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+Project Gutenberg's Un paseo por Paris, retratos al natural, by Roque Barcia
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Un paseo por Paris, retratos al natural
+
+Author: Roque Barcia
+
+Release Date: February 14, 2005 [EBook #15046]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN PASEO POR PARIS ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the PG Online Distributed Proofreading
+Team. This file was produced from images generously made available
+by the Bibliothèque nationale de France.
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+
+UN PASEO POR PARIS
+
+RETRATOS AL NATURAL
+
+POR
+
+DON ROQUE BARCIA.
+
+MADRID, 1863. IMPRENTA DE MANUEL GALIANO. Plaza de los Ministerios, 2.
+
+
+
+
+ADVERTENCIA.
+
+
+Después de las infinitas sandeces y extravagancias con que los del
+vecino imperio acostumbran á pasar ratos tan frecuentes de buen humor á
+costa de nuestro país, apenas se concibe que no haya habido algun
+escritor español que dijera de ellos tantas verdades, cuantas son las
+mentiras que ellos han dicho de nosotros.
+
+Lo más que han hecho ciertos celosos escritores nacionales, ha sido
+vindicarnos de aquellas ingeniosas imposturas, de aquellos novelescos
+despropósitos, como quien repele una invasión extraña; pero ninguno (que
+sepamos) ha hecho una expedición á sus tierras, con ánimo deliberado de
+ver y de decir lo que por allí pasa, porque algo que merezca la pena de
+verse y de decirse debe pasar.
+
+Esto es lo que, con escasísimos recursos y muy endebles fuerzas, vamos á
+hacer nosotros.
+
+Ellos han venido á nuestra casa. Nosotros irémos á la suya, aunque hay
+una diferencia capitalísima en el pensamiento y en la intencion con que
+ellos han venido, y nosotros vamos.
+
+Ellos han venido á oler y fisgar, para decir luego entre los suyos, no
+lo que han visto, sino lo que han soñado, ó lo que han querido soñar
+para escribir una novela y producir un efecto cómico, á expensas de la
+honra de un pueblo noble y generoso, brusco quizá, inculto tal vez, pero
+generoso y confiado; tan generoso y tan confiado, que recibe con palmas
+y olivas á los que le insultan.
+
+Nosotros irémos á oler y fisgar, para decir sencilla y buenamente lo que
+hemos olido y fisgado. Si es malo para ellos, que tengan paciencia; si
+es bueno, con su pan se lo coman, y nosotros procurarémos comer tambien
+lo que podamos, porque lo bueno es pan que debe comer todo el mundo.
+
+Ellos han venido á burlarse.
+
+Nosotros irémos á estudiar.
+
+Ellos han sido novelistas.
+
+Nosotros serémos historiadores.
+
+Ellos han dicho la pura mentira, si es que hay mentiras puras.
+
+Nosotros dirémos la pura verdad; la verdad sin dimes ni diretes, á la
+buena de Dios, _á la pata la llana_, como dice la gente por estas buenas
+tierras de _Morería_.
+
+_Las mil y una noches_ que ellos han contado de nosotros, repugnan de
+tal modo á la evidencia de los hechos, que si no pusieran el nombre de
+nuestro asaeteado país, los mismos españoles no conoceriamos que se
+hablaba de España. Los mismos españoles creeriamos que se nos hacia la
+descripcion de cómo viven algunas tribus de la Polinesia ó de las
+Molucas.
+
+Lo que nosotros dirémos de los franceses será un retrato tan al natural,
+un retrato tan _candorosamente_ parecido, que no habrá persona, por poco
+instruida que esté en materia de caractéres nacionales, que no eche de
+ver por instinto que hablamos de Francia, aunque nosotros supusiéramos
+que la escena pasaba en la Nigricia. Todo eso tendrémos á nuestro favor:
+pagarémos deudas antiguas, dando verdades á trueque de embustes,
+agradeciendo y recomendando lo que juzguemos que debamos recomendar y
+agradecer.
+
+Sufra, pues, el civilizadísimo Paris, el tan culto y refinado Paris, el
+Paris tan sutil, tan impalpable y tan vaporoso; sufra, decimos, que un
+_tosco africano_ se le entre por las puertas, sin decir tú ni mú, ni
+saco de paja, y le desdoble ciertos pliegues, y le adivine ciertas
+cuitas, y le ponga el dedo en ciertas llagas, y quite la tierra de
+ciertas sepulturas, y descubra ciertos cadáveres.
+
+Lo vamos á decir con vergüenza; pero lo vamos á decir. Tenemos miedo, lo
+que se llama miedo, de vernos en Paris. Nos parece (y lo hemos anotado
+en nuestra cartera de viaje como un suceso previsto y corriente) que
+aquel coloso nos va á confundir con una mirada, si es que no se digna
+aplastarnos con un pié; y que aún cuando tenga la indulgencia de no
+aplastarnos ó de no confundirnos, no vamos á saber por dónde entrar, ni
+por dónde salir en aquel laberinto formidable; de todo lo cual
+resultará que tendrémos que volvernos á nuestra humilde casa con los
+tiestos en la cabeza.
+
+Presumimos que nos va á suceder lo que á los monos de poco tiempo: se
+suben al árbol para coger cocos, y las más de las veces son aplastados
+por la misma fruta que quieren coger.
+
+Pero, en fin, lector mio, pecho al agua; vamos al maravilloso y
+estupendo Paris, á ese Paris que tantas veces habrá sonado en tus
+orejas, en tu pensamiento, en tu corazon, en tu fantasía ... sobre todo
+en tu conciencia y en tu bolsillo. La ignorancia es muy atrevida, y lo
+suplirá todo. ¡Buen ánimo, lector! ¡vamos á Paris!
+
+Si vale juzgar por el plan que nos hemos formado anticipadamente, estos
+estudios comprenderán las siguientes séries.
+
+PARIS MORAL, PARIS CURIOSO, CONSIDERACIONES Y DESPEDIDA.
+
+El PARIS CURIOSO comprenderá una reseña histórica de Paris, monumentos,
+estadística y hechos notables, con una descripcion diaria de las
+impresiones que allí recibamos, y que trascribirémos al papel con la más
+escrupulosa fidelidad.
+
+A falta de otro mérito superior, la presente obra será notable por la
+expresion ingénua con que será escrita. Si hay algun aliño en lo que
+escribamos, será el que buenamente salga á nuestro encuentro. Nosotros
+no hemos de buscar otra cosa que procurar decir, en la forma más fácil,
+lo que veamos, lo que sintamos y lo que pensemos.
+
+
+
+
+INTRODUCCIÓN.
+
+
+¡Paris, fábula del mundo, fábula de tí propio; palacio por fuera,
+sepulcro por dentro, salve!
+
+Hace un mes que estamos en Paris mi mujer y yo. En este mes de noviciado
+y de aprendizaje, ¡cuántas cosas nos han sucedido! ¡cuántas sorpresas
+hemos llevado! Mi compañera y yo no hemos podido sacudir todavía la
+inevitable ofuscacion de las primeras impresiones, y estamos como
+sordos, y nos miramos con cierta expresion alelada. ¡Qué ruido! ¡Qué
+tropel! ¡Qué infierno! Madrid no es más que un barrio de esta confusa y
+turbulenta Babilonia; no es más que un lienzo de este interminable
+panorama de sombras chinescas.
+
+Pero la narracion de las aventuras que nos han sucedido durante este
+mes, (¡qué mes, Dios mio!) toca al PARIS CURIOSO, y no debemos alterar
+el sistema que nos hemos propuesto seguir. Aquí sólo hablarémos del
+PARIS MORAL, cuyo punto nos ha parecido conveniente tocar ante todo,
+correspondiendo á lo que de nosotros exige una necesidad de nuestro
+país. Francia tiende á absorbernos en todos sentidos, tambien en sentido
+moral, y no nos conformamos de ningun modo con que nos absorba en
+ciertas tendencias, ahora que sabemos y presenciamos lo que no sabiamos
+ni presenciábamos antes.
+
+Nos explicamos, con más ó menos dificultad, que nos ponga la ley con sus
+figurines, con sus modas, con sus jabones, sus pomadas, sus esencias y
+sus juguetes: nos explicamos sin violencia que nos ponga la ley con sus
+graciosísimos diges, con sus elegantísimas bicocas, con sus poéticos
+relumbrones, con sus cultísimas frivolidades: nos explicamos, gimiendo ó
+no gimiendo, que nos domine con sus tejidos, con sus ácidos, con sus
+instrumentos, con sus libros, con sus novelas, con sus dramas, hasta con
+su idioma: todo eso podemos explicarlo; pero no nos podemos explicar que
+deba ser nuestra dictadora en punto á costumbres. Contra semejante
+conato se levanta airado nuestro corazon. No reconocemos ese dominio, no
+admitimos esa tutela, no concedemos esa supremacía, por más que la
+organizacion exterior de las cosas nos deslumbre; por más que la cara
+postiza de que todos los hechos se revisten aquí, haga que confundamos
+el inocente arrullo de la tórtola con el canto agorero de la corneja.
+Aquí hay una cosa particular, indefinible, múltiple, casi infinita: una
+cosa que está en todas partes, que todo lo llena, que todo lo anima, que
+á todo de su forma y su rostro, como nuestro pié de su forma propia á
+nuestra pisada. Hay una cosa que nosotros llamamos _el palaustre
+francés_. Los franceses tienen un _palaustre_, con el cual adoban y
+alisan tan admirablemente la exterioridad de las cosas, la parte que se
+ve, lo que está por fuera, lo que produce en nuestros sentidos y en
+nuestra fantasía el primer efecto dramático: preparan tan
+_deliciosamente_ las cosas con unos cuantos golpes de su portentoso
+palaustre, que aquí casi todo parece arte, cuando real y verdaderamente
+casi todo es un simple artificio. Traigamos á Paris cualquier cosa, una
+fruslería cualquiera, de España, de Italia, de Inglaterra, de Rusia, de
+Turquía, del Mogol; démosla á un francés, dejemos que el francés la
+lleve á su casa; que allí la componga, que la aliñe, que _la lave la
+cara con su palaustre_, y es bien seguro que la fruslería extranjera
+será en Paris una especie de mágia. Por dentro será fruslería, el
+interior estará vacío, _el precioso busto no tendrá seso_, como dice la
+fábula, pero lo de fuera será un encanto. ¡Qué hechizo tan particular,
+qué inspiracion tan asombrosa, qué talento tan admirable hay aquí, para
+hacer ver que _es algo lo que no es nada!_ Quizá no lo habrémos meditado
+bastante; tal vez no conocemos lo necesario este inmenso laboratorio,
+esta inmensa química; acaso serémos injustos y agresivos con esta
+sociedad que nos asombra, como podria asombrarnos una fantástica
+aparicion; suplicamos al pueblo francés que nos perdone; pero vamos á
+manifestar una idea, que hemos concebido más de una vez, que hemos
+concebido muchas veces, bajo la influencia de hechos análogos, lo cual
+prueba al menos que nuestra idea no es el resultado de una excepcion.
+Cuando el espectador rie siempre, ó siempre llora, algo hace el actor
+para producir aquella risa ó aquel llanto. Hé aquí nuestra idea. Creemos
+que el dominio que Paris ejerce, creemos que ese espíritu en alas del
+cual visita todo el globo; ese reinado que tiene un trono en tantos
+pueblos; esa culta y privilegiada tiranía con que está pesando sobre el
+mundo de hoy; creemos que esa mañosa red que tiene extendida sobre toda
+la tierra, no es tanto la obra de su ciencia, de su arte, de su
+industria y de su comercio, como la de su prodigiosa habilidad en dar á
+las cosas una segunda cara, una cara postiza, _la cara francesa_: es
+decir, una mano que cubre la cara de carne con una máscara de carton.
+Creemos que la supremacía que hoy alcanza, el universal señorío de que
+con más ó menos razon está tan orgulloso, no lo debe tanto á las
+creaciones de su genio, como al artificio de su palaustre. Otro crea,
+otro hace, otro descubre, otro saca del caos del pensamiento la
+sustancia impalpable de la idea, el gérmen divino. Esta idea arranca,
+esta idea camina por el mundo, Paris la llama, la acaricia, la pule, la
+compone, la ajusta, la viste: es decir, coge su mezcla maravillosa,
+empuña su palaustre mágico ... ¡oh portento! ¡Ved como brilla ahora lo
+que poco antes era oscuro! ¡Ved qué gracioso, qué bonito, qué jugueton
+es, lo que poco antes era duro, severo, grave! Antes era una cosa; lo
+que el arte ó la naturaleza queria que fuese; ahora es una _monería_; lo
+que Paris ha querido que sea. Dios y el hombre tienen un taller. Paris
+tiene otro; el taller de Paris. El escudo de armas de esta
+importantísima ciudad, debia representar un monarca que empuña por
+cetro un _palaustre_. Volvemos á pedir uno y mil perdones al pueblo
+parisiense, imploramos humildemente su indulgencia, en justo pago de la
+deslumbradora hospitalidad que nos ofrece; pero hemos dejado nuestra
+pobre España para decirla, no lo que soñemos, sino lo que creamos, y eso
+es lo que creemos al pié de la letra.
+
+Pues volviendo á la cuestion moral, hemos descubierto que el _palaustre
+francés_ anda tambien alisando la cara de las costumbres, y que más allá
+de esa cara lisa y graciosa, abajo, en lo hondo de la fábrica, hay
+ciertas escorias que el palaustre no puede quitar, porque el palaustre
+no quita nada, lo compone todo. Y nosotros, rudos y aviesos españoles,
+no queremos esas composturas francesas. Aunque la cara no esté tan
+bonita, preferimos que el interior no esté tan podrido, y dando las
+gracias encima, regalamos á nuestros vecinos la escoria que está dentro
+y la cara graciosa que está fuera.
+
+Excusamos advertir que no nos duele que seamos llevados por un espíritu
+extranjero, sino que seamos llevados sin razon. Cuando la razon media,
+cuando la religion universal de lo bueno y de lo justo nos hace
+hermanos, no vemos extranjeros, sino hombres. La idea del hombre nos
+hace grandes, generosos, magnánimos, inmensos, por decirlo así, y no
+debemos pagar á aquella noble idea siendo egoistas. ¡No! No marcamos
+fronteras á los hechos universales, como lo son todos los que se
+refieren al bien humano. No ponemos límites á ese bien, como no damos
+patria al ambiente, á la tierra, al calórico, á los celajes. Un
+patriotismo exagerado, es al mismo tiempo una ridiculez, una
+supersticion y una imbecilidad. Nos pondrémos de parte de España en este
+caso, porque cuando un hecho particular quiere absorber á otro hecho
+particular, no podemos menos de declararnos á favor de aquel que recibe
+la agresion injusta, especialmente cuando este hecho corre unido al amor
+y a la veneracion que nos merecen las cenizas de nuestros padres, Antes
+que cuestion de país, es cuestion de verdad. Es cuestion de patria
+tambien; seriamos hipócritas si lo negásemos; pero este respeto viene
+despues, como un hombre está despues de la humanidad, como la narracion
+de un solo hecho está despues de toda la historia.
+
+Tal es el pensamiento con que vamos á tratar esta delicada materia, y
+declarado así, quedamos tranquilos y con el valor suficiente para decir
+cuanto nos dicten nuestras convicciones. Pero no faltará quien diga: ¿á
+qué tantas ceremonias y escrúpulos con esos hombres aturdidos y
+desleales, que hablan al mundo de nuestro país, como si hablasen de una
+horda de la Nueva Zelanda?
+
+No, señores: la infantil ligereza con que nuestros vecinos hablan de
+nosotros; esa ligereza que es tan nativa en ellos, y que se les debe
+perdonar por ser un achaque de raza, una verdadera enfermedad de
+temperamento y dé carácter; ese chistoso _sans façon_ con que nuestros
+vecinos dicen las mayores sandeces con la formalidad más pomposa y más
+entusiasta; esa especialidad francesa que consiste en hablar de la
+niñería más grande que se ocurre á hombre, con la mayor magnificencia y
+esplendidez del mundo; _ese curiosísimo secreto_ de nuestros vecinos,
+no nos autoriza para insultar á una nacion. Nosotros sentiriamos
+remordimiento si entrásemos en el exámen de esta sociedad con una
+intencion egoista. ¡No! Por respetos al pueblo francés, por decoro á
+nuestro país, por nuestro propio honor, como escritores públicos, no
+harémos lo que hacen los franceses, con lo cual probarémos, que si no
+somos tan refinadamente cultos, somos al menos más clásicamente
+cristianos. La naturaleza lleva en sí cierta cosa bravía de buena
+índole, una virtud salvaje, pero candorosa y original, y esta ventaja
+tenemos los bárbaros.
+
+Esta série comprenderá los siguientes capítulos:
+
+1.º Moralidad de los franceses con relacion á la ley.
+
+2.º Con relacion á la opinion.
+
+3.º Con relacion á las costumbres.
+
+4.º Con relacion al trato civil.
+
+5.º Con relacion á la industria y al comercio.
+
+6.º Con relacion al arte.
+
+7.º Con relacion á la familia.
+
+8.º Con relacion á cosas que verá el curioso lector.
+
+
+
+
+
+UN PASEO POR PARIS.
+
+
+
+
+I.
+
+=Moralidad de Paris con relacion á la ley=.
+
+
+Llegamos á Paris á las tres de la tarde, y no faltaba mucho para
+oscurecer, cuando entrábamos en un hotel, llamado de los Extranjeros, á
+tiro de pistola de los magníficos bulevares. Comimos luego en un lujoso
+y _aéreo Restaurant_, situado en la Plaza de la Bolsa, cuyo dueño se
+llama como jamás olvidaré, _Champeaux_. Ignoro si este nombre puede
+tener para los oídos franceses alguna poesía; pero sé muy bien que es un
+nombre célebre, prosáica y dolorosamente célebre para mi afligido
+bolsillo, como verá el lector en el PARIS CURIOSO.
+
+A las diez salimos del famoso _Restaurant-Champeaux_, y por señas que mi
+mujer y yo caminábamos sin decirnos oste ni moste. ¿Por qué tal
+silencio? Preguntará tal vez algun curioso. ¡Ay, lector, lector de
+nuestra alma! Ordinariamente no hablamos, despues que somos ...
+sorprendidos. La escena del _Restaurant_ nos dejó mudos. De vuelta, por
+fin, en nuestro hotel, quiso mi mujer acostarse y notó con harta
+estrañeza que los dos balcones de nuestra habitacion no tenian maderas,
+y que á una de las vidrieras faltaba el pestillo. Es decir, notó con
+extrañeza que dormir allí era dormir en medio de la calle, á pública
+subasta, como decimos por allá. Se trataba de un piso entresuelo muy
+bajo, no habia puerta en los balcones que daban á la calle, uno de los
+cierros de cristales carecia de pestillo.... ¿Cómo era posible que mi
+mujer, la más medrosa de las mujeres, se resignara á pegar los ojos en
+un cuarto, expuesto al antojo del primer transeunte?
+
+Llamo al _garçon_, y le digo que se habian olvidado sin duda de poner
+las maderas á los balcones, y que una de las vidrieras no cerraba. El
+_garçon_ se sonrió compasivamente. Hace cuarenta años, me dijo, que este
+hotel existe; tal como está hoy estuvo siempre, y todavía no se cuenta
+que haya sucedido la menor tentativa de robo.
+
+_¡Bah! no tenga usted miedo. (¡N'ayez pas peur, allez!_) Y diciendo esto
+se marchaba.
+
+--Oiga usted, le grité con resolucion: ¿es decir, que nos hemos de
+quedar de este modo?
+
+--El amo responde de lo que suceda.
+
+--Perdone usted; el amo no puede responder de que me degüellen, y si
+esto aconteciera, me importaria muy poco que su amo respondiese.
+
+El garçon soltó una carcajada con el mayor aplomo, cual si creyera que
+yo queria tener con él un rato de solaz, y desapareció como un cohete.
+
+Referí á mi mujer lo sucedido, y mi mujer determinó pasar, la noche
+cerca de los cristales, reservándose mudar de habitacion al dia
+siguiente.
+
+Yo calculé que la sinrazon no estaba en el amo del hotel, sino en
+nosotros. Esto es una costumbre del país, costumbre que no tiene aquí
+peligro alguno: ¿por qué prestar oídos al temor infundado de un
+extranjero, en cuya nacion se vive de otro modo?
+
+¿Por qué presumir que nosotros dos estimamos más nuestros bienes y
+nuestras vidas, que los centenares de hombres que diariamente se
+hospedan en este mismo hotel? ¿Por qué presumir que el amo habia de
+exponerse á perder los muchos objetos de valor que decoran nuestra
+vivienda? ¿Por qué presumir que un establecimiento tan importante, podia
+aceptar el riesgo de desacreditarse en una hora, supuesto un robo ó un
+asesinato?
+
+Yo preferiria que estos balcones tuviesen maderas; preferiria que los
+transeuntes no tuvieran la tentacion contínua de ver dos balcones á su
+disposicion, dos balcones que pueden tocarse con la mano; pero visto que
+esto es aquí un hecho normal, me parece tan extravagante y tan ridículo
+querer otra cosa, como lo seria en Constantinopla el pretender que cada
+casa no fuese un palacio encantado.
+
+En fin, mi mujer se acostó, por obediencia, y no cerró los ojos hasta
+que observó que estaba muy entrado el dia. Pero luego que nos habituamos
+á la vida nueva, tanto el dinero como los relojes quedaban sobre la mesa
+ó sobre el armario, casi á la vista del que pasara por la calle.
+Excusado fuera decir que nadie vino á desposeernos ni á matarnos.
+
+Hemos atravesado varias veces todo Paris: jamás hemos tenido noticia de
+un robo á mano armada, de un asesinato, de un tumulto de ninguna
+especie. Sólo hemos presenciado una riña entre dos hombres en la calle
+de Buenavista _(Beauregard)_, disturbio que duró un momento y que no
+tuvo consecuencias desagradables. Trato, pesos, medidas, comestibles,
+todo se ajusta perfectamente á la ley.
+
+Estudiado Paris en otras tendencias, apenas se concibe, ó se concibe
+como concebimos un prodigio, la existencia de ese escrupuloso nivel
+entre la conducta social del que obedece, y la voluntad del que manda.
+Este nivel es evidente, y sólo la ignorancia, la preocupacion ó el odio
+pueden desconocerlo.
+
+Hemos estudiado con el mayor esmero esta faz de la civilizacion
+parisiense, y debemos decir que muy rara vez hemos visto que una
+manifestacion pública del individuo, esté en discordancia con el
+precepto de la sociedad: es decir, con las leyes escritas.
+
+No falta quien haya atribuido este resultado á la vigilancia de la
+policía; pero esta manera de juzgar no es la que más revela un
+conocimiento sazonado de las cosas.
+
+La policía, como todo hecho represivo, podrá evitar casos particulares,
+accidentes de localidad y de hora; no producir un caso general, unánime,
+con rarísimas excepciones. Aquí es una disposicion general de los ánimos
+y de las costumbres no herir la propiedad, en cuanto esta propiedad está
+garantida por una proclamacion formal de la ley.
+
+Para que esta disposicion de los ánimos y de las costumbres fuese
+resultado de la vigilancia de la policía, fuera menester que cada
+individuo tuviera un vigilante tan unido á él como el pié á su huella,
+lo cual nos llevaria á suponer la existencia de tantos espías como
+ciudadanos. Esto es absurdo.
+
+Cuando un pueblo es tan inmoral que cada uno de sus hijos necesita un
+espía para no ser asesino ó ladron, no hay fuerzas humanas que impidan
+que el individuo de aquella sociedad sea ladron ó asesino. El espía no
+puede hacer otra cosa que añadir á la suma un guarismo nuevo. El
+ciudadano criminal tendria necesidad de un cómplice: este cómplice seria
+su propio guardian, la policía, el espionaje. El espionaje, pues, sólo
+serviria para dar autoridad á los crímenes, ó para sucumbir en la lucha.
+Sí, la policía tendria que ser cómplice, ó robada y asesinada por el
+ladron y por el asesino.
+
+¿Quién lo duda? Cuando un cáncer se apodera de todo nuestro cuerpo
+¿dónde encontrareis carne sana que oponer á la carne cancerosa? Si el
+cáncer está en todas partes, si hay que cortarlo todo, ¿en qué punto
+concebís la vida? ¿De qué manera concebís la vida en una carne que debe
+cortarse?
+
+Esto no puede ser, y no pudiendo ser en ningun país del mundo, no hay
+razon para que sea en Paris. No, no es la policía. Policía hay en
+Austria, y la criminalidad es incomparablemente mayor. La Inglaterra
+mantiene hoy menos policía que el imperio francés, y la Inglaterra es un
+país más morigerado que Francia. Menos policía tiene Bélgica, mucha
+menos, y las costumbres de aquel país son bastante mejores que las del
+pueblo que examino. En caso parecido se encuentran la Holanda, algunos
+Estados alemanes, las Ciudades Libres y la Suiza.
+
+Cerdeña tiene menos policía que Nápoles, y Nápoles es más criminal que
+Cerdeña en una proporcion fabulosa.
+
+No, la policía es un hecho puramente exterior, y de este orígen no
+pueden provenir las altas razones morales, religiosas, políticas y
+económicas, que marcan los grados de sociabilidad en todos los pueblos
+de la tierra, sociabilidad que es el gran círculo donde todos los hechos
+humanos se contienen, las costumbres tambien.
+
+No; la represion hace lo que una argolla. La argolla no tiene la virtud
+de convertir á los malvados. La argolla no es un poder humano, un poder
+moral; mata, no educa.
+
+Pues ¿de dónde procede la religiosidad del pueblo francés en atemperarse
+al precepto público? Sobre esto dirémos despues unas cuantas palabras.
+Ahora no hacemos más que exponer hechos, y el hecho es que aquella
+religiosidad exterior se manifiesta de una manera incuestionable. Vamos
+ahora á ver las cosas de otro modo.
+
+
+
+
+II.
+
+
+=Moralidad de Paris con relacion á la opinion=.
+
+Esta moralidad es tan escrupulosa como la que se observa con respecto á
+las leyes, aunque proviene de causas distintas.
+
+¡Cuántas manifestaciones engañosas! ¡Cuánta observacion, cuánto deseo y
+cuánta buena fe se necesitan para penetrar en el interior de este
+laberinto, y ver los hechos como son en sí!
+
+¿Nos dejamos un paraguas, un pañuelo, un bolsillo, en algun café,
+tienda, quizá teatro? Pues volvamos y allí estará.
+
+¡Moralidad asombrosa! se exclama.
+
+Poco á poco, amigos mios. No niego que esto es preferible á vernos
+asaltados por una partida de beduinos ó de turcomanos, pero nosotros nos
+guardarémos muy bien de llamarlo virtud. Le llamarémos habilidad;
+virtud, no. ¿Por qué no? Vamos á explicarnos; pero, lector mio, con tu
+vénia, hablarémos en adelante en singular.
+
+Yo tengo una tienda, un café, un teatro, una fonda. Sin el favor de la
+opinion pública, esto es, sin crédito exterior, sin probidad aparente,
+sin esa probidad que sale á la calle vestida de colorea muy vivos, como
+los payasos, para que la gente se pare á verlos: sin la moralidad de la
+opinion en un gran centro de competencia, claro es que me arruino.
+
+¿Pues qué hago? Agenciar dia y noche aquel favor, aquella condicion
+necesaria para que yo adelante y goce; mejor dicho, procurarme sin
+descanso aquella mercancía indispensable para que sea un mercader feliz.
+
+¿Vale más mi crédito que un paraguas, un pañuelo, un bolsillo, un
+billete? Pues tome usted el billete, el bolsillo, el paraguas. ¿Vale más
+mi mercancía que la de usted? Pues tome usted su mercancía.
+
+Pero si el bolsillo contuviera bastantes monedas para asegurar de una
+vez mi fortuna; si el billete fuera un talon contra el Banco de Lóndres,
+y representara una cantidad que hiciera imposible la ruina; si la
+mercancía de la tienda, del café ó de la fonda, valiese menos que la del
+bolsillo ó el billete de usted, ¿cree usted que el hombre moral de Paris
+dejaria de ajustar la cuenta por los dedos; cree usted que dejaria de
+anotar en el libro de entrada la partida mayor?
+
+No niego que habrá muchas y honrosas excepciones: no condeno la
+intencion virtuosa de uno ó mil individuos. Hablo de la temperatura
+general que, en mi juicio, tiene aquí la conciencia.
+
+Esta verdad se descubre más fácilmente en los cocheros. La ley ofrece
+una recompensa pecuniaria, y en otros casos una mencion honorífica, al
+conductor de un carruaje público que presente en las oficinas de la
+policía los objetos olvidados en su carruaje. Los objetos devueltos en
+este año suman un valor de 43.000 duros.
+
+Pero ¿qué sucede en realidad? ¿Que sentido tienen estos alardes de
+pureza y de abnegacion ante la moral verdadera, ante la emocion íntima
+del alma, esa emocion que siente el bien, y que tiene bastante con
+sentirlo, como mi corazón ama la belleza, y tiene bastante con amarla?
+¿Qué significan esos 43.000 duros devueltos á la policía de esta ciudad?
+
+Significan lo siguiente; y cuidado que no hablo de memoria, sino por
+experiencia.
+
+Si el objeto olvidado no valia la pena de que la policía premiase al
+_cochero honrado_, el cochero honrado hizo noche de aquel objeto.
+
+Si el objeto valia mucho mas que la recompensa pecuniaria ó la mencion
+honorífica, el objeto no pareció tampoco.
+
+¿Pues qué objetos son los que parecen? Parecen aquellos que no valen
+menos ni más que el premio ó la mencion; no parecen más mercancías que
+las que convienen al negocio.
+
+Al volver una tarde de Passy, tomamos un coche cerca de las barreras del
+arco del Triunfo; era de dos asientos, y un amigo que nos acompañaba
+tuvo la bondad de subirse al pescante, mientras que mi mujer y yo
+ocupábamos el interior del carruaje.
+
+No hacia diez horas que nos habiamos comprado un sobretodo de goma,
+forrado de merino, y que podia usarse tanto para las lluvias como para
+servir de sobretodo.
+
+Llegamos al hotel de Buenavista; subimos; á poco notamos que el amigo se
+habia dejado el sobretodo en el pescante; el cochero no pareció por
+nuestro hotel, ni el sobretodo pareció tampoco por las oficinas de la
+policía. Me consta, porque estuve á saberlo, contra la voluntad del
+interesado, que se hubiera creído en pecado mortal si un sobretodo le
+obligara á mover un pié ó á despegar un labio.
+
+En fin, depuradas las cosas en el crisol de la verdad, la virtud de
+Paris con respecto á la opinion pública, seria una hipocresía, un
+fraude, un dolo, si no fuera un comercio hábil, una industria que
+participa de cierto hechizo para explotar al hechizado; ¡_palaustre
+tambien_!
+
+La conciencia se escribe y se suma: el guarismo mayor es el más moral.
+¿No hay guarismo? Pues no hay nada.
+
+¿Y dónde no sucede lo mismo? se replica.
+
+Yo contesto que no sucede lo mismo en la mayor parte del mundo; yo
+contesto que esa disposicion del sentimiento y de los hábitos, es una
+especialidad francesa, al menos una especialidad parisiense. Aquí, la
+alucinacion de la fantasía se ejerce sobre todo, hasta sobre el tul de
+unos manguitos, hasta sobre los pliegues que se dan á una tela
+cualquiera: ¿cómo no ha de ejercerse sobre las deliberaciones y las
+costumbres?
+
+Lo que aquí se llama moralidad, se llama en otras partes astucia,
+destreza, _comprar y vender entendiendo el oficio_.
+
+Yo no condeno tanto el hecho, como su falsa manifestacion y su falso
+alarde. Llámenlo negocio, empresa, mercado: llámenlo como quieran,
+moral, no. Eso no es la moral; _la cara de carton no es la cara de
+carne_. La moral no se escribe sino sobre el código eterno de una verdad
+que no se suma, que no se palpa: una verdad lúcida, inocente, afectuosa
+y bella como el recuerdo de una madre; alta, noble, expansiva y
+universal como la idea de Dios.
+
+
+
+
+III.
+
+=Moralidad de Paris con relacion á las costumbres=.
+
+
+En una de las tiendas contiguas al pasaje de la calle Montmartre, cerca
+del Mercado Nuevo, han llevado á mi mujer diez sueldos por unas
+trencillas que cuestan dos en la plaza de las Victorias, siendo estas
+últimas tal vez de mejor calidad.
+
+Notaron que era extranjera, y la llevaron cinco veces más de lo justo.
+
+En el pasaje de los Panoramas compramos un frasco de vinagre de olor, un
+pomo de aceite y algunas pastillas. Yo creí equivocadamente que el
+frasco valia dos francos y medio, y pagué á razon de esta suma. Pero no
+valia más que uno y medio; la señora que despachaba se apercibió sin
+duda del exceso de un franco, (la mujer francesa se apercibe de todo) y
+se contentó con añadir una pastilla, como si se tratara de un regalo con
+que nos obsequiaba.
+
+La pastilla valia seis sueldos, de modo, que fué moral regalando una
+pastilla que me costaba dos veces más de lo que valia.
+
+En la calle de Montmorency hay una casa particular donde se come
+(_cuisine bourgeoise_); hemos asistido á la mesa redonda varios dias, y
+constantemente nos han llevado mucho más que á los comensales franceses.
+
+El garçon del hotel de los Extranjeros me pidió un franco diario por el
+arreglo de la habitacion, al cabo de dos meses de nuestra estada allí.
+Ni la señora me habló de ello jamás, ni el garçon me dijo una palabra,
+sin embargo de que á él pagaba la habitacion cada quince dias, y de que
+no me daba una carta, ni me traia recado alguno sin que le gratificase
+en el acto.
+
+¿Qué cosa más natural que advertirme de ello cuando entré en el hotel?
+¿Qué cosa más justa y más sencilla que decirme: «paga usted siete
+francos por la habitacion y uno por el servicio?» ¿Y si yo no hubiera
+tenido más que los siete francos, único compromiso que contraje?
+
+Y cuando gratificaba todos los dias al criado, ¿qué cosa más natural que
+haberme dicho: «advierta usted que estas gratificaciones no le desquitan
+de un franco diario que ha de darme por el arreglo de la habitacion?»
+
+Pues nada; calló durante sesenta y siete dias, y hubiera callado más
+tiempo á no haber notado que queriamos mudar de hotel. Entonces me lo
+dijo con una sangre fria, con un aplomo, _con una conciencia de su buen
+derecho_, que yo le escuchaba y no comprendia qué queria decirme.
+¡Cuitado de mi! Me mudaba por ahorrarme 50 francos mensuales, y aquel
+hombre me pedia 67. ¿Qué es esto?
+
+Yo tengo el defecto de que doy demasiada importancia al no quejarme, al
+sufrir en silencio; pero esta vez no quise callar. Se trataba de 67
+francos que me hacian falta, se trataba además de que era extranjero, de
+que era español; casi todas las cuestiones son para nosotros en Francia
+cuestiones de decoro, y me di á bajar la escalera con el fin de hacer
+saber á la señora lo que ocurria.
+
+La señora no estaba, pero estaba el _señor_, el cual me recibió de una
+manera amabilísima, porque creyó tal vez que iba á pagar; pero luego que
+se hubo enterado del asunto, _de l'affaire_, como dicen aquí, frunció el
+entrecejo, agrió la voz, y se ladeó un poco, cual si quisiera
+significarme que mi reclamacion era cosa que él se echaba á la espalda.
+
+Yo me hice francés en aquel momento y no dejé de mano _mi negocio_.
+
+--Por siete francos me ajusté, le dije; los he pagado, nada debo.
+
+--En mi hotel hay costumbre de pagar aparte el servicio de la
+habitacion.
+
+--Usted es muy dueño de establecer en su hotel todas las costumbres que
+le parezcan convenientes, pero no de establecer costumbres con la
+condicion de que yo las he de pagar, cuando las ignoro.
+
+--Todos las pagan, caballero, y nadie murmura.
+
+--Pues contra lo que hacen todos, digo á usted, que ni usted ni nadie
+puede perjudicarme por una ignorancia de que no tengo culpa.
+
+--Yo no tenia necesidad de advertir á usted acerca de nada ...
+
+--Ni yo de pagar.
+
+Diciendo esto, salí del gabinete de recepcion, donde nos encontrábamos,
+y subí á mi Cuarto, dispuesto á dejar el hotel en el momento mismo.
+
+Apenas habiamos empezado á poner en órden nuestro equipaje, cuando
+llamaron á la puerta. Era la señora. ¡Triste de mí!
+
+--Siento-mucho, me dijo, que usted se haya incomodado ...
+
+--Perdone usted, señora: yo no me incomodo por mí: hacen que me
+incomode.
+
+--¿No pensaba usted dar nada al criado?
+
+--Le he dado más de seis duros, durante nuestra estancia en este hotel.
+
+--¿Pero no pensaba usted gratificarle cuando se marchara?
+
+--Sí, señora; pensaba darle cinco ó diez francos; tal vez cincuenta,
+acaso ciento, si hubiera creido que los merecia; pero no pensaba tener
+obligacion de dar 67, cuando nada se me ha advertido, cuando nada sé,
+cuando por el contrario tengo necesidad de saber lo que he de pagar,
+porque mi bolsillo no es infinito....
+
+--Pues bien; hágalo usted por mí, dé usted al criado la mitad de lo que
+ha pedido.... ¿Qué menos ha de dar usted que medio franco por arreglar
+la habitacion?
+
+En fin, entró la parte mágica, y _la funcion_ me costó seis napoleones
+cumplidos.
+
+¿Con qué objeto exponerse á escalar puertas ó balcones, cuando hay el
+arte necesario para hacerlo mágicamente?
+
+En el bulevar de la Buena Nueva me compré una levita de verano por 35
+francos. El amo del establecimiento quitó la enseña donde estaba escrito
+el precio, y nos dió la levita perfectamente envuelta en un gran papel.
+Yo le di dos piezas de 20 francos, y esperaba que me diera la vuelta;
+pero el amo no pensaba en tal cosa.
+
+Tuve que preguntarle cuál era el precio de la levita para arrancarle los
+5 francos que sobraban. Tal vez aquel hombre obraba distraidamente; esto
+podia suceder; no quiero hacerle reo sin tener entera conviccion; pero
+los varios lances análogos que me han sucedido, me dan el derecho de
+consignar aquí este escrúpulo, para que valga lo que la sensatez del
+lector juzgue regular.
+
+Muy pocas cosas puedo decir acerca de la prostitucion de esta ciudad
+extraordinaria.
+
+Los lectores saben que la prostitucion se considera aquí como una
+industria, industria que tiene su matrícula, que está bajo la vigilancia
+del gobierno, pagando en trueque una contribucion.
+
+La policía da á las mujeres públicas dos _horas de reclamo_; desde las
+nueve hasta las once de la noche. Es un espectáculo sumamente curioso,
+aparte lo que tiene de aflictivo, el sentarse en un balcon de una de las
+travesías que conducen á los grandes centros, y ver pasar y repasar á
+estas mujeres, desempedrando las aceras. Andan de una manera prodigiosa.
+Cualquiera diria que caminan sobre resortes ó por influencia magnética.
+Son un torrente á que abren el dique, y anda en dos horas lo que estuvo
+parado en las veinte y dos de cautiverio.
+
+No se contentan con insinuarse por su manera especial de moverse, ni con
+_cecear_ á los transeuntes, sino que los llaman, los detienen, los
+exhortan, como un candidato catequiza á los electores. Esto no deja de
+tener su ventaja, porque la mujer pierde el prestigio que la da el
+recato, aunque sea un recato hipócrita, y la prostitucion ofrece así
+menos peligros.
+
+La mujer no es temible sino en cuanto nos hace sentir, y no nos hace
+sentir sino en cuanto nos ofrece una belleza recatada; la prostituta
+vulgar en Paris es feísima en este sentido. ¡Cuánto más temible es la de
+Italia, especialmente la de Roma!
+
+Una noche saliamos mi mujer y yo del pasaje de los Panoramas. Mi mujer
+se habia quedado algo detrás, mientras que una ramera que estaba de
+acecho en la calle de Montmorency se dirigió hácia mí como una
+exhalacion, _volcánicamente_, y me dijo con la mayor dulzura:
+_voulez-vous venir avec moi?_ ¿Quiere usted venirse conmigo?
+
+Mi mujer asomaba en este instante. Yo contesté á mi invasora: _parlez
+avec madame s'il vous plaît_. Hable usted con mi señora, si le parece
+bien.
+
+La prostituta echó hácia atrás con la velocidad de una carretilla.
+
+Yo conté á mi mujer lo sucedido, y mi compañera se sonrió de la manera
+como una mujer suele sonreirse en tales casos.
+
+Hay una casa en Paris (no quiero ser cómplice de ella ni aún revelando
+el nombre), en la que no se puede entrar sino prévia la entrega de 60
+francos, ó sean doce napoleones, que ingresan en los fondos del
+establecimiento.
+
+Paris es la ciudad del coquetismo y de los efectos dramáticos. Pues
+bien, estoy seguro de que no hay magnate ni extranjero en Paris que
+tenga una casa montada con más lujo, con más alarde, con más profusion;
+sobre todo, con un gusto más refinado, más incitante, más deslumbrador.
+
+Estilo árabe, estilo persa, estilo griego; doraduras, bordados,
+reflejos, prismas; todo está allí mezclado y confundido formando una
+region de hadas ó de huríes.
+
+Una prostituta es hija de un banquero que se arruinó, la otra es hija de
+un alto empleado que ya no vive; otra de un coronel ó de un general que
+vino á menos. Esta sabe el inglés; aquella el aleman; la otra el
+español, el italiano ó el ruso.
+
+Allí es de ver cómo una prostituta, estudiado el temperamento de su
+víctima, le devuelve un billete de cien francos que de ella recibió, con
+el objeto de ganar su ánimo y apoderarse de toda su cartera.
+
+Allí es de ver la suma habilidad con que la elegantísima _mademoiselle_,
+convence á un hombre, de que jamás ha experimentado la pasion que su
+talento y su profunda simpatía la han hecho concebir.
+
+Allí es de ver como la reina de aquel sarao frota dulcemente la mano de
+un hombre, cual si quisiera persuadirle empleando por razon el calórico
+de la electricidad: allí es de ver la ingenuidad maravillosa, la
+admirable inocencia, con que exclama, dando á su acento la expresion
+tardía y entrecortada del patético: _¡Que je suis malheureuse!_ ¡Qué
+desgraciada soy!
+
+Esto quiere significar: ¡qué desgraciada me ha hecho tu amor!
+
+O bien esto otro, que está más en relacion con las intenciones de
+aquellas _eminentes actrices_: ¿cómo podrás pagarme el mal que me has
+hecho?
+
+Hay prostitutas que salen de allí para ser personajes en el gran mundo.
+Yo he visto una, á quien un ruso dió, durante muchos años, veinticinco
+mil francos mensuales.
+
+La prostitucion de la casa de que hablo, está elevada á ciencia, á bella
+arte, á gran tono: ¿lo querrán creer mis lectores? Está elevada á una
+especie de adivinacion, á una especie de agorería. Hablar allí de la
+piedra filosofal, de la cuadratura del círculo ó del movimiento
+contínuo, es una cosa casi natural.
+
+La prostituta de aquella casa, adivina el corazon de sus clientes, como
+conocía Gall los órganos cerebrales del hombre.
+
+¡Cuántos misterios curiosísimos y dolorosos encierra aquel Eden de la
+corrupcion! ¡En cuántos presupuestos de familias ricas de Paris, tiene
+un guarismo aquel Eden infame!
+
+Sí, muchos hombres casados del mismo Paris, están ajustados anualmente
+con la dueña del establecimiento: esto es, tienen un palco allí, como lo
+tienen en el teatro de la grande Opera, en los Italianos ó en el Circo.
+
+Por último, yo no tengo noticia de una casa igual, y no extraño que el
+jóven, profano á la vida de las grandes ciudades, pierda allí el sentido
+y se dé en cuerpo y alma al diablo de aquella tentacion. Es el talento
+que la víbora tiene en saber picar; pero indudablemente hay allí un
+talento asombroso. Yo no hallo palabras que expresen la memoria que deja
+aquel _encantamiento maldito_, sino diciendo que es una CIVILIZACION QUE
+ESPANTA.
+
+¿A quién podria ocurrirse (y termino con esta especie) que la dueña del
+establecimiento en cuestion, es una gran señora? Pues nada más cierto.
+
+He oído decir á muchas personas que la corrupcion de Paris, en el
+sentido indicado, es un hecho muy natural, atendida la circunstancia de
+que á este pueblo afluyen todas las naciones del mundo.
+
+Algo concedo á esta consideracion; creo tambien que hay vicios orgánicos
+en la existencia de los grandes centros, de los grandes focos, de las
+grandes acumulaciones. Creo tambien que la centralizacion causa daños
+hasta en el censo de poblacion; pero esta creencia no me explica todo lo
+que aquí veo.
+
+¿Qué virtud atribuirémos á una pastora que vive aislada en el fondo de
+un bosque? ¿Ha de ser impura con la soledad, con los árboles, con las
+flores, con el ambiente? ¿Ha de ser impura con las tórtolas ó con los
+faisanes? Sin vicio no hay virtud; como sin Ocaso no hay Oriente, como
+no hay martirio sin lucha.
+
+¿Es Paris corrompido porque hay lucha? No; la lucha es necesaria; pero
+es necesario que sea una lucha moral, una lucha virtuosa, una lucha como
+no lo es en este gran centro. No está el mal en que una piedra ruede;
+esto es natural, providente, moralísimo: el mal está en que ruede hácia
+el abismo; en que ruede hácia donde no debe rodar; en que ruede para
+precipitarse.
+
+La corrupcion de Paris consiste en que es el pueblo más ingenioso de la
+tierra, y en que emplea su ingenio, al menos durante el tiempo que
+atravesamos, en falsear artísticamente las leyes morales.
+
+No, no es vicioso porque se mueve, sino porque se mueve mal.
+
+En todas partes sucede lo mismo, con la diferencia de que hay peor
+sentimiento, porque hay más hipocresía. Esto dicen los hijos de Paris.
+
+Yo contesto á los hijos de Paris que se engañan. No me maravilla que
+busquen esta solucion á sus pecados; pero se engañan.
+
+En ninguna parte del mundo tiene la prostituta la instruccion y la
+fascinacion teatral que en Paris: en ninguna parte del mundo tiene la
+fantasía tantas imágenes y tantas formas para embellecer la fealdad: en
+ninguna parte del globo conocido se hace de la prostitucion una especie
+de apoteosis ó de reinado.
+
+No hay más hipocresía en los demás países: hay menos ingenio, aplicado á
+dar encanto á los goces ilícitos, á dar esplendidez á la sensualidad que
+se embriaga. Hay más ignorancia cuando se trata de llamar á la
+imaginacion para que haga de una ramera un personaje, una heroina, casi
+una gloria, _una celebridad_.
+
+Hay menos talento en hacer de un vicio una aristocracia. Digo otra vez,
+y lo diré mil veces, que profeso por máxima de vida social el respeto
+al hombre, sea quien fuere, aunque sea un mendigo, aunque sea un reo,
+aunque sea un ajusticiado, y que respetando al individuo, con mayor
+razon respetaré á los pueblos, en quienes hallo individuos más
+respetables, á fuera de mayores. No me propongo lastimar á Paris; sino
+manifestar lo que entiendo justo.
+
+En los demás países se sabe menos en materia de convertir el vicio en
+una hechicería, y ¡bendito el mármol que no rueda, cuando el rodar sólo
+ha de servir para llevarlo al precipicio! ¡Bendito el arrullo de la
+tórtola, que no sabe atraernos con la mirada venenosa de la serpiente!
+
+
+
+
+IV.
+
+=Moralidad con relacion al trato civil=.
+
+
+Voy á dar algunos detalles sobre dos caractéres singularísimos de la
+sociedad francesa, caractéres reflejados en dos palabras; _pardon y
+merci; perdon y gracias_.
+
+Un parisiense viene corriendo por una acera y magulla el pié á un
+transeunte, vuelve la cara sin detenerse y le dice con la expresion más
+fervorosa: _pardon, monsieur_, (perdone usted, caballero).
+
+Sigue de la misma manera, y se da de cara con una señora, ó la da un
+codazo que la tulle el brazo ó el pecho: _pardon, madame_ (perdone
+usted, señora) y sigue su camino con aire triunfante, como un hombre que
+está convencido de que merced á una palabra de etiqueta, tiene el
+derecho de ir aporreando á todo el prójimo.
+
+Esto nos ha acontecido varias veces, y mi mujer, al oir _pardon,
+monsieur ó madame_, me preguntaba: ¿qué dice?
+
+--Nos pide perdon, respondia yo á mi mujer.--¿Qué diantre de tantos
+perdones? Mejor seria que hiciera de modo que no tuviera precision de
+ser perdonado, y se dejaran de alharacas que no me quitan la molestia
+del empujon, del aplastamiento de narices, ó del magullamiento del
+pecho. Realmente, si me magulla un pié, si me disloca un brazo ó si me
+aplasta la nariz ¿me curará aquel cumplido estéril? No. ¿Qué significa
+aquel perdon, elevado á virtud social?
+
+¡Ay! significa un hecho, como pudiéramos decir una dolencia, el cual se
+deja ver en todos los círculos de esta especialísima sociedad. Significa
+que la imaginacion crea una fórmula exterior, graciosa, dramática, para
+apoderarse impunemente del espacio y hacer su negocio.
+
+Es cultura, se dice.
+
+¡Cómo! Respondo yo, ¡cultura! ¿Concebís la cultura sin el amor al
+hombre, sin el respeto al hombre siquiera? ¿Concebís la cultura sin
+humanidad? ¿Concebís la cultura sin la mútua conciencia de nuestro sér,
+sin la moral humana? ¡Cultura! Esta idea peregrina me ha herido de una
+manera particular.
+
+El hombre francés se cree en el caso de estrujar á toda alma viviente,
+añadiendo el correctivo del _¡perdon!_ ¿Y qué? ¿Me importará á mí más
+que me extraigan del bolsillo un franco ó ciento, que el recibir un
+choque de un semejante mio que corre á sus negocios, y para quien valen
+más sus negocios que mi pié, mi brazo, mi nariz, mi cabeza? ¡Y qué!
+vuelvo á decir: porque aquel franco me lo extrajeran con habilidad, con
+gracejo, con ademan afable y ceremonioso, ¿podria decirse que el ladron
+era un hombre culto?
+
+Nadie puede decir que no matará á un semejante suyo, á su padre, á su
+hijo, por un descuido inevitable; pero el hacer una política, una
+etiqueta, de la facultad de magullar al primer nacido, equivale á
+usurparme una seguridad que la moral debe garantirme, y juzgadas las
+cosas en su verdadera significacion, este hecho no es más disculpable
+que la accion del que extrae de mi bolsillo uno ó cien francos con
+sutileza y maestría.
+
+Aquí una maestría; allí una ceremonia; en medio una víctima. Que sea
+robado, que sea tullido, siempre es víctima.
+
+¡Y qué! repito aún: ¿concebís aquí la cultura? ¿Consiste la cultura en
+la manera de hacer mal irresponsablemente?
+
+Si semejante abuso fuera cultura, ¡bien nos iba á lucir el pelo con
+ella! Afortunadamente no lo es, como no es salud la muerte que se nos da
+en un veneno, por más que se nos brinde con el veneno en copa de oro,
+coronada de flores. No, no es cultura. Los que así profanan este nombre,
+cometen un crímen que ignoran, y por este lado deben recibir el perdon.
+
+Las flores que circuyen la copa homicida, la copa en que se da un
+veneno, no son buenas sino para añadir la traicion á la crueldad, para
+añadir un crímen á otro crímen.
+
+Yo preferiria, lo digo con el corazon en la mano, que me magullaran en
+silencio, á tener que sufrir aquel revés con la obligacion de callarme,
+por respetos á una exterioridad que no evita ni cura; una exterioridad
+que da el poder impune de hacerme daño. Y no solamente me hace daño,
+sino que me impone el deber de contestar con una cortesía, so pena de
+pasar por un hombre avieso y mal educado. _¡Pardon, monsieur! Pas de
+quoi, pas du tout_. Usted perdone, caballero.--No hay de qué.
+
+Esto de tener que decirle: _no hay de qué_, cuando uno tendria más gana
+de darle un cachete, ó de soltarle una tremenda, será indudablemente muy
+francés; pero no tiene pizca de español.
+
+Confieso que no lo puedo remediar, por mas que procuro contenerme y
+acomodarme á la necesidad de respetar lo que aquí se respeta. Detesto,
+me estomaga el _perdon_ agresivo y atolondrado de los franceses, y mi
+mujer lo aborrece aún más, porque mi mujer es más española que yo.
+Gracias á que, como habla en español, no la entienden. Si supiera
+francés, es casi seguro que nos veriamos en más de un compromiso. Tales
+son las rudas claridades con que agasaja á los franceses y á las
+francesas con especialidad.
+
+Sin embargo, no debo hacerme el hombre de mundo. Cuando siento un
+codazo, ó un aplastamiento de pecho ó de nariz, acompañado de un
+afectuoso _pardon, monsieur_, la sangre se me sube á la cabeza, y en mi
+cara de hiel y vinagre, deben conocer evidentemente que no soy hijo de
+Paris.
+
+En fin, el _elástico_ perdon que aquí se estila, es la receta universal,
+la carta blanca, el salvo-conducto que tienen los franceses para hacer
+cuanto se les antoja, cuanto se les pone en el magín, sin peligro ni
+responsabilidad de ningun género, y hasta sin el inconveniente de faltar
+á las reglas urbanas. Es el privilegio de cometer toda clase de
+descortesías, sin que caiga sobre el que las comete el apodo de
+descortés. Si no supiera que aquí se acata como una fórmula social, lo
+tomaria á insulto.
+
+Pero aún es más original y curioso el otro carácter de que hablé:
+_¡merci! (¡gracias!)_
+
+Entro á comprar un bollo que vale un sueldo.
+
+Saludo á la persona que despacha, y oigo _merci_.
+
+Echo mano al bolsillo, y oigo _merci_.
+
+Dejo el sueldo sobre el mostrador, y oigo _merci_.
+
+Me despido, y oigo _merci_.
+
+Los lectores que no me conozcan, creerán que exagero. No diré que esto
+suceda en todas las tiendas de Paris, pero refiero hechos que me han
+sucedido, y acerca de los cuales tengo la evidencia de lo que sucede á
+uno propio. Dios no me dé salud si miento.
+
+En la calle de Montmartre, cerca de la calle Feydeau, hácia el bulevar
+de los Italianos, hay una bollería. Pues bien, en esa bollería me han
+dado cuatro _mercis_ por un bollo que valia un sueldo, ó sea tres
+ochavos. ¡Cuatro gracias por tres ochavos! ¡Ni á ochavo por gracia!
+
+Esto me aflige, me contrista, me ahoga; y como no puede menos de ser, me
+quita el gusto del trato social. No me gusta una gente tan excesivamente
+_graciosa_.
+
+Voy á buscar un pan, un pan que necesito, un pan que vale un sueldo; yo
+doy un sueldo del mismo modo que á mí me dan un pan; yo hago el favor
+que recibo; propiamente hablando, no hago favor ni me lo hacen, porque
+la mutualidad no es favor; porque no es favor el préstamo de la
+existencia: ¿por qué esas _cuatro gracias_ que vienen á llenarme de
+melancolía, porque vienen á darme cuenta de profundas llagas sociales,
+en un pueblo que se llama tan civilizado? ¿Por qué esas _gracias_ que
+convierten en un alarde ceremonial y mentiroso la fraternidad que nos
+debemos, la verdad eterna del hombre, porque es la verdad de la causa
+creadora, la verdad de Dios?
+
+Pero á esto se dice: natural es que suceda tal cosa, en un pueblo donde
+la competencia representa tantos intereses y tantos goces. El mercader
+de una pobre aldea, no tiene precision de ser _amable_, puesto que en la
+aldea no hay más mercancía que la suya; pero en Paris, la _amabilidad_
+es el gran secreto de grandes empresas y de muchas familias.
+
+Yo contesto que he estudiado lo que sucede sobre el teatro del suceso, y
+no encuentro la explicacion en la competencia.
+
+Centros notabilísimos son tambien Lóndres, Hamburgo, Francfort,
+Constantinopla, San Petersburgo, y no sucede lo que en Paris.
+
+Yo comprenderia que la competencia pudiese explicar aquel fenómeno de la
+índole francesa, cuando cada uno usara del _merci_ de un modo especial,
+cuando cada cual lo revistiera de una forma que le diera la expresion y
+el interés de su particular ingenio: más claro, comprenderia lo que se
+dice, cuando el uno pronunciara el _merci_ con una corneta, el otro con
+un clarinete, el de más allá con bombo ó platillos; pero si todos dicen
+el _merci_ con el mismo acento habitual, con el mismo grado de sonrisa
+autómata: si el _merci es un mercado comun_, ¿en donde se concibe la
+competencia?
+
+--¿Cómo está usted?
+
+--Regular: ¡gracias! ¿Y usted?
+
+--Voy pasando: ¡gracias!
+
+--¿Y su familia?
+
+--No tiene novedad: ¡gracias!
+
+Yo pregunto á los que opinan que la competencia explica este contínuo é
+indigesto _merci_: ¿tambien la competencia explica esto en el trato
+social íntimo, en el seno de la familia? ¿Tambien la familia y la
+amistad son mostradores de mercader? Pues la familia y la amistad
+reconocen tambien aquella fórmula.
+
+Pero este fenómeno singularísimo es más trascendental de lo que parece á
+primera vista.
+
+¿Qué quiere decir el dar las gracias á un semejante nuestro porque
+pregunta por nuestra salud? ¡Poder del cielo! Tambien este cuidado, este
+saludo de la moral universal, esta hora solemne y sagrada del corazón
+del hombre, tambien esto ha de estar sujeto al compás de un sonido vano,
+de una ficcion?
+
+Pues si el vernos objeto de un cuidado tan natural merece las gracias,
+cuando adelantemos algo en esta línea de decepcion, ¿quién no concibe
+que llegará tiempo en que darémos gracias por no ser saqueados ó muertos
+á puñal?
+
+¡No! Este hábito no es ni competencia, ni amabilidad, ni menos cultura.
+O es un olvido de las ideas sociales y morales que todos los hombres nos
+debemos, ó es el sacrificio de aquellas ideas venerandas, en aras de una
+fantasía que crea aquí tambien una forma hipócrita, para hacer bello
+aquel sacrificio con los ornatos de un arte servil y egoísta. ¡Tambien
+entra aquí el _palaustre_!
+
+Esto es querer dar verdad á la mentira, con el fin de hacer de la
+mentira un _ente amable_.
+
+Así lo he sentido mil veces, y el sentimiento es el gran criterio del
+alma, el talento casi infalible del corazón.
+
+Yo deploro de todas veras que los españoles corrompan la expresion
+franca, majestuosa y solemne de sus saludos, aceptando el afeminado
+_merci francés_.
+
+--¿Cómo está usted?
+
+--Bien ó mal. Gracias. ¿Y usted?
+
+--Mal ó bien; gracias.
+
+Aconsejo fervorosamente á la juventud, que deseche esa profanacion de la
+sociedad y de la conciencia, y que se atenga á la palabra candorosa,
+sencilla, franca, honrada y leal de nuestros padres.
+
+No lo repudio á título de innovacion; yo admito todas las innovaciones
+posibles, cuando vienen autorizadas por una razon que las justifique y
+las recomiende, aunque los innovadores sean cafres. Repudio aquella
+costumbre alambicada, aquel alarde rebuscado y necio, porque
+desnaturaliza nuestro trato, despojándolo de su ingenuidad, de su
+poesía, de su belleza. Sí; el refinado y tonto _merci_, quita á nuestros
+saludos ese aire de jovialidad y de buena fe, ese aire rudo y
+caballeresco, grave é hidalgo, que es quizá el carácter más notable, más
+original y más bello de nuestra raza.
+
+Jóvenes, creedme; no digais _merci_. Si sois hombres, ese _merci_ tan
+blando, tan ficcioso, tan almibarado y melífluo, os convierte en damas,
+y os hace feos, porque no hay una cosa más fea que un hombre amadamado,
+y sobre todo, amadamado á la francesa. Si sois mujeres, perdeis una gran
+parte de vuestro encanto y de vuestra hermosura, porque la principal
+hermosura y el principal encanto de las hijas de España, consiste
+especialmente en ser españolas. Tal vez vosotras no comprendais esto, y
+sin embargo es la verdad. Quitad á vuestros rostros, á vuestros talles,
+á vuestras miradas, á vuestras sonrisas, á vuestros saludos, á vuestra
+palabra, la originalidad propia de vuestro país, y sereis estátuas
+vestidas. Decid _merci_ y sois francesas; no sois lo que sois realmente,
+porque vosotras sois españolas. Aquel _merci_ es un postizo, un
+adefesio, una caricatura. ¿Por qué poneros caricaturas extranjeras,
+cuando las caras nacionales son tan hermosas? ¿Por qué aderezaros con
+flores mústias de otro clima, cuando nuestros soles crian en nuestros
+campos tantos jazmines y alelíes? Bellísimas jóvenes españolas, no
+digais _merci_: os lo suplico por el alma de vuestros difuntos.
+
+
+
+
+V.
+
+=Moralidad en industria y comercio=.
+
+
+¡Consecuencia admirable del temperamento! La fantasía es en Francia, en
+Paris sobre todo, un elemento tan general y tan absorbente, que no hay
+un solo círculo que no invada; ni uno solo, esté donde quiera y como
+quiera. Aquel elemento penetra en todas partes, hasta en la industria,
+hasta en sus elaboraciones más apartadas de la idealidad y de lo bello;
+hasta en el calzado. Examinemos este zapato de señora. La punta remeda
+un pico de ave; el tacon se va adelgazando progresivamente en forma de
+espiral. ¿Remata así el pié de las mujeres? El tacon es una cosa propia
+para servir de base; una base conforme al zancajo? ¿Es un zapato eso que
+vemos, una figura acomodada á nuestro pié? No; de ninguna manera. Es un
+capricho, una imaginacion, un efecto dramático, un golpe teatral. Es un
+zapato, como es vestido lo que se pone el arlequin: es otro golpe del
+_universal palaustre_.
+
+Niego redondamente que este zapato pueda durar arriba de dos ó tres
+noches de tertulia ó de baile, y niego tambien que haya mujeres que
+consigan equilibrarse sobre ese _balancin_, sin ensayarse para este
+ejercicio, como se ensayan los alcides para equilibrarse sobre la
+maroma. Pero tal vez no tengo razon. El genio francés, esa estética
+fabulosa que inspiró al artífice del zapato, la forma casi aérea que
+tiene, habrá inspirado del mismo modo á las mujeres la habilidad de
+usarlos sin riesgo. Es una especialidad de este temperamento, _un género
+de este país_.
+
+Al ver el calzado parisiense en estos hermosos escaparates, no he podido
+menos de decirme repetidamente: si una mujer tuviera el pié como es el
+zapato que aquí miro, ¿qué nombre daríamos á aquel pié? seguramente lo
+llamariamos fenómeno, aborto, extravagancia.
+
+Hé aquí la industria francesa: á fuerza de ser delicada, sutil,
+vaporosa, es una industria fenomenal. La diosa Vénus salió de Chipre,
+viajó por el mundo, y se hizo idolatrar aquí en la elaboracion de la
+materia. Tratar de hacer algo en Paris, es tratar de hacer una Vénus, un
+ídolo, una melodía. Alguna vez esta melodía deja escozores en el oído;
+acaso esto sucede más de alguna vez; pero la melodía brotó, se operó el
+prodigio; ¿qué significa lo demás? ¡_Siempre el palaustre_!
+
+Excusado fuera entrar ahora en consideraciones sérias para demostrar la
+significacion que esto tiene en el órden de las ideas morales.
+
+En el calzado que hemos visto, está sacrificada la realidad á la
+ilusion, lo mas á lo menos; es decir, está sacrificada la verdad á la
+mentira, la naturaleza al artificio, el pié al zapato, las mujeres al
+pié. Repito que es una idolatría como otra cualquiera, y no necesito
+decir si la idolatría es ó no inmoral.
+
+Hablar de la industria equivale á hablar del comercio. Un día pasábamos
+por la calle de Richelieu y vimos un magnífico chal bordado de oro. Yo
+tenia gana de saber su precio, así como de ver el arreglo interior del
+almacen, y propuso á mi mujer que entráramos. Nos resolvimos por fin, y
+al penetrar en un portal, que más bien anunciaba la casa de un noble que
+el almacen de un comerciante, vimos dos lacayos vestidos de librea.
+Naturalmente, creimos que aquellos dos lacayos esperaban á sus señores,
+á quienes suponiamos ocupados en hacer compras. Creiamos mal. Los dos
+centinelas heráldicos que allí encontramos, eran dos lacayos de la casa;
+la librea al servicio de la mercancía; el blason feudal dando crédito á
+la materia francesa. El ridículo es tambien crédito, cuando el crédito
+nace de una ridiculez.
+
+Los dos lacayos nos hicieron una marcada cortesía, procurando no
+deslucir la gravedad y el tono erguido de sus cuellos, decorados por las
+indispensables corbatas blancas. Nosotros contestamos al saludo como si
+quisiéramos decirles: ¿qué teneis que ver con nosotros? O como decimos
+en castellano: ¿quién os ha dado velas para este entierro?
+
+Pero los dos vigías, venciendo valerosamente nuestro desden, se
+aproximaron á nosotros y nos suplicaron que les dijésemos el fin que nos
+llevaba. Yo tuve un momento dé vacilacion, casi de resistencia; iba ya á
+decirles que nada tenia que arreglar con sus señores, cuando principié á
+comprender.
+
+--¿No es esta la entrada del almacen en donde está expuesto un chal
+bordado de oro?
+
+--Sí señor.
+
+--Pues deseamos ver ese chal y saber su precio.
+
+Uno de los lacayos tiró inmediatamente de una campanilla, y nos rogó
+que pasáramos á otro piso. Subimos dos rellanos de una escalera
+elegantemente alfombrada, y ya vimos en el piso principal á un caballero
+que nos esperaba. Este caballero nos volvió á preguntar qué queriamos, y
+oído que hubo nuestra respuesta, tira del cordon de otra campanilla,
+enviándonos al piso segundo. ¿En que acabará esto?
+
+Mi mujer y yo nos creiamos en el teatro de la Opera cómica.
+
+Llegamos al piso segundo, en cuyo rellano nos aguardaba un tercero en
+discordia, y cerca del umbral de la puerta una señora de mediana edad,
+vestida con sencillez y gusto.
+
+Nos explicamos en pocas palabras, entramos en un elegantísimo salon, y
+antes de tres segundos, teniamos delante un chal como el que habiamos
+visto en el escaparate.
+
+El caballero y la señora nos observaban como si quisieran, entrar en el
+secreto de nuestra voluntad, de nuestras ideas, más que todo en el
+secreto de nuestros bolsillos, y yo me reputé obligado á valerme de una
+mentira. ¿Cómo no mentir en un país, cuya astuta mirada taladra hasta
+los huesos, como ciertos ácidos corrosivos?
+
+Nosotros habiamos salido de casa para almorzar: íbamos, pues, en traje
+de almuerzo, y nuestro aliño no podia sostener con honra la aspiracion
+de comprar chales de cinco mil y pico de francos; ó sea una cantidad
+casi superior á la que nosotros teniamos en Paris.
+
+Tuve que decirles que un noble de la Habana me habia dado el encargo de
+comprar algunos artículos de lujo, con el objeto de disponer el regalo
+de boda para una de sus hijas. Mi mujer llevaba el sombrero de camino,
+eramos extranjeros, yo tenia cierto color árabe ó americano, el color de
+los hijos de un clima meridional; despues de cuatro ó cinco dias de
+viaje en estío: en fin, notaron que cubria mi cabeza un sombrero de
+jipijapa, la _etimología_ de este sombrero era evidente, y la ilusion
+fué tan completa como era evidente el orígen de mi sombrero. Nos
+creyeron de lleno americanos, y de la Habana por añadidura.
+
+Favor del cielo! No bien oyó aquella señora que traia encargos de un
+noble de la Habana, y que se trataba de un regalo de boda, cuando empezó
+á desdoblar blondas y encajes, empedrando nuestras orejas de miles de
+francos. Ahora cogia una riquísima manteleta, se la ponia sobre los
+hombros y daba una vuelta majestuosa por todo el gracioso salon; despues
+echaba mano á un velo y volvia á pasear, dando á su cabeza y á su talle
+todo el aire posible para producir el efecto artístico; luego tocó el
+turno al chal dorado, y dejaba caer la espalda hacia atrás, con el fin
+sin duda de que la punta del pañuelo lamiera la alfombra, y formara así
+alguna honda de buen gusto y algun reflejo deslumbrador. En esto acude
+el caballero que se habia ausentado, y empieza á desdoblar ante nuestros
+ojos una preciosa coleccion de pañuelos de India y de Persia, adobándola
+con la salsa de los tantos y cuantos millares de francos.
+
+Antes nos creiamos en el teatro de la Opera cómica; ahora creiamos
+asistir á un juego de manos ó cosa semejante. Nosotros deslizábamos de
+cuando en cuando una mirada hacia la puerta, como si quisiéramos decir:
+¿Cuándo nos verémos en la calle? Estábamos sudando como pollos.
+
+La situacion se hizo ya tan embarazosa, que ni mi mujer ni yo sabiamos
+qué hacer. Al cabo, tuve que pretextar una ocupacion apremiante,
+balbuceando alguna frase de admiracion y de complacencia; pero no nos
+dejaron ir sin recabarnos la promesa de que volveriamos despacio para
+tener una noticia más cabal del surtido del establecimiento, y poder
+hacer con más acierto los encargos del noble de la Habana.
+
+Nosotros nos rendimos, capitulamos á su sabor, tomamos dos tarjetas con
+orlas y dorados, y nos dimos en cuerpo y alma á bajar la escalera.
+
+¿Cuándo estaremos en la calle? me decia mi mujer. ¡Jesus qué calor!
+Estoy sofocada. Yo no hacia más que oir; estaba ocupado enteramente en
+bajar, en el ánsia de salir á la calle y de tomar el fresco.
+
+Llegamos al portal, los lacayos nos cobijaron con una mirada maestra; no
+vieron bulto ni cosa alguna que lo valiese; se convencieron de que nada
+habiamos comprado, de que habiamos sido inútiles _á sus señores_, de que
+la librea habia sido nula, y creyeron prudente ó estratégico retirar el
+saludo.
+
+¡Gracias á Dios! Ya estamos en la calle de Richelieu. Comparada la calle
+al salon de donde salimos, podemos decir que estamos en el reino de la
+verdad. ¡Oh delicia!
+
+¡Qué objeto tan curioso es estudiar á un pueblo en estas minuciosidades
+que tanto significan, aunque no sea sino porque jamás engañan! Retratar
+con este pincel, es retratar al natural, y por eso he dado este título á
+mis pobres apuntes.
+
+¿Pero por qué sucede que despues de un lance semejante, nos invade
+primero la risa y despues la tristeza? Esto sucede, porque la verdad no
+deja nada impune, porque no existe una evidencia más infalible que la
+ley moral. Esta ley nos castiga, castiga al hombre, castiga su pecado, y
+¿quién no baja la cabeza ante el castigo? ¿Quién no dobla la espalda
+bajo el peso de los azotes?
+
+El comercio de Paris, lo digo otra vez, es lo que la industria:
+fantasmagoría, aparato, _altas novedades_; es el zapato aéreo en otro
+sentido; _palaustre tambien_.
+
+Encargo al extranjero que nunca se llegue á comprar un objeto que lleve
+este rótulo: FANTAISIE (fantasía), sino tiene marcado el valor. Cuando
+esto no sucede, el comerciante parisiense se creerá _autorizado_ para
+exigir el doble ó triple de lo que vale, porque la FANTASÍA, nombre que
+aquí quiere decir _ingenio, invencion, maravilla, prodigio_, no está
+sujeta á tarifa alguna. Se trata de vender una creacion ingeniosa, y el
+ingenio no tiene límites: lo que no tiene límites no tiene precio, y de
+aquí la infinita elasticidad del cálculo francés. ¡Pobre del extranjero
+que olvide este encargo ó que tome á empresa el echarla de generoso!
+
+Voy á terminar este ligerísimo bosquejo, haciendo notar una rareza que
+me ha herido de una manera singularísima.
+
+Todos saben que Francia es un pueblo dotado de ciertos instintos de
+igualdad política, igualdad que tiene tantos monumentos en su historia,
+que tanto trabaja su espíritu, que no deja de tener alguna forma
+práctica en la constitucion social y en las costumbres; hasta en el
+establecimiento del imperio. No obstante, la industria y el comercio de
+este país son enteramente aristocráticos.
+
+Por el contrario, todos saben que la desigualdad gerárquica, la casta
+social, es en Inglaterra un principio tan indiscutible y sagrado como un
+capítulo de dogma. Sin embargo, la industria y el comercio de Inglaterra
+son enteramente democráticos.
+
+Paris, el demócrata, viste á los ricos de casi toda Europa, y de una
+gran parte de América.
+
+Lóndres, el magnate, viste á los pobres de casi todo el globo.
+
+El pobre busca al rico: este es Paris.
+
+El rico busca al pobre: este es Lóndres.
+
+No hay contradiccion. Hay habilidad. Tratándose del otro lado del
+estrecho, hay más: _habilidad y lógica_; esto es, _habilidad inglesa_,
+un miasma atmosférico que no tiene igual en el espacio, desde el cielo á
+la tierra, desde la tierra hasta el abismo. Estoy deseando ir á Lóndres,
+para poder establecer una comparacion concienzuda entre estos dos
+grandes centros, que son sin disputa los dos pueblos más influyentes de
+nuestro siglo, y los dos primeros rivales de la tierra.
+
+
+
+
+VI.
+
+=Moralidad de Paris con relacion al arte=.
+
+
+Ante todo, tengo que poner en su lugar una opinion que juzgo importante.
+
+En el arte moderno francés hallo cierto arranque social, que ha abierto
+una grande era á la literatura, y que con el tiempo empujará al arte
+hácia su expresion más trascendental, al menos más en armonía con el
+espíritu de nuestra época. Este es un hecho capitalísimo; es un gérmen
+que puede modificar maravillosamente el porvenir, y fuera injusto negar
+sus esperanzas al trabajo del hombre francés. Pero como en este
+capítulo no juzgo el elemento social del arte, sino que lo considero
+únicamente en su relacion con las ideas morales, me parece que basta
+esta salvedad.
+
+El exámen de todas las obras artísticas de este pueblo, necesitaria la
+vida laboriosa de más de un escritor, y el espacio de muchos volúmenes.
+Dejo, pues, aparte el fardo inmenso de demasías, de licencias, de
+crímenes, hasta de obscenidades, de que el teatro y la novela se han
+hecho órgano en este país tantas veces, con un talento tan singular, y
+me concretaré á un pasaje de un libro que han leido todos, que todos
+conocen, de que la Francia está inundada, de que están inundadas la
+Europa y la América. Hablo del _Montecristo_: hablo de ese libro
+terrible, que hace de este mundo un sopor, una cueva encantada, un
+brevaje oriental, una _bellísima diablura_. Ciertas gentes se han
+empeñado en hacer ver que la diablura puede ser bella, que las brujas
+pueden ser artistas. Hablo de esa nueva caballería andante, más ridícula
+y más absurda que la del mismo Amadís de Gaula; esa caballería en que no
+hay de real y positivo sino el trastorno y el escarnio de las virtudes
+más sagradas del hombre.
+
+Estamos en la escena en que un hijo aconseja á su padre con la mayor
+formalidad.... (Imposible parece que Dios nos haya dado formalidad para
+tales cosas. En este sentido, nuestra razon tiene misterios que
+horrorizan, como tiene el abismo cavidades que nos espantan.)
+
+Decia que un hijo aconseja á su padre que _se debe matar_. ¿Por qué?
+Porque es comerciante, ha experimentado un revés en sus intereses, está
+tocando la necesidad de una bancarota, y este descalabro le infamará á
+él y á sus hijos. Pero ¿no hay remedio? Sí; el hijo se lo ofrece, se lo
+propone, se lo aconseja, se lo exige. El remedio ... ES MATARSE.
+Matándose, se habilita el banquero, el hombre muere honrado, y el padre
+lega esta honradez á su familia. ¿No es bastante? ¿Debe el pobre viejo
+dudar? ¿No dice bien el hijo? ¿No tiene razon Alejandro Dumas?
+
+Hijo desdichado, hijo á quien el cielo no dió conciencia, sino para
+hacerte probar el placer tremendo de desgarrarla, como no dió organismo
+á la lombriz sino para hacerla probar el placer asqueroso de revolcarse
+dentro del cieno; hijo desdichado, ven acá y oye á un hombre que no
+tiene el genio de Alejandro Dumas, pero que tiene más corazon, que tiene
+más genio; porque no hay genio fuera del sentimiento de la verdad y de
+la virtud, porque no hay belleza fuera del sentimiento que busca el
+bien. No, no hay genio en la lombriz. Alejandro Dumas nos llama
+africanos á los españoles; enhorabuena. Preferimos ser tan bárbaros á
+ser tan _cultos_. No queremos ser tan civilizados como él, ni como tú,
+hijo infame y bastardo.
+
+Hijo desdichado, ven acá y oye. Tu padre te ha dado la vida: ¿eres tú
+quien ahora le aconseja que levante el brazo contra la suya?
+
+De su amor recibiste tu primer amor: ¿eres tú quien ahora pones en su
+mano un puñal?
+
+Si tu padre cae en la bancarota, tú vas á vivir infamado: ¿eres tú quien
+quiere que se mate para evitar tu infamia? ¿Eres tú quien crees que tu
+egoismo vale más que la vida del que te ha consagrado su existencia?
+
+¡Pero oye aún! Si tú crees que la desgracia de tu padre te va á dejar
+sin honra, si lo crees así, si de ello estás convencido, ¿por qué no
+eres tú el suicida? Responde, hijo cobarde, ¿por qué no eres tú quien
+coge el puñal? ¿Por qué tu padre ha de ser víctima de una opinion tuya,
+de un juicio tuyo? ¿Por qué ha de ser el caballero andante de tus ideas
+romancescas?
+
+¡Pero oye todavía! ¿Quién te ha dicho que un banquero se infama, porque
+un infortunio que él no puede evitar le hace caer en la ruina? ¿Quién te
+ha dicho que no hay honradez en el infortunio? ¿Quién te lleva á ver una
+prostitucion en la desgracia? ¿Quién te ha dicho que Dios no se venga de
+hombres como tú, dando al dolor una esperanza, un deseo, un suspiro
+ferviente, una corona, una santidad? ¿Quién te ha dicho, responde, que
+la Providencia no ha dado poesía al lamento amoroso y casto de la
+tórtola?
+
+Tu padre se arruina. ¡Y qué! ¿No hizo esa fortuna en otro tiempo? ¿Tenia
+quizá alguna escritura en que la eternidad le prometia amparar sus
+buques ó sus billetes?
+
+Hoy pierde lo que ganó ayer. ¿Quién te ha dicho que la pérdida, como la
+ganancia, es otra cosa que un accidente en la vida de un comerciante? Y
+por un accidente de la vida, ¿buscas un puñal contra la vida? ¿Quieres
+sacrificar el cielo á un celaje? ¿Quieres sacrificar el mar á una ola?
+¡Ay! Á la gota de sangre que cae de un dedo, ¿quieres sacrificar el
+corazon? Á la lágrima que cae de los ojos, á este soplo del aroma húmedo
+de nuestra alma, ¿quieres sacrificar el alma toda?
+
+Hijo desdichado, si tu destino es quemar tu conciencia y tu corazon,
+quémalos, en silencio, ocúltate como se oculta el mago ó el hechicero
+para dar cabo á sus maniobras; escóndete; pero no te valgas de la luz
+para quemar la conciencia del mundo, vertiendo esas chispas en un libro.
+
+Despues de esto ¿qué extraño tiene lo que se ve en el drama _Antony_,
+del mismo Dumas? ¿Qué extraño tiene que Antony penetre en la alcoba con
+una señora casada, en el momento de caer el telon, mientras que los ojos
+del público, atravesando aquel telon, ven la obscenidad convertida en
+fiesta, en declamacion y poesía, en bella-arte, en teatro? Despues que
+un hijo aconseja á su padre que coja un puñal y lo bañe en sangre de sus
+venas (sea cual fuere el motivo) ¿qué extraño tiene que el oído del
+público, pasando á través del telon, oiga la respiracion convulsiva y
+torpe del adulterio? ¿Qué mayor adulterio que el parricidio?
+
+Pero esto se lee, esto gusta, esto recorre el mundo, esto hace fortuna,
+reputacion, gloria ... en España tambien. ¡Qué desventura!
+
+Pero ¿podrás negarle, se me dice, la habilidad en la ejecucion? ¿Podrás
+negarle su belleza en la forma?
+
+¿Podreis negar á los lagartos, respondo yo, la belleza de su piel verde?
+¿Podreis negársela á los cocodrilos? ¿Podreis negar á la culebra la rica
+variedad de sus brillantes y sedosas escamas?
+
+¿Esa es vuestra belleza? ¿Ese es vuestro arte? ¿Por qué no haceis de un
+cocodrilo un actor? ¿Por qué no haceis de una serpiente una actriz?
+
+Basta de esto, mis queridos lectores. Tapémonos ambas orejas, contra el
+graznido áspero y soez de ese cuervo que dice al mundo: oid en mi
+graznido el gorgeo dulce y apasionado de la calandria y del ruiseñor.
+
+El arte francés, generalmente hablando, lleva en sí el trastorno más
+radical y más profundo de las ideas morales; el trastorno propio de una
+sociedad que, á precio de ruido y de oro, embrolla sin escrúpulo las
+verdades más venerandas del entendimiento y de la conciencia.
+
+Oropel, luces, relumbrones, escenas cáusticas, contrastes imposibles,
+aventuras maravillosas y disparatadas, alarmantes; pero que cautivan,
+que seducen, que nos arrastran á despecho nuestro; sobre todo, _lavar la
+cara de las cosas, mover el palaustre_; hé aquí la expresion más
+constante y más universal del arte francés. La idea que más domina en el
+escritor de Paris, es la de hacer de modo que á los lectores de sus
+_novelas_ se les haya de dar un par de sangrías, aún antes de concluir
+la tremenda lectura. Si quisiéramos citar ejemplos en comprobacion de
+esta verdad, necesitariamos escribir centenares de tomos, como ya dije.
+
+Acato la rica erudicion de un Thiers, de un Littré, de un Guizot; acato
+la vastísima ciencia del eminente Augusto Conte; acato la hechicera
+literatura de un Chateaubriand, de un De Lamartine, de un Balzac, de una
+Cotin, de un Víctor Hugo; acato y amo la poesía fácil, ingénua,
+encantadora del inspirado Beranger; acato el valeroso y fecundo arte, el
+pincel arrebatador del inmenso Horacio Vernet; acato con profunda
+veneracion á ese gran hombre, que ha dejado de ser pintor en el mundo
+para ser monarca de los espléndidos salones de Versalles; acato á ese
+Horacio Vernet, al humilde y modesto artista, que es más que Luis XIV en
+las régias salas de aquel opulento y maravilloso palacio; acato á esos
+genios de la Francia; no es mi ánimo negar que la Francia tenga sus
+genios; pero estúdiese aquí el organismo que el arte tiene; estúdiense
+con detencion y con cuidado sus manifestaciones generales, las
+manifestaciones del pueblo francés, y no podrá menos de llegarse á la
+conviccion más completa de la rigorosa exactitud de nuestros retratos.
+
+Pero ¿y esos genios de que acabas de hablar? ¿Esos genios, como todos
+los genios del mundo, contesto yo, no son la sociedad francesa; los
+genios no tocan al pueblo en donde nacen; un don del cielo no tiene otra
+cuna que el espacio que coge todo el cielo. El genio del hombre es como
+la luz de los astros: su pueblo es el orbe, la creacion entera, la obra
+del principio supremo, la patria de Dios.
+
+Y aún á propósito de esos mismos genios, podriamos decir algo; algo que
+probaria incontestablemente la verdad de mis opiniones. El carácter de
+raza, el bautismo de nacionalidad, esa especie de limo que la nacion en
+donde nacemos y vivimos pega á nuestra alma y á nuestras costumbres: esa
+herencia de pueblo y de familia es un hecho tan poderoso y tan
+inevitable, que si estudiamos con el necesario talento la forma exterior
+del arte de Thiers, de Guizot, de Chateaubriand, de Balzac, de De
+Lamartine, de Víctor Hugo, de madama Cottin, del mismo Horacio, de ese
+ilustre pintor que tanto admiro; aún de Beranger, de ese nobilísimo
+poeta que tanto venero; hasta si pasamos á la ciencia del inagotable
+Augusto Conté, de ese coloso que tanto me asombra: si estudiamos la
+forma exterior del arte de esos genios; si nuestro espíritu tuviera el
+ojo penetrante que se necesita para distinguir ciertos colores, ciertos
+tintes, ciertas sombras confusas y remotas: más claro, cierto hábil
+relumbron, cierto viso dramático, cierta cara lavada por el _palaustre
+francés_; si tuviéramos la necesaria habilidad para descubrir esos
+delicadísimos detalles, juraría por mi alma, que aún en el arte de
+aquellos grandes hombres encontraríamos la _hechicería francesa_. No
+exceptúo ni á Bossuet, ni á Fenelon, ni á Condillac, ni á Bordaloue, ni
+al severo y tajante Rousseau. No hablo de un hombre muy extraordinario y
+muy célebre; un hombre que ha logrado más fama que todo un pueblo; no
+hablo de Voltaire. Voltaire, como Diderot y casi todos los de la
+memorable Enciclopedia, es un perfectísimo francés: francés en alma y
+cuerpo; en pensamiento y obra; en juicio y palabra.
+
+No exceptúo á nadie, ni al mismo preceptista y mirado Boileau.
+
+
+
+
+VII.
+
+=Moralidad de Paris con relacion á la familia=.
+
+
+Se ha dicho que los lazos de la familia están relajados en Francia. Esta
+opinion que seria una calumnia tratándose del pueblo francés, no deja de
+ser cierta tratándose de la ciudad de Paris.
+
+Desde luego se observa que está ciudad está sembrada por todas partes de
+_restaurants_ (no quiero españolizar este nombre), de establecimientos
+de caldo, de pastelerías, de _rotisseries_ (no lo quiero españolizar
+tampoco) y de tabernas. En todos estos puntos se come. ¿Por qué tantos
+establecimientos de esta clase? ¿Se alimentan todos con la poblacion
+forastera? No. La mayor parte se sostiene con la poblacion de Paris,
+porque en un gran número de las casas de Paris no se enciende lumbre en
+todo el dia.
+
+Estoy convencido de que si se juntaran todos los hoteles y todos los
+establecimientos en donde se come en esta ciudad, formarian una
+poblacion bastante mayor que la córte de España.
+
+Es una curiosidad sorprendente para el extranjero, recorrer estas calles
+de diez á once de la mañana y de cinco á seis de la tarde, ir mirando á
+derecha é izquierda, y ver la mesa interminable á que asiste una
+poblacion de millon y medio de almas.
+
+Si el extranjero no saliera á la calle más que en las horas indicadas,
+tendria harto motivo para decir despues en su tierra que Paris era una
+inmensa fonda. Recorriéndolo á una hora cualquiera, tendrá motivos para
+decir que, llegada la hora de comer, esta ciudad es una inmensa tribu
+errante.
+
+Lo declaro sin escozor. El que está acostumbrado al consuelo de la
+familia, al rescoldo del hogar paterno: el que está acostumbrado á ver
+el humo de la chimenea en que se calentó desde niño, no puede menos de
+experimentar una mala impresion al ver hacinados tantos hombres; hombres
+que van allí para no mirarse ni entenderse; que van allí á comer casi
+maquinalmente; que comen como quien se da á una tarea mecánica, como
+quien cumple _el jornal de la comida_, para acudir despues á otro
+jornal, semejantes á las palomas silvestres que van al sembrado para
+llenarse el buche, y levantan luego las alas hacia donde la Providencia
+las lleve.
+
+Este hábito lleva en sí cierto principio de desmoralizacion. Me he
+fijado mucho en esta faz del pueblo que examino, y noto realmente que
+aquel hábito imprime una arruga en su fisonomía. Estudiemos
+cuidadosamente todas las caras que se nos ofrecen en tropel; reparemos
+bien en todas las figuras que pasan por este gran lienzo de sombras
+chinescas, y no advertiremos generalmente ese aire de atencion íntima y
+afectuosa, propio del que dice: _me esperan en mi casa; como á tal hora
+con mi familia_.
+
+Esto quiere decir: la sociedad me ha dado un templo para que la consagre
+un culto especialisimo y preferente. Este templo es mi hogar, donde me
+aguardan los que me procrearon y nacieron conmigo. Mi culto me llama;
+voy á ser ministro en el sacerdocio de la familia.
+
+Si esto es preocupacion, confieso con orgullo que soy preocupado, y lo
+soy, no únicamente por conviccion, sino por voluntad y por sentimiento.
+Esto me hace sentir bien; amo y admiro en esos instintos y en esos
+hábitos una belleza humana, una melodía que llena mi ser, y en vano
+querria desimpresionarme, en vano pretendería que mi corazón perdiera la
+ley que lo hace latir.
+
+Quitad al hombre la familia, quitad á la familia su inteligencia
+armoniosa, su consorcio interior, su necesidad más moralizadora y más
+profunda; haced eso, y despedazareis al mundo.
+
+He dicho que la costumbre parisiense lleva en sí un principio de
+inmoralidad, y para dar una nocion de que esto es así, bastará presentar
+un ejemplo.
+
+Supongamos que una hija vive con su padre; supongamos que sigue
+asistiéndole más ó menos tiempo despues de la época en que ha entrado en
+la mayor edad, y en que por lo mismo no está sujeta á la autoridad
+paterna para ciertos y respetables fines sociales. Pues bien, aquí es un
+hecho que no escandaliza el que esa hija demande á su padre ante el
+juez, para reclamarle el salario que merece por haberle asistido,
+poniéndose en lugar de una criada. Si este hecho escandaliza, Paris ha
+tenido y tiene que presenciar más de un escándalo, porque aquel hecho no
+es invencion mía. Se ha repetido más de una vez, y acerca de ello puedo
+alegar el testimonio de más de una persona digna de fe.
+
+Cada cual se explicará á su modo la rebelion de la hija demandando al
+padre ante la ley, para que no la ame como hija, sino para que la pague
+como criada; pero á mí me subleva semejante atentado contra las leyes
+del respeto, del amor, de la sangre. Mis sienes laten convulsivamente
+cuando creo ver á una mujer que se acerca a la sociedad, que anda
+preguntando el nombre del juez, que le pide auxilio, que le implora ...
+¿con qué fin? Con el fin de que allí comparezca como reo el hombre
+desgraciado que la dió la existencia. Él dió la existencia á su hija; su
+hija le dió su afecto y su cuidado; ahora es delincuente ante aquel
+cuidado y aquel afecto.
+
+¿Qué es esto sino borrar el santo cariño de la hija, bajo el egoísmo
+grosero é impío de la sierva? ¿Qué es esto sino borrar el sacramento
+providencial del padre, bajo la crueldad idiota del salario?
+
+¿Cómo representarnos la figura de esa mujer ante la justicia, sino
+representándonos una mujer vestida de luto, que baja los ojos, que
+tiembla, que no puede hablar y que despues se muere de dolor? ¿Cómo
+concebimos la idea de esa hija que arrastra serena la mirada aturdida de
+su padre; que le pide, que le provoca, que le acusa, que le denomina
+usurpador de su trabajo: cómo concebir la idea de esa hija, repito, sin
+concebir la idea de una sierpe ó de un tigre?
+
+¡Dios me libre de ser juez, con la condicion de escuchar semejante
+demanda!
+
+¡Dios me libre de ser padre, con la condicion de tener semejante hija!
+Es seguro que maldecirla, como Jeremias, el momento en que habia nacido;
+momento que llevaba dentro de sí la profanacion de dar á la tierra una
+huella que es un abismo horrible.
+
+De la aglomeracion de guarismos vienen las grandes combinaciones; de los
+grandes choques brotan las grandes chispas, y en este sentido tengo que
+conformarme con los grandes centros de poblacion, de actividad, de
+creaciones. Pero aparte esta necesidad trascendente de las grandes
+masas, ¡cuánto más natural, más definida, más espontánea, es la vida de
+las pequeñas poblaciones!
+
+La emocion poética tiene en cada hombre su temperamento particular, y
+este temperamento es una gran razon que cada uno debe tener en cuenta al
+querer explicarse sus opiniones.
+
+Yo creo que no me engaño al opinar así, porque es indecible el placer
+religioso que siento cuando descubro un caserío ó una aldea, perdida
+entre árboles ó arbustos, ó entre las sombras indecisas de la tarde. No
+sé por qué, desearia haber nacido allí; desearia que allí se conservaran
+mis cenizas. No sé por qué lo experimento, pero sé que lo experimento;
+la poesía que cada cual lleva en su alma, despierta en mí aquella
+emocion, y creo en la verdad de esta emocion, como creo en la verdad
+grandiosa de la poesía.
+
+¡Qué hermoso es á mis ojos contemplar aquel grupo de casitas que ocupa
+la tierra, así como un nido está en un árbol, como una nave surca el
+Océano, como una caravana se pierde entre los horizontes de la soledad,
+como un pensamiento de la Providencia germina oculto entre los
+torrentes de la creacion!
+
+¡Qué hermoso es para mí mirar el humo que parece brotar de las
+chimeneas, como una voz que viene á decirme: acércate, entra aquí: aquí
+hay una casa, un calor, una lumbre: aquí hay dos amores que se han unido
+y procreado; que comen, que duermen, que viven y que mueren juntos: aquí
+está el misterio de la vida; aquí está el misterio de aquella mujer por
+quien tú has llorado, cuya memoria evocas y veneras: la mujer á quien
+debes el bien divino de tener una madre!
+
+¡Ay! ¡Cuán de menos echo la vida de familia! ¡Cuán de menos echo la vida
+del campo! Aquí no hay campo; hay quintas graciosas y elegantes, ricos
+caseríos, palacios agrestes: un Paris dentro y otro Paris fuera. No hay
+campo; no hay esa atmósfera callada, esas brisas sonoras y lentas, ese
+genio de Italia y de España que nos inspira el olvido del mundo, para
+hacernos mejores y más felices hablándonos de parte de la naturaleza,
+trayendo á nuestras esperanzas un saludo de ese espíritu universal que
+adoramos en nuestra conciencia y en nuestro corazon. No, no encuentro
+aquí una porcion de yerbas silvestres, donde dejar por un momento el
+fardo de mis inquietudes y de mis penas, y respirar al menos una hora al
+aire libre, al aire del campo.
+
+¡Qué bellas me parecen las cercanías de Tíboli! ¡Qué bellas me parecen,
+tambien las laderas rojas de mi Andalucía; que ven impasibles
+estrellarse á sus piés las olas espumosas del Océano Atlántico!
+
+Pero ante todo debemos ser justos. ¿Podré decir que no hay en Francia
+gratos lugares y paisajes pintorescos? No; eso seria ó maledicencia ó
+sandez.
+
+Recuerdo que hace algunos años fuí de Montpeller á Marsella, y la
+Provenza me encantó con sus pequeñas casas, escondidas misteriosamente
+entre cipreses y palmeras. Recuerdo que las verdes orillas del Ródano me
+encantaron tambien, y casi me hicieron adivinar la nocion de un país
+árabe.
+
+Allí están el hogar, la casa, el rescoldo, la cuna y el sepulcro de los
+que viven y mueren en un mismo palmo de tierra.
+
+Al penetrar con el pensamiento en alguna de aquellas casitas, ocultas
+casi todas entre palmeras y cipreses; como un nido está oculto entre las
+hojas de los árboles: al pasar con la imaginacion el umbral de aquella
+morada bendita, nos parece ver á un hombre sencillo y risueño, que
+trabaja cerca de la lumbre; á su lado, tranquila y satisfecha, hila su
+mujer; más allá, una jóven fresca y hermosa mece la cuna en donde duerme
+un niño, hermano suyo. El padre representa el trabajo, la madre el
+cuidado, la diligencia y la caridad; la jóven el amor, y el niño, la
+inocencia. ¡Oh vida venturosa! ¡Oh secretos divinos de la sencillez y de
+la virtud! ¡Infeliz del hombre que ha sido ingrato á tus hechizos!
+¡Infeliz del hombre que deja las delicias del paterno hogar, desoyendo
+el llanto sagrado de una madre! ¡Ay de mí, lector! ¡Infeliz del que
+escribe temblando estas groseras líneas! Fuí rebelde y soberbio con mi
+santa madre, desoí su ruego, la dejé llorando, la dejé por el mundo, por
+mis ilusiones, por mi vanidad, por mi sandez. Este remordimiento late
+dia y noche en mi corazon, é irá conmigo á la sepultura.
+
+Pero voy á decir dos palabras acerca de las impresiones que sentí en las
+orillas pintorescas del Ródano, porque es indecible el consuelo que mi
+alma experimenta al hablar del campo. El campo es el santuario de la
+naturaleza, el templo de Dios.
+
+En la Provenza experimentamos lo que sentimos en las playas de Génova,
+en las cercanías de Roma, en los campos de Nápoles, en las selvas de
+Andalucía. La mujer parece más hermosa; alrededor de la mujer hay un
+ambiente indefinible que la diviniza. Al ver una choza sobre un
+montecillo de arena, entre retamas verdes; al ver una casita oculta en
+un bosque de madre selva, el viajero no puede menos de exclamar: ¿quién
+sabe si ahí respira la mujer ideal que yo he soñado, esa sombra del alma
+tras la cual he corrido, esa misteriosa armonía que todos los hombres
+hemos escuchado en nuestro corazon?
+
+Y entonces nos sentimos animados de una existencia particular; no es la
+vida que nosotros tenemos, es una vida que nos da la naturaleza, una
+vida que nos da Dios. Mil memorias inexplicables nos agitan en aquel
+momento; aquellas memorias nos hacen gemir, nos hacen llorar, y no
+obstante, nosotros las queremos, las buscamos, ansiamos tenerlas cerca
+de nosotros, son nuestras, íntimamente nuestras. ¡Ay! son el sepulcro de
+nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestros hermanos; son los
+sudarios de nuestra alma.
+
+Y entonces aparece la luna en el cielo, y el hombre dice al astro de la
+noche: yo te conozco; tú eres el faro de mis esperanzas y mis dolores;
+Dios te ha creado para mí.
+
+Adios, Provenza; adios, Bocaire; adios, Ródano; adios, familias
+inocentes; adios, casta doncella, que con el aliento de tu boca prestas
+nuevos aromas á las flores de tu campo vírgen; á las flores que esmaltan
+esas márgenes encantadoras; adios casitas; adios, palmeras; adios,
+cipreces. Si la horrible dolencia que oprime dia y noche mi desgraciada
+vida, me dejase algun tiempo de descanso, yo iria á saludaros otra vez;
+pero me volveria pronto, porque ya tengo ageado mi sepulcro, ya he
+pedido mi tierra postrera á mi adorada Andalucía.
+
+Lector, estos renglones tienen un mérito poco comun en nuestro siglo;
+tienen la augusta poesía de una lágrima que en este momento cae de mis
+ojos; una lágrima que pide á Dios por el reposo eterno de mi madre.
+
+Allí, en la Provenza, está tambien el hogar, la casa, el rescoldo; la
+cuna y el sepulcro de los que nacen, viven y mueren en un mismo palmo de
+tierra. Allí están tambien el padre, la madre y el hijo; allí está
+tambien el mundo del hombre; casi todo el mundo; la familia.
+
+Lo que antes he dicho debe entenderse respecto de Paris, pero seria una
+calumnia y una ruindad, si se dijera tratándose del pueblo francés.
+
+
+
+
+VIII.
+
+=Moralidad francesa con relacion á la política=.
+
+
+Entre los infinitos hechos que nos ofrece esta incansable sociedad,
+elegirémos únicamente uno: _el pauperismo_: esto es, la pobreza como
+hecho social, como manifestacion pública.
+
+El actual emperador dijo: _el cristianismo abolió la esclavitud; la
+democracia francesa abolió el pauperismo_.
+
+Esto dijo el Emperador; pero su dicho no pasó á ser realidad en la
+práctica. No condeno de ningun modo la buena intencion que puede
+abrigarse en aquel deseo; conozco que el deseo es, por sí solo, una gran
+virtud, una virtud inmensamente venerable, porque es lo que más nos
+acerca á Dios; pero cuando el deseo no se cumple, cuando no halla una
+fórmula práctica en su aplicacion, es una verdadera teología. Esto
+sucedió al actual Emperador de los franceses, al proclamar tan absoluta
+y confiadamente la extincion de la mendicidad. Fué teólogo, no hombre
+político, porque la política quiere hechos, realidades, aplicaciones
+evidentes de los principios que se proclaman, y el deseo del Emperador
+no tiene aplicacion alguna, no tiene aquí ninguna realidad trascendente
+en la organizacion de los hechos sociales.
+
+Decir: _quiero que no haya pobres_, sin establecer el sistema que se
+necesita para realizar aquel pensamiento, es como decir: _quiero que el
+aire no se nivele_, cuando no se hiciera lo que debia hacerse, para que
+fuese imposible el nivel atmosférico. De otra manera, habrá pobres, como
+el aire se nivelará, como sucederá todo lo que la necesidad moral de las
+cosas haga que suceda, diga lo que guste el Emperador de los franceses;
+porque sobre la voluntad del Emperador, están las leyes universales que
+todo lo gobiernan, á los emperadores tambien.
+
+Eso de que en Francia no hay mendigos, es gana de hablar. Los franceses
+lo pueden decir; los extranjeros no lo deben creer.
+
+En este punto no hay otra realidad, que la existencia de una ley que
+prohibe el pauperismo. Existe la ley; nada más que eso. El cumplimiento
+de esa ley, es aparente, ficcioso; un golpe de _palaustre francés_.
+
+Efectivamente sucede que no se mendiga por las calles; lo que nosotros
+llamamos mendigar. Los pobres franceses no dicen: _deme usted una
+limosna por Dios_; pero dicen y hacen cosas que producen idénticos
+resultados.
+
+Un ciego, una ciega, un manco, un tullido, va por la calle en una
+máquina ó sobre un animal: canta, ó refiere una historia, ó reza, ó toca
+un violin, un organillo ó unas chirimías, y el transeunte le socorre.
+Claro es que la persona que auxilia á aquel desgraciado, no le da una
+moneda en pago de la historia que cuenta, ni del instrumento que toca,
+ni del canto con que tal vez desgarra los oídos; sino que lo hace por
+caridad. Aquella moneda que le ha dado es una limosna, una verdadera
+limosna. El pobre francés no ha dicho: _socórrame usted por el amor de
+Dios_; pero lo ha expresado á su modo, de un modo perfectamente análogo.
+_No pide pidiendo; pero pide cantando_; realmente pide; realmente es
+mendigo; realmente pasa su vida implorando la caridad de zoca en
+molondra.
+
+Aquí hay mendigos como en España, con la diferencia de que allí el pan
+es pan, y el vino es vino, y aquí ni el vino es vino, ni el pan es pan.
+Hay mendigos; pero de un talante particular, á la moda, con su
+intríngulis y su busilis, el busilis que aquí reina en todo con dominio
+absoluto: mendigos de buen tono, de relumbron, con su poesía acomodada
+al género, con su aparato artístico: es decir, mendigos con la cara
+lavada por el palaustre de estas tierras; _mendigos franceses_.
+
+¡Ay! se dice que el pauperismo se ha extinguido en Francia; se dice que
+en Francia no hay pobres. ¡Ojalá! No seré yo el que deplore que
+tuviésemos la santa obligacion de admirar á nuestros vecinos tan
+cristiana conquista; no seré yo el que me lastime de tener que emular
+esa gran fortuna á los franceses, no. Sobre la ojeriza trivial de pueblo
+y de historia, venera mi alma todo lo que puede enjugar una gota de
+llanto. ¡Ojalá que en Francia no se conociesen las lágrimas de la
+miseria, y que el mundo entero, toda la tierra, España tambien, tuviese
+un libro en donde estudiar ese caritativo secreto, ese bálsamo milagroso
+de profundas llagas sociales!
+
+Pero ¡ay! repito. Si fuese posible que de un golpe, de una sola vez,
+como circula el fluido eléctrico, como corre la luz, apareciera á
+nuestros ojos el interior de las boardillas de este fastuoso Paris; si
+de un golpe se presentaran ante nosotros todas las cuitas de esta
+sociedad artificial; si cayeran sobre nosotros todas las lágrimas que
+una miseria honrada y venerable vierte aquí, ¡cuántas calles se
+inundarian de llanto! ¡Cuántas calles irian de acera á acera! ¡Ah! Es
+bien seguro que el Emperador nadaria en lágrimas, y que romperia, pálido
+y tembloroso, la ley jactanciosa que ordena QUE EN FRANCIA NO HAYA
+POBRES.
+
+Sí, hay pobres, hay miseria, hay llagas, hay dolores, hay lamentos; yo
+he raspado con el dedo la mezcla lisa que pone el palaustre, para que
+parezca bonita la parte exterior de las paredes; yo he quitado esa
+mezcla postiza, ese falso aliño, esa cara embustera; he penetrado más
+allá; me he visto dentro.... Para la ley no hay pobres; para la moral,
+sí; para los extraneros que tienen corazon, sí.
+
+Antes habia mendicidad; no habia más que eso; no habia más que una cosa:
+ahora hay dos. La mendicidad, y una estéril y vana prohibicion. Ahora
+hay una mendicidad prohibida, una mendicidad afrentada; pero los
+pueblos, como los individuos, no pueden vivir sin su genio particular, y
+aquella ley, de puro ornato, de adobo y no otra cosa, era necesaria para
+dar á ese pueblo el relumbron que imperiosamente necesita el genio
+francés. ¡Pecador de mí! Ahora me explico yo por qué los franceses son
+tan aficionados á la luz eléctrica. Ahora me explico del mismo modo, que
+Paris sea la ciudad más alumbrada, más brillante del universo. Todo lo
+que tire á luces, y reflejos, y visos, y prismas, entra de lleno en el
+gusto francés.
+
+La ley aboliendo el pauperismo, no es más que un reflejo de ese
+cristal; un golpe mágico de aquel palaustre, un chiste de aquel cómico.
+Deberia hablar tambien de la moralidad de Paris con relacion á la
+ciencia y al dogma; pero las originalidades que en este punto ha tenido
+Francia son tan extravagantes, tan atrevidas, tan francesamente
+atrevidas y descocadas (perdóneme Paris este castizo nombre español),
+que casi sospecho que no cabrian en la medida de nuestro país. Estoy
+seguro de que habia de lastimar muchas orejas, muchos entendimientos,
+muchas, muchísimas conciencias, y no escribo este libro para causar
+lástimas.
+
+Para muestra, y nada más que con el fin de que sirva de muestra,
+presentaré un ejemplo de ciencia y otro ejemplo de religion.
+
+El hecho de ciencia es el siguiente, hecho que acaso ignoran muchos
+franceses de alto coturno, y que yo sé por una de esas inesperadas
+dichas que se ofrecen al extranjero.
+
+Un viejo ilustre, muy ilustre y muy venerable, tambien hay viejos
+venerables en Francia, óigalo el Sr. Dumas; un viejo que habia sido
+maestro de Luis Napoleon, antes de ser Luis Napoleon III, llevó cierto
+libro á Luis Napoleon, cuando ya era Luis Napoleon III, Emperador de los
+franceses.
+
+El viejo de que hablamos era el honrado, valeroso, austero y lealísimo
+senador Vieillard, maestro y amigo del Emperador. Cuando el imperio se
+puso á votacion en el Senado, el Senado en peso, todo el Senado
+entusiasta y unánime, le prestó su sufragio. En medio de la general
+aclamacion, una voz seca, grave, segura y poderosa, dejó helados á los
+senadores, al público y al Emperador mismo: aquella voz inexorable,
+aquel acento de la conciencia, de la amistad y del cariño, aquella
+palabra que parecia ser la palabra yerta y metálica de un cadáver, dijo
+clara y resueltamente: ¡NO! Quien pronunció este no tremendo fué el
+senador Vieillard. El único senador tal vez que era amigo de Napoleon,
+un amigo grande, un amigo digno, uno de esos amigos que valen la pena de
+que un hombre nazca para que pueda honrarse con tal amistad, fué tambien
+el único que votó en contra del imperio. Napoleon, no obstante,
+continuó queriéndole y respetándole hasta el fin de sus dias. El voto
+contrario del maestro, y el respeto constante del discípulo, son cosas
+que hacen tanto honor al discípulo como al maestro.
+
+Llega su última hora al honrado viejo, hallándose en San Cloud el
+Emperador; le participan que el senador Vieillard está agonizando; corre
+á Paris, acude á casa del moribundo, penetra en la alcoba, Vieillard
+espira, y Napoleon recibe el aliento postrero de aquel grande hombre; de
+aquel hombre ignorado hoy, pero que es sin disputa uno de los caractéres
+más bellos con que puede honrarse la historia moderna.
+
+La verdad, lector mio, Napoleon no es santo de mi devocion, como decimos
+por nuestras tierras. Si te dijera que le queria, te diria un embuste;
+no le quiero, la verdad ante todo; tengo muchísimas razones para no
+quererle; pero desde que supe que vino de San Cloud para recoger el
+último suspiro de un viejo ilustre, de un hombre verdadero y honrado, no
+le quiero tampoco, no le puedo querer; pero no le odio. Si tuviera que
+perdonarle, en honra de la noble memoria del senador Vieillard, le
+perdonaria.
+
+Ahora preguntaré: ¿se cumplió el testamento del senador Vieillard? Creo
+que no. ¿Por qué? Acaso Luis Napoleon lo sabe, acaso lo ignora, pero la
+verdad es que la última voluntad del difunto no se cumplió. Me parece
+oir á un lector que dice: pues ¿qué sucedió en esto? Amigo mio, ahora no
+podemos entrar en explicaciones. Ignoro si podré tocar este punto en
+algun pasaje de este libro; en este momento no puede ser.
+
+Pues volviendo á la historia, decía que el senador Vieillard llevó un
+libro á Napoleon. Dicho libro tenia un epígrafe en la portada, acerca
+del cual llamó Vieillard toda la atencion de su antiguo discípulo.
+Napoleon leyó, volvió á leer, miró á su maestro, leyó otra vez, pensó
+luego un rato, hasta que por fin dijo: _c'est trop hardi; mais c'est
+vrai_. Esto es muy atrevido, pero es verdad. ¿Qué calcula el lector que
+decia el epígrafe? Decia lo siguiente: _le dieu de l'antiquité n'est
+plus. Aujourd'hui, l'humanité c'est Dieu_. El Dios de los antiguos no
+existe; hoy, la humanidad es Dios, ó la humanidad es el Dios moderno.
+
+El Emperador dice que esto es verdad, yo pido perdon al Emperador, y con
+su vénia creo que es mentira. Yo creo que antes, lo mismo que ahora, y
+ahora lo propio que despues, la humanidad no ha sido, no es, no será, no
+puede ser nunca el Dios del mundo, ni de sí misma, ni de nadie, ni de un
+triste gusano, porque la humanidad no ha creado á nadie, ni al triste
+gusano, ni á sí misma, ni al mundo, ni puede hacer, ni decir una palabra
+en punto á marcar el último destino de las cosas, ese dia misterioso y
+sagrado, ese enigma supremo, oculto y recogido en el pensamiento del
+soberano artífice. Con perdon del Emperador, creo que los modernos no
+tienen otro Dios que los antiguos, porque ni los antiguos ni los
+modernos pueden cambiar de Dioses, como el año muda de estaciones, ó
+como nosotros mudamos de camisa, ¡Qué! Cuando no podemos mudar de
+arenas, de playas, de mares, de ambiente, de nubes, de estrellas, de
+soles, ¿quieren los franceses que mudemos de causa suprema? Cuando no
+podemos mudar de ojos, de cejas, ni aún de pestañas, ¿quieren los
+franceses que mudemos de Dios?
+
+Pero seamos justos ante todo. ¿Os parece, lectores mios, que el autor
+del libro ha querido decir tal dislate, y que el Emperador ha podido
+prestarle asenso? No. En esto, como en todo lo que aquí pasa, media
+cierta poesía fantasmagórica, cierta fascinacion aérea. Lo que el autor
+ha querido decir, lo que el Emperador ha podido creer, es una cosa
+semejante á la que sigue: «la revelacion del principio supremo en la
+antigüedad, era, por ejemplo, el milagro. La revelacion de aquel
+principio sumo en los tiempos modernos, es el análisis, el experimento,
+el compás, el exámen, el axioma, la demostracion, más claro, la razon
+humana. En la antigüedad no existian más que castas teológicas, la idea
+de Dios era la que exclusivamente reinaba. En los tiempos modernos hay
+castas sociales; al lado de la excelsa idea de un Dios, reina en el
+mundo la idea del hombre. En la antigüedad como en nuestra era, como en
+todas las eras posibles, Dios representa el génesis de la sustancia;
+hoy el hombre representa el génesis de la forma.» Esto, y no otra cosa
+es lo que el autor de aquel libro quiso decir, y lo que el Emperador
+pudo creer; pero si se hubiera expresado como yo lo he hecho, aquella
+idea hubiera entrado en la gerarquía de las cosas oscuras, humildes y
+plebeyas, no hubiera valido la pena de que un Vieillard llevase el libro
+á un emperador, y de que un Emperador bajara la cabeza y pensase, y de
+que volviera á estar cabizbajo y pensativo.
+
+El autor sabria que se hallaba en una sociedad entusiasta por los
+relumbrones, y diria para sus adentros: ¿sí? pues allá va ese magnífico
+y sorprendente relumbron. EL DIOS DE LA ANTIGÜEDAD HA PASADO; LA
+HUMANIDAD ES EL DIOS MODERNO. Y las gentes se miran unas á otras, se
+agrupan, se hablan al oído, cuchichean, y el libro corre de boca en
+boca, de pensamiento en pensamiento, de bolsillo en bolsillo; el autor
+crece, se hace de moda, _se hace francés_, y hé aquí realizado el adagio
+de que fray Modesto nunca llegó á guardian. Esto, que es una verdad en
+todos los pueblos del mundo, es verdad y media en este país de las ALTAS
+NOVEDADES. _En el Paris curioso_ verémos hasta qué punto se abusa aquí
+de la expresion heráldica: ¡ALTA NOVEDAD! La primera vez que mi mujer y
+yo vimos ese pomposo y campanudo rótulo, impreso en letras elegantísimas
+sobre los vidrios de un escaparate, nos aproximamos con cierta avidez....
+¡Ni el diablo inventa lo que los franceses! ¿Qué dirán mis lectores
+que era el objeto anunciado al público de una manera tan altisonante y
+rabiosa, por decirlo así? Pero estamos fuera de lugar. Estas noticias
+tocan de derecho al _Paris curioso_, y no debemos perjudicar esta
+segunda parte de nuestros humildes apuntes.
+
+Vamos al otro ejemplo de que hablé; al ejemplo de dogma. Bastará decir
+en este punto que la Francia ha corrido el espacio que media entre
+proclamar: NO HAY DIOS, hasta celebrar misa en un altar cristiano, que
+está precisamente sobre las cenizas y la estátua de Voltaire. En efecto,
+el Panteon, ese suntuoso mausoleo que el pueblo francés ha levantado á
+sus grandes hombres, se habilitó hace poco para templo cristiano, y el
+altar en que un sacerdote católico dice misa diariamente, viene á caer
+sobre la tumba del más furioso de todos los enciclopedistas; es decir,
+sobre la tumba del más furioso de los protestantes franceses.
+
+No llevo á mal que la Francia _reconocida_ haya levantado aquel suntuoso
+mausoleo á sus grandes hombres; no llevo á mal tampoco que Voltaire sea
+un grande hombre que ocupe un lugar en el espléndido mausoleo de su
+patria; lo que digo es que me huele _á cosa francesa_, una cosa que pica
+y que escuece, el que un sacerdote católico diga misa sobre los
+sepulcros de Voltaire y de Diderot. Digo que es refinadamente _francés_,
+refinadamente chispeante y fosfórico, el que las tumbas de Voltaire y de
+Diderot ocupen su puesto en un mausoleo cristiano, y que en ese mausoleo
+cristiano no hayan entrado las cenizas de un Bossuet, de un Flechier, de
+un Bourdaloue, de un Fenelon. Este es positivamente el fenómeno que
+menos he podido explicarme, un fenómeno que me aturde. Sobre una rareza
+tan extraordinaria, he pedido noticias á personas muy competentes; pero
+todas se encogen de hombros y murmuran algunas palabras á media voz.
+Ahora ya no pregunto á nadie. Las singularidades de esta calaña no
+tienen explicacion posible en el individuo francés; están explicadas
+únicamente por el carácter general del país; por el carácter, por el
+genio, por la necesidad de todos; están explicadas ... por la Francia.
+
+Otros muchos ejemplos notables se me ocurren, en historia
+principalmente; pero si me dejase llevar iria muy léjos; sumamente
+léjos, y no puedo dar tanta extension á esta primera parte, cuando me
+está esperando la segunda, que debe ser mucho más larga, y bastante más
+entretenida.
+
+He examinado la moralidad de Paris, en las varias esferas sociales, y en
+todas partes he hallado una misma tendencia, un mismo secreto, una misma
+cifra: _relumbron, efectos cómicos ó trágicos, caras muy lavadas y
+bonitas por fuera, palaustre_. Mucho bombo y mucho platillo, para que
+acuda gente, para que el corro sea muy grande, y pueda hacer negocio el
+que maneja los cubiletes.
+
+Pero á esto se dirá: ¿cómo se explica que un arte postizo, domine de
+tal modo en el mundo? Es muy sencillo, contesto yo. El que quiera verse
+seguido de centenares y centenares de personas, vístase de azul, de
+encarnado, de amarillo, de verde, de blanco y de negro; cúbrase la
+cabeza con plumas de pavo real, de cuervo, de buitre, aunque sea de
+gallo ó de gallina; si no hay plumas, póngase la cola de una zorra, ó
+cosa semejante; toque luego un chinesco, un tambor, una gaita; toque
+unas trévedes ó un almirez, sino tiene á mano otros instrumentos; toque
+con fuerza, haga ruido, mueva estrépito, mucho estrépito, alarme las
+orejas de todo el mundo.... No tengais cuidado, no irá solo.
+
+No quiero decir que esta gran ciudad es un payaso, no. De ser payaso,
+habría que confesar que era un payaso muy _magnífico_. Me he valido del
+símil anterior, como pude haberme valido de otro cualquiera, para dar á
+entender el misterio con que Paris domina al mundo. El misterio consiste
+en que da á todos sus guisados una salsa picante, que excita el paladar,
+que lo estimula, que lo llama, que lo _emboba_; que lo mata luego, pero
+que lo provoca antes, y esto basta para el consumo de la cocina.
+
+Y ¿qué significa esa salsa picante? Esa salsa picante es el cáustico que
+se pone sobre un tumor; es el cauterio que se aplica á una llaga; es la
+fuente que se abre á un ético; es la cantárida que se receta á un pecho
+podrido. Ya no basta el sér de las cosas, y se busca el sér de los
+adobos. No basta la verdad, y hay que acudir á la mentira. No basta la
+naturaleza, y tienen que implorar la ayuda de la mágia. No basta el
+encanto del arte, y tienen que llamar la fantasmagoría del artificio. No
+basta el rey, y tienen que acudir al reyezuelo. La salsa picante de los
+franceses significa una cosa algo peor que el soñado puñal de la soñada
+Manola de Madrid; algo peor que la soñada mata y el soñado facineroso,
+de que nos habla el _brillante y reluciente_ Alejandro Dumas; algo peor
+que las soñadas jícaras como dedales, en que toman el chocolate los
+españoles; peor tambien que la soñada señorita española, que como dice
+el mismo novelista, exclamaba cándida y apasionadamente: _¡mi amado
+toro!_ Aún cuando todo eso fuera verdad, aún cuando existiese en nuestro
+país una señorita que requebrase á un toro con el epiteto de _amado_, y
+matas que ocultaran facinerosos, y dedales que sirviesen de jícaras, y
+puñales que á manera de ligas, decorasen las medias de la Manola de
+Madrid; aún cuando realmente existiera ese enjambre de desatinos, esa
+porcion de sueños extravagantes y risibles de una imaginacion que tiene
+fiebre; pues, sí, señor Dumas, mi muy querido novelista señor Dumas; aún
+cuando todo eso existiese en España, creo que seria menos malo que lo
+otro que existe en Paris, menos malo tambien que la calentura que usted
+padece de decir, de contar poéticas _graciosidades_, á fin de embaucar á
+sus paisanos, para que le escuchen con la boca abierta, y aflojen _los
+sueldos_ de la suscricioncilla. Sí, señor novelista; creo que es más
+fácil purgar el desierto de beduinos, arrojar los cafres de las costas
+de oro, y poblar de hombres la Nueva Zelanda en que viven los
+antropófagos, que purgar á Paris de esa civilizacion engañosa, de ésa
+fascinadora cultura, de esa idolatría _chillona_ que comprende tan bien
+el secreto de hacerse admirar.
+
+
+
+
+=Resúmen de esta série. =
+
+
+Voy á reasumir en pocas palabras todo lo expuesto sobre la moralidad,
+sobre la tan _cacareada_ moralidad del pueblo parisiense: Tal vez me
+hago insufrible á mis lectores; pero esto es una operacion de cirujía, y
+todos tenemos la obligacion de ser pacientes hasta donde podamos
+aguantar. Cuando, él lector no pueda más, tiene el recurso de quemar mi
+libro.
+
+Noto aquí, ni puedo ni debo ocultarlo, una grande armonía entre la ley
+pública y la conducta privada, entre la sociedad y el individuo.
+
+No hallo, la he buscado inútilmente por todas partes; no veo la
+moralidad de la intencion, esa moralidad interior, absoluta, que existe
+por sí, que tiene bastante con ella misma; esa moralidad que nace de
+nuestro albedrío, de nuestra voluntad, de nuestra deliberacion, de
+nuestro deseo, este deseo que es la virtud más alta y más grande con que
+Dios enaltece al hombre; no veo, no hallo, no vislumbro la moralidad del
+sentimiento que ama lo justo y lo virtuoso, por el placer magnánimo de
+amar la justicia y la virtud. No veo, no hallo la verdadera y única
+moralidad.
+
+Hallo y veo una virtud que es virtud mientras que ve un castigo; que
+puede ser vicio, que lo es frecuentemente, cuando se ve sola, léjos de
+la ley y de su pena, léjos de la opinion y de su fama; una virtud que
+obra bien, siempre que no puede obrar mal impunemente.
+
+Hallo y veo una hábil hipocresía.
+
+Hallo y veo un egoismo sábio.
+
+En fin, hallo y veo un _palaustre_ que lava esta cara como las lava
+todas.
+
+Creo, pues, que Paris es un pueblo inmoral; inmoral de un modo picante,
+novelesco, fantasmagórico; inmoral de una manera delicada, graciosa, aún
+artística: sobre todo, de una manera relumbrona, dramática, teatral.
+Brillante, muy brillante, muy reluciente, muy bonito, muy fascinador,
+todo lo que se quiera; pero inmoral; tan inmoral, que ha logrado el
+prodigio de _civilizar_ la _inmoralidad_; el prodigio asombroso de hacer
+de la inmoralidad una _cultura_ célebre.
+
+Esto dice á Paris y al señor novelista Dumas, un infeliz cafre de
+allende el Pirineo.
+
+Si eso es civilizacion, quiero que mi país sea salvaje.
+
+Si eso es ser culto, quiero que mi país sea bárbaro.
+
+Si por eso el Africa ha de principiar en los Pirineos, que principie en
+buen hora, y Dios la dé mucha _fortuna_, mucha salud, _y que á mi no me
+olvide_, como decia el autor del Quijote.
+
+
+
+
+
+=SERIE SEGUNDA=
+
+
+
+
+PARIS CURIOSO.
+
+
+
+
+=Dia primero=.
+
+Advertencia del autor.--Llegada á Paris.--Omnibus.--Travesía.---Hotel
+Español.--Luisa Noel.--Hotel de los Extranjeros.--Restaurant.--Garçones.
+--Mi barbarie.--Fin del dia.
+
+
+Mi querido lector; despues de meditar despacio sobre el asunto, he
+resuelto modificar el plan que me habia propuesto seguir. Antes de
+presentarte, monda y lironda la historia de esta prodigiosa ciudad, creo
+conveniente que nos acompañes por estas calles, por estas plazas, por
+estos paseos, por estos cafés, por estos hoteles, por estos teatros, por
+estas tertulias: es decir, por este bullicioso y deslumbrador laberinto.
+Creo necesario que experimentes nuestra hambre, nuestra sed, nuestro
+frio; que presencies los sendos codazos y empujones que nos dan, y el
+suave y risueño _perdon_ con que los almibaran. En fin, creo necesario
+que imagines con nuestra fantasía, que pienses con nuestra inteligencia,
+que sientas con nuestro corazon, que esperes con nuestra esperanza; si
+es posible, que vivas con nuestra propia vida, uniéndote á todas
+nuestras impresiones, haciéndote parte en nuestra causa, á fin de que
+te familiarices con esta sociedad, de que cobres cariño á este
+personaje. Si esto no sucediera, su historia te importaria muy poco, y
+yo me veria privado de la ayuda de tu buen deseo. En este mundo no
+queremos sino lo que nos cuesta algun trabajo, algun sacrificio, algun
+dolor, y por eso te ruego que nos acompañes por todas partes, que todo
+lo veas, que todo lo oigas, que todo lo toques, que de todo te enteres,
+que participes por completo de nuestros trabajos, de nuestros
+sacrificios y de nuestros dolores. Despues de esto, es bien seguro que
+tendrás interés en saber la historia de esta ciudad que tanto has
+paseado, y que tanto te ha llevado y traido como palillo de barquillero.
+
+Dividiré nuestras excursiones en _dias_, y cada dia llevará á la cabeza
+un resúmen de todos los asuntos en él contenidos, para que, de un solo
+golpe de vista, puedas vislumbrar el espacio que has de correr. Entremos
+en asunto.
+
+Despues de ochenta y cinco horas de encajonamiento en la diligencia,
+desde Madrid hasta Bayona, y en los trenes, desde Bayona hasta Paris,
+molidos, muy molidos, más que molidos, casi magullados, llegamos á la
+estacion del Mediodía á las seis y media de la tarde. Nuestras miradas
+se dirigian codiciosamente hácia adelante, buscando á Paris, como el
+peregrino que llega á Sion al declinar la tarde, busca con los ojos
+desencajados los torreones de Jerusalen. ¡Cómo nos latia el corazon!
+¡Paris! ¡Ya vamos á llegar á Paris! En efecto, la cúpula del Panteon y
+la veleta de la iglesia de los Inválidos (segun nos dijeron) se
+destacaban arrogantes á través de la atmósfera. Esta parte poética de
+los viajeros, es sin disputa una de las emociones más bellas de la vida.
+
+Un ómnibus inmenso nos lleva desde la estacion del ferro-carril á no sé
+qué calle. En este momento atravesamos uno de los más dilatados y
+concurridos bulevares que surcan esta gran capital. Por la izquierda se
+descubre un magnífico paseo; por la derecha se descubren
+instantáneamente varias arcadas de los puentes que decoran el rio. El
+primer coche de alquiler que hallamos, tiene escrito el número 8.976;
+el primer ómnibus, de los destinados al tránsito de la ciudad, lleva el
+número 2.637. Un rumor contínuo de carruajes y de personas nos va
+circuyendo por todas partes, como si en todas partes existiese el mismo
+Paris. Si al despertar hubiera percibido aquel estrépito incesante,
+habria dicho seguramente que me encontraba en una fábrica, entre el
+movimiento de muchas máquinas de vapor. Mis ideas se alargan con mi
+vista á través de ese laberinto de chimeneas y de torres, y se pierden
+con ellas sobre esa techumbre sin fin. Mi mujer y yo nos mirábamos sin
+cesar como dos bobos.
+
+¡Grandiosa creacion, en verdad, si sobre ella no tendiese sus alas
+negras un ángel terrible; el egoismo!
+
+Pero sin duda la Providencia quiere valerse de ese egoismo como de una
+palanca que remueve á la humanidad, para empujarla luego hácia sus fines
+predestinados.
+
+Un sacerdote protestante nos acompañaba. El ómnibus paró, y el sacerdote
+desapareció con su equipaje. Nuestro _locomotor_ prosiguió su marcha, y
+al cabo de un cuarto de hora de camino á través de las calles de esta
+Babilonia europea, el guia nos anunció que allí estaba el hotel indicado
+por el caballero español que nos habia recibido en el ferro-carril.
+Dejamos el ómnibus, y un mozo comenzó á subir el equipaje. Pasamos el
+piso entresuelo y llegamos al principal; un principal bastante alto por
+señas: el mozo proseguia subiendo.
+
+--¿Dónde va usted? le grité desde el primer tramo del piso tercero,
+porque el entresuelo era todo un piso.
+
+--_Montez, monsieur, s'il vous plaît; c'est ici, c'est ici_. (Tened á
+bien subir, señor; es aquí, es aquí.)
+
+Llegamos al piso cuarto: el mozo proseguia subiendo. Yo dije á mi mujer
+que venia á mi brazo sin comprender lo que pasaba: ese hombre nos quiere
+arrebatar sin duda al Paris que está en la tierra, para llevarnos á otro
+Paris que estará en el cielo ..._aunque ignoro si podrá subir tan
+arriba.
+
+En el primer tramo del piso cuarto me detuve.
+
+--Mozo, no subo más.
+
+--_Montez, monsieur, montez; nous y sommes._ (Subid, señor, subid; ya
+estamos.)
+
+--Mozo, no subo aun cuando estemos, le respondí en francés.
+
+En esto apareció un caballero ... digo mal, no apareció; nosotros
+llegamos á divisarlo por entre las barandas doradas del otro piso, es
+decir, del piso quinto. Aquel caballero, amo del hotel Español, tuvo la
+bondad de bajar adonde nosotros estábamos.
+
+--Pido á usted auxilio, le dije sonriendo, contra las intenciones de su
+criado, que sin duda pretende conducirnos á las estrellas.
+
+--Es que no hay habitacion desocupada en los otros pisos.
+
+--Entonces, contesté, no podemos tener el gusto de permanecer en su
+casa. Una afeccion nerviosa que padezco, me impide habitar un piso
+quinto.
+
+--Perdone usted, es piso cuarto.
+
+--Pues bien, me impide habitar un piso cuarto.
+
+--Un piso cuarto con entresuelo, añadió mi mujer, y nos dimos á bajar la
+escalera diciéndole: sírvase usted prevenir al criado que traiga el
+equipaje, nosotros le gratificarémos, y rogamos á usted nos disimule
+esta molestia.
+
+El amo del hotel bajó al otro rellano.
+
+--Ya que ustedes no pueden quedarse aquí, les recomendaré á una casa
+española.
+
+--¿Qué piso? pregunté.
+
+--Principal; calle Vivienne, casa de Luisa Noel.
+
+--Enhorabuena; si es piso principal, estamos conformes y le damos á
+usted las gracias.
+
+Dos criados de la fonda condujeron el equipaje desde la calle de
+Richelieu á la de Vivienne, que están contiguas, núm. 45.
+
+Llegamos á la primera puerta y yo hice alto, mientras que los mozos
+continuaban subiendo la escalera.
+
+--¿Dónde va usted? volví á preguntar.
+
+Los criados me respondieron que aquel piso era el entresuelo, y que
+Luisa Noel habitaba en el principal.
+
+Subimos al piso principal.
+
+Luisa Noel no estaba en casa; los criados de la fonda dejaron allí el
+equipaje, y mi mujer y yo tomamos posesion de dos sillas en actitud de
+esperar á la señora. No habian trascurrido dos minutos, cuando se dejó
+ver una criada que nos dijo en buen español:
+
+--Si ustedes quieren ver la habitacion que está vacante, pueden hacerlo;
+y en el caso de acomodarles, dispongan de ella, sin perjuicio de que
+luego se concierten con el ama.
+
+Esta proposicion nos agradó en extremo, ansiosos como estábamos de
+descansar, y la criada nos pareció una mujer de mucho talento.
+
+Dos criados de Luisa Noel se apoderaron del equipaje y empezaron á subir
+escaleras.
+
+La criada seguia á los criados. Mi mujer seguia á la criada. Yo seguia á
+mi mujer. Subí el primer tramo maquinalmente; pero al llegar allí me
+acordé de mis nervios, no podia suponer que en Francia hubiese dos pisos
+principales, uno abajo y otro arriba, y creí llegada la ocasion de
+preguntar de nuevo:
+
+--¿Dónde va usted, señora?
+
+--Es aquí, es aquí.
+
+--Perdone usted; el caballero que nos recomienda nos dijo que su ama de
+usted vivia en un piso principal.
+
+--Sí, señor; pero en el piso principal no hay habitacion desocupada.
+Suban ustedes, vean ustedes el cuarto, y luego podrán resolver.
+
+Antes subia maquinalmente; ahora subia por amabilidad; pero un hombre no
+debe ser amable: el hombre no debe robar ese secreto á la mujer.
+
+Subimos dos tramos, y hénos aquí en pleno piso segundo con entresuelo;
+pero los criados y la criada continuaban subiendo escaleras.
+
+--¿Dónde va usted, mujer de mis pecados?
+
+--Es que en el piso segundo no hay habitacion vacante. Suban ustedes;
+esto no es alto para Paris.
+
+--Para Paris no será alto, señora, pero mis nervios no tienen el gusto
+de Paris; Paris no me ha dado otros nervios, y con permiso de Paris, he
+resuelto volverme al piso principal.
+
+--Suban ustedes otro poco, es aquí; verán ustedes qué vista tiene. Si no
+les acomoda, bajarán; pero examinen siquiera la habitacion.
+
+Esto lo decia en alta voz desde el piso tercero con entresuelo, es
+decir, desde el piso cuarto. Mi mujer me miraba como consultando mi
+resolucion, hasta que la hice seña de que subiese. El diablo me tentó
+aquel dia por ser amable, ó tal vez la amabilidad _parisiense_ se me
+habia entrado de súbito por los poros del alma.
+
+Subimos tres tramos; tres tramos muy lustrosos, muy limpios, muy
+decentes; pero muy largos. En fin, eran tres tramos para un hombre á
+quien los tramos matan, que habia subido en menos de una hora veinte y
+cuatro tramos, sin contar noventa y tres horas de encajonamiento en la
+diligencia y en el tren.
+
+Puedo asegurar que no sé cómo era la habitacion. La cabeza se me caia, y
+todo rodaba en torno mio, como si me hallase en alta mar. Pocas veces me
+he visto asaltado de un malestar que más me afligiese. Mi mujer lo
+conoció inmediatamente, y cogidos del brazo, empezamos á bajar la
+escalera, detrás de la criada. Aquello era el descenso de la cruz, pero
+siquiera era el descenso.
+
+El equipaje quedó en las alturas.
+
+No habiamos esperado media hora en el piso principal, cuando llegó Luisa
+Noel.
+
+Esta señora nos recibió con muy buenas maneras en una magnífica sala; la
+conversacion comenzó á preludiarse; pero yo puse fin á los preludios
+diciendo:
+
+--Señora, ¿usted no tiene habitacion en el entresuelo ó en el principal?
+
+--No, señor, no la tengo.
+
+--Entonces no podemos estar en su casa, por más que lo sintamos.
+
+--En Paris no es alto un piso tercero.
+
+--Señora, no es cuestion de Paris; es cuestion de una enfermedad de que
+adolezco con gran pena mía ... y en resumidas cuentas, tenga usted la
+bondad de prevenir á sus criados que me traigan el equipaje á donde
+encuentre un piso principal, entresuelo, bajo, aunque sea un sótano ó
+una cueva.
+
+Luisa Noel llamó sonriendo á dos criados, y nos envió al hotel del
+Tirol, calle de Montmartre, á cincuenta pasos de la calle
+Vivienne.--Eran las siete y media de la tarde.
+
+Llegamos al hotel del Tirol; pero este hotel, en medio de las cosas
+buenas que pueda tener, y que no le quiero disputar, tiene una escalera
+tan estrecha, tan _nimiamente_ estrecha, que me resolví á no subirla.
+Las aventuras anteriores me habian hecho cobrar horror á las escaleras,
+aún siendo espaciosas y excelentes.
+
+Hénos otra vez á cielo raso sobre las losas del imperial Paris.
+
+Al salir del portal del hotel en cuestion, alcancé á divisar un
+reverbero, en cuyo cristal ví este rótulo: _hôtel des étrangers, rue
+Teydeau, 3_. (Hotel de los Extranjeros, calle de Teydeau, número 3.)
+
+Hice seña á los mozos del equipaje de que me siguieran, y antes de un
+minuto estaba hablando con los _garçones_ del hotel.
+
+--_¿Combien voulez-vous payer?_ (¿Cuánto quiere usted pagar?)
+
+--Quiero pagar lo que sea necesario para que me abran ustedes las
+puertas de ese entresuelo (habia un entresuelo desocupado), y háganme
+ustedes el favor de darse prisa.
+
+La señora del hotel salió _du bureau_ (de la oficina: aquí todo
+establecimiento público tiene su oficina) y dispuso que se nos
+franqueara la habitacion. La señora del hotel es gruesa, de alguna edad,
+y fea. Á mí me pareció un ángel, ó como dijera un novelista moderno, una
+vírgen aérea de Rafael ó de Murillo. Mi buena y sufrida mujer y yo
+subimos dos tramos, compuestos de 23 escalas, y nos encontramos en un
+entresuelo lindísimo, con dos balcones á la calle y perfectamente
+arreglado, como todas las habitaciones francesas.
+
+Los criados de Luisa Noel hicieron entrega del equipaje, recibieron su
+tanto, y se marcharon con los mozos de nuestro hotel; cerré la puerta,
+me eché sobre el sofá, me quité el sombrero y arrojé un suspiro. Me
+parecia mentira que Paris me diera un entresuelo. ¡Bienaventurado Paris!
+¡Bienaventuradas escaleras!
+
+Despues que hubimos descansado un instante, nos lavamos, y aún con el
+polvo del camino encima, salimos á dar una vuelta, como suele decirse.
+
+Bajamos por la calle Feydeau, torcimos á la derecha, y á pocos pasos nos
+hallamos en la plaza de la Bolsa, cuyo suntuoso palacio descubrimos
+confusamente entre dos luces.
+
+Ibamos por el ángulo del Norte, y al fulgor de las luces de un café,
+denominado de las Arcadas, vi escrito en una esquina _restaurant
+Champeaux_. Anduvimos más, y al principio de la fachada de otro
+edificio, ayudado por cuatro tubos de gas que la decoraban, volví á leer
+_Champeaux_, y más adelante, en letras mayores, _restaurant Champeaux_,
+y en el otro extremo, _Champeaux_, y muy abajo, casi rayando con la
+acera, _restaurant Champeaux_.
+
+No pude menos de decir á mi mujer:
+
+--Cosa notable debe ser ese buen _restaurant Champeaux_, cuando tan de
+manifiesto se pone, sin temor de que se le descubran las faltas. Vamos á
+comer, y empujamos la puerta del dicho _Champeaux_.
+
+Véanos el lector en un salon pequeño, pero adornado de espejos
+magníficos, de magníficos tubos de gas, y de mesas muy blancas, con un
+servicio esmerado y gracioso. Segun la expresion general, parecia una
+taza de plata.
+
+No bien nos habiamos sentado en el ángulo de la izquierda, cerca de un
+espejo donde nos reflejábamos con platos, cubiertos y mesa, cuando nos
+vimos rodeados de tres mozos. Todos tres iban vestidos de negro, frac,
+corbata blanca, cabeza perfumada, y una servilleta en la mano. Yo quise
+hacer señas á mi mujer de que se levantara, á fin de abandonar el
+_restaurant Champeaux_; pero no era tiempo. _Los caballeros garçones_
+nos habian sitiado, y no habia más remedio que sostener el sitio.
+
+Pero ¿por qué queria yo abandonar el brillante salon, aquella brillante
+coquetería del civilizado Paris? Lo queria abandonar por dos razones.
+Primera: porque hay cosas que son como la carne que está podrida; tienen
+un olor que las denuncia. Yo veia lo que me iba á suceder en el gracioso
+_restaurant Champeaux_. Segunda: porque no queria ser servido por
+caballeros de frac negro, corbata blanca y cabellos de dama galante. Y
+cuidado, que no soy yo el que niega á un criado, ni á nadie, el derecho
+que tiene de emplear su dinero como mejor lo entienda, comprándose frac
+verde ó azul, y una corbata negra ó amarilla. Cuando un criado, lo mismo
+que un magnate, se empeña en ser ridículo, sobre su opinion pesa su
+ridiculez, así como sobre la opinion del payaso cae la confusion
+burlesca de los colores que entran en su vestido. Suyo es su dinero,
+suya su opinion, suya su responsabilidad; á quien toca la empresa, toca
+el peligro, y hasta aquí nada tengo que reparar ni que oponer. Pero el
+que se quiera hacer de un criado un estado ceremonial; que se quiera
+hacer de la servidumbre una carta aristocrática; que de un _restaurant_
+se pretenda hacer un centro de etiqueta, etiqueta que por respetos
+tradicionales se sufre hoy difícilmente en una recepcion de embajadores:
+en menos palabras, que del acto simple y neto de comer en una casa
+pública, se pretenda hacer una especie de besamanos palaciego, es una
+cosa que me repugna y me entristece. ¿No tenemos bastante todavía?
+¿Queremos añadir el privilegio del frac y la corbata en el servicio de
+una fonda?
+
+Yo conozco que la mesa es una hora de recreo para muchas personas:
+conozco que quien va á comer pagando su dinero, no debe ver nada que le
+repugne; esto es muy justo; pero del aseo á una etiqueta impropia; de la
+decencia al coquetismo; de un servicio decoroso á un servicio refinado y
+_tonto_; tonto, si no fuera otra cosa peor, hay una distancia que
+ninguna razon puede llenar. Yo estaria conforme con estas prácticas,
+cuando una conquista civilizadora hubiera rescatado al _mozo_ del
+cautiverio en que lo tiene la conciencia de este mismo pueblo; cuando de
+la matrícula social se hubiera borrado la palabra degradante _garçon_;
+pero la palabra _garçon_ está escrita aquí, tiene aquí su esfera propia,
+constante, determinada: la palabra _garçon_ lleva en sí el pensamiento
+de una raza ilota, menos ilota que la de Esparta; ilota, hasta donde
+puede consentirlo la civilizacion de nuestros dias; pero ilota, sierva.
+
+La opinion de Paris me da el derecho de golpear sobre esta mesa,
+gritando: _¡mozo!_ é impone al mozo el imprescindible deber de acudir,
+diciendo: _¡señor!_ El frac negro, la corbata blanca y la cabeza
+perfumada en el _mozo_, no son el signo de una conquista reparadora en
+la vía del derecho, no suponen una humanidad que se enaltece
+enalteciendo al hombre; que glorifica al hombre, glorificando el
+pensamiento de un principio hacedor y universal; no es la historia,
+redimida á precio de sangre y de virtud en el Evangelio; redimida en la
+cruz á precio de una verdad sublime, de un dolor sublime tambien, de una
+paciencia más sublime todavía; no es la historia cristiana que entrega
+al mundo el dia magnífico de la moral, no: no es el santo eso que veis
+ahí; es un trozo de mala madera que se viste de santo, para que sobre el
+ribete de su peana caiga la ofrenda del necio creyente.
+
+Una ventaja tiene esta hipocresía maliciosa de Paris: el rico deja en
+todas partes una porcion de lo que le sobra.
+
+Ya sabe el lector las dos razones que tenia para querer salirme del
+restaurant Champeaux. Una razon era de _hacienda_, porque sabia que
+aquello era un juego de cubiletes, que se trataba de escamotear, y que
+mi humildísimo y trabajadísimo bolsillo iba á ser el escamoteado. Otra
+razon más poderosa indudablemente, era de sentimiento. Me repugna, me
+repugna, quiera Dios que me repugne siempre, verme servido por
+caballeros, á quienes me es lícito injuriar con el apóstrofe de
+_garçones_.
+
+La presencia de dos personas que traen aún encima el polvo del camino,
+en un gabinete de elegancia y buen tono, no pudo menos de producir en
+los asistentes cierta sensacion impregnada á la vez de lástima y de
+burla. Afortunadamente mi mujer y yo conocemos bastante bien lo que
+valen dos francos: con dos francos se compran unos guantes color de
+caña.
+
+Nos avinimos, pues, á purgar el _delito de ser inconvenientes_, y
+perdonamos sin pesadumbre aquel inocente conato de la cultura
+parisiense.
+
+Sobre esto dijimos algunas palabras mi mujer y yo, y los _caballeros
+garçones_ que nos circuian estrechamente, formando en el espejo un grupo
+de cinco personas, una mesa y varios cubiertos, fallaron de propia
+autoridad que debiamos ser italianos. En este idioma nos preguntaron qué
+queriamos comer.
+
+--Perdonen ustedes señores, no me atreví á llamarlos garçones; no somos
+italianos: somos gentes que querémos comer, y que agradecerémos á
+ustedes infinito que nos traigan pronto la lista de la fonda.
+
+--Usted perdone, respondió uno de ellos; (_pardon, monsieur_) y trajo la
+lista.
+
+Pedimos poco.... ¿Cómo pedir mucho, quien pide con miedo? ¿Cómo no tener
+miedo, quien se ve bloqueado de luces, fraques, corbatas blancas, y
+untos aromáticos, mientras que su bolsillo baja la cabeza, y oye
+estremeciéndose como el reo á quien se va á leer la sentencia? Pedimos
+poco, pero al fin pedimos....
+
+Vino la cuenta, y ¡eso si! en una cuartilla de papel azul, formando
+aguas, sin contar el borde dorado, leí 27 _francos_. Eché mano al
+bolsillo para pagar, y entre tanto decia para mis adentros: si yo he
+venido aquí con el fin de comer, no más que de comer; ¿qué necesidad
+tengo de pagar un papel azul, con canto dorado y aguas inglesas? ¿Qué
+necesidad tengo de pagar una lista encuadernada en forma de libro, con
+una cubierta magnífica? ¿Por qué he de pagar un frac que no me pongo, y
+una corbata que no he tocado, y una pomada que no he olido? Pero el
+cubilete estaba delante, el prestidigitador detrás, yo en medio, y mis 27
+francos debian ser escamoteados sin recurso.
+
+Despues de pagar, saqué un cigarro como para reponerme del ataque
+sufrido; pero uno de los _caballeros garçones_ acudió presuroso
+diciendo: _il n'est pas permis de fumer ici_. (No se permite fumar
+aquí.)
+
+Salimos del _restaurant Champeaux_ á las nueve y media.
+
+Mi mujer me dijo: lo que nos han puesto no vale diez francos. Hazme el
+favor de no volver á entrar en ninguna fonda, ni restaurant, ni almacen,
+ni aún taberna que huela á cosa de _Champeaux_.
+
+Yo medité un momento camino de casa, y dije á mi mujer:
+
+--No es Paris el bárbaro: los bárbaros somos nosotros. Los bárbaros son
+los extranjeros que no conocen á Paris, y que siendo pobres se van á la
+mesa de los ricos: que despreciando la vanidad, van á ocupar la silla de
+los vanidosos: que teniendo su espíritu más alto que esa civilizacion
+enfermiza y servil, llaman á la puerta de los _civilizados_. Los
+bárbaros, somos nosotros, que en vez de buscar hombres que nos den de
+comer, pagamos tributo á los _caballeros garçones_ y á los cubiletes de
+buen tono. Pero no, no eres bárbara tú que me sigues, como la sombra al
+cuerpo: el bárbaro soy yo. Toda barbarie se ha de pagar en este mundo,
+porque la ley moral es la más infalible y providente de todas las leyes:
+no me digas nada; ya pagué. ¡Dichosa barbarie la que no cuesta más que
+27 francos!
+
+Llegamos á casa, mi mujer se acostó, yo escribí las aventuras
+anteriores, despues me fuí á la cama, y así terminó el dia primero.
+
+
+
+
+=Dia segundo=.
+
+Mi amargor de boca.--Jeannin, sucesor de Sellier.--Recado de la señora
+del hotel.--Paseo á pié.--Extravagancias de una cosa que en Paris se
+llama gusto civilizado.--Sueldo francés.--Calcetines.--Sortija.--Chaleco.
+--Pipa.--Sombrero de paja.--Programa.--Rótulos.--Cocina francesa.
+--Fin del dia.
+
+
+Me desperté á las siete de la mañana, sentí un grande amargor de boca, y
+no pude menos de atribuirlo al _restaurant Champeaux_. En cambio el buen
+_Champeaux_ se saborearia regaladamente con la memoria de mis pobres
+francos.
+
+Tengo la costumbre de levantarme muy temprano, siguiendo el prudente
+consejo de Franklin. Hoy es dia excepcional; me levanto á las ocho
+dadas. Despues de lavarme y ponerme á cubierto del frio, porque hace
+frio, abro la ventana de mi gabinete y me fijo en un rótulo que distingo
+en la esquina de enfrente: _Jeannin, sucesor de Sellier_. Yo creí
+naturalmente, á mi me pareció que era naturalmente; creí, repito, que se
+trataba de algun personaje famoso en materia de ciencias ó artes, y
+tenia cierta curiosidad por adquirir noticias acerca del personaje que
+yo me fraguaba. _Jeannin_ es lo que nosotros llamamos un tabernero. Esta
+especie no dejó de causarme ciertamente extrañeza, y volví á conocer que
+tambien en esta ocasion no era bárbaro Paris, sino el extranjero que
+condena rutinariamente lo que no es conforme á su educacion y á sus
+hábitos.
+
+En realidad ¿por qué una taberna no ha de ser capaz de crédito, crédito
+en que está cifrada la fortuna de una ó más familias? ¿Por qué un
+tabernero no ha de llamarse sucesor de otro que alcanzó fama, fama
+justificada por su diligencia y probidad? Luego que las cosas pasan á
+ser industria pública; luego que de la oficina en que se crean pasan á
+la oficina que se venden, ¿qué excelencia puede alegar el que vende
+instrumentos de matemáticas sobre el que vende azumbres de vino?
+
+Nosotros llevariamos á bien que se escribiese en una enseña: _Jeannin,
+óptico ó químico, sucesor de Sellier_, y mirariamos con cierta intencion
+satírica el que se dijese: _Jeannin, tabernero, sucesor de Sellier_.
+Creo que el vicio no está en los franceses, sino en nosotros que
+confundimos el vender con el crear, la operacion del cambio con la
+operacion del talento. Los franceses creen, y creen muy bien, que la
+venta es igual á la venta, y que tan vender es vender un Cristo de plata
+como un jarron de china.
+
+Siga el buen _Jeannin_ siendo sucesor de Sellier, el cielo le dé muchos
+sucesores afortunados, y ojalá que los taberneros de mi país hicieran
+consistir su orgullo en ser depositarios de una herencia de probidad y
+de decoro.
+
+El lector no llevará á mal que yo me pare en estas menudencias, ya
+porque estas menudencias, son faces características en donde se refleja
+la vida de un pueblo, ya tambien porque tengo necesidad de apreciar
+estas cosas, con el fin de educar mis sentimientos propios. No lo hago
+por enseñar á quienes saben más que yo; sino por enseñarme y corregirme
+á mí mismo.
+
+La señora del hotel me envia á un criado con el objeto de decirme que el
+gabinete me cuesta siete francos todos los dias. Esto me hace ver que
+hay muchos _Champeaux_ en Paris. Es una cosa que raya en prodigio el
+talento con que está dispuesta esta sociedad, para que el extranjero se
+vuelva á su casa sin un cuarto.
+
+A pesar de la prevencion con que vivo, estoy seguro de que el famoso
+_restaurant Champeaux_ no es otra cosa que el primer hilo de toda una
+red.
+
+Teniendo en cuenta lo que he de gastar en carruaje, gratificacion en la
+visita de sitios públicos y reservados, casa, comida, teatros, _cafés
+cantantes_, amen de las frecuentes _eventualidades y galanterías_ de
+Paris, comienzo á sospechar que durante los tres primeros meses, me
+bastarán apenas ocho napoleones diarios. ¡Ay de mí!
+
+Mi mujer y yo nos vestimos, y por la vez primera nos vemos en las calles
+de Paris en medio del dia, _en plein jour_, como aquí se dice.
+
+No es posible atravesar algunos de los puntos céntricos, sin encontrarse
+con muchos repartidores de papeles.
+
+El uno anuncia una liquidacion definitiva, por valor de 300 ó 400 ú 800
+mil francos; otro participa una rebaja de un 40 por 100, á consecuencia
+de disolucion de sociedad, de retiracion del comercio ó de muerte: otro
+va á cerrar sus salones de Invierno: otro va á franquear sus salones de
+Estío. Aquí hay un gabinete _perfectamente confortable_, donde se ponen
+dientes; allí se restauran las encías; allá nos ofrecen quijadas, ó
+narices, ó piernas, ú ojos artificiales, todo con una baratura, una
+comodidad y un buen gusto que encanta. No he visto aún ningun papel
+donde se prometa estañar la vejiga, como si fuera un pedazo de hoja de
+lata; pero no desespero de saber dónde se ponen trozos de pulmon. Aquí
+se pone todo, todo absolutamente, menos corazon y cabeza.
+
+Un tabernero se revela al público de este modo: _me apresuro á
+participaros que he tenido la feliz idea (l'heureuse pensée) de formar
+un establecimiento vinícola (vinicole), único en Francia, donde sereis
+servidos como en ninguna parte, no sólo por la circunstancia de ser el
+empresario cosechero en grande (en gros), sino tambien por reunir
+treinta ó cuarenta años de experiencia y estudio. Escribid por el
+correo._ El amo de un restaurant asegura que por 70 céntimos (22
+cuartos), da un almuerzo de los más _convenientes_, y que el servicio se
+hace en vajilla de plata. Que el servicio sea en vajilla de plata, ó en
+vajilla de zinc, poco importa: él estaba en el caso de anunciarse
+pomposamente, y dice que es de plata.
+
+En el boulevard Montmartre hay un letrero enorme; en que se brindan
+dientes por 5 _francos cada uno, prévia una garantía de diez años_.
+
+¡Dónde estará el diente al cabo de diez años, y aquel á quién se puso, y
+el mismo que lo puso!
+
+_La antigua casa de Michaud_ (aquí todo el mundo se denomina _casa,
+antigua casa, casa única_), se presenta como la sola casa de Paris, que
+pone á nuestro arbitrio y disposicion _una dentadura completa (un
+dentier complet)_ por la suma de 150 francos, reuniendo las mejores
+condiciones de actividad y duracion (_de travail et de durée_).
+
+En una de las travesías del boulevard de Beaumarchais, se ve un gran
+rótulo, donde se promete un menjuge para hacer _salir el pelo á todo el
+mundo_, con el bien entendido de que no se recibe paga alguna, hasta
+despues de haber obtenido el resultado. El objeto es que acuda gente; lo
+demás queda reservado á otro menjuge que sólo ellos conocen. _La charla_
+en los mercaderes es aquí un verdadero y misterioso menjuge, una
+operacion química, velada por el arte de un hechicero. Orfila era un
+niño de teta, como suele decirse.
+
+En Paris no se escapa ningun bicho viviente; ni el oidium, ni las
+pulgas, ni las liendres, ni las chinches. Levante los ojos el que pasea
+por estas espaciosas y magníficas calles, lea ciertos cuadros que están
+expuestos en los almacenes y tiendas de comestibles, y se convencerá de
+que sólo la _negligencia en soltar unos cuantos sueldos, puede tolerar_
+el desacato de que haya pulgas en el mundo. ¡Cuántos millones
+necesitaria un solo individuo, si la esaltase la humorada de creer en lo
+que le dice este pueblo volátil, adornado no obstante de tan grandes
+dotes, abismado no obstante bajo el peso de tantas flaquezas!
+
+Visitemos las tiendas de pieles, y encontrarémos, perfectamente
+disecados, leones, panteras, tigres, leopardos, hienas, lobos, zorras,
+castores; en fin, un gabinete de zoología. No he visto ratas; pero no
+extrañaria alzar la cabeza y darme de hocicos con una enorme culebra
+boa, puesta en una urna de cristal, á lo largo de un escaparate.
+
+¡Tal es el deseo que aquí hay de llamar la atencion y causar impresiones
+teatrales! Seguramente no se contentan con la simple impresion
+artística: claro es que el _sueldo_ es la suprema aparicion que se
+vislumbra en el fondo de estas admirables sombras chinescas; pero es un
+sueldo particular, un sueldo francés, que necesita estudiarse mucho para
+comprenderlo; que no podrá nunca comprenderse, si se estudia de un modo
+aislado. Es necesario poner la observacion en todas las partes de este
+gran todo, para que lleguemos á divisar qué clase de _sueldo_ es el que
+está depositado en el fondo de esta inmensa urna. Aquí entra en todo,
+como uno de los elementos más poderosos, como la primera vitalidad del
+país, como carácter de raza, la fantasía. Aquí tiene todo un algo
+fantástico, el sueldo tambien. Aquí todas las cosas se cobijan bajo un
+manto de coquetismo, tambien el sueldo. Paris no querria, le concedo
+esta idealidad noble y generosa, un sueldo grosero, ignorante, idiota,
+no; no quiere el oro que se da por ir al teatro, con el fin de ver las
+maniobras de un hechicero, de una bruja, si las hubiera: busca siempre y
+en todas partes la satisfaccion de su genio artístico; _su sombra
+chinesca_. Fenómeno admirable en verdad. Los pueblos menos artistas por
+naturaleza, son los que más se dan al arte por instinto y por
+educacion. Por esto mismo los oradores suelen tener la pasion funesta de
+querer ver escrito lo que hablan. Su palabra es su única belleza, y no
+se contentan con ser bellos. La escritura es un postizo que los afea,
+que los ridiculiza más de una vez, y están contentos con su fealdad y su
+ridiculez. El genio tiene sus arcanos, como tiene el abismo cavidades
+ocultas, y aquí encuentro yo uno de sus arcanos más curiosos.
+
+Todo respira aquí contra el arte, contra el arte único que conoce la
+humanidad, contra esa poesía santa y sublime que nos hace sentir el
+bien, la verdad y el amor, bajo la relacion de la belleza; pero de una
+belleza espontánea, impregnada en todo, en el ademan, en la mirada, en
+el movimiento, en la voz, en el cielo, en el aire, en la luz, hasta en
+el susurro de los árboles mecidos por la brisa. Yo no encuentro esa
+poesía fácil, ese arte infuso, por decirlo así, en ninguna parte de esta
+magnífica ciudad. Llevemos una estátua de las Tullerías ó del Luxemburgo
+á un paseo de Roma, y seguramente parecerá más bella, más estátua, más
+arte; es decir, más sentimiento, porque sentimiento es el arte, así como
+verdad es la ciencia, utilidad la industria, ó justicia el derecho
+humano.
+
+¡Qué espectáculo tan interesante nos ofrece un centro tal de creaciones!
+Aquí unos calcetines por ocho cuartos; allí una sortija de dos ó tres
+mil duros; ahora un chaleco hecho que se da por una peseta; despues una
+pipa de ocho mil reales, como la que hay en la plaza de la Bolsa, número
+3. Al fin de la calle de Montmartre, cerca de San Eustaquio, corbatas de
+seda por poco más de dos reales; en la calle de Richelieu, un sombrero
+por doscientos duros.
+
+Seguramente habrá mil contrastes más raros; pero no puedo hablar sino de
+lo que he visto en veinte y cuatro horas que vivo en Paris, y me parece
+que una regular indulgencia no podria exigirme más.
+
+He ajustado la cuenta del importe á que suben los sombreros de paja que
+hemos visto, segun el número anunciado en los depósitos y su precio
+corriente, y resulta que no bajará de doce a catorce millones de
+reales. Es verdad que no creo completamente en el anuncio de los
+almacenistas, porque aquí nada es lo que parece, ni se fia tanto en la
+bondad intrínseca de la cosa, como en su brillante manifestacion. Como
+ya dije, aquí todo tiende á poetizarse, aunque nada tenga una verdadera
+poesía. Es menester contar, para no engañarse, con la realidad del
+objeto y sus aspiraciones poéticas. El cubilete es verdad; el
+prestidigitador es mentira, ó si queremos llamarle verdad, habremos de
+llamarle verdad fantástica, verdad mentirosa, verdad en que la verdad
+sufre un escamoteo.
+
+Una de las cosas más dignas de observarse en este gran horno de
+fundicion social, es hasta qué punto agita los entendimientos: quiero
+decir, las imaginaciones, porque la imaginacion es el gran entendimiento
+de los franceses, la competencia industrial y mercantil.
+
+El mercader de ropas hechas pone á los sastres _como hoja de peregil_:
+el sastre viste al mercader de ropa de pascua; y no sabemos qué admirar
+más, si la ironía del mercader ó la del sastre. En punto á comprar y
+vender, todo el mundo es poeta á su modo, literato, erudito. En el
+bulevar de la Poisonnière ó de San Dionisio, he visto hoy una especie de
+programa en que uno se presenta como candidato á la diputacion, alegando
+por título que vestirá á las mujeres mejor y más barato que ninguna casa
+de Paris. _¿Qué mayores ventajas podeis hallar en un diputado_, dice á
+los electores, _que la de contentar á vuestras mujeres_? Esto no pasa de
+ser una broma, pero es una broma de un gusto enteramente parisiense.
+
+Pasan de quince ó veinte lienzos de pared en que hemos divisado, á una
+altura de quinto ó sexto piso, el anuncio de la _Ville de Paris_, calle
+de Montmartre, núm. 74. Es seguro que en tales avisos ha empleado un
+capital considerable. Calcule el lector que para anunciarse en algunos
+lienzos de pared, ha necesitado poner andamios ó empalizadas.
+
+No puede darse el caso de caminar por algun punto sin darse de cara con
+un letrero, con una enseña, con un aviso; como si el aviso fuese el aire
+que aquí se respira, el espíritu que todo lo mueve, el hornillo que
+todo lo calienta. Nos metemos en un carruaje; allí está el rótulo del
+diente, del pelo, de las píldoras, del agua prodigiosa: nos introducimos
+en los lugares más escusados, toda vez que sean del dominio público;
+allí están las píldoras ó el unto tambien. El aviso, el decir _aquí hay
+esto ó lo otro_, es el arca predestinada donde se ha refugiado este Noé
+con toda su familia.
+
+Esto parece exagerado al que no lo presencia; pero sepa el que dude, que
+una de las tareas que más dan que hacer á la policía de Paris, consiste
+en especificar los sitios en donde no se pueden fijar anuncios, citando
+el artículo del reglamento que lo prohibe. Así sucede, que lo más común
+es encontrarse con letreros que dicen: _défense d'afficher, prohibicion
+de fijar avisos_. De modo, que hasta la policía, queriendo evitar los
+rótulos, _rotulea_ tambien.
+
+Y por rotulear de todos modos, hay quien se anuncia _gratis_, (gracia
+estraña en Paris en donde el céntimo está pegado á toda cosa, así como
+el agua del bautismo corre sobre la frente del bautizado).
+
+A orillas del Mercado Nuevo hemos visto un anuncio en que se dice con
+letra bastardilla: «curso gratuito de piano, calle de Argel, núm. 3,
+enfrente del jardin de las Tullerías.»
+
+_A la pensée._ (Al pensamiento.) Esto vi en un almacen del bulevar
+Montmartre (ó en sus inmediaciones), y tiré del brazo á mi mujer como
+tocado de una curiosidad poderosa. ¿Qué pensamiento será este? decía
+para mí. Llegamos: era una zapatería.
+
+_Al bello pensamiento. (A la belle pensée.)_ Esto ví escrito en una de
+las cajas que están expuestas en la esquina de la calle _Les filles
+Saint Thomas_, y me ví asaltado del mismo conato curioso. Me aproximé,
+ví: era una caja de confites.
+
+_Hautes nouveautés_! (Altas novedades.) Esto leí en los cristales de un
+almacen de la calle de Vivienne, y tales títulos no pueden menos de
+sorprender. Fuimos allá, lo que nos habia cautivado el ánimo era una
+coleccion de manguitos, camisolines, chambras y cofias.
+
+Pero uno de los anuncios en que más me he fijado, acaso por su
+_exterioridad relumbrona, por su oratoria esencialmente francesa_, es
+uno que hemos visto en la encrucijada que forman la calle Vivienne y las
+Hijas de Santo Tomás, en uno de los ángulos de la plaza de la Bolsa.
+Tengo el anuncio copiado en mi cartera, y casi presumo que al lector no
+le desagradará verlo, aunque no respondo de su completa fidelidad. Acaso
+hay algun letrero en chimenea, rendija ó resquicio que nosotros no hemos
+podido divisar. Lo que desde la calle se ve, es lo siguiente:
+
+Arriba, muy arriba:
+
+_Al palacio de cristal.--Vestidos para hombres_.
+
+Más abajo:
+
+_Palacio de cristal_.
+
+Más abajo:
+
+_Vestidos para hombres_.
+
+Más abajo:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más abajo:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+Más abajo, sobre cristales:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más abajo:
+
+_Vestidos para hombres_.
+
+Esto se ve estando situado el espectador en lo interior de la Plaza
+de la Bolsa.
+
+Ahora situémonos en la calle Vivienne, y descubrirémos; arriba:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más abajo:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+Más abajo:
+
+_Vestidos para hombres_.
+
+Más abajo:
+
+Especialidad en trajes de niños_.
+
+Sobre la puerta:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+Más abajo:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más hácia la derecha:
+
+_Trajes hechos y á la medida_.
+
+En otra puerta:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+ En los cristales:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más hacia la derecha:
+
+_Trajes hechos y á la medida_.
+
+Por otra calle:
+
+_Precio fijo_.
+
+Más abajo:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+Más abajo:
+
+_Vestidos para hombres, niños y libreas_.
+
+En los cristales:
+
+_Trajes de casa y de librea_.
+
+En un recodo que hace la calle:
+
+_Al palacio de cristal_.
+
+Más arriba:
+
+_Al palacio de cristal.--Vestidos para hombres y niños_.
+
+
+Más abajo, en un cuadro de hoja de lata ó de metal dorado:
+
+_Vestidos para hombres y trajes para niños_. Este aviso está en francés,
+inglés y aleman.
+
+Sobre otra puerta:
+
+_Al palacio de cristal.--Ropas de casa_.
+
+A la izquierda de la misma puerta:
+
+_Precio corriente de las libreas_; y mencionan diez y ocho objetos de
+traje, por valor de 739 francos.
+
+A la derecha, sobre cristales:
+
+_Entrada de los obreros_.
+
+Más á la derecha, sobre una muestra:
+
+_Entrada de los obreros_.
+
+Despues de tomada esta nota, veo una enseña en el extremo del primer
+balcon que da á la calle de las Hijas de Santo Tomás, la cual decía:
+
+_Vestidos para mujeres y niños_.
+
+A su lado, casi en medio de dicho balcon, se ve tambien una gran placa
+dorada alrededor y bronceada en el fondo, donde tiene las armas
+francesas, ó un trofeo semejante. En la placa se divisa este rótulo en
+elegantes letras cinceladas: _Comision imperial_. 1855.
+
+Si tanto palacio, y tanto cristal, y tanto hombre, y tanto niño, y tanto
+traje pudiera tener realidad animada, discurra el lector si podria
+formarse todo un pueblo de trajes, de niños, de hombres, de cristales y
+de palacios.
+
+¿Cuánto habrá gastado esa casa en los anuncios? Digo lo que antes dije
+de la _Ville de Paris_: es seguro que ha consumido un capital de alguna
+cuantía.
+
+Hemos comido en un famoso _restaurant_ de la calle de Richelieu, porque
+es necesario ver estas celebridades (ver significa pagar), y nos
+volvimos á nuestro hotel á las once dadas de la noche.
+
+Mañana correrémos los bulevares de Montmartre, de los italianos, de las
+Capuchinas, de la Magdalena; bajarémos por la calle Real, siguiendo
+despues la calle de Rívoli, hasta el _Hotel de Ville_, y dando un
+vistazo á las Tullerías, Plaza de la Concordia, campos Elíseos, y arco
+de la Estrella, monumento suntuoso, que no cuesta á Paris menos de 39 ó
+40 millones de reales.
+
+Termino este día manifestando un incidente que tiene angustiada á mi
+mujer, y que, en verdad sea dicho, á mí no me tiene de buen humor. Desde
+que he llegado á Paris, no como; no porque no tenga ganas de comer, sino
+porque estas salsas me repugnan.
+
+La cocina francesa tiene gran fama, no se la quito, no soy perito en la
+materia; pero lo soy en punto á conocer mi paladar y mi estómago, y digo
+en _pleno Paris_, que echo muy de menos mis pichones de la plaza de
+Herradores, el guisado que me aliñaba mi mujer, y mi clásico vino de
+Valdepeñas.
+
+O los manjares no se conocen, á fuerza de aderezarlos y _embellecerlos_,
+porque hasta en los potes de la cocina quiere establecer su reinado _la
+poesía francesa, el impertinente é inexorable palaustre,_ ó el diablo no
+puede con ellos á fuerza de estar duros, permítame Paris esta ruda
+expresion española.
+
+El vino extranjero es carísimo, el vino común del país es malísimo para
+mi gusto, y vuelvo á decir que doy razón, mucha razon á las perdices, á
+los pucheros y al vino de mi tierra.
+
+En materia de comer y de beber, sépalo el magnífico Paris, soy castizo
+español. Le felicito por sus glorias; pero soy español, bien que en
+otras muchas cosas ...no soy francés. Y mi mujer dice: ni yo francesa.
+¡Dios me libre!
+
+Así finalizó el día segundo.
+
+
+
+
+=Dia tercero=.
+
+Progresos de mi mujer.--Melancolía.--Nuevos rótulos.--Anuncio de la
+Union agrícola.--Costumbre de las señoras de Paris.--Sangre fria de los
+hombres.--Achaques de raza.--La soga.--Una mujer en la calle de
+Richelieu.--La mujer francesa.--Medallas.--Prodigio del genio
+francés.--Más rótulos.--Baston de Richelieu.--Plaza de la
+Concordia.--Arco de la Estrella.--Campos Elíseos.--Vuelta al Hotel.
+
+
+Mi mujer va haciendo admirables progresos en el idioma francés. Á las
+mujeres las dice _monsieur_ y á los hombres _madame_: al _quilógramo_,
+medida de áridos, lo llama _litro_, medida de líquidos: el bulevar, es
+el _restaurant_ y el restaurant es el bulevar, y así en otras cosas.
+Está muy afligida, porque dice que le sucederá lo que al otro: olvidó el
+español y no aprendió el francés.
+
+Salimos á las nueve de la mañana. Mi mujer y yo nos vemos asaltados por
+esa melancolía indefinible, que no puede menos de experimentarse cuando
+se llega á una ciudad tan populosa. El individuo parece absorberse en el
+grupo que le circuye por todas partes, y se halla como privado de la
+conciencia de su dignidad y de su poder. No quiero decir que pierda
+realmente su personalidad en la familia, en la ciencia, en el arte, en
+la industria, en la religion, en el derecho, no: una entidad absoluta no
+se pierde por combinaciones accidentales. Lo que digo es que el
+individuo se siente pequeño ante lo mismo que él ha creado: el artífice
+se anonada ante su propia obra. En este caso sucede al hombre lo que al
+grano de arena en medio de un desierto muy dilatado. Un grano de arena y
+otro grano de arena forman el desierto; pero el grano se ve perdido
+entre los horizontes de aquella inmensa soledad.
+
+El individuo experimenta que otra fuerza mayor le reasume, una fuerza
+extraña, indiferente, que no le hace amar, que no le educa el corazon,
+que no lo civiliza para la gran moral de este mundo: no lo absorbe el
+cariño, sino el número, este número no es la vida; porque el individuo
+se siente con vida tambien, y esta emocion confusa le comunica una
+tristeza que no se puede definir. No basta el bullicio, ni la agena
+alegría, ni los espectáculos más pomposos, para que deje de estar
+triste. Nunca debe ser más terrible el morir que cuando se oye cantar, y
+por una razon idéntica, sucede que la música no distrae, sino que daña,
+á las personas que padecen aflicciones profundas.
+
+El extranjero está pesaroso, este pesar es una arruga de su alma, por
+decirlo así, que apenas se divisa en su semblante; pero el pesar existe,
+tiene su significacion muy trascendental, y para apreciarla debidamente,
+es indispensable poner el pié en tierra extranjera. No, no vale el genio
+sin el sentimiento experimental que nos descubre ciertas distancias en
+la insondable matemática de la vida. El talento sin la experiencia, sin
+sentimiento práctico, sin la estética particular de los lugares y de los
+hombres, es lo que la trasparencia del cristal sin los rayos del foco:
+es lo que nuestra vista sin la chispa eléctrica de la luz. Para
+evaporarse, no basta que un licor sea espirituoso: es indispensable que
+salga de la cavidad de su redoma es indispensable que la atmósfera
+inflame sus poros bajo el contacto de la luz del cielo.
+
+¡Cuánto quiere decir este dolor confuso que experimentamos en medio de
+este enorme bullicio! ¡Cuánto deberia hacernos meditar y sentir! El
+hombre da unos cuantos pasos, atraviesa una linde que es tierra tambien,
+y se halla desterrado y proscripto en la humanidad. ¡Ay! ¡cuántas
+lágrimas amarguísimas serian necesarias para purgar este inmenso pecado!
+Pero para algo muy grande, muy solemne, muy humano, muy caritativo, debe
+reservar estas cosas la justicia de Dios.
+
+Esto es una urna velada por el impalpable crespon de todos los siglos.
+¿Quién sabe el voto que en esa urna misteriosa depositará un dia la
+Providencia!
+
+--No lo verás tú, se me dice.
+
+--Sí lo veré; lo veré en ese sentimiento que me hace infinito,
+profesando amor á los hombres; en ese sentimiento que me hace inmortal
+esperando en la ley de Dios. Lo veré, sí, lo veré, lo veo hoy, lo ve mi
+esperanza.
+
+Hemos visitado la calle y bulevar de Montmartre, el de Beaumarchais, San
+Martin, Temple, Poisonnière, Italianos, Capuchinas y Magdalena.
+
+Es sorprendente el estruendo que se percibe por donde quiera que se va,
+trabajo prodigioso que en todas partes se revuelve y se agita, creacion
+incesante que se desarrolla en tantas esferas, para dejarse luego ver
+bajo formas tan gigantescas y variadas. ¿Cómo no? Es un coloso el que se
+mueve: cada movimiento no puede menos de presentar una faz del coloso.
+
+Uno es sastre del rey de Holanda, otro del de Cerdeña; otro manifiesta
+una medalla del emperador de Prusia ó de Austria; tal almacen se titula
+proveedor de _María Cristina_, como he visto en la calle _arrabal_ de
+San Honorato. Aquí una tienda de gusto chinesco; allí otra de gusto
+árabe, persa, griego ó ruso. Hotel de Francia, de Inglaterra, de
+Holanda, de Rusia, de Prusia, de Austria, de Turquía, de Italia, de
+América, de Europa, café ó estaminet del Universo; todo hierve y refluye
+aquí, como toda la sangre se mueve y se trabaja en el corazon. No he
+visto ningun hotel de Africa ó de la Oceanía; pero esto no es decir que
+no lo haya. Parece imposible que no exista en Paris una fonda, café ó
+cosa equivalente, que lleve por título: _café, fonda, pastelería ó
+taberna_ de las costas de Oro. No seria esto más raro que un anuncio de
+la Union Agrícola, puesto en verso rimado de once sílabas, tan contadas
+como los dedos de la mano. Y no se crea que esto es pulla. He visto
+aquel anuncio singular en una empalizada, cerca del lujoso edificio que
+se está levantando en la misma calle donde finalizan las Tullerías y el
+Louvre, y que es la décimo-tercera alcaldía de Paris. ¿Llegará dia en
+que los poemas épicos se escriban en prosa tabernaria?
+
+Una particularidad hemos notado mi mujer y yo. La pasion dominante en
+las parisienses de mediano y alto coturno, consiste ... ¿en qué dirá el
+lector? Consiste en alzarse muellemente el traje aunque no haya lodo.
+Sin duda es un golpe de estado, aplicado á grandes razones de etiquetas.
+
+Otra particularidad más curiosa hemos descubierto tambien. Apenas habrá
+pueblo en el mundo en que los hombres vuelvan la cara con más sangre
+fria, y se queden mirando con más formalidad los piés y las piernas de
+las transeuntes. Esto viene de una raíz muy honda: viene de cierto
+temperamento que es el carácter más distintivo del pueblo francés. No
+hay casta social donde con tanta gravedad y tanto aplomo se hagan cosas
+ridículas. No es decir que en los demás países no se caiga en ridículo;
+más para este ridículo hay una risa: aquí no se rien. Y cuidado que no
+se dejan de reir por hipocresía ó por estudio, sino porque creen de
+buena fe que el asunto no merece reirse; porque están _patrióticamente_
+convencidos de que no puede haber cosa ridícula, siendo _cosa francesa_.
+
+Pero tal vez no tengo razon en decir que este hábito es lo que más
+caracteriza al pueblo francés. Acaso esto viene de más adentro: acaso la
+formalidad cómica de los franceses para el ridículo, es una simple
+derivacion de otro carácter más universal, porque está más en el
+interior de su genio: su genio, que todo lo devora; que todo lo devora,
+conservándose intacto: que todo lo devora, sin devorarse jamás á sí
+mismo: su genio, decia, le lleva hoy á consumar un hecho cualquiera;
+pero á las veinticuatro horas este hecho está devorado y corre tras
+otro. ¿Cuál es este otro? Un hecho nuevo, una nueva emocion, un nuevo
+trabajo, el jornal de otro dia; el plato de hoy; quizás una emocion
+contraria, acaso el plato que le envenena; pero la ley es devorar, la
+necesidad es sentir lo que no se ha sentido; la pasion es no envejecer
+en una idea, en un sentimiento, en una institucion: hoy una institucion,
+otro dia la contraria. Hé aquí el ridículo; práctica este ridículo, no
+sólo con formalidad, sino con ahínco, con efusion, con la efusion
+ardiente y generosa del que trabaja, para satisfacer las inspiraciones
+de su genio.
+
+Antes que ridículo, el pueblo francés es voluble. Aquí encuentro yo el
+carácter radical; todo lo demás es derivacion, corrientes de este
+manantial oculto, gestos de este rostro escondido.
+
+Creen, y creen bien, que una brisa estancada no seria buena para mecerse
+sobre las florestas de un paraíso; creen, y creen mal, que lo primero es
+renovar el aire, sin consultar si el aire nuevo está más dañado. Francia
+es un águila, que para recibir ambiente nuevo, abre y golpea las alas
+sin cesar; aquí se concentra la suma mayor de su vida: que un milano
+venga y se oculte bajo aquellas alas impacientes, no importa: que el
+águila se torne en cuervo ó buho, toda vez que el buho sacuda las plumas
+para que las penetren los nuevos gérmenes de la atmósfera, no importa
+tampoco.
+
+Pero estoy fuera de lugar: estas apreciaciones pertenecen á otra parte
+de estos apuntes.
+
+No hallamos pobres que pidan, ni niños jugando por las calles. Las
+clases que se manifiestan al público respiran bienestar y decencia.
+¿Pero es todo esto verdad? ¡Ay!
+
+En la plaza de la Bolsa hemos hallado dos jóvenes de veinte ó
+veinticinco años, que saltaban en una cuerda, juego que en Andalucía se
+llama de la _soga_. Lo mismo hacia en la calle Feydeau una mujer que
+tenia varios hijos.
+
+En la calle de Richelieu, una mujer se ataba las enaguas blancas,
+adoptando apenas reserva alguna, sin que esto causara maravilla á los
+transeuntes.
+
+Aquí las mujeres, aún siendo jóvenes, entran y salen, van y vienen, en
+la seguridad de que nadie las molesta ni las restringe. Se ve á la mujer
+en el campo, dirigiendo hábilmente un carruaje, con su blanca y aseada
+papalina, llevando las riendas de un elegante cabriolé en el paseo
+público, detrás del mostrador en el café, en la tienda, en el
+escritorio, en todas partes, posesionada siempre de la porcion de
+humanidad que la ha dado una conciencia que yo respeto, por más que se
+torne contra la poesía oriental de la mujer: una conciencia que no la
+usurpa lo que la ha dado la verdad adorable de la creacion.
+
+Estudiado Paris en esta tendencia, no parece un pueblo oriundo de los
+latinos, herederos, como Atenas, de la esclavitud de la mujer asiática.
+Así sucede que la mujer francesa, desarrollada en todas las faces de la
+vida social, tiene un aire de dignidad, de fuerza, de albedrío, y un
+grado de despejo y de inteligencia que nos maravilla.
+
+El amo de una _rotiserie_, de una taberna, de una lechería, de un
+pequeño almacen, podrá no ser acaso un _monsieur_: el ama es todo una
+_madame_ ó señora. La mujer de Paris trabaja tanto como el hombre, tiene
+mejor sentido que él, vive más honrada que él, no por la galantería
+jactanciosa de los tiempos hidalgos, sino por los oficios que presta, y
+esto explica en gran modo las creaciones casi fabulosas de esta rica
+ciudad.
+
+La poblacion inútil que en otros países consume lo que la poblacion útil
+trabaja y crea, es sumamente reducida en el Norte de Francia, dejando
+aparte la organizacion del órden oficial.
+
+Creo que la parte mas sana de la civilizacion francesa, el progreso más
+notable que aquí encuentro, consiste en el personalismo que se ha
+otorgado á la mujer, aunque esto suceda á costa de la mujer misma, la
+cual gana en representacion lo que pierde en belleza, porque perder
+belleza es perder idealidad. La mujer oculta en el fondo de su casa,
+como el arcano de la familia, es mucho más bella que la expuesta al
+público detrás de un mostrador de mercader, mezclada y confundida con el
+precio de lo que compra y vende. La mujer árabe no es tan hermosa por su
+hermosura como por su misterio. Propiamente hablando, no es mujer; es
+una fantasía, una especie de agüero ó hechizo que no seria nada, si no
+despertase en nuestra alma el sentimiento de lo maravilloso, como nada
+seria el encantamiento sin el encanto. La mujer se convierte en una
+maravilla, en un monumento; parece rodearse de ese prestigio
+inexplicable que circuye á una estátua; nos llama á sí con la atraccion
+eléctrica que en nosotros produce el arco Iris; no es mujer, repito: es
+una melancolía delicada, un arte sublime, un gran poder, porque el
+elemento maravilloso, ese algo fantástico á que suele darse tan poco
+sentido, es un poema armonioso é infinito que la naturaleza ha grabado
+en nuestro corazon.
+
+La fantasía es el complemento del hombre, como el éter es el complemento
+del espacio. La fantasía llena al hombre, como el éter llena la creacion
+entera. No os riais, vosotros que no creeis en la imaginacion, para
+tributarla homenaje á cada momento, cuando menos os lo parece, como
+aspirais la atmósfera cuando menos os apercibís. ¡No os riais de ese
+éter divino, destinado á no dejar vacío ningun hueco en el ánfora de la
+vida; no os riais!
+
+Sin embargo de esto, que es verdad, que yo creo verdad, verdad
+confirmada por la experiencia de siempre, juzgo que la mujer ha venido
+al mundo para realizar fines sociales, en armonía con la moral y con el
+derecho: juzgo que ahí está la expresion más profunda de su existencia;
+no quiero que al arcano de la casa la comunique esa belleza que la da en
+Oriente una tradicion que la hace bella para hacerla esclava; una
+idealidad que la hace misteriosa para hacerla gemir; un Corán que la
+torna en perfume para que ese perfume dé incienso á un ídolo; no, no
+quiero esa poesía que es poesía, como es artístico el sarcasmo que se
+logra ejecutar con arte. Quiero que la mujer salga á luz, porque la luz
+fué tambien creada para ella. Quiero que el misterio la niegue la
+hermosura asiática, para que reciba la hermosura humana de manos de su
+propio destino, de manos de la razon universal; de manos de la
+Providencia.
+
+Quiero que la mujer sea el guardian doméstico, pero sin dejar de ser
+entidad religiosa, moral, política, industrial, si conviene, porque la
+casa está dentro de la sociedad, y quiero que la mujer no se tenga en
+menos que la casa. Quiero que sea madre; venero este carácter santo,
+este santo sacrificio de amor; pero quiero que no deje de ser mujer.
+Quiero que sea mujer; pero que no deje de ser _sujeto humano_. Todo
+reina en la verdad de la naturaleza; quiero el reinado de la mujer.
+
+Aquí se está en camino de lograrlo, y esta civilizacion que por ella
+aboga, es sin disputa lo que más me reconcilia con un pueblo que tiene
+otros usos, otro lenguaje, otra manera de sentir, y cuya sociedad no
+puede sernos completamente grata. No sé si es historia; pero entre un
+español y un francés, hay algo que riñe.
+
+Almorzamos en la calle Vivienne á las doce dadas, y dirigimos nuestras
+visitas á diferentes travesías de los bulevares.
+
+Apenas se encuentra establecimiento comercial de alguna importancia, en
+donde no aparezca, en puerta ó balcon, algun privilegio manifestado en
+pequeña ó grande medalla imperial. Hay carros que van _empavesados de
+emperadores en bronce_. Si á todos los metales donde está el busto de
+Napoleon III se les pudiera dar vida, seguramente habria bastante para
+formar todo un vasto imperio compuesto solamente de emperadores.
+
+Aparte del gusto que esto revela; aparte del sabor que esto deja en la
+conciencia del que va examinando el mecanismo oculto de esta poblacion
+colosal; aparte la contradiccion que se echa de ver inevitablemente
+entre la Francia histórica y la Francia presente, entre la memoria y el
+hecho; este tumulto de medallas y privilegios no me parece extraño,
+sentada la competencia que es natural en un gran centro comercial y
+fabril. Pero como este centro comercial y fabril tiene muchos libros
+escritos, muchas y memorables jornadas políticas, muchas y gigantescas
+revelaciones sociales: como la existencia de todos los pueblos se
+reasume en dos grandes soluciones: lo que se escribe y lo que se obra,
+lo que se recuerda y lo que se siente; encuentro desnivel entre el Paris
+de tanta medalla y el Paris de tanto recuerdo; entre la solucion de la
+historia y la solucion de la presente sociedad. La memoria y el
+sentimiento pugnan y se repelen, á lo menos en mi juicio y en mi
+conciencia.
+
+En Lóndres veré más medallas, muchas más medallas, y no lo extrañaré
+ciertamente. Pero estoy seguro de no hallar muchos breves de
+indulgencias papales, y hé aquí la superioridad de la Inglaterra sobre
+la Francia: la superioridad lógica, consecuente, de buen sentido: la
+historia y la máquina que se mueven al par; todo el pueblo inglés
+dirigido á un fin, más ó menos plausible, pero que no sale jamás de las
+condiciones que se ha impuesto: cruel quizá, inmoral acaso; pero lógico.
+
+La indulgencia pontificia en Lóndres es la indulgencia imperial en
+Paris. Aquí hay indulgencias; es bien seguro que en la otra parte del
+Estrecho no las habrá.
+
+Los franceses tienen grandes títulos ante la opinion del mundo entero;
+podrán tenerlos todos, menos el de la lógica; esa suprema geometría del
+albedrío que va midiendo y nivelando progresivamente el ayer y el hoy,
+la historia y la emocion, la emocion y el hecho.
+
+La Francia, empero, no debe quejarse: alguna parte flaca habia de tener,
+cuando tiene otras sobre las cuales se levanta tan grande, tan rica y
+tan fuerte.
+
+Sólo en una cosa me parece lógico el pueblo francés: no voy á decir que
+sólo es lógico en ser voluble, porque esto ya se sabe. Una nacion, como
+un individuo, es siempre lógica; providencial y santamente lógica, en
+materia de no ahogar su genio; en tender dia y noche á que su genio
+triunfe. ¿Cómo el hombre dado al retiro no ha de buscar la soledad?
+¿Cómo el goloso no ha de buscar el plato en que sueña? ¿Cómo un
+enamorado no ha de pensar en la mujer que ama?
+
+La Francia es voluble, lo ha sido hasta hoy, porque la volubilidad es su
+talento; la cifra que Dios escribe al pié de cada cuna. Tal vez la
+educacion de la experiencia, un prodigio del estudio y del arte,
+modifique mañana ese talento y le abra otro camino; pero esto será la
+empresa de mañana, y yo no hago aquí la biografía de la Francia futura.
+
+El pueblo francés es solamente lógico en aparentar que tiene olvidada á
+la Inglaterra. Ya he dicho que Paris es un cartel inmenso. Si al
+arbitrio particular quedara, el mercader parisien pondria anuncios de
+sus géneros hasta en _la cabeza de un calvo_. ¿Cuántas vidas serian
+necesarias para leer todos los rótulos y papeles impresos que bullen sin
+cesar por esta Babel? Sin embargo, (¡Providencia del patriotismo!) no he
+hallado un solo letrero en que se recomienden los artículos de la
+industria inglesa, de la primera industria del mundo conocido.
+
+Esta sensatez en materia de consecuencia me maravilla, y me da motivo
+para decir que el pueblo francés es voluble, hasta el punto de
+contradecir su propio carácter.
+
+Las enseñas mercantiles é industriales son para mí un objeto de gran
+distraccion.
+
+_Al zapato galante. (Au soulier galant)_:
+
+_A la Sílfide_. ¿Quién no habia de creer que se trataba de algun baile?
+Pues no, la Sílfide es un restaurant, una Sílfide gastronómica, una
+Sílfide que se engulle cinco ó seis platos por cinco ó seis pesetas.
+
+_Al buen pastor_. ¿Quién no habia de creer que se trataba de alguna
+hermandad ó cofradía? Pues tampoco: el buen pastor es un rico almacen de
+géneros, sito en la calle de San Sulpicio, núm. 21, si no yerra un
+anuncio que he visto cerca del Panteon.
+
+Entre los objetos curiosos que hemos notado, no puedo menes de hacer
+mérito de un _baston de Richelieu_, expuesto al público en el pasaje de
+los Panoramas, en una galería que debe ser la de Feydeau, tienda núm. 6.
+
+Quise conocer su valor en venta, y la señora del establecimiento me dijo
+que el precio último era mil francos. Si aquel baston es en efecto del
+memorable cardenal, alma de Luis XIV y de su siglo, del Luis XIV de la
+política francesa, como varias personas me lo han asegurado, me creo con
+derecho para decir que la Francia es poco _arqueóloga y hasta poco
+francesa_, si se quiere; cosa extrañísima. ¿Cómo aquel baston, reliquia
+anticuaria y social, no pasa á uno de los ricos y preciosos Museos de
+Paris? No por mil francos, no por un millon de francos, consentirian los
+ingleses que pasara á manos de extranjeros un baston de cualquiera de
+sus personajes históricos. Si yo no codiciara en este mundo otra cosa
+que un talego de oro, me consideraria feliz poseyendo un baston de
+Cromwel, de Milton, Shakspeare, de cualquier Richelieu inglés, ora
+político ó literario.
+
+A pesar de la reiterada afirmacion de aquella señora, y de las formales
+aseveraciones de dos franceses, no me atrevo á creer que aquel baston
+fuera efectivamente de Richelieu. ¿Cómo no habia de recelar la Francia
+que se lo llevaran los _ingleses_, que es como si dijéramos los moros?
+¿Cómo los moros (para Francia) no se lo hubieran llevado ya?
+
+Perdóneme la señora del almacen, perdónenme los dos caballeros
+parisienses; yo no lo creo; en honra de Francia, no lo debo creer.
+
+A las seis comimos en el _hotel de Madrid_ (comer para mí es sentarme á
+la mesa) y nos dirigimos inmediatamente hácia la Magdalena, palacio
+griego convertido en templo cristiano.
+
+Desde los altos y espaciosos pórticos de aquel templo, veiamos á un
+mismo tiempo la calle Real, la hermosa plaza de la Concordia, las
+entenas y cables de un bergantin surto en el Sena, y uno de los palacios
+que adornan la otra orilla del rio.
+
+No es una vista pintoresca y expresiva, como las de Génova, como las de
+Nápoles, como las de Roma, como las de Granada, Córdoba ó Sevilla: no es
+una belleza italiana, griega, española; no es una naturaleza artística,
+por decirlo así; un arte naturalmente monumental, pero es una belleza
+grandiosa.
+
+Avanzamos hasta el principio de la plaza y el espectáculo cobró mayores
+dimensiones. Hé aquí el boceto.
+
+Dos fuentes riquísimas en escultura y agua, circuidas por una especie de
+celaje de polvo, porque tal es la impetuosidad con que el agua brota: en
+medio de las fuentes, un obelisco egipcio colosal: en torno á la plaza,
+grandes pedestales con las estátuas de las principales ciudades del
+reino, sembradas todas las distancias por gruesas farolas de bronce:
+hácia adelante, el Paris de la otra orilla del Sena, con su aspecto
+feudal, sus palacios que parecen castillos, sus casas y sus árboles
+corpulentos y verdes: hácia atrás, los dos palacios que limitan
+lateralmente la calle Real, y en su fondo el gran templo de la
+Magdalena, circuido de suntuosas columnas estriadas: á la izquierda, el
+jardin de las Tullerías, dividido por una verja, coronada á intérvalos
+de águilas doradas, entre dos pedestales que sostienen caballos de
+mármol; luego un surtidor del jardin que arroja el agua á la altura de
+un cuarto ó quinto piso, formando mil ondulaciones caprichosas á
+impulsos del viento; despues varias calles de árboles simétricos, á
+través de otras fuentes, hasta cerrarse el horizonte con la fachada del
+palacio imperial, corriendo una extension de novecientos á mil pasos: á
+la derecha, los campos Elíseos, por entre cuya hilera de árboles se
+dilata la vista, hasta detenerse en el arco triunfal de Napoleon,
+creacion enorme de la riqueza y del entusiasmo.
+
+Luego que hubimos satisfecho los primeros conatos de admiradora
+curiosidad, paseando los ojos tardíamente sobre aquel grandioso panorama
+del arte humano, no del arte francés, digimos á nuestro _necesario
+fiacre_ que nos llevara al arco de la Estrella.
+
+Un coche es aquí un personaje de primera categoría, la gran carta de
+recomendación y el gran amigo del extranjero.
+
+El buen fiacre cogió el trote camino del arco, á través del
+aristocrático palacio de la Industria, del aristocrático palacio de la
+democracia (la democracia tiene un palacio casi enfrente del palacio del
+Emperador); á través tambien de los _cafés cantantes de estío_, del
+gracioso castillo de las flores, del jardin _Maville_, del jardin de
+invierno, del circo de la Emperatriz, y de casas modernas que son las
+más bellas que he visto.
+
+Despues de correr un espacio de cuatrocientas ó quinientas varas,
+extension aproximativa de los campos Elíseos, nos encontramos bajo la
+bóveda central de aquella apoteosis espléndida de Napoleon, el arco del
+Triunfo. Desde aquel arco descubriamos, á una distancia de un cuarto de
+legua, el bosque de Bolonia, cuyo camino aparece sembrado de árboles y
+elegantes quintas, que le comunican un aspecto muy grato, aunque no
+bastante pintoresco; porque yo entiendo por pintoresco lo que es
+variado, caprichoso, y sobre todo caprichoso de un modo agreste.
+
+Vemos á la vez el arco del Triunfo, el dilatado bosque de Bolonia, el
+Obelisco de la Plaza, mientras que nadando sobre la copa de los árboles
+que pueblan el jardin de las Tullerías, allá, como una nube medio
+perdida en el horizonte, como el amago de una borrasca, como la
+aparicion indecisa de una sombra, se levanta trémulamente, segun la
+ilusion óptica, la torre negra del Palacio Imperial. De manera que
+mirábamos, casi simultáneamente, el monumento triunfal levantado á la
+Francia revolucionaria y conquistadora, el monumento del Egipto
+usurpado, y el monumento de la segunda Francia imperial: un triunfo, una
+usurpacion y un misterio: el arco, el obelisco y las Tullerías.
+
+Eran casi las ocho; y apenas podia distinguir el nombre de los generales
+y batallas del imperio, batallas y nombres escritos en las altas paredes
+de aquella pirámide.
+
+No soy tan entusiasta de Napoleon como otros muchos. Le admiro más por
+sus desafueros y sus vicios que por sus virtudes y sus glorias: si
+viviera le apostrofaria vigorosamente en estas páginas. Estando muerto,
+siendo historia, le acato. Bajo estas bovédas colosales, bajo esta
+colosal inspiracion de un pueblo entusiasta, le venero. Su evocacion es
+aquí una sombra que me conmueve, que me ilustra, que me moraliza, que
+hace hervir mi alma bajo la inmensa idea del hombre. Sí, venero á
+Napoleon bajo este arco, bajo este mausoleo de su ceniza histórica, como
+no puede menos de venerarse la memoria de los Faraones tiranos en
+presencia de las pirámides egipcias. Sí, le venero; y el que quiera
+saber cuán poderoso es el genio artístico embelleciendo la historia
+social, un genio embelleciendo á otro genio, un siglo embelleciendo á
+otro siglo, la humanidad embelleciendo al hombre: el que quiera saber de
+qué modo una piedra halla el camino de nuestro corazon, que venga y
+contemple este arco.
+
+Eran ya las nueve cuando nos dirigiamos hácia la plaza de la Concordia,
+con el objeto de seguir la calle de Rívoli hasta la casa de la Ciudad ú
+hotel de Ville.
+
+Antes de penetrar en la calle, quisimos ver la perspectiva que
+presentaban los campos Elíseos iluminados, así como la plaza de la
+Concordia.
+
+¡Espectáculo magnífico por cierto! Desde dentro del jardin de las
+Tullerías, alcanzábamos á ver en dos filas simétricas los muchos faroles
+de gas que alumbraban los campos Elíseos, hasta el mismo arco de la
+Estrella, presentándose á nuestros ojos aquellas dos filas como dos
+columnas flotantes de fuego. A la izquierda, por entre los árboles,
+asomaban furtivamente centenares y centenares de luces, unas formando
+pórticos y fachadas, otras sembradas por entre los árboles del paseo,
+luces que iluminaban uno de los cafés cantantes de verano. Á la derecha
+se descubrian tres grupos brillantes, que eran otros tantos cafés de
+canto, en cuyas fachadas habia juegos de gas que representaban varios
+caprichos, entre otros, un águila con las alas abiertas y caidas, como
+si remedara un lloron.
+
+Excepto la entrada de los emigrados en la plaza del Vaticano, entre un
+bullicio indefinible de pueblo y millares de hachas encendidas, así como
+la iluminacion instantánea de la cúpula de la gran Basilica en la noche
+de San Pedro: exceptuadas estas dos ocasiones, repito, no he
+experimentado nunca un sentimiento en que más participara de esa especie
+de éxtasis con que adormece nuestro ánimo la percepcion de lo
+maravilloso.
+
+A lo dicho debe juntarse que el tránsito continuo de coches con faroles
+encendidos por la plaza de la Concordia, causando un desnivel constante
+entre sus luces y las luces de los campos Elíseos, de la plaza y de los
+cafés, comunicaba á todo el grupo el aspecto extraño de una hoguera que
+parece que pasa y que no acaba de pasar, mientras que al rumor de las
+fuentes y de los coches, iba unida confusamente la voz de hombres y
+mujeres que cantaban en los cafés vecinos.
+
+Mi mujer estaba encantada. Tenia razon: aquello parecia un bosque
+hechicero. ¡Si todo fuera así!
+
+Eran casi las diez, estábamos muy léjos de la calle de Feydeau, nos
+encontrábamos muy cansados, yo tenia que escribir esta reseña, y
+determinamos dejar para otro día la visita de la calle de Rívoli, hasta
+el palacio del ayuntamiento, y si el tiempo lo da, hasta la plaza de la
+tan célebre _Bastilla_.
+
+Estamos en casa á las diez y media, despues de siete horas de fiacre.
+
+Mi mujer dice que nuestro gran viaje comenzó al llegar á Paris. Tambien
+tiene razon. Las mujeres tienen razon en muchas cosas.
+
+Yo acabo esta revista cerca de la una, y así doy fin al dia tercero.
+
+
+
+
+=Día cuarto=.
+
+Artículo, recuerdos, pesares.
+
+
+He empleado toda la mañana en escribir un artículo para _La América_,
+porque es necesario no descuidar la bolsa, que sufre por aquí tantos
+ataques rudos. Pero he notado que mientras que escribia, y mientras que
+me paseaba por la habitacion, el recuerdo de las muestras y rótulos que
+he visto ayer, me tiene casi completamente preocupado. Sin querer, sin
+apercibirme, repito á mi mujer varios letreros que me acuden á la
+memoria, y sin querer tambien aquel recuerdo me entristece. Esta
+tristeza que experimento tiene una historia que seria muy larga de
+contar; muy larga y muy penosa.
+
+¡Cuántas ilusiones nos forjamos! ¡Y qué caras nos cuestan algunas
+ilusiones! ¡Qué triste es á veces ver la realidad! ¡Ay! Hubo un tiempo
+en que estuve encantado, y ahora la realidad me desencanta. Hubo un
+tiempo en que yo volvia los ojos á Paris, como quien espera un
+milagro.... ¡Qué inocencia!
+
+_¡Al Pensamiento!_ Y me hallo que es una zapatería. ¡Al bello
+pensamiento! Y me doy de cara con una caja de confites. ¡A la sílfide! Y
+me encuentro de manos á boca con un _grasiento restaurant_. ¡A la gran
+industria del siglo! Y es un salon de limpia-botas. ¡Al dulce céfiro! Y
+es un almacen de quincalla. ¡A la estrella del Mediodía! Y es quizá una
+tienda de tapones de corcho. ¡Al buen pastor! y es un almacen de
+baratijas ó una tienda de comestibles.
+
+Esto no me divierte; al contrario, me repugna, me fastidia, casi me
+sonroja; sí, casi, casi me da vergüenza. Creo que semejantes desatinos
+son contra el respeto que debe merecernos la opinion pública, contra el
+decoro que todos debemos á la formalidad, contra la cortesia universal
+que debe el hombre al buen sentido. ¡Zapato galante! ¿Cómo y en qué? ¿De
+qué modo puede un zapato tener galantería? ¡Al pensamiento! ¿Quién es un
+fabricante de calzado para hablarnos del pensamiento? ¿Qué pensamiento
+puede encerrarse en su zapatería? ¿Ni quién es tampoco un fabricante de
+confites para hablarnos de pensamientos bellos? ¿Qué sabe él lo que es
+un pensamiento bello? ¿Qué belleza de pensamiento puede esconderse en
+sus confituras? ¿Ni qué tiene que ver el céfiro con un almacen de
+quincalla, ni el poner betun en las botas con la gran industria del
+siglo, ni una sílfide con una fonda, ni un almacen de tapones de corcho
+con la estrella del Mediodía, ni una tienda de comestibles, en donde se
+vende aceite, vinagre y velas de sebo, con el buen pastor, con ese buen
+Pastor que es una personificacion religiosa, un símbolo moral, una
+especie de poder divino? ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?
+
+Los españoles serémos menos cultos; pero somos más circunspectos, más
+sérios, más formales. Serémos africanos, serémos hotentotes, bien; pero
+no podemos hacer un arte de la humorada de divertir al mundo con
+chocarrerías. Esta gravedad cómica y esta jovialidad trágica que tienen
+los franceses para decir los mayores disparates con la esplendidez más
+pomposa, hasta con cierto engreimiento, hasta con cierta altanería, es
+una cosa que me subleva y me amargura. Al ver tan pueriles frivolidades,
+antes que vivir en Paris, preferiria vivir en una choza, enclavada en el
+fondo de un bosque, aunque fuese un bosque de la selva Negra.
+
+¡Ay! y quizá la Europa, tal vez el mundo, espera de este pueblo la
+revolucion moral de un principio, la constitucion de un pensamiento, la
+pauta y la fórmula de un sistema! ¡La Europa y el mundo esperan acaso de
+esta ciudad una idea, una conducta, un código!
+
+¡Ay! Hubo un tiempo en que yo lo esperaba tambien. ¡No habia estado en
+Paris!
+
+Si faltando la ayuda del pueblo francés, para esa revolucion
+trascendental, lenta, difícil, concienzuda, prudente, á la vez
+convencida y demostrada; si faltando la ayuda de Paris para esa
+laboriosa transformacion, tuvieran todos los pueblos de la tierra que
+cavar su sepulcro, pueblos de la tierra, pueblos del mundo, empezad á
+cavar vuestra sepultura. Esa revolucion no saldrá de aquí. Ignoro si
+saldrá de los hijos del Cáucaso, de los agrestes y bárbaros Kalmukos;
+pero creo que no ha de salir de los franceses.
+
+Paris es una vieja que se mira al espejo, se ve el rostro lleno de
+arrugas y de lacras, y coge compotas, coge menjunges, coge untos, y se
+adoba y se alisa la cara, como el albañil alisa una pared.
+
+Esta cultura es una tiniebla iluminada por un fuego fátuo; es una sombra
+herida exteriormente por una luz que viene de abajo, que no viene de
+arriba, que alumbra por fuera, que no alumbra por dentro. Esta cultura
+es una civilizacion endeble, flaca, postiza, enferma, que quiere
+engalanarse para que no se vea lo asqueroso de la enfermedad, como los
+tísicos proyectan viajes y romerías cuando sienten en la garganta la
+agonía de la muerte. Esta cultura tan decantada, tan brillante, tan
+coqueta; esta civilizacion tan adornada, tan entrometida, tan
+jactanciosa, es una púrpura que cubre una llaga; es la sonrisa con que
+el cortesano oculta el cáncer de sus envidias y de sus odios, la flor
+desgraciada con que se corona la copa de un veneno. Esta cultura es una
+civilizacion que vive á expensas de la verdad y del ser de las cosas; de
+esa verdad que Dios ha puesto en todas partes; la verdad con que el humo
+sube, con que baja la piedra, con que la luz alumbra, con que la lava
+quema, con que la catarata corre, con que el huracan arrebata; esa
+verdad que es el gran enigma, el gran principio, la gran ciencia, el
+dogma sempiterno de la creacion. Esta cultura es una civilizacion que
+triunfa a costa de la ciencia de Dios, y Dios no puede permitir que este
+pueblo sea el pueblo de la humanidad. ¡No! no puede ser el maestro del
+mundo, un pueblo que llama gran industria del siglo á la operacion de
+lustrar las botas, y céfiro á una tienda de quincalla, y estrella del
+Norte ó del Mediodía á un almacen de tapones de corcho, y buen pastor á
+un despacho de aceite y de vinagre, y sílfide á un mesón, y pensamiento
+á una zapatería, y bello pensamiento á unos confites.
+
+Blondas exquisitas, exquisitos bordados, jabones trasparentes, pomadas
+perfumosas, untos embrujados para que nazca el pelo, muñecos
+graciosísimos, preciosos juguetes, cuquerías envidiables; eso, sí: una
+revolucion moral, lenta, constante, trabajosa, concienzuda; un trabajo
+profundo y difícil; una creacion lógica, extensa, trascendental; una
+cosa grave, formal, seria, eso, no.
+
+¡Cuánto más ha de hacer mi pobre España, esa España que los franceses
+llaman salvaje; que los franceses han comparado á la Morería! ¡Cuánto
+más ha de hacer en favor de la humanidad! ¡Cuánto más ha de hacer para
+que se cumplan en el mundo los ocultos designios de la Providencia! El
+tiempo lo dirá.
+
+¡Yo esperó de Paris el mejoramiento político y social! ¡Me arrepiento,
+señor! Ni el social, ni el político, ni el filosófico, ni el científico,
+ni el religioso, ni el artístico, ni el literario, ni el industrial, ni
+el comercial, ninguno, ninguno verdaderamente formulado, ninguno en la
+alta escala de la ciencia, del derecho y de la moral.
+
+Encantarnos, entusiasmarnos, aturdimos, sí. Hacernos buenos y felices,
+no.
+
+ Hay un calderero, madre,
+ Que alarma á la vecindad,
+ Y toda la gente acude
+ A los porrazos que da.
+
+Este antiguo cantar español viene de molde, en cierto modo, á las cosas
+de este fabuloso Paris. Es un gran caldero que aturde al mundo, y el
+mundo atribulado acude á los golpes.
+
+[Ilustración: Arco del Triunfo.]
+
+[Ilustración: La Magdalena.]
+
+
+
+
+=Dia quinto=.
+
+La Magdalena.
+
+
+A las siete y media de la tarde tuvimos que pedir auxilio al fiacre, y
+nos dirigimos á la Magdalena. ¡Hermoso edificio! ¡Fábrica suntuosa! Al
+contemplar aquel enorme grupo, me parece que no estoy en Paris. Creo que
+me han hecho viajar estando dormido, y que despierto en Grecia. La
+Magdalena es un fastuoso palacio griego, no un templo cristiano. Un
+templo es la casa de Dios, destinado á despertar en nuestro espíritu la
+emocion religiosa. Donde no hallo la emocion religiosa, no hallo el
+templo, y la Magdalena, ese precioso y espléndido alcázar, no despierta
+en mi alma aquella emocion casi divina. Contemplándolo, siento el
+entusiasmo de la admiracion, no la veneracion de la fe: creo ver
+estátuas de héroes, no efigies de santos: me acuerdo de Alejandro, de
+César, de Anníbal; no me acuerdo de Dios: me ecuerdo de Chipre y de
+Vénus; no me acuerdo del monte Calvario, ni del Redentor, ni de la
+Vírgen, ni de la Magdalena: me acuerdo de la gloria; no me acuerdo de la
+Pasion.
+
+La Magdalena es un _magnífico anacronismo_, un palacio asombroso y una
+mala basílica; un gran alcázar y una mala iglesia; un gran templo gentil
+y un mal templo cristiano.
+
+Le estoy viendo delante de mí, le estoy contemplando durante cuatro ó
+cinco minutos, quiero concentrarme, quiero abstraerme, quiero venerar,
+quiero que la idea de un ente supremo deje caer sobre mi alma una sombra
+inmensa; no puedo conseguirlo. Las musas me llaman, la fábula griega me
+distrae, los bosques de la isla de Calipso me hablan de amor; veo
+flores, mujeres, altares profanos; huelo perfumes embriagadores; diviso
+florestas, cuyas sombras parecen ocultar misterios lascivos; oigo á lo
+léjos un ruido que me intranquiliza, que me seduce; pero que me seduce
+como nos seduce una maga ó una circe. Cedemos al placer, pero cedemos
+suspirando: nuestros sentidos están alegres; nuestro corazon está
+triste. En una palabra, mirando ese rico palacio ateniense, lo veo todo,
+menos la lágrima de la Magdalena, aquella lágrima escondida y humilde,
+fervorosa y santa; aquella lágrima que es una poesía más sublime que la
+más sublime poesía de todos los poetas del mundo; la poesía del
+Calvario.
+
+¡Cómo la piedra nos enseña tambien! ¡Qué historia más grande es la
+arquitectura! El libro puede escribirse de dos modos, en papel y en
+mármol. La imprenta existió siempre: antes se llamó Fidias; luego se
+llamó Guttemberg.
+
+Estudiando ese alcázar que me llena de admiracion, se comprende la
+infinita superioridad del Cristianismo sobre todas las religiones del
+Asia, de la Grecia antigua y de la antigua Roma, no sólo en materia de
+dogma, de ciencia, de política y de moral, sino hasta en materia de
+arte. Chateaubriand decia muy bien: el mismo bronce, la ruda campana,
+nos inspira cierta melancolía dulce y religiosa, cierto éxtasis
+indefinible, cuando es intérprete de los sentimientos cristianos.
+
+La poesía cristiana no nos ofusca, no nos arrebata; nos llama, nos
+atrae, nos acaricia: no nos seduce; nos persuade; no nos alucina, nos
+duerme.
+
+La poesía cristiana, el arte cristiano, no es brillante, deslumbrador:
+es grave, severo, recatado. Es una figura que se cubre á medias con un
+velo. La parte que vemos, hace que nos enamoremos de ella, y la amamos.
+La parte que no logramos ver, nos hace adivinar un prodigio, y la
+adoramos.
+
+El paganismo no hacia más que amar, porque no veia más que formas. El
+Cristianismo ama y adora al mismo tiempo, porque al mismo tiempo ve
+cuerpo y alma, formas y prodigios, tierra y cielo, humanidad y Dios.
+
+El arte gentil habla á los sentidos, al corazon y á la fantasía.
+
+El arte cristiano habla al sentimiento, á la conciencia y á la fe.
+
+El arte gentil conoció la poesía del placer.
+
+El arte cristiano conoce y siente la poesía del dolor.
+
+El arte pagano tenia mujeres.
+
+El arte cristiano tiene Marías y Magdalenas.
+
+Bajo el arte asiátiaco y griego, cerramos los ojos y vemos bacanales.
+
+Bajo el arte del Cristianismo, cerramos los ojos y vemos vírgenes.
+
+La gentilidad nos abate; el Cristianismo nos enaltece. Segun la feliz
+expresion de Pascal, el paganismo _nos trae_, el Cristianismo _nos
+lleva_. El uno viene, el otro va.
+
+Pues volviendo al edificio que tengo delante, nos alucina; no nos llama;
+pertenece al arte gentil, no al arte cristiano; es una especie de
+idolatría; no un culto; no una adoracion; tendré que decirlo otra vez:
+es un _brillante anacronismo_. El culto divino no hubiera perdido casi
+nada, si se hubiera llevado á cabo el pensamiento de Napoleon, que
+queria convertirlo en templo de la gloria. Como templo de la gloria,
+admirable; como templo cristiano, no habla á mi inteligencia y á mi fe,
+por más que me haga latir el corazon.
+
+Ahí, en donde ahora se levanta ese precioso monumento ático, no
+existian, hace siete siglos, más que prados, pastores y ovejas, ¡Quién
+lo habia de decir entonces!
+
+El edificio que contemplo sucedió á una iglesia, edificada el siglo XV
+por Cárlos VIII, en la cual este príncipe estableció la cofradía de la
+Magdalena, de donde trae orígen el nombre actual de ese monumento. Y la
+iglesia de Cárlos VIII, sucedió á una granja y capilla que en el siglo
+XII construyó un obispo de Paris, en donde los cristianos de aquel
+tiempo orarian indudablemente con más fervor, que los cristianos del
+siglo XIX oran en ese régio alcázar. En torno á la capilla y á la granja
+de aquel prelado, se fué formando un barrio populoso, conocido en la
+historia con el nombre de _ciudad del Obispo, ville-l'Evèque_.
+
+Mucho despues, la ciudad del Obispo entró á formar parte de Paris, y
+habiéndose verificado la apertura de la calle Real, determinaron
+construir el actual templo de la Magdalena, enfrente del palacio de
+Borbon y de la plaza de Luis XV. Este monarca principió la obra, la
+cual, atravesando la Revolucion, el Imperio y la Restauracion, llegó á
+Luis Felipe, que la puso la última piedra.
+
+Nos aproximamos un poco. La entrada es verdaderamente régia, gallarda,
+arrogante. El gran pórtico del Mediodía, que es el que vemos, está
+coronado por hermosos frontones triangulares, y adornado de un bajo
+relieve de 35 á 40 metros de anchura, sobre 7 ú 8 de altura, en el cual
+se ve á Santa Magdalena echada á los piés del Salvador, teniendo á su
+derecha la fe, la esperanza y la caridad, y á su izquierda, casi
+revueltos y confundidos, los siete pecados capitales. Así al lado
+derecho como al izquierdo, divisamos otras figuras. Las de la derecha
+deben ser bienaventurados, que guardan las tres virtudes teologales, y
+las de la izquierda parecen ser figuras de réprobos, imágen de los siete
+pecados.
+
+Nos acercamos más. La enorme puerta principal, toda de bronce, es un
+trabajo de mérito notable; una obra maestra. Allí se ven, simbólica y
+admirablemente explicados los diez mandamientos de la ley escrita, por
+medio de figuras del antiguo Testamento. Aquella grande historia,
+escrita en bronce, me ha llenado de asombro, no tanto por su hábil
+ejecucion, como por su vasta y feliz inteligencia.
+
+Entramos en el templo, y nos hallamos en un espacioso átrio ó vestíbulo,
+formado por una arcada de 25 á 30 metros de altura, sobre 14 ó 15 de
+latitud, en donde están las dos capillas del bautismo y del matrimonio.
+La primera tiene un grupo de mármol que representa el bautismo de
+Jesucristo; y la segunda, otro grupo que representa las bodas de la
+Vírgen con San José. Las pilas del agua bendita, obra del maestro
+Antonin Moyne, son una verdadera preciosidad á los ojos del arte.
+
+Nos volvimos para dirigir una mirada hácia el fondo del templo, y
+nuestros ojos aturdidos se perdieron en una sola nave, alta, anchurosa,
+iluminada, inmensa, llena de valentía, de fuerza y majestad. No es una
+majestad ingénua, bíblica, inocente; no es esa majestad sencilla y
+candorosa que saca su encanto del espíritu; no es una majestad
+cristiana; es una majestad poderosa, esplendente, fantástica, agorera;
+una majestad que saca su encanto de la forma; una majestad del arte
+pagano; pero indudablemente estas formas tienen algo imponente,
+majestuoso y grande.
+
+Aquellas bóvedas silenciosas, quietas y como amontonadas sobre sí
+mismas, aquella techumbre formidable que parece estar suspendida por el
+genio del hombre, no nos trae esperanzas del cielo, no nos trae palabras
+y consuelos de otra vida mejor, pero nos da una grande idea de la
+tierra. Aquí todo respira grandeza, atrevimiento, orgullo. Sí, orgullo,
+porque creaciones tan fastuosas como esta, nos inspiran el sentimiento
+de la emulacion, casi de la envidia. ¡Cuántos hombres no escalarían la
+tierra, si pudiesen, para hallar luego un trono en este palacio! Aquí
+pensamos en el sitio de Troya, en Aquiles y Ulises, en Hector y Eneas;
+aquí no pensamos en Providencia, ni los ángeles, ni en bienaventuranza.
+Por este camino vamos á Chipre, no á Jerusalen. ¡Con cuánto talento
+queria Napoleon convertir esta iglesia en templo de la Gloria!
+
+Nos dirigimos al altar mayor, y este gran monumento me confirmó más en
+mi juicio. El grupo principal, la exaltacion de la Magdalena, esculpido
+con la esplendidez y la frescura que el genio audaz de Marochetti sabe
+dar á sus obras, representa á nuestro Señor, á la Santa, á los Apóstoles
+y á los Evangelistas, y alrededor de este grupo cristiano, en torno á
+este hogar religioso, rodeando esta familia bendita, vemos el arte
+griego, la poesía mitológica, que nos ofrece una infinidad de
+personajes, desde el bautismo del rey Clovis, hasta el Concordato de
+1802. Constantino, Clovis, Santa Genoveva, Carlomagno, Godofredo, Juana
+de Arco, reyes, héroes, Napoleon, el cardenal Gonsalvi; razas distintas,
+gustos diversos, diversos caractéres, civilizaciones contrarias: todo
+está revuelto y mezclado aquí, como se mezclan en un nicho las cenizas
+de varios difuntos. Eso no es una exaltacion de la Santa; eso es una
+galería de historia: eso no es un cuadro religioso; es una pintura
+social: eso no es un altar del Cristianismo; es el trofeo de una nacion.
+Aquí reina la Francia, no el Redentor del mundo; reina el artista, no el
+sacerdote; reina el hombre, no reina Dios. No comprendo cómo la gente
+reza aquí. Yo no podria rezar. Frescos brillantes de Ziegler, suelos
+magníficos de mármol, cielos rasos preciosamente cincelados bajo la
+direccion de Derre; todo llama y provoca la materia; todo incita
+nuestros sentidos; todo es contra la poesía del templo, porque todo es
+contra la poesía del alma; sobre todo, contra la poesía austera y
+sublime de la Cruz. Si Santa Magdalena se levantara de la tumba, es bien
+seguro que se persignaria escandalizada de que la adorasen aquí; es bien
+seguro de que miraria en este templo, lo que un aleman miraba en la
+Basílica de San Pedro de Roma: UNA DELICIOSA TENTACIÓN.
+
+Salimos de la Magdalena entre alegres y tristes, y á los veinte ó
+veinticinco pasos nos volvimos, como para dominar el conjunto de aquel
+alcázar esplendoroso. Su vista es agradable, armoniosa, poética, casi
+imponente. Mirado por fuera el edificio, tiene algo solemne, porque lo
+grande tiene tambien su solemnidad. Su plano forma un rectángulo de 70 á
+80 metros de longitud, sobre 20 á 25 de latitud, mientras que alrededor,
+sobre un basamento de 50 ó más metros, corre un perístilo ó galería de
+cincuenta y dos columnas gigantescas entre las cuales se ven muchas
+estátuas, con el nombre del santo y el del escultor. Esto confirma más y
+más mi anterior idea. Si ese templo no es una exposicion de bellas
+artes, ¿á qué viene el nombre del artista? Si es un lugar de veneracion,
+¿á quién tenemos que venerar sino al santo? El escultor pone tambien su
+nombre; es decir, pide su parte de devocion, de culto; reclama tambien
+su parte de limosna á la fe del creyente. El escultor quiere reinar al
+lado del héroe de la Iglesia. Esas estátuas representan dos santidades:
+el santo y el artífice.
+
+El lector debe ser un tanto indulgente conmigo, porque escribo sin
+preparacion, y sin corregir una palabra de lo que trasmito al papel. Veo
+una cosa, y sin más antecedentes que verla, digo buenamente lo que se
+me ocurre, ó lo que siento. Esto tiene el inconveniente del descuido que
+debe notarse en la obra, pero tiene, en cambio, la ventaja de la
+ingenuidad más estricta y de la más perfecta exactitud.
+
+De vuelta al hotel, nos encontramos en la puerta á la señora, que nos
+preguntó, con una sonrisa muy amable, si veniamos de visitar algun
+monumento. Sí, señora, la contesté. Venimos de la Magdalena.
+
+--_¿Que vous semble-t-il? ¿Qué le parece á usted?_ preguntó la señora,
+avivando un tanto los ojos, y marcando mucho las palabras, con cierta
+expresion orgullosa.
+
+--Me parece, señora, la contesté, que aquello es un lugar de triunfo y
+de alegría, no de sacrificio, de meditacion y de recogimiento. Es una
+Vénus, no una Magdalena; un festin, no una lágrima. Si ese monumento no
+fuese tan magnífico, seria menos palacio; pero seria más iglesia.
+
+Diciendo y haciendo, cogí la escalera, y la señora se quedó mirándome,
+como una persona que piensa y que no acaba de comprender su propio
+pensamiento.
+
+
+
+
+=Día sexto=.
+
+Calle de Rívoli, casa de la Ciudad, columna de Julio, arco del Triunfo,
+campos Elíseos.--¿Se vive aquí mejor que en otros puntos?
+
+
+Luego que se empezaron á encender los faroles en la ciudad, nos
+dirigimos á la calle de Rívoli.
+
+Figúrese el lector la situacion siguiente: puesto en la plaza de la
+Concordia, frente á la Magdalena, se ven dos palacios: uno es el
+ministerio de Marina y de las Colonias: el otro corresponde á diferentes
+particulares, los cuales le dieron la forma de palacio para que formara
+un grupo simétrico con el de Marina.
+
+Demos ahora la izquierda á la Magdalena, y hallarémos que entre el
+ministerio de Marina y el jardin de las Tullerías, palacio del mismo
+nombre y el Louvre, media un espacio de 30 ó 35 pasos, que se extiende
+hasta la plaza de la Bastilla, en una extension de media legua poco más
+ó menos.
+
+Hé aquí, pues, el panorama: hácia la derecha (en primer término) jardin,
+palacio de las Tullerías, unido al palacio del Louvre: hácia la
+izquierda, una hilera simétrica de casas de tres y cuatro pisos, aunque
+todas con la misma altura, formando arcadas bastante espesas, hasta la
+verja en que el Louvre concluye.
+
+En segundo término, hileras de casas á derecha é izquierda, simétricas
+en la forma, no en la direccion; despues un torreon colosal con jardin;
+luego la casa de la Ciudad con plaza extensa; por último, nuevas casas
+hasta la calle de San Antonio, la cual se prolonga hasta la plaza de la
+Bastilla.
+
+Esto es lo que se llama calle de Rívoli. Tiene de 300 á 400 edificios,
+de 300 á 400 arcos, de cada uno de los cuales pende á la misma altura un
+farol de gas: está surcada por 76 calles, entre las que cuento la plaza
+Real, con el palacio Real enfrente, y el bulevar de Sebastopol.
+
+Si á esto se añade que casi todos los pisos bajos son establecimientos
+de lujo, iluminados con profusion, así como las 76 travesías, no será
+difícil representarse el panorama que ofrecerá de noche la calle de
+Rívoli.
+
+Aún despues de ver los campos Elíseos y la plaza de la Concordia, la
+hermosa galería de Rívoli no puede menos de ofrecer un espectáculo
+notable, algo penoso, si se quiere, porque nos agobia con la impresion
+que causa en nuestro ánimo toda obra grandiosa.
+
+Así que salimos á la plaza de la Concordia, divisamos, entre el juego de
+muchas luces particulares, un surco contínuo de fuego, tirado á cordel;
+á medida que el coche avanzaba, veiamos escaparse, como apariciones
+fugitivas, la rica y espaciosa calle de Castiglioni, divisando como un
+relámpago la enorme columna de Vendome; la plaza y la fachada del
+palacio Real, iluminadas perfectamente, el anchuroso bulevar de
+Sebastopol, con sus dos hileras de faroles que se van juntando á medida
+que la mirada se prolonga, hasta que se pierden en un montecillo de
+luces trémulas, á una distancia que parece de ocho ó diez millas; el
+gigantesco torreon negro, con su jardin alrededor, como una azucena
+sembrada al pié de una roca deforme; el palacio de la Ciudad y su plaza,
+alumbrada por grandes faroles, la caserna de Napoleon, hasta llegar á la
+Bastilla, plaza extensa, menos brillante que la de Vendome ó la de las
+Victorias; pero no menos interesante como teatro histórico. Aquí la
+escena cambia de aspecto; de un círculo de luz y de bullicio, pasamos á
+un círculo de meditacion y de melancólica poesía. Hay luces que vienen á
+reflejarse en nuestros ojos: hay luces tambien que vienen á reflejarse
+en nuestra alma. En este sentido, la Bastilla está más alumbrada que los
+almacenes del Rívoli.
+
+En medio de la plaza distinguimos una gran columna que remata en un
+globo, sobre el cual asienta sus piés una figura. De cuando en cuando,
+un reflejo salia de la columna y nos heria confusamente, pareciéndonos
+descubrir como letras doradas. Así era, en efecto, segun nos informaron
+varios transeuntes. Aquellas letras perpetúan el nombre de las personas
+que sufrieren el cautiverio de la Bastilla, de la alta prision de
+Estado, de aquella Inquisicion de la edad media, de aquel Gólgota
+religioso y político.
+
+Mis lectores saben que todos los pueblos han tenido _plaza de la Greve_,
+su horca y su verdugo, su argolla de hierro: la castracion en casi toda
+el Asia primitiva; la concha del ostracismo en Grecia; el monte Taygeto
+en Esparta; el monte Calvario en Judea; la roca Tarpeya en la Italia
+antigua; el Santo Oficio en la Italia moderna; la _Bastilla_ en Paris.
+
+El azote del mandarin chino ha viajado mucho por la tierra; puso los
+piés en Francia, y se llamó Bastilla en el siglo XIII, así como antes se
+habria llamado de otra manera, porque es claro que las edades
+anteriores, todas las edades humanas tuvieron tambien su _Bastilla_.
+Pero otra edad humana vino, la Bastilla desapareció, cayó bajo los
+golpes de la piqueta revolucionaria, y sobre sus escombros se levantó
+grande y valerosa la columna de Julio. Al monumento del siglo XIII
+sucedió el monumento del siglo XVIII: el Capitolio se levantó sobre la
+roca ensangrentada del monte Tarpeya. La figura que remata ese
+monumento, es el genio de la Libertad.
+
+Ahí, donde ahora se eleva esa columna como una plegaria se eleva al
+cielo, estuvieron las jaulas de hierro, construidas en forma de embudo,
+para que el prisionero no pudiera permanecer sino encorvado. ¡Cosa
+singular! Á un hombre le pesa emplear dos varas de bronce con el fin de
+que su cautivo pudiera respirar de pié derecho, cuando la Providencia
+habia creado para aquel cautivo toda esa inmensidad que flota entre la
+Bastilla y las estrellas.
+
+Allí fuéron víctimas de la tenebrosa política de Luis XI, Guillermo de
+Llarancourt, obispo de Verdun, Jaime de Armagnac, duque de Nemours y el
+conde de Saint-Pol.
+
+Allí fué tambien decapitado Cárlos de Contant, convencido de traicion
+hácia la Francia.
+
+Allí fué del mismo modo condenado á muerte el conde de Lallytollendal,
+cuya inocencia se reconoció cuando era ya tarde. Allí, en ese Santo
+Oficio político de la edad media, gimieron sucesivamente Basompierre, el
+gran Condé, el famoso Fonquét, su amigo y secretario Palisson, el docto
+Sacy, el duque de Laurum, marido de la nieta de Enrique IV, el mariscal
+de Richelieu, el tristemente célebre marqués de Sade, el cardenal Rohan,
+el caballero Mazers de Latude, Bruno de la Condamine, y últimamente, un
+hombre que hizo mucho ruido en el mundo, la gloria y el escándalo, la
+fábula y la admiracion de su siglo; un hombre filósofo, teólogo,
+estadista, geógrafo, erudito, matemático, novelista, filólogo, poeta; un
+mónstruo de talento y de audacia; el hombre del talento más vario y más
+indefinible que ha puesto los piés sobre la tierra; ahí estuvo Voltaire.
+Escribió una sátira contra el regente, y lo encerraron en la Bastilla.
+Pero me olvidaba de que esa Bastilla cuenta en sus anales un personaje
+más famoso aún que el mismo Voltaire, para las tradiciones de aquel
+edificio. Este personaje es el _hombre de la máscara de hierro_,
+llamado y conocido así, acerca del cual no pudo la historia averiguar
+nada, mientras que la poesía popular se contentó con divertir al vulgo,
+inventando cuentos y consejas. El _hombre de la máscara de hierro_ es un
+arcano añadido á los tantos misterios de que fué teatro aquel monumento
+misterioso.
+
+¡Cuán majestuosa se alza ante mí esa piedra monumental, encarnacion ayer
+de las antiguas castas, encarnacion más tarde de la política y del arte
+modernos!
+
+Aquella piedra se representa en mi fantasía como el gigante desterrado
+de un siglo, á quien otro siglo da razon en una hora de verdad y de
+entusiasmo.
+
+¡Quién habia de decir á Felipe Augusto y á Luis XI que las ruinas de
+aquel Santo Oficio habian de servir para la construccion del _puente
+nuevo_, el más popular, el más _liberalizado_ de Paris! ¡Cuántos senos
+ocultos tiene la historia de la humanidad!
+
+Nos volvimos á nuestro _fiacre_, y nos vimos de nuevo entrar en la calle
+de Rívoli, deshaciendo el camino andado. Al llegar al hotel de Ville,
+nos apeamos y corrimos la vista por la fachada de aquel importante
+edificio, colocado enfrente de la puerta principal.
+
+El nuevo sitio en que nos encontramos guarda tambien su poesía tétrica,
+terrible; instructiva y moralizadora como el monumento de Felipe Augusto
+y de Luis XI, porque no hay poesía inútil, sobre todo cuando es
+terrible. El sitio en que nos encontramos fué la _Bastilla de otra
+edad_; menos lógica, en cambio más cruel.
+
+Sobre el mismo suelo en que ahora tenemos los piés, fuéron arrastrados y
+descuartizados _Ravaillac_, _Cartouche _y _Damiens_; sus miembros
+palpitantes ensangrentaron este suelo que ahora pisan sus nietos con
+indiferencia. Aquí tambien rodaron las cabezas de dos mujeres, dos
+mujeres funestamente célebres, dos envenenadoras: _la Boisin_ y _la
+Brinvilliers_.
+
+Seguimos la calle de Rívoli, subimos por la Magdalena y nos hallamos en
+el bulevar de este nombre, divisando á poco los bulevares de las
+Capuchinas, Italianos, Montmartre, Poisonnière y una parte del de San
+Martin. Esta nueva vista no es tan simétrica y artificial como la de
+Rívoli; pero es más extensa, más graciosa y más alegre, de más efecto.
+Aquí hay más expansion, más capricho, más fantasía: es decir, hay más
+creacion individual.
+
+El Rívoli es una galería del Estado.
+
+Los bulevares son inmensas galerías del pueblo.
+
+Millares y millares de variados tubos y reverberos iluminan las tiendas,
+los cafés, los hoteles, los casinos: otros tantos millares y millares de
+luces se reflejan en los espejos interiores, que tienen casi todos los
+establecimientos públicos, produciendo una especie de _vision mágica_;
+mientras que los faroles de los centenares de carruajes que van y vienen
+en un oleaje contínuo, convierten aquellos espaciosos bulevares en una
+atmósfera oscilante de luz.
+
+Difícil será hallar en el mundo una ciudad más alumbrada que Paris. Hay
+muchos establecimientos que emplean centenares de luces, y tratándose de
+los _cafés-conciertos_, es tarea no muy fácil el contarlas. Pero de todo
+eso que se ve, de ese foco brillante que por todas partes aparece, que
+por todas partes se filtra, que más de una vez se descubre á lo léjos,
+debe rebajarse una mitad. La mitad es debida al juego teatral de los
+espejos interiores; debida á la mágia parisiense.
+
+Aquí todo tiende á ser mágico; hasta la bota con que pisamos el lodo
+inmundo: la misma bota, el mismo zapato, la humildad aplicada al vestido
+del pié, lleva aquí detrás su cortejo, su galantería; _au soulier
+galant_. Por eso Paris, sin dejar de ser una ciudad importantísima, es
+una ciudad aparente; artísticamente mentirosa, artísticamente exagerada,
+exageradamente culta.
+
+Llegamos al hotel cerca de las diez, y mi mujer y yo digimos: Paris es
+un mónstruo muy bello, sobre todo muy iluminado: su morada seria
+deliciosa sin coches: con coches, viene á ser un infierno vivo.
+
+Suponiendo que la poblacion avecindada y la flotante suba á millon y
+medio de almas, que ciertamente no bajará, creo que á cada quince
+personas podria tocar un carruaje: creo que en Paris no hay menos de
+cien mil carruajes de todas matrículas y cataduras. Hablando solamente
+de los coches públicos, puedo asegurar que he llegado á ver hasta el
+número once mil y tantos.
+
+¡Feliz yo si hubiera tantas perdices como las de mi plazuela de
+Herradores, tantos pucheros como mi olla de Madrid, tantas botellas como
+las de mi clásico manchego!
+
+Voy á terminar este dia con una pregunta: ¿se vive aquí mejor que en
+otras partes?
+
+Estos grandes centros no son otra cosa que hornos de fundicion social,
+donde se depuran las creaciones que hacen falta al mundo: no son centros
+de dicha; son talleres de necesidad. Estas ciudades hacen lo que la
+mujer cuando nos inspira fuertes pasiones: pasiones que sirven para
+purgar con fuego la escoria que llevamos en el corazon.
+
+No envidieis esto, hombres sencillos, que pasais la vida girando en
+torno de vuestra aldea, como da vueltas la paloma alrededor de su nido:
+el espíritu humano es como el ambiente: siempre se nivela. Dios no ha
+puesto los goces supremos de la vida en los resplandores de un vidrio,
+ni en el espacio de una calle, ni en la hermosura de una plaza, de un
+paseo ó de un arco triunfal. El hombre tiene su monumento en donde tiene
+su inteligencia, sus creaciones, su familia; donde tiene la patria que
+le ha dado quien dió astros al cielo. ¿Qué cristal más brillante que el
+sol? ¿Qué mejor prisma que una estrella? ¿Qué fábrica más espaciosa que
+vuestros campos? ¿Qué arco triunfal más suntuoso y más magnífico que el
+firmamento?
+
+En todas partes está el hombre: en todas partes respira Dios. ¿Qué Paris
+tan grande como Dios y el hombre?
+
+No, no envidieis esto. Yo lo trocaria por vuestros bosques silenciosos,
+sino tuviese marcada mi tarea de pequeño obrero en estos grandes hornos
+de fundicion.
+
+En resúmen, el hombre tiene aquí placeres de opinion y de fantasía que
+vosotros no conoceis; como teneis vosotros goces de calma y de
+naturaleza que no se conocen aquí. El hombre se aproxima incautamente
+al horno y se quema; como en la aldea se aproxima imprudentemente al
+arroyo y se ahoga.
+
+Solo de un modo podriais ser más desgraciados que los habitantes de esta
+Babilonia, que me aturde: teniéndoles envidia.
+
+
+
+
+=Dia sétimo=.
+
+Casa de Ciudad, arco del Triunfo, Obelisco.
+
+
+Mis queridos lectores, ayer os he hablado de las Casas Consistoriales y
+del arco del Triunfo, y os debo algunas palabras sobre ambos monumentos,
+representantes de célebres y poderosas tradiciones políticas de este
+país. El palacio de la Ciudad es el representante de las tradiciones del
+Municipio; el arco de la Estrella es el representante capital de las
+tradiciones del Imperio; un gran trofeo representando una grande
+historia; un coloso representado por otro coloso.
+
+A las cinco comimos en el restaurant del pasaje de los Panoramas;
+volvimos á casa á las cinco y media, dejo á mis compañera en el hotel,
+entretenida en escribir á sus amigas de Madrid y Valencia, salgo á la
+calle, vuelo á la plaza de la Bolsa, tomo un coche, y á las seis menos
+diez minutos me tiene situado delante de la casa de la Villa.
+
+Apartemos ahora los ojos de ese edificio; volvamos con el pensamiento al
+siglo XIV, dejándonos atrás quinientos años, y en el lugar en donde
+ahora se levanta ese alcázar grandioso, hallarémos una pobre casa,
+llamada _la casa de la Greve_, ó _la casa de los Pilares_, aludiendo á
+los pontones de madera que sostenian su mezquina fachada, ó bien la casa
+de _los Delfines_ (de los Príncipes), aludiendo sin duda á que aquel
+edificio habia pertenecido á los príncipes de Viennois.
+
+[Ilustración: Casas Consistoriales.]
+
+[Ilustración: Plaza de la Concordia.]
+
+Dejemos ahora la humilde casa de los Pilares ó de la Greve, costeemos
+los bordes solitarios del Sena, y encontrarémos, casi fundada sobre las
+corrientes del rio, una morada más humilde aún. Esa morada oscura, ese
+castillo viejo y ruinoso, eso que parece más bien la barraca de unos
+pescadores, es el local de la Municipalidad de Paris: _el locutorio de
+los paisanos ó del pueblo, le parloir aux bourgeois_. La Municipalidad
+quiso entonces mejorar de vivienda, y resolvió comprar la casa de la
+Greve. En efecto, un preboste ó corregidor de los mercaderes, el famoso
+Estéban Marcel, á quien dedicarémos una página en la reseña histórica de
+Paris, compró la casa de los Pilares por la cantidad de 2.880 libras, en
+7 de Julio de 1357, y á ella se trasladó el Ayuntamiento, ocupando el
+trono el rey Juan. Pasan doscientos años, la pobre casa de los Pilares
+no puede con el peso de los infinitos y memorables acontecimientos de
+que fué teatro durante dos siglos; aquella pobre casa amenaza ruina en
+el reinado de Francisco I, y el Cabildo de Paris, que habia dejado la
+barraca del Sena para ocupar la casa de los Delfines, concibe ahora el
+pensamiento de derribar la antigua casa de los Delfines, para levantar
+un palacio que corresponda á la importancia de la corporacion y de la
+ciudad. Llegó el 15 de Julio de 1533, y Pedro Viole, preboste de los
+mercaderes, seguido de los síndicos y regidores de la ciudad, puso
+solemnemente la primera piedra del futuro palacio, entre el clamoreo de
+las campanas de San Juan y de Santiago de la Giferia. El edificio se
+terminó en 1836; bajo Luis Felipe, que deberia llamarse en la historia
+_el rey completador_.
+
+La vista de este alcázar deja en nuestro ánimo una impresion particular,
+en que influye, menos indudablemente el género de su arquitectura, que
+el carácter de su historia, el gusto, por decirlo así, de sus recuerdos,
+la arquitectura de su pasado, esa arquitectura que está más allá de la
+piedra que vemos.
+
+No es un edificio del renacimiento, ni del feudalismo, y sin embargo,
+nos parece que tiene algo del feudalismo y del renacimiento; algo del
+siglo X y del siglo XIV. Tiene lo que debe tener un palacio; no tiene
+nada de lo que tiene una abadía ó un convento, y sin embargo, menos que
+la idea de palacio me suministra la idea de una abadía, con su pórtico,
+sus columnas, sus ventanas, sus torreones y las esbeltas y atrevidas
+agujas de sus para-rayos, que parecen ser veletas de un templo. Sin
+dejar de tener la gravedad de la magnitud, el aire espléndido de la
+grandeza, la magnificencia liberal de la pompa, encontramos en ese
+alcázar algo festivo, algo risueño, algo popular. Es un noble, un
+magnate, un monarca, que sin dejar de ser monarca, magnate ó noble,
+tiene algo del antiguo preboste de los mercaderes. Sin dejar de ser un
+palacio grandioso, un monumento colosal, tiene algo de la humilde casa
+de los Pilares, algo de la pobre barraca del Sena, del primitivo
+_locutorio_; algo de aquello que pasó para la arquitectura, que no ha
+pasado, que no pasará nunca para el espíritu del hombre; sobre todo,
+para el espíritu de los pueblos. Hay algo popular que arranca de ahí,
+que de ahí se desprende y viene á buscar al espectador.
+
+El palacio del Ayuntamiento forma un extensísimo paralelógramo,
+flanqueado por dos pabellones intermedios y cuatro pabellones en los
+ángulos.
+
+Encima de la entrada principal, que da á la plaza, se ve un
+bajo-relieve, ejecutado en bronce, el cual representa á Enrique IV
+montado á caballo. El patio está circuido de graciosos pórticos, y
+exornado por una estátua de Luis XIV, obra de Coysevox, reliquia
+preciosa para el arte, que la aprecia más que las numerosas estátuas de
+los hijos célebres de Paris, que decoran el frontis de este opulento
+alcázar.
+
+En la fachada del Norte, que cae al Sena, se ven doce estátuas
+alegóricas, y al pié, verde, humilde y gracioso, un jardincito limitado
+por una verja, la cual lo separa del borde del rio. No es una
+perspectiva arrebatadora; pero es ingénua, cándida, inocente como los
+recuerdos de la niñez. Al ver esos hierros, esa verdura y las aguas del
+Sena, parece que vemos al Paris feudal, y nos acordamos naturalmente de
+Abelardo y Eloisa.
+
+Tal es el edificio por fuera; visto por dentro, no es un edificio, sino
+un mundo fascinador. Son notabilísimas la sala de los Arcades, el salon
+del Emperador, el de la Paz, el de las Cariatides, el del Zodiaco, la
+galería de piedra, la de las fiestas, adornada con una profusion que
+excede á todo exagerado encarecimiento, y el salon de las artes. Pero
+más que todos esos fastuosos salones, más que todas esas ricas
+exposiciones de la entusiasta imaginacion de un pueblo brillante y
+fantástico, más que todos esos fatigosos alardes de lujo y de riqueza,
+hieren y cautivan nuestra atencion tres salas extensísimas, casi
+desnudas, silenciosas, solemnes: la sala del trono, con sus doce enormes
+arañas, destinada primitivamente á las recepciones, á los banquetes y
+festines, y las dos salas de los _Prebostes_, de esos magistrados del
+pueblo, de esos reyes de la ciudad, de esos alcaldes absolutos que eran
+los amos de Paris, como los padres de la edad media eran los amos de su
+familia, como los señores feudales eran los amos de su feudo y de su
+castillo. El preboste era el guardian de aquel convento; era el abad de
+aquella abadía.
+
+La sala del trono, con cierto aire de grave y reposada aristocracia, con
+la elocuencia imponente, venerable y austera de la antigüedad, con la
+fantasía lúgubre y poderosa del pasado: y las dos salas de los
+prebostes, con cierto aire de cordialidad y de franqueza, de barbarie
+agreste y de recta justicia, con esa mistura de desenfado y de
+miramiento que veneramos en los antiguos, el desenfado del hombre rudo,
+y el miramiento religioso del hombre de bien; esas tres salas, que
+pudieran llamarse _de los cristianos viejos_, nos atraen magnéticamente
+con dos emociones distintas: la emocion de la historia, y la emocion de
+la poesía; esa poesía que va unida al orígen de todas las cosas, porque
+la infancia, la niñez, es naturalmente poética; la poesía que tiene la
+cuna, en donde la madre cria á sus hijos. Aquí pensamos y sentimos;
+todas esas figuras caen á un mismo tiempo sobre nuestra cabeza y nuestro
+corazon.
+
+La casa de la Villa como agradecida á sus buenos padres, como si no
+quisiera divorciarse de la pobre casa de la Greve, y de la húmeda
+barraca del Sena, como la familia que pone en la sala principal de su
+casa el retrato de sus mayores, como el hijo que guarda la cuna en que
+su madre le crió; la casa de la noble villa de Paris (la gratitud y la
+lealtad son dos virtudes nobilísimas) nos presenta en estos dos inmensos
+salones, en estas dos inmensas galerías históricas, los bustos de varios
+prebostes del pueblo, desde Evreux, que _capitaneó_ el cabildo de Paris
+en 1205, hasta Tradaine, que reinó, por decirlo así, en 1705.
+
+Esta reverencia hácia el pasado, este saludo á nuestros mayores, este
+gusto de historia y este sentimiento de poesía, son cosas que me
+encantan en todas partes; en Paris tambien: he pasado un rato delicioso,
+y no puedo pagar esta deuda del alma, sino dando mi humilde enhorabuena
+á los creadores de este palacio, y al pueblo que lo guarda, que lo
+venera y que lo admira.
+
+¡Adios, afortunados mármoles, que nos representais hombres sencillos,
+valerosos y honrados! ¡Adios, mármoles, que dais testimonio de que
+existieron en el mundo la barbarie, la valentía, el cumplimiento de la
+palabra, la lealtad y la buena fe! ¡Adios bustos! ¡Adios prebostes!
+¡Adios, cristianos viejos! ¡Adios, vosotros que fuisteis aquí, lo que
+los antiguos alcaldes fuéron en mi patria! ¡Dios os tenga en su reino,
+que harto merecen la gloria eterna, los que siendo incultos, supieron
+ser cristianos!
+
+Hasta aquí he hablado de la historia de la piedra. Ahora tengo que decir
+dos palabras acerca de la historia del libro.
+
+Ahí, en medio de esa sala del trono, el pueblo de Paris, puesto de
+rodillas, saludó á Enrique IV y á Luis XIV.
+
+Ahí, en medio de esa sala del trono, en donde Paris arrodillado saludó á
+Enrique IV y á Luis XIV, se instaló la Comision revolucionaria del
+memorable 10 de Agosto.
+
+Ahí organizó la rebelion que la hizo triunfar de un monarca, encerrado
+en las Tullerías.
+
+Ahí, en medio de esa sala del trono, en donde una crísis turbulenta
+arrancó á un monarca de su palacio, cayó herida y exánime la revolucion
+con Robespierre en el memorable dia 9 de Thermidor.
+
+Ahí, en ese balcon de la fachada principal, se asomó el general
+Lafayette, presentando al duque de Orleans, que luego se llamó Luis
+Felipe.
+
+Ahí, en los tramos de esa magnífica escalera, casi debajo del balcon en
+que Luis Felipe habia sucedido á otro rey, el movimiento del 48 presentó
+al tribuno y poeta Lamartine la bandera republicana, esa bandera que
+sucedió á Luis Felipe, como Luis Felipe habia sucedido á Cárlos X.
+
+Esta plaza, la plaza de la Greve, cuyo nombre hace brotar en nuestra
+fantasía tantos espectros ensangrentados, sirvió de lugar á las públicas
+ejecuciones hasta 1830.
+
+Si esas piedras pudiesen decir lo que han visto; si esta tierra pudiese
+hablar, ¡cuántos crímenes, cuántas agonías, cuantas lágrimas, cuántos
+gemidos, cuántos arcanos y cuántos y cuán graves remordimientos vendrian
+á caer sobre la conciencia de Paris!
+
+Me quité el sombrero ante el ilustre y orgulloso sucesor de la casa de
+los Delfines y de la barraca del Sena, me metí en el coche: _al arco de
+la Estrella_, grité al cochero, y á los quince ó veinte minutos me
+encontraba bajo esta pirámide colosal, bajo este enorme catafalco.
+
+Pero me olvidaba de una coincidencia que me hirió de un modo muy raro. Á
+los trescientos ó cuatrocientos pasos de la casa de la Ciudad, vi un
+edificio grande, muy grande, negruzco, pesado, macizo, como si estuviese
+apilado sobre sus cimientos: un palacio lóbrego, que parece más bien una
+fortaleza, ó una prision de Estado. Era el palacio de las Tullerías. Y
+dije para mí: no en balde se encuentra este palacio en la misma línea
+que la casa de la Ciudad; no en balde se hallan en una misma zona
+geográfica, bajo un meridiano, por decirlo así. Esos dos monumentos
+históricos y políticos son dos poderes, dos recuerdos, que se miran y se
+provocan. Las Tullerías son la morada del silencio, de la ceremonia y de
+la reserva. El palacio del Ayuntamiento es la morada de la discusion, de
+la franqueza y de la libertad. Esta es la casa de la tradicion; aquella
+es la casa de la historia. Son dos tronos, en el de aquí se sienta el
+rey; en el de allí se sienta el pueblo. Aquí reina la Monarquía; allí
+reina la Francia. Pero vamos al trofeo de Napoleon.
+
+Llego al arco de la Estrella á las siete y cuarto. El sol acaba de
+ponerse, y brilla el Occidente á las últimas ráfagas del astro del dia,
+sin embargo de que ya se insinúan las primeras sombras de la noche,
+formando esa atmósfera vaga é indecisa, medio brillante y medio turbia,
+en que no sabemos si miramos luces ó sombras. Pero yo habia logrado mi
+objeto. No queria sino dominar de una mirada aquel maravilloso conjunto;
+no quería sino recibir la impresion de aquel enorme promontorio, y veo
+perfectamente hasta los menores detalles.
+
+Este coloso que contemplo es el arco de más magnitud de que habla la
+historia. Acaso Babilonia, Tebas, Nínive ó Mitilene ofrecieron á la
+admiracion de aquellos siglos un arco más grande; pero esos monumentos,
+si existieron, se han perdido para la historia.
+
+Los cimientos de este arco monstruoso, sublimemente monstruoso, tienen
+cerca de 9 metros de profundidad, segun el cochero me asegura, más de 54
+de longitud y 27 de latitud. Su elevacion raya en 50 metros, sobre una
+latitud de 44 y un espesor de 22 ó 23. Napoleon puso la primera piedra
+en 15 de Agosto de 1806, y se terminó en 1832, bajo Luis Felipe.
+
+Las sombras de la noche empiezan á indicarse, dejando en el aire cierto
+tinte oscuro, como si empañasen el ambiente. En este momento se
+encienden los faroles de la gran plaza, cuyo centro ocupa este
+gigantesco panteon histórico, y la luna aparece á poco, entre nubes
+ligeras, por detrás de los árboles de las Tullerías, de las fuentes y
+del obelisco de la plaza de la Concordia.
+
+La fachada principal del arco está decorada por dos trofeos simbólicos:
+el uno representa la partida, y el otro la vuelta del ejército. Otros
+dos emblemas exornan la fachada opuesta, que mira á Neuilly: la
+resistencia y la paz.
+
+Entre la imposta del arco principal y el cornisamento, se ven cuatro
+hermosos bajo-relieves, los cuales figuran las exequias de Marceau, la
+batalla de Aboukir, dada en 1798, en ocasion en que Murat hace
+prisionero al bajá de Roumelia; el puente de Arcola, tomado
+portentosamente por Napoleon en medio del fuego enemigo, y la toma de
+Alejandría, á fines del siglo XVIII.
+
+Un bajo-relieve de Marocheti, que representa la batalla de Jemmapes, en
+1792, orna el frontis lateral del Norte, y otro bajo-relieve, que
+representa la batalla de Austerlitz, orna la fachada lateral del
+Mediodía.
+
+Arriba, sobre el friso, como una corona que está ciñendo una cabeza, se
+ven grupos inmensos, los cuales figuran la ida y la vuelta de los
+ejércitos franceses. ¡Cuánta belleza!
+
+Palmas, cabezas de Medusa, coronas, famas de Pradier, rótulos,
+victorias, todo completa la ilusion del triunfo. Así como en la
+Magdalena no puede pensarse en los santos, aquí no se puede dejar de
+pensar en los héroes. Si la Magdalena fuese una basílica como este arco
+es un trofeo, si el espíritu de la religion dominase tanto en aquel
+alcázar, como el espíritu de la heroicidad y del entusiasmo domina en
+esta poderosa creacion, la Magdalena seria un gran templo.
+
+Penetré en el arco, y escritos sobre las anchurosas paredes y sobre las
+altísimas bóvedas, divisé los nombres de noventa y tantas victorias,
+además de las representadas en los bajo-relieves del frontis, de
+trescientos ochenta y cuatro generales, y de varios cuerpos de division
+que tomaron parte en las guerras de la Revolucion y del primer Imperio.
+
+Este arco prodigioso es la verdadera divinizacion de Bonaparte. El alma
+no puede menos de formar una idea muy grande, muy atrevida, muy
+gigantesca, una idea casi maravillosa, casi fantástica, del hombre que
+con ese monton de mármoles da las gracias á sus compañeros de lucha, de
+triunfo y de gloria; porque esa enormísima y espléndida pirámide no es
+otra cosa que las gracias que da un general á sus fieles y valientes
+soldados. La gratitud que así se insinúa, podrá no ser muy fervorosa;
+pero es magnífica.
+
+Yo permanecia embobado leyendo en las paredes y en las bóvedas los
+nombres memorables de los generales y de las batallas, cuando la luna
+se oscurece repentinamente, ocultándose en un celaje espeso, la luz de
+los faroles de la plaza no penetraba por el arco, y me vi envuelto en
+sombras, pareciéndome que me encontraba en el fondo de un grande osario.
+El arco habia dejado de ser un trofeo, para convertirse en un panteon.
+En este momento la luna se despeja, ilumina la sombra que me rodeaba, y
+quitándome instantáneamente el punto de vista, me pareció que el arco se
+movia, y que avanzaba, con todos sus huéspedes y sus combates, hácia la
+plaza de la Concordia. Yo me creí arrostrado por aquel empuje
+descomunal, figurándoseme que iba en el vientre de un mónstruo deforme.
+Sentí escalofrios en toda la espalda, y con los cabellos erizados y un
+estremecimiento nervioso que no podia evitar, salí á cielo raso. Cien
+magníficas farolas alumbraban la plaza del arco del Triunfo; están
+encendidos todos los faroles que se extienden, en dos líneas simétricas,
+hasta el jardin de las Tullerías; veo á lo léjos tres variados grupos de
+luces, como si fuesen otras tantas hogueras: eran los tres cafés
+cantantes de los Campos Elíseos; veo tambien profusamente iluminada la
+puerta del baile de Mabille, del castillo de las flores.... Esto no es
+un paraje público, no es un paseo; es un teatro; más que un teatro, una
+especie de encantamiento. Esta perspectiva es una de esas imaginaciones
+con que los poetas han idealizado los valles y los bosques de la
+Normandía; esto es un lago de hadas; una fantasía de Osian, no tan
+delicada, no tan tierna, no tan expresiva, no tan grata al espíritu;
+pero brillante, deslumbradora, francesa, parisiense, es decir,
+dramática.
+
+Subí al coche, y bajamos pausadamente á través de los Campos Elíseos,
+hasta la plaza de la Concordia. Allí me apeé, y me dirigí hacia las
+fuentes. La luna caia sobre los borbotones de agua y de espuma, y daba á
+la nube de agua que las fuentes arrojan, la diafanidad y el brillo del
+nácar, de la concha ó del cristal, mientas que en medio de las dos
+fuentes, emblemático y silencioso, se levantaba el monumento de otras
+edades, la creacion de otra raza, el peregrino de otras religiones, un
+viajero de otros climas, de climas remotos y poéticos; el obelisco de
+Loupsor, cerca del Cairo. Al llegar al pié del obelisco, volví los ojos
+instintivamente como para ver si descubria el arco del Triunfo, lo
+descubrí en efecto como desde la mar se descubre un monte, y una idea
+ardiente cruzó como un rayo por mi imaginacion. Me figuré que los dos
+monumentos se miraban; me figuré que dos mundos distintos y contrarios
+sacudian el polvo de su honda tumba, para pedirse cuentas ante la
+historia: me figuré ver el Asia y la Europa, Mahoma y Jesucristo,
+Sesostris y Napoleon. Clavado al pié de aquel trofeo de otras victorias,
+procuré ver si podia distinguir algun geroglífico, á favor de los rayos
+de la luna, deseando probar el efecto que produciria en mi inteligencia.
+Despues de empinarme sobre la punta de los piés, y de estirar el cuello;
+despues de esforzar á un mismo tiempo los ojos y la voluntad, alcancé á
+distinguir una figura, que era una especie de cuadrilátero, emblema tal
+vez de los cuatro elementos. Pasaron cuatro ó cinco minutos, y no sabia
+cómo desasirme del encanto que me tenia sujeto á las paredes de aquella
+mágica columna. Y allí me preguntaba: ¿por qué el obelisco cautiva de
+tal modo nuestra atencion?
+
+Escritores notables son de parecer que el interés que el obelisco nos
+inspira procede de la circunstancia de ser una columna, compuesta de una
+sola pieza; más claro, de la circunstancia de ser una maravilla de
+mármol. Para estos escritores no hay otra razon que la magnitud, la
+forma, el arte, la arquitectura. Esto explica algo; pero está muy
+distante de explicarlo todo. No, no es únicamente la arquitectura. ¿Qué
+arquitectura tiene una cruz? Sin embargo, halle el hombre más
+indiferente una cruz humilde en medio de un desierto, en el silencio de
+la soledad; mire aquella cruz que le está diciendo que allí descansan
+las cenizas de un hermano suyo, como sus cenizas descansarán mañana en
+otra parte, y el hombre se destoca, palidece ó reza. Visitemos un valle
+frondoso, y entre flores verdes y lozanas, encontremos una flor
+marchita. ¿Qué arquitectura tiene esa pobre flor? Sin embargo, al mirar
+la flor seca, no podemos menos de suspirar; aquella flor se mústia como
+se marchita nuestra vida, como se marchitan nuestras ilusiones, nuestros
+amores, nuestras esperanzas, nuestros sueños, nuestros delirios. Aquella
+flor seca es la historia de nuestro corazon, un eco que resuena
+hondamente en nuestra alma. No es una flor del valle; es una memoria, un
+sentimiento, un vaticinio de la vida; es una poesía triste, una poesía
+que hace llorar.
+
+El obelisco no nos atrae, no nos llama, no nos interesa, no nos seduce,
+sino porque es una especie de escritura sagrada, un geroglífico que no
+comprendemos, un pensamiento que no adivinamos, el símbolo de una
+creencia, un símbolo de fe, un símbolo de religion. No es el arte, no es
+la arquitectura, no es la forma, no es la magnitud lo que nos llama en
+ese monumento emblemático; es la religion, el misterio, el espíritu.
+
+Aquello es un arco; esto es una plegaria.
+Aquello es un trofeo; esto es un enigma.
+Allí admiro el orgullo de un hombre.
+Aquí venero el arcano de una esperanza.
+
+Esto es más que aquello, lo ha sido, lo es, lo será eternamente, porque
+para la idea de Dios el tiempo es una escala que, no tiene tramos. El
+geroglífico misterioso de Sesostris, es más que la soberbia fastuosa de
+Napoleon. Sí, repetia yo interiormente, el obelisco me atrae más que el
+arco, porque _esto es más que aquello_, y al pronunciar estas palabras
+me volví, y alcancé á ver, como una aparicion trémula, casi flotante, el
+suntuoso pórtico de la Magdalena, que parecia nadar sobre sus columnas.
+Entonces, sin poder resistir á mis ideas, dije en alta voz: _y aquello
+es más que esto_; la iglesia cristiana es más que el obelisco asiático;
+la caridad del Redentor del mundo es más que el misterio de Sesostris.
+
+Me dirigí al coche, al mismo tiempo que el cochero avanzaba hácia mí,
+porque habiéndome oído hablar, se imaginó que le llamaba, ó quizá que
+estaba maniático ó que me habia vuelto loco.
+
+--_¿Est-ce que vous m'appelez, monsieur? (¿Me llama usted, señor?)_
+
+--_Pas du tout. (No.)_
+
+--_Mais j'ai entendu.... (Es que he oído....)_
+
+--_Je n'ai rien dit. Á l'hôtel des Étrangers! (Nada he dicho; á la fonda
+de los Extranjeros)_, y me metí en el coche. No habian pasado quince
+minutos, cuando me apeaba en la calle de Feideau. Mi pobre mujer me
+esperaba asomada al balcon, significando cierta impaciencia, pagué al
+cochero y subí la escalera como un relámpago.
+
+--¿De dónde vienes?
+
+--De la casa de la Ciudad y del arco del Triunfo.
+
+--¿Y qué traes?
+
+--Muchas cosas, muy grandes y muy buenas.
+
+Mi mujer tomó una friolera y se acostó. Yo empecé á escribir esta
+desaliñada Revista, que me entretuvo hasta la una y media. Pero no
+quiero terminar este dia sin dar parte al lector de que tengo una
+curiosidad, casi un deseo, casi una ilusion: la ilusion de visitar un
+monumento de Paris; un monumento en que he pensado muchas veces, que he
+creido ver desde España, porque uno cree ver todo aquello que le hace
+sentir, y algo ve realmente, puesto que el corazon tiene tambien ojos;
+un monumento que amo mucho, tanto como si fuera de mi país, aunque los
+monumentos no tienen países. El arte es como el sol: donde brilla allí
+reina; tiene por patria todo lo que alumbra.
+
+Al acostarme, vi que mi mujer estaba despierta. ¿Cuándo visitarémos, la
+dije, el edificio de que te he hablado tantas veces?
+
+--En la semana entrante, contestó mi mujer.
+
+--En la semana entrante, respondí yo; queda convenido.
+
+Hoy es miércoles; de modo que tenemos seis ó siete dias para darnos en
+cuerpo y alma por esas plazas y calles de Dios, por esos cafés, por esos
+teatros, por ese bullicioso y reluciente laberinto, á caza de
+impresiones y curiosidades de sociedad. Despues volverémos á la historia
+y á la piedra, alternando con cuadros de costumbres, de carácter, de
+raza, por decirlo así, hasta que logremos formar una idea provechosa de
+este fabuloso conjunto. Si no hallo el camino de agradar al lector,
+acháquelo á falta de talento y de habilidad, no á falta de intencion, de
+deseo y hasta de cariño.
+
+
+
+
+=Dia sétimo=.
+
+Vistas de Paris.
+
+
+Un amigo viene á buscarnos muy de mañana, y á propuesta suya, hemos
+empleado casi todo el dia en ver á Paris desde tres puntos diferentes:
+desde lo alto del arco del Triunfo, desde una orilla del Sena, y desde
+las alturas de Montmartre.
+
+La vista desde el arco es extensa, varia, pintoresca, rica, grandiosa.
+Paris entero se ve desde allí, como se distinguen todas las figuras de
+un panorama bien descrito.
+
+La vista del Sena es más delicada, más graciosa, más elegante. Hay allí
+algo poético, algo ideal. Una parte de Paris se nos ofrece como si
+estuviera cimentada sobre los arcos de los puentes; parece un pueblo que
+vive y se mueve sobre un rio, y esto causa una impresion extraña y
+agradable.
+
+Por fin, la vista desde las alturas de Montmartre no tiene que ver nada
+con las otras. Es una perspectiva especial, en que apenas sabemos lo que
+miramos. Desde aquellas alturas no es Paris, sino el embrion de una
+ciudad de un millon de almas; una mesa revuelta de veletas, agujas,
+torreones, cúpulas, campanarios. Al fijarnos en aquel grupo indefinible
+é interminable, creemos que unas casas se han edificado encima de otras,
+y que Paris está como hacinado, como arrollado sobre sí mismo. Es un
+todo revuelto, deforme, confuso, extravagante, casi sublime.
+
+Los tres grabados que acompañan sobre el asunto, dan una idea exactísima
+de cada una de las situaciones indicadas. Figúrese el lector que está
+viendo á Paris en miniatura desde las alturas de Montmartre, desde el
+arco del Triunfo, y desde una orilla del Sena.
+
+[Ilustración: Vista de Paris desde la cima del arco del Triunfo.]
+
+[Ilustración: Vista de Paris desde una orilla del Sena.]
+
+
+
+
+=Dias octavo, noveno y décimo=.
+
+Dos dias de encierro.--Provisiones.--Los libros de mi mujer.--Un
+español.--Compras.--Patriotismo de mi compañera.--Carácter capital de
+las mujeres.
+
+
+Llueve á cántaros, y hemos invertido dos dias en asuntos privados. Mi
+mujer ha dispuesto el equipaje y yo he escrito á mis buenos amigos de
+España, más un artículo para _La América_, titulado, _filiacion de los
+partidos en política_.
+
+La cuestion de comida nos preocupa muy sériamente, é ignoro á dónde
+irémos á parar. Desde que salí de Madrid no he hecho una verdadera
+digestion, y ya mi estómago principia á volverse contra su sueño. No
+entienda el lector que somos dados á la gula; no se trata de gozar sino
+de vivir, y cosa es esta para no ser mirada de cualquier modo.
+
+Buscando recursos contra esta penuria artificial, mi mujer y yo hemos
+ido al pasaje de los Panoramas, que dista pocos pasos de nuestro hotel,
+y nos hemos provisto de jamon dulce, salchichon, una caja de sardinas
+escabechadas, un cestillo de fresas y pan. Un tabernero de la acera de
+enfrente, el buen _Jeannin_, nos ha enviado dos botellas de vino Macon
+(á 20 cuartos el cuartillo), y una lechera de la vecindad nos ha hecho
+el favor de enviar á su niña con un cuartillo de leche de vaca.
+
+Los fiambres no podrán ser el alimento de muchos dias, al menos para mí;
+pero son el recurso de hoy.
+
+Mi mujer está empeñada en que con tres litros de cinta tiene bastante
+para aderezarse el sombrero. Despues de querer la cinta por litros, que
+es como si dijéramos por azumbres ó por celemines, estoy viendo que
+cualquier dia va á pedir un _metro_ de vino.
+
+Esta mañana hice cierta pregunta á un caballero que encontramos cerca de
+la fuente de Moliére, calle de Richelieu; el caballero me contestó que
+no me comprendia porque era de otras tierras. Esto lo dijo en español. Á
+mi mujer le pareció que habia sacado la lotería.
+
+--¿Es usted español? ¡Bendito sea el cielo! Venga usted acá, hable usted
+español, hablemos español: apenas vuelva á España, estaré hablando el
+español durante un mes seguido.
+
+Aquel caballero debia marcharse al dia siguiente, y nos dió las señas de
+su habitacion en Barcelona, en el Lóndres de España; un Lóndres tan
+activo, tan laborioso, tan inteligente, tan moral como Lóndres; tan
+desgraciado como Barcelona.
+
+Mi mujer estaria aquí todo lo bien que puede estar una mujer léjos del
+país de sus afecciones, de sus conocimientos y de sus hábitos, cuando
+comprendiera y hablara el idioma: no hablándolo ni comprendiéndolo, vive
+mártir ó poco menos. No poder hablar es para la mujer una contínua
+irritacion, una perdurable indigestion de palabras y de deseos, una
+especie de _hidrofobia_. Quien inventó el silencio, no tuvo necesidad de
+inventar infierno para las mujeres.
+
+Sin embargo, es cosa de la Providencia que no sepa francés, porque si lo
+supiera, ¿qué dirian los franceses al oirse llamados _animales_ á cada
+momento?
+
+--_Pero, hombre, ¿no ves qué bestias son estas gentes?_ Hé aquí una de
+las frases más indulgentes de mi compañera. Los llama bestias, porque no
+entiende su idioma.
+
+Hemos empleado una gran parte de la mañana en hacer varias pequeñas
+compras.
+
+_Mi mujer._ Compremos ahora un ovillo de hilo.
+
+_Yo._ Es que yo ignoro cómo se llama el ovillo en francés.
+
+_Mi mujer._ Pues, compremos trencilla para atar las botas.
+
+_Yo._ Es que yo ignoro cómo se llama la trencilla en francés.
+
+_Mi mujer._ Pues compremos siquiera los camisolines.
+
+_Yo._ Es que ignoro tambien cómo se llaman los camisolines en francés.
+
+_Mi mujer._ Llevemos al menos los manguitos.
+
+_Yo._ Es que ignoro cómo se llaman los manguitos.
+
+En resumidas cuentas, tuvimos que volver al hotel, y tomar una porcion
+de notas del Diccionario. ¡Trencilla, ovillo, manguitos, camisolines! He
+pasado hoy el estrecho de Magallanes en plena tempestad.
+
+Nuestra venida á Francia me ha hecho comprender un sentimiento que yo no
+conocia en mi compañera, al menos desarrollado en tan grande escala. Mi
+mujer es una patriota acérrima, intransigente, absoluta. No oye hablar
+de España sin que la sangre se la suba al rostro. ¡Ay del mundo si su
+voluntad se cumpliera! ¡España pesaria como una cadena de bronce sobre
+el cuello de la humanidad!
+
+Bien es verdad que el amor á su país, lo que llamamos nuestro país, no
+es el atributo de una mujer, sino de la mujer, especialmente cuando se
+ha educado en uno de esos pueblos en donde imperan aún las costumbres
+del Asia. En el amor ardiente, imaginativo, vaporoso, poético, que la
+mujer profesa á su tierra natal, hay un algo que pone la naturaleza, y
+otro algo que ponen la educacion y el hábito.
+
+Evidentemente, la mujer está llamada por la naturaleza á no poder vivir
+sin una pasion efectiva; su ciencia grande, su gran vida tiene por
+centro el corazon. Por esto mismo es la destinada á concebirnos en sus
+entrañas y á darnos su sangre con placer. No bastaba el tierno alimento
+con que nos nutre. La mision de la madre, esa mision augusta, la más
+augusta que el cielo encomendó al género humano, no es una tarea
+mecánica; la tarea autómata de sacar el pecho y llevarlo á la boca del
+hijo, no: es una tarea de cariño, de efusion, de delicia; es una tarea
+santamente providencial.
+
+La ley de la mujer es amar, amar desde luego, lo primero que ve, lo
+primero que oye; porque lo primero que oye y que ve la hace sentir, y en
+la mujer sentir es amar.
+
+Ve la flor, y ama la flor. Canta un ave, y ama aquel ave. ¿Cómo no se ha
+de enamorar de su país, cuando se enamora de las flores que ve crecer,
+de las aves que oye cantar? ¿Cuántas mujeres no han vertido lágrimas
+amargas bajo la impresion del arrullo tardío y doloroso de una tórtola?
+
+En esta estructura sentimental é imaginativa de la mujer; en este
+carácter radical y profundo, entra indudablemente la naturaleza.
+Nuestras madres son por naturaleza afectivas, y como el afecto obra
+instantáneamente sobre la fantasía, son tambien por naturaleza
+fantásticas, pero si la naturaleza pone una parte, la educacion y el
+hábito ponen otra, como antes dije.
+
+La sociedad histórica tiene hasta hoy dos revelaciones capitales: la
+sociedad egipcia y la sociedad humana; es decir, la sociedad referida á
+la tradicion, y la sociedad referida á la misma sociedad.
+
+Estas dos transiciones históricas están reflejadas en todas las faces de
+la humanidad; por consecuencia en todas las faces de la mujer.
+
+_Mujer asiática y mujer social: mujer religiosa y mujer política._
+
+La mujer sepultada en su casa desde que nace hasta que muere; la mujer á
+quien se representa como un vacío insondable el espacio que media entre
+la cuna y el sepulcro; que está acostumbrada á mirar en aquel vacío un
+ataud, cuya gasa negra no puede suspender; una madre, una esposa, una
+hija que tiene el hábito de enamorarse hasta del espejo en que se
+contempla, hasta de la vajilla en que come, hasta del dedal de su
+costurero: esa mujer cuyo destino está cifrado en amar lo que ve, y no
+ve otra cosa que el misterio que la rodea; esa mujer que se habitúa á
+enamorarse de su propio misterio, no puede menos de ser ardientemente
+patriótica, porque es ardientemente doméstica. Yo he conocido á una
+señora que lo guardaba todo en un gran cofre que tenia, como si fuera
+una reliquia preciosa: hasta la cáscara de los huevos, y más de un vivo
+podria atestiguar la verdad de este caso. Diga ahora conmigo el lector:
+¿qué significacion podria tener en la casa de esa señora el nombre
+humanidad? Ese nombre allí hubiera sido una palabra peregrina, intrusa,
+repugnante. ¿Qué sitio del cofre habia de ocupar? La palabra _mundo,
+humanidad, género humano_, no ocupaba en el cofre sitio alguno: la
+cáscara de huevo, sí; esta cáscara valia más para la señora que el
+género humano, que el mundo, que toda abstraccion, que todo idealismo
+por más universal y grande que fuese.
+
+Hé aquí la mujer asiática; la mujer del primer período histórico; la
+esclava del marido, el misterio profano de la familia, el perfume
+quemado en los altares de Faraon.
+
+Pero esa mujer halla abiertas un dia las puertas de su casa; sale á la
+calle, la permiten salir; habla, piensa, obra; oye pensar, ve hacer;
+entra en la revolucion de las opiniones y de los derechos; la nueva
+moral la auxilia; la nueva religion la llama; se asocia, por fin, á la
+vida pública; por fin, _se asocia_; siente este vínculo, siente la
+relacion social, como antes sintió el cariño á la aguja con que cosia:
+comprendiendo y sintiendo la razon que la une á un pueblo, á una raza
+política, comprende y siente por intuicion lógica las razones que
+existen para que una raza se asocie á otra raza; para que un pueblo
+llame hermano á otro pueblo, y de escala en escala, de idea en idea, de
+emocion en emocion, de regocijo en regocijo, de dignidad en dignidad:
+¡sí! de virtud en virtud, de alteza en alteza, en su cerebro y en su
+corazon se va criando una figura alentada y noble, una síntesis que no
+es otra cosa, en resúmen, que la idea y el sentimiento de su propio sér,
+extendido á toda su esfera, á su magnánima nacionalidad; á la
+nacionalidad de un poder que creó para un mundo un cielo y una tierra.
+
+En toda el Asia, en toda la Turquía de Europa, en Italia, en Grecia, en
+casi toda España, en Portugal, en la mayor parte de América; en la
+América tradicional por hábito, aunque sea social por instituciones que
+no han tenido tiempo de renovar la faz política; en todos esos pueblos
+enumerados la mujer pertenece al primer período: es egipcia; es la
+esclava del Faraon que se llama marido; familia, hogar; es la flor que
+se cria en el jardin para que la huela su amo.
+
+La mujer alemana (en una gran parte de aquel país), la mujer francesa y
+la de algunos puntos de los Estados-Unidos del Norte americano,
+pertenecen al período segundo: son el sepulcro de Jesucristo
+reconquistado por una cruzada que se llama civilizacion, como podria
+llamarse derecho, justicia, amor, dogma.
+
+En estos pueblos las mujeres son casi hombres: hombres afectuosos,
+imaginarios, tiernos: hombres como pueden serlo una madre y una hija,
+porque la naturaleza no puede mentir; pero personalidades humanas,
+verdaderos poderes en la familia, en la opinion, en el derecho, en las
+creaciones sociales; _personas de razon_, porque la educacion no puede
+dejar de enaltecer, libertando al esclavo; porque la libertad es la
+sancion divina del albedrío; porque el albedrío es la sancion divina del
+hombre; porque el hombre es la sancion divina de la sociedad; la
+libertad es el mismo Dios que se filtró en nuestra conciencia: _sed
+semejantes á mí_, quiere decir _sed libres_. «Si no sois libres, nos
+dice Dios, ¿con qué virtud me vais á amar?»
+
+Es indecible la complacencia con que estudio á las mujeres de Paris. No
+conozco la representacion de la mujer inglesa y rusa, y este es uno de
+los motivos porque más deseo visitar á Lóndres y San Petersburgo. Á una
+mujer debo toda mi vida, y natural parece desquitarme de semejante
+deuda, consagrándola una pequeña parte de aquella vida tan empeñada.
+
+Reasumo este asunto diciendo que mi mujer es muy patriótica, porque es
+muy doméstica: quiero decir, porque pertenece á la historia asiática. Ve
+en su país una humanidad más excelente, un Israel profético, y es una
+Judit que ama su tierra, como Judit amaba su Betulia.
+
+Yo trabajo por hacerla cristiana; pero ella está conforme con ser el
+enigma escondido en el palacio de Faraon; digo mal, en el palacio de dos
+Faraones: uno es España.
+
+Probablemente ninguno de los dos serémos muy tiranos con ella.
+
+Nos dirigimos á las Tullerías y al Louvre, atravesamos el inmenso patio
+de este inmenso alcázar, torcimos á derecha para tomar el Puente Nuevo;
+á poco estábamos en el muelle de Voltaire, y luego en la famosa calle de
+la Universidad. Por allí anduvimos á la ventura durante tres cuartos de
+hora, atravesando calles y callejuelas, como para ver si notábamos esa
+especie de gusto _clásico_ que debe reinar en unos lugares donde manda
+la ciencia. Efectivamente, hay aquí algo de la vida revuelta del
+estudiante, y del silencio austero del aula. Yo creia percibir cierto
+aroma de pensamiento, cierto olor de libro; así se lo dije á mi mujer,
+la cual movió pomposamente la cabeza, en señal de una negacion monda y
+lironda, lisa y llana.
+
+--Yo no huelo nada, dijo mi compañera; lo único que huelo es que mis
+piernas se cansan ya, y que debíamos aproximarnos á las Tullerías para
+tomar asiento en los sillones imperiales.
+
+--¡Enhorabuena! contesté yo, pero me parece que deberias mostrarte más
+respetuosa con esta antigüedad científica, porque has de saber que te
+encuentras en lo que se llama _el barrio latino_, un barrio muy célebre,
+aunque no sea sino por los muchos grandes hombres que aquí se han
+formado, que de aquí han salido para ilustrar al mundo, y que pisaron
+estas mismas piedras que pisamos nosotros en este momento.
+
+--Pues con perdon de esos grandes hombres, contestó mirándome mi mujer,
+y de las piedras que esos grandes hombres pisaron, te digo y te repito
+que estoy cansada, y que si no nos vamos á las Tullerías, me tendré que
+sentar en medio de esta acera.... Al decir esto, se paró como si
+quisiera dar más fuerza á su argumento, cuando oimos los agudos
+chillidos de un perro, que salia casi ardiendo de un portal de enfrente.
+Era un perro de lana; habia entrado sin duda en la cocina, alguna chispa
+habia saltado de los hornillos, la lana habia prendido fuego, y el pobre
+animal salia á la calle medio ardiendo y chillando de un modo horrible.
+El amo le seguia, llevando en la mano derecha un baston ó cosa
+semejante. El pobre animal retrocedia, avanzaba, ladraba, se mordia á sí
+mismo, chillaba, gruñia, y cuanto más se meneaba, más se encendia la
+lana. El amo le llamaba, y queria apagar el fuego, pasando el baston á
+raíz de la piel; pero el palo le lastimaba las quemaduras, y el perro
+aturdido hacia ademan de morder al amo, con una rabia y un
+atolondramiento indefinibles. El amo entonces extendia el palo, como
+para rechazar al animal, y el infeliz perro, al notar que su amo le
+amenazaba con el baston.... ¡Oh ejemplo que asombra! ¡Oh virtud que
+aturde! ¡Oh lealtad que debia dar vergüenza á los hombres! Aquel pobre
+perro que se quemaba vivo, que se mordia á sí propio, que tenia la rabia
+del frenesí, al notar que su amo le amenazaba con el palo, pegaba el
+vientre al suelo y lamia el extremo del baston. Este ejemplo de
+abnegacion sublime, de sublime heroicidad, nos enterneció de tal modo
+que nos aproximamos resueltamente; otros vecinos acudieron, y entre
+todos, en embrion, en tropel, apagamos el fuego con las manos y con los
+pañuelos del bolsillo. Yo estaba entre aquella gente, y hablaba á todos
+como si fueran individuos de mi familia. Despues que apagamos el fuego,
+dije al amo que debia untar las quemaduras con manteca sin sal, y no
+bien hube acabado de pronunciar estas palabras, cuando una jóven de
+catorce ó diez y seis años echó á escape, y trajo un papel con bastante
+porcion de manteca. La juventud es tan ardiente como generosa. El amo
+sujetaba al perro, y á despecho de sus alaridos y convulsiones, le
+untamos bien todas las quemaduras. Luego, temblando de dolor, entró en
+su casa detrás del amo. Una de las mujeres que asistieron al lance, dijo
+algunas palabras á mi compañera, que la contestó en buen castellano: _no
+la entiendo á usted_. Aquella mujer que _no comprendió_ que mi mujer no
+la _comprendia_, se me quedó mirando, como si esperase que yo la
+explicara el asunto. _Mi señora ha contestado á usted_, la dije, _que no
+entiende el francés_. La mujer se quedó parada, y echaba unos grandes
+ojazos á mi compañera, al mismo tiempo que exclamaba con mucho asombro:
+_¡Madame ne comprend pas le français! ¡La señora no entiende el
+francés!_ Esto queria decir: ¿esa señora no sabe el francés y está en
+Francia? ¿Cómo lo va á pasar ignorando la lengua del país? ¿Pero, de
+dónde viene esa señora que no sabe el francés? Yo que comprendí
+perfectamente toda la intencion de aquella mirada, y que me sentí algo
+picado por la _negra honrilla_ de mi compañera, la dije con un marcado
+aplomo: _Madame ne comprend pas vôtre langue, ainsi que vous ne
+comprenez pas la langue de Madame. (Esta señora no comprende la lengua
+de usted, así como usted no comprende la lengua de esta señora.)_ Y
+luego añadí: _Madame ne comprend pas la langue de votre pays; mais elle
+comprend une autre langue plus necessaire, plus universelle, plus
+savante: la langue de la charité. (Esta señora no entiende el lenguaje
+de este país; pero entiende otro lenguaje más_ _necesario, más
+universal, más sabio: el lenguaje de la caridad.)_
+
+Esta salida convenció á la buena mujer: _oui, monsieur; oui, monsieur_
+(sí, señor; sí, señor), decia repetidamente, y se fué haciéndonos una
+reverencia. En efecto, la caridad es una religion que hace á todos los
+hombres hermanos.
+
+Nos dirigimos al muelle de Voltaire, y á los pocos minutos entrábamos,
+cogidos del brazo, por el Puente Nuevo. Aquí presenciamos otra escena,
+de un interés muy superior. Los héroes de la nueva aventura son un
+campesino, su mujer y un muchacho como de veinte años, poco más ó menos.
+El matrimonio se dirigia hácia la parte del Luxemburgo, mientras que el
+jóven caminaba hacia las Tullerías; pero tanto el hombre como la mujer,
+la mujer particularmente, volvian la cara con frecuencia para mirar al
+jóven; el jóven la volvia tambien, y en el movimiento tardío y
+embarazoso de los tres, no era cosa difícil adivinar que aquellas buenas
+gentes se separaban con dolor. Por fin, la labriega vuelve el semblante,
+el muchacho lo vuelve al mismo tiempo, sus ojos se encuentran, entre
+ellos pasó lo que Dios sabe; corre la mujer hácia el jóven, el jóven
+corre hácia la mujer, se abrazan estrechísimamente y rompen á llorar;
+pero á llorar de un modo que era capaz de quebrantar las piedras.
+Nosotros, con el corazon desgarrado al oir aquellos sollozos, nos
+quedamos estáticos delante de aquel grupo interesantísimo. El labriego
+aturdido siguió á su mujer, y á los cuatro ó seis pasos de distancia,
+bajó la cabeza y dejó caer ambos brazos. Parecia un difunto que se tenia
+de pié. ¡Qué arte tan sábio es el amor! ¿Qué Rachel, qué actriz del
+mundo, hubiera corrido como corrió aquella mujer, hubiera dado aquel
+abrazo como aquella mujer lo dió, y hubiera arrancado á llorar como
+lloraba la infeliz campesina? ¿Ni qué Talma, ni que Latorre, hubiera
+bajado la cabeza, y dejado caer los brazos con la ruda y austera poesía
+con que lo hizo aquel pobre paleto? ¡Ah! Los padres son los grandes
+actores, los eminentes trágicos, cuando llega la hora solemne de verter
+lágrimas por sus hijos. Excuso decir á mis lectores que la labriega era
+la madre, y el labriego el padre del muchacho. A este tocó la suerte de
+soldado, habia ingresado en caja, se quedaba en Paris, y aquel abrazo,
+dulce y desgarrador al mismo tiempo, era la despedida. Mi compañera y yo
+no tuvimos ánimo de presenciar el desenlace, y seguimos nuestro camino,
+penosamente impresionados de aquella aventura.
+
+--Mira, me dijo mi mujer; este muchacho irá ahora á la guerra; quizá un
+jefe indiscreto le manda asaltar un castillo, y tal vez muere en aquella
+empresa temeraria. Y pasará un dia y otro dia, y acaso la madre le
+guarda la silla en que solia sentarse, y no quiere que nadie ocupe el
+lugar de la mesa que él ocupaba. Y pasa un mes, y pasa un año; la madre
+esperará á su hijo, y el hijo no entrará por la puerta de la casa de sus
+padres, ni se sentará en la silla en que antes se sentaba, ni ocupará el
+lugar de la mesa que ocupó desde niño. Un hombre extraño le ha mandado
+morir, y ha muerto. Un hombre extraño ha robado aquel hijo á su madre; á
+esa madre que lo ha concebido, que lo ha criado, que lo amaba con todas
+las veras de su corazon, que se estaba mirando en él como en un espejo.
+La madre sabrá al cabo que su hijo murió en la guerra, y su alma gemirá
+para siempre en un abismo de perdicion y de amargura. ¡No, no! añadió mi
+mujer vivamente; los hombres son injustos, haciendo ciertas cosas sin
+consultar el voto de las madres. Ninguna guerra se debia emprender, sin
+oir antes el consejo de una gran asamblea de mujeres. Es bien seguro que
+de ese modo no habria tantas guerras. Yo dije sonriendo á mi mujer:
+¿para qué más guerra que una gran asamblea de mujeres? Luego añadí: tal
+vez sucederá á ese muchacho lo que tú acabas de decir; pero ¿quién sabe
+si va á Sebastopol contra la Rusia, y es el primer soldado que clava la
+bandera en la torre de Malacoff, salvando á Europa en las alturas de
+Crimea?
+
+--¿Es decir, arguyó mi mujer, que tú estás porque haya guerras en el
+mundo?
+
+--No, hija mia, respondí yo; yo no estoy porque haya en el mundo guerras
+injustas, egoistas, tiránicas; pero estoy por las guerras que se hacen
+en nombre de la civilizacion, del derecho y de la moral. Y ¿la sangre
+que se derrama y humedece la tierra? dirás tú. Y ¿el rayo que cae de
+las nubes y nos devora? digo yo. Ese rayo que nos devora, es
+indispensable para purgar el aire de los malos miasmas que lo infestan;
+sin ese rayo destructor, el ambiente nos mataria. Pues bien, la sangre
+que se vierte en una guerra justa, es indispensable del mismo modo, para
+que los hombres comprendan lo que están obligados á hacer, para que se
+guarde la justicia. Aquella sangre es como el agua de salud con que se
+riega el árbol de la libertad de los pueblos; es el Jordan de ese
+bautismo; bautismo costoso, pero santo, como es santa la lágrima que
+aquella buena madre vierte al despedirse de su hijo, por más que aquella
+lágrima la queme los ojos y la desgarre el corazon. Cuando llega la hora
+en que el hombre debe sufrir, no hay otro recurso que disponer el alma
+para el sufrimiento, y cuanto más sufrimos, cuantos más dolores
+experimentamos, más sagrado es nuestro dolor. Sí, amiga mía, la sangre
+que se vierte en ciertas batallas, es como el rayo que viene á purgar el
+ambiente de otro horizonte, el aire de otra atmósfera: es un dolor que
+debemos sufrir, cuando llega la hora de los dolores; es una lágrima que
+otra madre derrama por sus hijos. La madre que lloraba en el puente
+Nuevo, se llama mujer. La madre que llora en los campos de ciertas
+batallas, se llama moral, se llama historia, se llama destino, se llama
+Providencia. Y á esto sin duda se refiere San Pablo cuando dice: _la
+letra con sangre entra_; y cuenta, hija mia, que San Pablo es al mismo
+tiempo un grande hombre, un gran santo, un gran apóstol, y la
+inteligencia más práctica y organizadora que ha conocido el mundo.
+
+Conversando así como buenos amigos, llegamos á la esquina de la calle
+del Acaso (Rue du hasard), y vemos un letrero que dice: _restaurant de
+Santa Teresa_. Teresa se llamaba mi madre, y la veneracion y el respeto
+que debo á ese nombre, me decidieron repentinamente. Tiré del brazo á mi
+compañera, que comprendió luego mi intencion y aprobó mi idea con
+alegría, porque siente hácia mi buena madre el mismo respeto que yo.
+
+Comimos una sopa, dos platos de carne, uno de pescado, otro de verdura y
+unas fresas. El criado que debia servir nuestra mesa no estaba allí, y
+nos sirvió una hija de la casa, con amable y graciosa galantería. Es una
+jóven blanca, muy blanca, rubia, esbelta, flexible, de mirada apacible é
+ingénua. Seguramente no es francesa del Norte, debe ser de Tolon: es
+decir, de un punto que raye con Italia. Es un tipo perfectamente
+italiano. Tiene la candidez de la juventud, la gracia de una juventud
+bella, y la seduccion de una actriz. Pegada al mostrador hay una silla,
+y sentado en la silla hay un hombre, tipo perfectamente parisiense. Con
+perdon del francés y de mi compañera, digo y declaro que ella me gusta
+más que él. El buen parisiense no la quita ojo, y la buena francesa del
+Mediodía le manda tambien de cuando en cuando alguna miradilla furtiva,
+picaresca, como robada. Esto quiere decir que esos dos tipos diferentes,
+representan un tipo comun, íntimo, idéntico; un tipo que conviene á
+todas las fisonomías, á todas las naciones, á todos los siglos, á todas
+las razas: el tipo de amantes. ¡Dios los haga buenos casados! Luego que
+concluimos de comer, llamamos á nuestra linda servidora, pagamos, nos
+levantamos y nos despedimos, empeñando palabra formal de que iriamos á
+comer con mucha frecuencia. En esto sale una señora de grande cara, de
+tez muy morena y vellosa, de pecho enorme, de vientre más enorme aún,
+pequeña, aplastada, casi roma, de tal manera, que más que mujer parecia
+una bola, una urca, una abutarda. Se adelantó hácia nosotros, y el
+vientre caminaba dos ó tres palmos delante de ella. Yo me acordé del
+célebre soneto de Quevedo que principia:
+
+ Erase un hombre á una nariz pegado,
+
+porque, en efecto, la situacion era muy semejante; aquí se trata de
+
+ Una mujer pegada á una barriga.
+
+El parisiense se levantó, la mujer rechoncha y la niña nos despidieron
+hasta la puerta, coreando un saludo de doscientas ó trescientas
+gracias, unas detrás de otras. Las gracias son el género más barato de
+Paris. Vale menos que el aire, que el agua y que la luz. ¡Qué baratura
+de género!
+
+--Pero, señor, me decia mi mujer al salir: ¿puedes tú comprender que esa
+muchacha tan flexible y graciosa, pueda ser hija de ese fenómeno?
+¡Milagros del amor!
+
+Llegamos á casa cerca de oscurecer, y hemos pasado una buena parte de la
+velada recordando tres cosas: la señora del restaurant, el abrazo del
+puente Nuevo, y el perro que ardia; aquel animal que se quemaba y lamia
+el baston de su amo. No lamia la mano del dueño; no lamia sus piés; sino
+un palo que le lastimaba y que le heria; pero que era el palo con que le
+castigaba el que le daba de comer. Víctor Hugo ha dicho:
+
+ La virtud que en el mundo está en destierro,
+ Hombre no pudo hacerse ... y se hizo perro.
+
+
+
+
+=Dia duodécimo=.
+
+Bustos de azúcar y de chocolate.--Hombres que no debian
+comer.--Apuros.--Primer restaurant del pasaje de los Panoramas.--Segundo
+restaurant.--Vajilla de Luis Felipe.--Francia.--Inglaterra.--Pequeño
+restaurant de Lóndres.
+
+
+Empiezo este dia por dos curiosidades que hemos visto ayer, y que nos
+causaron suma extrañeza. En los escaparates de una confitería en la
+calle de San Honorato descubrimos un Pio IX de azúcar, y en la esquina
+del gran hotel del Louvre, hácia la plaza del Palacio Real, un Napoleon
+de chocolate, montado á caballo.
+
+Digo la verdad, sin embargo de no ser pontífice ni emperador, no me
+sabria bien que una escultura tan original confiase el secreto de mi
+fama al chocolate y al azúcar. No faltará lector que crea que me doy á
+inventar ciertas especies, con el objeto de zaherir la sociedad
+francesa, halagando así nuestro espíritu nacional. Á esa duda, que yo me
+imagino, contesto que si alguno, francés ó español, me prueba que
+adultero el menor detalle, la minuciosidad que menos signifique,
+consiento desde luego que se me tenga por una persona deshonrada.
+Afirmo, bajo mi palabra de honor, que hemos visto aquellos bustos
+originales en los lugares indicados; el de azúcar, en una de las
+confiterías de la calle de San Honorato, y el de chocolate, en la
+esquina del gran hotel del Louvre.
+
+Pero estaban admirablemente ejecutados, se dirá. Sí, por cierto,
+contesto yo; admirablemente ejecutados; pero lo hábil de la ejecucion no
+quita al hecho su natural é inevitable extravagancia, porque es una cosa
+extravagante que el chocolate y el azúcar, objetos puramente privados,
+artículos puramente domésticos, se vean convertidos en sustancia
+artística. Es extravagante, es y no puede menos de ser ridículo, que la
+escultura, el arte divino de Miguel Angel, se nos muestre en un
+escaparate de confites. Pero, lo tendré que decir mil veces: cuando
+llega la hora de ganar dinero á trueque de un efecto cómico, los
+franceses no respetan á emperadores, ni á pontífices, ni á Miguel Angel,
+ni á nadie del mundo. Creo que si la idea de la eternidad pudiera
+prestarse á un relumbron, el hombre francés la expondria sin escrúpulo
+en un escaparate. Estaria bien sitiada, con algun adorno gracioso,
+herida por algun reflejo brillante, rodeada de algun golpe mágico, eso
+sí, pero la idea sagrada de la eternidad estaria expuesta al público
+curioso en los escaparates de un mercader. Tal vez este retrato es algo
+atrevido; pero bien sabe Dios que es UN RETRATO AL NATURAL.
+
+Vuelvo á la reseña de este dia.
+
+La Providencia hubiera hecho al mundo un bien muy grande, no habiendo
+dado necesidades materiales á los hombres que se consagran á la vida
+intelectual, especialmente tratándose de aquellos que son peregrinos en
+el presente; peregrinos que, con el báculo de la verdad en la mano y una
+esperanza valerosa en el corazon, cogen hoy espinas que mañana se
+convierten en flores, y sirven de corona á las generaciones venideras.
+Estos hombres, estos mártires de la historia, estos santos de la
+conciencia, estos sacrificios sagrados de donde saca el mundo su fuerza
+mejor, debian tener bastante con su culto, como el alambique que
+contiene un fluido eléctrico, tiene bastante con aquel fluido. Estos
+hombres debian estar dotados de una existencia elemental como la tierra,
+como el agua, como el aire: debian ser luces á quienes bastara su
+natural calórico: debian vivir y conservarse por su propia virtud, de la
+misma manera que la esperanza vive y se conserva por virtud intrínseca y
+divina del deseo: debian vivir y conservarse en su espíritu, en su
+esencia, en esa misteriosa infusion de la mente hacedora, como el
+perfume de una flor vive y se conserva en los poros sutiles de sus
+tallos.
+
+A más de un escritor debia bastar su oficio, como basta su claustro al
+monje. ¿Qué son algunos escritores, sino monjes de otro convento,
+frailes de otra religion? ¡Ay! no está en esto lo penoso de la órden,
+sino en que son monjes sin claustro.
+
+En efecto, difícilmente se concebirá una situacion más terrible que la
+del hombre que dedica su vida entera al esclarecimiento y propagacion de
+una verdad; de una verdad extraña todavía á la civilizacion particular
+del siglo ó del pueblo en que vive. Todo lo ha puesto en manos de su
+idea: vigilias, patrimonio, salud, amor, destino.... ¿Para qué? Para oir
+en una hora, en un momento, la voz de una mujer, de una hermana, de una
+madre: _mira que no tenemos que comer; mira que no podemos pagar al
+casero; mira que es necesario abandonar esos papeles indigestos, y
+buscar recursos_, tal vez pedir, quizá sufrir la afrenta de quien vale
+menos, porque sirve menos, porque está mucho más distante de los altos
+fines que la vida humana tiene que cumplir en el mundo.
+
+¿Qué se hace? Dejar los papeles (el vulgo de las mujeres los llama
+_papeluchos_) y buscar dinero; pedirlo; sentir en el rostro el calor
+tremendo de la vergüenza.
+
+¡Qué poco meditan sobre esto los legisladores que condenan al escritor,
+como se condena al malhechor ó al vago!
+
+¡Ay! La tierra que pisa ese hombre, el palmo de tierra donde pone su
+planta, esa piedad que debe á la creacion, está mojada de su sudor y de
+su sangre. ¿Quereis que á eso se junte la argolla del presidio? ¿Tambien
+ha de comer la vitualla en el patio inmundo de una cárcel? El que está á
+su lado es un ratero, un traidor, tal vez un asesino; él es el misionero
+del alma, el apóstol de la verdad, el astro de la vida, el cáliz de la
+revelacion; un cáliz donde se custodia una chispa del pensamiento
+providencial que mide y gobierna el universo: el que está á su lado es
+un maldiciente, un perjuro, un espía; él es el sacerdocio del porvenir;
+un siglo grande que no cabe en su siglo; un pueblo muy grande que no
+cabe en su pueblo; la ley de los hombres que no cabe en la ley de un
+hombre; él es la victoria que se inmola para hacer bien al hijo de su
+propio sacrificador.
+
+¡Ay! Pónganse los legisladores la mano sobre su conciencia; mediten un
+instante dentro del secreto de su corazon; miren por un momento esa cuna
+donde ahora dormitan sus hijos; esos hijos á quienes aman, esos hijos
+que serán hombres á su vez; esos hijos que en su dia serán padres; esos
+hijos á cuya descendencia no ha dado nadie un monton de cenizas para que
+sobre él deje caer la frente helada; esos hijos que son una cifra
+infinita en el cálculo de la Providencia: lean los legisladores en ese
+arcano por un momento, un momento más; no les pido más tiempo que el
+necesario para ver un cometa que aparece repentinamente en los aires:
+vuelvan los ojos á esas criaturas que ahora dormitan, esas criaturas que
+mañana se educarán, que mañana aprenderán moral y ciencia, que
+aprenderán de este modo á ser hombres en el libro del presidiario; esas
+criaturas que tarde ó temprano han de recibir el bautismo bajo la concha
+del escritor que come y vive con el asesino y con el espía.
+
+¡Ay! Todo lo ha puesto en manos de una idea: vigilias, patrimonio,
+salud, amor, destino: tambien la libertad; es un preso: tambien la
+honra; es un infame.
+
+¡Ay! Si un hijo del legislador, uno de esos hijos que ahora duermen bajo
+la leve gasa que cubre su semblante; si ese niño llega á ser un hombre
+de sabiduría, de lealtad, de abnegacion; si llegase á ser el propagador
+de una verdad mayor que su siglo, el conductor de un fluido para el que
+la vida de hoy no tiene tubo ni alambique; si debiese al destino el don
+soberano de tener genio; es decir, el don de una virtud suprema, porque
+no hay genio sin virtud, no hay genio deshonrado, no hay genio infame,
+porque no existe _el talento de picar, porque la víbora no tiene
+talento_: si en el testamento de la predestinacion universal, recibiera
+ese niño aquella manda gloriosa y divina ¿qué diria el legislador, qué
+diria el padre, cuando supiera que su hijo comia la vitualla del
+presidio con el espía, con el asesino, con el traidor, con el ratero?
+
+¡Ay! Pongan una mano sobre los latidos de su corazon, y que respondan
+una vez: ¿es eso justo?
+
+Todo lo dan: ¿han de dar hasta la honra, como la madre que falta de
+alimento, da al hijo sus lágrimas?
+
+¿Pero por qué hay hombres que propagan ideas mayores que su siglo ó su
+pueblo?
+
+¡Escrúpulo curioso en verdad! ¿Por qué hay rayos que purgan la
+atmósfera? ¿Por qué hay volcanes que purgan la tierra? ¿Por qué hay
+torrentes que se precipitan y corren cubiertos de espuma? ¿Por qué hay
+tubos que conducen el fluido eléctrico? ¿Por qué hay chispa eléctrica?
+¿Qué me decis á mí de todo eso? ¡Preguntádselo á Dios!
+
+No es nuestra ciencia; es una ciencia mucho más alta. Propiamente
+hablando, es la ciencia.
+
+He dicho algo á mi compañera sobre lo bueno que seria á ciertos hombres
+el poderse mantener con la virtud espiritual del pensamiento; el vivir
+de una manera infusa, _por revelacion_, pero mi compañera me responde
+que en vano doy que hacer á mi fantasía, porque no hay más medio que
+resignarse á la _calamidad de comer_. Ella dice que el mismo fuego
+necesita sustancia que lo nutra, que el mismo aire parece ser el
+alimento de la atmósfera, como la atmósfera parece ser el alimento del
+espacio. Dice que la chispa escondida dentro del pedernal necesita un
+golpe para salir; pero yo no puedo consolarme. El pedernal no anda
+rodando por las aceras de Paris, á caza de un guisado que no tenga
+harina, y de un trozo de carne que no esté dura y ensangrentada, y de
+una botella de vino que no esté agrio, amargo, salado, picante, y no sé
+cuantas cosas más.
+
+He dicho todo esto, porque la cuestion de comer se hace cada dia más
+apremiante y amenazadora. Los fiambres no bastan á un estómago débil
+como el mio, especialmente cuando está acostumbrado á otro método; el
+método de una mujer inteligente, cuidadosa y que debe quererme algo,
+segun las muestras.
+
+En fin, la imaginacion de la comida (uso la palabra imaginacion para
+quitar á la palabra hambre lo que tiene de bajo y grotesco) nos reasume,
+nos absorbe, nos tiraniza.
+
+Salimos á la calle con el fin de probar fortuna. Entramos en una galería
+del pasaje de los Panoramas, y vemos un aviso en que se ofrece dar de
+almorzar bien (_confortablemente_) por dos francos.
+
+No anduvimos más. Nos sentamos en una mesa del rincon, y á los pocos
+minutos teniamos dos platos delante y una botella de vino Macon. Un
+plato es de carne y otro de pescado. La carne está dura, muy dura; el
+pescado tiene salsa blanca, muy blanca; el vino es amargo, muy amargo.
+Hice á mi mujer una seña, ella resistia por miramiento á los cuatro
+francos; pero otra señal la decidió, y salimos como habiamos entrado;
+digo mal salimos con 82 sueldos menos, pues á los 80 de estatuto tuve
+que añadir dos de propina; aunque la propina es un estatuto tambien..
+
+En otra galería del mismo pasaje, nos dimos de cara con otro rótulo que
+promete tres platos fuertes, vino de Burdeos y sorbete al fin, todo por
+tres francos.
+
+Subimos al piso principal; al entrar nos dieron una contraseña, y á poco
+se presenta un garçon con frac negro y corbata blanca. Bajo el influjo
+de la primera impresion creí hallarme en el memorable restaurant
+Champeaux, plaza de la Bolsa, é hice involuntariamente ademán de irme,
+pero la memoria de los tres francos me detuvo. Nos sirven una buena
+sopa, un plato de gallina, dos entremeses, una botella de Burdeos
+inferior; y al llegar á los postres, el elegante garçon entra con una
+batea llena de primores: porciones de manteca, ruedas delgadas de
+salchichon, peras, ciruelas, rábanos muy pequeños, dulces y otras
+curiosidades. Nosotros nos imaginamos ver abiertas las puertas del
+paraíso terrenal. Mi mujer empezó á proveerse, tomando sin duda revancha
+de los contratiempos sufridos, cuando el garçon la dice en un tono muy
+bajo y muy meloso:
+
+--Perdone usted señora: no se pueden tomar más que dos porciones á
+eleccion. (_Pardon, madame: on ne peut prendre que deux portions au
+choux_.)
+
+--Ya me parecia, me dijo mi mujer, que esto era demasiada suerte para
+nosotros.
+
+--Si usted quiere tomar más porciones, añadió el garçon, será aparte....
+
+--¡Gracias! ¡gracias! contestó mi mujer precipitadamente, como si
+temiera ver un papel de aguas inglesas con 27 francos en medio.
+
+Mi compañera tomó manteca y una fruta del tiempo; yo tomé tres porciones
+de fruta, dos que tocaban á mi cubierto, y una que me tocaba á mí por no
+tomar sorbete.
+
+Mi mujer tomó el suyo, pagamos y nos salimos á la calle, y cualquiera
+hubiera conocido en nuestras caras que estábamos de mejor humor. Pero
+aquello era caro para la comida normal, y proseguimos nuestras
+excursiones.
+
+Despues de mucho discurrir al azar, _oliendo donde se guisa_,
+atravesamos una de las galerías del Palacio Real, y en un bazar de
+porcelana hemos visto un juego de platos, que perteneció á Luis Felipe.
+
+Acerca de la autenticidad no hay duda alguna, puesto que los platos son
+de lo mejor que se hace en la famosa fábrica de _Sevres_, y tiene en el
+fondo la corona y nombre de _Luis Felipe_. Esto nos induce á dar crédito
+á la señora del almacen de los Panoramas, sobre el baston de Richelieu,
+puesto que lógico parece que descuide el baston del cardenal, quien
+descuida la vajilla de un rey. Se conoce que la nobleza francesa tiene
+poco gusto tradicional; lo cual quiere decir poco gusto de si misma,
+poca conciencia de su ejecutoria, poca sensatez. ¿Cómo seria posible que
+un lord consintiese que decorara el escaparate de un mercader, una
+vajilla que hubiese servido en la mesa de uno de sus monarcas?
+
+La Francia, siendo inmensamente más grande que la Gran Bretaña por la
+ley de la naturaleza, no debe entrar en lucha con el pueblo inglés:
+tiene una desventaja capitalísima; es menos lógica, como ya he dicho, y
+la lógica es un poder inmenso; sino inmenso, es un formidable poder: La
+Francia lo tiene; pero la Inglaterra lo tiene mayor. Francia tiene uno;
+el del país, el poder social. En el Reino Unido hay un millon de lores y
+de hombres de gobierno ó de empresa: hé aquí un millon de poderes; el
+privilegio portentoso de una casta política, la cual, pordioseando por
+todo el mundo conocido, hace que todo el mundo conocido la pida limosna.
+
+La Inglaterra es la especialidad más rara que se ha verificado en la
+historia, el fenómeno más curioso de estos tiempos fenomenales. Caerá
+sin duda, caerá mañana, porque hoy representa lo que representaba el
+mundo que cayó, el mundo que no pudo menos de caer, que caerá siempre y
+en todas partes que tenga creaciones análogas; que tenga ídolos sociales
+que adorar. La casta antigua le llamó mago, por ejemplo; el mago inglés
+se llama cañon, pólvora, buque, lord, renta, capital; pero de cualquier
+modo es la antigua casta, el mago persa ó el brahman indio.
+
+_Esto caerá, como cayó aquello_, reproduciendo las sublimes palabras de
+Víctor Hugo.
+
+La Inglaterra caerá; pero no caerá sino como cae una masa enorme: caerá
+como cayó el templo de Belo, como cayó el coloso de Rodas, como cayó el
+Partenon de Grecia, ó el Capitolio de Italia, como caerán las Pirámides
+de Egipto; como caen los milagros del hombre.
+
+Comimos en el pequeño restaurant de Lóndres, cerca de la fuente de
+Molière. Á más de lo que ofrecen por franco y medio, pedí un pichon, el
+cual me ha costado 9 reales. Advierta el lector que hay pichones por 14
+sueldos. Me han llevado 31 por aderezarlo, algo más del 200 por 100.
+Vaya esta especie AL PARIS MORAL. Mi mujer dice que no volverá más, lo
+cual quiere decir que no volverémos los dos.
+
+De vuelta hácia casa, hemos presenciado cierto alboroto, acaecido en una
+taberna de la calle de Richelieu. Dos suizos empezaron á discutir sobre
+religion. El uno era del canton del Tesino, y defendia el culto
+católico. El otro era de uno de los cantones protestantes, y defendia el
+culto reformado. La disputa acabó por tirarse las copas á la cara, y no
+debieron andar por el aire las copas solamente, sino alguna botella,
+porque uno de los contrincantes tenia una herida bastante profunda,
+hácia la quijada derecha.
+
+Recomiendo al jóven que haya de salir de su casa, especialmente de su
+país, que no olvide el consejo que voy á darle: guárdese muy bien de
+hablar nunca de su religion y de su patria. Son los dos asuntos que
+ofrecen un peligro más general y más inevitable. No hay hombre que no
+esté persuadido de que su Dios y su país son los mejores de la tierra.
+Disputad con él sobre todo; pero no le toqueis su país y su Dios. ¡De
+cuántos lances he sido testigo, y cuántas cabezas se han roto, y cuántos
+hombres han ido al Campo Santo por una imprudencia de este género!
+
+Llegamos á casa y dije á mi mujer:
+
+--Mañana es lunes; mañana principia la semana que aplazaste para la
+visita del monumento que tanto anhelo visitar. ¿Cuándo lo visitamos? Mi
+compañera me miró sonriéndose, y con la magnanimidad orgullosa del que
+otorga una gracia ó concede un perdon, responde á secas:
+
+--Mañana.
+
+--¡Dios te lo pague! contesté yo muy satisfecho.
+
+
+
+
+=Dia décimo tercero=.
+
+Almuerzo.--Coche.--Nuestra Señora de Paris.--Hija deshonrada.--Comida de
+campo.
+
+
+Salimos del hotel á las diez y media. Despues de veinte minutos de
+marcha forzada, nos vemos en la calle de la Grand'Batelière. Hácia el
+comedio de la calle, encontramos un restaurant de _mediano coturno_, y
+allí hemos almorzado, no muy bien, por seis francos y algunos sueldos de
+propina. Volvimos á caminar á la aventura, y ya cansados, cerca del
+pasaje de Jouffroi, tomamos un bienhechor _fiacre_.
+
+--_¿Où allons-nous? ¿Á dónde vamos?_ Gritó el cochero desde el pescante.
+
+--_A Notre Dame, á Nuestra Señora_, contesté desde dentro, é
+inmediatamente el carruaje comenzó su marcha.
+
+Hace media hora larga que atravesamos un verdadero laberinto de calles,
+unas espaciosas y claras, otras húmedas, estrechas y sombrías. Apenas
+habrá un espectáculo más original, más extraño y curioso, que estudiar
+una poblacion como Paris desde la portezuela de un carruaje. Cada calle
+nueva, cada nueva plaza, cada barrio distinto, cada diferente localidad,
+se nos presenta como si fuese un lienzo que se va desdoblando de un
+interminable panorama. Uno espera á cada momento que se concluya; espera
+salir á cielo raso; espera ver campos, árboles, montañas, llanuras;
+espera verse libre de aquella red que lo va circuyendo por todas partes,
+y vienen calles y más calles, callejuelas y más callejuelas, plazas y
+más plazas, y llega un instante en que nos sentimos fatigado el pecho, y
+cansada la respiracion. No tuve la curiosidad de ver cuánto tardamos en
+la travesía; pero á mí me pareció sumamente larga. Excuso decir que á mi
+mujer la pareció infinitamente más larga que á mí, porque no se fija en
+las cosas con la intencion de estudiar y aprender, sino con el ahinco,
+franca y netamente español, de hacer burla de los franceses, y el
+aliciente de la murmuracion dura poco. La murmuracion es como la salsa
+de la visita; mi mujer no halla en mí una compañera con quien murmurar,
+y así es que se aburre.
+
+[Ilustración: Frontis de Nuestra Señora.]
+
+[Ilustración: Plaza de la Bastilla.--Columna de Julio.]
+
+Despues de torcer millares de esquinas, y cuando ya casi teniamos
+turbada la vista de tanto mirar á izquierda y derecha, asomamos á una
+explanada que nos pareció alegre y deliciosa; luego atravesamos un
+puente; dirigimos precipitadamente una mirada á lo largo del rio,
+iluminado por los rayos de un sol de Junio, llegamos á la márgen
+opuesta, caminamos unos momentos.... ¡NOTRE DAME! ¡NUESTRA SEÑORA! Gritó
+el cochero con voz reposada y severa, como si su acento participase de
+lo venerable del lugar que nos anunciaba. Al oir el anuncio del cochero,
+experimentamos cierto sentimiento religioso, y otra sensacion que
+difícilmente podria explicarse. Es una sensacion parecida al miedo.
+Cuando nos hallamos al pié de un monumento célebre, de uno de esos
+monumentos que muchas veces hemos creido ver, que nos ha hecho sentir,
+que nosotros queremos como si fuera un individuo de nuestra familia, un
+individuo más grande que los otros, porque nuestra imaginacion lo ha
+divinizado á su manera: cuando sabemos que nos vamos á dar de cara con
+ese personaje misterioso, con ese ídolo de nuestra fantasía, con esa
+vaga creacion de nuestros recuerdos, parece que nos preocupa la misma
+idea que embarga nuestro ánimo, en el momento de recibir á un sábio, á
+un santo, á un apóstol, á un héroe, á un poeta; es decir, á un prodigio.
+Nuestra admiracion es una mágia que adoran muchos magos, ó bien es un
+mago que adora muchas mágias, y Nuestra Señora de Paris era para
+nosotros una especie de hechicería; hechicería sagrada, venerable,
+augusta, pero hechicería.
+
+--¡Anda! dije á mi mujer, con el mismo tono con que la hubiera dicho:
+_el mago nos espera_.
+
+Saltamos del carruaje, y nuestra ávida y respetuosa mirada se fijó en el
+frontis de la gran basílica. Aquella fachada es pintoresca, festiva,
+graciosa, sin dejar de ser grave, religiosa y solemne. Hay allí ese
+espíritu aventurero, esa galantería varia y confusa, esa poesía
+melancólica, apasionada, infantil, inocente, pero arrebatadora, de los
+edificios de la edad media, ora sea un templo, ora un palacio, ora un
+castillo, ora una cárcel. Aquella poesía indefinible no es un carácter
+de este ó del otro estilo arquitectónico; no es una revelacion del arte;
+sino una revelacion de aquella edad, el arte especial de aquellos
+siglos; una emocion de aquellos hombres y de aquellos tiempos, una
+verdadera emocion histórica.
+
+Las treinta y cuatro columnas, altas, delgadas y sencillas, que
+sostienen la plataforma de esta gran fábrica, dan al edificio una gracia
+ateniense, fantástica, aérea; parece que nadan por la atmósfera.
+Aquellas columnas tienen la arrogancia atrevida y la idealidad
+misteriosa del obelisco.
+
+Yo permanecí algun tiempo, sin moverme, sin poderme mover, como si
+sintiese agobiada mi alma bajo el peso de tantos recuerdos y
+tradiciones. En efecto, esa catedral que ahora contemplo, esa masa
+enorme, quieta, silenciosa, insensible; pero tan elocuente y tan
+entusiasta en medio de su silencio y de su quietísmo; ese monton de
+piedras que estoy viendo, es como el testimonio de otra raza, de otro
+pensamiento, de otro dogma, de otro mundo.
+
+Este lugar, decia yo para mí, formaba parte de la antigua _Citè_. Este
+magnífico y caprichoso templo sucedió á una iglesia cristiana, levantada
+en el siglo IV al primero de los mártires, á San Estéban. Á este San
+Estéban, á esta humilde y primitiva basílica del cristianismo, único
+monumento religioso de la _Citè_, unió otra iglesia el rey Childeberto,
+hijo de Clovis, á instancias del obispo San German, bajo la advocacion
+de _Nuestra Señora_, de donde trae su orígen el nombre actual de esta
+suntuosa metropolitana de Paris.
+
+Y la iglesia de San Estéban, así como la basílica del hijo de Clovis,
+habia sucedido á un templo pagano, levantado á Júpiter durante el
+reinado de Tiberio. Mucho despues, á mediados del siglo XII, un hombre
+ilustre, un oscuro hijo del pueblo que ganó la mitra á fuerza de
+talento, de virtudes y de piedad, Mauricio de Sully, concibió el
+pensamiento de construir la iglesia que ahora admiro. Un solo hombre
+principió esta obra gigantesca; siete siglos la terminaron.
+
+Aquí han trabajado sucesivamente el Papa Alejandro III, que puso la
+primera piedra en 1163, Felipe Augusto, el Cardenal de Noailles, Juan de
+Montaigu, Felipe el Hermoso, San Luis, Luis XIV, Luis Felipe y Napoleon
+III.
+
+Bajo _La Convencion_, Nuestra Señora de Paris se vió convertida en
+_templo de la Razon_.
+
+Bajo el Consistorio, la secta de los teofilántropos estableció aquí su
+culto.
+
+En 1801 tuvo lugar el famoso y raro concilio, á que asistieron ciento
+veinte _obispos constitucionales_.
+
+Bajo el Consulado, se restableció el culto católico, prévios una misa y
+un _Te Deum_, pomposamente celebrados en presencia de los tres cónsules.
+
+En 1804, el Papa Pio VII puso la corona del Imperio sobre la cabeza del
+gran Napoleon.
+
+Aquí tiene el lector la historia artística y social de NUESTRA SEÑORA DE
+PARIS, de este gran libro escrito en piedra.
+
+Pasadas estas primeras impresiones, atravesamos el umbral de la
+basílica. Necesitaria escribir un año, si tuviese que hacer la
+descripcion de los infinitos y curiosos detalles de escultura que
+encierra este templo. En este sentido, _Nuestra Señora de Paris_ es
+quizá el monumento más rico y más precioso de la edad media. Tanta
+estátua, tanto dentellon, tanta columna, tanto relieve, tanto arabesco,
+tanta profusion de trabajo, le quita belleza, porque le quita sencillez;
+le quita majestad, porque le quita simetría; pero lo que le quita como
+arte, se lo da como historia; lo que le quita como iglesia, se lo da
+como conservatorio ó museo. No es una gran arquitectura; pero es un gran
+libro.
+
+Ciento veinte pilares sostienen las lujosas bóvedas; hemos contado
+veintisiete capillas, y admiro los bajo-relieves, en bronce dorado, del
+altar mayor, un precioso grupo de mármol, que representa el descenso de
+la cruz, la estátua de la Vírgen, la de San Cristóbal, de nueve ó diez
+metros de altura, y otro grupo de mármol llamado _el voto de Luis XIII_,
+que representa una cruz de piedra blanquísima, medio cubierta por un
+paño con una maestría notable; al pié de la cruz aparece sentada la
+Vírgen María, teniendo en sus brazos al niño Jesus. Á cada lado de la
+Vírgen, se ven las figuras de Luis XIII y Luis XIV, que presentan una
+corona á la madre del Salvador. La escultura de estos verdaderos
+monumentos no pertenece á la escuela del edificio, por decirlo así;
+contradicen la lógica del arte; en una palabra, son otros tantos
+anacronismos, pero al cabo son preciosísimas creaciones de una
+civilizacion santa y grande, creaciones de un arte sublime, de un arte
+sin segundo, del arte cristiano, y nuestra fantasía, nuestro sentimiento
+y nuestra inteligencia se ven fascinados por un encanto irresistible. En
+un paraíso, tan lleno de esperanzas y de armonías, el alma no piensa; se
+embriaga y duerme.
+
+Hemos admirado tambien las maderas y el enrejado del coro, los cuadros
+de Luis de Bologne, de Touvenet, de Hallé, de Coypell y de Felipe de
+Champagne; los opulentos mausoleos del conde de Harcourt, del cardenal
+de Belloy, de.... En fin, he admirado tantas cosas, que si las hubiera
+de decir, seria menester que escribiera un libro, como dije antes. Pero
+aunque sea de paso, no quiero dejar de hacer mencion de una pintura que
+nos ha impresionado vivamente. No recuerdo en qué sacristía he visto
+aquel cuadro; pero recuerdo que lo he visto para no olvidarlo jamás.
+Este cuadro representa al venerable monseñor Affre, al caritativo y
+valeroso arzobispo de Paris, herido gravemente por una bala en las
+barricadas del célebre arrabal de San Antonio, en Junio de 1848, y la
+bala que se ha extraido de la sangrienta y mortal herida. Hay una verdad
+tan ingénua, _tan provocativa_, por decirlo así, en la pintura y un
+interés tan grande en el asunto, que el espectador no puede menos de
+quedarse clavado ante aquel lienzo. Aquello es una triple epopeya, una
+para el arte, otra para la sociedad, otra para la fe.
+
+La gran campana de Nuestra Señora de Paris, la mayor que hay en Francia,
+pesa treinta mil libras, ó sea mil doscientas arrobas. Como la _María_
+de Sevilla, sólo deja oir su voz grave y solemne en los grandes
+sucesos, ó en las grandes festividades.
+
+Pero aún no he hablado de una de las curiosidades más notables que se
+encuentran en este curiosísimo monumento. Me refiero al maderámen de la
+techumbre, cubierto por mil doscientas treinta y seis planchas de plomo,
+cuyo peso no baja de cinco mil quintales.
+
+Pero se hacia tarde y la cabeza principiaba á dolerme. Habiamos dado
+demasiado pasto á la inteligencia, á la imaginacion y al sentimiento;
+experimentaba irresistiblemente la necesidad de respirar al aire libre,
+de espaciar la vista por el horizonte, é hice una señal imperativa á mi
+mujer. Salimos y subimos al coche.
+
+--_A l'hôtel Saint-Antoine, rue Beauregard; al hotel de San Antonio,
+calle de Buenavista_, dije al cochero.
+
+Al poco tiempo atravesábamos el puente, y mi mujer y yo nos mirábamos
+sin hablar, como si hubiésemos dado cima á una grande empresa, tan
+grande, que no nos dejaba ni aún aliento para abrir la boca.
+
+El grupo de la Vírgen y del niño Jesus, es una de las cosas que nos han
+dejado una emocion más agradable y más duradera. Esto no procede
+únicamente de la maestría de la ejecucion, de la habilidad del artista,
+sino de otro arte más poderoso, más rico, más maestro, más grande; de un
+arte que está dentro de aquellas concepciones, y que da vida al mármol y
+al mismo escultor. En aquellas estátuas hay ese viso de ingenuidad, de
+candidez, de fervor é inocencia que encontramos en el Evangelio, en ese
+libro que tantos cristianos ignoran, que tan pocos cristianos leen, que
+tan pocos cristianos estudian, que tan pocos cristianos entienden; sobre
+todo, que tan pocos cristianos practican. En aquellas estátuas se ve
+algo del carácter más santo y expresivo que conoce la historia; algo del
+tipo más bello, más noble y generoso que venera el mundo; algo de la
+Vírgen María. La Vírgen María quiere decir: candor, pasion y fe:
+inocencia, dolor y esperanza. La Vírgen María lleva en sí la idea y la
+encarnacion de todo un mundo nuevo, es una civilizacion que vale por
+todas.
+
+Cuando calculé que ya íbamos á entrar en las calles, me asomé por la
+portezuela, y dirigí un saludo con la mano a _Nuestra Señora de Paris_,
+como quien se despide de un amigo.
+
+Pasamos muchas calles, muchas plazas, muchas travesías, muchas
+callejuelas, que no parecen de Paris, y al atravesar la calle del famoso
+y novelesco Temple, presenciamos, á despecho nuestro, una escena muy fea
+y muy repugnante. ¡El egoismo es la más voraz de todas las fieras, el
+más rastrero de todos los reptiles, el más asqueroso de todos los
+insectos! Estando avecindado entre los hombres, Dios no tuvo necesidad
+de crear un infierno para este mundo. Un padre, halagado por ciertas
+esperanzas de lucro, habia vendido la honra de la menor de
+sus tres hijas. Aquel hombre (no merece que le demos el nombre venerando
+de padre) aquel hombre egoista, idiota, cruel, bajaba la cabeza y fumaba
+su pipa negra. La pobre de su hija, muchacha como de catorce ó quince
+años, le reconvenia furiosamente en medio de la calle. Estaba pálida
+como una muerta, desgreñada como una loca, trémula y llorosa como una
+mujer deshonrada. Allí oimos cosas que no olvidarémos, y de que no
+podemos dar parte á nuestros benignos lectores.
+
+Llegamos, por fin, á nuestro hotel. Pagué al cochero siete francos, uno
+de propina, y subimos á nuestra habitacion, que nos pareció el templo de
+la Paz. ¡Qué silencio tan apacible! ¡Qué dicha!
+
+Repuesto un poco de esa especie de sopor ó letargo que causa en nuestro
+ánimo la admiracion, principié á meditar sobre lo que habia visto,
+mientras que mi mujer se ponia un traje de casa. La verdad, me veo
+turbado; apenas puedo desenredar, si así puede decirse, las primeras
+ideas y sensaciones. Si en este instante me preguntaran si he visto una
+iglesia, un alcázar, un panteon ó un baluarte, casi no sabria qué
+responder.
+
+Efectivamente, _Nuestra Señora de Paris_ nos deja una memoria confusa,
+tan confusa como deliciosa, porque confuso y delicioso es el arte misto
+que allí impera. Aquel arte no es un monarca, es un tirano, pero un
+tirano creador y espléndido.
+
+Al ver el monumento de que hablo, sentimos lo que cuando hallamos muchas
+huellas como amontonadas y confundidas. El rastro confundido no es un
+rastro; pero la mente lo adivina. El pensamiento tiene tambien sus
+goces, y aquella adivinacion es el primero de los goces intelectuales.
+
+La suntuosa catedral de Paris no tiene esos techos despejados, claros,
+altísimos, atrevidos y majestuosos de la catedral gótica: no tiene
+tampoco esas bóvedas aplanadas, casi chatas, esa atmósfera oscura, ese
+horizonte misterioso de la mezquita árabe; no tiene la esbeltez, la
+elegancia, la virilidad, la pompa sencilla y sublime del palacio griego
+y toscano. No tiene nada de eso, y todo eso se encuentra allí; si no se
+encuentra, se conjetura, se presiente, se distingue á lo léjos. Allí se
+ven mezclados y confundidos el Oriente, la Grecia y la Italia; el
+palacio, la mezquita y la iglesia. Esto no se ocurre desde luego; pero
+despues que se reflexiona sobre aquel precioso mosáico, sobre aquella
+_bellísima barbarie_, sobre aquella _hermosa monstruosidad_, encontramos
+una especie de mesa revuelta, en que no sabemos qué admirar más, si la
+belleza de las partes, ó el curioso desórden y la rica y fecunda
+discordancia del conjunto. Gentilidad, cristiandad, feudalismo,
+renacimiento, arte moderno, todo está allí, como están los haces de miés
+en una era, desde Júpiter hasta Childeberto, desde Childeberto hasta
+Mauricio de Sully, desde Mauricio de Sully hasta San Luis, desde San
+Luis hasta el actual Napoleon. No perdiéndose Nuestra Señora de Paris,
+no se pierde una gran parte de la historia y del arte de Francia.
+
+Por último, no debo escatimar al nobilísimo edificio que hemos visitado,
+ya que somos deudores de tan gratos recuerdos, un elogio que, á mi modo
+de ver, significa mucho. Despues de estar poetizada _Nuestra Señora de
+Paris_ por el genio de Víctor Hugo, que es un gran genio, _Nuestra
+Señora de Paris_ parece poética.
+
+Hemos resuelto no salir á la calle para comer. Eso de comer á lo
+transeunte, á lo bohemio, como si dijéramos al salto de mata, nos
+fastidia y nos entristece. Hemos llamado á la hija de la lechera, y la
+hemos encargado salchichon, jamon dulce, sardinas de Nantes, una libra
+de fresas, un panecillo y una botella de vino Macon.
+
+Mientras que la muchacha nos trae los recados, yo escribo esta revista á
+la manera que se persigna un cura loco.
+
+La chica llama, mi mujer abre, la muchacha entra, deja nuestro avío, se
+va, mi compañera pasa la llave, y nos quedamos solos. ¡Qué hermosa es la
+casa en que vivimos! ¡Qué hermosa es la familia! ¡Qué hermoso es el
+amor! ¡Qué hermosa tambien es la tranquilidad!
+
+En este sentido, Paris nos ha hecho un gran regalo. En Madrid nos
+inquietaba un tanto la policía; aquí vivimos en la más perfecta y
+envidiable calma.
+
+Lector, si el cofre que tienes en tu casa te produce inquietudes
+profundas; si el cofre que tienes en tu casa te turba el sueño, créeme,
+tira el cofre á la calle. Pasa por todo, menos por intranquilizar tu
+espíritu. La tortura del sentimiento y la violencia ejercida sobre
+nuestra alma, son las dos tiranías más insoportables de este mundo. Esto
+nos advierte que hay una gran verdad, un gran secreto, una gran ciencia;
+esto nos advierte que hay un espíritu, y que ese espíritu, esa
+exhalacion que no se toca, que no se ve, que no se mide, que no se
+compra ni se vende, es el gran poder de la tierra, el sumo Pontífice de
+la vida humana.
+
+Sobre la cubierta de mármol blanco de la cómoda, sin mantel, ni
+servilletas, ni cuchillos, ni tenedores, ni platos, hemos colocado
+oportunamente el salchichon, el jamon dulce, las sardinas, las fresas,
+la botella de vino, la de agua y el pan. Aún cuando comemos en casa,
+esto nos parece una comida de campo. La libertad con que comemos, nos
+hace creer que nos encontramos en una romería, entre tomillo y alelíes.
+
+Hemos comido opípara y deliciosamente, y aquí doy fin al dia décimo
+tercero, porque seria muy difícil darle mejor final.
+
+
+
+
+=Dia décimo cuarto=.
+
+El sueldo de la paralítica.--Mis humos caballerescos.--Establecimiento
+de caldo.--Comida compuesta de tres sopas, de tres platos de carne, de
+tres legumbres y de tres postres, á franco y medio por persona.--Muñecas
+que hablan.--Aleluyas.--Almuerzo.--Estéban Lesperut.--Comida.--Soberbia
+de mi mujer.--Café cantante titulado la Francia Musical.--Teatro de la
+Gran Opera.--Opera francesa.--Zarzuela española.--Harem europeo.
+
+
+Salimos muy temprano en busca de algun _restaurant_ que nos acomode,
+bajo el doble aspecto de estómago y bolsillo. Es indudable que lo hay;
+¿qué no hay aquí? Sí, lo hay, digo yo á mi mujer; pero mi mujer me
+contesta: ¿dónde está? De esto se trata.
+
+No distábamos treinta pasos de nuestro hotel, cuando oigo que me
+llamaban. Era una pobre muy anciana, á quien habian tirado un sueldo
+desde un balcon. La pobre estaba paralítica, no podia agacharse para
+recoger la limosna, y con este fin me habia voceado. La señorita que
+arrojó el sueldo miraba desde el balcon de un piso segundo, como para
+ver el desenlace de aquella pequeña aventura. Estoy seguro, de que en
+España no me habria ocurrido el menor escrúpulo en este instante; pero
+me hallo en país extranjero; esta circunstancia es una voz de alerta que
+clama siempre en torno nuestro, y me ví asaltado por un sentimiento
+singular, muy singular en mí. La señorita miraba desde arriba, la pobre
+esperaba que yo la sirviese, como era justo y natural; pero yo
+experimenté entonces que en los españoles existe una mezcla de genio
+aleman y de genio romano; una mezcla de pensamiento y de fantasía, de
+concentracion y de ligera idealidad, que describe maravillosamente ese
+temperamento moral que nosotros llamamos _hidalguía española_.
+¡Desdichado de mí! ¡Cuánto me resta que aprender! ¡Cuánto ignoro! Yo no
+me creia _hidalgo_: no suponia en mí ese espíritu caballeresco que
+caracteriza un siglo y una raza; el siglo feudal y la raza latina; y
+ahora me encuentro con que ignoraba lo que sucedia en mí propio.
+Indudablemente tengo algo de raza y de feudo, y de ello pudiera ser
+testigo la mendiga. En vez de recoger el sueldo, como ella me suplicaba
+y como esperaba la señorita del balcon, la dí dos sueldos y proseguí mi
+marcha, aparentando que no habia comprendido.
+
+Ignoro qué impresion haria en mis espectadoras _mi rebeldía
+caballeresca_; pero ello es que yo caminaba tan ufano como si hubiera
+hecho una conquista. Pasada aquella ráfaga de caballerismo, empezó á
+preocuparme la idea de si habria cometido una falta de caridad, una
+falta tanto más reprensible cuanto que la habia cometido con una pobre
+anciana.
+
+Mi mujer quiso disuadirme diciendo:
+
+--¿De qué puede quejarse? La has dado el doble de lo que ella te pedia.
+
+--No, respondí á mi mujer. Puede quejarse de mi soberbia, de mi soberbia
+con una vieja paralítica. La he dado el doble; pero el dar no prueba que
+se da bien, puesto que muchas veces la simple dádiva envuelve una
+afrenta; á veces se da la deshonra.
+
+Si yo estuviese paralítico, si suplicase á un transeunte que me cogiera
+un cigarro que se me hubiese caido al suelo, y el transeunte me diera
+dos cigarros suyos, yo no aceptaria de ningun modo su presente, y le
+llamaria orgulloso, presumido, insensato tal vez. Yo no le pedia los dos
+cigarros que me da, sino un servicio que no me hace, una obligacion que
+no cumple; si tú quieres llamar á esto caridad, es una caridad que no me
+otorga, que me niega con cierto alarde de virtud; pero al cabo me la
+niega, y yo veria en su alarde de virtud un alarde de vanidad.
+
+Mi mujer me miraba con cierta maravilla, al observar la séria
+importancia que yo daba á un accidente tan pasajero; pero yo estaba
+herido por una especie de remordimiento, y no pude menos de proseguir:
+si aquella mendiga no hubiese perdido, como el hábito horrible de la
+miseria, la justa apreciacion de su decoro, si no hubiese sacrificado su
+dignidad al embrutecimiento que sigue siempre al desamparo y á la
+abyeccion; si con la sensibilidad de su cuerpo no hubiese perdido la
+sensibilidad de su conciencia; si aquella infeliz vieja viviese para la
+vida del espíritu, como vive para la vida del abandono, seguramente
+hubiera despreciado la donacion de mi soberbia, la jactanciosa caridad
+de mi egoismo; seguramente hubiera despreciado una limosna que no
+escucha un ruego natural; que da dos monedas, y camina ufana porque ha
+sido altanera y cruel. Si la pobre inválida existiese para el
+sentimiento de lo que es, como existe para el sentimiento de lo que
+sufre, seguramente me hubiera afrentado.
+
+--No, amiga mía, no: si otra cosa crees, te engañas: al menos, mi
+corazon me dice que te engañas. Todos somos hermanos, ante la religion
+que nos llama por boca de un viejo: más hermanos todavía, ante la
+sublime fraternidad de la desgracia y del dolor.
+
+He hecho mal, muy mal, y me pesa. Yo he debido coger el sueldo, dárselo
+á la inválida, sin perjuicio de añadir mis dos sueldos, ó lo que me
+hubiera parecido oportuno. He ofendido á la paralítica, y la pido
+perdon.
+
+Mi mujer hizo ademan de replicarme, sin duda para tranquilizar mis
+escrúpulos, porque tiene demasiado sentimiento moral para no comprender
+que la razon estaba de mi parte; quiso contestarme, repito; pero tuve la
+suerte de que se me ocurriera una observacion, á la cual no resiste
+nunca una mujer.
+
+--Supon, le dije, que tú no conocieras á tu madre; supon que esa mendiga
+fuera tu madre, ¿habriamos hecho lo que hicimos?
+
+No, es bien cierto que no. ¿Y con qué derecho exigirias tú que un hombre
+accediera á las súplicas de tu madre tullida, porque tu madre puede
+tullirse, cuando tú creyeras que yo he hecho bien no accediendo á las
+súplicas de aquella inválida, aquella inválida que tambien puede tener
+hijos, como tu madre te tuvo á tí; aquella inválida de la cual tú
+pudiste ser hija?
+
+Mi mujer contestó:
+
+--Es verdad.
+
+Al desembocar en la espaciosa calle de Montmartre, vi un letrero hácia
+la derecha que decia: _Établissement de bouillon_. (Establecimiento de
+caldo.)
+
+Esta especie, es decir, el que el caldo diese lugar á que hubiera
+establecimientos, y establecimientos tan importantes como el que vemos,
+es un hallazgo que nos asombra. Nos aproximamos, vimos varias frutas y
+dulces en almíbar que están expuestos en los escaparates; pero echamos
+de ver que hay jarros de flores á cada lado de la entrada principal, y
+esta circunstancia, unida á la de ser un punto muy céntrico, nos da mala
+espina acerca de sus condiciones económicas. No quisiéramos un
+restaurant tan cerca del de _Champeaux_; pero allí entra multitud de
+personas, se titula _Establecimiento de caldo_, y hemos resuelto hacer
+una nueva experiencia.
+
+No es aún hora de almorzar; seguimos la calle de Montmartre hasta la
+calle paralela á la de Rousseau, y tiramos por ella hácia la plaza de
+las Victorias, donde mi mujer tenia que comprar algunas frioleras; si
+bien no son frioleras para mí, puesto que me ponen en un potro, á causa
+de ignorar sus nombres en francés. Tambien es cierto que los ignoro en
+español.
+
+Al subir por la acera derecha de dicha calle, vemos un aviso en que se
+lee: _en el piso principal de esta casa, se da una comida (un diner),
+compuesta de tres sopas á eleccion, tres platos de carne, tres de
+legumbres y dos postres, todo por franco y medio_. El precio nos pareció
+sumamente arreglado, resolvimos comer allí, tomamos nota de la calle y
+número de la casa, y caminamos hácia la plaza de las Victorias.
+
+Mi mujer hizo provision de hilos, sedas, agujas y trencillas; nos
+dirigimos á la Bolsa con el fin de aproximarnos al restaurant de la
+calle Montmartre, atravesando el pasaje que llaman de Vivienne, nombre
+que toma de la calle en que está. En este pasaje hemos visto una
+curiosidad que no ha dejado de impresionarnos. Hay una porcion de
+muñecas grandes, con un excelente colorido, ojos perfectos, una
+cabellera naturalísima, y que tienen la facultad de articular varias
+palabras, merced á un cilindro interior. Á este cilindro se le da
+movimiento por un resorte que está debajo de la tabla que sirve de base
+á la muñeca, de modo que el espectador no se aperciba á primera vista
+del secreto de aquella operacion.
+
+Hay una que dice: _me llamo María y hablo mejor que mi hermana. (Je
+m'appelle Marie et je parle mieux que ma soeur_.)
+
+Otra dice: _mi abuela me ha dicho que pasaré el próximo estío en el
+campo. (Ma grand'mère m'a dit que l'été prochain je serais à la
+champagne_.)
+
+Otra muestra un dechado con la mano derecha, y dice: _este es el premio
+que he ganado en mi colegio. (Voilà le prix que j'ai remporté dans mon
+collége_.)
+
+Esta curiosidad que parece tan admirable, tiene sin embargo una
+explicacion facilísima, si vale creer en lo que se me ha dicho. El
+cilindro que está en el interior de la muñeca produce la articulacion de
+las sílabas, como el que está dentro de un organillo produce la
+articulacion de las notas musicales, dando un sentido perfecto á la
+composicion.
+
+En el mismo lugar hemos visto unas aleluyas con motivo de los
+miriñaques. Estas aleluyas son un verdadero drama cómico, y bastarian
+para demostrar la excelencia del carácter francés, para el ridículo,
+cuando aquel carácter necesitára de nuevos testimonios. Hay situaciones
+verdaderamente oportunas, como aquella en que un marido ve á su mujer
+dentro del miriñaque, y suponiendo que no podria oirle á la distancia
+que el miriñaque hacia necesaria, la está hablando con una bocina.
+
+Salimos del pasaje, atravesamos luego la plaza de la Bolsa, y á los
+pocos momentos entrábamos en el _Establecimiento de caldo_, calle de
+Montmartre, número 43. He dicho que entrábamos, y esto no es exacto en
+rigor. Pretendiamos entrar; pero nos detuvieron, á fin de proveernos de
+unas papeletas, sin las cuales no está permitida la entrada. Yo quise
+preguntar al _contralor_, que así se llama el empleado que da las
+targetas, sobre el uso á que las habiamos de destinar; pero los
+franceses son todos adivinos en el _instante soberano_ de hacer un
+negocio. El contralor comprendió desde luego mis dudas, y se contentó
+con decirme: _allez, monsieur, allez_. (Vaya usted, señor, vaya usted.)
+Estas palabras tienen en francés una significacion más eficaz que en
+castellano, por lo mismo que significan una especialidad francesa.
+_Allez, monsieur, allez_, quiere decir: _anda, anda, que allá dentro te
+arreglarán_; ó bien esto otro: _estoy haciendo mi vendimia; ¿no ves,
+majadero, que tengo un racimo en la mano? No seas impertinente, anda y
+déjame en paz_.
+
+La palabra _monsieur_ (señor) tiene un sentido muy gracioso en la frase
+citada. Viene á significar una cosa muy parecida á la palabra castellana
+_tonto_, que de paso sea dicho, es una de las grandes bellezas de que
+tanto abunda nuestro rico y hermoso idioma. En efecto, el sonido sordo y
+tardío de este vocablo, suministra la idea exacta de un entendimiento
+que se despereza, que abre la boca con trabajo, que balbucea un nombre
+con la lentitud ébria del que se duerme: en el sonido de la palabra
+_tonto_ hay algo parecido al de la de _sapo_, y esta única relacion es
+más que suficiente para darla una propiedad y una fuerza admirables.
+
+Pues bien, _allez, monsieur, allez_, quiere decir al pié de la letra:
+_anda, tonto, anda_.
+
+Yo lo comprendí como lo digo; pero este insulto era un secreto de
+lenguaje; era un insulto que tenia en su abono el genio de una lengua
+que hablan en todo el mundo doscientos millones de hombres, y no habia
+otro remedio que bajar la cabeza y andar.
+
+Entramos en el primer salon del establecimiento y nos sentamos cerca de
+una mesa de mármol, limpia y lustrosa, sin manteles ni servilletas.
+
+En la targeta que nos dieron á la entrada, están notados todos los
+artículos disponibles en el establecimiento, con el precio de cada uno
+al márgen.
+
+La servilleta es el primero de aquellos artículos, y cuesta un sueldo
+por cada comida.
+
+Pedimos servilletas y sopa de pasta, llamada aquí _pâte d'Italie_ (pasta
+de Italia) y la criada que nos sirvió, que criadas son todas las que
+sirven, sacó su lápiz negro, y con el desenfado de un maestro en el
+oficio, hizo dos rayas en el artículo servilleta, y otras dos en el
+artículo sopa.
+
+Luego pedimos chuletas de carnero, y volvió á hacer dos marcas en el
+artículo correspondiente.
+
+Lo mismo sucedió respecto de las demás cosas que pedimos. Concluido el
+almuerzo, pregunté á la sirviente qué debia hacer con aquella targeta
+tan decorada.
+
+--_Monsieur, allez au comptoir, s'il vous plaît. Señor, sírvase usted ir
+al mostrador_, y señalaba á un mostrador que estaba á la izquierda de la
+puerta principal, ocupado por dos señoras sentadas.
+
+Estas señoras eran las oficinistas. Me llegué á la que se hallaba más
+próxima á nuestra mesa, cogió la targeta sin mirar, sumó con la
+velocidad del relámpago, y estampó la suma y un sello con tinta
+encarnada. La pregunté si allí debia pagar, me contestó afirmativamente
+y me dió la vuelta de una moneda de diez francos. El almuerzo nos habia
+costado cinco francos y trece sueldos, próximamente once reales á cada
+uno, incluso una botella de vino.
+
+Al salir dimos la targeta al contralor, cuyo oficio consiste en darlas
+en blanco, y recibirlas con el sello encarnado; penetramos á duras penas
+á través de la gente que entraba, y, quede aquí escrito en gloria de
+_Duval_, amo del establecimiento, esta comida ha sido la menos
+repugnante á nuestro gusto, por ser la que menos repugna á la cocina
+española. Este hallazgo nos alentó con la seguridad de que en Paris no
+nos moriríamos de hambre por falta de mesa, y resolvimos solemnizarlo
+yendo á un café cantante, desde las seis hasta las ocho de la noche, y
+al teatro de la Gran Opera, desde las ocho y media hasta las doce.
+
+Teniamos noticia de tres cafés cantantes: el de la _Francia musical_,
+hácia el bulevar de la Buena Nueva; el de _Moka_, en la calle de la
+Luna, y el del _Concierto_, calle de Montmartre.
+
+El más importante es el de la _Francia musical_, exceptuando los tres
+que hay abiertos en los Campos Elíseos, durante el verano, y adonde no
+podriamos ir, teniendo pensado asistir á la Opera. Nos hemos decidido
+por el de la _Francia musical_.
+
+Disponiendo así el plan del dia, nos dirigiamos al paseo del Palacio
+Real, de donde pasamos á los jardines que decoran los costados de las
+Tullerías, por la parte del Sena, con el objeto de evitar el calor. Allí
+nos sentamos; yo no sabia que me sentaba en sillas imperiales, porque
+luego supe que todos aquellos asientos pertenecian al palacio y eran
+gratis. ¡Cosa extraña en Paris, en donde el hombre paga hasta la luz que
+Dios da de balde al gusano!
+
+Casi tocando con la silla de mi mujer, estaba sentado un viejo militar,
+de una gran talla, con cabello muy blanco y una de las barbas más
+venerables que en mi vida he visto. Nos oyó hablar, y nos dirigió en el
+acto la palabra, con ese aire de jovialidad afectuosa con que tratamos á
+un individuo de nuestra familia. Hablaba en castellano, de un modo
+violento; pero que se dejaba comprender.
+
+El anciano que nos dirigió la palabra es un veterano del primer Imperio;
+hizo en España toda la guerra del año ocho con el grado de capitan.
+Tiene ochenta y tres años. Su mujer y una hija están en el departamento
+de Lion, su hija es la directora de correos en una cabeza de partido, y
+viene á Paris con el fin de buscar empleo á otro hijo que tiene, _á su
+Hipólito_, antes de morirse, hora que cree cercana.
+
+Todo esto nos lo dice en menos de cinco minutos, y nos habla con la
+misma expansion y el mismo júbilo que si fuéramos, mi mujer la
+_directora de correos_, y yo su Hipólito.
+
+Estéban Lesperut, así se llama, toca ese grado de lucidez interior, en
+que el hombre toma la costumbre de amar el pensamiento de la muerte,
+como si se tratara del último misterio que su destino le ordena
+descifrar; en que el hombre se ofrece á nuestra fantasía de un modo
+semejante á la idea de silencio, de espíritu, de historia, de
+inmortalidad casi, en que el hombre es el canto del tiempo, colocado
+entre el mundo y Dios, como una estátua está colocada entre el genio de
+un artífice y los ojos del que la mira.
+
+El buen Lesperut, el cariñoso y honrado Lesperut, abre los ojos con
+esfuerzo, procura dar vigor á su pupila, sonrie expansivamente, y nos ve
+y nos escucha con un regocijo que nos tiene encantados.
+
+¡Con qué efusion recitaba las cartas que habia recibido de una Isabel,
+de quien conservaba recuerdos amorosos! ¡Con qué cordialidad hablaba
+tambien de una doña Gertrudis, ama de un abogado de Salamanca! Aquel
+hombre parecia vivir en aquellos instantes con una doble vida.
+
+En Lesperut hemos encontrado un compatriota, un verdadero amigo, un
+padre. Nos ama como ama el recuerdo de su juventud, de sus proezas, de
+sus glorias. Ama á los españoles como ama la memoria de su primer
+emperador. Cuando habla de estos sucesos, habla y llora.
+
+Se acercaba la hora de comer, y tuvimos el sentimiento de abandonar su
+compañía, no sin prometernos comer juntos al dia siguiente en el
+restaurant de San Jacobo, calle de Rívoli.
+
+No habian trascurrido diez minutos, cuando nos hallábamos en la casa en
+donde debiamos comer por franco y medio cada cubierto.
+
+Al entrar volvimos á leer: tres sopas á eleccion, tres platos de carne,
+tres legumbres y tres postres. Tanta baratura nos aturdia.
+
+Subimos, y la señora del establecimiento nos improvisó una mesa aparte,
+en una habitacion que estaba á la izquierda, contigua á la estancia
+destinada á los fumadores. Los dos salones que servian de comedor,
+estaban llenos de parroquianos.
+
+Esta circunstancia nos confirmó más en la idea de la baratura.
+
+Aquella señora nos sirvió desde luego media botella de vino á cada uno,
+el pan correspondiente y una sopa de pasta. Luego nos preguntó qué carne
+queriamos. Nosotros pedimos chuletas de carnero, como para disponer el
+estómago. Vinieron las chuletas inmediatamente, no parecian malas, y mi
+mujer dejó escapar una mirada de intencion hácia mí, como si quisiera
+decirme: _amigo mio, esto es otra cosa; este Paris no es aquel Paris_.
+
+Comimos las chuletas, y quedamos dispuestos para los otros dos platos de
+carne. Pero ¡pecadores de nosotros! Nos habian servido una sopa: ¿y las
+otras dos que ofrecia el aviso?
+
+La señora entró á saber qué legumbres queriamos.
+
+¿Y los otros dos platos de carne? ¿Se quedarán donde se quedaron las dos
+sopas? Vino un doble plato de judías sin salsa, y me preguntó qué
+postres eran de nuestro gusto.
+
+Pero ¿y las legumbres que faltaban?
+
+Mi mujer no pudo contenerse por más tiempo.
+
+--¿Qué es esto? me dijo. ¿Dónde están las tres sopas, los tres platos de
+carne y las tres verduras?
+
+Yo me encogí de hombros y esperé.
+
+La señora entró con dos ciruelas casi verdes, y dos plumas. Las plumas
+equivalen á los palillos que usamos en España, aunque tienen un doble
+oficio. Ofrecer un plato con plumas, significa lo que significaba el
+lego cuando nos miraba con el saco de la limosna abierto.
+
+Aquellas plumas eran una sentencia. Resuelta y decididamente, la comida
+se habia terminado. No habia más.
+
+Segun nuestro modo de ver las cosas, nos habian escamoteado dos sopas,
+dos platos de carne, dos de legumbres y dos postres, ó sea las dos
+terceras partes de la comida: ¡otra vez el doscientos por ciento!
+
+Mi mujer queria á todo trance que pidiera alguna explicacion sobre el
+hecho, haciéndolo cuestion de _energía española_; pero yo miré el asunto
+de otro modo.
+
+Las explicaciones que me den, dije yo para mi capote, no me valdrán un
+plato; perderé el tiempo, gastaré saliva, se me indigestará lo poco que
+he comido, y habré hecho méritos para que me tengan por cafre ó por
+moro, sobre todo si anda por aquí el Sr. Dumas.
+
+Nada; no hay más recurso que pagar; tener muy presente esta casa, y
+bajar la escalera.
+
+Llamé á la señora, la dí una moneda de diez francos, me trajo la vuelta,
+dejé unos sueldos (mi mujer hizo un gesto terrible) y salimos de la
+habitacion.
+
+Al bajar las primeras escaleras, no pude menos de decir sorprendido á mi
+compañera:
+
+--¿Así te vienes?
+
+Estaba tan atribulada y tan soberbia, tan _españolamente soberbia_, que
+se habia dejado el sombrero en una percha del comedor.
+
+A las siete subiamos las espaciosas escaleras del café la _Francia
+musical_, entre vistosos jarrones de flores y grandes espejos que nos
+retratan á uno y otro lado.
+
+La concurrencia comenzaba entonces, y tuvimos ocasion de colocarnos
+enfrente del pequeño teatro que hay en el fondo, cerca de la orquesta,
+de que formaba parte un negro muy elegante y muy lustroso.
+
+Probablemente aquel negro ganará más que los otros músicos, puesto que
+es de más efecto dramático.
+
+Una jóven, que ha venido sola, se llega á la orquesta y cruza dos
+palabras con el director. Despues pasea los ojos ávidamente por la
+concurrencia, como si se gozase en recibir todas las miradas.
+
+Es una _dama del teatro, una actriz, una artista_.
+
+La compañía consta de tres damas y de tres galanes.
+
+Las damas son: tiple, _carácter ligero_ y carácter cómico.
+
+Galanes: tenor, barítono, bufo.
+
+La orquesta preludia y la concurrencia se anima.
+
+Un garçon de frac negro y corbata blanca se acerca á nuestra mesa. Mi
+mujer pide un té, y yo una copa de Madera con bizcochos.
+
+La orquesta rompe, se abre la puerta del fondo del teatro, y aparece la
+jóven que vimos venir sola, presentada por el tenor, el cual la trae
+cogida de la mano con el mayor refinamiento.
+
+El principio fué muy desgraciado para nosotros.
+
+¿No es esa la jóven que entró aquí sola á presencia de todo el mundo?
+Pues si aquí vino sola, si sola se iria hasta el fin de la tierra, ¿por
+qué ese coquetismo de que la acompañe el tenor ante un público que está
+convencido de que no tiene necesidad alguna de compañía? El público sabe
+que _aquella dama_ _no se perderá en el camino_: ¿por qué contradecir
+ese convencimiento que tiene el público, cuando lo tiene con _razon_?
+
+No, señor, se dice: cuando aquella jóven entró en el café, no era dama
+del teatro. Ahora lo es, y la cultura tributa ese homenaje á la mujer, á
+la actriz y al público.
+
+Yo no lo creo así. Creo que el arte da belleza, no moral. Creo que la
+moral nació con la opinion de la mujer, y que es injusto sacrificar la
+mujer á la artista, cuando la mujer es la grande artista de la
+naturaleza.
+
+Si la mujer pudo entrar sola en el café, la cantatriz puede salir sola
+al teatro, porque ambos son hechos sociales que caen igualmente bajo la
+jurisdiccion de las opiniones.
+
+Más claro, veo en ese refinamiento un coquetismo, una ridiculez, y creo
+que la ridiculez y la coquetería no son un homenaje tributado al
+público, ni á la actriz, ni á la mujer.
+
+El tenor se retiró haciendo cortesías exageradas, y ella quedó en la
+escena inclinada hácia el público, como la red que baja al fondo para
+rastrear algo.
+
+_La actriz_ no se engañaba; el público aplaudió.
+
+En seguida cantó un aire nacional con bastante voz, con bastante gusto é
+inteligencia, pero haciendo mohines que destruian en nosotros el efecto
+del canto.
+
+_La prima donna_ da fin á su papel, se inclina respetuosamente ante el
+público, el público aplaude otra vez, se abre de nuevo la puerta del
+fondo, y aparece el tenor, el cual se la llevó como la trajo.
+
+Despues de mediar un entreacto de orquesta, asoma el tenor. Este tenor
+es un hombre muy alto, delgado, inmóvil, con un gran bigote tan inmoble
+como sus piernas.
+
+Cantó con voz llena y poderosa; pero en aquel sonido no habia más que
+voz.
+
+Sigue al tenor la dama de _carácter ligero_, calificacion que la viene
+de molde, atendido el contínuo movimiento de sus piés.
+
+Es una mujer de veinte y ocho á treinta años, baja, un tanto gruesa, lo
+que se llama rechoncha, y que no puede estar quieta un instante, como
+el gorrion que salta sin cesar cuando busca algun cebo á su pico.
+
+Esta mujer me suministra la idea exacta de lo que se llama en Andalucía
+_un aire respingon_.
+
+Cantó una tonadilla, con su acompañamiento de momos y saltos, saludó al
+público; es decir, al café, con mucha efusion y cierto gracejo ... nada
+más.
+
+Hé aquí ahora al galan de carácter ligero. Esto no lo hubiera dicho al
+verlo salir, porque creí que se habia invertido el órden de la funcion.
+Creí que aquel hombre era el _carácter cómico_, el bufo, el payaso. ¡Qué
+gestos! ¡Qué gritos! ¡Qué contorsiones! Pero la puerta del fondo se
+abre, como sale una bala del cañon. ¿Qué es eso que asoma? ¿Qué es ese
+bulto que sale corriendo, voceando, con el sombrero calado hasta las
+orejas, y con un frac cuyas estrechas puntas van golpeando sobre los
+talones de aquel bulto?
+
+_Es el actor cómico_. Este actor canta, ladra, ahulla, corre, brinca,
+salta, se estira, se encoge, se pone de cuclillas, de cuatro piés.... En
+fin, el hombre que al juzgar de las cosas se deje llevar de las primeras
+impresiones, no debe venir á los cafés cantantes, sino despues de haber
+estudiado todas las relaciones de esta sociedad originalísima. Si los ve
+antes, juzgará mal.
+
+Lo único que puedo decir, es que al presenciar estas escenas tengo dolor
+de estómago. ¡Tan verdadera, tan filosófica y tan expresiva es la
+palabra española _estomagar_! ¡Sí, óigalo Francia, esta culta y poderosa
+Francia! _Estoy estomagado_.
+
+--No, señor, vuelven á decir los franceses.
+
+Hay muchos hechos que no son tanto cuestion de lógica, como de costumbre
+ó de país. Para no extraviarse en la apreciacion de las manifestaciones
+sociales de este pueblo, es indispensable saber cómo este pueblo vive.
+Despues de un dia de diligencia y de trabajo, el hombre francés come y
+viene al café, como quien asiste á un recreo. No le hableis ahora de
+nada sério, de nada grave, de nada moral. No le hableis de nada que
+pueda preocuparle y alterarle la digestion. Para eso tiene diez ó doce
+horas al dia.
+
+Esto se dice; pero no hallo en todo eso una razon que me convenza. Desde
+luego opino, y es una opinion muy profunda en mí, una opinion en que yo
+fundo el gran axioma de la vida humana: opino, decia, que no veo
+cuestiones de país ó de costumbre contra las eternas cuestiones de la
+lógica: desde luego creo que la lógica es el país universal, la única
+costumbre necesaria. Si sobre la tierra existiese un pueblo que tuviera
+el poder de trastornar con sus prácticas y costumbres las ideas
+sustanciales de lo bueno, de lo verdadero, de lo justo, aquel país seria
+una diablura, una infamia, una apostasía. No, señores franceses; la
+Francia está dentro del globo, está dentro de la humanidad, está dentro
+de los fines providenciales, como una pulsacion de mis sienes tiene su
+causa en mi cerebro, como una idea de mi alma está dentro de mi juicio.
+No; no hay países morales para contradecir el grandioso decálogo que una
+razon unánime ha escrito sobre las leyes del universo. Si alguno de
+vosotros cree que vuestro país tiene ese privilegio trastornador,
+entienda que el tal privilegio fuera una herejía.
+
+Vosotros os vais al café con el objeto de recrearos. Nada más justo;
+especialmente despues de muchas horas de aplicacion y de virtud. Pero
+¿de qué manera os recreais? ¿Oyendo maullar? ¿Viendo que un hombre se
+convierte en gato, para que vuestra digestion no se turbe? Pues ¿qué
+digestion es la vuestra, que sólo se hace bien contemplando que un
+semejante vuestro se degrada? ¿Creeis por ventura que no es degradacion
+para un hombre el hacer oficios de lobo, puesto que ese hombre aulla?
+¿No ois los aullidos? ¿Eso os recrea? ¿Eso ayuda vuestra digestion,
+señores franceses?
+
+--¡Así nos recreamos!
+
+--¡Ah! Si no teneis más razon que esa, me callo.
+
+Un hombre ponia candentes unas varas de hierro, las cogia con la
+necesaria precaucion, se acercaba de un modo imprevisto á sus criados, y
+les quemaba las piernas, los brazos ó el cogote. Los criados saltaban,
+gritaban, hacian gestos, y aquel hombre se distraia tambien con aquellos
+gestos, con aquellos saltos, con aquellos gritos.
+
+--_Así me recreo yo_, podria contestaros aquel hombre.
+
+No os disputo el derecho de divertiros; sino el derecho de divertiros
+contra lo que se debe al decoro, á la moral, al hombre, porque no hubo,
+ni hay, ni habrá nunca derecho para obrar contra el hombre, contra la
+moral, contra el decoro; de la misma manera que no hubo, ni hay, ni
+puede haber luz en el espacio para derramar las tinieblas en nuestra
+pupila.
+
+Recrearos, sí: recrearos á costa de un semejante vuestro que hace el
+gato, el perro, el gallo, la gallina, el lobo, hasta el cocodrilo, si
+cupiera: no, mil veces no. Eso no es recreo, porque no es arte, porque
+no es humanidad, porque no es ni decencia.
+
+--Si aquí vivieras algun tiempo, le contesta: si aquí perdieras ese
+gusto extranjero que te presenta como repugnantes los hábitos de esta
+sociedad, acabarias por asistir á estos espectáculos y por recrearte
+como nosotros.
+
+Tampoco me convence esta prueba. En una ocasion padecí vigilias, hasta
+el punto de estar diez y siete dias sin dormir un instante. El médico me
+aconsejó el ópio; yo me negué, y recuerdo que el médico me decia: si
+usted se acostumbrara á usar de aquel narcótico, lo usaria al cabo como
+ahora puede usar de los dátiles, por ejemplo.
+
+Puedo acostumbrarme á los cafés cantantes, como puedo acostumbrarme al
+ópio, al veneno, á la disolucion. ¿De qué manera?
+
+Relajando mis aptitudes físicas y morales; destruyendo en mi
+organizacion la ley natural, el dogma de mi sér.
+
+Si hay razon para decir que me acostumbraria á una accion degradada, y
+que llegaria á gozar en ella, habrá razon tambien para que el bandolero
+me diga: _vente con nosotros, desecha escrúpulos, no temas. Luego que te
+acostumbres, nuestra vida errante te hará gozar con los peligros de una
+hazaña; nuestra cueva te parecerá tan hermosa como un palacio; te
+creerás un héroe, como nos lo creemos nosotros_.
+
+Si vale raciocinar de esta manera, no hay criterio en el mundo.
+
+Aún considerado únicamente como recreo, como _medio de digestion_, mi
+estómago se levanta mal humorado, y es un testigo que depone
+inexorablemente contra un espectáculo semejante.
+
+Sin embargo de que no soy francés, haria cualquiera sacrificio á trueque
+de lograr que este pueblo no _digiriera alegremente_, que este pueblo no
+hallara goces al presenciar que un hombre se agacha, se pone en cuatro
+piés y ladra como un perro.
+
+¡Contradicion inconcebible! Yo comprenderia que esta degradacion no
+repugnara, cuando la persona degradada fuera un inglés, un cafre, un
+indio; pero ¿cómo no he de acostumbrarme cuando es un hijo de esta
+nacionalidad tan celosa de su reputacion?
+
+Digo del payaso de estos cafés cantantes, lo que del verdugo. Para
+persuadirme de la inconveniencia social de que existan prácticas tales,
+me basta saber que hacen de un hombre un oficio infame y burlesco, una
+sátira.
+
+En nombre de la conciencia humana y del genio de nuestro país, suplico á
+España que importe en buen hora la costumbre del café cantante; nada más
+natural que se recree y se civilice oyendo cantar en un café, quien no
+puede ir al teatro: esto tiene una gran influencia moral, puesto que
+levanta el sentimiento de la clase trabajadora, y la da decoro, porque
+la da estimacion de sí misma, y la separa de hábitos viciosos, únicos
+donde antes hallaba la satisfaccion de ciertos goces, goces que son la
+recompensa inevitable de muchas horas de fatiga: traiga en buen hora un
+recreo digno y moralizador; pero de ninguna manera el payaso; de ninguna
+manera la sátira.
+
+Si tras de lo uno ha de venir lo otro, que se queden ambos allá. Por mi
+parte, renuncio á ese legado de una civilizacion falsa y ruin, una
+civilizacion que merece este nombre, como merece el bandolero la
+calificacion de héroe.
+
+Venga el canto; venga la bella arte; vengan la moralidad y la
+instruccion de una cultura poderosa; la cultura del sentimiento; que no
+venga la infamia. Doloroso es que allí quede; pero más doloroso seria
+que allí se quedara y aquí viniera.
+
+Sentiria un vivo pesar, si viese alguna vez reproducida en mi país esta
+costumbre degradante.
+
+¡Qué! ¿Juzgas quizá que tu país es más morigerado que Francia?
+
+No; no creo eso. Creo que los españoles de hoy son más dados al crímen
+que los franceses; creo que en España se cometen muchos más delitos,
+creo que la ventaja á favor de este pueblo es muy notable; pero creo,
+sin embargo, de que en España hay más sentimiento moral, más gérmen de
+conciencia, más virilidad y más fortaleza en nuestras acciones. Creo que
+veria en aquel payaso un artificio servil y grotesco; _un buen humor_
+que no haria las mejores migas con el respeto que nos debemos por
+nuestra propia dignidad. Esta es la palabra, á mi modo de ver. Me parece
+que los españoles somos más _amantes de nuestra dignidad_.
+
+Nuestra tierra está peor cultivada; sí, doy la razon á Francia en este
+sentido; pero mal cultivada y todo, me parece que si se escarba se
+encuentra más jugo.
+
+¿Cómo se explica ese fenómeno?
+
+No es este el lugar de la explicacion.
+
+Pagamos un franco por el té, otro franco por la pequeña copa de vino de
+Madera, y otro por los bizcochos, el doble de lo que dichos artículos
+valian. Yo los hubiera dado con gusto, á no haber mediado _el hombre que
+ladraba_. Esta memoria me amargará toda la vida el corazon.
+
+A las ocho estábamos en la calle de Lepelletier, ante el teatro de la
+Grande Opera.
+
+El local en donde se expenden los billetes está lleno, aún no han
+abierto el despacho, y no hay más remedio que ir á contaduría, sin
+embargo de que cada asiento nos costará un franco ó dos sobre la tarifa
+ordinaria.
+
+Esto está dispuesto con intencion. Abren el despacho general media hora
+antes de comenzar el espectáculo, y este tiempo basta difícilmente para
+expender los billetes de las localidades baratas. Así sucede que casi
+todas las localidades de preferencia tienen que buscarse en contaduría,
+pagando un sobrecargo de cuatro, ocho y hasta diez reales por asiento,
+lo cual monta á una suma muy respetable en el trascurso de una
+temporada.
+
+Un jóven saboyano nos guió á contaduría, y nos proveímos de dos asientos
+de palco principal, únicos que quedaban pareados, mediante once pesetas
+cada uno.
+
+Penetramos en el teatro, cuyo pórtico no deja de tener cierto aspecto de
+majestuosa austeridad. Una escalera espaciosa y bien iluminada nos
+conduce al piso primero. La sala de descanso, aunque provisional y un
+tanto estrecha, ofrece una vista imponente. Tiene de longitud toda la
+anchura del teatro, longitud que aparece triple por el juego de espejos
+en las extremidades; está alumbrada con profusion y decorada con
+sencillez y gusto.
+
+La presencia repentina de esta gran sala impresiona muy bien.
+
+Los pasillos son anchos, hay tanta luz como si estuviéramos en medio del
+dia, y todos los contornos exteriores de la escena suponen un interior
+brillante. La impresion decae en este sentido, y decae mucho. La vista
+interior del teatro de la Grande Opera, está muy distante de llenar la
+ilusion de que el extranjero se deja ganar al subir la escalera, al
+atravesar los pasillos, y al prolongar una ojeada casi respetuosa á lo
+largo de la brillante sala de descanso.
+
+La gran elevacion del teatro le comunica cierto aire solemne, pero
+sombrío, patético. Parece más teatro de tragedia que de canto y de
+baile.
+
+Los patios de nuestros teatros, tan bulliciosos, tan variados, tan
+bellos, no tienen en este notable edificio un lugar que se le parezca.
+En vez de butacas, hay banquillos mezquinos y espesos. Las señoras no
+tienen allí entrada; de modo, que no se alcanza á ver sino un grupo
+uniforme, silencioso, triste. Parece que aquello está ocupado por un
+solo hombre; un hombre que se hacina de la misma manera en todas partes.
+
+Los palcos son cortos y profundos, lo cual hace que la concurrencia no
+se pueda mostrar completamente, comunicando al todo la gracia de la
+variedad y la grandeza de la muchedumbre. Lo único que produce un efecto
+verdaderamente teatral, es el anfiteatro, circuido de graciosas barras
+doradas, con lujosos asientos accesibles á la mirada de los
+espectadores.
+
+Esto no es decir que el teatro de la Grande Opera no sea un magnífico
+coliseo, tanto por su extension, como por sus trabajos de pintura,
+escultura, dorado, y por su excelente y bien servida escena. Lo que digo
+es, que este magnífico coliseo no se presenta á nuestros ojos tan
+magnífico como lo habia imaginado nuestra fantasía; como debia serlo,
+atendida la importancia de una ciudad como Paris.
+
+Este teatro no está á la altura de las Tullerías y del Louvre, del
+Panteon, de la Magdalena, de Nuestra Señora de Paris, del Luxemburgo,
+del Cuerpo Legislativo, del Senado, del Arco de la Estrella, de la
+Bolsa, de las Casas Consistoriales ó del Palacio de la Industria.
+
+No temo decirlo. Esta gran ciudad no tiene un teatro; lo tendrá, el
+nuevo teatro será tal vez el primero del mundo en riqueza y arte, pero
+hoy no lo tiene.
+
+Cuando se gira en un espacio grande, todas las distancias parecen
+pequeñas; acaso mi cálculo se equivoca; pero comparada la idea que tengo
+del teatro Real de Madrid, con la impresion que este coliseo produce en
+mi ánimo, el teatro Real se me ofrece más rico, más animado, más
+hermoso, más deslumbrador: me deja más el gusto de lo que debe ser un
+teatro.
+
+No hablo de la propiedad y del servicio de la escena. Creo que es muy
+superior la que aquí miro, no sólo en ornato, sino especialmente en
+carácter. Aquí cada decoracion es lo que debe ser, y no se halla
+minuciosidad que no esté satisfecha cumplidamente.
+
+Esta noche se repite la ópera _El Profeta_, puesta en escena cincuenta y
+ocho veces, lo cual supone que ha dado lugar á una entrada por valor de
+cuatro ó cinco millones de reales.
+
+La poesía es francesa; la música, francesa; los cantantes, franceses.
+
+Es verdad que este espectáculo no tiene el sabor de la ópera italiana.
+Digo de la poesía, de la música y aún del canto, lo que antes dije de
+las estátuas; lo que diria de las nubes, de las flores, hasta de los
+granos de arena. En Italia todo es más bello, porque todo tiene la
+triple belleza del cielo, de la tierra y de la historia. Sí, Italia es
+más bella hasta en sus infortunios, en sus ruinas, en sus lágrimas; pero
+bello es tambien un pueblo cuya infatigable creacion ha sabido dotarse
+de una escuela que no está en su índole; una escuela en cuya formacion
+ha tenido que lograr del deseo y del trabajo, lo que le negaban la
+tradicion y el genio: bella es esta Francia agrupando á sus hijos bajo
+el sentimiento generoso de un arte suyo. Yo la aplaudo, la honro, la
+venero tambien; yo saludo con entusiasmo esta solemnidad, producto
+increible de tantos conatos y tantos esfuerzos, mientras que deploro que
+una generacion más poética, más artística, más árabe, fluctúe todavía
+entre la degradacion del drama y de la ópera. Deploro que España, la
+Italia del Océano, como la Italia es la España del Mediterráneo, ande
+todavía á vueltas con esa confusion, con esa algarabía que se llama
+_zarzuela_.
+
+En este momento viene á mi memoria el teatro de Jovellanos, y ¡cuan
+mezquino me parece!
+
+No obstante, hay que ser justos. Tengo para mí, como cosa evidente, que
+la zarzuela es una mezcla impura y hasta repugnante para toda persona
+que tenga la emocion del arte verdadero; pero si la zarzuela ha de hacer
+en España lo que el _vaudeville_ ha hecho en Francia; si consideramos en
+ella un medio que ha de conducirnos á la posesion del verdadero arte,
+tenemos que aceptarla como una elaboracion nacional que ha derribado una
+antigua taberna, para levantar un nuevo coliseo; una elaboracion que
+representa ya una gran suma de intereses y de profesiones; una
+influencia poderosa que comunicará á la muchedumbre un gusto
+transitorio, el cual la empujará hácia el gusto definitivo: esto es,
+hácia la _ópera española_. Á este fin deben dirigirse todos los
+esfuerzos. Si así no sucede, nos sobrará razon para decir que anda por
+medio la ignorancia ó el egoismo. Entre tanto, más vale algo que nada.
+El adagio que dice _para poca salud más vale ninguna_, es
+anti-cristiano, es inmoral.
+
+La ópera _El Profeta_ se ha ejecutado, no con esa liberalidad inspirada
+y espléndida del genio italiano; pero sí con una grande maestría, no
+sólo en la parte de canto, sino en el servicio de la escena y en las
+disposiciones dramáticas de los grupos.
+
+En cuanto al libreto, baste decir que es un drama francés: hábil, muy
+hábil; pero acompañado perfectamente _de sombras chinescas_. Aquí se
+canta, se baila, se reza, se siega la míes, se recoge y se patina. La
+operacion de patinar duró arriba de cinco ó seis minutos, y el público
+unánime aplaudió á toda orquesta. Es verdad que patinaron
+maravillosamente; pero mientras que corrieron patines, yo vi correr
+patines; pero no vi la ópera. En resumidas cuentas, la ópera fué acaso
+lo que menos aplaudió el auditorio.
+
+Soy el primero en reconocer su habilidad singularísima á este arte; pero
+estoy viendo que tanta habilidad no consiste las más de las veces, sino
+en causar efectos contra la verdad de las cosas. _Hagamos sentir,
+despertemos impresiones nuevas, y lo demás salga por el postigo._
+
+La accion pasa en Holanda; en Holanda hay lagos helados; sobre estos
+lagos patinan los hijos del país. Pues bien, ensayemos diez ó doce
+parejas de ambos sexos durante quince ó veinte dias, y demos este nuevo
+espectáculo al pueblo parisiense. Los patines tienen que ver con la
+accion que se representa, como yo con el califa de Badgad; pero si la
+ópera no tiene que ver, tiene que ver la empresa, tiene que ver el
+público que aplaude á los _patineros y patineras; el público que digiere
+agradablemente viendo patinar; esto conviene al negocio_, y el arte
+calla, cede, entra en el club, se hace cómplice. En cambio se hace rico.
+Es un drama á que conviene este doble título: RICO Y CÓMPLICE.
+
+No niego á la escuela francesa grandes arranques, grandes gérmenes de
+progreso, intencion deliberada y profunda alguna vez, pero la lógica y
+la conciencia, el juicio y la moral, salen generalmente con los tiestos
+en la cabeza.
+
+El lector supondrá que no he venido á la Grande Opera, con el sólo
+objeto de ver la ópera y el teatro, cuando hay otros objetos dignos de
+curiosidad y de estudio. Me trae el deseo de conocer, aunque no sea sino
+á vista de pájaro, la sociedad de alto coturno.
+
+Con este fin estuve muchas veces en la gran sala de descanso, y atravesé
+otras tantas los pasillos y las avenidas del anfiteatro y palcos
+principales.
+
+Entre algunos ornatos de un efecto bien comprendido ¡cuántas composturas
+exageradas y ridículas! ¡Cuántos disfraces! ¡Cuántas máscaras! Recuerdo
+que una señorita llevaba en la cabeza un aderezo, que difícilmente
+podria pasar en la cabeza de un caballo de gala.
+
+Es indispensable asistir á estas escenas prácticas de la vida, para
+aprender, á costa de dolor y de hastío, cuán fecunda y moralizadora es
+la naturaleza.
+
+Sin quererlo nosotros, ¡con qué evidencia se aprende aquí que los
+postizos en la mujer hermosa, sólo son buenos para desfigurar su
+hermosura: que los postizos en la mujer fea, sólo son buenos para añadir
+un realce nuevo á su fealdad!
+
+¡Con qué lucidez comprendemos aquí que una mujer sencilla no puede ser
+nunca repugnante, porque no puede repugnarnos una belleza!
+
+¡Pasion desdichada! ¡Cuántas mujeres se arruinan buscando fealdad en el
+ridículo, mientras que el cielo las da gratis la belleza de la
+sencillez!
+
+¡Yo siento esta evidencia en medio de este foco deslumbrador, y bendigo
+al genio providente que hace del tiempo un vaso indestructible, en donde
+deposita la emanacion divina de su verdad!
+
+Salimos del teatro á las doce y media. Esperamos que la calle de
+Lepelletier se despejase un poco de los infinitos carruajes que la
+ocupaban, y yo no podia menos de decirme entre tanto, al mismo tiempo
+que contemplaba el frontispicio de la Grande Opera: ¡qué poco sabrá más
+de un espectador las intrigas y los misterios que se disputan las horas
+del dia y de la noche, bajo la techumbre de esa enorme bóveda!
+
+Ahí, en ese teatro, en ese harem de Europa, se revuelven trescientas ó
+cuatrocientas bailarinas, redoma donde queda encantada una gran parte de
+la aristocracia de Paris. ¿Comprendeis de este modo que el director de
+ese teatro sea uno de los primeros personajes de esta ciudad casi
+fabulosa?
+
+No puedo decir más.
+
+Llegamos al hotel á la una, y así terminó el dia décimo cuarto.
+
+
+
+
+=Dia décimo quinto=.
+
+Lesperut.--Anatomía de la vejez.--Restaurant de la calle de
+Montesquieu.--Elemento sajon.--Elemento árabe.--Restaurant de San
+Jacobo.--Historia de un magnate francés.--Pesares de Lesperut.--Proyecto
+de visitar á Sevres y Versalles.
+
+
+Lo primero que hemos hecho al despertamos, ha sido hablar del viejo
+Lesperut. Su memoria nos preocupa extraordinariamente. Hemos hablado
+mucho de su aire franco y cariñoso, de la trasparencia que creimos ver
+en su cútis, de una diafanidad especial que está pintada en todo su
+semblante, como si participara en cierto modo de la inmensidad de la
+muerte. De idea en idea, de reflexion en reflexion, hemos llegado á
+hacer casi una anatomía de la vejez.
+
+Cuando proyecté escribir estos apuntes, ofrecí al lector en mi
+conciencia no ocultarle nada de lo que yo pensase y sintiese. Estas
+insignificantes reflexiones pertenecen tambien á mis benévolos y
+queridos lectores.
+
+Yo creia hasta ahora que en la vejez no habia más que un período. El
+viejo Lesperut me ha enseñado que existen dos, y por señas que son bien
+diferentes.
+
+En el primer período descubro cuatro caractéres dignos de un estudio
+curioso y apasionado. ¿Quién no ha visto canas en la cabeza de su padre
+ó de su abuelo? ¿Quién no ha de tratar con un anciano? Yo puedo decir
+que en las siguientes consideraciones me ha guiado menos el juicio que
+la pasion. En la memoria inextinguible de mi padre, amo la memoria de un
+viejo.
+
+¿Cuáles son los cuatro caractéres de que hablé?
+
+La reserva, la intolerancia, la censura y el egoismo.
+
+La reserva es el producto de los desengaños.
+
+La intolerancia es el resultado inevitable del que ha aprendido; pero
+que ya no puede aprender, y vuelve los ojos tenazmente hácia lo que
+aprendió. Sin esto, no sabria nada ó casi nada: ¿cómo ha de conformarse
+en creer que la vida no ha dejado en sus canas ninguna ciencia, cuando
+esas canas representan la ciencia de la vida? Sus cabellos blancos y
+sedosos son oráculos para él. ¿Quién va á persuadir á un oráculo contra
+sus profecías?
+
+Así como la intolerancia viene del juicio, de la inteligencia, la
+censura viene del sentimiento. La censura es la intolerancia del
+corazon, como la intolerancia es la censura del discurso.
+
+El viejo no puede sentir, no puede gozar, y reniega de aquello que ya no
+puede poseer. Desea, pero desea en balde, y este mismo deseo le hace
+apóstata de los bienes que está deseando. Es como el amante que ama con
+tal delirio, que da veneno al propio objeto de su amor.
+
+El viejo no puede gozar; y cree que en el goce no están las condiciones
+morales y elevadas de la vida; cree que es un sueño, una decepcion, un
+frenesí: hé aquí el censor perpétuo de la juventud.
+
+El egoismo es el carácter más universal y más profundo de la vejez,
+porque se refiere á objetos que tocan más inmediatamente su existencia.
+
+La reserva, la intolerancia y la censura se refieren á la opinion
+extraña: el egoismo asienta su pié sobre el instinto de la conservacion,
+es como una gota que cae del manantial de la vida.
+
+El viejo observa que la vida se va, y cuanto más léjos la ve, con más
+ánsia la quiere seguir. No le disputeis eso, no disputeis con él para
+persuadirle de que sus ojos no deben ver, de que su sangre se debe
+helar, de que sus sienes no deben latir; para persuadirle de que esa
+creacion cuyas maravillas arrancan una fervorosa y sublime plegaria de
+su boca trémula, debe desaparecer en un instante ante la aparicion
+enlutada de un ataud. No le hableis sobre el particular; si le hablais,
+vereis que el viejo se frota las manos y encoge los hombros en señal de
+conformidad religiosa; pero si penetráramos en su alma, veriamos que se
+frota las manos para despertar el calórico, ese calórico que parece ser
+en los ancianos la esencia íntima del deseo. El viejo aparentará
+conformarse, os sonreirá, si conviene; pero estad seguros de que en
+aquel momento os odia; estad seguros de que una sonrisa de hiel vierte
+una lágrima sobre su corazon.
+
+¡Ay del mundo, si se rociára la cabeza con aquella lágrima!
+
+No le hableis al viejo del sepulcro, por la misma razon que no debeis
+hablar al niño de la cuna.
+
+Haced de modo que una criatura diga á un viejo: _¿abuelito, qué hará
+usted en la sepultura?_
+
+_¿Abuelito, hacia usted muchas travesuras cuando era niño?_
+
+Estudiad la cara del viejo al oir estas dos preguntas, y este estudio
+nos dirá más que toda la filosofía teórica.
+
+Hay otra razon para que el anciano sea egoista en el primer período.
+
+Vuelve la vista, descubre un gran espacio de tiempo, cree dominarlo,
+cree poseerlo, en esta posesion está toda su vida, y su vida es suya. El
+anciano se juzga amo de ese tiempo que él ha medido, como el geómetra se
+juzga amo de su compás. El anciano dice en sus adentros: _todo eso es
+mio_; ¿quién es ninguno de estos recien venidos, de esos forasteros, de
+esos imberbes, para disputarme la religion de mi memoria, mi memoria que
+es mi cendal de lágrimas y mi corona de laurel, mi martirio y mi poesía.
+
+_Todo eso es mio, el que lo toque es un profano._ Sabe que el hablar
+tiene sus peligros, y calla: hé aquí la reserva. Cree que vivir es
+saber; él ha vivido; mas está persuadido de que sabe más, y no ceja un
+punto: hé aquí la intolerancia. Cree tambien que lo que su Hacedor no le
+concede, no debe ser bueno en ningun otro hombre; su Hacedor le niega
+las pasiones activas y fogosas, la voluptuosidad, el deleite, la
+emulacion, la fantasía, y ve en todos los goces anteriores otros tantos
+hechos rebeldes. Hé aquí la censura.
+
+Repara que el vaso en que bebe se queda vacío, entonces siente doble
+sed, y tiene doble prisa en llenarlo. ¿Seria necesario que para
+conseguirlo se transformara el mundo entero? Pues transfórmese el mundo;
+pero llénese el vaso. Hé aquí el egoismo.
+
+Por otra parte, ha pisado más tiempo la tierra, el sol ha herido más
+tiempo su pupila, las melodías de la naturaleza han halagado más su
+oído; en una palabra, ha existido más, y ama más la existencia, como á
+medida que más amamos, más nos acostumbramos á amar lo que sentimos, y
+nos apasionamos más de este sentimiento, porque la pasion no es otra
+cosa que un afecto elevado á costumbre. Hé aquí tambien el egoismo.
+
+Pero hay otro período en que el viejo tiene la conciencia de que se
+muere, en que siente morirse; conciencia depurada á fuerza de dolor,
+como vemos que el humo de una hoguera se va depurando á fuerza de arder:
+el viejo pierde la sensacion grosera, como el fuego pierde el humo
+negro, á proporcion que se va quemando la parte leñosa del combustible:
+su oído se dispone á escuchar otras armonías; la soledad misteriosa y
+profética del sepulcro hiere su corazon; piensa en esto como se oye una
+poesía ó un canto á lo léjos, entre las brumas de una noche tranquila:
+la cara del anciano adquiere una expresion ingénua, inocente, diáfana:
+su aliento parece ser un soplo más sutil que el aire de la atmósfera, un
+soplo que sube como el aroma de las flores: mira, y ante sus ojos parece
+agitarse el velo religioso que nos oculta cómo se vive más allá!
+
+El viejo de este último período, es el ministro de la revelacion y de la
+calma; la conciencia que se toca y se oye á sí misma: es el ángel de la
+esperanza que se despide del ángel de la vida, aunque la esperanza es
+vida tambien. Perdóname, lector, estas fastidiosas digresiones.
+
+Salimos de casa á las diez, y discurriendo casi maquinalmente por la
+calle de Montesquieu, notamos que entraban y salian muchas personas del
+número 6. Nos aproximamos, dirigimos hácia el interior del piso bajo una
+mirada escudriñadora, y desde luego convinimos en que aquel edificio
+debia ser una iglesia ó bien un teatro. Pero examinando un momento la
+entrada, vimos que á la derecha del portal habia una mujer partiendo
+ostras. Decididamente, esto no puede ser ni teatro ni iglesia. Miro á lo
+alto de la entrada y descubro una enseña con este rótulo:
+_Establecimiento de caldo_. Yo lo leia y no me parecia prudente creerlo;
+mi mujer no lo creia tampoco.
+
+Penetramos.... ¿Cuál no fué nuestra admiracion? Véanos el lector en una
+inmensa sala, cuyo techo está sostenido por delgadas y elegantes
+columnas de hierro. Hácia los lados hay dos filas de mesas de granito
+rojo. En la fila que circuye las paredes del establecimiento, cada mesa
+está separada por un aparato de madera bruñida, imitando biombos, con el
+objeto de impedir las corrientes del aire. Cada mesa tiene un mecanismo
+que provee á los comensales del agua de Selz, composicion que tiene por
+objeto quitar la crudeza al agua del rio, sin embargo de estar
+purificada. Enfrente de cada mesa hay un espejo de buen tamaño. En medio
+de la sala se ven dos torreones, como si fueran pedestales, decorados
+exteriormente por lozas finas. La parte superior de aquellos pedestales
+ó torreones está coronada de flores del tiempo, y por una figura de
+bronce, la cual arroja hácia lo alto un hilo de agua.
+
+Rodéanles una verja circular, por entre cuyos hierros alcanzamos á ver
+los aparatos de cocina.
+
+En fin, aquellos torreones, lo que nosotros creiamos altares, no son
+otra cosa que las chimeneas de aquel enorme establecimiento; altares
+consagrados á otro culto no tan elevado, pero no menos indispensable. Es
+bien seguro que no hay un templo en todo Paris, que cuente con una
+cofradía más constante, mas exacta, más fiel.
+
+En los cuatro ángulos de aquel magnífico coliseo, porque coliseo parece,
+se hallan cuatro escaleras espaciosas, las cuales, conducen al piso
+principal, en donde hay otro órden de mesas, dispuestas como abajo.
+
+Tiene una puerta grande de entrada, y dos laterales para la salida.
+Enfrente hay un hombre sentado que da las papeletas; en cada puerta
+lateral hay otro que las recibe con el sello encarnado, en señal de que
+la cuenta se ha satisfecho.
+
+A izquierda y derecha están los mostradores de la oficina, y en cada uno
+dos señoras sentadas para la suma de las papeletas y la impresion del
+sello.
+
+De manera que el personal del establecimiento consta del jefe, de tres
+contralores, cuatro señoras oficinistas, diez cocineras, veinticinco
+criados y multitud de dependientes, hasta el número de ciento diez
+individuos.
+
+Caben holgadamente en ambos pisos quinientos ó seiscientos comensales, y
+no bajan de cuatro mil los que componen la parroquia ordinaria,
+produciendo un ingreso de 25 á 30.000 reales diarios.
+
+El amo de este restaurant increible, lo es tambien del de la calle de
+Montmartre, mencionado ya, y de otros cuatro establecidos en diferentes
+puntos de Paris.
+
+Resta saber á mis lectores que el poseedor de esta gran fortuna es un
+carnicero, el carnicero Duval, y que todo esto le ha venido de la
+carnicería.
+
+Trabajo cuesta comprender cómo un comercio de esta índole, ha podido
+darle ganancias para irse creando una renta diaria de 8 á 10.000 reales.
+
+El mismo Duval proyecta actualmente abrir una carnicería, por la parte
+de la Magdalena, en cuyo decorado y utensilios se gastará sobre un
+millon. Las vasijas para contener las cabezas de las terneras, serán de
+plata, y su peso no bajará de veinte arrobas cada una, sólo lo cual
+supone un valor de veinte mil duros, inclusa la mano de obra.
+
+Bien es verdad que Paris carece de ejemplos análogos. El pasaje de
+Vero-Dodat, que vale algunos millones de francos, pertenece hoy á la
+viuda de un salchichero.
+
+Imposible parece que una ciudad tan ideal, tan fantástica, tan
+exquisitamente poética, haga ricos de tal manera á los vendedores de
+salchichas y de lenguas de vaca; aunque este vendedor de lenguas de
+vaca, y aquella vendedora de salchichas, no son vendedores de cualquier
+modo: son artistas tambien.
+
+Séanlo ó no, yo me guardaria muy bien de tomar esta circunstancia en
+desdoro del pueblo francés.
+
+Duval es carnicero, y bajará al sepulcro. El ama del pasaje de
+Vero-Dodat es salchichera, y salchichera se irá á la sepultura. Aquí
+encuentro yo ese carácter consecuente, austero, honrado y laborioso, que
+distingue á los pueblos del Norte, á la raza sajona.
+
+Si aquello ocurriera en algunas provincias de España, la salchichera se
+llamaria _la señora condesa de Vero-Dodat_, y el carnicero _el señor
+conde de la Cola Bermeja, del asta de ciervo_ (por no decir de toro), ú
+otra cosa por el estilo, y las familias de estos pobres magnates, ni
+sabrian ser magnates ni salchicheros; no sabrian ser nada, no serian
+nada, y hé aquí el cero conteniendo en su redondez negativa todas esas
+cifras sociales.
+
+A los hijos del carnicero sucederia lo que hoy sucede á muchos _hijos de
+la historia, á muchos hijos de Pelayo_ que yo conozco, y de quienes no
+quisiera acordarme, como no se queria acordar nuestro Cervantes del
+lugar de la Mancha.
+
+¿Qué era el feudalismo, la gerarquía de los señores, sino la holganza
+convertida en virtud suprema, en una especie de cánon sagrado?
+
+Y ¿qué razon hay para llamar señor á quien nada útil hace, que para nada
+sirve, que á nada bueno aspira; que pone un brazo sobre otro brazo, y
+contempla así la obra universal, que así paga la deuda inmensa que
+contrajo desde que abrió los ojos á la luz, desde que recibió la caridad
+de tantos séres? ¿Qué razon hay para llamar virtud á una nulidad, para
+llamar sabiduría á un idiotismo?
+
+Los españoles serian muy inferiores con su _condesa de Vero-Dodat_, á
+los franceses con el nombre sencillo y honrado de su _salchichera_.
+
+En muchas provincias de nuestro país no se piensa sino en ganar cinco ó
+seis mil duros, para comprar un baston de borlas y hacer el doctor, ó el
+paseante en córtes.
+
+Esta es la verdad, y tengo una sagrada obligacion de no ocultarla á
+nadie, especialmente á quien el consejo puede aprovechar, á quien tiene
+tambien obligacion de corregir sus vicios.
+
+Y cuidado, que no soy yo de los que creen que este achaque de nuestro
+país viene del clima: esto es, de una necesidad de la naturaleza, de una
+hora mala que nos ha tocado en el reparto del dia providencial, no.
+
+El clima de España no es de tal índole que el español deba abrir la boca
+y estirar los brazos, como los que moran en la orilla del Ganges; que
+deba dormirse como el natural de los valles de Cachemira; que deba
+evaporar su vida entre ópios, mujeres y aromas, como los árabes del
+Yemen.
+
+Aquel achaque de algunas provincias de nuestro país, no procede tanto
+del clima, ni del genio de nuestra raza, raza tan activa, tan enérgica,
+tan creadora; la raza de Aténas y de Roma absorbiendo al mundo; no
+procede tanto de ese orígen, repito, como del cruzamiento de castas
+diferentes, de sus tradiciones y de sus hábitos.
+
+En nuestro país domina más que en Francia ese idealismo oriental; esa
+atmósfera vaporosa de los asiáticos, la religion del éxtasis absoluto;
+orientalismo que unido á nuestro genio por la dominacion morisca y
+árabe, produjo una casta mestiza, indefinible; más indefinible en España
+que en pueblo alguno de la Europa: la casta de donde salieron el
+caballero andante, la dama idolatrada de los torneos, el aventurero de
+lanza en ristre, el poeta druida, el trovador guerrero, peregrino y
+apasionado; la casta que empezó á deslindarse en dos grandes períodos de
+hazañas heróicas y de crueldades terribles; dos períodos representados
+en primer término por dos hombres muy célebres, el Cardenal Cisneros y
+D. Juan de Austria.
+
+La famosa batalla de Lepanto no es otra cosa que el deslinde de dos
+caractéres confundidos; el deslinde entre el genio latino y el genio
+asiático, entre la Europa y el Oriente.
+
+Pero tengo que dar de mano á otras muchas consideraciones, que acaso no
+se adaptan á la índole de los cuadros que aquí me propongo bosquejar.
+
+Decia que nuestros conatos de ocio y de caballerismo fantástico no
+proceden del clima, sino de la mezcla de sangre y del imperio de la
+costumbre.
+
+Llevad el pueblo catalan á la Andalucía, y el pueblo catalan será
+laborioso; no lo será tanto como viviendo entre peñascos de donde ha de
+arrancar el pan que come y el vellon que viste; pero será siempre
+trabajador.
+
+Haced que el pueblo vascongado ocupe la Grecia ó la Italia, y le vereis
+emprendedor siempre, siempre atareado, siempre moviéndose y realizándose
+en todas las esferas de su actividad.
+
+¿Por qué? Porque los vascongados y los catalanes, así como los
+mallorquines, tienen más elemento germánico, más raza scita, más hábitos
+de aquel elemento, más tradiciones de aquella raza.
+
+Por el contrario, Andalucía, Valencia, Murcia, Alicante, el mismo
+Aragon, tienen más de ese hombre que se acuesta á lo largo de un diván,
+que abre la boca para aspirar las brisas de la tarde, que sujeta á veces
+la respiracion porque la ahogan los perfumes, que empaña el aire con las
+bocanadas voluptuosas de su pipa, ó que se disputa á la experiencia de
+la vida, cerrando sus ojos entre las ruinas veneradas de un mausoleo,
+bajo la copa de un ciprés, á la sombra de una palmera.
+
+Los franceses son más sajones; están más depurados de la raza árabe, en
+cuanto á la industria y al comercio, aunque en cambio han exagerado la
+voluptuosidad del Oriente en las creaciones del arte.
+
+Los españoles caminan hácia allá, caminan á grandes jornadas, de una
+manera fabulosa; pero la Francia les lleva un siglo en este viaje. La
+verdad, en su puesto. Así pago, así paga _un cafre de allende el
+Pirineo_, el insulto cobarde de un novelista mal educado y aturdido.
+
+Almorzamos bastante bien en el _establecimiento de caldo_ de la calle de
+Montesquieu, y á las seis y media de la tarde entrábamos en el
+restaurant de San Jacobo, calle del Rívoli, en donde ya nos esperaban el
+viejo Lesperut y su hijo Hipólito, teniéndonos reservados dos asientos
+en su mesa. El venerable veterano se levantó inmediatamente que nos vió
+entrar, y nos alargó una mano trémula; pero que aún conserva el santo
+calor del cariño.
+
+No habiamos terminado los primeros cumplidos, cuando el viejo tenia los
+ojos arrasados en lágrimas.
+
+La comida fué mala, muy mala para nuestro gusto; pero una circunstancia
+la salvó: estaba embellecida por la amistad, por la franqueza decorosa y
+por la buena fe.
+
+Entre los diferentes sucesos que referimos al anciano, no omitió mi
+mujer la aventura de los tres platos de carne, de las tres sopas, de las
+tres legumbres y de los tres postres.
+
+Lesperut nos dijo que no habiamos sufrido engaño alguno, puesto que
+aquello era una costumbre admitida en Paris.
+
+Aquel aviso significa que los comensales tienen tres platos diferentes,
+de los cuales pueden elegir el que más les guste.
+
+Lesperut se sonrió luego y añadió con extrema bondad: desde luego se
+ocurre que no habrá inventado esa costumbre ningun extranjero.
+
+En efecto, la costumbre en cuestion no es ni puede ser otra cosa que una
+añagaza, inventada por el cálculo nacional para alucinar al hombre no
+conocedor del país. Yo no puedo suponerme tan inexperto, que vaya á
+presumir que sólo yo he sido víctima de aquella argucia. ¡Cuántas aves
+de paso habrán caido en las mismas redes!
+
+Terminado por fin aquel banquete de familia, Lesperut se empeñó en
+llevamos al café que da vista al paseo del Palacio Real. Yo abrigaba el
+mismo proyecto, pero no tuve títulos para disputarle el derecho de
+agasajarnos. Estaba en su país, en su casa: él era el patron.
+
+Al bajar la escalera del restaurant, el viejo soldado se cogió del brazo
+de mi mujer, con esa perfecta posesion con que un padre ó un abuelo se
+coge del brazo de su hija ó de su nieta.
+
+Lejos de causarme inquietud ó embarazo alguno aquella buena fe cordial y
+espansiva, sentia veneracion y regocijo. Lesperut creia á no dudar que
+en aquel instante le acompañaba la _administradora de correos_, á quien
+ama con gran ternura, y no habia motivo para desencantarle de aquella
+ilusion virtuosa.
+
+Estuvimos en el café hasta las ocho, y despues nos fuimos á sentar en
+una espaciosa glorieta que hay en medio de aquel paseo animadísimo, arca
+de la fuente donde los niños echan barquichuelos, ocupacion que es de mi
+gusto.
+
+El viejo nos contó la siguiente historia, nutrida de detalles y
+pormenores que yo creo conveniente omitir, en gracia de la brevedad.
+
+Habia ó hay un magnate francés, á quien las adversidades políticas
+llevaron emigrado á Lóndres. Allí contrajo relaciones con una señora, de
+la cual tuvo varios hijos, y á quien consumió una fortuna que consistia
+en diez y ocho ó veinte millones de reales.
+
+Los tiempos mudaron, el emigrado pudo volver á su país, la suerte coronó
+sus fines, y juzgó llegada la hora de casarse, pero no con la inglesa,
+no con la madre de sus hijos, que permanecia en su país.
+
+Sabedora la inglesa de los proyectos de su antiguo amante, vuela á
+Paris, habla con la futura esposa del personaje de esta aventura, la
+dice que no solicita que el padre de sus hijos les cumpla una promesa
+que habia empeñado tantas veces, sino que reclama el influjo de ella
+para que el padre no prive á sus hijos de la fortuna que tenian, y de la
+que les habia desposeido el antiguo emigrado de Lóndres.
+
+Se ignora lo que hizo la futura esposa del magnate en cuestion; lo que
+se sabe es que á los pocos dias de esta entrevista, la inglesa recibia
+una órden de destierro, sin obtener auxilio alguno.
+
+El magnate se casó por fin con la mujer que habia elegido últimamente, y
+tuvo de ella un hijo. Pero este hijo, por cierta circunstancia que debo
+callar, no deja satisfechas las aspiraciones de su padre, y hay quien
+espera que por último repudiará su esposa.
+
+Si esta mujer influyó cruelmente contra la inglesa; si desconoció y
+afrentó de aquel modo los sagrados derechos de una mujer burlada y de
+una madre empobrecida; si esto es así (yo no lo afirmo, me guardaria muy
+bien de afirmarlo); si despues de esto aquella mujer se ve repudiada; si
+la nueva madre se encuentra defraudada y perdida en su corazon, puede
+decirse que la maternidad vino á suplir la falta de la ley que no
+castiga sino los delitos menos horrorosos, los delitos del débil y del
+pobre. Puede decirse que la maternidad, ese bautismo santo, esa hora
+divina de la mujer, vino á vengar en una esposa y en una madre el
+desafuero perpetrado en una madre y en unos hijos.
+
+¡No hay que hacer de la vida un convidado de piedra, porque á lo mejor
+habla la sombra de D. Gonzalo!
+
+Mi mujer y yo hemos tenido un pesar grave. Á través de la más delicada
+reserva, entre palabras de consuelo con que el buen Lesperut se anima,
+hemos penetrado que su hijo Hipólito le ocasiona sinsabores profundos.
+
+¡Pobre viejo! ¿Quién habia de presumir que bajo aquella barba, blanca
+como la nieve, lustrosa y limpia como el raso, debian ocultarse las
+penas que causa un hijo desagradecido y volátil?
+
+Desde este momento pierde Hipólito una gran parte de nuestra estima.
+
+Al despedirnos de Lesperut, le manifestamos que no podriamos vernos al
+dia siguiente, porque habiamos determinado ir á visitar la famosa
+fábrica de Sevres, pasando desde allí á Versalles, tanto para ver su
+gran palacio y sus magníficos museos, como para recibir algunas
+impresiones de una escuela célebre, muy célebre, muy justamente célebre:
+la escuela _del pintor Vernet_.
+
+Estábamos en el hotel á las doce. Tomamos un poco de salchichon y de
+jamon en dulce, más una copa de macon por remate. ¡Poder de Dios, qué
+vino! Ni es ágrio ni amargo, y es amargo y ágrio, y tiene otra cosa que
+no sé definir.
+
+Apostaria la cabeza á que no fué este vino el que bebió el capitan
+Gerardo Lobo cuando escribia:
+
+ Ahogo despues mis anhelos
+ En ese licor divino
+ A quien otros llaman vino,
+ Porque vino de los cielos.
+
+Siempre que bebo ... no, esto no es beber; es atragantar. Siempre que
+atraganto una copa, tengo que parodiar por fuerza las últimas palabras
+de Bruto.
+
+ ¡Oh virtud, sombra vana, esclava del azar,
+ Ay del que en tí creyó!
+ _¡Oh vino, hiel mestiza que me haces patear.
+ Ay del que te bebió!_
+
+Lector mio, hasta la vuelta de Sevres y de Versalles.
+
+
+
+
+=Dia décimo séptimo=.
+
+Sevres.--Las dos figuras.--Importancia social y artística de una fábrica
+de porcelana.--Versalles.--Sus Museos.--La escuela Vernet.--Impresiones
+varias.--Vuelta á Paris.--Encuentro en los Campos Elíseos.
+
+
+A las ocho de la mañana estamos en la plaza de la Concordia, con el fin
+de tomar el ómnibus que á las ocho y media parte para Versalles,
+haciendo escala en Sevres.
+
+Nos proveemos de dos billetes de interior, ocupamos nuestros asientos,
+la hora se acerca, los viajeros se dan prisa, la bocina del conductor da
+la señal, muévese el carruaje y los Campos Elíseos quedan á la derecha.
+
+He dicho carruaje, y en verdad que no es este el nombre que más le
+cuadra.
+
+El ómnibus que nos conduce es una lancha cañonera, y una tribu que anda
+dentro de una casa de palo. En el imperial van veinte pasajeros, otros
+veinte en el interior, dos conductores en el pescante, y uno en la
+escalera de caracol con que termina el ómnibus, por donde se sube al
+imperial.
+
+Siendo generalmente llano el camino de Paris á Versalles, la compañía de
+estos ómnibus ha hecho construir una vía férrea, la que no sólo evita
+peso á los caballos, sino que facilita extraordinariamente la velocidad.
+
+A la hora y media, minuto más ó menos, estamos en Sevres.
+
+La historia y descripcion de la fábrica nacional de porcelana
+establecida en este punto, haria necesario un tratado completo sobre la
+materia, tarea que no cabe en el plan que me propuse al escribir estos
+estudios.
+
+Con tal motivo, advierto á mis lectores, que no me fijo tanto, ora en la
+historia de los hechos, ora en su importancia privada, como en la
+influencia social que puedan ejercer, acerca de lo cual juzgo yo por las
+sensaciones que en mí producen.
+
+Entre los magníficos jarrones, floreros y varios utensilios de vajilla
+que hemos visto, voy á hacer mencion de dos figuras que pertenecen á
+otro género.
+
+La primera representa á un viejo sentado en un sillon, y á una jóven de
+pié, presentándole una jícara de chocolate.
+
+La segunda representa á una jóven sentada como el viejo, y á un
+jovencito que la ofrece un presente de amor.
+
+Las cuatro figuras tienen tules ó encajes estrechos en los remates de
+sus vestidos, segun el gusto de la época.
+
+La persona que nos conducia nos preguntó, señalando á los tules que
+decoraban los remates de aquellos trajes:
+
+--_¿Qué creen ustedes que es esto?_
+
+Yo respondí:
+
+--Creo que es un tul que se ha unido á la porcelana.
+
+Pregunté á mi mujer, y mi mujer creia como yo que era tul.
+
+Nuestro guia se sonrió en señal de triunfo, diciéndonos que no lo
+habiamos mirado bien.
+
+Nos fijamos más; pero no conseguimos sino ratificarnos en la idea
+anterior de que aquello era encaje.
+
+Aún á trueque de quebrantar los estatutos de la casa, la persona que nos
+conducia nos permitió que tocáramos el ribete en que nosotros veiamos
+positivamente una blonda.
+
+Tocamos; aquel tul no era tul, sino porcelana. Mi mujer y yo
+permanecimos un poco cortados, puesto que repetidamente hicimos muestras
+de no creer lo que aseguraba nuestro guia.
+
+Le habiamos desmentido de una manera que le honraba, porque honraba al
+establecimiento; á veces un mentís es una victoria; pero al cabo le
+habiamos desmentido.
+
+Vamos ahora al efecto de las figuras.
+
+Al ver al viejo sentado en su poltrona, con la espalda un tanto caida
+sobre el pecho; con la frente un tanto caida tambien, como si las canas
+la agobiasen: al ver sus ojos que de soslayo y furtivamente miran á la
+muchacha como el milano mira á la tórtola, reflejando de un modo tan
+característico _la sábia malicia de la experiencia_; al estudiar la cara
+de aquel hombre, cuya mirada fraudulenta parece pasearse sobre la jóven,
+no pudiendo adivinar nosotros si se entristece, ó si se extasía
+devorando un goce que ha muerto en su organizacion, pero que vive y que
+palpita en su memoria y en su ansiedad: al mirar aquel corazon que ya no
+late en aquella vejez; al mirar aquella vejez que late aún en aquel
+corazon: más todavía; al contemplar las piernas del viejo, cruzada la
+una sobre la otra, mientras que la derecha parece moverse como si
+quisiera decirnos: _¡quién habia de pensarlo! ¡Quién habia de pensar que
+aquellos tiempos pasaran tan pronto!_
+
+Al estudiar tambien la actitud de la jóven que está de pié á su lado; al
+estudiar aquel aire confuso y vacilante, como si se hallase cercada por
+la mirada ávida del viejo, semejante á la cierva que oye gritos por
+todas partes y no sabe de qué modo huir, ni á qué punto correr: al
+estudiar el efecto admirable con que inclina la mano derecha que tiene
+la taza, mientras que la taza se ladea y va á verterse el chocolate; al
+comprender aquel doble efecto de la mano, doble digo, porque su
+inclinacion procede tanto del peso natural del plato y de la jícara,
+como de aquella especie de aturdimiento que la atribulaba: al contemplar
+estas figuras un hombre dotado de la emocion del arte, no puede menos de
+llegar á la evidencia perfectísima de que ni la escultura ni la pintura
+harian más.
+
+Vamos al otro grupo.
+
+La jóven está sentada en una silla; pero sentada como se sienta una
+muchacha que vive menos en sus órganos que en su sentimiento; como se
+sienta una mujer que todavía no ha amado, y cuya aspiracion suprema es
+amar; como se sienta esa mujer cuando tiene delante al hombre que ama.
+No se sabe si está sentada en una silla, ó si flota en el aire, como se
+mece un nido en el árbol, cuando lo agita el viento.
+
+Mira hácia abajo, mientras que con el dedo pulgar y el índice coge un
+pliegue sutil en su falda. Entreabre y frunce los labios con violencia,
+como si temiera que se la va á escapar su secreto; y significando de un
+modo confuso la duda, el rubor y esa fantasía indecisa de un deseo
+vírgen, de un primer deseo; esa alucinacion con que nos seduce la
+idealidad milagrosa de una esperanza que nunca se ha sentido; la
+alucinacion que nos causa el agüero de un mago, cuando creemos en la
+mágia.
+
+La situacion embarazosa y complicada de la jóven, contrasta vivamente
+con la sinceridad ingénua y cándida que destella el rostro de su amante.
+
+¡Qué grupos tan portentosamente comprendidos, tan portentosamente
+ejecutados!
+
+En fin, cualquiera que vuelva los ojos á estas figuras, pronunciará
+indudablemente las mismas palabras que llevan escritas al pié de cada
+grupo.
+
+La del viejo dice: _¡si la vejez pudiera!_ (Si vieillesse pouvait!)
+
+Y la del jóven: _¡si supiera la juventud!_ (Si jeunesse savait!)
+
+Es una moralidad picaresca, punzante, pero oportuna, graciosa,
+habilísima: la moralidad del pueblo francés; _el golpe mágico del
+palaustre_.
+
+A su tiempo hablaré á mis lectores de una fábrica de tapicerías,
+titulada de los Gibelinos, la primera que existe en el mundo.
+
+La fábrica de Sevres es en porcelana lo que los Gibelinos en tapices. El
+Japon es muy superior por lo precioso de la materia; pero no por lo
+hábil del trabajo.
+
+Bien, se dirá por alguno: ¿qué significa esa fábrica de Sevres? ¿Qué es?
+Un horno que funde jarrones, flores y vajillas para los reyes, para los
+grandes, para los ricos, una fábrica de preseas.
+
+No, amigos mios, no: si así fuese, bien sabe Dios que no hallaria aquí
+gran cosa que admirar. Los hechos no pueden mirarse de ese modo, de un
+modo egoista. La fábrica de Sevres, como la manufactura de los
+Gibelinos, tiene un sentido mucho más alto, otra clase de elocuencia
+social.
+
+Estas dos fábricas son dos monumentos que un pueblo entusiasta y creador
+erige á la industria elevada, inteligente, liberal; esa industria, que
+arrancando sus obras de la miseria de su precio, de su venalidad, de su
+tarifa, las hace infinitas como el genio representado por una estátua, y
+trasmite su última plenitud, su personalismo más trascendente á las
+tareas del espíritu humano.
+
+Esta industria es el arte, llamado ayer oficio: es el hombre, llamado
+ayer siervo: es la fantasía y el sentimiento haciéndose amos de la
+materia, despojándola de sus girones asquerosos, purgándola de la nota
+de vil que ayer la afeaba.
+
+Pero no sólo es esto. Aquí se comprende de un modo irresistible, aunque
+no queramos, que luego que las formas nos hieren con la emocion de la
+belleza, todas son igualmente artísticas. Se comprende de un modo
+irresistible que no hay más que un arte, porque no hay más que una
+naturaleza que nos ofrece el original de lo bello, porque no hay más que
+un corazon para leer aquel original. Sí; aquí se comprende, yo estoy
+orgulloso de sentirlo, que el arte se desdobla en la palabra, y se llama
+poesía ó elocuencia; que se desdobla en la voz y en el gesto, y se llama
+declamacion; que se desdobla en el ademan y toma el nombre de
+pantomima; que se desdobla en la armonía del sonido y es música; que se
+desdobla en el dibujo y en el color, y se llama pintura; como se
+desdobla en un mármol, y se llama escultura; como se desdobla en los
+movimientos del hombre, y se llama baile; como se desdobla en los
+tapices y en la porcelana, denominándose fábrica de los Gibelinos y
+fábrica de Sevres.
+
+Yo tenia la nocion del arte universal; pero aquella nocion es ahora más
+exacta y más profunda; más universal, más extensa tambien; porque la
+toco prácticamente, y la práctica da á las cosas su última extension.
+
+Tomamos el ómnibus que va á Versalles, y apenas trascurrió hora y media,
+cuando ya pisábamos el suelo de esta antigua isla de Chipre.
+
+El carruaje hace alto, y al bajar nos vimos enfrente del suntuoso
+alcázar.
+
+¡Luis XIV, Richelieu, Colbert, salud!
+
+No hablo á vosotras, piedras amontonadas, testigos mudos, á quienes no
+quiero interrogar, porque antes de veros os habia interrogado en mi
+corazon. No te hablo á tí, Versalles de otros siglos, eden donde han
+llorado tantos ojos: no te hablo á tí, gran fantasma de mármol, en que
+yo leo con ojos inflamados lamentos y amonestaciones de la historia.
+
+Hablo á tres hombres que crearon á Versalles, sacrificando para ello á
+la Francia, y que son superiores á otros hombres que sacrificaron la
+Francia y que no crearon á Versalles.
+
+¡Luis XIV, Richelieu, Colbert, salud! Ignoro si vuestras cenizas me
+oyen; pero unos pobres extranjeros os saludan.
+
+¿Qué podré decir de los museos que encierra este suntuoso palacio?
+
+No sabria por dónde empezar, tendria que trascribir los tres volúmenes
+que he comprado.
+
+Conténtese el lector con saber que aquí está toda la Francia histórica
+en lienzo y piedra. No perdiéndose este palacio, no puede perderse la
+historia del pueblo francés.
+
+Escaleras magníficas, salones espaciosos, retretes adornados con una
+riqueza y una profusion que sorprenden; una sala que no tiene igual en
+el mundo, si se exceptúa la gran sala del palacio del Louvre: en una
+palabra, Versalles fué la grande galantería de uno de los reyes más
+galantes qué ha existido, y este palacio es la galantería maestra de
+Versalles.
+
+Pero pasemos á estudiar una cosa más bella, más fecunda, más
+predestinada: la escuela de Vernet, del gran Vernet.
+
+Este pintor se dedicó casi exclusivamente al género de las batallas;
+pero no de las batallas antiguas que eran como una especie de
+divinizacion de la guerra, el sacrificio de la caridad que nos debemos
+todos, hecho en aras de un señor opulento ó de un tirano. Los cuadros de
+Vernet son la escuela social, la escuela del exámen llevada al género
+que cultivó. Vernet es un grande obrero del alma, que conduce una piedra
+colosal al edificio en que trabaja toda la historia de cinco siglos.
+
+La pintura, que habia adulado sucesivamente al guerrero, al monarca, al
+noble, al fraile: la pintura, que durante el trascurso de tantos siglos,
+habia sido sierva y mendiga, en los pabellones de campaña, en el
+palacio, en el castillo, en la iglesia, en el claustro, levanta un dia
+la frente empolvada, mira en torno suyo, comprende la verdad, la escribe
+en un lienzo, y viene á ser el culto de una nueva razon, de una razon
+cristiana; viene á ser la voz que abandona el desierto y que clama en el
+mundo, una imprenta semejante á la de Guttemberg, el espíritu práctico y
+real de los modernos. Esto hizo Vernet. ¡Cuánto hizo! ¡Cuán superior es
+su inspiracion! ¡Cuán superior es su filosofía! Sobre todo, ¡cuán
+superior es su moral!
+
+La Francia será con él desagradecida si no le levanta una estátua, dice
+un ingeniero amigo mio. Yo no lo creo así, el genio no tiene precision
+de ninguna especie de idolatría, de ninguna especie de símbolos
+transitorios.
+
+El genio no tiene precision de un pedazo de piedra, que se rompe, que se
+cae, que se pulveriza, como se marchita una planta, ó como una hoja es
+arrebatada por el aire. El genio es la santidad de la conciencia, la
+historia de Dios. Quede el mármol para la historia de los que tienen
+vanidad, de los que no tienen bastante con su alma.
+
+¿Qué estátua mejor que esa escuela admirable?
+
+Penetramos en la primer sala de las pinturas de Vernet.
+
+El cuadro en que me fijo representa á un combatiente moribundo. Está
+pálido, horriblemente pálido; tiene el labio inferior caido, dejando ver
+una encía amoratada, y cualquiera diria que sus párpados van á cubrir
+unos ojos turbios. Un amigo lo asiste de rodillas, llevándose una mano á
+la frente, en señal de desesperacion.
+
+En el cuadro que miro, campea, hasta en los menores detalles, la verdad
+llena, franca y vigorosa que sólo comprenden los grandes maestros.
+
+El segundo cuadro que miro representa á un guerrero jóven y entusiasta,
+el cual enarbola un estandarte en actitud de incitar á la venganza y á
+la guerra.
+
+Cerca de él, una madre coge á su hijo, le sujeta frenéticamente con el
+brazo izquierdo, como si pretendiese unirlo á su corazon; y con los ojos
+ardiendo de ira, con la pupila dilatada y profunda por el dolor y por el
+espanto, con la cabellera descompuesta, con labio cárdeno, seco y
+convulsivo, hundiendo la nuca y alzando la frente, como el náufrago que
+saca la cabeza para que el oleaje no le confunda; la madre, la mujer de
+la Providencia, amenaza al guerrero con un ademan que trae á nuestra
+memoria las palabras de Agripa á Octavio: _¡levántate, verdugo!_ La
+madre no le dice _levántate_; le dice _¡calla!_
+
+Este cuadro es de una elocuencia arrebatadora; de una intencion sentida,
+concienzuda y fuerte. No hay espacio alguno entre la vista y la emocion.
+El sentimiento arrolla al juicio, lo absorbe, lo anonada: el juicio cae
+de rodillas y adora.
+
+Este cuadro nos impresiona instantáneamente; nos impresiona de un modo
+profundo, sin que nos dé tiempo de deliberar acerca de si debe
+impresionarnos ó no, como el esquife que se pone sobre un torrente, no
+deja tiempo al marinero de echar el áncora.
+
+Esto nos impresiona como el fuego nos quema: sin saberlo nosotros, aún
+contra nuestra propia voluntad. Ese es el arte; ese es el genio, ese es
+Vernet. Mientras que yo admiraba los pormenores más minuciosos de este
+cuadro maestro, mi mujer volvió los ojos al otro lienzo de pared,
+decorado por una pintura que representa á un hombre muerto, abandonado
+en un campo de batalla. ¡Qué solemnidad! ¡Qué grandeza! ¡Qué poesía!
+¡Qué espíritu!
+
+Aquel monton de carne está allí entre los pliegues de su vestido, como
+un trapo que se tira al suelo, y que contrae los dobleces á que le
+obliga su gravedad. Realmente, aquel muerto parece un giron lanzado á la
+tierra; un giron perdido entre sus mismos pliegues. Allá un árbol seco,
+allá una piedra negra; el hombre está en medio, está muerto y solo.
+
+¡Qué conocimiento tan profundo, y qué sentido tan delicado! ¡Con qué
+seguridad se comprende aquí que no hay arte sin ciencia, que no hay
+imágen sin pensamiento! ¡Con qué evidencia se comprende aquí que no hay
+poeta sin que sea poeta y filósofo! Al ver aquel cuadro, al ver á un
+hombre muerto en aquel páramo, no podemos menos de hablar bajo como si
+estuviésemos en una iglesia.
+
+Se supone que el guerrero del cuadro que examino murió hace algun
+tiempo, la sangre ha debido descomponerse por el rocío de la noche y la
+humedad natural de la tierra, y está amoratado, incomparablemente
+amoratado.
+
+Me parece que si llevo la mano al semblante del muerto, aquel semblante
+se deshará como si fuera de salvado ó serrin.
+
+Tiene la oreja empedernida y algo vidriosa; este viso cárdeno es mayor
+por detrás de la misma oreja, y se va extendiendo, aunque más apagado,
+por entre un cabello claro y flojo, como si aquella carne que se
+desorganiza no tuviese vigor para sujetar la cabellera.
+
+Mi mujer se cubrió los ojos, y exclamó aterrada: _no quiero ver más, no
+puedo estar aquí_, y salió precipitadamente de la galería. Yo no pude
+dejarla sola, exponiéndola á que se extraviara entre la multitud que
+inunda estos salones, y no me ví con tiempo sino para clavar una mirada
+y distinguir lo que he descrito.
+
+¡Desdichado de mí! He venido especialmente á Versalles para tener
+noticias de este nuevo género de pintura, y no he visto más que tres
+cuadros. Pero ¡qué tres cuadros! ¡Qué tres cantos tan grandes añadidos
+al inmenso poema del hombre! ¡Qué tres palmas más bellas coronando la
+frente ensangrentada del ilustre mártir!
+
+Lo repito; el arte que en el trascurso de tantos siglos habia adulado al
+fuerte, al noble, al rico, al poderoso, vuelve hoy los ojos á un pobre
+soldado, á un hombre insepulto, á un giron de carne, destinado á servir
+de alimento á los buitres, y le levanta en esos lienzos un magnífico
+panteon. ¿Qué mausoleo de ningun magnate de la tierra vale tanto como
+esa pintura? Cuando vivia aquel pobre soldado, no tenia tal vez en el
+mundo ni casa, ni abrigo, ni familia; muerto y abandonado en aquel campo
+de batalla, Horacio Vernet le ha dado un palacio. De un hombre
+desgraciado ha hecho un héroe; de un infortunio, de una desventura, de
+un dolor, de aquella lágrima derramada allí, ha hecho Horacio Vernet una
+solemnidad, una magnificencia, una gloria. ¡Dios le dará toda la que
+merece por el bien que hizo al mundo, por el consuelo que da á mi
+corazon! El pintor deja el mundo, se va por el campo, halla un hombre
+muerto en un erial, lo coge y lo entierra. El pintor da tierra sagrada
+al infeliz cristiano que no encontraba una sepultura. Ese cuadro que
+miro y que venero, ese cuadro imponente y terrible, esa elocuencia
+fervorosa, esa poesía adorable, esa pintura inmóvil y solemne, esa
+íntima voz del alma que hace latir mi pecho, es un entierro, una
+limosna, una caridad, unas exequias. El pintor llora sobre aquel rostro
+mústio, sobre aquella carne amoratada, sobre aquel corazon helado.
+Horacio Vernet llora, escribe sus lágrimas en aquel lienzo, y el pobre
+soldado resucita, el muerto vive, el muerto es una creacion inmortal. ¡Y
+hay quien dice que el arte no influye en los destinos de la vida! ¡Y hay
+quien dice que el arte de Vernet es un arte gentil, protestante,
+revolucionario! ¡Pobre gente! Horacio Vernet llora por aquel hombre
+desamparado; Horacio Vernet le da sepultura, le da tierra sagrada; le
+hace esa última y suprema piedad; Horacio Vernet da al mundo una lágrima
+para que la vierta sobre esa tumba, esa tumba que él ha construido en
+ese cuadro, por que ese cuadro es una sepultura cristiana, la violeta
+que nace al pié de una cruz, el ciprés que se eleva en medio de una
+soledad: ¿y á eso llamais gentilidad, protestantismo, revolucion?
+¿Enterrar á un cristiano insepulto es revolucion, protestantismo,
+gentilidad? Llorar por él, y resucitarlo con aquella lágrima de salud,
+¿eso es gentil, revolucionario, protestante?
+
+El arte de Horacio Vernet es el arte del infortunio, del dolor; el arte
+de la Vírgen María que llora por su hijo al pié de la cruz. En una
+palabra; la pintura de Horacio Vernet, es un arte que llora junto á un
+muerto; es un arte que llora, y el arte que llora no es el arte gentil,
+ni protestante, ni revolucionario.
+
+El arte gentil rie. El arte protestante disputa. El arte revolucionario
+quema. Si algun arte llora en el mundo, desde la creacion hasta nuestros
+dias, ese arte es el espíritu del monte Calvario, el arte de un espíritu
+que redime al hombre á precio de martirio, á precio de llanto.
+
+¡Bien haya el rey que amontonó estas piedras, para que vinieran á servir
+de alcázar á nuevos reyes! Sí; Luis XIV no es el gran rey de ese
+palacio; su gran rey es Vernet. Un pintor se ha convertido en un
+monarca; un pobre soldado insepulto, un pobre cadáver, se ha tornado en
+héroe. ¿Y creeis que eso ha podido hacerlo la gentilidad? ¡No! Hacer de
+una desdicha una esperanza, hacer de un dolor una magnificencia, hacer
+de una lágrima un poder y una gloria, corred el mundo de cabo á cabo,
+cavad la tierra de polo á polo, rebuscad la historia página por página,
+escudriñadlo todo, desde el abismo á las estrellas; yo os digo que si
+hallais en la creacion quien haga eso, será el cristianismo, el arte de
+la cruz, la lágrima de la Vírgen María, como he dicho antes, y no me
+canso nunca de repetir.
+
+La lágrima fecunda y divina de la Vírgen cristiana, ese es aquel soldado
+muerto, esa es aquella sublime pintura, ese es el arte del Evangelio,
+ese es el arte del cristianismo.
+
+Hemos almorzado en una fonda de la Plaza por trece francos, visitamos
+las fuentes, las más ricas del mundo en juegos de aguas, oimos la música
+militar cerca del estanque que está en último término, nos sentamos
+haciendo parte de la sociedad elegantísima que inunda esta esplanada;
+Vernet me llama y me reconcilia con ella; volvimos luego, tomamos el
+ómnibus, ya divisamos las torres de Paris: á las seis de la tarde nos
+apeamos enfrente del palacio de la Industria.
+
+Al bajar del ómnibus, mi mujer y yo nos cruzamos algunas palabras: una
+de las señoras que esperaban sin duda algun amigo ó algun pariente, se
+acercó á nosotros y nos preguntó con el mayor afecto si eramos
+españoles.
+
+Es de Zaragoza, hace cuarenta años que vive en Francia, se llama doña
+Antonia, está casada con M. Houzé y vive en Passy, calle Mayor, núm. 38.
+
+Estamos convidados para ir á comer mañana en su jardin.
+
+No puedo más por hoy. ¡Adios, Vernet! ¡Adios, Versalles!
+
+
+
+
+Dia décimo octavo.
+
+Visita de un ingeniero, excursiones históricas, epigramas.
+
+
+Estamos quietos y tranquilos en nuestra habitacion. La idea de Versalles
+nos preocupa absolutamente, como si no dejara espacio alguno en nuestras
+imaginaciones para otra idea ni otro recuerdo. ¡Qué alcázar! ¡Qué museo!
+¡Qué salones! ¡Qué lujo! ¡Qué riqueza! nos decimos continuamente mi
+mujer y yo. Luis XIV no tenia necesidad de otro monumento que Versalles,
+para que la fama le festejara con el epíteto de uno de los reyes más
+galantes que conoce la historia.
+
+En este momento sentimos que llaman á la puerta de nuestro cuarto; abro
+y me doy de cara con un ingeniero español, á quien vi ayer en una de las
+salas de Horacio Vernet. Sobre la escuela de este gran pintor, dije
+cuatro palabras en presencia suya; noté que me miraba con cierta
+sorpresa y maravilla; nos despedimos, ofreciéndonos mútuamente nuestras
+habitaciones en Paris, y seguramente no esperaba yo tener hoy el gusto
+de verme agasajado por su visita.
+
+Le recibí con la franqueza alegre y cariñosa de paisano, porque paisanos
+son los compatriotas cuando se ven en país extranjero; le supliqué que
+se sentara; se sentó, y hubo un instante de silencio, ese instante en
+que cada cual piensa lo que ha de decir, ó sobre qué ha de hablar.
+
+--Usted extrañará, dijo sonriéndose el ingeniero, que haya usado tan
+pronto del ofrecimiento que tuvo usted la bondad de hacerme de su
+amistad y de su casa....
+
+--No, señor, contesté interrumpiéndole; tengo bastante con la
+satisfaccion de ver á usted en nuestra compañía.
+
+Mi hombre inclinó cortesmente la cabeza, en señal de agradecer aquel
+cumplido mio, y me miró con el encogimiento inevitable del que viene á
+pedir alguna cosa. Yo le contemplaba de hito en hito, como para
+comprender sus intenciones, y ver en qué actitud debia esperarle. Hable
+usted con entera confianza, le dije, y á despecho suyo le cogí el
+sombrero que tenia en la mano, y se lo coloqué en una silla. Despues
+aproximé mi asiento al suyo, y le exhorté con una mirada de interés y de
+afecto.
+
+--Es el caso, dijo animándose nuestro interlocutor, que tengo una viva
+curiosidad porque usted me explique lo que me dijo ayer en Versalles,
+sobre la pintura de Horacio Vernet. Yo soy ingeniero; entiendo algo de
+líneas rectas y de líneas curvas; pero no he estudiado hasta el presente
+la erudicion del arte, y no alcanzo bien el sentido de ciertas escuelas.
+Voy á confesárselo á usted ingénuamente. Todo lo que usted me dijo ayer
+sobre los cuadros de batallas, me pareció extraño y peregrino, hasta
+maravilloso, porque en aquellos cuadros veia yo una pintura
+desembarazada y atrevida, nada más. Horacio Vernet era en mi juicio un
+maestro de buenos arranques, de osada concepcion, de detalles felices,
+un poeta social, no un arte nuevo, no una nueva escuela, no una grande
+trasformacion, no un grande genio, como usted le llama. Esta poca
+importancia que yo atribuia á Horacio Vernet y á sus cuadros, debe
+provenir de que yo ignoro las revoluciones por que el arte ha pasado en
+la historia; debe provenir de que yo ignoro lo que ha sucedido en el
+mundo, y deseo vivamente que se tome usted la molestia de explicarme el
+asunto.
+
+--Pues, amigo mio, dije al ingeniero; echando á un lado la humildad
+soberbia del hipócrita, contesto á usted que ha dicho muy bien. El arte
+tiene sus antigüedades, su arqueología particular, unida al espíritu de
+la historia, y es muy natural que no comprenda la importancia de Horacio
+Vernet, no comprendiendo la profunda significacion histórica de su
+escuela. Yo he estudiado algo acerca de esto, he aprendido un poco, nada
+más que un poco, y voy á decírselo á usted sin reserva ni ambajes, con
+la mayor ingenuidad del mundo, segun mi leal saber y entender, como
+decian tan admirablemente los antiguos.
+
+El mundo, este prodigioso y múltiple espectáculo que nos rodea por todas
+partes, ha pasado por varios períodos, ha sufrido diferentes cambios; y
+á cada una de esas mudanzas, á cada una de esas renovaciones, por
+decirlo así, se ha dado el nombre de civilizacion; de modo, que podrémos
+decir que ha pasado por varias civilizaciones. Para el objeto que nos
+ocupa, bastará enumerar los períodos siguientes: período ó civilizacion
+del Asia; tiempos de Grecia y Roma; tiempos de Esparta; tiempos
+cristianos; tiempos feudales; renacimiento; edad moderna.
+
+El Asia idolatró la materia de dos modos: la materia ruda, el monte, el
+volcan, la serpiente, el cocodrilo; y la materia elemental: la tierra,
+el aire, el agua y el fuego. La adoracion de la materia ruda es la que
+se llama fetiquismo, el cual comprende toda la historia de Siria y de
+Caldea; la adoracion de la materia elemental es lo que se llama
+sabeismo, el cual comprende la tan famosa civilizacion egipcia.
+
+Los griegos idolatraron la materia tambien, pero de otro modo. La
+materia de los griegos no era la materia natural, la que encontraron en
+la creacion, la sustancia visible del universo; era una materia que
+ellos modelaron, era una materia artística. Propiamente hablando, los
+griegos no idolatraron la materia como los asiáticos, sino la forma, el
+contorno, la arquitectura. Aténas idolatró el arte, un arte bello en
+apariencia, feo en realidad; gracioso y seductor en la superficie,
+deforme y repugnante en el fondo; lleno por fuera, vacío por dentro. El
+arte de Grecia es un cuerpo hermoso que no tiene alma, como hay mujeres
+sumamente bellas que no tienen entendimiento ni corazon. Es un magnífico
+pedestal, pero sin estátua; un sábio geroglífico, pero sin pirámide; un
+arcano que no tiene misterios, ó bien un misterio que no tiene arcanos.
+El arte de Aténas es materialista, grosero, impuro. No importa que Vénus
+sea disoluta; el secreto está en que sea hermosa. No importa que el
+demasiado aroma emponzoñe el aire; el secreto está en que se queme
+aroma.
+
+Esparta idolatró tambien; pero de otra manera, con otra intencion: es
+decir, con otra especie de idolatría. El ídolo espartano es la patria, y
+como el guardian de la patria era la guerra, el ídolo espartano es
+tambien la guerra. No hay individuo, no hay familia, no hay hogar, no
+hay casa; no hay más que nacion. El hombre se ha sacrificado al país; el
+fraile se ha sacrificado al convento; el creador se ha sacrificado á la
+criatura.
+
+El Asia vivia en la fascinacion, Grecia y Roma en la fantasía; Esparta
+en el comunismo guerrero.
+
+El Asia coge la religion, la ciencia, la moral, la política, el arte,
+todo, y lo quema en nombre del volcan ó del astro.
+
+La Grecia echa por tierra el ara de aquellos sacrificios, remueve las
+arenas y las momias del Asia, cierne las cenizas del fuego pasado,
+coloca en la urna de su genio el polvo del arte, lo amasa á su modo, lo
+compone, lo crea, y quema todo lo demás en nombre de su hermoso y
+brillante ídolo.
+
+La Esparta acude, ve que todo arde, que todo se sacrifica allí, alarga
+una mano atrevida, valerosa, pujante, y aparta sólo la política de aquel
+gran holocausto.
+
+Materia, forma, patria, hé aquí los tres símbolos de esas tres edades,
+de esas tres civilizaciones, de esos tres grandes y célebres reinados
+históricos.
+
+Nace despues en un cielo muy claro, muy limpio, muy sereno, muy
+apacible; nace, repito, el sol venturoso que alumbra un establo de la
+humilde Belém; nace el astro puro que vivificó todo el ambiente y toda
+la tierra; nace el astro que alumbró la venida de Jesus, y el hombre,
+sin conocerlo ni sentirlo, va penetrando en su raciocinio, en su
+conciencia, en su voluntad, en su imaginacion, en su sentimiento, en su
+creencia, en su trabajo; sin comprenderlo, sin adivinarlo, sin
+presumirlo, por virtud de un espíritu que está en la mente de la
+Providencia, como está el aire en los espacios de la atmósfera, el
+hombre comenzó á penetrar en todo él, á comunicarse con él mismo en
+todas sus fuerzas y relaciones; comenzó á conocerse, á conocer al
+hombre, á conocer la naturaleza, á conocer á Dios. El hombre cristiano
+vivió para la ciencia, para la moral, para el dogma, para la política,
+para el arte, para la industria, para el comercio, para el oficio, para
+todo lo que encontró en el universo; porque ese universo, todo ese
+cúmulo de poder, de grandeza y de gloria, era la alta ciudadanía que
+daba Dios al nuevo ciudadano. ¡Mudanza portentosa! ¡Trasformacion
+inconcebible y adorable! ¡Catástrofe divina! El mundo piensa, cree,
+elige, discute, imagina, siente, trabaja; calla la sinagoga judía;
+callan los agüeros paganos; callan los oráculos gentiles; callan los
+dioses mitológicos; callan los geroglíficos egipcios; los ídolos callan,
+callan para siempre; muchas sepulturas se abren, muchos muertos
+asoman.... Otro mundo principia, otro rey manda, otro Dios gobierna.
+
+El Asia, Grecia, Esparta y Roma, dieron al hombre lo que ellas crearon
+para él.
+
+El cristianismo ha dado al hombre lo que para él ha creado el cielo.
+
+El mundo se creó sustancialmente en el génesis de Moisés.
+
+El mundo se creó espiritualmente en el génesis de Jesus.
+
+El cristianismo es la renovacion moral de la vida; la reconstruccion de
+la primitiva casa del hombre. Para el espíritu de la moral cristiana, el
+ciego ve, el sordo oye, corre el tullido, sana el enfermo, el pobre es
+rico, el pequeño es grande, el ignorante es sábio, el extranjero es
+nuestro hermano.... ¿No le parece á usted todo esto inmensamente grande?
+¿No le parece á usted inmensa y providencialmente grande, inmensa y
+santamente providencial, providencial é inmensamente santo?
+
+--Sí, señor, contestó el ingeniero.
+
+--Pues bien, repuse yo, ahí está Horacio Vernet; ahí están los cuadros
+de Versalles; ahí están aquellas preciosas batallas.
+
+Cada una de las renovaciones que ha operado en el mundo la ley
+cristiana, tiene sus artífices, sus personajes, sus creadores, sus
+artistas históricos, si así puede decirse. Uno de esos grandes artistas,
+de esos creadores, de esos personajes de la historia; uno de esos
+grandes obreros del gran taller, del taller cristiano, es el modesto, el
+retirado, el humilde, el glorioso Horacio Vernet. Horacio Vernet es en
+pintura, lo que San Bernardo en religion, lo que San Agustin en moral,
+lo que Descartes en filosofía, lo que Bichat en ciencia, lo que Federico
+de Prusia en política, lo que Guttemberg y Colon en el invento, lo que
+el Dante en la poesía épica, lo que Petrarca en la poesía lírica, lo que
+Shakspeare en la dramática, lo que Cervantes en el romance y en la
+novela, lo que Bellini é Hyden en música, lo que Montgolfier, Vaucauson
+y Fulton en industria y comercio. Un gran renovador de la humanidad, un
+poderoso artista de la historia, eso es lo que vimos ayer en Versalles;
+ese es Horacio Vernet.
+
+Para el pintor del Asia, la pintura era un ídolo.
+
+Para el pintor de Grecia, una Vénus, un héroe, unas bodas.
+
+Para el pintor de Esparta, un guerrero.
+
+Para el pintor feudal, un señor ó un fraile.
+
+Para el pintor del renacimiento, un rey ó un santo.
+
+Para Horacio Vernet es el hombre; el hombre muerto en aquel campo de
+batalla; aquel hombre puesto boca abajo, solo, abandonado de todo el
+mundo, sin más testigos que una piedra, una mata y el cielo; aquel
+hombre muerto para la materia, lleno de vida y de verdad para el arte,
+para la moral y para el dogma; aquel hombre tan lleno de vida y de
+belleza, que aún estando difunto, que aún siendo cadáver, parece ser el
+habitador de aquel desierto, el genio imponente de aquella soledad. Se
+dice que el arte de Vernet es una escuela puramente social, profana,
+protestante: ¡No! ¡Mil veces no! Eso sólo puede decirlo la ignorancia, ó
+el odio, ó la calumnia. La pintura de Horacio Vernet no sólo es un arte
+atrevido, fecundo, armonioso, patético, ardiente, sino un arte maduro,
+pensador, ferviente, religioso, religiosísimo. Es el arte sublime de la
+madre que llora por su hijo, que se va á la guerra; el hijo, que es tal
+vez aquel hombre muerto en un escampado. La pintura que vimos ayer en
+Versalles, es el arte de la lágrima cristiana, como he dicho en estos
+apuntes más de una vez.
+
+--Mas ¿por qué, preguntó el ingeniero, cuenta usted á Colon entre los
+genios inventores?
+
+--Porque en Colon, respondí yo, lo mismo se halla la ciencia austera y
+convencida que nos demuestra una verdad, como la afortunada inspiracion
+del que inventa, como la idealidad poética del que adivina, como la
+hábil diligencia del que ejecuta, como la valentía del que pelea, como
+el instinto del que organiza. Colon presiente un nuevo mundo, del mismo
+modo que mueve el timon de una nave, del mismo modo que desnuda la
+espada, ó que mira la brújula, ó que conquista un territorio, ó que
+enarbola el estandarte de la redencion. Colon es tan sábio como poeta,
+tan poeta como marinero, tan marinero como inventor, tan inventor como
+soldado, tan soldado como caudillo; en una palabra, servia tanto para
+menestral como para príncipe, ó para príncipe como para menestral.
+Despues de la esperanza que el hombre tiene en Dios, lo más grande del
+mundo es el genio, y Colon es uno de los genios más grandes de que puede
+gloriarse el mundo.
+
+--¿Quién cree usted que es más grande, Colon ó Napoleon I?
+
+--Colon, incomparablemente más.
+
+--¿Y entre Colon y Hernan Cortés?
+
+-Colon.
+
+--¿Y entre Colon y Washington?
+
+--Colon.
+
+--¿Y entre Colon y Horacio Vernet?
+
+--Ambos: ambos trabajaron, no para un pueblo, no para su gloria, sino
+para todos; para el pensamiento cristiano. Conquistaron un mundo, y se
+lo dieron á la humanidad sin orgullo y sin pompa.
+
+--¿Y qué artífices tiene nuestro país en la renovacion cristiana? ¿Será
+cosa que España no tenga á nadie en esa segunda humanidad?
+
+--Sí tiene; tiene á San Isidoro de Sevilla, en erudicion; á D. Alonso el
+Sábio, en leyes; á Santa Teresa de Jesus, en disciplina y en ejemplo; á
+Juan de Mena, el marqués de Santillana, Garcilaso, Fray Luis de Leon,
+los Argensolas, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Rioja y Herrera, en
+poesía lírica; á Calderon, en poesía dramática; al soldado Alonso de
+Ercilla, en poesía épica; al autor del _Quijote_, en el romance; á
+Blasco de Garay, en el invento; al Padre Mariana, en historia; al Padre
+Isla, en sátira; al Padre Feijóo, en crítica; á Vives, en literatura
+filosófica; á Campomanes, en organizacion social; á Jovellanos, en
+economía; á Florez Estrada, en hacienda; y así otros muchos que no
+recuerdo en este instante.
+
+--¿Comprende usted ahora, pregunté al ingeniero, la importancia de la
+pintura de Horacio Vernet? ¿Comprende usted ahora la importancia, el
+carácter profundo y el profundo sentido histórico de ese gran pintor?
+
+--Sí señor, ahora lo comprendo.
+
+A renglon seguido me preguntó cuándo nos veriamos; le ofrecí visitarle;
+se despidió con un hidalgo y fervoroso apreton de manos, y mi mujer y yo
+quedamos solos. Mi compañera se vistió en un santi-amen; cátanos en la
+calle, mi querido lector, á los pocos minutos.
+
+Apenas salimos del portal de la fonda, cuando veo pasar á una jóven muy
+alambicada, con mucho adobo, mucho menjuge y alguna sobra de eso que
+llaman colorete, la cual volvia el rostro con mucha frecuencia. Á mí se
+me ocurrió la siguiente quintilla, sin embargo de no pertenecer _al
+gremio de los trovadores_.
+
+ Vuelves el rostro bruñido;
+ ¿Qué se te perdió, doncella?
+ Y contestó un atrevido:
+ «No, nada se la ha perdido,
+ Es que se ha perdido ella.»
+
+Seguimos hasta la calle de Richelieu, y al doblar á mano derecha, como
+quien va al boulevart de los Italianos, vemos dos señoras que se apean
+de un coche. La una es de cierta edad, y va vestida como conviene; la
+otra es jóven, vivaracha como una ardilla, debe hablar como una cotorra,
+y lleva un aderezo encarnado con lazos rabiosos, hojuelas doradas y
+relumbrones. Al ver tanto arrumaco, y tanto perifollo, y tanto
+ringorrango, y tantos peregiles, como decimos por allá, se me ocurrió
+otro verso.
+
+
+ Tan compuesta ayer te ví
+ Que loco me enamoré;
+ Mas la verdad, hoy no sé
+ Si fué del traje ó de tí.
+
+Esto debe decirse de todas las jóvenes que, llevadas de la pasion
+funesta de que las adoren por el vestido, suponen al traje un encanto
+que es el secreto de la modestia, del recato, de la sencillez y de la
+virtud. ¿No conocen las jóvenes que una tela no puede inspirarnos amor?
+¡Quieren ser ídolos muy ataviados, muy bonitos por fuera! ¡Ay! Ese ídolo
+es adorado un dia, luego se ve que es barro; el idólatra se avergüenza;
+se retira á escondidas del falso culto, y el dios fingido cae del altar.
+Esos lazos color de sangre, esas hojuelas relucientes, esos reflejos y
+esos prismas, son teas engañosas que alumbran en la calle, en la
+tertulia, en el festin; el interior de la casa, el interior de la
+familia, el corazon del hombre está á oscuras.
+
+Limpieza, recato, virtud y una flor, una flor sencilla, una flor del
+campo, una flor pura y olorosa: hé aquí el traje más rico de una jóven;
+hé aquí la gala más preciosa, la de más efecto, la que más enamora á los
+hombres sensatos, á los hombres que son capaces de hacer feliz á una
+mujer. Si el cielo me hubiera concedido una hija, no me cansaria de
+repetírselo dia y noche. El lujo, el excesivo ornato, el loco deseo de
+dar al artificio lo que debe ser obra de la naturaleza; más claro, el
+extravagante y loco deseo de encantar al hombre, presentándose á sus
+ojos con el ridículo atavío de una muñeca, cuando Dios no ha dado aquel
+encanto á la muñeca, sino á la mujer, es positivamente lo que ha causado
+más desgracias en este mundo, y desgracias las más irremediables y
+lastimosas. Aquella pasion funestísima, aquel prurito inconcebible, ha
+hecho más víctimas que las pestes, las plagas, las hambres y las
+guerras. Es un cólera morbo que no se va nunca, que siempre está
+diezmando la poblacion. Es el vómito negro, ó la fiebre amarilla de las
+mujeres; la más peligrosa y pestilente de las enfermedades endémicas.
+
+Jóven, en cuyas manos caiga por casualidad este libro, cree lo que te
+dice un hombre que tiene ya canas, que comprende algo de los achaques de
+la vida, algo de los achaques de la mujer, y que sin conocerte, desea
+verdaderamente tu felicidad, como desea la felicidad de todo el mundo:
+no te dejes llevar de reflejos que lucen por fuera; no ahogues tu alma,
+no ahogues tu corazon, no ahogues un deseo que te ha dado el que creó el
+sol y las estrellas; no ahogues el encanto que te ha dado Dios, el
+encanto que está en tí misma, que va contigo; no ahogues esa virtud
+divina dentro de una hojuela dorada, de un lazo encarnado, de un prisma
+azul ó verde. No sacrifiques el brillante que se cria en el cielo y en
+tu alma, al otro diamante que se cria en el monte, y que puede ser el
+pago infame que da el vicio á la mujer que pone en olvido sus deberes.
+Yendo muy compuesta, puede suceder que te mires un dia al espejo, y que
+palidezcas y te sonrojes. Yendo aseada y limpia, limpia de alma y
+cuerpo, mírate al espejo sin cuidado; mírate cuando quieras; la mirada
+ingénua de la que obra bien llenará tu pecho de alegría. No lo olvides
+por Dios, jóven que leas estos pobres apuntes: limpieza, recato,
+sencillez, virtud y una flor; deja lo demás al cuidado del cielo; un
+hombre te amará, te amará de veras, como tú deseas ser amada, y serás
+venturosa hasta en tus hijos.
+
+Es casi seguro que mis lectores se cansarán de estos sermones
+indigestos; pero me atrevo á suplicarles indulgencia, en gracia al menos
+de la buena intencion con que lo hago. ¡Quién sabe si alguna mujer, al
+ver estas líneas, sale del abismo de la perdicion, del abismo del lujo,
+de la idolatría de los aderezos, de las joyas y de las galas! ¡Quién
+sabe si mis fervorosos consejos pueden hacer algun bien en el mundo! El
+verdadero escritor, el escritor de buena fe y de buen deseo, es tambien
+un ministro de la moral, un sacerdote de la religion. Mi querido lector,
+perdóname. Imploro tu indulgencia por mis predicaciones, y vuelvo á
+predicar cuando quiero excusarme de haber predicado. Hago lo que aquel
+que se arrepentia de arrepentirse de haberse arrepentido.
+
+Salimos al alegre y hermoso boulevar de los Italianos. ¡Greñas de
+Sanson! Las fotografías inundan este pueblo, como la langosta inunda los
+campos. Retratos para medallones, para sortijas, para guardapelos, para
+tarjetas, para cartas, para todo. Creo que llegará tiempo en que un
+zapatero ponga su retrato fotografiado en la suela de cada zapato que
+hace, y en que los aguadores peguen tambien su estampa con engrudo, en
+el _frontispicio_ de la cuba, como medio de identificar la persona.
+Creo, y lo digo formal, que dentro de poco serán inútiles las cédulas de
+vecindad, llevando cada cual su fotografía en el bolsillo, ó pegada al
+pecho á guisa de medalla ó de cruz. El fotógrafo sucederá al agente de
+policía. Á mí se me ocurre otro verso:
+
+ Retrátate, sí, Torcuato;
+ Basta de hablar: ¡pronto! ¡pronto!
+ Hoy no se puede ser tonto....
+ Si no lo dice el retrato.
+
+En una de las esquinas de la calle de Lepelletier, hemos visto un marco
+con el retrato de un señor muy gordo, cuyo señor, segun se dice, cuenta
+con probabilidades de salir presidente del congreso de diputados. Este
+buen señor se llama _Monsieur Chou_, que es como si dijéramos en
+castellano _el señor Col_. Con este motivo (¡maldicion!) se me ocurre
+otro verso. Estoy escandalizado de mí mismo. Nunca me he dado á la
+poesía, y en cuanto hoy miro veo redondillas castellanas. Vamos al
+presunto presidente.
+
+ Monsieur Col, el hombre grueso,
+ De presidente saldrá,
+ Y de este modo tendrá
+ Verdura todo el Congreso.
+
+A los veinte pasos del retrato del _señor Col_, vimos venir como una
+procesion de hombres, en el momento de desembocar de la calle de
+Provenza. Nos emparejamos con la procesion (tal nos parecia á nosotros),
+pregunté á un tendero que se habia asomado á la puerta, atraido por la
+novedad, y este hombre me dice que es una sociedad de judíos, la cual
+celebra no sé qué fiesta religiosa, en solemnidad de la apertura de un
+ferro-carril, canal, ó cosa semejante. Prosiguiendo yo en mi manía de
+ver versos en todo, hasta en la fiesta de los judíos, me acordé de un
+epigrama de D. Narciso Serra, que mis lectores no podrán comprender, sin
+cuatro palabras que expliquen el caso. Habia en Madrid una empresa ó
+sociedad dramática, que tocaba su ruina con la mano, sino con la mano
+con el bolsillo, (¡cosa tan de moda en las empresas teatrales de
+Madrid!) y en las boqueadas de la agonía, resuelve celebrar el
+aniversario de Lope de Vega. Y para que este aniversario causara más
+rumor en el ánimo público, y acudiera gente al teatro, se anunció en
+algunos periódicos que se diria una misa por el alma de aquel ilustre
+ingenio, á cuya misa fuéron invitados varios actores y literatos
+distinguidos, entre ellos D. Narciso Serra, que dijo á los socios, antes
+de principiar la ceremonia:
+
+ En esta misa de pega,
+ Presumo que cada socio
+ Rezará por su negocio
+ Más que por Lope de Vega.
+
+Esto digo yo de la sociedad de judíos. Más que del espíritu de Jehová,
+se acordarán indudablemente del tanto por ciento que se prometen del
+canal ó del ferro-carril.
+
+Entramos en el célebre restaurant de la Sílfide, nos sentamos, se llega
+un garçon ... pero basta por hoy, mis queridos lectores. Para mañana
+tengo un plan oculto. Pienso levantarme muy temprano, y sin que lo sepa
+mi mujer, me iré al Luxemburgo, visitaré el palacio, pasearé por las
+alamedas, luego tomaré el ómnibus que va á San Cloud, partiendo del
+palacio Real y haciendo escala en el arco del Triunfo, y me alargaré
+hasta el famoso bosque de Bolonia.
+
+
+
+
+=Dia décimo nono=.
+
+Omnibus.--El Paris de acá y el Paris de allá.--Palacio de
+Luxemburgo.--Sus estátuas, sus paseos.--Mujeres del pueblo que hacen
+labores manuales en las glorietas.--Bosque de Bolonia.
+--Catelan.--fisonomías diferentes de los garçones de mi
+hotel.--Pesares.
+
+
+Antes de las siete de la mañana estoy situado en una esquina de la calle
+de Richelieu, dando cara al magnífico bulevar de los Italianos. Espero
+el ómnibus que va al palacio de Luxemburgo.
+
+Durante once minutos que he permanecido cerca de la esquina, han
+atravesado el bulevar de los Italianos cuarenta y nueve ómnibus con
+veinte personas cada uno, diez en el interior y otras diez en el
+imperial. Suponiendo que en el trascurso de toda la carrera se renueven
+tres veces los pasajeros, los cuarenta y nueve ómnibus operarian un
+trasporte de cuatro mil personas próximamente.
+
+Este cálculo no debe parecer exagerado á los lectores, cuando he visto
+ayer en un periódico semi-oficial, que existen en circulacion
+cuatrocientos sesenta y tres ómnibus, trescientos sesenta y nueve para
+las varias carreras de Paris, y noventa y cuatro para los puntos
+circunvecinos.
+
+Los cuatrocientos sesenta y tres ómnibus de que hablo, han andado por
+dia ocho mil trescientas diez y seis leguas, ó sea al año tres millones,
+treinta y tres mil setecientas cuarenta.
+
+Los viajaros trasportados en todas las líneas han subido á más de
+cuarenta y nueve millones y medio (49.590.421) en 1856, y á más de
+sesenta millones en 1857 (60.067.147), resultando un exceso de más de
+diez millones de transeuntes á favor de la última época.
+
+El producto de los ómnibus destinados al servicio especial de Paris,
+montó en 1857 á treinta y seis millones y medio de reales.
+
+Al fin pasó el ómnibus que va á Luxemburgo por las Tullerías y el Puente
+Nuevo, y subí al imperial. Me parece que voy sentado sobre la azotea de
+una pequeña casa ambulante.
+
+A los veinte minutos estábamos en nuestro destino, despues de haber
+atravesado varias calles estrechas que no se parecen en nada á las
+anchas y bulliciosas del otro Paris. Note el lector que en Paris hay dos
+poblaciones distintas, distincion marcada por el curso del rio. Cada
+orilla es una frontera de aquellos dos países, representantes de dos
+grandes períodos históricos, de dos grandes razas sociales, si así puede
+decirse. Hay el Paris de la tradicion, y el Paris de las creaciones
+modernas: en el primero habitan con predileccion los nobles y los ricos
+que buscan silencio, despues de haber buscado una buena renta entre el
+bullicio y la algazara. En el segundo habitan los comerciantes, los
+banqueros, los cambistas, las gentes de moda, de actualidad, gentes que
+quieren producir efectos cómicos ó trágicos, y los miles y miles de
+curiosos y de negociantes extranjeros que este gran centro llama.
+
+Estas dos varias sociedades que se disputan el señorío de Paris, el
+giron de un mundo que ha caducado ya, y el otro giron de un mundo que no
+se ha organizado todavía, están simbolizados en dos edificios:
+_Luxemburgo y la Bolsa_.
+
+Luxemburgo es el monumento del privilegio y de la renta.
+
+La Bolsa es el templo del movimiento, de la creacion y del cambio.
+
+Las Tullerías están situadas entre estos dos mundos antagonistas, como
+si quisieran participar del recuerdo del uno y de la fuerza del otro,
+presentándose como un tratado de paz entre ambos.
+
+El Luxemburgo es un palacio inmenso, grave, solitario, majestuoso. Su
+fábrica se halla en muy buen estado, y no obstante, despierta en nuestro
+ánimo esos recuerdos señoriales que parecen dormir entre las ruinas
+negruzcas de un antiguo castillo.
+
+Tiene una espaciosa glorieta, con surtidores, grupos y estátuas, además
+de un hermoso y bien asistido paseo.
+
+Al examinar las muchas estátuas que siembran estos silenciosos lugares,
+he notado que la demasiada asistencia, el demasiado esmero y el excesivo
+aliño de que aquí son objeto todas las cosas, quitan á las concepciones
+artísticas el encanto del arte, el aura indefinible y deliciosa que lo
+rodea en otros países. Aquí todo parece lo mismo, porque el cuidado que
+está en todas partes lo nivela todo, despojando á la obra del hombre de
+esas variedades de siglo y de lugar que constituyen el gusto maestro de
+la naturaleza.
+
+Un poco de limo verdoso en una estátua la comunica la sancion venerable
+del tiempo, el sentimiento inexplicable de la historia; y este espíritu
+vago y armonioso á la vez, este espíritu que viene á denotarnos el
+contraste que resulta entre lo transitorio de la piedra humedecida por
+un poco de limo, y lo eterno de la moral que aquella piedra simboliza;
+esta vaguedad espontánea, sencilla, verdadera, invisible, que va y viene
+entre lo que se toca y lo que se adivina, entre el limo y el genio, es
+precisamente la pincelada que da al arte su sentido más ideal, más bello
+y más profundo, porque es el sentido más conforme á la poesía de la
+creacion, es decir, á la poesía inimitable de la verdad.
+
+No hay naturalidad en estas creaciones; la naturalidad con que la yerba
+es verde, con que el cielo es azul, con que la estrella nos envia sus
+luces plateadas. Noto cierto entumecimiento en este arte; es creador,
+infatigable, jóven; pero parece un jóven tullido; un tullido que no
+puede moverse sin que la paralísis le arranque un dolor y una queja. No
+sé si me equivoco; pero esto es lo que me dicta mi sentimiento, ageno á
+toda preocupacion de envidia, de odio ó de historia. Es un arte
+magnífico, colosal; pero le falta un no sé qué de arte.
+
+Despues de examinar las estátuas, me interné en el paseo, y vi con mucho
+gusto á varias familias artesanas haciendo labores manuales, bajo los
+árboles de las glorietas. Esta costumbre es verdaderamente pintoresca,
+infantil, encantadora, patriarcal. No he visto en mi vida á esas
+mujeres, no las he mirado á la cara, y las tengo cariño, porque tengo
+cariño á las yerbas que tocan, á esta vida que llevan, á este aire que
+respiran.
+
+Me interné más en los jardines, y me ví solo; no tenia más compañeros
+que las flores y el rumor indeciso de una leve brisa de verano, y me
+parecia que distaba de Paris muchas leguas.
+
+¡Cuánto preferiria una gruta aquí al hotel de la calle Feydeau! ¡Cuánto
+más grata me seria esa casita que estoy viendo, cerca de la estátua del
+pintor Lessueur!
+
+Ahora me siento enfrente de la estátua. Unos ramos de madreselva se
+agitan suavemente sobre mi sombrero. ¡Qué bien me encuentro aquí! Me
+parece que soy mejor, y que me amo más á mí propio. Á un tiempo oigo el
+acompasado y casi imperceptible susurro del viento entre las hojas de
+los árboles, el ruido lejano de agua corriente, el acento festivo de
+unos niños que juegan, y el clamoreo confuso que nos anuncia la
+proximidad de una gran poblacion, como el sordo rumor del oleaje nos
+anuncia la cercanía del Océano.
+
+Me acordé que tenia que volver á Paris, y sentí dos cosas: repugnancia y
+temor, casi miedo.
+
+Soledad, encanto del triste, encanto de mi corazon, vírgen de mis
+pesares, vírgen de mi alma; si amas, si esperas algo en este mundo, dame
+tus amores y tus esperanzas. Si tienes dolores, si tienes misterios,
+dame tus misterios y tus dolores.
+
+Al poco tiempo subia en un ómnibus que me llevó al Palacio Real, y luego
+en otro que tenia la carrera de San Club, haciendo escala en el arco de
+la Estrella. Allí me apeé y seguí hasta el bosque de Bolonia.
+
+El bosque de Bolonia no es un paseo, propiamente hablando: es una selva
+que tiene leguas de extension: es el desahogo de las gentes de carruaje
+que van allí, como se va á tomar aires al campo. Se encuentra cascada,
+lago, isleta en medio con puentes rústicos, de un aspecto gracioso;
+chinescos, barquillas, circo y muchos espectáculos de varios géneros.
+
+Yo me interné hasta donde logré quedarme solo, sin oir otra cosa que el
+ruido confuso de los coches y el crugido del látigo.
+
+Me senté un instante sobre la yerba, y me vi halagado por una expansion
+y un bienestar que no experimentaba desde nuestra llegada á Paris. Me
+parecia que en aquel momento recobraba la libertad, y sentia por la luz
+esa especie de religiosa gratitud que siente el cautivo. Miraba hácia
+bajo, y veia musgo verde; miraba en torno mio, y veia árboles; miraba á
+lo alto, y veia cielo. Sentado en una piedra solitaria, á despecho mio,
+me acude la idea de Andalucía, la idea del país en donde he nacido y me
+he criado. Hace veintidos años que dejé la casa paterna; volví á los
+nueve con el deseo de abrazar á mi madre; pero no pude verla; no estaba
+en el mundo; habia muerto. Á la hora de morir, cinco hijos rodeaban su
+lecho, uno faltaba. Mi madre diria en su corazon: «¡bien se lo dije! ¡El
+tiene la culpa; me muero sin verle!» ¡Tenga Dios misericordia de mí!
+
+Mi madre no vivia; pero la Providencia ha dado lágrimas al hombre para
+lavar con ellas sus pecados, sus olvidos, sus yerros; y lágrimas
+ardientes y fervorosas humedecieron el sepulcro de la que me dió el sér.
+¡Gloria! ¡Sueño terrible! ¡Angel cruel, cuánto has comido de mi alma y
+de mi cuerpo! ¡Quién lo hubiera sabido! ¡Quién hubiera podido
+adivinarlo! Los campos en donde pasé mi niñez no me hubieran visto
+desertar; el Océano no hubiera dejado de oir mi pobre voz; yo hubiera
+visto morir á mi madre y á mis hermanos. Una humilde choza por vivienda;
+un saco de paja por lecho; un haz de enea por almohada; una honrada
+esteva por oficio; pan, agua y salud por alimento; un ramo de tomillo
+por corona; los bosques, los mares y los cielos por poesía; el Dios que
+llena al mundo por esperanza; ¿qué más podia apetecer? Tú tenias razon,
+madre de mi alma; tú me decias bien, madre de mi vida. Te desobedecí,
+fuí ingrato á tu amor, fuí sordo á tu llanto, y el cielo me castiga por
+aquella culpa. Pero tú que fuiste tan buena, tan paciente, tan generosa;
+tú que tanto sufriste, que tanto lloraste, madre de mi vida, madre de mi
+alma, tú perdonarás á tu hijo.
+
+Apenas me desembarace de ciertos asuntos que me tienen amarrado en
+Madrid; más claro, apenas logre reunir algun dinero, me iré á Sevilla,
+mandaré hacer una losa, pasaré á la raya de Portugal, y yo mismo la
+colocaré en una sepultura, en nombre de todos mis hermanos. Ya tengo
+hecho el epitafio, el cual pertenece tambien á mis lectores; hélo aquí.
+
+«FILOMENA, JOAQUINA, NICOLÁS, AMPARO, HERMENEGILDA Y ROQUE,
+Á SU ADORADA MADRE.»
+
+ «Tras estos mármoles fijos
+ Verá nuestra amante fe,
+ Que una madre siempre ve
+ Las lágrimas de sus hijos.»
+
+Lector mio, cuando esta obra se publique, no te parezca cara. No tengo
+otro sueldo, ni otro patrimonio que mi trabajo personal, mi trabajo de
+sol á sol como humilde obrero de la inteligencia, y de esta obra he de
+sacar más de mil duros que habré tenido que gastar para escribirla, y si
+pudiera ser, para comprar la lápida de mi madre.
+
+Medio enternecido y medio lloroso me levanté de aquella piedra, y empecé
+á dar vueltas por allí. Miré á todos lados, no habia nadie ¡qué
+felicidad! Hay ciertos instantes en que los hombres me inspiran miedo;
+ciertos instantes en que el silencio es mi más dulce compañía.
+
+Caminando despues al acaso, encontré una pequeña columna. La piedra es
+historia tambien, y me vino en deseo conocer la historia de aquella
+piedra. Héla aquí tal como ha llegado á mis oídos.
+
+Hubo un francés apellidado _Catelan_, el cual vivia santamente en
+Provincias. Á este Catelan se ocurrió la idea (cualquiera otra le
+hubiera salido mejor) de trillar el camino de Paris, con el objeto de
+conducir varios presentes al rey de entonces. No me acuerdo en este
+momento qué rey era; pero desde luego debe suponerse que un rey de
+antaño debia ser, porque al morirse aquel Catelan, comenzaron á morirse
+los Catelanes que trillan caminos para hacer presentes.
+
+Púsose en marcha aquel bendito hombre, despues de haberse confesado,
+porque tambien hubo un tiempo en Francia en que el cristiano tenia que
+proveerse de la confesion, como del primer artículo del viaje.
+
+Noticioso el monarca de la venida del buen Catelan, ó de los presentes
+que Catelan traia, ora fuese por Catelan, ora por los presentes, porque
+la tradicion no aclara este punto, envió un piquete de soldados bajo el
+mando de un capitan, cuyo piquete tenia por fin el guardar al espléndido
+provinciano de los bandoleros y asesinos que infestaban á la sazon el
+bosque de Bolonia. Sépalo el brillante Alejandro Dumas. Hubo tiempo en
+que los vasallos se confesaban para caminar; tiempo en que los
+bandoleros y asesinos empedraban el bosque de Bolonia, si el gran
+novelista me permite la palabra empedrar.
+
+El capitan que mandaba la escolta se situó en los puntos convenientes,
+el buen viajero se vió libre de los huéspedes habituales del bosque,
+pero ¡cosa imprevista! no se vió libre del capitan. El capitan de los
+soldados se puso en lugar de los bandidos, y el pobre Catelan fué robado
+y muerto.
+
+Mucho tiempo despues tuvo lugar un baile en palacio, y una señora de las
+asistentes llevaba un objeto de que constaba ser portador el asesinado
+en el bosque de Bolonia. Dieron principio las sospechas, luego las
+pesquisas, por fin se adquirió la evidencia del crímen, el capitan fué
+ahorcado, y el célebre bosque vió alzarse una piedra en obsequio y honra
+del fiel vasallo Catelan.
+
+Esto es, punto más, punto menos, lo que acerca de esta columna cuenta la
+tradicion, y no deja en verdad de ser un consejo provechoso.
+
+Parece imposible que este bosque tan concurrido, tan guardado, el paseo
+de la alta sociedad de Paris, el refugio y el embeleso de las gentes de
+coche y librea, haya sido un tiempo guarida de asesinos y de ladrones.
+
+Sin embargo, hoy se invoca aún por cierta escuela la moralidad de
+aquellos tiempos. Cierta escuela grita aterrada que tocamos ya un
+período disolvente, que nos precipitamos por instantes en un abismo de
+perdicion. La escuela á que me refiero dice bien: corremos por instantes
+á la disolucion.... de dicha escuela.
+
+A las once en punto entraba en el patio del hotel de Feydeau. Los
+garçones me hicieron un saludo apenas perceptible. Esto quiere decir que
+no iba bien vestido. En efecto, mi mujer y yo hemos notado repetidas
+veces, que los saludos son más ó menos afectuosos, más ó menos
+cumplidos, á proporcion del traje que llevamos. Esto es un motivo
+curioso de estudio, porque el lector comprenderá sin duda las infinitas
+gradaciones que deben mediar, desde balbucear los buenos dias á un
+mendigo, hasta doblar ambas rodillas ante un emperador.
+
+¡Ay! ¡Cuándo y dónde, encontraré un pueblo en la tierra, en que no se me
+mire al pecho y á los piés, como para ver si llevo cadena y bota de
+charol; para ver si pueden esperar de mí una _propina_; sino que se me
+mire á la frente y á los ojos, para ver si tengo talento y bondad con
+que hacer un bien á este mundo!
+
+¡Cuánta fe necesita el hombre para que su alma no se cáuterice, al tocar
+la hiel corrosiva de estas nauseabundas experiencias!
+
+No siento odio; acaso no siento desprecio tampoco, pero siento una
+profunda lástima, y sobre todo un profundo dolor.
+
+Este es quizá un malvado, un holgazan, un idiota.
+
+--¿Lleva cadena?
+
+-Sí.
+
+--¿Lleva brillantes?
+
+-Sí.
+
+--¿Va en coche?
+
+--Sí.
+
+--¿Se inclinan ante él sus lacayos?
+
+-Sí.
+
+--¿Quién es?
+
+--Un semi-Dios.
+
+Este otro es honrado, caritativo, afectuoso, creador, valiente.
+
+--¿Lleva los bigotes untados con resina á izquierda y derecha, como si
+fuese pregonando la guerra al gran turco?
+
+--No.
+
+--¿Lleva cadena?
+
+--No.
+
+--¿Lleva brillantes?
+
+-No.
+
+--¿Va en coche?
+
+--No.
+
+--¿Tiene una librea que le idolatre?
+
+-No.
+
+--¿Quién es?
+
+--Nada; un pobre diablo.
+
+Si esto fuese verdad; si esta fuese la ley moral del mundo, si esta hiel
+que devora fuese el espíritu de la creacion ¡qué horrible seria la
+Omnipotencia del que hizo al hombre! ¡Qué horrible seria la Omnipotencia
+del que nos creó, para corroer nuestras entrañas con aquella ponzoña!
+
+Afortunadamente no es así; entre aparentes contradicciones, Dios triunfa
+siempre; entre huracanes y nublados, el sol siempre brilla.
+
+Mi mujer me esperaba con impaciencia; almorzamos en el restaurant de la
+calle del Banco, y empleé la tarde en escribir para _La América_, el
+primer artículo sobre la Europa. De este modo dió fin el dia vigésimo.
+
+
+
+
+=Dia vigésimo=.
+
+Historias.
+
+
+¡Pobre Luisa! Así se llama la mujer vestida de negro. Cuando volvimos de
+almorzar, estuvimos hablando con la lechera, la cual nos reveló secretos
+que nos afligen profundamente. La jóven que habita uno de los cuartos
+principales del hotel de enfrente, no es francesa; es de Pisa, una de
+las más célebres ciudades de Toscana, una de las más bellas ciudades del
+mundo. A Pisa fué, con el objeto de convalecer de una enfermedad, cierto
+estudiante del partido de Rodhese, departamento de Lyon; el tal
+estudiante vió á Luisa, se enamoró de ella, hubo de decírselo, y á ella
+hubo de parecerla bien: si no bien, no debió parecerla mal, por lo que
+luego verán mis lectores. Luisa se enamoró tambien, y esto era necesario
+para que se cumpliese la verdad constante de que las jóvenes se enamoran
+siempre, casi siempre, de lo que ha de hacerlas desgraciadas. Es un
+arcano incomprensible de la edad, una sombra que lleva consigo la
+inocencia. El amante descubre á su familia y á la de la novia, la
+intencion que abriga de unirse á Luisa, y ambas familias se opusieron
+abiertamente, en atencion á la poca edad de los novios, puesto que él no
+tenia veinte años, y ella acababa de cumplir diez y siete. Los novios
+insistieron en sus propósitos, y no sólo insistieron, sino que se amaron
+con más ahinco, se amaron con el frenesí de la prohibicion; más claro,
+se divinizaron en su fantasía, creyéndose héroes de novela, mártires del
+amor. La generalidad de los padres ignora cuánto influye esto, y con
+cuánto cuidado se debe evitar. Creen que esas imaginaciones son
+poesía.... ¡Ah! ellos no saben que la poesía es una de las cosas que más
+arrastran á la humanidad, uno de los poderes más formidables de la vida,
+especialmente cuando todavía hemos vivido poco, cuando la hiel de los
+desengaños no ha acibarado nuestro corazon, cuando nos encontramos en la
+poesía del que sueña, porque todavía no comprende. Sí; entiéndanlo los
+padres; la fantasía, la emocion poética, es lo que más seduce á una
+jóven; eso que ellos creen que es un puro romance de ciegos, es la
+tentacion más fascinadora y más irresistible. El sueño del alma es lo
+que más puede en el hombre y en la mujer, cuando el alma de las mujeres
+y de los hombres se encuentra en la edad de soñar. El estudiante y esa
+pobre mujer de enfrente se _poetizaron_, se creyeron víctimas
+sacrificadas á la violencia, á la tiranía, y no hay poder humano que
+tenga fuerza contra esa apoteosis de la imaginacion. Y cuanto más se
+sufre, cuanto más se padece, cuanto más se llora, tanto más se ama
+aquella desventura, aquella pasion, aquella poesía. Cuantos más dolores
+pasa el mártir, tanto más ama la palma del martirio. Luisa y su amante
+se habian enamorado con un doble afecto: se habian enamorado de sus
+personas y de su infortunio; se amaban por lo que se amaban y por lo que
+sufrian; por lo que sentian y por lo que lloraban; es decir, se amaban
+como amantes y como héroes. Algunos padres continuarán creyendo que
+estas verdades son cuentos de bruja, coplas de Calaino; pero los
+resultados tienen una elocuencia que no miente.
+
+La familia del estudiante le mandó que volviera á Rodhese; pero el
+estudiante no volvia. Los padres de la novia la prohibieron que se
+asomara á los balcones con el fin de ver á su amante; pero la novia se
+asomaba. ¡Poesías! ¡Pura poesía! Bien, contesto yo; serán poesías ó lo
+que ustedes quieran; pero el hecho es que los padres mandaban á la novia
+que no se asomase, y sin embargo la novia se asomaba; el hecho es que la
+familia del estudiante le mandaba que se volviese al departamento de
+Lyon, y sin embargo el estudiante no volvia.
+
+Vista la resistencia del muchacho, sus padres acudieron á la política, á
+que siempre acuden los padres que no tienen talento, ó que no conocen el
+corazon humano. El modo, dicen estos padres, de que el pájaro vuelva á
+la jaula, es hacer de modo que no halle alpiste fuera, y discurriendo
+así, les parece que se han salvado con un golpe supremo de sabiduría.
+¡Qué ignorancia! ¡Qué error! En efecto, el pájaro vuelve á la jaula,
+cuando fuera de ella no encuentra alpiste; vuelve á la jaula para no
+morirse de hambre; pero no vuelve él; vuelve la necesidad que le obliga;
+vuelve el hambre que siente; no vuelve el hijo; vuelve el hambre. ¿Y
+qué? ¿Los padres son padres de esa hambre ó de ese hijo? El pájaro
+vuelve á la jaula, y en ella permanece encerrado, mientras que no rompe
+con el pico algun alambre de la prision. Luego que puede huir, huye.
+Luego que puede tender el vuelo al aire libre, á los rayos del sol, lo
+hace. Pero ¿hace bien ó mal? No lo sé; no quiero saberlo, ni
+averiguarlo, ni aun oirlo. Sé que el prisionero ama la libertad; sé que
+quien está á oscuras ama la luz; sé que quien vive emparedado, desea
+estirar sus miembros, desea moverse, agitarse, respirar; sé que lo desea
+fanáticamente, con un ánsia frenética, con un instinto providencial. Los
+padres que opinan de otro modo están engañados, y mil desgracias que
+ocurran cada dia, vienen real y positivamente, menos de la liviandad de
+los hijos, que de aquel engaño de los padres. _¡Quitarles el alpiste,
+para que vivan encerrados en la jaula!_ No; eso no es tener hijos; eso
+es tener cautivos ó esclavos; eso no es ser padres; eso es ser
+carceleros. Y ¿qué amor quiere un padre que el hijo le tenga, qué
+respeto quiere que el hijo le profese, cómo solicita que el hijo le
+venere y le ame, cuando no se presenta á él como padre, sino como
+cómitre, como tirano, como carcelero?
+
+Yo suplico á los padres que piensan así, que oigan y que contesten; no
+que me contesten de palabra, no que me contesten tampoco por escrito;
+sino que se respondan á sí propios en su conciencia y en su corazon.
+
+Su hijo es un hombre; un hombre que nace para amar, como para amar nació
+su padre. Ese hijo ama en virtud de un instinto superior á su voluntad,
+á sus ideas, á su poder; superior al poder, á las ideas y á la voluntad
+de todo el mundo. ¿Qué intentan los padres contra ese instinto? No
+pueden quitar ese instinto del alma de sus hijos, como no pueden remover
+los montes, ó secarlos mares; ¿qué intentan contra el mar y contra los
+montes?
+
+El amor viene como vienen las plagas, las tormentas, los huracanes;
+como la luz cae de los astros; como el aire corre por la atmósfera. ¿Qué
+intentan los padres contra ese misterio de la vida? ¿Qué quieren hacer
+para que el ambiente no corra, y el huracan no sople, y la luz no
+descienda, y el contagio no infeste, y el trueno no estalle? ¿Qué
+pretenden contra el huracan, contra el contagio, contra el ambiente y
+contra la luz?
+
+Su hijo ama por un derecho providencial; por un derecho de orígen
+divino. Dios se lo ha dado, él lo tiene porque Dios se lo da: ¿qué
+intenta el padre contra lo que da Dios? ¿Qué planes concibe contra la
+Providencia que gobierna á todos, á él tambien? Vengan aquí los padres
+que así opinan, y que respondan.
+
+Nada más absurdo, más bárbaro, más repugnante, que disputar á un padre
+el santo derecho del consejo, de la persuasion, de las lágrimas, hasta
+el enojo, porque muchas veces nos enojamos por lo que queremos, por el
+bien que ansiamos para los objetos de nuestro amor; pero de ningun modo
+puede darse á un padre la facultad de que haga un derecho de la
+violencia, de un abuso, de un atentado. No hay derecho para hacer lo que
+no se debe, por la razon de que no hay abusos legítimos, crímenes
+morales. Una traicion, una verdadera traicion, no es nunca leal. Nada de
+violencia, especialmente la violencia que se ejerce sobre una pasion de
+nuestra alma, una pasion grande, inmensa, divina; sobre todo, en una
+época de nuestra vida en que la pasion entra por tanto, en que la pasion
+es casi todo, porque la juventud no es otra cosa que una pasion.
+Aconsejo á los hijos humildad, respeto, obediencia; más que obediencia;
+veneracion, una veneracion profunda y religiosa. Á los padres no se les
+debe únicamente obedecer, sino venerar; aconsejo á los hijos la
+veneracion; pero no aconsejo á los padres la violencia. El hijo debe
+obedecer; el padre debe aconsejar y persuadir. ¿No alcanzan el consejo,
+la persuasion, la súplica, el llanto, el enojo? Pues hagamos alto;
+encima de la tierra está el cielo; sobre el hombre está Dios. A Dios
+toca lo que el hombre no puede arreglar, y un hombre es el padre.
+
+Hay tres cosas en este mundo, sobre las cuales no puede ponerse una
+mano airada; tres cosas que todos debemos reverenciar, porque son un
+depósito de la Providencia: una idea, una lágrima y un amor. La idea es
+el ángel del pasado; la lágrima es el ángel del presente, el amor es el
+ángel del porvenir; sí, del porvenir, porque la esperanza y la fe son
+los primeros de nuestros amores. Cuando el hombre quiera encender fuego
+para quemar el mundo, quémelo todo; pero que no arrime la tea á esos
+tres ángeles.
+
+Pues volviendo á la historia de Pisa, los padres del novio retiraron al
+hijo el dinero; esto es, quitaron el alpiste al pájaro para que volviera
+á la jaula. El estudiante encontró manera de hacer que su novia supiese
+lo ocurrido, porque no hay manera que no encuentren los que se aman; la
+novia se turba, se turba el novio, ambos se creen perdidos en sus
+ilusiones, se ven, se miran.... ¡Ah! No hay alpiste que valga contra
+estas cosas. Llega un dia en que, al amanecer, se abren las puertas de
+una casa, y una jóven baja la escalera, con un envoltorio en la mano,
+despeinada, trémula, azarosa, paladeando sin cesar, porque la saliva
+pegaba sus labios; esa jóven atraviesa furtivamente algunas calles, mira
+hácia atrás y vuelve á correr, hasta que llega á un punto en donde un
+hombre la esperaba. Cerca de ellos estaba un coche, la portezuela se
+abre, ambos suben, el carruaje empieza su marcha.... Todo está perdido;
+ya no hay remedio. Al dia siguiente estaban en Livorno; al otro dia en
+Génova; al tercero en Marsella, al cuarto en Paris. Se hospedan en uno
+de los muchos hoteles de la calle de Buenavista, de la calle en que
+estamos nosotros, casi enfrente de nuestro hotel. Nuestros lectores
+habrán supuesto seguramente que los viajeros de que hablo son Luisa y el
+estudiante de Rodhese. Con el dinero que ella sacó de la casa paterna,
+vivieron un mes, al cabo del cual el estudiante la manifestó que iba á
+su casa, con el fin de reconciliarse con su familia, y volver á Paris,
+ya para unirse á ella, ya para proseguir sus estudios. Ella lo creyó
+como era natural, y le dió hasta el último maravedí para el viaje. El
+amante partió; llegó á Rodhese, se avino con sus padres, y se determinó
+que fuera á seguir su carrera á Estrasburgo, en donde se halla
+actualmente. Luisa no ha visto de él una sola letra, y tuvo estas
+noticias por medio del amo del hotel, que escribió al país para
+averiguar lo ocurrido. Ella se encuentra sola, en tierra extraña, sin
+honor, sin medios, sin amigos, sin ayuda, sin esperanza, sin saber qué
+hacer, ni qué pensar, ni qué discurrir. Dice que no quiere vivir de ese
+modo, que anhela morirse, que quiere matarse; no duerme, no come, grita
+como una loca, y todo anuncia un mal desenlace. Entre tanto el novio
+estudia en Estrasburgo, y acaso hace la córte á otra desgraciada. ¡Qué
+corazones hay en el mundo! ¿Qué hace esa mujer? Nos preguntaba la
+lechera. ¿Cómo vuelve á la casa que ella abandonó? ¿Cómo vuelve al
+pueblo que ella escandalizó con su locura? ¿Cómo escribe á sus padres, á
+quienes ha causado tanta afrenta y tanto dolor? Y si va á su casa, y si
+la familia le hace la caridad de abrirla sus brazos, ¿cómo resiste esa
+pobre jóven la mirada terrible de su madre? ¿Qué ha de responder á su
+madre, cuando las dos se queden solas?
+
+¡Ay! ¡cuántos males causa en este mundo la falta de prudencia! Si la
+familia, en vez de repudiarla y de extrañarla de su cariño; si en vez de
+reprenderla y de afrentarla por aquellos amores; si en vez de acercarla
+al amante, porque al amante se acercaba todo lo que se desviaba de su
+familia; si en vez de esto, la hubiera atraido con paciencia, la hubiera
+exhortado con consejos, con cariño, con persuasion, con lágrimas, con
+súplicas, si era menester; si un hombre prudente hubiera dado un plazo á
+sus esperanzas; la hubiera alentado, la hubiera tocado el corazon,
+¿estaria ahora esa jóven en Paris llamando á la muerte, desamparada,
+sola, perdida? No; yo juro por mi alma que no. Perdóneme el lector este
+arranque ... no sé de qué: quizá es orgullo, quizá es vanidad, acaso es
+una ridícula jactancia; pero me parece que si yo hubiera sido el padre,
+el tio, el hermano, el amigo siquiera, de esa infeliz mujer, esa mujer
+estaria en su casa. Tal vez suspiraria por su amante; tal vez lloraria;
+pero estaria en su casa; estaria al lado de sus padres, tendria
+tranquila su conciencia, limpia su honra, y entero un corazon que ahora
+está desgarrado. Tal vez llorara en Pisa; pero ¡qué diferencia entre
+aquellas lágrimas, y las que ahora vierte en Paris! Mas el golpe está
+dado, y un momento basta para emponzoñar la existencia de una mujer.
+
+En este momento se asoma al balcon, mi compañera la ve y me llama. Es
+muy blanca y tiene el cabello casi rubio. Hay en su fisonomía esa mezcla
+de expresion ardiente y melancólica, triste y apasionada, que es la gran
+belleza del tipo italiano. Mira con cierto frenesí á uno y otro lado de
+la calle, como si esperase á alguna persona. ¡Pobre Luisa! El estudiante
+está en Estrasburgo; es inútil que mires; no viene. ¡Cuánta amargura
+debe hervir en el alma de esa mujer! Parece que cruza y confunde sus
+miradas, como si una idea agujerease su cerebro, y se pasa la mano por
+la frente con mucha frecuencia. Es bien seguro que está sudando de
+congoja; es seguro que algun vértigo la amenaza.
+
+--Esa mujer va á cometer un disparate, exclamó vivamente mi compañera, y
+yo no esperé más. Bajo en el acto, me voy á casa de la lechera de la
+vecindad, la llamo la atencion sobre el estado de Luisa, y la buena
+Madama Fonteral deja inmediatamente su quehacer, me mira de un modo
+cariñoso y benévolo:
+
+--_¿Que voulez-vous que je fasse? (¿Qué quiere usted que haga?)_
+
+--Quiero, la contesté, que se pase usted al hotel de enfrente ahora
+mismo, que entregue usted estos veinte francos al amo de la fonda, en
+pago de los quince dias de alquiler que Luisa le debe, que dé usted
+estos otros cuatro napoleones á Luisa para que atienda á sus
+necesidades, que averigüe el nombre y domicilio de los padres del
+estudiante de Estrasburgo, y que procure saber de la jóven si tiene
+algun tio, algun hermano, alguna persona de respeto á quien acudir,
+trayéndome la nota de los nombres y del punto de residencia. Haga usted
+de modo que ella ignore quién la suministra este insignificante recurso,
+y quién la hace estas preguntas, á fin de que tenga algo que la
+distraiga del pensamiento que la domina, y que acabará por volverla
+loca. Dígala usted que no se desespere, que no se apure, que no se
+aflija. Dígala usted que el arrepentimiento y el dolor hacen con las
+heridas de nuestra alma, lo que el bálsamo con las heridas de nuestro
+cuerpo.
+
+Madama Fonteral, moviendo afirmativamente la cabeza en señal de contento
+y de aprobacion, echó á escape, mientras que yo me volvia á mi cuarto.
+Cuando llegué, Luisa no estaba en el balcón, y mi mujer me dijo que
+temía una desgracia. Eran más de las once, y tuvimos precision de salir
+para almorzar. Almorzamos en un restaurant del boulevar de la Buena
+Nueva, á los cincuenta pasos de nuestra fonda, y nos volvimos para ver
+qué noticias nos daba Madama Ponteral. Esta pobre mujer habia subido a
+nuestra habitacion, y habiendo sabido que habiamos salido con el objeto
+de almorzar, nos estaba esperando en la puerta de su casa. Así que nos
+vió, entró en el portal de nuestra fonda, y subimos juntos.
+
+--¿Qué hay, mi buena señora Fonteral? la pregunté.
+
+--Tome usted dos notas. En esta va el nombre del padre del estudiante, y
+el pueblo de Rodhese, en donde vive. En esta otra hallará usted el
+nombre y apellido de una hermana de Luisa; casada en la misma ciudad en
+que está su familia, y á quien sus padres aman en extremo. La he dado el
+dinero que usted me entregó, la he dicho que están pagados los quince
+dias de alquiler, la he exhortado á que se arrepienta, á que olvide ese
+amor funesto, y á que espere en la misericordia de Dios.
+
+--¿Y cómo está? la preguntó con impaciencia mi mujer.
+
+--Quedó más tranquila, mucho más tranquila, y diciendo esto desapareció,
+dejándome las notas.
+
+No quise perder tiempo. Aunque en mal francés, escribí una carta al
+padre del muchacho, y aunque en mal italiano tambien, escribí otra carta
+á la hermana de Luisa, pintando en ambas el abandono, la desesperacion y
+el peligro en que se veía esta desgraciada.
+
+Se las traduje á mi mujer, que las creyó del caso, las cierro, pongo el
+sobre respectivo, y á los pocos minutos atravesábamos la calle de
+Buenavista, con el fin de echarlas al correo. Llegamos á la Plaza de la
+Bolsa, y las echamos en una estafeta que hay allí. Mi mujer echó la que
+iba dirigida á la hermana, y yo la que iba dirigida al padre del chico,
+como si creyéramos que podia ejercer alguna influencia la electricidad
+particular de cada sexo. Al arrojar las cartas por el buzon, mi mujer y
+yo exclamamos al mismo tiempo:
+
+--_¡Dios las lleve por buen, camino!_ Ignoro lo que sucederá; pero algo
+debe valer el buen deseo con que obramos, para conseguir la ayuda del
+cielo.
+
+A diez pasos de la estafeta tomamos un coche, y al cuarto de hora nos
+encontrábamos en San Sulpicio. Este es uno de los seis ó siete edificios
+que han despertado en mí la emocion poética, sin embargo de que entran
+por centenares los monumentos suntuosos que tiene Paris. Al ver esta
+iglesia, me parece que estoy en el campo; creo como oler romero ó
+tomillo. Penetramos, y bajo estas bóvedas encuentro lo que no encontré
+en la Magdalena; lo que no hallé tampoco en el Panteon, espléndida
+creacion ateniense. Reina aquí cierto espíritu vago y silencioso, que
+nos reconcilia con la idea de Dios. Aquí nos acordamos naturalmente de
+la piedad, y parece que oramos, aún cuando no digamos ninguna oracion.
+Voy á decirlo, sin temor de que muchos se escandalicen: este San
+Sulpicio, con sus ventanas, sus columnas, sus torreones y sus veletas,
+que parecen aspas de un molino de viento; este San Sulpicio, con su gran
+pórtico; su nave extensa, desnuda, callada, sombría; su coro aislado; su
+majestuoso altar mayor; su oculta capilla de la Vírgen, iluminada por
+una luz confusa, indecisa, misteriosa, y sus enormes conchas venecianas
+que sirven de pilas; este San Sulpicio, vuelvo á decir, es más iglesia,
+más templo cristiano, que la Magdalena y el Panteon.
+
+Esto nos demuestra que el arte religioso, tanto en arquitectura como en
+escultura, como en poesía, como en música, como en canto, en todo, tiene
+un carácter que no es posible equivocar ni confundir. El hombre no
+comprende la esencia de Dios, porque no comprende ninguna esencia.
+Presiente algo, adivina algo; pero no lo puede explicar; sobre todo, no
+puede reflejar su pensamiento en una imágen; es decir, no puede darnos
+la nocion artística de aquel pensamiento, porque no hay nocion artística
+sin figura, sin símil, y no hay figuras que nos representen lo que no se
+toca, lo que no se oye, lo que no se ve. Donde no hay imágenes no hay
+arte, porque no hay fantasía, y el hombre no halla imágenes para
+representarnos la inmensidad, por lo mismo que el hombre vive en el
+espacio, el cual no es inmenso. El arte, pues, es nulo para
+representarnos netamente la idea de Dios; ese Dios es más grande que
+toda figura, que todo símil, que toda poesía, que toda creacion humana.
+El arte no tiene otro recurso que llegarse á la ciencia, que pedirla sus
+pensamientos, sus conjeturas, sus arcanos; no tiene otro recurso que
+llegarse á la fe, para que le inspire con sus creencias y sus
+esperanzas, y copiar en el libro, en el edificio y en la estátua, las
+esperanzas de aquella fe, y los arcanos de aquella ciencia.
+
+Esperanza y misterio, hé aquí el carácter esencial, el sentido íntimo,
+el alma del arte religioso.
+
+No sé matemáticamente lo que espero, pero sé que espero. Fuera de aquí,
+fuera de este horizonte indefinible, no hay epopeya para el arte de la
+religion.
+
+Viene el arte griego, y lo llena todo de luz, lo hace todo brillante,
+espléndido, provocador, casi lascivo. No; eso es el altar de una Vénus,
+el festin de unas bodas, una romería, un teatro. Ahí todo se toca, todo
+se ve, todo se concibe, todo se adivina. Esa no es la casa de Dios,
+porque ese Dios es la sombra augusta del universo, el augusto arcano de
+la vida, el portento que ninguna mente puede explicar, el abismo que
+ninguna sonda puede medir, y aquel festín griego, aquellas bodas,
+aquella alegría, no trae á mi imaginacion la idea del abismo, del
+portento, del arcano, de la sombra, de aquellas tinieblas sublimes; no
+trae á mi pensamiento la idea de Dios, el rumor vago, indefinible,
+poético y armonioso del espíritu universal. Ese arte, tan excelente para
+las formas, es absolutamente nulo, no sirve, para la metafísica
+religiosa del espíritu.
+
+Y no tenemos más que concentrarnos por un instante, para comprender
+lucidamente la verdad de esta teoría.
+
+Cuando nuestra vista no alcanza un objeto, ve sombra; es decir, no ve,
+porque el no ver consiste en no ver luz, y el no ver luz no es otra cosa
+que ver tinieblas.
+
+Esto mismo sucede á nuestra alma, cuando no comprende un pensamiento. El
+pensamiento que no comprende, se la presenta oscuro, vacilante, sombrío,
+tenebroso. El horizonte de la sombra comienza en donde termina el
+horizonte de la luz, como sucede á nuestros ojos.
+
+Nuestra alma no comprende, no se demuestra, no se explica
+matemáticamente la esencia de Dios, se encuentra sin la luz del dia en
+esa atmósfera inconmensurable, y viene la sombra de la noche; huye la
+evidencia y se da de cara con el misterio. Y este misterio y aquella
+sombra vienen á explicarle, lo que no han podido explicarle aquella luz
+y aquella evidencia. De modo, que en el arte de la religion, hace la
+sombra lo que hace la luz en el arte gentil; en el arte del espíritu,
+hace el misterio lo que en el arte de la forma hace la evidencia. Lo que
+allí es alegría, es aquí tristeza. Lo que allí es dolor, es aquí placer.
+Allí se rie cuando aquí se llora, y allí se llora cuando aquí se rie.
+
+Por esto sucede que no me gusta oir en una iglesia la música de
+Donizzeti, ni de Bellini, ni de Verdi. Á una iglesia no vamos á buscar
+el sentimiento de lo apasionado, de lo marcial, de lo atrevido, de lo
+voluptuoso, sino el sentimiento de lo solemne, de lo majestuoso, de lo
+augusto; más claro, el sentimiento de lo sublime, la emocion del
+patético, porque la idea de una suprema causa es el patético por
+excelencia. En una iglesia no quiero encontrarme al amante, al poeta, al
+caudillo, sino á mi creador. No me gusta encontrar allí mi genealogía
+humana; para eso iria al teatro; quiero encontrar mi genealogía divina,
+porque para eso voy á la iglesia. Y ahora me explico por qué me gusta
+más, cuando estoy en un templo, la música del Norte, la música germana.
+Y me explico tambien, por qué dos versos de la poesía inglesa, de la
+poesía sajona, de la poesía scita, esto es, de la poesía del
+Septentrion, me gustan más, muchísimo más, que todo lo que ha dicho la
+poesía italiana, inclusa la majestuosa poesía del Dante, acerca de un
+principio supremo.
+
+Al describir la formacion del mundo, pinta un poeta inglés al supremo
+Hacedor ocupado en aquella portentosa tarea, y dice que da fin á la
+creacion, _poniendo alrededor de su trono la majestad de la sombra._
+
+ Y pone alrededor del trono excelso
+ La augusta majestad de las tinieblas.
+
+Esto es poesía religiosa; estos dos versos valen más, en este sentido,
+que toda la divina comedia del Dante. Eso no es hablar ni del mundo, ni
+del hombre; eso es hablar de Dios, de un Dios grande, inmenso,
+prodigioso, guardado por un velo, recatado por una nube, porque se habla
+de un Dios incomprensible por su grandeza, por su excelsitud, por su
+gloria, por su maravilla, por su poder; un Dios que no es tan Dios por
+lo que de él se sabe, como por todo lo que se ignora; un Dios que es
+menos Dios por su magnificencia que por sus arcanos; menos por la luz
+que hierve en la esfera del astro, que por la sombra que pone el poeta
+alrededor de su trono, aquella sombra que es el arte infinito de la
+eternidad.
+
+La fábula es magnífica, porque es brillante.
+
+Nuestro Dios es magnífico, porque es sombrío; es brillante, porque tiene
+alrededor de su trono la majestad de las tinieblas. No brilla para
+nuestros ojos, sino para otros ojos que hay más adentro, mucho más
+adentro; unos ojos que ven más allá, y que siempre ven, porque cuando no
+ven una luz, ven una sombra: cuando no ven, adivinan, creen y esperan.
+
+En fin, ahora comprendo con seguridad, por qué este San Sulpicio me
+gusta más que el Panteon y la Magdalena, como arquitectura religiosa,
+como arte cristiano, como teología, como espíritu. Aquí hallo ese
+horizonte vago, indefinible, oscuro, patético, solemne, augusto, que
+está en armonía con el pensamiento de Dios, con aquella creacion
+austera, imponente y sublime, con aquellas tinieblas majestuosas de que
+rodea el poeta al excelso trono.
+
+Hemos comido en el restaurant de Santa Teresa, en donde despedimos al
+cochero; luego hemos paseado por el jardin del palacio Real, nos
+sentamos durante hora y media, haciendo tertulia al venerable Lesperut,
+y volvemos á casa despues de las once.
+
+--¿Qué hará Luisa? dijo mi compañera, al entrar en la calle de
+Buenavista.
+
+--Acordarse del estudiante de Estrasburgo, contesté yo.
+
+--Es verdad, repuso mi mujer; pero la lechera nos aseguró que estaba más
+tranquila.
+
+--¡Ah! El volcan no aparece cuando no arroja lava; pero cuando no la
+vomita, la lava arde dentro. ¿Cómo quieres que olvide en una hora, el
+recuerdo más poderoso de su vida, la emocion más profunda de su
+existencia? Si el estudiante se presentase á ella, jurándola amor y
+fidelidad, Pisa, Paris, Francia, Italia, el universo entero,
+desapareceria ante los ojos de esa desdichada.
+
+Pero, en fin, como dijo uno de nuestros antiguos trovadores:
+
+
+ El dolor hay que sufrir,
+ Pues plugo á Dios decretar
+ Que cause pena llorar
+ Para que agrade reir.
+
+
+Para mañana tenemos un plan nuevo.
+
+
+
+
+=Dia vigésimo primero=.
+
+Noticias de España.--Recogida _del Cristianismo y el
+Progreso_,--Reflexiones.--La mujer vestida de negro.--Restaurant de
+Vefour.--Mr. Guizot.--Un ataque imprevisto.--Banco de Francia.
+
+
+Mi querido lector, aquí nos tienes con el moco caido á mi mujer y á mí.
+Hemos recibido cartas de España, y con ellas la infausta nueva de que el
+gobierno ha mandado recoger una obra mia, una obra de mi particular
+cariño, en la cual fundaba por ahora todas mis esperanzas de
+subsistencia, porque en ella habia invertido todos mis recursos. En un
+dia, en una hora, he perdido diez años de estudio (diez años que me
+cuestan el sacrificio de mi salud) sin contar dos mil duros en que
+consistian mis penosísimos ahorros, y sobre quince mil reales con que me
+ayudaron algunos excelentes amigos. ¡Vuelta á empezar! ¡Cómo ha de ser!
+
+La obra de que hablo es el CRISTIANISMO Y EL PROGRESO.
+
+Mi mujer calla; pero me mira con un aire que quiere decir: ¿no te lo
+dije? ¿Quién te obliga á meterte á redentor, cuando no eres el Mesías
+prometido? Yo callaba, pero miraba á mi compañera con una expresion que
+equivalia á la siguiente: mujer, no hables de lo que no comprendes; no
+hables de un asunto que es tan superior á tu inteligencia y á tu
+sentimiento. Hay muchas cosas que parecen errores de nuestra conducta, y
+que son verdades de conciencia, inspiraciones inevitables de un deseo
+virtuoso, sobre las cuales debe correrse un velo de misterio y de
+veneracion. Si los hombres no salieran del círculo en que obran como
+hijos, como padres y como esposos; si no salieran de la familia; si no
+pisaran los umbrales del mundo; si no les agitara ese algo grande,
+inmenso, providencial, con que nos llama el pensamiento de la ciencia,
+del arte, de la moral, de la religion; si ese espíritu heróico no
+moviera al hombre; si esa especie de fiebre sagrada no diera calor á
+nuestra sangre; en fin, si ese algo celeste é incomprensible no nos
+gobernara á despecho nuestro ¿qué seria de la vida humana? ¿Qué seria
+del mundo? Arrancad del alma del hombre aquel pensamiento, y la historia
+será un cadáver, y la tierra será un erial; más que un erial, más que un
+desierto, más que un páramo: será una sepultura; la sepultura de aquel
+difunto. Arrancad del alma del hombre ese llamamiento indefinible, esa
+última y suprema expresion de la vida, esa prodigiosísima escala de
+Jacob que une la tierra al cielo; esa escala por donde subimos á la
+cúspide de todo lo creado; esa cúspide desde la cual comprendemos y
+miramos á Dios; arrancad eso de la humanidad, y Babilonia no tendrá su
+Semíramis, ni el pueblo Israelita su Moisés, ni la India su Budda, ni la
+China su gran Confucio, ni la Persia su venerable Zoroastro; quitad eso,
+y Leonidas no acude á las Termópilas, ni corre Temístocles á Salamina,
+ni el noble y virtuoso Arístides se hace eterno en Platea, ni el humilde
+poeta Simónides, solo, con la frente caida y los ojos húmedos, escribe
+en el campo, sobre una piedra tosca, las siguientes palabras que oyó
+temblando toda la tierra: _caminante, ve á decir á Esparta, que hemos
+muerto aquí por obedecer sus santas leyes_: quitad eso, expulsad ese
+huésped del mundo, y la Italia latina no tendrá un Scébola en la tienda
+de Pórcena, ni un Scipion en Africa, ni un Ciceron en la tribuna, ni un
+Régulo en el Senado, ni un Julio César en todas partes. Haced que se
+apague esa voz con que nos llama el mundo, á nombre de la Providencia, y
+la Suiza no adorará el polvo de su Guillermo Tell, ni la Inglaterra nos
+hablará de Cromwel, ni la Francia pronunciará respetuosa el nombre
+querido de su Juana de Arcos, ni la libre y valiente España saludará
+entusiasta los manes sangrientos de un Padilla; los manes sangrientos
+tambien de una mujer que me estremece el alma; una mujer tan valerosa,
+tan cristiana, tan tierna y tan ferviente; una mujer tan noble y tan
+hermosa; una mujer que vale tanto como una nacion; Mariana Pineda.
+Arrancad del hombre la fe invisible que palpita en el corazon de esa
+mujer inmensa, de ese dia de gloria y de infortunio para nuestro país, y
+Galileo no dirá al mundo escandalizado que _él siente que la tierra se
+mueve bajo sus piés_; ni la ardiente mirada de Copérnico, surcando el
+éter, como el águila surca el espacio, volará á la esfera celeste y
+robará á los astros su ciencia y sus prodigios: ni un hombre colosal,
+fabulosamente colosal, colosalmente grande y atrevido, medirá la
+extension de los mares y de la tierra con el infalible compás de su
+genio, ni su milagrosa voluntad domará las olas del Océano desde una
+frágil caravela; ni un poeta sencillo; ni un romancero oscuro, ni un
+pobre manco, pondrá la mano sobre el papel, entre las sombras de una
+cárcel, para admirar al universo con el primer libro que han escrito
+los hombres: Miguel de Cervantes Saavedra no hubiera escrito su
+ingenioso Hidalgo. En fin, quitad eso, arrancad al mundo la sublime
+corona del mártir, y un monte de Judea no presenciará, en un dia nublado
+y misterioso, la redencion de la humanidad á costa de pasion, de
+suspiros y de agonía; á costa de un madero empapado en sangre; á costa
+del primer sacrificio de la tierra. Quitad eso, y el monte Calvario no
+verá al Nazareno pendiente de una cruz, y á la Vírgen María pendiente de
+los clavos del Nazareno. Arrancad esa sangre y esas lágrimas
+sacratísimas del alma del hombre, y le arrancareis casi toda su alma.
+Verdad, verdad santa, pobre diosa destinada á sufrir y llorar por todos
+nosotros; destinada á sacrificarse por todos los hombres, y á recibir en
+cambio la burla y el insulto de los mismos que tú redimes con tus
+dolores; tú que has sido quemada en tantas hogueras; tú, que con la
+cabellera tendida por la espalda, vestida de luto y con los ojos húmedos
+y encendidos, subiste tantas veces la escalera infame de tantos
+cadalsos; tú, envenenada en Sócrates; crucificada en Jesucristo;
+ajusticiada en la doncella de Orleans; cargada de hierros en Colon;
+muerta de miseria en Cervantes; pobre diosa, vive y llora, llora y
+triunfa, porque tú triunfas aún cuando lloras! Te envenenan en Sócrates,
+pero te haces inmortal en su filosofía; te crucifican en Jesus, pero
+trescientos millones de hombres caen de rodillas ante el Evangelio; te
+ajustician en Juana de Arcos, ó en Mariana de Pineda, pero la fe de esas
+dos víctimas ilustres te da una corona; te matan de miseria en
+Cervantes, pero llenas el mundo con su Quijote; te cargan de cadenas en
+Colon, pero los oleajes y las brisas del Océano aturdido, nos traen
+vagamente el rumor y el saludo de cien millones de criaturas. Te
+escarnecieron en Colon; pero ahí tienes esas Américas. Te escarnecieron
+en el poeta, pero ahí tienes su inmensa poesía. ¡Verdad! ¡oh verdad
+adorable! ¡vive y llora! ¡llora y triunfa! ¿Qué importa que un hombre
+tan pequeño como yo, sea un poco de aloe quemado en tu altar? ¿Qué
+importa que un hombre tan pequeño se sacrifique por una creacion tan
+grande? ¿Qué importa que un pedazo de piedra se deshaga, bajo el peso de
+una fábrica tan colosal? ¡Adelante! Un gobierno me quita el CRISTIANISMO
+Y EL PROGRESO; Dios, que es más providente, más justo, más caritativo y
+más grande que todos los gobiernos reunidos, me abrirá camino por otro
+lado.
+
+Esta duda desola á mi mujer.
+
+--¿Qué harémos? me dice.
+
+--No te aflijas, le contesto yo. El gobierno no me puede quitar ser
+escritor público, ni puede impedir que haya muchos hombres que sepan
+leer en el continente y en las Américas. No te apures. Vístete y vamos.
+En último término, nadie puede evitar que yo acabe como Licurgo.
+
+--¿Qué sucedió á Licurgo? pregunta mi mujer.
+
+--Se murió de hambre.
+
+Mientras que mi mujer se disponía para salir, abrí las maderas de uno de
+los balcones de nuestra habitacion, y me asomé, como si quisiera
+distraerme de la amarga memoria de la recogida del CRISTIANISMO Y EL
+PROGRESO, porque ha de saber el lector que el valor de la obra no bajaba
+un maravedí de seis mil duros. ¡Cuántas vigilias, cuántos trabajos y
+cuántos dolores de cabeza, no van envueltos en esa suma, una suma casi
+fabulosa para un escritor español! Paciencia y barajar, como se dice en
+nuestro país. Estoy asomado al balcon, y al inclinar la vista un poco
+hácia la izquierda, casi frente por frente, á través de los vidrios de
+un balcon principal, veo una mujer vestida de luto, jóven, muy blanca,
+más blanca de lo que realmente es, porque va vestida de negro. El
+corazon tiene indudablemente su fluido eléctrico, y sólo así se explica
+el que yo me sintiese atraido, invenciblemente atraido, por una
+corriente magnética. Esto de la corriente magnética es un cálculo mio;
+pero algo ha de ser, y yo echo las cargas al magnetismo. Me fijé más, y
+aquella mujer me pareció de un aire distinguido: es decir, me pareció lo
+que se llama generalmente una señorita. Me fijé más aún, me fijé con el
+tenaz ahinco de una curiosidad entre novelesca y compasiva, entre
+parisiense y cristiana, y llegué á distinguir que aquella mujer tenia
+apoyado el codo derecho sobre uno de los quicios de las maderas,
+mientras que dejaba caer el rostro hácia adelante con un descuido tal,
+que su aliento empañaba los cristales. Miraba fijamente hácia un punto,
+miraba sin pestañear, como miran las momias ó los esqueletos. Esto
+quiere decir que no miraba á ninguna parte, lo cual quiere decir tambien
+que una idea poderosa tenia embargada su imaginacion. Hay ciertas
+pasiones que, sin quitarnos el movimiento, nos ponen enteramente
+paralíticos. Estirando mucho la retórica, tal vez podria decirse que son
+parálisis del corazon. Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que
+aquella mujer está preocupada, está triste, muy triste. Algo llora, ó
+algo espera. Yo, adelantando el discurso, como sucede en tales casos,
+creí leer en aquel bulto negro una historia de amores y de penas, aunque
+historia de penas debe ser siendo historia de amores. El amor es sin
+duda alguna lo que cuesta más penas en este mundo. Yo llamé á mi mujer,
+que se ponia ya el sombrero, y la dije lo que habia observado. Mi mujer
+miró; pero no es ningun lince en materia de vista, y no distinguió á la
+jóven que estaba detrás de los cristales. Ambos convinimos en que
+preguntariamos á la mujer que nos traia la leche por la mañana, á fin de
+adquirir las noticias posibles sobre esta aventura. ¡Gracias á Dios!
+¡Gracias á Dios, lectores mios, que algo nos llama, que algo nos liga,
+que algo nos atrae y nos interesa, en esta ciudad en donde somos dos
+postizos! Indudablemente, ¡cosa extraordinaria! sin embargo de ser Paris
+una ciudad tan iluminada, tan brillante, tan prodigiosamente espléndida,
+sin embargo de ser un _coquetismo_ tan fastuoso y deslumbrador, no nos
+inspira poéticamente, como nos inspira cualquier ciudad de España, de
+Italia, de Suiza, de Grecia, de Oriente; como nos inspiran tambien los
+caseríos del Norte, dejándonos ver entre rocas y nieves sus chozas
+húmedas, cubiertas de limo verdoso, que como si fueran peñascos negros,
+parecen estar incrustadas en las laderas de un monte sombrío, ó quizá en
+los bordes de un abismo insondable. Digo que Paris (perdóneme el
+brillante novelista Dumas) no nos inspira esas bellas quimeras, con que
+la fantasía nos arrebata en otros países, y esto deberá proceder de que
+en donde todo es artístico, no tiene inspiracion el arte. En donde todo
+es mágia, no tiene oficio el mago. Por esto tal vez me siento como
+despegado de esta preciosísima ciudad, de este preciosísimo dige. Ando
+por deseo y por necesidad de saber; no por la esperanza poética de
+sentir. Se mueve mi cabeza, están parados mi fantasía y mi corazon. Todo
+lo que veo por aquí, me lo voy explicando á mi manera, y el hombre no
+adora lo que es capaz de explicar y de comprender. El hombre no adora
+sino misterios, y si misterios hallo por estas tierras, no son misterios
+muy adorables. Así sucede que mi curiosidad por ver las cosas de Paris
+se va resfriando, á medida que me convenzo de que esto es un teatro en
+que todos se proponen engañar culta y graciosamente. Lo digo sin rebozo;
+seré un africano bravío, un hombre montaraz; pero casi, casi me va
+fastidiando este enorme bazar de sonrisas, de genuflexiones, de
+perdones, de gracias: esta exposicion universal de exageraciones y de
+bicocas. Pero no digo bien; me fastidiaba antes; ahora no. La pena que
+creo ver escondida en aquel bulto negro, la lágrima que me parece
+adivinar á través de aquellas vidrieras, me reconcilia con toda esta
+magnífica farsa.
+
+--Vamos, me dijo mi mujer.
+
+--Vamos, contesté yo, y nos dimos á bajar la escalera. La mujer que
+vende la leche, está tres puertas más abajo de nuestro hotel. Luego que
+nos vimos en la calle, miré hácia el balcon de nuestra incógnita. El
+bulto negro, aquel bulto que parecia un sudario puesto de pié, estaba
+allí inmoble. ¡Pobre mujer! ¿Qué la sucederá? Esto exclamaba yo
+interiormente, cuando llegamos á la puerta de la lechería, y ambos
+entramos sin decirnos palabra, como llevados por un sentimiento comun.
+Yo hice á la patrona de la casa varias preguntas sobre la jóven, con
+todo el sigilo y refinamiento que me acudió; pero ¡triste de mi! no me
+valió aquella diplomacia.
+
+--¡Qué curiosos sois los extranjeros! dijo sonriéndose madama Fonteral,
+que así se llamaba la lechera. Luego añadió, dando á la aventura la
+importancia de un cuento: hace cosa de dos meses y medio que esa jóven
+vino á ocupar uno de los pisos principales de ese hotel, en compañía de
+un mancebo muy guapo (d'un brave garçon) que parecia ser su marido ó su
+hermano. Pero desde algunas semanas á esta parte, la veo siempre sola;
+el hermano ó el marido no parece nunca por el hotel, y la pobre señorita
+(mademoiselle) está muy triste.
+
+--No tengais cuidado, añadió vivamente frotándose las manos, y como
+anticipándose á mis intenciones; yo hablaré con mi vecina la dueña del
+hotel, y todo lo sabrémos.
+
+Agradecí lo mejor que supe su benévola oferta á la buena madama
+Fonteral, y emprendimos nuestro camino hácia el restaurant que nos
+acomodara. Estos detalles anteriores son necesarios para que sepan los
+lectores todo lo ocurrido en la aventura de Luisa. Estábamos cerca del
+Palacio Real, y aún no nos habiamos decidido. Entonces hice alto, y
+detuve á mi preocupada compañera; preocupada, no tanto por la jóven
+vestida de negro, como por la recogida del CRISTIANISMO.
+
+--Mira, la dije, nosotros somos españoles, y es necesario que no
+olvidemos los usos y costumbres de nuestra tierra. El gobierno nos ha
+recogido la obra; nos ha secuestrado seis mil duros. Pues á donde va el
+mar, que vayan las arenas. Hoy almorzarémos en el célebre restaurant
+_Vefour_, que pasa por ser el primero de Paris, y de este modo tomamos
+revancha de la cicatería del gobierno.
+
+--Cuando más apurados, más gala, contestó mi mujer entre amostazada y
+risueña, y me impulsó con su brazo hácia adelante.
+
+A los tres minutos nos hallábamos á la puerta del famoso restaurant
+Vefour, que ocupa casi el centro de la fachada Norte del Palacio Real,
+al lado de los _Hermanos Provenzales_, que tienen tambien un restaurant
+de primera tijera. Sin embargo, Vefour pasa, como si dijéramos, por el
+príncipe de los fondistas de Paris. Es aquí lo que es en Madrid la fonda
+del Cisne ó la casa de Lhardy. Subimos con el posible coquetismo la
+anchurosa y elegante escalera del célebre fondista, del héroe Vefour (la
+fama es en Paris una verdadera heroicidad) y cátanos á poco en el primer
+piso. Entramos.... ¡Dios nos asista! Si no hubiera sabido que me
+encontraba en una fonda, es seguro que me hubiera quitado el sombrero.
+La sala principal es una pieza régia, y podria servir perfectamente para
+salon de embajadores. Dicho sea en honor de la verdad; la primera
+impresion es fascinadora. En mi vida he visto un comedor que se le
+parezca. Pero pasada la primera impresion, herido una vez el sentimiento
+de lo maravilloso, que tanto puede y que tanto influye en la imaginacion
+del hombre, sucede con esto lo que con los aromas. Un poco de perfume
+embalsama el aire, parece que nos suaviza el pulmon, que refrigera
+nuestra sangre y que da aliento á nuestro espíritu. Pero luego que el
+perfume es demasiado, luego que carga ya el ambiente, ahoga. Un poco de
+magnificencia, un fausto con cierta sencillez y elegancia, gusta; pero
+inmediatamente que se prodiga; inmediatamente que la cosa es más
+magnífica, más opulenta, más fastuosa de lo oportuno, parece que se
+agobia la fantasía; parece que sentimos un peso sobre la cabeza; cierto
+peso que nos oprime y que nos obliga á suspirar. El salon en que estamos
+ocupa todo el cuerpo del edificio, de Norte á Sur. Tiene balcones á la
+calle y al patio del Palacio Real, un patio que es todo un lindísimo
+paseo, con árboles, glorietas y fuentes, y cuya extension excede acaso á
+la de la Plaza Mayor de Madrid. El pavimento de la sala es casi
+trasparente; las paredes están tapizadas de un rico papel de terciopelo,
+con cenefas doradas; en el techo, altísimo, abovedado, majestuoso,
+campean alegremente cien brillantes figuras pintadas al fresco.
+
+Volví una mirada furtiva al ajuar de la fonda, y la ilusion era
+perfecta. Sillas de tapicería de terciopelo encarnado, como el papel,
+mesas lustrosas, manteles blanquísimos, platos de china, vajilla de
+plata, _garçones_ de corbata blanca y frac negro.... _¡Champeaux!
+¡Champeaux!_ Esta fué la terrible palabra que acudió á mi magín,
+haciéndome temblar. Mi mujer me oprimia del brazo, como si quisiera
+decirme que nos fuéramos, y viendo que yo me resistia, me dice en voz
+muy baja:
+
+--Esto va á ser la segunda parte de Champeaux, más lastimosa y trágica
+todavía.
+
+Yo la apreté su brazo con el mio, queriéndola significar que ya sabia
+que me hallaba en una maroma, y que procuraria equilibrarme para no
+caerme. Nos sentamos en el ángulo de la izquierda, casi tocando la
+ventana que da vistas al paseo del Palacio Real. Dirigimos una mirada
+diplomática á los paseantes, á las glorietas, á las flores, á las
+fuentes, y en aquel momento nos creiamos duques ó grandes de España.
+¡Sólo que el bolsillo estaba asustado!
+
+Un emperegilado garçon que, desde nuestra entrada nos habia seguido la
+pista á la conveniente distancia de respeto, se aproxima por fin á
+nuestra mesa.
+
+--_¿Qu'est-ce que vous voulez, monsieur?_ (¿Qué manda usted, señor?)
+
+--_Attendez, s'il vous plaît_. (Sírvase usted esperar un poco) le
+contesté yo en tono distraido y ceremonial. Aquello era una especie de
+banquete de Estado, y era preciso no echarlo á perder. Me saco los
+guantes con mucha pausa, digo unas palabras á mi mujer sobre la gravedad
+y circunspeccion que debe guardar en estas alturas, mi mujer se quita el
+sombrero con el mayor aplomo.... El garçon esperaba muy complacido.
+Nuestra prosopopeya le impresionó perfectamente, y no podia suceder de
+otro modo. Nuestra estudiada coquetería es un _género_ de este país, un
+afeite de este tocador; era otra especie de restaurant Vefour, en una
+palabra, era un relumbron, y por fuerza tenia que gustar en el pueblo de
+los relumbrones.
+
+--Decididamente, exclamaria el mozo para su sayo: este es algun
+embajador de la república de la _Plata_, ó cosa así.
+
+Mi mujer, sin volver la cabeza (estaba de espaldas al criado), le alargó
+el sombrero; yo le dí el mio y el baston, y mientras que el mozo iba á
+colocar dichos objetos, mi mujer y yo nos miramos y nos sonreimos.
+¡Ancha es Castilla! ¡Hoy nos tocó! ¡Hoy somos marqueses!
+
+--Escucha, dije muy aprisa á mi mujer, de manera que el mozo, que ya
+volvia, no pudiese oirme. No muestres maravilla delante del garçon, por
+nada de lo que aquí veas, aunque sea un elefante vestido de mona. Si él
+conoce que esto nos asombra, se lo dirá al amo, y el amo nos planta en
+la cuenta diez ó doce francos por el asombro. Aquí se paga todo objeto
+de fantasía; la admiracion tambien. ¡Gravedad y palabras entrecortadas y
+confusas, de tal modo que nosotros mismos no nos entendamos!
+
+Mi mujer soltó una carcajada española de más y mejor, y el mozo que
+estaba inclinado hácia nosotros, se puso derecho como un huso.
+
+--¡Garçon!
+
+--¡Monsieur!
+
+--_Portez-nous deux couverts de six francs chaque, s'il vous
+plaît.--Sírvase usted traernos dos cubiertos de á seis francos cada
+uno_. Esto se lo dije ahuecando mucho la voz, casi balbuceando las
+palabras, y mirando distraida y desdeñosamente hácia el paseo del
+Palacio Real. El garçon hizo un movimiento de cabeza, y desapareció como
+un rehilete.
+
+--¡Por Dios, no te rias! dije á mi mujer que ya empezaba á fruncir los
+labios.
+
+A poco vuelve el mozo con los preparativos, seguido de otro mozo que
+traia los entremeses, y de un tercer mozo que traia tambien no sé qué
+cosa. Me dirigieron varias preguntas, me invadieron de varios modos, me
+hablaron de diferentes frutas, vinos y licores; pero yo me parapeté
+acérrimamente, y no habia santos del cielo que me sacasen de mis
+aspilleras. _¡Merci! ¡Merci!_ contestaba yo á diestro y siniestro á todo
+lo que me proponian.
+
+--_¿Voulez-vous Champagne?_ ¿Quiere usted vino de Champagne?
+
+--¡Merci!
+
+--_¿Rhin?_
+
+--_¡Merci!_
+
+--_¿Château-amer?_
+
+--¡Merci!
+
+--_¿Voulez-vous?..._
+
+--¡Merci!
+
+Mucha pulcritud, mucho hacer que hacemos, platos muy bonitos, mucha
+salsa, mucho adobo, muchos requilorios; pero ... hemos almorzado muy
+medianamente. Á todo este almuerzo, hubiéramos preferido á no dudar un
+plato de callos de los ventorrillos de Madrid. ¡Lógica portentosa del
+temperamento y del carácter! _El lavar la cara, el disfrazarlo todo, el
+dar á todo un contorno exterior que agrade á los sentidos, la mogiganga
+parisiense, el inexorable palaustre_, ha entrado aquí hasta en la
+cocina, como dije en otro lugar.
+
+Engañar con bellas apariencias; engañar de modo que el engañado se vaya
+contento; organizar _ese_ engaño agradable, hasta el punto de
+convertirlo en arte, en ciencia, en moral, en historia, en industria, en
+comercio, en oficio, en costumbre, en trato social, en todo, absoluta y
+estrictamente en todo, hasta en política, hasta en religion: hacer de
+ese engaño ingenioso todo un poder, un poder grande, dominador,
+universal; hacer de un engaño casi un genio, un genio que se pasea en
+triunfo por todo el globo; hé aquí el maravilloso secreto de esta
+curiosa é indescriptible sociedad.
+
+A pesar de mi resistencia á todos los asaltos del mozo, me cogió un par
+de francos con una chuchería, más uno de propina por las reverencias que
+nos hizo. El almuerzo nos cuesta cerca de tres duros, y si me hago de
+miel, no baja un ochavo de tres onzas.
+
+Ya de pié, preguntó al garçon, que podria ser hombre de cuarenta y cinco
+á cincuenta años, si recordaba algun convite célebre, dado en aquel
+establecimiento.
+
+--He conocido varios, me contestó; pero el más lujoso fué el que dió, á
+poco de abrirse el restaurant, un embajador ruso á todo el cuerpo
+diplomático extranjero. Cada cubierto salió por más de mil francos
+(doscientos napoleones), y pasaban de ochenta los convidados. Entre los
+diferentes vinos que se sirvieron era uno de ellos de una casa de
+Alemania, única en el mundo que lo tiene, cuya botella valia quinientos
+francos.
+
+--¡Sopla! exclamé yo, mirando á mi mujer. Pues si ha tenido algunos
+convites como ese, bien puede el tal Vefour tener el riñon, bien
+cubierto.
+
+--_Au revoir, garçon_. Hasta la vista, mozo.
+
+--_Au revoir, monsieur et madame_. Hasta la vista, caballero y señora.
+
+Y mi mujer me decia en voz baja:
+
+--Sí, como tenga que esperarnos, bien tendrá tiempo de echarse en
+remojo.
+
+Bajamos sonriéndonos la brillante escalera, y hénos otra vez en la
+calle, camino del paseo del Palacio Real. Al incorporarnos á un obrero
+que venia hácia nosotros con su mujer, oigo que aquel hombre la dice:
+
+--_¡Parbleu! Si tu savais qui est celui-lá. ¡Voto al chápiro! Si tú
+supieras quién es aquel_.
+
+Me volví como un rayo para ver á quién señalaba, y en efecto vi que
+miraba á un caballero que iba por la acera de enfrente. Cuando yo me
+volví, el caballero pasaba ya, de modo que no pude verle sino de
+espaldas. Era más bien bajo, algo grueso, casi rechoncho, de patillas
+negras muy largas. Digo muy largas, porque le sobresalian á uno y otro
+lado, de tal modo, que alcancé á vérselas, aunque me cogia de espaldas,
+como he dicho. Me quedé parado, observándole, calculé, y por instinto
+resolví que debía ser M. Guizot. Me llego al menestral, contra el deseo
+de mi mujer que me tiraba fuertemente del brazo, y le suplico que tenga
+la bondad de decirme quién era el sujeto en cuestion. El menestral me
+dió las noticias que deseaba con la mayor amabilidad.
+
+M. Guizot me perdone. ¡Pobre M. Guizot! El personaje de que se trataba
+era un prestidigitador, que tenia un teatro ó cosa parecida, en los
+alrededores del Odeon. ¡Confundí á M. Guizot con un titiritero! Si lo
+supiera M. Thiers, y fuera ahora ministro, apostaria una oreja á que me
+regalaba el gran cordon de la Legion de Honor, y veinte cordones que
+tuviera á mano.
+
+Dimos una vuelta por el paseo del Palacio Real, alargándonos hasta las
+Tullerías. Recorrimos la parte del Louvre en donde soliamos sentarnos
+con Lesperut, creyendo hallarle allí; pero no le vemos por ninguna
+parte. Hace pocos dias nos dijo que tenia un aneurisma en el corazon,
+que sentia morirse por instantes, y el no encontrarle aquí nos da
+escozores sobre su suerte. Creemos que si estuviera capaz de salir á la
+calle, no dejaria de asistir á la cita diaria. Recordamos que vive en la
+calle de _Gît-le-coeur_; pero no se nos ocurre el número. Nos volvemos
+desconsolados, y cuando hablaba todavía con mi mujer acerca de lo que
+podria suceder á nuestro buen amigo, me doy de cara con una persona muy
+allegada al Viejo Lesperut. El sujeto en cuestion nos dió noticias de
+él, y convinimos en que esta noche nos veriamos en el paseo del Palacio
+Real, cerca de una glorieta donde soliamos sentarnos. La conversacion
+entre los dos (entre la persona muy allegada á Lesperut y yo), tomó
+luego un sesgo entera y desgraciadamente distinto. Aquel sujeto no era
+digno del venerable anciano, cuyo nombre ofendia en aquel momento. Voy á
+decirlo con pesar; pero el lector debe saber cuanto me sucede punto por
+punto. Si algun encanto encuentra el lector cuando lea estos apuntes,
+sepa que ese encanto consiste en la ingenuidad casi infantil con que
+cuento lo que me ocurre.
+
+La persona á quien nos encontramos, el sujeto muy allegado al noble y
+bondadoso Lesperut, acaba de abusar de nuestra amistad y de nuestro
+cariño. Si el honrado viejo lo supiera, sufriria un disgusto de muerte;
+pero, de seguro, no lo sabrá. Mi atribulado y afligido bolsillo lleva
+otro asalto algo mayor que el de Vefour; algo mayor tambien que el otro
+asalto del inolvidable Champeaux. Con estos asaltos, y con la recogida
+del CRISTIANISMO Y DEL PROGRESO, vive Dios que no dejaré de echar luz.
+
+La persona allegada á Lesperut partió, y nosotros seguimos por la calle
+de Rívoli, á coger la Plaza de Vendome.
+
+--¿Cuánto te ha pedido? me pregunta con grande y justa sorpresa mi
+mujer.
+
+--Nada, contestó inmediatamente. No me hables sobre el particular.
+Figúrate que ha sido una nube de verano; ya pasó.
+
+Ahora nos dirigimos al Banco, con el fin de cobrar un billete de mil
+francos, y es el tercero que va de marcha. He hecho mentalmente el
+balance de mis fondos, y resulta que en el trascurso de dos meses, algo
+menos, he gastado sobre dos mil reales con que llegué á Paris, más dos
+billetes de á mil francos, sin contar cerca de cien duros que nos costó
+el viaje. De modo que desde nuestra salida de Madrid, hemos gastado,
+sobre seiscientos duros, la mitad exacta del capital que destinamos á la
+expedicion. Luego que gastemos diez mil reales, tendrémos que acudir al
+refrán castellano de _á tu casa, grulla, aunque sea con un pié_. He
+dicho diez mil reales, porque los dos que quedan, deben servir para el
+viaje. ¡Ay de mí, si por una casualidad nos robaran, ó perdiéramos el
+dinero! ¡Ay de mí, si mi mujer se viese sin dinero para volver á España,
+á su querida, á su adorada España! Si el nombre de España fuese
+masculino, casi, casi debería yo tener celos. Mi mujer ama su nacion con
+un fervor que raya en fanatismo. Probablemente lo diré en más de un
+pasaje de estos apuntes, porque es una pasion tan grande que no puede
+menos de causarme extrañeza.
+
+Llegamos al Banco, atravesamos unos pasillos, penetramos en el salon
+donde se paga ... ¡Santísimo Sacramento! ¡Esto no es un Banco; esto es un
+mar de oro. Pero perdóname, lector: me es imposible terminar hoy la
+larga reseña de este día. Encomendándome á tu indulgencia, te envio á
+mañana.
+
+
+
+
+Día vigésimo segundo
+
+Banco de Francia.--Consideraciones.--Comida,--Ocurrencia graciosa de un
+menestral.--Flor marchita.
+
+Pues como ayer decía, el Banco de Francia era un mar da oro. En mi vida
+he visto tanta moneda junta. Bien que tratándose de tal cúmulo de metal,
+más fácil que verlo es soñarlo. Estaban haciendo la recaudacion de
+quinientos millones de francos para el establecimiento de Bancos
+agrícolas, segun me han dicho. Ignoro si allí habia los dos mil millones
+de reales á que subia la recaudacion; ignoro si en aquellas piras de oro
+se habian vertido seis mil doscientos cincuenta talegas de onzas; pero
+si no habia este número, habia tantas, que bastaban para asombrar al
+cristiano de más espíritu. Un hombre avariento pasaría allí el tormento
+de Tántalo; yo no pasé tormento alguno, sin embargo de que ... la
+verdad, algunos deseillos me andaban escociendo por dentro. Siempre que
+vinieran por buen camino, de buena gana daría un pellizco á esos
+provocativos montones. Y eso que aborrezco, ó me hago la ilusion de
+aborrecer el _precioso metal_. Y me sucede que cuanto menos tengo, más
+le odio; de manera que lo odio sin duda ... porque no lo tengo. Lo que
+odio es no tener. ¡En cuántas cosas nos sucede lo mismo! Esto es capaz
+de una ampliacion tan extensa, que casi viene á ser un sistema social.
+
+Sí, lector mio, estúdiate á tí propio, sondea tu conciencia y tu
+corazón, y verás cuántas veces odiamos una cosa, porque no la tenemos.
+Luego que la tenemos, la amamos.
+
+Yo cobré mi billete, los mil francos me parecian una bicoca en presencia
+de tanto metal, y me quedé estático mirando al coloso. El dinero es el
+coloso de nuestro siglo. Huyó la casta, y vino el billete. ¡Misterio
+terrible! decia yo para mí. Ese promontorio de metal amarillo no es la
+gloria, ni la heroicidad, ni el talento, ni la ciencia, ni el arte, ni
+la fe, ni la honra, ni la virtud, ni el vestido, ni el alimento, y con
+él se compra el alimento, el vestido, la virtud, la honra, el arte, la
+ciencia, el talento, hasta la heroicidad, hasta la gloria. Con ese metal
+que no piensa, que no siente, que no quiere, que no obra, con esa
+inteligencia idiota, con ese brazo inerte y tullido, con esos montones
+de oro se allanan montes, se ciegan golfos, se toman ciudades, se
+destronan reyes, se conquistan naciones, se queman imperios, se
+trastorna el mundo. ¡Cuántas transformaciones no podrian operarse, en el
+órden físico y moral, con esa pirámide de monedas, con ese metal sordo,
+mudo, ciego, inanimado; con ese espantoso misterio, amontonado ahí!
+
+¡Oh Dios mio! ¡Qué bien has hecho en morar arriba; ahí donde no llega la
+mirada del telescopio; ahí donde no puede entrar ni la ciencia del
+sabio; ahí donde únicamente tienen entrada la virtud y la fe! De otro
+modo, Dios mio; si la mirada del telescopio pudiera penetrar en tu
+morada augusta, ese promontorio que tengo delante pondria andamios á
+través de la atmósfera, escalaria el cielo, y querria sentarse en tu
+trono inmortal. Pero no puede ser; tú eres más poderoso y más grande,
+infinita y santamente más grande y poderoso que el dinero, y tu eterna
+mano le marca un límite, como ha puesto una playa al mar.
+
+Mucho puedes, promontorio terrible; mucho podeis, montones de oro que
+deslumbrais mi vista; yo mismo conozco cuán fascinador es vuestro poder;
+pero el orbe no os pertenece, la creacion no es vuestra, la armonía del
+universo, la verdad del hombre, el dogma incontrastable de la vida, el
+misterio de todo, el vuestro tambien, no está encerrado ahí. Sobre
+vosotros corre una catarata que todo lo inunda; á vosotros tambien.
+Sobre vosotros hay un espíritu que os llama idiotas cuando sois
+injustos, á vosotros, montones de oro, que ofuscais mi vista, á
+vosotros, que me teneis estático, como si contemplara un prodigio. Tú,
+metal terrible, compras la sublime Concepcion de Murillo, pero no la
+pintas; compras el Quijote, pero no lo escribes; compras el pensamiento
+de Santa Teresa, pero no lo creas, ni lo juzgas. Compras la chispa
+eléctrica, pero no sientes su calor divino; compras la flor sencilla y
+perfumada; pero no sientes su divino aroma. ¡Gime, tirano de mi siglo,
+gime! Sobre tí está Dios, Dios te aprisiona, como aprisiona las
+tempestades del Océano. Dios te ha puesto por barrera un espíritu, como
+ha puesto al Océano una playa.
+
+Salimos del Banco, y notamos que el restaurant Vefour no ha dejado
+nuestros estómagos muy satisfechos.
+
+Caminando al azar, como para sentir esa emocion vaga con que nos
+sorprende una ciudad que no se conoce, llegamos á la calle de los
+Pequeños Campos, y en una de sus travesías vimos un figon, que aquí
+tiene el nombre de _rotisserie_. En estos bodegones suele comer gente de
+poco pelo; pero la comida es de sustancia. Ya porque queriamos comer un
+buen asado, _(roti)_, ya tambien porque queriamos experimentar el
+contraste á que da lugar este figon, comparado al vaporoso restaurant
+Vefour, resolvimos entrar, y entramos en efecto. La presencia de una
+señora con sombrero y vestido de seda, y la de un varon con sombrero de
+jipijapa, frac y guante, no dejó de causar cierta sensacion en las
+gentes que allí comian; pero al poco tiempo cada cual atendió á su
+plato, y nosotros quedamos libres de miradas y gestos.
+
+Las mesas están mondas y lirondas; pero son de piedra roqueña, y no
+ofrecen nada que pueda repugnar. Las banquetas que sirven de sillas, no
+tienen más inconveniente que el ser más duras que el pié de Perico. En
+fin, nos sentamos....
+
+--¿Qué gritos son esos? me dice mi mujer. Efectivamente, los mozos del
+establecimiento gritaban como unos energúmenos; pero un gritar rabioso,
+descompasado, que lastimaba las orejas. Aquella gritería descomunal era
+el resultado de una costumbre del establecimiento. En el momento en que
+el mozo oia lo que cada comensal le encargaba, lo anunciaba gritando
+desaforadamente como era necesario para que le oyese el cocinero, á una
+distancia de cuarenta ó cincuenta pasos. De modo que si pedian á un
+tiempo de comer varios comensales, los respectivos mozos gritaban á la
+vez; aquellos gritos se confundian y formaban un guirigay y un clamoreo
+que nos atolondraba.
+
+Un mozo se llegó á nuestra mesa. Pedí dos chuletas de carnero.
+
+--_¡Deux côtelettes de mouton!_ gritó el mozo con una bizarría de voz
+tal, que mi mujer estuvo á pique de dar un respingo. A poco estaban allí
+las dos chuletas, una racion de pan y una botella de vino Macon.
+
+Luego pedí una racion de vaca á la moda, y el mozo grita como antes:
+_¡un beuf à la mode!_ Una racion de vaca al natural, y el mozo
+proseguia: _¡un beuf nature!_ Y una racion de habichuelas para mi mujer;
+y el bendito mozo continuaba con voz metálica y _desquebrajada: ¡des
+haricots verts!_
+
+Al propio tiempo, semejante al centinela casi contínuo que se oye en una
+muralla ó en un campamento, se oia por todo aquel local el rumor
+múltiple y confuso de diez ó doce mozos que gritaban simultáneamente lo
+que los comensales pedian: _¡Un roti! ¡Des prunes! ¡Un bouillon! ¡Des
+alberges! ¡Du gibier! ¡Des abricots! ¡Des pommes de terres!_ etc. _Un
+asado, ciruelas, un caldo, melocotones, caza, albaricoques, patatas_, y
+así otras varias cosas; pero todo esto mezclado y como en tropel.
+
+Aquello era á la vez comida y concierto vocal, sólo que la música
+hubiera podido suprimirse, sin profanar el polvo de Bellini.
+
+El almuerzo nos ha costado lo siguiente: doce sueldos las dos chuletas;
+diez la racion de vaca á la moda, y la otra racion al natural; doce la
+botella de vino, dos el pan, cuatro las habichuelas, y cuatro de
+propina: total, cuarenta y cuatro sueldos, ó sea ocho reales y pico.
+¡Qué diferencia entre este figon negro y ruin, y el espléndido
+restaurant de Vefour! Sin embargo, hemos comido mucho mejor por la
+sétima parte de dinero, sin contar el canto.
+
+Durante nuestra expedicion de este dia, nos acordamos varias veces de la
+jóven vestida de negro, y apretamos el paso hácia nuestro hotel, ya con
+el fin de ver si podiamos lograr algunas noticias, ya tambien porque el
+dia declinaba y el frio comenzaba á molestamos.
+
+Llegado que hubimos á nuestra calle, nuestra primera diligencia fué
+mirar al balcon de la incógnita; pero notamos con sentimiento que no
+habia nadie. Entramos luego en la lechería ... todo nuestro gozo se cayó
+en un pozo. La patrona habia ido á San Club, y no venia hasta el dia
+siguiente por la tarde. Era necesario esperar veinticuatro horas.
+
+Al salir de la casa volvimos á mirar al balcon; nada; ni un ruido, ni un
+movimiento. Aquello parecia un sepulcro. Sólo vimos una maceta con una
+flor marchita. ¡Agüero fatal! Las mujeres dichosas riegan las flores, y
+las flores están verdes y frescas. Aquella flor mústia del balcon es el
+vestido negro de aquella mujer, ó el vestido negro de la mujer es la
+flor mústia del balcon. El infortunio es lo que tiene en este mundo
+concordancias más peregrinas, y algo de verdad debe haber en la
+correspondencia que encuentro entre el luto del traje y el luto de la
+flor. Subimos á nuestra habitacion y abrimos las maderas de uno de los
+balcones, como para expiar los movimientos de nuestra misteriosa
+desconocida. Repetidas veces nos asomamos; pero fué inútil; nadie
+parecia en el balcon, ni nada tampoco se descubria á través de los
+vidrios. Así estuvimos más de hora y media. Entrada ya la noche,
+divisamos en la habitacion de la mujer vestida de negro el fulgor de una
+luz, que pasaba de una estancia á otra. Entonces cerramos las maderas, y
+mi mujer y yo exclamamos casi al mismo tiempo: hasta mañana.
+
+No faltará lector que extrañe una curiosidad tan pertinaz y tan
+impaciente; pero debo decir en nuestro abono, que la curiosidad es aquí
+todo nuestro oficio, amen de que media una mujer, una mujer jóven,
+vestida de luto, sola, triste: una mujer que tiene flores mústias en su
+balcon; una mujer cerca de la cual debe caminar alguna sombra; una mujer
+que ha de ser desgraciada. ¡Ojalá que pudiéramos nosotros evitar su
+desgracia! ¡Ojalá que pudiéramos hacer su dicha! ¡Ojalá que pudiéramos
+hacer que estuviese verde y lozana la flor marchita de ese solitario
+balcon!
+
+No tengais cuidado, mis queridos lectores. Mi curiosidad, mi impaciencia
+por esa pobre desconocida, es una impaciencia afectuosa y cristiana.
+
+Mi mujer leyó un rato, y se acostó. Yo escribo hasta las tres de la
+mañana, aunque no quiero terminar, con perdon de mis párpados que se
+cierran, sin dar cuenta al lector de un chiste agudísimo que oí en el
+figon, á uno de los menestrales que allí comian.
+
+A nuestra izquierda, habia una mesa rodeada de obreros, que sin duda
+acababan de comer. Ya de sobremesa, pasaban el rato en acertar charadas
+ó adivinaciones. Uno preguntó: ¿cuál es la cosa que más se pega? Este
+decia que era la resina; aquel que el alquitran; el uno que la cola; el
+otro que el aceite, el de más allá, que la trementina; el que le sigue,
+que la pez, y así cada cual decia su cosa. No, gritó uno con mucha
+fuerza; con resuelta seguridad; casi, casi con inspiracion. Nadie ha
+acertado, y diciendo esto, daba fuertes golpes sobre la mesa. Todos los
+comensales que nos pudimos enterar del juego, teniamos la cara vuelta, y
+esperábamos, con creciente curiosidad, ver en qué paraba el acertijo.
+
+--Señores, dijo solemnemente el obrero que tenia la palabra, lo que más
+se pega en este mundo es el dinero.
+
+Una carcajada espontánea y unánime, una general aclamacion de risas y de
+bravos, contestó á la ocurrencia del menestral. En efecto, es un chiste
+verdaderamente ingenioso, salado, de buena ley.
+
+
+
+
+=Dia vigésimo tercero al trigésimo=.
+
+Versos.--Asesinato de la calle del Duque de Alba.--Mataderos públicos.
+--Monte-Pio.--Hospicios y hospitales.--Locos del Sena.--Movimiento de la
+poblacion.--Casamientos.--Caja de ahorros.--Caja de descuentos.
+--Presupuesto de Paris.--Consumos.--Aduana.--Sociedades mercantiles.
+--Ferro-carriles.--Correos.--Presupuesto general.--Comercio.--Deuda
+pública.--Estadística de Inglaterra.--Palacio Real.--Bolsa.
+--Tullerías.--Louvre.--Luxemburgo.--Inválidos.--Panteon.--Luisa.
+
+
+Han pasado ocho dias, y tengo tantas cosas que decir, que no sé por
+donde comenzar. Mi ida á Sevilla, en un término más ó menos próximo, es
+cosa resuelta, y por una elaboracion de la fantasía, independiente de la
+voluntad, he compuesto á mi tierra natal unos malos versos.
+
+Sé muy bien, sé y conozco perfectamente que no debo al cielo el don de
+poeta; sé que no se agita en mi alma ese divino espíritu, esa especie de
+delirio sagrado. Al insertar en estos apuntes aquellos versos, no los
+ofrezco como una gala de imaginacion, ni como una muestra de poesía,
+(¡Dios me libre de tan necio orgullo!) sino como un testimonio de mi
+cariño á la hermosa ciudad, en donde me cupo la ventura de nacer. Además
+de los versos á Sevilla, he escrito un entremés casero para el album de
+una amiga nuestra de Madrid, la cual ha escrito á mi compañera,
+exigiéndola el cumplimiento de la palabra que mi mujer la dió, hace más
+de un año. Mi compañera me puso asedio, y los lectores que sean casados,
+comprenderán que quiero decir: ha sido necesario ceder.
+
+En estos ocho dias hemos recibido cartas de España, en que se nos habla
+de un asesinato cometido en la persona de un prestamista, que vivia en
+la calle del Duque de Alba, esquina á la de los Estudios. Los asesinos
+son una mujer, llamada Manuela Bernaola, y tres hombres, llamados
+Ignacio Cabezudo, el Feo y el Pequeño. Con este motivo, he leido los
+periódicos de Madrid, y he encontrado noticias tan extrañas sobre aquel
+crimen horroroso, que no he podido menos de escribir á un amigo, con el
+fin de que adquiera los más datos posibles y me los remita. Presumo que
+la historia oculta de dicho atentado no debe carecer de cierto interés,
+tengo una fundada confianza en la capacidad y diligencia del amigo, á
+quien pido informes sobre el hecho, y casi ofrezco á mis lectores
+algunos detalles curiosos.
+
+En la semana transcurrida, en esos ocho dias de huelga, hemos empleado
+las vacaciones en visitar el palacio Real, la Bolsa, las Tullerías y el
+Louvre, el palacio de Luxemburgo, los Inválidos, el Panteon; hemos visto
+tambien, no sin un grande asombro, los mataderos públicos; el Monte-Pio,
+algunos hospicios y hospitales, el establecimiento de los locos del
+Sena; hemos adquirido noticias sobre el movimiento de la poblacion;
+sobre los casamientos que han tenido lugar en este año; sobre el estado
+y operaciones de la Caja de ahorros y de la de descuentos, y sobre el
+fabuloso presupuesto de esta ciudad; sobre sus increibles consumos;
+sobre el movimiento de su aduana; sobre las sociedades mercantiles
+existentes en todo el imperio; sobre ferro-carriles, renta de correos,
+presupuesto general del Estado, comercio, deuda pública y otros
+detalles estadísticos. Á fin de poder apreciar la importancia de este
+órden de cosas, he tenido que adquirir algunas noticias sobre la
+Estadística de Inglaterra, y me parece que mis lectores no llevarán á
+mal el tener idea de estos verdaderos prodigios europeos. Por fin, en
+todo el tiempo transcurrido desde mi última revista, la pobre Luisa no
+ha dejado de vivir en nuestra memoria y en nuestro corazon; lo cual
+quiere decir que no ha dejado de vivir con nosotros, como si fuese
+nuestra hermana, ó nuestra amiga de la niñez. ¡Qué poco se figurará esa
+pobre mujer, que dos extranjeros piensan en ella, como si se tratara de
+un individuo de su propia familia! Pero mi mujer y yo nos preguntamos
+muy á menudo: ¿no sabrá Luisa el vivo interés que nos inspira su
+desgracia? ¿No la habrá dicho nada madama Fonteral? No puedo persuadirme
+de semejante cosa. Dejaria madama Fonteral de ser mujer. Acaso no
+hubiera dicho nada, ó al menos hubiera dicho poco, si no la hubiésemos
+encargado sigilo; pero no hablar sobre el asunto, cuando la encarecimos
+el secreto; no decir nada del secreto que se la fia; no revelar aquel
+misterio de que ella se enamora; no llevarse el dedo á la boca,
+imponiendo silencio á Luisa; no cogerla del brazo; no llevarla aparte;
+no mirar con aire aturdido á uno y otro lado como para ver si es oida de
+alguno; no cuchichear al oído de aquella pobre jóven; no descubrirla
+todo lo que nosotros la habiamos suplicado que ocultara; renunciar al
+placer supremo de esa _patética pantomima_, decididamente, lectores
+mios, eso no lo ha hecho madama Fonteral; eso no lo hace ninguna mujer;
+eso seria un milagro, y el milagro no es el genio de nuestro siglo,
+sobre todo, no es la gracia especial de las mujeres de Paris.
+
+Al hablarnos madama Fonteral de la entrevista que con Luisa tuvo, nos
+aseguró, poniéndose el dedo índice á través de los labios, que nada la
+habia revelado acerca de nosotros. Yo dije para mí: esto significa que
+se lo ha dicho todo, desde la a hasta la z.
+
+Al dia siguiente, Luisa se asoma al balcon. ¿Qué hace? Mira con
+ansiedad. ¿A dónde mira? Á uno de los balcones de nuestro hotel, á uno
+de los balcones de nuestra estancia; nos mira á nosotros. ¡Cuitada
+madama Fonteral! ¡Cuitado de mí! Recibo la mirada tímida y vacilante de
+la pobre Luisa, y aquella timidez recatada, aquella medrosa vacilacion,
+me imponen casi miedo. No sé qué hay en aquellos ojos, en aquella
+mirada, en aquella terrible confesion de sus dolores, en aquel llanto
+mudo de su conciencia, no sé qué hay allí; pero lo cierto es que yo no
+puedo resistir aquella mirada indecisa y ansiosa. Luisa mira desde su
+balcon, y mi mujer y yo nos retiramos, porque á mi mujer le sucede lo
+propio que á mí: no tiene valor para sufrir con calma aquel triste
+saludo de un corazon despedazado, no tiene valor para contestar á Luisa
+con una mirada de compasion y de inteligencia, que querria decir: ¡pobre
+mujer! ya sé tu desgracia, tu martirio, tu culpa, tu deshonra.
+
+Para comunicar á mis lectores el gran cúmulo de noticias que en estos
+ocho dias he adquirido, seguiré el órden del sumario.
+
+Empezarémos por los versos: dice el adagio que el mal camino conviene
+andarlo pronto.
+
+
+ I.
+
+ Oye, Sevilla hermosa, este gemido
+ Del hijo ingrato que á tu orilla viene:
+ Enfermo tiene el cuerpo y dolorido,
+ Enferma y dolorida su alma tiene.
+
+ Como en los bordes de la antigua llaga
+ Un bálsamo se vierte que da vida,
+ Deja que evoque una memoria vaga
+ Triste recuerdo de una edad querida.
+
+ Aquí mecido en ignorada cuna
+ Halagó mi niñez aura lasciva,
+ Al tibio rayo de tu blanca luna,
+ Al soplo amante de tu luz nativa.
+
+ Pobre aquí, niño y sin saber qué es gloria,
+ Contemplaba quizá los cielos tersos,
+ Y era rico y felice con tu historia
+ Y la esperanza de mis pobres versos.
+
+ El pecho se me oprime cuando miro
+ De remoto fanal fúlgida llama,
+ Y lleva el Bétis mi primer suspiro
+ Al golfo azul que encadenado brama.
+
+ Y blanco y puro como el puro armiño
+ Un ángel soñó aquí mi fantasía,
+ Un ángel que he buscado ... ¡Pobre niño!
+ Un ángel que en el mundo no existía.
+
+ Nace el hombre á la luz; el bien no halla,
+ Y en inventarlo con afan se empeña,
+ Y al fin encuentra el bien porque batalla,
+ Halla la dicha al fin ... cuando la sueña.
+
+ Azucenas de amor, divina palma,
+ Florestas que soñé, prados y flores,
+ Ya que la vida os marchitó en mi alma,
+ De corona servid á mis dolores.
+
+ Yo ví al ángel vagar entre verdura
+ Poniendo flores en su leve falda,
+ Y despues esconderse en la espesura
+ Suelto el cabello por su rica espalda.
+
+ Me llamaba quizá; yo le seguia;
+ Mas sin duda en el bosque se ocultaba,
+ Y luego más allá me aparecia
+ Y así del pobre niño se burlaba,
+
+ Aquí soñé festines y placeres,
+ Y el rumor de palmeras solitarias,
+ Y el suspiro de célicas mujeres,
+ Y tumbas, y osamentas y plegarias.
+
+ ¡Gloria! ¡Vision cruel! ¡Cruel martirio!
+ Relámpago que alumbra y deja ciego,
+ Cardo silvestre bajo hermoso lirio,
+ Sol que da luz para quemarnos luego.
+
+ Por tí pierdo ¡oh rigor! mi fe sencilla,
+ Por tí me abraso en insondable anhelo,
+ Por tí dejé mi plácida Sevilla
+ Y una santa mujer que está en el cielo.
+
+ Madre mia, perdon! Mústia la frente,
+ A ti vuélvome al fin, madre piadosa:
+ Mírame aquí, poeta penitente
+ Ceñida el arpa de marchita rosa.
+
+ Pero, si, tu verás mi afan prolijo
+ Aunque á mi estrella tu piedad no cuadre:
+ Me acusáras tal vez si fueras hijo;
+ Tú me perdonarás siendo mi madre.
+
+ Por tí ¡oh gloria! perdido mi reposo
+ Y encomendando á Dios la suerte mia,
+ Del Atlántico mar tempestuoso
+ A las playas itálicas corria.
+
+ Y á lo léjos ví un monte ennegrecido,
+ Y en la falda del monte vi una roca,
+ Y un nombre colosal hiere mi oído
+ Pronunciándolo trémulo mi boca.
+
+ ¡Roma! Vedla; entre estátuas blanquecinas
+ Muestra la majestad de su pasado.
+ ¡Tambien tienen su pompa las ruinas!
+ ¡Tambien tiene el silencio su reinado!
+
+ ¡Roma! ¡Silencio! inmóvil, pavorosa,
+ Anuncia su altivez en su tristura:
+ Nadie la ha dado el hoyo en que reposa;
+ Ella se abrió su propia sepultura.
+
+ Vedla reinar en la llanura extensa
+ Donde Dios entre mármoles la abisma:
+ Antes del mundo fué la tumba inmensa,
+ Ahora es la inmensa tumba de sí misma.
+
+
+ II.
+
+ Deja que evoque una memoria vaga
+ Triste recuerdo de una edad querida,
+ Como en los bordes de la antigua llaga
+ Un bálsamo se vierte que da vida.
+
+ No vengo aquí á buscar flores y aromas;
+ No demando, Sevilla, tus placeres,
+ Ni el ardiente arrullar de tus palomas,
+ Que palomas de amor son tus mujeres.
+
+ Cuando á mi sino terrenal sucumba,
+ Dame una cruz y una silvestre palma;
+ Dame una cruz y una escondida tumba,
+ Dame una cruz, Sevilla de mi alma.
+
+Vamos ahora al entremés casero, escrito para el album de nuestra amiga.
+
+
+
+
+ENTREMÉS CASERO.
+
+
+ESCENA PRIMERA.
+
+LA MADRE Y SU HIJA ROSA.
+
+
+ LA HIJA. Me muero y no sé de qué;
+ Ya es inútil la cautela....
+
+ LA MADRE. Eso dije yo á tu abuela
+ Que en gloria de Dios esté.
+
+ LA HIJA. Parece que estoy maldita!
+ ¿Quién mi desventura labra?
+
+ LA MADRE. Con esa misma palabra
+ Asusté yo á tu abuelita.
+
+ LA HIJA. Paso las noches en vela....
+ Mamá, te burlas de mí?
+
+ LA MADRE. Cuando me quejaba asi
+ Tambien se burló tu abuela.
+
+ LA HIJA. No como ni duermo ya:
+ ¿Que es esta pena prolija?
+
+ LA MADRE. Cuando tengas una hija
+ Ella te lo explicará.
+
+
+ ESCENA II.
+
+ ROSA Y SU HIJA PAULINA.
+
+ LA HIJA. ¡Madre, horrible enfermedad!
+ Di, qué dolencia me aflige?
+
+ LA MADRE. Lo propio á tu abuela dije
+ Cuando tenia tu edad.
+
+ LA HIJA. No paro noche ni dia;
+ El apetito pasó....
+
+ LA MADRE. Tampoco comía yo
+ Cuando tus años tenia.
+
+ LA HIJA. Quién me causa tales daños?
+ Porque hasta el sueño perdí....
+
+ LA MADRE, Bah! yo tampoco dormí
+ Cuando tenia tus años.
+
+ LA HIJA. Yo no sé qué afan me incita....
+ ¿Quién causa este padecer?
+
+ LA MADRE. Oye; ¿lo quieres saber?
+ Vete á hablar con tu abuelita.
+
+
+
+
+ ESCENA III.
+
+ PAULINA, SU ABUELA.
+
+ PAULINA. Abuela, Dios guarde á usté.
+
+ ABUELA. Muchacha, tú por aquí?
+
+ PAULINA. Hemos de hablar.
+
+ ABUELA. Sobre qué?
+
+ PAULINA. ¿Sobre qué? ¡Triste de mí!
+ No sé qué fuego me sube,
+ Se me oprime el corazon....
+
+ ABUELA. Huy! huy! la misma cancion
+ Que yo con tu abuela tuve.
+
+ PAULINA. La paciencia se me acaba.
+ ¿Se rie de mi agonía?
+
+ ABUELA. Tambien tu abuela reia
+ Cuando yo así me quejaba.
+
+ PAULINA. Por Dios, venga usted acá:
+ ¿Qué es esto que así me inquieta?
+
+ ABUELA. Cuando tengas una nieta ...
+ Tu nieta te lo dirá.
+
+ PAULINA. Mi madre al mirar mi tédio,
+ Me mandó hablar con usté....
+
+ ABUELA. Pues, chica, á tu madre vé
+ Que ella sabe ya el remedio.
+
+ _No te apesares, Paulina;
+ Trás esta viene otra edad:
+ El tiempo es la enfermedad
+ Y el tiempo es la medicina_
+
+
+Pasemos á la visita de los establecimientos públicos, luego seguirán las
+curiosidades estadísticas, y terminarémos este largo dia con la noticia
+de los monumentos más notables.
+
+Los mataderos nos han dejado atónitos. Para que el lector se forme una
+idea del incalculable movimiento que allí debe haber, de la sangre que
+allí se debe derramar, bastará decir que de allí han salido en el año
+pasado sobre ciento veintisiete millones de libras de carne. La carne de
+vaca, de ternera, de cerdo y de cabrito, entró en esta cifra por ciento
+trece millones de libras, ó sea cuatro millones y medio de arrobas.
+¿Cuántas cabezas de ganado supone aquel guarismo monstruoso? Si el
+matar á los animales fuera realmente una culpa, como creian no pocos
+filósofos de la antigüedad, los mataderos de Paris serian una herejía
+tan grande, que bastaran ellos solos para que se condenara
+irremisiblemente toda la Europa. En fin, sepan, tambien mis lectores,
+que esta municipalidad recibe de los mataderos y de los mercados una
+contribucion anual que no baja de veinte millones de reales.
+
+En el Monte-Pio se han empeñado un millon trescientos mil objetos, y se
+han renovado trescientas cuarenta mil papeletas, cuyas operaciones
+suponen un total de más de millon y medio de artículos.
+
+Los empeños han importado noventa y seis millones, y las renovaciones
+cerca de treinta y tres, de modo que la cifra total de las operaciones
+no baja de ciento veintinueve, a ciento treinta millones de reales.
+
+Se han vendido setenta y seis mil objetos, por valor de cinco millones.
+Los sueldos y honorarios de los empleados importan anualmente de
+cincuenta y cinco á sesenta mil duros.
+
+En cuanto á los hospicios y hospitales, nos han asegurado personas
+fidedignas y autorizadas, que las familias indigentes han sido
+veintinueve mil seiscientas, compuestas de más de setenta mil
+individuos.
+
+El Hospicio de expósitos y huérfanos ha recibido tres mil novecientas
+cuarenta y tres criaturas, de las cuales han muerto setecientas ochenta
+y ocho.
+
+Se han gastado en los hospitales, en el año anterior, sobre sesenta y
+seis millones de reales, en cuya suma entran los artículos siguientes
+por las partidas que voy á notar.
+
+Pan; seis millones, ciento noventa mil, setecientos sesenta y cuatro
+reales.
+
+Vino; cinco millones, veinte mil, cuatrocientos.
+
+Carne; seis millones, ochocientos trece mil, ochocientos veintiocho.
+
+Comestibles; cinco millones, setecientos ochenta y nueve mil, cuarenta y
+cuatro.
+
+Leña y carbon; tres millones, treinta y nueve mil, setecientos setenta y
+seis.
+
+Resulta que en los cinco artículos anteriores se ha gastado bastante más
+de un millon de duros, ó sea veinticuatro millones de reales.
+
+Los establecimientos de locos ofrecen una estadística sorprendente.
+
+En 1º de Enero de 1856 existian, en los dos asilos del Sena, tres mil
+trescientos cuarenta y un locos. Además, entraron en el año mil
+quinientos ochenta y nueve, de modo que componían un total de muy cerca
+de cinco mil, ó sea una especie de pequeña ciudad.
+
+En el mismo año salieron de aquellos dos asilos ochocientos cuarenta y
+nueve, y murieron quinientos setenta y cinco. Quedó, pues, reducida
+aquella poblacion á tres mil, quinientos seis.
+
+El estudio de esta materia no deja de tener sus curiosidades
+instructivas, por más que sean tristes y dolorosas, tales como la
+influencia de las profesiones en el desarrollo de la locura. A medida
+que se estudia este fenómeno terrible, este, terrible inconveniente de
+la razón, este negro ocaso del pensamiento, se va comprendiendo que la
+locura pertenece tanto á la medicina, como á la filosofía y á la moral.
+El ejercicio, los hábitos, las profesiones y el género de vida; es
+decir, la conducta, influye más tal vez que la disposicion
+constitucional de los órganos cerebrales. Me he informado minuciosamente
+acerca de esto, y he conseguido averiguar que las industrias
+manufactureras son las profesiones que han pagado al extravío mental
+mayor contingente; pero en una proporcion que asusta.
+
+Luego siguen las profesiones mercenarias; ó sean criados y dependientes
+de todas clases.
+
+Despues las profesiones liberales, como la poesía, la pintura, la
+escultura, la música la declamacion, la plástica y otras.
+
+Despues las profesiones mercantiles.
+
+Luego las gentes que no tienen profesion.
+
+Por fin, las ocupaciones agrícolas. Estas son las menos castigadas por
+aquel espantoso azote, en la proporcion que vamos á ver.
+
+Las profesiones industriales representan un 37 por ciento.
+Los oficios mercenarios un 19
+Las profesiones liberales un 9
+El comercio un 7
+Gentes sin profesion un 3
+La industria agrícola un 1-1/2
+
+De modo que las ocupaciones que pagan un tributo más caro á la locura
+son la fábrica, la servidumbre y el ingenio; despues viene el comercio,
+luego la vagancia; por fin, la industria de los campos.
+
+El movimiento de la poblacion de esta ciudad, nos ofrece tambien algunas
+extrañas singularidades.
+
+Han nacido en 1856 treinta y ocho mil criaturas; veintiseis mil
+legítimas, y doce mil de otras procedencias. Han muerto veintinueve mil
+setecientas cuarenta y tres; resultando un aumento de más de ocho mil.
+
+Se han contraido doce mil cuatrocientos noventa y tres matrimonios, en
+la forma siguiente:
+
+Entre solteros; diez mil ciento setenta y siete.
+
+Entre viudos y solteras; mil doscientos sesenta y ocho.
+
+Entre solteros y viudas; quinientos noventa y siete.
+
+Entre viudos y viudas; cuatrocientos cincuenta y uno.
+
+Resulta que la cifra menor es la de los viudos y viudas. Quizás se han
+acordado de lo que dice cierto adagio: _pan con pan, comida de tontos_.
+
+En la _Caja de ahorros_ se han verificado doscientas cuarenta y ocho
+mil, ciento veintidos imposiciones, hechas por doscientos veintiun mil
+imponentes. La Caja ha recibido ciento diez millones; y ha devuelto
+sobre ciento quince, habiéndose operado un movimiento total de
+doscientos veinticinco millones, durante el referido año de 1856. En 31
+de Diciembre del mismo año, debía ciento ochenta y tres millones, á
+doscientos veintiun mil trescientos setenta y nueve imponentes.
+
+Las operaciones de la _Caja de descuentos_ se han verificado sobre
+setecientos veintidos mil, doscientos sesenta y cinco efectos, por un
+valor de dos mil quinientos millones de reales próximamente.
+
+El presupuesto municipal de Paris es mayor que el de algunas naciones de
+cierta importancia.
+
+_La concesion de privilegios_ produjo á la villa en 1856 la enorme suma
+de ciento ochenta y seis millones de reales, cifra que representa tres
+presupuestos como el de toda la Suiza. Para que se comprenda lo
+maravilloso de este hecho, sepa el lector que el Austria, toda el
+Austria, una poblacion de treinta y cinco á cuarenta millones de almas,
+no recaudó en el mismo año por aquel concepto, más de veintiseis
+millones de reales, ó sea menos de una sétima parte que la sola ciudad
+de Paris.
+
+En fin, los ingresos montaron á doscientos ochenta y cuatro millones. Es
+muy probable que en el año presente no bajen de trescientos millones,
+poco menos de lo que pagaba al Erario nuestro país, durante el régimen
+absoluto.
+
+En el presupuesto de gastos hallamos las partidas siguientes:
+
+
+Instruccion primaria. 6 millones.
+Empedrado. 15
+Beneficencia. 32
+Policía. 51
+Rédito y amortizacion de la deuda municipal. 64
+
+
+La policía cuesta á Paris más de siete mil duros diarios.
+
+Los consumos ofrecen resultados no menos admirables. Esta ciudad
+consumió en 1856 los artículos y cantidades siguientes:
+
+_Vinos_; siete millones, trescientas mil arrobas.
+
+_Alcohol y aguardiente_; quinientas treinta y nueve mil; idem.
+
+_Barniz_; cincuenta y tres mil, idem.
+
+_Frutas en conserva_; ciento ochenta mil, idem.
+
+_Vinagres_; ciento cincuenta y nueve mil, idem.
+
+_Cerveza_; dos millones, treinta y tres mil, idem.
+
+De esta cerveza, se ha fabricado en Paris un millon, doscientas diez y
+siete mil arrobas.
+
+_Aceites_; ochocientas cincuenta y cuatro mil, idem.
+
+_Comestibles_. Carnes de todas clases; ciento cuarenta y tres millones
+de libras.
+
+_Queso fresco_; tres millones y medio de libras.
+
+_Sal_; catorce millones, seiscientas mil setecientas, idem.
+
+_Ubas_; siete millones, idem.
+
+_Manteca_; seis millones y medio, idem.
+
+_Huevos_; ciento cuarenta mil arrobas.
+
+_Volatería y caza_; cien mil idem.
+
+_Combustibles_. Leña; cuatrocientos setenta y dos mil piés cúbicos.
+
+_Carbon vegetal_; veintitres millones de arrobas.
+
+_Carbon de tierra_; veinticuatro millones, idem.
+
+_Materiales_. Cal; dos millones y medio, idem.
+
+_Yeso_; veinticuatro, idem.
+
+_Baldosas_; cinco millones y medio. (Unidades,)
+
+_Ladrillos_; diez y seis millones, idem.
+
+_Alfarería_; ocho millones de metros cúbicos.
+
+_Forraje_; ocho millones y medio de haces.
+
+_Heno_; quince millones, idem.
+
+_Cebada_; ciento sesenta y cuatro mil fanegas.
+
+_Avena_; dos y medio millones de idem.
+
+_Cera blanca_; ciento treinta y seis mil libras.
+
+_Amarilla_; ciento noventa mil, idem.
+
+El importe de las ventas por mayor, verificadas en los mercados,
+presentan los siguientes guarismos.
+
+Pescado de agua dulce, cerca de 4 millones de reales.
+
+De mar 36 idem.
+
+Ostras, cerca de 8
+
+Volatería y caza 68
+
+Manteca 73
+
+Huevos 35
+
+Estos solos artículos suponen un movimiento comercial de doscientos
+veinticuatro millones de reales.
+
+Las declaraciones que se han hecho en la Aduana de esta ciudad, en el
+año indicado, suben á ciento diez y seis mil, quinientas noventa y
+siete. El número de bultos ha sido el de doscientos doce mil,
+setecientos treinta y ocho.
+
+El valor de las mercancías ha montado á casi mil millones (novecientos
+ochenta y cuatro), cifra á que asciende el comercio general de muchos
+países.
+
+Esto me ha dado la curiosidad de conocer el comercio general y especial
+de Francia, y las noticias que da la estadística oficial, no han podido
+menos de asombrarme.
+
+El importe del comercio general, en 1856, subió á más de
+cinco mil millones de francos 5.399
+
+El comercio especial representó un valor de cerca
+de cuatro mil millones de aquella moneda 3.883
+ ------
+ 9.282
+ ------
+
+
+Hallamos, pues, que el comercio general y especial de Francia, en dicho
+año, representa una suma de más de treinta mil millones. No quiero
+presentar la cifra de nuestro comercio, porque, á pesar de sus progresos
+rapidísimos y sorprendentes, ofrece un resultado muy desconsolador, muy
+aflictivo, muy penoso.
+
+En el floreciente comercio francés la Europa figura por un
+valor de 3.571 millones de francos.
+La América por 1.207
+Las colonias francesas por 368
+El África por 133
+Y el Asia por 120
+
+Las siete naciones con que Francia ha hecho un comercio
+más importante, son las siguientes:
+
+Inglaterra. 763
+Estados-Unidos. 660
+Bélgica. 447
+Suiza. 399
+Zollwerein (Union aduanera alemana). 261
+España. 246
+Cerdeña. 220
+
+
+El comercio francés ha presentado setecientas sesenta quiebras, y se han
+disuelto ochocientas catorce sociedades.
+
+El número de estas sociedades en 1856, era el de mil cuatrocientas seis,
+con los fondos siguientes:
+
+
+Sociedades colectivas. 93 millones de reales.
+Comanditarias ordinarias. 168
+Idem por acciones. 7.712
+ ------
+ Total. 7.973
+ ------
+
+
+En los ingresos del Estado hallamos las siguientes partidas:
+
+
+Contribuciones directas. 1.700 millones de reales.
+Idem indirectas. 1.600
+Timbre y registro. 1.400
+Aduanas y sales. 868
+
+Estos cuatro guarismos montan á más de cinco mil quinientos millones.
+
+El presupuesto general sube á muy cerca de siete mil millones de reales.
+
+En la série de gastos nos llaman la atencion cinco cifras.
+
+
+Intereses y amortizacion de la Deuda pública. 2.088 millones.
+Ministerio de la Guerra. 1.384
+De Marina. 532
+Correos. 155
+Emperador y cuerpos colegisladores. 154
+
+
+Al ver que la renta de Correos costaba á la nacion sobre ciento
+cincuenta y cinco millones de reales al año, he querido tener noticias
+acerca del producto de aquella renta, y he hallado que en 1856
+circularon más de doscientos cincuenta y tres millones de cartas, cuyo
+franqueo produjo al Estado un ingreso de ciento noventa y dos millones.
+El total de los ingresos subió á doscientos veinticuatro millones.
+
+No quiero dejar de hacer mencion de una partida que he encontrado en el
+presupuesto de gastos, y que me ha hecho suspirar. La instruccion es
+aquí atendida con una suma de ochenta millones próximamente. ¿Cuánto
+dedica nuestro Gobierno á la instruccion pública? No quiero decirlo;
+tengo bastante con la amargura que siento en mi alma; no quiero añadir á
+la amargura otra cosa peor.
+
+Los ferro-carriles presentan el resultado que voy á notar:
+
+
+Leguas en explotacion. 1.492
+Productos. 1.244 millones.
+
+
+Vayamos ahora al Reino-Unido, atravesemos el Estrecho de la Mancha, y
+este órden de cosas nos parecerá tal vez pequeño.
+
+
+Las aduanas y las sales produjeron al Estado
+francés. 868 millones.
+Las aduanas solamente produjeron al Tesoro
+inglés, en 1857. 1.300
+
+Los intereses y amortizacion de los setenta y cinco mil millones
+de la Deuda pública, importaron. 2.755 millones.
+El ejército y marina. 4.074
+El cuerpo civil. 650
+Los gastos de Hacienda. 420
+ --------
+ 7.899
+ --------
+
+Estas cuatro partidas representan una suma bastante mayor que el
+presupuesto de toda la Francia.
+
+Una singularidad he notado entre el presupuesto de ambas naciones.
+
+Francia destina á obras públicas doscientos cincuenta y seis millones,
+mientras que la Inglaterra no destina arriba de noventa millones.
+
+Francia destina a la instruccion pública ochenta millones, como ya dije,
+mientras que el Reino-Unido destina muy cerca de ciento, ó sea
+novecientas noventa y seis libras esterlinas.
+
+Las cartas circuladas han sido en número de cuatrocientos setenta y ocho
+millones, ciento veinticinco millones más que en Francia. La renta de
+este ramo subió en 1856 á doscientos ochenta y siete millones, sesenta y
+tres millones más que en el imperio francés, á pesar de la diferencia en
+el precio del franqueo y certificado.
+
+
+Los licores espirituosos han dado al Tesoro del Reino-Unido
+una renta de. 1.125 millones de reales.
+
+La cerveza ha producido al Estado. 650
+
+La moneda acuñada sube á. 447 millones de reales.
+
+
+Los metales y minerales extraidos y fundidos en 1855, presentan la
+siguiente curiosa estadística:
+
+
+El carbon representa un valor de. 1.472 millones.
+El hierro. 1.064
+Otros metales y minerales. 1.264
+ --------
+ 3.800
+ --------
+
+
+Se emplearon en operaciones metalúrgicas doscientos noventa y cinco mil
+hombres, y cerca de nueve mil mujeres.
+
+La Inglaterra ha extraido de la Australia, desde 1851 á 1855, ó sea en
+el trascurso de cuatro años, cuarenta y un millones de libras
+esterlinas, que vienen á representar próximamente una cifra de cuatro
+mil millones.
+
+
+Para que se conciba una idea de su fabuloso comercio, baste
+saber que ha enviado á los Estados-Unidos mercancías por
+valor de. 2.200 millones.
+A la India. 1.048
+A las ciudades libres de Alemania. 1.012
+A la Australia. 982
+A Francia. 640
+
+La Compañía de Indias, ese coloso comercial, ese portento de la
+asociacion mercantil, en Inglaterra, esa maravilla del mundo moderno, ha
+vendido en 1856 cerca de seis millones de libras de ópio de Patua y
+Benarés, percibiendo una suma de más de trescientos cincuenta millones
+de reales.
+
+El valor de los billetes del Banco de Lóndres, puestos en circulacion en
+dicho año, fué el siguiente:
+
+
+Billetes de quinientos reales. 610 millones.
+De mil. 390
+De dos mil á diez mil. 570
+De veinte á cien mil. 430
+ -------
+ 2.000
+ -------
+
+
+El movimiento de todos los Bancos ingleses, en la época indicada,
+representa una cifra de muy cerca de treinta y nueve millones de libras
+esterlinas, ó sea tres mil novecientos millones de reales, repartida del
+modo siguiente:
+
+
+Banco de Lóndres. 20.062.041 libras esterlinas.
+De Irlanda. 7.425.740
+De Escocia. 4.444.702
+Bancos particulares. 3.355.971
+Por acciones. 8.113.886
+ -------------
+Total. 39.9022.340
+ -------------
+
+
+Basta de guarismos. La aritmética, no crea el lector que la desdeño;
+pero no es lo que está más en armonía con mis aficiones, y siento que mi
+alma se anega entra el oleaje contínuo de tanto millon. No obstante, me
+he detenido en la anterior reseña más de lo que pensaba, atendida la
+índole de estos apuntes, porque la estadística tiene en nuestro siglo
+una influencia incalculable. Esta influencia es mucho mayor de lo que
+nosotros creemos, sin embargo de ser nosotros los que la atribuimos y la
+damos el influjo que ejerce. En esto, así como en otras muchas cosas,
+nos acontece lo que á aquel que se entrega al sueño. El es el que se
+duerme, y él es quien menos sabe que se duerme en efecto. La estadística
+hoy no es solamente un ramo de ciencia, una simple materia de
+administracion, un punto de historia, una especie de erudicion social,
+sino una regla de gobierno, un consejo de Estado, un código, una
+constitucion. Observemos de dónde proceden casi todas las revoluciones,
+casi todas las turbulencias, la mayor parte de los conflictos en las
+sociedades modernas, y en todas esas complicaciones y tumultos
+hallarémos algun orígen económico, algo administrativo, algo que dice
+relacion al Tesoro público, á la Hacienda, al Erario; hallarémos algo
+estadístico. ¿Cuántas caidas de gabinetes no han sido producidas por un
+empréstito? ¿Cuántos tumultos no han tenido por causa una contribucion?
+¿A cuántas crísis gubernamentales no han dado lugar los presupuestos?
+¿Cuántos gobiernos no han perdido, y pierden el poder todos los dias,
+bajo el peso de una bancarota? En fin, baste decir que una mera crísis
+monetaria, la crísis ocurrida no ha mucho, produjo la modificacion de
+importantísimos gabinetes europeos. La estadística entró en los consejos
+constitucionales, fué llamada y oida como un personaje de la nacion,
+como un gran poder del Estado; la estadística, la aritmética social, el
+nuevo magnate, expulsó á unos hombres, y llamó á otros para que ocuparan
+las sillas del gobierno. Esto es asombroso; esto no se cree antes de
+pensar y de ver con cuidado lo que sucede; pero sucede realmente; es una
+verdad; una verdad que anda por todo el mundo; una verdad que
+reconstruye, por decirlo así, el sistema de todos los pueblos, aun el de
+aquellos pueblos que muestran más tenacidad en hacer del tiempo presente
+un centinela del tiempo pasado. ¿No veis movimiento en la India, en el
+mismo Japon, aun en el propio imperio Chino? ¿No veis que ese Japon abre
+sus puertos á las naves de ciertas naciones, profanando el misterio
+tradicional que la religion atribuye al legado de Sinto, á su oculto y
+divino _Diari_? ¿No veis agitarse la atmósfera en la China, en ese
+vastísimo imperio, en ese inmenso hogar de centenares de millones de
+criaturas? ¿No advertís como cierto vaiven, cierta oleada, en el
+ambiente de ese pueblo, convertido, hace miles y miles de años, en un
+guardian que contempla con ojos desencajados la urna veneranda de sus
+tradiciones? ¿No hallais algo extraño, sumamente extraño, en esa China,
+en esa segunda humanidad, en esos hombres cubiertos de polvo; el polvo
+que ha debido dejar detrás de sí la pisada autómata de tantos siglos?
+Sí, lector, allí hay un espíritu nuevo, una nueva palanca, un viento de
+otros climas. Pues el espíritu que agita á ese imperio fabuloso, esa
+palanca que lo remueve, ese huracan que lo airea y lo empuja, el
+arquitecto milagroso que echa por tierra su enorme muralla, el mago
+invisible que lo hechiza, ¿lo oyes lector mio? ese formidable poder que
+aturde á los chinos; ese huésped irresistible que les obliga á tolerar
+otras religiones; que les obliga á conceder la libertad de cultos,
+aunque al oirlo se estremezca la tumba de su sagrado Fé; eso que allí se
+mueve, que por allí anda, eso que allí reina, es la estadística; la
+Economía política; la administracion, las matemáticas sociales; el
+gobierno de nuestros dias. Quitad á Luis Napoleon los siete mil millones
+de presupuesto nacional. ¿Qué seria? Nada. ¿Qué haria? Nada. ¿Estaria en
+el trono? No. ¿Caeria de ese trono, como cae el rayo de las nubes? Sí.
+Quitad á la Inglaterra su organizacion administrativa; su particular
+régimen económico; su espíritu estadístico, si así puede decirse;
+quitadla eso, y la quitareis su importancia, su genio, su poder; la
+quitareis el ser Inglaterra. Ni trono, ni Cámaras, ni Parlamento, ni
+meetings; nada bastará. India, Australia, California, todo será inútil.
+Quitadla su ley y su Banco; su libro y su oro, su ciencia y sus metales,
+y rezad un Padre nuestro por su alma.
+
+La Economía política, el libro estadístico, hace hoy lo que hacian en
+otro tiempo la fuerza, la conquista, la tradicion, la herencia y la
+casta. La estadística es la nueva _casta social_, la nueva sangre de la
+política, la nueva sangre de los gobiernos. Hoy reina el número, como
+antes imperaban la guerra, la teología y el pergamino.
+
+La historia del gobierno humano debe dividirse actualmente de otra
+manera que se ha hecho hasta aquí. Aquella division debe hoy hacerse del
+siguiente modo, ó de un modo análogo.
+
+
+ Primero: gobiernos conquistadores; la fuerza.
+ Segundo: gobiernos teologales; la religion.
+ Tercero: gobiernos tradicionales; la casta.
+ Cuarto: gobiernos históricos; la herencia.
+ Quinto: gobiernos sociales; la estadística.
+
+
+Pitt en Inglaterra, Sully y Colbert en Francia, Campomanes, Florida
+Blanca, Jovellanos y Florez Estrada en nuestro país, son dignísimos
+representantes de la nueva historia social.
+
+Y este es el lugar de decir que, desde fines del siglo pasado, se han
+verificado dos grandes movimientos en la marcha del mundo; han tenido
+lugar dos nuevos y trascendentales juicios en el espíritu de los fastos
+humanos, en ese espíritu que gobernaria la vida del hombre, aunque
+aquellos fastos no estuvieran escritos en papel; aquel espíritu anterior
+y providencial, ley eterna de todos los tiempos, eterna moral de todos
+los pueblos y de todas las razas, del cual el libro histórico no es más
+que un signo, como el cuerpo no es otra cosa que un signo del alma;
+aquel espíritu que se reviste de la forma de la literatura, de la
+imprenta, como nuestro ánimo se reviste de ojos y de frente, por
+ejemplo: es un ángel vestido de bruto.
+
+Digo que en ese espíritu que domina al hombre, que gobierna la vida,
+como si fuese el interminable reinado de la historia, están germinando
+dos ideas profundas y poderosas, desde fines del siglo pasado hasta
+nuestros dias. Aquellas dos ideas se enseñorean hoy de todas las formas,
+de todos los poderes, de todos los entendimientos, en una palabra, se
+enseñorean de todas las revoluciones que se operan en la razon del
+mundo.
+
+Las dos ideas de que hablo son: la estadística y la fisiología: la
+estadística, explicando la sociedad; la fisiología explicando al hombre.
+¡Quién habia de decir á nuestros antiguos filósofos que la fisiología es
+espiritualista á su manera!
+
+Véase con cuidado lo que pasa en el mundo de hoy, y se hallará tal vez
+que la grande lucha, el gran trabajo de nuestro siglo, no es más que el
+resultado del natural antagonismo que existe entre las ciencias
+tradicionales y ese genio de la historia, ese nuevo espíritu que se ha
+despertado en el alma del hombre; más claro, entre las ciencias
+escolásticas por una parte, y las matemáticas y la física por otra.
+Digo, matemáticas, porque la estadística no es otra cosa que las
+matemáticas aplicadas al régimen social.
+
+Esas dos ciencias, esas dos geometrías, la interna y la externa, la
+humana y la social: esas dos creaciones casi fabulosas que llenan el
+globo desde fines del siglo pasado, marcan hoy la medida de la
+civilizacion de los pueblos; son la manecilla de metal que mide las
+horas del mundo en ese reloj oculto y misterioso. La fisiología y la
+estadística son actualmente lo que eran antes la astronomía, la teología
+y aún la mágia. Hoy no es más civilizada la nacion que más sabe y que
+más disputa, sino la que más analiza y más demuestra. Casi puede decirse
+que la física de hoy, equivale á la metafísica de ayer.
+
+Pasó el tiempo de la palabra.
+
+Estamos en el tiempo de la prueba.
+
+Pasó el tiempo de la opinion.
+
+Estamos en el tiempo del experimento.
+
+Pasó el tiempo del puro raciocinio, del criterio teórico; pasó el tiempo
+medio caballeresco y medio fantástico, en que la ciencia convencia al
+mundo y lo gobernaba ocultamente, empeñando _palabras de honor_.
+
+Estamos en el tiempo del criterio práctico, del criterio de aplicacion,
+del análisis geométrico de la prueba real, casi física; en un tiempo en
+que el compás explica la idea; en que un pedazo de materia explica un
+pensamiento, como el alambre explica la electricidad, como el plomo
+explica la imprenta, como la brújula marca el polo Norte; en un tiempo
+que no cree en las _palabras de honor que da la ciencia_.
+
+Pasaron los tiempos de Platon y Aristóteles.
+
+Estamos en los tiempos de Colon, Guttemberg, de Bichat, de Vaucauson,
+de Montgolfier y de Fulton. Pasó la dialéctica, pasó el silogismo, y
+vino el instrumento, vino la máquina.
+
+Este gran fenómeno, el más peregrino y trascendental que se ha realizado
+en la historia, tiene una razon profunda, una profunda psicología. Toda
+la civilizacion asiática, como la judía, como la griega, como la romana,
+como la feudal, pretendian explicar el cuerpo por el alma, la materia
+por el espíritu, la criatura por el criador. Y pasan siglos y más
+siglos, pasan espectros y más espectros, sombras y más sombras, y por
+honrar al Criador se ahorcaba en un cadalso á la criatura; y por redimir
+al espíritu se ponia en un tormento la materia; y por salvar el alma se
+encendian hogueras al cuerpo. El hombre era quemado, como quien tributa
+un culto á Dios. Así servian y adoraban á Dios las castas antiguas, las
+antiguas civilizaciones, ese algo histórico que ha venido reinando en el
+mundo hasta el siglo XIV de la era cristiana; ese algo no definido
+todavía; esa casta revuelta y confusa, que se ha denominado de muchos
+modos, pero que en realidad no es otra cosa que la ley de la
+contradiccion, la ley de la Persia, un mundo de luz, representado por
+_Ormuzd_, y un mundo de tinieblas representado por _Ahriman_: decir, una
+gloria, explicando un infierno; un Dios explicando á un diablo. El alma
+era Dios, era el ídolo, y se le quemaban perfumes; el cuerpo era el
+diablo, y se le apedreaba, cuando no se le achicharraba vivo.
+
+Estudiado con imparcialidad y reposo este intrincado asunto, hallarémos
+que el mundo antiguo, la humanidad hasta el siglo XIV, no es más ni
+menos que un órden de cosas creado por la ley de la contradiccion, por
+la ley de las castas, la ley de arriba declarando pária á la ley de
+abajo; la ley de un espíritu y de una materia, considerados como poderes
+antagonistas; como fuerzas radicales contrarias; la ley terrible que
+convertia al hombre en enemigo del hombre y de Dios. Que este enemigo se
+llamara sudra en la India, hebreo en Egipto, hierodul en Capadocia,
+esclavo en Grecia y Roma, ilota en Esparta, siervo ó hereje en la edad
+media, poco importa: la filosofía de la historia es la misma. Es una
+idea que se ha revelado bajo distintas formas; es un vidrio que ha
+reflejado la luz de varios modos, como un libro tiene varias páginas,
+como una tormenta tiene varias nubes, como la escama de las serpientes
+tiene varias pintas. Repito que el mundo, hasta el siglo XIV de nuestra
+era, venia del Asia; y que el Asia venia de la ley de la contradiccion;
+esa ley abolida por el Evangelio; ese mónstruo ahogado por la sangre
+vertida en la cruz; esa fosa de la humanidad cegada por el mártir del
+monte Calvario. ¡Mundo pagano, mundo gentil, no luches, basta! Si algo
+te queda dentro del valladar que Dios ha puesto al hombre, si alguna
+gloria te está reservada por el pensamiento de la Providencia, no
+hallarás esa gloria, ese dia luminoso no brillará en el cielo para tí,
+sino volviendo tu inteligencia y tu corazon al monte Calvario. No
+luches, no huyas, no leas, no esperes, no mires atrás ni adelante; ponte
+de rodillas ante un crucifijo. Muda de fe, y adora. Más claro, ten fe,
+porque lo que tú tienes ahora no es fe; lo que tú haces ahora no es
+creer, es soñar. Ten fe, repito, y te salvarás, como se ha salvado la
+humanidad cristiana.
+
+El mundo moderno mudó enteramente de pensamiento y de conducta. En vez
+de explicar la criatura por el criador, la materia por el espíritu, el
+cuerpo por el alma, el hombre por la sociedad, tiende á explicar la
+sociedad por el hombre, el alma por el cuerpo, el espíritu por la
+materia, el criador por la criatura, arrojando del mundo una metafísica
+simbólica, poética, oriental; una especie de augurio pagano, una
+adivinacion, egipcia que, ó no explica nada, ó explica todos los
+absurdos y monstruosidades que la mente de un loco puede concebir; todos
+esos absurdos y monstruosidades que han venido reinando en la historia
+de la humanidad.
+
+Antes sucedia que por el misterio del geroglífico, querian explicar las
+figuras del mismo geroglífico, de donde resultaba que no conocian ni las
+figuras, ni el misterio, ni modo ni esencia, ni cuerpo ni alma, ni
+criatura ni criador. Partian de lo que ignoraban, para llegar á lo que
+no sabian. Eran dos ignorancias obstinadas y supersticiosas, creando
+todo un mundo; el mundo en que debia vivir el hombre, el sér que piensa
+y siente, el sér que raciocina y ama, el sér que crea tambien, la
+hechura más noble, la concepcion más sábia de la suma sabiduría, el
+poder más grande que dió á luz el Todopoderoso; el único poder creado,
+capaz de conciencia, capaz de convencerse, capaz de arrepentirse, capaz
+de bajar la cabeza y suspirar; el hombre, la criatura que llora y que
+espera. Y luego hay cristianos, hoy, en nuestro siglo, pasados mil
+ochocientos sesenta y tres años de la Cruz; hay cristianos, repito
+(¡parece mentira!) que profesan la ley de la contradiccion, la ley de un
+alma divinizada y de un cuerpo quemado; la ley de los tormentos y de las
+hogueras; la ley de la horca y del cuchillo; la ley de Tiberio que llenó
+de gemidos las tinieblas sagradas de las catacumbas; la ley de Pilatos,
+que hizo caer á Jesucristo bajo la carga de un madero. Y al hablar de
+cristianos que profesan hoy aquella ley bárbara, no me refiero á hombres
+vulgares, sino á personas ilustradas y fervorosas. Yo no puedo expresar
+cuánto me amarga esa inconcebible y lastimosa contradiccion. No se
+comprende cómo esos hombres viven en el mundo, ni cómo han leido la
+historia.
+
+El espíritu moderno, el mundo cristiano, hizo lo contrario de lo que
+hacia el mundo venido del Asia. Para adivinar el misterio del
+geroglífico, partió de las figuras: para adivinar el geroglífico, que
+estaba dentro, partió del geroglífico que estaba fuera; para adivinar lo
+que no veia, partió de un hecho que estaba viendo; y de esta manera
+consiguió que si no veia lo de dentro, veia al menos lo de fuera; algo
+veia. Acaso no logre conocer el espíritu, pero conoce la materia; tal
+vez no conozca á su criador, pero conoce la criatura; tal vez no logre
+explicarse la sociedad humana, pero se explica al hombre. Ya que no la
+esencia, conocerá el modo; ya que no logre adivinar ese algo infuso, esa
+cifra divina, esa última duda, esa duda suprema y venerable de que
+parece circuirse el espíritu providencial, logrará siquiera conocer lo
+que se ha revelado, lo que obra en la naturaleza, lo que Dios ha
+escrito en esa segunda teología, lo que Dios promete en esa segunda
+religion. Antes no se veia lo visible; no se realizaba lo realizable.
+Hoy, sí. Este es el gran carácter del cristianismo sobre la civilizacion
+gentil y pagana. El hombre cristiano se cree autorizado, se cree con
+poderes, se cree hasta con fuero, para ver lo que puede verse; dejó de
+quemar al que manifestaba que veia lo que no se habia visto antes; dejó
+de fabricar tormentos, de aparejar cadalsos y de encender hogueras al
+altísimo y venerando ministerio de la razon humana; al ministerio de
+pensar y de decir lo que se habia pensado; al ministerio de medir, y de
+hacer patente lo que se habia medido, y esto, esto solo explica la
+incalculable superioridad del mundo moderno sobre el mundo antiguo, la
+incalculable superioridad del hombre cristiano sobre el hombre de las
+regiones gentiles y paganas. _La ley de la humanidad_, puesta en lugar
+de la ley de la contradiccion; la ley de Dios y la del hombre, puesta en
+lugar de la ley del diablo y de la del hereje, esto lo explica todo. Sin
+este dato, sin esta observacion, sin hallar en las fastos humanos ese
+fin adorable, esa providencia que triunfa, sin que nadie vea los
+laureles del triunfo; sin que las cosas se miren así por la razon y por
+la fe, unidas y hermanadas, no es posible encontrar la filosofía de la
+historia. La historia será un acaso horrible, un fatalismo ciego y
+cruel, un _pandemonium_, como la denominan los escépticos, los ateos del
+hombre y de Dios. Dicen bien esos desdichados. La historia es un
+_pandemonium_ para los que no creen en la providencia y en la humanidad,
+como la razon es un delirio para el loco, como la ciencia es una
+algarabia para el ignorante, como la luz es una tiniebla para el ciego.
+Más digo y opine lo que quiera esa pobre gente, la historia ha sido, es
+y será siempre la Biblia social, una segunda revelacion, una infalible
+geometría del progreso humano.
+
+He dicho antes que hoy no se considera más civilizada la nacion que más
+sabe y que más disputa, sino la que más analiza y más demuestra. Esta
+verdad no admite duda en mi juicio. La Italia, por ejemplo, es más
+teóloga, más metafísica, más ontológicamente sábia que la Inglaterra;
+sin embargo, la Inglaterra es hoy un pueblo más civilizado, inmensamente
+más civilizado que la Italia. Esto quiere decir que ha analizado más en
+estudios estadísticos y fisiológicos, que es más sábia en la ciencia del
+hombre, y en la ciencia de la sociedad, porque hoy se llama ciencia lo
+que antes se llamaba herejía, y se llama fárrago lo que antes se llamaba
+ciencia.
+
+Cada escuela podrá traducir este hecho á su modo, dejándose llevar de
+sus recuerdos, de sus aficiones ó de sus intereses; pero la existencia
+de aquel hecho, tan capitalmente trascendental, es indisputable.
+
+Voy á decir ahora dos palabras sobre los monumentos citados en el
+sumario de este dia, dando principio por _el palacio de la Bolsa_.
+
+Nada tengo que oponer acerca de la magnificencia del edificio. Es un
+verdadero palacio. Tiene efectivamente ese aspecto grave y majestuoso,
+esa gallardía reposada, casi circunspecta, de aquel género de
+arquitectura. Su historia, considerado como edificio, esto es, su
+historia de piedra, es muy breve. Considerado como una institucion
+social, como _juego público_, aquella historia es algo más larga y más
+difícil.
+
+La Bolsa de hoy ocupa el espacio que ocupó en otro tiempo el convento de
+las hijas de Santo Tomás. ¡Qué cambios tan curiosos y tan elocuentes!
+Principió este palacio el primer imperio, y lo terminó Cárlos X.
+Presenta un paralelógramo de setenta y un metros de longitud, sobre
+cuarenta y dos de latitud, si no mienten los informes que nos dan,
+informes que considero exactos. Al menos no desmienten la impresion que
+aquí se recibe. Circuye al suntuoso edificio una gran galería de setenta
+columnas de un metro de espesor y diez de altura, sostenidas por un
+basamento de tres metros de elevacion. Un sólido cornisamento y un
+elegante ático coronan las setenta columnas, de órden corintio, las
+cuales nos hacen sentir la doble emocion de la majestad y de la fuerza.
+
+Quisimos penetrar, pero los guardas del edificio, herederos históricos
+de la gravedad monacal, nos prohibieron la entrada con cara de priores,
+enviándonos al estanco de la Hacienda pública, en donde debiamos
+proveernos de una especie de credencial, mediante la _limosna_ de dos
+francos, uno por cabeza. He dicho limosna, porque esta rara
+contribucion, esta curiosa prevision del Erario francés, me huele al
+saco del convento. Yo me volví á mi mujer, y la dije en nuestro idioma:
+aquí se ha verificado una trasmigracion casi portentosa. El franco que
+nos piden, se escapó sigilosamente del convento de las hijas de Santo
+Tomás, y se escondió en el palacio de la Bolsa.
+
+--¿Qué franco nos piden? Preguntó mi mujer con picante curiosidad. (Para
+las mujeres es picante todo lo que tire á dar dinero.)
+
+--Ese bedel, conserje ó lo que sea, contesté á mi compañera, me dice que
+vayamos al estanco, en donde nos darán un billete, cuya presentacion es
+indispensable para visitar el edificio. El billete en cuestion nos
+costará un franco á cada uno.
+
+Mi mujer agrió el gesto de un modo visible.
+
+Esta conversacion pasaba en presencia del conserje, que nos miraba con
+estrañeza, y que permanecia de pié, custodiando imperiosamente la
+entrada, como si se tratase de guardar las manzanas de oro en el jardin
+de las Hespérides.
+
+Mi mujer y yo nos dirigimos á un estanco, que hay á pocos pasos del
+edificio. Al bajar la magnífica escalinata de la _Bolsa_, mi mujer me
+tira del brazo, en señal de llamarme la atencion, y me dice:
+
+--Llévame á la fonda; yo me quedaré allí, mientras que tú vienes á
+visitar ese palacio. Me remorderia la conciencia, continuó mi compañera
+con más animacion, si los franceses me cogieran un franco por visitar la
+_Bolsa_.
+
+--Ese franco que piden, contesté yo, no tiene nada de particular; al
+contrario, es una gabela natural, y lógica. Se trata de la _Bolsa_, y
+por simpatía, atacan la bolsa de los curiosos.
+
+--Te lo voy á decir francamente, repuso mi mujer, y apretó el paso,
+como si lo que me iba á decir la espolease. «Yo creí que Paris era un
+pueblo de suma caballerosidad, y de sumo idealismo. Yo creia en España
+que en Paris se hacian muchas cosas por galanura, por etiqueta, por
+urbanidad, por espíritu de civilidad y de hidalguía. Pero, amigo mio,
+estoy viendo que me engañaba de una manera lastimosa. Esto es mucho peor
+que Madrid. Aquí no podemos llevarnos las manos á la cabeza, aquí no se
+puede decir el Padre nuestro, aquí no se puede ni rezar, sin tener que
+hacer frente al dichoso franco. Odio esta palabra, ¡Qué sujeto tan
+descortés! ¡Qué persona tan atribulada y tan agresiva! Franco le llaman,
+y en verdad que le han dado con el nombre, pues tan franco es, que se
+mete por todas partes como trasquilado por iglesia. ¿Quieres que te diga
+la verdad? Segun voy viendo, esto es una batalla contínua, en que los
+combatientes no abrigan otra idea que apoderarse del botin de los
+enemigos; una guerra que se hace, una lucha que se traba, únicamente por
+coger el botin. Ni más ni menos, ni menos ni más. Los combatientes son
+los hijos de este país. Los enemigos son los extranjeros. En España, en
+el mismo Madrid, el dinero es una gran necesidad. En Paris es una gran
+plaga, una gran peste; en fin, es una guerra, con todos los peligros,
+con todos los sustos, con todas las calamidades y las desdichas de una
+guerra. Mira, añadió resueltamente mi mujer; déjame en la fonda; no
+quiero dar un franco por ver ese edificio; por una peseta está cavando
+un español todo el dia en el campo....»
+
+Sin embargo dé estos sermones de mi compañera, yo me dirigí al estanco,
+con el fin de comprar el documento que el conserje me reclamaba. Mi
+mujer lo notó, y se detuvo á despecho mio.
+
+--No te empeñes, porque no voy. No quiero pagar el derecho de ser
+extranjera. Aguantaré que me traten como enemiga, en lo que yo no puedo
+evitar; pero á sabiendas, no.
+
+--Bien, la contesté yo; tú dices que no quieres dar un franco por esa
+visita. Enhorabuena, no lo des; pero yo quiero darlo; no es cosa tuya,
+sino mia, y no debes tener remordimiento alguno. Iba á replicar; pero
+la llevé hácia adelante con el brazo, y esto la persuadió mucho más que
+si la hubiera predicado un sermon. No sé el por qué, mas tengo por cosa
+evidente que á las mujeres las convence más un ademan que veinte
+palabras.
+
+Por santa obediencia se resignó á entrar en el estanco, y no pude menos
+de soltar la risa, cuando observé la cara de vinagre que mi mujer puso
+al ver los dos francos en el mostrador.
+
+--¡Lástima de dinero! dijo furtivamente, y nos dirigimos á la Bolsa.
+
+Buena escalera, excelentes pasillos, galerías espaciosas, hermosas
+balaustradas, salas magníficas.... Repito que nada tengo que tachar á la
+arquitectura del edificio, aunque desde luego se echa de ver que no fué
+construido para que sirviera de palacio. Volviendo ahora los ojos á su
+oficio social, si así puede decirse, principio por no estar conforme con
+el nombre de _Bolsa_, aplicado al cambio oficial, cambio importado en
+Francia por el hacendista escocés Law, á fines del siglo XVII.
+
+La palabra _Bolsa_, no sólo es impropia, sino escasa, ruin, grosera,
+hasta ridícula, para darnos la idea de un lugar en que se verifican
+operaciones mercantiles de cierta monta. No comprendo cómo los
+negociantes que se dedican á aquel juego público, llevan en paciencia
+que se les designe con el apellido de _Bolsistas_. Me parece que en este
+nombre hay algo que se rie de la persona que lo lleva, como si dijéramos
+_bolsillistas_, _faldriqueristas_, _taleguistas_, ó palabras por este
+jaez. Yo deploro (en este sentido ¡tengo tanto que deplorar!) deploro,
+decia, que los españoles, dominados por un espíritu de imitacion
+incalificable, desnaturalizando una de las lenguas más bellas y más
+ricas del mundo, malversando el depósito que muchos siglos y muchas
+glorias les han confiado, hayan mendigado de los franceses la plabra
+_Bolsa_, condenando tan irreflexiva como injustamente los nombres
+castizos de _lonja_ y casa de contratacion. En lugar de _Bolsa_, que
+nada significa, ó significa una ridiculez, porque ridículo es todo
+despropósito ¿qué razon hay para que no pudiera decirse _lonja del
+cambio_? Pero ahora caigo en que esto no bastaba; era indispensable
+ponerse á la moda; era indispensable llamar la atencion con una cuquería
+de nuestros vecinos; era indispensable engalanarse con una palabra
+parisiense, como los payasos se visten de siete colores, para que les
+sigan los chiquillos, ó como se enjaeza un caballo, para venderlo bien
+en la feria. Era indispensable el relumbron, el palaustre, y atravesó
+los Pirineos la palabra _Bolsa_. No sólo hay servilismo en política; hay
+servilismo tambien en conducta, y esas limosnas que el pueblo español
+recibe de Francia; esas caridades que le implora, cuando tantas podria
+hacer, cuando tantas ha hecho á esa misma nacion que nos manda hoy con
+sus monerías; esas limosnas vergonzantes que á Francia pide, es un
+servilismo de nuestra época; y no solamente es un servilismo, sino una
+sandez. ¿Qué se diria del que fuese á buscar falsas doraduras á país
+extraño, olvidando el oro, el oro fino, que tiene en su país? Pues eso
+es cabalmente lo que debe decirse de los españoles, que van á Francia
+para traerse la grotesca palabra _Bolsa_, arrinconando, para que crie
+moho, la palabra lonja; término propio, lógico, natural, en relacion
+perfecta con las tradiciones de nuestro idioma; con su pensamiento y con
+su melodía; es decir, en perfecta relacion con su etimología, con su
+filosofía y con su esthética.
+
+Nuestra nacion no sufriria que el pueblo francés pusiera el pié en un
+palmo de nuestro territorio, y consiente á las mil maravillas una
+invasion completa en otro sentido; una invasion más peligrosa, porque
+nos conquista ocultamente, por dentro, en el interior de nuestras casas,
+en el interior de nuestras viviendas, en lo más íntimo, en lo más
+profundo que tiene el hombre: en la palabra. La palabra es lo último que
+pierden los pueblos, porque esa palabra es á un mismo tiempo su ciencia,
+su poesía, su amor: la palabra es el espíritu que sobrevive á la
+libertad, á los usos, á las costumbres, á las leyes. Se quema un código,
+mil códigos: no se quema la lengua en que están escritos. La palabra y
+la historia son los dos genios que van al frente en todas las exequias,
+son los manes eternos que velan sin cesar sobre la tumba de las
+generaciones. Pasó el Lacio, pasó el pueblo latino; pero queda una
+sombra de aquello; queda una huella que no se borra, un alma que no
+muere, una ceniza que no se enfria, un sepulcro que no se cierra; queda
+un cadáver que no se consume; sobre el polvo, sobre las ruinas, sobre la
+soledad y el silencio de los cadáveres que se extinguieron, queda un
+cadáver que no se extingue, que no se extinguirá, mientras que la tierra
+sienta el calor de las plantas del hombre: pasó el pueblo latino; pero
+nos queda la latinidad. Pasó el pueblo; no pasó la palabra. Pasó el
+cometa, no pasó su rastro. Pasó la tormenta, no pasó el celaje.
+
+Los españoles no sufririan que nos conquistaran un solo palmo de
+territorio; que nos invadiesen un grano de arena, y van á Francia para
+que nos conquisten en el idioma, para que nos invadan en nuestro
+espíritu, en la tierra de Dios, porque es la tierra del pensamiento.
+Hablar es pensar, y el que trastorna lo que hablo, trastorna
+necesariamente lo que pienso. Sí á mí me dijeran: ¿qué es lo que quieres
+para apoderarte de una nacion, para mandarla, para ser su amo? yo
+contestaria: quiero ante todo apoderarme de su lengua, mandar en su
+palabra, ser amo de ese libro en que están escritos los nombres de Dios,
+padre, madre, hijo, hermano, amigo, patria, luz, amor, espacio. Más,
+mucho más que de su territorio, desearia apoderarme de lo que está
+dentro del territorio, de lo que está dentro de las ciudades, de lo que
+está dentro de las casas, dentro de la familia, dentro del individuo; de
+esa sombra que le acompaña, de ese centinela invisible que le custodia,
+de ese misterioso y terrible poder que le defiende; la palabra, la
+inteligencia. Mandando en la lengua, mando en el alma; mandando en la
+boca, mando en la frente, y este es el gran terreno que hay que invadir,
+esta es la gran conquista que hay que hacer, este es el gran pueblo que
+hay que conquistar. Sin saberlo nosotros, sin apercibirnos siquiera, sin
+soñarlo, los franceses nos están invadiendo; los franceses nos
+ametrallan, en una guerra en que se lucha sin disparar tiros. Los
+soldados de esa campaña particularísima, son las palabras; la palabra
+_Bolsa_ es uno de los tantos y tantos combatientes de ese ejército
+numeroso, de ese ejército irresistible, de ese ejército que acabaria por
+conquistarnos, si no llegase un dia en que el pueblo español, aplicando,
+no el oído de fuera, sino el oído de dentro, no aplicando la oreja, sino
+la mente, oyese ruido en el interior de su casa, oyese disparos en el
+territorio de su inteligencia. Ese dia llegará. España comprenderá al
+cabo que el pensamiento tiene sus estados tambien; comprenderá que su
+idioma es su pensamiento, y defenderá las fronteras de su inteligencia,
+como defenderia las fronteras de su territorio.
+
+Entre tanto, yo expulso de mi casa la palabra _Bolsa_, como rechazaria á
+todo el que quisiera arrojarme de mi país. Llegará una hora en que
+España se vuelva á España; yo me he vuelto ya hace algunos dias, aún
+permaneciendo en Paris.
+
+Pero no es la palabra _Bolsa_ el solo punto en que no estoy conforme, al
+estudiar el edificio de que se trata. Tampoco estoy conforme, con que la
+_Bolsa_ tenga un palacio, conque haya un palacio que se llame el palacio
+de la _Bolsa_. Esto me parece tan indiscreto, tan extravagante, tan
+ridículo, como el que hubiese un palacio que se denominara _el palacio
+del bolsillo, el palacio de la faldriquera ó del talego_. Entre bolsa y
+palacio no hay relacion posible, en el órden lógico, por más que nos
+echemos á soñar relaciones. No sólo no hay analogía entre aquellas
+palabras; no sólo carecen del más lejano parentesco, sino que se nos
+entra por los ojos su discrepancia, su evidente contradiccion, y no
+pueden unirse objetos y atributos que se repugnan, que se contradicen,
+que se zahieren. Si esto valiera, podriamos decir: _el palacio del
+hambre, el alcázar de la mendicidad_, y admitida esta nueva manera de
+discurrir, deberia mandarse construir una gran jaula para encerrar al
+mundo. No estoy conforme con el palacio de la Bolsa, como no lo estoy
+con el palacio de la Industria, ni con otros muchos palacios que por
+aquí bullen, despertando en mi alma recuerdos penosísimos, tristes y
+lamentables contradicciones. ¡Palacio de la Industria! ¡Y el industrial
+no tiene dónde vivir! ¡Y el obrero tiene que ir á buscar una vivienda
+más allá del recinto de la ciudad, á Batiñoles! Es un magnate que tiene
+un alcázar, y ha de andar buscando un asilo de zoca en molondra. Es un
+mendigo á quien se ha levantado un palacio; pero que no ha dejado de ser
+mendigo, ¡Vanos alardes! ¡Estéril pompa! ¡Pobre magnificencia! Aquí se
+hacen muchas cosas por el solo gusto de hacer; se dicen muchas cosas por
+el solo gusto de decir: hay ostentacion, aparato; no hay intencion, no
+hay propósito, no hay ese íntimo y fervoroso trabajo de la conciencia,
+que precede á todo deseo, á toda aspiracion, sobre todo cuando es una
+aspiracion madura y sensata. Aquí hay muchos principios sin fines. No
+encuentro en Francia ese pensamiento anterior, circunspecto, convencido,
+inflexible, que hallo en los trabajos de los alemanes; ese bellísimo
+sentimiento, esa fantasía aromática, esa seductora inspiracion de los
+italianos; ese cálculo fijo, inflexible, tenaz, callado, sigiloso, tal
+vez traidor, pero lógico, convencido, sábio, de los ingleses; esa
+rusticidad hospitalaria, generosa y fiel; esa barbarie honrada,
+creyente, leal y valerosa; esa liga de lo salvaje y de lo hidalgo; esa
+mistura indefinible del soldado, del poeta, del pastor y del caballero;
+ese algo latino, scita y árabe; ese carácter en que han entrado Régulo,
+Attila y Saladino; esa especialidad, única en el mundo (como la palabra
+hidalguía) que distingue á los españoles. No digo que sea buena, ni que
+sea mala; digo que es única, y admito el reto que para probar lo
+contrario se me haga. No hallo eso aquí. Me parece hallar prisa,
+aturdimiento, indeliberacion, exterioridad, lujo, boato: púrpura por
+fuera; por dentro es otra cosa. Es una gran botella que se destapa.
+Mucho ruido, mucho hervidero, mucha espuma; á poco pasa todo aquel
+estrépito, y la botella queda medio vacía. No parece sino que esta
+ciudad siente que la vida se le va de las manos, y corre detrás
+frenéticamente, como para cogerla por los cabellos.
+
+En cualquiera otra parte del globo, un palacio es un edificio que sirve
+de morada á los reyes, á los pontífices, á los magnates, á los
+poderosos, á las grandes corporaciones del Estado, como un Congreso ó
+una Asamblea. Aquí, no. Aquí es un palacio el depósito de la Industria,
+la casa de cambio, el banco, la casa de moneda; sin embargo de que ni la
+casa de moneda, ni el banco, ni la industria, son altos cuerpos del
+Estado, ni poderosos, ni magnates, ni reyes, ni pontífices. Aquí toma el
+nombre fastuoso de palacio, lo que en otros países se llama simplemente
+casa, lonja, depósito, alhóndiga, almudin, ó cosa semejante. Y aquel
+nombre fastuoso, esa régia estirpe con que se decora á la arquitectura
+(¡ni las piedras están á salvo del genio francés!) viene de la tendencia
+general que ha creado tantas y tantas formas en esta Babilonia del
+Occidente; formas colosales algunas de ellas; que ha creado tantos y
+tantos intereses, respetables no pocos, porque no hay delirio que no
+tenga algo sublime, y el delirio de los franceses ha sido afortunado:
+aquel prurito de idealizarlo todo, de hacerlo todo régio, como si
+hubiese dejado de ser belleza la eterna belleza de la sencillez; la
+inagotable, la majestuosa, la imponente, la sin igual belleza de la
+verdad; la belleza de una ligera nube que atraviesa el cielo solitaria:
+aquella pasion, vuelvo á decir, viene de ese espíritu mitológico,
+fantástico, visionario casi, que tiene ciegos á los franceses, con que
+los franceses quieren cegar á todo el mundo. No es lo doloroso que ellos
+lo quieran, porque cada cual realiza su genio como puede: lo doloroso es
+que lo quieran y lo consigan. Dejarán de conseguirlo mañana, porque la
+doradura no brilla siempre como el oro, porque el hervidero de la
+cerveza no dura siempre: pero hoy lo consiguen, porque las doraduras
+deslumbran, porque el ruido de la botella de cerveza aturde. Hoy lo
+consiguen; esta es la verdad.
+
+Y penetrando más en el asunto de la Bolsa, con la cabeza destocada y
+pidiendo perdon á las personas á quienes pueda lastimar, sin que en ello
+pueda tener parte mi deseo, porque mi deseo más deliberado es no herir á
+nadie, digo que no estoy tampoco conforme con ese cambio, con ese
+negocio, con ese juego que se llama Bolsa, tal como hoy se encuentra
+establecido y organizado. Acepto todo juego lícito, como distraccion;
+como oficio social, como carrera, como profesion, como jornal de todos
+los dias, no lo acepto. Harto se me alcanza que esta opinion
+escandalizará á no pocos lectores; adivino que se me llamará
+extravagante; enhorabuena; digo y repito en alta voz que no lo acepto.
+Jugar para pasar honestamente el rato, sí. Jugar para vivir jugando;
+para dar á un juego nuestra vida; para desplumarnos dándonos las manos y
+sonriéndonos; para hacer en un dia una fortuna injustificada, á costa
+del prójimo insensato; jugar para que tantos comerciantes dignos y
+honrados se quemen el cerebro con una pistola, eso no. Podrán
+contestarme lo que quieran; yo no llevo la contra á nadie; á nadie
+desmiento; pero digo que no.
+
+Y el que quiera tener ideas de la _Bolsa_; el que quiera saber lo que es
+ese juego, ese juego que hace muy poco se llamaba _agiotaje_, que venga
+á las dos de la tarde, y sea testigo de lo que pasa en el interior de
+este local. Voy á decir lo que yo propio he visto, lo que yo por mí
+mismo he presenciado, lo que acabo de ver y de presenciar, y ¡ojalá que
+no lo hubiera visto ni presenciado!
+
+Suena la hora de la cotizacion de fondos, y muchas gentes llegan, se
+apiñan, se hostilizan, se estrujan. Todos se ponen de puntillas, los
+cuellos se estiran, las barbas asoman, los rostros se encienden, los
+ojos se inflaman.... ¡Madre de Dios! Eso no es un pregon, ni una
+gritería; es un ahullido interminable, un galimatías infernal. Eso no es
+un cambio, un negocio, un comercio; eso es un frenesí, un rapto, una
+calentura. Reconozco la existencia de la calentura y del frenesí como
+enfermedad; no la reconozco como negociacion.
+
+La Francia gana una batalla en Cochinchina, y los fondos suben. La misma
+Francia sufre un descalabro en Sebastopol, y los fondos bajan. Y el
+francés, el hombre que ha nacido en este pueblo, el hijo de esta madre,
+ve á su madre caida, y si la _Bolsa_ lo requiere, vuelve la espalda y la
+vende por tres ochavos. El caido se levanta luego, gana una victoria en
+los campos de Italia, suena el cañon que anuncia el triunfo de
+Solferino, y el francés que hace poco vendió á la Francia por tres
+ochavos, se vuelve ahora y la ofrece un talego lleno de oro. No se lo
+da á la Francia, sino á su juego, á su albur, á su egoismo. Ese es un
+juego que negocia con la fortuna y con la desgracia de su país; con el
+honor y con las glorias de su patria. No admito que se jueguen las
+lágrimas de una nacion; no puedo admitir que se juegue con los
+conflictos de los hombres. No puedo admitir que se juegue con el
+espíritu que busca un amparo bajo una corona de laurel, una corona
+empapada tal vez en sangre, una sangre vertida quizá por un hermano del
+que juega con aquella corona. ¡Tambien ha de ser un oficio del hombre el
+jugar la palma del mártir! ¿Qué dejan al mundo, qué dejan á la vida, si
+no le dejan esa palma! ¡Comercien en buenhora con la materia; comercien
+con todo lo del mundo; pero que dejen al alma del hombre la metafísica
+poética de un laurel, la metafísica poética de una gloria!
+
+Dije y vuelvo á decir que eso no es comercio; esa no es la inteligencia
+que une á las naciones, que funde las razas, que establece la unidad del
+globo, la unidad del hombre, la unidad de la naturaleza, la inmutable y
+santa unidad de Dios. Eso no es el comercio, el conquistador universal,
+el universal revolucionario, encargado por la Providencia de llevar,
+entre sus mercancías, el espíritu de tolerancia y civilizacion á todos
+los países. Jugar no es comerciar; comerciar, no jugar, debe ser el
+oficio del comerciante. Si su nuevo oficio consiste en un juego, lo
+natural es que deje el nombre de comerciante, y tome el nombre de
+_jugador_. Si aceptan el nombre, si se avienen á recibir el nuevo
+bautismo, _con su pan se lo coman_. Un hijo mio no tomaria seguramente
+tal profesion, al menos si mi hijo oyera la voz de su padre.
+
+Ni estoy conforme con la palabra _Bolsa_, ni con que la Bolsa tenga un
+palacio, ni con el juego que en el palacio se verifica.
+
+En este momento entra en mi habitacion D. Francisco Javier de Mendoza,
+que ha llegado hace poco de Venezuela, y á quien conocí en casa de D.
+José Segundo Florez. El lector me permitirá que dedique dos líneas á
+estos dos nuevos personajes, que honrarán las páginas de mis
+humildísimos apuntes.
+
+Florea es un hombre metódico, reposado, silencioso, observador,
+profundo: es un hombre de estudio, un hombre de letras, como si
+dijéramos un sábio antiguo; pero con la ciencia de los modernos.
+
+Javier de Mendoza habla con soltura, con elegancia, con pasion. Se
+apasiona de todo lo que reputa bueno, y está apasionado de la palabra:
+habla mucho y bien, discurre más que habla; imagina más que discurre;
+calcula y proyecta más que imagina. El solo digiere mucho más con su
+pensamiento, que veinte personas con el estómago. Llega al punto á donde
+se dirige antes de partir. Tal es la fuerza con que su alma mide el
+espacio que le separa del objeto que busca. Aquel espacio desaparece, lo
+devora, y antes de marchar hácia su pensamiento, se encuentra á su lado.
+Este hombre es uno de los caractéres más extensos que yo conozco. Hay en
+él cierta mezcla de galan y de literato, de soldado y de artista, de
+diplomático y de banquero. Es un gran taller, una gran oficina, en que
+cada uno de esos personajes trabaja, sin que los obreros se incomoden.
+
+Hablando de opiniones políticas, dice que él quiere la igualdad de la
+riqueza y de los goces, no de la miseria y del martirio. Es demócrata,
+pero quiere ir en coche. Tiene la democracia del sentimiento, y la
+aristocracia del carruaje.
+
+Si aspirara á que lo empleasen, su primer empleo seria una cartera de
+ministro, ó una embajada de primer órden.
+
+Si tuviese el don del colorido, si sintiese mejor la forma artística,
+seria un genio; aún sin esas dotes, es un buen talento.
+
+Pues he leido á mi amigo Javier de Mendoza lo referente al palacio de la
+_Bolsa_, y al juego público denominado así, y ha convenido en la
+impropiedad de aquella palabra, y en la impropiedad del nombre de
+_palacio_, aplicado á dicho edificio. Por lo que hace al juego, ha
+convenido conmigo tambien; pero me ha hecho notar que mis opiniones
+acerca de este punto causarán escándalo entre ciertas gentes, pudiendo
+hacer daño á la publicación de mi obra.
+
+Pues aunque mi obra se hunda, y á mí me quemen, contesté, digo y repito
+que no estoy conforme sino con las cosas cristianas, y me parece que
+aquel juego no es cristiano. En medio de mis desventuras (que han sido
+infinitas) debo al cielo la dicha suma de tener valor para decir á todo
+el mundo la verdad de un modo decoroso, y la digo siempre, aunque me
+costara subir al cadalso.
+
+Departiendo despues amigablemente sobre el carácter de esta maravillosa
+ciudad, hemos convenido en que no extrañariamos que el mejor dia se
+levantara aquí un edificio suntuoso, con el título de PALACIO DEL
+MERCADO. Tal es la comezon que tienen los franceses por _relucir_, que
+no nos causaria sorpresa ciertamente que dieran un palacio á los conejos
+y á las perdices; á la manteca y á los huevos; á las coles, á las
+patatas y á los rábanos.
+
+Se dirá que decimos esto con intencion de satirizar á este país. No seré
+yo el que niegue que haya en nosotros algo de esa malicia picaresca, con
+que se zahiere una cosa ridícula; algo tal vez de ese sabor áspero que
+siente el español, cuando cata un manjar de nuestros vecinos; puede que
+haya eso en nosotros, sin que nosotros lo sepamos, como sin saberlo
+nosotros nos pican los mosquitos durante el sueño; pero esto no quita
+que en lo que decimos haya un gran fondo de verdad.
+
+Vayamos ahora al Palacio Real, cuya historia es más breve y galante.
+Sepa el lector que durante el trascurso de algunos siglos, ese palacio
+fué el centro espléndido de la coquetería parisiense. En ese jardin que
+estoy viendo, la astuta cortesana se ofrecia á los espectadores con el
+traje muy escotado, luciendo la espalda y el pecho, como si quisiese
+hacer gala de la riqueza de sus incentivos, tambien de la riqueza su
+pudor. Digo riqueza de pudor, porque si el que da mucho debe ser rico,
+aquellas cortesanas debian ser muy ricas de decoro. Pero siendo el
+Palacio Real uno de los grandes prodigios de la monarquía absoluta,
+claro es que al pasar aquel régimen, debió perder no poco de su antiguo
+esplendor. En espacio es en lo que menos ha perdido, y tres calles se
+han hecho á expensas de sus encantadores jardines; las calles de Valois,
+de Beaujolais y de Montpensier.
+
+Nada quiero decir de la arquitectura del Palacio, porque los grabados
+que acompañarán á la obra, darán una idea más exacta que todas las
+descripciones que yo pudiera hacer, y paso á su reseña histórica.
+
+Richelieu, el cardenal más galanteador que la historia conoce; el brazo
+derecho de uno de los reyes más galanteadores que la historia conoce
+tambien; el gran ministro del gran Luis XIV; aquel cardenal más grande
+que aquel rey; Richelieu, el prelado poeta, el poeta hacendista, el
+hacendista político, el político filósofo, el filósofo magnate, levantó
+de pié el Palacio Real. Despues, hubo de acudirle la memoria de los
+grandes tesoros de que era deudor al pródigo cariño de sus reyes;
+aquellos tesoros debieron hurgarle en la conciencia, se sintió herido;
+en una palabra, tuvo remordimiento, y dejó el palacio á Luis XIII, que
+no pudo tomar posesion.
+
+¡Cuántos secretos debe encerrar ese monton de piedras! ¡Qué historia tan
+curiosa se pudiera escribir, si la mente del hombre fuera capaz de
+arrancar al olvido aquellos secretos! Pero no digo bien; muchas de las
+cosas que han presenciado esas paredes y esos pavimentos, no podrian
+escribirse, porque hay en este mundo muchos arcanos que no pueden
+contarse.
+
+Ese palacio fué el local más célebre, la casa favorita de la
+aristocracia del siglo XVII y XVIII; el monumento de los festines, de la
+galantería, del amor; una especie de templo ateniense, uno de aquellos
+templos griegos que se consagraban á la hermosura, un trono en donde se
+sentaba como reina la diosa Vénus.
+
+En ese palacio habia un teatro, el más brillante de toda la Francia, en
+el cual cabian holgadamente tres mil personas; habia una capilla, cuyos
+ornamentos eran de oro macizo; una biblioteca magnífica; ricas
+colecciones de pinturas, é infinitos retratos de hombres ilustres, de
+tal manera que aquellos salones parecian más bien un campo santo
+histórico. El palacio del Cardenal representaba el consorcio extraño de
+la cortesanía, de la religion, de la ciencia y del arte: alcázar,
+iglesia, teatro, pinturas y libros.
+
+Ana de Austria, reina de Francia y regente del reino, habitó el palacio
+de Richelieu con sus dos hijos, á mediados del siglo XVII en 1643, y en
+el mismo palacio tuvieron lugar las espléndidas bodas de su hija con el
+duque de Orleans, hermano de Luis XIV, cuyo monarca lo cedió despues á
+su hermano el duque, á título de infantazgo.
+
+Ese mismo palacio sirvió de morada al regente, hijo del duque de
+Orleans, y el alcázar fué menos alcázar que tálamo. Los libros y los
+retratos de hombres ilustres, la ciencia y el arte, dieron lugar á los
+brindis y á las orgias. Richelieu abrió paso á un príncipe, tristemente
+famoso.
+
+Vino Luis Felipe, vinieron las libertades modernas, y tendiendo á
+nivelarlo todo, el Palacio Real tuvo que caer, porque el Palacio Real
+no era otra cosa que un gran desnivel de las antiguas aristocracias.
+
+Hoy, una gran parte del fastuoso alcázar del siglo XVII, se ha
+convertido en un bazar inmenso. Esta inesperada y maravillosa
+trasformacion, presenta el espectáculo interesantísimo de una casta que
+conquista á otra casta, de un fausto que sucede á otro fausto, de una
+pompa que se pone en lugar de otra pompa. Ese gran bazar es el
+comerciante, puesto en lugar del cortesano.
+
+El que viva en el Palacio Real, no tiene precision de salir de allí para
+proveerse de todas las cosas de la vida, desde el panecillo que cuesta
+un sueldo, hasta la sortija que vale diez mil duros. Aquello no es un
+edificio; es una gran exposicion; una ciudad; un pueblo.
+
+Tres personajes que llenan la historia de la humanidad, han pisado en un
+mismo siglo las escaleras de ese alcázar: Richelieu, Luis XIV y Pedro el
+Grande.
+
+El Palacio Real ha tenido sucesivamente los nombres que voy á anotar.
+Presten atencion mis lectores.
+
+En sus primeros tiempos, se llamó:
+
+Palacio de Richelieu y Palacio del Cardenal.
+
+Bajo Ana de Austria, Palacio Real.
+
+Bajo la revolucion, Palacio de la Igualdad.
+
+Despues de la revolucion de Febrero, Palacio Nacional.
+
+Ultimamente, Palacio Real.
+
+Ha servido de alcázar, de tribunado, de Bolsa, de tribunal de comercio,
+y actualmente de Palacio y bazar.
+
+Vamos al Luxemburgo, cuya historia es más breve todavía, aunque no menos
+curiosa y picante. Digo picante, porque en todas las creaciones de esta
+sociedad, hay algo que sorprende, que asombra; pero que asombra y que
+sorprende, con una sorpresa y con un asombro que tienen un no sé qué que
+provoca á la risa. Los franceses tienen un patético particular: es mitad
+patético y mitad ironía: una criatura que llora y rie á un mismo tiempo.
+
+En todos los países del mundo, las instituciones, los sistemas, las
+leyes, asisten al entierro de generaciones y generaciones. Aquí una
+generacion asiste al entierro de muchas leyes, de muchos sistemas, de
+muchas y encontradas instituciones. Esta veleidad infatigable está
+reflejada en casi todos los edificios públicos, en el Luxemburgo
+tambien, y por esto dije que tiene una historia curiosa y picante.
+
+Roberto Harlay de Sancy construyó un edificio, en el terreno que hoy se
+llama Jardin de Luxemburgo, hácia el año de 1550, y probablemente
+aquella fábrica se denominaria Hotel de Harlay.
+
+Trascurridos treinta y tres años, en 1583, Piney de Luxemburgo, duque
+opulento de aquella edad, compró y ensanchó el Hotel de Harlay,
+conociéndose desde entonces con el nombre de Palacio de Luxemburgo.
+
+Trascurren veintinueve años, María de Médicis lo compra al Duque por
+veinte mil libras, levanta un edificio suntuoso, el que ha llegado á
+nuestros dias, llamándose en aquella fecha Palacio de Médicis.
+
+La reina María hizo donacion del Palacio al duque de Orleans, su segundo
+hijo, y entonces se llamó Palacio de Orleans.
+
+Despues lo compra la duquesa de Montpensier, Ana María Luisa, la heroina
+de la Fronda, por quinientas mil libras.
+
+Luego pasa á manos de la duquesa de Guisa y de Alençon, en 1672.
+
+Más tarde, á fines del mismo siglo XVII, en 1694, fué propiedad de Luis
+XIV.
+
+Posteriormente Luis XVI se lo regaló al conde de Provenza, que reinó
+despues con el nombre de Luis XVIII.
+
+Por último, vinieron los tiempos revolucionarios, y el antiguo palacio
+de Luxemburgo, el heredero de tantos reyes, de tantas intrigas, de
+tantos misterios y de tantos conflictos, pasó á ser una finca nacional.
+
+Bajo la Convencion, se convirtió en prision de Estado, á la cual fuéron
+conducidos Hebert, Danton, y otros célebres personajes, incluso
+Robespierre.
+
+Bajo el Directorio, el gobierno habitó el palacio de Luxemburgo, y á las
+tinieblas de la cárcel sucede el brillo de un alcázar deslumbrador, en
+donde Barrás, el aristócrata republicano Barrás, hizo alarde de todo el
+fausto y de todas las dilapidaciones de la regencia. Entonces el palacio
+de María de Médicis, tomó el nombre de Palacio Directorial.
+
+Viene el 18 de Brumario, y el Palacio Directorial se convierte en
+Palacio de los Cónsules, habitándole Napoleon, hasta que fijó su morada
+en las Tullerías. Entonces tomó la nueva denominacion de Palacio del
+Consulado.
+
+Bajo el imperio, el Palacio de los Cónsules se torna en palacio de los
+Senadores, y á la sazon se denomina Palacio del Senado.
+
+Despues de la revolucion de Febrero, que echó por tierra á Luis Felipe,
+el Palacio de Luxemburgo abrió sus puertas á Luis Blanc, que explicó
+allí el socialismo á los obreros.
+
+De modo que ha sido alternativamente Palacio de la Monarquía, del
+Directorio, del Consulado, del Senado, cárcel y cátedra socialista.
+
+Visitemos ahora el cuartel de Inválidos.
+
+No lo debo ocultar. Al coger la pluma para describir este grande osario
+de la guerra, experimento cierta emocion de religiosidad, cierta
+intencion solemne, cierta uncion histórica, si así puede decirse.
+
+El actual cuartel de los Inválidos fué obra del gran rey. Así llama
+Francia á Luis XIV.
+
+Las ciento treinta y tres ventanas que decoran su fachada principal, dan
+al edificio un aspecto grave, reposado, claustral, respetuoso. Así debia
+ser la fachada del palacio de la Caridad.
+
+El conjunto del edificio comprende un espacio de treinta y cinco á
+cuarenta mil varas. Tiene tres pabellones, uno central y dos laterales,
+y cuatro pisos de elevacion. Puede alojar á cinco mil hombres.
+
+La puerta principal da á un buen vestíbulo, circuido de columnas
+jónicas, que sostienen un grande arco, orlado de trofeos militares. Este
+vestíbulo conduce al patio que se llama _de honor_, cuya longitud no
+bajará de ciento cuarenta á ciento cincuenta varas, sobre setenta de
+latitud. Es un patio régio, verdaderamente aristocrático; pero de una
+aristocracia tranquila, desnuda, humilde; la aristocracia de la
+extension y de la sencillez; casi una aristocracia del cristianismo. El
+grupo de caballos que exorna cada uno de los cuatro ángulos, da al patio
+en cuestion no poca fuerza y majestad.
+
+Antes de hablar de las cosas grandes que hay dentro, diré dos palabras
+de una cosa muy bella que hay fuera, en lo alto del edificio, recibiendo
+la luz del sol y de las estrellas. Aludo á la media naranja de los
+Inválidos. Esta media naranja con sus tres cúpulas, una de las cuales,
+la de los Bienaventurados, tiene un diámetro de veinte á veinte y cinco
+varas; con su pórtico, con sus estátuas, con su columnata circular, con
+sus doce ángulos dorados, con sus trofeos brillantes, con su rica
+veleta, es una de las creaciones artísticas más acabadas que yo he
+visto. Al ver la cúpula de los Inválidos, experimento lo que experimenté
+cuando ví por primera vez la sublime Concepcion de Murillo. Parece que
+hay algo que está nadando sobre nosotros, que nos coge por los cabellos
+y nos lleva hácia arriba. Esa arquitectura, como aquel cuadro, tiene un
+espíritu que nos enaltece, que nos eleva, y esto me convence de que no
+hay arte en donde no hay esa belleza íntima, impalpable, invisible,
+espiritual; esa exhalacion, esa chispa, esa esencia, ese poco de aroma
+sutilísimo que se quema en el interior de nuestra alma. No; no hay
+belleza sin metafísica; no hay arte sin espíritu; no hay flor aromática
+sin aroma. El arte, el arte verdadero, el arte profundo y caritativo de
+aquella Concepcion y de esa cúpula, es un Dios que habla al mundo por
+boca del hombre. Cuando se hallan creaciones semejantes, el arte se
+convierte en una especie de revelacion, y se le adora. Sí; yo adoro esa
+cúpula; yo adoro la pintura que se custodia en un palacio que veo desde
+aquí. Puesto delante de la Concepcion, yo adoro á Murillo. Puesto
+delante de la cúpula de los Inválidos, adoro á Mansard, sea ó no sea
+francés. Si Mansard fuese la Francia entera, yo adoraria toda la
+Francia.
+
+Mansard fué el arquitecto de Versalles, uno de los mayores héroes que
+contribuyeron á la grandeza y á la gloria de Luis XIV. Sin embargo, creo
+que más que el alcázar de Versalles, vale la cúpula de los Inválidos.
+Creo que Mansard es más grande, mucho más grande, en esa cúpula que en
+aquel alcázar.
+
+Cuando aparto los ojos de esa media naranja, siento pesar. Es esbelta,
+atrevida, grandiosa. Parece que es capaz de fe y de esperanza; parece
+que cree en Dios. Esto hará reir á mis lectores, pero es la expresion
+genuina de lo que siento. ¡Salud, Mansard!
+
+Indicado lo bello que hay fuera, vamos á lo grande que hay dentro.
+
+Ya nos tiene el lector recorriendo este grande cementerio de muertos que
+andan. Á pesar de tantos trofeos y de tanto esplendor, aquí se respira
+la idea de la muerte. Por eso el cuartel de los Inválidos es el edificio
+más imponente, más grande de Paris. No es el más grande por el conjunto
+de la piedra, por el arte de la arquitectura, sino por el sentido del
+establecimiento, por la índole de la institucion. Este cuartel es la
+casa cristiana de lo que unos llaman heroicidad, de lo que otros llaman
+barbarie; pero de todos modos, es casa cristiana, porque la caridad es
+tan vecina de todos los países, que lo mismo puede ejercerse con los
+héroes que con los bárbaros. Además, hay otra circunstancia que favorece
+más la idea de que visitamos un cementerio, de que asistimos á un
+cortejo fúnebre. Al ver tantos cañones, tantos grupos de naciones
+vencidas, tantas banderas, tantos trofeos, parece que vemos pasar
+delante de nosotros una procesion de esqueletos ensangrentados. Pero, en
+fin, el hombre que ahí duerme; el hombre enterrado en esa tumba que
+vamos á ver; ese hombre que queria trastornar el siglo XVIII y el siglo
+XIX; que los trastornó hasta cierto punto, como una tempestad trastorna
+la atmósfera; el cautivo de Santa Elena, que habló tantas veces por boca
+de esas culebrinas, habló tambien más de una vez por boca de la
+inteligencia; estos cañones anunciaron un pensamiento, y el pensamiento
+es un conquistador de tan alta estirpe, que hay que perdonarle muchas
+faltas. Más valen los errores de la inteligencia que los aciertos de la
+ignorancia, porque detrás de la primera siempre queda un rastro
+luminoso, como detrás de un astro queda su disco, mientras que detrás de
+la segunda queda algo oscuro, como detrás de una tormenta queda siempre
+un celaje.
+
+Penetremos ahora en la capilla de San Gerónimo. No hay nadie. Un
+silencio profundo reina en la iglesia, que fué el sepulcro provisional
+de Napoleon, cuando trageron sus cenizas de Santa Elena, en 15 de
+Diciembre de 1840, entre la salva del _agradecido_ cañon de Inválidos, y
+una pompa, y un regocijo, de que apenas se encontrarán ejemplos en la
+historia del mundo. Acerca, de ese regocijo y de esa pompa, algo se
+pudiera decir. ¡Qué calamidad la del pueblo francés! Adorar hoy para
+quemar mañana; quemar ayer para adorar hoy. Pero estamos en la capilla
+de San Gerónimo, en lo que fué tumba de un cautivo, un cautivo que ese
+pueblo adora, y ante la sagrada veneracion que un pueblo profesa á un
+gran cadáver, debo callar.
+
+A través del sarcófago provisional, en que se depositaron los restos de
+Bonaparte, se puso la espada que el muerto habia legado al general
+Bertran, y el sombrero que llevaba en Eylau, dado por el mismo al baron
+Gros.
+
+Seguimos hácia el fondo. Detrás del altar mayor, hay una escalera de
+mármol, que conduce á una cripta, ó bóveda subterránea, en donde se
+custodia una sepultura. Bajamos por aquella escalera, hasta llegar á la
+puerta de la cripta. Esta puerta es de bronce, y está como guardada por
+dos figuras colosales, que representan el poder civil y el poder
+militar. Aquellas estátuas inmóviles y silenciosas, parecen dos testigos
+del otro mundo. En la parte superior de la puerta de bronce, se leen
+estas palabras:
+
+«Deseo que mi polvo repose cerca de los bordes del Sena, en medio de ese
+pueblo francés, que yo he amado tanto.» Estas palabras son del mismo
+Napoleon.
+
+La puerta se abre, y penetramos en un vestíbulo que encierra los
+sepulcros de Bertrand y Duroc. Luego pasamos á la sepultura de
+Bonaparte.
+
+Napoleon, en el arco del Triunfo, es un canto.
+
+En la capilla de San Gerónimo, es una plegaria.
+
+En esta sepultura es una sombra.
+
+Doce figuras colosales rodean las cenizas del Emperador. Este enorme
+grupo parece ser como un jurado de la historia. La tumba es de granito y
+pórfido, sin ornamento alguno. Este es el mejor ornamento. Aquella
+desnudez es grande, solemne, religiosa. El espíritu que nos domina al
+mirar la cúpula, el espíritu que hay allí, ha bajado á este panteon, y
+ha enterrado ahí un poco de polvo, sin otro ornato ni otra esplendidez
+que el polvo mismo.
+
+¿Qué ornamento mayor puede darse á un sepulcro que la ceniza que
+contiene? ¿Qué mayor monumento puede darse al mar, que el inmenso
+líquido que inunda sus playas?
+
+Esto me parece muy bien. Salgo complacidísimo. Esta bóveda, este
+subterráneo, esta sepultura escondida, no olvidada, es un digno sepulcro
+de Napoleon. Es la caridad noble, sencilla, humilde y fervorosa que debe
+tributarse al genio. Si alguna pompa, si algun fausto, si alguna
+esplendidez debe haber aquí, está ahí dentro, entre las cenizas de ese
+hombre, entre los arcanos de esa memoria. La historia, no la piedra, es
+el panteon de los grandes hombres.
+
+Pasamos luego á una especie de cueva, que está enfrente de la puerta de
+entrada. Una sola lámpara alumbra este recinto. Entre una atmósfera
+indecisa de luz y de sombra, distingo un objeto, tendido á lo largo. Es
+una espada de Bonaparte: la espada de Austerlitz.
+
+Dije que Napoleon, en el arco del Triunfo, era un canto; en la capilla
+de San Gerónimo, una plegaria; en la cripta, una sombra. En esta cueva,
+en esta cueva casi sublime, es una vision. ¡Qué elocuencia tan
+irresistible tienen las sombras! ¡Qué patético tan elevado tiene la
+oscuridad!
+
+Al ver aquella espada, alumbrada á medias por aquella lámpara fija, cuya
+luz no tiene otra oscilacion que la que la produce nuestro aliento; al
+ver aquel testigo mudo de tanto estruendo, de tantas luchas, de tanto
+heroismo, de tanto entusiasmo; de tanta crueldad y de tanta gloria, el
+corazon se oprime, y apenas podemos respirar.
+
+Al ver esa lámpara, á la luz de ese fuego sombrío, parece que vemos á
+Napoleon, sentado en la arena de su destierro, con el codo apoyado sobre
+una roca, con la frente puesta sobre una mano, contemplando la
+inmensidad del mar, que lo separaba de aquel mundo que él habia
+concebido, de la otra inmensidad que él habia soñado. Si la Inglaterra
+entera hubiese podido caber en el corazon de aquel hombre, la Inglaterra
+entera se hubiese quemado. Del fuego que ardia en aquel corazon, brotó
+una chispa, y esa chispa quemó una página de la historia del pueblo
+inglés. Napoleon es una página quemada de aquella historia.
+
+Al juzgar el pasado en los libros, la conducta de la Gran Bretaña se nos
+presenta como una crueldad; juzgando aquí, aquella conducta es un
+remordimiento; un remordimiento para esa nacion, que no se puede
+definir; misionera hoy, pirata mañana, siempre temible, formidable
+siempre.
+
+Visto Napoleon en esta pobre cueva, puede decirse que es más grande
+muerto que vivo.
+
+Al salir, di al inválido que me acompañaba una moneda de veinte francos.
+No la quiso. Le insté; no la quiso. Volví á instarle, casi le supliqué;
+no la quiso. Esto no se encomia con palabras. Aquel viejo soldado
+(¡cuántas veces habrá llorado por su Emperador!) tiene conciencia de la
+morada en que vive; tiene conciencia de lo que vale la tumba que guarda.
+El creerá que el Napoleon que allí tiene, vale mucho más que los cuatro
+napoleones que yo le daba, y cree muy bien. ¡Salud al viejo, al noble,
+al digno veterano!
+
+Durante la revolucion, el cuartel de los Inválidos tomó el nombre de
+Templo de la Humanidad.
+
+Bajo el imperio, se denominó Templo de Marte.
+
+Ir de la humanidad á Marte, es como ir de la Vírgen á las Sibilas, ó del
+Evangelio á la fábula. Aquí el monte Olimpo se puso sobre el monte
+Calvario, el alfanje sobre la cruz. De este modo la veleidad febril de
+los franceses ha estampado su huella, hasta en ese gran monumento, que
+basta y sobra para la honra de una nacion, y de una nacion grande. He
+aguardado á decir esto en la calle, léjos de la tumba de Napoleon, léjos
+de la capilla de San Gerónimo.
+
+Pero, mi querido lector, ahora me acuerdo que, al hablar del palacio de
+Luxemburgo, he omitido un detalle que pertenece á estos apuntes.
+
+Cerca de aquel palacio, se ve un edificio algo sombrío, casi oscuro; una
+casa que parece un castillo feudal, cuyo nombre le cuadra perfectamente,
+no tanto por lo negruzco de sus piedras, como por lo que tiene de
+misterioso, de galante y de aventurero. Lo mandó edificar el poderoso
+cardenal de Richelieu, que fijó en él su residencia, hasta que
+terminaron el Palacio Real. Posteriormente, esas paredes silenciosas
+dieron alojamiento á un huésped más ilustre aún. Bonaparte, elevado á
+primer Cónsul, habitó ese palacio durante seis meses. Fué su morada el
+entresuelo de la derecha, entrando por la calle de Vaugirard. En aquel
+entresuelo habia una puerta secreta, la cual daba paso á una escalera
+misteriosa. Por aquella escalera se subia al piso principal, en cuyo
+piso vivia una mujer hermosa, muy hermosa y muy desgraciada, porque el
+llanto es el aura que la mujer respira en los alcázares, como si Dios
+quisiese castigar el vicio del fausto. Á dicha mujer podian aplicarse
+los versos siguientes de un célebre poeta italiano:
+
+ Una cautiva que nombrarte temo,
+ Cautiva con el nombre de señora;
+ Una mujer bellísima en extremo
+ Porque es muy bella la mujer que llora.
+
+Habia resuelto no nombrarla, para no profanar un sepulcro lleno de
+misterios y de dolores; pero no quiero dejar á los lectores con esa
+intranquila curiosidad. Aquella mujer era Josefina.
+
+La visita de los Inválidos me deja sin aliento para emprender la
+descripcion de Santa Genoveva. Esta descripcion será la tarea de otro
+dia, porque no debo ser mezquino con un monumento tan espléndido. La
+historia de su orígen es una página bellísima de la historia del hombre,
+y necesito reposarme un poco. Cuando el objeto que tiene que mirarse
+está muy alto, hay que pararse para levantar la cabeza. Permítame el
+lector que yo alce la frente procurando dominar con los ojos del alma la
+cúpula grandiosa de ese magnífico panteon, y luego le diré lo que mi
+pobre pensamiento ha podido ver y adivinar.
+
+Hoy terminaré con algunas curiosidades. He leido en un periódico, que
+una casa noble de Madrid ha dado un banquete, cuyos manjares y aderezos
+han sido encargados á esta ciudad. El convite se da en la corte de
+España, y la corte de Francia envia los platos. ¿Cómo se llama esto?
+¿Qué nombre debe dársele? He pensado durante más de cinco minutos sobre
+el particular, y no se me ocurre cómo bautizar al recien nacido, ¿Es
+antojo, rareza, extravagancia, ridiculez, lujo, pompa, locura,
+dilapidacion? No; no es nada de eso separadamente; lo es todo junto, con
+más otra cosa que no se puede definir, que acaso no se puede imaginar.
+
+Cada cual se gasta el dinero como quiere, se dirá por algunos
+moralistas á la violeta. Yo contesto que cuando cualquiera gasta su
+dinero de una manera loca, tiene que avenirse á sufrir la nota de
+locura, como cuando lo gasta en vestirse de un modo ridículo, tiene que
+sufrir que se burlen de su ridiculez. Yo contesto que nadie es dueño de
+su dinero, ni de un grano de arena, ni de la hoja seca de un árbol, ni
+del aliento de su boca, para hacer despropósitos y sandeces; nadie es
+dueño de nada para abusar, porque nadie tiene el poder de cometer
+absurdos. Nadie, absolutamente nadie, ni ricos, ni reyes, ni pontífices,
+ni emperadores, ni sultanes, son dueños de una cosa para contradecir el
+dogma de la moral y de la razon, para usurpar á la Providencia el
+sublime misterio con que gobierna el mundo. Ante la idea del deber no
+hay más que una alcurnia; la alcurnia de lo bueno, de lo discreto, de lo
+justo, y ante esa alcurnia de la conciencia universal, nadie es
+personaje para dar banquetes extravagantes y risibles, haciendo gala de
+un orgullo tonto. _¡Gasta su dinero! ¡Su dinero es suyo!_ Esto responden
+siempre los adoradores del señorío feudal. ¡Argumentacion peregrina!
+Segun esa filosofía, tambien el que abusa de la fuerza podria decir: ¡es
+mi fuerza! Y el que abusa de su entendimiento, podria decir: ¡es mi
+entendimiento! Y el que abusa con su avaricia, podria decir: ¡es mi
+avaricia! Y el asesino que abusa de un puñal, podria decir del mismo
+modo: ¡es mi puñal! ¡No, mil veces no! Los ricos no son dueños de su
+dinero, el dinero no es suyo, para dilapidarlo, como nadie es dueño de
+un cuchillo para asesinar, ni del entendimiento para argumentar
+falsamente, ni de la fuerza para oprimir al débil, ni de la avaricia
+para dejar secas las entrañas del pobre.
+
+¡_Es mio_! Eso no significa nada, cuando se obra contra la ley sagrada
+del deber. Tambien la hipocresía es del hipócrita, y la maldad es del
+malvado, y el adulterio es del adúltero, y las traiciones son del
+traidor.
+
+¡_Es mio_! No, no es tuyo, para levantarte contra Dios, contra la
+creacion y contra el hombre. Para eso no tenemos nada; para eso todos
+somos mendigos.
+
+¡Qué desocupada tendrá la cabeza esa familia noble de Madrid, que da un
+convite, y encarga á Paris los aderezos y los manjares! ¡Qué poco tendrá
+en que pensar! ¡Pobre gente! Esa familia creeria que iba á dar una
+campanada de buen tono en el mundo, que iba á inmortalizarse con un
+escándalo de alta escuela, y no sabe que un escritor oscuro y
+desgraciado le tiene lástima. ¡Cuánto más valdria que los miles de duros
+dilapidados en ese festin, se hubieran empleado en enjugar las lágrimas
+que circundarán aquella fastuosa vivienda, lágrimas que habrán visto
+aquel convite con espanto!
+
+Paso á otra curiosidad. Cuando de regreso á la fonda, cruzábamos la
+esquina de nuestra calle, nos dimos de cara con Luisa. Como que la
+mirada de los tres fué un relámpago, no pude adivinar la emocion que la
+habia causado nuestra presencia. No me atrevo á decir que adivino
+aquella emocion, porque los secretos del alma son muy difíciles de
+adivinar. Distábamos ya de la esquina quince ó veinte pasos, y aunque
+estábamos segurísimos de que no podiamos verla, volvimos el rostro. Otro
+tanto habrá hecho Luisa.
+
+Al pasar tocando con nosotros, su vestido rozó instantáneamente por mi
+pantalon, y sentí un estremecimiento convulsivo. Si yo fuese jóven y
+soltero, llegaria á enamorarme frenéticamente de esa mujer; esa mujer
+podria tiranizarme. Siendo viejo y casado, cuando apenas me queda otro
+resto de vida que la esencia divina de la voluntad, amando como amo á mi
+mujer, casi me siento apasionado de nuestra vecina, menos por su belleza
+que por su infortunio. Á medida que vivo y que observo, me voy
+convenciendo de que la poesía más irresistible es la del dolor.
+
+Paso á la tercera curiosidad. En la calle de Lepelletier vive un ruso,
+el cual tira todos los dias á la calle media talega de napoleones. El
+buen señor pasa media hora arrojando puñados á los transeuntes;
+muchachos, menestrales y mujeres del pueblo se agolpan á coger las
+monedas; al verlos reunidos en un punto, arroja un puñado en otra
+direccion; todos corren, se chocan, se apiñan, gritan, riñen, pelean,
+exclaman, se insultan, se agarran, y el ruso se divierte. Yo ignoraba
+que en Rusia se divertian de este modo.
+
+Algun lector tendrá deseo de preguntarme: y ¿qué te parece más risible,
+la costumbre de ese hijo del polo, ó el convite francés de la familia de
+Madrid? Creo que el convite de la familia de Madrid es una dilapidacion
+imbécil, una plétora de vanidad y de tontería. Creo que la costumbre de
+tirar diariamente á la calle media talega, es una diversion no vista, un
+entretenimiento díscolo, una limosna bárbara, rusa, vecina del Cáucaso;
+pero al fin y al cabo es una limosna, y muchos infelices comen con
+aquella manía. Triste es, muy triste, que un hombre medio loco socorra á
+semejantes suyos, divirtiéndose á costa de la miseria de su prójimo;
+pero es muy triste todavía que se despilfarren miles y miles de onzas de
+oro, encargando manjares y bicocas á Paris, cuando España es la tierra
+de los manjares.
+
+Lo del ruso es más extraordinario.
+
+Lo de la familia de Madrid es más necio.
+
+El ruso se divierte á sí mismo.
+
+La familia de Madrid divierte á todo el mundo.
+
+El ruso nos prueba que tiene mucho oro.
+
+La familia de Madrid hace ver que tiene muchos humos en la cabeza.
+
+Si todo el mundo estuviese compuesto de rusos, como el de la calle de
+Lepelletier, y de familias, como la del convite de Madrid, la humanidad
+ofreceria seguramente un espectáculo muy curioso.
+
+Vamos á la última novedad. Los periódicos anuncian la llegada á Paris de
+un banquero español muy célebre; el más célebre de nuestro país, quizá
+el más célebre de todo el mundo: D. José Salamanca. Un amigo me dice que
+debo hacer un paralelo entre Salamanca y el judío Rothschild, y me ha
+parecido muy bien la idea.
+
+El dia de mañana comprenderá la visita de Santa Genoveva, y la
+comparacion entre aquellos dos grandes ídolos de nuestros tiempos.
+
+
+
+
+=Dia trigésimo primero=.
+
+Santa Genoveva.--Rothschild.--Salamanca.--Invitacion.--Nuevas
+curiosidades.
+
+
+La historia del Panteon nos espera. Estamos en el siglo quinto de la era
+cristiana. El célebre Pelagio difunde por toda Inglaterra su herejía, la
+cual amenaza turbar las verdades fundamentales de la Iglesia católica.
+San German de Augerre y San Loujo de Troyes parten en el acto para la
+Gran Bretaña, con el pensamiento de combatir el famoso cisma, pasando
+por Nauterre, pequeña ciudad que se halla á pocas leguas de Paris. A la
+llegada de los dos santos, toda la ciudad se reunió en la plaza, como
+para oir y admirar la palabra de aquellos virtuosos varones. San German
+habla á la multitud, y en medio del profundo silencio y de la profunda
+veneracion con que le escuchaban, se oyen sollozos.
+
+San German calla, las gentes se miran, se interrogan, buscan.... La que
+lloraba era una muchacha de Nauterre.
+
+El santo se abre paso á través de la multitud, se aproxima á la jóven,
+que aún no podia contener las lágrimas, y la pregunta:
+
+--¿Por qué lloras?
+
+La pobre muchacha que se ve cerca de aquel gran santo, que oye su
+pregunta, temblaba y lloraba al mismo tiempo, y con mucha prisa, tal vez
+con vergüenza, se enjugaba las lágrimas; pero sin poder dejar de llorar.
+
+--¿Qué tienes, hija mía? volvió á decirla el piadoso viajero, dando más
+dulzura á su palabra y á su ademan. La muchacha, con el rostro
+encendido, llorando todavía á despecho suyo, balbuceó:
+
+--Quiero ser monja.
+
+--¿Sabes, repuso San German, los sacrificios, las virtudes, el olvido y
+la fe que te reclama el estado á que aspiras?
+
+--Yo no sé nada, contestó la muchacha, turbada aún. No sé más, sino que
+deseo vivir para mi Salvador. Y diciendo esto, se puso de rodillas, y
+besó la mano á San German.
+
+El santo le dió su bendicion, y una medalla de metal, en que estaba
+esculpida la efigie de Cristo.
+
+Los misioneros parten, Nanterre los saluda con gritos de fervor, y la
+muchacha quedó allí. Es probable que allí viviera oscuramente durante
+algun tiempo; pero no estaba sola. La fe es una grande y poderosa
+compañera. Por fin, la muchacha en cuestion deja su pueblo, su casa y su
+familia, buscando una familia, una casa y un pueblo más grande. Inútil
+es decir que los halló: el genio lo halla todo.
+
+Pasan algunos años. El rey de los Hunos, el azote de Dios, el formidable
+Atila, se dirige á Paris. Aterrorizada la ciudad, al tener noticia de
+que llegaba el Neron del Norte, todo el mundo se disponia á salir,
+dejando sus casas en manos del saqueo, de la profanacion y de la
+barbarie. He dicho todo el mundo, y esto no es exacto. Una mujer, una
+mujer sola, débil, desconocida, pobre, descalza, con un cordon á la
+cintura, con los cabellos sueltos por la espalda, con los ojos
+inflamados, con la mano derecha suspendida, mostrando una medalla de
+cobre, recorria las calles de Paris, apostrofando á unos, consolando á
+otros, exhortando y animando á todos.
+
+--_¡No temais, no temais! El cielo vela por la ciudad._
+
+Esto gritaba aquella mujer, y luego corria, y volvia á gritar, y corria
+nuevamente, y en todas partes se encontraba.
+
+No hay medio posible: ó es una santa, ó una loca.
+
+Paris se detiene, cobra fe, prepara la defensa, espera al salvaje
+conquistador. Atila no tomó la ciudad.
+
+Despues de Atila viene Meroveo, y pone á Paris estrecho sitio. El hambre
+diezmaba á los sitiados que se contemplaban unos á otros
+silenciosamente, y en sus rostros escuálidos se veia escrita la terrible
+sentencia: ó entregarse ó morir.
+
+Una mujer recorre las murallas.
+
+--Que me sigan doce guerreros de vosotros, grita, y doce guerreros la
+siguen.
+
+Aquella mujer encuentra víveres en las ciudades de Arsi y de Troyes, y
+Meroveo no tomó á Paris.
+
+Pasan cuatro siglos. Los normandos asedian la ciudad. En el momento en
+que el enemigo daba el asalto, el ataud que contenia el polvo de una
+mujer, recorre en procesion las murallas. Al mirar entre ellos aquel
+ataud, los parisienses gritan de entusiasmo y de júbilo, como si viesen
+venir en su auxilio á un ejército numeroso y triunfante. Los normandos
+no tomaron tampoco á Paris.
+
+La mujer que salvó á los parisienses de Atila y Meroveo con su palabra y
+con su fe; la que los salvó de los normandos con su ataud; aquella mujer
+que salvó á un pueblo con un puñado de cenizas, cuyo polvo fué más
+poderoso y más valiente que la pica de los guerreros, era una muchacha
+llamada Genoveva; la misma muchacha que rompió á llorar, oyendo la voz
+de San German de Augerre; la misma á quien dió el santo la medalla de
+cobre con la efigie del Salvador; una muchacha á quien Nauterre llama
+hija, á quien la Iglesia llama santa, á quien Paris llama Patrona, á
+quien yo llamo un nobilísimo carácter histórico.
+
+De la reseña que acabo de hacer, viene ese monumento que visitamos.
+
+El rey Clovis, cediendo á las instancias de Santa Genoveva y de la reina
+Clotilde, levantó una iglesia, dedicada á San Pedro y San Pablo, en el
+monte llamado Lucotitius, que dominaba al antiguo Paris.
+
+En aquella iglesia fuéron sepultados los restos de la Santa, á quien
+Paris debió tres veces su salvacion, y la fe y la gratitud que inspiraba
+aquel nombre, hizo olvidar la primitiva advocacion de los santos
+apóstoles. La veneracion pública dió al templo de Clovis el nombre de
+Santa Genoveva. Vienen los normandos en el año 887, y la iglesia de
+Santa Genoveva fué presa de las llamas. En el siglo XII se reconstruyó;
+pero en el XIV amenazaba ya ruina, y hasta el XVIII no vió Paris alzarse
+ese magnífico monumento. Lo principió Luis XV, y hago mérito de esta
+circunstancia, porque quien da su nombre á un monumento de tal tamaño,
+tiene positivamente derecho á que la posteridad no lo olvide.
+
+Cuando se desemboca á la plaza del Panteon, la fachada de aquel
+gigantesco edificio viene á cautivar deliciosamente el ánimo del que lo
+contempla. Un monumento como el que tengo delante, se contempla, no se
+mira. Compónese aquella preciosa fachada de una galería y de un gran
+pórtico, imitacion del Panteon romano. Tiene veintidos columnas
+estriadas de órden corintio, de veinte metros de elevacion, y dos de
+diámetro, sosteniendo un fronton triangular de una longitud de treinta y
+tres metros, sobre una latitud de siete si son exactos, como creo, los
+informes que aquí nos dan. El arte ateniense tiene el genio de hacer que
+el mármol sea casi aéreo, casi vaporoso, y eso se nota aquí. Parece que
+esas columnas y ese enorme fronton se mueven, parece que se disponen á
+partir, á dejar la tierra, como cuando un pájaro levanta la cabeza y
+agita las alas, en actitud de querer volar.
+
+El plan general de ese atrevido monumento, de esa altísima concepcion,
+representa una cruz latina. La componen cuatro naves, poderosamente
+dominadas por una sola cúpula, que se alza en el centro. Todo el
+edificio comprende un espacio de ciento trece metros de longitud,
+ochenta y cinco de latitud, y ochenta y tres de altura.
+
+La linterna circular, rodeada de doce columnas, que corona elegantemente
+todo el edificio, estará a una altura de ciento cuarenta á ciento
+cincuenta metros.
+
+Para ir desde la planta baja á lo alto de la cúpula, hay que subir
+cuatrocientos setenta y cinco escalones.
+
+Cuando llegamos á una gran baranda de hierro que circuye lo alto de la
+cúpula, el ingeniero que me acompañaba (ya mis lectores le conocen), se
+empeñó en que yo tenia que asomarme, echando fuera una buena parte del
+cuerpo, á fin de dominar el enorme cóncavo de la media naranja, y las
+lejanas naves y paredes del monumento. Yo experimentaba que mi cabeza se
+deprimia por instantes; sentia que una mano de bronce me aplastaba la
+frente; ya me creia rodando por aquellas extensas y horribles bóvedas;
+horribles me parecian á mí, pues miraba en ellas el vacío lóbrego y
+misterioso de una sepultura. En fin, á despecho mio, arrostrando con
+cierta vergüenza la nota de cobarde, con que queria picarme el
+compañero, eché á huir hácia la escalera, casi dando chillidos y con los
+cabellos erizados. En mi vida me he creido más fuera del mundo. Me
+parecia que era propiedad de un mago, de un duende, de una bruja.
+
+El ingeniero que me vió huir, echa detrás de mí como un rayo y me coge
+por los hombros, cuando yo no habia ganado todavía la escalera. Aquí
+fuéron mis grandes apuros; sudaba como un pollo; balbuceaba palabras
+interrumpidas, porque no podia hablar, y Dios sabe el esfuerzo que tuve
+que hacer sobre mi convulsion nerviosa, para no gritar pidiendo auxilio,
+como si me viera rodeado de asesinos ó de ladrones. ¡Qué sábia ha sido
+mi mujer! decia yo para mí. ¡Cuándo me veré en donde está ella! Mi mujer
+no quiso subir, y esperaba abajo. El ingeniero me coge por los hombros,
+tira hácia atrás, casi me arrastra, y como quien maneja un cadáver, me
+lleva á la baranda, me inclina el cuerpo, me baja la cabeza y me obliga
+á mirar, mientras que mis manos estaban asidas fuertemente á los
+hierros. ¡Es un espectáculo maravilloso! exclamaba con cierto frenesí de
+artista, un frenesí que le hacia muchísimo favor, que le honraba en
+extremo; pero que yo no podia comprender, mucho menos que comprender,
+venerar; y mucho menos que venerar, aplaudir. Yo dejé caer la cabeza
+sobre la baranda como un muerto, cerraba los ojos como para no
+desvanecerme; pero era inútil. Todo rodaba; todo me circuia dando
+vueltas en una confusion diabólica. No sé si porque ví algo al cerrar
+los ojos, ó por una adivinacion incomprensible del fluido eléctrico que
+me volvia loco: más claro, no sé si porque ví algo con mis ojos ó con mi
+gran miedo, me parecia estar mirando aquella formidable concavidad, al
+mismo tiempo que me imaginaba dando vuelcos por aquella region, muy
+maravillosa, muy sorprendente; pero muy vacía. ¡Dios le pague al buen
+ingeniero la excelente intencion con que obraba; pero se acabó el ir con
+él á la visita de ningun monumento que tenga más de un piso! Yo no
+puedo significar lo que padecí, las crueles angustias que pasé, las
+extravagantes y monstruosas visiones que se apoderaron de mi
+imaginacion. El ingeniero, que arrebatado del entusiasmo de su noble
+oficio, no veia que yo estaba medio difunto, me preguntó con aire
+orgulloso qué me parecia. Yo me apresuré á manifestarle que me habia
+parecido asombroso, que estaba lleno de admiracion y de regocijo, que no
+lo olvidaria en mi vida (era la verdad), y diciendo esto, y estudiando
+sus ademanes, me dirigia á la escalera. Luego que bajé el primer tramo,
+dí un suspiro, y saltaba los escalones de dos en dos, temeroso sin duda
+de que el ingeniero viniera á cogerme segunda vez. ¡Oiga usted! ¡Venga
+usted aca! me gritaba desde arriba. ¡Verá usted un grupo magnífico! Yo
+saltaba antes los escalones de dos en dos; ahora los saltaba de tres en
+tres, contestándole al mismo tiempo: sí, señor, un grupo muy magnífico,
+allá voy, espéreme usted, y miraba hácia bajo, para ver si faltaba mucha
+escalera. Creí no llegar; hasta sospeché que habia equivocado el camino
+y que marchaba hácia las nubes. Por fin llegué, por fin pisé tierra, por
+fin ví á mi mujer que ya estaba impaciente, y que me pareció sumamente
+hermosa. Me figuré que veia una divinidad.
+
+El ingeniero estuvo por allá una media hora. Entre tanto, en union de mi
+compañera, visité el interior espléndido de esto que no sé cómo
+denominar: si necrópolo ó templo, si protesta ó fe, si reliquia ó
+profanacion, si monte Calvario ó Roca Tarpeya.
+
+Frescos brillantes, fastuosos, casi lascivos; apoteosis de Bonaparte,
+hombres ilustres de la república y del imperio; Fenelon, Malesherbes,
+Mirabeau, Voltaire, Rousseau, Lafayette, Carnot, Manuel, Monge, Laplace,
+David, Bichat, Lagrange: es decir, allí está todo lo que debe estar en
+un arco de triunfo, en una academia, en un teatro, en un cementerio, en
+un museo, en un alcázar: no hay nada de lo que debe haber en una
+iglesia: victorias, apoteosis griegas, pinturas romanas, la libertad, el
+genio, el valor, la ciencia, la historia; guerreros, teólogos,
+protestantes, cismáticos, realistas, republicanos, poetas, cirujanos,
+matemáticos, críticos, filósofos, inventores; todo eso he visto allí: no
+he visto un santo. Sin embargo, esto que visitamos, esto que vemos, este
+resplandor que nos ofusca, que nos fascina, es un templo católico. En un
+templo católico están Voltaire, Rousseau, Diderot y otros compañeros de
+la Enciclopedia: no están Bossuet, Bourdaloue, Flechier, Masillon. Ya lo
+he dicho en otro lugar de estos apuntes, pero hay cosas tan raras y
+originales, que no basta decirlas una vez.
+
+Este edificio, como la Magdalena, es una cosa santa sin santidad: es una
+santidad á la fuerza, mandada guardar y cumplir como ley de Estado, á la
+manera del Jehovah hebreo. Todo es Dios en esta irreverente iglesia,
+menos Dios: todo es iglesia, menos la iglesia. Los franceses deben estar
+muy satisfechos de esto, porque, realmente, esto es muy francés.
+
+Muchos franceses creen (yo lo he oído) que el Panteon parisiense es de
+un mérito superior á la Basílica Romana. Me parece que esta opinion es
+una lisonja con que se adula el espíritu nacional. Al comparar estas dos
+grandes páginas de la historia del arte, no debemos remontarnos á la
+poesía de los templos, porque el Panteon no lo es. Hablarémos de los
+edificios; es decir, de la piedra.
+
+Santa Genoveva, obra de un solo hombre, realizacion de un solo
+pensamiento, tiene más unidad, más simetría, más órden.
+
+El Vaticano, en donde cada siglo pone muchas estátuas, tiene
+infinitamente más fecundidad, más grandeza, más galanura, más
+esplendidez.
+
+En el Panteon hallamos más escuela, más regularidad: si se quiere, más
+sabiduría.
+
+En el Vaticano admiramos más arte, más creacion, más genio.
+
+Si el Panteon es un edificio, el Vaticano es un monumento.
+
+Si el Panteon es un monumento, el Vaticano es una maravilla.
+
+En Santa Genoveva reina Soufflot: el puritanismo aleman.
+
+En la Basílica de San Pedro, reina Miguel Angel: la magnificencia
+italiana.
+
+En Santa Genoveva se admira al hombre.
+
+En el Vaticano se admira á Dios.
+
+En la catedral de Sevilla y de Toledo, se le adora.
+
+Childerico dió a la primera iglesia la denominacion de San Pedro y San
+Pablo.
+
+La veneracion pública borró el nombre de San Pedro y San Pablo, para
+llamar al nuevo edificio Santa Genoveva.
+
+La Asamblea constituyente borró el nombre de Santa Genoveva, para
+denominarlo el Panteon, despojándolo del culto católico.
+
+Napoleon I no le volvió el nombre de la santa; pero le devolvió su
+culto.
+
+La restauracion borra el nombre de Panteon, para llamarlo nuevamente
+Santa Genoveva.
+
+La revolucion de Luis Felipe vuelve á borrar el nombre de Santa
+Genoveva, para darle el de Panteon.
+
+Napoleon III, en 1852, vuelve á borrar la advocacion revolucionaria de
+Panteon, para darle el nombre religioso de Santa Genoveva.
+
+Mañana ú otro dia volverá á llamársele Panteon, para volverle á llamar
+luego Santa Genoveva, Panteon despues, y Santa Genoveva más tarde, hasta
+que por fin venga al suelo, quedando para siempre la memoria confusa y
+revuelta de Santa Genoveva y de Panteon.
+
+Si se pudieran averiguar todas las veces que el pueblo francés ha dicho
+hoy ¡muera! á lo mismo que ayer dijo ¡viva!, es seguro que se formaria
+la historia más curiosa del universo. No debe negarse que en todos los
+países suceden mil extravagancias; pero lo que es extravagancia en otras
+partes, es aquí consecuencia. El prurito, el frenesí, casi la locura de
+_variar_, es lo único que en Francia no _varia_: lo único estable es lo
+voluble. Un ¡viva! equivale aquí á una escalera que conduce
+irremisiblemente al patíbulo. No tengo la ambicion de ser victoreado en
+ningun pueblo de la tierra; menos que en ningun otro, en este devorador
+Paris. No estoy tan mal con mi pescuezo.
+
+Otro dia bajaré al subterráneo, en donde se custodian las cenizas de
+Voltaire, Rousseau, Diderot, y algunos otros personajes célebres. No
+bajo hoy, ya porque los novecientos cincuenta escalones que he bajado y
+subido, han quitado á mis piernas el gusto de subir y bajar; ya tambien
+porque llevo un compañero sospechoso. El ingeniero que me acompaña tiene
+una frenética aficion á todas las cosas de la antigüedad; es un
+arqueólogo furibundo, y estoy cierto que si bajo con él al Panteon, me
+obligará á meter la cabeza por todo nicho, sepultura, grieta, rendija,
+escondrijo y recobeco que vaya encontrando. Si hubiese un abismo por
+allí, es seguró, tambien que me obligaria á meter las narices en el
+abismo, como me obligó á mirar la cúpula desde la baranda de hierro, á
+la altura de un décimo piso. La verdad, dicho sea sin ofender á nadie,
+no tengo ninguna comezon por ser héroe ni en las profundidades, ni en
+las alturas.
+
+Salimos del templo, atravesamos la plaza, cruzamos luego por San
+Sulpicio, y á los cuatro minutos nos vemos en el muelle de Voltaire.
+Pasamos uno de los puentes, y véanos el lector en la otra orilla del
+Sena, en el momento en que uno de los vapores que van á Versalles se
+dispone para partir.
+
+La orilla del río presenta un espectáculo animado, extraño, pintoresco,
+delicioso. Unos salen, otros entran, todos corren; se agolpan; se
+apiñan; las marras del buque se sueltan; el humo asoma; las ruedas se
+mueven; el agua salta convertida en espuma; el vapor parte. Al clamoreo
+festivo de la despedida, sucede un silencio general. El tiuque se
+desliza sobre aquella corriente azulosa, como una culebra sobre el musgo
+de un prado verde. No bien habia partido, cuando llega una pobre señora
+con dos criaturas. Tiene los labios entreabiertos, la boca seca; los
+ojos dilatados; la frente sudosa é hinchadas las narices, efecto de
+cansancio. La infeliz madre, al mirar que el vapor se alejaba, se quedó
+inmóvil, con un niño en los brazos y el otro cogido de la mano, sin
+saber lo que la pasaba. Es seguro que tenia el aliento suspendido.
+
+Luego exclamó: _¡que je suis malheureuse! ¡J'arrive tard toujours!_
+(¡Qué desgraciada soy! Siempre llego tarde.)
+
+Despues de estar en la misma actitud dos ó tres minutos, hizo un ademan
+de forzosa resignacion, y se volvió con sus dos niños.
+
+Nosotros permanecimos en el muelle, hasta que el buque desapareció. Ver
+un vapor en medio de una ciudad populosísima, como si nos hallásemos en
+las márgenes del Océano, es un panorama que me tiene encantado.
+
+Luego que ya no divisamos el buque, nos dirigimos á la plaza de la
+Concordia, con ánimo de tomar el ómnibus que viene del arco de la
+Estrella. Á los pocos pasos que dimos, nos encontramos con un hombre que
+estaba sentado sobre el muelle, inmediato á una cuerda que iba á
+sumergirse en el rio. Al ingeniero le faltó tiempo para preguntarle qué
+significaba aquella cuerda. El hombre contestó que era una máquina,
+dentro de la cual se bajaba al fondo del rio, pudiendo ir sentado con la
+mayor comodidad, y llevar los ojos abiertos. Desde la, máquina en
+cuestion se veia el fondo del Sena, la diafanidad de las aguas, los
+barquichuelos que pasaban por encima, y otras curiosidades á este tenor.
+Nuestro ingeniero hizo una exclamacion de alegría. Se conoce que habia
+ido á Paris en busca de lances estupendos, y la cuerda realizaba una de
+sus soñadas maravillas. Inmediatamente me coge por los hombros, y se
+empeña en que habia de bajar con él al fondo del rio, á una profundidad
+de diez ó doce varas. Yo me quedó mirándole entre amostazado y risueño:
+por fin le dije: pero, hombre, ¿usted se ha formado el propósito de que
+yo no salga entero de Paris? ¿Cómo quiere usted que vaya á rastrear el
+fondo del Sena, incrustrado en una máquina de vidrio? ¿Y si casualmente
+se rompe un cristal, y la máquina se llena de agua y me ahogo? Espere
+usted que me haya convertido en cangreo, y entonces bajarémos juntos.
+
+--No, señor; no, señor; exclamaba con mucha prisa, como si la ocasion
+se le escapara de las manos, y sin soltar mis hombros. Es necesario
+probar la máquina. ¿Qué se diria de nosotros en Madrid, cuando se
+supiera que no habiamos bajado por miedo?
+
+--Déjeme usted por el amor de Dios, le contestaba yo sonriendo. Madrid
+puede decir lo que tenga por conveniente; pero yo no estoy en el caso de
+hacer el buzo, para dar un buen rato á las tertulias de Madrid....
+
+--Nada, nada, repetia, y apretándome más fuertemente, previno al hombre
+que subiera la máquina.
+
+Al notar mi mujer que el hombre tiraba de la cuerda, me cogió del brazo
+con resolucion, diciendo al ingeniero.
+
+--Usted puede bajar, si gusta; lo que es mi marido no se mete ahí, y
+tiró de mí valerosamente hácia la plaza de la Concordia. Mi hombre no se
+atrevió á habérselas con una señora, y tuvo que capitular, bien á pesar
+suyo. Si mi mujer no se convierte en casa de asilo, me coge y me
+empaqueta en la máquina de cristal, como me llevó casi en vilo á
+colocarme sobre la baranda del Panteon.
+
+--Noto, le dije, al par que caminábamos hácia la Concordia, que la
+arqueología de usted tiene instintos atroces. Seria menester, amigo mio,
+que diese usted más humanidad á sus caballerescos antojos.
+
+--No son antojos caballerescos; son quimeras artísticas.
+
+--Pues seria menester que tuviese usted quimeras artísticas más amables.
+
+En esto llegamos á la Plaza, cerca de cuyo muelle hay una fragata, surta
+en el rio, como ya he dicho en otro lugar de, estos apuntes.
+
+--¿Una fragata? exclamó el ingeniero. Pues vamos allá.
+
+Creo que si le muestran en Paris el purgatorio, se mete dentro con
+medias y ligas.
+
+Fué preciso ceder. Vimos la fragata, y tomamos encima de cubierta,
+debajo de un elegante toldo, varios refrescos que pedimos. Esto es otra
+cosa que la máquina de vidrio, y que la baranda de Santa Genoveva.
+
+Salimos de allí, cruzamos la Plaza, llega el ómnibus, montamos en él, y
+á los veinte minutos nos hallábamos en la puerta de nuestra fonda. El
+ingeniero no quiso subir, porque tenia que continuar sus excursiones.
+¡Todavía no estaba satisfecho, cuando yo tendré que hacer cama por la
+batahola del Panteon! Al separarse de nosotros, exclamé para mi coleto:
+ese hombre ha equivocado el oficio; ha nacido para hacer piruetas en la
+maroma.
+
+Vamos á la comparacion entre Rothschild y Salamanca. No voy á hacer una
+pintura, sino un boceto, al mismo tiempo concebido y ejecutado. No debo
+ocultar que lo escribo con miedo; pero la buena fe me salva.
+
+La Europa presenció, no ha mucho, un congreso de soberanos. En ese
+congreso entra Rothschild, y todos los reyes se levantan y se destocan,
+menos el de Holanda, que era el único que no le debía. Despues de esto,
+acaso no seria temerario decir que aquellos reyes se destocaron ante su
+rey, lo cual significa que el dinero es el rey de los reyes de nuestro
+siglo, porque claro es que aquellos soberanos no acataban en Rothschild
+otra teología, otra heroicidad, otra ciencia, otro arte, que el dinero.
+Ese es Rothschild; una especie de rey universal, un gran monarca de
+nuestros tiempos, ante quien los monarcas dinásticos se destocan.
+
+Hay un rico, muy rico, inmensamente rico, que ha sabido enriquecerse
+más. Hay un hombre, una familia, que hereda un gran tesoro, que sabe
+ponerlo á buenas ganancias, que sabe acrecentarlo, hasta reunir la suma
+fabulosa de miles de millones de reales, asombrando al mundo con un
+prodigio de que no hay ejemplo en la historia de la humanidad: ese es el
+judío Rothschild.
+
+Salamanca hizo con su fortuna lo que Dios con el universo: la sacó de la
+nada.
+
+Muy entrado el presente siglo, hay en Granada un estudiante que va al
+café, y habla de onzas de oro; va al billar, y habla de onzas de oro; y
+habla de onzas de oro á su patrona, á sus compañeros, átodo el mundo.
+Sin embargo, el estudiante es pobre. ¡Cuántas veces se veria en aprieto
+para pagar su modesto pupilaje! ¡Cuántas veces esquivaría atravesar la
+puerta del sastre! ¡Cuántas veces huiria de la calle del zapatero! El
+buen escolar de Granada no tenia las onzas de oro en su bolsillo; las
+tenia en su imaginacion; no las tiene, las ve; quizá no las ve; las
+adivina. De cualquier modo, las onzas, de oro están allí; ya saldrán
+cuando llegue la hora. En el alma de aquel estudiante hay una geometría
+oculta, una química incomprensible, una especió de mágia. Cuando la
+sazon llegue, asomará el geómetra, saldrá el químico, aparecerá el mago.
+
+El estudiante se licencia en leyes; nuestro licenciado se casa; el
+casado se hace juez; el juez no tiene lo que necesita para vivir; pero
+no recibe de nadie un maravedí por sus legítimos derechos; abandona el
+juzgado; el cesante, viene á Madrid; se hace banquero, el banquero se
+hace diputado, el diputado se hace ministro. Cae el ministro, cae con
+estrépito, más que con estrépito, con escándalo (un hombre del
+desarrollo de Salamanca no admite medias tintas); cae _furiosamente_,
+como suele decirse, todo el mundo le vuelve la espalda, su nombre
+atemoriza, su firma se rechaza, sus letras se protestan, y tiene que
+huir. Está arruinado, desacreditado, y proscrito: tres ruinas pesan á un
+mismo tiempo sobre el comerciante. La ruina del dinero, la ruina del
+nombre, y la ruina de la libertad. ¡Está perdido! decía todo el mundo. Y
+él contestaba en su interior: ¡no, no estoy perdido! ¡Ya no vuelve á
+España! volvian á decir, aún las personas que le tocaban más de cerca. Y
+él contestaba en sus adentros: ¡sí vuelvo á España!
+
+Efectivamente volvió. Antes disponia de quinientos millones: ahora, de
+mil. ¿Cómo lo hizo? Á esta pregunta contesto yo con otra pregunta: ¿cómo
+hizo Galileo para hallar modo de pesar el aire? Pues como Galileo pesaba
+el ambiente atmosférico, pesa D. José Salamanca los negocios: Como
+Galileo arreglaba su ciencia, arregla D. José Salamanca la suya.
+
+Estalla una revolucion; los revolucionarios invaden la casa del
+banquero, y la queman. El banquero huye; el banquero emigra. Á poco
+vuelve de la emigracion. ¿De qué manera vuelve? Antes disponia de mil
+millones; ahora dispone de dos mil. Infinitas líneas de ferro-carriles
+en España, todas las de Italia, todas las del vecino Portugal; banquero
+en Madrid, banquero en Paris, banquero en Lisboa, banquero en Roma,
+banquero en Lóndres, banquero en todas partes. Pierde en Italia treinta
+y cinco millones, gasta quince ó veinte millones todos los años en sus
+atenciones particulares, mil y mil compromisos enormes pesan sobre su
+caja, y cuando todo el mundo lo cree más apurado, compra terrenos y
+levanta planos para hacer un barrio magnífico, el más magnífico de
+Madrid, por la espalda de su palacio, cuya obra no debe costarle menos
+de mil trescientos á mil cuatrocientos millones. Cuando todo el mundo lo
+cree embarazado por aquella pérdida, una pérdida tan enorme, dice á
+Manzanedo que él llevará la Puerta del Sol á lo que es hoy Plaza de
+Toros; y si vive, es bien seguro que la llevará. Y es casi seguro que no
+dejará de vivir, porque hombres de semejante estrella no mueren hasta
+que dejan acabados sus planes. Sí; llegará un dia, en que el terreno que
+se llama hoy Plaza de Toros, será un centro mas rico, más brillante, de
+una vista más deslumbradora que la actual Puerta del Sol. Llegará un dia
+en que los coches de la nobleza inundarán el nuevo barrio, para hacer
+sus compras en los iluminados bazares y en los inmensos almacenes del
+nuevo Madrid. _Vivir por ver._
+
+Estudiante, abogado, juez, diputado, ministro, tribuno, empresario,
+capitalista, caballero, galan, magnate, casi pintor sin saber pintar;
+casi poeta sin saber hacer versos; siempre privado, aún habiendo perdido
+la privanza; siempre en pié, aún, cuando esté caido: ese es D. José
+Salamanca.
+
+Al judío Rothschild se le pregunta: ¿cuánto tienes? Y él contesta: tanto
+millones.
+
+A Salamanca se le pregunta: ¿cuánto tienes? Mira en torno suyo, hojea
+sus libros; y acaso responde: _no tengo nada._ Luego se concentra,
+registra su interior, busca en su fantasía, la encuentra sembrada de
+minas preciosas, halla riquezas inagotables, y responde: _lo tengo
+todo_. Es un hombre que lo tiene todo, no teniendo nada. Sin un
+maravedí, es un banquero como Rothschild.
+
+Imaginar en Salamanca equivale á fundir barras de oro. Idear es hacer
+dinero. No tiene entendimiento como los demás. Su entendimiento es una
+fábrica de moneda, de billetes y talones de Banco. Salamanca camina por
+donde camina todo el mundo; nadie oye nada; él oye ruido bajo sus piés;
+se baja; escarba con el dedo, y halla un tesoro. Adivina donde hay
+tesoros, como Colon adivinó la América. No sé si es espíritu lo que en
+él obra tales maravillas; no sé si es magnetismo, sonambulismo,
+electricidad ó cosa parecida; pero lo cierto es que hay en aquel hombre
+un instinto maravilloso, unas matemáticas que nadie le ha enseñado; unas
+matemáticas que vienen de Dios. Si pudiera reunirse todo lo que ha
+gastado y perdido, me atrevo á decir que se formaria un depósito mayor
+que el que tiene en sus cavas el Banco de Lóndres. Yo conozco una lonja
+en Madrid, cuyo dueño se ha enriquecido con los licores que ha
+despachado para la casa de Salamanca. Lo que ha consumido en tabaco,
+bastaria para dotar líberalmente á cien familias necesitadas. Diez mil
+duros da anualmente á su señora, para que pueda satisfacer sus
+caritativas inclinaciones. Pero ¿es él quien da esos diez mil duros á
+los menesterosos? No, no es él. Esto importa mucho para describir
+religiosamente el carácter propio del personaje que nos ocupa. No es él.
+El no los da á los pobres, sino á su señora, para que su señora tenga la
+piadosa satisfaccion de darlos á los pobres; Cada cual se entiende, y D.
+José Salamanca es un hombre que se entiende siempre á las mil
+maravillas.
+
+Sentados los ligeros datos anteriores, preguntarémos: ¿quién es más
+grande, Rothschild ó Salamanca?
+
+La cuestion está reducida á lo siguiente: ¿qué tiene más mérito, reunir
+mil no teniendo nada, ó juntar un millon teniendo mil?
+
+Me parece que para partir de los mil y llegar al millon, no se necesita
+otra cosa que comerciar.
+
+Creo que para partir de la nada y llegar á mil, es indispensable crear.
+
+El primero cambia.
+
+El segundo elabora.
+
+El uno tiene capital, cálculo, diligencia y fortuna.
+
+El otro tiene genio.
+
+Al primero todo se lo da el hombre.
+
+Al segundo, se lo da Dios.
+
+La compañía de Rothschild es un centro inmenso de accion.
+
+Salamanca es su accion misma.
+
+Rothschild es una casa, una sociedad.
+
+Salamanca es él.
+
+Rothschild envia á las Californias buques llenos de plata, y se los
+traen llenos de oro.
+
+Salamanca no tiene que salir de su escritorio, para explotar las minas
+de las Californias; para Salamanca son Californias todos los países; las
+Californias van consigo.
+
+Salamanca seria el carácter más extenso, uno de los genios más grandes
+del siglo xix, que es el siglo más grande que registra la historia del
+mundo, si no le faltasen dos cosas.
+
+--¿Le faltan dos cosas? preguntará el lector.
+
+--Sí; á ese carácter prodigioso faltan dos cualidades capitalísimas.
+
+--¿Cuáles son?
+
+--Las siguientes; y cuidado que cuando yo censuro, tengo derecho á que
+se me crea, porque al tachar un vicio, siento dolor. La censura que cae
+de mi humilde pluma, es una flor mústia que mi alma deposita en la urna
+sagrada de la verdad. Olga D. José Salamanca la verdad; esa verdad que
+se le ha escondido en las biografías que se le han dedicado; oiga la
+verdad de unos apuntes, que no van dedicados á Salamanca, sino á la
+opinion de mi país, á la probidad de mi conciencia, y si pudiera ser, al
+espíritu de la historia. Oiga la verdad que imprime en estas líneas un
+oscuro y pobre escritor, que no tiene en el mundo otro caudal, ni otra
+esperanza, ni otro consuelo, que la religion de su penoso y elevado
+oficio; oficio que él estima tanto como D. José Salamanca su fausto y
+sus millones. Oiga una vez la leccion severa de la moral, quien ha
+recibido tantas veces las caricias aduladoras de la fortuna.
+
+D. José Salamanca tiene el sentimiento de la naturaleza; lo tiene
+realmente, y esto no puede menos de suceder, cuando tiene, en alto
+grado, el sentimiento de la forma. D. José Salamanca es artista sin
+saberlo. Por eso ama la luz, los campos, los árboles, las flores, los
+perfumes, los rios: por eso sus quintas son las más poéticas que hay en
+España. Esto no procede únicamente de que disponga de muchos millones;
+de más millones disponia Cárlos III, y en las obras de Cárlos III no hay
+el orientalismo que en las creaciones de Salamanca. Es cuestion de
+dinero y de gusto; es cuestion de oro y de fantasía. D. José Salamanca
+tiene fantasía, tiene gusto; pero es una fantasía exterior, sensual; es
+un gusto que apenas pasa de la sensacion, que no halla pasto suficiente
+en las emociones más elevadas del sentimiento. D. José Salamanca es un
+idealista que no se contenta con la idealidad; es un artista que no se
+contenta con el arte; es un poeta que no tiene bastante con la alta y
+verdadera poesía.
+
+En una palabra, ama la naturaleza, porque la naturaleza convida á sus
+sentidos con un placer más: placer de los sentidos; este es el
+sentimiento particular de Salamanca. Si la naturaleza no fuera un gran
+goce, un gran disfrute, el primero y más rico de los festines, la
+primera y más seductora de las beldades, D. José Salamanca no la amaria.
+Pero ¿en que consiste este raro fenómeno? No es raro. Consiste en que D.
+José Salamanca no sabe amar con el amor de la imaginacion, con el amor
+del pensamiento, con el amor purísimo de la fe; don José Salamanca no
+puede amar con ese rescoldo suave que siente el alma, cuando
+contemplamos un cuadro sublime, como cuando vemos en un cielo azul, casi
+mojadas por la lluvia de la tempestad, las franjas encendidas del arco
+íris. Consiste en que D. José Salamanca ama especialmente con los
+sentidos, de una manera casi voluptuosa.
+
+Tiene tambien el sentimiento de la vida; por eso se rodea de una
+opulencia y de unos placeres que los demás ricos no saben adquirir; tal
+vez los codician; pero ni los sabrian tener; por eso idealiza cuanto le
+circuye, con una pompa y una imaginacion que deslumbran. En las cosas de
+Salamanca, hay lo que antes se llama galanura, hidalguía, gentileza. Es
+como si dijeramos el fabuloso Montecristo de nuestra edad. Sí, tiene el
+sentimiento de la vida; pero no lo tiene en relacion con Dios y con el
+hombre, sino en relacion con sus deleites. Su voluntad, lo que él desea,
+lo que él quiere, no es servir al hombre ni á Dios, sino para lograr que
+Dios y el hombre le sirvan á él. Sirve á Dios y á la humanidad ¿quién lo
+duda? sin anhelarlo en el fondo de su conciencia, sin cifrar en ello una
+grande ilusion de su vida, aun cuando lo hiciera sin comprenderlo, D.
+José Salamanca seria de todos modos un aventajadísimo obrero de la
+civilizacion de un siglo, un laboriosísimo menestral de la historia:
+sirve á la humanidad y á Dios, todo genio sirve, dejaria de ser genio si
+no sirviera; pero su primera intencion no es servir, sino ser servido.
+Hace con la vida lo que hace con la naturaleza.
+
+Tiene el sentimiento de la fama; pero no de la fama espiritual,
+imaginativa, apasionada, fervorosa: no el sentimiento de ese ángel que
+mueve sus alas sobre la silenciosa cavidad de un sepulcro; no el
+sentimiento que se exhala en el corazon de los héroes, de los mártires,
+de los sábios; no ese sentimiento que es una de las más supremas
+gerarquías del alma; esa emocion vaga, melancólica, indefinible, que
+brota en el espíritu del hombre, como nace una violeta al pié de una
+cruz. Para D. José Salamanca significa poco la fama moral, metafísica,
+póstuma; la fama que viene despues, como despues del vivo viene el
+muerto, como despues del muerto vienen sus cenizas. D. José Salamanca
+busca siempre la fama real, sensible, presente, bulliciosa; la fama que
+se oiga, que se vea, que se toque; esa fama que equivale al crédito; ese
+crédito que es un gran capital, un gran fondo, un grande y universal
+gerente. D. José Salamanca es un esclavo de la opinion pública, para
+hacerse dueño del público. Quema incienso á la sociedad, para que la
+sociedad se lo queme á él. Adora á un ídolo, á fin de que ese ídolo
+agradecido se convierta en idólatra suyo. Por eso es generoso á su
+manera; es generoso efectivamente, espléndido y hospitalario; da como
+nadie, porque da como gana, y nadie gana como él; da, no se lo niego, no
+debo negárselo; pero da con su cuenta y razon. Dará siempre, en buen
+hora; pero cuando el público lo ve, da con alarde; más que con alarde,
+con gala, con orgullo, con engreimiento. De esta manera, si no recibe de
+aquel á quien da, consigue recibir de la opinion pública, que le llama
+héroe y personaje por aquella limosna astuta; limosna buena, porque al
+cabo hay algo en ella de caridad; limosna astuta, porque es una caridad
+ingeniosa, casi mercantil. La generosidad de Salamanca es, en más de un
+caso, una mercancía que vende al público, para que el público le compre
+á él otra mercancía por un precio mayor; es un comercio hábil,
+habilísimo; este comercio necesita una táctica tan maestra, que casi,
+casi, tiene tanto mérito como la generosidad misma. D. José Salamanca
+compra con monedas que los demás banqueros no conocen; compra y vende
+mercancías que no conocen los demás mercaderes, y en esto consiste que
+los demás ricos, los muy ricos, parezcan muy pobres comparados á
+Salamanca. La cuestion, la ruidosísima cuestion de generosidad, es
+muchas veces para el personaje de que me ocupo, un juego de Bolsa, que
+nadie comprende como él, porque nadie tiene su talento. Hace con la fama
+lo que hace con la vida.
+
+D. José Salamanca es el Dios, la naturaleza y la humanidad de sí mismo:
+una iglesia en que no se rezan oraciones mentales: un rito en que no se
+conoce el culto interno. Culto interno; hé aquí lo único que le falta
+para ser muy grande, pues para ser muy grande, hay que ser grande por
+fuera y por dentro; y ese hombre que revoca tan bien su fachada; ese
+atrevido artista que sabe derramar tanto hechizo en el frontis de su
+palacio, vive muchas veces en un interior mezquino y estrecho. ¡Ah! si
+esa privilegiada fantasía que lo idealiza todo, comprendiera por un
+momento la idealidad; si esa razon fecunda y ardorosa que en todo
+piensa, rindiese un homenaje al pensamiento; si ese orientalismo que
+quema tanta mirra á la materia, guardase un aroma para el espíritu; si
+esa brujería que hace un Dios de todas las bellezas sensuales,
+comprendiese á Dios en la lágrima solitaria que vierte la virtud entre
+cuatro paredes negras; si Salamanca fuese capaz de exhalar un suspiro,
+al cual no fuese unida una memoria impura; si fuese capaz de una hora de
+silencio y de dolor en el íntimo santuario del alma, si fuese capaz de
+ese culto interno, D. José Salamanca seria indudablemente el carácter
+más general, y acaso el más bello de su nacion y de su siglo. Pero
+vuelvo á decir que le faltan dos cosas: honrar el pensamiento por ser
+pensamiento; honrar la virtud por ser virtud.
+
+Reasumamos lo dicho sobre ambos personajes. Un hombre que hereda dos mil
+millones de reales, y que hoy cuenta con cuatro mil: un coloso de oro,
+de empresas, de fortuna, de crédito; un semi-Dios de nuestra época; ese
+es Rothschild.
+
+Un hombre de facciones expansivas y despejadas, de ademan suelto; de
+trato festivo, casi epigramático; de palabra fácil, aguda, algunas veces
+armoniosa; de carácter sencillo en apariencia, doble en el fondo;
+ingénuo para los demás; trascendental para sus fines; liberal para
+todos; más liberal para sí mismo; ojo de águila; suspicacia de mercader;
+galantería de cortesano; pompa de noble, boato de banquero; esplendidez
+de favorito, magnificencia de monarca; griego en la fantasía; asiático
+en el gusto; sibarita en sus aficiones, en sus hábitos, en sus placeres;
+sobre todo, negociante en sus cálculos inspirados, vastísimos, fecundos,
+inagotables, geométricos; negociante en su increible actividad, en su
+audacia maravillosa; mago, hechicero, adivino, zahorí y alquimista, en
+materia de sacar oro de los carbones, ese es D. José Salamanca.
+
+Aún con las faltas que le hallo, y que no he debido disimular porque
+hablo á la conciencia de un pueblo; aún con defectos capitales, que lo
+hacen temible, D. José Salamanca tiene tanto genio, su fama es tan
+brillante, tan provocativa, tan espléndida; sus vicios y virtudes se
+ponen un traje tan nuevo, tan magnífico, tan fascinador, que su nombre
+es hoy de los que más suenan en el mundo, de los más conocidos en
+Europa, el más popular de nuestro país.
+
+No hace mucho dijo en las Córtes, que es verdad que él se habia
+enriquecido; pero tambien lo era que habia dotado á España de
+ferro-carriles.
+
+Sus enemigos dirán lo que quieran; yo podré hallarle todos los defectos
+que me plazca, cada cual dirá, lo que le parezca; pero la nacion debe
+estarle reconocida, y se lo está. En este sentido, yo tambien se lo
+estoy. ¡Qué curioso seria escribir una biografía, cogiendo el hilo de
+aquella existencia tan movible y tan ávida, y seguir hilando hasta dar
+con el fin de la revueltísima madeja! Si Salamanca viviese encerrado en
+una cueva; si tuviese por palacio un desierto; si á su sombra llevase
+atadas las dificultades y las amarguras del proscrito yo no tendria
+ningun reparo en escribir su vida, que es sin disputa la más fecunda en
+episodios extraordinarios que conoce nuestro país en el siglo presente;
+pero no quiero nada con hombres tan ricos. Por lo menos se creeria que
+pensaba adularle, y soy muy avaro de mi pobreza.
+
+Un amigo á quien he leido estos apuntes, me dice:
+
+--¿Si Salamanca enviase á usted diez mil duros, usted qué haria?
+
+--Devolvérselos.
+
+Hemos sido invitados para concurrir á una tertulia de alto copete, que
+tiene lugar en la calle Vivienne. Mi mujer ha dicho que no; yo he dicho
+que sí. Esta vez espero triunfar.
+
+Voy á concluir este dia con algunas curiosidades.
+
+Hemos ido á un gran establecimiento público, en que dan de comer por dos
+sueldos, ó sea por muy poco más de tres cuartos. La comida consiste en
+un trozo de pan y un plato de patatas guisadas con bastante curiosidad.
+Al ver allí, colocada en extensas filas, aquella numerosa y callada
+congregacion, acude á nuestra mente la idea de la sopa monacal. Sin
+embargo, estoy más por estos conventos sociales, que por aquellas
+caridades frailunas.
+
+Otra curiosidad. Todo Paris repite la contestacion que ha dado un niño
+en los exámenes de moral. El maestro le preguntó qué era la gratitud. El
+examinando no se acordaba de la definicion del libro, y despues de
+titubear un momento, como cediendo á una inspiracion, con acento seguro
+y altanero, dijo: la gratitud _es la memoria del corazon_.
+
+Una asamblea, mil asambleas de filósofos, de sábios, de poetas y
+oradores, reunidas al efecto, no hubieran acertado positivamente con una
+respuesta tan profunda, tan graciosa, tan viva, tan moral y tan bella.
+El niño en cuestion ha hecho su fortuna, y la merece. La criatura que
+consigue, con cuatro palabras, alarmar á una ciudad como Paris, menos
+que criatura es un personaje en pequeño. ¡Dios le dé tanta suerte, y
+tantas expresiones felices, como es admirable, sabia y poética su
+definicion de la gratitud!
+
+Otra curiosidad. Hemos visitado una calle célebre, muy célebre, en la
+historia oculta de esta ciudad: la calle de Chantres. En esta calle
+habia, hace algunos siglos, una casa pequeña, baja y húmeda: esta casa
+presenció los amores de Abelardo y Eloisa. Mi mujer, que tan desdeñosa
+se muestra con todas las cosas de Paris, ha visitado aquel lugar
+histórico con el mas afectuoso interés. Esto procede de que Abelardo y
+Eloisa, antes que á la historia de un país, tocan á la historia del
+corazon, que es la historia más universal del género humano. Al dejar la
+calle en cuestion, dirigimos un triste saludo á los desgraciados
+amantes.
+
+Última curiosidad de este dia. Cerca de la Plaza de la Concordia, hemos
+visto á la Emperatriz y al Príncipe. Observamos que de la parte de las
+Tullerías bajaba un carruaje, en cuyo torno se agrupaban los
+transeuntes, nos aproximamos y no tardamos en distinguir á nuestra
+paisana, que venia, sola con su hijo. La antigua condesa de Teba es una
+fisonomía delicada, noble, bella y majestuosa. Indudablemente es uno de
+esos tipos privilegiados, capaces de inspirar una pasion profunda. Pero
+me parece que aquella mujer no vive contenta; me parece qué no es feliz.
+Detrás de aquellos ojos dulces y apacibles, detrás de aquel cútis
+blanquísimo, de aquellas sutilísimas venas azules, de-aquel bello
+contorno; más allá del magnífico carruaje que la conduce como en
+triunfo; más allá de las galas y de las pedrerías que adornan su traje;
+más allá de los torreones de aquel suntuoso palacio de donde acaba de
+salir, me parece que veo cierto espíritu de resignacion y de melancolía.
+Detrás de esos velos brillantes, me parece que alcanzo á distinguir un
+misterio, y casi tengo por seguro que ese misterio es una pena. Detrás
+del tinte de la cara, vislumbro yo un tinte que no puedo explicar;
+aunque en mi conciencia lo sé definir. Esto ha hecho que la Emperatriz
+me haya parecido más hermosa, porque no hay belleza sin algo triste,
+porque tal vez en un algo triste consiste la grande y verdadera belleza.
+La madre miraba á su hijo; luego, saludaba y se sonreia; pero ¡ay!
+aquella sonrisa venia á decirme que tambien los palacios ocultan
+lágrimas; que tambien las joyas atavian pechos doloridos, como luces
+brillantes alumbran la cara de un muerto.
+
+Una cosa muy rara he notado, á propósito de la Emperatriz, y acerca de
+la cual hemos hablado varias veces mi mujer y yo. En Paris todo el mundo
+tiene sus historias, sus anécdotas, su chismografía. En un pueblo tan
+fabuloso, natural es que todo personaje tenga su fábula. He hablado con
+muchos franceses de todas gerarquías; he hablado con muchas francesas
+que hablan de todo; (las mujeres en Francia son como en todas partes;)
+he provocado la conversacion de la Emperatriz; he procurado esforzar el
+asunto; en vano. Nadie nos ha dicho una sola palabra de la esposa del
+Emperador. Ni una aventura, ni una limosna, ni un dicho agudo, ni un
+ademan, ni un gesto. Por lo que mi mujer y yo hemos observado, sin tener
+más datos que nuestra experiencia personal, podemos decir que la antigua
+condesa de Teba es aquí un cadáver. ¿Tendrá esto su explicacion en que
+la condesa de Toba es española? No lo sé; no quiero atribuir esa
+ruindad, esa estrechez, á la nacion francesa; pero es evidente que algo
+hay aquí.
+
+Volviendo á la persona de la Emperatriz, he notado tambien que la mujer
+perjudica á la reina, y que la reina perjudica á la mujer. Se ven dos
+sujetos, y el uno quita encanto al otro. Parece que una mujer tan bella
+no necesita ser Emperatriz; y que una Emperatriz tan hermosa, no saca su
+diadema más que de su hermosura; de donde resulta que no es completa la
+ilusion de la reina, ni la ilusion de la mujer. La Emperatriz seria más
+Emperatriz con menos belleza; y la mujer seria más mujer con menos
+atavíos imperiales.
+
+Si yo tuviese una diplomacía y una cortesania que no tengo que no quiero
+tener, es casi seguro que veria á la esposa de Napoleon, y que a través
+del alabastro de su semblante, divisaria las sombras que dan vueltas
+alrededor de su alma; porque, no hay duda, en ese cielo hay nubes.
+Cuento con un medio, un medio facilísimo, infalible, de abrirme paso
+hasta nuestra paisana; nuestra paisana me recibiria; no se me esconde
+que esta entrevista seria tal vez la única página interesante de estos
+desaliñados apuntes; pero aquel palacio negruzco, casi agorero, me
+infunde temor, tanto temor, que no me acude ánimo ni para describirlo.
+Algun dia lo describiré; pero hoy me es imposible; porque me inspira
+miedo, real y verdaderamente miedo.
+
+ Vivienda de prodigios y de asombro Donde vive agobiada la memoria,
+ Como el gigante á quien oprime el hombro El peso horrible de su
+ horrible historia.
+
+El coche de la Emperatriz desapareció entre los árboles de los Campos
+Elíseos; nosotros montamos en el ómnibus que va á la Plaza de la
+Bastilla, y á los quince minutos nos encontrabamos en nuestra fonda.
+
+
+Un amigo que nos acompañaba me preguntó con mucho interés durante el
+camino:
+
+--¿Morirá en Paris la Emperatriz Eugenia?
+
+--Yo dije: no lo sé.
+
+Mañana volverémos á la misma plaza de donde venimos; á la Plaza de la
+Concordia, y diré á mis lectores varios secretos de la revuelta historia
+de Paris.
+
+
+
+
+=Dia trigésimo segundo=.
+
+Visita.--El Brigadier Rotalde.--El Panteon.--Café cantante de los Campos
+Elíseos.--Tertulia.--Una madre como hay muchas.--Curiosidades.
+
+
+Madama Fonteral viene á vernos antes de las ocho de la mañana. La pobre
+lechera entra en nuestra estancia con cierto aire de aturdimiento, casi
+de confusion.
+
+--¿Qué sucede, mi buena señora Fonteral? la pregunté.
+
+--Luisa está en cama; Luisa está enferma.
+
+Esta noticia nos desconcertó á mi mujer y á mí.
+
+--¿Qué tiene? preguntamos aun mismo tiempo mi mujer y yo.
+
+--No sé lo que tiene; es decir, no lo sé y lo sé; lo sé; pero no sé
+decirlo. Está muy mala; tiene los ojos desencajados; su frente arde;
+creo que se muere; tendré que ir á llamar á un médico ...
+
+--¡Qué médico ni qué ocho cuartos! Ustedes lo arreglan siempre todo con
+los médicos. El médico no puede volverla su amante; no puede volverla su
+honra; no puede volverla su familia. El médico no puede echar tierra en
+el abismo, en cuyas tenebrosas cavidades yerra perdido el corazon de esa
+mujer. Ustedes no ven más que la medicina del cuerpo: y la mayor parte
+de las dolencias no se curan sino con la medicina, del alma. No es
+cuestion de botica, madama Fonteral; es cuestion de prudencia y de amor
+al prógimo. El verdadero médico de Luisa es la amistad y el sacrificio.
+Tome usted 20 francos, y pague usted otros quince dias al amo de la
+fonda, para que la trate con cariño, ya que con dinero hay que ganar
+cariño en un pueblo que se llama cristiano. Tome usted otros 20 francos
+y déselos usted á la enferma, ó reténgalos usted misma, á fin de que
+Luisa tenga la asistencia que su estado reclama. Vaya usted volando, y
+dígala usted que no se abata, que no se aflija, que no se desespere;
+dígala usted que no está sola; que no está abandonada, que hay ojos que
+la miran; que hay corazones que la compadecen; que hay enfermeros que
+velan por ella á la cabecera de su cama. Dígala usted que tenga
+generosidad, abnegacion; la abnegacion del verdadero arrepentimiento.
+Dígala usted que hay un deber, el último entre todos los de la vida; el
+supremo entre todos los grandes deberes; el que nos imponen nuestras
+culpas; el deber de llorar y de pedir que nos perdonen; el deber de
+esperar la ventura y la dicha por el merecimiento de la humildad y del
+dolor. En fin, dígala usted que se levante de la cama, y que se
+tranquilice; que irá á su casa, que irá á Pisa, que su familia la
+perdonará, y que si hay virtud en su corazon, si hay vida en su
+conciencia, si hay calor en su alma, todavía puede ser feliz. Vaya usted
+volando; en la inteligencia de que si usted no la dice todo eso, ó si no
+se lo dice bien, Luisa se muere.
+
+Madama Fonteral se echó á temblar, y me miraba como aquel que pide
+compasion.
+
+--Vaya usted corriendo! añadió mi mujer con mucha prisa.
+
+--_Maladroite que je suis_ (¡Torpe de mí!) exclamó la buena mujer, y se
+dirigió á la escalera apresuradamente volviendo la cara y saludándonos
+con la mano.
+
+Inmediatamente que quedamos solos, me preguntó mi compañera:
+
+--¿Qué piensas hacer?
+
+--Pienso ver á los españoles y americanos que aquí conozco, y reunir la
+suma necesaria para que Luisa vuelva á su país. Estando en Pisa, una
+lágrima y un perdon lo salvan todo. Es una llaga que sólo se pura con
+aquel bálsamo; ¿Crees que hago bien ó mal? Pregunté á mi mujer,
+mirándola con atencion, como para adivinar sus intenciones.
+
+Mi mujer contestó:
+
+--Creo que haces muy bien.
+
+En el Hotel de Bilbao, de que hice mencion al principio de estos
+apuntes, he tenido, la satisfaccion de conocer al brigadier Rotalde, tan
+excelente caballero como buen pintor. Viene de la Habana, y teniendo que
+permanecer pocos dias en Paris, hemos acordado visitar hoy el Panteon, y
+tomar luego una botella de cerveza en un café cantante de los Campos
+Elíseos. Para mañana queda aplazada la visita del Louvre, en donde
+podrémos admirar la sublime Asuncion de Murillo, que es el sueño dorado
+del brigadier, y que yo no dejo de desear.
+
+--A estilo de campaña, exclamó el brigadier artista. Lo que ha de
+hacerse luego, hágase ahora.
+
+Y pronunciando estas palabras, abria la portezuela de un carruaje
+público que estaba enfrente de la fonda, invitándome á que subiera. Subo
+en efecto, sube él, el cochero levanta el látigo, y véanos el lector
+rodando, por las calles de esta moderna Nínive. Al pasar por el Mercado
+Nuevo, nos apeamos, recorrimos una de sus espaciosas galerías, vimos
+camarones, compramos por valor de un franco de esta _fruta marítima_,
+tornamos al coche, y en el momento de montar, levantamos los ojos, y
+vimos á una jóven como de diez y ocho á veinte años, que, sentada en el
+balcon de un piso segundo, se entretenia en dar muchos besos al pico de
+un loro. El afan de aquella muchacha no dejó de causarnos cierta
+impresion, y apenas nos sentamos en el carruaje, dije yo al brigadier:
+
+ A un loro; Julia Amengual
+ Da de besos un tesoro.
+ Y á esto dice Don Pascual
+ Qué á falta de otro animal
+ Pasa el rato con su loro.
+
+EL brigadier, por un efecto de hidalga galantería, celebró mucho estos
+malos versos, y comiendo y conversando como buenos amigos, llegamos á
+Santa Genoveva. Despues de visitar el monumento que ya conocen mis
+lectores, aunque muy superficialmente, manifestamos, al conserje
+nuestro, deseo de visitar el Panteon. Advierta el lector que yo no he
+andado esta vez por la linterna circular ni por la cúpula, ni he subido
+un solo escalon, sino que he esperado á pié firme en la planta baja,
+contemplando una pintura al fresco, copia no muy feliz de Rafael de
+Urbino. Temí que el brigadier tuviera algun antojo, parecido á los
+invasores antojos del travieso ingeniero. Vuelto el brigadier, tratamos
+de bajar á la capilla subterránea, como ya dije; pero se ofrecia una
+dificultad. El conserje nos manifestó que teniamos que esperar algun
+tiempo.
+
+El brigadier, que á su despejo natural, une la impaciencia del soldado,
+preguntó al conserje por qué razón teniamos que esperar el tiempo que
+decía.
+
+El conserje le contestó que debian reunirse doce personas para bajar á
+la capilla.
+
+Esto picó la desembarazada curiosidad de mi compañero, que volvió á
+replicar á nuestro guia:
+
+--Pero ¿por qué razon tienen que juntarse doce personas, para bajar á la
+capilla subterránea? ¿Es esta costumbre, por ventura, una ritualidad del
+establecimiento, ó como si dijeramos un estatuto de esta iglesia?
+
+--_Non, monsieur_, (no, señor) murmuró el conserje, y bajó la cabeza,
+pareciendo que rezaba entre dientes. El brigadier me echó una mirada,
+como para decirme, si yo comprendia; yo echó otra mirada al brigadier,
+como si quisiera contestarle que no entendia una jota de aquella rara
+pantomima, y ambos miramos al conserje, el cual tenia vueltos los ojos
+hácia la puerta principal, en significacion sin duda de que no queria
+responder. Pero mi compañero, que no es hombre que se acorbarda ante la
+distraccion estudiada de un conserje, volvió á llamarle la atencion de
+un modo resuelto, tan resuelto, que nuestro guia conoció que estaba en
+el caso de capitular. Los conserjes son gente en extremo conocedora.
+
+--Entendámonos, si á usted le parece, le dijo el brigadier con ademan
+suelto y apremiante. ¿Hay alguna ordenanza de este cabildo, por la cual
+se manda que hayan de ser doce personas las que bajen siempre al
+Panteon?
+
+--No, señor, no hay tal ordenanza; pero hay la costumbre de que cada
+persona que baje al Panteon, tiene que pagar. 25 céntimos (un real de
+nuestra moneda), y como yo no abro las puertas de aquel lugar por menos
+de tres francos, tengo que esperar que se reunan doce personas....
+
+--¡Enhorabuena! exclamó el brigadier. Nosotros darémos á usted los tres
+francos, y todos los francos que sean menester, sin necesidad de esperar
+á nadie. Con que ¡á la capilla!
+
+Ante una oratoria tan elocuente, nuestro guia inclina la cabeza, coge
+unas llaves, hace señas á tres caballeros y dos señoras que aguardaban,
+entra por una puerta lateral, abre otra, baja una escalera, y todos
+empezamos á bajar tras él, despues de abrir paso á las dos señoras, qué
+parecian ser personas muy distinguidas. Luego supimos casualmente que
+eran escocesas.
+
+Estamos á siete ú ocho varas de profundidad. Hay poca luz. Los techos
+son bajos, abovedados, y no ofrecen nada de grande, de majestuoso, de
+imponente, ni de magnífico. Al contrario, despues de admirar el
+monumento de arriba, el monumento de abajo parece ruin; mejor dicho, no
+parece monumento, porque no hay monumentos ruines. Sin embargo de que la
+oscuridad habla tanto á mi corazon; sin embargo de que no hay para mí
+una poesía tan grande como un sepulcro; sin embargo de que un ciprés me
+llama mucho más la atencion que unas pirámides, declaro con pena que he
+recibido una ingrata impresion. Esto dista infinito de ser lo que yo me
+habia figurado, lo que todo el mundo se figura y debe figurarse, cuando
+sabe que una Asamblea Constituyente decreta que tome el nombre de
+Panteon, lo que la creencia y la gratitud de todo un pueblo llamaban
+antes Sta. Genoveva. Yo creía, como yo creian los demás, que el Panteon
+era un monumento más grande que la iglesia, puesto que la iglesia habia
+desalojado su primer puesto, para cederlo al Panteon. La Asamblea
+Constituyente debió darle el sér antes de darle el nombre, porque de
+otro modo es un nombre sin sér. Lo declaró poema sin darle poesía; lo
+declaró tiniebla sin darle sombra, y esto es gana de hablar. Ya dije que
+en Francia se hacen muchas cosas, infinitas cosas, por ganas de hacer,
+como se dicen otras por ganas de decir, como se piensan otras por ganas
+de pensar.
+
+Creo que he dado con la expresion: esta capilla subterránea es una
+tiniebla que no tiene sombra, ó bien una sombra que no tiene tiniebla.
+
+Estamos en el sepulcro de Voltaire, de este gran revolucionario, de este
+gran invasor, de este gran rey, como le apellidaba tan admirablemente
+Federico de Prusia. Esto no es una tumba histórica; no es tampoco un
+sepulcro; no es ni una sepultura. Es un escondrijo con cuatro paredes;
+un cachivache con una estátua, un hoyo, una losa, y un epitafio. Esta
+especie de zaquizami dista tanto de estar á la altura de Voltaire, como
+la capilla subterránea de estar á la altura del nombre de Panteon.
+
+La estátua de Voltaire se celebra mucho por los franceses. A mí no me
+gusta. Esto procederá indudablemente de que no lo entiendo; pero para mí
+no es cuestion de filosofía, sino de gusto. Creo que el gusto es la gran
+escuela de las artes, y no me gusta ese mármol que miro, porque ahí
+Voltaire no parece un hombre de talento, sino una inteligencia
+maliciosa. Las arrugas de ese semblante, lo hundido de esas sienes, lo
+agudo de esos pómulos, lo contraido de esos labios, lo furtivo de esa
+mirada, significan, malicia, perspicacia, argucia; no significan un
+entendimiento liberal, extenso, vario, rico, fecundo, inagotable; me
+significan el entendimiento de un Voltaire. Voltaire en esa piedra es
+más bien un hombre de chispa, no un hombre de genio. Los que comprendan
+algo, aunque no sea sino por instinto, por barrunto siquiera, acerca de
+lo que es _genio_ y de lo que es _chispa_, podrán explicarse el por qué
+no me gusta esa estátua que estoy viendo. Digo de esa estátua lo que
+antes dije del subterráneo. El subterráneo no es monumento, porque no
+hay monumentos ruines, del mismo modo que esa estátua no es estátua para
+mí, porqué no hay estátuas que se ven con disgusto.
+
+Yo murmuré sobre el particular algunas palabras al oído del brigadier;
+el conserje hubo de apercibirse, y empezó á explicarme las maravillas de
+aquella piedra, como si quisiese tomar á empresa el persuadirme, en
+honra del difunto cuyas cenizas nos escuchaban.
+
+Yo dije al conserje: eso que se ve en esa piedra, es la estátua de la
+malicia; la malicia es el talento de la ignorancia, y Voltaire, el jefe
+de la Enciclopedia, el primer revolucionario de su siglo, el Robespierre
+literario del mundo, la admiracion y el susto de la historia, Voltaire,
+señor conserje, es algo más que un ignorante.
+
+El conserje hizo un gesto agridulce.
+
+La inscripcion del sepulcro dice:
+
+_Ses manes sont ici; son génie est partout_. (Sus manes están aquí; su
+genio está en todas partes.)
+
+Yo, al estilo francés, pido mil perdones al poeta que escribió este
+epitafio. No creo que el genio de Voltaire esté en todas partes, porque
+aquí no está.
+
+Mirado en este mezquino chirivitil aquel enorme personaje histórico,
+parece pequeño, muy pequeño; muy escaso, muy pobre. El rey es aquí un
+pordiosero que nos pide limosna. Voltaire habla más, infinitamente más,
+que todo esto. Es una cuna sin sepulcro, un Oriente que no halló su
+ocaso.
+
+Luego vimos la tumba de Rousseau. Es menos tumba todavía que la de
+Voltaire. Sobre la pared de su sepultura tiene pintada una mano que
+empuña una antorcha, en significacion de que su inteligencia lo alumbra
+todo. Digo de esta antorcha lo que dije del epitafio de su ilustre
+vecino. La inteligencia de Rousseau lo alumbrará todo, menos el lecho,
+en que reposa.
+
+Luego visitamos ligeramente los sepulcros del arquitecto del edificio,
+Soufflot, de Bougainville, del mariscal Lannes, y de siete ú ocho
+generales y senadores del primer imperio. Entre aquellos sepulcros vimos
+como escombros ó tierra removida.
+
+--¿Qué es esto? preguntamos á nuestro guia.
+
+--Ahí, contestó este, estuvieron los restos de Mirabeau y de Marat.
+
+--¿No están ahora?
+
+--No, señor.
+
+--¿Quién desalojó sus cenizas de este asilo sagrado?
+
+--La Convencion Nacional.
+
+--¿Por qué?
+
+El conserje movió la cabeza. Todos nos echamos á reir. Los franceses son
+los únicos hombres del globo que hacen cosas, las cuales obligan á que
+los cristianos se rian en el momento de visitar un Panteon. Ya dije, no
+há mucho, que el patético de los franceses hace á un mismo tiempo llorar
+y reir, y lo que nos acaba de pasar es una prueba incontestable de que
+no los he calumniado. Es un patético que juega con las cenizas de los
+hombres. Al hablar de la _Bolsa_ dije que ni las piedras están á salvo
+del genio francés; ahora debo añadir que no está seguro ni el polvo del
+que ha muerto hace muchos siglos.
+
+Atravesamos un pasillo oscuro, muy oscuro, tenebroso. Aquí principia á
+ser esto Panteon. El Panteon principia en donde el Panteon concluye.
+Despues entramos en una gruta, en donde se percibe confusamente alguna
+claridad. Cualquier sepulcro que sé pusiera aquí, seria positivamente
+más sepulcro que las covachas que hemos visitado.
+
+El conserje se detuvo y calló. Todos nos detuvimos y callamos. El
+conserje permanece mudo, todos enmudecimos del mismo modo. Nadie
+respira, no se oye ni una mosca. ¿Qué significa esto? Á través de la
+escasa luz que allí habia, todos queriamos mirarnos mútuamente á las
+caras, como para ver qué gestos hacíamos ó qué nos parecia aquel
+silencioso entremés. De pronto, como un rayo cae de las nubes, como el
+tañido arranca del golpe que el badajo da en una campana, se oye un
+estruendo agudo, agudísimo, formidable; un estruendo que viene á caer
+encima de nosotros, que parece aplastarnos. Todos creimos que el Panteon
+se hundia, y que la cúpula, y las naves, y los techos, y las columnas,
+aquella enorme masa revuelta y confundida, se desplomaba sobre nuestras
+cabezas. Las dos señoras arrojaron un chillido que nos heló la sangre;
+yo creí que la tierra faltaba á mis piés, y me agarré frenéticamente á
+los hombros del brigadier Rotalde.
+
+Sin que nosotros pudiéramos verlo, porque no habia la necesaria
+claridad, el conserje cogió un gran tambor que tenia oculto en uno de
+aquellos rincones, y sacudió en él un fuerte golpe, que aumentado
+increiblemente por un notable efecto acústico de aquellas bóvedas,
+produjo el estrépito de que he hecho mencion.
+
+Luego que nos enteramos de la causa de aquel aparente terremoto, nos
+tranquilizamos, y nos dispusimos á saborear el extraño chiste de aquel
+espectáculo.
+
+El conserjé, despues de hacer varias evoluciones con el tambor, bajó
+la voz todo lo que pudo, y con un acento apenas perceptible, decia: ¿Qué
+quieres? ¿quién eres? ¿qué buscas aquí? Y á lo léjos, muy á lo léjos,
+como un aviso del otro mundo, con la expresion autómata de un hecho
+mecánico, repetia el eco casi apagado: ¿qué quieres? ¿quién eres? ¿qué
+buscas aquí? Aquel acento ténue, sutilísimo, se iba haciendo cada vez
+más remoto, hasta que parecia perderse entre los escombros de aquellos
+sepulcros, como, el acento de un moribundo parece perderse entre los
+misterios de la eternidad. Las señoras chillaban furtivamente á despecho
+suyo, y habia hombre allí á quien se erizaban los cabellos. En aquel
+lugar se experimenta una emocion en que entran á la vez la sorpresa, la
+curiosidad, el asombro y la maravilla. Hay algo de arte, de religion y
+de fanatismo.
+
+A los pocos minutos estabamos arriba. Nos despedimos de nuestros
+_subterráneos_ compañeros, no sin haber dado un napoleon al conserje, y
+al mismo tiempo, que atravesamos la espléndida nave de Santa Genoveva,
+el brigadier me dice:
+
+--¿Qué le parece á usted?
+
+--Es una cueva, le contesté; no es un Panteon. Son hoyos, no son tumbas.
+No nos preocupa la idea de la muerte, sino la idea de un cautiverio. No
+hay espíritu allí, no hay providencia; todo es humano, ni aun humano;
+todo es francés.
+
+Esta iglesia, añadí, es un templo sin Dios.
+
+Aquel Panteon es un panteon sin sepulcros.
+
+Pasan tres horas, que hemos empleado en comer, el brigadier en su fonda
+de Bilbao, yo en el restaurant de las Columnas con mi compañera. Allí
+presenciamos una disputa de que daré cuenta otro dia. Antes de ir á las
+Columnas, escribí tres cartas á mis buenos y excelentes amigos de Reus.
+Mis lectores ignoran, como no puedo menos de suceder, la grande y
+justísima estimacion que profeso á esa ciudad, la cual ha sido uno de
+los pueblos de España que ha prestado una hospitalidad más generosa á
+mis pobres escritos, así políticos como literarios y filosóficos.
+Despues, en circunstancias muy difíciles para mí; en momentos de
+tribulacion y de amargura; en esos momentos trabajosos en que el hombre
+conoce si tiene algun amigo, la ciudad de Reus, la noble, la honrada, la
+laboriosa, la liberal ciudad de Reus, ha entrado siempre por las puertas
+de mi casa, trayéndome ánimo y consuelo. ¡Dios querrá que sea tan feliz
+como lo merece por sus sacrificios, por sus deseos, por su cultura y por
+sus virtudes! Acepta, pueblo á quien amo sin haberte visto; acepta este
+saludo que te envia un hombre humilde, como prenda de eterno cariño y de
+lealísima gratitud.
+
+Verificada la comida, volví á nuestra fonda con mí mujer, la dejé allí
+ocupada en escribir á su familia, y yo me dirigí inmediatamente al
+boulevart de los Italianos, en donde está la fonda Bilbaina. El
+brigadier me esperaba ya, ocupando su puesto en la carretela, acompañado
+de otro amigo. Llego, monto, me siento, y el coche arranca. No habian
+pasado nueve minutos cuando nos encontramos, cerca de la barrera que
+circuye á uno de los cafés cantantes de los Campos Elíseos. Entramos,
+nos apoderamos de una mesa, se agolpan los mozos (los mozos de los cafés
+cantantes son linces), y pedimos cerveza con bizcochos, unos bizcochos
+particulares que hacen en Paris. Principia á oscurecer, aunque hace rato
+que se han encendido los faroles; miles de luces oscilan en todas partes
+á impulsos del viento; no hay árbol, ni arbusto, ni columna, ni espacio
+de barrera, en donde no aparezca un resplandor. En este momento se
+enciende, la elegante lucerna del teatro, entre cien mecheros de gas que
+ya lucian, y entre cien guirlandas de flores que decoran el techo y las
+paredes de la escena. Cualquiera diria que en aquel lugar iba á
+verificarse la representacion de algun prodigio, de algun encantamiento
+ó cosa semejante. Parece que en ese teatro de mágia no debe ser actor
+otro personaje que un hechicero. Entretenidos en mirar aquella mímica
+brillante, nadie tocaba á la cerveza ni á los bizcochos. Yo no quitaba
+ojo al brigadier Rotalde, que tan pronto se echaba el sombrero hácia la
+frente, como se lo dejaba caer hacia atrás, moviéndose casi
+contínuamente en la silla, en señal sin duda de impaciencia. Yo, que
+calculaba en qué vendrian á parar aquellas misas, no podia menos de
+reirme en mi interior. En esto asoman los actores por una puerta lateral
+de la derecha, clama la muchedumbre que rodea la valla exterior, todo el
+mundo fija sus miradas en el reluciente teatro, los artistas saludan con
+una profunda cortesía, permanecen un momento de pié, contemplando al
+público, como si quisiesen tomar posesion anticipada de su benevolencia,
+y despues de esta pantomima seductora toman asiento en sus respectivos
+sofás. Las hembras, vestidas de blanco, convertidas (por sus vestidos)
+en símbolos de la pureza y de la castidad, engalanan el sofá de la
+derecha, inmediato á la puerta de entrada, mientras que los varones van
+á ocupar el otro sofá de la izquierda, frente por frente del sofá de las
+damas.
+
+--¿Empezará ya el canto? preguntó el brigadier.
+
+--No, señor, respondí.
+
+--Pues ¿por qué salen?
+
+--Porque así lo tienen estipulado en sus contratas. Esto es parte de la
+funcion. Antes de empezar la tarea, tienen obligacion de exponerse al
+público, á fin de entretenerle con esta novedad, hasta que llegue la
+hora convenida.
+
+--¿Cual es esa hora?
+
+--Creo que las ocho.
+
+El brigadier sacó el reloj con mucha prisa, y vió que eran más de las
+siete y media. Tomamos un sorbo de cerveza, miramos á nuestro alrededor,
+principiamos á contar las luces, aunque no pudimos terminar; cruzamos
+algunas palabras sobre el viso dramático que los franceses saben dar
+alas cosas, sobre esa habilidad fascinadora que sabe hacer bonito, muy
+bonito, lo que es realmente feo, muy feo; sobre ese instinto
+trastornador que convierte la realidad en apariencia, y la apariencia
+en realidad, ofuscándonos de tal modo, que casi llegamos á perder el
+conocimiento natural de lo que es bueno y de lo que es malo;
+discurríamos, vuelvo á decir, sobre el particular, cuando el clamoreo
+confuso y prolongado de la multitud que circuye la barrera, vino á
+noticiarnos que la hora del concierto se aproximaba. Dejamos de hablar,
+volvemos los ojos á la escena, el brigadier se levanta maquinalmente y
+vuelve á sentarse, como si quisiera tomar una posicion más segura, en
+señal de que aguardaba algun portento; los artistas se ponen de pié,
+saludan como antes; se abre la puerta del fondo, los _galanes_ se sitúan
+cortesmente á los lados de la puerta; pasan las _damas_; los galanes las
+siguen, y la escena se queda sin nadie. Silencio profundo. Todo el café,
+por dentro y por fuera, aguarda resignado. La orquesta preludia, la
+multitud grita, las sillas crugen, las mesas se chocan, los mozos
+corren, los curiosos se arremolinan, todos se sientan, la puerta del
+fondo se abre, el _carácter cómico_ asoma.... ¡Carcajada general,
+unánime! ¡Ovacion completa!
+
+--¿Qué es eso? me preguntó muy bajo el asombrado brigadier.
+
+--Es que ha salido el gracioso, como si dijéramos el payaso.
+
+El brigadier arrugó el entrecejo. Esta salida inesperada no fué muy de
+su gusto.
+
+El _carácter cómico_ anda de gatas, se pone en cuclillas, de bruces,
+canta, llora, chilla, gorgea, ladra, maya, ahulla, hace la gallina, hace
+el gallo....
+
+El brigadier se siente dominado por un ímpetu de noble y generosa
+indignacion; se levanta con aire brusco; la mesa tambalea, los vasos se
+vierten, los bizcochos andan por el suelo, los mozos acuden, el
+brigadier deja una moneda de cuatro duros: ¡esto es una poca vergüenza!
+exclama colérico, y todos tres abandonamos el café cantante.
+
+Luego me dice el brigadier: el que no quiera ser injusto con la Francia,
+no debe venir á este infame y grotesco espectáculo. Si viene aquí,
+tiene que ser injusto por necesidad; tiene que creer que Francia es una
+horda civilizada, porque no se concibe que tamaña degradacion de los
+sentimientos cristianos pueda caber en la conciencia de un gran pueblo.
+
+Yo dije al digno y pundonoroso Brigadier: tiene usted razon. Lo que
+usted siente hoy, lo sentí yo del mismo moda cuando vi por primera vez
+esa degradante pantomima, y así lo tengo consignado en la obra que
+escribo.
+
+--Hace usted bien, muy bien, contestó, y nos dirigimos silenciosamente
+hácia la Plaza de la Concordia. Habiamos entrado ya en la Plaza, cuando
+todavía duraba aquel silencio. No parecia sino que nos habia sucedido
+una desgracia. Sí; óigalo el Sr. Alejandro Dumas; óigalo ese famoso
+novelista, que ha hecho tanto daño á este mundo, como la peste que más
+daño haya hecho; óigalo esa celebridad que ha descompuesto tantos
+matrimonios; que ha torcido tantas ideas; que ha enloquecido tantos
+corazones; óigalo ese genio francés, cuyas novelas han dado veneno á
+tantas jóvenes incautas, engañadas y seducidas por sus encantadoras
+fantasmagorías, óigalo el eminente novelista Dumas; óigalo esta Francia
+que ha dado tanto oro, tanta fama, tanta honra, tanto aplauso, á los
+chismes y á las mentiras de ese novelista sin conciencia, de ese
+vendedor de _falsas novedades_: oiga la Francia, esta culta, esta rica,
+esta poderosísima Francia, lo que voy á decir: tres españoles, _tres
+cafres de allende el Pirineo_, caminan tristes, están afligidos, porque
+acaban de ver un espectáculo que desdora á esta gran nacion. _Tres
+cafres de allende el Pirineo_ caminan mudos y sienten dolor en su alma,
+al cumplir el deber cristiano que tienen de pronunciar esta justa
+censura.
+
+--¿Qué Plaza es esta? pregunta el brigadier, medio amostazado todavía
+por la aventura del café-concierto.
+
+--Es la célebre Plaza de la Concordia.
+
+--¿Y por qué es célebre?
+
+--Por dos grandes bautismos de sangre. Aquí, cuando apenas estaba
+concluida la Plaza, tuvieron lugar las fiestas públicas por el
+casamiento de María Antonieta con el Delfín, y la multitud aplastó en
+un dia á ciento treinta y dos personas. Aquí, sobre este suelo que
+pisamos, rodaron en el trascurso de tres años no cumplidos, mil
+quinientas cabezas de personajes célebres. Aquí se trasladó en el
+sangriento 23 de Agosto la guillotina, por órden del Consejo general de
+la Municipalidad de Paris, y esa guillotina, ese mónstruo bárbaro é
+insaciable, devoró las cabezas de Luis XVI, de María Antonieta, de
+Carlota Corday, de la Princesa Isabel, de Madama Roland, de los
+Girondinos, de Barnave, de Hebert, de Danton y de Robespierre. Si toda
+la sangre humana que aquí se ha derramado, brotase en este instante de
+las losas que pisan nuestras plantas, nos llegaria seguramente al
+cuello. Al decir yo esto, sucedió una cosa muy particular, que juré no
+echar en olvido al escribir este pasaje. La Plaza de la Concordia está
+profusamente iluminada, como que la alumbran ciento cuarenta y dos
+mecheros de gas; hacia luna, una luna muy clara, de modo que parecia que
+nos hallábamos al declinar la tarde. En el momento de pronunciar yo,
+_que si la sangre derramada en la Plaza de la Concordia brotara de las
+piedras que pisábamos, nos ahogaría_, un caballero y una señora pasaron
+muy cerca de nosotros, y al oir mis palabras la señora, se levantó el
+traje y anduvo de puntillas algunos pasos, como si temiera mancharse las
+botas y el vestido. Se lo hice notar al brigadier y al otro compañero, y
+todos celebramos la admirable ocurrencia de aquella señora, y la
+exquisita sensibilidad de la mujer. Debe presumirse que la señora en
+cuestion era paisana nuestra, puesto que entendió lo que hablábamos, y
+nosotros hablábamos en español.
+
+Volviendo á la historia terrible de la Plaza, dije al brigadier: lo malo
+tiene la ventaja de que no es necesario que nadie lo extirpe: él tiene
+el encargo providencial de extirparse á sí mismo. La guillotina mató la
+guillotina; el terror mató al terror; la barbarie mató á sus hijos, como
+el Saturno de la Fábula, y concluyó por matarse á sí propia.
+
+--¿Qué es aquella columna?
+
+--El obelisco de Lougsor, cerca del Cairo, que sirvió de ornamento al
+palacio real de la famosa Tebas. Sus geroglíficos dicen que fué
+principiado bajo Rhamsés II, mil quinientos cincuenta años antes de la
+venida del Salvador, y concluido en el reinado de su hermano Rhamsés
+III, que la historia conoce bajo el nombre de Sesostris, que fué el rey
+más grande de todo Egipto, el rey más grande de toda el Asia. De modo
+que esa piedra tiene tres mil cuatrocientos trece años. Pesa
+próximamente.... ¿Cuánto dirán ustedes?
+
+--¿Quién puede saberlo? contestaron al par mis interlocutores.
+
+--Calculen ustedes poco más ó menos.
+
+--¿Dos mil quinientos quintales? preguntó el compañero del brigadier.
+
+--Más de cinco mil. Pesa muy cerca de veintitres mil arrobas.
+
+--¿Y esa columna es de una sola pieza?
+
+--Una sola pieza. De otra manera no seria obelisco.
+
+--Pues señor, dijo el brigadier, difícilmente puede encontrarse un
+personaje de más peso y de más edad.
+
+Dejé á mis compañeros en su fonda, y el carruaje me llevó á mi casa, en
+donde encontré á la amable familia americana, la misma que nos habia
+convidado á la tertulia de la calle de Lepelletier. Mi compañera estaba
+empeñada en que no habia de ir, y yo empeñado en que no se habia de
+quedar, y ¡gracias al cielo! esta vez no se cumplió el refran que dice:
+_pídele á Dios que sea bajo!_ Hago aquí mencion de este triunfo de un
+marido, porque un hecho tan raro bien merece la pena de que se mencione.
+
+--Es que yo no hablo una palabra en francés, ¿qué papel haré en la
+tertulia? Todos se reirán de mí....
+
+--Mira, dije á mi compañera, Paris tiene la presuncion de ser el pueblo
+universal; España está dentro del universo, de modo que tú cumples
+hablando en español.
+
+A las once y cuarto estábamos en la tertulia. Muchas sonrisas, muchos
+gestos, muchas contorsiones, muchas luces, muebles magníficos, un gusto
+refinado en todas partes, una comedia deliciosamente ejecutada. En
+cuanto al recibimiento que merecimos, nada puedo decir que no ceda en
+honor de aquella bondadosa y liberal familia. Mi pobre mujer estaba allí
+como raton en boca de gato, á despecho de su fecunda locuacidad. Una
+señora que estaba á su lado, la dirigió no sé qué pregunta en francés.
+Mi mujer contestó en castellano que no entendia; la otra la respondió en
+francés que no la comprendia tampoco, y despues de estas amigables
+explicaciones, ambas se miraron y movieron la cabeza, como si quedaran
+convencidas, sin embargo de que no habian comprendido una palabra.
+
+Se bailó muy bien; se cantó mejor; se tocó á las mil maravillas. El
+arte, más severo nada hubiera podido objetar; pero no hallé otra cosa.
+He hecho propósito firme de no faltar á la verdad, ni aun por
+galantería, ni aun por gratitud. No encontré ese ambiente embalsamado,
+esa atmósfera vaporosa, esa idealidad inspirada, esa naturaleza rica,
+esos instintos poderosos: no encontré esa aura indefinible, el genio
+sencillo con que nos embelesa la sociedad italiana. ¡Qué bella es Roma,
+cuando se la mira desde Paris! Voy á hacer mérito de la risible
+extravagancia de una mujer de Batiñoles, que formaba parte de la
+tertulia. Esto no es hablar de Paris, ni de Francia, porque ni Francia
+ni Paris pueden tener culpa de que haya una vieja ridícula.
+
+En segundo término del salon, como las últimas figuras de un cuadro,
+habia una señora con su hija, muchacha graciosísima que podria rayar en
+los quince ó diez y seis años. Un caballero preguntó á la madre cuándo
+se casaba la muchacha. La vieja se puso encarnada como un pavo.
+
+--¡Casarse mi hija! exclamó con miedo y casi con cólera. ¡Qué delirio!
+Haga usted el favor de no hablar de amores y de casamientos á una niña,
+que no debe pensar en otra cosa que en vestir y desnudar muñecas.
+¡Casarse! ¿Cómo quiere usted que se case esta mocosa? No, señor; yo no
+quiero engañar á ningun hombre. Mi hija no se casará un dia antes de los
+treinta años. Á los treinta años se casó su abuela, á los treinta años
+me casé yo, y si mi hija piensa otra cosa, puede hacer cuenta que no
+tiene madre.
+
+Al decir esto, aproximaba su asiento al de la muchacha, como si temiera
+que alguno viniese á robársela. Pero advertí que mientras que la madre
+hablaba, la hija se reia. La vieja lo notó, y la tiró desabridamente del
+traje, y es muy probable que la sermoneara con algun pellizco, esos
+pellizcos afectuosos que las madres dan á las hijas.
+
+El caballero quiso replicar.... ¡Aquí fué Troya! La vieja no sabia cómo
+estar sentada; sudaba; se llevaba las manos a la cabeza; paladeaba
+contínuamente, porque sin duda se le secaba la saliva en la boca.
+
+--¡Nada! ¡nada! exclamaba fuera de sí. Treinta años cumplidos, y si
+falta un dia, no quiero. El caballero tuvo que mudar de conversacion, é
+hizo perfectamente, porque es seguro que si no deja el tema comenzado,
+hay en la tertulia un soponcio. Yo miraba á la vieja diciendo para mí:
+¡qué imbecilidad! Luego miraba á la muchacha, y decia: ¡qué lástima!
+
+Los lectores me permitirán que diga dos palabras sobre una curiosidad
+muy rara, sumamente rara, como teoría: muy comun, sumamente comun, como
+hecho. Quiero decir que está sucediendo á cada instante, y que tal vez
+no puede hallarse la razon de una experiencia tan repetida y tan
+trivial. Hé aquí la curiosidad de que hablo. Nadie ama á su hija como
+una madre; no hay un carácter más digno de veneracion, que el santo
+carácter de la maternidad. Pero no digo bien; la maternidad es más que
+carácter; es la virtud suprema, la suprema emocion de este mundo; es la
+grande heroicidad de la vida. Una madre es el héroe de todos los héroes,
+el mártir de todos los mártires. El héroe da su vida al sentimiento de
+la gloria; el mártir da su vida al sentimiento de la fe; pero cuando
+llega la hora de morir, mueren con dolor. La madre que muere por sus
+hijos, muere con placer. La madre mantendria á sus hijos con sus propias
+lágrimas. La madre tirita cuando ve que sus hijos tienen frio. Una madre
+murió en un lecho hediondo, lleno de harapos. En aquel lecho habia con
+ella dos criaturas. Cuando los vecinos entraron al dia siguiente,
+hallaron á la madre abrazada á sus hijos; los brazos helados de la
+muerta, tenian á las dos criaturas encadenadas contra su pecho, mientras
+que sus labios amoratados estaban tocando la frente de uno de los niños,
+porque sin duda alguna habia muerto arrojando el aliento sobre aquella
+frente, para calentarla con el hálito de su boca y de su corazon. Los
+niños vivian. Para arrancárselos á la mujer que ocupaba el lecho, fué
+necesario enderezar aquellos brazos rígidos, que tenia presas á las dos
+criaturas. Para arrancar esas criaturas á la mujer que ocupaba aquel
+lecho hediondo, fué necesario luchar con su cadáver. Aquella madre
+abrigó á sus hijos con su desnudez; los calentó con su propio frio, con
+el frio de la muerte. Esto es un prodigio, un milagro; pero la madre
+tiene el don celestial de hacer milagros y prodigios. Sobre una madre no
+hay nada en el mundo, nada absolutamente más que Dios. No se me puede
+tachar de indiferente, ó de descastado. Adoro á mi madre, adoro á todas
+las madres de la tierra; adoro á las madres, no á las ayas. ¡Misterio
+incomprensible! Esas madres que aman tanto á sus hijos, son las que
+causan más frecuentemente su perdicion. No hay ninguna cosa más temible
+para una hija, que el casamiento arreglado por una madre. No hay nada
+más expuesto á error, más expuesto á ser engañado, que el corazon de una
+mujer, cuando se trata de sus hijos. Basta que cualquier hombre mal
+intencionado aparente amor á su hija, para que la madre se embobe y lo
+eche todo á pique. Cree que va á labrar la felicidad de aquella criatura
+que tanto ama, y labra su desdicha con un afan que raya en frenesí. La
+madre tiene amor, no tiene juicio; tiene abnegacion, no tiene reserva;
+sabe criar á sus hijos en sus pechos, no sabe criarlos para el mundo;
+tiene el don divino de darles el sér; no tiene el don humano de darles
+la felicidad; SON MADRES, NO SON AYAS.
+
+Figúrese el lector qué sucederá á la pobre muchacha de Batiñoles, con la
+manía que tiene embargada la cabeza de su madre. Tiene que casarse á los
+treinta años, á los treinta años cumplidos, y si falta un dia, la madre
+no quiere. ¿Cuántas luchas, cuántos sinsabores, cuántas amarguras no
+esperan á esa pobre hija? ¡Treinta años! Ahora tiene quince ó diez y
+seis. Y ¿si ama ya? Y ¿si hoy tiene ya una pasion? ¿Ha de esperar trece
+ó catorce años, para satisfacer el sentimiento más querido de su alma,
+la necesidad más irresistible de su corazon, la fantasía más grande con
+que la ha embellecido la Providencia? Y si despechada, al ver que
+contrarian el más profundo instinto de su existencia, huye de la casa
+que la vió nacer, y se pone en brazos de un hombre pérfido, como Luisa
+se puso en brazos del estudiante de Rodhese ¿la volverá su madre la
+honra y la dicha que ha perdido? ¡Madre insensata! ¿qué es lo que crees?
+¿Crees que eres madre de tu hija, para sacrificarla á los caprichos de
+su madre y de su abuela? ¿Crees que tu hija ha de vivir con la vida
+especial de su abuela ó de su madre? ¿Crees que eres madre de tu hija,
+para encerrar en el canutero de tus agujas el sentimiento más grande y
+poderoso de la existencia, el encanto de todos los vivientes, el secreto
+de todas las familias, la lumbre que calienta todos los hogares, el
+ángel del mundo que arrulla el sueño, de todas las almas? ¿Crees que
+eres madre para poner ó para arrancar ese sentimiento del alma de tu
+hija, como quitas ó pones un garbanzo en tu olla, como clavas ó dejas de
+clavar tu aguja de coser en una costura? ¿Crees que el cielo te ha dado
+la dicha inmensa y el inmenso deber de ser madre, para disponer á tu
+antojo de la ventura de ese sér que criaste en tu seno, de quien has de
+dar cuenta á la familia, al mundo y á Dios? ¡No, madre indiscreta!
+
+Dios no da privilegios para lo absurdo y lo ridículo. Dios no te ha dado
+la alteza, la soberana alteza de ser madre para que le pagues con la
+ruindad de hacer infeliz á tu hija.
+
+Suplico á las hijas que se hagan cargo que no hablo con ellas; figúrense
+que no han leido nada; fórmense la ilusion de que estas páginas están en
+blanco. No hablo con las hijas, sino con las madres.
+
+Voy á dar un consejo á los padres, porque á los padres toca el gobierno
+de los grandes intereses de su casa; por consecuencia, el gobierno de
+sus hijos, puesto que un hijo es el interés capital de la familia.
+
+Cuando tu hija ame y sea amada, no mediando peligro en el casamiento, no
+te opongas á que se case. Sobre todo, no te opongas, alegando por causa
+los pocos años de la novia. Semejante causa no es verdadera, ni
+legítima. Semejante causa es muchas veces la preocupacion vulgar de que
+se vale tu egoismo, porque amas á tu hija, y no tienes bastante
+abnegacion para sacrificar tu amor á su felicidad. La mujer, tu hija, es
+capaz de casarse, desde luego que es capaz de amar á quien ha de ser su
+marido, y un padre sensato no debe pretender legislar esto de otro modo.
+La naturaleza, Dios, te ha ahorrado este trabajo, porque legislar estas
+cosas tocaba á Dios, y un padre sensato debe calcular que la Providencia
+sabe más que él. Y léjos de evitar que tu hija se case jóven, debes
+procurar con mucho cuidado que no se case vieja. ¿Por qué? Por cuatro
+razones capitales.
+
+1.ª Casándose tu hija jóven, es más apta para la generacion, en lo cual
+gana la sociedad, y tiene que correr muchos menos peligros al ser madre,
+en lo cual gana ella. De las veinte mujeres que se casan á cierta edad,
+las once sucumben cuando dan á luz la primera criatura.
+
+2.ª Casándose jóven tu hija, aun cuando muera á una edad mediana, dejará
+educados á sus hijos; cuando menos, á los mayores, que podrán encargarse
+de la educacion y del porvenir de los pequeños, pudiendo morir con la
+indecible satisfaccion de que deja en el mundo una familia. Por el
+contrario, las que se casan tarde, no pueden vivir lo preciso para dejar
+á un hijo establecido y colocado, de donde resulta frecuentemente que
+los huérfanos tienen que ser presa de los hospicios, de los hospitales;
+de la miseria, de la ignorancia y del vandalismo. Si pudiéramos ver la
+historia secreta de todos los hechos sociales ¡cuántas lecciones
+hallaríamos! ¡Cuántos escarmientos vendrian á castigar nuestras
+imprudencias! ¡Cuántos desgraciados habrán subido las gradas del
+patíbulo, por las extravagancias de sus madres, madres como esa madre de
+Batiñoles!
+
+3.ª Casándose jóven tu hija, satisfaciendo á tiempo la necesidad más
+imperiosa y más sagrada de su corazon, no puede ser víctima, como lo son
+tantas mujeres, de una pasion contrariada, de un amor combatido y
+tiranizado. Pero aunque su virtud se conserve pura, aunque no halle su
+perdicion y su deshonra en un mar de lágrimas y de desdichas; aunque
+tenga el necesario desprendimiento de sí misma para sacrificarse, ¿por
+qué razon ha de sacrificarse esa criatura? ¿Por qué razon ha de ser su
+padre quien la sacrifique? ¿Por qué ese martirio sin gloria? Tu hija ama
+á los diez y seis años, y tú te empeñas en que ha de casarse á los
+treinta cumplidos. ¿Quién llena ese vacío de catorce años? ¿Quién premia
+esa lucha? ¿Quién compensa ese sacrificio y esa agonía? ¿Y si tu hija
+enferma, quién la volverá su salud? ¿Y si se muere, quién la arrancará
+de su sepulcro?
+
+4.ª Casándose jóven tu hija, se atempera con mucha menos dificultad al
+carácter y á las costumbres de su marido; y con mucha menos dificultad
+puede recibir esta segunda educacion, infinitamente más peligrosa, más
+difícil y más importante que la primera. ¿Crees tú, padre de tu hija,
+que tú sólo la educas? Estás en un error gravísimo. Tú la educas para la
+sociedad, para la familia, para todo el mundo. Su marido tiene que
+educarla luego para él. Tú haces con tu hija, lo que hace el sastre que
+confecciona un traje para el primer parroquiano que salga. Luego que el
+parroquiano se presenta, se pone el traje, y va designando al maestro en
+dónde le está estrecho, en dónde le está ancho, en dónde le hace
+arrugas, porque no quiere un traje que le haga arrugas, ni que le esté
+ancho, ni que le esté estrecho. Tú, padre de tu hija, haces un traje sin
+tomar la medida de tu yerno; tu yerno ha de ajustárselo despues, y esta
+segunda hechura es una medida que tiene más peligros, porque el nuevo
+sastre no cuenta con toda la tela, sino con la tela que tiene el vestido
+que le dan, con la tela que tú le has dado. Y ¿qué cristiano educa á una
+mujer, endurecida en sus costumbres, en sus hábitos, en sus vicios y
+preocupaciones? ¿Qué cristiano educa á una mujer de treinta años, como
+la abuela de la muchacha de Batiñoles? Más fácil es enderezar á un roble
+de cien años, que á una mujer de quince. ¿Quién será tan necio que eche
+sobre sí el andar á pleitos con una de treinta? ¡Ay! Aún siendo jóven,
+aún sin tener conciencia cabal de sí propia, en el período inocente de
+la generosidad y del amor, aún en la aurora de la vida, entre los
+alegres albores del amanecer, pasa lo que Dios sabe: ¿qué no pasará,
+cuando la mujer se ha explicado á su modo el mundo en que vive; cuando
+está celosa y enamorada dé sus ideas, de sus opiniones y de sus hábitos,
+como de su pelo, de sus ojos ó de su vestido?
+
+En favor de la teoría contraria no hay ninguna verdadera razon. En abono
+de la teoría que defiendo, existen, sin esforzar mucho el asunto, las
+cuatro razones que acabo de exponer. Encargo á los padres que mediten
+despacio sobre este consejo, dado á la ligera; pero que es fruto de una
+contínua y madura observacion, no desmentida nunca por la geometría
+infalible de la vida, por la experiencia.
+
+Voy á terminar este dia con algunas curiosidades.
+
+Primera curiosidad. Un amigo nos ha referido lo que oyó en Sevilla, á un
+hombre y á una mujer del pueblo. Es el caso que una mujer, jóven y
+hermosa, pasaba por cierto lugar. Un hombre se aproxima á ella, y la
+dice: oiga usted, cuando ese cuarto se desalquile, puede avisarme,
+porque yo lo quiero habitar.
+
+--Sí, señor, contestó con mucho reposo la mujer. Cuando usted guste,
+puede pasarse por mi casa, que mi marido le entregará la llave.
+
+¿Qué retórico, por sábio que fuera, escribiria una alegoría más
+vigorosa, más bien expresada, más significativa, sin dejar de ser
+decorosa y honesta?
+
+Segunda curiosidad. Un periódico literario de Paris hace tres preguntas,
+á fin de que los suscritores curiosos se las contesten.
+
+Primera. ¿Qué es lo más temible de este mundo?
+
+Yo creo que un tonto.
+
+Segunda. ¿Qué debe hacer el hombre para evitar los inconvenientes del
+casamiento?
+
+Yo creo que lo mejor es no casarse.
+
+Tercera. ¿Cuál es la tendencia favorita de las mujeres?
+
+Voy á contestar con dos redondillas castellanas.
+
+
+ El dominio, este es su afan;
+ Y tan de antiguo lo quiso,
+ Que dominó el Paraíso
+ Aún siendo soltero Adán.
+
+ Con lo que queda expresado
+ Que he dicho bastante infiero;
+ Si lo enredó de soltero
+ ¿Qué hubiera sido casado?
+
+
+Mañana nos espera el Louvre. El brigadier Rotalde no habla de otra cosa
+que de la Asuncion. Por lo que á mí toca, Dios sabe cuánto deseo verla.
+¡Animo, mis queridos y benévolos lectores! Hasta mañana.
+
+
+
+
+=Dia trigésimo tercero=.
+
+La enferma.--Museo del Louvre.--La Asuncion.--Apoteosis de Rubens.--Otra
+pintura de Murillo.--Una respuesta.--Noticia á mis lectoras.--Curiosidades.
+
+
+¡Virtud increible la de la sangre! ¡Cariño santo el de la familia! La
+hermana de Luisa ha llegado con su esposo; Luisa está buena; y no sólo
+está buena, sino que es feliz, todo lo feliz que puede ser una criatura
+que ha perdido la grande ilusion, la grande esperanza y el grande
+secreto de su existencia. La honra es en nuestra alma, lo que es el
+aroma en las flores: una esencia de aquella vida.
+
+Un abrazo de la mujer con quien se ha criado en la casa paterna, un solo
+abrazo de su hermana, ha curado casi las llagas de su corazon. ¿Qué
+sentirian aquellas dos mujeres cuando se vieron? ¿Qué sentiria Luisa, al
+oir la voz de su segunda madre? ¿Qué hay en él mundo comparable á las
+lágrimas, que aquellas dos criaturas derramaron? ¿Qué poder, qué
+riqueza, qué fausto, qué ciencia, qué genio, qué gloria, tiene el arcano
+arrebatador qué da la Providencia á esas lágrimas ignoradas y mudas?
+¡Ah! Este amor innato de la familia, esta preciosa herencia que las
+madres dejan á sus hijos, esta lumbre apacible que calienta á todos los
+que viven en una casa, es lo que más nos reconcilia con la humanidad;
+más que el talento, más que el heroismo, más que la virtud. Al ver á un
+mendigo, á un criminal, á un traidor, á un leproso, no puedo menos de
+exclamar: á ese hombre le ama su madre, le ama su esposa, le ama su
+hijo; y en aquel hombre miserable, en aquella criatura abyecta, en aquel
+andrajo de la vida, si así puede decirse, encuentro algo digno de
+respetarse. Sí, yo respeto en aquel hombre el amor augusto de la
+familia; respeto y adoro esa sacratísima poesía, cuyo poeta no mora en
+este mundo. Aquella criatura envilecida lleva consigo un profundo
+misterio que Dios le ha dado, y ante ese misterio que Dios nos da, debia
+el hombre estudiar en silencio y con la cabeza destocada.
+
+Volviendo á Luisa, Madama Fonteral vino á enterarnos de lo ocurrido, y
+el alborozo ahogaba su voz. La buena mujer no sabia por dónde empezar, y
+exclamaba-muy á menudo: ¡_estoy loca, estoy loca_! Por fin, nos
+participó la noticia, y mi mujer y yo sentimos lo que sentiriamos,
+cuando encontráramos á una hermana que se nos hubiera perdido. Mi mujer
+miraba á todos lados de la estancia; diciendo: _me parece que somos
+más_. En efecto, todos creiamos que nuestra familia se habia aumentado.
+La hermana de Luisa era tambien hermana nuestra, hermana por la
+compasion y por la caridad.
+
+Madama Fonteral cogió la escalera, balbuceando palabras que no
+comprendimos, y mi Ana y yo nos dirigimos una ojeada, como si nos
+quisiéramos decir: ¡qué excelente mujer!
+
+Desde este dia, miramos á Madama Fonteral con un verdadero y entrañable
+cariño. Tal vez esa pobre lechera es la persona á quien más queremos en
+Paris.
+
+Mi mujer y yo, con los ojos iluminados por la alegría, nos asomamos al
+balcon; Luisa estaba en el de enfrente, con la vista clavada en el
+nuestro. Indudablemente esperaba á que nosotros nos asomásemos, para
+saludamos. Así fué. Nos miró con un aire indecible de regocijo, nos hizo
+diferentes saludos con las manos y con la cabeza, pronunció palabras que
+no pudimos entender, y se metió dentro como un relámpago, dejando en
+nuestro balcon, no á dos criaturas, sino dos estátuas. Al darnos de cara
+con Luisa, al recibir el saludo de su ademan y de sus ojos, aquel tierno
+saludo de un alma buena y generosa; al vernos casi enfrente de aquella
+mujer que poco antes se moria, de aquel cadáver resucitado, se nos
+oprimió el corazon, y quedamos allí como dos figuras de piedra. ¡Pobre
+Luisa! ¡Alma tierna! Aquel saludo que nos hizo, fué un consuelo que
+quiso darnos, que realmente nos dió. Hay jóvenes (yo conozco algunas),
+que tienen como el sentimiento del vicio, sin embargo de que viven en la
+virtud. Hay otras que tienen la conciencia de la virtud, sin embargo de
+vivir en el vicio. A estas últimas pertenece Luisa. Ha pasado por la
+deshonra, y no ha perdido totalmente el encanto de la inocencia. Es más
+inocente por su alma, que muchas jóvenes lo son por su edad.
+
+Mudemos de decoracion. Es la una de la tarde; el brigadier Rotalde, otro
+amigo y yo, paseamos nuestros ávidos ojos por una gran sala del Louvre,
+denominada el _salon de los Estados_. La gran sala del palacio de
+Versalles, y la que ahora examinamos, son las dos piezas más espaciosas
+y magníficas que he visto. Tiene próximamente dos pisos de altura, sobre
+ochenta pasos de longitud, y veintiocho ó treinta de latitud. El famoso
+salon de embajadores del Palacio Real de Madrid, es mucho más pequeño;
+sin embargo, me parece que es más majestuoso, porque es más sencillo. El
+único defecto que noto en esta regia estancia, consiste en que la
+profusion en el ornato, la quita esplendidez en el conjunto. Con menos
+lujo, habria más grandeza, porque resaltaria más la grandeza de los
+techos, de las paredes, del espacio; la grandeza de la extension. A
+pesar de todo, es una pieza deslumbradora. Entre las infinitas cosas
+notables que hemos visto en la sala de que hablo, no voy á hacer mencion
+más que de una. Casi al fin del lienzo de la derecha, como en el comedio
+de la pared, divisamos un cuadro. Nos aproximamos cuanto pudimos, y
+echamos de ver que era el retrato de su pintor. Uno de los curiosos que
+visitaban el Museo en aquel dia, contemplaba el retrato con cierta
+entusiasta curiosidad, casi con maravilla. Esto nos llamó la atencion á
+nosotros, que no veiamos en aquella pintura un motivo tan grande de
+admiracion y de entusiasmo. Nos fijamos con más insistencia en el cuadro
+que teniamos delante; volvimos los ojos al espectador, y notamos de
+nuevo que no dejaba de hacer muecas y contorsiones, como encareciendo la
+excelencia de la pintura. En esto nos miró, y nosotros le miramos
+tambien, en señal de decirle: «¿que ves tú en ese cuadro? ¿Qué prodigio
+es ese?»
+
+El extranjero (era aleman) nos comprendió, y al pasar cerca de nosotros,
+balbuceó en mal francés: ese retrato que ustedes ven, esa pintura que
+está ahí colgada, no es una pintura, no es un cuadro al óleo: es un
+tapiz, y saludándonos con un ademan, partió.
+
+Los tres nos quedamos asombrados, y permanecimos mucho tiempo
+contemplando aquella maravilla. No sabiendo que aquella pintura es un
+tapiz de la fábrica de Gobelinos, parece imposible que haya una persona
+que distinga el tapiz de una pintura al óleo, y de una pintura de buena
+escuela. El tejido ha hecho tanto como el pincel; la lana es allí rival
+de los colores. Sombras, medias tintas, confusion de matices, hasta
+vaguedad en el colorido, hasta esa mezcla indefinible, infinitamente
+varia y distinta, que sólo puede hacerse en la paleta de un pintor, todo
+está allí. Los Gobelinos son tan pintores como tapiceros, ó tan
+tapiceros como pintores. Creo que ese retrato que acabamos de ver y
+admirar, es una de las más grandes curiosidades que posee el arte
+humano.
+
+Entramos en el Museo de pinturas. Despues de atravesar algunas galerías,
+en donde hay más riqueza de arquitectura, en donde el edificio es mucho
+más notable que el Museo, penetramos en la _sala de preferencia_. En
+esta rica sala se custodian todas las obras más estimadas que el Louvre
+posee de los grandes maestros. En medio del ángulo de la derecha, entre
+pinturas de Rafael de Urbino, de Rubens, de Ticiano y Poussin, vimos un
+cuadro que parecia presidir aquella especie de banquete histórico; un
+banquete á que asisten silenciosamente tantos genios.
+
+El brigadier Rotalde se destoca, y con una valentía de sentimiento, que
+no fué dueño de reprimir, exclamó: _¡viva Bartolomé Estéban de Murillo!_
+Esta exclamacion improvisada tenia cierto fluido eléctrico.
+
+Nuestra curiosidad está satisfecha. La pintura que vemos es la ASUNCION.
+¿Puede explicarse el mérito de ese inmenso cuadro? Creo que no. En esto
+sucede lo que con el color y con el sonido. En vano explicaremos el
+color al ciego, y el sonido al sordo. El que no reciba estas nociones de
+la creacion natural, bajará al sepulcro sin ellas. El que no tenga
+entendimiento, fantasía y corazon para comprender y sentir la gran
+belleza que el genio de un hombre esculpió en ese lienzo; el que no oiga
+dentro de su alma, muy dentro, lo que le dice ese silencio arrebatador,
+esa elocuencia que no habla con la boca, esa elocuencia muda, y que por
+lo mismo es más sublime; quien no tenga el talento del entusiasmo, como
+tuvo Murillo el talento del arte, apenas podrá entender una palabra de
+esa lengua divina. Cuando más se le explique, menos comprenderá. Sin
+embargo, daré cuenta al lector de mis impresiones. No tome el lector á
+soberbia, lo que voy á decir por ingenuidad. No veo el mérito de la
+ASUNCION, en donde otros lo ven. Lo veo, grande, muy grande,
+maravillosamente inspirado y feliz, en donde no se ve generalmente. Creo
+que el mérito maestro de ese cuadro no consiste, sino en que teniendo
+todas las formas de mujer, no nos hace experimentar la emocion del sexo;
+en que tiene esa indecision misteriosa del pensamiento, de la
+conciencia, de la esperanza; es decir, de la Vírgen, porque la esperanza
+es toda la vida y toda la belleza de la virginidad. Es una mujer en su
+cuerpo, y una idealidad en su alma; y la idealidad es tan poderosa, que
+la impresion del cuerpo desaparece, y triunfa el espíritu. Esa ASUNCION
+es una escuela en que el arte se pone de rodillas ante la fe. No veo á
+Murillo; no veo á España; no veo á Sevilla; no veo á nadie; no veo más
+que á la ASUNCION. La obra es tan grande, que mata la idea del obrero.
+
+¿En dónde principia esa Vírgen? No se sabe. Un ropaje magnífico oculta
+sus piés.
+
+¿En dónde acaba? No se sabe. El dedo índice de su mano derecha señala á
+lo alto, y el cielo es un espacio que no tiene confines. Parece que se
+va, que se sale del cuadro, que se echa á volar sin alas; parece que
+aquella figura tiene su complemento en otro mundo; parece que Murillo
+quiso concluirla en el arcano de una esperanza, en la sombra de un
+vaticinio, en el pensamiento de Dios. La ASUNCION es un cuadro á que no
+falta nada, como creacion artística, y que considerado como creacion
+religiosa, no tiene principio ni fin. El espectador no sabe, no ve, de
+dónde arranca, ni en dónde concluye.
+
+En esa ignorancia misteriosa y trascendental, en esa ignorancia sublime
+con que la ASUNCION se apodera de nosotros, consiste el gran mérito de
+la pintura, á juzgar por lo que yo siento delante de ella.
+
+Voy á dar noticia de algunos detalles, procurando apartar la vista de
+otras muchas bellezas, porque cualquiera pincelada de ese lienzo vale un
+buen cuadro.
+
+Yo sé que los ojos de la figura que contemplo son bellísimos, y sin
+embargo, ¡portento que asombra! no sabria decir qué color tienen. Y ¿en
+qué consiste esto? dirá algun lector. Consiste en que Murillo quiso que
+los espectadores no viesen los ojos de la ASUNCION, sino que mirasen al
+cielo, á donde mira la inspirada imágen.
+
+Otra cosa me llama mucho la atencion, y es la profunda filosofía que me
+revela el pensamiento de ocultar los piés á la Vírgen. Realmente, á una
+vírgen no se le deben ver los piés. Todo lo que una vírgen pierde en
+sombra, pierde en misterio; y todo lo que pierde de misterio, pierde de
+vírgen. Pero ¡qué pliegue para indicar el muslo! ¡Qué contorno para
+insinuar la cintura! ¡Qué manto para ocultar los piés! ¡Qué ondulaciones
+en el traje! ¡Qué suavidad de colorido! ¡Qué dulzura de sentimiento!
+¡Qué expresion de actitud! ¡Qué pureza y qué fervor de alma! No hablo de
+la maestría del pincel. El alma, un alma muy llena de grandes afectos y
+de grandes verdades, es el pincel que pinta cuadros como el que miro.
+
+Vuelvo los ojos á otro lado, porque no quiero decir más. Sólo añadiré
+dos palabras acerca de su historia.
+
+Cierto convento de Sevilla encargó esta ASUNCION á Murillo. El pintor da
+cabo á su tarea, coge su cuadro, lo lleva al convento, se enteran los
+frailes, y se reune la comunidad. Murillo les presenta su pintura; los
+críticos se acercan, examinan, miran con más cuidado, se contemplan unos
+á otros frunciendo el entrecejo, y dicen al pintor: «vuestra merced
+perdone; no es eso lo que hemos encargado; vuestra ASUNCION no hace al
+convento.»
+
+--Permitan vuestras reverencias, contestó Murillo, que coloque el cuadro
+en donde debe estar, y si entonces no agrada á vuestras reverencias, me
+lo llevaré, porque, gracias á Dios, esta vírgen no come pan en casa de
+su amo.
+
+--Poco ó nada ganarán en ello pintor y pintura, porque el convento
+vuelve á deciros que ese cuadro no sirve. Se conoce, señor Bartolomé,
+que vuestra merced ha manejado muy aprisa los pinceles.
+
+--Los habré manejado tan aprisa como plazca á vuestras reverencias, pero
+déjenme con mil santos colocar la pintura, y diciendo y haciendo, la
+ASUNCION principió á subir. Los frailes, que la habian mirado de cerca,
+no habian visto otra cosa que pinceladas de almazarron, pegones de
+albayalde, y casi todos habian vuelto la espalda al gran maestro. Pero
+el cuadro subia, y á medida que iba subiendo, se transformaba de una
+manera portentosa. La pintura se sitúa en su lugar, la Vírgen aparece,
+el lienzo brilla, la ASUNCION llena todo el convento.
+
+--Si no desagrada á vuestra merced, señor Bartolomé, ese cuadro puede
+quedar ahí, porque, ó la vista nos engaña, ó casi decimos á vuestra
+merced que vuestra vírgen hace al convento.
+
+--No quedará ahí, con permiso de vuestras reverencias, contestó el
+pintor. Antes se vea azotado por mano del verdugo Bartolomé Estéban
+Murillo, que vuelva ese lienzo á pisar los umbrales de la comunidad, si
+vuestras reverencias no han de tomarlo á enojo. No valieron ruegos, ni
+súplicas. Á los pocos instantes Murillo salia del convento con su grande
+obra.
+
+Ignoro qué hizo de ella. Lo que consta es que el mariscal Soult se
+apoderó del cuadro, que se lo llevó á Paris, y que lo conservó hasta su
+muerte, entre las pinturas de familia. Muerto el mariscal, el Museo del
+Louvre hizo proposiciones á los herederos, los cuales vendieron la
+pintura por la mitad próximamente de su valor, en obsequio del
+establecimiento nacional á que se destinaba. El Louvre dió por ella
+ciento sesenta mil napoleones, ó sean ochocientos mil francos. Desde
+entonces está situada, en donde ahora la admiran los viajeros de todo el
+globo. ¡Quién habia de decir á los buenos frailes de Sevilla, que
+aquella ASUNCION que no _hacia á su convento_, habia de ser vendida al
+Museo del Louvre en ciento sesenta talegas de napoleones, y que debia
+presidir la gran sala de aquel suntuoso Museo, entre pinturas de
+Poussin, de Rubens, del Ticiano y de Urbino!
+
+Despues de dirigir la última mirada al cuadro español, con cierto
+orgullo nacional, pasamos á una galería, y luego á un salon, en donde no
+hay otras pinturas que la apoteosis de Catalina de Médicis, por Rubens,
+por el gran Rubens. Hasta que se ve esta apoteosis gigantesca, no se
+tiene una idea exacta del pintor, conde y diplomático á la vez; pero en
+quien el pintor vale más, mucho más que el diplomático y que el conde.
+Los cuadros enormísimos de aquella divinizacion artística, llenan las
+paredes de toda la sala. Hay descuidos, hay prisa en aquel inmenso
+trabajo; pero se echa de ver tal fecundidad, tal concepcion, tal
+valentía en las actitudes y musculaturas, una profusion tan admirable de
+figuras y tipos mitológicos, que el ánimo se pasma de que un solo
+hombre haya pintado aquellos lienzos colosales. Aquella apoteosis no es
+la de Catalina de Médicis; es la de Rubens. En esta sala, el arte ha
+podido más que la dinastia.
+
+Despues de visitar todo el Museo, en una de las salas contiguas á la de
+preferencia, hemos encontrado otra pintura de Murillo. Es un lienzo de
+media vara en cuadro, poco más ó menos. Representa un muchacho de corta
+edad, pobre, mendigo, sentado en el suelo, y que tiene una pierna
+colocada sobre la otra. Con la mano izquierda vuelve un pié, y con la
+derecha pretende sacarse una espina. Los tres compañeros nos clavamos
+delante de aquel mendigo, y no sabiamos cómo desasirnos de sus miradas.
+¡Qué pintura más grande! Si yo fuese rico, daria por estos dos palmos de
+lienzo, tanto como dió el Louvre por la ASUNCION. Este pequeño cuadro
+vale más que la apoteosis de Rubens, no menos que la Vírgen que hemos
+visto hace poco. Apenas se concibe que pueda presentarse un pasaje tan
+trivial de la vida humana, de un modo tan encantador, tan elevado, tan
+filosófico, tan perfecto. Cabello enredado y mugriento, frente oprimida,
+ojos dilatados y tristes, mano tostada y sucia, uñas ennegrecidas, cara
+chupada, pómulos salientes, tez arrugosa, fisonomía mústia, todo está
+allí con una ingenuidad que sorprende. Es un chiquillo que nunca ha
+conocido á su madre, que desde que nació pide limosna. El hijo que
+conoce á la que le dió el ser, tiene alguna alegría en su semblante, una
+alegría que deja algo allí hasta que la criatura se muere. En ese
+muchacho no ha dejado aquella alegría ningun vislumbre. Positivamente,
+esa criatura no ha visto jamás á su madre. Si estuviese vivo, nos lo
+llevariamos á España. Viendo su estampa inanimada en ese pedazo de
+lienzo, nos da gana de echar mano al bolsillo, y de dejarle una limosna.
+¡Con qué verdad, con qué candor, con qué inocencia, abre los ojos
+lánguidos y marchitos, frunce los labios, y alarga dos dedos estirados,
+para sacarse la espina del pié! Lo repito; esa media vara de lienzo; ese
+huérfano solo, abandonado y triste; ese desecho del orgullo del hombre,
+ese olvido del mundo, ese andrajo de nuestras culpas, vale tanto como
+la Vírgen.
+
+Y díganme ustedes, señores franceses: ¿cómo ese cuadro inestimable, esa
+preciosísima pintura, esa tiernísima creacion cristiana, esa bellísima
+apoteosis del espíritu del Evangelio: cómo ese mendigo no ocupa un lugar
+en la sala de preferencia? ¿Creen ustedes que de cien cuadros que se
+custodien en aquella sala, hay noventa y nueve que valgan más que ese
+muchacho que está pintado ahí? ¿Creen ustedes que hay un solo cuadro en
+la sala de preferencia, uno solo, que pertenezca á un arte más extenso y
+más elevado, á una escuela más bella, más fecunda, más sábia y más
+grande? ¿Por qué ese huérfano casi divino está oculto aquí? ¿Es pequeño
+el tamaño de la pintura? ¿Costó poco quizá?
+
+Al atravesar el salon de preferencia, hemos notado una novedad. Una
+jóven lindísima, condesa italiana, está subida al caballete, copiando la
+ASUNCION. Si vale juzgar por los pocos detalles que hemos visto, es un
+pincel maestro. Ignoro la vida de esa mujer; ignoro los secretos de su
+alma; pero si tiene un alma pura, si tiene un corazon vírgen y bueno, la
+copia que saca de la ASUNCION debe ser admirable. ¿Cómo es posible que
+no se entiendan bien dos vírgenes tan bellas? algo hemos dicho de esto
+al descuido; pero un descuido tal que ella pudiera oir, y la noble y
+hermosa pintora se ha sonreido deliciosamente. ¡Ah! ¡quién sabe lo que
+habrá debajo de esa risa! Muchas veces vemos que la flor más brillante,
+es la que oculta con sus frescos tallos á la serpiente más venenosa.
+
+Si su conciencia es como su cintura, casi me atrevo á presagiar que verá
+el reino de los cielos; aunque se ven frecuentemente cinturas muy
+estrechas con conciencias muy anchas.
+
+
+
+
+=Dia trigésimo cuarto=.
+
+La columna de Vendome.--El balcon de la fonda.--Dicho del general
+Welington.--La Saboyana del Bosque de Bolonia.--Una Colegiala.
+--Cuestion atrasada.--Curiosidades.--A última hora.
+
+
+Es el último dia que el brigadier Rotalde piensa permanecer en Paris, y
+estoy en el caso de hacerle los honores que son debidos al que se va.
+Poco despues de las diez de la mañana, estamos en la Plaza de Vendome,
+en cuyo centro se levanta una enorme y gallarda columna. El guardian nos
+dice que en la fábrica de este monumento, que es de bronce, se han
+empleado doce mil cañones, apresados por Bonaparte á los enemigos de
+Francia.
+
+Los cimientos de esta gigantesca pirámide, imitacion de la columna de
+Trajano, en Roma, tienen una profundidad de doce varas; su diámetro no
+baja de cinco, y de cincuenta la elevacion. Se llega á la cima por una
+escalera de ciento setenta y seis tramos. Corona la columna una estátua
+de Napoleon, vestido de _gran Capitan_. Aguilas, guirnaldas de encina y
+de laurel, y otros varios trofeos alegóricos, ornan este monumento de
+triunfo.
+
+Encima de la puerta de entrada, se lee una inscripcion latina que dice:
+«con el bronce del enemigo, levantó el Emperador Napoleon este monumento
+á la gloria del gran ejército, que, bajo sus órdenes, venció en cinco
+meses á toda la Alemania.»
+
+Con motivo de la columna de Vendome, se cuentan dos anécdotas muy
+curiosas. De la una es héroe el actual emperador de los franceses; de la
+otra, el general Welington.
+
+La de Napoleon III es la siguiente. Cuando, ocurrido el movimiento de
+1848, vino á Paris el actual emperador, se hospedó en una fonda que hay
+en la Plaza de Vendome. Sus amigos y adectos le aconsejaron que debia
+enviar gente á provincias, para preparar la opinion pública, y conseguir
+que le nombrasen diputado.
+
+--No es preciso enviar á nadie, contestó el emigrado de Lóndres.
+
+--¿Por qué? preguntaron con extrañeza sus amigos.
+
+--Porque no necesito de los electores.
+
+--Pero ¿cómo se explica que quien quiere ser elegido, no necesite de los
+electores?
+
+--Porque tengo bastante con aquel ELECTOR. Y diciendo esto se levanta,
+abre los cristales de un balcon que daba á la plaza, y les muestra la
+estátua de Bonaparte, que corona (como ya dije) la columna triunfal.
+
+El antiguo emigrado de Lóndres tenia razon. El elector de bronce,
+aquella grande historia, lo nombró diputado primero, presidente de la
+república despues, emperador más tarde. No niego lo que este emperador
+haya podido hacer; pero creo que el otro emperador, el ELECTOR de la
+columna de Vendome, ha hecho mucho más.
+
+Vamos á la anécdota del general Welington. La primera estátua de
+Bonaparte, que servia de remate á la columna, se bajó en 1815, y su
+bronce sirvió para fundir la estátua de Enrique IV, que decora hoy el
+puente Nuevo. Pues dicen que, al ver el general Welington aquella
+estátua de Napoleon I, concibió la idea de mandar hacer otra estátua de
+aquel personaje. Efectivamente, la estátua se hizo, y el general inglés
+la colocó en el primer rellano de la escalera de su casa. Varios amigos
+del general, sorprendidos de que dejase la estátua en la escalera,
+pretendieron hacerle ver que aquello no era decoroso, porque podria
+entenderse que queria desairar la memoria del héroe.
+
+--La estátua está en donde debe estar, contestó Welington, y bajó la
+cabeza.
+
+--¿Pero cree usted, argüian los otros, que la estátua de Bonaparte debe
+servir de adorno en la escalera de Welington?
+
+--La estátua está en donde debe estar, repetia el viejo general; no
+puede estar más que en la escalera, y volvia á bajar la frente.
+
+--Pero ¿por qué no puede estar en otra parte que en la escalera?
+
+--Porque no cabe por las puertas de mi casa.
+
+Esta buena expresion de Welington hubo de inspirar á uno de nuestros
+compañeros de expedicion, el cual dijo: esa columna es un digno pedestal
+de aquella estátua. Realmente, Napoleon no necesitaba menor cimiento.
+
+Subimos á nuestro carruaje, y á los veinticinco ó treinta minutos
+estábamos en el bosque de Bolonia. Al fin de una de las calles de
+árboles, en sitio bastante lejano, nos encontramos á una jóven rubia,
+muy rubia, y de un cútis tan blanco y tan terso, que más que cútis
+parecia alabastro. Una mujer en la soledad, y especialmente entre
+árboles y flores, tiene un prestigio fascinador. Estaba al pié de un
+arbusto, y con una rama se daba golpes en la punta del zapato derecho,
+teniendo clavada allí la vista de un modo maquinal. Alguna idea
+agujereaba el cerebro de aquella mujer; algun pensamiento diabólico
+volcanizaba aquella cabeza. Sobre esto dijimos algunas palabras á media
+voz; pero la jóven no levantó los ojos para mirarnos. No parecia sino
+que tenia los ojos atados á la punta del pié derecho, en donde
+continuaba dando golpes con la rama.
+
+Al pasar casi tocando con sus piés, el brigadier dijo, _esta está
+maquinando contra algun infeliz_, y al oir esto, todos nos reimos con
+cierta algazara. La saboyana (tal parecia por su color y por sus
+facciones) no levantó tampoco la vista. Dimos un paseo bastante largo, y
+á la vuelta la encontramos en el mismo sitio, conservando la misma
+actitud, y sin dejar la extraña ocupacion de dar golpes á la punta del
+zapato derecho.
+
+¿Qué pensará? ¿Qué sucederá á esa mujer? Esto murmuramos entre nosotros,
+y casi tuvimos tentacion de hablarla. Seguramente lo hubiéramos hecho,
+si aquella mujer hubiera levantado la vista hácia nosotros, pero en
+balde. Al pasar esta vez por su orilla, esforzamos la voz, procuramos
+hacer ruido; nada: aquellos ojos estaban cosidos al zapato. Nosotros
+pasamos por fin, nos alejamos volviendo la cara, hasta que la perdimos
+de vista. La saboyana quedó allí. ¿Hemos hecho bien en no hablarla?
+Creo que no; presiento que hemos cometido una falta de caridad, porque
+presiento que aquella mujer oculta un plan diabólico, debajo de aquel
+movimiento maquinal, casi idiota. La memoria de aquella desgraciada
+(estoy seguro de que aquella mujer no es dichosa) nos ha preocupado todo
+el dia.
+
+Cerca del arco de la Estrella, hemos encontrado á una familia americana,
+que ha venido á Paris con el fin de llevarse á una niña, que tenia en un
+colegio de esta ciudad. La colegiala, jóven de diez y siete á diez y
+ocho años, iba con sus padres y dos hermanitos. La niña en cuestion
+parecia una lela revoltosa. La educacion de los colegios es quizá el
+inconveniente más grave de la civilizacion de nuestros dias. La mujer
+que en ellos se educa, contrae mil hábitos extravagantes y caprichosos,
+pierde una gran parte del cariño que debe á los suyos, no sirve para la
+vida de la casa, puesto que no se ha criado en familia, ni para la vida
+civil, puesto que no se ha criado en sociedad. Tiene la ignorancia del
+que no experimenta la realidad de la vida humana, el deseo aturdido y
+desordenado del que desea experimentar, y la malicia peligrosísima del
+que anhela una dicha que ignora. Al salir del colegio se figura la
+colegiala que viene al mundo, se figura que acaba de nacer; y aún á
+despecho suyo, tiene la volubilidad, los antojos y el ánsia de un niño.
+En un dia, en una hora, quiere disfrutar lo que no ha disfrutado en diez
+años de encierro, y nunca está contenta, nunca está tranquila; siempre
+mira impaciente, siempre murmura, siempre anhela más. Querer verlo todo,
+sentirlo todo, devorarlo todo á la vez, esta es la educacion, esta es la
+cultura, esta es la moral que la jóven saca del colegio.
+
+Padres que leais este libro, antes que á un colegio, antes que á esas
+escuelas, en donde pagais tanto dinero para que os desnaturalicen
+vuestras hijas, enviadlas á una aldea. En una aldea serán ignorantes: en
+el colegio son ignorantes, impacientes, mal habituadas y locas.
+
+Si yo tuviese un hijo y me preguntara: ¿qué cualidad es la primera que
+debo buscar en la mujer, que haya de ser mi esposa?
+
+--Que no sea de colegio, contestaria yo.
+
+¿Quiero decir con esto que no pueda haber colegialas virtuosas y cultas?
+No; la virtud está en todas partes; en todas partes hay mujeres educadas
+y virtuosas; yo no hablo aquí de la bondad de la mujer, sino de los
+peligros, de los graves peligros, de un colegio.
+
+Todavía hablábamos con la familia americana, cuando, delante de
+nosotros, se para un coche, abre el lacayo la portezuela, y asoma una
+mujer de hermosa figura. Pone el pié en el estribo, se suspende el
+traje, habla con el lacayo, y así se estuvo un par de minutos, como para
+que nosotros admirásemos el bello contorno de su pierna. Parece
+imposible que haya mujeres tan insensatas; parece imposible que de tal
+manera malversen el caudal que deben al cielo. Quieren darse interés
+menospreciándose; quieren ataviarse y deslumbrarnos, cubriéndose de
+harapos y de girones.
+
+A esa pobre mujer (una mujer puede ser pobre con muchas alhajas y muchas
+riquezas) seria necesario enseñarla la copla que dice:
+
+
+ En el amoroso imperio
+ Busca el hombre lo que ignora:
+ No es la mujer lo que adora,
+ Lo que adora es su misterio.
+
+
+¡Cuánto más valdrian las mujeres, cuán diferente seria el mundo, si se
+comprendiera y se practicara la moral de esas cuatro líneas!
+
+Ya lo he dicho en otro lugar, y voy á decirlo aquí otra vez. El que crea
+que no necesita leerlo dos veces, que lo pase por alto; pero casi me
+atrevo á decir que aunque lo leyera todos los dias, no perderia el
+tiempo.
+
+Una virtud moral que se llama _recato_.
+
+Una virtud física que se llama _aseo_.
+
+Una virtud social y religiosa que se llama _caridad_.
+
+Dos virtudes domésticas que se llaman _laboriosidad y economía_: hé
+aquí el verdadero dote, el dote más grande, que un padre puede dar á su
+hija. Con ese dote, la pobre es rica; y la fea es hermosa. Sin ese dote,
+la hermosa es fea, y la rica es pobre.
+
+¡Cuántos pechos exhalarán un profundo suspiro, al leer estos desaliñados
+renglones!
+
+La francesa partió con el lacayo. Dios la dé lo que la hace falta, que
+es una buena dósis de juicio.
+
+Hemos tenido un gran placer. Visitamos el _Instituto_, y vimos las
+estátuas de Bossuet, de Descartes, de Fenelon y de Tully. Vimos tambien
+con gran satisfaccion los bustos de otros hombres célebres, entre ellos
+el de Molière, sin embargo de que este gran poeta no perteneció á la
+_Academia de su siglo_. Pertenecia á otra Academia mucho más grande: á
+la de la historia, á la del tiempo. El busto tiene esta noble y discreta
+inscripcion:
+
+_Rien ne manque à sa gloire, il manquait à la nôtre. Nada falta á su
+gloria; pero á nuestra gloria faltaba el tenerle aquí_.
+
+Estas palabras son un digno y generoso epitafio. ¡Ilustre Molière! Ya
+que un siglo dejó tu cadáver insepulto; ya que un siglo negó á tus
+cenizas el palmo de tierra, que no se niega á tantos idiotas y á tantos
+malvados, otro siglo te llama, te hace entrar y te tiene guardado aquí.
+
+¡Qué arcanos tan raros envuelven el destino de la vida! El genio salva
+al mundo, y el mundo lo trata casi siempre como herege. O lo quema, ó lo
+ahorca, ó lo reduce á morir de hambre, ó lo deja insepulto. Pero Dios
+que está arriba, tan arriba, Dios que ve tanto, que tanto vela, que tan
+justo es, entierra luego á los que no tuvieron sepultura, y da pan á los
+que se murieron de hambre, y quita la argolla á los que perecieron en
+los cadalsos, y junta los miembros, y resucita el polvo de los que
+sirvieron de pábulo á bárbaras hogueras. Ahí estan esas estátuas y esos
+bustos. ¡Gloria á ellos, gloria al siglo cristiano que los fabrica, y
+gloria al espíritu que los ha mandado fabricar!
+
+Vamos á las curiosidades de este dia. Ha caido en mis manos, por una
+venturosa casualidad, un memorial antiguo, y en él encuentro noticias,
+que no dejan de llamarme la atencion.
+
+_Primera_. En tiempo de San Luis, se dió el nombre de _Universidad_ á la
+reunion de todas las escuelas parisienses, y la universidad se llamaba
+entonces LA TRES-HUMBLE ET TRES-DEVOTE FILLE DU ROY: LA MUY HUMILDE y
+MUY DEVOTA HIJA DEL REY. ¡Quién habia de decir á San Luis que _la muy
+humilde y muy devota hija del rey_, habia de poner pleito á los mismos
+reyes!
+
+_Segunda_. La vara toesa de mampostería, que hoy no costará menos de
+quince ó diez y seis reales, costaba en Francia ocho sueldos, ó sean
+doce cuartos españoles, á mediados del siglo XIII.
+
+_Tercera_. En el mes de Febrero de 1377, el Emperador Cárlos V recibió
+en Paris al Emperador Cárlos IV. Entre los multiplicados presentes que
+el Preboste y los Síndicos de la ciudad hicieron al recien venido, se
+veia un barquichuelo, que pesaba ciento noventa marcos de plata, _neuf
+vingt et dix marcs d'argent_, lo que equivale á unas cuatro arrobas de
+Castilla.
+
+Si los demás presentes eran por el estilo, bien necesitaba el Emperador
+una acémila para cada presente.
+
+A la segunda comida que el rey de Francia dió á su huésped, asistieron
+el Delfin, el duque de Sajonia, las duques de Berry, de Borbon, de
+Brabante, de Borgoña, de Bar, el conde de Eu, y cerca de mil caballeros
+y barones, así extranjeros como franceses. Durante la comida, se
+representaron dos _entremeses_, uno de los cuales tenia por asunto _la
+toma de Jerusalem_, por Godofredo de Bullon. Una de las decoraciones
+figuraba la gran torre, desde donde los musulmanes proclaman su ley. Un
+actor, vestido de sarraceno con la más minuciosa propiedad, pregonaba la
+ley desde la torre en lengua arábiga.
+
+A juzgar por las muestras, debe suponerse que el convite duró todo el
+dia. Los dos entremeses no dejarian de durar dos ó tres horas; de modo,
+que cuando tomaran los postres, las entradas debian estar ya en los
+talones. ¡Con qué reposo lo tomaba aquella buena gente!
+
+_Cuarta_. El Memorial cuenta la historia de un compadre que no se anda
+en chiquitas. Estéban Marcel, de quien ya he hablado en estos apuntes,
+era Preboste de Paris á mediados del siglo XIV. Un dia tuvo la idea (¡en
+mala hora la tuvo!) de vender la ciudad á los ingleses. Era el 1.º de
+Agosto de 1358, y por más señas que habia nubes. Así lo dice el
+Memorial. Para el Preboste de Paris estuvo realmente bien nublado. Pues
+nuestro buen Estéban Marcel se hace amo de las llaves de la ciudad, y á
+la media noche, toma el camino de la Bastilla de San Antonio. El
+Preboste creia que iba solo; pero se engañaba. Dos hombres le seguian.
+Estos dos hombres silenciosos, que avanzaban como dos sombras, eran los
+hermanos Juan y Simon Maillard.
+
+--Estéban, ¿qué se hace por aquí á estas horas?
+
+--Juan, ¿qué importa á nadie lo que yo hago? Atiendo á mi oficio de
+Preboste de la ciudad.
+
+--¡Voto á brios! exclamó Juan Maillard, que era su compadre; el diablo
+cargue conmigo, si estais aquí para nada que huela á bueno. Ved, añadió
+luego á varios hombres que se habian reunido; intenta vender la ciudad,
+y por eso tiene las llaves en la mano.
+
+--¡Compadre Juan, miente usted!
+
+--¡Usted es el que miente, compadre Estéban! Y si no, ahora lo verá
+usted; y acercándose al Preboste, levanta el hacha y le separa la cabeza
+del cuerpo. ¡Y eso que era compadre! ¿Qué hubiera hecho, á no mediar el
+compadrazgo?
+
+_Quinta_. (Para el Sr. Alejandro Dumas.) El Memorial refiere que en el
+siglo XI, estaba Paris lleno de clérigos y de estudiantes, cuyos
+clérigos y estudiantes, en su mayoría, «vivian menos en el santuario de
+las artes y de las ciencias, que en medio de las riñas y de las
+bacanales de la calle de Fouare. Saqueaban las tabernas, violentaban á
+las mujeres, apaleaban á sus maridos con _bastones ofensivos_, y
+preferian la belleza de las muchachas á las bellezas de Ciceron.»
+
+Sepa el Sr. Alejandro Dumas que los clérigos y los estudiantes de Paris,
+en el siglo XI, saqueaban las tabernas, violentaban á las mujeres, y
+apaleaban á sus maridos con _bastones ofensivos_. Sepa el Sr. Alejandro
+Dumas que Paris, en el siglo XI y bastante despues, era una horda,
+porque solamente en una horda pueden consentirse tamañas tropelías. Más
+valiera que el Sr. Dumas tuviese presente la historia de su pueblo,
+antes de hacer befa de una nacion leal y generosa, á quien paga con
+despropósitos, con calumnias y ridiculeces.
+
+_Sexta_. (Para el mismo Sr. Dumas.) Bajo el reinado de San Luis, el jefe
+de los mercaderes tomó el célebre nombre de Preboste, y á contar de esta
+fecha, el Prebostazgo dejó de venderse á pública subasta, como acontecia
+en los tiempos anteriores. «De aquí resultaba, dice el Memorial, que los
+pobres no hallaban amparo contra los ricos, á causa de los muchos
+presentes que los ricos hacian á los Prebostes. El bajo pueblo no se
+atrevia á morar en las tierras del rey, y se iba en busca de otras
+prebostias y otros señoríos, por lo cual las tierras del rey estaban tan
+desiertas, que cuando el Preboste daba audiencia, no asistian á ellas
+arriba de diez ó de doce personas; pero en cambio, habia tantos
+malhechores y rateros dentro y fuera de la ciudad, que toda la comarca
+estaba llena.»
+
+Y para que el Sr. Alejandro Dumas no crea que pretendo burlarme,
+siguiendo su costumbre, copio á continuacion el texto en francés
+antiguo.
+
+«Le menu peuple n'osoit demourer en la terre du roy, et alloit demourer
+en d'autres prévostés et aultres seigneuries, et la terre du roy etoit
+si déserte que, quand le prébost tenoit ses plaids, il n'y avoit pas
+plus de dix personnes ou de douze; mais il y avoit tant de malfaicteurs
+et larrons à Paris et dehors, que tout le pays en estoit plein.»
+
+Sepa tambien el Sr. Dumas que, hasta el reinado de San Luis, Paris y sus
+alrededores estaban plagados de malhechores y de rateros, y que los
+vasallos de la corona tenian que ir á buscar otros señoríos, porque no
+podian parar en las tierras del rey. ¿Y cómo llama usted á eso, Sr.
+Dumas? ¿Es eso cultura y civilizacion? ¿Eso no es Africa? ¿Para eso no
+hay Pirineos?
+
+Basta de _Memorial_. Vamos á curiosidades de otro género. Segun un
+inventario hecho en 1774, los diamantes de la corona francesa excedian
+de ocho mil, de los cuales eran los mejores, y lo son todavía, los
+denominados el Regente y el Sancy.
+
+El Regente, que ocupaba el tercero ó cuarto lugar entre los primeros
+diamantes conocidos, fué comprado por el duque de Orleans por
+cuatrocientos mil napoleones, en 1717.
+
+La historia de Sancy es más antigua y novelesca. En el siglo XV, un
+suizo poseia este gran diamante, no se sabe cómo, y lo vendió por un
+_escudo_ á Cárlos el Temerario. El tal hombre ignoraba seguramente que
+aquel pedacito de piedra encerraba una gran fortuna. De Cárlos el
+Temerario pasó á Nicolás de Harlay de Sancy, que lo empeñó á D. Antonio,
+rey de Portugal, en doscientos mil francos. El mismo Sancy lo desempeñó
+luego, mediante una suma de quinientos mil, ó sean dos millones de
+reales. ¿Qué diria á esto el buen Suizo, que lo vendió por un escudo?
+
+Ultima curiosidad. En la calle de los Pequeños Campos, hemos encontrado
+á una señora que caminaba con el aire de una heroina, mientras que la
+seguia un corderito, que llevaba sobre el lomo un manojo de parras. La
+señora volvia la cara de cuando en cuando, de lo cual inferimos nosotros
+que alguna persona interesada quedaba atrás, y así era efectivamente,
+segun luego vimos. En estos dares y tomares, atraviesa la acera un
+caballero jóven, y ambos se saludan con más afecto del que conviene
+manifestar en público, sobre todo cuando la mujer es casada, y muy
+especialmente, cuando detrás viene un carnero. El recienvenido la
+pregunta por su esposo, y ella, con cierto desden, con cierta saciedad
+(es muy prosáico en el poético Paris el amar á un marido) contesta á
+media voz: ahí detrás viene. El otro miró, y no vió otra cosa que el
+borreguillo que traia las parras. Nosotros presenciábamos la escena,
+situados delante de un escaparate, á diez ó doce pasos de distancia. Mi
+mujer me miraba, porque no comprendia el tremendo chiste de la
+situacion, hasta que yo me eché á reir, sin ser dueño de contenerme.
+Entonces mi mujer me preguntó por qué me reia, y yo la conté el lance,
+que la hizo reir tambien.
+
+No comprendo por qué; pero ello sucede que, las cosas más graves son las
+que nos causan más risa.
+
+Yo no pude menos de poner en verso esta peregrina aventura, aunque en
+Paris no tiene nada de peregrina, ni de extraordinaria.
+
+ Va una dama con gran fuero,
+ Y gran pompa y grande brillo,
+ Siguiéndola un carnerillo
+ Que es animal muy casero.
+ Con su manojo de parras
+ Iba el animal ufano,
+ Cuando llega un Don Fulano
+ Que es amigote de marras,
+ --¿Y su esposo? dice luego.
+ --Detrás viene, dice ella ...
+ ¡Oh prodigio de la estrella!
+ Detrás marchaba un borrego.
+
+A lo léjos, muy á lo léjos, apareció una víctima. Era el marido.
+
+_A última hora_. Son las once de la noche. En el momento de ponerme á
+escribir el noveno artículo para _La América_, nos traen una noticia. No
+sé cómo anunciarla á mis lectores. Temo lastimar su corazon, como lo
+está el de mi mujer y el mio. Luisa ha muerto. Sin duda la sorpresa que
+la produjo el ver á su hermana, la causó un derrame cerebral, que devoró
+su vida en pocos instantes. ¡Pobre mujer! Hé aquí lo que deben esperar
+las jóvenes que no saben luchar consigo mismas, que no saben ser lo que
+Dios ha querido que sean, y los padres que ponen en olvido que la
+paternidad no es una tiranía, sino una mision, un sacramento, un
+sacerdocio.
+
+¡Desgraciada Luisa, adios! ¡El cielo tenga más misericordia de tí, que
+lástima te tuvo ese hombre infame de Rodhese! Si tuviéramos valor para
+ello, averiguariamos en dónde te entierran, y antes de volver á nuestro
+país, iriamos á despedirnos de tus cenizas. Mi mujer llora, y yo tengo
+el pecho oprimido.
+
+Juro que no he de partir de esta ciudad, sin escribir al estudiante de
+Estrasburgo, noticiándole la desgracia de una mujer que él no merecia.
+Sí, lo sabrá al menos, para que esa sombra vaya sobre su corazon, y no
+engañe á otra desdichada.
+
+
+
+
+=Dia trigésimo quinto=.
+
+Disputa del _restaurant_ de las Columnas.--Manuela Bernaola.--Una mujer
+de Batiñoles y de Lamartine.--Un caballero vestido de hombre, y un
+hombre vestido de caballero.--Un conflicto.--Llanto de mi
+mujer.--Cartas--Visitas.--Las cinco y media de la tarde.--Un puente.--El
+Napoleon y el guardia civil.
+
+
+Prometi dar cuenta de una disputa que presencié el otro dia en el
+_restaurant_ de las Columnas. Era la siguiente. Dos caballeros discutian
+en alta voz, acerca de la prenda que constituia el carácter más grande
+del hombre. Uno opinaba que era la generosidad, la abnegacion. El otro
+decia que era el valor ó la firmeza. Yo creo que es la _resolucion_ para
+emprender, y _la constancia_ para proseguir y terminar. Despues del
+genio y de la honradez, me parece que aquellas dos virtudes son las más
+elevadas y trascendentales del mundo. Con resolucion hay casi todo.
+
+Obran en mi poder los datos relativos al asesinato de Manuela Bernaola é
+Ignacio Cabezudo; pero no puedo publicarlos aquí, porque un escritor de
+Madrid me participa que prepara una historia de aquel atentado, y no
+debo perjudicar á mi compañero de letras, anticipando datos curiosos que
+quitarian interés á su obra. Dicho escritor me pide un prólogo para la
+historia que piensa publicar, y me despido del asunto hasta entonces.
+
+Me han contado hoy cierta aventura muy notable de una mujer de
+Batiñoles. Esta mujer, que es una verdulera, supo que se habia abierto
+una suscricion á favor del célebre poeta de Lamartine, con el fin de
+que pudiera rescatar un castillo feudal, que tenia empezado. Con este ó
+semejante motivo, se han abierto ya dos suscriciones, que no habrán
+importado menos de trescientos mil duros. ¡Un republicano acude á la
+caridad europea, para desempeñar un castillo feudal! ¡A la suscricion de
+un republicano francés, contribuyen en primer lugar los lores ingleses!
+Esto seria extraño, muy extraño, en cualquier país de la tierra; en
+Paris, no. En Paris no tienen absolutamente nada de extraño las cosas
+más extrañas.
+
+Pues la buena mujer de Batiñoles supo la suscricion á que me refiero,
+supuso que el poeta se hallaba en grandes conflictos, y repetia
+frecuentemente: ¡pobre señor Alfonso de Lamartine! ¡Qué apurado estará!
+Y hoy guardaba un franco, otro franco mañana, y así fué reuniendo hasta
+cuatro napoleones. Toma nota del número de la casa, se aliña lo mejor
+que puede, y llena de gozo, como quien sabe que va á practicar una buena
+obra, coge el camino de Paris, y al cabo de una hora de buen andar, se
+para en la puerta del gran escritor. El corazon saltaba del pecho á la
+pobre mujer, imaginándose que iba á encontrar, afligido y pobre, al
+eminente autor de las _Melodías_. Pasa el umbral.... No, no es aquí,
+dijo en sus adentros la verdulera. En este patio hay coches, veo
+lacayos, escudos de armas ... no, no es esta la casa de mi pobre señor
+Alfonso de Lamartine. Pregunta á los vecinos, y todos la aseguran que
+aquella es la casa del poeta. Pasa segunda vez el umbral, se detiene,
+mira, da unos cuantos pasos con recelo.... La vecindad me engaña sin
+duda, decia para sí la aturdida mujer. Por fin, medio balbuceando,
+entera á uno de los criados del objeto que la llevaba, y la hacen entrar
+en un gabinete. Alfombras, cortinajes, dorados, tremoles.... ¿Que es
+esto? exclamaba la verdulera. Sale del gabinete, atraviesa el patio,
+cruza el umbral, camina á marchas dobles por la calle, y como alma que
+lleva el diablo, entra en Batiñoles. Inmediatamente que se vió en su
+casa, se sienta, deshace el nudo que tenia la esquina de un pañuelo,
+saca cuatro napoleones que habia envueltos allí, y se los mete en el
+bolsillo exclamando: mucha más falta me hacen á mí que al señor Alfonso
+de Lamartine. Con estos veinte francos, haré un vestido nuevo á mi hijo
+Vicente. El niño asoma en este momento, da un grito de alegría, y corre
+hácia su madre, que le abre los brazos.
+
+Esta aventura, que no tiene nada de particular para otros, tiene para mí
+una grandísima importancia, porque tiene una grandísima moralidad. La
+accion de la mujer de Batiñoles vale infinitamente más que el castillo,
+y que mil castillos del poeta de Lamartine.
+
+Otro incidente no ha dejado de impresionarme. En el pasaje de Jouffroi
+hemos encontrado á un vizcaino, que viene de la Habana, y que se ha
+hecho rico con la trata de negros. Lleva una gran cadena de oro, sortija
+de brillantes, alfiler de lo mismo; casi al propio tiempo, pasa por
+nuestro lado un hombre modesto y humilde. Era M. Littré, el hombre más
+sábio quizá de todo el Instituto de Francia. Yo dije para mí: aquel es
+un hombre disfrazado de caballero, y señalé al vizcaino: aquel otro es
+un caballero vestido de hombre, y señalé al sábio y modesto publicista.
+
+Otro incidente me ha impresionado más. Un amigo llega esta mañana, me
+mira, calla, y despues de un minuto de silencio, me dice: ¿usted me oye?
+
+--Sí, señor, le oigo.
+
+--Si usted no me ayuda, dentro de tres horas estoy en la cárcel.
+
+--¡Cómo! ¿Por qué?
+
+--Porque debo ochocientos cincuenta francos.
+
+Vi el conflicto pintado en el semblante de aquel hombre; aquel hombre no
+me engañaba; era un amigo mio; sobre todo, era un hombre honrado, la
+vergüenza quemaba sus mejillas, y no me fué dado vacilar. No quise, ni
+pude. Un hombre que tiene corazon, no vacila nunca en tales momentos. Mi
+mujer no se habia levantado aún. Sin decirla nada, sin saber lo que
+hacia, tanto ó más aturdido que mi amigo, abro mi cofre, y le doy los
+ciento setenta napoleones que necesita. Aquel hombre coge el dinero, me
+aprieta la mano sin decir palabra, y con los ojos humedecidos, sale
+precipitadamente de mi habitacion.
+
+Si él no me paga, exclamé para mí, Dios me lo pagará. No sabemos cómo,
+acaso no lo conocemos, tal vez nos quejamos, porque no vemos el interior
+de esta enorme máquina que se llama mundo; pero tenga el lector por
+cierto que Dios paga siempre estas cosas. Tal vez nos lo paga con
+monedas que nosotros no sabemos apreciar; pero nos lo paga. Esta verdad
+es la más evidente y la más necesaria de la vida.
+
+Pero otra cosa me ha producido todavía mayor sensacion. Luego que el
+amigo partió con su dinero, conté lo que me quedaba, y despues de pagar
+la fonda, no me resta lo necesario para volver á nuestro país.
+¡Desdichado de mí un millon de veces! ¿Cómo se lo digo á mi mujer? ¿Qué
+hago? ¿A qué apelo?
+
+Pero otra novedad debia impresionarme más aún. Á la vuelta del
+_restaurant_ de las Columnas, entrados ya en nuestra calle, hube de
+decir algo á mi compañera sobre la aventura del amigo; mi mujer se para
+repentinamente, me echa una ojeada terrible, suelta su brazo del mio, se
+cubre la cara con ambas manos, y arranca á llorar; pero un llorar que no
+podia contener, un llorar sin consuelo. Yo me quedé inmóvil, estático;
+crucé los brazos, y la miraba sin saber qué hacer, ni qué decir. Debia
+estar pálido como un cadáver. Hice que se cogiera de nuevo á mi brazo,
+entramos en la fonda, la señora acudió para saber qué la sucedia, yo la
+dije que habiamos recibido la noticia de que mi suegro estaba enfermo de
+gravedad, la patrona nos manifestó su deseo de que se aliviara, y
+subimos. Al entrar en nuestra habitacion, vi algunas cartas sobre la
+chimenea. Abro la primera que cogí, y con la carta abierta en la mano,
+digo á mi compañera:
+
+--¿Por quién dirás que podemos volver á España cuando queramos?
+
+Mi mujer me miraba con mucha atencion, y con un aire indefinible de
+sorpresa y de regocijo.
+
+--¿Por quién? me preguntó.
+
+--Por la ciudad de Reus.
+
+--¡Bendita sea! exclamó mi mujer.
+
+--¡Bendita sea! exclamaron tambien otros labios.
+
+Mis amigos de Reus, presumiendo que podia verme en algun apuro, y
+deseosos de que no me quedara en Francia, me mandaban cien duros á
+Paris, y otros ciento á Madrid, con el objeto de que me encontrase con
+recursos á mi llegada. Hay demostraciones tan generosas, tan delicadas y
+tan nobles, que no se pueden olvidar nunca, aún supuesta la ingratitud,
+aún supuesto ese negro vicio, el más negro de todos. Y ya que trato del
+capítulo de la gratitud, voy á trasladar al papel algunas páginas de mi
+corazon, por si sucede que estos apuntes sean el último ensayo que doy
+al público, como pudiera suceder, si la terrible dolencia que me aflige
+avanza algo más. Estoy seguro de que mis lectores no llevarán á mal este
+desahogo de un alma agradecida y lacerada, porque ¿quién no tiene en el
+mundo algo que agradecer? ¿Quién no tiene deudas sagradas que pagar?
+
+Cuando la prohibicion de siete obras consecutivas (prohibiciones
+sistemáticas las más de ellas) consumieron todos mis recursos, puesto
+que las obras prohibidas no valian menos de cuatrocientos mil reales:
+cuando me he visto sin medios humanos de vivir, despues de veinticinco
+años de estudios constantes, de constantes vigilias; un artesano, un
+menestral, un hombre que no me conocia; un hombre que habia aprendido á
+leer en un libro mio, se redujo á comer un pedazo de pan, y me enviaba,
+contra mi voluntad, todo el preciosísimo capital de sus economías: este
+artesano, esta alma grande, es José Mallol, natural de Gandía, provincia
+de Valencia. Pongo este ejemplo en primer lugar, porque José Mallol no
+me daba lo que él tenia, sino lo que arrancaba de su existencia.
+
+Si algo he hecho y puedo hacer por mi patria; si alguna huella dejo en
+el mundo; si la Providencia ha querido favorecerme con esta altísima
+merced, á que seguramente no me considero acreedor, España deberia
+agradecerlo al marido de mi hermana Filomena, D. Antonio Miravent y
+Bogarin, á su hermano D. Francisco, y al marido de mi hermana Amparo,
+D. Juan María de Zarandieta, naturales todos de la isla Cristina,
+provincia de Huelva. Tambien son dignos de mi gratitud, por su conducta
+liberal y caballerosa, D. Miguel Roselló, de las Baleares; D. Cayetano
+del Portillo, D. Rafael Molero de la Borbolla, D. José Bulnes y Solera,
+y mi hermano político, D. Salvador de Cantos, de Sevilla; D. Ramon Sans,
+de Huesca; el Marqués de Premio Real, y D. José Bartorelo y Quintana, de
+Cádiz; D. Cárlos Cervera y D. Félix Gallac, de Valencia; D. Alejo
+Tresario Echevarría, de Bilbao; D. Serafin Martinez y D. Gregorio
+Garcerán, de la Habana; D. Lúcas Cuesta, de Oviedo; D. Juan de Torres y
+Gil, de Casariche; D. Antonio Gonzalez y Ciezar, de Ayamonte; D. Vicente
+Ramirez Cruzado, de Villarrasa; D. Juan Bautista Revuelta, de Carlet; D.
+Policarpo Villalobos, de Dénia, y otros muchos, cuyos nombres no me son
+conocidos. Casi, casi puede un hombre ser desgraciado, por tener el
+consuelo de verse rodeado de tantas almas buenas. Reciban todos mi
+saludo y mi agradecimiento; si me muero, como en señal de despedida; si
+vivo, como en señal de testimonio. Á la lista de mis amigos y
+favorecedores debo añadir tres nombres queridos: D. Juan de la Puerta
+Canseco, de Santa Cruz de Tenerife; D. Amaranto Martinez Escobar, de
+Palmas de Canarias; y D. Fernando García, de Gerona.
+
+Cobramos la letra de Reus, pagamos la fonda, hacemos tres visitas,
+compramos algunas frioleras, y nos proveemos de dos billetes. Llegan las
+cinco y media, subimos á un coche que nos conduce á una estacion de
+ferro-carril; nos acomodamos en nuestros puestos, y el tren arranca.
+Pasan algunas horas, y á los rayos de una luna llena, distinguimos los
+árboles corpulentos de Orleans, luego las llanuras de Burdeos, despues
+las torres de Angulema, de Bayona y de Irun. Irun está delante de
+nosotros. Pasamos un puente, á cuya izquierda hay un guardia civil: mi
+mujer se baja del carruaje, besa la tierra, y da un napoleon al guardia,
+que no quiere tomarlo. Estamos en España. Al oir mi mujer que _estamos
+en España_, las órbitas la saltan de los ojos, y tartamudeaba de
+alegría. Entre estos regocijos, se vuelve hácia el territorio francés, y
+hace una cruz, diciendo; _cruz y raya: una y no más, Santo Tomás_. Entre
+tanto, yo murmuraba: ¡Paris, palacio por fuera, sepulcro por dentro;
+fábula del mundo, fábula de tí propio, adiós! ¡Luisa, pobre Luisa,
+adiós!
+
+FIN.
+
+
+
+
+
+
+
+INDICE.
+
+
+ Págs.
+
+Advertencia 4
+I. Moralidad de Paris con relacion á la ley 17
+II. Moralidad de Paris con relacion á la opinion 21
+III. Moralidad de Paris con relacion á las costumbres 24
+IV. Moralidad con relacion al trato civil 32
+V. Moralidad en industria y comercio. 33
+VI. Moralidad de Paris con relacion al arte. 44
+VII. Moralidad de Paris con relacion á la familia. 50
+VIII. Moralidad francesa con relacion á la política. 51
+Resúmen de esta série. 66
+
+PARIS CURIOSO.
+
+DIA PRIMERO. Advertencia del autor.--Llegada á Paris.--Ómnibus.
+--Travesía.--Hotel español.--Luisa Noel.--Hotel de los Extranjeros.
+--Restaurant.--Garçones.--Mi barbarie.--Fin del dia. 68
+
+DIA SEGUNDO. Mi amargor de boca.--Jeannin, sucesor de Sellier.
+--Recado de la señora del hotel.--Paseo á pié.--Extravagancias de
+una cosa que en Paris se llama gusto civilizado.--Sueldo francés.
+--Calcetines.--Sortija.--Chaleco.--Pipa.--Sombrero de paja.
+--Programa.--Rótulos.--Cocina francesa.--Fin del dia. 79
+
+DIA TERCERO. Progresos de mi mujer.--Melancolía.--Nuevos rótulos.
+--Anuncio de la Union Agrícola.--Costumbre de las señoras de
+Paris.--Sangre fria de los hombres.--Achaques de raza.--La
+soga.--Una mujer en la calle de Richelieu.--La mujer francesa.
+--Medallas.--Prodigio del genio francés.--Más rótulos.--Baston
+de Richelieu.--Plaza de la Concordia.--Arco de la Estrella.
+--Campos Elíseos.--Vuelta al hotel. 91
+
+DIA CUARTO. Artículo, recuerdo, pesares. 105
+
+DIA QUINTO. La Magdalena. 109
+
+DIA SEXTO. Calle de Rívoli, casa de la Ciudad, columna de Julio,
+arco del Triunfo, Campos Elíseos.--¿Se vive aquí mejor que en
+otros puntos? 115
+
+DIA SÉTIMO. Casa de Ciudad, arco del Triunfo, Obelisco. 122
+
+DIA OCTAVO. Vistas de Paris. 134
+
+DIA NOVENO, DÉCIMO Y UNDÉCIMO. Dos dias de encierro.--Provisiones.
+--Los libros de mi mujer.--Un español.--Compras.--Patriotismo
+de mi compañera.--Carácter capital de las mujeres. 135
+
+DIA DUODÉCIMO. Bustos de azúcar y de chocolate.--Hombres que no
+debian comer.--Apuros.--Primer restaurant del pasaje de los
+Panoramas.--Segundo restaurant.--Vajilla de Luis Felipe.
+--Francia.--Inglaterra.--Pequeño restaurant de Lóndres. 147
+
+DIA DÉCIMO TERCERO. Almuerzo.--Coche.--Nuestra Señora de Paris.
+--Hija deshonrada.--Comida de campo. 156
+
+DIA DÉCIMO CUARTO. El sueldo de la paralítica.--Mis humos caballerescos.
+--Establecimiento de caldo.--Comida compuesta de tres sopas, de tres
+platos de carne, de tres legumbres y de tres postres, á franco y medio
+por persona.--Muñecas que hablan.--Aleluyas.--Almuerzo.--Estéban
+Lesperut.--Comida.--Soberbia de mi mujer.--Café cantante titulado la
+Francia musical.--Teatro de la Gran Opera.--Opera francesa.--Zarzuela
+española.--Harem europeo. 165
+
+DIA DÉCIMO QUINTO. Lesperut.--Anatomía de la vejez.--Restaurant de
+la calle de Montesquieu.--Elemento sajon.--Elemento árabe.
+--Restaurant de San Jacobo.--Historia de un magnate francés.
+--Pesares de Lesperut.--Proyecto de visitar á Sevres y Versalles. 187
+
+DIA DÉCIMO SEXTO Y SÉTIMO. Sevres.--Las dos figuras.--Importancia
+social y artística de una fábrica de porcelana.--Versalles.
+--Sus Museos.--La escuela Vernet.--Impresiones varias.--Vuelta á
+Paris.--Encuentro en los Campos Elíseos. 199
+
+DIA DÉCIMO OCTAVO. Visita de un ingeniero, excursiones históricas,
+epígramas. 210
+
+DIA DÉCIMO NONO. Omnibus.--El Paris de acá y el Paris de allá.--Palacio
+de Luxemburgo.--Sus estátuas, sus paseos.--Mujeres del
+pueblo que hacen labores manuales en las glorietas.--Bosque de
+Bolonia.--Catelan.--Fisonomías diferentes de los garçones de
+mi hotel.--Pesares. 222
+
+DIA VIGÉSIMO. Historias. 231
+
+DIA VIGÉSIMO PRIMERO. Noticias de España.--Recogida del _Cristianismo_
+y el _Progreso_.--Reflexiones.--La mujer vestida de negro.
+--Restaurant de Vefour.--M. Guizot.--un ataque imprevisto.
+--Banco de Francia. 243
+
+DIA VIGÉSIMO SEGUNDO. Banco de Francia.--Consideraciones.--Comida.
+--Ocurrencia graciosa de un menestral.--Flor marchita. 257
+
+DIA VIGÉSIMO TERCERO AL TRIGÉSIMO. Versos.--Asesinato de la calle
+del Duque de Alba.--Mataderos públicos.--Monte-Pio.--Hospicios
+y hospitales.--Locos del Sena.--Movimiento de la poblacion.
+--Casamientos.--Caja de ahorros.--Caja de descuentos.--
+Presupuesto de Paris.--Consumos.--Aduana.--Sociedades mercantiles.
+--Ferro-carriles.--Correos.--Presupuesto general.--
+Comercio.--Deuda pública.--Estadística de Inglaterra.--Palacio
+Real.--Bolsa.--Tullerías.--Louvre.--Luxemburgo.--Inválidos.
+--Panteon.--Luisa. 263
+
+DIA TRIGÉSIMO PRIMERO. Santa Genoveva.--Rothschild.--Salamanca.
+--Invitacion.--Nuevas curiosidades. 316
+
+DIA TRIGÉSIMO SEGUNDO. Visita.--El brigadier Rotalde.--El Panteon.
+--Café cantante de los Campos Elíseos.--Tertulia.--Una madre
+como hay muchas.--Curiosidades. 340
+
+DIA TRIGÉSIMO TERCERO. La enferma.--Museo del Louvre.--La Asuncion.
+--Apoteosis de Rubens.--Otra pintura de Murillo.--Una
+respuesta.--Noticia á mis lectoras.--Curiosidades. 362
+
+DIA TRIGÉSIMO CUARTO. La columna de Vendome.--El balcon de la
+fonda.--Dicho del general Welington.--La saboyana del bosque
+de Bolonia.--Una Colegiala.--Cuestion atrasada.--Curiosidades.
+--A última hora. 372
+
+DIA TRIGÉSIMO QUINTO. Disputa del restaurant de las Columnas.--Manuela
+Bernaola.--Una mujer de Batiñoles y de Lamartine.--Un
+caballero vestido de hombre, y un hombre vestido de caballero.
+--Un conflicto.--Llanto de mi mujer.--Cartas.--Visitas.--Las
+cinco y media de la tarde.--Un puente.--El Napoleon y el guardia
+civil. 383
+
+FIN DEL INDICE.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Un paseo por Paris, retratos al natural
+by Roque Barcia
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK UN PASEO POR PARIS ***
+
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+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
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+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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