _en la ciudad_.

Siguele tu tambien, Jugurta, amigo;
Mas sigamosle todos.

JUGURTA.

                    No conviene
Al oficio que tienes esta impresa,
Sosiega el pecho, buen seor, y espera
Que Mario vuelva  yo con la respuesta
De lo que pasa en la ciudad soberbia:
Tened bien esa escala. O cielos justos!
Y quan triste espectculo y horrendo
Se me ofrece  la vista!  caso estrao!
Caliente sangre baa todo el suelo:
Cuerpos muertos ocupan plaza y calles:
Dentro quiero saltar y verlo todo.

_Salta_ JUGURTA _en la ciudad, y dice_ QUINTO FABIO.

QUINTO FABIO.

Sin duda que los fieros Numantinos
Del barbaro furor suyo incitados,
Viendose sin remedio de salvarse,
Antes quisieron entregar las vidas
Al filo agudo de sus propios hierros,
Que no  las vencedoras manos nuestras
Aborrecidas dellos lo posible.

CIPION.

Con uno solo que quedase vivo
No se me negaria el triunfo en Roma
De haver domado esta nacion soberbia
Enemiga mortal de nuestro nombre,
Constante en su opinion, presta, arrojada
Al peligro mayor y duro trance,
De quien jamas se alabar Romano
Que vi la espalda vuelta al Numantino,
Cuyo valor, cuya destreza en armas
Me forz con razon  usar el medio
De encerrarlos qual fieras indomables,
Y triunfar dellos con industria y maa,
Pues era con las fuerzas imposible.
Pero ya me parece vuelve Mario.

GAYO MARIO _torna  salir por las murallas, y dice:_

GAYO MARIO.

En valde, ilustre General prudente,
Han sido nuestras fuerzas ocupadas,
En valde te has mostrado diligente,
Pues en humo y en viento son tornadas
Las ciertas esperanzas de victoria,
De tu industria contino aseguradas:
El lamentable fin y triste historia
De la ciudad invicta de Numancia,
Merece ser eterna la memoria.
Sacado han de su prdida ganancia,
Quitado te han el triunfo de las manos,
Muriendo con magnanima constancia.
Nuestros disignios han salido vanos,
Pues ha podido mas su honroso intento,
Que toda la potencia de Romanos.
El fatigado pueblo en fin violento
Acab la miseria de su vida,
Dando triste remate al largo cuento.
Numancia est en un lago convertida
De roxa sangre y de mil cuerpos llena,
De quien fue su rigor propio homicida:
De la pesada y sin igual cadena
Dura de esclavitud se han escapado
Con presta audacia de temor agena.
En medio de la plaza levantado
Est un ardiente fuego temeroso,
De sus cuerpos y haciendas sustentado.
A tiempo llegu  verle, que el furioso
Teogenes, valiente Numantino,
De fenecer su vida deseoso,
Maldiciendo su corto amargo signo,
En medio se arrojaba de la llama
Lleno de temerario desatino.
Y al arrojarse, dixo:  clara fama,
Ocupa aqui tus lenguas y tus ojos
En esta hazaa que  cantar te llama!
Venid, Romanos, ya por los despojos
Desta ciudad en polvo y humo envueltos,
Y sus flores y frutos en abrojos.
De alli con pies y pensamientos sueltos
Gran parte de la tierra he rodeado,
Por las calles y pasos mal revueltos,
Y  un solo Numantino no he hallado
Que poderte traer vivo siquiera
Para que fueras dl bien informado
Por qu ocasion, de qu suerte  manera
Cometieron tan grande desvario,
Apresurando la mortal carrera.

CIPION.

Estaba por ventura el pecho mio
De barbara arrogancia y muertes lleno,
Y de crueldad justisima vacio?
Es por ventura de mi condicion ageno
Usar benignidad con el rendido,
Como conviene al vencedor que es bueno?
Mal por cierto tenades conocido
El valor en Numancia de mi pecho,
Para vencer y perdonar nacido.

QUINTO FABIO.

Jugurta te har mas satisfecho,
Seor, de aquello que saber deseas,
Que vesle vuelve lleno de despecho.

_Torna_ JUGURTA _por la mesma muralla_.

JUGURTA.

Prudente General, en vano empleas
Mas aqui tu valor, vuelve  otra parte
La industria sin igual de que te arreas.
No hay en Numancia cosa en que ocuparte,
Todos son muertos ya, solo uno creo
Que queda vivo, para el triunfo darte.
Alli en aquella torre, segun veo,
Alli denantes un muchacho estaba,
Turbado en vista, y de gentil arreo.

CIPION.

Si eso fuese verdad, eso bastaba
Para triunfar en Roma de Numancia,
Que es lo que mas agora deseaba.
Lleguemonos all, y haced instancia
Como el muchacho vuelva  nuestras manos
Vivo, que es lo que agora es de importancia.

VIRIATO _desde la torre_.

Dnde venis?  qu buscais, Romanos?
Si en Numancia quereis entrar por suerte,
Hareislo sin contraste  pasos llanos.
Pero mi lengua desde aqui os advierte
Que yo las llaves mal guardadas tengo
Desta ciudad, de quien triunf la muerte.

CIPION.

Por esas, joven, deseoso vengo,
Y mas de que tu hagas experiencia
Si en este pecho piedad sostengo.

VIRIATO.

Tarde, cruel, ofreces tu clemencia,
Pues no hay en quien usarla, que yo quiero
Pasar por el rigor de la sentencia.
Que consuelo amargo lastimero
De mis padres y patria tan querida
Caus el ultimo fin terrible y fiero.

QUINTO FABIO.

Dime, tienes por suerte aborrecida,
Ciego de un temerario desvario,
Tu floreciente edad, tu tierna vida?

CIPION.

Templa, pequeo joven, templa el brio
Y subjeta el valor tuyo y pequeo
Al mayor de mi honroso poderio.
Que desde aqui te doy mi fe, y empeo
Mi palabra, que solo de ti seas
T mismo el propio y conocido dueo.
Y que de ricas joyas y preseas
Vivas lo que vivieres, abastado,
Como yo podr darte, y tu deseas,
Si  mi te entregas, y te das de grado.

VIRIATO.

Todo el furor de quantos ya son muertos
En este pueblo, en polvo reducido,
Todo el huir los pactos y conciertos,
Ni el dar  sujecion jamas oido,
Sus iras y rencores descubiertos
Est en mi pecho todo junto unido;
Yo hered de Numancia todo el brio,
Ved si pensar vencerme es desvario.
Patria querida, pueblo desdichado,
No temas ni imagines que delire
De lo que debo hacer en ti engendrado,
Ni que promesa  miedo me retire,
Ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
Ora  vencerme todo el mundo aspire,
Que imposible ser que yo no haga
A tu valor la merecida paga.
Que si  esconderme aqui me truxo el miedo
De la cercana y espantosa muerte,
Ella me sacar con mas denuedo,
Con el deseo de seguir tu suerte;
Del vil temor pasado, como puedo
Har ahora la enmienda osado y fuerte,
Y el error de mi edad tierna inocente
Pagar con morir osadamente.
Yo os aseguro,  fuertes ciudadanos,
Que no falte por m la intencion vuestra
De que no triunfen perfidos Romanos,
Si ya no fuere de ceniza nuestra.
Saldrn conmigo sus intentos vanos,
Ora levanten contra m su diestra,
O me asesaren con promesa cierta,
A vida y  regalos, ancha puerta.
Teneos, Romanos, sosegad el brio,
Y no os canseis en asaltar el muro,
Que aunque fuera mayor el poderio
Vuestro, de no vencerme os aseguro.
Pero muestrese ya el intento mio,
Y si ha sido el amor perfecto y puro
Que yo tuve  mi patria tan querida,
Asegurelo luego esta caida.

_Aqui se arroja de la torre, y dice_ CIPION.

CIPION.

O nunca vista memorable hazaa,
Dina de anciano y valeroso pecho,
Que no solo  Numancia, mas  Espaa
Has adquerido gloria en este hecho!
Con tu viva virtud, y heroica, estraa
Queda muerto y perdido mi derecho:
T con esta caida levantaste
Tu fama, y mis victorias derribaste.
Que fuera aun viva, y en su ser Numancia
Solo porque vivieras, me holgara,
Que tu solo has llevado la ganancia
Desta larga contienda, ilustre y rara.
Lleva pues, nio, lleva la jactancia,
Y la gloria que el cielo te prepara,
Por haver, derribandote, vencido
Al que subiendo queda mas caido.

_Suena una trompeta, y sale la_ FAMA.

FAMA.

Vaya mi clara voz de gente en gente,
Y en dulce y suavisimo sonido
Llene las almas de un deseo ardiente
De eternizar un hecho tan subido.
Alzad, Romanos, la inclinada frente,
Llevad de aqui este cuerpo, que ha podido
En tan pequea edad arrebataros
El triunfo que pudiera tanto honraros:
Que yo que soy la Fama pregonera,
Tendr cuidado, enquanto el alto cielo
Moviere el paso en la subida esfera,
Dando fuerza y vigor al baxo suelo,
De publicar con lengua verdadera,
Con justo intento, y presuroso vuelo
El valor de Numancia, unico y solo,
De Batro  Tile, y de uno al otro Polo.
Indicio ha dado esta no vista hazaa
Del valor que en los siglos venideros
Tendrn los hijos de la fuerte Espaa,
Hijos de tales padres herederos:
No de la muerte la feroz guadaa,
Ni los cursos de tiempos tan ligeros
Harn que de Numancia yo no cante
El fuerte brazo y animo constante:
Hallo sola en Numancia todo quanto
Debe con justo titulo cantarse
Y lo que puede dar materia al canto,
Para poder mil siglos ocuparse
La fuerza no vencida, el valor tanto,
Dino de en prosa y verso celebrarse,
Mas pues de esto se encarga mi memoria,
Dese feliz remate  nuestra historia.

_FIN DE LA TRAGEDIA_.




_EL TRATO DE ARGEL_

COMEDIA

DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


INTERLOCUTORES.

AURELIO.
SEBASTIAN.
SAAVEDRA.
PEDRO ALVAREZ.
FRANCISCO Y JUAN: _muchachos_.
SU PADRE Y MADRE.
SILVIA. _Todos cautivos_.
FATIMA, Y ZARA: _moras_.
LA NECESIDAD.
LA OCASION.
UN DEMONIO.
IZUF: _Rey de Argel, moro_.
BAYRAN: _moro_.
OTRO MORO.
UN CAUTIVO, _que se va_.
DOS MERCADERES.
UN PREGONERO.
UN LEON.


JORNADA I.

AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ, _cautivos
todos tres_.

AURELIO.

Triste y miserable estado,
Dura esclavitud amarga,
Donde es la pena tan larga
Quan corto el bien y abreviado!
O purgatorio en la vida,
Infierno puesto en el mundo,
Mal que no tiene sigundo,
Estrecho do no hay salida,
Cifra de quanto dolor
Se reparte en los dolores,
Dao, que entre los mayores
Se ha de tener por mayor,
Necesidad increible,
Muerte creible y palpable,
Trato misero intratable,
Mal visible  invisible,
Toque, que nuestra conciencia
Descubre si es valerosa,
Pobre vida trabajosa,
Retrato de penitencia!
Callese aqueste tormento,
Que segun me es enemigo
No llegar lo que digo
A un punto de lo que siento.
Ponderese mi dolor
Con decir, baado en lloros,
Que mi cuerpo est entre moros,
Y el alma en poder de amor.
Del cuerpo y alma es mi pena,
El cuerpo ya veis qual va,
El alma rendida est
A la amorosa cadena.
Pense yo que no tenia
Amor poder entre esclavos;
Mas en m sus recios clavos
Muestra mas su gallarda.
Qu buscas en la miseria,
Amor, de gente cautiva?
Dexala que muera  viva
Con su pobreza y laceria.
No ves que el hilo se corta
De esa tu amorosa estambre
Aqui con sed y con hambre
A la larga   la corta?
Mas creo, pues no has querido
Olvidarme en este estrecho,
Que has visto sano mi pecho,
Aunque tan roto el vestido.
Desde agora claro entiendo
Que el poder que en t se encierra,
Abraza el cielo y la tierra,
Y mas que no comprehendo.
Una cosa te pidiera,
Si en esa tu condicion
Una sombra de razon
Por entre mil sombras viera,
Y es, que pues fuiste la causa
De acabarme y destruirme,
En el contino herirme
Hagas un momento pausa.
Yo no te pido que salgas
De mi pecho, pues no puedes,
Antes te pido que quedes,
Y en este trance me valgas.
Del lugar do me pusiste,
Me procuran derribar:
Pero quin podr acabar
Lo que una vez, t, subiste?
Ya viene Zara y su arenga.
Ay enfadosa porfia!
Como que me falte el dia
Antes que la noche venga!
Valedme, Silvia, bien mio,
Que si vos me dais ayuda,
De guerra mas ardua y cruda
Llevar la palma confio.

ZARA.

Aurelio?

AURELIO.

        Seora mia?

ZARA.

Si t por tal me tuvieses,
A fe que luego hicieses
Lo que ruego, sin porfia.

AURELIO.

Lo que tu quieres, yo quiero,
Porque al fin, te soi esclavo.

ZARA.

Esas palabras alabo,
Mas tus obras vitupero.

AURELIO.

Qul ha sido por m hecha
Que en ella no te complaces?

ZARA.

Aquellas que no me haces,
Me tienen mal satisfecha.

AURELIO.

Seora, no paro mas:
Por agua me parto luego.

ZARA.

Otra agua pide mi fuego
Que no la que tu trairs.
No te vayas, est quedo.

AURELIO.

De lea hay falta en la casa.

ZARA.

Basta la que  mi me abrasa.

AURELIO.

Mi amo.

ZARA.

       No tengas miedo.

AURELIO.

Dexame, seora, ir,
Que vendr Izuf mi seor.

ZARA.

Quien queda con tanto amor,
Mal te dexar partir.

AURELIO.

No hay para que mas porfies:
Seora, dexame ya.

ZARA.

Aurelio, llegate ac.

AURELIO.

Mejor es que te desvies.

ZARA.

Ansi, Aurelio, me despides?

AURELIO.

Antes te hago favor,
Si con el compas de amor
Lo compasas y lo mides.
No miras que soi christiano
Con suerte y desdicha mala?

ZARA.

El amor todo lo iguala,
Dame, por seas la mano.

FATIMA.

Zara, seora ma,
Digote que me he admirado,
Mirando lo que ha pasado
Tu altivez y fantasia:
Ver, por cierto es gentil cosa
Indigna de ser notada,
De un cristiano enamorada
Una mora tan hermosa;
Y lo que mas llega al cabo
Tu aficion tan sin medida
Es de ver que ests rendida
A un cristiano que es tu esclavo.
Y monta que corresponde
El galan  lo que quieres:
Perdoname, fragil eres.

ZARA.

Dnde vas?

FATIMA.

          Bien s yo adonde.

ZARA.

Dulce amiga verdadera,
Lo que dices no lo niego;
Mas qu har? que amor es fuego
Y mi voluntad es cera.
Y puesto que el dao veo
Y el fin do habr de parar,
Imposible es contrastar
Las fuerzas de mi deseo.
Vuelve tu lengua  intento
A combatir esta roca,
Que no ser gloria poca
Gozar de su vencimiento.

FATIMA.

Quiero en esto complacerte,
Pues al fin puedes mandarme.
Cristiano, vuelve  mirarme,
Que no es mi rostro de muerte.

AURELIO.

Mas que muerte me causais
Con vuestros inducimientos;
Dexame con mis tormentos,
Porque en vano trabajais.

FATIMA.

No veis como se retira
El bravo en su pundonor:
Ansi entiende l del amor
Como el asno de la lira.

AURELIO.

Cmo quieres que yo entienda
De amor en esta cadena?

ZARA.

Eso no te cause pena,
Que luego se har la enmienda:
Las dos te la quitaremos.

AURELIO.

Muy mijor ser dexalla,
Que no quiero con quitalla
Pasar de un estremo  estremo.

FATIMA.

A qu estremo pasars?

AURELIO.

Quitando al cuerpo este hierro,
Cair en otro mayor yerro,
Que al alma lastime mas.

FATIMA.

Almas teneis los cristianos?

AURELIO.

S, y tan ricas y estremadas,
Quanto por Dios rescatadas.

FATIMA.

Qu! son pensamientos vanos.
Pero si almas teneis,
De diamante es su labor,
Pues en la fragua de amor
Muy mas os endureceis.
Aurelio, resolucion:
Ten cuenta en lo que te digo,
No quieras ser tan amigo
De tu ostinada opinion.
Ya te ves sin libertad,
Entre hierros apretado,
Pobre, desnudo, cansado,
Lleno de necesidad,
Sujeto  mil desventuras,
A palos,  bofetones,
A mazmorras,  prisiones
Donde ests de dia  escuras.
Libertad se te promete,
Los hierros te quitarn,
De pao te vestirn,
No hay temor de oscuro brete.
Cuzcuz, pan blanco  comer,
Gallinas en abundancia,
Y aun havr vino de Francia,
Si vino quieres beber.
No te piden lo imposible,
Ni trabajos demasiados,
Sino blandos, regalados,
Dulces lo mas que es posible.
Goza de la coyuntura
Que se te pone delante,
No hagas del inorante,
Pues muestras tener cordura.
Mira tu seora Zara,
Y lo mucho que merece,
Mira que al sol escurece
La luz de su rostro clara.
Contempla su juventud,
Su riqueza, nombre y fama,
Mira bien que agora llama
A tu puerta la salud.
Considera el interes
Que en hacer esto te toca,
Que hay mil que pondrn la boca
Donde ella pone los pies.

AURELIO.

Has dicho, Fatima?

FATIMA.

                  S.

AURELIO.

Quires que responda yo?

FATIMA.

Responde.

AURELIO.

         Digo que no.

ZARA.

Ay Ala! qu es lo que o?

AURELIO.

Yo digo que no conviene
Pedirme lo que peds,
Porque muy poco adverts
El peligro que contiene.

FATIMA.

Qu peligro puede haver,
Querindolo tu seora?

AURELIO.

La ofensa, que siendo mora
A Mahoma viene  hacer.

ZARA.

Dexame ya con Mahoma,
Que agora no es mi seor,
Porque soy sierva de amor,
Que el alma sujeta y doma.
Echa ya el pecho por tierra,
Y levantate  mi cielo.

AURELIO.

Seora, tengo un recelo
Que me consume y atierra.

FATIMA.

D, qu recelas de m?

AURELIO.

Seora, de que no veo
Ningun atajo  rodeo
Como complacerte  t.
En mi ley no se recibe
Hacer yo lo que me ordenas,
Antes con muy graves penas
Y amenazas se prohibe.
Y aun si bautismo tuvieras,
Siendo como eres casada,
Fuera cosa harto escusada
Si lo que pides pidieras.
Por eso yo determino
Antes morir, que hacer
Lo que pide tu querer,
Y en esto estar contino.

ZARA.

Aurelio, ests en tu seso?

AURELIO.

Antes por estar en l,
Soi para t tan cruel.

ZARA.

Ay desdichado subceso!
Es posible que tan poco
Valgan mis ruegos contigo?

FATIMA.

Sin duda que este enemigo
Es muy cuerdo, o es muy loco     _Aparte._
Ruin, sin razn ni compas,
Nacido de vil canalla,
Pensabades ya triunfalla,
Holgando sin mas ni mas?
Necio, tanta fantasia
Pensais que hablamos de veras?
Antes de mal rayo mueras
Primero que pase el dia.
Conmigo las has de haber,
Y de modo, que te aviso
Que dir el que nunca quiso:
Mas me valiera querer.
No ests, Zara, descontenta,
Dexa el remedio en mi mano,
Que  este falso cristiano,
Yo le har que se arrepienta.

ZARA.

No es bien que por mal se lleve.

FATIMA.

Ni bien llevallo por bien.

ZARA.

Cese, Aurelio, tu desden.

FATIMA.

Con eso el falso se atreve.
Ve, seora, al aposento,
Que en esta pena crecida
O yo perder la vida,
O tu tendrs tu contento.

_Vanse las moras, y queda_ AURELIO.

AURELIO.

Padre del cielo, en cuya fuerte diestra
Est el gobierno de la tierra y cielo,
Cuyo poder ac y all se muestra
Con amoroso, justo, y santo zelo;
Si tu luz, si tu mano no me adiestra
A salir deste caos, temo y recelo
Que como el cuerpo est en prisin esquiva,
Tambien el alma ha de quedar cautiva.
Do ests, Silvia hermosa? qu distino,
Qu fuerza insana de inplacable hado
El curso de aquel prospero camino
Tan sin causa y razon nos ha cortado?
O estrella!  suerte!  fortuna!  signo!
Si alguno de vosotros ha causado
Tamaa perdicion, desde aqui digo
Que mil cuentos de veces os maldigo.
Yo morire por lo que al alma toca,
Antes de hacer lo que mi ama quiere.
Firme he de estar qual bien fundada roca,
Que en torno el viento y mar combate y hiere:
Que sea mi vida mucha, que sea poca
Importa poco, solo el que bien muere
Puede decir que tuvo larga vida,
Y el que mal, una muerte sin medida.

_Entrase_ AURELIO, _y sale_ SAAVEDRA _y_ PEDRO ALVAREZ, _y_ SEBASTIAN
_ su tiempo_.

SAAVEDRA.

En la veloz carrera apresuradas
Las horas del ligero tiempo veo
Contra m con el cielo conjuradas.
Queda atras la esperanza y no el deseo,
Y ansi la vida de la muerte della
El mal, el dao augmentan que poseo.
Ay dura, iniqua, inexorable estrella!
Como por los cabellos me has traido
Al terrible dolor que me atropella!

PEDRO ALVAREZ.

El llanto en tales tiempos es perdido,
Pues si llorando el cielo se ablandara,
Ya le huvieran mis lagrimas movido.
A la adversa fortuna alegre cara
Debe mostrar el pecho generoso,
Que  qualquier mal buen animo repara.

SAAVEDRA.

El cuello enflaquecido al trabajoso
Yugo de esclavitud amarga puesto,
Bien ves que  cuerpo y alma es peligroso;
Y mas aquel que tiene presupuesto
De dexarse morir, antes que pase
Un punto al modo del vivir honesto.

PEDRO ALVAREZ.

Si acaso yo tus obras imitase,
Forzoso me seria que al momento
En brazos de la hambre me entregase.
Bien s que en el cautivo no hay contento,
Mas no quiero crecer yo mi fatiga,
Teniendo siempre en ella el pensamiento.
A mi patrona tengo por amiga,
Tratame qual me ves, huelgo y paseo,
Cautivo soi, el que quisiere diga.

SAAVEDRA.

Triunfa, hermano, y goza ese trofeo,
Que si por ser cautivo te hermoseas,
Yo s que es torpe, desgraciado y feo.

PEDRO ALVAREZ.

Hermano Saavedra, si te arreas
De ser predicador, esta no es tierra
Do alcanzars el fruto que deseas.
Dexate deso, escucha de la guerra
Que el gran Felipe hace, nueva cierta,
Y un poco el pesar de ti destierra.
Dicen que una fragata de Biserta
Lleg esta noche, y alli viene un cautivo
Que ha dado vida  mi esperanza muerta.
Quitole libertad el hado esquivo
De Malaga pasando  Barcelona,
Cautivlo Mam, cosario altivo.
En su manera muestra ser persona
De calidad, y que es exercitado
En el duro exercicio de Belona.
Dice el numero cierto que ha pasado
De soldados  Espaa, forasteros,
Sin los tres tercios nuestros que han baxado:
Los Principes, seores, caballeros
Que  servir  Filipo van de gana;
Los naturales y los estrangeros.
Y la muestra hermosisima lozana
Que en Badajoz el Rey hacer pretende,
De la pujanza de la union cristiana.
Dicen en esto, que ninguno entiende
El disignio del Rey, y el hablar desto
El grande y el pequeo se defiende.

SAAVEDRA.

Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto
El librador de nuestra amarga guerra,
Si ya en el suelo no le teneis puesto.
Quando llegu vencido en esta tierra
Tan nombrada en el mundo, que en su seno
Tanto pirata encubre, acoge y cierra,
No pude al llanto detener el freno:
Que  pesar mio, sin saber lo que era,
Me vi el marchito rostro de agua lleno,
Ofreciendo  mis ojos la rivera,
Y el monte, donde el grande Carlos tuvo
Levantada en el ayre su bandera,
Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo,
Pues movido de invidia de su gloria,
Airado entonces mas que nunca estuvo;
Y estas cosas moviendo en mi memoria,
Las lagrimas truxeron  los ojos,
Forzadas de desgracia tan notoria.
Pero si el alto cielo en darme enojos
No est con mi ventura conjurado,
Y aqui no lleva muerte mis despojos,
Quando me vea en mas felice estado,
O si la suerte,  si el favor me ayuda
A verme ante Filipo arrodillado,
Mi temerosa lengua casi muda
Pienso mover en la real presencia,
De adulacion y de mentir desnuda,
Diciendo: alto seor, cuya potencia
Sugetas trae las barbaras naciones
Al desabrido yugo de obediencia:
A quien los negros indios con sus dones
Reconocen honesto vasallage,
Trayendo el oro ac de sus rincones,
Despierte en tu real pecho coraje
La desverguenza con que una bicoca
Aspira de contino  hacerte ultraje.
Su gente es mucha, mas su fuerza es poca,
Desnuda, mal armada, que no tiene
En su defensa fuerte, muro  roca.
Cada uno mira si tu armada viene,
Para dar  los pies el cargo y cura
De conservar la vida que sostiene.
De la esquiva prisin amarga y dura,
Adonde mueren quince mil cristianos,
Tienes la llave de su cerradura.
Todos de all, qual yo, puestas las manos,
Las rodillas por tierra, sollozando,
Cercados de tormentos inhumanos,
Poderoso seor, te estn rogando
Vuelvas los ojos de misericordia
A los suyos, que estn siempre llorando:
Y pues te dexa agora la discordia,
Que tanto te ha oprimido y fatigado,
Y  mas andar te sigue la concordia,
Haz, buen Rey, que sea por t acabado
Lo que con tanta audacia y valor tanto
Fue por tu amado padre comenzado.
Con solo ver que vas, pondr un espanto
A la barbara gente, que adivino
Yo desde aqui su perdida y quebranto.
Quin dubda que el real pecho benigno
No se muestre, en oyendo la tristeza
Donde estn estos miseros contino?
Mas ay! como se muestra la baxeza
De mi tan rudo ingenio, pues pretendo
Hablar tan baxo ante tan alta alteza.
Mas la ocasion es tal, que me defiende.
Mas  todo silencio poner quiero,
Que temo que mi platica te ofende,
Y al trabajo me llaman,  do muero.

_Sale_ SEBASTIAN, _Cautivo_.

SEBASTIAN.

Hase visto cosa igual?
Hay tierra tan sin concordia,
Do falta misericordia,
Y sobra la crueldad?
Donde se hallar disculpa
De maldad tan insolente,
Que pague el que es inocente,
Por el que tuvo la culpa?
O cielos! qu es lo que he visto!
Este s que es pueblo injusto,
Donde se tiene por gusto
Matar los siervos de Cristo.
O Espaa! patria querida,
Mira qual es nuestra suerte,
Que si all das justa muerte,
Quitan ac justa vida.

PEDRO ALVAREZ.

Sebastian, dinos que tienes,
Que hablas razones tales?

SEBASTIAN.

Una infinidad de males,
Y una pobreza de bienes.

SAAVEDRA.

En ser, como eres esclavo,
Se encierra todo dolor.

SEBASTIAN.

Otra pena muy mayor
Me tiene  m tan al cabo.

PEDRO ALVAREZ.

De donde puede causarse
La pena que dices brava?

SEBASTIAN.

De una vida que hoy se acaba,
Para jamas acabarse.
Ya sabeis que aqui en Argel
Se supo como en Valencia
Muri por justa sentencia
Un morisco de Sargel.
Digo que en Sargel vivia,
Puesto que era de Aragon,
Y al olor de su nacion
Pas el perro  Berberia:
Y aqui cosario se hizo
Con tan prestas crueles manos,
Que con sangre de cristianos
La suya bien satisfizo.
Andando en corso, fue preso,
Y como fue conocido,
Fue en la Inquisicion metido,
Do le formaron proceso,
Y alli se le averigu
Como siendo bautizado,
De Cristo havia renegado,
Y en Africa se pas:
Y que por su industria y maas,
Traidores tratos esquivos
Havian sido cautivos
Mas de seiscientos cristianos.
Y como se le probaron
Tantas maldades y errores,
Los justos Inquisidores
Al fuego le condenaron.
Supose del moro ac,
Y la muerte que le dieron,
Porque luego lo escribieron
Los moriscos que hay all.
La triste nueva sabida
Por los parientes del muerto,
Juran y hacen concierto
De dar al fuego otra vida.
Buscaron luego un cristiano
Para pagar este escote,
Y hallaronlo sacerdote,
Y de nacion Valenciano.
Pidieron este  gran priesa
Para executar su hecho,
Porque vieron que en el pecho
Traia la cruz de Montesa.
La qual seal de victoria
Que le cupo en buena suerte,
Si en el suelo le di muerte,
En el cielo le di gloria.
Porque esta gente sin luz,
Que en l tal seal han visto,
Pensando matar  Cristo
Matan al que trae su cruz.
A su amo le compraron,
Y aunque eran pobres,  un punto
El dinero todo junto
De limosna le allegaron.
En nuestro pueblo cristiano
Por Dios se pide  la gente,
Para sanar al doliente,
No para matar al sano.
Mas entre esta descreida
Gente y maldito lugar,
No piden para sanar,
Mas para quitar la vida.
Hoy en poder de sayones
He visto al siervo de Dios
No solamente entre dos,
Pero entre dos mil ladrones.
Iba el sacerdote justo,
Entre injusta gente puesto,
Marchito y humilde el gesto,
A morir por Dios con gusto.
Todo el pueblo se desvela
En darle penas dobladas,
Qual le da mil bofetadas,
Qual sus blancas canas pela.
Las manos que  Dios tuvieron
Mil veces, hoy son tenidas
De dos sogas retorcidas,
Con que atras se las asieron.
Al yugo de otro cordel,
El humilde cuello lleva,
Haciendo mil moros prueba,
Quanto pueden tirar del.
A ningun lado miraba
Que descubra un solo amigo,
Que todo el pueblo enemigo
Entorno le rodeaba.
Con voluntad tan daada
Procuran su pena y lloro,
Que se tuvo por mal moro,
Quien no le di bofetada.
A la marina llegaron
Con la victima inocente,
Do con barbaria insolente
A una ancora le ligaron.
Dos ancoras  una mano
Vi yo alli en contrario zelo,
Una de hierro en el suelo,
Y otra de fe en el cristiano.
Y la una  la otra asida,
La de hierro se convierte
En dar cruda y presta muerte,
La de fe en dar larga vida.
Ved si es bien contrario el zelo
De las dos en esta guerra;
La una del suelo afierra,
La otra se ase del cielo,
Y aunque corra tal fortuna
Que asombre el cuerpo y el alma,
Como si estuviese en calma,
No hay desasirse ninguna.
Sin yerro al hierro ligado
El siervo de Dios se hallaba,
Y en el cuerpo atado, andaba
Espiritu desatado.
El cuerpo no se rodea,
Que le ata mas de un cordel,
Mas el espiritu del
Todos los cielos pasea.
La canalla, que se ensea
A hacer nueva crueldad,
Truxeron gran cantidad
De seca y nudosa lea:
Y una espaciosa corona
Hicieron luego con ella,
Dexando encerrada en ella
La santa humilde persona.
Y aunque no tienen sosiego
Hasta verle ya espirar,
Para mas le atormentar
Encienden lejos el fuego.
Quieren, como el cocinero
Que en su oficio mas mirase,
Que se ase y no se abrase
La carne de aquel cordero.
Sube el humo al ayre vano,
Y  veces le d en los ojos,
Quema el fuego los despojos
Que le vienen  la mano.
Vase arrugando el vestido
Con el calor violento,
Y el fuego poco contento
Busca lo mas escondido.
Combatenle fuegos dos,
El uno humano y visible,
El otro santo invisible,
Que es luego de amor de Dios.
Yo no s  qual mas debia,
Puesto que  los dos pagaba,
Al que el cuerpo le abrasaba,
O al que el alma le encendia.
Los que estaban  mirarle,
La ira ansi se les previerte,
Que mueren por darle muerte,
Y entretienense en matarle.
Y en medio deste tormento
No movi el santo varon
La lengua  formar razon
Que fuese de sentimiento.
Antes dicen, y yo he visto,
Que si alguna vez hablaba,
En el ayre resonaba
Y cielo el nombre de Cristo.
Y quando en el agonia
Ultima el santo se vio,
Cinco  seis veces llam
La Virgen Santa Maria.
Al fuego el ayre le atiza,
Y con tal ardor revuelve,
Que poco  poco resuelve
El santo cuerpo en ceniza.
Mas ya que morir le vieron,
Tantas piedras le tiraron,
Que con ellas acabaron
Lo que las llamas no hicieron.
O santo Esteban segundo
Que me asigura tu zelo,
Que miraste abierto el cielo
En tu muerte desde el mundo!
Queda el cuerpo en la marina
Quemado y apedreado,
Y el alma vuelo ha tomado
Acia la region divina.
Queda el moro muy gozoso
Del injusto yerro hecho,
El turco est satisfecho,
Y el cristiano temeroso.
Yo he venido  referiros
Lo que no pudistes ver,
Si os lo ha dexado entender
Mis lagrimas y suspiros.

SAAVEDRA.

Dexa el llanto, amigo, ya,
Que no es bien que se haga duelo
Por los que se van al cielo,
Sino por quien queda ac.
Que aunque parece ofendida
A humanos ojos su suerte,
El acabar con tal muerte
Es comenzar nueva vida.
Mide por otro nivel
Tu llanto, que no hay paciencia
Que las muertes de Valencia
Se venguen aqui en Argel.
Muestrase all la justicia
En castigar la maldad,
Muestra ac la crueldad
Quanto puede la injusticia.

SEBASTIAN.

En tan amarga querella
Quin detendr los gemidos?
Ellos con culpa punidos,
Nosotros muertos sin ella.

PEDRO ALVAREZ.

Bastabanos ser cautivos
Sin tener mas desconciertos,
Que si all queman los muertos,
Abrasan aca los vivos.
Usa Valencia otros modos
En castigar renegados,
No en publico condenados,
Mueran  tosigo todos.
Mas un moro viene aca,
No estemos juntos aqui,
Saavedra por alli,
Yo y Sebastian por aca.

_Entranse_.


JORNADA II.

_Salen_ AURELIO _y_ IZUF.

IZUF.

Trescientos escudos d,
Aurelio, por la doncella,
Y estos d al turco, que  ella
Alma y vida le rend,
Y es poco, segun es bella.
Vendimela de aburrido,
Diciendo que no ha podido,
Mientras la tuvo en poder,
En ningun modo traer
Al amoroso partido.
Pusela en casa de un moro,
Sin osarla traer ac,
Y alli est donde ella est
Todo mi bien y tesoro,
Y quanta gloria amor da.
Alli se ve la bondad,
Junta con la crueldad
Mayor, que se vi en la tierra,
Y juntas sin hacer guerra
Belleza y honestidad.
No pueden prometimientos
Ablandar su duro pecho;
Veme en lagrimas deshecho,
Y ofrece siempre  los vientos
Quantos servicios la he hecho.
No echa de ver su ventura,
Ni como el dolor me aprieta
Poco apoco suspirando,
Antes quando yo mas blando,
Entonces ella mas dura.
A casa quiero traella
Para entregarte en tu mano
Mi gozo mas soberano,
Quiz tu podrs movella,
Siendo como ella cristiano.
Y desde aqui te prometo,
Que si conduces  efeto
Mi amorosa voluntad,
De darte la libertad,
Y serte amigo perfeto.

AURELIO.

En todo lo que quisieres,
He, seor, de complacerte,
Por ser tu esclavo, y por verte
Que melindres de mugeres
Te traigan de aquesta suerte.
De qu nacion es la dama
Que te enciende en esa llama,
Sin mirar en su interes?

IZUF.

Espaola dicen que es.

AURELIO.

El nombre?

IZUF.

          Silvia se llama.

AURELIO.

Silvia? Una Silvia venia
A donde yo me embarqu,
Y segun que yo mir,
No en tanto alli se tenia.

IZUF.

Esa es: yo la compr.

AURELIO.

Si es esa, yo s decir
Que es hermosa sin mentir,
Y que no es tan cruda, altiva,
Que su condicion esquiva
A ninguno haga morir.
Traela  casa, seor, luego,
Y ten las riendas al miedo,
Y tu vers si yo puedo,
Como  mis manos y ruego
Amaine el casto denuedo.

IZUF.

Yo voy, y mientras se ordena
Su venida, por estrena
Del contento que me has dado,
Yo dire  mi renegado
Que te quite esa cadena.

_Vase_.

AURELIO.

Qu es esto, cielos, que he oido?
Es mi Silvia? Silvia es cierto;
Es posible, hado incierto!
Que he de ver quien me ha tenido
Vivo en muerte, en vida muerto?
Esta es mi Silvia,  quien llamo,
A quien sirvo, y  quien amo
Mas que todo lo del suelo.
Gracias hago y doy al cielo
Que  los dos ha dado un amo.
Tregua tengan mis enojos
Entre tanta desventura,
Pues por estraa ventura
Vendrn  mirar mis ojos
Tan singular hermosura.
Y si della est rendido
Mi amo, est conocido
Que el que la acert  mirar,
Era imposible escapar
De preso,  de mal herido.
Y pues tan lascivos brios
El descubre en sus amores,
Si nos vemos, sus dolores
Se encubrirn, y los mios
Le dir que son mayores.
Y mientras pudiere ver
Su hermosura y gentil ser,
Templar mi desconsuelo,
Hasta que disponga el cielo
De los dos lo que ha de ser.    _Vase_.

_Salen_ DOS MERCADERES.

MERCADER.

Al fin, Aydar, que en Cerdea
Habeis hecho la galima?

AYDAR.

S, y no de poca estima,
Segun sali en la resea.

MERCADER.

Dicen que os dieron caza
De Napoles las galeras.

AYDAR.

S dieron, mas no de veras,
Que el peso las embaraza.
El ladron que va  hurtar,
Para no dar en el lazo
Ha de ir muy sin embarazo,
Para huir, para alcanzar.
Las galeras de cristianos,
Sabe, sino lo sabeis,
Que tienen falta de pies,
Y que no les sobran manos.
Y la causa es, porque van
Tan llenas de mercancias,
Que aunque vogasen seis dias,
Un ponton no alcanzarn.
Nosotros  la ligera,
Y sueltos como el fuego,
Y en dandonos caza, luego
Pico al viento, ropa fuera,
Las obras muertas abaxo,
Arbol y antena en crugia,
Y ansi hacemos nuestra via
Contra el viento, sin trabajo.
Pero alli tiene la honra
El cristiano en tanto estremo,
Que asir en un trance el remo
Le parece que es deshonra.
Y mientras ellos all
En sus trece estan honrados,
Nosotros dellos cargados
Venimos sin honra ac.

MERCADER.

Esa honra y ese engao
Nunca les salga del pecho,
Pues nuestro mayor provecho
Nace de su propio dao.
Un mozo de poca edad
De esos Sardos, comprar quiero.

AYDAR.

Ya los trae el pregonero
Vendiendo por la ciudad.

_Entra el_ PREGONERO _moro vendiendo los dos_ MUCHACHOS, _y la_ MADRE
_y el_ PADRE.

PREGONERO.

Hay quien compre los chiquitos,
Y el viejo que es el grandazo,
Y la vieja y su embarazo?
Pues  fe que son bonitos.
Deste me dan ciento y dos,
Deste docientos me dan.
Pero no le llevarn.
Pasa ac, perrazo, vos.

JUAN.

Qu es esto, madre? por dicha
Vendennos aquestos moros?

MADRE.

S, hijo, que sus tesoros
Les crece nuestra desdicha.

PREGONERO.

Hay quien  comprar acierte
El nio y la madre juntos?

MADRE.

O terribles tristes puntos,
Mas amargos que la muerte!

PADRE.

Sosegad, seora, el pecho,
Que pues mi Dios lo ha ordenado
Ponernos en este estado,
El sabe por que lo ha hecho.

MADRE.

Destos hijos tengo pena,
Que no s por donde han de ir.

PADRE.

Seora, dexad cumplir
Lo que el alto cielo ordena.

MERCADER.

Quanto dan deste? decid.

PREGONERO.

Ciento y dos escudos dan.

MERCADER.

Por ciento y diez darle han?

PREGONERO.

No, sino pasais de ahi.

MERCADER.

Est sano?

PREGONERO.

          Sano est.

_Abrele la boca_.

MERCADER.

Abre, no tengas temor.

JUAN.

No me la saque, seor,
Que ella mesma se cair.

MERCADER.

Piensa que sacalle quiero
El rapaz alguna muela?

JUAN.

Paso, seor, no me duela,
Tenga, paso, que me muero.

AYDAR.

Destotro qunto dan dl?

PREGONERO.

Ducientos escudos dan.

AYDAR.

Y por quanto le darn?

PREGONERO.

Trecientos piden por l.

AYDAR.

Si te compro, sers bueno?

FRANCISCO.

Aunque vos no me compreis,
Ser bueno.

AYDAR.

           Serlo heis?

FRANCISCO.

Ya lo soi, sin ser ageno.

MERCADER.

Por este doi ciento y treinta.

PREGONERO.

Vuestro es, venga el dinero.

MERCADER.

En casa daroslos quiero.

MADRE.

El corazon me revienta!

MERCADER.

Comprad, compaero, esotro.
Ven, nio, vente  holgar.

JUAN.

Seor, no he de dexar
Mi madre por ir con otro.

MADRE.

Ve, hijo, que ya no eres
Sino del que te ha comprado.

JUAN.

Ay madre! haveisme dexado?

MADRE.

Ay cielo, quan cruel eres!

MERCADER.

Anda, rapaz, ven conmigo.

JUAN.

Vamonos juntos, hermano?

FRANCISCO.

No puedo, ni est en mi mano,
El cielo vaya contigo.

MADRE.

O mi bien, y mi alegria,
No se olvide de ti Dios!

JUAN.

Dnde me llevan sin vos,
Padre mio, y madre mia?

MADRE.

Quieres que hable, seor,
A mi hijo un momento?
Dame ese breve contento,
Pues ser eterno el dolor.

MERCADER.

Quanto quisieres le d,
Pues ser la vez postrera.

MADRE.

S, pues esta es la primera
Que en este trance me vi.

JUAN.

Tenme con vos aqui,
Madre, que voy no s donde.

MADRE.

La ventura se te asconde,
Hijo, pues yo te par.
Hase escurecido el cielo,
Turbado los elementos,
Conjurado mar y vientos
Todos en mi desconsuelo.
No conoces tu desdicha,
Aunque estas bien dentro della,
Puesto que el no conocella
Lo puedes tener por dicha.
Lo que te ruego, alma mia,
Pues ya el verte se me impide,
Es que nunca se te olvide
Rezar el Ave Maria.
Que esta Reyna de bondad,
De virtud y gracia llena,
Ha de librar tu cadena,
Y ponerte en libertad.

AYDAR.

Mira la mala cristiana
Que consejo d al muchacho,
S, que no estaba borracho
Como t, falsa, liviana.

JUAN.

Madre, alfin que no me quedo?
Qu me llevan estos moros?

MADRE.

Contigo van mis tesoros.

JUAN.

A fe que me ponen miedo.

MADRE.

Mas miedo me queda  m
De verte ir  do vas,
Que nunca te acordars
De Dios, de t, ni de m;
Porque estos tus tiernos aos
Qu prometen sino aquesto?
Entre iniqua gente puesto,
Fabricadora de engaos.

PREGONERO.

Calla vieja, mala pieza,
Sino quieres por mas mengua,
Que lo que dice tu lengua
Venga  pagar tu cabeza.
Destotro hay quin d mas,
Que es mas bello y mas lozano,
Que no su pequeo hermano?

AYDAR.

D, por quanto le dars?

PREGONERO.

No os he dicho, que trecientos
Escudos de oro por cuenta?

AYDAR.

Quis ducientos y cinquenta?

PREGONERO.

Eso es dar voces al viento.

AYDAR.

Enamorado me ha
El donaire del garzon;
Yo los doi en conclusion.

PREGONERO.

Dinero, y seal me da.

AYDAR.

Como te llamas me d.

FRANCISCO.

Seor, Francisco me llamo.

AYDAR.

Pues has mudado de amo,
Muda el Francisco en Maami.

FRANCISCO.

Eso no, seor patron,
Francisco me has de llamar.

AYDAR.

El palo os har mudar
El nombre, y aun la intencion.

FRANCISCO.

Pues me aparta el hado insano
De vos, seor, qu mandais?

PADRE.

Hijo mio, que vivais
Como bueno y fiel cristiano.

MADRE.

Hijo, no las amenazas,
No los gustos y regalos,
No los azotes ni palos,
No los conciertos ni trazas,
No todo quanto tesoro
Cubre el cielo, y sol ha visto
Te mueva dexar  Cristo
Por seguir al pueblo moro.

FRANCISCO.

En m se ver si puedo,
Pues mi buen Jess me ayuda,
Como en mi alma no muda
La fe, la promesa y miedo.

PREGONERO.

O qu cristiano se muestra
El rapaz! pues yo os prometo
Que alceis  tantico aprieto
El brazo, y la mano diestra.
Estos rapaces cristianos
Al principio muchos lloros,
Y despues se vuelven moros
Mejor que los mas ancianos.

_Vanse_.


JORNADA III.

_Salen_ IZUF, SILVIA, _y_ ZARA, _y un_ MORO.

IZUF.

Dexad, Silvia, el llanto ahora,
Poned tregua al ansia brava,
Que no os compr para esclava,
Sino para ser seora.
Mira que imagino y creo
Que vuestra gran desventura,
Para daros mas ventura
Ha traido este rodeo.
Con vos fortuna en su ley
No usa de nuevas leyes,
Que esclavos se han visto reyes,
Pero vos sois mas que rey.
Limpiad ya esos bellos ojos
Que sujetan quanto miran,
Y al tiempo que se retiran,
De alma llevan los despojos.
Y no cubra el blanco velo
Esa divina hermosura,
Que es como la nieve pura.
Que impide la luz del cielo.

SILVIA.

Esme ya tan natural,
Seor, el llanto y tormento,
Que si me dexa un momento,
Lo tengo por mayor mal;
Aunque s estoi y estar
Alegre al obedeceros,
Pues distes tantos dineros
Por m, sin saber por que.
Porque os prometo, seor,
Que de miseria y pobreza
Tengo quanto de riqueza,
Si la riqueza es dolor.
Y de dolor soi tan rica,
Quanto por darme pasion
Este caudal, la ocasion
Por puntos le multiplica.

IZUF.

Silvia, vives engaada,
Que yo no quiero de t,
Sino que quieras de m
Ser servida y regalada.
Que el provecho que yo espero,
Silvia, de haverte comprado,
Es ver tu rostro estremado,
Y no doblar el dinero.
Que el amor que se mejora
En mostrar su fuerza brava,
Me ha hecho esclavo de esclava,
Esclava que es mi seora.
Y quedo tan satisfecho
De perder la libertad,
Que alabo la crueldad
Deste crudo y nuevo pecho.
Y porque lo que aqui digo
Lo entiendas, Silvia, mejor,
Nunca me llames seor,
Sino siervo  caro amigo.

SILVIA.

Aunque tamaa mudanza
Ha hecho el cielo en mi estado,
No entiendas se me ha olvidado
El termino de crianza.
Bien s como he de llamarte,
Y s que es de obligacion,
Que en lo que fuere razon,
Procure de contentarte.

IZUF.

Tu habla tan comedida,
Tu donaire, y gracia, y ser
Claro me d  entender
Que eres, Silvia, bien nacida.
Y aunque pudiera esperar
De t un rescate crecido,
A tal termino he venido,
Que tu me has de rescatar.
Mas entanto que  la clara
Veas quanto hago por t,
Ven, Silvia, vente tras m,
Vers  tu ama Zara.

SILVIA.

Vamos, seor, en buena hora.

IZUF.

Silvia, no tanto seor,
Pues la ventura y amor
Os ha hecho  vos mi seora.

ZARA.

Seais, Izuf, bien llegado:
Cuya es la esclava?

IZUF.

                   Mia.

SILVIA.

Vuestra soi, seora mia.

IZUF.

Vuestra es, yo la he comprado.

ZARA.

Por cierto la compra es bella,
Si qual hermosa, es honesta.
Decid, seor, quanto cuesta?

IZUF.

Dado he mil doblas por ella.

ZARA.

Espera ser rescatada?

IZUF.

De muy rica tiene fama.

ZARA.

Su nombre?

IZUF.

          Silvia se llama.

ZARA.

Es doncella,  es casada?

SILVIA.

Casada soy, y doncella.

ZARA.

Cmo es eso, Silvia, d?

SILVIA.

Seora, ello es ansi,
Que ansi lo quiso mi estrella.
El cielo me di marido
No para que le gozase,
Sino para que quedase
Yo perdida, y l perdido.

MORO.

Izuf,  llamar te invia
El Rey apriesa nuestro Azan.

IZUF.

Dnde est?

MORO.

           En el Duan,
Metido en grande agonia.
Ams, Xem, Zarag,
Y los Balucos Baxies,
Y todos los Debaxies,
Y el Daxs estn all.
Hanse juntado  consejo
Sobre que se ha averiguado
Que el Rey de Espaa ha juntado
De guerra grande aparejo.
Dicen que va  Portugal,
Mas temese no sea maa,
Y es bien que tema su saa
Argel, que le hace mas mal.
En la guerra hay mil ensayos,
De fraudes y astucias llenos,
Acull suenan los truenos,
Aca disparan los rayos.

IZUF.

Vamos, que el cielo que toma
Por suya nuestra defensa,
A Espaa har con su ofensa
Sujeta y sierva  Mahoma.
Y vos, seora, ordenad
A Silvia lo que ha de hacer;
Y vos, Silvia,  su querer
Sujetad la voluntad.

ZARA.

Cristiana, de donde eres?
Eres pobre,  eres rica?
De suerte ensalzada  chica?
No me lo niegues, si quieres;
Porque soi qual t muger,
Y no de entraas tan duras,
Que tus tristes desventuras
No me hayan de enternecer.

SILVIA.

Seora, soi de Granada,
Y de suerte ansi abatida,
Qual lo muestra el ser vendida,
Y  cada paso comprada.
Dicen que fui rica un tiempo,
Pero toda mi riqueza
Se ha vuelto en mayor pobreza,
Y ha pasado con el tiempo.

ZARA.

Has algun tiempo tenido
Enamorado deseo?

SILVIA.

Al estado en que me veo
El crudo amor me ha traido.

ZARA.

Fuiste acaso bien querida?

SILVIA.

Fuilo, y quise con ventaja
Tal, que apenas la mortaja
Borrar fe tan subida.

ZARA.

Fuiste querida primero,
U empez el amor de t?

SILVIA.

Primero querida fui
Del que quise, querre, y quiero.

ZARA.

Es mozo?

SILVIA.

        Y aun gentilhombre.

ZARA.

Es cristiano?

SILVIA.

             Pues qu moro?
No sale de su decoro
Quien ha de cristiano nombre.

ZARA.

Y es pecado querer bien
A un moro?

SILVIA.

          Yo no s nada,
S que es cosa reprobada,
Y  cristianos no est bien.

ZARA.

Y querer mora  cristiano?

SILVIA.

Eso t mejor lo entiendes.

ZARA.

Ay Silvia, como me ofendes
Y me lastimas temprano!

SILVIA.

Yo, mi seora, en qu suerte?

ZARA.

Escucha, y te lo dir,
Que escuchandome, bien s
Que vendrs  enternecerte.
Has de saber,  Silvia, que estos dias,
Partieron deste puerto con buen viento
Doce baxeles de cosarios todos,
Y con prospero viento caminaron,
A vuelta de las islas de Cerdea,
Y alli en las calas, vueltas y revueltas,
Y puntas que la mar hace y revuelve,
Se fueron  esconder, estando alerta
De algun baxel de Genova,  Espaa,
O de otra nacion, que no fuese Francesa:
Y presto un bravo viento se levanta
Que Maestral se llama, cuya furia
Dicen los marineros que es tan grande,
Que las tupidas velas y las jarcias
Del mas recio navio y mas armado
No pueden resistirle, y es forzoso
Acudir al abrigo mas cercano,
Si su rigor acaso lo concede.
Las levantadas olas y el ruido
Del atrevido viento detenia
Los cosarios baxeles en los cabos,
Sin dexarles salir al mar  viento,
Y en otra parte con furor insano
Mostrando su braveza fatigaba
Una galera de cristiana gente
Y de riquezas llena, que corriendo
Por el hinchado mar sin remo alguno
Venia  su alvedrio, temerosa
De ser sorbida de las bravas hondas;
Pero despues al cabo de tres dias
Del recio mar y viento contrastada,
Descubri tierra, y fue el descubrimiento
De su mayor dolor y desventura,
Porque  la misma isla de San Pedro
Vino  parar,  donde recogidos
Estaban los baxeles enemigos,
Los quales, de la presa codiciosos,
Salen, y de ardor belico adornados
A la galera acometen destrozada,
Y de solos deseos defendida:
Una pelota pasa en el momento
Al Capitan el pecho, y  su lado
Del Lusitano fuerte muerto cae
Un caballero ilustre Valenciano.
El robo, las riquezas, los cautivos,
Que los turcos hallaron en el seno
De la triste galera, me ha contado
Un cristiano que alli perdi la dulce
Y amada libertad, para quitarla
A quien quiere rendirse  su rendido.
Y este cristiano, Silvia, este cristiano,
Este cristiano, Silvia, es quien me tiene
Fuera del ser que  moras es debido,
Fuera de mi contento y alegria,
Fuera de todo gusto, y estoi fuera,
Que es lo peor, de todo mi sentido.
Comprle mi marido, y est en casa,
Y puesto que con lagrimas y ruegos,
Con suspiros, ternezas, y con dadivas
Procuro de ablandar su duro pecho
Al mio, que contino es blanda cera,
El suyo se me muestra de diamante:
Ansi que, Silvia hermana, como has dicho
Que al cristiano no es licito d gusto
En cosas del amor  mora alguna,
Tus razones me tienen ofendida,
Y con aquesas mismas se defiende
Aurelio,  quien ha hecho tan cristiano
El cielo para darme  mi la muerte.

SILVIA.

Aurelio, dices, que por nombre tiene
Ese cristiano?

ZARA.

              Ansi se llama.

SILVIA.

La galera que dices segun creo
Se llamaba San Pablo, y era nueva,
De la sacra religion de Malta,
Yo en ella me perdi, y aun imagino
Que conozco  ese Aurelio, y es un mozo
De rostro grave, y de nacion Hispana.

ZARA.

Sin dubda has acertado, Silvia mia,
Quin es este enemigo de mi gloria?
Es caballero,  rustico aldeano?
Que todo lo parece en su postura,
Y dura condicion, el talle ilustre
De la ciudad, la condicion del monte.

SILVIA.

A m pobre escudero me parece,
Segun en la galera se trataba,
Que de su hacienda no s mas, seora.

ZARA.

Ni yo s que te diga, Silvia mia,
Sino que  tal estremo soi venida,
Que le tengo de amar sea quien se fuere;
Solo te ruego, que procures, Silvia,
De ablandar esta fiera tigre Hircana,
Y atraerle con dulces sentimientos
A que sienta la pena que padece
Esta misera esclava de su esclavo:
Y si esto, Silvia, haces, yo te juro
Por todo el Alcoran de buscar modo
Como con brevedad alegre vuelvas
Al patrio dulce suelo deseado.

SILVIA.

Dexa, seora, el cargo  Silvia dello,
Que tu vers lo que mi industria hace
Por gusto tuyo y por provecho mio.


JORNADA IV.

_Salen los tres morillos, y los cautivos, que van unos por agua y
otros por lea, que son_ SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ.

MORILLO.

Don Juan no venir, y no fuxir, aca morir.

OTRO MORO.

Aca morir.

OTRO MORO.

          Aca morir, no fuxir, aca morir.

SAAVEDRA.

Vendr su hermano el inclito Filipo,
El qual sin duda ya venido hoviera,
Si la cerviz indomita y erguida
Del luterano Flandes no ofendiese
Tan sin verguenza su Real Corona.

MORILLO.

No rescatar, no fuxir, Don Juan no venir, aca morir.

PEDRO ALVAREZ.

Si l acaso viniera, yo s cierto,
Murierades vosotros, gente infame.

OTRO MORO.

Don Juan no venir, no fuxir, aca morir.

PEDRO ALVAREZ.

Primero ver yo puestas por tierra
Estas flacas murallas, y este nido
Y cueva de ladrones abrasado,
Pena que justamente le es debida
A sus continuos y nefandos vicios.

SAAVEDRA.

Ser nunca acabar si respondemos,
Dexalos ya, Pedro Alvarez, amigo,
Que ellos se cansarn; y dime agora
Si todavia piensas de huirte.

PEDRO ALVAREZ.

Y cmo?

SAAVEDRA.

       En qu manera?

PEDRO ALVAREZ.

                     Por tierra,
Que no puedo de otra suerte ni otro modo.

SAAVEDRA.

Pues un negocio tal ansina emprendes?

PEDRO ALVAREZ.

Pues qu quieres que haga, Saavedra?
Que mis ancianos padres ya son muertos,
Y un hermano que tengo, se ha entregado
En la hacienda y bienes que dexaron,
El qual es tan avaro, que aunque sabe
La esclavitud amarga que padezco,
No quiere dar para librarme della
Un real de mi mismo patrimonio.
Como esto considero, y veo que tengo
Un amo cruel, como tu sabes,
El qual piensa que soi yo caballero,
Y que no hay modo que limosna alguna
Llegue  dar el dinero que l me pide,
Y la insufrible vida que padezco,
De hambre, desnudez, cansancio y frio,
Determino morir antes huyendo,
Que vivir una vida tan mezquina.

SAAVEDRA.

Has hecho la mochila?

PEDRO ALVAREZ.

                     S, ya tengo
Cosa de diez libras de vizcocho bueno.

SAAVEDRA.

Pues hay de aqui  Oran sesenta leguas,
Y no piensas llevar mas de diez libras?

PEDRO ALVAREZ.

No, porque tengo ya hecha una pasta
De harina y huevos, y con miel mezclada,
Y cocida muy bien, la qual me dicen,
Que d muy poco della gran sustento.
Si aquesto me faltare, algunas yerbas
Pienso comer con sal, que tambien llevo.

SAAVEDRA.

Zapatos llevas?

PEDRO ALVAREZ.

               Tres pares buenos.

SAAVEDRA.

Sabes bien el camino?

PEDRO ALVAREZ.

                     Ni por pienso.

SAAVEDRA.

Pues cmo piensas ir?

PEDRO ALVAREZ.

                     Por la marina,
Que agora como es tiempo de verano,
Los alarbes todos  la sierra
Se retiran, buscando el fresco viento.

SAAVEDRA.

Llevas algunas seas por do entiendas
Qual es de Oran la deseada tierra?

PEDRO ALVAREZ.

S llevo, y s que he de pasar primero
Dos rios, el uno dellos es nombrado
El rio del Azafran, que est aqui junto,
El otro, de Hiquina, que es mas lexos,
Cerca de Mostagan, y aunque derecha,
Est una levantada y alta cuesta,
Que dicen que se llama el cerro Gordo,
Y puesto encima della se descubre
Frente por frente un monte, que es la silla
Que sobre Oran levanta la cabeza.

SAAVEDRA.

Caminars de noche?

PEDRO ALVAREZ.

                   Quin lo dubda?

SAAVEDRA.

Por montaas, por montes, por honduras
Te atreves  pasar en las tinieblas
De la cerrada noche, sin camino
Ni senda que te guie  donde quieres?
O libertad, y quanto eres amada!
Amigo caro, el cielo santo haga
Salir con buen subceso tu trabajo,
Que yo me voi al mio, que es ya hora.
Dios te acompae.

PEDRO ALVAREZ.

                 Y l vaya contigo.

_Sale la Mora al encanto, en entrandose estos._

FATIMA.

El esperado punto es ya llegado
Que pide la no vista hechiceria,
Para poder domar el no domado
Pecho, que domar la ciencia mia.
Por la region del cielo estrellado
Carro lleva la noche oscura y fria,
Y la ocasion me llama, do har cosas
Horrendas, estupendas y espantosas.
El cabello dorado al ayre suelto
Tiene de estar, el cuerpo desceido,
Descalzo el pie derecho, el rostro vuelto
Al mar,  donde el sol sea zabullido,
Al brazo este sartal ser revuelto
De las piedras preadas que en el nido
Del aguila se hallan, y esta cuerda
Con mi intincion la virtud suya acuerda.
Aquestas cinco caas, que cortadas
Fueron en la luna llena por mi mano,
En esta misma forma acomodadas,
Lo que quiero harn fcil y llano.
Tambien estas cabezas arrancadas
Del gavilo, serpiente en el verano,
Hasta en la obra me aprovechan,
Y aun estos granos si en el suelo se echan.
Esta carne quitada de la frente
Del ternezuelo potro quando nace,
Cuya virtud probada y excelente
En todo mi deseo satisface,
Envuelta en esta yerba,  quien el diente
Toc del corderillo quando nasce,
Har que Aurelio venga qual cordero
Mansisimo y humilde  lo que quiero.
Esta figura que de cera es hecha,
En el nombre de Aurelio fabricada,
Ser con dura mano y blanda flecha
Por medio el corazon atravesada:
Quedar luego Zara satisfecha
De aquella voluntad desordenada,
Y el helado cristiano vendr luego
Ardiendo en amoroso y vivo fuego.
A vosotros,  justo Radamonte
Y Minos, que con leyes inmutables
En los obscuros reynos del espanto
Regis las almas tristes miserables,
Si acaso tiene fuerza el ronco canto,
O murmurios de versos deleytables,
Por ellos os conjuro, ruego y pido
Ablandeis este pecho endurecido.
Rapida, Ronca, Run, Ras, Parisforme,
Grandura, Denclifaz, Pantasilonte,
Ladrante, tragador, falso y disforme,
Arbarico pestifero del monte,
Erebo, engendrador del rostro inorme
De todo fiero Dios,  punto ponte,
Ven sin detenerte  mi presencia,
Sino desprecias la Zoroastria ciencia.

FURIA.

La fuerza incontrastable de tus versos
Y murmurios perversos me han traido
Del reyno del olvido  obedecerte;
Mas,  mora, que el verte en esta impresa
Infinito me pesa, porque entiendo
Que es ir tiempo perdiendo.

FATIMA.

                           Por qu causa?

FURIA.

Pon al conjurar pausa, y al momento
Satisfar tu intento en lo que pides,
Si acaso tu te mides y acomodas
Con mis palabras todas y consejos:
Todos tus aparejos son en vano,
Porque un pecho cristiano que se arrima
A Cristo, poco estima hechicerias:
Por muy diversas vias te conviene
Atraerle  que pene por tu amiga.

FATIMA.

Ansi que esta fatiga no aprovecha?

FURIA.

En valde ha sido hecha, mas escucha,
Que con presteza mucha y sin rodeo
Cumplirs tu deseo en este modo.
En el Infierno todo no hay quien haga
Mas cruda y fiera plaga entre cristianos,
Aunque tengan mas sanos corazones
Y limpias intinciones, que es la dura
Necesidad que apura la paciencia:
No tiene resistencia esta pasion.
La otra es la Ocasion, si estas dos vienen
Y con tu Aurelio tienen estrecheza,
Vers  su braveza derribada
Y en blandura trocada, y con sosiego
Regalarse en el fuego de Cupido.

FATIMA.

Pues esas dos te pido que me invies,
Y que no te desvies desta impresa.

FURIA.

Tu mandado har con toda priesa.

_Vanse_.

_Salen_ AURELIO _y_ SILVIA.

AURELIO.

Dado me ha la fortuna por discuento
De todo mi trabajo, Silvia mia,
La gloria del mirarte, y el contento.
Mi pena ser vuelta en alegria
De hoy mas, pues que te veo, Silvia amada,
Y mi cerrada noche en claro dia.

SILVIA.

Yo soi, mi bien, la bien afortunada,
Pues que torno  gozar de tu presencia,
De lo que estaba ya desconfiada.

AURELIO.

Cmo os ha ido, esposa, en esta ausencia,
En poder desta gente, que no alcanza
Razon, virtud, almas, conciencia?

SILVIA.

Como he tenido y tengo la esperanza
Puesta en el hacedor de tierra y cielo,
Con cristiana y sigura confianza
Por su bondad, aun tengo el casto velo,
Y tanto con su ayuda santa espero
No tener de mancharle algun recelo.

AURELIO.

Sabras, esposa amada, que el artero
Y vengativo amor ha salteado
Con aspero rigor airado y fiero
El pecho de mi ama, y le ha llagado
De una llaga incurable, pues le tiene
Deste pecho que es tuyo, enamorado,
Y  do quiera que voi conmigo viene,
Y segun que la mora me declara,
Solo con el mirarme se entretiene.

SILVIA.

Todo ese cuento ya me ha dicho Zara,
Y me ha pedido que yo  vos os pida
No querais desdearla ansi  la clara:
Tambien no pasa menos triste vida
Izuf, nuestro amo, que tambien me adora
Con fe, que  lo que creo, no es fingida.

AURELIO.

O pobre moro, y desdichada mora,
Cmo inviais en vano al vano viento
Vuestros vanos suspiros de hora en hora!
Tambien me ha dicho Izuf todo su intento,
Y me ha rogado, que yo  vos os ruegue
Algun alivio deis  su tormento;
Mas antes con airada furia llegue
Una saeta que me pase el pecho,
Y esta alma de las carnes se despegue,
Que tan  costa mia su provecho
Y tan en dao nuestro procurase,
Aunque l queda de m bien satisfecho.

SILVIA.

Si en este caso, Aurelio, nos bastase
Mostrar  estos voluntad trocada,
Sin que el dao adelante mas pasase,
Tendrialo por cosa yo acertada,
Porque deste fingir se grangearia
El no estorbarnos nuestra vista amada:
Decir  Zara que por causa mia
No te muestras tan aspero, y al moro
Decir que mucho puede tu porfia,
Y guardando los dos este decoro
Con discrecion, podremos facilmente
Aplacar con el vernos nuestro lloro.

AURELIO.

El parecer que has dado es excelente,
Y harase qual ordenas, y entre tanto
Quiz se aplacar el hado inclemente:
Yo escribir  mis padres el quebranto
En que estamos los dos: t, Silvia, puedes
Escribir  los tuyos otro tanto.
Y porque  veces tienen las paredes,
Como dicen, oidos, Silvia mia,
Agradeciendo al cielo estas mercedes,
Pasemos esta platica  otro dia.

_Vanse_.

_Salen_ PEDRO ALVAREZ _que se va, y otro_ CAUTIVO _que huye, y dos_
MOROS _que le cogen y le vuelven_.

PEDRO ALVAREZ.

Este largo camino,
Tanto pasar de breas y montaas,
Y el bramido contino
De fieras alimaas
Me tienen de tal suerte,
Que pienso de acabarlo con la muerte.
El pan se me ha acabado,
Y roto entre xarales el vestido,
Los zapatos rasgados,
El brio consumido,
De modo que no puedo
Un pie del otro pie pasar un dedo.
Ya la hambre me aquexa,
Y la sed insufrible me atormenta,
Ya la fuerza me dexa,
Y espero desta afrenta
Salir con entregarme
A quien de nuevo quisiere cautivarme.
Y he ya perdido el tino,
No se qual es de Oran la cierta via;
Ni senda, ni camino,
La triste suerte mia
Me ofrece; y qu hace al caso?
Que aunque le hallase, no hay mover el paso.
Virgen bendita y bella,
Remediadora del linage humano,
Sed vos aqui la estrella,
Que en este mar insano
Mi pobre barca guie,
Y de tantos peligros la desvie.
Virgen de Monserrate,
Que esas asperas sierras haceis cielo,
Inviadme rescate,
Sacadme deste duelo,
Pues es hazaa vuestra
Al misero caido dar la diestra.
Entre estas matas quiero
Esconderme pues que es entrado el dia,
Aqui morir espero.
Santisima Maria,
En este trance amargo
El cuerpo y alma dexo  vuestro cargo.

_Sale un Leon y echase junto  l, y sale luego el otro_ CAUTIVO _que
tambien se va_.

CAUTIVO.

Estas pisadas no son
De moro, por cierto, no,
Cristiano las estamp,
Que con la mesma intincion
Debe de ir, que llevo yo.
De alarbes las pisadas
Son anchas y mal formadas,
Porque es ancho su calzado,
El nuestro mas escotado,
Y ansi son diferenciadas.
Yo seguro que no est
Muy lexos de aqui escondido,
Porque el rastro he ya perdido;
Mas el sol alto va ya,
Y yo mal apercibido.
Aqui me quiero esconder,
Hasta que al anochecer
Torne  seguir mi viage,
Que en este mismo parage
Mostagan viene  caer.
Porque el sol sale de alli,
El norte acia all se inclina,
No est lexos la marina.
O qu mal estoy aqui!
Buen Jess, t me encamina,
Que mucho alarbe pasa
Por esta campaa rasa:
Si me he acertado  esconder,
No me despido de ver
Mis hijos, muger, y casa.

_Entran dos_ MOROS _por l_.

MORO.

Zaramir ara furir.

_Recuerda_ PEDRO ALVAREZ.

PEDRO ALVAREZ.

Santo Dios, qu es lo que veo,
Que aunque sois fiero Leon,
Saltos me d el corazon;
Cumplido se ha mi deseo,
Libre soi ya de pasion.
Pues lo quiere mi ventura
Este con su fuerza dura
Mis dias acabar,
Y su vientre servir
Al cuerpo de sepultura.
Pero tanta mansedumbre
No se vio ansi facilmente
En animal tan valiente,
Aunque su fiera costumbre
Muestra  las veces clemente.
Mas quin sabe si movido
El cielo de mi gemido,
Este leon me ha inviado
Para ser por l tornado
Al camino que he perdido?
Sin duda es divina cosa,
Y asegurame este intento,
Que en m espiritu siento
Con fuerza marabillosa,
Y nuevo y crecido aliento.
Y ya es caso averiguado
Que otro leon ha llevado
A la Goleta un cautivo,
Que le hall en un monte esquivo
Huido y descarriado.
Obra es esta, Virgen pia,
De vuestra divina mano,
Porque ya est claro y llano,
Que el hombre que en vos confia,
Espera, y no confia en vano.
Esprame, compaero,
Que ya determino y quiero
Seguir do quiera que fueres,
Que ya me parece que eres,
No leon, sino cordero.


JORNADA V.

_Empiezanla_ PEDRO ALVAREZ, _y el_ LEON.

PEDRO ALVAREZ.

Nunca menos con afan
He caminado camino,
Y segun que yo imagino,
No est muy lexos Oran:
Gracias te doy, Rey divino.
Virgen pura,  vos alabo,
Y ruegoos lleveis al cabo
Tan estraa caridad,
Que si me dais libertad,
Prometo seros esclavo.

_Entrase_.

_Sale_ OCASION _y_ NECESIDAD.

OCASION.

Necesidad, fiel executora
De qualquiera delito que se ofrece,
La publica Ocasion y la secreta
Ya ves quan apremiadas y forzadas
Del cruel infernal habemos sido,
Para venir  combatir la roca
Del pecho encastillado de un cristiano
Que est rebelde, y mas, que no teme
Del nio y fiero dios la grande fuerza.
Es menester que esta le solicites,
Y te le muestres siempre  todas horas
En el comer, en el beber, en todas
Las cosas que pensare y pretendiere.
Yo de mi parte de contino pienso
Ponermele delante, y la miseria
De mis pocos cabellos ofrecerle,
Y detener mi vuelo, porque pueda
Asirme della, cosa poco usada
De mi ligera condicion y presta.

NECESIDAD.

Bien puedes, Ocasion, estar segura,
Que yo hare por mi parte marabillas,
Si tu favor y ayuda no me falta.
Pero ves aqui viene el indomable,
Apercibete, hermana, y derribemos
La vana presuncion deste cristiano.

_Sale_ AURELIO.

AURELIO.

Qu no ha de ser posible, pobre Aurelio,
El defenderte desta mora infame,
Que por tantos caminos te persigue?
S ser, sino me niega el cielo
El favor que hasta aqui no me ha negado.
De mil astucias usa y mil maneras
Para traerme  su lascivo intento,
Ya me regala, ya me vitupera,
Ya me mata de hambre y de miseria.

NECESIDAD.

Grande es por cierto, Aurelio, la que tienes.

AURELIO.

Grande necesidad es la que paso.

NECESIDAD.

Rotos traes los zapatos y el vestido.

AURELIO.

Zapatos y vestido tengo rotos.

NECESIDAD.

En un pellejo duermes, y en el suelo.

AURELIO.

En el suelo me acuesto, y en un pellejo.

OCASION.

Pues yo s, si quisieses, que hallarias
Ocasion de salir dese trabajo
Muy presto, sin contraste,  poca costa.

AURELIO.

Pues yo s, si quisiese, que hallaria
Ocasion de salir deste trabajo
Muy presto, sin contraste,  poca costa.

OCASION.

Con no mas que querer  tu ama Zara,
O con dar muestras solo de querella.

AURELIO.

Con no mas de querer bien  mi ama,
O fingir que la quiero, me bastaba.
Mas quin podr fingir lo que no quiere?

NECESIDAD.

Necesidad te fuerza  que lo hagas.

AURELIO.

Necesidad me fuerza  que lo haga.

OCASION.

Qun rica es para t, y quan hermosa!

AURELIO.

Qun rica y qun hermosa que es mi ama!

NECESIDAD.

Y liberal, que hace mas al caso,
Que te dar  montn lo que quisieres.

AURELIO.

Y siendo liberal y enamorada,
Darame todo quanto le pidiere.

OCASION.

Estraa es la ocasion que se te ofrece.

AURELIO.

Estraa es la ocasion que se me ofrece,
Mas no podr torcer mi hidalga sangre,
De lo que es justo, y  s misma debe.

OCASION.

Quin tiene de saber lo que tu haces?
Que un pecado secreto aunque sea grave,
Cerca tiene el remedio y la disculpa.

AURELIO.

Quin tiene de saber lo que yo hago?
Y un pecado secreto, aunque sea grave,
Cerca tiene el remedio y la disculpa.

OCASION.

Y mas, que la ocasion mil ocasiones
Te ofrecer secretas y escondidas.

AURELIO.

Y mas, que  cada paso se me ofrecen
Infinitas secretas ocasiones.
Cerrar quiero con una. Aurelio, paso,
Que no es de caballero lo que piensas,
De lo que  Cristo y  su sangre debes.

NECESIDAD.

Misericordia tiene y tubo Cristo,
Con que perdona siempre las ofensas
Que por necesidad pura se hacen.

AURELIO.

Pero bien sabe Dios que aqui me fuerza
Pura necesidad, y esta reciba
El cielo por disculpa de mi culpa.

OCASION.

Ahora es tiempo, Aurelio, ahora puedes
Asir  la ocasion por los cabellos,
Mira quan blanda, dulce y amorosa
La mora hermosa viene  tu mandado.

_Sale_ ZARA.

ZARA.

Aurelio, solo ests?

AURELIO.

                    Y acompaado.

ZARA.

De quin?

AURELIO.

         De un amoroso pensamiento.

ZARA.

Quin fue la causa?

AURELIO.

                   Si te la dixese,
Podr ser que ya no me llamases
Riguroso  cruel desamorado.

NECESIDAD.

Obrando va tu fuerza, compaera.

OCASION.

Pues no ha de obrar? Escucha en lo que pra.

ZARA.

Sigueme, Aurelio, y entremos en mi casa.

_Vase_.

AURELIO.

S seguir, seora, que ya es tiempo
De obedecerte, pues que soi tu esclavo.

NECESIDAD.

Por tierra va, Ocasion, el fundamento
Del bizarro cristiano, y se rinde.

OCASION.

Tales combates juntos le hemos dado.
Entremonos con Zara en su aposento,
Y all de nuevo, quando Aurelio entrare,
Tornaremos  dalle tientos nuevos.

_Entranse_ NECESIDAD _y_ OCASION, _y queda_ AURELIO.

AURELIO.

Aurelio, dnde vas? para d mueves
El vagaroso paso? quin te guia?
Con tan poco temor de Dios te atreves
A contentar tu loca fantasia?
Las ocasiones faciles y leves
Que el lascivo regalo al alma invia,
Tienen de persuadirte y derribarte,
Y al vano y torpe amor blando entregarte.
Es este el levantado pensamiento,
Y el proposito firme que tenias,
De no ofender  Dios, aunque en tormento
Acabases tus torpes tristes dias?
Tan presto has ofendido y dado al viento
Las justas y amorosas fantasias,
Y ocupas la memoria de otras vanas,
Deshonestas, infames, y livianas?
Vaya lexos de m el intento vano,
Afuera pensamiento mal nascido,
Que el loco enredador de amor insano
De otro mas limpio amor ser rompido,
Cierto, cristiano soy, y he de vivir cristiano;
Y aunque  terminos tristes conducido,
Dadivas, promesas,  astucias y arte,
No harn que un punto de mi Dios me aparte.

_Sale_ FRANCISQUITO _cautivo_.

FRANCISCO.

Has visto, Aurelio,  mi hermano?

AURELIO.

Dices Juanico?

FRANCISCO.

              S.

AURELIO.

Poquito ha que le v.

FRANCISCO.

O santo Dios soberano.

AURELIO.

Padeceis algun tormento?

FRANCISCO.

S, una fatiga
Que no s como la diga
Segun la pena que siento.
Y no querais saber mas
Para entender mi cuidado,
Sino que mi hermano ha dado
El anima  satanas.

AURELIO.

Ha renegado por dicha?

FRANCISCO.

Dicha llamas renegar?
Si l lo viene  efectuar,
Ello ser por desdicha.
Ha dado ya la palabra,
Que esto, hermano, es lo que siento,
De ser turco, y este intento
Con regalos siempre labra.

AURELIO.

Vesle, Francisco,  do asoma;
Bizarro viene por cierto.

_Entra_ JUANICO, _vestido como turco bizarro_.

FRANCISCO.

Estos vestidos le han muerto:
Que l, qu sabe de Mahoma?

AURELIO.

Vengais norabuena, Juan.

JUAN.

No sabeis que ya me llamo:

AURELIO.

Cmo?

JUAN.

     Ansi como mi amo.

FRANCISCO.

En qu modo?

JUAN.

            Soliman.

FRANCISCO.

Tosigo fuera mejor,
Que envenenra aquel hombre
Que  este ha mudado el nombre.
Qu es lo que dices, traidor?

JUAN.

Pero poquito de aquesto,
Que yo lo dir  mi amo,
Porque Soliman me llamo,
Me amenaza, bueno es eso.

FRANCISCO.

Abrazame, dulce hermano.

JUAN.

Hermano, de quando ac?
Apartese el perro all,
No me toque con la mano.

FRANCISCO.

Porqu conviertes en lloro
Mi contento, hermano mio?

JUAN.

Ese es grande desvario:
Hay mas gusto que ser moro?
Mira este galan vestido
Que mi amo me le ha dado,
Y otro tengo de brocado
Muy mas rico y mas pulido.
Alcuzcuz como sabroso,
Corbeta de azucar bebo,
Y el carden, que es dulce, bebo,
Y el pilao, que es provechoso,
Y en valde trabajar
De aplacarme con tu lloro;
Mas si t quieres ser moro,
A fe que lo acertars,
Toma mis consejos sanos
Y veraste mejorado;
Y quedaos, porque es pecado
Hablar tanto con cristianos.

_Vase con mucha gravedad, haciendo burla._

AURELIO.

Hay desventura igual en todo el suelo!
Qu red tiene el demonio aqui tendida,
Con que estorba al cristiano ir al cielo!

FRANCISCO.

O tierna edad, quan presto eres vencida!
Siendo en esta Sodoma requestada
Y con falsos regalos combatida.

AURELIO.

O quan bien la limosna es empleada
En rescatar muchachos, que en sus pechos
No est la santa fe bien arraigada!
O si de hoy mas en caridad deshechos
Se viesen los cristianos corazones,
Y fuesen en el dar no tan estrechos,
Para sacar de grillos y prisiones
Al cristiano cautivo, especialmente
A los nios de flacas intenciones!
Esta santa obra en s tan excelente,
Que en ella sola estan todas las obras
Que al cuerpo y alma tocan juntamente.
Al que rescatas, de peligro cobras;
Reduces  su patria al peregrino,
Quitasle de cien mil y mas zozobras,
De hambre que le aflige de contino,
Y de la insufrible sed y de consejos,
Que procura cerrarles el buen camino,
De muchos y continuos aparejos
Que aqui tiene el demonio, con que toma
A muchachos estraos, y aun  viejos.
O fementida seta de Mahoma,
Ancha, lasciva, poco escrupulosa,
Con qu facilidad los simples doma!

FRANCISCO.

Mandasme, buen Aurelio, alguna cosa?

AURELIO.

Dios te guie, Francisco, ten paciencia;
Que la mano bendita poderosa
Curar de tu hermano la dolencia.

_Entra_ SILVIA.

SILVIA.

D vas, Aurelio, dulce amado esposo?

AURELIO.

A verte, Silvia, pues tu vista sola
Es el perfeto alivio  mis trabajos.

SILVIA.

Tambien  verte yo, mi caro Aurelio,
Es el remedio de mis graves penas.

_Abrazanse y salen sus amos_.

ZARA.

Perra, esto se sufre ante mis ojos?

IZUF.

Falso, traidor, esclavo con la esclava?

ZARA.

No, no, seor, no tiene culpa Aurelio,
Que al fin es hombre, sino aquesta perra esclava.

IZUF.

La esclava no, seora, este malvado,
Forzador, inventor de mil embustes,
Tiene la culpa destas desverguenzas.

ZARA.

Si esta lamida, si esta descarada,
No diera la ocasion, no se atreviera
Aurelio  ansi abrazarla estrechamente.

AURELIO.

No por cierto, seores, no ha nacido
Nuestra desenvoltura de ocasiones
Lascivas segun dan las muestras dello,
Sino que  Silvia le rogaba ahora
Me hiciese una merced, que ha muchos dias
Que se la pido, y no por mi interese,
Y ella tambien  m me havia persuadido
Que un servicio le hiciese, que conviene
Para servir mejor la casa vuestra,
Y por havernos concedido entrambos
Aquello que pedia el uno al otro,
En seal de contento nos hallastes
De aquel modo que vistes, abrazados,
Sin manchar los honestos pensamientos.

IZUF.

Es verdad esto, Silvia?

SILVIA.

                       Verdad dice.

IZUF.

Que le pediste t  l?

SILVIA.

                       Poco te importa
Saber lo que yo  Aurelio le pedia.

ZARA.

Concediotelo al fin?

SILVIA.

                    Como yo quise.

IZUF.

Entraos  dentro, que por fuerza os creo,
Porque si no os creyese, convendria
Castigar vuestra culpa con mil penas.    _Vanse_.
Sabreis, seora, que en este mismo punto,
Viniendo por el Zoco, me fue dicho
Como el Rey me mandaba que llevase
A Silvia y  Aurelio  su presencia,
Y tengo para m, que algun tresleo
Y mal cristiano, que  los dos conoce,
Al Rey debe de haver ya declarado
Como son de rescate estos cautivos,
Y como el Rey est tan mal conmigo,
Porque aceptar no quise el cargo y honra
De reparar los fosos y murallas,
Quieremelos quitar sin dubda alguna.

ZARA.

El remedio que en esto se me ofrece,
Es advertir  Aurelio que no diga
Al Rey que es caballero, sino un pobre
Soldado que iba  Italia, y que esta Silvia
Es su muger, y si esto el Rey resiste,
No querra por el tanto que costaron,
Quitartelos, que el precio es muy subido.

IZUF.

Muy bien dices, seora: bien, entremos
Y demos este aviso  los dos juntos.

_Entranse, y salen  poner un estrado con quatro almohadas para el_
REY, _donde se sienta, y salen acompaandole quatro  cinco moros, y
tambien sale delante el chiquillo renegado_ JUANICO.

REY.

De ira y de dolor hablar no puedo,
Y es la ocasion de mi pesar insano
El ver que Don Antonio de Toledo
Ansi se me ha escapado de la mano.
Los Arraces ufanos, con el miedo
Que yo no les tomase su cristiano,
A Tituan con priesa lo llevaron,
Y en siete mil ducados le tallaron.
Un tan ilustre y rico caballero
Por tal vil precio distes, vil canalla?
Tanto os acudiciastes al dinero?
Tan grande os pareci que era la talla,
Que le aadistes otro compaero,
El qual solo pudiera bien pasalla?
Francisco de Valencia no podia
Pagar solo por s mayor quantia?
En fin, favorecile la ventura
Que pudo mas que no mi diligencia,
Que esta es la que concluye y asegura
Lo que no puede hacer humana ciencia.
Conocieron en tiempo y coyuntura,
Y huyeron de no verse en mi presencia,
Que si yo  Don Antonio aqui hallara,
Cinquenta mil ducados me pagara.
Del conde de Alba hermano es, y sobrino
De una principalisima Duquesa,
Y en perderse perdi en este camino
Ser General en una ilustre impresa.
Airado el cielo, se mostr benigno
En hacerle cautivo, y darse priesa
A darle libertad por tal rodeo,
Que no pudo pedir mas el deseo.
Pero pues ya no puede remediarse,
El tratar mas en ello es escusado.
Mirad si viene alguno  querellarse.

MORO.

Seor, aqui est Izuf el renegado.

REY.

Entre, con intencion de aparejarse
A obedecer en todo mi mandado,
Sino,  fe que le trate en mi presencia
Qual merece su necia inobediencia.
Dnde estn tus cautivos?

IZUF.

                         All fuera.

REY.

Qunto diste por ellos?

IZUF.

                       Mil ducados.

REY.

Yo los dar por ellos.

IZUF.

                      No se espera
De tu valor agravios tan sobrados.

REY.

En esto me replicas?

IZUF.

                    Da siquiera
Algun alivio en parte  mis cuidados.
El esclavo te doy, Rey, sin dinero,
Y dexame la esclava, por quien muero.

REY.

Tal osaste decir, cristiano infame?
Llevalde abaxo, y dalde tanto palo
Hasta que con su sangre se derrame
El deseo que tiene torpe y malo.

IZUF.

Dame, seor, mi esclava, y luego dame
La muerte en fuego, en hierro, en gancho  palo.

REY.

Quitadmele delante, acabad presto.

IZUF.

Por pedir mi hacienda soy molesto?

_Aqui sacan al Cautivo que se huy, y le cogieron, y sacanle con una
cadena._

MORO.

Mi zara fugir.

REY.

Dnde ibas, di, cristiano?

CAUTIVO.

                          Procuraba
Llegarme  Oran, si el cielo lo quisiera.

REY.

Dnde cautivaste?

CAUTIVO.

                 En el Almadraba.

REY.

Tu amo?

CAUTIVO.

       Ya muri, que no debiera,
Pues me ha dexado en poder
De una tan braba muger,
Que no la iguala una fiera.

REY.

Espaol eres?

CAUTIVO.

             En Malaga nacido.

REY.

Bien lo muestras en ser tan atrevido,
O tu Raxa caud, dalde seiscientos palos
En las espaldas muy bien dados,
Y luego le dad otros quinientos
En la barriga, y en los pies cansados.

CAUTIVO.

Tan sin ley ni razon tantos tormentos
Tienes para el que huye, aparejados?

REY.

Chito, Chifuz, Brequede, atalde,
Abrilde, desollalde, y aun matalde,

_Metenle_.

No s que raza es esta destos perros
Cautivos Espaoles. Quin se huye?
Espaoles. Quin no cura de los yerros?
Espaoles. Quin hurtando nos destruye?
Espaoles. Quin comete otros errores?
Espaoles: en cuyo pecho el cielo influye
Un animo indomable, acelerado,
Al bien y al mal contino aparejado.
Una virtud en ellos he notado,
Que guardan su palabra sin rebeses;
Y en esta mi opinion me han confirmado
Dos caballeros Sosas, Portugueses:
Don Francisco tambien ha asigurado
Que tiene el sobrenombre de Meneses,
Los quales sobre su palabra han sido
Enviados  Espaa, y lo han cumplido.
Don Fernando de Ormaza tambien fuese
Sobre su fe y palabra, y asi ha hecho,
Un mes antes que el termino cumpliese,
Tal paga, con que quedo satisfecho:
Con darles libertad sin interese
S que acrecientan mi provecho,
Que como van sobre su fe prendados,
Pidoles los rescates tresdoblados.
Bayran, sal all fuera y llama luego
Un cristiano de Izuf,
Que quiero que grangee en su sosiego
Por ver si mi opinion es verdadera,
De prdida y ganancia es este juego.

BAYRAN.

Seor, del bien hacer siempre se espera
Galardon, y si falta en este suelo,
La paga se dilata para el cielo.

_Entra_ AURELIO.

REY.

Ya s quien eres, cristiano,
Tu virtud, valor, y suerte,
Y s que presto has de verte
En el patrio suelo Hispano.
Esta Silvia es tu muger?

AURELIO.

Si seor.

REY.

         Y adonde ibas
Quando en las aguas esquivas
Perdiste todo el placer?

AURELIO.

Yo te lo dir, seor,
En verdaderas razones.
De otro Rey y otras prisiones
Fui yo esclavo, que fue amor.
Desta Silvia enamorado
Andube un tiempo en mi tierra,
Y la fuerza desta guerra
Me ha traido  este estado.
Cumpli en esto mi deseo,
Y pensando ir  Milan,
Truxome el hado  este afan
De esclavitud, do me veo.

REY.

No pierdas la confianza
En esta vida importuna,
Pues sabes que de fortuna
La condicion es mudanza.
Yo te dar libertad
A t y  Silvia al momento,
Si teneis conocimiento
De pagar tal voluntad.
Mil ducados he de dar
Por los dos, y lo que quiero
Que me deis dos mil, empero
Haveismelo de jurar.
Y asi sobre vuestra fe
Os partireis luego  Espaa.

AURELIO.

Seor,  merced tamaa
Qu gracias te rendir?
Yo prometo de inviallos
Dentro de un mes sin mentir,
Aunque los sepa pedir
Por Dios,  sino roballos.

REY.

Pues luego os aparejad,
Y la primera saetia
Tomad de Espaa la via,
Que  los dos doy libertad.

AURELIO.

El suelo y cielo te trate
Qual merece tu bondad,
Y toma mi voluntad
Por prenda de mi rescate.
Que yo perder la vida
O cumplir mi palabra,
Que este bien ya escarba y labra
En mi sangre bien nacida.

MORO.

Seor, un navio viene.

REY.

De qu parte?

MORO.

             Gavia tiene.

REY.

Debe ser de mercancia.

MORO.

Mi seor, ansi se suena,
Que la mercancia es buena.

REY.

Si es limosna?

MORO.

              Si ser.

REY.

Vamos. T, Aurelio, procura
Tu partida, y ten cuidado
De aquello que me has jurado.

AURELIO.

Crezca el cielo tu ventura.
Gracias te doy, eterno Rey del cielo,
Que tan sin merecerlo has permitido
Que por la mano de quien mas temia,
Tanto bien, tanta gloria me ha venido.

_Entra_ FRANCISCO _cautivo, y luego los otros tres_.

FRANCISCO.

Albricias, caro Aurelio, que es llegado
Un navio de Espaa, y todos dicen,
Que es de limosna, cierto, en el qual viene
Un frayle Trinitario, cristianisimo,
Amigo de hacer bien, y conocido,
Porque ha estado otra vez en esta tierra
Rescatando cristianos, y di exemplo
De una gran cristiandad y gran prudencia.
Su nombre es Fray Juan Gil.

AURELIO.

                           Mira no sea
Fray Jorge de Olivares, que es de la orden
De la Merced, que aqui tambien ha estado,
De no menos virtud y entendimiento,
Tanto, que ya despues que obo despendido
Veinte mil ducados que traia,
En otros siete mil qued empeado.
O caridad estraa,  santo pecho!

SAAVEDRA.

Qu buen dia, compaeros,
La limosna est en el puerto,
Mi remedio tengo cierto,
Porque aqui me traen dineros.

SEBASTIAN.

No tengo bien ni le espero,
Ni en mi tierra siento quien
Me pueda hacer algun bien.

OTRO.

Pues yo no me desespero.

FRANCISCO.

Dios nos ha de remediar,
Hermanos, mostrad buen pecho,
Que el Seor que nos ha hecho,
No nos tiene de olvidar.
Roguemosle como  padre
Nos vuelva, y  nuestra Seora,
Pues es nuestra intercesora
Su madre, que es nuestra madre.
Porque con su santo medio
Nuestro bien est seguro,
Que ella es nuestra fuerza y muro,
Nuestra luz, nuestro remedio.

SAAVEDRA _haciendo oracion_.

SAAVEDRA.

Vuelve, Virgen santisima Maria,
Tus ojos, que dan luz y gloria al cielo,
A los tristes que lloran noche y dia,
Regando con sus lagrimas el suelo.
Socorrednos, bendita Virgen pia,
Antes que este mortal corporeo velo
Quede sin alma en esta tierra dura,
Y carezca de usada sepultura.

SEBASTIAN.

Virgen bendita, que del Padre eterno
Fuiste escogida, para dar el fruto
Que quebrant las puertas del infierno,
Y del primer pecado quit el luto,
Vuelve tu rostro piadoso y tierno
A la grande miseria, y al tributo
Que aqui pasamos en tan triste calma,
Pues est en peligro cada dia el alma.

OTRO.

En vos, Virgen dulcisima Maria,
Entre Dios y los hombres medianera,
De nuestro mar incierto cierta guia,
Virgen, entre las virgenes primera,
En vos, Virgen y madre, en vos confia
Mi alma, que sin vos en nadie espera,
Que me haveis de sacar con vuestras manos
De dura servidumbre de paganos.

AURELIO.

Si yo, Virgen sagrada, he merecido
De tu misericordia bien tan alto,
Qundo podr mostrarme agradecido,
Tanto, que no quede corto y falto?
Recibid mi deseo, que subido
Sobre un cristiano obrar, dar tal salto,
Que toque ya, olvidado deste suelo,
El alto trono del impirio cielo.
Y en tanto que se llega el tiempo y punto
De poner en efecto mi deseo,
Al ilustre auditorio que est junto,
En quien tanta bondad decierno y veo,
Si ha estado mal sacado este trasunto
De la vida de Argel y Trato feo,
Pues es bueno el deseo que he tenido,
En nombre del autor, perdon les pido.

_FIN DE LA COMEDIA_.






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